Source: http://www.libertadidioma.com/20180806.htm
Timestamp: 2018-08-17 11:24:07+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Lunes 6 Agosto 2018
La red clientelar de Pedro Sánchez
EDITORIAL El Mundo 6 Agosto 2018
Causa estupor que un presidente que se ha jactado de abanderar la regeneración no haya mostrado el más mínimo pudor a la hora de colonizar la Administración tras la llegada al Gobierno. Si todos los ejecutivos desde la reinstauración democrática cometieron el error, y el exceso, de colocar a personas y dirigentes afines al frente de las empresas públicas del Estado, en el caso de Pedro Sánchez esta deriva resulta aún más lacerante, en la medida que apenas restan dos años para agotar la legislatura. Por tanto, no es responsable ni prudente relevar a los responsables de la práctica totalidad de empresas y organismos públicos sin tener en cuenta la experiencia profesional sino la adscripción ideológica o su afinidad al Partido Socialista, máxime cuando no van a disponer de tiempo para trazar una nueva estrategia. La conducta de Sánchez responde a una patología arraigada en los dos grandes partidos que han dominado la escena política en España durante las últimas cuatro décadas: la obsesión por creer que la Administración es un coto partidista refleja hasta qué punto el compromiso regenerador de Sánchez no pasa de ser un mero subterfugio para la retórica.
La porfía en perpetuar un sistema clientelar ha llevado al presidente a colocar en puestos de confianza a casi la mitad de la Ejecutiva del PSOE. Es cierto que la legislación ampara la discrecionalidad del nombramiento del personal eventual en la Administración pública. Sin embargo, el copamiento del sector público resulta incompatible con el discurso de un jefe de Gobierno que dice aspirar a reinstaurar la ejemplaridad. En muchos casos, además, a la afiliación política partidista se suma la falta de ideoneidad de muchos elegidos. Así, resulta discutible la designación de Juan Manuel Serrano, ex jefe de gabinete de Sánchez, como presidente de Correos; o el de Óscar López, ex secretario de Organización del PSOE, como presidente de Paradores; o el del filósofo José Vicente Berlanga como presidente de Enusa, la empresa nacional de uranio e industrias avanzadas. A todo ello se suman los elevados sueldos de muchos de estos altos cargos: casi 200.000 euros, en el caso de Serrano; 180.000 euros, en el de López ;210.000 euros, en el de Berlanga; y casi 220.000 euros en el caso del presidente de la SEPI. Estas nóminas constituyen un dispendio difícil de digerir para una ciudadanía la que ahora se va a exigir nuevos sacrificios tributarios.
Con esta política, Sánchez ha renunciado a la despolitización de los puestos técnicos, una de las rémoras de las administraciones públicas en España. Las designaciones arbitrarias o de signo partidista al frente de las empresas y organismos públicos no hacen más que degradar al Estado y erosionar las instituciones, con absoluto desprecio a los técnicos especialistas y la gestión profesional.
El déficit y los funcionarios
Primo González Republica 6 Agosto 2018
El Gobierno ha convocado más de 30.000 plazas de funcionarios hace escasas fechas, puestos que tratarán de cubrir una parte del retroceso del número de empleados públicos del Estado que la crisis económica ha provocado en los últimos años. Hay ahora unos 80.000 funcionarios menos en la Administración Central que a finales del año 2010. Todas las áreas del sector público han experimentado descensos en estos últimos años en el número de funcionarios, que ahora ronda los 2,5 millones de personas, unas 140.000 menos que al cierre del año 2010. Las Comunidades Autónomas son las que menos han recortado el empleo público a pesar de que es el sector institucional que congrega a un mayor número de empleados públicos, alrededor de 1,3 millones de personas, es decir, algo más de la mitad del total de la economía.
La recuperación del número de funcionarios tropezará sin embargo con las pretensiones del Gobierno y las exigencias de Bruselas de ir reduciendo el déficit público hasta situarlo por debajo del 3% del PIB, el tope que la UE considera que encaja con el manejo más ortodoxo de la economía. España es el país europeo que con mayor retraso está regresando al equilibrio presupuestario, ya que se mantendrá un año más por encima del 3% del PIB, límite que coloca a cualquier país europeo dentro de la consideración de país sujeto a la intervención europea. Es decir, dentro del régimen de déficit excesivo, del que acaba de salir Francia. El Pacto de Estabilidad plantea exigencias más severas a los países que se encuentran en esta situación.
Hay que recordar que algunos países del grupo de los grandes ya han logrado situarse en situación de superávit fiscal, como es el caso de Alemania, la mayor economía de la zona euro, que en el ejercicio fiscal de 2017 logró un saldo positivo en sus cuentas públicas equivalente al 1,3% del PIB. La mayoría de los países de la Eurozona presenta ya superávit fiscal. En conjunto, sin embargo, la zona euro presenta un déficit global del 0,9% del PIB, tras haberlo reducido desde el 1,5% del PIB del año 2016. España se encuentra, por lo tanto muy alejada de los niveles medios de la Eurozona y sin claras expectativas de bajar por debajo del 3% del PIB este año, como parecía probable hace unos meses.
La mala gestión presupuestaria del país a lo largo de los últimos años, a pesar de la corrección lograda, y las dudas sobre una hipotética mejora en el año en curso, con la llegada de un nuevo Gobierno al poder, más sensible a impulsar las políticas de gasto máxime en un momento en el que ya se aproximan las citas electorales a diversos niveles, son factores que permiten sospechar que el regreso al superávit fiscal será para España una tarea compleja y de dilatada duración. Todo ello incluso manejando la más optimista de las hipótesis en relación con el crecimiento de la economía, que el actual Gobierno ha asegurado que cerrará el año 2018 con un ritmo de avance del 2,7% del PIB.
En este contexto, los programas de recuperación del empleo en el sector público van a chocar con las exigencias de la política fiscal y presupuestaria, entre otras cosas con la necesidad de recortar el nivel de endeudamiento público, que se mantiene como uno de los más elevados de la zona euro. Que España necesita mejorar sus plantillas en algunos segmentos de la actividad, en todo lo relacionado con la calidad del Estado de Bienestar, parece fuera de toda duda, aunque este objetivo tendrá que enfrentarse a políticas de mayor rigor en la gestión del gasto público para que el objetivo de reducción del déficit tenga la necesaria prioridad.
La eventual desintegración de España
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 6 Agosto 2018
Creo que este presagio puede suceder a no tardar mucho, si no se toman las medidas adecuadas, que pasan principalmente, por evitar, en lugar de acelerar, el proceso que conduce, como primer paso, a la independencia de Cataluña. Ciertamente, el camino que nos ha llevado a este dilema viene de lejos y existen varios culpables entre los Gobiernos que ha tenido España desde el año 1983 -especialmente el ex presidente Zapatero-, pero también hay dos personas que ahora, queriendo o sin querer, han hecho todo lo posible para que estalle el incendio que se avecina: Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, los dos protagonistas de la moción de censura -que habría que llamar mejor conmoción de censura- y que son los que han puesto la cerilla.
En lo que se refiere a Rajoy, no voy a entrar en los numerosos errores que cometió durante su mandato de siete años, cuando gozaba de una mayoría más que absoluta en todos los niveles de la Administración pero que no supo aprovechar para mejorar la democracia. En este sentido, debo recordar el artículo que publiqué aquí hace ahora dos años, en el que recomendaba a Rajoy que hiciese como Adolfo Suárez, que tuvo el coraje de dimitir antes de que estallase la tormenta, aunque no lo lograse porque el contubernio estaba ya en marcha. Del mismo modo, podía haber imitado a Calvo-Sotelo, cuando adelantó las elecciones, porque sabía que ya no podía gobernar tras los acontecimientos del 23-F. Pero no hizo ni una cosa ni la otra, pudiendo haber pasado a la Historia como un Presidente de Gobierno que hizo dignamente lo que pudo. Ya no será así, porque tuvo todo en sus manos y dejó que se le escapase como si fuera agua. Por lo demás, tampoco voy a desmenuzar sus infinitos pecados políticos de omisión, todos con gravísimas consecuencias. Me voy a limitar a insistir en solo uno, el más grave de ellos, que precisamente fue el último: no haber dimitido en el mismo momento en que Pedro Sánchez presentó la moción de censura. La justificación de su presentación fue probablemente la de derribar a Rajoy por la sentencia del caso Gürtel y por todo lo que había detrás. Sin duda. Pero el error más grave de Rajoy, en el que tiene también su porción de culpa Pedro Sánchez y el PSC, fue el de no haber abortado definitivamente el golpe de Estado en Cataluña, permitiendo paradójicamente que se celebraran elecciones el 21 de diciembre pasado en una comunidad cuyos dirigentes estaban fuera de la ley, dejando de aplicar consecuentemente, de forma irresponsable, el artículo 155.
Ahora bien, todo eso es gravísimo, pero la peor de sus omisiones que estamos empezando a pagar ya, es, como digo, no haber dimitido en el mismo momento en que Pedro Sánchez presentó su moción de censura, pues gracias al oportunismo del PNV se alcanzaría la cifra de 176, esto es, la mayoría absoluta necesaria para que triunfase, sumando corderos, lobos y lo que fuese. La consecuencia ya la hemos comprobado: Pedro Sánchez se convirtió legalmente en Presidente del Gobierno, porque utilizó un mecanismo constitucional y, en este sentido, nada se le puede reprochar. Pero una cosa es aprovechar esa herramienta para acabar con la incompetencia política de Rajoy, a través de la exigencia de su responsabilidad política, y otra bien distinta es gobernar con un conjunto heterodoxo de buscadores de cargos, independentistas ambiciosos y un amplio sector de trasnochados que difícilmente se pondrán de acuerdo para tomar iniciativas que redunden en el interés general. Sea lo que fuere, nos encontramos ante una situación que, incluso aceptando los buenos deseos de Pedro Sánchez, es imposible que no acabe en un naufragio que pagaremos todos los españoles. Porque limitándonos a la cuestión catalana, el Presidente del Gobierno está demostrando una ingenuidad propia de una amateur en política.
En efecto, el poder de los independentistas catalanes es hoy mucho mayor que el que tenían el 27 de octubre pasado, cuando proclamaron la República "sin proclamarla" y, por si acaso, después algunos de sus dirigentes más distinguidos salieron por pies cruzando la frontera con Francia. Otro grupo importante, aunque menos avisado, o más naif, fue detenido y después de pasar unos meses en cárceles cercanas a Madrid, gracias a la inocencia del Presidente del Gobierno, pueden seguir avanzando, a pesar de las discrepancias entre los partidos nacionalistas, en la hoja de ruta para llegar al paraíso de Itaca que es el objetivo común de todos los separatistas.
El Presidente Torra, que fue ilegalmente elegido por diputados que no cumplían las condiciones requeridas, como Puigdemont, es mucho más lanzado que éste y, ante la miopía política de Sánchez, sigue construyendo las estructuras de la República catalana. Sus afirmaciones -más propias de un chuleta madrileño que de un circunspecto catalán- oscilan entre lo humorístico y lo dramático, como, por ejemplo, afirmar que el Rey de todos los españoles debe pedir perdón por denunciar lo que estaba ocurriendo en Cataluña, ante la pasividad habitual de Mariano Rajoy y cosas semejantes que no tienen desperdicio, como se comprueba en sus declaraciones de ayer en La Vanguardia, diciendo, por ejemplo, que "no aceptaremos sentencias por el 1-O como si nada".
Por eso, el Presidente del Gobierno, cuando acaba de afirmar que estamos comenzando una nueva época, supongo que lo que quiere indicar es que el nacionalismo catalán acabará rindiéndole pleitesía. Me da la impresión de que no sabe con quién se está jugando los cuartos, porque los independentistas mantienen una y otra vez sus reivindicaciones; referéndum de autodeterminación, desobediencia a lo Thoreau, y declaración unilateral de independencia. Para ello cuentan con que Pedro Sánchez sólo se puede mantener en La Moncloa si el grupo de los separatistas sigue apoyándole, es decir, siempre que acepte sus continuas extravagancias. La cuestión es que a pesar de su aparente tranquilidad, reforzada por el reciente sondeo del CIS que no tiene ningún valor, el Presidente del Gobierno no sabe qué hacer y de este modo se han afirmado ya por parte del Gobierno decisiones contradictorias: acabar normalmente la legislatura en el año 2020, adelantar las elecciones al otoño de este año o posponerlas hasta la primavera del 2019. En definitiva, la decisión no depende del Presidente del Gobierno, sino del grupo de independentistas que pueden dejar de apoyarle en el momento en que les interese.
