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ROBERT J. STERNBERG Y LOUISE SPEAR - SWERLING
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María del Rosario Franco Moya
1 Enseñar a pensar ROBERT J. STERNBERG Y LOUISE SPEAR - SWERLING Traducción Rafael Llavori de Micheo AULA XXI Santillana Título original: Teaching For Thinking Impreso en España ISBN: Este material se utiliza con fines exclusivamente didácticos
2 Indice Prefacio... 7 Introducción... 9 Planteamientos y fundamentos Sinopsis del libro OBJETIVO 1: LA COMPRENSIÓN DE LOS TRES MODOS CORRECTOS DE PENSAR Y DE LOS PROCESOS DE PENSAMIENTO DE ORDEN SUPERIOR SUBYACENTES 13 El abuso de las calificaciones Los procesos de razonamiento de orden superior Las capacidades cognoscitivas Resumen OBJETIVO 2: LA COMPRENSIÓN DE LAS ESTRATEGIAS DOCENTES PARA INTENSIFICAR EL ACTO DE PENSAR Tres estrategias docentes alternativas Resumen OBJETIVO 3: LA COMPRENSIÓN DEL PAPEL QUE TIENEN LAS PREGUNTAS EN EL DESARROLLO DE LA CAPACIDAD DE RAZONAR Resumen OBJETIVO 4: LA ENSEÑANZA DE LOS TRES TIPOS DE RAZONAMIENTOS Un modelo en cuatro etapas para enseñar los tres tipos de razonamientos Resumen OBJETIVO 5: LA ENSEÑANZA Y LA EVALUACIÓN DE LAS CAPACIDADES DEL INGENIO CREATIVO La naturaleza del ingenio El enfoque tripartito sobre el ingenio Ejemplos de problemas de ingenio que comprometen la codificación, la combinación y la comparación selectiva Resumen OBJETIVO 6: LA COMPRENSIÓN DE LOS PRINCIPIOS BÁSICOS Y DE LAS DIFICULTADES DE ENSEÑAR A PENSAR Los principios Las dificultades Resumen OBJETIVO 7: POR QUÉ FALLAN (CON TANTA FRECUENCIA) LOS QUE RAZONAN CORRECTAMENTE? Resumen ANÁLISIS FINAL Y RESUMEN GLOSARIO BIBLIOGRAFIA SOBRE LOS AUTORES
3 OBJETIVO 6: LA COMPRENSIÓN DE LOS PRINCIPIOS BÁSICOS Y DE LAS DIFICULTADES DE ENSEÑAR A PENSAR Enseñar a pensar puede mejorarse si el profesor sigue una serie de principios básicos, evitando al mismo tiempo una serie de dificultades habituales. Cuáles son estos principios y estas dificultades Los principios Probablemente nunca antes en la historia de la práctica docente se ha producido un ímpetu semejante para enseñar a los niños a razonar correctamente, y las señales de dicho ímpetu pueden encontrarse en todas partes, en los programas de alternativas múltiples para enseñar a razonar a diferentes edades (COVINGTON, CRUTCHFIELD, DAVIES y OLTON, 1974; FEUERSTEIN, 1980; LIPMAN, SHARP y OSCANYAN, 1980; WHUMBBEY y WHIMBEY, 1975), en los volúmenes que revisan en detalle los abundantes programas disponibles (CHAPMAN, SIEGEL y GLASER, 1985; NICKERSON, PERKINS y SMITH, 1985), en los talleres para profesores y funcionarios patrocinados por organizaciones tan prestigiosas como la Asociación para la Supervisión y el Desarrollo curricular así como en una gran abundancia de artículos sobre la enseñanza del razonamiento crítico en revistas tales como Educational Researcher (El investigador educativo), Educational Leadership (El liderazgo educativo) y Phi Delta Kappan (Pí Delta Kappa). Sería difícil leer cualquier cosa sobre literatura educativa contemporánea sin darse cuenta de este interés novedoso por enseñar a razonar. Como sucede con otros picos de interés en el campo de la educación (algunos los denominan modas), el interés actual por la enseñanza del razonamiento crítico supone el resultado de una confluencia de fuerzas sociales. En primer lugar, el descenso en las calificaciones de los exámenes de aptitud escolar ha llamado la atención por la pérdida aparente de un nivel de razonamiento adecuado entre los alumnos. En segundo lugar, una serie de informes a escala nacional ha depositado ante la puerta del colegio al menos una parte de la culpa de nuestros males educativos, al considerar que a los alumnos no se les debe enseñar a razonar tanto como se debería. En tercer lugar, el conocimiento psicoeducativo ha alcanzado un nivel que permite que los programas de enseñanza del razonamiento crítico parezcan más prometedores de lo que lo han sido nunca con anterioridad, y los voceadores de este tipo de programas no han dejado de decirlo. En cuarto