Source: http://nabilkhalil.org/spanish/2015/missionenbagdadcap1.html
Timestamp: 2017-09-25 04:12:02+00:00

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Misión en Bagdad Capítulo I ...Hacia la guerra. 1ra parte
CAPÍTULO I ...HACIA LA GUERRA
«Estamos en un conflicto entre el bien y el mal.
[...]no creamos un problema, sino que revelamos un problema
y dirigiremos al mundo en la lucha contra el problema».
West Point 1/06/2002
Era pasada la medianoche del 3 de octubre del 2002, cuando el viejo Il-62 de la línea aérea Click, creada solamente para efectuar viajes entre Siria e Iraq, puso los motores a todo gas y tomó impulso por la pista –que me pareció interminable– del aeropuerto internacional de Damasco, dándonos la impresión de que no podría despegar debido al exceso de pasajeros. Sin embargo, para nuestro alivio, lo hizo con mucho trabajo al final de la pista, cuando yo reflexionaba inútilmente sobre la errónea decisión de viajar a Bagdad por avión para evitar el largo viaje de 10 horas por carretera, a través del desierto.
Los pasajeros, compuestos en un 99% por peregrinos chiítas, en su mayoría mujeres con largas túnicas negras (shador), que las cubren de la cabeza a los pies, ocupaban hasta los asientos auxiliares de la tripulación, que parecía ucraniana. Viajaban usualmente a los santuarios de esa secta islámica en Nayef y Kerbala, al sur de Bagdad. Fuera de los peregrinos, éramos unos ocho pasajeros de «tipo occidental».
Días antes partimos de La Habana, después de un período de preparación, para cumplir una misión diplomática en Iraq que se presentaba particularmente compleja. Muchos amigos se alarmaban cuando conocían mi destino y un tanto preocupados me decían «vas para la guerra», a lo que por lo general les respondía: «ya tengo un casco para protegerme la cabeza». El casco era la preparación recibida y la experiencia personal acumulada durante más de 25 años de trabajo con los países del Medio Oriente, llevaba además orientaciones claras y precisas de los objetivos a cumplir y la conducta a seguir.
Por esta fecha, los pronósticos sobre la posibilidad de que estallara el conflicto eran diversos, pero la movilización militar que EE. UU. comenzaba a intensificar, el comportamiento político y las declaraciones de los dirigentes de la administración en Washington inclinaban la balanza hacia lo peor, a pesar de la tremenda oposición internacional a la guerra y de los muchos obstáculos que los agresores debían evaluar. Mis estimados, en esos momentos, apuntaban en un 60% a que habría guerra, aunque tenía la esperanza de que al final predominara la cordura.
El mes anterior, el presidente Bush, en un discurso pronunciado ante la Asamblea General de la ONU, afirmó: «Iraq representa un peligro para sus vecinos y para la seguridad mundial al disponer de armas de destrucción masiva». En otro discurso radial dijo: «Hoy me reuniré con el Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi para analizar el creciente peligro que representa el régimen de Saddam Hussein [...] el Primer Ministro italiano se une a otros líderes mundiales preocupados para que el mundo tome acción, entre ellos el Primer Ministro Blair de Gran Bretaña y el Presidente del Gobierno de España, Aznar». (Precisando de esta forma, el verdadero eje del mal). Y continuaba:
[...] es probable que este régimen mantenga reservas de agentes químicos y biológicos y que esté mejorando y ampliando instalaciones capaces de producirlos.
[...] Hoy día Saddam Hussein tiene científicos y la infraestructura para un programa de armas nucleares y buscó comprar ilícitamente el equipo necesario para enriquecer uranio con el fin de crear un arma nuclear. Si su régimen llegara a adquirir material fisionable, podría construir el arma nuclear dentro de un año.
Este régimen posee una fuerza de proyectiles tipo SCUD con alcance superior a los 150 km permitidos por la ONU y está construyendo más proyectiles con un alcance que podría causar la muerte masiva en toda la región.
El secretario de defensa Donald Rumsfeld por su parte había declarado: «Hay evidencias de que terroristas de Al Qaeda habían estado recientemente en Bagdad buscando ayuda de Iraq para adquirir armas de destrucción masiva ». Anthony Blair convertido en eco repetía algo parecido ante la Cámara de los Comunes en Londres: «Iraq posee armas químicas y biológicas [...] Sus misiles pueden ser desplegados en 45 minutos».
Estas acusaciones, que Iraq rechazaba de plano y sobre las cuales no se habían presentado evidencias y que los inspectores, en su labor anterior de unos diez años, no habían podido comprobar, constituían la base de la campaña del verdadero eje del mal para lanzar su agresión colonialista contra Iraq.
La posición del gobierno de Cuba sobre este conflicto siempre estuvo muy clara. En su discurso del 14 de septiembre, en el 57 Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, el canciller Felipe Pérez Roque se había referido a la situación en el Medio Oriente y al conflicto en torno a Iraq, con las siguientes palabras:
¿Por qué no hemos visto el mismo celo con que se desató la guerra en Afganistán para buscar una solución justa y duradera para la paz en el Oriente Medio? ¿Por qué algunos no han dicho siquiera una palabra para condenar las agresiones contra el territorio de Palestina y los crímenes contra su pueblo? ¿Por qué no se han condenado los asesinatos selectivos y el uso de las fuerzas armadas contra la población civil? ¿Por qué se ha garantizado impunidad a las acciones del ejército israelí, maniatando al Consejo de Seguridad? ¿Por qué no se ha actuado firmemente para implementar las resoluciones del Consejo de Seguridad que garanticen la proclamación de un Estado palestino independiente y soberano, con Jerusalén oriental como su capital? ¿Por qué la única superpotencia que hoy existe en el planeta actúa de modo diferente ante un caso y otro? ¿Por qué no cesa el sufrimiento de las madres palestinas cuyos hijos son también asesinados como los inocentes del 11 de septiembre?
Estas preguntas deberían tener respuesta por parte de quienes en esta sala cargan sobre sus hombros la responsabilidad de lo que hoy está ocurriendo en los territorios palestinos y árabes ocupados.
Parece inevitable una nueva guerra contra Iraq, una escalada de la situación de permanente agresión que ese pueblo ha vivido durante los últimos diez años. Se habla ahora de «guerra preventiva», en franca violación del espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas.
Cuba defiende principios, no conveniencias, y, por tanto, aunque ello disguste a sus patrocinadores, se opone de modo categórico a esta guerra. A Cuba no la anima un espíritu antinorteamericano, aun cuando su gobierno mantiene y endurece un bloqueo de más de cuarenta años contra nuestro pueblo.
Pero no decir la verdad por cobardía o cálculo político no es lo que caracteriza a los revolucionarios cubanos. Por tanto, Cuba proclama aquí que se opone a una nueva acción militar contra Iraq. Lo hace al tiempo que recuerda que en su momento apoyó en el consejo de Seguridad la resolución que pedía al Gobierno de Iraq cesar la ocupación de Kuwait.
Sostenemos que sería una locura el desarrollo hoy de armamentos de exterminio en masa, pues vemos como único camino posible a la paz mundial el desarme general y completo, incluido el desarme nuclear y la reorientación del dinero que hoy se gasta en armas a enfrentar los gravísimos problemas económicos y sociales de la humanidad.
Los países árabes han sido categóricos en su rechazo a esta guerra; la mayoría de los países europeos no la secundan; la comunidad internacional ve con preocupación creciente como se anuncia una nueva guerra sobre la base de acusaciones que no han sido probadas, e incluso ignorando la realidad evidente de que Iraq no puede ser un peligro para EE. UU.
Si el Gobierno de EE. UU. desata una nueva guerra contra Iraq, imponiéndosela al Consejo de Seguridad o decidiéndola unilateralmente en contra de la opinión pública internacional, se habrá consagrado el nacimiento del siglo del unilateralismo y de la jubilación forzosa de la Organización de las Naciones Unidas.
La claridad y las posiciones de principio contra la guerra, que Cuba mantenía, me ofrecían ciertas ventajas y seguridades para el trabajo en Iraq, país que había visitado en ocasiones anteriores, la última en el 2001, por lo que el escenario me era relativamente conocido y le había venido dando seguimiento a la crisis que desde hacía años allí se desarrollaba.
No había transcurrido todavía una hora cuando el IL-62 comenzó a descender y por la ventanilla pude apreciar las luces de Bagdad, una muy extensa ciudad que se hizo famosa en las narraciones de Las mil y una noches árabes. Fue fundada en el año 762 sobre la margen derecha del río Tigris por el Califa Abu Jaafar al-Mansour (el victorioso), quien la llamó «Ciudad de la paz», en referencia a uno de los nombres con que el Corán califica al paraíso. El plano inicial de la antigua urbe, conocida también como la «ciudad redonda», fue considerado como ejemplo de planificación para su tiempo, alcanzó un notable desarrollo y ya a finales del siglo VIII, en especial durante los reinados de Haroun Al-Rachid (786-809), mencionado en Las mil y una noches, y Al Maamoun (813-833), era reconocida como centro del mundo civilizado. Las ciencias y las artes alcanzaron gran esplendor. Los matemáticos árabes inventaron los números que aún utilizamos, incluido el concepto de cero, que no existía antes. Los astrónomos se cuestionaron la redondez de la Tierra y en la Corte del Califa se presentaban sobresalientes poetas como Abu Nawas, sabios como Al-Kawarismi, inventor del álgebra y de cuyo nombre se deriva la palabra guarismo, maestros de la caligrafía, la música, geógrafos y arquitectos famosos. Haroun Al-Rachid, profundo creyente, favoreció la investigación teológica y en su época se fundaron las mayores escuelas jurídicas del Islam: Abu Hanifa, Malek Ibn Anas, Mohamed Chafei, y Ahmed Ibn Hanbal. Por entonces se creó «la Casa de la Sabiduría», se produjeron y tradujeron miles de libros, fueron invitados a Bagdad los grandes sabios de la época. Cuando los mongoles atacaron la ciudad en 1258, ya existía allí la universidad de Al-Moustansiriya, una de las primeras del mundo. El biznieto de Gengis Khan, Houlagou, dirigió las hordas y la ciudad resistió un mes, antes de ser sometida al pillaje e incendiada. Se afirma que hubo 800 000 muertos y que el río Tigris se tiñó de negro debido a la tinta de los libros de la Casa de la Sabiduría que allí fueron lanzados y que era tal el volumen de estos manuscritos, que sobre ellos se podía cruzar la ancha corriente. La ciudad conoció después muchas invasiones y el dominio de diferentes imperios, sin embargo, el espíritu y la cultura árabe renacían y los invasores eran derrotados.
Cuando aterrizamos, la historia de Houlagou y la destrucción de la ciudad por los mongoles más de siete siglos atrás, me venía a la mente con particular fuerza y me preguntaba: ¿será posible que la historia se repita?
Nos instalamos en Bagdad y cumplimos los trámites diplomáticos de rigor. En los primeros días de estancia, apreciamos que la situación en la ciudad distaba bastante de la idea que podía tener el público común, que se guiaba por la voluminosa información que transmitían los medios de prensa occidentales. La gente se veía tranquila en las calles, no se observaba casi presencia militar ni de seguridad, frente a los palacios presidenciales y edificios oficiales, los soldados hacían guardia con serenidad, los comercios estaban bien surtidos, los muchachos iban a clases o jugaban al fútbol en plena calle, había fiestas, sobre todo los jueves, último día de la semana, pues el viernes es feriado y los fieles musulmanes se movilizaban hacia las mezquitas. Las iglesias cristianas –de las que hay bastantes en Bagdad– funcionaban con toda normalidad. No existía tensión ni pánico visible.
Las estructuras del país funcionaban con bastante sistematicidad, la prensa publicaba frecuentes reuniones del Consejo de Ministros y del Consejo de Comando de la Revolución, las autoridades se reunían y tomaban decisiones, numerosas delegaciones viajaban a Bagdad con todo tipo de propósitos, incluidas muchas con intereses comerciales y económicos, y el presidente Saddam Hussein desplegaba una intensa actividad.
El referendo para reelegirlo por otros siete años se celebró el día 15, con un resultado, según las autoridades, de más del 99% de votos favorables, cifra que muchos observadores estimaron no se ajustaba a la realidad. El presidente pronunció un patriótico discurso dos días después, en un teatro donde participaron unos mil dirigentes del partido Baas, miembros del gobierno, parlamentarios y representantes de las Fuerzas Armadas, y de organizaciones políticas y sociales.
Sus palabras, difundidas en directo por la radio y la televisión, hicieron énfasis en el gran éxito obtenido al manifestarse democráticamente la voluntad del pueblo, señalando que ello constituía una lección para EE. UU. y sus seguidores y un rechazo a la campaña de mentiras que se promovía contra el país.
La esencia del mensaje estuvo dedicada a resaltar el patriotismo y el nacionalismo árabe frente a los planes de destrucción del país llevados a cabo por el imperialismo y el sionismo. El discurso incluyó frecuentes referencias a Allah y a los sentimientos religiosos del pueblo, llamó a los gobernantes de Washington a rectificar pues «el camino de la sangre solo les traerá más sangre y quien quiere tomar la sangre de los otros, debe esperar que su sangre también sea tomada».
Teniendo en cuenta los buenos resultados del referendo, el gobierno decretó una amnistía general, mediante la cual, se dijo, solo quedarían en las cárceles los condenados por delitos de sangre que no recibieran el perdón de los familiares de sus víctimas. La amnistía incluiría el perdón de los delitos políticos, aun de aquellos que se encontraban en el exilio, quienes podrían regresar libremente al país siempre y cuando no tuvieran vínculos o fueran agentes de los imperialistas o sionistas.
Los dirigentes iraquíes priorizaban la necesidad de mejorar las relaciones con sus vecinos, lo cual unido a las medidas anteriores y a la fuerte movilización internacional contra la guerra, apreciaban como éxitos para sus posiciones frente a los planes estadounidense-sionistas.
Poco después de decretarse la amnistía, el vicepresidente iraquí, Izzat Ibrahim, se reunió con el presidente de la opositora Coalición Nacional Iraquí, que se encontraba exiliado en Europa quien accedió a visitar Bagdad y afirmó que se elaboraría una nueva constitución que permitiría el pluralismo y garantizaría la libertad de prensa. Por otra parte, el viceprimer ministro Tareq Aziz expresaba: «Iraq está abierto a todos los exiliados, excepto los que hayan colaborado con potencias extranjeras, en particular con EE. UU. El partido Baas cree en los sistemas multipartidistas en el marco de las posiciones nacionales y patrióticas, en la preservación de los principios de Iraq y en los valores y la defensa de Iraq».
En el Consejo de Seguridad, EE. UU. encontraba dificultades para hacer avanzar sus planes de guerra con una resolución que propiciara la agresión y parecía ganar fuerza otro proyecto apoyado por Francia, Rusia y China en relación con los inspectores, desvinculando esto de la acción armada.
En conversaciones sostenidas en Viena entre autoridades de la ONU y el Canciller iraquí, se había reactivado la idea del regreso de los inspectores para continuar su trabajo y culminarlo, lo que provocó que el presidente George W. Bush manifestara que esto era una «nueva treta» y llamara a la comunidad internacional para que no se dejara engañar por Saddam Hussein, alegando que este «no engaña a nadie» con su promesa de admitir a los inspectores y vaticinó que las Naciones Unidas aceptarían la política estadounidense en torno a Iraq pese a indicios de discrepancias.
El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, hablando ante el Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes había afirmado que «No sirve a ningún propósito, ni de Estados Unidos ni de las Naciones Unidas, darle a Saddan Hussein pretextos para una demora más prolongada. Ningún estado terrorista representa una amenaza mayor y más inmediata para la seguridad de nuestro pueblo y la estabilidad del mundo que el régimen de Saddam Hussein en Iraq. El objetivo no es la inspección, sino el desarme».
En la reunión abierta del Consejo de Seguridad celebrada en esos días, el embajador de Cuba ante la ONU, pronunció las siguientes palabras:
Cuba, como casi todos, se opone a una nueva acción militar contra Iraq.
