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Timestamp: 2017-04-30 16:41:15+00:00

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Equipo Nizkor - La eliminación de la inseguridad alimentaria en el Cuerno de África Estrategia para una acción concertada de los gobiernos y los organismos de las Naciones Unidas.
La eliminación de la inseguridad alimentaria en el Cuerno de África Estrategia para una acción concertada de los gobiernos y los organismos de las Naciones Unidas
En la reunión del Comité Administrativo de Coordinación (CAC) celebrada en Roma el 6 y el 7 de abril de 2000, el Secretario General de las Naciones Unidas anunció la creación de un Grupo de tareas interinstitucional de respuesta de las Naciones Unidas a la seguridad alimentaria a largo plazo, el desarrollo agrícola y otros aspectos relacionados para el Cuerno de África. El Grupo de tareas estaría formado por representantes superiores de 10 organismos miembros del CAC |1| y presidido por el Director General de la FAO.
En su informe final, resumido en el presente documento, el Grupo de tareas esboza el alcance general de la respuesta de las Naciones Unidas ante el reto de eliminar la inseguridad alimentaria a través de una estrategia y un marco de acción. Asimismo, se establecen métodos para poner en práctica las medidas del marco. Se ha hecho todo lo posible para garantizar que la estrategia aproveche las propias de los gobiernos en materia de seguridad alimentaria y se ajuste a ellas, aunque, en el tiempo disponible, este objetivo no se ha podido llevar a la práctica con el nivel de consultas que en última instancia sería necesario. Después de que se presente este informe y los jefes de Estado se comprometan a eliminar la escasez de alimentos y la inseguridad alimentaria, quedarán oficializados tanto la plena responsabilidad por la estrategia como el compromiso por parte de los gobiernos de la región con su ejecución.
Las recomendaciones formuladas por el Grupo de tareas no contienen ninguna novedad en lo que se refiere al diagnóstico de las causas profundas del problema o con respecto a las medidas que deben adoptarse para lograr la seguridad alimentaria en la región. La estrategia de acción se presenta con la esperanza de poder aprovechar tanto la promesa de paz en la región como el compromiso renovado con la seguridad alimentaria por parte de los gobiernos. Se espera que este proceso, que ha reunido a organismos de las Naciones Unidas, gobiernos y organizaciones no gubernamentales (ONG) en una iniciativa de auténtica colaboración, suscite un espíritu de cooperación similar en el momento en que nuestra visión común se transforme en medidas que, de una vez por todas, eliminen la hambruna en el Cuerno de África y con el tiempo alivien la situación de la población afectada por la inseguridad alimentaria en la región.
LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN EL CUERNO DE ÁFRICA ALCANCE Y EFECTOS DE LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA
CAUSAS PROFUNDAS DE LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA
LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN LAS ZONAS RURALES EL ENTORNO DE RESPALDO UNA ESTRATEGIA A LARGO PLAZO PARA LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
AUMENTO DE LAS OPORTUNIDADES PARA LOGRAR MEDIOS DE VIDA SOSTENIBLES
PROTECCIÓN DE LOS MÁS NECESITADOS CREACIÓN DE UN ENTORNO FAVORABLE DEL MARCO A LA ACCIÓN EN BUSCA DE UN COMPROMISO CON LA SEGURIDAD ALIMENTARIA PROGRAMAS NACIONALES DE SEGURIDAD ALIMENTARIA FORMULACIÓN Y EJECUCIÓN DE LOS PROGRAMAS NACIONALES DE SEGURIDAD ALIMENTARIA UN PROGRAMA REGIONAL DE SEGURIDAD ALIMENTARIA PERSPECTIVAS FUTURAS INICIO DEL PROCESO La inseguridad alimentaria en el Cuerno de África
Millones de personas en el Cuerno de África se encuentran subnutridas y en riesgo de hambruna como consecuencia de los efectos de la sequía, los conflictos, unas infraestructuras deficientes y una base limitada de medios de vida. No obstante, si la población y los gobiernos de la región se comprometiesen a colaborar, juntamente con ONG internacionales, podrían adoptar medidas de gran alcance que garantizasen una seguridad alimentaria a largo plazo.
ALCANCE Y EFECTOS DE LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA
El Cuerno de África es una de las regiones del mundo con mayor inseguridad alimentaria. En su conjunto, más del 40 % de la población está subnutrida, y en Eritrea y Somalia la proporción aumenta hasta el 70 %. Los siete países de la región - Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenya, Somalia, Sudán y Uganda - combinados tienen una población de 160 millones de habitantes, de los cuales 70 millones viven en zonas expuestas a penurias de alimentos extremas. Durante los últimos 30 años, estos países, todos ellos miembros de la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD), han sufrido la amenaza de la hambruna por lo menos una vez en cada década.
Incluso en años normales, los países de la IGAD no disponen de alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de su población. En cuatro de ellos - Eritrea, Etiopía, Kenya y Somalia - actualmente el suministro de energía alimentaria (SEA) per cápita se encuentra por término medio bastante por debajo de las necesidades mínimas; por ejemplo, en Somalia en 1996, el SEA era un 26 % más bajo. Esta situación tiene efectos devastadores especialmente en los niños, que padecen discapacidades físicas y mentales de por vida. En Etiopía, dos tercios de los niños sufren retraso en el crecimiento; en Somalia, el 20 % de los niños muere antes de cumplir los cinco años. El estado nutricional de las mujeres, que asumen la función principal en la agricultura y el cuidado de la familia, también es motivo de grave preocupación.
En estas circunstancias precarias, cualquier crisis externa, ya sea una sequía, una inundación o una invasión de plagas migratorias, puede acabar de hundir a una gran parte de la población. El conjunto de la producción alimentaria nacional no necesariamente experimenta descensos considerables: incluso en los años de las peores hambrunas, la producción nacional total sólo cayó alrededor del 7 % por debajo del promedio a largo plazo. Sin embargo, para las comunidades más pobres los efectos pueden ser desastrosos, ya que las familias que de entrada no disponían de suficientes alimentos se ven de repente totalmente privadas de ellos.
Los agricultores que viven a un nivel de subsistencia en las zonas con mayor pluviosidad constituyen el grupo más numeroso de población que sufre inseguridad alimentaria en la región: suelen tener pocas tierras y recursos muy escasos y normalmente trabajan en zonas alejadas de los mercados. También corren riesgo los pastores, de 15 a 20 millones, que habitan en las extensas áreas de las tierras bajas áridas y semiáridas: en tiempos de sequía, estas comunidades no solamente sufren hambre, sino que además pueden perder sus activos productivos. Por último,
existe un número creciente de población urbana pobre, formada en gran parte por personas que han huido de la pobreza y los conflictos en el campo.
