Source: https://fr.scribd.com/document/235206913/Comunidades-y-Conflictos-Socioambientales-en-America-Latina
Timestamp: 2020-06-01 23:31:29+00:00

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Comunidades y Conflictos Socioambientales en America Latina | Conflicto (proceso) | Ecuador | Essai gratuit de 30 jours | Scribd
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INTRODUCCIÓN,clusion y otrosa familia
Programa de Relaciones y Cooperación Internacional
Plan de Gestion Convivencia Escolar 2015-1
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CCOOMMUUNNIIDDAADDEESS YY CCOONNFFLLIICCTTOOSS SSOOCCIIOOAAMMBBIIEENNTTAALLEESS::
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Iera Edición
Ediciones ABYA-YALA 12 de Octubre 14-30 y Wilson Casilla 17-12-719 Teléfono: 562-633 / 506-247 Fax: (593-2) 506-255 Quito-Ecuador Correo electrónico:
E-mail: abya-yala@abyayala.org.ec editorial@abyayala.org.ec
Programa Bosques, Arboles y Comunidades Rurales (FTPP) FAO Av. 12 de Octubre 1430 y Wilson Apartado 17-12-833 Telefax: (593-2) 506-267 Correo electrónico:
E-mail: ftpp@upsq.edu.ec
COMUNIDEC, Fundación de Desarrollo Eloy Alfaro 1824 y Bélgica (3er piso) Telefaxes: 546362 - 553643 Quito, Ecuador
Diseño y diagramación: Abya-Yala Editing
ISBN: - 9978-04-478-7
Impresión: Impresiones Digitales Docutech
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Apuntes teórico-conceptuales para el diseño de una propuesta metodológica de manejo de conflictos socioambientales a través de la forestería
Ortiz-T .
Aproximaciones conceptuales y metodológicas al conflicto social. Patricio Guerrero
Aproximaciones a un marco teórico para la comprensión y el manejo de conflictos socioambientales. René Orellana
Territorialidad de pueblos indígenas de las tierras bajas de Bolivia y el marco conceptual de la resolución de conflictos
según Peter Wallensteen. Roberto Balza A.
Villareal .
CCaappííttuulloo IIII:: EExxppeerriieenncciiaass yy ccaassooss
Comunidades rurales en conflicto: Una fotografía. Rolain
Casos Yuracarés e Izoceños: Derecho consuetudinario y recursos naturales. René Orellana
Iniciativas locales, voluntarios nacionales y manejo de conflictos
socioambientales en América Latina. Fernando Rosero
Conflicto y manejo sustentable de recursos naturales en la Amazonía
ecuatoriana. Iván Narvaez
Bolivia: la guerra de los pozos en Vinto y Sipe Sipe. Carlos Crespo
CCaappííttuulloo IIIIII:: BBaasseess mmeettooddoollóóggiiccaass ppaarraa eell ttrraattaammiieennttoo ddee CCoonnfflliiccttooss SSoocciiooaammbbiieennttaalleess
Conflictos…¿sociales, ambientales, socioambientales?…
Conflictos y controversias en la definición de conceptos
Mecanismos legales y alternativos para el manejo de conflictos ambientales. Liliana Díaz
Protegiendo los derechos de propiedad colectiva. La búsqueda de una solución provisional. Brendan
Medios alternativos de solución de conflictos en comunidades indígenas ecuatorianas. Elizabeth García y Jaime Veintimilla
Resolución de disputas públicas. Claudio Creamer
Introducción a las metodologías participativas. Galo Ramón
Naturaleza de los conflictos socioambientales, estrategias de apoyo utilizadas y condiciones necesarias para su manejo:
perspectiva desde la planificación. Antonio Bernales
Breve referencia de los
COMUNIDEC, Fundación de Desa- rrollo en nombre del Programa FTPP de la FAO y de la Editorial Abya Yala, pone en
consideración de los lectores del país y la región el libro Comunidades y Conflictos Socioambientales: Experiencias y Desafíos
en América Latina. Este libro representa un
esfuerzo de colaboración interinstitucio- nal, dirigido a llenar un vacio de informa- ción y reflexión sobre temas relacionados con el manejo ciudadano de conflictos. Los artículos que conforman el libro
y sus autores participaron en diferentes
eventos: cursos, encuentros, talleres, con- ferencias nacionales e internacionales y muestran la vocación por constituir una Plataforma Institucional en el Ecuador diri-
gida a facilitar y apoyar las iniciativas que en este campo vienen realizando organiza- ciones de base, entidades especializadas y personas involucradas en acciones colecti- vas.
