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Timestamp: 2017-09-21 01:35:26+00:00

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MÉXICO DEBE SALIR ADELANTE: julio 2009
De la emoción al desencanto. Cómo se acaba con una empresa.
Hoy me enteré de más cosas de una empresa de lo que uno debería saber en toda su vida.
Tuve frente a mí, a dos jóvenes profesionistas, egresadas de las mejores escuelas del país, con todas las credenciales que podría soñar alguien y con una tristeza que Usted, mi querido lector, no puede imaginar.
Las dos, preparadas, las dos, expertas en su área. Las dos, separadas por un capricho de su jefe, por cierto, el mismo. O bueno, la misma. Las dos, con derecho a una liquidación formal, con todas las de la ley pues ninguna incurrió en causal de rescisión, de los que establece el artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo.
Sin embargo, a una ya le dieron siete mil pesos por su separación, con una antigüedad superior a dos años y con un salario cercano a los diecinueve mil pesos mensuales. Si Usted es abogado y sabe cuantificar un despido injustificado, pues eso es, sabrá que le pagaron una miseria. Y así se lo hice saber y le dije que cuenta con dos meses para demandar y obvio, está en tiempo.
La otra, apenas va por su liquidación. Nadie le ha avisado que la van a correr. No existe acta ni aviso ni investigación ni motivo ni causa ni fundamento alguno pero ella ya sabe que ya presentaron al nuevo jefe de la oficina y si ella era… ¿qué puede pensar?
Está viendo la forma en que liquidan a todos los de su entorno laboral y claro, ya presentía el golpe.
Lo más triste es que todos los separados, todos los rescindidos, no habían dado motivo para su separación. Lo más triste es que los separados son los que habían logrado los mejores estándares en la compañía a nivel nacional.
Pareciera que se castiga la eficiencia.
Imagínese Usted, mi querido lector, a un recién egresado, con toda la ilusión del mundo, con ganas de quedar bien, que cambia su domicilio pues las empresas les piden: “disponibilidad para cambiar de residencia” sin saber que a lo que van, es sólo a que los tengan trabajando todo el día, pues como no tienen familia en el lugar al que van, fácilmente pueden con un horario de más de doce horas al día. Son jóvenes, inexpertos, con ganas de quedar bien, con la ilusión de crecer. Son mexicanos en plenitud y la empresa así les paga…
Por eso, cuando van creciendo, los empleados se van volviendo difíciles, se van volviendo exigentes, se van convirtiendo en seres que reclaman todo, pues ya los han lastimado y sin motivo.
Por eso, el mexicano no confía en el patrón. Ya sabe que sólo busca explotarlo, sin pagar lo justo.
La verdad, me da tristeza pero más me da coraje de ver la forma en que se acaban las empresas y sobre todo, la forma en que entre todos, vamos acabando con esa gran empresa nacional que nos corresponde a todos: México.
¿Cómo quiere Usted que me sienta si las vi llorar frente a mí, por un despido sin razón ni fundamento?
¿Qué les puedo decir? ¿Qué vendrán tiempos mejores? ¿Qué confíen en la justicia, si la autoridad se presta a entregar liquidaciones ajenas a derecho y me lo reclamaron a mí? ¿Qué les puedo decir?
Yo sé que Usted sí cumple en su empresa. Usted si paga conforme a derecho y nunca evade sus responsabilidades.
De otro modo, más temprano que tarde, se quedará sin empresa, como les pasa a todas las que actúan apartadas a un recto proceder, que terminan siendo devoradas por la competencia o por inversionistas ajenos, que por supuesto, van a cuestionar sus actuares ajenos a derecho y ellos, los que se apartan de la ley de los hombres, tendrán lo que merecen, según las leyes eternas.
Monterrey, N.L., 26 de julio de 2009.
