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Timestamp: 2019-10-21 07:30:32+00:00

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El futuro de la música está en la Universidad
Situación de los estudios superiores de música tras la anulación de los Grados
La Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa, conocida como “Ley Villar Palasí”, determinaba en su disposición transitoria segunda que “Las Escuelas Superiores de Bellas Artes, los Conservatorios de Música y las Escuelas de Arte Dramático se incorporarán a la Educación Universitaria en sus tres ciclos, en la forma y con los requisitos que reglamentariamente se establezcan.”
En consecuencia, se transforman las escuelas de Bellas Artes en facultades universitarias, adscritas a las universidades de su entorno geográfico, en virtud del Real Decreto 988/1978, de 14 de abril, sobre transformación de las Escuelas Superiores de Bellas Artes de Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla y Valencia en Facultades de las respectivas Universidades, sin que ello suponga una merma de los derechos adquiridos por el profesorado, al que se mantiene en sus puestos y al que se facilita la realización del doctorado, y sin que el título de Doctor sea requisito indispensable para trabajar en la Universidad.
En 1988 surgen diversos pronunciamientos de carácter académico y reivindicatorio:
Los claustros de los conservatorios de música de Madrid y de Valencia, y seguidamente el resto de conservatorios españoles piden formalmente a los poderes públicos que se les transforme también en facultades universitarias.
La propuesta del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid a este respecto se contiene íntegra en la revista Música y Educación, Nº 1, de la primavera de 1988, bajo el título “Observaciones del real conservatorio superior de música de Madrid al documento ministerial para la reforma de las enseñanzas musicales, de abril de 1986”, y de ella surge esta cita literal:
Establecidos los dos niveles anteriores en correlación con los niveles de EGB y BUP y superados éstos, la integración de nuestros estudios superiores en los universitarios se produciría en condiciones idénticas a las que se dan en cualquier Facultad Universitaria.
El reconocimiento en estas condiciones del Nivel Universitario para nuestros estudios y titulaciones superiores, representará una gran satisfacción para nuestro Claustro, y supondrá la consecución de una constante y lógica aspiración, y la reparación de una injusta valoración social y académica de los estudios musicales.
En diciembre de 1988, como respuesta a las intenciones ministeriales de establecer un marco no universitario para la enseñanza superior musical, plasmadas en los Presupuestos Generales del Estado de 1988, surge la Propuesta para la incorporación de la Música a la Universidad, que fue respaldada por importantes figuras del mundo profesional y secundada por las más prestigiosas orquestas del país. El comité que le da soporte, constituido por 40 personalidades, viene encabezado por el Duque de Alba, y le siguen otros como Teresa Berganza, José Carreras, Antón García Abril, Alicia de Larrocha, Alfredo Kraus, Xavier Montsalvatge, Luis de Pablo y Montserrat Torrent.
Esta propuesta afirma que optar por un marco diferenciado para la enseñanza superior de la Música, ajeno al sistema universitario, es una “solución excepcional, condenada a perpetuar la marginación a la que desde siempre han estado sometidas las enseñanzas musicales, con las tristes consecuencias que conocemos, y que sólo beneficia a los sectores más reaccionarios, que en su automarginación ocultan intereses inconfesables.” Añade que las propuestas excepcionales “demuestran la ignorancia y el miedo con que las autoridades tratan el problema de la educación musical.” Y sigue diciendo que los estudios musicales deberían incorporarse a la universidad a través de un departamento o instituto universitario propio, dando lugar a una titulación genérica de licenciado en música, compatible con una oferta de especializaciones internas y diversificaciones curriculares…”.
Suscriben esta propuesta 71 instituciones académicas, entre ellas 8 universidades y 6 conservatorios superiores; 55 agrupaciones musicales, entre las que figuran la Orquesta Nacional de España y la Orquesta y Coro de la RTVE; 68 asociaciones culturales y profesionales; 88 instituciones diversas; y 1382 personas, que incluyen a profesionales, artistas, intelectuales, estudiantes y simpatizantes.
