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Timestamp: 2020-04-05 09:31:41+00:00

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Hamer | Carlosteopata
Ryke Geerd Hamer, M.D. nació en 1935 en Frisia, Alemania. Comenzó sus estudios de medicina y teología en Tubinga, donde conoció a Sigrid Oldenburg, una estudiante de medicina que más tarde llegaría a ser su esposa. Pasó varios años en las clínicas universitarias de Tubinga y Heidelberg y en 1972, completó su especialización en medicina interna. Trabajaba junto con su mujer, la Dra. Sigrid Hamer, con quien tuvo cuatro hijos. Siempre tuvo una ocupación como inventor. Patentó sus inventos como el bisturí no-traumático Hamer para cirugía plástica, una sierra especial para huesos, también para uso en cirugía plástica, una cama de masajes que se ajusta a los contornos del cuerpo, así como un aparato trans-cutáneo para diagnóstico de suero. Los Hamer eran una familia normal hasta que en el año 1978 vivieron un trágico contratiempo: un príncipe italiano, heredero de la casa de los Saboya, disparó accidentalmente a su hijo Dirk mientras dormía en un yate anclado. Murió a los pocos meses. Años más tarde se hizo patente que esto generó un “conflicto de pérdida” para el Dr. Hamer, causándole un carcinoma testicular. Posteriormente denominó este tipo de conflicto el “síndrome de Dirk Hamer”, un choque o conflicto biológico que aparece de forma inesperada y a contrapié.
En 1981, Hamer pensaba que estas conexiones se aplicaban solamente al cáncer y no sospechaba que la regla férrea del cáncer se convertiría en un descubrimiento central de la medicina entera. Hizo entrega de su descubrimiento a la Universidad de Tubinga en 1981 como tesis post-doctoral, para satisfacer los requisitos necesarios para enseñar a nivel universitario. En 1982 la Universidad rechazó el trabajo que entrelazaba la psique con el cáncer, sin tratar de comprobar ni un solo caso. En los años siguientes, Hamer, trató de abrir un hospital o una clínica para sus pacientes. Esto fue imposible puesto que en cada instancia se tomaba acción contra él para prevenirlo. La incesante intimidación que les infligía la familia de Saboya alcanzó su punto álgido en 1986 cuando el distrito de Coblenza inició una actividad jurídica para impedirle a Hamer que siguiera practicando medicina ya que “rehusaba negar la Regla Férrea del Cáncer y rehusaba adherirse a las doctrinas de la medicina oficial”. Todo esto quedó establecido en tan solo una audiencia y fue implementado a la fuerza; se determinó también que Hamer carecía de “maniobrabilidad” y de la “percepción necesaria con respecto a lo requerido en la terapia del cáncer”. Desde 1986 no se le ha permitido a Hamer hablar con paciente alguno. En ese mismo año, una corte dio orden para que la Universidad de Tubinga siguiera con el proceso de la disertación post-doctoral. Nada pasó hasta 1994, año en que la orden de verificar la tesis de Hamer fue emitida. Sin embargo, 13 años más tarde, la universidad hizo anuncio de que “no se planificaría verificación de esta disertación en el marco de post- doctorado”. En 1994, Hamer extendió su sistema a las 5 leyes biológicas que se aplican a todas las enfermedades en el campo total de la medicina basado en la investigación de más de 20,000 casos.
Dado que los requerimientos subyacentes son totalmente científicos
es muy fácil comprobar la Nueva Medicina Germánica. Tanto médicos
como asociaciones de médicos de todo el mundo constantemente dan
fe de su veracidad y lo atestiguan por medio de documentos firmados.
El Dr. Ryke Geerd Hamer, estableció la Nueva Medicina tras una intensa investigación y trabajo terapéutico comenzado alrededor de 1979. La Nueva Medicina del Dr. Hamer consta de cinco principios que establecen la naturaleza de la enfermedad y la interacción de tres niveles del organismo comunicados entre sí: la psique, el cerebro y los órganos. En la Nueva Medicina las enfermedades no son consideradas errores de la naturaleza sino que tienen pleno sentido biológico. De hecho, podemos decir que la mayoría de las enfermedades conocidas por la medicina están formadas por pares de eventos que constituyen programas de la naturaleza. Estos eventos son los sucesos psicológicos que nos pueden perjudicar en nuestra vida que se vinculan con una respuesta biológica. Estos programas han sido diseñados por la naturaleza para ayudarnos a superar los desafíos a los que nos enfrenta la vida y funcionan también como un mecanismo de selección para el grupo social.
El Dr. Hamer llegó a la conclusión de que un suceso que nos afecte psicológicamente puede producir un choque conflictivo biológico con una manifestación física visible en el cerebro. Esta manifestación es una especie de impacto que recibe el cerebro y que se localiza claramente en la superficie de su corteza, y de manera específica, para cada tipo de conflicto. Dicho suceso conflictivo biológico impactado en el cerebro altera un relé cerebral. Un relé es mecanismo regulador que se comunica con una parte concreta o tejido específico del cuerpo humano y que tiene la capacidad de producir, en dicho tejido, cambios en sus parámetros físico-nerviosos. Es decir, el shock conduce, a través del cerebro, a un crecimiento, ulceración o necrosis cancerosa del tejido en cuestión, cuyo objeto es producir cambios en los órganos que hagan mejorar su función y su rendimiento.
Hamer descubrió que cuando vivimos un suceso dramático que nos coge por sorpresa, nos altera psicológicamente y lo vivimos en soledad, hablamos de un shock que es difícil de digerir. Ante la imposibilidad de encontrar una solución inmediata al conflicto, pasa a ser el organismo, en vez de la razón, quien trate de asimilarlo poniendo en marcha un programa biológico determinado. El shock es capaz de alterar un tejido corporal específico haciendo proliferar las células que lo conforman con el objetivo de mejorar la función del órgano que podría sacarnos del problema. O, por el contrario, podría destruir un tejido en caso de que la muerte de un grupo de células, específicamente localizadas, pudiera ayudar a solventar el conflicto. El shock conflictivo biológico causa, en primer lugar, una fase fría de crecimiento (tumor) o de necrosis (muerte celular). Si se resuelve el conflicto, se da una fase caliente en la que el proceso canceroso o el proceso de necrosis, según el caso que se trate, se invierte. Donde hay un tumor se produce necrosis y donde hay necrosis se produce un tumor para reparar los daños y permitir al individuo recuperar la salud.
Origen y desarrollo de la enfermedad
La enfermedad se divide en cinco eventos biológicos que forman parte de un sistema que permite predecir la evolución y calcular el desarrollo de las condiciones de la enfermedad.
Un shock conflictivo biológico, llamado DHS (1) (Síndrome de Dirk Hamer), que genera un foco de actividad en el cerebro, llamado FH (2) (foco de Hamer). Es un conjunto de anillos concéntricos que se pueden observar en una tomografía computerizada (TAC o escáner) y se centra en un punto preciso del cerebro. La localización de este foco depende de la naturaleza del shock o choque conflictivo y del contenido del mismo. Tan pronto aparece el FH, el órgano (3) controlado por ese foco central sufre una transformación funcional. Esta transformación puede manifestarse como un crecimiento de tejido, como pérdida de tejido o como reducción o pérdida de función. Después de un shock conflictivo comienza a funcionar un programa que depende de la capa germinal y cerebral que se ve afectada.
