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Timestamp: 2020-05-26 18:05:48+00:00

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Desarrollo Humano Policial – Policía Actualizado
Desarrollo Humano Policial
Publicado en mayo 12, 2020 mayo 14, 2020 por Yagami
FORMACIÓN INICIAL PARA POLICÍA PREVENTIVO
La actuación de los seres humanos está orientada por valores. Los valores que las personas pueden elegir en su vida como fines son de diferentes tipos: artísticos, de conocimiento, de bienestar económico, de diversión, de competencia técnica y profesional y muchos otros.
Entre los valores hay unos que tienen importancia especial porque de su realización depende la realización de la persona humana, estos son los valores morales; por ejemplo, la fortaleza, la lealtad y el agradecimiento.
Hay valores morales que son indispensables para lograr una convivencia armoniosa de las personas en la sociedad. La realización de estos valores permite que la persona y la sociedad se relacionen de tal manera que ambas puedan crecer y desarrollarse para beneficio mutuo; entre estos valores sociales se encuentran el bien común, la tolerancia, la autoridad, la solidaridad y la justicia, por ejemplo.
Las normas jurídicas son las leyes y reglamentos establecidos por las autoridades competentes con el fin de regular la vida social para lograr el bien común. De esta manera, toda norma jurídica se establece para lograr un valor. Frecuentemente los valores que sustentan a las normas son también valores morales, como es el caso de la justicia, la honradez, la protección de la vida y de la libertad, aunque hay también valores jurídicos que no tienen que ver directamente con la moral, como es el caso de la norma de que los autos deben circular por el carril derecho o de que haya varias instancias para decidir un litigio, etc. De cualquier manera, una de las obligaciones morales de todo ciudadano es el acatamiento de las leyes justas establecidas por la autoridad legítima.
En este curso se desarrollará los valores éticos y aquellos valores jurídicos que están especialmente relacionados con la realización de la persona y con el desarrollo más pleno de la vida social. Hay numerosos valores éticos y jurídicos que norman la actividad de la policía para lograr estas finalidades.
Tanto los valores éticos como los valores jurídicos fundamentales están orientados en última instancia al bien de los seres humanos y tienen su razón de ser en la dignidad de la persona, esto es, en el respeto que se le debe a todo ser humano por el hecho de ser humano.
Por eso, en esta unidad empezaremos por abordar las cuestiones más generales sobre la realidad del ser humano como persona, así como la razón de ser de su dignidad y su capacidad de tomar decisiones éticas. También trataremos el significado de la ética, el papel de los valores y de las virtudes en la conducta, los procesos de valoración y los conflictos de valores y terminaremos con una reflexión sobre la importancia de los valores que están consignados en nuestra Constitución Política, así como las obligaciones que se siguen de ellos para la actuación de la Policía.
La palabra filosofía viene de los vocablos griegos “filos” que significan “amor” y “sofía” que significa “sabiduría”, así que etimológicamente quiere decir “amor a la sabiduría”.
La filosofía se dedica al estudio de las causas que han originado las cosas de este mundo. Por eso es posible apreciar varias áreas de investigación, entre las que se encuentran:
• La antropología filosófica, que estudia qué es el ser humano.
• La ética, que estudia la bondad y maldad de los actos humanos.
• La axiología, que es el estudio de los valores.
1.1. La persona como unidad biopsicosocial
Cuando preguntamos por aquello que define a las personas, entramos al terreno de la Antropología filosófica, que se dedica al estudio de la esencia del ser humano, independientemente de la cultura en la que se desarrolle. En Grecia, en el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles definió al ser humano como un “animal racional” para explicar así que el hombre es el conjunto de dos realidades inseparables: El aspecto biológico, en el que se incluyen los instintos, las necesidades fisiológicas y todos los aspectos que tienen que ver con el cuerpo. El aspecto racional, en el que se incluyen las facultades de la inteligencia y voluntad, así como todas las características espirituales que nos distinguen de los animales.
La inteligencia se orienta al conocimiento y la búsqueda de la verdad, y nos hace capaces de comprender la realidad mediante operaciones mentales como: relacionar, comparar, clasificar, analizar, sintetizar, juzgar, evaluar, razonar, etc.
La voluntad se orienta a la realización del bien y nos hace capaces de querer y decidir.
De acuerdo con lo anterior, gracias a nuestra racionalidad podemos hacer grandes cosas, tales como obras de ingeniería, descubrimientos científicos, creaciones artísticas, desarrollos tecnológicos, etc., pero también podemos ser capaces de grandes crueldades como la tortura o el asesinato, estafas, engaños y muchas otras maldades si no tenemos una formación ética y una conciencia moral desarrollada.
Lo anterior es especialmente importante en la profesión de policía, pues para cumplirla cabalmente se requiere de una actuación racional que nos haga más humanos y contribuya a la formación de una sociedad segura y libre de violencia.
La persona es un ser complejo en la que se relacionan instintos, razonamientos, emociones, pensamientos, poder de decisión, voluntad de acción, actitudes y valores. Sin embargo, una persona no es la suma de materia y espíritu, mente y cuerpo, o de racionalidad, emotividad, afectividad, etc., sino una unidad en la que existe e interactúa todo lo anterior. Ningún comportamiento humano será nunca completamente racional o sólo afectivo, sólo social o sólo instintivo, porque la persona es una unidad estructurada de factores biológicos, psicológicos y sociales, en la que coexisten varias dimensiones relacionadas entre sí:
La dimensión biológica, que se refiere a todo lo relacionado con nuestro cuerpo. Somos una especie biológica, tenemos una anatomía y fisiología distinta de otras especies, pero al igual que los demás seres vivos, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. De ahí que necesitemos cubrir necesidades básicas de alimento, techo, protección contra el clima, etc.
La dimensión social, que concierne a la necesidad que tenemos de los demás no sólo para nuestra supervivencia biológica, sino para desarrollarnos integralmente. En este sentido, el lenguaje es uno de los productos sociales por excelencia, pues gracias a él podemos expresar nuestros pensamientos y sentimientos individuales y ser entendidos por los demás.
La dimensión psicoafectiva, que corresponde a la sensibilidad, es decir, a las emociones, pasiones y, en general, a los afectos que surgen de la interacción con nuestros semejantes. El universo de la afectividad es lo que permite la creación artística y la experiencia estética, por ejemplo.
La dimensión racional, que dispone de dos facultades: la inteligencia y la voluntad, es decir, la capacidad de conocer y la capacidad de querer, que nos permiten tomar decisiones y ejercer nuestra libertad. Gracias a la dimensión racional somos capaces de hacer ciencia y tener vida moral, pues nos permite reflexionar y decidir el curso de nuestras vidas.
La dimensión moral, que, en estrecha relación con las dimensiones psicoafectiva y racional, corresponde al fenómeno humano en el que se dan las cualidades necesarias para formular juicios de valoración ética, es decir, los relacionados con el bien y el mal.
La dimensión espiritual, que nos lleva a preguntarnos por el sentido último de nuestra existencia. Esta característica puede encontrarse en valores fundamentales como la justicia o en instituciones como la Patria, en la misma naturaleza o en el Dios propio de las religiones. Gracias a esta dimensión nos relacionamos con la realidad trascendente y somos capaces de experimentar fe, amor, reverencia, compasión o misericordia, por ejemplo. Estos sentimientos implican muchas veces la captación de lo sagrado como una realidad límite que logramos vislumbrar, pero no somos capaces de explicar cabalmente.
Todas estas dimensiones se encuentran estrechamente relacionadas unas con otras en la vida y en las acciones de todos nosotros, de tal manera que podemos decir que la persona es una unidad biopsicosocial capaz de autorrealizarse a sí misma gracias al ejercicio responsable de su libertad.
De todas las dimensiones de la persona se derivan algunas necesidades, como se puede apreciar en el siguiente cuadro:
1.2. Sensibilidad, inteligencia, voluntad, libertad, responsabilidad
Gracias a nuestra inteligencia y voluntad, las personas podemos tomar decisiones y ejercer nuestra libertad, de tal manera que esas decisiones poco a poco nos dan una identidad concreta. Aunque hay cosas que no decidimos, como nacer en determinada época y lugar, provenir de determinada familia, contar con ciertos rasgos físicos, etc., hay muchas otras cosas que dependen de nuestras propias decisiones y, por lo tanto, configuran nuestra identidad. Ahora bien, las decisiones que tomamos están motivadas por nuestra interacción con las demás personas y el contexto en el que actuamos. Pueden ser decisiones que nos lleven a convertirnos en mejores personas y que ayuden a otros a ser mejores o, por el contrario, acciones que nos destruyan a nosotros mismos y a otras personas.
Así, la libertad es la capacidad de elegir qué nos hace dueños de nuestros propios actos. Toda elección se realiza por medio de la voluntad que, en general, se dirige hacia el bien y cuando nos encontramos delante de bienes concretos nos lleva a preferir unos y desechar otros, como cuando elegimos lo que queremos comer.
Como condición necesaria para que tomemos una decisión es preciso que la inteligencia vislumbre que hay diferentes opciones, para que la voluntad pueda elegir alguna de ellas. Por ejemplo, para decidir a qué profesión me quiero dedicar, necesito conocer qué posibilidades tengo y así poder escoger cuál prefiero, ya sea policía, técnico en computación, ingeniero, etc.
En la colaboración de la inteligencia con la voluntad se da la deliberación, que significa poner en balanza las razones en pro y en contra de las diversas opciones que propone la inteligencia, para elegir una de ellas. En muchas ocasiones la deliberación es casi automática, especialmente en el caso de los policías, cuando tienen que tomar decisiones en situaciones de urgencia.
Al contrario de lo que muchas veces se piensa, la libertad no es una facultad para escoger entre el bien y el mal, sino que siempre se inclina por lo bueno, aunque no siempre elegimos bien. Por ejemplo, si padezco obesidad y me como unos tacos de carnitas, elijo un bien, pues los tacos “son buenos”, pero elijo mal, porque daño mi salud. El bien o el mal se refieren a la elección misma, no a la cosa elegida.
La libertad nos hace capaces de decidir y establecer nuestros propios fines y, por eso mismo, nos hace responsables de dar cuenta de ello, es decir, de participar de sus beneficios si son buenos o reparar los perjuicios que producen si no lo son.
Es así como la libertad nos permite generar un cambio en nuestras vidas y comprometernos con ello, porque en el fondo todo acto libre es una experiencia de nuestra apertura a lo posible, al futuro o la novedad. Dicho de otra forma, la libertad es la capacidad de romper con la repetición, con las limitaciones externas y con todo aquello que nos ata y pretende mantenernos estáticos.
1.3. La persona, un ser de relación
Las personas no nacemos completamente formadas, sino que tenemos que realizarnos a nosotras mismas mediante acciones libres y responsables que contribuyan al desarrollo de nuestras dimensiones biológica, social, psicoafectiva, racional, moral y espiritual. Lo hacemos, por ejemplo, cuando lo que elegimos para comer resulta saludable para nuestro cuerpo; cuando nuestra interacción con los demás nos lleva a un mejor entendimiento entre todos, a generar actitudes de solidaridad; cuando nos preguntamos por el sentido último de la existencia y tomamos decisiones sobre el curso de nuestras vidas.
Sin embargo, a pesar de que cada quién es responsable de sus actos, nadie puede desarrollarse en soledad. Todos estamos condicionados por el tipo de entorno familiar, social, cultural, económico, etc., en el que vivimos y por las relaciones que generemos en cada uno de ellos.
Las personas sólo llegamos a la vida gracias a otros seres humanos. El hecho mismo de la concepción muestra que nuestra naturaleza es relacional. Después del nacimiento también necesitamos de otros para poder sobrevivir, así como para crecer normalmente. Y todo tipo de convivencia con otras personas contribuye a moldear nuestra forma de ser.
Para desarrollarnos como personas requerimos de una maduración física de nuestro cuerpo, pero también necesitamos del aprendizaje, que es un fenómeno interpersonal. Mediante el contacto con los demás aprendemos a emplear nuestras habilidades y talentos de acuerdo con el ejemplo y la reacción que otros nos muestran.
Así como las otras personas nos resultan indispensables para sobrevivir y desarrollarnos, también son insustituibles para nuestra madurez, pues todos nacemos, crecemos y maduramos dentro de una comunidad en relación. Con las cosas nos relacionamos por medio de los sentidos, pero entramos en relación con las personas por medio del gesto y/o la palabra. Y cuando hemos adquirido una cierta madurez, podemos entrar en relación con nosotros mismos mediante la reflexión, que es cuando “hablamos con nosotros mismos”. Por eso los demás son indispensables para el autoconocimiento.
Finalmente, podemos relacionarnos con lo trascendente, con el totalmente “Otro”, que para algunos puede ser Dios, algún valor como el amor, la Patria, etc.
