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Timestamp: 2017-08-20 13:41:59+00:00

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Francisco Umpiérrez: Los derechos humanos
También es cierto que con la llegada del socialismo real la declaración de los derechos humanos tuvo que experimentar algunas modificaciones, que certificara el nuevo estado de cosas existente en el mundo. Así la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, en su artículo 17 dice lo siguiente: “Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente”. Pudiera parecer que el reconocimiento de la propiedad colectiva es señal de una concesión del capitalismo a favor del socialismo. Pero esto es un engaño: en las sociedades anónimas el propietario no es un individuo, sino muchos individuos. En las sociedades anónimas hay propiedad colectiva, aunque sea la propiedad de un colectivo de capitalistas. Así que el reconocimiento de la propiedad colectiva no tiene porque ir más allá del reconocimiento de la propiedad colectiva existente en las sociedades anónimas. Sucede además que todas las economías del mundo son economías mixtas, esto es, una parte de la economía, casi la mitad, es pública. Así que reconocer como derecho humano el derecho a la propiedad colectiva no es más que el reconocimiento del estado capitalista actualmente existente. También puede considerarse como una concesión al socialismo lo que puede leerse en el Artículo 23 de la Declaración citada: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”. Todos sabemos que tener un trabajo no es un derecho sino una posibilidad económica. Como sabemos igualmente que el Estado no puede garantizar el cumplimiento de ese derecho. Así que esta clase declaración de derechos no deja de ser más que una manifestación de idealismo: dar expresión a un derecho que la sociedad capitalista no puede satisfacer, por ser justamente una cuestión a resolver en el seno de la sociedad civil por los capitalistas, que son los creadores de puestos de trabajo, y no por el Estado. Y el Estado, claro está, no puede obligar a los capitalistas a crear trabajo. F. A. Hayek, en su obra Derecho, legislación y libertad, plantea esta misma crítica desde la defensa de la sociedad libre: nadie puede tener derecho a una situación determinada si a nadie se le obliga a proporcionarla. Pensadores como Hayek tienen la ventaja de expresar la conexión que existe entre los derechos humanos y la sociedad libre, esto es, la sociedad capitalista, incluso la de señalar las limitaciones de tales derechos, mientras que la izquierda reformista quiere, dentro de los límites de la sociedad capitalista, promulgar derechos humanos socialistas, que nunca serán verdaderos derechos porque no se determina quien es el responsable de satisfacerlos. Los liberales quieren que la burguesía se comporte como tal burguesía y defienden unos derechos humanos que no superen el marco capitalista, y así se comportan como materialistas, mientras que la izquierda reformista quiere que la burguesía se ponga de vez en vez un ropaje socialista, y así se comportan como idealistas.
Hablemos de las dos concepciones filosóficas fundamentales sobre los derechos humanos: la burguesa o idealista y la marxista o materialista. Los burgueses creen que los hombres, todos los hombres en todos los tiempos, tienen unos derechos inalienables: el derecho a la vida y a la libertad de conciencia, por ejemplo. Los marxistas, por el contrario, defienden que los derechos humanos son una conquista histórica, y en especial una conquista histórica de la burguesía. Respecto a las relaciones entre sociedad y derechos humanos hay que distinguir igualmente entre esas dos concepciones filosóficas: la concepción burguesa cree que los derechos humanos existen en sí mismos y lo que deben de hacer los hombres es realizarlos. Por el contrario, los marxistas defienden que los derechos humanos son la expresión idealizada de la sociedad burguesa donde ha triunfado el Estado de derecho. No es lo mismo decir que la sociedad burguesa pretende realizar los derechos humanos, que decir que los derechos humanos es la idealización de la sociedad burguesa. La derecha y la izquierda reformista definen la sociedad burguesa como la sociedad que lucha por la defensa y la realización de los derechos humanos. Y muchos intelectuales radicales creen que la defensa de los derechos humanos constituye una seña de identidad del hombre de izquierda. A este respecto hay que desarrollar todavía mucha claridad conceptual.
