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Timestamp: 2018-12-10 06:00:39+00:00

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EL EXPERIENCING EN MOVIMIENTO: 2006
Estrés, Fuente Potencial de Salud y Desarrollo.
Más Allá del Ciclo Adictivo "Dolor-Placer-Dolor"
La Medicina Moderna Ante un Nuevo Paradigma
Actualidad del Enfoque Centrado en la Persona
Relación = Distancia + Conexión.
Cuestionando las Preguntas.
Un Grupo de Focusing.
Por Juan B. Prado Flores.
Médico pediatra neonatólogo. Ex coordinador del servicio de Cuidados Intermedios Neonatales, Hospital Luis Castelazo Ayala, IMSS. Miembro de The Institute for BioSpiritual Research. jubpra@yahoo.com (México).
Una historia de estrés agudo postraumático y su resolución
Bajamos por la estrecha carretera de regreso de un paseo dominical. Nuestros amigos lo han hecho minutos antes; después de una curva veo su automóvil varios metros fuera de la carretera. Ellos han salido ilesos, pero están lívidos por el inesperado suceso. Un vehículo a gran velocidad los ha envestido por detrás y echado fuera después de dar “trompos” sin control sobe la cinta asfáltica. Traemos a nuestra amiga -a quien llamaremos María- a su casa en el auto. Los demás se quedan ahí para hacer los trámites del seguro automotriz.
Yo veo a María por medio del espejo interior; está pálida, con sus ojos muy abiertos, comentando con agitación lo que les acaba de ocurrir: el sorpresivo impacto, el haber patinando y dado de vueltas sobre la carretera, que casi chocan con los autos que venían en el otro sentido, que le parecía que se iban a la barranca de la izquierda, que al salir de la cinta asfáltica sentía inminente el choque contra los árboles de la derecha; lo que les pudo haber pasado…
Entonces le digo: “Sé de un ejercicio que tal vez te pueda ayudar; si te parece bien podemos intentarlo”. Me dice que sí y siguiéndola por el espejo interior le hago las siguientes preguntas, propuestas e indicaciones:
Quiero que veas si puedes darte cuenta dónde se siente todo esto que nos estás compartiendo; ve si puedes encontrar en qué parte de tu cuerpo lo sientes. Tómate un tiempo para buscar el lugar en el que tu cuerpo lleva este acontecimiento y dime si lo encuentras. Pasan unos momentos de búsqueda y con los ojos cerrados, me dice tocándose: “Sí, aquí, en el cuello… duele”. Le pregunto si siente que allí recibió el impacto del choque y me dice que no, que no recibió ningún impacto físico; que sintió el golpe que le dieron al coche y las vueltas que dio, pero que ella no resultó con ningún golpe. (Esa sensación en el cuello es cómo lleva su cuerpo el evento emocionalmente traumático, a lo que llamamos sensación-sentida. 9)
Le sugiero que vea si puede ir allí donde está la sensación física de lo sucedido. Se trata -le digo-, de darle a ese lugar una compañía respetuosa, delicada, cariñosa; ve si puedes estar con ese lugar de una manera que le haga saber que quieres estar realmente presente para él, que de verdad te importa... Tal vez puedas hacerle sentir que no está sólo, que tú estás allí con él, que lo acompañas y que estás abierta por si quiere decirte algo. Se queda en silencio intentándolo y luego haciéndolo. (Esto es darle una presencia cálida y amorosa11 al asunto físicamente sentido)
Mientras sigo conduciendo –precavidamente- mi automóvil, voy tratando de atender sus respuestas. Entonces escucho un: “¡Ay!”; su cara expresa que ha surgido algo inesperado. Le pregunto si ha venido algo, tal vez una palabra, una imagen, un recuerdo, alguna otra sensación o algún sentimiento que conecte con eso físicamente sentido, y me dice, muy impresionada: “¡Acabo de volver a vivirlo todo, exactamente como sucedió!”. La invito a mantenerse acompañando un rato como esto ahora se siente. Lo hace y luego me dice, como no pudiendo entender lo que ha pasado: “Me siento mejor…, creo que ya todo está bien. Ya no está el dolor”. (Se ha simbolizado4 adecuadamente la sensación-sentida del asunto en el haberlo ‘vuelto a vivir’ y con ello ha venido la transformación en su estado físico, emocional y espiritual, a lo que llamamos cambio-sentido. 9)
A partir de ese momento María ya no volvió a tocar el tema del accidente, regresó el color sonrosado a su cara y se vino comentando animosamente otras cosas durante el trayecto hasta su casa. Yo, que seguía escuchándola y viéndola por el retrovisor no lo podía creer. Nadie hubiera pensado que había estado en riesgo su vida y la de su familia hacía sólo unos minutos. También me llamó la atención que nadie más que yo parecía darse cuenta del cambio en su semblante, en su conversación y en el ambiente dentro del coche, ¡ni ella misma! (El trauma y el estrés fueron procesados desde un nivel bio-psico-espiritual.)
En años, nunca le oí ningún comentario acerca de estos hechos.
