Source: http://www.libertadidioma.com/2003/20031025.htm
Timestamp: 2018-11-21 11:54:03+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Sábado 25 Octubre 2003
Euskal Herria u hostelerria
IÑAKI EZKERRA El Correo 25 Octubre 2003
Defensa de la unidad nacional
Editorial La Razón 25 Octubre 2003
El desarrollo del 155
Luis María ANSON La Razón 25 Octubre 2003
Juan Pablo Colmenarejo La Razón 25 Octubre 2003
Que el Gobierno se lo pida a Polanco
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 25 Octubre 2003
ARBITRARIO E INJUSTO
Editorial ABC 25 Octubre 2003
Los abusos de Atutxa
Editorial El Ideal Gallego 25 Octubre 2003
El «Plan Ibarretxe», imposible
Fernando Jáuregui La Razón 25 Octubre 2003
El Bloque admira al PNV
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 25 Octubre 2003
Horas de máxima tensión
FERNANDO ÓNEGA La Voz 25 Octubre 2003
Rodríguez Zapatero reafirma el compromiso del PSOE con la unidad de España
Madrid. Agencias ABC 25 Octubre 2003
«La aplicación del artículo 155 no está ahora sobre la mesa»
Carmen Gurruchaga La Razón 25 Octubre 2003
Rabanera dice que Álava no se someterá a Vizcaya y Guipúzcoa
J. J. SALDAÑA ABC 25 Octubre 2003
Cartas al Director El Correo 25 Octubre 2003
A los nacionalistas no les hace mucha ilusión que se les compare con los fundamentalistas islámicos y por una vez les voy a dar la razón. En efecto, hay importantes diferencias entre ellos. Se me ocurre enseguida un punto que uno y otros no tienen en común aunque sea para desgracia de los primeros. Cuando los integristas musulmanes perpetraban hace un año el atentado de Bali sabían bien lo que querían. Tenían muy claro su objetivo: dinamitar la explotación turística en el sudeste asiático. En cambio, cuando el nacionalismo vasco se opone al pacto antiterrorista, a la ilegalización de Batasuna y a toda medida que se propone para combatir el terrorismo que hoy llena Euskadi de escoltados; cuando ese nacionalismo se saca de la manga Lizarra, Udalbiltza y ahora el plan Ibarretxe dice -a diferencia del integrismo islámico- que persigue el progreso económico, la estabilidad política y el bienestar social.
No hay que ser muy lince ni un poco musulmán siquiera para comprender que la mejor forma de atraer las inversiones y el turismo a un lugar que -como Euskadi- hoy es sólo famoso por los tiros y las bombas no es precisamente prometer sacar adelante al precio que sea un proyecto de ruptura con el Estado que quiebre el orden político sobre el que se asientan su autonomía administrativa, su prosperidad, su libertad y su convivencia ya bastante deterioradas. ¿De verdad piensan los nacionalistas que ante ese futuro de estable inestabilidad va a animarse mucha gente a venir al País Vasco a invertir su dinero o a gastárselo? ¿En serio creen que los turistas y los inversores van a acudir -como las moscas a un panal de rica miel- a semejante sitio donde sólo se les asegura la inseguridad?
Se está usando estos días mucho el término legitimidad para hablar del plan Ibarretxe. «Es un proyecto tan legítimo como cualquier otro», se dice en los debates radiofónicos y televisivos que organiza el nacionalismo, como si el término legítimo fuera suficiente y lo arreglara todo. Y, ciertamente, el plan de libre asociación para la Euskal Herria diseñada por los nacionalistas es tan legítimo como la idea de renunciar al agua potable o a la luz eléctrica en nuestros domicilios. Habrá, de este modo, que convenir en que hay ideas insensatamente legítimas . Y es que esa presunta y pintoresca legitimidad que ahora se invoca, aun siendo admitida como tal, no lo soluciona todo y menos si va unida a otros ingredientes nada legítimos. Porque no es legítimo, por ejemplo, engañar ni omitir. No es legítimo negar que ese plan pueden poner en riesgo todo lo conseguido hasta hoy en lo social y lo institucional ni tratar de imponer esa idea descabellada contra un orden constitucional que contempla como indispensable el paso de todo cambio de ese calado por las Cortes Generales.
No es legítimo tampoco presentar ese traumático proyecto soberanista en un momento de terrorismo ni tampoco en medio de un hipotético cese de la violencia de ETA sobre el que planearía la amenaza del regreso de esa violencia. No es legítimo presentar ese plan como una garantía del final del terrorismo cuando puede ser lo contrario y cuando ha sido concebido con intereses muy distintos a los de terminar con ETA; cuando se quiere sacar adelante aunque sea un acicate para la supervivencia de ETA, ya que ésta puede ver en dicho plan una mayor cercanía de su objetivo. No es legítimo acusar a los demás de asociar el plan Ibarretxe al terrorismo cuando es la propia realidad la que los presenta asociados en el espacio y en el tiempo o cuando es más bien el mismo nacionalismo el que asocia el plan Ibarretxe con el terrorismo y su extinción sustrayendo dicho plan del debate político. Y, finalmente o antes que nada, no es legítimo ese plan del lehendakari porque se sostiene sobre un concepto de pueblo esencialista, etnicista, mistificador y totalitario que antepone ficticios, peligrosos y falsos derechos colectivos al individuo, único e indiscutible sujeto de derecho.
