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Timestamp: 2017-11-21 17:44:30+00:00

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Sesión 59ª, en martes 7 de noviembre de 2017
(De 12:51 a 15:17)
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Corresponde continuar la discusión particular del proyecto, en segundo trámite constitucional, que modifica la ley N° 19.132, de Televisión Nacional de Chile, con segundo informe de la Comisión de Transportes y Telecomunicaciones e informe de la Comisión de Hacienda, y urgencia calificada de "suma".
Sesiones 32ª, en 6 de julio de 2010 (se aprueba en general); 49ª, en 3 de octubre de 2017 (queda para segunda discusión en particular); 55ª, en 18 de octubre de 2017 (queda aplazada la votación en particular); 56ª, en 24 de octubre de 2017 (queda pendiente la votación en particular).
El señor LABBÉ (Secretario General).- Cabe recordar que en sesión de fecha 3 de octubre se aprobaron las enmiendas unánimes de quorum simple en las que no existía contradicción entre lo resuelto por la Comisión de Transportes y Telecomunicaciones y la de Hacienda.
En sesión del día 24 de octubre se aprobaron las enmiendas unánimes recaídas en normas de quorum especial.
Por lo tanto, siguiendo el orden del proyecto, corresponde pronunciarse sobre las normas que registran diferencias entre lo resuelto por ambas Comisiones, las disposiciones sobre las cuales recaen peticiones de votación separada y las que solo fueron aprobadas por mayoría.
En consecuencia, ruego a Sus Señorías dirigirse a la página 8 del comparado, en que la Comisión de Transportes y Telecomunicaciones aprobó el encabezamiento y la letra a) del artículo 4°, por 2 votos contra uno.
Su texto es el siguiente: "La administración de la empresa la ejerce un directorio compuesto de siete miembros, designados de la siguiente forma:
Puede hacer uso de ella el Senador señor Ossandón.
El señor OSSANDÓN.- Señor Presidente, respecto de este proyecto, en oportunidades anteriores se autorizó el ingreso de asesores.
En consecuencia, solicito que en esta ocasión también puedan hacerlo.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- La idea sería un asesor por Comité.
El señor GARCÍA.- Señor Presidente, tengo entendido que usted puso en discusión una parte del artículo 4°, que se refiere al directorio.
En realidad, mi intervención tiene que ver con una norma relacionada con la fiscalización de la Contraloría General de la República, que fue aprobada en virtud de que fue incluida en el paquete de las disposiciones acogidas por unanimidad en la Comisión de Transportes y Telecomunicaciones a pesar de que manifesté opinión en contrario en la de Hacienda.
Por lo tanto, solicito recabar el asentimiento de la Sala para reabrir el debate sobre esa materia y votar de nuevo.
Nosotros cometimos el error (tenemos que aceptarlo así) de permitir que eso se votara en paquete.
Pero, dada la buena disposición que siempre ha habido en la Sala para corregir errores, reiteramos encarecidamente nuestra petición de que usted solicite la anuencia de la Sala para realizar la discusión y votación de esa norma, que -reitero- dice relación con la fiscalización de Televisión Nacional de Chile por parte de la Contraloría General de la República.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Le sugiero, Su Señoría, que veamos después su petición.
El señor GARCÍA.- Por supuesto.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tal vez pueda reiterarla más tarde, ya que me parece que en estos momentos no se va a dar la unanimidad.
Veámoslo más adelante, pues considero que en la medida que se vaya despachando bien el proyecto irán mejorando los ánimos.
El señor LETELIER.- Señor Presidente, pido la palabra por un asunto de Reglamento.
El señor LETELIER.- Señor Presidente, solicito citar a reunión de Comités.
No tenemos una objeción per se a lo planteado por el Senador García. Pero sería bueno efectuar una reunión de Comités para ver cómo abordar esta iniciativa. Será por un tiempo breve y para agilizar nuestro trabajo.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- En ese caso, cito a reunión de Comités.
--Se suspendió a las 13:3.
--Se reanudó a las 13:14.
Solicito la autorización de la Sala para que puedan ingresar el Subsecretario General de Gobierno, señor Omar Jara; el Jefe Jurídico de la misma cartera, señor Cristian Arancibia, y el Asesor de la Ministra señor Gerardo Ramírez.
El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- En relación con la tramitación de este proyecto, los Comités adoptaron los siguientes acuerdos:
-Votar primero la autorización a Televisión Nacional para desarrollar la señal televisiva especial, denominada "señal dos" (página 76 del boletín comparado).
-Votar después, por reapertura del debate, la norma que se refiere a la fiscalización de la Contraloría respecto de Televisión Nacional (página 75 del boletín comparado).
-Votar, en tercer lugar, lo relativo a la capitalización, que se ubica en los artículos transitorios de acuerdo con la reordenación que efectuó la Comisión de Hacienda.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Vamos a comenzar con la primera votación.
El señor LABBÉ (Secretario General).- Señores Senadores, de conformidad a lo señalado por el señor Presidente, les ruego dirigirse a la página 76, donde se intercala un artículo 35, nuevo, que termina en la página 77.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- La señora Ministra me ha pedido intervenir antes de abrir la votación, porque después solo puede hacerlo para rectificar.
La señora NARVÁEZ (Ministra Secretaria General de Gobierno).- Señor Presidente, el Ejecutivo viene a presentar el proyecto que modifica la ley N° 19.132, de Televisión Nacional de Chile.
El 24 de octubre recién pasado se cumplieron 48 años desde que esa empresa, en 1969, comenzó con sus trasmisiones, constituyéndose en un verdadero hito para nuestro país y para el desarrollo de nuestra industria televisiva.
Como todos sabemos, la forma de hacer y de ver televisión ha cambiado tanto en Chile como en el mundo. Ahora existen a disposición de muchos compatriotas nuevas plataformas para ver y experimentar la televisión. Las audiencias de hoy son más esquivas que hace tan solo un par de años, y han bajado en forma considerable los ingresos por avisaje y propaganda en los canales de libre recepción.
Esta nueva realidad de la televisión nos impone esfuerzos y recursos adicionales para que Televisión Nacional de Chile pueda seguir desarrollando su función pública de manera adecuada, con mejores estándares de calidad y de cobertura.
El proyecto de ley que hoy se discute es una buena noticia para todos quienes desean una mejor televisión pública, porque representa un claro avance en la normativa que regula a Televisión Nacional de Chile, por cuanto mejora y moderniza su gobierno corporativo; aumenta los requisitos y las exigencias para ser director o directora; establece deberes y obligaciones que antes no poseían los directores y las directoras en ejercicio; establece la obligación de que los contenidos de la segunda señal sean de índole cultural, científico-tecnológico e infantiles, lo que constituye un hito: será la primera vez en nuestra historia que tendremos una señal destinada exclusivamente a dichos fines.
Durante casi más de un año se trabajaron y debatieron de forma transversal las nuevas indicaciones en las Comisiones de Transportes y Telecomunicaciones y de Hacienda, donde se recogieron distintas posturas sobre la iniciativa. Así, luego de un provechoso debate, ha sido aprobada la redacción actual que, en resumen, contempla cinco pilares fundamentales:
1. El reconocimiento legal de la misión pública de TVN.
2. El perfeccionamiento del gobierno corporativo.
3. Las modificaciones al régimen financiero y patrimonial.
4. La capitalización.
5. La creación de una segunda señal "cultural, científica, tecnológica e infantil".
En lo relativo al reconocimiento legal de la misión pública de TVN, se agrega un nuevo inciso tercero al artículo 2°, que señala que será una obligación de la empresa el "velar por la efectiva realización de la Misión Pública", que comprende la "promoción y difusión de los valores democráticos, los derechos humanos, la cultura, la educación, la participación ciudadana, la identidad nacional y las identidades regionales o locales, la multiculturalidad, el respeto y cuidado del medio ambiente, la tolerancia y la diversidad".
Este reconocimiento legal se plasmará en un documento denominado "Compromiso para el cumplimiento de la Misión Pública", del cual se deberá dar cuenta ante el Congreso una vez al año.
Respecto del gobierno corporativo, se mantiene el número actual de directores; se establecen nuevos requisitos académicos y de experiencia para los directores y directoras, pero se mantiene el rol del Senado en su proceso de designación; se actualiza el catálogo de inhabilidades, incompatibilidades, causales de abstención y cesación en el cargo; y se modifica el régimen de dieta de los directores, asimilándolo al sistema utilizado en ENAP o CODELCO, entre otros avances.
En cuanto al régimen financiero y patrimonial, se faculta a TVN para contraer deudas que puedan comprometer el crédito público, siempre que cuente con la debida autorización del Ministerio de Hacienda, tal como lo hacen la totalidad de las empresas públicas en Chile.
Por otra parte, este proyecto contempla una capitalización extraordinaria, por una sola vez, de hasta 47 millones de dólares, para financiar los proyectos de inversión que se identifiquen previamente al Ministerio de Hacienda, con el objeto de devolverle el sitial de vanguardia y liderazgo a TVN. Debemos señalar que hace 25 años que el Estado no entrega recursos a esta empresa.
Además, se establece un aporte extraordinario de capital de hasta 18 millones de dólares para la implementación y puesta en marcha de la denominada "segunda señal".
El establecimiento de una segunda señal de libre recepción para la transmisión exclusiva de contenidos educativos, culturales, tecnológicos, científicos e infantiles es un hito que, sin duda, debemos reconocer en toda su dimensión.
El impacto que tendrá en la ciudadanía la implementación de esta segunda señal es importante, toda vez que con esto disminuiremos las actuales brechas entre quienes tienen acceso a televisión de pago y quienes no la tienen. Ello, por cuanto se entregará programación infantil a los aproximadamente un millón y medio de niños, niñas y adolescentes de nuestro país que no reciben una programación adecuada para su edad y etapa de desarrollo, en atención a que sus familias no pueden pagar televisión por cable.
En tal sentido, debemos tener presente que casi la mitad de nuestros niños y niñas no accede a contenidos de calidad de acuerdo a su desarrollo, ya que esos contenidos solo pueden encontrarse en la televisión por cable, lo que genera una brecha en razón de los ingresos de las familias, situación que queremos subsanar a través de esta segunda señal, ya que como Gobierno pretendemos que se programen contenidos adecuados para nuestros niños y niñas, todo revestido con un componente de rescate de nuestra identidad.
Es por esta razón de equidad y justicia en el acceso a contenidos adecuados para miles de nuestros niños, niñas y adolescentes que instamos a aprobar esta segunda señal, que no es otra cosa que darle dirección y contenido a la programación que TVN está obligada a tener en virtud de la Ley de Televisión Digital Terrestre.
Esta segunda señal, que contará con un presupuesto separado de las operaciones generales de la empresa, estará destinada a transmitir los contenidos ya especificados, especialmente aquellos de producción nacional, con un claro énfasis en lo infantil.
Para finalizar, debemos tener presente que necesitamos dotar a TVN de un marco jurídico que le permita ser la televisión de todos los chilenos y chilenas. Para ello, debemos mirar el objetivo común, al igual como se hiciera en 1992, y volver a preparar a TVN para una nueva época digital y horizontal, y así regresarla a un lugar de liderazgo dentro de la televisión chilena.
El señor LAGOS.- No intervendré.
El señor PIZARRO.- Votemos, señor Presidente.
El señor LAGOS.- ¿Puede abrir la votación, señor Presidente?
El señor GARCÍA-HUIDOBRO.- No, señor Presidente. Quiero intervenir antes de que abra la votación, porque será difícil que después me pueda contestar la señora Ministra o el señor Ministro.
En la página 80 del boletín comparado, la Comisión de Hacienda propone suprimir la expresión "de libre difusión" en el artículo 37, nuevo, lo que se plantea como una adecuación formal. En realidad, debiera decir "de libre recepción". Porque, si no, se abre la posibilidad de que no sea televisión abierta, sino solamente por cable.
Me parece que hay un error en esto. Y me gustaría que lo corrigiéramos, porque, de lo contrario, el día de mañana perfectamente podría venderse esa señal, como está pasando, por ejemplo, en un canal de televisión en que solamente sale por cable la parte cultural.
Esa es mi consulta a la señora Ministra.
La señora NARVÁEZ (Ministra Secretaria General de Gobierno).- Señor Presidente, efectivamente esto fue un error formal que se produjo en Secretaría. Por lo tanto, acogemos lo que solicita el Senador señor García-Huidobro.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Si les parece, votamos primero y luego hacemos la corrección propuesta por el Senador señor García-Huidobro y aceptada por el Gobierno.
En votación el artículo 35, nuevo.
La señora ALLENDE.- Señor Presidente, en la sesión pasada tuve la oportunidad de referirme a la importancia de tener una televisión pública. Ello, no porque yo lo piense así, sino porque se trata de un tema de Estado. Necesitamos seguir contando con nuestra televisión pública, con las definiciones y las emisiones que se le han encomendado.
