Source: http://institutoyrigoyen.tripod.com/bilateralismo.htm
Timestamp: 2017-06-23 17:17:20+00:00

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D'ABERNON E YRIGOYEN.
UN PROLOGO AL BILATERALISMO ANGLO-ARGENTINO
Por Arturo O'Connell (Investigador Instituto del Servicio Exterior de la Nación).
1. Prólogo Es bien sabido que durante la década del '30, la República Argentina estableció acuerdos comerciales bilaterales que involucraban preferencias para las mercaderías - y a veces también las inversiones - de algunos países. De entre ellos el primero y el más importante fue el Tratado Anglo-Argentino de 1933, más conocido como Tratado Roca-Runciman.
Tanto los que cuestionan ese tratado - y sus secuencias - como los que lo alaban dan por sentado que, para bien o para mal, encuentra su explicación en las circunstancias que predominaban en la década del '30. En particular, se aduce que la crisis económica de esos años - que se habría iniciado con el derrumbe de Wall Street en octubre de 1929 - influyó para hacerle aceptar a la República Argentina un acuerdo que, en el mejor de los casos puede ser considerado como "mal menor", como una tabla de salvación en una situación desesperada. Algunos observadores agregan a lo anterior que, en septiembre de 1930, se había roto con las reglas constitucionales y que tanto el gobierno de facto del Gral. Uriburu como el "electo" de su sucesor el Gral. Justo - entre otras circunstancias bajo la prohibición a los Yrigoyenistas de presentar candidatos - al no ser representativos de la voluntad popular cometieron el atropello de beneficiar los intereses británicos y perjudicar los nacionales.
El presente trabajo se propone examinar un pacto anglo-argentino, el Convenio sobre Comercio y Crédito Mutuo de 1929 - más conocido como Convenio D'Abernon por el nombre del negociador británico - así como algunas otras negociaciones entre ambos países emprendidas entre 1928 y 1930. Como se podrá verificar, la iniciativa de las negociaciones así como la firma del acuerdo principal, y de otros de menor importancia pero que muestran facetas adicionales de la situación, ocurrieron bien antes del "crack" de Wall Street y, todavía, bajo el gobierno constitucional del presidente Hipólito Yrigoyen. En todo caso, si algo provocó la parálisis del Convenio fue el cierre del Congreso Nacional a raíz del golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 lo que impidió que el Senado discutiera el Tratado que ya contaba con la aprobación de la Cámara de Diputados.2
Ahora bien, tanto el Convenio D'Abernon como algunos otros acuerdos alcanzados en esos meses involucraban el otorgamiento de fuertes preferencias a los intereses británicos con respecto a los de otros países extranjeros, de productores locales o del mismo erario público. Por lo tanto, no habría sido necesario ni la crisis económica ni la interrupción de la vida constitucional del país para que se estableciera un tratamiento preferencial a los intereses británicos. La tendencia en esta dirección ya estaba en pleno auge en los últimos años de la década de los 20 y responde a las características de la inserción internacional de la República Argentina en aquella época así como a las modificaciones que venía experimentando la economía mundial en aquella primera posguerra.3 Pero la respuesta a estas circunstancias no es necesariamente unívoca. Los diversos intereses en juego, la opinión pública y los gobiernos pueden reaccionar de diversas maneras que no están estrictamente predeterminadas. Por lo tanto, las negociaciones emprendidas y los convenios internacionales acordados ofrecen una visión de circunstancias y orientaciones. La historiografía argentina sobre el Tratado D'Abernon no ha sido suficientemente precisa. De los pocos que se han referido al asunto, una mayoría ha cometido el error de tomar los pronunciamientos oficiales argentinos y el texto formal del tratado al pie de la letra. Y, en consecuencia, sacan la conclusión que se trató de una iniciativa pionera del presidente Yrigoyen que se habría adelantado a los tiempos proponiendo lo que aparentemente constituía un equitativo acuerdo de trueque de productos agropecuarios argentinos por material ferroviario inglés.4 En cambio, el examen de la documentación referida a la negociación, en particular la disponible en los archivos oficiales británicos, permite, sin lugar a dudas, concluir que se trataba de un pacto francamente unilateral de exclusivo beneficio para los intereses británicos.5 Se torna necesario, por lo tanto, intentar explicar por qué un gobierno que en otras materias había dado signos de conducir una política exterior independiente pudo aceptar - más aún como veremos tomar la iniciativa - de un acuerdo tan poco favorable a los intereses argentinos. En lo que sigue se procede a estudiar, primero, la iniciativa que condujo a la designación de una misión británica que visitaría la República Argentina y países vecinos. En segundo lugar, se examina las negociaciones que condujeron al texto del acuerdo. En tercer lugar, se analiza algunos aspectos de detalle del convenio que, sin embargo, permiten constatar y consagran su carácter desfavorable. Cuarto, se estudia el proceso de discusión pública, debate en el Congreso y el destino final del Convenio. Y, por último, se examina algunos otros asuntos materia de negociaciones en ese período entre la República Argentina y el Reino Unido. DT0029b 2. El Convenio D'Abernon-Yrigoyen
El 24 de mayo de 1929 era designada una Misión Económica de Gran Bretaña con destino a la Argentina, Brasil y Uruguay. Estaba encabezada por Lord D'Abernon.6 "La Misión - decía el anuncio del "Board of Trade" - estudiará las relaciones industriales, comerciales y financieras de Gran Bretaña con los dos países (la Misión oficialmente, sólo visitaría la Argentina y Brasil) con miras a su desarrollo en el interés común".7
La visita a esos países se hizo efectiva durante los meses de agosto y septiembre del mismo año. Durante su permanencia en América del Sur sus miembros se ocuparon activamente en realizar negociaciones con las autoridades y mantuvieron conversaciones con representantes de intereses privados que condujeron - en el caso de la Argentina - a la firma de un Proyecto de Convenio sobre Compras y Crédito Recíprocos, así como a varias otras medidas relativas a los intereses británicos en la Argentina.
A continuación consideraremos primeramente los pasos que llevaron a la designación de la Misión y los antecedentes de las negociaciones.
2.1. El origen de la iniciativa
En el Mensaje Presidencial al Congreso Argentino, sometiendo para su aprobación, a fines de 1929, el Proyecto de Convenio entre la República Argentina y el Reino Unido se manifestaba: "Poco después de ocupar mi cargo el embajador de Su Majestad Británica solicitó mi atención sobre el deseo de su gobierno de enviar a nuestro país una misión especial de carácter económico, con el fin de intensificar y estrechar aún más los vínculos que nos unen desde hace tiempo".8 Y el mismo embajador de Su Majestad Británica - Sir Malcom Robertson - a su llegada a Inglaterra después de haber renunciado a su cargo en Buenos Aires, declaraba a la prensa: "Solicité que la misión de Lord D'Abernon fuera enviada a la Argentina...".9
Sin embargo, no fueron ni el embajador ni el gobierno británicos quienes tomaron la iniciativa de enviar la Misión. Una nota que Sir Malcom dirigió a Austen Chamberlain, en el "Foreign Office", revela que la iniciativa se habría originado en el gobierno argentino. En esa nota el embajador informa sobre "...una conversación que mantuvo con el Senador Molinari que es amigo personal y está entre los asesores privados del Presidente Yrigoyen. La conversación se refería a las medidas que podrían adoptarse para mantener y desarrollar nuestro comercio con la Argentina. Durante la conversación Molinari sugirió muy formalmente que "nos convendría enviar una delegación de dos o tres industriales importantes, encabezada por una persona distinguida y conspicua y prometió que dicha delegación tendría inmediatamente acceso al Presidente y podría discutir autorizadamente con él, toda la cuestión de las relaciones comerciales, industriales y financieras anglo-argentinas".10
Yrigoyen era conocido por sus inclinaciones nacionalistas y había basado su carrera política en fustigar el denominado "régimen" instituído por los líderes políticos desde fines del siglo XIX, que se apoyaba en el predominio económico de los intereses de los terratenientes y exportadores en estrecha sociedad con los intereses británicos.11 Diego Luis Molinari, por otra parte, como Subsecretario de Relaciones Exteriores durante la primera Presidencia de Yrigoyen, había sido el artífice de la política de neutralidad argentina durante la Gran Guerra - frente a las presiones para que el país se plegara a la Alianza de Francia y Gran Bretaña - y uno de los representantes más conspicuos del nacionalismo. ¿Qué motivos podían haber incitado a estas dos personalidades a alentar al gobierno británico a incrementar sus vínculos con la Argentina, dada la estrecha conexión que tenían sus enemigos políticos con los intereses británicos? Parece plausible encontrar la respuesta en su actitud hacia la creciente influencia estadounidense. Una vez más viene en nuestro auxilio el embajador británico: "...el actual gobierno argentino experimenta un franco temor por la penetración económica norteamericana, temor que es compartido por la mayoría de la opinión pensante argentina. Las razones saltan a la vista: ...La Doctrina Monroe, la intervención armada en América Central, las Antillas, el caso del reconocimiento de Panamá: ninguna de estas cosas han sido olvidadas, especialmente si se las asocia con la opinión expresada por el gobierno de Coolidge que el capital estadounidense tiene derecho a ser protegido. La política arancelaria de los Estados Unidos, que afecta tan de cerca a este país, sólo sirve para exacerbar aún más los ánimos. El temor por el poder del dólar norteamericano y el haber tomado conciencia de la decadencia económica de la Europa arruinada, ha aumentado el malestar general".12 Esa "mayoría de la opinión pensante argentina" tal como se expresaba en un artículo de fondo de La Prensa, del 13 de mayo, creía que "... esas medidas de la República Norteamericana, que violan la soberanía de países débiles, crean un ambiente no tan cordial como debía serlo hacia ese gobierno, aún entre países como la Argentina que no tienen nada que temer en ese aspecto. Adicionalmente, en esos años, se estaba produciendo un claro avance estadounidense en la economía argentina. Desde 1925, las importaciones desde EEUU eran las mayores, la colocación de títulos se efectuaba casi exclusivamente en Nueva York, se instalaban numerosas fábricas de propiedad estadounidense y la Standard Oil buscaba obtener concesiones de yacimientos en el norte del país. Por último, varias empresas de servicios públicos - originalmente de propiedad británica - habían pasado a manos estadounidenses (p.ej. la compañía telefónica) y se rumoreaba que algo similar estaba por ocurrir con algunas de las compañías de ferrocarriles.13 Al parecer, entonces, Yrigoyen, buscando un contrapeso a la expansión norteamericana, había dirigido su atención hacia Gran Bretaña; tal como lo manifestara un funcionario del "Foreign Office": "Yrigoyen está tratando de utilizarnos disimuladamente como instrumento en su juego contra los norteamericanos".14 Más aún, en ese juego estaba respaldado por la opinión pública ya que "... sentían confianza por el capital británico puesto que lo han conocido desde hacía años y porque nosotros nunca hemos usado el garrote, ni siquiera una vara pequeñita en su servicio".15 La reacción de Yrigoyen con respecto a los EEUU lo llevó a confluir con la actitud de la Sociedad Rural Argentina que había adoptado - levemente modificado - el "slogan" acuñado por el embajador británico, a saber, "Comprar a quien nos compra", una apenas disimulada fórmula destinada a justificar el otorgamiento de un trato preferencial a los productos británicos. En el Congreso Nacional, en esos años, se presentaron varios proyectos de revisión de los tratados comerciales a fin de quedar con las manos libres para el otorgamiento de preferencias.16 Existían también otras razones más inmediatas. En diciembre de 1928, Herbert Hoover, en ese momento Presidente electo de los Estados Unidos, había visitado la Argentina durante su gira de "buena voluntad" por América del Sur. Aunque anunciando para el futuro una apertura del mercado norteamericano hacia los productos argentinos, se había rehusado cortésmente a considerar las propuestas de los representantes de la Sociedad Rural Argentina en el sentido de levantar la proscripción sobre las carnes argentinas y disminuir los aranceles aplicados a otros productos del país. Al mismo tiempo, la posición de Hoover con respecto al intervencionismo norteamericano no había sido lo suficientemente clara para satisfacer las inquietudes de Yrigoyen. En resumen, la iniciativa de proponer una misión comercial británica fue tomada por el gobierno argentino del Presidente Yrigoyen a las pocas semanas de haber asumido (el 12 de octubre de 1928) y bien antes de cualquier indicio de la Depresión que habría de caracterizar la década siguiente. El contexto era el de la intensa rivalidad entre intereses estadounidenses y británicos en la Argentina y el de la campaña por el otorgamiento de preferencias a Gran Bretaña. 2.2. La designación de la Misión D'Abernon y sus motivos en Gran Bretaña
El embajador británico, que había estado desarrollando esa activa campaña en apoyo del comercio británico, se hizo eco de la sugerencia del Senador Molinari y la apoyó en forma muy entusiasta.17 Y el gobierno de Su Majestad Británica también encontró que se trataba de una excelente idea. En opinión de los círculos oficiales británicos, la Argentina era una economía en rápida expansión, el país clave de América del Sur en el que, además, al igual que en Brasil y Chile se mantenía la supremacía económica británica y que, adicionalmente, había demostrado oponerse a la hegemonía estadounidense.18 En las palabras del Director del "American Department" del "Foreign Office": "en esencia, la Misión es una iniciativa para neutralizar la competencia de los EEUU".19
En consulta entre los distintos departamentos del gobierno británico, se decidió, por lo tanto, enviar la Misión y que Lord D'Abernon era la persona indicada para estar a su frente. Los principales objetivos de la Misión - tal como los planteó el "Foreign Office" serían:
a) publicitar en la Argentina productos de la industria británica, y
b) a la vez hacer conocer a los círculos comerciales e industriales británicos en el país las perspectivas en la Argentina, y los cambios que sería necesario introducir en los métodos de producción y ventas para que ese mercado sumamente valioso no se nos escape gradualmente."20 El embajador británico en Buenos Aires, que recibió instrucciones de consultar con el Presidente Yrigoyen acerca del envío de la Misión, al ser recibido por éste el 15 de mayo, se encontró con que: "Su Excelencia replicó reiterando sus sentimientos de amistad y los de sus conciudadanos hacia Gran Bretaña. Lo único que lamentaba era no poder hablar inglés - "me gustaría que todas las semanas viniera aquí una misión británica" - dijo y me aseguró que Lord D'Abernon sería recibido con toda cordialidad. A mi pregunta de si había alguna cuestión o proyecto particular que querría que estudiara la Misión, respondió con una negativa pero insistió en que él y su gobierno harían todo lo posible por ayudarla "algo que no hubiera prometido si la misión viniera de cualquier otra parte" agregó en forma bien significativa".21 En Londres, se produjeron fuertes discrepancias, sin embargo, con respecto a los objetivos de la Misión. Los comerciantes británicos en Buenos Aires pretendían que se ocupara de una serie de asuntos aduaneros, impositivos y legales de menor importancia que los aquejaban. El embajador británico, en cambio, tenía en mente algunos objetivos más ambiciosos: "...atacar el monopolio estadounidense del automóvil y la maquinaria agrícola". Robertson también quería que se discutiera la participación británica en obras públicas y la cuestión de los subterráneos de Buenos Aires.22 Pero, sobre todo, preocupaba al embajador las cuestiones referidas a los FFCC, a saber, la obtención de mayores contratos de los FFCC del Estado y la amenaza al control británico de las compañías privadas. Sir Malcolm, coherente con la campaña por el otorgamiento de preferencias a los productos británicos, también planteó este asunto, lo que suscitó una oposición cerrada de las autoridades británicas todavía convencidas de la no discriminación como regla de la política comercial más sana. 2.3. La Misión en Buenos Aires y la campaña por el tratamiento preferencial a los productos británicos
