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Timestamp: 2018-11-14 22:13:43+00:00

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﻿ La victimología de máximos, después de Auschwitz
CONTENIDO:Este trabajo comenta los fundamentos, contenido y fines de la nueva ciencia victimológica, definiéndola como multi, inter y transdisciplinar —no vindicativa— que enriquece la investigación y praxis del derecho penal, la criminología, la política, la sociología y la filosofía. Integra las diversas ciencias humanas y sociales para transformar la dogmática punitiva de la criminología y del derecho penal en dogmática reparadora de las víctimas (<Inclinada>in dubio, </Inclinada>pro víctima). Después de Auschwitz, eleva la dignidad de las víctimas y construye un protagonismo axiológico, que da sentido positivo a su sufrimiento y a su vivir.
AUTOR:Antonio Beristaín Ipiña
REVISTA DERECHO PENAL N°:26, ene.-mar./2009, págs. 85-114
La victimología de máximos, después de Auschwitz(*)
Fundador y director honorario del Instituto Vasco de Criminología
Este trabajo comenta los fundamentos, contenido y fines de la nueva ciencia victimológica, definiéndola como multi, inter y transdisciplinar –no vindicativa– que enriquece la investigación y praxis del derecho penal, la criminología, la política, la sociología y la filosofía.
Integra las diversas ciencias humanas y sociales para transformar la dogmática punitiva de la criminología y del derecho penal en dogmática reparadora de las víctimas (in dubio, pro víctima). Después de Auschwitz, eleva la dignidad de las víctimas y construye un protagonismo axiológico, que da sentido positivo a su sufrimiento y a su vivir.
Criminología; victimología; derecho penal; dogmática punitiva; humanismo; prisiones.
Dedicatoria: A las niñas y a los niños víctimas del delito y del abuso de poder, a Maximiliam Kolbe († 1941), Franz Jägerstätter († 1943), a Elie Wiesel, premio Nobel de la paz 1986, y a las víctimas del 11-S y 11-M.
1. Agradecimiento, celebración y felicitación.
¡Excelentísimas y muy estimadas autoridades!
En bastantes centros de enseñanza de algunas provincias de España, cuando los terroristas cometen un asesinato, algunos docentes al comenzar la clase invitan a un minuto de silencio, pero otros no lo hacen. Y propugnan que no debe hacerse, porque “la hora de clase no es para eso”. Probablemente a muchos de nosotros, en esta emotiva clausura del I Congreso español de victimología, el corazón nos sugiere ponernos de pie y dedicar un minuto a las víctimas de todas las violencias, de los delitos, del abuso de poder, y de todas las catástrofes naturales que producen sufrimientos(1).
(Minuto de silencio).
¡Gracias! En nombre de tantas y tantas víctimas de ayer, hoy y mañana. A ellas, dedico esta mi exposición bajo el título “hoy creamos una nueva ciencia cosmopolita e integradora: la victimología de máximos, después de Auschwitz”.
Cuando los colegas y amigos organizadores de este congreso tuvieron la amabilidad de invitarme a participar en este acto académico propuse como título “La Sociedad Española de Victimología, ayer, hoy y mañana”. Consideré que convenía estudiar de dónde venimos y a dónde vamos (los españoles somos herederos de juristas(2), filósofos, teólogos, monjes redentores de cautivos —como San Raimundo de Peñafort—, escritores como Cervantes, etc., que han teorizado y practicado la mejor victimología). Pero, conforme avanzaba en la preparación de mi texto, cambié un poco el título. Me refiero a la ciencia que ustedes en esta fecha implantan formalmente en España: la victimología. En este acto académico deseo analizar desde perspectivas atentas a la ética (cfr. Mireille Delmas-Marty)(3), a la evolución, a la reversibilidad del mal(4) y al concepto-fenómeno dual, nuevo (y, en determinadas circunstancias, peligroso, como subraya Josep M. Tamarit), de “victimario” y “víctimas”, que mucho difieren de “delincuente” y “sujeto pasivo” del delito, en terminología del derecho penal. Este permanece en las antípodas de nuestra ciencia innovadora(5).
Lamento y pido disculpas por no haber estado aquí los días anteriores, y me duele no haber podido escuchar las magistrales ponencias de los eminentes colegas que han expuesto temas tan importantes. Me ha sido físicamente imposible.
He venido muy gustoso a esta bella ciudad de Lleida (algo comparable con Toledo), acogedora en su historia de diversas culturas, de pinturas rupestres... Sabe integrar, transformar, la dualidad en unidad; las dos catedrales en dos pulmones de un espíritu; sus dos partes geográficas: la septentrional, montañosa, se une y confunde con la meridional, llana... Sabe declarar una “guerra” —moros y cristianos— y convertirla todos los años en reconciliación, dando la victoria a ambos bandos en años alternativos.
He venido para felicitar a los fundadores de la Sociedad Española de Victimología y a sus colaboradores, para decir unas palabras acerca de los muchos y transcendentales motivos de felicitación, mirando al ayer, al hoy y al mañana, en España y fuera de España, principalmente en Latinoamérica. (Atentos, también, a la colaboración con la World Society of Victimology).
2. Motivos de felicitación: creamos una sociedad que instaura y desarrolla en España la ciencia victimológica.
“El redescubrimiento de las víctimas
y su papel en el derecho penal puede ser abordado
desde diferentes ángulos (...) son temas de vital
importancia (...) aunque ello sea abordado
de forma totalmente opuesta según
entendamos las diferentes posturas”.
Giménez-Salinas, Esther.
La conciliación víctima-delincuente:
hacia un derecho penal reparador,
Barcelona, 1999, p. 69.
Ante la limitación de tiempo, comento solo algunas de las múltiples causas de felicitación. Porque habéis creado y madurado la Sociedad Española de Victimología. Sociedad que instaura y desarrolla la ciencia victimológica nueva e innovadora, cosmopolita e integradora: la victimología, después de Auschwitz... Inolvidable holocausto.
Ahora, formulo telegráficamente las coordenadas de su definición. A continuación, comentaré algo de sus contenidos principales.