El Movimiento de Países No Alineados tiene una clara posición a favor de la paz, los países árabes se oponen a la acción militar, la mayoría de los países europeos y otros desarrollados no la apoyan y la comunidad internacional mira con asombro e impotencia cómo se hacen graves acusaciones sin presentar una sola evidencia y se organiza de forma al parecer inexorable esta «guerra anunciada».
Como resultado de ingentes contribuciones de la Liga Árabe y del Secretario General de las Naciones Unidas, Iraq anunció su disposición de permitir el regreso de los inspectores sin condiciones y su deseo de completar la implementación de todas las resoluciones relevantes del Consejo de Seguridad, para eliminar así cualquier duda respecto a la posibilidad de que ese país posea aún armas de exterminio en masa.
La decisión de Iraq fue acogida favorablemente por la comunidad internacional y por todos los que creen posible y necesario evitar un conflicto de impredecibles consecuencias.
Sin embargo, se ha estado promoviendo en el Consejo de Seguridad un proyecto de resolución que haría inevitable la guerra contra Iraq. En el texto se incluye un mecanismo automático para desencadenar el uso de la fuerza y se proponen nuevos procedimientos que de antemano se saben inviables como el acompañamiento de los inspectores por fuerzas militares de la ONU, la participación de representantes de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad en las labores de inspección con los mismos derechos que estos, el establecimiento de Zonas de Exclusión de Vuelo y Zonas de Exclusión de Transporte Terrestre y la obligación de Iraq de permitir que los inspectores puedan sacar del país a los nacionales iraquíes y sus familias que deseen entrevistar.
En verdad, no se necesita una nueva resolución sino que los inspectores reinicien sus labores en Iraq sin más dilaciones. Las recientes conversaciones en Viena concluyeron con avances importantes sobre los arreglos prácticos para el reinicio de las inspecciones, incluyendo garantías para el acceso sin restricciones, lo que demuestra que el diálogo y la cooperación entre las partes, son el único camino viable.
Las resoluciones pertinentes deben ser aplicadas de buena fe por todas las partes para avanzar hacia una solución integral de la cuestión de Iraq que garantice la paz y la estabilidad de la región, e incluya el levantamiento del régimen de sanciones que tanto sufrimiento causa al pueblo iraquí. La soberanía, la integridad territorial y la independencia política de Iraq, Kuwait y de todos los países de la región, deben ser respetadas.
Cuba defiende el Derecho Internacional porque lo considera la única garantía viable de la paz y la seguridad internacionales. Creemos que el mundo debe estar regulado por un sistema de seguridad colectiva, basado en la cooperación, que nos dé garantías a todos. Este sistema no puede ser sustituido por la ley de la selva y por doctrinas que constituyen una violación del espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas y deforman el derecho inmanente de legítima defensa dispuesto en el Artículo 51 de esta.
El orden internacional actual, insostenible, injusto y profundamente inequitativo, no puede ser sucedido por uno aún más primitivo.
Cuba, que nunca ha desarrollado y que tiene una firme decisión de no desarrollar jamás armas de exterminio en masa, nucleares ni de ningún otro tipo, reitera que el desarme general y completo es el único camino posible a la paz.
Se ha dicho que la credibilidad de las Naciones Unidas estaría en juego si no apoya un ataque militar contra Iraq.
En realidad, si el Consejo de Seguridad no actúa, como es su deber, para preservar la paz y la seguridad internacionales, y apoya una guerra que no ha podido ser justificada hasta hoy como la única opción posible, se planteará el problema de si las Naciones Unidas podrán sobrevivir después de una situación que destruirá su ya dañada credibilidad.
Desde hace semanas todos somos testigos de los conciliábulos secretos que tienen lugar entre algunos miembros permanentes de este órgano sobre la cuestión de Iraq, sin que haya contado para nada la conocida pero amordazada opinión del resto de los miembros de esta Organización, en nombre de los cuales debe actuar el Consejo.
Se nos humilla a todos, cuando a los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, pese a la credibilidad que les confiere haber sido elegidos por el voto de la abrumadora mayoría de los Estados Miembros de las Naciones Unidas, se les excluye públicamente para decidir a sus espaldas.
Cuba espera que prevalezca el diálogo y la negociación y no progresen los llamados a la guerra contra Iraq.
Cuba espera que el Consejo de Seguridad actúe en correspondencia con sus responsabilidades y reasuma el papel que le corresponde en estas circunstancias excepcionales. Si no lo hiciera, el daño al orden internacional, a la seguridad colectiva de los Estados y a las Naciones Unidas será irreparable y la responsabilidad histórica será enorme.
La batalla en el Consejo de Seguridad era muy fuerte. Se negociaba y se hacían enormes presiones por parte de EE. UU. y Gran Bretaña sobre un grupo de países para tratar de alcanzar una mayoría, que no podían conseguir. Por esos días, la Cámara de Representantes y el Senado aprobaban por mayoría la solicitud del presidente Bush para autorizarlo a usar la fuerza contra Iraq, tenían allanado el camino interno en EE. UU. para efectuar la agresión, manipulando un patriotismo barato a partir del chantaje con lo sucedido el 11 de septiembre, alegando nuevas amenazas de terrorismo.
Iraq, por su parte, aspiraba a que se estableciera un vínculo entre el trabajo de los inspectores y el término del régimen de sanciones que mantenía el país sometido al embargo provocando grandes sufrimientos y privaciones a la población, especialmente a los sectores más desprovistos.
La abrumadora mayoría de la Comunidad Internacional estaba a favor del levantamiento del embargo y en el Consejo de Seguridad, Francia y Rusia habían trabajado para crear un sistema de certificación de cumplimiento que permitiera el levantamiento de las sanciones.
Los bombardeos de 1991 causaron grandes daños a la infraestructura del país, incluido el suministro de agua potable, los servicios sanitarios y la generación de electricidad. Enfermedades de fácil control, se habían extendido y la mortalidad infantil se multiplicó producto de males curables. De 1990 a 1999, murieron 967 000 niños por enfermedades tales como diarrea, gastroenteritis, infecciones respiratorias y malnutrición.
Como resultado de las sanciones, Iraq, un país rico debido a sus reservas petrolíferas, pasó de una posición de desarrollo económico medio al lugar 42 de entre los 77 países más pobres del mundo. El producto interno bruto se había reducido al nivel de 1949, cuando no se exportaba petróleo. La renta per cápita, que era de 3 508 dólares en 1989, en ese momento apenas alcanzaba los 200 dólares y el paro afectaba al 50% de la población activa.
En 1990 un dinar iraquí equivalia a tres dólares y ahora un dólar fluctuaba alrededor de los 1 800. Más de la mitad de la población vivía por debajo del límite de pobreza y alrededor de 4,5 millones de personas en la pobreza extrema.
Solo el 44% de los iraquíes tenía acceso al agua potable y pese a que la distribución racionada de alimentos que hacía el gobierno evitaba la hambruna, esta no cubría las necesidades nutricionales. Entre 5 000 y 6 000 niños morían mensualmente a causa del consumo de agua contaminada, por falta de medicinas y por malnutrición. La mortalidad materna se había multiplicado por cinco y en una década la esperanza de vida se había reducido de 66 a 57 años.
Este profundo deterioro era producto del mantenimiento de las sanciones que EE. UU. y Gran Bretaña se oponían a terminar y propugnaban por reforzar, así como por los daños ocasionados a la infraestructura del país durante los 42 días de bombardeos llevados a cabo en enero y febrero de 1991.
A pesar de ello, en los últimos años, influido en parte por algún aumento de la exportación de petróleo y por los esfuerzos que realizaba el gobierno, se observaba cierta mejoría, aunque aún distante de las posibilidades reales del país e insuficiente para hacer frente a las perentorias necesidades de sus habitantes.
El embargo establecido por la ONU se regulaba desde 1995 por el principio llamado «petróleo por alimentos y medicinas», bajo estricto control de esa Organización. Lo que ingresaba por la venta de carburantes, se distribuía de la siguiente forma:
–72% para el llamado Programa Humanitario, es decir para dedicarlo a compras de alimentos y medicinas, de lo cual el 59% se tramitaba en coordinación con las autoridades de Bagdad y el 13% restante lo asignaban a las tres provincias del Kurdistán que no respondían al gobierno.
–25% para pagar compensaciones de guerra a Kuwait (una buena parte de lo cual iba a parar a las petroleras estadounidenses).
–2.2% para gastos de la ONU en Iraq.
–0.8% para cubrir los gastos de los inspectores del desarme.
Aunque este sistema funcionaba con no pocas dificultades, en los últimos años se estimaba que propiciaba la entrada al país de unos cuatro mil millones de USD al año, lo cual unido a las ventas libres (EE. UU. las consideraba ilegales) que se hacían a través de países vecinos y que algunos consideraban podrían ascender hasta dos mil millones de USD anuales, habían proporcionado una cierta mejoría económica. Iraq se había convertido en el principal socio comercial de Turquía, Egipto, Jordania, Siria y el Líbano y el volumen de su intercambio con Rusia, Francia, China y otros países era muy alto.
La generación de electricidad había aumentado solo en el último año 900 megawat, y en el período de demanda pico en el verano recién concluido hubo pocos apagones en Bagdad y en otras provincias se reducía de 16 horas diarias a solo 10. Durante la guerra de 1991, la capacidad generadora había sido dañada total o parcialmente en un 75%.
La producción de trigo y cebada, que alcanzó solo 0.59 millones de toneladas métricas en el 2000, aumentó a 1.6 millones de toneladas métricas en el 2002. La ración diaria de kilocalorías por persona había aumentado de 1 275 en 1996, a 2 257 en agosto de ese año. Según la UNICEF,[2] la reducción de la malnutrición en los niños menores de cinco años se mantenía lenta, pero con tendencia a mejorar. Se apreciaban reducciones en enfermedades que habían aumentado después de la guerra, la polio bajaba a cero casos entre los años 2000 y 2002, aunque la falta de vacunas para otras enfermedades continuaba afectando seriamente a los niños. La capacidad de producción de la industria farmacéutica aumentaba de un 5% en 1999 al 50% en el 2002. Sin embargo, solo el 50% de los productos médicos aprobados por la ONU llegaban a Iraq y existía una demora de ocho meses en el proceso de aprobación y suministro. En los hospitales faltaban los anestésicos y los anticancerígenos entre otros medicamentos.
Lejos de propiciar el levantamiento del embargo, EE. UU., en especial desde la misma llegada al gobierno del grupo neofascista encabezado por George W. Bush, se empeñaba en recrudecerlo, pensando tal vez que, con el aumento del sufrimiento del pueblo iraquí, podría provocar una situación interna que propiciara el derrocamiento del gobierno.
Pero a pesar de la fuerte campaña de mentiras que estaban llevando a cabo los dirigentes de Washington y del «terrorismo mediático», desplegado con la anuencia y complicidad de «la gran prensa libre», un sector de la población estadounidense se movilizaba contra la guerra. El día 26, una gran manifestación en Washington reunió a más de cien mil personas.
«Si fuéramos expuestos a una agresión, combatiríamos, aunque odiamos la guerra», fueron las palabras del presidente Saddam Hussein pronunciadas en una reunión con el Estado Mayor de la Fuerza Aérea y reproducidas por el diario Iraq Daily el 4 de noviembre.
Para este mismo día los periódicos anunciaron una práctica de «alarma aérea», y en horas de la tarde se escucharon las sirenas por segunda vez en dos meses. Salvo este hecho y las frecuentes reuniones que sostenía el Presidente con los altos jefes militares, reflejadas igualmente en la prensa, no había otras señas visibles de preparación para un conflicto que las noticias provenientes del exterior presentaban como inevitable.
En los meses anteriores las sirenas sonaban sin aviso previo aunque luego se explicaba que se debía a que algún avión estadounidense o británico había traspasado la «zona de exclusión aérea para los iraquíes» y se acercaba a la capital.
La Feria Internacional de Bagdad atrajo la atención por esos días, contando con una concurrencia aceptable según los responsables iraquíes, quienes le dieron gran importancia al evento. A pesar de las limitaciones impuestas por el embargo, hubo una llamativa presencia de Europa Occidental y de los países del entorno árabe, los cuales enviaron delegaciones presididas en muchos casos por ministros. Fue significativa la numerosa presencia saudita y el hecho de que la frontera entre ambos países se abriera tras doce años de cierre.
A pesar del embargo, las amenazas de guerra, el hostigamiento casi diario de la aviación anglo-estadounidense y las dificultades que erigían para las operaciones comerciales, los intereses económicos eran enormes y muchos países y empresas querían estar presentes en un mercado respaldado por una reserva de ciento doce mil millones de barriles de petróleo.
El día 7, después de muchos debates, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la Resolución 1441, que establecía condiciones muy fuertes a Iraq para el regreso de los inspectores, algunas de las cuales constituían una violación o desconocimiento de la soberanía nacional, y daba un plazo de una semana al gobierno de Bagdad para que la aceptara.
El presidente Saddam Hussein, antes de su aprobación, había declarado: «si se adopta una resolución que respete la Carta de la ONU, el derecho internacional, la soberanía, la seguridad y la independencia de Iraq, y que no respalde los objetivos bélicos de los EEUU, la tomaremos en consideración».
La Liga Árabe, en una reunión de cancilleres en El Cairo, emitió una resolución reiterando el continuo y absoluto rechazo de los países de la región a una agresión a Iraq. Algunos de sus párrafos dicen:
[...] da la bienvenida a lo recogido en la resolución (1441) acerca de que el Consejo de Seguridad es la autoridad encargada de evaluar los informes de los inspectores y toma en cuenta los pronunciamientos hechos ante el Consejo de Seguridad de que esta resolución no constituye la base para el uso de fuerza militar contra Iraq. Hace un llamado a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad que brindaron seguridades a la República Árabe de Siria –como miembro árabe del Consejo de Seguridad– a que se comprometan con lo expresado de que la resolución no constituía un pretexto para lanzar una guerra en contra de Iraq y que la misma no permite la recurrencia automática a la acción militar.
[...] Hace un llamado a que los equipos de inspectores lleven a cabo sus responsabilidades de manera profesional, objetiva y no asuman acciones provocativas para poder asegurar la credibilidad de sus trabajos, igualmente llama a que incluyan expertos árabes en dichos equipos de inspección.
Esta última solicitud reflejaba la preocupación de que entre los inspectores pudieran venir provocadores dispuestos a crear incidentes que favorecieran la agresión. Ya existían experiencias en el pasado, cuando en 1997 surgieron evidencias de que EE. UU. y posiblemente Israel, tenían reclutados y controlaban a algunos inspectores y estaban recibiendo de ellos información al margen del mandato establecido. El propio Rolf Ekeus, quien dirigía el cuerpo de inspectores (UNSCOM[3]) entre 1991 y 1997, había confirmado en julio de 2002 que algunos inspectores estadounidenses buscaban información fuera del mandato, tales como los movimientos del presidente Saddam Hussein.
Es posible que debido a ello, el vicepresidente iraquí, Taha Yassin Ramadán, instara, días antes, a los medios de prensa internacionales a que se trasladaran a Bagdad para supervisar sobre el terreno el trabajo de los inspectores mientras afirmaba: «Iraq no influirá en el trabajo de los inspectores y (no obstaculizará) su libertad [...] pero no toleraremos que sean la única fuente, puesto que no confiamos en ellos».
Después de discutirse la Resolución 1441 por el Parlamento iraquí, que recomendó su rechazo, el gobierno anunció, sin embargo, su aceptación y el día 14, los diarios publicaron la respuesta oficial del canciller Naji Sabri al secretario general de la ONU, Kofi Annan, cuya carta fue encabezada por la siguiente cita del Corán: «Ve al Faraón ya que verdaderamente él ha transgredido todos los límites. Pero háblale suavemente, tal vez él quiera tomar consejo o temer». La extensa misiva, que reiteraba en varios párrafos la aceptación incondicional de Iraq de lo dispuesto por el Consejo de Seguridad, también argumentaba ampliamente sobre el injusto contenido de la resolución y sobre la imposición de los criterios estadounidenses en la misma. Al final, anunciaba que dejarían para otro mensaje el análisis de las violaciones de la legalidad internacional y de la propia Carta de la ONU que el texto suponía.
