Source: https://www.slideshare.net/EjercitoTierra/revista-ejrcito-n-870-de-octubre-2013
Timestamp: 2018-01-16 20:43:45+00:00

Document:
Revista Ejército nº 884 diciembre ... by Ejército de Tierra 5270 views
Revista Ejército nº 890. Mayo 2015 by Ejército de Tierra 1704 views
Revista Ejército nº 876 Abril 2014 by Ejército de Tierra 1396 views
Revista Ejército nº 893. Mes de sep... by Ejército de Tierra 1309 views
Rev eje 904 julioagosto by Ejército de Tierra 852 views
Revista Ejército nº 875. Marzo 2014. by Ejército de Tierra 1562 views
DOCUMENTO: Policía Militar: Ayer, hoy y mañana
ARTÍCULOS: La responsabilidad de proteger, La fuerza letal: Esencia de la profesión militar
Sergio Camero Villar , Oficina de Internet y Redes Sociales at Ejército de Tierra
1. nEJÉRCITOnOCTUBRE2013-añoLXXIV-núm870n OCTUBRE DE 2013 AÑO LXXIV NÚMERO 870 DOCUMENTO: • Policía Militar: Ayer, hoy y mañana ARTÍCULOS: • La responsabilidad de proteger • La fuerza letal: Esencia de la profesión militar
2. Índice PRESENTACIÓN 4 EDITAEDITA PUBLICIDAD: Ibersystems, 112 DIRECCIÓN Director General de Brigada Lorenzo ÁLVAREZ ARAGÓN Subdirector, Jefe de Colaboraciones y Administración Coronel José Luis RUIZ BARANCO Jefe de Ediciones Coronel José Juan VALENCIA GONZÁLEZ-ANLEO CONSEJO DE REDACCIÓN Coroneles Domínguez del Valle,Poutás Álvarez, García-Mercadal, López Roca, Molina Pineda de las Infantas, García y Pérez, Muñoz Blázquez y Arizmendi Lopéz Tenientes Coroneles Urteaga Todó, Borque Lafuente, Díez Alcalde y Jarillo Cañigueral Comandantes Martínez González, Villalonga Sánchez, Guerra Gil y Urbina Redondo Suboﬁcial Mayor Blanco Gutiérrez NIPO: 083-13-005-3 (Edición en papel) NIPO: 083-13-004-8 (Edición en línea) Depósito Legal: M. 1.633-1958 ISSN: 1696-7178 Correctora de Estilo Paloma Prado Caballero Servicio de Documentación Emilia Antúnez Monterrubio Corrector de Pruebas Capitán José Manuel Riveira Córdoba Diseño Gráﬁco y Maquetación Ignacio Moreno Piqueras Ana Maria González Perdones Laura Bevia González Mª Eugenia Lamarca Montes Inmaculada del Valle Olmos Fotocomposición, Fotomecánica e Impresión CENTRO GEOGRÁFICO DEL EJÉRCITO Colaboraciones Corporativas ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MILITARES ESCRITORES Promotor de Publicidad EDITORIAL MIC C/ Artesiano s/n. Polígono Industrial Trabajo del Camino, 24010 León Teléf.: 902 271 902 / Fax: 902 371 902 Email: dirección@editorialmic.com marketing@editorialmic.com Fotografías: MDEF, DECET, ACLOG, Colmeiro y Alberti REVISTA EJÉRCITO C/. Alcalá 18, 4.º 28014 MADRID Teléf.: 91-522 52 54. Telefax: 91-522 75 53 DOCUMENTO Catálogo de Publicaciones de la Administración General del Estado http://publicacionesoﬁciales.boe.es Ordenanzas de S.M.Ordenanzas de S.M. Para el Régimen, Disciplina, Subordinación y ServicioPara el Régimen, Disciplina, Subordinación y Servicio De sus ExercitosDe sus Exercitos Del SoldadoDel Soldado A ningún Recluta se permitirá entrar de guardia hasta que sepa de memoriaA ningún Recluta se permitirá entrar de guardia hasta que sepa de memoria todas las obligaciones de una centinela, llevar bien su arma, marchar con solturatodas las obligaciones de una centinela, llevar bien su arma, marchar con soltura y ayre, y hacer fuego con prontitud y órdeny ayre, y hacer fuego con prontitud y órden..y ayre, y hacer fuego con prontitud y órden.y ayre, y hacer fuego con prontitud y órdeny ayre, y hacer fuego con prontitud y órden.y ayre, y hacer fuego con prontitud y órden Reales Ordenanzas de Carlos III. AÑO 1815 Interior de Contraportada: «... A ningún Recluta se permitirá entrar...» 131 NUESTRAS INSERCIONES Boletín de Suscripción 7 Normas de Colaboración 26 Convocatoria Premios Revista Ejército 2013 36 Nota a los Lectores 6 Policía Militar Libros de Defensa 126 Diez preguntas frecuentes sobre Policía Militar FRANCISCO JAVIER DUCE CORRAL. Brigada. Infantería. 65 ¿Y el futuro...? CARLOS CUTANDA SÁNCHEZ-MONGE. Teniente Coronel. Infantería. 62 Policía Militar: Una nueva formación para un nuevo policía militar FRANCISCO JAVIER DUCE CORRAL. Brigada. Infantería. 56 Policía Militar: Cometidos y Unidades EUGENIO ENRIQUE TRIGUEROS SANGUINO. Teniente Coronel. Caballería. 50 Policía Militar: Nuevas capacidades para nuevos escenarios JUAN LUIS CASTELLS ORTELLS. Teniente Coronel. Infantería. 46 Policía Militar: Pinceladas históricas JUAN LUIS CASTELLS ORTELLS. Teniente Coronel. Infantería. 40 Introducción CARLOS CUTANDA SÁNCHEZ-MONGE. Teniente Coronel. Infantería. 38 Publicidad Revista Ejército 85
3. Artículos secciones La Revista Ejército es la publicación profesional militar del Ejército de Tierra. Tiene como finalidad facilitar el intercambio de ideas sobre temas militares y contribuir a la actualización de conocimientos y a la cultura. Está abierta a cuantos compañeros sientan inquietud por los temas profesionales. Los trabajos publicados representan, únicamente, la opinión personal de los autores. Redacción, Administración y Suscripciones: Sección de Publicaciones de la JCISAT. C/. Alcalá 18, 4.º 28014 MADRID. Teléf.: 91-522 52 54. Telefax: 91-522 75 53. Pág. WEB: www.ejercito.mde.es, E-mail: ejercitorevista@et.mde.es; revistaejercito@telefonica.net. Suscripción anual: España 12,02 euros; Europa:18,03 euros; resto del mundo: 24,04 euros. Precio unidad: 2,4 euros. (IVA y gastos de envío incluidos) la vigencia de los precios referidos será durante el año 2013 •OCTUBbre 2013 • AÑO LXXIV. NÚM. 870 Sumario Internacional	129 Rincón de Historia Militar Una raya para la gloria José Enrique López Jiménez. Teniente Coronel. Ingenieros.	117 Observatorio Internacional de Conflictos Yemen atrapado entre Al Qaeda y una difícil transición ALBERTO PÉREZ MORENO. Coronel. Infantería. DEM. El desafío de los islamistas en el nuevo Egipto carlos echeverría jesús. Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED	113 Grandes Autores del Arte Militar Francisco Borrero Roldán. Coronel de Artillería PEDRO RAMíREZ VERDÚN. Coronel. Infantería. DEM.	119 Hemos Leído Las pistolas de plástico de 3D La biometría y la identificación R.I.R.	120 Información Bibliográfica Historia militar. Técnicas, estrategias y batallas. Tiradores de Ifini. La guerra de Ifini en imágenes.	127 Cine Bélico La noche más oscura Almirante Canaris fLÓPEZ.	124 El ataque a la misión de San Diego JOSé enrique lópez jimenez. Teniente Coronel. Ingenieros.	94 Control e Integración: Claves para la nueva logística operacional y táctica LUIS FERNANDO BAEZA LÓPEZ. Teniente Coronel. Ingenieros.	78 Artillería en misiones contrainsurgencia. UAV, el nuevo OAV ALBERTO SANTOS PUMAR. Capitán. Artilleria.	70 Identidad, guerra y poder JESÚS ALONSO BLANCO. Comandante. Artillería. DEM.	16 La responsabilidad de proteger EMILIO BORQUE LAFUENTE. Teniente Coronel. Artillería. DEM.	8 La División mallorquina de Whittingham JESUS DE QUIROGAY CONRADO. Teniente Coronel. Artillería.	100 La inteligencia y proceso del conocimiento FRANCISCO QUIJANO RODRÍGUEZ IZQUIERDO. Teniente Coronel. Ingenieros.	28 La fuerza letal: Esencia de la profesión militar enrique silvela díaz-criado. Teniente Coronel. Artillería. DEM.	86 Publicaciones Militares del ET	122 FE DE ERRATAS • El título del artículo “Siria y el programa nuclear iraní” que se resaltaba en portada del número anterior de la Revista, por error se transcribió como “Siria y el programa nuclear iraquí” Las consecuencias de las reformas impulsadas por las juntas de defensa GABRIELVILLALONGA SANCHEZ. Comandante. Infantería. DEM.	107
4. Presentación El Documento del presente número aborda el tema de la Policía Militar. El marco multinacional en que habitualmente se desarrollan las operaciones ha motivado la proyección de unidades de Policía Militar en el exterior. Ello ha supuesto un notable incremento en el número, trascendencia y especialización de los cometidos a desarrollar por este tipo de unidades, que llegan a ser esenciales cuando las operaciones derivan hacia una estabilización de la zona en conflicto. A lo largo de sus siete artículos nos adentra en su historia, sus capacidades, sus cometidos, su formación y su futuro. El primer artículo de seguridad y defensa aborda cómo ha surgido en la ONU, en estos últimos años, el concepto «responsabilidad de proteger». Tras una sucesión de intentos infructuosos en la última década del siglo XX, después de un período de reflexión materializado en el informe del año 2000 sobre la actividad de Naciones Unidas en el ámbito de la seguridad y la paz, se generó este concepto como repuesta a las dificultades de la organización para resolver las crisis humanitarias. Con los dos elementos que lo definen, la responsabilidad de los estados de proteger a su población y la compartida por la comunidad internacional, se ha aplicado por primera vez en Libia, aunque no se ha llegado a aplicar en Siria, mostrando las contradicciones derivadas de la estructura organizativa de Naciones Unidas. La identidad y la cultura se usan desde ámbitos de poder para movilizar poblaciones, pero es también un recurso para simplificar el análisis de los enfrentamientos que se vienen produciendo en las últimas décadas. Casi se ha convertido en la «piedra Roseta» para explicar los conflictos. La decadencia de las ideologías globales y el debilitamiento de los estados-nación crean el caldo de cultivo propicio para que determinados grupos busquen cuotas de poder exaltando identidades diferenciadas. Ante esta situación, el artículo Identidad, guerra y poder sostiene que la receta sigue siendo la misma: la razón basada en el conocimiento. Decía Clausewitz que «la guerra implica una incertidumbre; tres cuartas partes de las cosas sobre las que se basa la acción yacen ofuscadas en la bruma... Por tanto, se precisa un entendimiento fino y penetrante que perciba la verdad con un juicio atinado». Esta verdad, como ya intuía el general prusiano, debe estar basada en un conocimiento detallado del entorno que, a medida que se desarrollan los conflictos, ha de servirle para el planeamiento y conducción de las operaciones.