Estamos seguros que este libro será
un referente clave para todas las personas
e instituciones que de una u otra manera
están involucradas en el campo del mane-
jo colaborativo de conflictos socioambien-
Carlos Moreno M. DIRECTOR EJECUTIVO COMUNIDEC
El propósito del presente libro con- siste en poner a consideración del público interesado, instituciones públicas y priva- das, universidades, organismos no guber- namentales, de cooperación para el desa- rrollo y organizaciones rurales en general, los temas y quizás los textos más relevan- tes discutidos a lo largo de un proceso de reflexión colectiva de cerca de dos años en torno a los denominados conflictos so- cioambientales que involucran a comuni- dades rurales, sean campesinas o indíge- nas de la región, especialmente Centroa- mérica y las áreas andino-amazónicas de Ecuador, Perú y Bolivia. Se trata de 26 autores de varios paí- ses que ponen a consideración de un pú- blico más amplio, aquellos avances, en unos casos, productos finales o experien- cias, en otros, que fueron discutidos en al- gunos de los eventos promovidos por el Programa FTPP en asocio con algunas ins- tituciones locales. Todos ellos, han tenido como denominador común, no solo el compromiso por desarrollar una lectura propia, desde la realidad latinoamericana sobre el tema de manejo o tratamiento de los conflictos socioambientales, sino la lu- cha por apoyar las reivindicaciones popu- lares por mayor participación y transparen- cia en los procesos que deciden la suerte
de los recursos de bosques, aguas y suelos de los cuales dependen no solo comunida- des rurales campesinas e indígenas para su sobrevivencia, sino también economías nacionales en su conjunto. Y es que a fines de siglo, existe un creciente interés por la relación estrecha entre recursos naturales, pobreza y conflic- tos. Según la FAO, no debemos perder de vista que muchas de las personas despro- vistas de los recursos esenciales para so- brevivir en la región, también viven en las áreas más vulnerables desde el punto de vista ambiental. El 80% de los pobres en América Latina están asentados en tierras marginales caracterizadas por su baja pro- ductividad y una alta susceptibilidad a la degradación ambiental, incluyendo tierras áridas, suelos de baja fertilidad y laderas pendientes. Sin duda, la degradación ambiental que resulta cuando las personas utilizan estas tierras marginales para procurarse madera combustible y para sembrar culti- vos de subsistencia y comerciales, empeo- ra su pobreza y abre la posibilidad a situa- ciones conflictivas. Las estadísticas de conflictos mues- tran que existe una correlación directa en- tre deterioro de los recursos naturales, po- breza y las probabilidades de surgimiento
de conflictos. Una variable adicional im- portante que debe ser tomada en cuenta en ese marco, es la capacidad de presión y movilización de esas poblaciones involu-
cradas. O en otros términos, su nivel de or- ganización y expresión públicas. Y a medida que los cultivos comer- ciales desplazan las actividades de subsis- tencia, las comunidades rurales se van marginando y excluyendo todavía más, viéndose forzadas a instalarse en tierras ambientalmente frágiles. Esas son las con- diciones que constituyen el telón de fondo de los conflictos socioambientales, y la FAO, a través de la Unidad de Forestería Comunitaria y las instituciones coasocia- das al Programa de Bosques, Arboles y Co- munidades Rurales (FTPP), ha buscado de- sarrollar propuestas que lleven a que los actores involucrados no solo desactiven conflictos y neutralicen su escalada, sino fundamentalmente a que reflexionen y de- finan sus responsabilidades o papel frente
a la economía, al medio ambiente y a la
cultura o los procesos de toma de decisio- nes, y adicionalmente, para que miren en
los conflictos la oportunidad para fortale- cerse y hacer efectiva su participación en
la definición del nuevo siglo.
En América Latina, este proceso se inició en septiembre de 1993 con el “Pri- mer Seminario sobre Resolución de Dispu- tas en Comunidades Forestales”, celebrado en San José, Costa Rica, con el co-auspicio de Resolve, la Universidad para la Paz y el FTPP. Dicho evento permitió intercambiar información sobre los conflictos existentes,
sus características y estrategias recurrentes en la región, así como constatar las poten- cialidades y limitaciones de las opciones alternativas para que las comunidades ru- rales involucradas puedan manejarlos ade- cuadamente. De hecho, la inquietud fun- damental se concentró en la falta de estra- tegias viables y adecuadas en un contexto político, cultural y social complejo como el latinoamericano. La inquietud en referencia fue asu- mida por el FTPP-Ecuador y, a finales de ese mismo año, en co-auspicio con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Instituto Lati- noamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS), se crearon, dos “Grupos de Traba- jo” en Ecuador y Perú, que en su primera fase se propusieron sistematizar y analizar los principales conflictos y sus impactos comunitarios y ambientales, derivados de problemas centrales como fueron: la ex- plotación petrolera en la Amazonía ecua- toriana; y la tenencia de la tierra en la Amazonía Peruana, Departamento de Lo- reto. Ambos grupos de trabajo tuvieron una actuación regular que se extendió por algo más de un año; y, en el caso del gru- po de trabajo ecuatoriano, los resultados se tradujeron en el libro publicado con el nombre de “Marea Negra en la Amazonía:
conflictos socioambientales derivados de la explotación petrolera” (1995). En Cen- troamérica al mismo tiempo, la Universi- dad de La Paz (UPAZ) con el apoyo del FTPP, promovió numerosos talleres con las organizaciones campesinas e indígenas,
llegando a desarrollar varios materiales de capacitación en el tema, especialmente a través de programas de radio. Dicha etapa dejó en claro dos ele- mentos importantes en torno al tema: la es- casa atención que las Ciencias Sociales de la Región habían dado al análisis de este ti- po de conflictividad, y como corolario ob- vio, la inexistencia de una propuesta viable que recoja opciones estratégicas, metodo- lógicas e instrumentales para que los acto- res más vulnerables en una relación de conflicto en torno a recursos naturales pue- dan recurrir con éxito a canales legítimos, pacíficos, alternativos y participativos. Para entonces, al interior del FTPP, componente latinoamericano, se había de- cidido desde 1995, coordinar un proceso que apunte a profundizar el conocimiento teórico y empírico sobre los conflictos so- cio-ambientales; y a partir de ello, la pre- paración de una “propuesta metodológi- ca”. Con ese antecedente, se desarrollaron dos eventos seguidos: el uno en San José, Costa Rica, con el curso denominado “Re- solución de Conflictos en el Manejo de Re- cursos Naturales, entre el 3 y el 20 de oc- tubre de 1995, coordinado por el Centro de Derecho Ambiental y de los Recursos Naturales (CEDARENA); y el otro en Quito, Ecuador del 13 al 16 de noviembre del mismo año, un Seminario Taller Internacio- nal sobre “Manejo Alternativo de Conflic- tos Socioambientales”, al cual asistieron especialistas de varios países de la región, de América y Europa, con el coauspicio de la Comisión Asesora Ambiental de la Presi-
dencia de la República del Ecuador (CAAM), la Unión Mundial para la Natura-
leza (UICN) y el Centro de Investigaciones Derecho y Sociedad (CIDES). Estos dos eventos tuvieron la finalidad de compartir
y analizar los avances teórico y metodoló-
gicos relativos al manejo alternativo de es- te tipo de conflictos. Se presentaron varias ponencias y se discutieron algunos aportes metodológico-instrumentales del trabajo que venia desarrollando FTPP América La- tina. Parte de esos documentos están com- pilados en el presente volumen. Entre enero y abril de 1996, se reali- zó la conferencia electrónica mundial “Tratamiento de conflictos en torno a los recursos naturales a través de la forestería
comunitaria” cuya coordinación latinoa- mericana fue encargada al FTPP-Ecuador, con el apoyo de la Facultad Latinoamerica- na de Ciencias Sociales (FLACSO). Este evento permitió acceder a importante in- formación sobre casos y avances teóricos
relativos a conflictos socioambientales en el resto del mundo, particularmente en Asia y Africa y, de hecho, enriquecer con estas experiencias la construcción de una propuesta metodológica regional. Paralelo
a este evento se constituyó la Segunda fase
del Grupo de Trabajo Ecuador, en el que participaron representantes de 15 organis- mos no gubernamentales (ONGs). Dicha Conferencia Electrónica Mundial, produjo en 1997, un documento titulado “Addres- sing Natural Resource Conflicts through Community Forestry”, que consta de cua- tro módulos.
