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Psicología Iberoamericana
ISSN: 1405-0943
psicologí[email protected]
Universidad Iberoamericana, Ciudad de
Eguiluz Romo, Luz de Lourdes; Ayala Mira, Mónica
Relación entre ideación suicida, depresión y funcionamiento familiar en adolescentes
Psicología Iberoamericana, vol. 22, núm. 2, julio-diciembre, 2014, pp. 72-80
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=133938134009
Psicología Iberoamericana (julio-diciembre, 2014), vol. 22, no. 2, pp. 72-80. issn 1405-0943
Relación entre ideación suicida, depresión y
funcionamiento familiar en adolescentes1
Relationship between Suicidal Ideation, Depression
and Family Functioning among Adolescents
Luz de Lourdes Eguiluz Romo2
Mónica Ayala Mira3
El objetivo de esta investigación fue conocer la relación entre ideación suicida, depresión y funcionamiento familiar
en adolescentes. La muestra estuvo formada por 292 alumnos de secundaria, con edades comprendidas entre 12 y 15
años. Los instrumentos aplicados fueron: Inventario de Depresión de Beck (1976), Escala de Ideación Suicida de Beck,
Kovacs y Weissman (1979) y Escala de Funcionamiento Familiar de Atri y Zetune (2006). El diseño fue transversal correlacional, en un grupo con tres mediciones, en un solo momento. Se encontró una correlación positiva entre ideación
suicida y depresión, y entre depresión e involucramiento afectivo funcional. No se encontró correlación entre patrones
de comunicación disfuncionales con depresión e ideación suicida, respectivamente.
Palabras clave: adolescentes, funcionamiento familiar, ideación suicida y depresión.
This research aimed to examine the connection between suicidal ideation, depression and family situation
among adolescents. The sample consisted of 292 secondary school pupils, aged between 12 and 15. The instruments applied were: Beck Depression Inventory (1976), Beck Scale for Suicidal Ideation, Kovacs & Weissman
(1979) and the Ari and Zetune Family Functioning Scale (2006). The design of cross-sectional and correlational, in a group with three measurements, applied at a single moment. A positive correlation was found between
suicidal ideation and depression, and between depression and functioning affective involvement. No correlation
was found between patterns of dysfunctional communication with depression and suicidal ideation, respectively.
Keywords: Adolescents, Family Functioning, Suicidal Ideation and Depression.
Recibido: 15 de abril de 2014 – Aceptado: 20 de agosto de 2014.
Esta investigación se realizó gracias al apoyo brindado por el Proyecto papime 304313 de la unam.
Para correspondencia: Dra. Luz de Lourdes Eguiluz Romo, Edificio de Gobierno junto a la Jefatura de Psicología de la fes Iztacala, Av. de los Barrios
s/n, Los Reyes Iztacala, Tlalnepantla, cp 54090, Edo. de México. Tel. (55)5623 1122, e-mail: [email protected]
La maestra Ayala Mira es egresada de la residencia en Terapia Familiar de la fes Iztacala y pertenece al proyecto de investigación papime 304313;
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El suicidio entre los jóvenes de la República Méxicana
se ha incrementado sustancialmente durante los últimos 25 años. La tasa de suicidios en la población de 15
a 19 años pasó de 1.29 a 2.83, mostrando un aumento
entre 1970 y 1990 de 90% (González-Forteza, Borges,
Gómez & Jiménez, 1996). Entre 1990 y 2000 pasó de
2.2 a 5.7, en las últimas mediciones, 2000 a 2005, se incrementó de 5.7 a 6.5 (Instituto Nacional de Estadística
y Geografía, 2006). El inegi (2013) con motivo del Día
Mundial para la Prevención del Suicidio, informó que
durante el 2011 murieron por suicidio 5718 personas
en el país, de las cuales 8.2 por cada 100 000 (que equivale a 80.8% del total), fueron varones y 1.9 (que equivale a 19.2%) eran mujeres. El impacto ha sido tal, que
hoy en día se considera el suicidio como un problema
de salud pública, que deriva en la necesidad de investigar para conocerlo y explicarlo desde sus elementos
primigenios, con el objetivo de estructurar mecanismos de prevención e intervención.