5. Este conocimiento dispone de una matriz perdurable y de otra variable. El trabajo La Inteligencia y el Proceso del Conocimiento ubica la inteligencia en esta última matriz. El siguiente artículo, Artillería en Misiones Contrainsurgencia. UAV el nuevo OAV trata sobre la adaptación de los nuevos medios ISTAR a las necesidades de localización de objetivos, corrección del tiro y control de daños. Basándose en la experiencia afgana analiza cómo adaptar los procedimientos artilleros a estos nuevos escenarios. El trabajo dedicado a la Logística inicia la divulgación del cambio de la Logística Funcional a la Logística Funcional Operativa, ahora descrita en el SALE (Sistema de Apoyo Logístico del ET). Ello ha supuesto un profundo cambio en orgánica, procedimientos y mentalidad de las unidades que apoyan. El CICAL (Centro de Integración y Control de Apoyo Logístico) nace como el elemento de control e integración del apoyo logístico, configurando una red, en los niveles táctico, operacional y estratégico, que permite la conexión del contratista civil con la unidad de combate de primera línea. Organizarse en territorio nacional como si estuviéramos en operaciones es su filosofía. Los tres últimos artículos de la Revista están dedicados a hechos históricos: La misión de San Diego de Alcalá fue la primera fundada por los españoles, en lo que hoy constituye el estado norteamericano de California. La noche del 4 de noviembre de 1775 fue atacada por los indios kumeyaay. En la misión residían dos franciscanos, dos niños de corta edad, dos carpinteros, un herrero y una escuadra de dragones de Cuera, compuesta por un cabo y tres soldados. Este primer artículo narra la ejemplar actuación del cabo Rocha, jefe de la escuadra, durante el asalto de los indios. El segundo, La División Mallorquina de Whittingham, repasa las vicisitudes de esta unidad. Por Real Orden del Consejo de Regencia, de 22 de noviembre de 1810, se aprueba el plan propuesto por el Mariscal de Campo don Santiago Whittingham relativo a la formación de una división, compuesta por infantería de línea y artillería a caballo. Debía alcanzar progresivamente los 30.000 hombres, partiendo de los 10.000 que ya en la Real Orden se asignaban de entre los reemplazos ordenados por las Cortes Generales y Extraordinarias del Reino. Es conocida la influencia que tuvieron las Juntas Militares de Defensa, posteriormente denominadas Comisiones Informativas, en la normativa militar y, en concreto, en las recompensas por méritos de guerra. Se han escrito artículos y libros sobre las Juntas, pero casi nunca se han descrito los efectos sobre personas en concreto. El tercer artículo, Las Consecuencias de las Reformas Impulsadas por las Juntas Militares de Defensa (1916-1922), trata de mostrar cómo las normas impuestas por las Juntas sobre recompensas en tiempo de guerra afectaron a un oficial en concreto: el comandante de Infantería Bartolomé Pons Abelló.
6. 6 REVISTA EJÉRCITO • N. 856 JULIO/AGOSTO • 2012 Desde el primer número de 2013 la Revista se está editando en papel reciclado, lo cual no solo está motivado por la necesaria racionalización del gasto en la producción de publicaciones, sino también y especialmente buscando contribuir a la mejora del medio ambiente minimizando en lo posible la explotación de materias primas. Las nuevas tecnologías permiten el acceso a la revista vía on line aumentando exponencialmente el número de personas que pueden consultarla, lo que a su vez contribuye al consiguiente ahorro de papel. Además, a través de las direcciones que a continuación se señalan, con diferentes formatos, se pueden consultar todos los números anteriores de : INFORMACIóN PARA LOS LECTORES
7. SEGURIDAD Y DEFENSA NIVEL OPERACIONAL Y TÁCTICO INSTRUCCIÓN Y ADIESTRAMIENTO ORGÁNICA Y LEGISLACIÓN PERSONAL LOGÍSTICA CIENCIA Y TECNOLOGÍA ARMAMENTO, MATERIAL E INFRAESTRUCTURA EJÉRCITO Y SOCIEDAD GEOGRAFÍA E HISTORIA CULTURA #En cumplimiento de la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de Carácter Personal, la Sección de Publicaciones de la Subdirección de Asistencia Técnica (SUBAT) procesa los datos personales de los suscriptores, incluyéndolos en el fichero correspondiente de la Revista Ejército. Todo suscriptor puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición dirigiéndose por escrito a la Secretaría Técnica de la JCISAT, C/ Prim, 6 Madrid (28004). El suscriptor será responsable de la inexactitud o falta de actualización de los datos personales aportados BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN A LA REVISTA D. ..................................................................................................................	Empleo ................................................... Escala ........................................ DNI ..........................................................	Teléfono .................................................. Dirección ......................................................................................................	N.º .............Piso ............	Puerta ............. Población ................................... C.P. ..........................................................	Provincia ................................................ Deseo suscribirme a los 10 números ordinarios y 2 extraordinarios de la revista Ejército del año 2013, por un importe total de ☐ España .................................................12,02 euros anuales (I.V.A. y gastos de envío incluidos) ☐ Unión Europea ....................................18,03 euros anuales (I.V.A. y gastos de envío incluidos) ☐ Resto del mundo .................................24,04 euros anuales (gastos de envío incluidos) que abonaré de la forma siguiente: ☐ Giro postal a la Sección de Publicaciones de la JCISAT. C/ Alcalá, 18 - 28014 MADRID. ☐ Cheque nominativo a favor del “Centro de Publicaciones del MINISDEF”. ☐ Domiciliación Bancaria (no válida para suscripciones del extranjero). ☐ Transferencia bancaria a favor de: “Centro de Publicaciones del MINISDEF”, con código de cuenta: 0182 2370 47 0201503658 del BBVA, en Madrid (España) Rellenar solamente en caso de domiciliación bancaria D. ........................................................................................... autorizo al Centro de Publicaciones del Ministerio de Defensa, para que con cargo a mi cc. núm, Entidad	Sucursal	DC	CC del Banco o Caja .................................................................................................................................... con domiciliación en la Calle ................................................................................................................ Población .........................................................	C.P. ..................	Provincia ........................................ sean abonados los recibos correspondientes a la suscripción de la Revista Ejército. ....................., a ............ de .................................. de 2013 Firmado: PARA SUSCRIPCIÓN, RELLENAR EL BOLETÍN INFERIOR Y ENVIAR A: Sección de Publicaciones de la JCISAT Calle Alcalá nº 18, 4ª Planta. 28014 Madrid email: revistaejercito@telefonica.net ejercitorevista@et.mde.es TODOS LOS TEMAS QUE TE INTERESAN
8. T ras una sucesión de reveses en la última década del siglo XX, en el seno de las Na- ciones Unidas se generó el concepto «Res- ponsabilidad de Proteger» como respuesta a la constatación de las dificultades de la Organiza- ción para resolver las crisis humanitarias. Si bien con anterioridad, en el ámbito de la Guerra Fría, se habían producido situaciones similares, siem- pre se habían entendido como un asunto interno de los Estados afectados y no como un problema de carácter internacional. Tras la caída del Muro de Berlín se desató la necesidad de llevar a cabo intervenciones de carácter humanitario que, fuera por la inexistencia de doctrinas claras de actua- ción o fuera por una interpretación excesivamente rigurosa del principio de neutralidad, se revelaron en la mayor parte de los casos incapaces de dete- ner la violencia contra la población. El concepto de Responsabilidad de Proteger fue formulado por primera vez en 2001, tras la presen- tación del informe del año 2000 sobre la actividad de Naciones Unidas en el ámbito de la seguridad y la paz, más conocido como Informe Brahimi. Avaladas sus conclusiones por la Asamblea General en la Cumbre Mundial de 2005, la primera vez que se implementó este concepto fue con ocasión de la crisis libia de 2011. Pero, poco tiempo después, en el mismo marco geopolítico, aunque la situación en Siria se ha manifestado en los mismos términos de represión contra la población, se han vuelto a mostrar las contradicciones de la estructura de Naciones Unidas y, ante el régimen de Bashar Al-Assad, no se ha tomado ninguna decisión de importancia. En estas líneas se pretende, por tanto, revi- sar el nacimiento y desarrollo del concepto, así como mostrar la diferente forma de entender su aplicación en función de los intereses de aque- llos que tienen la potestad de decidir. Poner de manifiesto los problemas estructurales del siste- ma de Naciones Unidas que se enfrenta, como tantas otras veces, ante la realidad de ser incapaz de cumplir la finalidad para la que fue creada: preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra y proteger los derechos fundamentales del hombre. LA RESPONSABILIDAD Emilio Borque Lafuente. Teniente Coronel. Artillería. DEM. DE PROTEGER 8 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
9. Seguridad y Defensa LA TOMA DE CONCIENCIA Aunque los conflictos de la segunda mitad del siglo XX ya habían mostrado la necesidad de que, en ocasiones, se sobrepasara el principio westfa- liano de soberanía de los Estados, reafirmado por la Carta de Naciones Unidas en su declaración de principios, fueron las crisis producidas a partir de los años noventa las que pusieron en marcha el debate sobre la conveniencia de considerar otros enfoques en determinadas circunstancias de especial gravedad. En 1993, la situación en Somalia provocó la intervención de Naciones Unidas a través de la decidida participación de los Estados Unidos, reciente vencedor en la Guerra del Golfo, con el despliegue de una fuerza capaz de resolver una emergencia de carácter humanitario en el marco de la guerra civil. Como en tantas ocasiones, no se afrontó la crisis atacando las causas de fondo sino que se intentó, con una gran dosis de buena voluntad, solucionar el problema coyuntural. El conocido derribo de dos helicópteros norteame- ricanos y la muerte de 18 de sus soldados, cu- yas imágenes fueron retrasmitidas por televisión, bastaron para provocar la retirada de los Estados Unidos y el consiguiente fracaso de la operación. Al mismo tiempo, en Europa se había produ- cido la desintegración de Yugoslavia y los con- secuentes conflictos bélicos de carácter étnico y religioso. En julio de 1995, el ejército de la República Srpska tomó la ciudad de Srebrenica pese a la presencia y los esfuerzos de un batallón holan- dés integrado en la fuerza de Na- ciones Unidas. Se produjo la depor- tación de 20.000 personas y el ase- sinato de 8.000 varones bosniacos. Las restricciones del uso de la fuer- za, la compleja es- tructura de mando de la misión, que prácticamente Imagen de la ciudad de Sbrenica en Bosnia Herzegovina Incumbe al propio Estado la responsabilidad principal de proteger a su población; cuando la población esté sufriendo graves daños y el Estado no quiera o no pueda atajar o evitar esos sufrimientos, la responsabilidad internacional de proteger tendrá prioridad sobre el principio de no intervención REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 9
