Source: https://www.pelotadetrapo.org.ar/
Timestamp: 2018-09-20 18:04:49+00:00

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Publicado: Jueves, 20 Septiembre 2018 15:31
Por Carlos del Frade (APe).- Hoy comenzará el juicio en los tribunales orales federales de Rosario de “Los Monos”. Por primera vez la banda será enjuiciada por narcotráfico. He aquí el análisis de la resolución que genera este debate histórico. Historias que desnudan los entramados de delitos que destrozan las vidas de los pibes y que dan cuenta de los vínculos entre las fuerzas de seguridad y organizaciones narcos. “La presente investigación se inició a raíz de la comunicación enviada el 19 de noviembre de 2014 a la Fiscalía Federal N° 3 por el jefe de la Sección Rosario de la Superintendencia de Drogas Peligrosas, subcomisario Raúl Hirch, en la que se puso en conocimiento que el día anterior, personal de esa dependencia había observado la posible comercialización de estupefacientes en la intersección de las calles Laprida y Chávez de esta ciudad, donde anteriormente había funcionado un bunker de venta de droga en el interior de un pasillo”, dice la resolución firmada por los fiscales federales Adriana Saccone y Diego Iglesias, el martes 27 de marzo de 2018, que, por primera vez en el ámbito de la justicia federal, imputará a la principal banda narco del sur de la provincia de Santa Fe, conocida como “Los Monos”, de los delitos del narcotráfico. La decisión, largamente esperada y postergada, se dio a conocer el mismo día y casi a la misma hora en que terminaba el proceso judicial contra la misma organización en el nuevo edificio de la justicia penal santafesina bajo los cargos de asociación ilícita y asesinatos varios. De los 32 imputados de la causa federal 23.772, solamente seis personas tienen el secundario completo; 12 son menores de treinta años y 22 tienen ocupación fuera de sus casas, la mayoría en actividades informales. Pero más allá de estas características, el escrito de 180 páginas de los dos fiscales presentan algunas confirmaciones que ya estaban en la causa iniciada por el juez provincial Juan Carlos Vienna, discutidas en el proceso celebrado hasta el 27 de marzo en los nuevos tribunales penales santafesinos y en otras causas federales que no llegaron a juzgar a Los Monos. La historia de la banda, según los expedientes provinciales, tiene un punto de crecimiento geométrico a partir de 2007. Sin embargo, ni la causa elevada a juicio en los tribunales santafesinos ni la que ahora llevará adelante la justicia federal, aporta datos sobre el desarrollo de la organización antes de 2012. Semejante espacio vacío, por lo menos de cinco años entre 2007 y 2012, deja muchos elementos por afuera de la construcción de la verdad histórica que debe fundamentar la reparación legal a las víctimas, en primer lugar, y a la sociedad, en segundo término. Ese recorte histórico deja de lado otros actores que seguirán gozando de una intocable impunidad, de una insoportable impunidad. ¿Quiénes le presentaron el negocio del narcotráfico y el contrabando de armas como los mejores nuevos caminos para sus actividades?. ¿Quiénes fueron sus primeros proveedores de estupefacientes y armas?. ¿Cómo lavaron sus dineros, durante años, en la plaza financiera, empresarial o inmobiliaria de Rosario? Si la causa Vienna hablaba de un “gobierno de facto” sobre varios barrios rosarinos constituido a partir de 2007, en esta resolución judicial se afirma que la banda se expandió a distintas regiones del país. ¿Cómo fue posible semejante desarrollo sin que aparezcan funcionarios municipales, provinciales y nacionales involucrados o mencionados o meramente apuntados a través de instituciones u organizaciones estatales que debieron evitar ese crecimiento?. En esta resolución figuran algunos proveedores y menciones a laboratorios clandestinos pero falta conocer el manejo de esas rutas, las de la marihuana y cocaína, que existen desde hace cuarenta años y en las que, evidentemente, cambian los nombres de los gerentes o responsables de los peajes pero siguen siendo las mismas. El presente escrito de los fiscales federales no hace mención a integrantes de fuerzas de seguridad, nacionales o provinciales, pero es evidente que algunos articularon esas relaciones en un primer momento dentro de esta línea histórica tan difusa y que está tan lejos del interés de los fiscales y jueces, no solamente federales, sino también provinciales. Pero si aparece con contundencia la certeza de la continuidad de las actividades ilegales desde el interior de los penales provinciales. He aquí otro enorme elemento que debe explicar la conducción política de la provincia. Nadie explica si el Servicio Penitenciario no controla por inútil o porque cobra su mirar para otro lado. Y el tema del dinero es estridente en su inexplicable silencio. Financiamiento y lavado forman parte de un cuidadoso armado de ocultamiento en el que las justicias, provincial y federal, no ayudan casi en nada a destruirlo. Claramente el capitalismo no investigará en serio una de sus principales arterias que los alimenta. En el medio, la vida de las pibas y los pibes que se pierden inmoladas en el altar del dios dinero que manejan los titiriteros ocultos, los que gozan de una insoportable impunidad. Por lo menos por ahora. Desde la cárcel Dice la resolución de los fiscales que “se comprobaron vínculos entre las nombradas que se encuentran directamente ligados a la actividad ilícita que desplegaba la organización. En este sentido, puede citarse la conversación que mantuvo Gladis Barrios con una persona alojada en una unidad penitenciaria, quien al preguntarle si iba a trabajar ese día, ella respondió que estaba esperando que le avisaran porque quizás sólo debía llevar “algo”. Seguidamente y al interrogarla su interlocutor respecto de con qué personas se “maneja”, ella le contestó que directamente lo hacía “con la mujer del pibe” y agregó, “con mi sobrina” (fs. 865)”. Es decir que, una vez más, se comprueba que la organización sigue manejándose desde el interior de los penales de la provincia de Santa Fe. O los controles no funcionan o se compra la impunidad. Es una respuesta que debe darse desde la administración provincial. El escrito afirma que “el mencionado como “Pibe” es nada menos que Guille Cantero, respecto de quien se determinó que desde su lugar de detención en el penal de Piñero mantenía asiduos contactos telefónicos con Vanesa Barrios, su mujer; con Patricia Celestina Contreras, su madre, y con otros sujetos no identificados, dirigiendo de esa manera el funcionamiento de la organización narcocriminal investigada. Muestra de ello es la comunicación registrada el 29 de septiembre de 2015 en la que Cantero le pidió a Barrios, “mándame el número de Cuello” (ver fs. 5 del legajo de transcripciones del mencionado abonado), en referencia a Diego Fabián Cuello. Este sujeto, como veremos más adelante, era uno de los proveedores de cocaína de la organización, lo cual da la pauta de que Guille digitaba telefónicamente el aprovisionamiento de estupefacientes de la misma. En tanto que las directivas a Barrios y control del aspecto económico de la empresa narcocriminal quedó evidenciada en una charla del 2 de noviembre de 2015 entre Vanesa Barrios y Guille en la que éste expresamente le da instrucciones respecto a la necesidad de suspender el pago a Diego Cuello –seguramente como pago de una operación vinculada con la adquisición de estupefaciente- y así