El suicidio, de acuerdo con Mondragón, Saltijeral,
Bimbela y Borges (1998), es un proceso que transcurre
a través de cuatro fases: ideación suicida, planeación,
intento suicida y suicidio consumado. No necesariamente se tiene que atravesar por todas ellas antes de
llegar al suicidio. Pero lo que sí resulta claro es que la
ideación suicida es el primer eslabón de la cadena y un
rubro fundamental para la investigación y el desarrollo
de estrategias de prevención e intervención con el fin de
salvar vidas. Según González-Forteza y Jiménez (2010),
por lo menos hasta 1990 en México poco se sabía sobre la ideación suicida y otras conductas encaminadas
al suicidio, como los planes y los intentos suicidas. Sin
embargo, la investigación sobre ideación suicida enfocada hacia los adolescentes, estudiantes de secundaria
y bachillerato ha ido en aumento desde 1994 a la fecha
(Tapia & González-Forteza, 2003, Eguiluz, Córdova &
Rosales, 2010).
Las investigaciones publicadas se han orientado al
estudio de la ideación suicida en relación con el abuso
de sustancias, la desesperanza y problemas psicosociales. Estas investigaciones han demostrado que la
ideación suicida es un síntoma que refleja un conflicto
interno, que se relaciona con la desesperanza y la depresión, al igual que con el consumo de drogas, lo que
deriva en diferentes modelos explicativos agrupados
en dos grandes categorías: aquellas orientadas a factores intrapsíquicos o fisiológicos y las orientadas a factores psicosociales (Mondragón, Borges & Gutiérrez,
No obstante, ambas categorías comparten ciertos
factores, por lo que no se observa una clara diferenciación entre éstas. Entre las investigaciones orientadas principalmente a los factores intrapsíquicos, se
encuentran las de Clum, Patsiokas y Luscomb (1979),
para quienes la ideación y riesgo suicida se incrementan cuando una persona con baja capacidad de enfrentamiento o rigidez cognoscitiva vive situaciones
estresantes que le producen sentimientos de depresión,
desesperanza y conductas suicidas. Del mismo modo,
Garland y Zingler (1993) identifican como factores de
riesgo: desequilibrio en los neurotransmisores y predictores genéticos, trastornos psiquiátricos, baja capacidad para resolver problemas, abuso sexual y físico,
problemas de identidad y de preferencias sexuales, acceso a armas de fuego, desempleo, problemas laborales
y las fases de la luna.
Entre los estudios orientados principalmente a
factores psicosociales, se halla el de Mondragón et al.
(1998), que en un estudio realizado en población clínica mexicana capitalina encontró que la ideación suicida no presenta una relación significativa con el abuso
del alcohol o las drogas. Sin embargo, se relaciona muy
estrechamente con la desesperanza, ya que en la medida en que aumentaron los niveles de desesperanza se
incrementó seis veces la posibilidad de presentar ideación suicida, es decir, el riesgo de tener ideación suicida es altísimo cuando se presenta más desesperanza
(Eguiluz, Córdova & Rosales, 2009). Para los autores,
este vínculo se debe a que generalmente se relaciona
la conducta suicida con características cognoscitivas
como la rigidez.
Asimismo, para Valadez, Amescua, Quintanilla
y González (2005), en un estudio realizado a 343 estudiantes de bachillerato de Guadalajara, Jalisco,
encontraron una fuerte asociación entre diferentes
dimensiones de la familia y el intento suicida. Se observó una relación entre comunicación inadecuada,
manifestaciones de afecto insuficientes e intento de
suicidio, así como un manejo de conflictos deficiente,
agresividad y una dinámica parental sintomática. Estos
factores, de acuerdo con lo expuesto por los autores,
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están más ligados a la estructura de la familia que a su
funcionamiento. Del mismo modo, la evidencia obtenida sugiere que la exposición a desventajas socioeconómicas o educativas incrementa la susceptibilidad de
los jóvenes a conductas suicidas.