Por la capacidad que tenemos de decidir el curso de nuestra vida por encima de las circunstancias en las que nos ha tocado vivir y porque siempre tomamos nuestras decisiones en relación con los demás, los seres humanos no somos solamente algo, sino alguien. Nuestras decisiones nos configuran de manera única e irrepetible y nos constituyen como un fin en nosotros mismos, pues no somos un simple medio para lograr otras finalidades. De igual manera, porque somos capaces de conocernos, de poseernos y de entrar en comunicación con otras personas, también podemos darnos libremente a otros. Cuanto mayor sea nuestro desarrollo humano, tanto más podemos vivir ya no por los otros, sino para los otros, en una entrega generosa de nosotros mismos, como es el caso de la vocación policial. En este sentido podemos orientar nuestras elecciones a la realización de valores trascendentes, tales como la verdad y la justicia, y en esto radica nuestra dignidad.
Porque existimos por otros y para los otros, ser persona significa “ser de relación”.
1.4. Capacidad de transformar la realidad y apertura a lo trascendente
¿La realidad es inmutable o podemos transformarla?
Así como hay cosas y situaciones que no elegimos, sino que nos son dadas, como la familia y el momento en que nacemos, hay otras que requieren de nuestra intervención, como por ejemplo decidir qué quiero ser en la vida. En este sentido, nuestra libertad nos lleva a conformarnos con aquello que nos fue dado o bien a transformarlo con nuestras elecciones.
Las personas vivimos a partir de nuestras circunstancias, pero tenemos un futuro cargado de posibilidades, en el que podemos construir el mundo en el que queremos vivir. Por el hecho de ser personas que viven con otros tenemos que hacernos cargo del entorno que nos rodea, para acondicionarlo a nuestra manera de ser, en lugar de simplemente adaptarnos a él, como hacen
Y esa transformación permanente de las circunstancias que nos rodean a través del tiempo constituye nuestra realización personal, al crear un mundo dotado de sentido, en el que podemos convivir en la vida diaria con las libertades de las otras personas. Ciertamente las condiciones de vida hoy en día no son las mismas que las de la antigüedad, ni las de un país son iguales a las de otro, pues cada persona o grupo de personas acondiciona su mundo de acuerdo con su proyecto de futuro.
Cuando aprovechamos las posibilidades que el mundo nos brinda para, por ejemplo, hacer que la sociedad en que vivimos sea más segura para quienes que habitamos en ella, transformamos los obstáculos que encontramos, como podría ser la inseguridad, en condiciones para una vida mejor.
Nuestras dimensiones social, psicoafectiva, racional, moral y espiritual van más allá del mero crecimiento de nuestra dimensión biológica, que tiene un fin determinado, para no dejarnos dominar por las dificultades y abren nuestro horizonte personal a maneras de vivir siempre nuevas y esperanzadoras.
Decidir la manera en que queremos vivir implica reconocer las obras de todos aquellos que han contribuido a conformar el mundo que habitamos y la responsabilidad que tenemos para con los que nos sucedan. Por eso, si tenemos la oportunidad de contribuir a transformar la sociedad en función del bien de todas las personas, no hacerlo sería quedar en deuda con la humanidad.
¿Qué es la apertura a la trascendencia?
La posibilidad de transformar nuestro presente y diseñar nuestro futuro nos coloca frente al problema del sentido último de la existencia. La experiencia de crecimiento que tenemos cuando logramos transformar nuestras circunstancias nos lleva a pensar en la trascendencia como sentido de nuestro actuar, de nuestro proyecto de vida.
La conciencia de que podemos trascender lo inmediato nos pone ante la cuestión de por qué o para qué transformarlo, es decir, de encontrar un orden que le dé sentido pleno a nuestra vida y le confiera valor al mundo que nos rodea.
La perspectiva de considerar nuestra vida como un “proyecto” nos coloca frente a la incógnita de nuestro “yo”. Un yo personal que organiza todo en torno de sí como centro de convergencia, pero que al mismo tiempo se remite siempre a una posibilidad más, a otra manera de hacer las cosas.
En este punto entronca nuestra tendencia a ir más allá de los límites que no nos dejan vivir como queremos, con la pregunta de hacia dónde nos dirigimos en este afán de ir siempre “más allá”.
Ahora bien, si siempre buscamos superar los límites que nos impiden vivir como queremos es porque apuntamos en todo momento hacia una meta más alta, allende los logros particulares que alcanzamos. Esto indica que buscamos un porvenir definitivo que rebasa todos los resultados parciales y que nos inscribe en la pregunta por el absoluto, sin que ello signifique que es fácil encontrar la respuesta. No obstante, toda pregunta lleva consigo la posibilidad de una respuesta. En algunos casos, nuestra dimensión espiritual nos lleva a encontrar esa respuesta en valores fundamentales como la justicia o en instituciones como la Patria, en la naturaleza o en Dios, pues muchas veces captamos lo sagrado como una realidad límite, aunque no seamos capaces de explicarla cabalmente.
1.5. Dignidad de la persona y bien común
Para pensar sobre la sociedad, la política, la economía, la cultura, etc., debemos entender primero qué es el ser humano y cuál es su verdadero bien. En este sentido, lo que nos constituye fundamentalmente como Personas y nos hace ser humanos es la dignidad, que va más allá de nuestro desarrollo biológico.
La dignidad humana consiste en que cada uno de nosotros, por el hecho de ser humano, constituye un fin en sí mismo al estar orientado a la realización de valores trascendentes. Así, todas las personas tenemos una dignidad inalienable porque cada uno de nosotros es único e irremplazable. En consecuencia, ninguna persona puede ser tratada como un simple medio u objeto que se utiliza para lograr ciertas finalidades y se puede desechar cuando ya no sirve.
Al valor de la dignidad humana le corresponde una actitud de respeto, de cuidado de la vida, de la integridad física, de los bienes y de los demás derechos de toda persona y, por eso, constituye el fundamento para los derechos humanos.
El conjunto de las condiciones sociales que permiten a las personas realizarse colectiva e individualmente es el bien común, ya que las personas alcanzamos nuestra perfección no en el aislamiento de los demás, sino dentro de comunidades. Somos individuos, pero nos realizamos con y para los demás.
El egoísmo que a veces nos impulsa a buscar nuestro propio bien en detrimento de los demás se supera con un compromiso con el bien común, que no es exclusivamente mío o tuyo, ni es la suma de los bienes de los individuos, sino que crea un nuevo sujeto –“nosotros”– en el que cada uno descubre su propio bienestar en comunidad con los demás.
Por ello, el bien común no pertenece a una entidad abstracta como el Estado, sino a las personas como individuos en comunidad. Puesto que las personas somos seres fundamentalmente relacionales y sociales, el bien común es necesario para nuestro bien personal, pero no se opone al bien particular de cada individuo.
El bien común es contrario al utilitarismo, a la idea de la felicidad o placer más grande posible para el mayor número de personas, que inevitablemente conduce a la subordinación de la minoría a la mayoría. La excelencia e inviolabilidad de la persona humana individual excluye la posibilidad de subordinar el bien de uno al de los demás, de tal modo que se convierta el primero en un medio para la felicidad de los demás.
Si se le preguntara a la mayoría de la gente “¿a qué dedica un policía la mayor parte del día?”, es probable que respondiera que, a detener ladrones, interceptar vendedores de drogas y arrestar asesinos, lo cual sería una respuesta equivocada. Es curioso que pocos se den cuenta que esos sólo son los momentos de mayor adrenalina, los que aparecen en el periódico y luego se vuelven película; los policías reales saben que gran parte de su tiempo lo dedican a otro tipo de actividades más cotidianas. Ellos –usted–, los policías reales, saben que es más frecuente ayudar a los ciudadanos en pequeños problemas, orientar a quien está perdido, apoyar a una persona de edad avanzada, ayudar a los familiares de un desaparecido, mediar en peleas y facilitar el trabajo de los servicios médicos de emergencia, entre muchas e incontables actividades llamadas “de rutina”. Probablemente, la mayoría de la gente también diría que una de las principales herramientas de trabajo de un policía es su arma. Los policías reales, no los de película, saben que el arma importa, pero lo que siempre utilizan en todas las situaciones anteriores es un arma de naturaleza muy distinta: la comunicación efectiva.
En este primer tema, se estudiará la importancia de comunicarse de manera eficiente y obtendrá herramientas para eliminar los obstáculos que no le permiten llevar a cabo este proceso.
El hecho de que todo mundo se comunique es una obviedad tan grande que impide mostrar que hay formas más útiles que otras para transmitir lo que se quiere y alcanzar un objetivo.
A continuación, se revisará qué es la comunicación y algunas de las características más importantes a tomar en cuenta si se pretende ser un comunicador eficaz.
La definición más básica de comunicación es la de un proceso por el cual se intercambia información con algún objetivo. El proceso supone transmitir y recibir ideas, sentimientos, datos, actitudes, valores, órdenes y opiniones. Para que ocurra la comunicación, el emisor y el receptor deben de compartir el código y un canal por medio del cual se transmite el mensaje. Por ejemplo, un chino y un mexicano no podrán intercambiar información verbal porque no comparten el mismo código, que en este caso es el idioma. Sólo podrán comunicarse si alguno puede cambiar al código del otro o si los dos hablan un tercer idioma, como el inglés. La comunicación que busca causar un efecto tiene una meta, que es la de que el receptor comprenda el mensaje de la manera más precisa posible.
Podemos sintetizar el proceso de la comunicación con la siguiente figura:
Otro factor determinante para la comunicación es la situación en la que ocurre. Será más fácil que un padre le explique a su hijo cómo arreglar una licuadora si lo hacen en la tranquilidad de su cocina que si lo intenta en el medio tiempo de un partido de futbol. Una situación inadecuada puede impedir que el mensaje se transmita de forma correcta.
Una de las situaciones de comunicación más comunes es la llamada “comunicación interpersonal”, es decir, entre personas, como en una conversación. En esta situación la figura que se presentó arriba se convierte en un círculo. El receptor, quien originalmente escucha el mensaje, le contesta al emisor, quien ahora debe tratar de comprender el mensaje que le regresan. Si el proceso es lineal, como en la primera figura, es posible imaginar que el emisor da una orden que el receptor comprende. En la comunicación interpersonal, el que recibe puede contestar e iniciar una conversación en la que se intercambian mensajes.
Un comunicador competente es capaz de transmitir con precisión un mensaje mediante códigos verbales y no verbales, a la persona adecuada, en la situación correcta y tomando en cuenta el contexto en el cual sucede.
En el proceso de comunicación es tan importante la manera en la que se transmite un mensaje como la forma en la que se comprende. Cuando un policía observa a un “sospechoso”, lo que ocurre es que cree interpretar un mensaje no intencional que le comunica una persona. Por lo general se admiran las habilidades de observación de un policía y su talento para detectar a distancia lo que el otro quiere esconder. Sin embargo, a veces no se señala que eso ocurre dentro de un proceso de comunicación no verbal. El problema, es que la policía basa una parte esencial de su labor en un tipo de comunicación poco preciso.
Trate de hacer memoria sobre la última vez que caminó de noche por una calle solitaria con su pareja. Si en ese momento vio “algo” en una persona que también caminaba por ahí, ante la tensión del momento, tal vez usted extremó sus precauciones por temor a un robo o una agresión. ¿Puede recordar qué tenía de particular esa persona? ¿Cómo era el sujeto que sólo por su apariencia lo obligó a tensar sus músculos y endurecer su vigilancia?
Si en esa ocasión no ocurrió nada es posible que su sospecha fuera falsa. Si esta apreciación exagerada ocurre un día cualquiera, el exceso de precaución no afecta a nadie, pero un policía vive en estado de alerta y no puede darse el lujo de menospreciar tanto la comunicación no verbal como el contexto. Para el policía, un error de juicio es peligroso y puede provocar numerosos problemas para mucha gente.
Por lo general existen ciertas personas que generan una sensación de sospecha y de peligro. La dificultad para nombrar “ese algo” que le provoca estar en alerta es la imprecisión de la comunicación no verbal. Además, dicho “algo” incluye el contexto entre emisor y receptor. La reacción le debe mucho a experiencias anteriores.
La misma imprecisión en el lenguaje no verbal de un policía que juzga equivocadamente a un sujeto puede ocurrir en sentido inverso. El policía, con su uniforme imponente y su arma a la vista, bajo la luz roja y azul, puede intimidar a un ciudadano con su sola presencia. Los ciudadanos pueden asustarse ante la presencia de éste, aunque sus intenciones sean de ayuda. Un buen policía conoce el mensaje y el efecto de la comunicación no verbal que inevitablemente envía, por lo que tiene la precaución de siempre tranquilizar al ciudadano de manera verbal.
