Source: https://unchronicle.un.org/es/article/los-comienzos-del-grupo-de-los-77
Timestamp: 2020-06-06 08:58:05+00:00

Document:
Los comienzos del Grupo de los 77 | Crónica ONU
Por Karl P. Sauvant
En diciembre de 1961, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó los años sesenta como el “Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo”.[i] En ese mismo año, aprobó también una resolución sobre el comercio internacional como principal instrumento para el desarrollo económico,[ii] en la que pedía al Secretario General de las Naciones Unidas que consultara a los gobiernos acerca de la conveniencia de celebrar una conferencia internacional sobre los problemas de dicho tipo de comercio. Estas resoluciones dieron lugar a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Su modelo de desarrollo subyacente (el comercio como motor del desarrollo) conformó las perspectivas y el planteamiento de la nueva institución.
Tras haber obtenido una reacción favorable por parte de la mayoría de los gobiernos y el firme apoyo de la Conferencia sobre los Problemas del Desarrollo Económico, celebrada en El Cairo con la participación de los países en desarrollo en julio de 1962,[iii] la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió convocar el primer período de sesiones de la UNCTAD.[iv] Se creó un Comité Preparatorio para estudiar el programa de la Conferencia y preparar la documentación necesaria.
Durante las deliberaciones del Comité Preparatorio (para identificar los problemas y cuestiones oportunos, elaborar una lista de propuestas de acción e indicar los puntos en torno a los que podrían buscarse soluciones), la divergencia entre los intereses de los países en desarrollo y los de los países desarrollados empezó a hacerse patente. Los intereses específicos del Tercer Mundo se manifestaron en la clausura del segundo período de sesiones del Comité Preparatorio (celebrado del 21 de mayo al 29 de junio de 1963), cuando los representantes de los países en desarrollo presentaron un Comunicado Conjunto ante el Comité en el que resumían las opiniones, necesidades y aspiraciones del Tercer Mundo con respecto al inminente período de sesiones de la UNCTAD.[v] Más tarde ese mismo año, este Comunicado se presentó ante la Asamblea General como Declaración Conjunta en nombre de los 75 países en desarrollo que eran Miembros de las Naciones Unidas en ese momento.[vi] Esta Declaración constituyó el preludio de la creación del Grupo de los 77.
El primer período de sesiones de la UNCTAD tuvo lugar en Ginebra del 23 de marzo al 16 de junio de 1964. Fue la primera conferencia Norte-Sur importante sobre cuestiones relacionadas con el desarrollo. Durante las negociaciones entabladas en la conferencia, los intereses económicos cristalizaron claramente en torno a las líneas de los diversos grupos geopolíticos y los países en desarrollo emergieron como un grupo que estaba empezando a encontrar su propia línea. La Declaración Conjunta de los 77 Países, aprobada el 15 de junio de 1964, se refería al primer período de sesiones de la UNCTAD como un “acontecimiento de significación histórica” y continuaba del siguiente modo:
“Los países en desarrollo consideran su propia unidad, la unidad de los 75, como la característica más destacada de esta Conferencia. Esta unidad ha surgido debido a que, a la hora de afrontar los problemas esenciales del desarrollo, dichos países tienen un interés común en elaborar una nueva política en materia de comercio internacional y desarrollo. Creen que es esta unidad lo que ha proporcionado claridad y coherencia a los debates mantenidos en esta Conferencia. Su solidaridad se ha sometido a prueba durante la Conferencia y estos países han emergido de ella con una unidad y una fuerza aún mayores.
Los países en desarrollo tienen la firme convicción de que es esencial mantener y seguir fortaleciendo esta unidad en el futuro. Esta constituye un instrumento indispensable para garantizar que se adopten nuevos enfoques y planteamientos en el ámbito económico internacional. Esta unidad también es un instrumento para ampliar el alcance de los esfuerzos cooperativos en la esfera internacional y garantizar que se establezcan relaciones mutuamente beneficiosas con el resto del mundo. Por último, se trata de un medio necesario de cooperación entre los propios países en desarrollo.