(1, 2, 3) la experiencia del shock es prácticamente simultánea en estos tres niveles: psique, cerebro, órgano.
El cerebro, desde sus orígenes, ha evolucionado dando lugar a tres capas germinales: el endodermo, el mesodermo y el ectodermo. Desde el día decimotercero de la fertilización del ovario se observa una diferenciación del tejido en las 3 capas germinales:
Endodermo los reptiles poseían solamente cerebelo y troncoencéfalo eran eminentemente instintivos.
Mesodermo los mamíferos incorporaron el sistema límbico de las emociones.
Ectodermo el córtex cerebral humano es el más evolucionado y nos permite reconocer nuestro papel para interactuar con los demás dentro de cada grupo social.
Durante el desarrollo del embrión se produce la organogénesis, que es el conjunto de cambios que permiten que las capas embrionarias (endodermo, mesodermo y ectodermo ) se transformen en los diferentes órganos que conforman un organismo. Esto es observable durante la tercera semana de gestación.
Hojas embrionarias. Generación y sentido biológico
El endodermo, generado desde el troncoencéfalo, está localizado en zonas específicas del aparato digestivo, respiratorio y reproductor. Estas zonas son mayormente la epidermis, el periostio, la musculatura estriada y en las mucosas. Llevan a cabo las funciones relacionadas con atrapar, digerir y expulsar bocados. Por bocado se entiende el deseo de atrapar, de digerir o de deshacerse de algo físico o algo abstracto. Es la parte más arcaica del encéfalo.
El mesodermo antiguo, generado desde el cerebelo, se encuentra mayormente en las membranas como la pleura, peritoneo, pericardio, dermis, las fascias de los músculos y de los órganos, etc. y también en las glándulas mamarias. Regula las funciones relacionadas con la protección de la integridad individual y la de los miembros que protege.
El mesodermo nuevo, generado desde la sustancia blanca, se encuentra mayormente en los huesos, articulaciones, aparato circulatorio y reproductor. Regula las funciones relacionadas con la competencia por la supervivencia y con los sentimientos de desvalorización y de sentirse apto o no apto.
El ectodermo, generado desde la corteza cerebral, se encuentra mayormente en el sistema nervioso, piel, cabello, uñas. Regula las funciones relacionadas con la amenaza de nuestro territorio (en su concepto más amplio), la frustración sexual, la pérdida de identidad y de pertenencia a un grupo social y el rol a desempeñar, el querer o no querer retomar contacto con un miembro del grupo, o lugar o situación, los conflictos motores, los conflictos de miedo. Es la parte más joven del encéfalo.
La relación de las hojas embrionarias con los microbios la explicamos más adelante.
Para el humano, así como para los mamíferos en general, los conflictos más antiguos conducen a crecimientos cancerosos: tumores. La resolución de estos conflictos lleva a una destrucción del tumor y la recuperación de la salud. El cerebro antiguo controla los órganos del endodermo, la capa germinal más interna de nuestro cuerpo. Ésta es la primera capa que aparece en el desarrollo de un embrión, luego, ésta, se ve cubierta del mesodermo y finalmente se cubre por el ectodermo. Lo que toma días en la evolución del embrión representa millones de años en la evolución filogenética (ciencia que estudia el origen, formación y desarrollo evolutivo general de una especie biológica).
El cerebelo controla el mesodermo antiguo o cerebeloso. Los órganos controlados por el cerebelo muestran tumores, multiplicación celular en la fase de conflicto activo, y de la misma forma que en el caso del endodermo, destrucción del tumor en la fase de recuperación.
La médula (sustancia blanca) controla el mesodermo nuevo o cerebral. Los órganos mesodérmicos controlados por la médula cerebral manifiestan úlceras y necrosis en la fase de conflicto activo y multiplicación celular durante la fase de recuperación.
Todos los tejidos y órganos del ectodermo, controlados por la corteza cerebral, manifiestan úlceras o pérdidas de función durante la fase de conflicto activo. La resolución trae consigo la reparación de los tejidos y la recuperación de la función.
Hamer observó las enfermedades de las distintas capas germinales de forma separada y se dio cuenta de que todo ello tiene un sentido biológico. Las “enfermedades” son procesos con pleno sentido biológico que sirven para restablecer el equilibrio en el organismo.
El carácter bifásico de la enfermedad
Todas las enfermedades van precedidas por una fase de eutonía o normotonía, en la cual aún impera la salud del individuo. La alternancia entre el sistema nervioso simpático (aquel que regula la lucha o huída del individuo) y parasimpático (aquel que regula el proceso de digestión, la relajación y la reparación de los tejidos) se lleva a cabo de manera equilibrada. Hasta que, de repente, un shock nos introduce de lleno en la fase fría, es decir en un estado de preocupación constante en el que impera el sistema nervioso simpático que nos apremia para encontrar una solución. Las noches parecen largas, las extremidades están frías y al mismo tiempo la lesión, en el órgano correspondiente, crece. Si el motivo de la preocupación está relacionado con alguna de las funciones que regula el endodermo (primera capa o membrana que desarrollamos en estado embrional) regulado desde el troncoencéfalo (primera estructura del encéfalo que desarrollamos y que a su vez genera el endodermo distribuido por todo el cuerpo), entonces se desarrollará una proliferación celular. Es decir, se formará un tumor que aumentará el tamaño del tejido perjudicado mejorando así la capacidad funcional del órgano perjudicado con el único objetivo de solucionar el problema. Cuando hay resolución del conflicto se produce la lisis conflictiva o conflictólisis (CL), es decir, entramos en la fase cálida o fase de curación en la que vuelve a reinar la vagotonía o el sistema nervioso parasimpático. Durante esta etapa los cambios de la primera fase se han invertido. Los cánceres se destruyen o encapsulan en caso de que los microbios necesarios para caseificar los tumores existan en el organismo (ésto se explica más adelante en el apartado de la tuberculosis). Las necrosis o úlceras, que dejan un hueco en el tejido afectado por la muerte celular, se vuelven a rellenar. Estas reparaciones de úlceras o necrosis suelen diagnosticarse erróneamente como tumores malignos acelerados.
El FH en el cerebro se da de manera simultánea al órgano cuando sufrimos el shock. Se produce un impacto cerebral a modo de círculos concéntricos, como de “anillos de tiro al blanco”, comienza así la fase fría o fase de conflicto activo. En la fase cálida o fase de curación el cerebro sana simultáneamente con el órgano y va acompañada de hinchazón o edema. Las dos fases de un FH en el cerebro se dan en el mismo lugar del cerebro y los nódulos edematosos que se forman en la fase de solución (pcl) son concentraciones de células gliales y neurogliales (en grupo). Éstas, son unas células, más pequeñas y numerosas que las neuronas, que sirven de sostén a las neuronas, las aíslan, las defienden, las nutren y son utilizadas por el organismo para reparar el tejido nervioso tanto del cerebro como de otras partes del organismo.
