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Timestamp: 2020-07-08 14:29:02+00:00

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Solución de problemas: Estrategias psicológicas eficaces | Área Humana
Estrategias eficaces en Psicología para la solución de problemas
Mejora tus facultades para la resolución de problemas
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Tener o no tener problemas… ¿Es esa la cuestión?
La “clave de bóveda” en la solución de problemas
La estrategia de afrontamiento y la regulación emocional, en la solución de problemas
¿Qué dice la Psicología sobre la resolución de problemas?
La solución de problemas: Un método racional
Estrategias eficaces en la solución de problemas: los 4 pasos
5 respuestas típicas en la solución de problemas
Las 6 principales tendencias psicológicas que obstaculizan la resolución de problemas
En muchas ocasiones, cuando pienso en el tema de este artículo: la solución de problemas, vienen a mi mente diversos ejemplos y modos de ilustrar estas situaciones. Sin embargo, la historia sobre el “nudo gordiano” me resulta especialmente apropiada. Esta expresión actualmente hace referencia a un problema que entraña una elevada dificultad para resolverse, un obstáculo muy difícil de salvar.
El término tiene su origen en Gordio, un labrador que llegó a ser rey de Frigia, lo que es hoy la Anatolia de Turquía.
El rey Gordio, en homenaje a Zeus, ató a su templo la lanza y el yugo del carro con el que entró por primera vez en la ciudad. Y lo hizo con un nudo imposible de soltar: el nudo de Gordio, el “nudo gordiano”.
Cuando Alejandro Magno se apoderó de Frigia –y aquí llega la parte más interesante de la historia– conocedor de la leyenda popular, se enfrentó al nudo gordiano. ¿Y qué hizo? Pues se acercó al nudo, lo miró con serenidad… sacó su espada, y le asestó un tajo que cortó el nudo: ¡problema resuelto! Hoy, cuando se resuelve un problema demasiado complejo y se opta por una solución simple y eficaz, se habla de “cortar el nudo gordiano”.
Pero, ¿es adecuado dar una solución simple a un problema complejo? Esto mismo le reprocharon a Alejandro Magno, a lo que respondió: “Monta tanto, tanto monta” –frase cuyo origen atribuimos, erróneamente, a la época de los Reyes Católicos–, con lo que Alejandro Magno venía a decir: “He resuelto el problema, ¿o no?”.
Indudablemente hay problemas complejos que no tienen una solución simple, pero creo que la moraleja de esta historia es que un mismo problema tiene muchas soluciones, y a veces, la solución más sencilla está delante de nuestras narices. Sólo hay que cambiar el punto de vista, mirar el problema desde otra perspectiva.
Y esa es una de las labores de nuestra ciencia, la Psicología: dotar a las personas de nuevas perspectivas para que logren afrontar y resolver sus problemas.
Alejandro Magno resolvió de un modo muy directo el llamado «nudo gordiano». Ahora esta expresión alude a un problema de difícil solución. Hablamos de las técnicas psicológicas para mejorar nuestra facultad de resolución de problemas ﻿Clic para tuitear
En ocasiones pensamos en la felicidad como la ausencia de problemas y por tanto, si encontramos obstáculos a la hora de alcanzar aquellas metas deseadas, la frustración estará garantizada y en consecuencia se verá amenazado nuestro bienestar emocional.
Sin embargo, en cuanto reflexionamos sobre nuestras experiencias vitales y personales, encontramos que muchos de nuestros momentos de satisfacción y felicidad, son el resultado de haber superado obstáculos, desafíos, haber conseguido transformar y resolver alguna situación problemática.
De hecho, hay personas que “buscan los problemas”. Son personas que, tras momentos de éxito y logro, manifiestan la necesidad de proponerse nuevos desafíos, salir de su zona de confort para aventurarse en la conquista de nuevos horizontes, reactivando la motivación de superación personal.
