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Timestamp: 2017-12-17 13:37:37+00:00

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Prensa rosa: el conflicto entre la libertad de expresión y la vida privada de las figuras públicas | Estilo y Narración II
Prensa rosa: el conflicto entre la libertad de expresión y la vida privada de las figuras públicas
Por Ivette M. Soto Vélez *
Resumen: Desde el inicio de lo que se conoce como prensa rosa se ha visto un debate entre la libertad de expresión y la vida privada de las figuras públicas o celebridades. A la prensa rosa se le conoce también como chisme. En este debate la ética podría ser la solución para evitar estos conflictos, que en la mayoría de los casos se ven en los Tribunales donde un juez decide cuál derecho prevalece. Palabras claves: Chisme en los medios de comunicación, libertad de expresión, derecho a la vida privada y ética.
Todos los latinos hemos escuchado en algún momento: “A mí no me gusta el chisme pero me entretiene”, pero las abundantes publicaciones y programas televisivos sobre las figuras públicas o celebridades demuestran lo contrario y no sólo eso, sino que se ven como periodistas, y consideran esa información suavizada con el color o matiz rosa como una “información periodística especializada”. (Mercado, 1999). Les invito a conocer el origen de lo que llamamos chisme, analizar si el chisme es parte del periodismo, para luego examinar el conflicto entre la libertad de expresión y vida privada y evaluar posibles sugerencias para este conflicto.
El inicio de la publicación de información sobre la vida privada de las figuras públicas se puede trazar desde el comienzo del periodismo. No podemos olvidar, que a través de la historia el chisme siempre ha sido objeto de interés en la sociedad. Por ejemplo, en Roma a finales del siglo I A.C. las hojas noticiosas publicadas en la plaza, tenían dos temas prevalecientes ante los demás; el crimen y el divorcio. En el siglo XVIII en Francia se publicaron una serie de panfletos llamados “libelles” donde se hablaba de aspectos de la vida privada de la realeza, los cuales estaban redactados como si fueran relatos periodísticos o novelas. Además Danton (2000) menciona que la gente en Francia acudía a un árbol en Crancovia, situado en el centro de la ciudad para intercambiar noticias, llamadas “ruidos públicos”. En los Estados Unidos para 1690 se encontraba el periódico “Publick Ocurrences” donde se incluía una sección de chismes.
A principios del siglo XX, en los Estados Unidos, William Randolph Hearst fue el precursor de lo que se conoce como el periodismo amarillo y el sensacionalismo. Para definir el sensacionalismo se usará la definición de Stephens: (1988) “el sensacionalismo parece ser una técnica o estilo inmerso en la naturaleza de las noticias. Las noticias pueden hacer más que sensacionalizar, pero lo noticioso, intenta excitar, ya sea un escándalo político o asesinato”. (Pág. 2). Aunque el periodismo este relacionado al sensacionalismo, las revistas tabloides y el chisme no necesariamente forman parte del mismo. Si se toma como punto de partida la definición de noticia, “una nueva información sobre un sujeto o algo de interés público que se comparte con una porción del público” (Stephens, 1988, pág.9) se puede entender que toda la información sobre las figuras públicas son sucesos de actualidad. En cambio, Martini (2000) entiende que “la noticia se origina en los acontecimientos que marcan una ruptura en la historia diaria y que son noticiable en un momento determinado”. Además para que una noticia tenga el valor periodístico requiere: novedad, originalidad, importancia, gravedad, proximidad geográfica del hecho, magnitud por la cantidad de personas o lugares implicados y evolución futura de acontecimientos. Si estos valores se aplican a lo que se publica sobre las figuras públicas o celebridades vemos el elemento de la novedad, originalidad y evolución futura de los acontecimientos, pero esta información no es de importancia para toda la sociedad, no origina el debate público o se considera como una información de interés público, ya que a veces no existe una proximidad geográfica y no hay magnitud por los valores afectados. Como vemos, la información sobre las celebridades y figuras públicas no debe ser clasificada como noticia.
