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Timestamp: 2017-03-30 04:47:44+00:00

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Disertación del Dr. Hicham Hamdan, Embajador del Líbano, sobre la situación en el Líbano [Opiniones][Agencia ANCLA][IRW]
Realizada el 3 de agosto de 2006 en el C.A.R.I. (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales).
Por Dr. Hicham Hamdan Israel está intentando convencer a la opinión pública que su guerra en el Líbano es similar a la guerra de los Estados Unidos en Afganistán o en Irak. Está intentando jugar el rol de la víctima que fue blanco de un ataque sorpresivo contra su seguridad y su integridad. En realidad, a pesar de las discrepancias en los puntos de vista de los libaneses respecto de la operación de Hezballah y el momento de su realización, la verdad insoslayable es que dicha operación se llevó a cabo en el marco de las circunstancias complejas y tensas que vive el Sur del Líbano. Forma parte de la guerra que aún persiste entre Hezballah, en su calidad de resistencia popular contra la ocupación israelí, e Israel que siempre lo consideró su enemigo acérrimo.
Sobre Hezballah
Hezballah, como saben, no puede ser calificado como un movimiento islámico ideológico extremista, como lo es Al Qaeda por ejemplo, que practica, a través de la violencia y el terrorismo, una ideología de características internacionales. Hezballah es un partido que posee su propia doctrina de construcción política nacional y tiene sus propios conceptos regionales e internacionales, todos manifestados solamente dentro del marco de la actividad política habitual a cualquier partido.
Probablemente, la característica principal de aquellas operaciones es que tuvieron como blanco las fuerzas militares israelíes de ocupación en territorio libanés, sin involucrarse en operaciones de guerra en territorio israelí salvo en limitadas situaciones, específicamente cuando Israel en una escalada de sus agresiones bombardeó las ciudades y las aldeas libanesas durante los años 1993 y 1996. No existen actividades a nivel internacional que confirmen legalmente la participación de Hezballah en operaciones violatorias del derecho internacional.
Hezballah ha crecido en un entorno pobre en general que es el medio Shíita, especialmente en el Sur y en el Bekaa Norte. Sus relaciones se caracterizaron por su alianza con Siria, cuyas fuerzas estaban desplegadas en el Líbano, que poseía una influencia política amplia en el país. Asimismo tenía relaciones de alianza con Irán, motivadas posiblemente a causa de la unidad del credo religioso entre ambos. Sin embargo, Hezballah aprovechó de todo estas alianzas para convertirse en una estructura política popular que responde a las necesidades de la gente que lo rodeaba, brindándoles los servicios sociales, educacionales, deportivos, de salud etc.
En síntesis, Hezballah es una fuerza popular que posee una presencia política en la sociedad y goza también, por ser la resistencia, del respeto de los libaneses en sus distintas confesiones además del apoyo regional y hasta inclusive del apoyo internacional que se le brindó por ser considerado un ejemplo de resistencia a la ocupación.
Realmente no importa lo que siente cualquiera de nosotros hacia este partido, como tampoco importa como podemos calificarlo. Lo importante para nuestro análisis es que es una realidad innegable que ha puesto como objetivo declarado liberar el Líbano de la ocupación israelí. Un objetivo noble que no sólo no es posible rechazar sino muy por el contrario fue y es aceptado por todos, puesto que nadie, por más grande que sea el rencor que guarde hacia este partido, no puede oponerse a este legítimo objetivo basado en el derecho internacional.
Hezballah se convirtió luego del retiro de Israel del Líbano el año 2000 en símbolo de resistencia a nivel regional e internacional. La resistencia a la ocupación que desplegó durante años provocó un gran cambio en la opinión pública israelí que obligó a Israel a aceptar la resolución 425 y retirarse del Líbano. A partir de esto, pueden entender en síntesis el efecto de aquella victoria respecto del posicionamiento de Hezballah en el Líbano y su repercusión en los sentimientos de los gobernantes de Israel.
Con el apoyo de Siria y los sucesivos gobiernos libaneses, Hezballah consideró que las Chacras de Shebaa, mantenidas aún bajo ocupación israelí, son territorio libanés e insistió en su derecho de continuar la lucha contra Israel hasta que su retiro de esta región. Asimismo, consideró un derecho suyo seguir la lucha armada hasta que Israel libere los prisioneros en sus cárceles entre los cuales se encuentran algunos símbolos del partido.
