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Timestamp: 2019-08-26 08:00:29+00:00

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Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza | Un ecologista en El Bierzo
Ponferrada da la espalda al Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
Mapa del hambre en el mundo. Marzo 2008. Centralinteligenyageny.com.
Si he de reprochar algo a alguien es a mí el primero. Porque confieso que poco, salvo este artículo, he hecho para que el ‘Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza’ pueda aproximarse al logro de su objetivo principal: la desaparición del hambre en el mundo.
En la calle no he visto ningún cartel relacionado con la efeméride. Ni he escuchado ninguna noticia en la radio que me recuerde que a día de hoy, cada jornada que pasa, continúan muriendo de hambre o malnutrición unos cinco mil infantes. Y si en la radio, el periódico, la televisión o la calle, no se habla de pobreza ¿acaso significa esto que ya no hay pobres?
Desde luego, lejos están los tiempos de la cartilla de racionamiento, que conocieron mis padres. Y, también, las historias del hambre, aquellas de la posguerra incivil, que suenan hoy ya a cuentos de viejos. De hecho, a los únicos que todavía les oigo decir “aquí murió mucha gente de hambre” es a ellos, y muy de vez en cuando.
Hoy día ya nadie muere de hambre. O al menos aquí, que yo sepa. Pero lo que sí hay, porque yo las conozco, son familias que necesidad. Y en ocasiones mucha. Frío en invierno y no sé si también algo de hambre, porque socialmente da apuro reconocerlo y apuro trambién, porque algunos, además, te miran mal. Vamos, como si ser pobre fuese una enfermedad contagiosa.
Lo que sí parece incuestionable, por los datos que recibo, es que en nuestro país, -la octava potencia económica mundial según el Gobierno-, una persona de cada seis continúa viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Y lo peor es que esto no tiene visos de mejorar. Las desigualdades son cada día mayores, lo dice la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y lo vemos todos. Y es lo que ningún político, ni quien no lo sea tampoco, deberíamos permitir. Más aún cuando pocos dudan que no haya pan suficiente para todos.
Alcanzado el siglo XXI todavía se sigue muriendo de hambre.
NIños pobres en Yakarta (Indonesia).
Hoy sabemos que, en los albores del nuevo siglo, todavía hay gente que muere de hambre. Y que, con la crisis económica desatada a nivel global, con cifras sin precedentes de desempleo, esto es sólo el principio de algo que puede ir a peor.
El cambio climático, con su cohorte involuntaria de millones de desplazados ambientales, se sumará pronto a la angustiosa perspectiva de un futuro que alguien, unos pocos, nos están robando a todos.
Confieso que me entristece constatar que la desigualdad continúa siendo absolutamente dispar entre unas naciones y otras. Sin embargo hay experimentos científicos que señalan que la naturaleza humana rechaza la desigualdad. Es más, los experimentos demuestran que hasta los mismos simios la rechazan.
Sin poder evitarlo, a mi memoria acuden algunas imágenes difusas, en el blanco y negro de la televisión de mi infancia, en la que aparecen niños africanos con miembros extremadamente delgados, y con enormes y abultados vientres, que más que hacernos pensar que se morían de hambre parecían que lo hiceran por sobrealimentación. Pero hoy sabemos que los niños africanos no son los únicos que pasan hoy hambre en el mundo. Y no sólo los niños.
En estos momentos, en Guatemala, su gobierno acaba de declarar una emergencia nacional relacionada con la hambruna, sin buscar más lejos. Y lo peor de todo es que, a estas alturas, todo el mundo, -o al menos así ocurre en los países occidentales-, reconoce que el hambre podría desaparecer de la faz de la tierra si quisésemos. Es decir, si seriamente nos propusiésemos erradicarla. Lo único que nos aleja de tal objetivo es actuar sobre el reparto de la riqueza, invirtiendo una parte de los presupuestos nacionales en prioridades distintas de las que tenemos.