La hinchazón que se manifiesta alrededor del foco y los anillos en el cerebro son visibles en pruebas de rayos X o en las TAC y generalmente reciben también el falso diagnóstico de tumores cerebrales o metástasis. Todos los llamados tumores cerebrales son FH en estado de edema, con la hinchazón manteniéndose hasta que termina de curarse el tejido. Cuando la curación se ha terminado, el nódulo de hinchazón es exprimido y reabsorbido; el exceso de líquido en el cuerpo se elimina a través de una fase diurética y la salud vuelve a prevalecer (normotonía).
El shock (DHS)
El shock conflictivo biológico existe en todo el reino animal pero tiene un significado especial para los humanos. Los conflictos del endodermo, proceden de las funciones básicas de supervivencia, alimentación y reproducción. Si el ser experimenta un choque conflictivo, por lo general, tiene que ver con un hecho simple; por ejemplo, un trozo de comida demasiado grande para ser tragado que obstruye el intestino o una herida intensa que pudiera hacer peligrar la supervivencia o reproducción. Ambos casos desarrollarían tumores que, en general, aumentan la capacidad del organismo para acabar con dicha crisis dentro de un marco de tiempo determinado. Si la crisis no se resuelve, muchas veces muere el individuo como resultado de los cambios precipitados por el tumor (incremento de producción hormonal, incremento de actividad digestiva, incremento en el grosor o resistencia de un tejido, etc.) Si la crisis se resuelve hay curación y tanto el tejido como el órgano, a menudo, se hacen más fuertes que antes.
Ejemplo: una manada de lobos está cazando en el monte. Aunque la comida escasea, de repente, uno de los lobos encuentra la pata de un conejo que lleva muerto varios días. Para que nadie se la arrebate, la engulle. Pero al ser una pata demasiado gruesa, se le queda atravesada en el estómago. El lobo se halla en peligro de muerte, pues mientras la pata sigue sin ser digerida pierde el apetito. Se trata de una situación de emergencia que no sabe cómo resolver. Inmediatamente el cerebro se pone en acción y ordena al organismo que lleve a cabo una proliferación celular en el estómago, justo allí, donde se encuentra la pata. Se trata de un tumor. Pero todo tiene un sentido y lo que parecería una enfermedad inexorable se revela como la solución perfecta del cerebro para la supervivencia del lobo. Se ha demostrado en el laboratorio que las células tumorales del estómago segregan una cantidad de ácido clorhídrico que tiene un poder digestivo de tres a diez veces superior al de las células normales. De modo que el hueso puede ser digerido más rápidamente y el lobo sobrevive. Las alarmas cesan y desaparece el peligro. El cerebro da la orden al cuerpo de eliminar el tumor y el lobo puede volver a cazar.
Para nosotros los humanos estos mismos conflictos tienen su analogía correspondiente a través del lenguaje y de sistemas simbólicos. Los conflictos de tragar están relacionados con no poder asimilar una situación: “no me puedo tragar esto, no lo puedo aceptar”, son conflictos de incapacidad de obtener el sustento y de rabia descontrolada. Los conflictos de pérdida de territorio son, por ejemplo: un despido laboral, un conflicto de separación que vive un niño, etc. Pero no reaccionamos de la misma manera al mismo suceso. Un suceso determinado puede generar un trauma en una persona y para otra persona distinta puede no tener la menor importancia, por este motivo, un conflicto llega a ser conflicto en dependencia de la importancia que se le dé al hecho en cuestión. Se trata, entonces, de un conflicto agudo, traumático y que en general le hace a uno sentirse aislado, y por lo tanto, no es fácil discutirlo o comentarlo con los demás. Si además nos pilla desprevenidos y no nos deja tiempo para prepararnos, su efecto, resulta aún más contundente. A veces, bastarían unos segundos para evitar la formación de un FH y el inicio de un programa orgánico, como por ejemplo, por la muerte inesperada de un ser querido. Pero como antes se ha mencionado, no se trata de una regla de tres; tras la muerte de un ser querido, es evidente que, no se desarrolla siempre una enfermedad. No funciona así. Depende de cómo se vivan los hechos. Una persona que viva una relación parental con mucho apego sufrirá más, la pérdida de esa relación, que otra persona que viva esa misma relación sin apego. Las noticias trágicas o aterradoras pueden producir un gran shock que va en proporción a la medida en que la noticia nos afecta.
Shocks múltiples. Metástasis
Cuando un paciente le presenta al doctor una serie de síntomas y termina recibiendo un pronóstico de cáncer, dicho paciente, puede desarrollar, inmediatamente, otro FH en el cerebro como consecuencia de su temor a la muerte. Ésto se manifiesta en general como un cáncer de pulmón. Este segundo cáncer (el primero llevó a la diagnosis, y el segundo es ocasionado por el miedo) es interpretado como metástasis. Si el primer cáncer ya estaba en remisión y por lo tanto acompañado del típico nódulo cerebral, falsamente diagnosticado como tumor cerebral, al paciente se le predice una expectativa de vida limitada y se le somete a varias intervenciones quirúrgicas y químicas. Cada una de esas intervenciones puede producir otros tipos de shock y, por lo tanto, otros focos de Hamer.
De hecho, los tumores cerebrales no existen. Las células cerebrales no son capaces de multiplicarse, solo puede hacerlo el tejido glial (el tejido conectivo del cerebro), para facilitar la reparación. Las metástasis tampoco existen. Lo que hay son cánceres y enfermedades onco-equivalentes (las que siguen las mismas reglas del cáncer), cada una de ellas asociada con un FH y su desarrollo correspondiente en los órganos. No existe mecanismo alguno que permita a las células cancerosas viajar en el cuerpo de un lugar a otro, ni tampoco existe un mecanismo que permita que el cáncer de un tejido aprenda a mutar y producir un cáncer distinto e histológicamente (desde el punto de vista de las estructuras celulares que forman los tejidos) perfecto para sobrevivir en otro tejido. Como todo oncólogo sabe, cada órgano, cada tejido, capa o grupo de células muestran tipos muy específicos de crecimiento o lesiones porque son histológicamente bien diferentes. Esta teoría de la célula ambulante no es capaz de explicar los cambios precisos necesarios para explicar cada caso. Estas hipótesis se han convertido en dogma a pesar de que jamás se ha encontrado una célula cancerosa en el flujo sanguíneo.
Hay otro hecho difícil de explicar en el caso de las úlceras y las necrosis: ¿de dónde salen las “células malignas” que, supuestamente, se comen los tejidos si no se encuentran durante la pérdida celular?
1. La primera Ley Biológica: La Regla Férrea del Cáncer
Criterio 1: Cada cáncer o enfermedad onco-equivalente comienza con un DHS (Síndrome de Dirk Hamer) o shock, hiperagudo, dramático y vivido en soledad.
