Source: http://www.slideshare.net/cunesco/culturay-desarrollo-amartinell
Timestamp: 2016-07-02 10:40:09+00:00

Document:
Propiedades Mecánicas de Materiales...
An Open and Collaborative Ecosystem...
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Un compromiso para la libertad y el bienestar.
Textos de Rosa Conde, Eva Sánchez-Buendía, Alfons Martinell, Germán Rey, Jesús Martín-Barbero, Lucina Jiménez, Mate Kovacs, Gemma Carbó, Alberto Abello, Mariapia Pilolli, Augusto Aleán, Javier Brun, Eloísa Berman, Ana Muñoz, Jordi Pardo y Tomás Mallo.
;http://www.sendspace.com/file/quqk1c
Comunicación Estratégica & Social Media at
AlfonsMartinell(coord.)
Alfons Martinell (coord.)
La presente publicación aporta una reflexión sobre cultura y desarro-
llo de acuerdo con los Planes Directores (2005-2008 y 2009-2012) y la
Estrategia de Cultura y Desarrollo de la Cooperación Española. Ofre-
ce un panorama de la evolución de los planteamientos de cultura y
desarrollo a nivel internacional y los avances en cuanto al pensa-
miento conceptual alrededor de esta relación. Contribuye también a
la necesidad de avanzar en la investigación sobre cómo la cultura es
una dimensión importante en la consecución de los Objetivos de Desa-
rrollo del Milenio tal y como señala la reciente Cumbre de Revisión de
los ODM celebrada en 2010.
Los autores, coordinados por Alfons Martinell, director de la Cátedra
UNESCO sobre Políticas Culturales y Cooperación de la Universidad
de Girona, contribuyen con sus reflexiones en la consolidación de un
campo propio de la cultura en la cooperación al desarrollo. Son repre-
sentantes activos del avance que se viene observando en las relacio-
nes entre cultura y desarrollo a nivel internacional y protagonistas de
una línea de trabajo que está avanzando a nivel local, nacional y mul-
tilateral.
40162 Cultura y desarrollo:Porta_Las_paradojas.qxd 23/2/11 09:20 Página 1
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Inés Alberdi, Julio Carabaña, Marta de la Cuesta,
Manuel Iglesia-Caruncho, Tomás Mallo, Mercedes Molina,
00 Primeras 17/2/11 08:36 Página ii
UN COMPROMISO PARA LA LIBERTAD
EVA SÁNCHEZ BUENDÍA
00 Primeras 17/2/11 08:36 Página iii
de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización
reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente,
en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica,
© Fundación Carolina, 2010
General Rodrigo, 6. Edificio Germania
© Siglo XXI de España Editores, S. A., 2010
Sector Foresta, 1.
© De los autores, 2010
Diseño de la colección: Pedro Arjona
Idea de la cubierta: Alfonso Gamo
Imagen de cubierta: Madre y Niño en Azul
Autor: Osvaldo Guayasamím
Colección: Particular
© Sucesión Guayasamín.
ISBN: 978-84-323-1481-0
Depósito legal: M-53.138-2010
00 Primeras 17/2/11 13:30 Página iv
PRESENTACIÓN, Alfons Martinell Sempere .......................... VII
PRÓLOGO: UN COMPROMISO PARA LA LIBERTAD
Y EL BIENESTAR, Rosa Conde...................................... IX
1. APORTACIONES DE LA CULTURA AL DESARRO-
LLO Y A LA LUCHA CONTRA LA POBREZA, Alfons
Martinell Sempere..................................................................... 1
2. DESARROLLO Y CULTURA O LA GLOBALIZA-
CIÓN DESDE ABAJO, Jesús Martín-Barbero............... 25
3. LA DIMENSIÓN CULTURAL DEL DESARROLLO.
EVOLUCIÓN DE LOS PLANTEAMIENTOS DE
CULTURA Y DESARROLLO AL NIVEL INTERNA-
CIONAL, Máté Kovács ...................................................... 43
4. CULTURA Y DESARROLLO: INTERSECCIONES
VIGENTES DESDE UNA REVISIÓN CONCEP-
TUAL REFLEXIVA, Alberto Abello Vives, Augusto
Aleán Pico y Eloísa Berman Arévalo ................................. 75
5. REFLEXIONES SOBRE CULTURA Y DESARRO-
LLO EN EL CONTEXTO DE CRISIS, Jordi Pardo...... 91
6. CULTURA Y DESARROLLO EN EL ESCENARIO
INTERNACIONAL, Eva Sánchez Buendía..................... 117
00 Primeras 17/2/11 08:36 Página v
7. LA INSISTENCIA EN LA METÁFORA. EXPERIEN-
CIAS LOCALES DE CULTURA Y DESARROLLO
EN COLOMBIA, Germán Rey ......................................... 181
8. EDUCACIÓN, CULTURA Y DESARROLLO, Lucina
Jiménez y Gemma Carbó ................................................... 209
9. LOS HORIZONTES DE LA DIVERSIDAD, Mariapia
Pilolli.................................................................................. 243
10. SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN, CULTURA Y
COOPERACIÓN AL DESARROLLO. MITOS, REA-
LIDADES Y RAZONES PARA LA ESPERANZA,
Javier Brun...................................................................... 275
11. EVALUACIÓN EN CULTURA Y DESARROLLO,
Ana Muñoz y Tomás Mallo................................................ 309
ANEXO. RELACIÓN DE AUTORES.................................... 317
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Director de la Cátedra UNESCO de Políticas Culturales y
Cooperación de la Universidad de Girona
La Fundación Carolina, por medio del Centro de Estudios para
América Latina y la Cooperación Internacional (CeALCI), incorpo-
ró en sus programas una línea de estudio e investigación en cultura y
desarrollo, respondiendo a la necesidad de adecuarse al marco de
acción que en su momento plantearon los Planes Directores de la
Cooperación Española 2005-2008 y 2009-2012 que introducen una
prioridad horizontal de fomento a la diversidad cultural, y un objeti-
vo general de fomento de las capacidades culturales como herra-
mienta de desarrollo. En la misma orientación, la Estrategia Secto-
rial de Cultura y Desarrollo (2006) incluye la necesidad de seguir
con la implementación de esta línea de cooperación y el trabajo de
elaboración metodológica en este ámbito de la cooperación: «La ac-
ción cultural con objetivos de desarrollo, tal como se presenta en
esta Estrategia, no tiene antecedentes en la Cooperación Española.
Por ello, requerirá de un apoyo teórico a través de publicaciones de
expertos que profundicen y desarrollen exhaustivamente las líneas
de trabajo expuestas. Igualmente, se considera necesario acompañar
esta Estrategia de un esfuerzo de identificación y evaluación». En
este sentido, se presenta esta publicación que recopila un primer ni-
vel de reflexión sobre Cultura y Desarrollo de esta línea de trabajo.
Con esta colaboración, el CeALCI incide en fomentar la investi-
gación aplicada en el campo de cultura y desarrollo, poco trabajado
dentro de los estudios sobre la ayuda oficial al desarrollo, que se ha
de resolver de acuerdo con las necesidades de los actores de la coope-
ración española y los países socios. La colaboración con la Cátedra
UNESCO de Políticas Culturales y Cooperación de la Universidad de
Girona, con más de diez años de trabajo en este campo, nos ha per-
01 Presentación 17/2/11 08:37 Página vii
mitido presentar esta publicación que recoge textos de diferentes
expertos que han trabajado en el desarrollo conceptual de las rela-
ciones entre cultura y desarrollo.
Conscientes que queda mucho por hacer, esta primera publicación
de la Fundación Carolina en este campo abre una línea de trabajo de
acuerdo con las conclusiones del Seminario Internacional de Cultura
y Desarrollo que, bajo la presidencia española de la Unión Europea,
se celebró en mayo de 2010 y que marca un reto a los organismos
multilaterales y a los países miembros para adoptar un compromiso
de incorporar la cultura en sus agendas de las políticas de desarrollo.
En la reciente Cumbre de seguimiento de los Objetivos de De-
sarrollo del Milenio de septiembre de 2010 se añade por primera
vez, después de diez años de su promulgación, una recomendación
muy significativa: «Consideramos que la dimensión cultural es im-
portante para el desarrollo. Alentamos la cooperación internacional
en la esfera de la cultura, encaminada a la consecución de los objeti-
vos de desarrollo».
Conscientes de esta novedad y responsables con el compromiso
que nos han demandado a las personas, instituciones y agentes que
estamos trabajando en este campo, esta publicación es una oferta de
reflexión que esperamos asuman tanto los actores de la cooperación
española como nuestros socios. Esperamos que sea útil para abrir un
debate sobre cómo la cultura se incorpora a las políticas de desarrollo.
01 Presentación 17/2/11 08:37 Página viii
Directora de la Fundación Carolina
Este libro que sale a la luz con el título de Cultura y Desarrollo. Un
compromiso para la libertad y el bienestar, y que ha sido coordinado
por Alfons Martinell, director de la Cátedra UNESCO de Políticas
Culturales y Cooperación, es el resultado de un proceso en el que
se han manifestado con fuerza otros compromisos.
Uno de ellos es el compromiso de la Fundación Carolina con la
Secretaría de Estado de Cooperación Internacional (SECI), la Direc-
ción General de Planificación y Evaluación de Políticas de Desarrollo
(DGPOLDE) y la Agencia Española de Cooperación Internacional
para el Desarrollo (AECID), quienes en la legislatura anterior, y bajo
la dirección de Alfons Martinell, formularon una novedosa Estrategia
de Cultura y Desarrollo de la Cooperación Española que, de esa mane-
ra, se convertía en una de las líneas fundamentales de trabajo de
nuestra cooperación internacional para el desarrollo. La Fundación
Carolina expresó entonces de forma programática e inequívoca su
voluntad y decisión de trabajar para implementar dicha estrategia en-
tre los distintos actores, especialmente los españoles, que operan en
Dicha voluntad y decisión nos llevaron a otro compromiso; esta
vez, con la Cátedra UNESCO de la Universidad de Girona con la que
la Fundación Carolina firmó un convenio con el fin de establecer una
línea de investigación aplicada al campo de Cultura y Desarrollo para
fomentar una unidad de investigación y para transferir las investiga-
ciones a los actores de la cooperación española, de modo que inci-
dieran en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
02 introd. 17/2/11 08:38 Página ix
Las acciones desarrolladas para la consecución de estos objeti-
vos se llevaron a cabo en 2009 y 2010 y tuvieron como resultado la
elaboración de diversos documentos en los que se recogieron apor-
taciones de expertos, académicos, técnicos y representantes institu-
cionales, sobre el estado actual y las necesidades del ámbito de cul-
tura y desarrollo, su papel en la cooperación internacional y la
situación de sus agentes y organizaciones promotoras.
Entre dichos documentos se encuentra este libro, que pone énfa-
sis en la importancia que tienen las intersecciones entre cultura y de-
sarrollo, en primer lugar, en la lucha contra la pobreza, en un mundo
complejo y diverso, en un mundo globalizado y en el escenario multi-
En segundo lugar, la importancia que tienen dichas interseccio-
nes en el contexto de crisis que vivimos.
En tercer lugar, la importancia que tienen en ámbitos más con-
cretos como el desarrollo local, la educación y la sociedad de la in-
Y en cuarto, y último lugar, la necesidad que tenemos de desa-
rrollar herramientas metodológicas, que permitan capacitar a los
distintos actores implicados y desarrollar instrumentos de evalua-
ción para conocer el impacto de los proyectos.
