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nº18 Revista de la Asociación Española de Abogados Especializados en Responsabilidad Civil y Seguro
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Rocío Fernández Salas
3 nº18 Segundo Trimestre. Año Revista de la Asociación Española de Abogados Especializados en Responsabilidad Civil y Seguro
4 Contenidos EDITORIAL t Cuando los periodistas contaminan la Justicia. Javier López y García de la Serrana 5 DOCTRINA t t t La responsabilidad civil, ante la amenaza de los nuevos estatutos de autonomía. Mariano Yzquierdo Tolsada 9 Teoría de la evolución del accidente. Valoración y análisis desde una perspectiva jurídica. Juan José Álamo Morante 23 Garantías por daños materiales ocasionados por vicios y defectos de la construcción. Javier López y García de la Serrana 27 JURISPRUDENCIA Tribunal Supremo RESPONSABILIDAD CIVIL Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 3 de abril de 2006 RESPONSABILIDAD EXTRACONTRACTUAL: Responsabilidad por accidente laboral. Existencia de responsabilidad in vigilando e in eligendo de la promotora, al contratar con una constructora que incumple la normativa en materia de seguridad en el trabajo. Responsabilidad solidaria 51 Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de Abril de 2006 RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL: Responsabilidad del Instituto Nacional de Salud ante la existencia de negligencia profesional por no adoptarse todos los medios a su alcance para el tratamiento y curación del perjudicado 57 CONTRATO DE SEGURO Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 3 de Mayo de CONTRATO DE SEGURO: Identifi cación del deber de declaración del riesgo del asegurado con la obligación de la Aseguradora de entregarle a éste el correspondiente cuestionario médico incluido en la póliza. Imposibilidad de rescisión del seguro 63 Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 12 de Mayo de CONTRATO DE SEGURO: Supuestos de aplicación del procedimiento previsto en el artículo 38 de la Ley del Contrato de Seguro. El carácter imperativo de dicho procedimiento se limita a los supuestos en que existe una clara aceptación de la cobertura por parte de la Aseguradora. 71 Audiencias Provinciales RESPONSABILIDAD CIVIL Sentencia de la Audiencia Provincial de Girona de 15 de Mayo de RESPONSABILIDAD CIVIL: Perjudicados extratabulares; Procede la indemnización a la ex nuera por los daños y perjuicios ocasionados como consecuencia de la muerte en accidente de tráfi co de su ex suegra, al estimar existente una relación entre ambas de carácter materno-fi lial 75 Sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra de 18 de Mayo de 2006 RESPONSABILIDAD CIVIL: Determinación de la indemnización que corresponde al único progenitor superviviente de un menor que fallece en accidente de circulación. No procede la
5 imposición de intereses moratorios al concurrir causa justifi cada del impago por parte de la aseguradora 79 Sentencia de la Audiencia Provincial de Oviedo de 20 de abril de RESPONSABILIDAD CIVIL: Existencia de concurrencia de culpas en accidente de circulación: atribución de un 20% de responsabilidad al motorista y de un 80 a la conductora del vehículo. Valoración de la incapacidad permanente total sufrida por el lesionado, como consecuencia de las secuelas causadas en el accidente, en la cantidad mínima fi jada en el baremo, ya que siendo su profesión la de camionero actualmente es titular de una licencia de taxi. 84 CONTRATO DE SEGURO Sentencia de la Audiencia Provincial de Oviedo de 10 de Abril de CONTRATO DE SEGURO: Seguro de Defensa Jurídica. Cobertura de los gastos por libre elección de abogado designado por el ocupante del vehículo al no haber sido excluida dicha facultad en la póliza; aplicación del art. 76 LCS 89 PERLAS CULTIVADAS t Pronunciamientos Relevantes. Por José Mª Hernández-Carrillo Fuentes 95 ENTREVISTA t José Luis Seoane Spiegelberg. Por María del Carmen Ruiz-Matas Roldán 103 LEGISLACIÓN t t Ley 19/2006, de 5 de junio que modifi ca las Leyes de Enjuiciamiento civil, Propiedad intelectual, Patentes, Marcas, y Proteccion del diseño industrial. Entrada en vigor el día 7 de Junio de LEY 12/2006, de 16 de mayo, por la que se modifi ca el texto refundido del Estatuto Legal del Consorcio de Compensación de Seguros, aprobado por el Real Decreto Legislativo 7/2004, de 29 de octubre, y la Ley 24/1988, de 28 de julio, del Mercado de Valores. Entrada en vigor 18 de mayo de NOTICIAS Y ACTIVIDADES t Acta de la reunión de la Junta Directiva de la Asociación Española de Abogados Especializados en Responsabilidad Civil y Seguro el 24 de abril de t IV Congreso de Derecho de Circulación y Seguro de Almería 117 t III Jornada de Responsabilidad Civil y Seguro de la Vocalía de Málaga 118 t Video-jornada sobre responsabilidad civil en el derecho de circulación organizada por el Consejo General de la Abogacía Española 119 t X Congreso de Cádiz 120 t Acuerdos de los magistrados de las secciones penales de la Audiencia Provincial de Madrid para la unifi cación de criterios, de 26 de mayo de t Acuerdos de los magistrados de las secciones penales y civiles de la Audiencia Provincial de Madrid para la unifi cación de criterios, de 10 de junio de PUBLICACIONES RECOMENDADAS 129
6 EDITA: Asociación Española de Abogados Especializados en Responsabilidad Civil y Seguro C/Trajano, 8, Esc. 1ª - 1ºC Granada Tel.: C.I.F.: G PRESIDENTE: Mariano Medina Crespo DIRECTOR: Javier López y García de la Serrana SUBDIRECTORA: María del Carmen Ruiz-Matas Roldán COSEJO DE REDACCIÓN: Mariano Medina Crespo, Javier López y García de la Serrana, Fernando Ros de la Iglesia, José María Hernández-Carrillo Fuentes, Andrés Cid Luque, Javier Téllez Rico, José Félix Gullón Vara, María Fernanda Vidal Pérez, José Alberto Ortega Pérez, Josep Viella Massegui, Carmelo Cascón Merino, Andrés Garrido Alvarez, Miguel Traver Nicolau, Victor Martín Álvarez, Fernando Talens Aguiló, Ubaldo González Garrote, Juan Antonio Iranzo, Luis Alberto Bezanilla Aguero, Celestino Barros Pena, Javier Prado Santos, Pedro Torrecillas Jiménez y Javier Muro Insausti MIEMBROS DE HONOR: Mariano Izquierdo Tolsada, Miquel Martín Casals, Fernando Pantaleon Prieto, Jesús Fernández Entralgo, Eugenio Llamas Pombo, Ricardo de Ángel Yágüez, José Manuel de Paul Velasco DISEÑO: Aeroprint Producciones S.L. IMPRIME: Imprenta Chana D.L. GR-1228/02
7 Revista de responsabilidad civil y seguro editorial editorial Cuando los periodistas contaminan la Justicia Javier López García de la Serrana Director No tengo nada contra los periodistas en general y estoy en contra de los titulares de impacto, que generalizan un tipo de actuaciones que en ningún caso son generalizables, pero ante un titular que dice Cuando los abogados encarecen la justicia, publicado en el diario EL PAIS, del día 28 de mayo pasado, y con el subtítulo de El criterio de Hacienda de que a las costas judiciales no se debe cargar IVA no se respeta, no me queda otra opción que pagar con la misma moneda titulando así esta editorial, aunque eso sí, reconociendo de antemano que es un titular injusto, por cuanto que generaliza una actuación que solo en contadas ocasiones se produce. El mencionado artículo publicado en el PAIS comenzaba diciendo La justicia tiene fama de lenta, oscura, y si existe condena de costas, también puede resultar cara. Es decir, cuando un ciudadano pierde un pleito, habitualmente civil, puede encontrarse con la circunstancia de que, al margen de tener que pagar una minuta del abogado contrario, ha de soportar un recargo del 16% en concepto de IVA. Hacienda se ha pronunciado en varias ocasiones en contra de esa práctica. A pesar de ello, algunos abogados siguen haciendo ese recargo. Un portavoz del Consejo General de la Abogacía Española reconoció a EL PAIS que el recargo en las minutas se está produciendo y 5