La Misión D'Abernon llegó a Buenos Aires el 20 de agosto acompañada por el embajador británico que había ido a recibirlos a Río para venir con ellos.23
La recepción no pudo ser mejor. Se había arreglado para el día siguiente una audiencia con el Presidente de la República. Lord D'Abernon leyó un discurso en el que se expresaba: "No es exagerado decir que fuera de las fronteras del Imperio Británico, no existe pueblo en el mundo por el que en Gran Bretaña se sienta mayor simpatía que por el pueblo argentino" y en su respuesta Yrigoyen dijo: "...en la Argentina se tiene el mismo sentimiento hacia Gran Bretaña...". "Después de eso, él, Yrigoyen, se prodigó en expresiones de apoyo a la Misión".24
Los diarios también habían tributado una acogida favorable. "La prensa de Buenos Aires dió realce en todas formas a la llegada de la Misión y su tono ha sido de satisfacción amistosa por su arribo". En opinión del embajador "...la Misión ha comenzado sus tareas bajo los mejores auspicios posibles, así como con un afán y entendimiento sumamente alentadores y hasta inspiradores".25
En los días siguientes, Lord D'Abernon se dedicó en una serie de discursos a propiciar el tratamiento preferencial hacia Gran Bretaña blandiendo la amenaza de la posible instauración de la "Preferencia Imperial". Ante la UIA conocida por sus posiciones proteccionistas, por ejemplo, se pronunció: "...es esencial para el país mantener abiertos los mercados extranjeros a los que esos productos (agrícolas) se envían. Es especialmente importante que no se limite el libre acceso, que actualmente existe, al gran mercado inglés. Reitero lo que dije anteriormente; que el mantenimiento de la libertad en Inglaterra depende en gran medida de Vuestra acción". Y, agregaba para precisar más la idea: "La antigua seguridad que despertaba la cláusula de "Nación Más Favorecida" está desapareciendo rápidamente y las naciones empiezan a comprender que el término "Nación Más Favorecida" no significa nada excepto el hecho que no se favorece a ninguna. Mi propio pronóstico es que en el futuro se propenderá a comprar a aquellos países que nos compran y me complace que este lema haya obtenido ese apoyo popular en la República Argentina".26
Las reacciones que esto provocó no tardaron en manifestarse y a criterio de Lord D'Abernon eran, en un porcentaje abrumador, a favor. "La recepción de la Misión Económica ha sido digna de mención y justifica plenamente las previsiones de Sir M. Robertson. La cordialidad ha sido tal que no tiene parangón con la tributada en dominio o colonia británica alguna. Existe un deseo genuino de dar preferencia a Inglaterra en materia financiera y comercial si les ofrecemos algo así como igualdad de términos por igualdad de servicios" (subrayado por el autor).27
"La Prensa" del 26 de agosto, citando el discurso que pronunció Lord D'Abernon en el banquete de la Cámara de Comercio Británica, se refirió a la falta de perspicacia de los propiciadores del proteccionismo que en 1923 habían obtenido un aumento del 60 % en los derechos aduaneros, "...medida que había sido tan perjudicial para las exportaciones argentinas como seguramente lo era para las importaciones británicas". "¡Si la medida hubiera sido cuidadosamente estudiada seguramente se hubiera hecho una excepción a favor del comercio británico!".28 El Buenos Aires Herald señalaría al día siguiente los peligros a los que estaba expuesta la Argentina: "...Puesto que depende - si no exclusivamente por lo menos en gran medida - de la buena voluntad de Gran Bretaña de continuar comprando". Pero, por otra parte, como observó el mismo periódico dos días después: "...erigir una barrera arancelaria contra la Argentina sólo redundaría en pérdidas para los actuales inversores británicos en ese país y pérdida de ventas en la Argentina de mercaderías de origen británico y aumentos del costo de vida en Inglaterra. Pasará un largo tiempo antes que los tenedores de valores mobiliarios argentinos y los trabajadores británicos se unan para llevar a cabo ésto. "El Mundo", como observó el embajador "publicó un artículo muy cordial"29. Y nuevamente el Buenos Aires Herald opinó que siempre existía la posibilidad, si la situación de Gran Bretaña empeorara, de que ésta adoptara la "Preferencia Imperial" o el libre comercio dentro del Imperio. El periódico opinaba que Lord D'Abernon había visto ceñirse las nubes de tormenta en el horizonte y que esa nota amistosa de advertencia no significaba ni una amenaza ni una fanfarronada. La insinuación hecha era un esfuerzo por convencer a los amigos argentinos de no seguir una política que podía muy bien llevarlos por el camino de la ruina. Gran Bretaña podría llegar a sufrir sólo hasta cierto límite. ¡En cambio las consecuencias para la Argentina serían desastrosas!.30 2.4. El Convenio; el principio de las "compras en bloque"
Después de una serie de entrevistas con representantes de distintos intereses británicos en la Argentina, así como con unos pocos ministros, la Misión se dedicó a negociar un acuerdo concreto. Unos días después, al partir de Buenos Aires para Rio de Janeiro, Lord D'Abernon entregaría un mensaje para The Times. "Los resultados de la Misión Británica en la Argentina no sólo son satisfactorios sino sorprendentes, en todo caso me han sorprendido a mí".31 ¿A qué se refería nuestro visitante? El 29 de agosto Lord D'Abernon fue recibido por el Presidente Yrigoyen. Fue en realidad la primera reunión que mantuvo después de la de su llegada. Lo que sucedió en esa entrevista no ha quedado documentado. Pero sin que hubiera tenido lugar ninguna nueva reunión, el embajador escribió un despacho dos días más tarde. Se hace allí referencia a un artículo publicado por La Época que había subrayado: "...el beneficio para ambas partes en las circunstancias especiales de ese momento" del Acuerdo sobre el Trigo de 1917 al que había hecho alusión Lord D'Abernon en su primer discurso pronunciado ante el Presidente". En virtud del Convenio sobre el Trigo de 1917 la Argentina - un país neutral - había prestado ayuda a los Aliados financiándoles la compra de la cosecha argentina. Era la época del primer período presidencial de Yrigoyen y el mismo periódico le atribuye esa "iniciativa propia de un estadista". El embajador, sin embargo, observa "como ya saben la propuesta original vino de los Aliados". Y luego el embajador acota: "Esto resultó de interés para mostrar que estaba preparado el terreno para la renovación de un acuerdo de ese tipo en la forma modificada de compras en bloque que a criterio de Lord D'Abernon el Presidente se había mostrado tan dispuesto a considerar."32 De lo anterior no resulta difícil deducir que en la entrevista se planteó la cuestión de un acuerdo y que Yrigoyen la apoyó bajo la forma de "compras en bloque". Pero, ¿qué eran esas compras en bloque? ". Lord D'Abernon le explica en un telegrama al Presidente del "Board of Trade": "... con respecto a las conversaciones sobre compras en bloque que han tenido lugar aquí, el Presidente estaría dispuesto a autorizar la firma de un acuerdo con Gran Bretaña...Los Ferrocarriles Argentinos del Estado comprarían durante los próximos dos años el grueso del material que necesiten a Gran Bretaña. La Argentina pagaría esas compras con un monto equivalente en cereales y carne argentinos" (subrayado por el autor).33 Por lo tanto el convenio parecía reducirse a un trueque directo de productos británicos por productos argentinos de un valor equivalente. Pero ya en esa etapa esa aparente equidad del trato había sido seriamente menoscabada. El informe sobre la primera reunión que mantuvieron los miembros de la Misión con Claps el 29 de agosto - mientras D'Abernon tenía la audiencia con Yrigoyen - dice que Claps "... había estado ... tratando de formular un proyecto en virtud del cual las compras de los Ferrocarriles Argentinos del Estado pudieran hacerse en Inglaterra. El gobierno tiene previsto gastar 5.000.000 de libras anuales durante los próximos dos años, y se llevaron a cabo conversaciones con el objeto de buscar una fórmula mediante la cual en el caso de que esas compras se efectuaran en Gran Bretaña pudieran asignarse a cambio de compras de carne y cereales.34 Por lo tanto, detrás de un convenio aparentemente equitativo surgían dos cuestiones peculiares. Primero, debía formularse un plan "por el cual pudieran hacerse en Inglaterra las compras de los Ferrocarriles Argentinos del Estado". Segundo, las compras argentinas de material ferroviario sólo "se asignarían a cambio de compras británicas de carne y cereales". El significado de esas salvedades surge más que claramente del telegrama precitado enviado por D'Abernon al Presidente del "Board of Trade". "... Los Ferrocarriles del Estado... se abastecen, ahora, totalmente de fuentes extranjeras. No hay aparentemente posibilidad que en ausencia del convenio sugerido, los fabricantes ingleses obtengan esos contratos en competencia abierta, donde el precio es el único factor determinante" (subrayado por el autor).35 Más aún, como señaló D'Abernon "... se sobreentiende que los cereales y otros productos comprados por Gran Bretaña formarían parte del suministro normal"; es decir que las compras hechas por la Argentina simplemente serían asignadas a cambio de las compras que Gran Bretaña hubiera realizado de todos modos" (subrayado por el autor).36 La campaña para otorgar tratamiento preferencial a la industria británica había alcanzado pleno éxito. El motivo de la posición del gobierno argentino quedó aclarado en el telegrama enviado por el embajador, ese mismo día, en apoyo de la propuesta de D'Abernon. "El argumento de peso es que la Argentina debe mantener a toda costa la entrada libre de derechos de productos argentinos al Reino Unido. Para conseguir esto se ofrecieron facilidades a las importaciones británicas en una u otra forma".37 Aunque esperando la respuesta del gobierno británico a la propuesta de convenio, la Misión prosiguió sus actividades en Buenos Aires. En una entrevista con el Ministro de Agricultura el 3 de septiembre, el Ministro conversó con la Misión acerca del discurso que había pronunciado en ocasión de la inauguración de la Muestra Anual de la Sociedad Rural el sábado anterior. Explicó el Ministro, que en ese discurso "... había bosquejado la política de su gobierno...su política económica estaba orientada hacia el intercambio directo entre los dos países y el gobierno pensaba en la posibilidad de concluir un acuerdo sobre importantes intercambios en bloque". Y a su criterio: "no era necesario limitar la propuesta a material ferroviario, pero esto bastaría en un principio; el intercambio podría realizarse sobre la base de muchos otros artículos, especialmente maquinaria agrícola".38 Yrigoyen y su gobierno, a pesar del carácter unilateral del pacto estaban evidentemente ansiosos por concluirlo. En una entrevista que mantuvo con Lord D'Abernon al día siguiente "... El Presidente...reiteró su deseo que se adoptara el principio del intercambio en bloque de materias primas contra productos manufacturados".39 La respuesta del gobierno de Su Majestad llegó el 6 de setiembre y era en un todo favorable a la idea de concluir tal acuerdo. Las instrucciones decían: "... si es así, el principio del acuerdo propuesto se aprueba sujeto a un acuerdo sobre los detalles..."(subrayado por el autor).40 Volveremos a ocuparnos más adelante de este telegrama para ver a qué se refiere y qué se entiende por "detalles". Como resultado de esto, el día siguiente, la Misión comunicaría a Yrigoyen que "...el gobierno de Su Majestad había aceptado el principio de compras recíprocas ..." e Yrigoyen respondería "ha sido un gran placer para mí recibir su mensaje en el que me informa que el gobierno de Su Majestad Británica acepta el principio de compras recíprocas que he propuesto".41 Una vez más, no cabe la menor duda que el promotor del "principio" del acuerdo no había sido otro sino el mismo Yrigoyen. Una diferencia poco importante de último momento había surgido con respecto a la publicación del convenio bajo su forma de proyecto, es decir, antes que se hubieran negociado los "detalles". Yrigoyen quería proceder a su inmediata publicación en tanto que el "Foreign Office" se oponía mientras no se hubiera consultado a los sectores interesados con respecto a esos "detalles".42 Pero la publicación no pudo impedirse. Yrigoyen estaba decidido a que debía realizarse. El embajador explica su actitud en un telegrama en el que insta al "Foreign Office" a que permita la publicación. "La actitud del Presidente, a quien conozco bien, refleja su deseo de ofrecer al mundo una muestra cabal de la amistad de la República Argentina con Gran Bretaña. Los detalles cuentan poco para él. Está sumamente inquieto que la Misión parta sin que quede una prueba pública que algo se ha concretado. Me inquietaría mucho que se desalentara su insistente y declarada simpatía con una nueva negativa a publicarlo inmediatamente de acuerdo con sus deseos".43 No hay duda, por lo tanto, de que Yrigoyen era el más decidido de todos en firmar el acuerdo. Al día siguiente el texto completo del proyecto de acuerdo y de los mensajes intercambiados aparecía en una edición extraordinaria publicada a última hora de la tarde por el periódico cercano al gobierno, La Época, que de esa manera, desde el punto de vista periodístico se adelantó con esta primicia sensacional, a todos los demás periódicos".44 2.4.1. Comentarios acerca del proyecto de Convenio
Ya hemos recordado la complacida sorpresa que al partir de Buenos Aires manifestara Lord D'Abernon al corresponsal del The Times. El mismo diario comentaría al día siguiente, en un artículo de fondo titulado "Intercambio anglo-argentino": "... él (Lord D'Abernon) considera los resultados obtenidos en la Argentina no sólo satisfactorios sino sorprendentes, expresión a la que sólo puede dársele la interpretación más lisonjera, al provenir de esa fuente."45 Y, un funcionario del "Foreign Office" anota, en esos días, en el expediente: "si el ejemplo argentino es seguido por otros países o hasta por nuestros 'Dominios', se comprobará que el acuerdo puede llegar a hacer época".46
El Primer Ministro británico confirmó la opinión de los funcionarios: "Verdaderamente el éxito de la misión superó todas las expectativas. La Misión ha inaugurado una nueva era en nuestras relaciones, tanto políticas como económicas...".47