Hernández, Rebustillo, Danauy y Bess (1999), en
una investigación realizada en Cuba, compararon 44
entornos familiares de pacientes hospitalizados por
riesgo suicida contra 44 entornos familiares de pacientes no hospitalizados de características similares. Se
encontró que en 63.7% de los casos de pacientes con
riesgo suicida existía un familiar con ese antecedente, mientras que no ocurrió así en 86.4% del grupo de
control. Además, se observó alta disfuncionalidad familiar y ausencia de padres como factores asociados al
riesgo suicida.
Guibert y Torres (2001) en un estudio realizado en
un área de salud de La Habana, sobre el funcionamiento
familiar diferencial de los individuos que realizaron
intentos suicidas, encontraron que su funcionamiento familiar es predominantemente disfuncional, que
las características diferenciales del funcionamiento
familiar en los suicidas fueron la poca adaptabilidad
(67.7%), la baja cohesión (70.9%), y la desarmonía
(87.1%) y que en las familias de los suicidas predominaron significativamente todos los factores familiares
de riesgo esenciales que predisponen al suicidio.
Las investigaciones, sin importar su orientación
principal, sugieren en general una relación entre desesperanza (Mondragón et al., 1998), depresión, diferentes dimensiones del funcionamiento familiar
(Valadez et al., 2005; Hernández et al., 1999; Guibert
& Torres, 2001; Eguiluz, 2010) y las familias y la ideación suicida. No obstante, específicamente en nuestro
país, el funcionamiento familiar y su relación con la
ideación suicida en adolescentes se ha abordado en
forma periférica, no así para el intento de suicidio o el
suicidio consumado. Sin embargo, como célula básica
de la sociedad, la familia cumple con la función de ser
la entidad socializadora por excelencia (Florenzano,
1995; Gubbins, 2009, Eguiluz, 2011), entre otras funciones vitales para su desarrollo y el de los individuos
que forman parte de ella. Además, el grupo familiar
inmediato imprime su sello indeleble en la formación
personal y constituye el eslabón fundamental con el
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sistema social, es decir, es un contexto fundamental
para el desarrollo de los adolescentes.
La familia es un sistema dinámico e interdependiente (Gómez, 2004; Eguiluz, Córdova, Rosales &
Juárez, 2006; Eguiluz, Cuenca & Campos, 2010), en el
que las acciones de unos influyen en las de los otros,
afectando en mayor o menor medida la calidad y estilo
de las relaciones domésticas, ya sean relaciones internas de tipo parental, conyugal, o sociales externas, en
las que surgen procesos interpsicológicos de tipo afectivo, escolar, entre otros. El funcionamiento familiar
es entonces el proceso interactivo mediante el cual la
familia esboza sus estrategias para resolver problemas,
establece su clima emocional, su capacidad de equilibrio y de cambio a lo largo de su ciclo de vida (Estévez,
Musitu & Herrero, 2005); el ambiente familiar negativo
que se caracteriza por problemas de comunicación entre padres e hijos, por ejemplo, constituye uno de los
factores de riesgo más estrechamente vinculados con
el desarrollo de problemas de salud mental, como depresión, ansiedad y estrés (Eguiluz, 2011).
La forma en que la familia mantiene síntomas depresivos, desesperanza e ideación suicida es a través
de su funcionamiento. En el Modelo de Funcionamiento Familiar de McMaster (Epstein, Bishop & Levin,
1978) la interacción familiar normal o asintomática, se
aborda por medio de seis dimensiones: la resolución
de problemas, la comunicación, los roles, el involucramiento afectivo, las respuestas afectivas y el control de
conducta, los cuales se detallarán a continuación.
