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Timestamp: 2019-01-19 11:11:07+00:00

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¿Para qué el mundo real si ya existe internet? | Bitácora de una navegación sin rumbo
¿Fomentando la creatividad? 25 abril 2007
Posted by Pablo Rodríguez in Derechos de autor.
Por una extraña razón que no alcanzo a comprender, el 23 de abril, además del Día del Libro (por la conmemoración de la muerte en esa fecha de Cervantes y Shakespeare, ambos en 1616), se celebra desde hace unos años el World Intellectual Property Day. Este año, bajo el lema Encouraging Creativity, esto es, «Fomentando la creatividad».
Como todos los años, el director general de la OMPI, Kamil Idris, escribe un mensaje para tal ocasión. Me quedo con un párrafo de este año:
For many people, the connection between intellectual property and creativity is far from obvious. The word creativity conjures a world of artists and music makers, of poets and problem solvers. Whereas intellectual property all too often summons images of gray-suited lawyers, locked in litigation. But look more closely, and it quickly becomes clear that it is the intellectual property system itself which sustains and nourishes those creators.
Pero aquí existe un reconocimiento de que algo está fallando. O es más bien una declaración a la defensiva. No se reconoce que el sistema de la propiedad inmaterial (intelectual e industrial) falle, lo que sería extraño viniendo de su mayor autoridad en la tierra, sino que quizá lo que falla es la imagen que se da. No, señor Idris, lo que falla no es la imagen, sino el sistema. Lo que hoy en día protege la propiedad intelectual es un modelo de negocio obsoleto, que no es otro que el régimen de la imprenta.
Pero ese empezar a tener que estar a la defensiva ya empieza a ser una victoria para el público. De los ejemplos que cita Idris dos me llaman más la atención que el resto. El resto son un tanto exóticos, digamoslo así, que quedan muy bien en la foto, pero que no son ejemplos reales.
El primero de los que más llaman la atención es el primero de la lista, Bollywood, ¿por qué no directamente Hollywood? Y el segundo es el último de la lista, en el que se escribe a una joven madre que escribe una novela (Rowling, Harry Potter) que se convierte en un éxito editorial, que gana millones por la propia novela, la adaptación cinematográfica y por productos de la marca. Está bien que el ejemplo de la creatividad esté en Rowling, quiero decir, bien por ella, pero es matemáticamente imposible que todo el mundo pueda ser así (no creo ni que fuese deseable), por tanto es una imagen distorsionada de la creatividad (y así se consigue una regulación distorsionada). Además, a pesar de que la señora Rowling es muy rica, eso no quiere decir que no haya cedido en exclusiva muchos de esos derechos (tengo dudas de que tenga algunos).
«Protecciones digitales»: el ejemplo cunde 7 abril 2007
Posted by Pablo Rodríguez in «Protecciones digitales».
Después de esta noticia, parece que el ejemplo cunde: Microsoft ofrecerá música sin «protecciones digitales». En palabras de la representante de Microsoft:
Consumers have made it clear that unprotected music is something they want. We plan on offering it to them as soon as our label partners are comfortable with it.
Desde luego, quieran reconocerlo o no, la música sin «protecciones digitales» vende más (o al menos quieren probarlo por si fuera así).
El problema real es que, hemos dado entrada legal a las «protecciones digitales» y tardaremos tiempo en volverlas a poner fuera de la ley. Aunque como su propio diseñador reconoció, sean uno de los mayores errores en los cambios de derechos de autor de los últimos tiempos.
¿Es necesario reconocer las licencias libres en España? 2 abril 2007
Posted by Pablo Rodríguez in Creative Commons, Derechos de autor.
David Maeztu tiene una interesante entrada sobre la propuesta de ley la Asamblea de Extremadura para reconocer las licencias libres en España. Ya comenté sobre este asunto, me parece que están regando fuera del tiesto.
El origen del problema, que es grave, es que la incomprensión de qué son los derechos de autor. No son derechos naturales e inalienables (por mucho que algunos piensen así), sino son unos máximos que la ley permite, siendo siempre posible pedir menos. Los únicos derechos que son inalienables son los morales, que son el reconocimiento de la autoría y la integridad de la obra. Y sinceramente, creo que esos deberían ser así siempre.
Pero lo grave es que parece que dan a entender que las licencias libres no son plenamente legales en España cuando sí lo son. Y atendiendo al texto de la propuesta de ley es posible que su reconocimiento legal sea mucho menor después de la propuesta que antes de ella.
Ahora que me doy cuenta, existen algunos derechos irrenunciables, como la remuneración por copia privada. No invalidan las licencias libres, pero no son muy congruentes con ellas. Pero eso no se cambia dando por buenas las licencias libres, sino abordando cada punto concreto, como en este caso poder renunciar a la remuneración por copia privada.
«Protecciones digitales»: ¿el principio del fin? 2 abril 2007
Gracias a esta nota me he enterado de que iTunes venderá todo el catálogo de EMI sin «protecciones digitales» (noticia en Apple y conferencia de prensa de EMI). Esa oferta se extenderá a todas las discográficas independientes que deseen vender sus canciones sin candados digitales.
La noticia es muy importante, porque afirma que las «protecciones digitales» van en detrimento del propio producto. El precio de la canción será ligeramente superior al de la canción con «protecciones digitales» (treinta céntimos más), debido a que la calidad del sonido será el doble.
Sólo acabo con dos preguntas, que apuntan a lo mismo: ¿por fin nos daremos cuenta de que las «protecciones digitales» carecen de sentido? ¿Será esto el principio del fin?
Un camino hacia ninguna parte 28 marzo 2007
Posted by Pablo Rodríguez in «Protecciones digitales», Derechos de autor.
Según cuenta Cory Doctorow en esta nota, Bruce Lehman, director del International Intellectual Property Institute y director de la delegación estadounidense en la conferencia diplomática de la OMPI en 1966 sobre ciertos aspectos sobre derechos de autor y derechos afines, que concluyó con dos tratados que introdujeron, entre otras cosas, las «protecciones digitales»., ha participado en Musical Myopia, Digital Dystopia: New Media and Copyright Reform, un congreso celebrado en la Universidad de McGill.
No he tenido tiempo de ver el vídeo, pero si a alguien le debemos una tendencia maximalista en el ámbito de derechos de autor en los últimos veinte años (con la aparición de la informática), éste es un firme candidato a ocupar ese puesto. Pues bien, según parece Lehman admite algo que para el resto es obvio, que quizá el camino que él empezó, de mayor control, quizá haya sido un error. Más sobre este tema cuando vea el vídeo.
Comienza una nueva etapa 28 marzo 2007
El nuevo alojamiento de esta bitácora hace que empiece una nueva etapa. Tengo pendiente comprobar que nada se ha perdido por el camino. Parece que los borradores están todos, incluso hay uno más, por lo que algo he debido de hacer mal.
Curiosamente una de las ventajas de este nuevo alojamiento (respecto a la versión antigua de Blogger, la nueva no la quiero porque se aumenta el control), es que los comentarios pueden clasificarse según categorías, pero precisamente ahora se me hace más difícil clasificar todos los comentarios. Supongo que lo difícil es redactar una lista de categorías posibles.
No sé si tendré mucho tiempo para poder redactar la bitácora, pero ya tengo un par de entradas pendientes.
¿Nos quieren controlar? Pues nos vamos 24 marzo 2007
Para que las palabras no se las lleve el viento 24 marzo 2007
Bueno, pues vamos a hacer que esto no se quede en bonitas palabras que no sirvan para nada, Defective By Design le dirige una carta abierta a Steve Jobs con los siguientes puntos sobre su tienda de venta de música en la red, iTunes.
Consentimiento e ilegitimidad 19 diciembre 2006
Bajo el lema: «Contra la piratería, defiende tu cultura», el Ministerio de Cultura acaba de lanzar una campaña a la que destinará casi tres millones de euros, para, según sus palabras, proteger la creatividad. Quizá lo más discutible de su nota de prensa es el siguiente párrafo:
En la campaña aparecen reflejados todos los sectores de la creación: cine, música, creación visual, libro y software, y se insiste en el uso responsable de Internet y el carácter ilícito de las descargas no consentidas.
Me gustaría saber qué es lo que los bienpensantes consideran qué es un uso responsable de internet (desde luego sí que son paternalistas).
Pero lo que es más sorprendente es hablar de «descargas no consentidas». la pregunta sería ¿no consentidas por quién? ¿por el que descarga? A lo mejor lo que quieren decir es «descargas no autorizadas», pero que sean ilegítimas (no dicen que sean delictivas, porque el Código Penal no les permite tales malabarismos sin «ánimo de lucro y en perjucicio de tercero») es algo que los tribunales tendría que decidir, lo que en el caso de particulares no está tan claro, por la copia privada y por demostrar el perjucio económico real que presuntamente se ocasiona con esas descargas.
La muerte no es algo irremediable 8 diciembre 2006
Lawrence Lessig tiene una entrada muy interesante en su bitácora sobre la ampliación de la duración de la protección de derechos de autor para obras que ya gozan de derechos de autor. Sus reflexiones han de entenderse dentro del marco de una posible ampliación en el Reino Unido de las grabaciones sonoras de los cincuenta años después de su publicación a noventa y cinco que gozan en Estados Unidos (dejo para otra ocasión lo que se pasa por alto en esta igualación, que está ya preparándose en la UE, todo ello en nombre de la omnipotente «armonización legal»).
Curiosamente, o no tanto, quienes hacen más presión no son para obras que gozarán de nueva protección, sino para cambiar la protección en obras existentes. Si la protección es un incentivo para la creatividad, el argumento principal contra la ampliación retrosprectiva es que no existe incentivo para la creatividad pasada, sino sólo para la futura (y presente, si apuramos mucho).
Pero quizá estemos equivocados, porque como cuenta Lessig, parece que de una lista de cuatro mil músicos que apoyan con su firma la ampliación a casi el doble de la protección actual para grabaciones sonoras, algunos están muertos. En materia de derechos de autor quizá estemos entrando (si es que no hemos entrado ya) en el terreno de lo paranormal, donde hasta los muertos dan su apoyo.
Entonces, ¿de qué nos extrañamos de que los músicos, bueno sólo los que quieren que se extienda la protección a sus grabaciones sonoras, parezcan ser la única voz autorizada para discutir (quiero decir, apoyar incondicionalmente) una ampliación del plazo de protección de derechos de autor? Recordemos que los intérpretes y ejectuantes no son ni siquiera autores. Y si los muertos muestran su apoyo con firmas, ¿cómo podemos dudar de que la ampliación retrospectiva de la protección de grabaciones sonoras no va a constituir un gran incentivo para la creatividad pasada?
Contrato de aceptación ¿o sumisión? 7 noviembre 2006
Como ya dije hace tiempo, me acabo de comprar un ordenador Dell y como tenía una duda acerca de las particiones del disco duro, llamé al servicio técnico.
Hasta que llegué a hablar con la persona, marcando diferentes números para diferentes opciones, una voz grabada me recordó que mi llamada podía ser grabada para evaluación de la calidad. Por eso, en cuanto me contestó el técnico, le advertí que explícitamente no quería que mi llamada se grabase. A lo que me contestó que él no controlaba eso, que era para fines de calidad y además ese punto estaba en las condiciones del contrato.
Sinceramente, me pareció un farol, pero lo busqué en el contrato, y copio del punto 8.9 de las Condiciones Generales de Contratación:
Los Servicios podrán ser prestados telefónicamente o a través de Internet cuando sea conveniente. Las llamadas telefónicas podrán ser grabadas para fines de formación. El Cliente tratará con Dell con la cortesía razonable, proporcionando la información y cooperación necesaria que permita a Dell la prestación Servicio, y correrá a cargo de todos los gastos, telefónicos y postales en los que incurra al contactar con Dell.
Con la última frase no tengo especiales problemas, aunque podría discutirse si el que el cliente tenga que pagar la llamada no discute el principio de la garantía de que al cliente le tiene que salir gratuita la reparación o sustitución de un producto defectuoso. Lo grave es que «las llamadas telefónicas podrán ser grabadas». Los fines dan lo mismo (dicen calidad, luego escriben formación).
Si en España, grabar conversaciones sin autorización es delito (como reza el artículo 18.3 de la Constitución: «Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.»), y el contrato se somete a la legislación española (punto 18 de las Condiciones Generales de Contratación), esa cláusula debería ser nula.
Este pequeño detalle que relato aquí es más importante de lo que parece. Tiene que ver con la pregunta: ¿para qué están las leyes? (o ¿para qué sirven?). Si una cláusula de un contrato puede esquivar perfectamente un artículo de la ley fundamental de un país, ¿para qué sirve tener una Constitución? Personalmente no sé si las leyes están para cumplirlas o para saltárselas, pero seguro que para lo que están es para hacerlas cumplir (o abolirlas).
Juzgando la tecnología de transmisión de datos 23 octubre 2006
Por esta nota, me entero de la siguiente noticia: Un millón de hogares enganchados a eMule. El intercambio gratuito de archivos se ha convertido en el primer uso de Internet en España. Barrapunto la destaca por el párrafo titulado: No es ilegal, pero puede ser ilícito, porque no está incondicionalmente escorado hacia la interpretación maximalista de los derechos de autor.
Creo que el problema es grave, y no es hilar muy fino. El p2p es sólo un modo de transimisión de datos, y sólo secundariamente tiene que ver con los derechos de autor, por los usos que tiene. Entender esto es importante para poder entender por qué no son titulares de derechos de autor quienes puedan decidir cuál será el futuro de la tecnología.
La legalidad de las Creative Commons 19 octubre 2006
Posted by Pablo Rodríguez in Creative Commons.
Por esta nota, me entero de la noticia de que Extremadura pide una ley estatal para licencias Creative Commons. Y no salgo de mi sorpresa, porque estas licencias realmente están adaptadas al derecho español, con lo que son perfectamente legales.
La Ley de Propiedad Intelectual, como cualquier legislación de derechos de autor, marca un máximo, pero es perfectamente legal establecer un acuerdo de licencia en la que algunos derechos se otorguen al público. Lo que no es posible en España es una dedicación al dominio público, como en Estados Unidos, porque los derechos morales, de autoría e integridad de la obra, en España son perpetuos.
Precisamente las Creative Commons se crearon como una forma práctica de mostrar las reformas que la legislación de derechos de autor necesita en un marco digital. Pero que lo entendamos todos, sobre todo los políticos, llevará un tiempo. Luego cambiaremos la ley, pero para todos.
El premio a la creatividad 19 octubre 2006
Buscando en la red, me encontré con un premio de la Fundación Epson Ibérica. No me interesa la temática, que sería «al mejor ensayo sobre cibercultura y sobre aspectos filosóficos o éticos de la nueva sociedad tecnológica», sino una de las bases de su concurso:
7.- La obra ganadora será publicada por la Editorial Gedisa. La cuantía del premio (6.000 €) se entenderá en concepto de derechos de autor. La editorial será depositaria de los derechos de edición de la obra ganadora tanto en formato impreso como en digital. Sólo en casos excepcionales, en que por criterios editoriales sea inviable la publicación, la Fundación gestionará la misma de manera preferente. En cualquier caso, en la edición de la obra se hará constar que la misma ha sido Premio de Ensayo Eusebi Colomer de la Fundación Epson.