Aunque la inseguridad alimentaria está estrechamente relacionada con la producción agrícola, debería considerarse en el contexto más amplio de la pobreza. Tanto agricultores como pastores están expuestos a la inseguridad alimentaria no solamente debido a que no producen suficiente, sino también a que guardan pocas reservas. En general, disponen de ahorros escasos y pocas fuentes adicionales de ingresos. Por consiguiente, para lograr una mayor seguridad alimentaria, además de incrementar su producción agrícola, estos grupos deben crear medios de vida más variados y estables para protegerse a sí mismos y a sus familias ante crisis externas. No será una tarea sencilla. El camino por recorrer está plagado de obstáculos; dos de los más importantes son los riesgos naturales y los conflictos armados.
El principal riesgo natural que afecta al Cuerno de África es la sequía. Grandes partes de la región son áridas o semiáridas. Las precipitaciones son escasas e irregulares y su distribución es desigual; aunque siempre ha habido ciclos de sequías e inundaciones, existen indicios que apuntan a que el clima es cada vez más inestable y los fenómenos meteorológicos son cada vez más extremos.
Ante este entorno tan inestable, la población de la región ha desarrollado estrategias de resistencia específicas para afrontar la situación. Los agricultores, por ejemplo, pueden escalonar las labores de siembra y, cuando la situación es excepcionalmente mala, pueden incluso recurrir a la caza y la recolección. También los pastores tienen diversas opciones: pueden dividir sus rebaños, reservar tierras de pastoreo para disponer de reservas o migrar a nuevos pastizales. No obstante, incluso el mejor mecanismo de resistencia puede ser insuficiente en una situación de sequía prolongada.
Los conflictos armados, tanto dentro de los países como entre ellos, constituyen otro factor importante que contribuye a la vulnerabilidad de la población de la región. Los conflictos y la inseguridad alimentaria están indisolublemente unidos, pues ambos problemas son causa y efecto del otro y se refuerzan mutuamente. Algunas personas que viven en comunidades afectadas por la inseguridad alimentaria sienten que han sido marginadas por los gobiernos centrales. Al mismo tiempo, el propio conflicto casi siempre intensifica el hambre, ya que expulsa a las personas de sus hogares y trastorna los sistemas de comercialización y distribución. A todo ello se suman los efectos a largo plazo: las comunidades que han quedado destrozadas tienen poca confianza en el futuro y son reacias a invertir en mejoras agrícolas.
Mientras tanto, los gobiernos siguen malgastando los escasos recursos en la compra de armas. En 1997, por ejemplo, los países de la IGAD destinaron 2 000 millones de USD a gastos militares. Este hecho desanima a los donantes, que corren el riesgo de financiar la guerra en lugar de mitigar los efectos de la pobreza mediante programas de desarrollo.
La población del Cuerno de África (160 millones) se ha más que duplicado desde 1974, y las previsiones indican que aumentará un 40 % más para 2015. El incremento ya ha supuesto una mayor presión en los recursos naturales, especialmente la tierra y los bosques, y ha provocado un incremento de la migración del medio rural al urbano. A pesar de ello, se ha producido un aumento del número de personas dependientes de la agricultura.
LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN LAS ZONAS RURALES
La población más vulnerable de la región es la que vive en las zonas rurales. Son comunidades con escasa influencia política, que suelen vivir en lugares dispersos y de difícil acceso. En consecuencia, deben valerse por sí mismas para enfrentarse a los caprichos del clima.
Con la excepción de Uganda, únicamente entre un 4 % y un 10 % de las tierras del Cuerno de África están consideradas como cultivables. La mayor parte de las personas pobres se concentran en los ecosistemas áridos y semiáridos y, como resultado del aumento de la población, se han visto obligadas a cultivar tierras cada vez más marginales de manera más intensiva, dificultando la regeneración del suelo. En Etiopía, por ejemplo, casi el 40 % de los hogares agrícolas posee menos de 0,5 ha de tierra y más del 60 % tiene menos de 1 ha, con la que deben sustentar a una familia de seis a ocho miembros aproximadamente.
La explotación insostenible del frágil ecosistema ha provocado una reducción de la biomasa, la biodiversidad y la infiltración de agua, así como un incremento de la escorrentía y la erosión del suelo. Esta circunstancia agrava la degradación ambiental y reduce la productividad agrícola, lo que contribuye a un incremento de la pobreza y la inseguridad alimentaria.
La degradación ambiental también afecta a los pastores, aunque las pruebas de ello sean más ambiguas ya que siempre ha habido ciclos de expansión y declive del pastoreo. Los rebaños suelen aumentar en períodos de mayor abundancia, aunque el consiguiente sobrepastoreo - agravado por la sequía - reduce los piensos disponibles y los animales acaban muriendo de hambre o dejan de reproducirse. La consiguiente reducción del número de cabezas de ganado, unida a lluvias más abundantes, permite una rápida recuperación de los pastizales (aunque una importante caída en el número de animales perjudique a las personas que dependen del ganado como medio de subsistencia). Estos ciclos impiden diferenciar claramente las tendencias seculares.
Baja productividad de la agricultura
Los rendimientos de los cultivos en el Cuerno de África se sitúan entre los más bajos del mundo. Este hecho se debe en gran parte al control inadecuado de los recursos hídricos, ya que se riega menos del 1 % de la tierra cultivable, en contraste con el 37 % en Asia. Pero incluso los agricultores que tienen la ventaja de disfrutar de unas precipitaciones más regulares suelen carecer de acceso a conocimientos, financiación y mercados. Además, normalmente disponen de muy poca tierra.
La población de las zonas de escasas precipitaciones tiene la desventaja adicional de no poder aprovechar las tecnologías de la “revolución verde”, como por ejemplo las semillas híbridas y los fertilizantes, que en general se han desarrollado para zonas con lluvias más abundantes o por lo menos con mejores perspectivas para el riego. Existen algunas tecnologías adecuadas para zonas expuestas a la sequía, que en determinados casos se aplican en otras partes de África y que podrían ampliarse a zonas marginales del Cuerno de África.
Desatención del pastoreo
En general, la situación de los pastores es mejor que la de los agricultores, por lo menos hasta que ocurre una catástrofe y corren el riesgo de perder todos sus recursos. Tanto gobiernos como organizaciones internacionales se han esforzado relativamente poco para mejorar los sistemas de agricultura pastoral y, cuando sí lo han hecho, su intervención, sin querer, ha acabado siendo a menudo más perjudicial que beneficiosa. Una generación de proyectos erróneamente concebidos ha tenido como objetivo proporcionar fuentes de agua para el ganado y servicios veterinarios y de otro tipo en pastizales aparentemente desocupados. Sin embargo, incluso en los casos en que estas intervenciones han tenido éxito, tal como ha ocurrido con la práctica eliminación de la peste bovina, sólo han servido para incrementar el número global de cabezas de ganado y, por consiguiente, han provocado el sobrepastoreo.
