Source: https://renacientes.net/blog/2009/12/18/respuesta-al-doctor-marcos-aguinis/
Timestamp: 2019-12-06 18:07:35+00:00

Document:
Respuesta al doctor Marcos Aguinis – Proceso de Comunidades Negras de Colombia
uando los intelectuales defienden el genocidio
“Creemos que si estamos en la verdad triunfaremos, y sabemos que si no estamos en ella será mejor que no triunfemos.”
“El que encarcela o ejecuta, ante todo duda de sí mismo. Extermina los testigos y los jueces. Pero para engrandecerte, no basta con exterminar a los que te veían bajo.
El que encarcela y ejecuta es también el que echa sus faltas sobre otro. Luego, es débil.
Pues cuanto más fuerte eres, más faltas cargarás sobre ti. Ellas se tornan para ti enseñanzas para tu victoria.”
Queremos llamar la atención sobre un documento firmado por el señor Marcos Aguinis, y puesto en Internet por el Consejo Judío Latinoamericano y el World Jewish Congress, a nuestro criterio plagado de errores y de tergiversaciones de la historia, el que parecería responder a una fuerte carga de odio, producto de una actitud discriminatoria contra los que el autor, utilizando un lenguaje ambiguo y vago, denomina árabes, palestinos o musulmanes indistintamente.
Una lectura cuidadosa de este panfleto, entendido como un escrito que encierra una propaganda ideológica, permite comprobar que utiliza conceptos de narraciones supuestamente históricas, que ya han sido refutadas y deconstruidas por arqueólogos, filólogos, historiadores, cuyas obras el señor Marcos Aguinis parece desconocer totalmente o parece ignorar intencionalmente.
Por ello la única cita con la que pretende dar sustento a su fabuladora literatura, llena de errores históricos, tanto sobre hechos del pasado como del presente, es de la famosa escritora belga Marguerite de Crayencour, a cuya novela recurre el señor Marcos Aguinis, para justificar acontecimientos de la historia antigua, relatados novelísticamente por Marguerite Yourcenar, como se la conoce mundialmente.
Quizá, demasiado ocupado en recibir premios y medallas honoríficas de muy diversas instituciones, y particularmente del Estado de Israel, así como su vocación y dedicación a escribir novelas, el señor Marcos Aguinis no haya tenido tiempo para estudiar o, al menos, leer a algunos de los autores que citaré más adelante. Autores que le hubieran permitido no cometer semejante tergiversación de hechos históricos, y posteriormente, basado sobre esa tergiversación, sacar conclusiones que nada tienen que ver con la realidad sino que conforman el andamiaje sobre el que organiza sus diatribas y discriminaciones de etnias y pueblos que poblaron el antiguo Canaán, la tierra de mis ancestros, hasta hace muy poco olvidados e ignorados, y lo mismo hace con los actuales habitantes de Palestina, los palestinos.
Se comprende entonces que, en un reportaje que le hiciera el diario La Nación, el señor Marcos Aguinis, adhiriera e impulsara a acompañar al entonces presidente de EE.UU. de América, señor George W. Bush, a las invasiones que produjeron las masacres y crímenes de guerra y lesa humanidad, de los pueblos de Afganistán e Irak.
En el caso de Afganistán, inventando un supuesto refugio de un señor Osama Bin Laden, socio él mismo y su familia, de la familia Bush, como fuera publicado por diversos medios periodísticos y en libros editados en el propio EE.UU. de América, tan sólo para justificar el derrocamiento del gobierno legítimo, y que, como publicara elChristian Science Monitor, ese gobierno había casi eliminado el tráfico de drogas, que había alcanzado la suma de 6.000 millones de dólares anuales, y que luego de la invasión organizada por el señor Bush (h), volvió a trepar a esa suma, al parecer bajo el cuidado de los ejércitos enviados para que nada entorpeciera ese tráfico.
En el caso de Irak, quedó totalmente demostrado que no existían las armas de destrucción masiva que motivaron la invasión, hecho que fuera señalado por expertos de las Naciones Unidas, y pese a lo cual el ex presidente de EE.UU. de América, quien podría hasta ser juzgado por un tribunal internacional por los crímenes de guerra y lesa humanidad que cometiera contra ese pueblo, en el que murieron más de 2 millones de personas inocentes y se exiliaron en países vecinos más de 4 millones.
Los lacayos del occidente imperial mandaron a la horca al ex presidente de Irak, Saddam Hussein, por haber, supuestamente, mandado asesinar a 82 kurdos. Nunca se pudo comprobar, cuando Saddam Hussein estaba en el gobierno, la veracidad de esas muertes. Aunque no tengo dudas que mucha otra gente murió en manos de lacayos del propio presidente y sus hijos, como relatan muchos autores creíbles. Y si medimos con la misma norma a unos y otros, es mi opinión que el ex presidente George W. Bush, debiera sufrir la misma pena, y aún mayor que la de Saddam Hussein.
El saqueo producido y conocido de antemano por los asesores culturales del presidente estadounidense, quienes le advirtieron con un año de anticipación que los marchands de New York, estaban preparándose para robar todos los tesoros arqueológicos, como lo publicara oportunamente el diario Clarín, en una separata, y que el especialista venezolano Fernando Báez, en su libro La destrucción cultural de Irak. Un testimonio de posguerra, en su segunda edición tanto en Venezuela por la Editorial Alfadil, como en España por la Editorial Dodecaedro, en el año 2005, describe detalladamente los horrores cometidos bajo la mirada sospechosamente cómplice de los oficiales y soldados estadounidenses. Quienes, por supuesto, negaron toda complicidad con los ladrones de museos, aunque estos tuvieran la llaves de las vitrinas donde estaban guardados los tesoros arqueológicos de Sumeria y Babilonia.
Tres importantes asesores del presidente estadounidense renunciaron apenas supieron de los saqueos de los museos de Bagdad: Martín Sullivan, quien fuera durante ocho años jefe de la Comisión de Asesoría sobre Propiedad Cultural de la Casa Blanca, conjuntamente con Richard S. Lanier y Gary Vikan, porque consideraron la responsabilidad que le cupo al ejército estadounidense y para no ser considerados culpables de semejante fechoría. Aunque tenían en su favor el hecho de haberle advertido al presidente, con un año de anticipación, de que tales robos iban a ocurrir.