Con motivo de esta declaración, los 75 países en desarrollo se comprometen a mantener, fomentar y reforzar esta unidad en el futuro. A tal fin, utilizarán todos los medios a su alcance para aumentar los contactos y consultas entre ellos mismos de cara a establecer objetivos comunes y formular programas de acción conjuntos en materia de cooperación económica internacional. Consideran que las medidas orientadas a consolidar la unidad lograda por los 75 países durante la Conferencia y los acuerdos específicos para establecer contactos e iniciar consultas deben ser estudiados por los representantes gubernamentales durante el decimonoveno período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.”[vii]
Aunque las recomendaciones aprobadas en el primer período de sesiones de la UNCTAD se inspiraron, en gran medida, en el trabajo conceptual llevado a cabo en el decenio anterior por la Comisión Económica para América Latina, cuyo Secretario Ejecutivo, Raul Prebisch, pasó a ser Secretario General durante dicho período de sesiones de la UNCTAD y permaneció en este puesto como uno de los principales promotores de la unidad del Tercer Mundo hasta 1969[viii], la Conferencia constituyó un nuevo comienzo: por primera vez, el Tercer Mundo en su totalidad había participado en la elaboración de un conjunto amplio de medidas.[ix] De acuerdo con esto, el término “nuevo” fue el lema de la Declaración Conjunta de los 77 países: se reconoció que el primer período de sesiones de la UNCTAD había constituido un paso importante hacia la creación de un orden económico mundial nuevo y justo; se consideraba que las premisas básicas del denominado “nuevo orden” implicaban una nueva división internacional del trabajo y un nuevo marco para el comercio internacional; asimismo, se esperaba que la adopción de una política internacional nueva y dinámica en materia de comercio y desarrollo facilitara la formulación de nuevas políticas por parte de los gobiernos de los países desarrollados y de los países en desarrollo, en el contexto de una nueva toma de conciencia sobre las necesidades de estos últimos. Finalmente, se consideró necesario establecer mecanismos nuevos de coordinación institucional para continuar la labor iniciada por la Conferencia.
Estos mecanismos se establecieron más tarde ese mismo año, cuando la Asamblea General tomó la decisión de institucionalizar la UNCTAD como uno de sus órganos.[x] La UNCTAD pasó a ser el principal foro para los debates mundiales sobre desarrollo y, guiada por las expectativas formuladas en 1964, se convirtió en el agente coordinador de las actividades del Grupo de los 77, que en abril de 2014 contaba con 133 miembros[xi] (el número total de Miembros de las Naciones Unidas ascendía a 193). Durante ese período, el Grupo de los 77 pasó a ser parte integrante de la UNCTAD, además de ser uno de los agentes más importantes de socialización de los países en desarrollo en cuestiones relacionadas con la economía política internacional y consolidarse en todos los ámbitos importantes del sistema de las Naciones Unidas como órgano principal del Tercer Mundo para la articulación y la unificación de sus intereses económicos colectivos, así como para su representación en las negociaciones con los países desarrollados.[xii]
Nadie resumió mejor el punto de partida político del Tercer Mundo que Julius K. Nyerere, cuando afirmó, en su intervención ante la Cuarta Reunión Ministerial del Grupo de los 77, celebrada en Arusha en febrero de 1979, que lo que dichos países tenían en común era que todos eran, con respecto al mundo desarrollado, naciones dependientes y no interdependientes. Según él, todas las economías de aquellos países se habían desarrollado como un subproducto y una filial del desarrollo del Norte industrializado y estaban orientadas al exterior. Dichos países no eran los principales impulsores de su propio destino. Aunque les avergonzara admitirlo, desde el punto de vista económico se trataba de dependencias, semicolonias en el mejor de los casos, y no de Estados soberanos.[xiii]
Por tanto, el objetivo consistía simple y llanamente en liberar a los países del Tercer Mundo de la dominación externa.[xiv]
Hasta principios de los años setenta, el Grupo de los 77 pensaba que podía lograr este objetivo introduciendo mejoras en el sistema, un proceso cuyos momentos culminantes fueron los períodos de sesiones de la UNCTAD segundo y tercero (celebrados en Nueva Delhi en 1968 y Santiago en 1972, respectivamente) y las Reuniones Ministeriales Preparatorias del Grupo de los 77 primera y segunda (celebradas en Argel en 1967 y Lima en 1971, respectivamente), así como el primer período de sesiones de la ONUDI (celebrado en Viena en 1971) y la aprobación de la Estrategia Internacional del Desarrollo correspondiente al Segundo Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo (1970). Se realizaron una serie de cambios (como atestigua, por ejemplo, la implantación del Sistema Generalizado de Preferencias), pero muchas otras negociaciones (por ejemplo, en el sector de los productos básicos) apenas supusieron ningún avance y no tuvo lugar ninguna mejora drástica. Al contrario, la brecha entre el Norte y el Sur aumentó, especialmente en el caso de aquellos países en desarrollo menos adelantados.