La resolución de problemas se refiere a la habilidad
de la familia para resolverlos a un nivel que mantenga
un funcionamiento familiar efectivo. La comunicación
alude al intercambio de información. Los roles se refieren a los patrones de conducta a través de los cuales la
familia asigna a los individuos funciones familiares necesarias y no necesarias. El involucramiento afectivo es
el grado en que los miembros de la familia, como un
todo, muestran interés uno hacia el otro. Las respuestas afectivas aluden a la habilidad de la familia para
responder con sentimientos adecuados a un estímulo,
tanto en calidad como en cantidad. Finalmente, el control de conducta se refiere a los patrones que adopta la
familia para manejar el comportamiento en situaciones que implican peligro físico, aquellas que suponen
enfrentar y expresar necesidades psicológicas, biológicas e instintivas, y situaciones que conllevan sociabilización entre los miembros de la familia y con la gente
fuera del sistema familiar.
El objetivo de esta investigación fue conocer la
relación entre ideación suicida, depresión y funcionamiento familiar en una muestra de adolescentes estudiantes de secundaria del Distrito Federal, teniendo
como presupuesto que la familia es un contexto fundamental de desarrollo y mantenimiento de síntomas
depresivos e ideación suicida.
Las hipótesis a considerar fueron:
• La ideación suicida en los adolescentes está relacionada negativamente con el funcionamiento familiar óptimo.
• La ideación suicida en los adolescentes está relacionada con la depresión.
• La ideación suicida y depresión en adolescentes
están relacionadas con patrones de comunicación
disfuncionales.
La muestra estuvo conformada por 292 estudiantes de
primero y segundo de secundaria, de los cuales 133
son hombres que representan 45.5% y 157 mujeres que
representan 54.5%.
La evaluación de los participantes se realizó de manera
grupal, los instrumentos fueron aplicados en los salones de clase de una escuela secundaria del Distrito
El instrumento que se utilizó para evaluar la depresión fue el Inventario de Depresión de Beck (1976),
que cuenta con 21 reactivos y los puntajes obtenidos se
ubican en la siguiente escala:
0 a 12: ausencia de depresión
13 a 20: depresión leve
21 a 30: depresión moderada
más de 31: depresión severa
Para evaluar la ideación suicida se utilizó la Escala
de Ideación Suicida de Beck, Kovacs y Weissman (1979,
en González, Díaz, Ortiz, González & González, 2000).
Este instrumento cuenta con 21 reactivos y el punto de
corte es de 10, a partir del cual se admite la probable
presencia de ideación suicida.
Finalmente, para evaluar el funcionamiento familiar se utilizó el Cuestionario de Evaluación del
Funcionamiento Familiar (eff), de Atri y Zetune (2006),
basado en el Modelo de McMaster de Funcionamiento
Familiar (Epstein, Bishop, & Levin, 1978). Se trata de
una escala de tipo Likert con 40 reactivos, cada uno
con cinco opciones de respuesta con un rango de 1 a
5. El cuestionario se divide en seis subescalas: 1) involucramiento afectivo funcional, con un punto de corte
de 51 puntos; 2) involucramiento afectivo disfuncional,
con un punto de corte o punto medio de 33 puntos;
3) patrones de comunicación disfuncionales, con un
punto de corte de 12 puntos; 4) patrones de comunicación funcionales, con un punto de corte de 9 puntos;
5) resolución de problemas, con un punto de corte de
9 puntos; 6) patrones de control de conducta, con un
punto de corte de 6. Estas escalas se analizan de manera
individual, por tanto, no hay un puntaje global sobre
funcionamiento familiar.
Es un diseño transversal de un grupo, con tres mediciones, se trata de una modificación al diseño propuesto por Clark (2002), en este caso se aplicaron tres
instrumentos en un solo grupo, con dos mediciones en
un solo momento.