Deficiencia de los sistemas de conocimientos e información
Los gobiernos, tanto locales como nacionales, raramente disponen de datos o capacidad analítica suficientes para responder rápidamente a circunstancias cambiantes. Al mismo tiempo, las comunidades locales pueden disponer de escasos conocimientos acerca de los acontecimientos globales que afectan a sus medios de vida. La mayoría de los sistemas de información se han centrado en mecanismos de alerta temprana para áreas de producción de cultivos. Pero incluso en los casos en que se ha dado la alerta de forma adecuada, las medidas han sido lentas. Para que las intervenciones de socorro sean eficaces, es necesario establecer una secuencia precisa de acontecimientos, comenzando con las alertas tempranas y las promesas de ayuda alimentaria y continuando hasta la entrega de suministros alimentarios y su correcta distribución, de manera que lleguen a quienes los necesitan. Tal como ha demostrado la reciente crisis en la región, existen muchos eslabones débiles en la cadena.
Limitación de la base de medios de vida
La mayoría de la población de las zonas rurales de la región depende casi exclusivamente del cultivo de un grupo reducido de productos o del pastoreo. Dicho de otra forma, depende de una base limitada de medios de vida, lo que la hace vulnerable a las crisis externas. Las opciones para la diversificación son escasas. Sin sistemas de riego o acceso a los mercados es difícil para los agricultores cambiar a otros cultivos y, dada la falta de formación, tienen pocas oportunidades para buscar otras formas de empleo. Las mujeres, en particular, se encuentran en desventaja: la migración masculina, a las ciudades o para trabajar en explotaciones agrícolas grandes, impone una carga adicional sobre las mujeres que permanecen en la explotación familiar; además, muchas innovaciones tecnológicas han beneficiado sólo a los hombres, dejando a las mujeres con una carga de trabajo adicional y sin un mayor nivel de seguridad alimentaria.
Efectos desiguales de la liberalización
Todos los países del Cuerno de África han liberalizado sus mercados, por ejemplo mediante la reducción del control por parte de juntas estatales de comercio y dando libertad a los agricultores para vender sus productos donde deseen. Aunque la liberalización ha ofrecido nuevas oportunidades a los agricultores que disponen de buenas tierras, buenos sistemas de riego y buen acceso a los mercados, ha aportado menos beneficios a los agricultores de escasos recursos y los que trabajan en zonas más remotas. De hecho, es posible que estos agricultores se encuentren actualmente en peores condiciones que antes de la liberalización, pues pagan un precio más elevado por los fertilizantes y otros insumos y al mismo tiempo reciben precios más bajos por sus cultivos. La liberalización de los mercados financieros ha provocado discriminaciones similares: los bancos prestan a productores a gran escala, pero están menos dispuestos a otorgar créditos a los agricultores pobres, a quienes consideran clientes de alto riesgo.
Por su parte, los pastores a menudo se han beneficiado de la liberalización, y especialmente del rentable mercado de exportación en los países del Golfo.
Deficiencia de las infraestructuras
Muchas áreas se encuentran marginadas debido a unos sistemas de carreteras y transporte inadecuados y a la carencia de servicios de telecomunicaciones y de fuentes energéticas. Como consecuencia de ello, muchas personas permanecen aisladas de las economías nacionales y regionales. Los suministros de agua también son inadecuados: en Eritrea, Etiopía y Somalia, únicamente una cuarta parte de la población tiene acceso a agua potable sana. Los sistemas de saneamiento presentan también un desarrollo deficiente: el acceso a un saneamiento adecuado es tan sólo del 13 % en estos tres países y apenas supera el 50 % en los demás, excepto en el caso de Kenya.
Los países del Cuerno de África se encuentran entre los países con los peores niveles sanitarios del mundo. Los más vulnerables son los niños, muchos de los cuales se encuentran subnutridos y sufren enfermedades infecciosas, especialmente el sarampión, y otros tipos de enfermedades como la malaria y los parásitos internos. La situación de la salud de las mujeres también es deficiente. Dos tercios de las mujeres en edad fértil padecen anemia, lo que explica en parte los niveles extraordinariamente elevados de mortalidad materna. El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) constituyen una amenaza más reciente aunque no por ello menos preocupante. Las posibilidades de ser tratado de una enfermedad grave son escasas. Quienes viven en pueblos y ciudades disponen de mejor acceso a los servicios, pero las comunidades rurales están muy desatendidas y los pastores nómadas y seminómadas son quienes se encuentran por lo general en peores condiciones.
El acceso a la educación también es deficiente, aunque existen diferencias notables entre los distintos países. En Kenya, la matriculación en la enseñanza primaria es del 85 %, tanto para chicos como para chicas, y la tasa de alfabetización de adultos es del 77 %. En cambio, en Somalia y Etiopía el nivel de matriculación es del 11 % y el 37 % para los chicos y las chicas, respectivamente, mientras que los índices de alfabetización ascienden tan sólo al 24 % y al 33 %. En ambos países, las chicas son las más desfavorecidas.
EL ENTORNO DE RESPALDO
Además de padecer las consecuencias de unos entornos frágiles y unas deficientes condiciones de salud y educación, las comunidades rurales del Cuerno de África se ven obligadas a trabajar en un entorno económico y político adverso.
Debilidad de las economías
Los países de la IGAD se encuentran entre los más pobres del mundo: el producto nacional bruto (PNB) asciende tan sólo a 190 USD en promedio. Excepto en los casos de Kenya y Uganda, el crecimiento económico durante el período comprendido entre 1965 y 1998 a duras penas siguió el ritmo de la tasa de crecimiento de la población, e incluso se situó por debajo de ella. Las economías de la región dependen fundamentalmente de la agricultura: una buena estación de lluvias acelera el crecimiento, pero cuando la pluviosidad cae, también lo hace el crecimiento. Además, algunas economías son muy sensibles a los precios internacionales de los productos básicos, especialmente del café y el té. Existen pocas fuentes adicionales de ingresos. Eritrea y Djibouti pueden obtener ingresos de sus puertos pero, con la excepción del Sudán, ninguno de los países de la región es rico en recursos minerales.
El total de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) destinada a los países de la IGAD ha caído un 40 % desde 1990, con un descenso todavía mayor de los flujos de AOD a la agricultura; actualmente, la ayuda por término medio asciende únicamente a 15 USD per cápita al año. Además, la asistencia suministrada, especialmente la ayuda alimentaria, ha tendido a fomentar una cultura de dependencia. Los organismos de las Naciones Unidas han tenido dificultades para prestar asistencia coherente, ya que su capacidad se ha visto debilitada por los cambios en los objetivos y la disminución de los recursos.
