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Timestamp: 2017-02-22 07:28:21+00:00

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1_9788499853741 by Editorial Tirant Lo Blanch - issuu
Universitat de ValĂ¨ncia
Este trabajo ha sido realizado dentro del Proyecto de I+D del
Ministerio de Educación y Ciencia SEJ 2005-08044
© VIRGINIA PARDO IRANZO
I.S.B.N.: 978 - 84 - 9876 - 028 - 6
PRUEBA PENAL Y DOCUMENTO: ASPECTOS
I. NOCIONES PREVIAS ..............................................................
II. LA FUNCIÓN DE LA PRUEBA COMO BASE PARA LA
DISTINCIÓN ENTRE ACTOS DE INVESTIGACIÓN Y DE
PRUEBA.....................................................................................
A) Punto de partida: la función de la prueba ..........................
a) Breve referencia a las posiciones doctrinales tradicionales ................................................................................
b) La función de la prueba en la actualidad ......................
B) Distinción entre actos de investigación y actos de prueba.
I. CONSIDERACIONES INICIALES ..........................................
II. CONCEPTO DE DOCUMENTO ..............................................
A) Elementos que conforman el documento y sus características .........................................................................................
B) El concepto de documento en diversos textos legales.........
a) En el Código Civil y en la Ley de Enjuiciamiento Civil
b) En el Código Penal .........................................................
c) En otras leyes recientes .................................................
III. CLASES DE DOCUMENTOS...................................................
A) Documentos públicos y privados .........................................
B) Documento auténtico ...........................................................
C) Conjunto documental ...........................................................
D) Documento a efectos casacionales .......................................
EL DOCUMENTO EN EL SISTEMA PROCESAL
PENAL: LAS FUENTES Y EL MEDIO
I. PUNTO DE PARTIDA: DISTINCIÓN ENTRE FUENTES Y
MEDIOS DE PRUEBA ..............................................................
II. EL DOCUMENTO COMO FUENTE DE PRUEBA.................
A) Documento, cuerpo del delito y piezas de convicción .........
B) La “estraneità” como requisito del documento ...................
a) Significado de “estraneità” .............................................
b) Referencia a los actos documentados ............................
1. Actuaciones documentadas ......................................
2. Prueba personal documetada ...................................
3. Referencia a los informes periciales ........................
c) El desconocimiento del autor del documento: el supuesto del documento anónimo .............................................
III. FUENTES DE PRUEBA SUSCEPTIBLES DE ACCEDER AL
PROCESO A TRAVÉS DE LA PRUEBA DOCUMENTAL ......
A) Nociones previas ..................................................................
B) Documentos tradicionales....................................................
C) Grabaciones fonográficas y videográficas ...........................
a) Primera jurisprudencia ..................................................
b) Evolución jurisprudencial posterior ..............................
c) ¿Qué constituye la fuente: la cinta o su transcripción?
d) Requisitos .......................................................................
e) Reflexión final .................................................................
D) El documento informático ....................................................
E) Fotografías, croquis, planos y similares..............................
F) Las copias .............................................................................
a) Aspectos generales .........................................................
b) Posiciones jurisprudenciales ..........................................
1. La fotocopia no es un documento .............................
2. Sólo las fotocopias “autenticadas” son documento ..
3. Las fotocopias sí son documento ..............................
c) Conclusión.......................................................................
G) Informes periciales versus prueba documental ..................
a) Regulación y justificación de la reforma .......................
b) Jurisprudencia anterior a la reforma de 2002 ..............
1. Objetividad de los informes ......................................
2. Aceptación tácita de los análisis ..............................
3. Su consideración de prueba preconstituida.............
c) La situación tras la reforma de 2002.............................
1. Ámbito de aplicación del artículo 788.2, II LECrim
2. Consecuencias de la “conversión” en prueba documental .......................................................................
3. Riesgos.......................................................................
H) La posible eficacia probatoria de las diligencias sumariales: el artículo 730 LECrim..................................................
a) Regla general: la ineficacia probatoria de las diligencias sumariales ...............................................................
b) Excepción: actos documentados que pueden acceder al
proceso por la vía del artículo 730 LECrim...................
1. Requisitos ..................................................................
2. Referencia a las actuaciones de la policía y del Ministerio Fiscal............................................................
I) El supuesto del artículo 714 LEcrim: la lectura de las declaraciones testificales contradictorias ...............................