2.1. La victimología. Definición polisémica.
Del inteligente catedrático de filosofía Elías Díaz escuchamos: “hay derecho! ¿A qué? A que el débil sea despreciado, explotado y aplastado por el fuerte. Para corregir eso y evitarlo se justifica que exista el derecho”(6). Estas líneas pretenden definir el derecho, más en concreto el derecho penal. Pero, es una definición polisémica, pues en realidad definen la victimología. Señoras y señores, el derecho penal no corrige ni evita que los débiles sean aplastados por el fuerte (para comprobarlo basta que visitemos cualquier prisión del mundo; allí encontraremos a los débiles, a los pobres, a los explotados). En cambio, sí lo consigue y lo evita, cada día más, la victimología, porque fomenta una ciencia nueva, cosmopolita e integradora, que se ocupa y preocupa con eficacia de todas las víctimas, como proclaman las Naciones Unidas, en su Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder(7).
En pocas palabras, podemos definir la victimología como la ciencia y el arte pluri, inter y transdisciplinar que —en íntima relación con la investigación y la praxis del derecho penal, la criminología, la sociología, la filosofía y la teología— investiga la victimación primaria, secundaria y terciaria, así como sus factores etiológicos, sus controles, sus consecuencias y sus respuestas superadoras de los conflictos y la delincuencia. Presta atención al análisis bio-psico-social de las diversas clases de víctimas, no solo las directas e inmediatas. Está ejerciendo cada día más influencia en el campo tradicional de los delitos y de las sanciones. Un ejemplo concreto ha encontrado ya carta de ciudadanía: la sustitución del principio fundamental del sistema procesal democrático in dubio pro reo por el “revolucionario” in dubio pro víctima.
2.2. Ciencia nueva e innovadora.
“Desde la perspectiva de la(s) víctima(s),
un concepto de delito orientado en función
de la lesión de un derecho subjetivo
sería el mejor de los fundamentos para no
ser olvidada(s) en el derecho penal”.
Eser, Albin. Sobre la exaltación del bien jurídico
a costa de la víctima, Bogotá, 1998, p. 17.
La victimología es una ciencia nueva e innovadora en muchos sentidos. Al delito le damos un nombre nuevo: victimación. Le damos un contenido nuevo: no viola el interés jurídico protegido, ni la autoridad estatal, sino que viola los derechos subjetivos y objetivos de personas concretas. El delito tradicional se ubicaba en el contexto del poder estatal, mirando a la lesión del bien jurídico abstracto, con la respuesta —castigo— vindicativa —just desert— y resocializadora pero no lograda [nothing works, según Martinson (1974)]. El delito no ha de seguir tipificándose sobre la lesión de un abstracto bien jurídico protegido (p. ej., la honestidad, la raza, la nación, la dictadura, el régimen, etc.)(8), sino sobre la lesión a personas concretas, vulnerables (p. ej., a la libertad e indemnidad sexual de las niñas violadas; C.P., arts. 178-194).
También es nueva en cuanto a la pena, porque no pretende la vindicta, ni pretende el malum passionis propter malum actionis, sino que pretende la reparación, pero no en el sentido accesorio, ajeno y secundario del derecho penal tradicional. La reparación victimológica “no es un cuerpo extraño en el derecho penal, sino que debe entenderse, incluso, como parte esencial de la sanción penal”(9). Debe conllevar una reparación completa, desbordante, creativa, que atiende, indemniza, enaltece, y homenajea a las víctimas, como indican las Naciones Unidas en su resolución de 18 de enero 2000(10) [“La reparación moral y las garantías de no-repetición (de la victimación) (...), según el caso, una u otra o el conjunto de las medidas siguientes: (...) g) Conmemoraciones y homenajes a las víctimas (...)”].
Nueva, así mismo, en cuanto al sujeto pasivo del delito, al que otorga un nombre propio —“víctima”— con derechos y deberes muy distintos de los clásicos. Es, además, una ciencia innovadora porque, como veremos enseguida, crea, y cada día más, bases, metas y estructuras desconocidas en el campo del derecho penal, derecho procesal, política criminal, sistema policial y prisional, etc. (e incluso en el mundo religioso, como indicamos después).
Lógicamente, nuestra Sociedad Española de Victimología gira alrededor de polos ignotos en el derecho penal, y opuestos a él. No alrededor del delito, ni de la pena. Gira alrededor de los más débiles: su hipocentro y su epicentro, su cumbre y pico culminante, su Éverest, son los más débiles y vulnerables, las víctimas. Las personas desconocidas prácticamente en el derecho penal y en las constituciones nacionales (salvo la de México). Por fortuna, la Constitución europea se refiere —indirectamente— a las víctimas en su preámbulo (“... sin olvidar a los más débiles y desfavorecidos”) y en el artículo III-321.
2.3. Ciencia cosmopolita e integradora, desde las víctimas no provocadoras.
“Sabemos desde Auschwitz
de lo que es capaz el ser humano”
El hombre doliente, 1987, p. 79.
A nuestra ciencia victimológica hemos de considerarla cosmopolita e integradora. Ante la actual trágica diversidad y fragmentación política, cultural, religiosa(11), económica, etc., que llega hasta la negación de la universalidad de los derechos humanos básicos, como los proclamados en la declaración universal de 1948, vemos con agrado que en la inmensa mayoría de los países se reconoce a las víctimas inocentes, no las provocadoras, como personas con extraordinario poder de convocatoria, que al escucharlo nos une, nos reúne, nos solidariza, nos humaniza...
Recordamos —en este sentido— cómo, a las pocas horas de que la televisión mostrara las imágenes de Miguel Ángel Blanco agonizante, el día 12 de julio de 1997, en España, Europa y América salieron a la calle millones de personas abrazadas en compasiva fraternidad universal, con energía cósmica...
Este poder de hacerse oír acompaña a las víctimas desde el origen de la humanidad, como lo atestigua el grito que escuchó Caín, según narra el Génesis, “¿dónde está tu hermano... Abel?”(12). El eco de este grito primigenio se repite y se agiganta a lo largo de la historia... también desde Auschwitz, desde el 11-S 2001, el 11-M 2004, y siempre que una joven es violada o un niño es torturado... Son gritos cosmopolitas. Y cosmopolita es nuestra ciencia-praxis integradora, que escucha, atiende, entiende y responde a las víctimas con compasión. Sí, compasión, como proclama el artículo 4º de la declaración antes citada de las Naciones Unidas, en su resolución de 29 de noviembre de 1985. Artículo que hemos de aplicar a las víctimas inocentes. Sabemos que no todas las víctimas son inocentes; que las hay culpables e incluso provocadoras de su victimación(13).
