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Timestamp: 2017-02-21 02:51:26+00:00

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Eligiendo régimen económico matrimonial: ¿por qué no el de participación? | Hay Derecho
Eligiendo régimen económico matrimonial: ¿por qué no el de participación?	20 septiembre, 2016/23 Comentarios/en Blog /por Ignacio Gomá LanzónPara no hablar siempre de política jurídica, hoy voy a tratar un tema más jurídico-social, con autocrítica, porque hay que ver cuán rutinarios y conservadores somos a veces los juristas. Cuando de régimen económico matrimonial se trata, el margen de maniobra es A o B: gananciales o separación de bienes. Y eso que el ámbito de la autonomía de la voluntad en este campo es amplio, pues conforme al artículo 1315 del Código civil el régimen económico matrimonial aplicable será el fijado en capitulaciones matrimoniales y a falta de pacto, el de gananciales.
El supletorio, y más común, el de gananciales, hace comunes a los esposos los beneficios obtenidos por ambos (el producto de su trabajo, frutos y rentas, todo lo que se adquiera a título oneroso, etc) e impone una fuerte presunción de comunidad sobre los bienes dudosos. Tiene una justificación real: cuando los roles principales de marido y mujer eran los de la familia tradicional, con responsabilidades de trabajo para el hombre y las de la casa para la mujer, resultaba muy adecuado un régimen en el que se forma un patrimonio común porque beneficia al que no tiene una actividad remunerada pero sí actúa en interés de la familia.
Pero cuando la familia, a consecuencia de las grandes transformaciones sociales operadas a finales del pasado siglo, abandona el sistema de roles predeterminados y la mujer se integra plenamente en el sistema productivo, realizando ambos cónyuges (ahora incluso del mismo sexo) parecidos papeles (al menos teóricamente), el sistema de gananciales no tiene ya tanto sentido como antes. Al contrario, hay fuertes incentivos para pactar el régimen de separación de bienes: por un lado, la menor estabilidad del vínculo matrimonial hace que de alguna manera sea preferible tener claramente fijada la titularidad de los bienes en vista de un posible fracaso matrimonial; por otro, la autonomía patrimonial de cada cónyuge es más adecuada a una vida laboral y económica independiente.
Por ello, en la práctica es frecuente pactar este régimen de separación en capitulaciones, en varios escenarios: jóvenes contrayentes que representan la nueva tipología de pareja y buscan autonomía; casados más maduros, quizá de la tipología clásica de pareja, en que uno de los dos va a acometer algún tipo de empresa riesgosa y entiende –un tanto ilusoriamente- que pactando el régimen de separación y adjudicando la vivienda al otro va a salvar ésta, o al menos la mitad del patrimonio del otro. También son frecuentes las capitulaciones entre cónyuges de segundas nupcias con importantes diferencias económicas entre ellos y que quieren proteger su patrimonio, o al menos el más pudiente el suyo.
Ahora bien, ¿el régimen de separación es la solución ideal? Quizá no en todos los casos: está bien tener esa autonomía pero a veces ello puede puede menguar la solidaridad conyugal, porque la autonomía implica autorresponsabilidad y ello incentiva no actuar en interés de la familia ya que puede perjudicar el interés propio a medio plazo. Pongo un ejemplo: recientemente unos cónyuges, ambos médicos, pactaban separación de bienes porque uno de ellos tenía más riesgo de responsabilidad por su especialidad pero, charlando, me comentaron que ella estaba trabajando a media jornada para cuidar a los niños, lo que implica que perderá unos ingresos que no recuperará. Esto puede ser una situación temporal o permanente, porque puede ser que ambos cónyuges se vayan a vivir al extranjero abandonando uno de ellos el trabajo porque el otro va a ganar mucho más. ¿Es justo que en este caso el cónyuge no trabajador no participe de las ganancias obtenidas por su consorte al haber pactado el régimen de separación? Es verdad que el artículo 1438 del Código civil dice “el trabajo para la casa será computado como contribución a las cargas y dará derecho a obtener una compensación que el Juez señalará, a falta de acuerdo, a la extinción del régimen de separación” y que una interpretación muy amplia realizada por el TS ha hecho que el régimen de separación se pueda convertir en un verdadero régimen de gananciales al haber entendido el Alto Tribunal que esa contribución puede llegar a ser millonaria, como nos recordaba aquí Matilde Cuena hace poco y Enric Brancós había denunciado ya para el sistema legal de separación de bienes catalán hace algunos años.
Pero puede que el cónyuge que abandona su trabajo no realice estrictamente las tareas domésticas o puede que se trate del trabajo para la empresa del otro, que no contempla el Código civil español pero sí el catalán. Digamos, pues, que el régimen de separación tiene huecos importantes en este aspecto, que parcialmente están siendo cubiertos, con una interpretación extensiva, por el Tribunal Supremo.