Por supuesto, el señor Marcos Aguinis, no tiene tiempo para informarse de estos hechos que le permitirían escribir con honestidad y difundir información verídica, en lugar de ello se dedica a escribir panfletos como el que estamos analizando, con el objeto de advertir no sólo a las instituciones que lo difunden, y evitar que lo sigan haciendo, confiando en la honorabilidad de las mismas, las cuales seguramente no tendrán académicos que las asesoren con respecto a estos temas tan importantes en el mundo contemporáneo.
Capacidad financiera no les falta seguramente y podrían contratar a personas más idóneas y más informadas, académicos de renombre internacional, israelíes, americanos o europeos judíos, con mayor conocimiento de la temática que el señor Marcos Aguinis pretende abordar con un lenguaje infantil, carente de seriedad académica, superficial y banal, con tal de denostar a palestinos, árabes, musulmanes y demás.
Estoy seguro que si el señor Marcos Aguinis hubiera leído tan sólo algunos de los libros que citaré más adelante, basados en sólidas investigaciones de estudiosos europeos y estadounidenses judíos, así como de los famosos académicos israelíes, reconocidos mundialmente, como Ze’ev Herzog, Israel Finkelstein, Neil Silberman, Avi Shlaim, Ilan Pappé, Shlomo Sand, Abraham Burg, quienes han sumado sus voces y dado fundamentos arqueológicos, filológicos, históricos y políticos, a las críticas demoledoras al terrorismo de Estado del Estado de Israel, de autores de confesión judía, como Israel Shahak, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Civiles del Estado de Israel, Gideon Levy, director del diario Ha´aretz, que se edita en el propio Estado de Israel, Michel Warschawski, prestigioso pensador francés de confesión judía, cuyos libros han sido traducidos a diversos idiomas, entre ellos el castellano y en nuestro propio país. A todos ellos debemos agregar a Vivianne Forrester, pensadora francesa, también de confesión judía e hija de un importante banquero, y muchos otros, a quienes podríamos considerar continuadores de la obra crítica al sionismo de la muy reconocida pensadora alemana de confesión judía, Hannah Arendt, quien en su libro The Jew as Pariah, previno y predijo los desastres que les ocasionaría a las comunidades judías, diseminadas en el mundo occidental, la ideología sionista y el establecimiento del Estado de Israel.
Hannah Arendt definió con claridad meridiana la filosofía sionista y señaló con precisos conceptos el aporte nefasto de esa visión colonialista e imperialista, que fuera adoptada por aventureros ambiciosos de poder, seguidores por conveniencia de un ideólogo que les abrió el camino con sus ensoñaciones, me refiero a Teodoro Herzl:
“Esta apreciación del antisemitismo –como un fenómeno eterno que acompaña inevitablemente el curso de la historia judía en todos los países de la diáspora–, adquirió alguna veces formas más racionales, como por ejemplo cuando fue interpretado con categorías del Estado nacional. Entonces el antisemitismo podía aparecer como “una sensación de tensión periférica” comparable a la “tensión entre naciones… en las fronteras nacionales, allí donde los constantes contactos humanos de distintas nacionalidades tienden a renovar permanentemente el conflicto internacional” (Kurt Blumenfeld).
Pero incluso una interpretación tan avanzada como ésta, que al menos atribuye correctamente uno de los aspectos del odio-a-los-judíos (Jew-hatred) a la organización nacional de los pueblos, sigue presuponiendo la perpetuidad del antisemitismo en un mundo perpetuo de naciones, y más aún, niega la parte de responsabilidad de los judíos en las condiciones existentes. De esta forma no sólo desconecta la historia judía de la historia europea y del resto de la humanidad, sino que también ignora el papel que desempeñaron los europeos judíos en la construcción y en el funcionamiento del Estado nacional, con lo que esta interpretación es reducida, por lo arbitraria y absurda, a una suposición de que todo gentil que viva con judíos deberá convertirse, consciente o inconscientemente, en alguien que odia-al-judío (Jew-hater).
Esta actitud sionista con respecto al antisemitismo –que fue considerada razonable precisamente porque era irracional, es decir, porque explicaba lo inexplicable y omitía explicar justo aquello que había que explicar–, condujo a una valoración errónea y muy peligrosa de la situación política en cada país.
Partidos y movimientos antisemitas fueron tomados sin más por aquello que ellos mismos pretendían ser; y considerados como representantes genuinos de toda la nación, y que por ende no valía la pena combatirlos. Y puesto que el pueblo judío, conforme a una antigua tradición compartida con los pueblos antiguos, seguía dividiendo a la humanidad entre ellos mismos y los extranjeros, entre judíos y goyims –al igual que los griegos dividieron el mundo en griegos y barbaroi–, tendieron voluntariamente a aceptar la explicación apolítica y ahistórica de la hostilidad contra ellos.
En su estimación del antisemitismo, los sionistas no tenían más que apelar a esta antigua tradición judía; se expresasen en términos medio místicos o, de acuerdo con la moda del momento, en términos medio científicos, como apelaban a una tradición tan ancestral, su interpretación apenas encontró resistencia. De este modo no hicieron sino reforzar la peligrosa, antiquísima y profunda desconfianza de los judíos por los gentiles.
No menos peligrosa y totalmente acorde con esta tendencia general fue la única nueva parte de la filosofía de la historia que los sionistas contribuyeron con sus nuevas experiencias.
“Una nación es un grupo de personas… que se mantiene unido por un enemigo común” (Herzl). Una doctrina absurda que sólo contiene una pizca de verdad: que muchos sionistas, verdaderamente, estaban convencidos de que ellos eran judíos porque así los consideraban los enemigos del pueblo judío.
Por lo que, estos sionistas, concluyeron que sin el antisemitismo el pueblo judío no habría podido sobrevivir en los países de la diáspora; y por ello se oponían a cualquier intento de eliminar el antisemitismo para siempre.
Por lo contrario, ellos declararon que nuestros enemigos, los antisemitas “serán nuestros más confiables amigos, y los países antisemitas nuestros aliados” (Herzl). El resultado sólo podía, sin duda, llevar a una absoluta confusión en la que nadie podría distinguir entre el amigo y el enemigo, en la que el enemigo se convertía en el amigo, y el amigo en el velado, y por lo tanto en el más peligroso, enemigo.” 1
El señor Marcos Aguinis basa sus argumentos siguiendo las líneas del pensamiento sionista, que inaugurara Teodoro Herzl, quien con una retórica colonialista, y un ambicioso plan para constituir un Estado gueto, en algún lugar del mundo, para trasplantar allí a unos pocos europeos judíos, no todos, para que pudieran evitar las discriminaciones a que los sometían algunos otros europeos, no todos.
