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Timestamp: 2019-10-15 21:02:53+00:00

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Portada | Política Exterior | Carta a los lectores: redefinición de frentes en la OTAN.
POLÍTICA EXTERIOR nº 37 - Febrero-marzo 1994
Dos estudios diferentes vuelven sobre el significado del GATT y la firma de la Ronda Uruguay: un artículo crítico de Michel Jobert y un trabajo de investigación de Fernando Gómez Avilés ofrecen enfoques opuestos y complementarios. Dos estudiosos norteamericanos hacen un examen, a nuestro juicio muy penetrante, sobre la hegemonía de Estados Unidos, su pasado reciente y su próximo futuro. Un especialista español, Domingo de Silos Manso, escribe sobre Italia y su ruptura con el régimen nacido en 1946.
La cumbre de la OTAN, celebrada en Bruselas los días 10 y 11 de enero marca un cambio profundo en la historia de la Alianza. Nos parece útil incluir algunas consideraciones sobre la decisiva reunión en esta nota editorial, escrita mientras enviamos este número a la imprenta.
En el terreno político, la cumbre de Bruselas incorpora un concepto nuevo, la Asociación para la Paz, antesala del ingreso definitivo solicitado por varios candidatos. La Asociación puede recibir varias lecturas, todas ellas legítimas, puesto que con toda evidencia no abre las puertas de la OTAN a los postulantes, pero tampoco las cierra. Es cierto que Boris Yeltsin ha denunciado una ampliación hacia el Este del perímetro de la OTAN que podría restablecer una especie de nuevo e impalpable telón de acero en sus fronteras occidentales. Pero habría que pensar si, incluso sin la protesta rusa, la OTAN y la opinión pública de los dieciséis países que la componen estarían en condiciones de ofrecer su protección casi automática a todos los aspirantes de la Europa central y oriental, deseosos de protegerse tras el perímetro de la Alianza Atlántica.
La respuesta tiene que ser negativa, y basta con repasar los sondeos de opinión de los países miembros para comprobar que la ciudadanía atlántica no está dispuesta a realizar grandes sacrificios para preservar la paz con un aumento de los presupuestos militares, destinados a gravar los bolsillos de los contribuyentes, ni mucho menos a alargar el período de servicio militar de los jóvenes conscriptos. La única crítica seria que merecería el proyecto norteamericano, aprobado en la cumbre de Bruselas, tendría que reducirse a proponer una ampliación de los gastos militares incluidos en los presupuestos nacionales y una prolongación del servicio militar obligatorio capaz de compensar la baja demografía occidental.
Tanto la Asociación para la Paz en el terreno político, como la creación en el terreno militar de un nuevo núcleo en el organigrama de los altos mandos militares aliados rompen el hasta ahora incuestionable principio de las “acciones fuera de área” que la OTAN tenía rigurosamente vedadas para respetar el contorno dibujado en el artículo 6 del Tratado de Washington: esa renovación doctrinal parece lo más importante de la cumbre de Bruselas.
La teórica admisión escalonada de nuevos miembros, amparados en la puerta abierta por el artículo 10 del tratado, ofrece una posibilidad de modificar las fronteras jurídicas en el interior de las cuales los dieciséis países miembros se garantizaban hasta ahora una asistencia militar, en caso de ataque, según las normas fijadas por el artículo 5. La decisión es justa, una vez desaparecida la amenaza única y masiva de la Unión Soviética. Pero lo cierto es que el peligro de un gran ataque ha desaparecido para dejar paso a múltiples riesgos omnidireccionales.
Los dos conceptos fundamentales que ordenaban la doctrina militar de la Alianza eran la “defensa avanzada”, para proteger en el mismo límite del telón de acero la integridad de los dieciséis países miembros, y la “respuesta flexible”, destinada a modular la escalada creciente en caso de conflicto nuclear. Los jefes de Estado y de gobierno reunidos en Bruselas se limitan a reconocer que todos los riesgos futuros para la estabilidad pacífica del continente pueden tener su origen en puntos situados justamente “fuera de área”, según la definición del artículo 6. Por tanto, hará falta completar el esquema militar actual de la Alianza, adaptándolo a una nueva situación, mientras se guarda el antiguo despliegue militar, aunque se reduzcan sus efectivos, para seguir garantizando las obligaciones impuestas por el artículo 5.
Así quedan delimitadas dos funciones aliadas: por un lado, los altos mandos y las fuerzas adjudicadas a cada uno de ellos, dispuestas a responder a un posible ataque; por otro, junto a ese dispositivo tradicional se inserta una nueva dimensión de la Alianza, bajo el título de Combined Joint Task Forces (CJTF), formadas por un nutrido Estado Mayor de oficiales de los ejércitos aliados, encargados de preparar los planes de respuesta a cualquier agresión. La diferencia es grande y merece la pena recalcarla porque la antigua doctrina del artículo 5 se limitaba a defender los “territorios”, mientras que ahora las posibles acciones militares emprendidas por fuerzas de la OTAN, para mantener o imponer la paz al exterior del perímetro geográfico fijado por el tratado de Washington, estarán destinadas a preservar los “intereses” aliados, considerando que el primero de todos ellos es guardar la estabilidad pacífica del escenario geoestratégico general.
De esta manera la OTAN pretende dotarse con unidades multinacionales, seleccionadas entre los propios efectivos de la antigua Estructura Militar Integrada y con las unidades francesas y españolas. Estas unidades de la Alianza deben permanecer dispuestas para emprender acciones de mantenimiento de la paz a la demanda de la ONU o de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE). Tanto la ONU como la CSCE podrían aplicar los planes establecidos por los Estados Mayores de la CJTF, bajo mando de oficiales de la Unión Europea Occidental (UEO) o de fuerzas suministradas por países miembros del Consejo de Cooperación del Atlántico Norte (CCAN), unidos a efectivos suministrados por la OTAN. Estamos pues ante una triple posibilidad para el nuevo núcleo militar de operar con unidades exclusivas de la OTAN, o bien ofreciendo sus unidades a la UEO para que el llamado “pilar europeo de la defensa” dirija las operaciones de mantenimiento de la paz con mandos establecidos por la ONU o por la CSCE.
Es cierto que los países occidentales han tardado más tiempo del necesario en formular el modelo de Asociación para la Paz o de estas fuerzas de la OTAN que, según el principio de “unidades separables pero no separadas”, permiten una flexibilidad hasta ahora desconocida en la aplicación de las fuerzas de la OTAN puestas al servicio de la paz.
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Con su prestigio aún dañado por la incapacidad de reacción, las dudas y la falta de coordinación mostradas en el conflicto de la antigua Yugoslavia, Europa,...

References: artículo 6
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 artículo 5
 artículo 6
 artículo 5
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