También podemos hablar de personas que no se enfrentan a los problemas, que renuncian a sus metas ante las primeras dificultades. Que tienen un bajo nivel de tolerancia a la frustración, o a cometer errores, que les cuesta afrontar la adversidad y tienden definitivamente a la evitación. Os propongo leer el artículo de Julia Vidal sobre la tendencia a evitar, que incluye un muy interesante vídeo sobre el tema.
En general podemos decir que no son los problemas los que nos definen, sino la forma en la que los afrontamos. Que sean una amenaza para nuestra felicidad y bienestar, dependerá de nuestras habilidades personales para hacerles frente.
Volviendo a la leyenda con la que empezaba este artículo: en la mayoría de los casos se trata de “cómo afronto el problema” más que del problema en sí mismo.
El punto de partida es aceptar que los problemas forman parte de la vida, son un componente natural de las dinámicas cotidianas y constituyen desafíos y motores de cambio y crecimiento. Digamos que es imposible concebir la vida sin problemas, sin retos, sin dudas, sin dificultades…
Por tanto, si los problemas son inherentes a la vida, la pregunta sería ¿qué vas a hacer con los problemas?
Cuando hablamos de resolución de problemas, se nos ocurren muchas cosas, pensamos en problemas matemáticos, problemas prácticos, abstractos o muy concretos, e inmediatamente pensamos en la inteligencia como el principal recurso para ser bueno o buena en la solución de problemas.
El 1921 Lewis Terman, profesor de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un estudio que desmonta la idea de que el coeficiente intelectual es sinónimo de éxito en la vida. Eligió de entre 250.000 alumnos y alumnas de primaria y secundaria, a los 1.470 de mayor CI (coeficiente intelectual). Y comprobó, tras varias décadas de seguimiento, que este grupo seleccionado no fue el que mayores éxitos alcanzó o el que mayores aportaciones hizo a la sociedad. Es decir el intelecto alto no garantiza el logro de metas o el éxito.
Luego, ¿qué determina ser hábiles en la solución de problemas, y en consecuencia en la consecución de metas?
Creo que a veces no estimamos suficientemente nuestra determinación, el empeño que ponemos en superar dificultades, nuestra actitud ante esas dificultades.
Las habilidades de gestión emocional son muy relevantes en la consecución de logros. Desarrollar una visión flexible de los problemas y entrenar habilidades emocionales para enfrentarse a ellos, es la “clave de bóveda”, la pieza fundamental para solucionar problemas y construir el edificio de nuestra vida.
Cada vez más las empresas, en sus procesos de selección de personal, valoran en las candidatas y los candidatos las denominadas competencias emocionales, cualidades decisivas para integrarse de forma satisfactoria en equipos de trabajo y afrontar actuales demandas laborales.
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Empecemos por el conjunto de habilidades más útil para la solución de problemas: la regulación emocional.
Los modos de regular las emociones son diversos y pueden ponerse en marcha en diferentes momentos y ante diferentes circunstancias (Gross, 1998). Pueden ser más o menos automáticos, o requerir de una intención, un esfuerzo consciente (Koole, 2009; Mauss, Bunge, & Gross, 2007).
El modo en el que regulamos nuestras emociones puede ser eficaz o no, y también puede ser útil sólo a corto plazo, pero a medio y largo plazo ser parte de los problemas emocionales, manteniéndolos, incluso incrementándolos (Hervás, 2011).
Según el modelo transaccional del estrés de Lazarus (1996), la forma de hacer frente a una situación potencialmente estresante y por ende activadora de reacciones emocionales, implica la evaluación –valorar las implicaciones, las consecuencias– que las personas hacemos de los estresores –acontecimientos y dificultades temidas– y las emociones asociadas a ellos.
Van a ser nuestros recursos personales, es decir nuestras habilidades en gestión emocional, los que nos van a permitir orientar los esfuerzos hacia las soluciones, intentando resolver los problemas de manera racional, estableciendo planes de acción y tareas a realizar.
O bien, podemos centrarnos en las emociones, en la preocupación, rumiando sobre el problema y no sobre la solución al problema, destinando los esfuerzos a la evitación u otras formas pasivas de afrontamiento (Martínez et al, 2011).