La idea de que Iraq aceptaría la resolución de la ONU había predominado en la mayoría de los medios de prensa internacionales, pues rechazarla implicaría ofrecerle a EE. UU. la oportunidad de «legalizar» su agresión. Robert Fisk, conocido analista de los problemas del Medio Oriente, había escrito desde el londinense The Independent, que Iraq lo haría bajo la suposición de que los inspectores respetarían la soberanía y la dignidad del país, algo en lo que hacía énfasis la carta del Canciller iraquí.
El día 17 la prensa publicó una comunicación del presidente Saddam Hussein al Parlamento, en la que, luego de una larga introducción con muchas citas del Corán, brindaba una explicación de por qué, y aun en contra de lo recomendado por el cuerpo legislativo, la dirección del país decidió aprobar la resolución:
Nuestros enemigos, la alianza entre el sionismo y la administración norteamericana y sus satánicos lacayos, tienen este tiempo y quieren unilateralmente desatar la guerra contra nuestro pueblo. Esperamos que el camino escogido pueda mostrar la verdad como es, que Iraq está completamente libre de armas de destrucción masiva [...] Pero si la injusticia persiste en sus malas intenciones, entonces Uds. conocen las obligaciones y potencialidades que tenemos en nuestra Revolución para detener la injusticia y asegurarles la derrota, con la voluntad de Allah.
Sin embargo, la aceptación de la resolución por el gobierno iraquí y las reiteradas declaraciones de que cumplirían con sus términos y se demostraría que el país no poseía armas de destrucción masiva, lejos de detener la campaña belicista de Washington, parecía incentivarla. Se multiplicaban las declaraciones a la prensa de sus principales voceros y eran facilitados a los grandes medios de prensa estadounidenses los planes y escenarios de guerra, con profusión de detalles, incluidos los últimos modelos de armas «inteligentes » y devastadoras que emplearían. Era un plan de guerra psicológica que venía siendo estructurado desde hacía meses para aterrorizar al pueblo iraquí, intimidarlo, promover deserciones, divisiones y conflictos internos. También perseguía condicionar a la opinión pública internacional que aceptara la idea de que la guerra era inevitable.
La prensa estadounidense divulgó por esos días la noticia de una reunión en Washington entre figuras de la oposición iraquí y la consejera de Seguridad Nacional, Condolezza Rice y otros responsables de la Casa Blanca a fin de discutir un plan detallado para transformar el país en la era post Saddam, al que denominaban «La transición a la democracia en Iraq». El texto, de 98 páginas fue aceptado y se continuaría discutiendo en una reunión más amplia de representantes de la oposición en diciembre.
Algunos observadores opinaron que el escenario más preciado por EE. UU. sería que, utilizando toda la presión posible, incluida una fuerte movilización militar que hiciera evidente la próxima agresión, se produjera un golpe palaciego interno que instalara en el poder un gobierno dispuesto a cambiar la política del país y pactar con Washington. Otra variante en esta misma línea, sería provocar una sublevación interna que les evitara el riesgo de introducir sus tropas en combates terrestres, lo cual venía evadiendo desde su experiencia en Viet Nam, e intervenir solo de forma limitada a manera de «pacificadores humanitarios».
La apreciación que teníamos de estas posibilidades, obtenida a través de nuestros contactos y relaciones en Iraq, así como la observación directa sobre el terreno, apuntaban a que esto no iba a producirse. Había tranquilidad en las calles, no se detectaban expresiones de oposición, no se percibían tensiones, ni represión pública ni violencia interna. Era evidente que podían existir sectores de la población desfavorables al gobierno, pero no se expresaban públicamente. Hablamos con muchos iraquíes, gentes sencillas que tienen como norma un trato afable con los extranjeros, en los comercios, con los trabajadores que nos prestaban servicio, personas de distintos niveles y categorías que, aunque reservaran sus opiniones sobre asuntos políticos con diplomáticos de otros países, por lo general manifestaban su condición patriótica y su rechazo a cualquier intromisión extranjera.
En todo caso, la variante de que pudieran producirse acontecimientos internos de importante magnitud que sirvieran de base a los planes coloniales estadounidenses, era algo que nos proponíamos profundizar, si el tiempo nos lo permitía en las siguientes semanas. Para ello debíamos hacer algunos recorridos por el interior, realizar visitas a las provincias del sur, donde se produjo una importante sublevación en 1991, y también al norte del país.
Las organizaciones de la oposición política trabajaban desde hacía muchos años en el extranjero. Las había desde comunistas hasta monárquicas. Tenían su centro en Londres, donde los servicios especiales estadounidenses y británicos reclutaban a algunos de sus dirigentes ofreciéndoles un fuerte apoyo financiero. Era difícil comprobar si algunas tenían bases importantes en el interior de Iraq, excepto en el caso de las principales organizaciones chiítas como el Consejo Supremo de la Revolución Islámica y el partido Dawa (dawa significa llamamiento), que era de suponer contaran con algún respaldo dentro de esta comunidad, o de las organizaciones que tenían bases en el Kurdistán, y que al no estar sometidas a la autoridad central de Bagdad y contar con protección estadounidense británica, habían establecido un amplio poder autónomo en las tres provincias norteñas que comprenden ese territorio. La idea de que las tropas estadounidenses penetraran por las fronteras para desarrollar combates terrestres y ocupar el país sin acontecimientos internos importantes, no se apreciaba como algo lógico o fácil.
Amigos palestinos me recordaban que los combatientes de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), con menos medios militares y preparación que los iraquíes, detuvieron en las afueras de Beirut, durante tres meses, al fuerte aparato de guerra de Israel, que en 1982 se empleó a fondo y solo pudo entrar en la ciudad cuando por mediación de la ONU, los palestinos aceptaron retirarse a Túnez. No obstante, las tropas sionistas tuvieron que abandonar con rapidez la urbe ante la imposibilidad de mantenerse ocupándola, pues una cosa es tener capacidad de destrucción y ocupación inicial, y otra es poder mantener la ocupación de un territorio donde la población es totalmente hostil. Bagdad es una ciudad de más de cuatro millones de habitantes y al menos tres veces mayor en extensión que Beirut y está demostrado que en una guerra urbana disminuyen las ventajas de una técnica militar superior. También se argumentaba que la desastrosa retirada de las tropas iraquíes de Kuwait, prácticamente sin combatir en 1991, no podía tomarse como parámetro de comparación para la actual situación, pues ahora serían los iraquíes los que estarían defendiendo su territorio de una agresión extranjera, concebida como parte de un plan colonial sionista-imperialista, lo cual debía fortalecer los fundamentos ideológicos y patrióticos para la lucha.
La invasión israelita de 1982 al Líbano, demostró que estas guerras podían tener varias etapas; en las iniciales puede predominar el que tiene mayor capacidad de destrucción; pero en la fase decisiva triunfa la resistencia del pueblo armado con valores ideológicos y principios patrióticos justos, lo que obliga a la retirada del invasor. Israel tuvo que sacar estrepitosamente sus tropas del territorio libanés debido a la inteligente guerra que le hicieron la Organización Hizbollah (partido de Dios) y las fuerzas patrióticas libanesas.
Basados en estos puntos de vista, muchos en Iraq argumentaban las dificultades que implicaba ocupar un país de 438 000 km2, lo que requeriría un esfuerzo militar no visto desde la guerra de Viet Nam. Varios amigos iraquíes y otros árabes con los que hablamos, estimaban que en el país había armamento, experiencia y preparación militar suficiente, el partido Baas poseía muchos cuadros con fuerte ideología patriótica, el pueblo iraquí era nacionalista, estaba orgulloso de sus valores históricos y culturales, y no aceptaría una ocupación extranjera, lo cual había demostrado históricamente.
Al parecer, la dirigencia iraquí, o una parte de ella, no estaba todavía convencida de que EE. UU. atacaría, o al menos de que lo haría lanzando de inicio una invasión terrestre. Como experiencia tenían la guerra de 1991, en la que contando con una situación mucho más ventajosa que ahora, Bush padre no se decidió a avanzar a profundidad en el territorio y tratar de ocupar Bagdad después de desalojar las tropas iraquíes de Kuwait.
En aquella ocasión, tenían el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, habían creado una amplia coalición de países que apoyaban la acción militar y promovido con buenos resultados una sublevación en ciudades chiítas al sur y en los poblados kurdos del norte, que posiblemente le habrían servido de importante soporte. La opinión pública internacional, que ahora se movilizó masivamente en manifestaciones contra la guerra, estaba entonces casi desarmada ante la violación de la legalidad internacional cometida por el gobierno de Bagdad.
La entrevista que sostuve en aquellos días con un alto dirigente del partido Baas reflejaba estos puntos de vista. Me dijo:
El objetivo de los EEUU es imponer un gobierno títere en Iraq para desde aquí y junto con Afganistán, lanzarse sobre otros países de la región. Los pueblos árabes rechazan el propósito de atacar Iraq, Alemania y Francia se oponen, en la propia sociedad estadounidense hay un rechazo importante al igual que en Gran Bretaña. Iraq está preparado pero EEUU no tiene la misma situación que en 1991 ni que en 1998. Hay mucho rechazo en el mundo porque ya pasó la fiebre del 11 de septiembre. Pienso que no van a atacarnos, me inclino a pensar que se limitarán a amenazas, presiones y chantajes para mantener la tensión.
En noviembre se inició la festividad islámica del Ramadán o mes del ayuno, que en Bagdad se acogió con normalidad y ambiente festivo. La ciudad, sin señas visibles de preparación para la guerra que podía estallar, fue decorada para celebrar el sagrado mes del calendario musulmán durante el cual Allah reveló a Mohammad (Mahoma), el Corán. Numerosas guirnaldas multicolores iluminaban las amplias avenidas, los lugares oficiales y las mezquitas. La gente en las calles, por lo general en las noches, disfrutaban con absoluta tranquilidad del generoso clima que mantenía la temperatura entre los 20 y 25 °C con un cielo limpio y estrellado, algunos posiblemente esperanzados en que Allah podría detener la mano malévola de Satán. El ayuno, uno de los pilares de la religión islámica, establece que durante este mes no debe ingerirse alimento ni bebida desde la salida hasta el ocultamiento del sol.
Los agresores no respetaban la festividad religiosa y casi a diario se recibían las ya rutinarias noticias de sus criminales bombardeos en las llamadas «zonas de exclusión aérea». El día 17, bombardearon en los alrededores de Nayef con el saldo de diecisiete civiles muertos. Para colmo de descaro, estaban exigiendo que los iraquíes se abstuvieran de responder a sus ataques so pena de aplicarles mayores castigos.
El 19, Hans Blix y Mohammed El Baredei, jefes de los inspectores y del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que habían llegado a Bagdad días antes para comenzar a instrumentar la resolución 1441, ofrecieron una conferencia en el hotel Canal, donde radicaban las oficinas de la ONU para el programa humanitario, a la que se invitó a los representantes del cuerpo diplomático. Asistí y, mientras escuchaba las explicaciones sobre las ideas que traían para desarrollar su delicado trabajo, me preguntaba si ambos funcionarios tendrían conciencia real de la contribución que podrían hacer a la paz o la guerra y de que una decisión o declaración de ellos podía ayudar, aunque no decidir, a evitar una cantidad incalculable de víctimas en una guerra absolutamente innecesaria e injusta.
La presencia, durante estos días, de los representantes de la ONU surtió cierto efecto relajante, las declaraciones que se hicieron tuvieron un carácter constructivo y de colaboración. En la conferencia se mostraron prudentes y algunos diplomáticos se manifestaron esperanzados de que se produjera una desescalada del conflicto, a pesar de que la histeria belicista crecía en Washington y Londres y de que la prensa de estos países la alimentaba con sus llamados a la guerra aduciendo amenazas de terrorismo, publicando supuestas filtraciones de los planes militares.
Otro hecho que ocupó espacio en la prensa iraquí, fue la pretendida acusación estadounidense de que la respuesta de la defensa antiaérea iraquí a las violaciones de su espacio aéreo implicaban una violación de la resolución 1441. El gobierno rechazó esta interpretación y reiteró la denuncia de los criminales ataques que a diario causaban muertos y heridos entre la población y destruían instalaciones en la llamada «zona de exclusión», ilegalmente impuesta por los agresores, violando la soberanía nacional. El Secretario General de la ONU puso fin al incidente al declarar que los hechos no tenían relación con el cumplimiento de la 1441. Medios iraquíes informaron que desde 1998 la aviación enemiga había violado 17 351 veces el espacio aéreo en el sur y 9 724 en el norte.
Durante muchos años, las fuerza aéreas de EE. UU. y Gran Bretaña utilizaron las llamadas «zonas de exclusión aérea», en el sur y norte de Iraq, como campo de entrenamiento y experimentación para su armamento, a la vez que estudiaban y fijaban sus posibles blancos.
El presidente Bush, entonces en una reunión de la OTAN en Praga y durante un recorrido por algunos países europeos, continuaba su ritmo de amenazas y acusaciones. La OTAN aprobó una resolución demandando el desarme de Iraq, pero se abstuvo de mencionar una acción militar. En el seno de la alianza atlántica se manifestaban evidentes discrepancias y Bush no lograba arrastrar a la organización en su proyectada aventura bélica. La prensa iraquí no hacía mención a las amenazas del presidente estadounidense, tal vez haciendo honor al significado de la palabra bush, que en el árabe común quiere decir vacío.
Por esos días y quizás en un intento de limpieza de imagen, un subsecretario de estado estadounidense, ofrecía una entrevista a un grupo de importantes diarios árabes en la que se esforzaba por mostrar un estricto apego a las decisiones de la ONU y por reducir el mensaje belicista, bravucón y unilateral que reiteraron durante meses los máximos dirigentes de la Unión. Iba dirigido a tratar de disminuir la cólera popular árabe contra Washington, debida a su incondicional apoyo al criminal Sharón y a la protección sostenida que brinda a Israel en su política genocida, quien actúa desde hace años al margen de la legalidad internacional.
Otro factor que se discutía y que reflejaba la prensa internacional se relacionaba con la producción de petróleo y cómo la probable guerra se reflejaría en el mercado y en los precios. Se especulaba que Iraq podría destruir pozos e instalaciones ante una eventual ocupación enemiga, provocando no solo consecuencias económicas sino también un desastre ecológico. Otros, por el contrario, aseguraban que la producción iraquí era limitada, y sería cubierta con rapidez por otros países, de manera que el impacto en el incremento de los precios sería breve. También se afirmaba que podrían crearse escenarios más complicados si la guerra se prolongaba, con posibles repercusiones en la estabilidad de los productores de la región e inseguridad para la transportación del producto. Existían pronósticos poco optimistas sobre la situación interna en Arabia Saudita, debido al creciente sentimiento antiestadounidense de su pueblo, que se pronunciaba en contra de la agresión a Iraq y se había negado a dar facilidades a las tropas estadounidenses para que usaran sus bases en el Reino y su larga frontera con ese propósito. En Egipto, por cuyo canal fluye buena parte del oro negro que se consume en Occidente, las masas se lanzaban a las calles manifestándose enérgicamente contra la guerra.
Por otro lado, grandes movilizaciones continuaban produciéndose en casi todo el mundo en rechazo a la proyectada agresión a Iraq, en un movimiento nunca visto desde la guerra en Vietnam. Estas, eran destacadas a diario por la prensa nacional iraquí, que también recogía la vida aparentemente normal del país: frecuentes reuniones del Presidente, resoluciones del Consejo de Ministros donde se adoptan decisiones para la reconstrucción de la economía, planes de recuperación de la industria petrolera y artículos sobre el mes del Ramadán, sus consecuencias religiosas y las bondades del ayuno para el cuerpo y el espíritu.
El periódico Iraq Daily, reproducía habitualmente en primera plana una foto del Presidente acompañada a veces de alguno de sus pensamientos. Uno de ellos me llamó la atención: «No provoques a la serpiente hasta tener preparados tu mente y cuerpo en la habilidad para cortarle la cabeza, si te ataca por sorpresa, no servirá para nada que después alegues que tú no iniciaste el ataque. Prepárate como es necesario para cada caso y confía en Allah».
