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Timestamp: 2017-08-18 13:28:58+00:00

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Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico español (especial referencia a la responsabilidad civil médica) - PDF
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Elisa San Martín Duarte
1 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico español (especial referencia a la responsabilidad civil médica) por AURELIA MARÍA ROMERO COLOMA Abogada Doctora en Derecho SUMARIO INTRODUCCIÓN AL TEMA. RECLAMACIÓN DEL HIJO Y DE LA MADRE CONTRA EL MÉDICO: PRO- BLEMÁTICA JURÍDICA Y SUPUESTOS PRÁCTICOS: INFORMACIÓN Y CONSENTIMIENTO. ANTECEDENTES DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL MÉDICA. LA VIDA COMO DAÑO: ANÁLISIS Y PROBLEMÁTICA JURÍDICA: EL DAÑO EN LAS ACCIONES DE WRONGFUL BIRTH. EL DAÑO EN LAS ACCIONES DE WRONGFUL LIFE. EL RECHAZO EN LAS ACCIONES DE WRONGFUL LIFE. EL DAÑO AL MARGEN DE LA VIDA DEL NIÑO EN LAS ACCIONES DE WRONGFUL LIFE. LA FALTA DE LEGITIMACIÓN DEL NIÑO PARA RECLAMAR POR CUAL- QUIER DAÑO: PROBLEMÁTICA JURÍDICA. LA PROBLEMÁTICA DE LOS DAÑOS PATRIMONIALES EN LAS ACCIO- NES DE WRONGFUL LIFE. LA NO ABSOLUTIZACIÓN DEL BIEN VIDA. EL DAÑO EN EL MARCO DE LA REPRODUCCIÓN ARTIFICIAL O ASISTIDA: ESTADO DE LA CUESTIÓN EN ESPAÑA EN LA ACTUALIDAD. EL NEXO DE CAUSALIDAD EN LAS ACCIONES DE wrongful birth Y WRONGFUL LIFE. 2559
2 Aurelia María Romero Coloma LA INTERRUPCIÓN DEL NEXO CAUSAL: EL CASO FORTUITO Y LA FUER- ZA MAYOR. LA CULPA DE LA VÍCTIMA COMO INTERRUPCIÓN DEL NEXO CAUSAL: LA INTERRUPCIÓN DEL NEXO CAUSAL EN LAS ACCIONES DE wrongful birth. LA INTERVENCIÓN DE TERCERO COMO HECHO INTERRUPTOR DEL NEXO CAUSAL. SENTENCIAS EN RELACIÓN CON LAS ACCIONES DE WRONGFUL BIRTH Y WRONGFUL LIFE: SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE BARCELONA, DE 10 DE OCTUBRE DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE MADRID, DE 5 DE MAYO DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE MÁLAGA, DE 31 DE MARZO DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE BADAJOZ, DE 31 DE DICIEMBRE DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE LEÓN, DE 8 DE MARZO DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE BARCELONA, DE 5 DE ABRIL DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE LEÓN, DE 15 DE SEPTIEMBRE DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE VIZCAYA, DE 11 DE JULIO DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE BALEARES, DE 6 DE JUNIO DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE VIZCAYA, DE 18 DE ENERO DE SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO. DE 4 DE FEBRERO DE SENTENCIA DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE BARCELONA, DE 8 DE MAYO DE INTRODUCCIÓN AL TEMA Uno de los temas más complejos que tiene, en la actualidad, planteados el Derecho de Familia (y, en general, el Derecho de la persona), es el relativo a las demandas, de carácter civil, presentadas en relación con el nacimiento de un hijo con deformidades, taras físicas y/o psíquicas o deficiencias en general. Estas demandas se interponen, generalmente, contra el Hospital y/o el facultativo que atendió a la paciente, siempre que éste no cumpla correctamente, u omita, el deber de información a la madre sobre la existencia en el feto de deficiencias graves, que, de haber sido conocidas, la habrían facultado para interrumpir el embarazo, siempre, naturalmente, dentro de las veintidós primeras semanas de gestación, tal como nuestra Ley penal prevé (art. 417 bis del Código punitivo de 1973). Existen dos posibilidades dentro del marco que estoy contemplando: 1.ª Posibilidad de que el hijo nacido con deficiencias pueda ejercitar contra el facultativo que atendió a su madre y no detectó las taras, una acción de resarcimiento por negligencia en el ejercicio de la profesión, reclamando la reparación del daño consistente en haber nacido. Es decir, se reclama por el hijo la «reparación» de la vida, algo que, a primera vista, pudiera parecer extraño y hasta contradictorio; y 2.ª Posibilidad de que sea la madre la que se dirija contra el facultativo que la atendió durante la gestación, al no haber cumplido correctamente 2560
3 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... su deber de informar, privándola, en consecuencia, de la facultad legal de abortar. RECLAMACIÓN DEL HIJO Y DE LA MADRE CONTRA EL MÉDICO: PROBLEMÁTICA JURÍDICA Y SUPUESTOS PRÁCTICOS Voy a detenerme, en primer lugar, en las reclamaciones que los hijos y los progenitores pueden interponer contra el facultativo que atendió a la madre durante el embarazo y que no cumplió con su deber de información. Estimo oportuno hacer unas breves consideraciones sobre el deber de informar del facultativo. INFORMACIÓN Y CONSENTIMIENTO La obligación legal del médico implica suministrar información al paciente sobre su enfermedad. Generalmente suele emplearse el término «consentimiento informado», que es de origen norteamericano. Sin embargo, en nuestro país, el deber médico de información, clave en la responsabilidad civil del facultativo, es un deber autónomo y previo al consentimiento, ya que el incumplimiento de la obligación se produce antes de la emisión del consentimiento. Para consentir, primero hay que conocer lo que se está consintiendo. Si no se conoce, mal se podrá consentir, o se consiente en el vacío. Como ha expresado a este respecto Víctor AMAYA RICO (1), el paciente lo espera todo del médico y la persona afectada por la enfermedad se empequeñece necesariamente y queda desvalida. De ahí que el Ordenamiento Jurídico proteja al paciente, y el médico que tenga una actuación incompatible con la buena fe y la confianza en él depositada incurre en responsabilidad civil. En este sentido, es imprescindible delimitar la extensión y los límites del deber de información, que consiste en facilitar al paciente el efectivo conocimiento del pronóstico, riesgos y alternativas del tratamiento, así como de las posibilidades de éxito y precauciones necesarias. Para que exista un consentimiento libre del paciente, este último tiene derecho a la libre elección entre las opciones que el facultativo le presente. La información que el médico ha de dar ha de ser objetiva, veraz, completa y asequible, teniendo, a su vez, en cuenta múltiples factores, como lo son la capacidad de comprensión y decisión del paciente, evitando la inoportunidad. (1) AMAYA RICO, Víctor, «El deber médico de información: un derecho fundamental», en La Ley, Tomo I,
