Source: http://voces-de-alerta.blogspot.com/2009/09/rechazo-en-la-fh-de-la-universidad.html
Timestamp: 2018-07-18 18:19:12+00:00

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Voces de Alerta: Rechazo en la FH de la Universidad Nacional de Salta
Rechazo en la FH de la Universidad Nacional de Salta
Rechazó dineros de La Alumbrera la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Slata
Es auspicioso que el Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salata, mediante Resolución 1218-09 del 27 de agosto pasado, haya rechazado por unanimidad los fondos provenientes de la Minera Alumbrera Ltd., explotada por una UTE, integrada por empresas multinacionales “con oscuras operaciones tanto en lo nacional como en lo internacional… incurriendo en permanentes y sistemáticas violaciones a las normativas vigentes y derechos humanos”, que incluyen “clientelismo de empresa, malas operaciones ambientales, etc.”, como concluye el segundo considerando de esa resolución. Es auspicioso que en la Resolución de Humanidades se haya unido el rechazo de fondos al rechazo de esa tecnología “ecogenocida”, por los daños humanos y ambientales de sus procedimientos. Es auspicioso que esa resolución haya sido presentada por consejeros estudiantiles de esa facultad. Es auspicioso que el rechazo se esté extendiendo por diversas unidades académicas de universidad nacionales. Es auspicioso que el rechazo de Humanidades se haya fundado en proposiciones que lo recomiendan, expresadas por el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y por un estudio del Premio Nobel Alternativo (Right Livelihood Award). 2004, el Dr. Raúl Montenegro, de Córdoba. Es auspicioso que la Resolución de los humanistas de la UNSa haya sido comunicada al Consejo Superior de esa Casa de Estudios y a cada una de las demás unidades académicas incluidas las Sedes Regionales de Orán y Tartagal, invitándolas a sostener esta posición en el máximo órgano decisorio universitario, haciendo ver la responsabilidad ética que le cabe frente a la vida y a los derechos ambientales y humanos.
Todo ello es muy auspicioso. ¿Por qué? Veámoslo.
Con esa resolución, quedó instalado el debate en el ámbito universitario y en el público pues, de no haberse producido la misma, es probable que ni la población universitaria ni la población salteña en general hubiesen tomado conocimiento de ello ni del significado de esos fondos.
La Ley Nacional 14.771 (1958) establece que, de las ganancias de la explotación minera “Bajo la Alumbrera” – Catamarca- una parte corresponde a esa provincia, otra, a la Universidad Nacional de Tucumán y una parte a un fondo para ser distribuido entre el resto de universidades nacionales (art. 18, c). El emprendimiento es del tipo de minería a cielo abierto, una tecnología incorporada décadas después de la citada ley, pues actualmente, extraer los metales requiere “producir grandes voladuras de montañas por dinamitación, a partir de la utilización de sustancias químicas (cianuro, ácido sulfúrico, mercurio, entre otros) para disolver (lixiviar) los metales del mineral que los contiene” y “que implica niveles aún mayores de afectación del medio ambiente, generando cuantiosos pasivos ambientales, al tiempo que requiere tanto un uso desmesurado de recursos –entre ellos el agua y la energía…- como la intervención de manera violenta en la geografía de los territorios para la explotación” (Svampa, M/ Antonelli, M., 2009, pg. 16). Bajo la Alumbrera es el comienzo al menos de tres grandes “emprendimientos”; uno, el triple que ésta y otro el séxtuple en proporciones, es decir, el triple y el séxtuple de dañinos en zonas que nos afectan directamente.
La Resolución humanista de la UNSa hace honor justamente a la búsqueda de mayor humanidad de la actividad académica y de mayor humanidad de las actividades que emprende el hombre en cualquier ámbito que sea. El actuar humano tiene siempre una resonancia bio-ambiental. Que Humanidades haya abierto el debate hace honor a la condición misma del hacer universitario, entendido como servicio público y, por tanto, como compromiso público. La Facultad de Humanidades, mediante la Resolución de sus Consejeros, ha puesto sobre el tapete público salteño una cuestión que nos involucra a todos y que tiene proyecciones futuras vitales. En efecto, la continuidad de los proyectos extractivos de la megaminería compromete la vida futura y pone en riesgo los ecosistemas biológicos de vastas regiones cordilleranas y precordilleranas argentinas y chilenas, como también a lo largo de todo el continente.
