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REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004
Ramón Ragués i Vallès*
I. Introducción; II. Concepto de dolo: breve panorámica; III. La prueba de los hechos subjetivos en el proceso; IV. Propuesta de tratamiento: las reglas de atribución del conocimiento; V. La prueba del dolo en los delitos de resultado.
Para resolver la cuestión de cómo se prueba el dolo en el proceso penal es imprescindible contar con dos herramientas teóricas: una teoría del dolo y una teoría de la prueba. La teoría del dolo hace falta porque, sin saber qué es aquello que debe ser probado, difícilmente se puede decidir cómo ha de llevarse a cabo la actividad probatoria en cuestión. Y, en segundo lugar, tampoco cabe prescindir de la teoría de la prueba, pues sin ella no es posible instruir al operador jurídico que se encuentra ante un caso concreto sobre cómo y cuándo debe dar por acreditada la presencia de aquellos elementos fácticos que permiten afirmar el concepto cuya eventual aplicación se plantea. Responder con un mínimo fundamento a la pregunta de qué es el dolo requiere un grado de argumentación que excede con mucho del espacio aquí disponible. No en vano, la definición de dolo es una de las materias que, ya desde el siglo XIX, mayor controversia ha suscitado entre los penalistas que se han ocupado de la teoría del delito. Sin embargo, dado que no es posible pasar a la segunda cuestión (“¿cómo se prueba el dolo?”) sin dar antes respuesta a la primera, a continuación se expondrá de forma muy breve cuál es el concepto de dolo del que se parte, justificando sucintamente semejante elección1. Acto seguido pasará a exponerse el tema central del presente trabajo: la prueba del dolo. II. CONCEPTO DE DOLO: BREVE PANORÁMICA Aunque tradicionalmente el dolo se ha definido como conciencia y voluntad de la realización de una conducta objetivamente típica, esta definición ha sido paulatinamente abandonada por la doctrina y por los tribunales, hasta el punto de poderse afirmar que, hoy en día, el dolo se concibe (de forma explícita o implícita) sólo como conciencia de la realización de un comportamiento típico objetivo. Por expresarlo de forma simple pero contundente, el dolo ya no es conocimiento y voluntad, sino únicamente conocimiento. A este cambio conceptual se ha llegado por diversas razones. El motivo principal es que una aplicación coherente del dolo definido como voluntad o intención lleva a castigar como meras imprudencias supuestos que, ante los ojos de cualquier espectador, parecen mucho más cercanos al merecimiento de pena propio de los comportamientos dolosos que al de los negligentes. Esta valoración se
1 Para una fundamentación mucho más detallada del concepto de dolo que se defiende cfr. RAGUÉS I VALLÈS, El dolo y su prueba en el proceso penal, Barcelona, 1999, pp. 25-186. En las páginas de este trabajo puede encontrarse citada la principal bibliografía existente sobre la materia.
363 ss) sobre el denominado “caso de cinturón” (Lederriemenfall). RAGUÉS I VALLÈS . “conformarse” o “resignarse”. vol. Esta teoría —durante muchas décadas mayoritaria tanto en Alemania como en España— entra en crisis a partir de la década de 1950 con la sentencia del BGH alemán (BGHSt. 103-105. Vorsatz und Risiko. Esta necesidad de ampliar el concepto de dolo ha sido afrontada por la doctrina y la jurisprudencia recurriendo fundamentalmente a dos grandes métodos3: A) Un primer grupo de autores y jueces parte del principio apriorístico de que sólo la realización voluntaria o intencionada del tipo merece las penas previstas para los delitos dolosos y. por tanto. 7.. El dolo…. LESCH. En la práctica estos requisitos pseudovolitivos. estos planteamientos son herederos de la denominada “teoría del consentimiento” creada en Alemania en el siglo XIX y defendida por autores como Robert von Hippel. pp. 1997. cit. actúa dolosamente6. 5 Una panorámica de los trabajos en los que se defiende esta perspectiva en RAGUÉS I VALLÈS. de la circunstancia de que un La doctrina suele asociar el origen del concepto moderno de dolo a la figura de Feuerbach (y a su trabajo “Betrachtungen über dolus und culpa überhaupt und den dolus indirectus insbesondere” de 1804). En este sentido puede afirmarse incluso que la idea del dolo como intención. B) Otro sector doctrinal prescinde de definiciones apriorísticas y analiza simplemente qué hechos considera acreedores de las penas previstas para las modalidades dolosas. sobre todo. n. según la cual un sujeto consentía en la producción del resultado cuando podía afirmarse que habría actuado igualmente de haber sabido con seguridad que dicho resultado se iba a producir. De hecho. se acaba afirmando que quien simplemente acepta. definiendo el dolo como intención entendida en términos exclusivamente psíquicos. p. nunca llegaría realmente a aplicarse. El dolo…. proclamada en su momento por Feuerbach. que la complementaban con la denominada fórmula de Frank. En este sentido. op. Sin embargo. aunque es posible todavía encontrarla en algunas resoluciones dictadas por el Tribunal Supremo español en la década de 1980. 496 ss. se deducen. pp. En la práctica se ha demostrado que sólo el segundo método conduce a resultados satisfactorios. trata de buscar dicho elemento en todos aquellos casos que le parecen merecedores de la pena del dolo. como el “aceptar”. 6 Históricamente. § 15. por tratarse del primer autor que explícitamente rechazó las teorías objetivizantes del dolus indirectus y el dolus ex re que habían predominado hasta entonces. Sobre este importante cambio cfr. consecuentemente. dado que el dolo eventual marca la “frontera inferior” del concepto de dolo. que no son otra cosa que ampliaciones del concepto de dolo pensadas para no tener que castigar como simples imprudencias supuestos que parecen mucho más graves. 3 La discusión entre los partidarios de estos dos puntos de vista a menudo se ha contemplado como un debate circunscrito a la figura del dolo eventual. Colonia. se conforma o se resigna con la realización del tipo jurídicamente quiere dicha realización y. 802 ss y PUPPE. 4 Para una perspectiva de los autores partidarios de este planteamiento cfr. op. NK. cuando surgen en la doctrina figuras como el dolo directo de segundo grado o el dolo eventual. “Dolus directus. indirectus und eventualis”. FRISCH. 66-71 y 88-97. cit. 60-66 y pp. 1983.º marg. buscando después denominadores comunes entre todos ellos que permitan construir una definición generalmente válida5. p.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo aprecia ya en el siglo XIX. así. pp. en realidad esta discusión afecta a la globalidad de este concepto. JA. 22. 2 14 . pues ya desde un primer momento se advirtió que era un concepto demasiado limitado2. la negativa de los partidarios del primer método a prescindir de un elemento volitivo les obliga a encontrar tal elemento en sucesos en que muy difícilmente lo hallaría cualquier ciudadano medio empleando el vocabulario cotidiano y. Tradicionalmente se ha denominado a este punto de vista como la teoría de la voluntad4..