En aquella oportunidad también señalé las dificultades del modelo que le impusimos, en el sentido de que debía ser autosustentable, cumplir con todas sus misiones, pero, al mismo tiempo, competir como un actor más en el mercado. Y hoy día estamos presenciando, no solo en Televisión Nacional, sino también en todos los otros canales de televisión abierta, las dificultades que eso conlleva.
Con todo, quiero señalar que respaldo la propuesta de capitalización que aquí se plantea. Creo que bajo ninguna circunstancia debiéramos dejar al canal estatal en una situación tan compleja como la que hoy día enfrenta.
En la sesión pasada hubo muchas críticas a la gestión del directorio de TVN. Algunos la calificaron de "mala" y de "pésima", incluso. Pero la verdad es quienes así opinaron no profundizaron mucho en sus razones y, más bien, se quedaron en los adjetivos.
Yo creo que este tema involucra muchos factores. Nadie podría señalar uno solo. Las decisiones que toma un directorio de televisión en su política tienen repercusiones de dos a cuatro años más. Y eso ocurrió en el Gobierno de Sebastián Piñera, donde el directorio desmanteló -pienso que fue una mala decisión- toda el área dramática del canal, que significaba, ni más ni menos, que un 35 por ciento de sus utilidades.
Ese fue el inicio de una crisis que, lamentablemente, se ha ido profundizando.
De todas maneras, quiero señalar que en los últimos tres años el directorio ha hecho un tremendo esfuerzo por disminuir las pérdidas. En septiembre de 2015, estas fueron de 23 mil 550 millones de pesos; en 2016, de 11 mil 837 millones de pesos, y este año han sido de 7 mil millones.
Por lo tanto, si miramos estas cifras, no podemos sino reconocer que se ha hecho un gran esfuerzo en esta materia. Se podría decir que estamos comenzando a recuperar los números que -como todos deseamos- lo convertirán en un canal camino de su fortalecimiento.
Por lo demás, este no es un tema únicamente de Televisión Nacional. El día de ayer recibimos la noticia de que la Pontificia Universidad Católica vendió al Grupo Luksic su participación en Canal 13, que ha sufrido pérdidas similares a las de TVN.
¿Y qué justificación se dio? Según los medios, la decisión "fue adoptada por la incierta situación financiera por la que atraviesa la industria".
Es decir, cuando nosotros miramos y criticamos a Televisión Nacional parece que no tenemos la capacidad de darnos cuenta de que, claramente, existe una situación de mayor riesgo, desafío e incerteza en una industria que está compitiendo con las que hoy día son formas diversas de televisión a través de internet, como Netflix y otras.
¿Qué significa la capitalización propuesta? Significa un aporte de 47 millones de dólares, que van a ser destinados a proyectos de inversión.
Según la Ley de Televisión Digital Terrestre -nosotros mismos la despachamos-, TVN deberá contar con 35 estaciones en las 15 capitales regionales, para cuya implementación deberán destinarse a lo menos 22 millones.
Además, se va a financiar la entrega de kits gratuitos para la digitalización en 158 localidades; se construirán nuevos centros regionales, y van a volver los noticieros regionales del mediodía, que se habían suprimido por razones presupuestarias.
Por otro lado, tendrá que existir una señal cultural.
Se destinan 18 millones de dólares a la puesta en marcha de una esperada señal cultural, educativa e infantil.
Como dice el informe, la programación de TVN es la que tiene la más alta cantidad de horas dedicadas a programas culturales. Supera con creces el mínimo exigido. Lejos, está por encima de cualquiera de las señales abiertas.
En 2010 se contempló en la Ley de Presupuestos un fondo por 4 mil millones de pesos para financiar programas de interés nacional y cultural.
Algunos de esos programas, que fueron muy vistos y seguidos (por ejemplo, la serie Los 80), habrían recibido aportes de aquel fondo.
Aquello es muy importante, aunque quisiéramos ver ese tipo de producciones, que fueron bastante pedagógicos y tuvieron tanto éxito, en horario prime.
El proyecto prevé una señal cultural, educativa e infantil, la que será administrada por TVN.
Esto es muy importante, pues sabemos que hoy día nuestros niños tienen escasísimas oportunidades de ver programas infantiles de aquella índole. Y ello es aún más relevante si consideramos que un porcentaje significativo de la población no tiene acceso a la televisión por cable, que es la que transmite mayoritariamente programas infantiles.
En consecuencia, si nos oponemos a la señal cultural, estamos no solo desechando como país un importante instrumento pedagógico y educativo, sino además marginando de él a un gran porcentaje de nuestros ciudadanos.
Por las razones expuestas, hoy día emitiré mi voto afirmativo para la capitalización de TVN y para su señal cultural.
No veo razones por las cuales podríamos oponernos. No entiendo los motivos por los que se quiere posponer la señal cultural. No comprendo la decisión de dejar fuera de las posibilidades culturales y educativas a un segmento significativo de nuestra población.
Por eso, reitero mi voto favorable para ambas cosas: la capitalización y la señal cultural.
El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, el Senado debe actuar con mucha responsabilidad en las decisiones que adopta, particularmente cuando tienen un alto costo financiero.
Sabemos que la economía se halla paralizada; que el Presupuesto está amarrado y, por tanto, no puede asignar recursos significativos en demanda sociales muy fuertes.
Por ende, tomar decisiones en este ámbito es altamente riesgoso si no se actúa con responsabilidad.
Y lo que estaba ocurriendo en Televisión Nacional nos obliga a ser doblemente cautelosos.
Recién se señalaba que en la sesión anterior se habían usado muchos adjetivos para describir el estado financiero de TVN, la mala gestión. Y se preguntaba por qué.
Bueno: no es tan difícil.
Si uno mira las cifras de los años precedentes y hasta 2013 ve que el canal público tuvo excedentes en forma permanente. Además, ese año estaba en el primer lugar de sintonía.
Sin embargo, desde 2014 ese cuadro cambió. Así, en todos los años posteriores (2014, 2015, 2016) ha registrado pérdidas. Pero no solo ha tenido pérdidas económicas: hoy día es el canal ubicado en el último lugar del rating.
No sé si eso se puede considerar una buena gestión.
Empero, no vamos a poner adjetivos: ¡que juzguen los chilenos!
Por lo tanto, creo que el esfuerzo de trabajar en esta materia se debe hacer con responsabilidad. ¡No podemos botar la plata de los chilenos!
En segundo lugar, hemos de tener conciencia del contexto en que se da actualmente la industria de la televisión en Chile.
Efectivamente, el avisaje ha bajado a lo menos en 10 por ciento en el último tiempo. Y eso hace pensar que la televisión debe ser cauta en sus proyecciones futuras.
En seguida, aquí se está pidiendo bastante plata: 47 millones para financiar la señal uno y 18 millones para implementar la señal dos.
Al respecto, tengamos presente que hoy día Canal 13 ha dicho que con 30 millones de dólares -cifra bastante menor que la que se nos pide ahora- va a resolver los problemas de modernización y adaptación a la televisión digital.
Por consiguiente, si se compara con Canal 13, TVN está en posición negativa con respecto al destino de los fondos.
Sin embargo, lo que más nos preocupa es que se quiere implementar una nueva señal sin que la actual esté resuelta desde el punto de vista de su financiamiento.
No sabemos cuánto tiempo va a demorar la ocurrencia de eso, si es que se llega a resolver.
Supongamos que por la buena gestión de la actual dirección, por lo que puede hacer el directorio de Televisión Nacional hacia delante, es factible resolver tales cuestiones. Sin embargo, no hay ninguna garantía.
No obstante, ese canal, que está quebrado -y si no le inyectamos los recursos que se piden, va a quebrar definitivamente; si fuera una empresa cualquiera y no tuviera los dineros que se solicitan, quebraría en forma definitiva-, quiere abrir una segunda señal, la que (tenemos certeza) va a ser deficitaria.
Porque si la actual señal, que tiene -entre comillas- una programación comercial equivalente a las otras, no ha logrado financiarse, una programación cultural como la que se pretende instalar obviamente lo va a hacer en menor grado todavía.
Es sabido que tal es lo que ocurre con la televisión pública, que debe ser financiada públicamente. Pero a mí eso no me preocupa. Lo que me inquieta es que mantengamos financiamiento para la señal uno (televisión -llamémosla así- autosustentable por razones comerciales) y al mismo tiempo creemos una segunda señal a todas luces deficitaria y que habrá de ser financiada también indefinidamente con recursos fiscales.
Por lo tanto, hemos planteado postergar el inicio de la señal dos mientras la uno logra su nivel de equilibrio: seis meses, un año, dos años; lo que sea.
No estamos contradiciendo la existencia de una señal pública como la que se plantea: estamos actuando con responsabilidad. Porque si aprobamos las dos señales simplemente estaremos diciendo: "Aquí el Estado empezó a subsidiar indefinidamente la televisión pública sin tener la discusión adecuada".
Si a mí me preguntan, prefiero tener, en lugar de la actual señal uno de Televisión Nacional, una señal pública entera; una verdadera televisión pública. Y, felices, entremos a discutir el proyecto respectivo. Pero no de esta forma, a través de una cláusula. Porque ignoramos las proyecciones; no sabemos cuáles son las formas de financiamiento, cuáles serán los costos y los déficits.
Por consiguiente, ¡es irresponsable dar recursos para el canal cultural, para la segunda señal!
Nosotros debemos tratar de salvar la señal uno, lo que es difícil. Pero no podemos hacer las dos cosas a la vez, simultáneamente.
Es eso lo que le hemos pedido al Ejecutivo una y otra vez. Pero se ha negado en forma sistemática.
Hemos conversado no solo con las autoridades de Gobierno. También, con integrantes del directorio de Televisión Nacional; con los miembros de los sindicatos, quienes están preocupados por el destino de la señal uno, que, a este paso, lo más probable es que colapse antes, pues vamos a agravar la situación financiera de la televisión pública chilena.
No es responsable hacer lo que nos pide el Gobierno. Lo responsable es postergar el lanzamiento de la señal cultural.
¡Es todo lo que hemos pedido!
Señor Presidente, nos interesa que exista televisión pública. Pero deseamos que ella sea producto de un proyecto bien hecho y bien pensado.
¡Aquí no hay tal!
Yo quiero plantear que quienes aprueben el canal cultural se deben hacer cargo públicamente de la irresponsabilidad que significa entregarle recursos a fondo perdido a una señal que nunca podrá financiarse por sí misma y que, además, está en medio de una empresa de televisión quebrada técnicamente.
¡Tal es la responsabilidad que tenemos!
Por eso hemos pedido postergar el inicio de la señal cultural.
No puedo entender por qué el Gobierno se ha empecinado, salvo que se trate de una consigna política: "¡Ah! ¡Es que está en el Programa!". Lo único que importa es que se encuentre en el Programa. No interesa el buen uso de los recursos de los chilenos; no importa seguir botando la plata: "¡Es que está en el Programa!".
Esa irresponsabilidad política nos lleva a decir: ¡No, señores! ¡Para eso no estamos!
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Quisiera plantearle al Senado que la votación está abierta. De manera que no podré poner término a esta sesión hasta que haya intervenido la totalidad de los Senadores inscritos, que suman quince.
¡Hay que sacar la cuenta...!
El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, este debate se encuadra en una coincidencia y en una marcada divergencia.
La coincidencia es que todos aquellos que formamos parte de esta Corporación valoramos la existencia de una televisión pública y somos partidarios de ella.
Desde que se instaló, más allá de los avatares que haya tenido, ha existido, y debe seguir permaneciendo un sólido consenso en términos del valor que reviste el hecho de que nuestro país cuente con una televisión pública, por las razones surgidas durante este debate y que se han dado a conocer.
Esa es la coincidencia, ese es el consenso.
La divergencia tiene que ver con el estado actual de Televisión Nacional.
En verdad, señor Presidente, al escuchar las palabras de algunas autoridades de Gobierno, y también las de parlamentarios oficialistas, da la impresión de que están hablando de un canal que no existe.
Aquí no se menciona para nada que Televisión Nacional está quebrada; que durante estos cuatro años ha tenido una administración ruinosa.
El asunto es muy simple.
Durante el Gobierno anterior el canal nacional tenía números azules; en la actual Administración ha registrado números rojos. Durante los últimos cuatro años el endeudamiento ha saltado a 50 mil millones de pesos; ha existido una pésima gestión en el ámbito de los altos ejecutivos; ha habido una rotación de cargos permanente; todos los activos se encuentran hipotecados o en operaciones de lease-back.
Dicho en simple, como lo señala a quien lo quiera oír el presidente del directorio: "Si no aprobamos este salvataje, Televisión Nacional quiebra a corto plazo".
Pero sucede que tal situación, que debiera presidir este debate, en opinión de algunos simplemente no existe: se elude absolutamente.