La experiencia del shock es prácticamente simultánea en los tres niveles:
Criterio 2: El contenido del conflicto en el momento del DHS determina la localización del FH (foco de Hamer) en el cerebro así como la localización del cáncer o enfermedad onco-equivalente en el órgano.
Toda enfermedad, potencialmente, tiene un carácter bifásico. Suponiendo que haya una resolución del conflicto, es un acontecimiento que se desarrolla en dos fases.
La medicina convencional distingue dos tipos de enfermedades: las enfermedades frías que presentarían extremidades y periferia frías mientras que la otra mitad, las enfermedades cálidas, mostrarían a los pacientes con extremidades cálidas y presentarían fiebre en la mayoría de los casos. Se hace una distinción entre las enfermedades frías y las cálidas como si ambas no formaran parte del mismo proceso de la enfermedad. Es decir, cualquier enfermedad presenta dos fases:
Fase fría: después del DHS se da una fase fría de conflicto activo, conflicto sin resolver, en la que el cuerpo entra en un estado de simpaticotonía (el sistema nervioso simpático regula la lucha o la huida del individuo, por lo tanto, el sujeto se encuentra en una situación de estrés agudo).
Fase cálida: de conflicto resuelto o de curación en la que el organismo entra en un estado de vagotonía (relajación y reparación de los tejidos).
Todas las enfermedades que conocemos (salvo heridas producidas por accidentes, envenenamientos, etc.) siguen este curso, siempre y cuando haya resolución del conflicto. Por lo tanto, la medicina tradicional no sabe identificar las etapas de la enfermedad. La fase (cálida) de curación (puede ser una gripe, un resfriado) de las enfermedades frías era ignorada o considerada como una enfermedad independiente, mientras que la primera fase (fría) de una “enfermedad cálida” había pasado desapercibida o se había considerado como enfermedad individual.
Los pacientes con enfermedades frías (enfermedades que solo llaman la atención en la fase fría) exhiben extremidades frías, manifiestan estrés permanente, pierden peso, les es difícil dormirse y muestran desórdenes del sueño. Como ejemplo tenemos el cáncer, la esclerosis múltiple, angina de pecho, neurodermatitis, diabetes y los problemas mentales y desequilibrios de estados de ánimo, etc. Entre las enfermedades cálidas (enfermedades que solo llaman la atención en la fase cálida), especialmente las de naturaleza exantémica (erupción cutánea) están las que se han definido como reumáticas, infecciosas, alérgicas, etc.
Las enfermedades frías y cálidas no son enfermedades individuales sino cada una de las dos fases de la misma enfermedad. Es más, la fase fría se da siempre en primer lugar y la cálida siempre a continuación, apareciendo, esta última, solamente en caso de resolución del conflicto.
El sistema ontogénico (proceso de crecimiento y de cambios en el desarrollo) de los tumores y enfermedades onco-equivalentes incluye los siguientes criterios:
Los conflictos tienen un relé o regulador cerebral vinculado al ámbito embrionario; en caso de conflicto manifiestan un FH; órganos afectados vinculados al ámbito embrionario que manifiestan; formaciones histológicas vinculadas al ámbito embrionario.
Los conflictos regulados por el cerebro antiguo (endodermo dirigido por el tronco cerebral y mesodermo dirigido por el cerebelo) manifiestan multiplicación celular en fase de conflicto activo (fase CA) y destrucción o caseificación de los tumores con la participación de los microbios adecuados, si es que existen, en la fase de curación (fase PCL). Los conflictos regulados por el cerebro (órganos mesodérmicos dirigidos por la médula cerebral y órganos ectodérmicos dirigidos por la corteza cerebral) manifiestan disminución celular en la fase CA (necrosis, úlceras) o pérdida funcional para las enfermedades onco-equivalentes.
Cada enfermedad presenta una fase de conflicto activo y otra de resolución de conflicto que son eventos con pleno sentido biológico y deben comprenderse de forma diferente desde el punto de vista de la embriología y el estado emocional de la persona. Esto significa que cada enfermedad representa un desafío especial con una estrategia para la resolución de un problema biológico específico.
Existe una correspondencia entre los órganos vinculados al ámbito embrionario – sin excepción alguna en la fase PCL – con los grupos de microbios vinculados a estas capas embrionarias. Los microbios no son los que acarrean los síntomas sino los que optimizan la fase de curación.
El cerebro dirige a todos los microbios. El sistema inmune, que tradicionalmente se imaginaba como un ejército del cuerpo luchando contra las células cancerosas malignas y los microbios en una gran batalla, no existe en este sentido. Los patógenos siguen instrucciones del cerebro, se vuelven benignos y apatogénicos, retirándose a lugares en el cuerpo donde no causan molestias. Entran en acción solamente en fase PCL y son enviados y activados a órganos específicos. La falsa creencia de que las bacterias son culpables de la enfermedad ha tratado de erradicar a estos trabajadores temporales de nuestro organismo, como en el caso de la tuberculosis. Se ha erradicado la tuberculosis, pero el coste ha sido que no podemos caseificar tumores intestinales en la fase PCL ya que el micobacterium tuberculosis apenas se encuentra ya en nuestro organismo y por lo tanto los tumores ya no pueden destruirse.
Relación entre la tuberculosis pulmonar y el tumor
La tuberculosis pulmonar es un proceso en el cual los microbios eliminan, mediante necrosis caseificante, los tumores que crecieron durante la Fase Activa. A primeros del siglo XX se desarrolló una vacuna contra la tuberculosis. Décadas después, en 1947 se descubrió que los pacientes con cáncer difícilmente tenían tuberculosis. Se hizo un estudio comparando la frecuencia de la tuberculosis en pacientes que no tenían cáncer y se descubrió que era mayor. En otras palabras el cáncer y la tuberculosis casi no se dan simultáneamente. Según Hamer, los tumores relativos al cerebro antiguo son eliminados durante la fase vagotónica mediante procesos tuberculosos. Lo cual explicaría este descubrimiento de 1947.
Otros procesos asociados a un DHS
El DHS incorpora el shock conflictivo agudo y dramático que nos cogió desprevenidos, así como el contenido del conflicto, y determina la localización del FH en el cerebro y también la localización del tumor canceroso o necrosis en el órgano. Sin embargo, pueden suceder aún más cosas en el momento del DHS. Es un momento en que se establecen los medios que posibilitan la reproducción del suceso en cuestión que, en lo sucesivo, podrá replicarse constantemente . Las circunstancias que prevalecían durante el momento del DHS se convierten en una especie de raíles que, de forma asociativa, pueden reproducir otro tipo de procesos del conflicto una y otra vez. Un profesor alergesista lo expresó de esta manera: “si en aquel momento pasaba por ahí una vaca, pues le coges alergia a las vacas; sin embargo, si te estabas comiendo una naranja, desarrollarás alergia a las naranjas.”
La enfermedad no es un “error” sin sentido de la naturaleza o de la biología, sino un programa especial creado por la naturaleza, que ha evolucionado durante millones de años, que permite a los organismos trascender la vida día a día solventando las situaciones de emergencia que amenazan la supervivencia. Son programas maravillosos que proveen al individuo y al grupo social de un método para enfrentar circunstancias “fuera de lo ordinario”.