Todo esto es consecuencia del mal uso que se ha hecho en España de la llamada "moción de censura constructiva", inventada por los constituyentes de la Ley Fundamental de Bonn, que tras la experiencia de la República de Weimar con su continua inestabilidad gubernamental que provocó el acceso al poder del nacional-socialismo, quisieron que solo se pudiese derribar a un Gobierno si se proponía un nuevo Gobierno encabezado por un nuevo canciller o primer ministro. De ahí que cuando en diciembre de 1976, Felipe González me encargó redactar unas Bases constitucionales para que el PSOE las defendiese en un proceso constituyente que se vislumbraba ya en el inmediato futuro, yo me decidí por adoptar el sistema alemán del control del Gobierno, denominado "moción de censura constructiva", porque sólo se podía derribar al Presidente del Gobierno en ejercicio si se proponía otro que contase con la mayoría necesaria para gobernar. De este modo, inspirándome en el artículo 67 de la Ley Fundamental de Bonn, aunque con alguna diferencia, expuse la siguiente propuesta que copio literalmente: "Relaciones entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Las Cortes poseen el poder de controlar al Gobierno mediante los siguientes medios: a. Las preguntas orales y escritas; b. Las Comisiones de encuesta; la moción de censura, que deberá atenerse a los siguientes requisitos: 1. Será necesario que la presenten al menos 1/10 de los miembros del Congreso de los Diputados. 2. Solamente podrá prosperar si esta Cámara propone por mayoría absoluta de sus miembros un nuevo Presidente, que deberá ser confirmado por el Rey. 3. Ningún Presidente, propuesto por el Rey, podrá ejercer su cargo hasta conseguir el voto de investidura por mayoría absoluta del Congreso de Diputados".
Como se puede comprobar, el artículo 113 de la Constitución recoge casi literalmente la propuesta que yo hacía, con vistas a evitar la inestabilidad gubernamental que había caracterizado a la República de Weimar, a la IV República francesa y a la República de Italia, además, por supuesto, de nuestra propia experiencia histórica. En definitiva, la proposición que yo formulé, como en el supuesto alemán, poseía dos claros objetivos: por un lado, derribar a un Presidente del Gobierno y a su equipo que no estaban actuando correctamente; y, por otro, nombrar, en su lugar, a un nuevo Presidente que contase con la mayoría suficiente para poder gobernar. Además, esta moción aparecía como un arma poderosa que, por su sola existencia, podía ser un aliciente para que el Presidente electo cumpliese con su programa de gobierno y sus promesas formuladas ante su electorado. Como es sabido, en los casi 70 años de vigencia de la República Federal de Alemania, únicamente se han presentado dos mociones de censura: una, en 1972, la que presentó Rainer Barzel contra el Gobierno de Willy Brandt, que no triunfó, y la otra, en 1982, que derribó a Helmut Schmidt presentada por Helmut Kohl.
Ahora bien, para que esta moción sea efectiva tiene que desarrollarse en un país, como Alemania, con dos o tres partidos nacionales, que es la forma de asegurar que la nueva mayoría, muchas veces con un partido bisagra, pueda gobernar. Sin embargo, en España, merced a la existencia de partidos regionalistas y nacionalistas, la moción de censura constructiva solo sirve, como se ha visto esta vez, para derribar a Rajoy, pero no para poder gobernar. Cierto que nos libramos del temido Gobierno Frankenstein, pero no sirve de nada porque el monstruo que creó Mary Shelley habita en un Congreso que depende del capricho de los nacionalistas. Pero si Pedro Sánchez fuese consciente de que España comienza a desmoronarse debería convocar ya las elecciones.
Sánchez toma decisiones que requieren del apoyo de los ciudadanos en las urnas
ESdiario 6 Agosto 2018
El presidente adopta medidas para las que no fue elegido, sustentado en un juego de cambalaches y negándose a preguntar a quienes deben darle el plácet: los ciudadanos en las urnas.
Pese a a decir él mismo que su moción de censura era meramente instrumental y destinada a convocar Elecciones Generales a la mayor brevedad; todo lo que hace, dice, propone o impone Pedro Sánchez es propio de un ganador en los comicios, incluso de manera aplastante, que acaba de iniciar su pletórica legislatura.
El acercamiento de los presos de ETA, las concesiones al nacionalismo catalán, la previsible reforma del sistema educativo, la colonización del Estado en todas sus áreas con afines o el asalto a RTVE son decisiones atípicas de cualquier presidente, pero mucho más de uno que no ha ganado en las urnas y dispone de apenas 84 diputados.
La Moncloa no encuentra tiempo para defender al Rey pero sí al urogallo cantábrico
Basta recordar cómo se acusaba al PP de poner en marcha el "rodillo parlamentario" cuando adoptaba medidas, de menor calado incluso, respaldadas por su mayoría absoluta; para entender la paradoja de que el mismo partido que entonaba ese lamento se sirve ahora del mismo procedimiento con un matiz nada baladí: carece de esa abrumadora mayoría y, por dos veces en menos de un año, los españoles desecharon a su líder como presidente.
La explicación que Sánchez le da a todo ello es aún peor que las decisiones en sí mismas, pues tratan de engañar a la sociedad para esconder la contradicción intrínseca entre lo que dijo y lo que hace: según el presidente, su Gobierno y la sociedad "caminan juntos" y los ciudadanos se sienten "al fin" representados.
El PNV quita la careta a Sánchez: "La sintonía es completa para acercar a los presos de ETA al País Vasco"
Es una opinión democráticamente inquietante, pues se arroga una autoridad superior a la de las urnas a las que se niega a acudir, sustituidas por sondeos del CIS manipulados que pretenden vender la idea de que, si bien no tuvo el plácet de los electores en su día, ahora dispone de su apoyo mayoritario. Aunque se niegue a comprobarlo de la única manera sensata: permitiéndoles votar.
Lo único cierto es que, bajo ese discurso propagandístico, se esconde un presidente que prefiere pactar con los separatistas y Podemos que consultar a los ciudadanos o entenderse con los dos partidos del centroderecha español. Y que el precio a pagar por esa estrategia incluye concesiones que los españoles no han aprobado y son mera consecuencia de los cambalaches parlamentarios entre los socios de moción de censura. Una lástima.
Pánico en el naufragio
La izquierda se asusta ante el colapso de su hegemonía cultural
Hermann Tertsch ABC 6 Agosto 2018
Ulrich Herbert es un muy reconocido historiador alemán, hoy profesor en Friburgo. Ha recibido decenas de premios entre ellos los más prestigiosos, como el Premio Leibniz que es algo así como el Non Plus Ultra de la comunidad de investigación histórica. Pues hace unos meses una editorial británica le ha dado calabazas al laureado historiador como si fuera un poeta novel que intenta publicar su opera prima. La editorial Verso de Londres le mandó una carta de británica cortesía en la que le comunicaba que, en contra de lo acordado inicialmente, no publicaría su «Historia de Alemania en el siglo XX», un libro celebrado y premiado por la crítica en Alemania. La editorial decía haber concluido que los puntos de vista del historiador son incompatibles con opiniones e intereses editoriales de la casa.
Pronto se hizo saber al historiador alemán lo que pasaba. El libro es demasiado anticomunista. En el trato de la Revolución de Octubre, los movimientos comunistas y la izquierda con su terrorismo, la editorial británica veía una línea excesivamente crítica. Esto sucede cien años y cien millones de muertos después de la revolución bolchevique. Es como pedir en España, especialmente en estos días de dolor y asco, que por favor no se hable demasiado mal de Santi Potros. Herbert no es de la escuela de Ernst Nolte y otros investigadores que fueron más lejos hasta ver en el comunismo el impulso real para todos los crímenes de las ideologías redentoras, comunismo, fascismo y nazismo. Nolte, venerado historiador, desencadenaba así en 1986 la célebre pelea de historiadores (Historikerstreit) en la que la izquierda dirigida por Jürgen Habermas, se lanzó a la yugular de Nolte. Entonces se vio ya que el neomarxismo había dejado de ser académicamente omnipotente.
Herbert es una gran autoridad en la historia del nacionalsocialismo. Sus libros son referentes imprescindibles. En nada sospechoso de revisionismo. Pero el anticomunismo es sospechoso todo él en las elites europeas. Y la verdad no importa. Lo importante es el efecto político. Inmersos en su burbuja de arrogancia y elitismo intelectual antinacional, están en pánico por lo que pasa en Europa y EE.UU. Cada vez más sociedades y países se rebelan contra una hegemonía cultural de dichas elites que llegó a no tener fisuras. Que ha impuesto un relato tan mentiroso como los de antiguas dictaduras. Y se persigue y reprime con represión, difamación y también leyes, la de la Memoria Histórica en España en una vergüenza especial, cualquier intención de defender verdades que no plazcan. Llaman fascista y nazi al adversario de la peste leninista. Pero también al que se opone al rodillo de la socialdemocracia que se ha revelado como el brazo amable del mismo proyecto totalitario. Esa práctica del descrédito viene de lejos. Los emigrados que llegaban a París huyendo del comunismo 1948 decían que declararte anticomunista en Francia no te suponía la ejecución inmediata como en Polonia, Hungría o Bulgaria, pero si la ejecución civil a cámara lenta. Ese «asesinato reputacional» es práctica general del neomarxismo que educa a las elites en las universidades occidentales y cuyo más patético símbolo sigue siendo Habermas. Una expresión de la censura y vocación totalitaria está en las redes sociales. Facebook y Twitter censuran con cualquier pretexto cuentas que defienden posiciones conservadoras, liberales, de la derecha política y nacional. Jamás a cuentas de la socialdemocracia ni a la izquierda, totalitaria, separatista, violenta y antidemocrática. La editorial quería un libro de izquierdas de Herbert para competir con cada vez más historia no marxista en el mercado. Es un signo muy esperanzador. La propia izquierda sabe que solo le queda la censura para defender una hegemonía cultural, vigente todo un siglo, que naufraga.
Pío Moa Gaceta.es 6 Agosto 2018
*El Torra sabe muy bien que sus principales cómplices son los gobiernos de Rajoy y de Sánchez. Quienes no quieren entenderlo son los que creen que Rajoy estaba contra él, y Sánchez lo mismo. Es al revés, bobalicones.
*¿Por qué las mujeres –feministas aparte– son más alegres que los hombres, viven más, se suicidan mucho menos, delinquen mucho menos, se emborrachan y drogan menos… ?¿No se enteran esas irresponsables de que viven bajo la opresión de un feroz patriarcado?
*Sin la Reconquista, no habría España sino Al Ándalus, de lengua árabe, religión musulmana, poligamia, mujeres con burka, enorme analfabetismo, sharia…Los efectos de la Reconquista son plenamente actuales. ¿Entienden por qué es indispensable conocerla?
*Periodistas, intelectuales y universitarios, callados como p. ante el plan de Sánchez de mutilar las libertades de opinión, expresión e investigación so pretexto de “apología del franquismo”. No tienen conciencia democrática. Lo revela también q este tuit no se retuitee por miles.
*El gobierno quiere ilegalizar la Fundación Franco. El solo intento de hacerlo ya permite catalogarlo como gobierno delincuente. Lo mismo C´s y partidos que apoyan. La libertad no se divide a capricho del poder, y los demócratas tenemos el deber de defender a la Fundación.
*Hoy, los gobiernos de la UE, con dos o tres excepciones, son verdaderas tiranías LGTBI.
Teresa Lázaro www.vozpopuli.com 6 Agosto 2018
Carles Ballfugó Cronica Global 6 Agosto 2018
"La inmigración es el disolvente fatal de Europa"
Giulio Meotti latribunadelpaisvasco 6 Agosto 2018
Las víctimas frente a Santi Potros
La Razon 6 Agosto 2018
El asesino en serie Santiago Arróspide Sarasola, alías «Santi Potros», abandonó ayer la cárcel de Topas (Salamanca) tras cumplir treinta y un años de prisión. Nada cabe argüir ante un hecho que se ajusta a lo establecido por el Código Penal vigente y los reglamentos penitenciarios, sólo elevar los pensamientos de los hombres y mujeres de buena voluntad hacia las familias y los amigos de las 40 víctimas directas de este criminal y, también, hacia las de todos aquellos que murieron a manos de la banda etarra, de la que «Potros» fue uno de sus principales jefes. Pero, ciertamente, la puesta en libertad de este terrorista muestra las carencias de una legislación demasiado permisiva con esta clase de asesinos de masas –con once condenas firmes que ascendían a 3.000 de prisión– que ni se arrepienten ni tratan de reparar en lo posible el daño causado y que ni siquiera se prestan a colaborar con la Justicia para esclarecer los tres centenares de crímenes que aún permanecen sin autor conocido.