poder darle otro destino al monto adeudado”, agrega el documento de la justicia federal. Más adelante hay una reafirmación del desarrollo de la organización desde la cárcel: “En este entendimiento, consideramos que se encuentra acreditado en autos que Ariel Máximo Cantero y Jorge Emanuel Chamorro, desde el complejo penitenciario de Piñero donde se encuentran detenidos a disposición de la justicia provincial acusados de integrar una asociación ilícita conocida como “Los Monos”, eran los organizadores de la empresa criminal aquí investigada, contando ambos con el apoyo logístico y operativo de sus respectivas parejas, Vanesa Barrios y Jésica Lloan, quienes –a su vez- extra muros y gozando de su libertad, impartían las directivas a aquellos que ocupaban los eslabones intermedios. Debe aclararse, en este punto, que todas esas órdenes, eran coordinadas previamente y en forma telefónica, con sus compañeros, teniendo por tanto los cuatro mencionados absoluto control del funcionamiento de la organización”. En otro párrafo se añade que “ha quedado demostrado a lo largo de la pesquisa, en virtud de las tareas de investigaciones, las intervenciones telefónicas y los allanamientos concretados por las fuerzas policiales, que la estructura criminal desbaratada fue orquestada y dirigida desde sus lugares de detención por los imputados Cantero y Chamorro, conformando cada uno de ellos un binomio con sus respectivas parejas, siendo Barrios por un lado y Lloan por otro, las que ejecutaron la puesta en marcha de una organización funcional integrada por distintas personas que bajos sus directivas llevaron a cabo la comisión de diversas figuras contempladas en el artículo 5° inciso “b” y “c” de la ley 23.737”. ¿Cómo fue posible la continuidad del negocio desde el interior del penal de Piñero?. Relaciones “Retomando lo dicho, en cuanto a que Jésica Lloan proveía estupefacientes con la coordinación de su pareja Emanuel Chamorro, principalmente marihuana, debe destacarse que una de las personas a las cuales abastecía de esa sustancia era a Vanesa Barrios, esposa de Ariel Máximo Cantero, alias “Guille”, detenido junto a Emanuel Chamorro en el Penal de Piñeiro a disposición de la justicia provincial. La referencia puntual a la existencia de esta “relación” entre las nombradas, merece una aclaración previa. Si bien en diversas transcripciones telefónicas ha quedado debidamente comprobado, según el criterio de este Ministerio Público, que es Jésica Lloan la persona que provee marihuana a Vanesa Barrios, este vínculo no puede ser entendido como una mera relación comercial ejecutada aisladamente entre dos personas, sus familiares o por sus colaboradores más cercanos, sino que -por el contrario- se advierte de esos diálogos que entre ambas existe un nexo articulado que posibilita, en definitiva, la existencia y propia perennidad de la organización, lo cual garantiza mantener la hegemonía territorial de la que parece gozar, a pesar de las distintas detenciones que ocurrieron durante la pesquisa en las inmediaciones de los puestos de venta investigados y siempre respecto de quienes resultaban ser sus eslabones más bajos y fungibles”, sostiene la resolución. Esos nexos que posibilitan la “existencia y propia perennidad de la organización”, están mucho más allá de los años analizados por esta investigación de la justicia federal e, incluso, por los debatidos en el proceso llevado adelante por los tribunales provinciales que hablan a partir de 2013 en adelante. Esos recortes históricos, más allá de la suerte de las causas y la contundencia de las pruebas acumuladas, no explican el origen ni tampoco el desarrollo de la organización. Esa cuestión es central a la hora de pensar por qué Los Monos crecieron tanto y quiénes fueron sus socios, tanto por abajo, como por arriba en la estructura social rosarina, en particular, y santafesina, en general. La marihuana paraguaya “…Paralelamente, del producido de la línea intervenida 0341-2552383, surgieron comunicaciones de Luis Pedro Peñalba con un sujeto que, por su acento, daba la pauta de ser oriundo del noreste del país, posiblemente de Corrientes, al que se lo individualizó como “Patrón”, “Rata” o “Paraguayo”, y vinculadas a un supuesto traslado de estupefacientes hacia esta ciudad. Ese nuevo actor resultó ser el imputado Elias Javier Sánchez, quien acordó con Peñalba realizar una “bajada” de estupefacientes hacia la ciudad de Rosario, para la cual este último pondría el móvil y el “Paraguayo” se ocuparía de buscar el chofer (ver transcripción de fs. 2045)”, indica el documento judicial. En este punto hay que destacar que la línea de la marihuana desde Paraguay es anterior a la propia conformación de Los Monos. Esa ruta tiene antecedentes desde la dictadura en adelante, como también la procedente de Bolivia. Es decir que las rutas siguen siendo las mismas, cambian los gerentes o los encargados de los peajes. Roles “…En legal tiempo y forma se ha cumplido con la recepción de la declaración indagatoria de los acusados, imputándoseles a cada uno de ellos lo siguiente: Ariel Máximo Cantero fue imputado por “ser uno de los organizadores de la banda, dando directivas desde el lugar de detención” y “en especial a través de su pareja Vanesa Jaquelina Barrios” (fs. 3376/77). Misma acusación que fue dirigida contra Jorge Emanuel Chamorro, que en su caso se lo señaló como uno de los organizadores de la banda, dando las directivas desde su lugar de alojamiento “en especial a través de su pareja Jésica Lloan” (fs. 3378/79). “En consonancia con ello, a Vanesa Jaquelina Barrios se le imputó integrar la organización y “ejecutar las órdenes que recibía de su pareja Ariel Máximo Cantero, quien era uno de organizadores de la misma, quien daba las directivas desde el lugar de detención donde se encuentra actualmente alojado, la Unidad de Detención n° 11 de Piñero” (fs. 3319/20); ello igual que a Jésica Ayelén Lloan, que en su caso la acusación fue por ejecutar las órdenes que recibía de su pareja Emanuel Chamorro, detenido en el mismo lugar que Cantero (fs. 3321/22). “Por debajo de esa línea, a Gladis Obdulia Barrios se le atribuyó “ocupar en un rol importante en la organización proveyendo estupefacientes, contactando proveedores, organizando la logística de los puestos de venta y retirando dinero para la organización” (fs. 3909/10). Mientras que a Patricia Celestina Contreras también se le endilgó ocupar un rol de importancia en la organización “proveyendo estupefacientes y participando en la toma de decisiones respecto de los distintos puntos de venta de droga” (fs. 5621/2)”, apunta la acusación. Proyección nacional de la banda “Tal como se irá desmenuzando en los párrafos que siguen los elementos probatorios hasta aquí reseñados han permitido confirmar, con el grado exigido en la etapa que se transita, la hipótesis ensayada desde los albores de esta pesquisa en cuanto a la ejecución de actividades criminales por parte de los diversos imputados, todo lo cual ha dejado al descubierto la existencia de una estructura ilícita con proyección en diversos puntos del país...”, dice el texto, mostrando el grado de desarrollo de la organización. Ya no se habla de los barrios rosarinos Las Flores y La Tablada, sino de una proyección “en diversos puntos del país”. Es imprescindible que esta afirmación supere el marco de los tribunales federales e ingrese en el territorio de la discusión política. No hay forma de una extensión a distintos puntos de la geografía