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Innovación y economía social y solidaria. | Sociedad | Corporación multinacional
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INNOVACIÓN Y ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA:
RETOS Y APRENDIZAJES DE UNA GESTIÓN DIFERENCIADA
Compilación / edición:
Fernando José Ibarra Castillo
Jorge DÁ SA - Mirta VUOTTO - Miguel Ángel ALARCÓN Juan Fernando ÁLVAREZ R. - Hernando ZABALA SALAZAR Benjamín RAMÍREZ BARACALDO - Juan De Dios JIMÉNEZ Valentín MOLINA MORENO y Rafael LÓPEZ ARREDONDO Sergio TOBÓN TOBÓN - Ariel César NÚÑEZ ROJAS Clara Eugenia GUZMÁN CALDERÓN
® & © 2011
Jorge Dá Sa - Mirta Vuotto - Miguel Ángel Alarcón - Juan Fernando Álvarez R. Hernando Zabala Salazar - Benjamín Ramírez Baracaldo Juan De Dios Jiménez - Valentín Molina Moreno y Rafael López Arredondo Sergio Tobón Tobón - Ariel César Núñez Rojas Clara Eugenia Guzmán Calderón
Este documento es fruto de una selección revisada y arbitrada de ponencias escritas pre- sentadas durante la Conferencia Internacional de Economía Solidaria: Retos de una Ges- tión Diferenciada, celebrada en la ciudad de Barranquilla del 2 al 4 de marzo de 2011. Este documento puede ser reproducido total o parcialmente, siempre y cuando se mantengan los reconocimientos a cada uno de sus autores. El contenido del mismo no compromete
Compilación y arbitraje de escritos: Juan Fernando Álvarez R.
Edición, diseño, impresión y diagramación: SOPORTE & DISEÑO
Portada: Germán Avila
ISBN: 978-958-44-8166-5
Barranquilla, febrero de 2011
PRESENTACIÓN...................................................................................7
INTRODUCCIÓN...................................................................................9
Capítulo 1: INCIDENCIA DE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA EN EL DESAROLLO
El papel de la economía social solidaria
y de sus agentes
Incidencia de la economía solidaria en las cuentas
y un mapeo de la experiencia europea
Miguel Ángel ALARCÓN CONDE
Capítulo 2:RETOS DE LA GESTIÓN DE ORGANIZACIONES DE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA
Análisis de la regulación para empresas solidarias
Autocontrol y autogestión en las cooperativas.
El modelo de auditoría en el cooperativismo alemán
Benjamín RAMÍREZ BARACALDO
Valoración de la liberación de recursos generados por cooperativas en Colombia y su presentación
Juan Fernando ÁLVAREZ R.
Capítulo 3: LA INNOVACIÓN COMO APRENDIZAJE
La gestión multicultural como instrumento para potenciar la globalización de la economía social
.............................................................. Juan de Dios JIMÉNEZ, Valentín MOLINA MORENO y Rafael LÓPEZ A.
La contribución de la investigación
a las innovaciones: el caso de las organizaciones
Gestión del talento humano en las organizaciones con base en competencias
y la quinta disciplina
Sergio TOBÓN TOBÓN, Ariel César NÚÑEZ ROJAS, Clara Eugenia GUZMÁN CALDERÓN
APUNTES FINALES..........................................................................201
AUTORES..........................................................................................213
Este libro es fruto de dos circunstancias. La primera es el encuentro de estudiosos en la materia durante la Conferencia Internacional de Economía Solidaria:
Retos de una Gestión Diferenciada, celebrada del 2 al 4 de marzo de 2011. Este encuentro buscó dar cuenta de los avan- ces investigativos y dotar de mayor rigor técnico a un sector grande en cantidad de organizaciones, fuerte en dimensiones y que incide en la economía nacional de una forma a veces in- sospechada. Dotar de rigor, implica salir de los espacios comu- nes, fomentar la autocrítica y vencer las barreras de la apatía por el conocimiento. La segunda, la realización de una apuesta de Ibarra Ga- rrido Promotores por impulsar el sector de la economía social y solidaria, como parte de su responsabilidad social, en Ba- rranquilla: un territorio históricamente solidario pero enfrenta- do en su día a día a los rigores de los antivalores que han y siguen desestructurando nuestro capital social. Un territorio - padrazgo, amistad y camaradería dan cuenta de los atajos colectivos ante la necesidad de fortalecer la unión fraterna de las personas en torno al bienestar común. Este libro contiene una serie de artículos de investigado- res de distintas latitudes quienes se unen a través de sus le- tras, para proponer una ruta de visualizar la incidencia de las organizaciones solidarias en el desarrollo y apuntando claves a tomar en cuenta para gestionar el crecimiento organizacio- nal con innovación. Y aunque por razones de espacio no hemos podido divul- gar todos los aportes de los profesores asistentes al evento mencionado arriba, esperamos que los presentes escritos ca- len hondo y logren escarbar y fomentar un análisis crítico de las organizaciones solidarias. Esperamos también que este libro propicie discusiones, sea fuente de consulta y autoa- prendizaje.
Si es así, habremos contribuido con el fortalecimiento de la educación cooperativa como motor para administrar el cre- cimiento de organizaciones y habremos contribuido a formar cooperativistas y no sólo administradores de la ventaja coo- perativa. Habremos contribuido a crear empresarios coope- rativos y no sólo administradores del riesgo común.
Fernando Ibarra Garrido Presidente Ibarra Garrido Promotores Barranquilla, febrero de 2011
La gestión de las organizaciones solidarias suele ser más compleja de lo que parece. La multiplicidad de objetivos, grupos de interés y problemáticas asociadas hace que cada organización sea un mundo diferente y que las herramientas - sos ni siquiera aplique. Mientras la toma de decisiones en una empresa de ca- pital está atada al mayor accionista, la toma de decisiones en empresas solidarias afecta a un universo de propietarios mucho más amplio y con funciones objetivo poco claras. El - nización solidaria apenas comienza; así los excedentes son sólo un primer eslabón en la cadena de decisiones organi- zacionales. En las organizaciones de la economía social y solidaria
- gógica. - rarse continuamente y las organizaciones son tan vulnerables a esta variable que cualquier vaivén puede generar las más precipitadas crisis organizacionales que se puedan pensar. Sin embargo, la fragilidad de este modelo organizacio- nal que apuesta por desarrollar la democracia en todas las cosas, tiene ventajas implícitas que pueden posicionar en el tiempo a una organización. Quizá la más importante es la identidad. Cuando en una organización solidaria se preserva la identidad y se procuran estrategias para su inclusión, como modelo de gestión, las probabilidades de éxito se elevan considerablemente. Pero no debemos engañarnos, la ges- tión no es un resultado, es un proceso. Muchas organiza-
ciones al obtener cierto quehacer con sus asociados olvi- dan que existen factores externos e internos que impactan en cualquier momento en las organizaciones. El olvido y la apatía gerencial, provoca una sensación de letanía como aquella que antecede la muerte. A partir de ocho documentos de discusión, doce autores hacen referencia a variables que apuntan a generar innova- ción como un proceso de posicionamiento y fortalecimiento organizacional en los contextos políticos, económicos, socia- -
sultado es un cúmulo de herramientas y piezas de construc- ción que esperamos que cada organización y lector utilice a
experiencias y retos para hacer de la gestión de empresas
solidarias un quehacer innovador.
CAPITULO 1: INCIDENCIA DE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA EN EL DESARROLLO
INCIDENCIA DE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA EN EL DESARROLLO
…una política de proximidad es siempre un requisito previo para el desarrollo local…
EL PAPEL DE LA ECONOMÍA SOCIAL SOLIDARIA Y DE SUS AGENTES
INCIDENCIA DE LA ECONOMÍA SOLIDARIA EN LAS CUENTAS NACIONALES. HACIA UNA IDENTIFICACIÓN DE LA
NECESIDAD Y UN MAPEO DE LA EXPERIENCIA EUROPEA
INNOVACIÓN Y ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA
Vivimos una época de profundos cambios del estado de
bienestar y del papel regulador del Estado. Esto ha generado un nuevo marco de desarrollo en el cual la relación entre el Estado Nacional y sus territorios, es decir, la relación entre el nivel nacional y el local, tiene que ser abordada en los espa- cios más amplios de la internacionalización. En los años setenta, Gérard Destanne de Bernis defen- dió que el sistema de producción transnacional, que en ese momento estaba en desarrollo, asentó sus bases sustitu- yendo los sistemas productivos nacionales a medida que los principales sectores industriales, como los del acero, agro y químico, veían disminuir gradualmente el peso de los estados nacionales para determinar sus opciones productivas. Para de Bernis era un sistema de corporaciones multi- nacionales que, en el plano mundial, iría progresivamente a sustituir un orden hasta el momento (años setenta) dominado
embargo, que esa sustitución no iría a resultar en un colap-
so del Estado a favor de las corporaciones transnacionales o que la división internacional del trabajo resultante de este proceso iría a imponer a los estados su papel. Para los autores era evidente que las corporaciones mul- tinacionales, expresando sus propios intereses, no deseaban
dictar a los Estados las políticas nacionales a desarrollar. Por ejemplo, con respecto a la gestión de la fuerza de trabajo, vivienda, salud y educación. En un contexto de análisis diferente, encontramos en Ge-
de valor añadido mundializado, sobre la base de la nueva
división internacional del trabajo resultante de las prácticas que las corporaciones transnacionales imponen a los Esta- dos y que hacen que progresivamente, los sistemas produc- tivos nacionales pierdan su autonomía para integrarse en un sistema mundial único: “El punto de partida para entender la naturaleza del cambio del comercio y de la organización industrial a nivel internacional se encuentra en el concepto de cadena de valor añadido, tal como es desarrollado por académicos del área de los negocios internacionales que se centraron en las estrategias de los países y de las empresas en la economía global “. Desarrolladas en un cuadro internacional y dominadas por racionalidades derivadas de la internacionalización del capital (lo que hoy integramos en el concepto de globaliza- ción), esas políticas nacionales intentan gobernar el desor- den provocado por la incoherencia que esa “transnacionali- zación” ha generado en los sistemas productivos nacionales
al retirarles la autonomía en sus procesos de producción y de acumulación de la riqueza.
en las relaciones establecidas entre el nivel nacional y el local a propósito del desarrollo, ya que el Estado nacional tiende a intervenir menos en los efectos locales derivados de las con- secuencias de la integración económica transnacional. Como
- les dejen de tener una fuerte presencia a nivel de la esfera local, pero insiste sobre la transformación de las relaciones “nacional-
2. Desarrollo y territorio
Pecqueur (1987: 133) argumenta que el proceso de de-
sarrollo, que hoy llamamos globalización, ha provocado una mutación continuada en el tiempo de la relación entre el po- der central y el poder local. En un trabajo presentado trece años más tarde, el autor
cuanto espacio político-administrativo (Pecqueur, 2000), es decir, la mutación se expresa en la relación con el territorio
socialmente construido como resultado de la convergencia
de los actores sociales que se encuentran en un espacio geo-
comunes. Siguiendo esta línea de pensamiento, Pecqueur (2004)
siendo que la identidad de un territorio se genera a partir de
estos últimos, sean ellos sociales, culturales o ambientales. El autor sugiere que la dinámica del desarrollo de un territorio se deriva del encuentro entre su patrimonio natural y huma-
“plus” que promueve la innovación y la diferenciación. Las repercusiones al interior del territorio, de las presio- nes resultantes de los impactos directos e indirectos de la globalización, tienden a reemplazar las estructuras locales tradicionales, rehaciendo la división del trabajo, para la que cuenta la presencia de grandes empresas, ya que “el dominio del espacio pertenece a quien tiene la capacidad de escoger. La gran empresa tiene esa capacidad de poder escoger entre
diversos espacios, diversos agentes, diversas colectividades, diversos sub-contratantes “(Pecqueur, 1987: 137). La gran empresa tiene, inclusive, la posibilidad de desin-
vertir localmente y de trasladar la inversión fuera de lo local, destruyendo equilibrios establecidos y, muchas veces, fun- damentales para la integración y la cohesión sociales. Por el contrario, las empresas que resulten de la construcción so-
ellas las que se insertan en la economía social) no se trasla-
dan fuera del ámbito local porque ellas son parte integrante del territorio y es ahí donde encuentran su identidad.
construcción social del territorio es imprescindible que organi-
su más amplia integración, en particular mediante el fortaleci- miento de la identidad. Estas redes deben juntar a esos actores e instituciones
locales asegurando su cooperación y permitiendo la aparición
de sus líderes en el difícil campo del diálogo que, para concre- tar el desarrollo, deben mantener con los diferentes agentes del mercado y con los representantes de los poderes públicos, a nivel local, regional, nacional e internacional. - tiones de desarrollo que se vivieron en la esfera del relacio- namiento entre la intervención de los poderes públicos y la llamada “auto-regulación de los mercados” pasaron, desde el
los problemas de coordinación y las interacciones sociales
mercado, obligando a la intervención de la esfera política. Los informes del Banco Mundial (1998 y 2001) apuntan
en esta dirección al defender que el desarrollo local no puede
ni del mercado llamado libre, abogando por un entendimiento armonioso entre intervenciones ocasionales de los poderes públicos y acciones descentralizadas que tengan en cuenta las presiones de la competencia derivadas de la globalización. Para Franco (2001), la opción es clara. El Estado debería
centrarse en la construcción de un marco jurídico que apunte a los restantes agentes socio-económicos la preferencia a los tipos de organizaciones que privilegien las redes de rela- ciones sociales horizontales, en lugar de soluciones susten- tadas en estructuras verticales (jerárquicas) generadoras de formas competitivas de interacción social. Eso sería, para el autor, un marco jurídico con incidencia directa de orden social y económico y potenciador de una mayor participación demo- crática y cívica de los ciudadanos. Esta nueva visión del desarrollo territorial como cons- trucción social generadora de cohesión entre los diferentes
económica, cultural y ambientalmente sostenible, lo que difí- cilmente se podrá materializar sin hacer referencia al concep- to de economía de proximidad.
Como lo señala Le Berre (1995), el territorio posee una “esencia material, una identidad propia y una esencia orga-
nizacional ...
el desarrollo territorial duradero no es más que
una construcción de actores que apuntan a una trayectoria particular integrando la evolución conjunta de sistemas eco-
nómicos, sociales y ecológicos”. Se trataría así de un proyecto colectivo que pone a sus ac- tores en el centro de los procesos de gobernanza del territorio en el que ese proyecto se materialice, concretizándolo, como
de deseos y de saberes (saber-hacer) colectivos que permite polarizar la acción de cada uno en torno a una amplia ambición común, resistir a las fuerzas centrífugas , ultrapasar las contra-
dicciones internas de intereses, aprovechar las oportunidades que surgen de la exploración de márgenes de maniobra, reu- bicar la acción de cada uno improvisada en función de aconte- cimientos aleatorios de una perspectiva a largo plazo. Ahora bien esta construcción no es innata, ni es fácil la conciliación entre los intereses individuales (en particular los
que se establecen en la lógica de la economía privada) y el curso colectivo del desarrollo territorial durable, lo que refuer- za la importancia del papel que los actores, insertados en
la imperiosa exigencia de compromisos que está, inevitable- mente, asociada a la forma como esos actores lo tendrán que gestionar. La exigencia de tales compromisos presupone un con- junto amplio de relaciones que se establecen en un cuadro normativo, incluso si no está escrito, inspirado por valores que condicionan todos los que los comparten y cuya expre- sión territorial gana una dimensión especial cuando se ins- cribe en el terreno de las relaciones locales, donde ese com- partir encuentra dimensiones con un alto nivel potencial de agregación. En una obra de Angeon et al. (2006:5), encontramos el argumento de que las “coordinaciones locales no mercantiles tienen una incidencia sobre el desarrollo” lo que “implica la -
y otro que se aplica a la acción colectiva.