2.2. Obstáculos para una comunicación efectiva
Ahora que ya quedó clara la importancia de la comunicación no verbal en la labor policial, es momento de revisar la verbal. Como se mencionó al principio de este tema, el policía trabaja con gente y eso supone contar con habilidades de comunicación verbales y no verbales. Una de las funciones más importantes de un policía es obtener información de un ciudadano de manera voluntaria, sin recurrir a la confrontación y a la fuerza física. Su objetivo es emitir y recibir los mensajes necesarios para conseguir los datos que requiere. Al mismo tiempo, siempre debe tener en mente que todo contacto interpersonal es potencialmente peligroso. Por ejemplo, para tratar con ciudadanos enojados y hostiles, es necesario que el policía se muestre calmado. Al tratar con gente que tiene dificultades para entender el español, el policía debe ser paciente.
Hablarle de una manera dura o con palabras de menosprecio a un testigo puede fomentar su silencio y frenar una investigación.
A continuación, se le presenta un cuadro en el que aparecen los principales obstáculos para una comunicación efectiva y algunas recomendaciones para mejorar sus habilidades de comunicación interpersonal.
Siempre tenga en mente que el aspecto común de trabajar con el sospechoso de un delito, con el testigo de un crimen, con una víctima alterada, con un herido de gravedad, con una muchedumbre enfurecida, con sus compañeros de trabajo, o con policías bajo su responsabilidad, es la comunicación efectiva. Dominarla es un componente crítico y necesario de un policía efectivo.
2.3. Inteligencia emocional
La comunicación es un elemento importante para profundizar en el tema de la inteligencia emocional. Sin haberlo entendido con anticipación, difícilmente hubiera podido llegar a este punto, pues su aplicación nos permite establecer relaciones interpersonales. Reflexione y responda lo siguiente: ¿Qué hace cuando está enojado? ¿Qué hace cuando está contento? ¿Se da cuenta cuando una persona se está enojando? ¿Sabe qué hacer para calmarla?
Lectura: “¿Usted sabe qué característica comparten los profesores más competentes y humanos?”
La respuesta no es la inteligencia, ni los diplomas universitarios y ni siquiera el dinero con el que nacieron, sino algo que se conoce como Inteligencia Emocional. La Inteligencia Emocional es la habilidad interpersonal que permite tomar conciencia de las propias emociones, conocer los sentimientos y las necesidades del otro, controlarse a uno mismo y actuar en sentido constructivo. Para desarrollar la Inteligencia Emocional una persona requiere de las habilidades de comunicación que estudió previamente. Es importante ser capaz de sintonizarse con el mensaje del otro para abordar cuestiones difíciles. Así se podrá promover la comunicación sincera y permanecer abierto tanto a las buenas noticias como a las malas. Desarrollar las habilidades de comunicación le permitirá aprovechar la diversidad de la gente con la que se rodea. A partir de la comprensión emocional del otro podrá aprovechar sus múltiples conocimientos. Por ejemplo, si es capaz de respetar y relacionarse con personas de varios niveles socioeconómicos, entonces podrá conocer a mayor profundidad contextos que le pueden ser extraños, pero en los que deberá trabajar. Conocer al otro le permite comprender y sensibilizarse ante las muchas visiones del mundo que existen. La Inteligencia Emocional supone un ejercicio de confrontación con los prejuicios y la intolerancia, tanto propia como ajena. Un policía necesita entender cómo es el mundo del ciudadano que tiene enfrente y no puede suponer que es igual al propio. En una situación cotidiana puede encontrarse con personas para las que ciertos objetos son sagrados. Quien no consiga entender lo que éstas significan emocionalmente, corre el alto riesgo de ofender lo más profundo de la sensibilidad de toda una comunidad. Y quien no lo comprende, puede perder el apoyo vital de esa gente. Para desarrollar la Inteligencia Emocional se favorecen actitudes de respeto, de disponibilidad y de cooperación hacia el otro, en este caso el ciudadano y los compañeros. Cuando la Inteligencia Emocional se aplica a un equipo se busca despertar la participación y el entusiasmo de las personas con las que se trabaja. Cuando se consigue esta habilidad de comunicación interpersonal comienza un cambio importante en los equipos. Inicia un proceso de transformación en el que el grupo se considera capaz de eliminar obstáculos cuando se trabaja en sintonía interpersonal. Este tipo de equipos se caracteriza por la disposición para aprovechar colectivamente las oportunidades y los desafíos. La actitud grupal es aquella en la que se persiguen objetivos más allá de los que se requieren o se esperan. La Inteligencia Emocional no es magia, sólo es un tipo de relación basada en la comprensión de los sentimientos del otro que puede ayudar a la movilización para intentar esfuerzos innovadores. Lo anterior se consigue porque se busca la negociación hasta alcanzar consensos en un diálogo respetuoso que toma en cuenta los intereses y sentimientos del otro. Esto ayuda a manejar a personas difíciles y reduce la tensión de situaciones complicadas, porque se recurre al tacto y a la diplomacia frente a una agresión desnuda. Se busca el debate y la discusión abierta para resolver los desacuerdos; se resuelven los conflictos en lugar de evitarlos. En un equipo, las emociones que pueden dificultar el trabajo armónico se presentan en dos
sentidos, hacia la tarea y hacia los compañeros.
Hacia la tarea:
− Apatía: Cuando a alguien no le interesa el objetivo.
− Miedo: Cuando se piensa que como equipo o individuo no se cuentan con las habilidades o recursos para alcanzar el objetivo.
Hacia los compañeros
− Enojo: Cuando se sintió alguna agresión de otro compañero.
− Envidia: Cuando se quiere alguna característica o posesión de otro.
− Egoísmo: Cuando se busca el éxito personal antes que el del equipo.
La Inteligencia Emocional pretende neutralizar los sentimientos negativos. Se favorece el compromiso con la tarea y con la propia capacitación. También se busca la confianza para expresar una opinión sin que se considere agresión; se prefiere colaborar y compartir antes que acumular y se comparten los méritos de todos los éxitos.
En última instancia, la Inteligencia Emocional es la capacidad de reconocer y recompensar los logros y el desarrollo de los miembros del equipo. Se refiere a la capacidad de hacer una retroalimentación útil, que no dañe al otro, y a la vez sea una crítica constructiva. En suma, la Inteligencia Emocional es la capacidad para identificar los intereses y sentimientos de los compañeros para dirigirlos hacia un fin positivo.
3. Manejo del estrés
No podemos terminar el examen de las consecuencias que se siguen de la decisión de ser policía sin considerar un elemento psicoemocional que juega un papel muy importante en esta profesión: el estrés. Por su importancia, le dedicaremos un apartado especial. Distintos estudiosos coinciden en que la profesión policial está relacionada estrechamente con el estrés, debido a que “la mayoría de las veces, el policía desarrolla su profesión y su labor en un entorno conflictivo y arriesgado, sobre todo, cuando debe actuar o intervenir en situaciones de seguridad y atención ciudadana.”
3.1. Normalidad y anormalidad del estrés
El ritmo acelerado de la vida actual, la gran carga de trabajo y la constante preocupación por cubrir las necesidades propias y familiares, hacen que la presión cotidiana aumente y la energía vital disminuya. Todo esto desgasta poco a poco el funcionamiento del cuerpo, causándole molestias y pequeños trastornos a nivel físico y mental. A la expresión corporal de esta presión se le llama estrés.
El estrés es un estado de tensión en la persona que se manifiesta por una serie de síntomas físicos y mentales. Puede presentarse debido a causas concretas que el individuo es capaz de identificar o a situaciones que no alcanza a entender.
Por lo general el estrés es normal y todo mundo es capaz de adaptarse y manejarlo. Sin embargo, quien no lo consigue, empieza a sentir una gran tensión y angustia por lo que le rodea, además de que lo invade una sensación de descontrol general en su vida.
Mientras el dominio del individuo sobre los acontecimientos de su vida sea menor, mayor será su tensión y angustia para tratar de encontrar una reacción acertada a las relaciones, compromisos y responsabilidades que acepta y asume.
En la policía, el estrés es un elemento con el que inevitablemente se debe convivir todos los días. Un policía tiene que enfrentar personas y situaciones peligrosas. Trabaja con lo peor de las personas y en sus peores momentos. También necesita lidiar con sus superiores y con todos los representantes de la ley. En ocasiones, el policía siente que está rodeado por muchos adversarios que no puede controlar: desde abogados o funcionarios de derechos humanos que parecen defender a los criminales, hasta ciudadanos agresivos que lo tratarán como delincuente, e incluso superiores que le exigirán cuentas y no dejarán de examinarlo. En situaciones estresantes como las que vive, el policía puede sentir como si el mundo estuviera al revés.
Cuando el estrés se vuelve inmanejable, comienza a afectar la calidad del trabajo, las relaciones de pareja y familiares se tensan, los amigos lo perciben como hostil y el mundo parece estar contra uno. Si el estrés aumenta demasiado, puede tener serias consecuencias. En Estados Unidos se encontró que los policías se divorcian más que la gente que se dedica a otras ocupaciones y que tienen ocho veces mayor probabilidad de suicidarse que de morir en el servicio. Esto evidencia que el manejo del estrés es una habilidad fundamental para todo policía, debido al tipo de trabajo que tiene que realizar.
El estrés se presenta como un conjunto de síntomas que desequilibran el funcionamiento del organismo. Estos pueden aparecer a nivel físico, psicológico y social.
Efectos físicos: cuando una persona está estresada, el sistema de defensa de su organismo se ve afectado y disminuido. Entonces su salud se ve amenazada, ya que se encuentra mucho más expuesta a las enfermedades que otras personas que tienen un nivel mínimo de estrés.
Algunas señales físicas del estrés son:
Alteraciones del corazón, como cuando late muy rápido.
Molestias en el estómago como agruras, inflamación, dolor y/o ardor.
El estrés afecta también el acto sexual: en el hombre puede provocar eyaculación precoz y hasta impotencia. En las mujeres puede producir la ausencia temporal de la menstruación (amenorrea).
En la piel pueden aparecer pequeños granitos, ésta puede descamarse, inflamarse o enrojecerse, lo cual produce comezón, ampollas y costras.
Pueden suscitarse tics nerviosos, temblores y dolores musculares.
Las enfermedades respiratorias como la gripa pueden avivarse cuando el sujeto está bajo mucho estrés.
En términos generales, una persona estresada puede tener dolores de cabeza repentinos o constantes; síntomas de gripa sin estar resfriado; subidas o bajadas de la presión arterial; mareos y debilidad muscular; molestias estomacales; y variaciones en la temperatura del cuerpo.
Un ámbito en el que el estrés puede afectar de forma significativa es en el trabajo. Algunas de las causas más conocidas de tensión en el trabajo son:
• El exceso de trabajo.
• La presión del tiempo.
• Alejarse de los compañeros y/o tener conflictos con ellos.
• Falta de apoyo por parte de los compañeros o jefes.
• Puestos o cargos que requieren de más responsabilidad que autoridad.
• Un medio ambiente en el trabajo que no ofrece apoyo o reconocimiento.
• Carencia de reglas, políticas y procedimientos para realizar las actividades laborales.
• Confusión acerca de los roles laborales que le corresponden a cada trabajador.
• Temor al fracaso, al rechazo y a la competencia.
• Falta de coincidencia entre los intereses y valores de la organización en la que se trabaja y los personales.
3.2. Reacciones frente al estrés
El estrés no siempre es negativo. Se puede considerar como el mensaje no verbal del cuerpo de que necesita descanso y relajación. Puede motivar o estimular positivamente a una persona y llevar a otra hacia la tristeza, dependiendo de la capacidad de adaptación a las circunstancias que se enfrentan en la vida.
Cuando la energía vital es utilizada para dejar que el cuerpo se adapte a los constantes cambios de la vida, el estrés es positivo para la persona. En otras palabras: cuando la tensión –que da lugar al estrés– no rebasa los límites de resistencia y control del individuo, se puede convertir en un impulso positivo. Por el contrario, cuando esa tensión supera la capacidad de tolerancia de la persona, entonces le produce un desequilibrio interno y puede llegar a paralizarlo en el momento de actuar.
Existen distintos grados de estrés. Cuando éste se intensifica, se convierte en miedo. Si alguien se encuentra en una situación que le da miedo, el cuerpo responde con una serie de reacciones que lo preparan para enfrentar el peligro, ya sea luchando o escapando. Estas reacciones se asocian con la producción de adrenalina, la cual se relaciona con la percepción del peligro. La respiración se hace profunda, el corazón late rápidamente y aumenta la presión arterial. Estas respuestas son la preparación para luchar contra el peligro. Todos estos cambios buscan que el organismo sea más efectivo en el manejo de la situación de emergencia. El estrés y el miedo, cuando no son extremos, le permiten a un policía prepararse para la acción.