El embajador británico viene una vez más en nuestra ayuda con una visión muy explícita de la actitud de Yrigoyen: "La persona más importante de esta parte era, por supuesto, el Presidente. La clave para él, tal como lo descubrí quince meses atrás en la primera entrevista que tuvimos, cuando era Presidente electo, es que es un idealista que a veces apenas tiene los pies puestos sobre la tierra. Por muchas razones, la mayoría de las cuales he explicado en diversos despachos, se convirtió el año pasado en un convencido y leal amigo nuestro. Lo he visto tan a menudo que confía en mí tanto como yo confío en él. Todo lo que desea hacer en materia internacional es ayudarnos, dentro del alcance de sus posibilidades, a nosotros y a nuestros desocupados, en la medida en que no perjudique los intereses de las industrias y clases trabajadoras de su propio país".48 Y continúa en una carta al editor del The Times: "Lo que interesa es conseguir pedidos para la industria británica. En este momento el Presidente es absolutamente todopoderoso, y es primordial que no hagamos ni digamos nada que pueda ponerlo en contra nuestro. Siempre he cultivado su amistad desde que subió al poder (¡En realidad empecé antes!) y actualmente mantenemos relaciones sumamente cordiales. Es marcadamente pro británico por simpatía y convicción como lo demostró en forma harto evidente el extraordinario éxito de la Misión D'Abernon. La gente sigue todavía algo estupefacta por la recepción más que cordial que les tributó. Su demostración de complacencia por la llegada de la Misión fue una actitud muy poco común en él y personalmente hizo una cantidad de pequeñas cosas que no hubieran sorprendido en el caso de otra persona, pero que resultaban simplemente asombrosas en su caso y que dieron mucho que hablar. No hay prácticamente nada que no podamos hacer con él si lo manejamos cuidadosamente y nos grabamos en la mente que es un idealista y un argentino patriota. En la esfera internacional es pro británico por la simple razón que admira nuestra integridad, valora lo que hemos hecho por su país y sabe que nosotros somos los que ponemos la manteca en el pan argentino. Una y otra vez, durante las negociaciones del Convenio dijo: (esto es para su información y la de sus colaboradores, no para publicarlo) 'Me importa un bledo los detalles de esa Convención. Firmaré todo lo que Uds. acuerden. Quiero que esto sea un signo de apoyo moral a Gran Bretaña, una demostración palpable de los sentimientos de amistad de este país hacia ustedes. Quiero publicarlo antes que la Misión deje estas costas, para que todo el mundo pueda enterarse que han obtenido algo concreto'" (subrayado por el autor).49
El cónsul general de los EEUU en Buenos Aires nos recuerda: "...los líderes de este gobierno son tan decididamente contrarios a todo lo que sea norteamericano y...este sentimiento y resentimiento es tan profundo que están dispuestos a entrar en acuerdos que aparentemente no representan ventaja alguna para su país - en realidad que pueden significar una definida desventaja - con tal de hacer un gesto contra los EEUU".50
El "signo de apoyo moral hacia Gran Bretaña" de Yrigoyen había dado por resultado un "... Proyecto de convenio que en realidad significa un regalo de ocho a nueve millones de libras esterlinas para nuestras industrias sin ventajas aparentes para la Argentina ..." (subrayado por el autor)..51
En la Argentina la mayoría de los comentarios, también, parecían ser favorables pese a que como se ha visto el Convenio distaba de ser equitativo. En general, las reacciones de la prensa de Buenos Aires fueron favorables en lo que respecta al convenio. Todos los diarios se mostraron de acuerdo con el "principio" pero dejaron debidamente sentado el hecho que implicaba un tratamiento preferencial para Gran Bretaña. Esta preferencia, sin embargo, era en opinión de ellos plenamente justificable por la importancia del acceso al mercado británico y como castigo a la política proteccionista estadounidense.52 Sin embargo, los estadounidenses, muy seguros de sí mismos, no estaban dispuestos a preocuparse mucho. En respuesta a los artículos publicados en la prensa estadounidense donde se decía "La campaña de Gran Bretaña para vender mayor cantidad de mercaderías a América Latina y la Misión de D'Abernon están causando mucha inquietud en los círculos comerciales de los Estados Unidos", el Agregado comercial de los Estados Unidos en Buenos Aires envió al "Bureau of Foreign Commerce" en Washington, D.C. un cable donde descartaba condescendientemente todo el asunto. "... la publicidad local y las conversaciones relativas a los métodos británicos y norteamericanos, resultantes de la misión han sido en su conjunto una publicidad muy buena para nosotros... (yo) creo que deberíamos considerar la misión D'Abernon en forma benévola y tomarla como una competencia comercial absolutamente justa y amistosa, llamando la atención, si se lo considera adecuado, sobre la necesidad que tiene Inglaterra de mantener su comercio de exportación si quiere continuar siendo nuestro mejor cliente".53 Esta fue toda la reacción por la parte norteamericana a la sagaz iniciativa de Yrigoyen de favorecer a los ingleses para presionarlos. Estados Unidos confiaba más que nunca en su ascendiente imbatible sobre el mercado argentino y en que cualquier aumento de menor cuantía en las exportaciones de Inglaterra, redundaría, de todos modos, en forma indirecta, en un aumento de sus propias exportaciones a Gran Bretaña al mejorar la capacidad de importación de este último país. La disposición de ánimo de los comentarios de la prensa, cuando se tomó conciencia de los verdaderos términos del acuerdo, estuvo lejos de ser tan favorable como con respecto al "principio" de otorgar tratamiento preferencial a Gran Bretaña. Se criticaba tanto el sentido mismo del acuerdo como la constitucionalidad del procedimiento aplicado. Por ejemplo La Prensa en el ya citado artículo de fondo titulado "Una buena política, pero dudosamente aplicada" decía: "Comprar a Inglaterra en la forma vaga en que está redactado el convenio podría significar el pago de una contribución en favor de las fábricas británicas con respecto a la compra de materiales hecha por la nación. Por otra parte es difícil ver qué productos podría comprar el gobierno británico que no hubiera comprado de no existir tal acuerdo". Y La Nación de ese mismo día decía que la forma de concluir el convenio constituía una subversión de la idea republicana en cuanto al control del Poder Ejecutivo sobre cuestiones financieras. Y pasaba a citar la Constitución para demostrar que únicamente el Congreso podía aceptar empréstitos en nombre del país. Además, se corría la voz que ninguno de los ministros se había enterado de la transacción y que todo había sido hecho en forma personal entre el Presidente y Lord D'Abernon. Se sostenía que la aprobación del Congreso era esencial y que no hubiera sido difícil de conseguir.54 Otra reacción interesante frente al Convenio fue la que se suscitó entre los comerciantes británicos en Buenos Aires. El cónsul estadounidense informa que éstos se quejaban que sus problemas no habían recibido atención alguna. Y que, una vez más, sólo las cuestiones referidas a los FFCC habían concentrado la atención del gobierno británico.55 En Londres un funcionario del "Foreign Office", al comentar esas reacciones, decía: "El Acuerdo no sin motivo ha recibido cierta cantidad de críticas de la prensa argentina debido a la ventaja unilateral para Gran Bretaña y la forma inconstitucional en que fue concluido (subrayado por el autor).56 2.5. La negociación de los "detalles"
Al comentar la firma del acuerdo el The Times Trade and Engineering Supplement del 20 de septiembre, manifestaría: "...prácticamente sólo el principio de la negociación fue establecido, siendo su ejecución práctica un asunto que requerirá probablemente una cuidadosa consideración y una hábil planificación por ambas partes".
El 8 de noviembre se firmaría un acuerdo definitivo después de su "cuidadosa consideración".57 Esta forma final del acuerdo y las negociaciones que la precedieron revelarían en forma aún más clara una cierta unilateralidad del Convenio. Que al menos entre algunos había conciencia de este hecho queda muy bien demostrado por las expresiones de un importante líder de la oposición: "... la comparación entre las bases del acuerdo... y el texto real del acuerdo - tal como fue incluido en el "Diario de Sesiones"- dará a conocer a los diputados que las pocas modificaciones introducidas no hacen más que acentuar y en forma categórica, el aspecto de la cuestión que he tratado de hacer explícito".58
Recordemos los términos del telegrama por el que D'Abernon recibió del gobierno Británico instrucciones de firmar el Acuerdo. El texto completo del telegrama, citado más arriba sólo en parte, decía: "Se entiende que las compras de productos agrícolas argentinos contemplados en el acuerdo propuesto sobre compras recíprocas serían efectuadas por personas vinculadas con estos negocios como parte de sus actividades habituales, incidiendo los arreglos propuestos sólo sobre la forma de pago. Aunque el gobierno británico en efecto garantizaría compras hasta un monto de aproximadamente 5.000.000 de libras en un período de dos años, no le sería exigido que comprara nada de todo ese monto de productos agrícolas. En este caso, el principio de acuerdo propuesto ha sido aprobado sujeto al ajuste de detalles respecto a arreglos financieros y a la obtención por parte nuestra de la cooperación de las firmas interesadas en la compra de productos agrícolas argentinos. Todavía no ha sido posible entablar consultas con ellos, pero se tratará de hacerlo a la mayor brevedad...".59
No era cuestión entonces de un trato entre Estado y Estado como podía inferirse del texto del acuerdo y de las ya mencionadas ideas del Partido Laborista sobre el monopolio estatal de las importaciones de alimentos.60 Más aún, los "arreglos financieros"- que como se verá estaban íntimamente relacionados con las firmas que manejarían el negocio - habían sido individualizados como uno de los puntos sobre los cuales debían convenirse ciertos "detalles".
2.5.1. Canales comerciales
El día de la firma del acuerdo el embajador ya había advertido la contradicción entre las instrucciones y el texto del Artículo 6o así como entre ese artículo y el artículo 2o (según el cual el gobierno británico designaría representantes para las compras en la Argentina).61 En un telegrama de fecha 9 de septiembre Sir M. Robertson dice: "El Artículo 6o necesitará por supuesto ser modificado para adecuarlo al Artículo 2o.62 Y en un nuevo telegrama pidiendo instrucciones respecto a las negociaciones de los "detalles" pregunta: "¿Quiénes serán nuestros agentes compradores?".63 En Londres, por otra parte, la prensa se hizo eco de este punto de vista.64
Para entender el punto de vista del gobierno británico respecto al tema de los "canales comerciales" es útil analizar las negociaciones iniciadas con el gobierno uruguayo (recuérdese que la Misión, también debía iniciar tratativas en Brasil y Uruguay, habiendo viajado algunos de sus miembros a Montevideo en los días en que Lord D'Abernon permaneciera en Buenos Aires).
El gobierno uruguayo estaba interesado en un acuerdo de intercambio mutuo por 10 millones de pesos uruguayos, en virtud del cual Uruguay compraría material ferroviario, maquinaria agrícola y otros productos a cambio de la compra por parte de Gran Bretaña de carne y otros productos ganaderos directamente del Frigorífico Nacional y de cereales por intermedio del Banco de la República.
El "Foreign Office" comprendió que "... la propuesta tendría el efecto de dirigir parte del presente intercambio por un nuevo canal. El Ministro ( el ministro británico en Montevideo) no ha previsto que ésto aumentará el volumen de productos uruguayos enviados a Gran Bretaña y que existe la posibilidad que se opongan a ello los establecimientos norteamericanos y británicos (Vestey). (subrayado por el autor). "...La esencia de la propuesta desde el punto de vista uruguayo es la eliminación de las ganancias de los intermediarios que permitirá al frigorífico nacional pagar a los ganaderos mejores precios de los que reciben de establecimientos extranjeros".65
A raíz de esto el embajador en Buenos Aires se niega a que Yrigoyen se entere del posible acuerdo con Uruguay dado que, según sus propias palabras: "Como aquí hemos insistido en que esto último (la compra directa ) es imposible y que debemos ponernos en contacto con las firmas habituales antes de dejar concluido el convenio, no me gustaría informar al Presidente antes de conocer la opinión del gobierno de Su Majestad".66 El gobierno de Su Majestad tomó la decisión de no continuar con la negociación uruguaya y envió instrucciones al ministro británico en Montevideo en el sentido de dar respuestas dilatorias en el caso que el gobierno replanteara la cuestión.
En el interín, las negociaciones en la Argentina se habían estancado mientras el gobierno británico continuaba con sus consultas. El embajador estaba cada vez más preocupado por la demora. En un telegrama a Río dirigido a Chalkley - el Consejero Comercial en Buenos Aires que acompañaba la Misión - dice: "En cuanto al Convenio todavía estoy esperando la respuesta de Londres a mi pedido de instrucciones más detalladas. La demora es muy perjudicial y da tiempo a nuestros competidores para atacar, que es lo que están haciendo".67 El "Foreign Office", mientras tanto, explicaba que el "Board of Trade" estaba en contacto con importadores británicos de productos agropecuarios argentinos como la "Co-operative Wholesale Society, Vestey's y Ross T. Smith ...".68 Robertson apremia una vez más al gobierno británico para que tome una decisión; "Lamento tener que presionarlos pero el Presidente no puede entender tanta demora. Está evidentemente ansioso y ofendido".69 El "Foreign Office" finalmente se pone en acción interviniendo el mismo Primer Ministro británico quien manda a decir que "no hay que dejar que se siga prolongando este asunto".70 Las instrucciones ahora enviadas aclaran bien las intenciones del gobierno británico. Simultáneamente con una serie de ajustes secundarios en varios artículos, se suprime todo el Artículo 6o y se lo reemplaza por uno nuevo: "El gobierno del Reino Unido o las personas que designará, en la República Argentina, adquirirán cereales y otros productos de la Argentina hasta cubrir el importe del crédito citado en el Artículo 2o ". Y se explica el cambio: "Tal como lo manifesté en mi tel. No 71 del 6 de septiembre, el gobierno de Su Majestad no se propone comprar por cuenta propia ninguno de esos productos y las compras por la parte británica serán realizadas por personas pertenecientes a empresas comerciales del ramo como parte de sus negocios habituales. Por lo tanto no podemos comprometernos a que las compras sean realizadas por licitación o directamente a los productores o a precios no menores que las cotizaciones oficiales, especialmente cuando se reconoce que los precios de las cotizaciones oficiales del trigo son precios a término y que son más elevados que los precios al contado a los que éste se comercia".71 El significado de esto se aclaraba aún más en un memorandum dirigido al "Lord Privy Seal": "Nos proponemos en realidad utilizar importaciones normales al Reino Unido de productos agropecuarios argentinos (de los cuales sólo los cereales y carnes ascienden a 50 millones de libras anuales) como compensación contra nuevas exportaciones de artículos manufacturados británicos a la Argentina comprados por el gobierno argentino. Las compras de productos argentinos ... se realizarán a través de los canales comerciales habituales y no serán adicionales a las importaciones normales. Comerciantes involucrados en la importación de carne y trigo de la Argentina han sido entrevistados y se han comprometido a cooperar (subrayado por el autor). Por un arreglo con dos bancos británicos interesados en la Argentina, esas firmas permitirán que sus exportaciones normales de la Argentina al Reino Unido sean consideradas como importaciones realizadas por el gobierno británico en virtud del acuerdo, siendo la transacción simplemente un asunto de contabilidad sin que esto pueda redundar en beneficios ni pérdidas para las firmas y bancos en cuestión".72 Por lo tanto, y a confesión de parte, es inevitable llegar a la conclusión que la idea de instituir un nuevo "canal" directo en beneficio del productor - como estaba originalmente redactado el art. 6o. - había sido desechada de partida. Mientras que, al mismo tiempo, se contraía una obligación de comprar material ferroviario en el mercado más caro. También es muy clara la intención del gobierno británico de retener todo el sistema de intereses comerciales en la región del Río de la Plata que monopolizaba la circulación de los productos del agro de esos países hacia Europa. 2.5.2. Disposiciones financieras
Pero, ahora, concentremos nuestra atención en los "arreglos financieros" tan íntimamente vinculados al problema de los "canales comerciales". Tal como se vió el gobierno británico era de la opinión que "los arreglos propuestos afectaban sólo el método de pago...".73
Para entender el funcionamiento del método de pago es necesario tener en cuenta que, como acabamos de ver, las compras por Gran Bretaña en virtud del Convenio "serían efectuadas por personas pertenecientes a firmas comerciales del ramo como parte de sus negocios habituales".