Si tuviéramos más espacio, comentaría algunas de estas diversas víctimas. Ahora me limito a recordar las sugerencias y la cuestión victimológica que formuló públicamente el actual superior general de la Compañía de Jesús, Peter-Hans Kolvenbach, S.J., en las navidades del año 1989, en su visita a El Salvador: “Dado el ambiente de violencia que existe en casi todos los países de América Central, es inevitable que el asesinato de seis jesuitas de la Comunidad de la UCA haya suscitado —en medio de la gran solidaridad que hemos recibido en torno a los hechos acaecidos— un interrogante: ¿no habrá sido acaso —dicen algunos— la orientación misma de la comunidad la que ha provocado este crimen?”(14).
En este campo se entremezclan múltiples valores éticos.
2.4. Ciencia hacia los máximos axiológicos: el arca de Noé, la cofa del arca.
“Aunque digamos que la imagen de ser
humano a la que se le otorga la dignidad
es la del ser humano que sufre
y no es perfecto, no por ello debiera
interpretarse erróneamente como
una glorificación del sufrimiento”.
Ammicht-Quinn, Regina. ¿Es sagrada
la dignidad? En: Concilium, 2003, p. 225.
Nuestra legislación y jurisprudencia en general, y la penal en particular, deben tomar más en serio las avanzadas aportaciones axiológicas de la ciencia penal, criminológica(15) y victimológica(16). Junto a Ferrajoli(17) y su derecho penal de mínimos y máximos, cabe recordar mi publicación en la prensa del 29 de mayo de 2004(18). Pedía que cultivemos la victimología de valores máximos (o, en terminología de Elmar Weitekamp, micro-level y macro-level(19)), que supera el peligro de considerar a las víctimas como meros objetos de reparación, ya que (según indican notables especialistas y documentos nacionales e internacionales) a las víctimas se les deben indemnizar todos los daños y perjuicios que se les han causado..., pero así se cubre solo la reparación de mínimos. A las víctimas hemos de reconocerles, en teoría y en la praxis, su derecho a la reparación de máximos, es decir, a tratarles como sujetos, como protagonistas, como agentes sociales axiológicos de nuestra sociedad, merecedores, en justicia, de que se les considere acreedores de una discriminación positiva (20).
La victimología de mínimos podemos concebirla como el arca de Noé, para acoger y dar cobijo a todos los náufragos del diluvio de la violencia y del sufrimiento. En cambio, quienes deseamos avanzar hacia la victimología de máximos(21) colocamos a las víctimas, y sobre todo a las macrovíctimas (del terrorismo), en la cofa del arca, como guías para dirigir el arca y la sociedad al puerto de la justicia restaurativa, en el más amplio, progresivo y multifacético sentido del moderno vocablo “reparación” y protagonismo axiológico.
La Sociedad Española de Victimología aspira a transmitir y cultivar estos valores máximos a los penalistas, a los juristas en general, al personal de prisiones, a los políticos, a los docentes, a las iglesias, a la Compañía de Jesús(22), etc.
— A los procesalistas(23), operadores de lo judicial... les pedimos que relean el atinado y excitativo mensaje de Cherif Bassiouni, en su informe final a la resolución de la Comisión de derechos humanos del consejo económico y social de las Naciones Unidas, de 18 de enero de 2000, sobre “Los derechos civiles y políticos, en particular las cuestiones relacionadas con: la independencia del poder judicial, la administración de justicia, la impunidad (el derecho de restitución, indemnización y rehabilitación de las víctimas de violaciones graves de los derechos humanos y las libertades fundamentales)”.
— A los teólogos, les recordamos que todo hablar auténtico emerge del fondo de la angustia que experimenta la persona mística(24), que el buen samaritano merece sumo aprecio, pero más aprecio merece el siervo sufriente y enaltecido y gozoso; que las víctimas no son únicamente las personas que sufren un daño personal(25), sino también quienes soportan, padecen, catástrofes naturales (p. ej., un terremoto)(26); que la otra cara de la Luna del mensaje evangélico enaltece a Abel más que castiga a Caín, y declara la simultaneidad del sufrir con el gozo y la felicidad, como en las bienaventuranzas del Evangelio de San Mateo (“Bienaventurados y felices los pobres y los que sufren”, cap. 5); que la diosa Dido adoctrina a Eneas: non ignara malli, miseris sucurrere disco (por haber experimentado el sufrimiento, he aprendido a consolar a quienes sufren); que a la luz de Theilhard de Chardin, Karl Rahner, Maximiliam Kolbe, Dietrich Bonhöffer, Raimon Panikkar, Xavier Melloni, Willigis Jaber, etc., pueden transformar las lágrimas en ofrenda; pueden experimentar el misterio paulino de “completar lo que falta a la pasión de Jesucristo”: “Ahora me gozo en mis padecimientos sufridos por vosotros y cumplo, por mi parte, lo que faltaba de las penalidades de Cristo en mi carne por el bien de su cuerpo, que es la Iglesia”(27), (sin caer en masoquismo).
— Al personal de prisiones deseamos iniciarles en su paradigmática misión: preparar a los victimarios, condenados y presos para dialogar dentro de los muros carcelarios con sus víctimas, atenderlas, entenderlas y llegar a una justa mediación y reconciliación reparadora, como se practica ya desde hace un par de años en todos los establecimientos penitenciarios de Bélgica. Los legisladores y los funcionarios de las instituciones prisionales, en determinadas circunstancias, deben tener más en cuenta la máxima in dubio pro víctima.
— A quienes laboran en centros pedagógicos les aconsejamos que escuchen y acaten el mensaje de las Naciones Unidas [en su citada resolución, de 18 de enero de 2000, punto 25.h)] cuando exige: “la inclusión en los manuales de enseñanza de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, así como en los libros de texto de todos los niveles, de una relación fidedigna de las violaciones cometidas contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario” (Poco de esto se hace en el País Vasco o el resto de España).
A los ciudadanos todos, les pedimos que caigan en la cuenta del peligro de dejarse llevar por la cultura violenta de los victimarios (de aceptar sus erróneos postulados(28)); de olvidar que la paz no tiene precio; que es fruto de la justicia y la justa compasión(29); que se equivocan muchas personas del País Vasco o fuera del País Vasco, cuando —ante tal o cual defensa de viudas o huérfanos víctimas de ETA— exclaman o piensan: “nos dejen en paz ya de tanto hablar e insistir sobre el problema de la violencia terrorista de ETA!”; cuando a ETA y a sus cómplices solo se les exige que abandonen las armas... y se les promete impunidad.