Todo el proceso anotado permitió diseñar la primera versión borrador de la propuesta metodológica sobre “Gestión Participativa de Conflictos Socioambienta- les”, la cual fue sometida a discusión y análisis de 17 especialistas de 10 países, a través del “Taller electrónico internacional de discusión sobre el documento de pro- puesta para una guía metodológica para el manejo de conflictos en torno a recursos naturales” celebrado entre el 29 de abril y 19 de julio de 1996. Este análisis fue efec- tuado, paralelamente, por los Grupos de Trabajo nacionales de Ecuador y Perú. Igualmente una segunda etapa de validación se inició entre junio y agosto de ese año, en el que se implementaron nue- vos talleres en Centroamérica, Ecuador, Perú y Bolivia. En el caso peruano, en Li- ma, se desarrolló un Seminario Nacional con la participación de 20 delegados de ONGs y organizaciones de base de distin- tas regiones. También se implementó un Taller de validación y capacitación en me- todologías participativas en Manejo de Conflictos con la coordinación de FTPP Li- ma y el Centro EORI, en Puerto Maldona- do, en la región de Madre de Dios, al sur de la Amazonía Peruana, cerca de la fron- tera con Brasil y Bolivia. Igualmente en Cusco, organizado por el Centro Bartolo- mé de Las Casas y Casa Campesina, se rea- lizó un taller con líderes campesinos de la denominada Región Inka. En Bolivia, se ejecutaron en este tiempo tres eventos: el primero, la partici- pación del FTPP y WWF como auspician-
tes del II Curso Regional de “Manejo y Re- solución de Conflictos Ambientales”, que tuvo como sede la Universidad Gabriel Re- né Moreno, en Santa Cruz y anfitriones a la Red de Forestería Social, al CERES y al Grupo de Trabajo sobre Conflictos Am- bientales de Cochabamba. El segundo evento se desarrolló en coordinación con CERES-FTPP Cochabamba, y el Comité Coordinador de las Cinco Federaciones del Trópico de Cochabamba, que aglutina a los campesinos cocaleros de la Región del Chapare. Y finalmente, también se imple- mentó un curso de validación y capacita- ción en metodologías participativas para el análisis y planeación de estrategias frente a conflictos, con funcionarios y técnicos de varios municipios del distrito de Cocha- bamba, involucrados en conflictos por bosques, aguas y tierras en esa región. En Costa Rica, en el Centro de Capacitación “Montaña Clara María”, se desarrolló en el mes de agosto de 1996, el Taller de Acción en Manejo Adecuado de Conflictos. Ha sido fundamentalmente un pro- ceso colectivo de trabajo con comunida- des rurales (sean campesinas o indígenas) en varios países de América Latina, bajo la modalidad de talleres y encuentros de ba- se. Pero también alimentado por la refle- xión teórica y académica multidisciplina- ria. Las herramientas participativas de tra- bajo en estos talleres, cursos, seminarios, conferencias y encuentros, han permitido sobre todo que los miembros, hombres y mujeres por igual, de las comunidades ru- rales, excluídas generalmente de los proce-
sos de tomas de decisión, tomen la pala- bra, se reconozcan y visualicen sus propias capacidades. Una vez madurado el proceso, a mediados de 1997, el Programa FTPP, apo- yó la organización del III Curso Regional de “Gestión Ambiental y Tratamiento de Conflictos Socioambientales”, promovida por dos instituciones ecuatorianas, Comu- nidec y la Universidad Politécnica Salesia- na (UPS). Dicho evento contó con la parti- cipación activa de delegados de Bolivia, Colombia y Perú, entre profesionales, fun- cionarios de organismos estatales, no gu- bernamentales e incluso de empresas pri- vadas. También lo hicieron en forma desta- cada líderes indígenas y promotores loca- les de varias organizaciones campesinas. En este curso, intervinieron además varios especialistas en distintas áreas del tema de gestión ambiental y tratamiento de conflic- tos socioambientales. Sus ponencias o do- cumentos de apoyo, también se encuen- tran recopilados en el presente libro. A lo largo de 1997 y la primera mi- tad de 1998, las oficinas de FTPP Perú, Ecuador y Costa Rica continuaron apoyan- do el trabajo de facilitación capacitación y transferencia de metodologías a varias ins- tituciones ligadas a las comunidades rura- les de sus respectivos países. Varios orga- nismos ya han dado pasos en firme en la institucionalización de algunas de estas propuestas conceptuales o metodológicas de manejo o tratamiento de Conflictos. En Perú, la Casa Campesina de Cus- co y el Centro Bartolomé de Las Casas, se
encuentran empeñados en fortalecer un equipo técnico de apoyo al trabajo con las organizaciones campesinas de la región del sur andino. En Lima, el Grupo Peruano de Resolución Conflictos, ha organizado varios eventos y promovido diferentes acti- vidades de cara a plantear reformas lega- les.
