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Timestamp: 2019-01-16 04:15:22+00:00

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﻿ SENTENCIA SL13273-2016/41210 DE JUNIO 1 DE 2016
SENTENCIA SL13273-2016 DE 01 DE JUNIO DE 2016
CONTENIDO:REQUISITO DE CONVIVENCIA PARA ASPIRAR A LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES. LA CONVIVENCIA QUE DEBE DEMOSTRAR QUIEN ASPIRE A OCUPAR EL LUGAR DEL PENSIONADO EN LA RECEPCIÓN DE LA PRESTACIÓN ES LA QUE EXHIBA CONDICIONES DE RESPONSABILIDAD EN EL PROPÓSITO DE CONFORMAR UNA FAMILIA, BRINDAR ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL, APOYO ECONÓMICO Y VIDA EN COMÚN. AUN EN ESTADOS DE SEPARACIÓN IMPUESTA POR LA FUERZA DE LAS CIRCUNSTANCIAS, COMO PODRÍAN SER LAS EXIGENCIAS LABORALES O IMPERATIVOS LEGALES O ECONÓMICOS, DEBE EXISTIR VOCACIÓN DE CONVIVENCIA. ES REQUISITO DE NECESARIA CONCURRENCIA PARA QUE PUEDA EXAMINARSE LA VIABILIDAD DE LA PRESTACIÓN POR MUERTE, DADA LA TELEOLOGÍA DEL PRECEPTO EN MENCIÓN, QUE NO ES OTRA QUE AMPARAR AL GRUPO FAMILIAR DEL AFILIADO O PENSIONADO QUE FALLECE.
TEMAS ESPECÍFICOS:BENEFICIARIO DE LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES, DEBER DE COHABITACIÓN, PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES, REQUISITOS PARA LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES, PENSIÓN ESPECIAL DE SOBREVIVIENTES, DERECHO A LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES, REQUISITO DE CONVIVENCIA PARA LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES, CALIDADES DEL BENEFICIARIO DE LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES
Sentencia SL13273-2016/41210 de junio 1 de 2016
SL13273-2016
Rad.: 41210
Bogotá D.C., primero de junio de dos mil dieciséis.
Pretende que la Corte case el fallo gravado, “por estar demostradas las causales aludidas y en sede de instancia revocar parcialmente la sentencia de primera instancia que concedió el derecho a la pensión únicamente a la compañera permanente declarando que este derecho pertenece en un 50% a la esposa señora Ofelia Sucerquia de Pulgarín”.
Con ese propósito presentó dos cargos, que con vista en la réplica, se decidirán en el orden propuesto.
Acusa la interpretación errónea del inciso 2º del literal a) del artículo 47 de la Ley 100 de 1993, en concordancia con los artículos 7º y 9º del Decreto 1889 de 1994.
En la demostración, aduce que el desacierto hermenéutico del tribunal recayó específicamente sobre el vocablo “convivencia”, en tanto se le debe dar un significado en el contexto “del comportamiento que supone el manejo de las complejas relaciones que comportan un triángulo amoroso”, puesto que es lógico que “la convivencia con el varón en estos casos para ninguna de las dos mujeres es continua en el estricto sentido de la palabra a no ser que se tratara de un harén, lo que no es propiamente una costumbre latina y menos en la colombiana donde las relaciones extramaritales tienen un componente conductual arcano”.
Cita y copia un pasaje de un salvamento de voto de la Sala de casación civil y manifiesta que no discute que el causante residía solo, pero que siguió frecuentando a su compañera permanente y a su esposa, “con quien pasaba todos los fines de semana, desde los viernes hasta el domingo, es decir tres (3) días a la semana, los mas (sic) importantes quizá, porque en este tiempo está toda la familia reunida y son más propicios los afectos”. Esto, dice, quedó acreditado con la declaración de parte rendida por la señora Sucerquia y los testimonios practicados, incluso con la confesión de Marta Quiroz (fls.115 y 116).
Reprocha que el ad quem hubiera entendido la palabra “convivencia” en la forma en que lo hizo, pues con ello exigió al causante “un imposible” consistente en imponerle que conviviera simultáneamente con las 2 señoras, y que estuviera con ellas con la misma continuidad y frecuencia, como si se tratara de una sola relación.
Asevera que según el diccionario de la RAE convivir es vivir en compañía de otro u otros, mientras que cohabitar significa habitar juntamente con otras u otras personas y reitera que el extinto pensionado no cohabitaba ininterrumpidamente con su compañera permanente, ni con su esposa, pero sí convivía con las dos, a quienes, obviamente, dedicaba solo algunos días, sin que ello pueda asumirse como falta de ánimo de relación de pareja, a más de la ayuda económica que siempre prodigó a su esposa.
Por último, expone:
No se puede servir a la vez a dos señores dice el adagio popular; tampoco se puede servir a la vez a dos señoras, de ahí que el pensionado haya tomado como opción de vida residenciarse sólo, pero servir a sus dos mujeres cada una a su vez, disfrutando también de su derecho a la intimidad; esto implica necesariamente una aplicación de tiempos y espacios y la prueba fue inobjetable en el sentido de que el causante frecuentaba a sus dos mujeres y compartía rutinariamente con sus núcleos familiares en precisos espacios de tiempo.
La interpretación hecha por el H. tribunal (…) es equivocada entonces desde la perspectiva de la separada convivencia del causante con dos mujeres en las cuales (sic) tuvo hijos y tal interpretación fue determinante del fallo (…), porque, (…) la frecuentación (sic) del señor Pulgarín a su esposa y a su compañera permanente estuvo acreditada en el proceso, pero esto no lo consideró como la convivencia a que se refiere la norma, causándose así su errónea interpretación.