10. anuló la posibilidad de apoyo aéreo a la fuerza militar y un mandato demasiado inconsistente mostraron a la comunidad internacional la escasa eficacia de las operaciones de este tipo. Suponía una incongruencia llevar a cabo una misión de mantenimiento de la paz, cuando era evidente que no había ninguna paz que mantener. Un año antes, en Ruanda tuvo lugar una masacre de suficiente magnitud como para ser considerada como un genocidio premeditado. La mayoría hutu, convenientemente manejada y tras siglos de profundo recelo provocado por el dominio de la etnia tutsi, procedió a la elimina- ción sistemática de esta. Cuando el presidente Juvénal Habyarimana, étnicamente hutu del Nor- te, murió al ser derribado su avión, los hechos se desencadenaron sin que Naciones Unidas, con fuerzas presentes en la región, fuera capaz de hacer nada, salvo retirarse. Una década de intervenciones de Naciones Unidas en conflictos por todo el mundo habían puesto de manifiesto la falta de herramientas verdaderamente útiles para resolver las crisis. Era necesario, por tanto, hacer una profunda reflexión para que el descrédito no minara más profundamente la posición de la Organización entre la comunidad internacional. El Informe del Grupo sobre las Operaciones de Paz de Naciones Unidas del año 2000 hacía hincapié en la necesidad de modificar las es- trategias y doctrinas para adaptarse a los retos del nuevo milenio, ajustando los medios a las misiones. En los nuevos enfoques doctrinales que se propugnaban subyacía el debate entre el derecho a intervenir con fines humanitarios y el principio de soberanía de los Estados. Se trataba, por tanto, de seguir avanzando más allá de la reflexión para llegar a auténticas decisiones que pudieran evitar que hechos como los vividos en la última década, volvieran a repetirse. DE LA INTERVENCIÓN HUMANITARIA A LA RESPONSABILIDAD DE PROTEGER La iniciativa la tomó el Gobierno de Cana- dá, promoviendo la creación de la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados (ICISS). En su informe, se definía la Responsabilidad de Proteger expresando sus RuandaRuandaRuanda Desplazados en el conflicto ruandés de 1994 10 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
11. Seguridad y Defensa principios básicos: Incumbe al propio Estado la responsabilidad principal de proteger a su pobla- ción; cuando la población esté sufriendo graves daños y el Estado no quiera o no pueda atajar o evitar esos sufrimientos, la responsabilidad in- ternacional de proteger tendrá prioridad sobre el principio de no intervención. Es decir, ponía de relieve el debate entre el derecho de intervención humanitaria y el principio de igualdad soberana de los Estados. Uno, en línea con las finalidades de Naciones Unidas, expresadas en el preámbulo de su Carta Fundacional; el otro, afirmado en los Principios fijados en su artículo 2. La Cumbre Mundial de 2005 buscaba la refor- ma de las estructuras organizativas de Naciones Unidas, aunque este objetivo recurrente no fue realmente alcanzado. Sin embargo, había otras cuestiones que resolver, entre las que se encon- traba afianzar algo más el concepto de Respon- sabilidad de Proteger, de forma que fuera acep- tado por el mayor número posible de países. Sin embargo, existían serias reticencias por parte de algunos Estados no democráticos, que veían en este concepto la posibilidad de que determinadas potencias pudieran aprovecharlo para desalo- jar a sus dirigentes del poder. No obstante esta oposición, la Asamblea General aprobó final- mente un documento que, posteriormente, sería ratificado en la Resolución 60/1. La introducción del concepto de Respon- sabilidad de Proteger en el seno de la co- munidad internacio- nal quedaba reflejada claramente en los pá- rrafos 138 y 139 del Documento Final de la Cumbre Mundial: la Responsabilidad de Proteger no incumbe únicamente a la comu- nidad internacional, sino que su aplicación inicial tiene que estar en el propio Estado afectado, primer responsable de la seguridad y bienestar de su población. No obstante, en la comunidad internacional, a través de Nacio- nes Unidas y con la aprobación del Consejo de Seguridad, recae siempre la responsabilidad de emplear todos los medios, sean diplomáticos, humanitarios u otros, en concordancia con los Capítulos VI y VIII de la Carta, pero dejando abierta la posibilidad de acudir al Capítulo VII con la aplicación de medidas de uso de la fuerza. LA PUESTA EN PRÁCTICA. IMPLEMENTACIÓN DEL CONCEPTO Tras la Resolución 60/1 el concepto de Res- ponsabilidad de Proteger fue adoptado por Na- ciones Unidas en varias resoluciones del Consejo de Seguridad a lo largo de los años, siguiendo el ritmo que iban marcando los diferentes conflictos que se producían. La Resolución 1970, de 26 de febrero de 2011, ponía de manifiesto la responsabilidad del Gobierno de Libia en la violencia que es- te estaba ejerciendo contra la población civil, considerando que los ataques que se estaban llevando a cabo podían constituir crímenes de Combatientes anti-Gadafi en el conflicto libio REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 11
12. lesa humanidad; asimismo recordaba la respon- sabilidad de las autoridades libias de proteger a su población y, por ello, instaba al Gobierno libio a hacer efectiva dicha responsabilidad. Además de esto, se imponían a Libia una serie de medidas que no implicaban el uso de la fuerza, pero que suponían una acción decidida para evitar que su Gobierno pudiera seguir con las actividades contra su propia población. Pero, el momento en que se aplica por prime- ra vez el concepto de Responsabilidad de Pro- teger se produjo unas semanas más tarde, el 17 de marzo, con la Resolución 1973, cuando, en referencia a la protección de la población civil, se exigía a las autoridades libias que cumplieran las normas que impone el derecho internacional y se autorizaba a los Estados Miembros a adoptar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles. Esta aplicación suponía un importante y, en ese momento, decisivo cambio cualitativo en la línea de actuación de la ONU, porque pasaba por encima del hasta entonces intocable principio de no injerencia, consagrado en el artículo 2.7 de la Carta de Naciones Unidas. Hasta ese momento solo se había autorizado el empleo de la fuerza con propósitos de protección humanitaria, en el marco de operaciones de paz y cuando ha- bía consentimiento de los Estados en los cuales se desarrollaba la operación. Era, por tanto, el primer caso en que el Consejo de Seguridad ponía en práctica la doctrina sobre la Responsabilidad de Proteger. Hay que destacar, no obstante, que la aplicación del concepto se autorizó en unas circunstancias no precisamente habituales en el Consejo de Seguridad, como fue la abstención en la votación de dos de los países con derecho de veto: Rusia y China, además de las de Alemania, Brasil e India. Independien- temente de su postura en la votación de la Resolución 1973, las acciones aéreas en Libia provocaron no pocas críticas de algunos de aquellos países que se habían abstenido, ya que desde su punto de vista la OTAN no actuó de acuerdo con el principio de neutralidad sino favoreciendo a la facción rebelde, lo cual ha resultado, al analizar el conjunto de la operación, claramente evidente. CASOS DIFERENTES En la situación siria, por el contrario, una propuesta presentada por Marruecos en nombre de la Liga Árabe sí que ha encontrado el veto de Rusia y China, que no han estado dispuestas a sacrificar sus intereses para mantener el concep- to, a pesar del deseo del Secretario General de no retroceder en su aplicación. En el caso chino, esta actitud puede explicarse por su tradicional postura de no injerencia en los asuntos internos de otro Estado y, quizás, para no consolidar una norma de derecho internacional que pudiera per- judicarla en un futuro. Rusia, por su parte, cuenta con intereses estratégicos y militares en Siria que se materializan, además de por las importantes ventas de material militar, por el mantenimiento de la base naval de Tartous, que le proporciona una presencia naval permanente en el Medi- terráneo. También hay que considerar que en Siria, lo que comenzó como una dura represión por parte del régimen de Bashar Al-Assad a las manifestaciones esencialmente pacíficas, se ha Fuerzas americanas al inicio de la intervención en Libia 12 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
13. Seguridad y Defensa convertido en una auténtica guerra civil, con dos bandos enfrentados y dotados de material que les permite combatir en condiciones disimétricas, lo que hace todavía más complejo el que se acepte una intervención apoyada en la Responsabilidad de Proteger. Como se ha apuntado, se criticó que la Re- solución 1973 sirviera para apoyar a una de los bandos enfrentados en Libia y supusiera el derro- camiento y muerte de Muammar el Gadaffi, más cuando esta se produjo en un auténtico lincha- miento, circunstancia que ha podido pesar cla- ramente en la decisión de no abstenerse, sino de ejercer el derecho de veto. Y, por último, hay que considerar que si en la crisis de Kosovo, Rusia se encontraba en una situación que le impedía ejercer un poder perdido en años de debilidad, ahora ha vuelto a recuperar la fuerza económica y política, es otra vez una potencia dominante y busca, lógicamente, mantener a toda costa la defensa de sus intereses geoestratégicos. Pero, además de Libia y Siria, se puede seguir con la revisión de las sucesivas crisis que se han ido produciendo para atisbar cómo se está aplicando el concepto de Responsabilidad de Proteger. Así, en la Resolución 2071 del Consejo de Seguridad, de 12 de octubre de 2012, sobre la situación en Malí, se aprecia la insistencia en recordar al Estado afectado su responsabilidad en la protección de la población, al expresar: «In- cumbe a las autoridades malienses la responsabi- lidad principal de ve- lar por la seguridad y la unidad en su terri- torio y proteger a sus civiles […] poniendo de relieve que toda solución sostenible de la crisis de Malí debe ser dirigida por Ma- lí». Pero también se considera la opción de una actuación militar que pudiera ser autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ya que se refiere algo después a la disposi- ción a «responder a la solicitud de las autoridades de transición de Malí en relación con una fuerza militar interna- cional que preste asistencia a las fuerzas armadas malienses en la recuperación de las regiones ocupadas del norte de Malí». De esta forma, los dos elementos básicos del concepto se materia- lizan en la Resolución: una visión nueva sobre las responsabilidades que conlleva la soberanía de un Estado con respecto a la población que en él habita y, al mismo tiempo, la responsabilidad compartida de la comunidad internacional, que incluye el uso de la fuerza. Se pueden considerar también, para finalizar el recorrido por el interés de la comunidad inter- nacional en la aplicación de este concepto, los casos de Costa de Marfil, Yemen y Sudán del Sur, en los que las diferentes resoluciones manifiestan la responsabilidad de cada Estado de proteger a sus civiles, en las que el interés de Naciones Uni- das por afianzar el concepto de Responsabilidad de Proteger se mantiene intacto y, por ello, no se deja de incluir en cualquier dictamen que haga referencia a una crisis. Hay, no obstante, una dificultad en la posi- bilidad de aplicación del concepto, ya que la responsabilidad se asigna tanto al Estado como, en determinadas circunstancias, a la comunidad internacional. Estaría por tanto la decisión de empleo de la fuerza, siempre tras la autorización del Consejo de Seguridad, en función de una valoración que suele ser subjetiva. Si bien la idea Opositores al régimen en Siria REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 13