En 1990 se aprueba la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), derogándose la Ley Villar Palasí, que fue incumplida durante veinte años continuados, en lo que respecta a la transformación de los conservatorios de Música y las escuelas de Arte Dramático en facultades universitarias.
Por Real Decreto 1423/1992, de 27 de noviembre, se incorporan las enseñanzas de Educación Física a la Universidad. Este reglamento dispone la integración de los antiguos institutos de Educación Física en la Universidad, incluyendo a su profesorado y personal de servicios. Al parecer, ello tiene su origen en diversas protestas organizadas desde estos institutos. ¿A qué viene esto? Se preguntará el lector… ¿No resulta extraño que las enseñanzas deportivas se hayan podido normalizar desde hace veinte años y, sorprendentemente, no haya ocurrido lo mismo con las enseñanzas musicales, por mucho esfuerzo y sacrificio que estas requieran? Esta situación no la comprenden todavía muchos profesores, y sobre todo los alumnos, desconocedores de lo que se teje entre los bastidores donde se decide su futuro académico.
En 1996 se funda la Asociación Española de Centros Superiores de Enseñanzas Artísticas (ACESEA), con la finalidad estatutaria de colaborar con las administraciones en la elaboración de las normas que regulen estas enseñanzas. Sus socios fundadores son Álvaro Zaldívar Gracia, Daniel Vega Cernuda y Pablo Javier Barón Escamilla. Sus socios de número son los centros que ingresen después de la constitución de la asociación, según sus propios Estatutos.
En los documentos oficiales y en los artículos de prensa, ACESEA dice agrupar a la práctica totalidad de centros de enseñanzas artísticas superiores del Estado Español, que son en su mayoría centros públicos. Pero esto resulta un imposible, porque los centros públicos dependientes de las administraciones educativas carecen de personalidad jurídica propia y, por tal motivo, no tienen capacidad para constituir asociaciones o formar parte de las mismas, pues para ello se requiere ser persona física o jurídica, pública o privada, según exige el artículo 3 de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación.
Durante la tramitación de la vigente Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), el Ministerio deja de lado a las organizaciones sindicales, asegurándoles que no se va a legislar sobre enseñanzas artísticas. Sin embargo, en el anteproyecto de ley surge un capítulo completo dedicado a la regulación de las mismas. En mayo de 2009, en una comparecencia pública de un alto representante del Ministerio de Educación, éste confirmará que existió un “comité secreto de expertos” que participaron en la elaboración de las normas básicas que afectarían a las enseñanzas artísticas superiores con la entrada en vigor de la LOE.
El 25 octubre de 2005, comparece en la Comisión de Educación y Ciencia del Congreso de los Diputados el Sr. Pau Monterde, en representación de ACESEA, para informar sobre el proyecto de Ley Órgánica de Educación en lo referente a las enseñanzas artísticas, según consta en las actas publicadas en el Boletín Oficial de las Cortes, sin que se conozca la participación de otros colectivos relacionados con estas enseñanzas en el proceso de elaboración de la norma.