nacional si no se tienen vínculos con funcionarios políticos en distintas áreas, nacionales, provinciales y municipales. Dos binomios directivos “Más allá de que en el marco expositivo de este dictamen, a fin de facilitar la comprensión del funcionamiento y composición de la organización estudiada, se vaya a segmentar la integración de la misma en dos binomios conformados por las parejas Cantero-Barrios y Chamorro-Lloan, es importante aclarar que para esta parte acusadora se encuentra sumamente acreditado que ambas familias llevaron adelante una estructura narcocriminal única y mancomunada, al menos desde el mes de noviembre de 2014 y con fuertes sospechas de que actualmente podría seguir operando, tal como queda evidenciado con la causa por secuestro extorsivo que se inició en 2017 contra “Guille” Cantero y a la cual haremos referencia más adelante”, afirma el documento. Aquí hay una diferencia en la concepción de la organización de la banda con respecto a la realizada desde la justicia provincial. En la causa Vienna se habla de un grupo duro y central conformado por Claudio “el Pájaro” Cantero, el “Guille” Cantero, “Monchi” Machuca y Celestina Contreras. En esta hipótesis, la justicia federal habla de dos alas, del binomio que conduciría la organización. La insensibilidad de la banda “CD N° 6 Comunicación del 03/10/15 20:31:26, transcripta a fs. 17 del legajo del abonado 0341-6201324. En este orden de ideas, no puede soslayarse una cuestión que vemos como denominador común en muchos diálogos que se han ido registrando y es la insensible y despreciable forma en la que se manejan cuestiones que hacen la convivencia social o al respeto por la vida. “Una de las conversaciones que ha llamado la atención a esta representación fiscal es aquella que mantuvo Vanesa Barrios con una persona apodada Mary en la cual aparentemente la primera quiere que haya personas en un determinado lugar para utilizarlo como lugar de venta, ya que ese sitio era disputado por una tercera persona que tendría cierta enemistad con los encargados de la organización. El registro es el que se transcribe a continuación: MARY: Sí, te dije que sí. Después te mandé un mensaje y te dije que tuve que ir con la Ro, me llevo las bolsas y los chicos, nomás te dije. […] ¿Por qué, qué pasó? Porque ellos me siguieron molestando a mí y a mí, la mudanza me la iba a hacer mi hermano. ¿Qué pasó? Que mi hermano se fue a trabajar a Roldán y vendió la chata y yo no quise llamar a ningún flete, ni nada que sea de Gálvez. Porque siendo de Gálvez iba a saber cualquiera dónde yo estaba.[…] VANE: en qué sentido te siguieron molestando? MARY: y yendo a cada rato con las motos todos y ayer fue él a la puerta de mi casa con tres locos en un moto, él mismo estuvo en la puerta de mi casa. Y dice que él le dijo al vecino de al lado […] como para que me hagan llegar a mí que él iba a meter gente de él porque ahí iban a trabajar ellos. VANE: pero el tema es así, vos tenés que agarrar y sacar los chicos, llevar los colchones como habíamos dicho y la cocina nomás y quédate vo´ ahí. […] Igual yo más tarde voy a ir. Él no va a meter a nadie. Vo´ tené que hacer sacar los colchones y la cocina nomás. MARY: bueno, escúchame ¿Pero vo´ no tené a nadie que me acompañe a mí para que yo no me quede sola ahí? Si yo no sé lo que él puede llegar a hacer. VANE: sí, yo como tener tengo. Es más voy yo misma si tengo que ir. ¿Pero qué va a hacer? No va a hacer nada, quieren paburar ese ridículo. MARY: no boluda, no me quieren paburar. Porque no es conmigo la (nse), es con ustedes porque si no, no va a estar boqueando que va a hacer meter dentro mi gen, gente dentro de mi casa. Como que me saca la casa porque él va a trabajar ahí […] Yo lo pongo como que él le está tirando la bronca a ustedes. Como diciendo acá hago lo que quiero acá porque, porque acá hago lo quiero […] Bueno, igual. Vo´ si tené alguien […] Yo no tengo problema de ir y hacer lo que vo´ me estás diciendo. Pero mandame un guacho, mandame con alguien que me acompañe, alguien que tenga un fierro, no me dejé regalada ahí adentro […] Porque él no me, él no me va hacer nada pero los soldaditos de él son re sarpados, capá que para hacerse fama pasan y me agarran, me quieren agarrar; a tiro, boluda […]” (ver fs. 859/60). “La referencia a la libre disponibilidad de armas, la clara posición de mandamás de Vanesa Barrios y la hostilidad y desprecio con la que discurre esta charla, no hace más que demostrar la conflictividad existente en la ciudad de Rosario; es decir, no ya en un determinado barrio sino en la propia ciudad. Desafortunadamente, esta charla no es la única que ha sido registrada; todo lo contrario, sucesos acaecidos recientemente nos persuaden de que similares hechos continúan acaeciendo con los mismos personajes por protagonistas”, remarca con el documento federal con contundencia. Los soldaditos “De acuerdo a los elementos que fueron recabados en esta instrucción, las personas que habrán de ser tratadas aquí, Alan Nahuel Quintana y Kevin Joel Quintana se sitúan en el eslabón más bajo de esa la organización criminal. A Kevin Joel se le atribuyó ser una de las personas que se encargaban de brindar seguridad al punto de venta ubicado en calle Laprida y Chávez de Rosario, es decir, ser “soldadito” o en otras palabras, aquel que da aviso o se encuentra en permanente estado de alerta tratando de determinar la posible presencia de personas ajenas al lugar y sobre todo, de personas pertenecientes a fuerzas de seguridad. “Tal imputación encuentra respaldo en las distintas tareas de campo que llevó a cabo el personal policial sobre el mencionado punto de venta, donde se pudo acreditar su vinculación con la organización (ver fs. 16/28, 34/5, 87/91, 94/95, 104/109, 174/178, 187/189 y 204/205). En efecto, los preventores se constituyeron en numerosas oportunidades en Laprida y Chávez, donde observaron la permanente presencia de un sujeto que oficiaba de “soldadito”, el cual, incluso, el 2 de marzo de 2015 fue visto en el puesto de Laprida y Chávez recibiendo directivas del encargado del lugar, Eric Quintana (fs. 186 y 189). Si bien en esas tareas el imputado fue inicialmente señalado con el Nº 4 en las fotografías acompañadas a los partes del 27 de noviembre y 3 de diciembre de 2014 (fs. 20/22 y 25/27), luego se determinó que se trataba de Kevin Joel Quintana. Ello, a partir de la foto suya obrante en el sistema IDGE de la Policía Federal (fs. 178) y de la imagen obtenida de su persona, tras su detención en autos (ver fs. 4404). En cuanto a su identificación, como ya se adelantara, ello fue posible a partir del análisis realizado sobre el perfil de Facebook de su hermano Eric Quintana, -“Eric de Smaf26”-, del que surge entre sus amigos el perfil de Alan Quintana -“Lalo Smaf”-, quien a su vez tenía entre sus publicación una foto con otras dos personas, una de ellas vinculada al usuario de “Kevin de Smaf”, que se determinó que pertenecía a Kevin Quintana, el mismo sujeto que había sido observado por la fuerza custodiando el funcionamiento del puesto de venta sito en Laprida y Chávez. La sigla “SMAF” se refiere a San Martín al Fondo, barrio donde se encuentran ubicados los puntos de venta investigados. Por su parte, a Alan Nahuel Quintana, alias “Lalo”, se le atribuyó ser uno de los vendedores de estupefacientes en ese lugar, como así también de cumplir allí funciones de seguridad. Al igual que el caso de su hermano Kevin, la vinculación de Alan con las actividades