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Timestamp: 2018-10-20 12:18:41+00:00

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La protección gráfica registral de los bienes de dominio público - PDF
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Álvaro Quintero Soto
1 La protección gráfica registral de los bienes de dominio público Bienes de dominio y uso público. Legislación histórica. Los redactores del Reglamento Hipotecario acogieron, como era lógico en aquella época en la que el Ordenamiento Jurídico se consideraba acertadamente como un Sistema, la distinción que de los bienes se contenía en el Código Civil por razón del sujeto, y así establecieron un distinto régimen de protección registral para los bienes de dominio público y para los de propiedad privada. Debían entender los legisladores de la época que nunca podría el Registro de la Propiedad proporcionar una mayor protección a los bienes de dominio público que aquella que les confería su propia naturaleza, pues les parecía que la propia notoriedad de su existencia y uso impediría cualquier ataque a estos bienes, siendo impensable que se pudieran dar situaciones de ocupación o invasión de los bienes demaniales. Con esta premisa la redacción originaria del Reglamento Hipotecario (art. 12) era la siguiente: «No obstante lo dispuesto en el artículo anterior, quedan exceptuados de la inscripción: Primero. Los bienes de dominio público a que se refiere al art. 339 del Código Civil, ya sean de uso general, ya pertenezcan privativamente al Estado, mientras estén destinados a algún servicio público, al fomento de la riqueza nacional o a las necesidades de la defensa del territorio. Segundo. Los bienes de uso público de las provincias y de los pueblos incluidos en el párrafo 1.º del art. 344 del Código Civil. Código Civil Art Son bienes de dominio público: 1.º Los destinados al uso público, como los caminos, canales, ríos, torrentes, puertos y puentes construidos por el Estado, las riberas, playas, radas y otros análogos. 2.º Los que pertenecen privativamente al Estado, sin ser de uso común, y están destinados a algún servicio público o al fomento de la riqueza nacional, como las murallas, fortalezas y demás obras de defensa del territorio, y las minas, mientras que no se otorgue su concesión. Art Son bienes de uso público, en las provincias y los pueblos, los caminos provinciales y los vecinales, las plazas, calles, fuentes y aguas públicas, los paseos y las obras públicas de servicio general, costeadas por los mismos pueblos o provincias. Esta misma redacción, aunque con una pequeña variación que incluye una referencia a la legislación especial de las Entidades Locales y en la que desaparece la referencia al artículo 344 del Código Civil, se mantiene en la reforma del Reglamento Hipotecario que tiene lugar mediante el Decreto 393/1959 de 17 de Marzo. Mucho más recientemente (R.D. 1867/1998, de 4 de septiembre (B.O.E. 29-IX-1998), parece que el legislador ya se ha dado cuenta de lo que ha estado ocurriendo durante muchos años, sobre todo en aquellos bienes en los que, como las vías pecuarias, su utilidad inicial ha decaído notablemente y han sido objeto de intrusión, o apropiación, por los particulares que, en ocasiones, sin recato alguno amplían el espacio de su dominio a costa del público, en otras son utilizadas por las capas de población que, careciendo de los más elemental, utilizan estos espacios para establecer su residencia sobre todo en la época de los movimientos migratorios del campo a la ciudad como consecuencia de la industrialización y, lo que es más triste, en muchas ocasiones ha sido la propia Administración quien ha hecho desaparecer físicamente esta clase de bienes a través de procedimientos de reorganización de la propiedad como la Concentración Parcelaria. Quizás por la toma de conciencia de esta situación se produce la reforma del Reglamento Hipotecario, permitiendo que los bienes de dominio público puedan, al igual que los de los particulares, ser objeto de la protección registral tal y como contempla su actual redacción: - Art. 5.º Los bienes inmuebles de dominio público también podrán ser objeto de inscripción, conforme a su legislación especial. Instrumentos de protección Sin perjuicio de la necesidad de recuperar la posesión de hecho de aquellos bienes de dominio público que han sido ilegalmente ocupados, en los casos en que sea razonablemente posible (fincas rústicas), lo cierto es que página 1 / 7