¿Y qué decir de la cuestión de la pretendida limitación de la responsabilidad del régimen de separación? A veces puede ser ilusoria, porque si el piso se compra por ambos cónyuge al cincuenta por ciento y uno tiene una deuda, puede éste ver embargada su cuota y ello puede acabar desembocando en una adjudicación a un rematante (quizá profesional) que finalmente exija la extinción del condominio, con la consecuencia de la pérdida total del inmueble o la obligación de pagar al molesto rematante su parte. Tampoco servirá para nada pactar el régimen de separación si la deuda es anterior a las capitulaciones, porque el cambio de régimen no afecta a ésta (art. 1317 Cc). Aparte de que el recurso de poner el piso, infravalorándolo, a nombre del cónyuge menos susceptible de contraer deudas quizá conjure el peligro de perder la casa por éstas, pero quizá no el hoy menos infrecuente de perderla por una desavenencia conyugal que derive en divorcio. Por otro lado, el régimen de gananciales tiene también sus temperamentos, porque en caso de que la deuda sea privativa el art. 1373 permite que se haga efectiva sólo sobre la mitad que al cónyuge deudor corresponda en la sociedad de gananciales y, por otro lado, cabría la nunca utilizada opción de que el cónyuge del comerciante, conforme al art. 1365 Cc y 6 del Código de comercio se opusiera al ejercicio del comercio para conseguir que la responsabilidad en las deudas de comercio se limitaran a los bienes adquiridos “a resultas” de ese ejercicio.
¿Y por qué no el régimen de participación?
Pues sí, porque algunos de estos problemas se pueden conjurar con él. Este régimen fue introducido en el Código civil en 1981 como potestativo, como lo es el de separación, pero no tiene apenas uso. Yo no he visto ninguno, pero en Alemania es el régimen legal. El art. 1411 lo define su rasgo fundamental: “En el régimen de participación cada uno de los cónyuges adquiere derecho a participar en las ganancias obtenidas por su consorte durante el tiempo en que dicho régimen haya estado vigente“.
Tiene algunas de las ventajas del de gananciales, porque permite que cada cónyuge participe en los beneficios o ganancias que haya obtenido el otro durante su matrimonio, evitando a la vez los inconvenientes de los regímenes comunitarios porque, durante la vigencia del régimen, los patrimonios de los cónyuges permanecen separados, de modo que cada uno de los esposos conserva el dominio, el disfrute y la administración de los bienes que adquiera por cualquier título, esto es, funciona de forma similar al régimen de separación. La comunicación de las ganancias tiene lugar solamente al final, cuando el régimen se extingue, mediante una comparación entre las ganancias obtenidas por uno y otro cónyuge en virtud de las diferencias que arrojen sus respectivos patrimonios inicial y final. Si existe diferencia, el cónyuge menos favorecido tiene un crédito contra el otro igual a la mitad de dicha diferencia. Es una liquidación puramente contable con un crédito final, sin que surja comunidad, aunque cabe decir que es más igualitaria que la de los gananciales porque en éste no se tienen en cuenta las minusvalías y plusvalías de los bienes privativos, pero sí en el de participación (una casa privativa que se hunde o un terreno que se revaloriza mucho).
Se suele decir que, frente a estas ventajas, tiene el inconveniente de que a la hora de liquidar hay que realizar más operaciones aritméticas y valoraciones, que además afectarán a bienes que quizá ya no existen en el patrimonio (los donados, por ejemplo), lo que obliga a una permanente y más detallada contabilidad que quizá lo haga algo frío, una especie de contrato de cuentas en participación, quizá no muy adecuado para una relación afectiva. Pero en realidad también hay que hacer cuentas en el régimen de comunidad cuando hay reintegros y reembolsos, y eso genera interminables discusiones si hay desavenencias conyugales. Quizá sea mejor llevar la cuenta.
También se suele decir que a veces puede producir efectos injustos: si un cónyuge contribuye a aumentar determinada parte del patrimonio del otro, puede que su derecho se reduzca cuando en otras partes del patrimonio del otro se producen pérdidas quizá por culpa de su consorte. Pero también se puede decir que así es la vida.
La conclusión es que hay otras opciones y no siempre podemos echar la culpa al legislador de que no se usen: quizá los juristas (como todo el mundo, eso sí) preferimos el prêt-à-porter que el traje a medida, que da más trabajo. O quizá era un régimen que se adelantó a su tiempo pero que hoy, para cierta tipología de cónyuges, iría como un guante.