Les repetimos la urgencia de dedicar homenajes y erigir monumentos(30) a las víctimas del holocausto y del terrorismo, pues no hacerlo es delito de omisión. (Berlín y muchas otras ciudades alemanas, y también múltiples instituciones, como el Instituto de Criminología de la Universidad de Munich, lo han hecho. Ojalá los españoles sigamos su ejemplo).
Les preguntamos si en España, hoy, para cumplir la justicia elemental basta con requerir a los terroristas (y a sus cómplices y encubridores) que renuncien a la violencia... si es necesario exigirles hacer algo más —de palabra y de obra, concreto y eficaz— a favor de la justicia restaurativa que satisfaga —hic et nunc, aquí y ahora— los derechos humanos de las víctimas, que repare los daños que se les han causado. Sin reparación no cabe la paz, ni el diálogo.
2.5. Después de Auschwitz (olvidarlo es un crimen frecuente).
“... el Tribunal Penal Internacional
nos recordará que no debemos olvidar
esos terribles crímenes de manera
que podamos tener en cuenta el consejo
tan acertadamente apuntado
por George Santayana, al decir que aquellos
que olvidan las lecciones del pasado
están condenados a repetir sus errores”.
“Comunicado”, Ceremonia
de apertura para la firma
del convenio para la constitución
de un Tribunal Penal Internacional,
Roma, 18 julio de 1998.
Actualmente, numerosos especialistas argumentan la inexorable necesidad de injertar en la justicia humana tradicional la memoria viva de Auschwitz, las prisiones de exterminio nazi, los innumerables Gulags y campos de concentración que llenaron de terror la Unión Soviética y países satélites... Tantos millones de víctimas del holocausto no pueden hundirse en el olvido. No caben en el fondo del océano. La terrible experiencia del escritor judío Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz, Buna, Buchenwald y Gleiwitz, nos sobrecoge e intranquiliza siempre:
“A los quince años (...) nunca olvidaré la primera noche en el campo de Auschwitz, que hizo de mi vida una larga noche cerrada con siete llaves. Nunca olvidaré las caritas de los niños cuyos cuerpecillos vi transformados en torbellinos de humo bajo un cielo mudo. Nunca olvidaré estas llamas que consumieron para siempre mi fe”(31).
Tenemos la obligación académica y moral de recordar el holocausto en cotidianas circunstancias de nuestras publicaciones, nuestras actividades académicas y no-académicas, etc. Pero, muchos tratadistas de historia, teología(32), ética(33), derecho, sociología, criminología(34), etc., casi nunca lo rememoran, ni lo compadecen.
El aspecto más importante de la conciliación es la confrontación que exige al victimario saber que la víctima es “de carne y hueso”, y a la víctima la sensación de que alguien va a reparar el daño causado. Que no quedará en el olvido(35).
Después de Auschwitz perviven —imborrables— dos clarificadores mensajes en los cristianos y en todas las grandes religiones: el del buen samaritano y el del siervo sufriente(36). Aquel, cura y atiende altruísticamente al herido desconocido. Así, cumple un bello ideal. Este, vive otro prototipo de humanismo superior: ofrece y entrega su vida por los demás, incondicionalmente. Lo comentan Viktor E. Frankl, en diversas páginas en las que se desvela la faceta positiva del sufrimiento, en su libro El hombre doliente(37), Ignacio Larrañaga, en su libro Del sufrimiento a la paz(38), José Ramón Busto, S.J., rector de la Universidad Pontificia Comillas, en su lección inaugural del curso académico 1998-1999: “El sufrimiento ¿roca del ateísmo o ámbito de la revelación divina?”(39), etc.
El siervo de Yahvé (“el crucificado y resucitado”, como repite Karl Rahner) “no tiene apariencia ni belleza (...), abandonado de los hombres (...) y familiarizado con el sufrimiento (...), le despreciamos y no le estimamos”(40). Sin embargo, a pesar de su no-belleza, su no-sentido y por eso mismo, Dios le encumbra por encima de todos. Con otras palabras, la víctima marginada, humillada, torturada..., merece ser atendida, reparada y, más aún, homenajeada. Isaías proféticamente proclama que merece y logra mucho más: ser enaltecida, colmada de honores: “mi siervo tendrá éxito, será elevado, ensalzado y excelso en extremo”(41).
3. Rumbo al futuro recreativo.
“Sí, en pro de la defensa y recreación
—subrayo— de la única realidad
sagrada que es la persona”.
“Exigencias constitucionales
en el proceso penal...”,
de Jurisprudencia y Legislación,
1996, p. 255.
Nuestra Sociedad Española de Victimología ha de conseguir que la universidad española cree pronto la licenciatura en victimología, como creó la licenciatura en criminología (Real Decreto 858/2003, de 4 de julio —BOE, julio 8 de 2003— por el que se establece el título universitario oficial de licenciado en criminología). También debe editar alguna revista o boletín, organizar cursos y congresos, nacionales e internacionales; y, ya desde ahora, crear institutos universitarios de victimología. Estos han de promover el saber y el hacer victimológico que “inventa” y aplica sanciones menos severas, más humanas, pues ni los ciudadanos ni nuestras autoridades(42), ni nuestros jueces (Georges Rouault(43)) somos creadores de dolor. Han de devolver —en cuanto sea posible— el delito y la respuesta a sus dueños, como argumentan Esther Giménez-Salinas(44) y Nils Christie(45). Y dar más espacio de reconciliación también a la sociedad, a la comunidad, en la búsqueda de más positivas soluciones(46).
Al prever y pergeñar el futuro de nuestra Sociedad Española de Victimología, permítanme que además de asumir los roles esenciales de las asociaciones de las víctimas que explana Robert Cario(47), tome en particular consideración algunos de los temas que expuse los días 8 y 9 de junio de 2004 en el Tercer curso centroamericano de victimología y asistencia a víctimas, celebrado en San Salvador (El Salvador): “Respuestas recreativas a las macrovíctimas del terrorismo en el siglo XXI”. Insistí en avanzar por el camino recreativo que abren reconocidos pioneros. Por ejemplo, entre otros, Tony Peters(48), Ruiz Vadillo, Elmar Weitekamp(49), etc.(50).
Este último, al comentar la “justicia restaurativa o victimología restaurativa”, introduce un adjetivo clave, más innovador: justicia y victimología recreativa.