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Publicado por José Manuel Gómez Porchini en 15:08 2 comentarios:
Publicado por José Manuel Gómez Porchini en 23:17 1 comentario:
Hace rato me enteré que en la empresa… me reservo el nombre, por ahora, pero es de carácter nacional, según líder en su ramo, prestadora de servicios y que vive de los clientes cautivos que mes tras mes le pagan sus servicios, se presentó nuevo personal de mando medio, pues ni siquiera tiene carácter de gerente o algo así, reitero, personal de mando medio y empezó a despedir trabajadores.
Cierto, el patrón tiene la facultad de terminar o rescindir la relación laboral de sus empleados en el momento que él quiera, pero, siempre hay un pero, existe una cosa que los que saben conocen como principio general de derecho, que establece la estabilidad en el empleo.
Vamos, ha habido grandes luchas por años, para lograr que el patrón reconozca y acepte que la estabilidad en el empleo es un derecho del trabajador y sólo puede dar por terminada la relación de trabajo, cuando el trabajador incurra en alguna de las causales que establece el artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo o en los supuestos del artículo 53 del propio cuerpo de leyes. Fuera de esos casos, se llama capricho, se llama de otro modo pero es ilegal, inmoral, injusto, indebido y además, sujeto a la reprobación de la sociedad.
En otras palabras, para que el patrón pueda terminar una relación laboral, debe acreditar que el obrero incurrió en alguno de los supuestos previamente acordados que tienen validez para dar por terminada dicha relación o ubicarse en los supuestos del artículo 53.
De otra suerte, quedaría al arbitrio del patrón quién se queda, quién se va, cuándo, cómo y todas esas pequeñeces, para el patrón, pero que para el trabajador son la principal fuente de angustias.
Piénselo. Imagínese Usted, mi querido lector, que Usted es obrero o alto ejecutivo, da lo mismo, en una empresa y Usted sabe, que el día que el patrón quiera, lo pone “de patitas en la calle”. Imagínese Usted la angustia, el miedo diario que habría de padecer, sólo de pensar que el señor que encarna al patrón amaneció crudo, le duele la cabeza, tiene dolor de estómago o simplemente, se peleó con la esposa.
O piense que su futuro y la comida de sus hijos, la seguridad y tranquilidad de su casa, la paz de su esposa, depende del nivel hormonal de la tipa esa que tiene poder para despedir personal. ¿Aguantaría Usted esa forma de vida?
Vamos, piense Usted, por un momento, si todos los días tuviera Usted que poner en juego todas sus buenas artes para conquistar al sujeto de medio pelo, al empleado de oficina ascendido a gerentillo, al tipo o tipa, según sea el caso, que por haber subido a un ladrillo, se siente con poder para correr al personal a su mando.
Si Usted tuviera que vivir esa pequeña muerte todos los días, le garantizo que no duraría mucho.
Lo correcto es que el obrero o trabajador, tenga las reglas claras, que le explique el patrón qué es lo que debe de hacer, previamente establecido, para que entonces sí, ya con parámetros correctos, con metas establecidas, con decisiones firmes, Usted como trabajador sepa a ciencia cierta qué es lo que va a hacer y el patrón también, conozca de antemano qué les puede exigir a sus obreros.
Pero si cada día el patrón amanece con molestias y gustos distintos, si cada día ha de jugar con el sentimiento del obrero, lo único que va a lograr será una animadversión que le puede ocasionar que ninguno quiera trabajar para él.
Además, existen los reglamentos interiores de trabajo, los contratos colectivos, las normas de trato, vamos, debe existir por escrito qué es lo que el patrón puede esperar de sus empleados y qué es lo que el trabajador está obligado a realizar.
Por eso, cuando en una empresa, de servicios o la que sea, una persona de nivel medio llega y rescinde, sin soporte jurídico alguno, la relación laboral de varios trabajadores, incurre en lo que la propia legislación laboral ya ha contemplado y que aparece en los artículos 434 y 439 del Código Obrero y que literalmente rezan:
V. El concurso o la quiebra legalmente declarada, si la autoridad competente o los acreedores resuelven el cierre definitivo de la empresa o la reducción definitiva de sus trabajos.