El señor Marcos Aguinis no toma en consideración que toda la retórica de Teodoro Herzl, aparte de sus delirantes ofrecimientos financieros para sanear las finanzas del sultán turco y del kaiser alemán, eran de una petulancia sólo concebible en un hombre que padecía delirios de grandeza encubiertos en su, sin duda, respetable intento de resolver el problema de “la cuestión judía” o “el problema judío” de la Europa discriminadora.
Quería que lo recibieran reyes, el Sultán turco, el Kaiser alemán, el Papa, los magnates financieros, y convencerlos de que debían ayudarle para crear el gueto judío en otro lugar que no fuera Europa, a esa Europa que él admiraba pero que lo despreciaba. Y quería constituir un pequeño gueto judío en otro continente, para no molestar a los europeos.
Extraña psicología la de un hombre que buscaba un destino equivocando el camino que debía recorrer, como lo señalaron oportunamente dos grandes pensadoras europeas, la alemana Hannah Arendt y la francesa Viviane Forrester, ambas de confesión judía.
Aparentemente el señor Marcos Aguinis, nunca leyó lo que escribió un destacado luchador por los derechos humanos, llamado Bernard Lazare, que acompañó hasta el final al capitán Alfred Dreyfus, a quien se quería condenar en Francia, por un acto que no había cometido y que fuera declarado inocente gracias a sus abogados y al formidable alegato escrito por Emile Zola.
Bernard Lazare fue admirado y respetado por Hannah Arendt y Vivianne Forrester, y así les contestó a los sionistas seguidores de Teodoro Herzl:
“Ir a Sión para ser explotado por el judío rico, ¿cuál es la diferencia con la situación actual? Esto es lo que ustedes nos proponen: la alegría patriótica de no estar ya oprimidos más que por los de la misma raza; no queremos nada de esto.
… El judío que hoy dice ‘Soy nacionalista’ no dice de una manera especial, precisa y clara: ‘Soy un hombre que quiere reconstruir un Estado judío en Palestina y que sueña con conquistar Jerusalén’.
Dice: ‘Quiero ser un hombre plenamente libre, quiero gozar del sol, quiero tener mi dignidad de hombre. Quiero librarme de la opresión, de la infamia, del desprecio que se quiere hacer que pese sobre mí.
… Ustedes quieren enviarnos a Sión.
… Nosotros no queremos ir.
… Es en el vasto mundo donde está nuestra acción, nuestro espíritu.
… Es allí donde queremos quedarnos sin abdicar de nada, sin perder nada.”2
Responder a tantos errores históricos, arqueológicos, filológicos, políticos y éticos, exigiría analizar frase por frase de este libelo, por lo que sólo habré de señalar algunos de ellos: aquellos que constituyen el meollo del fundamento de sus fantasiosas elucubraciones, que resultan, a criterio del suscripto, de un infantilismo casi enfermizo porque las viene repitiendo desde hace muchos años.
Y, además, tengo plena conciencia de que estos señalamientos lo son sólo para advertir a los lectores del texto del señor Marcos Aguinis que este está plagado de errores y que, como argentinos, habría resultado más útil, para israelíes y palestinos, que intentáramos desde nuestro país, ambos, una forma de diálogo fructífero para ellos y para nuestro pueblo.
1) En los primeros renglones de sus vaguedades literarias, refiriéndose a la supuesta entrada en Canaán “de los antiguos israelitas“, señala, recurriendo a un también supuesto chiste judío, porque seguramente su única capacidad es novelar, ya que no recurre a ningún documento histórico que, de haberlo hecho se hubiera evitado demostrar su ignorancia de lo que la arqueología, como se verá, ha demostrado.
Dice Marcos Aguinis:
“Un chiste judío propone que los antiguos israelitas marcharon de Egipto a Canaán por la tartamudez de Moisés. “Dios le ordenó: ‘Lleva a mi pueblo a la Tierra Prometida, la tierra que mana leche y miel’.”
Y, luego, el señor Marcos Aguinis escribe con total desconocimiento de la historia acerca de acontecimientos que ocurrieron, según él, en época de David y Salomón, 1.000 años antes de la era cristiana, seguramente sin siquiera haber leído con sentido literalista el texto de la Torah, donde se dice que el mítico Abraham llega a Canaán y se encuentra con Melkisedek, a la entrada de Jerusalén, casi 1.000 años antes de la literatura vinculada con David y Salomón.
Pero veamos que dicen los autores, Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, en su libro La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, ambos investigadores son académicos que gozan de prestigio y respeto internacional, cuyas afirmaciones sobre lo que describen de lo acontecido en aquella época lejana, nada tienen que ver con los quiméricos imaginarios del señor Marcos Aguinis.
“El proceso descrito aquí es, en realidad, el contrario del que encontramos en la Biblia: la aparición del primitivo Israel fue el resultado del colapso de la cultura cananea, no su causa. Y la mayoría de los israelitas no llegó de fuera de Canaán, sino que surgió de su interior. No hubo un éxodo masivo de Egipto. No hubo una conquista violenta de Canaán.
La mayoría de las personas que formaron el primitivo Israel eran gentes del lugar –a las que vemos en las tierras altas a lo largo de las edades del Bronce y del Hierro–. En origen, los primeros israelitas fueron también –ironía de ironías– ¡cananeos!”5
“La nueva datación de esas ciudades, que pasan de la época de Salomón al tiempo de los omritas, tiene consecuencias enormes para la arqueología y la historia. Da al traste con la única prueba arqueológica de la existencia de la monarquía unificada con su centro en Jerusalén e indica que, desde un punto de vista político, David y Salomón fueron poco más que caudillos tribales de la serranía cuyo alcance administrativo no superó un ámbito bastante local, limitado al territorio montañés.
Y lo que es más importante, la nueva datación demuestra que, a comienzos del siglo IX a. de C., surgió en el norte un reino de tipo absolutamente convencional en las tierras de Oriente Próximo, a pesar de la insistencia de la Biblia en la singularidad de Israel.” (pp. 211-212 del mismo libro).
“A la luz de esas conclusiones vemos ahora con claridad que Judá no disfrutó de una Edad de Oro precoz en la Edad de Hierro.