3.3. Técnicas de manejo de estrés
Son muchos los problemas que el estrés y el miedo pueden ocasionarle al ser humano. De ahí la importancia de aprender a evitar las situaciones de esta índole, comenzando por el autocontrol personal, siguiendo por mantener las tensiones en un nivel en el que la energía vital se alimente de ellas y no rebasen el punto crítico de adaptación y resistencia. Es necesario aprender a respetar las señales del estrés y del miedo, así como aprovechar sus beneficios, realizando actividades propicias para conservar la salud.
Hay algunas técnicas que ayudan a controlar el estrés. Son procedimientos sencillos y fáciles de realizar, con los cuales usted tendrá la posibilidad de evitar que las tensiones diarias se acumulen y lleguen a estresarlo de manera intensa y constante.
Generalmente, el ser humano respira sólo lo necesario para subsistir sin darse cuenta de que en la respiración se oculta una increíble fuerza vital que ayuda a reanimar el cuerpo, avanzar más rápido, moverse con facilidad y, en general, producir un bienestar inmediato. No es casual que, en la meditación, una de las actividades más relajantes que existen, la respiración sea un elemento fundamental.
El ejercicio de respiración que a continuación se explica, sirve para controlar el estrés. Consiste simplemente en respirar suave y profundamente. Todo mundo respira, pero no siempre se hace en la forma adecuada para que el organismo reciba la cantidad de oxígeno necesario.
Normalmente, cuando el médico pide a un paciente que respire profundamente, lo primero que hace es forzar las fosas nasales, pensando que de esa manera entrará más oxígeno.
Aquí intente lo opuesto: para que la respiración sea suave necesita inhalar y exhalar por la nariz, pero sin forzarse. La entrada de aire debe ser imperceptible. Dice un antiguo dicho: “El oído quiere escuchar a la nariz, pero la nariz no quiere que la oigan”.
Una vez que controle que la entrada de aire sea suave, concéntrese en su abdomen. Para tomar conciencia de la respiración abdominal, en un primer momento puede colocar sus manos sobre éste para verificar que al inhalar se hinche y al expirar se deshinche. Al realizar la respiración, el punto de concentración siempre será el abdomen.
Practique el ejercicio acostado, sentado o de pie. Cualquiera de las tres posiciones le permitirá hacer suya la respiración; lo importante es concentrarse en el abdomen.
Cuando lo intente acostado, si nota que no llega el suficiente oxígeno al abdomen, apoye las plantas de los pies doblando levemente las rodillas; esta posición puede ayudar a que la respiración sea más profunda.
Cuando lo intente sentado, mantenga siempre la concentración en el abdomen y simplemente coloque su columna derecha pensando que desde la cabeza tira un hilo hacia arriba, sin elevar el mentón.
Cuando lo intente de pie, es muy posible que la entrada de aire llegue hasta el pecho o bien que llegue muy poco aire al abdomen; en ese caso piense que está sentado en un banco muy alto (esta posición adelantará levemente su pelvis) y que desde la cabeza tira un hilo hacia arriba. Concéntrese como siempre en el abdomen.
Realice este ejercicio de respiración cinco o seis veces al día. Aunque cada práctica no le lleve más de medio minuto, si lo hace con concentración, pronto se convertirá en su forma de respiración natural. Estará relajado pero atento a los inconvenientes cotidianos. Sólo necesita la disciplina y la voluntad para practicarlo a diario.
Al hacer el ejercicio de respiración suave y abdominal, sus órganos internos reciben el aire necesario para ser masajeados; esto los relaja y su mente, al concentrarse en el ejercicio de respiración, también se oxigena debidamente y se mantendrá clara y serena.
La respiración es una técnica fácil para manejar el estrés. Puede utilizarla en cualquier momento, incluso cuando esté nervioso o sienta miedo al dirigirse al lugar de un acontecimiento peligroso.
Esto le ayudará a sentirse más tranquilo y se le facilitará controlar la tensión y el temor, lo que se reflejará en su rendimiento laboral. También puede practicar su respiración cuando la acción haya terminado y se encuentre en el camino de regreso a casa.
Las técnicas de respiración son las más utilizadas para manejar el estrés, debido a que se pueden intentar en todo momento, tanto en circunstancias que producen miedo como estrés. Aquél se presenta con mayor frecuencia justo antes de la situación de peligro, mientras que el estrés se puede presentar en todo momento.
Además de la respiración, la otra gran recomendación para manejar el miedo es orar. El rezo ayuda a sentir una gran fortaleza y seguridad ante los retos que aparecen como más difíciles. Una de las ventajas indudables del rezo es que incrementa la sensación de control justo antes de entrar en una situación de peligro.
El estrés y el miedo tienen una estrecha relación con la posibilidad de controlar una situación. La seguridad de que se es capaz de manejar un evento peligroso se relaciona con la posibilidad de centrarse en lo que sí depende de uno. Sentirse indefenso es una de las peores sensaciones que puede tener la persona. Incluso en las condiciones más extremas, hay quien centra su atención en lo más incierto, mientras otros se enfocan en lo que sí pueden manejar. Quienes dirigen su acción a lo que sí pueden controlar, manejan mejor el miedo ante el peligro y la incertidumbre.
El control y la seguridad en una situación de peligro se obtiene de tres maneras:
1. Con un entrenamiento adecuado.
2. Con información suficiente sobre lo que ocurrirá.
3. Con experiencia en situaciones similares.
En un hecho, una policía novata añadió estrés a la situación, ya que tenía pocos antecedentes sobre cómo son las operaciones de ese estilo. Ella podía pensar que 50 es un número muy pequeño frente a 200, pero ignoraba que con una estrategia adecuada se podía contrarrestarlos. Lo mismo con su equipo. Con el entrenamiento apropiado es probable que fuera suficiente para resistir el embate de las piedras. Y si no lo fuera, alguien con experiencia sabría que puede confiar en que, de ser necesario, llegarían refuerzos. De ahí que la formación y la experiencia policial sea una medida invaluable para disminuir el estrés. Seguramente compañeros con más experiencia tendrán una infinidad de anécdotas sobre todo lo que sufrieron las personas que carecieron de un buen entrenamiento. Uno de los más claros errores de cálculo de la policía novata fue que no consideró que la gente común y corriente no tiene el entrenamiento especializado que los policías sí reciben. Esa es la principal ventaja de la policía.
La tercera característica también involucra al líder. La incertidumbre ante el peligro disminuye en la medida en que se tenga más información sobre la situación que habrá que enfrentar. Esto facilita que una persona se enfoque en lo que sí puede controlar. Por razones de seguridad, un líder puede considerar que es conveniente que su equipo desconozca los detalles de la operación. Sin embargo, tendrá que evaluar que el precio es un mayor estrés en el equipo. Mientras más información consiga compartir, más seguridad tendrán en el momento de la acción. En lo que corresponde al equipo, será muy importante que pregunte lo que se espera de usted. Entender las órdenes lo tranquilizará. Si tiene dudas sobre lo que le toca hacer, de cómo lo tiene que hacer o de lo que su superior o sus compañeros requieren, es muy importante que lo aclare hasta quedar satisfecho con la respuesta que obtiene. La confusión en la comunicación añade estrés y afecta el rendimiento.
3.4. Manejo cotidiano del estrés
Las recomendaciones anteriores tienen un efecto directo en los momentos más críticos y ayudan a disminuir el miedo. No obstante, hay otro tipo de hábitos que le permitirán relajarse y controlar mejor el estrés cotidiano que enfrenta un policía por el tipo de trabajo que tiene que hacer. Las siguientes sugerencias funcionan incluso para quien no trabaja en la calle sino en una oficina:
Una medida efectiva para disminuir el estrés, y totalmente acorde con los objetivos de la policía, es el ejercicio. Cuando éste es sistemático y regular tiene muchos beneficios. A veces los horarios son tan demandantes que disminuyen la posibilidad de ser constantes. Por ello, en lo que respecta al estrés, basta con un ejercicio ligero, que le exija un poco más de esfuerzo al corazón y a los pulmones, lo que produce que haya un mayor bombeo de sangre y más oxígeno en el cuerpo. Todo esto proporciona al cuerpo fortaleza y resistencia. Para que el ejercicio reduzca el estrés, es mejor que no implique competencia; elija algo que le brinde placer, diversión y satisfacción. Algunos ejemplos de este tipo de ejercicio son: caminar, subir y bajar escaleras, hacer labores domésticas, arreglar un jardín, correr una distancia determinada y otras actividades similares.
El complemento necesario para el trabajo, el ejercicio y el estrés es el descanso. Dormir bien y relajarse es indispensable para estar en forma y trabajar correctamente. Hacerlo implica que el sueño sea continuo, tranquilo y suficiente, ya que la falta de éste provoca, desde la simple fatiga hasta la desorientación y la torpeza.
El descanso es básico para combatir el estrés y mantener el cuerpo y la mente en buenas condiciones. Por descanso se entiende no sólo el sueño y las vacaciones. También los pasatiempos, el tiempo en familia y las actividades recreativas con los amigos, distraen y permiten a la mente y al cuerpo relajarse sin estar en reposo.
La última sugerencia para disminuir el estrés cotidiano y que comúnmente no se asocia con la salud, es hablar de lo que se enfrenta día a día. Algunos elementos han reportado que sería necesario un servicio de psicología disponible sólo para los policías. Aun cuando esto sería deseable, no siempre es posible. Lo que expresan es que su cotidianidad está llena de impresiones muy fuertes y situaciones extremas que muchas veces son difíciles de digerir.
Hay personas que después de ver heridos graves, de descubrir situaciones escalofriantes o de intentar resolver un problema sin éxito, en lugar de compartir sus sentimientos y frustraciones, consideran que lo mejor es guardárselo. Algunos no hablan de su trabajo porque es confidencial. Pero son los datos lo que constituye un secreto, no la ansiedad y los sentimientos de un trabajo estresante. Otros piensan que al no hablar de lo que sienten en su trabajo protegen a su familia de las impresiones tan fuertes que tuvieron. Prefieren sufrir solos. Las personas que renuncian al apoyo que pueden brindarles los demás, viven el estrés con mayor intensidad. Compartir experiencias duras, como la muerte de un compañero o la impotencia ante la realidad, son maneras de hacer más ligera la carga con el apoyo de los seres queridos. De lo contrario, si no comparte con sus seres queridos lo que le ocurre diariamente, podrá dañarlos más, ya que además del riesgo de sufrir algunas de las numerosas enfermedades relacionadas con el estrés, la búsqueda de descanso puede desviarse al lugar equivocado, como son la bebida y las drogas. Poder hablar y compartir con sus compañeros los eventos cotidianos que viven en un día difícil también resulta muy benéfico para todos. El policía puede convertirse en una especie de olla de presión que necesita desahogarse compartiendo sus experiencias. Recuerde que los policías no son máquinas que deban resistirlo todo sin expresarlo. Ellos, como todos los seres humanos, no sólo piensan y trabajan, sino que también sienten, a veces con gran intensidad, y necesitan expresar sus sentimientos. Aprenda a pedir ayuda y a apoyarse en quien lo quiere.
El trabajo del policía provoca muchas tensiones y cada quien deberá probar cuáles de las anteriores recomendaciones le resultan de mayor utilidad para enfrentar el estrés. Lo que el policía no debe hacer es descuidar este aspecto tan importante para su rendimiento profesional y su bienestar personal.
4. Liderazgo en la policía
Hemos visto que una base firme para el comportamiento honesto del cuerpo policial es la existencia de mandos virtuosos, de líderes íntegros que sean un ejemplo viviente de los valores propios de la misión de la policía y que motiven y apoyen a sus subordinados para que muestren el comportamiento digno de su alta vocación de servicio a la sociedad.
El cuerpo policial se fortalecerá moralmente en la medida en que cuente con líderes cuyo comportamiento se base en principios éticos que contribuyan a generar el gran cambio que requiere nuestra sociedad para vivir en la paz, en la justicia y en el respeto mutuo. En la actualidad, el liderazgo en la policía tiene dos vertientes:
• La primera consiste en el ejercicio de la autoridad dentro de la corporación, para orientarla, hacer converger los esfuerzos de todos al logro eficaz de la misión y motivar a los elementos para que realicen sus tareas con competencia, honradez y dedicación.
• La segunda se enmarca en el concepto de prevención social del delito y se refiere al liderazgo de la policía en relación con los ciudadanos y sus comunidades. En este caso, el líder policial deberá relacionarse con la comunidad y encontrar en conjunto con ella mejores formas de prevenir el delito, motivando la participación ciudadana en la denuncia de los hechos ilícitos y fomentando el respeto de los ciudadanos a la policía y a la ley.