8 editorial Revista de responsabilidad civil y seguro admitió que ese organismo no ha realizado ningún pronunciamiento ni recomendación para evitarlo. De entrada se incurre en el disparate de referirse a un impuesto, en este caso el IVA, como si de un recargo se tratara, lo que dice poco del conocimiento en derecho fi scal del periodista que fi rma la noticia, dando por hecho la incorrección de la actuación de los letrados, que precisaría de un pronunciamiento por parte del Consejo General de la Abogacía que evitara dicha práctica. Nada más lejos de la realidad, sobre todo partiendo de la base de que dicho impuesto no redunda en benefi cio del letrado, que actúa como mero recaudador de la Hacienda Pública. Continúa el autor del artículo periodístico poniendo varios ejemplos: En Barcelona no sólo es una evidencia que ciertos abogados cargan el IVA a las costas de la parte condenada, sino que incluso existen tribunales que avalan esa práctica. Así, la Sección 15 de la Audiencia de Barcelona, presidida por Ignacio Sancho Gargallo, dictó el pasado 23 de marzo una sentencia que desestimó la impugnación de los honorarios girados por un letrado en un proceso civil, en los que a los euros se cargó el 16% de IVA. El importe total fue de euros. Es decir, euros de más. Anteriormente, el Juzgado de Primera Instancia número 5 de Barcelona ya había autorizado ese recargo en la minuta del abogado. En Sevilla, la realidad es distinta y los secretarios judiciales, que son los que avalan la legalidad y proporcionalidad de las costas -los de Barcelona por lo visto no avalan la legalidad-, suprimen el IVA cuando los abogados lo cargan. Y eso ocurre, aproximadamente, en la mitad de los casos. En la ciudad de Madrid, algunos secretarios consultados explican que las minutas no contienen el recargo aunque la realidad de los que está ocurriendo no se conoce a ciencia cierta, teniendo en cuenta el gran número de juzgados y tribunales que existen en la capital de España y la disparidad de criterios con la que, en ocasiones, actúan los jueces. A continuación el artículo toma ya un claro partido diciendo: Frente a esa libertad de actuación, el criterio de Hacienda es claro y contundente. La Dirección General de Tributos se pronunció el año pasado en tres ocasiones de manera precisa, en otras tantas consultas que se le plantearon por parte de dos entidades distintas y de un letrado. Dos de esos pronunciamientos, conocidos con la identifi cación de V y VO588-O5, se denominan consultas tributarias vinculantes. Es decir, criterios de obligado cumplimiento por parte de la abogacía. Esto es una gran falacia, pues dichas consultas no son en absoluto vinculantes ni aplicables directamente al resto de ciudadanos. Además oculta que existen otras consultas, igual de vinculantes que la mencionadas, como es la 1174/04 de fecha 29 de abril de 2.004, que dice que Esta Dirección General no es competente para determinar cual debe ser el contenido y los requisitos a que debe ajustarse la minuta de honorarios a presentar a efectos de la ejecución de la condena en costas. Reconociendo la propia Dirección General de Tributos, su incompetencia para entrar a opinar sobre qué debe o no incluir la tasación de costas; reconociendo asimismo que el Tribunal Supremo ya se ha pronunciado sobre esta materia en la sentencia de 12 de julio de 2.000, que estima correcta la inclusión del IVA en la misma. El artículo termina diciendo Pese a la claridad del pronunciamiento de Hacienda, la Sección Primera de la Audiencia de Barcelona dictó el pasado 31 de marzo otra sentencia en la que rebatía de manera frontal el criterio de la Agencia Tributaria y su razonamiento porque, según dijo el tribunal ni le vincula ni le impide entrar a analizar la cuestión planteada. Según la Sala, es cierto que las costas no son una indemnización, pero sí una contraprestación o compensación de servicios. La Audiencia de Barcelona argumentaba algunas sentencias del Tribunal Supremo. Hacienda esgrimía otras resoluciones. Desde luego, pero se calla que las sentencias esgrimidas por Hacienda en dichas consultas lo único que hacen es defi nir qué son las costas y a quién corresponde dicho crédito, pero nada de que no deba de incluirse el IVA en las mismas; sin embargo sí existe, como acabo de decir, una sentencia del Tribunal Supremo, de fecha 12 de julio de 2.000, que de forma clara y contundente justifi - ca la inclusión del IVA en las costas, señalando que el letrado tiene derecho a repercutir el impuesto sobre su cliente, pero al ser éste vencedor procesal y acreedor de las costas, la obligación de su pago corre de cuenta de quien resulta condenado, tanto si se hubiera satisfecho al Abogado, quien en este caso tendría que devolver su importe, como si el cliente no lo hubiera hecho, en cuyo caso el Letrado minutante, con el pago de las costas que efectúe el obligado por sentencia, se reintegrará del importe que hubiera satisfecho a la Hacienda Pública (sentencia de 9 de mayo de que cita las de 24 de marzo de y 23 de marzo de 1.994, así como la de 13 de noviembre de 1996 que cita las de 20 de mayo y 19 de diciembre de 6
9 Revista de responsabilidad civil y seguro editorial 1991, 23 de marzo de 1993 y 20 de marzo de 1996), doctrina igualmente aplicable al impuesto sobre los derechos del Procurador. Entrando a analizar la respuesta dada a la Consulta nº 100/2005 de nueve de marzo, origen del anterior dislate periodístico, tengo que manifestar mi más absoluta conformidad con el 50% de la misma, en concreto con la primera parte relativa a la aplicación de la retención por el IRPF, pues hasta la fecha, el criterio de la DGT era que el condenado en costas estaba obligado a practicar la retención del IRPF, con el argumento de que era el pagador efectivo de los honorarios del letrado. Nunca he estado de acuerdo con el anterior criterio de Hacienda, pues si bien es cierto que el condenado es el pagador, sin embargo, su obligación no es pagar al letrado y al procurador sus derechos, sino pagar una indemnización al benefi ciado de una condena en costas, pues es éste quien tiene un crédito frente al condenado por el importe de los honorarios profesionales que hubiera soportado. La actual postura de la DGT es mucho más ajustada a la confi guración jurisprudencial de la condena en costas como generadora de un crédito a favor de la parte vencedora. Y es que, como reconoce la propia Dirección General, ésta se ha visto obligada a modifi car el criterio que hasta ahora había venido manteniendo, a efectos de las retenciones a cuenta del IRPF, de considerar que la parte condenada en costas satisface rendimientos profesionales a los abogados y procuradores de la parte vencedora. En concreto la DGT manifi esta: Por tanto, modifi cando el criterio anterior, este Centro Directivo considera conforme a Derecho entender que en los supuestos de condena en costas, al ser benefi ciaria la parte vencedora, la parte condenada no está satisfaciendo rendimientos profesionales a los abogados y procuradores de la parte vencedora sino una