aunque sólo sea por su plasticidad. 1999. JZ. p. la conclusión de la mayoría de partidarios del segundo método9. precisamente. 115-118. Vorsatz als Aneignung der unrechtskonstituierenden Merkmale. Berlín. “Die Grenze zwischen vorsätzlicher und fahrlässiger Straftat”. indiferencia. Frankfurt a. 368-369. En los delitos de resultado. en este sentido HASSEMER. “Acerca del dolo eventual”. 5. Según estos autores.. semejante elemento no desempeña papel relevante alguno en los delitos de mera actividad. p. en lo sustancial. El dolo eventual. p. CPC. Por otra parte. para afirmar el dolo. 2. 65 (1998). basta con que el sujeto haya obrado con conocimiento del riesgo concreto de producción del resultado10. cuando menos. 401-402. pp. Algo similar sucede en España con la partidaria de esta perspectiva. en los 7 De entre las numerosas críticas que recibe este punto de vista merece la pena citar. J Cuello y J. entre otros. 242. 1998. Madrid. 245. 259. p. 9 Algún autor como ENGISCH. SILVA SÁNCHEZ.. que. Cfr. Berlín. Dolo y conocimiento. 1930 (reimp. Estudios de Derecho penal.ª ed. Barcelona. Hassemer o Schroth. p. asimismo la crítica de KINDHÄUSER. 1993. ZStW.REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004 sujeto no haya desistido de su conducta pese a ser consciente del riesgo de realización típica que conllevaba. Sin embargo. SCHÜNEMANN. Strafrecht. Berlín. 1989.. 23-24 y. LAURENZO COPELLO. 1990. Hirsch-FS. pese a emplear este método llega a conclusiones distintas. Sobre la normativización del dolo”. su planteamiento no se ha impuesto. JuS. 96 (1984). Esta deducción automática del elemento pretendidamente volitivo a partir de la “actuación pese al conocimiento” plantea serias dudas sobre la necesidad conceptual de tal requisito. esta exigencia se concreta entendiendo que. “Kennzeichen des Vorsatzes”. Para una panorámica en 15 . Colonia. “Vom philologischen zum typologischen Vorsatzbegriff”. y FEIJÓO SÁNCHEZ. es imprescindible la presencia de algún elemento volitivo o pseudovolitivo. 10 En Alemania este punto de vista es defendido. 3. En cambio. Aproximación al Derecho penal contemporáneo. Hirsch-FS. p. las formuladas por HERZBERG. 316]. La idea del dolo como voluntad se enuncia pensando exclusivamente en los delitos de resultado. 1994. En España se defiende. p. Vorsatz. Armin Kaufmann-GS. p. 381. “Der Vorsatz als Zurechnungskriterium”. por autores como FRISCH. 289309 [trad. Aproximación. GIMBERNAT ORDEIG. respectivamente). para afirmar que se ha obrado dolosamente basta con acreditar que el sujeto activo ha actuado representándose la concurrencia en su conducta de los elementos objetivos exigidos por el tipo. La afirmación de que para el dolo basta con el conocimiento ha sido.. 1995. p. M. en el desarrollo de este planteamiento se constata un cierto apriorismo cuando se afirma que. pp. pp. 1992. 575. en ID. 225. SILVA SÁNCHEZ. 95 ss. como la afirmación de que para el dolo es necesaria. Cfr.ª ed. Valencia. M. entre otros. 1990. donde incluso los partidarios del dolo como intención afirman la existencia de un delito doloso en casos de mero conocimiento de las circunstancias típicas: ¿acaso algún juez negaría el dolo del acusado de abusos sexuales que afirmara haber realizado tocamientos a una víctima de diez años conociendo perfectamente su edad pero “no habiendo querido hacerlo”? ¿o absolvería al conductor ebrio que declarase haber sido perfectamente consciente de que conducía bajo la influencia del alcohol pero haber realizado a disgusto dicha conducta?8. “La distinción entre dolo e imprudencia en los delitos de resultado lesivo. 401 ss. definido en estos términos. 1999. p. pp. Derecho penal. carece de un contenido propio que justifique su existencia7. Una crítica al planteamiento de Schroth en SCHÜNEMANN. más recientemente. Cfr. Valencia.L. Aparentemente también emplean este método los autores que definen el dolo como “decisión contra el bien jurídico” o “asunción de los elementos constitutivos del injusto” (así. 258 ss [trad. 1994. “Los elementos característicos del dolo”. 269 ss. p. 1980. Principios de Derecho penal. por BACIGALUPO.. Parte general. p. 367. una circunstancia que en modo alguno puede juzgarse positivamente si lo que se pretende es construir una definición de dolo generalmente válida para toda la teoría del delito. Díaz Pita. asimismo FRISCH.ª ed. 321. para que concurra tal decisión o asunción. pp.M. en su Untersuchungen über Vorsatz und Fahrlässigkeit. ADPCP. 1988. Allgemeiner Teil. Madrid. DÍAZ PITA. “Das Wollen beim Vorsatzdelikt und dessen Unterscheidung vom bewußt fahrlässigen Verhalten”. Sin embargo. Madrid. Por tal razón suele hacerse referencia a ellos con la denominación de teorías del conocimiento o de la representación. 8 Cuestiona la necesidad del elemento volitivo en los delitos de mera actividad. Vorsatz. 1995). 909 ss] y SCHROTH. Serrano. p. SCHMIDHÄUSER. pp. o JAKOBS.