I. NORMATIVA APLICABLE: SUPLETORIEDAD DE LA LEC
II. PROPOSICIÓN DE PRUEBA...................................................
A) Requisitos .............................................................................
B) Momento para proponer prueba ..........................................
a) En el Procedimiento Ordinario ......................................
1. Regla general ............................................................
1.1. Petición de parte ...............................................
1.2. Sobre la posibilidad de prueba de oficio: el artículo 729.2º LECrim ...........................................
1.3. Análisis de la expresión “examinará por sí mismo” del artículo 726 LECrim............................
2. Excepciones ...............................................................
b) En el Procedimiento Abreviado......................................
C) La aportación de los documentos: original, copias e idioma .........................................................................................
a) Aportación de copias.......................................................
b) Aportación de documentos que no están en poder de la
parte ................................................................................
c) Idioma del documento ....................................................
III. DECISIÓN SOBRE LA ADMISIÓN .........................................
IV. PRÁCTICA DE LA PRUEBA ....................................................
A) Una cuestión previa: la impugnación del documento ........
B) Momento de la práctica de la prueba documental: regla general y excepciones...............................................................
a) Regla general: la lectura en privado por el juez y su
relación con los principios de oralidad, contradicción,
publicidad e inmediación ...............................................
b) Análisis de la expresión “tener por reproducido”..........
c) Excepciones: la anticipación de la prueba .....................
1. Prueba anticipada.....................................................
2. Prueba preconstituida ..............................................
C) Lugar y orden en la práctica de la prueba ..........................
D) Modo de practicar la prueba documental ...........................
a) Punto de partida: distinción entre fuentes con código
inmediato y fuentes con código mediato ........................
b) Práctica de las fuentes con código inmediato................
1. Lectura en el acto de la vista ...................................
2. Examen directo por el propio Tribunal ....................
3. Práctica de las diligencias sumariales vía artículo
730 LECrim ...............................................................
c) Práctica de las fuentes con código mediato ...................
1. Práctica en el juicio oral: necesidad de instrumentos de reproducción ...................................................
2. Grabaciones realizadas por personas: una exigencia
adicional ....................................................................
3. La selección de las imágenes o de las conversaciones..............................................................................
LA VALORACIÓN DE LA PRUEBA DOCUMENTAL
I. DERECHO A LA PRUEBA, VALORACIÓN DE LA MISMA Y
PRESUNCIÓN DE INOCENCIA..............................................
II. LA LIBRE VALORACIÓN DE LA PRUEBA DOCUMENTAL
A) Valoración legal y libre. Significado de la valoración “en
conciencia” ............................................................................
B) Matizaciones a la libre valoración en atención a los diversos tipos de documentos .......................................................
Nadie atraca un banco con presencia de notario que levante
acta. Es obvio. Lo que quizá no sea tanto es que de una premisa
cierta como la anterior puedan deducirse conclusiones erróneas
como la siguiente: la prueba documental no tiene trascendencia
en el seno del proceso penal.
Desde luego no se puede negar que este medio probatorio ha
sido elemento extraño o, si se quiere mejor, no habitual en el enjuiciamiento criminal. Es de todos sabido que en los inicios de la
codificación española en el siglo XIX el documento no se incluía
en la enumeración de las pruebas que pretendían establecerse, ni
entre las denominadas completas o definitivas, y a salvo dejaríamos la escritura pública, ni entre las que se llamaron auxiliares
o subsidiarias (arts. 413 y ss. proyecto Código Penal de 7 de mayo
de 1830). Y más conocido es todavía que en sus momentos finales
la referencia expresa que se introdujo lo fue tan sólo para indicar que el juez examinará por sí mismo “los libros, documentos,
papeles y demás piezas de convicción” (art. 726 LECrim). Las
diferencias con el proceso civil, donde se conforma como prueba
reina, no precisa de mayores comentarios.
Empero tampoco se puede negar que, tras más de un siglo
de vigencia de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882, la
situación ha cambiado profundamente. Tan es así que estamos
asistiendo a un incremento notable en la utilización de la prueba documental y, claro es, en su actual relevancia en el ámbito
procesal penal. La transformación vertiginosa de la sociedad y la
consecuente modificación de las conductas criminalmente reprobables, con la aparición de nuevos tipos delictivos y de nuevas
descripciones en los elementos de los ya dispuestos, ha conducido
a ello. Además su evidente facilidad probatoria ha hecho que, recientemente y en sede de procedimiento abreviado, el legislador
haya otorgado carácter de prueba documental a ciertos informes
periciales (art. 785 LECrim), y no parece que, pese a las críticas
recibidas y los inconvenientes que entraña, la asimilación producida se vaya a quedar ahí.