El caso de «Potros», al que cuadrarían perfectamente las previsiones de la Prisión Permanente Revisable, es especialmente sangrante para sus víctimas y para el conjunto de la sociedad española, no sólo por la crueldad y la frialdad con la que perpetró y ordenó los atentados, sino porque fue uno de los etarras que se beneficiaron de la amnistía general de 1977 y que, luego, conformaron el núcleo más sangriento de la banda. Con todo, la cuestión fundamental no es tanto la inevitable puesta en libertad de los terroristas que ven cumplidas sus penas como la manipulación de la reciente historia de España por parte de los mismos sectores políticos y sociales que participaron, respaldaron o justificaron la homicida actividad de la banda, muchos de los cuales se sientan hoy en las instituciones democráticas, y que tratan de construir un relato que ponga en plano de igualdad a las víctimas y sus verdugos.
En este sentido, hay que rechazar el cambio en la política penitenciaria que propone el actual Gobierno socialistas para los presos de ETA, no por un rigorismo justiciero, sino, precisamente, para no alimentar ese relato, concediendo privilegios a los que los terroristas no son acreedores. Sólo desde el arrepentimiento individual, contrastado en los hechos, se pueden alterar las condiciones carcelarias. Hay que insistir en la verdad de lo ocurrido, que es la única forma de defender la dignidad de las víctimas y de ensalzar la victoria de la sociedad española sobre quienes querían destruir su democracia y romper la unidad de la nación, porque, ante la menor concesión, se dan alas a las mentiras del nacionalismo vasco.
Ocurre, sin ir más lejos, con la pretendida «ley vasca de víctimas de abusos policiales», cuyo recurso ante los jueces ha retirado el Gobierno de Pedro Sánchez, que no deja de ser una muestra de cinismo político. Lo mismo reza de la pasividad de las autoridades ante los homenajes que los filoetarras hacen a los criminales excarcelados, que sólo pueden calificarse de vergonzoso enaltecimiento del terrorismo y que, en consecuencia, están penados por la Ley. Ayer, en Vitoria, el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, mantuvo la misma posición de rechazo al acercamiento de presos y de apoyo a las víctimas que expresó en su reunión con Pedro Sánchez. Es la única postura que un demócrata puede adoptar ante quienes tratan de cambiar la historia y no renuncian a los mismos fines que perseguía el terrorismo. Son los mismos de siempre. Los que increparon al líder popular, que sólo entienden la vida desde la imposición de sus ideas.
Torra desaforado, pero solo en sus soflamas.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Agosto 2018
JOAQUIM TORRA AVISA AL REY D. FELIPE QUE NO ESTÁ INVITADO A LOS ACTOS DE RECUERDO DE LAS VÍTIMAS DE LOS ATENTADOS DE LAS RAMBLAS EN BARCELONA Y A LA JUSTICIA DE ESPAÑA DE QUE NO ADMITIRÁN SENTENCIAS QUE CASTIGUEN A BUENA GENTE QUE QUEREMOS LIBRES.
Lo del xenófobo radical Joaquim Torra va “in crescendo” en su discurso de desafío y desprestigio del Estado de Derecho en España. Lo mismo se atreve a manchar una Institución como la Generalidad sometiéndose de modo lacayo y servil a un prófugo de la Justicia, que a insultar al Rey o que a advertir a la Justicia de España sin que nadie, incomprensiblemente, le pare los pies en esa carrera desbocada de improperios y soflamas independentistas. Un individuo que ya no se detiene ante nada ni ante nadie porque sabe que cuenta con una posición de ventaja gracias al chantaje de su apoyo al asalto al poder del ambicioso Pedro Sánchez, alguien que le iguala e incluso supera en la absoluta falta de escrúpulos con tal de conseguir sus objetivos. Porque de no ser así, nadie se explica cómo este despreciable individuo imagen del independentismo más radical, xenófobo antiespañol y fanático, pueda seguir libremente lanzando esas soflamas sin que ni la Fiscalía, ni ningún partido político haya interpuesto contra él una querella criminal.
La primera afrenta es hacer recaer en la figura del Rey como Jefe del Estado haber traicionado al “pueblo catalán” cuando dio su discurso tras los graves incidentes del 1 de octubre durante la celebración de la farsa de referéndum que había sido declarado inconstitucional y por tanto ilegal, Unos sucesos vergonzosos donde los golpistas azuzaron e incitaron a masas de fanatizados a bloquear accesos a colegios electorales, a distribuir urnas y papeletas y a hacer una firme defensa del inexistente derecho de ese pueblo a decidir sobre su futuro de modo unilateral. Una arenga que trajo como consecuencia el enfrentamiento físico con las FFyCCSE, que se limitaron a intentar cumplir con su misión de impedir esa ilegalidad, con la inicua falta de colaboración de los Mossos. En ese mundo de legitimidades inventadas, los golpistas se quejan de que el Jefe del Estado se posicionase a favor del cumplimiento de la ley, condenando a aquellos que habían usado a ese pueblo como ariete para sus fechorías.
Un discurso impecable desde el punto de vista Institucional que sirve de coartada a los golpistas para renegar de una Monarquía a la que no dudaron en otra época histórica en enfrentarse en la llamada Guerra de Sucesión apoyando a una de las dos familias reales europeas en conflicto por los supuestos derechos de herencia al Trono de España. La célebre derrota de 1714 usada como efeméride por los independentistas como símbolo de sus ilegítimas exigencias independentistas. Por eso, a estos fanáticos no les bastó nunca ningún sistema de organización del Estado que no reconociese la singularidad de esa región sobre el resto y reclamase, a veces con la violencia, esa ansiada independencia, sobre todo durante los dos últimos siglos. Pero casi siempre se han encontrado con la firmeza de los diferentes Gobiernos, tanto de esa odiada Monarquía borbónica, dictaduras militares, regencias y las etapas efímeras de República, donde se atrevieron a declarar su independencia y sufrir las consecuencias de la respuesta del Gobierno de España.
Ahora, aprovechando la excusa de ese discurso, el mantra usado por los golpistas es afirmar que “Felipe VI, no es nuestro Rey” y no lo será mientras no pida perdón a los catalanes por defender a los agresores y no al pueblo que ejercía su derecho a votar democráticamente. Una mentira que manipula los hechos y convertida en verdad para esos fanáticos independentistas, que, además, a lo que aspiran es a instaurar un Estado independiente de España con forma de República donde la Monarquía no tiene cabida alguna. Y es que lo que menos importa es si el Rey pide o no perdón por algo por lo que nunca debe sentirse avergonzado y sí muy orgulloso por cumplir con su deber institucional ante los españoles en su comparecencia televisada, sino dar argumentos a su estrategia de descalificación y desprestigio de lo que es y representa a España, mostrándole como Estado represor. Ya hora eleva su descaro diciendo que "El Rey no está invitado a los actos de recuerdo por las víctimas de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils". ¿Pero quién es este mindundi para negar nada menos que el Jefe del Estado asista a cualquier acto que considere oportuno? Pues nadie, solo ofende quien puede no quien quiere y este desecho no puede aunque lo intenta. El Rey asistirá, por supuesto, no necesita ninguna invitación y representará a todos los españoles que compartimos el dolor de las víctimas.
Solo una persona de la mezquindad de este sujeto, que ha sido ignominiosamente nombrado Presidente del Gobierno autonómico de Cataluña, podría atreverse desde su supuesta impunidad a proferir semejantes soflamas, a escribir discursos como el que vomitó ayer en los medios independentistas de comunicación y sentirse seguro de que nadie desde el Gobierno de España al que ha ayudado a desbancar al de Mariano Rajoy y el PP, hará nada por impedirle seguir difamando, amenazando e injuriando a España tanto en foros públicos nacionales como internacionales, acompañando a un declarado fugitivo de la Justicia a ensalzarle y encumbrarle reconociéndole como el máximo líder y legítimo Presidente en el exilio del Gobierno de la Generalidad y de ese inventado "espacio libre de la República", e intentando por todos los medios reivindicar su figura y concederle tratos de privilegio como escoltas oficiales con Mossos, pagos de estancia y manutención en su refugio en Bélgica, etc, usando fondos públicos.
Y por no temer ser frenado en esta carrera de despropósitos, su desafío aumenta de forma exponencial y ahora fija el otro objetivo en exigir la libertad de los golpistas y su exoneración por parte de una Justicia, la de España, a la que no reconoce. Lanza advertencias como “no aceptaremos sentencias de escarmiento ni ninguna sentencia que no sea el archivo de una causa injusta y eso lo quiero decir con toda solemnidad y con toda firmeza” Y añade a continuación que “no aceptaremos un juicio injusto, ni que esta causa farsa continúe adelante”. Se niega a admitir la causa abierta y un juicio que presupone injusto por algo que no reconocen como delitos. Hace de estas declaraciones el tema central de debate para los próximos meses. Y eso ya sabemos lo que significa a nivel de escraches, manifestaciones, asonadas, bombardeo propagandístico en medios afines catalanes y extranjeros usando sus famosas “embajadas” como altavoces. Lo de siempre en quienes conocen y practican todas las técnicas fascistas, siendo su mayor exponente el racista xenófobo anti español actual máximo representante de esa farsa de Gobierno autonómico reducto de golpistas.
Respondiendo a la infame oferta de Pedro Sánchez sobre no abrir más causas judiciales contra Cataluña, (una aseveración inexacta ya que las causas abiertas son contra los golpistas catalanes responsables directos de todos los sucesos que dieron lugar a las medidas de intervención del articulo 155 de la Constitución y su posterior auto de encausamiento y enjuiciamiento), Joaquim Torra ha manifestado que “no se trata de no abrir más causas judiciales, sino de cerrar y archivar las farsas judiciales que nos han traído a donde estamos”. Porque bajo la perspectiva irredenta de los golpistas, sus camaradas presos y fugados (que no exiliados), “son buenos hombres los que nos han traído hasta aquí y nos permitieron votar”. Claro, el pérfido Tribunal Constitucional español quiso evitarlo por no reconocer ese derecho que se han concedido los independentistas de poder opinar sobre el futuro de toda España sin contar con el resto de españoles.
Creo sinceramente que es deber de este Gobierno, como antes lo fue del anterior, poner coto a los desmanes de esta farsa de Presidente de la Generalidad que aprovecha su cargo para atacar a España, a su democracia y a sus Instituciones, hasta ahora con total impunidad. Una actitud no solo de deslealtad sino de clara desobediencia y perseveración en el desafío secesionista, en la que se atribuye nada menos que la potestad de permitir o no al jefe del Estado que asista a actos dentro del territorio español, en el que mal que les pese, Cataluña es parte integrante e inseparable de España, salvo que así lo decida el conjunto del pueblo español si es consultado sobre ello y no solo una minoría fanatizada por décadas de adoctrinamiento perverso.
Un sujeto que además se atreve a avanzar un desacato y lanza soflamas incitando a desórdenes ante un eminente juicio a sus camaradas golpistas a los que defiende de forma tan notoria y usando su cargo sin ninguna vergüenza ni decoro. España no se puede permitir que personajes de esta calaña sigan actuando impunemente causando tanto daño a nuestra imagen y nuestra democracia. Por otro lado hay que avisar a las autoridades belgas de que no vamos a consentir esta afrenta nacional y exigirles que impidan el uso de su territorio como base de actuación de estos enemigos de la democracia, bajo la advertencia de que, en caso contrario, serán considerados y denunciados como cómplices necesarios y tratados como tales enemigos de nuestra nación. El amigo de mi enemigo es mi enemigo.
Solo espero una respuesta por parte del Gobierno de España que no confirme la infame connivencia y transigencia con el chantaje de los golpistas catalanes para mantener a toda costa un poder y a un Gobierno no legitimado por las urnas.
¿Dónde está ese millón y medio de catalanes que se manifestaron en Barcelona contra la coacción independentista y los oradores como Josep Borrell? ¿Dónde están los partidos políticos que dicen defender el orden constitucional?
¡¡¡PAREMOS A LOS GOLPISTAS DE UNA VEZ, DEFENDAMOS LA DEMOCRACIA Y LA LEGALIDAD!!!
¡Qué pasen si pueden un buen día!