14. de que hay una responsabilidad de proteger es clara, no lo es tanto la posibilidad de su aplica- ción, puesto que no está bien definido cómo hay que entender tanto la «responsabilidad» como el «proteger» y, por ello, la opción del empleo de la fuerza siempre quedará en función de los intereses de cada uno de los Estados con poder de decisión. Por otra parte, la posibilidad de intervenir para hacer efectivo el concepto necesita de la impres- cindible capacidad de hacerlo y, es evidente, que en el seno de la comunidad internacional existe esa capacidad, especialmente desde el momento en que se ha hecho habitual el que la ejecución se traslade a organizaciones multinacionales, sea la OTAN, la Unión Africana o cualquier otra. No es, sin embargo, la existencia de estructuras y medios lo que puede proporcionar la impres- cindible disuasión y, así, reforzar las acciones diplomáticas o cualquier medida que no requiera el uso de la fuerza, sino la auténtica voluntad de la ejecución de las acciones. El peligro, por tanto, de la implementación de la Responsabilidad de Pro- teger está en que pueda servir para defender o fa- vorecer intereses particula- res de aquellos que tienen la verdadera capacidad de decidir. En el caso libio, la proximidad geográfica, las particularidades de las relaciones económicas, el riesgo de recibir a un nú- mero inasumible de po- blación en movimientos migratorios incontrolados movieron a determinados países europeos a ser par- tidarios de la intervención armada, convenientemen- te situada bajo el paraguas de ONU, basándose en la necesidad de proteger a la población. En Siria la si- tuación es absolutamente diferente y, aunque mucho más grave desde el punto de vista humanitario, lo que ahí acontece no parece afectar de forma tan directa. CONCLUSIÓN La experiencia de las actuaciones de Naciones Unidas en la década de los noventa produjo la sensación de falta de eficacia para poder frenar las catástrofes humanitarias y genocidios, lo que dio paso a una reflexión interna para intentar evitar que esas situaciones se volvieran a produ- cir. De esta forma y tras un esfuerzo progresivo, a lo largo de la primera década de este milenio se ha ido definiendo el concepto de Responsa- bilidad de Proteger, en el que los dos elementos que lo caracterizan son, en primer lugar, que los Estados son los principales responsables de la protección de su población; después, que la comunidad internacional, por medio de las Na- ciones Unidas, tiene también la responsabilidad de utilizar los medios diplomáticos, humanitarios y otros medios apropiados, hasta llegar incluso a la adopción de medidas coercitivas. El Presidente francés Francois Hollande, en compañia del Presidente interino de Mali Dioncounda Traore, visitando a las tropas francesas de la operación Serval 14 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
15. Seguridad y Defensa El concepto de Responsabilidad de Proteger ha tardado poco tiempo en entrar en el cuerpo jurídico internacional, aunque también son dis- tintos los efectos prácticos que ha producido has- ta el momento. Libia, Siria, Malí, Yemen resumen las primeras crisis en las que se ha considerado la responsabilidad del Estado en la protección de su población, a la vez que se ha reconocido la de la comunidad internacional en esta defen- sa. Aunque se ha avanzado de forma decisiva e importante en la adopción del concepto, su im- plementación todavía no es suficientemente fir- me, porque imperan los intereses de los Estados que tienen la auténtica capacidad de decisión. También, y en sentido contrario, se puede correr el riesgo de que se aproveche o se abuse de su aplicación para favorecer esos mismos intereses. En cualquier caso, el tiempo permitirá apreciar claramente sus efectos y si estos serán capaces de superar a otros más tradicionales en la relación entre los Estados, aunque se dé la paradoja de que Naciones Unidas sea, a la vez, impulsora del concepto de Responsabilidad de Proteger y que constituya un freno a su aplicación por las propias deficiencias de su estructura organizacio- nal. El dilema de su aplicación no está tanto en el nivel de crisis coyunturales. Se trata más bien de algo que, por repetido, no deja de ser un proble- ma estructural, un problema de valores, una crisis de la propia Organización, que mantiene todavía un anacronismo derivado de su fundación: la po- sibilidad de que los «vencedores» de la Segunda Guerra Mundial puedan vetar las decisiones del Consejo de Seguridad, la posición dominante de ser miembros permanentes del órgano que tiene que tomar las decisiones de intervenir para man- tener los principios de Naciones Unidas. Pero, esto, es motivo de otra reflexión.n Consejo de Seguridad de la ONU en deliberación sobre el conflicto sirio Si bien la idea de que hay una responsabilidad de proteger es clara, no lo es tanto la posibilidad de su aplicación, puesto que no está bien definido cómo hay que entender tanto la «responsabilidad» como el «proteger» y, por ello, la opción del empleo de la fuerza siempre quedará en función de los intereses de cada uno de los Estados con poder de decisión REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 15
16. El concepto de identidad se ha utilizado como comodín para explicar gran parte de los con- flictos, particularmente aquellos que nos cues- ta entender bajo el prisma de las guerras entre estados. Pero no solo se ha usado para explicar los conflictos entre sociedades, sino que ha sido un recurso fácil para comprender los enfrenta- mientos surgidos dentro de ellas. El término es tan amplio que caben desde las movilizaciones tradicionales por los intereses nacionales (iden- tificación nacional), hasta el «choque de civili- zaciones» de Huntington. En general se ha popularizado la impresión de que los conflictos son, en esencia, conflictos en- tre identidades opuestas. Pero, ¿qué es realmente la «identidad»? La identidad se conforma mediante un pro- ceso necesario para el desarrollo personal. Ca- da individuo se concibe a sí mismo como una combinación única de diversas identificaciones: género, raza, religión, ideología, ocupación, si- tuación social y familiar, etc. Parte de ellas son consecuencia de nuestro nacimiento, mientras que otras se nos «implantan» mediante un pro- ceso de socialización, en el que la familia y la sociedad imprimen su cultura a los nuevos miembros. Se insertan en el individuo, por así decirlo, identidades grupales y comunitarias, y se le ofrece diferentes opciones para que él elija las individuales. La identidad individual concierne a cada persona, la de grupo se define por las relaciones interpersonales reales, mientras que la Jesús Alonso Blanco. Comandante. Artillería. DEM. IDENTIDAD, GUERRA Y PODER «Ningún hombre tiene que despertarse pensando que no obtendrá conversos para la hipótesis más extravagante, si tiene el arte suficiente para presentarla con colores favorables». David Hume 16 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
17. comunitaria trasciende en el tiempo y el espacio a los individuos y grupos existentes1 . Son muchas las posibles etiquetas que pueden marcar la identidad de un individuo. Las más generales pueden hacer referencia al aspecto geográfico, étnico, racial, de sexo, edad, religión, tribu, nivel económico, nacionalidad, afiliación política y un largo etcétera. Otras pueden ser más peculiares como la identificación con su ciudad, barrio, estilo musical o equipo de fútbol, por po- ner algunos ejemplos. La historia local o nuestro pasado familiar pueden pesar en nuestra propia identificación, pero esos mismos aspectos se convierten en irrelevantes ante un evento o una experiencia propia extraordinaria o mundana, pero que ha tenido en nosotros un gran impacto. El resultado es, básicamente, el hecho cierto de que no hay dos personas totalmente iguales. En sí mismo, este proceso es fundamental para estructurar la persona y la sociedad. Sin embargo, encierra en él una simiente que puede Mapa de civilizaciones (según a Samuel Huntington) dar origen al conflicto. En la definición del «yo» está implícita la diferenciación del «otro»; de igual forma en la creación del «nosotros» se forma el «los otros». Las identidades personales no son fuente de conflictos, pero las grupales y comunitarias pueden llegar a serlo. Cuando la autoafirmación grupal lleva a sentimientos ex- tremos y claramente hostiles para diferenciarse de «los otros», se produce una sobrevaloración propia y una deshumanización del resto. Si esto ocurre, la identidad se reduce a la per- tenencia a una sola cosa, instala a los hombres en una actitud sectaria, intolerante, opresora, a veces suicida, y los transforma, en ocasiones, en gentes que matan o en partidarios de los que lo hacen. Su visión del mundo está por ello sesgada, distorsionada2 . Crean una comunidad propia, en la que «los nuestros» no solo son aquellos con los que compartimos la identidad única, sino que además son, de entre ellos, los más exaltados, los más «comprometidos» y aguerridos, que son Seguridad y Defensa REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 17
18. también los más demagogos. El resto de aquellos con los que compartimos la identidad exaltada, pero que no coincidan con «nuestra visión» se- rán alienados por timoratos o traidores. De todas las identidades posibles, en los dife- rentes momentos de la Historia, a algunas se les ha dotado de un plus de legitimidad para impul- sar movimientos unificadores. Si en el pasado se usó la raza, la religión o el nivel económico co- mo causa legitimadora para desarrollar procesos de agrupación y exaltación propia, hoy parece que «la cultura» es el aspecto identitario por excelencia para suscitar adhesiones y justificar políticas. Y a la vez ha servido para desarrollar teorías explicativas de los conflictos en el mundo, o incluso sus opuestas. Estas, lejos de discutir el concepto de identificación cultural, ahondan en él, defendiendo la no confrontación entre cultu- ras en lugar de cuestionar la división del mundo por grupos culturales. El problema no es tanto el choque o la alian- za de civilizaciones. El problema es el término mismo de civilización, y el uso que de él hacen ambas visiones. LA CULTURA COMO ELEMENTO DE IDENTIDAD La cultura se ha usado para explicar conflic- tos, en la mayoría de los casos sin acotar su sig- nificado, dejando al lector que aplique el vago concepto que todos tenemos. Para delimitarla po- demos usar la clásica definición de cultura dada por Tylor, que aunque un tanto imprecisa, es fácil de entender: cultura es, según él, «un complejo que comprende conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, usos y otras capacidades y usanzas adquiridas por el hombre en cuanto es miembro de una sociedad». Esto forma un sistema relativa- mente integrado de ideas, valores y actitudes más o menos estables, que influyen en la conducta y Características multitudes en las peregrinaciones a La Meca 18 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
19. organización social. Básicamente la cultura con- siste en contenidos de conocimiento y pautas de conducta que han sido socialmente aprendidos3 . Los fundadores de la Sociología Durkheim y Nartop afirmaron que, si bien la naturaleza nos hace individuos, solo la sociedad nos hace personas, ya que exclusivamente de la sociedad recibe el individuo todo lo que constituye su mundo espiritual: lenguaje, sentimientos, cultura, religión, arte, etc. Llamando educación, de un modo global, a todo ese bagaje con el que la so- ciedad (de forma impositiva) equipa a sus nuevos miembros y así los socializa, nos sale la conocida frase, idéntica en ambos autores, de que el hom- bre es hombre solo porque vive en sociedad y es educado en ella. La identidad cultural, entonces, es un reflejo de las situaciones sociales en medio de las cuales el individuo se ha formado y ante las cuales reacciona. La esencia personal (el sí mismo, el yo) es un espejo social. La cultura, por consiguiente, establece un consenso básico entre los miembros, tanto para adaptarse dentro de la sociedad, como para asegurar su adaptación al entorno. Pero lejos de ser un elemento estático, la cul- tura se encuentra en permanente cambio. Los elementos formales (pensemos en el lenguaje, los ritos, etc) cambian constantemente. Pero también lo hacen los valores, en la medida que cambian la percepción de la sociedad, entendiendo por valores aquellos comportamientos y actitudes que la sociedad considera correctos, y por lo tanto promociona. Están, por ello, sujetos a las variaciones de las circunstancias y de lo que, en cada momento, se considera correcto para la mejora de la sociedad en su conjunto.Pero, como hemos dicho, sin olvidar que la cultura crea un entorno estable y predecible, y propor- ciona un sentido, una identidad y un sistema de comunicación. Esto nos lleva a recordar que en toda organiza- ción la cultura nunca es homogénea, y que existe dentro de ella un permanente conflicto. La ines- tabilidad, la crisis y el cambio se están dando de hecho en toda organización. «La cultura nunca es totalmente aceptada ni totalmente rechazada; nunca terminan las fuerzas dominantes de insti- tuirse y tampoco los elementos contestatarios son capaces de generar el cambio radical y simultá- neo de los rasgos que definen una cultura. Puede afirmarse entonces que, en la organización, sus componentes culturales están en continuo mo- vimiento y son el resultado de una síntesis de antagonismos» (Etkin y Schvarstein, 1989). A lo que debemos añadir que una sociedad nacional puede ser más o menos homogénea, pero nunca lo será tanto que no puedan diferenciarse «cul- turas particulares» y «subculturas». Esta es, entre otras, una de las principales razones que hacen muy difícil una agrupación masiva de personas en torno a una sola cultura. De hecho, si profundizamos en alguna de las lla- madas culturas, nos surge una gran cantidad de dudas y contradicciones. ¿Pertenecen todos los musulmanes a una sola cultura islámica? ¿Tienen los árabes la misma cultura que los iraníes-per- sas? Incluso dentro de los árabes, ¿podemos decir que son culturalmente idénticos los individuos que viven en las grandes ciudades de aquellos que aún pertenecen a tribus nómadas? Lo mismo ocurre en la denominada por al- gunos como cultura occidental: ¿Tenemos la misma cultura los países mediterráneos, latinos y católicos que los atlánticos, anglosajones y protestantes? ¿Y qué diferencia cultural produce en los ciudadanos una determinada creencia política? o ¿cómo afecta en la cultura particular el ser creyente o ateo? En resumidas cuentas, decir que un gran nú- mero de personas comparten una misma cultura es una simplificación, por no decir un error, que en muchos casos esconde intereses espurios. Y basar esas conclusiones en compartir un solo as- pecto, como por ejemplo la lengua o la religión, y construir sobre él una identidad cultural homo- Seguridad y Defensa REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 19