Ausencia de políticas en favor de los pobres
Con pocas excepciones, los gobiernos de la región no han preparado aún estrategias explícitamente favorables a los pobres que comprendan medidas para garantizar la seguridad alimentaria. La mayoría de países han liberalizado sus economías, aunque gran parte de la población pobre apenas tiene contacto con los mercados y no se beneficia de las oportunidades que ofrece la liberalización. Tampoco se han beneficiado de los servicios bancarios comerciales y las iniciativas de financiación rural de reciente creación.
Excesiva centralización del gobierno
Varios países han adoptado medidas audaces para democratizar y descentralizar sus sistemas de gobierno. No obstante, el proceso ha sido lento y se ha visto dificultado por la escasez de personal cualificado disponible a nivel local y la precariedad de los flujos de recursos.
Respuestas en el ámbito de la ayuda
La mayoría de las iniciativas en los últimos años han consistido en intervenciones de socorro de emergencia más que en planes de desarrollo a largo plazo. Ha habido intentos para cambiar este modelo mediante la vinculación de las operaciones de socorro a programas de desarrollo. Sin embargo, dada la escasez de fondos públicos, ha sido difícil mantener estos programas. Aunque se ha intentado mejorar la coordinación de la asistencia de las Naciones Unidas, por ejemplo mediante la adopción del Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(MANUD), los organismos, en general, no han podido responder al reto de prestar a los gobiernos una ayuda coherente y duradera.
Aunque los países del Cuerno de África pueden beneficiarse de la globalización, esta entraña algunos riesgos, especialmente para los agricultores más pobres que tienen un acceso limitado a las nuevas tecnologías y actualmente se enfrentan a una mayor competencia si cabe de productores extranjeros con un uso intensivo de capital.
Una estrategia a largo plazo para la seguridad alimentaria
Para que los países del Cuerno de África puedan eliminar la inseguridad alimentaria, no sólo deben incrementar su producción agrícola sino también mejorar las condiciones de salud y educación además de reforzar sus infraestructuras para aumentar las oportunidades económicas.
La eliminación de la inseguridad alimentaria en el Cuerno de África debe considerarse un objetivo de desarrollo a largo plazo, cuya consecución puede verse facilitada mediante el avance a través de una secuencia de objetivos difíciles, aunque no imposibles, de alcanzar. Varios objetivos pertinentes se establecieron durante la serie de conferencias y cumbres internacionales celebradas en la década de 1990; la más importante para la seguridad alimentaria fue la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, en la que se resolvió reducir a la mitad el número de personas subnutridas para el año 2015. Este compromiso, adoptado por los jefes de Estado y gobierno que asistieron a la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, fue reafirmado en la Declaración de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas de septiembre de 2000.
Para los países del Cuerno de África, alcanzar este objetivo comportará una reducción del número total de personas crónicamente subnutridas de 70 a 35 millones. No obstante, el problema de la inseguridad alimentaria no puede abordarse de forma aislada. Deben realizarse avances paralelos en relación con objetivos internacionales establecidos en otros ámbitos importantes, como por ejemplo la mitigación de la pobreza; la educación y alfabetización; la reducción de la mortalidad infantil, en la niñez y materna; la mejora de la salud reproductiva; y la protección del medio ambiente. En la actualidad, los países de la región pueden establecer sus propias metas regionales y nacionales y los indicadores conexos, a partir de estos objetivos mundiales.
Además de establecer metas, las conferencias internacionales afirmaron que sus objetivos de desarrollo debían lograrse dentro del marco de los derechos humanos. Este enfoque basado en los derechos reconoce la responsabilidad de los gobiernos nacionales y sus asociados internacionales en el desarrollo para garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales de las personas, incluido el derecho de todos a no padecer hambre. Además, determina que los beneficiarios del desarrollo tienen derecho a participar en todas las decisiones que afectan a sus vidas.
Las medidas adoptadas para alcanzar los objetivos de desarrollo establecidos en la pasada década deben ejecutarse simultáneamente en diferentes niveles. Siempre habrá lugar para inversiones a gran escala ?para mejorar puertos y carreteras, por ejemplo? pero es probable que en el futuro el grueso de las inversiones sea en pequeña escala, en respuesta a preferencias y necesidades locales. Este hecho implica la importante función de las organizaciones locales de la sociedad civil, como por ejemplo las ONG, asociaciones de agricultores y otras organizaciones comunitarias. Al mismo tiempo, los gobiernos deberán delegar competencias oficiales en el ámbito local en la mayor medida posible.
La estrategia que debe adoptarse debería ofrecer oportunidades para las personas que viven en las áreas más remotas, incluidas las áreas de las tierras altas, caracterizadas por la fragilidad y la elevada exposición a las hambrunas, y las zonas áridas y semiáridas de las tierras bajas. Asimismo, se debería permitir a las mujeres participar en condiciones de igualdad en la adopción de decisiones. Los programas deberán responder de forma más eficaz a los derechos de las comunidades pastorales y agropastorales y, aunque no se centren de forma específica en la pobreza, deberían ser evaluados por sus posibles repercusiones en la distribución de la renta y los recursos en la región.
Un aspecto fundamental para el éxito de cualquier intervención es la aceptación por parte de todos los asociados -locales y externos - y beneficiarios de que están contrayendo un compromiso a largo plazo, un compromiso que durará más años que un proyecto de desarrollo normal.
La estrategia comprende tres elementos fundamentales: el aumento de oportunidades para lograr medios de vida sostenibles; la protección de los más necesitados; la creación de un entorno favorable para reducir la inseguridad alimentaria y la pobreza.
La seguridad alimentaria a largo plazo se consigue principalmente a través de un desarrollo agrícola de base amplia. Las condiciones varían considerablemente en toda la región, de modo que es imposible ofrecer recetas universalmente válidas. Cada comunidad debe determinar cómo lograr un uso óptimo de los recursos disponibles y ajustar adecuadamente su utilización de la tierra, el agua y el trabajo.
Para las zonas de precipitaciones abundantes, existen técnicas de probada fiabilidad para incrementar la producción agrícola. Los agricultores de estas áreas también pueden optar por la producción de cultivos comerciales de valor más elevado o diversificar sus actividades en la ganadería.
Los agricultores de las zonas con baja pluviosidad tienen menos alternativas. Algunos pueden usar técnicas de riego o captación de aguas en pequeña escala, aunque los agricultores que no tienen otra opción que la agricultura de secano deberán realizar un uso más eficiente de la escasa humedad disponible y adoptar variedades de cultivos resistentes a la sequía.
En el caso de los pastores, la situación es un tanto diferente, puesto que ya en la actualidad son los usuarios más eficientes y los más respetuosos con el medio ambiente en las áreas marginales con escasas precipitaciones en la región. Por consiguiente, todas las iniciativas para mejorar su productividad deberán tomar en consideración el delicado equilibrio entre el número de cabezas de ganado y la ecología de los pastizales.