David y su hijo Salomón, y los siguientes miembros de la dinastía davídica, reinaron sobre una región marginal, aislada y rural, sin signos de una gran riqueza o una administración centralizada, y que no cayó súbitamente en una posición de debilidad y desgracia desde una época de prosperidad sin parangón. La Jerusalén de David y Salomón era sólo uno de varios centros religiosos dentro de la tierra de Israel; y en un principio no fue reconocida, seguramente, como centro de todo el pueblo israelita.” (p. 261 del mismo libro).
Nos permitimos informarle al señor Marcos Aguinis que quien esto escribió es actualmente Director del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, y que hace apenas un mes dio una conferencia en la Biblioteca Nacional, donde desarrolló esta temática y en un reportaje que le hiciera Luisa Corradini en el diario La Nación, el 25 de enero de 2006, se extendió largamente sobre estas narraciones.
La autoridad del doctor Israel Finkelstein y sus escritos gozan de gran prestigio internacional, y estamos seguros que de haber leído este texto del señor Marcos Aguinis le habría aconsejado aquella, también famosa frase, con la que Ludwig Wittgentein termina su Tractatus Logico-Philosophicus: “De lo que no se puede hablar, lo mejor es callarse”.6
2) El señor Marcos Aguinis utiliza la palabra ‘Dios’ en su comentario del chiste judío. Como esta palabra es mencionada por la dirigencia judía para justificar su posesión del territorio de Canaán, queremos recordarle que en verdad la deidad de los judíos tiene una nominación diferente y que marca su especificidad, que es Jhwh.
La palabra ‘Dios’ es la traducción al castellano de las palabras ‘Zeus’ y ‘Deus’, que se utilizaron en la traducción al griego y luego al latín de los textos llamados bíblicos, particularmente los textos de los Evangelios, cuyo originales se perdieron, y en esas traducciones se transcribieron los nombres de ‘El’ y ‘Jhwh’, del cananeo y del hebreo de las deidades cristiana y judía, como ‘Zeus’ y luego ‘Deus’.
Debiera saber también que en el Deuteronomio 32:8-9, se señala quién es quién de ambas deidades en el panteón cananeo, donde Jhwh aparece como una deidad menor.
Y con respecto a lo que con seguridad está implícito en lo que el señor Marcos Aguinis nos quiere decir en este panfleto, sería importante que tomara en consideración lo que Arnold J. Toynbee, en su libro El historiador y la religión, describe con respecto a dos de los supuestos con que los dirigentes judíos piensan en relación a su deidad, Jhwh, y lo que ésta les prometiera: por un lado, la tierra de Canaán y, por otro, el considerar al ‘pueblo judío’, el elegido de esa deidad, que, generalmente, se transcribe y se confunde como sinónimo de Zeus=Deus, por utilizar estos dos vocablos de la traducción griega o latina, y luego en su traducción castellana ‘Dios’.
Señala con admirable crítica a esa absurda y paranoica concepción de la divinidad, desenmascarando las ambiciosas pretensiones que se esconden detrás de quienes han logrado engañar a los pueblos, tergiversando las palabras y adjudicándoles significados que no poseen:
“El punto de vista del historiador no es incompatible con la creencia de que Dios se reveló al hombre con el fin de ayudarlo a conquistar la salvación espiritual que el ser humano no podría obtener librado a sus solos esfuerzos; pero a priori al historiador le parecerá sospechosa toda exposición de esta tesis que afirma luego que Dios dio una revelación única y definitiva a mi pueblo en mi época, en mi satélite de mi sol, perteneciente a mi galaxia.
En tal explicación egocéntrica de la tesis de que Dios se revela a sus criaturas, el historiador presentirá la presencia de la pata hendida del diablo.
Pues lógicamente no hay conexión necesaria alguna entre la creencia de que Dios se revela a sus criaturas y la creencia de que Dios eligió como recipiente de su revelación a una criatura que resulta ser precisamente yo mismo, y que esa revelación dada exclusivamente a mi, es única y definitiva.”7
3) A lo señalado en los dos ítems anteriores, debemos agregar lo que un gran pensador e historiador de reconocidos méritos, Arthur Koestler, en su libro El imperio kázaro y su herencia,8 señala otro hecho significativo, que tampoco el señor Marcos Aguinis toma en consideración ya que las consecuencias, relacionadas con sus vaguedades novelísticas, serían lapidarias con respecto a lo que escribe, pues le dejarían sin sustentos valederos todas sus equivocadas invenciones:
“En la época en que Carlomagno se hacía coronar emperador de Occidente, el extremo oriental europeo que va desde el Cáucaso al Volga, se hallaba dominado por un Estado judío, conocido con el nombre de imperio kázaro. (p. 17).
El país de los kázaros, pueblo étnicamente turco, ocupaba una estratégica posición entre el Caspio y el mar Negro, sobre los extensos caminos de paso en que confluían las potencias orientales de la época. (p. 17).
En cambio, lo que sí puede discutirse es la suerte de los kázaros judíos tras la destrucción de su reino, hacia los siglos XII o XIII. En este punto las fuentes muestran una gran debilidad. No obstante, se mencionan distintos establecimientos kázaros, a fines de la Edad Media, en Crimea, Ucrania, Hungría, Polonia y Lituania. De las diferentes referencias fragmentarias podemos obtener una visión de conjunto: la de una migración de tribus y grupos kázaros hacia las regiones de la Europa oriental –principalmente Rusia y Polonia–, exactamente donde habrían de encontrarse, al alba de los tiempos modernos, las mayores concentraciones de judíos.
De ahí la hipótesis formulada por varios historiadores, según la cual buena parte, si no la mayoría, de los judíos de Europa oriental –y, en consecuencia, de los judíos del mundo entero- serían de origen kázaro, y no semita. (p. 20).
¿Cuál es la importancia, en términos cuantitativos, de esta “presencia” de los hijos caucasianos de Jafet en los campos de Sem? Uno de los más radicales abogados del origen kázaro de los judíos, A. N. Poliak, profesor de historia judía medieval en la Universidad de Tel Aviv, pide en la introducción de su libro Kazaria,9 publicado en hebreo en 1944, y con segunda edición en 1951:
“Que se aborde con un nuevo espíritu tanto el problema de las relaciones entre la judería kázara y el resto de las comunidades judías como la cuestión de saber en qué medida puede considerarse a dicha judería ‘kázara’ como el núcleo de los grandes centros judíos en Europa oriental… Los descendientes de dichos centros, tanto los que allí han permanecido como los emigrados a Estados Unidos u otros países, y los que se han instalado en Israel, constituyen hoy día la gran mayoría de los judíos del mundo entero.”