En Ecuador, en noviembre de 1997 se constituyó la Red Alternativa de Conflic- tos (RAC) por iniciativa de la Corporación Latinoamericana para el Desarrollo (CLD) de la cual el Programa FTPP forma parte y apoyó, a otras instituciones contrapartes como Comunidec y el Programa Regional de Bosques Nativos Andinos (Probona) de UICN e Intercooperación, en el trabajo con algunas organizaciones indígenas amazónicas de las zonas de Pastaza y Na- po en Ecuador. En esa línea también dio asistencia técnica al proyecto de capacita- ción de líderes indígenas de los pueblos Shuar y Achuar, ejecutado por la Asocia- ción Latinoamericana de Derechos Huma- nos (Aldhu y la Unesco, y a la Universidad Politécnica Salesiana (UPS) en la imple- mentación de varios cursos académicos, y el diseño curricular. Es en ese marco de experiencias, re- flexiones preliminares y discusiones, que el presente texto debe ser abordado. Son los primeros pasos de una búsqueda de respuestas a múltiples preguntas, todas ellas complejas y difíciles de responder con fórmulas. Para facilidad de Ud. amigo/a lecto- r/a, el libro está dividido en tres partes fun-
damentales: Se inicia con un capítulo en
lladas por las comunidades locales y orga-
mas y roles del Estado, las empresas, las or-
torno a reflexiones y propuestas teórico- conceptuales. Allí, R. Orellana, L. Endara, P. Guerrero, P. Ortiz-T. y R. Balza, tratan de sintetizar y destacar los aspectos más rele- vantes del debate teórico conceptual exis- tente alrededor de los denominados con- flictos sociales y socioambientales. Otros textos como los de V .H. Torres, M. Brice- ño o S. Poats, abordan más específicamen- te la temática en el contexto del desarrollo local, el ordenamiento territorial y la cues- tión de género, respectivamente. En todos
nizaciones de la sociedad civil, para defen- der derechos y reinvindicar mayor partici- pación, sin que ello se reduzca a una sim- ple protesta o antagonismo con el orden establecido, sino más bien al diseño de propuestas alternativas de gestión, de go- bierno, de normatividad, de tomas de deci- sión, que anuncian, de alguna manera, los nuevos vientos y parámetros que servirán de base para la definición de políticas, nor-
ganizaciones sociales en torno a la gestión
los autores, incluído A. Angel, es recurren- te el énfasis en el problema de la participa- ción, la identidad, las capacidades locales
aprovechamiento sustentable de los re- cursos naturales en el nuevo siglo. Finalmente, en la tercera parte del
las nociones de desarrollo que atraviesan
libro, están recogidas algunas experiencias
definen las posiciones de los diferentes
reflexiones en torno a “Bases Metodoló-
actores presentes en la dinámica de los conflictos en torno a recursos naturales. La segunda parte del libro, a pesar de que se denomina “Experiencias y Ca- sos”, no está exento de algunas reflexiones
gicas para al Tratamiento de Conflictos So- cioambientales”. G. Ramón plantea una lectura panorámica, retrospectiva, crítica y provocadora en torno al tema de las meto- dologías participativas, destacando, al
teórico-conceptuales generadas a partir de procesos concretos y específicos, tal como lo plantean T. Bustamante, I. Narváez y R. Orellana. No se tratan de simples descrip- ciones o sistematizaciones de situaciones
igual que P. Ortiz-T., la importancia de las mismas en cuanto al objetivo de empode- rar a las organizaciones de base, promover cambios, enfrentar la pobreza y buscar una mayor equidad. D. Stewart, C. Creamer y
locales, o de estudios de caso, en estricto
Bernales ponen a consideración algunas
sentido, sino de un “pensar en voz alta” o compartir dudas y preguntas, surgidas al calor de la dinámica social y política de al- gunos de los conflictos a los cuales se re- fieren. En los casos que nos presentan E. Martínez, R. Borel, F. Rosero, M. Morales,
pautas en torno a los denominados proce- sos de consulta y diálogo respectivamente, destacando la importancia de tomar en cuenta las percepciones entre las partes, las estructuras comunicativas y los roles que los terceros pueden cumplir. L. Díaz,
M. Donayre y C. Crespo, queda en claro la
Tobin, E. García y J. Veintimilla, abordan
enorme riqueza de experiencias desarro-
sus experiencias jurídicas y de trabajo con
comunidades rurales, especialmente indí- genas, para plantear algunas ideas claves en torno a alternativas de manejo de con- flictos, tales como la que cualquier pro- puesta alternativa de manejo de conflictos, tiene que ser compatible con su propia cul- tura, así como con las normas legales del Estado. O aquella que “no se trata solo de reconocer y crear espacios de participa- ción para las comunidades rurales, sino de fortalecer su capacidad para que puedan ocupar adecuadamente esos espacios”. En suma, el texto que Ud. tiene en sus manos, marca el final de una etapa y el inicio de otra. Muchas instituciones y per- sonas que buscan y trabajan por días me- jores para que las comunidades locales eleven su calidad de vida y aprovechen ra- cionalmente los recursos naturales, han
dado, con el apoyo del Programa FTP estos primeros pasos. La continuidad de este proceso de acompañamiento a las comuni- dades y organizaciones rurales dependerá de todos. FTPP agradece al apoyo de cada una de las instituciones y personas que hi- cieron posible esta publicación, con men- ción especial a COMUNIDEC, Abya Yala y Ediciones UPS.
Programa FTPP Quito, enero de 1999
REFLEXIONES Y PROPUESTAS TEÓRICO-CONCEPTUALES
Apuntes teórico-conceptuales para el diseño de una propuesta metodológica de manejo de conflictos socioambientales a través de la forestería comunitaria
11 AAppuunnttee iinniicciiaall
El Programa de Bosques, Árboles y Comunidades Rurales (FTPP-FAO), dentro de su proyecto de Análisis, Sistematización y Manejo Alternativo de los Conflictos So- cioambientales en Comunidades Rurales, a través de la Forestería Comunitaria, ha im- pulsado una experiencia colectiva de tra- bajo, de diagnóstico participativo con las comunidades y organizaciones campesi- nas como base principal para el diseño de una propuesta metodológica aplicable a aquellos conflictos relacionados a los re- cursos del bosque. El diagnóstico partici- pativo como opción metodológica frente a los conflictos en torno a los recursos del bosque, posibilita una reflexión y aproxi- mación no solo al conocimiento y evalua- ción de los conflictos socioambientales, si- no que en tanto instrumento y herramienta transferida para uso de las comunidades, potencie sus propias capacidades de cono- cimiento de los conflictos, diseño de estra- tegias y propuestas de manejo alternativo
(Anderson, J.et.al. 1996, p.5 y ss; Orellana, 1996, p.2). Los objetivos propuestos durante esa fase fueron fundamentalmente, desa- rrollar un trabajo colectivo, desde una perspectiva popular, de evaluación y diag- nóstico de los conflictos socioambientales que atraviesan estas comunidades u orga- nizaciones rurales; poner al alcance de los participantes herramientas y métodos para el diagnóstico y evaluación de sus propios conflictos; potenciar el uso de sus propias experiencias y herramientas; conocer las experiencias y habilidades individuales de los participantes en el diseño de marcos conceptuales, uso de técnicas y estrategias de manejo de conflictos; sistematizar los resultados como fuente para la elaboración de una Propuesta Metodológica para el Manejo de Conflictos Socioambientales desde las Comunidades Rurales involucra- das (Ortiz-T., 1995, p.10; Varea, et.al., 1995, p.108 y ss). Para ello optamos metodológica- mente por el diagnóstico, seguimiento y