Esa circunstancia hacía factible el siguiente método: "... se ha dispuesto que ciertos importadores tales como la Unión Cold Storage Co., Ltd., Cooperative Wholesale Soc. Ltd., Manchester, cooperarán afectando un cupo apropiado de sus importaciones. El Banco Anglo-Sudamericano Ltd. abrirá créditos a favor de dichos importadores como parte de sus negocios normales e identificará estos créditos como abiertos a solicitud del gobierno de Su Majestad y los envíos serán endosados cuando se hagan como prueba para presentar al gobierno argentino".74 Más aún, "los documentos estarían disponibles para su examen por parte del gobierno argentino en cualquier momento, como prueba de que se habrían otorgado los créditos y realizado los embarques".75
Por otra parte "... en lo que respecta a los créditos a ser abiertos por el gobierno británico para la compra de materiales ferroviarios y de otra clase, con la aceptación del representante del gobierno argentino de los materiales para embarque, el gobierno argentino debería poner pesos a disposición de los bancos designados por el gobierno británico y los Bancos convertirían estos pesos haciendo inmediatamente las correspondientes remesas de libras esterlinas al gobierno británico".76 "Este equivalente (las remesas de libras esterlinas después de cambiar los pesos del gobierno argentino) representaría el crédito a ser abierto por el gobierno de Su Majestad y con él se realizarían los pagos a los exportadores británicos".77
La naturaleza unilateral del acuerdo queda, por lo tanto, aún más revelada por los arreglos de crédito. El gobierno británico no otorgaba en absoluto crédito alguno, mientras que el gobierno argentino le estaría concediendo uno para financiar sus propias compras de productos británicos. El "Foreign Office" comentó: "... sin embargo no tenemos la seguridad que el gobierno argentino la aceptará (la forma de aplicar la parte financiera del acuerdo) como ajustándose estrictamente a los términos del acuerdo".78
Por lo tanto, se aconsejó al embajador "que al comunicar el proyecto de acuerdo revisado podría usted presentar el plan como una sugerencia amistosa en cuanto a la manera en que debería aplicarse el acuerdo y agregar que el gobierno de Su Majestad estaría dispuesto a reconsiderar cualesquiera enmiendas o alternativas que el gobierno argentino pudiera proponer.79 "... es importante que el gobierno argentino no firme la Convención con dudas sino que comprenda claramente... el método mediante el cual nos proponemos cumplir con nuestras obligaciones financieras en virtud del acuerdo. De otro modo podrían hacerse más adelante cargos de mala fe contra el gobierno Británico".80 Para justificar los acuerdos financieros se manifestaba que "no se giraría sobre esos créditos (los establecidos por el Convenio) en forma acompasada y que por lo tanto podrían plantearse entre los dos gobiernos cuestiones complicadas respecto a tasas de interés y tipos de cambio".81 2.6. Nuevas negociaciones sobre los "detalles" y la firma del Convenio
El nuevo texto del Convenio junto con los arreglos financieros propuestos fueron enviados el 1o de octubre al Ministerio de Relaciones Exteriores argentino. Las negociaciones quedaron detenidas por unas semanas. Como explica el embajador las cosas quedaron "algo demoradas" debido, en primer lugar, al hecho que el Presidente tenía en estudio el Mensaje al Congreso para solicitar se sancionara el Convenio y en segundo lugar a que un amotinamiento del cuerpo de bomberos "atraía la exclusiva atención del Presidente".82
En el mismo telegrama Robertson solicitaba autorización para firmar el Convenio enmendado y dejar que los detalles de su aplicación fueran resueltos posteriormente por expertos financieros. Preveía demoras interminables de no procederse de esta manera.83 La ratificación del Congreso Argentino parecía ser necesaria y los arreglos financieros la habían tornado indispensable.84
El embajador continuó solicitando autorización para firmar y anunció su propia renuncia diciendo: "... las largas demoras en contestar a mis telegramas comprometen el Convenio y otros asuntos". Y sigue: "Me parece algo dudoso que el "Treasury" pueda tomar alguna posición sobre la cuestión de los créditos distinta a la mía".85 En ese caso Sir M. Robertson se equivocaba en suponer que el obstáculo en ese respecto, que surge de la actitud del "Treasury", podría dejarse de lado.86
El "Treasury" estaba preocupado por varias cuestiones que se analizaron y discutieron en distintas reuniones interministeriales en Londres. Sus objeciones contra el procedimiento de aprobación previsto eran: "...(1) la dificultad que entraña el hecho de encontrar tiempo parlamentario libre para una legislación eventual; (2) el acuerdo no estipula que deberían aplicarse iguales tasas de interés a los créditos de cada país; (3) la posibilidad de (a) una depreciación de la moneda argentina y (b) la prohibición de exportar oro por parte de la Argentina podría ocasionar pérdidas financieras para el gobierno de Su Majestad. Las opiniones de otros departamentos del gobierno británico sobre esos asuntos coincidieron en que no podía anticiparse ninguna dificultad respecto al punto (1); que el punto (2) se podía solucionar incluyendo en el acuerdo la estipulación necesaria; que podían hacerse fácilmente arreglos para evitar cualesquiera pérdidas del tipo de las previstas en (3) (a) y que la acción sugerida en virtud de (3) (b) constituiría, en la medida que afectara el acuerdo, una violación del mismo por parte del gobierno argentino y que podría reclamarse con éxito como tal.87
Se envió entonces un telegrama a Robertson pidiéndole que postergara su partida de Buenos Aires - de regreso a Gran Bretaña - e informándole que seguiría una respuesta con instrucciones al día siguiente aunque "quizá sea necesario agregar algo al proyecto de acuerdo respecto al cobro de intereses".88 En el mismo telegrama se pedía a Robertson que sondeara al Presidente Yrigoyen para saber hasta dónde aceptaría el nuevo texto del convenio y el funcionamiento de los arreglos financieros tal como figuraban en los tels. 81 y 82. Robertson contestó que "debido al caos que reina en todos los Departamentos del gobierno no se ha enviado ninguna respuesta (a su nota al Ministerio de Relaciones Exteriores Argentino del 1o de octubre). Dudo que el Presidente los haya entendido (los arreglos financieros propuestos) mejor que yo. Consulté con el Sr. Young, el Sr. Meynell y el Presidente del Banco de la Nación Argentina, pero ninguno de ellos, por lo que pude colegir, parecieron poder apreciar exactamente lo que se quería, cuál era la dificultad o los riesgos que podría correr el gobierno de Su Majestad".89
El 31 de octubre, finalmente, después de una audiencia con Yrigoyen, el embajador estuvo en condiciones de informar que se había aceptado el nuevo texto del Convenio. Sin embargo, no se habían mencionado los arreglos financieros y, al mismo tiempo, Yrigoyen había hecho un nuevo planteo: "Desea limitar nuestras compras en virtud del Convenio a cereales y excluir la carne".90 ¿Cuáles eran las razones de esta nueva exigencia? "De otra manera piensa que el Congreso inevitablemente indicará que todas las exportaciones de carne van en igual forma a Inglaterra y que la República Argentina no obtiene ningún beneficio de ello".91 A último momento Yrigoyen estaba intentando corregir el carácter unilateral del acuerdo. El temor de no lograr suficiente apoyo en el Congreso lo había llevado a tratar de aparentar que favorecía en mayor grado los intereses agrícolas que los ganaderos. En realidad, como hemos visto, ninguno de los dos se vería favorecido. El nuevo pedido de Yrigoyen en el sentido de limitar el acuerdo sólo a los cereales no era demasiado fácil de satisfacer. "La modificación sugerida por el Presidente inevitablemente impone que se estudie y se hagan averiguaciones aquí..." dice un telegrama enviado inmediatamente y a continuación explica: "Las dos posibles dificultades residen: (1) en que el suministro de cereales sea irregular si fracasan las cosechas, mientras que el suministro de carne es continuo; y (2) en que el comercio de cereales con el Reino Unido está casi totalmente en manos de firmas extranjeras."92 Más aún, la objección inicial que había interpuesto el "Treasury" contra la firma seguía en pie. Aparte de algunos problemas de "descalce" de intereses, de no acordarse lo que se había previsto, por parte del gobierno británico pero sin confirmación explícita del gobierno argentino, sería necesario en Gran Bretaña prever realmente la concesión de un crédito lo que, por añadidura, haría necesario una ley del Parlamento.93 Si alguna aclaración adicional es necesaria acerca del carácter de autopréstamo del crédito para la compra de material ferroviario. se puede recurrir a lo que explica H.O. Chalkley: "He identificado la causa de la mayoría de las demoras y dificultades como proveniente de la idea primitiva de Gran Bretaña que el gobierno de Su Majestad mismo, por intermedio del Banco de Inglaterra, habría de abrir o garantizar el crédito, medida que necesariamente involucra legislación. La disposición del gobierno de Su Majestad de hacerlo, si fuera necesario, es extraordinariamente gratificante, pero no había previsto ni tenido la esperanza, por lo que sabía en Buenos Aires, que el gobierno de Su Majestad tuviera que llegar a esto. Por lo tanto, dejé expresamente sentado al redactar la Claúsula 1 que el "gobierno de Gran Bretaña dispondría lo necesario para que un crédito sea abierto en contraste con la Cláusula 2 que manifiesta que el "gobierno argentino tomará las medidas del caso para abrir un crédito" (subrayado por el autor).94 Además, se proponían algunas modificaciones al Convenio para evitar pagos de intereses desacompasados y para prever la forma de entrar en vigor (ver nuevos artículos 5 y 10 y leves modificaciones a los arts. 1 y 2) que de aceptarse permitirían al gobierno británico autorizar su firma.95 En una entrevista después de recibir estas nuevas instrucciones el embajador consiguió que el Presidente diera su aprobación a varios temas. Primero - informa Sir Malcom Robertson - "ha dejado de lado su propuesta de limitar nuestras compras a cereales... y acepta nuestra seguridad de que haremos todo lo posible por dar prioridad a los cereales". Segundo, en lo que respecta a los arreglos sobre aplicación: "El Presidente, que ha conducido las negociaciones sólo conmigo, no los comprende realmente y no consultará con nadie más" pero informa que se han logrado poner de acuerdo en lo que planteara el gobierno británico.96 Aunque urgiendo al gobierno británico a autorizarlo a firmar el convenio con un nuevo artículo sobre ratificación - que lo hace totalmente simétrico en lo que respecta a los procedimientos internos en cada uno de los dos países - el embajador agrega: "El Presidente me dijo con cierta emoción que no hubiera aceptado firmar un convenio de este tipo con ningún otro país que no fuera el nuestro, sino después de un examen sumamente cuidadoso de cada detalle. Sentía plena confianza en nuestra probidad y sabía que le jugaríamos limpio" (subrayado por el autor).97 Después del examen al que hemos sometido el acuerdo, no parece que la confianza de Yrigoyen haya sido precisamente bien depositada. El gobierno británico prestó, finalmente, su acuerdo a las modificaciones conversadas entre Sir Malcolm y el Presidente.98 Y el 8 de noviembre el Convenio era firmado por el Ministro de Relaciones Exteriores y por el embajador británico. La presentación al Congreso iba a tener lugar inmediatamente.99 El gobierno Británico recibió la noticia con gran satisfacción como expresión de "una nueva modalidad en las negociaciones comerciales. Al mismo tiempo no deja de tomarse en consideración que los defensores de la "Preferencia Imperial" habían formulado críticas al Convenio (para el texto final del Convenio véase el Anexo III).100 2.7. Negociaciones posteriores a la firma del Convenio: los "detalles" financieros
Nuevas rondas de consultas, sin embargo, fueron necesarias para aclarar las dificultades que planteaban los arreglos financieros. Seguía en pie la posibilidad, por parte británica, al igual que del lado argentino, de tener que otorgarse créditos, lo que hubiera hecho necesario obtener la aprobación de los respectivos parlamentos. En esas consultas participaron, primero, el mismo embajador - antes de su regreso a Gran Bretaña - en diálogo con Yrigoyen y, después, autorizados por éste, Botto - el Presidente del Banco de la Nación Argentina - y dos funcionarios de bancos británicos en Buenos Aires.101 Se discutió un primer proyecto de ley muy detallado que sería enviado al Congreso.102 Pero la propuesta detallada "era de naturaleza tan categórica que seguramente provocaría violentas críticas en el Congreso". Por lo tanto, el Presidente del Banco de la Nación decidió más tarde substituirla por una declaración muy breve que "se limitaba a aprobar el Convenio en su forma actual; autorizaba al Banco de la Nación a otorgar un crédito extraordinario de cien millones de pesos, moneda de curso legal al gobierno argentino, para poner en aplicación el Convenio y dejaba expresamente la decisión sobre el método de ejecución a cargo del Banco de la Nación".103
Las ventajas de ese nuevo procedimiento eran que "la relativamente inocente apariencia de la Ley facilitaría su rápido paso por el Congreso" y más aún en una audiencia con Yrigoyen el viernes 15 de noviembre se había dispuesto que deberían incorporarse todas las disposiciones del primer proyecto de ley en una nota a esta embajada (la británica)".104
En una segunda ronda de consultas los expertos británicos y Botto se pusieron plenamente de acuerdo.105 Y aquellos le explican, por separado, su interpretación del acuerdo al encargado de negocios británico. Aunque esas dos versiones difieren en cierta forma, ambas se reducían esencialmente al hecho que el crédito a ser otorgado a la Argentina resultaría del producto líquido en esterlinas de las letras descontadas por el Banco de la Nación a bancos británicos.106 La confirmación de esta opinión sobre los arreglos financieros propuestos puede obtenerse del informe del encargado de negocios sobre la opinión de Botto. "El Presidente del Banco de la Nación insistió en que su interpretación era extraoficial y la había hecho como una cortesía; también, que ningún banco de Londres otorgaba efectivamente un crédito y sí el Banco de la Nación.107
Más aún en una nota interna del gobierno británico al comentar esas negociaciones se manifiesta: "... aparte de los detalles las nuevas propuestas argentinas se aplican o pueden aplicarse fácilmente en forma bastante satisfactoria. Si el gobierno argentino cumple totalmente con su parte y podemos asegurarnos no tener que poner de nuestra parte dinero en efectivo alguno ¿qué cabría objetar?. El Banco de la Nación Argentina prestará pesos al gobierno argentino; los importadores británicos se harán cargo de esos pesos y los canjearán por letras de cambio en libras esterlinas. El producto de las esterlinas será pagado por el Banco de la Nación a una cuenta en Londres y sobre esa cuenta los Departamentos del Estado Argentino girarán en pago del material ferroviario, etc.".108
Sin embargo, el texto de las propuestas detalladas había sido encontrado todavía insatisfactorio por el gobierno británico. Es que al intervenir el Banco de la Nación Argentina se desviaban transacciones de cambio altamente redituables de los bancos comerciales británicos y, tampoco, se confiaba en lo conveniente de los tipos de cambio que surgirían.109 Se supo que un cierto Sr. Wells, Director Gerente del Banco Anglo-Sudamericano, viajaba a Buenos Aires. Se decidió que debería gestionar ventajas para los bancos británicos y que como estaba familiarizado con las negociaciones de Londres, ayudaría a establecer los acuerdos definitivos. En particular, se sugirió al encargado de negocios británico que "con la ayuda del Sr. Wells tratara con el Banco de la Nación si las compras de esas divisas por el Banco de la Nación en el mercado libre no podían completarse, hasta llegar al monto total requerido en virtud del acuerdo, con compras hechas por bancos británicos...".110
El Sr. Wells redactó una nueva propuesta que fue presentada oficialmente al Ministro de RREE y al Presidente en febrero de 1930 y comunicada a Londres.111 Pero no se obtuvo respuesta ni del gobierno británico ni del argentino. En este caso, en realidad, parecía más decisivo asegurarse la ratificación del Convenio que, como veremos más abajo, había sido aprobado por la Cámara de Diputados pero esperaba su sanción en el Senado. El nuevo embajador británico - Sir Ronald Macleay llegado a Buenos Aires en junio de 1930 - decidió consultar al Consejero Comercial y solicitar nuevamente a su gobierno que se decidiera en cuanto a qué procedimiento financiero era el más conveniente de modo de estar preparados si es que, súbitamente, el Senado decidiera aprobar el Convenio. Para ello remite la opinión de Chalkley y una vez más de Meynell. Las propuestas, en particular la de Meynell, una vez más, tratan de asegurar el máximo de negocios para los bancos y las empresas comercializadoras británicas pero, sobre todo, revelan una vez más que el gobierno británico no se proponía conceder crédito alguno.112 Pero, lo más importante, la ratificación del Convenio, es lo que fracasó.