lugar, el ya desaparecido Ministerio para el Desarrollo de la Inteligencia de Venezuela demostró que la enseñanza del razonamiento puede ponerse en práctica a una escala masiva con un éxito considerable. Por último, entre los educadores existe la sensación de que cualquier intento por conseguir que los alumnos razonen mejor ha sido en vano, por lo que todavía está en nuestra mano el momento de enseñar a razonar. Con frecuencia, la historia de la reforma educativa se ha asemejado a una historia de navíos que hubieran sido destinados a lograr objetivos más altos y cuya empresa se hubiera venido abajo por culpa de los medios utilizados para conseguirla. Uno de los modos más eficaces para prevenir estos naufragios es prestar atención, antes de que sea demasiado tarde, a los barcos susceptibles de hundirse. Quizá haya rasgos en nuestra manera de enseñar a razonar que pueden llevarnos a abandonar el barco de forma prematura. Creemos que por ahora estamos corriendo un riesgo semejante, pero que todavía hay tiempo para hacer algo antes de que el barco se vaya a pique. Durante los últimos veinte años, hemos estado estudiando el proceso del razonamiento tanto desde dentro como desde fuera de los centros escolares. Hemos prestado una atención particular a la naturaleza del razonamiento en algunas de las ocupaciones con las que los escolares se van a encontrar más adelante en la vida. Como resultado de este estudio, nos hemos sentido cada vez más molestos por la falta de correspondencia entre lo que se pide al razonamiento en la edad adulta y lo que se enseña en los programas escolares destinados al desarrollo del mismo. Los problemas relativos al razonamiento en el mundo real no se corresponden lo suficiente con los problemas de la gran mayoría de los programas que enseñan a razonar. Estamos preparando a los alumnos para que traten con problemas que, en muchos aspectos, no se van a parecer en nada a los que se enfrentarán cuando sean mayores. Comentemos ahora en qué manera se diferencian los problemas con los que han de enfrentarse los que participan en los programas basados en el razonamiento. Los profesores tienen que estar alerta ante la posibilidad de que puedan obviar algunas de las oportunidades de enseñar a razonar descritas a continuación. 3
4 1. En el mundo cotidiano, el primer paso, y en ocasiones el más difícil, a la hora de resolver un problema, es el reconocimiento de que ese problema existe. Pensemos en Detroit. Cuando llegó a Estados Unidos la fiebre por los coches pequeños cogió desprevenidos a los fabricantes de automóviles norteamericanos. Los fabricantes japoneses se lanzaron a fabricar una gran variedad de coches pequeños que pudieran adaptarse a cualquier gusto, mientras que Detroit continuó respondiendo con sus grandes despilfarradores de gasolina capaces de deteriorar cualquier presupuesto. El problema no consistía en que los fabricantes de automóviles norteamericanos hubieran resuelto el problema de los coches pequeños de manera incorrecta. Antes al contrario, ni siquiera habían reconocido que existiera ese problema hasta que las ventas empezaron a caer en picado, cuando ya era demasiado tarde. A menudo, el paso más importante para resolver un problema es reconocer que ese problema existe, lo que supone la primera parte de la identificación del problema. Tomemos otros ejemplos. Pensemos en aquella persona a la que, después de ser hospitalizada con una indisposición grave, se le dice que ha manifestado una serie de síntomas previos correspondientes a una enfermedad pero nunca se ha dado cuenta de que tuviera importancia. Casos parecidos pueden ocurrir en el mundo de los negocios, cuando un empleado está minando la moral de todos los demás, o en la vida personal de un individuo, cuando la elección de una pareja sencillamente no funciona. En un nivel internacional, los gobiernos de los Estados esperaron mucho tiempo antes de reconocer el alcance y la urgencia del problema mundial del SIDA. En estos y en otros casos parecidos de la vida real, enseñar la forma de resolver con claridad problemas