indemnización a esta última, por lo que aquélla parte (la condenada) no está obligada a practicar retención sobre tales honorarios profesionales. Todo ello sin perjuicio del cumplimiento de la obligación de practicar la correspondiente retención sobre los rendimientos que satisfaga a sus abogados y procuradores la parte vencedora, en cuanto tuviera la condición de obligado a retener. Si con respecto a la retención del IRPF la DGT ha cambiado de criterio con acierto, lo contrario ocurre en relación al IVA, pues la DGT considera, según su nuevo criterio, que si la condena en costas es una indemnización que el condenado debe abonar al benefi ciado en dicha condena, no puede repercutirse el IVA en la condena en costas, pues, conforme establece la Ley del IVA, las indemnizaciones no están sujetas al impuesto. Es decir, el letrado deberá de emitir la factura al cliente, que es quien soporta el IVA. Si el contrario es condenado en costas, deberá satisfacer la misma al benefi ciado por la condena en costas, pero descontando el IVA de la factura. No se da cuenta la DGT que el IVA en este caso representa, para el condenado en costas, no un impuesto que tenga que soportar y por tanto deducirse si es una empresa, sino un mayor coste, al igual que cuando se está exento de dicho impuesto, los importes del IVA repercutido representan un mayor gasto. Igual ocurre cuando una compañía de seguros indemniza a un perjudicado de un siniestro automovilístico por la reparación de su automóvil; en dicho caso no se le quita el IVA de la factura de reparación, obligando al perjudicado a soportar dicho impuesto y por tanto no resarciéndole íntegramente por el daño causado, sino que la aseguradora le abona el importe integro del coste de reparación, incluido el IVA, formando éste parte de la indemnización. No puedo estar más en desacuerdo con la nueva postura de la DGT en cuanto a la no inclusión del IVA en las costas, haciendo míos los argumentos del compañero Gonzalo de Luis Otero, Asesor Fiscal del Consejo General de Procuradores, al analizar este tema: 1. El procedimiento de la condena en costas pasa por una tasación que evalúa el importe de los gastos que ha soportado un justiciable. Entre los gastos fi gura la factura del procurador, que incluye la preceptiva repercusión del IVA, como no puede ser de otra forma. Es decir, si el benefi ciado no hubiese estado inmerso en el procedimiento, no hubiese tenido que contratar al profesional, no hubiese tenido que soportar la factura de derechos del procurador, ni el IVA a que está sujeto éste. Si, según la DGT, en la condena en costas se debe excluir el IVA., no se está inculcando la razón de ser de este procedimiento?, no está emitiendo la DGT un criterio sobre una cuestión que no le compete, ya que debe ser el tribunal el que evalúe las costas? Si el benefi ciado en la condena en costas es una empresa o persona física 7
10 actuando como empresario o profesional cuyos ingresos están sujetos a IVA, poco le importa que el la condena en costas no se incluya el importe del IVA, poco le importa tener que pagarlo de su propio peculio pues, al fi n y al cabo, cuando liquide el IVA repercutido de sus ingresos, se deducirá el IVA que ha pagado al procurador. Sin embargo, y siguiendo el criterio de la DGT, a los benefi ciados en una condena en costas que actúen como particulares o como empresarios o profesionales que no están sujetos al IVA este impuesto les supone un mayor coste en la factura de derechos del procurador, pues no pueden deducirse el IVA soportado. Dicho mayor gasto, según la DGT, reiteramos, no puede estar contemplado en la tasación. Lo que no deja de ser una injusticia, pues la tasación no contemplará el resarcimiento por el importe del IVA. Llegamos a la misma conclusión: la DGT está opinando sobre una cuestión que se debe circunscribir al ámbito jurisdiccional aplicando las normas procesales y no las fi scales. 2. La DGT adolece de un error en su planteamiento. Qué duda cabe de que la condena en costas supone el pago de una indemnización que el condenado debe pagar al benefi ciado, y que como tal indemnización no puede estar sujeta al IVA, pero el procurador no está aplicando el IVA sobre una indemnización, sino sobre sus derechos, tal como está obligado a hacer. Luego, el tribunal tasa las costas para evaluar el importe de la indemnización y ésta indemnización comprenderá, a juicio del tribunal, el importe que considere resarza los gastos necesarios que ha soportado el benefi - ciado en el pleito, entre otros, el IVA. Estamos en un momento muy delicado, de ahí la justifi cación de esta editorial, pues la postura actual de los secretarios judiciales es vacilante; hay quienes acatan la nueva postura de la DGT de no admitir la inclusión del IVA, dándole un valor a las consultas resueltas en este sentido que no le confi ere la ley, y por otro lado hay secretarios que, como parece lógico, mantienen el criterio jurisprudencial marcado por el Tribunal Supremo de permitir la inclusión del IVA en las costas. Lo que no se puede desconocer es que la resolución administrativa aludida, además de no ser vinculante a efectos jurisdiccionales, ignora el concepto de la condena en costas que se ha mantenido constante en el tiempo por la jurisprudencia, que considera como íntegro el resarcimiento de los gastos procesales realizados, lo que conlleva el abono de los impuestos inherentes a dichos gastos. Dicho en otros términos, la indemnización, a la que la alude la citada resolución de consulta, debe llevar incluido el IVA soportado por el benefi ciario de la misma, dado que de lo contrario se le sustraería una cantidad al vencedor en costas, que éste tuvo que abonar, quebrantando así la integridad de la restitución y, por ende, un principio básico de la condena en costas. En todo caso, lo que sí es absolutamente falso es que los letrados encarezcamos la justicia repercutiendo el IVA en las costas, como malintencionadamente se ha dicho, puesto que la DGT no dice que la minuta de honorarios no deba llevar IVA, sino que quien tiene que soportarlo es el cliente del letrado y no el condenado en costas, confundiendo para ello el concepto de indemnización. Además, con la simple lectura de la respuesta dada a la Consulta nº 100/2005 por parte de la DGT se llega a dos conclusiones, por una lado, que dicho organismo, en cuanto ha estudiado un poco a fondo el asunto, ha cambiado el criterio de entender como obligación tributaria el practicar retención a cuenta del IRPF en las minutas abonadas en tasaciones de costas, luego en absoluto es infalible, y por otro lado, que la DGT no tiene claro que el concepto de indemnización incluye todo aquello de lo que debe ser resarcido el perjudicado indemnizado, incluido los impuestos abonados por el mismo como consecuencia del daño causado, correspondiendo a los Tribunales y no a la DGT la fi jación del alcance e importe de la indemnización, por lo que los responsables de dicho organismo deberían estudiar más la teoría del daño, antes de opinar sobre el cuantum indemnizatorio. Por tanto entiendo que, en defensa de la legalidad y del principio de restitución íntegra, se debe mantener la inclusión del IVA en la tasación de las mismas y que no hacerlo así sí que implicaría encarecer la Justicia, con mayúscula, para el justiciable que ve admitidos sus argumentos en su totalidad, pero que no puede resarcirse, igualmente en su totalidad, del coste que le ha supuesto acudir a la misma.