4 Aurelia María Romero Coloma A mi juicio, es muy importante que la información que se suministra al paciente sea clara y concisa que no quiere decir que sea incompleta, evitando los tecnicismos médicos que pueden inducir a confusión al paciente, cuando éste es lego en cuestiones de medicina. Una vez examinado el deber de información del médico, paso a estudiar seguidamente el tema de las reclamaciones efectuadas por los hijos nacidos con deficiencias físicas y/o psíquicas en el marco de la responsabilidad civil. ANTECEDENTES DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL MÉDICA Para entrar en la cuestión que estoy tratando, es imprescindible examinar, en primer lugar, un antecedente jurídico importante que, aunque fuera de nuestro país, conmocionó a la opinión pública. Me estoy refiriendo al caso «Perruche», resuelto por la sentencia de la Asamblea Plenaria de la Corte de Casación Civil, en fecha 17 de noviembre de Se trata de un fallo jurisprudencial interesantísimo y que tuvo su origen en una demanda de responsabilidad civil presentada por los padres de una niña que había nacido con rubéola, enfermedad que no había sido detectada por el médico que había atendido, en su día, a la madre, ni tampoco por el laboratorio de biología médica que le había realizado las pruebas pertinentes. La madre había contraído la enfermedad estando embarazada y mantenía que, de haber sabido que su hija iba a nacer con rubéola, habría interrumpido su embarazo. La Corte de Casación estimó la demanda, razonando que, desde el momento en que las faltas médicas, cometidas por el facultativo y por el laboratorio, habían privado a la madre de la opción de interrumpir el embarazo, con cuyo ejercicio podría haber evitado el nacimiento del niño, dicho niño podría demandar la reparación del perjuicio resultante de tal «handicap», el cual fue causado, a juicio de la Corte de Casación, por la negligencia de los profesionales sanitarios. El fallo admitió, en definitiva, la indemnización del daño consistente en haber nacido el niño con deficiencias que, de haber sido previamente conocidas por la madre, le hubieran permitido abortar. Afirmó, asimismo, la Corte de Casación, que existía un nexo de causalidad entre la actuación culposa del médico y del laboratorio y la enfermedad con la que el niño nació. Esta última tesis se ha visto contradicha por las apreciaciones que ha realizado acerca de este fallo José Ramón DE VERDA Y BEAMONTE (2), que, al estudiar este complejo supuesto, expresaba que la causa por la que la niña (2) DE VERDA Y BEAMONTE, José Ramón, «Responsabilidad civil médica en relación con el nacimiento del ser humano», en Daños en el Derecho de Familia, Editorial Thomson Aranzadi,
5 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... nació enferma no fue la negligencia de los profesionales de la Medicina, ni nació con rubéola porque el diagnóstico prenatal no hubiera detectado dicha enfermedad, sino porque le fue contagiada en el útero de su madre y por ésta misma. A juicio de este jurista, fue una desgracia de la que no se puede culpabilizar ni al médico, ni al laboratorio, ya que, aunque éstos hubieran detectado la enfermedad, ésta no se podría haber evitado. Esta tesis es correcta, desde luego, aunque tiene el inconveniente de ser incompleta, porque, en los supuestos de omisión, como éste, hay que imputar el resultado lesivo y se trata de hacer una imputación objetiva, no de hablar de nexos de causalidad que, en este caso, son altamente problemáticos y no conducen a ningún resultado práctico ni a ninguna solución jurídica. Lo que está en juego, desde mi punto de vista, es determinar si, efectivamente, hay vidas que no merece la pena que sean vividas, o, en otras palabras, si es mejor no nacer que vivir con taras y/o deficiencias físicas y psíquicas de por vida, sin que en el estado actual de la Ciencia Médica quepa ninguna solución o, al menos, un cierto remedio. La omisión del facultativo y del laboratorio biológico, al no informar a la gestante de la enfermedad que el feto presentaba, sí fue causante de la producción de un daño, pero ese daño consiste, exclusivamente, en el nacimiento de la niña, que fue, precisamente, el resultado dañoso finalmente producido. La evitabilidad de este resultado es el factor determinante a la hora de encauzar estas pretensiones indemnizatorias en el marco de las relaciones familiares. Voy a referirme ahora a un Dictamen del Consejo de Estado, de 21 de diciembre de 2000, recaído en un expediente de reclamación de responsabilidad patrimonial contra la Administración General del Estado (Ministerio de Sanidad y Consumo) por deficiente asistencia sanitaria. El supuesto se recondujo a lo siguiente: una mujer, cuyos tres hermanos varones habían nacido deficientes mentales a causa de una etiología no bien conocida por aquel entonces, fue objeto de estudios y análisis clínicos en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y, por encargo de éste, en el South Western Regional Cytogenetics Center de Bristol, a consecuencia de los cuales, ya en 1980, se llegó a la conclusión de que la paciente tenía un 50 por 100 de probabilidades de ser portadora de una enfermedad hereditaria identificada con el nombre del x-frágil referida al cromosoma x y sus futuros hijos un 25 por 100 de nacer enfermos. A sabiendas de ello, la paciente contrajo matrimonio en 1981 y, para evitar riesgos, optó por someterse a una intervención de ligadura de trompas, rechazando la alternativa que el Hospital Ramón y Cajal le ofrecía de abortar, en su caso, para poder analizar el feto. A pesar de la intervención quirúrgica, quedó embarazada, pero un aborto natural frustró el nacimiento del hijo varón concebido. 2563
6 Aurelia María Romero Coloma En 1990, esta mujer contrajo nuevo matrimonio, fruto del cual tuvo una hija en 1991, que nació normal, y al año siguiente volvió a quedarse embarazada y se le practicaron nuevos análisis que no dieron resultado positivo, en el sentido de que el feto estuviera afectado por dicho síndrome. En 1993 dio a luz a un hijo varón aparentemente normal, pero, poco a poco, se fueron manifestando en él signos de la enfermedad hereditaria, confirmados como síndrome de x-frágil por análisis efectuados en octubre de El 2 de julio de 1997, la mujer y su esposo presentaron ante el Ministerio de Sanidad y Consumo, del que depende el Hospital Ramón y Cajal, una reclamación de responsabilidad patrimonial, al amparo del artículo 139 de la Ley 30/1992, reclamando una importante indemnización por los daños físicos, las secuelas y los daños morales de su hijo; por las limitaciones para la procreación que iba a soportar su hija, y por los daños morales padecidos por los padres. Todos estos daños se imputaban a la Administración Sanitaria por la deficiente atención prestada y, en particular, porque en uno de los análisis practicados a la mujer se padeció en el laboratorio del hospital una equivocación en el etiquetado de las muestras, lo que condujo a un error de diagnóstico a causa del cual la reclamante perdió la oportunidad de abortar. El Dictamen del Consejo de Estado abordó directamente la cuestión de fondo, llegando a la conclusión de que los daños invocados no eran imputables a la Administración Sanitaria, al no estar acreditada la relación de causalidad con el funcionamiento del servicio público, que, en todo