Señor Presidente, nosotros hemos planteado -y tenemos que decirlo ahora- que para ser responsables en la entrega de recursos cuantiosos debía existir un compromiso, no de quien ha sido quizás el principal culpable de la mala gestión, sino del directorio en su conjunto, donde se estableciera la forma como se iba a gastar la plata.
Al respecto, es necesario decir que, no obstante que el directorio estuvo trabajando en esta materia hasta el día de ayer, tal compromiso fracasó.
Por lo tanto, aquí no existe un compromiso institucional, como debió existir y como la Oposición exigió siempre, del canal nacional respecto de cómo se van a gastar los recursos y de cómo esta operación salvataje va a llegar a buen puerto.
Porque si la plata que se les va a pasar se sigue utilizando con los pésimos criterios y con la pésima orientación que han prevalecido durante estos años, a poco andar vamos a tener una situación mucho más compleja: el canal va a seguir en situación crítica, solo que habremos gastado o dilapidado del orden de 60 millones de dólares.
Señor Presidente, en el caso del canal cultural hay una cuestión de sentido común: si el canal nacional fuera solvente, registrara números azules, tuviera una reorganización en marcha ¿quién podría oponerse a la existencia de un canal cultural?
Pero la pregunta es otra: si corresponde que a un canal que se encuentra en quiebra se le ponga en este minuto, antes de que salga a flote, el peso de un canal cultural.
Señor Presidente, yo puedo, responsablemente, señalar que a nivel del directorio del canal nacional este tema se tuvo en cuenta y que la gran mayoría de los directores era de opinión de que la puesta en marcha del canal cultural debía quedar supeditada al logro del equilibrio operacional positivo de TVN.
¡A mí me sorprende que aquello no se tenga en cuenta!
¿A quién se le ocurre, con una empresa que está en quiebra, iniciar emprendimientos nuevos que no tienen carácter comercial?
¿No será necesario primero salvar el canal y posteriormente realizar los otros emprendimientos?
¡Pero no! ¡Aquí hay ideología pura y, sobre todo, una venda en los ojos!
Es decir, a un canal que está quebrado se pretende imponerle gastos que pueden ser extraordinariamente altos.
Señor Presidente, esto no tiene sentido.
Por las razones expuestas, nosotros vamos a rechazar el aporte que se pide para el canal cultural.
No lo hacemos en forma permanente: ¡Por supuesto que no!
Si el canal nacional fuera viable y su recuperación estuviera garantizada, votaríamos a favor.
Pero hacerlo en estas circunstancias constituye una profunda irresponsabilidad.
¡Es como si alguien tiene una casa que se está incendiando y resuelve que antes de apagar el fuego hay que construir un tercer piso o hacer una piscina...!
Constituye simplemente un absurdo. Y a poco andar se verá cuáles van a ser las consecuencias.
Si finalmente se aprueban los recursos, veremos con exactitud cuánto le cuesta al canal nacional y cómo se compensa con la recuperación la señal cultural, si alguna vez ve la luz.
El señor QUINTEROS.- Señor Presidente, me voy a referir exclusivamente al significado del artículo 35 que estamos votando.
Recuerdo que a principios de los años noventa el reconocido pintor Nemesio Antúnez conversaba telefónicamente con el afamado artista Roberto Matta. El diálogo era emitido al aire por las pantallas de Televisión Nacional, en el programa Ojo con el arte.
"Tengo media hora todos los sábados para hablar de arte en la televisión nacional, que ahora es democrática", le explicaba Antúnez a su interlocutor.
Así como el recordado director del museo de Bellas Artes tenía un espacio para acercar la pintura y la arquitectura a la gente, el escritor Antonio Skármeta hacía lo propio con el Show de los libros; el realizador Augusto Góngora presentaba valiosos productos audiovisuales en el programa Cine-video, y Patricio Bañados conducía un programa en que se tocaban nuevos temas con gran vuelo: El mirador.
Es cierto: eran otros tiempos. Y, como bien decía Antúnez, Televisión Nacional era democrática.
Muchos volvimos a sintonizar Televisión Nacional el 11 de marzo de 1990 porque su carácter público entregaba por fin la certeza de que encontraríamos un tratamiento ecuánime de la información, con una puesta al aire más pluralista y ya descontaminada de la carga de propaganda tan propia de las dictaduras.
Al día de hoy, las cosas son distintas. Televisión Nacional debe competir en formatos y contenidos con la empresa privada para financiarse, limitando así los espacios de creatividad e independencia que la mayoría de los chilenos esperamos de la televisión pública.
A la vista de los datos que hemos conocido en el marco de este debate, para una estación de televisión que debe competir por el rating (porque el rating implica recursos) vale más un rostro famoso que un contenido importante.
Así no se puede hacer televisión pública, no al menos una que busque "Reflejar a Chile en toda su diversidad, contribuir a fortalecer su identidad nacional y conectar a los chilenos en todo momento y lugar", como señala la misión institucional de Televisión Nacional.
Señor Presidente, la oportunidad de retomar ese camino la representa la segunda señal cultural, científica e infantil.
Pero se ha aducido que TVN no está en condiciones de hacerse cargo de dicha señal en su actual situación financiera.
En verdad, más que negar los recursos para inversión, despierta resistencia que año a año, a través de la Ley de Presupuestos, se destinen fondos para solventar este canal gratuito y sin publicidad. Se trata de una herejía. Para ellos, la gratuidad equivale a botar la plata.
Además, hay inconsistencias. En este mismo Senado se expresan encendidos discursos sobre la importancia de los niños o de la ciencia. ¿Acaso no son una prioridad? ¿Acaso no es preciso poner más recursos en ciencia e innovación?
Hoy no existe programación infantil en la televisión abierta. Hemos entregado la entretención y formación de nuestros pequeños en plataformas audiovisuales exclusivamente a programas extranjeros y a youtube.
Eso tiene que cambiar. Las culturas del país y del mundo, las identidades regionales y locales, la formación y el ejercicio de la ciudadanía en nuestros jóvenes, nuestra memoria histórica, los valores de nuestra sociedad, la realidad de las minorías y el aporte de los pueblos originarios merecen llegar a todos los hogares de Chile, a todos sus rincones, sobre todo a aquellos excluidos social o territorialmente.
Por eso, voto a favor de la existencia de la señal abierta para la cultura, la ciencia y los niños, de que cuente con un financiamiento permanente y de que no dependa del índice de audiencia y de la publicidad.
La señora PÉREZ (doña Lily).- Señor Presidente, lo primero que quiero decir es que la existencia o no de un canal público no se halla en discusión, a mi juicio. Su realidad es evidente, y nunca he escuchado a alguien en el Senado pronunciarse en contra. Creo que es preciso poner el debate en su justa dimensión. En años anteriores hemos aprobado muchas veces una serie de cambios requeridos por Televisión Nacional.
Pero sí deseo exponer un par de cosas que me llaman la atención. Por ejemplo, respecto de la inversión en la segunda señal, se contempla un poquito más de cinco millones de dólares en inversiones técnicas en equipamiento de emisión. Si se va a usar la misma señal, me pregunto por qué es importante un nuevo equipamiento, el cual involucra ese gasto.
Ello incluye la digitalización de archivo. Entiendo que un canal cultural no es para mantener archivos digitalizados. Porque, para eso, uno llega y los baja de youtube, incluso gratuitamente todavía. Un canal de esa índole es para contribuir a la cultura, no para conservar una biblioteca de archivos. No veo a qué obedece este requerimiento de recursos.
Después se contempla la adquisición y desarrollo de contenidos adhoc, ascendente a ocho millones de dólares.
La gestión de mecanismos alternativos de funcionamiento permanente implica dos millones de dólares.
En síntesis, un poco más de 17 millones y medio de dólares se destinarían a algo que realmente no se entiende en una segunda señal, en circunstancias de que se hace referencia a digitalizar y se utilizará el mismo equipamiento de emisión con que hoy día cuenta Televisión Nacional.
El otro punto en el cual quiero poner énfasis es el plan de retiro programado, que importa ocho millones de dólares. ¿Es para quién? ¿Para los altos ejecutivos? ¿Para la plana mayor? ¿Y por qué no se explica qué pasaría, por ejemplo, con los contratados a honorarios y las chiquillas maquilladoras, que ganan 500 mil o 600 mil pesos y llevan años en esa condición, sin que nunca las hayan pasado a la planta? ¿De quiénes se trata? ¿Se repartirán ocho millones de dólares entre cuatro, diez, cien o mil ejecutivos? No se sabe.
Por lo tanto, estimo que hay demasiadas preguntas sin respuesta en un país como el nuestro, donde la falta de caja fiscal es enorme.
A mí me dicen en la calle todos los días, y no solo en época de campaña, que se requieren especialistas en los hospitales y remedios e insumos en los consultorios. La gente sigue con pensiones miserables. ¡Y nosotros votamos en el Senado una capitalización millonaria en dólares para TVN...!
Deseo consignar que me pronunciaré en contra aunque sea la única en hacerlo, igual que en la reforma tributaria, porque no puedo ser partícipe, en un país como el nuestro, con tantas otras prioridades, de una acción en favor de un canal que es una empresa del Estado, pero que ha funcionado como privada. No le rinde cuentas a nadie. Contempla altos sueldos para sus rostros y sus ejecutivos, no así para sus trabajadores. Y cada vez que la Contraloría quiso requerir información se recurrió a demandas de mera certeza para no entregarla.
Por lo tanto, votaré por el rechazo, ya que se intenta tapar el hoyo financiero de varias gestiones de Televisión Nacional y la Senadora que habla, al menos, estima que la plata se tiene que destinar a cosas imprescindibles para nuestros compatriotas.
El señor HARBOE.- Señor Presidente, cuando discutimos, en su oportunidad, la famosa "ley corta", nos manifestaron que abordaríamos el contenido y el tema de fondo de la televisión pública cuando tratáramos la "ley larga". Cuando empezamos a ver la "ley larga", nos opusieron que no era el momento. Y resulta que la Derecha nos dice ahora que ni siquiera se precisa la señal cultural. La verdad es que, en el fondo, hay un intento por debilitar permanentemente a Televisión Nacional.
La televisión pública juega un rol fundamental en el desarrollo de la democracia, de los valores, de la conciencia cívica y también de la generación de industrias. ¡Cómo nos gustaría que se fomentara, por citar un caso, el desenvolvimiento de aquella, tan relevante, generadora de contenidos científicos, infantiles, locales!
Reivindico, entre paréntesis, la posibilidad de que en las señales regionales se reponga el noticiero local, que tanto se echa de menos.
Asimismo, se requieren inversiones. Por ejemplo, en la provincia de Arauco no se ve Televisión Nacional de Chile, lamentablemente.
En consecuencia, ¿cuál es el rol de la televisión pública? Podremos debatirlo en algún minuto. Pero hoy día estamos evidentemente en un momento muy importante. Y hemos visto una irresponsabilidad enorme de la Derecha. Aquí se ha afirmado que la crisis ha sido originada en esta administración.
¿Dónde está el señor Mikel Uriarte, quien ejerció la presidencia del directorio y decidió en el Gobierno de Sebastián Piñera, junto al director ejecutivo, mantener acéfala la Dirección de Programación durante dos años? ¿Qué gran presidente de directorio deja sin ocupar la gerencia general de su empresa? ¿Dónde están el señor Uriarte y su administración para responder, por ejemplo, de la exoneración o la libertad de acción, finalmente, de toda el área dramática de Televisión Nacional, que aportaba ingresos significativos?
Entonces, claro, cuando una administración asume con decisiones tomadas por la anterior y hereda la mayor mochila, la peor gestión en décadas, uno dice: "¡Momentito!".
Y resulta que estos caballeros que descubren que la televisión pública es importante nos dicen ahora: "¿Sabe? No la capitalizaremos, porque no queremos una señal cultural".
¡Los mismos Senadores presentes aprobaron la Ley sobre la Televisión Digital, que permitirá que toda la competencia privada disponga de dos o de tres señales! ¿Y le están diciendo a Televisión Nacional que no podrá contar con una de carácter cultural, científico e infantil?
¡Perdónenme, Sus Señorías!
Un Honorable colega plantea que es mejor apagar el incendio. ¡Si queremos hacerlo, que se apruebe la capitalización...!
Lo que pasa es que desde hace muchos años no se dicen las cosas como son. Aquí hay una agenda encubierta. Un conjunto de parlamentarios de Derecha quieren debilitar a Televisión Nacional, porque no creen en la televisión pública y desean beneficiar a la competencia privada. ¿Y cuál es el objetivo? Plantear, frente a un eventual Gobierno y dada la crisis: "Tenemos que abrir al capital privado y privatizar Televisión Nacional". ¡Esta es la agenda encubierta que hay detrás! Y eso es lo que afectará a los trabajadores.