Francisco Javier Álvarez García El Confidencial 6 Agosto 2018
Dicen del ejército japonés que durante la Gran Guerra (1914-1918) y, anteriormente, la ruso-japonesa, había observado un comportamiento todo lo civilizado que se podía esperar en una situación bélica. Sin embargo, lo realizado por sus militares durante los años treinta y cuarenta superó con mucho cualquier horizonte de bestialidad imaginable, destacando lo de Nanking: imposible olvidar aquella competición entre dos oficiales del Ejército Imperial por ver quién de entre ellos era capaz de cortar más cabezas de civiles en menos tiempo, o los bebés lanzados al aire mientras eran esperados a su caída por las largas bayonetas ávidas de atravesarlos. ¿Extraña, así, a alguien que China reclame permanentemente a Japón por esta matanza? ¿Por esos 500.000 asesinados en una sola ciudad, en unas pocas semanas? ¿Acaso no tiene derecho China a la protesta eterna?
¿Por qué ese cambio de comportamiento de un conflicto a otro? ¿Por qué llegaron los miembros del ejército japonés a consumir carne humana —sin necesidad alimentaria alguna que lo justificara— de prisioneros australianos y americanos durante la guerra en el Pacífico? (Al lado de restos de cadáveres que habían sido claro objeto de canibalismo, aparecieron sin abrir latas de alimentos).
Se dice que todo obedeció a un cambio en la doctrina militar habido en los años veinte, justificado en el hecho de que la misión imperial que según sus dirigentes esperaba a Japón en los siguientes años exigía una tropa más aguerrida, que actuara con fiereza, sin piedad ninguna para con el enemigo: que lo destruyera. Se trataba, así, de construir una fuerza bélica capaz de arrasar con todo lo que se les opusiera, y para ello el mejor camino debía ser el inculcar a las tropas su personal superioridad en todos los órdenes sobre los enemigos, sobre cada uno de ellos; y para alcanzar ese objetivo, para insuflar en cada uno de los soldados la necesidad de exterminar al enemigo, ¿no es lo más indicado el transmitir que los 'otros', aunque vivan entre ellos, son inferiores, casi inhumanos, unas bestias? Si se llega a interiorizar semejante planteamiento, ¿habrá escrúpulos a la hora de masacrar a quienes no son, de acuerdo a los 'nuevos planteamientos', más que animales? De ahí la importancia de singularizar a 'los otros', al enemigo, como bestias, como algo privado de las características que nos identifica 'a nosotros', a los que somos la encarnación de lo humano. ¿No fueron, acaso, los judíos, los homosexuales, los enfermos mentales, los comunistas, seres inferiores para los nacionalsocialistas? ¿No se les caracterizó así incluso en el mismo nombre de alguna ley? ¿Qué fueron los mayas para Efraín Ríos Mont? ¿Qué los tutsis para los hutus o los bosnio-musulmanes para serbios y croatas en la civilizada Europa de los noventa? ¿Quién, de entre los que paseábamos en los años ochenta por Dubrovnik, pudimos llegar a imaginar que a pocos kilómetros de allí se iba a usar a los prisioneros como reservorios de órganos para el trasplante? ¿O que los 'santos croatas' iban a hacer lo que hicieron (aunque, en el caso de los ustachas, bien podía ser imaginable si se les presentaba la oportunidad)? La exaltación del nacionalismo, más si se bucea en el hallazgo de signos étnicos distintivos, antes o después termina en el crimen, o al menos en el 'apartheid'… que finaliza en el crimen.
Me vienen a la memoria los anteriores pensamientos al leer alguna de las declaraciones de Quim Torra, el muy honorable presidente de la Generalidad de Cataluña: “Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con verdín, contra todo lo que representa la lengua…Tienen nombres y apellidos, las bestias. Todos conocemos a algunas. Abundan, las bestias. Viven, mueren y se multiplican… Hace un par de semanas viajaba en un vuelo de Swiss una de estas bestias. Al llegar al destino, se anunciaron en catalán las típicas observaciones previas al aterrizaje. La bestia, automáticamente, segregó en su boca agua rabiosa. Un hedor de cloaca salía de su asiento…”. Por todo ello, los catalanes buenos han dejado de “mirar al sur” y lo hacen al norte, donde la gente es “clara, noble, libre y culta. Y feliz”.
“España, esencialmente, ha sido un país exportador de miseria, material y espiritualmente hablando…”. Pero no debe creerse que este planteamiento de todo un presidente de la Generalidad constituya isla alguna en un mar de discursos democráticos. No. Esta ha sido la tónica en el 'reciente nacionalismo' catalán; y su principal impulsor lo ha manifestado con una radical claridad: “El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. E introduciría su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad” ('La inmigración, problema y esperanza de Cataluña', 1976, aunque el escrito es de 1958). Otros muchos independentistas han venido a 'profundizar' en esta línea (Junqueras, quizás inspirándose en Almirall, en Robert o en Lluhí y Rissec —sobre 'proximidades genéticas'—, Artur Mas —sobre la incapacidad de españoles de muy distintas ciudades de hacerse siquiera entender verbalmente—, Heribert Barrera —evitar la inmigración no catalana—, etc., y prescindo de los exabruptos de 'gente pequeña' como Josep Manel Ximenis, Dolors Bassa, Albà, Ferrusola y tantos otros). Obviamente, no han sido los andaluces los únicos destinatarios de apreciaciones como las reflejadas, también otros españoles, como los murcianos o castellanos, han sido examinados bajo esta perspectiva singularmente racista.
En este ambiente 'espiritual' creado por los cultores del nacionalismo catalán, ¿pueden extrañar ataques como los dirigidos a la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, que, encima y para mayor inri, es mujer —“malparida”, “cerda”, “puta”, “que te violen en grupo”, “fascista”—?, ¿o los perpetrados por profesores (no desde luego maestros) independentistas contra los hijos de no nacionalistas en las escuelas e institutos catalanes? Desde luego, se trata de ataques más que justificados en la ideología independentista que parte de, para ellos, un axioma: no todos somos iguales, ni ante la ley ni, sobre todo, ante 'nuestro pueblo'. Todo debe partir de una distinción, de una segregación (en la reciente reforma constitucional israelí, ha quedado también claro: hay judíos y no judíos, y estos últimos tienen menos derechos): hay catalanes y no catalanes, y dentro de los catalanes los hay respetables y no (estos últimos, por cierto, son la mayoría). Alrededor de ello hay que estructurar la sociedad y, sobre todo y es lo más importante, la justificación de las acciones. Esto último es algo que quedó en evidencia para el nacionalismo alemán de los años veinte del pasado siglo. En efecto, como se recordará, en el Tratado de Versalles se impusieron limitaciones estrictas a Alemania en lo que importa al número de los integrantes de sus fuerzas armadas y a la calidad de su armamento; sin embargo, prontamente estos términos empezaron a ser violados utilizando muy diversas estratagemas. Ante esta situación, alemanes conscientes de lo que podía volver a ocurrir, a la vista de la carnicería sucedida entre 1914 y 1918, denunciaron los hechos ante las comisiones aliadas, y no infrecuentemente esos denunciantes fueron asesinados por integrantes de los grupos nacionalistas. A la hora de juzgar esos hechos, los tribunales alemanes (o buena parte de ellos) exculparon esos asesinatos o impusieron penas ridículas, todo ello con el argumento de que esos nacionalistas habían actuado por el bien de Alemania (y paralelamente sus víctimas se convirtieron en traidores). Como se ve, no 'todo' comenzó en Alemania en el año 1933, pues quizá lo principal estaba sembrado desde mucho antes, incluso desde el siglo anterior.
Lo acabado de relatar me vino a la memoria tras la presentación que se hizo por la Generalidad catalana (aún presente en el territorio español el presunto delincuente y real prófugo Puigdemont) de la persecución y muerte de los terroristas yihadistas que atentaron en las Ramblas. He visto alguno de los vídeos en los que se contempla cómo los 'mossos' terminan con la vida de esos terroristas (entre los cuales había un niño de 17 años), y el pensamiento que me vino inmediatamente fue: ¿no se podía haber hecho de otra manera?, ¿era necesario matar a esos jóvenes? (Ya sé, ya sé que 'ellos' habían dado muerte, y herido, a numerosas personas, pero es que 'nosotros' no somos como 'ellos', aunque se trata este de un criterio que no parece alcanzar a todos). Desde luego, no cabe duda de que matar a esos terroristas, no detenerlos, constituyó todo un fracaso policial (no el éxito que las autoridades nacionalistas propagaron), y ello por la potísima razón de que no pudo interrogárseles y 'tirar del hilo' a continuación. Pero, además y sobre todo: ¿no se les podía haber capturado en todo caso con vida? Desde luego, algunas de las imágenes que nos proporcionan los vídeos aludidos muestran lo contrario: se podía y se debía haber capturado con vida al menos a alguno de esos terroristas a los que los 'mossos' mataron. Pero parece que todo el mundo, menos la CUP, se conformó con esas muertes y su significado: se puede matar a quien ha matado aunque no haya necesidad alguna de hacerlo; y es que ¿acaso no han matado a los 'nuestros'?
Pues a partir de ese momento, la vida de 'ellos' ya no tiene valor (dejan de tener derecho a tener derechos): traicionaron a Alemania y los matamos, atentaron contra los ciudadanos catalanes y los matamos. ¡Qué ufano se mostraba el presidente de la Generalidad mientras condecoraba a uno de los matadores! ¡Cómo exaltaron a sus héroes! ¡Y el mayor Trapero pudo ser mostrado como la enseña de la eficiencia y símbolo del nuevo Estado! Pero ¿de verdad hacía falta matar a un muchacho de 17 años? ¿Era preciso agotar el cargador del arma para conjurar el peligro de los terroristas? (Véase el vídeo) ¿O es que lo que se 'jugaba' en esa apuesta no era tanto el conjurar el peligro terrorista como la afirmación del nuevo Estado? ¿Se les mató por 'razón de Estado' o por las necesidades de la lucha antiterrorista?
¡El pueblo lo quiere! Pero ¿el qué? Generalmente, en este tipo de movimientos el pueblo 'quiere' lo que 'quiere' su caudillo, y no hace falta leer a Weber para percatarse de que el nacionalismo catalán ha iniciado, de grado o por fuerza, la vía del caudillismo. El anclaje, la piedra angular del nuevo Està Català, hay que buscarlo en el 1 de octubre del pasado año 2017. En realidad, todos los movimientos de este tipo tienen una fecha fundacional clara y determinada: la marcha sobre Roma (y después los 'plenos poderes'), la Ley de Plenos Poderes votada ante la tumba de Federico el Grande, o, en el independentismo catalán, el referéndum (con su previa ley de transitoriedad, de 'plenos poderes'). Ello se debe a que hay que encontrar un momento legitimador para “todo lo que se haga o venga después”, lo que permitirá transitar por encima de las leyes y las instituciones apelando a ese “gran coito político engendrador”. A partir de ese momento todo está justificado, pues si “lo quiere Dios” nada se opone a que entremos en Jerusalén causando una carnicería histórica.
Esa 'nueva democracia', construida sobre el 'proyecto totalitario' de los independentistas (y los errores infinitos de otros, perpetrados en los últimos tiempos bajo la dirección inmediata de una de las políticas más ignorantes, soberbias e irresponsables que ha habido en España), exige el cumplimiento del catecismo totalitario, que en realidad no es otra cosa que un disfraz que adelanta la fecha de los carnavales políticos: mentira histórica e intelectuales 'orgánicos' puestos al servicio de la misma, manipulación política, reivindicación de la primacía democrática, 'el pueblo' siempre por encima de la ley y siendo 'ellos' quienes —como 'sumos sacerdotes'— interpretan y comunican a sus fieles lo que en cada momento expresa el Volksgeist, deslegitimación pública y privada de los opositores políticos, acoso sin cuartel a los no independentistas, 'invitación' a abandonar el territorio, perversión de las instituciones, matonismo en centros de enseñanza… E imposición de su esvástica en playas y plazas públicas (anticipando cementerios), solapas, balcones e instituciones; y dentro de poco los desfiles… con los hermanos Badía al frente y el caudillo 'en majestad' con mirada de ensoñación patriótica.
Lo llamativo de todo esto es que los verdaderos demócratas no ignorantes y la izquierda, aunque sea nacionalista, se presten a holgar en la cama del movimiento nacional/nacionalista (hoy Crida Nacional, a quien se ha supeditado el PDeCAT). Eso no lo hicieron los socialistas, comunistas ni demócratas (sí, quizá, los cristianos en la primera hora) en la Alemania de 1933 (ciertamente, eso les costó a no pocos la prisión, más tarde los campos y a algunos el asesinato… Pero hay que pagar un precio por la coherencia y la honradez ideológica); también se resistieron los comunistas y socialistas italianos, que sin embargo fueron sobrepasados por la violencia desatada por las 'escuadras de defensa' del fascio e igualmente pagaron su precio de sangre. Lo mismo ha ocurrido durante decenios en muchos otros escenarios y siempre la izquierda se ha resistido a los movimientos autoritarios, lo que tímidamente también está sucediendo con la CUP, pero no con Esquerra, que parece haber aceptado el liderazgo del caudillo y ya está perdida, enredada en los hilos del racismo de sus líderes. ¿Y los demócratas que formaban parte de CiU? ¿Dónde se encuentran?... Y mientras tanto, la esvástica independentista invadiéndolo todo, y sus portadores reprimiendo en los restaurantes, negocios, centros de trabajo o de formación y donde haya cualquier disidencia… Pues han decidido imponerse al precio que sea, aunque siempre proclamando que son ellos los verdaderos demócratas, los socialistas… Lo mismo que hicieron los otros, lo mismo.