evaluación participativos (DSEP), que se centra en la relación y comunicación recí- proca entre el facilitador y las comunida- des. En el DSEP se combinan tanto elemen- tos conceptuales, metodológicos como instrumentales. Para ello se ha partido en general del intercambio de experiencias de las organizaciones y comunidades partici- pantes en los talleres tanto en la Amazonia ecuatoriana (comunidades de campesinos, colonos e indígenas de Sucumbíos, Napo, Pastaza) y en la región andina, con comu- nidades indígenas de la Sierra Central, en la provincia de Chimborazo. La idea ha si- do contrastar y aprender de aquellas lectu- ras planteadas desde una racionalidad po- pular, reafirmando todo el tiempo en la ne- cesidad que tienen, las comunidades debi- damente organizadas, de manejar adecua- damente sus conflictos socioambientales (Ortiz-T., 1995, p.23 y ss). Por ello cree- mos precisamente que deben potenciar y afinar sus capacidades, conocimientos, re- cursos y herramientas teórico-prácticas en procesos de manejo y negociación de con- flictos. No se trata de diseñar una propues- ta al margen de los procesos de conoci- miento y saber de las comunidades rurales. Sino tomarlo como un insumo central, que pueda ser reforzado/complementado o am- pliado con aquellos conceptos y herra- mientas metodológicas provenientes de un amplio espectro de disciplinas académi- cas. Creemos también que las disciplinas académicas, particularmente en las Cien- cias Sociales deben ser lo suficientemente flexibles como para acoger y recuperar
esos saberes, que pueden aportar mucho al ámbito conceptual y teórico del quehacer investigativo y académico (Orellana, 1996,
Sin duda, en todo lo que se refiere al saber en torno al fenómeno de los con- flictos socioambientales, que involucran a las comunidades rurales hay una visión muy clara de la importancia que tienen las organizaciones y sus dificultades. Las me- todologías participativas posibilitan que los actores campesinos, colonos o indíge- nas, manifiesten las posibilidades reales de definir demandas e intereses comunes. De la experiencia desarrollada podemos con- cluir que éstas están condicionadas a la sa- tisfacción de demandas diversas, que debi- damente se encuentren expresadas y aco- gidas en esa demanda común (Ortiz-T., 1995, p.31). La organización por los prin- cipios que la justifican, debe premiar en al- guna medida a los que creen en ella. Cuando las organizaciones de base se plantean la necesidad de comprender me- jor de qué tipo de conflicto se está hablan- do, es muy probable que se planteen tam- bién las salidas y las estrategias frente al mismo, así como las herramientas adecua- das, para su conocimiento y manejo. La comunidad hace o tiene en ese marco, la posibilidad de plantear una tipología de conflictos. Estos están asociados básica- mente a los problemas que los generan, a las causas y motivaciones: si son recursos económicos en disputa se trata de un con- flicto económico; si son espacios de parti- cipación en toma de decisiones se trata de
Capítulo I: Reflexiones y Propuestas teórico-conceptuales.
conflictos políticos; si se trata de deterioro de recursos naturales e impactos en las personas y familias se trata de conflictos socioambientales. Es decir, las comunida- des tienen la posibilidad concreta de dife- renciar los conflictos que la atraviesan y hacer una tipología propia, que contribuye a su vez a precisar las tipologías conven- cionales, como lo señalaremos más ade- lante (Ortiz-T., 1995, p.14; Orellana, 1996,
La legitimidad de la propuesta del conjunto de las organizaciones de base, parte del reconocimiento de una demanda sentida a niveles muy particulares. Esto no siempre se logra sin problemas previos que precisamente pasan por recoger demandas inmediatas -económicas, materiales- a las cuales muchas veces tienen que subordi- narse las demandas culturales, políticas y ambientales. O dicho en otras palabras: lo socioambiental y político-cultural será re- levante en la medida en que acoja lo eco- nómico e inmediato. Lo futuro tiene senti- do en la medida que exprese lo coyuntu- ral. Lo global-regional algún significado adquiere si va subordinado a lo local.
22 NNoocciioonneess bbáássiiccaass ddeell ccoonnfflliiccttoo ssoocciiooaamm-- bbiieennttaall yy ssuuss oorrííggeenneess
Con este breve apunte inicial, de- searíamos pasar a desarrollar el objeto cen- tral del presente texto. Una breve revisión de la literatura especializada y el diálogo con comunidades rurales (particularmente campesinas/colonas y ciertos segmentos
de comunidades indígenas), revelan una pobreza alarmante en la conceptualiza- ción de los conflictos, y más aún de aque- llos que se relacionan con el manejo de re- cursos de la naturaleza. Tomaremos en cuenta para la discusión, los elementos que en las Ciencias Sociales se han desa- rrollado al respecto. La definición del con- cepto “conflicto” sigue siendo evasiva a pesar de los esfuerzos de las investigacio- nes sociales por clarificarla. Si hacemos un poco de historia, no debemos olvidar que la tesis de resolución de conflictos fue una de las preocupaciones centrales de las teo- rías de relaciones internacionales en ese tránsito del paradigma idealista al realista en los años 50 y a principios de los 60. In- cluso a finales de esa década estuvo some- tida a cuestionamiento y oposición. El rea- lismo por ejemplo, criticó de estas teorías idealistas aquellos supuestos en torno a la existencia de una simetría entre las partes, pasando por alto las asimetrías básicas del sistema mundial al igual que al interior de las unidades nacionales y las entidades so- ciales. Los trabajos de Coser (1970) y Boul- ding (1973) en este sentido son ilustrativos. La influencia del marxismo y del estructu- ralismo durante los años 60 y 70 posibilitó poner en evidencia las estructuras asimétri- cas del orden internacional, a pesar de que los Estados seguían siendo considerados los actores centrales. La preocupación común por el fe- nómeno del conflicto necesita del trabajo teórico sobre conceptos básicos de análi- sis, de modo tal que diferentes perspectivas
y diferentes observaciones puedan ser
puestas en forma conjunta. Hay mucho tra- bajo por hacer, pero numerosos avances se han elaborado en lo concerniente a la rela- ción entre la escasez de recursos, su dete-
rioro y el desarrollo de los conflictos. Las sistematización de reflexiones teóricas en torno al tema nos lleva a pensar que aún hay un largo camino por recorrer para ir más a fondo en la teoría general del con- flicto y en su resolución, así que queremos poner a consideración para la discusión otras ramificaciones de éste. El conflicto lo entendemos como una situación social, como un proceso en
el cual un mínimo de dos partes pugnan al
mismo tiempo por obtener el mismo con- junto de recursos escasos. Esta definición significa que los conflictos en torno a los recursos naturales son fenómenos sociales que involucran condiciones mínimas tales como: la escasez, el deterioro o la priva-
ción. Y en la actual coyuntura histórica del orden mundial, de expansión del mercado
y la respectiva incorporación de territorios,
está llevando a una agudización de las pre- siones en torno a los recursos naturales, in- cidiendo en su escasez, deterioro y priva- ción.