De la misma forma, pidió, juntamente con el gobierno libanés, la entrega por parte de Israel de los mapas de las minas que había dejado el ejército israelí en el Sur del Líbano antes de su retiro. Estas minas provocaron y siguen provocando muerte, heridas y mutilaciones a ciudadanos civiles casi todos los días. Por último, tanto Hezballah como los sucesivos gobiernos libaneses exigieron a Israel que se abstenga de violar la soberanía del Líbano por mar y por aire.
En consecuencia, la situación en el Sur de Líbano después del año 2000 era una situación convulsionada. Indicios de ello podemos señalar los repetidos ataques de Hezballah a las fuerzas israelíes en las Chacras de Shebaa como los sucesivos ataques de Israel contra posiciones de Hezballah y sus bombardeos contra aldeas y ciudades. En el año 2002 Hezballah capturó algunos soldados israelíes que fueron intercambiados por un gran número de prisioneros libaneses y árabes, gracias a negociaciones realizadas con la intermediación de Alemania. Esta tensión imperante en el Sur hacía esperable que se producían actos de guerra de cualquiera de las dos partes en cualquier momento.
En mi opinión, Israel estaba esperando esta oportunidad. Es extraño que no haya estado preparado para este posible ataque. Además, y más aún, parece que estaba preparando un plan de invasión para golpear a Hezballah. Hace dos días atrás, algunos diarios israelíes señalaron claramente la existencia de un acuerdo logrado el 17 de junio pasado con el vicepresidente de los Estados Unidos para atestar esta invasión y este golpe.
Ha quedado claro que la reacción israelí contra el ataque de Hezballah lo sobrepasa holgadamente en su magnitud y su dimensión. El Primer Ministro Olmert no tuvo reparos en señalar que el ataque al Líbano era un mensaje dirigido a otros países que poseen misiles de mayor alcance que los misiles que posee Hezballah. Esto significa que echar la responsabilidad al Líbano, destruir su infraestructura, su economía, sus ciudades y aniquilar los civiles, tenía un objetivo claro que se llevó a cabo en forma sistemática para enviar el mensaje a otros países de la región.
Fue el gobierno libanés quién, realmente, se sintió sorprendido por la oportunidad en que se realizó la operación de Hezballah, ya que estaba a mitad de camino de un diálogo nacional tendiente a establecer una formula estratégica nacional con el fin de desarmar a todos los grupos que actúan por fuera del gobierno y el Estado y asegurar la protección de los derechos nacionales y la defensa del país.
Saben ustedes que el Líbano ha vivido una importante transformación a partir de abril de 2005 y el retiro de las fuerzas sirias de su territorio. Deben de recordar que centenares de miles de libaneses salieron a las calles a raíz del asesinato del presidente Rafiq Hariri para expresar su deseo de apartar al Líbano del círculo de la violencia en al región de Medio Oriente y especialmente rechazar mantenerlo como escenario de luchas regionales. Uno de los objetivos anunciados y evidentes del gobierno libanés era poner fin a la situación que mantenía al Líbano como prisionero de la situación de la región tanto en Palestina ocupada como frente a las relaciones israelíes - sirias e iraníes.
Por estos motivos el Líbano vivió una situación política muy tensa y tirante. Situación esta que surgió a partir de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad que determinó el marco general para apartar al Líbano del círculo conflictivo de la región. Algunos vieron en esta resolución una continuidad del acuerdo de Taif de 1989 que puso fin a la guerra interna (civil) en el Líbano, especialmente en lo que se refiere al retirar de las armas de todas las fuerzas libanesas y no libanesas a favor del estado. Otros, sin embargo, consideraron que las disposiciones de esta resolución son inaceptables sin antes arreglar la tensa situación en el Sur del Líbano y establecer una política de defensa nacional.