1991. El mismo razonamiento se plantea en la STS de 10 de enero de 2000 (ponente Giménez García). RAMOS TAPIA. C. Éstos se plantean. Por todas estas razones. III. en sus puntos de partida no cabe duda de que esta teoría está mucho mejor encaminada que la primera. 530-531 [trad. y sin embargo se beneficia de la situación –iba a cobrar un millón de ptas. pues con ella se consigue un concepto válido tanto para delitos de resultado como para delitos de mera actividad y. “Sobre el tratamiento de los defectos volitivos y de los defectos cognitivos” en JAKOBS. sobre todo. Desde luego. pp. Teoría del delito y disvalor de la acción. las decisiones de este Tribunal se hallaban cada vez más próximas a los postulados de la teoría de la probabilidad. entre los partidarios del dolo como conocimiento. “Die Entwicklung des Vorsatzbegriffs in der spanischen Strafrechtswissenschaft”. 401418. Una conclusión que. se acoge en alguna sentencia del Tribunal Supremo español. pp. 1997. además. 12 Esta idea ya se expresaba en la Sentencia del Tribunal Supremo español de 23 de abril de 1992 (ponente Bacigalupo Zapater). que es una de las variantes más extendidas de la teoría de la representación. sino que es necesario saber cómo debe constatarse en el proceso el dato fáctico del lengua alemana del estado actual de doctrina y jurisprudencia españolas en materia de dolo cfr. en la que se reconocía que. Buenos Aires. la definición del dolo como conocimiento de la realización típica se ha impuesto en la práctica del Derecho penal y ello pese a que una parte importante de la doctrina y. “quien se pone en situación de ignorancia deliberada. En Argentina cabe citar a SANCINETTI. Este punto de vista. Madrid.J. la jurisprudencia se resistan a abandonar la terminología propia de la teoría de la voluntad12. una materia a la que. en realidad las discrepancias tienen sólo una naturaleza terminológica. 101 (1989). se hará también referencia con la denominación de “prueba del conocimiento”. cuando sus partidarios tratan de determinar con precisión qué clase y grado de representaciones son necesarias para afirmar el nivel de conocimientos que exige una realización dolosa. la idea de dolo como conocimiento de los elementos del tipo objetivo es el enfoque del que se partirá en las siguientes páginas para analizar la cuestión de la prueba de dolo. 16 .– está asumiendo y aceptando todas las consecuencias del ilícito negocio en el que voluntariamente participa” (negrita en el original). próximo a la figura anglosajona de la willful blindness. ZStW. pp. de tal modo que. aunque en la doctrina parecen defenderse dos conceptos distintos. sin querer saber aquello que puede y debe saberse. bajo los “ropajes” terminológicos de la teoría del consentimiento. resulta plenamente coherente con la circunstancia de que aquello que excluya el dolo en los textos legales vigentes sea sólo el error y no una inexistente causa de eliminación de la voluntad. Por consiguiente. por lo demás. en la que se afirma que. 11 En la doctrina actual pretende ir más allá JAKOBS. 113 (2001). “Über die Behandlung von Wollensfehlern und von Wissensfehlern”. LA PRUEBA DE LOS HECHOS SUBJETIVOS EN EL PROCESO Para construir una teoría completa del dolo no basta con definir este elemento del delito.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo delitos de mera actividad es suficiente con que el sujeto sepa que en su comportamiento concurren aquellos elementos que integran el tipo objetivo penal. 128-146]. 201202. esta perspectiva teórica no está exenta de problemas. ZStW. En la inmensa mayoría de ocasiones. sobre todo. es posible trazar una delimitación entre dolo e imprudencia que se corresponde con el merecimiento de pena propio de estas formas de imputación subjetiva sin por ello tener que recurrir a datos psíquicos de dudosa existencia práctica11. quien considera que ciertos desconocimientos (provocados o debidos a la indiferencia del sujeto) merecen el mismo tratamiento que casos de dolo. pp. Suárez. como la STS de 16 de octubre de 2000 (ponente Giménez García). quienes se declaran partidarios del dolo como intención acaban resolviendo los casos aplicando un dolo definido como conocimiento. Estudios de Derecho penal. en adelante. Sin embargo.
la constatación de estos hechos resulta especialmente compleja. es muy necesario que la ciencia —ya sea procesal o penal— trate de teorizar sobre ellas15. IV. Heidelberg. p. 1987. JA. “Presunción de inocencia. a diferencia de lo que sucede con la prueba de otros elementos fácticos. RDP. Normative Probleme der “Tatsachenfeststellung”. LESCH. “La prueba del error en el proceso penal”. 533 ss. En este sentido puede afirmarse que las actuales definiciones de dolo no pretenden una teoría completa sobre este concepto. 14 Algunas excepciones dignas de ser citadas son HRUSCHKA. Milán. 379. pp. p. 16 Una perspectiva sobre cómo argumenta la jurisprudencia española en materia de dolo puede encontrarse en LAURENZO COPELLO. vol. En este sentido. los procesalistas tampoco se han mostrado muy dispuestos a desarrollar su teoría general de la prueba o de los medios probatorios pensando en los concretos elementos de la infracción punible. Dolo. 1997. “Gegenwartsprobleme des Vorsatzbegriff und der Vorsatzfeststellung – am Beispiel der AIDS-Diskussion”. “Der Vorstellungsinhalt des dolus eventualis”. 1960.REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004 que depende su aplicación: los conocimientos del acusado en el momento de delinquir13. Heidelberg. Sobre la relación entre prueba y concepto en los elementos subjetivos cfr. Múnich. ADPCP. ‘in dubio pro reo’ y recurso de casación”. “Begriff und Beweis subjektiver Merkmale”. Los elementos subjetivos del delito. de tal modo que. apenas era posible encontrar trabajos que se ocuparan de esta materia14. si uno trata de encontrar en la doctrina construcciones teóricas que analicen esta cuestión no hallará muchas respuestas pese a su indudable importancia para la aplicación cotidiana del Derecho Penal. debe afirmarse que las reglas de prueba desempeñan un importante papel político-criminal de delimitación del ámbito de lo punible y que. 2000. BRICOLA. por el contrario. por tanto. con una aplicación procesal flexible conceptos muy estrictos de dolo pueden llevar a castigar frecuentemente en la práctica por delito doloso. Lamentablemente. ZStW. “Dolus ex re”. Sin embargo. En Italia. 83. 15 Se plantea la posibilidad teórica de integrar en los conceptos dogmáticos los recursos para su aplicación práctica. y VOLK. por tal razón. En España se ocupa de la cuestión DÍEZ RIPOLLÉS. 1993. 1988. PUPPE. sino que surgen también cuando se intenta constatar en el proceso la presencia de otros fenómenos de naturaleza psíquica. BACIGALUPO ZAPATER. argumentando a menudo que ésta es una tarea que compete a la ciencia procesal. Dolus in re ipsa. Sobre estas figuras. p. 1994. 26 y VOLK. 746-747. FRISCH. 152-177. hasta hace poco. pues la mutua ignorancia entre lo sustantivo y lo procesal hace imposible saber cuál es el exacto alcance de las teorías que la ciencia penal formula sobre el dolo. que conjugaban las cuestiones probatorias con las conceptuales. en Kleinknecht-FS. Múnich. en K. como la del dolus ex re o el dolus indirectus. en Arthur Kaufmann-FS. p. no sucedía en teorías anteriores al siglo XIX. como la prueba testifical16. el conocimiento ajeno es un dato que se sitúa más allá de la percepción sensorial y. pp. en 50 Jahre Bundesgerichtshof. Meyer-GS. Según se afirma. para su descubrimiento bien poca cosa pueden aportar los medios probatorios más habituales. Osservazzioni in tema di ogetto e di accertamento del dolo. 13 17 . Semejantes dificultades no se circunscriben al dolo. 103 (1991). en 50 Jahre Bundesgerichtsthof. cfr. 1989 y PÉREZ DEL VALLE. 1990. Esta situación no puede en modo alguno valorarse positivamente. pues. Bases metodológicas. No en vano. p. p. p. VOLK. Valencia. 191 ss. mientras que conceptos teóricamente muy amplios pueden conducir a un menor número de condenas si en la práctica el juez es muy restrictivo en el momento de la prueba. “Über Schwierigkeiten mit dem Beweis des Vorsatzes”. Berlín. FREUND. La demostración en el proceso penal del conocimiento o las representaciones de un acusado en el momento de realizar la conducta delictiva entra dentro de lo que jueces y tribunales suelen denominar la prueba de hechos subjetivos o psicológicos. 739 ss. 106 ss. 1985. 413 ss. algo que. p. La dogmática tradicional no ha manifestado un especial interés por analizar el traslado de los conceptos teóricos a la práctica forense.
