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Timestamp: 2019-12-11 06:57:37+00:00

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Feminismos en la frontera norte de México. Un análisis desde la interseccionalidad y las identidades complejas | García Alcaraz | Revista Interdisciplinaria de Estudios de Género de El Colegio de México
Janet Gabriela García Alcaraz
Janet Gabriela García Alcaraz tiene maestría en estudios culturales por El Colegio de la Frontera Norte y licenciatura en psicología por la Universidad de Guanajuato. Sus principales áreas de interés abarcan temas sobre género, sexualidad, poder, feminismo e identidad. Ha diseñado y participado en proyectos de investigación sobre racismo, desempeño escolar, embarazo adolescente, pornografía, actitudes e identificación feminista, cuyos hallazgos han sido presentados en foros especializados de proyección nacional e internacional.
Marlene Solís es doctora en ciencias sociales con especialidad en estudios regionales por El Colegio de la Frontera Norte (Colef) y maestra en desarrollo urbano por El Colegio de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores desde 2009. Actualmente, es profesora-investigadora del Departamento de Estudios Sociales del Colef. Su investigación ha tratado sobre el estudio de la desigualdad de género en el trabajo, las identidades laborales y los mercados de trabajo fronterizos.
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Feminismos en la frontera norte de México. Un análisis desde la interseccionalidad y las identidades complejas
Janet Gabriela García Alcaraz1Marlene Solís*, 2
Correspondencia: *. Autora para correspondencia: Marlene Solís, E-mail:
* Janet Gabriela García Alcaraz tiene maestría en estudios culturales por El Colegio de la Frontera Norte y licenciatura en psicología por la Universidad de Guanajuato. Sus principales áreas de interés abarcan temas sobre género, sexualidad, poder, feminismo e identidad. Ha diseñado y participado en proyectos de investigación sobre racismo, desempeño escolar, embarazo adolescente, pornografía, actitudes e identificación feminista, cuyos hallazgos han sido presentados en foros especializados de proyección nacional e internacional.
* Marlene Solís es doctora en ciencias sociales con especialidad en estudios regionales por El Colegio de la Frontera Norte (Colef) y maestra en desarrollo urbano por El Colegio de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores desde 2009. Actualmente, es profesora-investigadora del Departamento de Estudios Sociales del Colef. Su investigación ha tratado sobre el estudio de la desigualdad de género en el trabajo, las identidades laborales y los mercados de trabajo fronterizos.
En este estudio partimos de pensar a las mujeres como agentes de cambio que se apropian de diferentes espacios de resistencia, para reivindicar demandas de mejora de las condiciones de género y de la precariedad de sus vidas. A través del análisis de narrativas de mujeres feministas que residen y tienen incidencia en el estado de Baja California, se discute la perspectiva de la interseccionalidad y su relación con los planteamientos sobre las identidades complejas. Para ello, se propone un esquema analítico de los discursos feministas, considerando las diferencias generacionales, étnicas y de posición social. Con ello, se logra dar cuenta de la condición de opresión de género como un elemento compartido, más no como componente unificador, así como de los mecanismos de configuración de la intersubjetividad feminista.
Recibido: 11-2016; Aceptado: 04-2017
Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México, 2018 Jan 15
DOI: http://dx.doi.org/10.24201/eg.v4i0.101
Palabras clave: feminismo, género, interseccionalidad, identidades complejas, frontera.
Key words: feminism, gender, intersectionality, complex identities, borderland.
En esta segunda década del siglo XXI, las mujeres hemos avanzado un camino largo para el reconocimiento de nuestra autonomía y la defensa de nuestros derechos. El feminismo, como movimiento social, se mantiene vivo a pesar de las enormes dificultades para impulsar el cambio social y cultural necesario para lograr la igualdad entre hombres y mujeres. En particular, la frontera norte de México ha sido un escenario privilegiado para la acción colectiva de las mujeres, sobre todo debido a las condiciones de extrema vulnerabilidad que éstas enfrentan, las cuales derivan de los distintos procesos de deterioro social ocurridos en las últimas décadas, tales como las crisis económicas, el incremento de la violencia y la desigualdad social. Asimismo, la condición fronteriza implica fuertes tensiones propias de los efectos de la globalización en este territorio, signado por la asimetría entre los países colindantes.
La investigación1 que da lugar a este artículo tiene como objetivo comprender la construcción de la identidad feminista en un grupo de mujeres militantes del estado de Baja California, a través del análisis de sus narrativas personales y siguiendo los principios del paradigma de la interseccionalidad y la teoría de las identidades complejas. De esta manera, nos interesa preguntarnos acerca de las diferencias en los procesos de identificación feminista, considerando la diversidad de experiencias de vida y posiciones sociales de ocho protagonistas que se encuentran participando en la agenda pública a favor de las mujeres en esta entidad fronteriza.
Como telón de fondo, se encuentra la inquietud por descifrar cómo las mujeres le dan sentido a la acción colectiva en este espacio-tiempo, marcado por la individualización exacerbada, el consumismo y la violencia social, entendidos como proceso de de-subjetivación, es decir, de negación del sujeto y de pérdida de memoria y de conciencia ( Wieviorka, 2012 ). Frente a ello, nos preguntamos cómo es posible recrear la intersubjetividad feminista, entendida como un conjunto de acuerdos mínimos y cognición compartida que nos posibilita darle coherencia y proyección a este movimiento social por la igualdad.
El desarrollo de esta temática lo planteamos en tres apartados. En el primero presentamos un modelo dinámico de la interseccionalidad, integrando distintos referentes teóricos para el estudio de los procesos de identificación feminista que nos ayuda a mostrar las etapas y sus formas ( Downing y Roush, 1985 ), así como acercarnos a la complejidad de las identidades ( Roccas y Brewer, 2002 ), mostrando las gradaciones de las pertenencias y el papel de la subjetividad en la gestión de los distintos sistemas de clasificación.
El segundo apartado ahonda en la metodología, para luego dar un vuelco hacia una ruta de corte más descriptivo de las circunstancias y formas de llegar al feminismo como discurso y práctica en este grupo de mujeres.
El tercer apartado consiste en el análisis propiamente de las narrativas bajo el modelo propuesto, es decir que se destacan las etapas de la identificación feminista en sus contradicciones y aperturas, así como las negociaciones y formas de resolver las pertenencias personales de los casos de estudio.
Por último, en las conclusiones, hacemos un recuento de los principales elementos teóricos discutidos y los hallazgos en el análisis empírico, mismos que nos permitieron mostrar cómo se entrelazan a lo largo de la experiencia de vida, distintas pertenencias, feminidades y formas de ser feminista.
Elementos teóricos de un modelo dinámico de interseccionalidad
Hemos dividido este apartado en dos subapartados a fin de elaborar el modelo dinámico para el análisis de la interseccionalidad. Para comenzar, presentamos una propuesta teórica para entender los procesos que se van entretejiendo en la intersección de los sistemas de dominación a lo largo del tiempo, y que en un corte temporal, se expresan en una narrativa particular (como una fotografía). Posteriormente, planteamos una tesis como punto de partida; ésta se refiere a que la identidad feminista (la autoadscripción) implica una ruptura identitaria con un discurso hegemónico de ser mujer, construido socialmente (el género), y que esta ruptura conlleva un proceso de subjetivación (de toma de conciencia de la sujeción social en primera instancia).
La interseccionalidad y sus procesos
El estudio de las identidades personales ha sido abordado desde distintas disciplinas, tales como la sociología, la antropología y la psicología. Desde el campo de los estudios culturales, ha sido un tema central para entender, precisamente, la producción y reproducción de la cultura. En este sentido, las identidades pueden entenderse como cultura interiorizada, y es esta concepción la que nos lleva a abordar el problema de cómo le dan sentido las personas a sus acciones y cómo construyen sus pertenencias.