11 Revista de responsabilidad civil y seguro editorial doctrina La responsabilidad civil, ante la amenaza de los nuevos estatutos de autonomía Mariano Yzquierdo Tolsada Catedrático de Derecho civil en la Universidad Complutense Consultor de CMS Albiñana & Suárez de Lezo 1. Hagamos un poco de legislación-ficción Paremos a pensar por un momento qué aspecto tendría la responsabilidad civil en nuestro país si, investidas las Comunidades Autónomas de una genérica competencia legislativa en materia civil, los Parlamentos autonómicos se lo tomaran en serio, y una desaforada legiferación trajese consigo, dentro de unos pocos años: 1º Que en Madrid, la responsabilidad de padres y tutores no fuese directa, sino siempre y sólo subsidiaria, pasando por alto que en el artículo 1903 del Código civil la responsabilidad es directa, pero que en el artículo del Código penal es subsidiaria, y ello porque los especialistas consultados por el legislador autonómico sugirieran la necesidad de unifi car, cuando menos en este ámbito de la responsabilidad por el hecho ajeno, la responsabilidad civil pura y la responsabilidad civil derivada del delito. 2º Que en Castilla y León se prefi riese un sistema de responsabilidad del médico de naturaleza objetiva, porque allí se considerase que no basta con la responsabilidad objetiva del prestador del servicio sani- 9
12 doctrina Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina tario (artículo 28 de la Ley General para la Defensa de Consumidores y Usuarios), sino que la responsabilidad del facultativo concreto también se debe gobernar con postulados ajenos a la culpa o negligencia, que es como lo quiere algún sector minoritario de la doctrina que emana de la Sala Primera del Tribunal Supremo, de espaldas a lo que dice el Código civil y la recta razón. 3º Que en la Comunidad Valenciana el legislador autonómico entendiera que, diga lo que diga la Ley de Ordenación de la Edifi cación, la competencia legislativa en materia de Derecho civil (pretendidamente basada en la necesidad de recuperar los Fueros del Reino de Valencia abolidos por Felipe V en 1707) permite que, para las edifi caciones situadas en aquel territorio, es preferible atribuir la responsabilidad por los vicios ruinógenos siempre y sólo al promotor, y que luego éste se las entienda con constructor, subcontratista, director de obra, etc. 4º Que en Cataluña se decidiese que la defi - nición del concepto de consumidor es una de las competencias exclusivas de la Generalidad, y que allí, para ser consumidor o usuario, no hace falta ser destinatario fi nal del producto o servicio, con lo que puede invocar la protección de la Ley de Garantía en la Venta de Bienes de Consumo quien en el resto del Estado no lo podría hacer (vgr., el agricultor que compra una remesa de fungicidas para aplicarlos a la cosecha de tomates que después servirán para fabricar ketch chup); o que la responsabilidad del fabricante por los daños materiales producidos por los productos defectuosos debe abarcar a los daños causados en la propia cosa defectuosa, y no solamente los producidos por ésta en otros bienes (daños cuya reparación, al amparo de lo previsto en la Ley de Responsabilidad del Fabricante, hay que buscarla fuera de las previsiones de ésta). 5º Que en Murcia se dijera que allí no existe competencia legislativa en materia de Derecho civil, pero sí competencia ejecutiva, pero que ésta comprende la completa potestad reglamentaria, y que es preciso que los murcianos se doten de un Reglamento propio de desarrollo de la Ley de Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos de Motor. Naturalmente, habrá quien piense que, sólo por plantear semejantes interrogantes, el autor de estas líneas ha perdido la razón, siquiera sea momentáneamente. Pero para que estos ejemplos fueran reales, tenga la seguridad mi amable lector que bastaría con que las Comunidades Autónomas quisieran seguir con el ejemplo que Cataluña nos ha ofrecido con su nuevo Estatuto de Autonomía, recientemente aprobado en un referéndum el de 15 de junio en el que más de la mitad de los electores prefi rieron no ir a votar, mostrando una completa indiferencia hacia algo que supone en buena medida la apertura de un nuevo proceso constituyente en nuestro país. Y sepa también que todo parece indicar que no van a ser pocas las Comunidades Autónomas que van, en efecto, a seguir el mal ejemplo catalán. Ciertamente, el Derecho civil ante el Estatut no es algo que haya despertado el ánimo de las tertulias radiofónicas o televisivas de los últimos tiempos, ni de los columnistas de prensa. Unos y otros han preferido dejar el debate limitado a las grandes cuestiones, como la fi nanciación de la Comunidad Autónoma o la procedencia o no de defi nir a Cataluña como Nación. Craso error, pues un país que contemple indiferente la desintegración de su Derecho privado en diferentes subconjuntos no merece ni siquiera llamarse país. Hace unos días, un profesor alemán me comentaba que lo que a un jurista alemán sensato no se le ocurriría jamás es plantear que, más allá del B.G.B., ha de haber un Código civil propio de Baviera, y otro para Renania-Palatinado o para Schleswig-Hollstein o la baja Sajonia. Y eso que allí se está ante un Estado federal La responsabilidad civil extracontractual es, precisamente y como se verá en estas páginas, una de las competencias declaradas como exclusivas de la Generalidad en el texto originario del Proyecto de Estatuto que salió del Parlamento de Cataluña (art ). Y, aunque desapareció fi nalmente del texto a su paso por las Cortes Generales, el resultado fi nalmente aprobado (y refrendado por un 36,51 por 100 del censo electoral: un éxito rotundo y clamoroso, según dicen en el Partido Socialista) signifi ca exactamente lo mismo que si tal competencia para regular la responsabilidad civil hubiese sido mantenida de manera explícita. 10
13 Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina No se piense que esta broma pesada comienza ahora. Como trataré de contar, lo sucedido no es más que una manera de elevar a los altares de manera abierta todo cuanto ha venido ocurriendo con buena parte de la legislación civil catalana de los últimos quince años, arropado el legislador autonómico por una torcida manera de entender la Constitución llevada a cabo por el Tribunal Constitucional, su intérprete máximo. Pero lo que sí comienza ahora es un poco disimulado mimetismo por parte del resto de las Comunidades Autónomas. Ya han asomado por el horizonte la Comunidad Valenciana, Andalucía y las Baleares. 2. Una fábula futurista Aquel verano del 2006 decidió Ambrosio, un industrial malagueño muy emprendedor, cambiar Fuengirola por la Costa Brava, aún desconocida para él y su familia. Dudaron inicialmente si merecía la pena hacer el viaje en coche, pero terminaron decidiendo que era bueno contar con vehículo propio para conocer con tranquilidad las montañas de Gerona y sus bonitas localidades costeras. Disfrutaban él, su mujer y sus dos pequeñas hijas de una mañana de sol en Cadaqués, y la iban a culminar con un almuerzo en Port de la Selva, donde les esperaban unas suculentas anchoas de L Escala, pan con tomate, butifarra con monchetas y una escalibada de la que les habían hablado muy bien sus amigos del Ampurdán. Pero todo se truncó en un cruce de calles a la salida del pueblo tan querido de Salvador Dalí. El accidente fue leve, sólo trajo daños materiales, pero la historia a que dio lugar no la habría podido imaginar ni aquel genio del surrealismo. El coche de Ambrosio fue a parar a un buen taller de Figueras, no muy lejos del número 20 de la calle Monturiol, precisamente el lugar en el que un 11 de mayo de 1904 viera la luz el admirado artista. Pero Ambrosio no pensaba que un arreglo valorado en euros por el perito podría acabar desembocando en la pérdida de la propiedad del vehículo. El caso es que una de esas ridículas discusiones entre las dos compañías aseguradoras, encaminada a ver cuál podía rechazar el siniestro, trajo consigo que los dos coches estuviesen arreglados en las primeras fechas de julio sin que ninguna hubiera pagado nada. Ambrosio volvió a Málaga, su ciudad de residencia habitual, con la familia y con el vehículo de sustitución que le procuró su asegurador, convencido como estaba éste de que, de tener que asumir el siniestro, todo terminaría siendo repercutido sobre la póliza del contrario. doctrina 11