Hemos de contribuir a que España y los países culturalmente más afines desarrollemos una victimología a la que se pueda y deba aplicar las palabras de Weitekamp, sobre la justicia restaurativa: “is a basic and unique response to crime and has (...) to be distinguished clearly from retributive and rehabilitative response to crime. Sometimes these may have nuances of restorative concerns but their central purpose is quite different” (la respuesta básica al crimen (...) debe distinguirse claramente de la respuesta retributiva y rehabilitadora al crimen. Algunas veces esta puede tener matices de justicia restaurativa, pero su propósito central es completamente diferente)(51).
Hacia esta perspectiva de la recreación(52) nos anima el espléndido cuadro de la Capilla Sixtina: “la creación de Adán”. Miguel Ángel acierta al plasmar en este cuadro lo principal de la dignidad humana(53), la persona imagen de Dios creador. El hombre y la mujer somos imagen del creador, somos recreadores. Esta cosmovisión me aleja, a veces, de Rafael Sánchez Ferlosio(54), merecidamente galardonado con el “premio Cervantes 2004, y de la inteligente Victoria Camps(55), cuando propugnan la irreversibilidad radical de “la marca de Caín”. También me distancia de mi amigo Castilla del Pino(56), que, en idéntico sentido, afirma que nunca desaparece “el peso de la culpa” de los grandes delitos. Yo, en cambio, sigo buscando técnicas de reparación, mediación y reconciliación —deconstruidas desde los modernos sistemas derridianos(57)—; sigo buscando en el hombre sufriente al hombre enaltecido, recreado... con la esperanza de que nada es irreversible(58), pues el hombre es capaz de superar su culpa (subrayo) y, con ello, de superarse a sí mismo(59); sigo buscando argumentos que confirmen la proclamación de Jesucristo en el Apocalipsis, capítulo 21: “Yo hago nuevas todas las cosas”.
La victimología del futuro va encontrando ya acogida notable entre los científicos y los ciudadanos de Alemania, Austria, Nueva Zelanda... (Weitekamp)(60). De sus avances teóricos y prácticos se puede decir lo que Josep Mª Tamarit afirma de las reformas adoptadas como estrategia de reducción de la victimización de los menores infractores: “las iniciativas emprendidas por otros Estados europeos pueden señalar en parte el camino a seguir, sin que puedan valer como excusa los elevados costes de algunas innovaciones, pues la mayor parte de ellas requieren en este contexto una mayor sensibilidad (subrayo) del legislador y especialmente un cambio de actitud (subrayo) por parte de los profesionales del derecho y los diversos agentes del sistema penal más que elevadas aportaciones presupuestarias”(61).
Hemos de ubicar, recolocar, a las víctimas (según sus diversas clases)(62) como las protagonistas centrales del proceso penal (y/o civil)(63) .
3.1. Encontraremos adversarios.
“Ethos Ramón Llull es un órgano
de la Universitat Ramón Llull (Barcelona)
que (...) pone a disposición de los profesionales
y de las organizaciones herramientas para promover los
valores éticos clave para la toma de decisiones”.
Lección inaugural del curso académico
Barcelona: Universitat Ramón Llull.
Antes de terminar, deseo alertarnos a todos de un peligro y de una victoria. Deseo presagiarnos que encontraremos grandes dificultades, pues la victimología, en España y en todos los países, tropieza con fuertes adversarios (no “enemigos”). También desde nuestra propia “casa” (derecho penal y derecho procesal) encontramos obstáculos porque las innovaciones victimológicas suscitan oposición en puntos fundamentales del derecho tradicional; surgen conflictos incluso en personas altruistas que trabajan como “voluntarios” en el campo penal y prisional. Lo desvela la revolucionaria experiencia de la hermana Helen Prejean, en su trato humanístico con Patrick Sonnier, condenado a la pena capital y ejecutado —como nos recuerda la película Pena de muerte (dirigida por Tim Robbins)—, cuando los familiares y amigos de las víctimas le reprocharon que los olvidaba injustamente. Muy similar fue la experiencia del jesuita belga Philippe Landenne(64), que desde el 23 de abril hasta el 18 de julio de 1991 interrumpió su trabajo para vivir, en la cárcel suiza de Bellechasse, cerca de Friburgo (Suiza), como un preso cualquiera, siguiendo el régimen común, sin excepción alguna. Se dedicaba a los presos, victimarios, pero omitía su deber respecto a las víctimas. Nada hacía por ellas. Debía recordar la lección perenne de Auschwitz.
Lamentablemente, algunas ediciones españolas del Código Penal, en las páginas de índice analítico, no citan la palabra víctima, aunque esta aparece más de veinte veces(65) en dicho código. Algunos Tratados de derecho penal y de derecho procesal carecen de referencia explícita a la victimología. Algunos analizan bien el campo de la “imputación a la víctima”(66); otros, lo comentan desde perspectivas excesivamente tradicionales.
Importantes personas e instituciones subrayan excesivamente las facetas polemógenas de la victimología. También muchos juristas como Luigi Ferrajoli(67) nos critican cuando proclamamos el principio in dubio pro víctimas en determinadas circunstancias, sin excluir el in dubio pro reo.
Permítanme que espume ahora un breve comentario final. Podríamos resumirlo en esta frase: nuestra Sociedad Española de Victimología rememora y actualiza la ética (el ethos) después de Auschwitz y avanza hacia la justicia restaurativa de los más débiles. Esta sociedad jamás cotizará en bolsa, pero siempre y cada día más cotizará —cotización!— en la compasión samaritana de miradas hacia millones de víctimas, y en vuestra propia íntima felicidad. Nada y nadie nos la mermará. Enhorabuena y gracias, de todo corazón. Estamos satisfechos y gozosos. Nuestro empeño y compromiso a favor de las víctimas dará sentido altruista a nuestro vivir y morir.
3.2. “Busquemos al hermano”, especialmente en España y Latinoamérica.
“El hombre no es inmutable,
sino que siempre puede cambiar”
Frankl, Viktor E. El hombre doliente, p. 75.
La Sociedad Española de Victimología cultiva el “principio esperanza” (E. Bloch) y la evolución (Teilhard de Chardin, S.J.). Se compromete a colmar los deseos más optimistas en los cambios jurídicos y en la reforma penal, aunque sabe que todavía “la reforma penal no ha alcanzado la extensión necesaria desde la perspectiva del sistema penal en su conjunto, dadas las carencias existentes en aspectos tan esenciales como el derecho procesal penal y el derecho penal de menores”(68).