de narcotráfico desarrolladas por la organización bajo estudio, surge de las diferentes tareas de campo realizadas por los preventores al comienzo de la pesquisa, donde el nombrado fue identificado entre el grupo de personas que vendían estupefacientes en inmediaciones de Laprida y Chávez e incluso se obtuvo una fotografía de él en momentos en que llevaba a cabo tal actividad (ver fs 175). Al mismo tiempo, en cuanto a su identificación, cabe volver a señalar que fue a través del perfil de Facebook de su hermano Eric Quintana se dio con el usuario “Lalo Smaf”, perteneciente a Alan Quintana. Siendo que a partir de allí también se llevaron a cabo diferentes consultas en la web que permitieron conocer que este imputado poseía domicilio en Cortada de León 1100, que fue objeto de investigación por ser señalado el lugar donde los encargados de los puntos de venta acopiaban el material estupefaciente que luego se comercializaba. Así las cosas, encontramos probado que los imputados Alan y Kevin Quintana formaron parte de los hechos que se le imputan, con el grado de relevancia propio que representa ese accionar de los eslabones inferiores de la cadena de comercialización de estupefacientes que llevaba a cabo la organización narcocriminal bajo estudio”. Por otro lado se hace mención a la permanente remoción de los soldaditos y vendedores: “…las eventuales detenciones de Montserrat y Acuña, eslabones intermedio e inferior respectivamente en la pirámide jerárquica, no resintieron este andamiaje delictivo ni su funcionamiento, ya que el control ejercido por los cuatro organizadores sobre el plan delictivo y sobre las acciones de sus subalternos, dotó a estos últimos de cierta fungibilidad, dificultándole poderosamente a las fuerzas de seguridad el desbaratamiento de esta maquinaria narcocriminal”. Laboratorio clandestino “…Ahora bien, como se evidenciara en el acápite V al referirnos a la responsabilidad de cada uno de los imputados, las comunicaciones telefónicas captadas dieron cuenta que Guille Cantero y Ema Chamorro mantenían permanentes contactos con sus parejas, a quienes daban directivas respecto de la provisión y comercialización de estupefacientes, el cobro y pago de distintas sumas de dinero vinculadas a la actividad, como así también se reportaban problemas que surgían con los distintos puntos de venta. En tanto que los elementos obrantes en autos también son contundentes en demostrar cómo Barrios y Chamorro dirigían la actividad ilícita, se proveían del estupefaciente para que parte del mismo sea elaborado y estirado en el laboratorio clandestino montado en la calle Corrientes al 1900, digitaban su distribución a los distintos puntos de venta y controlaban la recaudación y el correcto funcionamiento de los mismos. En otras palabras, resulta más que claro para esta parte, que los nombrados desplegaron la acción de organizar, exigida por el tipo penal citado, llevando a cabo estas conductas de forma dolosa, ya que en todo momento su accionar apuntó deliberadamente a posibilitar la ejecución los actos ilícitos verificados en autos, distribuyendo las tareas entre los miembros del grupo, administrando los recursos humanos y materiales, disponiendo y estableciendo las condiciones de trabajo, entre otras. De tal forma, ha quedado comprobado que dicho actuar fue doloso, conformándose así el aspecto subjetivo del tipo”. Armas “…En efecto, tal como se ha referenciado en el presente escrito, tanto Cantero como Chamorro, se comunicaban frecuentemente con sus parejas a fin de determinar los ingresos y egresos monetarios de la empresa ilícita, coordinar el pago de determinadas deudas, conseguir “juguetes”, en referencia a armamento, o contratar “muchachos” para custodiar los puntos de venta, circunstancias que dan cuenta de que los cuatro imputados mantenían el dominio sobre la logística económica de la organización, impulsando el flujo de dinero según las necesidades del negocio”. Edición: 3710
Estampa de entrenador
Por Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino (APe).- Sentado en el sillón de su casa, se lo notaba fastidiado. Delante del televisor, repasaba los detalles del empate de esa tarde. ¿Cómo podía ser que Boca, su Boca, que venía de seis triunfos consecutivos y miraba a todos desde lo más alto, hubiera empatado 0 a 0 con Godoy Cruz en La Bombonera? Jorge Julio López pensaba en eso durante la noche del domingo 17 de septiembre de 2006 mientras los programas deportivos le mostraban cómo el equipo de Ricardo La Volpe le había puesto fin a una racha de victorias que invitaba a soñar con el título. Su mujer y uno de sus hijos eran testigos privilegiados de la bronca por los dos puntos que quedaron en el camino. No se sorprendieron porque a esa altura conocían bien la intensidad futbolera con la que Jorge vivía el cierre de la semana. Lo que no se imaginaban era que no lo verían nunca más. Se la daba de técnico. Eso cuenta Rubén, su hijo, con la certeza de que el tiempo no podrá cicatrizar la herida que sigue produciendo la ausencia de su papá: “Siempre daba indicaciones. En la unidad básica La Maestre le decían El Viejo y él se ocupaba de llevar a los chicos a jugar. Nosotros vivíamos a tres cuadras de ahí y también participábamos de los picados”. En la localidad de Los Hornos, donde se había instalado luego de abandonar su General Villegas natal, los torneos interbarriales convocaban multitudes. Más allá de tener la oreja puesta en alguna radio para enterarse de lo que sucedía en los grandes estadios del país, los viejos y los no tan viejos se arrimaban a los potreros para ver de cerca a los cracks de la zona. Jorge era de esos que, sin perder la calma, se apostaban a un costado de la línea de cal para detectar a los talentosos que en una de esas llegarían a Primera. Agosto de 1979. El recuerdo permanece intacto. Quizás sea porque los descensos suelen ser una marca difícil de borrar. Aunque por ahí se deba a que pocas cosas dejan tanta huella como ir a la cancha con un papá. Jorge era de Boca pero no logró que su descendencia lo imitara. Los primos y los tíos maternos pesaron lo suficiente como para que sus hijos se hicieran de Gimnasia. Lo habían liberado hacía poquito. Había estado secuestrado entre octubre de 1976 y junio de ese año. Lo habían torturado en el Pozo de Arana, uno de los centros clandestinos de detención a cargo del represor Miguel Osvaldo Etchecolatz. Enterado de la situación deportiva del Lobo, optó por acompañar a los suyos al desenlace de una campaña magra. Eligió el silencio ante el desconsuelo tripero. Lo consoló como pudo a Rubén frente a la impotencia de no poder evitar su sufrimiento. Después de haber visto de al lado la ejecución del plan sistemático de exterminio implementado por la dictadura, perder la categoría no parecía tan serio. Iba a cumplir 77. Ya no contaba tan seguido las hazañas de Antonio Roma en el arco xeneize. De hecho, estaba algo preocupado porque el paraguayo Aldo Bobadilla no le terminaba de transmitir seguridad debajo de los tres palos. Pero, sobre todo, en ese final de invierno, Jorge estaba ansioso por la resolución del juicio contra Etchecolatz. Había declarado el 28 de junio demostrando una vez más su compromiso inquebrantable con la memoria, con la verdad y con la justicia. Su relato había resultado clave para el avance de la causa. El 18 de septiembre de 2006, el día anterior a que el genocida fuera condenado a cadena perpetua por cometer decenas de delitos de lesa humanidad, el día siguiente al empate en cero con Godoy Cruz, lo desaparecieron por segunda vez. Y en democracia. Boca perdió la final del Apertura 2006 con Estudiantes. A Rubén le dio igual. Sin su papá sentado en el sillón, la resolución del torneo carecía de sentido. La Argentina se sacudió ante la confirmación de que el terror más siniestro no estaba enterrado. Ni un rastro. En ninguna parte. Como en aquella época. Como si la vida no valiera nada. Como si la impunidad no se resignara a la derrota. Sin embargo, aun ante el estupor que genera saber que siempre está faltando Jorge Julio López, su estampa en pleno potrero dándosela de técnico ilumina lo que viene: un partido en el que al olvido no le va a quedar otra que comerse una goleada. Edición: 3707