El Líbano es un país democrático que goza de una situación especial. Si bien existe en él pluralidad de partidos y libertad de expresión, este pluralismo político está ligado al factor religioso por el hecho de que el país es un conjunto de 18 minorías religiosas. Por ello, es imposible imponer por la fuerza determinado cambio político sin correr el riesgo de concluir en una guerra civil. En consecuencia era indispensable un diálogo nacional que allane el camino ante un acuerdo que asegure, por un lado, la implementación de la resolución internacional como expresión del respeto del Líbano a la legalidad internacional, y por el otro lado, satisfacer las demandas nacionales en el Sur lo cual justificará el fin de la resistencia.
Los libaneses han demostrado a través de este diálogo, que obtuvo el apoyo internacional, que están logrando realmente pasos muy importantes. Por un lado, se pusieron de acuerdo respecto de la libanidad de las Chacras de Shebaa ocupadas por Israel, y solicitaron que las mismas sean delimitadas acorde a los designios de las Naciones Unidas y acorde al derecho internacional, y que sean retiradas del marco de la resolución 242 e incluirlas en la resolución 425, ambas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Asimismo se acordó proceder al retiro de las armas de las milicias palestinas y el inicio de un análisis serio respecto de las armas de Hezballah y la manera de concertar entre el retiro de estas armas y las necesidades de la defensa nacional.
Es por ello que, ante la operación realizada por Hezballah el 12 de julio declaró que no estaba al tanto de esta limitada operación, que no patrocina la misma y que en consecuencia no asume la responsabilidad frente a la misma. Sin embargo, Israel consideró que la operación es una declaración de guerra y esto no es correcto en absoluto. Israel sabe que el Líbano no tiene ni la intención ni la capacidad de declarar la guerra. El Líbano, inclusive, nunca se involucró en ninguna guerra anterior contra Israel excepto la del 1948. No formó parte de las guerras de 1956, 1967 y 1973. Más aún no formó parte de las guerras que lanzó Israel contra el mismo Líbano en 1978, 1982, 1993 y 1996.
En cuanto al alegato de que esta guerra es una lucha contra el terrorismo, no podemos de ninguna manera comparar la orientación y la posición de Hezballah con las de los grupos terroristas de ideologías internacionales. Hezballah depende de una situación nacional y de una causa existente que tiene efecto sobre el destino de la región en la cual actúa. Es una situación popular que ha de repetirse y repetirse aunque sea con nombres diferentes hasta que se logre una solución definitiva al problema.
Si observamos a nuestro alrededor encontramos que Hezballah ha obtenido un apoyo espectacular en la opinión pública regional e internacional, no por su pensamiento político, sino por lo que representa como un fenómeno nacional vinculado a la resistencia contra una ocupación extranjera y contra la hegemonía por la fuerza sobre los derechos de los pueblos de la región. El Líbano no puede ser tratado como la Afganistán de los Talibán o el Irak de Saddam Husein. El Líbano era un proyecto que los mismos Estados Unidos, antes que los demás, lo presentaban como ejemplo para la construcción de la democracia en la región. Un Líbano que ha demostrado realmente que actúa dentro de la legalidad internacional.
Es necesario subrayar que el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas aseguran claramente el derecho de los pueblos a la resistencia contra la ocupación. Incluso en el marco de las convenciones internacionales para la lucha contra el terrorismo, existen importantes referencias acerca de este tema. La declaración del 50 aniversario de las Naciones Unidas, que constituyó la interpretación de uno de los temas más importantes de la Carta de las Naciones Unidas, reafirma el derecho de los pueblos a la resistencia contra la ocupación. El señor Richard Batler, presidente de la Conferencia encargada de elaborar aquella declaración, dio a conocer una clara interpretación en este sentido. (Es esencial leer esa interpretación del Sr. Batler, adjunta a la declaración).
Asimismo la resolución de la sexta comisión de las Naciones Unidas y de la Asamblea General de las Naciones Unidas del año 1998 hace referencia a las numerosas resoluciones emitidas por las Naciones Unidas que aseguran el derecho de los pueblos a la resistencia contra la ocupación. Debe recordarse, por otra parte, que este partido, Hezbollah, no figura en la lista de grupos terroristas de las Naciones Unidas. La definición de Israel sobre Hezbollah acomo un grupo terrorista es una posición política.