2 una vez que el abandono anterior ha producido el estado actual de las vías pecuarias y otros bienes de semejante naturaleza (Montes, Cauces de rios, etc.) lo que hay que hacer es aplicar solucione que impidan ya y en el futuro que esta situación se reproduzca, para lo que es indispensable utilizar los medios técnicos y legales a nuestro alcance que otorguen a esta clase bienes, al menos, la misma protección que los pertenecientes a los particulares, y para ello hay que identificarlos suficientemente, mediante la definición gráfica y georreferenciada de su ubicación, extensión y linderos, huyendo en la medida de lo posible de procedimientos administrativos largos y costosos, y promover su inscripción en los Registros de la Propiedad, evitando con ello que quienes figuran en los inventarios fiscales como titulares de los mismos pueda alcanzar la cualidad de propietarios dominicales protegidos por dicha Institución. La Ley 13/96 es, en gran parte culpable de la existencia de esta posibilidad de que accedan al Registro de la Propiedad bienes pertenecientes al dominio publico que aparecen como de los particulares en el censo catastral, en pues en dicha ley y en la posterior reforma del artículo 298 del Reglamento Hipotecario se regula la necesidad de aportar la Certificación Catastral descriptiva y gráfica de las fincas cuya inmatriculación se pretende, con la exigencia de que exista una coincidencia total en los términos descriptivos de la finca registral y la parcela catastral, introduciendo un elemento distorsionador en el primer acceso de las fincas al Registro de la Propiedad, pues obliga a los propietarios, si quieren ver inscrito su derecho y acogerse a la protección del registro, a describir sus fincas con arreglo a su configuración fiscal, aunque esta no sea la correspondiente al objeto sobre el que recae su derecho de propiedad. Al Catastro, como organismo fiscal que es, no le importa tanto si el que aparece como titular es o no el verdadero propietario, o la forma en que ha llegado a aparecer como tal, es decir el acceso a la titularidad no se basa en un procedimiento de garantías jurídicas, pues lo que realmente le interesa es que se satisfaga el impuesto devengado por el inmueble en concreto, con independencia de que quien lo haga sea o no su verdadero propietario. Con arreglo a lo expuesto anteriormente en relación a la falta de control de legalidad en la incorporación al Catastro de las parcelas que van a constituir el presupuesto de hecho de la Inmatriculación de las fincas, esta regulación (la de la Ley 13/96) abre una puerta falsa para que accedan al Registro de la Propiedad, fincas cuya adquisición o configuración se han efectuado en clara contravención del ordenamiento jurídico, y de esta manera el registro publicará fincas edificadas ilegalmente, o cuya superficie resulta del fraccionamiento de otra de mayor cabida sin ajustarse a los requisitos de las Unidades Mínimas de Cultivo o, lo que es más grave, y es el objeto de este estudio, fincas que provienen de la invasión de bienes de dominio y uso público (costas, montes, vías pecuarias, etc.) que la ley define como imprescriptibles. Montes La legislación en esta materia (Ley 43/2003) contempla que la certificación que se expida para su inmatriculación (para su acceso al Registro de la Propiedad), vaya acompañada por un plano topográfico del monte o el levantado para el deslinde, a escala apropiada. Parece lógico entender que este plano ha de ser el realizado por la Administración que tiene atribuida la competencia en materia de Montes, y que se prescinde así de la obligatoriedad de que la representación gráfica sea la resultante de las parcelas catastrales que correspondan al espacio ocupado por el Monte cuya inmatriculación se pretende, y no puede entenderse de otra manera pues una vez definido el Monte por la Administración competente, esta definición deberá ser vinculante para las demás administraciones, incluidas las fiscales. Abunda esta tesis la consideración que tiene la Ley de Montes de ley posterior a la que establece la obligatoriedad, para la inmatriculación de fincas en el Registro de la Propiedad de su total coincidencia con lo que resulte de la certificación catastral descriptiva y gráfica de las mismas y que, de otro modo, carecería de sentido la llamada de esta Ley a la inclusión exclusivamente de la referencia catastral del inmueble o inmuebles, pero no a su certificación catastral descriptiva y gráfica. Este sistema debería considerarse de general aplicación a todos los espacios susceptibles de una protección página 2 / 7
