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Timestamp: 2020-07-16 15:49:07+00:00

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Prueba de campo de la Sony α7R III – Alta resolución a alta velocidad | Albedo Media
Sony ha empezado a actualizar su serie α7 por el modelo de máxima resolución, la α7R, utilizando para ello la conocida base de sus cámaras sin espejo con sensor de «formato completo» (24×36 mm) a la que ha añadido la experiencia adquirida con su buque insignia, la α9. El resultado, una cámara de 42 Mpx con prestaciones de cámara de reportaje.
Pocos pero apreciables cambios externos, más velocidad de ráfaga, mejora del autoenfoque, doble conexión USB, doble ranura de tarjeta y función de altísima resolución destacan entre los cambios de esta nueva revisión que hemos podido probar detenidamente sobre el terreno, después de una primera toma de contacto poco después de su lanzamiento.
Sony α7 RIII. © Albedo Media
El aspecto exterior mantiene la línea de toda la serie 7 desde sus orígenes a la que se han añadido pocos, pero interesantes cambios. De esta manera, los usuarios habituales de la marca se familiarizarán con facilidad con el nuevo modelo y apreciarán las mejoras introducidas.
Entre estas, la incorporación del joystick que, por suerte para los fotógrafos, empieza a ser cada vez más habitual en modelos, ya no sólo de gama alta sino también de gama media. Con él se controla el punto de enfoque, se navega por los menús y por las fotos realizadas.
Entre las interesantes mejoras, la incorporación del joystick, el botón AF-ON y el cambio de ubicación de la grabación de vídeo. © Albedo Media
El botón de grabación de vídeo ocupa ahora en un lugar que evita el accionamiento indeseado, como sucedía en versiones anteriores; ello sin perder accesibilidad necesaria. En su puesto encontramos un seguro para abrir el compartimento que aloja el doble ranura para tarjetas SD. También bienvenido aunque, eso sí, sólo la primera de las ranuras es compatible con UHS-II.
Doble ranura para tarjetas en la Sony A7 RIII. © Albedo Media
En el lateral opuesto, además de la conexión USB habitual, nos encontramos ahora con un puerto USB 3.1 Gen 1 de tipo USB-C pensado para conectarse directamente al ordenador u otros dispositivos externos y así agilizar la transferencia de datos para mejorar el flujo de trabajo en estudio, probablemente el terreno habitual de esta α7R III. Para facilitar esta tarea y evitar desconexiones involuntarias, el embalaje incluye un accesorio para sujetar el cable a la cámara.
Interesante incorporación del puerto USB 3.1 Gen 1 de tipo USB-C . © Albedo Media
Para finalizar con la lista de cambios apreciables a simple vista, aparecen dos botones muy apreciados por muchos fotógrafos: el AF-ON y el bloqueo de exposición; ambos en los lugares habituales donde suelen encontrarse en la mayoría de cámaras. No obstante, si a alguien no le gustan esas funciones prestablecidas, se les puede asignar cualquier otra de las 23 disponibles; igual que al resto de botones y diales, todos ellos configurables.
Todos los botones y diales se pueden configurar al gusto del usuario. © Albedo Media
Estos cambios consiguen que la nueva Sony α7R III resulte, efectivamente, muy cómoda de manejar pues, con la profusión de botones, todos bien colocados –quizá el C3 nos gustaría más al alcance de la mano derecha, junto al 1 y al 2–, en pocos minutos queda adaptada al gusto de cada cual.
Tamaño y peso –657 g– apenas varían respecto a modelos anteriores, por lo que la buena ergonomía se mantiene gracias a la gran y cómoda empuñadura. No nos cansamos ni la muñeca en el manejo ni el hombro tras cargar con ella durante varias jornadas. Y eso a pesar de que el objetivo utilizado, el potente Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master, no destaca precisamente por su reducido tamaño.