En el marco de esta colaboración entre la Universidad de Girona
y la Fundación Carolina, hemos visto surgir también otro elemento
importante para el futuro; toda una institución. Me refiero al Labo-
ratorio Iberoamericano de Investigación en Desarrollo y Cultura
(L+iD), instalado en la Universidad Tecnológica de Bolívar en Carta-
gena de Indias (Colombia), que ha puesto en marcha una Maestría en
«Desarrollo y Cultura» y que, a finales de noviembre pasado, organi-
zó un Seminario Internacional con el título de «La Cultura y los Ob-
jetivos de Desarrollo del Milenio. Un ámbito de investigación y ac-
ción». Hemos participado también en un seminario internacional
sobre Cultura y Desarrollo, en el marco de la presidencia española
del Consejo de la Unión Europea, celebrado en la Universidad de
Girona, con la participación de 350 expertos y representantes institu-
cionales de todo el mundo, que puso el acento en la Economía de la
Cultura y en las posibles aportaciones de aquellas intersecciones para
la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con una
MERCEDES PARDO Y MARIBEL RODRÍGUEZ
02 introd. 17/2/11 08:38 Página x
mención especial a la Ventana de Cultura y Desarrollo del Fondo Es-
paña en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
para los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En el futuro esperamos seguir avanzando en todas estas posibi-
lidades y orientaciones; es decir, en nuestros compromisos con la
cooperación española, con la Universidad de Girona y con el Labora-
torio de Investigaciones de Cartagena, porque como demuestra este
libro, ello supone también afirmar nuestro compromiso con la lucha
contra la pobreza y con la libertad.
02 introd. 17/2/11 08:38 Página xi
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1. APORTACIONES DE LA CULTURA AL DESARROLLO Y
A LA LUCHA CONTRA LA POBREZA
La cultura se ha considerado como una dimensión importante e im-
prescindible en la evolución del concepto de desarrollo en sus dife-
rentes enfoques. Su función va muy unida a la política y a la educa-
ción para mejorar el bienestar colectivo, concibiéndola como un
bien común que las comunidades y sociedades han de incorporar
en la configuración de sus futuros y en la lucha contra la pobreza y
Las primeras concepciones de desarrollo y lucha contra el ham-
bre, cuando trataban de la cultura, entendían que las culturas origi-
narias y populares eran, a veces, un lastre para el propio desarrollo y
crecimiento económico, por la rémora de la tradición y las creencias
ancestrales en la aceptación de nuevas visiones «técnicas» e «impar-
ciales». Consideraban como una condición al desarrollo un «cambio
cultural» de acuerdo con los parámetros de una modernidad un tan-
to eurocentrista o de acuerdo con los principios de un capitalismo y
estatismo muy estricto. Estas ideas tuvieron mucha influencia en cier-
tas elites dirigentes y oligarquías dominantes que influyeron en los
principios políticos en la construcción de un Estado nación surgido
de las independencias de las repúblicas americanas y de los procesos
de descolonización en diferentes continentes.
Estas concepciones desarrollistas, basadas principalmente en el
crecimiento económico y resolución de las necesidades básicas, tu-
vieron un impacto importante, pero empezaron a verse limitadas
hasta fracasar, presentando serias fisuras en sus postulados en el úl-
timo tercio del siglo XX por la dificultad de su sustentabilidad y por
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 1
la poca apropiación de las sociedades a estos modelos1
dos no eran los esperados por los organismos internacionales y las
estructuras nacionales que habían planificado en sus estrategias téc-
nicas a partir de objetivos muy razonables que no confirmaron los
Una visión más amplia del concepto de desarrollo se configura
sobre una perspectiva más pluridimensional buscando la incorpora-
ción de todas las variables posibles para un fin común; la mejora de
las condiciones de vida y la reducción efectiva de la pobreza.
En estos contextos la cultura va realizando un lento, pero cons-
tante, trayecto que se caracteriza por la creciente sensibilización de
los responsables políticos y los agentes culturales, por un compromi-
so en el campo de las políticas públicas, la democratización de la
cultura y la defensa del derecho de la ciudadanía a la participación
en la vida cultural2
Una nueva concepción de cultura y política cultural emerge en
el escenario internacional como resultado de un gran pacto por una
visión de cultura3
que pudiera conectar con las necesidades de desa-
rrollo, sensible y respetuosa con las múltiples identidades culturales;
las cuales conviven, con más o menos respeto, dentro de los Estados
nación, y de la toma en consideración de la cultura como eje inevita-
ble del propio desarrollo. Nace una nueva etapa en la historia de las
«La problemática de base de la Estrategia Internacional al Desarrollo, los ob-
jetivos y metas señalados al sistema de las Naciones Unidas, y las políticas y medi-
das propuestas para los años noventa siguen estando muy alejados de un enfo-
que cultural, y por consiguiente de un desarrollo verdaderamente integrado».
Dimensión cultural del desarrollo, hacia un enfoque práctico, París, UNESCO, 1995,
Pacto 15 de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 1966: 1. Los Es-
tados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a: a) Parti-
cipar en la vida cultural; 3. (…) se comprometen a respetar la indispensable liber-
tad para la investigación científica y para la actividad creadora. 4. (…) reconocen
los beneficios que derivan del fomento y desarrollo de la cooperación y de las rela-
ciones internacionales en cuestiones científicas y culturales.
«La cultura puede considerarse como el conjunto de rasgos distintivos, espiri-
tuales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo
social. Ella engloba además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos
fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creen-
cias», Mondiacult, 1982, Conferencia de México.
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políticas públicas para la cultura y un proceso institucionalizador se
va implementando de acuerdo con estos nuevos planteamientos.
Estos avances coincidían con una nueva visión del desarrollo,
entendido como la condición para la adquisición de las capacidades y
oportunidades para ejercer en libertad sus derechos4
. El concepto de
desarrollo humano entendido como la adquisición por parte de los
individuos, comunidades e instituciones, de la capacidad de partici-
par efectivamente en la construcción de una civilización mundial,
que es próspera tanto material como espiritualmente, es una propues-
ta de Naciones Unidas a través del PNUD. Esta concepción abre las
puertas a una pluridimensionalidad del desarrollo sostenible a partir
de la libertad y la formación de las capacidades humanas, es decir, en
la ampliación de la gama de opciones que las personas pueden hacer
y de lo que éstas pueden ser.
A pesar de estos avances no se percibe una relación profunda en-
tre los esfuerzos en gobernanza y reforzamiento institucional de la cul-
tura como política pública, con la consecuente creación de ministerios
o secretarías de cultura y su inclusión como elemento importante en
las agendas de las políticas al desarrollo.
Este hecho obliga a una reflexión profunda promovida por la
UNESCO en el Decenio mundial del desarrollo cultural que culmina
en un conjunto de aportaciones en la que destaca «Nuestra Diversi-
dad Creativa»5
donde se sientan las bases para una nueva visión de las
relaciones entre cultura y desarrollo a partir del principio : «La liber-
tad cultural nos permite satisfacer una de las necesidades más bási-
cas: la de definir nuestras necesidades culturales»6
, como más tarde
profundizará el Informe del PNUD del año 2004.
A pesar de estos avances existen críticas y evaluaciones que re-
saltan el fracaso de ciertas políticas de desarrollo por no incorporar
«La pobreza debe concebirse como privación de capacidades básicas y no
meramente como falta de ingresos, que es el criterio habitual con el que se identifi-
ca la pobreza» A. Sen, Desarrollo y libertad, Barcelona, Planeta, 2000, p. 114.
También conocido como Informe Pérez de Cuellar, nombre del diplomático
peruano que coordinó el trabajo Nuestra Diversidad Creativa. Informe de la Comi-
sión Mundial de Cultura y Desarrollo, México, UNESCO, 1997.
UNESCO y J. Pérez de Cuellar, Nuestra Diversidad Creativa. Informe de la
Comisión Mundial sobre Cultura y Desarrollo, México, UNESCO, 1997.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 3
la dimensión cultural7
. El Plan de Acción de la Conferencia Inter-
gubernamental de Estocolmo 19988
se pronuncia de forma mucho
más explícita y es un avance considerable en este proceso. Entre sus
muchas aportaciones podemos resaltar los objetivos de política re-
comendados a los estados miembros:
Objetivo 1: Hacer de la política cultural un componente central de
la política de desarrollo. 1. Diseñar y definir políticas culturales o revi-
sar las políticas existentes, para que sean un componente esencial de
un desarrollo endógeno y sostenible. 2. Promover para este fin la inte-
gración de políticas en políticas de desarrollo, en particular en lo
que respecta a su interacción con políticas sociales y económicas.
Los avances en este proceso y las reflexiones procedentes del sec-
tor cultural y de la UNESCO no coinciden, o no tienen influencia, en
las agendas de otros organismos multilaterales y nacionales encarga-
dos de las políticas de desarrollo. La aprobación en septiembre de
2000 de la Declaración del Milenio que incorpora los Objetivos
de Desarrollo del Milenio (ODM) y la conferencia internacional de
Monterrey (2002), se orientaron a aspectos más clásicos, urgentes y
«duros» del desarrollo y no hacen ninguna mención directa a la cul-
tura. A pesar de no incorporar directamente a la cultura en todos es-
tos objetivos se percibe una posible contribución de ésta como se ha
demostrado en muchas acciones realizadas en diferentes países en
este campo. En el objetivo 8 «Fomentar una alianza mundial para el
desarrollo» es donde apreciamos avances significativos importantes
que coinciden con dos grandes elementos del proceso de sinergia to-
tal para la lucha contra la pobreza:
En primer lugar, el PNUD en su informe anual sobre el Índice de
Desarrollo Humano de 20049
dedica su atención a reflexionar sobre
Véase UNESCO, Dimensión cultural del desarrollo, hacia un enfoque práctico,
París, UNESCO, 1995.
UNESCO, Plan de acción sobre políticas culturales para el desarrollo. Aproba-
do por la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desa-
rrollo, Estocolmo, 2 de marzo de 1998.
PNUD, Informe sobre el Desarrollo Humano 2004. La libertad cultural en el
mundo diverso de hoy, Nueva York, PNUD, 2004.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 4
la libertad y la diversidad cultural, a partir del enfoque de desarrollo
como generador de capacidades, la libertad cultural aporta un ele-
mento importante en las aportaciones de la cultura al desarrollo. A
pesar que en otras ediciones el informe anual del PNUD resaltó la
necesidad de completarlo con indicadores culturales. Hasta ahora
no se dispone de suficiente conocimiento y datos para incorporar
una dimensión más completa de la cultura en el índice de desarrollo
Por otro lado, en octubre de 2005 la aprobación por la Confe-
rencia General de la UNESCO de la Convención sobre la Protección
y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, ratifi-
cada unos meses después, nos ofrece un marco en el derecho inter-
nacional muy importante. Además de otras consideraciones esta
convención10
incorpora en el artículo 13 la integración de la cultura
en el desarrollo sostenible; otro artículo, el 14, está dedicado exclu-
sivamente a la cooperación al desarrollo, explicita formas en que la
cultura puede contribuir a la reducción de la pobreza a partir de la
integración del concepto de desarrollo como facilitador de procesos
de adquisición de competencias específicas. Y finalmente, la necesi-
dad de un trato preferente a los países en desarrollo (art. 16) en los
intercambios culturales y en el fomento de sus capacidades para ac-
ceder a mercados internacionales de las industrias y producciones
La consideración de las aportaciones de la cultura al desarrollo
tienen ya un alcance significativo indiscutible, como lo demuestra
la paulatina incorporación en las agendas de los organismos multi-
Véase J. Prieto de Pedro y A. Martinell, Documento de trabajo para la primera
reunión de expertos sobre la cooperación internacional, UNESCO, 2007. El princi-
pio de acceso equitativo proclamado también por el artículo 2 hace hincapié en esta
lógica al propugnar: «El acceso equitativo a una gama rica y diversificada de expre-
siones culturales procedentes de todas las partes del mundo y el acceso de las cul-
turas a los medios de expresión y difusión son elementos importantes para valori-
zar la diversidad cultural y propiciar el entendimiento mutuo».
