Source: http://www.mediate.com/articles/ruben_veiga1.cfm
Timestamp: 2017-01-17 03:02:35+00:00

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by Ruben Veiga
Gracias a los editores de eMediacion por compartir este articulo que fue anteriormente publicado por eMediacion.
Ante todo, conviene hacer
una aclaración respecto del alcance de la expresión “ámbito”, toda vez que la
doctrina no se termina de poner de acuerdo respecto de qué decimos cuando
decimos “ámbitos de aplicación”; en principio escojo esta expresión porque si
nos atenemos a una de las acepciones del Diccionario de la Lengua Española,
vemos que ámbito es el “Espacio ideal configurado por las cuestiones y
problemas de una o varias actividades o disciplinas…”; razón por la cual me
inclino por seguir esta línea de pensamiento, independientemente de reconocer
que el ámbito desde el punto de vista físico o geográfico (lugar o espacio
donde se realiza o se lleva a cabo tal o cual cosa) nos resultaría insuficiente
a la hora de pensar en la mediación, ya que en ese mismo lugar, imaginemos un
estrado judicial para las mediaciones prejudiciales, pueden tratarse –por
ejemplo- cuestiones o temas de familia (mediación familiar) o de violencia
(mediación penal), aunque éstos escapen aún al terreno de la legislación
nacional. Están aquellos que, por una u otra razón fundamentada por cierto,
prefieren utilizar expresiones como “contextos” (Diez y Tapia, Duffy, Grosch y
Olczak), “ambientes” (Folberg, Taylor), “Áreas o temáticas” (Sparvieri), “escenarios” (Jares, Bauman), etc.; sin perjuicio de ello, sigo inclinándome al
igual que la mayoría de los autores, una vez formuladas estas aclaraciones, por
la expresión que titula este tema. Finalmente, deseo asentar que tampoco hay
acuerdo unánime respecto de cómo aludir al campo específico de cada uno de
estos ámbitos, contextos, áreas…ello así, a lo que algunos les denominan –por
ejemplo- mediación escolar, otros les llaman mediación educacional, otros
mediación educativa. Sabido
es que la mediación -tanto el proceso como sus principios y estrategias- se
aplica en diversos espacios a la hora de colaborar en la tarea de resolver
conflictos, de una manera creativa y no adversarial. Estos lugares de aplicación son múltiples y
polifacéticos, toda vez que abarcan desde cuestiones inherentes a lo familiar
hasta los diferendos de convivencia internacional, desde la simple disputa en
la comunidad de pertenencia hasta los mismos conflictos que se generan en
situaciones extremas de riesgo.
Ello así, independientemente de la aclaración respecto
de cómo llamarle a cada uno de los campos de acción, resulta hoy bastante común
enunciar como ámbitos aplicables los siguientes: el pre-judicial –legal o
tribunalicio-, el comunitario, el familiar, el laboral, el penal, el
internacional –diplomático o “de vaivén”-, el educacional, el de disputas
públicas, el de crisis o en situaciones de riesgo, el ambiental, el
empresarial, el de consumidores, etc., etc.
Dicho de otro modo, en todo ambiente en el que
interactúen dos o más seres humanos, la mediación es posible a la hora de
pensar en la resolución de las diferencias que entre ellas se produzcan o,
eventualmente, puedan llegar a suscitarse. En todo caso, se trata de aprender a
mirar con ojos nuevos las mismas cosas; acorde con la reflexión de
Marcel Proust cuando sostiene: “El verdadero acto del descubrimiento no
consiste en encontrar nuevas tierras sino en verlas con nuevos ojos”.
Conceptualización, características particulares y alcances de la
Las instituciones educativas tampoco escapan a las
situaciones de conflicto; muy por el contrario deberán, si aún no lo han hecho
–a partir de la nueva concepción de escuela moderna- capitalizar el conflicto y
educar a partir del mismo. Ello significa que todos los actores de la
comunidad (léase: educadores y educandos, no docentes y familias de los
alumnos) deben esforzarse por abandonar la connotación negativa tradicional del
conflicto y optar por su cambio de valencia. Sólo así, la tan anhelada
“educación para la paz”, será posible.