¡Se trata de una irresponsabilidad! Y es muy importante que todos observen con detención a los que rechacen la capitalización. Son ellos los que quieren quebrar la televisión pública.
Son ellos, además, los que han chantajeado declarando: "No queremos señal cultural infantil". ¡Claro! Porque más del 60 por ciento del segmento ABC1 probablemente cuenta con televisión de pago. Pero ello dice relación con el 53 por ciento del sector D y solo el 40 por ciento del sector E, que son los más pobres, cuyos niños no pueden ver monitos ni contenido cultural, sino que se encuentran sometidos a una programación que incluye farándula, delincuencia, violencia y falta de valores.
Es inmoral chantajear con la señal cultural y anunciar: "No vamos a capitalizar". ¡Si de verdad se quiere apagar el incendio y ser honesto, aprueben la capitalización! De lo contrario, estarán condenando a la cesantía a muchos trabajadores y le provocarán un daño tremendo a la televisión pública.
Algunos darán un argumento muy importante de carácter económico. ¿Sabe, señor Presidente? Las cosas se tienen que considerar como son: hoy se plantea una responsabilidad de Estado. La televisión de todos los chilenos, la del Estado, no del Gobierno, se halla en problemas, y es en estos momentos cuando se requiere grandeza y expresar: "¡Sí, estoy con mi país, con Chile, y con la televisión pública!".
Me pronunciaré a favor.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Se prohíben las manifestaciones.
La señora VAN RYSSELBERGHE.- Señor Presidente, quisiera partir planteando que las teorías conspirativas son producto de un exceso de imaginación, a mi juicio, de algunos de los colegas presentes. Creo que en las distintas exposiciones no se ha manifestado ni siquiera remotamente el deseo de que no exista televisión pública. Lo que queremos es que sea viable.
Lo que sucede es que, objetivamente, el canal obtuvo casi 20 mil millones de pesos de ganancia durante los cuatro años del Gobierno anterior.
A pesar de que Sus Señorías efectivamente tienen un punto en cuanto a la posibilidad de publicidad y de financiamiento y a que el debilitamiento de la televisión abierta ha ido aumentando, se trata de un proceso cultural, no de algo que ocurre de un día para otro o de un año para otro. Sin embargo el cambio en la rentabilidad se dio de un año para otro: ya en el año 2014 había más de seis mil millones de pesos en pérdidas. Y suma y sigue.
En la última sesión manifestamos estar disponibles para ayudar a Televisión Nacional, pero siempre y cuando nos digan cómo van a realizar el cambio y qué medidas concretas tomarán para evitar que los recursos de la capitalización, que son de todos los chilenos, se sigan echando en un saco roto. ¡Si esta plata no es de un empresario o un privado!
Están pidiendo 75 millones de dólares, monto considerable, sin que nos aseguren que efectivamente van a ir de la mano con un plan estratégico que cambie el actual modelo de gestión de Televisión Nacional. Sin embargo, esto no se dio.
Hoy día se están planteando cosas absolutamente generales y una ampliación a un segundo canal. Las mismas personas que han administrado deficientemente la primera señal quieren contar con otra, sin garantizarse en absoluto una gestión que no genere una situación económica similar a la que estamos viviendo.
Lo que me parece inmoral, entonces -ya que se hizo una alusión-, es no responsabilizarse de lo actuado. Repito que esta plata es de todos los chilenos.
Tratándose de la discusión del Presupuesto, cabe recordar que, para poder asegurarse la gratuidad, a los niños se les estaba quitando la subvención escolar preferencial. ¿Por qué? Porque no había fondos. Sin embargo sí los hay para entregarlos a la gestión deficiente de un canal que durante cuatro años no ha tenido la capacidad de cambiar el rumbo.
Entonces, estimo que el resto son excusas.
Acá ha habido deseo de ayudar. Se pidió lo mínimo necesario para solucionar lo urgente, que es salvar el canal, y no ha existido voluntad política para ello. Por lo tanto, lo irresponsable es avanzar en este sentido.
Quiero formular un último planteamiento. En cualquier empresa con una pérdida de 80 millones de dólares -a eso asciende, aproximadamente, la registrada por Televisión Nacional en estos cuatro años-, el presidente del directorio, que es el responsable final, o da un paso al lado o lo echan. Lo que hubiera cabido esperar es que si el de TVN no era capaz de dar el paso al lado ante la vergüenza de haber llevado el canal al punto en que se encuentra, al menos mediase la decisión política de hacerlo asumir las consecuencias de la situación, que no pudo manejar de manera oportuna.
Nos hubiera encantado de verdad dar nuestra aprobación. Pero creo que sería una irresponsabilidad hacerlo en los términos que presenta el Gobierno, porque se trata de plata de todos los chilenos que se tiene que orientar adecuadamente y gastar bien. Lamentablemente, esta garantía no existe.
La señora GOIC.- Señor Presidente, ya desde hace un tiempo he manifestado públicamente mis dudas en general respecto del proyecto de capitalización.
Estamos votando el artículo que tiene que ver con la señal cultural, pero sin una referencia al contexto más amplio.
Sin embargo, quiero aprovechar el momento también para sincerar lo que a mí me parece el fondo.
Es cierto que hay dos discusiones, una de las cuales es cómo salvar una gestión deficitaria -creo que ello resulta indiscutible-, y es importante señalarlo con todas sus letras. Eso es lo que estamos haciendo: rescatar un canal que todos compartimos. Tiene que seguir existiendo. Todos lo hemos conocido. Sabemos de su relevancia. Es una señal que tiene que llegar a todas las regiones y toda la población. Es distinto de aquellos que viven del índice de audiencia o del avisaje.
Quizás lo más determinante en tomar la decisión de respaldar fue, para la Senadora que habla, la reunión con los sindicatos, representantes de mil 37 trabajadores y sus familias, que son los que han levantado y le dan vida día a día al canal, y a los que embarga la legítima preocupación de qué va a pasar no solo con su fuente de trabajo, sino también con lo que han construido.
Ellos comparten las críticas a la gestión, y nos piden un apoyo desde el punto de vista de que los fondos no digan relación solo con cubrir el déficit, sino también con avanzar en modernizar la administración y hacerla viable. Por lo tanto, el respaldo del proyecto se extiende a la historia que hay detrás, a los trabajadores, y conlleva la exigencia del mejoramiento de la gestión y la garantía del uso de los recursos.
Pero asimismo media un debate de fondo -es el segundo punto que quiero señalar- en cuanto a cuál es el modelo de televisión pública que efectivamente es capaz de sostenerse. Porque si al canal público le ponemos la exigencia de vivir del avisaje, finalmente lo estamos condenando a la lógica de un medio que compite con las mismas reglas del mercado. Juzgo que esa es una discusión pendiente.
Me alegro de escuchar a quienes sostienen que deberíamos ocuparnos en un financiamiento permanente. Ojalá lo hagamos, y que el proyecto en examen sea para generar el piso a fin de avanzar en orden a garantizar los recursos para el cumplimiento de lo que todos hemos señalado -lo he escuchado de un lado y de otro-: la necesidad de una televisión pública que se mueva con otros criterios.
Dicho eso, cabe recordar que la señal cultural en votación es una obligación legal. La impone el artículo 20 del Reglamento de la Televisión Digital Terrestre. Lo que se hace en el proyecto es dotarla de contenidos educativos, culturales y dimensión nacional, regional y local, tecnológica, científica e infantil. Estimo fundamental que demos hoy día una demostración contundente y la establezcamos.
Quiero poner el foco sobre todo en los contenidos infantiles y en el mensaje dirigido a los niños, así como en términos de publicidad. Y espero que eso se cumpla. El objetivo es que la señal les llegue directamente y esté disponible para todos, con el centro en contenidos educativos. De alguna manera, la idea es garantizarles el acceso a estimulación a todos los niños, porque esa es la gracia de la señal cultural: la capacidad de llegar, con todas las estaciones, a cada localidad -ello forma parte, además, de lo comprometido-. Esto me parece fundamental.
Lo anterior es parte de la televisión pública que, en mi concepto, nuestro país necesita.
De ahí la importancia de respaldar su establecimiento hoy día, sujeto a las diversas aprensiones y a todo aquello que hemos conversado para que efectivamente se garantice el buen uso de estos recursos y la buena instalación de la señal cultural, más allá del cumplimiento de lo que actualmente establece el reglamento de Televisión Nacional.
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- No se encuentra en la Sala el Senador señor Chahuán.
Puede intervenir, entonces, el Senador señor García-Huidobro.
El señor GARCÍA-HUIDOBRO.- Señor Presidente, en estos momentos estamos viendo el tema del canal cultural, pero también nos encontramos debatiendo en términos generales respecto de la situación de Televisión Nacional de Chile.
Es importante señalar que originalmente el proyecto que nos ocupa venía con 75 millones de dólares de capitalización. Y bajaron ese monto a 47 millones de dólares. Sería interesante que nos dijeran por qué lo disminuyeron.
¿Presupuestaban que el déficit iba a ser mayor el presente año? ¿Consideraban la compleja situación que significa partir con la televisión digital? ¿Bajaron los costos? Es importante disponer de información al respecto por parte de nuestra Ministra.
Por otro lado, para el proyecto de canal cultural -ahora se está hablando de señal cultural- se partió originalmente con una solicitud de 25 millones de dólares y ahora se piden 17 millones 600 mil dólares.
En consecuencia, señor Presidente, resulta importante informar estas cifras al país, y obviamente a este Senado.
Por otra parte, cuando escucho lo que señaló la Senadora Lily Pérez respecto a la carta que envió el Presidente del Directorio de Televisión Nacional acerca de cómo se van a utilizar los recursos de la señal cultural, por supuesto que existen situaciones que no calzan.
Por ejemplo: la digitalización de archivos. Si no existe el canal cultural, ¿cómo vamos a estar financiando, con 5 millones de dólares más la inversión técnica, ese punto?
Es decir, subsisten una serie de dudas sobre el particular.
Asimismo, señor Presidente, sabemos perfectamente que el mencionado canal, si se llega a aprobar, va a ser deficitario. Y todos los años vendrán a pedir recursos al erario y ello será parte de la discusión pública de la Ley de Presupuestos, que se está analizando hoy día en la Comisión Especial Mixta.
Y hay otro punto que planteamos muchos parlamentarios que representamos a regiones. ¿Qué compromiso hay con las regiones en esta capitalización con el canal cultural? Si en vez de ser una estación que ha avanzado a nivel nacional, ha sido un canal que ha retrocedido no solo en el rating, sino también en lo que significa la información a nivel local. Lo digo por mi zona, y posiblemente por la mayoría de las regiones: en vez de tener dos noticiarios, hoy día contamos con uno.
¡Pero en Santiago no se disminuye nada!
¡Ahí se encuentra concentrado todo el canal!
Y por eso valoro la preocupación que muestran nuestros trabajadores de regiones, que se dedican a informar lo poco y nada que pueden pesquisar en sus respectivas zonas.
Pero ¿qué ocurre? Yo no veo ningún recurso comprometido. Aparte de que haya un compromiso en el sentido de que se estarían efectuando algunas inversiones en regiones.
Me gustaría saber qué se haría con la plata solicitada. Porque hemos visto, justamente, andar marcha atrás en lo que significa el proceso de descentralización y de regionalización de nuestro país en materia comunicacional.
Cuando hablamos de un canal público, ello significa que tiene que valorar y trabajar con todos los sectores, sociales, políticos, pero también ampliando su red. No veo ningún compromiso respecto a ese punto en el proyecto en análisis.
En cuanto al canal cultural, creo que el Senador Larraín fue absolutamente claro. Nosotros no estamos en contra de la cultura en la televisión. Estamos pidiendo que haya un buen manejo y que ojalá Televisión Nacional vuelva a ser un canal más cultural. Pero si en la señal abierta ya no lo es, me imagino cómo será la situación económica que vivirá el canal cultural a futuro.
Por último, señor Presidente, me quiero referir al tema económico.
Hay bastantes dudas respecto a la gestión y al compromiso -entre comillas-, que no existió al final, porque fue una declaración en una carta que el Presidente de Televisión Nacional le envió a usted y que usted nos remitió a todos los Senadores. No veo hoy día un mayor compromiso del Gobierno sobre cómo se va a actuar hacia delante. Y tampoco veo la señal clara que debe dar el Presidente de Televisión Nacional.
Creo que la gestión de la actual administración ha sido nefasta y ha llevado al canal a las cifras que se han informado oportunamente.
El señor GARCÍA.- Señor Presidente, ¿qué se nos pide mediante este proyecto de ley? Un aporte extraordinario de 47 millones de dólares para efectuar las inversiones que Televisión Nacional de Chile necesita.
Se nos solicitan otros 18 millones de dólares para el establecimiento de un canal cultural.
Pero se nos pide además una facultad de endeudamiento, bajo la sola firma del Ministro de Hacienda, comprometiendo el crédito público. Repito: comprometiendo el crédito público.