Puesto en román paladín, si ganas el premio te quedas sin la obra. En el fondo el premio es un contrato de edición obligatorio, que por ofrecer una cantidad fija, durará 15 años (si la remuneración es de porcentaje por ejemplar, serían sólo 10 años). Entiendo que es más que dudoso que el contrato de edición sea válido si no hay nada firmado, pero es más que posible que la cesión de derechos en favor de la Fundación Epson sea vinculante por la aceptación de las bases del concurso. Y lo peor es que esa cesión de derechos puede tener validez como en los contratos de edición anteriores a 1987, esto es, por toda la duración de los derechos de autor.
En cuanto a los derechos de explotación económica, no sé quién hace negocio. Porque si realmente el libro es bueno (cuestión no tan improbable) a Gedisa le puede empezar a compensar pagar mucho más que el premio. Además, el presunto contrato de edición también expoliaría los derechos de traducción a otras lenguas, ¿o no? Desde luego, esa cláusula es habitual en los contratos de edición, aunque no sé si es válida legalmente (desde luego, no debería de serlo en ningún caso).
Desde luego, el citado premio es realmente una trampa, hecha de modo más o menos consciente por la Fundación Epson y/o Gedisa. No por casualidad, un buen ensayo para este premio sería la necesidad de adaptar los derechos de autor del modelo de la imprenta a internet, donde el poder no está en los impresores (o editores, como ahora se llaman), sino en los autores.
Hablando sobre «protecciones digitales» 19 octubre 2006
El sentido de la protección (o la protección sin sentido) 8 octubre 2006
Me acabo de comprar un ordenador Dell y como no quiero que se infecte de virus, directamente, antes de iniciar el disco duro, lo que hago es ejecutar un cd de GNU/Linux para ver cómo funcionará (antes de borrar todo el contenido del disco duro). Y leyéndome el manual (por si me olvido de algo importante), me he encontrado con un último apartado, antes del glosario y el índice de materias, que reza como sigue:
Aviso del producto Macrovision
Este producto incorpora una tecnología de protección del copyright que está protegida por patentes de los Estados Unidos y otros derechos de propiedad intelectual. El uso de esta tecnología de protección del copyright debe estar autorizado por Macrovision, y está dirigido únicamente al uso privado y a otros usos de visualización limitados a no ser que sea autorizado por Macrovision. Se prohíbe la ingeniería inversa y el desensamblaje.
Este párrafo daría para explicar toda la doctrina de las «protecciones digitales». Se podría hablar mucho de eso, pero me quiero centrar sólo en la protección de la protección, intentar proteger electrónicamente la protección que se otorga por los derechos de autor. Ésta tiene como resultado la visualización autorizada. Este es el gran problema de las «protecciones digitales», que imponen un control, que en ningún momento se otorgan en los derechos de autor (que es exclusividad por publicación). Y eso sí que empobrece una cultura. Porque lo único que se puede hacer con la obra intelectual es consumirla. Y eso en un mundo de redes de ordenadores es una obviedad.
La finalidad de la protección 2 octubre 2006
Gracias a esta nota de Cory Doctorow, me acabo de enterar de que la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual está celebrando su asamblea general del 25 de septiembre al 3 de octubre. Evidentemente los temas que se están tratando en esta asamblea son de lo más variado.
Pero mientras otros se dedican a hacer lo que pueden, el Ministro de Cultura de Brasil, Gilberto Gil, ha dicho en su intervención del primer día:
It is clear to us that development will only be ensured if there is a balance between intellectual property rights and obligations and the public interest, as had been highlighted by the Ambassador of Argentina, on behalf of the Group of Friends of Development. If such balance is lost we will violate the nature of knowledge itself: we should never forget Thomas Jefferson’s words, according to which there would not be any one thing less susceptible than all others of exclusive property than ideas, whose sharing does not necessarily harm anyone….
Uno de los temas que la OMPI está discutiendo en esta asamblea general es un tratado de protección de organizaciones retransmisoras. Y parece que, en contra de la posición de Estados Unidos y los grupos de presión, no hay acuerdo entre la mayoría de países sobre los términos de este acuerdo. (Personalmente pienso que no necesitamos más protección de intermediarios, sino quizá menos y además es perpetuar el modelo de la televisión y los consumidores.)
Lo que Gilberto Gil pone de manifiesto es que quizá la OMPI se tiene que pensar más en serio que debe dejar de ser un refugio inviolable para que los grupos de presión ejerzan poderes en todo el planeta y empezar a cumplir su finalidad de servicio al interés público. El servicio al interés público supone poder examinar las tendencias maximalistas de protección si estas no sirven al fin para el que han sido pensadas. Y proteger las protecciones sólo consigue ahogar la creación e innovación posteriores.
¿De verdad no merecemos personas más competentes? 1 octubre 2006
En condiciones normales, no me sentiría inclinado a escribir una entrada como ésta, pero no sé por qué creo que esto ya es demasiado. Nadie cede poder voluntariamente, y en España no dimite nadie. Ahora, como he leído por ahí, quizá deberían poner carnet por puntos para dirigir un ministerio.
Al parecer, la Ministra de Cultura española, ha participado en una mesa redonda Políticas culturales en relación al libro y la lectura, dentro del Sexto Congreso Iberoamericano de Editores, titulado Edición y políticas públicas para el libro y la lectura que se celebra en Madrid del 30 de septiembre al 2 de octubre. Su intervención se produjo a las 16:00 del 30 de septiembre.
Según esta noticia, la ministra no leyó un discurso, sino que prefirió hablar directamente. Entre las perlas que nos dejó (el resto prefiero analizarlas en una entrada posterior), destaco estas palabras que parecen literales:
[Cuando Bill Gates viaje a España a recoger el premio Príncipe de Asturias] le pediré el dominio de la Ñ en la red. […] No podemos perder el dominio de la Ñ, que casualmente es la letra que está la palabra español.
En primer lugar, y para que nadie se confunda, el premio realmente se lo han dado a la Bill & Melinda Gates Foundation en la categoría de cooperación internacional, por su labor humanitaria.
Pero quizá lo más grave de todo es que realmente no es fácil entender qué es lo que quiere la señora ministra con «el domino de la Ñ en la red». Quizá la descontextualización ayude a la incomprensión, pero creo que las preguntas son pertinentes. ¿Quiere vincular el control del uso de esta letra a su persona o a quien dirija el Ministerio de Cultura? ¿Quiere tener una dirección de internet que tenga esa letra? ¿O finalmente quiere que puedan escribirse direcciones de internet que contengan la susodicha letra?
Yo me inclino por la última posibilidad, con lo que me gustaría ver la cara del señor Gates cuando le hagan esa pregunta (y de quien le traduzca, porque me temo que para esto la señora ministra necesitará de traducción). La cara será de poema, porque Microsoft se dedica a desarrollar sistemas operativos y otros programas informáticos para aplicaciones domésticas y empresariales, pero controla para nada el desarrollo de internet.
Además, lo que Calvo pide, realmente ya existe (una prueba, que parece que no funciona con IE en versiones anteriores a la 7). Y está especificado en tres documentos de la Internet Engineering Task Force (3490, 3491 y 3492, respectivamente). En realidad internet funciona por lo que son direcciones de IP que son en definitiva números (esto es, www.google.com es realmente 66.102.9.99). Pero como es más cómodo recordar nombres, tenemos un sistema que permite asignar nombres, llamados «de dominio», a los números. Este sistema se llama, en inglés, tanto Domain Name System o DNS. Pero para eso existe una entidad que asigna nombres de dominio (generales y en cada país). En España, por las razones que sea, la ESNIC, no ha implementado todavía el sistema que permite usar caracteres Unicode en nombres de dominio (como parece confirmar Wikipedia). El Plan Nacional de nombres de dominio de Internet bajo el código de país correspondiente a España («.es») lo recoge en su disposición transitoria segunda:
No podrán asignarse nombres de dominio que contengan caracteres propios de las lenguas españolas distintos de los incluidos en el alfabeto inglés hasta que los mecanismos de reconocimiento de los caracteres multilingües estén operativos en el «.es».
El límite estará en lo que se establece en el punto 11º, 1, de la que a):
Los únicos caracteres válidos para su construcción serán las letras de los alfabetos de las lenguas españolas, los dígitos (‘0’ -‘9’) y el guión (‘-‘).
En realidad las letras vocales en español no se ven afectadas por los acentos o la diéresis, por lo que no es claro si al final se podrán inscribir nombres de domino con caracteres acentuados. Por supuesto, nada de letras en otros alfabetos que no sean el español. Ya no es que no se puedan en griego, chino, o ruso, sino que no se podrá incluir æ, ß, ø, ä.
Es increíble que internet no funcione como piensa la ministra. Y es maravilloso que un ignorante en informática y derecho, como el que suscribe, pueda enterarse de cuál es realmente el problema en un par de horas. Si eso es posible para cualquiera, cuánto más para quien dirige un ministerio o para las personas que le asesora.
Da miedo pensar que una persona con tan escasos conocimientos sobre internet (no se trata de que sean cuestiones técnicas) y que se permite airearlo al público general, tenga un poder tan importante para gestionar el desarrollo de internet, en nombre de los derechos de autor (o «propiedad intelectual» como reza la ley).
Cuando los derechos de autor son una barrera 23 septiembre 2006
La British Academy acaba de publicar un informe con el sugerente título Copyright and Research in the Humanities and Social Sciences. Su presidenta, la baronesa Onora ONeill, plantea en el prólogo:
Creative activity requires protection of the moral and economic rights of the creators of original material, on the one hand, and the opportunity to use and develop existing material in new and original forms, on the other hand. The maintenance of that balance is a difficult and delicate task, and the Academy believes that in recent years the balance has swung too far in the direction of protecting existing material at the expense of facilitating the development of original material.
No sé si la cuestión es la producción de material, sino más bien de obras intelectuales, pero lo que está claro que es cuestión de equilibrio para que la protección presente del pasado no comprometa el futuro. El director del grupo de trabajo que elaboró el informe advierte:
Our concern has been that this process may be – is being – inhibited by excessively tenacious defence of rights in existing intellectual property. The evidence from our inquiry has produced important instances of this, especially in art and music.
En realidad no es soprendente pensar que si estamos sufriendo una maximalización de los derechos de autor, pues unos de los primeros afectados serán la investigación académica y la enseñanza. Y no únicamente en humanidades, sino también en ciencias, como ha advertido ya la Royal Society en su informe Keeping science open: the effects of intellectual property policy on the conduct of science.
Se trata de alcanzar un equilibrio, pero no por compromiso de fuerzas, sino porque nuestro pasado no impida el futuro de la cultura (entendida como aquello que hace humano el mundo). Entender el sentido de la protección supone advertir que maximizar la protección no maximiza la creatividad, sino que la impide.
¿Todos somos iguales ante la piratería? 23 septiembre 2006
Por esta nota, me acabo de enterar que la ministra española de Cultura, Carmen Calvo, tiene un bolso de imitación de una conocida marca (noticia). Para más oportunidad, la ministra lo lució en una pasarela de moda.
No por casualidad, el ministerio que preside es el que se ocupa en España de la «propiedad intelectual», esto es, de derechos de autor (aunque supongo que esto será un fraude de marca comercial). En su departamento se dedican a decir que la «piratería», esto es, la descarga de música sin ánimo de lucro y sin prejuicio de terceros es delito (en contra de lo que dice el mismo Código Penal, art. 270). Pero lo suyo es piratería de la de verdad, de la que va sin comillas, por la que paga para que su .
También a su mano rectora le debemos la última modificación de la Ley de Propiedad Intelectual, que ha dado carta de naturaleza a las «protecciones digitales», que fundamentalmente no son protecciones anticopia, sino publicación en secreto, esto es, tener los beneficios de la publicación sin haber publicado.
El problema no es un bolso, dado que no sería la primera ministra de Cultura que luce un bolso de imitación. Esto no es moralina y probablemente el fabricante de los bolsos originales no querrá meterse en líos. No sé si nuestra legislación permite imponer multas por esto (supongo que no será delito).
Lo grave es que algunos piensen que el mayor problema de la tecnología es que hace posible la «piratería». Y lo más grave es después se legisle siguiendo esas ideas.
Vender música respetando al público 22 septiembre 2006
Por una nota de Cory Doctorow, me entero que la Orquesta de Filadelfia ha creado su propia tienda virtual de venta de música en internet. Ofrecen su música en MP3 (256 kbps) y en FLAC (que es un formato de compresión en el que no se pierde calidad). Y, como dicen ellos without shackles («sin grilletes»), esto es, sin «protecciones digitales».
Es un ejemplo de cómo vender música en internet (y no son éxitos de ventas en listas comerciales). Hay que comenzar respetando al público.
Las «protecciones digitales» ya tienen su día 21 septiembre 2006
El grupo DefectiveByDesign, que pretende advertir de los peligros de las «protecciones digitales» ya ha declarado un día dedicado a ellas. Será el tres de octubre y se llamará Day Against DRM, esto es, Día contra las «protecciones digitales».
Es importante que la gente sepa qué derechos están perdiendo y qué partes de nuestra cultura se están volviendo opacas. Porque a la larga, todos perdemos con las «protecciones digitales», aunque a algunos no les importe intentar restringir derechos y expoliar la cultura para intentar salvar un modelo de negocio ya arcaico. Y para eso todos tenemos que tomar conciencia del problema.
«Protecciones» por defecto 16 septiembre 2006
Por una nota de Cory Doctorow, me entero de que el nuevo reproductor musical portátil de Microsoft, Zune (análogo al iPod de Apple), cifrará por defecto todas las canciones que salgan del reproductor. En palabras de Cesar Menendez, empleado de Microsoft dedicado a Zune:
There currently isn’t a way to sniff out what you are sending, so we wrap it all up in DRM. We can’t tell if you are sending a song from a known band or your own home recording so we default to the safety of encoding.
No sé si tiene mucho sentido complacer antes al negocio musical que a los propios clientes de tu producto (como técnica de ventas es dudosa). Pero por muy cumplidora de una presunta legalidad que es muy discutible en Estados Unidos (e inexistente en España), la «protección» por defecto tiene efectos secundarios. El más importante es incumplimiento de las licencias que impidan que la obra se incluya en un mecanismo de «protecciones digitales», como lo son las Creative Commons.
Con unos aparatos realmente inútiles (o de utilidad reducida), es increíble que pretendan venderlos, por eso tienen que hacer una promoción publicitaria muy alta y conseguir que sus clientes (los usuarios) no adviertan que la funcionalidad de sus aparatos está muy restringida. Esta es la técnica de Apple con su iPod: vender un diseño, para que sea un objeto de culto, que confiera una marca distintiva a sus propietarios. Pero el aparato seguirá teniendo una funcionalidad limitada.
¿Quién legitima derechos y usos? 26 agosto 2006
Hojeando un manual de un programa de gestión de referencias bibliográficas, me encontré con esta nota (en la página 617 del susodicho):
Copyright Issues and Fair Use of Downloaded Data
EndNote gives you the capability to import references downloaded from online databases into its libraries. Some producers of online reference databases expressly prohibit such use and storage of their data, others charge an extra fee for a license to use the data in this way. Before you download references from a database, be sure to carefully check the copyright and fair use notices for the database. Note that different databases may have varying restrictions, even from the same information provider (such as DIALOG or Ovid).