Más que reivindicar la temeraria legitimidad de su desafío permanente, es el nacionalismo el que debe empezar por legitimarse él mismo diciendo la verdad sobre sus objetivos y corrigiendo su actual programa que, al elevar al soberanismo sobre cualquier derecho individual o inconveniente práctico, supone un claro regreso a las esencias sabinianas, al litigio que la doctrina nacionalista plantea históricamente con el progreso económico y que formuló de modo inequívoco el fundador del PNV: «Fuese pobre Vizcaya y no tuviera más que campos y ganados. Y así viviríamos todos patriotas y felices».
Si el PNV aspira a una sociedad rural como utopía o si está dispuesto a sacrificar la economía y el bienestar del País Vasco en aras de su objetivo rupturista debe decirlo con claridad y debe decírselo antes a sí mismo. Debe, en fin, resolver la gran contradicción que tiene entre el sabinismo de origen que niega la riqueza heredada de la revolución industrial y su praxis hasta hoy instalada en la derecha económica y en la defensa del sistema capitalista. Si pretende una sociedad competitiva no puede anunciar un alarmante modelo político que hizo caer ya en 2002 un 80% la inversión extranjera, como tampoco puede poner al 27% del empresariado vasco en una situación de marcharse a otras comunidades autónomas, tal y como lo ha indicado en sus informes Mikel Buesa. Si el nacionalismo construye un Guggenheim y anima al sector hostelero a unas inversiones dirigidas a la explotación turística no puede luego contradecirse y embarcar a la sociedad vasca en una aventura excluyente que anima a echar a correr no sólo al visitante sino a todo el lugareño que no comparte el credo nacionalista.
El PNV debe decirle a la sociedad y de modo especial a su electorado cómo se posiciona ante el gran dilema hamletiano que le impone el presente: Euskal Herria u hostelerría . Como los musulmanes se plantearon en su día el dilema de progreso o barbarie, dinero o religión, agencias de viajes o bombas, ese partido debe aclararse y decir con claridad qué es lo que persigue. Porque si persigue dinero debe olvidarse de su plan secesionista, sus guiños a Otegi, sus alardes de un insincero procastrismo y un izquierdismo extemporáneo que usa como insulto un término como derecha en el que se halla inscrito, paradójicamente, desde su fundación. Debe decidir en qué derecha se encuentra: en la sabiniana, la carlista o la liberal.
Arzalluz ha dicho que su nación ha roto aguas, pero aunque el nacionalismo haga aguas por todas partes y el plan Ibarretxe acabe en agua de borrajas, el efecto demoledor que causarán los dos años que nos esperan de miedo para unos y frustración para otros, de ansiedad para todos, van a lograr que sea irreconocible el paisaje productivo que quede del País Vasco. Dos años hablando y hablando sin parar de ese miniapocalipsis cocinado en Sabin Etxea, dos años de una expectativa basada en la ausencia de expectativas, son algo que ni la sociedad vasca ni ninguna otra se pueden permitir. Las empresas que abran vuelo gracias a ese extravagante incentivo no van a volver más. No hay que ser economista ni musulmán de Bali o de Barakaldo para imaginar que las consecuencias que traerá tener a una Euskadi en vilo durante ese tiempo pueden ser económicamente más devastadoras que la peor bomba de ETA.
El Gobierno, reunido ayer en Consejo de Ministros, realizó una declaración institucional en defensa de la unidad nacional en la víspera de la aprobación por parte del Gobierno autonómico vasco del plan secesionista de Ibarreche. Un proyecto que busca la creación de un Estado con su propia nacionalidad, diferenciada de España, que significa dar la razón y legitimar políticamente al terrorismo de ETA. Un plan que rompe el consenso constitucional y se ríe del pueblo español, al que trata de arrebatar su condición de sujeto único de la soberanía nacional con el llamado «ámbito vasco de decisión» y destruye, además, con el desprecio al Estatuto que es la única base legal y legítima del propio Ejecutivo que preside Ibarreche.
El Gobierno hace en este manifiesto una declaración de firmeza en defensa del orden constitucional y anuncia que responderá con todo el peso de la ley a todas y cada una de las provocaciones. Pero, ante todo, ha hecho un llamamiento a toda la sociedad para responder al reto lanzado por el nacionalismo vasco. Y ésta es la parte más importante de la declaración, la que destaca que el plan de Ibarreche no es un asunto más de carácter político, sino que desafía a toda la sociedad en su conjunto y amenaza gravemente nuestra convivencia y merma los derechos forales de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Por eso, el Gobierno recuerda que la responsabilidad es de todos y se pide el esfuerzo de los españoles para hacer fracasar el siniestro plan de ruptura y salir en defensa del Estado de Derecho y de las libertades que garantiza la Constitución.
Para que la crisis, si se produce, no le coja al Gobierno de turno en porretas, in púribus, en pelota picada, en cueros vivos, con el rabel al aire y el bálano oscilante, mejor sería que desde hoy mismo los políticos del PP y del PSOE se pusieran a negociar el desarrollo del artículo 155.
Dice así este artículo, de gran actualidad ahora que la cobardía cerval de la marioneta Ibarreche ha puesto en marcha el plan garante de que los etarras no asesinarán a los peneuvistas: «Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general».