que ya han sido enumerados y formulados como tales, no ayuda en absoluto a que una persona reconozca los problemas que acechan en las oscuras esquinas de la vida. Los alumnos necesitan ayuda a la hora de reconocer los problemas y no sólo a la hora de resolverlos. Los alumnos brillantes, crítico-analíticos como Alicia (véase Objetivo 1) pueden ser muy buenos a la hora de resolver problemas, pero no siempre reconocen la existencia de dichos problemas en primera instancia. En ocasiones los problemas se inventan. En el trabajo creativo, por ejemplo, el factor principal para distinguir entre aquellos individuos más o menos creativos, ya sean artistas, científicos, filósofos, matemáticos o de cualquier otro campo, es el tamaño, el alcance y la importancia de los problemas a los que se enfrentan en su trabajo (ALBERT, 1983, GETZELS y.javierson, 1962). Formar a los alumnos para que resuelvan problemas que han sido planteados previamente para ellos no les prepara para encontrar y seleccionar por sí mismos los problemas importantes Nos hemos sentido impresionados con frecuencia ante lo bien que han resuelto los problemas, en algunas reuniones profesionales, ponentes que podrían parecer a primera vista menos capaces. A los alumnos hay que enseñarles no sólo la forma de resolver los problemas, sino también el modo de encontrar los problemas que merece la pena resolver. 2. En la resolución cotidiana de los problemas resulta a menudo más difícil identificar el problema que saber cómo resolverlo. Una vez reconocida la existencia de un problema, con frecuencia puede resultar mucho más difícil especificar simplemente en qué consiste dicho problema. Los ejemplos abundan. Un directivo empresarial podría reconocer fácilmente que los beneficios están disminuyendo, pero sin ser capaz de explicar por qué. Un alumno puede estar obteniendo unas calificaciones más bajas en una asignatura determinada, pero sin saber la causa que le impide sacar notas más altas. Durante algunos años, uno de nosotros obtenía unas calificaciones «más bajas» en las redacciones y le dijeron que sus ideas eran buenas pero que su redacción dejaba mucho que desear. Cuando llegó a la universidad, alguien, que no era profesor de literatura, le dijo que sus frases no seguían una progresión lógica. Recordemos también a aquellos fabricantes y mayoristas que en plena fiebre por los videojuegos fabricaron y almacenaron este tipo de artículos como si nunca tuvieran suficientes. Posteriormente, cuando se produjo la caída del mercado de videojuegos, se encontraron ante unas existencias muy caras que no tenían demanda alguna. Habían pensado que el problema al que se enfrentaban consistía en una demanda siempre creciente de dichos productos, pero, en su lugar, se trataba de saber cuándo llegaría la demanda a su límite. Si Richard Nixon se hubiera dado cuenta de que el problema ante el que se encontraba su gobierno debido al asunto Watergate consistía en minimizar el daño de los importantes secretos sacados a la luz en lugar de minimizar el alcance de los mismos, podría haber permanecido en su cargo hasta el final de su mandato. Y si George Bush se hubiera dado cuenta de lo importante que es la economía para las personas, probablemente hubiera sido elegido para un segundo mandato. Los problemas de los programas que enseñan a razonar, así como de otros muchos cursos de enseñanza, es que, generalmente, suelen concluir con una pregunta claramente redactada y específica que evidencia de forma muy clara en qué consiste el problema. A todos nos gustaría que los problemas de la vida se nos presentasen formulados de una manera evidente, pero en la mayor parte de las ocasiones esto no es 4