Etiquetas: Civil, familiaCompartir esta entradaCompartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google+Compartir en LinkedinCompartir por correo
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Ignacio Gomá Lanzón2016-09-20 00:15:272016-09-20 11:12:30Eligiendo régimen económico matrimonial: ¿por qué no el de participación?Quizás te interese
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Manu Oquendo Dice: 20 septiembre, 2016 en 10:12 Enhorabuena por un excelente resumen.
¡Lo sencillo que era todo y lo complicado que se nos ha hecho!
No estaba al tanto del régimen en “participación” que parece bastante razonable.
En este caso es también muy acertado el apunte que hace Ignacio acerca de la importancia de una contabilidad durante gran parte de la vida en común.
Lo hemos verificado con una amiga alemana que acaba de divorciarse y mantuvo tal registro durante los casi cuarenta años de matrimonio. Esta persona ha tenido la disciplina de registrar y archivar todos los movimientos de las tarjetas de crédito cargados a las cuentas comunes y a las privativas y las ha sacado a relucir en el proceso de, digamos, “disolución del vínculo”.
Cómo conciliar esto durante una vida con la entrega del ágape o la filia, con la caridad conyugal o con el eros primordial, incluso con el ejercicio de la compasión– es cuestión no menor, en absoluto–. Tampoco con los “what’s ups” que ahora circulan rutinariamente por los juzgados. Tanta tecnología no podía ser buena.
Lo del matrimonio se ha vuelto complicadísimo y comienza a ser difícil no entender a los jóvenes y cosas como la natalidad de nuestra cultura.
Una amiga, veterana letrada de familia, dice que ya se separa el 70% de las parejas. Hemos comenzado a verlo en casa y, la verdad, no es un fenómeno social menor y se le presta excesivamente poca atención. A veces, incluso se presenta como señal de progreso cuando realmente afecta negativamente a toda la estructura y dinámica social. Desde la relación personal más próxima hasta la percepción por parte de los hijos y nietos de qué es, qué era, una familia y una unión.
No conozco ningún matrimonio joven que posea hoy la confianza en la otra persona, la seguridad, con la cual se abordaba –justificadamente o no–el contrato más importante de la vida.
Se nos han ido degradando muchos conceptos. Demasiados.
Muchas gracias, Ignacio, por tu artículo.
Fernando Gomá Lanzón Dice: 20 septiembre, 2016 en 11:29 Es curioso porque parece ser que en el trámite legislativo para modificar el CC y crear como una posibilidad este régimen de participación, allá por principios de los años 80 del siglo XX, se pensó que iba a ser el más utilizaddo, en detrimento de gananciales y separación, y por el contrario es inexistente en la práctica. Yo creo que ponerse a hacer cuentas cuando te estás divorciando, por ejemplo, más de las que ya hay que hacer, es un obstáculo muy grande para su atractivo. Pero el fundamental es su absoluto desconocimiento por parte de la sociedad.
Matilde Cuena Dice: 20 septiembre, 2016 en 17:31 Totalmente de acuerdo con Nacho. El régimen de participación es el que recoge las ventajas de un régimen de separación y del de gananciales. Sí es cierto que requiere cierta liquidez, pues la participación de un cónyuge en las ganancias del otro, genera un derecho de crédito y no una participación en la titularidad de los bienes. Esto puede ser, en ocasiones, un inconveniente.
En cuanto a lo de llevar contabilidad en el matrimonio, es cierto que, en teoría hay que llevarla aunque normalmente no se hace y esto trae luego muchos problemas en los divorcios. Y no sólo hay que llevarla en el régimen de participación, también en el de gananciales y en el de separación. Cuando, por ejemplo, se invierte dinero privativo en mejoras de bienes gananciales, surge un derecho de reembolso de la sociedad de gananciales al cónyuge que hace la aportación. No es infrecuente el caso de un cónyuge que después de heredar invierte lo obtenido que es dinero privativo en la mejora de la vivienda ganancial. Si luego viene el divorcio y la liquidación de gananciales, si no puede probar que invirtió dinero privativo, no podrá recuperar nada. Y si luego encima el uso de la vivienda se adjudica al otro cónyuge y mete a su novio en casa, el que invirtió en la mejora, se enfada y mucho. Hay que llevar papeles para tener la posibilidad de utilizarlos o no. A lo mejor eso es incompatible con el amor….., pero es lo que hay. El amor no depende de uno, sino de dos…y nunca se sabe lo que puede pasar….