Siguiendo con el recuento histórico, vemos que a partir de 1950 las revistas de chisme comienzan a tener auge con las estrellas de Hollywood, políticos y atletas que por estar en la palestra pública, se les limita su derecho a la intimidad. (Cottle, 1977). Además, Villanueva (2002) señala que también a partir de 1950 surgieron en Italia los primeros paparazzi, fotógrafos que vigilan a las celebridades y les toman fotos comprometedoras para venderlas a la industria del chisme. También, Cottle (1977) señala que es en las ciudades pequeñas y en las organizaciones, donde la gente necesita recibir información privada de otras personas; ya que el dar o recibir información valiosa le da estatus. Levin y Arlake (1987) entienden que el chisme tiene un componente moral que ocurre en las comunidades porque la actividad es visible. De ahí el argumento que el chisme puede ser un mecanismo de control social.
Ahora bien, ¿qué se entiende por chisme? veamos las definiciones y comentarios de Rosnow y Fine (1976), Shoeman (1992) y Lewin y Arlake (1987). Rosnow y Fine (1976) definen el chisme como charla comunicativa con o sin conocimiento básico de su verdad.
Además, Schoeman entiende que el chisme es informal porque no requiere prueba de la veracidad de la información. Incluye la vida privada e introduce una forma indirecta de presión social donde no se respeta la intimidad. El autor, ve el chisme como un secreto que sólo lo deben conocer los más íntimos de la persona. Por lo tanto, la gente debe distinguir lo público de lo privado. Dentro del ámbito social el chisme es privado porque se limita a una audiencia seleccionada.
Levin y Arlake comenzaron su libro reconociendo que el chisme tiene mala reputación en todo el mundo. Los autores entienden que el chisme es lo que se dice de la vida pública o privada de otra persona. Además ven al chisme como entretenimiento para las masas, donde el escape es parte importante del entretenimiento ya que conocen la vida glamorosa de las celebridades.
Los autores comparan a los columnistas de chisme con los antropólogos, ya que estudian el comportamiento de las celebridades. Por esos reportajes, el público conoce los detalles de la vida privada de las celebridades, lo cual causa la identificación del público con la vida de las celebridades. Para la gente solitaria, las celebridades se convierten en amigos a quienes hasta les envían correspondencia. En ocasiones ocurre lo contrario, cuando se informa sobre los malos hábitos de la celebridad se desmitifica la imagen que tiene el público de esa celebridad. Como vemos, el chisme puede dañar la reputación de una persona.
Ya que se ha definido el chisme, presentaré sus características. Para Velázquez (2002) el chisme proviene de una fuente desconocida, donde nadie sabe de dónde surgió, pero muchos conocen la información. Su intención es criticar, condenar, desprestigiar o ridiculizar. Se propaga rápidamente, ya que se le añade o se le quita información y aborda temas de actualidad que atraen la curiosidad. Además, el chisme contiene algo de veracidad, lo que le añade credibilidad.
Se debe distinguir entre chisme y rumor. Allport y Postman (1977) comentan que gran parte de la conversación de sociedad es intercambio de rumores. Los autores entienden que el rumor es una información no comprobada, que se pasa de persona a persona, por lo general oralmente sin medios probatorios seguros para demostrarla. Además, añaden que las condiciones para que corra un rumor son la importancia y la ambigüedad de la información; ya que el rumor tiene tres fases: nacimiento, aventura y muerte. Ambos autores afirma que cada rumor tiene su público y que los rumores conllevan problemas sociales y psicológicos.
En la misma línea, Contreras (2001) entiende que el rumor es la forma de comunicación más antigua y nace por la falta de noticias y la mala interpretación del mensaje. Generalmente, los que crean este tipo de información no tienen acceso a las instituciones de poder; lo hacen utilizando la retórica de la seducción y presentan temas de actualidad.
Además, Contreras relaciona el chisme con el rumor, ya que son informaciones con ciclo de vida similar: nacen, se desarrollan, mueren o reencarnan en nuevos cuerpos. Un chisme puede incluir críticas o la creación de una historia y a la vez puede jugar con la realidad.
Ya sabemos que la industria del chisme puede dañar la reputación de las celebridades. En los Estados Unidos, durante la época dorada del cine hollywodense, dos columnistas se encargaron en sus columnas de mover la opinión pública hacia ciertos temas y dañar la reputación de muchos. Estas columnistas eran Luoella Parson y Hedda Hooper.
Actualmente Estados Unidos continúa con la industria del chisme, en los periódicos, revistas y televisión. En el medio televisivo se transmite un programa de corte informativo titulado, “Celebrity Justice”. El programa le informa al público sobre los casos legales en que se ven involucradas las celebridades. Entre estos casos se encuentra la propiedad privada de las celebridades, falsa publicidad, apropiación de imagen, etc. Además cuenta con los programas “Cotorreando” y el “Gordo y la Flaca” y en Puerto Rico, “Super Exclusivo” con el personaje de la Comay.