3 especial por su función social (Parques Naturales, zonas protegidas, Zepas, Lics,...), y de manera especial para todas aquellas regulaciones territoriales que lleven aparejadas distintas limitaciones al ejercicio de las facultades dominicales, la mayor parte de las cuales serían de difícil conocimiento sino es a través de su representación gráfica, por la imposibilidad material de su identificación por la simple observación de la realidad (Corredores de ruido, gasoductos, zepas, etc.). LEY 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes. Artículo La Administración titular o gestora inscribirá los montes catalogados, así como cualquier derecho sobre ellos, en el Registro de la Propiedad, mediante certificación acompañada por un plano topográfico del monte o el levantado para el deslinde, a escala apropiada. En la certificación expedida para dicha inscripción se incluirá la referencia catastral del inmueble o inmuebles que constituyan el monte catalogado, de acuerdo con la Ley 48/2002, de 23 de diciembre, del Catastro Inmobiliario. Dominio público marítimo-terrestre Dentro del ámbito de las de las disposiciones que, en aplicación de los principios de sostenibilidad y función social de la propiedad, definen lo que hay que considerar como el contenido normal del derecho de propiedad, no se puede dejar de mencionar lo relativo al dominio público marítimo terrestre, pues en este espacio son muchas las invasiones que se han producido y se siguen produciendo, en muchos casos a la vista, ciencia y paciencia de los Organismos encargados de su protección, de su custodia y vigilancia. También aquí, por la defensa de los propios bienes integrantes del dominio público, y la de los privados sujetos a las limitaciones que en esta legislación se les impone y, por supuesto para la defensa de la seguridad en el tráfico jurídico inmobiliario, hay que poner de manifiesto la necesidad de que accedan al Registro de la Propiedad todas las situaciones que contempla la Ley de Costas, ley 22/1988 dictada en desarrollo del mandato contenido en el artículo de la Constitución. La existencia en el territorio español de casi kilómetros de costa, de los que el 24 por 100 corresponden a playas, con un patrimonio público de unas hectáreas, justifican sobradamente, como dice la Exposición de Motivos de la Ley, un detenido estudio sobre la materia para dar una adecuada protección a estos bienes que constituyen el 7 por 100 de nuestro territorio. La población de la costa española, que era a principios del siglo XX del orden del 12 por 100 de la población total, es actualmente alrededor del 35 por 100 de ésta, con una densidad cuatro veces superior a la media nacional. Esta proporción llega a su vez a triplicarse estacionalmente en ciertas zonas por la población turística, ya que el 82 por 100 de ésta se concentra en la costa. Aunque luego en su regulación específica no sea muy coherente, lo cierto es que la ley hace una profesión de respeto a la protección registral cuando dice que establece la prevalencia de la publicidad de este dominio natural, y posibilita además su inscripción registral, arbitrándose también otras medidas para coordinar la actuación de la Administración y el Registro de la Propiedad, con el fin evitar los perjuicios ocasionados por su inexistencia, excluyendo así la posibilidad de consolidar la apropiación por particulares de terrenos de dominio público. Con arreglo a lo establecido en los artículo 3 y 4 de la Ley de Costas, se consideran bienes de dominio público marítimo-terrestre: La ribera del mar (y de las rías), que abarca las zonas de playa, las albuferas o marjales y los terrenos costeros hasta el lugar alcanzado por el mar en marea alta o hasta donde lleguen las olas en los mayores temporales conocidos. Se incluyen aquí los márgenes de ríos y rías hasta donde sea sensible el efecto de las mareas desde la línea de bajamar hasta donde alcanzan las mareas), así como las playas, dunas, acantilados, marismas y demás zonas húmedas bajas. El mar territorial y las aguas interiores (es decir, la zona marítima hasta una distancia de 12 millas de la costa). Los recursos naturales de la zona económica y la plataforma continental. Los terrenos ganados al mar y los invadidos por el, los acantilados sensiblemente verticales, los islotes o los terrenos adquiridos por el Estado para su incorporación al dominio público. página 3 / 7