O,farrill Dice: 21 septiembre, 2016 en 18:40 La contabilidad matrimonial a la que alude Matilde y el propio autor, es una muestra más del régimen societario del “sacramento por amor”, aderezado además por promesas y juramentos que son verdaderos “brindis al sol” en lo que, repito, es una mero sociedad civil cuyo “objetivo social” sería la reproducción de la especie. De verdad ¿alguien en su sano juicio se plantea ir guardando todos los “tikects” o facturas de los gastos domésticos y dedicar un par de horas diarias a pasarlas a una contabilidad? Sí, en efecto, sabemos que, al final los tribunales sólo quieren ver “documentos” a la hora de dictar resoluciones y que siempre hay cónyuges (socios) más espabilados que guardan todo (hasta los cortes de pelo de sus hijos) para reclamar después. Una preciosa sociedad, con más inconvenientes que ventajas. ¿Participación? No, gracias. Mejor me quedo soltero.
Matilde Cuena Dice: 22 septiembre, 2016 en 11:03 Sr. O´Farrill, obviamente yo no me refiero a guardar tickets “de todo”. Además el Código Civil tiene un régimen muy específico de las deudas domésticas dirigidas a atender las necesidades ordinarias de la familia. Las pagan los dos, sí o sí y en ese ámbito no es preciso llevar contabilidad.
Yo me refiero a trasvases patrimoniales de cierta entidad, como los que he citado en mi comentario anterior. Ahí sí es recomendable documentarlo para evitar luego enriquecimientos injustificados. Eso no significa que los cónyuges se conviertan en “socios” y se desnaturalice una relación que es afectiva. En el ámbito de las relaciones personales, como en tantos otros uno no sabe lo que puede pasar y mantener la integridad de su patrimonio no creo que sea una propuesta censurable. Luego cada uno, hace lo que quiere. Utiliza los documentos o no los utiliza. Pero son muchos los casos que conozco de gente arruinada por una pésima gestión. Al dolor emocional de una ruptura, se suma una crisis patrimonial. Sigo pensando que llevar un control patrimonial dentro del matrimonio es recomendable, sobre todo cuando se trata de trasvases patrimoniales de cierta entidad entre las masas privativas y la común.
GM Dice: 20 septiembre, 2016 en 19:41 Excelente artículo, que buena falta hace hablar de estos asuntos que, como bien apunta Manu Oquendo se refieren a un contrato tan importante como es el matrimonio y que por desgracia se está degradando, como tantas otras cosas.
Un saludo y felicidades a Hay Derecho por el nuevo, y acertado en mi opinión, formato.
O,farrill Dice: 21 septiembre, 2016 en 00:20 Por experiencia e interés personal en las relaciones humanas, creo conocer algo sobre el tema que Ignacio propone: nada menos que conciliar sentimientos con titularidades y derechos sobre bienes materiales. Nada más difícil. Para empezar habría que plantearse por la motivación de dos personas para formar una sociedad civil llamada matrimonio. ¿El amor o los intereses? ¿Y cuando se confunden ambos? Para seguir, habría que saber si ambos cónyuges son conscientes (con menos de 20 años en muchos casos) de lo que significa esa sociedad que están creando a partir de un acto religioso o civil protocolario. Cuales son sus responsabilidades mutuas y si debe establecerse un “reglamento interno” para la mejor convivencia. Porque de eso se trata más allá del instinto de reproducción ordenada (civil y eclesiásticamente) de la especie humana, si es que ese es el motivo.
Nos encontramos ante uno de los actos más importantes por su repercusión en la vida de las personas y precisamente, es el que menos advertencias sociales o legales conlleva. Se supone que todos “van avisados” y que “el roce, hace el cariño” o no. Nadie se ocupa de advertir que cada contrayente tiene su personalidad propia, sus manías propias, sus aficiones propias y su propia evolución personal posterior por lo que, más tarde o más temprano, aquello, como tantas otras cosas en el mundo, tiene fecha de caducidad.
Entiendo que, en la “era de la incertidumbre” (Galbraith) nos produce desasosiego que las supuestas “certidumbres” o “patrones” establecidos estén siendo cuestionadas por la realidad de los hechos y que los muchos “mitos” en que se han basado los modelos sociales estén siendo revisados para descubrir que son solo eso: artificios sociales fruto de la hipocresía en que nos movemos. Un saludo.
Ana Sánchez Dice: 21 septiembre, 2016 en 04:52 Gracias Ignacio por el post!
Yo autoricé hace un tiempo unas capitulaciones pactando el régimen de participación, para los contrayentes eran sus segundas nupcias y lo tenían muy claro, aún sin ser juristas venían bien informados y asesorados. Para su caso era muy buena opción. He informado en ocasiones a gente en semejantes circunstancias a la de esta pareja acerca del régimen de participación, pero al final siempre pesa más el “más vale malo conocido que bueno por conocer”.