En esta parte del curso se revisará la importancia del liderazgo policial y se estudiarán las competencias que debe desarrollar el líder policial, de tal manera que el participante tenga una visión amplia de las tareas y habilidades de un líder de este tipo y se despierte su interés por ejercer y desarrollar, en su ámbito de competencia, las cualidades de un líder con orientación al servicio. Esto le permitirá ser un agente de cambio en la sociedad, proactivo y mediador de conflictos en la corporación, en el trabajo en equipo, en el trato con los ciudadanos y en la comunidad.
Se estudiará qué es el liderazgo, los diferentes estilos que hay, las competencias de comunicación, motivación y resolución de problemas, así como las de planeación, organización, ejecución y evaluación.
Se destacará la importancia que, para el desarrollo del líder, tiene el conocimiento y el gobierno de sí mismo como condiciones para dirigir a otros.
Finalmente, se estudiará el liderazgo basado en principios éticos y se mostrará de qué manera el ejercicio de un liderazgo prudente y comprometido con los principios de justicia y veracidad es el único que genera credibilidad y resulta apropiado a la misión de la policía y a los grandes retos que enfrenta en la actualidad para servir a la ciudadanía eficazmente.
4.1. Liderazgo en la historia
Uno de los primeros autores modernos que estudiaron el tema del liderazgo fue Max Weber, quien, en su obra, Los tres tipos de gobierno legítimo se preguntó la razón por la cual, a lo largo de la historia, unas personas han obedecido a otras. Encontró que las personas están dispuestas a obedecer a otra cuando reconocen en esa persona tiene derecho a mandar en virtud de:
a) Sus cualidades personales.
b) Lo que establece una tradición venerable.
c) Lo que establecen la ley y el derecho.
De acuerdo con estas tres fuentes de la autoridad, distinguió tres tipos de liderazgo:
a) El liderazgo carismático: que se apoya en las cualidades extraordinarias del líder cuya misión y visión inspira a los seguidores.
b) El liderazgo tradicional: que se basa en el respeto a la tradición y se recibe generalmente en forma hereditaria.
c) El liderazgo racional-legal: que se funda en el respeto a la ley, que tiene su origen en la naturaleza humana. En este caso la obediencia no se le rinde a una persona en lo particular sino a principios generales.
Lo que tienen en común los tres tipos de liderazgo es la capacidad del líder de influir en el comportamiento de las personas. Y en este sentido, todos podemos ser líderes.
Las organizaciones, especialmente aquellas que requieren grandes cambios, necesitan líderes que no sólo tengan el puesto en virtud de los procedimientos formalmente establecidos, sino que además tengan la visión y las cualidades o carisma que inspira, mueve y entusiasma a los colaboradores.
Lectura: Liderazgo y rasgos de personalidad
De acuerdo con algunos estudiosos –uno de ellos es Lewis Goldberg–, hay cinco grandes rasgos de personalidad que permiten distinguir a los seres humanos. Éstos son: la extroversión, la afabilidad, el sentido del deber, la susceptibilidad y la apertura a la experiencia.
De acuerdo con la Enciclopedia Wiki, el significado de cada uno de estos rasgos es el siguiente:
Apertura a la experiencia: significa interés por el arte, las aventuras, lo novedoso, la emoción y la curiosidad.
Sentido del deber: alude a la autodisciplina, la tendencia a actuar de acuerdo con el deber, y la búsqueda del logro.
Extroversión: es la tendencia a buscar la realización en la relación con otros, la tendencia a convivir con los demás.
Afabilidad: es la inclinación a ser compasivo y cooperativo más que frío y poco amable en la relación con los demás.
Susceptibilidad: es la disposición a experimentar emociones negativas fácilmente, tales como el enojo, la ansiedad y la depresión.
4.2. ¿Qué es el liderazgo?
Si bien el liderazgo es la capacidad de influir en las personas, generalmente empleamos la palabra para referirnos a quienes lo hacen sobre un grupo para que éste logre sus finalidades, entonces el liderazgo es la capacidad de influir en un grupo de personas para lograr un fin común.
De acuerdo con Kotter (citado por Lowney) las tareas principales de un líder con relación al grupo son:
a) Trazar el rumbo: exponer una visión del futuro que puede lograr el grupo, así como las estrategias a seguir para producir los cambios necesarios para realizar dicha visión.
b) Alinear a la gente cuya cooperación se requiere; comunicar el rumbo verbalmente y con hechos, de manera que influya en la creación de equipos y coaliciones que entiendan la visión y las estrategias además de aceptar su validez.
c) Motivar e inspirar: infundir vigor a las personas con el fin de superar los obstáculos que se oponen al cambio y satisfacer así necesidades básicas que a menudo permanecen insatisfechas.
Por ejemplo, una de las residentes de la unidad habitacional, considerando la cantidad de basura que tiran los transeúntes en los jardines de ésta, reúne a los vecinos y los convence de que es posible vivir en una unidad habitacional limpia y por lo mismo más higiénica. Logra que entre todos hagan un plan para evitar que se tire basura y consigan los recursos para llevarlo a cabo, como poner botes de basura en lugares apropiados de los jardines y letreros de “Cuida tus jardines, no tires basura”, así como lo necesario para que el camión recoja la basura cada tres días. También anima a los vecinos a seguir adelante a pesar de que hay quienes en un principio siguen tirando basura en el jardín y logra que mantengan la vigilancia y la presión sobre los vecinos que aún no respetan los espacios comunes. ¿Qué funciones del liderazgo realizó la vecina?
El liderazgo hace que cambien las cosas no porque el líder las cambia sino porque influye en las personas para que ellos realicen los cambios.
4.3. Estilos de liderazgo
Después de Max Weber, los estudiosos de la administración han clasificado el liderazgo de diferentes maneras. Las investigaciones sobre los tipos de liderazgo han sido importantes porque ayudan a entender mejor los distintos aspectos de la relación entre dirigentes y dirigidos, mientras que ofrecen sugerencias acerca del mejor modo de ejercer la autoridad en puestos de mando o de servicio a la comunidad.
Liderazgo centrado en las personas y liderazgo centrado en la tarea
Hemos visto que todo líder influye en un grupo de personas para lograr una meta, un propósito o una misión común. De esta manera, según Tannenbaum y Schmidt, el líder tiene que relacionarse por una parte con las personas del grupo y, por la otra, con el trabajo requerido para lograr la meta o fin común.
Atendiendo a estos dos aspectos: la relación con las personas y la relación con el trabajo requerido para lograr la meta, Blackey y Mouton distinguieron dos tipos principales de liderazgo:
el del líder que está preocupado sobre todo por el bienestar de la gente; y el que está preocupado principalmente porque se realicen las tareas que permiten lograr los resultados deseados.
El líder preocupado por la gente, se ocupa de cosas tales como elevar la moral del grupo, de reducir conflictos y de llevarse bien con los integrantes del grupo.
El líder preocupado por los resultados, se encarga de cuestiones tales como definir con exactitud las metas a lograr, evaluar los resultados que se van obteniendo y proponer soluciones y apoyar cuando hay algún problema que puede afectar los resultados.
Estas dos dimensiones del liderazgo pueden combinarse, lo que da lugar a cuatro estilos de liderazgo:
a) El que tiene bajo interés por la tarea y bajo interés por la persona (líder apático o desinteresado).
b) El que tiene bajo interés por la persona y alto interés por la tarea (líder duro, inhumano).
c) El que tiene bajo interés por la tarea y alto interés por la persona (líder blando, complaciente).
d) El que tiene alto interés por la tarea y alto interés por la persona (líder integrador).
Como vemos, algunos líderes le dan más importancia a un aspecto que otro, sin embargo, puesto que tanto las personas como los resultados son importantes, lo ideal es ejercer un liderazgo integrador orientado tanto a motivar a las personas, como a que la tarea se realice de manera adecuada. En este sentido, es muy importante que el líder motive y haga ver la importancia de la tarea a realizar y, que, al mismo tiempo, dé seguimiento a la empresa encomendada de manera que pueda ver los avances y orientar la realidad de la misma.
Partiendo de los conceptos anteriores, Hersey y Blanchard consideran que, para determinar la efectividad de un líder, no hay que fijarse sólo en el estilo del líder; hay que tomar también en cuenta las características de sus seguidores, especialmente su madurez. Para aquéllos, la madurez de los colaboradores del líder se basa en dos aspectos igualmente importantes: el grado de competencia técnica que tienen los seguidores para realizar la tarea y el grado de interés que tienen en llevarla a cabo.
El punto que hay que destacar aquí es que, de acuerdo con estos autores, no hay un estilo de liderazgo ideal, sino que, a distinto grado de madurez del grupo, debe corresponder distinto estilo de conducción del líder. Para elegir el mejor estilo de liderazgo que requiere un determinado grupo, el líder necesita conocer la situación de madurez de sus colaboradores.
Esto significa que el líder debe ejercer un liderazgo situacional, lo que significa que, dependiendo de la situación de sus colaboradores en cuanto a grado de madurez, en algunos casos el líder tendrá que darles mayor apoyo emocional, en otros ejercer un mayor control, en ocasiones darles más orientación técnica y en otros dejarles una mayor libertad.
El líder situacional es el que utiliza distintos estilos con el grupo o con la misma persona, pero en distintos momentos. Para lograrlo ha de desarrollar dos habilidades fundamentales, la de diagnosticar y la de ser flexible:
• Diagnosticar: determinar la disposición y capacidad de sus colaboradores en una situación determinada.
• Ser flexible: asumir un estilo de liderazgo acorde con la situación diagnosticada.
Con base en el grado de experiencia o competencia técnica y en el grado de interés o motivación, Hersey y Blanchard distinguieron los siguientes cuatro niveles de madurez de los grupos o de las personas en un grupo:
El estilo de liderazgo más adecuado para cada uno de estos grupos es el siguiente:
L1 “Mandar” a los G1: da instrucciones muy detalladas acerca del modo de llevar a cabo la tarea y supervisa cercanamente el desempeño de los subordinados.
L2 “Persuadir” a los G2: ofrece instrucciones muy detalladas acerca de la tarea que hay que llevar a cabo, aunque escucha las opiniones que tengan y les brinda el apoyo técnico que requieren para el buen desempeño de la tarea.
L3 “Apoyar” a los G3: en este caso, el líder permite la participación del grupo y mantiene el apoyo emocional para atender los problemas de motivación o interés, sin necesidad de supervisar mucho el desempeño de la persona.
L4 “Delegar” en los G4: proporciona el mínimo indispensable de dirección y apoyo, aunque mantiene la supervisión.
4.4. Competencias del liderazgo en la policía
La institución policial, como toda organización, requiere liderazgo para llevar a cabo su misión. De acuerdo con Ortmeier, para realizar adecuadamente sus funciones en una organización policial moderna, se requieren las siguientes competencias o capacidades:
El desarrollo de estas competencias o capacidades dependerá, en gran medida, del tipo de labor que la persona desempeñe en la policía. Las tres competencias necesarias en todas las actividades policiales son las de comunicación efectiva, motivación y toma de decisiones. Las de planeación, organización, ejecución y evaluación son más propias de los que ejercen el mando en la jerarquía policial o realizan labores de policía comunitaria.
Cuando usted sea el jefe o el líder de un equipo, es importante conocerse a sí mismo y también a los integrantes del grupo para que motive a los miembros de éste. Esto le permitirá, a su vez, aprovechar de la mejor manera las cualidades y características de cada uno.
Una buena práctica policial es aquella que se hace conforme a principios éticos y jurídicos, que logra su propósito con eficacia y que preserva la seguridad tanto de policías como de ciudadanos.
Para que el líder policial pueda conducir al grupo y sus elementos de esta manera, es importante que, de acuerdo con lo que se dijo al hablar de liderazgo situacional, conozca al grupo como conjunto y a cada uno de sus elementos.
En cuanto a los elementos que integran el grupo, es importante que el líder tome en cuenta los conocimientos, habilidades y actitudes que tienen para que, en lo posible, pueda asignarles aquellas actividades en las que se desarrollarán mejor. Debe saberlos escuchar y conocer también sus cualidades y defectos. Asimismo, es muy relevante poder detectar aquellos cambios en su comportamiento habitual que puedan ser indicadores de riesgo, violación de las normas éticas o mal desempeño.