En ese sentido, hay tres requisitos básicos para que esta escasez, deterioro o
privación de recursos naturales, particular- mente forestales, conduzca un conflicto manifiesto, de tal manera que represente
un serio desafío para la vida y la propiedad
o el control sobre bienes y recursos: la pre- sencia de actores, la existencia de ciertas
salidas o alternativas de solución variable y la acción o conducta de los actores. La escasez y privación de los recur- sos naturales juega un rol muy particular ya que al mismo tiempo es parte de la sali- da de la contención (la incompatibilidad) y un factor en la creación de estructuras so- ciales. Por ejemplo, es un elemento en la formación de los actores. Como vemos, el análisis del deterioro o privación de los re- cursos naturales o su escasez es un factor inicial muy importante en los procesos de manejo de este tipo de conflictos. Por otro lado, existe la tendencia generalizada a tomar conflicto y violencia como términos sinónimos y a aceptar de entrada la inevitabilidad de los conflictos como violentos: una herencia inconciente de las concepciones hobbesianas de “esta- do de naturaleza” de las sociedades huma- nas. Incluso muchos han constatado que la periodicidad de la historia y de los proce- sos económicos está relacionada al inicio o término de conflictos violentos, cuya ter- minología se ha generalizado en torno al tema. 1
La existencia de diferencias de or- den social, económico, político, étnico, re- ligioso al interior de las sociedades, y fun- damentalmente el no reconocimiento de las mismas que deriva en disputas, intole- rancia y dominación de las fracciones más fuertes sobre las más débiles, es la princi- pal fuente de la violencia y de los conflic- tos.
Esto lleva a considerar que todo conflicto surge de las siguientes causas o
de la combinación de varias: Los bienes en juego; Los principios en juego (intereses); El territorio en juego; Las relaciones implí- citas (supuestos, creencias). El conflicto in- cluye así intereses opuestos entre indivi- duos o grupos en una situación de suma cero. Estos intereses opuestos deben ser re- conocidos para que exista el conflicto, e involucrar la creencia, por cada actor, de que su oponente obstaculizará (o ya ha obstaculizado) sus intereses. En ese senti- do, el conflicto es un proceso que implica acciones y re-acciones: surge de relaciones existentes entre grupos o individuos, aun- que también hay el caso de la inacción o evasión de una de las partes, como forma de enfrentar el conflicto. 2 Con frecuencia estos motivos se su- perponen y actúan simultáneamente. El desigual acceso y aprovechamiento de los escasos recursos necesarios para la super- vivencia de las sociedades, junto con las contrapuestas percepciones e intereses al- rededor de los mismos, son en ese sentido fuente de conflictos, como los llamados so- cioambientales.
33 NNeecceessiiddaaddeess,, IInntteerreesseess ee IInnccoommppaattiibbiillii-- ddaaddeess eennttrree AAccttoorreess
Obviamente, para hablar de con- flictos socio-ambientales tienen que existir actores sociales (partes interesadas) -stake- holders- para que un conflicto transite de una fase embrionaria, de latencia, de pro- blema, a una fase manifiesta y de conflicto propiamente dicho, para que sea posible la
acción. En un nivel básico -como por ejemplo, los modelos de negociación de conflictos convencionales existentes en administración de empresas- los indivi- duos pueden ser actores. Pero en el mo- mento en que hablamos de procesos y fe- nómenos sociales ligados al control, uso y manejo de recursos naturales escasos o de- teriorados el interés está concentrado en entidades colectivas (grupos sociales, co- munidades, organizaciones, gremios) los mismos que se encuentran dotados de cier- tas capacidades (estructura organizativa, identidad, definición de demandas, reco- nocimiento). A pesar de todo este señala- miento, la orientacióm hacia el actor en el análisis de los conflictos sociombientales ha sido rebatida y se ha enfatizado la nece- sidad de estudiar también los conflictos en- tre procesos y racionalidades de control, uso y manejo de los recursos naturales. Es ilustrativo en este sentido, el debate en tor- no a la concepción misma de la naturaleza presente al interior de ciertos discursos y prácticas. Es necesario que haya por lo menos una salida (solución) para las incompatibi- lidades: por lo menos dos partes que simul- táneamente pugnan por controlar, adquirir o beneficiarse de los mismos recursos na- turales escasos o deteriorados. Sin embar- go, esta salida o solución no necesaria- mente tiene que ser percibida por las par- tes.
Finalmente, tienen que existir ac- ciones, es decir, comportamientos cons- cientes de las partes a fin de conseguir los
objetivos. Las acciones van acompañadas de actitudes y en algunas ocasiones de ac- ciones que llevan a cabo las partes en una “zona gris” de las percepciones. El com- portamiento rara vez es tan fácil de inter- pretar como normalmente se cree. Por ejemplo, las acciones que una parte perci- be como no conflictivas, o incluso como mutuamente constructivas pueden ser con- sideradas por la otra parte como hostiles y destructivas aun en aquellas situaciones en que las partes se dan cuenta de los roles opuestos que están jugando y en qué con- sisten las incompatibilidades. En este sentido las acciones difieren de otros elementos en la definición del conflicto. Aun en los casos en que una par- te niega que una determinada acción está dirigida contra el oponente, la parte que se considera víctima encuentra dificultades en compartir este punto de vista. La naturaleza de “zona gris” que poseen algunas acciones tiene que ver con el hecho que en la mayoría de los conflic- tos socioambientales, hay algo sobre lo cual las partes no están de acuerdo - (por ejemplo, las incompatibilidades en torno al concepto de bosque presente en muchas etnias y aquellas que manejan muchas agencias estatales y empresas). O sea que, ambos pueden estar luchando de manera simultánea por otros objetivos que involu- cran recursos del bosque aparentemente menos escasos. Algunas acciones pueden sacar a la luz estas “compatibilidades” y de esta manera reducir tensiones en un con- flicto determinado que eventualmente
conduzca a una transformación del mis- mo.