Estas líneas fueron escritas en una época en la que todavía no se conocía la extensión del holocausto nazi, pero esto en nada cambia el hecho de que la gran mayoría de los judíos supervivientes proceden de la Europa oriental y que, consecuentemente, es muy posible que sean de origen kázaro.
Esto significaría que los antepasados de estos judíos no procederían de las orillas del Jordán, sino de las llanuras del Volga, no vendrían de Canaán, sino del Cáucaso, donde se ha localizado la cuna de la raza aria; genéticamente estarían más emparentados con los hunos, con los magiares, que con la simiente de Abraham, de Isaac, de Jacob.
Si esto fuera así, la palabra ‘anti-semita’ carecería de sentido: únicamente testimoniaría un malentendido compartido a partes iguales por víctimas y verdugos.” (pp.21-22).
Toda iniciativa política trascendente que suponga un nuevo movimiento de capital, o una fluctuación de gran envergadura en los valores de las inversiones existentes, ha de contar previamente con la aprobación y la ayuda práctica de este pequeño grupo de reyes de las finanzas.
No hay guerra, ni revolución, ni asesinato anarquista, ni ningún otro sobresalto político que no produzca ganancias a estas personas.
Son como sanguijuelas que chupan beneficios de cualquier nuevo gasto forzoso y de cualquier perturbación repentina en el crédito público.”
J. A. Hobson 10
“Los depredadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les falta tierra, miran al mar: si el enemigo es rico, son mezquinos, y si es pobre, ambiciosos, y ni Oriente ni Occidente bastarán para saciarlos: desean para sí toda la riqueza y la miseria para los otros.
A saquear, matar y expoliar le dan el mal nombre de imperio, y allá donde crean un desierto, dicen que hay paz.”
Tácito 11
“Parece como si el hombre occidental no pudiera salvarse de la Némesis de su diabólico poder y codicia material, a menos que se permita a sí mismo… abandonar su presente objetivo y adoptar un ideal contrario.”
Arnold J. Toynbee 12
4) El señor Marcos Aguinis desconoce por completo las resoluciones de las Naciones Unidas, cuya Resolución 181/47 dio lugar a la creación del Estado de Israel, mediante las cuales ese es el Estado más condenado por la violación de los derechos humanos.
Tampoco sabe que de esas resoluciones de condena nunca se han podido aplicar las sanciones dictadas por los organismos correspondientes de la Organización internacional, Comisión de los Derechos Humanos, Asamblea General u otros, porque los sucesivos gobiernos de EE.UU. de América han interpuesto el veto, en cada una de las reuniones del Consejo de Seguridad, en que debía decidirse la aplicación de las sanciones.
5) Desconoce el señor Marcos Aguinis la Resolución 3070/71 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, referida a la situación de los países coloniales, situación en la que se encuentra Palestina, actualmente ocupada por el Estado de Israel. En la misma, se sostiene que:
Resolución 3070 (XXVIII)
Importancia de la realización universal del derecho de los pueblos a la libre determinación para la garantía y la observancia efectiva de los derechos humanos.
Reconociendo la necesidad imperiosa de poner pronto fin al régimen colonial, a la dominación extranjera y a la
subyugación foránea;
Por ello, y fundándome en el hecho de que todas las Resoluciones de las Naciones Unidas constituyen derecho internacional, que debe ser acatado por todos los Estados miembros, y el Estado de Israel no sólo lo es sino que, además, fue creado por una Resolución 181/47 de ese organismo internacional, considero que el Artículo 2, de esa Resolución 3070/73, deja nula de toda nulidad, incuestionablemente, todas las acusaciones de “terrorismo” con las que se tienden a denominar las acciones de defensa de los pueblos libanés y palestino, frente a las continuas incursiones e invasiones del ejército del Estado de Israel.
5) Y para algunas de las reflexiones con las que el señor Marcos Aguinis pretende dignificar a los dirigentes del Estado de Israel y, en general, a los responsables de lo que ocurre en los Territorios Ocupados de Palestina, cuando con gran hipocresía o ignorancia, nos dice que:
“Mientras los Estados árabes pueden vanagloriarse de ser Judenrein (limpio de judíos), Israel es acusado de hacer discriminación étnica. ¡Qué hipocresía! Además en Israel no existe ningún diario, radio o TV que incite al odio contra los árabes.”
demuestra fehacientemente que tampoco ha leído nada, de lo que ha descripto el doctor Ilan Pappe en su libro La limpieza étnica de Palestina, en la página 325, de la edición en castellano, de la Editorial Crítica, Barcelona, 2008, el siguiente texto del profesor de geografía, Arnon Soffer, de la Universidad de Haifa, Israel, publicado el 10 de mayo de 2004, en el diario Jerusalem Post:
“Por tanto, si queremos seguir con vida, tenemos que matar y matar y matar. Todo el día, todos los días… Si no matamos, dejaremos de existir… La separación unilateral no garantiza la “paz”; garantiza un Estado judío sionista, con una mayoría judía abrumadora.”
Duele y subleva tanta hipocresía del señor Marcos Aguinis, cuando acusa a los demás de lo que él mismo es ejemplo vivo. Gideon Levy, director del diario israelí Ha’aretz,escribió una carta como respuesta a un joven soldado israelí, que le criticaba por las quejas que había escrito en el diario contra las Fuerzas de Defensa Israelíes, porque estas mataban a niños inocentes, y cuya lectura además de constituir una conmovedora lección de humanismo y solidaridad humana, muestra la catadura moral de los gobernantes del Estado de Israel. Sólo extraeré algunos párrafos muy significativos:13
“Querido soldado: Es imposible hacer lo que usted está haciendo en los Territorios (Ocupados de Palestina) sin pensar de la manera en que lo hace. Es imposible que se arriesgue todos los días sin sentir esa «tremenda satisfacción» que menciona. Usted y sus compañeros no serían capaces de hacer el trabajo que están haciendo si no los hubieran convencido de que lo que están haciendo es abrumadoramente esencial y justo.