Podemos comprender, desde la humildad, que la naturaleza es ordenada y que cada una de sus contingencias tiene sentido incluso dentro del marco de la totalidad. Estos eventos que hemos denominado “enfermedades” no son dolores absurdos que deben ser reparados por medio de la química. Debemos de ser capaces de romper con ciertos dogmas para lograr entender esta interacción de la naturaleza como propósito de supervivencia. La medicina, cuando se comercializó, decidió seguir el beneficio monetario, tomó un camino equivocado y despiadado que debe ser corregido por esta nueva toma de conciencia.
Ejemplos de shocks conflictivo biológicos y su proceso
El hecho de no comprender la enfermedad como una organización secuencial de dos fases, generalmente opuestas, ha evitado que pudiéramos entender el significado de estos programas esencialmente benignos. Por ejemplo: el cáncer de huesos es la fase de recuperación de la necrosis ósea que acompaña a muchos conflictos de auto-desvalorización. Durante la fase de pérdida celular (osteólisis), hay pérdida de masa ósea y de estabilidad estructural. Cuando el conflicto se resuelve, la anemia previene que la persona afectada puede realizar esfuerzos reduciendo así la posibilidad de romperse un hueso. En la etapa de recalcificación, que generalmente se diagnostica de forma equivocada como cáncer óseo, se implantan la anemia persistente, los dolores del periostio y la etapa de leucemia. Todas ellas tienen la utilidad práctica de inmovilizar al cuerpo hasta que se complete la curación. Si evitamos un tratamiento que rompa el proceso normal de recuperación y permitimos evolucionar, al así llamado cáncer de huesos, éste se para, de manera natural, cuando el hueso se ha rellenado y termina más fortalecido que antes. Así, la fase de solución le da al individuo una mejor oportunidad de supervivencia, mientras por el contrario, lo que consiguió la fase anterior a la resolución fue debilitar el organismo mejorando las posibilidades de supervivencia para el grupo o manada al deshacerse de un miembro débil. La naturaleza toma muy en serio los conflictos de auto-desvalorización.
En un conflicto de pérdida de territorio, la capa íntima de la arteria coronaria se ulcera (es la capa interior de la arteria que suple de sangre al corazón). Eso le permite al corazón un mayor calibre de los vasos sanguíneos que permite bombear mayor cantidad de sangre al cuerpo. Este proceso continúa durante la fase de actividad del conflicto. En la fase de curación, como en todo tipo de curación en la biología, se produce un edema o hinchazón. En el caso de solución de un conflicto territorial, existe alto riesgo de sufrir un infarto letal en caso de que el conflicto activo haya durado más de seis a ocho meses.
La naturaleza nos ha provisto de constelaciones de conflictos. Son aquellos en los que un conflicto es mantenido en jaque por la presencia de otro conflicto localizado en el hemisferio cerebral opuesto. Por ejemplo: en el reino animal, los lobos locos, así como los esquizofrénicos en el contexto humano tienden a sobrevivir en circunstancias en que otros casi no tienen posibilidad. La naturaleza los protege usando el mismo mecanismo que en otros casos puede matar. El papel del terapeuta es de asistir el proceso de curación y antes que nada, de comprenderlo correctamente.
La Nueva Medicina del Dr. Hamer es empírica y comprobable
Como se ha mencionado anteriormente, la enfermedad se da de manera simultánea en los tres niveles (psique, cerebro, órgano). Se distinguen cuatro fases, una fase (1) de salud normal, normotonía, antes de la fase (2) de conflicto activo o simpaticotónica, así como una fase (3) de curación o vagotónica y una última fase (4) de vuelta a la normalidad (normotonía) que puede dejar cicatrices en el ámbito psíquico, cerebral y orgánico, lo cual distingue a la normalidad posterior del estado normal anterior.
Por lo tanto tenemos cuatro estados durante el desarrollo de la enfermedad que se dan en cada uno de los tres niveles, pero tenemos también tres puntos demarcadores (el DHS, la CL y la crisis epileptoide) que se dan también en los tres niveles mencionados. Todo esto hace un total de 21 criterios comprobables en el marco de las cinco leyes biológicas que pueden ser ubicados dentro del proceso de cada enfermedad.
La regla más importante para todos estos cálculos es que la ubicación del FH en el cerebro está predeterminada. Esto significa que el relé – uno de varios centenares de relés posibles – ya ha sido establecido. Para este relé, en el caso de una enfermedad, el FH debe tener una apariencia específica que corresponde a la fase apropiada. La probabilidad de encontrar pruebas para un caso específico se hacen después astronómicamente altas.
Tiene que surgir un cambio radical en la práctica terapéutica y en la forma de intervenir médicamente. Lo primero que este sistema nos muestra es que no hay enfermedad que tenga que ser mortal. La segunda es la necesidad de manejar el shock conflictivo biológico que produjo el primer DHS que en este momento se muestra activo. Hay casos en que es necesario prestar atención a la fase de curación y contrarrestar los riesgos que proceden de los procesos de revertir y de las fases infecciosas que ocurren hacia el final de la curación.
El paciente presenta manos cálidas, desgana y fatiga, buen apetito, con el tiempo posiblemente fiebre y vagotonía constante. Es necesario averiguar en qué fase de la etapa de curación se encuentra el paciente. Hay que identificar el momento exacto del DHS y establecer la duración del conflicto para poder averiguar si el estado de la enfermedad se encuentra antes, dentro, o después de la crisis epileptoide. Hay que saber también si se trata de una enfermedad dirigida por el cerebro antiguo. Si sufre el paciente de una tuberculosis o si habría que tratar de inducirla ya que es posible que la curación del paciente esté muy avanzada y sin bacterias tuberculosas.
En el caso de un cáncer intestinal por ejemplo, una operación puede ser aconsejable para evitar una obstrucción intestinal. Sin embargo uno debe extirpar el mínimo, no más de 15 cm del intestino grueso o, si es técnicamente posible, recortar el tumor sin riesgo de hemorragia.
Fase PCL-A (Etapa exudativa). Una vez que se resuelve el conflicto se llega a la conflictólisis. El individuo entra en una primera fase “vagotónica” o “parasimpaticotónica” de reparación absoluta. Para tal fin, el sistema parasimpático, a modo de “freno biológico” pone al organismo en estado de hipofunción. La persona presenta ahora síntomas opuestos: tiene apetito, duerme todo el día, se encuentra mentalmente tranquilo. Generalmente los microbios actúan en esta etapa, por lo que se puede visualizar diversos tipos de infecciones, así como el aumento de la temperatura corporal. También se puede apreciar una edematización en las zonas donde impactó el conflicto (en el cerebro y en el órgano). Asimismo se visualizan extremidades calientes o tibias (por la vasodilatación) y todos los valores hormonales se encaminan a volver a su estado natural, no sin antes atravesar la epicrisis o crisis epileptoide.