momento, actuó con arreglo, según el Dictamen, a la lex artis ad hoc y a los medios disponibles. El planteamiento del Dictamen, por lo que respecta a la omisión del servicio sanitario no está bien enfocado, ya que no cabe hablar, en las omisiones, de relación de causalidad, sino de imputación objetiva. Por otra parte, el Dictamen hace referencia a los errores que se produjeron en el etiquetado de las muestras a analizar, calificándolos de mera hipótesis, hubo error o no lo hubo? Ésta es la pregunta que queda en el aire sin responder, pero, al parecer, es evidente que sí lo hubo. En cuanto a la decisión de abortar, o no, de la gestante, también es calificada de mera hipótesis que no autoriza a hacer responsable a nadie de daños que no le son imputables. LA VIDA COMO DAÑO: ANÁLISIS Y PROBLEMÁTICA JURÍDICA No cabe duda que, en el estudio de esta problemática tan compleja y delicada, cobra un especial relieve el factor daño, o perjuicio, a efectos de entender el por qué de las acciones denominadas de wrongful birth y de wrongful life. 2564
7 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... El daño es un factor esencial del que no se puede prescindir en sede de responsabilidad civil. Pero, en estas acciones citadas, el daño va a ser, precisamente, uno de los temas más polémicos, porque entran en juego determinados derechos y valores, como el derecho a la vida o el derecho a la integridad física y/o psíquica, que contribuyen a tornar más complejo este tema. El daño va a ser un factor que voy a estudiar seguidamente distinguiendo, según se trate, de las acciones de wrongful birth o de las denominadas de wrongful life. EL DAÑO DE LAS ACCIONES DE wrongful birth Las acciones de wrongful birth son aquéllas por las que se reclama responsabilidad a un profesional sanitario o a varios, cuya conducta ha permitido, en determinadas circunstancias, que se haya producido el nacimiento o la concepción de un hijo con deficiencias o taras físicas y/o psíquicas. Efectivamente, el nacimiento de un hijo en estas penosas circunstancias, causa a los progenitores unos gastos importantes, unos desembolsos económicos ciertamente grandes. Todo ello se podría haber evitado si el hijo no hubiera nacido. Aunque es duro decirlo, el nacimiento del hijo conlleva unos importantes perjuicios patrimoniales, pero también morales, que se concretan en el sufrimiento experimentado por los padres al conocer que tienen un hijo discapacitado. Este sufrimiento se prolonga en el tiempo, con carácter de permanencia. El Tribunal Supremo, en nuestro país, ha partido de la consideración, en algunas sentencias que más tarde analizaré, del derecho de la madre a ser indemnizada en aquellos supuestos en los que no haya sido informada correctamente acerca de los problemas de salud con que nace su hijo; problemas que, de haberlos sabido con la debida antelación, la habrían facultado para abortar, o, en otras palabras, la habrían posibilitado ejercitar su derecho al aborto. Se entiende, en estos supuestos, que el nacimiento de un ser humano que padece, por ejemplo, mongolismo síndrome de Down es un perjuicio o daño, consistente en el impacto psíquico que supone para los progenitores el haber creado a una persona discapacitada que, previsiblemente, no podrá valerse por sí misma a lo largo de su trayectoria vital. Recordemos que las personas con síndrome de Down pueden llegar a alcanzar edades medianas, lo que supone que, en algún momento de su vida, es más que probable que hayan de ser atendidas por personal asalariado, con los consiguientes gastos que ello implica. El daño resulta no sólo del hecho de haber privado, de modo negligente, a la madre de la posibilidad de decidir acerca de su nueva situación personal y familiar y de consentir dar la vida a un nuevo ser, sino de los efectos que 2565
8 Aurelia María Romero Coloma esa privación conlleva. Son daños susceptibles de ser valorados económicamente y, en consecuencia, de ser reparados, y ello con un doble contenido o aspecto: moral y patrimonial. Si nos centramos, brevemente, en una teoría del daño, en nuestro Ordenamiento Jurídico, cabe entender que daño es todo menoscabo que, a consecuencia de un determinado evento, sufre una persona en sus bienes vitales naturales, en su propiedad o en su patrimonio, definición que procede de la doctrina alemana (3). Junto a esta teoría, hay que sostener que sólo son relevantes los daños que se producen contraviniendo una norma jurídica, tal como exponía, con brillantez, Jaime SANTOS BRIZ (4), o los que frustran expectativas aseguradas por el Derecho (5), o, según una tesis intermedia, que define el daño relevante conforme a intereses dignos de tutela jurídica protegidos o valorados por el legislador (6). Cuando se interpone una acción o demanda por wrongful birth, se suele centrar la atención en las consecuencias directas que derivan del falso negativo imputable subjetivamente al facultativo y, en concreto, en relación a la actuación que podrían haber tenido los progenitores. En este sentido, se parte de que la actuación negligente del profesional sanitario, procedente de su ámbito de control, se traduce en un falso negativo, produciendo un defecto o ausencia, a veces en la información que reciben los progenitores respecto de los riesgos que amenazan a la futura descendencia diagnóstico preconceptivo, o concretado el daño en la descendencia ya concebida. A mi juicio, de lo que se trata, dicho en otras palabras más sencillas, es de un error de diagnóstico, o de un defecto en sede de consentimiento informado. Hay que tener en cuenta que se consiente, por lo general, sobre un tema que se conoce, o sobre los datos sobre los que se ha informado previamente, pero, si no hay información, o esta información está viciada, evidentemente hay posibilidad de accionar procesalmente en función de estos parámetros. En las acciones de wrongful birth que es la acción objeto de estudio ahora y que traducida literalmente significaría «erróneo nacimiento» o «nacimiento inapropiado», la privación a los progenitores de la facultad de decidir pasa a ser caracterizada como daño, asegurándose, de este modo, la posibilidad de accionar procesalmente exigiendo responsabilidad al profesional sanitario, y estableciendo, como daño, un evento a priori. (3) OSTHEIDE, S., Die schadensersatzrechtliche problematik des unerwünschten des deutschen zivilrecht, peter lang, Framkfurt am main, (4) SANTOS BRIZ, Jaime, La responsabilidad civil. Temas Actuales, Editorial Montecorvo, Madrid, (5) BUSTO LAGO, J. M., La antijuridicidad del daño resarcible en la responsabilidad civil extracontractual, Editorial Tecnos, Madrid, (6) DÍEZ-PICAZO Y PONCE DE LEÓN, L., Derecho de daños, Editorial Civitas, Madrid,