Para demostrar que la naturaleza de los derechos humanos es burguesa, bastará con examinar dos de ellos: la libertad y la propiedad. Hay una gran diferencia entre los conceptos de los derechos humanos tal y como fueron elaborados en el pasado, por ejemplo, en la Constitución Francesa de 1793, y su elaboración actual, tal y como quedan reflejados, por ejemplo, en la Constitución Española de 1978 o en el reciente tratado de la Constitución Europea. En el caso de la Constitución Francesa los conceptos son elaborados, mientras que en los casos de la Constitución Española y Constitución Europea los conceptos son presupuestos. Empecemos por el concepto de libertad. En el Artículo 16.1 de la Constitución Española puede leerse lo siguiente: Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto. Y en el Artículo 17.1 puede leerse esto otro: Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Por su parte, en el Artículo II-66 de la Constitución Europea puede leerse lo siguiente: Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Y en el Artículo II-70 puede leerse esto otro: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Y en Artículo II-71 puede leerse lo siguiente: Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Y en el Artículo II-72 puede leerse esto otro: Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión pacífica y a la libertad de asociación. Como podrá observar el lector, por medio de la Constitución Española y de la Constitución Europea pueden saberse dos cosas: una, que todas las personas tienen derecho a la libertad, y dos, cuáles son esas libertades. Pero en ninguna de ellas se dice qué se entiende por libertad o cuál es el concepto de libertad presupuesto. Al formular de este modo el derecho a la libertad, sin elaborar el concepto de libertad que se presupone, se obtienen dos cosas: una, presentar estos derechos como si fueran ajenos al tipo de sociedad que los proclama, y dos, presentar estos derechos como ajenos a las diferencias entre la izquierda y la derecha. Son formulaciones idealistas, que oscurecen y ocultan la conexión histórica entre los derechos humanos y la sociedad burguesa. Sin embargo, esto no ocurre con la Constitución Francesa de 1793, donde en el Artículo 6 podemos leer lo siguiente: La libertad es el poder propio del hombre de hacer todo lo que no lesiones los derechos de otro. Aquí sí queda elaborado el concepto de libertad y, de este modo, queda aclarado su entronque con la sociedad burguesa.
Hablemos ahora de la propiedad. En el Artículo 33.1 de la Constitución Española puede leerse lo siguiente: Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. Aquí no se elabora el concepto de propiedad, pero se reconoce abiertamente el derecho a la propiedad privada. Al hacerlo así se refleja adecuadamente la naturaleza capitalista de la sociedad española, que como cualquier sociedad capitalista encuentra su fundamento principal en la propiedad privada sobre los medios de producción. Mientras que en el Artículo II-77 de la Constitución Europea puede leerse esto otro: Toda persona tiene derecho a disfrutar de la propiedad de los bienes que haya adquirido legalmente, a usarlos, a disponer de ellos y a legarlos. Aquí tampoco se elabora el concepto de propiedad y, además, se escamotea, se esconde, el derecho a la propiedad privada. Podríamos afirmar que esta formulación del derecho a la propiedad no refleja la naturaleza capitalista de las sociedades que la formulan: el predominio de la propiedad privada sobre los medios de producción. Por su parte, en el Artículo 16 de la Constitución Francesa de 1793 podemos leer lo siguiente: El derecho de propiedad es el derecho de todo ciudadano de gozar y disponer a su antojo de sus bienes, de sus rentas, de los frutos de su trabajo y de su industria. Aquí sí se elabora el concepto de propiedad y queda claramente demostrado su entronque con la sociedad burguesa. Como dice literalmente Marx: El derecho humano de la propiedad privada es, por tanto, el derecho que tiene el hombre a disfrutar de su patrimonio y a disponer de él arbitrariamente, sin atender a los demás hombres. Puede verse con claridad que el derecho humano de la propiedad privada no se basa en la unión del hombre con el hombre, sino en la disociación del hombre respecto del hombre. Hay otro aspecto más a tener en cuenta respecto al derecho humano de la propiedad privada, que es su estrecha relación con el derecho humano a la libertad. La aplicación práctica del derecho humano a la libertad es fundamentalmente el derecho humano a la propiedad privada. Los apologistas del capitalismo, que quieren presentar al estado como un estado neutral respecto de la sociedad civil, procuran definir el concepto de libertad lo más abstractamente posible, esto es, independientemente de la aplicación práctica fundamental de ese derecho: el derecho a la propiedad privada. Es más, el derecho humano a la libertad de expresión, tal y como se ejercita en las sociedades capitalistas, tiene como presupuesto el derecho humano a la propiedad privada. Puesto que los grandes medios de comunicación, que son los medios para ejercitar el derecho a la libertad de expresión, están en manos privadas. Por lo tanto, ninguno de los derechos humanos va más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, del hombre replegado en su interés y arbitrariedad privados, y disociado de la comunidad.