5 así. Instruir en el modo de resolver los problemas planteados de forma explícita enseña muy poco a los alumnos en lo relativo al reconocimiento y planteamiento de los problemas. Volviendo de nuevo a Alicia (Objetivo 1), con frecuencia nos encontramos con personas capaces de resolver los problemas con facilidad pero que no se paran a pensar si están resolviendo un problema que verdaderamente necesita resolverse. 3. Los problemas cotidianos suelen estar mal estructurados. Los teóricos de la resolución de problemas distinguen con frecuencia entre problemas bien y mal estructurados (NEWELL. y SIMON, 1972; STERNBERG, 1982). Los problemas bien estructurados son aquellos en los que los pasos que nos conducen hasta la solución pueden establecerse de forma explícita y evidente. Los problemas mal estructurados son aquellos que se resisten a especificar los pasos para llegar a la solución. Por una parte, la mayoría de los problemas de matemáticas, física y química que se realizan en el colegio se corresponden con problemas bien estructurados, del mismo modo que ocurre con los problemas que figuran en los programas para enseñar a razonar. Por otra parte, los denominados problemas de ingenio suelen estar mal estructurados. Por ejemplo, consideremos el ingenio de Darwin que le llevó hasta su teoría sobre la evolución. Evidentemente, no podría haberse planteado ningún paso bien estructurado para llegar a una genialidad semejante. Aquellos que razonan de forma creativo-sintética como Bárbara (véase Objetivo 1), suelen comportarse de forma especialmente apta a la hora de resolver problemas mal estructurados. Examinemos problemas tales como la forma de elegir una carrera, o de cómo disfrutar de la vida. Por muchos libros que hablen de los «10 pasos sencillos» para solucionar estos problemas tan molestos, siguen escribiéndose libros al respecto y, además, los nuevos continúan vendiéndose. De hecho, siempre va a existir un mercado para libros de esta naturaleza, precisamente porque ninguno de sus autores ha conseguido nunca transformar estos problemas mal estructurados en los problemas bien estructurados que sus libros aseguran van a resolver en esos 10 sencillos pasos. De alguna forma todos sabemos que este tipo de problemas están mal estructurados. Sin embargo, todavía mantenemos la esperanza de que alguien descubra esa estructura que nos es tan esquiva y nos la enseñe por pesetas. Creemos que una gran parte de los motivos que explican por qué la gente es tan aficionada a este tipo de libros es porque se presentan como problemas de tipo escolar que han sido convenientemente bien estructurados. Los cursos sobre razonamiento que ha recibido mucha gente (o los que ahora puedan estar impartiendo los profesores) pueden llevarnos a pensar que los problemas de la vida real van a presentarse bien estructurados. Pero son muy pocos los problemas cotidianos que están estructurados tan nítidamente y la resolución de los problemas mal estructurados, en lugar de los que se presentan de forma tan clara, es lo que va a prepararnos para los desafíos a los que tendremos que hacer frente con más frecuencia. 4. En la resolución cotidiana de los problemas, normalmente no está claro, ni siquiera, el tipo de información necesario para resolver un problema determinado, ni tampoco va a estar claro siempre en dónde podemos encontrar la información necesaria. En un problema típico de un curso sobre razonamiento, la información necesaria para resolver el problema se encuentra disponible en el mismo problema o se espera que esté disponible inmediatamente en las mentes de los alumnos. En realidad, esté la información en el problema o en la mente, parece que lo que hace falta para resolver el problema es el conocimiento más que el razonamiento crítico. Lamentablemente, las cosas no son tan sencillas en la vida real. Cómo podemos saber cuál es la información relevante a la hora de comprar valores bursátiles? Cualquier corredor de bolsa que lo supiera con absoluta seguridad se haría rico rápidamente, y no sólo gracias a las comisiones. Supongamos que necesitamos un abogado o un médico de manera inmediata. Cómo encontramos a uno que sea bueno? Adónde nos dirigimos para conseguir esa información? Si toda la información que necesitásemos para resolver los problemas cotidianos estuviera disponible de forma inmediata en el mismo problema o en nuestra mente, o incluso en una enciclopedia, la vida sería completamente distinta. Pero, quizá por