9 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... Tengamos en cuenta que la facultad de decidir en este caso, decidir la madre si da a luz al hijo, o no, es decir, si continúa, o no, con la gestación, siempre, naturalmente, dentro de los plazos legalmente permitidos para abortar se configura como no podía ser menos como una faceta, o un aspecto, de la libertad de la persona, libertad que está expresamente reconocida en nuestra Constitución, y que se ve obstaculizada, o impedida, por la actuación negligente del facultativo. PANTALEÓN PRIETO distinguía la «contracepción impedida», en la que el argumento contra el facultativo residía en que, de haber sido adecuadamente informados de los riesgos existentes, los progenitores no hubieran tenido relaciones sexuales o hubiesen utilizado unos medios eficaces de contracepción. Y, de otro lado, distinguía claramente lo que llamaba «aborto impedido», señalando que, de no haber sido por la negligencia del médico, la madre hubiera abortado (7), porque parte de la base del deber que el facultativo tiene frente a los progenitores, asumido, por lo general, contractualmente, de realizar los adecuados diagnósticos y pruebas genéticas para que, advertidos de los posibles riesgos de taras o malformaciones del nuevo ser humano, puedan tomar una decisión informada consentimiento informado sobre si llevar, o no, a término el embarazo, por lo que los progenitores podrán reclamar al médico responsabilidad civil por los daños patrimoniales gastos y cuidados necesarios para el mantenimiento del hijo nacido en estas circunstancias y por lo no patrimoniales dolor, sufrimiento, depresión, angustia, es decir, por los daños morales. No comparte esta tesis DE ÁNGEL YAGÜEZ (8), al afirmar que el nacimiento de una criatura nunca puede ser considerado como un daño, si bien advirtiendo que su afirmación no se basa en argumentos tradicionales y convencionales tales como la santidad de la vida, o el de la compensación de las cargas de un hijo incapaz con la grandeza de la paternidad, sino que sostiene aunque sea tímidamente que algún daño o quebranto económico sí se produce por el nacimiento del hijo enfermo, daño que debe ser objeto de resarcimiento, según él mismo reconoce, si bien esta conclusión contradice, en cierta medida, lo que había sostenido doctrinalmente con anterioridad. En otras ocasiones se ha alegado que los progenitores sufren un daño moral por la sorpresa que supone conocer el estado enfermo del hijo que creían sano o, en otras palabras, por no haber podido prepararse psicológicamente, o económicamente o ambas cosas a un tiempo frente al nacimiento del niño discapacitado. Efectivamente, cuando los progenitores se enteran del verdadero estado de salud de su progenie futura experimentan una (7) PANTALEÓN PRIETO, «Causalidad e imputación objetiva: criterios de imputación», en Centenario del Código Civil, vol. II, Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, (8) DE ÁNGEL YAGÜEZ, R., «La reparación de daños personales en el Derecho español, con referencia al Derecho Comparado», en Revista Española de Seguros, núm. 57,
10 Aurelia María Romero Coloma serie de sentimientos de sorpresa, frustración, rechazo y malestar, incrementados por la conciencia de que el conocimiento de esta información en un momento anterior podría haberles permitido optar por no concebir o por interrumpir el embarazo. Estos sentimientos frustrantes se tratan de identificar con el daño moral. La última vía a la que se ha acudido tras intensa polémica y debate sobre el tema para identificar un daño en las acciones de wrongful birth parte del impacto moral y económico que produce sobre los progenitores la condición discapacitada de su hijo. Es la teoría del daño moral y patrimonial par ricochet, o de rebote, derivado de la condición enferma del hijo. La propia enfermedad, o discapacidad, del hijo produce un daño en los padres, que vendrían a ser como las víctimas indirectas, ya que la víctima directa es el propio hijo. Nuestro Tribunal Supremo acogió, en cierta medida, esta teoría en su sentencia de 6 de junio de 1997, reconociendo, como daño moral el impacto psíquico de crear a un ser discapacitado que, previsiblemente nunca podrá valerse por sí mismo, y, como daño patrimonial, los gastos de cuidado y asistencia derivados del nacimiento. DE ÁNGEL YAGÜEZ ha señalado que el daño se constituye por dos factores: daño moral de los padres por la diaria contemplación de un ser doliente, y daño patrimonial por la crianza, atención, educación y mantenimiento de una criatura no sana (9). Esta teoría del daño en las acciones de wrongful birth es, desde mi punto de vista, muy acertada, porque enlaza el daño sufrido por el perjudicado el hijo, con el experimentado por sus progenitores, en cuanto a éstos se les va a considerar como perjudicados indirectos o mediatos. El hijo es el perjudicado directo o inmediato. No obstante, hay que resaltar que no fue pacífica la doctrina en este extremo y por lo que respecta a esta teoría. Algunos autores han calificado de dudosa la obligación de reparación de los daños morales indirectos (10), si bien, en la actualidad, esta tesis es prácticamente unánime. Por último, en relación con este tema, surge un problema que debe ser analizado: cabe plantearse si los parientes cercanos del hijo discapacitado pueden plantear una reclamación por un daño indirecto o reflejo. Ya en Francia, el país vecino, la Jurisprudencia exigía, en una primera aproximación, una relación jurídica, o interés legítimo, que uniese a la víctima inicial con la víctima refleja (11). Pero este criterio, que fue duramente criticado en las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, ha quedado defi- (9) Idem, Responsabilidad civil por actos médicos. Problemas de prueba, Editorial Civitas, Madrid, (10) ÁLVAREZ VIGARAY, R., «La responsabilidad por daño moral», en Anuario de Derecho Civil, Madrid, (11) CARBONNIER, J., Droit Civil, Tomo 4, Puf, París,
11 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... nitivamente abandonado a partir de la sentencia de la Cour de Cassation de 27 de febrero de Por lo que respecta a España, hay que realizar algunas consideraciones previas. Algunas limitaciones se encuentran, por ejemplo, en determinadas disposiciones legales, como en materia de indemnización por muerte de la víctima producida en la circulación de vehículos a motor. Sin embargo, nuestra Jurisprudencia ha querido matizar este factor, estableciendo un orden lógico de afinidad con el causante, a fin de delimitar la indemnización a los parientes más próximos, lo cual ha sido criticado por cierto sector doctrinal y con bastante dureza (12). En definitiva, se trata de determinar si los parientes cercanos del hijo, como, por ejemplo, los abuelos y los hermanos, pueden interponer la reclamación por wrongful birth. Lógicamente, para responder a esta problemática cuestión, habrá que determinar, previamente, si estas personas, estos parientes, han sufrido, en realidad, un daño en su esfera personal o patrimonial debido a la situación en la que el niño se encuentra. Se trata de un tema probatorio, al igual que sucedía con los progenitores. La