Las limitaciones de este planteamiento tardaron en hacerse evidentes. Además, hasta finales de los años sesenta, ni los países desarrollados ni los países en desarrollo se habían dado plena cuenta de la importancia que revestía el desarrollo económico en cuanto complemento necesario de la independencia política. La cuestión del desarrollo se consideraba política de bajo nivel y se relegaba a los ministerios técnicos de planificación, economía, comercio, finanzas y desarrollo. Los intentos de politizar la cuestión, por lo tanto, fracasaron. El más destacado de ellos fue la Carta de Argel, aprobada por la Primera Reunión Ministerial del Grupo de los 77 en octubre de 1967, como parte de los preparativos para el segundo período de sesiones de la UNCTAD. La intención de esta primera declaración amplia y del programa de acción del Grupo de los 77 consistía en imprimir un nuevo impulso a las negociaciones Norte-Sur. A tal fin, la Reunión Ministerial incluso decidió enviar misiones de buena voluntad de alto nivel a una serie de países desarrollados (tanto a aquellos que contaban con una economía centralizada como a aquellos en los que existía una economía de mercado) para informar a los principales gobiernos sobre las conclusiones de la Reunión y convencerlos de la necesidad de acelerar los progresos realizados.[xv]
No obstante, a comienzos de los años setenta, confluyeron diversos avances que desembocaron en un cambio de actitud: el proceso de descolonización política había avanzado ampliamente y se había consolidado la independencia política de la mayoría de Estados nuevos; las presiones políticas y militares de la guerra fría se habían sosegado en cierta medida; los esfuerzos internacionales y regionales en pro del desarrollo habían obtenido unos resultados decepcionantes y habían empezado a manifestarse dudas con respecto al modelo de desarrollo imperante.[xvi] . Como resultado, se pudo prestar más atención a otras cuestiones importantes. Para los países en desarrollo, esto supuso que se empezara a centrar la atención en cuestiones relacionadas con el desarrollo económico y estos países empezaron a ser cada vez más conscientes de que las instituciones del sistema económico internacional habían sido creadas por las economías de mercado desarrolladas para servir principalmente a los propios intereses de estas últimas.[xvii] Debido a que, durante el proceso, los intereses, las necesidades y las condiciones especiales de los países en desarrollo se habían ignorado ampliamente, estos permanecían en una situación de pobreza y dependencia. Por lo tanto, fue necesario realizar cambios fundamentales en el sistema económico internacional de cara a establecer un marco propicio para el desarrollo y sentar las bases económicas de la independencia. De hecho, el propio sistema se había visto sometido a graves tensiones con el colapso del sistema de Bretton Woods, la crisis de alimentos y la crisis del petróleo, los desequilibrios en la balanza de pagos, el aumento general de la inflación, las recesiones económicas mundiales, el incremento del proteccionismo, el aumento de las preocupaciones ambientales y el espectro de la escasez de materias primas. Cuando la tranquilidad económica de los años sesenta dio paso a los turbulentos años setenta, los problemas económicos internacionales no pudieron seguir ignorándose.
El Movimiento de los Países No Alineados ofreció un marco para que este reconocimiento aumentase. En unos años, las cuestiones relacionadas con el desarrollo pasaron a formar parte de la “política de alto nivel”: se trasladaron a los Jefes de Estado y de Gobierno y se convirtieron en un tema prioritario de sus agendas. Entre 1970 y 1973, el Movimiento de los Países No Alineados se convirtió en un grupo de presión que velaba por la reorganización del sistema económico internacional.[xviii] Dado que los Países No Alineados consideraban que estaban desempeñando una función catalizadora dentro del Grupo de los 77,[xix] la politización de las cuestiones relacionadas con el desarrollo tuvo una importante repercusión en la forma en que se percibía, presentaba y perseguía esta cuestión en las negociaciones Norte-Sur. Por ello, la presión y la influencia políticas de los Países No Alineados se unieron a las contundentes acciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para dar paso al sexto período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que aprobó, el 1 de mayo de 1974, la Declaración y el Programa de Acción sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional[xx].
Así pues, casi exactamente un decenio después del primer período de sesiones de la UNCTAD, y después de varios años de debates sobre cómo mejorar el sistema económico internacional, se retomó el llamamiento a empezar de nuevo, esta vez, sin embargo, orientado hacia una reorganización estructural de la economía mundial. El establecimiento de un nuevo orden económico internacional se convirtió en el principal objetivo del Tercer Mundo. Los cambios concretos que propuso el Grupo de los 77 para alcanzar este objetivo se definieron detalladamente en el Programa de Arusha para la Autoconfianza Colectiva y Marco para las Negociaciones, aprobado por la Cuarta Reunión Ministerial del Grupo de los 77, celebrada en Arusha en febrero de 1979.
