Source: http://www.slideshare.net/coltecaps/derechos-humanos-conflicto-armado-y-agresin-terrorista-en-colombia
Timestamp: 2016-12-07 19:33:55+00:00

Document:
Al caminemos-juntos- embarazo adole...
Prolegómenos. Derechos y Valores, vol. X, núm. 19, enero-junio, 2007, pp. 51-88,
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=87601904
Prolegómenos. Derechos y Valores,
ISSN (Versión impresa): 0121-182X
DERECHOS HUMANOS, CONFLICTO
ARMADO Y AGRESIÓN TERRORISTA
EN COLOMBIA1,2,3
Jean Carlo Mejía Azuero4
Fecha de recepción: 21 de Febrero de 2007
Fecha de aceptación: 11 de Mayo de 2007
El presente artículo hace parte de los resultados finales de
las investigaciones adelantadas por la línea de derechos humanos y derecho internacional humanitario que pertenece
al Grupo de Derecho Público de la Universidad Militar
Nueva Granada, el cual fue reconocido por Colciencias en
Categoría A (2006-2009).
Ponencia presentada en el primer seminario internacional
denominado: “los derechos humanos y el derecho internacional humanitario como fundamento de legitimidad y lucha contra el terrorismo”. Organizado por el Comando Sur
del Ejército de los EEUU y el Ministerio de la Defensa Nacional. Bogotá Colombia. Julio de 2006
Ponencia presentada en la Universidad Bernardo O’Higgins
en Santiago de Chile y en la Universidad Marítima de Valparaíso. Octubre del 2006, una versión sintetizada fue presentada
como ponencia en el primer congreso sobre terrorismo organizado por CELTYV (centro de estudios legales sobre el terrorismo y la violencia) en Buenos Aíres Argentina, marzo 2007.
Abogado MCL. EDA. ESDN. Candidato a Ph’D en Derecho. Becario de la Universidad Militar Nueva Granada.
Investigador adscrito al CIDER, Grupo de Derecho Público
Categoría A en Colciencias. Tratadista. Actualmente decano de la Facultad de Derecho de la UMNG, vicepresidente
de la Asociación Colombiana de Facultades de Derecho
ACOFADE. Docente de pregrado y postgrado, conferencista nacional e internacional, asesor en temas de seguridad y
defensa, derechos humanos y DIH.
Acto terrorista cometido por el grupo guerrillero autodenominado FARC-EP. Bojayá Choco. Fuente. www.ejercito.
Nunca, nunca, nunca se debe creer que una guerra
será sencilla y cómoda, o que quien se embarca en
ese extraño viaje puede medir las mareas y huracanes con que se va a encontrar. El estadista que se
abandona a la fiebre bélica debe saber que una vez
dada la señal, el ya no es el amo de la política, sino
el amo de acontecimientos incontrolables e imprevisibles.6
La metodología utilizada para la elaboración del
presente artículo está centrada en el método analítico, ya que se pretende discutir sobre los derechos
y libertades que existen en un estado amenazado
por el terrorismo; desde luego teniendo en cuenta
que todas las actividades realizadas por el Estado
colombiano en contra de las acciones terroristas
ejercidas por grupos al margen de la ley, deben estar
encaminados a respetar y proteger los principios y
valores consagrados en la Constitución Política Colombiana, especialmente en su preámbulo, con el
fin de garantizar los derechos humanos y la debida
aplicación del derecho internacional humanitario.
Este método se complementa con el sintético, puesto que luego de analizados cada uno de los elementos de la temática propuesta, se deben consolidar los
hallazgos, con el fin de determinar si los resultados
son o no predicables desde el punto de vista académico.
Derechos humanos, derecho internacional humanitario, derecho constitucional, terrorismo, conflicto
armado interno, fuerza pública.
HUMAN RIGHTS, ARMED CONFLICT AND
TERRORIST AGGRESSION IN COLOMBIA
Methodology used for writing of the present article is centered in the analytical method, since it
is tried to discuss on rights and liberties that exist
in a State threatened by the terrorism; of course
considering that all activities made by the Colom-
Sir Winston Churchill, My early life.
Bogotá, D.C., Colombia - Volumen X - Nº 19 - Enero - Junio 2007 - ISSN 0121-182X • Pág. 51-88
DERECHOS HUMANOS, CONFLICTO ARMADO
bian State against terrorist actions done by outlaw
groups, must be directed to respect and to protect
principles and values confirm in Colombian Political Constitution, specially in its Introduction, with
the purpose of guaranteeing the Human rights and
the due application of the Humanitarian International Law.
This one method is complemented with the synthetic one, since after analyzed each one of the elements of thematic proposal, the findings are due to
consolidate, with the purpose of determining if the
results are or nonpredicables from the academic point of view.
Human rights, Humanitarian International Law,
Constitutional Law, Terrorism, internal armed conflict, Public Force.
La academia es capaz de enseñar cual es la importancia de las cosas, en su debido contexto; no su
simple significado. La academia debe ser capaz de
sensibilizar y acrecentar el amor por el otro, así no
se compartan sus ideas. La academia es el crisol de
la democracia, ya que enseña que el disenso respetuoso, es constructor de libertad, igualdad y pluralismo. Partiendo de las anteriores reflexiones quiero sinceramente agradecer a los organizadores del
primer seminario internacional denominado “Los
Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario como fundamento de legitimidad y lucha
contra el terrorismo”; principalmente debo resaltar
el esfuerzo y liderazgo del Coronel Juan Carlos Gómez7, bastión sin el cual no se hubiera podido llevar
a cabo esta importante actividad académica.
Pues bien he sido invitado, en unión a un grupo de
selectas personas de diferente formación profesional y orientación ideológica,8 para discutir sobre los
Director de la Oficina de DDHH y DIH del Ministerio de la
Defensa Nacional. Oficial navegante de la FAC.
El panel agendado estaba integrado por León Valencia,
Alfredo Rangel y el autor de esta ponencia. Finalmente no
asistió el doctor Rangel.
derechos y las libertades en un Estado “amenazado” por el terrorismo. En primer lugar quiero, en
aras de la honradez intelectual, partir de una premisa, que en mi humilde consideración y soportada
además en fuentes muy respetables, ora nacionales,9
ya internacionales10, se hace indispensable frente al
tratamiento del tema propuesto. La existencia en
Colombia de un conflicto armado intraestatal.11 En
consecuencia y partiendo de esta base, consideraré
la temática propuesta hablando sobre los derechos
humanos, (en adelante DDHH), el derecho internacional humanitario (en adelante DIH), en un Estado agredido por el terrorismo y bajo la existencia
de un conflicto armado interno con visos, lamentablemente regionales12, ya que contamos con fronteras totalmente porosas e ideologías colindantes
que resultan demasiado cercanas a las planteadas
por el principal y más antiguo grupo guerrillero de
Por lo anterior pretendo dividir este opúsculo que
muestra mi posición académica sobre el tema en
tres partes. En una primera miraré el tema de los
DDHH y el DIH en Colombia, a través de su marco
normativo; básicamente sustentado en la Constitución Política, el bloque de constitucionalidad y claro, llegando a las normas de inferior categoría que
rigen la actuación de la Rama Ejecutiva, en sede,
específicamente de la Fuerza Pública. Esta primera
parte será absolutamente descriptiva. En una segun-
Corte Constitucional. Sentencia C-251 del 2002. M.P. Eduardo Montealegre. Clara Ines Vargas. Pizarro Leóngomez
Eduardo. Una Democracia Asediada. Balance y perspectivas del conflicto armado en Colombia. 2004. Grupo Editorial Norma. Primera Edición. Marzo del 2004. Bogotá
En reiteradas oportunidades la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha manifestado, ya sea en las sentencias
Caballero Santana contra Colombia, Masacre de Palmeras y
en Masacre de los 19 comerciantes contra Colombia, que en
realidad existe en nuestro país un conflicto armado interno.
Fisas Vicenc. Procesos de paz y negociación en conflictos
armados. Editorial Paidos. Serie estado y sociedad. Número
119. Barcelona España. Año 2004. Igualmente Saez Ortega Pedro. Guerra y paz en el comienzo del siglo XXI. Una
guía de emergencia para comprender los conflictos del presente. Centro de investigación para la paz. Madrid España
Ob.cit. pág. 47.
Bogotá, D.C., Colombia - Volumen X - Nº 19 - Enero - Junio 2007 - ISSN 0121-182X. Pg. 51-88
da parte analizaré sí en Colombia puede hablarse
de amenaza terrorista, agresión terrorista y sí estos
términos, indistintamente utilizados, con sus preocupantes consecuencias tal y como lo observa Posada Carbó, en sus diferentes pronunciamientos,13
son excluyentes de la existencia de un conflicto armado14; posteriormente realizaré algunas observaciones sobre el respeto a los derechos y libertades
en Colombia. Finalmente en una tercera y postrer
parte esbozaré algunas conclusiones y tratare de
abalanzarme intelectualmente sobre algunas recomendaciones.
1. MARCO NORMATIVO DE LOS DDHH
Y EL DIH EN COLOMBIA
Trato mucho de hacerle entender a mis estudiantes,
tanto en pregrado como en estudios postgraduales,
la importancia que tiene la Constitución Política de
Colombia; incluso jocosamente insisto en recordarles que el día 4 de julio no debe ser tenido en cuenta,
simple y llanamente como aquel en el cual se celebra la independencia de la única potencial mundial.
Porque precisamente la importancia que representa
esa fecha para el pueblo colombiano, pasa por el reconocimiento a la promulgación de nuestro último
“contrato social”, el cual hace pocos meses cumplió
quince años.15
Pues bien, la Constitución Política colombiana,
prevé en sus dos partes, (dogmática y orgánica) partiendo de la concepción clásica del derecho constitucional, toda una serie de valores, principios y
preceptos que permiten entender porque en nuestro
Estado, los DDHH irradian cualquier actuación
institucional y personal, ora individual o grupal; incluso llegando a comprometer a los particulares en
alto grado, de acuerdo con el inciso final del artículo 86, que prevé por ejemplo la acción de tutela en
contra de los particulares, como comprensión de las
nuevas formas de responsabilidad por la violación
de los DDHH; principalmente esbozadas desde
Alemania16 y España.17
1.1.1. El preámbulo (valores constitucionales.
intereses estatales)
En ese sentido, la Constitución desde su mismo
preámbulo y teniendo presente la soberanía popular
como máxima expresión del poder constituyente,
decidió enrutar a Colombia por el camino del estado social de derecho. De hecho, nuestro contrato
social se entroniza bajo la importancia de fortalecer
la unidad de la nación colombiana y garantizarle a
Me haría eterno en citar la jurisprudencia de nuestro tribunal constitucional relacionada con el poder
coercitivo u obligante del preámbulo de la carta
magna18, pero baste citar uno de los precedentes que
se constituyen en hito dentro de nuestro derecho
constitucional, cuando indica: “lejos de ser ajeno a
POSADA CARBÓ, Eduardo. ¿Guerra civil? El lenguaje
del conflicto en Colombia, Bogotá, Colombia. Alfaomega
- Ideas para la Paz. 2001.
AAVV. Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del
conflicto en Colombia. IEPRI. Grupo editorial Norma. Primera Edición. Bogotá, Colombia, enero del 2006.
Y ya cuenta con 22 reformas constitucionales.
PÉREZ LUÑO, Antonio E. Derechos Humanos, Estado de
derecho y constitución. Editorial Tecnos. Séptima edición.