Desde la técnica de la casación, glosa la mixtura de vías en que incurre la censura y advierte que el escrito presentado se asemeja más a un alegato de instancia.
Manifiesta que sobre la problemática planteada en este proceso, la jurisprudencia se ha pronunciado, por ejemplo en sentencia de casación 32392 de 22 de abril de 2008, en el sentido de conceder la sustitución de la pensión a la cónyuge supérstite.
A la oposición, le asiste razón en cuanto a las deficiencias técnicas que enrostra a la demanda, no en que el problema jurídico suscitado en este contencioso, en la forma en que lo abordó el ad quem, ya fue resuelto por esta Sala de la Corte.
A partir del hecho no controversial de que la muerte del pensionado Raúl Pulgarín Gómez sucedió el 27 de abril de 2002, es indiscutible que la norma llamada a aplicarse es el artículo 47 de la Ley 100 de 1993, antes de la reforma que le introdujo la Ley 797 de 2003.
Dada la modalidad por la que se dirige el ataque, la censura está de acuerdo en que dicho precepto es el que debe producir efectos en este caso; así mismo, la senda directa seleccionada supone la aceptación de que ninguna de las contendientes acreditó el requisito de convivencia que exige el artículo 47 de la Ley 100 de 1993.
En lo que puede rescatarse como propio de la senda de puro derecho, la recurrente cuestiona al tribunal por no haber deducido de aquella norma, ni del artículo 7º del Decreto 1889 de 1994, que cuando se presenta el caso de convivencia simultánea del afiliado o pensionado con su cónyuge y la compañera permanente, la solución a impartir es la distribución de la prestación entre las 2 aspirantes.
En varios pronunciamientos, esta Sala de la Corte ha adoctrinado que en vigencia de la Ley 100 de 1993, antes de la enmienda del año 2003, en los eventos de convivencia simultánea entre cónyuge supérstite y compañera permanente, el artículo 47 de dicho ordenamiento no contemplaba como posible la solución que introdujo el artículo 13 de la Ley 797 de 2003. No empecé, en cualquier caso, la convivencia es requisito de necesaria concurrencia para que pueda examinarse la viabilidad de la prestación por muerte, dada la teleología del precepto en mención, que no es otra que amparar al grupo familiar del afiliado o pensionado que fallece.
La convivencia que debe demostrar quien aspire a ocupar el lugar del pensionado en la recepción de la prestación, es la que exhiba condiciones de responsabilidad en el propósito de conformar una familia, brindar acompañamiento espiritual, apoyo económico y vida en común, “entendida ésta, aún en estados de separación impuesta por la fuerza de las circunstancias, como podrían ser las exigencias laborales o imperativos legales o económicos, lo que implica necesariamente una vocación de convivencia” CSJ SL, 5 mayo 2005, rad. 22560).
Como con facilidad se deduce, la noción de convivencia que la recurrente propone dista enormemente de la que la jurisprudencia ha venido manejando y se aleja en gran medida del propósito de la norma, lo cual no comporta la imposición de una restricción a la forma como cada persona elija conducir su vida en sus diferentes aspectos, que seguramente merecerán protección en otros ámbitos, no en la materia que se debate.
Invoca la causal primera de casación, “por proferirse sentencia sin la apreciación de determinada prueba, acusada como violatoria de manera indirecta de la ley sustancial”.
Aduce que el tribunal y el a quo ignoraron la confesión de las partes (fls. 115 y 116), toda vez que en tales documentos esposa y compañera permanente admitieron la convivencia simultánea. Si esta prueba, arguye, se hubiera apreciado en conjunto con testimonios e indicios, necesariamente se hubiera concluido que las dos tienen derecho a la sustitución pensional y el fallador no hubiera basado su decisión en la versión de la señora Sucerquia, según la cual, el causante vivía solo en un apartamento y cada 8 días la visitaba.
Alega que si se hubieran apreciado aquellas confesiones, el ad quem hubiera dado por probado que las dos interesadas tienen derecho a la pensión dejada por el señor Pulgarín.
Por último, critica el trato desigual entre cónyuge y compañera permanente, y añade que quien resultó ganadora en este proceso es, precisamente, quien no tiene dificultades económicas, pues se encuentra pensionada.
Reprocha que no obstante que la recurrente enrutó el ataque por la vía indirecta, desvíe su alegato hacia temas netamente jurídicos.
En esta acusación, el desconocimiento de la técnica de la casación es evidente, toda vez que la formulación del cargo carece de un insumo imprescindible con el que debe contar la Corte a la hora de realizar el control de legalidad que le compete en esta sede, que debe hacerse con base en las normas que la censura denuncia como trasgredidas, pues quien acude en casación corre con la carga de señalar siquiera una de las normas violadas que sirvió de soporte al fallo gravado o que debió haber sido aplicada.
Igualmente, milita en contra de la posibilidad de estudiar de fondo el cargo, la ausencia de la casi totalidad de exigencias técnicas de un cargo por vía indirecta, en tanto tampoco se indicaron las pruebas inapreciadas o mal valoradas, los supuestos errores de hecho o de derecho, y mucho menos se explicó en que consistieron los mismos y cómo incidieron en la violación de las normas sustanciales de alcance nacional.
Dado que se presentó réplica, costas a cargo de la recurrente, con inclusión de $ 3.250.000, como agencias en derecho.
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de casación laboral, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Medellín el 4 de febrero de 2009, en el proceso que promovió María Ofelia Sucerquia de Pulgarín contra el Instituto de Seguros Sociales, hoy Administradora Colombiana de Pensiones —Colpensiones— y Marta Elvia Quiróz Restrepo.

References: artículo 47
 artículo 47
 artículo 47
 artículo 7
 artículo 47
 artículo 13