20. geneizante supone limitar las posibilidades de los ciudadanos para adoptar y desarrollar, de forma equilibrada, otros aspectos identitarios elegidos por ellos. En esencia, un empobrecimiento de la persona y de la sociedad misma. POLÍTICA DE IDENTIDADES Cuando una elite usa una identidad concre- ta, superponiéndola exageradamente sobre las otras, reivindicando poder sobre la base de esa «diferenciación», nos encontramos con lo que Mary Kaldor denomina política de identidades: «La nueva política de identidades consiste en reivindicar el poder basándose en etiquetas». En realidad no es algo nuevo. La creación del Estado-nación, o la extensión de ideologías como el socialismo terminan identificando al indivi- duo como nacional o socialista. Estos dos casos son definidos como política de ideas, abiertas a todos y por tanto integradoras. Sin embargo, las denominadas políticas de identidades se basan en etiquetas, generalmente obtenidas por naci- miento, son intrínsecamente excluyentes y, por tanto, tienden a la fragmentación. En la era moderna, la política ha estado pre- sidida por ideas laicas y abstractas, de vocación universalista y de carácter integrador, capaz de acoger a todo aquel que lo decida. Con este techo identitario, cada persona es capaz de de- sarrollarse en su interior adquiriendo diversas etiquetas, que la conforman como un individuo diferenciado de los demás. Este individualismo creado sobre un marco ideológico amplio conse- guía crear un Estado-social de paz, donde iden- tidades individuales transversales conectaban ciudadanos (termino de la Ilustración que pre- tende igualar en diferencia) de diversos ámbitos. Pero con un Estado-nación debilitado, un socialismo transformado tras el fiasco del ex- perimento soviético, un liberalismo solamente identificado con lo económico, y un humanis- mo global que aún no se ha asentado, existe un vacío en la evolución de las corrientes ideoló- gicas nacidas de la Ilustración. Esta debilidad Si en el pasado se usó la raza, la religión o el nivel económico como causa legitimadora para desarrollar procesos de agrupación y exaltación propia, hoy parece que «la cultura» es el aspecto identitario por excelencia para suscitar adhesiones y justificar políticas 20 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
21. es aprovechada por las corrientes reaccionarias que nunca han terminado de desaparecer, y que ahora, como en el pasado, son capaces de mo- vilizar grandes masas recurriendo a sentimientos básicos y excluyentes, a prejuicios arraigados en el imaginario y a identidades exaltadas, cuando no fabricadas. El problema es que las políticas particularistas no pueden ofrecer un proyecto de futuro capaz de sobrevivir al entorno globalizador. A D Smith, en su libro Naciones y nacionalismo en la era glo- bal, afirma que, lejos de estar acabado, el Estado- nación mantiene toda su vigencia como marco capaz de lograr que el desarrollo de aspiraciones políticas y sociales individuales se integre en la globalización. Los acontecimientos recientes parecen darle la razón. Los países que mejor se están adaptando a la globalización son aquellos Mitin de Adolf Hitler en Nuremberg que mantienen estructuras estatales sólidas, por más que la organización política de alguno de ellos establezca un Estado mínimo, que no débil. Por el contrario, se encuentran con más proble- mas aquellos que nunca han afianzado su Estado, o aquellos que lo han debilitado en exceso. No cabe duda de que los procesos de globali- zación están diluyendo las divisiones culturales y socioeconómicas imperantes hasta la fecha. Sin embargo, se está aprovechando el vacío resultan- te para desarrollar políticas identitarias reaccio- narias, exaltando esas divisiones culturales, con el objetivo de dar poder a elites que hasta ahora se encontraban parcialmente marginadas de los centros de poder. Son políticas promovidas desde arriba, que fomentan y aprovechan los prejuicios populares como forma de movilización política y medio de supervivencia de políticos locales. Seguridad y Defensa REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 21
22. Cuando la autoafirmación grupal lleva a sentimientos extremos y claramente hostiles para diferenciarse de «los otros», se produce una sobrevaloración propia y una deshumanización del resto Razas amerindias Ejemplos claros y cercanos los tenemos en la antigua Yugoslavia o la extinta Unión Soviética. LA POLÍTICA DE LAS NUEVAS GUERRAS En la década de los noventa cambian las ten- dencias de los conflictos. Se generalizan los en- frentamientos étnicos, religiosos y las dinámicas secesionistas. Se comienza a tratar la problemáti- ca de los estados débiles o de los estados fallidos. Mientras que los conflictos interestatales casi han desaparecido, predominan los conflictos intraes- tatales en los cinco continentes. En general, los conflictos contemporáneos en los que está en juego el control del gobierno se caracterizan por la presencia en liza de motivaciones muy diversas y, en ocasiones, múltiples contrincantes. A pesar de lo tentador, calificar todos estos conflictos recientes como identitarios es, de nuevo, simplificar en exceso. Este tipo de teo- rías ha tenido una resonancia extraordinaria, especialmente de la mano de Samuel Hunting- ton, que en su libro El choque de civilizaciones afirma que «la política mundial está entrando en una nueva fase en la que el origen fundamental del conflicto no será ideológico ni económico. La gran división de la humanidad y la fuente principal de los conflictos será la cultural»4 , apoyándose en argumentos como: la cultura es un elemento mucho más estable, llena el vacío dejado por la globalización, es más difícil llegar a compromisos sobre símbolos y valores, y que la importancia económica adquirida ha lleva- 22 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
23. apartheid. Pero estos conflictos, a pesar del componente étnico, cultural o racial, estaban más relacionados con la injusticia que con la identidad. La mayoría de los que hoy persisten, no poseen ese componente moral tan intenso como para que se superponga a otros intereses más pragmáticos. De hecho se puede dar la vuelta al argumento del conflicto cultural. Deberíamos reconocer que lo asombroso de estos conflictos no es su frecuen- cia, sino su escasez. El número de grupos étnicos que podrían reivindicar sus derechos es mucho mayor del que realmente lo hace, que no llega ni al 10%5 . La mayoría de ellos, además, ha fabri- cado o exaltado sus identidades recientemente. Si las diferencias culturales no llevan necesa- riamente a la formación de movimientos reivin- dicativos, tampoco los que reivindican terminan usando la violencia. No está claro que exista una serie de motivos que, mecánicamente, muevan a los grupos hacia la violencia. Entre los más comunes nos encontramos con la insatisfacción de un colectivo por la situación en la que se encuentra y la acción de culpar de esa situación a un objeto exterior. Es el mecanismo del «chivo expiatorio» que los nazis utilizaron contra los judíos. Otro de los mecanismos, como ya se ha ex- plicado, es la formación del «nosotros» en opo- sición a «los otros», que puede derivar en una do a ciertas regiones a tomar conciencia de su propia identidad. Aunque el autor prueba su teoría sobre algu- nos conflictos recientes, es difícil no apreciar la aplicación selectiva que hace de las circuns- tancias. Resulta incomprensible, según esos pa- rámetros, explicar por qué Occidente defendió a los musulmanes de Bosnia contra los serbios cristianos y mantiene estrechos lazos con Ara- bia Saudí, al tiempo que contribuye a derrocar extremistas religiosos en Afganistán o dictadores laicos en Irak; o porque rechaza islamismos co- mo el del Frente Islámico de Salvación Argelino, pero el Partido de la Justicia y el Desarrollo turco gobierna un país aliado. No es que la cultura no cuente en las relaciones, es que resulta insufi- ciente para explicar los grandes enfrentamientos que ocurren en el Globo. Como ya se ha señalado, resulta difícil encajar grandes poblaciones en la definición de una sola cultura. Hay que sumar a esto que si estudiamos algunos de los conflictos caracterizados como identitarios (culturales, étnicos o religiosos) ve- remos que poseen otros muchos factores, y ge- neralmente más importantes. Aunque el conflicto en Sudán se presentó, en ocasiones, como guerra religiosa entre Norte y Sur, no podemos obviar la desigualdad económica entre ellos, que termina pesando más que el componente religioso; o que en el Sur se encuentran importantísimas fuentes petrolíferas que el Gobierno del Norte controlaba y no quería perder; o que el Gobierno terminaría promoviendo una campaña de limpieza contra otros musulmanes en Darfur. El clásico de los conflictos étnicos, el de África Central entre hutus y tutsis, donde más de un millón de tutsis fueron sistemática y organizadamente exterminados, oculta una manipulación de elites tutsis, que asesinaron a opositores de su misma etnia (etnias difícilmente diferenciables, por cierto), los nefas- tos movimientos franceses por sus intereses, la decadencia del Gobierno congoleño, la avaricia de los países limítrofes, o los intereses de compa- ñías comerciales y de extracción que emplearon sus propios mercenarios. En su origen, alguno de los conflictos de este tipo estuvo muy relacionado con la libertad y la obtención de los derecho fundamentales. Así ocurrió en todas las guerras coloniales, o en el conflicto sudafricano provocado por el Seguridad y Defensa No podemos obviar que la falta de una definición de la identidad de los individuos puede provocar su búsqueda desesperada por la pertenencia a un grupo, fenómeno que ocurre en la actualidad con los terroristas que emulan o se asocian a Al Qaeda REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 23