reclamación del daño de rebote de uno, o de ambos progenitores, goza a su favor de la presunción iuris tantum, a partir de la cual queda acreditado el dolor, el sufrimiento experimentado ante la situación de discapacidad y/o enfermedad del hijo. Pero esta presunción quedará desvirtuada en la medida en que se demuestre que no se produce repercusión sobre la esfera anímica del progenitor. Pensemos en el supuesto en que el padre no ostente la guarda y custodia del hijo discapacitado, algo, por otra parte, muy frecuente en nuestro país en la actualidad, pues suele ser la madre salvo excepciones la persona que ostenta dicha guarda y custodia sobre los hijos menores de edad. El daño de rebote no va a surgir, por tanto, del hecho del parentesco, sino de la incidencia que tenga la enfermedad y/o discapacidad del hijo sobre el pariente afectado. Por eso, la prueba del daño moral de rebote será bastante difícil, bastante complicada, al no poderse aplicar, en todos los casos, la presunción derivada de la convivencia y del parentesco. La sentencia del Tribunal Supremo, de 7 de junio de 2002, no llegó a resolver la cuestión de la reclamación de los hermanos, al ser desestimada la pretensión en apelación y no ser recurrida en casación. Habría que plantear qué sucede cuando los progenitores del niño discapacitado mueren prematuramente y son los abuelos, por ejemplo, los que quedan al cargo del nieto, o, en el supuesto de haber fallecido los abuelos, queda a cargo de sus tíos carnales. Cabría la indemnización por daños patrimoniales y (12) GÓMEZ CALLE, E., «Sentencia del Tribunal Supremo, de 6 de mayo de 1998», en Cuadernos Civitas de Jurisprudencia Civil, 1998 (marginal 1310). 2569
12 Aurelia María Romero Coloma por daños morales? Hay que resaltar que nuestra Jurisprudencia aún no ha incidido en este tema, que, sin duda, es apasionante en el marco del Derecho de Familia. En cualquier caso, planteado este último supuesto, ya no cabría hablar de un daño de rebote para los abuelos, o para los tíos carnales, sino de un daño directo, al asumir la custodia del niño. Sí, en cambio, habría que diferenciar entre la indemnización propiamente dicha, de un lado, y los alimentos, por otro. EL DAÑO EN LAS ACCIONES DE WRONGFUL LIFE En estas acciones problemáticas, se plantea una reclamación de responsabilidad por el mismo hecho del nacimiento. Es decir, en una primera aproximación al tema, observamos cómo el daño reclamado o el perjuicio sufrido es la propia vida, tal como su denominación de wrongful life implica. No se reclama, por consiguiente, por el hecho de no haber nacido sano, sino precisamente por haber nacido. Es como una comparación entre dos opciones o alternativas: la vida, de un lado, y, del otro, la no existencia, la no vida, el no ser. Cabe preguntarse, en este sentido, si la vida puede ser considerada como un daño. Pero, ante los argumentos en contra a este respecto argumentos que serán analizados más adelante, cabe realizar la teoría de la separación, es decir, intentar alejar, lo más posible, el daño reclamado del concepto de la vida, algo similar a lo que se hace en las acciones, ya vistas, de wrongful birth. Lo más acertado, desde mi punto de vista, es identificar el daño no en función de la vida la vida del niño enfermo en cuanto perjuicio, sino identificar el daño en los defectos, taras o enfermedades del niño. Se trataría, en definitiva, de equiparar daño con vida enferma. Es un daño, por tanto, semejante al que se reclama en los supuestos de lesiones prenatales. Es el mismo hecho de la lesión, el daño corporal, el que se reclama. Pero, para sostener que el daño es la enfermedad o defecto que el niño sufre, hay que partir de la consideración de daño objetivo en sí mismo, haciendo constatar que es peor vivir con defectos, o taras, que no vivir. Esta tesis tiene el inconveniente de que parte del concepto de «no vivir», de la «no existencia», algo que el niño no puede percibir, por la elemental razón de que nadie puede, en realidad, percibir su no existencia. Actualmente, las acciones por wrongful life, por lo general, se desestiman por una gran mayoría de los Tribunales estadounidenses, al considerar que no ha existido un daño indemnizable. En similar sentido se han pronunciado una serie de leyes estatales que se han dictado en relación con este controvertido tema. Los argumentos con los que se ha justificado la negativa pueden ser de dos clases: lógicos, de un lado, y, de otro, de políticas públicas. 2570
13 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... A juicio de Íñigo DE LA MAZA GAZMURRI (13), el argumento lógico se relaciona con la paradoja de la inexistencia y descansa sobre la siguiente asunción: es imposible comparar la situación de una persona que vive con severas limitaciones con aquélla en que se encontraría si no hubiera llegado a existir, por lo que no resulta posible mensurar los daños indemnizables. En cuanto al argumento de políticas públicas, está relacionado con la santidad de la vida: si se afirma que la vida es siempre preferible a la falta de vida, no se puede alegar como un daño el hecho de estar vivo. A mi juicio, este argumento esconde, en realidad, un engaño, una falacia: se establecen dos términos comparativos: la vida y la falta de vida, o sea, la no existencia. Ya hemos dicho que nadie ha experimentado, ni puede experimentar, su propia no existencia, su no vida, porque esto es algo que no se puede percibir, al menos con los sentidos. Entonces, cómo establecer la comparación entre la vida y la no vida? Cómo se puede afirmar que la vida sea mejor que la no vida? Decae claramente uno de los términos comparativos, al no poder ser percibido. Por lo tanto, el argumento, como consecuencia lógica, ha de decaer también. El argumento de políticas públicas está referido al decaimiento de los costos de ejercer la profesión médica, pues disminuirían las indemnizaciones que los facultativos se ven obligados a pagar, aligerando los seguros que los médicos deben suscribir y cuyos costos traspasan a precios que son, finalmente, soportados por los pacientes. Otro argumento, diferente al anteriormente expuesto, pero, en parte, con él relacionado, está referido a que la denegación de estas acciones constituye una barrera en contra de prácticas eugenésicas, contribuyendo a reforzar un cierto modelo de incapacidad que estigmatiza a las personas que las sufren, según STOLKER (14). Un tercer argumento está basado en el temor de que, de aceptar este tipo de acciones de wrongful life, los progenitores se vean demandados por su hijo, en la medida en que la madre, pudiendo abortar si fue oportunamente informada, no lo hizo, dando a luz a un niño con graves anomalías. Por lo general, las acciones de wrongful life son rechazadas, tanto a nivel estadounidense como europeo. Sin embargo, el problema es, en realidad, que el niño existe, y sufre con su existencia, y ello ha sido debido a la negligencia de otras personas que son las responsables y no se ve al menos, yo no lo veo por qué dichas personas no van a responder civilmente, en aras de otros argumentos, como la santidad de la vida, que no son relevantes a la hora de la determinación y delimitación de la responsabilidad. (13) DE LA MAZA GAZMURRI, Íñigo, «Plegarias atendidas: procreación asistida y wrongful life actions», en Daños en el Derecho de Familia, Thomson Aranzadi, (14) STOLKER, C., «Wrongful life: the limits of liability and beyond», en International Comparative Law Quaterly, vol. 43, julio,
