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QUÉ GUERRA?, CUÁL PAZ? UNA MIRADA AL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO - PDF
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Josefa Hernández Ríos
1 QUÉ GUERRA?, CUÁL PAZ? UNA MIRADA AL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO GUIDO ALBERTO BONILLA PARDO - ESCUELA SUPERIOR DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA FACULTAD DE POSTGRADOS ESPECIALIZACIÓN EN DERECHOS HUMANOS Bogotá D.C., Noviembre de 2006
2 A mis amigos que ya no están compartiendo sus historias de vida y a los que se empeñan en señalar caminos de esperanza
3 CONTENIDO Presentación... 1 Aspectos metodológicos... 2 Introducción... 3 I. Una aproximación al conflicto... 5 II. Aproximaciones a la guerra Primera conclusión preliminar III. Aproximaciones a la paz Segunda conclusión preliminar IV. Hacia una situación de convivencia ciudadana V. A manera de conclusión final Bibliografía... 37
4 QUÉ GUERRA?, CUÁL PAZ? UNA MIRADA AL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO Presentación Por qué en Colombia el conflicto armado persiste en el tiempo, a pesar de la transformación constitucional de 1991, de los evidentes cambios socioeconómicos y políticos, de la renovación, aunque parcial, de la institucionalidad y de los avances en materia de reforma política democrática? A qué está atada nuestra guerra? A la voluntad e interés de las partes contendientes; acaso a componentes estructurales y metapolíticos de la sociedad y el Estado colombiano; a referentes socioculturales de identidad nacional, a partir de los cuales el uso de la violencia en las relaciones sociales resulta legítima? Sobre qué bases, en un panorama tan complejo e incierto, se podría poner fin a la guerra interna? Cuáles, en fin, podrían ser las claves de una paz definitiva? Las respuestas a estos y otros interrogantes no son fáciles de encontrar, de hecho en el medio colombiano, tanto gobernantes y guerreros como políticos, académicos, diplomáticos, analistas internacionales, comunidades y ciudadanos y la sociedad civil han propuesto salidas al viejo conflicto armado y bosquejado escenarios posibles de paz, sin que hasta el momento se hayan encontrado salidas efectivas y sostenibles. De la misma manera, han fracasado los intentos internacionales de mediación y facilitación. El presente trabajo de grado, requisito para obtener por parte de la Escuela Superior de Administración Pública, el título de Especialista en Derechos Humanos, tiene como objetivo central hacer una exploración teórica y analítica sobre los elementos que articulan el conflicto, la guerra y la paz, y que podrían, desde la convivencia
5 ciudadana encontrar elementos adicionales de salida al conflicto armado interno y para la construcción de la deseada y necesitada paz. Espero que al final, estas luces surjan y fortalezcan las esperanzas que nos dejaron las experiencias exitosas de negociación con la insurgencia a comienzos de los años noventas y reafirme la confianza que renace con los acercamientos del Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, en búsqueda del cese definitivo, aunque parcial, de la confrontación armada. Aspectos metodológicos Se trata de un trabajo analítico y reflexivo que se soporta en la revisión de documentos teóricos y conceptuales sobre el conflicto, la guerra y la paz, a partir de los cuales se intenta una aproximación explicativa sobre qué guerra sufre el país y cuál paz es deseable, desde la perspectiva de una democracia madura. El primer acápite, trata lo relativo a la naturaleza y dinámicas del conflicto en general, explora la utilidad de herramientas para su manejo y resolución y valora su potencial democratizador en la sociedad. En el segundo subtítulo, se aborda la naturaleza y los aspectos estructurales de la guerra, como tipo específico de conflicto, y se intentan identificar elementos determinantes del uso de la violencia en la guerra. Es una aproximación analítica que da cuenta de elementos estructurales que podrían ser tendidos en cuenta en los diseños de posibles negociaciones entre actores políticomilitares involucrados. En el tercer acápite, se abordan las aproximaciones a la paz y se busca explorar las opciones que podrían garantizar el más amplio espacio para la construcción de un ejercicio ciudadano democrático y plural de convivencia. En un cuarto subtítulo se insinúan elementos del posible diseño institucional que posibilite la sostenibilidad de dicha convivencia ciudadana. Por último, a manera de conclusión final, se hacen algunas consideraciones