La verdad es que es gracioso, porque expresa muy bien una tríada fantasmagórica de la consideración actual de los derechos de autor. En tres palabras: descargas, copia y uso legítimo. Y me temo que esto no es algo sólo propio de Estados Unidos, sino que en España también estamos con esa paranoia.
No me interesan tanto las dos primeras para lo que quiero comentar aquí y ahora es el tema de que los usos legítimos pueden variar ependiendo de las diferentes restricciones que tengan las diferentes bases de datos. Independientemente de que sean recopilaciones de referencias bibliográficas (que eso daría también mucho que hablar), la cuestión es grave: los usos legítimos los fija la ley, no el editor, ni el autor. Del máximo que fija la ley, siempre se puede bajar, pero la misma idea de uso legítimo, tal como la expresa el párrafo citado, no la fijan las condiciones de nadie, sino de la ley.
Entiendo que la gravedad del asunto muestra su importancia, porque todo un movimiento maximalista de propietarismo intelectual exige una protección legal que en realidad es una tiranía, la ley de la selva o la ley del más fuerte.
El secreto de las comunicaciones 14 agosto 2006
El Piratpartiet (Partido Pirata sueco) ha presentado un servicio que garantiza el secreto de las comunicaciones: Relakks – säker surf («Relakks – navegación segura»). El servicio es comercial y convierte en anónimas todo tipo de comunicaciones en internet.
La empresa se basa en la tradición sueca de protección de la intimidad personal y del secreto de las comunicaciones, asignando una nueva dirección de IP a la que ya tiene asignada por su proveedor de acceso.
Legalmente sólo estaría obligada a proporcionar datos de la conexión a las autoridades suecas (y sólo a ellas), si éstas consiguen mostrar más allá de la duda razonable que el usuario ha cometido presuntamente un delito por el que merece al menos dos años de cárcel (no sirve una infracción que se castigue con multa).
El anonimato no es un delito, sino un derecho. Y los derechos de autor no están por encima de derechos fundamentales (como son el derecho a la intimidad y el secreto de las comunicaciones). En España, la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (que cuando el gobierno estaba en la oposición, prometió derogarla) reza en su artículo 12:
Los operadores de redes y servicios de comunicaciones electrónicas, los proveedores de acceso a redes de telecomunicaciones y los prestadores de servicios de alojamiento de datos deberán retener los datos de conexión y tráfico generados por las comunicaciones establecidas durante la prestación de un servicio de la sociedad de la información por un período máximo de doce meses, en los términos establecidos en este artículo y en su normativa de desarrollo.
Y por si a alguien le queda duda, la propia ley afirma:
Retener los datos de conexión no sólo va contra el secreto de las comunicaciones (digitales, por supuesto), sino que en el caso en que se investiguen delitos va en contra de la presunción de inocencia, ya que se empieza a investigar indiscriminadamente antes de que se inicie un proceso judicial. Y eso concula los derechos fundamentales de cualquier tradición democrática (esto es, respetuosa con los derechos de las personas). Ahora, quizá haya que contratar un servicio de anonimato, esto es, será cuestión de hacerse el sueco.
Consejos para niños (¿o cuentos chinos?) 3 agosto 2006
Cambio de título 2 agosto 2006
Por motivos de brevedad, he decidido acortar el título, de ¿Para qué quieres el mundo real si ya tienes internet a ¿Para qué el mundo real si ya existe internet? Además, me parece que así tiene más pegada. El subtítulo se mantiene (de momento).
El negocio de vender música por internet 1 agosto 2006
Por una nota de Cory Doctorow, me entero que emusic es el segundo portal de venta de música (según USA Today), con la particularidad de que sus archivos carecen de restricciones digitales (como gráficamente reza el artículo citado Download song — and own it).
¿Cuáles son las claves de su éxito? Creo que los describe la propia empresa en la explicación de su oferta: al carecer sus archivos de restricciones digitales, se pueden reproducir sin problemas en cualquier lector de mp3. Y además, cuando cancelas la suscripción, la música sigue siendo tuya. Ofrecen 25 descargas gratuitas, pero se exige la inscripción. Aunque quizá lo que yo no tengo tan claro es que el modelo de tasa mensual por número limitado de descargas sea una buena idea si es la única alternativa.
Y quizá lo más interesante de todo es que tienen un millón de canciones, pero (de momento) en su catálogo no tienen ninguna de las grandes discográficas. Para que luego digan que el negocio de la música ha muerto con internet.
Las «protecciones digitales» y Apple 30 junio 2006
¿Qué es realmente la SGAE? 27 junio 2006
Gracias a esta nota de David Bravo, que cita un artículo y una entrevista a Ignacio Casado, delegado de la SGAE en el País Vasco, parece que la SGAE es una empresa.
La verdad es que esto es grave, porque la Ley de Propiedad Intelectual (que está en trámite de reforma, pero no en este punto) afirma en su artículo 147, refiriéndose a las entidades de gestión colectiva de derechos:
Estas entidades no podrán tener ánimo de lucro.
Casado no sabe qué es una empresa, o lo que es peor, no sabe qué es el ánimo de lucro. La cuestión ya no es el afán recaudatorio desmedido de la SGAE (que parece ser compatible con la ausencia de ánimo de lucro), sino que quizá la ley les otorgue un poder casi ilimitado a las entidades de gestión colectiva de derechos.
¿Descansa en paz? 25 junio 2006
Por esta nota, veo que Disney parece que no quiere dejar ni a los muertos en paz.
Los padres de un bebé británico que nació muerto tenían la idea de poner en su lápida la imagen grabada del oso Winnie the Pooh. El departamento legal de Disney informó al picapedrero de la infracción de derechos de autor que cometería si grababa la imagen. Los padres pidieron explícitamente permiso a la empresa, que se negó.
Como suele pasar en estos casos, cuando la noticia empezó a difundirse, parece que a Disney se le han aclarado las ideas y permite la imagen del osito en la lápida. Se amedrentaron por la mala publicidad que le genera una acción del estilo.
Lo que sí me parece peligroso es que bajo la etiqueta de intellectual property se mezcle todo. La expresión en inglés engloba en español nuestra propiedad intelectual (derechos de autor) y propiedad industrial (patentes, marcas registradas y secretos comerciales). No sé cómo es la situación legal de derechos de autor y marcas comerciales en el Reino Unido (ni tampoco soy abogado), pero no veo por qué debe ser un caso relacionado con derechos de autor.
En todo caso se trataria de infracción de marca comercial registrada, pero sólo si en el Reino Unido existe la dilución de marca comercial (hasta donde yo sé, trademark dilution sólo existe en Estados Unidos). Pero ni siquiera en ese caso, porque no hay confusión posible (ni un uso comercial directo o indirecto).
¿Quién tiene derechos: autores o editores? 27 abril 2006
Una coalición de músicos canadienses ha puesto el dedo en la llaga con una declaración en tres principios:
La cuestión es muy simple, quién tiene el control y quién tiene los derechos. Y es un error que los dueños y señores sean las discográficas y no los autores. Los derechos tienen su origen en la creatividad, en la autoría, y si los editores deben tener alguna, siempre debe ser subsidiaria.
Ideas y protección 26 abril 2006
Al parecer, hoy se celebra el World Intellectual Property Day, con el peligroso lema en el póster Intellectual Property. It starts with an idea. Para quien le pille desprevenido, la propiedad intelectual en español abarca sólo los derechos de autor (en el poster se equivocan).
Como comentario al lema tan ambiguo, sirve la declaración del director general de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (así dicen llamarse), Kamil Idris:
World Intellectual Property Day is an opportunity to encourage people to think about the role played by intellectual property in everyday life, and about its importance in stimulating and safeguarding innovation and creativity. This year we celebrate the starting point of all intellectual property, the seeds from which all innovations and creative works grow – ideas.
Mankind’s inexhaustible capacity for producing ideas makes us unique. Yet this extraordinary ability is often taken for granted. We hardly notice the countless ideas we generate every day, or how much of what we value is the fruit of others’ ideas: labor-saving inventions, pleasing designs, life-saving technologies.
Ideas shape our world. They are the raw materials on which our future prosperity and heritage depend. This is why it is important to provide environments in which innovative ideas are encouraged and rewarded. This is why intellectual property exists.
From the words, music and images which move us, to the brands which attract us; from the bicycle to bio-fuel; from the microchip to mobile phone – it all starts with an idea.
Me temo que Idris se equivoca. La protección intelectual o industrial no protege nunca ideas. Es muy sencillo, si protegemos las ideas, impediremos a otros pensar e innovar.
¿Televisión o internet? 22 abril 2006
Después de la nota sobre lo patentemente inútil, me ha venido a la cabeza la cuestión de las «protecciones digitales», que serán incluidas en la próxima Ley de Propiedad Intelectual (será una nueva reforma, del texto de 1987, que ya ha tenido seis reformas).
El argumento no es que están tratando de blindar un modelo de negocio obsoleto, como si los copistas de libros hubiesen intentado bloquear la imprenta. Tampoco es que los derechos de autor no son a imponer las condiciones que le vengan en gana, aunque con las «protecciones digitales» lo puedan conseguir. No se trata tampoco de la copia privada y la remuneración compensatora.
Todos estos argumentos son muy reales, pero me parece que el núcleo de la cuestión se decide en qué modelo de cultura queremos: ¿televisión o internet? La televisión es contemplar lo que retransmiten y cambiar de canal, internet es poder poder retransmitir tus propias creaciones. Es pasar de sólo lectura (en la mayoría de los casos, es mera consumición) a lectura y escritura, de ser espectador a ser creador (aunque las entidades de gestión parezcan tener el monopolio mental).
Intimidad y derechos de autor 22 abril 2006
Como comentaba en una nota reciente, uno de los problemas de la SGAE, hasta donde alcanzo a ver, no es tanto que use pruebas ilícitas (y la ley no permite aquello de que «el fin justifica los medios»), sino que intenta que haya comunicación pública donde realmente no la hay.
Dice la Ley de Propiedad Intelectual en su artículo 20:
1. Se entenderá por comunicación pública todo acto por el cual una pluralidad de personas pueda tener acceso a la obra sin previa distribución de ejemplares acada una de ellas.
No se considerará pública la comunicación cuando se celebre dentro un ámbito estrictamente doméstico que esté integrado o conectado a una red difusión de cualquier tipo.
Es claro, si la celebración de una boda no es un acto público, y a todas las bodas vas por invitación, cualquier actuación en una boda no será pública, aunque haya gente que gane dinero con eso.
Lo que aquí la ley dice, y la SGAE no quiere ver, no es si la actuación es comercial o no, sino si es pública o no. Y la SGAE lo sabe, porque no ha dejado de tener afán de recaudación en actuaciones sin ánimo de lucro.
La SGAE pretende que en este punto la ley sea como quiere, no como está escrita. Del mismo modo que el Tribunal Supremo sentenció que las habitaciones de hoteles son domicilio particular también en lo relativo a propiedad intelectual y en ellos no se produce comunicación pública, sino sólo recepción de esa comunicación, por la que las emisoras (de radio o televisión) ya pagan. No sé si habrán recurrido al Tribunal Constitucional (en España, la Constitución es una jurisdicción especial), pero en su página mantienen, contra una sentencia firme, mantiene:
No, porque un hotel es una empresa que no se puede descomponer en tantos elementos como habitaciones tenga disponibles, por lo que no puede considerarse doméstico ya que cambia constantemente de inquilinos y no tiene el carácter de permanencia que implica lo doméstico frente a lo público.
Además de que lo peregrino del argumento y su mala redacción, me pregunto qué entenderá la SGAE del artículo 118 de la Constitución:
Es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los Jueces y Tribunales.
Y aquí no se puede apelar a la libertad de expresión, porque en España se tiene derecho a comunicar y recibir «información veraz».
Autoría y homenaje 21 abril 2006
Estos días se celebra el aniversario del nacimiento de Joan Miró. Google se había sumado a este homenaje usando un diseño especial de su imagen para la ocasión.
Hasta aquí todo perfecto, pero a los herederos de Miró se les ocurrió que la imagen era una infracción de los derechos de autor y por medio de la Artist Rights Society ha ordenado a Google la retirada de la imagen.
El buscador ha retirado la imagen, no porque piense que es una infracción de derechos de autor, sino porque realmente es un homenaje y la imagen es un enlace a páginas sobre el pintor catalán. Los propios herederos serán los mayores perjudicados.
La imagen no es copia de ninguna de sus obras, sino más bien una recreación del logotipo del buscador inspirada en la obra de Miró. Y eso seguro que no se pueden invocar los derechos de autor para impedir la publicación de esa nueva obra.
No toda obra inspirada en otra está directamente derivada de ella, y eso es lo que los derechos de autor deben proteger, siempre de modo subsidiario respecto a la obra original.
Patentes e innovación real 21 abril 2006
En Barrapunto me entero de que a Philipps le han concedido una patente en el mercado estadounidense para impedir al usuario cambiar de canal mientras están emitiendo publicidad.
Tengo yo mis dudas de la innovación real de esta patente. Quizá ésta resida en la novedad del método de negocio: el usuario está obligado a ver los anuncios o paga una tarifa para poder cambiar de canal (o avanzar en una grabación).
No sé si alguien le suena donde ya ha visto esto, pero en muchas películas comerciales en DVD tienen esta característica (que muchos usuarios aborrecen).
El problema ya no es que nos quieran volver idiotas, o que estén haciendo un mercado cada vez más pobre (o cada vez más cutre), sino que quieren que la tecnología sólo sirva como la televisión, sólo poder tragarte lo que ponen. Y ahora no siempre podrás cambiar de canal.
La ley y la gestión colectiva de derechos 18 abril 2006
Por Barrapunto me entero que un juez ha declarado ilegal un vídeo de una boda grabado por un detective filtrado por la SGAE sin consentimiento de los contrayentes (noticia).
Este vídeo pretende usarse como prueba para cobrar derechos de comunicación pública por la música que se pone en una boda (siendo la celebración de una boda, según la sentencia un acto privado, propio y reservado, cuya asistencia está condicionada por la invitación de los contrayentes).
A mí no me sorprende, lo que me extraña es que no nos cobren por comunicación pública por lo que podamos cantar en la ducha (siempre nos puede oir cualquiera). El caso de la boda es una clara intromisión en la intimidad ajena, como también constata la sentencia.
Pero la SGAE tiene el monopolio de la creatividad, esto es, se creen que ellos son los únicos autores y parece que están por encima de la ley y tienen derecho a todo. Por eso las entidades de gestión (la SGAE es la más grande, pero no la única) pretenden reducir la copia privada a copia propia, esto es, pasar la copia que se hace para uso privado no lucrativo a la copia que se hace teniendo el original, pero pretenden seguir cobrando como si fuera copia privada.
Por imperativo legal, estas entidades de gestión colectiva de derechos no tienen ánimo de lucro, sino sólo afán recaudatorio, aunque quizá algo desmedido.
Un libro para entender qué está en juego 16 abril 2006
Gracias a Lawrence Lessig, me acabo de enterar de que Yochai Benkler, profesor de Derecho en la Universidad de Yale, acaba de publicar un libro, The Wealth of Newtorks: How Social Production Transforms Markets and Freedom.
