Source: http://blogdelchw.blogspot.pe/2013/08/
Timestamp: 2017-06-23 22:13:57+00:00

Document:
ingrese al portal web de Tondero films y
representaciones; y me percaté que en la galería de fotos de sus
representados, entre los que se incluyen decenas de actores, actrices,
conductores y cantantes; no se encontraba ninguno de rasgos indígenas o
afroamericanos. En
realidad este hecho no debería llamarnos la atención, ya que desde hace mucho
tiempo en la televisión, publicidad e incluso buen parte del cine y el teatro
peruano, es casi inexistente la presencia de otras personas que no correspondan
al fenotipo blanco occidental, como si
fuéramos, al decir de Jorge Bruce, un país escandinavo. Lo que sorprende sí, es
que el portal al que aludimos sea de la empresa que produjo el gran éxito comercial de “Asu Mare”, que supuestamente promovía el ascenso y la inclusión
social y es producto de bandera de la “Marca Perú”.
cree equivocadamente que solo existe racismo cuando se hace ostensible y grosero,
caso de algunos personajes cómicos, programas de concursos o en coyunturas
especiales, cuando las pasiones se crispan, como las elecciones, pero se olvida
que tan o más discriminatorio es la invisibilización de los otros, la negación
de su presencia, que se encuentra tan acendrada en la ideología de las mayorías
que casi no lo perciben o les parece natural. Muy significativo fue al respecto
la airada reacción de ciertas elites al proyecto fotográfico de Daniela Ortiz, con escenas cotidianas de familias pudientes que descubrían a escondidas la presencia de 97 empleadas domésticas,
convertidas en adornos y fondo de las imágenes.
duda que los mensajes racistas, machistas y de
exclusión social sean práctica cotidiana en los medios de comunicación consumidos
por millones de peruanos. Sin
embargo no existe sanciones porque la actual Ley de Radiodifusión deja en manos de los dueños de los medios la
“autorregulación”, que es una farsa conocida y admitida.
insólito que mientras un local púbico
puede ser cerrado por prácticas que se consideren racistas y discriminatorias,
ello no se aplica a los medios de comunicación, que pueden insultar y burlarse
impunemente y no reciben mayor sanción que la social (tenemos el triste
privilegio que un periodista peruano ganó el
premio ‘al artículo más racista del año’ de una organización internacional
que defiende a las organizaciones indígenas). Y si alguna autoridad osa
siquiera cuestionar a un medio, estos inmediatamente reaccionan en conjunto,
alegando un supuesto atentando a la libertad de expresión, que en realidad no
es más que libertad de empresa.
Cuando se habla de la crisis
de nuestro sistema educativo se suele soslayar el rol de los medios de
comunicación en la formación de valores y prácticas ciudadanas y de una
conciencia intercultural. Y no porque creamos a estas alturas en teorías como
la de la aguja hipodérmica o de la influencia directa de los medios en el
comportamiento humano, descartadas por su determinismo y unidireccionalidad; lo
que no significa, empero, obviar el peso de los mensajes mediáticos en el menú
cotidiano, más aún en niños y jóvenes que conviven con ellos y lo reproducen
como algo “normal no más”. Urge por tanto
poner en evidencia la continuidad del mensaje racista en nuestra sociedad, y
vale los esfuerzos de denuncia en las redes de colectivos y personas que son
cada vez menos tolerantes frente a la discriminación. Pero con todo, es
insuficiente, correspondiendo al Estado, y en particular al Ministerio de
Cultura, encabezar una campaña por visibilizar nuestra diversidad cultural, no
sólo desde la comida, el folklore o la vestimenta; sino en la persona humana y
su relación intercultural. Esa que suele olvidarse en los castings y
promociones de las empresas exitosas, porque del dicho al hecho, hay casi
siempre mucho trecho.
sábado 27 de julio, y como postrero acto de la gestión de Luis Peirano en el Ministerio
de Cultura, salió publicada en El Peruano la Resolución Ministerial Nº 206-2013-MC que, según glosa su titular, aprueba las “categorías y etapas de los proyectos cinematográficos y los estándares de duración de los proyectos cinematográficos de obras, para los concursos que organiza el Ministerio en materia de cinematografía”.
origen de esta norma es la Ley 29919, que
modifica diversos artículos de la Ley 26370, Ley de la Cinematografía Peruana, y que fue promulgada el 28 de septiembre
del 2012. Como
se sabe, la Ley 26370, sancionada en 1994 por el gobierno de Fujimori, no pudo
aplicarse en su integridad porque los sucesivos gobiernos le asignaron un
presupuesto muy menor al que mandaba para los concursos (se calcula que entre 1996
y 2011, sumó más de 70 millones de soles el monto de la subvención no recibida por
el cine peruano, lo que representa el 69% de lo establecido en el texto).
esta situación, el ex Consejo Nacional de Cinematografía (CONACINE), el
organismo oficial encargado de aplicar
la Ley, se vio obligado a espaciar los concursos de cortos y largometrajes que debían
realizarse anualmente, y luego dejo de convocarlos, llevando a cabo en su reemplazo
los llamados “concursos extraordinarios”, con premios más reducidos y mayor
cantidad de categorías.