Mientras que los Países No Alineados desempeñaban un papel fundamental en los esfuerzos realizados por hacer del desarrollo una cuestión prioritaria en la agenda internacional, el Grupo de los 77 se convirtió en el principal órgano del Tercer Mundo, a través del cual empezaron a negociarse en el marco del sistema de las Naciones Unidas las medidas concretas necesarias para cambiar las condiciones internacionales de promoción del desarrollo. Este objetivo predominó en las reuniones y los períodos de sesiones de las diversas organizaciones que se indican a continuación: los períodos de sesiones cuarto y quinto de la UNCTAD (celebrados en Nairobi en 1976 y Manila en 1979, respectivamente); las Reuniones Ministeriales Preparatorias del Grupo de los 77 tercera y cuarta (celebradas en Manila en 1976 y Arusha en 1979, respectivamente); los períodos de sesiones de la ONUDI segundo y tercero (celebrados en Lima en 1975 y Nueva Delhi en 1980, respectivamente); las Reuniones Preparatorias del Grupo de los 77 celebradas en Viena (1974), Argel (1975) y La Habana (1979); las reuniones preparatorias regionales convocadas para cada una de estas conferencias de la UNCTAD y la ONUDI por los miembros africanos, árabes (solo en el caso de la ONUDI), asiáticos y latinoamericanos del Grupo de los 77; la Conferencia sobre Cooperación Económica entre Países en Desarrollo celebrada en México D.F. en 1976; la Conferencia sobre Cooperación Económica Internacional celebrada en París entre 1975 y 1977, en la que el Grupo de los 77 intervino a través del Grupo de los 19, y una serie de reuniones ministeriales del Grupo de los 77 (entre ellas, las reuniones de Ministros de Relaciones Exteriores) para preparar los períodos de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Asimismo, dicho objetivo se incluyó en los debates del FMI y del Banco Mundial, en los que el Grupo de los 77 había estado participando por medio del Grupo de los 24 desde 1972.
Siguieron existiendo importantes lagunas entre la declaración de un nuevo orden y los programas de acción formulados para crearlo en los principales ámbitos en los que se daba una mayor interacción Norte-Sur: productos básicos y comercio, dinero y finanzas, investigación y desarrollo, tecnología, industrialización y empresas transnacionales, alimentación y agricultura. De hecho, un análisis del contenido del programa relativo al nuevo orden económico internacional mostró que, aunque ya se habían señalado una serie de problemas adicionales, muchas de las propuestas concretas que se estaban debatiendo eran las mismas desde 1964, a pesar de que se había hecho más hincapié en algunas de ellas (p. ej., en las propuestas relacionadas con la tecnología). Esto era un indicador de los lentos progresos realizados en el pasado. Las propuestas nuevas tenían como objetivo la creación de nuevas estructuras económicas. Además, se reconoció, en mayor medida que en el pasado, que varios aspectos de las interacciones Norte-Sur estaban interrelacionados y, por tanto, debían abordarse de un modo exhaustivo e integrado. Con el tiempo, las lagunas que existían entre los objetivos y las propuestas concretas podrían haberse solucionado elaborando políticas nuevas o incluso introduciendo cambios en el modelo de desarrollo subyacente. No obstante, en los comienzos del Grupo de los 77, el modelo siguió asumiendo que la mejor forma de lograr el desarrollo era mediante una estrecha asociación entre los países en desarrollo y los países desarrollados.
Sin embargo, estaba en camino un cambio conceptual promovido por el concepto de autosuficiencia colectiva e individual. En contraposición con la estrategia de desarrollo asociativa imperante, orientada al mercado mundial y dependiente en gran medida de las relaciones con los países desarrollados para estimular la industrialización, el concepto de autosuficiencia pretendía llevar a cabo una mayor selección de los vínculos tradicionales, así como una mayor movilización de los recursos nacionales y del Tercer Mundo y una mayor confianza en los mercados nacionales y del Tercer Mundo. Se esperaba que estos mercados, y no los del mundo desarrollado, proporcionasen el principal estímulo para el desarrollo económico.
El concepto de autosuficiencia se introdujo en los debates sobre desarrollo internacional los Países No Alineados en 1970, quienes también fueron responsables de la mayor parte de las tareas de seguimiento que se realizaron en los años posteriores.[xxi] A pesar de que la autosuficiencia se podía fortalecer con medidas internacionales,[xxii] era necesario reforzar primero los vínculos existentes entre los países en desarrollo. Por este motivo, el Grupo de los 77 que, tal como se señaló anteriormente, se centra casi exclusivamente en las negociaciones Norte-Sur en el marco del sistema de las Naciones Unidas, había tardado en incorporar la autosuficiencia en su propio programa.
Los primeros esfuerzos en este ámbito se realizaron en la Tercera Reunión Ministerial del Grupo de los 77 celebrada en 1976, en la que se aprobó una resolución sobre la cooperación económica entre los países en desarrollo.[xxiii] Por medio de esta resolución, que vinculaba el trabajo del Grupo de los 77 con el de los Países No Alineados (cuya labor pionera en este ámbito obtuvo su reconocimiento en la resolución), se decidió convocar una reunión en México D.F., en septiembre de 1976, para preparar un programa detallado en materia de cooperación económica. En un principio, estaba previsto celebrar esta reunión al nivel de un grupo de trabajo intergubernamental, pero en el cuarto período de sesiones de la UNCTAD, que tuvo lugar posteriormente, se decidió celebrarla al más alto nivel posible.[xxiv] Por ello, se celebró la Conferencia sobre Cooperación Económica entre Países en Desarrollo en México D.F. del 13 al 22 de septiembre de 1976. Hasta principios de los años ochenta, esta fue la principal conferencia del Grupo de los 77 que no estaba estrecha ni directamente relacionada con una actividad inminente de importancia dentro del sistema de las Naciones Unidas.