desgracia, la vida no imita a los problemas de razonamiento, y los problemas de razonamiento desde luego no imitan a la vida. 5. Las soluciones a los problemas cotidianos dependen e interaccionan con el contexto en el que se presenta el problema. Los problemas de los libros se presentan, con frecuencia, descontextualizados. En uno de ellos, Javier va a la tienda a comprar pan y necesita calcular el cambio que va a recibir. En el siguiente, Milagros (sin relación alguna con Javier) va a intentar averiguar cuánto le costaría invitar a 20 personas. El procedimiento general es el siguiente: se nos plantea un problema, lo resolvemos y pasamos a otro que no 5
6 tiene nada que ver con el anterior. Los problemas pueden resolverse, así, de forma aislada y sin relación con el (generalmente mínimo) contexto en el que aparecen. Los problemas de la vida cotidiana nos enfrentan de manera repetida con el «depende» o con cualquier otro calificativo tozudo. Debería comprarme un piso o seguir pagando alquiler? Un agente inmobiliario puede informarnos del mercado inmobiliario, un empleado del banco puede informarnos sobre los problemas financieros y un abogado puede decirnos cómo se hace una escritura clara. Pero, qué ocurre con su suegra que está a punto de mudarse, o con la posibilidad de que cambie de trabajo el año que viene, o con el problema de si quiere cortar el césped y dejar limpio el jardín o prefiere contratar a alguien para que haga esas faenas? Debería cambiar de trabajo o quedarse donde está? Estaría muy bien que pudiera decidir únicamente partiendo de la base de lo mucho que le gusta su actual trabajo, de lo bien que lo hace y de las posibilidades de promoción que presenta. Pero las respuestas a esta pregunta dependen de una serie de cosas: de si es capaz de encontrar un trabajo mejor, de lo que pensará su marido o su mujer, de cómo va a pagar la educación de sus hijos. A diferencia de los problemas que los alumnos están acostumbrados a resolver, los problemas del mundo real están encajados profundamente en múltiples contextos que pueden afectar a sus soluciones. La resolución de los problemas del mundo real requiere tener en cuenta el contexto. En realidad, el contexto forma parte a menudo del problema. Aquellos que razonan de forma prácticocontextual (como Celia en el Objetivo 1) suelen sobresalir en los problemas prácticos resueltos en el contexto, aunque las situaciones escolares no les dejan casi nunca demostrar su habilidad debido a que los problemas escolares se presentan a menudo descontextualizados. 6. Los problemas cotidianos generalmente no tienen una única solución correcta, e incluso los criterios acerca de cuál es la mejor solución no están, con frecuencia, nada claros. Los problemas que se plantean a los alumnos en el colegio, especialmente en los cursos sobre razonamiento y en las pruebas sobre la capacidad de razonar, tienen por lo general una solución «correcta» o «mejor». Esto quizá sea comprensible para aquellos problemas que implican un razonamiento deductivo, que por definición se centran en respuestas que van a ser correctas o incorrectas desde el punto de vista lógico. Pero es mucho menos comprensible en el caso de aquellos problemas que implican un razonamiento inductivo, ya que, por definición, tienen un número infinito de soluciones. Por ejemplo, si la serie numérica 2, 4, 6, aparece en un examen de capacidad de razonamiento, todos los adultos, excepto los más torpes, rellenarían la casilla en blanco con el número 8. Además, 8 sería sin duda alguna la respuesta que se señalaría como correcta. Sin embargo, resulta que cualquier número racional sería correcto desde el punto de vista inductivo (SKYRMS, 1975) Los psicólogos experimentales han estudiado un ejemplo que denominan el problema «2, 4, 6», en el que se pide a los individuos que encuentren la pauta de la secuencia numérica que tiene el experimentador en su mente (WASON, 1960). La pauta de este experimento es que se trata de una secuencia de «números progresivos». Los individuos que participan en este experimento no son capaces, muchas