Cuando yo le comenté a María que, para animar a un amigo –que tras haber entrado en conflicto en una relación significativa para él había destrozado su auto en un accidente- a enfocar el doloroso asunto que traía cargando, le compartí lo que le había pasado a ella, la noté impresionada al darse cuenta de lo que aquél ejercicio de Enfoque le había beneficiado entonces. Yo me había quedado con que lo que hicimos minutos después del accidente, le permitió, desde su cuerpo, procesar inmediatamente el estrés agudo generado por el angustioso e inesperado acontecimiento. Su evolución me lo confirmó. (El acontecimiento ha sido procesado, evitando así la formación de material-ligado-a-la-experiencia traumática6 e impedido las alteraciones a nivel psico/emocional/espiritual a que el estrés puede conducir. 19)
Hagamos ahora una breve revisión de la psicofisiología del estrés y de cómo se resuelve mediante la técnica-proceso llamada Enfoque (Focusing).
EL ESTRÉS: SU BIOLOGÍA Y SU RESOLUCIÓN ORGANÍSMICA
La reciente investigación en neuro-psico-biología ha venido desentrañando y aclarando las principales vías celulares de las interacciones “mente/cuerpo” que se dan en estados de estrés que generan enfermedad mental y física.1,2 Abordaremos algunos datos experimentales y reflexionaremos sobre ellos, aunando la experiencia derivada de la técnica-proceso llamada Enfoque Bio-Espiritual, que nos permite enfrentar el reto de la atención integral de la persona afectada ya sea por el estrés agudo, o por sus efectos a largo plazo.3 Estaremos así, teniendo acceso a un nivel integrativo cuerpo-mente (“...los filósofos existenciales del Siglo XX, han resistido enérgicamente todo esfuerzo por reducir la persona a un dualismo de cuerpo y alma. El espíritu es ‘el otro lado del cuerpo’, para utilizar una descripción acuñada por Merleau-Ponty.”4) avalado por la experiencia de transitar, desde un hecho traumático que afecta nuestra biología, hacia una “neuro-psico-inmuno-endocrino-espiritualidad” saludable. Los avances actuales están contribuyendo a cerrar la brecha -abierta por demasiado tiempo-, entre la Medicina y otras áreas de las “ciencias humanas”, que buscan el desarrollo integral, lo que implica un paso enorme hacia la salud global en un mundo donde el estrés no procesado sigue creciendo día con día, convirtiéndose en un problema de salud pública de proporciones pandémicas.
Creación de memorias, aprendizajes y conductas dependientes de una experiencia estresante aguda
Estados y situaciones de apremio (estresantes), disparan su liberación. Algunas de ellas - catecolaminas, esteroides, citocinas, neuropéptidos, hormonas, etcétera-, tienen la habilidad de pasar a través de las membranas celulares, llegando a tener acceso directo (o indirecto) al núcleo celular. Una vez allí, pueden modular la expresión de ciertos genes de acción intracelular que estaban previamente en reposo, estimulando el ADN para producir otras proteínas y nuevas moléculas mensajeras. Ello constituye el sustrato bioquímico de nuestras memorias, asociaciones, hábitos, emociones y aprendizajes.
La síntesis proteica para esas emociones y patrones de comportamiento puede continuar aun después de haber retornado un estado emocional y físico más estable, ya que las células continúan generando neuropéptidos que establecen patrones alterados de tensión, miedo e hipervigilia. 5
Para ofrecer una analogía: situaciones intensas causantes de alteraciones psicofisiológicas “abren la tapa del panel de control” celular que rige el acceso a algunos genes. Una vez abierta, han podido ser inscritos y activados nuevos programas (para ciertos aprendizajes, memorias y conductas). Esta “tapa” se cierra después de que se han “encapsulado” en los tejidos estos efectos, y ya no es fácil parar los programas que se han venido descargando.
Algunos de esos programas disfuncionales pueden permanecer silenciosos hasta que un factor disparador (asociado a la situación original) los activa. La exposición a esos disparadores automáticamente echa a andar el programa, produciendo sentimientos, memorias y respuestas corporales de tipo pavloviano supeditados a lo bioquímicamente estructurado. Las fobias y la continua y generalizada tensión experimentada en el desorden por estrés postraumático son ejemplos de ello.2,3 Si hay componentes suficientemente intensos de miedo, abuso, odio, soledad, etc., eso puede, convertirse en parte de nuestra química corporal: la biografía se transforma, literalmente, en nuestra biología (Caroline Myss, 1996).
Aun si uno se siente relativamente estable emocionalmente en el presente, es posible que esos patrones aprendidos en el pasado estén contribuyendo a una salud subóptima.
Cortisol: genera diabetes e inhibición de la respuesta
Reguladores del ácido clorhídrico gástrico: úlceras, gastritis,
Hormonas sexuales: alteraciones en la menstruación, la
ovulación, endometriosis.
Incremento de las respuestas alérgicas (a alimentos, fiebre del
heno, asma, etc.)
Enfermedades autoinmunes: lupus, artritis reumatoide, etc.
Aumento para riesgo y avance del cáncer.
Dificultades para trabajar con síntomas fijados-a-experiencias traumáticas
Intentar sanar ese material encapsulado dependiente de experiencias traumáticas es un reto en diferentes frentes:
e) La mala noticia frente a la reciente investigación del cerebro sugiere que una exposición a estrés crónico y prolongado puede causar daño permanente en el sistema hipocampo-amígdala, involucrado en la memoria reciente y en el aprendizaje. Esto puede conducir a una menor capacidad para atender el problema y así llegar a resolverlo.