Algunos autores mantienen que la exclusión cultural tiene consecuencias más
negativas a largo plazo ya que las políticas de recuperación son más difíciles, como
podemos observar en comunidades culturales con un alto nivel de exclusión social
y económica pero la conservación de una vida cultural rica les permite afrontar
procesos de desarrollo con más dignidad.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 5
laterales11
, la definición de estrategias sectoriales de las agencias de
los países donantes12
y la creciente preocupación de la Unión Euro-
pea, como se trató en el Seminario Internacional sobre Cultura y
En este marco de acción es imprescindible una movilización de
todos los actores posibles a diferentes niveles, capaces de generar
sinergias para la consecución de la reducción de la pobreza que la
comunidad internacional se ha propuesto en su agenda.
Este proceso y sus aportaciones dibujan el marco contextual donde
se sitúan en la actualidad las relaciones entre cultura y desarrollo o las
aportaciones de la cultura al desarrollo y la lucha contra la pobreza.
Se constata un avance importante en las relaciones entre desa-
rrollo y cultura gracias al trabajo realizado desde el terreno hasta
los organismos internacionales para la construcción de este marco.
A la vez que se perciben dificultades, dudas, constataciones, con-
trastes, por lo que no se recorrido todo el trayecto posible y es ne-
cesario avanzar hacia una nueva dinámica que encuentre más siner-
gias con las políticas de desarrollo general.
II. HACIA UNA LECTURA DEL DESARROLLO DESDE LA CULTURA
En todo el proceso de reflexión, crítica y definición, el concepto de
desarrollo ha ido adquiriendo diferentes perspectivas y dimensiones,
adquiriendo nuevos significados. El avance de estas definiciones inte-
gra diferentes visiones y se adapta a la complejidad actual de la coo-
peración al desarrollo y la lucha contra la pobreza.
Ejemplos como la ventana de cultura y desarrollo del Fondo del Milenio en
el PNUD, programas OEI, UNESCO, etcétera.
Países europeos donantes que han elaborador estrategias propias: Finlandia:
«Navigating culture: A road map to culture and development» (2000); Dinamarca
(2002); Suiza: Swiss Agency for Development and Cooperation (2003); Noruega;
Estrategia Cultura y Desarrollo de la Cooperación Española (2006); Suecia: SIDA’s
Culture and Media in development cooperation (2006).
S. Manservisi, «Is there a New Approach to Culture and Development in the
Strategy of the EU Development Policy?», Africa e Mediterraneo. Cultura e Società
68, Bolonia, 2009. Y el Seminario de la Presidencia Española de la UE, mayo de
2010, en [http://www.culturaydesarrollo2010.es/esp/index.asp].
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Si han dominado algunas orientaciones economicistas, también
hemos de ir introduciendo nuevas dimensiones que, a la larga, van
a reforzar e integrar otras posiciones hacia un objetivo fundamental
que se concreta en una alianza internacional contra el hambre y la
lucha contra las inequidades en un entorno pacífico y respetuoso.
Incorporando los antecedentes y procesos que nos han llevado a
las ideas sobre desarrollo en un mundo globalizado e interdepen-
diente hemos de avanzar hacia nuevos y amplios planteamientos.
El desarrollo no puede consistir solamente en aumentos de obje-
tivos inanimados de conveniencia, como un aumento en el PIB (o en
las rentas personales), industrialización, avance tecnológico o moder-
nización social. Estos son, por supuesto, logros valiosos (a menudo
de vital importancia), pero su valor debe depender de cómo afectan a
las vidas y a las opciones de la gente implicada. Para los seres huma-
nos responsables, el centro de atención debe ser, en el fondo, si tie-
nen la libertad de hacer aquello que tienen razón de apreciar14
Valores como libertad, confianza, participación política y comuni-
taria se incorporan al discurso a partir del fomento de capacidades en
la ciudadanía para intervenir en sus propios procesos. Estas dimen-
siones nos permiten relacionar desarrollo con otras funciones sociales
imprescindibles al lado de otros impactos ineludibles:
(...) es difícil que una sociedad mire con confianza el futuro y gane
espacios de autonomía (no otra cosa es el desarrollo) si no se le per-
mite definir, con cierto grado de libertad, aquellos elementos de
identidad a los que asocia su imagen colectiva15
En este marco de referencia la cultura tiene un papel imprescin-
dible que hemos de saber incorporar de forma inteligente y mo-
desta, a partir de encontrar nuevas prácticas que consigan entrela-
zar un amplio tramado entre los diferentes factores que inciden en
la creación de condiciones para el desarrollo.
A. K. Sen, «El futuro y nuestras libertades», en V. Martínez y S. París, Amart-
ya Sen y la globalización, Castellón de la Plana, Universitat Jaume I, 2006.
J. A. Alonso, «Cultura y desarrollo: bases de un encuentro obligado», Revista
de Occidente 335, abril 2009, pp. 9-20.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 7
La contribución de la cultura al desarrollo se va configurando a
partir de nuevos enfoques que se concretan en la incorporación de
funciones específicas a considerar:
– La cultura contribuye a la acumulación de conocimiento y en-
tendimiento humanos (crecimiento humano) capaces de apor-
tar concepciones del mundo variadas y el mantenimiento de un
equilibrio entre recursos «humanistas», recursos tecnológicos,
recursos patrimonialistas y opciones culturales para las genera-
ciones futuras16
– La cultura permite profundizar en los derechos fundamentales
a partir de la participación en la vida cultural y la defensa de
los derechos culturales individuales y colectivos.
– La cultura tiene impactos directos al desarrollo socio económi-
co y la creación de renta disponible y bienestar.
– La práctica cultural y el acceso a sus beneficios permite crear
un clima cultural basado en la confianza mutua, la libertad cul-
tural y las relaciones de respeto a la diversidad expresiva.
– La cultura tiene una función de capital humano como medio
de obtener poder y reconocimiento social y político. Las activi-
dades culturales «influyen en la capacidad de la gente para
afrontar los retos de la vida cotidiana y para reaccionar ante
los cambios repentinos en su ambiente físico y social»17
– La cultura incide en el aumento de las oportunidades sociales de
las personas, influye en la educación, el empleo y en el uso del
– La cultura es imprescindible para una perspectiva integral del
III. ¿QUÉ IMPACTOS APORTA LA CULTURA AL DESARROLLO?
La influencia de las concepciones de desarrollo basadas en el creci-
miento económico y las urgencias en las crisis internacionales han de-
Consejo de Europa, Sueños e identidades. Una aportación al debate sobre cul-
tura y desarrollo en Europa, Barcelona, Interarts/Península, 1999.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 8
rivado hacia posiciones muy prácticas y centradas, a veces, en un
cierto asistencialismo como prioridad. Desde algunas posiciones y
actores de la cooperación al desarrollo internacional se ha planteado
la dedicación a la cultura como un campo prescindible, e incluso
como un lujo18
, que en ciertas realidades no se pueden dar aunque
sea mínimamente. Desde esta posición consideran prioritario cubrir
las necesidades y luego pueden venir otras dimensiones. A pesar de
la legitimidad de este razonamiento implica una percepción muy
parcial del otro (receptor o socio) que no tiene la libertad para mani-
festar sus necesidades.
Este hecho ha representado un enfoque muy unidireccional hacia
la resolución de problemas muy perentorios e inmediatos totalmente
imprescindibles. Pero han olvidado que al lado de la pobreza la vida
cultural de las comunidades y sociedades se compone de elementos
imprescindibles para el mantenimiento de sus capacidades sociales,
las cuales también van a incidir en la superación de sus necesidades
básicas. A pesar de la pobreza económica, algunas culturas milena-
rias han demostrado la supervivencia combinando sus necesidades
culturales capaces de mantener la identidad y la autoestima cultural
con la búsqueda de un mayor bienestar básico.
También influye el predominio de una visión antropológica de la
, en los planteamientos de la cooperación al desarrollo, los
cuales han mantenido una lectura parcial a la realidad multidimen-
sional de la cultura en las sociedades más o menos desarrolladas. Este
hecho es más significativo a partir de las últimas décadas del siglo XX,
y de forma mucho más intensa en la actualidad como efecto de los
cambios que incorpora la sociedad de la información. Los países so-
cios han manifestado en varios foros su preocupación por una lectura
excesivamente exótica de sus culturas con dificultades de presentar
con libertad, y desde su diferencia, su forma de contemporaneidad.
Pero en el fondo de la cuestión se encuentra una preocupación,
y a veces escepticismo, en saber si existen impactos claros de la cul-
No es una casualidad que la estrategia de la cooperación suiza se titule «La
cultura no es un lujo» (2003).
Véase el documento de Arturo Escobar «Antropología y desarrollo», en
[http://www.unesco.org/issj/rics154/escobarspa.html].
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 9
tura en el desarrollo más allá de ciertos discursos excesivamente re-
tóricos acerca de su interdependencia. Es necesario concretar el
análisis de la contribución real de la cultura a los procesos de desa-
rrollo y cómo los países socios pueden incorporar esta dimensión más
amplia y técnica que les permita ir superando un cierto folclorismo
en sus planteamientos.
Para este objetivo hemos de intentar precisar más nuestros siste-
mas de análisis y nuestras formas de presentar los posibles impactos
o resultados de la cultura al desarrollo, tanto para orientar la inten-
cionalidad de la acción de los actores sociales que intervienen en
este campo, como para reclamar la especificidad de algunos de es-
tos resultados.
Nuestra experiencia nos permite incorporar algunos de las varia-
bles que se han aplicado en los estudios del sector cultural, como la
incorporación de metodologías aplicadas en el diseño y elaboración
En este marco de acción podemos iniciar nuestro análisis y con-
tribución sobre las posibles aportaciones de la cultura al desarrollo
desde cuatro grandes dimensiones20
1. La cultura como un conjunto de valores simbólicos, creencias y
como expresión de unas identidades. Disponer de capacidad de
mantener su forma de vida y sus valores, en un diálogo entre
memoria y tradición, permite apreciar los aportes de la vida
cultural a la resolución de problemas actuales. «La cultura pue-
de considerarse como el conjunto de rasgos distintivos, espiri-
tuales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan
una sociedad o grupo social. Ella engloba además de las artes y
las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser
humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creen-
cias»21
. Por lo cual es la forma que una sociedad se expresa y si-
túa su vida cultural en una sociedad globalizada, buscando el
Siguiendo nuestra reflexión iniciada en A Martinell, «Cultura es desarrollo»,
en M. Iglesia-Caruncho, Avances y retos de la Cooperación española. Reflexiones de
una década, Fundación Carolina/Siglo XXI, Madrid, 2007, pp. 185-195.