24. exacerbación de las diferencias, así como una exclamación de la superioridad de las caracte- rísticas de identidad propias. Si se continúa por esa vía, se puede llegar a la aceptación de la in- ferioridad del otro, incluso su deshumanización, lo que hace ya posible dinámicas genocidas y asesinatos masivos a manos de, hasta ese mo- mento, pacíficos ciudadanos. FALTA DE IDENTIDAD Tampoco podemos obviar que la falta de una definición de la identidad de los individuos pue- de provocar su búsqueda desesperada por la pertenencia a un grupo. Es el fenómeno que ocurre en la actualidad con los terroristas que emulan o se asocian a Al Qaeda. Muchos de ellos provienen de entornos educativos y socia- lizadores occidentales, lo que es en sí mismo un contrasentido para las tesis de conflicto por diferentes identidades. Nos hallamos ante indivi- duos educados y nacidos en Occidente, incluso en familias laicas, pero que no terminan de en- contrar en su entorno una identidad con la que agruparse. Ocurre particularmente en Europa, donde se ha difuminado el sentimiento integra- dor de pertenencia nacional, y muchos jóvenes buscan en una religión con la que apenas han tenido contacto hasta el momento, la forma de sentirse parte de «algo más». Su unión (real o vir- tual) a un grupo como Al Qaeda les da un fuerte sentido de pertenencia, al tiempo que les hace partícipes de un proyecto superior en lo moral y en lo histórico. La religión constituye un leitmotiv más que un motivo. Así, mientras que podemos poner en tela de juicio los conflictos grupales por razones ex- clusivamente identitarias, resulta que debemos plantearnos que gran parte de los ataques terro- ristas sufridos en Occidente surgen de un vacío de identidad en el individuo. CONCLUSIONES Los objetivos políticos de las guerras recien- tes están relacionados con la reivindicación del poder sobre la base de identidades tradicionales: nación, tribu, religión, etc. Se ha generado la idea de que este es un proceso natural de reac- ción ante una globalización homogeneizante. Nada más lejos de la realidad. Las identidades culturales solo se traducen en conflictos polí- ticos cuando líderes de grupos, culturalmente definidos o no, suscitan pretensiones políticas desde posiciones de poder o de contrapoder. Aunque resulte obvio, debemos remarcar que lo que se enfrenta en conflictos de identidad son grupos humanos o sus dirigentes. Las culturas no se enfrentan; se pueden enfrentar hombres por razones culturales, reales o como pretexto6 . El potencial movilizador del carácter identitario se basa en que se presenta implicando valores y no intereses, lo que atribuye un plus de legitimidad a la reclamación, y termina, por el mismo motivo, dificultando soluciones de compromiso. Los líderes, además, terminan identificando su propia persona con el conjunto representado, por lo que cualquier ataque o intento de desen- mascarar sus pretensiones personales se muestra como una afrenta a todo el conjunto. El «yo» del líder se convierte en el «nosotros», lo que termina resultando un obstáculo insalvable para cualquier solución de acuerdo que no contenga el total de los intereses de la élite promotora de la acción. Ante estas actitudes, es necesario recordar que las personas tienen una identidad cultural (en realidad, varias), pero las culturas y las iden- tidades no tienen a las personas. La pertenencia a un grupo cultural es una circunstancia de la que no se derivan necesariamente imperativos morales. Y por presuntamente elevados que sean los principios grupales, su desarrollo político, sus Las identidades culturales solo se traducen en conflictos políticos cuando líderes de grupos, culturalmente definidos o no, suscitan pretensiones políticas desde posiciones de poder o de contrapoder 24 REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013
25. objetivos y sus medios son definidos en escena- rios de poder. Además, por más que el indivi- duo esté ubicado social y culturalmente, no im- plica que no sea capaz de formular preferencias individuales que satisfa- gan sus intereses. Por el contrario, parece mu- cho más problemático definir las preferencias colectivas de una forma que satisfaga a cada uno de sus miembros. La mejor forma de evitar la manipulación es que los individuos posean una formación intelectual solida y am- plia. Estimular en la en- señanza un pensamien- to crítico e impulsar «el pensar» más que «el memorizar», proporcionará a las personas la capacidad de diferenciar y rechazar cantos de sirena que buscan el provecho propio a costa de los riesgos de todos. O en otras palabras, la única forma es hacer individuos realmente libres.Y, por supuesto, viajar nos proporciona una visión ex- traordinaria de la realidad. Conocer, comprender otras realidades, y asimilar lo positivo nos pro- porciona un bagaje sólido para resistir discursos radicales y tendencias homogenizantes. Y desde el punto de vista de la organización política, la solución ya la descubrieron los ilus- trados europeos cuando promovieron un Estado fuerte en lo normativo y legitimado para mantener el monopolio de la violencia, con unos valores democráticos y de libertad individual que permi- tieran al individuo desarrollarse políticamente, y «etiquetarse» horizontalmente en multitud de gru- pos, bien sea por ideología, idioma, religión, ocio, genero, nivel social, clase económica, profesión, etc. Lo que provoca un tejido de relaciones trans- versales que hace difícil la exaltación de una sola de esas identidades sobre las demás. Al tiempo, se debe proporcionar al ciudadano un sentimien- to integrador de pertenencia, y hacerle partícipe de los altos valores que han sido depositados y desarrollados en las democracias liberales. En re- sumen, un Estado capaz de asegurar los derechos de los individuos, que integre a sus ciudadanos bajo unos principios universalistas y que encauce las pretensiones de los grupos, siempre consciente de que los derechos pertenecen al individuo y no al grupo. NOTAS 1 PINXTEN, R. «Identidad y Conflicto: Personali- dad, Socialidad y Culturalidad» Afers Interna- cionals. Núm 36. pp. 39-57. 2 MAALOUF, A. Identidades Asesinas. Alianza Editorial. Pág. 41. 3 MORALES NAVARRO, J y ABAD MÁRQUEZ, L V. Introducción a la Sociología. Tecnos, Ma- drid. 1996. 4 HUNTINGTON, S. El choque de civilizacio- nes. Paidós. 1996. 5 GELLNER, E. Naciones y nacionalismo. Alian- za Editorial. 2008. 6 VILAS NOGUEIRA, J. «Identidad cultural, con- flicto cultural y violencia». Revista de Estudios Políticos. Nº 86. 1994.n El Camino de Santiago Seguridad y Defensa REVISTA EJÉRCITO • N.870 OCTUBRE • 2013 25
26. 1. AUTORES: Puede colaborar en la Revista Ejército cualquier persona que presente trabajos originales, inéditos y con una redacción adecuada, que por su tema, desarrollo y calidad se consideren de interés militar. 2. DERECHOS: Los autores de los artículos se comprometen a respetar los derechos de propiedad intelectual que pudieran existir sobre los textos, fotografías, gráficos e ilustraciones que presenten para su publicación, en los términos establecidos por el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril. 3. PRESENTACIÓN DE COLABORACIONES: Los requisitos de los textos, así como del material gráfico que los acompañe, se especifican detalladamente al final de estas normas. 4. DOCUMENTACIÓN: Se remitirán los siguientes datos del autor/es: ●● Nombre y apellidos. Si es militar: empleo, especialidad fundamental, cuerpo, ejército, y si es DEM o no; si es civil: breve currículo, licenciatura, diplomatura o título de mayor categoría. ●● Dirección postal del domicilio, correo electrónico, fax, y/o teléfono de contacto. ●● Fotocopia de la cara anterior del DNI (o, en caso de no tener la nacionalidad española, fotocopia del pasaporte). ●● Entidad bancaria: banco o caja, sucursal, dirección postal, código cuenta cliente (20 dígitos) o código IBAN si no es de nacionalidad española. Estos datos son exigidos por la Subdirección General de Publicaciones y Patrimonio Cultural del Ministerio de Defensa, aunque su aportación no conlleva necesariamente la publicación del artículo. No se remitirán estos datos en caso de haberlo hecho anteriormente y no haber sufrido modificación. 5. DOCUMENTOS MONOGRÁFICOS: Se designará un representante de los autores del Documento, que se encargará de la coordinación del trabajo con la Redacción de la Revista. Generalmente los Documentos constan de presentación y una serie de 4 a 6 artículos. La extensión total del Documento no será superior a las 15.000 palabras. Su tratamiento es el mismo que el del resto de colaboraciones, que se especifica al final de estas normas. 6. NÚMEROS EXTRAORDINARIOS: Dependiendo del tema, pueden tener distinto tratamiento. Es fundamental designar desde el inicio de su elaboración un representante para coordinar el trabajo con la Redacción de la Revista. 7. PUBLICACIÓN DE TRABAJOS: La Redacción de la Revista acusará recibo de los trabajos, sin que esto comporte su publicación. Los trabajos no publicados serán devueltos a su autor. Para publicar en otro medio de comunicación un trabajo ya publicado en la Revista Ejército, habrá de solicitarse previamente autorización a la misma. 8. CORRECCIONES: El Consejo de Redacción se reserva el derecho de corregir, extractar o suprimir alguna de las partes del trabajo siempre que lo considere necesario y sin desvirtuar la tesis del autor/es. 9. DIRECCIÓN: Los trabajos pueden enviarse a las direcciones de: Correo electrónico ejercitorevista@et.mde.es revistaejercito@telefonica.net NORMAS DE COLABORACIÓN DE LA REVISTA EJÉRCITO Correo postal SECCIÓN DE PUBLICACIONES DE LA JCISAT C/ Alcalá, 18 – 4ª Planta, 28014 – Madrid Teléfono: 91 522 52 54 881 56 54 FAX: 91 522 75 53 881 56 53
27. 10. FORMATO DE COLABORACIONES Con el objeto de facilitar su tratamiento, mejorar la edición y disminuir en lo posible los errores de publicación, las colaboraciones que se aporten a la Revista deberán seguir las siguientes normas: TEXTOS: 1.	Es imprescindible su presentación en fichero informático, formato DIN A4, letra ARIAL de tamaño 12 puntos, a doble espacio. 2.	El texto se remitirá sin maquetar, incluyendo título que no superará las diez palabras. Los epígrafes o subtítulos no se numeran. 3.	Su extensión no superará las 3.000 palabras, incluyendo notas y bibliografía si las hubiere. 4.	Las notas, si las hubiere, han de ser breves en contenido y número. Han de numerarse (numeración arábiga) y se relacionarán al final del texto y no a pie de página. 5.	No se remitirán a la Revista textos clasificados o que muestren marcas de clasificación de seguridad. 6.	La bibliografía y fuentes, si las hubiere, estarán debidamente reseñadas y aparecerán al final del artículo. Se relacionará un máximo de diez, entre notas y bibliografía. 7.	Con cáracter general, en los artículos se recomienda utilizar el menor número de siglas o acrónimos posible. No obstante, cuando se empleen, la primera vez tras identificar su significado completo se pondrá entre paréntesis el acrónimo, la sigla o abreviatura correspondiente. Así mismo, cuando el trabajo requiera el empleo de un número considerable de siglas o acrónimos, al final del trabajo, o en documento aparte, figurará la relación de siglas empleadas con su significado. 8.	El artículo ha de ir acompañado por un resumen del mismo cuya extensión no superará las 120 palabras. 9.	En caso de agregar correcciones en un texto ya remitido, estas tienen que escribirse en color rojo, apareciendo tachado el texto al que modifican. GRáFICOS: Se entiende por material gráfico todas las fotografías, tablas, gráficos, esquemas, dibujos, croquis, cuadros, etc, que se remitan para ilustrar un texto. Deberán cumplir los siguientes requisitos: 1. El material gráfico aportado contará con el permiso de su autor. Si procede de Internet, se habrá de verificar que la imagen tiene el permiso de uso y copia, y que se encuentra libre de cualquier derecho de autor (sin copyright o cualquier otra limitación de difusión). 2. Los autores ceden a la Revista los derechos de comunicación pública de sus obras para su difusión y explotación electrónica a través de las redes (Intranet, Internet) y dispositivos inalámbricos que decida la Revista para el acceso on line de su contenido. 3. No se remitirá a la Revista material gráfico clasificado o que tenga alguna marca de clasificación de seguridad. 4. Los archivos del material gráfico han de ser: −− De extensión «.jpg» o «.tif» (nunca «.bmp», «.gif» o cualquier otro formato). −− Identificados con un nombre inferior a los 20 caracteres. −− De un tamaño mínimo de 1.200 píxeles de ancho. −− Independientes, es decir, no estar incrustados en un documento de texto (Word o similar) o en una presentación (Powerpoint o similar). −− Sin marcas de agua, símbolos o letras sobreimpresas. 5. El material gráfico no estará insertado en el texto remitido por el autor, sino que se incorporará a este la referencia (número o nombre del material gráfico) que indique el lugar en que desea que aparezca. 6. Se debe presentar un archivo, en documento aparte, con los pies de foto o título de los gráficos o tablas (máximo de 15 palabras). Si proceden de Internet, se deberá indicar la dirección de la página web de donde se hayan extraído. 7. En el caso de aparecer menores de edad, no deberán ser reconocibles sus facciones.