Acercamientos terapéuticos a experiencias encapsuladas
1. Aprender y practicar nuevos y más sanos patrones en un esfuerzo por remover, derrocar o superar los patrones-dependientes-de ese estado:
2) Eliminar los factores detonadores y los asociados, implicados en
las respuestas ligadas a una experiencia traumática:
Una modalidad como la Programación Neurolingüística (PNL) es frecuentemente empleada para cambiar las asociaciones que disparan los síntomas. Por ejemplo, alguien con fobia a las arañas puede aprender a desconectar la araña de la reacción de pánico. Esto eliminará a la araña como detonador del síntoma lo cual es adecuado para muchas personas y situaciones. Sin embargo, a menos que esas modalidades sean usadas como un vehículo que dé acceso dentro del material encapsulado ligado a la experiencia traumática y no solamente remueva el síntoma, no podrán abrir ni desaprender lo que resta del patrón negativo en la “memoria celular”. Los acercamientos conductuales, tanto como los psicoanalíticos y los cognitivos, echan fuera valiosa información al ser colocados en oposición a la complejidad del problema.5
3) Intentar recodificar desde el nivel celular los programas
disfuncionales presentes en los tejidos corporales:
La teoría actual sugiere que la única manera de sanar este estado de raíz, es reaccesando al tono químico–hormonal inicial (generalmente asociado con similar carga emocional y de cualidad sentida) que se dio cuando la experiencia-aprendizaje original tuvo lugar. El mecanismo natural del cuerpo para sanarse puede corregir estos programas disfuncionales sólo si primero “reabre el panel” y gana acceso a los mecanismos de control.6
Atender el significado-sentido (no lo que pensamos) del asunto en cuestión, es la fuente más directa para tener acceso a los recursos biológicos capaces de resolver estas experiencias, inhibiendo los genes que aún están codificando las proteínas de respuesta al estresante inicial y ofreciendo la oportunidad para que el programa antiguo sea remplazado por otro diferente que codifique proteínas y patrones de respuesta corporal más saludables.
EL MODELO-PROCESO
La buena noticia es que ya sea para revertir los efectos del estrés en lo inmediato o para sanar los ya establecidos, no tenemos necesariamente que conocer con precisión y al detalle su bioquímica ni poner esperanzas a futuro en la costosa tecnología para manipular la genética alterada, pues contamos con la técnica llamada Enfoque corporal (Focusing), elaborada por E. T. Gendlin9 mediante una cuidadosa investigación y una genial reflexión filosófica. Este modelo-proceso nos conduce a la experiencia de tener en el propio estrés, no un enemigo, sino un aliado en nuestro desarrollo, comenzando por hacernos congruentes, lo que consiste en ser capaces de experimentar fisiológicamente nuestros asuntos vitales, permitiéndoles simbolizarse adecuadamente.10 Los fundamentos científicos y los resultados prácticos en los ya cientos de miles1 de personas que actualmente nos estamos beneficiado de él, avalan este modelo.
La técnica/proceso del Enfoque incluye todo el fenómeno (bio-psico-espiritual) humano, al abordar el problema desde su registro fisiológico y permitirle a la sofisticadísima “tecnología corporal” que ya tenemos integrada, trabajar en nuestro beneficio. La premisa básica aquí es que cada vez que accesamos al material encasillado hay una reconstrucción/reorganización desde las instancias biológicas, mientras el asunto o problema enfocado, va encontrando su propia vía de resolución.
En el Enfoque Bio-Espiritual11 no buscamos sino propiciar que la persona esté presente a la sensación en su cuerpo del suceso traumático, el cual, por su propia naturaleza se despliega y avanza cuando no está siendo bloqueado. Ese estar presente, “notando” y “nutriendo” el sitio herido por el suceso traumático, paradójicamente potencia enormemente el proceso, no sólo porque ofrece una excelente vía de acercamiento a los lugares lesionados, sino porque al atender la sensación-sentida (la sensación física de la totalidad del asunto focalizado en el cuerpo9) y permitirle que se desenvuelva y simbolice acertadamente, se ha estado teniendo acceso al aprendizaje-experiencia-encasillado. Además, “notar” y “nutrir” el lugar lastimado, genera condiciones similares a aquellas que fueron creadas por el estresante inicial. Y como el proceso se desenvuelve a su propio tiempo y ritmo en cada individuo, las células afectadas tienen la oportunidad de liberar su estado químico alterado y ser capaces de dar lugar a actitudes y patrones más saludables.
Esto se refleja claramente en el “cambio sentido” –body shift descubierto por Gendlin en el laboratorio y corroborado por todo aquél que enfoca-, cuando viene el símbolo que ajusta con la sensación-sentida y ésta se abre, cambia; “lleva el proceso hacia adelante”.12 El registro electroencefalográfico durante el proceso del Enfoque muestra que momentos antes de venir esta transformación físicamente sentida, la respuesta bioeléctrica cerebral ha empezado a expresar un nivel máximo de reorganización.13
El Enfoque honra el sistema cuerpo/mente completo, y no sólo se ocupa del aspecto que está clamando por sanación -a veces a costa de algún otro. También hace espacio para todas las modalidades capaces de dar acceso al material atrapado –imágenes, sensaciones, emociones, conductas, lenguaje-, incluyendo la interacción de estas expresiones dentro de un ambiente de atención abierta y afectuosa donde pueden ser transustanciados nuestros asuntos inconclusos.