De acuerdo a la perspectiva fenomenológica y de la teoría de género, en la vida cotidiana y en las nociones de sentido común, se reproducen los sistemas de significación que perpetúan la posición de desventaja social de las mujeres. Por ello, podemos decir que un rasgo característico del feminismo, como movimiento social,2 es el trabajo sobre sí que las mujeres tienen que emprender para tomar conciencia acerca de su situación de opresión frente al sistema de dominación patriarcal. “Lo personal es político”, ha sido una de las consignas del movimiento social de las mujeres, justamente, porque se pensaba que las formas de dominación que habría que transformar se expresan, de manera particular, en lo personal, en aquella esfera considerada como privada, es decir, que se encontraba fuera del alcance de cualquier escrutinio público.
Precisamente, a este proceso de toma de conciencia se le ha denominado como “empoderamiento de las mujeres”, el cual implica desarrollar una serie de habilidades, de acumular recursos identitarios para la transformación de sus propias vidas.3 Con estas ideas cobra sentido el abordar la construcción de la identidad feminista desde las identidades personales, tal como se propone en la investigación realizada.
Por otro lado, es importante entender la tensión que se presenta entre las identidades personales y la identidad colectiva: se trata de una contradicción propia del carácter social de la vida humana, ya que mientras la primera implica un proceso de diferenciación, la segunda se orienta hacia la búsqueda de similitudes, de referentes comunes. De acuerdo con Kauffman (2004, pp. 121-22) , la identidad colectiva implica la existencia de una comunidad, implica un esfuerzo por la reproducción y actualización de un discurso compartido e implica un sentimiento de superioridad.4 Para este autor, la identidad personal5 y la colectiva son estrictamente opuestas; esta oposición se sostiene por la idea de que se trata de lógicas radicalmente diferentes. Sin embargo, el individuo moderno se construye enteramente bajo esta paradoja: la definición específicamente personal se cruza con las pertenencias colectivas, de esta manera la identidad personal es única, basándose en que es compartida e intercambiable, es decir, que es producto de dinámicas potencialmente antagónicas que van del yo al nosotros ( Kauffman, 2004 ).
Por ello, nos preguntamos acerca de la experiencia personal de las protagonistas en su devenir feministas, cómo se entreteje en ellas lo personal con lo político, cómo se recrea la conciencia feminista en nuestro tiempo. En términos identitarios, lo colectivo tiende a la simplificación y un cierre del sentido, lo cual conlleva una mayor dificultad para la acción reflexiva y la fluidez,6 tal como ha ocurrido con el feminismo.
En las últimas décadas, el asunto de la diferenciación ha cobrado interés en el pensamiento feminista, en parte por la globalización que nos ha permitido visualizar a las mujeres de todo el mundo en su lucha por la igualdad y la democracia, pero también por el cuestionamiento hacia las voces privilegiadas para la enunciación dentro del feminismo, que han invisibilizado otras voces y que plantean una universalización del pensamiento sin atender las diferencias sociales y culturales de las distintas mujeres en el mundo. De hecho, el paradigma de la interseccionalidad7 intenta capturar las diversas posiciones de las mujeres, por estar sujetas a distintas formas de opresión. El planteamiento inicial es elaborado por las feministas que se sentían excluidas del llamado feminismo de la primera ola en Estados Unidos y Europa, que hacía una generalización de la condición femenina y pretendía una universalización que representaba solamente a mujeres blancas, occidentales y de clase media. Con estos planteamientos, Crenshaw (1989) da cuenta de las diferencias entre las mujeres por el entrecruce de distintos sistemas de diferenciación social y de dominación (género, raza, sexualidad, clase), lo que define posiciones distintas y problemáticas particulares para las mujeres, así como la constitución diferenciada de la subjetividad femenina.
El nivel de análisis que se aborda en esta investigación es el individual, por lo que, siguiendo a Naples (2008) , se centra en el interés por entender la manera como la diversidad social de posiciones le da forma a la experiencia vivida. En este nivel de análisis, es posible abordar sobre todo dos de las dimensiones de poder definidas a partir de la matriz de dominación propuesta por Collins (2000) : 1) la dimensión de la hegemonía, que se relaciona con las cuestiones ideológicas, culturales y de conciencia (la mediación entre las prácticas disciplinarias y la interacción social); y 2) la dimensión de la interacción interpersonal en la vida cotidiana.8
Algunas de las críticas que Hancock (2007) plantea sobre el paradigma de la interseccionalidad han sido consideradas para el diseño de la investigación y la interpretación de las narrativas. De esta manera, la autora señala que en los estudios sobre la intersección de los sistemas de diferenciación social, hay una definición estática de las categorías, como la clase, el género y la etnia, por lo que sugiere considerar las variaciones que existen en cada una de ellas, en ser mujer o ser negra, por ejemplo. Hay una tendencia a concebir la pertenencia como permanente cuando éstas están sujetas a cambios derivados de las variaciones en las políticas institucionales y al curso de vida de las personas. También, esta autora propone considerar los grados de las membresías a los distintos grupos, tomando en cuenta algunos contextos que influyen en la definición más o menos cerrada de la adscripción. Otro elemento crítico es que hay etapas en el desarrollo de una pertenencia y esto le imprime otro matiz al estudio de las intersecciones e interdependencias entre categorías.9
A fin de considerar estas sugerencias, hemos incorporado al análisis los planteamientos de Roccas y Brewer (2002) sobre las identidades complejas, cuyo punto de partida es el reconocimiento de que las personas desarrollan distintas formas o estrategias de gestionar sus pertenencias. Dichas estrategias pueden ser simples o adoptar características más complejas que requieren el uso de recursos identitarios más sofisticados y mayor capacidad para “atravesar fronteras”. Las estrategias que las autoras definen son cuatro: 1) la intersección de dos identidades grupales, 2) la dominancia de una identificación primaria, 3) la fragmentación y activación de acuerdo al contexto de distintas identidades, y 4) la fusión de diversas identificaciones significativas para el individuo.
Adicionalmente, hemos retomado el modelo que propusieron Downing y Roush (1985) para el análisis de la identificación feminista, que va de la aceptación pasiva al compromiso activo, como un instrumento analítico para el abordaje de las narrativas, ya que permite, justamente, identificar los grados de pertenencia y su variación en el tiempo.
A partir de esta propuesta teórica, pensamos que el paradigma de la interseccionalidad puede complementarse y responder a las críticas señaladas por diversas autoras y autores ( Hancock, 2007 ; Salem, 2014 ). Proponemos que en lugar de intentar preservar la originalidad de los planteamientos de Crenshaw (1989) -como sugieren algunas y algunos autores-,10 lo que se requiere es abrir las categorías y dar paso a un análisis situado que nos permita mostrar los matices, los puntos de encuentro y desencuentro entre las mujeres feministas, así como pensar las intersecciones de las formas de dominación de manera más dinámica y heterogénea.
Crisis identitaria, subjetividad y acción reflexiva
Desde la teoría de la identidad de Dubar (2002) , las crisis identitarias se explican por el desajuste entre la identidad para uno mismo y el reconocimiento (de la otredad). En el caso de las mujeres que se adscriben como feministas, planteamos que lo hacen desde una ruptura de su identidad personal, ya que la identidad de género es vivida como una negación de sí mismas (son mujeres que no se sienten reconocidas ni valoradas por ser mujeres)11 frente a lo cual elaboran distintas resistencias. Esta conceptualización sobre las identidades refiere un trabajo de constante construcción identitaria en la que los ideales de género juegan un papel importante tanto a nivel diacrónico (interacción y reconocimiento social) como sincrónico (reflexividad a través del tiempo).