14 doctrina Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina Pero los dos coches continuaban en el taller de Figueras a la espera de que alguien se retratara. Hasta aquí, nada nos debe extrañar: el mecánico no hacía más que ejercitar el derecho de retención que asiste a todo el que ejecuta una obra en cosa mueble ajena para retenerla en su poder, retrasando la devolución hasta que no se le pague la deuda en cuestión. Pero el problema es que una fi gura tan elemental como es esta garantía con la que cuenta el mecánico de nuestro ejemplo, que rige en el Código civil español como en cualquier Código civil del mundo, y que funciona de esa manera desde que los romanos la inventaron ( melius est possidere quam in personam experiri : mejor es retener que tener que pedir )... no funciona en Cataluña de la misma manera: desde que en aquella Comunidad Autónoma se legislara sobre el particular primero con la Ley 22/1991, de 29 de noviembre, de garantías posesorias sobre cosa mueble y después con la Ley 19/2002, de 5 de julio, de derechos reales de garantía (que deroga a la anterior), el mecánico a quien no le pagan el arreglo podrá provocar que el automóvil se venda en subasta notarial para cobrarse con lo que se obtenga de la venta. En defi nitiva, allí sucede más o menos igual que si se tratara de una prenda. Basta ahora con que haya transcurrido un mes desde que se comunicara fehacientemente al deudor la notifi cación de retener. Imagino que mi amable lector que haya llegado hasta aquí pensará que al pobre Ambrosio no le sería de aplicación la ley catalana. Imagino también que Ambrosio lo pensaría también. Pero se equivocan, tanto el lector como Ambrosio: con arreglo a lo que dispone el artículo 10.5 del Código civil, las obligaciones contractuales, cuando las partes no se sometieron expresamente a ninguna normativa concreta, si no hay ley común a las dos ni residencia habitual común, se han de regir por la ley del lugar de celebración del contrato. En este caso, obviamente, es la ley catalana. Y para quien piense que no es ésta una cuestión que se deba regir por el art. 10.5, sino por el 10.1 (normas sobre derechos reales), la solución será la misma: a los bienes muebles se les ha de aplicar la ley del lugar en el que se hallen. 3. aunque no tan futurista. El quindenio inconstitucional. Pero que nadie piense que el haber situado en el próximo verano esta fábula de Ambrosio se debe a que estas respuestas del Derecho civil catalán serán producto de la aprobación inminente del nuevo Estatuto de Autonomía. Llevamos asistiendo desde hace quince años al panorama de unas leyes de Derecho civil catalán que en no pocas ocasiones se han promulgado en abierta contradicción con la Constitución, sin que ningún Gobierno de ningún signo haya querido interponer recurso de inconstitucionalidad contra las mismas en las épocas en las que las mayorías parlamentarias que amparaban el statu quo no eran mayorías absolutas. Hasta se dio alguna circunstancia que no es meramente anecdótica, como sucede con el recurso 2099/2003 interpuesto el 10 de abril de 2003 por el Gobierno del Partido Popular contra la Primera Ley del Código civil de Cataluña, que fue retirado por el Gobierno del PSOE pocos meses después de llegar al poder: exactamente, el 3 de septiembre de 2004 (así se lee en el Auto 421/2004, de 3 de noviembre, del TC; en idénticos términos, el Auto 454/2004, de 16 de noviembre, por el que el Gobierno desistía en relación con el recurso planteado por el Gobierno anterior contra la Ley de 31 de diciembre, de la accesión y de la ocupación). Mientras tanto, el artículo ª de la Constitución reserva al Estado la competencia sobre la legislación civil, admitiendo, no obstante, que las Comunidades Autónomas en las que existieran sectores de Derecho civil propio el llamado Derecho foral, pudieran legislar sobre los mismos para llevar a cabo su conservación, modifi cación y desarrollo. A pesar de las críticas, numerosas y merecidas, que ha merecido un precepto que es verdaderamente tortuoso y de difícil entendimiento, una cosa estaba clara: allí donde hubiera Derecho civil propio (señaladamente, Aragón, Navarra, Cataluña, Islas Baleares, Galicia y algún territorio de Vizcaya y Alava ninguna de las tres capitales vascas y ninguna zona de Guipúzcoa, por cierto ), y en las materias sobre las que se diese esa circunstancia, el Estado no puede entrar a legislar. Pero siempre, se entiende, que se trate de materias en las que precisamente existiera peculiaridad hé ahí el dato sobre el que no ha habido acuerdo entre los especialistas. Naturalmente que en Cataluña o en Aragón hubo desde hace siglos normas diferentes a las castellanas en materias importantes del Derecho civil. Naturalmente que en Cataluña, si los que se quieren casar no estipulan un régimen económico matrimonial que haya de regir su economía familiar, ésta se gobernará por el de separación de bienes, bien distinto al común y no siempre enternecedor contigo, pan y cebolla de los gananciales. 12
15 Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina Por supuesto que en Aragón lo mínimo que tiene garantizado el viudo que concurre con hijos a la herencia de su difunto consorte es el usufructo de la totalidad de la herencia, y no sólo el usufructo de un tercio, como pasa en el Código civil. Baste con estos dos ejemplos, aunque se podrían dar muchos más. La Constitución abandona felizmente la idea de café para todos en todas y cada una de las materias que componen el Derecho civil, y garantiza el respeto del Estado a las peculiaridades que han existido en algunas materias desde hace muchos siglos en estos territorios. Aquello del Código civil único para toda España, con idénticas normas para todas y cada una de las cuestiones, nunca dejó de ser otra cosa que mera retórica ofi cial. Pero la Constitución también coloca una serie de barreras a esta posibilidad de que los Parlamentos autonómicos legislen en Derecho civil: a) unas son barreras explícitas, cuando el mencionado artículo ª añade que las Comunidades Autónomas que tengan Derecho civil foral no podrán legislar en ningún caso en ciertas cuestiones capitales que han de tener inexcusablemente un idéntico régimen en toda España, como son las reglas sobre aplicación y efi cacia de las normas (así, no podría Aragón legislar sobre fraude de ley o sobre cómo se cuentan los plazos en Derecho), sobre relaciones civiles relativas a las formas de matrimonio (vgr., Navarra no podría ahora prohibir los matrimonios de homosexuales navarros), o sobre bases de las obligaciones contractuales (i.e., Galicia no podría legislar sobre las causas de nulidad de los contratos); b) pero hay, a mi juicio y al de muchos, otra barrera implícita y general: las Comunidades Autónomas no pueden decir que ellas están facultadas para legislar en todo lo que no esté incluido en esa lista de materias reservadas exclusivamente al Estado, sino que han de limitar su competencia al ámbito de la peculiaridad normativa. Desde luego, no es éste el lugar propicio para desarrollar pormenorizadamente el variado juego interpretativo que ha merecido el artículo ª de la Constitución. En resumen, de la copiosísima producción doctrinal que existe sobre el particular se puede decir que una tesis bastante restrictiva es la que coloca el límite dentro del que ha de moverse la competencia de la Comunidad Autónoma allí donde termine el contenido normativo propio de cada Compilación: según esta tesis, es el índice de cuestiones que abordaba cada Compilación el que nos permite deducir qué hay de diferente en el territorio concreto, el que nos permite conocer, en fi n, cuáles son los supuestos institucionales en cuanto realidades materiales peculiares que tradicionalmente han sido reguladas de manera distinta por el Derecho común y por los Derechos forales. Personalmente, prefi ero pensar que la competencia legislativa de la Comunidad Autónoma es notablemente más amplia que ese glosario de cuestiones diferenciales, y que la conservación, modifi cación y desarrollo del Derecho civil propio lo que permite, precisamente, es ampliarlo hasta donde lleguen los principios informadores de cada uno de los sistemas en que consisten los Derechos forales, y ello aunque se trate de materias que no estaban recogidas en la letra de las Compilaciones. Esta fue la tesis mantenida por el maestro Lacruz y seguida en el importantísimo Congreso de Jurisconsultos de 1981, celebrado en Zaragoza. Legislar supone innovar, se dijo, y una vez asumida la competencia, la Comunidad Autónoma podrá legislar libremente sobre la materia objeto de la misma. doctrina Mariano Yzquierdo Tolsada El límite, pues, no está en el índice de las Compilaciones, sino en los principios informadores de las instituciones reguladas, o si se prefi ere, en la confi guración históricamente diferenciada de la común que tiene cada una de ellas en cada Comunidad Autónoma con Derecho foral. Es fácil encontrar buenos ejemplos dentro del rico 13