Publicado: Viernes, 14 Septiembre 2018 12:54
Por Alfredo Grande (APe.-) En una comunicado de los profesionales del Hospital Posadas, leo que se convoca a una marcha por causas totalmente legítimas y necesarias. Sin embargo, un párrafo me alertó. Dice “sin banderas políticas”. Supongo que a pesar de tantas luchas, tantas tristezas, tantas amarguras, la confusión entre “lo político” y “lo partidario” se mantiene. Pero ese desliz del comunicado, puede encubrir una situación aún más grave. Porque garantiza otro éxito de la cultura represora. Despolitizar la política.Si los agraviados, los martirizados, los humillados, no encuentran sus banderas políticas, la derecha avanzará aún más en su guerra cultural. Porque la bandera política de las derechas es justamente despolitizar las luchas de todas las formas de las izquierdas. (libertarias, socialistas, comunistas, anarquistas, trotskistas). El denominado “macrismo” es una política inclusiva del sentido común, la banalización del conflicto social, la desaparición de la diferencia entre lo legal y lo delictivo, la supremacía de lo legal sobre lo legítimo, la hegemonía absoluta de las fuerzas de ocupación y exterminio sobre el cuidado policial de la población. Ha logrado sostener hasta ahora un Estado de Derecho sin derechos. Un Estado de Derecho en su abstracción más pura. Una idea impera en forma soberana sobre una cosa. No importa la cosa. Por ejemplo, el hambre. Importa la idea: “pobreza cero”. Este nuevo Operativo Masacre de los sentidos, especialmente del sentido de las políticas de liberación, es la guerra cultural que las derechas sostienen hace siglos con las masas esclavizadas, explotadas, saqueadas, torturadas. Cuando escribí “Chocobarismo: gobernando por la Espalda” me refería a que el asesinato de Juan Carlos Kukoc, baleado por la espalda, era una política pública. Recibido por el presidente, se ratificó la doctrina de seguridad nacional, segunda parte. Pero si algo saben las derechas, es que todo es política. Y como alguien dijera… “menos la química inorgánica”. Y tampoco eso es seguro. Por eso realizar una marcha sin banderas políticas es igual a una marcha de antorchas sin fuego. Ese fuego que Prometeo le robó a los Dioses (o sea a las Corporaciones) para entregarlo a los mortales. No lo apaguemos. Porque el tema principal, si bien es táctico, no es que Macri caiga. Sino que nosotros nos levantemos. Seguir hablando de las elecciones/candidaturas, alianzas electorales para el 2019 es insistir en no desplegar las banderas políticas. Muerto (políticamente) Macri no se acabó la derecha. El denominado “macrismo” es un formidable experimento socio político para establecer qué capacidad de resistencia hay luego de las anestesias socialdemócratas, los planes sociales, la corrupción estatal y privada. Si el teorema es: “el kirchnerismo es la máxima izquierda que la Argentina puede tolerar”, las derechas seguirán tranquilas. A lo sumo, como dijo la escritora Alicia Jurado, “si viene el comunismo me voy a la estancia”. El kirchnerismo, como antes el menemismo, como antes el peronismo, son experiencias exitosas de cómo se puede controlar y arrinconar a las izquierdas clasistas y combativas. Inoculadas con el antídoto social demócrata y social cristiano del tabú de la lucha de clases, los acuerdos capital y trabajo son factibles. Atrozmente injustos, pero factibles. Algunos llaman a esto “pacto social”. O “gran acuerdo nacional” como nuestro Marcos “La Anónima” Peña dijo con su docta arrogancia e ignorancia. Pero la realidad cotidiana no se conforma con palabras. Claudia Rafael lo sintetiza en un texto que es aforismo implicado de pleno concepto: “Los inviernos suelen ser perversos ante los pájaros que se visten de primavera”. El secuestro y tortura de la docente De Bonis es una prueba, al menos a mi criterio, de la crueldad y la cobardía de este gobierno con claras banderas políticas. “Todo el poder al FMI, al Estado de Israel y al Imperio Nor Americano”. Obviamente, su hipótesis de trabajo saqueador es que nosotros no tenemos, ni ejercemos ningún poder. Que nuestras banderas políticas las hemos arriado. Podría decir que el enemigo triunfa no cuando nos vence, sino cuando nos convence. Por ejemplo: de algo llamado cronograma electoral. Que tiene más que ver con un plan de vacunas contra la insurgencia y la vida combativa en las calles, que con un orgasmo de poder popular en los altares de las urnas de la democracia. Argentina supo ser el granero del mundo. En los años de las buenas cosechas salvadoras ante el hambre de Europa. (Año 50 AM, o sea antes de Monsanto). Ahora los agrotóxicos han cambiado a los graneros en cosechas de muerte. Y fabricamos el pan de la tortura. La harina es el oro blanco. El pan no se multiplica más. Se fragmenta. Un niño de 9 años, con una discapacidad, está jugando en la verdad con un arma de plástico. Un juguete. Es atacado y golpeado por policías que le dicen a la madre que están actuando protocolarmente. Al igual que los secuestradores y torturadores de la maestra, son profundamente cobardes. Y la cobardía estructural es muy peligrosa. Son las manadas de violadores, secuestradores, torturadores y asesinos seriales. Que gozan de impunidad cultural y política y jurídica. Por eso, sin vergüenza de haber sido, pero con el dolor de ya no ser, pasamos de ser granero a tener al Granadero del Mundo. “Febo asoma; ya sus rayos iluminan el histórico convento; tras los muros, sordo ruido, oír se deja de corceles y de acero; son las huestes que prepara San Martín para luchar en San Lorenzo; el clarín estridente sonó y a la voz del gran jefe a la carga ordenó”. Nuestro “Gran Jefe” no ordenó “a la carga contra el enemigo”. Fue a la carga contra nuestra bandera y nuestros granaderos sostenían la bandera española. El vencedor es convencido por el vencido. “Y nuestros granaderos, aliados de la gloria, inscriben en la historia su página mejor.” Ahora inscriben su página peor. Los granaderos han devenido ganaderos y lo único que importa no es la soberanía sino el comercio exterior. Las commodities. Y el Granadero del Mundo, obviamente del mundo capitalista, rinde su pabellón. Y adopta la bandera del Imperio ante el cual nuestro Padre de la Patria combatiera. Con negros, gauchos, mulatos, pobres, campesinos. El Granadero del Mundo enarbola las banderas de la rendición incondicional. Sin embargo, hay muchos, y muchas, soldados heroicos que seguirán cubriéndose de gloria, ése será su precio a la victoria y rendirán su vida pero nunca se rendirán ante los enemigos de la humanidad. Y por eso nos seguiremos haciendo inmortales. Edición: 3703
Publicado: Jueves, 13 Septiembre 2018 00:03
Tortura a una maestra