*Francisco Javier Álvarez García es catedrático de Derecho Penal en la Universidad Carlos III.
Un acuerdo marco letal
Jaime Mayor Oreja ABC 6 Agosto 2018
Todo, absolutamente todo lo que está sucediendo en términos políticos en España no puede sorprendernos, porque nada de lo que sucede es fruto de la casualidad y del azar. Hace más de una década, a partir del año 2004, el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero y ETA suscribieron un compromiso que para comprender su significado podríamos caracterizar e identificar como un «acuerdo marco». Ambos protagonistas acordaron un proceso una vez que no fueron capaces de alcanzar un acuerdo concreto sobre la única y gran reivindicación del movimiento nacionalista: la autodeterminación, el derecho a decidir, el derecho unilateral de secesión, escojan ustedes la denominación más adecuada.
El proceso pactado, que se formuló en términos de proyecto «estándar» de resolución de conflictos, consistía básicamente en lo siguiente: ETA dejaba de matar y Rodríguez Zapatero se comprometía a una transformación radical de España en términos morales, territoriales y de carácter social. El indudable precio que se pagó a ETA fue la apertura de un proceso que arrancaba con la paz, con el cese definitivo del terrorismo y de final incierto en términos políticos. Un proceso que, sin embargo, no era inocuo para el constitucionalismo español, ni sobre todo inofensivo para nuestra jerarquía de valores, como se ha ido comprobando a lo largo de estos años.
El proyecto político de Rodríguez Zapatero significaba la marginación y el aislamiento del Partido Popular, versus pacto catalán de Tinell, y simultáneamente, la incorporación progresiva de ETA y de su proyecto a la democracia española. En consecuencia, ello significaba impulsar un inequívoco «vista la izquierda», utilizando un símil militar, en todos los ámbitos, singularmente en el orden cultural y moral. El proceso arrancó, fue dando sus frutos y paulatinamente, hizo que tanto el Partido Popular como el Partido Socialista perdieran su razón de ser y de existir en Cataluña y en el País Vasco.
Sin embargo, sucedió algo fuera de guión, y la derivada de aquella crisis en términos políticos y financieros de aquellos años expulsó a Rodríguez Zapatero del Gobierno y de esta manera llegó al poder de nuevo el Partido Popular, presidido por Mariano Rajoy en el año 2011. Con la llegada del Gobierno del PP, España afrontó la crisis económica y financiera con éxito y determinación, pero se decidió -cuanto menos- mirar hacia otro lado respecto del proceso que Rodríguez Zapatero y ETA habían puesto en marcha.
No se puede olvidar que antes de este acuerdo marco, tanto los nacionalistas vascos y catalanes habían pactado con ETA su proyecto de ruptura, en Estella en septiembre de 1998 y posteriormente en Perpiñán en enero de 2004. Por todo ello, tras el efímero Plan Ibarretxe, el proceso impulsa que el nacionalismo catalán sustituya a ETA en la vanguardia de la ruptura del movimiento nacionalista, y de esta manera llega el «procés». Mal que les pese a muchos nacionalistas catalanes, el «procés» es un corolario del proceso en el que, recordemos, inicialmente no estaban ni el PNV ni la antigua Convergència y Unió.
Lo mismo sucede el pasado mes de mayo en la localidad francesa de Cambó, donde tiene lugar lo que ha sido un punto y seguido de la necesaria metamorfosis de ETA, que aparentemente pasa de una organización terrorista a una formación política. Digo «aparentemente» porque la naturaleza profunda de ETA, la razón por la que nació ETA, fue para romper España, pero aquella vez sin límites morales. El 5 de mayo de este año, con la solemnización propia de los proyectos de resolución de conflictos, con la permanente e inequívoca presencia de los mediadores internacionales, se daba un paso decisivo en su legalización, uno más, para de este modo avanzar en una legitimación social y política como la única alternativa al PNV, una vez que el proceso había pulverizado este papel para el constitucionalismo español.
El tercer hito que destacaría es el frente popular populista-nacionalista que se constituye en España el pasado mes de junio, tras una moción de censura contra el presidente Rajoy. La moción de censura tras la publicación de la sentencia del caso Gürtel fue un pretexto, una mera excusa. El frente popular populista-nacionalista es simplemente otra consecuencia de aquel acuerdo marco, de aquella dirección emprendida. El presidente Sánchez continúa simplemente la estela del proyecto Zapatero, de una alianza potencial con ETA, y lo intenta en el arranque de la legislatura, pero la impaciencia desmesurada de Podemos y el lógico temor y miedo de una buena parte del PSOE lo impidió. Pero antes que después, en la primera ocasión y pretexto, una vez que Pedro Sánchez recupera el poder en su partido, lo iba a volver a intentar y así lo hizo.
El acuerdo marco, hablo ya del presente y del futuro inmediato, tiene que actualizarse y traducirse en términos políticos más allá del «procés», de la metamorfosis de ETA y del recién llegado frente popular. Aquel proceso que se puso en marcha tendrá que cristalizar en algo más que en una fotografía. Tiene que concluir en un nuevo proceso, un proceso llamémoslo «pseudo constituyente», que arranque con la reforma del Estatuto de Cataluña y culmine con la reforma de la Constitución española, como ya han dejado caer tanto el presidente Sánchez como su ministra de Política Territorial y Función Pública.
Los números hoy es verdad que no salen, pero el proceso es el proceso, tiene un carácter dinámico y ya tratarán de volver a engañar a los españoles y a otras fuerzas políticas con la consideración de que el actual empate infinito, esta vez no con ETA, sino con el conjunto del nacionalismo, exige la reforma de la Constitución. Dirán que es urgente la incorporación al bloque de la constitucionalidad de nuevos y falsos derechos, que hay que encontrar fórmulas de diálogo que transformen en legal lo que hoy es ilegal, que el modelo de Quebec es útil y que debe llegar a España, que si apostamos por una España como nación de naciones, ello tendrá que tener expresión política, que debe existir una ley de carácter nacional que pueda abrir el paso a los referéndums para posteriormente abrir la Constitución, como en su momento fue la ley para la reforma política.
Cuando estoy terminando de redactar este artículo, Pablo Casado se ha convertido en el nuevo presidente del Partido Popular, y se constituye en una esperanza para este difícil reto que se deduce del diagnóstico descrito. Habrá refundación, regeneración, renovación de nuestro espacio político en la medida en que primero se comprenda y se asuma la existencia de este proceso, fruto de aquel acuerdo marco que acabo de describir, para de este modo entender la envergadura del reto en el ámbito cultural, moral y social que tenemos por delante.
El proceso, aunque en ocasiones chirría, está más vivo que nunca, tiene más poder que nunca y por ello, cualquier refundación del centro-derecha español exige una envergadura moral singular, ya que el debate, más que nunca, se ha situado en el ámbito cultural, en el seno y corazón de nuestra sociedad.
Jaime Mayor Oreja es Presidente de la Fundación Valores y Sociedad
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO El Mundo 6 Agosto 2018
El presidente de la catalana Generalidad -que no de Cataluña- publicó el sábado en varios periódicos locales un artículo terminal. Su tesis o evacuación orwelliana puede resumirse así: Cataluña está siendo violentamente atacada por el fascismo español, que no sólo impide a los pobres y pacíficos catalanes votar en libertad sino que, además, los apalea por honrar a sus caídos con cruces amarillas.
En cuanto lo leí, al profiláctico bies, me acordé del último párrafo del nuevo libro de John H. Elliott, Scots and Catalans, Union and Disunion (Yale, 2018; Taurus, en otoño): "Dijeran lo que dijeran los independentistas, la España del siglo XXI no era la España del general Franco, ni España había sido durante siglos poco más que un aparato estatal represivo. [...] Al embarcarse en este infeliz proceso, que con demasiada facilidad se convirtió en el procés, el nacionalismo catalán, por más sonriente que fuera, no pudo ocultar la fealdad detrás de su sonrisa".
Elliott ha escrito un libro importante, sí. Y no sólo para los ignorantes y malintencionados. También para las personas que, como el propio autor, alguna vez pensaron que el nacionalismo podía ser herbívoro. O, al menos, susceptible de ser apaciguado con cesiones técnicas o simbólicas. Lee, Sánchez. De hecho, si tuviera que hacer un resumen -y eso es lo único que puedo hacer- diría que Scots and Catalans (la versión española se titulará al revés: Catalanes y escoceses) es fruto del desencanto.
Dos apuntes relevantes para cualquiera que conozca la bio y la biblio del autor. El único instante en el que Elliott abandona la voz impersonal del historiador es una referencia sutil, en passant, a una anécdota que tuvo lugar a principios de los años 50 en Barcelona. Con su trajecito liviano y su bigote belle époque, el joven investigador inglés se dirigió en catalán a un policía de tráfico y éste le contestó con un bufido: "¡Hable la lengua del imperio!" A Elliott le impactó la frase, porque acababa de leerla en un panfleto publicado en épocas del conde-duque de Olivares. Y porque venía a corroborar los lamentos -lágrima viva- de su amigo Ferran Soldevila sobre la ausencia de libertad en Cataluña. Esta anécdota, su experiencia en la Barcelona franquista y quizá su origen anglosajón explican la simpatía que Elliott siempre ha sentido por el catalanismo como expresión cultural o incluso política. Y también su profunda reticencia a participar en el debate abierto por el desafío de la secesión. Sus amigos me avalarán: durante años Elliott ha procurado mantenerse al margen de la polémica, horrorizado ante la posibilidad de que su obra y figura pudieran ser manipulados por unos u otros. Pero los hechos, como él mismo reconoce, afectan la mirada y hasta la actitud del historiador. A veces para bien.
El referéndum ilegal de octubre de 2017, que Elliott describe sin contemplaciones como un deplorable ataque a la legalidad y la convivencia en España y dentro de la propia Cataluña, ha tenido una doble utilidad. Ha demostrado que el problema no es tanto España, su forma o fondo, como el nacionalismo, que es insaciable y cuya virulencia supera a la de cualquier otra ideología. Y ha movilizado a los neutrales. Aquí es donde cabe un segundo apunte. En el epílogo, Elliott hace referencia a Jaume Vicens Vives en los siguientes términos: "Es irónico que un historiador que dedicó buena parte de su carrera a combatir el enfoque esencialista sobre el pasado haya adoptado precisamente ese método en su enormemente influyente Noticia de Cataluña". Es una crítica absolutamente justificada -relean Noticia de Cataluña- y a la vez sorprendente. Por el consenso absoluto que existe sobre Vicens Vives como desmitificador de la historiografía nacionalista catalana. Y por la admiración que siempre le ha profesado Elliott, su amigo y mejor discípulo. De hecho, en Haciendo historia, su autobiografía intelectual, Elliott no dice una palabra sobre el esencialismo de Vicens. Al contrario. Destaca su revisionismo antivictimista, matizando que en aquella época él intentaba mantener una posición algo más... equilibrada. De ahí hemos pasado al Et tu quoque, Jaume. Es decir, a una visión no equidistante sino equilibrada de verdad. Por la verdad.