Sobre la información, Angeon y sus colegas (2006: 6) re-
cuerdan la toma de decisiones inadecuadas debido a la falta de información o sugieren las ventajas derivadas de compar- tir localmente la información como fuente de competitividad para las empresas, como por ejemplo, la “transmisión de una técnica de producción o de un aprendizaje (saber-hacer)” in-
sistiendo que “ los agentes
se organizan sobre el modo
... de cooperación”, mejorando por esta vía la cualidad de sus decisiones y, consecuentemente, de su conocimiento y ca- pacidad de intervención en el territorio, al mismo tiempo que participan de la construcción de una cultura común, lo que
“facilita y refuerza las estrategias de acción colectiva, en el centro de las lógicas de desarrollo territorial”. Sobre el segundo tipo de mecanismos, que estos au-
es el carácter colectivo de la acción de los agentes que los
conduce a la práctica de poner “en común recursos con el
individual “(Angeon et al 2006: 6), es decir, actuando jun- tos de forma repetida, los agentes de desarrollo territorial cooperan creando rutinas que tienden a estabilizar las di- - za, y reciprocidad en el espacio relacional, esto es, creando “proximidad”. Otro autor (Zuindeau, 2000) viene en apoyo de esta po- sición, concluyendo que el desarrollo territorial durable intro- duce la discusión, en una perspectiva dialéctica, de las re- laciones entre las esferas de lo global y de lo local, siendo necesario entender, en el ambiente donde se encuentran y confrontan fuerzas sociales, culturales y políticas, el modo como los agentes de ese desarrollo incorporan en sus estra- tegias los efectos exteriores al territorio de forma a considerar tales efectos en sus acciones de ámbito local. En este contexto el papel de los agentes locales toma una relevancia particular, ya que son ellos los que tienen que llevar a cabo la síntesis entre el extenso conjunto de ame- nazas y de oportunidades con que se confrontan de manera permanente.
Es en este ambiente que emergen los nuevos líderes lo- cales, dinamizadores de las redes sociales donde se integran y creadores por excelencia del capital social imprescindible para el éxito de las organizaciones que animan. Tenemos así que la economía social se encuentra ín- timamente asociada con el desarrollo local como forma de alcanzar formas sostenibles de actividad económica, de crea-
ción y desarrollo del capital social y mejores resultados a nivel
crítica puede ser obtenida a través de autores como Evans e Syrett (2007), Flockhart (2005), Fyfe (2005), Jones, Keogh y O’Leary (2007) y Pearce (2003). En la mediación entre la economía social y el desarrollo local tiene un lugar destacado el capital social disponible, en el terreno concreto de la acción, por los individuos y por las organizaciones.
3. Capital social y desarrollo
En esencia, el concepto de capital social se deriva de las conexiones establecidas con y en las redes sociales. La primera referencia explícita registrada de la expresión “capital social”, se debe a Hanifan (1916: 130) que conecta el con- cepto con la cohesión social: “Si él puede ir a donde su vecino y ambos ir al encuentro de otros vecinos, habrá acumulación de capital social que puede ser capaz de satisfacer de inme- diato sus necesidades sociales”. El segundo registro se remonta al inicio de la reconstruc- ción de Alemania, en 1946, con la referencia de Alfred Müller- Armack a algunas de las dimensiones que integran lo que hoy llamamos capital social. Sin embargo, las raíces del concepto se pueden encontrar mucho antes, por ejemplo, remontándose a James Madison y sus 26 “Federalist Papers” (un evento en 1787 y 1788, pre- cursor del marketing político) y a Alexis de Tocqueville (1835- 1840), preocupado con los problemas de cohesión social y de la capacidad de establecer conexiones sociales. En la actualidad, el Banco Mundial relaciona cinco cate- gorías de capital - natural, físico, humano, cultural y social – y
- senso ético, asociación de cuya interacción social resulta en juntos hacia un objetivo común. Este concepto ha recibido enfoques variados a lo largo del tiempo que pueden ser observados a través de diversos autores, de los cuales consideramos los siguientes: Jacobs (1961), Bourdieu (1972 y 1986), Hirschman (1986), Coleman (1988 y 1990), Putnam (1993 y 1995), Fukuyama (1995), Lin (2001), Kliksberg (2001 y 2002), Siles, Robinson y Schmid Aunque no menciona explícitamente el término “capital social”, Jane Jacobs (1961) utiliza su sentido con referencia al valor social generado por las redes de relacionamiento social. Una década después Bourdieu (1972) ha usado aquella expresión, que más tarde (1986) vino a aclarar como parte de su enfoque común de tres formas de capital socialmente acumulable - económico, social y cultural – a las que más tarde uniría el concepto de capital simbólico. Para Bourdieu el capital social actúa como una relación social dentro de un sistema de intercambio. En nuestra opinión, este concepto de cambio podría am- pliarse al concepto del don y contra don de Marcel Mauss y organizaciones (ONG, en particular) en realizar actos de en el plano del capital simbólico. Hirschman llama a una moralización de la economía que capital social: “la sociedad de mercado, lejos de promover tendencia a socavar las bases morales que sirven de base a toda la sociedad” (Hirschman, 1986: 16). El autor citado argumenta que la búsqueda de la justicia, de la identidad, del amor y de la salvación debe ser conside- rada en el cálculo de ganancias y pérdidas. Para Coleman (1990) el concepto de capital social posee dos características principales, de importancia para la resolu- -
cia en la estructura social y la segunda es que funciona como un facilitador de las acciones de los agentes individuales que están dentro de esa misma estructura. Putman (1993 y 1995) desarrolló el concepto de capital
los diversos actores sociales - individuos y organizaciones - cia afuera de los grupos sociales y a facilitar los consensos,
resaltando, como consecuencia, la integración, la cohesión social y el civismo. Para este autor una sociedad que posea altos niveles de
capital social alcanza más fácilmente una mejor gobernanza local, como efecto de la acción de las organizaciones socia- les, de las redes sociales, de la solidaridad y de la gestión horizontal de los relacionamientos. Fukuyama (1995) discute el concepto de capital social como un conjunto de normas y valores compartidos en una
Este autor se distingue por su conclusión de que la au-
sencia de capital social reduce la solidaridad y la buena go- bernanza y aumenta la corrupción creciente y los desequili- brios inmorales en la distribución de la riqueza.
- tal social como un activo que la colectividad amolda de acuer- do con sus valores a partir del tejido de relaciones sociales entre los diferentes actores integrados en redes sociales y que se apoyan con base en compensaciones o reciprocidades.
informativos que permitan reducir los costos de las operacio-
credenciales sociales a los agentes y refuerza la identidad y
el reconocimiento público.
civismo las encontramos en los trabajos de Newton (1997),
Stolle (1998) y Kliksberg (2001-2002) (quien considera grave que la perspectiva económica dominante prácticamente no
considere esas dimensiones en el marco de las estrategias
la cohesión social).
Partiendo de una concepción minimalista del capital so- cial - entendido como la solidaridad de unos con relación a los otros - Siles, Robinson e Schmid (2003) operacionalizan seis dimensiones del concepto: solidaria, emocional, afecti- va, network En el marco del capital social, la solidaridad constituye la base de las relaciones, las emociones generan autoestima que motiva la participación, el afecto se expresa en la valora- ción de los elementos de identidad, la construcción de redes media las relaciones de los individuos con las instituciones, las instituciones formales e informales poseen las condicio-
nes de integración armoniosa en las redes y el poder de in-
consenso como medio de la construcción del entendimiento entre los agentes en torno a los valores compartidos y con miras a la promoción de la acción colectiva, que es genera- dora de capital social. La creación y el desarrollo del capital social acumulado en un territorio por los agentes que ahí actúan implica un ni-
vel elevado de movilización con frecuencia seriamente obsta- culizado por la escasez del dicho capital social. Como vimos, el capital social tiene propiedades de auto- catalización, es decir, al ser debidamente utilizado en red su utilización potencia la creación de más capital social. En este punto es relevante cuestionarse acerca de la can-
tidad mínima de capital social necesaria para iniciar este pro- ceso de autocatalización, lo que es igual a decir que existe un proceso de acumulación primitiva de capital social, que es im- prescindible para su reproducción ampliada. En este contexto se destaca la importancia del emprendedurismo. Este concepto, que ha recibido una atención creciente desde los años noventa del siglo pasado, tiene una gran di-
una cierta tensión, entre los académicos que han estudiado el
concepto de emprendedurismo social. En una reciente aproximación al asunto, Pernas (2010)
autores, donde constata que el concepto está poco estabili- - gradora. Se considera que el emprendedurismo social “eng- loba las actividades y procesos desarrollados para descubrir, - cial por medio de la creación de nuevas empresas o de la gestión innovadora de las organizaciones existentes” (Zahra,
Para Pernas (2010: 6) el “emprendedorismo social, más que un nuevo concepto que aúna gestión y economía social, es claramente una nueva forma de considerar la creación de empresas sustentada en principios y valores que no están tradicionalmente asociados a la actividad em- presarial”. El autor discute también la cuestión de la evaluación del desempeño del emprendedorismo social versus el “empren- dedorismo comercial” ,insistiendo en el valor social de las dimensiones económicas y sociales asociadas al emprende- dorismo social, porque “el aumento de la riqueza económica tiene un coste social y viceversa”. Realmente, en una perspectiva moral que hemos en- contrado en Hirschman, no es válido admitir que los criterios
para evaluar al emprendedorismo social. Por ejemplo, para Johnson (2000: 12) la restricción a estos criterios se corres-
ponde a los objetivos de la economía capitalista y no garante
los medios necesarios para el desarrollo de economías de tipo “cooperativo-comunitario”. Por otro lado, Birch y Whittam (2008) nos recuerdan que, incluso en lo referente al sector capitalista, “la asociación en-
vasto conjunto de personas involucradas en un amplio con- junto de actividades”, por ejemplo las asociadas a la respon-
Al apostar a la innovación social, aplicada a la resolución de problemas concretos, que los agentes sociales enfrentan
en su incesante búsqueda de soluciones para el desarrollo
de sus comunidades, los diferentes tipos de emprendedores sociales son obligados a sintetizar permanentemente entre lo que es “local” y los impactos globales que afectan lo “local”, reforzando así las redes donde operan, creando y acumulan- do capital social. Por este motivo el capital social acumulado en una co- munidad, constituye, un catalizador fundamental para el éxito de los proyectos de desarrollo sustentable. De hecho, un elevado nivel de capital social permite que las personas trabajen en grupo, que establezcan y sean for- - res éticos y solidarios, que desarrollen conciencia cívica, que refuercen sus instituciones y que potencien una gobernanza más transparente. Pero el capital social siendo una condición necesaria no
y democrática. Al mismo tiempo que se crea y acumula capital social, el desarrollo social, para ser armónico, sostenible y generador de cohesión social, exige la movilización de los ciudadanos entorno a los proyectos que contribuyen a la mejora de sus condiciones de vida presentes y futuras. Esa movilización, introduce una dimensión eminente- mente política, en los procesos de desarrollo y para ello con- tribuyen un amplio conjunto de factores entre los cuales pesa la emergencia de líderes en todos sus niveles- local, regional, nacional e internacional- , integrados en las redes sociales de las cuales provienen y que están empeñados en la disminu- ción de la brecha entre privilegiados y excluidos, promovien- do la integración y la cohesión social.
4. Participación cívica y movilización
Según Diamond (1999), tanto los enfoques clásicos so- bre democracia, como los modernos, consideran que esta
requiere un conjunto de valores de naturaleza política y de orientación de los ciudadanos, de los cuales son ejemplo los
En su entender, la noción de participación política debe estar ubicada en los pilares de la democracia, por lo que como cualquier pilar basilar, su función principal es la de sos-
La realidad es que, como hemos visto, en el génesis del
concepto de capital social, la noción de participación cívica, en particular la de participación de los ciudadanos en un vas- to conjunto de instituciones – formales o informales, organi- zadas en red – ocupa un lugar destacado. Como complemento de esta asociación íntima entre los conceptos de capital social y de participación cívica, Henry Milner (2002) sostiene que el nivel de “literacía cívica” en una determinada sociedad, o sea, el conocimiento de los me- canismos del mundo político y la capacidad que poseen los ciudadanos de darle sentido, nos proporcionan una mejor base de comprensión de las sociedades civiles de culturas diferentes, y de comparación del grado de efectividad de sus instituciones democráticas. Con base en datos obtenidos en América del Norte, Eu- ropa Occidental y Oceanía, Milner nos enseñó como la “lite- racía cívica” soporta a las democracias, y demostró que el nivel de esa literacía, constituye, en cada sociedad, el mejor elemento de previsión del grado de participación cívica de los ciudadanos, entre otros a nivel político.