6 Más como aclaración que como excusa, este ensayo no pretende documentar y explicar la guerra y la paz colombianas; con mayor prudencia, intenta entregar elementos analíticos para dicha documentación y explicación. Introducción Si se quisiera expresar en una frase lo que conecta y al mismo tiempo explica la relación entre el conflicto, la guerra y la paz en Colombia, tendríamos que decir que es la falta de regulaciones democráticas que se presenta en todos los órdenes de la vida nacional; en la relación Estado - sociedad, en la familia, en la escuela, en el barrio, en la administración pública, en el trabajo, en las relaciones de mercado e incluso en la amistad y en el amor. Porque no existen regulaciones democráticas estamos frente a una agobiante situación de "conflictualidad menor" desbordada y crítica, en la cual la violencia, especialmente homicida, pretende resolver todos los líos, como si no fuera ella misma el lío mayor a resolver. Porque no existen regulaciones democráticas, la guerra colombiana o conflicto armado interno, todos los días impone nuevas y más difíciles "condiciones" para que los habituales y laboriosos moradores de casi todas las comarcas de nuestro país puedan vivir "tranquilamente", cuando es esa tranquilidad la que definitivamente se perdió con la guerra. Porque no existen regulaciones democráticas, la paz en nuestro país siempre la han negociado los "príncipes de la guerra sobre la base del "perdón y olvido", o sea, sobre la impunidad y la injusticia social; como si no fuera ese tipo de paz la que en realidad evita alcanzarla
7 Sí, en nuestro país es muy fácil ser raponero, violador, atracador, guerrillero, paramilitar, miliciano, contrabandista, funcionario corrupto, traficante de armas o de narcóticos, etc. Tan fácil es que el economista Luis Jorge Garay ha puesto en "evidencia" cierta actitud mafiosa del colombiano. Obvio, en nuestro país faltan muchas cosas y existen muchas precariedades sociales, por ejemplo, empleo, vivienda, agua potable, alimentos y salud; pero la inexistencia de regulaciones democráticas es lo que nos ha puesto al filo de la disolución como sociedad y comunidad colombiana. Claro está, para que la regulación democrática sea efectiva debe ser condición necesaria la superación definitiva de la guerra y que la paz, presente en todos los órdenes sociales e institucionales, se fundamente, como criterio último de justicia, en la garantía y protección integral de los derechos humanos. De esta manera, sobre la base de una lectura del conflicto, la guerra y la paz, en este trabajo se propone, como base estructural de la convivencia, un sistema múltiple y diferenciado de regulación de los conflictos. Múltiple, porque como lo demuestra la práctica institucional y comunitaria es imposible pretender que todo conflicto se tramite a través de un único sistema estatal que, cuando eficiente y eficaz, termina por no entender las lógicas de la convivencia y controversia que configuran la vida comunitaria y, por tal razón, tendría poca capacidad de resolver adecuadamente muchos de sus conflictos, cuando no a complicarlos o agravarlos. Diferenciado, porque los conflictos asumen sus propias dinámicas, formas y ritmos y, finalmente, buscan soluciones a través de muy diversas expresiones de arreglo, no necesariamente compatibles siempre con el derecho, la equidad o la simple conveniencia. Las posibles modalidades de este sistema múltiple y diferenciado de regulación de conflictos, no son novedosas; existen y operan en la práctica. Son las diversas modalidades de justicia la estatal, la comunitaria y las mixtas de conciliación y de paz
8 que no han logrado ser plenamente reconocidas ni mucho menos asumidas por los "públicos" estatal, privado, doméstico, militar, etc. Y es entendible, pues muchos de esos públicos se mueven unos haciéndole el quite a las imposiciones abusivas, otros buscando canales de acceso y, no pocos, intentando imponer la violencia y la subordinación y el sometimiento total. Es evidente, que los derechos humanos, se erigen en el fundamento necesario del Estado y la sociedad colombiana, en tanto su ejercicio, que implica una responsabilidad social e individual de respeto hacia los derechos de los demás y el no abuso de los propios, será, por el carácter que han logrado imprimir en el sentido de la acción individual y colectiva de amplios sectores sociales, la base ineludible de la legitimidad estatal y el contenido real de cualquier proyecto de acuerdo o "pacto social" que se logre establecer con las insurgencias, los paramilitares y demás actores de nuestro legendario y crónico conflicto armado interno, el cual requiere cada vez mayor participación de la sociedad civil en su diseño. La compleja y crítica realidad en materia de violencia, violaciones de los derechos humanos, guerra, paz inconclusa y conflictos obliga una doble reflexión. En primer lugar, la poca o nula capacidad de regulación estatal de los conflictos remite a la necesidad de plantear procesos de reingeniería institucional y social, tan diversos como lejanos de las posibilidades de este trabajo. En segundo lugar, una revisión de los asuntos prácticos de nuestra vida cotidiana, pues es en el diario vivir donde nos vemos abocados a manejar e intentar resolver, bajo algún criterio de justicia, graves conflictos y múltiples manifestaciones de violencia que de una u otra manera alteran la convivencia ciudadana o rompen, en muchas comunidades del país, definitivamente sus posibilidades. I. Una aproximación al conflicto - 5 -