A partir de la revolución industrial la riqueza ha ido concentrándose en pocas manos, especialmente en los países afectados por el proceso llamado ‘progreso’. Pero las desigualdades sociales, lejos de disminuir, no han hecho más que acrecentarse. En este sentido poco puedo decir yo que no sepa ya el lector. Hoy un veinte por ciento de la población detiene en sus manos más capital que el ochenta por ciento restante. Hoy algunos expertos anuncian que la desnutrición afectará a más de mil cuatrocientos millones de personas en los próximos años. Una cifra histórica nunca antes conocida.
Cada minuto que pasa mueren al menos tres personas de hambre en el mundo. Un hecho desolador que por desgracia la crisis financiera mundial tiende a acentuar aún más. Y si las estrategias de protección social tienen alguna eficacia en los países más desarrollados, éstas son prácticamente inexistentes en muchos otros.
La pobreza es una lacra inaceptable en nuestra sociedad. Es el resultado de un sistema injusto, que el que rige el destino del mundo desde la revolución industrial con el nombre de capitalismo. Y, desde hace cinco décadas, con el de neoliberalismo, basado en el comercio sin trabas, la especulación financiera y la globalización.
La pobreza, o el hambre que la acompaña como si su sombra fuera, es una indignidad para quien la sufre, pero también lo es para quien la permite. La pobreza y la lucha contra el hambre habrían de ser nuestras primeras prioridades, como así lo aprobó la ONU en su Declaración del Milenio, en el año 2000.
La Resolución 55/2, de 8 de septiembre de 2000 es la que aprobó el documento final surgido de las reuniones celebradas en la Sede de las Naciones Unidas del 6 al 8 de septiembre de ese año. 2000. Entonces, “La erradicación de la pobreza” se presentó como “el mayor desafío al que hace frente el mundo” (20 de diciembre de 2002; 78ª Sesión plenaria de la ONU).
Una prioridad que seis años después, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se ligeramente, seguramente consciente de las dificultades a las que se enfrentaba, y que se evidencia en un nuevo enunciado, más limitado: “La lucha contra la extrema pobreza debe seguir teniendo alta prioridad para la comunidad internacional” (27 de noviembre de 2006).
Sin embargo, nada debería resultarnos más intolerable que saber que un niño, o a cualquier ser humano, muere por falta de alimento.
La lucha para erradicar el hambre debiera ser la primera de las prioridades.
Día Internacional Contra la pobreza. Ávila, 2009.
Se afirma con rotundidad que si una mínima parte del dinero que hoy se invierte en armas y conflictos bélicos se destinara a la lucha contra el hambre ésta dejaría de existir. Es más, hay quienes aseguran que con sólo evitar la evasión de impuestos de las empresas multinacionales comeríamos todos. Gastamos el dinero en lanzar cohetes a la Luna mientras muy cerca de nosotros un infante agoniza por no tener que llevarse a la boca. Este es un mundo cruel e incongruente.
Hemos tardado cientos, miles de años, en reconocer que la pobreza constituye una violación de los derechos más elementales del ser humano. El hambre tiene efectos devastadores en el desarrollo físico y mental de los niños. Es padecimiento del hambre es tal que obliga al ser humano a concentrar todos sus esfuerzos en superar tal situación, lo que le incapacita para realizar cualquier otra tarea, ya sea física o espiritual.
Se tardó siglos en reconocer que la pobreza constituía un grave quebranto de los derechos más elementales del ser humano. Y tuvimos que esperar al año 2000, para que 189 jefes de Estado firmasen un tratado de intenciones orientado a suavizar la enorme brecha Norte – Sur. Al documento le pusieron por nombre “Objetivos de desarrollo del milenio“, y en él recogieron siete objetivos de obligado cumplimiento antes del 2015. Fue un momento de ilusión. El panorama económico general aún era bueno y la lucha contra el hambre ocupaba un lugar prominente.
El compromiso aceptado fue de reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de habitantes del planeta cuyos ingresos son inferiores a un dólar por día y de las personas que padecen hambre, mediante medidas nacionales decididas y el fortalecimiento de la cooperación internacional.