¿En qué consisten esas medidas necesarias para que Atucha deje de cachondearse por lo fino del Tribunal Supremo? ¿Cómo se aplicarán para que Ibarreche abandone Ajuria Enea, se recluya en su casa y espere sentencia del Tribunal Constitucional? ¿Cómo se articula en fin la aplicación del Estado de Derecho en materia tan vidriosa como ésta? Si no queremos que la excelente declaración ayer del Gobierno se quede en agua de borrajas, hay que aprobar una ley orgánica que desarrolle el artículo 155 de la Constitución. Y el tiempo apremia.
Cuando se cumplen 24 años del Estatuto vasco y 25 de la Constitución ya nada vale. Los nacionalismos aprietan las costuras del traje para que reviente. No les vale. Se les ha quedado viejo porque consideran que la normalidad no es su hábitat. Nunca antes en la historia de España se había conseguido el éxito de lo normal. Hoy los nacionalistas vascos, incluido en el paquete la camaleónica IU, quieren reventar lo bueno: vivir en paz. O por lo menos intentarlo y ganar la batalla de la libertad a pesar de ETA. El País Vasco sufre la «opresión» de gobernar su propia educación, sanidad, recaudan sus impuestos y deciden en qué se lo gastan, tienen una policía para todo... y hasta una carretera estatal como la Madrid-Irún es de competencia ¿provincial! ¿Qué les falta? Casi nada salvo la bandera, el himno, o el documento de identidad.
Es muy sencillo. Me quiero separar de ti, me voy de casa pero volveré a dormir y a lo que haga falta cuando tenga frío. Serás mi pareja libre asociada, cariño. El Estado Libre Asociado no tiene valor jurídico en el derecho internacional público. Nos quieren meter en un lío y después del consenso y de la sangre derramada a manos de ETA quieren acabar con lo bueno. De la libertad al disparate. Y a todo esto y en todo esto un partido como IU tira por la alcantarilla su contribución a la vida en común de los últimos 25 años. Y además nos cuentan que Madrazo tiene su proyecto en Euskadi y Fausto Fernández tiene el suyo en Madrid. Que se aclaren los de Llamazares. Que mañana hay elecciones en Madrid. El votante ya sabe dónde está el disparate y qué es lo que está haciendo cada uno en el reino de la constitución más normal de la historia de España. Normal es sinónimo de libertad. De disparates está llena la historia.
La campaña del imperio polanquista –o polankista– en defensa del PNV y de su golpe de Estado contra la Constitución está batiendo todas las marcas de la mendacidad intelectual y de la alta traición nacional. Porque al nivel de poder de Polanco, todo es alto, altísimo, y sin duda lo es su alevoso distanciamiento de la nación y la Constitución. Si el Rey o el Presidente del Gobierno consideran que son "cosas de Jesús" echar a Redondo Terreros del PSE –lo hizo directamente Cebrián al día siguiente de las elecciones vascas– o inventarse ahora un supuesto "envalentonamiento de la extrema derecha" que identifica con Aznar y el PP, bien para justificar el separatismo del Plan Ibarreche , bien para mantener sus acuerdos de negocios con Arzallus, es evidente que en España hay demasiado mandamás –o mandamenos– bajo el síndrome de Estocolmo.
Resulta sencillamente grotesco que Eduardo Zaplana, como portavoz del Gobierno, pida a la ciudadanía que se movilice contra la amenaza separatista; porque se trata del mismo Gobierno que le ha concedido a Polanko el monopolio perfecto de la televisión de pago (cuyas condiciones los propios gestores de Digital + se jactan de incumplir apenas realizada la absorción de Vía Digital), del mismo Gobierno que le permite no cumplir la sentencia del Supremo sobre el antenicidio desde hace cuatro años, del mismo Gobierno que está dispuesto a legalizarle Localia y del mismo Gobierno que se apresta a legalizar el dominio polankista sobre toda la televisión en España, la abierta y la cerrada, la nacional y la local, a través de la infame Ley de Acompañamiento Presupuestario.
¡Y ese Gobierno es el que nos llama a todos para que acudamos en defensa de la nación amenazada! Algunos medios acudimos todos los días sin necesidad de que nos llame nadie. Otros, sólo cuando el Gobierno dice "que toca". Pero si el Gobierno de Aznar y Rajoy quiere convocar a los que no defienden a España, que llame a Polanko, que es el que indirectamente –a través de su enorme ascendiente sobre el PSOE– o directamente –apoyando al PNV desde su inmenso imperio mediático– respalda de forma más astuta, traicionera y eficaz esa amenaza a la Nación y a nuestras libertades. Ya está bien de que sigan jugándose la vida los concejales del PP y del PSOE vascos mientras el caudillo de la progresía sigue jugando al separatismo y encima, gracias a este Gobierno, forrándose.