Mondiacult, UNESCO, México, 1982.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 10
respeto a sus particularidades y a la diversidad a partir de los
principios que podemos encontrar en diferentes declaraciones
de la comunidad internacional22
. La identidad, cuando es abier-
ta y comprometida con la vida social de su comunidad, es una
precondición indispensable para mejorar las condiciones de
«Las políticas que reconocen las identidades culturales y fa-
vorecen la diversidad no originan fragmentación, conflictos,
prácticas autoritarias ni reducen el ritmo del desarrollo. Tales
políticas son viables y necesarias, puesto que lo que suele pro-
vocar tensiones es la eliminación de los grupos que se identifi-
can culturalmente»23
. En este sentido, todos los procesos que
generen la recuperación y mantenimiento de las identidades
culturales «abiertas e interactivas»24
y el contacto e intercam-
bio con otras, a partir del respeto a la libertad cultural, son fac-
tores fundamentales para la configuración y construcción de
condiciones al desarrollo aunque difíciles de apreciar y objeti-
var, pero que existen como sustrato para la creación de dinámi-
cas sociales positivas.
Las repercusiones del mantenimiento de un sistema cultu-
ral propio y la consciencia de pertenencia a una identidad cul-
tural es un factor importante para la creación de condiciones
para el desarrollo, y un motor para la formación de capacida-
des individuales y colectivas que encuentre un equilibrio entre
el mantenimiento de una memoria colectiva con una forma de
construir una vida cultural actual de acuerdo con las interde-
pendencias de un mundo globalizado.
Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Ex-
presiones Culturales, UNESCO, octubre de 2005, ratificada por más de 60 países.
mundo diverso de hoy, 2004, PNUD, Nueva York, p. 2.
reunión de expertos sobre la Cooperación Internacional, UNESCO, 2007: «La concep-
ción abierta e interactiva de la acción para la protección y promoción de la diversi-
dad cultural son numerosas las referencias en la Convención. Debe señalarse el prin-
cipio de apertura y equilibrio que anuncia el artículo 2: “Cuando los Estados
adopten medidas para respaldar la diversidad de las expresiones culturales, procura-
rán promover de manera adecuada una apertura a las demás culturas del mundo”».
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 11
Los valores y formas de vida cultural constituyen un com-
ponente muy significativo de las capacidades básicas de la ciu-
dadanía que se pueden concretar en aportes como:
– Consolidación de las identidades culturales.
– Consciencia de los propios valores y sus saberes.
– Construcción del sentido de pertenencia colectiva.
– Capacidad de crear consciencia de la memoria colectiva.
– Capacidad de apreciar el valor de su patrimonio material
e inmaterial.
– Capacidad para situar su forma de vida en un mundo glo-
balizado aceptando la existencia de otras culturas.
– Capacidad de expresar su cultura y dialogar con otros in-
2. Impactos intangibles de la cultura al desarrollo. La evidencia de
los aportes intangibles de la cultura al desarrollo son tan am-
plios y variados que muchas veces no se incorporan de forma
explícita y evaluable en el diseño de políticas, planes y progra-
mas al desarrollo. Siempre se ha considerado como una varia-
ble imprescindible, pero con poca fidelidad por la dificultad de
precisarlo como un resultado directo. También por la necesi-
dad de procesos más amplios y duraderos en el tiempo que las
cronologías de ciertas actuaciones y por la confluencia con otras
dinámicas de otros ámbitos del desarrollo. Hemos de conside-
rar que lo intangible en el desarrollo es un aporte que no surge
espontáneamente, sino que es fruto de un trabajo social y comu-
nitario importante con gran impacto en muchas dimensiones
de la vida social. En este sentido, podríamos analizar las múlti-
ples plusvalías que aporta la cultura como factor de representa-
ción y significación política en la construcción de una ciudada-
nía democrática. Facilitando la configuración de procesos de
cohesión social y gobernanza como factor determinante en los
procesos de desarrollo, así como la dignidad de asumir un pro-
tagonismo en la lucha contra la pobreza y la búsqueda del bien-
estar común a partir de las formas de una comunidad cultural,
por ejemplo, a través de manifestaciones populares en las fiestas
y tradiciones, la vivencia de recuperación del espacio público,
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 12
la convivencia con la comunidad de muchos de sus servicios,
etc. La reducción de la «exclusión cultural»25
de grupos socia-
les y la defensa del concepto de «libertad cultural –que incor-
pora el informe PNUD 2004– como elemento de defensa de los
derechos culturales, aportan la base para unas políticas más in-
tegradoras que inciden en lo que podríamos denominar pre-
condiciones básicas para el desarrollo.
Otros intangibles de la cultura, junto a la educación, fomen-
tan competencias que pueden beneficiar la vida colectiva e in-
ciden en sectores con gran potencial para integrarse en procesos
de desarrollo. La importancia de la creatividad, la búsqueda
de la calidad y la excelencia de la cultura tienen una influencia
en los procesos de innovación como factor de aprovechamiento
de las posibilidades de un contexto determinado. Estas contri-
buciones al desarrollo son de difícil cálculo y medición por su
propia configuración, pero tienen una gran importancia que
no podemos olvidar ni desvalorizar ante la seducción de otras
variables que nos presentan resultados de forma más empírica,
aunque últimamente se está avanzando mucho en la evalua-
ción de estos elementos cualitativos.
Dentro de una gran variedad podemos concretar algunos
de los impactos citados que han de incorporarse a plantea-
mientos más amplios:
– Capacidad de fomentar la participación política.
– Aportes de la cultura a la cohesión social, interacción comu-
nitaria, sentido de pertenencia, ciudadanía cultural, etcétera.
– Incidencia de la cultura en las dinámicas de gobernanza y
reforzamiento institucional.
– Creación de espacios comunicativos libres y accesibles.
– Incidencia en la consolidación de relaciones de confianza
mutua, interna y externa.
y económica, pero la conservación de una vida cultural rica les permite afrontar
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 13
– Incidencia de la vida cultural en el bienestar y la calidad
– Condiciones para crear seguridad cultural.
– Vivencias y recuperación de espacio público.
– Contribución a la imagen externa de la cultura o el país.
3. La cultura como dimensión e impacto socio económico. En este
campo se ha avanzado mucho en los últimos años y estamos en
un verdadero proceso de transformación muy importante. Es-
tos impactos se pueden analizar a partir de los estudios e inves-
tigaciones sobre la economía de la cultura y el análisis del sector
cultural, como un «clúster», o las metodologías de desagrega-
ción de la cultura como «cuenta satélite»26
, como nuevas formas
de valorar el aporte del sector cultural en el crecimiento eco-
nómico. Estas aportaciones se han formado desde diferentes
disciplinas y metodologías presentando resultados muy explíci-
tos sobre el peso de la cultura como sector económico y social27
Los datos disponibles sobre la participación de la cultura en el
PIB de cada país, de acuerdo con diferentes indicadores y en
consonancia con las fuentes de información disponibles, evi-
dencian la necesidad de tomar en consideración este sector en
el conjunto del desarrollo, a pesar de la precariedad de algunos
estudios más detallados y de la necesidad de estructuración de
sistemas de estudio más homogéneos y comparables.
Es evidente que el mantenimiento y fomento de este sec-
tor cultural alrededor de la creación, producción y difusión
de bienes culturales tiene una gran incidencia, por su valor
simbólico, pero también como un factor de crecimiento eco-
Metodología fomentada por NNUU, Banco Mundial, OECD, EUROSTAT y
FMI que permite elaborar cuentas que miden la actividad económica de un sector
a través de la medición del PIB con un conjunto de variables que dan cuenta de di-
ferentes aspectos de su impacto en la economía nacional.
En este sentido, pueden destacar los estudios de diferentes programas de la
UE, el Banco Interamericano de Desarrollo y algunos ministerios de cultura de dife-
rentes países. Pero destaca el excelente y continuado trabajo del Convenio Andrés
Bello a través de su línea de investigación «Economía y Cultura en Latinoamérica»
hasta el año 2009.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 14
nómico28
. Las empresas e industrias culturales pueden aportar
un dinamismo muy importante en algunos países a partir de
la autonomía y gestión de la propia creatividad. En este sentido
algunos programas de ayuda al sector cinematográfico, edito-
rial, musical y discográfico, diseño, moda, etc., nos presentan
resultados muy significativos.
Actividades con un fuerte impacto en economías locales y
capaces de creación de un empleo, predominantemente y bas-
tante estable, con unas características muy determinadas. Como
refleja Greffe (1999)29
la valoración del empleo cultural requie-
re considerar el que se refleja de las propias actividades cultura-
les, pero se ha de añadir el empleo no-cultural en las activida-
des culturales y el empleo cultural en las actividades no
culturales. Lo que expresa sus propias dificultades de cuantifi-
cación pero evidencian los impactos que la vida cultural puede
aportar a las dinámicas de desarrollo y crecimiento económico
en la sociedad contemporánea si se puede aprovechar todo su
En este sentido podemos apreciar:
– Contribución de la cultura al crecimiento económico y
contribución al PIB.
– Creación de empleo: directo e indirecto.
– Profesionalización de la actividad creadora.
– Creación de empresas e industrias culturales.
– Sistemas de producción de bienes y servicios culturales.
– Gestión de la propiedad intelectual.
– Presencia de los productos culturales en los mercados in-
ternacionales30
– Impactos en la economía local de la actividad cultural.
Como se puede observar por la atención que mantienen los países del Norte
en las negociaciones de la OMC y la incorporación en los tratados de libre comer-
cio, donde se aplican posiciones muy dominantes y abusivas que pueden impedir
el proceso de rentabilización de la potencialidad cultural de los países del sur.
X. Greffe, L’emploi cultural à l’âge du numérique, Anthropos, París, 1999.
Como recomienda la Conferencia de Monterrey de 2002.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 15
4. La cultura como plusvalía al desarrollo de otros sectores o impac-
tos indirectos. La vida cultural, en sus diferentes dimensiones y
prácticas, incide en un gran número de impactos indirectos en
otras actividades que conceden un valor a lo cultural y les per-
mite el desarrollo de sectores colindantes muy claros. En la ac-
tualidad, uno de los aspectos más evidentes y significativos puede
apreciarse en la importancia de la cultura en el desarrollo y el
crecimiento de una industria turística propia en los países socios
de la cooperación. No solamente en lo que se ha denominado
turismo cultural, sino en la conversión de diferentes valores pa-
trimoniales de una cultura (museos, yacimientos, restos arqueo-
lógicos, arquitectura, folclore, fiestas, medio ambiente, etc.) en
destinos turísticos que completan la oferta de esta industria. De
la misma forma se podría considerar la atracción de visitantes a
ciudades con alto componente cultural, el comercio, la rehabili-
tación urbanística, la creación de equipamientos locales... Im-
pactos que no serían posibles sin unas políticas culturales públi-
cas de apoyo a la restauración y mantenimiento del patrimonio
cultural en una visión amplia e integral y una oferta cultural es-
table. Como en otras actividades, es muy importante el impacto
de gasto público o, mejor dicho, de la inversión pública en cul-
tura como dinamizador de desarrollo, que evidencia el desenfo-
que de muchos análisis que consideran los presupuestos públicos
en cultura como algo superfluo o prescindible.
En este sentido los estudios económicos y estadísticos aplica-
dos de las tablas input-output31
aplicadas a sectores, también pue-
den utilizarse para evidenciar los impactos de la actividad cul-
tural en otros sectores. En este campo se han hecho estudios
sobre los impactos de festivales, carnavales, fiestas, equipamientos
culturales en otros sectores como: transporte, manufactura, ser-
vicios técnicos, hostelería, restaurantes, alimentación, etc.; los cua-
les tienen unos efectos muy importantes poco valorados y que
no se relacionan con la actividad cultural, aunque sea ella la
promotora de estos impactos.