4 Regula además, la ley, una serie de limitaciones o servidumbres legales que afectan a las fincas colindantes con el dominio público marítimo terrestre porque, como señala la propia Exposición de Motivos de la Ley de Costas: el tiempo actúa en contra de la conservación de los espacios naturales y a favor de la extensión de las áreas urbanas. Inspirándose en la efectividad del derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado, así como el deber de conservarlo, configura la vieja servidumbre de salvamento, obsoleta en cuanto a la finalidad específica que indica su denominación, como una servidumbre de protección del citado dominio, que comporta la prohibición general de determinadas actividades y, sobre todo, construcciones consideradas perjudiciales para la adecuada protección de un medio natural tan sensible, como la experiencia ha puesto de relieve. La garantía de la conservación del dominio público marítimo-terrestre no puede obtenerse sólo mediante una acción eficaz sobre la estrecha franja que tiene esa calificación jurídica, sino que resulta también imprescindible la actuación sobre la franja privada colindante. La anchura de esta zona de servidumbre de protección ha de ser, lógicamente, convencional, si bien debe fijarse conjugando con carácter general una profundidad de 100 metros, si bien en las zonas ya urbanizadas se mantiene la anchura de 20 metros de la anterior servidumbre de salvamento. Asimismo se actualiza la denominación y el régimen de la anterior servidumbre de vigilancia, sustituyéndola por la de tránsito público, y se mantiene la de paso o acceso al mar, previendo la existencia de los necesarios para garantizar el uso público del mar y su ribera. Se regulan en la ley las siguientes: 1. a) una zona de servidumbre de protección, de 100 metros, ampliable hasta 200 metros (20 metros en suelo urbano clasificado como tal a la entrada en vigor de la Ley de Costas), que se extiende a lo largo de la costa tierra adentro desde la ribera del mar, y en la que se sitúan los servicios y equipamientos públicos. 2. b) una zona de servidumbre de tránsito, de 6 metros, ampliable hasta 20 metros, desde la ribera del mar, y que, por tanto, queda integrada en la zona de protección. 3. c) una zona de influencia, que abarca un mínimo de 500 metros desde la ribera del mar y en la que se establecen condiciones mínimas para la protección del dominio público marítimo-terrestre, que deberán ser respetadas por la ordenación territorial y urbanística. Dominio público hidráulico Aquellas corrientes continuas de agua que desembocaban en el mar como se definían los ríos y que hoy, más técnicamente, se consideran como el cauce natural de una corriente continua o discontinua, como el terreno cubierto por las aguas en las máximas crecidas ordinarias, entendiéndose como caudal de la máxima crecida ordinaria la media de los máximos caudales anuales, en régimen natural producidos durante diez años consecutivos. Este dominio público, el hidráulico, también ha visto como se ocupaban sus cauces y riberas de forma ilegal, en su mayor parte por particulares, aunque también incluso por algunas administraciones públicas. Según un informe realizado por Ecologistas en Acción, que finalizó el año 2000, actualmente ocupan el Dominio Público Hidráulico y zonas de alto riesgo de inundación alrededor de construcciones en toda España. Dichas construcciones se siguen incrementando de manera continua, como demuestra el hecho de que sólo en el año siguiente a la tragedia de Biescas, el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA), denunciara alrededor de 750 nuevas. Según Ecologistas en Acción, como consecuencia del régimen pluviométrico irregular y torrencial que impera en la mayor parte de nuestro país, nos encontramos con cauces por los que no ha corrido el agua durante décadas, o por los que tan sólo discurre un caudal reducido. Ello incita a que se construyan viviendas en sus márgenes, reduciendo la anchura del cauce, e incluso se le haga desaparecer literalmente, o tan sólo se deje un pequeño drenaje. Como consecuencia de ello, cuando se producen lluvias torrenciales, el agua vuelve a discurrir por su cauce original (de dominio público), arrastrando enseres y viviendas, y en bastantes caso, por desgracia, a personas. página 4 / 7
5 Con arreglo a lo que establece el artículo 2 de la Ley de Aguas, constituyen el dominio público hidráulico: 1. a) Las aguas continentales, tanto las superficiales como las subterráneas renovables con independencia del tiempo de renovación. 2. b) Los cauces de corrientes naturales, continuas o discontinuas. 3. c) Los lechos de los lagos y lagunas y los de los embalses superficiales en cauces públicos. 4. d) Los acuíferos subterráneos, a los efectos de los actos de disposición o de afección de los recursos hidráulicos. También se contienen en la regulación legal del Agua limitaciones o servidumbres que afectan a los propietarios de las fincas sitas en la inmediaciones del dominio público hidráulico, con arreglo a lo que dispone el artículo 6 de dicha norma: Las márgenes, los terrenos que lindan con los cauces, están sujetas, en toda su extensión longitudinal: 1. a) A una zona de servidumbre de cinco metros de anchura, para uso público que se regulará reglamentariamente. 