veces, de descubrir esa pauta y, si lo hacen, les lleva mucho tiempo generalmente. Los psicólogos lo encuentran sorprendente, pero, resulta realmente tan sorprendente dado el prejuicio ante los problemas de razonamiento, incluso ante los inductivos, dirigidos hacia una única respuesta correcta o mejor? Por supuesto, no es debido sólo a las curiosidades de laboratorio el hecho de que falten respuestas correctas únicas. En la mayor parte de los problemas a los que uno ha de enfrentarse en la vida no existen respuestas unívocamente correctas, y aunque existieran, por lo general se harían evidentes sólo de manera retrospectiva. Si se demuestra que una mujer es una arpía o que un marido pega a su mujer, lo más probable es que no debieran haberse casado. Y si una empresa quiebra, no deberían haberse adquirido las acciones. Pero la vida no presenta la predictibilidad de un problema de razonamiento y gran parte de lo que tenemos que aprender en la vida real sobre la resolución de los problemas consiste en saber cómo tratar con consecuencias impredecibles o apenas predecibles. 7. Las soluciones de los problemas cotidianos dependen al menos tanto del conocimiento extraoficial como del oficial. En un estudio sobre el modo de razonar de los profesores de universidad y de los directivos de empresa, pedimos a unos individuos que habían tenido éxito en cada uno de esos ámbitos que nos dijeran qué había que saber para tener éxito en el trabajo (STERNBERG Y WAGNER, 1993; WAGNER Y STERNBERG, 1985, 1986). Con una frecuencia sorprendente, estos individuos nos dijeron que el conocimiento oficial que habían aprendido en el colegio tenía muy poco que ver con su éxito que, por el contrario, lo hacían recaer en primera instancia sobre sus conocimientos extraoficiales, su razonamiento y su iniciativa. Este tipo de conocimientos se adquiría en el trabajo, fundamentalmente mediante la ósmosis, no 6
7 se enseñaba de forma explícita y puede que nunca se verbalizara. Por este motivo, nos hemos referido en ocasiones a este tipo de conocimiento como tácito. Para los directivos de empresa los ejemplos del conocimiento extraoficial incluían conocer el tipo de comportamiento que se valora en la empresa para la que trabajan, o el tipo de cometidos que exigen una prioridad absoluta en su trabajo, así como la clase de productos que van a vender. Para los profesores universitarios, los ejemplos de este tipo de conocimiento incluyen las formas de controlar la actividad en el aula, la forma de transmitir la materia de manera que tenga sentido para el mayor número de alumnos, así como el modo de mantener la atención de los alumnos. Todas estas cosas podrían, en principio, enseñarse, pero parece que sólo se aprenden realmente a través de la experiencia. Algunos buenos ejemplos del conocimiento tácito necesario para los profesores de Enseñanza Primaria y Secundaria incluyen el modo de mantener el buen comportamiento (por ejemplo, tratar con diferentes clases de comportamiento irregular, u organizar la propia clase para prevenir problemas de comportamiento desde el principio); tratar a los padres (por ejemplo, dirigir reuniones rutinarias entre profesores y alumnos, incorporar en el aula a padres que se presten de manera voluntaria, trabajar de manera conjunta con los padres cuando un chico tiene problemas graves o necesita una enseñanza especial); evaluar (por ejemplo, hacer exámenes, rellenar las fichas de los informes, evaluar el trabajo de los alumnos de forma habitual); programar (por ejemplo, programar las necesidades de aquellos alumnos que deben abandonar el aula para recibir una enseñanza especial, dar conferencias, etc.) y gestionar las responsabilidades de tipo colateral, como la organización de la ruta escolar, el servicio de cafetería, etc. Por supuesto, para que les vaya bien en el colegio, los chicos tienen que adquirir también conocimiento tácito. Algunos ejemplos del conocimiento tácito que necesitan los chicos consistiría en saber cómo relacionarse con los profesores y con el resto de los alumnos, cómo organizar su propio tiempo