28. «Aquel que sea más vigilante en la guerra a observar las astucias de su enemigo y sufra más el trabajo por ejercitar su gente, en menores peligros incurrirá y más esperanza tendrá de la victoria». Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515). LA INTELIGENCIA Y EL PROCESO DEL CONOCIMIENTO Francisco Quijano Rodríguez Izquierdo. Teniente Coronel. Ingenieros. 28 REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013
29. Nivel Operacional y Táctico Ya en el año 1988, el Reglamento de Inteli- gencia Táctica R-O-2-2 afirmaba que el jefe, a cualquier nivel, debe concebir, decidir, prepa- rar y dirigir las operaciones que corresponda a su escalón orgánico, fundamentando todas sus acciones con el conocimiento más com- pleto posible de la misión recibida y de de la situación. Al estudio de este conocimiento se le asigna una importante diversidad de aspec- tos que estarán siempre interconectados y su procedencia será de diferentes vías o fuentes. La nueva publicación doctrinal Empleo de las Fuerzas Terrestres PD1-001, en relación con esta afirmación incluye novwedades rela- cionadas con los dos aspectos contemplados en el título, objetivo de este trabajo, siempre dentro del marco que la publicación doctrinal establece. Este artículo pretende reflexionar sobre el co- nocimiento del entorno operativo en un conflicto y enmarcar en él la inteligencia militar, apoyán- dose en distintas publicaciones nacionales, tanto militares como académicas, y en otras aliadas y extranjeras para establecer los límites que per- mitan identificar los dos procesos, ambos con un único objetivo: fundamentar una decisión adecuada para el cumplimiento de la misión. De acuerdo a la figura y haciendo una simi- litud con las tres olas de la historia de la hu- manidad del matrimonio Toffler 1 , los ejércitos occidentales, como sus sociedades, se sitúan actualmente en la Era del Conocimiento. En ella la pieza clave es la información que per- mite la innovación necesaria para la eficiencia presupuestaria, por medio de la utilización pre- cisa del armamento adecuado que proporciona la superioridad sobre no importa qué terreno y momento. En la Era Agrícola, la disponibilidad de con- tar con un emplazamiento adecuado sobre el terreno (castillos) o de desplegar una superiori- dad de sistemas de combate (legiones romanas) era clave. Posteriormente en la Era Industrial, la variable económica se convertía en definitiva (imperio británico o Alemania en la Segunda Guerra Mundial). Hoy en día, la superioridad del conocimiento detallado de la situación es con- cluyente para la culminación de los conflictos. Este conocimiento detallado de los elementos claves influye en mayor medida en la configura- ción de un enfrentamiento y, por lo tanto, en el planeamiento y en las decisiones. Los elementos doctrinales claves en la configuración de un en- frentamiento son los siguientes: Eras de la Humanidad en relación a los ejes información-armamento y terreno-presupuesto REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013 29
30. −− El ambiente, que se refiere a los factores sociales, políticos, geográficos, económi- cos, culturales, religiosos y tecnológicos presentes en el escenario. −− Los actores no armados, definidos como aquellos que participan activamente en el conflicto sin hacer uso directo de la vio- lencia física. −− Los actores armados, estatales o de natu- raleza no estatal. Los primeros están cons- tituidos las fuerzas militares y las fuerzas y cuerpos de seguridad. En la actualidad, cada vez son más los protagonistas del conflicto que actúan fuera de las estructu- ras estatales: señores de la guerra, grupos insurgentes, milicias de autodefensa, mer- cenarios, compañías de seguridad, redes terroristas... El ambiente y los actores mutan y como con- secuencia de ello también lo hacen las carac- terísticas externas e internas del conflicto. Para determinar, con la mayor precisión posi- ble, estos actores, la información es el punto de partida y por lo tanto, es un recurso esen- cial y un eficaz multiplicador de capacidades que, gestionado convenientemente, resulta imprescindible para la toma de decisiones. Se entiende como información el conjun- to de datos de todo tipo, aún sin analizar, que pueden utilizarse en la elaboración de inteligencia 2. En cualquier operación, el jefe tendrá ac- ceso a gran cantidad de datos sobre todos los aspectos del entorno operativo, cuyo valor dependerá de la posibilidad de extraer conse- cuencias relacionadas con el planeamiento y conducción de las operaciones y de los hechos que condicionan a ambos. Definiremos el proceso de conocimiento3 (Knowledge Development: KD) como aquel que engloba la obtención, análisis o investi- gación, y distribución de la información para contribuir a una comprensión completa del entorno operativo, que permita la adopción de la decisión adecuada. En el contexto actual donde las acciones suelen implicar a múltiples organizaciones civiles (nacionales, internacionales, gubernamentales, no gubernamentales y empresas privadas), incluso con un posible liderazgo civil de la misión, la aportación militar constituye un elemento más del resultado final, con un grado variable de transcendencia. En este ambiente, la gestión del conocimiento no Embudo del conocimiento 30 REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013
31. Nivel Operacional y Táctico solo es responsabilidad de las fuerzas terrestres empeñadas, sino que exigirá acciones de otros ejércitos e incluso de otras áreas no siempre militares. Por ello es necesario un enfoque integral4 durante el planeamiento y conducción de las operaciones, cualesquiera que sean, impulsando los mecanismos de coordinación del conocimiento para que contribuyan al éxito de la misión. La experiencia demuestra que es poco pro- bable conseguir una coherencia absoluta entre las acciones de los actores civiles y militares. No obstante, los jefes de las unidades terrestres empeñadas deberán intentar alcanzar el mayor grado posible de coherencia en la respues- ta integral, buscando de forma sistemática la unidad de esfuerzo en aras de conseguir los objetivos comunes establecidos. En aquellas ocasiones en las que el grado de coordinación sea limitado, será, igualmente, el conocimiento mutuo el que permita acordar mecanismos para resolver los desacuerdos. En este sentido la última Directiva de Defensa Nacional (2012) establece la necesidad de alcanzar una eficiente capacidad de inteligencia, aumentando la coordinación entre los diferentes servicios de Inteligencia e Información del Estado, en el marco de los mecanismos existentes al efecto. La adquisición del conocimiento es un pro- ceso que según modelos académicos compren- de tres etapas: 1. Recepción de la información, la cual da carácter permanente al proceso, ya que el acopio de de la misma se inicia desde tiempo de paz y se multiplica con el espectro del conflicto. 2. Adquisición de conocimiento empírico- espontáneo (supuesto), obtenida a través de la práctica y el conocimiento personal, limitado, de un suceso en el momento en que este ocurre. En esta etapa predomina esencialmente el proceso de prueba y error, y prácticamente no se ha introducido el ra- ciocinio en el mismo. 3. Obtención de la comprensión definitiva (hecho), se alcanza en una actividad conjunta de la razón y el pensamiento, apoyada en la reflexión teórica basada en reglas escritas adaptadas a la realidad por reducción eidé- tica, lo cual implica conocer las causas por las cuales los hechos surgen, se desarrollan y modifican. Con este conocimiento el jefe debe alcanzar la decisión. Iceberg «Conocimiento definitivo/empírico» REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013 31
32. Todo el proceso irá permanentemente acom- pañado de incógnitas que provocarán nuevas necesidades; mediante el análisis o investigación (relación, razonamiento y deducción), con carác- ter social (grupal) o natural (individual), el jefe alcanza a darles respuesta tras la comprensión subjetiva del entorno operativo. El conocimiento, por tanto, es una interpre- tación mental de la realidad objetiva que por su carácter no estático, deberá constantemente ajustarse, enriquecerse o eliminarse para dar pa- so a un mejor conocimiento que abarque y haga frente a esta nueva realidad subjetiva. Es decir, tendrá una matriz perdurable o asu- mida y otra variable dentro de la cual se emplaza el estudio de la amenaza, necesitando la vincu- lación entre ambas para que asienten la conjun- ción y readaptación continuas que permitan el planeamiento y la conducción con éxito de las operaciones. La matriz perdurable o asumida del conflicto es adquirida gracias a la formación, preparación y aprendizaje, además de las apreciaciones que el Jefe y asesores tienen del entorno. La matriz variable se encuentra localizada en el centro de operaciones6 (OPSCEN, en siglas en inglés) de un puesto de mando que es el res- ponsable de proporcionar al jefe el conocimiento actualizado de la situación, un seguimiento de las actividades de las unidades subordinadas, colaterales, hostiles, neutrales, y todas aquellas que puedan influir en el desarrollo de las opera- ciones. En los que la respuesta a las necesidades críticas de información para el jefe (Command Critical Information Requirement: CCIR) es el elemento esencial de dicha matriz variable. Estas CCIR son los elementos de información necesarios, que afectan directamente al proceso de decisión y condicionan la ejecución de las operaciones militares con garantías de éxito. Pro- ceden del estudio (en OTAN estaría identificado con la Comprehensive Preparation of the Opera- ting Environment: CPOE) de las necesidades de información, derivado del análisis de la misión y del propósito del mando. Durante el planea- miento, se identifica qué información, entre to- das las disponibles, es realmente crítica para la toma de decisiones. En definitiva, se constituyen como aquellas que describen con precisión las variables del entorno operativo. Las necesidades de información pueden ser de tres tipos: −− Necesidades de información de las fuerzas propias (Friendly Forces Information Requi- rement: FFIR): son elementos de información (hechos) sobre las fuerzas propias que cubren aspectos relativos a la misión, potencia de combate, bajas, moral, localizaciones, tiem- po disponible, etc. A través de ellas conoce- mos la misión. −− Necesidades prioritarias de inteligencia (Priority Information Requirement: PIR): requieren un proceso intelectual que cul- mine con la elaboración de inteligencia. Se refieren a aquellas extraídas del estudio del enemigo o de las fuerzas hostiles, terre- no, condiciones climáticas y entorno civil (proceso identificado en OTAN con el Joint Intelligence Preparation of the Operating En- vironment : JIPOE; o en nuestra doctrina con la Integración Enemigo Terreno/Intelligence Preparation of the Battleflield: INTE/IPB). A través de dichas necesidades conocemos la situación. «El ser de las cosas, no su verdad, es la causa de la verdad en el entendimiento». «A todo movimiento de la voluntad es necesario que le preceda un conocimiento. Pero no a la inversa: no a todo conocimiento precede una noción voluntaria». «El estudioso es el que lleva a los demás a lo que él ha comprendido: la verdad». Santo Tomás de Aquino7 32 REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013
33. Nivel Operacional y Táctico −− Necesidades de información de oportuni- dad (Last Time Information of Value: LTIOV): resultante de acontecimientos inesperados como oportunidades imprevistas de éxito o indicios de posibles amenazas. Dependen de la competencia e iniciativa del jefe y a través de ellas se adapta el planeamiento a la situación cambiante. La inteligencia, parte de la conjunción infor- mación/conocimiento y se basa en adaptarlos para conseguir la respuesta más apropiada en cada operación. Es decir, la inteligencia 5 cons- tituye la función de combate del encaje del conocimiento. Todo esto hace que sus relaciones sean palpables y, por consiguiente, sus estructuras lógicas. En el caso del conocimiento están basadas en: Elementos de gestión de la información que utilizan los sistemas de información y proce- dimientos específicos para obtener, almacenar, proteger y difundir datos e información. Esta gestión proporciona la visualización real de las operaciones. Elementos de gestión del conocimiento, de- finida esta como el conjunto de actividades ne- cesarias para crear, compilar, analizar o inves- tigar y transferir conocimiento y desarrollada tanto en el ámbito personal como en el corpo- rativo con el objetivo de coadyuvar a conseguir los objetivos establecidos. Las operaciones, cualquiera que sea su natu- raleza, exigen una cantidad de conocimientos de los que es necesario disponer, por lo que es imperioso desarrollar la capacidad para deta- llar los principios tradicionales de Quintiliano: quién, qué, cómo, dónde, cuándo, cuánto y por qué, que explicarían el para qué de la decisión adoptada. La metodología de la compilación, análisis o investigación es el proceso mediante el cual el jefe puede obtener una correcta comprensión para adoptar la decisión más adecuada. Sustentar el conocimiento implica compro- barlo mediante: LA VERDAD: Es la conformidad entre el objetivo a alcanzar y el entorno operativo. LAVERIFICACIÓN: Es la comprobación de la verdad o falsedad de un conocimiento, y puede ser: Evidente: Aquella que no necesita ninguna demostración. Mesurable: Aquella que relaciona capaci- dades con objetivo. Racional: Se comprueba por medios reflexivos. a) b) REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013 33