No obstante, la plena integración de este enfoque en la corriente conceptual dominante del Grupo no se produjo hasta la Cuarta Reunión Ministerial celebrada en Arusha en 1979, como parte de los preparativos para el quinto período de sesiones de la UNCTAD, un hecho reflejado en el título de la declaración final de dicha reunión: el “Programa de Arusha para la Autoconfianza Colectiva y Marco para las Negociaciones”. Tal como indica este título, la declaración estaba formada por dos partes: un programa para la autosuficiencia (aunque se formulara exclusivamente en términos de cooperación económica entre países en desarrollo) y un programa para las negociaciones Norte-Sur. De este modo, parecía que se estaba poniendo en marcha un cambio en la orientación del Grupo en el ámbito de las Naciones Unidas, y el Grupo de los 77 (junto con, o además de, los Países No Alineados) estaba preparado para llevar a cabo importantes iniciativas destinadas a fortalecer la cooperación Norte-Sur.
De acuerdo con lo anterior, la Reunión Ministerial de Arusha respaldó firmemente las recomendaciones de la Conferencia celebrada en México D.F. relativas a un seguimiento institucional de la cooperación económica entre los países en desarrollo. En consecuencia, se convocó a nivel regional una Primera Reunión de Expertos Gubernamentales de Países en Desarrollo sobre la Cooperación Económica entre los Países en Desarrollo para los meses de marzo y abril de 1980.
A su vez, esta reunión interregional recibió el pleno apoyo de una Reunión Ministerial del Grupo de los 77 celebrada en marzo de 1980 en Nueva York, en la cual la cooperación económica entre los países en desarrollo constituyó un tema especial del programa y durante la cual se decidió establecer un grupo ad hoc de composición abierta con la misión de elaborar una serie de recomendaciones adecuadas y orientadas a la acción para la aplicación rápida y efectiva de los objetivos de cooperación económica entre los países en desarrollo.[xxv]
Esta misión fue iniciada por el Grupo Intergubernamental Ad Hoc del Grupo de los 77 sobre la Cooperación Económica entre los Países en Desarrollo como continuación de la Reunión Ministerial del Grupo de los 77 celebrada en Nueva York en marzo de 1980, durante el período de sesiones que tuvo lugar en Viena en junio de 1980.
La Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembros del Grupo de los 77 consideró que sus conclusiones y recomendaciones constituían una base útil para la continuación de las deliberaciones.
En una reflexión llevada a cabo poco después del undécimo período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de 1980, el fracaso de este llevó a los ministros a poner de relieve que la cooperación económica entre los países en desarrollo constituía un elemento indispensable tanto del desarrollo acelerado de los países en desarrollo como del fortalecimiento de su poder de negociación en sus relaciones con el resto del mundo.[xxvi]
Por tanto, los ministros decidieron convocar una conferencia de alto nivel sobre la cooperación económica entre los países en desarrollo en 1981, a fin de agilizar la aplicación de varios programas y decisiones relativas a esta cuestión.
Las iniciativas dirigidas a lograr una mayor cooperación Sur-Sur se vieron alentadas por el lento ritmo de los progresos realizados en las negociaciones Norte-Sur y por la frustración que este generó, así como por el reconocimiento de los límites del modelo de desarrollo asociativo imperante. Asimismo, también se vieron favorecidas por la naturaleza bidimensional del enfoque de autosuficiencia (reconocida explícitamente en la afirmación de los ministros recogida en el párrafo anterior). Como se describió anteriormente, se consideró que una de las dimensiones implicaba generar cambios en los modelos de interacción entre el Norte y el Sur con el fin de establecer un reparto más equitativo de los beneficios de las actividades económicas internacionales, así como un control de aquellos, por parte de los países desarrollados y en desarrollo.
Además de constituir una parte del cambio estructural necesario, la autosuficiencia también se consideró un instrumento para alcanzarlo: la autosuficiencia aumentaba el poder de negociación individual y colectiva de los países en desarrollo y, especialmente al facilitar una acción conjunta, creaba el poder compensatorio necesario para negociar los cambios deseados en el sistema internacional. En este sentido, la autosuficiencia implicaba fortalecer la capacidad de acción conjunta del Tercer Mundo.
Sin embargo, al final, los países en desarrollo volvieron al modelo de desarrollo asociativo. Si bien la cooperación económica entre los países en desarrollo continuó siendo una meta importante, durante los años que siguieron, el objetivo de la autosuficiencia dio paso a una estrategia de desarrollo orientada hacia la exportación, impulsada en parte por la crisis de la deuda mexicana de 1982, que se encontraba en aumento, y por la aceleración del ritmo de la globalización.