Por lo que se refiere al grupo, el líder debe conocer el grado de integración que hay entre sus elementos y los ejercicios que requieren para mejorar su desempeño como equipo. Le corresponde al líder promover la solidaridad y subsidiariedad del grupo, esto es, la capacidad para combinar sus fortalezas y apoyarse unos a otros para compensar sus áreas débiles. Para ello, el líder deberá promover la camaradería, el respeto mutuo y el espíritu de grupo, así como estar atento para intervenir situaciones en las que decaiga la moral y para detectar oportunamente conflictos o inconformidades que dificulten la tarea del grupo, lo debiliten y pongan en riesgo. El conocimiento del grupo y de sus elementos le permitirá tener bases para tomar decisiones en lo concerniente a la promoción y capacitación de sus subordinados.
Recordemos que una de las funciones principales del líder es la de motivar a sus seguidores; esto es, moverlos a la acción para el logro de las metas de la organización policial. Las teorías de la motivación tratan de responder a la pregunta: “¿qué es lo que mueve a las personas a actuar?” Una primera respuesta es que lo que propicia la acción de las personas es la satisfacción de sus necesidades.
Comúnmente se acepta que los motivos que impulsan a las personas a actuar pueden ser internos o externos y, de acuerdo con ello, la motivación es intrínseca (interna) o extrínseca (externa).
Hablamos de motivación intrínseca cuando la persona encuentra una satisfacción en la acción misma que realiza, aunque no espere una recompensa o tema un castigo proveniente de fuera. En este caso, lo que mueve a la persona a realizar la actividad es la satisfacción personal que representa para ella realizar la actividad. Por eso, cuando el líder asigna a las personas las actividades que pueden realizar mejor o persuaden a una persona de la importancia que tiene hacer algo, tanto para la organización como para ella misma, es más probable que el colaborador realice su tarea animado por una motivación intrínseca.
La motivación extrínseca en cambio, consiste en realizar algo para recibir una recompensa o evitar un castigo que viene de fuera. En este caso, la persona no realiza la tarea porque encuentre una satisfacción en ella, sino para obtener un beneficio o evitar un perjuicio.
En la práctica se requieren tanto la motivación extrínseca como la intrínseca ya que, como hemos visto, no todas las personas tienen las mismas preferencias ni la misma competencia o disposición frente a una tarea determinada. De ahí que a veces sea necesario premiar y elogiar o castigar y reprender a los subordinados para impulsarlos a hacer una tarea.
En la medida en que una persona progresa como ser humano, dependerá menos de los castigos o los premios externos para hacer bien lo que debe. La auto-motivación se refiere al proceso por medio del cual la persona se motiva (mueve) a sí misma para conseguir lo que considera valioso.
Para que las personas puedan avanzar hacia la auto-motivación es importante que reflexionen sobre aquellos factores a los que atribuyen sus éxitos y sus fracasos. Los factores pueden ser internos, tales como la propia capacidad o el esfuerzo realizado, o externos, tales como la suerte o la ayuda de los amigos.
Cuando una persona tiende a pensar que la causa de sus éxitos y fracasos no dependen de ella, sino únicamente de factores externos, se dice que pone el control de su vida fuera de sí misma, que su locus (lugar) de control es externo. En este caso, la persona atribuye lo que le pasa a la suerte o a otras personas y no se siente responsable de sus propias acciones ni motivada a cambiar, pues considera que no puede hacer nada para modificar la situación. Por otra parte, puede no sentir satisfacción cuando ha logrado el éxito, ya que considera que su éxito depende del azar o de otros factores que escapan a su control.
En cambio, las personas con locus de control interno, son aquellas que consideran que sus éxitos y fracasos dependen principalmente de sí mismos, que suponen que hay una relación causa-efecto entre lo que hacen y los resultados que obtienen, de tal manera que son responsables de lo que les pasa y asumen las consecuencias de sus actos. Estas personas se sienten motivadas a dirigir su propia vida y, en consecuencia, su autoestima es mayor.
En la medida en que reconocemos nuestro poder para controlar los factores internos, podremos aprovechar nuestras fortalezas, superar nuestras deficiencias y cambiar nuestras actitudes para dirigir nuestra vida hacia las metas que nos proponemos.
Con el fin de favorecer la auto-motivación, el líder puede ayudar a sus colaboradores a reflexionar sobre el locus de control de sus acciones, para que, si es necesario, lo desplacen de fuera hacia dentro. Así lograrán un mayor control de sí mismos e incrementarán su interés en superar sus deficiencias y mejorar su desempeño.
Para motivar es importante que el líder tenga un buen conocimiento de sus subordinados en lo que se refiere a sus necesidades e intereses, así como a sus capacidades y limitaciones para emprender diferentes tareas. Para ayudarlos a crecer en el deseo de logro, los invitará a reflexionar sobre la necesidad de asumir sus fortalezas y deficiencias como algo propio sobre lo cual puede tener el control; de esta manera se podrá proponer metas para mejorar en el desempeño de sus tareas.
Una retroalimentación efectiva es clara, no humilla, va a la causa por la que la persona no hizo bien su trabajo, le anima a hacer mejor las cosas, y le transmite la confianza en que, si se esfuerza, va a lograrlo.
Además de comunicarse efectivamente, y de motivarse a sí mismo y de motivar a sus subordinados, el policía debe ser capaz de tomar decisiones basadas en principios éticos y jurídicos, a la vez que resuelve problemas.
Ya hemos visto lo relativo a la toma de decisiones cuando hablamos de hacerlo de forma ética, y que se necesita actuar con prudencia, pues ésta es una virtud que muestra la capacidad de tomar decisiones correctas y, desde el punto de vista ético y jurídico, eficaces; por eso las buenas decisiones se llaman decisiones prudenciales.
Nos referiremos ahora brevemente a la competencia de resolución de problemas.
El policía requerirá esta competencia, especialmente si tiene la oportunidad de realizar trabajo de investigación o de policía comunitario.
El examen de la situación se encuentra en la descripción de la circunstancia de inseguridad debida a repetidos incidentes delictuales repetidos en el municipio llamado Cerro 18.
El problema identificado consistía en la guerra entre jóvenes de pandillas rivales de la localidad. Al analizar las causas del problema, se encontró que los jóvenes no contaban con espacios recreativos y de esparcimiento y que tampoco asistían en forma constante a la escuela lo que les dejaba mucho tiempo libre que utilizaban para delinquir. Se constató también que estos jóvenes provenían de familias con alto grado de violencia intrafamiliar y que sus padres consumían alcohol y drogas, por lo que no era extraño que tuvieran comportamientos violentos.
Por lo que se refiere al diseño de la solución, la meta propuesta fue: evitar nuevos enfrentamientos entre las pandillas de la localidad y contribuir a la disminución del temor del resto de la población producida por estos comportamientos delictuales.
Para lograr la meta, se propuso la siguiente estrategia:
a) Realizar reuniones o charlas de tipo informativo destinadas a los integrantes de las pandillas y sus familiares, consistentes en problemáticas que viven cotidianamente.
b) Generar espacios recreativos y deportivos en los que participaran, conjuntamente, personal de la unidad policial y los integrantes de las pandillas.
La ejecución de esta solución estuvo a cargo de la Comisaría de Policía correspondiente a la zona.
La evaluación del plan mostró que:
a) Las denuncias de riñas, enfrentamientos, agresiones y robos por parte de integrantes de las pandillas del Cerro 18, se han reducido.
b) Los grupos de jóvenes que antes pertenecían a diferentes pandillas pueden compartir ahora una cancha de fútbol sin enfrentamientos violentos, agresiones o rivalidades.
c) Aumentó el respeto y la cercanía de la población con la policía.
d) La policía ha obtenido información relevante sobre los autores de delitos en la comunidad.
Competencias para la planeación, organización, ejecución y evaluación
Al hablar de la solución de problemas, encontramos que llega un momento en el que para resolver el conflicto es necesario elaborar un plan de acción. Una vez que éste fue creado, se requiere organizar las actividades y recursos que se van a emplear para ejecutarlo. Tras realizar lo anterior, se debe implementar el plan y evaluar sus resultados.
La planeación, organización, ejecución y evaluación son tareas básicas de la administración de cualquier organización, como lo señaló el ingeniero Fayol en 1916.
Para realizar adecuadamente estas actividades administrativas, se requieren, desde luego, las correspondientes competencias relacionadas con planeación, organización, ejecución y evaluación. Los policías que requerirán en mayor grado estas competencias son los que trabajan como policías comunitarios y los que tienen un puesto de mando en la corporación policial.
A continuación, describiremos brevemente cada una de estas competencias:
1. Planeación: consiste en imaginar una secuencia de actos con la finalidad de alcanzar una meta. Para diseñar un plan se necesita ordenar las actividades en fases. Un plan no es entonces otra cosa que una descripción ordenada de las acciones que hay que realizar para el logro de la meta.
2. Organización: implica determinar quién hará las actividades planeadas, cuándo y con qué recursos, quién rinde cuentas a quién y quién toma las decisiones en cada caso. Es importante que las tareas se asignen a las personas que tienen mayor capacidad y disposición para esa tarea.
3. Ejecución: la ejecución reside en que se lleven a cabo las acciones planeadas en los tiempos previstos. En este aspecto son muy importantes el liderazgo y la supervisión con el fin de corregir las desviaciones que se presenten con respecto a lo establecido en la etapa de organización.
4. Evaluación: una vez concluida la ejecución del plan, la evaluación consiste en determinar en qué grado se lograron las metas pretendidas y las causas de las deficiencias. Para realizar adecuadamente la evaluación es necesario que las metas o resultados esperados del plan se hayan establecido con mucha claridad. Se evalúa tanto la pertinencia del plan como el desempeño de quienes participaron en su diseño y ejecución.
4.5. Liderazgo basado en principios
Hasta ahora se ha estudiado qué es el liderazgo, sus tipos y las competencias propias del liderazgo policial. Un aspecto fundamental de éste es que el líder actúe conforme a principios éticos y jurídicos.
Lectura: Liderazgo basado en principios
Entendemos aquí por liderazgo basado en principios uno que se basa en principios éticos, es decir, un liderazgo ético. Los valores en los que se basa consisten en las virtudes y en el compromiso con los valores que sustentan la misión de la policía. Este es el cimiento moral sobre el que se apoyan las decisiones y el comportamiento del líder ético.
El líder ético es una persona automotivada para hacer el bien, esto significa que:
• Tiene la voluntad de hacer lo que es moralmente bueno: se trata de la integridad, que como hemos visto, es la primera de las virtudes.
• Se conoce a sí mismo: está consciente de sus fortalezas, debilidades y los valores que realmente lo mueven.
• Es proactivo: tiene la capacidad de gobernarse a sí mismo –tiene un locus de control interno–, una visión de lo que quiere lograr en la vida para bien de México y lleva a cabo las acciones necesarias para alcanzarla.
El lider basado en principios se distingue del líder sin escrúpulos, tramposo, oportunista, falso, hipócrita y engañador. Aquél sabe que el comportamiento ético de sus subordinados depende, más que del conocimiento de los reglamentos y los códigos éticos, de las virtudes del líder, del ejemplo y compromiso firme y constante con los valores.
¿De qué manera se manifiestan los principios del liderazgo ético en las actividades del líder policial?
El líder policial ético es un profesional, ya que está comprometido con la misión y vocación de la policía: hacer valer la ley para lograr la justicia, prevenir el delito y lograr así un orden público en el que los ciudadanos puedan disfrutar de sus derechos.
Es importante señalar que este fin superior al que aspira el líder, es compartido actualmente por muchos policías en México y constituye la base ética sobre la cual se puede renovar el cuerpo policial, que es una institución fundada en valores éticos de servicio al público.
– Planeación: Cuando el líder ético define la visión y los objetivos a lograr, a la vez que planea la forma de conseguirlos. Se basa en la virtud de la prudencia, que le lleva a proponerse una perspectiva de mejoramiento del mundo inspirada en la justicia, el derecho y las demás virtudes. Pero, aunque se inspira en esta elevada misión, lo hace con los pies firmemente puestos sobre la tierra; considera lo que realmente puede y no puede realizar con los recursos con los que cuenta.
– Motivación: Este tipo de líder estimula el comportamiento ético porque el compromiso con los valores no consiste sólo en reconocerlos de palabra, sino en verlos en acción. La ética se basa en el principio de hacer lo correcto; el poder que emana del compromiso real del líder con los principios, motiva en los seguidores una voluntad de arriesgarse a hacer las cosas correctas porque éstas son valoradas, personificadas por el líder y aprobadas por la visión que él comunica. Como dice el refrán, las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.
– Comunicación: La comunicación del líder ético se caracteriza por su veracidad, esto significa no sólo que dice la verdad, sino que, además, sus palabras están respaldadas por sus obras. En consecuencia, el líder ético es uno al que se le puede creer: es un líder confiable.
– El líder ético toma decisiones basadas en valores éticos y jurídicos, como se vio al hablar de la ética policial. En este sentido, todo policía en la calle puede ser un líder ético, porque le corresponde tomar personalmente muchas decisiones que deben ser consistentes con los valores, las virtudes y los principios de esta índole. En la medida en la que actúe correctamente, el policía ganará autoridad moral entre los ciudadanos.