Producto de la larga historia y cultura de estos pueblos, es tradicional utilizar el lenguaje para producir este tipo de imágenes. La lengua árabe es de extrema riqueza, cada palabra tiene una decena de sinónimos, lo que permite conformar sonoridades, modular el sentido, hacer aparecer la fábula como realidad. Está muy vinculada a la religión islámica, el Corán se hizo en árabe y su verdadera interpretación debe ser hecha en esa lengua. Las invocaciones a Allah son continuas y en principio, todo se somete a su voluntad, incluidos los acontecimientos futuros, en los que el hombre está desprovisto totalmente de facultad para decidir. De ahí la famosa expresión Inch Allah (si Dios quiere). De ello se puede deducir que casi todo es relativo, el tiempo pertenece a Allah y no está en manos de los hombres determinarlo. A veces el razonamiento occidental choca con esta forma de interpretar la vida y no entiende bien determinadas manifestaciones.
En este mundo oriental, en especial entre los creyentes chiítas, que por lo general han constituido la comunidad minoritaria dentro del Islam, está muy difundida la taky´a que puede traducirse como el arte del disimulo. Ello consiste en que cualquiera que sea la opinión personal, no se la exponga de una vez, sino que simule situarse del lado de los que tienen el poder o pertenecen al grupo dominante en tanto no sea posible enfrentarlo, en suma, aparentar ponerse del lado del que manda. Para los occidentales, la taky´a puede ser objeto de rechazo moral, pues aparece como hipocresía o engaño pero en el Medio Oriente existe una codificación distinta del pensamiento y el lenguaje, no se juzga en el plano moral, es una técnica aceptada de supervivencia, los débiles tienen derecho a defenderse con las armas de que disponen.
Para conocer mejor este país y su historia, habíamos programado ir a Babilonia. Fue nuestra primera visita fuera de la capital. Las ruinas de la famosa ciudad se encuentran a unos 90 km al sur de Bagdad. La visitamos en el transcurso de una fresca mañana a finales de mes. El camino, alrededor de una hora, transcurrió casi todo el tiempo por caseríos y suburbios, el paisaje no era desértico, sino verde, con predominio de bosques de palmeras datileras y plantaciones de árboles frutales. No observamos preparación especial para la defensa, solo una gran unidad de tanques que debía estar establecida allí desde hacía muchos años, al parecer tanques rusos T-62, de los que se dijo que el país poseía varios cientos. Algunos estaban semienterrados para su protección y otros aparecían como señuelos simulando emplazamientos. Es una situación normal para una nación que ha estado sometida a agresiones. No se observaba nada extraordinario, al menos desde la carretera, parte de la cual comunica con el sur de Iraq. En la vía no había fortificaciones especiales o señales de preparación para minar sus principales accesos. Únicamente vimos un puesto de control a la salida de Bagdad donde nos recogieron, sin más trámites, el documento que emitía el Ministerio de Relaciones Exteriores autorizando a los diplomáticos a viajar fuera de la capital.
A pesar de que algunas edificaciones de la antigua Babilonia como el Palacio de Verano, el templo de Ishtar[4] y el Anfiteatro, habían sido parcialmente reconstruidas, ofrecían todavía una idea muy lejana de la grandeza y el esplendor de esta antigua capital imperial. En realidad, las ruinas de la Babilonia del rey Hammourabi[5] (c.a. 1792-1750 a.n.e.) –contemporáneo de Abraham,[6] famoso entre otras cosas debido a que bajo su mandato se redactó el primer código de leyes conocido–, permanecen sepultadas a cuarenta metros bajo tierra. Los vestigios actuales son parte de la ciudad reconstruida por Nabucodonosor II[7] entre el 652 y el 605 a.n.e. De los famosos Jardines Colgantes, considerados como una de las siete maravillas del mundo antiguo, no queda ni el rastro. Según la leyenda, Nabucodonosor los construyó para complacer a Amytis, la hija de un rey medo[8] a fin de que recordara las montañas y jardines de su tierra de origen.
Nabucodonosor, ocupó Jerusalén y desterró a buena parte de judíos a Babilonia donde establecieron una fuerte comunidad, cuyos remanentes tuvieron una importante presencia en Iraq, constituyendo el colectivo más importante del Medio Oriente hasta mediados del siglo pasado, cuando los sionistas, tratando de promover la emigración para ocupar Palestina, organizaron una serie de provocaciones y atentados antijudíos, hecho reconocido por el ex primer ministro israelí, Moshe Sharet, en sus memorias. Fue en Babilonia, donde los judíos recogieron muchas leyendas de la mitología de Mesopotamia[9] para incluirlas en el Antiguo Testamento de la Biblia. Las huellas de la comunidad judía están diseminadas por todo el territorio iraquí, al igual que diversos lugares bíblicos relacionados con el cristianismo, y otros que conforman hechos importantes de la historia de los musulmanes. Por ello, muchos consideran a Iraq parte de la llamada «tierra santa», junto a Palestina y Siria.
Para tener una ligera idea, se puede mencionar que Abraham, considerado el primer patriarca y padre de las tres grandes religiones monoteístas, salió de Ur de los caldeos,[10]al sur de Iraq. Cerca de Babilonia está la tumba de Ezequiel, profeta hebreo; la de Josué, patriarca judío, estaría en la capital; la del profeta Daniel, quien fuera jefe de los astrólogos de Nabucodonosor II, se afirma que se halla en los alrededores de Kirkuk, al noreste de Bagdad. En Mosul se encuentran los sepulcros del profeta Girgis o San Jorge, dentro de una mezquita que lleva su nombre; y Jonás, quien según la historia bíblica sobrevivió dentro de una ballena y a quien el Corán menciona como «el hombre dentro del pescado», está sepultado en un gran santuario musulmán que se construyó sobre las ruinas de una iglesia nestoriana,[11] que fue edificada a su vez sobre un templo del fuego. Se dice que el paraíso terrestre estuvo en Kurna, ciudad ubicada en el camino de Bagdad hacia Basrah (Basora), lugar donde Eva y Adán pecaron por primera vez, y en el que se mantiene un árbol que señala el paraje donde, según la Biblia, se inició la especie humana.
Finalizando el mes, otro criminal bombardeo británico-estadounidense contra instalaciones civiles en la zona de Basrah, ocasionó cuatro muertos y decenas de heridos. Las escenas mostradas por la televisión causaron indignación en la población de la ciudad que salió en manifestación a las calles, acompañada por el viceprimer ministro Tareq Aziz. Era significativo que desde hacía algún tiempo, los bombardeos en el sur, se dirigieran contra instalaciones de comunicaciones y radares, aun cuando estos no tuvieran estrictamente una función militar.
El día 1° ocurrió algo que nos llamó la atención. Al medio día y de forma precipitada, se recibió una invitación del Jefe del grupo de inspectores de la ONU para una información que ofrecería ese mismo día a las 17:30 h en el hotel Canal, sede de las Oficinas de la ONU. Era inusual ser citado con tanta brevedad y en un momento poco propicio para el encuentro en medio del Ramadán, pues esa es la hora que los musulmanes rompen el ayuno y por tanto los embajadores que profesaban esa religión no concurrirían a la cita, lo que ocurrió. Los Jefes de Grupo de los Inspectores, uno representando a UNMOVIC[12] y otro por la OIEA, explicaron con amabilidad los antecedentes de su trabajo, en qué basarían sus acciones, los datos con que contaban, sus fuentes y el estilo de trabajo que emplearían.
Teniendo en cuenta que este tipo de información se ofrecía con seguridad obedeciendo a instrucciones de las jefaturas en Viena y Nueva York, algunos de los presentes especularon sobre los motivos de tan urgente reunión. Otros, respondiendo a las interrogantes, dijeron que se trataba de un ejercicio de relaciones públicas dirigido a demostrar la transparencia del trabajo. No obstante, en las explicaciones se hizo énfasis en algunos aspectos: los iraquíes estaban dando todo tipo de facilidades y no existía ningún problema hasta ese momento; las inspecciones se realizarían bajo el principio de que podían hacerlas en el momento que determinaran y en el lugar que decidieran; pero dar facilidades no significaba cooperación, aclararon y hasta ahora se les habían dado todas las facilidades, pero cooperación era algo más que eso; no se podían esperar resultados rápidos del trabajo, ello tomaría tiempo; sobre el informe que debían presentar los iraquíes el 8 de diciembre, no consideraron un resultado inmediato, habría que estudiarlo, analizarlo y eso también llevaría tiempo.
Sobre esto último, la prensa iraquí reflejó días antes, parte de la carta que el canciller Naji Sabri envió al secretario general de la ONU, Kofi Annan, afirmando que la resolución 1441 brindaba pretextos para la agresión estadounidense y que cualquier imprecisión en un informe de miles de páginas podría ser utilizada para lanzar los ataques. Al respecto, medios de prensa en EE. UU. recogieron una declaración del presidente Bush afirmando que: «si Iraq no reconoce claramente en su informe del 8 de diciembre que posee armas de destrucción masiva, lo consideraremos una violación de la resolución 1441».
Sin embargo, desde otras direcciones llegaban opiniones más favorables. El canciller ruso declaró que el trabajo de los inspectores debía conducir al levantamiento de las sanciones a Iraq. El ministro de Relaciones Exteriores sirio, Farouk Al Shara, dijo por su parte, que EE. UU. no debía sobrepasar la autoridad de la ONU y que era el Consejo de Seguridad quien debía determinar sobre los informes de los inspectores.
El gobierno iraquí, buscando crear un mejor ambiente en su entorno, continuó aplicando algunas medidas de distensión y desarrollo de relaciones con los países vecinos, algunas de ellas adoptadas tal vez tardíamente. Ello se reflejó en el aumento de la cuota de petróleo que suministraban a Jordania a precios preferenciales y la condonación de una parte del pago; la apertura de la frontera con Arabia Saudita, el inicio de las relaciones comerciales y la aceptación de una representación comercial de este país en Bagdad; la devolución a Kuwait de archivos tomados durante la ocupación en 1990-1991 y la invitación a Bagdad al Coordinador del Secretario General de la ONU para cuestiones relacionadas con la devolución de las propiedades y los desaparecidos kuwaitíes; así como la entrega a Irán de los restos de sus combatientes durante la guerra que los enfrentó. Con Siria, las relaciones que en el pasado fueron muy difíciles, se normalizaron y reflejaron un alto volumen de intercambio comercial. Con Turquía, a pesar de que existían amplias relaciones económicas, los vínculos se habían enturbiado a partir de los ataques que desde su territorio llevaba a cabo la aviación anglo-estadounidense.
Por esos días, la Cancillería iraquí emitió una declaración donde señalaba que «Iraq, Kuwait y Arabia Saudita acordaron celebrar su primera reunión el 8 de enero próximo en Ammán, orientada a la localización de cientos de soldados y civiles aún desaparecidos después de la Guerra del Golfo», con lo cual se reincorporaban a la Comisión Tripartita que habían abandonado cuatro años atrás.
Sobre las relaciones con los países árabes, el periódico francés Le Figaro, había escrito que la mayoría de estos regímenes apoyarían felices el cambio de Saddam Hussein si no fuera a suceder nada más, pero temían correr el riesgo de lo que con esto podía desatarse, entre otras cosas su propia existencia. Al respecto, ideólogos del imperio para el nuevo siglo habían escrito en Washington que, a partir del derrocamiento del gobierno iraquí, podrían convertir a este país en ejemplo de democracia que irradiaría cambios importantes a toda la región. Algunos gobiernos, incluso aquellos con manifiesto apego a EE. UU., como Arabia Saudita, Jordania y Egipto, asimilaron estas ideas con mucha preocupación. Trascendió públicamente que el Rey jordano y el Presidente egipcio, debido al conocimiento de la compleja sociedad iraquí y temiendo las consecuencias para sus gobiernos, recomendaron a los dirigentes estadounidenses que no atacaran a Iraq, ni realizaran los cambios anunciados.
Un editorial del moderado Jordan Times criticó con fuerza a EE. UU. por su plan de atacar Iraq y puso en evidencia el doble estándar que practicaban contra un país árabe, alegando el incumplimiento de las resoluciones de la ONU, cuando por otro lado protegían a Israel quien mostraba un amplio récord de violaciones y poseía todo un arsenal de armas de destrucción masiva. Con esta política, decía el editorial, EE. UU. provocará y estimulará el extremismo, el terrorismo y la desestabilización de toda la región.
La BBC transmitió una entrevista con Hans von Sponeck, ex coordinador de la ONU para el Programa Humanitario en Iraq entre los años 1998 y 2000, quien afirmó que un ataque a Iraq podría significar la Tercera Guerra Mundial, y comentó que la mayoría de los árabes no veían justificación alguna para tal ataque, apreciándolo como un enfrentamiento contra el Islam que provocaría una guerra de terrorismo global.
Otro artículo, reproducido en Internet, analizaba que Israel era el principal interesado en la confrontación y la estaba impulsando por todos los medios, moviendo sus influencias en los grandes medios de la prensa occidental para promoverla, llegando a pagar grandes sumas a agencias publicitarias para que mostraran una imagen de la amenaza terrorista que significaba Iraq. En esto trabajaba con insistencia el lobby[13] sionista en EE. UU. y algunos personajes de la administración muy vinculados a los intereses de Israel, como el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, y el asesor Richard Perle.
La prensa iraquí informaba que los primeros días de trabajo de los inspectores transcurrían con normalidad y argumentaba que en la medida que estos progresaran, se irían descubriendo las mentiras de Bush y Blair sobre la existencia de armas de destrucción masiva.
Al respecto, dirigentes estadounidenses y británicos, así como los grandes medios occidentales comprometidos con la guerra psicológica, comenzaron a cuestionar el trabajo de los inspectores y su eficacia. El presidente George W. Bush, en un discurso en Arizona el día 4, aseveró que las noticias que llegaban de Iraq eran desalentadoras y blandió de nuevo sus amenazas, afirmando que EE. UU. encabezaría una coalición para desarmar al malvado si la ONU no lo hacía. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld dijo algo insólito: «si los inspectores no prueban que Iraq posee armas de destrucción masiva, será una prueba de que estos han sido engañados por Iraq».
Una parte de la gran prensa internacional, importantes cadenas de televisión incluidas, estaban compitiendo en echarle leña al fuego de la guerra, a veces con absoluta falta de respeto para el entendimiento y la inteligencia de sus lectores o televidentes. En los últimos días leíamos titulares espectaculares tales como: «encuentran proyectiles de gas mostaza», «primera crisis con los inspectores», «dispara Iraq contra patrulleros kuwaitíes», «Saddam acusa a inspectores de actuar como espías», etc. Después, el contenido de estas informaciones no probaban nada de lo que se afirmaba en los titulares. Los grandes intereses que había tras estos medios, algunos con cierta credibilidad, los estaban llevando a convertirse en amarillos libelos sensacionalistas. En cierta medida era conveniente que esto sucediera, pues servía para demostrar a los que todavía creían en la objetividad e imparcialidad de la gran «prensa libre», su verdadero carácter.
En la misma línea del terrorismo mediático, el Washington Post publicó que Iraq había suministrado gas nervioso a extremistas islámicos vinculados con la red terrorista Al Qaeda a finales de octubre o noviembre, lo cual desmintió el Coordinador iraquí con los inspectores, al señalar que tales falacias eran absurdas y que EE. UU. conocía muy bien que Iraq no poseía sustancias prohibidas. Se sabía además, que Al Qaeda y Osama Ben Laden, se habían presentado siempre como enemigos del gobierno iraquí.