El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, escribió el pasado 24 de junio a los rectores de las universidades nacionales instándoles a que “deberían rechazar esos fondos millonarios, por el hecho de que provienen de una actividad destructiva y contaminante, que genera cada día más violaciones a los derechos humanos de las poblaciones aledañas al mega-emprendimiento” y recordaba que se trata de una empresa “judicializada por contaminación, que es un delito federal”, además de señalar que el debate “se relaciona con la definición del país que queremos”.
El Premio Nobel Alternativo 2004, Raúl Montenegro, había afirmado en el Parlamento Sueco, al recibir el galardón, que los tres principales problemas ambientales son la corrupción, los malos funcionarios públicos y el egoísmo de muchos ciudadanos y empresas”. El informe de este último también coincide en reclamar el rechazo de los fondos por parte de las universidades nacionales.
Es auspicioso que los humanistas de la UNSa hayan rechazado esos fondos porque entre sus grandes implicaciones, la resolución pone en tela de juicio el dogma de fe en el progreso a cualquier precio, más aún si se trata de territorios “alejados”, es decir, todos los de las zonas cordilleranas, considerada un desierto, al igual que en los tiempos de la Organización Nacional y la genocida y colonialista Campaña del Desierto, sin considerar a los habitantes -muchos de ellos originarios- con los universos culturales de sus economías, sus ritmos productivos propios, afectados por una invisibilidad típicamente argentina (Svampa, Maristela; Bottaro, Lorena; Sola Álvarez, Marian, 2009, ps. 41-46). No por nada la resolución de Humanidades, en el considerando 19, apela al lema de la UNSa, Mi sabiduría viene de esta tierra y, en el siguiente, alude al imposible absurdo de “doblegarse por las migajas de un dinero que contamina”.
Además, la resolución se refiere al contexto corrupto que hizo posible el goce de descabelladas ventajas impositivas, aduaneras y otras de que gozan las mineras por leyes promovidas en la década de los 90, y por el accionar de ellas, que contamina y debilita la salud poblacional, y advierte que la recepción de los fondos no haría sino encolumnar a la facultad y, en su caso, a la universidad toda en ese mismo contexto de corrupción.
Este logro estudiantil, además, es positivo porque, por una parte, muestra que la juventud se preocupa por verdaderos problemas y toma partido ante ellos de modo informado, sentando también docencia entre docentes quienes, por su parte, manifestaron una avanzada madurez académica y pedagógica al votar por unanimidad una resolución propuesta por estudiantes y discernida en todos sus términos por los consejeros.
También la resolución abre, se lo haya o no pensado así, un rumbo nuevo en las prácticas de investigación y de conocimiento como tarea académica; en efecto, con esa valiente resolución, no sólo se cuestiona la actividad humana que hace de la naturaleza un mero recurso económico, sin siquiera pensar en los vínculos que la ligan al resto del cosmos y al ser humano con sus creaciones, entre las cuales se encuentra la cultura y la agri-cultura con sus formas tradicionales y más que “sustentables”, humanizantes (es sabido que el trebejo de la sustentabilidad se utiliza funcionalmente respecto de las insaciables ambiciones tecno - productivas y destructivas de un modelo mercantil financiero hegemónico totalitario de civilización monocultural, que piensa, proyecta y ejerce un accionar esencialmente “insostenible” -Fornet-B. R, 2009, pgs. 81-94). Por ello, también esta resolución abre las puertas a un tipo de conocimiento donde tengan lugar la pluralidad de culturas del conocimiento en diálogo, para una convivencia inclusiva en paz de todos los hombres y no para la desmesura de un poder invasivo que excluye a las dos terceras partes de la humanidad de los derechos a la vida y a la plenitud, del derecho a la autodeterminación cultural, política, económica y productiva de los pueblos.