16 doctrina Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina panorama de instituciones con el que contaba el Derecho civil catalán preconstituconal. Así, si el art. 278 de la Compilación catalana regula la incorporación de materiales propios en suelo ajeno, no hay nada que impida a la Comunidad Autónoma legislar sobre ése y otros supuestos de accesión, inmobiliaria y mobiliaria. Así, nada se puede objetar a que la Ley 25/2001, de 31 de diciembre, de la Accesión y de la Ocupación establezca para Cataluña normas que decidan qué hacer cuando una persona efectúa en terreno ajeno plantaciones o cultivos, distinguiendo entre los que se prolongan más allá del año agrícola y los que no tienen habitualmente tanta duración (art. 5), o preceptos que regulen las construcciones extralimitadas distinguiendo los casos en que el valor del suelo invadido es superior al de la construcción de los casos en que el valor de lo construido es superior al del suelo (arts. 8 y 9). O también una regla para saber qué destino debe seguir el caso de la elaboración de una cosa mueble nueva con materiales ajenos (art. 23). De la misma manera, si el art. 279 de la Compilación regulaba el usufructo sobre árboles o el 282 se ocupaba del usufructo sobre bosques maderables, un correcto entendimiento de lo que signifi ca el desarrollo del Derecho foral supone admitir que cuando la Ley 13/2000, de 20 de noviembre, de los derechos de usufructo, uso y habitación, establezca normas sobre usufructo de bosques y plantas (arts. 20 y ss.), pero también contenga soluciones para el usufructo de dinero o de participaciones en fondos de inversión (arts. 26 y ss.), o sobre el usufructo con facultad de disposición (arts. 14 y ss.). Lo mismo se puede decir de la regulación de las servidumbres y de las relaciones de vecindad, cosas de las que se ocupaban los arts. 283 y ss. de la Compilación. Pero la Ley 13/1990 de 9 de julio, de la acción negatoria, inmisiones, servidumbres y relaciones de vecindad, pasa también, a mi juicio en un impecable cumplimiento del mandato constitucional, a desarrollar el Derecho foral regulando también, y de manera íntegra, la acción negatoria de servidumbres. Parecidamente, había competencia para regular el moderno contrato de vitalicio y las fi guras próximas a él, pues, como bien dice el Preámbulo de la Ley 6/2000, de 19 de junio, de Pensiones Periódicas, el Derecho catalán, a lo largo de su historia, ha conocido diversas instituciones que han supuesto una prestación de pensiones periódicas de carácter ya sea perpetuo o indefi nido, ya sea temporal, de índole redimible o irredimible, y con naturaleza real o de obligación. Estas instituciones son, fundamentalmente, el censo enfi téutico, el censo vitalicio, el censal y el violario. En resumen, la competencia autonómica no debe vincularse de manera rígida a lo que era, cuando se aprobó la Constitución, el contenido de la Compilación o de otras normas no compiladas. Como señaló la STC 88/1993, de 12 de marzo, cabe que las Comunidades Autónomas regulen instituciones conexas dentro de lo que es una actualización o innovación de los contenidos, pero siempre dentro del marco de los principios informadores del Derecho foral. Sin embargo, lo que ha terminado triunfando es una tesis absolutamente extrema, que fue la que venía contenida en el Voto Particular que el Magistrado Viver Pi-Sunyer introdujo en la sentencia que se acaba de citar: la competencia autonómica sobre el Derecho Civil aragonés se extiende a toda la materia del Derecho civil, con excepción de los ámbitos materiales que el art de la CE reserva al Estado de forma explícita. El desarrollo de la idea ha llevado después a renunciar a todo lo que signifi que una actualización del viejo Derecho foral, para sustituirlo por la noción de Derecho civil autonómico, entendiendo que la Comunidad Autónoma puede entrara a regular cualquier institución de Derecho civil que no se halle reservada expresamente para el Estado en la lista de materias (esas barreras explícitas a que antes se ha hecho referencia) contenida en el art ª de la Constitución. A ello responde entonces que se hayan promulgado numerosas leyes que han extendido su objeto mucho más allá de lo que eran instituciones y principios informadores del Derecho foral catalán. El tránsito ha sido el siguiente: (i) se dictan leyes que suponen un correcto sentido de lo que signifi ca actualización, modifi cación y desarrollo, regulándose las antiguas instituciones de la Compilación para aplicar también los moldes conceptuales de las mismas a las nuevas realidades sociales; (ii) se prefi ere después la técnica que busca excusas, dictándose leyes que se ocupan de algún aspecto que sí formaba parte, inequívocamente, de ese Derecho propio y distinto, con el objeto de pasar a regular de paso otras instituciones que jamás habían formado parte del mismo; y (iii) se ha terminado por dejar a un lado el disimulo y promulgar leyes 14
17 Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina que no guardan relación alguna con instituciones de Derecho civil foral. Incluso en algunas materias se aprecia una línea evolutiva entre (i) y (iii). Por ejemplo, al grupo de la legislación presa del disimulo más o menos contenido eso que algún autor denomina en círculos informales inconstitucionalidad, pero pequeñita pertenece la Ley 13/1990 de 9 de julio, de la acción negatoria, inmisiones, servidumbres y relaciones de vecindad: aunque no se lea así de claro en su Preámbulo, el legislador catalán aprovecha que la Compilación contaba con una regulación propia para el derecho real de servidumbre (ciertamente fragmentaria y pensada para una sociedad basada en el sector primario de la economía) para pasar a regular la acción negatoria, pero no solamente como medio de defensa de la propiedad libre de cargas frente a atribuciones indebidas de servidumbres por quienes no las tienen, sino también frente a perturbaciones meramente fácticas llevadas a cabo en las fi ncas vecinas por los amigos de las inmisiones medioambientales. Una necesidad muy sentida en los tiempos que corren (aparte de las acciones de responsabilidad civil extracontractual, que por defi nición precisan de la causación de un daño, qué acción, si no es la negatoria, puede defender con carácter preventivo la propiedad frente a inmisiones de ruidos, olores, etc., llevados a cabo por un vecino molesto o por una industria cercana?), pero en relación con la cual, para encontrar la competencia catalana en orden a su regulación, hace falta tener un concepto singularmente elástico de las instituciones. Pero aunque haciendo algún esfuerzo logremos encontrarla, lo curioso es que once años después, la Ley 22/2001, de 31 de diciembre, de regulación de los Derechos de Superfi cie, de Servidumbre y de Adquisición Voluntaria o Preferente pasa a ocuparse, no sólo de la servidumbre (derogando los arts. 4 a 25 de la Ley de 1990), sino, de paso, también del derecho de superfi cie, y el de opción, y el de tanteo, y el de