No obstante, la conciencia de la debilidad de cada país en desarrollo por separado constituyó la génesis del Grupo de los 77 y continuó siendo su razón de ser. Por tanto, en este sentido, el Grupo de los 77 es una especie de sindicato de los pobres, que se mantiene vinculado por una unidad de nacionalismos y una unidad de oposición, y no por los ideales de fraternidad o igualdad humanas o bien de amor al prójimo y, por ende, tampoco por una ideología común.[xxvii] La unidad del Grupo de los 77 se basa en una experiencia histórica común, en una dependencia económica continua común y en un conjunto común de necesidades y aspiraciones.
Aun así, dada la carencia de homogeneidad del Grupo, la cohesión grupal no es fácil de mantener. Los intereses inmediatos y las prioridades de negociación específicas de muchos de sus numerosos miembros (la gran cantidad de miembros en sí misma hace que sea difícil alcanzar un consenso) son diferentes de los del resto. Cada país difiere enormemente de los demás con respecto a sus sistemas culturales, ideológicos, políticos y económicos. No existía ningún tipo de fuerza institucional unificadora sólida: el Grupo de los 77 no tenía dirigentes duraderos, personal permanente, sede, secretaría ni, en realidad, ninguna otra institución permanente. De hecho, la ubicación de la oficina del coordinador rotaba anualmente en las sedes de Nueva York y Viena, y trimestralmente en Ginebra. Además, aunque algunos países como Argelia, la Argentina, el Brasil, Egipto, Filipinas, la India, Indonesia, Jamaica, México, Nigeria, el Pakistán, la República Bolivariana de Venezuela, Sri Lanka y la ex-Yugoslavia solían desempeñar un papel importante en diversas cuestiones, ninguno de ellos ejercía el liderazgo del Grupo. Asimismo, fueron y son muy importantes las grandes diferencias existentes en el ámbito del desarrollo económico, especialmente entre el Grupo Latinoamericano y el Grupo Africano. Esta división se vio aún más acentuada a causa de la exclusión de la mayor parte de los países de América Latina de los esquemas preferenciales de la Convención de Lomé. Además, el peso individual de ciertos países podía complicar las cosas, sobre todo cuando estos países habían recibido una ayuda especial de los países desarrollados y surgían oportunidades para establecer acuerdos bilaterales por separado. Podrían surgir complicaciones similares a raíz del mantenimiento de los fuertes vínculos tradicionales de ciertos países en desarrollo con algunos países desarrollados, por ejemplo, la relación de algunos países de Centroamérica con los Estados Unidos de América o la de algunos países africanos con Francia. Por otra parte, algunos de los intereses específicos de los miembros del Grupo también condujeron a la formación de subgrupos informales, por ejemplo, los de los países más gravemente afectados, los menos adelantados, los recientemente industrializados y, por supuesto, los exportadores de petróleo.[xxviii] Si bien el éxito de la OPEP recibió una buena acogida por parte de la mayoría de los países en desarrollo, sobre todo por el hecho de que reforzaba el poder de negociación del Tercer Mundo en su conjunto, la carga de la balanza de pagos a raíz del incremento del precio del petróleo introdujo tensiones considerables en el Grupo de los 77 (y, en consecuencia, en el Movimiento de los Países No Alineados). Sin embargo, al no existir ninguna alternativa para los países en desarrollo importadores de petróleo, esta experiencia, pese a ser dolorosa, no acabó con la unidad del Grupo de los 77.[xxix]
Frente a estos factores, el mantenimiento de la cohesión del Grupo constituía una difícil tarea. No obstante, la fuerza de los intereses básicos comunes, la capacidad de mantener un consenso mediante compensaciones aceptables entre los propios países en desarrollo, el reconocimiento de que establecer acuerdos independientes solo generaba concesiones marginales y temporales y la resistencia de los países desarrollados a entablar una serie de negociaciones detalladas consiguió eliminar las presiones tendentes a la desunión. El mantenimiento y el fortalecimiento de la unidad del Grupo de los 77 era y, por tanto, continúa siendo, una condición previa para lograr los cambios deseados en el sistema económico internacional. Volviendo a la analogía de Nyerere y a su evaluación de la intervención histórica de la OPEP en 1973, cabe afirmar que desde aquel momento, la OPEP había aprendido, y todos habían aprendido una vez más, que, por muy poderoso que fuera, un solo sindicato que abarcase una única sección de toda una empresa no podía cambiar la relación fundamental entre los empleadores y los empleados… La realidad era que incluso la unidad del más poderoso de los subgrupos del Tercer Mundo no era suficiente para que sus miembros pudieran llegar a convertirse en auténticos agentes del sistema económico mundial, en lugar de limitarse a reaccionar. La unidad del Tercer Mundo en su conjunto era necesaria para lograr el cambio fundamental en el marco de los actuales acuerdos económicos mundiales.[xxx]
Estas palabras, pronunciadas en 1979, resumen el reto al que se enfrentó el Grupo de los 77 a lo largo de su existencia, y al que se sigue enfrentando hoy en día.
[i] Resolución 1710 (XVI) de la Asamblea General, de 19 de diciembre de 1961.