La mayoría de estas decisiones relativas a la gestión de los recursos deben ser adoptadas por las propias comunidades. No obstante, tanto gobiernos como organizaciones internacionales pueden fortalecer la capacidad de las personas para evaluar sus recursos y oportunidades, facilitar su acceso a conocimientos y competencias técnicas y ayudarlas a probar soluciones alternativas.
Expansión de los mercados y el comercio
Para que la población de la región pueda diversificar sus actividades y aumentar su productividad, necesitará más oportunidades para comercializar sus productos y una mejora de los flujos de información del mercado. En la actualidad, el comercio en la región de la IGAD está limitado por unas estructuras arancelarias complejas, unos aranceles altos y unos procedimientos ineficientes para la concesión de licencias. Por consiguiente, los distintos países de la región deberán armonizar sus políticas para facilitar el comercio.
Diversificación del empleo y los ingresos
Los agricultores deben diversificar sus fuentes de ingresos mediante la práctica de una ganadería de ciclo más corto. En zonas de pastoreo, la elaboración de productos lácteos y cárnicos y la producción de cueros y pieles podrían ofrecer oportunidades para obtener ingresos adicionales. No obstante, a largo plazo aumentará el número de personas obligadas a trabajar fuera de la agricultura. En consecuencia, se necesitarán unos niveles de educación más elevados y más formación profesional así como una mejora del transporte y las comunicaciones, juntamente con un acceso más fácil a los mercados y los servicios financieros. Los gobiernos también pueden ayudar mediante la eliminación de barreras legales o burocráticas a la creación de nuevos negocios.
La mejor manera para aliviar la presión sobre los recursos naturales de la región es ralentizar la tasa de crecimiento de la población. Al mismo tiempo, resulta fundamental conservar los recursos naturales. En lugar de intentar simplemente establecer regulaciones contra el uso abusivo, sería mejor alentar a las comunidades a salvaguardar sus propios recursos y permitirles al mismo tiempo participar en los beneficios de una gestión sostenible de los recursos y el medio ambiente.
Las personas sólo pueden aprovechar plenamente nuevas oportunidades si están sanas y bien alimentadas. Disponer de alimentos suficientes es sólo una parte de la solución; un suministro adecuado de alimentos debe ir acompañado de la mejora de la asistencia sanitaria, la educación nutricional y el suministro de agua potable.
Los habitantes del Cuerno de África también necesitan niveles más elevados de educación, con mejores escuelas y maestros. Asimismo es esencial disponer de sistemas avanzados de información, comunicación y conocimientos, aunque estos deberán dirigirse específicamente a zonas remotas y marginales y diseñarse en estrecha consulta con las personas que los usarán, a fin de que puedan satisfacer las necesidades de las personas pobres.
Además de incrementar las oportunidades de desarrollo, los gobiernos todavía deben organizar sistemas de protección para las personas que necesitan ayuda inmediata. La región seguirá siendo muy vulnerable a las catástrofes de origen natural o provocadas por el hombre, y por lo tanto es importante mejorar los sistemas para afrontar estas situaciones de emergencia.
Las previsiones meteorológicas pueden avisar de sequías e inundaciones con varios meses de antelación, aunque esta información rara vez llega a agricultores y pastores. Además, tanto gobiernos como donantes, que sí tienen acceso a esta información, no responden todavía con la suficiente rapidez o de forma adecuada. Para mejorar su rendimiento, los organismos necesitan disponer de mejor información sobre la vulnerabilidad de grupos determinados. Es importante establecer asociaciones con ONG, ya que a menudo son las que disponen de la información más útil.
Hoy en día, resulta cada vez más frecuente que los programas de socorro se planifiquen de modo que integren elementos de recuperación, mediante el uso de programas de alimentos o dinero a cambio de trabajo así como sistemas de créditos en pequeña escala. No obstante, ha sido difícil introducir estos elementos, dado que muchos miembros del personal carecen de la experiencia necesaria y los fondos disponibles son generalmente insuficientes para la reconstrucción a largo plazo de infraestructuras y servicios.
Las redes de seguridad social pueden prevenir la malnutrición infantil, mientras que los programas de alimentación, aunque caros, pueden resultar más eficaces desde el punto de vista de los costos si se centran de forma más directa en las escuelas y las clínicas de las zonas más pobres y delegan la responsabilidad a grupos de padres y comunidades locales. Las personas más vulnerables ?huérfanos, ancianos, discapacitados o personas incapacitadas por otros motivos? necesitarán ayuda más permanente. No obstante, estos programas deberán ser sostenibles desde un punto de vista fiscal.
Muchos gobiernos de la región se han embarcado en reformas institucionales de gran alcance. Por un lado, han cedido más espacio para el sector privado y la sociedad civil. Por otro, han intentado mejorar la calidad de actividades gubernamentales residuales; por ejemplo, mediante el incremento de la eficiencia de los servicios públicos, la lucha contra la corrupción y la descentralización de muchas actividades. Estos cambios pueden ayudar a mitigar la pobreza e incrementar la seguridad alimentaria, pero los gobiernos también deben asegurarse de que las reformas satisfagan las necesidades de los miembros más pobres y marginados de la sociedad.
En teoría, la reducción del tamaño del gobierno debería ofrecer más oportunidades para proveedores alternativos. Sin embargo, no existe la garantía de que un sector privado sólido o una sociedad civil activa logren llenar automáticamente los huecos dejados por el sector público. Para incentivar a las partes activas en estos sectores, los gobiernos deberán racionalizar los reglamentos y procedimientos así como simplificar las regulaciones comerciales, invirtiendo al mismo tiempo en infraestructuras materiales y sistemas de comunicación. De forma simultánea, los gobiernos deberían establecer un entorno normativo adecuado para las ONG.
Una parte necesaria de este proceso será la descentralización. Las comunidades locales deberían tener una mayor participación en los procesos políticos y poder modelar los servicios conforme a sus propias necesidades. Esto no ocurrirá de forma automática. Los administradores locales necesitarán ayuda y capacitación para poder desarrollar conocimientos y capacidades acordes a sus nuevas responsabilidades. Para respaldar todas estas actividades, será necesario disponer de unos sistemas legales sólidos con mecanismos de ejecución justos y eficaces, para que las personas aprendan a confiar en el Estado de derecho.
Muchas de las actividades más importantes en apoyo de la seguridad alimentaria tendrán lugar en el ámbito local, en forma de intervenciones comunitarias determinadas por la demanda y la participación local. No obstante, se necesitarán otras actividades a nivel nacional o internacional. En el ámbito nacional, los gobiernos deberán reforzar algunas instituciones y órganos reguladores, como por ejemplo los dedicados a la investigación agrícola y las encuestas. Otras actividades deberán basarse en la cooperación transfronteriza, como es el caso de la lucha contra la langosta y del control y erradicación de enfermedades del ganado como la peste bovina.