De este libro dice Lessig:
Read it. Understand it. You are not serious about these issues — on either side of these debates — unless you have read this book.
Ahí es nada. Está bajo una liciencia Creative Commons y puede descargarse en este sitio.
Ahora, como también advierte Lessig (a mí sólo me ha dado tiempo a descargarlo y hojearlo muy brevemente), que nadie se lleve a engaño, se trata de un libro académico, publicado por una editorial académica. Puede hacerse por momentos difícil de leer.
Es un libro serio, y eso es lo que tienen los libros serios.
Legitimidad de uso en noventa y nueve palabras 1 febrero 2006
Gracias a esta nota, he descubierto una descripción de qué es uso legítimo, esto es, fair use, que personalmente no creo que sea lo mismo que las limitaciones de los derechos de autor que tenemos en la Europa continental.
Creo que merece la pena pensar si realmente lo estamos protegiendo y qué es lo que perdemos si dejamos de valorarlo.
El compromiso del público 31 enero 2006
Parte de lo que pueda pasar con el sinsentido de las «protecciones digitales» depende del público. En una especie de repertorio de compromisos, hay una muy sensata:
I will pledge to never purchase a CD contaning any form of Digital Rights Management (DRM), but only if 500 people around the world will too.
No es que sea un compromiso muy razonable, es que es una respuesta a restricciones absurdas y aparatos inútiles.
¿Ignorancia o mentira? 2 enero 2006
En una campaña que ha lanzado el Ministerio de Cultura de este país, encontramos el siguiente texto:
¿Cuánto vale una idea que te hace soñar… que te hace reír… que te hace llorar? Tener una idea… te hace creer en tu idea… luchar por ella… ¿cuánto vale vivir por una idea? Las ideas de unos ayudan a tener nuevas ideas… ¿cuánto vale la libertad de poder elegir? Una sociedad vale lo que valen sus ideas… Si dejamos que nos las roben… ¿qué nos queda?
Sin entrar a analizar el contenido (que está lleno de auténticas perlas), hay un «detalle» que se le pasó al ignorante que redactó el texto: las ideas no se protegen. Ni por derechos de autor (protegen obras intelectuales, esto es, composiciones textuales o asimilables a éstas), ni por patentes (protegen invenciones técnicas), ni por marcas (protegen nombres o distintivos de un producto o empresa), ni secretos comerciales.
Supongo que por esta escasez de ideas es por lo que tenemos esta campaña. Mi única pregunta es que si es sólo debida a la ignorancia o hay algo más. Y no me puedo creer que en un ministerio de un gobierno europeo haya una ignorancia de semejante calibre.
Coldplay: ¿protegiendo la música? 1 enero 2006
Según esta nota de Cory Doctorow, parece que el nuevo disco de Coldplay tiene una sorpresa en su interior. Son las condiciones de uso del disco, que sólo se encuentran impresas en un papel en el interior de la caja del disco (y en esta página).
En realidad son una explicación de las «protecciones digitales» que tiene el disco, ya que en la carátula se dice que el disco utiliza tecnología de control de copia. Es extraño que un disco incluya unas «condiciones de uso»; realmente no son condiciones legales, que puedan incumplirse, sino que están implementadas por cifrado de datos (el disco no es incopiable, es ilegible). Además, es sorprendente que estas «condiciones de uso» se superpongan a un contrato de derechos de autor, que ya tiene sus condiciones. Y lo increíble es que nadie vea la contradicción (o el abuso) en imponer unas «condiciones de uso» por encima de los derechos de autor. Siendo todo ejemplo limitado, es como alquilar un piso (y aquí hablamos de un disco que se compra, del que hay traslación de la propiedad) que incluye unas «condiciones de uso» que sólo se conoce al firmar el alquiler y haber pagado la mensualidad. Más que un añadido de «condiciones de uso», sería un abuso.
Pero pasemos a las condiciones. La última es muy interesante, porque afirma:
Es importante que aclaren esto, porque está claro que el producto es defectuoso y el defecto es de fabricación (aunque el fabricante le pueda denominar a eso «valor añadido» o «medidas tecnológicas»). Como aceptamos sin discusión algo tan dudoso como las «protecciones digitales», defectos intencionados de producción se convierten en «características del producto».
This CD cannot be burnt onto CD-R or hard disc, nor it can be converted into MP3 for file sharing.
El intercambio de archivos es la excusa para que no poder escuchar la música del modo que quieres, sino sólo en el modo en que te dejan. Así pasamos, como sin darnos cuenta, de «uso legítimo» a «uso autorizado», que no sólo supone una reducción de estos usos, sino que rompe el imperio de la ley, ya quien determina estos usos no es el legislador, sino el editor (que es parte interesada).
Pero sin duda, lo más brillante de todo el asunto es el párrafo introductorio que argumenta de algún modo que el disco tenga «protecciones digitales».
Thank you very much for purchasing this CD and helping the cause of “Anti-Piracy”. The recordings in this CD have an anti-copying function. They cannot be copied into a PC. In order for you to enjoy high quality music, we have added this special technology.
Personalmente, me tomaría el agradecimiento por la compra del disco como una burla, porque se hace mostrando unas condiciones abusivas. En cuanto a la causa de la «piratería», pues es un monstruo que se han montado las grandes discográficas, para preservar un modelo antiguo de negocio, y no siempre pagar a sus músicos. El sistema anticopia, independiente de que sea un abuso claro y una burla, no impide realmente la copia, realmente impide la lectura (y es al menos curioso que otorguemos exclusividad en la publicación a algo que es un secreto, que no se puede leer). Y respecto al disfrute de música de calidad, empezará cuando dejemos de comprar discos con defectos de fabricación, ya que hasta entonces sólo tendremos seguir unas restricciones absurdas.
Yo sinceramente me pregunto que es lo que pretenden conseguir con «medidas tecnológicas» como ésta. La «piratería» es una excusa. Si nos referimos a la venta ilegítima de copias, es difícil de controlar y el mercado lo debe de asumir debe hacerlo con una pequeña cuota de mercado negro. Y con «protecciones digitales» no impedirán que estas copias se puedan hacer. Los delitos hay que perseguirlos, no pretender hacerlos imposibles (porque así se conculcan derechos fundamentales e intereses legítimos). El intercambio gratuito de música por internet no es delito (en la UE pagamos por ello). Las «protecciones tecnológicas» son la primera medida para que los titulares de los derechos puedan controlar el desarrollo de la tecnología (no es algo que se diga a voz en grito, pero que están consiguiendo). Si les hubiesen dejado, a lo mejor los copistas hubiesen destruído la imprenta, pero seguro que los cantantes en torno a 1900 hubiesen eliminado las pianolas (John Philip Sousa declaró ante el Congreso estadounidense en 1906: “These talking machines are going to ruin the artistic development of music in this country.” ). La protección de la creatividad no es control, sino un equilibrio entre el interés de los autores (no necesariamente de los editores) y el interés del público.
Las discográficas tampoco perciben bien cual va a ser la reacción del público ante este trato preferencial a sus clientes, ya que piensan que conseguirán imponer su ley (bienvenidos a la selva, aquí rige la ley del más fuerte). Y eso no es de ingenuos, es de idiotas (no lo digo con intención lesiva, sino en el sentido de ἰδιώτης, esto es, el que está tan metido en sus cosas que está privado de todo lo demás). Están imponiendo un modelo de mercado que tiene un atractivo cero o negativo hacia la compra. Si esto pasa una vez, se pedirá la devolución el disco, y aunque no se consiga, el futuro comprador ya estará «sensibilizado» con el problema y evitará productos defectuosos.
Lo más curioso de todo es que, muy probablemente, los autores no tengan que estar de acuerdo con estas medidas, pero tienen que aceptarlas, porque los titulares de los derechos no son ellos, sino sus impresores. Esto muestra muy bien el cambio que la regulación de la autoría y la creatividad, que no por casualidad llamamos derechos de autor.
Paradojas de la globalización 18 diciembre 2005
En la última nota hablaba de una necesidad de regulación de la descarga privada de música de internet. Y me refería principalmente a Estados Unidos, porque es donde tienen su sede las cuatro multinacionales que venden el ochenta por cierto de la música en el mundo. Se dice rápido, pero estas empresas aglutinan diferentes sellos, que son los que aparecen en los discos.
La verdad es que en España, a diferencia de Estados Unidos, esa licencia la denomina la ley «remuneración por copia privada» (que es el artículo 25 de la Ley de Propiedad Intelectual, aunque de «copia privada» se habla en el artículo 31.2). En el resto de la UE, excepto en el Reino Unido, existe esa remuneración.
A pesar de que el sistema jurídico estadounidense es muy distinto al europeo continental, eso no impide que estas cuatro grandes multinacionales usen diferentes organizaciones (como la SGAE en España) para «armonizar» las mismas campañas legales en todo el planeta. Dicho en plata, que descargar música de internet sea delito (y no sólo infracción), esto es, que por eso puedas ir a la cárcel y te deje antecedentes.
Ya no es una cuestión de mercado, ni siquiera del imperio de la ley (o el estado de derecho), sino de una cuestión emparentada, pero más básica, la soberanía. Esto es, que sólo la ciudadanía (o una parte de ella, por muy sesgada que esté) decida cuáles son las leyes por las que se rigen. No es sólo autonomía o rechazo del imperialismo. Es darse cuenta que las cuestiones que se nos presentan con la tecnología, no son simplemente «problemas exportados» y que según nuestras regulaciones, haremos frente y las regularemos del modo que entendamos más pertinente. Pero intentar «solucionarlas» según un modelo distinto, sería el mejor modo de no entender nada y de condenarse a no poder arreglar nada (suponiendo que esté roto).
La necesidad de regulación (y el major obstáculo) 11 diciembre 2005
A pesar de las diecisiete mil demandas que las cuatro grandes discográficas han presentado por descargas no autorizadas de música, parece que la gran mayoría de la gente no le preocupa la «situación legal» de la música que descarga, según un informe de Ipsos Insight, que lleva por título Cultivating Desire: Investing in Market Insights to Reap Digital Content Profits (presentación).
Lo que está claro es que cada vez hay una mayor necesidad es de regular las descargas por internet, igual que se reguló la música grabada, la radio o la televisión por cable (y todas empezaron por la «piratería»). Y me centro fundamentalmente en Estados Unidos, porque las cuatro grandes discográficas vienen de allí, aunque estén intentando hacer lo mismo en todo el planeta, pasando por alto las diferencias de los diferentes sistemas legales.
El ejemplo más claro lo tenemos hace un siglo, cuando el negocio de la música era vender partituras y los compositores acusaban a los fabricantes de pianolas de «piratería» porque compraban una única partitura con la que fabricaban cientos de aparatos musicales. La solución del Congreso estadounidense fue establecer una licencia obligatoria por cada «copia», a la que el compositor no se podía negar, una vez que se había hecho una versión de la canción. El precio de esa licencia lo fijaba también la ley, que eran dos céntimos (y creo que desde entonces no se ha actualizado).
La idea no es original mía, sino de la Electronic Frontier Foundation, y lo denominan voluntary collective licensing, esto es, una licencia colectiva voluntaria. Yo no estaría en contra de que fuese obligatoria para todos los particulares que descargasen música. Y el precio no debería ser muy superior a cinco euros mensuales.
Pero en la solución está también el obstáculo, a saber, que la recaudación de licencia marcada por ley de las canciones va directamente a los compositores, porque precisamente era frente a la «piratería» de los grabadores de discos quienes se aplicaba la medida (aunque su expolio no acabase con eso, ya que se hicieron con todo el negocio). Las cantidades de la descarga de música por internet deberían ir directamente a los compositores e intérpretes (aunque quizá no al cincuenta por ciento) y no a las discográficas. Esto sería también un modo de defender a los autores (compositores o intérpretes) de los abusos de las discográficas, ya que ellos les dan la exclusividad, pero sus ganancias son menores.
El precio de no ser culpable 11 diciembre 2005
Enmiendas a un proyecto de ley 6 diciembre 2005
Gracias a Barrapunto, me entero de que se han publicado ya las enmiendas al borrador de la futura Ley de Propiedad Intelectual.
Como la noticia es fresca, no me lo he podido leer con detenimiento, pero por este resumen, parece lógico que no haya «protecciones digitales» si existe precisamente una remuneración por copia privada (llamarlos «anticopia» es un eufemismo, lo que no permite es leer y ahí está su gravedad). También es lógico que del pago de la remuneración por copia privada (otra cosa es qué cantidad deba ser y a que soportes deba aplicarse) estén excluidas las personas jurídicas, ya que el derecho sólo lo tienen los particulares.
La enmienda 74 muestra lo perdido que puede estar el grupo parlamentario del partido en el gobierno, ya que aboga por modificar el que no haya un número mínimo de copias privadas autorizadas, sino que sea el titular de los derechos quien lo decida, pudiendo aplicar «protecciones digitales». Así, la copia privada desaparecería totalmente, porque es una actividad que, al menos hasta ahora, era algo que no necesitaba la autorización del titular de los derechos. Y me repito, el problema no es tanto la copia como la posibilidad de leer.
¿Cuándo aprenderemos y cuánto nos costará aprender que el derecho de autor no es el derecho del titular (normalmente el impresor) a poner las condiciones que más le apetezcan?
Una campaña muy interesante 12 noviembre 2005
La Asociación Europea de Consumidores acaba de lanzar una campaña con el expresivo título de Consumers Digital Rights.
Quizá uno de los puntos más interesantes sean la declaración de principios. Si esto es un equilibrio, o una regulación, que afecta a autores, editores y público, hay que escuchar a todas las voces.
La propaganda dicta los borradores 8 noviembre 2005
Gracias a esta nota de David Bravo me he enterado de dónde puede descargarse el borrador de la futura Ley de Propiedad Intelectual.
Al parecer, en el nuevo artículo 161, en el que se limitan las «protecciones digitales», dice su apartado cuatro:
Lo dispuesto en los apartados anteriores no impedirá que los titulares de derechos sobre obras o prestaciones adopten las soluciones que estimen adecuadas, incluyendo, entre otras, medidas tecnológicas, que faciliten un número máximo de reproducciones en concepto de copia privada, que deberá ser como mínimo de tres. En estos supuestos, los beneficiarios de lo previsto en el artículo 31.2 no podrán exigir el levantamiento de las medidas tecnológicas que, en su caso, hayan adoptado los titulares de derechos en virtud de este apartado.
Hablando en plata, la copia privada pasa a ser papel mojado, porque tres es un número para copias de seguridad, no para copias privada. Pero lo que los legisladores no entienden es que además, lo que la ley llama «medidas tecnológicas» (un término absolutamente abstracto) es un modo de como disfrutar de los privilegios de la publicación, pero sin reamente haber puesto nada a disposición del público.
Derechos de autor y mercado 8 noviembre 2005
Supongo que los defensores de la tradición europea de derechos de autor frente a la estadounidense (y no conviene olvidar que en España éstos reciben en horrible nombre de «propiedad intelectual») no estarán de acuerdo con la siguiente reflexión. El que avisa no es traidor.