[ii] Resolución 1707 (XVI) de la Asamblea General, de 19 de diciembre de 1961.
[iii] Para consultar el texto de la "Declaración de El Cairo de los Países en Desarrollo", véase Odette Jankowitsch y Karl P. Sauvant, eds.: The Third World without Superpowers: The Collected Documents of the Non-Aligned Countries (Dobbs Ferry, Nueva York: Oceana (actualmente, Oxford University Press), 1978), vol. I, pp. 72 a 75, en adelante, Jankowitsch y Sauvant. Esta reunión constituyó el primer intento de los países en desarrollo por coordinar sus políticas de desarrollo internacional en las Naciones Unidas.
[iv] Véase la resolución 917 (XXXIV) del Consejo Económico y Social, de 3 de agosto de 1962, y la resolución 1785 (XVII) de la Asamblea General, de 8 de diciembre de 1962.
[v] De los 32 miembros del Comité Preparatorio, 19 eran países en desarrollo (incluida la ex-Yugoslavia que, en aquel momento, desempeñaba un papel clave en el Grupo de los 77). De los 19 países, 17 apoyaban el Comunicado Conjunto. Los otros dos, El Salvador y el Uruguay, lo hicieron solo en el momento en que el Comunicado Conjunto pasó a convertirse en la Declaración Conjunta.
[vi] Incluido en Karl P. Sauvant, ed., The Third World without Superpowers, 2nd Ser., The Collected Documents of the Group of 77 (Dobbs Ferry, Nueva York: Oceana (actualmente, Oxford University Press), 1981), 20 vols., en adelante, Sauvant. (Los documentos del Grupo de los 77 a los que se hace referencia a continuación, así como los documentos de las reuniones de las Naciones Unidas para las que sirvieron como base, se incluyen en estos volúmenes; por lo tanto, no se hará referencia específica a ellos cada vez que se mencionen.) En 1963, 76 países en desarrollo eran Miembros de las Naciones Unidas. Excepto Cuba y Côte d’Ivoire, todos los países en desarrollo, junto con Nueva Zelandia, copatrocinaron la Declaración Conjunta. El Grupo Latinoamericano excluyó a Cuba en aquel momento y, por tanto, dicho país no se aceptó como copatrocinador de la resolución. (El principio del copatrocinio exige que cada patrocinador de una resolución determinada acepte a los nuevos copatrocinadores.)
[vii] Ibid., documento I.C.I.a. En el momento en que se celebró el primer período de sesiones de la UNCTAD, 77 países en desarrollo eran Miembros de las Naciones Unidas. De ellos, una vez más Côte d’Ivoire no se adhirió en aquel momento y Cuba siguió estando excluida hasta la Segunda Reunión Ministerial celebrada en 1971. Otros dos, la República de Corea y la República Socialista de Viet Nam (que no formaban parte de las Naciones Unidas pero eran los únicos países en desarrollo en esta situación durante el primer período de sesiones de la UNCTAD), sí se adhirieron tras ser aceptados para formar parte del Grupo de Asia, lo que completó el número total de países que apoyaron la Declaración Conjunta de los 77 Países. Sin embargo, dado que originalmente el grupo contaba con 75 miembros (consúltese la Declaración Conjunta de 1963), la resolución siguió refiriéndose a 75 países. Fue a raíz de la celebración del primer período de sesiones de la UNCTAD cuando el Grupo adquirió su nombre actual.
[viii] Prebisch animó activamente a los países en desarrollo durante los preparativos para el primer período de sesiones de la UNCTAD, así como durante el propio período de sesiones y en años posteriores, a cooperar y fortalecer su unidad en el marco del Grupo de los 77. Su sucesor, Manuel Pérez-Guerrero, continuó con esta política.
[ix] La resolución del Primer Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo no esbozaba ninguna estrategia.
[x] A través de la resolución 1995 (XIX), incluida en Sauvant. Consúltese esta resolución para obtener más datos sobre los miembros, las funciones principales, la organización, etc. de la UNCTAD.
[xi] Incluida la Organización de Liberación de Palestina, el único Estado no miembro del Grupo de los 77.
[xii] La bibliografía sobre el Grupo de los 77 es escasa. Uno de los mejores análisis de aquel momento fue el de Branislav Gosovic, UNCTAD: Conflict and Compromise. The Third World's Quest for an Equitable World Economic Order through the United Nations (Leiden: Sijthoff, 1972). Para consultar otro análisis del Grupo de los 77 y el Movimiento de los Países No Alineados y de su papel en las principales conferencias económicas internacionales relacionadas con el nuevo orden económico internacional, véase Robert A. Mortimer, Third World Coalition in International Politics (Nueva York: Praeger, 1980).
[xiii] Infra, p. 133.
[xiv] Ibid., p. 134.
[xv] Véase la Misión Ministerial del Comité de Coordinación y la Carta de Argel, parte III, de la Primera Reunión Ministerial del Grupo de los 77 en Sauvant, documentos II.B.3 y II.D.7, respectivamente.