Aldao, Nolen-Hoeksema y Schweizer (2010) investigadoras interesadas en buscar factores comunes o transdiagnósticos, examinaron la influencia de las principales estrategias de regulación emocional y su implicación en distintos problemas emocionales.
Entre sus resultados destaca que, enfocarse en la solución del problema, es una de las estrategias que resultan más adaptativas –para una gran variedad de contextos– y más beneficiosa para lidiar con los contratiempos y situaciones activadoras de malestar emocional.
Estas autoras matizan que, las respuestas de resolución de problemas son intentos conscientes de cambiar una situación estresante o contener sus consecuencias y aunque las respuestas de resolución de problemas no son intentos directos de regular emociones, pueden tener efectos beneficiosos sobre las emociones modificando o eliminando estresores.
En definitiva, ante las dificultades, ponerse en acción y centrarse en buscar y actuar en la solución de los problemas, genera mayor bienestar emocional que tener una actitud pasiva y esperar a que se solucionen por sí solos.
Por otro lado, cuando actuamos en la solución de problemas, adquirimos conocimiento, aprendemos de la experiencia –incluso aunque no haya sido del todo satisfactoria–, y ello contribuye a la percepción de control y autoeficacia, y a la mejora de la autoestima.
Como en tantas otras cosas en la vida, la práctica y el entrenamiento en la solución de problemas incrementa nuestra eficacia futura.
Por este motivo, y de acuerdo con lo afirmado por Vera-Villaroel y Guerrero (2003), el entrenamiento y desarrollo de habilidades de solución de problemas ha recobrado gran importancia y constituye una variable positiva y preventiva relacionada con el bienestar emocional, ya que propicia un optimismo realista para resolver y gestionar dificultades en la vida.
Los autores encontraron que las personas pesimistas se diferenciaron de los optimistas en que éstos últimos tenían una orientación positiva hacia los problemas y hacia una resolución racional de los mismos.
Pero ¿qué significa solucionar los problemas de un modo racional?
Si los problemas son inherentes a la vida, la pregunta es: ¿qué vas a hacer con los problemas? La doctora en Psicología, Marta Giménez, nos da las claves para responder a esta importante cuestión ﻿Clic para tuitear
D’Zurilla y colaboradores (1973, 1981; 1982; 1999), autores de uno de los modelos más consolidados en torno al procedimiento de solución de problemas, definen la resolución de problemas sociales como el proceso cognitivo-conductual autodirigido mediante el cual una persona intenta identificar o descubrir soluciones efectivas o adaptativas para situaciones problemáticas específicas encontradas en la vida (Vera-Villaroel et al., 2003).
Según estos autores (D’Zurilla y Nezu, 1999), la capacidad general de solución de problemas comprende una serie de habilidades específicas, junto a la motivación, la actitud y la valoración que hagamos de esos problemas.
En definitiva, hay dos modos de valorar y considerar los problemas:
La orientación positiva hacia el problema es la disposición a evaluar los problemas como resolubles. Es decir, conlleva una visión positiva y constructiva de los problemas, afrontarlos como desafíos, con expectativas positivas de poder resolverlos, con autoconfianza y percepción de autoeficacia. Asimismo, presupone la determinación para implicarse activamente, para destinar tiempo, esfuerzo y persistencia para resolver el problema.
La orientación negativa hacia el problema, contrariamente, es la tendencia cognitivo-emocional disfuncional e inhibitoria que consiste en considerar los problemas como amenazas, con expectativas negativas sobre la posibilidad de soluciones a los problemas, dudas sobre la propia capacidad para resolverlos, con respuestas emocionales de ansiedad, frustración y malestar ante éstos.
Te propongo el artículo… ¿Sabes cuál es tu principal miedo y aprender técnicas para afrontarlo?