en segundo lugar. sólo tienen razón de ser si se parte de la premisa teórica según la cual dos casos idénticos sólo pueden tener una solución correcta. Neuwied. 17 18 . en el fondo. 728. Cfr. quien argumenta que. 1995. Aunque es evidente que en la práctica cotidiana inevitablemente casos iguales van a tener soluciones distintas. El conocimiento de la antijuricidad y el art. 256 y FREUND. En primer lugar. según suele afirmarse. Normative Probleme. hoy en día ya no se entiende que la confesión suponga la “prueba plena” de los elementos subjetivos. por tanto. sino que se atribuye a ambos el mismo rango en tanto que medios probatorios.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo como aquéllos en que se basan los elementos subjetivos del tipo o el conocimiento de la antijuricidad17. puesto que sólo el acusado sabe realmente qué pasaba por su cabeza en el momento de cometer los hechos. “Maßstäbe und Grenzen richterlicher Überzeugungsbildung im Strafprozeß”.). “‘Gewißheit’ und ‘Wahrscheinlichkeit’ im Strafverfahren”. de forma más o menos explícita. para la prueba de los hechos psíquicos. se provoca en la persona del juez la íntima convicción de que tal hecho ha sucedido realmente. pp. Wahrscheinlichkeitsurteile in juristischen Entscheidungen. p. mientras que la prueba de indicios sería una prueba de segunda clase. 1983. por lo menos si se pretende que la labor de la ciencia penal tenga algún sentido. Zur Theorie und Systematik des Strafprozeßrechts. la solución de los dos casos deberá considerarse correcta20. la dogmática jurídica. s/n. Kleinknecht-FS. existen dos grandes medios probatorios. Sin embargo. que. en WOLTER (ed. al respecto HRUSCHKA. es decir. Por su parte HANACK. Barcelona. pese a ello. 105 y 107 del carácter “emocional”. JuS. dado que se admite la posibilidad de que la confesión no necesariamente concuerde con la realidad de lo sucedido. en especial. cfr. la ciencia penal y. No obstante. 18 Con todo. es la prueba por excelencia de la existencia de dolo. la aplicación por parte del juez de determinadas máximas de experiencia a hechos de naturaleza objetiva previamente probados. 1977. que no toda íntima convicción del juez por el mero hecho de producirse ya debe ser aceptada como Sobre el tratamiento que la jurisprudencia del Tribunal Supremo español dispensa a la prueba del conocimiento de la antijuricidad. El convencimiento judicial como culminación de la actividad probatoria ha ido ligado históricamente a los sistemas de libre valoración de la prueba que predominan en los ordenamientos procesales más modernos desde que cayeran en desgracia los sistemas de prueba tasada19. 14 del Código Penal. 199. según la perspectiva tradicional el empleo de estos dos medios probatorios sólo sirve para acreditar un hecho cuando. que dos casos absolutamente idénticos pueden tener soluciones radicalmente distintas en función de quien los enjuicie y que. si se acoge la convicción del juez como criterio decisivo para una correcta valoración de la prueba se hace depender la solución final de los casos de un factor subjetivo y cambiable. Acogiendo este punto de vista debe afirmarse. Este segundo medio probatorio es el recurso al que más frecuentemente se acude en la práctica para atribuir conocimientos. Berlín. Error iuris. 163-206. Dicho en otras palabras. p. ya que las confesiones autoinculpatorias no son demasiado frecuentes18. 20 En la doctrina ponen de manifiesto el carácter irracional del acto de convicción STEIN. como resultado de su valoración. la íntima convicción como objetivo de la actividad probatoria plantea un grave problema teórico: dado que las convicciones personales son algo muy variable de una persona a otra. FELIP I SABORIT. lo que supone aceptar. la confesión autoinculpatoria. prólogo. 2000. 19 Ésta es la concepción que justifica la redacción de artículos como el 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal española o el § 261 de la StPO alemana. la prueba de indicios. el que esto suceda no puede dejar de ser visto como algo anómalo. Tradicionalmente se ha entendido que. Y. pp. p. la confesión sólo es un indicio más. habla del carácter “subjetivo” del acto de convicción y NELL.
que sirven para determinar. qué es lo que se representó una persona en el momento de llevar a cabo una determinada conducta. de entre las diversas convicciones “sostenibles” que puedan imaginarse para un caso concreto. decía el Tribunal Supremo– de la prueba tasada. IV. 1988. MAIWALD.REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004 válida. 105 (1993). cfr. NStZ. aunque consiguen rechazarse las conclusiones judiciales absurdas. p. sino que. 527. llegados a este punto. una posibilidad que no cabía con las concepciones más tradicionales de la íntima convicción. la cuestión que. que se asentaban en una visión absolutamente subjetiva de este requisito22. sino que tal convicción sólo será aceptable si coincide con la solución correcta del caso que se está juzgando. AK-StPO. algo que. Frankfurt a. 21 19 . En consecuencia. En esta resolución se presenta esta libertad absoluta del juez en el momento de valorar la prueba como un avance frente al sistema –“felizmente superado”. § 261. 1994. HOYER. pues con ella los tribunales superiores han admitido la posibilidad de revisar la valoración de la prueba realizada por los jueces o tribunales de instancia. con ella se sigue planteando el problema de que. La mínima actividad probatoria en el proceso penal. 90 ss. n. siempre que ninguna de ellas pueda calificarse de ilógica o de científicamente insostenible. de forma más precisa. se sigue admitiendo que dos casos idénticos pueden tener dos soluciones correctas distintas. Cfr. “Der Konflikt zwischen richterlicher Beweiswürdigungsfreiheit und dem Prinzip ‘in dubio pro reo’”. p. Sobre las raíces históricas de este razonamiento cfr. entre otras la sentencia BGH. por tanto. Una respuesta sólo parcial a esta pregunta la ofrece la denominada “teoría de los dos niveles en la valoración de la prueba”. ésta era siempre un acto “libérrimo” y. pocas veces sucede en la práctica23. 23 La posibilidad de esta doble solución correcta se admite de hecho en la doctrina por autores como MIRANDA ESTRAMPES. pp. irrecurrible. No obstante. a partir de la concurrencia de ciertos datos externos. y pese al indudable avance que ha supuesto esta teoría. En la práctica. Barcelona. en aquellos casos en que la apreciación de la prueba no depende necesariamente de la inmediación judicial. Para superar este inconveniente es necesario construir una teoría que no se limite a rechazar aquellas convicciones que puedan calificarse de insostenibles. 13 ss. ha tenido un efecto altamente positivo. PROPUESTA DE TRATAMIENTO: LAS REGLAS DE ATRIBUCIÓN DEL CONOCIMIENTO En el caso de la “prueba del conocimiento” la elección de un criterio teórico que permita determinar la solución correcta exige analizar el contenido de las denominadas “reglas de experiencia” y. la búsqueda de criterios para saber cuál es la decisión correcta en este ámbito no pasa por intentar evitar Para conocer cómo aplica la jurisprudencia española esta teoría resulta fundamental la STS de 15 de abril de 1989 (ponente Bacigalupo Zapater).º marg. 152-154. la implantación de esta teoría. establezca cuál debe acogerse como correcta. por lo menos en la jurisprudencia española. p. una determinada convicción no puede aceptarse sin más como correcta si su contenido se opone a los conocimientos científicos imperantes o contradice las reglas de la lógica y la experiencia21. 1997. ZStW. Según esta perspectiva. de aquéllas que pueden denominarse “reglas de experiencia sobre el conocimiento ajeno”.. y SCHMIDT. Grundsätze der freien richterlichen Beweiswürdigung im Strafprozeßrecht. en este sentido la STS de 10 de febrero de 1978 (ponente Vivas Marzal). afortunadamente. 236 ss. debe resolver la ciencia penal es la de cuáles son los criterios para decidir en qué casos es correcta una convicción judicial. Lógicamente.M. En Alemania. 22 De acuerdo con las perspectivas más tradicionales de la convicción judicial.