Tanto el rol del mediador como el proceso, se vislumbran
más flexibles y permeables a cada situación e institución educativa en
particular. Nótese, a modo de ejemplo, que los programas mediación educativa
pueden ser implementados desde los mismos jardines de infantes hasta los
propios centros universitarios, públicos y privados, de los más diversos
niveles sociales, culturales y económicos. Ergo, el rol puede ser desempeñado
–y adaptado en consecuencia- por un adulto o por un menor, por un docente o por
un alumno, por un profesional mediador o por algún “idóneo comedido”. Otro
tanto ocurre con el proceso, toda vez que a medida que se institucionaliza se
torna menos formal y más ágil: en una escuela en donde se “median” los
conflictos desde hace una década, las primeras etapas –del proceso-
prácticamente pasan desapercibidas, habida cuenta de que no tiene mayor sentido
explicitar lo que ya todos conocen. Un poco de historia, antecedentes y organismos
Estados Unidos hace más de quince años que
viene implementando la mediación en muchas de sus escuelas elementales y
medias. Justamente por ser pioneros y remontarse a ese país la historia de la
mediación en las escuelas voy a dedicarle un párrafo especial. A saber: Siempre pensando en cómo hacer para disminuir la ola de
violencia escolar, ya desde principios de la década de 1960 diversos grupos
de personas -algunos de ellos religiosos- se interesaron por transmitir lo
importante que resultaría entrenar a los niños y jóvenes en las distintas
habilidades y técnicas de resolución pacífica de disputas escolares.
Convengamos que una serie de docentes “con muy buenas intenciones” trabajaron
desde sus puestos en tal sentido, pero estos esfuerzos carecieron de una
estructura adecuada y, poco tiempo después, cayeron en desuso. Recién casi dos
décadas después, la asociación Educadores para la Responsabilidad Social comenzó
a organizar estas inquietudes, que se cristalizarían en 1984 con la creación de
una segunda asociación de trascendencia internacional: la Academia Nacional
para Mediadores en Educación (NAME). Su principal soporte se
basaba en la experiencia misma de aquellos que ya se habían animado a dar sus
primeros pasos en los diversos programas de mediación ensayados en sus
respectivas escuelas. Los resultados arrojados en las mismas fueron
determinantes: “la mediación mejora la comunicación y reduce el conflicto
escolar”. Hoy, varios años después, las estadísticas y los hechos
ratifican la veracidad de aquellas afirmaciones: las escuelas que “más paz”
tienen son las que han implementado algún programa -ya hay más de 300
variantes- de este tipo.
Los organismos dedicados al tema también se han
multiplicado, aunque, lamentablemente, no tanto como el incremento de la
violencia, la agresión, la intolerancia y la incomunicación en el mundo;
inclusive dentro del pequeño mundo de la escuela, que -por supuesto- no queda
Costa Rica tomó la iniciativa de sancionar una ley que incorpora de manera
obligatoria los contenidos relacionados con la resolución pacífica de
controversias a las diferentes currículas escolares.
Francia y Canadá, entre otros, se han destacado por la
implementación de una serie de programas de convivencia social tendientes a la
formación y entrenamiento tanto de los estudiantes como de los docentes.
En toda Latinoamérica se han practicado y se practican varias
experiencias piloto. Casi todas resultaron exitosas, pero la mayoría, con la
salvedad de honrosas excepciones, de transitoria duración.
Argentina hace vanguardia entre los países de América del Sur. Prueba de ello,
resultan los programas de mediación que comenzaron a aplicarse al promediar la
década del 90 y que aún continúan vigentes. La Ciudad de Buenos Aires con su masivo programa para escuelas públicas y los
múltiples proyectos - reconocidos internacionalmente- que se pusieron en marcha
en varios colegios (públicos y privados, laicos y religiosos) de la Provincia
homónima, son muestras documentadas, perdurables y eficientes de la tarea
realizada a favor de la paz escolar. En tal sentido, merece mencionarse la
“Experiencia de La Reja” por haber sido reconocida como el “primer proyecto
latinoamericano en mediación escolar” por diversos organismos internacionales
como “The Community Board Program” de San Francisco (U.S.A.) y “Peace Education
Foundation” con sede en Miami. Esta experiencia de convivencia escolar con
mediación global y de pares, se implementó –bajo la conducción de este mismo
autor- a partir de 1994 en una pequeña comunidad del conurbano bonaerense
denominada “La Reja”.