que tener en cuenta, además, los cambios que la tecnología ha propiciado en el
campo cinematográfico, de la película celuloide al cine digital, lo que implica
mayor accesibilidad, abaratamiento de los costos y simplificación del proceso
de producción, y que se traduce, de un lado, en una revalorización de géneros
como el documental y el empuje de nuevas corrientes como el experimental y, por
otra, en el crecimiento sostenido de un cine en las regiones, hasta hace
algunos años casi inexistente por la aplastante hegemonía del centralismo
cultural. Sin
embargo, al plantearse el año pasado la posibilidad de contar por primera vez
con el presupuesto establecido en la Ley, se vio la necesidad de dejar de lado
sus artículos excesivamente reglamentaristas sobre tipos de concursos, montos
de premios y composición de jurado, que desde hace años no se aplicaban. Fue
así que luego de sortear al Ejecutivo y Legislativo, se llegó a aprobar la Ley
29919, que permite un manejo más
flexible del tipo de concurso, premios y características del Jurado que la que
figuraba en la legislación vigente. Se precisa también que toda mención y función
que en la ley original le correspondía al CONACINE sea derivada al Ministerio de
Cultura, que absorbió la entidad desde el 2011, y que la asignación
presupuestal para la ejecución de los concursos no podrá ser menor a las 2008
UIT al año. Finalmente,
en la misma Ley se señala, en su cuarta disposición complementaria y final, que
“en un plazo no mayor de treinta días el
Ministerio de Cultura aprueba las disposiciones complementarias que se requieran
para cumplir con lo dispuesto en la presente Ley”. Pues
bien, casi diez meses después de promulgada la Ley 29919 es que aparece la Resolución
Ministerial Nº 206-2013-MC, supuestamente en cumplimiento de la disposición antes
mencionada, y que como indicamos al inicio, precisa las categorías y etapas de
los proyectos cinematográﬁcos, la duración de las obras, así como las
categorías y estándares de las obras cinematográﬁcas, materia de los concursos.
era ese el encargo de la disposición complementaria a aprobar? No, porque no
tiene mayor sentido emitir una disposición para mencionar que los largometrajes
deben ser de más de 75 minutos o los cortometrajes de menos de 20, cuando eso ya
se encontraba expresamente indicado en el artículo 1 de la Ley 26370. Tampoco
tiene mucho sentido definir qué se entiende por categorías como “documental”, “ficción”
o “experimental”; ya que si bien es posible identificar criterios y características
comunes que los engloban, es cierto también que hoy en día es cada vez más difícil
establecer una línea divisoria rotunda y definitiva al respecto. Peor aún es hablar
de una categoría “infantil”, que solo se puede entender por el público al que
va dirigido, lo que ameritaría incluir, con igual derecho, a categorías como “escolar”,
“tercera edad”, “femenino”, “diabéticos” y cualesquiera otras que podamos
imaginar. Más
grave es, no obstante, constatar lo que la resolución omite o ignora, que debía
ser la razón de ser de la misma, y que era fijar los criterios básicos, generales
y comunes a todos los concursos cinematográficos a convocarse por el Ministerio
de Cultura, para evitar los cambios de las reglas del juego y sus requisitos de
concurso a concurso, y de año a año. Es cierto que de acuerdo a la categoría,
cada concurso tiene especificaciones particulares, que valen solo para ese
caso; pero también es cierto que otros aspectos, como los posibles impedimentos
para participar, las formas de elección, composición y tareas de la Comisión
Técnica y Jurado, así como las modalidades de pago y posibles garantías o
formas de supervisión a los proyectos no tienen por qué variar
significativamente entre los diferentes concursos. De otra manera, como ha sucedido
en el pasado, podría estar sujeto a la arbitrariedad de la autoridad, y un
manejo direccionado de los mismos. En
resumidas cuentas, la resolución debió abordar los siguientes aspectos: 1. Características del plan anual y tipos
3. Alcances e impedimentos para
participar de las empresas o personas
5. Etapas del concurso y responsabilidad
de las diversas instancias:
de Cultura (DIC/DAFN)
6. Forma de selección, composición, funciones
y pagos a la Comisión Técnica
7. Forma de selección, composición
(nacional y extranjera), funciones y
pago al Jurado
9. Modalidades de pago y posibles
10. Supervisión y fiscalización del
Ministerio Nada
de lo cual aparece en la Resolución Ministerial Nº 206-2013-MC, volviendo a
dejar que todos estos asuntos se resuelvan (si es que se resuelven) en las
bases de futuros concursos, y al amparo discrecional de funcionarios, y lo que
es peor, abogados del sector cultura. Todo lo cual termina siendo una verdadera
pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo del Estado para una disposición innecesaria e inútil, y que solo consagra jurídicamente la nada. PD.- Tal vez, como conscientes de su irrelevancia, y a pesar de haber transcurrido más de una semana de su promulgación, ni el Ministerio de Cultura, ni el ¿DICINE, DIC o DAFNM?, han subido la citada resolución a sus paginas web hasta la fecha.
concursos de cinematografía,

References: Resolución 
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 artículo 1
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