En dichas crisis del proceso de la construcción de la identidad personal, la falta de reconocimiento en la vida cotidiana pone al sujeto en una situación que puede traer consecuencias tanto materiales como simbólicas. Al respecto, Dubar (2002) sugiere dos vías para la resolución de estas coyunturas en la trayectoria de vida. Por un lado, el repliegue sobre el sí mismo involucra un reencuentro con el “yo” a través de los referentes de socialización primaria. Por el otro, la conversión identitaria implica la creación de una nueva identidad valiéndose de recursos ofrecidos por la socialización secundaria. Ya sea por la primera o la segunda vía, lo que se pretende es que el sujeto regrese a un estado de estabilidad relativa que ofrezca un sentido de mismidad y unicidad. Bajo los intereses que hemos planteado, sugerimos que la conversión está relacionada con el método de concienciación feminista, sobre todo en términos de la creación de feminidades alternativas dentro de la organización social patriarcal que sigue vigente.
La identidad constituye una parte del sí mismo o de la subjetividad. Al entender a ésta última como el lugar en el que se produce el significado de nuestra relación con el mundo social, Brah (2011) destaca la precariedad y la contradicción de ser un sujeto en proceso de experimentar la identidad. Igualmente, es preciso tener en mente el papel que juega la cultura en la producción de subjetividades ( Aquino Moreschi, 2013 ), sin dejar de lado otros aspectos como la ubicación geopolítica, ya que es también en función del contexto espacial que se construyen posiciones sociales y se le da sentido de las mismas ( Grossberg, 2003 ). Al tener estas consideraciones en cuenta, hacemos una aproximación desde el ámbito individual contemplando a las mujeres como sujetos situados en el contexto fronterizo.
Siendo la subjetividad un sistema de significados (pensamientos, identificaciones, sentimientos) derivados de la reflexividad y del lenguaje compartido, la intersubjetividad adquiere relevancia en la construcción identitaria tanto personal como colectivamente. Esto nos parece relevante, debido a que la intersubjetividad media nuestra relación con el mundo social, haciendo la conjugación del yo y del otro en un “nosotros” ( López, 2004 ).
De igual manera, la acción reflexiva entendida como una confrontación constante con el sí mismo, resulta un elemento fundamental en la construcción de la identidad personal. Para Beck (2001) , la reflexividad es un proceso interno dominante para los sujetos en la modernidad tardía, en el que se busca una auto-construcción de la biografía siempre abierta y flexible. En la época actual, el amplio abanico de posibilidades de elección se confronta con una mirada constante hacia nuestro interior. La acción reflexiva es un espejeo entre el mundo interno y externo del sujeto, le da conciencia de sí y lo sitúa como un ente activo que tiene la capacidad de aprender y dar sentido a las acciones, así como a la forma en la que las enfrenta y las vive ( Solís, 2009 ).
Bajo las propuestas teóricas que han sido discutidas en este apartado, consideramos que las mujeres se enfrentan a un proceso de construcción identitaria en el que algunos puntos de inflexión se han visto marcados de manera significativa por el género y otras categorías, en las que se destaca una falta de reconocimiento como sujetos plenos. Desde el abordaje de la subjetividad es posible acercarse al significado que han hecho sobre las crisis de identidad a las que se han enfrentado y, de esta manera, es posible comprender el proceso reflexivo a través del cual se identifican personal y colectivamente con el discurso feminista, así como el sentido que le dan a esta identificación. Planteamos que, desde la escala local, estas mujeres se apropian y son creadoras de una intersubjetividad feminista.
La experiencia de construirse como mujeres feministas
Una vez trazados los ejes teóricos que guían este análisis del proceso de identificación feminista, damos paso a la presentación de los elementos empíricos abordados para sustentar la tesis expuesta con anterioridad. Cabe mencionar que, manteniendo un paralelismo con el encuadre epistemológico y la metodología utilizada, los relatos de las participantes serán agrupados en temáticas narrativas. Para ello, dividimos este apartado en tres subapartados. El primero, precisa la ruta metodológica recorrida para acceder a la unidad de análisis: las narrativas de mujeres feministas. En el segundo, se describen a las participantes con el objetivo de ilustrar su diversidad discursiva y acción política en el contexto fronterizo. En la tercera y última sección, se abordan las narrativas en un momento anterior a la identificación con el feminismo, exponiendo la intersección de diversas categorías marginalizantes en la construcción de la identidad de género de las mujeres, para luego situar a la identificación con el discurso feminista como un elemento coyuntural en la trayectoria de vida de las participantes.
Una aproximación desde la investigación narrativa
La propuesta de la investigación narrativa como herramienta para comprender la construcción de identidades fue el principal recurso metodológico empleado. No obstante, como inmersión al campo de estudio, nos valimos de la observación participante. Esta técnica fue realizada durante los meses de junio a septiembre del año 2015. Al asistir a diversos encuentros políticos y culturales organizados por algunas de las organizaciones feministas de la ciudad de Tijuana, se comenzó, como lo sugiere Mason (2002) , con el reconocimiento de las delimitaciones espacio-temporales del contexto fronterizo, así como un registro de las interacciones y establecimiento de contactos con informantes clave.
El criterio para la selección de los casos se fijó con el objetivo de estructurar una muestra de variación máxima, en la cual se sugiere la inclusión de pocos casos que muestren la mayor variabilidad entre ellos ( Patton, 1990 ). De esta manera, se buscó la inclusión de participantes diversas en cuanto a categorías como la generación, el deseo sexual, la clase y la etnia, así como sus intereses y prácticas políticas Las participantes fueron contactadas personalmente o a través de informantes clave para invitarlas a participar; cada una fue entrevistada de manera individual. Tanto su participación como la grabación del audio de la entrevista, fue acordado bajo su consentimiento informado.
Como se mencionó anteriormente, la unidad de análisis fue las narrativas creadas por las participantes para contar cómo ha sido su trayectoria como mujeres feministas. Partimos de la conceptualización de las narrativas como construcciones sociales que explican coherentemente la experiencia vivida ( Murray, 2003 ). De esta manera, implementamos la técnica de la entrevista episódica semiestructurada ( Flick, 2009 ) para evocar un relato en profundidad sobre cómo fue que las participantes llegaron a identificarse con el discurso feminista.
Posteriormente, los datos recabados se operacionalizaron siguiendo, por un lado, la propuesta de Strauss y Corbin (2002) de la teoría fundamentada (categorización, codificación y comparación constante), y, por el otro, las pautas ofrecidas por Josselson (2011) para la investigación narrativa (lecturas completas y reiteradas que permitan identificar las manifestaciones del self y patrones narrativos, así como una discusión con la teoría).
Cabe destacar que el cruce de los casos partió en todo momento desde el paradigma de interseccionalidad. Vinculado con lo anterior, consideramos pertinente mencionar que la investigación narrativa no tiene como objetivo establecer generalizaciones, sino que, al abordar muestras reducidas, se busca que emerjan los contrastes y singularidades de la experiencia vivida ( Josselson, 2011 ).
Sujetos políticos en la frontera: las participantes
Lagarde (1998) habla sobre la impronta de género, así como de sus repercusiones para la identidad y la organización social, ya que se trata de una identidad asignada por un otro que estipula qué es ser mujer y qué es ser hombre. Lo anterior resulta paradójico para el movimiento feminista, ya que la categoría “mujer” como su punto de inicio es un elemento de autoidentificación que, simultáneamente, requiere ser reconstruido. Ante esta problemática, Alcoff (1988) concibe el ser mujer como una experiencia posicional en la que categorías como la etnicidad, la clase, el deseo sexual y la edad, se enfrentan a las condiciones contextuales de la economía, las instituciones, la cultura, la política y las tendencias ideológicas. Manteniendo esta visión dinámica y situada de la experiencia de ser mujer, se enfatiza en que no hay un sólo Feminismo, sino que existen múltiples corrientes con objetivos y estrategias políticas que difieren de acuerdo con una concepción particular de lo que implica ser mujer.