La crisis epileptoide
Se da en el momento álgido de la fase de reparación tras la fase pcl-A y se desarrolla simultáneamente a nivel psique, cerebro y órgano. Durante el apogeo de la fase de reparación, el cerebro activa un pico simpaticotónico intenso y breve (dura un máximo de 4 horas, si se trata del endodermo) que vuelve a sumergir repentinamente al individuo en la fase activa del conflicto. Durante la crisis epileptoide, la persona vive de nuevo el conflicto en su totalidad, acompañado por los síntomas típicos tales como manos frías, sudores fríos, escalofríos, náuseas. En el momento álgido de la fase de reparación o curación, la hinchazón del edema cerebral alcanza su tamaño máximo y es en este momento cuando (el breve empuje de la recidiva del estrés) expulsa el edema. Tanto el cerebro como el organismo pueden eliminar entonces todo el líquido excedente acumulado durante la primera parte de la fase de reparación (fase pcl-A).
Inmediatamente después de la crisis epileptoide llega la supuesta “fase del pipí”, o fase urinaria durante la cual el cuerpo elimina todo el agua en exceso. Durante la crisis epileptoide, se pueden dar: ataques al corazón, embolia pulmonar, derrame cerebro vascular, ataques epilépticos, úlceras hemorrágicas del estómago, crisis de asma, crisis de neumonía, coma hepático, hemorroides hemorrágicas, vómitos, diarrea, tumores hemorrágicos, jaquecas, cólicos, etc.
El tipo de crisis epileptoide está determinado por:
La naturaleza del choque biológico
Los órganos o tejidos involucrados
La parte del cerebro implicada.
Fase PCL-B: después de la crisis epileptoide, tiene lugar la segunda parte de la fase de reparación que indica el principio de una cicatrización de los órganos, de los tejidos afectados y de la parte involucrada del cerebro.
Normotonía: más tarde, el paciente se encamina hacia la normalización.
El significado biológico de la crisis epileptoide es precisamente disponer bruscamente al organismo al estado de vagotonía, permitiendo así la cicatrización y la vuelta progresiva hacia la normotonía, mientras que no haya recidiva (repetición de un síntoma) del choque biológico.
El conflicto biológico se define así
Se trata de un estado emocional que comienza con un shock o DHS provocado por ciertas situaciones que interpretamos como una seria amenaza, de muy diversa índole, hacia nuestra persona, y que nos mantienen en una situación de alerta constante. Desde un punto de vista evolutivo, los conflictos biológicos pueden interpretarse como conflictos arcaicos y, en principio, son análogos tanto para las personas como para los animales. Los animales experimentan estos conflictos en términos físicos y reales, mientras que las personas a menudo lo hacen en sentido figurado. Para un animal, un bocado es algo que se puede tragar, es decir, un trozo de comida real. Para una persona, el bocado puede ser cualquier objeto valioso, como por ejemplo, un coche, una casa, dinero en general, etc.
Otro ejemplo es el cáncer de los túbulos colectores renales (son la unidad independiente de filtración que se encuentra en los riñones) que avisa al organismo de la posibilidad de secarse, por ejemplo, en casos de conflicto de “refugiado”, especialmente “aislamiento existencial”. En estos casos la orina se vuelve muy concentrada. A continuación explicamos de manera más extensa este ejemplo.
Conflicto del refugiado
Este conflicto produce, clínicamente, una fuerte contracción en los túbulos colectores del riñón para retener líquidos. El sentido biológico de este programa es que la persona se siente abandonada, excluida, aislada, como “pez fuera del agua”. Es un conflicto existencial en el que nuestra biología retiene líquidos mediante este programa dirigido desde el tronco cerebral (mesodermo) para ayudarnos a sobrevivir fuera de nuestro entorno. Como la persona está fuera de su medio, donde no hay agua ni alimentos, se retienen líquidos para mantenerse y sentirse vivo.
El ejemplo más gráfico es cuando un pez queda fuera del agua e inmediatamente activa este programa para no deshidratarse y seguir nutriéndose a la espera de la siguiente ola que lo devuelva a su medio. Con las personas pasa lo mismo, cuando nos encontramos fuera de nuestro medio (ciudad, país, casa, territorio conocido…) y nos sentimos solos, aislados, incomprendidos, abandonados podemos activar este programa. Simultáneamente, aparte de agua, también se retiene creatinina y urea que servirán como alimento mientras esperamos “la siguiente ola” o el retorno a casa o ubicación conocida, es decir, la resolución del conflicto. No hay más que ver a aquellas señoras mayores con las llamadas “patas de elefante” para imaginar lo solas y abandonadas que deben sentirse. De la misma manera, dejar la casa para ser hospitalizado, tener que dejar un país, un hogar o incluso un trabajo puede activar este conflicto.
En fase activa de este conflicto, al tratarse de un tejido endodérmico, se da un aumento de la función, lo que hace que se retenga mayor cantidad de líquidos. El agua retenida se acumula en todo el cuerpo. Generalmente la medicina alopática suele etiquetarlo como insuficiencia renal o bloqueo renal, ya que apenas se orina. Si éste fuera de gran intensidad y se prolongara en el tiempo puede dar lugar a un adenocarcinoma de los túbulos colectores que lo único que busca es una mayor eficacia en la retención de líquidos mientras la persona se encuentra en esa situación de abandono.
Una vez resuelto este abandono, durante la fase de solución, hay un gran aumento de la cantidad de líquido expulsado (se pueden filtrar hasta 8 litros cada hora) y las micobacterias, si los antibióticos no las han matado, cumplirán con su trabajo descomponiendo el tumor que ya no es necesario. En este proceso se pueden desprender cálculos renales de otros programas anteriores de riñón. Y en el caso de que no haya micobacterias por el uso de antibióticos, estos cálculos pueden obstruir la salida de la pelvis renal dando lugar a un riñón inactivo aunque el conflicto esté resuelto.
Implicaciones y descubrimientos comprobables de la Nueva Medicina
Tumores inactivos
La mayoría de las veces, los pacientes llegan con una multitud de síntomas orgánicos. Dichos síntomas deben ser evaluados con gran cuidado puesto que existe la posibilidad de encontrar accidentalmente cánceres antiguos, que no hayan sido caseificados en la fase curación por falta de bacterias tuberculosas. Por ejemplo, un carcinoma solitario del hígado es fácil de descubrir hoy en día con un TAC si el paciente se queja de molestias hepáticas, especialmente de molestias ulcerativas de los tubos biliares.
El TAC puede mostrar un FH anterior al evidenciar acumulación de tejido cicatrizal. También muestra un nuevo DHS siempre y cuando el conflicto se haya mantenido en fase de conflicto activo.
El cambio de inervación vegetativa, es decir, pasar de la simpaticotonía constante a la vagotonia constante se efectúa a través de un importante cambio psíquico, cerebral-vegetativo y orgánico. Es lo que comúnmente se suele diagnosticar como gripe o resfriado.
Cada enfermedad tiene su conflictolisis (CL) muy específica. Aunque son muy típicas y múltiples las enfermedades que se mantienen en situación de “conflicto pendiente” y las que se mantienen en “curación pendiente”.