Nuestros programas brotan desde la victimación, desde el humanismo y el humus de nuestra tierra e historia española y latinoamericana.
Deben dirigirse y enriquecer especialmente a España y Latinoamérica, con mensajes cosmopolitas, como el de Braulio Ortiz Poole, en los últimos versos de su poesía “Los lagos”, premiada por la Fundación Alberto Jiménez-Becerril, de Sevilla:
“... Abandonemos la casa de Caín y escondamos los fósforos que prenden este odio.
No podemos vararnos donde haya una riada...
Vayamos donde tanta historia convulsa halle su reposo.
Donde lo humano y lo divino se entremezclen.
Donde la justicia y el afecto arreglen cada arista del mundo...
Busquemos al hermano”.
Sí, busquemos al hermano, con la justicia restaurativa y recreativa, con nuestra ciencia victimológica de máximos, después de Auschwitz... que al rememorar aquellas muertes las transforma en vida regeneradora, y aquellos odios en compasión gozosa(69) ..., que (con pupila victimológico-mística) en la cruz y la agonía de la noche oscura ve lux in tenebris, ve y alcanza realmente la gozosa y extática unión con el Amado(70)”:
4. Bibliografía citada.
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(*) Se reproduce, con algunas modificaciones de estilo, el texto de mi conferencia pronunciada el 23 de octubre 2004 en Lérida, en el acto solemne de clausura del I Congreso español de victimología. Cfr. Tamarit Sumalla, Josep Mª (coord.) Estudios de Victimología. Actas del I Congreso español de victimología. Tirant lo Blanch, Valencia: 2005, pp. 261-286.
(1) Como bien indica John Dussich, secretario general de la Sociedad Mundial de Victimología, en el Tercer curso centroamericano de victimología y asistencia a víctimas, en San Salvador (El Salvador), del 7 al 18 de junio 2004: “nuestra ciencia tiene como objeto también a cualquier persona que padece sufrimiento”, aunque sea por causas naturales.
Sin embargo, debe tenerse en cuenta las diversas, muy diversas, clases de víctimas. Las víctimas de un accidente de tráfico durante el fin de semana no pueden identificarse ni confundirse con las macrovíctimas del terrorismo en el País Vasco (después volveremos sobre este problema).
(2) Jiménez de Asúa, Luis. “La llamada victimología”. En: Estudios de Derecho Penal y Criminología. Omeba, Buenos Aires: 1961, pp. 19 y ss.
(3) Delmas-Marty, Mireille. “Le Droit pénal comme éthique de la mondialisation”. En: Annales Internationales de Criminologie, vol. 41, 1/2, pp. 31-44. Ponencia expuesta en el Congreso internacional de criminología, celebrado en Río de Janeiro, agosto de 2003.
(4) Beristain, Antonio. “Le mal causé par le délit, est-il réversible et/ou irréversible? Rapports entre le Droit, le Théologie et l’”. En: Vanacker, John (ed.) Herstel en detentie. Hommage aan Prof. Dr. Tony Peters. Politeia NV, Bruselas: 2002, pp. 29-39.
(5) Zaffaroni, Raúl; Alagia, Alejandro y Slokar, Alejandro. Derecho Penal. Parte General. Ediar, Buenos Aires: 2002, 2ª ed., pp. 218 y ss.
(6) Elías Díaz “¿El mal (se) vende mejor que el bien? ¿por qué?” (entrevista). En: Tiempo de Hoy, octubre 11, 2004, pp. 90 y ss.
(7) Naciones Unidas. “Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder”. Resolución 40/34, de 29 de noviembre de 1985.
(8) Zaffaroni, Raúl; Alagia, Alejandro y Slokar, Alejandro, ob., cit., pp. 498 y ss.
(9) Eser, Albin. Sobre la exaltación del bien jurídico a costa de la víctima. Universidad Externado de Colombia, Bogotá: 1998, p. 42.
(10) Resolución de la Comisión de derechos humanos del consejo económico y social de las Naciones Unidas, sobre “Los derechos civiles y políticos, en particular las cuestiones relacionadas con: la independencia del poder judicial, la administración de justicia, la impunidad (El derecho de restitución, indemnización y rehabilitación de las víctimas de violaciones graves de los derechos humanos y las libertades fundamentales)”, en el apartado 25.g.
Bassiouni, Cherif. “Reconnaissance Internationale des Droits des Victimes”. En: SOS Attentats. Terrorisme, victimes et responsabilité pénale internationale. Calmann-Lévy, París: 2003, pp. 134-185 (162 s.).
(11) Mate, Reyes. “Lo otro de la religión”. En: El País, diciembre 8, 2004, p. 11.
(12) Alonso-Schokel, Luis (S.J.) ¿Dónde está, tu hermano? Textos de fraternidad en el libro del Génesis. Institución San Jerónimo, Valencia: 1985.
(13) Beristain, Antonio. “La victimología ante las persecuciones a Ignacio de Loyola y los jesuitas”. En: Caro Baroja, Julio y Beristain, Antonio. Ignacio de Loyola, Magíster Artium en París 1528-1535. Kutxa, San Sebastián: 1991, pp. 95-134 (99).
(14) Cfr. Beristain, Antonio. Victimología. Nueve palabras clave. Tirant lo Blanch, Valencia: 2000, p. 278.
(15) Picca, Georges. “Tendances actuelles de la criminalité á l’heure de la mondialisation”. En: Annales Internationales de Criminologie, vol. 42, 1/2, 2004, pp. 21-27.
(16) Cfr. La documentada tesis doctoral de Ignacio José Subijana: El principio de protección de las víctimas en el orden jurídico-penal. Del olvido al reconocimiento. Comares, Granada: 2006.
(17) Ferrajoli, Luigi. Derecho y razón (Teoría del garantismo penal). Trotta, Madrid: 2000, 4ª ed., p. 106. “En la teoría garantista se diferencia entre el derecho penal mínimo y el derecho penal máximo. En el derecho penal mínimo la certeza se centra en que ningún inocente sea sancionado a costa de la incertidumbre de que algún culpable pueda resultar inocente. En el derecho penal máximo la certeza está en que ningún culpable resulte impune a costa de la incertidumbre de que algún inocente pueda ser sancionado”.
(18) Beristain, Antonio. “De la victimología de mínimos a la de máximos”. En: ABC, mayo 29, 2004, p. 22.