Año 2001. Derechos humanos y constitucionalismo en la
actualidad: ¿continuidad o cambio de paradigma? Derechos
humanos y constitucionalismo ante el tercer milenio. Madrid España. Editorial Marcial Pons, 1996.
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. La horizontalidad en el sistema interamericano de DDHH. Un reto inaplazable. www.
sermashumano.com
Nombre que también se le da a la Constitución Política de
un Estado, que proviene de la única constitución escrita de
Inglaterra, promulgada en el año 1215 bajo el reinado de
Juan sin tierra. También conocida como la carta magna de
la Constitución el preámbulo hace parte integrante
de ella. Las normas pertenecientes a las demás jerarquías del sistema jurídico están sujetas todas a la
Constitución y, si no pueden contravenir los mandatos contenidos en su articulado menos aun les está
permitida la trasgresión de las bases sobre las cuales
se soportan y a cuyas finalidades apuntan.19
Por lo anterior, cualquier actividad que realice el
estado colombiano, en contra de las acciones terroristas ejercidas por los grupos al margen de la
ley y de acuerdo con la legislación colombiana,
deberá en primer lugar reconocer, interiorizar y
sobre todo respetar los valores establecidos en el
preámbulo constitucional. Precisamente este marco
de referencia vendrá a establecer lo que de tiempo
atrás he defendido en mis intervenciones como profesor de los Cursos de Altos Estudios Militares, (en
adelante CAEM), Integral de Defensa y Seguridad
Nacional (en adelante CIDENAL), de estado mayor (en adelante CEM) y especialización en seguridad para oficiales mayores del Centro de Estudios
de la Policía Nacional, (en adelante CESPO). En
el preámbulo de la Constitución, en su contenido,
uno encuentra los intereses estatales de Colombia,
sin los cuales precisamente, no existiría la nación.
Estos intereses, se constituyen en la piedra angular
sobre la cual se construye cualquier política de seguridad y en elemento esencial de una apreciación
político estratégica nacional; no obstante hoy en día
su enfoque este totalmente descontextualizado. En
éste sentido se hace preciso ampliar el contenido
del término “interés”, a través del estudio de la tesis doctoral de José Manuel Álvarez Zarate;20 quien
fuera referenciado hace dos años ante la Escuela Superior de Guerra, y quien inexplicablemente nunca
fue escuchado.
Podemos resumir diciendo que toda la orientación
de respeto hacía los DDHH y el DIH, surge precisa-
CORTE CONSTITUCIONAL. Sentencia C – 479 del 6 de
agosto del año 1992. M.P. José Gregorio Hernández Galindo y Alejandro Martínez Caballero. Este último actual concejal de la capital de la República.
ÁLVAREZ ZARATE, José Manuel. El interés nacional en
Colombia. Universidad Externado de Colombia. Primera
Edición. Octubre del 2003.
mente del reconocimiento del preámbulo constitucional y su vida activa dentro del trasegar normativo. En otras palabras, el preámbulo de nuestra carta
magna debe ser seguido y se constituye en fuente de
interpretación y aplicación. Sí no se siguen sus designios establecidos a través de la ratio decidendi y la
obiter dictum, de varios precedentes constitucionales,
se pierde el poder legitimador de su contenido.
1.1.2 Los principios constitucionales (Los intereses
Los principios constitucionales se convierten igualmente en una “brújula” de incuestionable utilidad
cuando se trata de enrutar la actuación de un Estado, verbigracia, en la entronización de una política
de seguridad y defensa, en un esfuerzo antiterrorista o contraterrorista. De los principios establecidos
entre los artículos primero a noveno de la carta
magna, se pueden deducir algunos de los intereses
estatales (Arts. 1 a 3) y los principales intereses de la
nación; (Arts. 1 a 9) que además se caracterizan por
ser mutables, cambiantes, progresivos, etc.
Fijemos por un momento la atención de algunas
palabras expresadas por el doctor Álvarez Zarate
cuando sostiene que “una teoría del interés nacional
del Estado que explique y prescriba su comportamiento internacional sólo puede desarrollarse respetando los derechos fundamentales de los demás
Estados que hacen parte del sistema internacional
Fuente. www.surimages.com
y asumiendo responsabilidades de respeto y promoción de los derechos y el bienestar de sus ciudadanos”.22 Lo anterior sin duda alguna debe servir para
entender porque cualquier cruzada contra el crimen
organizado, el terrorismo internacional, y actividades delincuenciales transfronteras, debe garantizar
el respeto a los derechos fundamentales (en adelante DDFF), ampliamente reconocidos pues su desconocimiento acarreará indefectiblemente responsabilidad estatal (interna y externa) y responsabilidad
individual (también nacional o internacional).23
Entonces, los principios constitucionales, aclararán
básicamente los siguientes aspectos, esenciales en la
comprensión de cualquier política gubernamental y
estatal, principalmente sí se pretende encontrar una
verdadera legitimidad.
a) Colombia es un Estado social de derecho, no
es más un simple Estado de derecho24. Por tanto, lo primordial es el ser humano, no el Estado
ni sus instituciones. En cualquier ponderación
que se quiera hacer entre interés general e interés particular, siempre se deberá tener como
prioritario que el fundamento mediato de los
DDHH es la dignidad humana.
b) Colombia es una República unitaria. Lo anterior garantiza en primer lugar una visión político administrativa diferente a la de los Estados
federales y federados. Para lo que nos interesa,
cualquier política de seguridad, defensa o de lucha contra el terrorismo, es nacional, y por más
que exista descentralización territorial, los lineamientos de actuación de las autoridades públicas en temas tan delicados están reservados al
orden central.
Ibíd., pág. 159.
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. Aproximación a la responsabilidad de los militares y policías en Colombia. Revista de las
Fuerzas Armadas. Escuela Superior de Guerra. Año 2004.
CORTE CONSTITUCIONAL. Sentencia C - 479, 6 de
agosto de 1992. M.P. José Gregorio Hernández Galindo
y Alejandro Martínez Caballero. Consejo de Estado. Sala
Plena de lo contencioso administrativo. Sentencia del 13 de
diciembre de 1995. Expediente S – 470 M.P. Diego Younes
Moreno. Corte Constitucional. Sentencia C – 251 del 2002.
M.P. Eduardo Montealegre. Clara Inés Vargas. Declaratoria
de inexequibilidad de la Ley 684.
c) La importancia de la descentralización. En
Colombia existe descentralización como ya se
mencionó. Esto plantea la transferencia de funciones de una persona jurídica denominada Estado, a otras creadas u autorizadas por la ley,
para que estas últimas, con un grande grado de
autonomía, las cumplan, siempre respondiendo
por sus actuaciones a la administración pública
central. En consideración a lo anterior, existirá descentralización territorial, por servicios y
colaboración; pero igualmente al ser Colombia
una república unitaria, existirá desconcentración de funciones y delegación. La importancia
aquí reside en reconocer que ninguna autoridad
descentralizada, ningún organismo desconcentrado, ni mucho menos ningún funcionario
delegatario podrá desconocer los lineamientos
constitucionales y legales sobre guarda y respeto
a los DDFF.
d) Colombia es un Estado democrático. La verdad, podría escribir muchas líneas, en varios
libros para tratar medianamente de esbozar que
significa una verdadera democracia.25 Baste con
decir, sustentado en el famoso discurso de
Gettysburg, el cual siempre cito por ser claro,
sencillo y d irecto, que la democracia es simplemente el poder del pueblo, por el pueblo y para
el pueblo. Y sí históricamente los derechos humanos en algún momento fueron considerados
como un triunfo del pueblo contra el poder del
Estado, hay que reconocer que en nuestro país a
través de la democracia directa, los mecanismos
de participación ciudadana, las acciones públicas constitucionales y los controles ciudadanos
y comunitarios han permitido, que incluso en
presencia de un conflicto armado degradado, todavía existamos como nación, como diría Bushnell a pesar de nosotros mismos. Hoy en día los
DDHH, no simplemente miran al Estado como
sujeto pasivo de su cumplimiento, también lo
hacen con otros sujetos, incluso, con las perso-
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. En busca de la Coherencia.
Debate académico con el alto comisionado para la Paz. Tercer coloquio neogranadino. Revista Derechos y valores de
la Facultad de Derecho de la UMNG. Volumen 8. Nº 16.
nas naturales, capaces de violar flagrantemente
la dignidad humana. Ni que hablar de algunas
ONG’s, que utilizan el discurso de los DDHH,
para volverlos como en el caso colombiano, una
verdadera arma de guerra y un negocio con altos réditos.26
e) Dignidad humana. Centro gravitacional. Vivimos además en un Estado fundado en el respeto
a la dignidad humana. La fundamentación ético
– jurídica nos enseña como antes se había mencionado, que la dignidad humana es la columna vertebral de los DDHH; precisamente allí se
encuentra su fundamentación mediata, ulterior
y final. Esto lo prevé nuestra Constitución Política, que además enseña que sólo se podrá avizorar dignidad humana si respetamos el pluralismo, la solidaridad, la paz, la vida, la libertad, el
disenso, la seguridad; claro está, no cualquier
seguridad, sino la más importante dentro de un
Estado social de derecho. la seguridad humana.
f) El ser humano, fin en sí mismo. El artículo
segundo de la Constitución colombiana establece que el Estado tiene como fin esencial el
de servir a la comunidad, nunca al revés como
muchos todavía piensan, argumentando que las
políticas de seguridad y defensa garantizan la
supervivencia del Estado. Desde Kant, en sus
obras “fundamentación de la metafísica de las
costumbres” y “principios metafísicos del Derecho”27, resulta claro que el hombre es un fin en
sí mismo; por lo tanto se encuentra por encima
de cualquier consideración que pretenda hacerlo ver como inferior a la estructuración estatal;
no obstante constituir su principal elemento. Es
menester recordar que desde el mismo Kelsen
en su magistral obra Teoría Pura del Derecho,28
retomando a otros autores clásicos, se ha tenido
en cuenta que el Estado se constituye o estruc26
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. Diagnóstico, situación y
perspectivas de la defensa jurídica del Estado. En prensa.
Editorial Dike.
KANT, I.: Die Metaphysik der Sitten en Werkausgabe,
Band VII, Sección II, Suhkamp Verlag, Frankfurt, 1979, pp.
33-34. Principios metafísicos de la doctrina del derecho,
Universidad Nacional Autónoma de Méjico, Méjico, 1978,
KELSEN, Hans. Teoría Pura del Derecho. Séptima edición.
Editorial Porrua S.A., México 1993.
tura bajo la presencia de tres elementos. El pueblo, el territorio y el orden jurídico, poder jurídico. De esa forma el Estado no sólo sirve a la
comunidad, sino que en términos de la misma
Carta, debe garantizar sus derechos y libertades.