JUAN María Atutxa parece empeñado en llevar anticipadamente al Parlamento de Vitoria el efecto excluyente del plan Ibarretxe. No hace falta imaginar la vigencia de este plan para empezar a ver a ciudadanos segregados o de segunda categoría. Basta con repasar la presidencia de Atutxa en los últimos meses para constatar que en la Cámara vasca se sienten más amparados los parlamentarios de Socialista Abertzaleak, grupo disuelto por el Supremo por su relación con ETA, que los del PP o del PSE. Es la diferencia que media entre la benevolencia y la arbitrariedad. Más que en ningún otro caso, Juan María Atutxa, referencia de quienes creían en la existencia de nacionalistas moderados, representa la pérdida de sentimientos que ha permitido al nacionalismo vasco neutralizarse moralmente. Gracias a este vaciamiento de escrúpulos, el PNV sobrelleva sin inmutarse la indiferencia hacia las víctimas y la afinidad de palabra y hecho con ETA y su entramado. Y no sólo se trata de la falta de sentimientos de solidaridad y afecto con las víctimas, sino también de criterios de justicia y equidad, sin los cuales el ejercicio de cualquier potestad pública se convierte en una infamante arbitrariedad.
Ayer, Atutxa faltó a las dos cosas. A la justicia, porque su sanción de prohibir a Iturgaiz la entrada a los dos próximos plenos es ilegal sin la intervención previa de la Mesa de la Cámara; y a la equidad, porque consintió que el Consejero Azkárraga, principal difamador de los jueces españoles, pudiera calificar impunemente a los populares como «herederos del franquismo». En este caso, Atutxa ni siquiera premió a los populares con el empate que declaró cuando pidieron amparo frente a los insultos de la diputada proetarra Jone Goiricelaia, que los calificó de «torturadores» y «fascistas». Buena pauta ha ofrecido Atutxa sobre el modelo de sociedad libre asociada en la que piensa el nacionalismo y que hoy presenta Ibarretxe en Vitoria.
El episodio dirigido y protagonizado ayer por Juan María Atutxa en el Parlamento vasco supone la enésima burla del presidente de la cámara a los principios de justicia y equidad que se le suponen a alguien que desempeña su cargo. Una vez más olvidó el papel que debe jugar y se dejó llevar por las siglas de su militancia y expulsó del pleno a Carlos Iturgaiz, al que, de paso, le ha prohibido asistir a las dos próximas sesiones. Es el resultado de una batalla dialéctica emprendida por el consejero Joseba Azkarraga al calificar a los miembros del PP de “legítimos sucesores del franquismo”, epíteto que no mereció la llamada al orden. La respuesta del presidente “popular” recordando la vinculación del PNV con ETA sí fue acreedora de tal castigo por parte de quien minutos antes, y saltándose cuanta decisión judicial hay sobre la mesa, le había dado la palabra a Sozialista Abertzaleak, ésto es, la penúltima evolución de Batasuna.
No hacen falta más pruebas del comportamiento arbitrario de quien se tiene por árbitro y cuya trayectoria está jalonada de injusticias similares. El propio Iturgaiz, sorprendido e indignado, recordaba en los pasillos del Parlamento lo sucedido hace apenas veinte días, cuando los abertzales llamaban desde la tribuna “fascistas torturadores” a los diputados del PP porque éstos habían recordado que Batasuna es ETA “por resolución judicial”. En aquel caso, Atutxa había decidido inhibirse de la refriega al considerar -palabras textuales- “un empate” el pulso dialéctico, como si se tratase de una carrera de sacos. No es más que otra muesca en la culata de la intolerancia de los nacionalistas, que aflora al mínimo descuido.
El lehendakari, Juan José Ibarretxe, dará a conocer hoy «urbi et orbi» su famoso Plan, que en el articulado tampoco ofrece sorpresas de mayor relieve. Llega este momento estelar para Ibarretxe precedido por la intolerable agresión que sufrió en la Universidad de Granada, por su asistencia en Madrid a un acto de homenaje a la Constitución y por una extraña «anticipación» de su salida del Gobierno vasco, apresurada, a lo que se ve, por Arzalluz, que entra en su propia sucesión cual elefante en fábrica de porcelana.
En su afán porque sea el extremista Egibar y no el relativamente moderado Josu Jon Imaz quien le suceda al frente del PNV, Arzalluz ya va diciendo que lo bueno sería que Imaz se fuese a presidir el Gobierno vasco, sustituyendo a Ibarretxe, y que Egibar se quedase al frente del Euskadi Buru Batzar. En el fondo, esta salida de Arzalluz, que ve con terror cómo Imaz tiene mas apoyos que su protegido, no deja de ser otra piedra mas lanzada contra el «Plan Ibarretxe», que nace, se diga lo que se diga, bastante tocado.
Que Arzalluz abra ahora también para Ibarretxe la fosa sucesoria no es buena noticia para el lehendakari. Pero las hay peores. No es sólo es Confebask la que recela de un proyecto que, como el plan, retraerá aún mas las inversiones extranjeras y nacionales y que hará que los productos vascos se vendan menos en el resto de España (lamentable, pero ya está ocurriendo); también los propios empresarios de Mondragón, que siempre pasaron por apoyar un independentismo radical, andan diciendo que no pueden apoyar un plan que supondrá un peligro para la industria productiva y para la estructura financiera de Euskadi, que vive en un 60 por ciento de las exportaciones al resto de España. Por si todo eso fuera poco, está la amenaza de PP y socialistas de propiciar la secesión de Álava con respecto al resto de Euskadi si el plan de Ibarretxe acaba triunfando.