Precisamente porque algunos de ustedes tienen los principios que tienen no serían capaces de perpetrar lo que usted está perpetrando sin estar instilados con la idea de que tienen permitido lo que se les prohíbe a ellos. Que ellos y nosotros no somos exactamente la misma cosa. Que en el nombre de la seguridad usted puede hacer lo que quiera, sin límites, incluso el límite de no dispararle a los niños, que hace ya mucho tiempo que se ha cruzado.
Por eso existe un sofisticado sistema de educación, información, comunicación, lavado de cerebro, deshumanización y demonización, un sistema que está llevando a generaciones de excelentes jóvenes a cometer hechos espantosos porque están absolutamente desprevenidos de lo que están haciendo. Lo que el sistema instila es que nosotros somos los amos de la tierra y los palestinos son personas inferiores que bajo ninguna circunstancia tienen los derechos que nosotros tenemos; que la ocupación es justa, obligatoria en esta situación, que el terrorismo es porque sí, que los palestinos han nacido para matar, que los ataques terroristas provienen simplemente de su carácter sanguinario. Y todo esto, metido en consideraciones de seguridad, es una excusa para todo, y créame: todo.
Los soldados han matado a 623 niños y jóvenes, ¿y usted quiere decirme que ni uno de esos soldados descubrió a un niño en su mira? La persona que disparó a la muchacha de Rafah, ¿no la vio? La persona que disparó a Amar Banaat y a Montasser Hadada en la casbah, matándolas a ambas con una bala, ¿tampoco pudo reconocerlas? Y el que mató a Khaled Osta, el chico de 9 años, haciéndole un enorme agujero en su pecho, ¿tampoco se dio por enterado? Y el que disparó desde su tanque sobre edificios residenciales en Gaza y que no vio a ningún niño en su mira, ¿no sabía que en esos edificios vivían niños y sin embargo apretó el botón? Y el piloto que dejó caer una bomba en un barrio densamente poblado, ¿tampoco él sabía que los niños estarían entre las víctimas?”
Lea, señor Marcos Aguinis, porque el señor Gideon Levy vive en el Estado de Israel y escribe sobre lo que sabe y conoce bien. Es todo el sistema educativo del Estado de Israel el que les enseña a sus estudiantes, niños y jóvenes, y los preparan para convertirlos en soldados autómatas, les lavan el cerebro, les instilan el odio a los palestinos desde que nacen.
Usted, señor Marcos Aguinis, escribe sobre lo que no sabe nada. Es por lo tanto un hipócrita que pretende, seguramente asalariado y premiado, de allí las condecoraciones que le entrega el Estado de Israel por los servicios que le presta, difamando a quienes son las víctimas de ese sistema perverso de enseñanza, que, pareciera, usted también desconoce.
A todo ello puede agregarle, señor Marcos Aguinis, que los rabinos, que tienen rangos jerárquicos en el ejército israelí, fueron denunciados en el diario Ha’aretz, el día 16 de noviembre de 2009, por haber publicado durante la invasión a Gaza que los soldados israelíes no debían tener misericordia con los palestinos. Y, por primera vez en la historia del Estado de Israel, esos rabinos acompañaron a las fuerzas invasoras para ver el cumplimiento de sus prédicas. La nota fue publicada por el periodista Amos Harel.
El corresponsal señala que el rabino jefe del ejército, Brigadier General Avichai Rontzki, se unió a las tropas en numerosas ocasiones y lo hizo acompañado por otros rabinos.
En el diario La Voz de Galicia, su corresponsal Anxela Iglesias, el día 19 de noviembre de 2009, escribió que los rabinos Shapira y Elitzu, en un libro titulado La Torá del Rey, leyes sobre la vida y la muerte entre los judíos y las naciones, “ofrecen una fanática interpretación del concepto de ‘rodef’, es decir, un perseguidor de acuerdo a la Halaja, la ley religiosa judía.”
Asimismo, en el inicio de la nota,14 comienza transcribiendo un párrafo del libro, que dice:
“Hay razones para matar a los niños si existe la evidencia de que, al crecer, nos dañarán; más en este caso los ataques deben ir directamente contra ellos y no contra los adultos.”
6) Y con respecto a las intenciones de los dirigentes judíos sionistas del Estado de Israel, con relación a su voluntad de aceptar la Resolución 181/47 de las Naciones Unidas, que proponía la creación de dos Estados, también el doctor Ilan Pappe, transcribe las declaraciones del portavoz de Ariel Sharon, entonces primer ministro de ese Estado, Dov Weissglas, publicadas por el diario Ha’aretz, el 6 de octubre de 2004, donde queda en evidencia las mentiras, falacias y trampas diseñadas y llevadas a cabo por esos dirigentes judíos sionistas, con el objetivo de impedir el establecimiento del Estado Palestino, hecho este del que siempre fueron culpados y acusados los dirigentes palestinos de entorpecer las infinitas reuniones que se produjeron entre ambas dirigencias, con la ONU, el famoso cuarteto, luego EE.UU., como mediadores para que llegaran a un acuerdo.
Veamos lo que dijo el portavoz, cuando el primer ministro Ariel Sharon obligó a los colonos a retirarse de la Franja de Gaza, y se difundió por el mundo sobre la generosidad de la dirigencia israelí, que completó esa retirada sin condición alguna:
“Lo importante de la retirada [de Gaza] es que congela el proceso de paz. Y cuando se congela ese proceso, se impide la creación de un Estado palestino y se impide la discusión sobre los refugiados, las fronteras y Jerusalén. En efecto, todo este paquete al que se denomina Estado palestino, con todo lo que conlleva, ha desaparecido de forma indefinida de nuestro orden del día. Todo ello con la bendición del presidente [de Estados Unidos] y la ratificación de las dos Cámaras del Congreso.”
7) En su famoso ensayo sobre El Estado de Israel armó las dictaduras del Tercer Mundo, el doctor Israel Shahak, quien fuera presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Civiles, dentro del Estado de Israel, describe minuciosamente el papel nefasto que juega ese Estado en su condición de productor de armamentos, de sistemas tecnológicos de espionaje, de sistemas de torturas y el involucramiento de sus militares, en actividad y retirados, en asesoramiento a todos los regímenes dictatoriales de Asia, África y América latina.
En un reportaje que le hiciera la Revista Middle East Policy, Summer, 19889, n° 29, Israel Shahak denunciaba el proyecto imperial del Estado de Israel y sus objetivos de controlar lo que dan en llamar el Medio Oriente:
“Todavía pienso que el problema palestino no es el punto clave de la situación en el Medio Oriente. El meollo de la cuestión es la voluntad israelí de dominar la totalidad del Medio Oriente. Los palestinos son sólo las primeras víctimas.