para hacer los deberes, cómo estudiar los exámenes y cómo tomar apuntes. Diana, cuya historia hemos comentado al comienzo de este libro, era capaz de trabajar bien en clase, a pesar de sus limitadas capacidades analíticas, debido a que tenía un extraordinario conocimiento tácito. Resulta muy útil hacer explícito a los alumnos el conocimiento tácito a través de debates abiertos. Para este fin, hemos proporcionado un ejemplo de actividad sobre el conocimiento tácito que puede utilizarse con alumnos de Secundaria o que se sitúen antes de ese segmento de escolarización. Se podría llegar a la conclusión de que la capacidad de adquirir el conocimiento extraoficial consiste sencillamente en una manifestación más de la capacidad de adquirir cualquier conocimiento. De hecho, cabría esperar que los niveles de conocimiento extraoficial estuviesen correlacionados estrechamente con los del CI, que en buena medida está determinado, a su vez, por la capacidad de razonamiento crítico. Pero nuestra investigación indica que, por el contrario, el nivel de conocimiento extraoficial está relacionado sólo de forma débil con el Cl y que, en muchos casos, dichas correlaciones no tienen ni siquiera relevancia estadística (como ha sido puesto de manifiesto en la historia de Diana). Además, el nivel del conocimiento extraoficial pronostica el éxito laboral, por lo que es probable que el razonamiento que los individuos practican en sus trabajos acentúe aquellas capacidades relativas al razonamiento crítico que con tanta soltura, y con tanta facilidad, medimos. 8. Las soluciones a los problemas cotidianos importantes tienen consecuencias también importantes. Si un alumno se matricula en un curso, ya sea sobre razonamiento o sobre cualquier otra cosa, las consecuencias de resolver un problema de manera incorrecta son, por lo general, triviales. Incluso si el alumno resuelve un gran número de problemas de forma incorrecta, lo peor que puede pasarle, probablemente, es que consiga unas calificaciones más bajas en uno de los muchos cursos que va a realizar a lo largo de su vida. No puede decirse lo mismo de los problemas de la vida real. Los que sean triviales, por supuesto, pueden tener consecuencias también triviales, quizá todavía menos importantes que una nota baja, pero los problemas importantes pueden tener consecuencias tan profundas como la vida o la muerte, o una vida feliz en contraposición a una vida desgraciada. Si las soluciones a los problemas de la vida pudieran separarse de sus consecuencias, entonces no tendríamos ningún motivo para preocuparnos sobre la forma en la que se enseña a resolver los problemas en los cursos tradicionales sobre el razonamiento. Pero los resultados no pueden separarse de las consecuencias, porque la solución depende generalmente, y hasta cierto punto, de las posibles consecuencias de las soluciones alternativas. Tengamos en cuenta la cirugía, por ejemplo. La tía de uno de los autores del libro consideró en cierta ocasión muy seriamente la posibilidad de someterse a un tratamiento quirúrgico que podía aliviarle un dolor que sufría por aquel entonces. Cuando le solicitaron que firmase una declaración dando su consentimiento al informe en el que se le enumeraban todas las posibles repercusiones negativas de la 7
8 cirugía (incluyendo una muerte demasiado prematura), cambió de idea. Examinemos también cualquier otra decisión importante como la de casarse o divorciarse, elegir una carrera o comprarse una casa. Este tipo de decisiones no pueden tomarse sin tener en cuenta las posibles consecuencias, y dichas consecuencias pueden llevarnos a cambiar la decisión que tomemos en último extremo. La resolución de problemas sin consecuencia alguna va a enseñar a los alumnos muy poco acerca de cómo resolver los problemas de la vida que tienen consecuencias. 