Ante este panorama, lo previsible sería que durante el periodo de consultas de un año a partir de ahora, Ibarretxe vaya «descafeinando» su plan. Es lo que susurran incluso en ámbitos que apoyan al Gobierno vasco donde no esconden que no han sido demasiados los logros que se pueden vender en la trayectoria de Ibarretxe, desde el pinchazo del acuerdo de Estella hasta la retirada de la amenaza de romper el concierto con el Gobierno central. Lo que no se había dicho hasta ahora es que Batasuna, o sea el grupo SA en el Parlamento de Vitoria, presentará la semana próxima su propia alternativa al «Plan Ibarretxe», contribuyendo un poco más al gran follón.
Tampoco la tramitación parlamentaria del «Plan Ibarretxe» va a ser pacífica, puesto que lo mas probable es que PP y PSOE acaben presentando un recurso de inconstitucionalidad contra el proyecto de ley. Cierto que, como gran logro del gobierno vasco, la economía, hoy por hoy funciona. Y cierto también que el desorden callejero, aunque en buena parte se deba a la Ley de Partidos, tan combatida por el PNV y EA, ha casi desaparecido. Razones de más, piensan muy amplios sectores sociales vascos, para no dar saltos en el vacío como el que el «Plan Ibarretxe» supondría.
SE PONE el PSdeG-PSOE a pactar con el Bloque y le crecen los enanos de la discordia, se ponen los socialistas gallegos a colocar en sus listas personas no estrictamente socialistas, como el alcalde de Vigo, y le saltan las costuras orgánicas. Ahora resulta que llevarse bien con determinados nacionalistas -que también son socialistas, comunistas, de izquierda y de los grandes expresos europeos-, es endemoniadamente complicado. Como si no estuviera claro desde el primer momento.
El Bloque pasa por ser el partido más anti Fraga del mundo mundial, pero luego resulta que se lleva de mil amores con Joseba Eguibar, un sujeto profundamente reaccionario, completamente xenófobo y altamente conservador en cuestiones de costumbres y de cartera. Asistimos en España a un espectáculo curioso como mínimo: gentes que se reclaman de la izquierda, como los del Bloque, están a partir un piñón con sujetos que pertenecen a un partido que está convencido de que hay personas de dos categorías marcadamente jerarquizadas: los nacionalistas y el resto del mundo; son sujetos imbuidos de que la diferencia no está en la clase o en la posición social sino en la adhesión a los principios fundamentales de un movimiento que, de tan complejo como es, resulta inefable.
Ibarretxe, ese gran prócer del pensamiento occidental, acaba de decir que lo que queremos los vascos es que nos dejen ser como somos. ¡Qué nivel de análisis intelectual! ¡Qué precisión en los términos! Y, ¿cómo somos los vascos? ¿Como Joseba Pagazaurtundua, que era socialista, hablaba un euskera precioso y nació en Andoain? ¿O como Anasagasti, que es de Venezuela y le tiene tanto cariño al euskera como para no saber ni media palabra de esta lengua, como para no haberla estudiado jamás, como para renegar, públicamente y por escrito, de su aprendizaje? ¿Cómo somos los vascos, como los centenares que han sido asesinados por terroristas nacionalistas vascos o como los asesinos venidos de Castilla-La Mancha -Kubati-, de Extremadura -Paredes Manote-, o de Salamanca -López Riaño? ¿Cómo somos los vascos, como los que se han tenido que ir de la tierra en la que nacieron por culpa del fascismo vasco, como los que viven del presupuesto nacionalista, de la misma forma en que vivían los burócratas del franquismo?
El delirio de Ibarretxe es tan insultante para la inteligencia, es tan reaccionario, es tan crispador, es tan sembrador de odios, es tan poco democrático, que uno no se explica cómo puede ser apoyado por gentes que se dicen progresistas. Es tan delirante que quien lo impulsa, cuando lo explica, dice cosas de ese estilo: «El mañana nos pertenece» -como cantaban los nazis de la película Cabaret -, o bien ¿qué hay de malo en ello? o, en pleno desmelene: que nos dejen ser como somos.
Es tan complicado definir cómo es uno, como para definir cómo somos varios. Pero el nacionalismo vasco tiene hecho un estereotipo de cómo debe de ser el pueblo vasco y como la sociedad vasca es mucho más plural, más rica y diversa, se empeña en modelarla a martillazos, para que a golpe de sangre, de muerte, de miedo, el esquema de la sociedad vasca se anule y se pliegue a la de pueblo, concepto en cuyo nombre se han cometido los mayores y más sanguinarios atropellos de la historia.
Uno ve a Beiras pasear de la mano de Eguibar, embelesado, recorriendo las calles de San Sebastián en pleno Festival de Cine, atento a las explicaciones que sin duda le suministra este timonel de la inteligencia al que, según propia confesión, le da más miedo España que eta (con minúsculas, por favor), y se le cae el alma a los pies. Ese embobamiento, que tiene que ver con ciertas envidias bastante patológicas, ilustra la devoción de una persona que se define nacionalista de izquierdas respecto de otra que se comporta como un reaccionario profundamente de derechas, pero que es también nacionalista.
Ya sé que la política obliga a definir alianzas en función del análisis concreto de la situación concreta, pero está claro que esa sopa ideológica que es el Bloque, prefiere equivocarse con el PNV antes que acertar con el PSdeG-PSOE.