Todo parece indicar que el parámetro para decidir sobre la corrección de una determinada regla de experiencia no puede ser otro que la existencia de amplio consenso social en torno a su vigencia. Colonia. Ein Beitrag zur Kriminologie des Allgemeinen Teils des StGB”. El dolo…. p. p. una consideración que puede tener importantes efectos –sustantivos y procesales– en sistemas que. una persona por fuerza ha sido conocedora de determinados hechos. p. Bogotá. 4. p. Valoración de la prueba. “Der psycologische Gehalt subjektiver Elemente im Strafrecht”. 22. por la función social que el Derecho penal desempeña. 20 . p.ª ed. p. 323-353. Por mencionar un ejemplo concreto.. STEIN. Para un mayor desarrollo del punto de vista particular.3 CE). 1977. parecen sustentar autores como HRUSCHKA. 57. en España. 26 Cfr. sino en acudir a la interacción social para buscar dichas reglas. 154-155. Jugendliche Mörder. KARGL. una función que sólo tendrá consecuencias legitimables si los mensajes que la justicia penal dirige son aceptables y comprensibles desde el punto de vista los ciudadanos. véase RAGUÉS I VALLÈS. en Italia. de tal modo que. pp. 3. 234.ª ed.. presupuestos ciertos datos objetivos. Valencia. FRAMARINO DEI MALATESTA. 15 ss. por ejemplo. cit. 1995. para la constatación de los elementos subjetivos. 1994.. op. Eine Darstellung an 80 vollendeten und versuchten Tötungsdelikten von Jugendlichen und Heranwachsenden. cuando la conducta realizada por el sujeto se considere como forzosamente consciente desde el punto de vista de la interacción social. en buena medida. como el español. 1995). En el caso concreto de la prueba del dolo deberá aislar aquellas reglas que se emplean en sociedad para las atribuciones mutuas de conocimientos entre ciudadanos25. Sin embargo. Semejante conclusión se justifica. Kleinknecht-FS. “Dolus eventualis und Affekt.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo que el juez llegue a conclusiones opuestas a las reglas de experiencia.. Las anteriores ideas sirven para resolver complejas cuestiones que pueden plantearse en la práctica. proclaman la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos en su texto constitucional (art. las observaciones de estos peritos podrían llevar a negar el dolo en el caso de suscitarse una duda en la persona del juez26. 1912 (trad. p. podrá atribuir correctamente dichos conocimientos al concreto acusado. 191 ss. en cada caso. Frankfurt a. Por este motivo debe afirmarse que la tarea del juez no debe consistir en construir o inventar las reglas de experiencia para cada caso concreto. Turín. 9. Sólo cuando el juez encuentre en dicha interacción una regla de experiencia de vigencia indiscutible según la cual. lo que permite afirmar que toda valoración arbitraria de la prueba supone la infracción de un precepto constitucional. S. la valoración que merecen ciertas opiniones periciales acerca de las hipotéticas representaciones de los acusados en el momento de suceder los hechos. como. y. Lógica de las prueba en materia criminal. en Zur Theorie. GA. cuál es la solución que dichas reglas imponen como correcta24. en el caso de algunos homicidios pasionales se plantea en ocasiones por ciertos psicólogos o psiquiatras que posiblemente el acusado no haya sido plenamente consciente de cuál era la auténtica trascendencia de sus actos. 454 ss. en Alemania. 24 Algunos fundamentos para sustentar esta conclusión pueden encontrarse en trabajos tan diversos como. Guerrero. Cualquier convicción judicial que se aparte de este criterio deberá ser considerada arbitraria. desde el punto de vista que aquí se defiende tales opiniones no tienen valor alguno para la constatación forense del conocimiento ajeno. pp. 20. Berna. así como la obra en la que.M. 1978. motivación y control en el proceso penal. sino de ver. De acuerdo con un planteamiento tradicional. ésta deberá ser también la conclusión del juez. Der strafrechtliche Vorsatz auf der Basis der kognitiven Handlungstheorie. se basan estos dos autores: LEMPP. IGARTUA SALAVERRIA. Carrejo y G. Bruns-FS. 25 De forma más o menos explícita éste es el punto de vista que. 1993. al respecto diversos planteamientos recogidos en trabajos como PRITTWITZ. ante todo. y KRAUß.