No obstante que ningún derecho en sí mismo
considerado pueda ser tenido como absoluto.
g) Las autoridades y su sagrado deber. En virtud
de lo anterior, todas y cada una de las autoridades de la República, se encuentran instituidas
para proteger a cada uno de los colombianos y
residentes en el territorio patrio, en su vida, bienes, honra, creencias, y demás derechos y libertades; sólo excepcionalmente tales derechos y
libertades podrán ser limitados temporalmente
en el espacio; consagrándose así la abstención
como regla general de actuación del Estado
frente a sus asociados.
h) La soberanía está en el pueblo, no en la nación. Hemos llegado al contrato social actual
reconociendo a partir de 1991, que la soberanía,
como capacidad de autoderminación, reside exclusivamente en el pueblo; es concreta, abandona los terrenos de la nación, término abstracto
y lejano a la dignidad humana, para acercarse a
los terrenos de la democracia participativa, en
dónde todos somos importantes, todos podemos
actuar, decidir, disentir o simplemente callar. Incluso los militares y policías. Lastimosamente la
Corte Constitucional, abiertamente pionera en
muchos ámbitos sigue manteniendo una visión
ortodoxa y pasada de moda sobre la deliberancia de los miembros de las fuerzas armadas, y
su posibilidad de ejercer por ejemplo el derecho
al sufragio, como mínima posibilidad de contar
con una democracia, que en verdad pueda ser
denominada como “ profunda”.29
i) La carta magna como norma de normas. Así
como a muchos se les olvida que el ser humano
es la médula espinal de la existencia de un Estado social de derecho, otros tantos obvian la importancia de la Constitución Política. Pues bien,
en nuestro país, cualquier contradicción que lle-
Artículo 25 de la declaración de los derechos del Hombre de
1793. La soberanía reside en el pueblo; es una e indivisible,
imprescriptible e inalienable.
gue a existir entre una norma y la Carta Magna,
se deberá preferir lo entronizado en ésta última.
Así, en Colombia existirá un control de constitucionalidad rogado o de parte, establecido en el
artículo 241 y siguientes de la Constitución, en
dónde se coloca a la Corte Constitucional como
guardiana de esta misma; en el mismo sentido
existirá una competencia residual prevista en el
artículo 237 en donde se enseña que el Consejo
de Estado podrá revisar la constitucionalidad de
ciertos decretos expedidos por el gobierno. Pero
por otro lado, existirá la excepción de inaplicabilidad del artículo 4º en aquellos casos en donde
sin haberse decretado la inexequibilidad de una
norma, el operador judicial y el administrativo,
pueden inter partes, inaplicar una norma al considerar que esta viola el estatuto superior; incluso, en vía de utilización del artículo 93; verbigracia por considerar viable la aplicación en concreto de una norma que garantice el principio pro
homine (norma o principio más favorable al ser
j) Los derechos inalienables y su primacía. La
Constitución es paladina en enseñar que los
derechos connaturales al ser humano; esos mismos que son intransferibles, subjetivos, irrenunciables, priman sin ninguna otra consideración
en el ordenamiento interno. Por ello, cualquier
norma no importando su categoría deberá estar siempre acorde con la parte dogmática de la
obra regia y con los valores y principios que de
k) Colombia es una nación multiétnica y multicultural. Uno de los pasos más grandes en la
verdadera implantación de un Estado social de
Derecho, es que Colombia se reconoce como
una nación en donde es prioritaria la protección
de la diversidad étnica y cultural. Por lo anterior, no sólo es una obligación del Estado, sino
de todos los residentes en el suelo patrio, proteger toda nuestra herencia y legado cultural,
preservar las lenguas y dialectos de los grupos
étnicos y garantizar sus derechos y libertades en
caso de que sean considerados como población
vulnerable.30
CORTE CONSTITUCIONAL. Sentencia T – 406, 5 de junio de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón. Corte Constitucio-
En síntesis, podemos decir que ninguna política
gubernamental o estatal puede de manera alguna
pretermitir los valores y principios constitucionales; es más, en Colombia no debe existir ninguna
norma que violente abiertamente la visión del constituyente de 1991; verbigracia, sólo hasta ahora se
ha logrado un consenso en el cuerpo legislativo
para producir una norma que reemplace por fin al
decreto 2737 de 1989, conocido por todos como el
código del menor. Pues bien, la lucha antiterrorista
de cualquier gobierno debe tener presente, el marco
normativo e interpretativo que se desprende de la
parte dogmática de la Constitución.
1.1.3 Los derechos, libertades y garantías constitucionales
El título II de la Constitución de 1991, vino a darle
por fin, fiel seguimiento a lo previsto en el artículo
16 de la Declaración de Derechos del Hombre y del
Ciudadano del 26 de agosto de 1789, cuando establecía que una sociedad que se precié de tener una
verdadera Constitución debería garantizar como
mínimo la existencia de una carta de derechos y
la tridivisión del poder público. Este fue uno de los
principales avances de la nueva constitución, que a
través de cinco capítulos vino a cambiar la historia
constitucional de Colombia; y aunque todavía estanal. Sentencia C – 575 del 29 de octubre de 1992. M.P. Alejandro Martínez Caballero. Corte Constitucional. Sentencia
T – 505, del 28 de agosto de 1992. M.P. Eduardo Cifuentes
Muñoz. Corte constitucional. Sentencia C – 587 del 12 de
noviembre de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón. Corte Constitucional. Sentencia C -434 del 25 de junio del año 1992.
M.P. Fabio Morón Díaz. Corte Constitucional. Sentencia
C – 606 del 14 de diciembre de 1992 M.P. Ciro Angarita
Barón. Corte Constitucional. Sentencia C – 337 del 19 de
agosto de 1993. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa. Corte Constitucional. Sentencia C – 651 del 3 de diciembre de 1997.
M.P. Carlos Gaviria Díaz. Corte Constitucional. Sentencia
T – 428 del 24 de junio de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
Corte Constitucional. Sentencia T – 523 del 15 de octubre
de 1997. M.P. Carlos Gaviria Díaz. Corte Constitucional.
Sentencia C – 276 del 22 de julio de 1993. M.P. Vladimiro
Naranjo Mesa. La mayoría de las anteriores sentencias constituyen lo que la doctrina constitucional ha venido llamando
como providencias Hito, lo que significa que abren líneas
jurisprudenciales en materia de principios constitucionales.
Ver. López Medina Diego Eduardo. El derecho de los Jueces. Ediciones Uniandes. Facultad de Derecho. Legis. Tercera reimpresión de la primera edición. Año 2002.
mos muy lejos realmente de ser una verdadera democracia31, el cambio de estos últimos quince años
ha sido más que evidente; principalmente a través
de la acción de tutela, que ha acercado en realidad
al pueblo con la administración de justicia.
ción. Ya sabrán que mi posición respecto al tema
dista mucho de establecer una clasificación para los
DDHH, por considerar que al igual que la acción
procesal, ni siquiera académicamente aguantan una
Siguiendo el lineamiento descriptivo esbozado en la
parte inicial de éste pequeño opúsculo, quiero resaltar la importancia que tienen los cinco capítulos en
los que se divide el mencionado título segundo de
la Constitución Política. Pues allí está establecida
toda la dogmática que sobre derechos fundamentales existe actualmente en Colombia.
Entre estos derechos tenemos la vida, la libertad, la
igualdad, el trabajo, la intimidad, el debido proceso,
la prohibición de tortura, tratos crueles, inhumanos
y degradantes, el libre desarrollo de la personalidad
y otros tantos. La gran mayoría de estos derechos
resultan en Colombia tutelables, a excepción por
ejemplo del habeas corpus que en sí mismo considerado es una pretensión o la pluricitada y tan
vigente extradición, que fue llevada al capítulo de
los DDFF por las presiones de Pablo Escobar y el
extinto cartel de Medellín.
a. Los derechos civiles y políticos
En el primer capítulo del título II encontramos los
derechos civiles y políticos, denominados llanamente en la Constitución como derechos fundamentales, término en realidad inapropiado, habida cuenta
que a lo largo y ancho de la Constitución; incluso
en la parte orgánica, se encontrarán otros derechos
que no dejan de ser fundamentales por su ubicación
en el cuerpo de la Carta; verbigracia al acceso a la
justicia ubicado en el artículo 229.32 Pero igualmente dentro del capítulo primero se encontraran derechos que distan mucho de ser considerados como
fundamentales; por ejemplo la extradición, prevista
en el artículo 35.33
A los anteriores derechos humanos, tradicionalmente la doctrina, y teniendo presente el carácter
histórico, progresivo y evolutivo de los DDFF, los
ha denominado como derechos de primera genera-
O’DONELL, Guillermo. Contrapuntos. Ensayos escogidos
sobre autoritarismo y democratización. Editorial Paidos.
Buenos Aíres Argentina. Primera edición. 1997.
CORTE CONSTITUCIONAL, Sentencia T – 006, mayo 12
de 1992. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
CONSEJO SUPERIOR DE POLÍTICA CRIMINAL, República de Colombia Ministerio de Justicia y del Derecho.
La extradición como fórmula de cooperación judicial en la
época de los nacionalismos. Bogotá 1997. En el mismo Sentido, Mejía Azuero Jean Carlo. Trámite administrativo de la
extradición en Colombia. Universidad Militar Nueva Granada. Bogotá D.C., Colombia. Año 2006. Igualmente Mejía
Azuero Jean Carlo. La extradición de nacionales en Colombia. Objetivo justicia. En prensa con la editorial Dike.
Principalmente en Colombia nos movemos en relación con la problemática de los DDFF expuestos
como de primera generación. Este es un síntoma
más de la existencia de un conflicto armado intraestatal. De la misma manera, la mayoría de normas
que pretenden crear un marco de seguridad y defensa, terminan por tratar de suspender o limitar
inadecuadamente a estos derechos; especialmente
en relación con las libertades y entre ellas la de circulación.
Pero de la misma manera es fundamental comprender que los DDHH en Colombia distan mucho de
ser verdaderamente universales, qué dicho sea de
paso es su más importante característica. Fijémonos como muchos de los más recientes hechos, en
relación con miembros de la fuerza pública, no lo
demuestran de forma paladina. En otras palabras,
para todos existen los DDHH, menos para los militares y policías, que se ven violentados frente al
debido proceso, la presunción de inocencia y otra
serie de garantías. Aquí incluso los principales fustigadores son los medios de comunicación. La legitimidad se puede poner en entredicho con sentencias
ejecutoriadas y respaldadas por los órganos creados
en el derecho internacional de los derechos humanos (en adelante DIDH), pero jamás con sentencias
en dónde se debe garantizar incluso, el principio,
garantía procesal de la doble instancia.