Por Claudia Rafael (APe).- Mientras más de 70.000 chicas y chicos no tienen clases en las escuelas de Moreno por la inseguridad edilicia, la docente Corina De Bonis, del Centro de Educación Complementaria 801 de Moreno, fue secuestrada, torturada con el viejo método del submarino seco y le escribieron “no a las ollas” con un punzón sobre su cuerpo. Ya en su propio facebook había denunciado a mediados de agosto que "este vehiculo (con una foto) pasó varias veces por el CEC sacando fotos. Cuando sacamos los celulares se fue. Está municipalizado en Moreno.Mientras pasaban llamaron por telefono al establecimiento y dijeron ´si siguen con la olla popular son boleta´". Directivos, docentes y auxiliares de casi 300 escuelas se plantaron ante el poder del Estado desde la explosión de la escuela 49 que arrancó las vidas de Sandra Calamano y Rubén Rodríguez por una emanación de gas. La crueldad es un método que serpentea y ataca para frenar todo atisbo de rebeldía, cada vez que la condición humana osa desgranar una semilla de organización. Los inviernos suelen ser perversos ante los pájaros que se visten de primavera. Ya es hora, como canta Enrique Llopis de entender que “la primavera viene mal herida y hay que salvar su vida”. Edición: 3702
Publicado: Miércoles, 12 Septiembre 2018 16:15
Por Claudia Rafael (APe).- “Cuando volvamos a las escuelas –y ojalá que sea pronto- el hambre va a seguir. Y ustedes, las madres, van a tener que organizarse. Las vamos a ayudar. Pero van a tener que caminar”. Desde el CEC 801 de Moreno, la docente habla mientras sostienen la olla popular. No es la única. Hay decenas de miles chicos sin clases en el distrito de Moreno. Muchos de ellos siguen almorzando en la olla, en una iglesia evangélica con las viandas del servicio que envía el consejo escolar o con las donaciones que se fueron organizando. A un mes y diez días de la explosión de la escuela 49 que devoró las vidas de Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, las aulas están cerradas por determinación de los directivos que plantean que la inseguridad estructural los acosa. Es una amenaza latente, como lo fue para la 49 aquel 2 de agosto en que por un rato, por escasos días, la noticia copó primeras planas. Y luego se diluyó entre el Gloriagate, el subibaja del dólar o las movidas ajedrecísticas judiciales de Bonadío. Ya nadie habla de las escuelas cerradas. Aunque más de 70.000 pibes de barrios golpeados por la marginación y miles de auxiliares y docentes sigan atravesados por aquella tragedia evitable y a muchos le reaparezca en las pesadillas, en las angustias, en la vida cotidiana, en los delantales que tienen definitivamente tatuada una cinta negra. “Así como el Diego dice ´la pelota no se mancha´… bueno, el guardapolvos sí se mancha. Se mancha de caminar por los barrios, de buscar a las alumnas y alumnos que no van a la escuela, se mancha de tuco cuando les damos de comer a los chicos, se mancha con los pegotes de ellos. Lo bueno es que se manche de eso y no de sangre”, definió para APe la antropóloga e inspectora de Psicología jubilada Claudia Lajud. Y lo reafirma Cristina Ibarra, auxiliar en la 49, que trabaja en la cocina de la escuela derruida a la que sólo reingresó una vez y no pudo traspasar el sector de la secretaría. Cristina habla con esta Agencia de Noticias y se quiebra en lágrimas porque por su cabeza pasa como una película continua el estallido. “Los nuestros son chicos que tantas veces vienen sin guardapolvos porque no tienen, con las medias mojadas por venir caminando por calles embarradas, con las zapatillas rotas o la ropa empapada. Y no los dejamos que se queden así. Nos ocupamos. Porque son nuestros chicos. Yo sé bien lo que es pasarla mal. Y sé lo que es luchar. Nuestros chicos tienen necesidades. Y ellos, desde el Estado, no saben lo que es ser pobre”, contó. Aquel 2 de agosto Cristina se estaba cambiando para entrar 8.30 a la escuela. Sonó el teléfono y era su vecina que le preguntaba “¿estás bien?”. No entendió el llamado. Y la vecina le dijo “explotó la escuela”. Vive a cuatro cuadras. Entró en shock. “Mi escuela, mi escuela… Quise salir corriendo y mi hija me decía ´esperá que voy con vos´. Fui corriendo y me iba encontrando con la tragedia a cada paso. Estaba todo vallado. Quise pasar y no me dejaron. Un compañero me abrazó y me dijo los nombres de Sandra y de Rubén. Pasó más de un mes y nadie se hace cargo”. A Rubén lo conocía desde el 2001, cuando –sola y con tres hijos a cargo- ingresó al plan Jefes y Jefas y el padre de Rubén era el jefe de su cuadrilla. Después pasó al Plan Familias y hace 9 años quedó como titular en el cargo auxiliar de escuelas. Primero en el jardín 945, donde tenía en el grupo de chicos a Maia, la hija de Rubén. Y desde hace cuatro años trabaja en la 49. Con Sandra la unía un vínculo afectivo y de admiración. “Ella había hecho un curso para reparar los violines de la orquesta de los chicos que iban los sábados. Estaba en todo. Y el día anterior, nos reíamos juntas cargando a la profesora de Educación Física en la dirección. El 21 de agosto, cuando festejamos el día del niño, en un momento, me di cuenta de que inconcientemente la estaba buscando a Sandra en un grupito. No nos vamos a recuperar nunca de todo esto”. Los diarios hoy titulan que la Corte quedó encabezada por Rosenkrantz y no ya por Lorenzetti, después de 11 años. “Un alivio para el gobierno”, escribe La Nación. No hay medios que hoy se ocupen de un hecho tangible, dramático, contundente: que decenas y decenas de miles de chicos estén sin clases. Sería probablemente tapa de esos y otros medios un paro docente. Pero no el reclamo para que un techo resquebrajado no ceda, para que los baños no estén inhabilitados, para que las garrafas y los calefactores no emanen gas, para que el plato y la olla no queden vacíos, para que la vida no se juegue cada día. No es noticia que miles y miles de niños están atravesados por el hambre de comida y el hambre de letras. Tampoco es una información de peso para la sociedad y los medios que una directora reciba una voz grabada diciendo “vos sos muy bonita y tenés un lindo auto. Dejá de exponerte tanto”. O que pasen volantes por debajo de la puerta del CEC 801 que adviertan que la próxima olla se concretará en una dirección que se corresponde con la del cementerio de Moreno. Que rayen los autos de los docentes y directores en asamblea. Y que amenacen a maestros de la escuela 47, donde trabaja la esposa de Rubén Rodríguez. “No se sale ileso como institución de la muerte de quienes la habitan. Y hay que ponerle el cuerpo, la cabeza, el corazón para diseñar las mejores intervenciones. Tenemos que poder habitar escuelas donde no vayamos a perder la vida”, insiste Lajud. Cuando Violeta Núñez hablaba de enarbolar a la educación como bandera antidestino pensaba en un salón de clases en el que bullera la rebeldía, la crítica, la risa, el enamoramiento. Seguramente no imaginaba la lucha parida en las calles por las escuelas implosionadas por un estallido de gas con la muerte como protagonista. Hoy ocurrió y no hay mayor certeza que la del aula cerrada y los pibes y maestros afuera. Con el desencanto a flor de piel. Las escuelas –la 49, las otras que están cerradas en Moreno y las restantes nucleadas en ese universo llamado educación pública- no están en la agenda de los gobiernos, de los medios, de la sociedad. Y eso es una pintura descascarada pero perfecta del futuro y de este presente aguijoneado por el dolor. Edición: 3702
Salir, volver ¿a dónde?