O sea, si por el capricho simple del patrón, encarnado en uno de sus empleados directivos, decide correr a varios trabajadores, sin dar explicación alguna, deberá entenderse que tiene nuevos métodos de trabajo y por ende, deberá cubrir lo que estipula el artículo anteriormente transcrito.
De otro modo, el caprichito del patrón no podrá llevarse a cabo, salvo que sea en trabajadores de confianza, los que a la perfección detalla el artículo noveno de la propia ley laboral y que dice así:
Luego entonces, si no son trabajadores de confianza, si no han incurrido en alguna de las causales de rescisión que establece el artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo, si tienen más de un año de servicios, el patrón está obligado a sostener al trabajador en su puesto, pues claramente así lo ordena el artículo 53 de la ley laboral, que así establece:
Si no existe el mutuo consentimiento, si no ha muerto el trabajador, si no ha concluido la obra ni se ha vencido el término o se ha agotado el capital y además, si el trabajador no ha quedado imposibilitado, el patrón no podrá separarlo de su encargo, pues en eso consiste la estabilidad en el empleo.
Ahora imagine Usted una empresa en la que los trabajadores laboren como abejitas, que produzcan un servicio al público que les permita destacarse como líderes, pero que una persona de medio pelo llegue a cometer todas esas arbitrariedades… ¿en qué papel queda? Además, ¿lo sabrán sus jefes de oficinas centrales? ¿Sabrán, conocerán y aprobarán las trapacerías o engaños o fraudes o estafas que en su nombre comete un empleado de medio rango?
Si en sus manos estuviera hacer algo para impedirlo… ¿lo haría?
Si los trabajadores cruel y a la mala corridos por una empleada que además, va a otorgar los puestos de trabajo a sus amigos, sin que se conozca el compromiso previo contraído, son padres de familia, son personas con necesidades previas y definidas, son seres humanos con penas, con logros, con sueños, con afanes, ¿Usted lo permitiría?
Yo le estoy avisando a Usted. Yo no estoy de acuerdo en una bajeza así. Yo no creo que una canallada como esa sea lo correcto para una empresa que se anuncia a nivel nacional. Una que quiere ser ejemplo y hasta tiene sus propios manuales y sistemas incurre en esa falta de consideración, para no decirlo con las palabras que merece, es una empresa que mañana, se va a arrepentir de no haber hecho lo correcto.
Se va a arrepentir pues pronto quedará sin lo que los que manejan empresas denominan el principal valor: los clientes.
Recuerde Usted, mi querido lector, que el cliente siempre tiene la razón y si el cliente sabe que el patrón, que el dueño de la empresa ha despedido a quien le atendía y que además, ha ganado varias veces el nombramiento de “empleado del mes”, si el cliente toma conciencia que ya no son los mismos prestadores de servicios con los que inició, va a buscar otros horizontes.
Recuerde Usted que como cliente, una atención, la tomamos como obligación del empleado; un desplante, lo hacemos público. Nada hay que se maneje a mayor velocidad que el rumor, el descrédito, el poner en entredicho la honra de alguien y en tratándose de empresas, avisarse unos a otros, los consumidores, de cuál de los prestadores de servicios es un asco. De inmediato se sabe.
Cuando el patrón pierde el piso y se olvida que sus servidores y empleados son seres humanos, no mercancías, cuando sus sistemas se pierden en lo absurdo y se alejan del valor humano, entonces esa empresa está destinada al fracaso.
¿Se imagina Usted una empresa que atienda, por ejemplo, niños, y que éstos les tengan miedo a los empleados?
Yo, como padre de familia, sacaría a mis hijos.
Monterrey, N.L., 11 de julio de 2009.