Aportaciones del economista Wassily Leontief, Premio Nobel de Economía
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 16
También podemos evidenciar los efectos indirectos de la cul-
tura en su aporte a la creación de ambientes de seguridad ciuda-
dana y recuperación y uso del espacio público con la ubicación
de equipamientos y programaciones culturales en barrios anti-
guos degradados o en zonas marginales o abandonadas.
Un largo campo de estudio y detalle que se intuye pero pocas
veces se incorporan estos resultados como un impacto tangible
y complementario de la vida cultural.
A modo de conclusión, resaltamos los grandes avances en valorar
las prestaciones de todo tipo que puede incorporar la vida cultural,
pero es necesaria una mayor capacidad de formulación detallada y
de formalización de los resultados e impactos. Entre las debilidades
para sostener los aportes de la cultura al desarrollo destaca la poca
importancia que se le da a la dimensión cultural, la falta de inclusión
de estos objetivos y de sus indicadores de evaluación. Todo un traba-
jo metodológico que generaría una mayor confianza en que la inver-
sión en cultura puede combinar perfectamente todos los aspectos in-
tangibles de la vida cultural con el merecido reconocimiento de su
aporte al crecimiento y creación de bienestar.
IV. ¿ES EFICAZ LA COOPERACIÓN CULTURAL AL DESARROLLO?
La preocupación de los organismos multilaterales y las agencias de
los países donantes por los pocos logros de las grandes inversiones en
cooperación al desarrollo, suscita una constante preocupación por la
eficacia de estas políticas. Principalmente, por la gran dificultad que
tiene la comunidad internacional en avanzar en la erradicación de la
pobreza a partir del seguimiento anual de los avances de los Objeti-
vos de Desarrollo del Milenio.
En estas inquietudes también se encuentran las organizaciones
que trabajan con más prioridad en las relaciones entre cultura y
desarrollo en diferentes dimensiones (sectoriales o transversales).
Hemos de resaltar los pocos estudios especializados sobre la efica-
cia y los resultados de la cooperación al desarrollo en cultura; no obs-
tante, han avanzado mucho en los últimos años. Una de las dificulta-
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 17
des más importantes se detecta en la poca formalización metodológi-
ca en los procesos de identificación y, principalmente, en la formula-
ción de proyectos, planes o programas culturales de acuerdo con un
estándar de indicadores culturales. Todo ello nos evidencia la necesi-
dad de más inversión en investigación e instrumentos metodológicos
para los actores de la cooperación para presentar y producir datos que
nos permitan evaluar el impacto de la cultura en el desarrollo
Los códigos del CAD-OCDE en este campo tampoco ayudan a
este proceso de situar la cultura en un campo de indicadores actua-
les y explícitos, sin perderse en otras direcciones o en generalizacio-
nes excesivas. En este sentido, la UNESCO está trabajando en ello
y los investigadores en el campo de la cultura y desarrollo cada vez
somos más conscientes de ello y esto se está convirtiendo en una
prioridad en nuestras líneas de estudio.
La preocupación por la eficacia de la ayuda es una preocupación
que se va introduciendo con mucha intensidad y se con-
creta de forma muy explícita en la conocida Declaración de París33
que se ha incorporado como punto de referencia para las agencias
Esta declaración introduce algunos conceptos muy interesantes
desde la perspectiva de la cultura y el desarrollo.
En primer lugar, el compromiso de apropiación tiene un espe-
cial significado para la cooperación al desarrollo en cultura. En su
propia dinámica y constitución los proyectos de cultura y desarrollo
no se pueden de realizar si no es desde la propia población de los
países socios, ya que es imposible intervenir a partir posiciones ex-
ternas. La apropiación es una condición imprescindible para la ma-
yoría de implementaciones en el campo del desarrollo. Por esta ra-
zón el desarrollo de capacidades de los propios actores de la vida
cultural, en sus diferentes ámbitos y dimensiones, se configura
como un primer nivel del proceso de desarrollo y una fase para la
apropiación. Entendemos que la cooperación en el campo de la cul-
Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo, Monterrey,
Foro de Alto Nivel, Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda al Desa-
rrollo, París, 2005.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 18
tura puede dinamizar procesos de aprendizaje de dinámicas de
apropiación de gran importancia para la transferencia en otros ám-
bitos de la cooperación al desarrollo.
De la misma forma, la mutua responsabilidad es un compromiso
que puede ejercer con facilidad desde los ámbitos de intervención
de la cultura y promover colaboraciones con otros ámbitos a partir
de una posible transversalidad de la cultura en otros sectores.
La propuesta de un mayor rigor en la gestión orientada a los re-
sultados, como ya hemos mantenidos en otros apartados de este
texto, es una exigencia imperiosa para el sector cultural, que a sus
objetivos específicos en el campo de la cultura ha de incorporar con
más intensidad las exigencias de eficacia e impactos en el campo del
desarrollo, ya sean fruto de acciones transversales u horizontales
como de implementaciones directas de la actividad cultural.
V. ¿LA CULTURA ES SÓLO UNA PRIORIDAD TRANSVERSAL DEL
En un trabajo de 1998 Amartya Sen34
advertía: «Los especialistas
del desarrollo, más preocupados por alimentar a los hambrientos y
por eliminar la pobreza, se irritan a menudo ante un interés por la
cultura que les parece prematuro en un mundo donde las privacio-
nes materiales son todavía numerosas».
A lo largo de muchas décadas cuando se ha tratado la cultura en
el marco del desarrollo no se negaba esta relación sino que se orien-
taba hacia una concepción que la cultura era una dimensión trans-
versal y presente en diferentes ámbitos de la cooperación al desa-
rrollo. Esta posición responde a unos razonamientos muy claros y
aceptables en algunos aspectos de la cultura (pero no en todos), por
lo cual hemos de aceptar esta horizontalidad de la cultura que inci-
de en diferentes ámbitos y campos de la cooperación al desarrollo.
La transversalidad requiere un planteamiento conceptual, prác-
tico y ejecutivo muy específico que acepta la complejidad de cual-
Citado en J. A. Alonso, «Cultura y desarrollo: bases de un encuentro obliga-
do», Revista de Occidente 35, abril de 2009, Madrid.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 19
quier política o proyecto, incorporando otras dimensiones para en-
contrar una orientación determinada capaz de integrar, en igualdad
de condiciones, otras visiones a las de la simple especialidad.
Ha de existir un diálogo y una comprensión mutua para incorpo-
rar una dimensión transversal a otra más específica. Esta interacción
ha de permitir conocer en profundidad los problemas o necesidades
en los cuales se quiere actuar, a partir de un proceso de identifica-
ción que incorpore la dimensión cultural, o los aspectos culturales
que inciden en la raíz del problema donde se pretende intervenir.
A este fin, los redactores de planes, políticas o proyectos han de
dotarse de equipos pluridisciplinares que aporten, desde diferentes
perspectivas, sus dimensiones y encuentren las sinergias para conse-
guir definir objetivos integradores de los diferentes ámbitos o secto-
res de la cooperación.
En este sentido, la cultura podría incorporarse a la cooperación al
desarrollo como una prioridad y contenido horizontal que incide en
otros ámbitos, de la misma forma que derechos humanos, género o
medio ambiente aportan a esta acción su visión y complementariedad.
A pesar de los enunciados de la importancia de la transversalidad
de la cultura en el desarrollo no disponemos de muchas buenas
prácticas que aporten conocimiento sobre esta forma de actuar y es
necesario establecer protocolos y método de trabajo para este fin,
los cuales requieren un cambio de mentalidad en las organizaciones
que tienden a la departamentalización por ámbitos (educación, sani-
dad, género, gobernanza, etc.). Existe el peligro de que la transver-
salidad solo sea una justificación ante la incapacidad de apreciar los
factores culturales o para no tener en cuenta esta dimensión hori-
zontal. La transversalidad es un gran reto de futuro para los actores
de la cooperación al desarrollo y un campo de experimentación muy
A continuación presentamos algunas consideraciones sobre la
cultura como eje transversal al desarrollo. En primer lugar aceptar, en
toda su dimensión, una visión amplia de cultura que incorpora apor-
taciones de diferentes disciplinas y el avance de los estudios cultu-
rales, en especial interés las investigaciones sobre el sector cultural,
el impacto de la cultura en el PIB y los análisis de la cultura como
variable de otros sectores.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 20
De la misma forma se han de considerar las aportaciones más po-
líticas y sociológicas sobre la importancia de la cultura en la configu-
ración de una ciudadanía, en los sistemas de regulación política y en
el fomento de la cohesión social y estructuración de la vida colectiva
y ciudadana. Sin olvidar la influencia de las capacidades creativas en
la vida social, las aportaciones de la expresividad artística y sus con-
tribuciones a la construcción simbólica de la vida colectiva. Una vi-
sión amplia de la cultura como potencial de aporte a la cultura.
A partir de estas consideraciones hemos de hacer unas reflexio-
nes hacia un cambio de mentalidad:
– Por un lado, el sector cultural ha de transformar sus argumen-
taciones y funciones de acuerdo con una línea de orientación
de su trabajo (tanto en aspectos sociales como artísticos) con
una mayor intencionalidad hacia los aportes que la acción cul-
tural puede aportar al desarrollo. Un cambio de mentalidad
más cercano al compromiso social y comunitario del que ya
hay antecedentes en muchas experiencias en diferentes países.
– En otro sentido, las estructuras y organizaciones orientadas a
la cooperación al desarrollo han de encontrar la forma de in-
corporar la transversalidad y horizontalidad de otros ámbitos a
los proyectos de desarrollo, integrando acciones y objetivos
culturales que nos son a corto y medio plazo sino a más pers-
pectiva como también incorporan en la educación y otros cam-
pos. Relacionar la cultura y la dinámica de desarrollo ante pro-
blemas y necesidades muy específicas y que reclaman urgencia,
requiere la incorporación de variables metodológicas nuevas a
las utilizadas hasta el momento. Las demandas por una mayor
eficacia de la ayuda35
requieren esfuerzos en el fomento de ca-
pacidades institucionales, fomento de compromisos y procesos
de apropiación donde la educación y la cultura aportan espa-
cios de experiencia transferibles a otros ámbitos.
– La cultura requiere la participación activa de la comunidad
cultural de referencia que ha de asumir un protagonismo esen-
Que incorpora la citada Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda al
desarrollo y la Declaración de Accra del año 2008.
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 21
cial y la capacidad de respeto y sensibilidad de la ayuda para
encontrar un buen acoplamiento a sus propios procesos y de-
– Es necesario disponer de recursos humanos capacitados técni-
camente más allá de sus opiniones personales sobre la cultura.
– Se deben establecer protocolos de trabajo que incorporen en
el diseño y elaboración de políticas planes y proyectos las for-
mas de trabajar la transversalidad de la cultura y que ayude a
– Es preciso disponer de material que oriente a la identificación
de los posibles impactos y aportaciones de la cultura a los pro-
yectos de cooperación.
– Se debe construir a partir de las contribuciones de los propios
países socios y de sus interlocutores con participación de los
agentes culturales de sus comunidades y países (apropiación).
– Es necesario disponer de indicadores específicos que ayuden a
la formulación de objetivos como a los procesos de evaluación
y verificación posterior.