Como tantos de su generación, Elliott creyó que el sistema instaurado en la Transición daría satisfacción al nacionalismo. Lo afirma en el libro: "Cataluña pasó a ser [con la Constitución de 1978] lo que la inmensa mayoría de sus habitantes siempre habían querido. Parte integral y con autogobierno de una España democrática, descentralizada y en proceso de modernización". El modelo autonómico -respetuoso de la unidad; generoso con la diversidad- era el sueño catalanista, de Pau Claris a Cambó, hecho realidad. Sin embargo, la historia ha acabado mal. Al menos, de momento. Y eso requiere mirar al pasado. O, en su caso, remirarlo. Es lo que ha hecho Elliott, con precisión y elegancia, siglo a siglo. Desde el matrimonio de los Reyes Católicos en 1469 hasta las elecciones del 22 de diciembre de 2017, con el artículo 155 en vigor y Puigdemont en Bruselas. Los paralelismos con el caso escocés -más diferencias que similitudes- sólo acentúan las conclusiones que el libro arroja sobre Cataluña. Seguimos en modo resumen. Son cuatro:
La primera está formulada en términos taxativos: "Cataluña nunca fue una estado soberano independiente en ninguna acepción moderna de la palabra". Y tampoco antigua. Siempre formó parte de una entidad política más amplia, Hispania, la Marca Hispánica, la corona de Aragón, las Españas, España. Esta es la gran diferencia con Escocia: podría haber un Reino Unido sin Escocia, pero no una España sin Cataluña. Salvo la maragallada de procurar un nombre para los despojos: ¿Expaña? Donde Elliott es menos claro, porque no puede serlo, es al defender el uso de la palabra nación para referirse a Cataluña. Es un concepto problemático y febril, desde luego. En el caso de Cataluña, la definición de Benedict Anderson -nación: comunidad imaginada- choca con la imaginación española, del siglo XVI hasta hoy, pasando por Cádiz. Y también con otro elemento, al que Elliott sí confiere la relevancia debida: la radical división que ha lastrado todos los proyectos nacionalistas catalanes. Sin excepción.
Hubo división en 1640, con la revuelta de los segadores y el asesinato del virrey -catalán- Santa Coloma. Hubo división durante la guerra de sucesión, que Elliott califica con razón como «una guerra civil española», con partidarios de los Borbones también en Cataluña. Hubo división en el siglo XVIII, con Antonio de Capmany como mejor expresión de ese doble patriotismo que según Elliott fue prevalente: "Cataluña es mi patria; España es mi nación". Hubo división durante las guerras carlistas, con una Cataluña reaccionaria y rural, y otra liberal y urbana. Incluso hubo, para desgracia de Torra y sus guionistas, lo que Elliott llama "una guerra civil catalana dentro de la guerra civil española". Sí, una Cataluña franquista. Y, como bien sabemos y debemos recalcar, hay división ahora: Ciudadanos, primer partido catalán. Es una división positiva en cuanto que la alternativa sería la victoria del nacionalismo por incomparecencia, pero terriblemente peligrosa por el carácter de la facción que ostenta el poder.
Esta es la tercera conclusión que arroja el libro de Elliott: la irresponsabilidad endémica de las élites políticas catalanas. Su torpeza y frivolidad. En casi todas las encrucijadas históricas han escogido el peor de los caminos. En 1640, rompieron con los Austrias para convertirse en un protectorado francés. En 1701, optaron por el bando austracista hasta que los ingleses los dejaron tirados. El siglo pasado, bajo Macià y Companys, protagonizaron dos asonadas, a cual más grotesca. Elliott describe el golpe del 34 como un "farcical episode". Y los sucesos de octubre de 2017 directamente como un "act of folly". Hay que leer lentamente este párrafo: "La declaración unilateral de independencia fue un acto de locura [...] A pesar de los numerosos errores del Gobierno de España y de la clase política española a lo largo de muchos años, la responsabilidad principal de esta situación trágica la tiene una parte del establishment catalán. Un sector de la élite decidió tomarse la ley por su propia mano y seguir adelante con sus planes sin valorar el precio a pagar. En muchos aspectos, en efecto, ni siquiera era consciente del precio porque vivía en un mundo de fantasía". Enajenados, hijos de la ficción.
Esta es la cuarta conclusión que puede extraerse de Scots and Catalans: en lo único que realmente ha destacado el nacionalismo catalán es en la construcción de una narrativa. Eso sí, a base de medias verdades, muchas mentiras y toneladas de victimismo. Elliott explica con detalle sus orígenes, tras la crisis de 1640, y peculiar evolución. El impacto del Romanticismo: "Las circunstancias a finales del XIX eran propicias para la invención de una nación". Ojo, invención. La duradera influencia de la falsa distinción de Prat de la Riba: Cataluña, nación orgánica; España, Estado artificial. Y el adoctrinamiento implacable de Pujol. En 1999, Pujol entregó a Elliott la Creu de Sant Jordi en una ceremonia en la que citó trozos de su Revuelta de los catalanes de forma selectiva. Hoy Elliott lo considera el responsable último del desastre. El origen del proceso independentista, afirma, está en el documento "Estrategia para la catalanización", encargado por Pujol en 1990. Los nacionalistas han sentido "nostalgia por un mundo que nunca fue". Y han hecho a los cuerdos pagar la factura.
Pero las falsas narrativas no sólo tienen padres; también padrinos. Y Elliott los encara. En un párrafo lapidario, el más importante hispanista vivo acusa a a la prensa extranjera de asumir, sin más, la versión separatista. Concretamente, sobre la presunta violencia policial del 1-O: "Ante un bombardeo de imágenes manipuladas e información falsa, la verdad contó poco. Líderes de opinión extranjeros, muchos de los cuales no sabían casi nada de la situación doméstica catalana ni del trasfondo del movimiento de secesión, no dudaron en aceptar las imágenes e historias que difundían los separatistas. Muchos ni siquiera estaban al tanto de la campaña de acoso e intimidación que sufrían los no independentistas". Ahí siguen: unos, en la resistencia; otros, en la propaganda; los terceros, en la desinformación.
Haciendo balance, Elliott se lamenta de que la España constitucional no haya sido capaz de construir un relato comparable al del nacionalismo catalán. Es un reproche frecuente. Hasta podría hacérsele a Olivares. Esta maravillosa cita que Elliott recupera de su biografía: "No soy ningún nacional; eso es para niños". Y, sin embargo, precisamente esta actitud, ligeramente nonchalante, respetuosa de los matices, reacia a la simplificación, es la que hoy distingue a España como nación cívica, liberal y adulta.
Ya se contó sus mentiras cuando Primo de Rivera y Franco, como también recuerda Elliott. Hoy le basta con afirmar los hechos, con rigor y respeto a la complejidad. Y esa ya no es tanto una tarea de los historiadores como de los líderes políticos. ¿Dónde están? Ese es otro artículo. En este sólo queda preguntar: ¿Por qué ha tenido Elliott que escribir otro libro sobre Cataluña? Porque el nacionalismo es enemigo de la Historia. Y a sus 88 años Elliott sigue buscando la verdad.
Torra y Wendolin
LUIS MIGUEL FUENTES El Mundo 6 Agosto 2018
Hay fascistas con cruz negra en el costado, como un tanque, cortando lazos amarillos como tendones, profanando esos cementerios de canarios de vieja que están en las plazas, asustando a los buenos catalanes que ya no pueden salir tranquilos a hacer escraches, a acosar a un juez, a forrarte el parque, a expulsarte de la ciudadanía por orden de la portera. Acosados se ven los CDR, que están empeñando las antorchas y comiéndose fritos los huevos de señalar casas y partidos. Algo así parece que ocurre, porque Quim Torra ha dicho estar muy preocupado por la "violencia fascista" en Cataluña. Lo de "fascista" lo añade él como el chirimbolo de plomo que le da peso a esa violencia que a lo mejor ni es violencia ni es fascista, pero que ya está vendida así para casa como un pote de fundición. Por supuesto, Torra no se refiere a la violencia ni al fascismo del procés, sino a ese terror al basurero constitucionalista que les descuelga sus santos ahorcados y sus escapularios chorreantes de las farolas públicas.
La gran diferencia entre el procés y encararte con playistas con cruz de gato muerto es que el fascismo del procés es pleno, triunfante, dueño de lo público, está asimilado ya a su Nación, mientras que los cuatro fachillas con aguilucho en la toalla o en el culo que puedan salir por ahí son un fascismo de gatillazo y de muñeca Wendolin, ridículo de mirar sólo tebeos viejos y recordar el futbolín de la mili. Comparen eso con el poder de la Generalitat. Son los indepes los que han tomado todo lo público sin dejar espacio para nada más (todo lo que se les enfrenta es crimen). Son suyos los señalamientos y los acosos, la intención genuinamente fascista de expulsar de la comunidad por razones de pureza ideológica y hasta racial. Son ellos los que cierran el Parlament a capricho o lo usan sólo como tambor selvático. Son ellos los que tienen policía política y comandos callejeros para imponer la ortodoxia de pensamiento como si fuera una batucada. Ellos han convertido un esencialismo mitológico y supremacista (vivan los Badia) en única ideología posible, en ideología de Estado. Pero ellos no son fascistas.
Torra, claro, engorda lo anecdótico para infundir miedo y rearmar la causa. Sánchez creyó que su sonrisa de valsista les apaciguaría, pero ahora que no está el PP se inventan fachas de peineta. Les queda eso y la monarquía. Quien no puede sobrevivir sin enemigos, siempre se los fabricará. Y Wendolin también sirve.
El Govern, tras la bilateral: «Están en nuestras manos»
Puigdemont ordena elevar la presión a Sánchez en el Congreso
Pilar Ferrer. La Razon 6 Agosto 2018
La comisión bilateral entre el Gobierno de la nación y la Generalitat de Cataluña fue un rotundo fracaso que dio aún más alas a los separatistas. Así se lo hicieron llegar los dos representantes cualificados en la reunión por parte del Govern, Ernest Maragall y Elsa Artadi, al presidente catalán, Joaquim Torra, quien horas después viajaba a Bruselas para despachar directamente con el fugitivo Carles Puigdemont. Según fuentes de su entorno, el ex jefe prófugo sigue manejando todos los hilos y desde su cuartel general en Waterloo, una lujosa y enormemente cara mansión desde la que ha instalado lo que él denomina «La Casa de la República catalana», ha dado las órdenes pertinentes, todas ellas encaminadas a succionar, aprovechar al máximo, la debilidad de Pedro Sánchez. «Hay que ponerle contra las cuerdas». Éste es el mensaje claro de Puigdemont a su núcleo duro en Barcelona y Madrid, que Torra está dispuesto a cumplir a rajatabla.
Según las mismas fuentes, la hoja de ruta soberanista pasa ahora por varios frentes: uno, respuesta clara al frágil mensaje de la ministra Meritxell Batet ofreciendo votar un nuevo Estatut. «Cualquier consulta debe votar independencia y república», dicen sin dudarlo los independentistas. Éste es uno de los peligros que ya le avisó el líder del PP, Pablo Casado, al presidente del Gobierno en su encuentro del pasado jueves en La Moncloa. «Quieren disfrazar el referéndum», admiten en los partidos constitucionalistas temerosos de la gran debilidad y cesiones de Pedro Sánchez. Toda consulta, solapada bajo un discurso autonomista, encubre las exigencias de autodeterminación. En esto, hasta los letrados del Parlament catalán, han sido muy contundentes.
El segundo frente es, tras los actos del próximo día 17 de agosto, dónde pretenden hacer un auténtico boicot a la presencia del Rey Felipe VI en la memoria a los atentados terroristas del pasado año, movilizar una Diada sin precedentes del 11 de septiembre. «Esta es la nuestra», dicen lo dirigentes independentistas ante lo que esperan, y así lo están ya planificando, una Diada del «Onze de septembre» histórica. Movilizar la calle al máximo, excitar el sentimiento nacional y, sobre todo, el odio a España, son las consignas de Puigdemont, que Quim Torra cumplirá al pie de la letra. De ahí su discurso complaciente con los radicales de las CUP, a los que invita como socio, con la boca pequeña, a que le aprueben los presupuestos del Govern. Algo a lo que el portavoz de los radicales antisistema, Carles Riera, ya se ha opuesto mientras haya en diálogo con el Gobierno de Madrid.
El tercer frente, tal como ya avanzó este periódico, es la convocatoria electoral en otoño coincidiendo con el juicio oral del «procés» ante el Tribunal Supremo. Una ocasión que en el mundo independentista ven como «de oro» para liderar su victimismo y aumentar su calado de votos. Con un PDeCAT completamente roto, y un grupo parlamentario en el Congreso ya en manos dela radical Míriam Nogueras, en detrimento del histórico Carles Campuzano, ya en baja total, los planes de Puigdemont pasan por apretar cada día más las tuercas al Gobierno de Pedro Sánchez. En el entorno de Maragall y Artadi, no ahorran piropos hacia la ministra Mertixell Batet y la delegada del gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera: «Están en nuestras manos», llega a decir un estrecho colaborador de Maragall, hermano de quien fuera presidente de la Generalitat, alcalde de Barcelona y hoy en postulados de extremismo separatista.