Publicado por José Manuel Gómez Porchini en 23:49 3 comentarios:
Presea "Dr. Ignacio Burgoa Orihuela" como Investigador Jurídico 2009
Les ruego disculpen que no personalice para cada uno el mensaje, pues trato de hacerlo llegar a la mayor cantidad de gente que puedo. He compartido con Ustedes momentos muy agradables, propuestas y ahora, una gran alegría.
He buscado hacer valer mis ideas, lo que se me ocurre y lo que he visto, siempre tratando de ser objetivo y aderezándolo con mis puntos de vista, adornando la realidad con algo de emoción, para que exista un agregado.
Además, mis notas se van nutriendo de lo que Ustedes mismos me hacen llegar, de los conflictos que los aquejan, de sus ideas y por supuesto, de sus alegrías.
He tratado de ser positivo y propositivo en mis propuestas y escritos.
Busco, casi siempre, el lado bueno de las cosas. Existen tantas personas que sólo se dedican a destacar el error de los demás, que creo salgo sobrando en ese camino. No quiero ser uno más, uno del montón de los que sólo buscan el desánimo, la derrota, el desprestigio y que además, pareciera que gozan con ello. Yo no puedo. No es mi estilo.
Si analizan lo que plasmo en mis notas, verán siempre un tinte de esperanza, un aliciente a seguir luchando, un deseo de ser y hacer más, no de tener más.
Me mueve la ilusión de que las cosas pueden cambiar para bien, de que cada uno de nosotros puede hacer la diferencia en este mundo, cuando menos, en tu entorno, en la gente que te rodea, en las personas que tocas con tu vida.
Y quiero creer que ese, no otro, fue el lado que vieron los miembros del Colegio de Abogados de Monterrey, A.C., Institución en la que he encontrado excelentes amigos y a la que me permitiera el acceso Don Carlos Francisco Cisneros Ramos (Q.E.P.D.), invitado por el Maestro Rosalío Quintero, en la época de la Presidencia del Sr. Lic. Juan Manuel Hernández Magallanes, hombre probo y caballero de los que ya no se usan y, luego, mi amigo Isaac Rodríguez me permitió darme gusto en las reuniones del Colegio.
Ahora, la Lic. Lupita Palomares, primera mujer que dirige la Institución, me informa que he sido distinguido por el Colegio, con la presea “Dr. Ignacio Burgoa Orihuela”, como Investigador Jurídico del año 2009.
Para mi familia es un honor y para mí, en lo particular, además, esa distinción ha hecho que tome mayor conciencia del compromiso que tenemos, los que tenemos la fortuna de entender algunas cosas, de ser partícipes en los cambios que han de darse en la sociedad, de la responsabilidad que recae en nuestros hombros como parte del engranaje que ha de formar a los nuevos mexicanos, como Maestros de nuestros jóvenes, como punto de referencia a los que vienen detrás de nosotros.
Haber sido acreedor a que una Institución de tanto lustre y prestigio entre abogados, entre la gente de Nuevo León y además, de tanto reconocimiento en la sociedad de esta zona metropolitana, es un orgullo que por más que busco lo forma de disimularlo, no puedo.
Me siento muy contento, tengo un mayor compromiso, estoy con bríos redoblados y por supuesto, la felicidad de haber sido distinguido no puede comprarse, es algo que viene solo, llega justo en el momento en que debe ser, no antes, pues te haría perder el piso, no después, cuando ya no tengas aliento para hacer las cosas.
Llega cuando te toca. Y ahora, sólo me resta agradecerle a Dios, a mi esposa Tina y a mis hijos, José Manuel y Daniel Ernesto, a mi Madre y a la vida, poder estar aquí y ahora para darme cuenta que alguien, al menos, consideró que mis afanes valen la pena.
Ese orgullo ya es mío, señores.
Publicado por José Manuel Gómez Porchini en 23:37 1 comentario:

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 artículo 47
 artículo 53
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 artículo 47
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