Por supuesto, yo tengo el deber como presidente de la Liga Israelí por los Derechos Humanos y Civiles, a dedicar gran parte de mi tiempo a luchar contra las violaciones de los derechos humanos, pero también tengo el deber como ser humano racional no olvidar el problema básico. Y el problema básico no son los palestinos: el problema básico está entre Israel l todo el Mundo Árabe en el Medio Oriente.
Por ello yo diferencio en mi mente entre las necesidades inmediatas de justicia y el alivio del sufrimiento humano, y los problemas políticos profundos.”
Y, asimismo, el doctor Shahak denunciaba otro aspecto poco conocido de las actividades del Estado de Israel, las cuales seguramente el señor Marcos Aguinis, conoce muy bien, pero es evidente su intención de encubrirlas por el desprestigio que ellas le ocasionan y sabiendo que señalarlas puede socavar la imagen de la dirigencia israelí que él quiere hacer aparecer como fundada en una ética que le niega a los palestinos. Dice el doctor Shahak:15
“Se pudo leer recientemente en The New York Times que Israel ocupa el séptimo lugar entre los Estados exportadores de armas. El mismo artículo evaluaba en 1.300 millones de dólares las exportaciones de armas israelíes en 1980. Según otras estimaciones, por ejemplo, las del Instituto para las Investigaciones sobre la Paz, de Estocolmo y del Instituto para los Estudios Estratégicos, de Londres, estas exportaciones alcanzarían los 1.450 millones de dólares.
Señalemos, para apreciar mejor estas sumas, que para el año anterior, las exportaciones totales de Israel llegaban a sólo 3.800 millones de dólares. De modo que se podría pensar que en 1980 (si bien no contamos aún con todas las cifras) las exportaciones de armas debían representar por lo menos el 40% de las exportaciones israelíes totales, suponiendo que hubieran realmente aumentado.
Lo que significa decir que, cada vez más, vivimos de la muerte y la destrucción de otros pueblos, palestinos aquí y muchos otros en el resto del mundo.”
La última pregunta que uno se hace es ¿en qué país o, mejor aún, en qué planeta vive el señor Marcos Aguinis para poder afirmar semejantes necedades?
Porque, sin duda, si viviera en el planeta Tierra y hubiera leído solamente el diario Ha’aretz, que se publica en ese Estado de Israel, del cual parece desconocer todo lo que ocurre allí dentro y, en tal caso, no podría escribir con tantos errores con respecto a la realidad que se vive en ese lugar.
Lo que deja en evidencia es su total ignorancia de lo que piensan autores judíos que han vivido o viven en el Estado de Israel, como los que hemos mencionada más arriba, y de los cuales parece no haber tenido noticia alguna.
De haberla tenido, y, al menos, leído, ni siquiera le pedimos que los hubiera estudiado, como es el caso del famoso libro de Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, La Biblia desenterrada, libro editado en castellano por la Editorial Siglo XXI, y, además, los libros de Norman Finkelstein, La industria del Holocausto, también editado por Siglo XXI, y el de Ilan Pappé, editado en castellano como hemos señalado, y hace poco ha sido editado su también famoso libro Los demonios de la Nakba, donde denuncia la discriminación a la que fue sometido en la Universidad de Haifa, la que lo obligó a emigrar a Inglaterra, a la Universidad de Exeter, donde fuera recibido con honores.
Y, si por azar, los hubiera leído, estamos seguros que no podría haber escrito un panfleto lleno de absurdas afirmaciones, actitud que debiera avergonzar a las dos instituciones que patrocinaron este libelo, al incluirlo en Internet.
En verdad, en verdad le digo señor Marcos Aguinis, que me produce mucha lástima su actitud y me lleva a compadecerlo, porque con tantos premios, usted podría haber escrito algo serio y honorable.
Porque usted, seguramente viviendo cómodamente en su hogar en Buenos Aires, como muchos de nosotros, debiera asumir la actitud de intelectuales argentinos, de confesión judía, como Pedro Brieger, León Rozitchner, Herman Schiller, por no nombrar sino unos pocos muy conocidos públicamente, quienes con dignidad y valentía denuncian las masacres que perpetró y sigue perpetrando el Estado de Israel, a los pueblos palestino y libanés, sin renunciar a su condición de judíos, y condenando con absoluta claridad esos actos de barbarie, pero distinguiéndolos de los derechos legales otorgados por la Resolución 181/47 de las Naciones Unidas que dio nacimiento al Estado de Israel.
Y, usted, señor Marcos Aguinis, que, le reitero, vive en la comodidad de su hogar, viajando y recibiendo honores, tiene la obligación moral y la responsabilidad, como hombre y como argentino, de predicar la verdad y tratar de que esa prédica ayude a encontrar respuestas que aspiren a la búsqueda de una reconciliación de los pueblos israelí y palestino.
Porque ambos pueblos padecen el ser instrumentados por el imperialismo y el colonialismo occidental, y del cual el Estado de Israel, como lo señalara sabiamente el gran pensador francés, Maxime Rodinson, en 1967, es el último proyecto colonial, insertado en el corazón del mundo árabe para servir a los intereses imperiales y que ya en 1907, en el famoso Informe Campbell-Bannerman, primer ministro del imperio británico, se había pergeñado su implantación, cuando recurrió a la colaboración de Francia, Holanda, Bélgica, Italia, España y Portugal, para elaborar el proyecto que permitiera ese cumplimiento.16
Porque, nosotros, que condenamos los actos de los gobernantes del Estado de Israel, que intentan el genocidio del pueblo palestino, como lo han denunciado las resoluciones condenatorias de las Naciones Unidas, desde esta nuestra patria, la Argentina, debemos realizar esfuerzos para que esos dos pueblos, el israelí y el palestino, encuentren alguna vez el camino de la reconciliación y puedan convivir en paz, confraternizando en una tierra que alguna vez, en la antigua Canaán, reitero la tierra de mis antiguos ancestros cananeos, que usted denosta, supo verlos compartiéndola fraternal y solidariamente, antes de la aparición de Jhwh, en el relato de la Torah, con sus mandatos crueles y sanguinarios a Moisés, a Josué, y a otros, figuras legendarias y quizá ficcionales, quienes fueron los primeros etnocidas, ya que exterminaron a los amorreos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, y otras etnias, que poblaban la tierra de la leche y de la miel, según el relato literario de la Torah.