En España, el fenómeno de la industria del chisme también se da, pero a ésta se le llama prensa rosa o de corazón, además cuenta con innumerables revistas y programas de televisión que tratan estos temas. Según Pérez (2000) esta industria se caracteriza por famosos sin explicación, escándalos, morbo, desinformación, falta de respeto, rumores, mentiras, especulación, sensacionalismo y presentar la intimidad de los famosos. La autora se cuestiona, ¿qué vino primero: el interés del público en conocer la vida de los famosos o el interés de las empresas mediáticas en ofrecer productos mediáticos que sean de poca calidad y genere numerosos ingresos? Todavía la autora no conoce la respuesta a esta pregunta.
Como vemos el chisme se puede considerar como información no corroborada sobre la vida privada de una persona y puede iniciarse como un rumor. Se debe aclarar que chisme y rumor no son lo mismo; el chisme surge por personas que propagan esa información, mientras que el rumor surge por la falta de información. Además el chisme no debe ser considerado como parte del periodismo porque el periodismo informa sobre hechos veraces y no sobre información no corroborada. Ya que conocemos el origen del chisme y las definiciones podemos empezar el debate entre la libertad de prensa y el derecho a la vida privada.
El debate entre la libertad de prensa y expresión vs. el derecho a la vida privada se ve a diario en los medios de comunicación, generalmente en los programas que informan sobre las figuras públicas. Antes de iniciar este debate definiré los derechos que están en juego en el debate.
Ante las leyes de Estados Unidos y Puerto Rico, todos los seres humanos son considerados iguales; por lo tanto, las figuras públicas gozan del derecho a la vida privada, pero las leyes no han sido claras en establecer una frontera que defina los límites. Sólo a través de precedentes legales y opiniones de estudiosos del tema se puede llegar a establecer unos límites sobre la publicación de información de la vida privada de las figuras públicas y celebridades.
A continuación, se mencionarán los estatutos legales que protegen ambos derechos en Puerto Rico y los Estados Unidos1. Puerto Rico reconoce ambos derechos en nuestra Constitución en la sección II. El derecho a la libertad de expresión se reconoce en el artículo 4: “No se aprobara ley alguna que restrinja la libertad de palabra o de prensa o el derecho del pueblo a reunirse en asamblea pacifica y a pedir al gobierno la reparación de agravios”.
En cambio, el derecho a la vida privada, se reconoce en los siguientes artículos:
* Artículo 1: “La dignidad del ser humano es inviolable”
* Artículo 8: “Toda persona tiene derecho a protección de ley contra ataques abusivos a su honra, a su reputación y a su vida privada o familiar”.
Por otro lado, la Constitución de los Estados Unidos sólo reconoce la libertad de expresión en la Primera Enmienda de su Constitución: “El Congreso no aprobará ninguna ley con respecto al establecimiento de religión alguna, o que prohíba el libre ejercicio de la misma o que coarte la libertad de palabra o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar del Gobierno la reparación de agravios”. Dentro de la Constitución estadounidense no hay una protección clara ante el derecho a la vida privada. Los tribunales han interpretado la tercera y cuarta Enmienda como una protección a la vida privada. Éstas son:
* Tercera Enmienda: “En tiempos de paz, ningún soldado será alojado en casa alguna sin el consentimiento del propietario, ni tampoco lo será en tiempos de Guerra sino de la manera prescrita por ley”.
* Cuarta Enmienda “No se violará el derecho del pueblo a la seguridad de sus personas, hogares, documentos y pertenencias, contra registros y allanamientos irrazonables, y no se expedirá ningún mandamiento, sino a virtud de causa probable, apoyado por juramento o promesa y que describa en detalle el lugar que ha de ser allanado, y las personas o cosas que han de ser detenidas o incautadas”.
Actualmente, la vida privada está protegida por la Jurisprudencia a nivel federal y estatal y mediante medidas redactadas en el Congreso. En el campo jurídico, el conflicto entre la libertad de expresión y la protección a la vida privada se ve a la luz de la difamación (compuesta por dos vertientes: la calumnia y el libelo2 y la protección al derecho de la intimidad, contenido en el artículo II, secciones 1 y 8 de la Constitución de Puerto Rico.