La prioridad horizontal no excluye otras formas de incorpora-
ción de la cultura en la cooperación al desarrollo. Igual que en
otros ámbitos (educación, gobernanza, género, derechos huma-
nos...) es necesario establecer estrategias propias para canalizar el
potencial de la cultura o la prioridad política que en un momento
dado se quiera incorporar. No podemos olvidar que la cultura tiene
un análisis como sector específico con unas características económi-
cas (empleo, comercio, mercado, etc.) que también se ha de consi-
derar con impactos más tangibles al desarrollo, como ya hemos vis-
to anteriormente.
De la misma forma, la cultura, más allá de la transversalidad, tiene
unos impactos intangibles en la vida social como aporte de formas de
vida, valores, tradiciones, expresiones de la identidad, memorias colec-
tivas, etc., que constituyen los rasgos de una comunidad o sociedad,
elementos imprescindibles para la creación de ciudadanía, cohesión
social y aporte a la construcción política de un país.
La cultura en la cooperación al desarrollo ha de incluir estas diver-
sas vertientes que tienen grandes confluencias, pero también diferen-
03 Cap. 01 17/2/11 08:39 Página 22
cias, principalmente por la forma de incorporarlas a la definición de
planes y políticas de desarrollo.
No es un camino fácil; desde el año 2000, en el que se aprobó la
Declaración del Milenio, hasta 2010 las cosas han avanzado mucho
y está más claro cómo ha de llevarse a cabo este proceso. Hemos de
seguir trabajando para emplazar la cultura en el desarrollo en el es-
pacio y la función que puede ejercer.
Para todo esto la retórica ya no nos sirve; nuestro contexto recla-
ma más claridad, eficacia y rigor. Los implicados en estos procesos
hemos de comprometernos para alcanzar los objetivos de esta gene-
ración que es la reducción del hambre y la pobreza.
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2. DESARROLLO Y CULTURA O LA GLOBALIZACIÓN
I. CUANDO EL DESARROLLO HACE PARTE DE LA GLOBALIZACIÓN
En la velocidad y brutalidad de sus movimientos, la globalización
hace cada día más visibles los rasgos societarios del cambio que atra-
vesamos. Cambio que nos está llevando de una sociedad integral,
esto es que buscaba integrar en ella al conjunto de la población, a
todos, aun cuando fuera para explotarlos, pues eso implicaba hacer-
les trabajadores, proporcionarles un trabajo, sin lo cual no había ma-
nera de expropiar su plusvalía. Así se veía a sí misma la sociedad oc-
cidental hasta la caída del Muro de Berlín, acontecimiento que
marca la desaparición del mundo y del horizonte socialista y la acele-
ración de una globalización que propone un nuevo modelo de socie-
dad: la sociedad de mercado neoliberal. Estamos así ante una socie-
dad dual –de integrados y excluidos– en la que el mercado pone las
lógicas, y mueve las claves de la conexión/desconexión, inclu-
sión/exclusión, social1
. Si la sociedad integral se caracterizaba por
ser eminentemente salarial, industrial, regulada, conflictiva y nego-
ciadora, la sociedad dual puede caracterizarse como terciaria, infor-
matizada, desregulada, menos conflictiva y muchísimo menos nego-
ciadora. Es la sociedad que Margaret Thatcher fue la primera en
legitimar, después de ganar la larga batalla contra los sindicatos mi-
neros, al afirmar que dos tercios de la sociedad inglesa podrían se-
guir llevando una vida digna de ingleses sólo si el otro tercio queda-
M. Chossudovsky, Globalización de la pobreza y nuevo orden mundial,
UNAM/Siglo XXI, Ciudad de México, 2002; M. Svampa (ed.), Desde abajo. La trans-
formación de las identidades sociales, Biblos, Buenos Aires, 2000; M. López Maya
(ed.), Lucha popular, democracia y neoliberalismo, Nueva Sociedad, Caracas, 1999.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 25
ba fuera. Lo que para América Latina está ya significando que nues-
tra sociedad debe excluir dos tercios para que el otro tercio lleve
una vida digna de humanos. Y una sociedad estructuralmente frac-
turada por el divorcio entre Estado y sociedad que se hace cada día
más fuerte y visible, pues el Estado está hoy mucho más moldeado
por las reglas de juego del Fondo Monetario Internacional, la Orga-
nización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, que por las de-
mandas de la propia sociedad. En América Latina nos queda así un
Estado reducido en su capacidad de decisión, medio impotente e in-
coherente. Y ello frente a una sociedad que se degrada día a día en
términos de crecimiento de la exclusión y la desigualdad. Pues aunque
el divorcio entre Estado y sociedad no es un problema sólo latinoa-
mericano, en estos países se agrava porque se trata de un divorcio viejo
que ha venido ahondándose y tornando ingobernables a buena parte
de nuestros países, con lo que el autoritarismo, la vuelta del caudillis-
mo y el populismo se ven ampliamente legitimados. Estos procesos
nos exigen ubicar mínimamente lo que el desarrollo ha significado en
América Latina, mucho antes del reintegro contemporáneo de esa ca-
tegoría y ya no sólo para los países subdesarrollados sino al mundo
Entre los años cincuenta y sesenta se gesta una concepción de
desarrollo que, por un lado contiene una significación puramente
económica –las propias Naciones Unidas lo definieron como «creci-
miento econónomico»– pero por otro lado desarrollo se convirtió en
un nuevo entorno cognitivo y social desde el que se redefinia la po-
lítica, se reinterpretaba el pasado y se diseñaba el futuro. «Parecía
imposible conceptualizar la realidad social en otros términos (…),
con lo que la realidad era colonizada por el discurso»2
, anulando así
la distancia indispensable para ver lo que en el desarrollo había de
proceso real. Y, como lo planteó Paulo Freire, el discurso del desa-
rrollo se transformó en la mirada desde la que los habitantes de los
países del entonces llamado tercer mundo se vieron a sí mismos sub-
desarrollados y fueron uniformados sin el menor respeto por la den-
sidad cultural y el espesor político de sus diferencias: el desarrollo
A. Escobar, El final del salvaje. Naturaleza, cultura y política en la antropología
contemporánea, ICAN/CEREC, Bogotá, 1999, pp. 35-36.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 26
significaba la transformación de nuestras tradicionales sociedades
en sociedades «modernas» dejando por fuera sus mundos de vida y
sus diferencias culturales al ser tacahadas de irracionales, de supers-
ticiones. El modelo desarrollista de modernización que se aplica du-
rante los años sesenta y setenta no supo ni pudo percibir, y aún me-
nos valorar, la diversidad de sociedades y culturas desde las que
estos países buscaban hacerse modernos.
Y bien, la manera como opera en buena medida hoy el discurso
de la globalización no hace sino reforzar aquella colonización del
pensamiento y de la acción política que comenzó con el proceso de
la modernización desarrollista: tampoco ahora parece posible la so-
ciedad en su conjunto sino solamente en cuanto objeto de la acción
globalizadora que está pasado a impregnar tanto nuestras categorías
mentales como los proyectos políticos posibles. Apoyada en sus di-
mensiones tecno-económicas la globalización pone en marcha un
proceso de interconexión a nivel mundial, que conecta todo lo que
informacional e instrumentalmente vale –empresas, instituciones,
individuos– al mismo tiempo que desconecta todo lo que, no tiene
valor para la razón mercantil.
Pero lo nuevo hoy es que ese proceso de inclusión/exclusión a
escala planetaria está convirtiendo a la cultura en espacio estratégi-
co de compresión de las tensiones que desgarran y recomponen el
«estar juntos», esto es, en lugar de anudamiento de todas sus crisis:
políticas económicas, religiosas, étnicas o generacionales. De ahí
que sea desde la diversidad cultural de las historias nacionales y los
territorios regionales y locales, desde las etnias y otras agrupaciones
locales, desde las distintas experiencias y memorias, desde donde,
no sólo se resiste, sino se negocia e interactúa con la globalización,
y desde donde se acabará por transformarla. Pues lo que galvaniza
hoy a las identidades como motor de lucha es inseparable de la de-
manda de reconocimiento y de sentido3
. Y ni el uno ni el otro son
formulables en meros términos económicos o políticos, ya que ellos
se hallan referidos al núcleo mismo de la cultura en cuanto mundo
DESARROLLO Y CULTURA O LA GLOBALIZACIÓN DESDE ABAJO
Charles Taylor y otros, Multiculturalismo. Lotte per il riconoscimento, Feltrine-
lli, Milán, 1998; véase también Nancy Fraser, «Redistribución y reconocimiento»,
en Justitia interrupta. Reflexiones críticas desde la posición «postsocialista», Siglo del
Hombre, Bogotá, 1998, pp. 17-54.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 27
del pertenecer a y del compartir con. Pues como lúcidamente ha
planteado Castells, la identidad se constituye hoy en la fuerza con
más capacidad de introducir contradicciones en la hegemonía de la
razón instrumental.
Esa cuestión es crucial, pues o las construcciones identitarias son
asumidas como dimensiones claves para los modelos y procesos del
desarrollo de los pueblos o ellas tenderán a atrincherarse colocándo-
se en una posición de antimodernidad a ultranza, con el consiguiente
reflotamiento de los particularismos étnicos y raciales. Si lo que cons-
tituye el verdadero sentido y fuerza del desarrollo es la capacidad de
las sociedades de actuar sobre sí mismas y modificar el curso de los
acontecimientos y los procesos, la forma globalizada que hoy asume la
modernización choca y exacerba las identidades generando tenden-
cias fundamentalistas. Y sólo se podrán enfrentar esos fundamentalis-
mos desde una nueva conciencia de identidad cultural «no estática ni
dogmática, que asuma su continúa transformación y su historicidad
como parte de la construcción de una modernidad sustantiva»4
es, de una nueva concepción que supere la racionalidad puramente
instrumental a la vez que revalorice su impulso hacia la universalidad
como contrapeso a los particularismos y los guetos culturales.
Pero ese nuevo horizonte conceptual y político exige un cambio
radical en la nueva concepción de desarrollo para que quepan en él
los muy diferentes modos y ritmos de inserción de las poblaciones,
sus sociedades y sus culturas. Pues las lógicas de la globalización tien-
den ahora también a deslegitimar las tradiciones y las costumbres
desde las que, hasta hace bien poco, nuestra sociedades elaboraban
sus «contextos de confianza»5
. Y es ahí que arraigan algunas de nues-
tras más secretas y enconadas violencias. Pues las gentes pueden con
cierta facilidad asimilar los instrumentos técnicos pero sólo muy lenta
y dolorosamente pueden recomponer su sistema de valores, de nor-
mas éticas y participación ciudadana.
Fernando Calderón y otros, Esa esquiva modernidad: desarrollo, ciudadanía y
cultura en América Latina y el Caribe, Nueva Sociedad, Caracas, 1996, p. 34. Son
clave en esa línea los aportes de A. Touraine en Critique de la modernité, Fayard,
J. J. Brunner, Bienvenidos a la modernidad, Planeta, Santiago, 1994, p. 37.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 28
En esa redefinición del sentido del desarrollo, la cultura y la co-
municación dejan de ser únicamente objetos de políticas pues apa-
recen como verdaderas dimensiones constitutivas del campo de la
política: el estratégico escenario que le exige a la política densificar
su dimensión simbólica, su capacidad de convocar y construir ciuda-
danos, para enfrentar la erosión que sufre el orden colectivo. Ahí
apuntan las culturales ciudadanías, esto es, la creciente presencia en
nuestras sociedades de estrategias tanto de exclusión y empodera-
miento, ejercidas en y desde el ámbito de la cultura. Estas últimas
no inscriben solamente las «políticas de identidad» dentro de una
política de emancipación humana sino que replantean a fondo el
sentido mismo de la política, postulando el surgimiento de un nue-
vo tipo de sujeto político. Ese tipo de sujeto se dejo entrever desde
que el feminismo subvirtiera el machismo de las propias izquierdas
con su declaración de «lo personal es político», incorporado en el
mismo movimiento el sentimiento de daño sufrido y el de reconoci-
miento y empoderamiento.