Uno de los puntos a mi entender (el de un desconocedor de estas materias) más vidriosos de toda la argumentación de la remuneración por copia privada es precisamente la finalidad de ésta, en palabras de la ropia ley está:
dirigida a compensar los derechos de propiedad intelectual que se dejaren de percibir por razón de la expresada reproducción.
Lo que me parece altamente cuestionable es pensar que cada copia es una venta perdida, porque eso no es una argumentación económica, sino como mucho mala moralina. En el fondo, decir que una copia (me refiero siempre a privada) es una venta perdida, es hacer economía con el cuento de la lechera.
Sé que la cultura no es sólo mercado, pero la parte de mercado hay que regularlo según el criteirio de la competencia perpetua (que es lo que constituye un mercado libre). Una copia es una copia y una venta posible no es una venta, ni una pérdida. Si el mercado de las obras intelectuales está ya bastante controlado precisamente por los derechos de autor, lo mejor es que seamos lo suficientemente serios para evitar que se convierta en un monopolio feudal.
De la copia privada a la copia propia 8 noviembre 2005
No es verdad por mucho que lo repitan 8 noviembre 2005
Últimamente estamos asistiendo en los medios a una infame campaña tanto del Ministerio de Cultura como de la Federación Antipiratería, que pretende que las cosas cambien a como quieren que sean, sólo por el hecho de que repetirlas muchas veces. Veamos las perlas o sus deseos que pretenden hacer realidad.
Si el robo es ilegal, para que haya robo tiene que haber violencia física, sino simplemente es hurto.
La piratería es delito, penado de seis meses a dos años de cárcel, únicamente si hay ánimo de lucro y perjuicio de tercero. La venta de copias no autorizadas será delito únicamente si, además del ánimo de lucro (esto es que se obtenga dinero directamente de su venta), hay un perjuicio económico del titular de los derechos de la obra intelectual (que sería deseable que este punto se demostrase con números y no se presupusiese la pérdida automáticamente).
La copia privada, por la legislación vigente nos obliga a pagar una remuneración compensatoria, no es la copia que hacemos de aquellas obras de las que tenemos el original (de eso la ley no dice nada), sino de aquellas sin ánimo de lucro que no se destinan a uso colectivo, sino únicamente a un uso privado.
Aunque a unas pocas discográficas y productoras de cine les parezca lo contrario, la descarga de archivos de internet sin la autorización de los titulares de los derechos no es delito. De nuevo, para que haya delito tiene que haber ánimo de lucro y prejuicio de tercero. El ánimo de lucro es la posibilidad real de obtener un beneficio económico directo, y no el presunto ahorro respecto a una posible compra.
No está nada claro que la descarga de archivos de internet sin la autorización del titular de los derechos constituya siquiera una infracción. Con la legislación vigente de derechos de autor, y mientras no cambie, no existe distribución si no hay copia física de las obras. Y la comunicación pública, «hacer disponible una obra , no sé si sería aplicable a los programas de pares (peer to peer, en inglés), porque precisamente sólo se intercambian a pares.
Lo más grave de todo es que pretenden dictar tanto la ley al legislador como las sentencias al juez. Parece como si algunos titulares de derechos de autor no supiesen ni de la separación de poderes, ni tampoco de la ausencia necesaria de parcialidad tanto de quien juzga como de quien legisla.
La «pirateria» y los títulos 20 octubre 2005
En la prensa ha aparecido esta noticia, que lleva el más que desafortunado título de Una plataforma promueve el pirateo para promocionar a trece músicos. Digo desafortunado, porque de lo que se habla es de un portal de internet que permite la descarga gratuita de la música de unos cuantos autores, con opción de compra.
Si la piratería es delito, la descarga gratuita de música no lo es (el artículo 270 del Código Penal vigente exige «ánimo de lucro y prejuicio de tercero»). Por mucho que campañas (promovidas por el Ministerio de Cultura, para mayor vergüenza) como la de intenten decir lo contrario, las leyes no son lo que queramos que sean, sino lo que está escrito y lo que los jueces interpretan.
Un ejemplo de monopolio (en el núcleo de la informática) 10 septiembre 2005
Si la informática define el espíritu de nuestra época y de nuestro mundo, los procesadores serían como su cerebro o su motor. Y fabricantes de microprocesadores no hay muchos, de hecho, los más famosos son Intel y AMD. De hecho, Intel domina prácticamente todo el mercado y el único competidor, a muchísima distancia, es AMD.
Pues bien, AMD ha presentado una demanda en Estados Unidos contra Intel por prácticas monopolísticas. La verdad es que el escrito no tiene desperdicio y describe muy bien un mercado en régimen de monopolio.
Quizá las prácticas más claras son las que la demanda denomina «la definición de estándares y otros abusos técnicos» (§§ 108-126). Para la fabricación de la próxima generación de memoria de trabajo, Intel ha abusado de su posición en el mercado y ha coaccionado a los principales fabricantes de memoria para firmar acuerdos de no revelación sobre el modo en que el procesador accede a la memoria, que además de tratarse de su propio producto, impedirá que haya un estándar y que los procesadores de otras marcas puedan comunicarse adecuadamente con la memoria (§ 114).
El segundo abuso técnico requiere una breve explicación. Para que crear un programa informático, se necesitan dos cosas: que alguien lo escriba y que ese programa escrito se traduzca a una versión que el ordenador pueda ejecutar. Ese proceso se denomina compilación y el programa que lo lleva a cabo es un compilador. Intel ofrece, al igual que otras empresas, compiladores para que creadores de programas de ordenador puedan vender sus programas, pero según la demanda, en la compilación del programa se introducen modos de ejecución alternativos según el procesador sea Genuine Intel o Authentic AMD. El programa detecta en qué procesador tiene el ordenador y si es AMD se ejecuta peor y puede llegar a colapsarse (§ 125).
A juzgar por estas afirmaciones, parece que Intel se comporta como el dueño y señor absoluto de la informática. Un mercado libre exige que la competencia se base en los méritos de los productos y no en el poder para controlar ese mercado. En este caso, nos jugamos el futuro de la informática.
La necesidad de distinguir entre tecnología y asuntos humanos 28 agosto 2005
Por esta nota (ampliada en esta noticia), Samsung ha conseguido una patente por un sistema que permite borrar los mensajes de texto enviados a móviles.
Lo más sorprendente de todo, además de que la patente es más una recombinación que algo realmente novedoso, es la ingenuidad con la que se acoge esta invención. El asunto no está en poder borrar mensajes enviados, sino en que cualquiera podrá borrar nuestros mensajes que nos haya enviado. No tiene sentido que nadie nos entre en el buzón postal, virtual o físico, para borrar mensajes, porque, como mínimo, tendría que contar con la autorización del propietario del buzón.
Desde luego, vamos a conseguir que Orwell se quede corto. Pero lo más absurdo de todo es pensar que la tecnología soluciona problemas genuinamente humanos. Como mucho, aumenta el control, pero nada más. Y eso no es siempre bueno, sobre todo cuando pretendemos controlar a los demás.
Poniendo un poco de sentido en las «protecciones digitales» 24 agosto 2005
La Electronic Frontier Foundation está desarrollando una campaña de apoyo a un proyecto de ley que pretende establecer un equilibrio en los derechos de autor frente a la Digital Millenium Copyright Act. En pocas palabras, lo que pretende hacer es que no constituyan infracción de derechos de autor la elusión de «protecciones digitales» si el uso que se persigue es legítimo.
Esto supone el reconocimiento de que las protecciones digitales se han excedido en su finalidad de protección (en la que han fracasado sin paliativos) y que es necesario recuperar cierto equilibrio para que los derechos de autor tengan sentido.
Las necesidades de un nuevo diseño 23 agosto 2005
De pura casualidad (como casi siempre) y gracias a esta nota, me he enterado que el proveedor ha añadido un pequeño botón a la barra superior de las bitácoras alojadas en Blogger, que permite que cualquier visitante pueda definir la bitácora entera como «reprobable» (esta página explica el funcionamiento el botón y el proceso completo).
Creo que la cosa pasa de castaño oscuro y es necesario eliminar la barra de navegación de mi bitácora (que hasta ahora tampoco me apasionaba). Me parece muy peligroso la censura en general (si alguien quiere callar la boca a alguien debe ir a los tribunales, para eso están las leyes [que ya de modo bastante torticero se usan algunas]). Pero una cuestión primaria de la libertad de expresión es que no convertir a cualquiera en un censor, porque éste es un derecho que siempre se invoca en primera persona, casi nunca en tercera (especialmente si son opiniones contrarias a las propias), y las leyes siguen estando a disposición de todos.
Por suerte la nota antes citada habla de Blogger Templates, que entre otros tiene explicaciones de como desactivar la barra de navegación de Blogger. Si esta eliminiación de la barra de navegación infringe las condiciones del servicio, que como tales no son negociables ni razonables, habría que examinarlo leyéndolas.
El valor de la tradición 23 agosto 2005
En esta nota, Cory Doctorow cuenta que el grupo estadounidense Beastie Boys acaba de poner a disposición del público en general unas cuantas versiones de sus canciones, para que la gente haga mezclas no comerciales con ellas. La oferta crecerá en una canción más cada semana.
Uno podría preguntarse qué es lo que tiene que ver esto con la tradición. Tradición es transmisión, en el sentido de lo que se da a, o se recibe de, otros para que continuen lo que llamamos cultura. Eso ya lo vió un pensador del siglo XVII:
O en palabras de un escritor contemporáneo:
Creativity always builds on the past.
Toda cultura se basa en una transmisión y empobrecen la cultura aquellas regulaciones de los derechos de autor que no permiten tomar lo que otros han hecho y hacer con ello algo nuevo. Porque esa transmisión y ese retomar de mil modos nuevos lo que ha sido transmitido es lo que hace humano al ser humano y se llama cultura.
El primer intercambio de archivos que se vende 22 agosto 2005
Esta nota de Cory Doctorow (que apunta a este artículo), relata que por primera vez un proveedor de acceso a internet PlayLouder MSP ha firmado un acuerdo con Sony BMG para que sus clientes puedan intercambiar legalmente toda la música del catálogo de la discográfica. La tarifa de conexión es igual de cara que la de otros proveedores británicos (si bien la velocidad, un megabit por segundo, no es la más alta del mercado).
Sin duda, el negocio está en un sistema como éste, si bien el negocio no es para los artistas, sino para las discográficas. ¿Quién dijo que los derechos de autor están para remunerar a los autores antes que a los editores?
«Protecciones digitales»: más allá de los derechos de autor 22 agosto 2005
Por esta nota y este artículo, me entero que Sun ha tenido la feliz idea de idear un sistema abierto de «protecciones digitales» (o sistemas anticopia, como se prefiera) para que las los sistemas de gestion digital de derechos y/o restricciones (como en sus siglas en inglés, digital rights management). Para más gracia, el proyecto se llama Open Media Commons, que simplemente revela que sus promotores no entienden qué son «protecciones digitales» (ni tampoco qué son los derechos de autor).
Para tratar de explicar brevemente y de modo eficaz qué son las «protecciones digitales» utilizo la excelente exposición de Cory Doctorow en una charla impartida a empleados de una conocida multinacional informática. El sistema es muy simple, los archivos están encriptados, esto es, son ilegibles tanto para humanos como para ordenadores. Para poder leerlos, se necesita conocer la clave que los hizo ilegibles y que si se aplica, los vuelve legibles. Por eso, todo sistema de «protección digital» tiene que proporcionar la clave junto a los archivos cifrados, para que puedan ser leídos.
Entregar un candado (digital o no) que cierra algo y además la llave no parece que tenga mucho sentido. Incluso podría parecer que se trata de un error de concepto. Otra contradicción flagrante se encuentra en que tiene sentido aplicar secreto (criptografía, κρυπτὴ γραφή, es precisamente escritura secreta) a obras que se publican, que se ponen a disposición del público (secreto y publicidad son contradictorios). Sin embargo, lo específico de las «protecciones digitales» es una doble caracterización que es contraria a la publicación de cualquier obra (sea digital o no).
La primera característica de las «protecciones digitales» están más allá de los derechos de autor. Éstas y la ilegalidad de la elusión de estos candados electrónicos se introdujeron dentro de un acuerdo de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (en el Tratado de la OMPI sobre Interpretaciones y Fonogramas, que todos los países firmantes tienen que incorporar en sus legislaciones nacionales). La tradición de derechos de autor que comienza en 1710 rige la publicación, (esto es, difundir al público a través de la imprenta o medio similar), no la copia.
Los derechos de autor son un acuerdo o un contrato social: se otorga la exclusividad a cambio de la publicación, esto es, la obra forma parte del dominio público al que pertenecerá transcurrido el período correspondiente de tiempo. Por eso, pretender algo así como publicar sin publicar, en caso de que algo así pueda aceptarse, debería estar desprotegido de derechos de autor, y que se venda como el resto de objetos (y si se elimina la protección, la obra pertenece al dominio público). La publicación otorga a los autores (de los que demasiadas veces abusan los editores) un derecho exclusivo, precisamente porque lo que se les exige, que no es simplemente un poner a la venta.
La segunda de característica de las «protecciones digitales» es que están más allá de los derechos de propiedad (no es irónico en este caso afirmar que la «propiedad intelectual» es un modo de negar la propiedad privada). Regular la publicación no es regular los usos (afirmar, como Lessig en Free Culture, que existen usos regulados, no regulados y legítimos, no es un modo de afirmar que los derechos de autor controlan los usos, sino que sólo regulan la publicación de la obra original y obras directamente derivadas de ésta). Pero con las «protecciones digitales» sólo existen usos permitidos y usos no permitidos, con lo que las «protecciones digitales» se convierten en controles (¿recuerdas el anuncio de Apple que decía que 1984 no sería 1984?).
Con estos controles, no sólo la aplicación de los derechos de autor depende de la voluntad de los editores, sino su contenido, lo que es contrario al núcleo mismo de los derechos de autor. Así no sólo se pierden los usos legítimos o en los que el autor está limitado, como son la crítica, la parodia o el comentario (en un DVD no son ilegales, son técnicamente imposibles), sino que todo pasa a ser uso regulado, bien sea permitido o no. No sólo es que la copia es un proceso (esencial en la informática, por cierto) y que puede estar perfectamente legitimado, sino fundamentalmente que los presuntos sistemas anticopia van muchísimo más allá de la copia (y en este preciso punto han fracasado estrepitosamente, y probablemente fracasarán porque el error es de concepto).
Las «protecciones digitales» no sirven porque se basan en el principio de convertir los ordenadores en aparatos más inútiles, no añaden propiedades o posibilidades, sino que las quitan. Y eso es avanzar como los cangrejos, es retroceder. Tener el fantasma de la infracción de los derechos de autor en todo uso de la informática realmente colapsará el desarrollo tecnológico si no sabemos ver más allá de esto y de que proteger los derechos de autor supone un modelo que es un trato equilibrado, que se rompe si nos escoramos a cualquier lado.
Por eso, es absurdo pretender un sistema común y abierto de «protecciones digitales», que en esencia lo que hacen es convertir un bien inmaterial en un bien escaso y la tecnología en inútil. Que además se intente buscar el apoyo de la comunidad de desarrollo de programación informática libre y abierta es la culminación del despropósito. No sólo el autor, y mucho menos el impresor, tiene derecho a controlar los usos de una obra publicada, sino que otorgándole esos derechos construiremos una cultura pobre y controlada.