Varios teóricos concuerdan que definir la vida privada depende de los valores sociales. Solamente un artículo publicado en la Revista Jurídica de la Universidad de California, escrito por Prosser (1960) define acciones que constituyen una violación a la vida privada. Estos son: la intromisión irrazonable a una residencia (mirar el interior con algún instrumento), registrar carteras u obtener data financiera; apropiación de la imagen de una persona para fines económicos; la publicación de información personal como informes financieros, carteras u obtener data financiera; apropiación de la imagen de una persona para fines económicos; la publicación de información personal como informes financieros, correspondencia, tratamiento médico o fotografías dentro de una residencia privada y la publicación de información que crea una falsa imagen de la persona.
Las decisiones de otras jurisdicciones no se aplican en el sistema jurídico de Puerto Rico, pero se utilizaron las mismas para conocer como la jurisprudencia de otros países crean un balance entre ambos derechos. El Tribunal Español valora el contenido de la expresión, protegido en el artículo 20 de la Constitución, y junto a la reputación y el honor de los afectados, defendido en el artículo 18, crean un balance entre ambos derechos, dándole mayor importancia a la intimidad de los menores de edad. Los organismos internacionales; el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Corte Latinoamericana de Derechos Humanos protegen ambos derechos mediante Declaraciones firmadas por varios países. Ambos sistemas realizan un balance entre los derechos confrontados. Como hemos visto cada jurisdicción establece el balance entre los derechos a la libertad de expresión y el derecho a la vida privada, según los estatutos legales de cada país.
Al no contar con definiciones o clasificaciones que establezcan una violación a la vida privada, la publicación de información sobre las celebridades la deciden los productores de los programas pertenecientes a la industria del chisme.
A mi entender el primer paso para acercarnos a este debate es conocer, ¿por qué ocurre la invasión a la vida privada de las figuras públicas?
Una de las razones que ocasiona la invasión a la vida privada es el hecho de que la información se vende. Ante esta situación, Moreno Basurto señala:
Al transformar la información en una mercancía, se constituye un nuevo sector productivo, el de realidades, cuyo papel central se vierte en las tecnologías que conectan a los consumidores, productores y vendedores. La cadena se transforma y el pago por el bien o servicio se realiza de manera indirecta, cuando las audiencias compran aquellos productos que anuncian las empresas mediáticas. (Moreno Basurto, 2002, Pág. 1)
Además, Chica Montafar (1998) añade que la información no es un bien social, sino una mercancía que aumenta el número de lectores, “ratings” y el ingreso obtenido por la publicidad.
Al considerar la información como una mercancía, Alvin (2003) entiende que dentro del capitalismo la presión económica con la que luchan los medios de comunicación proviene de los auspiciadores, la competencia y el público.
Por lo tanto, Rodríguez (2001) aconseja que la información se debe estudiar desde la perspectiva del montaje que la convierte en mercancía y la realidad cultural. Dichas perspectivas deben considerar a los dueños de los medios, ya que ellos eligen lo que se difunde según la oferta y demanda de la información.
Como vemos, la información pasa a ser un bien o servicio para las audiencias, donde los dueños de los medios de comunicación deciden lo que van a publicar.
Ante esta situación, Whitehouse (2001) menciona “En Estados Unidos, la libertad de prensa pertenece al propietario del periódico o la estación de televisión, radio, la revista o el boletín”. (pág.3) Anguita concuerda con la opinión de Whitehouse al decir, “el titular de la libertad de información y de expresión es del dueño de los medios de comunicación, la persona que es capaz de reunir grandes cantidades de recursos económicos y humanos, es el sujeto de la protección, la libertad de expresión es la libertad de los poderosos”. (pág. 1) Si la libertad de prensa pertenece a los dueños de los medios, bajo el pensamiento capitalista se puede decir que la publicación de cualquier información obedece a unos intereses económicos, donde lo que se busca es vender y comprar la información.
Los autores mencionados, concuerdan que la información se vende. Esto ocurre, ya que de acuerdo a varios teóricos nos encontramos en la etapa de la sociedad de información o conocimiento. Según Jeong (1990) este tipo de sociedad se caracteriza por su “alto porcentaje de la fuerza trabajadora que se encarga de la producción, procesamiento y distribución del conocimiento” (bienes y servicios). (pág. 230) Además, hoy en día se habla del concepto flujo libre de ideas y a través de los medios de comunicación, este concepto llega a la realidad de todos.