Frente a la ciudadanía de «los modernos» que se pensaba y se
ejercía por encima de las identidades de género, de etnia, de raza o de
edad, la democracia que encarnaría el nuevo sentido que ahora tiene
el desarrollo es aquella que se haga efectivamente cargo de los derechos
culturales en tanto derechos sociales y políticos. Pues la democracia
se convierte en verdadero escenario de la emancipación social y políti-
ca cuando la ciudadanía es capaz de implicar tanto la tensión entre
nuestra identidad como individuos y como ciudadanos como la que
hay entre diferencia cultural y desigualdad social. Saldremos así de la
ilusoria búsqueda de una reabsorción de la alteridad en el todo unifi-
cado de la nación, el partido o la religión, pasando al primer plano
los derechos de ciudadanía de las diversas comunidades culturales que
conforman una nación, y ello movilizando el nuevo valor de la dife-
rencia que ahora articula la universalidad humana de los derechos a
las particularidades de los muy diversos modos de expresión.
Lo que los nuevos movimientos sociales y las minorías –etnias y
razas, mujeres, jóvenes, los homosexuales– demandan hoy no es
tanto ser representados partidariamente sino reconocidos ciudada-
namente: hacerse visibles socialmente en su diferencia. Lo que da lu-
gar a un modo nuevo de ejercer políticamente los derechos y una
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 29
nueva visibilidad social de la política6
que cataliza el desplazamiento
del discurso doctrinario a una discursividad abierta a ciertos tipos de
interacciones e intercambios con los diversos actores sociales. De ello
es evidencia la proliferación creciente de observatorios y veedurías
ciudadanas. Y bien significativa que resulta esta cercanía que no es
sólo fonética sino una articulación semántica entre la visibilidad de
lo social que posibilita la constitutiva presencia de las imágenes en la
vida pública y las veedurías como forma actual de fiscalización e in-
tervención de los ciudadanos.
En la gestación de esas nuevas figuras de participación ciudadana
juega un papel estratégico «la imaginación social», tal como es defini-
da por A. Appadurai, pues la imaginación ha dejado de ser un asunto
del genio individual, un mero modo de escape a la inercia de la vida
cotidiana o una posibilidad estética, para convertirse en una facultad
de la gente del común que le permite pensar en emigrar, en resistir a
la violencia estatal o en buscar reparación social, en diseñar nuevos
modos de asociación, nuevas colaboraciones cívicas que cada vez
más trascienden las fronteras nacionales. Appadurai escribe textual-
mente: «Si es a través de la imaginación que hoy el capitalismo disci-
plina y controla a los ciudadanos contemporáneos, sobre todo a tra-
vés de los medios de comunicación, es también la imaginación la
facultad a través de la cual emergen nuevos patrones colectivos de
disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos
a la vida cotidiana. A través de la cual vemos emerger formas socia-
les nuevas, no predatorias como las del capital, formas constructoras
de nuevas convivencias humanas»7
. Pensar políticamente esas nue-
vas formas constituye un desafío colosal para unas ciencias sociales
que siguen todavía siendo monoteístas al suponer que hay un princi-
pio organizador y compresivo de todas dimensiones y procesos de la
historia. Lo que se convierte para Appadurai en la exigencia de
construir, pero a escala del mundo, una globalización desde abajo, y
¿no sería ese el nombre que sintetiza el nuevo sentido del desarrollo
G. Rey, Balsas y medusas. Visibilidad comunicativa y narrativas políticas, CEREC
Fundación Social, FESCOL, Bogotá, 1998.
Arjun Appadurai, «Grassroots Globalization and the Research Imagination»,
Public Culture 30, Duke University Press, 2000, p. 7.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 30
II. CUANDO LA INFORMACIÓN DIGITAL TRANSFORMA LAS RELA-
CIONES ENTRE COMUNICACIÓN Y CULTURA
Las relaciones entre cultura y comunicación cambian cuando algunas
de las transformaciones culturales más decisivas que estamos viviendo
provienen de las mutaciones que atraviesa el entramado tecnológico de
la información y la comunicación, mutaciones que, al afectar la per-
cepción que las comunidades culturales tienen de sí mismas, de sus
modos de construir las identidades, adquieren envergadura y tempo-
ralidad antropológicas. La actual reconfiguración de nuestras culturas
nacionales, indígenas o locales, responde hoy especialmente a la inten-
sificación de la comunicación e interacción de esas comunidades con
las otras culturas del país y del mundo. Un proceso que transforma la
tradicional lucha por la tierra en la nueva lucha por el Estado. Desde
dentro de las comunidades los actuales procesos de comunicación
son percibidos a la vez como otra forma de amenaza a la superviven-
cia de sus culturas –la larga y densa experiencia de las trampas a tra-
vés de las cuales han sido dominadas carga de recelo cualquier expo-
sición al otro– pero al mismo tiempo la comunicación es vivida por
las comunidades rurales o urbanas como la posibilidad de romper la
exclusión, como experiencia de interacción que si comporta riesgos
también abre nuevas figuras de futuro. Lo que está conduciendo a
que la dinámica de las propias comunidades tradicionales desborde
los marcos de comprensión elaborados por los folcloristas y no pocos
antropólogos: hay en esas comunidades menos complacencia nostálgi-
ca con las tradiciones y una mayor conciencia de la indispensable reela-
boración simbólica que exige la construcción de su propio futuro8
Pero la posibilidad de comprender la envergadura de las actuales
transformaciones tecnológicas pasa paradójicamente por la no re-
ducción de los cambios socioculturales a su dimensión tecnológica
dejando fuera la especificidad de lo que socialmente se produce, o
como si esto fuera mero efecto de lo técnico. Pues lo que la presencia
A ese respecto véase E. Sánchez Botero, Justicia y pueblos indígenas de Colom-
bia, Bogotá, Universidad Nacional/Unijus, 1998; R. M. Alfaro y otros, Redes soli-
darias, culturas y multimedialidad, Ocic-AL/UCLAP, Quito, 1998; S. Rojo Arias,
«La historia, la memoria y la identidad en los comunicados del EZLN», en Identi-
dades, número especial de Debate feminista, Ciudad de México, 1996.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 31
de las tecnologías de información y comunicación (TIC) está produ-
ciendo a lo largo y ancho del mundo no es comprensible, ni proyec-
table políticamente, más que a partir de una visión integral capaz de
ubicar en el entorno de los procesos de desarrollo económico-social,
y de las prácticas de participación democrática, los impactos y las
potencialidades de esas tecnologías. La «brecha digital» es en realidad
una brecha social, esto es, no remite a un mero efecto de la tecnología
digital sino a una organización de la sociedad que impide a la mayoría
acceder y apropiarse tanto física, como económica y mentalmente,
de las TIC9
. Pero eso no puede impedirnos asumir el hecho de que
la información se ha convertido en un nuevo paradigma de organiza-
ción de la sociedad. Lo que implica que la información constituye
hoy el valor agregado por antonomasia, ya sea: incorporada a los
productos en su composición material, en su «forma» o en su trans-
formación genética; incorporada a los procesos de producción en la
«fábrica flexible» que organizan los flujos informacionales de inven-
ción, programación y evaluación, en la circulación de las mercancías
y la función del marketing; o convertida ella misma en producto que
se halla en la base de la llamada «economía informacional»: el mer-
cado de bienes digitales que enlaza cada día más velozmente la pro-
ducción con la circulación de conocimiento y de cultura.
Ahora bien la hipervaloración de la información no puede ser
apreciada en su justo valor más que conectándola con la devalua-
ción que hoy sufren los saberes tradicionales no informatizables, las
formas de trabajo «informales» (o sea que no son o no están in-for-
madas), las estrategias campesinas de supervivencia, las experiencias
de vida en los inmigrantes, la memoria cultural de los ancianos, etc.
Y pensando el desarrollo desde ahí es que nuestras sociedades apa-
recen siendo, más que «sociedad del conocimiento» sociedades del
des-conocimiento, del no reconocimiento de la pluralidad de sabe-
res y competencias culturales que, siendo compartidas por las ma-
yorías populares o las minorías indígenas o regionales, no están
siendo incorporadas como tales ni a los mapas de la sociedad ni si-
quiera a los de sus sistemas educativos.
CEPAL, en [http://www.cepal.cl/publicaciones/DesarrolloProductivo/1/LCG
2195Rev1P/lcg2195e2.pdf].
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 32
Hoy la subordinación de los saberes orales y visuales al orden de
la letra sufre una erosión creciente e imprevista que se origina en los
nuevos modos de producción y circulación de saberes y nuevas es-
crituras que emergen a través de las nuevas tecnicidades, y especial-
mente del ordenador e internet. Con raras excepciones, sin embargo
nuestras universidades siguen sin darse por enteradas de las estraté-
gicas relaciones entre aquellos saberes y estas tecnologías, del mismo
modo que desconocen la complejidad de relaciones que se trenzan
hoy entre los cambios del saber en la sociedad del conocimiento y los
cambios del trabajo en la sociedad de mercado. Lo que limita su pa-
pel analizar tendencias –las que ponen el mercado y el desarrollo
tecnológico en la globalización socioeconómica y en la mundializa-
ción de la cultura– para ver cómo se adaptan ellas, sin el menor es-
fuerzo ni proyecto de asumir como tarea propia, estructural y estra-
tégica hoy más que nunca, la de formular y diseñar proyectos sociales,
la de pensar alternativas al modelo hegemónico del mercado y de la
Todo lo cual coloca en primer plano la relación estructural de la
narración con la construcción de las identidades y los derechos cultu-
rales: no hay identidad cultural que no sea contada10
. Esa relación en-
tre narratividad y reconocimiento de la identidad se hace preciosa-
mente visible en la polisemia castellana del verbo contar cuando nos
referimos a los derechos de las culturas, tanto de las minorías como de
los pueblos. Pues para que la pluralidad de las culturas del mundo sea
políticamente tenida en cuenta es indispensable que la diversidad de
identidades nos pueda ser contada. Narrada en cada uno de los idio-
mas y al mismo tiempo en el lenguaje multimedia en que hoy se juega
el movimiento de las traducciones –de lo oral a lo escrito, a lo audiovi-
sual, a lo informático– y en ese otro aún más complejo y ambiguo: el
de las apropiaciones y los mestizajes. En su sentido más denso y desa-
fiante la idea de multiculturalidad apunta ahí: a una interculturalidad
en la que las dinámicas de la economía y la cultura-mundo movilizan
no sólo la heterogeneidad de los grupos y su readecuación a las pre-
Homi K. Bhabha (ed.), Nation and narration, Routledge, Londres, 1977; José
Miguel Marinas, «La identidad contada», en Destinos del relato al fin del milenio,
Archivos de la Filmoteca, Valencia, 1995, pp. 66-73.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 33
siones de lo global sino la coexistencia al interior de una misma socie-
dad de códigos y relatos muy diversos, conmocionando así la expe-
riencia que hasta ahora teníamos de identidad. Lo que la globalización
pone en juego no es sólo una mayor circulación de productos, sino
una rearticulación profunda de las relaciones entre culturas y entre
países, mediante una descentralización que concentra el poder econó-
mico y una desterritorialización que hibrida las culturas.