Cuando atendemos a una persona a la manera del Enfoque y le animamos a que experiencie el síntoma –a lo que voluntariamente se resistiría-, estamos alterando drásticamente la dinámica interna y las memorias estado-dependientes. Y al pasar de una forma disociada y un condicionamiento pavloviano a una presencia cálida y afectuosa hacia lo que es real, estamos deshaciendo el carácter alterado de “ligado-a-la-experiencia” traumática. Esto hace que la persona no sólo ya no tenga que caer en sus patrones disfuncionales, sino que pueda sanar aun si ellos han llegado a convertirse en adicciones.7
La actitud empática, -no inquisitiva- del facilitador del Enfoque, animando a la persona a “permanecer en la verdad de sí misma”11 con respeto y atención amorosa, es lo que más promueve la apertura de los ambientes celulares disfuncionales que de otra manera mantendrían la química celular alterada. El efecto básico de este modelo-proceso a nivel bioquímico, es que los aprendizajes grabados en las proteínas celulares por acción del estrés, se separan cada vez más de los patrones de tensión, preocupación, defensa y retraimiento, liberando actitudes y conductas de bondad, empatía, compasión y seguridad.3,5
Nuestra experiencia personal previamente publicada, incluye el constatar cómo ha sido resuelto el estrés agudo causado por: a) una severa otalgia en una niña con otitis media aguda quedándose plácidamente dormida y sanado mucho antes de lo previsible; b) un dolor abdominal en un escolar que termina “jugando un partido de fútbol” con el propio dolor; c) el llanto incoercible de un bebé, cuya madre afectada por neurocisticercosis al dormirse por efecto del anticoncusivante lo deja sin protección cayendo de la cama y ella está alteradísima por el miedo, la culpa, el enojo y mientras enfoca se le duerme el niño en sus brazos y ella encuentra un nuevo significado al acontecimiento y a su enfermedad; d) el sufrimiento de una mujer que sostiene la sensación de que su corazón se le abre al atender cómo lleva un asunto de salud de su hija de cuatro meses de vida, viniendo la simbolización –y poco después también la resolución- del asunto en: “¡odio a mi hija, la odio!…”14. e) En cómo resuelve otra mujer el estrés postraumático por la muerte de su hermana ocurrida nueve años antes y manifestado ahora por el llanto continuo de su hija recién nacida con sólo tocarla; f) el estrés del médico pediatra (quien esto escribe) ante el trauma de presenciar el deterioro paulatino de un paciente preescolar (hijo de entrañables amigos) víctima de una neuroinfección aguda, que al enfocarlo se simboliza en las palabras: “todo va a salir bien”, mensaje que trasmite esperanza a la atribulada familia mientras el pequeño responde admirablemente15; y en muchos casos más durante el ejercicio cotidiano de la medicina, en la vida diaria y las relaciones familiares, etcétera.
Me pregunto si mediante la práctica del Enfoque Bio-Espiritual no estaremos ya adentrándonos en la predicción del Dr. James Watson (codescubridor de la estructura del ADN) quien piensa que en 10 años “casi todo” será modificado genéticamente.16 Lo que supera esa expectativa es que sólo se requieren dos seres humanos; uno dispuesto a atender su asunto desde su sensación-sentida y el otro entrenado para facilitar el proceso, sabiendo, por la propia experiencia, que la dirección de dicho proceso siempre es hacia la salud, el desarrollo y la integración. De este modo, la sencilla técnica del Enfoque Bio-Espiritual no solamente permite restaurar los “genes de acción intracelular” para que hagan su trabajo, sino que abre a la persona a más y más experiencias menos que nutricias y no procesadas, que a veces desde el vientre materno17,18 y a lo largo de la vida se han estado convirtiendo en la propia biología, condición que todos compartimos si estamos de acuerdo con el Dr. Hans Selye que nos recuerda que el vivir mismo está sujeto al estrés.19
1. The Focusing Institute. On Focusing and Trauma. En sitio Web:
2. Omidian P. The use or Focusing by Afghan Aid Workers. En sitio
Web: http://www.focusing.org/ Focusing and Afghanistan.
3. Gascón JI. Focusing en la atención de una víctima de atentado
terrorista: cómo utilizar Focusing en un Síndrome de Estrés
Postraumático. España, abril, 2004. En sitio Web: On Focusing and
Trauma http://www.focusing.org/
4. Campbell PA. Academic Roots of the Bio-Spiritual Movement, en:
Beyond the Myth of Dominance, an Alterative to a Violent Society.
Sheed & Ward. 1993, pp. 233-244.
5. Nayowith B. Focusing and Health –Some Psychobiological
Perspectives-. Folio (Volume 18, Number 1, 1999)
6. Rossi EL. Psychobiology of Mind-Body Healing. citado por Nayowith
en Fosusing and Health. En la Web: Ernest Lawrence Rossi.
7. Campbell PA. What Holds the Myth in Place? En: Beyond the Myth of
Dominance, an Alterative to a Violent Society. Sheed & Ward pub.