porque actualmente no existe suficiente confianza en los resultados de dicho medio probatorio. 306-307. con todas sus anomalías y limitaciones personales. por ejemplo. pp. En cambio. Bruns-FS. el “hombre perfecto”. en el ámbito del dolo (y de su prueba) no se opera propiamente con ninguna de estas dos figuras. Aunque en un párrafo se afirma tajantemente que los elementos subjetivos “se sustraen a las pruebas testificales y periciales en sentido estricto”. el juez no puede ni debe acudir a la prueba pericial. quien sostiene que las ciencias empíricas carecen del instrumental necesario para constatar procesos psíquicos singulares e irrepetibles. el grado de impregnación alcohólica que presentaba en el 27 Este punto de vista coincide con lo manifestado por KRAUß. desde la perspectiva de las actuales valoraciones sociales. Desde un punto de vista sustantivo las anteriores ideas permiten observar también cómo el modelo de sujeto con el que trabaja la teoría del delito varía según el escalón de dicha teoría en el que se opera. en el párrafo siguiente se afirma la existencia de ánimo lúbrico apoyándose explícitamente en “criterios suministrados por los peritos”. que para la “prueba del dolo” o de otros requisitos de la infracción penal. Los elementos subjetivos. A diferencia de lo que suele presuponerse. Con todo. pues mientras en el primer nivel se razona mayoritariamente con el denominado “hombre medio” o. “Grenzen der Umsetzung der Strafrechtsdogmatik in der Praxis”.REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004 Tal negativa se explica porque. 593 o LOOS. referida a un caso de prueba del ánimo lúbrico en un abuso sexual. Göttingen. esta sentencia es una excepción dentro de la jurisprudencia española sobre elementos subjetivos. que hasta cierto punto puede sorprender con respecto a los delitos de sangre. Una mayor consideración hacia el papel que pueden desempeñar los peritos en la prueba de los elementos subjetivos en DÍEZ RIPOLLÉS. como los elementos subjetivos del tipo o el conocimiento de la antijuricidad. sino con un tercer modelo resultante de contextualizar al hombre medio en el escenario del concreto acusado. 28 Claramente contradictorio lo sostenido en la STS de 30 de marzo de 1999 (ponente Martínez Arrieta). 21 . unas de orden sustantivo y otras de orden procesal. p. sino que los medios probatorios admisibles deben variar en función de lo que deba ser probado. Esta conclusión. en Rechtswissenschaft und Rechtsentwicklung. añadiéndole buena parte de sus características personales. estas periciales se convierten en el recurso por excelencia cuando se trata de determinar la existencia de determinados transtornos psíquicos en la persona del acusado28. Tal afirmación resulta evidente si el modelo de hombre empleado en la imputación objetiva se compara con el utilizado en la culpabilidad. en la culpabilidad se tiene en cuenta al acusado individualmente considerado. pero no para descubrir qué es lo que dicho sujeto sabía o se representó en el momento ya pretérito en que llevó a cabo una conducta objetivamente típica. casi siempre porque las partes tampoco han solicitado su práctica en juicio. en los que resulta evidente que nada pueden aportar psicólogos o psiquiatras en relación con la prueba del conocimiento de un acusado27. parece casi una obviedad en delitos de naturaleza económica o patrimonial. por ejemplo. En este ámbito el criterio decisivo debe ser el grado de confianza social en la certeza de los resultados de cada medio. 1980. pues en la inmensa mayoría de sentencias no se plantea siquiera la posibilidad de acudir a la prueba pericial. a los psiquiatras y psicólogos tal vez se les reconozca competencia para aportar información sobre cuándo un sujeto padece una determinada anomalía psíquica o enfermedad mental. como. lo que permite sostener. las enfermedades psíquicas que pueda padecer. p. mejor dicho. La anterior afirmación tiene varias repercusiones. que advierte y prevé todos los peligros relevantes. pero sin tener en cuenta todavía determinados factores de su individualidad. 272. La primera de ellas es poner claramente de manifiesto que en el proceso penal el juez no puede echar mano sin más de cualquier medio probatorio imaginable para la prueba de cualquier elemento del delito.
evitándose asimismo tratar como imprudentes conductas que en las valoraciones cotidianas nadie juzgaría como tales30. JA. 752) que en estos razonamientos siempre se acude a lo que “‘uno’ habría pensado. la situación personal del concreto acusado deberá ser tenida en cuenta en el momento de analizar su culpabilidad. sentido o creído en esta situación concreta”. 86. Aunque semejante constatación pueda escandalizar. puede presentarse exactamente como creíble a los conocimientos de la generación posterior”. La idea de que en el ámbito de la prueba de los elementos subjetivos nunca se pretende una plena subjetivización del acusado es puesta de manifiesto por VOLK. Con afirmaciones de este tipo se asume de forma explícita un evidente riesgo de que las conclusiones del juez acerca del conocimiento del acusado puedan no coincidir con la realidad de aquello que dicho acusado verdaderamente supo o se representó en el momento de los hechos33. en alguna resolución se toman en cuenta los transtornos de personalidad como indicio para negar que un sujeto actuara con dolo. 117.ª ed. que en ocasiones puedan resultar los juicio de valor que se formulen”. y como afirma algún autor. embriaguez o alteraciones psíquicas puedan ser tenidas en cuenta para negar el dolo del acusado. 33 Con una franqueza fuera de lo común.1997.ª) de 15 de marzo de 1997 (ponente Aparicio Gallego). I. que (casi) siempre ha negado que circunstancias como la obcecación. cfr. no obstante. éste es también el planteamiento del Tribunal Supremo español (cfr. sino que es un riesgo inherente a toda condena dictada en la jurisdicción penal. en tanto en cuanto el adelanto de la ciencia no permita un mayor conocimiento de lo que pasa en la mente de una persona” obligan a acudir a otros criterios “aun a sabiendas de lo erróneo y.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo momento de suceder los hechos o el estado de arrebato u obcecación en que se hallaba cuando delinquió29. Excepcionalmente. 131 ss. Aunque sin explicitar los fundamentos teóricos que lo justifican. pues. Lógica. Sólo razonando de este modo se impide una doble atenuación injustificada –por falta de dolo y de plena imputabilidad– en el caso de ciertas anomalías psíquicas o intoxicaciones. p. § 12. obcecado porque su pareja sentimental le abandona por otro. p. Allgemeiner Teil.. quien afirma que las conductas realizadas en estados pasionales no guardan ningún parecido con las conductas imprudentes. del sujeto que. NK¸ § 15. por ejemplo. 32 En un mismo sentido PUPPE. n. Sostiene este autor (ibídem. “Strafrechtsdogmatische Probleme der Tötung des Intimpartners”. Por supuesto. la STS (Sala 5. 31 Caso citado por SCHILD. vol. visto. esta posibilidad es reconocida por la STS de 14 de julio de 1989 (ponente García Miguel). 34 Una idea planteada en estos términos por FREUND. Éste es el caso. en consecuencia arbitrario. no debe perderse de vista que este riesgo no es algo exclusivo de la prueba del dolo según el planteamiento aquí defendido. 1991. 752-753. por ejemplo. 48 ss. no en vano. por ejemplo. si se llevara hasta el último extremo la idea del in dubio pro reo jamás debería condenarse. n.. provoca su muerte propinándole con una plancha numerosos golpes en la cabeza31. pero no antes32. Múnich.º marg. En términos similares ya FRAMARINO DEI MALATESTA. en 50 Jahre Bundesgerichtshof. 3. 30 En estos términos razona implícitamente ROXIN. pues para tal conclusión lo único que importa es la vigencia de una regla de experiencia social según la cual quien propina a otra persona más de cincuenta golpes en la cabeza con una plancha de hierro es consciente de que puede ocasionar su muerte. en la que se afirma que “razones de seguridad jurídica colectiva. entendidas éstas como descuidos. Strafrecht. 29 22 . 6. la STS de 13 de noviembre de 1991 [ponente Montero Fernández-Cid]). quien reconoce que “lo que falsamente aparece como increíble ante la ignorancia de una generación.º marg. aunque sólo fuera por la duda sobre si las verdades que hoy se asumen como tales dejarán de serlo con el paso de los años34. pp. El que en casos como éste psicólogos o psiquiatras puedan argumentar que el grado de obcecación fue tal que el sujeto no era verdaderamente consciente de la trascendencia de sus actos no impide afirmar que existe un homicidio doloso.. Normative Probleme. p. p.