Se realizó una investigación de tipo correlacional
descriptiva, según Hernández, Fernández y Baptista
El muestro fue de tipo accidental (Kerlinger, 1999),
pues se invitó a participar a alumnos de primero y segundo de secundaria que se encontraban disponibles
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Fase I. Contacto y aplicación
Se contactó a la directora de la secundaria quien, previa autorización de la Dirección Operativa Número
1 de la Secretaría de Educación Pública (sep), dio su
autorización para aplicar los instrumentos a los grados de primero y segundo de secundaria, 12 grupos
en total. Se arribó a la secundaria a las 9:00 de la mañana de los días 6 y 7 de febrero de 2014. Previa repartición de grupos, cada evaluador se dirigió al aula
asignada y entregó por orden alfabético los cuestionarios foliados. Se les dio la instrucción de que tendrían
que contestar un cuestionario de manera individual
sobre la forma en que perciben algunas características de sus familias y de sí mismos. Se les pidió que lo
contestaran de la manera más honesta posible y que
utilizaran el tiempo necesario para hacerlo; se les dijo
que el cuestionario no llevaba nombre y que los resultados globales los conocerían en tiempo y forma.
Posteriormente, se les proporcionó un lápiz del número 2 y una goma. Los cuestionarios se presentaron en
el siguiente orden: 1. Depresión; 2. Ideación suicida;
y 3. Funcionamiento familiar. Una vez terminada la
resolución del cuestionario, el alumno lo entregó al
evaluador y pudo abandonar el salón. Se esperó a que
el resto de los compañeros terminaran y entregaran
los cuestionarios.
Fase II. Calificación
Una vez que se terminó la aplicación, el evaluador
concentró los cuestionarios y se dio inicio a la etapa
de calificación de las pruebas. Se calificaron de acuerdo
con los criterios de los respectivos manuales.
Fase III. Captura y análisis de resultados
Los datos se capturaron y analizaron en el programa
estadístico spss de dos formas, por un lado, descriptivamente a través de porcentajes y por el otro, a través
de la r de Pearson, la cual refleja el grado en que dos variables se relacionan de manera lineal en un intervalo
de -1 a 1. Entre más se acerque al -1 su relación es negativa, esto es, si el valor de una aumenta, el de la otra
disminuye y viceversa, y si se acerca a 1 es positiva, es
decir, covarían juntas. Se correlacionaron las variables de la siguiente forma:
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• Ideación suicida con: depresión, involucramiento
afectivo funcional, involucramiento afectivo disfuncional, patrones de comunicación funcionales,
resolución de problemas y patrones de control de
• Depresión con: involucramiento afectivo funcional, involucramiento afectivo disfuncional, patrones de comunicación funcionales, resolución de
problemas y patrones de control de conducta.
Se evaluaron un total de 292 alumnos de una secundaria del Distrito Federal, de los cuales eran hombres 45.5% y 54.5% corresponde a mujeres, oscilaban
en una edad entre los 11 y los 15 años, 0.7% tenía 11
años, 29.4% tenía 12 años, 48.3% tenía 13 años, 19.2%
14 años y 2.4% tenía 15 años, con una media de 12.93
años y una desviación estándar de 0.7808.
No trabaja 85.3% de los evaluados, mientras que
9.6% trabaja y estudia. Del total de los evaluados 74%
vivió su infancia con ambos padres, 16.8% vivió sólo
con su madre o con su padre, 6.5% vivió con sus tíos,
abuelos o con sus hermanos; mientras que 1.7% vivió
con personas que no son de su familia.
Se realizó un primer análisis de las variables depresión,
ideación suicida y funcionamiento familiar.
Los resultados respecto a la depresión indicaron
que 207 jóvenes (70.08%) de la muestra no presentaron síntomas de depresión o ésta fue nula; se ubicaron
con depresión leve 52 jóvenes (17.8%), y 22 jóvenes
(7.5%) mostraron depresión moderada; por último, se
encuentra con depresión severa 3.0% (11 jóvenes).
Por su parte, se encontró que 21.21% de la población (62 jóvenes) presenta ideación suicida y 78.7% no
la presenta (230 jóvenes).
Se encontró que 87% presenta un involucramiento afectivo funcional, mientras 13% no lo presenta;
muestra un involucramiento afectivo disfuncional
22%, mientras que 88% no lo presenta; 73% tiene patrones de comunicación funcionales, mientras 27%
no los muestra; 45% con patrones de comunicación
mayoritariamente disfuncionales, mientras 55% no
los presenta; 63% con patrones de control de conflicto
funcionales, mientras 37% no los presenta, y 74% con
patrones de resolución de conflictos funcionales, en
tanto que 26% no los presenta.