Por Bernardo Penoucos (APe).- La incertidumbre acecha y la realidad golpea: ¿dónde vuelven los pibes, los miles de pibes detenidos en las cárceles bonaerenses? ¿Qué barrio los espera? ¿Qué instituciones se supone están funcionando para que el puente entre el encierro y la libertad permita una proyección distinta o esa "resocialización" tan mentada y renombrada por la opinión pública? "Al Andrés le mataron el hijo, dicen que en una salidera, estaba drogándose con todo y parece que perdió. Ya es el segundo". Andrés cumplió su condena el año pasado y salió en libertad, caminando y con un buzo bajo el brazo; salió de la Unidad 2 de Sierra Chica con lo puesto y cargando en el cuerpo los golpes, la cárcel y el HIV sin tratamiento que se contagió estando encerrado. El regreso a sus pagos sería largo. Un colectivo desde el penal hasta Olavarría y allí esperar algún otro colectivo que lo lleve hasta el gran Buenos Aires, más específicamente, hasta Villegas, La Matanza. Andrés cumplió 16 años encerrado como parte de su última causa pero, antes de esto, ya venía cumpliendo otras condenas también por robo. Salir y entrar, encierro y libertad. El año pasado salió con estudios secundarios completos y estudios superiores casi finalizados. Mientras cumplía esta última condena su hijo murió en otro penal, en una de las tantas peleas a poncho y faca que recorren los patios y los pabellones de las cárceles provinciales. Hace unos días acaba de morir, en la calle, su otro hijo."Cómo debe estar el Andrés, parece que vendió lo que tenía y se fue de Villegas. Perder un hijo debe ser terrible, pero perder los dos debe ser un dolor insoportable", me dice Carlos mientras fumamos en silencio y dejamos que el sol caliente un poco la frialdad de la cárcel y la honda tristeza de la conversación. Andrés fue compañero de estudio de Carlos, amigo, "rancho" y cuando Andrés obtuvo su libertad fue todo celebración, porque Andrés había cambiado, decían sus compañeros, y casi se había recibido y salía a la calle "con otra cabeza, para no regalarle más tiempo a este lugar asqueroso", como dijo cuando le llegó esa notificación de la libertad. Pero Andrés se encontró con una calle agria, dura y furiosa. Andrés se encontró con instituciones vacías que ni se enteraron de que él salió y se chocó con un contexto sociohistórico crítico. No pudo, en la calle, terminar sus estudios terciarios y se subió a manejar un taxi 12 horas por día, 14 horas por día, 16 horas por día. Andrés se encontró con un barrio estallado; atrás había quedado el aislamiento, atrás habían quedado los golpes y los traslados arbitrarios en camiones ciegos, atrás había quedado el ruido de candados y el disparo de escopetas, los gritos de los pibes golpeados y desnudos y los gritos del silencio profundo de la cárcel. Atrás el dolor pero adelante, también. Hace poco menos de dos semanas, el otro hijo de Andrés también murió, se supone, que en una salidera bancaria. Su hijo tenía 18 años y consumía todo lo que podía. Andrés lo acompañaba a una Iglesia evangélica y estaba feliz porque hacía días que no consumía. Hace poco menos de dos semanas se enteró de su muerte y decidió mudarse de barrio, de localidad y, seguro, de mundo también. Miles de pibes caen en el encierro y los muros le dan continuidad a las sombras que, en la calle, también arrastraban.Sombras de antes, sombras en el encierro y sombras en el horizonte. Hace rato que el sol les es negado a los miles de pibes que habitan sobreviviendo al sistema carcelario de la crueldad y también sin sol la pálida realidad que los espera para seguir camino una vez en la calle. Hijos que se mueren demasiado temprano, policía que sigue hostigando aún con una condena cumplida, medios de comunicación que afinan cada vez más la maquinaria de la estigmatización, opinión pública que sigue rompiendo los cuerpos rotos que a la cárcel entran o que de la cárcel salen, con suerte, vivos. Andrés debe seguir llorando la muerte de su hijo, debe mirar el cuerpo del hijo que no pudo criar, del hijo que no vio crecer, del hijo que no vio jugar porque él, mientras la niñez de los suyos, contaba días en las muchas cárceles que estuvo. Andrés debe llorar la muerte de su hijo, de su segundo hijo muerto y debe mirar al cielo para que deje de llover por lo menos un día, un segundo, un respiro. Edición: 3709
Publicado: Miércoles, 19 Septiembre 2018 13:43
El vendedor de frutillas
Por Claudia Rafael (APe).- El rojo de las frutillas le prometía un buen día. La promesa se diluyó a poco de haber armado el puesto, en la calle Lavalle de San Salvador de Jujuy. La inspectora municipal pidió papeles que no existían y sobrevino el acta de “comprobación y decomiso”. En tiempos de oscuridad, donde todo se tiñe de individualismos y del sálvese quien pueda, la vida cotidiana regala historias que reconcilian con la condición humana. Los vecinos se organizaron y, con la inspectora que insistía en el secuestro de las frutillas, compraron de a uno los cajones que salvaron el día (son estos, esos repetidos días que se salvan de a uno) al muchacho moreno que padecía el miedo de perder todo en un instante. Ese instante, ese día, un manojo de mujeres y de hombres vistió la calle jujeña de primavera. Esa que nace semilla y que tiene el poder invencible de desafiar pobrezas –como escribe Gioconda Belli- esgrimiendo voluntades contra malos augurios. Inventando palabras con las que cantar. A 1600 kilómetros, en el ombligo del mundo, siguen apaleando y deteniendo senegaleses. Edición: 3708
Publicado: Martes, 18 Septiembre 2018 12:54
Por Facundo Barrionuevo (APe).- En los cuerpos individuales (si es que así pueden definirse) se inscribe toda la historia del pueblo y toda la historia del cosmos. Como nos quedan cicatrices de historias personales, de juegos y travesuras, caídas y accidentes de la niñez y podemos relatar sus anécdotas, también la suerte y el destino de los colectivos humanos, las decisiones políticas de quienes ejercen el poder bio-político, dejan marcas. Como decía Foucault, “atraviesan los cuerpos”. Es inevitable leer el hilo rojo que teje la crueldad en estos tiempos. Matías, Corina, Ismael, Facundo, Sandra y Rubén, Santiago, Rafael, y miles sin nombres ni rostros en el prime-time en que se disputan las vestiduras de estas hermanas y hermanos nuestros. El terrorismo sin más, es el terror que debe ser mostrado. Se ejecuta para ser elevado a ejemplo, como diciendo: -Mirá de lo que somos capaces-. Y siempre se es un poco más capaz. Amedrentar una murga, allanar un comedor, perseguir un artesano, matar por la espalda, disparar al voleo, linchar lesbianas, vender la tierra y el agua, envenenar el viento. Ya en estos sures, hace tiempo que no son más sagradas una maestra, un médico o un periodista. Para esta forma de dominación del alma en total que es el neoliberalismo, y que necesita cuerpos dóciles, no hay límites ante la rebeldía. Pero no falta tanto, y ya sucede, que el aparato represivo no sea más el oficial, ejercido desde la legitimidad. El linchamiento y la defensa propia son los nuevos nombres de los microfascismos capilares por abajo. Una crueldad civil y democratizada, habilitada por arriba. La producción de imágenes impensadas y crueles “alimentan el goce de una subjetividad fascista” (cfr. Silvio Lang), que es la base de sustentación del saqueo. La Hydra de mil cabezas capitalista no se cansa de ingerir vida. El capitalismo, está estructurado sobre un sistema civilizatorio patriarcal que es también un adultocentrismo. El macho es, aparte de varón, un adulto. Lo supieron Corina en Moreno y Matías en Mar del Plata. Los cuerpos marcados, inscriptos por el despliegue de un verdugueo que se pasó de la raya. Crece la cizaña junto con la semilla, crece desde el pie la ternura en medio de tanto barro. Nos toca tejer caricias y abrazos, pucheros con tortafritas. En el mismo terreno del dolor, esperamos y creamos tozudamente la primavera. Edición: 3706