14 Aurelia María Romero Coloma Examinemos detenidamente los argumentos en contra de las acciones de wrongful life, al objeto de poder, más tarde, exponer una teoría. EL RECHAZO A LAS ACCIONES DE WRONGFUL LIFE a) La vida como beneficio y no como daño La procreación es entendida como un valor social, e incluso ostenta un carácter de bendición o acontecimiento feliz. Estos principios se encuentran tras la mayoría de los argumentos que rechazan las acciones de wrongful life. Y, junto a estos argumentos, no se puede soslayar que el Derecho Positivo reconoce, de forma expresa, el bien derecho vida, otorgándole protección jurídica, lo que parece, en principio, apoyar la tesis de que la vida no puede ser considerada como un daño, sino como un beneficio. El artículo 15 de nuestra Constitución reconoce que la vida es un derecho fundamental de la persona, cuya protección se articula principalmente a través del ámbito penal arts. 138 a 146 del Código Punitivo. Por su parte, el Tribunal Constitucional, en sentencia de 11 de abril de 1985, declaró que la vida era un valor superior del Ordenamiento Jurídico constitucional, un valor fundamental, o un valor central, criterios éstos que, sin embargo, fueron criticados, en su día, por TOMÁS Y VALIENTE, al puntualizar que los valores que la Constitución señalaba como superiores eran tan sólo los recogidos en el artículo 1.1 de la misma. Estoy de acuerdo con TOMÁS Y VALIENTE, aunque quizá se podría matizar aún más: así, cómo puede calificarse la vida de «bien supremo» si en nuestro país se admite el aborto en determinados plazos y condiciones? Incluso se puede avanzar un paso más: desde el año 1978, los anticonceptivos están permitidos y su finalidad no es otra que impedir la concepción, o sea, evitar que surja la vida en el seno materno. En consecuencia, no puede hablarse del bien, o derecho a la vida como supremo, porque ese bien, ese derecho, es evitado en determinadas condiciones o situaciones. Luego, no es un bien absoluto. Estimo que la vida no puede ser protegida contra la voluntad de su titular, especialmente cuando esa vida significa padecer un sufrimiento continuo y extremadamente severo. Razones de humanidad y solidaridad me mueven a sostener esta teoría. b) La contradicción de la idea de la vida como daño con los valores del b) Ordenamiento Jurídico La caracterización de la vida como daño, aunque es difícil, es posible, y ello aunque contradiga valores que están fuertemente arraigados en nuestra sociedad. 2572
15 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... Desde mi punto de vista, hay que criticar el valor vida como valor absoluto. El reconocimiento del valor vida ha de depender, en buena medida, de valoraciones que nunca han de ser olvidadas o postergadas en pro de otras consideraciones, o en aras de una absolutización de la vida como derecho. Baste decir que los derechos tienen también sus límites. Pensemos en el derecho a la libertad de expresión (o de información). Es un derecho, pero tiene sus limitaciones, las cuales están más o menos definidas por la Jurisprudencia. Nadie podría pensar que la libertad de expresión sea un derecho absoluto. La vida tampoco lo es. Lo que sucede es que es más complejo establecer unos límites, unas matizaciones que sean válidas para todos y en todo momento. c) La teoría de la diferencia Según esta teoría, la noción de daño se extrae de una comparación entre el estado hipotético en que se encontraría la víctima, de no haberse producido el evento generador del daño, y el estado actual, constituyendo el daño la diferencia. Esta tesis fue elaborada por MOMMSEN y citada por PANTALEÓN PRIETO (15). En realidad, la dificultad de definir el daño, y traducirlo a términos económicos, se configura como el principal rechazo de las acciones de wrongful life, porque uno de los términos de la comparación, que es la no existencia, la no vida, no es cuantificable, ni es cognoscible, por lo que no puede emplearse como parámetro de valoración. Como ya expresé anteriormente, la no existencia no puede ser percibida, como tal, por los sentidos, con lo que la lógica consecuencia es que decae uno de los términos de la comparación. Sin embargo, ello puede ser soslayado si se admitiera que los términos de la comparación fueran los siguientes: la vida, de un lado vida entendida como beneficio, como bien y como derecho fundamental de la persona, y, del otro, la vida con anomalías, taras graves o enfermedades físicas y/o psíquicas penosas. En este supuesto habría que considerar que una vida en estas condiciones ya no es un beneficio. En igual sentido, cabría referirse a los daños morales del hijo nacido con estas deficiencias, y no centrar tanto la atención, ni la disputa doctrinal, en relación con los daños patrimoniales. Pensemos que los daños morales no son evaluables económicamente, pero sí pueden ser relativamente compensados. El problema, en realidad, se plantea desde el punto de vista de que hay que establecer una valoración respecto de la vida humana, pero ésta tiene un indudable valor económico en sí misma pensemos en las indemnizaciones que se otorgan, en el marco de la responsabilidad civil, por muerte (15) PANTALEÓN PRIETO, Del concepto de daño. Hacia una teoría general del Derecho de daños, tesis inédita, Universidad Autónoma de Madrid,
16 Aurelia María Romero Coloma de la víctima, y puede, y debe, ser indemnizada como daño moral. En este sentido, se calcularían los daños que conlleva vivir con defectos, con anomalías y/o taras, y vivir normalmente, sin esos defectos. A partir de esa comparación, se puede valorar el daño, o asignarle una cuantificación. La Jurisprudencia española no se ha opuesto abiertamente, pero tampoco ha corroborado la inclusión de estos daños dentro del marco del concepto de daño moral. Pero, como ha puesto de relieve Andrea MACÍA MORILLO (16), la posición del Tribunal Supremo, en relación con este tema, será, con toda probabilidad, contraria a la existencia de un daño moral por el sufrimiento derivado del hecho de vivir, pero ese rechazo no se produciría a partir de la negación de que este daño reclamado pudiera entrar en el concepto de daño moral, que el propio Tribunal Supremo afirma de una manera amplia, sino más bien por el obstáculo que supone el origen del cual surge este daño, que es el hecho de la vida. Con ello, ciertamente se excluye el daño, más no por una objeción