(19) Weitekamp, Elmar. “Research on Victim-Offender mediation. Findings and needs for the future”. En: The European Forum for Victim-Offender Mediation and Restorative Justice (ed.) Victim-Offender. Mediation in Europe. Leuven University Press, 2000, pp. 104 y ss.; Beristain, Antonio. “La Victimología creadora de nuevos derechos humanos”. En: Beristain, A. y De la Cuesta, J.L. (comps.) Victimología. Universidad del País Vasco, San Sebastián: 1990, p. 208.
(20) Garzón Valdés, Ernesto. Derecho, ética y política. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid: 1993, pp. 537 y ss.
(21) “Los máximos no pueden exigirse, pero son el suelo nutricio de los mínimos, a ellos puede invitarse y deben hacer tal invitación quienes realmente crean que son una respuesta al afán de felicidad” (Cortina, Adela. Ética mínima: Introducción a la filosofía práctica. Tecnos, Madrid: 2004, 9ª ed., pp. 19 y ss.).
(22) Cuna de insignes victimólogos: Castón Boyer, Pedro (S.J.) Epilogo “A las víctimas y a los defensores de las víctimas del terrorismo”. En: Beristain, A. Protagonismo de las víctimas de hoy y mañana (Evolución en el campo jurídico penal, prisional y ético). Tirant lo Blanch, Valencia: 2004, pp. 331-336; Segura, Manuel (S.J.) “Posible carta de los obispos vascos”. En: El Día, Tenerife, junio 8, 2002; Estrada, Juan Antonio. Imágenes de Dios. La Filosofía ante el lenguaje religioso. Trotta, Madrid: 2003, pp. 227 y ss. Sin olvidar las acertadas observaciones de José M. Castillo, S.J.: “La misión de la Congregación General 32 nos presentó la misión de la compañía orientada a ‘promover la justicia’. Pero sabemos que, en nuestra espiritualidad tradicional, basada en la espiritualidad de los ejercicios, no se hace mención alguna de la ‘promoción de la justicia’. Es verdad que un hombre que ordena sus ‘afecciones desordenadas’, hasta llegar a vivir el tercer grado de humildad, está perfectamente capacitado para llegar a la generosidad más heroica en la ‘promoción de la justicia’. Pero tan cierto como eso es que la experiencia nos está enseñando que se puede vivir con toda generosidad el ‘tercer grado de humildad’ y la ‘contemplación para alcanzar amor’ sin ver en todo eso la ineludible necesidad de defender la justicia en el mundo, de manera que, si eso se hace en serio, se entra en el inevitable conflicto con el sistema establecido. La historia de la compañía, en los últimos cuarenta años, es elocuente en este sentido. De hecho, los jesuitas que, por defender causas justas, han ocasionado serios problemas a la compañía ante los poderes políticos y económicos o han dañado su imagen pública, con frecuencia se han encontrado solos, han sido vistos como hombres sospechosos o han vivido graves dificultades ante sus superiores. Nada de eso ha ocurrido por casualidad” (“La fe que hace justicia”, Comunicación al debate: Una fe que hace justicia. En: Promotio Iustitiae, Revista S.J. del Apostolado Social. Roma: 2004, Nº 82, pp. 17 y ss.).
(23) Con razón Albin Eser escribe: “una adecuada participación de la víctima en el proceso no debe entenderse como una mera concesión, sino como un derecho originario”. Cfr. Eser, Albin. Sobre la exaltación del bien jurídico a costa de la víctima, traducción de Manuel Cancio Meliá. Universidad Externado de Colombia, Bogotá: 1998, p. 42.
(24) Zaffaroni, Raúl. “Prólogo”. En: Beristain, Antonio y Neuman, Elías. Criminología y dignidad humana. Diálogos. Depalma, Buenos Aires: 2003, 3ª ed., p. XII.
(25) Cfr. nota 7, antes citada.
(26) Sobrino, Jon. Cartas a Ellacuría 1989-2004. Trotta, Madrid: 2004, pássim (cfr. las matizaciones de Nikolaus Klein, “Briefe an Ignacio Ellacuría”. En: Orientierung, Nº 21, noviembre 15, 2004, p. 225); ídem, La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas. Trotta, Madrid: 1999; Castillo, José M., ob. cit., pp. 17 y ss.
(27) Epístola de San Pablo a los colosenses, capítulo 1, versículo 24.
(28) Beristain, Antonio. “Lo peor de ETA contagia incluso a muchos no violentos?”. En: La Razón, diciembre 15, 2004, p. 28.
(29) Savater, Fernando. Ética para Amador. Ariel, Madrid: 1993, 16ª ed.
(30) “Conmemoraciones y homenajes a las víctimas”. Cfr. nota 10, antes citada.
(31) Wiesel, Elie. La noche, el alba, el día. Muchnik, Barcelona: 1987.
(32) Merece criticarse el silencio, en este problema, de eminentes personalidades como Karl Rahner. Este en ninguna de sus miles de páginas, ni una sola vez, menciona los campos de concentración nazis, el holocausto de seis millones de judíos.
(33) Cfr. López Azpitarte, Eduardo (S.J.) “50 años de Teología moral”. En: Proyección. Teología y mundo actual. Año LI, Nº 213-214, abril-septiembre, 2004, pp. 133-152.
(34) Como escribe Marcelo F. Aebi: “La criminología crítica ignora por completo a las víctimas (...) el libro de Baratta caracteriza por la ausencia total de las víctimas”, “Crítica de la criminología crítica: una lectura escéptica de Baratta”. En: Pérez Álvarez, Fernando (ed.) In memoriam Alexandri Baratta, Ciencias de la seguridad de la Universidad de Salamanca, p. 47.
(35) Giménez-Salinas, Esther. “La conciliación víctima-delincuente: Hacia un derecho penal reparador”. En: AA.VV. La Mediación Penal. Generalitat de Catalunya, Departament de Justicia-Centre d’E studis Jurídics i formació Especialitzada, Instituto Vasco de Criminología, Barcelona: 1999, pp. 80 y ss.
(36) Guillet, Jacques. “Gethsémani”. En: Christus, Nº 111, t. 28 (monográfico “Souffrance vaincue”), junio, 1981, pp. 307 y ss.
(37) Frankl, Viktor E. El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia. Herder, Barcelona: 1987. Capítulo “Argumentos en favor de un optimismo trágico” (pp. 63-79 [75]), y pp. 149 y ss.