Featherstone (1998) sugiere que en la sociedad de la información o conocimiento, se ve al ocio como parte de la cultura, lo que permite que un gran número de la población consume los productos culturales que fabrican los medios de comunicación. El autor señala que hasta cierto punto hay una equidad entre los miembros de la sociedad, ya que el mensaje seduce al consumo. En la misma línea, Luhnman (2000) entiende que la función del entretenimiento es eliminar el tiempo libre. Para el autor, el entretenimiento exige novedad y a la vez refuerza el conocimiento previo. La información proporcionada por el entretenimiento busca generar el interés del consumidor.
Ya sabemos que la información se vende, pero debemos añadir que las empresas mediáticas compiten por la publicación de la información. Ante esta situación, Silva Rodríguez (1999) entiende que “la inmediatez informativa y la exigencia de la difusión lo más pronto posible de las noticias origina una insuficiente contrastación de las fuentes que se traduce en la publicación de información falsa o errónea”. (pág. 2) Como ya hemos explicado, la publicación de información falsa o errónea es considerada como un requisito para las demandas por difamación.
Otra de las razones que colabora en la violación a la vida privada son los adelantos tecnológicos. [Fried (1968), Packard (1965)]. Aunque estos autores, entiendan que la tecnología invade la vida privada, no se puede creer ciegamente en dicha premisa, ya que el uso de los mismos está determinado por el ser humano. En cambio, Huxton (1987) le adjudica el deseo de la gente a conocer sobre la vida privada de otros, a la revolución industrial y a la prensa sensacionalista. Por otro lado, Arfuch (2000) entiende que la desconfianza popular en la política y en el ámbito público, la no igualdad en los humanos y la tecnología “ha trastocado definitivamente el sentido clásico de lo público y lo privado en la modernidad, al punto de tomarse tal distinción a menudo indecible” (p. 14). Ante este planteamiento Stanley (1971) entiende que lo que es oficial o privado depende del marco de referencia; mientras que Turkinton y Allen entienden que lo público puede verse por un grupo de personas.
Generalmente los medios de comunicación publican información que viola la vida privada de las figuras públicas. Para poder definir lo que son las figuras públicas debemos recurrir a la Jurisprudencia de Estados Unidos y de Puerto Rico.
La Jurisprudencia de los Estados Unidos definió quién es una figura pública en el caso Gertz vs. Welch, y en Puerto Rico se ratificó en el caso Torres Silva vs. El Mundo. Para fines de una corte, una figura pública es aquella que “tiene especial prominencia en los asuntos de la sociedad, capacidad para ejercer influencia y persuasión en la discusión de asuntos de interés público y participación activa en la discusión de controversias públicas específicas con el propósito de inclinar la balanza en la resolución de las cuestiones envueltas”.
Además de los criterios que establece la corte para definir figura pública, Mayor (1987) menciona unos criterios para poder determinar si una persona es figura pública. Estos criterios son: si la persona tiene acceso a los medios de comunicación, si la persona ha asumido un rol voluntario en una controversia pública que lo hace ser reconocido por el público general, si la controversia existía antes de que la persona ocupara un rol importante y si la persona es figura pública por una conducta pasada. Una demanda de libelo no puede por sí sola crear una figura pública, la figura pública debe ser una antes del evento.
Luego de haber establecido quiénes son las figuras públicas debemos conocer por qué se les da mayor cobertura a estas. Levin y Arlake (1987) entienden que se da mayor cobertura a las figuras públicas porque a las audiencias le interesa obtener información de las figuras públicas y celebridades porque conocen el “glamour”, su estilo de vida, datos que les hacen olvidar sus vidas. Mediante el chisme se les permite conocer datos privados de las celebridades, ver héroes o modelos que desean imitar, conocer sus preocupaciones y malos hábitos. Por otro lado, Arfuch comenta que la población necesita identificarse y recurre a deportistas, artistas de cine, teatro o televisión, ya que “el héroe posmoderno es de medios escasos” (pág. 14) y lo que los diferencia de una figura privada es el reconocimiento de una persona debido a su actividad pública.