Quizá, usted, señor Marcos Aguinis, coincida con su amigo, recientemente convertido al judaísmo, el doctor Carlos Escudé que, en su libro La guerra de los dioses, los mandatos bíblicos frente a la política mundial,17 ha transcripto los textos de la Torah, y editado con un entusiasmo sin límites, todos aquellos versículos en los que tanto Yhwh, como Moisés, como Josué, “pasan al filo de la espada”, a todos los grupos étnicos que habitaron Canaán, esto es, en el relato literario de la Torah los mandatos de Jhwh a Moisés, Josué y otros.
En el Acápite 1. El genocidio como mandato divino, Carlos Escudé dice que
“…Yahvé se nos presenta como el mayor genocida de todos los tiempos.”18
Carlos Escudé escoge con beneplácito los muchos textos de la Torah en los que Yhwh habla a Moisés y luego a Josué y les exige el exterminio de los habitantes de las regiones que, supuestamente en el relato literario, habrán de invadir. (Igual actitud, con y sin órdenes de Yhwh, asumieron los europeos judíos sionistas que invadieron Palestina el siglo pasado). 19
Tomaré sólo tres ejemplos, transcribiendo, sin modificación los textos que incluye Carlos Escudé en el libro mencionado:
Deuteronomio 2:31 a 2:35.
2:31. Yahvé me dijo: “Mira, voy a comenzar a entregarte a Sijón y su territorio. Empieza la conquista. Apodérate de su territorio.”
2:32. Sijón nos salió al paso con toda su gente, dispuestos a librarnos batalla en Yahas.
2:33. Yahvé nuestro Dios nos lo entregó y lo derrotamos a él con sus hijos y toda su gente.
2:34. Nos apoderamos de todas sus ciudades y las consagramos al anatema, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar superviviente.
2:35. Nos reservamos como botín solamente el ganado y los despojos de las ciudades conquistadas.”
Deuteronomio 3:1 a 3:7.
3:1. Luego torcimos y seguimos camino de Basán. Og, rey de Basán, salió a nuestro encuentro con toda su gente y nos presentó batalla en Edreí.
3:2: Yahvé me dijo: “No le tengas miedo, porque yo lo pondré en tus manos con todo su ejército y sus dominios. Trátalo de la misma manera que trataste a Sijón, el rey de los amorreos que habitaba en Jesbón.”
3:3. Efectivamente, Yahvé nuestro Dios entregó en nuestras manos también a Og, rey de Basán, con todo su pueblo, y lo derrotamos hasta no dejarle ni un superviviente.
3:4. Nos apoderamos entonces de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argot, que pertenecía al reino de Og, en Basán.
3:5. Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas, puertas y cerrojos, sin gran número de ciudades de los perizitas.
3:6. Y las consagramos al anatema, como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños.
3:7. Pero nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades.
Deuteronomio 20:13 a 20:17.
20:13. Yahvé tu Dios, la entregará en tus manos, y pasarás al filo de la espada a todos sus varones.
20:14. En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que Yahvé, tu Dios, te entrega.
20:15. Así tratarás a todas las ciudades que estén muy alejadas de ti y que no pertenezcan a las naciones vecinas.
20:16. Pero en las ciudades de esos pueblos que Yahvé, tu Dios, te da como herencia, no dejarás nada con vida.
20:17. Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te ha mandado Yahvé tu Dios.20
Desconoce usted, señor Marcos Aguinis, lo que los cananeos de esa famosa ciudad llamada Ebla, tan magníficamente descripta por dos investigadores italianos, uno, el arqueólogo descubridor, Paolo Matthiae, y el otro el filólogo traductor de sus tablillas, Giovanni Pettinato, quienes nos indican que esos cananeos, que usted desprecia, no tenían ejércitos ni jamás invadieron territorios de otros pueblos, y de los cuales los bárbaros israelitas aprendieron y absorbieron una parte de su cultura en particular la lengua de Canaán..
Señala Pettinato:
“La historia, sin embargo, es maestra de vida, y por ello debemos preguntarnos si Ebla ha dejado algún mensaje válido también para el hombre de hoy. Todos los aspectos de la nueva civilización de Ebla han sido repetidamente definidos por mí como modernos: desde la concepción de la realeza hasta las costumbres sociales y las iniciativas de carácter económico y comercial, todo ello es una sucesión tal de innovaciones respecto al modelo de pensar “oriental”, que mi apelativo de “moderno” tiene plena justificación.
Pero Ebla quiso hablar explícitamente a toda la humanidad cuando, como en un estribillo, señala la relación de fraternidad existente entre los habitantes del reino sirio y los habitantes del reino elamita.
El mensaje que la civilización de Ebla nos dirige a todos, pero sobre todo a los que he llamado los sucesores naturales de los eblaítas, es decir, a los habitantes de Líbano, Palestina y Siria, es que todos somos hermanos, gobernantes y ciudadanos sin excluir a ninguno, y como tales debemos comportarnos, viviendo los unos para los otros.”
Yo prefiero, señor Marcos Aguinis, entre esos textos de las llamadas “sagradas escrituras”, que seguramente usted y su amigo Carlos Escudé tienen como libros de cabecera y siguen al pie de la letra sus crueles mandatos, las enseñanzas de los cananeos, mis ancestros, y, además, estas pocas líneas que nos legara Antoine de Saint-Exupéry, en su libro Ciudadela, no considerado “sagrada escritura”, pero que está más próximo a los mandatos de una deidad para la que, seguramente, todos los seres humanos, sin excepción alguna, somos hermanos y la vida de uno solo es tan valiosa como la de seis millones o la de toda la humanidad, que son tan idénticas al mensaje de la civilización de Ebla:
“Construir la paz es construir el palacio suficientemente amplio como para que todos los hombres puedan reunirse en él sin abandonar nada de sus equipajes. No se trata de amputarlos para tenerlos allí.
Construir la paz es obtener de Dios que preste su manto de pastor para recibir a los hombres con toda la dimensión de sus deseos.
Así pasa con la madre que ama a sus hijos. Y aquél es tímido y tierno, y éste ardiente y vivo. Y el otro puede ser jorobado, enclenque e incapacitado. Pero todos, en su diversidad, conmueven su corazón. Y todos, en la diversidad de su amor, sirven a su gloria.
Chocó Etnico Edición No. 25 →
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 Artículo 2
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