La «piratería» y la delincuencia organizada 22 agosto 2005
Esta nota de Cory Doctorow (que apunta a este artículo) trata el mito de que la «piratería» de obras intelectuales (vamos, música, películas y en menor medida libros) está en manos de la delincuencia organizada. Tanto la RIAA como la SGAE nos quieren hacer creer que uno pasa de traficar con drogas, armas de fuego a CDs y DVDs ilegitimamente copiados.
Pero la verdad es que va a ser que no. Aunque sólo sea porque en las primeras actividades no compites con tus propios clientes, pero en las última la competencia es muy fuerte. Además, sencillamente no hay pruebas de que haya mafias de copias de CDs y DVDs, ya ni la MPAA ni la RIAA han sido capaces de demostrar esta conexión con pruebas. Que un traficante de drogas venda también CDs y DVDs copiados, eso no es delincuencia organizada.
Quizá lo que las industrias, cinematográfica y discográfica, pretenden que el endurecimiento penal (y no sólo de infracción civil) de las infracciones contra los derechos de autor se convierta en que la venta ilegal de CDs y DVDs esté en manos de la delincuencia organizada. Pero probablemente la ausencia de pruebas lo único que muestra es lo errado del camino de convertir toda infracción de los derechos de autor en delito.
Todo empezó en 1710 22 agosto 2005
Con un título como el de esta nota, la pregunta será qué es lo que empezó en 1710. Pues la tradición de la protección de los autores, con un documento público que llevaba por título:
Es el primer decreto de lo que en el ámbito anglosajón se denominó copyright y fue promulgado por la reina Ana de Inglaterra y supone fundamentalmente la primera regulación escrita de la imprenta. Pero para entender esta regulación (de lo que la legislación española llama tan desafortunadamente a mi juicio «propiedad intelectual») conviene poner de manifiesto puntos que pueden no se tan obvios para quien contempla esta regulación desde principios del siglo XXI.
El decreto de la reina Ana supone que los derechos de impresión de los autores no son derechos fundamentales de los ciudadanos, sino una regulación del Parlamento (que como tal puede cambiar).
Los derechos no se otorgan secundariamente los autores, ya que los impresores deben comprar a éstos los textos, pero lo que se regula es la impresión.
Las patentes de impresión, que previamente los reyes ingleses habían concedido de manera irregular como pago por favores, pasan de un presunto derecho natural infinito de impresión exclusiva a un derecho limitado en el tiempo (catorce años, renovables una única vez si el autor vivía y con la concesión especial de veinte años para obras ya publicadas antes de la entrada en vigor del decreto).
El decreto, y por tanto los derechos de autor, regulan la impresión, y por ende la publicación, no la copia (que con el desarrollo técnico de la época era la copia manuscrita).
El decreto regula únicamente la impresión de la obra original, nunca de las obras derivadas, que como tal son libres (entre las que se encuentran traducciones, adaptaciones literarias, musicales, etc.)
El decreto de la reina Ana fue reforzado legalmente en Donaldson vs. Beckett, un caso ante la Cámara de los Lores que resolvió que no existe un derecho de impresión perpetuo, ni éste es un derecho natural de propiedad. Una vez transcurrido el período de impresión exclusiva, las obras pertenecen al dominio público, por lo que cualquiera puede publicarlas sin tener que comprárselas al autor.
La investigación real en cifrado de datos 19 agosto 2005
Gracias a esta nota de Cory Doctorow (que remite a esta noticia), me he enterado que a Xyaoyung Wang, una profesora china que ha demostrado la vulnerabilidad de diferentes algoritmos de seguridad (algunos de los cuales se consideran «firmas digitales»), no ha obtenido el visado para entrar en Estados Unidos y poder participar en una conferencia sobre seguridad informática. Al parecer, es muy común que los plazos para la concesión de visados en el caso de investigadores científicos se alargue injustificadamente.
Es probable que el visado de Wang no tenga que ver directamente con su investigación en criptografía, pero la investigación en este campo está claramente amenazada por una mala gestión legal. Gracias a las disposiciones contra la elusión de «protecciones digitales» (acordadas en el correspondiente tratado de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), es ilegal intentar abrir el «candado digital» de una obra bajo derechos de autor (independientemente de la legitimidad del uso). Gracias a este acuerdo absurdo, que Estados Unidos convirtió en ley en 1988 (Digital Millenium Copyright Act), Edward Felten, profesor de Informática en Stanford, no pudo pronunciar una conferencia sobre las debilidades de la Secure Digital Music Initiative bajo amenaza legal contra su persona, su equipo investigador, su universidad y la institución que organizaba el congreso. Edward Felten de lo único que iba a hablar era de matemáticas y por ese acoso legal de la RIAA empezó una bitácora sobre estos temas, titulada precisamente Freedom to tinker… is your freedom to understand, discuss, repair, and modify the technological devices you own.
Lo que estamos consiguiendo con las «protecciones digitales» no es que han fallado en su finalidad anticopia. Ése era el fin primordial y han fracasado estrepitosamente. Es muy probable que el fallo no sea de implementación, sino de concepto, porque en todo contenido cifrado se ofrece necesariamente la clave, con lo que la debilidad es estructural. Además es absurdo aplicar criptografía, esto es, secreto, a algo que se publica (ya que la publicación se rige por reglas diferentes de las del secreto). Pero en el caso de Felten se muestra que el acuerdo de la OMPI sobre «protecciones digitales» y la penalización de la elusión de éstas otorga un poder excesivo a las empresas sobre los fallos de seguridad, que tienen poder para acallar a quienes los anuncian y para ignorar los propios fallos. Eso no es hacer sistemas más seguros, sino personas más estúpidas, donde una falsa sensación de seguridad puede ser mucho más peligrosa que estar constantemente atacado.
La «propiedad intelectual» como amenaza 18 agosto 2005
Wired News tiene un interesante artículo sobre derechos de autor, marcas comerciales y creatividad.
Jose Avila es un programador estadounidense que temporalmente tiene que pagar dos alquileres y no puede permitirse comprar muebles para su piso. Lo que hizo fue hacerse los muebles que necesitaba de cajas de FedEx. Y la verdad es que le ha quedado bastante bien y se le ocurrió la idea de publicar en internet las fotos de su casa (aquí).
Todo perfecto hasta que a FedEx le envía una carta en la que ordena el cierre del sitio, alegando violación de derechos de autor y de marca comercial registrada (invocando la omnipotente Digital Millenium Copyright Act).
Avila clausuró la página, pero gracias al asesoramiento y representación legal de Jeniffer Granick directora del Standford Center for Internet and Society, volvió a ponerlo en funcionamiento. (La DMCA sólo se aplica en derecho de autor y no en marcas registradas.)
Independientemente del hecho obvio de que probablemente la «propiedad intelectual» se está convirtiendo en un modo de control omnipotente y omnipresente, hay dos puntos que me sorprenden de este asunto. El primero es el gran ingenio de Jose Avila. Y lo segundo es la ceguera increíble de FedEx para no saber ver en esto una de las mejores publicidades para su propia empresa.
Cuando los editores se reservan todos los derechos 12 agosto 2005
Como ya señalé en la nota anterior, parece que las universidades estadounidenses, o las librerías universitarias, se están apuntando al carro de vender libros en formato digital un tercio más baratos que sus versiones en papel (como cuenta este artículo).
La idea es atrayente, pero para los editores, porque el coste de producción y distribución es mucho más barato, con lo que la ganancia es muy superior a pesar del descuento. Curiosamente este fue el mismo motivo que propició la presión de las discográficas a la introducción del CD frente al vinilo (les daba mucho más dinero a pesar de que los precios no bajaron, sino que los inflaron artificialmente durante la década de los noventa). Además al estar estos archivos cifrados digitalmente, a los cinco meses «expiran», con lo que se acaba el mercadillo de libros usados, como apunta sabiamente Fred von Lohmann, abogado de la Free Frontier Foundation.
La legislación estadounidense, a diferencia de la europea, no permite la copia privada (aquella que se hace para uso propio sin ánimo de lucro). Y en Estados Unidos (como dentro de poco en toda la UE) es delito penado con cárcel quitar una «protección digital» a una obra bajo derechos de autor, independientemente del propósito que se persiga (aunque sea para conservar un libro digital en propiedad para toda la vida).
Ya no es sólo que la «propiedad intelectual» sea un modo de negar la propiedad privada, sino que un mercado libre es aquel que está guiado por la demanda y no por la escasez de la oferta (de ahí que el comunismo no tenga un mercado libre).
«Protecciones digitales» o cómo hacer la tecnología inútil 9 agosto 2005
Por esta noticia (que remite a esta otra) me he enterado que en la Universidad de Princeton ofrecerá libros digitales (en formato PDF) un tercio más baratos que sus versiones de árbol muerto.
Hasta aquí todo perfecto (o como dirían allí: so far, so good), lo único es que los libros no son archivos PDF normales y corrientes, sino que están «protegidos digitalmente», por lo que sólo pueden usarse en un único ordenador (absurdo, pero real), no pueden imprimirse más que pequeños pasajes y expiran a los cinco meses.
Desde luego, conseguirán vender muchos más libros en papel que en formato electrónico, porque serán mucho más útiles. De Princeton sólo han respondido con una sutil amenaza para que el editor de Endgaget elimine una imagen del escudo la Universidad, que está protegida. No es sólo que el papel es mucho más útil que una tecnología minusválida, sino que no podemos permitir el uso de la «propiedad intelectual» para negar la propiedad privada.
La realidad del mercado de la música 28 julio 2005
Gracias a esta noticia, me he enterado que Sony BMG Music ha llegado a un acuerdo extrajudicial con el fiscal general del estado de Nueva York, Eliot Spitzer, por valor de 10 millones de dólares. ¿Por qué? Por reconocer que «sus empleados» habían sobornado a emisoras de radio para que emitiesen sus canciones y no las de la competencia (lo que en inglés se conoce como payola). Los términos del acuerdo están aquí y los documentos de la citación aquí.
Por supuesto, la empresa discográfica rechaza la conducta de algunos de sus empleados, que de ningún modo estaría instigada por ella misma. Hasta que no nos demos cuenta que los derechos de autor (como protección exclusiva de un editor) son una anomalía que necesitamos regular muchísimo mejor, el problema de la música, o la creatividad y la cultura en general será el de una serie de señores feudales que rapiñan algo que está mucho más allá de ellos mismos.
Freedom of Expression® 26 julio 2005
El título de este comentario es el título de un libro (con subtítulo Overzealous Copyright Bozos and Other Enemies of Creativity) y una marca comercial registrada en Estados Unidos. El libro se vende en formato impreso y se distribuye en internet bajo una licencia Creative Commons (puede descargarse aquí.
El argumento del libro es simple: la interpretación maximalista de la «propiedad intelectual» tiene un impacto claramente negativo tanto en la creatividad y la investigación como en la cultura y la libertad de expresión. Y para que eso no creamos que esto son bellas teorías, consideraciones formalistas o meras palabras, McLeod lo muestra con historias reales. El libro está escrito por un autor estadounidense y los casos son en su gran mayoría de ese país (su imperialismo no son sólo sus modelos culturales, sino su regulación extrema de la «propiedad intelectual», ambos exportados al resto del planeta).
Una perla de este libro es mostrar que la colisión entre los derechos de autor y la libertad de expresión no son una cuestión moral. Lo muestra la historia de Briana Lahara, una niña de doce años a la que la Recording Industry Association of America acusó de «piratería», esto es, de descarga ilegal de canciones de internet, exigiendo daños de ciento cincuenta mil dólares por canción descargada (cantidad que la ley estadounidense cifra para cada infracción deliberada de derechos de autor). Briana vivía en una vivienda de protección oficial en la ciudad de Nueva York, tenía dos mil dólares ahorrados durante toda su vida. Su madre consiguió un acuerdo extrajudicial por esa cantidad. Y, como cuenta esta historia, la niña tuvo que declarar en la rueda de prensa de la RIAA:
I am very sorry for what I have done. I love music and I don’t want to hurt the artists I love.
Esto no impide que con la introducción del CD, en el que las discográficas estaban muy interesados, porque sus costes de producción eran menores, y sin rebajar el precio del CD respecto a al vinillo o al cinta, la ganancia era mayor (o los precios estaban inflados, según se vea). Tampoco importa si las grandes discográficas estadounidenses fueron declaradas culpables de fijar un precio de venta progresivamente creciente de los CDs durante la década de los noventa. Y por si teníamos dudas de a qué destinaban las discográficas las ganancias de la venta de discos, las discográficas no siempre pagan lo que deben a los artistas (como reveló en 2004 el fiscal general del Estado de Nueva York).
McLeod describe muy bien este paisaje en el que la «piratería» tiene lugar:
Production expenses fell, consumer prices rose, and artist’s royalty rates stayed the same—when artists were paid at all.
El libro habla por sí solo. Nos dará que pensar.
Hablar de oídas 26 julio 2005
Es muy posible que no debamos hablar de lo que no conocemos, porque nos arriesgamos a equivocarnos. Quizá un ejemplo claro es esta entrevista de El País a Carol Bartz, directora general de Autodesk.
Que me disculpe la señora Bartz, pero sus respuestas a las tres últimas preguntas desentonan con su indudable capacidad profesional.
Denominar «robo» a la «piratería», viene siendo ya un tópico, que la verdad, demuestra poco conocimiento de la lengua española. Aunque quizá este punto se lo debamos a la entrevistadora, Ana Pantaleoni (pero el problema sigue siendo de Carol Bartz, puesto que la entrevista original está en español). El robo se distingue del hurto por el empleo de la violencia, y por definición no puede se emplea violencia en una copia en la que no se conoce al copista. Se puede ser tan extremista como para llegar a pensar que la «propiedad intelectual» es exactamente igual que cualquier otro tipo de propiedad (pero sólo para el autor y/o editor), pero eso no convierte la copia no autorizada en robo.
Parte de la retórica del «robo», engloba otra falacia muy común, el pensar que toda copia no autorizada es una venta perdida. Entender esto es tan sencillo es que las obras intelectuales no son manzanas. Cuantificar la pérdida de una copia no autorizada exige mostrar algo más que mostrar una presunta venta no realizada y mostrar también que esas copias no autorizadas no generan el beneficio de que sus productos se hayan convertidos en los programas de referencia en sus respectivos sectores.
Respecto a la programación informática libre, Bartz juega con la ambigüedad en inglés de free software, esto es «programación informática libre» y «programas gratuitos». Respecto al consejo materno («mi madre siempre me decía que se consigue lo que se paga») y la recomendación de ella misma («usted podría hacer periodismo gratuito»), sólo revelan que lo que no entiende es que la programación informática libre es un modelo de cooperación para el desarrollo informático, que la entrevistada no parece entender, y no un modo de conseguir programas gratuitos.
Una cita interesante 26 julio 2005
El autor de una de las bitácoras más interesantes de la red (o al menos de las que a mí me interesan), Lawrence Lessig, está de vacaciones un mes y durante ese tiempo ha anunciado que él estará desconectado de la red y que su bitácora tendrá invitados.