Finalmente vale la pena decir, que la entronización
de estos derechos, entre los artículos 11 al 41, para
nada implica, como ya se anunció y tal y como lo
prevé el artículo 94 de la carta magna, como taxativos. Lo anterior pretende enseñar que los DDFF,
pueden cambiar con el tiempo, incluso crearse tal y
como sucedió con el mínimo vital y móvil en Colombia de creación jurisprudencial.
b) Los DESC (derechos económicos, sociales
y culturales)
El segundo capítulo del título II de la Constitución
de 1991, establece la existencia de los derechos denominados como de segunda generación o derechos
económicos, sociales y culturales. De hecho los encontramos entre los artículos 42 y 77. Recordando
la importancia que la familia tiene como núcleo
esencial de la sociedad. Pasando por los derechos
de género que plantean la igualdad formal y práctica entre hombres y mujeres y llegando claro que sí, a
los derechos fundamentales de los niños; tutelables
por supuesto y que vienen a demostrar una vez más
que la ubicación de los derechos del primer capítulo
en nada sustituye la importancia de encontrarnos
al frente de derechos fundamentales, en diferentes
Ni que decir de la importancia de la seguridad social como derecho humano, ni la protección directa
de la salud cuando se encuentra vinculada o en conexidad con el derecho a la vida. Estos derechos, se
encuentran todavía en pleno despliegue y no han
sido desarrollados a plenitud en América Latina,
tal y como sucede en el viejo continente. Incluso,
la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, (en adelante Cte IDH), se torna
en verdaderamente exigua frente a tales temas. No
obstante, algunos comentarios se han realizado por
parte de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (en adelante la CIDH), cuando en sus visitas in loco,34 ha mostrado algunos indicadores que
Término utilizado por el derecho internacional Público,
principalmente por el DIDH, para aludir a las visitas realizadas a un Estado por parte de organismos de protección de
los DDHH, como la CIDH o la comisión de DDHH de la
arrojan preocupaciones principalmente relacionadas con la seguridad social y las alarmantes cifras
c) Los derechos colectivos y del ambiente
La Constitución Política de Colombia, también ha
previsto los DDHH de tercera generación o de posguerra, conocidos como derechos colectivos, de solidaridad o del medio ambiente. Verdaderos DDFF,
se tornan hoy en día como primordiales. Quiero
citar aquí algunas letras presentadas en el tercer
Congreso latinoamericano de derecho, realizado en
la Universidad de Antioquia en el año 1999. Estas
palabras podrán ser más explicativas que el simple
recuento normativo que se viene realizando hasta
el momento. Baste finalmente indicar, que sí los derechos de segunda generación se encuentran hasta
ahora en “pañales”, la falta de conciencia frente a
los derechos colectivos, sí demuestra lo alejados que
nos encontramos de reconocer la potencialidad de
los intereses estatales y nacionales en Colombia, y
las implicaciones geopolíticas y geoestratégicas que
nuestro territorio representa, en un siglo en donde
las guerras serán por el agua, y otros recursos naturales.
“... Sin embargo, es importante dejar plasmada una
vez más nuestra posición: el derecho al medio ambiente, es el derecho humano por esencia. Es un derecho inescindible del hombre, no se pueden concebir separados. Por lo tanto, no merece clasificación
alguna y sí en aras de discusión queremos darle alguna graduación digamos que es un derecho fundamental, que merece igual protección que el derecho
a la vida, a la salud, al trabajo, o al desarrollo libre
de la personalidad, o a cualquiera otro de esos denominados derechos de “primera y segunda generación”. ¿Qué hemos hecho dándole una clasificación
a los derechos humanos? ¿ Dónde esta nuestra identidad como seres humanos latinos, siempre absortos frente a los tratadistas de otras latitudes, despreciando y subestimando a nuestros juristas, creando
a veces auto imposiciones doctrinarias? Quede pues
otra inquietud. ¡Reflexionemos!
“De acuerdo con lo anterior, es necesario darle un
nuevo y unificado enfoque al tratamiento del dere-
cho ambiental en nuestra tierra latina. La soberanía
estatal en campos como el que estamos tratando no
tienen hoy día verdadera y trascendental importancia. El suelo que pisamos, el aire que nos da vida, los
ríos, mares y lagunas que nos rodean, son patrimonio universal y común; de allí que muchas normas,
indistintamente del país que visitemos, ya del derecho privado o bien del derecho público, redundan
y confunden porque ¡Normas sobran… aplicación
falta! Por lo que no es tan válido aquello de: el que
daña paga o el qué contamina resarce. Exigimos
verdadera coercibilidad sin ceder a las presiones.
“Reconocemos la importancia de la creación de
una Corte internacional del medio ambiente, consecuencia de un derecho internacional ambiental;
pero ¿era necesaria su formación existiendo Cortes
y asambleas defensoras de los derechos humanos?
Esto indefectiblemente nos lleva a pensar una vez
más que la comunidad académica internacional,
quiere desligar a los derechos primarios del hombre
del derecho ambiental. Eso, crea una dicotomía que
dificulta en principio el proceso educativo en todos
los niveles, trae incertidumbre y genera desconfianza: el hombre del campo, el indígena, el que vive de
la tierra por la tierra y valora su entorno no es tonto,
él sabe que la realidad corre por un lado, mientras
que la normatividad cabalga por otro. ¿Es el medio
ambiente un derecho humano por esencia o está
afuera de dicha clasificación?”35
Me asombra cuando releo estas palabras, que poco
o nada ha cambiado la situación y eso que tal y
como lo veremos a continuación, existen unas acciones públicas constitucionales, que algunos casos
para muy poco han servido.
1.1.4 Las acciones públicas constitucionales
Las mal llamadas acciones constitucionales36, previstas en el capítulo IV del título segundo de la Cons-
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. S.O.S. La tierra llama. Ponencia ganadora tercer Congreso Latinoamericano de Derecho.
Universidad de Antioquia. 1999. Publicado en www.udea.
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. La acción procesal. Un concepto que necesita evolucionar. En prensa, editorial DIKE.
titución Política, viene a darle verdadero sentido y
alcance a los DDFF, ya que estos en realidad no
existirían sí se careciera de dientes que pudieran hacerlos efectivos en cualquier lugar y momento. Pues
bien, creo que no existe duda, y así quedo plasmado
en un reciente artículo en dónde analizo la importancia de los quince años de la Constitución, que el
triunfo más grande de la democracias participativa
lo constituye la acción de tutela (conocida en otros
lugares como la acción de amparo, la pretensión de
amparo, etc...); gracias a esta figura procesal, hoy en
día se ha podido avizorar en algo lo que es un verdadero Estado Social de Derecho; incluso sus críticos
más fuertes y aquellos iconoclastas que todavía sueñan y deliran con la Constitución de Núñez y Caro,
se han visto beneficiados a través de su utilización.
Eso sucede en Colombia, amado país en donde se
escribe lo que pasa diariamente, y en Europa crean
el género literario denominado “realismo Mágico”
y peor, por eso entregan un nobel en literatura. Increíble.
Como no es el propósito baste decir que las acciones públicas constitucionales, se encuentran previstas entre los artículos 86 y 88 de la Constitución.
a) Acción de tutela. Desarrollada por el artículo
2591 de 1991, Decreto 306 de 1992 y Decreto
1382 del año 2000. Se orienta a defender y proteger los DDFF.
b) Acción de cumplimiento. Desarrollada en el artículo 87 de la C.P.; legalmente fue regulada en
forma inexplicable hasta el año 1997 a través de
la Ley 393. Busca hacer efectivo el cumplimiento de una ley o un acto administrativo.
c) Acciones populares. Previstas en el primer inciso del artículo 88 de la C.P. buscan la protección
de los derechos e intereses colectivos, relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad,,
la salubridad públicos, la moral administrativa,
el ambiente, la libre competencia económica.
Esta regulada también de forma inexplicable,
por la tardanza, a través de la Ley 472 de 1998.
d) Acciones de grupo. Reguladas constitucionalmente en el mismo artículo supra citado; son las
mal llamadas acciones resarcitorias, indemnizatorias, y persiguen la reparación de un número
plural de personas, por las causales previstas en
la misma Ley 472.
1.1.5 Los deberes y las obligaciones ciudadanas
Finalmente encontramos en el capítulo V del título
segundo, el tema de los deberes ciudadanos. Una
de las características principales del fundamento
de los DDHH (la dignidad humana), es el de la
bidereccionalidad, según el cual, los derechos, las
libertades y las garantías constitucionales y legales,
tienen una implicación retributiva; los deberes y las
obligaciones. En ese sentido, todas las personas, por
mandato constitucional, (previsto igualmente en el
artículo sexto), se encuentran obligadas a cumplir lo
establecido en la Constitución y en la Ley. Es más,
los DDHH sí encuentran validamente límites, precisamente en el respeto a los DDHH de los demás;
igualmente encontraran límites cuando se abuse de
esos mismos derechos y claro cuando en precisas
circunstancias previstas por el legislador, avaladas
por la Corte Constitucional y respaldadas en normas trascendentales del Ius Cogens (derecho común, derecho de gentes), resulte plausible aplicar
el principio del bien general sobre el bien particular. De hecho, así lo ha expresado la misma Corte
Constitucional (en adelante C.C.) cuando indicó en
sentencia C – 251 del 2002: “11- De manera reiterada esta Corporación ha señalado que el principio
de prevalencia del interés general no implica que
deban preferirse los intereses de la mayoría y el
bienestar colectivo siempre que entran en conflicto
con un derecho constitucional de una persona, con
el cuestionable argumento de que el derecho individual es particular, por cuanto esa interpretación
implica la anulación del mandato del artículo 5º de
la Carta, según el cual los derechos inalienables de
la persona son prevalentes En efecto, si el respeto
de un derecho inalienable de la persona depende de
que éste sea compatible con el bienestar colectivo
de las mayorías, entonces en cualquier momento las
autoridades podrían invocar ese bienestar colectivo
para limitar, restringir o incluso anular ese derecho
constitucional, con lo cual la carta de derechos quedaría privada de cualquier eficacia jurídica.”37
Ejusdem. Pág. 47. Ver, entre otras, las sentencias C-606 de
1992, C-221 de 1994, C-350 de 1994, T-669 de 1996 y C-309
En consecuencia, cualquier tratamiento que se le
pretenda dar a la lucha contra el terrorismo en un
Estado como el colombiano tiene que respetar estas
premisas, entendiendo la ratio decidendi de la sentencia C – 251 del 2002 que declaró la inexequibilidad
de la Ley 684 del 2001 relacionada con seguridad
y defensa nacional y la sentencia C – 816 del 2004,
que declaró igualmente la inconstitucionalidad del
acto legislativo 2 del 2003 (que establecía algunas
normas para combatir al terrorismo a nivel constitucional).
En conclusión. Amen de la existencia de los deberes constitucionales, es necesario entender que en
ciertas circunstancias, los derechos fundamentales
podrán ser limitados o restringidos temporalmente, cuando se evidencié notoriamente que prima el
bien general sobre el particular, respetando eso sí
los principios de proporcionalidad y claro, en todo
momento, el núcleo esencial del derecho afectado.
1.1.6 El bloque de constitucionalidad del artículo
93 de la Constitución Política
Dentro del capítulo cuarto, título segundo de la
Constitución Política de 1991 encontramos, lo que
la doctrina y jurisprudencia constitucional ha denominado en Colombia como “bloque de Constitucionalidad”38; no pretendo entrar a explicar ni a defender o atacar la existencia de ésta norma, que incluso
nos ha llevado a que hoy en día seamos Estado parte del Estatuto de Roma que creo la Corte Penal In-
La teoría del Bloque de Constitucionalidad tiene su origen en
Francia en los años setenta bajo el nombre de principios y reglas de valor constitucional entendiendo por tales al conjunto de normas situadas en el nivel constitucional cuyo respeto
se impone a la ley. En derecho francés se empleaba la noción
de bloque de legalidad, utilizada por los tratadistas para referirse a todas las reglas que se imponen a la administración
en virtud del principio de legalidad. En la doctrina francesa
el bloque de constitucionalidad se utiliza para designar el
conjunto de normas que el Consejo Constitucional aplica en
el control previo de constitucionalidad de las leyes y de los
reglamentos parlamentarios. Se afirma en el derecho francés
que el bloque de constitucionalidad stricto sensu se compone
exclusivamente de textos de nivel constitucional, a saber, la
propia Constitución, la declaración de los derechos del hombre, el preámbulo y las leyes de la República, en la medida en
que sean portadoras de principios fundamentales.
ternacional (en adelante la CPI), habida cuenta del
acto legislativo 2 del año 2001, regulado por la Ley
742 del 2001, que fue declarada exequible mediante
el control automático39 de la C.C., mediante sentencia C- 578 del 2002.40 Lo que si quiero dejar en claro
y de forma sencilla - aunque en verdad no es así - es
que todos los tratados y convenios internacionales
ratificados por el Congreso de la República,41 que
reconocen DDHH y que prohíben sus limitaciones
en los estados de excepción,42 prevalecen en el orden
interno. Es decir, tienen de acuerdo con lo que se
conoce en la doctrina como posición teoría monista, rango constitucional. Igualmente y esto es bien
importante, los deberes establecidos en la Constitución deberán siempre interpretarse de conformidad
con los tratados internacionales de DDHH ratificados por Colombia.43 Verbigracia, de acuerdo con el
artículo 27 de la declaración americana de DDHH,
que establece la suspensión de garantías en ciertas
circunstancias excepcionales.44
La aludida norma prevé con meridiana claridad, y
así ha sido analizado por jurisprudencia de la CteIDH, que será viable la suspensión de garantías en
a. En caso de guerra. Lo cual debe entenderse dentro de los presupuestos establecidos en los convenios del 12 de agosto de 1949; pero igualmente
frente a lo estipulado en caso de guerra civil.
b. En caso de peligro público.
c. Emergencia que amenace la independencia y
seguridad del Estado parte.