9 Sobre el conflicto se tiene por lo general una percepción más o menos dramática. Se le asocia a situaciones trágicas y violentas que miramos con cierto temor y quizás con la intención de alejarnos y no involucrarnos en ellas, y en las cuales quienes lo padecen o sufren se encuentran siempre en condiciones de vulnerabilidad y riesgo inminentes 1. Pero desde otra perspectiva, el conflicto es una situación obvia que se presenta en toda sociedad humana y en cualquier relación, puesto que de lo que se trata en tales sociedades y relaciones precisamente es de armonizar actitudes, intereses y propósitos diferentes y, en no pocas oportunidades, opuestos. Visto así, el conflicto aparece como una situación que posibilita el cambio, no sin dificultades y limitaciones; que define transformaciones y configura convivencias políticas, familiares, sociales, culturales, étnicas, etc. 2 Quizás lo que define una u otra percepción sobre el conflicto es la forma de manejarlos y los medios que cada uno de los interesados tiene a su disposición o puede emplear para dirimirlo o pretender resolverlo 3. También, la percepción negativa o positiva que se tenga del conflicto depende en mucho de la actitud que cada una de las partes tenga sobre el mismo y del nivel o grado de contradicción y pugna que los interesados 1 La vulnerabilidad puede ser entienda como el nivel de propensión o exposición de una persona al riesgo y, el riesgo como la mayor o menor probabilidad de que ocurra un evento que ponga en peligro la vida, la integridad personal o la libertad de la persona. 2 Sobre las teorías del conflicto y la dinámica social ver UPRIMNY YEPES, Rodrigo (2001), Orden Democrático y Manejo de Conflictos, Corporación Viva la Ciudadanía, Universidad Pedagógica Nacional, -Escuela de Liderazgo Democrático-, pp 21 a 32. En este trabajo Uprimny propone cinco perspectivas sobre el conflicto. Una, calificada de "conflictivismo autoritario", desde la cual los seres humanos tienden espontáneamente al enfrentamiento violento, por lo cual la expresión del conflicto debe ser suprimida autoritariamente por un Estado muy fuerte, a fin de evitar la violencia. Esta visión ( ) tiende a la represión y supresión coactiva de la manifestación de las disputas. Otra, consensual o integracionista, aunque valora negativamente los conflictos, por cuanto ve en ellos factores de desintegración social ( ), considera que la sociedad tiende en general al equilibrio o a la armonía, por lo cual las disputas son consideradas situaciones relativamente poco frecuentes, "anormalidades" que pueden ser controladas por los mecanismos de acoplamiento previstos en el propio sistema social, ya que en general se deben a desajustes de los individuos o de grupos marginales, y no a problemas estructurales de la organización social. Una tercera, liberal - pluralista, que considera que en general la sociedad tiende a la armonía, por cuanto existen mecanismos de ajuste social adecuados, pero se distinguen de las perspectivas anteriores por cuanto aceptan que los consensos básicos no excluyen la diferencia de intereses entre las personas, por lo cual los conflictos subsisten. Además, ( ) tienen una visión más positiva de esas diferencias y luchas, pues consideran que éstas contribuyen a la dinámica y crecimiento de los sistemas sociales. Las luchas representan a veces ( ) una oportunidad más que un problema, ya que estimulan la creatividad y el desarrollo económico, tecnológico y cultural, en la medida en que permiten el triunfo de los más capaces. Una cuarta, sostiene una suerte de darwinismo social", la cual considera que las sociedades son predominantemente conflictivas, pero que las luchas no juegan un papel negativo sino más bien positivo, en la medida en que la confrontación abierta permite el triunfo de los más capaces y los mejor adaptados, y favorece así el progreso social. La quinta y última, el "conflictualismo utópico", desde el cual las luchas, y en especial los antagonismos entre las clases, ocupan un lugar central en las dinámicas de las sociedades actuales, ( ) insuperables e inconciliables en los marcos de la sociedad de clases, serán resueltas en el futuro, de suerte que los seres humanos podrán vivir entonces en una cálida convivencia en la sociedad, sin alienaciones y prácticamente sin conflictos. 3 Que pueden llegar a ser violentos o pacíficos, legales o ilegales, abiertos o clandestinos, y ser utilizados por los interesados directa o indirectamente, o de forma abusiva, etc