M.ª PIA CALDERÓN CUADRADO
No hay duda, pues, del interés de la obra que aquí se presenta, única en nuestro país con tal objeto. Se trata de la tercera
monografía de la profesora Pardo Iranzo, lo que nos lleva a un
libro pensado, discutido —y por qué no discutible— y en el que se
contiene información completa y solución propia sobre cuestiones
tan problemáticas como la finalidad de la prueba, los poderes del
tribunal en cuanto a la misma y su sistema de valoración.
Quien no se ha planteado, una vez superadas concepciones
tradicionales sobre la búsqueda y averiguación de la verdad
material, si la función de esta institución es realmente lograr
la convicción psicológica del juzgador, verificar las afirmaciones fácticas introducidas por las partes en orden a una posible
destrucción de la presunción de inocencia y quien al hilo de lo
anterior no ha vuelto los ojos hacia la conformidad dada su inequívoca contradicción con aquella afirmación mayoritariamente
asumida… Quien no ha reflexionado sobre el reparto de facultades materiales entre el juez y las partes y, en concreto, sobre la
atribución al primero de una mayor, menor o incluso nula iniciativa y participación probatoria —y no precisamente con ocasión
del principio acusatorio, mas sí respecto a su condición de tercero
y quizá también a un posible desplazamiento de la regla in dubio
pro reo—. Quien en una coyuntura de aproximación, no siempre
correctamente entendida y aplicada, entre las dos grandes tipologías de proceso, civil y penal, no ha llegado a considerar en esta
última esfera la posibilidad de superar o matizar la vigencia del
criterio de apreciación libre de la prueba y, por tanto, su relatividad para algún supuesto específico sin que por ello se haya de
volver a estructuras inquisitivas en modo alguno queridas...
Ni qué decir tiene que la autora de esta monografía lo ha hecho
—plantear, reflexionar, considerar…— y no sólo en general sino
también con relación a la prueba documental en particular. Aquí
se encuentran muchas respuestas a estos interrogantes, silenciosos o no, que rondan en la cabeza de cualquier procesalista y en
realidad de cualquier profesional jurídico que ejerce su actividad
en el proceso penal. Nada hay tan cercano a la praxis judicial que
la prueba y, como se acaba de advertir, la documental no deja de
adquirir importancia día a día. La numerosa jurisprudencia que
se aporta —y críticamente se analiza— así lo demostraría.
Y termino. Hace siete años con ocasión de otro “escrito antepuesto al cuerpo de una obra” llegué a señalar lo siguiente: “continúo creyendo en la Universidad, en el trabajo que en ella se hace o puede hacerse, aunque más correcto sería si dijera que creo
en las personas que silenciosa y esforzadamente se dedican a la
docencia y a la investigación”. He de indicar ahora que ni el tiempo transcurrido desde entonces ni las circunstancias adversas,
propias y sobre todo ajenas, me han hecho cambiar de opinión.
Por ello y porque este libro es en sí mismo prueba documental
del buen hacer universitario quisiera compartir con la autora algo que me enseñaron de pequeña: “tenga esperanza el que haya
practicado grandes virtudes”. Yo la tengo en ella y entiendo que
fundadamente.
Valencia, 21 de enero de 2008
Quizás porque tradicionalmente se ha venido sosteniendo que
el proceso civil es el reino del documento, la doctrina se ha preocupado —y ocupado— del estudio de la prueba documental en
este tipo de procesos, no dedicando tanta atención (salvo contadas excepciones) a su investigación en el proceso penal. En éste
resulta ya tradicional el estudio de otros medios de prueba, como
la testifical, pero no es tan sencillo encontrar estudios monográficos de la documental1.
Es posible que a ello haya contribuido la ínfima regulación que
sobre el tema se contiene en nuestra vieja ley procesal penal2;
Es cierto que existen artículos doctrinales sobre diversos aspectos más o
menos problemáticos de la prueba documental, como la posible eficacia probatoria de las diligencias sumariales o la “transformación” —introducida
por LO 9/2002, de 10 de diciembre de modificación de la LO 10/1995, de 23
de noviembre, del Código Penal— de determinados informes periciales en
prueba documental —o mejor, en fuentes que acceden al proceso a través
de este último medio—. Sin embargo no es tan sencillo encontrar estudios
integrales de la prueba documental en el proceso penal.