al daño en sí, sino por otorgarle mayor importancia al origen del daño que al daño mismo. Sin embargo, como afirma esta autora citada, el niño discapacitado no reclama realmente por vivir, sino por vivir en unas determinadas condiciones que son especialmente penosas para él. Por tanto, el daño no es la vida, sino el hecho de vivir en las condiciones en que se encuentra. El origen del dolor por el que reclama se encuentra en las malformaciones, defectos, taras o enfermedades a las que se ve sometido, y que son incurables hoy en día. Lo que el niño no desea, o rechaza, por decirlo de un modo más fuerte, es la vida en esas dolorosas condiciones, una vida que le ha correspondido vivir como enfermo y discapacitado. En este punto es, por tanto, donde se plantea la cuestión de que la inexistencia sería mejor que la existencia. Pero sólo en esas condiciones, y no, desde luego, en otras. El propio conocimiento del niño sobre su enfermedad, el saberse diferente a los otros, es obvio que ha de dejar una profunda huella en su patrimonial psíquico, espiritual. Aquí cabría enumerar conceptos tales como pérdida de las alegrías de la vida, daño a la vida de relación, pérdida de la juventud o perjuicio juvenil (17), daño estético si la discapacidad conlleva deformidades visibles y permanentes, etc. Yo añadiría, asimismo, a este enunciado meramente ejemplificativo y no exhaustivo, el dolor y el sufrimiento que lleva aparejado la pérdida de la calidad de vida o, en términos más precisos, la ausencia de calidad de vida, ya que dicha pérdida no ha tenido nunca lugar, pues el niño viene al mundo ya con la discapacidad. (16) MACÍA MORILLO, Andrea, La responsabilidad médica por los diagnósticos preconceptivos y prenatales (las llamadas acciones de wrongful birth y wrongful life), Editorial Tirant lo Blanch, Valencia, (17) VICENTE DOMINGO, E., «El daño», en Tratado de Responsabilidad Civil, Editorial Aranzadi, Elcano (Navarra),
17 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... EL DAÑO AL MARGEN DE LA VIDA DEL NIÑO EN LAS ACCIONES DE WRONGFUL LIFE Es interesante destacar cómo la doctrina ha intentado depurar los obstáculos y dificultades que planteaban las acciones de wrongful life y, en concreto, el tema, problemático, relativo al daño, entendiendo que éste se produce con independencia, o al margen, de la vida del niño discapacitado. Hay que tener en cuenta que en las acciones de wrongful life, el presupuesto de las mismas también en las de wrongful birth es que el niño nace aquejado de un defecto, anomalía o tara grave e incurable. En este sentido, lo que se reclama es la reparación de ese daño que supone nacer en estas condiciones, en cuanto presupuesto de la responsabilidad del profesional sanitario que omitió la debida información sobre el estado de salud del niño, o al que le es imputable el falso negativo. El daño corporal puede ser definido como aquella lesión que afecta a la integridad física y psíquica de la persona, disminuyendo el bien salud. Tengamos en cuenta, a este respecto, que la salud es, asimismo, un derecho, ex artículo 43 de nuestra Constitución. Esta tesis parte de que la vida, por sí sola, no puede ser considerada como un daño, pero sí se puede admitir que se configure como daño en determinadas situaciones especiales, situaciones particularmente difíciles. Desde este punto de vista, a la hora de configurar el daño, se puede entender que éste lo constituye la privación a la madre gestante de la facultad de abortar. Pero más interesante aún es la tesis que mantiene que el daño se produce por lesión del «derecho a no nacer». Aquí, se parte de la idea no exenta de polémica de que todo ser humano tiene un derecho a no nacer, derecho que surgiría en aquellas situaciones en las que el futuro ser sufriera de defectos o de enfermedades que fueran a convertir su vida futura en insoportable. La actuación negligente del profesional sanitario impide a los progenitores optar por la interrupción del embarazo, lesionando directamente los derechos del niño, y esta lesión, así entendida, ha de ser indemnizada. Esta tesis contradice, sin embargo, el reconocimiento constitucional del bien «vida» y la protección dispensada a los nascituri. A este respecto hay que recordar la previsión contenida en el artículo 29 del Código Civil, cuando afirma que al concebido se le tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, surgiendo la duda en torno al concepto de «efecto favorable», aplicado a un derecho que consiste precisamente en no nacer. Pero el pretendido «derecho a no nacer» se encuentra en oposición con la proclamación del artículo 15 de la Constitución derecho a la vida, que, según el Tribunal Constitucional, y parte de la doctrina, no implica también el derecho a la propia muerte. 2575
18 Aurelia María Romero Coloma Pero la negación del derecho a la propia muerte arrastra consigo una negación de un derecho a no nacer. Sin embargo, para evitar las connotaciones negativas que el propio enunciado contiene, como negación de la vida, se ha tratado también de enunciarlo en positivo, como derecho a nacer sano, pretendiendo, de este modo, el encaje dentro del artículo 15 de la Constitución, aunque, desde luego, con ciertos matices eugenésicos: existe un derecho a la vida, pero sólo a la vida sana y en condiciones de salud. Pero la interrogante siguiente es: protege el artículo 15 de la Constitución solamente el derecho a nacer sano o, en otras palabras, el derecho a una vida sana? No parece que a esta interrogante pudiera responderse afirmativamente, porque el artículo 15 no distingue, sino que proclama la protección de la vida sin ningún tipo de condicionamiento o distinción entre distintos tipos de vida. El contenido exclusivo de dicho precepto constitucional no está constituido por el derecho a una vida sana, ya que lo contrario supondría una relativización y jerarquización de distintos tipos de vidas que no se admite en nuestro Ordenamiento Jurídico. Una de las teorías que también pueden ser analizadas, a la hora de plantearse la posibilidad de aplicar la teoría de la pérdida de oportunidades perte de la chance al supuesto de las acciones de wrongful life, es que se priva al niño de vivir una vida sana. Efectivamente, de no haber concurrido el comportamiento negligente del profesional sanitario, la producción, o no, del nacimiento habría dependido de la voluntad de la madre gestante, o de ambos progenitores, al adoptar una decisión sobre el aborto. Pero, lógicamente, esta decisión es completamente ajena a la voluntad del niño en cuyo nombre se reclama y, aunque no dependa del azar, sino de la voluntad de un sujeto, es indeterminada respecto del niño, por lo que, a juicio de MARTÍN CASALS y SOLÉ FELIÚ (18), sí ha de considerarse como verdadera oportunidad. LA FALTA DE LEGITIMACIÓN DEL NIÑO PARA RECLAMAR POR CUALQUIER DAÑO: PROBLEMÁTICA JURÍDICA Uno de los problemas más arduos en este tema tan complejo y delicado, se centra en el hecho de que, en cualquier caso, el niño no ostenta legitimación activa para reclamar por ningún daño cuyo origen se encuentre en un evento anterior al nacimiento. Pensemos que, en el momento en que se produce la negligencia del profesional sanitario, el demandante carecía de personalidad, por lo que no es posible, jurídicamente, que pueda reclamar por el daño que deriva del falso negativo. Es decir: el niño no pudo experimentar daño alguno como consecuencia de la actuación negligente, o del evento (18) MARTIN CASALS y SOLÉ FELIÚ, «Anticoncepciones fallidas e hijos no previstos», en 03/