10 establecen entre ellos 4, de las motivaciones que lo originan 5, del ámbito en el que éste se desenvuelve 6 y del tipo de protagonistas que se enfrentan 7. Con relación a las motivaciones que originan los conflictos es importante precisar que en no pocos casos las partes creen enfrentar una divergencia objetiva de intereses, o sea un conflicto propiamente dicho, cuando en realidad están frente a "pretensiones encontradas" o "posiciones incompatibles" 8. Esto lo ilustra el clásico ejemplo de la disputa de la naranja. Veamos: Supongamos que dos hermanos discuten en su casa porque ambos quieren consumir la única naranja que queda en la mesa. La repartición equitativa de la naranja en dos mitades parece entonces la solución más adecuada 9, por lo cual el padre decide finalmente repartirla y se produce la siguiente escena: uno de los hermanos toma la pulpa y se la come, luego de botar a la caneca la cáscara, mientras que el otro bota la pulpa y utiliza la cáscara para hacer un postre. Este tipo de casos muestra que el conflicto surge porque los actores tienen frente a esos recursos, no obligatoriamente intereses, pero al menos sí pretensiones encontradas. Uno quiere hacer una cosa y el otro otra opuesta y eso dificulta la cooperación entre ellos 10 De igual manera, es importante identificar cuando la escasez de un recurso origina un conflicto sobre su control o acceso y cuando ocurre lo contrario, o sea cuando es el conflicto sobre el control o acceso de un recurso, en principio abundante, lo que genera su escasez. El primer caso, podríamos ejemplificarlo con la situación ya mencionada de 4 Se podría hablar también de intensidad de la oposición objetiva de intereses. 5 Por lo general económicas, políticas, sociales, culturales o psico-afectivas. 6 Que puede ser público, privado, personal o íntimo. 7 No es lo mismo que se enfrenten personas individuales, grupos familiares o colectividades que pueden estar lideradas, organizadas, representadas o no. 8 La pretensión es el derecho, bien o mal fundado, que se cree tener y la posición se caracteriza por ser esencialmente una opinión o actitud, justificada o no, sobre el asunto en disputa, en oportunidades útil pero finalmente inconveniente para el logro de acuerdos razonables. Sobre este aspecto ver: FISHER, Roger, URY, William y PATTON, Bruce. Sí.., de acuerdo, (1994) Grupo Editorial Norma, Segunda Edición, Bogotá, pp. 3 a Aunque el asunto no es evidente ya que pueden surgir dificultades como las siguientes: Y por qué partirla por la mitad, si los dos hermanos no son del mismo tamaño? No será mejor que se reparta en proporción al tamaño? Y en tal caso, qué factor tener en cuenta, el peso o la altura? Cómo lograr una repartición exacta por mitades de la naranja? 10 Cf. UPRIMNY YEPES, Rodrigo (2000), Orden Democrático, pp. 24 y 25. Sobre la distinción entre posiciones e intereses ver, citados por Uprimny, en particular a los defensores de una negociación cooperativa, como WEEKS, Dudley. Ocho pasos para resolver conflictos. Buenos Aires: Javier Vergara Editor, Y en particular FISHER, Roger. URY, William. Sí..., de acuerdo. Bogotá: Norma, Se defendió una perspectiva similar en el trabajo escrito en coatuoría entre UPRIMNY, Rodrigo, BONILLA, Guido y GÓMEZ, Juan Gabriel. Resolución democrática de los conflictos. Bogotá: PNR, Escuela para la Democracia y la Convivencia,
11 la naranja, pues existía sólo una y la pretendían dos. El segundo, puede ser ilustrado con el caso del represamiento de una cañada que baña un pequeño valle y de la cual se beneficia toda la vereda. Un finquero que inicia un extenso cultivo de flores requiere un sistema permanente y abundante de riego para cosechar y evitar perder la inversión hecha; para ello decide represar la cañada dejando al resto de fincas con una mínima disposición de agua. Obviamente la decisión del cultivador de flores resulta del todo desproporcionada respecto al resto de finqueros, en tanto cree que tiene derecho de utilizar la fuente de agua como mejor le parece y así asegurar el éxito de su nueva empresa. Manejar y resolver conflictos significa, en principio, superar situaciones de confrontación y disputa, aparentemente irreconciliables, de tal manera que cada una de las partes involucrada logre, como mínimo, satisfacer razonablemente sus intereses 11. En relación con el manejo, los conflictos pueden asumir, entre otras, las características de: a. Competencia, cuando una o todas las partes se proponen satisfacer sus intereses a cualquier costo, independientemente de cómo sus decisiones afecten a las otras. b. Cooperación, cuando las partes expresan la intención de arreglarse con las otras, de tal forma que todas logren alcanzar sus objetivos, conciliar y satisfacer razonablemente sus intereses. c. Evasión, cuando el propósito de una o todas las partes es eludir o negar el conflicto. d. Anuencia o concesión, cuando alguna de las partes está dispuesta a ceder en sus intereses con tal de que el conflicto se resuelva. e. Arreglo con concesiones, cuando la intención de una de las partes es negociar y arreglarse con la otra, pero haciendo mutuas concesiones Un interés, independientemente de la legitimidad, legalidad o aceptación que pueda tener, puede ser un deseo, una situación de beneficio o algo material o espiritualmente provechoso, una particular forma de vida, una tradición, una simple conveniencia, una necesidad, una actitud o un sentimiento, etc. Sobre estos aspectos ver: Resolución democrática de los conflictos en la escuela (1998), Instituto Luis Carlos Galán y UNICEF Colombia, Bogotá, p. 12 y ss, en coautoría entre UPRIMNY, Rodrigo, BONILLA, Guido y GÓMEZ, Juan Gabriel