Si comparamos nuestra normativa, por ejemplo, con la regulación italiana,
el Codice di Procedura Penale dedica 11 artículos a la prueba documental;
aún así la doctrina de aquel país afirma que “dedica un numero non molto
grande di norme” (CALAMANDREI, Iolanda, La prova documentale, CEDAM,
Milano, 1995, p. 1). Originariamente el Código Procesal Penal italiano dedicaba 10 artículos, del 234 al 243, el artículo 238 bis fue añadido en 1992.
La regulación contenida en el código procesal penal anterior —el de 1830—
era mucho más escasa con simples disposiciones dispersas concerniente a
los documentos. El motivo fundamental de la escasa atención del legislador
de entonces es destacado en la Relazione al progetto preliminare del Código
actual: “il pregiudizio della doctrina penalprocessualistica, soprattutto di
fine ottocento, è stato quello di considerare i documenti non come un vero e
proprio mezzo di prova autonomo, bensì come una forma di testimonianza
redatta per iscritto, ovvero, nel caso in cui lo scritto costituisse il corpo del
reato, come un indizio”. Aunque para la doctrina la verdadera justificación
se encontraba en que “il codice Rocco costruiva un processo penale tipicamente inquisitorio, fondato sulla prova scritta e con un’istruttoria tutta
dedicata alla raccolta di strumenti —lato sensu— “documentali” da leggere
nel futuro giudizio; il disinteresse per la prova documentale nasceva, quin-
sólo un artículo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal se refiere
expresamente y con carácter general a la prueba documental —el
art. 726—; no obstante, como casi siempre ocurre, también en
este caso, lo peor no es el número de preceptos sino el contenido
de los mismos —qué se dice y cómo se dice—:
Por un lado, nada se señala respecto al procedimiento. No se
indica, o al menos no con la suficiente claridad, por ejemplo, cuando o a instancia de quien debe proponerse este medio de prueba,
con lo que cabría cuestionarse si deben aplicarse las reglas generales o, en cambio, al señalar el precepto que el “Tribunal examinará por sí mismo” se está permitiendo la entrada al proceso, ex
officio, de documentos en cualquier momento del mismo.
Por otro, tampoco nos da una idea respecto a qué debemos
entender por documento a efectos de la prueba documental. Y
no nos referimos ahora a la ausencia de un concepto general de
documento dentro de la ciencia jurídica —o más limitadamente dentro del derecho procesal— sino lo que es peor, el artículo
726 LECrim utiliza una terminología que, amén de no expresar
demasiado, induce a confusión con relación incluso a lo que debemos considerar documento a efectos probatorios. Aunque este
aspecto es tratado posteriormente, sirva de ejemplo, la aparente
identificación entre documentos y piezas de convicción al establecerse expresamente en el citado precepto “…documentos, papeles
y demás piezas de convicción que…”. Y desde luego no ayuda el
que, en virtud del artículo 788.2, II LECrim, tengan “carácter de
prueba documental los informes emitidos por laboratorios oficiales sobre la naturaleza, cantidad y pureza de sustancias estupefacientes…” siempre que hayan sido realizados por laboratorios
oficiales y siguiendo determinados protocolos.
En otro orden de cosas, es cierto que en el ámbito de las relaciones privadas es habitual la utilización del documento como
forma o continente de negocios jurídicos teniendo, en consecuencia, la prueba documental gran protagonismo una vez surgido el
conflicto e iniciado el proceso civil. No obstante la trascendencia
di, dall’ordinarietà del tema” (CANTONE, R., La prova documentale, Giuffrè
Editore, Milano, 2004, p. 3).
de este medio de prueba en dicha clase de proceso no constituye
óbice para infravalorar su importancia en el proceso penal; como
acertadamente ha indicado RAMOS MÉNDEZ “el documento es un
medio de prueba más en el campo penal, en toda su tipología
y sin ninguno de los corsés formalistas del proceso civil… (Es
más) La prueba contradictoria sobre el documento sólo tiene tal
carácter en el juicio oral” 3. El respeto a los principios que rigen
en la fase de juicio oral, sobre todo el de publicidad, aconsejan
que el documento sea leído en las sesiones del juicio, no siendo
suficiente —al menos no en todo caso, a pesar del tenor literal del
artículo 726 LECrim— que el juez “lo examine por sí mismo”.