Otro tanto ameritan los denodados esfuerzos del interior que, desde Resistencia
hasta Bariloche, se encargaron de recorrer diferentes caminos pero con los
mismos puntos de llegada: reducir el conflicto, mejorar la comunicación y
favorecer la convivencia escolar. Legislación local; soportes a nivel nacional, provincial y municipal
A nivel nacional, rige desde el 20 de agosto de 1997, la
resolución 62/97 del Consejo Federal de Cultura y Educación: “Criterios
básicos para el desarrollo de normas de convivencia en las instituciones
escolares”, en donde se recomienda expresamente a la mediación como alternativa
de resolución de los conflictos escolares.
Dentro de las jurisdicciones provinciales, valen
destacar la Ley chaqueña Nº 4711/2000: “Plan provincial de mediación escolar”,
no sólo por su vanguardismo sino también por su contundente apuesta a esta
herramienta favorecedora de la buena convivencia escolar; y la Ley Nº 6937/02
de la Provincia de Mendoza: “Ley para la No violencia escolar”, que incorpora
el concepto de mediación entre pares. Las provincias de San Juan y del Chubut,
por su parte, han emprendido caminos legislativos semejantes.
En el ámbito municipal, se difundió el proyecto del
concejal cordobés Hugo Caparros, pronto convertido en la ordenanza 9801/97 del
H.C.D. de la Ciudad de Córdoba: “Implementación de la mediación escolar en las
escuelas municipales de la Ciudad de Córdoba”, aunque –lamentablemente- el
presupuesto de la comuna no acompañó las expectativas generadas tanto por su
iniciador (Caparros) como por las nobles intenciones del proyecto mismo.
Después de la última reforma constitucional, la
Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la Ley Nº 223:
“Sistema escolar de convivencia” reglamentado a través del Decreto 1400/01,
desde donde se alienta la implementación de estas nuevas formas de resolución de
disputas escolares. Modelos y programas en ejecución
En principio, se pueden distinguir,
básicamente, dos grandes modelos: la mediación externa y la mediación interna.
A saber: La mediación
externa a la escuela ocurre cuando una persona ajena a la misma y entrenada en
Mediación y Resolución de Conflictos, ayuda a las partes a trabajar sus
diferendos, pudiendo llegar a un acuerdo o no. La estrategia funciona así: una
vez identificado un conflicto, generalmente de trascendencia institucional, la
Dirección de la escuela convoca al o los expertos en R.A.C., que suelen tener a
disposición de las escuelas públicas las dependencias correspondientes del
Gobierno Escolar de cada jurisdicción. De tratarse de una escuela de gestión
privada, ésta podrá optar por contratar los servicios de cualquier centro de
mediación de la misma naturaleza. El mediador o equipo pertinente se acercará
al centro educativo en cuestión, se interiorizará a fondo del conflicto e
intentará arribar a un acuerdo con las partes que lo afrontan. Finalizada esta
gestión, que puede durar horas, días o meses, y más allá de haber arribado o no
a un acuerdo, el o los especialistas externos se retirarán de la institución,
elaborando el informe de rutina con un detalle de sus actuaciones, cuidando no
violar el derecho de la confidencialidad. Esta alternativa presenta como
ventaja, a los efectos de la neutralidad e imparcialidad, el no conocer
previamente a la institución, ni a los mediados. Esto mismo, sin embargo,
también se podría ponderar como un inconveniente.
interna o dentro de la escuela, en cambio, opera cuando actores de la
comunidad educativa (alumnos, profesores, autoridades….) entrenadas en
Mediación y Resolución de Conflictos, ayudan a que personas de la institución
escolar que voluntariamente lo deseen, puedan trabajar para resolver las
diferencias que los alejan. A modo de ejemplo y por tratarse de modelos de esta
naturaleza, cito a la mayoría de los que se vienen implementando en Ciudad
Autónoma y Provincia de Buenos Aires desde 1994 a la fecha.