Asimismo, se nos solicita otra facultad para que se puedan pedir recursos año a año en la respectiva Ley de Presupuestos para el financiamiento operacional del llamado "canal cultural".
Señor Presidente, cuando una empresa se halla en dificultades financieras lo mínimo que le podemos pedir es que, por una parte, precise cuál es la solicitud, y por la otra, que diga en qué va a invertir los recursos.
Sin embargo, miren lo que señala el proyecto respecto de los 47 millones de dólares. Dice que la plata se va a ir entregando en la medida que se vaya presentando el plan de inversiones. Insisto: "En la medida que se vaya presentando el plan de inversiones".
¿No debiera estar el plan de inversiones en cada uno de nuestros escritorios?
¿No debiéramos saber, antes de aprobar los recursos, en qué se van a invertir?
Fíjese, señor Presidente, que venía dispuesto a votar a favor de los 47 millones. Vi este proyecto en detalle en la Comisión de Hacienda. Pero luego de escuchar la intervención del Senador Harboe, tomé la decisión de abstenerme.
Primero, porque a nadie le asiste el derecho a decir que nosotros aquí buscamos la privatización de Televisión Nacional de Chile. Hemos dado todas las muestras; hemos manifestado nuestra mejor disposición de llegar a acuerdo en este proyecto.
Por eso, considero que la intervención del Senador Harboe no solo es profundamente injusta, sino que además no guarda ninguna relación con lo que ha sido nuestro comportamiento y con la realidad de Televisión Nacional de Chile.
Señor Presidente, aquí se ha dicho con claridad: tampoco nos oponemos al canal cultural. Solo decimos: "primero pónganse al día en los números, pónganse al día en las cifras; primero tengamos números azules en Televisión Nacional de Chile; y después veamos".
Aquí, señor Presidente, se trata de entregar 65 millones de dólares en un país que está creciendo al 1,1 por ciento. Ayer el Banco Central nos entregó la cifra de crecimiento de la economía del mes de septiembre. Todos teníamos la esperanza de que fuera más. Fue de 1,3 por ciento, y llevado al año, 1,1 por ciento.
Cuando una economía crece con esos niveles de debilidad, ¿puede el Congreso, puede el Gobierno presentar un proyecto de aporte de 65 millones de dólares cuando tenemos tantas otras necesidades sociales?
¿Cuál es la verdadera irresponsabilidad? Entregar estos recursos a cambio de nada; entregar estos recursos sabiendo que hay muchas otras necesidades sociales, como las pensiones, las listas de espera. Es ahí donde nuestro país debe focalizar sus escasos recursos públicos, que cada vez son más escasos porque la economía crece muy poco.
Señor Presidente, respecto de los 47 millones -entiendo que es lo que se está votando- me voy a abstener, entre otras razones poderosas, porque no se ha dicho en ningún momento de la discusión cuáles serán esas inversiones.
La señora ALLENDE.- Eso está en el protocolo. Allí están especificadas todas las inversiones.
El señor MONTES.- Señor Presidente, está en discusión, por un lado, inyectarle recursos a un canal para que se modernice y enfrente los problemas que tiene, y por otro, crear un canal cultural.
Casi con pasión y alegría algunos dicen: "Está quebrado, ruinoso". Y, además, sin muchos argumentos sostienen: "Aquí ha habido un problema de mala gestión".
Lo mínimo es hacer un análisis serio respecto de qué ha pasado con el canal. Porque en verdad aquí no se ve un análisis serio de los dos o tres períodos anteriores y de lo que sucede con los otros canales.
Entonces, hay una liviandad, como que se está feliz de que el canal esté con problemas.
¡Pero existen razones para la actual situación!
Por un lado, que el modelo de televisión pública con financiamiento de mercado es inconsistente, como señala el señor Cordero, de la UDI, con mucha fuerza. Él sostiene que mientras no haya consistencia entre las funciones públicas y el modelo de financiamiento esto va a ocurrir cuando el mercado tiene altos y bajos, como ha pasado ahora. La crisis financiera es responsabilidad de este modelo de financiamiento en una parte muy importante.
Otra razón apunta a que podría haber habido problemas en la administración.
¡Pero seamos serios!
¡Cómo vamos a sacar conclusiones de esta naturaleza con esta liviandad!
Hay que ver qué puede haber estado mal.
Algunos argumentan que la gestión de un señor en el período anterior liquidó los factores que permitían generar ingresos al canal.
¡Asumamos eso!
He oído a miembros del Directorio que son de Derecha, de distintos lados, que comparten que se arrastró una situación en el canal que llevó a esto y que no encontraron manera de enfrentarla.
Yo tiendo a compartir la lógica del Senador Harboe cuando manifiesta que detrás de esto hay una visión que da cuenta de que el canal no es fundamental, necesario. Él señala que a lo mejor se quiere privatizar. Yo comparto que eso está muy detrás de esto.
La televisión es un factor cultural antes que nada; no es únicamente un factor de negocios. No solo hay que preocuparse de hacer un buen negocio, sino también de la función social que la televisión cumple en la sociedad.
Querámoslo o no, discutir sobre este canal es también discutir el tipo de sociedad que deseamos.
Y no solo ha habido un problema con la Derecha, sino entre nosotros, entre la Centroizquierda. Hemos tenido problemas al respecto.
Les pediría incluso a otros que hoy día son muy críticos que digan qué hicimos.
Se requiere un debate sobre el tipo de sociedad.
Si a las personas se las trata como consumidores siempre, mal podríamos pedirles que sean ciudadanos, que crezcan y se desarrollen culturalmente.
Creo que en los medios de comunicación, en la universidad, en lo cultural y artístico no hemos estado bien.
En el debate de la LGE y en el de la televisión digital se planteó con fuerza la necesidad de crear un canal cultural para Chile, que permitiera la expresión de la diversidad de creaciones y realidades, que fortaleciera la calidad de la educación, que generara una red cultural y educativa, como tienen los japoneses.
¡Esto es clave para la educación!
En ninguna parte del mundo se financia un canal cultural de este tipo. ¡No! Requiere otro modelo de negocios.
Es muy importante que los niños, por distintos lados, conozcan otra visión de la cultura, de la educación, a las personas más desarrolladas, al ritmo que tiene un canal cultural, que no es el mismo de aquel que está compitiendo comercialmente.
Les pido que miren la señal 27 de Canal 13. ¿Cuándo nació? En la reforma universitaria. El equipo, la visión, el concepto partieron de ahí. Esto no se improvisa. El Senador Larraín se acordará de Eduardo Tironi padre, que pertenecía al canal, y durante la reforma, cuando estaba tomada la universidad, empezamos a juntar creadores para tener otra visión. Y eso se nota en parte todavía, porque ni siquiera la dictadura lo desarmó.
Hay que asumir una cosa. Como decía el PNUD, Chile está atrasado culturalmente respecto de su crecimiento económico. Ello se explica, entre otras cosas, por estos medios de comunicación que no ayudan al desarrollo cultural.
¡Las necesidades sociales no son solo económicas! ¡Son también culturales, del espíritu, de la visión de la sociedad y de compartir con otro!
Aquí el gran argumento es el costo.
Yo les preguntaría lo siguiente a los que han hablado tanto del costo.
¿Cuánto significan hoy día las franquicias tributarias? 11 mil millones de dólares. Para TVN se piden apenas 65 millones. ¡Lo otro son 11 mil!
¿Cuánto le damos en franquicia tributaria a los que pagan la educación y que pagan impuestos? 100 millones de dólares.
¿Cuánto le pagamos a Cousiño Macul, que vende los terrenos como los vende? ¿Cuánto costó el túnel en la Kennedy? 148 millones de dólares.
O sea, destinar a un canal cultural 18 millones de dólares -seamos serios- ¡es lo mínimo que podemos hacer!
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Terminó su tiempo, Senador señor Montes.
El señor MONTES.- Como decía, ¡es lo mínimo que podemos hacer por la cultura, por el desarrollo de los niños, por enriquecer la vida de este país!
Es un concepto de sociedad, de desarrollo.
¡Yo estoy por un canal cultural hace mucho tiempo!
¡No me vengan con puros argumentos administrativos! Veamos la función pública, social, cultural. Debemos hacerlo con un criterio de sociedad. Este es un desafío para nosotros, para la Centroizquierda, el Centro y la Izquierda. ¡Si es un debate de fondo!
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Tiene un minuto más, para que concluya, señor Senador.
Hay una discusión bien profunda sobre el canal cultural. Las naciones que cuentan con uno han visto cómo ayuda a desarrollar y a tener otra visión de lo que es el país.
No trasformemos Chile en un campo de negocios, en donde la racionalidad costo-beneficio pareciera ser lo único importante.
El espíritu, el desarrollo de las personas, la capacidad de valorarnos unos con otros, de tener objetivos comunes, el desarrollo cultural, el desarrollo del espíritu artístico y una educación capaz de poner a todos los rincones de Chile en conexión con lo mejor son algo fundamental para que nuestro país sea mejor.
Estoy por un canal cultural.
Por tanto, creo que lo serio es aprobarlo hoy día y buscar el mejor modelo administrativo.
El señor DE URRESTI.- Señor Presidente, Honorable Sala, se ha dado una importante discusión en relación con este proyecto, que llevamos esperando largo tiempo.
El debate ha sido bastante tangencial, porque se han confundido aspectos. Y creo que es importante clarificarlo.
Ha quedado en evidencia que las bancadas de la Derecha -lo han expresado con toda su fuerza; y me parece bien que quede así consignado- no quieren un canal cultural. Hay una excusa más para no plantearlo o diferirlo.
¡Ese es un gran error!
Al menos a mí me motiva contar con un canal cultural. Y esta es la instancia para el debate.
Difiero, eso sí -y haré mis observaciones-, con la capitalización, en relación con aspectos fundamentales.
Hemos tenido un canal como TVN cuyo comportamiento -por decir lo menos- no ha sido de canal público.
Me parece bien que los sindicatos, con quienes conversaba hace un minuto, defiendan a los trabajadores, a la gente que se saca la mugre y pelea un sueldo mes a mes. El sindicato los representa y pelea por mejores condiciones laborales.
Pero cuando hay rostros -este año lo vimos- de TVN que piden un año sabático en el extranjero y el Directorio aprueba seguir pagándoles 5 millones, en circunstancias de que seguramente los trabajadores estarán peleando por su bono de colación o por algún incremento, claramente algo no funciona.
Nosotros hemos manejado a TVN, desgraciadamente, con los mismos criterios utilizados por el resto de los canales.
¡Y no me vengan a decir que es la televisión de todos los chilenos!
La semana pasada veíamos la inauguración de la Línea 6, que salió hasta en el matinal. ¿Y qué pasa en regiones? ¿Dónde se ve nuestra gente? ¿Dónde se percibe lo que nuestra ciudadanía, el territorio, las regiones desean mostrar?
Quiero decir -y que quede consignado- que a mí nadie, absolutamente nadie, mientras recorro las calles, me pregunta: "¿De qué manera, Senador, vamos a salvar TVN?".
Yo estoy dispuesto a ayudar a ese medio, por sus trabajadores, por la función pública, en la que creo. Pero tiene que haber un profundo cambio.
¡Basta de subterfugios laborales para cuidar a los rostros televisivos y a los grandes sueldos!
¡Basta de hacer martingalas para que no paguen impuestos!
Espero que el directorio -y luego vendrá la votación sobre la capitalización- se comprometa efectivamente a ello.
¡Que se deje de hacer elusión tributaria!
Los rostros están un rato en el canal nacional y luego salen. Me dijeron que el 2009 hubo fiscalización durante la jornada de trabajo. ¿Y los rostros? "Están pituteando en otro lugar". ¡No, pues! ¡Seamos responsables!
Hagamos que sea el canal de todos los chilenos con diversidad: más mujeres en el directorio, más representación de pueblos originarios.
¡Si el directorio parece una reunión del barrio alto!
¿Es la televisión de todos o no? ¡No lo es, pues! ¡Hasta ahora no!
Quedan todavía otras votaciones para que veamos de qué manera se suman esos compromisos; para que exista respeto hacia los trabajadores, pero a los trabajadores que producen, no a los rostros, porque a estos se les da otro trato.
El directorio -y sería importante que esto se aclarara- le ofreció 5 millones a un rostro por un año sabático, quien después emigró a otra estación televisiva. No lo digo por algo personal. No conozco a los periodistas ni a los rostros.
No podemos tener un canal nacional que aplique la misma lógica de siempre: tratar de competir sobre la base de retención de fondos y pagando más o pagando menos según las distintas situaciones.
Quiero un medio público con transparencia laboral y pleno respeto a las normas del trabajo; con diversidad en su directorio, pero no solo política -eso me parece bien-, sino también en igualdad de género y representación de pueblos originarios; o sea, con pluralidad.