Análisis correlacional
En un segundo análisis de las variables de depresión,
ideación suicida y funcionamiento familiar se correlacionó ideación suicida, depresión y las cinco escalas de
Se encontró correlación positiva media entre la
depresión e ideación suicida (r = 0.452, p = 0.01); correlación negativa baja entre ideación suicida e involucramiento afectivo funcional (r = -0.387, p = 0.01);
correlación negativa baja entre ideación suicida y
patrones de comunicación funcionales (r = -0.338,
p = 0.01); correlación negativa media entre depresión e involucramiento afectivo funcional (r = 0.440,
p = 0.01); correlación positiva baja entre depresión e
involucramiento afectivo disfuncional (r = 0.371,
p = 0.01); correlación negativa baja entre depresión
y patrones de comunicación disfuncionales (r = -0.354,
p = 0.01); y correlación negativa baja entre depresión y
patrones de control de conducta (r = -0.312, p = 0.01).
No se encontró correlación entre depresión y patrones
de comunicación disfuncionales (r = 0.042) ni tampoco entre ideación suicida y patrones de comunicación disfuncionales (r = -0.008).
Los resultados respecto de la depresión indicaron que
70.08% (207 jóvenes) de la muestra no presentó síntomas de depresión o ésta fue nula; con depresión leve se
ubicó 17.8% (52 jóvenes); 7.5% (22 jóvenes) presentó
depresión moderada, por último, con depresión severa se encuentra 3.1% (11 jóvenes). Este último dato
coincide con el de la investigación realizada por De la
Peña, Ulloa y Páez (1999), quienes encontraron una
prevalencia de la depresión mayor en adolescentes de
secundaria de 4.5% para mujeres y de 2.1% para hombres, pero el promedio a lo largo de la vida es de 4.0%.
Del mismo modo, este estudio coincide con el de De
la Peña, Lara, Cortés, Nicolini, Páez y Almeida (1996),
quienes señalan que en población normal se puede
encontrar una prevalencia de la depresión de 0.4% a
8.4%, en una proporción de 2 a 1 en mujeres y hombres,
respectivamente. Asimismo, De la Peña et al. (1996)
señalan que existen diversos factores que se deben tener en cuenta, tanto para detectarla y evaluarla como
para entenderla y uno de ellos es el funcionamiento familiar. Los investigadores agregan que la comorbilidad
de este trastorno en la adolescencia está asociado a los
intentos de suicidio y a la ideación suicida.
El mejor predictor del suicidio es el intento, según
González-Forteza y Jiménez (2010), 40% de los suicidas lo han intentado varias veces, sin embargo, el intento representa un paso en este proceso que empieza
con la ideación, continúa con las amenazas, posteriormente viene el intento y por último, la consumación.
González-Forteza et al. (1996), en su estudio con una
población similar encontraron resultados análogos, señalan que 47% de los estudiantes presenta un síntoma
de ideación suicida, 17% respondió haber pensado en
quitarse la vida, mientras que 10% respondió afirmativamente a los cuatro reactivos de la escala de ideación
suicida. En esta investigación se encontró que 21.21%
de la población (62 jóvenes) presenta ideación suicida
y 78.7% no la presenta (230 jóvenes). En este sentido,
en la investigación realizada por Chávez, Pérez, Macías
y Páramo (2004) se puede apreciar que la tercera parte
de los estudiantes reportaron haber tenido la sensación de no poder seguir adelante, uno de cada cuatro
tuvo pensamientos sobre la muerte y 8% mencionó
abiertamente tener la idea de quitarse la vida. Se pueden apreciar resultados similares cuando la ideación
es concurrente con otros trastornos (Jiménez, Sentíes
& Ortega, 1997; Mondragón, Saltijeral, Bimbela &
Borges, 1998).