Asimismo, dentro del modelo
de Mediación Interna, destaco cuatro programas:
en el aula que
consiste en educar, desde el mismo salón de clases, en valores pacíficos (como
la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, etc.) y enseñar
técnicas de gestión de conflictos, ya que los mismos forman parte de nuestra
vida cotidiana y también de la escolar. Estos programas los puede llevar a cabo
el mismo maestro, cualquier profesor capacitado, un preceptor, etc.
entre pares o de dimensión horizontal, también
llamada “mediación paritaria o entre iguales”; cuyas experiencias más tempranas
se desarrollaron en sendas escuelas de San Francisco y Nueva York, Estados
Unidos. Por su significación especial, desarrollaré esta variante
específicamente en el siguiente punto.
con un mediador adulto o de dimensión vertical. En este caso el adulto pertenece al staff de la institución pudiendo o no ser
docente. Se le llama “vertical” porque el mediador (o mediadores) que
interviene pertenece a un nivel distinto -generalmente superior- en el
organigrama institucional. Es de suma utilidad para trabajar los conflictos de
los más pequeños (nivel inicial y primeros años de la escuela primaria). En
todo caso, el adulto/docente deberá “despojarse” transitoriamente de ese rol
para poder desempeñar con éxito este otro nuevo y, por supuesto, comunicárselo
claramente a las partes. De no ocurrir esto, es muy probable que los mediantes
confundan al mediador con alguien que detenta cierta autoridad legitimada en la
escuela, que no se corresponde con la del conductor de este proceso.
global, integral, cruzada o “mix”. Tal como se
infiere de sus denominaciones es el modelo más completo, ya que estarían en
condiciones de participar del mismo cualquier actor de la comunidad educativa;
esto incluye a alumnos, familiares, docentes, no docentes, directivos,
etcétera. Pero atención, porque “completo y sencillo” no son sinónimos; habrá
que estar muy atentos a cada caso particular: ¿entre quiénes se ha producido el
conflicto?, ¿son o no pares entre sí?, ¿qué tipo de disputa los enfrenta?,
¿quién/es auspiciarán de mediadores? y, de tratarse de una co-mediación: ¿serán
dos mediadores pares o de distinta dimensión? son algunas de las preguntas que
deberemos saber responder “antes” de dar inicio a la mediación.
Asimismo, según se encuentre previsto en cada Programa de
Mediación, de acuerdo a los documentos institucionales que lo sustenten (P.E.I.
–Proyecto Educativo Institucional–, P.C.I. –Proyecto Curricular Institucional–,
A.I.C. –Acuerdo Institucional de Convivencia–, etcétera), se pueden planificar
distintas formas de aplicación; algunas de ellas están relacionadas con el
tiempo y el lugar donde pretendan desarrollarse, otras con la currícula y otras
con la preparación previa; verbigracia: Programa de aplicación
experimental o piloto: Es el que, por ejemplo, se
implementa en un solo curso y durante el 2º semestre del año. Se suele
recomendar en el ámbito educativo, a modo de prueba. En todo caso, después de
la debida evaluación y a medida que evoluciona, se podrá ir extendiendo o
ampliando a otro/s curso/s. Programa de aplicación
parcial: Funciona en un sector de la institución
y/o con un segmento de las personas que lo integran. Ejemplo: Sólo en el turno
vespertino (para todos) o, dentro del turno vespertino entre los alumnos. Programa de aplicación
completa o institucional: Abarca a toda la escuela
y a todas las personas que forman la comunidad, pudiendo incluir hasta las
familias de los alumnos. Programa de aplicación
extracurricular o experiencial: El programa se
implementa en forma autónoma e independiente de la currícula. Es común, por
ejemplo, que el gabinete psicopedagógico o el servicio de orientación utilice,
provechosamente, esta herramienta. Programa de aplicación
curricular: En este caso se incluyen y aprovechan
contenidos trabajados desde la currícula de los distintos espacios/materias o
áreas. En este sentido, prácticamente todos los espacios curriculares ofrecen
contenidos “permeables” a la mediación; desde lengua hasta ciencias sociales,
pasando por los números, las artes y la educación física. El aprovechamiento
curricular no sólo fortalece, sino que además –bien tratado– jerarquiza a la
estrategia que nos ocupa. Programa de aplicación a
través de la capacitación: Estos programas sirven,
fundamentalmente, para “concientizar” a los actores de la comunidad educativa
sobre las ventajas que ellos traen aparejadas. Se desarrollan a través de una o
dos jornadas de capacitación, de modo tal, que toda la escuela sepa de qué
estamos hablando; esto incluye al personal docente y no docente, a los alumnos
y eventualmente, a los padres. Programa de aplicación a
través del entrenamiento: Dedicado sólo a aquellas
personas que ya obtuvieron la capacitación y desean profundizar sobre el tema
y/o convertirse en posibles mediadores educativos. El entrenamiento se
implementa a través de un curso específico, conducido por uno o más expertos en
la materia, cuya duración es muy variable (15 a 40 horas) y que se puede
desarrollar dentro o fuera de la institución educativa, preferentemente ajeno
al horario escolar. Las mediaciones entre pares
Un espacio aparte entiendo que amerita la experiencia de
la mediación entre pares o entre iguales o mediaciones paritarias; la que
tantas satisfacciones nos producen.