Conflicto pendiente: es un conflicto en activo continuo que no llega nunca a la conflictólisis. Son conflictos de caracter reducido o minimizado, del tal manera, que la persona puede llegar a una edad avanzada a pesar de que el conflicto se mantenga activo de por vida.
Curación pendiente o en balance: es un conflicto en solución que nunca termina porque siempre vuelven a producirse recaídas del conflicto que impiden la solución definitiva. Las recaídas pueden producirse a través de sueños por la noche o por raíles*. Por ejemplo, la enfermedad de Parkinson, en la que el temblor es sí es la fase de curación o el conflicto motriz de las manos: de no poder agarrarse a algo. También puede ser por síndrome de colectores: se pasa la crisis epileptoide pero sigue en una fase PCL con repetidas crisis epileptoides debido a que no puede eliminar el edema.
*Qué es un raíl?
En el momento del (DHS), la mente se encuentra en un estado de atención agudo. Nuestro subconsciente memoriza las circunstancias que rodean al conflicto, tales como sonidos, olores, gente, objetos y los almacena hasta que el conflicto se ha resuelto totalmente. Las huellas que quedan como consecuencia del DHS son llamadas raíles. Si estamos en la fase de curación y de repente activamos uno de los raíles, ya sea por contacto directo o por asociación, el conflicto se reactiva e instantáneamente somos llevados hacia la fase activa del conflicto. Esta recaída del conflicto es llamada comúnmente alergia o reacción alérgica. El alérgeno puede ser una sustancia en la comida, cierto polen, cabellos de animales, algún perfume, la ex pareja, quien sea o lo que sea que hubiese estado involucrado cuando ocurrió el choque del conflicto. Normalmente la actividad de recaída del conflicto es corta. El flujo nasal, asma o ruboración que caracterizan la alergia son, de hecho, síntomas de curación. El propósito biológico de la alergia es servir como advertencia, para evitar experimentar la misma situación peligrosa otra vez. En la naturaleza, estos sistemas de alarma son vitales para la supervivencia. Los raíles siempre tienen que tomarse en consideración cuando estamos enfrentándonos a condiciones recurrentes como migrañas, crisis epilépticas, hemorroides, infecciones de vejiga o resfriados recurrentes. Cualquier recaída de cáncer tiene que ser vista desde esta perspectiva. Los raíles también juegan un papel principal en condiciones ”crónicas” como la arteriosclerosis, la artritis, el Parkinson o la Esclerosis Múltiple.
Enfermedades onco-equivalentes
Para el cerebro antiguo (endodermo y mesodermo cerebeloso) no hay onco-equivalentes, sino solamente cánceres y una fase de curación posterior a la resolución del conflicto en la cual el tumor cesa de crecer y los hongos y micobacterias, si los hay, comienzan a destruirlo.
Para el mesodermo cerebral que controla los huesos, cartílagos, nódulos linfáticos, etc. tampoco hay onco-equivalentes, sino solamente cánceres en forma de necrosis, osteólisis, es decir, agujeros en los tejidos, o degeneración de células. En los casos en los que hay resolución del conflicto, se da una fase de curación en la que se rellenan los décifits de sustancia.
Solamente en el ectodermo se encuentran enfermedades onco-equivalentes, aquellas que son dirigidas por la corteza cerebral, pero solamente se manifiestan en un área específica de los órganos correspondientes. Las enfermedades onco-equivalentes transcurren de acuerdo a las cinco leyes biológicas naturales, pero en vez de manifestar deficiencia o disolución celular, manifiestan pérdida de funcionamiento. Producen parálisis motrices, así como diabetes, insuficiencia de glucagón, pérdidas visuales y auditivas unidas a sus conflictos correspondientes. Tienen FH en el cerebro y, si se da la resolución de conflicto, la fase de curación con sus síntomas puede tener, a veces, unas complicaciones fatales.
Durante el restablecimiento de la función, incluso si las células del órgano no se han disuelto durante la enfermedad onco-equivalente, desde cierto punto de vista, parecen cambiar así como los centros cerebrales correspondientes (FH) (por ejemplo en un insuloma del páncreas o insuficiencia de glucagón). A pesar de estos cambios, e incluso tras años de conflicto, estas células parecen ser capaces de volver a la funcionalidad después de la resolución del conflicto.
El Dr. Hamer afirma que la biología de los humanos y de los animales ni carece de sentido ni tampoco de principios sistemáticos; no existe el desarrollo de cancer al azar, ni tampoco los microbios accidentales que aparecen por casualidad. Sus investigaciones han descubierto las siguientes leyes naturales:
1. La clasificación de los microbios según su edad filogenética (su origen y desarrollo): hongos – bacterias – virus. Los más antiguos son los hongos, después las bacterias y los más jóvenes son los virus.
2. La clasificación se da en función de la capa germinal correspondiente a los órganos en que funciona:
a) los hongos y micobacterias trabajan en los órganos endodérmicos dirigidos por el tronco cerebral.
b) las micobacterias y bacterias trabajan en los órganos mesodérmicos dirigidos por el cerebelo y las bacterias trabajan en los órganos mesodérmicos dirigidos por la médula cerebral.
c) los virus trabajan exclusivamente en los órganos ectodérmicos dirigidos por la corteza cerebral.
3. Todo microbio, sin excepción, se pone activo exclusivamente en la segunda fase, la fase curativa, empezando con la resolución del conflicto (CL) y terminando al completarse la fase curativa; no trabajan ni antes ni después. Antes existen como organismos apatogénicos (que no intervienen en la enfermedad), durante la fase de curación se les puede considerar patogénicos, y después de la fase de curación, nuevamente apatogénicos.
a) Los hongos y las micobacterias son como un equipo de destrucción, destruyen directamente los tumores dirigidos por el tronco cerebral (adeno-carcinomas) y los tumores mesodérmicos dirigidos por el cerebelo (carcinomas adenoides). Su función es la de caseificar los tumores controlados por el cerebro antiguo empezando en el momento de la CL, si es que se da ésta. Durante la normotonía, en la fase conflicto activo, y nuevamente en la fase de normotonía que se recupera al final de la curación, son apatogénicos, luego inofensivos para todos los órganos.
b) Las bacterias funcionan como un equipo de limpieza para los órganos dirigidos por el mesodermo cerebeloso y los órganos mesodérmicos dirigidos por la médula cerebral. Trabajan en la totalidad del ámbito del mesodermo llevando a cabo funciones diferentes. Destruyen los tumores adenoideos del mesodermo cerebeloso, pero reconstruyen las disoluciones celulares de los órganos dirigidos por el mesodermo medular, como la necrosis, osteólisis, etc. Dicha reconstrucción conlleva un proceso de supuración, granulación y cicatrización. Su trabajo también comienza con la CL y termina al finalizar la fase de curación, específicamente cuando se comienza a recuperar la normotonía.
c) Los virus simplemente son trabajadores de reconstrucción. Pueden ocasionar hinchazones serias durante proceso de relleno de úlceras o pérdida de sustancia para los órganos dirigidos por la corteza cerebral. Como otros microbios, solamente son activos durante la fase de recuperación. En el caso de úlceras del epitelio escamoso, la curación es mediada por virus así como en órganos tubulares como los bronquios, las arterias y venas coronarias, los conductos del arco branquial del cuello, los conductos lácteos o los conductos hepáticos, que sufren obstrucción temporal debido a la hinchazón. En principio lo mismo ocurre, aunque de forma menos drástica, cuando no hay virus tal como ocurre en la hepatitis no viral.