Rosa Mijangos Dice: 21 septiembre, 2016 en 08:03 La verdad es que el régimen de participación parece el más sensato de los tres entre los que se nos permite elegir, siempre lo creí, aunque reconozco que yo no he optado por él: tiene las cosas buenas de los otros dos pero, ay! una liquidación de un régimen así (no he visto ninguna) puede ser una auténtica pesadilla que haga una ruptura infinitamente más agria de lo que puede ser. Gananciales por defecto ha sido hasta ahora la opción: un tanto desidiosa, en la mayoría de los casos. Y no del todo justa. Separación de bienes muchas veces la venda antes de la herida y solución quirúrgica previa. Y no del todo justa.. Y el tercero, una trabajera de cuidado. O se es como la amiga alemana de Manu Oquendo (horror, si contara con mis capacidades, o con las de mi socio para acometer durante años la llevanza de unas cuentas así). En fin: es cierto que hay que saber que existen otras opciones. Que casi todas son imperfectas y que, como sucede en materia sucesoria esa maravilla intelectual que es el derecho civil, no llega a todo. Y menos a día de hoy. Que se lo digan a los jóvenes en trance de casarse, o de no casarse. Ya no te cuento cuando se trata de desmontar una sociedad conyugal.
Ignacio Gomá Lanzón Dice: 21 septiembre, 2016 en 22:20 Creo que, dejando de lado los acertados comentarios de Manu Oquendo en lo que se refiere a las relaciones humanas y las de O,Farrill sobre la conveniencia de seguir soltero, creo que las críticas relativas a la llevanza de una contabilidad son excesivas. Primero, porque en cualquier otro régimen, si al final vamos por las malas, seguro que se querrá alegar que un dinero recibido de herencia se usó para un viaje común, o que en la casa uno puso más dinero que otro. No se trata de llevar tickets ni contabilidad: simplemente que de las cosas importantes quede constancia, igual que en cualquier régimen, y que en el momento inicial si que sería conveniente inventariar lo que cada uno tiene. Creo que es muy ilustrativo lo que el Código civil dice respecto a la formación del patrimonio final, que es el que en su caso más problemas podría dar. Véanlo aquí:
Artículo 1422. El patrimonio final de cada cónyuge estará formado por los bienes y derechos de que sea titular en el momento de la terminación del régimen, con deducción de las obligaciones todavía no satisfechas.
Artículo 1423. Se incluirá en el patrimonio final el valor de los bienes de que uno de los cónyuges hubiese dispuesto a título gratuito sin el consentimiento de su consorte, salvo si se tratase de liberalidades de uso.
Artículo 1424. La misma regla se aplicará respecto de los actos realizados por uno de los cónyuges en fraude de los derechos del otro.
Artículo 1425. Los bienes constitutivos del patrimonio final se estimarán según el estado y valor que tuvieren en el momento de la terminación del régimen y los enajenados gratuita o fraudulentamente, conforme al estado que tenían el día de la enajenación y por el valor que hubieran tenido si se hubiesen conservado hasta el día de la terminación.
Artículo 1426. Los créditos que uno de los cónyuges tenga frente al otro, por cualquier título, incluso por haber atendido o cumplido obligaciones de aquél, se computarán también en el patrimonio final del cónyuge acreedor y se deducirán del patrimonio del cónyuge deudor.
O,farrill Dice: 23 septiembre, 2016 en 02:14 Muchas gracias a Matilde y a Ignacio sobre sus aclaraciones desde el mundo del Derecho que, como hemos visto ya en demasiadas ocasiones, no es precisamente el más justo (sobre todo en situaciones contaminadas por sentimientos subjetivos).
Por otra parte, como muy bien dice G.P., hay que ir asumiendo los cambios (muchos de ellos razonables) en las relaciones sociales y “afectivas” (que también hay en otros tipos de sociedades civiles, estimada Matilde). Hoy, en una conferencia de Tamames sobre los “Pactos de la Moncloa”, nos recordaba como en ellos se despenalizó el adulterio y cómo se legalizaban los “anticonceptivos”. La primera de estas cuestiones ahora se resuelve muchas veces demasiado trágicamente y la segunda se ha convertido en algo habitual en la mayor parte de las parejas. Incluso algo “obligado” para el control del crecimiento demográfico en algunos países. Algo que, como he apuntado en otros comentarios, creo que tiene muy poco que ver con la imagen mítica que se nos quiere dar del matrimonio. En unos casos por intereses políticos (como apunta Manu) como en la mayor parte de la manipulación mediática; en otros por intereses puramente materiales: que haya alguien que mantenga nuestras pensiones, cuya caja parece que no aguanta más allá del 2018.
En cualquier caso, la función del Derecho no puede ir más allá de la protección de los intereses sociales (contabilizados o no) de la sociedad matrimonial y, desde luego, la de los hijos. Algo que, como se ve a diario en los juzgados de familia, resulta muy difícil de conciliar por una sola cosa: los sentimientos y resentimientos. Eso que nada ni nadie puede objetivar. Un saludo a todos.