Art. 241 numeral 10 de la C.P.
CORTE CONSTITUCIONAL, Sentencia C – 578 del 2002.
M.P. Manuel José Cepeda Espinoza.
Art. 150 numeral 16 de la C.P.
Artículo 214, numeral 2º de la C.P.
Para mayor ampliación se puede consultar la excelente obra
sobre Constitución y DIH. ARTEAGA, Alejandro. La constitución colombiana y el derecho internacional humanitario.
Editorial Universidad Externado de Colombia. Primera edición. Abril 2001.
2. OTRA NORMATIVIDAD INTERNA
Solamente a manera de enunciación, citaré con brevedad en este escrito algunas de las más importantes
normas que en materia de DDHH, están vigentes y se
aplican en Colombia; la importancia de su reconocimiento se sustenta en que ninguna de ellas puede desviarse de la doctrina y la jurisprudencia de la Corte
Constitucional colombiana, y por vía del bloque previsto en el artículo 93 (restringido) y de lo expuesto en
el artículo 94 (ampliado), de la jurisprudencia, señalamientos doctrinales y lineamientos interpretativos de
la Cte IDH, la CIDH, e incluso de la Corte Europea
de Derechos humanos (en adelante CEDH).
2.1 Ley 599 del año 2000. En Colombia la Ley 599
del año 200045, entronizó el nuevo código penal,
que vino a reemplazar al previsto mediante el
decreto ley 100 del año 1980. En su artículo primero señala que el derecho penal tendrá como
fundamento el respeto a la dignidad humana,
queriendo enseñar el galantismo que inspira a
esta nueva visualización punitiva, contrario sensu al peligrosismo de las primeras décadas del
siglo XX, siguiendo principalmente la escuela
positiva Italiana de Ferri. En la parte especial
del código, se establece una doble tipificación
en relación al terrorismo, que brevemente expondremos en la segunda parte del escrito.
2.2 Ley 600 del año 2000. Esta norma estableció el
Código de Procedimiento Penal colombiano, que
aún, en los momentos en que se escribe este acercamiento a los DDHH desde la óptica de la cruzada contraterrorista46 o antiterrorista,47se encuentra
vigente en Colombia, no obstante la entrada en
24 de julio del año 2000. D.O. (diario oficial) número 44097.
El contraterrorismo se sustenta en aquellas estrategias, tácticas y técnicas utilizadas por parte de los Estados que se encuentran bajo una agresión terrorista. Se fundamenta básicamente en la preeminencia de la inteligencia estratégica y en la
legitimidad de las actuaciones preventivas, de interdicción, así
como también en la garantización de libertades y derechos de
los sindicados o encausados. En este escenario, como lo es el
colombiano, el terrorismo es un enemigo, no una amenaza.
El antiterrorismo hace alusión a todas aquellas estrategias,
tácticas y técnicas utilizadas por parte de Estados que se en-
aplicación de la Ley 906 del año 2004, que creo
el sistema de tendencia acusatoria en nuestro país.
Igualmente, la Ley 600 en el artículo primero precisa: “Todos los intervinientes en el proceso penal
serán tratados con el respeto debido a la dignidad
inherente al ser humano.”48 Esta ley en sus primeros 24 artículos establece muchas de las garantías
procesales, que desde tiempos inmemoriales se
han considerado como DDHH; verbigracia, el debido proceso, la presunción de inocencia, el non bis
in ídem, la doble instancia, etc.
2.3 Ley 906 del 2004. El nuevo código de procedimiento penal, que entró en vigencia en Colombia
el primero de enero del año 2005, creando el sistema de perfil acusatorio en Colombia, también
prevé en su artículo 1º, con una redacción más
refinada, el respeto a la dignidad humana de todos los intervinientes en el proceso penal.49 Con
lo cual normativamente y siguiendo las prescripciones de la C.P. la jurisprudencia de la C.C., la
misma de la Corte Suprema de Justicia (en adelante CSJ), y las cortes y organismos internacionales, garantiza la posición de un Estado como
el colombiano en relación a los indiciados, sindicados, imputados o encausados por conductas
que pudieran constituir el punible de terrorismo. Pero, en algo que es realmente novedoso,
el nuevo código incluye un artículo que resulta
fundamental para el correcto entendimiento del
alcance que las normas internacionales, y precisamente en el sentido que plasmado en el bloque
de constitucionalidad se le quiere dar al contenido de los tratados internacionales relacionados
con DDHH y DIH. Se trata del artículo 3º.50
cuentran en una posición de amenaza por acciones consideradas como terroristas. Toda actividad en este escenario
trata de evitar que la amenaza se convierta en un activo enemigo que coloque en “jaque” a una comunidad a través de
la zozobra y el pánico.
Artículo 1º Ley 600 del 2000. 24 de julio del año 2000. D.O.
(diario oficial) número 44097.
“Dignidad humana. Los intervinientes en el proceso penal serán tratados con el respeto debido a la dignidad humana”.
Artículo 3º. Prelación de los tratados internacionales. En la actuación prevalecerá lo establecido en los tratados y convenios
internacionales ratificados por Colombia que traten sobre derechos humanos y que prohíban su limitación durante los estados de excepción, por formar bloque de constitucionalidad.
2.4 Ley 734 del 2002. La Ley 734 del año 2002 es el
actual régimen disciplinario de los servidores públicos en Colombia; conocido equivocadamente
como el Código Disciplinario Único, recopila a
través de faltas leves, graves y gravísimas, todas
aquellas conductas que puedan atentar contra
los DDFF.
2.5 Ley 836 del 2003. Conocido como la ley disciplinaria del estamento militar; al igual que
la Ley 734 prevé la tipificación de normas que
crean faltas graves, gravísimas y leves. Un aspecto bien importante para tener en cuenta es
el relacionado con la doble aplicación para los
militares, de las codificaciones disciplinarias;
ora Ley 734 o bien Ley 836.
2.6 Ley 1015 del 2006. Esta reciente norma es el
código disciplinario de la policía nacional, que
se separa en su aplicación de lo expuesto en las
normas anteriormente comentadas; no obstante
sigue los mismos lineamientos de las codificaciones del 2002 y del 2003.
2.7 Otras normas. Colombia, como muchos países
de América Latina se caracteriza por ser un país
de normas, facilitando así, incluso la corrupción
administrativa y claro está, una poco tratada
pero totalmente peor: la corrupción empresarial. En punto de normas contra la lucha contra
el terrorismo desde la óptica de los DDHH, se
cuenta con una gran serie de preceptos jurídicos, desde el mismo nivel de ley, hasta decretos
y resoluciones ministeriales. La oficina en Colombia del alto comisionado para los DDHH
publicó en el año 2003, una compilación de
normas nacionales relacionadas con la protección de estos derechos. Allí cualquier lector que
desconozca el marco normativo interno podrá
estudiar a lo largo de 710 páginas, los elementos
esenciales de protección; llegando incluso a la
trascripción de la Ley 288 de 1996, por medio
de la cual se establecieron los instrumentos idóneos para la indemnización de perjuicios a las
víctimas de violaciones de los DDHH en virtud
de lo dispuestos por cortes y otros órganos internacionales. También, sobre todo en relación
con el marco normativo relacionado con acuer-
dos de paz; se debe tener en cuenta la Ley 418
del año 1997; la Ley 548 del año 1999 y la Ley
782 del año 2002. finalmente encontramos la
ley de justicia y paz; 975 del año 2005 y el pronunciamiento de la C.C. a través de sentencia C
– 531 del año 2006.51
2.7.1 Derechos humanos y terrorismo en Colombia
En esta segunda parte del trabajo y luego de haber
revisado de forma muy somera el marco normativo
de los DDFF y el DIH en Colombia, partiendo de
la Constitución Política y centrándonos en la importancia del bloque de constitucionalidad, quiero
adentrarme en un análisis igualmente breve relacionado con el tema del primer seminario internacional sobre DDHH y el DIH como fundamento de
legitimidad en la lucha contra el terrorismo.
Tratemos entonces de abordar cada uno de los anteriores interrogantes que me he permitido plantear:
A. ¿Conflicto armado o amenaza terrorista? Aunque el planteamiento del núcleo problémico
pasa por aceptar prima facie la existencia de
una agresión terrorista, se hace pertinente indicar que el título de éste apartado regresa a la
pregunta que se plantean muchos sectores en
Colombia, y aún en el exterior sobre la situación
de violencia que vive el país.
En primer lugar y en aras de soportar mi argumento
sobre la existencia de un conflicto armado intraestatal en Colombia, quiero traer algunas fuentes que
podrán ayudar en la elaboración de mi argumento.
Para el propósito planteado quiero proponerle al
lector tres núcleos problémicos que permitirán por
lo menos encauzar un debate académico sobre la
terminología utilizada frente a la situación de violencia que vive Colombia, la cual no abrigo dudas, y lo
vuelvo a sostener, se encuadra perfectamente dentro
del concepto de conflicto armado intraestatal.
En consideración a lo anterior, paso a plantear los
núcleos problémicos antes descritos, los cuales simplemente serán esbozados en esta ocasión.
¿En la situación que vive Colombia será excluyente hablar de conflicto armado y agresión terrorista?
¿Cuáles son las repercusiones de una lucha contraterrorista y antiterrorista sí se esta o no dentro del marco de un Conflicto armado?
¿Frente a una lucha contraterrorista se deben
preservar los DDHH y el DIH?
CORTE CONSTITUCIONAL, Sentencia C- 531 del 2006.
M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra. Igualmente se hace
necesario estudiar los precedentes. De las sentencias C – 319
del 2006 y C – 370 del mismo año.