Y cabría destacar ahora otra aparente diferencia entre el proceso civil y el penal: la no impugnación del documento en aquel
tipo de proceso tiene unas consecuencias distintas que en el penal; en éste, el documento será en todo caso examinado por el
juez quien podrá no considerar aquel valor probatorio que viene
establecido por la norma procesal civil4. Si en el proceso civil y según los artículos 319 y 326 de la Ley de Enjuiciamiento Civil los
documentos —o la parte de ellos a la que se refieren los citados
preceptos— hacen prueba plena cuando no hayan sido impugnados (sistema de valoración legal o tasada), en el proceso penal rige el sistema de libre valoración, respecto de todos los medios de
prueba y, tratándose de la documental con independencia de la
clase de documento (art. 741 LECrim); aunque este sistema será
preciso puntualizarlo cuando se trata de valorar, por ejemplo, un
documento público o los informes periciales a los que se refiere el
artículo 788.2, II LECrim.
Por eso, y por otros aspectos que analizamos a lo largo del
trabajo, encontramos excesiva la afirmación de que “el documento tiene escasa importancia en el proceso penal salvo cuando es
corpus delicti, como por ejemplo, en caso de injuria y calumnia,
delitos de prensa o quiebras (delitos económicos), etc.”5. Los do-
El proceso penal. Lectura constitucional, Bosch, Barcelona, 2000, p. 229.
Cfr. SILVA MELERO, V., La prueba procesal, T. II, Parte especial, Editorial
Revista de Derecho Privado, Madrid, 1964, p. 156.
PRIETO-CASTRO, L., Derecho procesal penal, 4ª edición, puesta al día, Madrid,
1976, con GUTIÉRREZ DE CABIEDES, p. 244.
cumentos son en multitud de ocasiones la clave del procedimiento penal, ya sea porque funcionan como mecanismo de prueba o
porque ellos mismos integran el cuerpo del delito6, con lo que su
estudio no está, ni mucho menos, exento de interés.
Hemos de tener en cuenta, además, que determinadas cuestiones incrementan la necesidad de un análisis pormenorizado
del tema. En relación con lo apuntado supra no deben perderse
de vista las peculiaridades del concepto de documento dentro del
sistema procesal penal. A diferencia de otras leyes, y a pesar de
lo que se establece en la norma material penal (art. 26 CP), la
LECrim no recoge un concepto de documento; ahora bien el sistema procesal exige que el documento, para poder ser considerado como tal, haya sido formado fuera del proceso (del procedimiento) —además de reunir determinadas características—. Por
tanto, a los tradicionales elementos constitutivos del documento
—aspecto positivo— se añade, en negativo, la relación que éste
debe tener con el proceso penal respecto del cual se discute su
ingreso. Relación que debe, necesariamente, ser de ajenidad. Un
“documento” —mejor, “acto documentado”— formado en el propio
proceso penal no puede ser utilizado en el mismo como prueba7.
Diríamos más, no puede ni siquiera, considerarse “documento” (a
efectos procesales-penales).
Se habrá advertido ya con esta última afirmación que nos estamos refiriendo a la confusión que ha habido, y que en parte
sigue habiendo, entre documento y actuaciones documentadas.
Es importante el concepto que sostengamos de documento para
evitar que por la vía de la prueba documental accedan al proceso actividades cuya finalidad no era ni es probatoria o, incluso,
actividades que deben practicarse durante el juicio oral a través
de otros medios de prueba. Durante muchos años fue habitual
basar la convicción judicial en actuaciones documentadas —en
las diligencias sumariales—. Esta manera de funcionar de los
tribunales —aceptada minoritariamente por la doctrina— rom6
ALCALÁ-ZAMORA Y CASTILLO, N., Derecho procesal penal, tomo III, Editorial
Guillermo Kraft Ltda, Buenos Aires, con Levene, R., p. 144.