En su primera intervención, Monterde dice que “…los centros superiores deben disponer de una autonomía (académica, de gestión, financiera) como la que la Constitución reconoce a las universidades. Es muy difícil gestionar la especificidad de estas enseñanzas y su integración en el espacio europeo de educación superior sin esta triple autonomías. Esta consideración ha llevado a algunos centros a pedir la integración de las enseñanzas artísticas superiores en la universidad. Sin embargo, pienso que la especificidad y las singularidades de las enseñanzas artísticas, las ratios bajas profesor-alumno, los grupos reducidos, la enseñanza personalizada, los espacios específicos que a menudo son excluyentes, la adquisición de saberes pero también en paralelo la adquisición de habilidades, la flexibilidad necesaria de los estudios, las titulaciones del profesorado, el régimen de incompatibilidades, la diversidad de niveles que tiene, estas singularidades creo que aconsejan una organización específica de las enseñanzas artísticas fuera de la universidad pero con el mismo grado de autonomía…”
A la intervención de Monterde siguen diversas interpelaciones de los representantes de los distintos grupos parlamentarios que revelan una actitud favorable a la transformación de estas enseñanzas en estudios universitarios por parte de los miembros de la Comisión, con ciertos matices. El Sr. Calpe Saera, del Grupo Parlamentario Popular, manifiesta lo siguiente:
“…En su exposición parece que refleja que no deben integrarse en la universidad —y lo comparto— algunas materias como las enseñanzas musicales, en tanto en cuanto en muchos casos, al menos en el de los instrumentistas, al margen de una formación completa, como usted muy bien ha dicho, se trata de adquirir sobre todo una destreza y una habilidad en tañer el instrumento. De todas formas, ¿no sería conveniente hacer una disgregación y que determinadas enseñanzas tuvieran un encaje en la universidad? Porque ciertamente algunas materias sí que admitirían funciones propias de la institución universitaria, como es especialmente la investigación…”
La posición del Grupo Parlamentario Socialista queda reflejada en la siguiente declaración, a la que da voz el Sr. Benzal Roman, representante del mismo:
“…el profesorado, para aproximar las enseñanzas artísticas a la universidad, bien sea con una regulación específica no universitaria pero superior o una regulación universitaria que el proyecto de ley no excluye, en cualquier caso, ¿cuál sería la formación necesaria?...”
Pau Monterde responde después a las aclaraciones que le han pedido los distintos representantes de los grupos parlamentarios con las siguientes afirmaciones:
“…Se me preguntaba sobre si algunas de estas enseñanzas podrían estar en la universidad y yo manifestaba mi opinión de que es mejor que estén fuera, pero estar fuera no significa dejarlas al nivel de la secundaria, sino situarlas en el nivel de la enseñanza superior que el proyecto de ley recoge. Hay un tramo que es clarísimo que puede y debe estar en la universidad, que es el doctorado, es decir, la investigación…”
Antes, durante y después de que esto ocurra no se da ningún debate en los centros educativos que permita asegurar que la opinión expresada por Monterde se corresponde con el sentir de los claustros o de la comunidad educativa. Sin embargo, estas afirmaciones se toman por válidas por el legislador y finalmente la LOE convierte la separación entre enseñanzas artísticas superiores y las enseñanzas universitarias en un precepto legal que habrán de soportar los verdaderos interesados: los profesores y los alumnos de los conservatorios superiores de música españoles y del resto de enseñanzas artísticas de grado superior.
La LOE crea además un órgano consultivo del Gobierno, llamado Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas, en el que teóricamente participan representantes del profesorado. Pero debido a su reglamento, existen en el mismo sólo 12 consejeros representantes de los profesores frente a 17 consejeros representantes de los directores de centros superiores. Además de la desproporción evidente, que inclina el peso hacia los directores, los consejeros representantes de los profesores son mayormente agentes sindicales. Sin embargo, dos representantes de ACESEA, entre ellos su presidente Juan Ángel Serrano Masegoso, director de la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia, ocupan dos de los cargos de consejero que deberían corresponder a profesores, y Masegoso es a la vez miembro de la Comisión Permanente del Consejo, que, pese a lo dispuesto en la norma reguladora, acaba tomando las decisiones importantes que habría de tomar el Pleno del Consejo; convirtiéndose el Pleno en un órgano simbólico, y derivándose el poder real hacia la Comisión Permanente.
Tras la firma de la Declaración de Bolonia por España en 1999, con mucho retraso sobre el calendario previsto, pues la adaptación de los planes de estudios debía finalizar en 2010, se aborda la ordenación reglamentaria de las enseñanzas artísticas superiores. El primer borrador del Real Decreto que las regula es de fecha 24 de junio de 2008, y el 12 de enero de 2009 la Comisión Permanente del Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas emite un breve dictamen sobre el Informe de la Ponencia, elaborado por el Sr. Lemes Castellano y otros colaboradores, la mayoría de ellos directores de centros vinculados a ACESEA.