En la época feudal el estado estaba enajenado del pueblo, no era un asunto suyo, sino una incumbencia especial de una sola persona: el rey. Mientras que en la sociedad burguesa los asuntos del estado son asuntos del pueblo. Ahora la función política del estado es una incumbencia general de todo individuo y no de un solo individuo. En la época feudal sólo una persona era soberana, el rey o el señor feudal en cuestión, mientras que en la época capitalista todo hombre vale como ser soberano, como ser supremo, y así se le reconoce en la constitución. Según Marx esta coronación del idealismo de estado, declarando a todo hombre soberano, era al mismo tiempo la coronación del materialismo en la sociedad civil. Al sacudirse el yugo político, la sociedad civil liberó el espíritu egoísta que esta apresado en su seno. Y es el hombre egoísta, el miembro de la sociedad burguesa, quien se convirtió en la premisa del estado político. De manera que el hombre, en cuanto miembro de la sociedad burguesa, el hombre no político, aparece como el hombre natural, y sus derechos como derechos naturales. La revolución política, la que liquidó las relaciones feudales, se comporta hacia la sociedad civil, hacia el mundo de las necesidades, del trabajo y de los intereses particulares, como hacia la base de su existencia, como una premisa sobre la cual ya no es posible seguir razonando, y por lo tanto, como ante su base natural. La revolución política, esto es, la revolución burguesa, disuelve la vida burguesa en sus partes integrantes, pero no revoluciona a estas partes mismas ni las somete a crítica. En esta concepción del hombre, la que corresponde a la época burguesa, el hombre en cuanto miembro de la sociedad civil es considerado como el verdadero hombre, como el hombre en su estado natural, mientras que el hombre político sólo es el hombre abstracto, artificial, alegórico y moral. ¿Por qué se llama entonces “hombre” al miembro de la sociedad civil burguesa y a sus derechos “derechos naturales”? Porque el hombre en tanto miembro de la sociedad civil es considerado como la base natural del estado político, como su premisa, que no cabe poner en cuestión. Todos sabemos que en las teorías hay siempre unas premisas puntos de partida que no se cuestionan. Lo mismo hace el estado burgués con la sociedad civil: no la cuestiona. Diferente es la posición marxista, que sí la cuestiona, y lo que pretende es que la premisa del estado sea el hombre colectivo y no el hombre egoísta.
Cuando se habla de que todos los hombres nacen libre o que el hombre tiene en virtud de su propia naturaleza intrínseca unos derechos naturales, se está hablando del hombre en cuanto premisa del estado burgués. Aquí se llama hombre natural al hombre en cuanto miembro de la sociedad civil burguesa. La llamada naturaleza intrínseca del hombre no es más que la naturaleza intrínseca del hombre burgués. Decía Hegel que en la China feudal sólo un hombre era libre, en la sociedad esclavista algunos lo eran, y en la sociedad burguesa lo son todos los hombres. De ahí que la libertad se considere el principal derecho del hombre de la sociedad burguesa. Decíamos que el hombre egoísta es la base del estado político y como tal hombre egoísta es reconocido en los derechos humanos. Circunstancia que Marx remata del siguiente modo: “La libertad del egoísta y el reconocimiento de esta libertad son el reconocimiento del movimiento desenfrenado de los elementos espirituales y materiales que forman su contenido de vida”.
El hombre egoísta sigue siendo todavía una necesidad en la construcción del socialismo, mientras la riqueza tenga que seguir produciéndose como mercancía e impere la ley de a cada cual según trabajo. Todavía en este aspecto el socialismo no se habrá librado de la forma burguesa de vivir. Y hay que dejar claro que los derechos humanos, los llamados de primera generación, son los derechos del hombre egoísta. Aunque el hombre burgués actual no sea un egoísta en sentido absoluto y tenga muestras periódicas de solidaridad, no por ello su esencia fundamental ha dejado de ser el egoísmo. Hay una fotografía que nos llegó del sudeste asiático que ejemplifica el predominio del hombre egoista sobre el hombre colectivo: mientras unos voluntarios recogían cadáveres del tsunami, unos turistas tomaban el sol tumbados en hamacas.