Las estrategias para reducir la inseguridad alimentaria también deberían incluir medidas para intermediar en los conflictos actuales y prevenir otros en el futuro. Los gobiernos deberán fomentar la colaboración con ONG que hayan demostrado su competencia en esta tarea y reducir el tráfico de armas, tanto local como transfronterizo.
Muchos de los problemas relacionados con la seguridad alimentaria deben abordarse a nivel regional. Una cooperación regional más sólida puede suponer una importante contribución a la seguridad alimentaria, mediante la creación de un entorno más favorable a la resolución de conflictos, el fortalecimiento de la integración económica y el fomento de la cooperación técnica.
Las ideas y principios definidos en el informe surgieron de estrechas consultas mantenidas en toda la región con funcionarios superiores gubernamentales, todos los cuales expresaron su apoyo firme a la labor del Grupo de tareas. Los equipos de las Naciones Unidas de apoyo a los países y los Coordinadores Residentes también se expresaron de manera muy positiva, observando que la iniciativa representaba para los organismos de las Naciones Unidas una oportunidad única de colaboración para abordar el problema de la inseguridad alimentaria.
Del marco a la acción
Los gobiernos nacionales y sus asociados internacionales en el desarrollo deberán comprometerse a establecer objetivos, políticas y programas comunes para acabar con la escasez de alimentos y la inseguridad alimentaria en el Cuerno de África.
EN BUSCA DE UN COMPROMISO CON LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
El principal mensaje de este informe del Grupo de tareas es que los países afectados y la comunidad internacional tienen a su alcance eliminar la hambruna y combatir la inseguridad alimentaria en el Cuerno de África. Tras haber establecido la estrategia y el marco necesarios, ahora es fundamental asegurar el compromiso de gobiernos, organizaciones regionales, organismos de las Naciones Unidas, donantes y sociedad civil; todos ellos desempeñan importantes funciones para transformar las políticas comunes en medidas concretas y coordinadas.
Compromiso por parte de todos los asociados
Gobiernos. A nivel nacional, los gobiernos deben asumir su plena responsabilidad para eliminar la inseguridad alimentaria mediante la garantía de condiciones como una buena gobernanza, unos servicios de salud y educación de calidad y el empoderamiento de sus ciudadanos. La asignación de recursos, sobre todo para apoyar actividades básicas de producción agrícola llevadas a cabo por pequeños agricultores, representaría una prueba tangible del compromiso para reducir su dependencia de la ayuda externa. Debe procurarse igualmente garantizar la paz y la estabilidad nacional y regional. Una parte fundamental del compromiso de los gobiernos nacionales debe ser la organización de exhaustivos programas nacionales de seguridad alimentaria (PNSA).
Organizaciones regionales. Las principales organizaciones intergubernamentales de la región incluyen la IGAD, la Organización de la Unidad Africana (OUA), el Mercado Común para África Oriental y Meridional (COMESA) y la Comunidad del África Oriental (CAO). Juntamente con los gobiernos afectados, la IGAD debería formular y ejecutar un programa regional de seguridad alimentaria (PRSA), que comprenda la resolución de conflictos; la cooperación técnica; la promoción del desarrollo de infraestructuras interregionales; el fomento del comercio y la liberalización y armonización de políticas comerciales; la integración económica; y un sistema integrado de alerta temprana para la región.
Organismos de las Naciones Unidas. Mediante una estrecha colaboración dentro del MANUD, los organismos de las Naciones Unidas pueden suministrar ayuda a los gobiernos de diversas formas, como por ejemplo el diálogo sobre políticas, la creación de capacidad y el apoyo para la prestación de servicios económicos y sociales básicos. Una función importante de los organismos de las Naciones Unidas es ayudar a los gobiernos a establecer prioridades para los programas de desarrollo y formular inversiones destinadas a lograr la seguridad alimentaria y la preparación para catástrofes y la mitigación de sus efectos.
Donantes. Tanto los donantes multilaterales como los bilaterales deben comprometerse a una financiación a largo plazo en apoyo de iniciativas nacionales para acabar con la escasez de alimentos y la inseguridad alimentaria de un nivel acorde con la magnitud del problema. Además de los mecanismos tradicionales, como por ejemplo los préstamos en condiciones favorables o proyectos y programas sectoriales financiados mediante donaciones, esta ayuda económica exigirá un compromiso a largo plazo por parte de los donantes, así como mecanismos de financiación innovadores que permitan una mayor capacidad de respuesta a las iniciativas de ámbito local. También se necesitarán mecanismos comunes para facilitar la ejecución de los PNSA.
Sociedad civil. Todos los representantes de la sociedad civil, incluyendo ONG, organizaciones de agricultores y comunitarias y el sector privado, deben comprometerse a colaborar con los gobiernos y los asociados y donantes internacionales para abordar la inseguridad alimentaria. Asimismo, deberían desempeñar un papel activo en el diálogo sobre las políticas y la resolución de conflictos, el intercambio de conocimientos e información ?especialmente en apoyo de la planificación participativa? y la prestación de servicios que generalmente no están disponibles en economías sometidas a recientes procesos de privatización.
Para obtener un compromiso formal por parte de los diferentes asociados implicados, el Grupo de tareas propuso que se celebrara una reunión de alto nivel en 2001, en la cual jefes de Estado, representantes superiores de organizaciones regionales, organismos de las Naciones Unidas, donantes y la sociedad civil podrían comprometer su ayuda, posiblemente en forma de un “pacto”.
PROGRAMAS NACIONALES DE SEGURIDAD ALIMENTARIA
Cada gobierno deberá formular un programa nacional de seguridad alimentaria (PNSA), basado en las recomendaciones de las estrategias de seguimiento de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, así como en las iniciativas relativas a la seguridad alimentaria y las estrategias de reducción de la pobreza ya existentes en cada país. Los PNSA tendrán dos ejes principales: uno, eliminar la escasez de alimentos; el otro, afrontar la inseguridad alimentaria crónica.
Eliminación de la escasez de alimentos
Uno de los principales elementos de los PNSA debería ser la preparación para situaciones de emergencia y la eliminación de las hambrunas. Los sistemas de alerta temprana deberán reestructurarse para ofrecer una mejor cobertura de las zonas pastorales y agropastorales, y estar vinculadas también a sistemas regionales. Además, deberían basarse en una comunicación activa en ambos sentidos entre comunidades locales y los responsables nacionales e internacionales de la adopción de decisiones. Tanto agricultores como pastores deberían poder indicar a los órganos de decisión dónde y cuándo se están agotando sus existencias alimentarias y se está muriendo su ganado, mientras que los organismos internacionales, que tienen acceso a predicciones meteorológicas, deberían garantizar que esta información se facilite rápidamente a las comunidades locales.
Algunas de las decisiones más importantes afectarán a las reservas estratégicas de cereales, una cuestión compleja que requiere los conocimientos de especialistas. Se deben suministrar
alimentos suficientes para garantizar que nadie muera de hambre, pero es preciso tener especial cuidado en no perturbar los mercados locales de productos alimentarios.