Los planes de Puigdemont, quien realmente marca la estrategia, chocan con los de su socio en el Govern, Esquerra Republicana, mucho más pragmática, partidaria de un pacto legislativo con los Comunes y el PSC para sacar adelante los presupuestos y no adelantar elecciones. El enfrentamiento entre el vicepresidente del Govern y conseller de Economía, el republicano Pere Aragonés, y la llamada «zarina» de Puigdemont, Elsa Artadi, es total a este respecto. Testigos presenciales pudieron comprobarlo la pasada semana, durante la reunión de la Mesa del Parlament, en la que ambos tuvieron una dura discusión en la que hubo de terciar hasta el presidente de la Cámara autonómica, Roger Torrent. El vicepresidente había acudido a esa reunión, precisamente, para debatir los apoyos posibles al proyecto de presupuestos la Generalitat.
Así las cosas, el bloque independentista se divide entre la radicalidad latente de Puigdemont y sus lebreles, capitaneados por Torra, Maragall y Artadi, la profunda división con ERC, que aviva un debate agrio, y la agitación cada vez mayor de la CUP. Todo ello con dos fechas significativas y propicias para su propaganda: el diecisiete de agosto y el once de septiembre. Dos altavoces importantes para el independentismo con un catalejo hacia Madrid: «Sánchez es un líder con alfileres». De momento, todos colocados. El president Torra ha nombrado nuevos cargos a los fugitivos Mertixell Serret y Luis Puig con suculentos sueldos. Un auténtico escándalo que amenaza también con la oposición de la CUP, lo que calienta aún más el otoño catalán. En los partidos constitucionalistas cunde la tesis de un adelanto electoral y que la prometida consulta de Pedro Sánchez para votar un nuevo Estatut es «flor de un día».
El anuncio de Sánchez de que no acometerá nunca más «una vía judicial» para Cataluña, ha causado enorme indignación en el PP, toda vez que el líder del PSOE apoyó a Mariano Rajoy en la aplicación del 155. «Ahora se arrodilla ante los separatistas», dice la nueva portavoz popular en el Congreso, Dolors Montserrat, a quien nadie puede negar su estirpe y pedigrí catalán. Aunque desde Waterloo les moleste.
Ignacio Varela El Confidencial 6 Agosto 2018
Todo el mundo habla de la ola de calor. Pero para calor político, el que va a hacer en Cataluña durante este otoño. Los independentistas son felones, pero no embusteros. Siempre cuentan con antelación lo que se proponen hacer, incluso lo ponen por escrito; y a continuación lo cumplen exactamente como lo anunciaron, ante el sorprendente asombro de muchos. Así llevamos varios años, antes con Rajoy y ahora con Sánchez: “¡Qué barbaridad han hecho, esto lo rompe todo!”. Naturalmente, oiga, ¿es que usted no se lee sus papeles o es que no se quiere enterar?
Cualquiera que quiera saber lo que sucederá en Cataluña en los próximos meses, según el plan de Puigdemont, solo tiene que leer con atención la entrevista que ayer publicó 'La Vanguardia' con su presidente vicario. Leerla y creérsela, porque en ella están todas las claves.
El Gobierno de Sánchez parte de un doble error de criterio: por una parte, confiar en que para los independentistas exista una vía de normalización que pase por la permanencia de Cataluña como una comunidad autónoma del Estado español, con todas las modificaciones estatutarias o constitucionales que se quiera. Por otra, creer que la pista central del conflicto en este momento es la de la relación entre el Gobierno de España y el de Cataluña.
Torra se encarga de despejar cualquier duda al respecto. La única normalización que concibe es la que conduce a la independencia a través de un referéndum de autodeterminación. Puesto que no hay otro desenlace admisible, todo se orienta a crear las condiciones que hagan posible una segunda intentona, esta vez con más garantías de éxito que la anterior. Eso incluye utilizar para tal fin la nueva circunstancia política española.
En cuanto a la relación con el Gobierno, el propio Torra la define con una frase que lo explica todo: para él, todo este juego de encuentros institucionales, comisiones bilaterales, negociaciones sobre recursos y competencias y la operación diálogo se reduce a ”cómo gestionar el mientras tanto” (sic). Es una pista lateral, una pieza instrumental. En ningún momento han considerado seriamente la hipótesis de que la solución de este conflicto vaya a salir de una mesa de negociación con el Gobierno central. Para ello, habría que encajar la secesión en la Constitución española, y eso es un imposible metafísico.
Para Puigdemont, todo se juega en Cataluña. Sánchez no es protagonista de su película, a lo sumo un actor invitado cuya aparición en escena le ha venido bien para completar su estrategia. Probablemente, hace dos meses no contaba con tener en sus manos la estabilidad del Gobierno de España ni con que sería tan sencillo disolver el bloque constitucional.
“Gestionar el mientras tanto”, no olviden esta frase clave. Se refiere a esperar que aparezca la ventana de oportunidad (nunca he sabido diferenciar una ventana de oportunidad de una oportunidad a secas) para lanzar el segundo desafío al Estado, que arrancaría con una convocatoria de elecciones en Cataluña en el momento justo que garantice una mayoría incontestable del independentismo. En su análisis, eso debilitaría decisivamente al Gobierno español ante la UE, que lo forzaría a abrir la vía del referéndum; en su defecto, podría reabrirse la vía unilateral con más fortaleza que nunca.
Para ello, necesita que en Cataluña se produzcan varias cosas:
Lo primero, romper el empate entre el constitucionalismo y secesionismo. Para el nacionalismo hegemónico (perdón por la redundancia), lo más traumático del otoño del 17 no fue la aplicación del 155, sino la movilización masiva, tras décadas de silencio, de la mitad de la sociedad catalana que quiere seguir en España. Nunca más, se dijeron en cuanto recuperaron el poder.
Se trata de que el españolismo regrese a las catacumbas de las que nunca debió salir, por las buenas o por las malas. Lo van consiguiendo: una convocatoria como la del 8 de octubre en Vía Layetana sería hoy un fracaso rotundo. La política de Sánchez resulta funcional a esos efectos, mientras dure. Iceta habla mucho más con Torra que con Arrimadas.
Lo segundo, deshacer también el empate en el seno del nacionalismo, imponiendo la hegemonía de Puigdemont y disolviendo los viejos partidos en un único movimiento acaudillado por él. Puro espíritu convergente, el 'desiderátum del pujolismo'. Torra lo explica también: cuando llegue el momento, propondrá “primarias unitarias republicanas para construir una candidatura ganadora”. Con ERC descabezada (Junqueras y Forcadell en la cárcel, Rovira en Suiza), solo se trata de generar la presión emocional suficiente para que esa resulte una oferta que no se pueda rechazar sin exponerse a las iras del honrado pueblo soberanista.
Y lo tercero, arrasar en las municipales. Quedarse con todas las alcaldías importantes de Cataluña; pero sobre todas, con la Barcelona. “Es vital ganar la capital del país”, dice Torra. Y añade: “Se ha visto durante el 155 lo importante que habría sido tener una voz independentista al frente de Barcelona”. Colau vale como mal menor, pero no basta. Controlando el Gobierno de Cataluña, el Parlament, el grupo parlamentario en el Congreso —y con él, la agenda y la vida del Gobierno español— y el calendario electoral, solo les falta el Ayuntamiento de Barcelona para tener en su mano todos los resortes del poder.
Su principal instrumento de trabajo es el calendario: los fastos del otoño catalán. Se ha adelantado el debut: el 17 de agosto, toca escrache al Rey. El 6 de septiembre, conmemoración del golpe parlamentario que derogó la Constitución y el Estatuto y aprobó las leyes de desconexión. El 11 de septiembre, la Diada, la marea amarilla dedicada monográficamente a los presos. El 1 de octubre, aniversario del glorioso referéndum. El 27, recuerdo de la declaración de independencia y del 155. A partir de ese día, Torra recupera la capacidad legal de convocar elecciones cuando su jefe lo disponga.
… Y entre fasto y fasto, con la temperatura por las nubes (y el Gobierno español en las nubes), llega el momento culminante: el juicio en el Supremo a los líderes del 'procés'. ¿Cabe imaginar mejor escenario para el irredentismo que celebrar una campaña electoral en paralelo con ese juicio? O quizás, esperar a la sentencia… Si esta sale como se espera, la ruptura con Sánchez y su Gobierno estará servida.
¿Les parece muy especulativo? Dejemos hablar a Torra:
P. ¿El juicio del 1-O es la clave de la legislatura?
R. Es una de las claves, evidentemente. Me imagino que nadie entendería que aceptásemos sentencias de escarmiento como si nada.
P. ¿Quiere decir que se daría por acabada la legislatura?
R. Quiere decir que sería un momento, efectivamente.
Consuelo Ordóñez: "Las víctimas arrastramos un sistema penal totalmente injusto"
Libertad Digital 6 Agosto 2018
La presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, ha denunciado en una entrevista en Es la mañana de Federico de esRadio que los "homenajes públicos" a etarras "no pueden ser permitidos" y que las víctimas "arrastramos un sistema penal totalmente injusto".
Respecto al homenaje al asesino Santi Potros, Ordóñez ha dicho que se lo "hicieron en un lugar privado" y que "no hay ningún lícito penal cuando ellos han hecho el homenaje, la comilona, en un lugar privado. Nosotros, eso, nunca lo vamos a denunciar. No lo podemos denunciar". "Lo que sí nos ha llamado la atención es que creíamos que este sanguinario, este asesino en serie era un poco apestado por la izquierda abertzale, por el entorno proetarra. Pues quizá no sea tan apestado", ha apostillado.
Sobre el etarra Potros, Ordóñez ha agregado que "este desgraciado no se ha arrepentido. Es verdad. Claro que no se ha arrepentido". La hermana de Gregorio Ordóñez ha lamentado que las víctimas arrastran "un sistema penal totalmente injusto" y responsabiliza de ello "a los legisladores, a los políticos de este país". "Hay muchas cosas que denunciar, a este Gobierno y al anterior", ha añadido.
Ordóñez ha señalado que España tiene "un sistema de liquidación de condenas totalmente injusto, que les hace redimir penas y quedarse con estas condenas ridículas" y ha recordado que "todos los gobiernos han acercado presos", y que la posición de su colectivo no pasa por oponerse "a ningún acercamiento": "Lo que estamos pidiendo a este Gobierno y le estamos rogando que nos escuche es que les exija el repudio a ETA. Que rechacen a ETA. Que renieguen de ETA".
Sobre el acoso a Pablo Casado en Vitoria, ha dicho que el nuevo presidente del PP estaba en "el núcleo duro" del PP de Rajoy y, "en cuanto al escrache, eso pone más de actualidad lo que desde que Covite llevamos denunciando: que el odio de ETA sigue más vivo que nunca". "En el País Vasco y Navarra existe el mayor índice de sociedad radicalizada de toda Europa. Y el Gobierno anterior lo ha conocido y no ha querido, le ha dado igual", ha rematado.
Barcelona en declive. Cataluña el problema de España
¿Se atreverá Sánchez, en su ansia de poder, a traicionar a España favoreciendo el soberanismo catalán?
Miguel Massanet diariosigloxxi 6 Agosto 2018
No podía pasar mucho tiempo sin que algunas de las “ideas” particulares de la señora alcaldesa de Barcelona, la señora Ada Colau, dieran los “frutos” que se le venían anunciando a su política municipal filibustera de apoyo a toda clase de antisistema, que han encontrado su marco ideal en esta Barcelona que, a medida que transcurren los días bajo la dirección de los comunistas y sometida a las “genialidades” de los separatistas; se va convirtiendo, poco a poco, en un lugar en el que los únicos que se encuentran a gusto en ella son los delincuentes, los manteros, los taxistas revolucionarios, los huelguistas oportunistas de los servicios esenciales, los miembros de los colectivos de gay y lesbianas y todos aquellos que saben que en el caos, la inseguridad, el miedo o la inestabilidad, es donde pueden encontrar sus mejores aliados para imponer sus aspiraciones revolucionarias o de desdoro de la moral y la ética.