¡Que "el canal de todos los chilenos" se vea en todo Chile, pues!
¡Vaya que molestó la cobertura que dio Televisión Nacional -lo reitero con nombre y apellido- a la Línea 6 del Metro! ¡Horas y horas publicitando esas ventajas!
Muy bien. ¡Una gran obra del Gobierno! Pero ¿dónde están las de nuestro territorio: el Hospital de Lanco, por ejemplo, del que la comunidad se siente orgullosa y que fue inaugurado por la Presidenta con una tremenda aprobación y con un enorme cariño?
¿Por qué la gente de Lanco y los pobladores de Valdivia no pueden ver también reflejado su territorio?
¡Es ahí donde nos caemos, pues!
Estamos hablando de una estación televisiva que no tiene red territorial, en la que no se ven reflejadas las personas de las distintas zonas del país.
Voy a votar absolutamente a favor de la señal cultural. Estimo que es fundamental para que haya un aumento en materia de contenidos, de programas para niños, de cultura, de diversidad.
Sin embargo, es preciso que exista gestión. Como muy bien dijo la Ministra del ramo, a quien felicito por el empeño que se ha puesto, esto tiene que ser una tarea de Gobierno. Alguien señalaba: "Esto está en el programa". Sí, es efectivo, y los programas se concretan. La Presidenta Bachelet ha cumplido el programa y sus ministros lo han impulsado.
Eso sí, debemos mejorar los estándares.
Quiero que sea una televisión para todos los chilenos y que llegue a la totalidad del territorio, con diversidad, con contenidos, en lugar de ser simplemente una hoguera de altos sueldos.
Espero que la plata vaya a la implementación de las señales y no al pago de los rostros o a cubrir grandes indemnizaciones.
El señor PIZARRO.- Señor Presidente, sin duda, este debate genera pasión y a veces se transforma en un diálogo en el que no nos escuchamos mucho.
Pero creo que igual va a servir esta especie de discusión general -por decirlo de alguna manera-, porque se están tocando todos los temas al mismo tiempo y no solo la posibilidad de contar con un canal cultural mediante la segunda señal. Se ha tratado lo relativo al financiamiento; se ha cuestionado la conducción de TVN, cosa que nosotros compartimos.
Claramente, no ha sido buena la gestión de este canal desde hace cinco o seis años. Las medidas que los distintos directorios han adoptado han significado un menoscabo de patrimonio. No estoy hablando del patrimonio físico, sino del relacionado con el prestigio, la confianza, la credibilidad; ese que implica tener una audiencia cautiva que cree en la necesidad de contar con una televisión pública que refleje el pluralismo de nuestro país, con un canal que sirva también de pauta y obligue a que se aborden en la agenda de otros canales temas que, a nuestro juicio, debieran ser conocidos por la ciudadanía.
En cuanto a la segunda señal, a diferencia de lo que piensan las bancadas de la Derecha, me parece que este es realmente el momento para implementarla. No se trata de un problema de dinero ni de colocarle una mochila a un canal que está con dificultades económicas. Claramente estamos separando la implementación de dicha señal, desde el punto de vista de su instalación, de lo que va a ser el financiamiento permanente.
Y parece que eso no les gusta a algunos: que el financiamiento de esa señal sea público, asumido por todos. De lo contrario, no se podrá financiar. Si la dejamos sola, para que opere con los ingresos que genera la señal 1 de Televisión Nacional, es evidente que no podría solventarse.
A mí me parece que esa es una burda excusa porque lo que el país requiere hoy día -y así lo indican todas las encuestas de opinión- es tener alternativas de cultura en la televisión chilena, de programas en el ámbito científico, de la innovación tecnológica, de entretención, y cambiar un poco el contenido de la televisión infantil.
En los canales abiertos solo se transmite programación para niños comercializada, que infunde valores distintos de los que queremos para nuestros hijos.
Y, por supuesto, eso significa subsidiar, como lo hacemos con la educación, con el transporte público, con la cultura o con el deporte.
Por lo tanto, señor Presidente, argumentar solo en términos financieros, a mi juicio, no es lo que corresponde.
Ahora estamos analizando la instalación de la señal cultural de Televisión Nacional, lo cual, por lo demás, está establecido como mandato en un proyecto de ley aprobado por este mismo Congreso.
Espero que en lo relativo al financiamiento, a la capitalización, que es lo que más preocupa a algunos, podamos lograr un acuerdo ojalá lo más amplio posible y que no nos encontremos con la oposición de las bancas de la Derecha, que aspiran a ser gobierno y que, sin duda, están entregando una señal muy negativa para el mercado televisivo y para TVN.
En efecto, si llegan a ser gobierno, habrá un cuestionamiento en la línea de lo que aquí se ha planteado respecto del fortalecimiento de la televisión pública. ¡Y la única televisión pública que existe es Televisión Nacional de Chile!
Podemos tomar los resguardos, podemos exigir eficacia -y debemos hacerlo-, podemos modificar algunos criterios del gobierno corporativo del canal, pero -y hay que decirlo con todas sus letras- a la Derecha ¡no le interesan las empresas públicas fuertes!; ¡no le interesan las empresas públicas con autonomía! Lo hemos visto en el caso de CODELCO, en el de la ENAP y ahora en el de SACOR, a propósito del debate presupuestario sobre la CORFO.
Señor Presidente, votaré a favor de lo propuesto en el proyecto con mucho agrado. Toda nuestra bancada hará lo mismo, porque entendemos que un canal cultural es necesario para el bien de las futuras generaciones.
El señor GIRARDI.- Señor Presidente, esta materia es parte de los dilemas que debemos enfrentar como sociedad: qué tipo de sociedad deseamos construir. Porque en definiciones de esta índole se plantea la necesidad de resolver qué país queremos.
Nosotros queremos que exista la cultura como bien público; queremos que exista la información como bien público; queremos que exista la política como bien público. Pero hay otros que, legítimamente, tienen una mirada distinta: desean que la información sea un bien privado, que la cultura sea un bien privado y que la política sea un bien privado.
¿Por qué digo eso? Porque estamos viviendo en una sociedad donde se privatizan todas las instancias. El mundo del cual proveníamos, que pretendía ser una sociedad de ciudadanos, ha ido metamorfoseándose a una de consumidores, en la que estos tienen más poder que los ciudadanos. En efecto, hay más preocupación por los consumidores que por los ciudadanos.
La política muchas veces, tal vez por falta de visión o de contenido, comete el error de tomar un atajo y, finalmente, se privatiza. Y sus contenidos comienzan a transformarse en un bien de consumo. Se le habla al ciudadano desde lo que este quiere consumir y no desde lo que la sociedad requiere o desde los valores trascendentes que deben priorizarse en una convivencia democrática, progresista, de diversidad, de inclusión.
Es eso lo que hemos visto.
La política hoy día es más un bien privado, y se transforma y funciona como un satisfactor de consumo.
Entonces, ¿cómo la política les pide a los consumidores que sean ciudadanos, cuando ella misma los transformó en consumidores y los trata como tales? ¡Les da más poder y los enfrenta como consumidores!
Ante ello, existen antídotos: reponer la dimensión de bien público; reponer una visión cultural.
Las personas en Chile consumen estatus, consumen marcas. ¡Los niños ya no comen comida, sino marcas!
La gente consume sentido de vida, lo que reemplaza a la ideología, a la política. En definitiva, consume lo que podríamos llamar "validadores emocionales", "consoladores emocionales".
Los malls son las grandes catedrales: "Dime la marca que usas y te diré quién eres".
Para preservar eso, se requiere transformar también la cultura en un bien privado.
¿Cuál es el antídoto frente a ello? Volver a una sociedad de ciudadanos y no de consumidores.
Sin embargo, las personas hoy día viven a través de los medios de comunicación como la televisión. Y esta genera la dimensión de lo que es bueno o malo mediante las marcas. ¡Las personas viven en función de perseguir las marcas!
¿Quiénes definen la parrilla de programas en televisión? ¡Los gerentes de marketing, pues ellos determinan los contenidos y financian los programas!
En tal sentido, se genera una ecuación perfecta de esa visión individualista y neoliberal, que es un ciclo armónico para ellos. Desde la televisión, financiada por los contenidos privados (desde el marketing, desde lo que Falabella, los bancos quieren avisar, que son los que deciden en realidad qué están viendo los chilenos), se profundiza la sociedad de consumidores y se debilita, se fragiliza la sociedad de ciudadanos.
Quiero una parrilla que no dependa de lo que quiere el gerente del banco BHIF, de otros bancos en Santiago o de alguna isapre o AFP. Me gustaría que exista un contenido televisivo que justamente esté en función de los intereses de la sociedad, de cómo hacerla más robusta, más ciudadana, más crítica, más inclusiva, más integral.
¡Esa es la discusión que tenemos!
Algunos no quieren el canal cultural porque prefieren el mundo de los consumidores. ¡A ellos no les gustan los ciudadanos! ¡Les temen a los ciudadanos!
Pero se viene otro problema, sobre lo cual no quiero profundizar: el mundo que se avecina no es el del formato televisivo vertical. Es un mundo horizontal, colaborativo, de abajo hacia arriba: el de los contenidos.
¡Ninguna televisión va a sobrevivir!
Y Televisión Nacional deberá migrar a un proceso de plataforma.
Hoy día las personas no quieren contenidos verticales; prefieren decidir ellos sus propios contenidos. Y a futuro, con la robótica, cada uno de nosotros contará con un algoritmo, que ni siquiera nos preguntará y sabrá lo que nos agrada (qué leemos, qué nos interesa, adónde viajamos, qué compramos). Él decidirá por nosotros y buscará lo que nos gusta.
Incluso la publicidad va a cambiar. No será necesario estar bombardeados de avisos, pues los algoritmos, que sabrán más que nosotros, tomarán las decisiones en nuestro lugar.
Por lo tanto, para el mundo televisivo viene una nueva metamorfosis: una industria de contenidos y no de formatos, con plataformas múltiples.
Si eso no se asume, todas las estaciones televisivas van a quebrar. De hecho, ¡han quebrado muchas! Si algunas sobreviven, es porque han recibido capitalización.
Lo que no debemos hacer es cortarle los pies y las manos a Televisión Nacional para que pueda emprender ese desafío futuro y transformarse en una industria de contenido.
El señor ARAYA.- Señor Presidente, sin duda, en esta materia se manifiesta con Chile Vamos, con la Derecha, una diferencia de carácter ideológico.
Estoy consciente -y lo he dicho públicamente- de que este proyecto es de salvataje económico por la crisis financiera que está viviendo Televisión Nacional.
Las explicaciones para los números que hoy presenta TVN podríamos discutirlas días y días. Pero es factible sintetizar el punto -sin culpar específicamente a nadie- en la crisis del modelo de televisión a nivel mundial, no solamente en Chile.
Si en este momento cualquier persona que nos ve abre uno de los principales periódicos de la tarde, el diario La Segunda, se dará cuenta de que uno de los accionistas más relevantes de Canal 13 vendió su participación, con lo cual se procederá a una nueva capitalización del medio.
Hoy día cambió la forma en que se entretienen los chilenos, especialmente quienes más consumen televisión, la gente joven. Dejó de ser atractiva la televisión, porque las plataformas actuales para ello son distintas. Internet, Netflix obviamente lograron desbancar la televisión como principal forma de entretención e información para las personas.
Frente a eso, ¿qué han hecho otros canales o qué hicieron sus dueños? Capitalizar en el tiempo, cosa que no sucedió con Televisión Nacional.
Soy de los que creen en una televisión pública, que entregue ciertos valores y un mínimo común denominador de lo que queremos transmitir como país.
En esa línea, no podemos afirmar que la señal cultural no es importante.
Hoy día necesitamos un canal cultural, de carácter nacional, que pertenezca a la televisión pública, que les enseñe a los chilenos a pensar y que muestre otras realidades.
Quienes cuentan con la posibilidad de contratar televisión de pago ven contenidos que a muchos chilenos les es imposible acceder.
Por esa razón, a mi juicio, es muy importante que entreguemos los recursos para la creación del canal cultural de Televisión Nacional. Junto con ello, es necesario contar con un compromiso por parte del Gobierno en orden a establecer una fecha cierta en la que dicho canal entraría en operaciones.
Soy de los que piensan que el canal cultural debe recibir financiamiento estatal, pues buscamos que haya calidad y enseñanza en los contenidos. Y espero que su programación no esté determinada por el tipo de publicidad o avisaje que se tenga.
Parte importante de la -entre comillas- mala calidad de la información y de la televisión que se transmite guarda relación con el rating que se disputan día a día los canales. Y, obviamente, los temas culturales no siempre están dentro de los asuntos que les interesan a los chilenos.
Por eso creo que debe ser el Estado el que financie permanentemente la señal 2 de TVN, el canal cultural.