12 Ahora bien, resolver los conflictos induce la pregunta sobre las condiciones en las que se posibilita la conciliación y satisfacción democrática de los intereses de las partes involucradas. En este aspecto, es importante resaltar la vigencia, en nuestro país, del estado social de derecho que consagra la Constitución Política de 1991, hecho que fue posible gracias precisamente a procesos de negociación política con grupos insurgentes y a la vigorosa reclamación ciudadana, que se materializó en lo se acordó llamar la séptima papeleta. Como plantea Rodrigo Uprimny 13, en el estado social de derecho se conjugan tres tradiciones: la liberal clásica, que induce a limitar la potestad estatal y garantizar las libertades individuales; la del estado democrático, que implica el reconocimiento de la igualdad jurídica de los individuos ciudadanos- en relación con las decisiones jurídicas y políticas, fundamentadas en el principio de mayoría y, finalmente, la del estado social, que exige de parte del Estado prestaciones positivas para garantizar a los asociados una justicia material mínima. Esto significa que la democracia contemporánea, y particularmente la constitucional colombiana, no solo representa un procedimiento para tomar decisiones y limitar los poderes estatales sino es un escenario jurídico y político que permite, desde los derechos económicos, sociales, culturales, colectivos y del medio ambiente, exigir y lograr un mínimo de justicia social. Aquí, resulta relevante lo dice la Corte Constitucional al relacionar el principio democrático y la participación ciudadana, elementos consagrados en la Constitución Política de 1991: El principio de participación democrática expresa no sólo un sistema de toma de decisiones, sino un modelo de comportamiento social y político, fundamentado en los principios del pluralismo, la tolerancia, la protección de los derechos y libertades así como en una gran responsabilidad de los ciudadanos en la definición del destino colectivo. El concepto de 12 Respecto al manejo de los conflictos Rodrigo Uprimny, presenta 17 salidas a los conflictos que van, en el marco de las órbitas autocompositivas, heterocompositivas e intermedia, desde la huida hasta la mediación con poder y la mediación autocompositiva. Ver: Op. cit., p 63 y ss
13 democracia participativa lleva ínsita la aplicación de los principios democráticos que informan la práctica política a esferas diferentes de la electoral. Comporta una revaloración y un dimensionamiento vigoroso del concepto de ciudadano y un replanteamiento de su papel en la vida nacional. No comprende simplemente la consagración de mecanismos para que los ciudadanos tomen decisiones en referendos o en consultas populares, o para que revoquen el mandato de quienes han sido elegidos, sino que implica adicionalmente que el ciudadano puede participar permanentemente en los procesos decisorios no electorales que incidirán significativamente en el rumbo de su vida. Se busca así fortalecer los canales de representación, democratizarlos y promover un pluralismo más equilibrado y menos desigual. La participación concebida dentro del sistema democrático a que se ha hecho referencia, inspira el nuevo marco sobre el cual se estructura el sistema constitucional del Estado colombiano. Esta implica la ampliación cuantitativa de oportunidades reales de participación ciudadana, así como su recomposición cualitativa en forma que, además del aspecto político electoral, su espectro se proyecte a los planos de lo individual, familiar, económico y social 14. Desde esta perspectiva la cooperación y la negociación democrática se constituyen en los métodos más adecuados para que, a todo nivel de la interacción humana y organizacional, las partes de un conflicto traten sus diferencias y tomen decisiones. Adicionalmente, es un proceso para que las personas involucradas dialoguen directa y voluntariamente e intenten alcanzar una solución conjunta. Finalmente, es un espacio que posibilita llegar a acuerdos para resolver los conflictos de manera no violenta. El éxito de una negociación democrática depende en mucho del entorno que los rodea, la voluntad que muestren las partes para cooperar y negociar, el tipo de acuerdos a los que se lleguen y los posteriores compromisos que las partes asuman. En materia de mecanismos para la resolución las variantes pueden estar entre lo absolutamente informal, creativo y respetuoso de las personas y circunstancias en las que se presenta el conflicto hasta los procedimientos más formales, ortodoxos, abusivos y autoritarios. 13 Ibídem, pp 33 a