El grupo de mujeres que accedieron a ser parte de esta investigación, tanto por sus narrativas como por sus agendas políticas, podemos describirlas como muy comprometidas y con gran influencia en sus círculos sociales; son mujeres proactivas que buscan no solamente cambiarse ellas mismas, sino cambiar su realidad social.
Para ilustrar cómo estas mujeres producen y reproducen diversos discursos feministas desde su incidencia política, hemos agrupado a los casos con base en las tres plataformas de acción colectiva encontradas en las narrativas asociadas: las organizaciones no gubernamentales (ONG), la academia y la no institucionalizada. Las mujeres que trabajan desde ONG se interesan por temas de la apropiación del cuerpo, los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTTTI, así como por la promoción de la participación de las mujeres dentro de los partidos políticos. Las estrategias son variadas, pero dependen en gran medida de los recursos económicos con los que cuentan para llevarlas a cabo; inclusive algunas de ellas refieren que han utilizado parte de sus sueldos para solventar los gastos de las organizaciones. En este grupo tenemos los casos de: Aurora (27 años), Gloria (34 años), Victoria (50 años) e Hilda (53 años).12
Dentro del grupo de mujeres feministas entrevistado también se encuentran casos que encaminan sus acciones colectivas desde la academia. Desde esta plataforma no sólo se limitan a impartir clases con temáticas de género, sino que llevan su compromiso fuera de las aulas y brindan apoyo a algunos estudiantes que se acercan a ellas. A partir de su experiencia, se han encontrado con estudiantes que viven el descubrimiento y confrontación de su identidad sexual, así como quien ha vivido situaciones de violencia. Además de participar en diversos foros y conjuntar esfuerzos con grupos feministas de la ciudad de Tijuana, estas mujeres que se han desarrollado profesionalmente en la academia, llevan los contenidos teóricos a la práctica, sobre todo en beneficio de los estudiantes para quienes estos temas pueden resultar una confrontación importante con su subjetividad. Aquí enunciamos las narrativas de Esmeralda (36 años) y Rosalba (46 años). De los casos abordados, sólo ellas trabajan en la misma institución/organización.
La última plataforma corresponde a la no institucionalizada, en la que se encuentran participando las más jóvenes, con una forma de incidencia más independiente para aportar a la reivindicación de las mujeres. En su agenda política el tema de la reterritorialización del cuerpo de la mujer está presente de manera imperante. Una particularidad es que a través de redes sociales como Facebook, han podido establecer contacto con otras mujeres que comparten sus intereses, en específico a través de la comunidad “Menstruando en Casa”.13 Este espacio virtual ha sido trascendido, ya que han formado agrupaciones y colectivos culturales y políticos desde los cuales realizan diversas actividades como la organización de talleres sobre la menstruación, fanzines y colaboración con ONG consolidadas. Claudia (28 años) e Yvette (30 años) han encontrado en esta plataforma una herramienta para emprender sus acciones políticas.
Al agrupar de esta manera a las mujeres participantes, destacamos la importancia de reconocer la diversidad discursiva dentro del movimiento feminista, así como las implicaciones de los valores políticos en la construcción de la identidad personal.
Señalamos que, además de auto-adscribirse como feministas, tienen en común el nivel de escolaridad, el cual va de medio a alto. Respecto a la conyugalidad, dado que son mujeres que atraviesan por distintos ciclos, ésta la viven de forma distinta. Asimismo, la maternidad, por la que han atravesado las mujeres de mayor edad, es precisamente uno de los rasgos que marca contrastes en sus entornos por las diferencias generacionales, como veremos más adelante. Cabe destacar que todas ellas comparten un origen étnico mestizo, mientras que Gloria menciona provenir de una comunidad indígena del centro del país. Esta diferencia marca contrastes en la experiencia de construcción identitaria de las participantes, ya que la intersección de posiciones normalizadas otorga el privilegio de la “transparencia”, mientras que la saturación de opresiones hace a los otros cuerpos “opacos” y proclives al señalamiento y estigmatización ( Romero Bachiller y García Dauder, 2003 ). Lo anterior debe tomarse en cuenta en la lectura de las narrativas aquí estudiadas. En el anexo, se presenta un cuadro que aporta elementos sociodemográficos para describir a los casos.
En las narrativas construidas por este grupo de mujeres encontramos episodios de crisis identitarias marcadas por el género. Con fines analíticos y en correspondencia con la propuesta de Dubar (2002) , en el siguiente apartado hacemos un recorrido temático por sus narraciones, señalando estos desajustes identitarios y su resolución.
Narraciones feministas y coyunturas identitarias de género
En este subapartado presentamos las narrativas agrupadas bajo dos ejes temáticos principales. El primero corresponde a un momento anterior a la identificación con el feminismo, en el que se presentan crisis identitarias marcadas por el género, que permiten poner en foco de análisis la intersección de las categorías que intervienen en la construcción de la identidad personal de las participantes. En este eje, el repliegue sobre el sí mismo se convierte en la vía de resolución de la crisis. El segundo eje narrativo sitúa al encuentro con el discurso feminista como un factor coyuntural en las trayectorias de conversión identitaria de las participantes. Aquí, la resolución de la crisis identitaria toma la vía de la conversión, de la construcción de un nuevo yo.
Comenzando con el primer eje, encontramos que la elección de carrera, la maternidad y el desplazamiento del campo a la ciudad resultaron en circunstancias que alteraron la estabilidad identitaria de algunas de las mujeres que fueron entrevistadas. La resolución de estas crisis se tornó hacia el repliegue sobre sí mismas, es decir, recurrieron a los referentes de la socialización primaria (familia, comunidad). En la elección de una carrera universitaria, la opinión de la familia y en especial de la madre tuvo importantes repercusiones, ya que se esperaba la inserción en un campo profesional “femenino”, o bien, su elección se limitó debido a que no se les permitía salir de la ciudad en la que vivían. Igualmente, los ideales de la maternidad marcaron una falta de reconocimiento como seres para sí mismas. El caso de Victoria ilustra cómo, al asumir completamente el rol doméstico y de crianza (ser para otros), el repliegue sobre sí misma parecía inminente, dado que el “ser madre” fue una dimensión de gran prominencia en su círculo social más íntimo y cercano.
Por otro lado, el caso de Gloria complejiza este tipo de crisis ya que la intersección etnia-clase-edad, da cuenta de que las relaciones de poder no sólo están presentes entre mujeres y hombres, sino que también evidencia que éstas existen entre mujeres y otras mujeres. Gloria es una mujer que a los doce años de edad se independizó de su familia y se fue a vivir del campo a la ciudad para trabajar como empleada doméstica de planta en la casa de una familia alemana, una experiencia que la confronta con una falta de reconocimiento como sujeto, ya que sus empleadores esperaban el máximo rendimiento del cuerpo de su empleada, situación que la llevó a ser hospitalizada y a confrontarse consigo misma. Al preguntarse “¿qué hago aquí?”, decidió volver al campo con su familia sin escapar de la precariedad laboral, para luego emprender camino hacia Tijuana.
Bajo el segundo eje temático, ubicado en un momento posterior a la identificación con el feminismo, se puede mencionar el caso de Aurora, quien luego de enfrentarse a actitudes y comportamientos lesbofóbicos por parte de su madre y padre, decidió independizarse de su familia y mudarse con su pareja. Al valerse de sus referentes de socialización secundaria (pareja, amigas), emprende un giro en su proyecto identitario que se dirige a la autonomía y a la edificación de un nuevo “yo” que sea reconocible para ella principalmente.