2.8. La aprobación del Convenio en Diputados y la parálisis del Senado.
Mientras continuaban las conversaciones acerca de los arreglos financieros, Yrigoyen decidió a fines de noviembre de 1929 - previo cuidadosos y discretos preparativos - enviar el Convenio al Congreso para su ratificación. El proyecto de Convenio "...tan sencillo y tan extraño a todo resguardo propio que por su simple lectura da la medida de la sinceridad que lo anima" entró en la Cámara de Diputados el día 21 de noviembre, fue girado a la Comisión de Presupuesto y de Hacienda el día 4 de diciembre, para obtener despacho favorable el día 11 de diciembre.113
Tanto en la Comisión como en el recinto la discusión fue apurada por el bloque yrigoyenista mayoritario sin dar oportunidad a la oposición, sea de derechas o de izquierdas a estudiar el asunto. El debate se produjo literalmente entre "gallos y medianoche" del 12 al 13 de diciembre y el proyecto consiguió ser aprobado por mayoría.114 "La forma y la perfección del logro constituye prueba cabal del poder del Presidente cuando éste es ejercido" comenta el encargado de negocios británico.115
El Ministro de Relaciones Exteriores polemizó con algunos de los diputados que formulaban objecciones para, sin ofrecer ninguna argumentación detallada, terminar afirmando como todo justificativo: "...tenemos con el pueblo inglés una grave deuda moral que nos es grato confesarla (subrayado por el autor). En forma análoga se expresó el miembro informante, diputado Juan Carlos Vásquez: "No podemos olvidar...que Inglaterra ha contribuído y sigue contribuyendo en forma intensa al progreso incesante de nuestra República...ni tampoco podemos desconocer que las dos industrias madres de esta tierra tienen su principal adquirente en el mercado inglés. Todo ello ha influído en la conciencia de los diputados de la mayoría...el comentario de la ventajas que ofrece el proyecto...estaría de más...".116
El primer participante en el debate lo fue el diputado conservador por Tucumán de la Vega. De la Vega se quejó del procedimiento apurado y de la falta de información. Centró su crítica en la autorización de un crédito de gran volumen y propósito incierto del Banco de la Nación Argentina al gobierno nacional y a la posibilidad que las compras de material ferroviario se hicieran sin licitación previa. Terminó diciendo que en estas condiciones le era imposible a su bloque pronunciarse positivamente, sin dejar, al mismo tiempo de afirmar que su negativa "...nada tiene que ver con la cordialidad y el respeto que debemos al pueblo y al gobierno de la Gran Bretaña, cimentado después de vinculación secular en el orden de los intereses materiales y morales...". De la Vega, sin embargo, sin poder obtener una respuesta satisfactoria de Oyhanarte - el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto - con respecto al procedimiento de ratificación en Inglaterra, no dejó de subrayar que "...parece que el acuerdo favorece de una manera notable los intereses de Gran Bretaña".117
Por los socialistas tomó la palabra el diputado Enrique Dickmann que, también, se pronunció en forma extremadamente favorable con respecto a Gran Bretaña, para añadir que en esos momentos, al haber allí un gobierno laborista, se sentían particularmente identificados con el mejoramiento de las relaciones de todo tipo entre los dos países. Gran Bretaña fue visualizada como la campeona del libre comercio, como el mercado fundamental para la producción argentina y como la cuna de la democracia. Pero, afirmaba Dickmann, el Convenio se trataba de una cuestión estrictamente comercial que debía ser debatida en ese terreno. "Y como operación comercial es evidentemente una mala operación para nosotros", adelantaba el diputado socialista.118 Y, prácticamente, terminaba diciendo que en el convenio se mezclaban asuntos de suma importancia que iban desde una autorización al Banco de la Nación a otorgar crédito, a los FFCC del Estado a comprar materiales por una suma importante y al Poder Ejecutivo a eludir las disposiciones de la contabilidad pública, "todo esto por puro quijotismo, por el deseo de ser gratos a una delegación...pero no al extremo tal de permitirnos aceptar ...un negocio que evidentemente resulta demasiado beneficioso para una parte y demasiado perjudicial para la otra".119
Otro diputado socialista, el Dr. Repetto se sumó a las críticas de su correligionario. Pero le cupo al diputado socialista independiente Federico Pinedo efectuar el análisis más exhaustivo del proyecto para oponerse a su aprobación sin dejar de afirmar, al mismo tiempo que "no puede verse en ello nada que justifique el concepto de que tenemos en menos las buenas relaciones con la nación inglesa".120 En realidad, pese a la escasísima información hecha disponible por el gobierno - de lo que hubo abundante queja - y sin disponer como el autor de este trabajo de información, hasta ese momento, confidencial, es notable como loslegisladores de la oposición lograron desentrañar casi todos los aspectos del Convenio. Todos ellos no dejaron de notar que Gran Bretaña no se comprometía a nuevas compras y que, en todo caso, los productos argentinos se vendían en un mercado transparente, a igual precio que los originados en cualquier otro país. El material ferroviario a comprar en Gran Bretaña, en cambio, se conocía que estaba bien arriba del precio del que podían suministrar otros países. Pero los argumentos no eran lo importante. Como diría el diputado De Tomaso - que también se sumó a las críticas - "la mayoría genuflexa" estaba dispuesta a votar lo que el Ejecutivo le enviara.121 En el Senado la posición de Yrigoyen era totalmente distinta a la que tenía en Diputados ya que sus partidarios estaban en minoría. Sin embargo, como lo observara el embajador de los EEUU, podía contar con el apoyo de los sectores conservadores que no arriesgarían oponerse a los intereses británicos.122 Para cuando el proyecto pasó al Senado aprobado por la Cámara de Diputados y se produjo un primer debate - el día 19 de diciembre - se había producido el cierre de la Caja de Conversión. La situación económica del país empeoraba aceleradamente. El Senador del Valle por la provincia de Buenos Aires intentó darle el mismo tratamiento acelerado que en Diputados. En efecto, mocionó por un cuarto intermedio para su pase inmediato a comisión con pedido de pronto despacho para que el cuerpo lo pudiera tratar a la brevedad. El Senador Bravo -socialista por la Capital Federal - tuvo a su cargo el grueso de la argumentación contraria en la que repitió lo afirmado en el debate de Diputados por sus correligionarios. Pero, ahora le tocó al protagonista de la iniciativa, al Senador Molinari, defender el proyecto. La argumentación de Molinari se centró en dos puntos. El primero, es que el Convenio redundaría en la intervención estatal en el comercio exterior la que, en su opinión, era imprescindible - además que se estaba volviendo habitual en el mundo entero - para eludir a los pocos monopolios que centralizaban la comercialización internacional con grave perjuicio tanto para productores como para los consumidores. El segundo punto que argumentó Molinari es que para juzgar si el material ferroviario inglés era caro era necesario tener en cuenta su calidad en comparación con el proveniente de otros países. A su criterio la calidad del material originado en las fábricas inglesas justificaba plenamente los precios más altos. Sus argumentos, sin embargo, no contaron con el apoyo sino de una minoría de los miembros de la cámara. Llamada que fue a votación la moción de pasar a cuarto intermedio y girarla inmediatamente a Comisión para su tratamiento a la brevedad, ésta fue derrotada por 14 a 7 votos.123 El gobierno no quiso quedar atrás e insistió en un mensaje de fecha 17 de enero de 1930 para que el Senado tratara varios proyectos recibidos de la Cámara de Diputados, entre ellos, el del Convenio con Inglaterra. Dice el mensaje: "Hay, entonces, razones económicas, políticas y hasta de cortesía internacional que aconsejan la pronta sanción del convenio...". El Senado había aprobado dos votos de censura contra Yrigoyen y durante todo el año siguiente siguió inmerso en un interminable debate acerca de los diplomas de nuevos miembros. El clima político además de la situación económica, se enrarecía progresivamente para paralizar la acción de gobierno y la del Senado. 2.9. La Ley de Aranceles Smoot-Hawley en los EEUU, la campaña por la "Preferencia Imperial" en Gran Bretaña y la "muerte" del Convenio después del golpe del 6 de septiembre.
Hacia mediados del año de 1930, enfrentados con una crisis que se agravaba semana a semana, el Congreso de los EEUU aprobó una nueva ley arancelaria que se venía discutiendo desde 1928. Se trataba de la denominada Ley Smoot-Hawley y se caracterizaba por un fuerte contenido proteccionista, en particular, en lo referente a productos agropecuarios. En el caso que más interesaba a la República Argentina, consagró el embargo iniciado en 1927 sobre importaciones de carne fresca o refrigerada desde países - y no ya regiones - afectados por la fiebre aftosa.124 Adicionalmente, Alemania impuso aranceles más altos y barreras no tarifarias a algunas exportaciones argentinas. En Gran Bretaña, por otro lado, arreciaba la campaña por la "Preferencia Imperial" o "Libre Comercio Imperial" con vistas a la próxima conferencia del "Imperio" a efectuarse en el mes de octubre. En el gobierno laborista, sin embargo, continuaba habiendo fuerte oposición a la idea, en particular, de parte de Snowden, el "Chancellor of the Exchequer" (o sea el Ministro de Hacienda).
Ante esa situación, en la Argentina, los partidarios de la aprobación del Convenio, en primera línea el diario "La Nación", insistían en la importancia de aprobar el Convenio para demostrar lo errado acerca de los argumentos a favor de esas preferencias. Se afirmaba que la posibilidad de firmar acuerdos "recíprocos" à la D'Abernon constituía de por sí una demostración de las ventajas que Gran Bretaña podía llegar a tener fuera del "Imperio", en un país con el que estaba íntimamente asociado y que, "de facto" pertenecía a un área económica similar a los de ese conglomerado. Para reforzar el razonamiento, ese diario recordaba que de ponerse impedimentos al comercio de Argentina con Gran Bretaña, los inversores ingleses serían de los primeros en sentir sus efectos negativos.125La Prensa, en cambio, utilizaba este último argumento para insistir en que el famoso desequilibrio en las relaciones entre los dos países que se manifestara en el abultado saldo comercial a favor de la Argentina no era tal. Ese saldo no era otra cosa que la otra cara de la medalla de los ingresos por transporte marítimo y seguros así como por remesas de intereses y dividendos que percibían los ciudadanos británicos. La Prensa, por lo tanto, no veía razón para un tratamiento desfavorable por parte de Gran Bretaña, apoyaba la política de Snowden y sostenía que difícilmente Gran Bretaña pudiera pasarse sin los productos alimenticios baratos que obtenía en la Argentina.126
Pero el golpe del 6 de septiembre llegó a la Argentina y con él la extremaunción para el Convenio. A fines de octubre, a menos de dos meses de haber asumido el nuevo Gobierno Provisional - que así se denominaba a sí mismo - en una entrevista concedida a periodistas, el Teniente General Uriburu preguntado insistentemente por el corresponsal del "Times of Argentina" dijo que el Convenio "estaba muerto". Él y su Ministro de Relaciones Exteriores, además, explicaron que era un asunto a ser tratado por el Congreso que en ese momento estaba cerrado. El Ministro adelantó que, de su parte, no había ninguna objección de principio pero que, en todo caso, sería materia para ser debatida en un nuevo Congreso después de las siguientes elecciones.127 El embajador en Buenos Aires, ya en septiembre había llegado a la mismísima conclusión; : "tenemos un gobierno muy amistoso para tratar pero como el Congreso ha sido disuelto y las nuevas elecciones no se realizarán por unos cuantos meses me temo que debemos aceptar que nuestro Convenio de Comercio Recíproco está muerto".128
Bases para un Convenio
(Redactado a raíz de una reunión con Claps el 31 de agosto)
1º. El gobierno de Gran Bretaña dispondrá lo necesario para que se abra un crédito a favor de los Ferrocarriles del Estado por el equivalente de cien millones de pesos ($ 100.000.000 m/n) durante dos años, contados desde la fecha de la firma del presente acuerdo, destinado a la adquisición de material ferroviario.
2º. El gobierno argentino, a su vez, tomará las medidas del caso para abrir un crédito por igual suma y tiempo a favor del gobierno Británico para la adquisición por las partes que pueda designar de cereales y otros productos.
3º. El gobierno argentino o su representante en Londres podrá girar sobre el crédito citado en el Artículo primero previa entrega de los documentos de embarque correspondientes para el pago de las facturas de los materiales que adquiere.
4º. El gobierno de Gran Bretaña o su representante en la Argentina podrá girar sobre las sumas necesarias para el pago de los productos comprados en el país. 5º. El gobierno argentino o su representante en Londres llamará a licitación a las fábricas británicas para el suministro de materiales ferroviarios, de acuerdo con las bases y condiciones que puedan ser establecidas. 6º. El gobierno Británico o su representante en la Argentina adquirirán dentro de lo posible los productos argentinos directamente a sus productores y a precios no menores de las cotizaciones oficiales en la fecha de la compra. (Véase el original - en español - en F0118, expediente 516, 1929.) Anexo II
Texto del proyecto del Convenio
Artículo 1. El gobierno de Gran Bretaña dispondrá lo necesario para que se abra un crédito a favor del gobierno argentino hasta la suma de cien millones de pesos moneda nacional ($ 100.000.000) durante dos años, contados desde la firma del presente acuerdo, destinado a la adquisición en el Reino Unido de materiales para los Ferrocarriles Argentinos del Estado y otras reparticiones nacionales.
Artículo 2. El gobierno argentino, a su vez, tomará las medidas del caso para abrir un crédito por igual suma y plazo a favor del gobierno Británico para la adquisición, por las partes que pueda designar, de cereales y otros productos del país.
Artículo 3. El gobierno argentino o su representante en Londres podrá girar sobre el Crédito del Artículo primero previa entrega de los documentos de embarque correspondientes para el pago de las facturas de los materiales que adquiere.
Artículo 4. El gobierno de Gran Bretaña o sus representantes en la Argentina podrán girar sobre el crédito del Artículo 2 y previa entrega de los documentos de embarque correspondientes, las sumas necesarias para el pago de los productos del país que adquiere.
Artículo 5. El gobierno argentino o su representante en Londres adquirirá por licitación o compra directa de las fábricas británicas los materiales ferroviarios o de otra clase que necesite, de acuerdo con las bases y condiciones que puedan establecerse.
Artículo 6. El gobierno Británico o su representante en la Argentina adquirirá los productos que necesite por licitación o directamente de los productores a precios no menores que las cotizaciones oficiales en la fecha de la compra. (Citado en The Times, 11 de septiembre de 1929 y también en los telegramas de Robertson a Henderson. Nros. 85 y 86, 8 de septiembre de 1929, F0371, 13461[1929]A5967/52/2) Anexo III
El gobierno de la Gran Bretaña y del Norte de Irlanda y el gobierno de la Nación Argentina teniendo deseos de facilitar el intercambio comercial recíproco entre sus respectivos países, acuerdan mutuamente lo siguiente:
Artículo 1o.- El gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña y del Norte de Irlanda dispondrá lo necesario para que se abra un crédito a favor del gobierno de la Nación Argentina, hasta el equivalente en libras esterlinas de cien millones de pesos moneda nacional ($ 100.000.000 m/n de c/l.), durante dos años, contados desde la fecha de entrar en vigor el presente acuerdo, destinado a la adquisición de materiales producidos o fabricados en el Reino Unido y los cuales hayan sido comprados después de entrar en vigor el presente acuerdo para los Ferrocarriles Argentinos del Estado y otras reparticiones nacionales.
Art. 2o. El gobierno de la Nación Argentina, a su vez, tomará las medidas del caso para abrir un crédito por igual suma y tiempo a favor del gobierno del Reino Unido, para la adquisición por las personas designadas por el gobierno del Reino Unido, de cereales y otros productos de la República Argentina adquiridos después de entrar en vigor el presente acuerdo.
Art. 3o. El gobierno de la Nación Argentina o su representante en Londres podrá girar sobre el crédito citado en el artículo 1o. y previa entrega de los documentos de embarque correspondientes para el pago de los materiales que adquiera.
Art. 4o. El gobierno del reino Unido o las personas que designará en la República Argentina, podrá girar sobre el crédito citado en el artículo 2o. y previa entrega de los documentos de embarque correspondientes a las sumas necesarias para el pago de los productos comprados en la república Argentina.