p. Piénsese. ni puede. RAGUÉS I VALLÈS. 233 ss. LA PRUEBA DEL DOLO EN LOS DELITOS DE RESULTADO En el caso de los delitos de resultado la doctrina y jurisprudencia mayoritarias entienden que. V. FRAMARINO DEI MALATESTA. entre otras. en la medida de lo posible. HOYER. En este análisis se aislarán algunos criterios que permitan alcanzar los dos objetivos trazados: máxima reducción. pp. exigen este elemento típico. 105 (1993). por un lado. intentar reducir al máximo dicho riesgo de error dentro de los márgenes que permite la ineludible necesidad de pena que suscitan determinados hechos y. ZStW. es necesario que el acusado se haya representado el riesgo concreto de producción del resultado típico que creaba con su conducta37. 38 Para esta cuestión en general cfr. p. Para mostrar con un ejemplo cómo puede llevarse a cabo esta necesaria labor. seguidamente se analizará el complejo problema de la prueba del dolo del resultado en aquellos delitos que. intentando huir de la policía después de un atraco bancario. como el homicidio o las lesiones. 37 La distinción entre conocimiento en abstracto del peligro —que da lugar a imprudencia— y conocimiento en concreto –que da lugar a dolo– es acogida en diversas resoluciones del Tribunal Supremo español. legitimar puros subjetivismos como la convicción judicial. entre otras. por ejemplo. El dolo. así como búsqueda de racionalidad y uniformidad en las soluciones son los dos grandes objetivos que deberán guiar la construcción de una nueva teoría de la prueba pensada para la aplicación procesal de los diversos elementos conceptuales que conforman la infracción penal36. para eliminarlo aparentemente. del riesgo de error y uniformidad en el tratamiento de los casos. Para superar esta tentación. así como un conocimiento correcto de las circunstancias fácticas que lo rodearon. p. y STEIN. dispara contra un agente hiriéndole mortalmente y que alega en juicio no haberse representado un riesgo concreto de muerte. hablar de certeza allí donde sólo hay una probabilidad sólo sirve para encontrar un “cómodo sillón a la pereza que incita a descansar en él con el pretexto hipócrita de una buena conciencia”35. como. Lógica. 58. para poder hablarse de una realización dolosa. O imagínese la misma alegación en el caso del conductor con prisas que decide saltarse un semáforo en rojo pensando que evitará a los otros vehículos y que acaba ocasionando una colisión mortal. la dogmática debe. 35 36 23 . p. 43. en el sujeto que. en Zur Theorie. pese a lo cual su defensa alega en el juicio que su cliente no integró estos dos conocimientos en el juicio de apreciación del concreto riesgo que exige el dolo de los delitos de resultado38. La reducción del riesgo de error a unos niveles que permitan considerar legítima su asunción.REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004 Una dogmática penal que quiera hacerse verdaderamente merecedora de la consideración de ciencia no puede ignorar semejante riesgo. por otro lado. 523 ss. Normative Probleme. En la práctica es bastante frecuente encontrar casos en que puede atribuirse al acusado el conocimiento en abstracto del riesgo que generaba su comportamiento. Como afirmaba el procesalista italiano Framarino dei Malatesta. debe procurar criterios racionales y uniformes que eliminen la sensación de que las soluciones dependen de un acto puramente emocional del juez. 455-508. Un intento de reducción del riesgo de error a unos límites que permitan legitimarlo teóricamente puede encontrarse en los trabajos de FREUND. la STS de 5 de febrero de 1997 (ponente Martínez-Pereda Rodríguez).
pues. si bien son objetivamente capaces de provocar determinadas consecuencias lesivas. de acuerdo con la experiencia social. del mismo modo que el conductor es consciente de que. en la valoración social no están vinculadas indefectiblemente a su acaecimiento. ¿Qué decisión debe tomar el juez ante las alegaciones de que estos conocimientos singulares no se integraron en el juicio de peligro concreto que exige el dolo? A la anterior pregunta respondería la doctrina tradicional afirmando que la solución depende de la íntima convicción del juez a la vista de las pruebas practicadas en el acto del juicio. en el caso de quien provocó un accidente de tráfico y afirma no haberse representado en concreto el riesgo concreto de muerte que estaba creando. pueden citarse como especialmente aptas para causar una muerte conductas como disparar contra el cuerpo de otra persona o hacer explosionar una potente bomba en un lugar concurrido. por ejemplo. cualquier persona adulta en su sano juicio sabe que disparar contra otro crea un riesgo de muerte y lo mismo puede afirmarse de quien ignora un semáforo en rojo en la vía pública.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo En ambos casos el juez se encuentra ante sujetos que. en lo que respecta a los riesgos que conllevan determinados comportamientos. por los motivos expuestos en páginas anteriores semejante planteamiento no puede aceptarse. Así. es posible que su vehículo colisione con los que se avecinan por la vía perpendicular. en ambos casos puede atribuirse a los dos sujetos el conocimiento de las circunstancias en que actuaban: el atracador sabe que la pistola está cargada y que el agente se encuentra en las posibles trayectorias de la bala. la misma alegación 24 . el juez está obligado a creer dicha alegación y sólo podrá condenar por imprudencia. sino que debe ser superado mediante la construcción de una teoría que permita establecer en estos casos cuál es la solución correcta de acuerdo con criterios racionales y válidos para cualquier otro supuesto similar. conocen en abstracto cuáles son los riesgos que crean con su conducta. aunque objetivamente pueden ocasionar una muerte. En esta distinción influyen cuestiones muy diversas. en la experiencia social esta consecuencia no es algo indisociablemente ligado a su realización. como la utilidad social de determinadas actividades. debiendo imputarse sólo a título de imprudencia la causación del resultado típico. se le deberá atribuir a título de dolo la causación del resultado correspondiente. en primer lugar. La distinción entre conductas especialmente aptas y este segundo grupos de conductas —que en adelante serán denominadas “conductas neutras”— debe ser el criterio rector en la práctica para decidir cuándo una alegación de desconocimiento del riesgo concreto deberá ser creída. por el contrario. Del mismo modo. En cambio. pues. Un análisis de dichas reglas permite afirmar que la experiencia social distingue. si cruza en rojo. Sin embargo. para encontrar tal solución es necesario acudir a las reglas sociales de experiencia que rigen en materia de atribución del conocimiento ajeno. entre conductas especialmente aptas para ocasionar ciertos resultados y conductas que. dicha alegación sí será creíble en el caso de las conductas neutras. la habituación que existe a ellas o la frecuencia estadística con la que su ejecución lleva al acaecimiento del resultado. por ejemplo. otros comportamientos como conducir un automóvil son sólo neutros en relación con el resultado. En el caso en que el acusado haya realizado una conducta especialmente apta no deberá prosperar ninguna alegación por su parte en el sentido de haber desconocido en concreto el riesgo que estaba generando y. En cambio. mientras que. consecuentemente. Por razones antes expuestas. En el caso del homicidio.