Sin que otros desmerezcan en absoluto (como Jimbo Wales, fundador de Wikipedia), creo que la más interesante es Hilary Rosen, antigua directora ejecutiva de la RIAA (la Asociación Estadounidense de la Industria Discográfica). Rosen ha publicado un extenso e interesante comentario a la resolución judicial del Tribunal Supremo estadounidense en el caso MGM vs. Grokster (The Wisdom of the Court).
Desde luego, será interesante ver la visión de alguien que ha trabajado al más alto nivel de la industria discográfica en una época de cambio tecnológico. Sus opiniones son importantes, no tanto porque puedan ser las «oficiales», sino porque se trata de alguien que conoce cuáles son las pretensiones de los editores.
Dos lecturas frente a la «piratería» 22 julio 2005
Según cuenta Cory Doctorow en esta nota, J.K. Rowling, la autora de la saga de Harry Potter rechazó lanzar una edición electrónica de la última entrega por miedo la «piratería».
A pesar de que no existe una versión electrónica del libro de recientemente editado en inglés, un grupo de afincionados a la obra han escaneado la obra, han corregido los errores y la han publicado en internet. Todo ello en veinticuatro horas.
Desde luego no se puede negar a los titulares de la obra (cuya reserva de todo derecho, si no me equivoco, Rowling ha vendido a Warner Brothers) han hecho gala de una estrategia empresarial de primer orden. Y además se afirmarán en sus miedos ante internet y la «piratería» (e incluso pretenderán controlar la primera invocando la segunda). También la misma ceguera se vería confirmada ante una versión electrónica restringida (o con «protecciones digitales»).
Toda la ceguera se cifra en no querer reconcer que la tecnología digital nos permite cosas que no serían posibles de otro modo (y las presuntas «protecciones digitales» es un modo, ya no de control, sino de poder tener menos posibilidades con cosas que son de nuestra propiedad).
Todo el «problema» de un mundo digital es que para poder aprovechar su potencial (también de negocio), hay que jugar según sus reglas y no tratar de cambiar el juego para adaptarlo a un mundo de dinosaurios que se van extinguiendo.
Por una cultura libre 29 junio 2005
Si mi memoria no me falla, hace menos de un mes que ha salido en España la primera edición de Por una cultura libre, que es la traducción española del libro de Lawrence Lessig Free Culture: How Big Media Uses Technology and the Law to Lock Down Culture and Control Creativity. La editorial española, Traficantes de Sueños, lo vende por 18€ y al estar bajo una licencia Creative Commons, puede descargarse de aquí.
El libro trata de qué significa vivir y tener una cultura libre, que no es lo mismo que una cultura gratuita, y también aborda los peligros que asolan a esa cultura, por parte de aquellos que pretenden imponer una cultura de permiso.
Sin duda el libro es actual, está bien escrito, y si sirve mi opinión, probablemente sea el mejor ensayo que he leído en mi vida. Desde luego merece la pena leer el prefacio y la introducción (el resto es cuestión de cada cual).
La primera víctima mortal de la «piratería» 20 junio 2005
Sé que esta bitácora se ocupa de temas relacionados con los derechos de autor (como regulación de la creatividad) y no tanto del derecho penal. Últimamente estamos asistiendo, como recrudecimiento de esta regulación, a que las violaciones de los derechos de autor se consideren delitos y que por tanto formen parte del Código Penal.
Hasta hace poco pensaba que no existían crímenes (esto es, no delitos, sino delitos de sangre) por derechos de autor, pero esta historia relata el primero (hasta donde alcanzan mis conocimientos). Arleen Mathers, ciudadana estadounidense de 23 años, ha sido acusada de asesinato en primer grado tras confesar a la policía que había causado la muerte a Brad Pulaski, su novio, después de golpearlo repetidas veces con un reproductor de música iPod. ¿El motivo? Al parecer, Mathers enloqueció después de que Pulaski le borrase dos mil canciones de su reproductor aduciendo que las había bajado ilegalmente de internet, y le golpeó en la cara y el pecho causándole traumas con los que le sobrevino la muerte.
Parece una historia de locos (y algo de eso tiene), pero lo peor es que es muy real. Si no hay enajenación mental transitoria, no se explica la reacción de Mathers ante el borrado de las canciones que le había llevado tres meses recolectar. Pero también Pulaski tiene un patrón típico de los «guerreros de los derechos de autor»: no respetar la propiedad privada (una cosa es decir que está mal descargarse música de internet sin la autorización de sus autores y otra muy distinta es borrar esa música motu proprio)
Quizá alguien piense que estos son los auténticos horrores de la «piratería», pero conviene recordar que el arma asesina es un iPod, que casualmente tiene un sistema de cifrado de datos para evitar presuntas infracciones de derechos de autor (y también la escucha y disfrute de canciones de la competencia), pero que su estructura resistente permite historias como la que desgraciadamente ha pasado en Estados Unidos.
Un verano «codificando» 17 junio 2005
Google ha lanzado su programa Summer of Code, que es un modo práctico y real para promocionar la programación informática abierta o libre. Google financia a una serie de proyectos de código abierto o libre, pagando 4500 dólares a cada estudiante que complete el 1 de septiembre una de las tareas definidas por uno de los proyectos. (Por cierto, el plazo de inscripción ya ha acabado.)
Pero quizá lo más interesante es la afirmación que Google hace en su anuncio:
The open source model of software development is one of the most effective innovations of all time. Who doesn’t love the idea of great programmers working on their own time to crank out elegant code that benefits us all?
En el fondo, la colaboración aumenta la creatividad (y lo que así se consigue es que el todo sea más que la suma de las partes).
De titulares a propietarios: ¿casualidad o algo más? 31 marzo 2005
¿Nunca segundas partes fueron buenas? 22 marzo 2005
Pues a lo mejor algunas son incluso mejores o mucho mejores. Lawrence Lessig ha logrado llegar a un acuerdo con la editorial que ha publicado su libro Code and Other Laws of Cyberspace para publicar la primera edición en una página wiki, bajo una licencia Creative Commons. La idea es que lo que surja finalmente del libro sirva a su autor para redactar la segunda versión actualizada del libro (que no tendrá licencia Creative Commons).
La verdad es que el proyecto es bastante innovador (estrena una nueva denominación de licencia) y parece bastante prometedor. Su autor lo comenta en esta nota en su bitácora. Creo que sería una gran idea (como he escrito aquí) que apareciese la primera edición en formato PDF (al igual que Free Culture). Como ya he explicado, no pretendo conseguir la primera edición del libro gratis (sería demasiado trabajo para algo con resultado incierto). Creo que es buena idea para que más gente lea el libro y así más gente se anime a ayudar en la redacción de versión previa a la segunda edición y además para que los que lean la primera edición tengan más ganas de leer la versión actualizada.
Un parón y de nuevo en marcha 18 marzo 2005
Ya hace demasiado tiempo (mucho más del que me hubiese gustado), desde la última vez que publiqué una nota en esta bitácora. La verdad es que ideas y temas no me faltan, pero de lo que ando muy escaso es de tiempo.
Una buena noticia es que he empezado a trabajar, desde el primero del mes de marzo. Y además al estar en una nueva ciudad, tener conexión a internet, por lo que compruebo, es todo un lujo.
Espero que entre las vacaciones y un poco más de tiempo pueda poner la bitácora al día. Pues me pongo manos a ello, que hay mucho que hacer.
Cuidado con los CLUFs 19 febrero 2005
Annalee Newitz tiene un artículo muy interesante en la Electronic Frontier Foundation sobre las condiciones de las licencias de uso (llamadas End User License Agreement que se traduce en español como «contrato de licencia de usuario final», y cuyos acrónimos son respectivamente EULA y CLUF). El artículo lleva por título Dangerous Terms: A User’s Guide to EULAs. La verdad es que el artículo es muy interesante y recomiendo su lectura.
La primera característica de estos contratos es que no se firman, sino que bien se rompe un tipo de sello o bien se pulsa un botón en un programa. Son legalmente vinculantes sin que haya firma, llegando al absurdo en que la aceptación de las condiciones sea anterior a su lectura.
Lo interesante está en condiciones claramente abusivas que son habituales en los contratos de licencias:
no poder publicar, sin el consentimiento del fabricante del programa (o del dispositivo), datos sobre el rendimiento del mismo;
el ordenador puede ser espiado sin previo aviso;
la prohibición de la ingeniería inversa (cuando las legislaciones europea y estadounidense la permiten explicitamente si no hay infracción y para conseguir interoperabilidad);
no usar el programa junto con otros (que midan sus capacidades o que desinstalen programas espías);
aceptar como condiciones del contrato cualquier cambio sin previo aviso;
y los fabricantes son absolutamente irresponsable de cualquier fallo que el programa pueda ocasionar (se deba o no a un fallo de éste).
La idea de estos acuerdos o contratos de licencia es la sumisión: hay que someterse a las condiciones, presentes o futuras, que el fabricante quiera imponer.
Creo que las conclusiones son claras: lo que se rige por ley contractual no debe protegerse por derechos de autor y las condiciones deben someterse a una serie de garantías (tanto de usuarios como de propietarios), al igual que se somenten el resto de productos en el mercado.
Música en internet: ¿alquiler o venta? 18 febrero 2005
Como ya había comentado en esta nota, Michael Robertson ha montado una empresa de venta de música por internet, llamada MP3tunes.
Parece que ya ha empezado a funcionar, y en la tira publicitaria en que anuncian sus precios (88 céntimos de dólar por canción y 8.88 dólares por disco completo) tienen una frase muy interesante: Don’t rent your music… own it!
Creo que ahí puede estar parte del éxito de la venta de contenidos por internet (y del fracaso de las «protecciones digitales»). Si hay que pedir permiso para usar lo que es de nuestra propiedad, cualquier precio es demasiado caro.
Un nuevo modo de vender música 16 febrero 2005
Por esta nota de la bitácora de Creative Commons, me acabo de enterar que Maria Schneider ha gadando un Grammy, en lo que debe ser la categoría del mejor disco para gran grupo de jazz (lista de premios).
La cosa no tendría más relevancia (al menos para el autor de esta bitácora), si no fuese por un pequeño detalle: Concert in the Garden no se ha vendido en tiendas, sino que se ha distribuido únicamente en internet (a través de ArtistShare). Según esta noticia de la agencia Reuters, el sistema funciona en opinión de Maria Schneider, porque no hay que repartir ganancias con la discográfica, la distribuidora y la tienda.
Esta artista ya fue nominada para la misma categoría de este mismo premio con su primer disco Evanescence. Parece que Concert in the Garden tendrá una tirada en CD limitada a diez mil ejemplares, de los que nueve mil podrán solicitar por lista y mil se venderán por subasta pública.
Parece claro que internet no es un peligro para los artistas, ni para la venta de música. Sólo hay que saber cómo hacerlo (independientemente de que se ganen premios o no).
Protecciones digitales y derechos de autor 9 febrero 2005
¿Protección o destrucción de la creatividad? 7 febrero 2005
En una nota anterior comentaba el absurdo de que puedan invocarse los derechos de autor para controlar las fotografías de un monumento. En los dos ejemplos lo que se controlaba es la creatividad comercial. Pero el absurdo no sólo se limita a la creatividad comercial (también es absurdo regular igual la creatividad comercial y no comercial).
Como cuenta este artículo, la American Society of Composers, Authors and Publishers amenazó a las Girl Scouts con pleitos si cantaban en sus campamentos canciones cuyos derechos de autor gestionan, sin pagar por ello. Técnicamente cantar Macarena es una representación pública, que como tal, está regida por los derechos de autor.
Lo mismo puede pasar con Happy Birthday cantado en un restaurante: puede consituir una infracción de derechos de autor. Lo más absurdo de todo es que quizá pueda discutirse si un campamento, que es propiedad privada y no es un establecimiento público, puede considerarse un espacio público, con que la publicidad de la representación podría ponerse en duda.
Sin sentido de protección de la autoría 7 febrero 2005
No hace falta ser Lawrence Lessig para darse cuenta de que los derechos de autor se parecen más a un mar sin orillas. Tampoco hace falta haber escrito un gran libro, para darse cuenta que no sabemos explicar qué ni de quién protegen estos derechos. Progresivamente los derechos de autor los ejercen más los editores (en vez de los autores), y son menos derechos convirtiéndose más en simples imposiciones y controles. Sólo hace falta ver a los absurdos a los que estamos llegando.
En Boing Boing ha aparecido una reseña de Cory Doctorow en la que cuenta que una escultura pública, más bien se trata de un parque, el Millenium Park de Chicago, está protegida por derechos de autor (más información aquí). Así formulado no suena tan grave, pero si alguien quiere fotografiar, especialmente con fines comerciales, la escultura de Anish Kapoor, Cloud Gate (popularmente conocida como the Bean [o «la alubia»]), tiene que conseguir el permiso de su autora.
Siguiendo con otro ejemplo arquitectónico, la iluminación nocturna de la torre Eiffell también está protegida por derechos de autor (como cuenta esta nota). La empresa que se encarga del mantenimiento de la Torre no pretende, aunque eso no implica que no pueda hacerlo legalmente, perseguir la publicación de fotografías de aficionados, sino que pretenden recaudar por toda publicación comercial de fotografias.
Ante estas dos historias, se me ocurre una pregunta directa y simple: ¿nos hemos vuelto idiotas? ¿Acaso es que que de tanto invocar la «propiedad intelectual» al final nos hemos acabado creyendo que es algo más que una regulación de la creatividad? Las dos historias apuntan a algo importante sobre la fotografía, que es que es una actividad (artística o no, que hay de todo) que no es mera réplica de objetos. Es cierto que los derechos de autor protegen las obras derivadas de una determinada creación artística; pero es lógico que esta protección sólo se aplique cuando el carácter derivado sea directo y la proximidad a la obra original sea muy alta.
De otro modo, el control de las obras derivadas se convierte en un modo de controlar toda posible creación que tenga relación, por muy laxa que esta pueda llegar a ser. Como de hecho pasa y relata Lessig en el comienzo de su libro The Future of Ideas: The Fate of the Commons in a Connected World. Esto es claro, la protección de los autores no debe otorgarles derechos de control sobre la creatividad ajena.
¿Promueven las patentes la competencia? 7 febrero 2005
Por esta nota de Slashdot me entero que una jueza de Tokio ha ordenado el cese de la producción y venta de Ichitaro, un procesador de textos, y Hanako, un programa de manipulación de gráficos, por infracción de patente (más información aquí y más detallada aquí). La sentencia está pendiente de cumplimiento dado que Justsystem, el fabricante de los programas, ha decido apelar.
La patente cuya infracción se disputa es un sistema de ayuda en pantalla. Más en concreto, como relata este artículo, Justsystem argumenta que ha empleado técnicas habituales en la informática y no la que está patentada. El asunto es complicado, incluso aceptando una patentabilidad irrestricta en la informática, puesto que podría llegar a argumentarse que no ha infringido la patente, incluso que contiene elementos presentes en la patente, pero sin incluir la patente misma (y en ese caso nunca debe ser infracción).
Desde luego, con este ejemplo no hace falta ser ningún genio de la informática o las patentes para darse cuenta de que puede tener mucho sentido aquello de que las patentes de programación convierten la informática en un campo de minas. También es claro que las patentes pueden convertirse en un modo fácil de eliminar la competencia (al parecer Ichitaro era un competidor importante de Microsoft Word en el mercado japonés [aunque no tiene por qué haber mano negra detrás, el cumplimiento de un sistema ab]). Lo más relevante es la declaración de titular de la patente:
We are a global enterprise and we are just following international practice to enforce our IP rights.