1993. Pp. 136-151. En sitio Web: Process-Skipping:
http://www.biospiritual.org http://www.enfoquebiospiritual.com.mx/
8. Prado FJ. Más allá del ciclo adictivo dolor-placer. Dol Clín y Ter Vol
III No. 6, 2005, pp. 13-17. En sitio Web: www.imbiomed.com Algología.
9. Gendlin ET. Focusing. Proceso y técnica del enfoque corporal. Dando
libre acceso a la sabiduría de tu cuerpo. Ed. Mensajero. España. 1982,
10. Campbell PA. Academic Roots of the Bio-Spiritual Movement, En:
11. McMahon EM. Beyond the Myth of Dominance, an Alterative to a
Violent Society. Sheed & Ward. 1993. Op. Cit. pp. 245ss. Sitio
Web: http://www.biospiritual.org
http://www.enfoquebiospiritual.com.mx/
12.Gendlin ET. Un auto filosófico Modelo 1999 para focusers. En sitio
Web: http://www.focusing.org/ Español.
13. Don NS. The transformation of conscious experience and its EEG
correlates. Journal of Altered States of Consciousness. 1977, 3
(2). 147-148.
14. Prado FJ. Técnica del Enfoque en la Consulta Pediátrica. Dol Clin
Ter Vol II No. 8, 2004, pp. 17-20. En sitio Web:
www.imbiomed.com Algología.
15. Prado FJ. Enfoque Corporal. Dol Clin Ter Vol II No. 9, 2004, pp.
17-20. En sitio Web: www.imbiomed.com Algología.
17. Sadik N. The state of world population, 1997. UNFPA, New York,
18. World Health Organization. Abortion: A Tabulation of Available
Data on the Frequency and Mortality of Unsafe Abortion, 3rd
edition. Geneva, 1997 (in press). En “El Embarazo no Deseado”:
http://www.safemotherhood.org/facts_and_figures/spanish/s_unwanted_pregnancy.htm
19. Selye H. The stress of life, en la Web:
Hans Selye: El descubrimiento del Estrés.
· Médico pediatra neonatólogo. Ex jefe del servicio de Cuidados Intermedios Neonatales, Hospital “Luis Castelazo Ayala”, IMSS. Miembro del Institute for Bio-Spiritual Research. jubpra@yahoo.com
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MÁS ALLÁ DEL CICLO ADICTIVO "DOLOR / PLACER, PLACER / DOLOR" :
Un modelo actualizado para la comprensión, el tratamiento y la prevención de las adicciones
Por Juan B. Prado Flores
Médico pediatra neonatólogo. Ex coordinador del servicio de Cuidados Intermedios Neonatales, Hospital Luis Castelazo Ayala, IMSS. Miembro de The Institute for BioSpiritual Research.
jubpra@yahoo.com (México)
Progresos recientes en neuropsicobiología nos permiten llegar a entender más claramente, una patología profundamente enraizada y extendida en nuestra cultura: las adicciones -tanto físicas como conductuales.
Descubrimientos previos en filosofía (M. Heidegger, Merleau-Ponty), psicología (C. R. Rogers, E. T. Gendlin) y bio-espiritualidad (E. M. McMahon, P. A. Campbell), ahora reconfirmados por las ciencias biomédicas, nos ofrecen un modelo que: facilita el acceso al fenómeno adictivo, mueve a la auto-reflexión, hace más etiológico, adecuado y eficaz el tratamiento y orienta hacia un realista enfoque preventivo.
Nuestro reconocimiento a los investigadores, autores y maestros, que con sus trabajos pioneros y su experiencia compartida, no sólo han hecho posible que ahora contemos con probados fundamentos científicos y adelantos tecnológicos que nos ayudan a explicar y resolver la confusión y las dificultades que se experimentan al intentar comprender el problema, sino que también nos dan esperanza al constatar que hay sentido, dirección y propósito en el proceso corporal hacia la recuperación, incluyendo, para el adicto, los pasos que lo llevan a la salud, la integración y el desarrollo, cuando atiende su condición desde sus más profundas raíces orgánicas.