2. b) A una zona de policía de 100 metros de anchura en la que se condicionará el uso del suelo y las actividades que se desarrollen. En las zonas próximas a la desembocadura en el mar, en el entorno inmediato de los embalses o cuando las condiciones topográficas o hidrográficas de los cauces y márgenes lo hagan necesario para la seguridad de personas y bienes, podrá modificarse la anchura de ambas zonas en la forma que reglamentariamente se determine. Montes vecinales en mano común Este tipo particular de propiedad, de origen germánico, peculiar de la tierra gallega y de algunos pueblos aledaños a la misma, que se califica indudablemente como propiedad privada, pero mas que por su propia naturaleza, para distinguirla de la propiedad pública del Estado y los Municipios y del régimen legal a estas aplicable, pues lo cierto es que se trata de la propiedad de una comunidad (grupo vecinal) y por tanto de interés general, de interés social y, en consecuencia, se le atribuye el máximo nivel de protección que se puede conferir en el régimen jurídico a cualquier clase de bienes: Inalienables, imprescriptibles e inembargables. Sin embargo y debido probablemente a su origen germánico, su título mas ostentoso de propiedad era la posesión, lo que ha provocado, entre otras consecuencias que su extensión haya disminuido hasta el punto de que en solo dos siglos (XVIII al XX) se han reducido a un tercio, de ha. pasaron á las que hoy se conservan. No se puede dilatar más la labor que, a pesar se estar reconocida como necesaria en todas las disposiciones legales, todavía no se ha llevado a cabo de identificación y deslinde de esta singular forma de propiedad para evitar que sea impunemente ocupada por los particulares sin escrúpulos en algunas ocasiones, repartidos a perpetuidad por lotes entre los vecinos en otras, o utilizados por los Ayuntamientos para finalidades distintas de aquellas que les impone su naturaleza. Galicia dispone aproximadamente de kilómetros de costas produciéndose apropiaciones de terrenos vecinales para distintas tipologías de obras públicas, cómo si de propios de la administración se tratase, teniendo las Comunidades Vecinales que estar continuamente en los Juzgados, dispongan o no de habilitación presupuestaria, para defender unos territorios de los que pretende apropiarse y muchas veces lo hace, la Administración que debería defenderlos. En un interesante trabajo del Profesor de Derecho Civil de la Universidad de Vigo Ignacio López-Chaves Castro, se puso de manifiesto la problemática de los linderos de los montes vecinales en mano común, señalando que los expedientes de clasificación de montes vecinales describían correctamente la situación, linderos y superficie de los montes vecinales e incluso que los planos de situación de los montes vecinales en la parroquia eran página 5 / 7
6 correctos. Pero el problema surgía en algunos casos, al fijar el Jurado Provincial los linderos ya que establecía como linderos de los montes vecinales en mano común los del término parroquial, lo que vetaba el acceso al propio Registro de la Propiedad de las fincas que, no perteneciendo al común de vecinos, se encontrabas enclavadas dentro de los límites de la Parroquia y, por tanto, de los linderos que se habían atribuido en el acto de clasificación al Monte Vecinal en Mano Común. Propuesta para una solución gráfica A pesar de la importancia que debe tener la identificación de estos bienes para dotarles de la protección mas adecuada a su naturaleza, lo cierto es que ninguna de las Administraciones Publicas a cuyo cargo se encuentran destina los recursos necesarios para proceder a su deslinde y representacion grafica que seria el primer factor de proteccion. Ello no obstante hay que tratar de buscar una solución adecuada a los medios de que se dispone, y partiendo de la incorporación a los Registros de la Propiedad de las aplicaciones informáticas que permiten la identificación gráfica de las fincas inscritas, se sugiere la posibilidad de definir un ámbito espacial cuyo eje estuviera constituido por el del bien a proteger y con una anchura suficiente a cada lado de dicho eje que permitiera, con una razonable utilización de los medios humanos y materiales disponibles, comprobar si a la finca cuya inmatriculación se pretende en el Registro de la Propiedad, le corresponde un ámbito espacial que pudiera suponer la invasión de los bienes de dominio publico aún no deslindados (rios y vias pecuarias) posibilitando, de esta manera, que se tomen las medidas necesarias destinadas