Es sabido que de una crisis se
puede salir fortalecido, tanto como que, a raíz de un conflicto -pasando por
una instancia de encuentro-acuerdo- se pueden llegar a mejorar y profundizar
las relaciones humanas. Ahora bien, en el caso de la escuela, si el que facilita
estas gestiones es un alumno (mediador), entonces la experiencia puede
convertirse en fascinante ya sea desde el punto de vista personal
autorevalorizándose (protagonismo, atribución de poder, etc.) como desde la
óptica social (contactándose con la realidad, conociendo y comprendiendo al
otro, aprendiendo de sus diferencias, etc.). A esto se lo conoce como “mediación entre pares o entre
iguales o mediaciones paritarias” y, por enrolarme en esta línea, se me
permitirá continuar argumentando en su favor. A saber: los pares, en general,
comprenderán mejor que nadie los conflictos de sus compañeros sin tener que
realizar esfuerzos mayúsculos y ello les facilitará colaborar para encontrar la
solución al problema. Además, hablan del mismo modo, utilizan idénticos códigos
y, muchas veces, porque no se los relaciona directamente con las autoridades
escolares, permiten una mayor confianza y sinceramiento espontáneo. Y qué decir de las partes cuando, en verdad, son las
primeras beneficiadas: pueden sentirse importantes, fueron escuchadas,
respetadas, invitadas a reflexionar... en fin: ¡Un verdadero crecimiento!
Esta forma de mediar se ha multiplicado prolíferamente en
la última década. Un estudio empírico realizado en Nueva York durante 1986, nos
reveló resultados por demás alentadores. Sintetizo a continuación, los datos
más significativos del mismo. A saber: El propósito de esta investigación fue establecer una base
empírica sobre la cual formular juicios sobre el impacto del programa; para
ello se seleccionaron tres áreas: a) el efecto sobre el ambiente disciplinario
escolar; b) el impacto en los estudiantes mediadores paritarios; y c) el efecto
entre los contendientes estudiantes.
La escuela “intermedia” que se tomó como referencia fue una
institución educativa del Estado de Nueva York, a donde acuden adolescentes de
6º a 8º año con una edad promedio de 13,1 años.
Esta escuela utiliza un programa en donde se preparan
alumnos mediadores paritarios en un curso de entrenamiento cercano al inicio
del ciclo lectivo. Para examinar el impacto global del aludido programa, se
distribuyó entre todos los estudiantes y docentes al comienzo y al finalizar el
año escolar, un mismo cuestionario con una batería de preguntas. Con idéntica
frecuencia, otro cuestionario más amplio –que incluía preguntas relacionadas
con la “autoimagen”- se empleó sólo para los mediadores paritarios a fin de
evaluar el efecto del programa en ellos. Finalmente, para evaluar la
efectividad del programa entre las partes en conflicto, se valoraron sus tasas
de satisfacción con el proceso de mediación paritaria, su conformidad con el
acuerdo y las dificultades disciplinarias posteriores.