9. La solución de los problemas cotidianos tiene lugar en grupo. Los miembros de una facultad de la universidad o de las propias universidades se eligen en buena parte, y con mucha frecuencia, basándose en sus capacidades individuales para solucionar problemas. Todos los miembros de nuestras propias instituciones, por ejemplo, han demostrado su capacidad para solucionar problemas importantes en sus campos concretos. Sin embargo, con mucha frecuencia nos asombramos al ver lo que ocurre cuando estos mismos individuos se reúnen en un grupo, como pudiera ser en el caso de una reunión del comité de la facultad. Estos mismos individuos que han demostrado, fuera de toda duda, su capacidad para resolver los problemas de manera individual, parece como si se encontraran absolutamente perdidos al enfocar un problema en equipo. Por lo general, muchos problemas cotidianos no se resuelven de forma individual, y de hecho no pueden serlo. En el trabajo se crean de manera habitual, y para solucionar problemas, comités, grupos de trabajo y consorcios de muy diferente naturaleza. En casa, algunas decisiones requieren propuestas por parte de toda la familia, exigiéndose por ello un proceso de toma de decisiones en grupo. Pero los grupos son susceptibles de sufrir toda una gran variedad de prejuicios en la resolución de los problemas o en la toma de decisiones, y la resolución de problemas de forma individual no nos capacita para tratar con estas fuentes de prejuicios. Por ejemplo, IRVING JANIS ha documentado casos en los que los dirigentes de los gobiernos, todos los cuales habían demostrado ser muy buenos a la hora de tomar decisiones individuales, sufrieron grandes fracasos políticos cuando trabajaban en equipo (JANIS, 1972). Se convirtieron en víctimas del «razonamiento en grupo» y, como grupo, fracasaron a la hora de mostrar los mismos poderes para solucionar problemas y tomar decisiones que tenían individualmente. Habían aprendido a razonar en alguna de las más prestigiosas instituciones de enseñanza superior del país, pero les habían enseñado a razonar sólo como individuos y no como miembros de un grupo. 10. Los problemas cotidianos pueden ser complicados, confusos y obstinadamente persistentes. Incluso el problema más complicado de un curso sobre razonamiento resulta sencillo si lo comparamos con algunos de los problemas a los que debemos enfrentarnos en la vida diaria. Además, estos problemas de libro de texto suelen ser más claros que los que se encuentra la gente después de dejar el colegio. Pero la parte más agradable de los problemas que se incluyen en los libros de texto es que, para la mayor parte, terminan cuando acabamos el colegio, mientras que los problemas de la vida real por lo general no. Están ahí cuando queremos que estén, pero siguen ahí cuando no queremos. Se entrometen en nuestra vida, nos agotan y, a veces, necesitamos de toda nuestra habilidad para dejarlos a un lado y dedicarnos a otras cosas, a no ser que nos quedemos paralizados por nuestra incapacidad de solucionar un problema determinado o dedicarnos a otro. Para empeorar las cosas, muchas veces los problemas no desaparecen, ni siquiera después de haberse resuelto. En el trabajo sobre directivos de empresa, por ejemplo, y en nuestro propio trabajo también, resolver un problema es una cosa, pero convencer a la gente de la eficacia de nuestra solución es otra muy distinta. Nuestros participantes veían con demasiada frecuencia cómo la resolución de sus problemas se quedaba en nada, porque no eran capaces de persuadir a las personas adecuadas de la viabilidad o de la conveniencia de sus soluciones. En estos casos, el problema no concluía con su solución: por el contrario, sólo acababa de empezar. El problema de enseñar a razonar no termina tampoco con la puesta en práctica de los principios arriba reseñados. Más bien, una vez más, sólo acaba de empezar. Necesitamos tener en cuenta no sólo estos principios, sino también las dificultades. Las dificultades A la hora de solucionar los problemas, existen más modos de equivocarse que de acertar, y los problemas derivados de enseñar a razonar no son ninguna excepción. Si pensamos en los problemas que surgen a la hora de enseñar a razonar, generalmente pensamos en los problemas a los que nos vamos a 8
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