1. Leyes 418 de 1997, 548 de 1999 y 782 del 2000.
La Ley 418 de 1997, también conocida como
ley de orden público, creadora del marco legal
para realizar los acercamientos, diálogos y negociaciones de paz con los grupos armados al
margen de la ley en Colombia, acepta (ya que
no ha sido derogada sino prorrogada en el tiempo), la existencia en nuestra patria de un Conflicto armado.53 Así, a través de su articulado,
Fuente. www.monografias.com
Diario Oficial No. 43.201, de 26 de diciembre de 1997 Por la
cual se consagran unos instrumentos para la búsqueda de la
modificado, ampliado y complementado por
otras normas, específicamente por la Ley 548 de
1999 y la Ley 782 del año 2002, se puede encontrar clara mención a la existencia en Colombia
del conflicto. Veamos:
a. Artículo 8º. Modificado por la Ley 782 del 2002
y corregido por el Decreto 1000 del año 2003
literal b). “Adelantar diálogos, negociaciones
y firmar acuerdos con los voceros, o miembros
representantes de los grupos armados organizados al margen de la ley, dirigidos a: obtener
soluciones al conflicto armado, lograr la efectiva aplicación del derecho internacional humanitario, el respeto de los derechos humanos, el
cese de hostilidades o su disminución, la reincorporación a la vida civil de los miembros de
estos grupos, o lograr su sometimiento a la Ley,
y enmarcados en la voluntad de crear condiciones que propendan por un orden político, social
y económico justo.” Esta norma no sólo acepta legalmente la existencia del conflicto, sino,
que en un marco abierto, amplio y sobre todo
reivindicador, describe la existencia de grupos
al margen de la ley; no habla jamás de simples
b. Capítulo II. Disposiciones para proteger a los
menores de edad contra efectos del conflicto
armado. Los artículos 13 y 14, no derogados
hasta el momento, prescribe la prohibición del
Estado Colombiano (modificado por la Ley 548
de 1999) de vincular menores de edad a las filas. Pero igualmente en el artículo 14 insiste en
la definición de términos como “insurgencia”,
“grupos armados al margen de la ley”, etc.
c. Título II. Atención a las víctimas de hechos
violentos que se susciten en el marco de un
conflicto armado interno. “Art. 15. Para los
efectos de esta ley, se entiende por víctimas de
la violencia política, aquellas personas de la población civil que sufran perjuicios en su vida, o
grave deterioro en su integridad personal o en
sus bienes, por razón de atentados terroristas,
combates, secuestros, ataques y masacres en el
marco del conflicto armado interno.54 Son víc-
Todas las negrillas son propias.
timas los desplazados en los términos del art. 1º
de la Ley 387 de 1997.” Este artículo fue modificado por el artículo 6º de la Ley 782 del 2002,
promulgada luego de los atentados del 11 de
septiembre del 2001, siendo presidente el doctor
Uribe Vélez. Como se puede apreciar, sobran
las palabras para tratar de argumentar la existencia de un conflicto armado y la existencia de
una agresión terrorista. Podríamos seguir por
muchos párrafos haciendo la trascripción de los
títulos, capítulos y artículos de las mencionadas
leyes, que aluden a la existencia en Colombia
del conflicto; la verdad, creo que con lo hasta
aquí expuesto basta y sobra.
2. Ley 599 del año 2000. Código penal. Después
de la firma del tratado de Roma el 18 de julio
del año 199855 por parte de 120 Estados, entre
ellos el nuestro, y la creación de la Corte Penal
Internacional o Tribunal Penal Internacional
(en adelante CPI), Colombia decidió en razón
de garantizar la seriedad del compromiso suscrito, reformar la C.P.56 y adicionar el artículo
93 e igualmente actualizar su codificación penal
en aras de actualizar la tipificación de conductas punibles en relación con personas protegidas
por el DIH. Como es bueno recordarlo, el DIH
sólo es aplicable en situaciones de conflicto armado internacional y claro está, en conflictos
armados no internacionales, internos o intraestatales. Desde esa perspectiva, el título II de la
parte especial del código penal vigente, entroniza los delitos contra personas y bienes protegidos por el DIH. Y así instituye en un capítulo
único, conductas que sólo se pueden cometer,
como de hecho sucede, en el desarrollo de un
conflicto armado, incluyendo en el artículo 144
al terrorismo. “Articulo 144. Actos de terrorismo. El que, con ocasión y en desarrollo de
conflicto armado, realice u ordene llevar a cabo
ataques indiscriminados o excesivos o haga objeto a la población civil de ataques, represalias,
MEJÍA AZUERO, Jean Carlo. La corte penal militar y las
fuerzas armadas de Colombia. Una mirada desde la trinchera. Editorial Dike S.A. Primera Edición. Medellín, Colombia año 2006.
Acto legislativo nº 2 del año 2001.
actos o amenazas de violencia cuya finalidad
principal sea aterrorizarla, incurrirá por esa sola
conducta en prisión de quince (15) a veinticinco
(25) años, multa de dos mil (2.000) a cuarenta
mil (40.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de
derechos y funciones públicas de quince (15) a
veinte (20) años.”
3. Sentencia C – 251 del 2002. La sentencia de la
C.C., sobre la constitucionalidad de la Ley 684
de seguridad y defensa nacional es otra fuente
que coadyuva a demostrar la existencia de un
conflicto armado en Colombia. Veamos el siguiente aparte que puede clarificar aún más mi
posición: “22- Algunos podrían objetar que la
anterior conclusión no es válida, por cuanto en
un conflicto armado interno,57 como el que
vive Colombia, no es posible apartar a la sociedad civil del conflicto por las siguientes dos
razones: de un lado, porque en la realidad la
población no combatiente es tal vez la principal
víctima del conflicto, lo cual significa que la sociedad civil ya está inmersa en la confrontación
armada; y de otro lado, porque es deber de las
personas apoyar a las autoridades (CP art. 95),
por lo que la sociedad está en la obligación de
involucrarse activamente en favor del Estado.
A pesar de su aparente fuerza, ese reparo no es
válido por otras razones: de un lado, la objeción
según la cual la población civil no puede ser
jurídicamente excluida del conflicto armado,
por cuanto ya se encuentra inmersa en él en la
realidad, es errónea, pues incurre en la llamada
falacia naturalista, ya que extrae conclusiones
normativas a partir de una situación fáctica.
En efecto, este reparo confunde una situación
empírica con una exigencia normativa, pues
considera que el principio de distinción, que
es una norma, no es válido, por cuanto a nivel
empírico ese principio es negado por los actores
armados, que han hecho de la población civil su
principal víctima.”58
Negrillas propias.
Sentencia citada ut supra. En el mismo sentido, ver aclaración de voto de Alejandro Martínez Caballero a la sentencia
C-572 de 1997.
4. Sentencia de excepciones preliminares. Cte
IDH. Caso Palmeras contra Colombia. En la
sentencia de excepciones preliminares de la Cte
IDH, precisa el órgano judicial internacional
que en ningún momento el Estado Colombiano ha desvirtuado la existencia en Colombia de
un conflicto armado interno no internacional.
Entonces es menester mostrar lo que en su momento expreso la corte: “La Comisión expresó,
como punto de partida de su razonamiento, que
Colombia no ha objetado lo dicho por ella
en el sentido de que, en el momento en que
se produjo la pérdida de vidas relatada en la
demanda, se desarrollaba en su territorio un
conflicto armado no internacional y tampoco
ha objetado que dicho conflicto corresponde a
la definición prevista en el artículo 3 común de
los Convenios de Ginebra.”59
5. Ley 975 del 2005. ley de justicia y paz. La recientemente promulgada Ley de justicia y paz;
declarada exequible por la C.C., y que esta sirviendo de marco legal para la desmovilización
y reinserción de los mal llamados grupos “paramilitares”; sí bien es cuidadosa al extremo
(seguramente con el ánimo de mantener una
coherencia con el discurso del gobierno), en
no mencionar el término “conflicto armado”,
si demuestra en forma diáfana a través de otras
expresiones, la existencia de dicho conflicto;
verbigracia, sostiene la aludida ley dentro de
su objeto que busca la facilitación de los procesos de paz (¿ y cómo para que proceso de paz
sí no existe conflicto?); igualmente sostiene que
busca la reincorporación individual o colectiva
de miembros de los grupos armados al margen
de la ley (¿y es qué uno busca la reinserción de
terroristas per se?) y finalmente, cuando el inciso segundo del artículo primero enseña que por
grupos armados al margen de la ley se deben
entender a los grupos guerrilleros y a las autodefensas, ¿ habrá guerrilla y autodefensas en un
Estado y una ley que busca su reinserción a la
Negrillas propias. Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso las Palmeras. Sentencia de 4 de febrero DEL
vida civil sin que exista conflicto armado? Creo
que algunos de los asesores presidenciales, tendrían que explicarle al pueblo como algo puede
ser y no ser al mismo tiempo.
Lo anterior permite observar que en realidad en
Colombia, incluso aceptado de una u otra forma
por el actual gobierno a través de algunos de sus
representantes, existe un conflicto armado. Lo importante ahora es ver, sí la existencia de un conflicto
armado es excluyente de la presencia de actos de
No obstante que hasta este punto el lector ya podrá tener una somera claridad sobre el tema, sobre
todo en relación a los argumentos antes brindados,
quiero utilizar la normatividad internacional, relacionada con los conflictos armados, para sustentar
porque en casos de conflictos internacionales e internos se pueden presentar actos de terrorismo, sin
que se deslegitime la misma existencia del criterio
polemológico.60
a. Convenio IV de Ginebra del 12 de agosto del
año 1949. Relativo a la protección debida a
las personas civiles en tiempo de guerra. Art.
33.61 El artículo 33 del convenio IV de Ginebra
y frente a las personas protegidas ubicadas en
el territorio de una de las partes en conflicto internacional, previene a las autoridades que en
ningún caso se podrá admitir castigos colectivos, así como toda medida de intimidación o de
terrorismo. En consideración a lo anterior, conflicto armado y terrorismo no son excluyentes
b. Protocolo I de 1977. Adicional a los convenios
de Ginebra del 12 de agosto de 1949. Relativo
a la protección de las víctimas de los conflictos
armados internacionales.62 El artículo 51 del
Bouthol Gaston. La guerra. Editorial Oikos – tau nº 44. primera edición en lengua castellana. Barcelona España 1971.
Los convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949. Comité
internacional de la Cruz Roja. Nueva edición publicada por
el CICR. Año 1986. pág. 151.
Protocolos adicionales a los convenios de Ginebra del 12 de
agosto de 1949. comité internacional de la Cruz Roja Ginebra 1977. edición revisada en 1996. www.icr.org. Pág37
protocolo I relacionado con la población civil,
prevé en su numeral segundo y como estándar
de protección en conflictos armados internacionales que la población civil no será objeto de
ataque; que en ese sentido, quedan totalmente
prohibidos los actos o amenazas de violencia
cuya finalidad principal sea aterrorizar a la población civil. Este artículo como el del convenio
IV son importantes para corroborar la perfecta coexistencia de conflicto y terrorismo; pero
igualmente para comprender que actos de terrorismo es bien diferente al concepto de amenaza
de terrorismo. Con lo cual también llegamos
a la temprana conclusión de que en Colombia
existe un conflicto armado en donde los grupos
al margen de la ley utilizan el terrorismo como
arma de guerra. Es decir, en Colombia hay agresión terrorista por parte de los grupos al margen
de la ley, existiendo al mismo tiempo conflicto
c. Protocolo II de 1977. Adicional a los convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949.
Relativo a la protección de las víctimas de los
conflictos armados no internacionales.63 Art. 4.
numeral 2º literal d. el artículo 4º numeral 2º
literal d), prevé frente a las personas protegidas
que quedarán prohibidos en todo lugar y tiempo
los actos de terrorismo. De esa forma recoge el
criterio plasmado en el citado art. 33 del convenio IV de Ginebra.
d. Protocolo II de 1977. Adicional a los convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949.
conflictos armados no internacionales.64 Art.