G.P. Dice: 21 septiembre, 2016 en 23:11 El matrimonio va desapareciendo poco a poco por innecesario (yo diría que incluso absurdo). Aún más: en algún país nórdico más del 50% de los hijos ya son fuera del matrimonio. No es que se “degraden los conceptos”, como dice Manu Oquendo, es que simplemente los mitos están dando paso a la razón en todos los aspectos de la vida. En la sociedad moderna la realidad se impone a la fantasía cada vez más.
Las sociedades cambian, Sr Oquendo. Lo han hecho siempre, y es muy normal que a medida que uno envejece vea cada vez con peores ojos las diferencias que van apareciendo con respecto a la sociedad y costumbres que uno ha vivido.
Manu Oquendo Dice: 22 septiembre, 2016 en 10:23 No solo cambian las sociedades, muy apreciado GP.
Todo cambia, lo hace en cada instante. Solo permanece la inasequible vibración de las funciones de onda primordiales. Las que por no tener ni masa tienen y solo son espíritu.
Al decir de Bohm, apenas remolinos fugaces en la eterna corriente que los teje y los desteje. El matrimonio, como todo lo humano, es un medio para un fin. Es la definición del fin y su consecución lo que determina la vigencia del medio. El medio será mejor o peor, más o menos apto, según desempeñe su función instrumental.
Lo crucial es la definición del Fin.
Y hay fines de muy diferente “cualidad” con definiciones y plazos muy variados. La voluntad personal es importante en la definición de Fines.
Me temo que para la sociedad actual se han definido fines de deficiente “cualidad” y brevísimo plazo porque, por ejemplo, es incapaz de ofrecer una definición valiosa de la vida. Ni siquiera tiene una función explicitable para ella. Por eso sus medios se nos vuelven efímeros y con frecuencia creciente se desvanecen en el fracaso. Y como esta forma de sociedad está acogotada por los estertores de la ley de Ashby lo que se presenta como un movimiento espontáneo de la misma, nunca es otra cosa que los diseños del Poder.
Es decir, las cosas nunca suceden por casualidad.
G.P. Dice: 22 septiembre, 2016 en 16:52 <>
El Sr Oquendo nos acaba de desvelar que hay un contubernio del “Poder” para acabar con la sagrada institución del matrimonio… ¡Dios nos asista!
Vamos a ver Sr Oquendo: resulta que ahora, que la gente puede casarse y descasarse, tener hijos dentro y/o fuera del matrimonio, etc, porque le da la gana y sin que le señalen con el dedo (o casas mucho peores) es porque hay un oscuro contubernio del “Poder”. Por lo visto, antes, cuando el poder, el de verdad (mezclado con la religión y por medio de la violencia) decidía estrictamente cómo debían vivir las personas, era cuando se disfruaba de verdadero libre e individual albedrío, y de una verdadera “definición valiosa de la vida”.
Amigo mío: pertenece usted a un mundo que se va (o más bien, que hace mucho que se ha ido ya).
Manu Oquendo Dice: 22 septiembre, 2016 en 23:51 El contubernio, estimadísimo Sr. GP, no tiene nada de oscuro. Acontece a plena luz del día y opera legalmente desde las Políticas Públicas del régimen. En efecto:
Existen bastante políticas públicas que, inevitablemente, han de resultar en lo que vemos y que usted ha acertadamente definido como “lo innecesario” del matrimonio.
Sucede que el sistema de desinformación del régimen habla poco de ello y sus solícitos acólitos cooperan en la labor.
Pero, por centrarme en una sola de sus muchas áreas de excelencia profesional, voy a intentar mostrar la correlación –y la causalidad– existente entre los Desincentivos creados por el sistema fiscal y la respuesta de las familias.
Han bastado cuarenta años durante los cuales el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas se ha negado a reconocer los gastos reales que cualquier familia incurre para tener, cuidar, criar, proteger y educar debidamente a sus hijos. El Resultado es que los miembros de dicho Agente Económico han caído en la cuenta de que están siendo activamente Desincentivados por sus gobiernos. Son penalizados, se han dado cuenta y reaccionan racionalmente.
Rational Choice en estado puro.
Esto, que lo sabe cualquiera con una mínima experiencia directa de la cuestión, es Innegable y estoy seguro de que Usted lo comparte. Esta fiscalidad desincentiva –por absolutamente irracional desde cualquier perspectiva económica– que las familias tengan hijos.
No es este el único Impuesto que actúa en esta dirección. Muchos otros (vivienda, vehículos, etc) también lo hacen.
Y esto lo hace el Estado actual con los Agentes Privados que se ocupan de modo altruista de producir el Bien Público Primordial de cualquier sociedad: Su Población Futura.