En varios autores, aunque de forma latente, se mantiene en el marco del concepto de capital social, la idea de ciudada- nía que se ha impuesto desde el siglo XIX, como fundamento de la propia democracia. Esto lo podemos ilustrar con la pala- bras de Berelson (1952: 329) relativamente sobre el concepto de ciudadano: “debe tener una estructura de personalidad de acuerdo a los imperativos de la democracia, debe interesar- se por los asuntos públicos y participar en ellos, debe estar informado, debe regirse por principios, debe entender correc- tamente las realidades políticas, debe discutirlas, debe juzgar de manera racional y debe tener en cuenta los intereses de la comunidad”.
todos los miembros de la comunidad y así tiende a confundir-
se con el ejercicio efectivo de la ciudadanía cuando se cons- tituye como una obligación moral. Postura similar, en relación al imperativo moral de parti- cipación política, por la vía electoral, fue manuscrita en 1859 por John Stuart Mill (1975): “a un hombre al que no le interesa votar, tampoco tiene interés en quién vota, y los que tienen
ese estado de ánimo no tienen el derecho moral de votar”. Pero la participación cívica está más allá del ámbito mo- ral, asumiéndose como una necesidad del desarrollo integral y sostenible de los grupos humanos per se y en la relación con los otros, reservándose el papel de pilar de la democracia y movilizando los ciudadanos contra la apatía que genera una debilitación de la democracia, y que tiene efectos perversos como los resultantes de un amplio proceso de despolitización ilustrado en el “hombre unidimensional” de Herbert Marcuse
la sociedad del espectáculo y del consumo (Debord, 1991). El concepto de participación cívica nos conecta de forma inmediata con el de movilización cívica lo que nos reenvía para un tipo de acción con alto grado de persuasión desa-
rrollada en un grupo de individuos que tienen motivaciones idénticas y que comparten valores e intereses comunes. De forma general los grupos que tienen más aptitud para
movilizarse en pro de la defensa de sus intereses, o de una
fuertemente estructurados a través de redes de solidaridad grupal, o de práctica habitual de relaciones complejas que
ultrapasen el simple nivel de las transacciones episódicas o instrumentales. Toda y cualquier movilización implica la existencia de un mínimo de organización entre los individuos a movilizar: “Los
lealtad, indispensable para el éxito, o incluso llegar a crear una organización, si hubiesen vivido la experiencia en ver- daderas redes y centros de solidaridad” (Chazel, 1986: 250). Las características del grupo de pertenencia o de refe- rencia de los individuos a movilizar, pueden ser objeto de un análisis sistemático basado en dos parámetros: las relacio-
nes internas del grupo y las relaciones que el grupo mantiene con otros grupos. Ya Karl Marx lanzó la hipótesis relativa a la incapacidad del vasto grupo social constituido por los campesinos fran- ceses de organizarse en clase social, debido a la ausencia de relaciones regulares y estructuradas entre los campesinos aislados y también como resultado de su dependencia al con- siderarlos individualmente, en relación a los “notables”, exte-
riores al grupo, o sea los nobles o los burgueses (Marx, 1852). Otro autor bastante más reciente (Lemieux, 1982) tra- ta esta problemática de la movilización, concluyendo que la densidad de las redes de relaciones y de los círculos sociales que estructuran un grupo ampliado, y que favorecen su even- tual movilización, se constituye como una condición previa de la propia acción colectiva. Este punto de vista puede comple- mentarse con el análisis que Degenne y Forsé (1994) hacen de los círculos sociales (agentes de integración social), tales como los del ambiente de trabajo o la comunidad de residen-
por vía de la respectiva articulación en red).
54-55), el proceso de integración y de socialización política corresponde al aprendizaje y a la interiorización de los ”ele- mentos socioculturales del medio en el que (el ciudadano) se encuentra, así como la forma en cómo los integra en la es- - tes sociales, adaptándose de esta forma al ambiente social donde debe vivir”. Los autores añaden, que en el proceso de socialización política podemos destacar la formación de actitudes políticas y la transmisión y la transformación de la cultura política que incluye elementos afectivos, cognitivos y de evaluación que se transmiten directamente o a través de la experiencia “, y que en determinadas circunstancias po- drán conducir a una reanudación de la socialización política de la persona. Por otro lado Mancur Olson (1965), tiende a explicar la movilización política a partir de la toma de conciencia que los individuos tienen de sus intereses comunes, basada en
el sentimiento de las ventajas que se derivan de su acción colectiva. Olson demuestra que la conciencia de un interés común - plicar ni las movilizaciones, ni la participación activa en for- mas organizadas de acción colectiva, porque cada individuo
- cios de sus acciones. Sin embargo, esto no es lo mismo que
racional esforzándose por limitar los costes y lograr el mayor
número posible de ingresos. Esta tesis de Olson se aplicaría principalmente a las manifestaciones de grupos grandes (clase social, amplios grupos de consumidores, miembros de un sindicato grande) pero el autor es consciente de que un miembro de un peque- ño grupo, se puede movilizar, menos en función de la posibi-
que su enajenación de las acciones comunes con sus pares
le podría provocar, como por ejemplo, una quiebra de solida-
Samuel Popkin (1979) recuerda que esta tesis no es to- talmente incompatible con el análisis del papel de las redes y de los círculos sociales (auténticos “pequeños grupos”) que vimos anteriormente, ni excluye (por lo menos en los ejem- plos que Olson presenta) la consideración de fuertes moti- vaciones exteriores a una racionalidad económica, como las que se relacionan con aspectos morales, psicológicos o reli- giosos. Pero, por sí misma, la tesis de Olson no permite com- prender que podría conseguir que cientos o miles de indivi- duos participen, cada uno, en una acción colectiva sin esperar obtener cualquier resultado o incluso más allá de su propio interés personal, como nos recuerda Charles Tilly (1986). Este último autor pregunta por qué “dado que [en Olson] toda la decisión colectiva proviene, o por lo menos, depende de múltiples decisiones individuales, ¿cómo es posible que miles de opciones individuales se crucen para crear un gran movimiento social? “ (Tilly, 1986: 221), lo que nos lleva a otra
cuestión acerca de los factores que en determinadas condi- ciones, hacen prevalecer una conciencia del interés en actuar colectivamente en vez de someterse a los efectos de cálculos individuales. Se trata de analizar los efectos que una posición social común puede tener como limitación para la organización de una acción colectiva, lo que nos reenvía de nuevo para las condiciones internas y externas ( en relación a los otros) del grupo movilizado y donde se tiene que destacar el papel de los líderes, incluso los de proximidad, cuando mediante la utilización de símbolos movilizadores consiguen imponer un sentido colectivo a la suma de actos resultantes de motiva-
5. Desarrollo y economía social solidaria
Como vimos, una política de proximidad es siempre un requisito previo para el desarrollo local. El concepto de proximidad es la base de lo que podría considerarse fundamental para el éxito de cualquier política de desarrollo local, en particular con respecto a su capacidad para movilizar a los ciudadanos para una mayor participación en ese proceso, consiste en varias esferas que se cruzan y que merecen ser referidas. En el espacio de la globalización el aislamiento local o regional tenderá cada vez más a dejar de tener el carácter de exclusión, que tal vez todavía tiene, abriendo nuevas pers- pectivas que, sin embargo, no nos pueden hacer olvidar la imperiosa necesidad de interacción entre los actores de la economía real basada en sus sentimientos de identidad local. De hecho, es una realidad que los actores económicos locales ejercen su actividad dentro de un contexto social, cultural y económico que se presenta, cada vez más, como un espacio relativamente abierto y, por eso, social, cultural y
Pero, no es menos cierto que las estructuras locales per-
tinentes para el desarrollo tienen una presencia decisiva en
su territorio, al menos a través de la intersección de las es- feras “local” y “translocal”, en las que ambas construyen un
Se presenta así, la necesidad de distinguir, de manera sistemática, el espacio propio para el desarrollo local en con-
- te, ese desarrollo local esté ya inserto, sea a nivel regional, nacional o global. Basado en una adaptación que elaboramos a partir de - mos cuatro dimensiones del concepto de desarrollo local de proximidad: una cognitiva, una simbólica, una interactiva y otra democrática. La dimensión cognitiva del desarrollo local de proximi-
y las diferentes facetas del espacio público común. Este co- nocimiento permite recurrir a atajos cognitivos que facilitan la comunicación entre los agentes, acercándolos entre sí, per- mitiendo incluso, en algunos casos, que se establezca una connivencia tácita entre ellos. La dimensión simbólica de las relaciones locales de proximidad apunta hacia la experiencia de ser parte de una localidad en la cual las personas comparten prácticas espe- - nas situaciones el compartir simbólico puede desarrollarse a partir de elementos de identidad etno-lingüística, como es el
caso de los dialectos locales, de palabras o acentos locales, que constituyen otros tantos elementos que fomentan fuerte- mente lazos solidarios. La dimensión interactiva del desarrollo local de proximi-
locales (pueblos, ciudades pequeñas y barrios de los centros urbanos) que conduce, como resultado de acudir a lo largo del tiempo a los mismos sitios, a un gran número de interacciones cara a cara y de comunicaciones interpersonales e, inclusive, en algunos casos al desencadenamiento de fenómenos de lo que Emile Durkheim (1893) designaba como “solidaridad me- cánica”, imposible de obtener en el anonimato de la gran urbe.
La cuarta dimensión del desarrollo local de proximidad
económicos locales debido a su fácil acceso a las estructuras de participación local. En un ambiente democrático, la más estrecha dimensión espacial del público local fomenta el ejercicio de una ciudadanía participativa más intensa. En conjunto, estas cuatro dimensiones permiten dar una perspectiva más amplia al concepto de desarrollo local de proximidad, permitiendo una aproximación holística a diferen- tes niveles, entre otros, el económico, el social, el cultural y el político. De éste modo, un abordaje de desarrollo local de un territorio sobre la base de una política de desarrollo local de proximidad tendrá siempre que considerar la interacción de varias características estructurales de ese territorio, resaltan- do los ámbitos socioeconómico, sociocultural y sociopolítico. El éxito de las políticas de desarrollo local depende de los niveles de cooperación que se consiga obtener entre los diversos agentes que son llamados a intervenir en el proceso de desarrollo dentro del marco del movimiento colectivo que ese proceso requiere. Es aquí, en este proceso, que se da necesariamente el encuentro entre el desarrollo local y la economía de proximi- dad que reúne las condiciones para la movilización y para estrechar vínculos, es decir, entre el desarrollo local y la eco- nomía social y solidaria. Las mutaciones que la sociedad de la comunicación
ha traído al mundo, en lo que hoy conocemos a través del concepto de globalización, originaron una necesidad con-
trae a la memoria la presión de los actuales movimientos de identidad cultural local (muchas veces de base etnolin-
uniformidad cultural causada por la espiral centrípeta de la globalización. A nivel de la economía, la globalización de las relacio- nes ha ido acompañada de una fuerte descentralización de las decisiones relativas al desarrollo local y que ha ido de la mano con el crecimiento en el número y en la calidad de los agentes con intervención local.
Este hecho requiere el establecimiento y el fortalecimien- to del diálogo institucional entre las estructuras territoriales y las estructuras centrales responsables del cumplimiento de los objetivos nacionales, federales, regionales o comunita- rios.
Este diálogo, hecho de compromisos, conduce a una
cultura de cooperación entre los niveles central y local, dado que las entidades locales tienen ahora un grado más o menos elevado de autonomía, tendiendo a dejar progresi-
centralmente. Uno de los aspectos importantes en el que las estructu- ras locales son cada vez más llamadas a intervenir concierne a la economía, buscando, a través de una oferta competente, - cas locales, procurando encontrar soluciones a la ausencia
o al fracaso de la iniciativa privada (en muchos casos por
Este marco implica una atención especial al tejido de las pequeñas y medianas empresas desde la perspectiva de la proximidad a los problemas concretos de la población local, sin, por ello, despreciar las acciones que los grandes grupos económicos, insertos en la economía mundial, puedan desa- rrollar con impacto local. El papel de las estructuras económicas locales, más - miento del entorno local, consiste también en garantizar la complementariedad entre los dos tipos de estructuras y los diferentes sectores económicos, ya que ni las empresas, ni los otros agentes económicos locales viven aislados del en- torno mucho más amplio en el cual el nivel local no deja de estar inserto. La coordinación y la búsqueda de convergencia estraté- gica entre el creciente número de agentes locales, competi- dores entre sí, constituyen otro reto difícil para las estructuras que le apuestan a la implementación de estrategias concerta- das y colectivas de desarrollo local.
En el ámbito local coexisten varios tipos de organizacio- nes llamadas a colaborar en las políticas de desarrollo. Desde luego se debe considerar las organizaciones de carácter público, como las alcaldías, gobernaciones y otros organismos locales de la administración pública. Al mismo tiempo, es fundamental tener en cuenta las or- ganizaciones económicas de tipo privado, como por ejemplo, las empresas privadas con ánimo de lucro y las asociaciones entre este tipo de empresas y el sector público. Luego entonces, sin que su importancia sea menor, se debe considerar la presencia de las organizaciones de la eco- nomía solidaria, tales como las cooperativas, las mutuales, las fundaciones, las asociaciones, las agencias de desarrollo
A la par de estos tres tipos de organización (sectores pú-
blico, privado y solidario) deben integrarse en las estrategias de desarrollo local, en cuanto agentes de gran importancia
para la cohesión social y política, las organizaciones como los sindicatos, las asociaciones empresariales y profesiona- les y los partidos políticos. En el ámbito de las acciones concertadas de desarrollo lo- cal, la acción colectiva dentro de cada uno de estos grupos, o de estructuras que eventualmente los combinen, se desarrolla a través de normas y mecanismos basados en el principio de la primacía del colectivo sobre el individual. De todo este entorno se desprende que es esencial para
estratégica entre los diferentes agentes y operadores, cuya complejidad cognitiva es, además, crucial para su moviliza- ción, mediante el establecimiento de compromisos sólidos.
El compromiso, verdadero motor de la integración y de la cohesión social, está siempre e inevitablemente asociado a los procesos de cooperación y ese compromiso (parte fun- damental del capital social) se construye, a lo largo del tiem- po, como fruto de las negociaciones sucesivas y dinámicas, -
- les del entorno global en el que lo local se encuentra inserto. En nuestro tiempo el compromiso para obtener el desa- rrollo local muy difícilmente se puede articular con base a acuerdos desequilibrados entre los diferentes agentes, como
por ejemplo, cuando una gran empresa privada dicta la estra- - ñas empresas o al gobierno local solo les compete ejecutar tales acciones, sin espacio a la armonización de intereses. En realidad, en el mundo de hoy, es cada vez más visi- ble y activa la existencia de redes locales constituidas por empresas privadas, por entidades empresariales de la eco- nomía solidaria, por asociaciones de diversos tipos (ONG, fundaciones, por ejemplo) y/o por organismos del sector pú- blico, por ejemplo, una alcaldía, o un centros de investigación de universidad pública). Estas redes agilizan la respuesta a la demanda local, posibilitan la reducción de las dependencias, captan el enor- me dinamismo de los mercados locales producido por los cambios globales, permiten economías de escala, integran el cambio, la complementariedad y la democracia como ele- mentos estructurales de la gestión y, last but not the least, fa-
de la acción colectiva que el desarrollo local exige.
Sin embargo, no se puede dejar de referir que la coope- ración y el compromiso entre los diversos actores que hay que integrar en un proceso de desarrollo local dependen, en última instancia, de la “voluntad” para trabajar en equipo por parte de esos mismos actores. En realidad esta “voluntad” se construye con tiempo y - terísticas de los diferentes grupos de actores presentes en
fortalezas y, en un segundo momento, buscando las condi- ciones para un compromiso que englobe el mayor número posible de estos actores y que, al mismo tiempo, salvaguarde los intereses propios de cada uno, por medio de la resolución de las amenazas y de la obtención de resultados sinérgicos de su cooperación en la acción colectiva.
La viabilidad de este compromiso ha sido la llave que ex- plica el éxito de muchas iniciativas de desarrollo local, gene- radoras de cohesión social. El compromiso depende de una buena coordinación entre las particularidades locales, al nivel histórico, económico, social, cultural y político, y las necesi- dades, en cambio acelerado, de la población local cada vez menos inmune a la oferta global y aspirando a alcanzar una calidad de vida compatible con la dignidad humana. Ahora bien, en toda esta discusión sobre el abrazo entre
problemas locales de la gente concreta, si, como acabamos de ver, existe la necesidad de compromiso y cooperación en- tre los actores de desarrollo local, ¿no habrá también otra necesidad que consista en que las características de estos actores locales potencien la acción colectiva?