Que el eje de la cuestión no es el dinero, sino si la minera destruye o no los hábitats o viola derechos humanos y liquida diariamente millones de metros cúbicos de agua, convirtiéndola en vector contaminante, como algún docente universitario ha insinuado, acosado por la menesterosa situación financiera de las universidades; o que legalmente se “deba” recibir esos dinerillos contaminados, como alguna autoridad académica ha manifestado (Diario El Tribuno, Salta, 30.08.09, pg. 34); que numerosos docentes e investigadores estatales son pagados por empresas privadas, generando el hábito de un clientelismo gnoseológico de la más cuestionable entidad ética, todo ello no hace más que refrendar el coraje académico de los consejeros de la Facultad de Humanidades de la UNSa, sentando el precedente de cuestionar esas prácticas universalizadas por lineamientos como, por ejemplo, los del Banco Mundial, con su “agenda hegemónica neoliberal” (Torres, C. A., 2008, pg. 217; 219) , y porner un testimonial y potente escollo a la “licencia social” (Giarracca, N. y Hadad, G. 2009 pag.251) que inventan y necesitan esos depredadores de los “Cárteles trusts consorcios corporaciones sociedades anónimas/ -el pillaje del planeta-“ para seguir imponiéndose mediante “la fuerza compulsiva de los hechos” (Franz Hinkelammert), y que no dudamos en parafrasear como un escollo definitivo a la “licencia académica” que a toda costa necesitan.
Ahí está la cuestión: rechazar fondos que sí corresponden por ley, pero que provienen de violaciones delictivas contra el hábitat y los derechos humanos es, desde el contexto ético, un imperativo de vida o muerte, nada menos.
Por eso, no se puede andar pordioseramente “separando” el dinero de la contaminación y las violaciones a los derechos humanos, como si se tratara de rigurosos análisis científicos y, por un lado, acoplándose a la letrilla de Quevedo, cuando también dice “y pues quien le trae al lado/ es hermoso aunque sea fiero,/poderoso caballero /es don Dinero”, hacer creer que es “hermoso” (es decir, éticamente aceptable) recibir esos oscuros fondos y, por otro, andar diciendo que no se va a perder la libertad o “limitar una universidad” por causa de ellos (Diario El Tribuno, Salta, 30.08.09, pg. 34), como si por ser tal –universidad- se es ético necesariamente. La ética se puede perder en cualquier actividad humana. Lo demás es mito, ignorancia o simple mala fe. La ética es la que proponen los humanistas a toda la Universidad Nacional de Salta, y en conjunto con muchas unidades académicas de otras universidades nacionales. Por otra parte, lo legal no es la última instancia ética de la sociedad. Por el contrario, la ética puede contradecir lo legal, de allí una opción como esta resolución, que habla de una acendrada dignidad intelectual. No olvidemos que los formados por las universidades son aquellos que conducen el país desde su organización constitucional y no olvidemos que desde allí se gesta la corrupción, única explicación, como se sabe, para que esas mineras liquiden el medio ambiente, atenten contra la salud, pongan las aguas en situación de riesgo a nivel de catástrofe ambiental , es decir, atenten contra la vida en sus diversas formas.
Mucho se podría agregar a lo precedente, como aludir al Manifiesto de Potsdam 2005, que asume el imperativo ético-ambiental para la investigación mundial acuñado en 1955 por Albert Einstein y por Bertrand Russell: “We have to learn to think in a new way” (Tenemos que aprender a pensar de una nueva manera) y que refrendaron 131 científicos de 27 países, por ejemplo.
Concluyamos, empero, diciendo que no concederle a este tipo de actividad minera su “licencia académica” mediante el rechazo de tales fondos, para que esos carteles de la depredación no alcancen la impulsivamente necesitada “licencia social”, se convierte en un imperativo ético ineludible para toda la universidad desde su hoja directriz que reza “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
Publicado por Voces de Alerta en 7:35
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