Finalmente, a la hora de evaluar la marcha del Programa y
tabular algunos resultados, se obtuvieron las siguientes conclusiones:
Que los mediadores intervinieron, durante ese año, en 81 casos; la
mitad de los cuales se relacionaban con rumores del tipo: “el/ella dijo…” y la
otra mitad con acosos o peleas físicas;
Que el 75 % de las partes involucradas, afirmaron que, de no haber
sido por el Programa, hubieran continuado con sus diferencias;
Que la escuela registró una merma del 16,7% en las peleas físicas,
con respecto al año anterior, en el que no funcionaba el programa;
Que el Programa tuvo un alto impacto positivo en el ambiente
disciplinario global escolar; que ayudó a reducir el nivel de problemas
disciplinarios violentos y, fundamentalmente, que ocasionó importantísimos
incrementos positivos en la autoimagen referenciada de los mediadores
paritarios, tanto en el área social como en las actitudes
vocacionales-educativas.
Entiendo oportuno relacionar este último párrafo/conclusión
de la Escuela de Nueva York con los resultados obtenidos en las últimas
encuestas sobre la marcha de uno de los programas bonaerenses que superviso, en
donde el 69,4% de la población escolar, a ocho años de su implementación, se
muestra complacida con el programa. En idéntico sentido, y con mayor
beneplácito aún, se manifiestan alumnos mediadores, mediados y entrenados.
Algunos inconvenientes; muchas ventajas
Al momento de listar los inconvenientes, se me ocurren
citar: la falta de políticas adecuadas, trabas burocráticas
para incluir contenidos afines en las respectivas currículas, carencia de
presupuesto, escasez de capacitadores, resistencia y/o temor a los cambios e
A contrario sensu, ventajas son las que sobran, e
independientemente de los alicientes resultados arrojados tanto por las
experiencias foráneas como por las locales, a la hora de seleccionar ejemplos
ventajosos insisto con que la mediación en las instituciones escolares
fundamentalmente nos permite educar y, en función de ello: canalizar el conflicto a través de una senda
adecuada, aprender del mismo conflicto, capitalizarlo como elemento pedagógico, facilitar la comunicación, favorecer la convivencia, resaltar los valores sostenidos por la resolución
pacífica de controversias: respeto, compromiso, solidaridad, ayuda,
responsabilidad y paz; entre tantos otros.
Escuela, convivencia y mediación
Sostiene el pedagogo español Xesús Jares desde su obra: “Educación y Conflicto” (2001): “Si en la escuela tradicional la principal tarea consistía en evitar
la aparición de conflictos, en una escuela democrática el conflicto pasa a
transformarse en un espacio singular y privilegiado que se debe aprovechar al
máximo para educar” , porque “la democracia constituye en sí misma un principio
educativo, un modelo y una forma de educación” y para ello, es indispensable la
La disciplina, para los estudiantes –como el conflicto,
para los adultos- suele tener una lectura negativa. Ocurre que, en verdad,
confundimos un modelo de disciplina (duro, férreo, como sinónimo de obediencia
ciega) con la disciplina en sí –que tiene que ver con la observancia de las
normas-. En la vereda opuesta, encontramos el modelo (antagónico del primero)
del permisivismo y el dejar hacer. Por otra parte, convengamos que la disciplina es
necesaria en todo proceso educativo, aunque en la escuela democrática de hoy,
atento a lo antedicho, no estaría mal comenzar a pensar en un 3º modelo
ecléctico: el modelo de la “disciplina democrática” asentado en el diálogo, el
razonamiento, la persuasión, la negociación y mediación de los conflictos.
En tal sentido, debería buscarse la cohesión y la
integración, la confianza, la autoestima, la autonomía, la empatía, las buenas
relaciones, el crecimiento y el aprendizaje cooperativo. Por el contrario,
debería evitarse: la exclusión, el miedo y las amenazas, la indiferencia, la
sumisión y el dominio, la ridiculización y la humillación, el derrotismo y la
competitividad interpersonal.