De otra parte la noción de sociedad de la información se halla las-
trada en nuestros países de una fuerte complicidad discursiva con la
modernización neoliberal, racionalizadora del mercado como único
principio organizador de la sociedad en su conjunto, según el cual,
agotado el motor de la lucha de clases, la historia habría encontrado su
recambio en los avatares de la información. La centralidad que las tec-
nologías ocupan en esa concepción de la sociedad resulta despropor-
cionada y paradójica en países en los que el crecimiento de la desi-
gualdad atomiza las sociedades deteriorando sus dispositivos de
comunicación, esto es de cohesión social, y «desgastadas las represen-
taciones simbólicas, no logramos hacernos una imagen del país que
queremos, y por ende, la política no logra fijar el rumbo de los cam-
bios en marcha»11
. De ahí el ensanchamiento de la brecha y la desmo-
ralización colectiva: nuestras gentes pueden asimilar con cierta facili-
dad las imágenes de la modernización que proponen los cambios
tecnológicos pero es a otro ritmo, mucho más lento y doloroso, que
pueden recomponer sus sistemas de valores y de normas éticas.
Todo ello implica comprender que donde apunta la llamada so-
ciedad de la información es a las mutaciones sociales que conllevan
una «revolución tecnológica» que afecta a lo que entendíamos por
mundo. Pues no se trata sólo de lo que le sucede a la parte de la po-
blación conectada sino tanto o más a la desconectada ya que, ahon-
dando la vieja división internacional del trabajo o las tradicionales y
las modernas desigualdades sociales, el mundo padece hoy la más
gigantesca operación de exclusión social, política y cultural de la
historia humana. Lo que sociedad de la información significa enton-
ces es algo no pensable en términos de «mera técnica» –instrumen-
Norbert Lechner, «América Latina: la visión de los cientistas sociales», en
Nueva sociedad 139, Caracas, 1995, pp. 133 y ss.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 34
tos, máquinas, aparatos– ni tampoco en términos del espacio/tiem-
po de la sociedad nacional, que ha sido hasta ahora la categoría
central de las ciencias sociales.
El primer desafío es de orden cognitivo: estamos ante un nuevo
tipo de «tecnicidad» que emborrona los mapas mentales desde los que
pensábamos tanto la técnica como la sociedad. Al mismo tiempo
que en la comunicación afrontamos una perversión de su sentido pro-
veniente de una creciente oleada de fatalismo tecnológico aliada con
el más radical pesimismo político, también asistimos a la emergencia
de un tipo de tecnología cuya peculiaridad reside en constituirse en
ingrediente estructural de un ecosistema comunicativo, que emerge
asociado a una economía nueva en dos sentidos:
– Un nuevo modo de producir, inextricablemente asociado a un
nuevo modo de comunicar, convierte al conocimiento en una
fuerza productiva directa. Entramos así en una sociedad en la
que no solamente la materia prima más costosa es la informa-
ción-conocimiento, sino también aquella en la que el desarrollo
socioeconómico pasa a estar estrechamente ligado a la innova-
ción tanto del lado que nombra la competitividad empresarial
como aquel otro nombra la creatividad social.
– Una nueva economía cognitiva resultado del desplazamiento del
número que, de signo del dominio sobre la naturaleza, está pa-
sando a convertirse en mediador universal del saber y del ope-
rar técnico/estético, lo que viene a significar la primacía de lo
sensorio/simbólico sobre lo sensorio motriz. La numerización
digital hace posible una nueva forma de interacción entre la
abstracción y lo sensible, replanteando por completo las fronte-
ras entre arte y ciencia.
El derecho a la información y la comunicación, ingrediente estruc-
tural del desarrollo político y cultural, despliega ahora su más ancha
complejidad pues incluye no sólo el derecho a un flujo equilibrado
de información entre regiones del mundo y entre países de una mis-
ma región, como lo postuló la UNESCO desde el año 1980 en el
«Informe MacBride», sino también otros dos: el derecho de los ciuda-
danos y los grupos sociales no sólo al acceso a la información como
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 35
receptores sino también a su producción como informadores; y el
derecho de los ciudadanos y los países a condiciones básicas para su
participación en la generación de conocimiento e innovación.
Estos derechos, y especialmente el tercero, se enfrentan hoy al
perverso proceso que convierte el conocimiento en tecnociencia12
pulsando una creciente hiperespecialización de los saberes y hacien-
do de la investigación científica un ingrediente altamente estratégico
del complejo tecnoindustrial: desde el estudio del genoma humano
hasta la producción de transgénicos, la investigación moviliza hoy gi-
gantescos capitales de empresas globales que alientan la complicidad
entre investigación científica y operación comercial. El derecho de
los ciudadanos a la comunicación pública del conocimiento se torna
aún más decisivo en las nuevas condiciones de hegemonía tecnológi-
ca del saber y de las presiones mercantiles sobre el proceso mismo
de su producción y circulación. Lo que se busca salvaguardar es, al
mismo tiempo, el derecho a que la sociedad pueda seguir contando
con ese otro conocimiento que proviene de los saberes de experiencia
social, y el derecho a que todo lo que concierne a las opciones y de-
cisiones sobre desarrollo e inversión en investigación científica y tec-
nológica pueda ser objeto de información y debate públicos.
Lo que agrava la situación de subdesarrollo político en que se
hallan los derechos humanos que conciernen a la comunicación,
esto es a la información y el conocimiento, es la conciencia crecien-
te del valor de la diferencia y la diversidad, tanto en el plano de las
civilizaciones y las culturas étnicas, como en el de de las culturas lo-
cales y de género. Al mismo tiempo estamos ante un poderoso mo-
vimiento de uniformación de los imaginarios cotidianos en las modas
del vestir y los gustos musicales, en los modelos de cuerpo y las ex-
pectativas de éxito social, en las narrativas con mayor público en el
cine y la televisión y el videojuego, etc. Esa tensión produce creati-
vidad social en la medida en que las lógicas del mercado no aplas-
ten en los ciudadanos la capacidad de diferenciar entre lo valioso
J. Echeverría, Los señores del aire, Telépolis y el Tercer entorno, Destino, Bar-
celona, 1999; Ciencia y valores, Destino, Barcelona, 2002; W. Mignolo (comp.), Ca-
pitalismo y geopolítica del conocimiento, Duke University / Ed. del Signo, Buenos
Aires, 2001; D. Lecourt, Humain, posthumain. La technique et la vie, PUF, París,
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 36
culturalmente y lo exitoso comercialmente. No se trata de oponer
sino de diferenciar, ya que en lo comercial pueden encontrarse pro-
ductos culturalmente valiosos, y viceversa: algunas de las mejores
creaciones cinematográficas o musicales han resultado a la vez pro-
ducciones comercialmente exitosas. El eje de este debate crucial
pasa por la profunda relación entre la defensa de la diversidad cul-
tural de las comunidades, ya sean civilizaciones, etnias o culturas lo-
cales, y la conciencia ciudadana del derecho a la diferencia en la vida
cotidiana. La viabilidad social de ambas se halla en unos marcos re-
gulatorios de alcance a la vez mundial y local, que son los dos espa-
cios estratégicos en que se mueve hoy tanto la economía como la
cultura. Marcos regulatorios que sólo podrán salir de una negocia-
ción entre los actores públicos, privados e independientes, tanto del
ámbito nacional como internacional y local. Pues como lo demues-
tran los Foros mundiales de Davos y Porto Alegre, y especialmente
las reuniones preparatorias de la Cumbre MSI, esos actores cuentan
hoy con organismos, organizaciones y asociaciones capaces de repre-
sentar los diferentes intereses en juego.
Adquiere entonces pleno sentido la definición de desarrollo hu-
mano que nos proporciona el Informe del PNUD de 2004: «Se trata
sobre todo de ampliar las opciones de la gente, es decir, permitir
que las personas elijan el tipo de vida que quieren llevar, pero tam-
bién de brindarle tanto las herramientas como las oportunidades
para que puedan tomar tal decisión»13
. Y un poco más adelante se
reafirma «Cultura, tradición y autenticidad no son sinónimos de li-
bertad cultural. La libertad cultural consiste en ampliar las opcio-
nes y no en preservar valores ni prácticas como un fin en sí»14
. A lo
que nos avoca esa nueva concepción del desarrollo es a la puesta en
marcha de unas políticas culturales de la diversidad en el ámbito de
lo nacional cuyo objetivo no sea sólo conservar nuestras culturas
convirtiéndolas en reserva de mitos, de tejidos y sonidos sino inno-
var en base a sus saberes y diseños. Y, en segundo lugar, la diversi-
dad remite a la diversificación de los actores culturales. Pues ni lo
PNUD, Informe sobre desarrollo humano 2004: la libertad cultural en el mun-
do diverso de hoy, Ediciones Mundi Prensa, 2004.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 37
público se identifica ya con lo estatal, ni lo estatal puede seguir ig-
norando lo ciudadano. El ámbito de lo cultural vive un fuerte esta-
llido: estatalizado y centralizado durante años hoy alientan en él las
mil iniciativas provenientes del cada día más heterogéneo espacio
público. Lo que la diversidad nombra entonces es el protagonismo
de los ciudadanos, de sus comunidades territoriales, desde el ámbi-
to más local al nacional, posibilitando que sea de ahí de donde par-
tan las iniciativas y se lleven las riendas de la vida cultural.
III. CUANDO UN PROYECTO ASUME/TRANSFORMA LA EXPERIENCIA
Exponemos aquí las líneas clave de un proyecto que se inscribe en el
marco conceptual y político expuesto. Se trata de un proyecto de in-
vestigación/acción, propuesto por el CERLALC y auspiciado por la
AECID15
, que se inscribe en el proceso de elaboración de un nuevo
marco conceptual y metodológico para la cooperación internacional,
marco trazado por la propia AECID y en el que las políticas públicas
parecen estar dejando de ser un mero cambio en las temáticas de la
agenda para avanzar hacia un verdadero cambio de horizonte políti-
co. El eje de ese cambio se halla en la necesidad de hacer explícitas
las dimensiones sociales de los procesos culturales en cuanto dinámi-
cas de inclusión y cohesión social, de participación ciudadana y po-
tenciación del capital cultural de las comunidades mediante la poten-
ciación de las capacidades de intercambio e interacción entre ellas.
Estamos ante un cambio que sólo será posible en la medida en
que las políticas públicas dejen de ser lo que aún son, en gran medi-
da, una conversación entre funcionarios, y pasen a ser el escenario de
interlocución de las instituciones gubernamentales –locales, nacio-
nales e internacionales– con las muy diversas organizaciones socia-
les. La que a su vez implicará también algún tipo de interlocución
con las industrias culturales, o creativas como muchos las llaman
hoy, ya que sus dinámicas de innovación se hallan sometidas a la
acelerada obsolescencia que el mercado impone a sus productos
J. Martin-Barbero (coord.), Lecto-escritura y desarrollo en la sociedad de la in-
formación, CERLALC/AECID, Bogotá, 2008-2010.
04 Cap. 02 17/2/11 08:40 Página 38
An Open and Collaborative Ecosystem for IoT
Clase 13 ict0 educacion virtual_ecc_rs
Perder el objeto

References: resolución 
 artículo 13
 artículo 2
 resolución 
 resolución 
 artículo 2