No se puede decir que la Sony α7 RIII con el objetivo Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master sea ligera, pero sí manejable. © Albedo Media
La pantalla y el visor también han cambiado. La primera, abatible, mantiene el tamaño de 3” y aumenta ligeramente la resolución, pasando de 1,2 Mpx a 1,4 Mpx. Además, incorpora el control táctil que permite elegir el punto de enfoque y moverse por la foto en el modo reproducción. Para el visor se ha utilizado la tecnología OLED Quad-VGA con una resolución de 3,69 millones de puntos y una ampliación de 0,78x. Dispone de una cobertura del 100% y ofrece una visión muy satisfactoria gracias a su capacidad de refresco máxima de 100 fps y libre de espacios negros incluso durante el disparo en ráfaga.
La resolución se mantiene intacta respecto al modelo anterior. Al fin y al cabo, 42,4 Mpx resultan más que suficientes para la mayoría de situaciones. Pero, por si a alguien necesita más, la Sony α7R III incorpora el modo Pixel Shift que ya conocemos, con ligeras variantes, de Olympus o Pentax.
En este caso, la cámara realiza cuatro tomas seguidas desplazando el sensor 1 píxel entre cada una para obtener el equivalente a casi 170 Mpx de resolución.
Imagen tomada con Sony α7 RIII con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master con la opción Pixel Shift. 70 mm. 1,3 s – f/8 – ISO 100. © Fernando Galán
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master como foto única. 70 mm. 1,3 s – f/8 – ISO 100. © Fernando Galán
Ello no significa, sin embargo, que obtengamos una imagen resultante con dicha resolución; el objetivo del Pixel Shift es utilizar este extra de resolución para ofrecer una imagen final de la misma resolución que el sensor pero de mejor calidad, en especial en lo que se refiere a la reproducción del color. En efecto, al desplazar el sensor de 1 píxel para cada uno de las 4 tomas, es posible evitar la clásica interpolación RGB de la pauta de Bayer y obtener una imagen similar a la que se obtuviese obtenido con un sensor de tipo Foveon sin interpolación alguna. Dicho funcionamiento queda perfectamente resumido en el propio vídeo de Sony.
Asimismo, al utilizar este modo entra en funcionamiento el obturador electrónico que, automáticamente, se programa en modo silencioso con un segundo de retardo para no obligarnos a usar un mando a distancia, aunque sí, obviamente, trípode. A pesar de este retardo para evitar trepidaciones, desde Sony se recomienda utilizar este modo con la cámara conectada al ordenador y realizar las tomas a través del programa gratuito específico de Sony Image Edge.
Recorte al 100 % de la misma imagen realizada con y sin la opción «Pixel Shift».
En cualquier caso, debemos usarlo para realizar el montaje pues, a diferencia de lo que sucede con esta función en las otras marcas reseñadas, al realizar la toma múltiple con la Sony α7R III, la imagen final no se acopla directamente en la cámara. Obtenemos cuatro archivos RAW –no JPEG a pesar tener la cámara configurada de esta manera– que sólo pueden combinarse con el editor de Sony.
El Sony Imaging Edge consta de tres módulos: visualizador, editor y disparo remoto. Se instala rápido y se maneja con facilidad pero resulta un poco lento.
La instalación se realiza en pocos minutos y el manejo no supone ningún problema. También el proceso de combinación lleva apenas unos segundos y la foto resultante –con la extensión ARQ–, se puede seguir editando como si de un RAW se tratase. Así, obtenemos una imagen rica en detalle y gama tonal en la que, además, han desaparecido los artefactos que pudieran surgir en la toma única –muaré, por ejemplo–.