(38) Larrañaga, Ignacio. Del sufrimiento a la paz. Hacia una liberación interior. Ed. Paulinas, Madrid: 2003, 15ª ed., pp. 202 y ss.
(39) Busto, José Ramón. “El sufrimiento ¿roca del ateísmo o ámbito de la revelación divina?”. En: Lección inaugural del curso académico 1998-1999. Universidad Pontificia Comillas, Madrid: 1998.
(40) Larrañaga, Ignacio, ob. cit., pp. 229 y ss.
(41) Profeta Isaías, capítulo 52, versículo 13, y toda la “primera lectura” litúrgica del Viernes Santo.
(42) Christie, Nils. Los límites del dolor, traducción de Mª Luz Caso. Fondo de Cultura Económico, México: 1984.
(43) Courthion, Pierre. Les grands peintres: Georges Rouault. La Bibliothèque des grands peintres. Ed. Cercle d’Art, Paris: 1980, p. 90.
(44) Giménez-Salinas, Esther. “La mediación: Una visión desde el derecho comparado”. En: AA.VV. La Mediación Penal. Generalitat de Catalunya, Departament de Justicia-Centre d’Estudis Jurídics i formació Especialitzada, Instituto Vasco de Criminología, Barcelona: 1999, pp. 94 y ss.
(45) Christie, Nils. “Conflicts as Property”. En: British Journal of Criminology, Nº 17, 1978, pp. 1-15.
(46) Weitekamp, Elmar, ob. cit., pp. 104 y ss.
(47) Cario, Robert. “Terrorisme et Droits des Victimes”. En: SOS Attentats, ob. cit., pp. 342-361 (352 y ss.).
(48) Peters, Tony y Neys, Achille. “La pena considerada desde una perspectiva de reparación”. En: Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, Nº 8, San Sebastián: 1994, pp. 165-195.
(49) Weitekamp, Elmar, ob. cit., p. 113.
(50) Beristain, Antonio. “La construcción criminológica de la realidad jurídico-penal”. En: Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología, Nº 8, San Sebastián: 1994, pp. 105-114 (Antropología recreadora desde la victimación; Delincuentes y víctimas recreadores; El proceso como encuentro comprensivo recreador; La sanción: no reacción, sí recreación); ídem, Nueva Criminología desde el Derecho penal y la Victimología. Tirant lo Blanch, Valencia: 1994, pp. 337-354.
(51) Weitekamp, Elmar, ob. cit., p. 102.
(52) Beristain, Antonio. “La Victimología creadora de nuevos derechos humanos”. En: Beristain, A. y De la Cuesta, J.L. (comps.) Victimología. Universidad del País Vasco, San Sebastián, 1990, pp. 205 y ss.
(53) Cortina, Adela. Ética mínima: Introducción a la Filosofía práctica. Tecnos, Madrid: 2004, 9ª ed.
(54) Sánchez Ferlosio, Rafael. “La señal de Caín”. En: Claves de razón práctica, Nº 64, julio-agosto, 1996, pp. 14 y ss.
(55) Camps, Victoria. “Sobre el derecho y la moral. Apostilla a Rafael Sánchez Ferlosio”. En: Claves de razón práctica, Nº 66, octubre, 1996, pp. 76 y ss.
(56) Castilla del Pino, Carlos. “La culpa”. En: Revista de Occidente, Madrid: 1968.
(57) Ortiz-Osés, Andrés y Lanceros, Patxi (dirs.) Diccionario de Hermenéutica. Una obra interdisciplinar para las ciencias humanas. Universidad de Deusto, Bilbao: 2001, 3ª ed., pp. 146 y ss.
(58) Rubio, Miguel. La fuerza regeneradora del perdón. PS, Madrid: 1987.
(59) Frankl, Viktor E., ob. cit., p. 75.
(60) Weitekamp, Elmar, ob. cit., pp. 100 y ss.
(61) Tamarit, Josep M.; Villacampa, Carolina y Torres, Nuria. “Under-Age Victims and Criminal Processes in Spain”, www.aqpv.ca/diffusion/textes.
(62) Beristain, Antonio. Protagonismo de las víctimas de hoy y mañana (Evolución en el campo jurídico penal, prisional y ético). Tirant lo Blanch, Valencia: 2004, pp. 33-39.
(63) Sampedro, Julio Andrés. La Humanización del Proceso Penal. Una propuesta desde la Victimología. Legis, Bogotá: 2003, pp. 216 y ss.
(64) Landenne, Philippe. Résister en prison. Patiences, Passions, Passages,... Lumen vitae, Bruselas: 1999, pp. 212-232.
(65) En el Código Penal de 1995, el término víctima aparece en los artículos siguientes: 21.52; 22.41 y 52; 48; 57; 114; 143.4; 148.32; 165; 177; 180.31 y 42; 181.3; 182.12 y 22; 184; 191.1; 195.3; 197.5; 235.4; 242.2; 250.1.6 y 72.
(66) Cancio Meliá, Manuel. Conducta de la víctima e imputación objetiva en Derecho Penal. Estudio sobre los ámbitos de responsabilidad de víctima y autor en actividades arriesgadas. Bosch, Barcelona: 1998.
(67) Ferrajoli, Luigi. “Prefacio”. En: Messuti, Ana y Sampedro, Julio (comps.) La Administración de Justicia en los albores del tercer milenio. Editorial Universidad, Buenos Aires: 2001, p. 14.
(68) Tamarit, Josep M. La víctima en el derecho penal. Aranzadi, Pamplona: 1998, p. 228.
(69) ... para Jesús lo primero fue devolver la felicidad, la dignidad y la alegría a los que sufren. Castillo, José Mª. Víctimas del pecado. Trotta, Madrid: 2004; Johnston, William (S.J.) Mística para una nueva era. De la teología dogmática a la conversión del corazón. Desclée de Brouwer, Bilbao: 2003, pp. 279 y ss.
(70) De la Cruz, San Juan. “La noche oscura”, canción 5ª. Cfr. Obras escogidas, edición y prólogo de I. B. Anzoátegui. Espasa-Calpe, Madrid: 1984, 8ª ed., p. 30.
N. del E.: Reproducimos con el debido permiso el texto de dicha conferencia que también se encuentra en el libro de Antonio Beristain Ipiña titulado: Víctimas del terrorismo. Nueva justicia, sanción y ética, de la editorial Tirant lo Blanch, publicado en el 2007, pp. 217-240.

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 artículo 4
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