La respuesta comienza con una pregunta: ¿Quién mejor
que los agentes de la economía social y solidaria, experimen- tados en el compromiso asociativo y en el interés colectivo, comprometidos con una gestión transparente, democrática y
requerido para concretar estrategias de desarrollo basadas en el compromiso y la cooperación? Si bien es cierto que la economía social refuerza una vi- sión del mundo centrada en los valores del humanismo, de la tolerancia y de la solidaridad, construida durante siglos de cultura de compromiso y cooperación, es también una rea- lidad que la economía social y solidaria aporta, en el plano local de gestión del territorio, instrumentos de colaboración entre los diferentes tipos de organizaciones económicas que - tación de acciones coordinadas a nivel local, permite mejorar la integración y la cohesión social. El desarrollo local gana al integrar, en la acción colecti- va necesaria para sus propósitos, los diversos sectores de la economía, privado, solidario y estatal, para garantizar un equilibrio plural, libre e igual en la satisfacción de las nece- sidades de la población. El papel de la economía social y solidaria, como motor de ese equilibrio, está a la vista.
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INCIDENCIA DE LA ECONOMÍA SOLIDARIA EN LAS CUENTAS NACIONALES. HACIA UNA IDENTIFICACIÓN DE LA NECESIDAD Y UN MAPEO DE LA EXPERIENCIA EUROPEA.
De solidario, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término solidaridad es la “Adhe- sión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”, de- - dieran ampliar la comprensión y dimensiones del concepto, aunque arrojarían poca luz sobre lo comúnmente admitido por todos. Con todo, conviene introducir una palabra auxiliar, la de ser una adhesión voluntaria, lo que apunta, aunque no necesariamente, hacia una capacidad eminentemente hu- mana, la empatía, ya que buena parte de las acciones de adhesión humanas están plenamente basadas en ésta últi- ma: acciones realizadas con la capacidad de ponerse en el lugar de otro.
esa adhesión y, por tanto, conocer —tributarios de Lord Kel- vin—, en términos aproximados cuanto de esa capacidad o
esa “adhesión” tienen las sociedades. El hecho de poder con- vertir en números ciertas variables, o expresar en número las mismas, sirve para la contrastación y el cotejo de hipótesis
medición, siquiera estimativa de lo solidario de ciertos em- prendimientos o, más extensamente, porqué no, de ciertos
paradigmas de producción y consumo, además de una des-
su medida en el Viejo Continente, son los temas genéricos de
las siguientes líneas. Independientemente de las experiencias puntuales so- bre emprendimientos solidarios por todo el mundo, espe- cialmente en América Latina, la economía social y solidaria
(EES en lo sucesivo) es tan desconocida como interesante.
y como de impacto económico. Sobre tales iniciativas solida- rias, apunta el título del libro que enmarca este capítulo, tras
los dos puntos, Retos y aprendizajes de una gestión diferen- ciada. Por tanto, es oportuno, por la importancia del propósito
supone en el marco de la competencia sobre los recursos
que los siguientes párrafos se plantean qué es y porqué tratar las cuestiones acerca de la medición de la economía social (y solidaria). Así pues, no se tratará convencionalmente la controver- sia en el concepto de economía social y de ESS, principal- mente por ser materias de conocimiento tratadas desde lo alternativo al pensamiento ortodoxo, sino que el texto incluye ciertos apuntes sobre, quizá, cuestiones que ayudan a agru- par los factores o elementos que hacen de la ESS un cuerpo diferenciado dentro de la economía social, lo cual es un con- cepto más amplio. También se proponen principios alternati- vos que caracterizan a la economía social —por sí ya alter-
nativa—, a sus componentes y la razón de ser de la misma,
El capítulo se estructura de la siguiente manera. Primero
capítulo en el libro y se apuntan los elementos que caracteri-
zan un concepto de economía social en sentido amplio. Des- pués, se combinan elementos del anterior concepto, para tratar cierta controversia con un concepto, aún en fragua, de ESS.
Seguidamente, se presentan algunos principios de incidencia de los conceptos anteriores, a priori, en intentos de compara- ciones internacionales de esos conjuntos. A continuación, se realiza un breve mapeo sobre la experiencia de medición de
la economía social en Europa. Finalmente se hace una reca- pitulación donde se presentan las razones de apoyo y avance
directorios de organizaciones componentes de la ESS, al esti- lo de posibles manuales agregados de sostenibilidad solidaria (como de agregación de las auditorías internas de sostenibili- dad integral).
2. Una delimitación conceptual del marco de la Economía Social y Solidaria: el Tercer Sector o Economía Social y su interés conceptual y de medición.
de economía social en un escrito sobre ESS es que se trata,
a priori, del marco de análisis en el que se incluiría el segun- do término. El primer término no es sólo más amplio al incluir
mayor número de sociedades posibles ya que, de la misma, sería posible hacer intersección de los elementos comunes que caracterizan a las entidades componentes de la misma, atacando la falta de concreción en un término generalmente aceptado por todos. Este término, a la vez, ayudaría a dar el carácter de nú- cleo de la economía social a la ESS en ciertas sociedades, y lo dan siempre en función de sus tradiciones, preferencias sociales, y del pensamiento económico y político dominante. Entiéndase núcleo como parte del conjunto que es considera- da de relevancia más destacada en función de los anteriores aspectos. Por ejemplo, la ESS bien puede ser considerada el núcleo de la Economía social en Brasil y buena parte de Lati- noamérica, el Tercer Sector de Acción Social en España, las Entidades de la Filantropía en Estados Unidos, el Cooperati- vismo en Canadá o Suecia, entidades del Altruismo Externo
en buena parte de países africanos, entre otros. El interés reciente —y creciente— (García Delgado,
2009-Capítulo 2; Chaves, 1998; Monzón, 2006) por la Eco-
más adelante) se ha manifestado en estos últimos años en una mayor atención académica y también en numerosas con- memoraciones y convocatorias, en muchos casos de carác- ter internacional, y particularizadas en la ESS. Así, el próximo 2012 ha sido elegido por la ONU como Año Internacional de las Cooperativas. El Centro Internacional de Formación de la OIT en Turín junto con el Comité Económico y Social Eu- ropeo (CESE), realizaron en otoño de 2010 la primera edi- ción de la Academia Interregional sobre Economía Social y Solidaria, así como el papel del CIRIEC-Internacional en la difusión y promoción de estudio de la economía social a nivel internacional, como es conocido. En el contexto europeo, 2011 es el Año Europeo del Vo- luntariado. Y 2010 fue el Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, año en el que, en mayo, se celebró en Toledo (España), bajo la Presidencia española de la Unión Europea, la Conferencia Europea de Economía So- cial, bajo el título “Una forma diferente de hacer empresa:
retos y oportunidades en un mundo globalizado”. En este país, el proyecto de Ley de Economía Social es aprobado por unanimidad por la Comisión de Trabajo e In- migración del Congreso de los Diputados el 21 de diciembre de 2010 y se ha de señalar, cuando se complete su proceso legislativo, un reimpulso para este también llamado —en un sentido amplio— Tercer Sector. Aunque todos los países europeos tienen legislación sobre ciertos componentes de la economía social, especial- mente del segmento cooperativo-mutualista, en mayor o me- nor medida y en mayor o menor desarrollo, así como políti- cas públicas y sociales relacionadas con sus componentes, España es el único país de la UE con una Ley integral sobre este segmento de la socioeconomía, si bien existe un amplio reconocimiento político en Polonia (Pacto Económico Social de 2007), Francia (Comité Nacional de Coordinación de las
Actividades de Mutualidades, Cooperativas y Asociaciones, desde 1975 y las Cámaras Regionales de Economía Social) y el sobresaliente interés académico de Bélgica (Universidad de Lieja). Los demás casos son generalmente segmentados, incluyendo los países nórdicos, donde existe una fuerte rela- ción entre economía social y desarrollo local (Coompanions); así como implicaciones políticas puntuales como el caso de Luxemburgo con un ministro concreto encargado de la ESS, desde 2009. No puede obviarse en este punto una primera y brevísima referencia a qué se considera bajo este concepto, por cuan- to su conceptualización constituye la base de su medición y, por tanto, de su conocimiento, y así, la Economía Social, de acuerdo con el criterio más abarcador, que no hace más que recoger el propuesto por Social Economy Europe 1 , a escala europea, desde hace ya más de una década, sugerido por
el CIRIEC —incluso es el citado en el proyecto de Ley espa- ñol— como el conjunto formado por Asociaciones, Fundacio- nes, Cooperativas (junto a Sociedades Laborales, en el caso español, donde el trabajador es socio capitalista), Mutualida- des y Entidades Singulares (Cáritas, Cruz Roja y ONCE, en el caso español, entidades que por su singularidad, merecen 2 . Téngase en cuenta, por otro lado, que no existen las mis- mas formas legales de emprendimiento social en todos los países (ni europeos ni del mundo), y que estas controversias suelen estar teñidas, además, de un componente ideológico
clara es la importancia esencial de un mejor conocimiento cuantitativo de las “patas” que sustentan a la Economía So- cial o Tercer Sector, casi con independencia de lo que cada uno decida integrar en el conjunto. Es éste, por lo demás, el criterio conceptual que se ha seguido, por ejemplo, en los dos estudios del sector promovi-
1. Organismo que sustituye a la Conferencia Europea Permanente de Cooperativas, Mu- tualidades, Asociaciones y Fundaciones (CEP-CMAF), creada en noviembre del 2000, y que proponía, ya en su propio nombre, una concepción amplia del sector.
2 Es habitual incluir en Europa Empresas de Inclusión socio-laboral, de diversa nomen- clatura según países. Por ejemplo, en España los Centros Especiales de Empleo y Empresas de Inserción, cuya forma jurídica, no obstante, se ajusta a la de alguna de las cuatro primeras categorías enunciadas.
dos en España por la Fundación ONCE en estos últimos años —FONCE-2001 y FONCE-2005 3 —, ambiciosos proyectos de vocación abarcadora y eminentemente cuantitativa, con la in- tención de medir sus principales magnitudes macroeconómi- cas, incluidos el empleo remunerado y voluntario y elaborar unas Cuentas Satélite del sector, tanto del conjunto como de sus principales componentes institucionales. Pues bien, de esos caracteres y hasta la fecha, sólo se conoce esta expe- riencia en Europa, sin olvidar ejercicios que recogen partes del mismo, especialmente al SECTOR NO LUCRATIVO en no más de media docena de países del continente, ni nota- bles avances en la recopilación europea de directorios nacio-
nales de entidades e intentos de elevación de su empleo y voluntariado, sus caracteres cualitativos, pero de manera he- terogénea éstos, y carentes de una continuidad en el tiempo —elementos que aseguran contraste, cotejo y conocimiento,
Con todo, se propone un concepto alternativo amplio de Economía Social —o Tercer Sector, indistintamente, en lo sucesivo—, para facilitar la comparación (internacional o regional), no sujeto tan estrictamente a los caracteres dife- renciales que separan a los componentes de la misma —o mismo— de la tradicional empresa societaria (Barea y Mon- zón, 2002, y Monzón, 2006) 4 . Los principios propuestos que cumplen las entidades de la Economía Social serían:
Se enmarcan en un concepto de perspectiva econó- mica institucional (no racional individualista-neoliberal que, a veces, confunde mercado y sector privado), y sostiene que el Tercer Sector proviene eminentemen-
te de la iniciativa privada o de la sociedad civil, admi-
sean similares: atención a un necesitado social o en
3 Plasmados, entre otros textos, en J. L. García Delgado (dir.) (2005): Las cuentas de la Economía Social. El Tercer Sector en España 2001, FONCE y Thomson-Civitas, Madrid; y J.L. García Delgado (dir.) (2009): Las cuentas de la Economía Social. Magni- tudes y Financiación 2005, FONCE y Thomson-Civitas, Madrid.
4 Primacía de las personas y del objeto social sobre el capital (a excepción de las fun- daciones, todas son empresas de personas); Adhesión voluntaria y abierta y control democrático por sus miembros desde la base; Conjunción de los intereses de los miem- bros, usuarios y/o del interés general; Defensa y aplicación del principio de solidaridad y de responsabilidad; Autonomía de gestión e independencia de los poderes públicos; Aplicación de los excedentes al objeto social mediante su reinversión o distribución se- gún los deseos de sus miembros para la creación de empleo, de actividades de nuevas empresas, retorno sobre los capitales invertidos, servicio a los miembros, actividades socioculturales, etc.
exclusión socio-laboral,… (una fundación pública es
Sector Público, por ejemplo). Se rigen por el principio de no prioridad en el ánimo de lucro capitalista tradicional (personal). Eso no quiere decir que iniciativas sociales no sean rentables, ni que no exista ánimo de lucro. El excedente es común (coo-
con el trabajo del voluntariado). Son alternativa complementaria a la acción tradicional capitalista, no sustitutiva. En la naturaleza humana está
tanto la empatía (capacidad de ponerse en el lugar de
economía social) como la simpatía (que puede incluir
comprender al otro, sino agradarle, economía tradicio-
nal societaria). Ciertas actividades caritativas necesitan
de un excedente que no tiene porqué rechazarse si su origen es “societario-capitalista”. Es más, hacen el pa- pel de compensadores ante polarización en la renta y riqueza. También ciertos avances en la investigación
trasvase de recursos, de redistribución de recursos, no siendo el problema la obtención de los mismos. La economía social mitiga los efectos negativos en la dis- tribución de renta, riqueza y recursos de una actividad capitalista pura, al menos subyace de sus principios. Se caracterizan porque se fundamentan en la empatía social, como capacidad su factor humano, del que se sirven de input, para emitir transferencias sociales en especie 5 (TSE, en lo sucesivo), las cuales aumentan la corriente de bienes y servicios consumidos por los Ho- gares por encima del gasto en ese consumo. Aunque es una rúbrica de cuentas nacionales, adquirida por los Hogares y emitida por Administraciones Públicas e Ins- tituciones Sin Fines de Lucro al Servicio de los Hoga- res (ISFLSH), se extiende aquí a todo el Tercer Sector o Economía Social. Valores íntimamente relacionados
5. Según el Sistema de Cuentas Nacionales 1993 de la ONU, consisten en bienes y ser- vicios no de mercado individuales transferidos del gobierno (incluidos los fondos de seguridad social) y de las ISFLSH, tanto obtenidos de la compra en el mercado o se han son producción no de mercado por unidades del gobierno o de las ISFLSH; los elementos se incluyen: (a) las prestaciones de seguridad social, (b) otras prestaciones de seguridad social en especie, (c) prestaciones de asistencia social en especie, y (d) las transferencias de bienes y servicios no de mercado individuales. (http://unstats.un.org/ unsd/nationalaccount/sna1993.asp)
con la empatía se materializan jurídicamente: altruis-
lidades de previsión social, etc… Nótese que la em- presa tradicional societaria puede tener, en la llamada Responsabilidad Social Corporativa, la representación de tales valores, pero no son su prioridad por encima del lucro personal capitalista, pues no tendría sentido
constitución da sentido a estas entidades a priori –pues
intención de ser una tapadera delictiva, entre otras–. Entidades de raíz común empática, que hacen emer- ger una prioridad en los valores citados, todos ellos, basados en la capacidad de ponerse en lugar de otro; al menos en el oferente de bienes y, sobre todo, servi- cios, del segmento No Lucrativo, y en los usuarios, par- tícipes o socios, en el caso del segmento Lucrativo. De otro lado, esas TSE no son posibles si no constitu- yeran un Excedente Social de Explotación, es decir, un con- siderable “ahorro social”. Estas TSE son más inmediatas de asimilar en el segmento No Lucrativo de la economía social; por ejemplo, en la donación de tiempo de los voluntarios, y que proporcionan un mayor Valor Añadido Bruto, al ofrecerse un mayor número de servicios, sin remuneración de ese tra- bajo voluntario; la donación en especie (sangre, órganos,…). Pero son igualmente razonables en el segmento Lucra- tivo de la economía social, como los diferenciales de pre- cio de mercado sobre los “precios cooperativos”, sobre todo para los cooperativistas: tipos de interés ventajosos en coo- perativas de crédito, precios de vivienda en cooperativas de vivienda, costes de conciliación del capital y el trabajo en cooperativas de trabajo asociado, acceso a precios más bajos por reducción de márgenes de intermediarios en coo- perativas de consumo, reducción de diferenciales de salario para mantener empleo, etc. La consecuencia de todo esto es que no todas las TSE son visibles por cuentas nacionales ni, por tanto, la medida de su carácter social y/o solidario. Y, aunque puede resultar lógico asociar positivamente las mismas con el grado de de- sarrollo cuantitativo o con el desarrollo humano, a partir de
cierto mínimo, la comparación podría quedar sesgada si hay
países que investigan sobre esto y ofrecen a la luz sus TSE
Fuente: www. data.un.org (*) Para los países con datos disponibles.