¿Cómo se lleva a cabo entonces la emancipación humana? Hemos visto que en la sociedad burguesa el hombre lleva una doble vida: como ser genérico y como ser individual. Hemos visto también la peculiar relación que existe entre esas dos clases de vida: la vida genérica es presentada, en parte, como un límite a la independencia originaria del hombre natural, y por otra parte, como un medio para conservar la persona egoísta del hombre natural. La emancipación humana se logrará cuando esa dualidad de vida se liquide, cuando el hombre en su trabajo individual y vida individual recobre en sí al ciudadano abstracto, y organice sus fuerzas propias como fuerzas sociales. Cuando ya no desglose de sí la fuerza social como fuerza política. Cuando en su vida individual predomine el interés común o su interés privado sea el interés común. Para llegar a este estadio de desarrollo humano serían necesario la conquista de dos cosas: una, que el estado en tanto organización de la violencia haya dejado de existir, y dos, que en el terreno de la vida económica predomine el principio a cada uno según su capacidad y a cada cual según su trabajo. Sólo con la conquista de estos dos objetivos tendríamos un hombre que ya no desglosa de sí la fuerza social, sino que organiza sus fuerzas individuales directamente como fuerza social
Muchas personas de izquierda y progresistas, en especial muchos intelectuales, creen que la defensa de los derechos humanos constituye la lucha principal que deben librar los pueblos para hacer un mundo mejor. Ignoran que esa lucha es un medio para idealizar la sociedad burguesa y conservarla, no para transformarla. Ignoran que los derechos humanos son los derechos del hombre egoísta, replegado sobre sí mismo, dominado fundamentalmente por sus propios y mezquinos intereses. El Dr. Julio Prado Vallejo, citado por Daniel Bautista Beltrán en su trabajo Los derechos humanos, publicado en Monografías.com, dice lo siguiente: “Los Derechos Humanos no son patrimonio de izquierda ni de derecha. Nacen y se fundamentan en la naturaleza intrínseca del ser humano cualquiera que sea su ubicación política y pertenecen a los individuos de cualquier ideología y de cualquier condición”. Esta idea es una clara expresión del idealismo que domina la mente de muchas personas progresistas. Prado Vallejo parte de la base que los hombres son diferentes por su condición, por su ubicación política y por su ideología. Y esto es totalmente cierto: los hombres son diferentes por su fortuna, su ocupación y su cultura. La clave no está en la certeza de este hecho, sino en que Prado Vallejo lo presenta como un presupuesto natural y, por lo tanto, no lo cuestiona. En vez de cuestionar las premisas del estado burgués, propone que hagamos abstracción de ellas, esto, que hagamos abstracción de las diferencias entre los capitalistas y los trabajadores, que consideremos que en su naturaleza intrínseca capitalistas y trabajadores son seres humanos iguales. Lo que propone Prado Vallejo es que nos comportemos con la sociedad civil burguesa como lo hace el estado burgués, esto es, de forma idealista, haciendo abstracción de las profundas diferencias que existen entre los hombres. No ve Julio Prado, y con él Daniel Bautista, que al hacer abstracción de las diferencias de fortuna, ocupación y cultura que existen entre los hombres, se está representando un hombre ideal y en parte imaginario. Con la representación de dios nos representamos un hombre ideal, un hombre cuyas cualidades y virtudes existen en forma absoluta: omnisciente, omnipresente y omnipotente. Y con la idealización del hombre que lleva a cabo Prado Vallejo, al hacer abstracción de sus diferencias de clase, se está idealizando la sociedad burguesa. Prado Vallejo se representa un hombre que intrínsecamente es libre e igual. Cuando la libertad para los trabajadores sólo se logrará cuando se reduzca la jornada laboral con cada salto en el desarrollo de las fuerzas productivas. Por lo tanto, la ideología de los derechos humanos provoca que muchos intelectuales manejen la representación de un hombre idealizado en vez de la percepción de un hombre real.

References: artículo 17
 Artículo 23
 Artículo 16
 Artículo 17
 Artículo 6
 Artículo 33
 Artículo 16