º marg. Todos esos indicios — frecuentemente valorados por los tribunales españoles para “probar” el dolo— tienen una naturaleza totalmente equívoca en relación con las representaciones del acusado en el momento de cometer el delito y. nadie reclama su abandono. de datos como la personalidad (violenta) del acusado.39. sus experiencias previas afortunadas en la realización de hechos similares. sin embargo. no puede ignorarse que también puede dirigirse la misma objeción a muchas otras teorías referentes a diversos elementos del delito. sin que por ello se declare el fracaso de tales teorías: conceptos como “previsibilidad” en la imputación objetiva. en los supuestos en que la proximidad del acaecimiento del resultado se perciba mediante signos externos durante la realización de la conducta típica y. en la STS de 5 de diciembre de 1991 (ponente Soto Nieto) se tiene en cuenta como indicio la “personalidad del agresor” y la del “agredido”. Éste es el caso. sino que. NStZ. por ejemplo. la existencia o no de motivos para cometer el delito etc. por ejemplo. Mientras los planteamientos tradicionales se conforman con una valoración de cualquier indicio imaginable con tal que el juez llegue a formarse una convicción. sin embargo. a la presente construcción teórica se le puede criticar el que maneje conceptos cuya vaguedad hace difícil una aplicación inequívoca en el caso concreto. la actitud posterior al hecho del acusado en la STS de 1 de diciembre de 1991 (ponente Moyna Ménguez). § 12. las experiencias previas afortunadas en la STS de 24 de noviembre de 1995 (ponente Delgado García). Por otra parte. en los casos en que el sujeto exteriorice de algún modo que sí es conocedor de dicho riesgo. no deben ser tenidos en cuenta por el juez. con la presente teoría se descartan determinados indicios utilizados a menudo en la práctica que. por último. 74. la solución propuesta tiene la gran ventaja de que permite discriminar qué indicios objetivos merecen ser tenidos en cuenta por el juez en el momento de resolver la cuestión de la prueba del dolo. puede calificarse de “neutra”. cuando la dinámica comisiva no haga creíble –especialmente en los casos de minuciosa preparación– que el sujeto no haya recapacitado sobre los riesgos de su actuación. Una crítica a esta teoría en PUPPE. por ejemplo. no parecen estar en condiciones de llevar a conclusiones aceptables cuando se trata de atribuir conocimientos a terceras personas sobre la base de la experiencia social. lo que se persigue es un mayor grado de concreción teórica que haga posible un empleo menos arbitrario en la práctica. Así. 1992. su arrepentimiento o frialdad posteriores a la conducta típica. en abstracto. n. 576 ss y ROXIN. con referencias. “fase ejecutiva” en el delito intentado o “posición de garante” en los delitos de omisión no son precisamente conceptos mucho más concretos que los que aquí se proponen para resolver la cuestión del dolo del resultado y.REJ – Revista de Estudios de la Justicia – Nº 4 – Año 2004 no deberá merecer la más mínima credibilidad si lo que hizo el sujeto fue provocar el estallido de un potente explosivo. No obstante lo anterior. p. deberá atribuirse el conocimiento que exige el dolo de los delitos de resultado aun habiéndose realizado una conducta que. en todo caso. “Die Logik der Hemmschwellentheorie des BGH”. Por estas mismas razones no puede asumirse tampoco la “Hemmschwellentheorie” que emplea a menudo la jurisprudencia del Tribunal Supremo alemán para negar el dolo homicida en aquellos casos en que no se encuentra fácilmente un motivo por el que se haya causado la muerte de la víctima. No obstante. Desde luego. por tal razón. Todos estos “indicios” han sido tomados en consideración por el Tribunal Supremo español en algunas de sus sentencias: así. 39 25 . Strafrecht. la afirmación de que en las conductas neutras es en principio creíble una ausencia de representación del riesgo que se estaba creando en concreto debe estar sujeta a algunas excepciones. y aun cuando esta crítica tenga cierta parte de razón.
Hasta que esto no suceda. la pretensión de que lo igual se trate de igual manera no puede limitarse a la aplicación del Derecho penal sustantivo. otro gran avance del presente planteamiento es aportar una mayor previsibilidad en la resolución de los casos. _____________________________________________________________________________________ Abreviaturas empleadas: §: parágrafo ADPCP: Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales AK-StPO: Kommentar zur Strafprozeßordnung (Reihe Alternativkommentare) BGH: Bundesgerichtshof (Tribunal Supremo Federal de Alemania) BGHSt: Repertorio jurisprudencial del BGH en asuntos penales (colección oficial) CE: Constitución Española CPC: Cuadernos de Política Criminal FS: Festchrift für (Libro Homenaje a) GA: Goltdammer’s Archiv für Strafrecht GS: Gedächtnisschrift für (Libro en Memoria de) JA: Juristische Arbeitsblätter JuS: Juristische Schulung JZ: Juristenzeitung NK: Nomos Kommentar zum Strafgesetzbuch NStZ: Neue Zeitschrift für Strafrecht RDP: Revista de Derecho Procesal StGB: Strafgesetzbuch (Código penal alemán) StPO: Strafprozeßordnung (Ordenanza Procesal alemana) STS: sentencia del Tribunal Supremo español ZStW: Zeitschrift für die gesamte Strafrechtswissenschaft. sino que debe extenderse también a la valoración de la prueba. tan determinante es un extremo como el otro a efectos de determinar la punibilidad de ciertas conductas. cuando se entiende que sólo una solución puede ser correcta. Como se ha dicho antes. 26 . la dogmática penal sólo estará alcanzando a medias sus objetivos. Sin embargo. el hecho de que un tribunal haya declarado que un determinado medio comisivo es especialmente apto deberá vincularle en sus posteriores resoluciones tanto como pueden hacerlo otras decisiones en materia de interpretación de los textos legales. Por esta vía debe evitarse que supuestos idénticos desde el punto de vista objetivo se acaben tratando de forma dispar en el ámbito de la tipicidad subjetiva en función de cuáles sean las apreciaciones o intuiciones personales de cada juez. Tal previsibilidad muy difícilmente puede conseguirse si se parte de que el criterio rector es la mera convicción.Ragués – Consideraciones sobre la prueba del dolo Por último. A fin de cuentas.
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