Podríamos hablar de unas cuantas políticas públicas que también producen el mismo efecto en otros aspectos de la vida social, pero de momento basta con esta consideración.
Por cierto, de esto nos avisó hace mucho tiempo Gary Becker que recibió por ello el Premio Nobel.
Por lo tanto si no se le ha hecho caso es porque “No interesa”.
Un saludo cordial desde la vejez y el retrovisor, querido compañero de tertulia. PS. Digo lo del retrovisor porque, dada la aceleración de mi envejecimiento, el efecto Doppler me proporciona emocionantes perspectivas al contemplar el pasado.
G.P. Dice: 23 septiembre, 2016 en 09:11 Al parecer, Sr Oquendo, primero hemos de tragar la rueda de molino de que según usted no incentivar algo es lo mismo que desincentivar. Pues venga: pa dentro.
Y luego hemos de tragar que no hay incentivos para tener hijos, cuando sí que los hay. En España pocos, pero haylos. En otros países muchísimos, hasta el punto de que se ha podido vivir solo de parir. Pues hala: pa dentro otra rueda de molino.
Tiene gracia que nos diga usted eso con lo de solteros sin hijos que hay por ahí quejándose de que no tienen las ayudas fiscales de las familias, con lo que consideran que están pagando los hijos de los demás (queja típicamente liberal, por cierto).
En fin, hay muchas cosas que no incentivan a los jóvenes a tener hijos que creo que son más importantes a la hora de tomar esas decisiones. De hecho, no es que no incentiven, sino que prácticamente anulan esa opción de tal forma que ni se la pueden plantear. Por ejemplo, estar en el paro. Por ejemplo, que tu empleo sea precario. Por ejemplo, que tu sueldo sea de 800 euros. Pero claro, a lo mejor (según usted) el Poder ha creado esos problemas a los jóvenes para que no tengan hijos.
Quién lo iba a decir: parece que un liberal como don Manu echa de menos el cheque-bebe. ¿Será que espera un nieto?
Una vez más vemos que, como buen liberal típico, don Manu piensa que al Estado le sobra ocuparse de muchas cosas de la vida de las personas, pero no de todas. ¿De qué cosas no debe ocuparse? Exactamente de las cosas que un buen liberal o su familia no necesitan. Lo que le conviene a un buen liberal son siempre necesidades básicas que es imprescindible que el estado sufrague mediante impuestos. Lo que necesiten los demás son siempre caprichos socialdemócratas para comprar votos.
Manu Oquendo Dice: 23 septiembre, 2016 en 13:53 Estimado GP.
“El Resultado es que los miembros de dicho Agente Económico (las familias con hijos) han caído en la cuenta de que están siendo activamente Desincentivados por sus gobiernos. Son penalizados, se han dado cuenta y reaccionan racionalmente.
Rational Choice en estado puro”
Como ve, dice lo que dice. No habla de Incentivos. Habla de Desincentivos y de Penalización.
¿Por qué? Muy sencillo. Porque el Sistema Fiscal les impide deducir de su Renta Bruta los Gastos reales de la Crianza de sus Familias. Estos gastos son tan monstruosos y tan desproporcionados que la fiscalidad se convierte en penalización y por eso, Racionalmente, las familias, incluso queriendo, no pueden permitírselo.
Y ¿de qué estábamos hablando? De que las Políticas Públicas tienen efectos no solo inmediatos sino a largo plazo alterando las conductas. Esto de la Fiscalidad es solo un caso entre muchas otras Políticas Públicas que han conducido a Agentes Racionales (Familias y otros) a comportarse como se comportan en lo referente al tema que ocupa el artículo.
Evidentemente esto no gusta a las filosofías políticas que propenden al Dominio Totalitario y a la ingeniería social exacerbada porque sus políticas son Telocráticas (Más doctrinarias), no Nomocráticas (Más neutras), y en consecuencia sufren la Justicia y la Equidad –sin adjetivos– de sus Políticas fiscales.
Gary Becker. Human Capital, A Treatise on the Family, The economies of Discrimination. (Casos de Rational Choice)
Raymond Plant; The Neoliberal State. (Filosofía Política)
Sunzi: La primera causa por la que se pierden las Guerras es porque se ha perdido la Virtud.
Friedrich Engels. El Origen de la Familia………… Visto desde el Marxismo para explicar por qué para estas ideologías la familia es un problema.
No hay mucho nuevo. Se trata de no olvidar.
G.P. Dice: 23 septiembre, 2016 en 23:32 “Como ve, dice lo que dice. No habla de Incentivos. Habla de Desincentivos y de Penalización.”
Sigo sin ver penalización alguna por parte del Estado por tener hijos. Ocurre precisamente lo contrario.