14 Así por ejemplo, capacidades como la de escuchar a todos, de generar y ganar confianza de las partes y de la comunidad, de tener sensibilidad, disposición y voluntad hacia el trabajo comunitario y su problemática, de liderazgo y hasta, manteniendo una mente siempre abierta, la de recrear situaciones difíciles, tensas y complejas fueron identificadas como características de la personalidad de un operador comunitario en el proceso de manejo y resolución de conflictos 15. Adicionalmente, quien facilite en la comunidad procesos de resolución de conflictos deberá, según el diagnóstico realizado, tener intelectualmente capacidad de analizar y evaluar situaciones y síntomas, de buscar alternativas y concertar propuestas de solución, de orientar, interpretar y lograr acuerdos entre las partes, de prevenir nuevas situaciones de conflicto, de ayudar a formular proyectos y hacer seguimiento a las soluciones, ser prudente, respetuoso, neutral, responsable y tener sentido común, ético y de justicia, y hasta ser capaz de divulgar y educar a la comunidad sobre derechos y deberes Otra situación es la que se percibe al analizar casos como el de la madre que desistió de realizar cualquier acción contra el menor que apuñaló a su hijo, también menor, en el Distrito de Aguablanca 16. O el de los pactos de no agresión y convivencia que se realizaron en la Cárcel de Bellavista de Medellín y que supuestamente pretendieron garantizar la convivencia y la paz en más o menos 62 barrios de la ciudad, es decir gente que está relacionada con estos procesos en las comunas noroccidental y nororiental que incluyeron, para fomentarlos y sostenerlos ( ) determinadas actividades lucrativas, atracos y otras actividades delictivas 17. En tales situaciones fue la violencia, el temor e impotencia lo que determinó tal decisión y reguló dichos acuerdos. 14 Sentencia C , norma revisada: Ley Estatutaria No. 134 de 1994, Magistrado Ponente: Fabio Morón Díaz, Santafé de Bogotá, D.C., Febrero veintiocho (28) de mil novecientos noventa y cuatro (1994). 15 Ver cuadros de resultado del análisis y socialización que se construyeron en los seminarios talleres sobre resolución pacífica de conflictos y justicia comunitaria que se realizaron en Cali, Medellín y Barranquilla entre octubre y noviembre de 1998 y cuyas memorias se encuentran publicadas en Justicia y Conflicto Urbano en Colombia pp. 39, 58 y 76 respectivamente. 16 Ver el Caso 5 presentado por las conciliadoras de la Casa de Justicia de Aguablaca en Seminario Nacional Hacia Una Política de Estado en Justicia Comunitaria en Justicia y conflicto pp. 30 a Memorias del Seminario Nacional Hacia una Política de Estado en Justicia Comunitaria, Documento Borrador. CENASEL, mimeo, p
15 Por otra parte, la experiencia comunitaria de manejo y resolución de conflictos muestra que la práctica informal y espontánea ha ido definiendo cierto núcleo de procedimientos comunes que opera según el tipo de conflicto, de protagonistas y motivaciones que lo generan. Lo importante a resaltar en este aspecto es que en el ejercicio cotidiano de manejo y resolución de conflictos no hay rigurosidad procedimental o de instancia. La comunidad y las personas que la constituyen saben que pueden acudir a una o varias instancias o personas y que a través de la conciliación y el compromiso oral o escrito, pueden llegar a una solución aceptable. En oposición al anterior panorama comunitario de manejo y resolución de conflictos, la articulación y regulación de la convivencia ciudadana pretendida por el derecho estatal o formal, independientemente de lograr poca cobertura real, no consigue penetrar ni entender las lógicas de la convivencia y controversia que configuran la vida comunitaria y, por tal razón, registra poca capacidad de resolver adecuadamente sus conflictos. Además, el ejercicio de la autoridad judicial, policial o militar del Estado ha tenido históricamente un sesgo excesivamente represivo y de lucha contra la delincuencia, orientación que poco ayuda a resolver problemas comunitarios y sí puede agregar elementos adicionales de conflicto, máximo cuando se hace cada vez más evidente la corrupción en las instituciones estatales de control y seguridad. Sin agotar la experiencia, institucional o comunitaria, los mecanismos para el manejo y resolución de los conflictos más conocidos son 18 : a. La conciliación, que consiste básicamente en la intervención de un tercero 19, con el propósito de que las partes lleguen a un acuerdo, total o parcial. El objetivo de la conciliación es lograr que el acuerdo al que se llegue se asuma legalmente como la solución definitiva y se cumpla por las partes. En caso de incumplimiento la parte afectada podrá iniciar contra la otra un proceso judicial en firme. 18 Sobre este aspecto ver: Ética de convivencia y resolución de conflictos (1998), CENASEL, Red de Solidaridad Social y Programa para la Reinserción, Bogotá, p. 47 a Institucional, cuando se realice en centros oficiales y autorizados de conciliación; administrativa, si se realiza ante autoridades administrativas en cumplimiento de sus funciones conciliatorias. Ver: Decreto Número 1818 DE