VIVIMOS las horas de máxima tensión política entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Euskadi. Son, por tanto, horas de máxima tensión entre todo lo que significa identidad española y el nacionalismo vasco. El enfrentamiento se palpa en los gestos, las declaraciones y en el ámbito institucional. Se ha visto ayer en el Parlamento de Vitoria: un diputado del PP, Carlos Iturgaiz, fue expulsado de la Cámara por responder a una acusación del consejero de Justicia. Cabe la posibilidad de que Atutxa haya entendido que Iturgáiz le llamaba «militante de ETA» al consejero y no «heredero», pero es igual: Atutxa ha demostrado que no tiene buena voluntad. Cada vez que hay una discusión entre un nacionalista (aunque sea de Batasuna) y un constitucionalista, favorece al más próximo. Los diputados del PSOE y, sobre todo, del PP, son tratados como indeseables a los que hay que amordazar.
Claro que eso es anecdótico ante lo que viene. Sólo refleja una parte del ambiente que encontrará en la misma cámara el plan Ibarretxe que hoy se aprueba. El lector puede imaginar el clima de concordia, diálogo y proximidad en que se van a desarrollar los debates: como diría Arzalluz, «cero patatero». Ni voluntad de que haya algún acercamiento. El calendario marca la fecha de aprobación de lo que el Gobierno central llamó ayer «destrucción del marco de convivencia», y, que sepamos, lo único que Aznar le ha dicho al lendakari en los últimos tiempos ha sido «tienes que cambiar de piñón». Ni una palabra más.
Como venimos anotando desde hace meses, sólo se usa el mensaje desde el mitin o la rueda de prensa y, finalmente, el pronunciamiento del Consejo de Ministros. Les ha salido el comunicado más dramático que hizo ningún Gobierno español en los últimos veinte años, desde la victoria socialista en 1982. Es lógico: si ese gobierno entiende el proyecto vasco como «la quiebra más grave del sistema democrático y del Estado de Derecho», no puede mantener una actitud contemplativa y pide a la sociedad que le haga frente.
Se avecina, pues, una batalla que no es solamente jurídica. Por primera vez un gobierno, desbordado por un proyecto soberanista, se ve obligado a convocar la movilización social. Ha llegado, sin duda, el momento de adoptar decisiones duras para preservar el orden constitucional y la propia unidad nacional. A la vista del espíritu del comunicado, no se puede descartar ni la suspensión de la autonomía, que prevé el artículo 155 de la Constitución y aplauden e impulsan poderosos caballeros como Cuevas. Se abre un panorama lleno de interrogantes y amenazas: otra preciosa herencia para Mariano Rajoy, mientras su líder natural se dispone a marcharse de rositas.
El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, se ofreció hoy a compartir con los partidos del pacto constitucional las iniciativas políticas precisas para frenar el Plan Ibarretxe y dijo que el compromiso de su partido con la unidad de España y la Constitución es "hoy, si cabe, más firme que nunca".
Rodríguez Zapatero leyó en la sede federal del PSOE en Madrid una declaración ante la aprobación por el Gobierno vasco del denominado plan Ibarretxe, del que aseguró que "no saldrá adelante", y quiso enviar a los ciudadanos "un mensaje de firmeza y también de serenidad" en ese sentido. Aseguró que "los demócratas no vamos a consentir que se vulneren las reglas del juego que se establecen en nuestra Constitución" y afirmó que la propuesta del lehendakari implica que, por primera vez en los últimos veinticinco años, "se cuestiona directamente nuestra legalidad constitucional". "El PSOE no gobierna en España, pero nuestro compromiso con su unidad y con la Constitución es hoy, si cabe, más firme que nunca", declaró Rodríguez Zapatero.
Pidió a Ibarretxe que retire su plan porque "es lo mejor para Euskadi y para la convivencia entre los vascos. Es lo mejor para alcanzar la paz. Es lo mejor para profundizar en el autogobierno". "El PSOE va a asumir sus responsabilidades con firmeza y serenidad en defensa de la Constitución, del Estatuto de Gernika y de la convivencia entre los vascos", dijo su secretario general, quien afirmó que resulta preciso un cambio de Gobierno en Vitoria y en Madrid para "abrir un camino de estabilidad y fortalecimiento de la España constitucional, de la España plural", a lo que se comprometió si asume tareas de gobierno.
En su declaración, los socialistas exponen las razones por las que se oponen a la iniciativa del lehendakari y, así, Rodríguez Zapatero señaló que el plan "va a dificultar la convivencia entre los vascos" y es un plan "excluyente, una imposición para aquellos ciudadanos vascos que no se sientan nacionalistas". "Nos opondremos -agregó- porque va contra la Constitución, contra las reglas del juego democrático de las que no dotamos todos los españoles", así como porque "olvida la principal tarea del Gobierno vasco, su auténtica prioridad no puede ser otra que garantizar a todos los ciudadanos vascos la libertad, es decir acabar con ETA y con quienes todavía hoy practican el chantaje y la extorsión en su
El secretario general del PSOE se comprometió también con la defensa del Estatuto de Gernika "que ha supuesto durante estos veinticuatro años -dijo- un punto de encuentro entre las distintas sensibilidades identitarias de los ciudadanos vascos". A ellos quiso trasladar un mensaje especial de "respeto y apoyo hacia su pluralismo, su deseo de vivir en paz y su profunda voluntad de autogobierno".