Se denomina “solución racional de problemas” al conjunto de principios, técnicas y habilidades, aplicadas de un modo decidido y consciente, con un plan de acción o estrategia, dirigido a resolver las dificultades y alcanzar unos objetivos o metas.
Los 4 pasos de la resolución racional de problemas
Definir y formular el problema: ¿Cuál es el problema? ¿Cuál es el estado actual del problema? ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Cuál es la meta u objetivo que quiero conseguir? ¿Es realista?
Generar alternativas de solución: ¿Qué posibles soluciones hay? No descartes ninguna en este momento, por muy descabellada que parezca, puede servir posteriormente para generar nuevas ideas sumando distintas soluciones. La creatividad en esta fase es fundamental.
Escoger una solución: ¿Cuál es la mejor solución, aunque no sea perfecta? ¿Qué aspectos soluciona? ¿Puedo ponerla en práctica? ¿Qué necesito? ¿Cuánto tiempo necesitaré? ¿Qué consecuencias a corto, medio y largo plazo tendrá?
Puesta en práctica y verificación: ¿Cómo sabré que ha funcionado? Ponte indicadores concretos para evaluar los resultados. En caso de que no resulte como esperabas, se puede iniciar el proceso con las siguientes alternativas que en un primer momento se hayan descartado o empezar de nuevo por el paso 1.
La psicóloga nos explica los 4 pasos en la resolución racional de los problemas. Un entrenamiento que mejorará nuestra habilidad para afrontar y dar solución a las dificultades en nuestra vida ﻿Clic para tuitear
Imaginemos que estamos pasando por un momento económico muy delicado, y que esa situación se prolonga en el tiempo.
Podríamos resumir en cinco, las respuestas más frecuentes ante una dificultad como esta. Cada una de estas cinco respuestas expresa un modo de afrontar las dificultades y conllevan consecuencias positivas y negativas, a corto, medio y largo plazo.
Antes de hacer clic en el desplegable de cada punto, reflexiona sobre qué te parece cada estilo de respuesta: ¿Crees que es útil? ¿Es adaptativa?
Depositar las esperanzas en un golpe de suerte: ganar la lotería, recibir una herencia inesperada o una oferta de trabajo por sorpresa… Clic para ver qué dice la Psicología sobre este estilo de respuesta.
Respuesta: Orientación positiva hacia los problemas. Estilo pasivo y centrado en emociones. Desadaptativo. No moviliza soluciones concretas y por tanto, no se afronta el problema.
Confiar en que el paso del tiempo contribuirá a la mejora de la situación, centrarse sólo en lo bueno de la situación y pensar que las cosas cambiarán por sí solas. Clic para ver qué dice la Psicología sobre este estilo de respuesta.
Respuesta: Orientación positiva hacia los problemas. Estilo pasivo y centrado en emociones. Desadaptativo. No moviliza recursos potenciales presentes en la situación y por tanto, se posterga la puesta en marcha de soluciones de aspectos concretos de la situación.
Centrarse en la situación y analizar cómo adaptarse a esta etapa: cómo reducir gastos, ordenar prioridades, qué actividades podrían generar nuevos ingresos… Clic para ver qué dice la Psicología sobre este estilo de respuesta.
Respuesta: Orientación positiva hacia el problema. Afrontamiento centrado en la tarea. Adaptativo
Ver la situación como una oportunidad, un impulso, para formarse en nuevas carreras profesionales, que les ofrezcan, a medio y largo plazo, mayor estabilidad y condiciones económicas. Clic para ver qué dice la Psicología sobre este estilo de respuesta.
Respuesta: Orientación positiva hacia el problema. Estilo de afrontamiento centrado en tarea y combinación de dos estrategias de regulación emocional adaptativas (reevaluación positiva y solución de problemas). Adaptativa.
Evitar pensar en las circunstancias, resignarse a lo que venga. Clic para ver qué dice la Psicología sobre este estilo de respuesta.
Respuesta: Orientación negativa hacia el problema. Estilo pasivo. Desadaptativo. Contribuye a la puesta en marcha de estrategias desadaptativas de regulación emocional como la rumiación o la preocupación, sin ejecutar acciones orientadas a resolver algunos de los aspectos implicados en posibles soluciones.