– En el trato con los compañeros y subordinados, el líder ético es cortés y respetuoso. Promueve además el respeto mutuo entre sus compañeros y subordinados. Es justo porque reconoce los logros de cada uno, pero es también exigente, porque espera que cada quien dé lo mejor de sí mismo. Su sentido de la lealtad lo lleva a apoyar a sus subordinados cuando corren peligro y fomentar su superación para que hagan rendir sus talentos.
– El líder ético conoce a sus subordinados; tiene una concepción de la persona que integra sus necesidades de seguridad, pertenencia, reconocimiento y autorrealización. Sabe escuchar a sus subordinados y está atento a lo que les sucede.
– Motiva a sus colaboradores para que se desarrollen como personas de acuerdo a sus potencialidades y los invita a que colaboren con el logro de la misión que la policía tiene encomendada. De esa manera se podrán realizar como personas a través del servicio a los demás, contribuyendo a que exista una mejor sociedad para todos. Un líder ético procura que sus colaboradores incrementen su motivación intrínseca y la satisfacción del deber cumplido, pero también les ofrece reconocimiento personal y social; en la medida de su competencia, procura que tenga buenas condiciones de trabajo. Prefiere orientar y estimular más que castigar, aunque impone sanciones sin titubear cuando es necesario.
– Supervisa el trabajo de sus subordinados consciente de que es necesario controlar el cumplimiento de las órdenes para corregir las fallas en su ejecución. Establece también, en la medida de lo necesario, procedimientos de control que ayudan a los subordinados a prevenir las faltas contra las normas éticas y jurídicas. Pero todo esto lo hace enterado de que, como se dice, no hay mejor reglamento que la conducta del jefe.
Si consideramos la descripción del líder basado en principios, veremos que no es muy diferente de la imagen que muchos policías mexicanos actuales tienen de lo que sería un jefe ideal: justos en el otorgamiento de promociones, profesionales, actualizados, que den buen ejemplo, que sean honestos, sepan mandar y dirigir, que formen un buen equipo de trabajo, que ayuden a sus subordinados a superarse, que los respete y los escuche, que sea fuertes física y espiritualmente y que inculque en sus subordinados el concepto de solidaridad, ética, y amor por el trabajo.
5. Plan de vida y carrera
Seguramente recuerda la teoría de la motivación de Maslow. Él definió una serie de necesidades que deben estar cubiertas para que una persona pueda ser feliz con lo que hace, es decir, para que se sienta satisfecha en el camino que decidió tomar. Al elegir convertirse en policía, usted apuesta porque sea una carrera que le permita satisfacer estas necesidades e, incluso, llegar a la cima de ellas, a la punta de la pirámide, que es la autorrealización.
Para Maslow, la autorrealización es la meta de la vida de las personas. Él utiliza esta palabra porque cambia de persona a persona. Para algunos puede ser la de conservar el negocio familiar mientras para otros puede ser la de ayudar a los más necesitados. Para Maslow, la autorrealización se relaciona con la sensación de satisfacción y plenitud con lo que uno hace.
Al reflexionar sobre lo visto en el curso, se dará cuenta que ya ha tocado cada uno de los pisos de la pirámide, y también del último, cuando se habló acerca del ajuste entre la ocupación que uno realiza y su vocación. Cuando hizo su cuadro sobre las necesidades básicas de una persona, reflexionó acerca de qué tan bien están atendidas las necesidades fisiológicas. El segundo piso, el de la seguridad, se ha tocado en varios puntos por ser una que requiere especial atención en la vida de un policía. En lo que se refiere a la necesidad de pertenencia, podemos considerar que está satisfecha por ser parte de la corporación.
La corporación le da no sólo seguridad sino también pertenencia, identidad y un legítimo sentimiento de orgullo. El cuerpo policial le da también un lugar en la sociedad, un nombre y una actividad que le permite vivir dignamente. Todo esto genera el espíritu de cuerpo, que es un sentimiento profundo de pertenencia y de afiliación.
Si consideramos el siguiente piso, que es la necesidad de reconocimiento, encontramos que se atiende mediante tres factores importantes:
• Primero, mediante la aprobación de la institución, encarnada en su líder.
• Segundo, por el reconocimiento de los ciudadanos, a quienes se dedica la vida.
• Tercero, por la aceptación y el cariño de la familia y de los seres queridos, cuya expresión más fuerte es la posibilidad de constituirse en un ejemplo admirable para los hijos.
Al principio del curso usted revisó un texto sobre la autorrealización, que se encuentra en el último nivel de la escala. No es uno como los anteriores, ya que se trata de la culminación del impulso al crecimiento o perfección del ser humano que consiste en la actualización de sus potencialidades. En la autorrealización se relacionan y se armonizan los niveles anteriores. Además, la autorrealización incluye la autenticidad, esto es, que la persona asuma su futuro como propio, que se sienta responsable de sus logros y fracasos, y que viva con orgullo sus decisiones y acciones.
El objetivo de las siguientes páginas es el de articular su proyecto de autorrealización en un plan de vida que incluya las distintas dimensiones o necesidades de la persona en un programa de acción coherente. De lo que se trata es de dibujar una especie de mapa que lo oriente en medio de las incertidumbres de la vida y le ayude a realizar el tipo de policía y persona que usted quiere ser.
5.1. Responsabilidad en la elección vocacional
Lectura: La visión y la misión personal
La mayoría de las instituciones, empresas y negocios exitosos, definen su misión y su visión. En su misión expresan lo que son, la razón de ser de su existencia y a qué sector de la población se dirigen; en su visión describen lo que quieren lograr y cómo esperan verse en unos 10, 15 o 20 años. Para el logro de la visión y la misión, es necesario establecer una estrategia basada en metas considerando todas las áreas que la constituyen.
Una persona también tiene una misión y una visión personales, sólo que a diferencia de las instituciones y de las empresas, rara vez las pone por escrito. Para definir el propósito de su vida o su misión es importante primero tener una “visión de uno mismo”: imaginarse cómo se verá uno en diez o veinte años o, lo que es lo mismo, preguntarse “¿cuáles son mis sueños?”.
Misión y visión personal
Una vez definidos sus sueños, la persona puede preguntarse acerca de cuál es el sentido de su vida. Por ejemplo, si un investigador médico se imagina que en veinte años quiere descubrir una cura para el cáncer, podrá ver que su misión en la vida es trabajar por crear procedimientos y o medicamentos que remedien esa enfermedad y disminuir así el sufrimiento y el dolor de las personas.
La misión de una persona es el sentido de su vida, el cual está orientado por los valores que son más importantes para ella, aquellos por los cuales estaría dispuesta a sacrificar su vida. La visión es la forma en que se reflejará el cumplimiento de esa misión, en logros concretos, en distintos ámbitos o campos de realización. Cuando definimos nuestra visión es importante considerar esos diferentes ámbitos, por ejemplo: el personal, familiar, laboral (trabajo y profesión), económico y social.
Tener claridad en lo que queremos ser y en el propósito de nuestra vida nos ayuda a enfocarnos y a dirigirnos hacia el cumplimiento de nuestros ideales.
5.2. Armonización de un plan de vida y carrera multidimensional
Las distintas dimensiones de la persona se relacionan entre sí. Por ejemplo, usted puede sentir que su familia es un apoyo fundamental para seguir su carrera policial, ya que ella lo anima y le da la fuerza para seguir adelante en su trabajo. Pero al mismo tiempo, usted trabaja para ellos y su felicidad le da sentido a su trabajo diario. Si usted se empeña en ser un policía modelo desarrolla una carrera exitosa, pero al mismo tiempo crece en su dimensión moral y se constituye en un ejemplo de honestidad, integridad y trabajo duro para sus hijos, colegas, amigos y vecinos. Lo ideal es entonces que las distintas dimensiones de la persona y, en especial, su carrera o trabajo profesional y su vida estén en armonía y se refuercen mutuamente para que pueda lograr la autorrealización.
La autorrealización está acompañada de un gran sentimiento de orgullo por lo que se hace, el cual impacta positivamente en las personas que uno más quiere en el mundo. La autorrealización se persigue toda la vida y en todo momento, pero sus frutos se recogen a lo largo de cada parte del camino.
Por el contrario, cuando la misión no hace un aporte positivo a la comunidad, los sentimientos que se tienen son los opuestos. Cuando se traiciona la confianza pública también se traiciona la propia misión y con ello se pierde la posibilidad de beneficiar a quienes permitieron que uno sea quien es. A esto se une la pena de no ser un buen ejemplo para los seres queridos. Un hijo debe estar orgulloso y no avergonzado de sus padres. Por eso los valores morales constituyen una guía segura para organizar el plan de vida.
Los planes tienen que estar ubicados en un tiempo y lugar determinados. Hoy muchos de ustedes están iniciando su formación policial, aun cuando varios ya tienen experiencia. Por ahora comparten banca, pero pronto irán a realizar funciones distintas. Eso hace que sólo compartan en algunos aspectos el punto de inicio.
A continuación, le proponemos seguir con los siguientes pasos para definir su propio plan de vida y carrera.
1. Definir metas iniciales a partir de la visión que ya estableció
En esta sección describirá las metas que se propone lograr en distintas áreas o aspectos de su vida. Una meta es una situación a la que queremos llegar o una cualidad que queremos adquirir. Ejemplos de metas son: adquirir el hábito de la lectura y ser Inspector General.
A lo largo de la sección se irán considerando cada una de esas áreas o aspectos y se le pedirá que escriba la meta o metas correspondientes al área que se ha explicado.
Las áreas que se considerarán son las siguientes:
Usted ya definió la visión de lo que quiere lograr en lo relativo a su desarrollo personal, el cual incluye, entre otros aspectos, el cuidado del cuerpo y de la salud.
Comenzaremos por explicar algunos factores relacionados con el cuidado del cuerpo y la salud para que pueda usted proponerse ciertas metas en relación con ello:
Cuidado de la salud y del cuerpo:
a) La condición física
¿Cómo afecta su decisión de ser policía un aspecto de su vida personal particularmente importante: la condición física? El cuidado de su fortaleza física es fundamental para ser policía. Considere usted el siguiente perfil físico atlético que debe cumplir el personal que integra las instituciones de seguridad pública. En la columna de Cumplimiento anote si cumple o no con el criterio que está a la izquierda:
El cuidado de su salud y condición física es fundamental para su vida personal y el trabajo policial. Usted deberá presentarse periódicamente a evaluaciones físico-atléticas y es necesario que cumpla con los criterios establecidos. El estar atento a estos criterios y poner en práctica las medidas para alcanzarlos, le ayudará a tener una vida más sana y plena; además de desarrollar con agilidad, fuerza y seguridad sus actividades policiales.
b) La alimentación
Para lograr el perfil de salud deseado es necesario comer de manera correcta.
• Incluya al menos un alimento de cada grupo en cada una de las tres comidas del día.
• Coma la mayor variedad posible de alimentos.
• Consuma muchas verduras y frutas, en lo posible crudas y con cáscara.
Prefiere las de temporada que son más baratas y de mejor calidad.
• Suficientes cereales (tortilla, pan integral, pastas y galletas, arroz o avena) combinados con leguminosas (frijoles, lentejas, habas o garbanzos).
• Pocos alimentos de origen animal. Prefiera el pescado o el pollo sin piel a las carnes de cerdo, borrego, cabrito o res.
• Coma de acuerdo con sus necesidades y condiciones. Ni de más, ni de menos.
• La menor cantidad posible de grasas, aceites, azúcar y sal.
• Prefiera los aceites vegetales a la manteca, mantequilla o margarina.
• Cocine con poca sal; endulce con poca azúcar. No ponga azúcar ni sal en la mesa y modere el consumo de productos que los contengan en exceso.
• Beba agua pura en abundancia.
• Procure la máxima higiene al almacenar, preparar y consumir los alimentos.
• Beba únicamente agua hervida o desinfectada con cloro o plata coloidal.
• Lave y desinfecte las verduras y frutas que se comen crudas.
• Lávese las manos con agua y jabón antes de comer y después de ir al baño.
Una alimentación correcta, se basa en el Plato del Bien Comer y sugiere:
c) Las adicciones
Las adicciones pueden afectar a cualquier persona de todas las edades; por ejemplo, una persona tiene una adicción al alcohol o a las drogas cuando no puede controlar el deseo de consumirlas. Es decir, la persona se vuelve esclava del alcohol o de las drogas y deja de ser dueña de sí misma.
La persona adicta debe tomar conciencia del daño que se hace, no sólo a si misma sino también a las personas que lo rodean, pues como se vio anteriormente, una adicción puede afectar todos los ámbitos de su vida.