Y sigo sin entender por qué la falta de incentivo es un desincentivo. Si yo no incentivo la práctica del tenis de mesa ¿lo estoy desincentivando? Entonces ¿qué hay que hacer para permanecer neutro ante el tenis de mesa?
G.P. Dice: 23 septiembre, 2016 en 23:39 “Friedrich Engels. El Origen de la Familia………… Visto desde el Marxismo para explicar por qué para estas ideologías la familia es un problema.”
Sí, claro, seguro que es el libro de cabecera de Montoro.
Manu Oquendo Dice: 24 septiembre, 2016 en 09:34 Último Párrafo de una conferencia de Gary Becker sobre Human Capital el año 2002.
“Let me conclude briefly. Families are still of great importance. They changed enormously,
they changed under forces that are inevitable due to the modern economy (1), and under some
forces that were induced by bad policies. We can introduce good policies. This will not bring us back to the family that we had fifty, a hundred years ago, but it will eliminate some
of the unnecessary and harmful changes in the families that we experience. And I recognize
in these two things we can adapt to the modern family and recognize that when we stress
the family or stress human capital we put people at the center of economic life, and I
believe that is where they belong to be”
Aquí traigo el enlace al texto de dicha Conferencia en Montevideo, 2002. http://www.bing.com/search?q=gary+becker%2C+human+capital%2C+pdf&qs=n&form=QBLH&pc=EUPP_&pq=&sc=0-0&sp=-1&sk=&cvid=37F02DD27D8F4FA2A78EEAB5822449CC
Es decir y por no perder el hilo de lo que se debate: En el proceso inevitable y deseable de cambio no se puede pasar por alto el principal factor: Las Políticas Públicas, las Leyes.
Aunque haya Agentes interesados en que se olviden y que, en general, las Democracias Representativas actuales estén pésimamente equipadas para manejarse en plazos mayores que el ciclo electoral de 4 años. Un asunto importante y que el sistema es incapaz de manejar.
Nota 1. Lo que Becker llama discretamente “Modern Economy” es también fruto de Leyes y Acuerdos Internacionales convertidos en Ley y por ello son Actos Públicos del Poder.
G.P. Dice: 24 septiembre, 2016 en 18:36 Sr Oquendo, no hace falta que me maree con citas, citas y más citas con opiniones, porque de eso hay de todos los colores. Yo quiero hechos concretos. Quiero que me muestre usted esas políiticas “marxistas” con las que el Estado, con perversas intenciones, “activamente desincentiva y penaliza” a su población para destruir a la familia “a plena luz del día” porque ésta es para el “régimen” un “problema”.
Insisto especialmente, si me lo permite, en lo de… concreto.
Ignacio Gomá Lanzón Dice: 27 septiembre, 2016 en 00:06 Me ha parecido muy interesante la discusión que se ha producido a raíz de mi post sobre la familia en general y el matrimonio en particular. Mi posición al respecto es intermedia. Da la casualidad de que ahora los notarios podemos celebrar matrimonios y suelo decir a los contrayentes que despojado hoy el matrimonio de connotaciones religiosas que pudiera tener, el matrimonio constituye un acto cívico. Ciertamente uno puede casarse o no, pero sin duda si lo hace facilitará a la comunidad jurídica y al otro cónyuge la atribución de derechos y obligaciones y ello en definitiva contribuye a la paz social, al menos más que si no hacen nada y al cabo de los años es preciso acreditar un montón de hechos que no constan en modo alguno: ni la convivencia ni a titularidad de los bienes, ni quienes queremos que sena nuestros sucesores. En este mismo sentido, “llevar la contabilidad”, “hacer los papeles”, “conservar los recibos”, etc, no debe considerarse incompatible con los sentimientos, máxime cuando se ha producido un importantísimo cambio en la familia que ha pasado de la “familia institución” a la “familia asociación”, más inestable y también más flexible, pero en el que unas bases menos firmes pueden aconsejar un sustento jurídico más claro. En su día tuve oportunidad de reflexionar largamente sobre ello con motivo de la redacción de un capítulo de las Instituciones de Derecho Privado patrocinadas por el CGN, del que les dejo aquí la parte que trata ese tema:
https://www.dropbox.com/s/ssvg6mbiuzuvsnv/Evoluci%C3%B3n%20de%20la%20familia.pdf?dl=0
Francisco José Dice: 29 septiembre, 2016 en 18:39 Buenas tardes compañeros,
Diario de Barcelona: mucha gente pidiendo independencia y el junco encallad... Desorden judicial en defensa de la competencia Desplazarse hacia arriba

References: artículo 1315
 artículo 1438

Artículo 1422

Artículo 1423

Artículo 1424

Artículo 1425

Artículo 1426