Ante un problema, una dificultad en la vida, tendemos a ofrecer 5 respuestas típicas. Te proponemos descubrir cuáles son respuestas eficaces y adaptativas y cuáles no. Te sorprenderá ﻿Clic para tuitear
Hay seis tendencias que obstaculizan e incluso bloquean la puesta en marcha de estrategias orientadas a la solución eficaz de problemas.
Son tendencias psicológicas que hemos tratado en otros artículos, y que sabotean nuestras mejores intenciones a la hora de superar nuestras dificultades y alcanzar nuestras metas. Las repasamos y os proponemos cómo gestionar estas tendencias.
La impulsividad y la baja tolerancia a la frustración incrementa la probabilidad de poner en marcha respuestas o intentos de solución incompletos, de manera precipitada y sin haber sopesado las consecuencias de los actos.Identifica tus reacciones emocionales: no olvides que las emociones condicionan pensamientos y éstos a la vez potencian reacciones emocionales y conductas impulsadas por estas emociones. Imagina cómo verías la situación si estuvieses de mejor humor. ¿Tomarías la misma decisión o vía de solución?
El Perfeccionismo. El miedo a cometer errores ante una situación problemática, puede llevarte a no decantarse por ninguna solución y postergar continuamente las decisiones en una búsqueda incesante de la mejor opción, “la solución perfecta”. Equivocarse, es parte del proceso de resolución racional de problemas y permite mejorar y perfeccionar tus habilidades para afrontar situaciones potencialmente enriquecedoras.
La tendencia a la evitación favorece la preocupación, darle vueltas y postergar las decisiones o la puesta en marcha de soluciones concretas, incrementando la percepción de amenaza y malestar. Rehuir situaciones y por tanto no implicarse activamente en las soluciones, disminuye la percepción de autoeficacia y autonomía personal.
Centrarse en los aspectos del problema que no dependen de ti. En ocasiones equivocamos el foco de actuación y podemos implicarnos en soluciones activas pero orientadas erróneamente. Analiza qué depende de ti y cuales son los objetivos de la solución escogida.
Elevada intensidad emocional. Las respuestas emocionales asociadas pueden dificultar la puesta en marcha de procesos de solución de problemas. Aprovecha las emociones incómodas o displacenteras para identificar la emergencia de un problema. En líneas generales las emociones no son el problema en sí, sino una consecuencia de éste.
Atribución errónea de causas. Puede ocurrir que estemos considerando equivocadamente la causa del problema.Intenta buscar interpretaciones alternativas. Puede ayudarte a identificar opciones más beneficiosas para la solución de problemas.
La capacidad para resolver los problemas a los que nos enfrentamos en la vida no es algo innato, es un aprendizaje, pero hay 6 tendencias de personalidad que obstaculizan y dificultan el desarrollo de esta capacidad ﻿Clic para tuitear
Creo que tras leer este artículo podemos obtener, al menos, dos conclusiones:
La solución de problemas es un arte, no es algo innato, es una destreza, un conjunto de habilidades que se entrenan y se adquieren, y que necesitan –como todas las maestrías– dedicación y esfuerzo.
Pero sin duda, la buena noticia es que, solucionar problemas, depende de nosotras y nosotros, con determinación y compromiso podemos aprender a solucionar problemas de un modo racional y alcanzar nuestras metas y proyectos.
En este proceso, necesitaremos tiempo, y a veces también colaboración. Esa es una de las funciones de las psicólogas y psicólogos, orientarte y contribuir a que adquieras estas valiosas herramientas psicológicas y mejores tus habilidades y recursos para aprender a afrontar las dificultades y solucionar los problemas a los que te enfrente la vida.
Etiquetas: inteligencia emocional, laboral, perfeccionismo
¿Qué dice la Psicología sobre darte prioridad a ti mismo o a ti misma?Nuestros mejores deseos

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