El día 4, el vicepresidente Taha Yassin Ramadán, después de una visita de los inspectores a uno de los palacios presidenciales en Bagdad, ofreció una conferencia de prensa para salirle al paso a cierta campaña provocadora y reiterar que Iraq mantendría la decisión de ofrecer todas las facilidades a los funcionarios, pero también dejaba entrever que estos podrían trabajar para EE. UU. e Israel con el interés de proveer mejores circunstancias e informaciones más precisas para una próxima agresión. Tareq Aziz alegaba que EE. UU. no podía aceptar que los inspectores no encontraran armas de destrucción masiva y tratarían de buscar otro pretexto para atacarlos. Días después el propio Saddan Hussein declararía que EE. UU., Gran Bretaña e Israel querían provocar un incidente con los inspectores para desatar la guerra contra Iraq. El Ministerio de Relaciones Exteriores subrayó que las primeras inspecciones habían rebatido el contenido del informe presentado por el primer ministro Tony Blair.
Otros también se pronunciaban favorablemente sobre el trabajo de los inspectores. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, calificaba de buena la colaboración de Iraq con estos. El periódico egipcio Al Jamburiah afirmaba que, si los inspectores realizaban honestamente su trabajo, pondrían en evidencia las mentiras de Washington.
Era evidente que el recién iniciado trabajo de los inspectores, estaba sometido a enormes presiones y complicaciones, las cuales deberían aumentar en las semanas siguientes, cuando creciera su número y llegasen los helicópteros que les facilitarían el movimiento por todo el país haciendo visitas sin previo aviso, tal como establecían las reglas del juego en la resolución 1441. Ya EE. UU. comenzaba también a hacer presiones para sacar del país a técnicos, científicos y otras personas que estuvieran vinculadas al programa de armas iraquí, con el objetivo de interrogarlos en el exterior. Todo ello daba margen a crear nuevos incidentes y provocaciones.
El día 7, cumpliendo con las exigencias de la 1441, Iraq entregó a la ONU un voluminoso informe (12 000 páginas), sobre todo lo relacionado con las armas de destrucción masiva. El vocero de los inspectores en Bagdad había declarado que no debía esperarse un pronunciamiento temprano sobre tal informe, debido a la necesidad de analizarlo con detenimiento. Los representantes del gobierno iraquí, reiteraron lo que ya habían dicho repetidas veces: Iraq podía demostrar que no poseía armas de destrucción masiva.
Por esos días, EE. UU. había continuado su movilización de medios y tropas hacia el golfo y enviaba al subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz a Turquía para presionar a favor de que aceptaran la basificación de un fuerte contingente de tropas que, en caso de guerra, entrarían por la frontera norte iraquí. También necesitarían un puerto en la costa mediterránea y más facilidades en las bases aéreas turcas para aumentar su capacidad de ataque aéreo. Había trascendido que los visitantes estadounidenses ofrecían en Ankara sumas importantes y promesas de apoyo político para la entrada de Turquía en la Unión Europea y en el tema de Chipre,[14] a cambio de que les dieran las facilidades militares que demandaban. Sin embargo, luego de algunas informaciones que confirmaban el logro de sus objetivos, comenzaron a llegar otras en sentido contrario. La cancillería turca emitía una declaración aclarando que no había acuerdos con respecto a un comprometimiento militar, que había existido un mal entendido y que «Turquía favorecía una solución sin necesidad de una operación militar y que para esto último sería necesario una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU». En las principales ciudades turcas se habían producido fuertes manifestaciones contra la posible agresión exigiendo al gobierno que no se vinculara a los planes de Washington. En la población se habían profundizado los sentimientos islámicos y la apreciación de que EE. UU. estaba empeñado en una confrontación con esa religión.
Daba la impresión de que la dirección iraquí trabajaba intensamente para hacerle frente a la complicada y peligrosísima situación. Por estos días, la prensa informaba sobre una reunión conjunta del Consejo del Comando de la Revolución con la dirección del partido Baas, así como que el Presidente dirigía reuniones del Consejo de Ministros. Sin embargo, desde el punto de vista militar se observaban pocos preparativos.
En contraste, el final del Ramadán se celebró con las fiestas de Eid Fitr,[15] que volcaron a las calles y plazas de Bagdad a buena parte de la población en total ambiente festivo y tranquilo, con abarrotamientos de autos en las avenidas y los comercios llenos de compradores y mercancías, bien lejos de la imagen que se podría tener de un país asediado y a punto de ser agredido.
El tema del informe presentado por Iraq al Consejo de Seguridad respondiendo a la 1441, volvió a las primeras planas. Primero, fue la extraña y criticada manipulación de las copias en la sede de la ONU en Nueva York, y la exclusión que se hizo en la distribución de los países miembros no permanentes del Consejo, a quienes finalmente se les suministró una versión resumida del informe. Siria y Noruega encabezaron las protestas y se llegó a acusar de secuestro del documento al gobierno de Washington, que durante casi tres días mantuvo en su poder el original para fotocopiarlo y distribuirlo a los otros cuatro miembros permanentes. El propio Kofi Annan se vio obligado a responder a las fuertes críticas que alegaban que la ONU se estaba convirtiendo en un títere de EE. UU., reconociendo que «el procedimiento había sido desafortunado y que esperaba que no se repitiera». Para atenuar la leve crítica a EE. UU., después afirmó: «Saddam Hussein tiene que cooperar. Lo estamos probando. Puede haber circunstancias cuando todo falla y el uso de la fuerza se hace necesario». El Secretario General amenazaba también con el uso de la fuerza, dando una muestra más de la debilidad de esa organización, cuya razón de existir era, según establece su carta constitutiva, el garantizar la paz y la seguridad internacionales. «Señales de los tiempos que vivimos», me dijo un amigo árabe comentando el incidente.
Algunos órganos de prensa especularon sobre el interés estadounidense en procesar el informe iraquí antes de que otros lo vieran para verificar si incluía menciones no convenientes a la colaboración que habían prestado en el pasado empresas de ese país al programa armamentista iraquí. Con posterioridad, surgió la acusación desde Washington de que el informe omitía muchos datos, «está lleno de huecos», decían, a lo que el responsable por la parte iraquí de coordinar el trabajo de los inspectores respondía que el informe estaba completo y era verdadero.
Las inspecciones se desarrollaban sin incidentes, alcanzando a mediados de mes la suma de 70 sitios visitados sin encontrar evidencias de armas de destrucción masiva. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld declaró en Doha, donde había ido a inspeccionar el trabajo del comando central de las fuerzas norteamericanas, trasladado allí desde Arabia Saudita: «está claro que Iraq posee armas de destrucción masiva». El general iraquí Amr Saadi, asesor del gobierno sobre este tema, respondió alegando que: «si los EEUU tiene pruebas de que Iraq posee esas armas, que las haga llegar a los inspectores ». La televisión estatal española, que se distinguía por seguir la corriente al presidente Aznar en sus ínfulas bélicas, explicó que si EE. UU. no presentaba o entregaba las pruebas se debía a que temía por la seguridad de sus informantes y los quería proteger. Kofi Annan llamó a que se les diera tiempo y espacio a los inspectores para hacer su trabajo.
La presencia de Rumsfeld en el golfo sirvió para firmar un acuerdo de colaboración militar con Qatar, que convertía a este emirato en la principal base bélica de la región. El Washington Post había comentado que el Estado Mayor allí instalado ya estaba listo para la guerra y ampliaba los detalles junto con el New York Times sobre el dispositivo militar que se estaba desplegando en la región. Televisoras internacionales, a la cabeza de las cuales estaban la CNN y la Fox, ambas estadounidenses, daban también una amplia cobertura a los preparativos bélicos, a veces en términos de intimidación terrorista. El periódico USA Today «reveló» que el ejército estaba enviando grandes cantidades de minas terrestres a países fronterizos con Iraq para usarlas en caso de que estallara el conflicto.
Muy relacionada con los preparativos bélicos estuvo la visita a Washington del líder del nuevo partido de gobierno en Turquía, Recep T. Erdogán, reveladora, a su vez, de contradicciones que subsistían en este país en relación con el conflicto. El dirigente turco declaró al término de su visita y luego de entrevistarse con Bush, Chenney y Powel:
[...] la guerra es muy probable. En principio EEUU quiere solucionar el conflicto por medios pacíficos, pero la segunda opción es la guerra y esta es muy probable. Ellos esperan por apoyo turco, pero este tipo de decisiones debe tomarse en los parlamentos, hay que consultar al pueblo, si tenemos tiempo debemos realizar un referéndum.
Los conocedores de la política turca estimaban que era muy difícil que este pudiera efectuarse, y si se hacía, demostraría que la mayoría del pueblo se oponía a que el país se involucrara en una guerra contra su vecino.
Mas, en camino hacia la cumbre de la Unión Europea en Dinamarca, el dirigente islámico moderado turco afirmó: «preferiríamos que el problema se resolviera pacíficamente, pero ahora veo que la guerra es más probable que nunca» y aclaró que había sugerido a los dirigentes de Washington que aumentaran la presión internacional en lugar de emprender una campaña militar. La prensa turca reveló detalles de las solicitudes estadounidenses: facilidades para introducir en el país 90 000 soldados que incluirían también una cantidad de británicos, así como disponer de seis bases aéreas y dos puertos.
Al parecer, los turcos no habían tomado una decisión final, pero repetían constantemente la queja de que en la guerra de 1991 sufrieron pérdidas multimillonarias de las cuales aún no se habían recuperado y reiteraban los riesgos que se correrían ahora, en especial la incertidumbre existente sobre el destino del Kurdistán.[16]
La prensa iraquí informó sobre las disculpas ofrecidas por el presidente Saddam Hussein al pueblo de Kuwait por la invasión del año 1990. El polémico mensaje fue rechazado por los gobernantes del emirato, quienes acusaron al líder iraquí de querer dividir al pueblo, de que su mensaje era arrogante y echaba por tierra los intentos de reconciliación iniciados en la Cumbre Árabe de marzo de 2003 en Beirut y que era una nueva muestra de la política de confrontación de Bagdad. El presidente del parlamento kuwaití dijo que las disculpas llegaban 12 años después de la liberación de su país y que no tenían ningún sentido. La respuesta de los voceros iraquíes desestimaba esto, pero a la vez sugerían que Kuwait prestaba su territorio desde hacía años para una guerra no declarada y ahora daba facilidades de todo tipo para los preparativos de una gran agresión.
Mientras tanto, la oposición iraquí reunía en Londres a unos 350 delegados que representaban decenas de organizaciones y tendencias políticas, lo que sirvió para mostrar sus profundas divisiones y emitir una endeble declaración informando que, una vez derrocado el régimen, se instauraría en Iraq una república federada. Una reunión más reducida se efectuó también en Teherán, con la presencia de los dirigentes del Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, el Partido Democrático del Kurdistán y otros, lo que reflejaba el posible interés del gobierno de Irán de no quedarse al margen de los acontecimientos que tendrían lugar en el territorio vecino. En respuesta a estas acciones, el gobierno iraquí declaraba: «no existe lugar para los traidores y los iraquíes no dejarán a los estadounidenses instalar un gobierno similar al de H. Karzai en Afganistán».
Pero al margen de las acciones políticas, el dispositivo militar que EE. UU. movilizaba hacia la zona continuaba creciendo. El día 8, el New York Times publicaba un amplio artículo donde daba detalles y afirmaba que pronto tendrían bastantes tanques pesados, buques de guerra, aviones, bombas y tropas en la región del golfo, para permitirles iniciar un ataque en algún momento de enero. El lunes 9, en Qatar y otros estados del área, bajo el mando del general Tommy Franks, comenzaron los ejercicios para comprobar todos los dispositivos, utilizando como modelo un ataque a Iraq.
En la segunda quincena del mes, la tensión continuó creciendo a pesar de las declaraciones del secretario de Estado Colin Powell, de que «si Saddam se desarmaba no sería necesaria la guerra, pues de hecho el régimen habría cambiado». Poco después, sin embargo, se sucederían declaraciones muy agresivas tratando de presionar a Hans Blix, quien el día 19 haría una evaluación inicial del informe presentado por Iraq. El 17, el propio Powell afirmaba que el documento presentado tenía fallas y no iban a darle una segunda oportunidad a Saddam. El 18, Ari Flesher, vocero de la Casa Blanca, declaraba a la CNN que «el informe tiene omisiones y que EEUU considera que es una violación de la 1441 y ya hemos dicho que no toleraremos violaciones, no habrá otra oportunidad». El jefe de los inspectores, Hans Blix, al hacer su intervención ante el Consejo de Seguridad el día 19, les siguió la rima y declaró: «el Informe es omiso e Iraq ha fallado al no incluir un reporte completo de su armamento químico y biológico y de los materiales utilizados en su producción. Iraq ha perdido una oportunidad de proveer muchas evidencias, no se puede confiar en que no quedan armas de destrucción masiva».
Montados sobre estas afirmaciones, que les vinieron como anillo al dedo, EE. UU. y Gran Bretaña redoblaron sus amenazas y acusaciones. El señor Blix, al día siguiente, trató de enmendar la plana alegando que todavía Iraq tenía oportunidad de entregar una información complementaria y exigió además que las dos potencias imperialistas entregaran los datos que decían tener, lo cual no habían hecho hasta el momento. El Canciller ruso por su parte, solicitó que se dejara hacer su trabajo a los inspectores y dijo que no consideraba que se hubiera violado la resolución 1441.
Pero ya la evaluación del señor Blix ante el Consejo había exacerbado el ambiente y se incrementaban las informaciones sobre los preparativos materiales para la guerra, tanto el movimiento de tropas y portaviones, como la entrada de grupos de la CIA en el Kurdistán.
Opuesto a este curso de los acontecimientos, el presidente sirio Bachar el Assad, de visita en Gran Bretaña, después de discrepantes conversaciones con Tony Blair, declaró:
[...] estoy optimista ahora. Veo cooperación por parte de Iraq, están cumpliendo con la 1441 y espero continúen y la crisis se resuelva pacíficamente. Un ataque contra Iraq traerá graves consecuencias para todo el Medio Oriente, Iraq no constituye una amenaza. A largo plazo EEUU sufrirá las consecuencias, el terrorismo se multiplicará. EEUU podría obtener una rápida victoria, pero tendrá que pelear para controlar el país.
El prestigioso líder sudafricano Nelson Mandela, denunció asimismo, que la política estadounidense quería sobrepasar a la ONU y liquidar el multilateralismo y criticó la manipulación que se hizo del informe presentado por Iraq para crear pretextos para la guerra. El presidente egipcio, Hosni Mubarak, fue otro de los que se pronunció alarmado por la situación: «estamos en contra de una guerra que puede desestabilizar toda la región», dijo.
La prensa iraquí utilizaba la técnica de no reflejar las acusaciones y amenazas de EE. UU. y Gran Bretaña, pero aplicaba la fórmula de publicar las respuestas. Por ejemplo, el viceprimer ministro Tareq Aziz, declaró por esos días a la cadena de televisión Fox que: «si Iraq es atacado, recibirá a las tropas estadounidenses con balas, no flores, encontrarán fuerte resistencia y tendrán muchas bajas». El consejero Al Saadi, por su parte, explicó en rueda de prensa que Iraq rechazaba las acusaciones que se le hacían y estaba dispuesto a responder una por una las preguntas que tuvieran que hacer, e incluso, a recibir enviados de la CIA para que indicaran donde estaban las armas de destrucción masiva.
Paso a paso, la situación se tornaba más tensa y un indicador de ello era el deterioro del dinar iraquí (ID) en su cambio por el dólar (USD), que por lo general fluctuaba en torno a 2 000 DI por un USD y ya llegaba a 2 300 por uno, lo que implicaba también una subida de los precios en el mercado. Aun con este ambiente donde predominaba el pesimismo, algunas opiniones recogidas en Bagdad evaluaban también los aspectos negativos que podían enfrentar los planes bélicos de EE. UU.:
–Casi todos los países árabes, entre ellos Egipto, Siria, Arabia Saudita y Jordania, se habían pronunciado contra la guerra y rechazaban prestar su territorio para una agresión.
–Turquía, con una frontera vital en el norte, no se decidía a dar las facilidades necesarias y en caso de que lo hiciera, sería violando la voluntad de una amplia mayoría de su población. Existía una gran incertidumbre sobre lo que podía pasar en el Kurdistán y las consecuencias para Turquía.