En cualquier caso, no necesitamos utilizar el Pixel Shift para obtener imágenes con detalle y amplio rango dinámico pues el sensor de la α7R III, pues el CMOS Exmor R retroiluminado que ya conocemos de la Sony RX1R II, ofrece una calidad a prueba de los más exigentes con una magnífica gradación tonal – hasta 15 pasos– y textura tanto en las zonas más iluminadas como en las sombras.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 31 mm. 1/320 s – f/5,6 – ISO 100. © Fernando Galán
El nuevo procesador Bionz X contribuye en gran medida a alcanzar esta riqueza de matices pues consigue mejorar y agilizar el tratamiento de las imágenes además de mejorar los resultados con ISO elevados y permitir la salida RAW de 14 bits. Un RAW muy flexible que, cuando editamos, permite recuperar detalles que parecían ocultos.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 24 mm. 1/400 s – f/5 – ISO 102.400. © Fernando Galán
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 24 mm. 1/160 s – f/5,6 – ISO 51.200. © Fernando Galán
Si bien el valor máximo de sensibilidad sigue fijado en IE 102.400, a estos valores sólo se llega cuando extendemos el rango nominal que abarca de ISO 100 a 32.000. En esta horquilla el nivel de ruido resulta aceptable aunque, con condiciones de luz escasa, mejor evitar no llegar al límite.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 31 mm. 1/100 s – f/5,6 – ISO 8.000. © Fernando Galán
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 24 mm. 1/80 s – f/5,6 – ISO 1.600. © Fernando Galán
El enfoque también se ha mejorado respecto a la versión anterior de la α7R utilizando la experiencia de la α9; especialmente el seguimiento y el reconocimiento facial. Para ello utiliza un sistema híbrido de AF con un área de detección de fase de 399 puntos que ocupa el 68 % del sensor junto a una superficie de 425 puntos de AF por contraste.
Este sistema híbrido permite agilizar la tarea del enfoque y mejorar la precisión incluso durante el seguimiento de sujetos o con luz escasa; una mejora interesante para poder sacar partido de ese ISO elevado que alcanza.
En la práctica hemos podido comprobar la eficacia del sistema incluso disparando en pabellones poco iluminados. Además, el Eye AF realiza con precisión su trabajo reconociendo sin problema los rostros y manteniendo el foco a pesar del movimiento del sujeto, lo que resulta de gran utilidad para los retratos de estudio, uno de los trabajos a los que, sin duda, se enfrentará esta α7.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 70 mm. 1/1.000 s – f/2,8 – ISO 4.000. © Fernando Galán
El mencionado botón AF-ON también contribuye a que, cuando fotografiamos sujetos en movimiento, podamos mantener el foco elegido, especialmente cuando hacemos uso de la mejorada ráfaga que ahora llega hasta 10 fps; una cifra de récord si tenemos en cuenta que tenemos entre manos una cámara con una resolución de 42 Mpx.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 46 mm. 1/160 s – f/18 – ISO 100. © Fernando Galán
Eso sí, para conseguir almacenar esa cantidad de datos necesitamos una tarjeta de máxima velocidad de grabación de datos. Aun así, la cámara se toma su tiempo para guardar las fotos. No obstante, no hemos sufrido en ningún momento saturación del búfer a pesar de disparar varias ráfagas seguidas.
Según las cifras oficiales, tiene capacidad para 76 imágenes en formato JPEG y 28 en RAW. Nosotros solemos guardar en RAW+JPEG por lo que, en teoría, el búfer debería llenarse antes de la tercera ráfaga. No obstante, en situaciones habituales, hemos podido disparar todo lo necesario sin sufrir falta de capacidad de memoria.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 29 mm. 1/80 s – f/11 – ISO 100. © Fernando Galán
Tampoco hemos lamentado falta de autonomía. Una de las novedades importantes de esta tercera revisión de la α7R radica en una nueva batería que duplica la capacidad de la anterior. Esto supone una autonomía teórica de 600 disparos que, bajo nuestra experiencia, se supera en condiciones normales.
El estabilizador de cinco ejes –3 en el cuerpo de la cámara más 2 en la óptica– que ya encontrábamos en el modelo anterior ha mejorado los sensores de giro y los algoritmos de compensación para superar los 5 pasos.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 39 mm. 1/60 s – f/4,5 – ISO 100. © Fernando Galán
Respecto a la grabación de imágenes en movimiento, se han incorporado también algunas mejoras. Mantiene la grabación en XAVC 4K pero se añade la posibilidad de sobremuestrear sobre datos equivalentes a 5K. Cuenta además con los perfiles S-Log 3 y HLG para un flujo de trabajo HDR en directo. En caso de que se desee una salida limpia, cuenta con conector HDMI directo.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 24 mm. 1/80 s – f/8 – ISO 500. © Fernando Galán
La serie α7 de Sony se ha convertido en una de las opciones preferidas por la mayoría de los fotógrafos que quieren cambiar al sistema sin espejo pero desean un sensor de «formato completo» (24×36 mm). Mientras, los fans de las DSLR siguen argumentando falta de velocidad en las de visor electrónico para defender su preferencia.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 24 mm. 1/1.250 s – f/2,8 – ISO 100. © Fernando Galán
Las principales marcas del segmento vienen demostrando con sus últimos lanzamientos que las cosas han cambiado; Sony hizo lo propio con su α9, convenciendo a muchos escépticos. No obstante, las altas miras de este modelo y, por tanto, su precio, la dejan fuera del alcance del presupuesto de una buena parte de fotógrafos.