El caso de Gloria también nos ayuda a ilustrar esta resolución de las crisis identitarias. Luego de trabajar por varios años dentro de la industria maquiladora bajo situaciones de explotación laboral, de evaluar el deterioro en su cuerpo (de manera similar a cuando trabajaba para una familia alemana) y el poco progreso económico en su situación personal, decidió abandonar su puesto como encargada de área para sumarse a una movilización por los derechos laborales. Los referentes de socialización secundaria que jugaron un papel importante en esta transformación fueron, tanto La Casa de la Mujer-Grupo Factor X,14 como sus compañeros y compañeras de huelga.
Tal como se argumentó, tanto el repliegue sobre sí como la conversión, son vías a través de las cuales el sujeto regresa a una estabilidad identitaria. Hacemos énfasis en que dicho estado es relativo ya que, al optar por un entendimiento de la identidad personal como una serie de identificaciones dinámicas a lo largo del tiempo, el sentido de un “yo” reconocible provee un autoconcepto y un anclaje entre el mundo interno y externo del individuo. Por otro lado, las crisis de la identidad personal y su resolución no son sólo procesos de carácter individual, sino que reflejan procesos macrosociales, sistemas de creencias y sus efectos tanto materiales como simbólicos sobre la construcción de subjetividades y el reconocimiento ( Dubar, 2002 ).
Hasta este momento dentro del apartado, hemos discutido sobre las crisis identitarias y su resolución. Mencionamos que en la conversión de la identidad los referentes de socialización secundaria resultan un factor fundamental. Esta situación nos hace reflexionar sobre las implicaciones del feminismo en la construcción de la identidad personal de las mujeres, motivo por el cual a continuación hablamos sobre cómo, en qué contexto y momento las entrevistadas se asumieron como mujeres feministas.
Nos valemos de la edad cronológica de las participantes como un punto de partida para analizar el momento en el que el feminismo entró a sus vidas. El caso de Esmeralda se caracteriza por ser quien se identificó como feminista a una edad más temprana que el resto, ya que fue a los 16 años cuando ella adoptó esta definición como propia. En los casos de Aurora, Claudia, Yvette, Gloria e Hilda esta adición a su repertorio identitario ocurrió entre los 19 y los 26 años de edad. Por otro lado, los casos de Rosalba y Victoria se distinguen porque su identificación con el feminismo lo señalan a la edad de 38 y 39 años de edad, respectivamente.
Las circunstancias personales y sociales en las cuales las entrevistadas llegaron a este punto en sus narrativas también son variadas. No obstante, lo que encontramos de manera recurrente es la asociación con otra mujer feminista que favoreció esta identificación, así como el acceso a más información sobre este movimiento. Por otro lado, tanto el caso de Claudia como el de Yvette muestran una particularidad distinta, ya que fue a través de diversas fuentes y comunidades en internet que comenzaron a interesarse por estos temas y a conocer a otras mujeres feministas.
Para Yvette y Esmeralda, por ejemplo, este momento coincide con la aceptación de su identidad como mujeres lesbianas. En el caso de Gloria, como lo mencionamos anteriormente, el contacto con una organización feminista en Tijuana y su participación en una huelga dentro de la industria maquiladora, fueron circunstancias que rodearon su identificación como mujer feminista. Hilda, quien formaba parte de una organización de izquierda en la década de los ochenta, se declaró feminista luego de reflexionar sobre el papel de las mujeres dentro de dicho grupo, ya que, en sus palabras, “sólo servían el café”. Para Victoria fue en el ejercicio laboral donde comenzó a preocuparse por la desigualdad de género, principalmente por la violencia, ya que en ese entonces comenzaban a registrarse y a calificarse los asesinatos de mujeres como feminicidios.
En este devenir feminista de las participantes, destacamos el factor intergeneracional como una categoría significativa. La generación a la que ellas pertenecen va acompañada de ciertos objetivos y estrategias. La diferencia más marcada está en la decisión de las participantes más jóvenes de adoptar la vía no institucional para su quehacer político. Otro punto de divergencia se puede ubicar en las situaciones de desigualdad vivida que han politizado. Para las participantes de mayor edad, se trata de buscar la participación igualitaria de las mujeres en la sociedad como sujetos, mientras que para las más jóvenes se busca la deconstrucción de la identidad y el deseo sexual.
Lo que hemos mencionado hasta el momento coincide con lo argumentado por Gómez-Ramírez y Reyes Cruz (2008) sobre la importancia que tiene el desenvolvimiento de las mujeres en ámbitos públicos como las escuelas, el trabajo y otros movimientos sociales en su identificación con el feminismo. Sin embargo, estas mismas autoras remarcan que la estigmatización asociada al “ser feminista” tiene un impacto negativo que obstaculiza la ya mencionada identificación. El testimonio de Rosalba nos ilustra esta representación: “como a los 30 me asumía como generista, todavía me daba miedo la palabra feminista, caí en la misma tontada del estigma, ¿no? Aunque sí lo sentía como muy compatible conmigo […] pero socialmente no me atrevía a hacerlo, era muy extraño”.
Entonces, ¿de qué manera se llega a la inclusión del “ser feminista” a la identidad personal y qué estrategias de negociación emprenden ante un contexto social que las estigmatiza? En los siguientes apartados discutiremos sobre estas cuestiones.
Un análisis desde la interseccionalidad como proceso
Esta tercera parte corresponde a un momento con mayor énfasis analítico, es aquí donde desplegamos el modelo dinámico de la interseccionalidad al destacar las etapas del proceso de identificación feminista e identificar las estrategias emprendidas para negociar las pertenencias personales. Asimismo, se elabora un análisis de la manera en que se expresan las diferencias en los procesos de identificación, en los discursos y prácticas de este grupo de mujeres feministas.
Las etapas en la identificación feminista
A continuación, nos valemos del modelo de Downing y Roush (1985) para comprender el proceso de identificación como feministas de las participantes de una manera no lineal, en el que el sentido de la experiencia juega un papel fundamental. La primera etapa propuesta por las autoras citadas en la sección anterior corresponde a la aceptación pasiva de los roles y estereotipos de género en su vida cotidiana. Con el análisis de las narrativas, observamos que esta aparente pasividad es relativa y se difumina de acuerdo a la situación particular de cada una de las participantes. No se trata de una pasividad absoluta; aunque ésta sea así proyectada, en las narraciones se encuentran espacios de resistencia y rebeldías. Ahora bien, desde una perspectiva interseccional resulta necesario matizar esta pasividad ya que, por ejemplo, en el caso de Gloria, “portarse bien” y “obedecer” era una forma de autoprotección ante las golpizas que le propinaron sus familiares. Al obviar la capacidad de acción reflexiva de las mujeres ante la desigualdad, se corre el peligro de caer en la victimización de las mismas.
La siguiente etapa del modelo de Downing y Roush (1985) corresponde a la visibilización de la desigualdad de género y las implicaciones que tiene para las mujeres. En el análisis que realizamos de las narrativas, observamos que esta revelación no sólo se suscita con respecto a la categoría de género, sino que vino acompañada de una visión crítica sobre el lugar que ocupan en la estructura social como mujeres lesbianas (en los casos de Claudia, Esmeralda y Rosalba), bisexuales (caso de Aurora), así como mujeres obreras de la maquiladora (caso de Gloria). Esta visibilización es resultado de la acción reflexiva, ya que implica una confrontación entre la propia subjetividad y el medio social. El punto clave de este estadio es la significación de la propia experiencia de dominación como un elemento compartido por las mujeres, un salto al entendimiento de lo personal como político.
Asimismo, la creación de lazos con otras mujeres y una valoración positiva de lo femenino están implicados en la identificación feminista; Downing y Roush (1985) denominan a esta etapa incrustación-emanación. Este tipo de alianzas y de revaloración de la identidad de género permitió a las entrevistadas crear grupos y comunidades de mujeres interesadas en su reivindicación. Lo cual, como se mencionó en el apartado anterior, fue un elemento importante para que las participantes entrasen en contacto con el feminismo. Sin embargo, consideramos que la construcción afirmativa de su identidad de género resulta ampliamente significativa, no sólo para la internalización del discurso feminista, sino que también tiene fuertes implicaciones para la constitución de las mujeres como sujetos. En específico, a través de la resignificación de la feminidad hegemónica y el empoderamiento como herramienta de proyección identitaria. Encontramos, además, que esta identidad afirmativa en proceso sostiene vínculos importantes con el conocimiento del cuerpo, de los deseos y de la posición de la mujer en la sociedad.