También, respecto a la empatía, cabe notar el tratamien- to de la informalidad pues, estrictamente, no debería incluirse dentro de la Economía Social, al carecer de empatía social la mayoría de tales actividades. Sin embargo, en ciertas socie- dades, es la única alternativa para la subsistencia, caso en el que la informalidad debe incluirse en la Economía Social (y Solidaria, por tanto, en la comprensión que esa opacidad compensaría algo que no tiene precio, como la vida humana). Las entidades del Tercer Sector se caracterizan por la no prioridad en el ánimo de lucro capitalista (es una cuestión ordinal de preferencias, no cardinal), la empatía social y la actividad productiva en el mer- cado y no mercado, que acelera la competencia en compatibilidad con la sostenibilidad social (integra- dora de empleo, su mantenimiento). Lo anterior les hace que actúen en el problema económico de asig- nación de recursos por el sistema de contribuciones
emisión de transferencias en especie, tanto por las entidades que pertenecen al sector lucrativo como no lucrativo del mismo.
En consecuencia de los anteriores principios, el pa- pel de las entidades del Tercer Sector (incluso las que pertenecen al segmento cooperativo-mutualis- ta), en el mecanismo de asignación de recursos, se juega en el sistema de contribuciones, y no de pre- cios como pregona la ortodoxia de los últimos trein-
pero preferible socialmente. Y esto último, la razón de su existencia por el interés general, en vez de por el particular del mercado.
La intención de esta propuesta es evitar los condicionan- tes que evitan avanzar en la medición de la economía social y, por tanto, la solidaria. Se enumeran tres de ellos:
1. Prejuicios sobre el concepto y sus componentes. Se trata de uno de los factores que limita la mayor información y estudio de la Economía Social o Tercer Sector en sentido amplio, así como de la ESS:
Pensamiento económico y político dominante, que puede acercar a la pseudociencia. Aspectos sobre la informalidad, por ejemplo, de ca- - cultad añadida. Es considerada en muchos países como parte de la Economía Social (y Solidaria) sin tener porqué, aunque adquiere pleno sentido cuando
constituye un elemento de subsistencia familiar (per- tenecería a la ESS). No es lo mismo la informalidad asociada a lo anterior, que la economía sumergida asociada a la delincuencia, que carece de la solida-
a un Sector Público que sea proveedor de bienes y servicios preferentes. Por ejemplo, la informalidad,
estimada en Brasil entre un 40 y un 50 por 100 de la economía, según se trate de entidades o empleo, siendo hace una década de casi el 60 por 100, tam- bién es parte considerable de la ESS 6 . Mientras en Europa la Economía Social o Tercer Sector es emi- nentemente formal, necesariamente registrada para - mientos solidarios brasileños mantienen casi un 37 por 100 de llamados Grupos Informales, según la SENAES, Secretaría Nacional de Economía Solida- ria 7 , independientemente de su tipo de organización expresa (cooperativa, asociación, etc…). Consideración como “alternativa al capitalismo”, pues convertir a este sector en un sustitutivo tendría con- secuencias impredecibles, mientras que coexistien- do queda garantizada su existencia como competidor ético en la economía, además de que buena parte de la solidaridad necesariamente requiere recursos que no se obtienen por generación espontánea. Hipocresía o falsedad en la constitución de las enti-
blanqueo, búsqueda exclusiva de subvenciones…),
6 Investigaciones elaboradas por el IPEA http://www.ipeadata.gov.br sobre la Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios del IBGE http://www.ibge.gov.br/home/
7 http://www.mte.gov.br/ecosolidaria/secretaria_nacional.asp
Sostenibilidad económica de las entidades. Si no fue-
ra a veces por el paternalismo público, estas entida-
2. Si bien no hay una prioridad en el ánimo de lucro en las entidades componentes de la Economía Social (en tér- minos de persistencia, claro, pues es imprescindible que las entidades sean sostenibles), tampoco hay rentabili- dad, ni económica ni académica, en su estudio. Existen contradicciones entre el discurso político y las políticas públicas factibles. El político, por costes (no sociales), evita ofrecer información de los componentes, destacan- do ideales bien entendidos por todos (“lo social”, “la ten- dencia a la igualdad que supone”, “la solidaridad”, “justi- su mayor conocimiento. El asunto se agrava conforme el país tiene un nivel de desarrollo menor. El último ejemplo se materializa en la reciente “Declaración de Mar del Pla- ta” de los países iberoamericanos, que elude mencionar la relevancia de la Economía Social y Solidaria en la edu- cación (http://www.oibescoop.org/noticia.php?id=408). En otros casos, se montan observatorios nacionales, re- gionales o supranacionales con mínima producción pri- maria de estadísticas, duplicando o recopilando estadís- tica ya existente, y no utilizando los recursos de manera adecuada. La extensión de métodos homogéneos de es- timación de indicadores, y de recopilación, consecuen- cia de una previa discusión entre los países que acepten avanzar y se impliquen, es una cuestión que se está dila- tándose demasiado en el tiempo, cuando es una realidad
cada vez mas estudiada, con investigadores con ánimos de trabajar en ese avance, toda vez que el sistema eco- nómico vigente tiene resultados alejados de una tácita preferencia social por el bien común. -
el concepto amplio de Economía Social para establecer el marco de análisis, para tratar núcleos de la misma (subcon- juntos). En efecto, una parte considerable del pensamiento
económico y social brasileño señala que cierto segmento de cooperativas de Brasil no debería considerarse Economía Social. Así como considera que, de las que se considerarían Economía Social, no todas pertenecería a la ESS. Se puede imaginar la reacción de la Alianza Cooperativa Internacional o los defensores a ultranza de este tipo de organizaciones productoras en Europa. A las primeras, la historia reciente las denomina “cooper- gatos
parece impregnada de valores sociales, a su juicio fraudulen- tas, y deben su nombre a un tal “Gato”, un capataz de gran- des extensiones que mantenía sus explotaciones en régimen de economía sumergida ente la miseria permanente del cam- po brasileño. Efectivamente, no es la misma imagen euro- pea o canadiense del mundo cooperativo. Básicamente son, hasta su intervención por la legislación laboral, estructuras pre-capitalistas, explotadoras de los trabajadores, aunque no todas. Una buena parte de las cooperativas brasileñas, sobre todo del segmento agrario y agroindustrial, en torno al 45 por 100 del total se aglutinan en la Organización de Cooperativas Brasileñas (OCB) 8 , y son consideradas como parte del seg- mento reaccionario del tejido de gran empresa brasileño (la magnitud del seguro médico privado, casi un monopolio, está en manos de una cooperativa), frente a la preferencia social de las cooperativas solidarias de UNISOL 9 . Una cooperativa se considera emprendimiento solidario si el número de socio es igual o menor al número de trabajadores o si se considera dentro del empleo verde, o si se considera en la cooperativa informal de subsistencia. Hay cooperativas, por tanto, que per- tenecen a distinta preferencia/simpatía social, en función de qué país. El porqué medir la Economía Social (y Solidaria), su ne- cesidad, tiene otra respuesta en la existencia de las transfe- rencias sociales en especie pues, como se dijo, redundan en
de los hogares, aumentando el conjunto de bienes y servicios
8 http://www.ocb.org.br/site/brasil_cooperativo/index.asp)
9 http://www.unisolbrasil.org.br/inicio.wt
largo de un periodo de tiempo, menos los consumos interme- dios; elevando, ceteris paribus, el indicador cuantitativo de desarrollo relativo, el PIB per cápita.
cuantitativo de desarrollo por excelencia, añaden un valor adi- cional social, empático, pues, a su vez, se lubrica la maquinaria del desarrollo económico más integral, el desarrollo humano. A la vez que se escriben estas líneas, se trabaja 10
relativo de la Economía Social o Tercer Sector, del volunta- riado, o de sus transferencias sociales en especie sobre los ya clásicos (y transformados) Índices de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas sobre Desarrollo (http://
hdr.undp.org/es/informes/), factibles desde hace 20 años gra- cias a Mahbub ul Haq, sobre las idea de capacidad real de las economías del Nobel Amartya Sen, en aras de conseguir un desarrollo económico más inclusivo, integrador y empático, más humano, por tanto. No debería prescindirse del papel de la Economía Social, pese a su pobre rentabilidad académica
los indicadores de educación y de esperanza de vida, entre otros, que apuestan por comparaciones, en el tiempo y en el espacio, de un bienestar diferente al material, cargado de los contrastes de desigualdad socioeconómica. Se pasa a concretar ahora sobre la economía social y - ciones y empresas basadas en principios de solidaridad y participación y que producen bienes y servicios mientras per- siguen objetivos económicos y sociales (L.P.Morais y otros, 2010b). Son los circuitos cortos de producción y consumo (L.P. Morais, 2010a) la más concreta manifestación de ESS, así como iniciativas de empleos verdes, los relacionados con la conservación del medio ambiente. El Trabajo Decente, al modo que lo acuña la OIT, en algunos casos no es correspon-
10 Concepto propuesto por la OIT en 1999 (J. Somavia, 1999, http://www.ilo.org/public/ spanish/standards/relm/ilc/ilc87/rep-i.htm) , para establecer las características que debe reunir una relación laboral para considerar que cumple los estándares laborales inter- nacionales, de manera que el trabajo se realice en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana. 1 Por debajo de esos estándares debe considerarse que se han violado los derechos humanos del trabajador afectado y que no existe trabajo
libre, propiamente dicho.
dido, pues la ESS busca la subsistencia familiar, en un entor- no donde derechos laborales, representación y voz, pasan a un segundo plano. ¿Hay correspondencia de los principios mencionados so- bre la Economía Social para la ESS?. Plenamente, sólo que, concreta en una prioridad conjunta más, que otros componen-
tes de la Economía Social no cumplirían: la prioridad en sus manifestaciones sobre actividad productiva (o de consumo)
en el término sostenibilidad (económica, social y medioam- biental), en la inclusión sociolaboral de colectivos en riesgo de exclusión o en la consecuente con la subsistencia familiar. Un principio conjunto más, un estrechamiento del círculo. Por ejemplo, la cooperativa: “asociación autónoma de personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales en común a través de una empresa de propiedad conjunta, y de gestión democrática” (suscrita por la Alianza Cooperativa Internacio- nal 1995 y por la OIT 2002, en la Recomendación 193 sobre la promoción de las cooperativas), es cooperativa sea formal o informal, esté legalmente registrada o no, pero si cumple los principios anteriores y este último, pertenecería a la ESS. No se dice nada nuevo si las entidades de la Econo- mía Social (y Solidaria) combinan objetivos, pero para comprender esto en el marco propuesto, combinan el grado de intensidad de los principios que se proponen en el epígrafe. Claramente existe una prioridad en el no ánimo de lucro mayor en la asociación y en la fundación, a la vez que es más intensa la TSE a la economía, “cete- ris paribus”, que las que emitirían las cooperativas, por la existencia de voluntariado y donaciones gracias a que el altruismo, su razón de ser. Por tanto, se propone que las entidades o experiencias que pertenecen a la ESS no solamente son entidades sin áni- mo de lucro que tienen una prioridad en la colaboración por encima que en la competencia. Hay un número importante de experiencias tanto en la producción como en el consumo que se categorizar como solidarias teniendo ánimo de lucro y contribuyendo a la competencia, si bien sí que existe una
prioridad solidaria por encima del ánimo de lucro y del propio
desarrollo de la competencia, es decir son compatibles com-
petencia, estrategias de colaboración y cooperación.
Un caso especial, en auge, sobre la ESS son las Finan-
zas sociales, solidarias, la banca ética. Se trata de interme-
el empleo de los recursos captados en iniciativas de tipo So-
cial y Solidario (verdes, inclusión, iniciativas que se trasladan
a la subsistencia familiar de los prestatarios. De manera que
una entidades que concede microcréditos no tiene porqué
pertenecer a la ESS. Según INAISE
INAISE (Asociación
(Asociación Internacio-
nal de Inversores en Economía Social), una (de tantas) red
de proyectos sociales y ambientales, fundada en España, en
rias, pertenecen a Europa, sobre todo de Alemania, Bélgica,
Reino Unido, y España (http://www.inaise.org). No se consi-
dera, según los principios anteriores, a los fondos de capital
a LP sobre entidades de la ESS, como ESS, pues desvirtúan
nivel de desregulación paradójicamente unido a una falta
de competencia. De ahí que se desconfíe en estas líneas
de iniciativas no sostenidas en términos reales que, tempo-
podrían provocar su falta de atención en un futuro.
3. Un intento comparativo internacional sobre la Economía Social. La búsqueda de un máximo común divisor.
Se realizó, fruto de la docencia en un Curso Virtual en
el Centro Bolivariano de Estudios Multidisciplinares sobre
(www.cebem.org) un ejercicio sobre hasta qué punto es fac-
tible, no sólo una medida nacional de la Economía Social,
actualmente una comparación internacional fuera de pro-
de campo. Se seleccionaron los países de interés de los
alumnos, pues eran de Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá,
Ecuador, España, Guatemala y Perú. Se pasa a exponer la
en el hecho de que se pueda llegar a buen puerto en una
comparativa internacional de indicadores de la Economía
Social (y Solidaria).