En el Informe de la Ponencia se recomienda, entre otros, la adopción de una estructura de niveles para las enseñanzas artísticas superiores en tres ciclos, denominados Grado, Máster y Doctorado, cuya superación dará lugar a la obtención del título de Graduado o Graduada, Máster, y Doctor o Doctora, respectivamente; y se incide en la necesidad de dotar a estas enseñanzas de mecanismos de acreditación de la calidad, como condición esencial para su reconocimiento en Europa.
El Ministerio de Educación, a partir de estas propuestas y con críticas observaciones formuladas desde el ámbito universitario, da su forma definitiva al Real Decreto 1614/2009, de 23 de octubre: un reglamento para la ordenación de las enseñanzas artísticas superiores en su conjunto (Música, Danza, Arte Dramático, Conservación y Restauración, Diseño, y Artes Plásticas), que “consagra”, según el Consejo de Estado, su separación de la Universidad, sin tener en cuenta la gran disparidad entre ellas, ni muchas de las recomendaciones de la Ponencia, como la deseable autonomía de los centros , la necesaria acreditación y verificación de la calidad de los títulos o la inclusión del doctorado como ciclo propio de estas enseñanzas.
Se adopta la denominación de las titulaciones recomendada por la Ponencia, pero finalmente no se dota a los nuevos títulos de Grado de sistema de acreditación y verificación de la calidad. Además, se incluye una disposición adicional (la séptima) cuyo contenido parece limitar la posibilidad de que las universidades puedan ofrecer titulaciones de contenido coincidente.
Durante la tramitación del Real Decreto 1614/2009, y a raíz de la escasa información y nula participación de los claustros en esta reforma, se promueve un Manifiesto por la plena integración de las enseñanzas artísticas superiores en la Universidad, por una asociación de profesores y alumnos llamada Coordinadora de Enseñanzas Artísticas Superiores (CEEAASS). El Manifiesto de CEEAASS estima que ha llegado el momento de aprovechar las transformaciones normativas para normalizar el estatus de estas enseñanzas, y retoma la reivindicación histórica de su incorporación a la Universidad, consiguiendo recabar unas 3.000 firmas a título privado, y casi 4.000 adhesiones públicas a su Manifiesto que expone en Internet y hace llegar al Ministro de Educación, al Congreso de los Diputados y al Presidente del Gobierno.
Gracias a diversas contribuciones, CEEAASS promueve debates públicos en los que participan altos representantes políticos, sindicales, académicos e institucionales. La repercusión pública es muy grande, en comparación con otras campañas anteriores, y los apoyos muy importantes. Pero tras la publicación de su Manifiesto, en abril de 2009, ACESEA promueve un “contramanifiesto” infamante en los centros que tilda de ilegal pedir el estatus universitario para estas enseñanzas, y empiezan las presiones y represalias sobre algunas personas que colaboran visiblemente con CEEAASS, llegando a la destitución en sus cargos.
No obstante, se crea un estado de opinión sin precedentes en las comunidades educativas, que son en general favorables a la integración universitaria. Ello se acaba de confirmar con la votación en los conservatorios superiores de música andaluces de otro Manifiesto que pide la conversión del Instituto Andaluz de Enseñanzas Artísticas Superiores en una “Universidad de las Artes” o la incorporación de estos centros a las respectivas universidades, que se aprueba por una amplísima mayoría en los claustros, convocados a propósito, que roza la unanimidad.