Art. 5o. Es entendido que las sumas retiradas bajo los créditos citados en el artículo 1o. y artículo 2o. deberán, en lo que sea factible, coincidir en cuanto a las fechas y los importes y que representantes de cada gobierno trabajarán en colaboración a fin de asegurar esto y así evitar diferencias en los tipos de cambio y dificultades sobre interés. Art. 6o. El gobierno de la Nación Argentina, o su representante en Londres, adquirirá por licitación o compra directa de las fábricas británicas, los materiales ferroviarios o de otra clase que necesite, dentro del importe del crédito citado en el artículo 1o. Art. 7o. El gobierno del Reino Unido o las personas en la República Argentina que designará, adquirirá en cereales u otros productos de la República Argentina dentro del importe del crédito citado en el artículo 2o. Art. 8o. El gobierno de la Nación Argentina dispondrá, por intermedio de un representante autorizado, aceptar antes del embarque la entrega de materiales adquiridos en el Reino Unido previa inspección y revisación de estos materiales de acuerdo con las especificaciones. Art. 9o. El gobierno del Reino Unido dispondrá que las personas en la Argentina designadas por él den por recibido antes de embarcar los cereales y otros productos a embarcarse bajo estos créditos. Art.10o. El presente convenio entrará en vigor en la fecha en que ambos gobiernos de común acuerdo fijen. Hecho en Buenos Aires en dos ejemplares en los idiomas inglés y español el ocho de Noviembre de mil novecientos veintinueve. Malcolm A. Robertson H. B. Oyhanarte
(Ver este texto eCongreso Nacional, Cámara de Diputados, op.cit.,loc.cit.)
3. Reducción de derechos a las importaciones de artículos de seda artificial
El Convenio sobre Compras y Créditos Mutuos fue sólo uno de los asuntos que retuvo la atención de la Misión D'Abernon. En realidad había sido un negocio decididamente inesperado. También representaba una tentativa más que radical de apartarse de la práctica establecida en las relaciones comerciales entre Argentina y Gran Bretaña. La aplicación del principio de "compras recíprocas globales" - una forma de comercio bilateral de trueque - constituía por cierto una ruptura total con una tradición de más de cien años de "libre comercio".
Pero, como hemos visto, se había asignado a la Misión, en realidad, una tarea mucho más compleja: "estudiar las relaciones ... bajo el punto de vista industrial, comercial y financiero, con miras a un mayor desarrollo en beneficio mutuo de ambos países". Y, recuérdese que, desde el principio, se había considerado el tratamiento arancelario, dentro de esas atribuciones, como una de las materias a ser negociadas con el gobierno argentino.129
Hemos visto que la aplicación del muy heterodoxo principio de "compras recíprocas globales", en el caso del Convenio, se reducía al otorgamiento de preferencias a los exportadores británicos en las compras de los Ferrocarriles del Estado y otras reparticiones públicas. Sin llegar a esos extremos, había sin embargo en la esfera del tratamiento arancelario otro principio menos ortodoxo al que podía recurrirse con la finalidad de otorgar preferencias a Gran Bretaña. Este principio era el de "reciprocidad".
3.1. La política comercial de las grandes potencias y de la República Argentina en la década de los '20
Para comprender el significado del término "reciprocidad", cuando se lo aplica al tratamiento arancelario es necesario tener en cuenta el marco dentro del que se desenvolvía el intercambio comercial en esa época. Regían las prácticas no discriminatorias de libre comercio. Las barreras arancelarias eran el único impedimento aceptado para el comercio y la inclusión de cláusulas de la nación más favorecida en los tratados, que reglamentaban las relaciones entre naciones, aseguraba la igualdad de tratamiento de cualquier nación con respecto a otra. En realidad en virtud de una cláusula NMF las preferencias otorgadas a cualquier país tenían que extenderse a todos los demás con los que se habían firmado tratados que la incluyera. Habían surgido, sin embargo, discrepancias acerca de la interpretación de las cláusulas NMF, especialmente entre los Estados Unidos y Gran Bretaña.
Hasta 1922, el gobierno norteamericano había argumentado repetidas veces que las facilidades otorgadas a un país determinado a cambio de otras, no creaban una posición favorecida y que, por lo tanto, no tenían por qué ser extendidas a terceras naciones en virtud de la cláusula de la nación más favorecida. Desde este punto de vista, únicamente la concesión de una ventaja "equivalente" daría derecho a terceros países a gozar de una preferencia. Esta interpretación - la de la cláusula "condicional" de NMF - permitía que cualquier país negociara reducciones arancelarias utilizando sus ofertas como un quid pro quo. Pero al mismo tiempo creaba la posibilidad que otros países ejercieran discriminación contra ellos. Para una potencia económica joven no totalmente segura de su capacidad competitiva con respecto a las grandes naciones europeas, la interpretación "condicional" de la claúsula NMF le permitía obtener acceso preferencial a terceros mercados, en particular, en las jóvenes naciones de la América Latina.130
El gobierno británico, por otra parte, había abogado persistentemente por la llamada forma "incondicional" de la cláusula NMF. En virtud de esa interpretación las concesiones otorgadas a cualquier país debían ser automática y gratuitamente extendidas a terceros países. De esta manera se aseguraba en forma automática la igualdad de tratamiento. Y esto bastaba para una nación que hasta poco antes estaba confiada en su superioridad y, por lo tanto, no necesitaba de preferencia alguna.
La aplicación del principio de "reciprocidad" en cuanto a tratamiento arancelario entre dos países cualquiera, era por lo tanto imposible en virtud de la interpretación incondicional de la cláusula NMF. Sin embargo veremos cómo el gobierno británico llegó a aceptarlo, en el caso específico de la Argentina. Por la parte argentina ya hemos hablado del desarrollo de una campaña a favor de "comprar a quien nos compra". Esta campaña - iniciada por el embajador británico y patrocinada por la Sociedad Rural - había conducido a los diputados yrigoyenistas a presentar un proyecto de ley que aseguraría tratamiento preferencial a los países que no pusieran restricciones a sus importaciones de productos argentinos. Se había pensado, evidentemente, en Gran Bretaña y aunque el Congreso no se pronunció sobre ese proyecto, el Presidente y sus partidarios sustentaban claramente esa idea.131 De manera que cuando se iniciaron las negociaciones con la Misión D'Abernon la parte argentina estaba más que dispuesta a echar por la borda el tratamiento tradicional de nación más favorecida.132 El "Foreign Office" y el "Board of Trade", en cambio, no vieron con buenos ojos una sugerencia tal. Para el gobierno británico la defensa de los principios de la no discriminación en el comercio internacional seguía constituyendo un punto central de su política comercial. El problema pasó a un primer plano cuando se empezaron a negociar los derechos a las importaciones de seda artificial. Cuando se le consultó acerca de los problemas arancelarios que la Misión podría plantear al gobierno argentino, el "Board of Trade" expresó la opinión que "... con respecto a la Argentina, el nivel de los aranceles no constituían un problema serio... mucho más importante era la posibilidad de obtener del gobierno un compromiso de efectuar en una fecha próxima una clasificación más razonable en los aranceles aduaneros de la seda artificial".133 3.2. La cuestión de los derechos sobre los artículos de seda artificial
Tal como se establece en un Memorandum preparado por el "Board of Trade" el problema era el siguiente:134
"No se establece distinción en la Ley Argentina sobre Aranceles (Nº 11281) o en la Tarifa de Avalúo, entre mercaderías de rayón o hechas con rayón por una parte o las de seda natural o hechas con seda natural por la otra."135
"Sin embargo es bien sabido que peso por peso, el rayón es mucho menos caro que la seda..." y por lo tanto "... el efecto de la aplicación a las mercaderías de rayón de derechos específicos que también son aplicables a las mercaderías de seda, obviamente arroja como resultado la aplicación de un derecho ad valorem mucho más elevado sobre artículos de rayón que sobre los artículos de seda más caros. La aplicación más importante de esta discriminación se refiere al tratamiento de tejidos por piezas mezcla de algodón y rayón..."
En efecto, "el agregado de cualquier cantidad de rayón involucra un derecho cuatro a siete veces más alto que el cobrado sobre algodones puros y en el caso de los que contienen 40% o más de rayón (una categoría en la que entra el 50% de los tejidos mezcla de rayón y algodón exportados por el Reino Unido a todos los destinos) el derecho asciende a una enorme cifra".136 A raíz de esto el "Board of Trade" argumentó que "no caben dudas que estos derechos excesivos son la principal causa del volumen restringido de las exportaciones de telas mezcla a la Argentina".137 La confirmación de esto se podía encontrar en las cifras de embarques de tejidos por pieza mezcla de algodón y rayón del Reino Unido a la Argentina en comparación con las exportaciones a Brasil y Chile donde el tratamiento arancelario para géneros mezcla tiene una base más razonable: EXPORTACIONES (1928) DE GÉNEROS POR PIEZA MEZCLA DE RAYÓN Y ALGODÓN PAÍSHASTA 40% DE RAYÓNHASTA 40% DE RAYÓN40% O MÁS DE RAYÓN40% O MÁS DE RAYÓN
CantidadValorCantidadValor
lbs.£lbs.£
Argentina124.02358.09416.48610.908
Brasil1.804.102754.016265.102135.493
Chile200.85769.42276.32237.174
El "Board of Trade" argumentó también que los altos niveles arancelarios sólo servían para fomentar el contrabando. Al parecer el contrabando se realizaba en gran escala vía la República Oriental del Uruguay.138 En su opinión: "... si se estableciera un tratamiento más razonable para los géneros por pieza mezcla de algodón con rayón", la reforma colocaría los derechos "... más de acuerdo con los derechos porcentuales establecidos por la Ley Arancelaria 11281... afectando especialmente el intercambio anglo-argentino y permitiendo a los exportadores del Reino Unido desarrollar un intercambio comercial del cual están excluidos a causa de los elevados derechos actuales...".139 La República Argentina constituía para Gran Bretaña el principal mercado del mundo para artículos de algodón.140 Pero, en cambio, las ventas de artículos de seda artificial lamentablemente habían quedado muy rezagadas.141 La situación de la Industria de la seda artificial en el Reino Unido estaba lejos de ser segura. La competencia extranjera era muy poderosa y sólo la existencia de una "revenue tariff" (arancel de sentido impositivo) le permitía sobrevivir. La expansión de las exportaciones y, por cierto, a un mercado tan importante como el argentino, se hizo decisiva para su supervivencia. 3.3. Negociaciones iniciales
No bien llegada la Misión a Buenos Aires se planteó ante las autoridades argentinas la cuestión de los derechos sobre la seda artificial. El 28 de agosto los integrantes de la Misión se reunieron con el Ministro de Hacienda argentino y Sir William Clare Lees le presentó un memorandum en referencia con el problema. El ministro había llevado una breve declaración sobre el particular pero prometió considerar con atención el memorandum de la Misión.142
En ese memorandum, se sugería al gobierno argentino que reconsiderara la clasificación de mercaderías hechas con seda artificial total o parcialmente y estableciera una clasificación especial para este tipo de mercaderías, basado en el valor relativo entre esos artículos y los artículos de algodón fino...".143 A raíz de esta presentación, como también de las conversaciones directas que tuvieron lugar entre D'Abernon e Yrigoyen, el presidente argentino prestó su asentimiento, en principio, a esa propuesta.144
El asunto fue dejado en manos del embajador británico para que éste lo negociara. Se abrigaban algunos temores, sin embargo, acerca de la reacción de los intereses industriales locales.145
En el curso de esas negociaciones, sin embargo, surgieron dos problemas. El primero, consistía en cómo contemplar la situación de los productores locales. El segundo, se originaba en la insistencia de parte argentina en restringir la concesión exclusivamente a los exportadores británicos, para lo que se imaginaba la posibilidad de alguna concesión "recíproca" de parte de Gran Bretaña.146 Para arreglar el problema con los industriales locales la Misión en Río sugirió inmediatamente que se restringiera la concesión a las telas por pieza, para dejar de lado los artículos de punto y las medias, ya que "se entiende que prácticamente todas las fábricas producen solamente estos artículos".147 La sugerencia de otorgar abiertamente una preferencia a los productos provenientes de Gran Bretaña, en cambio, tropezó con una fuerte oposición de parte del gobierno de este país. Ya se ha mencionado que su política, conforme había sido fijada por el "Board of Trade", era oponerse por todos los medios a cualquier forma de tratamiento preferencial.148 La justificación en este caso, sin embargo, era que la sugerencia de Robertson constituía "meramente el resultado de un decreto dando preferencia en la Argentina a productos de países que no ponían restricciones a la importación de mercaderías argentinas. En la práctica, este país es, por supuesto, el único al que puede aplicarse esto; pero mientras que no se mencione específicamente a este país en el decreto, no creo que ningún otro país podría lógicamente objetarlo".149 De esta forma se había encontrado la manera de tranquilizar la conciencia sobre los principios del "libre comercio" aunque sin dejar de aceptar, en realidad, un tratamiento preferencial para Gran Bretaña, dado la insistencia de la parte argentina.150 Pero restaba en pie una dificultad, a saber, la ausencia de derechos sobre la casi totalidad de los productos de exportación argentinos, lo que impedía efectuar una concesión "recíproca".151 A falta de cualquier concesión específica que el gobierno británico pudiera ofrecer, Robertson desistió de su sugerencia que la concesión argentina pudiera fundarse en la libre entrada de productos argentinos en Gran Bretaña para proponer otra solución. En sus propias palabras: "... los derechos pueden reducirse sin la intervención del Congreso pero sólo como resultado de algún tipo de convenio o también de una declaración oficial de nuestra parte que pudiera ser incluida en el decreto del Presidente". En opinión del embajador bastaría una nota oficial británica que aseverara que era su política el no imponer derechos ni restricciones algunos a las importaciones de carnes y cereales desde la Argentina.152 Mientras tanto el alineamiento de fuerzas se hacía más claro en la Argentina. La Unión Comercial Argentina - una organización comercial en la que los importadores estaban fuertemente representados - había presentado un pedido "con referencia a los numerosos casos de intento de contrabando en la importación de seda que han sido descubiertos últimamente. Las medidas propuestas por la institución incluían: Reducir los derechos aduaneros sobre la seda estableciendo clasificaciones distintivas entre seda natural y seda artificial.;
Disponer que en ningún caso los derechos o impuestos sean más altos que los que se gravan en la vecina República del Uruguay".153
A la campaña por el otorgamiento de reducciones arancelarias se sumaba El Mundo, que como hemos visto había tomado una actitud a favor de los intereses británicos. En efecto, este diario decía el 5 de noviembre: "La reducción de los aranceles aduaneros será la única medida efectiva contra el contrabando de seda".
Para mayor angustia del embajador - ver el suceso análogo en las negociaciones del Convenio - el gobierno británico demoró toda una quincena en enviar nuevas instrucciones. Es que la cuestión del tratamiento preferencial continuaba alimentando graves dudas en los círculos oficiales británicos. Eventualmente se autoriza al embajador a ofrecer que podría emitirse un comunicado que "... tendría la forma de una declaración manifestando que es política declarada del gobierno de Su Majestad de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte no imponer ningún derecho ni restricciones de ningún tipo sobre carne o cereales importados en el Reino Unido, fuera de las que son o pueden ser impuestas en interés de la salud pública" (subrayado por el autor).154 Pero se condiciona el comunicado a la seguridad del otorgamiento de concesiones por parte del gobierno argentino.155
Las negociaciones prosiguieron juntamente con las relacionadas con la firma del Convenio sobre Compras y Créditos Recíprocos. Pero una vez firmado el Convenio la atención se volcó hacia la cuestión de los derechos sobre la seda artificial. El 16 de noviembre el embajador - que se embarcaba hacia Gran Bretaña ese mismo día después de presentar su renuncia - pudo informar que: "... El Presidente me dijo hoy que estaba dispuesto a firmar inmediatamente el decreto reduciendo los derechos sobre la seda artificial en un 50%. Eso es el máximo de reducción que puede hacer el Poder Ejecutivo de acuerdo con la ley. Sin embargo, esperaba serias críticas de la industria local y de sus opositores políticos. Insistió en que deberíamos incluir manteca y 'posiblemente fruta' en nuestra declaración. Espero que será posible satisfacer su pedido. La expresión 'posiblemente fruta' será suficiente para él. Le señalé que también teníamos nuestras dificultades desde el punto de vista Imperial y que creía que otorgábamos una preferencia por lo menos a la fruta en conserva proveniente de los Dominios".156
3.4. La firma del decreto de rebaja arancelaria
Ese mismo día 16 de noviembre, La Época - el órgano extraoficial del gobierno -publicó el texto completo de un decreto otorgando la reducción arancelaria solicitada.157
El artículo de La Época menciona, también, explícitamente la declaración propuesta por el gobierno británico y la sugerencia formulada por Yrigoyen en el sentido de extender esa declaración a productos lácteos y frutas.