13. protección a la población civil.65 El artículo 13 del protocolo II, prevé en relación a la protección que debe tener la población civil en los
conflictos no internacionales como el colombiano, que quedan prohibidos los actos o amenazas de violencia cuya finalidad sea aterrorizar
Comentario del protocolo del 8 de junio de 1977. Comité Internacional de la Cruz Roja. Editorial Plaza y Janés. Bogotá
Colombia. 1998. pág. 117
Comentario del protocolo del 8 de junio de 1977. Comité
internacional de la cruz roja. Editorial plaza y janés. Bogotá
Ibíd. Pág. 236
a la población civil. Una vez más se ratifica lo
expresado en las normas relacionadas con los
e. Estatuto del tribunal penal internacional para
Ruanda. Art. 4º literal d.66 El Estatuto del Tribunal ad-hoc creado por la ONU, para investigar
y castigar los crímenes acaecidos en Ruanda en
el año 1994, prevé en su artículo 4, relacionado
con las violaciones a los convenios de Ginebra
en su artículo º común y el protocolo adicional
2, que tendrá competencia para juzgar a todos
aquellos que cometan u ordenen cometer actos de terrorismo. Pero igualmente en el literal
h, indica que también tendrá competencia para
juzgar a todos aquellos que amenacen con ejecutar actos de terrorismo. Una vez más surge la
diferencia entre agresión terrorista y amenaza
f. Estatuto del tribunal especial para Sierra Leona. Resolución del Consejo de seguridad de la
ONU 1315 del año 2000.67 En el mismo sentido
que lo previsto en el Tribunal ad hoc para Ruanda, el artículo 3º literal d), del Estatuto del Tribunal especial para Sierra Leona (conocidos doctrinariamente como tribunales mixtos), establece
la competencia para el juzgamiento de actos de
terrorismo y de igual manera todas las amenazas
de comisión de actos de esta naturaleza.
Quiero en consideración a los anteriores argumentos finalizar este apartado indicando que en Colombia en verdad estamos viviendo un conflicto armado; uno de los más sangrientos y antiguos del mundo; tal vez sólo comparado en éste ulterior aspecto
con el de Sri lanka.68 Que en ese conflicto armado
degradado y con visos regionales, tenemos grupos
armados ilegales que utilizan dentro de la combinación de formas de lucha, tácticas terroristas. Que
en igual sentido terrorismo y conflicto armado no
son conceptos excluyentes y así se evidencia no sólo
en la legislación internacional sino en la interna,
PRIETO SAN JUAN, Rafael y otros. Akayesu. El primer
juicio internacional por genocidio. Grandes fallos de la justicia penal internacional. Número 2. Editorial Dike y universidad Javeriana. Bogotá Colombia. 2006. pág. 690.
Op.cit. MEJÍA AZUERO. Corte Penal.
Ver Fisas. Op.cit. pág. 28
acompañada de la jurisprudencia y la doctrina. Es
más, que resulta plausible indicar que Colombia es
un Estado agredido por el terrorismo de extremas
o de facciones69; en este caso especifico y luego de
revisar la normatividad internacional, evidenciamos dos periodos de terrorismo en Colombia; uno
primero originado dentro de un marco de lucha
contra los carteles del narcotráfico; específicamente
frente al cartel de Medellín y su principal exponente
Pablo Escobar; y una segunda etapa, de terrorismo
desplegado por grupos como las autodenominadas
FARC, el ELN y las AUC. Y no obstante ser un
crítico acérrimo del término “amenaza terrorista”,
consideró incluso aceptable para efectos de investigación y juzgamiento, la excepción en el sentido
restringido que prevé nuestra legislación penal.
3. REPERCUSIONES FRENTE A LA LUCHA
CONTRATERRORISTA O ANTITERRORISTA,
DEPENDIENDO DE LA ACEPTACIÓN
O NO DE UN CONFLICTO ARMADO
No existe duda para los estudiosos en el tema en relación a la aplicación de las normas internacionales,
ora se este en una situación de lucha contra el terrorismo internacional o interno, o bien se encuentre
un Estado luchando contra un terrorismo que se
utilice como arma dentro de un conflicto armado.
Pues bien, las repercusiones básicamente frente a la
lucha contra el terrorismo en un marco de inexistencia de un conflicto armado, nos llevan directamente a la aplicación del DIDH (Derecho Internacional de los Derechos Humanos); entendiendo este
sistema normativo, en sede de trato humano, muy
cercano al previsto por el DIH. Desde esta perspectiva, estarían garantizados derechos y garantías procesales de los enjuiciados por la comisión de actos
Ver Pizarro Leóngomez. Op.cit. pág. 136 - 138
Fuente. www.farcep.org
de terrorismo. No obstante lo anterior, de ninguna
manera se podría dar por parte del Estado un trato
privilegiado frente a los actores de actos terroristas.
Por otro lado, y dado el caso de que una política criminal de un Estado amenazado por el terrorismo,
como algunos han querido indicar que es el caso
de Colombia, quisiera aplicar rebajas sustanciales a
éste tipo de delincuentes, no se encontraría posibilidad directa, de aplicar principio de complementariedad frente por ejemplo a la CPI, que como bien
se sabe no juzga crímenes de terrorismo; esto por
varias razones que no son del caso explicar, pero
que pasan incluso por las dificultades de definición del terrorismo, al igual de lo que sucede con el
La aceptación de la existencia de un conflicto armado interno o intraestatal, abre las posibilidades
de persecución de las personas que cometen actos
terroristas, incluso con efectos sociológicos al interior de las organizaciones al margen de la ley. Esto
entendiendo que las implicaciones que tiene una
guerra o conflicto armado, distan en muchas ocasiones de las meras observaciones jurídicas. Veamos
1. Deslegitimación de la lucha armada cuando se
persigue abiertamente a la población civil a través de actos de terrorismo.
2. Pérdida de reconocimiento internacional que
no implica aceptación de beligerancia.
3. División interna de los grupos al margen de la
ley entre facciones que consideran nociva la
aceptación de tácticas terroristas.
4. Aislamiento de los grupos de izquierda de las
masas, (pueblo) a las cuales consideran esenciales para la toma del poder.71
Panfleto de las autodenominadas FARC. Organización de
masas. s.e. Año 2000. “1. Objetivo general”. Nuestro objetivo fundamental es la toma del poder, combinando todas
las formas de lucha.” Pág. 5. se retoma de esta forma la
doctrina de guerra revolucionaria planteada por Mao Tsé
Tung o Mao Zedong, Vo Nguyen Giap y su libro Ejército
del Pueblo y finalmente Ernesto Guevara, conocido como
el Che Guevara. Para mayor ampliación se puede consultar:
Vieira Gilberto. la combinación de todas las formas de lucha. Documentos políticos Nº 41, Bogotá D.E., 1964. Vieira
5. Desprestigio ante los subalternos (guerrilleros
rasos) y mandos medios.
6. Perdida de la disciplina revolucionaria.
7. Incoherencia entre un discurso ideológico, sustentado hoy en día en un origen marxista-leninista, remozado por ideas nacionalistas, principalmente sustentadas en doctrinas bolivarianas;
acompañadas muy de cerca desde el exterior.
8. Aplicación de la extradición.
9. Pérdida de privilegios propios de delitos considerados como políticos.
Lastimosamente, y no se ha querido ver de esta forma, por falta de comprensión y conocimiento sobre
el enemigo y la amenaza, toda guerra es eminentemente político-militar, y no militar-política. Las
implicaciones frente a la legitimidad de las actuaciones del Estado, están enmarcadas por la ausencia
de políticas militares y verdaderas estrategias contrainsurgentes.
En conclusión, el marco de posibilidades de aplicación de lucha legalmente considerada contra el
terrorismo, aceptando la existencia de un conflicto
armado, abre no sólo un abanico finito, más amplio,
de variables de arrinconamiento político, militar y
diplomático, de organizaciones que en las actuales
condiciones han puesto a trabajar a sus frentes internacionales como nunca antes, sobre todo evidenciando la pérdida de imagen frente a la comunidad
internacional, en donde sin embargo siguen teniendo aliados incomprensiblemente.
Gilberto. Combinación de todas las formas de lucha. Bogotá, ediciones Sudamérica. 1988. Pizarro Eduardo. Las Farc.
De la autodefensa a la combinación de todas las formas de
lucha. 1949-1966. Bogotá IEPRI. Tercer mundo editores.
1991. Guevara Ernesto. Obras Completas. 3 volúmenes.
Editorial Legasa. Buenos Aires. 1995. Igualmente se pueden consultar las conocidas obras de Regis Debray, ideólogo
Frances, seguidor del Che. AAVV. Colombia. El conflicto.
Callejón Con Salida. Informe Nacional de Desarrollo Humano. PNUD 2003. Leal Buitrago Francisco. La inseguridad de la seguridad. Colombia 1958-2005. Editorial Planeta.
Año 2006. Castro Caicedo Germán. Que la Muerte Espere.
Editorial Planeta. Año 2005.
4. ¿FRENTE A LA AGRESIÓN TERRORISTA
SE DEBEN PRESERVAR LOS DDHH
Y EL DIH?
Esta pregunta de sencillez aparente, en verdad nos
tiene envueltos hoy por hoy, en un galimatías del
cual estamos saliendo en verdad mal librados. Los
últimos hechos, bajo investigación, relacionados
con las actuaciones militares, policiales y judiciales
en contra de los agentes subversores de la seguridad, así lo indican. Lo primero que siempre hay
que tener en cuenta, es que por ningún motivo y
bajo ninguna consideración o argumento, podemos
aceptar que al terrorismo se le combata con terrorismo. Nuestra más importante arma contra los grupos al margen de la ley es precisamente la legalidad
de las actuaciones, la que de paso va a generar confianza, legitimidad y un halito de transparencia que
va a producir efectos a nivel nacional y sobre todo a
nivel de la comunidad internacional.
Un Estado que utilice precisamente el terrorismo
con el fin de acabar con las huestes insurgentes, no
importando su orientación ideológica, termina siendo igualmente un simple amparador de terroristas
que en nada se diferencian de los que dicen perseguir. En mis charlas, clases y conferencias siempre
precisó que el fin constitucional, justifica los medios
legales; pero que lo contrario, marca el comienzo
del fin para un estado social de derecho.
En realidad, no podemos como Estado cohonestar
con la existencia de normas que traten de soslayar
los estándares internacionales de protección de los
DDHH; en ese sentido y con toda razón, la C.C. colombiana declaró la inexequibilidad total de la ley
de seguridad y defensa nacional, Ley 684 del 2001,
al considerar en buen criterio, aunque no compartido totalmente, que la norma acusada, violaba valores fundacionales de un Estado democrático como
la división del poder público. Vale la pena recordar
lo que en esa oportunidad expresó la corte:
“28- Directamente ligado a lo anterior, la separación de poderes es también un mecanismo esencial
para evitar la arbitrariedad, mantener el ejercicio
de la autoridad dentro de los límites permitidos
por la Carta y asegurar así la libertad y seguridad
de los asociados.73 La lógica de este dispositivo, no
por conocida deja de ser esencial: la división de la
función pública entre diferentes ramas permite que
el poder no descanse únicamente en las manos de
una sola persona o entidad, con el fin de que los diversos órganos puedan controlarse recíprocamente.