La imagen de la triple naturaleza de los conflictos ha sido ampliamente utiliza- da en las teorías de resolución de conflic- tos como una manera didáctica de ilustrar sus complejidades. La imagen triangular del conflicto fue originalmente introducida por Johan Galtung pero ha sido populari- zada por algunos otros como J. P. Lederach (1993) o C. Pendzcich (1994). No incluye a los actores o a la formación de actores y, además, tampoco se acomoda fácilmente al proceso de reversión de la formación de los conflictos, es decir, a la parte teórica que concierne a la construcción o forma- ción de nuevos órdenes sociales y ambien- tales
Los conflictos socioambientales en esa línea, aparecen siempre en muchas de las relaciones sociales, pero tienen una graduación que los hace ir desde simples desacuerdos manejados de manera infor- mal, no institucional, hasta confrontacio- nes que implican violencia y tendencia al aniquilamiento del otro. Estas relaciones sociales, involucran siempre alguna forma de comunicación. Sin esta comunicación no se pueden establecer expectativas co- munes, interacciones que permitan la rela- ción. En los conflictos socioambientales, la comunicación permite el intercambio de mensajes reivindicatorios respecto a los derechos en disputa y a hacer explícitos los procedimientos que las partes determi- nan, bien unilateralmente cada parte o bien de mutuo acuerdo, para resolverlo.
En cuanto a las tipologías, podemos mencionar como criterios generales a con- siderar que los conflictos pueden ir, en gra- duación sucesiva, desde sencillos desa- cuerdos entre individuos o familias, sin mayor repercusión social (intracomunita- rios), hasta las guerras que involucran con- glomerados amplios (interestatales), pasan- do por conflictos entre grupos, comunida- des (intercomunitarios), entre instituciones de mayor o menor alcance (interinstitucio- nales). Desde el punto de vista de las rela- ciones de poder podemos encontrar bási- camente dos entradas: entre actores más o menos iguales (simétricos) y entre desigua- les (disimétricos). Desde el punto de vista de los escenarios y repercusiones, pueden ser locales, regionales, nacionales y globa- les.
La resolución o transformación de estos conflictos se desarrolla por dos vías posibles: la agonal (de agon, conflicto no violento, formal, negociado) y la polemial (de polemos, confrontación violenta, gue- rra). Cualquiera que sea la vía, el manejo de un conflicto implica cambio en la vo- luntad de los oponentes, bien que uno se imponga y cambie totalmente la voluntad del otro, o bien que cambien, de manera variable ambas voluntades. La calidad de resolución del conflicto dependerá de la modalidad de cambio elegida. Si el conflicto se lo asume como inevitable y consustancial a las relaciones sociales, no necesariamente su connota- ción será negativa. Puede ser entendido como un componente clave de la vida y
una necesidad fundamental de las perso-
nas y las sociedades. Por ende, puede ver-
se como una oportunidad para el cambio y motor del mismo. Sin negar las consecuencias negati-
vas de estos conflictos, como por ejemplo,
el costo personal, familiar y social, la frus-
tración, la hostilidad, el gasto de energía,
la destrucción y/o ruptura de las relacio-
nes, se puede presumir que estas conse- cuencias son el resultado de la forma de participar en ellos. Se puede decir en consecuencia que hay la posibilidad real de que los acto- res puedan adquirir conocimientos y apro- piarse de las herramientas necesarias para asumirlos y resolverlos de manera creativa,
dialogal, democrática y no violenta. De es- ta manera se pueden identificar algunas consecuencias funcionales del conflicto,
como por ejemplo, el incremento de la in- novación y de la creatividad, la realización de los cambios necesarios, el aumento de
la motivación y la cohesión de grupo, el
restablecimiento del equilibrio de poder y
la concordia en las relaciones, el desarro-
llo de habilidades, la reasignación de re- cursos, etc. Por todo ello, el Proyecto de Mane- jo de Conflictos Socioambientales del FTPP considera que no se trata de eliminar
o de desaparecer los conflictos, sino de
aprender a regularlos o transformarlos, de manera que se examinen sus efectos cons- tructivos, con la participación de los pro- pios actores, fundamentalmente las comu- nidades rurales. 3
En las comunidades rurales el con-
flicto se lo entiende como parte de la vida cotidiana, familiar, organizativa. En forma más latente que manifiesta está presente en
el marco del conjunto de las relaciones so-
ciales existentes. El problema fundamental radica en su no reconocimiento, asunción
o aceptación. Es frecuente el temor y el
desconocimiento del conflicto. Priman co- mo se lo puede verificar en muchos casos, los elementos negativos, identificándolo con la violencia, la destrucción, la desgra- cia y la irracionalidad o como algo inde- seable y obstáculo que debe evitarse o eli- minarse a toda costa. La propuesta del FTPP precisamente plantea a las comuni- dades rurales el cambio de óptica y la dis- cusión a cerca de los prejuicios existentes en torno a los conflictos presentes, particu- larmente los socioambientales. Por ello, se considera fundamental promover y difun- dir una concepción alternativa de los con- flictos, entendiéndolos como situaciones que combinan elementos positivos y nega- tivos, necesarios para la vida de las perso- nas y las comunidades. En buena parte su dinámica, su desarrollo, su crecimiento, su transformación continua, dependen de la existencia de conflictos. La propuesta del FTPP-FAO en ese marco, busca que los actores, particular- mente las comunidades rurales involucra- das, puedan enfocar su reflexión y diseño de propuestas alrededor de cinco diferen- tes problemas en relación a los conflictos
en torno a los recursos naturales.
11 Primero, la cuestión relativa a la formación, origen o surgimiento del con- flicto conduce a que las comunidades ru- rales -con el apoyo inicial de un facilita- dor- analicen las contradicciones que afrontan en su interior y en su relación con otros actores externos. Contradicciones to- das estas inherentes a la estructura social en la cual viven: el proceso de formación de los actores, la influencia de los actores, las necesidades, los intereses y las posicio- nes que éstos poseen y/o expresan, en tan- to menos o más favorecidos (topdog-un- derdog) en relación al conflicto y al con- trol, uso o manejo de los recursos natura- les.