En cuanto al derecho a la autodefensa, quiero recordar lo que he señalado anteriormente en el sentido que la situación en la región sureña del Líbano era tensa y que existían choques bélicos continuos entre Israel y Hezballah, lo cual concluye en que la operación de este último no fue sorpresiva. Sin embargo, dejando de lado este asunto, cito lo que dijo Poeet en su libro “derecho a la autodefensa” donde dice: el uso de este derecho se basa en la protección de un derecho básico de un daño irreparable en circunstancias en las cuales no existen otras opciones a fin de lograr la protección deseada”. Esta interpretación habla de presionar o de reformular una situación jurídica pero no de tomar medidas disuasivas vengativas con el fin de imponer derechos jurídicos.
O’Connell considera que la referencia al derecho inherente de la autodefensa significa basarse en el derecho jurídico natural. Reconoce que este derecho ha sido definido en el marco del derecho normativo por medio de la correspondencia entre los Estados Unidos y Gran Bretaña respecto de la cuestión Macleod y Carolina el año 1837. allí se señala que se debe existir la necesidad de la autodefensa inmediata e imperiosa sin que haya lugar para otras opciones o que haya tiempo para la deliberación y que la medida tomada no debe ser excesiva, mas debe ser limitada acorde a la necesidad.
La Corte de Nuremberg ha adoptado esta definición. Inclusive, cuando Fost se refirió al derecho de los estados en el marco del artículo 51 a atacar bases en otros países en autodefensa, estaba refiriéndose a grupos armados tales como las bandas de narcotraficantes y situaciones que están fuera de la capacidad de la comunidad internacional y de los países involucrados. Ahora, considerar que Hezballah es una banda armada es al menos ridículo y burlesco.
Permítanme aclararles las consecuencias de las operaciones militares israelíes en el Líbano hasta el día de la fecha en respuesta a la captura de dos soldados: la guerra ha destruido al país que se convirtió en un blanco de un castigo colectivo. Las pérdidas humanas han alcanzado un límite trágico y están en aumento. Hasta el momento las víctimas civiles fatales superan los mil y más de su tercio son niños menores de doce años.
Existen además firmes indicios sobre el uso por parte de Israel de armamento prohibido internacionalmente tales como las bombas de fósforo, bombas de racimo y bombas electromagnéticas. La cantidad de heridos ha superado los cuatro mil, y hay más de un millón de personas, o sea la cuarta parte de la población, que han sido desplazados de sus hogares. Imagínense si la cuarta parte de la población argentina haya huido de sus casas con las ropas puestas solamente.
Muchos de los hospitales ya colmaron su capacidad de operar y de recibir a las víctimas. Crece la falta de alimentos y de remedios. Han sido demolidas miles de viviendas, fábricas y depósitos. Han sido destruidos decenas de rutas y se han dañado seriamente más de ciento cincuenta puentes uno de ellos es el más alto en Medio Oriente. Han bombardeado puestos del ejército libanés, de las Naciones Unidas, de la Defensa Civil, de la Cruz Roja, camiones que transportaban ayudas humanitarias y autos con civiles que huían de la guerra. Se destruyeron plantas generadoras de electricidad, depósitos de combustibles, y hay hoy más de 15 mil toneladas de full oil en las aguas del mar cuya limpieza requiere más de cinco años.
Han atacado las antenas de la televisión y de las comunicaciones por cable e inalámbricas. Han bombardeado el aeropuerto de Beirut y han impuesto un bloqueo marítimo, terrestre y aéreo al Líbano. Existen serios temores de que Israel pretende destruir las 100 aldeas del Sur de los cuales 21 aldeas ya fueron destruidas en gran parte. La población sufre de la falta de agua y remedios y las organizaciones humanitarias han señalado la aparición de enfermedades tales como la sarna.
Existe además una enorme pérdida económica que alcanza los miles de millones de dólares. Nadie sabe exactamente cuanto tiempo hemos de necesitar para reparar los daños humanos, sociales, psicológicos y económicos. Y me pregunto, ¿Acaso la vida del ciudadano libanés vale menos que la vida del ciudadano en Israel o en otros países?