19 Las acciones de wrongful birth y wrongful life en el Ordenamiento Jurídico... imputable al profesional. De otro lado, el niño tampoco era titular de ningún derecho que pudiera verse lesionado por el diagnóstico erróneo. En la doctrina española, en concreto, PANTALEÓN PRIETO ha criticado esta teoría (19), calificando el argumento de puramente conceptual y únicamente si se parte de que el daño requiere, como presupuesto, la lesión de un derecho subjetivo, se puede afirmar que, en estos casos, no hay daño o damnificado. Si la actuación del sujeto provoca materialmente un daño en el no nacido, o lesiona sus intereses protegidos, surgirá la responsabilidad. A juicio de PAN- TALEÓN PRIETO son, sin duda, daños las consecuencias negativas, patrimoniales y no patrimoniales, que van a derivarse para el niño de las taras con que nació por culpa del profesional sanitario. Las consecuencias se producirán cuando quien las sufre, o sufrirá, tiene ya personalidad jurídica y puede ser titular de pretensiones indemnizatorias. La actuación del profesional sanitario en el momento en el que el niño aún no ha nacido sienta las bases para un daño que se manifestaría, en realidad, una vez nacido éste. Es decir: es el nacimiento el presupuesto de la acción de wrongful life, sin perjuicio de que el daño se manifieste posteriormente. LA PROBLEMÁTICA DE LOS DAÑOS PATRIMONIALES EN LAS AC- CIONES DE WRONGFUL LIFE Por lo general, al rechazarse el concepto de daño por el hecho de vivir, la doctrina ni siquiera llega a plantearse las posibles consecuencias económicas que surgen para el niño discapacitado, derivadas, precisamente, de la discapacidad con la que nació. De todas formas, cuando el niño discapacitado reclama un daño patrimonial por el hecho de la vida discapacitada que se ve «obligado» a vivir, en cierto modo, se produce una separación respecto del daño por la propia vida, porque, en este supuesto, no alega que sería mejor no haber nacido algo que genera tantos y tan arduos problemas jurídicos que vivir discapacitado, sino que su alegación se limita a constatar que el hecho de padecer una grave enfermedad o anomalía, una tara o un defecto, le genera unos gastos cuantiosos, por los que solicita una indemnización al profesional sanitario al cual, subjetivamente, le es imputable el falso negativo. En este supuesto, el daño ya no va a consistir en la propia vida, sino en el gasto patrimonial derivado de la condición enferma del niño. Como puede observarse, en este supuesto, se dejan de lado los problemas que suscitaba la alegación de daños morales, obviando, con ello, gran parte (19) PANTALEÓN PRIETO, «Causalidad e imputación objetiva: criterios de imputación», en Centenario del Código Civil, vol. II, Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid,
20 Aurelia María Romero Coloma de las dificultades que, desde el punto de vista jurídico, se presentaban, y se hace referencia, con carácter exclusivo, al daño patrimonial. No obstante, tampoco está exento de problemas este supuesto, ya que la doctrina se ha mostrado en contra de la duplicidad de indemnizaciones, en cuanto que los progenitores recibirían una indemnización, de un lado, y el niño, de otro, otra indemnización. Cómo compatibilizar dos indemnizaciones por un solo daño? En la doctrina extranjera, GALLAGHER afirmaba que, cuando se concede a los progenitores la indemnización por los gastos especiales que el niño discapacitado requiere, no se ha de permitir la indemnización por tales gastos al niño (20). Este criterio es seguido por otros autores extranjeros (21). Pero, frente a este tesis, FABRE-MAGNAN estimó que no se produce en realidad, duplicidad entre ambos daños, porque al niño se le deben indemnizar las consecuencias de su discapacidad, y a la madre, por su parte, el daño correspondiente al gasto de educación más elevado (22), criterio éste de separación un tanto forzado y que no convence a la doctrina española de forma unánime (23). Para Andrea MACÍA MORILLO, efectivamente, hay que considerar que son los progenitores los que asumen los gastos de acuerdo con el art. 154 del Código Civil, con lo que ya no serían daños patrimoniales para el niño, o bien se considera que son asumidos por el propio patrimonio del niño y, que, por tanto, no son daños que hayan de ser indemnizados a los progenitores. Esta autora no ve duplicidad en ninguna de las dos hipótesis contempladas, ya que el daño sólo se va a concretar en el patrimonio de uno, u otro, damnificado. Y, si, por cualquier motivo, los gastos fueran compartidos, cada parte podría reclamar la cuantía de los gastos que efectivamente quedaren a su cargo. Lógicamente, la reclamación de un daño patrimonial por parte del niño discapacitado requiere que éste experimente un detrimento patrimonial como consecuencia de su condición enferma. Pero, si tenemos en cuenta la existencia de un deber de alimentos a cargo de los progenitores respecto del niño, conforme al cual éstos han de proveer a sus necesidades, parece que el detrimento patrimonial no se produciría sobre el patrimonio del niño, sino sobre el de los padres, y, como lógica consecuencia, serían los progenitores los que deberían ser indemnizados por daño patrimonial. (20) GALLAGHER, K., «Wrognful life: should the action be allowed?», en L.A.L. Review, (21) DEWITT ROGERS, «Wrongful life and wrongful birth: medical malpractice in genetic counseling and prenatal testing», en S.C.L. Review, (22) FABRE-MAGNAN, M., «Error de diagnóstico y minusvalía psíquica del hijo: cómo respetar el principio de la dignidad de la persona?» (traducción de Marzal), en Minusválidos psíquicos y derechos del hombre, Editorial Bosch, Barcelona, (23) MACÍA MORILLO, Andrea, «Sentencia del Tribunal Supremo, de 18 de diciembre de 2003», en Cuadernos Civitas de Jurisprudencia Civil,
RESPONSABILIDAD CIVIL MÉDICA POR PRIVACIÓN DE LA FACULTAD DE OPTAR POR EL ABORTO MEDICAL LIABILITY IN THE CASE OF THE LOSS OF THE FACULTY TO OPT FOR AN ABORTION Rev. boliv. de derecho nº 17, enero 2014,
Derecho y Cambio Social PARA AMPARAR LAS ACCIONES DE WRONGFUL BIRTH ES NECESARIO QUE EL ABORTO EUGENÉSICO SE ENCUENTRE PERMITIDO POR EL ORDENAMIENTO JURÍDICO. Juan Carlos García Huayama Fecha de publicación:

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 artículo 43
 artículo 29
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