Empecemos con una definición. Por adicción queremos referirnos al uso de algo o alguien, como sustituto de una relación veraz consigo mismo, con otros, con el mundo de su alrededor y para el creyente, con su Dios.1
La adicción incluye poner en marcha mecanismos que mantienen a la persona fuera de contacto con lo que siente y con lo que piensa. Estar fuera de contacto es el aspecto psicológico que yace bajo todas las conductas adictivas. Como consecuencia, provocarse una y otra vez el reingreso a los circuitos neuroquímicos instaurados y perpetuadores de la adicción se convierte en un objetivo prioritario para el adicto, ya que sin ello entraría al doloroso síndrome de abstinencia.2Anne Wilson Schaef, especialmente en su obra "Somos una nación de adictos" alerta ante la amplitud del problema y sus repercusiones en el individuo, la familia y la sociedad. Ella nos dice que es casi imposible reconocer la enfermedad estando dentro, y mucho menos, desde allí, poder comenzar el proceso de recuperación3. "Como el emperador que no llevaba ropa, muchos de nosotros estamos tan embebidos en la subcultura adictiva que no la podemos ver tal como realmente es."1
Gran parte de lo que se considera 'educación', 'religión', 'psicología', es lo que Alice Miller llama "pedagogía venenosa"4. Ella se refiere con esto a cualquier proceso que enseñe a los niños -y aun a los adultos- a desconfiar, devaluar e ignorar los propios procesos internos: sentimientos, intuiciones, percepciones. La pedagogía venenosa es abuso y enseña al niño a buscar fuera de sí algo que lo haga pleno o adecuado, preparándolo para conductas adictivas u otros problemas como ansiedad, depresión o enfermedad mental. El abuso abierto y prolongado hace que el niño se encierre en su intelecto donde -ingenuamente- cree tener algo de control y de comprensión, alejándose de lo que lo conecte de alguna manera con su cuerpo.5
La mayor parte de nuestra cultura: el hogar, la religión, el sistema educacional y los valores sociales, son en sí mismos un sistema de control, tanto como un sistema adictivo. Caer dentro de un patrón adictivo es simplemente 'acomodarse'. Éste es el proceso de inculturación para el niño, y cuando cumplimos ocho años ya nos hemos vuelto adictos a arreglar -desconociendo cualquier otra alternativa para resolver problemas o para buscar respuestas que no sean las aprendidas, las de afuera, las de siempre.6 Entonces parece normal crecer para formar parte de tal sistema. En la adolescencia se inicia la presión para 'hacerla', para 'entrar en', para 'tener éxito'. Esto, pronto comienza a cobrar su precio física y emocionalmente. El dolor de no ser capaz de controlarlo todo crece cada vez más. Las cosas están fuera de dominio y aun los muy jóvenes apenas 'se sostienen'; el dolor no disminuye, mientras, una necesidad febril por controlar domina la conciencia. Las adicciones, la ansiedad, el estrés y muchos suicidios nos están hablando de esto.
El escenario ha sido preparado a escala masiva para una sociedad adictiva en todos los niveles y grupos que en ella participan. El vacío, la soledad, la baja autoestima y el dolor que surgen de los asuntos inconclusos y aun de las necesidades básicas no resueltas, crean la motivación y la conducta dominante que se hace manifiesta en nuestras sociedades: encontrar algo o alguien que termine con el dolor.
Orígenes del proceso adictivo en nuestra cultura.
El patrón que vemos surgir como conducta adulta adictiva tuvo sus inicios, en la mayoría de los casos, en lo que se ha llamado 'señales mezcladas' durante la infancia, que dan origen a una 'afirmación inconsistente' (Willis). Hablamos de la experiencia del niño de recibir retroalimentación positiva de los padres o de otros adultos significativos, mientras se le envían también mensajes que de alguna manera le dicen: "tú no eres bueno(a)", "no vales la pena"; "tú no mereces...". Un padre (madre) ausente, trabahólico por ejemplo, claramente señala sus prioridades; prefiere el trabajo excesivo a estar presente a su(s) hijo(s).
Estados de ánimo inconsistentes, cambios emocionales desde un extremo al otro del espectro, son tomados por el niño como: "algo está mal conmigo para que papá -mamá- me trate(n) de este modo". Estas señales ambiguas llevan al niño a un sentido de sí mismo confuso, sin una autoestima positiva solidamente cimentada y en proceso de maduración desde sus primeros años de vida.
Tales experiencias, cargadas de estrés emocional y físico, -mediadas por el sistema nervioso central, vegetativo, periférico y gastrointestinal (Wood), y sus prolongaciones en los sistemas inmunológico y endocrino-, quedan retenidas como aprendizajes ligados a esas situaciones, fijando, desde el nivel celular, patrones conductuales asociados a dichos eventos, ya que las células continúan generando proteínas para tales estados emocionales y comportamientos, mediante complejas interacciones de hormonas, neurotransmisores, neuropéptidos, y un sinnúmero de otros mediadores, muchos de ellos ya plenamente identificados.7,8
Un segundo factor -culturalmente devastador- que contribuye a la formación de la personalidad adictiva es que no ha habido una cultura amplia y heredada de procesos psicológicos que transmitan -a través de la familia, la escuela, la religión-, alternativas sanas que enseñen a crecer a través de esa confusión. Vacío y baja autoestima están a la orden del día. Ésta es la receta ideal para el desastre.
Aunque algunas de las tendencias adictivas tienen un componente genético, la adicción no se da de golpe. Puede empezar por hábitos que nos hacen sentir bien y luego empiezan a convertirse en conductas compulsivas. Finalmente pasan a expresarse como adicciones cuando dan como resultado problemas emocionales, conductuales y sociales.
Debajo de todas las demás se encuentra la adicción al control. Ello representa un esfuerzo desesperado para acabar con la herida original -que abarca lo inconsciente y preverbal desde sus niveles celulares, tisulares, neurohormonales, como aprendizajes ligados y dependientes de un estado o experiencia: "state-dependent learning" 7- ; la motivación última es aniquilar el dolor y asegurarse de ya no sentirlo.
No debe sorprendernos que la necesidad compulsiva-adictiva de controlar encuentre su lugar en las estructuras y los sistemas sociales donde esos niños, como adultos, gobiernan y crean. Pero cuando los sistemas sociales 'afirmantes' se convierten en adictivos, alimentando la demanda de control y una sed insaciable de manos que apoyen el sistema, el problema se complica y magnifica.