Se hacía necesario, por tanto, actualizar la gama media alta representada por la serie α7 para ofrecer los avances logrados en el tope de gama bajando un poco el listón. A la “R” que ahora hemos probado le seguirán, suponemos, la “S” para alta sensibilidad y la A7 “a secas”.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 67 mm. 1/250 s – f/4 – ISO 100. © Fernando Galán
Cuando llegue ese momento, cada usuario encontrará su α7 preferida; por ahora, tenemos que conformarnos con este modelo de alta resolución con poca competencia en el mundo mirrorless y con una oponente clara entre las réflex: la Nikon D850. Centrándonos en los números y en los resultados, la batalla está bastante reñida. La primera impresión nos dice que cada usuario elegirá su vencedora en función de la preferencia particular por uno u otro sistema.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 70 mm. 1/125 s – f/8 – ISO 400. © Fernando Galán
En esa decisión particular no podemos decantarnos, pero sí podemos enumerar algunos datos: la Sony probada tiene un precio oficial de 3.500 € mientras que la Nikon cuesta unos 300 € más; mayor número de disparo en ráfaga, pesa la mitad, tolera mayor valor ISO, cuenta con el doble de puntos de enfoque, obturador electrónico… En definitiva, a la Sony α7R III, sin alcanzar las excelencias de la α9, tiene argumentos sobrados como para convencer.
Imagen tomada con Sony α7R III con Sony FE 24-70 mm f/2,8 G Master a 70 mm. 1/100 s – f/5,6 – ISO 320. © Fernando Galán
Las mejoras introducidas –y la relativamente escasa diferencia de precio con respecto la α7R II– creemos que pueden ayudar a disipar las dudas que muchos compradores se plantean cada vez que se actualiza un modelo y valoran si optar por el nuevo o hacerse con la versión anterior para ahorrar dinero.
Nota: el artículo ha sido actualizado para aclarar el funcionamiento del Pixel Shit.
Sony FE 24-70 f/2.8 G Master
Juanjo 22 enero, 2018 at 11:34
Enhorabuena, de nuevo, por este nuevo trabajo. Para mí, queda claro que esta cámara se perfila como mi próxima adquisición; no obstante, aún estoy a la espera de tener más información de un detalle que, aunque se interprete como un simple detalle, no es menos importante: ¿sabemos si cuando hay escasa luz ambiente, la A7r III activa la luz de infrarrojo de un flash como el HVL-F60M acoplado a su zapata? ¿o quizás sigue utilizando la minúscula, nada efectiva y hasta ridícula lámpara acoplada al cuerpo? Parece increíble que detrás de tanta tecnología respaldando a este sistema, se den carencias de esta índole por falta de criterio tal vez. Una verdadera lástima…
Muchas gracias por vuestro tiempo, esfuerzo y energías.
Raphaël Terris 26 enero, 2018 at 12:28
Hola Juanjo. Lamentablemente, durante nuestra prueba de campo no hicimos uso de ningún flash, por lo que no hemos podido comprobar ese punto. Por otra parte, en las especificaciones del fabricante no indica que disponga de esa función. No obstante, como aspecto positivo, comentarte que enfoca muy bien en situaciones de luz escasa. Un saludo y gracias por tu comentario.
Quartofosc 26 marzo, 2018 at 00:29
Hola Juanjo, pues te confirmo que no se activa la luz infrarroja del flash en la A7R III. Tal como dices, un pequeño ‘gran detalle’ que sería de gran ayuda para los que hacemos ‘social’, pero sin solución de momento. También decirte que por el precio del flash y la cámara -nada baratos-, bien se lo valdría poder disponer de ello.

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