–Irán, país con el que Iraq comparte su frontera más larga, estaba proclamado por EE. UU. como parte del «eje del mal» y estaba consciente de que podía ser el próximo objetivo de sus ataques, tal vez, con el mismo argumento sobre las armas de destrucción masiva.
–La sensación de que EE. UU. desarrollaba una guerra contra árabes e islámicos se extendía por toda la región y la agresión a Iraq elevaría esto a niveles muy altos. El terrorismo y las acciones violentas de todo tipo se podrían expandir y actuar contra sus intereses en cualquier parte del mundo.
–La política de apoyo incondicional a Israel en su genocidio contra el pueblo palestino, así como el doble carácter que practicaba Washington a la hora de pronunciarse sobre armas de destrucción masiva, terrorismo y derechos humanos, habían provocado el deterioro de sus relaciones con importantes aliados en la región. La guerra profundizaría esta tendencia y ellos debían tenerlo en cuenta.
En sus intentos de distensión regional, el gobierno iraquí adoptó la medida de abrir un nuevo paso fronterizo con Irán para beneficiar las relaciones comerciales, restableció las comunicaciones telefónicas directas con Arabia Saudita y devolvió a Kuwait un nuevo lote de bienes incautados durante la guerra.
A finales de mes, el día 29, la prensa nacional informó del incidente creado por el vocero de los inspectores al interpretar el resultado del interrogatorio hecho a uno de los científicos iraquíes vinculados al programa de armamento, como afirmación de que unos tubos de aluminio destinados a cohetes de corto alcance podrían ser parte de un programa de armas más poderosas. Se publicaron las declaraciones del científico iraquí llamando a otros colegas a no dejarse presionar y a rechazar la oferta de ser llevados al exterior para los interrogatorios, alegando que si en el propio país se tergiversaban las informaciones, qué podría esperarse si esto sucedía en el extranjero.
Este era el primer incidente de alguna consideración que se presentaba en el trabajo de los inspectores, que ya ascendían a más de cien y habían visitado 188 lugares sin encontrar evidencias de armas de destrucción masiva. Los dirigentes iraquíes reiteraban que continuarían dando todo tipo de facilidades y entregarían un amplio listado de todos los técnicos vinculados a la construcción de armas, pero al mismo tiempo se quejaban de notar un injustificado incremento de la agresividad en los inspectores.
Sin embargo, llegaban otras noticias más preocupantes. Medios de prensa occidentales recogían declaraciones de un alto oficial del Pentágono que informaba sobre una orden clasificada, firmada por el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que instruía, en más de 20 páginas la movilización de cuantiosos medios de guerra como parte de los preparativos finales para el ataque a Iraq. El informe detallaba nombres de unidades navales, aéreas, divisiones, etc. La CNN y otras televisoras hablaron del tema y la prensa kuwaití reveló movimientos en su territorio que podrían interpretarse como preparativos de un ataque inminente.
Se filtraban asimismo informaciones sobre el desplazamiento de tropas turcas hacia la frontera y que por allí se estaban produciendo nuevas y mayores penetraciones en el Kurdistán iraquí de comandos y agentes estadounidenses, quienes creaban bases, inspeccionando pistas de aterrizaje, reclutando guías y traductores. Sin embargo, en este frente, tanto el Canciller como el Primer Ministro, continuaban afirmando que Turquía no tomaría una decisión hasta que los inspectores rindieran su informe ante el Consejo de Seguridad el 27 de enero y este órgano se pronunciara. Trascendió, además, que el gobierno turco estaba solicitando a EE. UU. más de veinte mil millones de dólares como condición para involucrarse militarmente, pero los de Washington solo ofrecían cinco mil millones.
Desde Israel, el primer ministro Ariel Sharón declaró, tratando de echarle más leña al fuego, que Iraq ocultaba en Siria sus armas de destrucción masiva. Los sirios, por su parte, respondieron con energía y otros, como el secretario de la Liga Árabe, Amer Musa, calificaron de ridícula la acusación. En el sur, aviones estadounidenses habían estado lanzando panfletos en árabe llamando a la sublevación, dirigidos fundamentalmente a la población chiíta que ya se había levantado en 1991.
Para tener una idea clara del ambiente en esa región, decidí hacer un recorrido por las ciudades donde estaban los centros religiosos de esta comunidad, Nayef y Kerbala, distantes de la capital 160 y 108 km respectivamente. Consideraba importante tener una visión directa de la situación en esas provincias y me resultaba interesante la visita desde el punto de vista cultural.
Una vez tramitado el permiso para viajar fuera de Bagdad y solicitar oficialmente entrevistas con los gobernadores, emprendimos el viaje hacia los históricos lugares donde se encuentran los mausoleos de Alí, primo y yerno del profeta Mohammad (Mahoma) y de su hijo Hussein, ambos sitios venerados por la secta chiíta, profesada por más del 60% de la población iraquí.
Los orígenes de esta secta se remontaban a los primeros tiempos de la religión islámica, cuando los partidarios de Alí (chia o shiat, significa partidario) consideraron que la sucesión en el poder (Califa) dentro de la religión islámica debía recaer en aquellos que descendieran de la familia del profeta Mohammad a diferencia de los sunnitas (sunna, significa tradición), quienes opinaban que este debía ser designado por consenso entre los creyentes.
El inicio de la religión islámica se remontaba al año 622 cuando el profeta Mohammad viajó de la Meca a Medina, para iniciar la prédica de la nueva creencia, hecho que se conoce como la Hégira y marca el primer año del calendario musulmán. La nueva religión conoció una rápida expansión por todo el Medio Oriente y ya en el año 638, un ejército musulmán al mando de Khalid Ibn Walid, apodado Mahomet Seif Al Islam (la espada del Islam), llega a las afueras de Basrah, al sur de Iraq.
Algunos años más tarde, las discrepancias teológicas y las luchas entre los clanes que surgen a la muerte de Mohammad, repercuten en Iraq y la elección de Alí, yerno del Profeta como cuarto Califa, fue refutada por Mouawiya, gobernador de Siria, que lo acusó de haber permitido el asesinato de Othman, su predecesor, lo cual dio inicio a fuertes enfrentamientos entre los partidarios (chiítas) de Alí y los seguidores de Mouawiya, tradicionalistas sunnitas. Alí fue asesinado en Koufa, cerca de Nayef en el año 661 y lo sucedió su hijo Hussein que también murió en una batalla en las cercanías de Kerbala en el año 680.
Partimos de Bagdad alrededor de las nueve de la mañana por la autopista No.8 que conduce hacia el sur para abandonarla 40 minutos después en el entronque de Mussayab, que tuerce hacia el oeste. Había neblina y la velocidad del carro era tan limitada, como la visibilidad, pues más allá de los 100 m era imposible distinguir alguna cosa. Alrededor de las 10, estábamos en las afueras de Kerbala, nombre de origen arameo mencionado por el profeta Daniel en el Antiguo Testamento de la Biblia, lo que da una idea de la antigüedad del lugar.
Hussein está sepultado en un santuario cuyas cúpulas y minaretes están cubiertos de láminas de oro y son visibles desde lejos. A 300 m de su mausoleo está el de su medio hermano Abbas, venerado por haber combatido a su lado. La puerta principal de la Gran Mezquita donde se encuentra el mausoleo de Hussein está laminada en plata. El edificio tiene paredes donde predominan vistosos azulejos de un tono muy particular, cercano al verde, –le llaman azul Kerbala, por ser característico de la zona– y muchos muestran versículos del Corán. En la calle se observan numerosos peregrinos, que posiblemente vienen desde Irán, quienes consideran el lugar como «tierra santa» por estar regada con la sangre de sus mártires. El aniversario de la muerte de Hussein es conmemorado por los miembros de esta secta en muchos países con ceremonias de autoflagelación.
Recorrimos varias calles y plazas de la histórica ciudad, se apreciaba normalidad, el zook o mercado estaba lleno de personas, nadie nos detuvo, no había controles en los accesos, ni presencia militar o policial anormal, tampoco señales de tensión. Al llegar al edificio de gobernación, encontramos unos pocos guardias custodiando las puertas principales y una ametralladora ligera en el techo de una caseta dentro de la cual se hallaba un distraído custodio. Nos dio la impresión de que la gente aquí no tenía conciencia de la guerra que podía desatarse sobre ellos, no se observaba preparación.
Nos recibió el gobernador junto a otras autoridades. A nuestras preguntas sobre la ciudad, la provincia, sus habitantes y otros datos, respondieron con afabilidad, pero rehuían profundizar el tema de una posible agresión, argumentando que estaban preparados. Quisimos conocer aspectos de la composición religiosa, las relaciones con las autoridades y entre los propios creyentes de las diferentes sectas. Nos explicaron que el gobierno y el partido Baas respetaban la religión, no interferían en ella, aseguraban que el Islam era uno solo, que EE. UU. e Israel habían querido dividirlos, crear problemas y utilizarlos para sus intereses, pero no lo habían logrado, no existían diferencias ni discriminación por motivos religiosos, todos eran patriotas iraquíes.
No insistí en estos aspectos para no dar la impresión que buscaba información sobre cosas tal vez complicadas, además, sabía que las autoridades de estas ciudades evitaban recibir delegaciones extranjeras y yo lo había logrado casi excepcionalmente. Los años que llevaba trabajando con el mundo árabe, me sirvieron para conocer un poco la psicología de sus pueblos y entendía cómo debían tratarse algunos temas. Para comprenderlos mejor, había que mirarlos desde su propia perspectiva, algo que no entienden muchos occidentales que llegan a este mundo con una actitud crítica y arrogante. La humildad y las ansias de comprensión de una cultura milenaria, desarrollada mucho antes que la nuestra, juega aquí un papel esencial.
Cuando explicamos que debíamos continuar el viaje hacia Nayef, ellos lamentaron que la visita fuera tan breve, pues querían mostrarnos algunos de los lugares históricos y religiosos de su ciudad. Nos despedimos después de manifestar nuestra solidaridad con el hermano pueblo iraquí, en una ceremonia tan larga como el recibimiento, donde abundaron los saludos, abrazos y besos.
A 60 km de nuestra próxima parada, pasamos cerca de Hilla, otra ciudad interesante, pero sin el significado religioso de Nayef, ciudad de «el príncipe de los creyentes», y la cuarta en importancia para los musulmanes después de La Meca, Medina y Jerusalén, que es considerada, además, como el centro de la secta chiíta, aun por encima de Qom en Irán.
Casi al mediodía llegamos a los suburbios de la ciudad y avanzamos por una avenida hasta el centro, donde abundan los comercios de artículos religiosos, cuadros, cerámicas y tapices con versículos del Corán en los que la caligrafía árabe forma bellas combinaciones, platos de cobre repujado, alfombras grandes y pequeñas, de las que se utilizan para el rezo personal. Al igual que en Kerbala, vimos mucha gente y peregrinos en las calles. En el centro, frente a los numerosos hoteles, se aglomeraban los ómnibus de turismo que transportan a los visitantes, entre los que parecen predominar los persas. No apreciamos presencia policial ni otros indicios que indicaran tensión en las calles y nuestro auto, a pesar de su chapa diplomática, no llamó la atención.
El edificio de la gobernación estaba situado frente a una plaza sin dispositivo especial de seguridad visible. Al parquear frente a la puerta principal, pensamos que no nos esperaban, pero cuando avanzábamos por la escalinata llegó un guardia que habló con nuestro intérprete y le dijo que desconocían la hora fija de nuestra llegada, y nos pasó a un salón espacioso lleno de butacones y mesitas, pero sin lujo. En la pared, un gran retrato del presidente Saddam Hussein, al igual que en todas las oficinas y lugares públicos que uno visitara en el país. A los 10 minutos llegó el gobernador, sus ayudantes nos habían servido primero el café beduino, negro y amargo, que es usual en las bienvenidas.
El dirigente iraquí, más risueño y afable que el anterior, nos saludó con entusiasmo pidiendo excusas por la demora, debido al exceso de trabajo y a los preparativos de una gran manifestación política contra la guerra y en rechazo a las amenazas de agresión. En todas las provincias se hacían grandes movilizaciones de este tipo. Entramos en un diálogo amplio sobre su trabajo como gobernador y nos explicó sus tareas como dirigente del partido Baas. Llevaba poco tiempo como dirigente en Nayef, ya que es común que los gobernadores y dirigentes provinciales del Partido, se roten cada cierto tiempo, no muy extenso.
Le pregunté las características de la provincia y nos refirió la importancia de la ciudad como gran centro religioso, me informó sobre las obras que llevaban a cabo, entre ellas la construcción de decenas de nuevos hoteles para albergar el creciente turismo religioso que se desarrollaba a pesar de la situación del país, sometido a un injusto embargo y a las amenazas de guerra, las cuales, a veces, se concretaban en agresiones como el bombardeo ocurrido días antes que provocó varios muertos y heridos en las cercanías de la ciudad.
Había grandes planes en Nayef. En el futuro se preveía tener capacidades para atender hasta un millón de peregrinos y turistas, y contar con un aeropuerto internacional. La conversación se alargó, le pedí visitar el santuario de Alí en caso de que permitiesen la entrada a los no musulmanes; no soy religioso le expliqué, pero siento un gran respeto por los creyentes y los musulmanes. Asintió y dio instrucciones para que alguien nos acompañara, mientras avisaba por teléfono para que nos atendieran a la llegada al santo lugar.
Nos despedimos con afectuosos abrazos después de explicarnos que no nos acompañaba personalmente debido a sus compromisos de trabajo. El santuario no quedaba lejos, a la entrada nos esperaban algunas autoridades religiosas y un responsable del partido Baas que tenía que ver con los asuntos religiosos. Nos dieron la bienvenida y nos invitaron a pasar la gran puerta que accede a un amplio patio o explanada en cuyo centro se encuentra el edificio del mausoleo. Una construcción rectangular que hace las veces de muralla rodea todo el conjunto, que ocupa unos 20 000 m2 (equivalente a dos manzanas). Entramos en un salón para visitantes, ya que no podíamos hacerlo en el edificio central, pues no profesamos la fe musulmana.
La edificación se construyó por orden del califa Haroun Al Rachid. Alrededor del santuario fue creciendo la ciudad. El mausoleo, incendiado en el siglo XI, se construyó con posterioridad y el edificio actual data de 1640. La cúpula de la mezquita donde se encuentra la tumba, está revestida con 7 777 mosaicos de oro, al igual que los dos bellos y altos minaretes. En las paredes interiores resaltan las cerámicas con los nombres de destacados imanes de la secta y un poema a la gloria de Alí, así como pasajes del Corán. El gran viajero y narrador islámico, Ibn Batuta, que visitó el lugar en el siglo XIV, afirmaba que la sepultura de Alí estaba situada en un estrado, en medio de las tumbas de Adán y Noé.
Entre los tesoros del santuario se encuentran valiosas ofrendas hechas por califas, reyes y sultanes durante siglos, un Corán manuscrito por el propio Alí, joyas de oro, plata y piedras preciosas, tapices bordados con hilos de oro y un grano de arroz en cuya superficie están escritos pasajes del Corán. El lugar es el centro de un importante triángulo teológico del chiísmo, junto a Kerbala y Koufa. El Ayatollah Khomeiny estuvo refugiado aquí desde 1965 hasta 1978.
Se acercaba la hora del rezo del mediodía y como ya el muecín comenzaba a llamar a los fieles, agradecimos las atenciones y nos despedimos para realizar nuestra última visita, la casa donde vivió Alí, en las afueras de la ciudad. Antes, deambulamos por el cercano mercado viejo para percibir el ambiente que reinaba en la gente. Había tranquilidad. Compré en una tienda un mezbah (rosario musulmán), cuyas cuentas son del atractivo y típico azul del lugar. Después, llegamos a la casa de Alí –que también era visitada por los peregrinos–, una construcción sencilla toda pintada de blanco, con pequeñas salas y un patio interior. En una de las habitaciones había un pozo del que los fieles tomaban agua con mucha veneración, la consideran bendita. Otros rezaban en cualquier esquina de la casa, permeada de un espíritu profundamente religioso.