Mientras todo ello ocurre, el Gobierno de España se muestra insensible a la petición, que no puede desconocer, pues CEEAASS envía regularmente información a diversas instancias ministeriales y al Parlamento. Sin embargo, la reina Dª Sofía, conocedora de la situación, intercede y da traslado al Ministerio de Educación. En consecuencia, éste encarga la elaboración de un informe sobre la cuestión a la Dirección General de Universidades: un informe que nunca verá la luz, pues “hay otras asociaciones que no quieren que estas enseñanzas entren en la Universidad”, según indica la persona encargada del asunto, cuando se le pregunta por el estado de tramitación del informe, meses después de su encargo.
Finalmente, tras el cambio de Gobierno, el Tribunal Supremo se pronuncia mediante cuatro sentencias en enero de 2012, declarando nula una parte del Real Decreto 1614/2009, su “núcleo duro”. El Supremo considera nulos de pleno derecho los artículos 7.1, 8, 11 y 12, en cuanto a la denominación de los estudios de Grado y de los títulos de Graduado o Graduada que recomendaba la Ponencia, por vulneración de lo dispuesto en la Ley Orgánica de Educación a este respecto, donde expresamente se recoge el término de Título Superior en la especialidad correspondiente; y anula también la disposición adicional séptima, que podría impedir la impartición de enseñanzas artísticas en las universidades, por conculcar el derecho fundamental a la autonomía universitaria que reconoce la propia Constitución.
A raíz del fallo judicial, dimanante de cuatro recursos contencioso-administrativos interpuestos por las universidades de Granada, Málaga, Sevilla y Politécnica de Valencia, se produce una auténtica convulsión en los centros. Los alumnos están decepcionados y se sienten engañados, ya que les prometieron un “título de Grado” al matricularse, que es lo que se lleva en el Espacio Europeo de Educación Superior, cuando la LOE hablaba de” título Superior de Música o Danza en la especialidad de que se trate, que será equivalente a todos los efectos al título universitario de Licenciado o al título de Grado equivalente”, y ahora no se conoce cuál es la solución que adoptará el Estado para resolver este desaguisado. En las redes sociales de Internet se abren varios foros donde se debate acaloradamente y se promueve la recogida de firmas para que se reconozcan las titulaciones anuladas, haciendo oídos sordos al Alto Tribunal, o para que se transformen en universitarias estas enseñanzas de inmediato.
Desde las instancias oficiales y algunos sindicatos se dice que sólo es un problema “de denominación”, como quien quiere quitar hierro a la cosa, y cuatro representantes de ACESEA (su presidente Masegoso, Daniel Vega, Ruth Viñas y Ángel Martínez Roger) se han reunido el pasado día 8 de febrero con la nueva Secretaria de Estado de Educación para exigirle una solución a lo que en parte son responsables. Aunque no parecen ver más allá de aquel “espacio propio y autónomo” para las enseñanzas artísticas superiores que vienen defendiendo y que ha llevado a la degradación de estas enseñanzas, según se ha sabido por su intervención en la Asamblea celebrada el día 16 del mismo mes en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde confluyeron profesores y alumnos de varias ramas artísticas, y donde se cuestionó su representación.
Sin embargo, se abre un cisma que puede ser esperanzador, ya que los directores de todos los centros superiores de enseñanzas artísticas de Galicia se acaban de pronunciar abiertamente a favor de la plena integración de las enseñanzas artísticas superiores en la Universidad y están promoviendo votaciones en los centros. Una actuación sin precedentes en nuestro país, que puede significar que no todo está perdido, y que más tarde o más temprano, a pesar de los intereses personales que lo han impedido hasta ahora, se alcanzará la normalización académica de los estudios musicales y se dotará de autonomía a los conservatorios superiores para que puedan optimizar sus recursos y fomentar la excelencia, sin depender de administraciones que les dicten los contenidos de sus planes de estudios, abriendo la puerta a la investigación, que ha estado vedada absurdamente en estos centros, pese al gran potencial humano y la calidad de la mayoría de sus docentes; lo que sólo es posible en nuestro país dentro del sistema universitario general, no en un “espacio propio y autónomo” sin autonomía real.

References: Real Decreto 
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 artículo 3
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