Rodríguez Zapatero hizo un llamamiento para frenar la crispación en la vida política vasca y aprovechó la ocasión para pedir al presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, "que retire la sanción" al portavoz del PP, Carlos Iturgaiz, expulsado ayer del pleno tras un cruce de descalificaciones con el consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkárraga.
JULIA GARCÍA VALDECASAS Ministra de Administraciones Públicas
Para la responsable de Administraciones Públicas, el plan secesionista del «lendakari» Ibarreche «divide al País Vasco y plantea un problema entre vascos»
Es ministra de Administraciones Públicas desde la última remodelación de Gobierno. Le toca administrar las comunidades autónomas y, por ende, el conflictivo Plan Ibarreche y la consiguiente propuesta alavesa de separarse si el «lendakari» sigue adelante con su Plan.
¬ ¿Cómo ve la decisión de las Juntas Generales de Álava?
¬ Es una reacción adecuada del País Vasco al Plan Ibarreche; de personas que no están de acuerdo y lo manifiestan abiertamente con un planteamiento claro y dentro de sus posibilidades y capacidades.
¬ Hay quien critica a Álava con el argumento de que a una ilegalidad se le responde con otra ilegalidad.
¬ El Plan Ibarreche, hoy por hoy, no es más que una declaración. Ibarreche aún no ha actuado y habrá que reaccionar cuando empiecen las acciones. De todas maneras, lo sucedido en las Juntas Generales de Álava es una respuesta a Ibarreche: tú rompes el pacto Constitucional y nosotros nos vemos libres para tomar la opción que queramos. A Ibarreche hay que recordarle que todo el País Vasco no es él, que no está todo el mundo dentro de su opción. El Plan divide al País Vasco y plantea un problema entre vascos. Ante esto, parte de la población expresa su disconformidad y demuestra que está decidida a defender la posición que tienen actualmente. Quieren mantener el consenso.
¬ Hoy se presenta el Plan Ibarreche en el Parlamento vasco, ¿qué va a hacer el Gobierno?
¬ Hoy se envía a las Cortes el proyecto de ley. El Gobierno está estudiando y analizando todas las posibilidades que tiene. Siempre que algún planteamiento rompa el marco legal que nos hemos dado, el Gobierno va a reaccionar. Pero un proyecto de ley, en sí, en principio, no rompe nada. Cada reacción tiene que estar bien fundamentada jurídicamente para actuar contundentemente y ser eficaz en la acción.
¬ ¿Se baraja poner en marcha el artículo 155 de la Constitución?
¬ Ahora mismo no está sobre la mesa. Está en la Constitución y se puede recurrir a él, pero se están estudiando otras vías.
¬ ¿Está estudiando el Gobierno endurecer las penas para desobediencias como la de Atucha?
¬ Según el titular eran enmiendas de reforma del Código Penal para penalizar con más dureza la actuación de desobediencia de Juan María Atucha por no suspender a Sozialista Abertzaleak como grupo parlamentario. Pero este asunto tampoco está sobre la mesa.
¬ Usted ha llegado al Ministerio en un momento en el que nacionalistas vascos y los partidos catalanes, excepto el PP, muestran su descontento con el actual marco estatutario.
¬ Es muy diferente el planteamiento de vascos y catalanes, porque los catalanes plantean el procedimiento legal, en el sentido de votación en el Parlamento catalán, en las Cortes Generales y luego referéndum. Ibarreche, no. Ibarreche rompe las reglas del juego porque considera que el ámbito de decisión reside en los ciudadanos vascos y obvia un trámite fundamental que es el del Parlamento de Madrid. Ésa es la diferencia esencial. El contenido de la reforma tiene un paralelismo, aunque es distinto intentar plantear una reforma dentro del cauce legal que fuera de él. Ibarreche dice que ninguna ley va a parar su referéndum. Ésta es la diferencia esencial.
¬ ¿ La propuesta Maragall es menos radical en cuanto a contenidos?
¬ El documento de Santillana del PSOE es una ambigüedad total, no hay ninguna afirmación contundente. Ahí cabe todo y si te vas a las declaraciones que han hecho de él, son todavía más inconexas e incongruentes, desde el federalismo asimétrico, hasta el Reino de Aragón. El propio PSOE tiene distintos discursos allí donde habla: no es el mismo el que tiene Bono que el que tiene Ibarra o Maragall.
¬ Cuando llegó se encontró con un Ministerio que llevaba siete años andando con el PP. ¿Quedan muchas cosas pendientes?
¬ Javier Arenas, mi predecesor, ha dejado un Ministerio en marcha y yo sólo he tenido que continuar con lo que él había preparado. Quiero centrarme en equilibrar la situación de las delegaciones del Gobierno con su estructura actual, porque ha habido un cambio muy profundo en la Administración. Han quedado competencias del Estado que ejercen las delegaciones de Gobierno y hay que hacer una propuesta de mejora.
¬ ¿La comisión de transferencias sigue funcionando?
¬ Sigue funcionando allá donde quedan competencias por transferir. Las competencias las fijó cada comunidad en sus estatutos y prácticamente todas ellas han sido transferidas. Lo que sucede ahora es que hay comunidades que reivindican competencias que no estaban en sus estatutos y por eso proponen modificar los estatutos.
¬ ¿Cuándo empezará la segunda descentralización desde las comunidades a los ayuntamientos?