De algún modo, el decreto constituyó una sorpresa para la Embajada Británica. Tal como lo mencionara el encargado de negocios en su primer telegrama (recuérdese que Sir Malcolm Robertson había renunciado y partido para Gran Bretaña de regreso inmediatamente después de su entrevista con el presidente Yrigoyen): "Es quizás lamentable que el preámbulo contenga la declaración que esas mercaderías 'no son de seda y por lo tanto no pueden ser incluidas en esta clasificación' pues puede dar origen a presentaciones en virtud de la cláusula de la nación más favorecida".158
Pero una cuestión mucho más seria había quedado planteada por el texto del decreto. El "Foreign Office" no dejó de reparar en él: "¿Se refiere el decreto específicamente a géneros por pieza de algodón mezcla con seda artificial y mezclas similares con lana y en este caso, establece alguna proporción en especial de seda artificial? Si no se hace referencia específica a esos artículos, ¿cuál sería la posición exacta?".159 De las consultas efectuadas con las autoridades argentinas quedó claro que el decreto sólo tenía validez para géneros de seda pero con sólo una leve proporción de otras fibras en tanto que lo que interesaba a los exportadores británicos era exactamente lo contrario, a saber, géneros de algodón o lana con hasta una proporción de seda artificial.160 Por lo tanto el decreto no satisfizo los deseos del gobierno británico. Se realizaron consultas acerca de la publicación de la declaración sobre política de libre comercio y el "Board of Trade" insistió en presionar al gobierno argentino a que extendiera los beneficios del decreto a los géneros mezcla.161 3.4.1. La reacción al decreto en la Argentina y en Gran Bretaña
Hemos visto la reacción oficial británica respecto a la firma del Decreto que reducía los derechos sobre las importaciones de seda artificial. ¿Pero cuál fue la reacción de otros grupos en la Argentina y Gran Bretaña?
La Época "no tuvo más que palabras de elogio por la medida del gobierno argentino", informa el encargado de negocios. Y cita del periódico: "El Decreto fue apoyado fundándose en que en adelante...los productores agrícolas argentinos tendrán la seguridad absoluta de que no se les aplicará ninguna medida que dificulte la introducción de sus productos ni ningún impuesto y, como la industria de la carne obtuvo en el mercado una extraordinaria aceptación, también será especialmente favorecida la producción de cereales". "Como un acto de reciprocidad por parte de nuestro país y como constituye una medida justa y lo ha solicitado el embajador británico, se adoptó la decisión de reducir en un 50% los derechos a la importación de seda artificial...".162
Pero otros periódicos estuvieron lejos de mostrarse tan entusiasmados como La Época. En un artículo de fondo fechado el 29 de noviembre La Nación lanzó un enérgico ataque al Decreto. En opinión de este diario la justificación del decreto se encontraba en el hecho que la seda artificial era algo diferente - y de un costo decididamente inferior - a la seda natural. Y que no se entendía, por lo tanto, la necesidad de una "reciprocidad" con el gobierno británico. Por añadidura, "La Nación" se hacía eco de comentarios provenientes de Londres en el sentido que la declaración a ser emitida por el gobierno británico no constituía compromiso alguno y que, por lo tanto, no constituiría una justificación para la rebaja de aranceles efectuada por la Argentina.163
¿Cuáles eran esos informes que según La Nación se habían originado en Londres? El asunto del decreto argentino fue bastante ventilado tanto en los diarios británicos como en la Cámara de los Comunes. Los ataques a la política del gobierno británico provenían principalmente de dos direcciones. Un primer grupo de críticos tomó la defensa de los productores agropecuarios del país. Otros, se hicieron portavoces de los intereses de los "Dominios", socios en potencia de Gran Bretaña en una política de "Preferencia Imperial" que hasta ese momento no había conseguido el apoyo del electorado británico. Del debate público pero, sobre todo, de las respuestas de los ministros del gobierno en el Parlamento surge claramente que la declaración a ser emitida constituiría un enunciado de la política del momento pero de ningún modo la intención del gobierno británico en el sentido de no imponer restricciones al ingreso de cereales y carne provenientes de la República Argentina. Se trataba de una simple constatación de los hechos hasta ese momento.164 Mientras tanto en Buenos Aires se difundían rumores que el gobierno británico estaba presionando al argentino para que extendiera las concesiones otorgadas en virtud del Decreto. La Unión Industrial Argentina -organización que agrupaba a casi todos los industriales locales- emitió una declaración en la que se decía que "... en el mercado circulan versiones que algunas firmas importadoras, interesadas en que esa franquicia sea ampliada están haciendo activas gestiones para que el Poder Ejecutivo extienda el privilegio acordado a estos (géneros mezcla) y a otros renglones de la manufactura textil".165 Mientras los fabricantes locales se oponían a la reducción per se, "Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y también Bélgica, Holanda y Suiza hicieron presentaciones a fin de conseguir también para sí la reducción acordada por decreto. Las cuatro grandes potencias basan su reivindicación en tratados "incondicionales" de nación más favorecida..." informaba el encargado de negocios británico. Y sigue: "Los Representantes fueron informados que una comisión argentina de jurisconsultos estaba estudiando el asunto y se entiende que su decisión puede ser favorable a las reivindicaciones formuladas".166 Es en este contexto en el que llegaron las instrucciones de Londres que se mencionaran a fines de la sección anterior por las que el gobierno británico se negaba a publicar la declaración sobre su política de libre comercio a menos que el gobierno argentino extendiera la reducción de los derechos a géneros mezcla. Como lo declaró el encargado de negocios: "Para describir la atmósfera local puede decirse que, asediado por todos esos reclamos rivales el César argentino, al recibir la comunicación inminente de sus amigos favorecidos, esto es, el gobierno británico, pensará, si no exclama, "et tu Brutus"!!.167 Temía que la línea dura, adoptada por su gobierno, hiciera peligrar los sentimientos generales amistosos y, en particular, la ratificación del Convenio D'Abernon y las negociaciones sobre la concesión de la construcción de líneas subterráneas a la Anglo-Argentine Tramways".168 Para salir adelante, el representante británico instaba a su gobierno a hacer varios ofrecimientos. Sobre todo, proponía, extender el alcance de la declaración propuesta para que incluyera manteca y frutas.169 Pero mientras tanto, en Londres los que se oponían al acuerdo con la República Argentina habían cambiado de argumento. Ahora se criticaba al acuerdo diciendo que como Argentina debería extender sus beneficios a otras naciones éste no constituía ninguna ventaja para Gran Bretaña. Cuestionados en el Parlamento los ministros del gobierno reiteraron que Gran Bretaña no estaba buscando preferencias.170 Pero también insistieron en que la reducción, aunque no preferencial con respecto a otros países, era de por sí válida.171 En Buenos Aires el representante británico mantuvo una nueva entrevista con el Presidente y trató de explicar los motivos de la negativa del gobierno británico a emitir la declaración.172 Y, finalmente, el gobierno británico decide aceptar la extensión de la declaración para incluir manteca y fruta fresca. Pero, también, al mismo tiempo, aclara que no se habrá de exigir ningún privilegio en relación con otros países.173 De ahí en adelante el asunto se mantuvo tranquilo durante el resto del año 1929. Mientras tanto nuevas declaraciones formuladas en Londres ayudan a entender el verdadero carácter del acuerdo. Frente a los renovados ataques de los paladines de la campaña de la "Preferencia Imperial", que demostraban no haber comprendido bien el convenio, los protagonistas principales se vieron obligados a formular declaraciones bastante indiscretas sobre los acuerdos concluidos con la Argentina. Fue así que en un discurso pronunciado durante una comida oficial ofrecida en honor de los representantes diplomáticos de los tres países sudamericanos visitados por la Misión, Lord D'Abernon, después de atacar a los que pensaban que existía cierta incompatibilidad entre la expansión del comercio imperial y el extranjero, continuó diciendo: "Un aspecto de la controversia que merece atención es lo beneficioso que podría resultar para nuestras negociaciones con países extranjeros el hecho de saber que tenemos la posibilidad de restringir nuestro terreno de compras a menos que recibiéramos un tratamiento favorable. Hasta ahora la campaña sobre 'Libre Intercambio Imperial' ha sido beneficiosa para la posición inglesa en América del Sur. Ha hecho evidente para todos que el vasto mercado inglés no está inmutable ni eternamente abierto a todas las mercaderías extranjeras, sin consideración del tratamiento que reciben las mercaderías inglesas".174 La amenaza potencial de la Preferencia Imperial había conducido a la curiosa situación descripta por Sir Malcolm Robertson a su vuelta a Inglaterra. "Pienso" - dijo Sir M. Robertson - "que es la primera vez que sacamos provecho de nuestra posición política de libertad de comercio en este aspecto (el de la reducción de los derechos sobre la seda artificial)".175 Pero quedaría a cargo de un miembro del gobierno británico la aclaración plena que la concesión otorgada por el gobierno argentino no tenía una adecuada contrapartida. En la sesión de la "House of Commons" del 24 de diciembre, tuvo lugar el siguiente intercambio de opiniones: El Sr. Wise pregunta: "Puedo entender que no hay nada en esta declaración que pudiera impedir a este país que coloque bajo el control nacional sus importaciones de trigo y carne?" El Sr. Graham - Presidente del "Board of Trade" - contesta: "esto plantea un problema mucho mayor para el que sería necesario se me preguntara con suficiente antelación, pero puedo decir esto, que en mi criterio, no hay nada en esta declaración o en lo que se propone, que impida a esta Cámara o a este país tomar medidas en la dirección que elija" (subrayado por el autor).176 Como comentaría más tarde un funcionario del "Foreign Office": "Ésta (la declaración) no es más que un simple enunciado de hecho. No nos compromete de ninguna manera en cuanto a lo que puede ser nuestra política futura..."(subrayado por el autor).177 3.5. La entrada en vigor de las rebajas arancelarias y negociaciones adicionales
Con el fin del año llegó el momento en que el Decreto entraría en vigor. Se presentaban dos problemas. El primero que, como hemos visto más arriba, el interés fundamental de los exportadores británicos se refería a los géneros mezcla de algodón y/o lana con seda artificial y no a los de pura seda como se preveía en el Decreto. El segundo era si la rebaja arancelaria iba a ser extendida, bajo la claúsula "incondicional" de NMF, a varios otros países europeos. Esta doble ampliación de las consecuencias del Decreto iba mucho más allá de lo que Yrigoyen jamás hubiera imaginado y podía llegar a suscitar una violenta oposición de sectores proteccionistas. Ante estas circunstancias se optó por "suspender" los efectos del decreto.178
El gobierno argentino había quedado atrapado en una situación altamente difícil. O liquidar, al menos a juicio de muchos, la industria existente. O desilusionar a aquellos a los que precisamente se había querido favorecer, esto es, a los intereses británicos.179 Y el representante británico observa: "... a su criterio (del Presidente) el decreto constituía una demostración de amistad hacia Gran Bretaña".180 Y, en los días siguientes, reitera: "La indudablemente difícil y aquí criticada posición en la que se encuentra fue debido a su deseo de otorgar un privilegio exclusivo a Gran Bretaña".181
El gobierno británico decide reiterar su interés en las rebajas arancelarias a cambio de la publicación de la declaración que ya hemos mencionado y que hemos visto no involucraba compromiso alguno.182 Pero insiste en que esas rebajas deben incluir los géneros mezcla.183 En cambio, desalienta toda idea de oposición a que las rebajas se extiendan a los productos originados en otros países por acción de la claúsula "incondicional" de NMF.184
Ante el pedido británico el gobierno argentino manifiesta, nuevamente, su deseo de solucionar al asunto pero observa que si bien se pueden incluir los géneros mezcla con algodón se debería excluir los géneros mezcla con lana ya que existe una industria local de peso en este último caso.185 Mientras tanto se ejercieron a este respecto muchas presiones desde afuera de las esferas del gobierno. Primera y principal, la Cámara de Comercio Británico había hablado con la Embajada y luego con el Presidente insistiendo en que la reducción de derechos debía aplicarse en forma sencilla.186 Pero la actuación de la Cámara Británica sólo provocó severas reacciones por parte de los intereses industriales y los periódicos. Como informa el encargado de negocios "... la actitud de la Cámara de Comercio no ha resultado satisfactoria y ha colocado al gobierno en una situación más difícil que antes volviendo a concentrar la atención sobre todo el asunto y dando lugar a una nota de protesta al Presidente por parte de la Unión Industrial Argentina en apoyo de su nota anterior...".187 En realidad, los periódicos de Buenos Aires habían comprendido claramente, ahora, el significado del trato propuesto, cosa que provocó severas críticas de su parte. Tanto La Nación como La Prensa observaron que Gran Bretaña no estaba haciendo ninguna concesión recíproca por cuanto la entrada libre de derechos era una política que ya estaba establecida y más aún que se aplicaba a todos los países. Y la finalidad original de otorgar una preferencia a Gran Bretaña había quedado anulada con la aplicación de las cláusulas de Nación Más Favorecida en tratados concluidos por la Argentina con otros países.188 De cualquier modo la Cámara Británica volvió a la carga y en respuesta a la nota de la Unión Industrial señaló que aún después de la reducción, los fabricantes locales seguirían protegidos por un margen de trece pesos. La Unión Industrial, a su vez, aprovechó la oportunidad para reanudar su campaña a favor de una revisión drástica de la política comercial. "El Señor Luis Colombo, Presidente de la Unión Industrial Argentina, aboga ahora, de acuerdo con un reportaje del Buenos Aires Herald, no sólo por el mantenimiento de los derechos de aduana en su valor actual, sino que considera que hasta deberían ser aumentados con el objeto de estimular a las firmas británicas para que establezcan sus industrias aquí, lo que beneficiaría a este país. El Sr. Colombo sin embargo admitió que los derechos proteccionistas estaban por el momento protegiendo a una industria prácticamente inexistente".189 Y el representante británico, alentado por la campaña de la UIA a favor de una nueva política comercial, se entusiasma, una vez más, con la posibilidad de obtener preferencias parra los productos británicos.190 Respecto del proyecto específico de los derechos sobre la seda artificial, una decisión de volver a adoptar la forma primitiva de las propuestas - una simple resolución aduanera de carácter administrativo que permitiera distinguir seda natural de seda artificial - fue adoptada a inspiración del Consejero Comercial, Sr. Chalkley.191 Simultáneamente - y también a instancias del Consejero Comercial - el representante británico había sugerido y solicitado instrucciones sobre un acuerdo arancelario con la Argentina, en virtud del cual el gobierno británico se comprometería a no imponer derechos sobre ciertos productos argentinos durante un número especificado de años, a cambio de que se mantuviera en vigor una concesión respecto a los derechos sobre la seda artificial por el mismo período. Todas estas sugerencias fueron violentamente rechazadas por el gobierno británico.192 En particular, en lo relativo a un acuerdo arancelario se instó al "Board of Trade" a que aclarara cuál era el significado de la declaración propuesta que se emitiría a cambio de una reducción de los derechos. "Es totalmente imposible - dijo el 'Board' en una nota al 'Foreign Office' - llegar a un acuerdo de ese tipo. La declaración que el gobierno de Su Majestad se mostró dispuesto a emitir, se refiere íntegramente a su actual política con respecto a la importación de carne y de algunos productos agrícolas y no está encaminada en forma alguna a comprometerlo en lo que atañe a su política futura sobre el particular. Es evidentemente inadmisible que el gobierno de Su Majestad asuma un compromiso por un período prolongado respecto a su política sobre el particular...".193 Pero en lo que hace al tema mucho más general del tratamiento preferencial las propuestas del representante británico en Buenos Aires fueron ásperamente censuradas por el "Board of Trade".194 "El Board vería con sumo desagrado cualquier medida, como la sugerida en el parágrafo 8 del despacho del Sr. Millington Drake (el encargado de negocios en Buenos Aires), destinada a alentar al gobierno argentino a que denunciara sus tratados comerciales que otorgan a países extranjeros derechos de nación más favorecidos en cuestión de aranceles aduaneros. Es difícil anticipar si el gobierno argentino, al embarcarse en una política de denuncia de los tratados que otorgan el tratamiento de nación más favorecida a otros países, no se propone a su vez liberarse de obligaciones similares hacia el Reino Unido. Es verdad que, estrictamente hablando, el Tratado Anglo-Argentino, que no contiene disposiciones sobre denuncia, no puede ser terminado por el gobierno argentino sin el consentimiento del gobierno de Su Majestad. Sin embargo, la idea de tratados perpetuos es incompatible con el criterio moderno, y si el gobierno argentino demostrara un deseo marcado de liberarse de las obligaciones contractuales con este país difícilmente podríamos negarnos a permitir que lo denunciara".195 Pero aunque el gobierno británico no se oponía a su extensión a otros países, continuaba interesado en obtener la reducción de los derechos sobre la seda artificial. "Lo que interesa al Board es conseguir que los derechos extremadamente altos que se aplican actualmente a la seda artificial se reduzcan a una cifra que pueda poner freno al contrabando de esas mercaderías por otros países y permitir que los artículos de seda artificial británicos puedan ser legalmente importados y vendidos a precio razonable en la Argentina, como se está haciendo actualmente en Brasil donde los derechos son más razonables pero donde no se otorga a los artículos británicos un tratamiento preferencial".196 Actuando en virtud de esas instrucciones el representante británico tuvo una audiencia con el Presidente y le presentó un memorandum acorde con esas pautas. En cuanto a la cuestión delicada de los favores especiales a Gran Bretaña, explicó que aunque no se había contado con ningún privilegio exclusivo, el deseo del Presidente de agradar a Gran Bretaña se vio concretado por el hecho que este producto (la seda artificial) interesaba mucho a los industriales británicos, tal como una reducción sobre el coñac sería en la práctica favorable para los industriales franceses. Se ha explicado esta cuestión al Presidente en todas las oportunidades pero me abstuve de darle una publicidad explícita dado que el asunto había pasado a ser del dominio público, porque hubiera hecho pasar al Presidente por tonto y hubiera desalentado por ende a la Cámara de Comercio Británica (subrayado por el autor)".197 3.6. El golpe militar del 6 de septiembre y la decisión final acerca de los aranceles sobre géneros de seda artificial Un prolongado paréntesis se produjo respecto a este problema de los derechos sobre los géneros de seda artificial. Como se ha visto, la Argentina se veía envuelta en graves conflictos políticos que resultaron en el derrocamiento de Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930. En Gran Bretaña los partidarios del libre comercio y los de la "Preferencia Imperial" seguían debatiéndose respecto a las relaciones con la Argentina. La crisis mundial iniciada a fines de 1929 comenzaba a ser reconocida como un serio problema. Y en los Estados Unidos el Congreso, como ya hemos visto, se decidió a promulgar finalmente la largamente debatida ley arancelaria con un sesgo altamente proteccionista, que fuera conocida como la ley Hawley-Smoot.