Quizá lo que haya que empezar a regularizar es los derechos de «propiedad intelectual», para evitar prácticas inaceptables tanto para el desarrollo informático como económico. Y seguro que la UE debe considerar qué tipo de prácticas introducirá con la «armonización legal» de patentes de programación, o siguiendo el neolecto de la Comisión y el Consejo de Europa, «invenciones implementadas por ordenador».
Alquilar música por una tarifa planta 6 febrero 2005
Por esta nota de Barrapunto, me acabo de enterar del nuevo servicio de Napster de descarga ilimitada de música por una tarifa, llamada Naptser To Go.
Parece un servicio de compra, pero como ha comentado alguien anónimamente, se trata más bien de un servicio de alquiler. Si atendemos a la leemos la letra pequeña (no tan fácil de ver):
*It is necessary to maintain a Napster subscription in order to continue access to songs downloaded through the Napster service.
Las canciones están cifradas, por lo que hay que buscar reproductores compatibles (la lista aquí).
Personalmente creo que es mala idea aplicar cifrado de datos a productos que han de venderse. Desde luego, yo no compro, ni para uso propio ni para regalo, nada que lo que en el fondo no puedo ser propietario.
No creo que que haya competencia real entre iTunes y este nuevo permiso, porque son servicios distintos (aunque ambos vendan sus archivos cifrados).
Introducir competencia en la venta de música 5 febrero 2005
Me entero por esta nota de Slashdot, que Michael Roberston quiere montar una empresa de venta de música por internet, MP3tunes.
La gran novedad frente a iTunes es que las canciones no tendrán cifrado de datos, con lo que no habrá problemas para usarlas en un reproductor compatible de MP3 (a diferencia de las adquiridas en iTunes).
Sinceramente, creo que será una buena opción para comprar música, de la que uno sea propietario. Los derechos de autor no anulan la propiedad privada, sino que sólo otorgan una exclusividad en la publicación limitada temporalmente. Ni tampoco sirven para eliminar toda posible competencia.
Una llamada de atención de los artistas franceses 4 febrero 2005
Por una nota de Barrapunto, me entero que de que varios artistas y políticos franceses han pedido que cese la persecución contra quienes se descargan música de internet (noticia de El Mundo).
Para ello han firmado un manifiesto público, titulado Nous sommes tous des pirates, en el que se afirma:
A l’heure où des dizaines d’internautes vont bientôt passer en jugement pour avoir téléchargé des fichiers musicaux sur des logiciels P2P, nous dénonçons cette politique répressive et disproportionnée, dont sont victimes quelques boucs émissaires. Comme huit millions de français, au moins, nous avons, nous aussi téléchargé un jour de la musique en ligne et sommes donc des délinquants en puissance. Nous demandons l’arrêt de ces poursuites absurdes. Nous proposons l’ouverture d’un large débat public, impliquant le gouvernement, tous les acteurs de l’industrie musicale, tous les artistes, afin de parvenir à une meilleure défense du droit d’auteur, mais aussi les consommateurs afin de trouver ensemble des réponses équitables et surtout adaptées à leur époque.
Perseguir a tus clientes por descargarse música de la red no es la mejor forma ni de proteger un mercado, ni de proteger los derechos de autor. El primer ejemplo de lo despproporcionado y absurdo es la condena impuesta por un tribunal francés ha condenado a pagar 10200 euros en concepto de daños y perjuicios a las discográficas por descargar y compartir 30 GB de música, indeminización que no tendrá que pagar si no reincide (noticia aquí).
No se trata de que los artitas, mejor dicho, los editores, consigan que los gobiernos cambien las leyes para acabar con la «piratería». Quizá el problema sea otro. Y desde luego, se trata de equilibrar la balanza entre editores, autores y el público.
La batalla por la piratería 4 febrero 2005
La gente de Downhill Battle ha empezado una campaña para mandar unos mensajes en CD a 500 emisoras no comerciales para que conseguir que los pongan en antena (están aquí). En elllos se habla, por ejemplo, de que toda la creatividad musical popular está en manos de cinco discográficas, lo que por lo menos es extraño.
Tomemos un ejemplo bastante revelador. En Estados Unidos, un autor de canciones que autoriza la grabación de sus obras una vez, no puede negarse a que otros artistas hagan versiones de esas canciones por un precio que fija la ley. Sin embargo, los abogados de las discográficas han conseguido evitar remezclas hip hopde canciones por medio de litigios, sin que las versiones de artistas pop o rock estén amenazadas legalmente.
Hay diez mensajes con diferentes temáticas, pero si los derechos de autor están para proteger la creatividad, desde luego los editores (discográficos en este caso) no quieren proteger la creatividad, sino su control del mercado. Y eso, en sentido estricto, es un uso torticero de la ley que no debemos permitir.
Ánimo de lucro y afán recaudatorio 4 febrero 2005
Una de las condiciones que la legislación impone a las entidades de gestión de derechos de autor es «que carezcan de ánimo de lucro». Cualquiera lo diría, si uno contempla las acciones de la SGAE, por ejemplo.
Pero lo más curioso de todo no es que el afán recaudatorio de la SGAE se parezca demasiado al ánimo de lucro. Lo más extraño es que la asociación pretenda definir el ánimo de lucro cuando se trata del artículo 270 de nuestro reformado Código Penal. Desde luego no tiene mucho sentido decir que hay ánimo de lucro en la descarga privada de canciones de internet (porque así uno se ahorra y evita comprar los discos) y afirmar que no lo hay en imponer una remuneración compensatoria por copia privada en todos los soportes digitales vírgenes (y amenazar con una cantidad proporcional en los discos duros).
Desde luego, un asunto está claro, si imponemos a la SGAE (y demás entidades de gestión) la definición que ellos ofrecen de ánimo de lucro, incumplirían el requisito que la ley les exige.
En todo caso, carecerán de ánimo de lucro, pero no se puede negar es que es las entidades de gestión son organizaciones altamente lucrativas.
Un libro para entender las licencias informáticas 1 febrero 2005
Gracias a esta nota de la bitácora de Creative Commons, me acabo de enterar que O’Reilly acaba de publicar Understanding Open Source and Free Software Licensing bajo una licencia Creative Commons.
Su autor, Andrew St. Laurent, es un abogado experto en propiedad intelectual con gran interés en licencias de programas informáticos. Su análisis es legal y aplicado a la informática. Ahora, siempre puede ser interesante echarle un vistazo.
La universidad y los derechos de autor 29 enero 2005
Me he enterado por Barrapunto, que la Universidad Rey Juan Carlos ha publicado una nota en la que anuncia que distribuirá parte de su material, fundamentalmente clases grabadas, material docente y contenidos de la radio gestionada por alumnos bajo licencias Creative Commons (con enlaces aquí y aquí). Como la propia nota anuncia este proyecto está todavía en fase experimental y necesita del consentimiento de los autores de los materiales.
En este ejemplo se ve una de mayores ventajas de las licencias Creative Commons, que sirven para potenciar al máximo la publicación (la difusión) de una obra en internet. Y eso puede ser uno de los mejores modos de hacerse publicidad, y no precisamente engañosa.
Por lo que sé, la URJC no es la primera en el mundo en aplicar este modelo de publicación, pero sí lo es en España. Esperemos que el modelo cunda. El prestigioso MIT lo viene haciendo con su OpenCourseWare desde hace ya más de un año. Esto ha provocado que sus materiales docentes se hayan podido traducir a muchos otros idiomas (entre los que se encuentran el chino, vietnamita, alemán, francés, italiano, portugués, ucraniano y español) y ha conseguido que un donante contribuya al proyecto con un millón de dólares.
Está claro que los materiales docentes no son la clave de una universidad, sino las clases, el poder participar en su vida académica. Haciendo accesibles al público los materiales docentes, lo que conseguirán es mostrar el nivel de la universidad y conseguirán atraer a mejores alumnos. Con esta perspectiva, ¿no hay nadie más que se anime?
El triple problema de la «piratería» 24 enero 2005
Uno de los empeños de la industria de contenidos por conservar un modelo de negocio obsoleto es descalificar toda copia no autorizada por el titular de los derechos de autor como «piratería». La piratería, aplicado al campo de derechos de autor, es aquella que se hace a gran escala y con interés comercial. Sin embargo, la industria de contenidos nos ha hecho creer (y ella misma se cree) que la crisis de ventas no se debe a un modelo obsoleto, sino a las copias no autorizadas (que según las diferentes legislaciones, son legales o no). Según este simple esquema, ha elaborado todo un plan para luchar contra el molino inventado, la «piratería», para así poder hacerse con un control completo del mercado.
Hablar de internet como la gran fuente de «piratería» contiene un grave error de análisis que muestra que el problema de la industra está en otro lado. Es necesario ver por qué.
La «piratería» no es un problema real. Es posible que expliquemos la economía con el cuento de la lechera, pero eso no deja de ser más que un cuento. Cada descarga no es una venta perdida, porque de lo contrario las ventas no habrían descendido una décima parte, sino en su totalidad. Además, Napster ha dado una doble lección a la industria discográfica. En primer lugar, se pueden ganar millones de dólares sin vender una canción. Y en segundo lugar que hay mercado para la venta de música en internet, porque el formato de disco se está quedando obsoleto y hay cada vez más aparatos que reproducen música (si de momento no los ilegalizamos) que no funcionan con discos. (Las ventas de música han aumentado en Estados Unidos después de varios años de bajada, gracias a los servicios de venta de música e internet [y eso que hay pocos servicios y, en mi opinión, son malos].)
Aunque la «piratería» fuese un problema, la prohibición no es la solución. Con los cambios legislativos que vamos introduciendo, puede que llegue el momento en que la industria de contenidos controle cualquier copia de cualquier canción o película, cualquier transmisión por internet. Sería un craso error, pero podría ser. Incluso en ese caso, las ventas no aumentarían, porque la alternativa no está entre comprar y copiar, sino entre comprar o no comprar. Y para eso es necesario crear buenos productos y venderlos a buen precio (eso es algo de cajón en un mercado libre, pero el sistema de derechos de autor no lo es por principio).
En tercer lugar, incluso aunque llegásemos a otorgar un poder absoluto a la industria para controlar sus contenidos, el presunto remedio causaría muchos más daños que la supuesta enfermedad. Y éste es el peligro fundamental de un monopolio: no es que quiera hacerse con todo lo que hay, sino que quiere que todo lo que haya sea únicamente lo suyo. Dar la llave a los monopolistas sobre la tecnología e internet sería nefasto, porque perderíamos todas las oportunidades que los monopolistas no supieran ver. Es absurdo, como decirle a los editores de partituras que controlasen el desarrollo de las primeras pianolas y los primeros discos (a los que acusaban de «piratería»).
El asunto es más grave porque en el fondo los derechos de autor regulan algo que mucho más importante: la libertad de expresión. Si la tecnología cambia, lo que tiene que cambiar es el modo de hacer negocios y la ley debe adaptarse a los cambios tecnológicos, para poder regularlos. No tiene mucho sentido que la protección que damos a los autores permita a los editores controlar el mercado y la cultura.
Por tanto, es muy importante volver a la regulación de las obras comerciales (intentar regular comercialmente lo que no lo es, es ahogar la creatividad). Así lograremos lo que la protección de los derechos persigue, esto es, no proteger un monopolio, sino proteger la creatividad y la innovación.
La cultura tiene un plan 24 enero 2005
Según esta nota de prensa, el Ministerio de Cultura de nuestro país tiene un plan para luchar contra la «piratería» . A pesar de que el borrador del plan ha sido presentado por la Ministra, no he conseguido encontrarlo en internet. Desde luego el título es muy sugerente, Plan Integral del Gobierno para la disminución y eliminación de las actividades vulneradoras de la Propiedad Intelectual. Los cinco puntos del plan que recoge la nota de prensa muestran la línea abierta en el artículo 270 del reformado Código Penal: apliquemos una regulación más restrictiva.
Pero quizá el problema de la «piratería» es otro. Tanto de generar riqueza cultural como de una buena gestión económica.
Grabaciones y derechos de autor 24 enero 2005
Como ya comentaba en La sombra de Elvis es alargada existen presiones para que la UE cambie la duración de protección de las grabaciones de cincuenta a setenta años. Esta noticia que leí ayer en el periódico es sólo una muestra. El texto no tiene desperdicio alguno, porque, quizá no de modo consciente, está redactado con una ambigüedad que incluso podría parecer partidista.
El mismo título del artículo, Decenas de temas clásicos del rock han empezado a perder sus derechos de autor, contiene los puntos que generan la desinformación necesaria. En estos asuntos se resume todo:
No son las canciones, sino las grabaciones las que dejan de estar protegidas por los derechos de autor.
Las grabaciones no pierden estos derechos, sino que se expiran, se acaban.
Y los derechos de artistas intérpretes o ejecutantes (y de los productores de fonogramas) están limitados a cincuenta años después de la publicación de la grabación.
Es esencial distinguir entre autores e intérpretes, y entre obras y ejecuciones, porque lo que pasa al dominio público es la grabación concreta, que cualquiera podrá distribuir, comercialmente o no. Pero si alguien decide hacer una versión de las canciones, tendrá que abonar la correspondiente cantidad al autor de la obra en concepto de derechos de autor. Por tanto, es absolutamente falso que expiren los derechos de autor de las canciones, sino sólo de las grabaciones.
Si la protección para esas grabaciones es de cincuenta años, no tiene sentido prolongarla. Los derechos de autor son un contrato social para estimular la creatividad. La protección que se otorga a los autores no puede convertirse en un derecho a controlar la cultura. Y si los términos del contrato son cincuenta años, intentar ampliar la exclusividad sería como intentar vivir varios meses de alquiler habiendo pagado sólo un mes.
Volviendo a la noticia, mencionar la «piratería» muestra la obsesión de las discográficas, que quieren hacer de ésta una paranoia colectiva. Y parece que en algún caso lo consiguen. También los editores londinenses creían que era «piratería» que otros editores (escoceses, en este caso) pretendiesen también editar a autores cuyos derechos exclusivos habían expirado según lo dispuesto por el decreto de la reina Ana (que limitaba a cartorce años, renovables una única vez si el autor estaba vivo). Lo que pertenece al dominio público no es «piratería legalizada», sino que es un bien común, que constituye una parte esencial de lo que llamamos cultura.
Si queremos seguir hablando de «piratería», los auténticos piratas son los que roban obras al dominio público. Si el trato y el contrato son que las grabaciones tengan una exclusividad en su explotación de cincuenta años, las grabaciones no pierden derechos, sólo acaban según la protección acordada. Y es lógico que pasen a pertenecer al dominio público, porque además no es lógico proteger igualmente durante el mismo tiempo al autor y a la obra, que al intérprete y a su ejecución (incluso aunque autor e intérprete sean la misma persona, porque el objeto de la protección es distinto).

References: artículo 18
 resolución 
 artículo 12
 artículo 147
 artículo 20
 artículo 118
 artículo 25
 artículo 31
 artículo 161
 artículo 31
 artículo 270
 resolución 
 artículo 270
 artículo 270