Cierto es que comenzar a profundizar sobre el tema de la
disciplina, lleva implícito la reflexión sobre el modelo de educación que
queremos. No conviene pues, tomarlo a la ligera; sepamos darle el tiempo y el
espacio que merecen en cada institución. Sepamos también que, en el marco de
la definición de tal modelo, puede o no desembarcar un programa de mediación;
propiciémoslo pero no lo forcemos. Y sepamos finalmente –y por todo lo
antedicho- que la mediación, en este ámbito específico, puede –y permítaseme
redoblar la apuesta- y “debe” convertirse más que en un método de resolución
alternativa o adecuada de conflictos (RAC), en una estrategia e instrumento
pedagógico, en un método de resolución educativa de conflictos; de
allí pues es que prefiero utilizar la sigla REC cuando me refiero al ámbito en
Por último, recordemos que la palabra disciplina deriva
del latín: “discere” y significa aprender, mientras que convivencia proviene
del mismo idioma “convivere” y equivale a vivir en compañía de otro/s. De eso
se trata en definitiva: “de aprender a con-vivir”, nada más...¡nada
Pretender profundizar sobre el tema de la disciplina escolar, lleva implícito
la reflexión sobre el modelo de educación que queremos. No conviene pues,
tomarlo a la ligera; sepamos darle el tiempo y el espacio que merecen en cada
instituciones educativas tampoco escapan a las situaciones de conflicto; muy
por el contrario deberán, si aún no lo han hecho –a partir de la nueva
concepción de escuela moderna- capitalizar el conflicto y educar a partir del
se han practicado y practican varias experiencias piloto de mediación de
conflictos escolares. Argentina hace vanguardia con
diversos proyectos que comenzaron a aplicarse al promediar la década del 90 y que aún continúan vigentes. Se pueden
distinguir, básicamente, dos grandes modelos de mediación para la escuela: la
mediación externa y la mediación interna y, dentro de esta última, cuatro
programas: mediación en el aula, entre pares o de dimensión horizontal, con un
adulto mediador o de dimensión vertical y mediación global o integral. En las mediaciones “entre pares” el mediador puede ser un alumno (o
dos), enriqueciéndose tanto desde el punto de vista personal: “autorevalorización”
(protagonismo, atribución de poder, etc.) como desde la óptica social:
contactándose con la realidad, conociendo y comprendiendo al otro, aprendiendo
de sus diferencias, etc.
aplicados con seriedad y sostenidos en el tiempo, en general, arrojan un alto
impacto positivo en el ambiente disciplinario global escolar, ayudan a reducir
el nivel de conflictos y, fundamentalmente, favorecen la convivencia y la
comunicación, a la vez que previenen eventuales situaciones de violencia.
La mediación puede y “debe” convertirse más que en un método de
resolución alternativa o adecuada de conflictos (RAC), en una estrategia e
instrumento pedagógico, en un método de resolución educativa de
conflictos; de allí pues es que prefiero utilizar la sigla REC cuando me
refiero al ámbito escolar.
Doctorando y Profesor en Ciencias Jurídicas. Director Profesional de Instituciones Educativas.
Escribano. Abogado. Procurador. Mediador registrado en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Diplomado en mediación educacional en Estados Unidos y especializado en España. Autor y director del 1º proyecto latinoamericano de mediación educativa (1991) Ha escrito y publicado unas treinta ponencias y artículos relacionados con la resolución educativa de conflictos (REC) y es autor de cuatro libros, cuatro módulos de educación a distancia, un seminario “on line” y cinco videos didácticos. Es docente universitario de mediación en carreras de grado y posgrado en Universidades Argentinas y del exterior. Fue y es capacitador y conferencista en más de un centenar de foros locales, internacionales y extranjeros: Inglaterra, España, U.S.A., Chile, Cuba, etc. Es Mediador educativo, prejudicial y comunitario.
Se desempeña actualmente como Regente del Colegio Santa Ethnea, en donde se implementa -desde 1998- un proyecto exclusivo de REC de su autoría. El 17 de abril de 2007 disertó en el Aula Magna del Archivo y Museo Histórico “Dr. Arturo Jauretche” de Buenos Aires, como único orador del acto académico inaugural de la Dirección Nacional de Promoción de Métodos Participativos de Justicia, con el objetivo de exhibir los alcances de su tesis doctoral.
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