Concluida nuestra visita emprendimos el camino de regreso. Buscamos la salida a la autopista No.8 y observamos el terreno circundante aprovechando que después del mediodía había más visibilidad, a pesar de que el aire traía algo de polvo y arena desde el desierto que nos quedaba al oeste.
El territorio recorrido entre Bagdad y estas ciudades tenía vegetación. Predominaban las áreas agrícolas, atravesadas por el río Éufrates que las provee de agua a través de numerosos canales, algunos de los cuales son muy anchos. El avance de tropas mecanizadas por esta región no sería nada fácil si se prepararan bien las condiciones y se minaran los cruces sobre los abundantes puentes y canales, que constituían obstáculos naturales muy ventajosos. La zona permitía cierto enmascaramiento, debido a que no es un desierto raso y para entrar a Bagdad desde el sur hay que pasar por aquí. No se apreciaban preparativos del terreno para la defensa, y de existir, estaban fuera del alcance de nuestra vista, lejos de la importante carretera. No había presencia militar especial, ni controles policiales en los cruces de caminos.
Llegamos a Bagdad en horas de la tarde para almorzar. Nos sentíamos satisfechos con el viaje y por haber obtenido una idea de la situación fuera de la capital, aunque esta fuera limitada, no percibimos indicios de un potencial conflicto interno en el centro de la región chiíta.
En la embajada, mientras tanto, proseguimos los preparativos de rigor para la realización de varios ejercicios y prácticas de defensa. Todos los compañeros tenían experiencia y buen estado de ánimo. Terminamos el refugio en el patio, luego de profundizarlo hasta dos metros, y lo habilitamos con lo necesario para nuestro trabajo y seguridad. Como en esos días llovía con frecuencia, compramos lonas, del mismo color de la tierra que lo cubre, para tapar sus dos entradas, aunque no era seguro que pudiera servir de camuflaje. Si estallaba la guerra, las prioridades eran preservar la vida y los medios necesarios para realizar el trabajo encomendado, por ello, había que prever con tiempo los escenarios y situaciones que podían presentarse.
La oposición a la guerra se mantenía fuerte. Estados Unidos no acababa de encontrar apoyo para constituir una coalición creíble. Francia, Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, continuaban mostrándose reacios a la guerra y persistían en que los inspectores, que después de más de 200 visitas no encontraban armas, concluyeran su trabajo. Nadie podía argumentar con seriedad que Iraq poseía vínculos con el terrorismo y el gobierno cumplía estrictamente con todas las condiciones impuestas en la resolución 1441. La convicción de que la guerra solo les acarrearía desastres, continuaba siendo fuerte entre los más importantes países vecinos y por lo tanto se oponían a ella.
El canciller ruso Ivanov, de visita en Washington, declaró: «no es posible hablar de decisiones respecto a Iraq, ello se podrá hacer únicamente cuando el Consejo de Seguridad analice la información presentada por los inspectores si esto prueba que Bagdad ha violado la resolución del Consejo». El Papa, en su mensaje navideño, hizo un claro llamado contra la guerra, al igual que los principales dignatarios religiosos de Gran Bretaña y Alemania, proclives a una solución pacífica, lo cual era compartido por la mayoría de la comunidad internacional. A pesar de que Iraq es un país musulmán y posee una mínima comunidad cristiana, el día 25 fue declarado festivo y se celebró con entusiasmo callejero, en un ejemplo más de que, desde hacía muchos años, aquí se practica una amplia y flexible convivencia religiosa que no tiene nada que ver con los extremismos vigentes en otros lugares de la región, que son estrechos aliados de EE. UU.
Las manifestaciones contra la guerra, sin embargo, ya no parecían ser argumento suficiente para detener la maquinaria bélica estadounidense que se encontraba en movimiento y los dirigentes de Washington daban muestras de estar dispuestos a quebrar la voluntad de todos, aunque tuvieran que afrontar un alto costo político por ello e incrementar el odio contra su hegemonía. Para fin de año, el vicepremier Tareq Aziz, el más alto dirigente iraquí de religión cristiana, declaraba en una conferencia de prensa que: «los EE.UU. quieren atacar a Iraq para apoderarse de todo el Medio Oriente, su guerra es contra todos los árabes». En tanto el ministro de Comercio informó que estaban distribuyendo abastecimientos adicionales a la población para que tuvieran una reserva de tres meses con que enfrentar la agresión, pues ellos atacarían a Iraq independientemente del resultado del trabajo de los inspectores, aunque para los agresores –advirtió–, no será un picnic.
Al parecer los dirigentes iraquíes, comenzaban a mostrar mayor conciencia de la proximidad de la guerra, aun cuando la preparación que se apreciaba sobre el terreno, todavía era mínima. Mes y medio después de haber presentado cartas credenciales ante el gobierno, me había entrevistado con muchos de sus principales dirigentes y encontraba la misma posición, todos reiteraban que: Iraq no poseía armas de destrucción masiva, no tenían vínculos con el terrorismo y estaban dispuestos a cumplir con las resoluciones de la ONU siempre que se respetara la soberanía y la dignidad del país. Si EE. UU., Gran Bretaña e Israel insistían en agredirlos, lucharían y los derrotarían, toda la campaña que estaban desarrollando se basaba en mentiras y con ello perseguían ocupar a Iraq, apoderarse de su petróleo y crear una situación más favorable a los intereses imperialistas y sionistas en la región. El objetivo no era solo Iraq, sino todo el mundo árabe.
Sin embargo, a veces me preguntaba si los dirigentes iraquíes tendrían plena conciencia de que debido a las circunstancias que se estaban creando, y teniendo en cuenta el empeño del grupo neofascista en el gobierno estadounidense de lanzar esta guerra colonial, hacer todo lo posible para que no pudieran llevarla a cabo podía equivaler a derrotarlos. Para entonces yo mismo me respondía que, tal vez, ya era demasiado tarde para impedirla.
En los primeros días del mes, en una muestra más de la preparación bélica, el presidente George W. Bush habló ante 40 000 soldados en una base de Texas y repitió: «Estamos listos, Saddam no ha entendido el mensaje, cumpliremos con nuestro deber y llevaremos la libertad al pueblo iraquí, si no se desarma lo desarmaremos.» Otras noticias desde Qatar indicaban que se completaban las condiciones para hacer plenamente operativo el Comando Central allí establecido.
La prensa iraquí no informaba sobre esto y por el contrario, daba preferencia a declaraciones y pronunciamientos de dirigentes y personalidades en distintas partes del mundo que rechazaban la agresión estadounidense. Así, habían destacado declaraciones del papa Juan Pablo II; de Amr Musa, secretario general de la Liga Árabe; de Desmond Tuto, arzobispo sudafricano y premio Nobel de la Paz; de Kofi Annan, secretario general de la ONU; de Abdullah Saleh, presidente de Yemen; del Canciller alemán; el rey Abdullah de Jordania; Hosni Mubarak de Egipto; Yasser Arafat, líder palestino, entre otros.
También reflejaba las visitas a Bagdad de innumerables delegaciones que iban a solidarizarse con el pueblo iraquí, especialmente de organizaciones no gubernamentales, algunas de las cuales se manifestaron frente a la sede de los inspectores de la ONU en el hotel Canal, entre ellas una de religiosos británicos y estadounidenses y otra de españoles. Igualmente la prensa iraquí dedicaba bastante espacio a informar sobre las grandes manifestaciones que contra la agresión se llevaban a cabo en el mundo entero.
El presidente Saddam Hussein, con motivo del 82 Aniversario de las Fuerzas Armadas, pronunció un discurso el día 6, cuya filmación fue transmitida por radio y televisión. Sus palabras duraron exactamente media hora y contenían en su primera parte muchas citas del Corán e invocaciones al Profeta y a Allah, lo que se había hecho ya una práctica corriente. Una de ellas decía: «Allah llevará el terror a los infieles, cualquiera que se enfrente a Allah y su Profeta será duramente castigado, el castigo será el fuego [...]».
Después venían exaltaciones al valor de las Fuerzas Armadas, la historia gloriosa de la nación, la sangre que los combatientes que aman a Allah han vertido y están dispuestos a entregar. Hizo mucho énfasis en la grandeza del pueblo iraquí, en la valentía de sus héroes y en los combatientes de las Fuerzas Armadas y se refirió al tema de la solidaridad árabe saludando la heroica lucha del pueblo palestino y resaltando la alianza de la administración estadounidense con la artificial entidad sionista.
Gloria a los mártires de la nación palestina e iraquí. Viva Palestina libre y árabe desde el mar hasta el río. Viva el valiente ejército de combatientes del gran Iraq, viva la gloriosa nación árabe. Iraq no es el único objetivo del enemigo, sino toda el área del Golfo Árabe, su ocupación física y la división de algunos de los países de la región, lo cual es un sueño anunciado públicamente desde el principio de los años 70. El enemigo pagará por estos planes. El enemigo ofrece cobertura a los crímenes perpetrados por la entidad sionista contra el pueblo palestino. El enemigo quiere desviar la atención de todo esto, creando la movilización contra Iraq, bloqueándolo y amenazándolo con la agresión, deja las manos libres a los sionistas para que continúen su criminal agresión. El enemigo prepara su control del Mar Rojo y el Golfo Árabe para proteger la seguridad de la entidad sionista, esto lo hace en completa coordinación con los sionistas.
Al trabajo de los inspectores de la ONU, Hussein se refirió en los siguientes términos:
El enemigo trata de desviar la atención de la opinión pública de estos hechos, de sus fallos en la política hacia Palestina y en su política mundial. Por ello continua sus amenazas y agresiones contra Iraq, para intimidar a los pueblos del Medio Oriente y del mundo y para hacer que el trabajo de los inspectores se proyecte más allá de sus declarados objetivos incluidos en la mala resolución adoptada en nombre del Consejo de Seguridad. Por ello en lugar de buscar las llamadas armas de destrucción masiva, en lugar de poner en evidencia la distorsión de la verdad y las mentiras propagadas en vano para envenenar la opinión pública, los equipos de inspectores están interesados en recoger nombres y hacer listas de científicos, haciendo interrogatorios que llevan propósitos ocultos, dando especial atención a los campos militares, producciones militares no prohibidas y otros asuntos, todos los cuales o muchos de ellos, son puro trabajo de inteligencia. [...] si el enemigo se posesiona del Golfo y del Mar Rojo, habrá acortado sus vías de comunicación y transporte, lo cual le permitirá lanzar agresiones y causar daño en cualquier dirección. Nuestro pueblo está preparado, confiado en Allah para cualquier confrontación con el enemigo. Nuestro éxito está en manos de Allah, estamos en nuestra tierra, nuestro país, el enemigo se basa en la mentira y viene como agresor de más allá de los mares. Hemos acumulado experiencia y esto ha hecho que cada iraquí, hombre o mujer, cada soldado de las fuerzas armadas, cada oficial o dirigente de su comunidad, esté bien preparado para cumplir sus tareas, tanto en la confrontación como en la reconstrucción. El enemigo debe recordar el terrible fin de todos los imperios que en el pasado han cometido agresiones contra nuestro pueblo y contra nuestra nación. Allah es el más grande, Allah es el más grande y el miserable enemigo debe ser repelido.
Muchos medios de prensa occidentales, sumados a la línea de estimular la guerra, reflejaron rápidamente las críticas del presidente hacia el trabajo de los inspectores y las declaraciones de los voceros estadounidenses y británicos en el sentido de que eran una clara evidencia de que Iraq ponía obstáculos al trabajo de estos y no cumplía con lo establecido en la resolución 1441.
Como señal de que en el gobierno iraquí se abría paso la idea de la proximidad de la guerra, el Ministro de Comercio, uno de los más activos miembros del gabinete, reiteraba declaraciones informando sobre diferentes preparativos, el suministro adelantado de alimentos a la población para crear reservas de varios meses, la distribución de armas y la preparación militar del pueblo. «Combatiremos pueblo por pueblo, calle por calle, casa por casa, y los derrotaremos» –aseguró. El vicepremier Tareq Azíz, también habló a la prensa y afirmó que: «Los EEUU no atacan a Corea debido a que no tiene petróleo y a que Israel no está en Asia».
Durante los días iniciales del nuevo año, se percibieron en la región algunos movimientos que evaluamos como positivos. Arabia Saudita desmintió oficialmente lo publicado por el New York Times la semana anterior, de que había dado facilidades a EE. UU. para que desde su territorio se atacara a Iraq. El primer ministro turco, Abdullah Gul, visitó Siria, Egipto y Arabia Saudita para coordinar posiciones y aunque en un principio se estimó que llevaba el propósito de explicar que a Turquía no le quedaría otra alternativa que dar facilidades a las tropas estadounidenses, lo que trasciende de sus entrevistas con los dirigentes de estos países es un llamado a evitar la guerra.
El Primer Ministro británico, de vacaciones en el mar Rojo, se entrevistó con el rey Abdullah de Jordania y con Hosni Mubarak, presidente egipcio, quienes le trasladaron sus grandes preocupaciones por las consecuencias que podría traer internamente para sus regímenes un ataque a Iraq, así como las negativas repercusiones que, para los intereses británicos y estadounidenses, tendría en todo el mundo árabe islámico. El dirigente inglés, con una fuerte oposición interna incluso en su propio partido y presionado por una opinión pública adversa, dio algunas muestras de flexibilizar su apoyo incondicional al presidente Bush y declaró que eran favorables a agotar el trabajo de los inspectores, a partir de lo cual se especuló sobre la posibilidad de que pidiera al gobierno estadounidense el aplazamiento de cualquier acción militar para después del verano. El canciller Jack Straw aceptó, en entrevista con la prensa, que ahora las posibilidades de guerra se situaban en un 40%, aunque algunos observadores señalaron la ambigüedad y poca credibilidad de estos gobernantes.
Bachar al Assad, presidente sirio, visitó Argelia y conjuntamente con el presidente Bouteflika se pronunció enérgicamente contra la agresión a Iraq. Por momentos, llegaban mensajes de cierta distensión, a tal punto que el periódico británico The Sun afirmó esa semana que las posibilidades de guerra se habían reducido de un 60 a un 40%.
Pero estas impresiones duraban poco y usualmente las hacían desaparecer desde Washington los principales halcones de la administración, Rumsfeld, Condolezza, Cheney y otros. «Si no se desarma lo desarmaremos», repetían, dando por confirmada la existencia de las armas de destrucción masiva que ciento y tantos inspectores en sus visitas a más de dos centenares de lugares, no encontraban por ninguna parte. Sobre esto último casi no hablaban los medios cómplices de la línea guerrerista, practicando la «libertad informativa» orientada por los grandes intereses.
Desde Bagdad, apreciábamos como se continuaba avanzando en el camino hacia la guerra. En los últimos días la prensa iraquí incluía más información acerca de las reuniones del presidente Saddam Hussein con los altos jefes militares, los máximos dirigentes del partido Baas y el gobierno. En una de estas informaciones decía: «Iraq no es Afganistán donde un grupo de estudiantes religiosos sin experiencia tomó el poder. El pueblo no se deja intimidar con la guerra psicológica, está preparado. Los combatientes afganos no tenían reservas, los pilotos norteamericanos los veían desde el aire. En Iraq no es así».
La prensa internacional también publicó que se habían efectuado ejercicios de defensa en todo el país, la televisión nacional mostró desfiles de milicias armadas en distintas ciudades, muchos portando fusiles AKM y lanzagranadas RPG-7. Pero en Bagdad, aunque algo se hacía, la preparación para la guerra era mínima. Por esos días, pudimos observar desde la azotea de la embajada, cómo se impartían clases de tiro por instructores de las fuerzas armadas a las alumnas de una escuela secundaria cercana.
Por otra parte, continuaban llegando informaciones sobre nuevas movilizaciones de tropas y medios de EE. UU. y Gran Bretaña. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, anunciaba el nuevo envío de 35 000 hombres al golfo y el Ministro de Defensa británico informó de la salida del portaviones Arc Royal con un destacamento naval. Televisoras internacionales afirmaban que para finales de este mes habrían unos 100 000 soldados en la región, de los cuales menos de dos tercios serían tropas de combate, lo que nos parecía todavía insuficiente para lanzar una ataque por tierra.