La cuarta etapa del modelo con el que hemos dialogado hasta el momento corresponde a la síntesis o internalización del discurso feminista en el aparato subjetivo de las mujeres, lo que implica una transversalidad de esta identificación en el resto de sus identificaciones sociales (Downing y Roush, 1989). La declaración de esta identidad, es decir, el nombrarse feminista, podría ser un indicador de este trabajo sobre el sí mismo. No obstante, en nuestro análisis enfatizamos la integración del feminismo a sus rasgos individuales, y destacamos que un aspecto característico de esta etapa es el cese de la reproducción de ciertos designios de género en la interacción social cotidiana con familiares, hijos e hijas, amigas, compañeras de trabajo y hermanas, por mencionar algunos. En el apartado anterior se destacó que el arribo de las participantes a esta etapa varió para cada una de ellas. Sin embargo, coincide con el descubrimiento o aceptación de otras dimensiones de su identidad que las posiciona en la estructura social, tales como el deseo sexual, la clase, la etnia y las tendencias políticas e ideológicas.
La última etapa del modelo de Downing y Roush (1985) es el compromiso activo. Es decir, el involucramiento directo con prácticas discursivas encaminadas a la reivindicación de las mujeres. En esta categoría se incluyen prácticas como la participación en marchas o la creación de colectivos u organizaciones. Se trata de una identificación con un colectivo que promueve la movilización social y política. En las narrativas del grupo que hemos entrevistado se encuentra este sentido de compromiso colectivo que se acompaña por sentimientos como el orgullo. Destaca, además, que ellas comentan tener múltiples jornadas: la doméstica, la laboral y la feminista.
Resaltamos que algunas de ellas refieren haber estado comprometidas con alguna movilización antes de reconocerse a sí mismas como feministas, un elemento más para señalar que la identificación con el feminismo no es lineal. Se trata de un proceso reflexivo en el que la experiencia vivida se resignifica, en el que el modelo de Downing y Roush (1985) nos ayuda analizar la politización de la identidad como un proceso dinámico e incluso cíclico, ya que se puede volver a una etapa anterior (con excepción de la aceptación pasiva) para politizar otras dimensiones identitarias.
Esta adición de una nueva identidad a su repertorio viene acompañada del reconocimiento de la otredad. Una vez que esta identidad es asumida, las entrevistadas emprendieron estrategias para negociar su identidad personal con su pertenencia a múltiples grupos y categorías. En el siguiente apartado realizamos un análisis en torno a esta negociación.
La complejidad como estrategia identitaria
Para analizar la identificación individual con el feminismo y la forma en que las mujeres entrevistadas representan subjetivamente a sus diversos grupos de pertenencia, nos hemos valido de la propuesta de las identidades sociales complejas de Roccas y Brewer (2002) . De acuerdo con estas autoras, representar los grupos de pertenencia con menor superposición se asocia con una menor complejidad. Mientras que, por el contrario, al percibir una mayor superposición las identidades tienden a ser más complejas. Así, sugieren cuatro estrategias de negociación identitaria: la intersección (conjunción de dos identidades grupales), la dominancia (se establece una identificación primaria), la fragmentación (activación de diferentes identidades de acuerdo al contexto) y la fusión (suma de las identificaciones sociales), siendo la más compleja esta última y la más simple la primera.
Nuestro punto de interés se centró en la representación subjetiva de los distintos grupos de pertenencia de las mujeres entrevistadas con relación a dos categorías: “mujer”, entendida como una experiencia posicional y “feminista”, como un indicador de la importancia de los valores políticos en la identidad personal. Bajo nuestro análisis de las narrativas, encontramos que la representación de los grupos de pertenencia en este grupo de mujeres varía de una estrategia a otra por diferentes razones. En primer lugar, encontramos que la mayor o menor centralidad de los valores políticos en su identidad personal resulta significativa para valerse de una estrategia u otra.
Bajo estos términos, en la estrategia de intersección se encuentra una mayor presencia de las tendencias políticas feministas, lo cual coincide con la etapa de incrustación-emanación en el proceso de la identificación feminista propuesta por Downing y Roush (1985) . En específico se relaciona con el proceso de incrustación ya que, además de una revaloración de lo femenino y el feminismo, se presenta un cierre ante lo que no es femenino o, en este caso, ante lo que, o quien, no es feminista. El siguiente extracto del testimonio de Hilda nos ayuda a ejemplificar la intersección: “mis amigas, son mis amigas […] mi primer círculo. Y mis mejores amigas son dentro del movimiento. Después están las compañeras de otras organizaciones con las cuales también me llevo bien. Y en ese mismo círculo segundo está mi familia, el segundo círculo”. Esta alta valoración hacia su grupo de amigas feministas habla de la importancia que tiene para ella ser una “mujer feminista”.
En la estrategia de la dominancia, la identificación principal es el ser mujer como categoría posicional. Es decir, la visibilización de la posición de desigualdad para las mujeres es lo más importante más allá de asumir la identidad feminista ante los demás. Esta forma de representación se vincula con la segunda etapa del modelo de Downing y Roush (1985) , en la que se “descubre” la posición de subordinación con respecto al género y a otras categorías de opresión social. El siguiente fragmento de la narración de Gloria ilustra esta representación de los grupos de referencia: “yo no me presento como feminista, yo me presento como defensora de los derechos laborales con perspectiva de género, […] y bueno, si me preguntan: ¿eres feminista?, pues ya responderé que sí”. Aquí, la centralidad de los valores políticos de Gloria se vuelca en el ser “mujer obrera”, mientras que su identidad como feminista es asumida por ella, no es un aspecto que decida desplegar como carta de presentación inmediata. Gloria también establece alianzas y fronteras con respecto a la categoría de la etnia, ya que para ella es importante conservar la cultura de las comunidades de origen, además de que se une al trabajo de mujeres indígenas activistas aun cuando éstas no se identifiquen como feministas.
En la fragmentación se reconoce la pertenencia a varios grupos, pero ser mujer o ser feminista se activa de manera diferenciada de acuerdo al contexto. Esta estrategia resulta más inclusiva con respecto al otro y, al igual que la estrategia de intersección, se relaciona con la etapa de incrustación-emanación ( Downing y Roush, 1985 ), sobre todo con el proceso de emanación, ya que en éste existe más apertura ante lo no femenino y lo no feminista. Luego de que las emociones negativas derivadas de la visibilización de la desigualdad se disipan, poco a poco se da el espacio a una postura más reflexiva sobre la otredad. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en la narrativa de Rosalba cuando nos habla de cómo es su relación con su familia nuclear: “simplemente saben que soy la de la familia que trabaja en una universidad y es maestra universitaria, hasta ahí. De lo demás [su participación en movilizaciones sociales] no saben. Ni siquiera saben que vivo con mi pareja, bueno, te lo puedo poner así”. Esta separación selectiva que Rosalba realiza, ser “mujer-lesbiana-feminista”, le permite mantener el contacto con su familia, pero no despliega muchos aspectos de su identidad en esta esfera de socialización.