Asimismo, cuando veamos la capitalización, ojalá exista un compromiso al respecto y que el Gobierno entienda que los parlamentarios de regiones -yo represento a Antofagasta- esperamos que las señales locales de Televisión Nacional sean un aporte al canal cultural.
En esa línea, confiamos en que se puedan terminar los proyectos que se han anunciado y que han sido postergados por falta de financiamiento, como la construcción del centro regional de Antofagasta, que esperamos sea un eje para difundir la cultura en todo el norte grande.
Si hay algo a lo que aspiramos -y defenderemos con mucha fuerza-, es que el canal cultural de TVN no se centralice solo en lo que ocurre en la Región Metropolitana. Tiene que mostrar los distintos tipos de actividades culturales que se realizan en las regiones de nuestro país (las ferias, los espectáculos artísticos). Se requiere una mirada mucho más integral de Chile, una que refleje las diferentes muestras culturales y no solo aquellas que se efectúan en Santiago.
En eso no podemos equivocarnos.
Necesitamos formar ciudadanos que piensen, que tengan acceso al mundo de la cultura. Y esto, a mi juicio, pasa por contar con un canal público en Televisión Nacional dedicado a entregarles cultura a los jóvenes y, especialmente, a los niños. Esa señal no puede depender de cuán competitivo sea el canal sobre la base del rating y el avisaje que exista.
Por esa razón, voy a apoyar la creación del canal cultural.
Espero que el Gobierno se comprometa con una fecha cierta para el comienzo de las operaciones de dicho canal, el cual, obviamente, tendrá que ser solventado con ingresos fiscales, mientras se debate respecto a qué va a pasar con la televisión en los próximos años.
Termino señalando, señor Presidente, que en el mundo de cambios que estamos viviendo, con nuevas tecnologías, es difícil afirmar ahora cuál será el modelo de televisión que viene para los próximos cinco o diez años, dadas la velocidad de los cambio y las nuevas plataformas de entretención que nacen día a día.
El señor LETELIER.- Señor Presidente, ya varios colegas han hablado de la realidad de la industria televisiva. Pero, frente a los comentarios de los Senadores de la Derecha, es bueno mostrar solamente lo que publica hoy LaTercera respecto de los rendimientos y las pérdidas por canal.
Se evidencia un problema estructural muy grande en el sector.
Es lo primero que subrayo ante la afirmación tan ligera que se ha hecho, en cuanto a que esto es un problema de la actual Administración.
Más aún, si uno ve las dificultades financieras de Televisión Nacional, se advierte que influye evidentemente la falta de capitalización oportuna durante decenios; influye la actitud del directorio cuando en dos ocasiones se rechazó el nombramiento como ejecutivo de Jaime de Aguirre, y también influye, sin duda, la fuga del área dramática, que significó un impacto brutal que no se dimensiona de un año para otro, sino durante el transcurso del tiempo, desde que deja de haber producción propia.
Pero, más allá de los problemas estructurales de la industria, más allá de los problemas de gestión, me parece que si Televisión Nacional sigue hoy en pie, después de lograr enfrentar los dos últimos años, es gracias a un tremendo plan de reducción de gastos, donde los dirigentes sindicales y los trabajadores de la empresa han jugado un papel fundamental. Se ha logrado reducir los costos de gestión en cerca de 25 mil millones de pesos. Todos han hecho un gran sacrificio para revertir la situación. Y no debemos olvidar el sacrificio y el compromiso de los trabajadores. Hoy día TVN muestra una reducción de costos de un 30 por ciento, la mayor de la industria televisiva. O sea, se están asumiendo los problemas de gestión en forma correcta.
Por ende, más que quedarnos en la reflexión sobre si se están haciendo bien o mal las cosas, en particular en materia de gestión, me parece que necesitamos preguntarnos qué se debe hacer en esta industria.
Personalmente, creo en la televisión pública y quiero que cumpla una función pública. Ya un Senador de nuestra bancada, Carlos Montes, planteó la convicción de los socialistas en el sentido de que no puede seguir conviviendo un modelo de mercado en una empresa como Televisión Nacional, que cumple una función pública.
Eso sí, señor Presidente, respecto de las cifras, molesta la ignorancia de algunos Senadores de las bancas de enfrente cuando dudan de cómo se van a usar los recursos. Cuando hablan de digitalización, parecen delegados de curso de una escuela primaria. Se contemplan fondos para una señal cultural; se dice que hay que digitalizar material. ¡Es algo obvio! Estamos hablando de una señal cultural y de tener una programación que deberá ser emitida o transmitida de cierta forma, más aún cuando ya entremos en la era de la televisión digital. Por ende, la ignorancia con la que algunos señores Senadores abordan ciertos temas no deja de sorprender.
El presupuesto contenido en el proyecto original se redujo para la señal cultural. Se está entregando un aporte que uno podría calificar de bastante acotado: 17 millones de dólares.
La señora NARVÁEZ (Ministra Secretaria General de Gobierno).- Incluso es menor.
El señor LETELIER.- Es menor, debido a la reducción de costos que pudo realizarse gracias al sacrificio de los trabajadores.
Y esta señal va a ayudar, probablemente más que la permanente, a impulsar la industria, tan relevante, para otro contenido.
Mire, señor Presidente, si Chile tiene problemas graves, es porque tenemos una crisis de valores en lo que respecta a nuestra comunidad, a nuestro ethos. Las patologías sociales que sufrimos no son casuales. Y no cabe duda de que la televisión es uno de los instrumentos que pueden ayudar a definir sentidos colectivos.
La ausencia de señales culturales, de programación cultural, de televisión para los niños, niñas y adolescentes de nuestro país es un problema muy grave.
Generar una señal cultural, con un costo bastante moderado, según lo que aquí se está proponiendo -¡bastante moderado!-, es algo que le hace bien a Chile.
Si nuestros niños y niñas, especialmente aquellos provenientes de familias de trabajadores, siguen sometidos al tipo de televisión que tenemos, a los programas que ofrecen los medios de comunicación, después no nos lamentemos por las patologías sociales crecientes que sufrimos.
Si no tenemos agentes que cumplan otra función, es muy difícil cambiar ciertos ethos, ciertos comportamientos.
Señor Presidente, esta es una iniciativa bastante acotada. No es el gran debate que necesitamos sobre el proyecto de televisión pública, pero es un mínimo para poder avanzar. Y con la creación de la señal cultural -hoy es un buen día para decirlo- vamos a hacer historia.
¡Habrá señal cultural, a pesar de los conservadores de las bancas de enfrente!
El señor NAVARRO.- Señor Presidente, la verdad es que este ha sido un proyecto complejo, porque lo hemos venido votando a pedacitos.
Cuando discutimos la "Ley corta", en esta misma Sala manifesté que no compartía el hecho de que TVN quedara sometido a las mismas exigencias de los canales comerciales. Se nos dijo que había que hacerlo, pues tenía que competir en igualdad de condiciones y sin los brazos atados. Votamos a favor y señalamos que, cuando llegara el proyecto de ley definitivo, haríamos un debate sobre la constitución corporativa y el destino de Televisión Nacional. No ha sido posible en su detalle.
Se han establecido modificaciones, mayor transparencia administrativa, mayor estándar, pero el directorio no cambia.
Hay empresas públicas como ENAP -acabo de conversar con Jorge Fierro, presidente de su sindicato- y como CODELCO donde los trabajadores tienen voz y voto en el directorio. Mi pregunta para el señor Ministro es por qué los trabajadores de Televisión Nacional no tienen voz ni voto en la junta directiva de la entidad. Los trabajadores son importantes. Y TVN es una empresa pública tan trascendente como ENAP o CODELCO.
¡A los trabajadores se les ha negado esa participación!
¿Dónde debatimos esto, señor Ministro? Si queremos darle estándar a Televisión Nacional, que es pública, ¿por qué hacemos esta diferencia con empresas estratégicas como ENAP o CODELCO?
Además, se mantiene en el directorio la facultad para enajenar (artículos 13, numeral 1, y 18, literal b). Yo espero que sus miembros tengan consideración y no utilicen, pese a que se menciona dos veces, dicha facultad; que no entre la desesperación y alguien decida transferir los bienes o las concesiones. Siento que es una atribución que debiera tener una traba importante. El directorio no puede enajenar bienes. Al menos tiene que haber un control del Senado, del Gobierno. Estamos en presencia de una empresa pública.
Respecto del Canal, el primer proyecto del Ejecutivo, del año 2008, ofrecía mucho más. Se contemplaba la definición de "diversidad cultural" y se hablaba de "facilitar el acceso a canales de contenidos culturales". O sea, era bastante más amplio.
Me preocupa sobremanera -se lo he planteado a ambos Ministros- la capacidad espectral que usará la señal cultural. ¿Se emitirá en alta definición? ¿Cuál será su capacidad técnica? ¿Va a ser secundaria?
Pregunté a la SUBTEL y al Consejo Nacional de Televisión si las concesiones nacionales deben emitir su señal principal en alta definición y cuál será la situación del canal cultural en esa materia.
Me señalaron que aquello no está garantizado y va a depender, básicamente, del tipo de decisión que tome la estación.
Lo más importante -se lo he planteado al señor Ministro y a la señora Ministra- es lo que dispone el artículo 35. Establece que "Televisión Nacional de Chile, mientras cuente con una concesión, deberá transmitir, mediante una señal televisiva especial", etcétera. Me preocupa la frase "mientras cuente con una concesión". ¿Qué pasa si no cuenta con ella?
El señor Ministro me ha indicado que esta frase podría ser eliminada en el tercer trámite o en la Comisión Mixta. Lo que me inquieta es que, si en algún minuto TVN no cuenta con una concesión, ¿el canal cultural deja de funcionar?
Pienso que, si aceptáramos esa tesis, estaríamos aprobando una señal temporal, no una señal definitiva.
El señor Ministro me garantiza que esta frase puede ser examinada en la Comisión Mixta junto a otros temas y que Televisión Nacional transmitirá siempre contenidos educativos mediante una señal especial y no solo "mientras cuente con una concesión". Es un deber corporativo permanente, no sujeto a un concepto de semejante naturaleza, independientemente de la tecnología futura que pueda desarrollarse. Cualquiera que sea la tecnología, sea mediante concesión u otra, tiene que haber un canal cultural disponible para todos los chilenos.
Las ventajas están a la vista. Tiene que haber un canal cultural en Chile, no solo porque representa el compromiso de un gobierno. ¡El país necesita un canal cultural! Si el 86 por ciento de nuestros compatriotas no comprende lo que lee -no lo digo yo, sino los especialistas-, significa que estamos frente a un problema del tipo de cultura que está emitiendo la sociedad, los medios de comunicación, del tipo de oferta cultural que se está entregando.
Televisión Nacional tiene como responsabilidad emitir una oferta cultural financiada y subsidiada. Pero no se va a financiar. ¡La cultura no se financia en ningún país del mundo! Es como los trenes. ¡Todos son subsidiados! Brindan un buen servicio, un servicio de bien público.
Voy a votar a favor, señor Presidente, en consideración al compromiso que el señor Ministro ha indicado: que TVN transmitirá a través de la señal especial de manera permanente y no solo mientras cuente con una concesión. Y espero que en el tercer trámite constitucional la frase sea sacada, de manera de tener mayor seguridad al respecto.
El señor GUILLIER.- Señor Presidente, en verdad, el desafío de Televisión Nacional tiene múltiples dimensiones: sin duda, una es tecnológica; otra tiene que ver con contenidos y, finalmente, también con un modelo de negocios.
Vamos a lo tecnológico: todos sabemos que los jóvenes ven cada vez menos televisión abierta y, en general, medios tradicionales unidireccionales. En cambio, prefieren otras plataformas que son múltiples y que tienen que ver más con banda ancha, con medios digitales, con interactividad y con participación.
Por lo tanto, inevitablemente el negocio de la televisión abierta se va a ir batiendo en retirada.
De hecho, hace ya tiempo que se viene advirtiendo que el mercado publicitario chileno, que además se ha abierto a otras plataformas, no da para más allá de dos canales grandes, debido al alto costo y a que existe una tendencia a la caída de sintonía.
En materia de contenidos, que es clave, todos coinciden en que las industrias culturales están progresando en todas partes del mundo. Y Chile también es un protagonista interesante.
Hoy, el 2,2 por ciento del PIB lo aportan las industrias culturales, la industria creativa, la "economía naranja", como la llaman otros, que tiene que ver con la generación de ideas, símbolos, valores, identidad.
Esa industria supera en la actualidad los 7 mil millones de dólares, de acuerdo a fuentes que emanan de organismos que están trabajando en tales áreas de nuestra economía.
Sin embargo, quiero recordar que durante el Gobierno de Sebastián Piñera Televisión Nacional de Chile eliminó, o dejó ir (como prefieran), su área dramática prácticamente completa. Gran parte de los profesionales migró a Chilevisión, a Mega y a otros canales que hoy día generan contenidos y cuentan con las más altas sintonías.