Empezó por erigirse en la protectora de okupas y manteros. Formaban parte de su círculo de amistades de cuando se dedicaba a reventar desahucios con su banda de rebeldes incontrolables, dedicados a impedir que la Autoridad pudiera cumplir con las órdenes de los jueces para que se cumpliera la Ley. Con su característico espíritu de contradicción esta señora se implicó directamente en el tema de los manteros dando órdenes a la policía municipal que interviniesen pero si demasiada convicción. Más tarde, todos estos inmigrantes a los que se les ha consentido venir a España en plan de vencedores, en lugar de corresponder como agradecidos y humildes colaboradores, decidieron que no estaban dispuestos a correr más con toda su impedimenta y comenzaron a enfrentarse con los municipales; formaron sus sindicatos y eligieron a sus líderes, con lo que quedó completada la mafia de los manteros. Ahora ya no huyen, ni atienden a razones, ni les preocupan las razones de los comerciantes a los que perjudican ni les temen a quienes les amenazan desde las calles porque están convencidos de que la propia Colau les ha cogido miedo,
Ayer, un señor visitante tuvo que poner tierra por medio para evitar ser linchado por miembros de la banda de manteros. Recibió heridas y perjuró que nunca más volvería a Barcelona. Puso la correspondiente denuncia y acudió, como era de esperar, a dar cuenta del asalto a su consulado. Ahora el consulado de los EE.UU estudia alertar a los que piensen viajar a España del peligro que supone el que en Barcelona, en plena calle, se encuentren con algunos manteros que decidan que el sujeto que les mira curioso sea una persona “non grata” para ellos, y deban recurrir a las piernas para evitar que estos crecidos, peligrosos, descomunales y amenazantes manteros puedan dejarlos incapacitado de por vida o, incluso, acabar con ella. Sí, señora Colau, esto les pasa a las personas que, por ignorantes o por sectarias no saben medir sus acciones cuando se les da un trabajo para el que no están capacitadas. Se les avisó pero no hicieron caso y su hipócrita y falsa compasión para aquellos que huían de la pobreza en África, les hizo olvidar de las consecuencias de una acogida sin discriminación, sin comprobar sus antecedentes y sin tener la certeza de que se les podía ofrecer un trabajo digno antes de aceptarlos como ciudadanos de Barcelona. Ahora La Vanguardia, uno de estos rotativos que ha sabido sacar tajada del catalanismo y la insensatez de los que piden lanzarse al abismo de quedar separados de España, ya está reconociendo que la situación interna de la capital catalana está afectando a la imagen de la ciudad en el extranjero lo que, como no podía ser menos, puede significar que en años sucesivos los turistas decidan acudir a otros lugares menos conflictivos y más seguros que esta Barcelona irreconocible, que han conseguido convertir en incómoda e insegura todos aquellos que han estado conspirando contra el turismo, la hostelería, la restauración, mercados, pastelerías y, en general todos los comercios relacionados de alguna manera con las actividades turísticas entre los cuales, por extraño que parezca, está el propio consistorio barcelonés regido por una franquicia de Podemos, que ha puesto todo de su parte para estorbar la libertad de instalación de establecimientos turísticos y todo lo relativo a una actividad tan lucrativa para gran parte de los ciudadanos catalanes.
Pero no acaban aquí las desgracias que se nos anuncian desde las tierra catalanas. El mismo señor presidente de la Generalitat, señor Torra, incapaz de ponerse una brida en la boca y dejar de desbarrar, no para de decir inconveniencias que no sabemos si lo que tienen por finalidad es recordarle a nuestro inexperto presidente del gobierno, señor Pedro Sánchez, que tiene unas cuentas pendientes de saldar con los separatistas catalanes por su apoyo a la moción de censura contra el señor Rajoy o, acaso, demostrar a los separatistas catalanes que él no se achanta ante ninguna corona aunque fuera la española. Primero empezó a poner palos a las ruedas de la manifestación que se va a celebrar en honor y recuerdo de las víctimas del atentado terrorista del año pasado, cuando ha advertido de que no consideran al Rey de España como Rey de Cataluña al que, por añadidura, le exige que pida perdón por aquel discurso que pronunció con ocasión del referendo ilegal del 1.O. Por su parte el señor Sánchez ya ha anunciado que al acto que tendrá lugar en Barcelona asistirán él y el Rey.
Sin embargo, muchos nos preguntamos ¿Estarán, como ya se nos ha anunciado, los gestores de los acuerdos de esta recientemente abierta comisión de diálogo, entre el Estado y la Generalitat, en condiciones de firmar acuerdos de tipo político o financiero, si el separatismo catalán continúa estando en pie de guerra, si nos apuran, con mayor virulencia y descaro que cuando se acordó aplicar el 155 en toda Cataluña? El señor presidente del gobierno prometió que los acuerdos que se tomarían siempre estarían dentro del ámbito de la legislación nacional y cumpliendo con todos los requisitos constitucionales. ¿Acaso se están preparando, como algunos vienen avisando, para aprovechar la circunstancia del estudio de un nuevo Estatuto catalán por el que se intentará remediar lo que el TC declaró improcedente o, simplemente, darle una redacción más elaborada para teñirlo de una capa de legalidad aunque el contenido cumpliera con los mismos fines?
Es posible que se haya preparado un plan maquiavélico mediante el cual, aprovechando la supuesta consulta a los catalanes para que dieran su visto bueno a un nuevo estatuto autonómico, introdujeran alguna cláusula mediante la cual se les diera la oportunidad a los catalanes de expresarse sobre sus preferencias en cuanto a una posible futura independencia de España. Nada hay que los empecinados partidarios de una Cataluña libre e independiente no estuvieran dispuestos a hacer para salir airosos de sus proyectos independentistas.
A todo este galimatías del tema catalán tiene que añadirse uno de los proyectos que tiene en mente el huido de la justicia, señor Carles Puigdemont, que al parecer tienen previsto, dentro de sus estrategias para alborotar y poner en tensión a los catalanes, (sin cuya circunstancia es evidente que su estrella y carisma , poco a poco se iría difuminando a favor de la cabeza visible en Cataluña, en este caso el señor Quim Torra, algo que es evidente que no le conviene de ninguna manera al prófugo exiliado). Al parecer está esperando que los juicios a todos los implicados y en cárcel provisional, con motivo de los presuntos delitos de los que están acusados por sus actuaciones previsiblemente anticonstitucionales con motivo de los actos ilegales en los que participaron durante los primeros días del mes de octubre; una vez concluido el periodo de instrucción, sean convocadas las vistas para comparecer ante los tribunales
correspondientes para la iniciación de los juicios orales que han de acabar por determinar su grado de participación en los hechos delictivos y la pena que les pudieran corresponder por los delitos que se le pudieran probar a cada uno de ellos.
Es obvio que Puigdemont y su camarilla de Waterloo confían en una derrota del gobierno de la nación ante Cataluña para poder regresar, no a España, por supuesto, sino a Cataluña sin temer el ser inmediatamente arrestado para responder de los delitos de los que están acusados que les obligarían, en caso contrario, a permanecer fuera de España durante 20 años. Estará por ver cómo, un señor Sánchez, que sabe que está jugando sin triunfos en sus manos, es capaz de venderles a los separatistas un “farol” para convencerles de que, a cambio de determinadas concesiones (puede que en la cuestión del idioma o con el traspaso de la Justicia), sean capaces de renunciar, al menos por unos años, a sus aspiraciones soberanistas.
Y aquí entra en juego un factor importante. La capacidad del señor Casado de mover los hilos necesarios, juntamente con Ciudadanos, para que se evite que se pudieran dar acuerdos que, soslayando el tema del independentismo, sean unas verdaderas trampas de las que se valgan ambas partes para salir del paso de esta complicada situación, de forma que ello les permitiera a los socialistas atribuirse una victoria sobre el independentismo y, aprovechar la circunstancia, para convocar elecciones en el momento preciso en el que tengan la seguridad de que pueden salir victoriosos en las urnas; todo ello a cambio de un régimen especial para la comunidad catalana que pudiera ser algo semejante al régimen foral vigente en el País Vasco, algo que no entendemos cómo puede subsistir en una nación moderna en el siglo XXI.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tememos que esta comisión que se ha abierto para hablar de “acuerdos” pueda esconder cuestiones acordadas previamente, a las que se pretenden presentar como soluciones que puedan ocultar graves cesiones del Estado al independentismo.
Varios empresarios crean un fondo para pagar la defensa de los activistas que quitan lazos amarillos
M.A. Ruiz Coll okdiario 6 Agosto 2018
Un grupo de empresarios encabezado por José Manuel Opazo está ultimando la puesta en marcha de un fondo financiero para cubrir las multas y la defensa jurídica de los constitucionalistas que retiran esteladas, lazos y cruces amarillas en los espacios públicos de Cataluña.
Es la respuesta a los planes del presidente de la Generalitat, Quim Torra, y de su conseller de Interior, Miquel Buch, quienes han anunciado su intención de establecer multas de hasta 600.000 euros para quienes quiten lazos amarillos de la vía pública.
El empresario vasco José Manuel Opazo considera que este anuncio de Torra busca imponer el control ideológico en la sociedad, “humillar y aniquilar a más de la mitad de los catalanes. Si Torra dice que quienes quitan lazos amarillos son de extrema derecha, antes debería mirarse el ombligo. No podemos banalizar los crímenes del nazismo alemán, pero quienes conocen la Historia saben que el nazismo comenzó tomando medidas muy similares a las que está aplicando la Generalitat”.
Opazo ha anunciado que está en conversaciones con varios empresarios catalanes para que se sumen a su proyecto, con el fin de que este fondo económico esté operativo a partir del próximo mes de octubre. “La intención es que estos jóvenes que retiran símbolos inconstitucionales, y que muchas veces se ven a coaccionados en la calle por los separatistas, estén respaldados por un equipo jurídico. Deben saber que, a partir de ahora, no están solos“, explica el empresario vasco.
El “fascismo” de Torra ante el espejo
Al respecto, recuerda que la labor de estos activistas que defienden la Constitución goza de plena cobertura legal: en una sentencia dictada el pasado 5 de julio, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) determinó que los símbolos inconstitucionales como las esteladas no pueden estar colocados en espacios o edificios públicos. La sentencia dictada a instancias de Sociedad Civil Catalana (SCC) aludía al caso concreto del Ayuntamiento de Sant Cugat, gobernado por el PDeCAT.
En un artículo publicado este fin de semana, Quim Torra intentaba justificar sus planes presentando como una batalla contra el “fascismo” las medidas legales que quiere impulsar contra los constitucionalistas que quitan lazos amarillos.
El mismo Quim Torra que confiesa su admiración por las milicias filofascistas creadas por ERC en los años 30, y que recurre a argumentos genetistas para sostener que los españoles son “bestias carroñeras con una tara en el ADN“.
En declaraciones a OKDIARIO, José Manuel Opazo ha criticado que los Mossos d’Esquadra dejen actuar libremente a quienes colocan lazos amarillos, mientras que persiguen e intimidan a los constitucionalistas que los retiran. Y lamenta que los constitucionalistas estén, con demasiada frecuencia, abandonados por el Gobierno central.
Como respuesta a los CDR controlados por la CUP, durante las últimas semanas han surgido en numerosos puntos de Cataluña los denominados Grupos de Defensa y Resistencia (GDR) que retiran lazos y cruces amarillas de los espacios públicos.
Estos grupos han pasado luego a adoptar distintas denominaciones, como los Segadors del Maresme, la Brigada Terrassa, el Escamot 155, Groc&Lloc, Resistència del Vallès o los Almogàvers del Bages. Estos grupos contará con la cobertura legal del fondo impulsado por Opazo junto a otros empresarios, siempre que se mantengan fieles a la defensa de los principios constitucionales.
Hasta que el fondo esté operativo, José Manuel Opazo ha asumido personalmente los gastos de defensa de Raúl Macià, el catalán al que los Mossos d’Esquadra enviaron a la cárcel con una denuncia falsa, después de que se hiciera célebre por colocar la bandera española en el Ayuntamiento de Balsareny.
José Manuel Opazo también impulsa la convocatoria de una gran manifestación constitucionalista, que se celebrará en Barcelona el próximo 9 de septiembre (dos días antes de la Diada independentista), para reclamar a Pedro Sánchez que convoque elecciones generales.
“Necesitamos que vuelva la concordia”
“Más de 100 pequeñas entidades se han adherido a la manifestación y ahora estamos en conversaciones con los grandes partidos constitucionalistas para que también lo hagan”, explica Opazo, “sé que muchos socialistas no están de acuerdo con lo que está haciendo este Gobierno, y les invito a que acudan a la manifestación”.
El empresario vasco cree que deben celebrarse elecciones generales cuanto antes, “y si gana el PSOE, podrá gobernar fortalecido por las urnas, sin depender como ahora de Podemos, de los secesionistas y de los chorizos del 3%. Necesitamos un Gobierno fuerte, que no esté sometido al chantaje de esta gente. Si los últimos datos del CIS que hemos conocido son ciertos, Pedro Sánchez debería ser el primer interesado en convocar elecciones cuanto antes”.
“El problema no lo tenemos en Cataluña sino en Madrid, donde no se ha sabido encontrar una solución”, señala Opazo, “el Estado está ausente en muchas zonas de Cataluña, el Gobierno central ha abandonado sus funciones frente a unos políticos que han usurpado la Generalitat, que no representan a la mayoría y están violando los derechos de más de la mitad de la población. Necesitamos que regrese la concordia a Cataluña”.

References: artículo 155
 artículo 67
 artículo 113
 resolución 
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 artículo 155