Del grupo, si bien Canadá y España disponen de cuentas
satélites del segmento no lucrativo, es decir, intentos de inte-
gración de ese sector institucional en la CUENTAS NACIO-
NALES (y, así, llegar a unas macromagnitudes económica-
es público (para Canadá, el sistema estadístico nacional) y
privado (para España, el patrocinio de la Fundación ONCE),
respectivamente. Incluso en el caso de España se extiende al
segmento LUCRATIVO DE LA ECONOMÍA SOCIAL (Coope-
rativas, Mutuales, Sociedades Laborales). La consideración
del sector S.15- Instituciones Privadas Sin Fines de Lucro al
Servicio de los Hogares, en el Manual de Cuentas Naciona-
les de la ONU-1993, está disponible en los institutos de es-
tadística nacional de Brasil, Canadá, España, Guatemala,
y Perú (en una contabilidad nacional piloto para el 2006),
para la sucesión de cuentas según el manual citado, que
hubiera sido otro punto común, esta vez importantísimo
porque directamente afecta a rúbricas de cuentas relacio-
nadas con la magnitud estrella: el PIB, aunque sólo fuera
de IPSFLSH, según Cuentas Nacionales (según el Manual
de 1993 de la ONU), no coincide con el Sector No Lucrati-
vo de la Economía Social comúnmente admitido.
Visto que no había para todos los países información
vas”, se trató empezar, como comúnmente se dice “por el
principio”: ¿cuántas entidades son, y cuánto su empleo y
trabajo, tanto en las entidades que componen el segmen-
to no lucrativo como el lucrativo de la Economía Social?,
además del interés propio de las donaciones de tiempo y
especie que supone el voluntariado, signo característico
del segmento no lucrativo.
Por otra parte, si bien el criterio genérico para enumerar
los componentes del conjunto considera a Asociaciones (y
ONGs) y Fundaciones, en lo No Lucrativo, y Cooperativas y
Mutualidades, en lo Lucrativo, se unen a las anteriores entida-
des y caracteres propios de cada sociedad: informalidad (ge-
neralizada en Latinoamérica y prácticamente admitida como
parte de la Economía Social, aunque no estoy de acuerdo),
Comunas (países andinos), Sociedades Laborales (España),
empresas recuperadas (Argentina, Brasil), entre otras.
El Cuadro 1 ofrece el máximo común divisor, es de-
cir, aquello que, como máximo, es posible como elemento
comparativo (y con disponibilidad de fuentes de informa-
ción) para los países de interés. Todo ello, conscientes de
que en algunos países hay un conocimiento mayor de in-
dicadores, de variables; de manera que no se consideran
indicadores que no son posibles de obtener para todos los
países implicados. Por ello, por una parte, todo ha queda-
do menos pretencioso, toda vez que mucha de la contro-
versia se centra la limitación que tiene el intento de desta-
car cuánto pesa la Economía Social o Tercer Sector en el
PIB, como si esta “frivolidad” redujera valores constitutivos
de las entidades componentes o la sustancia del concepto.
Así, no podía ser de otra manera, ante falta de criterios
e instituciones comunes que produjeran u organizaran los
ducida por entidades privadas), este epígrafe propone llegar
a una primera aproximación de las DENSIDADES de las en-
tidades componentes de la Economía Social o Tercer Sector
en sentido amplio, su empleo y voluntariado, en los países
mencionados anteriormente, y ofrecer una primera aproxi-
mación a las relaciones (estadísticas) entre los indicadores
comunes a los que se ha llegado.
Se incluye en el Cuadro 1 también la informalidad, que
se estima por la OIT sobre las Encuestas sobre Hogares en
varios informes, representándose sobre la Población Activa o
sobre el Empleo. De esta manera, es posible una elevación
directa del empleo “informal” a priori. Esas tasas de informa-
lidad también se utilizarán para corregir al alza no solo el
número de entidades componentes de la ES en cada país,
sino su empleo. Por otra parte, el Banco Mundial y la OCDE
también tienen estimaciones sobre la economía sumergida
delictiva sobre la informalidad) en conjuntos de países.
En cuanto a los criterios que se siguen para la contabili-
zación, al no existir de manera generalizada registros, ni un
fácil acceso a los mismos en la mayoría de los países consi-
derados, para la recopilación de los números, de asociacio-
nes, fundaciones, cooperativas, mutualidades y otras , y de
su empleo y posible voluntariado, se siguen ordinalmente:
1) Encuestas elaboradas por institutos de estadística nacio-
nal o de ministerios sobre las mismas, 2) Informaciones de
agrupaciones de entidades y 3) Registros (el cotejo sería
contradictorio con la consideración de la informalidad). Por
ejemplo, en Bolivia, mientras hay registradas 410 entidades
no lucrativas en 2005, asociaciones en su mayoría, la plata-
formas de entidades de la sociedad civil y ONGs las estiman
en unas 1600.
En términos nacionales, la Economía Social en sentido
amplio, para los países implicados en el cuadro 1, da unos
recorridos en las densidades de entidades, empleo generado
y voluntariado que median entre el 1 por 100 y el tercio del
total de entidades, entre el 0,5 y el 11 por 100 del empleo total
de las economías, y entre el 0,1 y el 20 por 100 de voluntarios
sobre la población total. Tanta dispersión sigue ciertos patro-
nes de relación con el desarrollo relativo, que se cotejan en el
Cuadro 2. Así, se destacan una serie de relaciones estadísti-
de Pearson 11 , en la acotación temporal 2005-2006, los países
considerados, e indicadores comunes disponibles.
11 dos variables aleatorias cuantitativas. varía en el intervalo [-1, +1]:
Si r = 1, existe una correlación positiva perfecta. El índice indica una dependencia total entre las dos variables denominada relación directa: cuando una de ellas aumenta, la otra también lo hace en proporción constante. Si 0 < r < 1, existe una correlación positiva.
Si r = 0, no existe relación lineal. Pero esto no necesariamente implica que las
variables son independientes: pueden existir todavía relaciones no lineales entre las dos variables. Si -1 < r < 0, existe una correlación negativa.
Si r = -1, existe una correlación negativa perfecta. El índice indica una depen-
dencia total entre las dos variables llamada relación inversa: cuando una de ellas aumenta, la otra disminuye en proporción constante.
Las entidades no lucrativas tienen una relación directa
(positiva) con la cantidad de otras entidades de la Economía
Social (y el total), el empleo propio y ajeno, y la población,
así como con el mayor nivel de desarrollo (humano, IDH), te-
niendo una relación inversa con la tasa informalidad (a mayor
empleo informal sobre el total, menor número de entidades
no lucrativas, y viceversa). En cuanto a las entidades lucrati-
vas, mantiene relaciones inversas con el desarrollo del país
y la informalidad.
El número de Otras entidades de la Economía Social se
relaciona directamente con el de entidades formales de la
economía social, especialmente las no lucrativas, su empleo,
con el grado de informalidad, el total de entidades naciona-
les, el empleo total y la población. Llama, por tanto, esa duali-
dad en las relaciones directas (formal-informal).
Tanto el conjunto de entidades formales de la Economía
Social, como su empleo generado, se relaciona directamente
(positiva) con el voluntariado, el número total de entidades
desarrollo humano (a mejores posiciones, mayor conjunto de
la Economía Social formal) apareciendo una relación inversa
con la informalidad.
La tasa de informalidad, aunque no es un indicador di-
recto de la Economía Social, amplía su perspectiva y reali-
dad nacionales particulares, de manera que tiene una rela-
ción positiva con Otras entidades de la Economía Social, el
voluntariado, el empleo nacional y la población (lógicamente
por lo cuantitativo).
El voluntariado, de manera indiscutible mantiene una
función de la población total, pero también directa con el total
de empleo y entidades nacionales, además de con el número
de entidades no lucrativas y formales del Tercer Sector, lógi-
dades de la Economía Social en sentido amplio, incluyendo
la informalidad y el nivel de desarrollo cuantitativo (PIB per
cápita en $ PPA) o la desigualdad. Son independientes.
Son llamativas, aunque también lógicas, entre otras, las
relaciones positivas y fuertes entre la densidad relativa de enti-
dades formales de la Economía Social sobre el total de entida-
des nacionales y el peso del voluntariado sobre la población;
entre el peso de empleo formal en la economía social sobre el
desarrollo humano, e inversa con la informalidad y la desigual-
dad; relación inversa entre el peso del voluntariado sobre la
población y la desigualdad, el peso de las entidades de la eco-
nomía social sobre el total de entidades (de alguna manera,
la existencia de economía social “expulsa” trabajo voluntario
sobre la población, cuanto mayor peso relativo tiene).
Finalmente, el peso del sector no lucrativo sobre la Eco-
nomía Social tiene una relación positiva con la mayor renta
mano, y las mayores densidades de empleo, tanto incluidos
el equivalente del voluntariado e informal, o no, sobre el total
del empleo total nacional (incluidos equivalente del volunta-
riado e informal, o no); e inversa cuanto mayor es la informa-
lidad y la desigualdad en la distribución de la renta.
Concluyendo, el desarrollo de la Economía Social, repre-
sentando casos encomiables en países menos desarrollados,
de los países, y con la contribución a una economía nacio-
nal más transparente y con menores niveles de desigualdad
en la distribución de la renta. La causalidad es la que no es
concluyente, pero sí los valores que sustentan a sus compo-
nentes, diferentes de los emprendimientos tradicionales so-
cietarios (capitalistas). Estas entidades, sin ser sustitutivas,
pueden competir y son complementarias a las actividades de
aquéllas, y emprenden en lo social respondiendo competiti-
vamente, incluyendo socio- económico y laboralmente, o ac-
tuando sobre las consecuencias de la actuación de la empre-
sa societaria, atenuándolas y corrigiéndolas. No se confunda
la existencia de la Economía Social como panacea o solución
a los fallos personales del hombre en su actuación en el siste-
ma de mercado, pues mucho de este mercado es inexistente
debido al capital monopolista (oligopolios) y la falta de com-
petencia real en los mercados, muchos de ellos no regulados,
ni supervisados, de los que depende la prosperidad de una
Cuadro 1. Magnitudes estimativas e indicadores relativos generales de la Economía Social o Tercer Sector en sentido
amplio en los países de interés 2005-2006.
4. Mapeo de la experiencia europea sobre la medición
El problema del mapeo de las experiencias europeas en
en su inexistencia en términos homogéneos. No todos los
países y no para todos los componentes de la misma, se
unen, en el caso de la ESS, a su bajo “peso” en empleo, vo-
luntariado, producción agregada, independientemente de su
incalculable valor social y solidario. No todo el voluntariado
se emplea en esos menesteres (eminentemente emprendi-
mientos), ni tampoco toda la Acción Social, es plenamente
Solidaria (como se expone en el epígrafe 1). Por tanto, es
registros directorios y estadísticas, entre otras fuentes, reali-
zar intentos o ejercicios de economía aplicada alrededor de
estas rúbricas de cuentas nacionales emitidas por las entida-
des de la economía social (y solidaria).
Las transferencias sociales en especie emitidas por las
entidades de la economía social (y solidaria) suponen un in-
cremento del producto total, del valor añadido bruto genera-
nes y servicios generados por una economía a lo largo de un
año (descontando los consumos intermedios). En este sen-
tido, tales transferencias, no sólo demuestran la importancia
cuantitativa del aporte de la economía social (y solidaria), ya
que es su quehacer diario solidario y su origen jurídico, las
cional societario. Debido a su prioridad en términos de empa-
tía social, por encima de competencia lucro individual.
Podría resumirse que lo social de los dos grandes seg-
mentos que conforman el Tercer Sector, el lucrativo (grosso
modo, Cooperativas —y Sociedades Laborales—, Mutuali-
dades) y el no lucrativo (Asociaciones, Fundaciones y Enti-
dades Singulares), estriba en el tronco común que les une,
sobre el principio de la aportación del trabajo —input básico
de todas estas entidades— o del capital también importante
en el mundo cooperativo— con un ánimo total o parcialmente
altruista y, en todo caso, sin que el reparto de la ganancias
de sus actividades se corresponda con las respectivas apor-
taciones patrimoniales o de trabajo. Aquí —por resumirlo: en
la idea solidaria— estaría la diferencia fundamental de este
tipo de emprendimiento con respecto al comúnmente consi-
derado como tradicional “capitalista”. Nótese que la tradicio-
nal empresa societaria puede tener, en la llamada Responsa-
bilidad Social Corporativa, la representación de esos valores
solidarios, pero no son su prioridad por encima del lucro per-
sonal capitalista, no considerándose la misma como parte de
la Economía Social, ni como parte de la ESS, independiente-
mente de los resultados solidarios logrados, pues sería una
forma de mercado de la solidaridad, en la búsqueda de un
intercambio, cuando en su más profunda esencia el solidario
no busca la devolución por su acción empática.
La consecuencia práctica de lo anterior, en términos de
las Cuentas Nacionales, es que las entidades del Tercer Sec-
tor son emisoras de transferencias sociales en especie, ya
sea, dentro del segmento no lucrativo, por el trabajo volun-
tario o por donaciones en especie (de sangre, por ejemplo,
en el caso paradigmático de la Cruz Roja), ya sea, dentro del
lucrativo, por diferenciales de tipos de interés, en las Coo-
perativas de crédito, o de precio de una vivienda, en las de
este tipo, o, entre otros, por el diferencial de prima o coste, en
la previsión social mutualista. Las transferencias sociales en
mente) por la economía a lo largo de un periodo de tiempo,
descontados los consumos intermedios. Tales transferencias,
por si hiciera falta recordarlo aquí, añaden un valor añadido
social y son parte de un desarrollo económico más integral, el
Dejando las cuentas de sector institucional de Institucio-
nes Privadas Sin Fines de Lucro al Servicio de los Hogares
(IPSFLSH) en los sistemas de cuentas naciones que siguen
el Manual del Sistema de Cuentas Nacionales 1993 de la
ONU (http://unstats.un.org/unsd/sna1993/toctop.asp), podrían
mía Social en recopilatorios y estimativos. Los primeros,
sumatorios de ciertos ítems interesantes publicados a nivel
de directorios públicos o investigaciones nacionales realiza-
das, normalmente aisladas: número de entidades, empleo,
voluntariado, en un número limitado de campos; los segun-
dos sobre información más elaborada, su tratamiento más
sobre la producción agregada u otras magnitudes agregadas,
disponen de su sucesión de cuentas sectoriales en todos los
países desarrollados y muy buena parte de los demás, sin
embargo este concepto incluye algunas entidades no teni-
das en cuenta, generalmente, en un concepto de SECTOR
NO LUCRATIVO (partidos políticos, organismo religiosos),
magnitud queda infravalorada. Tampoco supone una solu-
ción satisfactoria para un concepto amplio de Economía So-
cial, pues falta todo el segmento LUCRATIVO de la misma,
especialmente el cooperativo-mutualista.
internacional no es otro que “The John Hopkins Comparative
rios a nivel europeo realizados por CIRIEC, como el editado
en 2007 (Chaves y Monzón, 2007). Ya en el interés nacio-
nal europeo, aunque de los departamentos de estadística de
ministerios, e institutos de estadística nacionales, es posible
obtener la recopilación, a través de directorios, del número
de entidades, sobre todo, y empleo, de algunos, de los com-
ponentes de la Economía Social de más de ¾ de los países
de la UE-27, y del resto de Europa, no es posible para todos,
ni para una serie temporal de calado, siendo difícil obtener
un máximo común divisor que nos dé un panel comparativo
de tipo recopilatorio. Siguen existiendo controversias acerca
de los términos de Economía Social y Tercer Sector (García
Delgado, 2004 y García Delgado, 2009), de su sinonimia o
no, y de lo que debe de incluir cada uno de ellos (no sólo in-
ternacionalmente hablando sino, aún, a nivel europeo).