16 b. La conciliación en equidad, se diferencia de la anterior en que el conciliador, que proviene de la misma comunidad, posibilita a las partes llegar a un acuerdo, fundamentado no en la ley sino en el criterio de justicia que la propia comunidad, a partir de sus usos y costumbres, culturalmente ha construido. c. El arbitraje, que se presenta cuando voluntariamente las partes acuerdan acudir a uno o más terceros para que ellos decidan sobre los aspectos de la controversia. Las decisiones del o los árbitros son, en principio, de obligatorio acatamiento por las partes. d. La amigable composición: cuando las partes establece delegar en un tercero, denominado amigable componedor, la facultad de precisar, con fuerza vinculante, el estado, las partes y la forma de cumplimiento de un negocio jurídico particular. e. La mediación, es un mecanismo comunitario e informal que pretende, a partir de reconstruir las relaciones de convivencia, el entendimiento y el diálogo, facilitar un acuerdo justo para las partes. f. La justicia de paz, es un mecanismo mixto de resolución comunitaria de conflictos. El juez de paz, electo por la comunidad a la que pertenece, es un funcionario estatal que decide en equidad, facilita la autogestión personal y comunitaria en el manejo de los conflictos, busca consensos, facilita que las partes lleguen a acuerdos y defiende el ejercicio integral de los derechos. g. El arreglo directo, se presenta cuando las partes consideran que ellos mismos tienen la capacidad de llegar directamente a un acuerdo. Este tipo de arreglo implica una gran capacidad de comunicación, concertación y criterio para llegar a un acuerdo. Es evidente que las teorías de negociación y las técnicas de manejo y resolución de conflictos se constituyen en un gran acervo de iniciativas para tratar eficientemente no sólo pequeñas conflictividades sino que han demostrado que permiten llevar a feliz término procesos de conflictividad mayor, como son las guerras y las intensas confrontaciones armadas de nuestra época. En esta perspectiva, examinar las
17 características estructurales de la guerra, aunque sea analíticamente, resulta estimulante para los todos los negociadores. II. Aproximaciones a la guerra En tanto miles de colombianos sufren directamente los estragos de la guerra y la violencia armada, pensar en ellas se ha convertido en un quehacer académico y en una labor de los estrategas del conflicto armado. En este sentido la aproximación que, desde este trabajo, se hace tiene el propósito de delinear los aspectos más relevantes de la realidad colombiana sobre las cuales unos la sufren, otros la ejercen y otros pocos la estudian. Iniciemos con la definición, ya clásica, del general y teórico de la guerra, Karl von Clausewitz, quien la explica por sus medios y sus propósitos. La guerra, dice el general, es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario. ( ). La fuerza, es decir, la fuerza física, es de ese modo el medio; imponer nuestra voluntad al enemigo es el objetivo. Para tener la seguridad de alcanzar este objetivo debemos desarmar al enemigo, y este desarme es, por definición, el propósito específico de la acción militar; reemplaza al objetivo y en cierto sentido prescinde de él como si formara parte de la propia guerra. 20 De esta definición se puede decir que la guerra, en cuanto acto que presupone el enfrentamiento armado de adversarios o enemigos, es ante todo un hecho social, o como dice Pierre Naville en la nota introductoria a la obra de Clausewitz: es una forma de las relaciones humanas [que] incluye el concepto global de los conflictos humanos potenciales, en los que el elemento de ruptura, la violencia, tiende permanentemente a extremarse constituyendo el momento supremo del conflicto entre 20 Ver CLAUSEWITZ, Karl von, De la Guerra, Editorial Labor, Bogotá, 1994, pp
18 los hombres, su paroxismo, sin que su naturaleza misma se desligue en ningún momento de la naturaleza de los hombres 21. Tanto la definición como la observación requieren precisarse. En la primera, el adversario o enemigo a quien se quiere imponer la voluntad de quien ejerce la violencia la acción militar propiamente dicha-, es ante todo un par o igual; o sea, ese otro también ejerce su violencia para imponer su voluntad. En la segunda, esa tendencia permanentemente a extremarse que en la guerra tiene la violencia, se refiere no a los conflictos humanos en general sino a la guerra misma, a la acción militar que, como expresión suprema de tales conflictos, los adversarios despliegan para desarmarse e imponer su voluntad. Adicionalmente y en cualquier caso, tanto la acción militar recíproca como la máxima intensidad que la violencia pueda alcanzar en ella tienen como límite el desarme de uno y la imposición de la voluntad del otro, lo que significa que una vez se logren tanto uno como la otra, la guerra como tal termina 22. De todo lo anterior se podría establecer, como conclusión preliminar, que la guerra, y particularmente, la acción militar, es una cuestión que en principio compromete exclusivamente a fuerzas armadas enfrentadas, quedando por fuera de las hostilidades los que no pertenecen a ellas. Ahora bien, la guerra ha conocido históricamente restricciones que se imponen por sí mismas y que como límites jurídicos y morales han evitado que sea deseada, sentida o pensada como una violencia pura e ilimitada, en estado bruto o elemental ( ) Mas bien [la guerra] se encuentra envuelta (también enmascarada) en todo un aparato 21 Ibídem, p. 13. Refiriéndose a este aspecto Hernando Valencia Villa dice: La guerra fue una de las primeras actividades sociales de la especie humana y será sin duda la última. ( ) Se trata de un fenómeno complejo y productivo, que asume diversas formas y genera múltiples efectos de poder y saber, ver su La Justicia de las Armas (1993), TM editores. IEPRI U.N., Santafé de Bogotá, p. 17 y Sobre el fin de las guerras se hará una referencia en el acápite sobre la paz, aquí podríamos decir, adicionalmente, que una guerra bien puede terminar, bajo las condiciones de un acuerdo, sin vencedores ni vencidos