En la última de las estrategias, la fusión, también hay un reconocimiento de pertenencia a diferentes categorías y la politización del ser mujer va más allá de ser o no feminista. Se trata de una representación en la que las fronteras entre el “nosotros” y “ellos” se vuelven frágiles, habiendo una mayor aceptación de la otredad. La etapa del compromiso activo coincide con esta estrategia, ya que en ella se busca la reivindicación de las mujeres como un colectivo ( Downing y Roush, 1985 ). Este segmento de la narrativa de Yvette muestra cómo se expresa la fusión como una negociación de la identidad desde el activismo menstrual: “si yo sé lo que paso y lo que siento, y de que esto que me está pasando también le ocurre a la otra chica y a la otra y a la otra y a la otra, nos damos cuenta que al final […], no sólo por la menstruación, sino también por el hecho de identificarnos con el género de mujeres, podamos como tener más empatía, decir: wow, todas sangramos […]”. En este caso el ser “mujer menstruante” contiene a la mayoría de los valores políticos en la identidad de Yvette, lo que la hace incluyente ante la otredad en tanto que la concibe como cuerpos que menstrúan.
En la figura 1 representamos cómo operan las estrategias de negociación de los grupos de pertenencia de acuerdo con la teoría de las identidades sociales complejas.
Estrategias de negociación de las identidades sociales
—Fuente: elaboración propia basada en Roccas y Brewer (2002) .. —*F se refiere a “Feminista”. —**M se refiere a “Mujer”.
Desde una perspectiva interseccional, añadimos que la complejidad de la identidad podría verse influida por las relaciones de poder circundantes a nuestras entrevistadas. Por ejemplo, la politización de la identidad de Gloria se orienta fuertemente hacia el ser mujer de la clase obrera (estrategia de dominancia), esto en estrecha relación con su experiencia en trabajos precarizados como la que vivió en la línea de producción de la industria maquiladora. Además, la estrategia de fragmentación puede verse afectada por estas mismas relaciones de poder, ya que identidades femeninas estigmatizadas como ser lesbiana, e incluso ser feminista, se activan en diversos contextos conforme ellas perciben que es pertinente hacerlo.
El análisis anterior nos permite reflexionar sobre la dinámica a veces contrastante entre la identidad personal y la identidad colectiva, sobre todo porque la identificación feminista involucra un compromiso activo que equivale a la última etapa del modelo de Downing y Roush (1985) , y en el que se confrontan por el campo de representación. La expresión de este compromiso es variada y en parte obedece a los intereses políticos y personales de las mujeres entrevistadas. Sin embargo, existe una conexión emocional que impregna de significado su pertenencia colectiva al movimiento feminista. En esta línea de reflexión, destacamos el papel de la sororidad como un pacto ético-político que, de acuerdo con Lagarde (2012) , permite la identificación entre mujeres como pares, la edificación de alianzas, la defensa ante cualquier tipo de violencia, la difusión del discurso feminista y la resignificación de la sexualidad de las mujeres. En el análisis de las narraciones encontramos que la sororidad resulta un elemento fundamental de la intersubjetividad feminista. No obstante este pacto, también se observó que existe una disputa por el campo de la representación entre diversos grupos y discursos feministas, cuestión que resulta casi inminente al pensar a la categoría mujer como una categoría posicional, cuya politización implica diversas estrategias y objetivos de reivindicación colectiva.
La diversidad discursiva
Para cerrar este apartado, pensamos que es necesario reafirmar la dualidad del movimiento feminista como unificador y diversificado. Como se enfatizó anteriormente al presentar los casos agrupados de acuerdo a la plataforma de incidencia política de las participantes, el movimiento feminista está conformado por una amplia diversidad de enunciamientos, objetivos y estrategias políticas. Esta diversidad dentro del movimiento feminista es lo que Castells (2001) llama polifonía cultural. Este autor propone una tipología para analizar el núcleo esencial del movimiento feminista integrado por la identidad, el adversario y el objetivo. Es decir, lo que hay en común en sus diferentes vertientes. Para tal objetivo, propone la siguiente tipología: 1) feminismo de los derechos humanos de las mujeres, 2) feminismo cultural, 3) feminismo esencialista, 4) feminismo lesbiano, 5) feminismo de identidades específicas, y 6) feminismo práctico. En este caso de estudio observamos que los discursos y prácticas políticas de cada una de las participantes, pueden ser categorizadas en más de un tipo de feminismo. Por ejemplo, Aurora mantiene una postura desde el feminismo lesbiano al mismo tiempo que se moviliza por los derechos humanos de las mujeres. Desde un punto de vista generacional, las participantes con mayor edad pueden ser ubicadas en el feminismo de derechos, mientras que las jóvenes se inclinan por la construcción de identidades específicas a través de categorías como el origen étnico o las prácticas y el deseo sexual.
Si bien la tipología ofrecida por Castells (2001) nos resulta útil para categorizar las prácticas discursivas del grupo de mujeres que entrevistamos, al sumar el análisis de las estrategias de negociación identitaria ( Roccas y Brewer, 2002 ), así como el análisis del contexto fronterizo desde la perspectiva del feminismo del Tercer Mundo,15 propuesta por Herr (2014) , observamos algunas pautas para pensar en una nueva categoría que marque la convergencia con la cuarta ola feminista en las luchas discursivas de la frontera norte de México. La primera de éstas corresponde al incremento del uso y sofisticación de la tecnología, ya que está siendo utilizada por las entrevistadas más jóvenes tanto para crear redes como para intervenir el ciberespacio, disminuyendo así la cantidad de recursos materiales necesarios para incidir políticamente. Lo anterior permite una mayor inclusión en el movimiento feminista sin la necesidad de tener el respaldo institucional, el cual no siempre es accesible para todas las mujeres.
El segundo aspecto apunta hacia una transmutación de la conceptualización de los cuerpos mucho más fluida. Por ejemplo, desde el feminismo menstrual, la identidad colectiva se centra en la concepción de “cuerpos menstruantes”, más que en cuerpos con apariencia femenina o masculina, una conceptualización que se vincula a la fusión como un proceso de negociación inclusivo de la otredad ( Roccas y Brewer, 2002 ) en el que, además, se comienza a problematizar el “ser mujer” desde una construcción autónoma del deseo y las prácticas sexuales, así como, inclusive, de las corporalidades.
Por último, destacamos que en la actualidad la amplia circulación del discurso feminista permite utilizarlo para hacer lecturas y resignificaciones de múltiples ámbitos de la vida de las mujeres. De nuevo, mencionamos el interés de las feministas jóvenes sobre la menstruación para ejemplificar cómo aspectos cotidianos específicos son politizados. Con esto y el feminismo del Tercer Mundo ( Herr, 2014 ) en mente, se abre el espacio para que las mujeres analicen los contextos en los que están insertas y ejecuten prácticas e interpretaciones que para ellas sean empoderantes, así como liberadoras.
Podemos sintetizar, aludiendo a las plataformas de participación política bajo las cuales hemos agrupado a las participantes (ONG, academia y no institucionalizada), que las acciones colectivas que se emprenden van encaminadas a la reapropiación del cuerpo femenino y a un pleno acceso de las mujeres al ámbito público. A pesar de que su compromiso activo con el feminismo se ejecute desde diversas plataformas con variados alcances y estrategias, en las narrativas de las participantes se presenta la preocupación por los derechos humanos de las mujeres como una constante en su quehacer político. Un aspecto que sigue siendo de vital importancia para las mujeres en todo el mundo.
El significado que las participantes le han dado a su experiencia de género es trasladado al plano de lo político en plataformas de acción específicas que pueden reflejar sus intereses, demandas y representaciones identitarias. Mientras que las ONG y la academia podrían ser entendidas como vías tradicionales, también podrían implicar un mayor cierre ante la inclusión de la otredad. Por otro lado, la plataforma no institucionalizada permite mayor flexibilidad e inclusión de nuevas participantes, ya que no existe una organización jerarquizada. Cabe destacar que la diferencia más significativa con respecto al uso de una plataforma u otra, se encontró en la generación, ya que las entrevistadas más jóvenes son las que optan por organizarse de manera no institucionalizada.