Se trató, por lo tanto, de un error estratégico al no percibir el escenario de la evolución de los medios de comunicación.
Pero además se nos planteó el problema del mercado chileno en términos de modelo de negocios.
Obviamente, la industria cultural -lo hemos dicho- es el futuro. Es un área donde además muchos creativos y varios jóvenes artistas, así como los nuevos diseños, lenguajes y símbolos, están dando cuenta de una industria de la creatividad que nos pone en el siglo XXI.
Mientras Televisión Nacional desmantela su capital creativo, nos enfrentamos, en esta petición de recursos, a la falta de un proyecto que diga al Congreso cuáles son los modelos de negocios que van a hacer sustentable ese tipo de televisión.
Curiosamente se plantea en el Senado un debate sobre televisión cultural sin publicidad y transmitida a través de medios digitales, que es precisamente una de las áreas promisorias en este diseño de televisión del futuro, de televisión de plataformas múltiples.
Por esa razón, si algo me hace sentido en esta iniciativa es trabajar el concepto de canal cultural digital sin publicidad.
Finalmente, deseo manifestar que Televisión Nacional nos debe un proyecto que responda a todos esos desafíos y que, por lo mismo, probablemente daría más sentido a la normativa.
Al margen de esa ausencia, que estoy pidiendo subsanar desde hace tiempo, y asumiendo que esa iniciativa no ha llegado -existe una vaga promesa de que en algún momento se enviará-, también es necesario asumir que se debe votar aquí y ahora.
Sería imperdonable que en el futuro la televisión pública no se atreviera a entrar a la era digital y a la televisión cultural, en la cual el propósito es preservar una industria creativa que posea identidad, que genere símbolos y que en la actualidad empieza a tener una participación interesante en el mercado.
Por consiguiente, podría yo aceptar una discusión acerca del futuro de la televisión abierta, en una apuesta quizás excesivamente arriesgada, pero nunca objetaría la posibilidad de un canal digital y cultural, que tiene que ver con el corazón mismo de la reconversión del modelo de negocio de la televisión.
Yo creo que si hay una parte del proyecto que no admite postergación o rechazo es justamente la dimensión de un canal cultural para Televisión Nacional de Chile.
Por lo tanto, pido que hagamos una reflexión más abierta acerca del futuro de la televisión en la discusión del financiamiento para esta nueva televisión.
Voto a favor del canal cultural.
El señor COLOMA.- Señor Presidente, aquí hay dos discusiones que tienden a mezclarse. Yo, al menos, voy a intentar diferenciarlas.
Una se refiere a cómo ha hecho su labor Televisión Nacional de Chile, particularmente en el último período.
He visto que algunos, con una pasión que proviene más del corazón que de la razón, argumentan que ha vivido un buen período. Lo cierto es que esa afirmación me parece del todo sorprendente y cae en la tentación -mañosa, a mi juicio- de tratar de compararse con aquellos a los que les ha ido casi tan mal como a uno. ¡Pero nunca la comparación es con los que les ha ido bien!
Por tanto, resulta bastante rara esa forma de buscar siempre, ni siquiera el "cuatrito"; son de los que están en rojo, a veces son el peor alumno del curso o uno de los peores alumnos del curso.
Sin perjuicio de ello, yo comparto que el esfuerzo que han hecho funcionarios, periodistas, equipos regionales, es grande. Lo que pasa es que cuando se comete un error persistente por parte de la alta jefatura estas cosas suelen replicarse una y otra vez.
En particular, eso lo veremos al momento de la capitalización.
En este caso, estamos discutiendo una cosa distinta: la importancia que reviste para algunos de los Senadores que me han antecedido en el uso de la palabra la entrega "permanente" -se trata de un gasto permanente, no por una vez- de recursos para este canal versus otras prioridades del Estado.
Quiero hacer presente que este tema se discutió cuando se planteó el modelo de televisión pública. El concepto fue que se debía hacer un esfuerzo original, primario, para tratar de generar una lógica de televisión pública con compromiso que tuviera cierto grado de éxito de audiencia, que no es otra cosa que la gente crea en el canal y lo vea. Tenía que ser el eje de cualquier acción positiva hacia delante. Y se planteó la opción, que legítimamente puede tener un Estado, de apoyar, subsidiariamente, a otros emprendedores en el campo visual. ¡Y por Dios que podrían hacer cosas muy importantes con un pedazo chico del aporte que en ese momento se estaba planteando para Televisión Nacional!
En definitiva, se llegó a un acuerdo político relevante en materia de televisión pública que funcionó durante mucho tiempo. La pregunta es por qué dejó de hacerlo tan abruptamente.
Y quienes nos llaman "bancadas conservadoras" -no sé cómo les gustaría que los llamaran a ellos: tal vez las "bancadas dilapidadoras de enfrente", en contraposición a la denominación que han planteado- dicen que da lo mismo: "¡Tiremos plata a la chuña! ¡Las lucas sobran! ¡Para eso hay lucas!".
¡Por favor! Me parece que el país no está diciendo eso.
Nosotros estamos tratando de hacer rendir en forma razonable los escasos recursos de este país, que, dicho sea de paso, este Gobierno los ha hecho mucho más escasos de lo que podrían ser si contáramos con una buena condición económica.
Los ministros de Hacienda tratan de convencernos de que debe primar la austeridad, de que se debe gastar menos para generar desarrollo, sin perjuicio de lo cual, a las primeras de cambio, tienen otra opinión cuando se trata, ya no de capitalizar una institución, lo cual se podrá discutir en su mérito -yo tengo mi opinión-, sino de una nueva aventura, un nuevo negocio, a partir de la autoconvicción de que el único que puede transmitir cultura de buena manera es el mismo canal de televisión que, debido al problema de dirección que ha tenido no solo en los últimos doce meses, sino desde hace tres años al menos, ha demostrado incapacidad de sintonizar con el público, con las nuevas visiones, con las nuevas plataformas.
Algunos Senadores hacen una buena reflexión: hoy día la gente joven usa plataformas distintas, no ve televisión. Sin perjuicio de ello, se concluye al final que igual todos los años debemos inyectarle a TVN muchos millones de dólares para no sé si "darse el gusto" -entre comillas- o cumplir una especie de "misión" que algunos se han autoimpuesto.
Me parece que ese es el peor de los argumentos. Porque, objetivamente, una institución pública que no está cumpliendo en forma adecuada la misión que le entrega la ley -no un partido político ni una visión política- está pidiendo una especie de salvavidas, argumento que uno podría discutir. Pero de ahí a decir que debemos entregarle para siempre una cantidad importante de recursos me parece una aberración intelectual, por cómo se plantea, más aún cuando hemos sabido que el directorio de Televisión Nacional, cuyos miembros han sido designados por el Parlamento, mayoritariamente se ha opuesto a este tipo de gastos adicionales.
Esto es lo mismo que una versión más chica del Transantiago. O sea, se trata de instalar algo así como "Se fue la bolita"; "¿Sabe qué más? Este es un curcuncho pero hay que echarle para adelante. ¡Echémosle para adelante!".
Creo que eso es un grave despropósito. De ahí que me sorprenda la pasión o el encono que ha habido para enfrentar un tema que es de reflexión obvia. ¡Obvia!
No confundamos una situación de emergencia con una visión, sin importar lo que está sucediendo, como si no hubiera pasado nada. Este debate se ha desarrollado como si todo anduviera bien. Y de repente, se instala este nuevo objetivo.
Yo pienso que esos recursos tendrían mucho mejor propósito, incluso en las redes, con emprendedores u otras acciones de bien público.
Por eso, señor Presidente, no me parece justo.
El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente, Honorable Sala, estamos frente a la discusión de un tema importante, complejo y que dice relación con un medio de comunicación estatal.
Ciertamente, cuando tramitamos la Ley de Televisión Digital -me tocó hacerlo como Presidente de la Comisión de Transportes y Telecomunicaciones-, en términos de darle una segunda señal a Televisión Nacional, todos entendíamos que su carácter era desempeñar una función pública.
Y, por supuesto, Televisión Nacional tenía una responsabilidad en el sentido de ser un transportador de contenidos locales, y también de generar contenidos culturales. Eso fue parte del propósito.
De ahí que he señalado reiteradamente que cuando nosotros vamos en auxilio de un medio de comunicación estatal -y quiero manifestar que no nos haremos cargo del cierre de la estación televisiva; porque esto se halla en juego: si este auxilio no llega es probable que Televisión Nacional tenga que cerrar sus puertas en los próximos años; algunos hablan incluso del 2018- lo mínimo que se pide a las autoridades hoy día a cargo es que exista un plan financiero que les permita hacerse cargo de la dramática situación económica en que se encuentra dicha casa televisiva.
Ha habido conversaciones -yo he participado en algunas de ellas, en otras el Senador Allamand-, y nosotros pedimos a Televisión Nacional que esto no sea un saco roto, y que se entienda que los recursos públicos hay que cuidarlos. Porque siempre existen prioridades; y, por supuesto, también es una prioridad que un medio de comunicación del Estado finalmente tenga ese carácter: que informe y sea un canal para llegar a todo el país.
Entonces, lo que se pide a Televisión Nacional, cuando estamos dando un voto de confianza en términos de entregarle recursos, es que exista un plan de contingencia al que recurrir.
Primero, que los recursos que se van a incorporar a Televisión Nacional no sirvan para indemnizar a los rostros, sino que sean parte de un plan de desarrollo de la estación televisiva.
Segundo, que seamos capaces de asegurar los contenidos locales. Y le planteo con mucha franqueza a la Ministra -por su intermedio, señor Presidente- que no puede ocurrir que se cierren los canales regionales.
Hace un tiempo se empezaron a cerrar los canales regionales de Televisión Nacional, que son justamente el objetivo de su existencia. Este no es un medio como cualquier otro, en que impera la competencia por el rating. Televisión Nacional tiene una función pública específica. Por eso, cuando se comenzaron a anunciar los cierres de los canales regionales, nos surgió una preocupación.
Quiero hablar también por Televisión Nacional de la Región de Valparaíso, y hacer extensiva la misma preocupación por Televisión Nacional de La Araucanía y por otras tantas señales regionales.
No puede suceder que los recursos que se resolverá entregar en virtud de esta ley finalmente no vayan a potenciar el rol de Televisión Nacional -con sus dos señales; hicimos la excepción- de ser un transportador de contenidos locales y culturales.
Entonces, simplemente quiero manifestar que espero que exista responsabilidad en quienes tienen que liderar Televisión Nacional. Y eso implica el compromiso de que estos recursos vayan donde tienen que ir.
Si se van a destinar a finiquitar a los rostros de televisión, y cada uno de estos se irá con una cantidad cuantiosa de recursos, esto será nada más ni nada menos que un saco sin fondo en esta empresa estatal.
Por tanto, pido que exista la posibilidad cierta de que estos recursos sean fiscalizados. Y este es un tema que hemos levantado con mucha fuerza.
Cuando el Parlamento ha querido fiscalizar, por ejemplo, las rentas de quienes laboran en el canal estatal, esa información no ha llegado al Congreso. Creemos que debe llegar, y todos los chilenos deben saber cuánto gasta este medio de comunicación.
Dicho lo anterior, ojalá que este asunto se resuelva, porque creo que el canal efectivamente tiene una función cultural.
Cuando insistimos en sacar adelante la Ley de Televisión Digital -yo me empeñe en ello, a pesar de que todo el mundo apostaba que nunca saldría por todos los conflictos de intereses cruzados que existían- la idea de generar contenidos culturales en horarios prime era fundamental.
Pero ahora, con la implementación de la nueva Ley de Televisión Digital, esperamos que haya contenidos específicos en cada una de las señales actualmente permitidas o que se vayan a facilitar en virtud de la Ley de Televisión Digital.
Por tanto, espero que exista responsabilidad en quienes dirigen hoy día Televisión Nacional.
--Se aprueba el artículo 35, nuevo (21 votos a favor, 12 votos en contra, una abstención y un pareo).
Votaron por la afirmativa las señoras Allende, Goic y Muñoz y los señores Araya, De Urresti, Girardi, Guillier, Harboe, Horvath, Lagos, Letelier, Matta, Montes, Navarro, Pizarro, Quintana, Quinteros, Tuma, Ignacio Walker, Patricio Walker y Andrés Zaldívar.
Votaron por la negativa las señoras Lily Pérez, Van Rysselberghe y Von Baer y los señores Allamand, Coloma, Espina, García, García-Huidobro, Hernán Larraín, Moreira, Ossandón y Pérez Varela.
No voto, por estar pareado, el señor Prokurica.

References: artículo 4
 artículo 4
 artículo 35
 artículo 2
 artículo 37
 artículo 35
 artículo 35
 artículo 20
 artículo 35
 artículo 35