Lamentablemente, hoy estamos incluso más lejos que antes de alcanzar el objetivo fijado. Algo que, ya al año siguiente de la proclamación de los Objetivos del Milenio, reconocía la misma Organización. Sólo tienen que consultar el documento que enlazo para constatarlo.
Hoy, traspasado ampliamente el ecuador del plazo fijado, todo sigue igual. O peor. Son tantos los errores cometidos que parecen imposibles de enmendar. ¿Alguien cree, realmente, que conseguiremos alcanzar el objetivo de reducción del hambre para 2015?
Y, sin embargo, hemos de luchar por alcanzarlo, es imperioso que lo hagamos. Necesitamos de una renovación, un cambio, quizás una revolución… de prioridades, de valores, del sistema, para acabar con el hambre extrema. Y esta ha de ser, como nunca debió de dejar de serlo, nuestra primera prioridad.
Algunas resoluciones de Naciones Unidas para luchar contra la pobreza y el hambre.
Conmemoración del Día Internacional Contra la Pobreza. Melilla, 18 oct. 2008. Melillahoy.com.
Resolución 2/2. Sobre los derechos humanos y la extrema pobreza, de 27 noviembre 2006. 31ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Ohchr.org. Pdf.
Resolución 55/210, de 20 de diciembre de 2000, titulada “Aplicación del primer Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza (1997-2006), incluida la iniciativa para establecer un fondo mundial de solidaridad para la erradicación de la pobreza”.
Resolución 55/2, de 8 de septiembre de 2000, en la que se aprueba la Declaración del Milenio como documento final de la Cumbre del Milenio, celebrada en la Sede de las Naciones Unidas del 6 al 8 de septiembre de 2000.
Resolución 51/170, de 16 diciembre de 1996, sobre el Primer decenio de las Naciones Unidas para la erradicación de la pobreza. 86ª Sesión plenaria.
Resolución 50/107, de 20 de diciembre de 1995, sobre la observancia del Año Internacional para la Erradicación de la Pobreza y la proclamación del primer Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza (1997-2006), así como las declaraciones y los programas de acción de las grandes conferencias y reuniones en la cumbre de las Naciones Unidas, sus medidas complementarias y la necesidad de que se apliquen todos los aspectos relacionados con la erradicación de la pobreza.
Resolución 48/183, de 21 de diciembre de 1993, en la que se proclama 1996 como el Año Internacional para la Erradicación de la Pobreza.
Resolución 47/196, de 22 de diciembre de 1992, en la que se estable el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.
Aplicación del primer Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza (1997-2006), incluida la propuesta de establecer un fondo mundial de solidaridad para la erradicación de la pobreza. 21/12701/04/03. Unhabitat.org (56/207, 55/144, 57/266). Pdf.
Actividades del Primer Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la Pobreza (1997-2006). Informe del Secretario General (A/62/267). 17/08/07. Un.org. Pdf.
Decenio de las Naciones Unidas para la Erradicación de la pobreza (1997-2006). 17/10/06. Un.org.
Objetivos de desarrollo del milenio de las Naciones Unidas. Un.org.
Comentario por Elizabeth Vera el 07/12/2009.
‘Por un comercio justo y responsable’. Fuente: equitanea.org.
Si tan solo los políticos que tienen el poder terrenal pensaran por un segundo que sucedería si a sus hijos o nietos les tocara vivir la situación de los niños de África, Guatemala…
Es acaso que sólo el dinero que acuñan y administran a su antojo, malgastando en propagandas, comprando armas para defenderse de quién o de qué.
Señores politiqueros, sociedad mundial, pensemos en el futuro que le dejan a sus hijos. Un país devastado, con hambre con indigencia. Pidan perdón a Dios y a la sociedad por ser malos economistas o administradores de su propia tierra. No dejen un país en bancarrota y con una hambruna mundial, espiritual, económica. Tan solo mediten un poco.
La ambición es buena, pero sin hacer daño al mundo. Logremos un paraíso en esta tierra que el supremo nos prestó. No acaben con este mundo. Los niños, los hombres y los ancianos, no tienen la culpa de su fracaso mental. El dinero no lo es todo en el mundo.
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