Esto significa que, como esta Corporación ya lo había señalado, la consagración de diversas ramas del
poder y de órganos autónomos se lleva a cabo “con
el propósito no sólo de buscar mayor eficiencia en el logro
de los fines que le son propios, sino también, para que esas
competencias así determinadas, en sus límites, se constituyeran en controles automáticos de las distintas ramas
entre sí, y, para, según la afirmación clásica, defender la
libertad del individuo y de la persona humana”. Por ello,
como lo ha recordado esta Corte, “la separación de
las ramas del poder público es inherente al régimen democrático y constituye uno de sus elementos procedimentales
de legitimación”.74
Pero en igual sentido y aquí reside la importancia
de las declaraciones de la C.C., garantistas en todo
sentido, bajo la comprensión verdadera de un estado social de derecho, es que por más criminal que
Atentado terrorista en la Universidad Militar Nueva Granada, bien protegido por el DIH. Octubre 18 del 2006. Fuente
revista semana. www.semana.com.co
Negrillas propias
CORTE CONSTITUCIONAL, Sentencia citada. Al respecto, ver, entre muchas otras, las sentencias C-167 de 1995, C312 de 1997 y C-189 de 1998. Sentencia C-167 de 1995. MP
Fabio Morón Díaz, criterio reiterado en la sentencia C-189
de 1998.Sentencia 312 de 1997. Fundamento 5.
sea la actividad terrorista, por más repudiada y censurada, como de hecho lo es, no podemos actuar,
bajo ninguna circunstancia utilizando la normatividad como una “cortina de humo” que esconda
una verdadera ley del talión. Vuelvo e insisto, nos
convertiríamos en un ser abominable igual al que
perseguimos. Aquí quiero recordar finalmente que
en la declaratoria de inconstitucionalidad del “estatuto antiterrorista”, acto legislativo 2 del año 2003,
la Corte, parafraseando el concepto del ministerio
público indicó: Entra entonces el concepto fiscal a
afirmar que la necesidad de perseguir el terrorismo
“no puede per se considerarse como un supuesto válido para justificar el desconocimiento de principios
consagrados en la Constitución y el los Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos”.75
Y cualquier lector desprevenido a esta altura podría
pensar ¿Entonces frente al terrorismo no cabe ninguna limitación de los DDFF? ¿Entonces estamos
con las manos atadas para resolver en la práctica
los desafíos que plantea el terrorismo? Y tengo que
decir verticalmente que la respuesta es un rotundo
no. La CIDH en el informe sobre DDHH y terrorismo de septiembre del año 2002 y que se anexa
en su informe ejecutivo a la presente aproximación,
formula unas recomendaciones que deben ser acogidas como estándares de lucha contra el flagelo del
terrorismo, sobre todo para no caer en actividades
vengativas como las norteamericanas en Guantánamo e Irak. Pero igualmente caben algunas recomendaciones, que pasar´E a exponer a continuación
luego de unas cortas conclusiones.
En realidad un seguimiento atento del presente
escrito podrá haberle dado al lector de forma, tal
vez un poco anticipada, algunas de mis principales conclusiones frente al tema, para nada sencillo,
del terrorismo y la lucha que contra tan dantesco
fenómeno debe ejercerse por un Estado como el
colombiano. Aquí quiero simplemente y a manera
enumerativa resaltar lo siguiente.
Ejusdem. Pág 58.
A. Por más cruel e inhumano que sea el terrorismo,
toda persona perseguida por la presunta comisión de estos actos, debe ser protegida frente a
sus derechos y garantías procesales.
B. No existe posibilidad de aceptar que el terrorismo se pueda combatir con terrorismo.
C. La dignidad humana es la piedra sobre la cual
descansa un Estado Social de Derecho; cualquier intento y en cualquier vía, que pretenda
soslayar este valor sagrado, esta en contra de la
Constitución Política y las normas internacionales de DDHH.
D. Existen fórmulas legales y constitucionales,
para contrarrestar la actividad terrorista desde
el ámbito judicial; es un deber de todas las autoridades públicas entender y estudiar la C. P. y el
precedente constitucional.
E. El fin constitucional siempre aceptará la posibilidad de utilización de medios legales y transparentes en la lucha contra el terrorismo.
F. La misma C.C., la CIDH, el Comité Interamericano contra el Terrorismo CICTE, dan importantes criterios de lucha contra el terrorismo
desde la óptica de los derechos humanos.
G. La legitimidad de la actuación institucional es
Colombia es actualmente el segundo país en el mundo con
minas antipersonales sembradas. Mientras el Estado viene
respetando las normas internacionales sobre el tema, los
grupos al margen de la ley, principalmente los de ideología
de izquierda siguen colocándolas, incluso alrededor de bienes protegidos por el DIH. Fuente. www.unicef.com
H. No se puede soslayar el precedente constitucional que en Colombia tiene fuerza de cosa juzgada constitucional
I. Evidentemente hay conflicto armado intraestatal, con visos de conflicto regional en Colombia.
J. Existe una fuerte argumentación para sustentar
que conflicto armado y terrorismo no son excluyentes y que deben tener una respuesta integral
por parte del Estado, no simplemente una óptica aislada por presiones internacionales que nos
han sumergido en la cruzada contra el terrorismo internacional.
K. Agresión terrorista y amenaza terrorista son
dos términos que indistintamente y de forma
incomprensible se vienen manejando al interior
del país; lo cual puede generar graves repercusiones en un escenario de posconflicto.
Y entonces ¿qué recomendaciones se pueden proponer para combatir desde la óptica de los DDFF
al fenómeno terrorista? Quiero aventurarme a proponer las siguientes recomendaciones; fuera de las
planteadas por el informe de la CIDH y de lo previsto en la Convención Interamericana contra el Terrorismo del 3 de junio del año 2002.
Actualmente en Colombia se viene utilizando el odio como
una de las principales armas de guerra. Partiendo además
de la utilización de símbolos históricos tan recordados y que
de paso despiertan pasión en la población. Bolívar como
inspirador de la nueva ideología nacionalista, a través del
PC3 y del movimiento bolivariano por una nueva Colombia. Ambas medidas tomadas para contrarrestar el esfuerzo
militar político del gobierno y por otra parte al mismo Jesús
a través de una “reencauchada” teología de la liberación.
Fuente. www.news.imb.bbc.uk
1. Es una pésima premisa, en un Estado Social de
Derecho, regresar a la época de la “seguridad
nacional”, pretendiendo generalizar la persecución contra el terrorismo y encontrando que
en abstracto todo el pueblo es sospechoso. Esto
incluso lo ha recabado el mismo presidente de
la República, verbigracia en su discurso de posesión el día 7 de agosto del año 2006.78
2. Se debe ser vertical en la lucha contra el terrorismo, pero sobre todo desde la prevención, la interceptación; es decir, desde un trabajo serio de
inteligencia. Al terrorismo se le combate con inteligencia estratégica. Esta es la columna principal.
3. No se debe caer en el error de confiar todo a
la inteligencia técnica. El peor error de Estados
Unidos fue dejarle la tarea de los seres humanos, a las maquinas. Humanint (inteligencia humana) es la solución.
4. Las fuerzas armadas. Luego de luchar tanto por
la legitimidad, y conseguirla; no pueden darse el
lujo de salirse del marco de la Constitución y la
ley. La enseñanza de los DDHH es importante,
pero en esto no reside el triunfo, sino en la transformación cultural y la sensibilización en estos
5. Mayor número de hombres, en un conflicto asimétrico e irregular como el colombiano, en dónde el enemigo utiliza tácticas terroristas, es un
arma de doble filo que puede traer consecuencias desastrosas. Las políticas en este sentido
deben revaluarse. Espacio, tiempo y territorio
para la subversión significan otras cosas.
6. Son válidas las leyes de excepción y las limitantes a ciertos derechos tal y como lo prescribe
el art. 27 de la DADH; lo que no es válido es
pretender violar principios de temporalidad de
medidas excepcionales, proporcionalidad, distinción, y mínimos derechos y garantías.
7. El condenado por terrorismo no debe ser privilegiado por normas penitenciarias, que le permitan al colectivo social, a la delincuencia y a
los grupos armados irregulares, creer que causar
terrorismo es buen negocio.
8. Se deben estudiar y seguir las recomendaciones
dadas por la CIDH en materia de criterios para
Para consultar el discurso www.presidencia.gov.co
luchar contra el terrorismo en Estados democráticos.
9. Jamás, jamás, jamás, se debe legislar con el odio,
el resentimiento y la ser de venganza como aliados.
De esta forma y ante las limitaciones de espacio,
creo que he cumplido con el propósito de informar
mi pensamiento sobre el tema de los DDHH y el
terrorismo. Mil gracias.
AAVV. Colombia. El conflicto. Callejón con salida.
Informe Nacional de Desarrollo Humano. PNUD
AAVV. Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en Colombia. IEPRI. Grupo editorial Norma. Primera Edición. Bogotá, Colombia,
Consejo de Estado. Sala plena de lo contencioso administrativo. Sentencia del 13 de diciembre de 1995.
expediente S – 470 M.P. Diego Younes Moreno.
Consejo superior de política criminal. República de
Colombia Ministerio de Justicia y del Derecho. La
extradición como fórmula de cooperación judicial
en la época de los nacionalismos. Bogotá 1997.
Corte Constitucional. Sentencia C – 251 del 2002.
M.P. Eduardo Montealegre. Clara Inés Vargas.
M.P. Eduardo Montealegre. Clara Inés Vargas. Declaratoria de inexequibilidad de la ley 684.
Corte Constitucional. Sentencia C – 276 del 22 de
julio de 1993. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
Corte Constitucional. Sentencia C – 337 del 19 de
agosto de 1993. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
ARTEAGA Alejandro. La constitución colombiana y el derecho internacional humanitario. Editorial Universidad Externado de Colombia. Primera
edición. Abril 2001.
Corte Constitucional. Sentencia C – 479 6 de agosto
de 1992. M.P. José Gregorio Hernández Galindo y
BOUTHOL Gaston. La guerra. Editorial Oikos
– tau nº 44. primera edición en lengua castellana.
Barcelona España 1971.
agosto del año 1992. M.P. José Gregorio Hernández Galindo y Alejandro Martínez Caballero.
Corte Constitucional. Sentencia C – 575 del 29 de
octubre de 1992. M.P. Alejandro Martínez Caballero.
CASTRO CAICEDO Germán. Que la muerte espere. Editorial Planeta. Año 2005.
Comentario del protocolo del 8 de junio de 1977.
Comité internacional de la cruz roja. Editorial plaza y janés. Bogotá Colombia. 1998.
Corte Constitucional. Sentencia C – 578 del 2002.
Corte Constitucional. Sentencia C – 587 del 12 de
noviembre de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
Corte Constitucional. Sentencia C – 606 del 14 de
diciembre de 1992 M.P. Ciro Angarita Barón.
Al caminemos-juntos- embarazo adolescente
Mapas mentales coltecaps
Plan de gestion escolar 2013 2014
La literatura como experiencia estética

References: artículo 86

Artículo 25

artículo 241

artículo 237
 artículo 4
 artículo 93
 artículo
16
 artículo 229
 artículo 35
 artículo 94
 artículo
2591
 artículo 87
 artículo 88
 artículo 5
 artículo
93

artículo 27

Artículo 214
 artículo 93
 artículo 94
 artículo 1
 artículo 3

Artículo 1

Artículo 3
 Artículo 8
 artículo 14
 artículo 6
 artículo
93
 artículo 144
 artículo 3
 artículo 33
 artículo 51
 artículo 4
 artículo 13
 artículo 4
 Resolución 
 artículo 3