Lo discutido hasta el momento permite reflexionar sobre las transformaciones sociales y su impacto en los ideales de género, ya que actualmente -a consecuencia de la incorporación de la transversalización de la perspectiva de género en las políticas públicas y el entramado institucional-16 existe una igualdad aparente que impide analizar con detenimiento las formas más veladas de dominación que siguen aquejando a las mujeres.
En este artículo presentamos una interpretación de ocho narrativas de mujeres feministas en Baja California, quienes fueron seleccionadas con la intención de mostrar la diversidad de sus experiencias. De esta manera, queríamos profundizar en un análisis elaborado desde el paradigma de la interseccionalidad, para lo cual introducimos la idea de la variación temporal de la identificación feminista -siguiendo el modelo de Downing y Roush (1985) - y la gestión estratégica de las identidades que elaboran los sujetos y que -de acuerdo a Roccas y Brewer (2002) - va de una forma simple (unidimensional) a formas más complejas de fusión (de cruce de fronteras).
Partimos de la idea de que la identidad personal y la identidad colectiva presentan una tensión por la dialéctica existente entre similitud y diferencia. Corroboramos que la identidad feminista genera un fuerte sentido de pertenencia, que involucra un compromiso y un sentirse acompañadas que trasciende la experiencia personal para constituir un punto de encuentro entre mujeres, que han nombrado este sentir como sororidad. Ésta sería la base de la intersubjetividad feminista, aunque recreada dependiendo de distintas circunstancias de vida ligadas a las diferentes posiciones sociales que se entretejen a partir de la clase social, la edad, la condición migratoria, el referente étnico y la sexualidad.
Un elemento en común en la experiencia de estas mujeres son las crisis identitarias, es decir, el enfrentarse a los desajustes entre la identidad para sí y la identidad por los otros, al no reconocimiento y hasta la estigmatización como mujeres. Las distintas soluciones a este conflicto -nos dice Dubar (2002) - conlleva un repliegue o una transformación de la identidad, proceso en el que los referentes de socialización, ya sean en la etapa primaria o secundaria, juegan un papel central.
La intersubjetividad feminista entendida como el conjunto de acuerdos mínimos y conocimiento compartido (lenguaje común) que le da coherencia y proyección al movimiento social de las mujeres, nos permitió entender la continuidad y renovación del pensamiento feminista en mujeres concretas. De la misma forma, la perspectiva de la interseccionalidad nos fue útil para identificar algunos elementos de la diversidad del discurso feminista y de las distintas agendas y plataformas de acción, de manera que las diferencias en la clase social, la generación y la preferencia sexual fueron algunos de los ejes que le imprimen especificidad y contorno a la acción de las mujeres estudiadas.
En el análisis de estos procesos de apropiación de una identidad colectiva, en sus distintas etapas, podemos destacar que la importancia de la acción reflexiva y de las negociaciones que tienen lugar en su experiencia nos permiten mostrar el tránsito de un tipo de feminidad a otro -transfeminidad-, por lo que ser mujer es un proceso en marcha. Este proceso de subjetivación tan diverso se manifiesta en distintas formas de enfrentar la dominación de género: en discursos, agendas, alianzas y acciones diferenciadas que expresan objetivamente una subjetividad con génesis feminista, pero que también implica un sentido de justicia que va más allá de la cuestión de género.
Cuadro 1. Casos que integran el diseño de investigación
Rasgos políticos sobresalientes***
Aurora 27 ong Derechos humanos y diversidad sexual California 0 Sí Licenciatura
Claudia 28 Independiente Participación de la mujer en el arte y la cultura Baja California 0 Sí Licenciatura
Yvette 30 Independiente Reapropiación del cuerpo femenino California 0 Sí Licenciatura
Gloria 34 ong Derechos humanos laborales y comunitarios Puebla 0 Sí Licenciatura
Esmeralda 36 Academia Diversidad sexual Ciudad de México 0 Sí Maestría
Rosalba 46 Academia Movimiento popular de izquierda y diversidad sexual Baja California 0 Sí Maestría
Victoria 50 ong Participación de la mujer en los partidos políticos Coahuila 4 Sí Licenciatura
Hilda** 53 ong Movimiento popular urbano y derechos de las mujeres Baja California 2 Sí Maestría
TFN1Fuente: Elaboración propia a partir de García Alcaraz (2016) .
TFN2Se han asignado nombres ficticios de manera aleatoria a los casos para asegurar el anonimato de las participantes.
TFN3Todas las participantes viven en Tijuana, a excepción de Hilda, quien vive en Mexicali, Baja California.
TFN4Identificados a lo largo de la narrativas construidas por las participantes.
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fn1Esta investigación formó parte de la tesis para la obtención del grado de maestra en estudios culturales, por el Colegio de la Frontera Norte, de Janet Gabriela García Alcaraz, en el 2016.
fn2 Touraine (2007) se refiere al movimiento social de las mujeres, para incluir la acción de muchas mujeres que si bien no se auto-adscriben como feministas, han participado y participan en la transformación de la condición femenina.
fn3El concepto de empoderamiento surge de la discusión sobre la participación de las mujeres en el desarrollo y de cómo transitar de una concepción conservadora de la inclusión femenina a una concepción desde la perspectiva de género, con lo que se entiende esta participación como un proceso de transformación de la situación de desigualdad social de las mujeres. Una elaboración más completa del tema puede consultarse en Lagarde (1998) .
fn4Sentimiento que puede ser trivial o trascendente, como se verá en el caso de las mujeres que se auto-adscriben como feministas.
fn5En este trabajo nos referimos a identidades personales como individuales, en un sentido escalar y siguiendo el concepto dubariano de la identidad individual como biográfica y relacional.
fn6Por el contrario, en la identidad individual (personal) lo situacional juega un papel muy importante, sobre todo en la época contemporánea cuando se multiplican las arenas de interacción social, por lo que las pertenencias se encuentran en constante redefinición.
fn7Se ha cuestionado si los planteamientos de la interseccionalidad constituyen una teoría, un concepto, un aparato heurístico, o una estrategia de lectura para el análisis feminista ( Davis, 2008 ). Nosotros coincidimos con la propuesta de Hancock (2007) de entender la interseccionalidad como un paradigma, es decir, como un enfoque (o conjunto de creencias que preceden cualquier pregunta de investigación empírica) para el estudio de la raza, el género y la clase, así como otras formas de organización de las estructuras sociales.
fn8Las otras dos dimensiones, la estructural y la disciplinaria, quedan fuera del alcance de este trabajo.
fn9Por su parte, Salem (2014) propone considerar el enfoque decolonial para complementar el análisis interseccional, puesto que hay preconcepciones que impiden incluir la diversidad cultural de las mujeres, tal como ocurre con las mujeres musulmanas.
fn10 Nash (2016) evalúa el quehacer académico en torno a la teoría de la interseccionalidad, orientado a la necesidad de la fidelidad o de retorno a los planteamientos originales.
fn11La ruptura puede tener distintos alcances y presentarse en distintos momentos del curso de vida de las mujeres.
fn12Los nombres reales han sido modificados. Véase el cuadro 1 del anexo.
fn13Esta no es una comunidad virtual que se declare explícitamente feminista; sin embargo, algunos principios feministas operan en la misma. Se trata de un espacio seguro en Facebook para mujeres en el que se abordan diversos temas, siendo la reapropiación del cuerpo uno de los centrales.
fn14Durante los años noventa, esta asociación civil se dedicaba a la defensa de los derechos laborales y reproductivos de las mujeres en la ciudad de Tijuana.
fn15Esta autora propone documentar y analizar las acciones políticas que las mujeres habitantes de países en vías de desarrollo emprenden desde sus propios recursos y referentes socioculturales.
fn16Aunque reconocemos que es una incorporación con serias limitaciones y que todavía hace falta mejorar y ampliar su alcance.

References: resolución 
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