Ahora bien, la pregunta que se debe hacer a continuación es si la vida privada de una figura pública puede ser considerada como parte de su vida pública. Al principio de este trabajo se mencionó que ante las Leyes de Estados Unidos y Puerto Rico, todos los seres humanos son considerados iguales, por lo tanto las figuras públicas gozan del derecho a la vida privada. La ley no ha sido clara en establecer una frontera que defina los límites, sólo a través de precedentes legales y opiniones de estudiosos del tema se puede llegar a establecer unos límites sobre la publicación de información de la vida privada de las figuras públicas y celebridades. Además, la ética de cada periodista o comunicador juega un papel importante ya que son los que deciden cómo van a redactar la información.
Por ejemplo, Romero (1987) aconseja que las noticias de carácter privado, pero con interés social sean las que se deben publicar, siempre y cuando no dañen la vida íntima de esa persona. Generalmente ocurre con las celebridades y en estos casos se debería crear un equilibrio entre el derecho a informar y el derecho a la vida privada. Además entiende que, cuando se viola la intimidad, el derecho a la información deja de existir; la publicación no autorizada de hechos privados de una persona no tiene justificación. En cambio, Prosser (1960) entiende que las figuras públicas pierden hasta cierto sentido su derecho a la privacidad debido a la publicidad y al hecho de que sus asuntos se han hecho públicos a la prensa.
En la misma línea, Ayón (2001) entiende que la vida privada de las figuras públicas es de interés para el público, ya que encuentran modelos en las figuras públicas. Aún así, la autora reconoce que solo se deben publicar hechos con impacto para la sociedad.
A nivel mundial, el debate entre el derecho a la expresión y el derecho a la intimidad cobró importancia, luego de la muerte de la Princesa Diana pero dicho debate no tuvo repercusiones legales que establecieran donde comienza la vida privada de un ser humano. Esta definición legal varía de país en país; por ejemplo en España la vida privada se desarrolla dentro de una residencia, mientras que en Francia el patio de toda residencia es considerado como un lugar donde se puede desarrollar la vida privada.
Nuevamente se debe recalcar que a nivel jurídico y Constitucional, los derechos de expresión y vida privada están protegidos en teoría. Molina y Pérez (2000) estudiaron este debate teórico y práctico en los países de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España y Alemania. Por ejemplo, en los Estados Unidos tiene más peso la libertad de expresión e información, si la información es sobre las figuras públicas o las celebridades, pero la excepción son los casos de difamación o invasión a la residencia. En Inglaterra, además de la protección escrita en la Constitución, existe una Comisión de Quejas contra la Prensa, pero le da más peso al interés público. Alemania en su Código Civil castiga los actos en contra de los derechos a la vida privada, pero cuando los actos son evaluados en un Tribunal, generalmente le dan más importancia a la libertad de expresión y si el hecho es verídico. En Italia se reconoce el derecho a la vida privada de forma general; se reconocen los derechos inviolables del hombre, pero se publican aspectos de la vida privada de una figura pública, si esa información es verídica. En España la vida privada se reconoce en la Constitución y en la Ley Orgánica 1/82, pero según los hechos, usos sociales y la reacción de la persona los jueces deciden donde comienza la vida privada. Los jueces establecen un balance considerando si la información es verdadera y si realmente es de interés público.
En Latinoamérica, Caraño y Villanueva (1998) realizaron un estudio similar al de Molina y Pérez. Su estudio incluye los países de Argentina, Colombia, Salvador, México, Honduras, Paraguay y Perú. Al igual que en los países de Europa mencionados anteriormente, los países latinoamericanos han protegido de forma Constitucional y jurídica el derecho a la vida privada, pero la jurisprudencia generalmente le da mayor valor al derecho a la información. Recientemente, en Latinoamérica se ha visto una corriente de programas “reality shows” y los académicos y juristas los critican porque de cierta forma invaden la privacidad de los participantes del programa. Además muchos países de Latinoamérica han comenzado a proteger legalmente otros aspectos de la privacidad como el monitoreo y grabación de las llamadas telefónicas y el acceso a la información privada.
En los Estados Unidos, Amponsah (2001) realizó un estudio para analizar la expresión y la difamación política sobre las figuras publicas, tomando como ejemplo la jurisprudencia de los Estados Unidos, Inglaterra, Australia y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En los tribunales mencionados anteriormente se considera el interés público y la reputación de la figura publica. Para su estudio utilizo la siguiente metodología: análisis histórico de la jurisprudencia de los países mencionados. En su análisis encontró que los Estados Unidos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos consideran el interés público, mientras que en Inglaterra y en Australia se están tomando medidas para crear leyes en contra de la difamación política.