El canciller alemán, Schroeder, de visita en China, reiteraba la fuerte oposición alemana a la guerra y prometía hacer todo lo posible por evitarla. El líder francés, Jacques Chirac, dijo, por su parte, que la fuerza era la peor solución y que Francia continuaría buscando una alternativa diplomática. Una encuesta de Le Figaro, situaba al 77% de los franceses en contra de la guerra y la Unión Europea inició una gestión con una delegación presidida por el canciller griego para hacer un recorrido por el Medio Oriente con el declarado propósito de frenar la variante bélica. En Europa era fuerte y mayoritaria la posición contraria a los planes de EE. UU. e Inglaterra a los cuales se había sumado de manera sumisa, con alardes e ínfulas de gran potencia, el presidente del gobierno español José María Aznar, en contra de la voluntad de su pueblo.
El periódico turco Hurriyet, publicó un análisis en ocasión de la visita a Ankara del Ministro de Defensa británico, donde decía que: «esta visita ha levantado rencores históricos que provienen de la Primera Guerra Mundial y de la forma en que Gran Bretaña desalojó las tropas turcas del norte de Iraq y le negó a Turquía el derecho al petróleo de Kirkuk y Mosul» y reseñaba manifestaciones contrarias a la presencia militar inglesa. El canciller Yarkis, en declaraciones para el mismo periódico, dijo: «el pueblo turco no aceptaría una solución en la que miles de soldados norteamericanos se queden en Turquía o pasen por su territorio. Hay que tener en cuenta la opinión del pueblo. La constitución establece que el Parlamento se pronuncie y es difícil esperar que este vaya en su contra».
Aunque también se publicaron informaciones en el sentido de que ya Turquía había dado permiso a técnicos militares estadounidenses para que inspeccionaran sus bases aéreas y puertos con vistas a preparar las condiciones para su utilización, las posiciones públicas de los dirigentes y la presión de las masas en la calle se pronunciaban en otra dirección.
Sin posibilidades reales de introducir grandes contingentes de tropas por la frontera turca en el norte, la operación militar se haría más complicada para EE. UU., sobre todo si se tiene en cuenta que Arabia Saudita, quien posee otra larga frontera en el oeste, afirmaba que no prestaría su territorio para una agresión. En tales circunstancias, a las fuerzas de EE. UU. les quedaría únicamente la posibilidad de entrar por la frontera kuwaití desde el sur, con las dificultades que implicaba invadir desde un solo frente, que además, ya estaba anunciado.
Por esos días, los dirigentes turcos se referían a sus «históricos derechos» –respaldados «según alegaban» por los Acuerdos de Lausana de 1923–, sobre la zona de Kirkuk y Mosul y a que se les entregara una cuota de petróleo. Al propio tiempo, a Bagdad llegaba el Ministro de Comercio de Ankara como enviado especial del Primer Ministro, con un mensaje para el presidente Hussein.
Teniendo en cuenta estas informaciones, antes de mediados de enero y buscando una visión directa de la situación en el norte y en las inmediaciones de la frontera con Turquía y el Kurdistán, organizamos una visita a Mosul, considerada la segunda o tercera ciudad en importancia del país.
Desde Bagdad, son unos 400 km, que se pueden hacer en unas 4 horas de viaje por una carretera que es en parte autopista y estaba en buenas condiciones; pero en el camino nos esperaban sitios muy interesantes que aprovecharía para visitar, partimos antes de las siete de la mañana.
Al igual que en nuestro viaje anterior, la espesa niebla del amanecer entorpecía la visibilidad y se imponía ir a una velocidad moderada. Una hora después, llegamos a Samarra, nuestro primer objetivo, célebre entre otras cosas por el minarete helicoidal de la Gran Mezquita de los Viernes, con sus 52 m de altura. Pero hay muchas otras cosas importantes en la ciudad, cuyo nombre, de origen arameo, se remonta a la época del Imperio Asirio. Alcanzó su esplendor en el siglo IX, cuando el Califa Al Moutassim la elige como capital. Es un importante centro histórico de la secta chiíta, lugar hasta el que hacen peregrinaje sus fieles para visitar el mausoleo donde se encuentran los restos del 9° y el 10° Imán y el subterráneo en el que desapareció el 12°, nombrado el Mahdi (aquel que fue guiado) y quien según creen, reaparecerá al final del mundo para restablecer la justicia.
Tras un rápido recorrido por la ciudad, su renombrada torre y otros lugares, continuamos viaje con la carretera algo más despejada de neblina. Pasamos por Tikrit sin entrar en él, circunvalándolo. Este pueblo, conoció un importante desarrollo en los últimos veinte años, debido a que es el lugar de nacimiento de Saddam Hussein y su antecesor, el presidente Ahmed Asan al-Bakr, primero en ese cargo después de la revolución baasista de 1968.
Pero Tikrit era famosa aun antes, por ser también el pueblo de origen de Salah Eddine al-Ayyoubi, conocido en Occidente como Saladino I, quien libró numerosas batallas contra los cruzados y finalmente los derrotó en 1187 en Hittin, Palestina, tomó Jerusalén e hizo reconstruir la famosa Mezquita de Al Aqsa o de la Roca. En estas tierras, cada piedra tiene una larga historia que contar y todo está muy vinculado a los orígenes de las creencias religiosas, desde mucho antes del surgimiento del monoteísmo.[17]
Pasamos cerca de Beiji, centro de una importante refinería e industrias derivadas del petróleo y uno de los puntos de origen del oleoducto que sale por la frontera turca hacia el mar Mediterráneo. El tráfico en la autopista se complicó por los numerosos camiones cisternas que iban y venían cargando petróleo hacia Turquía.
Durante la mayor parte del camino fuimos observando si existían preparativos para la defensa en estos territorios. En las cercanías de Tikrit había campamentos de unidades militares, al parecer, establecidas de forma permanente desde hacía tiempo, en ciertos lugares encontramos líneas de trincheras vacías y obras ingenieras muy elementales, algunas preparadas como obstáculos para tanques. Pero la presencia física de tropas y armamento era mínima, solamente en los cruces de caminos habían levantado, con sacos terreros, piedras y lomas de tierra, pequeños fortines que pretendían defender la carretera principal, aunque visibles desde muy lejos al sobresalir por encima de cualquier obstáculo y más bien parecían construidos para llamar la atención. No se apreciaba que hubiesen cavado para proteger mejor la escuadra de los soldados destacados en ellos.
En varios pueblos y aldeas vimos grupos de campesinos recibiendo entrenamiento militar, podían ser también miembros de las tribus de la zona o militantes del partido Baas. Guardias vestidos de uniforme verde les enseñaban el manejo de fusiles. Sabíamos que en Iraq se podía hallar un arma de fuego casi en cada casa, a esto se sumaba la información de que el gobierno había estado distribuyendo, en las últimas semanas, miles de fusiles AKM y posiblemente otro tipo de armamento ligero. Lo que veíamos nos lo confirmaba en parte.
Dejamos atrás el entronque que iba hacia Assour, ciudad fundada en el tercer milenio a.n.e. y devenida después capital del Imperio Asirio. Assour era también el nombre del Dios predominante entonces, simbolizado por un hombre-pájaro.
Nos desviamos a la izquierda cuando nos faltaban unos 100 km para llegar a Mosul. Visitamos Hatra, uno de los más grandes sitios arqueológicos de Iraq y uno de los menos conocido. Tuvimos que internarnos unos 30 km por una estrecha carretera que atraviesa campos de cultivo, en un tiempo conocidos como el granero de Mesopotamia. Aún hoy se cosecha el trigo y proporciona alimento a numerosos rebaños de carneros. En una vuelta del camino sobre una colina, nos sorprendieron las macizas construcciones de templos y palacios que aún se presentan imponentes y están considerados entre las ruinas más grandes y mejor conservadas de Mesopotamia. Un custodio guía, que al parecer vivía en el solitario lugar, nos explicó detalles en el rápido recorrido antes de regresar al auto para tratar de llegar a Mosul sin más demora.
Alrededor de las tres de la tarde entramos a Mosul, nos alojamos y almorzamos en el hotel Ninevah Palace. El cinco estrellas, situado en una pequeña elevación y algo maltratado, nos ofrecía una magnífica vista sobre el Tigris, que aquí parece más ancho y caudaloso. La ciudad tiene un origen mítico, pero su desarrollo más reciente data del siglo V, cuando creció alrededor de un convento cristiano –creencia extendida por la región desde el siglo II–, situado en los alrededores de la bíblica Nínive, cuyas ruinas quedan en la salida de Mosul hacia Erbil. En el 641, fue ocupada por tropas árabes islámicas y deviene, durante la época del Imperio Omeya, en capital de la provincia de Al Jazzirah, que se extendía hasta el noreste de Siria.
En 1259, fue parcialmente destruida por los mongoles, pero volvió a prosperar hasta que, en 1667, un terrible temblor de tierra la arrasó, no obstante continuó siendo considerada como la principal urbe de la región norte de Iraq. Poseía un gran mercado y numerosos monumentos, y en su época, dio nombre a la tela llamada muselina.
Por la tarde recorrimos, de forma apresurada, los principales lugares históricos, pues el interés principal era avanzar hacia el norte, acercándonos lo más posible a la frontera turca y del Kurdistán antes de que oscureciera. Casi de paso, vimos el santuario musulmán de Nabi Younes (Jonás), uno de los veinticinco profetas reconocidos por esa religión, y el famoso minarete inclinado y más bien torcido llamado Nouri, que recuerda a la Torre de Pisa y que fue construido en 1172 para saludar la subida al cielo del profeta Mohammad.
La ciudad de Mosul, como las que recorrimos antes, presentaba un aspecto normal, la presencia militar o policial en las calles mantenía los índices normales, los comercios estaban bien surtidos y el ambiente era tranquilo, sin tensiones. Las personas con que hablábamos sobre la posibilidad del conflicto, aceptaban esto con una resignación religiosa, pero la población, amable y fraternal en el trato hacia los extranjeros, no respondía con facilidad y tampoco se expresaba con firmeza contra la amenaza de agresión por parte de EE. UU. Esta gente, sometida a tantos años de guerra, amenazas y dificultades a causa del embargo, parecían resignadas a aceptar lo que viniera y por lo general mostraban una actitud distante del problema, como si la cuestión no estuviera en sus manos o no pudieran influir en lo que iba a ocurrir. Ello me hizo meditar sobre la actitud de algunos creyentes religiosos que depositan su destino en las manos de Dios.
Salimos de Mosul rumbo al noroeste, con el objetivo de visitar el monasterio de Mar Matti (san Mateo), perdido entre las rocas del monte Maqloub, donde se ocultó originalmente ese monje de la secta cristiana siriaca[18] para huir de la persecución en el siglo IV. En el trayecto notamos que las afueras de Mosul están mejor preparadas para la guerra, su sistema de trincheras y obras de defensa eran más fuerte y parecían haber sido construidas o reconstruidas en fecha reciente, lo cual tiene cierta lógica si se considera que en la cercana frontera con la provincia de Dohuk perteneciente al Kurdistán (región fuera del control del gobierno central iraquí), había presencia militar estadounidense y se afirmaba que operaban grupos de los servicios especiales israelitas. Por primera vez, vi una batería sin emplazar, de grandes cañones que se me parecieron a los G-5 sudafricanos de 155 mm. Sin embargo, la presencia de tropas era muy pobre.
[2] Fondo de las Nacionas Unidas para la Infancia.
[3] Comisión Especial de las Naciones Unidas.
[4] Diosa del amor y de las batallas para los babilonios. (N. del E.)
[5] Gobernante más importante de la primera dinastía de Babilonia, que según la cronología meda reinó desde 1792 hasta 1750. Líder militar y gran administrador, fue quien unificó las distintas entidades políticas de Mesopotamia. (N. del E.)
[6]Patriarca bíblico, considerado por los judíos como padre de los hebreos. Para los musulmanes, que lo nombran Ibrahim, es un antepasado de los árabes, debido a que es el padre de Ismael (hijo de este con Agar, una esclava egipcia). Cristianos, musulmanes y judíos consideran a Abraham como la encarnación del hombre de fe inquebrantable. (N. del E.)
[7] Rey de Babilonia (605 – 562 a.n.e.). Conquistó buena parte del suroeste de Asia Menor y fue el gran constructor de las principales ciudades del imperio babilónico. Bajo su égida, y gracias a su triunfo sobre los egipcios en Karkemish (Siria), Babilonia se convirtió en el principal poder militar del Cercano Oriente. Venció a los judíos y los llevó cautivos a Babilonia. (N. del E.)
[8] Habitantes de Media, antiguo país de Asia que corresponde a la zona norte del actual Irán, y que luego de ser dominados sucesivamente por asirios y escitas, formó parte del Imperio Persa. Los persas trataron a los medos como sus iguales y se fusionaron con ellos. (N. del E.)
[9] Tierra o país entre ríos, región situada entre los ríos Tigris y Éufrates, en la zona que en la actualidad ocupan los estados de Iraq (principalmente), Irán y Siria, que se convirtió en uno de los primeros centros de civilización urbana, su riqueza natural ha atraído siempre a pueblos más pobres procedentes de las regiones vecinas, y su historia es la de continuas migraciones e invasiones. La lluvia es escasa en la mayor parte de la región, pero cuando el fértil suelo se riega a través de canales produce abundantes cultivos. (N. del E.)
[10] Antigua ciudad de Mesopotamia, está situada entre la actual Bagdad y el extremo del golfo Pérsico, al sur del curso bajo del río Éufrates, en el borde del desierto de al-Hajarah. «Ur de los caldeos», nombre con que la designan en la Bíblia, hace referencia a los caldeos (pueblo semita de lengua aramea), asentados en la zona hacia el 900 a.n.e., de donde, según el Génesis, se inició la migración hacia Palestina de la familia de Abraham (c.a. 1900 a.n.e.). Fue uno de los primeros asentamientos fundados por la cultura de El-Obeid en Sumer (c.a. 4000 a.n.e.) y estuvo entre las ciudades-estado sumerias más prósperas. (N. del E.)
[11] Iglesia cristiana oriental, continuadora de la doctrina de Nestorio, arzobispo de Constantinopla que fue condenado por hereje en el concilio de Efeso (431). Se establecieron como entidad religiosa independiente cuando un amplio grupo emigró de Bizancio a Persia (489), para escapar a las persecuciones del Imperio Romano. Fundaron su centro intelectual en Nisibis (Siria), creando obispados en Arabia y la India. Obtuvieron la protección legal de los musulmanes (637), luego de la conquista árabe de Persia. (N. del E.)
[12] Comisión de Naciones Unidas de Vigilancia, Verificación e Inspección.
[13] Grupo de activismo político.
[14] Turquía ocupó el norte de Chipre en 1974, donde mantiene, desde entonces, un fuerte diferendo con Grecia.
[15] Eid Fit o ‘Id el fitr es la celebración de la ruptura del ayuno el día posterior al final del Ramadán, en el que se realizan oraciones y festejos especiales. (N. del E.)
[16] En el noreste iraquí, en las fronteras con Turquía e Irán, existen tres provincias cuya población es casi toda de nacionalidad kurda, donde en ocasiones han encontrado refugio militantes de organizaciones kurdas de Turquía, que desde hace muchos años luchan por lograr la autonomía o la independencia del gobierno de Ankara, el cual ha manifestado muchas veces su preocupación ante la posibilidad de que la guerra en Irak propicie la independencia de las tres provincias norteñas y estimule iguales sentimientos en los millones de kurdos que viven en Turquía.
[17] Doctrina teológica de las religiones basadas en un solo Dios: islamismo, cristianismo, judaísmo. (N. del E.)
[18] Por usar el siriaco como lengua litúrgica o siria ortodoxa, es también conocida como iglesia jacobita por Jacobo Baradeo o Iakub Bar Adai, principal defensor del monofisismo (doctrina que proclama la naturaleza única de Cristo). Presidida por un patriarca que reside en la actualidad en Damasco (Siria), sus seguidores radican en Siria, Líbano e Iraq. (N. del E.)

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 Artículo 51
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