En los ejercicios estimativos hay experiencias aisladas y
no hay, por tanto, una homogeneización europea. Siguen las
recomendaciones de la UE en avanzar en el diseño y publi-
cación de estadísticas de la Economía Social, pero ninguno
Economía Social, en sentido amplio, salvo el caso de España
con el auspicio privado de la Fundación ONCE. Sólo Bélgi-
ca, Hungría, Polonia y la República Checa muestran una in-
tención de publicidad de estadística diferencial del SECTOR
NO LUCRATIVO (aparte de las sucesiones de cuentas de las
IPSFLSH de las Cuentas Nacionales de cada país, se insis-
te). Eso sí, totalmente heterogéneas (Hungría se interesa por
los ingresos y donaciones; Polonia por el empleo, tamaño y
voluntariado); y la República Checa en Empleo, voluntariado
y sus horas en donaciones de tiempo), donde sólo Bélgica
sigue el Manual de la ONU sobre Entidades No Lucrativas
en el Sistema de Cuentas Nacionales 1993 (United Nations,
2003) y ofrece unas cuentas satélite: descomposiciones del
Valor Añadido Bruto, Producción Agregada, sucesiones de la
cuenta de producción, explotación, rentas, hasta la capacidad
de Cuentas Nacionales. Lo ideal, sin duda, sería la posibili-
dad de integrar, por parte de los países miembros, la aplica-
ción del anterior manual, para el segmento No Lucrativo, y
el “MANUAL PARA LA ELABORACIÓN DE LAS CUENTAS
SATÉLITE DE LAS EMPRESAS DE LA ECONOMÍA SOCIAL:
COOPERATIVAS Y MUTUAS” publicado por CIRIEC en 2008
(Barea y Monzón, 2008) y presentado a petición de la UE
en 2009, para acercarse a un medida de homogeneidad de
la Economía Social en Europa pero, de momento, no se ha
Sí que hay una actitud emergente ante aquello, sobre
todo existen numerosas redes, extensas, heterogéneas, pero
en interacción que avanzan en intenciones de promoción de
la economía social, sobre ESS en 10 de los 27 países, y 6
proyectos de mapeo de la misma en Alemania, Austria, Espa-
ña, Italia, Francia y Luxemburgo.
Con todo, los compromisos en Europa sobre ESS, no
son como los compromisos y hechos sobre emprendimientos
y experiencias (producción y consumo) de ESS en el resto
del mundo (Secretarías de Estado y equivalentes, que van,
incluso al inventariado de las que se pueden considerar en el
directorio o no de entidades de la ESS), cuestión que afecta
a todo el mundo desarrollado, por otra parte. En éste, hay ini-
ciativas sobre el marco, sobre la economía social y el tercer
sector, pero se diluye, por la falta de necesidades que ofrez-
can votos, para la ESS. Aunque sí es cierto que han contribui-
do especialmente al avance en el conocimiento, pero no con
el avance estadístico, a falta de criterios comunes a nivel de
la propia Unión Europea.
Todo planteamiento sobre la ES o el TS o de la ESS debe
de ser consciente de su interés, a la vez que de su descono-
cimiento. Parte de ese desconocimiento puede ser debido a
la falta de un marco conceptual adecuado, en el que la bús-
que existe ya hace un tiempo, emitida por la política, y par-
cialmente apoyada por la teoría, en tanto que las partes han
sido objeto de un mayor estudio, pero no tanto su conjunto.
Se ha propuesto aquí un marco teórico para la ES, un
nal ofrecida por instancias, a la vez, institucionales. Un con-
de lucro, empatía social de sus valores principales y com-
patibilidad de la sostenibilidad social y económica (pues la
ES también actúa en el mercado), materializada en la emi-
sión transferencias sociales en especie. Elementos que bien
más empática, más civilizada, al contrario del reciente fraca-
so parcial de la preeminencia del mercado, compatible con
la búsqueda de los resultados de competencia y, por tanto,
representante de los elementos necesarios para evitar la po-
larización y reducir las desigualdades, resultado de los pro-
cesos económicos en mercados imperfectos, e introducien-
do integración socioeconómica y laboral. Elementos que, si
se miden, se pueden conocer, y por tanto son objeto para
la construcción de indicadores de desarrollo socioeconómico
más amplios, destacado la capacidad real de una economía,
y las posibilidades de comparación internacional.
Por otra parte, no hay que pensar en la ES como una
solución, ni un mecanismo de salvaguardia, ni el que lleva al
equilibrio que desequilibró el mercado imperfecto, sino una
institución en convivencia con el mercado, como instituciones
sociales vigilantes. La complementariedad es la base de su
pervivencia. Si se buscan potenciar sus virtudes, sus hábitos,
que categorizan a la ES como institución, se deben buscar
las sinergias, y aumentar la propia cohesión en la ES, en su
red de relaciones socioeconómicas, potenciando lo que Put-
nam denominaba redes de capital social (no sólo la Sociedad
Civil) que incluye a las entidades de este sector institucio-
nal. Su fomento es otro instrumento de estímulo y de amorti-
guación de resultados sociales nefastos ante tiempo aciago.
Y qué decir de la posibilidad de entidades supervisoras no
gubernamentales, independientes, pudiendo aportar a la go-
bernanza y transparencia en la gestión de bienes comunes,
principios caracterizadores de aquéllos. También cabe recor-
SL de la ES.
de la ES y su adaptación a cada socio-economía que, dentro
de la preferencia social (tradición, ideología dominante, polí-
ce en el conocimiento de la misma, en la búsqueda de evi-
dencias sobre los elementos en los que se está discurriendo
ya no tan desconocida Economía Social.
La falta de medición generalizada de la ES, TS o ESS,
como todo, no es lo que se debe retener de estas líneas, es
que se sabe de su carencia, y se conoce más sobre los so-
portes que hay que anclar para avanzar en esta difícil tarea.
No se debe cuestionar el porqué el interés de medir el peso
de ES o ESS sobre el PIB, por lo intangible de lo social y lo
solidario, es posible aproximar indicadores a variable, a prio-
ri, imposibles de medir cuantitativamente. Aquí se han dado
intentos y pistas. Se ha aproximado, no se ha querido descu-
brir nada que no hubiera ya debajo del sol.
Añadido al mayor conocimiento estadístico, a futuro, es
el momento, pues, del emprendimiento, y de las nuevas for-
mas de emprender. Entre ellas, las de la Economía Social,
cuya aportación a la economía mundial en el actual contexto
de crisis (independientemente de la salida de la misma de de-
sentan las entidades no lucrativas para llenar, con sus funcio-
nes económicas y sociales, el hueco desatendido desde los
mermados presupuestos públicos; y la que representan las
entidades lucrativas, como fórmula de creación de empleo
estable. La dinámica ascendente de tales sectores, también
por su interés y mayor conocimiento, una vez medido, debe
de ayudar a ello.
En la propia gestión de los bienes comunes, los com-
mons (objeto de estudio de la Premio Nobel de 2009, Elinor
Ostrom), tiene algo que decir la ES, pues sus principios tienen
y democracia en sus decisiones, corresponsabilidad y reci-
procidad en el manejo de recursos 12 (y no asignación por el
sistema de precios, sino más cercano a la asignación por el
sistema de contribuciones, como la ES). La gestión por el
mercado de los commons no resulta adecuada, al no ser pri-
vativos, no hay un precio de mercado (aunque sí valor de uso
y de cambio) porque no hay derecho privativo si se busca el
incremento de la renta y riqueza conjunta (no particular, pues
cuando es así, p.e. explotación de yacimiento de recursos, el
common deja de pertenecer a la dotación de recursos real de
esa economía y resta capacidad real de competencia de las
naciones). El pensamiento neoliberal convencional comete
una injusticia cuando hay una segregación de un common
en propiedad privada. La responsabilidad ciudadana en su
control bien puede ser ejercida por estas entidades de la ES,
y ya se está haciendo.
12 Helfrich, S. (Compiladora)(2008).
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CAPITULO 2: CAPITULO
RETOS DE 1:LA INCIDENCIA
DE LA Y ECONOMÍA
SOLIDARIA SOCIAL
RETOS DE LA GESTIÓN DE ORGANIZACIONES DE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA
…el éxito depende del esfuerzo propio de los asociados y no de ayudas o subvenciones externas…
ANÁLISIS DE LA REGULACIÓN PARA EMPRESAS SOLIDARIAS EN COLOMBIA
AUTOCONTROL Y AUTOGESTIÓN EN LAS
COOPERATIVAS. EL MODELO DE AUDITORÍA EN EL COOPERATIVISMO ALEMÁN
VALORACIÓN DE LA LIBERACIÓN DE RECURSOS
GENERADOS POR COOPERATIVAS EN COLOMBIA Y SU PRESENTACIÓN EN EL BALANCE SOCIAL
la gestión diferenciada de las empresas de economía solida-
ria en Colombia, las siguientes notas pretenden realizar un
análisis de la regulación existente para la operación de estas
formas empresariales, que se han constituido históricamente
como alternativa económica de los pueblos.
aspectos centrales. En primer lugar, realizar un acercamiento
a las problemáticas generales de la legislación cooperativa y
vas que contiene, en el sentido de que la normatividad actual
no comprende la identidad conceptual y la naturaleza propia
de estas organizaciones, haciendo imposible que la gestión
presenta en formas empresariales de origen capitalista o gu-
bernamental; así mismo, se pretende indicar los principales
criterios orientadores para la formación futura de una norma
coherente con dicha naturaleza. En segundo lugar, revisar
algunos asuntos polémicos respecto del estado actual de
mutualista vigente y requerida, las disposiciones legales que
una estructura de supervisión que se aleja de los determinan-
tes constitucionales.
Con estas anotaciones, que son resultado de estudios ex-
haustivos realizados durante los últimos seis años, esperamos
se pueda concitar un debate sobre la actualización de la norma
o la reformulación de la misma, que supere las iniciativas parcia-
les o de resolución de problemas jurídicos de detalle, cuál es la
tendencia en los análisis recientes sobre el tema.
Desde una de las organizaciones que integra el sector
solidario colombiano, se ha lanzado la propuesta de produ-
cir un proyecto normativo más actualizado y adaptado a la
realidad socioeconómica del país y a las praxis de las orga-
nizaciones cooperativas de comienzos del siglo XXI. Esta es
una iniciativa absolutamente válida, que requiere el concurso
de todos quiénes estudiamos profundamente este fenómeno
jurídico, pero que ha de estar regida por una concepción no
utilitarista de la norma sino por criterios que contribuyan a
te la diferencia y se construya un instrumento para que la
economía solidaria sea especial protagonista del futuro so-
cioeconómico del país.
2. Estado general de la legislación cooperativa y solidaria colombiana La legislación sobre el cooperativismo y las empresas
dos leyes principales (la ley 79 de 1988 y la ley 454 de 1998),
algunas leyes especiales (caso la reciente sobre fondos de
empleados), un conjunto de leyes relacionados con temas
dispersos de la vida económica y social colombiana que con-
tienen pequeñas referencias a las potencialidades (o también
a las limitaciones para su desenvolvimiento) de la economía
solidaria, algunos decretos reglamentarios sobre formas aso-
de actos administrativos provenientes de los órganos de su-
pervisión del Estado.
El objetivo del presente acápite es realizar un análisis
global de este conjunto normativo, sin pretender realizar un
estudio exhaustivo y riguroso de cada uno de los contenidos
jurídicos aquí previstos. En sentido general, se trata de un
legislación vigente, los cuales se han constituido en barreras
para el desarrollo de estas formas empresariales en Colombia.
Problema 1: La unidad de materia
Hace algunos años tuve la oportunidad de realizar un ex-
tenso estudio alrededor de la temática del Derecho Coopera-
tivo, en el propósito principal de encontrar referentes claves
para enfrentar la problemática de la vigencia de la normativi-
dad del cooperativismo colombiano.
Decíamos entonces que la Constitución Política de Co-
lombia había entronizado tesis avanzadas para hacer posi-
ble un Estado Social de Derecho, en correspondencia a la
corriente universal que busca el mantenimiento de normas
de convivencia para los seres humanos. En estos postulados
constitucionales se encuentran fuentes de carácter obligato-
relación directa con la doctrina jurídica cooperativa universal-
mente aceptada.
A su vez, la producción de jurisprudencia en diversas ma-
directa entre el Estado Social de Derecho y los propósitos del
orden cooperativo. Los fallos, la doctrina y los estudios que
proveen las altas cortes deben considerarse –a pesar de las
diferencias conceptuales que pueden hallarse en algunos de
ellos- como nuevas fuentes para hacer entender la doctrina
de Derecho Cooperativo Colombiano.
Sin embargo, la legislación propiamente dicha –las leyes
y los actos administrativos que las han desglosado, especial-
mente desde 1998- puede considerarse retrasada respecto
del contenido, el espíritu constitucional y los desarrollos doc-
trinales de las altas cortes. Por ejemplo, así la Ley 79 –en sus
postulados generalizadores- se haya adelantada a la Consti-
tución del 91 respecto del reconocimiento de nuevas formas
de propiedad y la entronización de la democracia participativa
como elemento constitutivo de una nueva convivencia social.
Sin embargo, en sus contenidos detallados resulta obsoleta
y contribuye a la formación de barreras para hacer posible la
concreción de los propósitos de la Carta Magna. Así, muchas
disposiciones de la ley 79 de 1988 que mantienen su vigencia
desde el punto de vista del ordenamiento jurídico, no encajan
con la doctrina.
En otro sentido, los estudios recientes han concluido
que en el caso de la legislación cooperativa existe un claro
problema de ordenamiento de normas; es decir, existe im-
precisión en las relaciones de conexidad entre las diferentes
normas. De un lado, una Constitución que acepta modernos
postulados de orden social, los cuales son fuente de la doc-
trina cooperativa. De otro, varias leyes y decretos –unas pre-
vias y otras en aparente desarrollo de la propia Constitución-
que establecen incompatibilidades con la norma superior. Por
tanto, para dar respuesta a la pregunta de si las diversas nor-
mas sobre el ordenamiento cooperativo constituyen o no una
unidad, debe responderse que no. De manera que la discre-
pancia jerárquica entre la Constitución Política y la Ley 79/88
no existe en su espíritu y sus principios, sino en sus detalles:
situación que se replicó en la Ley 454 de 1998.