[xvi] Para obtener más detalles, consúltese Karl P. Sauvant, "The Origins of the NIEO Discussions", en Karl P. Sauvant, ed., Changing Priorities on the International Agenda: the New International Economic Order (Elmsford, Nueva York: Pergamon, 1981).
[xvii] Aparte de los Estados de América Latina, solo participaron en la Conferencia de Bretton Woods los siguientes países en desarrollo: Egipto, Etiopía, Filipinas, India, Irán (República Islámica del), Iraq y Liberia.
[xviii] Consúltese Odette Jankowitsch y Karl P. Sauvant, "The Initiating Role of the Non­Aligned Countries", en ibid. Esta observación no debería considerarse un menosprecio de las funciones y objetivos políticos del Movimiento de los Países No Alineados; solo pretende destacar que el movimiento también había adquirido una función económica igual de importante y que este cambio demostró ser de vital importancia para hacer del desarrollo una prioridad en la agenda internacional.
[xix] Consúltese, p. ej., el “Comunicado Final” aprobado en la Reunión Ministerial del Buró de Coordinación de los Países No Alineados celebrada en la Habana en 1978, reproducido en Jankowitsch y Sauvant, vol. V.
[xx] Resoluciones de la Asamblea General 3201 (S-VI) y 3202 (S-VI). Junto con la Carta de Derechos y Deberes de los Estados, aprobada el 12 de diciembre de 1974 en el vigésimo noveno período ordinario de sesiones de la Asamblea General según la resolución 3281 (XXIX), y la resolución 3362 (S-VII), titulada “Desarrollo y Cooperación Económica Internacional”, aprobada el 16 de septiembre de 1975 en el séptimo período extraordinario de sesiones de la Asamblea General, estas resoluciones (incluidas en Sauvant) recogen las bases del programa relativo al nuevo orden económico mundial.
[xxi] Especialmente en el marco del Programa de Acción para la Cooperación Económica, aprobado en la Tercera Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de los Países No Alineados celebrada en Georgetown en 1972 y a raíz del cual se designó a una serie de países coordinadores en 18 ámbitos de actividad. Cabe señalar también la importancia de las diversas actividades de seguimiento de la Conferencia de los Países en Desarrollo sobre las Materias Primas, que se celebró en Dakar del 4 al 8 de febrero de 1975; a pesar de que fueron los Países No Alineados los que convocaron la Conferencia de Dakar, esta se creó expresamente para incluir a todos los países en desarrollo. Para consultar la documentación correspondiente, véase Jankowitsch y Sauvant.
[xxii] Algunas de las iniciativas emprendidas en este sentido fueron la creación, dentro de la UNCTAD y de conformidad con una resolución aprobada en el cuarto período de sesiones de dicha Conferencia, de un Comité sobre Cooperación Económica entre los Países en Desarrollo en 1976 y la mayor atención prestada a este enfoque a partir del quinto período de sesiones de la UNCTAD.
[xxiii] Consúltese Sauvant, documento IV.D.7.
[xxiv] Consúltese la documentación principal del Grupo de los 77 correspondiente al cuarto período de sesiones de la UNCTAD, "Statement Regarding the Forthcoming Conference on Economic Co-operation among the Developing Countries", ibid., documento IV.E.l.
[xxv] Véase el "Comunicado" de la Reunión Ministerial del Grupo de los 77, ibid., documento X.C.I.a.
[xxvi] Ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembros del Grupo de los 77, Cuarta Reunión, "Declaración", ibid., documento X.B.4.a.
[xxvii] Nyerere, infra, págs. 123, 122.
[xxviii] Las asociaciones de productores diferentes de la OPEP no habían adquirido una importancia política propia.
[xxix] En otras palabras, los países en desarrollo importadores de petróleo no ganaban nada al oponerse a la OPEP, ya que eso no habría afectado al precio del petróleo. Al contrario, si mantenían una postura solidaria, combinada con algo de presión, podrían haber conseguido ciertas concesiones por parte de los países de la OPEP (ya fuese en forma de ayuda, de acuerdos de precios especiales o ambos), lo cual reforzaba el poder de negociación de los países en desarrollo importadores de petróleo en sus negociaciones con el Norte.
[xxx] Nyerere, infra, pág. I33.
Karl P. Sauvant es Investigador Visitante Superior en el Vale Columbia Center on Sustainable International Investment, centro gestionado conjuntamente por la Facultad de Derecho y el Earth Institute de la Universidad de Columbia, y Director Ejecutivo Fundador de este centro. Se jubiló del puesto de Director de la División de Inversiones de la UNCTAD en 2005. Este texto se ha extraído de la siguiente obra de Karl P. Sauvant: The Group of 77: Evolution, Structure, Organization (Nueva York: OCEANA (actualmente, Oxford University Press), 1982).

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