La correlación encontrada entre ideación suicida
y depresión coincide con un gran número de estudios tanto en México como en el mundo (Garrison,
Lewinsohn, Marsteller, Langhinrichsen & Lann, 1991;
Beck, 1976; Arias, Cárdenas Navarrete, Alonzo, Morales & López-García, 1994; Sauceda, Montoya &
Higuera, 1997; Jiménez, Sentíes & Ortega, 1997) en
los que el afecto o ánimo depresivo es el articulador
entre la ideación suicida o cualquier otra conducta
suicida y pautas familiares disfuncionales, conflictos
en la familia, trastornos de la personalidad y conductas adictivas.
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La correlación entre ideación suicida, depresión e
involucramiento afectivo funcional es negativa, es decir, a mayor ideación suicida o depresión, menor es la
posibilidad de un involucramiento afectivo funcional.
Del mismo modo, la correlación entre ideación suicida, depresión e involucramiento afectivo disfuncional
es positiva, por tanto, a mayor ideación suicida o depresión, el involucramiento afectivo disfuncional podría aumentar. El involucramiento afectivo funcional
dentro del Modelo de McMaster implica empatía e interés, mientras que el involucramiento afectivo disfuncional implica ausencia de involucramiento, relaciones
desprovistas de afecto, un involucramiento narcisista,
un exceso de involucramiento y simbiosis. Esto coincide con la investigación de Richman (1979), quien señala el aumento de conductas suicidas en familias con
simbiosis y sin empatía, es decir, en familias donde falta individuación y presentan un apego excesivo, lo que
implica un interés patológico en el otro, que derivan en
una relación tan intensa que resulta difícil establecer
límites que diferencien a una persona de la otra.
Ahora bien, la correlación entre ideación suicida,
depresión y patrones comunicacionales funcionales es
negativa: a mayor ideación suicida o depresión, menores serán los patrones comunicacionales funcionales.
Éstos implican dos aspectos de la comunicación: la
claridad y su dirección, pues entre más clara y directa sea la comunicación, más eficiente será el funcionamiento familiar; lo anterior coincide de igual forma
con la investigación de Richman (1979), quien sostiene que un nivel exagerado de secretos aunado a patrones de comunicación al estilo del “doble vínculo”
–el cual implica una comunicación confusa y paradójica–, caracterizan a las familias con riesgo suicida.
Asimismo, hay coincidencia con las investigaciones de
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Valadez, Amescua, Quintanilla y González (2005) y las
de Guibert y Torres (2001), quienes encontraron una
fuerte asociación entre una inadecuada comunicación
y la expresión de afecto.
La correlación entre ideación suicida, depresión y
la resolución de problemas es negativa, lo que implica que a mayor ideación suicida y/o depresión, menor
será la habilidad de la familia para resolver problemas
en un nivel que mantenga un funcionamiento familiar
efectivo, el cual implica la capacidad de manejar y solucionar los problemas. En esta área de funcionamiento
familiar los problemas pueden ser de dos tipos, instrumentales o afectivos. Los instrumentales son aspectos
cotidianos de la vida diaria y los afectivos se vinculan con aspectos emotivos como coraje, amor y depresión. Esta correlación coincide con la investigación de
Valadez, Amescua, Quintanilla y González (2005), en
la cual se encontró una relación entre intento de suicidio en adolescentes con un inadecuado manejo de
conflictos y agresividad.
Finalmente, la correlación entre ideación suicida,
depresión y patrones de control de conducta es negativa, es decir, entre mayor sea la ideación suicida o la
depresión, menores serán los patrones de control de
conducta que mantengan un funcionamiento familiar
óptimo. Patrones de conducta rígidos, de tipo laissezfaire (dejar hacer) y caóticos son los menos efectivos,
en especial los caóticos, pues éstos son impredecibles y
los miembros de la familia no saben qué normas aplicar en ningún momento, no consideran la negociación,
ni hasta donde pueden llegar. Este resultado coincide
con lo reportado por Guibert y Torres (2001), quienes
encontraron una alta incidencia de inconsistencias en
reglas, desorganización, riñas constantes y conflictos
de poder en familias con adolescentes suicidas. ◆
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