Este es el elemento que de manera más clara ha marcado la experiencia de nuestro trabajo en el FTPP-FAO en aque- llos conflictos ligados a la forestería comu- nitaria. Este elemento es tan importante para los intereses de las comunidades ru- rales, dado que los actores pueden ser (y frecuentemente lo son) formados precisa- mente para emprender un conflicto en particular, es decir, que el conflicto se construye adentro del proceso de forma- ción de los actores en sí mismo.
22 Segundo, esta propuesta conduce a que las comunidades rurales analicen las incompatibilidades, es decir, los objetivos que las mismas partes se proponen (o co- mo son vistos por los agentes externos -la visión ex situ o emic-). Con frecuencia los agentes externos enfocan casi exclusiva- mente las cuestiones relativas a las posi-
ciones -o sea, las actitudes, los discursos, las declaraciones formales-. Ambos análi- sis son necesarios pero la incompatibilidad en sí misma requiere ir más allá, para de- sentrañar los intereses y las necesidades de los principales actores involucrados. Esto requiere un mínimo de información sobre la historia de las partes y, en particular, del destino que han tenido las diferentes pro- puestas de manejo de conflictos. Sólo un análisis de este tipo puede revelar cuáles son las incompatibilidades “reales” entre los actores, muy distintas de sus posicio- nes.
33 La propuesta, como se señala en el Diagrama [1] en la pag.11, muestra un enfoque del comportamiento en sí mismo, que es tal vez en donde la investigación clásica en torno a conflictos interestatales puso énfasis. No debemos olvidar que el primer ímpetu de la teoría de resolución de conflictos provino de la “revolución con- ductista” (behavioral revolution) (Vásquez, 1983, p.34); la facilidad con la que se hizo posible el comprender la naturaleza del conflicto a partir de las acciones públicas y plenamente identificables de las partes. Se- gún estos estudios, el comportamiento de las partes en relación a los conflictos tie- nen que examinarse en términos de trans- ferencia positiva o negativa de valores en- tre las partes. Las acciones negativas, como la conducta hostil y destructiva entre las partes, induce o mantiene el conflicto. Las acciones de índole positiva -lo que deno- minan conducta amistosa y constructiva-
entre dos partes contendientes reduce el conflicto y puede incluso transformarse en una relación colaborativa. Como ya seña- lamos anteriormente en todo esto hay in- volucrado un problema de percepciones. Algunas, y tal vez probablemente la mayo- ría de las acciones son entendidas de la misma manera por las partes, pero otras pueden ser muy difíciles de interpretar. 4
Por ejemplo, la interpretación de ciertas acciones estratégicas implementa- das por actores poderosos, frente a las co- munidades locales a través de programas de desarrollo comunitario o ayuda econó- mica o asistencia, por una parte puede ser entendida como una maniobra destinada a la cooptación y el control, pero por otra puede ser entendida como una acción que promueve el fortalecimiento de las comu- nidades locales. Las percepciones distintas
y contradictorias pueden así reflejar las in- compatibilidades existentes entre las par- tes.
Un ejemplo de acciones que pue- den ser interpretadas como positivas por
las dos partes antagónicas de un conflicto podría ser el caso de Ecuador en 1994, de
la firma del acuerdo en torno a la Ley Agra-
ria entre los gremios de hacendados, las or- ganizaciones campesino-indígenas y el go- bierno. El tamaño de la “zona gris” de es- tas interpretaciones puede variar durante un conflicto, y de hecho, el grado de acuerdo o desacuerdo de estas interpreta- ciones de la conducta es un indicador del estado en que se encuentra un conflicto como el aludido.
Si las dos partes -hacendados y campesino-indígenas concuerdan en que las acciones son negativas, como ocurrió con los conflictos de tierra en la región de San Pablo del Lago entre 1990 y 1991, el conflicto es muy intenso. Igual con el caso presentado entre el INEFAN y los colonos de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno (Garcés, 1995, p.367 y ss). La dirección del movimiento, por supuesto, puede ser determinada solo por medio del análisis de las fases previas del conflicto y establecer si hay incompatibilidades o no, es algo a determinarse con diferentes ins- trumentos analíticos.
44 Es fundamental que todos los acto- res principales involucrados en el conflicto (en particular las comunidades rurales), analicen la cuestión de las incompatibili- dades y la asistencia de objetivos compati- bles entre las partes. En este aspecto es donde menos se ha trabajado, al punto que no existe un análisis riguroso y serio, reali- zado en este campo. No existe rigor teóri- co y empírico respecto a las incompatibili- dades. Aún priman los temores, los prejui- cios, los mitos, los estereotipos, las visio- nes reduccionistas y simplificadas del otro, y sobre esa base definitivamente no se pue- de seguir pensando en propuestas viables y fundamentadas de tratamiento de los con- flictos.
55 Finalmente situamos el compo- nente de diseño de estrategias de manejo de conflictos en torno a los recursos, por parte de las comunidades rurales, en espe- cial para aquellos casos en que enfrentan a actores con mayores influencias y poder (económico, político y de información).
Los diferentes vínculos entre todos estos distintos elementos que pueden ser estudiados. Por ejemplo, ¿qué alternativas son aquellas que más probablemente pue- den agudizar conflictos? ¿Cuál es la cone- xión entre acción constructiva en un nivel (la desactivación de los conflictos) y ac- ción constructiva en otro (satisfacción de las necesidades de las comunidades rura- les e implementación de modelos alterna- tivos de uso de los recursos naturales)? ¿Qué tipo de compatibilidades se requie- ren entre los distintos actores para que una propuesta de manejo alternativo de apro- vechamiento de los recursos naturales y de tratamiento de conflictos se implemente? Algunas de estas inquietudes surgi- das en el seno de los encuentros promovi- dos por el FTPP, nos han llevado a consta- tar que existe particularmente en las comu- nidades rurales, una urgencia respecto a sistematizar sus experiencias y acciones dentro de los conflictos socioambientales. Urgencia que está ligada a los obstáculos y limitaciones existentes en su constitución como actores sociales y políticos. Esa es una de las razones para que hayamos aco- metido en este trabajo esa tarea metodoló- gica no tan fácil de conseguir, pero tampo-
co tan difícil como para pensar que está al alcance solamente de grupos, promotores y facilitadores altamente cualificados o ex- perimentados.
44 EElleemmeennttooss ddeell ddiisseeññoo ddee uunnaa eessttrraatteeggiiaa ddee mmaanneejjoo ddee c

References: resolución 

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