Hay personas que, al tener dificultades y sentirse solas o deprimidas, buscan refugio en el alcohol o las drogas… ¡Nada peor que eso! Lejos de encontrar ahí una solución, agrava sus problemas y puede llegar a destruir su vida y la de los demás. Como sabemos, el consumo y el consiguiente tráfico de drogas es una de las razones por las que la sociedad se encuentra en un grave estado de violencia y de corrupción. Debemos decir: ¡NO a las DROGAS!
Otro aspecto que usted debe cuidar en su actividad policial es el manejo de estrés. Ya ha tenido oportunidad de tratar este tema a profundidad, de hacer un autoanálisis y de revisar algunas estrategias para controlarlo.
El aspecto económico es algo importante en su vida y que usted debe planear. Como vimos, el ser humano tiene que satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia, como son habitación, educación, salud, y vestido. Seguramente usted soñará con tener una casa, darles una educación a sus hijos y con hacer un plan para su jubilación. La institución puede ser un apoyo fundamental para cumplir su sueño. Por ello es importante que usted esté bien informado acerca de cuáles son las prestaciones que le ofrece el trabajo policial.
Para lograr estos propósitos, usted necesita analizar cuál es su situación actual y proponerse algunas metas.
Las familias son las células de la sociedad. Ya vimos durante el curso que ésta, es una de las principales formas en la que la persona puede desarrollarse, que es ahí donde primero aprendemos los valores y las actitudes que han ido conformando lo que somos actualmente. Como hijos, como pareja y como padres, tenemos una serie de obligaciones y de satisfacciones. Por ejemplo, ¿qué mayor satisfacción que ver a un hijo realizado como una persona que contribuye a que la sociedad sea mejor? ¿O poder disfrutar un día de descanso con la familia? La familia nos sostiene y nos da fuerza. Cuando uno llega cansado del trabajo a su hogar y es bien acogido, se siente reconfortado. En cambio, si cuando uno encuentra solo problemas, se incrementa el cansancio y el malestar.
Las relaciones dentro de la familia necesitan cuidarse; recordemos que el ser humano necesita sentirse parte de un grupo, necesita cariño y comprensión. Procurar cumplir con las obligaciones familiares es importante: aportar la parte del gasto que corresponde, contar con tiempo para platicar con la pareja, los hijos o los padres, destinar tiempo para convivir y para demostrar a los otros que nos interesan.
Muchas veces tenemos problemas porque estamos encerrados en nosotros mismos y no nos ponemos en el lugar del otro. La comunicación y el respeto son dos factores clave para que las relaciones familiares funcionen. La reconstrucción del tejido social involucra a la familia, porque ahí es donde aprendemos a respetarnos y a hacernos responsables de nosotros mismos y de los demás.
Recuerde que cuidar el núcleo familiar es un elemento básico para que uno pueda realizar sus sueños, incluso en el ámbito profesional. Todo necesita un equilibrio: destine tiempo de calidad a su familia; dialogue, comprenda y esfuércese por ser un buen hijo o hija, padre o madre, hermano o hermana.
Crecimiento intelectual y emocional.
El desarrollo intelectual y emocional es fundamental para ser un buen policía. El primero incluye cosas tales como el estudio de las leyes, los códigos y los reglamentos, así como el aprendizaje de las técnicas policiales. También se refiere a mejorar sus habilidades para resolver problemas, y tomar decisiones acertadas.
El aspecto emocional se vincula con el desarrollo de las habilidades de comunicación interpersonal, de la inteligencia emocional, de la capacidad para manejar el estrés, de trabajar en equipo y de ejercer un liderazgo ético. ¿Cómo se siente usted con relación a esos aspectos?
Desarrollo moral y comportamiento ético
La persona que se realiza lo hace siempre con los demás y no de forma aislada. A lo largo del curso hemos visto la importancia de la ética social y de los valores constitucionales. También se trabajó sobre la importancia de la misión de la policía para alcanzar un estado de bienestar en donde la gente pueda sentirse tranquila, donde se perciba un clima de paz y no de violencia.
Ser policía implica un alto grado de desarrollo de la conciencia moral. A lo largo del curso estudiamos los valores y las virtudes morales y, en particular, aquellas que resultan más necesarias para un policía: integridad, prudencia, fortaleza, disciplina, lealtad, honor, espíritu de cuerpo y respeto a los derechos humanos. ¿Cómo se siente usted con relación a las virtudes que debería tener un policía?
Todos los profesionales deben cumplir con su código de ética, pero el policía debe hacerlo con especial rigor por la elevada misión que le corresponde como representante del Estado para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Dimensión trascendente o espiritual
Ya sabemos que el ser humano se realiza cuando encuentra el sentido último de su vida; cuando la persona supera sus necesidades básicas y puede dar un paso más allá para caer en la cuenta de que su realización está en su vínculo con lo Trascendente, en darse a los demás y contribuir a que México se transforme en una sociedad más justa, equitativa, solidaria y productiva.
Usted, al ejercer la profesión policial, tiene la oportunidad de autorrealizarse porque:
• Ser policía es decidirse por un México en el que se respetan la ley y los derechos de las personas, por un México en el que se puede vivir en paz y con tranquilidad, un México en el que la paz permite el desarrollo de todas las actividades que pueden llevar a la población a mejores niveles de vida.
• Ser policía es decidirse por un México mejor para nosotros y para nuestros hijos.
• Ser policía es un privilegio porque es tener la decisión de luchar hasta el heroísmo por el México que todos queremos que sea.
• Ser policía es una de las profesiones más honorables que un mexicano puede asumir y merece el respeto y el agradecimiento de los ciudadanos.
Es en esta dimensión es donde se encuentra propiamente la misión del policía.
Aspecto social, cívico o comunitario
La participación en la vida de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país y de nuestro mundo, es algo importante. Estar enterados de lo que sucede e involucrarse en la medida de nuestras posibilidades, con la resolución de los problemas de nuestra comunidad es parte de nuestros deberes como ciudadanos.
Mi carrera policial
Usted ha imaginado o soñado lo que desea ser en las diferentes dimensiones de su vida y lo ha hecho tomando en cuenta que ha elegido ser policía. Conviene que ahora le dedique su atención a lo que significa la carrera policial:
En el aspecto jurídico, el plan de carrera de un policía está definido en el Capítulo Segundo del Título Quinto de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública que trata sobre la Carrera Policial y la Profesionalización.
En el artículo 78 de esta Ley se establece que: La Carrera Policial es el sistema de carácter obligatorio y permanente, conforme al cual se establecen los lineamientos que definen los procedimientos de reclutamiento, selección, ingreso, formación, certificación, permanencia, evaluación, promoción y reconocimiento; así como la separación o baja del servicio de los integrantes de las Instituciones Policiales.
En el artículo 79 se establecen los fines de la carrera Policial:
II. Promover la responsabilidad, honradez, diligencia, eficiencia y eficacia en el desempeño de las funciones y en la óptima utilización de los recursos de las Instituciones;
III. Fomentar la vocación de servicio y el sentido de pertenencia mediante la motivación y el establecimiento de un adecuado sistema de promociones que permita satisfacer las expectativas de desarrollo profesional y reconocimiento de los integrantes de las Instituciones Policiales;
IV. Instrumentar e impulsar la capacitación y profesionalización permanente de los Integrantes de las Instituciones Policiales para asegurar la lealtad institucional en la prestación de los servicios,
V. Los demás que establezcan las disposiciones que deriven de esta Ley.
En el artículo 85 se describen los elementos que comprende la Carrera Policial:
La Carrera Policial comprende el grado policial, la antigüedad, las insignias, condecoraciones, estímulos y reconocimientos obtenidos, el resultado de los procesos de promoción, así como el registro de las correcciones disciplinarias y sanciones que, en su caso, haya acumulado el integrante.
Como vemos, en la Ley se describen los lineamientos jurídicos de la Carrera Policial. El Plan de vida y carrera de un policía incluye la visión y las metas de la Carrera Policial.
2. Revisar su situación actual y los recursos con los que cuenta
En relación con cada una de las metas que ha escrito, considere cuáles son los recursos o apoyos con los que cuenta para realizarla. Por recursos se entienden aquí los conocimientos, bienes o medios de los que dispone; los apoyos están conformados por las personas que le pueden ayudar a realizar sus metas.
Por ejemplo, si para su desarrollo intelectual se propone como meta la lectura, los recursos son los libros de los que dispone o puede pedir prestados en una biblioteca, mientras que un apoyo podría ser el maestro de la escuela del barrio que le puede aconsejar qué tipo de libros leer.
3. Detectar posibles obstáculos
Ya que escribió las metas que desea alcanzar y los recursos y apoyos con los que cuenta, es conveniente que piense en los obstáculos que seguramente enfrentará. No basta con desear algo para que ocurra, es indispensable superar las dificultades que se encuentran en el camino para lograr lo deseado.
Por obstáculo se entiende aquí cualquier situación personal o del entorno que le dificulte lograr una meta, por ejemplo, un obstáculo para alcanzar un puesto de mando puede ser la falta de herramientas para hablar en público o ante un equipo de manera clara, firme y convincente.
Si usted se ha propuesto la meta de dedicar diariamente a la meditación unos minutos, un obstáculo proveniente del entorno puede ser un ambiente ruidoso. Entonces, para lograr las metas, deberemos considerar también la manera de superar esos obstáculos.
4. Armonía entre las metas de su vida personal y las de su carrera
Ahora que ya incluyó los obstáculos tiene una perspectiva realista de su plan de vida. La armonización consiste en revisar sus metas, sus recursos y sus apoyos para ver si existe coherencia entre ellos. Por coherencia busque que no sean contradictorios entre sí. Por ejemplo, sería poco coherente buscar una condecoración por su trayectoria policial y en el corto plazo querer dedicarse de tiempo completo al negocio familiar. En lo personal también puede existir la dificultad para estar con los hijos todo el tiempo que se quisiera cuando busca ser el mejor en un puesto con un horario muy largo. El objetivo de la armonización es encontrar un equilibrio entre su vida profesional y su vida personal, su familia, el aspecto económico y su autorrealización.
Procure aprovechar sus fortalezas, sea realista y autocrítico acerca de sus posibilidades y defectos, sin embargo, tenga confianza que usted puede lograr sus metas si se lo propone y confíe en usted mismo.
Procure la armonía entre su vida personal y profesional. Si usted se encuentra bien con usted mismo podrá dar lo mejor de sí en su carrera policial. Busque el equilibrio.
5. Redefinir las metas
Antes de pasar al siguiente punto, tiene la oportunidad de ajustar lo que ha escrito hasta el momento.
En cuanto haya hecho estos pequeños cambios, su plan de vida debería de ser más armónico con su visión y misión personales; se espera que sea más clara la manera de cumplirlo.
6. Establezca acciones en el tiempo que le permitan alcanzar la meta deseada
Para terminar de hacer su plan de vida y carrera, en su cuaderno de trabajo, escriba diez acciones clave para cumplir con la mayoría de sus metas y, por consiguiente, aproximarse a su visión y realizar su misión. Si lo desea, puede redactar una acción para cada meta, pero trate de distinguir las que son más importantes.
Las acciones clave son aquellas que le permiten lograr las metas que tienen un alto impacto en su vida. Cuando realizó el ejercicio sobre sus “Experiencias de vida”, tuvo que identificar los momentos decisivos en su pasado. Ahora intente crearlos usted mismo. Señale cuáles son las acciones decisivas que habrá de realizar para que su vida tome la dirección que desea. Por ejemplo, si se propuso como meta importante adquirir el hábito de la lectura, una acción clave sería leer un libro durante al menos 30 minutos diarios.
Recuerde que las acciones clave no son un buen deseo que algún genio nos va a conceder, sino que son una tarea a realizar; son la conclusión de su plan de vida y carrera y están basadas en una reflexión cuidadosa sobre usted mismo y lo que quiere ser. Trate de ser lo más específico que pueda en la descripción de las acciones. Mientras las describa con mayor claridad, más fácil será llevarlas a cabo, porque el camino se mostrará por sí mismo. Recuerde que usted es una persona libre y que esto implica ser responsable. Usted es quien decide lo que quiere hacer con su vida.
El plan de vida y carrera que ha elaborado es un mapa que le puede orientar en el camino de su vida. Por supuesto que se irá modificando conforme usted tenga más información sobre la carrera policial o cambien sus circunstancias personales o las del país. Sin embargo, lo que escribió representa una guía que le permitirá dirigir su vida en una dirección positiva. Tener una guía es lo que les da sentido a las acciones cotidianas. Saber qué es lo que se quiere y la manera de lograrlo, genera una sensación de seguridad y nos permite ejercer un mayor control sobre la propia vida.
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