34. Intuitiva: Aquella que no se explica ni por las capacidades ni por la razón, solo se basa en la simple intuición. LA CERTEZA: Es la postura que asume el jefe cuando no tiene la más ligera duda sobre la verdad; se llega a ella mediante la verificación. Puede ser asertoria: la verdad que se considera más adecuada; y apodíc- tica: la verdad evidente por sí misma y no acepta contradicción. LA VALIDEZ: Es la consistencia y exten- sión de la certeza de un conocimiento. Puede ser a priori: no depende de la ex- periencia para comprender la verdad de un conocimiento; y a posteriori: depende de la experiencia y varía de acuerdo con las observaciones disponibles. Es necesario señalar que ningún texto preci- sará la manera exacta de llevar a cabo el análi- sis o investigación del entorno operativo, solo alcanzará a mostrar protocolos genéricos para llevarlo a cabo. Realizar un análisis o investiga- ción depende principalmente de la naturaleza del conflicto, de las capacidades de que dispon- gamos, de la aptitud de la persona o personas que realizan el análisis o investigación, y de las fuentes de las que se obtiene la información; basándose en todo ello se llegará a conclusiones que permitirán al jefe desarrollar el planeamiento y la conducción de las operaciones. Esto implica que en cualquier proceso de análisis o investigación habrá un porcentaje muy alto de subjetividad que pondrá en tela de juicio las capacidades de discurrir (como las de captación de ideas, capacidades comu- nicativas, etc) e intelectuales (conocimientos previos) del individuo o grupo que realiza la investigación. En contraste, la estructura lógica de la inte- ligencia debe, desde todas las fuentes posibles y por medio del ciclo tradicional, alcanzar la compresión desde los conocimientos empíricos para conseguir una respuesta más apropiada posible en cada operación. Se basa funda- mentalmente en el objetivo de la operación y pretende alcanzar el conocimiento definitivo por medio de la verdad verificable racional- mente, con una certeza asertoria y con una validez que será siempre a posteriori y, otorga a la inteligencia su carácter visionario. Su estructura lógica, para esto, estará cons- tituida de forma general por6 : −− Órganos de planeamiento constituidos por los elementos de asesoramiento del jefe, en los que se desarrolla el planeamiento y la conducción de las operaciones. En estos, el proceso del conocimiento es completo, conjugándose la matriz perdurable y asu- mida con la variable donde se gestiona la inteligencia. Para ello, el personal que de los órganos que desarrollan la inteligencia, ha de tener una preparación superior en ambos campos, tanto en el conocimiento perdura- ble como en el variable y especialmente en el que compete a la inteligencia. −− Órganos de ejecución que llevan a cabo la obtención de información y el análisis o investigación de la misma. Es el elemento capaz de elaborar la inteligencia y difundir- la, por lo que se debe exigir la especificidad de sus medios y la adecuación en formación y preparación de su personal. Estos órganos representan la estructura de información/in- teligencia, organizada ad hoc para el apoyo a una operación concreta. Constituyen el Elemento de Apoyo de Inteligencia (EAI), vigilancia, adquisición de objetivos y reco- nocimiento (Intelligence, Surveillance, Target Acquisition and Reconnaissance:ISTAR). −− Sistema de comunicaciones informatizado o sistema de información capaz de enlazar de forma segura, y en tiempo real, toda la estructura lógica. Como se puede apreciar el conocimiento y la inteligencia tienen estructuras lógicas paralelas e íntimamente unidas, pudiéndose resumir con el cuadro que figura a continuación. Para terminar y como conclusión, se puede afirmar que la inteligencia permite adaptar el conocimiento disponible para facilitar la acción del mando, anticipar la maniobra, contribuir a la localización y adquisición de objetivos faci- litando el fuego, permitir al apoyo logístico e incrementar la protección y la capacidad de ac- tuación, disminuyendo así los riesgos inherentes al combate y permitiendo alcanzar el éxito. La inteligencia nunca será completa y siempre habrá necesidades de la misma en la mente de la persona que trata de recrear el entorno operativo lo más fielmente posible, por lo que no podrá c) d) 34 REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013
35. Nivel Operacional y Táctico garantizarse como producto absolutamente pre- ciso, debiendo ser sometido a juicio permanen- temente y así permitir al jefe la toma de decisión, otorgando un peso determinado a cada una de las actitudes que tenga el adversario. Es decir la inte- ligencia se enmarca en el conocimiento variable de la amenaza del entorno operativo, permitiendo al jefe adoptar la decisión más adecuada para el cumplimiento de la misión asignada. NOTAS 1 Toffler, Alvin y Heidi. La creación de una nueva civilización. La política de la tercera ola. 2 PD2-002 (Vol. 2). Funciones de Combate (Inteligencia). 3 Knowledge Development (Pre-Doctrinal Hand- book, Final Draft 09FEB11). 4 PD1-001 empleo de las Fuerzas Terrestres. 5 Inteligencia: definida como la función de combate que comprende el conjunto de actividades en- caminadas a satisfacer las necesidades de cono- cimiento del jefe, relativas al entorno operativo, necesarias para el planeamiento y conducción de las operaciones, así como para la identificación de las amenazas contra las fuerzas propias y el cumplimiento de la misión. 6 PD3-201 Procedimientos de Inteligencia, Contra- inteligencia y Seguridad. 7 Santo Tomás de Aquino (1225-1274), filósofo y teólogo italiano, cuya teoría sobre el conocimien- to basada en Aristóteles le han convertido en una referencia básica en su desarrollo. 8 Estableció que había que distinguir el conocimiento sensible, que proviene de las sensaciones corporales y es un conocimiento particular de las cualidades sensibles de las cosas, y del conocimiento inteligente, obra del entendimiento y que se constituye como un conocimiento universal o por conceptos. n REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013 35
36. PREjercito Convocatoria Premios Revista Ejército PREjercito 2013Anunciamos la convocatoria de los Premios Revista Ejército 2013 que otorgará el G.E. JEME, a propuesta del Consejo de Redacción, entre los artículos publicados en la Revista en ese año. (1) (1) No podrán optar los autores premiados en los dos años anteriores. Con estos galardones se pretende recompensar y distinguir los mejores trabajos publicados en la Revista Ejército durante el año 2013 y estimular la creación de otros nuevos Primer premio dotado con 2.000 €* Segundo premio dotado con 1.600 €* Tercer premio dotado con 1.200 €* C/Alcalá 18, 4º 28014 Madrid Teléfono: 915225254 Fax: 915227553 e-mail: revistaejercito@telefonica.net ejecitorevista@et.mde.es *Estos importes estan sujetos a IRPF
37. PMPolicíaMilitar Ayer, Hoy y Mañana DOCUMENTO
38. PMPolicíaMilitar Introducción Cuando la revista Ejército ofreció al Departamento de Policía Militar de la Academia de Logística la posibilidad de publicar un «Documento» sobre Policía Militar, tuvimos la convicción de que tal oferta constituía una interesante oportunidad para dar a conocer a todos los profesionales de la milicia, especialmente a aquellos no relacionados con este tipo de unidades, la actualidad de una capa- cidad que, si bien es antigua, ha evolucionado enormemente en los últimos años. Los acontecimientos vividos en el mundo desde las postrimerías del siglo pasado han impuesto importantes y urgentes modificaciones en los conceptos de empleo de las fuerzas militares para adaptarlos a las nuevas amenazas, a los nuevos escenarios y, como no podía ser de otro modo debido a nuestros compromisos con organizaciones internacionales, al marco multinacional en que habitualmente se desarrollan las operaciones. Para la Policía Militar esta evolución ha tenido como consecuencia inmediata su proyección a zonas de operaciones en el exterior y, con ella, un notable incremento del número, trascendencia y espe- cialización de sus cometidos, que llegan a ser esenciales cuando las Carlos Cutanda Sánchez-Monge. Teniente Coronel. Infantería.
39. operaciones de gestión de crisis derivan, como es frecuente, hacia operaciones de estabilización, en las que la relación con las autoridades y organismos locales y con la población civil adquieren una especial relevancia para restablecer unas condiciones adecuadas de seguridad. De un modo más limitado, también estos cambios se han dejado sentir en los cometidos que las unidades de Policía Militar realizan en territorio nacional, ya sea en guarnición o en ejercicios, siempre amparadas por el marco legal vigente que confiere a sus componentes el carácter de agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones. Esta evolución, que nos ha llevado a lo que actualmente es la Policía Militar, se analiza en el artículo «Policía Militar. Nuevas capacidades para nuevos escenarios», elabo- rado por el teniente coronel don Luis Castells Ortells, Jefe del Batallón de Policía Militar I en el momento de escribirlo, en el que nos muestra las circunstancias y necesidades operativas que han impulsado estos cambios. Para completar este análisis y ofrecer al lector la posibilidad de adquirir una perspectiva com- pleta de lo que ha sido la Policía Militar en Es- paña y de su recorrido hasta el momento actual, se incluye el trabajo del mismo autor «Policía Militar: pinceladas históricas». Llegados a este punto, con una visión histó- rica de nuestra Policía Militar y de la evolución que, desde la perspectiva de su empleo, ha teni- do hasta el momento, resulta necesario detallar con qué unidades cuenta el Ejército de Tierra para desarrollar esta capacidad con sus nuevos requerimientos, así como los cometidos concre- tos que se les pueden encomendar, cuestiones ambas que el teniente coronel don Eugenio En- rique Trigueros Sanguino, Jefe de la Célula de Operaciones de Policía Militar del Estado Mayor Internacional del Cuartel General Terrestre de Al- ta Disponibilidad, aborda en su artículo «Policía Militar: cometidos y unidades». Tras la lectura de los anteriores artículos apa- rece, inevitablemente, un nuevo aspecto que considerar: la formación del policía militar. Si los cometidos se han incrementado cuantitativa y cualitativamente, la formación del personal que ha de desarrollarlos debe incluir las nuevas capacidades y estar en concordancia con los parámetros de actuación de las organizaciones internacionales en las que España participa. Ello ha obligado a rediseñar los cursos de Policía Militar para adaptarlos a las nuevas exigencias formativas, cuestión que desarrolla el brigada don Francisco Javier Duce Corral, profesor del Departamento de Policía Militar de la Academia de Logística, en su trabajo «La formación del Policía Militar», en el que nos muestra el conte- nido de los planes de estudios de los cursos que actualmente se imparten. Pero no daríamos al lector una perspectiva completa, si no le ofreciéramos, también, nuestra visión sobre lo que el futuro podría deparar- nos. Acertado o no, el tiempo lo dirá pero, entre tanto, trato de escudriñarlo en mi artículo «¿Y el futuro…?», en el que describo mi impresión sobre una posible evolución hacia el futuro de la Policía Militar. Completa el trabajo una selección de pregun- tas y respuestas que pretenden resumir y aclarar las dudas que habitualmente se plantean y que hemos titulado «Las 10 preguntas más frecuentes sobre Policía Militar». Esperamos que el contenido del presente Do- cumento le resulte ameno y que de su lectura obtenga una visión general de las nuevas ca- pacidades que las unidades de Policía Militar, como unidades de apoyo operativo al combate que son, pueden aportar al desarrollo de las operaciones.n REVISTA EJÉRCITO • N. 870 OCTUBRE • 2013 39 DOCUMENTO
40. PMPolicíaMilitar Pinceladas historícas Sin ánimo de ser exhaustivos y primando la concisión sobre la precisión, solamente para situar las actuales fuerzas de Policía Mi- litar dentro de un contexto histórico, abordamos este breve repaso por la historia de la Policía y, en concreto, de la Policía Militar. Si buscáramos un elemento común a todos los grupos sociales, posiblemente surgiera rápidamente la existencia de una organi- zación interna como uno de estos elementos comunes. De forma tácita o expresa, de manera más o menos detallada, cualquier grupo social tiene un determinado nivel de organización y, en la mayoría de los casos, esta organización está jerarquizada. Si dentro de los grupos sociales analizamos los estados, o sus precedentes históricos, encontraremos además un matiz que es ajeno a otro tipo de sociedades. Es lo que se ha dado en llamar el monopolio de la violencia. Los estados se reservan para sí y en exclusividad el derecho al legítimo ejercicio de la fuerza, tanto como medio para conservar el orden interno, como para proteger- se de agresiones exteriores. Con esta doble finalidad ya desde la Antigüedad los líderes controlaban a sus guerreros ejerciendo, o al menos tratando de ejercer, ese monopolio del uso de la fuerza. Si hemos de buscar periodos en los que haya existido alguna diferencia entre soldados y policías tendremos que acudir a es- casos ejemplos históricos (Egipto, China, periodos específicos del Imperio Romano) o esperar hasta la Revolución Francesa, de donde surgen conceptualmente las policías modernas, diferentes y diferenciadas de los ejércitos. La realidad común fue que los hombres de armas —guerreros, soldados— eran empleados tanto en la guerra, como última razón del líder, como en el mantenimiento del orden interno. Y cuando no era así por voluntad del líder, era una asociación natural entre estos guerreros y los funcionarios judiciales de cada caso. Inclu- so encontraremos periodos históricos donde estos funcionarios judiciales eran también los encargados del manejo de esa fuerza. Si buscamos el precedente de los cuerpos policiales civiles ac- tuales, no necesitamos viajar demasiado en el espacio, pero sí en el tiempo. Porque ese germen podemos encontrarlo en la España medieval o, más exactamente, en los reinos cristianos durante la Reconquista, para ser más exactos. Juan Luis Castells Ortells. Teniente Coronel. Infantería.
Revista Ejército nº 876 Abril 2014

References: artículo 2
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 artículo 2
 Resolución 
 Resolución 
 Real Decreto