¬ Nosotros no tenemos capacidad para obligar a las comunidades, sino para instarlas a que lo hagan, pero sólo han hecho algo Madrid y La Rioja. Supongo que con el tiempo y las presiones se cederá, porque es conveniente que la administración que gestione el servicio sea siempre la más cercana al ciudadano. Si nos fijamos en las cifras, el 53% del gasto público lo gastan las comunidades autónomas y corporaciones locales y el 47 % restante, el Estado.
VITORIA. Álava advertirá hoy al lendakari que no le puede «exigir» que acepte la derogación del Estatuto a cambio de un marco de nueva creación «ajeno a nuestra historia», que sometería a los alaveses «a la mayoría política de Vizcaya y Guipúzcoa».
El PP y el PSE aparcarán hoy la rivalidad política para festejar, de forma conjunta, con una recepción institucional, el XXIV aniversario del Estatuto. Al acto asistirán más de 200 representantes de todos los sectores sociales -políticos, empresarios, autoridades militares, representantes de la Iglesia o los firmantes del Estatuto (cuatro de ellos han confirmado su asistencia)-. En la recepción, que tendrá lugar en paralelo a la presentación del lendakari de su proyecto soberanista, el diputado general de Álava, el popular Ramón Rabanera defenderá la vigencia del Estatuto, y advertirá a Ibarretxe que no se le puede exigir que se sume a un proyecto de secesión que «desvirtúa el sentido foral de nuestra autonomía», y que «sometería a los ciudadanos de este territorio a la mayoría política de Vizcaya y Guipúzcoa».
Homenajes al Estatuto
En una declaración institucional a la que ha tenido acceso ABC, sostendrá que Álava ha sido, «de las tres provincias, la que ha hecho un mayor esfuerzo» de vinculación al País Vasco, desde la convicción «de que es posible una Euskadi unida, vinculada a España». Recordará, por ejemplo, que este territorio, en el que apenas se hablaba euskera, se ha adecuado a «los modelos educativos y a las ofertas de empleo público euskaldunes», y que Álava ha llegado a hacer dejación de algunas de sus competencias forales en favor de la Comunidad autónoma.
Frente al reto del lendakari, Rabanera hará un llamamiento para que las fuerzas políticas sean capaces de lograr «un acuerdo» para interpretar el Estatuto, y «la consecución de una alternativa de convivencia» sobre dos pilares fundamentales. El de una «ética común», basada «en la democracia, la prevalencia del Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos», y un objetivo compartido: «promocionar la igualdad y la dignidad intrínseca» de cada ciudadano de la UE.
Mientras, el PP y PSE celebrarán hoy el vigésimo cuarto aniversario del Estatuto, Mariano Rajoy participará en Guernica en el acto organizado por el PP, para enfatizar el respaldo de su partido al Estatuto vasco de autonomía, mientras que los socialistas vascos no contarán con presencia de la ejecutiva federal de su partido en el acto que tendrá lugar en Bilbao.
Encina Regalado de los Cobos/Procuradora del PP en las Juntas Generales de Álava. Vitoria-Gasteiz
El jueves ví en ETB el programa Políticamente incorrecto . El tema de debate eran las canciones de algunos cantantes y grupos musicales y la repercusión de sus letras. Intervenían Jesús Jiménez (componente de Soziedad Alkolika), Fermín Muguruza (cantante), Miguel Castells (abogado), Luisa Etxenike (escritora y articulista de El País), Francisco Caja (presidente de Profesores para la Democracia) y Daniel Portero (Portavoz de la Asociación de Víctimas del Terrorismo).
No creo que se pueda expresar en este poco espacio la repugnancia infinita que producen algunas actitudes. Para nadie será una sorpresa que personas como Jesús Jiménez o Fermín Muguruza se escuden en la libertad de expresión o de creación artística para cometer un delito y se justifiquen diciendo que las letras de sus canciones como Revienta cerdo (refiriéndose a militares) se han sacado de su contexto.
No sé cuál será ese contexto y prefiero no conocerlo. Es incalificable la postura del señor Castells. Él es abogado y, aunque reconocía que la libertad de expresión no lo ampara todo, se introdujo en disquisiciones incomprensibles para tratar de justificar lo injustificable.
Para mí sí fueron una sorpresa las argumentaciones de Luisa Etxenike. El señor Portero, al final del programa, muy generosamente, la calificó de «neutral». No fue esa mi impresión, no hizo más que divagar. En ningún momento fue al meollo de la cuestión. Cada vez que intervenía lo hacía para reconvenir al señor Portero o al señor Caja diciéndoles que por ese camino de la confrontación , que ahora que ellos hablaban era cuando se estaban conociendo las letras que, de otro modo, hubieran pasado desapercibidas etc. ¿Les suena?
Nunca miró a los ojos de los cantantes o del señor Castells, ni les afeó su conducta. Su comportamiento fue, en mi opinión, cobarde y felón. Sólo me queda dar las gracias al señor Portero y al señor Caja por su testimonio de valentía y verdad.
Los ciudadanos normales sabemos muy bien dónde están los límites de la libertad de expresión. El límite es la dignidad, en este caso la dignidad de las víctimas con las que todos hemos contraído una inmensa deuda de gratitud. En este debate tan desigual (cuatro contra dos), hubo dos personas dignas; los demás no lo fueron.

References: artículo 155
 artículo 155
 artículo 155
 resolución 
 artículo 155
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