Es incorrecto decir que el Líbano y la comunidad internacional no estaban capacitados para arreglar la cuestión de Hezballah o que el Líbano no estaba capacitado para implementar la resolución 1559. Permítanme leerles las declaraciones del Secretario General de las Naciones Unidas en este sentido: "es importante incentivar a los libaneses para trabajar juntos. En realidad una parte del plan de implementación de la resolución 1559 consiste en el diálogo entre los libaneses máxime que existe en la parte libanesa la convicción acerca de la necesidad de desarmar a las milicias incluso a Hezballah. Hubo un diálogo nacional que trató este tema, y aunque no ha arribado a una solución, no caben dudas de que el diálogo estaba en proceso. Hubo un diálogo fructífero acerca del desarme de Hezballah y de su fusión con el ejército y varias ideas constructivas fueron analizadas".
En realidad las prácticas israelíes se ubican dentro del rubro de la venganza. Y la venganza es un procedimiento injustificable e inaceptable en la Carta de las Naciones Unidas porque no guarda relación con el derecho a la autodefensa según el concepto del artículo 51 sino con el objetivo de castigar. Y el castigo ya no está permitido en la Carta de las Naciones Unidas.
Lo que está sucediendo en el Líbano no afecta solamente a este país miembro de las Naciones Unidas, sino perjudica con un enorme daño a todo el sistema de las Naciones Unidas encargado de preservar la seguridad y la paz internacionales, además de afectar el prestigio y la credibilidad de la Organización Internacional.
La comunidad internacional ha procurado, después de las destrucciones, muertes y sufrimientos causados por la segunda guerra mundial, establecer un nuevo sistema internacional que hace que el uso de las guerras en las relaciones entre los países sea un procedimiento difícil sino imposible. El título principal de estos esfuerzos era la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones entre los países y el arreglo pacífico de las controversias haciendo que la defensa de la seguridad y la paz internacionales sean un deber colectivo.
Los aliados se convocaron para formular una Carta que reafirme este objetivo y establezca un mecanismo de trabajo por medio de un organismo colectivo. La Carta condicionó el ingreso de cualquier país, que desea ratificarla e incorporarse al organismo emanado de la misma, que sea "amante de la paz". O sea que rechace claramente el uso de la fuerza y la amenaza del uso de la fuerza en sus relaciones con los demás estados y que trabaje junto a los demás miembros que componen la familia de las Naciones Unidas para lograr los otros objetivos de la misma que destacan los principios de igualdad entre los estados, el trabajo con espíritu de justicia y equidad a fin de asegurar el bienestar, el desarrollo económico y social a todos los miembros de la comunidad internacional.
Es posible que Israel haya creído que las divergencias entre algunos libaneses y Hezballah se transformarían en choques internos. Sin embargo el Líbano ha sabido mantener la unidad de su pueblo en todas sus confesiones. Y esta unidad se manifestó en la cooperación y el apoyo que están brindando los ciudadanos de todas las confesiones a los desplazados que en su mayoría son de la confesión chiíta.
e) La Fuerza Internacional de las ONU que opera en el Sur del Líbano será reforzada y fortalecida en cantidad, equipamiento, mandato y área de operaciones, según las necesidades, con el fin de llevar a cabo las tareas de socorro y de ayuda humanitaria y garantizar la estabilidad y la seguridad en el Sur para permitir el retoro de los desplazados a sus hogares.
f) Las Naciones Unidas tomarán, en cooperación con las partes involucradas, las medidas necesarias para poner en vigencia el Acuerdo de Armisticio entre el Líbano e Israel del año 1949, y asegurar el respeto a sus disposiciones, así como considerar las posibles modificaciones o el cambio de dichas disposiciones acorde a las necesidades.
Quiero terminar diciendo que esta guerra no debilitó a Hezballah. Ustedes pueden ver las imágenes de las manifestaciones de apoyo que goza este partido a nivel regional y mundial. El Secretario General de las Naciones Unidas declaró que es imposible desarmar a Hezballah por la fuerza y que es necesario un entendimiento y una solución política entre los libaneses a través del diálogo y que es necesario ayudarlos para lograr esta solución. También dijo que es necesario encontrar una solución política a la crisis porque la solución militar no resuelve el problema.

References: resolución 
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 artículo 51
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