Llamamos "evasión de proceso" al mecanismo psicológico que nos mantiene alejados de la verdad de nosotros mismos y que se expresa a través de un mal hábito, de una conducta obsesivo-compulsiva o de una adicción.10,11 Esta última incluye cambios auto-inducidos en la química cerebral por descargas ('highs') emocionales, activando encefalinas y endorfinas que son nuestras respuestas biológicas naturales para quitar el dolor.2,7,9
Las "estructuras de evasión de proceso" proceden pues, de sustratos bio-conductuales tendientes a adormecer, minimizar o huir de lo que sentimos, haciéndonos adictos a cualquier cosa, sustancia, persona o situación que mantenga anestesiadas nuestras heridas. Y no sólo se expresan en cosas tan obvias como la adicción a las drogas, al alcohol, al sexo, al trabajo o a complacer a otros; la oración, la meditación, el ayudar a los demás y cualquier cosa que pueda sustituir un asumir congruente lo que es real dentro de nosotros tiene el potencial de desarrollar un patrón adictivo, dando lugar a una forma de vida convertida en "rutina en conserva"6.
Las estructuras de evasión de proceso encierran los patrones adictivos en su sitio, haciéndolos resistentes al cambio. Gendlin ha mostrado que la evasión de proceso es el mecanismo que hace que nuestras adicciones y co-adicciones se auto-perpetúen.10 Éste es un descubrimiento vital que nos había faltado por demasiado tiempo. Ciertamente la evasión de proceso alivia momentáneamente la tensión, pero a cambio de mantenernos fuera de contacto con nosotros mismos y con la realidad.
"Una adicción nos impide darnos cuenta de lo que está pasando dentro de nosotros. Con el tiempo va entorpeciendo nuestras percepciones sensoriales y matando nuestro proceso interno. Ya no respondemos a la realidad con precisión, engañamos a la gente y perdemos la habilidad de tener intimidad con otros, aun con los más cercanos y que amamos más".3 A veces buscamos soluciones de balance cognoscitivo como llegar a una mejor comprensión del problema, pero una cosa es conocer intelectualmente la enfermedad y otra, completamente distinta, el proceso hacia la recuperación. La única manera de sanar estas experiencias enquistadas es teniendo acceso al estado fisiológico original, permitiendo que otros recursos del cuerpo entren a restaurar el sistema hacia un estado más saludable.7
El Enfoque (Focusing, Gendlin12) y el Enfoque Bio-Espiritual (Bio-Spiritual Focusing, McMahon/Campbell13) aportan invaluables pasos prácticos que llevan a la recuperación, creando el espacio corporal desde el que la persona experimenta el punto preciso en donde la adicción puede ser resuelta, asumida, procesada.
El adicto únicamente conoce la forma de controlar los 'lugares lastimados' dentro de él tratando de conseguir algo de placer mientras huye del dolor. Ignora cómo ir a esos sitios heridos y dejar que se desenvuelvan, dando lugar a una discrepancia fundamental entre cómo realmente se siente en cualquier situación dada y la manera como representa tal situación en su conciencia, lo que expresa una condición esquizoide. La única relación que tiene con su cuerpo es de control. Control del placer y control del dolor. Nunca escucha la historia que está dentro del dolor ni la de la necesidad imperiosa de gratificación inmediata. De esta manera, no hay para él un cambio real sino sólo la repetición constante de respuestas familiares para controlar y para dominar al dolor. Gendlin se refiere a esto como una "respuesta estructurada". Raramente, -si es que llegara a suceder-, el adicto tiene la sorpresa de apertura, de espontaneidad y cada vez es menos capaz de experimentar corporalmente una 'energía nueva, liberadora'.14
Si examinamos los libros acerca de "cómo hacer que..." encontraremos que la mayoría enfatiza el análisis racional; el pensamiento lógico del hemisferio izquierdo del cerebro, junto con una cierta manipulación, saltándose el proceso de completud; esto es, dejando a un lado la capacidad que el cuerpo tiene para resolver los asuntos vitales desde sus raíces biológicas. Es una suposición totalmente falsa imaginar que ganamos poder sobre lo que consideramos negativo (el dolor, ya sea físico o emocional, la confusión, la baja auto-estima, etc.) usando ya sea un 'buen pensamiento' o un 'buen sentimiento' para alcanzar tal meta. Todo lo que se logra con un ejercicio tan inútil es reforzar la propia falta de congruencia. Contra-condicionamientos de ese tipo, son solamente un intento más de control, aun cuando estén expresados en lenguaje científico o espiritual.
Cuando dejamos al cuerpo fuera del proceso de recuperación de nuestras adicciones, pasa como al desplazar el aire en un globo inflado, apretándolo. Todo sigue dentro y a mayor presión. Así, tal vez se deja de fumar pero quizá ahora se esté comiendo de más; o si se ha dejado de mentir tal vez ahora se esté culpando de lo que pasa a los demás; si antes se tomaba alcohol de más, ahora se puede estar haciendo adicto a "A. A.", etcétera.
Gendlin muestra que penetrando -en lugar de escapar- en el enojo, la hostilidad, y en otros sentimientos llevados como algo negativo, uno eventualmente puede tener acceso a los significados sentidos que están atorados, permitiéndoles empezar a avanzar nuevamente.