retracto... La clave se halla en el Preámbulo, que, ya sin necesidad de buscar justifi cación alguna o anclajes de algún tipo en instituciones o principios del Derecho civil propio de Cataluña pero propio de verdad, proclama: Esta regulación, junto con la que contiene la Ley 13/2000, de 20 de noviembre, de Regulación de los Derechos de Usufructo, Uso y Habitación, y con la revisión de la Ley 6/1990, de los Censos, y de la Ley 22/1991, de Garantías Posesorias sobre Cosa Mueble, puede constituir la parte correspondiente a los «derechos reales limitados» del futuro Código civil de Cataluña, aunque los derechos de adquisición puedan constituirse, también, con carácter personal. El párrafo proporciona él sólo la explicación. Ya que estamos haciendo obra en el salón, aprovechemos para alicatar el aseo. Son los ya ques propios de las obras que se deciden hacer en las viviendas. Ya que podíamos regular la servidumbre, hagamos lo propio con la opción de compra. Ya que teníamos competencia para regular el usufructo, regulemos también el uso y la habitación (Ley 13/2000, de 20 de noviembre). Ya que se podía regular la accesión, pues de paso también la ocupación (Ley 25/2001, de 31 de diciembre, de la Accesión y de la Ocupación, recurrida en su momento ante el Tribunal Constitucional por el Gobierno del Partido Popular y retirado el recurso el 3 de septiembre de 2004). Pero junto a los ya ques hay que situar el grupo de la inconstitucionalidad completa, franca, abierta y sin ambages, del que formarían parte la Ley 23/2001, de 31 de diciembre, de Cesión de Finca o de Edifi cabilidad a cambio de Construcción Futura, o las leyes 22/1991, de 29 de noviembre, de garantías posesorias sobre cosa mueble y 19/2002, de 5 de julio, de derechos reales de garantía, con las que he abierto estas páginas. Dos magnífi cos ejemplos de legislación promulgada en abierta contradicción con el marco constitucional, pero que, curiosamente, responden a dos órdenes de motivos distintos. En efecto, la primera de las leyes mencionadas regula la cesión de una fi nca o de una edifi cabilidad incluida en la misma que se hace a cambio de la adjudicación de una construcción o rehabilitación futura. Una fi gura utilísima y muy practicada, que, como se puede leer en el Preámbulo, permite a los propietarios de terrenos o de fi ncas edifi cadas obtener viviendas, locales u otras construcciones, nuevos o rehabilitados, sin tener que intervenir directamente en el proceso de gestión y construcción de los mismos. Desde luego, el nexo de unión con el clásico Derecho civil catalán resultaba inexistente. Pero entonces, había que buscar el título competencial en otro lugar, y ése no fue otro que el de las atribuciones autonómicas en materia de vivienda, y el propio Preámbulo se encarga de citar la Ley 24/1991, de 29 de noviembre, de la Vivienda. Pero obsérvese bien: buscar en semejante lugar el título competencial para promulgar nuevas norma- doctrina 15
18 doctrina Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina tivas de Derecho civil es tanto como decir que cualquier Comunidad Autónoma lo puede hacer, ya sea de las que tenían un Derecho civil propio anterior a la Constitución, ya sea de las que no lo tenían. Y es que en los últimos años venimos asistiendo a un espectáculo que se repite por doquier en cualquier Comunidad Autónoma. Allí donde el legislador autonómico regula determinadas cuestiones que son básicamente de Derecho público y que, según la Constitución, le corresponde regular (turismo, comercio interior, caza, cultura, medio ambiente, reforma agraria, asistencia social, urbanismo y vivienda, etc.), aprovecha, de paso, para abordar en la regulación cuestiones de estricto Derecho civil, utilizando el trampolín que ofrece la normativa jurídico-pública. Es así que los Parlamentos Autonómicos pueden y deben legislar en materia de atención y protección de menores desamparados, pues entonces se aprovecha para regular los requisitos de la adopción. Es así que se legisla en materia de ordenación del comercio minorista, pues entonces se aprovecha para incluir en la regulación determinados preceptos sobre la oferta de contrato. Es así que se regula sobre las competencias del Protectorado de fundaciones que actúan en el territorio de la Comunidad Autónoma, pues entonces se regula de paso el régimen de constitución de la fundación, y la administración y disposición de los bienes de ésta. Es así que existe competencia autonómica en materia de turismo, pues entonces se regula también el régimen de determinados aspectos de los contratos por los que se constituye determinado derecho de aprovechamiento turístico a tiempo compartido (la ya mal llamada multipropiedad). Y así sucesivamente. A veces el Tribunal Constitucional ha puesto las cosas en su sitio, como pasó con la STC 264/1993, de 22 de julio, que declaró contrario a la Constitución el art. 35 de la Ley de 5 de octubre de 1989, de la Actividad Comercial de Aragón, que declaraba la responsabilidad solidaria por las irregularidades derivadas de la venta automática del titular del establecimiento donde se encuentre ubicada la máquina vendedora y del titular de la explotación comercial de la misma. Curiosamente, el art. 43 de la Ley 16/2002, de 19 diciembre, de Comercio de Castilla y León establece exactamente lo mismo, pero nadie ha intentado recurso o cuestión de inconstitucionalidad contra el mismo. Pero me refería a la posibilidad de otro motivo de inconstitucionalidad diferente. A mi juicio, es el que concurre en las dos leyes promulgadas en Cataluña sobre garantías posesorias mobiliarias. La normativa que llevó, en fi n, a que el Ambrosio de la fábula se quedara sin coche. En efecto, límites en la Constitución encontramos también para quien quiera situarse en esa tesis extrema que ve en el problema de la producción jurídico-civil de las Comunidades Autónomas, no una cuestión de Derecho foral sino una cuestión de Derecho civil autonómico. Algo que no está reservado, en consecuencia, para las Comunidades que tuvieran un Derecho civil propio a la entrada en vigor de la Constitución (o, si se quiere, incluyendo a las que lo hubieran tenido en otra época anterior). Pero pensaba yo que el límite mínimo se encuentra, al menos, en la propia Constitución, que reserva al Estado en todo caso una serie de competencias. Quienes defi enden la posibilidad de que el órgano legislativo autónomo pueda legislar sobre cualquier materia civil que no se encuentre reservada expresamente al Estado, las barreras explícitas a las que me he venido refi riendo se encuentran en el propio art º.8ª, como también en las reglas 2ª (nacionalidad), o 9ª (propiedad intelectual e industrial). Pero, a juzgar por las producciones normativas catalanas, ni siquiera el límite está ahí. Un derecho de retención confi gurado como derecho real, oponible como tal frente a terceros y con posibilidades de ejecución de la cosa retenida supone una transgresión sin paliativos de una de las bases de las obligaciones contractuales, algo que se halla explícitamente reservado para el legislador estatal. En defi nitiva, a primeros de octubre de 2006, Ambrosio se quedó sin coche. Irremediablemente, porque siempre habrá quien diga que el Estado español propone (la existencia de esa base) y la Generalidad dispone (sobre el contenido de la misma, aunque sea irreconocible). 4. La Propuesta de Estatuto 4.1.El texto aprobado por el Parlamento de Cataluña Es justo ésa la línea seguida por la Propuesta de Estatuto, que, en la versión nacida del Parlamento de Cataluña (BOCG de 21 de octubre de 2005), vino a atribuir en su art a la Comunidad Autónoma la competencia exclusiva para legislar en Derecho civil, con la única excepción de las materias reservadas expresamente al Estado en la Constitución. Hábil inversión subversiva, obsérvese, de lo que dice la Constitución: si la regla general en ésta es- 16