Asimismo, es importante pasar rápidamente de las operaciones de socorro en emergencias a las actividades de rehabilitación y desarrollo. El suministro de créditos e insumos agrícolas baratos o gratuitos durante situaciones de emergencia también puede ayudar a impulsar la recuperación, siempre y cuando se complemente con una inversión selectiva en infraestructuras y servicios.
Una de las consecuencias de adoptar una estrategia a más largo plazo es que los donantes pueden optar por cortar la ayuda alimentaria, lo que podría provocar una reducción neta de la AOD. Para evitar esta situación, los donantes podrían comprometerse a suministrar un nivel básico de ayuda alimentaria durante los próximos cinco años, por ejemplo.
Programas para abordar la inseguridad alimentaria crónica
Además de afrontar las emergencias, los gobiernos también deberán abordar situaciones de inseguridad alimentaria crónica a largo plazo mediante programas coordinados, dirigidos a las poblaciones más vulnerables en determinadas áreas del país. El uso de PNSA evitaría la aplicación de enfoques nacionales poco específicos y mal dirigidos.
Aumento de las oportunidades para lograr medios de vida sostenibles. El objetivo más inmediato sería la mejora de los medios de vida de los pequeños agricultores con escasos recursos, mediante una combinación de técnicas agrícolas y servicios auxiliares, el acceso a los mercados y el crédito, juntamente con empresas rurales y agroindustrias. Para los agricultores de las zonas altas, por ejemplo, esto supondría mejorar la utilización del agua mediante la adopción de técnicas de riego en pequeña escala, a partir de la experiencia del Programa especial para la seguridad alimentaria (PESA) de la FAO.En cambio, en las zonas más secas, el objetivo consistirá con mayor probabilidad en el fomento de cultivos resistentes a la sequía y la conservación tanto del suelo como del agua. Al mismo tiempo, los agricultores deberían intentar diversificar sus fuentes de ingresos, mediante la cría de ganado de ciclo más corto, el aprovechamiento de productos forestales no madereros y, en algunos lugares, el desarrollo del turismo ecológico.
El pastoreo constituye una respuesta sostenible y ecológicamente adecuada en entornos adversos. No obstante, los pastores podrían lograr una mayor seguridad si dispusieran de mejores sistemas de comercialización e información para su ganado y mayores oportunidades de inversión, en lugar de simplemente comprar más ganado. El procesamiento de la leche, la carne y otros productos animales también constituiría un medio para incrementar sus ingresos. Sin embargo, todas estas medidas deberían orientarse por la necesidad de conservar la base de recursos naturales, aprovechando al máximo las sinergias entre los programas agrícolas y ambientales.
Protección de los más necesitados. Incluso en tiempos normales, siempre existirán grupos que necesiten un apoyo especial, como por ejemplo los ancianos, los minusválidos y los huérfanos. Parte de sus necesidades puede satisfacerse mediante programas de alimentación en hospitales y escuelas, aunque a causa de los elevados costos que supone proporcionar de forma permanente redes de seguridad social, la mejor opción será normalmente fortalecer las iniciativas comunitarias existentes, con acuerdos de participación en los gastos entre comunidades, gobiernos y donantes.
La mejor manera de ayudar a personas muy pobres o indigentes con capacidad para trabajar es a través de programas de dinero o alimentos a cambio de trabajo, que proporcionan un ingreso básico mínimo y permiten a las familias avanzar hacia la autosuficiencia.
En las zonas urbanas, generalmente en los asentamientos ilegales en el extrarradio de las grandes ciudades, se está registrando un crecimiento del número de personas expuestas a la inseguridad alimentaria. Algunas de ellas, especialmente las que viven en las áreas periurbanas, pueden aprovecharse de la ayuda para iniciar actividades agrícolas que les permitan producir sus propios alimentos o incluso suministrar productos a mercados locales. Otras pueden recibir ayuda mediante programas de dinero o alimentos a cambio de trabajo para mantener las infraestructuras y el entorno urbano.
Creación de un entorno favorable. Los gobiernos de la región pueden adoptar muchas otras medidas para incrementar la seguridad alimentaria y crear las condiciones para un desarrollo sostenible.
Mejora de la gobernanza. Los gobiernos deben reforzar sus “funciones centrales”, especialmente la ayuda a la agricultura, y descentralizar simultáneamente muchas de sus actividades. Al mismo tiempo, deben dar más espacio a la sociedad civil y el sector privado; en particular, es necesario que los gobiernos establezcan un marco legal sólido para facilitar la intervención por parte de estos asociados.
Resolución de conflictos. Los PNSA deberían incluir propuestas para la prevención y resolución de conflictos tanto locales como internacionales, a través de la IGAD y la OUA, y tal vez con el objetivo de establecer un marco de seguridad común en la región.
Infraestructuras. Las propuestas para el fomento de infraestructuras a gran escala deberían ser examinadas para cerciorarse de que aborden las necesidades de áreas remotas y grupos vulnerables. Al mismo tiempo, los gobiernos deberán prestar especial atención a las infraestructuras en pequeña escala, especialmente carreteras rurales, mercados de ganado y servicios básicos, garantizando que estos avances cuenten con el impulso de la comunidad.
Sociedad civil. Los gobiernos deberían permitir que las organizaciones de la sociedad civil contribuyan a la seguridad alimentaria; para ello deberían establecer un marco legislativo adecuado e incentivar la repetición de experiencias que han tenido éxito. Se debería permitir a las organizaciones de productores rurales y las ONG no solamente ofrecer servicios sino también participar en la planificación, la adopción de decisiones y la gestión de recursos. Estas organizaciones también podrán trabajar de forma más eficaz mediante la creación de redes por toda la región.
FORMULACIÓN Y EJECUCIÓN DE LOS PROGRAMAS NACIONALES DE SEGURIDAD ALIMENTARIA
Los PNSA consistirán en una combinación de proyectos de inversión, políticas y reformas institucionales, ejecutados principalmente por organismos gubernamentales, aunque con una intervención importante del sector privado y las ONG. Los proyectos contarán con el respaldo económico de instituciones financieras internacionales y donantes bilaterales. El sistema de las Naciones Unidas también ofrecerá ayuda, con el objetivo de fortalecer las capacidades de los gobiernos en materia de recursos técnicos, planificación y ejecución.
Los PNSA se basarán en iniciativas nacionales ya existentes relativas a la seguridad alimentaria, como por ejemplo el Programa de seguridad alimentaria de Etiopía y el Plan de acción para la erradicación de la pobreza de Uganda, así como las estrategias de seguimiento de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación para el desarrollo agrícola nacional. Además, los programas deberían considerarse como partes integrantes de las estrategias de lucha contra la pobreza que están siendo elaboradas en el contexto de la Iniciativa en favor de los países pobres muy endeudados.