En esas condiciones, el representante británico informa que: "...el Ministro de Hacienda del Gobierno Provisional" - así se denominaba el gobierno militar que sucedió al de Yrigoyen - "estudió la cuestión y estaba dispuesto a otorgar una reducción de los derechos sobre la seda artificial y sus mezclas en la forma originalmente sugerida al gobierno argentino por la Misión D'Abernon, es decir que se interpretaría a través de un decreto administrativo, que la partida "seda" del arancel no incluía "seda artificial" a los fines de imposición de derecho de importación.198 Y el 19 de diciembre el "Board of Trade" escribió una nota al Foreign Office sugiriéndole deberían realizarse nuevas negociaciones basadas en medidas administrativas.199
En el ínterin, sin embargo, el Ministro de Hacienda de la Argentina había publicado un decreto el 19 de diciembre autorizando a las autoridades aduaneras, a partir del 22 de diciembre, a realizar una reducción del 50% en los derechos de importación sobre los tejidos por pieza y artículos de seda y mezclas de seda, ya sea natural, o artificial, prescindiendo del país de origen.200
El decreto no mencionaba ninguna compensación. Gran Bretaña obtuvo finalmente la reducción deseada sin haber tenido que dar la más mínima prueba de reciprocidad. Y este suceso tuvo lugar en medio de una violenta guerra arancelaria de carácter internacional, desatada por la depresión. En el caso de la Argentina, unos pocos meses más tarde, el Gobierno Provisional introduciría aranceles sobre productos que hasta entonces entraban libres de derechos y aumentaría los gravámenes sobre otros que ya los pagaban. La medida, dictada fundamentalmente por motivos presupuestarios, estaba especialmente dirigida contra las importaciones desde los Estados Unidos, como una medida de represalia contra los nuevos aranceles norteamericanos. Reducciones permanentes de derechos aduaneros sobre artículos de interés para la Gran Bretaña y aumentos en las mercaderías que interesaban a los Estados Unidos. Este es el resultado que puede deducirse, desde el punto de vista arancelario, de la orientación supuestamente pro estadounidense y nacionalista del "Gobierno Provisional". 4. Contratos de suministro de rieles ferroviarios a FFCC del Estado
Los obstáculos que se presentaban para un aumento del volumen del comercio entre Gran Bretaña y la Argentina no provenían solamente de la parte argentina. La inclinación del gobierno argentino a otorgar privilegios especiales a los exportadores británicos no sólo tropezó con las cláusulas NMF de los tratados comerciales de la Argentina y con la renuencia británica a dejar de lado los principios de libre comercio, como en el caso de los derechos aduaneros sobre tejidos de seda artificial. En el caso del material ferroviario surgió otro factor aparentemente casi insuperable: los convenios internacionales de "cártel" concertados por empresas británicas del ramo con sus pares del "continente europeo" que les impedían aprovechar las ventajas ofrecidas por el gobierno argentino.
Como ya hemos visto, el principal interés que sustentaba la firma del Convenio de Compras y Créditos Recíprocos había sido el de orientar las compras de los FFCC del Estado hacia firmas británicas. Por lo tanto, los rieles eran uno de los artículos a ser incorporados dentro de sus disposiciones.
Por ese motivo, a fines de septiembre de 1929, el gobierno británico - sabiendo que estaba a consideración del gobierno argentino un contrato por 70.000 toneladas de material ferroviario - se decide a averiguar cómo se podía hacer para encaminar esta compra hacia firmas británicas bajo aquel convenio. Porque de no ser así, se podría correr el riesgo de verse agotada la capacidad de compra de los FFCC del Estado lo que convertiría al Convenio en letra muerta en este aspecto.201
Por su parte, esas firmas agrupadas en la Federación Nacional de Industriales del Hierro y del Acero de la Gran Bretaña se encontraban atadas de pies y manos por un "cártel" internacional que las obligaba a no efectuar ninguna venta adicional.202 Por esta razón, la Federación efectuó una presentación al "Departament of Overseas Trade" en el sentido de obtener que las autoridades argentinas restringieran aquella compra sólo a proveedores británicos.203 A raíz de esta presentación el "Foreign Office" envió instrucciones al embajador en Buenos Aires para que sugiriera al gobierno argentino que se hiciera una nueva licitación sólo abierta a los industriales británicos en cuyo caso - insistían - los precios británicos serían encontrados satisfactorios.204 Y aunque el embajador no entendió muy claramente cuál era la dificultad con la Asociación Internacional de Fabricantes de Rieles (IRMA, nombre del "cártel"), obtuvo rápidamente la anuencia de Yrigoyen.205 No dejó de advertir, sin embargo, que era imprescindible que se cotizara a buen precio ya que existía el peligro que los productores británicos libres de competencia, se aprovecharan de esto para aumentar sus precios a niveles poco competitivos. Así podría arriesgarse la oportunidad de obtener preferencias especiales en el mercado argentino.206 Finalmente, sin embargo, el gobierno británico, alertado por empresarios de la industria respecto a sus dificultades, desechó la idea que éstos se presentaran a la licitación en cuestión.207 Al mismo tiempo, sin embargo, no quiso dejar de transmitir su beneplácito respecto a la buena disposición de Yrigoyen de asignar a los productores británicos las compras hasta el monto establecido por el Convenio.208 Pero antes que pudieran aplicarse esas nuevas instrucciones, el embajador británico comunica: "El Administrador General de los FFCC del Estado me informó ayer que el llamado a licitación a todos los países para la provisión de 70.000 toneladas de rieles... se ha cancelado y será reemplazado por una propuesta a los industriales británicos únicamente". Adicionalmente, anunciaba su visita a Gran Bretaña.209 Ante la insistencia del gobierno argentino, y presionados por su propio gobierno, los industriales británicos terminaron manifestando que estarían dispuestos a aceptar el pedido.210 La complacencia de las firmas británicas irritó al embajador quien agregó a mano los siguientes comentarios: "¡Muy amable y generoso de su parte!" "El gobierno argentino debería estar sumamente agradecido que nuestras recargadas industrias acepten sus pedidos. Eso sí sólo por una vez. No deben contar los argentinos con que esto se repita. Estamos en plena temporada de caza".211 El embajador también informa que, como resultado de un llamado a licitación pública para la compra de locomotoras para los FFCC del Estado - como publicara La Razón del 17 de octubre - los precios británicos eran los más altos de todos. El diario seguía comentando la "consiguiente dificultad para el gobierno de asignarles el pedido conforme al espíritu del acuerdo de D'Abernon".212 La cuestión del contrato por 70.000 toneladas de material ferroviario desapareció del panorama durante el resto de las negociaciones que conducirían a la firma del Convenio y a la reducción de los derechos a las importaciones de artículos de seda artificial. Recién a fines de diciembre de 1929, cuando el Convenio ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados, volvieron a surgir las antiguas dificultades. En una nueva vuelta de tuerca y en discusión con su gobierno, los fabricantes de rieles británicos terminan llegando a la conclusión, ahora, que de ninguna manera estaban en condiciones de satisfacer el pedido de los FFCC del Estado aunque la licitación estuviera restringida sólo a ellos mismos. Eso sí, admitieron que todas las diligencias previas habían tenido lugar ya sea por iniciativa de ellos o con su consentimiento explícito. Por su parte, los funcionarios del gobierno británico continuaban muy preocupados por el efecto que un rechazo del contrato pudiera tener sobre el proceso de ratificación del Convenio D'Abernon, presentado, en esos momentos, al Senado. Pero ni la intervención de los mismos miembros de la Misión hizo cambiar de parecer a los fabricantes. El obstáculo era el mismo que había existido desde un principio: sus obligaciones para con sus competidores del "Continente" en virtud del acuerdo IRMA.213 Resignados a perder esta ocasión, los funcionarios del gobierno británico comenzaron a preocuparse sobre qué podría ocurrir una vez el Convenio fuera puesto en marcha. En este sentido recibieron seguridades que el problema había surgido en cuanto a voluminosas ventas del año anterior, en particular a los FFCC británicos en la Argentina, y al hecho que la licitación era previa a la firma del convenio.214 Nuevas gestiones efectuadas en Buenos Aires llevaron a la conclusión que continuaba habiendo una excelente buena voluntad de parte del Presidente Yrigoyen en favorecer a los proveedores británicos. Pero el Presidente, también, solicitó que ya que éstos no estaban en condiciones en este caso de atender el pedido, agradecería contar con una manifestación explícita en el sentido que no habría objección a su otorgamiento a los proveedores alemanes.215 Adicionalmente, Claps, el Administrador general de los FFCC del Estado tranquiliza al representante británico en Buenos Aires aseverándole que hay compras adicionales a efectuar por montos importantes.216 Los fabricantes británicos de rieles quedaron, entonces, liberados de la obligación de suministrar las 70.000 toneladas.217 Poco después se presentó una nueva circunstancia reveladora de las dificultades en ponerse a la altura del deseo del gobierno argentino de favorecer a los proveedores británicos. En el mes de mayo, representantes de FFCC del Estado solicitaron a las firmas británicas que cotizaran la provisión de 39.000 toneladas de rieles.218 Los proveedores alemanes cuestionaban esta otra compra aduciendo que formaba parte del anterior pedido de las 70.000 toneladas cosa que el gobierno argentino, en cambio, negaba.219 Una vez más, el gobierno británico, preocupado por el efecto que una negativa adicional a participar de suministros a los FFCC del Estado pudiera tener sobre el éxito del proceso de ratificación del Convenio D'Abernon, presiona a los fabricantes para que se presenten.220 Éstos, sin embargo insisten en que el IRMA los obligaría a cotizar un sobreprecio y a pagar una multa al "cártel". Preocupaba, además, al "Board of Trade" el hecho que los precios excesivos cotizados por los productores británicos pudiera causar una mala impresión en Buenos Aires y por lo tanto se volvió a presionarlos para que los rebajaran.221 Los fabricantes responden que si pudiera convencerse al gobierno argentino que postergara hasta octubre de ese año -1930 - la formulación de pedidos, y luego los colocara para todos los rieles que hubiera de necesitar durante 18 meses, las compañías británicas podrían aceptarlos.222 Mientras tanto la cuestión del pedido de las 39.000 toneladas había seguido su curso, pero cuando sólo faltaba la firma final del decreto del gobierno, estalló el golpe militar del 6 de septiembre que derrocó a Yrigoyen. Los industriales británicos volvieron, ahora, a la carga y obtuvieron del gobierno británico que los ayudara a conseguir que el nuevo gobierno argentino confirmara el pedido.223 Además, el 30 de septiembre el primer pool en virtud de los seis años del acuerdo IRMA llegaba a su fin. La cuestión más general de un pedido de suministros para todo el año se volvió a plantear otra vez. Pero los industriales se mostraron poco dispuestos a rebajar el precio. Cuando se les interrogó sobre esto "... Elliott - de la Federación - se mostró nervioso por la pregunta... y dijo que seguramente era innecesario replantear el asunto en esa etapa". Como terminó diciendo Fraser - un funcionario del "Departament of Overseas Trade " - "...evidentemente los fabricantes británicos no tienen intención de rebajar si pueden evitarlo".224 Por consiguiente se informó al embajador en Buenos Aires que se les había dicho que, a partir de ese momento, se las debían arreglar por intermedio de sus propios representantes".225 Así fue como los compromisos de "cártel", que obligaban a los fabricantes británicos con respecto a los de otros países, malograron las posibilidades de explotar la buena voluntad del gobierno de Yrigoyen de otorgar un tratamiento preferencial a los productos británicos en este terreno. 5. Conclusión
Era necesario que llegara la Depresión y con ella los cambios muy drásticos que se introducirían en los acuerdos de comercio e intercambio para que los gobiernos conservadores que subieron al poder como consecuencia del golpe de estado de septiembre de 1930 concretaran la política de otorgar preferencias a Gran Bretaña. Resta en pie, sin embargo, que antes de la Depresión y bajo el gobierno constitucional del nacionalista Yrigoyen se había inaugurado ya el esquema que intentaría retrotraer a la Argentina a un sistema de comercio y pagos bilaterales con Inglaterra.

References: e contrario
 Artículo 6
 artículo 2
 Artículo 6
 Artículo 2
 Artículo 6
 Artículo 2

Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 4
 Artículo 2

Artículo 5

Artículo 6

Artículo 1
 artículo 1
 artículo 2
 artículo 1
 artículo 2
 artículo 1
 artículo 2
 resolución