CARDINO, A., Processo penale e prove documentali, con GUIDA, R., Y RANALDI,
A., CEDAM, 2004, pp. 2-3.
pe las reglas del juego del sistema acusatorio formal y quiebra
con los principios del procedimiento penal —oralidad, inmediación, contradicción, publicidad— y, consecuentemente es, como
veremos, y así debe ser calificada, inconstitucional. Este último
aspecto muestra claramente, en primer lugar, que “documento”
no es equivalente a “actuaciones documentadas” y, en segundo,
que “documento” y “prueba documental” no son conceptos paralelos. Documento es un concepto extraprocesal —nace y permanece
fuera del proceso—; prueba documental es un concepto procesal,
referido a uno de los diversos medios de prueba regulados por la
ley: la documental.
Por otro lado, no hay que olvidar que la expansión de las nuevas tecnologías —algunas ya no lo son tanto—, la abundancia de
soportes diferentes al papel que han ido apareciendo y el cada
vez más utilizado comercio electrónico —con los posibles delitos
cibernéticos que ello conlleva8— conducen a que la prueba documental en el proceso penal sea revisada como mecanismo para
introducir al proceso las nuevas fuentes de prueba con las que
podemos encontrarnos. Tengamos en cuenta que si la manera de
practicar la prueba documental, cuando el documento es un texto escrito es mediante su lectura —y ello independientemente
Conductas como el cracking, el ciberpunk, sniffers, o spamming son hoy
El cracking consiste en la copia inconsentida de programas informáticos
vulnerando los derechos de autor. Esta conducta puede incardinarse en el
artículo 264.2 CP regulador de los daños informáticos, y en el 270 CP relativo a los delitos relativos a la propiedad intelectual.
El ciberpunk hace referencia a actuaciones vandálicas con ánimo de destrucción de datos, programas o soportes informáticos. Supone la corrupción
de un password para destruir datos, infectar un sistema informático con un
Los sniffers son programas rastreadores usados para penetrar en el disco
duro de los ordenadores conectados a la red para la lectura inconsentida,
por ejemplo, de los mails, atentando contra la privacidad de las personas y,
en consecuencia encajarían en el artículo 197.1 CP.
Spanning es el envío inconsentido de mensajes publicitarios por correo electrónico. Hoy por hoy esta conducta no encuentra un encaje claro en nuestro
Código Penal. Sobre todas estas conductas, vid. MORÓN LERMA, E., Internet y
Derecho Penal: Hacking y otras conductas ilícitas en la red, Aranzadi, 1999,
pp. 32 y ss.
de que se haga en el juicio oral o en privado por el juez—, esta
forma no es válida cuando la fuente es un CD, una grabación
fonográfica, etc. El modo de practicar esta pruebas cambia necesariamente, siendo imprescindible, en ocasiones, utilizar determinados instrumentos interpuestos entre la fuente, el juez y las
partes como, por ejemplo, un aparato reproductor de video. Sobre
todo teniendo en cuenta que según doctrina y jurisprudencia consolidada la fuente es el propio soporte y no la trascripción que del
mismo realice el secretario judicial.
En cualquier caso, y con independencia de la conclusión a la
que arribemos con relación al medio que resulta apropiado para
la introducción de estas realidades al proceso, siempre deben tenerse presentes las características diferenciales de las fuentes de
prueba electrónicas, que suelen ser altamente volátiles y perecederas, si no lo hacemos así corremos el riesgo de que las mismas
resulten inútiles. Sólo con sistemas de conservación adecuados
podrán llegar a surtir efectos en el proceso penal9.
En definitiva, la deficiente regulación legal, el reducido análisis doctrinal, la titubeante posición de nuestra jurisprudencia
respecto de algunos aspectos importantes relativos a la prueba
documental y la imprecisión del legislador hace que entendamos
necesario su estudio pormenorizado en el proceso penal. Trabajo
que hemos circunscrito a los procedimientos ordinario y abreviado aunque a lo largo del mismo existen algunas referencias necesarias a otros procedimientos, como por ejemplo, los denominados “juicios rápidos”.
LEZERTUA, M., “El proyecto de convenio sobre el cybercrimen del Consejo
de Europa”, en Internet y derecho penal, Cuadernos de Derecho judicial,
CGPJ, Madrid, 2001, pp. 44 y ss.
PRUEBA PENAL Y
1_9788499853741

References: artículo 788
 artículo 730
 artículo 730
 artículo 714
 artículo 729
 artículo 726
 artículo
730
in dubio
 artículo 238
 artículo
726
 artículo 788

artículo 726

artículo 788

artículo 264
 artículo 197