Además, en España se realizó un estudio similar al propuesto por la investigadora, donde se estudio la jurisprudencia y las leyes de Estados Unidos, Inglaterra, España y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Durante el análisis se encontró que los Tribunales de los países citados reconocen que ningún derecho es absoluto, aun así el derecho a la expresión no legitima una invasión a la vida privada y son los tribunales los que pueden decidir que derecho prevalecerá
Ante el conflicto entre el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la vida privada, esta investigadora entiende que los medios no deben recurrir frecuentemente al sistema judicial para que éste establezca un balance entre los derechos estudiados. Este balance lo puede establecer la ética de cada persona. A continuación, mencionaré las guías éticas que pueden ayudar a establecer un balance entre los derechos estudiados.
En primer lugar, se debe reconocer que las figuras públicas y celebridades son humanos y, por lo tanto, tienen derecho a proteger su dignidad, establecida en varias Constituciones y Declaraciones Internacionales.
Aunque la información publicada sobre las celebridades aparezca en secciones de noticias, debe obedecer los valores periodísticos y considerar que su función es entretener, educar e informar. Las secciones de espectáculo o farándula pueden publicar información sobre el trabajo de los artistas, críticas y reseñas a obras teatrales, programas de televisión, películas y conciertos. Además, dentro de la crítica pueden analizar el contenido de las obras o canciones y relacionarlos con los problemas sociales.
Ante todo la información de las celebridades deben ser verdadera (Jáquez, 1999), precisa (Scafan, 2003) y la selección de las imágenes y el lenguaje debe ser neutral y presentar ambos lados de la situación. La información publicada en los programas sobre las celebridades no debe estar basada en rumores, chismes e información falsa. Aunque las celebridades tengan acceso a los medios de comunicación, en una situación donde deseen expresarse pueden hacerlo, ya que la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos y el Artículo II, sección 4 de la Constitución de Puerto Rico le protege su derecho a la expresión.
Sobre todo, los programas sobre celebridades deben respetar el hogar y los miembros de la familia, su derecho a no conceder entrevistas y mucho menos perseguirlos.
Las guías mencionadas anteriormente pretender ser un inicio para que las entidades responsables de regular los códigos de conducta en los medios evalúen sus códigos y los pongan en práctica.
Se puede decir que los programas sobre las celebridades no siguen consejos éticos. Los productores de estos programa entienden que las protecciones validas sobre el derecho a la expresión le permite publicar cualquier cosa, idea respaldada por uno de los abogados prominente en la defensa de la Primera Enmienda, Abrams (2000), quien recalca que la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense protege a todos los que desean hablar. Además, Fiss (2000) entiende que la Primera Enmienda garantiza la libertad de expresión y busca proteger a los ciudadanos de la negación del gobierno al debate público. Por otro lado, Sustein (2000) entiende que la libertad de expresión es retórica, nadie cree que la libertad de expresión protege todo lo que se diga. Lewis comparte la opinión de Sustein al preguntarse, ¿Por qué debe la Primera Enmienda amparar los chismes sobre la vida privada de las celebridades? Los que escribieron la Constitución de los Estados Unidos y varios jueces del Tribunal Supremo entienden que la expresión sobre el interés público fortalece los valores democráticos. El problema es que la jurisprudencia estadounidense clasifica casi toda la información como interés público. En cambio, la Jurisprudencia de Puerto Rico entiende que no toda la información publicada en los medios no es de interés público.
El tema de la industria del chisme es un tema complejo que se puede seguir estudiando desde otros puntos de vista, como por ejemplo estudiar los tabloides o revistas de farándula o medir el daño emocional que causa la publicación de información falsa sobre las figuras públicas o con testar estas preguntas ¿Por qué las audiencias apoyan la industria del chisme? ¿Por qué las empresas mediáticas producen programas y publicaciones cuyo contenido es el chisme? Sólo al contestar todas estas preguntas se tendrá un panorama completo de la industria del chisme que habita en los medios de comunicación. Con estas preguntas espero dejar el tema abierto para futuras investigaciones.
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 Artículo 1
 Artículo 8
 artículo 20
 artículo 18
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