Gran parte de la actividad tendrá lugar en el ámbito del distrito o la comunidad. Las autoridades locales, líderes comunitarios, ONG y otros representantes de la sociedad civil deberían formar equipos - con ayuda externa cuando sea necesario - para formular propuestas e iniciativas de inversión. Estos equipos deberían garantizar la plena participación de las mujeres y otros grupos marginados. Asimismo, deberán adoptar un “enfoque basado en medios de vida sostenibles”, orientado por perfiles de vulnerabilidad y evaluaciones de la seguridad alimentaria.
En todas las etapas, los organismos gubernamentales colaborarán estrechamente con la sociedad civil y los organismos donantes, que examinarán los planes y seleccionarán provisionalmente elementos específicos que podrían financiar los diversos organismos.
Los PNSA necesitarán una financiación considerable, que en gran parte puede obtenerse a través de canales convencionales de donaciones bilaterales y préstamos en condiciones favorables, aunque también será necesario crear nuevos mecanismos descentralizados, para ofrecer a las iniciativas comunitarias un acceso más directo y flexible a la financiación.
Parte de la financiación de donantes puede proceder de la reasignación de compromisos existentes así como de recursos obtenidos mediante la condonación de deuda, aunque se necesitarán considerables asignaciones adicionales.
La responsabilidad general para la ejecución de los PNSA recaería en los gobiernos de la región. El marco institucional debería adaptarse a las estructuras y capacidades de cada país. No obstante, se necesitará una estructura básica que respalde la función central del gobierno y la participación eficaz de todos los demás asociados.
En cada país, estas actividades deberán ser coordinadas por un órgano que represente a todos los ministerios pertinentes; por tanto, será importante designar un único organismo nacional que pueda servir como centro coordinador e intervenir en todos los niveles, incluido el enlace con asociados internacionales, para garantizar la coherencia.
Todas estas actividades relativas a los PNSA pueden beneficiarse del apoyo de los organismos de las Naciones Unidas, de acuerdo con las necesidades expresadas por los gobiernos. Esta ayuda podría extenderse, por ejemplo, al establecimiento de perfiles de vulnerabilidad y la recopilación y análisis de información o al intercambio de información e ideas entre países.
En cada país, el Coordinador Residente de las Naciones Unidas se encargaría de la puesta en marcha, mediante la utilización de los recursos del equipo de apoyo al país y, especialmente, del Grupo temático sobre la agricultura y la seguridad alimentaria del MANUD, presidido por la FAO. Una vez los PNSA se pongan en marcha, la responsabilidad por la supervisión y evaluación recaería en los gobiernos, que podrían subcontratar estas tareas a instituciones o empresas locales. Tanto los informes sobre la marcha de los trabajos como las conclusiones podrían presentarse al Secretario General a través de la Red sobre desarrollo rural y seguridad alimentaria de la CAC.
En cada país habría que crear mecanismos para la prevención y resolución de conflictos, que incluyan sistemas de alerta temprana de conflictos.
Tendrían que establecerse fuertes vínculos con las ONG y organismos de las Naciones Unidas que trabajan en este ámbito, así como con el Centro de Gestión de Conflictos de la OUA, el cual recibiría información sobre alertas rápidas y a su vez podría prestar asesoramiento y asistencia técnica.
UN PROGRAMA REGIONAL DE SEGURIDAD ALIMENTARIA
La cooperación regional puede contribuir considerablemente a resolver el problema de la inseguridad alimentaria. Con este objetivo, debería formularse con la mayor urgencia un programa regional de seguridad alimentaria (PRSA) para afrontar aspectos como, por ejemplo, el comercio exterior, el control de enfermedades transfronterizas, los derechos sobre aguas internacionales y las infraestructuras de telecomunicaciones y carreteras regionales.
El organismo principal para formular y supervisar la ejecución del PRSA sería la IGAD, que podría ampliar su Programa de seguridad alimentaria y protección del medio ambiente para prestar estos servicios. Los países miembros de la IGAD deberán comprometerse a aportar el nivel adecuado de recursos financieros y humanos, mientras que los organismos de las Naciones Unidas, especialmente la Comisión Económica para África, proporcionarían a la IGAD el apoyo necesario de carácter técnico y para la creación de capacidad.
También se necesitaría financiación para las actividades de planificación y coordinación comunes del PRSA. No obstante, la ejecución de proyectos de inversión que tengan un alcance
regional correspondería a los gobiernos. En este caso, la IGAD desempeñaría una función de supervisión y coordinación.
El enfoque participativo para la formulación y ejecución de programas presentado en este informe requiere mucho tiempo, aunque es fundamental para que las políticas e inversiones sean coherentes y consigan un amplio respaldo político y financiero. El enfoque propugnado prevé tres fases principales:
i. la formulación de un programa nacional de seguridad alimentaria, que se completará a mediados de 2001;
ii. la movilización de recursos, que puede iniciarse durante la fase de formulación;
iii. la ejecución.
La eliminación de la inseguridad alimentaria constituye una tarea a largo plazo, con un plazo de al menos 10 años. La presentación del informe del Grupo de tareas marca el inicio del proceso. El informe será debatido en la reunión del CAC en octubre de 2000, en la que se establecerán las disposiciones necesarias para las medidas de seguimiento y se indicarán los pasos que deberán darse para movilizar los recursos. Posteriormente, los equipos de las Naciones Unidas de apoyo a los países celebrarán reuniones, después de las cuales se iniciará el proceso de formulación de los distintos PNSA y el PRSA. Debe otorgarse prioridad a la movilización de recursos para la elaboración de estos programas, que deberían completarse a mediados de 2001.
Conferencia regional de alto nivel
El CAC también puede decidir celebrar la conferencia regional de alto nivel propuesta por el Grupo de tareas, posiblemente en julio de 2001. Se prevé que para esta fecha se habrán formulado los PNSA y el PRSA; de esta forma, la conferencia representaría el inicio efectivo de la fase de ejecución. La conferencia permitiría a los gobiernos y los asociados internacionales en el desarrollo confirmar su compromiso y hacer promesas de contribución, así como adoptar un acuerdo sobre el calendario futuro y el sistema de presentación de informes sobre la marcha de los trabajos.
Noviembre Noviembre Diciembre Enero a junio de 2001 Julio de 2001 Reunión del CAC en Nueva York Movilización de recursos para la fase de formulación de los PNSA y el PRSA Reunión de los equipos de las Naciones Unidas de apoyo a los países del Cuerno de África Inicio de la formulación de los PNSA y el PRSA Formulación de los PNSA y el PRSA Conferencia regional de alto nivel
1. El Banco Mundial, la CEPA, la FAO, el FIDA, la OMM, la OMS, el PMA, el PNUD, el PNUMA y el UNICEF. [Volver]

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