Por Carlos Del Frade (APe).- -Me voy a convertir en una madre de Plaza de Mayo… el problema es que estamos en democracia– dice Alberto Perassi, el papá de Paula, desaparecida el 18 de septiembre de 2011 en algún punto de la geografía del departamento San Lorenzo, al sur de la provincia de Santa Fe, de donde salen cientos y cientos de millones de dólares. El cuerpo de Paula, como el cuerpo de Jorge Julio López, está desaparecido desde distintos 18 de septiembre. El del albañil, desde 2006. Desaparecidos en democracia. Durante años hemos escrito y declarado en los juicios de lesa humanidad sobre las tramas de relaciones entre brutales torturadores y violadores en los centros clandestinos de detención alimentados por el dinero del estado genocida y los delincuentes de guante blanco, los empresarios que fueron los titiriteros de aquel horror planificado. Esas tramas, esas relaciones son las que se reciclan, entonces, para desparecer también democracia. Mientras la Argentina empieza a ser el nombre de una cuenta corriente más del Fondo Monetario Internacional y algunos bancos extranjeros, los cuerpos desaparecidos de Paula y Jorge López parecen ser anécdotas al margen. Creemos que no. Que gran parte del saqueo que hoy sufren jubilados, trabajadores, desocupados, subocupados, chicas, muchachos y niñas y niños, tiene en semejante doble impunidad una parte explicativa del presente. A siete años de la desaparición de Paula no hay fecha cierta de inicio del juicio oral y pública para los procesados, entre los que hay media decena de policías santafesinos. La misma fuerza que durante años acompañó el desarrollo del narcotráfico en estas tierras de fabulosas riquezas concentradas en poquísimas manos. -Siento que ni siquiera voy a encontrar los huesitos de mi hija como tantas veces pedí. Los pactos de silencio y dinero siguen firmes en San Lorenzo – agrega Alberto en diálogo con APE. Hasta ese infausto domingo 18 de septiembre de hace siete años, la mujer de 34 años estaba casada con Rodolfo Ortiz y tenía dos hijos varones de dos y seis años. Con el transcurrir de la investigación salió a la luz que ella mantenía una relación sentimental con Gabriel Strummia, entonces un empresario de Puerto San Martín, de 41 años, y que estaba cursando las primeras semanas de embarazo fruto de este vínculo. La causa dio un vuelco cuando los fiscales Ramón Moscetta y Donato Trotta solicitaron en abril de 2015 al juez Juan José Tutau, a quien había pasado la causa, la detención de nueve personas, sobre la hipótesis del crimen y una red de encubrimiento, ya que incluía a cuatro civiles (Strummia, su esposa Roxana Michl, Díaz y la partera Mirta Rusñisky), tres efectivos policiales (Gabriel Godoy, Aldo Gómez y María Galtelli) y dos altos jefes de la fuerza (Jorge Krenz y el ex jefe de la Agrupación Cuerpos Adolfo Daniel Puyol). La figura que se les imputaba a los civiles era "aborto sin consentimiento seguido de muerte" y "privación ilegítima de la libertad agravada", y a los policías, "encubrimiento" del crimen e "incumplimiento de sus deberes". La hipótesis era que la víctima fue llevada por la fuerza a la casa de la abortera en Timbúes donde se consumó el hecho. También se estableció que el día anterior a su desaparición Paula había contactado un médico con la intención de practicarse un aborto, pero el facultativo le había advertido que a causa de una afección, en caso de realizarlo sufriría una hemorragia que pondría en riesgo su vida. De ahí se presume el trágico final de Paula y que su cuerpo fue hecho desaparecer y aún no ha sido hallado pese a los numerosos operativos del Equipo Argentino de Antropología Forense. Los hijos de Paula, Agustín y Lucas, tienen hoy 10 y 13 años. Sus abuelos los criaron desde entonces. Como pueden en medio de la Argentina devenida en una simple cuenta corriente del FMI y los bancos extranjeros. El cuerpo desaparecido de Paula Perassi, como el cuerpo desaparecido de Jorge Julio López, cuestionan la profundidad de la democracia en la Argentina. La memoria obliga a pelear contra las tramas que construyen impunidad en el presente. No se tratan de hechos del pasado. Edición: 3705
Publicado: Domingo, 16 Septiembre 2018 00:08
Torturado a los 9 años
Por Silvana Melo (APe).- Mal viento viene del mar. Más si se calza uniforme y viene envalentonado por el oleaje de violencias legitimadas. No habrá imaginado Matías, a los 9, Matías, que madura un poquito más lento que los otros y que juega como los otros y que apunta con el revolver de plástico sintiéndose un proveedor de justicia justa para el mundo. No habrá imaginado Matías que el policía iba a bajar del patrullero con toda la violencia legitimada por el que gobierna el pueblo, por la que gobierna el territorio, por el que gobierna el país, por los ministerios y las ministerias de este tiempo. El policía, pertrechado con la violencia y el brazo fuerte y toda la carga de poder violentar y/o matar sin que eso implique cuestionamiento oficial ni justicia amenazante ni condena social. El policía -no habrá imaginado Matías- que se bajó del patrullero, lo golpeó brutalmente, lo tomó del cuello y lo ahorcó con una remera. Nueve años los de Matías. Nueve que son como seis o siete, con una pistola de plástico buscando una justicia rara, una que mire hacia el rincón de los chiquitos como él y no que sólo abrigue a los fuertes, a los poderosos, a los impunes titanes del mundo. El policía los vio al mediodía de un sábado nublado, en el frío de Mar del Plata. Hombre de la bonaerense en una ciudad brava. Los vio a los dos, a Matías de 9 y a su hermano de 12. Jugaban con el arma de juguete y él, el policía, dijo que Matías lo apuntó. Un peligro, Matías. Una amenaza social. Un niño es alguien de quien defenderse hace tiempo ya, pero en esta época oscura la infancia es una tierra a invadir y sojuzgar. Una tierra que se hambrea, se envenena, se balea, se violenta con paco y se desabriga en invierno. Un niño de nueve años que grita en el piso de una vereda de Mar del Plata mientras el policía, que se sintió amenazado en su chaleco y sus botas y su propio armamento, lo patea y lo golpea y piensa que es un terrorista o un mapuche o un desclasado suburbial –temibles figuras a devastar en la cultura represiva- que irrumpió en su territorio. Y finalmente es un niño de nueve años que en realidad tiene cinco o seis y que juega a la vida y la vida juega con él, sin que lo imaginara, el juego más cruel. Le propina a la bonaerense en el comienzo de sus días para que le adelante lo que vendrá si le quedan rebeldías en el cuello machucado, en el cuerpo herido y en el miedo atroz que le quedó en el alma, pegado, quién sabe hasta cuándo. El policía, que le dijo a la madre de Matías que agradeciera que no se bajó con el arma. Y que le enseñara a Matías que no hay que apuntar a un policía. La denuncia penal y la inmediata intervención de la Comisión Provincial por la Memoria son refuerzos institucionales para aminorar la sensación horrible de que la vida está en manos de una red de violencias que se descargan como chubascos sobre la fragilidad. Lo demás es el terror. El sometimiento de un niño, que es la capitulación de la infancia como patria sin orilla ni frontera. Sólo queda, para Matías y las niñeces que se rompen como cristalitos, buscar en las banquinas de esta vida a la ternura, única gloria que espera todavía. La imagen es puramente ilustrativa Edición: 3704
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Historietas - Por Chelo Candia 6859
Historietas - Por Chelo Candia 10291
Historietas - Por Chelo Candia 6703
La Justicia Federal de La Plata confirmó la condena a 14 años de cárcel a la médica policial Nora Manacorda por apropiaciones de bebés durante la dictadura.
Murió una chica de 16 años en el hospital de Campana que había sido arrojada por dos hombres quienes la habrían drogado previamente.
Maite, de 5 años, murió mientras dormía en su casa de un balazo que traspasó la pared de su cuarto, en Rosario. Habían disparado desde una moto que frenó en el lugar.
El Congreso aprobó la ley Brisa, para otorgar reparación económica a las hijas e hijas de mamás víctimas de femicidio.

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 artículo 5
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