5. Los microbios son dirigidos por el cerebro y han trabajado por nosotros, no contra nosotros, como fieles servidores durante millones de años de evolución.
El Dr. Hamer ha integrado un sistema de diagnóstico y terapia de enorme éxito. Y aunque este sistema vuelve a la medicina tradicional “patas arriba”, no invalida muchas de sus prácticas o la mayor parte del conocimiento que ha sido acumulado. Lo que ahora tenemos es una comprensión lógica de los vínculos en todo este conocimiento así como conclusiones que son de apoyo para los pacientes.
La TAC del cerebro actualmente es uno de los métodos de diagnosis más poderosos. Los pocos médicos que practican la Nueva Medicina pueden deducir el estado presente en la situación de una persona. El diálogo entre la persona y el terapeuta puede llevar a lograr la resolución de aquellos conflictos que aún se mantienen activos.
En cuanto a las situaciones que surgen tras la resolución del conflicto, en la fase de curación, el médico debe ser capaz de determinar la seriedad de la fase de curación y la crisis que durante ella se produce y dar ayuda terapéutica durante esta fase para mitigar los peligros que implica. Tanto la medicina como las terapias alternativas pueden ayudar en estas etapas intentando restituir la salud al organismo con una intervención mínima necesaria para sacarlo de situaciones de peligro.
Es fundamental que el paciente entienda el funcionamiento real del organismo para saber de qué forma puede cooperar con su terapeuta-amigo para lograr recobrar la salud.
LOS MICROBIOS. Béchamp contra Pasteur
Antoine Béchamp (1816-1908) y Louis Pasteur (1822-1895), dos científicos franceses, proponen dos explicaciones diametralmente opuestas sobre la enfermedad. Pasteur sugirió la teoría de los gérmenes: son los microbios los que producen enfermedades. Béchamp presentó la teoría celular: son las enfermedades las que vuelven patógenos a los microbios que posee el cuerpo humano.
Poca gente sabe que Pasteur desarrolló la teoría del monomorfismo basándose en el trabajo de Antoine Béchamp. Los estudios de Béchamp cubrían la biología, microbiología, la química y la patología. Pasteur (químico) plagió y distorsionó estos descubrimientos y ganó un lugar inmerecido en la historia del pensamiento medico. Béchamp recogió los puntos fundamentales de su teoría en su libro “Blood and its Third Element” (La Sangre y su Tercer Elemento).
El pleomorfismo de Béchamp, demostró que en los seres humanos se produce una modificación de los organismos microbianos para restablecer el equilibrio dentro de los tejidos y órganos. Sostuvo que los microorganismos pueden desarrollarse a través de varias formas dentro de su ciclo de vida. También descubrió que en la sangre normalmente habitan microbios que el llamó microzimas (las partículas más pequeñas de vida). Las bacterias son en realidad sus aliados. Estos organismos son llamados genéricamente endobiontes y cambian de forma para adaptarse a cambios del terreno y pueden volverse patógenos cuando la salud de la persona se deteriora. Es decir, para Béchamp la enfermedad siempre viene del interior del organismo.
Claude Bernard, entró en esta discusión argumentando que lo más importante en el proceso de la enfermedad es terreno del paciente. Los microbios cambian y se desarrollan como resultado de cambios en este terreno en el cual viven. La enfermedad como proceso biológico se desarrolla dependiendo de este medio interno. El aspecto determinante del terreno es el pH.
El monomorfismo de Pasteur, defendió que las enfermedades se deben a las agresiones producidas por agentes patógenos microscópicos externos. Cada microorganismo tiene su forma específica y cada uno de ellos produce una enfermedad. Para prevenir las enfermedades propuso una guerra contra los microbios. De hecho, Pasteur recibió los fondos para sus investigaciones de la élite que quería desarrollar métodos eugenistas eficientes.
(La eugenesia, la repugnante ideología que propugna el impedimento de la reproducción de las personas “inadecuadas”, con “genes malos” defendida por los Huxley, los Galton, los Darwin,no ha desaparecido. Las sociedades eugenésicas norteamericanas han cambiado de nombre en la actualidad (The Society for the Study of Social Biology, por ejemplo) aunque en Gran Bretaña mantienen denominaciones más elocuentes, como el Galton Institute y se mantienen en prestigiosas universidades. Pero la conexión más reveladora es la que surge a partir de la entrada de los grandes magnates mundiales en el campo de la genética molecular, la “biotecnología” y los “estudios sociales”, con nombres como Rockefeller, Rostchild, Carnegie… y su apoyo a actividades claramente encaminadas a prácticas eugenésicas en las que han contado con el apoyo de prestigiosas instituciones oficiales, el respaldo “científico” de famosos comunicadores sobre “la naturaleza” y la complicidad de los grandes magnates de la información. El Instituto Pasteur y la investigación en las vacunas se ha estado financiado ya desde 1887 por banqueros, como los Rothschild. Se aseguraron de que la teoría de Pasteur se convirtiese en norma en todo el mundo. El concepto ilusorio de la prioridad del medio exterior sobre el interior de las personas arraigó de forma contundente, decretándose que los seres humanos somos víctimas de unos enemigos invisibles: los microbios).
Pasteur, debido a sus influencias y su riqueza logró diseminar estas ideas y ridiculizar la opinión de Béchamp. Varios científicos con posterioridad demostraron la existencia de las microzimas de Béchamp: Royal Raymond Rife (partículas polimórficas, 1920), Günther Enderlein (protitas, 1925), Wilhelm Reich (biones, 1930), y Gaston Naessens (somátidas, 1959). En su lecho de muerte, Pasteur admitió: “El medio lo es todo, el germen no es nada”. Pero este reconocimiento no tuvo trascendencia porque la alopatía, la medicina tradicional, necesitaba la teoría del monomorfismo para mantener un próspero imperio económico.
El trabajo de Béchamp fue ignorado y casi olvidado pero finalmente fue salvado gracias al doctor Leverson que compartió sus descubrimientos en su libro “Pasteur Exposed: The False Foundations of Modern Medicine”.
Son pocos, pero en aumento, los médicos de todo el mundo que siguen las directrices en contra de Pasteur y a favor de la Nueva Medicina del doctor Hamer. La mayoría se mantiene conservadora en sus creencias, quizá, porque la enseñanza médica oficial condiciona en gran medida para ver solo lo que se conoce y lo demás es desechado. De esta manera cada persona crea un filtro para recoger solo lo que se amolde a sus ideas preconcebidas y los fenómenos se interpretan bajo la óptica de lo conocido. Por eso diariamente se niegan evidencias que no encajan con nuestra forma de ver el mundo.

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