19 Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina CONSTITUCIÓN Artículo 149 PROPUESTA DE ESTATUTO (versión Parlamento de Cataluña) Artículo 129. Derecho civil PROPUESTA DE ESTATUTO (versión Cortes Generales) Artículo 129. Derecho civil doctrina 1. El Estado tiene competencia exclusiva sobre las siguientes materias: 8ª) Legislación civil, sin perjuicio de la conservación, modifi cación y desarrollo por las Comunidades Autónomas de los derechos civiles, forales o especiales, allí donde existan. En todo caso, las reglas relativas a la aplicación y efi cacia de las normas jurídicas, relaciones jurídico-civiles relativas a las formas de matrimonio, ordenación de los registros e instrumentos públicos, bases de las obligaciones contractuales, normas para resolver los confl ictos de leyes y determinación de las fuentes del derecho, con respeto, en este último caso, a las normas de derecho foral o especial. 1. Corresponde a la Generalidad la competencia exclusiva en materia de derecho civil, que incluye la determinación del sistema de fuentes, con la única excepción de las reglas relativas a la aplicación y a la efi cacia de las normas jurídicas, las relaciones jurídico-civiles relativas a las formas de matrimonio, la ordenación de los registros y los instrumentos públicos, las bases de las obligaciones contractuales, las normas para resolver los confl ictos de leyes y la determinación de las fuentes del derecho de competencia estatal. 2. La Generalidad tiene competencia exclusiva para regular las obligaciones extracontractuales y los distintos tipos de obligaciones contractuales, en el marco de las bases a que se refi ere el apartado. 1. Corresponde a la Generalidad la competencia exclusiva en materia de derecho civil, que incluye la determinación del sistema de fuentes, con la única excepción de las reglas relativas a la aplicación y a la efi cacia de las normas jurídicas, las relaciones jurídico-civiles relativas a las formas de matrimonio, la ordenación de los registros y los instrumentos públicos, las bases de las obligaciones contractuales, las normas para resolver los confl ictos de leyes y la determinación de las fuentes del derecho de competencia estatal. tablece que la legislación civil corresponde al Estado con excepciones, el Estatuto catalán dirá que la legislación civil a quien corresponde es a Cataluña con excepciones. O lo que es lo mismo, sacramentalización de toda esa normativa dictada a lo largo de los últimos años en Cataluña. No es de extrañar entonces que la Propuesta reconozca a la Generalidad la potestad exclusiva para legislar en materias tan dispares como la propiedad horizontal o como los arrendamientos urbanos (art. 137.b). O como la responsabilidad civil (art ). O cuando reserva a la Generalidad la defi nición de consumidor (art. 123.e, que incluye la consabida horterada o consumidora ). O cuando entiende que la competencia de ejecución comprende la totalidad de la potestad reglamentaria (art. 112), lo que invitaría a pensar en un Reglamento Hipotecario propio de Cataluña, en un Reglamento Notarial, en un Reglamento de Propiedad Intelectual (incluida la potestad de crear nuevas entidades de gestión colectiva de derechos), en un Reglamento de Marcas (para ambas propiedades inmateriales, véase el art. 155) o en otro Reglamento de Protección de Datos (art. 156). Este último, por cierto, podría suponer una sobrevenida cobertura legal para que el Gobierno de turno, tripartito o no, pueda hacerse con los datos íntimos de los pacientes de hospitales catalanes, algo que el pasado mes de enero fue noticia de portada constituyó portada en buen número de diarios nacionales (con la excepción de El País, naturalmente). De hecho, también se reservaba para el legislador catalán el 17
20 doctrina Revista de responsabilidad civil y seguro doctrina régimen del secreto profesional (art c), lo que constituía un olímpico desprecio (bien es verdad que desprecio parcial) por la importantísima Ley Orgánica 1/1982, del honor, la intimidad y la propia imagen. Y ya puestos a invadir competencias estatales de desarrollo de los derechos fundamentales, ahí está ahora el Consejo Audiovisual de Cataluña, que a tenor de lo que dispone la Ley 22/2005, de 29 de diciembre, de la Comunicación Audiovisual de Cataluña, será el encargado de decidir cuándo una información es veraz y cuándo no lo es (arts. 127 y 128), algo de lo que dependerá la califi cación de la falta cometida como muy grave (art. 132.b), lo que lleva aparejada como sanción una multa que puede llegar a euros y la suspensión de la activi- dad por un plazo máximo de tres meses, teniendo el prestador de servicios de televisión que difundir una imagen permanente en negro que ocupe el 100% de la pantalla, con un texto en blanco que indique que el canal ha sido suspendido en su actividad, sin emitir ningún sonido (art a). Repito que todo esto no lo decidirán los jueces, sino unos señores declarados idóneos por una comisión del Parlamento catalán (art ). Pero no nos desviemos del ámbito del Derecho civil. Deteniéndonos un momento en la responsabilidad civil, pero combinada la competencia para l e - gislar sobre esta materia con otras competencias de las referidas, podría suceder en un futuro que buena parte de las reglas sobre responsabilidad aquiliana fueran diferentes en Cataluña. O que, si al legislador autonómico, en un ataque de cordura, le resultara excesivo un panorama semejante, pudiera el ejecutivo hacer uso de la potestad reglamentaria, pues tanto la potestad legislativa como la reglamentaria han de corresponder a la Generalidad, según lo previsto en el art. 110, en el ámbito de sus competencias exclusivas. Cabría pensar, por ejemplo, en una Ley o/y en un Reglamento para la materia de la responsabilidad civil automovilística y su aseguramiento, por ejemplo. En una ley catalana para la que no existiera baremación de los daños corporales, o para la que sí hubiera exoneración del fabricante de productos farmacéuticos defectuosos cuando lograra demostrar que el estado de los conocimientos científi cos no había permitido conocer la existencia del defecto cuando el fármaco fue puesto en circulación (a diferencia de lo que sucedería en el resto de España, gracias a lo que establece el art. 6.2.e de la Ley 22/1994, de 6 de julio, de Responsabilidad civil por los Daños causados por Productos Defectuosos). Pero si la noción de consumidor (y consumidora, insisto ) también corresponde al organismo autonómico, podría Cataluña autodotarse de un concepto de consumidor diferente al habitual de destinatario fi nal de los productos que rige en el Derecho español (art. 1 de la Ley 26/1984, de 19 de julio, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios). Es verdad que ello no afectaría al ámbito de aplicación del régimen de responsabilidad civil por productos defectuosos diseñado por la Ley 22/1994, de 6 de julio, de Responsabilidad civil por los Daños causados por Productos Defectuosos, pues ésta se aplica a los daños causados por los mismos, sea a los consumidores o sea a quienes no lo son. Pero también es verdad que esta ley no se aplica a los usuarios de servicios defectuosos. Podría entonces ocurrir que, como la Disposición Final Primera declara que los arts. 25 a 28 de la Ley para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, no serán ya de aplicación a la responsabilidad civil por daños causados por productos defectuosos, en Cataluña tuvieran un régimen de responsabilidad civil por servicios defectuosos que resultase de aplicación dentro de un ámbito subjetivo diferente al resto del Estado. Y en un tema distinto pero próximo, defi nir por libre el concepto de consumidor podría desembocar en el efecto demoledor de que en Cataluña se aplicara el plazo de garantía de dos años previsto por la Ley 23/2003, de 10 de julio, de Garantías en la Venta de Bienes de Consumo, a quienes en el resto del Estado no son personas protegidas por esta normativa, precisamente por no tener la condición legal de consumidores (por ejemplo, al comprador de una máquina de fabricación de productos farmacéuticos que luego son vendidos a los consumidores). Se me dirá que todo esto son solamente ejemplos dados a título puramente experimental. O que 18

References: artículo 38
 Real Decreto 
 resolución 
 resolución 
 artículo 1903
 artículo 10
 Artículo 149
 Artículo 129
 Artículo 129