a proteger su integridad e impedir el acceso al Registro de la Propiedad, en caso de conflicto, de los ocupantes ilegítimos. Este mismo criterio puede aplicarse a los montes y otros espacios de configuración sensiblemente polígonal en los que la banda de protección seria a lo ancho del contorno de los mismos evitando así, al mismo tiempo que se protegen suficientemente, la necesidad de poner en marcha procedimientos absurdos como el que tiene lugar en la inmatriculación de fincas urbanas en el casco de las poblaciones en cuyo término municipal radiquen montes catalogados al ser posible conocer que no invaden el ámbito del monte protegido. La obligación legal de que para cualquier inmatriculación de una finca en el Registro de la Propiedad se acompañe su certificación catastral descriptiva y gráfica nos permitirá, si disponemos de la definición gráfica y georreferenciada unicamente del eje de los ríos o las vías pecuarias, comprobar si el espacio asignado como representacion grafica de una finca está o no comprendido dentro de la franja de protección definida a partir del eje del bien de dominio público pendiente de deslinde, y en caso positivo comunicar esta situación a la Administración competente para que esta, a la vista de los datos recibidos, emita el correspondiente informe en un plazo que no interrumpa la fluidez necesaria del tráfico jurídico inmobiliario (téngase en cuenta que el plazo que tienen los Registros de la Propiedad para la práctica de las inscripciones es de quince días) y manifieste, en su caso, su oposición a la práctica de la inscripción correspondiente, mediante la apertura del expediente destinado a definir los derechos que le puedan corresponder en ese particular ámbito territorial, en aplicación de las disposiciones contenidas en la legislación especial aplicable según la naturaleza del bien afectado (montes, vías pecuarias, aguas, costas) llegando incluso, en los casos que corresponda, a aplicar las sanciones que prevé la citada normativa. La responsabilidad del registrador Es difícil concebir la posibilidad de considerar responsable a alguien por no haber tenido en cuenta la existencia de un dato que no estaba a su alcance ni podía estarlo utilizando para ello la diligencia debida. Es difícil pensar que los registradores de la propiedad puedan tener responsabilidad en la inmatriculación de fincas a nombre de particulares aunque posteriormente se demuestre que se trata de una invasión del dominio público, si no resulta esta naturaleza de los datos aportados para su inmatriculación. Es difícil llegar a una declaración de responsabilidad por esta causa cuando el encargado de velar por la protección de los bienes de dominio público no ha cumplido diligentemente con su obligación de defensa, entre otras causas por no haber cuidado de su inscripción en el registro de la propiedad, algo a lo que estaría legalmente obligado (Ley de página 6 / 7
7 Powered by TCPDF ( La protección gráfica registral de los bie... Patrimonio de las AA PP). Hasta ahora los registradores nos dábamos por satisfechos para inscribir la declaración de obra nueva sobre una finca con la justificación del cumplimiento de los requisitos establecidos en los artículos 45 y siguientes del Real Decreto 1093/1997 de normas complementarias al reglamento para la ejecución de la Ley Hipotecaria sobre inscripción en el registro de la propiedad de actos de naturaleza urbanística, aunque la inmatriculación de la finca se hubiera producido en base a una certificación catastral descriptiva y gráfica que recogía como de propiedad privada lo que era público y la emisión de los correspondientes edictos. Sin embargo esa tranquilidad ha sido perturbada por la publicación del decreto 8/2011 que impone a los registradores la obligación de comprobar "que el suelo no tiene carácter demanial o está afectado por servidumbres de uso público general". Para poder cumplir con esta obligación legal de comprobación es preciso a falta de inscripción del dominio público o, aún estando inscrito, que pueda conocer cual es el ámbito espacial ocupado por esta clase de bienes, y si no tiene posibilidad de acceder a esta información, difícilmente se le podrán exigir responsabilidades por la práctica de inscripciones de declaración de obra nueva sobre bienes de esta naturaleza y, lo que es más importante, si teniendo a su alcance los medios necesarios, generalmente gráficos, para cumplir con esta obligación, no los utilizare, podrá incurrir en responsabilidad por las consecuencias que se deriven de su incumplimiento. página 7 / 7

References: artículo 344
 artículo 298
 artículo 3
 artículo 2
 artículo 6
 Real Decreto