En consecuencia, si no hay unidad no puede haber siste-
ma. Y como todo ordenamiento jurídico –al decir de Norber-
to Bobbio-, que sea unitario y tendencialmente sistemático,
debe pretender ser completo, entonces estamos ante un es-
tado de parcialidad en la legislación cooperativa colombiana.
La teoría de la plenitud jurídica es expuesta por Bobbio
y se entiende como tal a la propiedad por la cual un orde-
namiento jurídico tiene una norma para regular cada caso.
En sentido estricto, un ordenamiento es completo cuando se
puede encontrar en él una norma para regular cada caso que
se le presente, o mejor, no hay caso que no pueda ser regu-
lado con una norma del sistema.
Problema 2: Extendida y exagerada normatividad
La extendida normatividad sobre el cooperativismo y la
economía solidaria, resultado de una casuística exagerada,
es la práctica común de los últimos veinte años. El perma-
nente recurrir a normativas ajenas al Derecho Cooperativo y
la tendencia generalizada a resolver problemáticas comunes
con base en los fallos de las Cortes, es el resultado de la
inexistencia de una norma abarcadora que establezca co-
nexidades, unicidad y plenitud.
La casuística ha hecho carrera en los órganos de super-
visión del Estado (especialmente en la Superintendencia de
la Economía Solidaria), en dónde se trata de resolver proble-
mas de la praxis económica y social de estas entidades, vía
circulares (especialmente interpretativas y reglamentaristas)
y conceptos o requerimientos que rompen con la unicidad y
la plenitud. Esa casuística se ha extendido al propio legisla-
dor, el cual produce leyes que tratan de resolver problemas
doctrina jurídica y alejándose del espíritu constitucional (tal
como ha ocurrido en los últimos años con el caso de las coo-
perativas de trabajo asociado o con las exigencias tributarias
a las empresas de economía solidaria).
Problema 3: Obsolescencia de la norma
La legislación cooperativa colombiana se ha vuelto obso-
leta en los términos del desarrollo de la doctrina jurídica coo-
perativa y de la propia Constitución, haciéndose necesario
avanzar hacia la estructuración de una norma más generali-
zadora que le dé el ordenamiento necesario al Derecho Coo-
perativo y que contribuya al propósito de integrar la función
cooperativa con el espíritu constitucional.
En este orden de ideas, se exige la producción de un
marco conceptual, en los términos expresados por diversos
juristas latinoamericanos, especialmente por el Maestro Al-
berto García Muller. Este marco jurídico debe considerar el
propósito de dotar al cooperativismo y la economía solidaria
de una normativa propicia para su desarrollo como un sector
diferenciado de la economía nacional. La gestión diferencia-
da del sector, requiere de un ambiente jurídico que la reco-
nozca y le permita su desarrollo. Ello, a su vez, debe contri-
buir a implementar y hacer realidad los principios rectores y
valores superiores del Preámbulo de la Constitución Política
de Colombia y de la concepción del Estado Social de Dere-
cho consagrado en la misma.
Problema 4: La necesidad de una norma abarcadora
Una norma abarcadora debe reconocer que la esencia
de la cooperación está en directa relación con la formación
de relaciones sociales generadoras de formas de trabajo y
producción fundamentadas en la ayuda mutua y la autoges-
tión entre y para las personas que fomentan y estimulan la
plena realización individual y grupal de las potencialidades
Un marco conceptual abarcador debe hacer un reco-
nocimiento del papel de la cooperación en la economía na-
cional y en la formación de una nueva sociedad, aceptán-
dola –como está señalado positivamente en la Ley 79 de
llo económico centrado en el ser humano, a la construcción
y desenvolvimiento sólido de la democracia participativa, a
la democratización solidaria de los mercados y la economía,
a la equitativa distribución de la propiedad y el ingreso y a
la creación de una cultura de la solidaridad. Ello implicará
ordenar al Estado, en sus ámbitos territoriales y garantizar
el libre desenvolvimiento de estas organizaciones.
Haciendo caso de la importancia de la costumbre como
fuente de Derecho, deberá reconocerse en los principios de
nes empresariales de la economía solidaria, el marco doctri-
nario fundamental a partir del cual se devienen sus prácticas
económicas, sociales, culturales, administrativas y jurídicas.
Problema 5: Entendimiento de la doctrina de la coopera- ción y la solidaridad
deberá ser introducida en el nuevo ordenamiento, haciendo
caso no de las manifestaciones fácticas de la acción coopera-
tivista y solidaria, sino del sentido profundo de su naturaleza.
vo con las formulaciones de los Códigos Civil y de Comercio,
estatuyendo conceptos de organización que no se confundan
con la actividad mercantil ni el simple acto de contrato civil,
tomando en cuenta que los sujetos del acto de cooperación
de la comunidad, el trabajo y la autogestión asumen un papel
También una nueva norma debe diferenciar la persona
jurídica, la forma orgánica que adopta el propósito voluntario
y común de las personas, del objeto y sus actividades. En
este orden, deberá establecerse que estas organizaciones
prestarán de manera preferencial a sus asociados aquellos
servicios propios de su Objeto Social, relativos a los pro-
pósitos que convocaron la creación de la entidad; empero,
para cumplir y actualizar el principio de compromiso con la
comunidad, podrán extender a ésta sus servicios comple-
mentarios, sin constituirse en práctica cotidiana. En todo
caso, independiente de la especialización de la actividad,
ninguna organización de cooperación podrá dejar de lado la
formación de servicios que hagan posible el valor de la soli-
daridad entre sus miembros o entre estos y la organización
Al respecto de la salvaguarda de la doctrina, se hace
necesario introducir una prohibición tajante: ninguna perso-
na, natural o jurídica, privada o pública, promoverá o creará
empresas de economía solidaria que vayan en contravía de
jarse en claro que ellas son organizaciones autónomas, en
las cuales predominan las relaciones socioeconómicas de
cooperación, subordinando el capital y otros factores econó-
humanos que libremente se asocian con el propósito de sa-
tisfacer sus necesidades, aspiraciones y deseos.
Algunos criterios orientadores para una ley de economía solidaria
Las anteriores argumentaciones, sobre todo aquellas que
se dirigen a establecer parámetros más adecuados en cuanto
al espíritu de la norma, son la base para proponer un conjunto
de criterios que deben tomarse en cuenta para producir una
legislación más coherente con la realidad económica social
y con las perspectivas de formación de un nuevo modo de
hacer economía en Colombia.
Desde años atrás he expresado la necesidad de que al
momento de debatir una norma abarcadora para el coope-
rativismo y la economía solidaria colombiana, deben quedar
claramente formulados un conjunto de conceptos que le den
tre ellos me parece sumamente importante dejar establecida
ciones de apoyo.
Criterio 1: El acuerdo solidario
Aunque el debate sobre el derecho Solidario aún no se
aceptable la utilización de la variable Derecho Cooperativo,
con sus institutos propios (acto cooperativo, acuerdo coope-
rativo, sistema cooperativo, sector cooperativo, etc.), he que-
rido utilizar para este escrito la acepción acuerdo solidario
más con un propósito pedagógico.
Una legislación aceptable en la coyuntura actual debe-
ría considerar un conjunto de disposiciones generales que le
den identidad al concepto; tales como:
histórica universal, los conceptos de acuerdo y acto,
otorgando identidad a las empresas de economía solida-
ria que operan bajo una determinada racionalidad eco-
nómica, y evitando el interpretar sus praxis económicas
con base en racionalidades jurídicas no pertinentes o
contrarias;
Establecer que toda actividad económica, social y cul-
tural, inclusive aquellas otrora estrictamente restringidas
al sector público, podrán realizarse mediante el acuerdo
solidario, siempre que no vayan en contra de los valores
y los principios;
Determinar las principales características de una empre-
sa de economía solidaria, permitiendo diferenciarlas res-
pecto del conglomerado de empresas de propiedad no
solidaria; complementándose con una presentación de
los objetivos fundamentales a partir los cuales se ejecu-
tarán las actividades de dichas empresas;
Otorgar las condiciones generales para la prestación de
servicios al público en general, así como las prohibicio-
nes expresas, especialmente en cuanto a su relación con
las empresas comerciales. Ello implica indicar los criterios
generales de asociación con empresas que no sean de
naturaleza solidaria, siempre en función del objeto social;
las empresas de economía solidaria, centrándose en
precisar los requisitos generales de asociación, la ad-
quisición de la calidad de asociado, sus deberes y dere-
chos y las razones por las cuales se llegará a perder la
calidad de tales. Así mismo, deberán contemplarse las
principales normas de administración y control interno de
las empresas de economía solidaria, dejando de lado el
detallismo (el cual hace parte de la naturaleza misma de
las organizaciones).
co, mediante las cuales se reconocerán las principales
racionalidades económicas de las empresas de econo-
mía solidaria y se interpretarán las normas técnicas so-
Ahora bien, una nueva legislación deberá precisar los
mecanismos mediante los cuales las empresas de economía
solidaria participarán en los procesos de desarrollo territorial
y a instancia de los cuales actuarán en conjunción con los
entes estatales en el propósito de cumplimiento de su función
social. En tal sentido, deberán obligarse a:
Realizar operaciones mediante sistemas de integración
variados y su articulación a planes y programas de desa-
rrollo en los ámbitos local, regional o nacional;
Diseñar y ejecutar programas sociales de carácter edu-
cativo y cultural, que permitan la construcción de una cul-
tura de la solidaridad;
Participar en el diseño, debate, ejecución y evaluación
de los planes territoriales de desarrollo; Trabajar por el
desarrollo sustentable de las comunidades de su ámbito
tralizados del Estado apoyarán los programas y proyec-
tos de desarrollo de la economía solidaria.
Criterio 2: El sector de la economía solidaria
vantes, la norma debe extenderse en precisar las condicio-
nes de formación del sector de economía solidaria, en pro-
cura de otorgarle una personalidad dentro del ordenamiento
Así las cosas, deberá establecer el tipo de organizacio-
nes que constituyen el sector, partiendo de considerar los
delineamientos constitucionales, el marco conceptual y la
existencia de múltiples manifestaciones organizativas que se
encuentran caracterizadas, en la norma jurídica, como com-
ponentes de la economía solidaria. Desde este inventario ini-
cial habrá que indicar las principales características de estas
En orden a establecer los mecanismos que deben
coadyuvar a la formación y fortalecimiento del sistema de
economía solidaria, la Ley hará hincapié en normas que sus-
Para el efecto, señalará con toda precisión el objetivo de di-
cho sistema y las formas organizativas que lo constituyen.
Criterio 3: Las instituciones de apoyo
Desde una iniciativa autónoma, la economía solidaria
debe formular sus estrategias de desarrollo desde sus pro-
pias instancias, pero podrá convocar al Estado (en cumpli-
miento de la norma constitucional), para que coadyuve a los
propósitos socioeconómicos del sector.
En tal sentido, se hace necesario dejar establecido los
conceptos de promoción, fomento y contribución al desarro-
llo empresarial, así como su marco de favorabilidad, que se
encuentran indicados en la Constitución Política y analizados
en la jurisprudencia.
Para avanzar en estos propósitos de desarrollo constitu-
cional, deberá conformarse un sistema de apoyo, con base
en una alianza del sector con el Estado, compartiendo res-
de crear instituciones especializadas para estos efectos, fon-
dos comunes o instancias centralizadoras de política pública y
una evaluación exhaustiva de los mecanismos existentes o de
los previstos en la norma vigente. Pero, para completar la con-
explicación de los medios de integración que deben establecer
las propias entidades del sector.
En tal sentido, sigue siendo una esperanza de quien es-
cribe estas notas, que en Colombia se haga posible la adop-
ción de normas sobre:
La conformación de un registro propio para el sector, no
dependiente del esquema comercial o de las estructuras gu-
bernamentales, a la manera de una Cámara de la Economía
Solidaria. De esta manera se puede contribuir con las pers-
pectivas de desregulación (propósito estatal) y de formación
de instrumentos de autocontrol (propósito del sector).
Comprender los procesos de fusión e incorporación
procedimientos generales que den cuenta de la naturaleza
Introducir conceptos como los de holding y grupos empre-
sariales cooperativos o solidarios, que hagan posible y menos
complicados los principios de multiactividad e intercooperación.
Así mismo, el concepto de circuitos económicos solidarios,
como medio de articulación económica entre diferentes expre-
siones organizadas de la economía solidaria y la comunidad.
Criterio 4: Un marco integral de favorabilidad y supervisión
Habida cuenta de la desaparición paulatina de incentivos
a la actividad económica solidaria en Colombia, a la intención
comunitarios y a la formación simultánea de un estilo de su-
pervisión que en nada responde a los propósitos constitucio-
nales de fomento y promoción de estas empresas, hay que
elementos de favorabilidad para las empresas de economía
solidaria, como complemento de la disposición constitucional
y de los acuerdos internacionales.
solidaria en los diferentes niveles del Estado. Para el efecto,
habrán de enumerarse las normas de obligatorio cumplimien-
to en cuanto a la colaboración de los entes estatales con el
sector, así como la relación de las diferentes exenciones.
do la instancia estatal responsable del mismo.
proponiendo sus objetivos y los organismos del sector en los
cuales el Estado podrá delegar funciones.
cooperativa y solidaria en Colombia
la legislación para el cooperativismo y la economía solida-
ria, así como los criterios que, a nuestro juicio, deben orien-
tar la producción de las normas, es objetivo de esta segun-
de tal problemática. En tal sentido, tomando en cuenta la
expansión que hoy vive el movimiento mutualista (al contar
con una propuesta de prospectiva hacia el año 2020), la
las cooperativas y a la formación de instrumentos normati-
vos que limitan la autonomía del sector, a continuación me
detendré en la explicación de dichas particularidades
La legislación mutual
Hay que partir de considerar que ninguna legislación tie-
ticas del mutualismo. Su doctrina y sus prácticas sociales,
económicas y administrativas ya están introyectadas en la
su devenir. Lo que en esta materia es absolutamente nece-
promoción, fomento y supervisión.
Ahora bien, una legislación mutualista debe comprender
un aspecto trascendental de la realidad socioeconómica: las
transformaciones de las últimas décadas han producido algo
que en términos teóricos se ha denominado transferencia de
funciones del Estado, que otrora fue benefactor, hacia la so-
ciedad civil. En esta transferencia, juega importancia máxima
la acción mutual, ya que gran parte de las funciones estatales
(por lo menos bajo los criterios del siglo XX) tienen que ver
con la protección y seguridad social, que es el campo claro,
preciso y expedito para que se desarrolle el mutualismo.
Pero, en el caso de la legislación colombiana, los temas
propios del mutualismo, sobretodo en términos de previsión
y protección social, están un poco limitados. Temas que son
normales para el mutualismo como el de los seguros, son
francamente vedados en Colombia; es decir, hablar de eso,
de que el mutualismo pueda desarrollar una actividad ase-
guradora en Colombia es prácticamente imposible, por las
limitaciones legales. Algunos otros aspectos como los del
ingreso del sector mutualista en el campo de la seguridad
social y la salud, aún tienen posibilidades; pero, en cuanto

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