19 conceptual que tiene que ver con la costumbre, el derecho, la moral, la religión, aparato destinado en principio a domesticarla, orientarla, canalizarla" 23. El desarrollo histórico y jurídico de esas consuetudinarias restricciones ha permitido en la actualidad consolidar un cuerpo de reglas que se conocen como el derecho de la guerra, comúnmente llamado Derecho Internacional Humanitario que, en tanto imperativos humanitarios, regulan la conducción de las hostilidades, limitan el uso de medios, imponen prohibiciones a los combatientes y procuran la protección a las víctimas de los conflictos armados (heridos, enfermos, náufragos, prisioneros) a la población civil y a los bienes civiles. Pero la guerra, las hostilidades y las acciones bélicas no sólo exigen ser pensadas y analizadas como una medio para imponer nuestra voluntad al enemigo (Clausewitz), una forma de las relaciones humanas (Naville), o un conflicto que exige restricciones jurídicas y morales (Valencia Villa). También es necesario escudriñar la intensidad del uso de la violencia que en ella se presenta y sus más íntimas relaciones y conexiones con el alma humana, de tal manera que tanto como medio, relación humana general y conflicto que exige restricciones y limitaciones, su solución no se quede en lógicas instrumentales de medios a fines o fórmulas jurídicas de pedagogía humanitaria sino que la integralidad de su análisis permita encontrar nuevos caminos para construir espacios de convivencia democrática perdurables. Desde un punto de vista esencial la guerra, lo absoluto de la guerra, consiste en la negación absoluta del adversario y un movimiento o tendencia hacia la violencia pura que, como acto de fuerza, no establece por sí misma límites. En este sentido argumenta Clausewitz- la guerra es el aniquilamiento del adversario CONTAMINE, Philippe. La guerra en la edad media, Barcelona, Editorial Labor, 1984, p Citado por VALENCIA VILLA, Hernando, op. cit, p Clausewitz, Karl von, Op. Cit., p
20 Este argumento encuentra, de alguna manera, soporte en las reflexiones de Sigmond Freud, quien al preguntarse El por qué la guerra?, pone en evidencia analíticamente que: en principio, los conflictos de intereses entre los hombres son solucionados mediante el recurso de la fuerza. ( ) Al principio, en una pequeña horda humana, la fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quien debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya empieza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta; pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le infringe o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición. Este objetivo se alcanza en forma más completa cuando la fuerza el enemigo queda definitivamente eliminada, es decir, cuando se le mata. 25 Aparentemente esta aproximación contradice las argumentaciones respecto que la guerra es en principio un conflicto humano limitado o por lo menos regulable jurídica y moralmente. Sin embargo, ni Freud ni Canetti, intentan dar cuenta de la guerra como conflicto general sino que señalan, en ese conflicto, elementos de la conducta humana que explican los niveles de violencia en la guerra. Efectivamente, para Freud la tendencia al aniquilamiento del enemigo en la guerra se encuentra en la naturaleza misma de la fuerzas contendientes. En este sentido los ejércitos: son masas artificiales, esto es, masas sobre las que actúa una coerción exterior encaminada a preservarlas de la disolución y a evitar modificaciones de su estructura. En 25 FREUD, Sigmond, El por qué la guerra?. En Freud Obras Completas, Volumen 18, Hispamérica, Argentina, 1993, p Una traducción no tan rigurosa del intercambio epistolar entre entre Albert Einstein y Sigmund Freud se encuentra en Desde otra perspectiva, la muerte y el aniquilamiento del enemigo, como objetivo último y absoluto de la guerra, es descrito por Elías Canetti de la siguiente manera: En las guerras se trata de matar. ( ) Se trata de matar por montones. Hay que acabar con la mayor cantidad de enemigos; la peligrosa masa de adversarios vivos ha de convertirse en un montón de muertos. Vence el que mata a más enemigos. (...) la guerra nunca es guerra de verdad si antes no se apunta como objetivo conseguir un montón de muertos enemigos. Véase CANETTI, Elías. Masa y Poder, Muchnik - Alianza Editorial, Madrid 1987, p
Desde las organizaciones convocantes, saludo al Encuentro Nacional por la Tierra y la Paz
Desde las organizaciones convocantes, saludo al Encuentro Nacional por la Tierra y la Paz Provenientes de los cuatro puntos cardinales de la geografía colombiana, nos reunimos mujeres y hombres, campesinos,

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