Parece extraño comenzar y quedarnos con aquello que nos está inquietando cuando nuestra tendencia natural es buscar la solución del otro lado de lo que no nos gusta o de lo que nos queremos deshacer. La razón de ello es que, instintivamente, tratamos de dominar lo que nos duele. Esto significa buscar algún recurso con mayor energía que la de lo que nos molesta o inquieta; algo distinto que pueda 'motivarnos, inspirarnos y ayudarnos a darle la batalla al enemigo que llevamos dentro'. Este es el camino seguro hacia cualquier adicción. A menos que lo descubramos y demos los pasos necesarios hacia la recuperación, nos mantendremos bajo el influjo del proceso adictivo.
Eugene Gendlin desarrolló 'Focusing' que enseña un proceso corporal mediante el cual, se atiende la sensación física (felt-sense) de los asuntos vitales, lo que les permite desenvolverse desde el plano histológico-fisiológico y que su historia sea asumida e integrada. Entonces ya no llevamos más esos asuntos en su estado incompleto15 ni tenemos que continuar alimentando nuestros patrones adictivos.
El punto de partida se encuentra en el descubrimiento de Carl Rogers16, quien halló, en sus propias palabras, "la curiosa paradoja de que cambio cuando me acepto como soy. ...no podemos cambiar... hasta que aceptamos completamente lo que somos. Luego el cambio llega casi sin que lo notemos". Éste, aparentemente simple enunciado está hablándonos del origen de la congruencia humana. Por congruencia queremos decir ser conscientemente capaces de sentir fisiológicamente nuestros sentimientos y permitirles que se simbolicen con precisión.15 La congruencia surge de estar en contacto, desde dentro de nosotros mismos, con cómo lleva nuestro cuerpo asuntos importantes. Entonces ¡'el cambio llega casi sin que lo notemos'!, en la Bio-espiritualidad recibimos, agradecidos, esta experiencia como don, como regalo.17
La genial aportación de McMahon/Campbell al Enfoque13, es llevarle una presencia cálida, respetuosa, afectuosa, a los lugares heridos, lo que abre el camino para llegar a 'abrazar' nuestras adicciones, en lugar de tratar de superarlas, corregirlas o eliminarlas. Este modelo ha probado -mientras se va integrando a la vida-, ir sanando los más reacios patrones adictivos, porque la reorganización tisular18 y su expresión en el "cambio sentido" que surgen durante el proceso, transforma una condición que de otro modo permanecería inconclusa, enquistada.
En la medida que podemos afirmarlo, los acercamientos más efectivos para la recuperación de cualquier adicción siempre comienzan por nombrar y poseer la enfermedad, pero no intelectualmente, sino como ésta es llevada en el cuerpo, es decir, como el cuerpo la conoce.
Aunque el proceso llamado Enfoque ha existido desde el principio de la humanidad, su práctica había estado limitada a los pocos que lo hacen de una manera natural, intuitiva, pero sin darse cuenta de que lo hacen, por lo que no pueden enseñarlo a los demás. Ahora no sólo lo estamos aprendiendo y practicando, sino también enseñando a otros.6,19,20.
Así que ya contamos con la clave que responde a una de las preguntas más dolorosas que se han atrevido a hacerse los seres humanos: ¿Por qué repito una y otra vez aquellos comportamientos destructivos hacia mí y hacia los demás aun cuando los reconozco y no los quiero hacer? La respuesta es llana: porque no somos congruentes, es decir, porque no enfocamos.
Si queremos prevenir el fenómeno adictivo en sus orígenes, es preciso enseñar a los niños 21,22 desde sus primeros años en el hogar (con sus padres como maestros y modelos), cómo procesar (no cómo controlar) su dolor, sus frustraciones, angustias, temores, etc., para que, entrando en contacto con su cuerpo, puedan acceder a sus propios significados y fortalecer su autoestima sin que tengan que precipitarse los patrones adictivos. Todos necesitamos conocer experiencialmente la diferencia entre procesar un asunto y controlarlo o reprimirlo, llevando a cabo dentro de la familia, el trabajo, la vida diaria, el proceso del Enfoque, transformando día con día, nuestra "bio-grafía herida", en neuropsicobioespiritualidad en movimiento hacia lo saludable. Así podremos constatar que no solamente la adicción está literalmente, en nuestras entrañas -como lo hemos apuntado-, sino que allí mismo también se encuentra el potencial para el cambio, la salud y el desarrollo.
Asumir nuestras adicciones no es sólo sanarlas, sino a través y mediante ellas, dejarnos conducir dentro del proceso de integración personal, comunitario y ecológico al que estamos llamados, lo cual, además, ¡disfrutamos!
Es un gran logro contar con servicios de terapia intensiva y de toxicología, con médicos y psicoterapeutas actualizados en el conocimiento de las adicciones y comprometidos con el adicto; lo irónico del caso y que más complica nuestra situación actual es que el hospital, los médicos, las enfermeras, y todo el personal, somos el adicto y éste se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos.1
No estigmatiza a nadie ser adicto, sin embargo, trágicamente cada ser humano puede decidir mantenerse inmerso en sus ciclos adictivos y, consecuentemente al margen del proceso corporal que conduce a la congruencia y a la auto-actualización. La familia humana (la familia de todos) no necesita seguir estructurándose sobre los desgarradores patrones de control y dominio del pasado; un modelo como el bio-espiritual13 -que hemos tocado brevemente-, nos permite entrar y mantenernos en el proceso de desarrollo compartido al que parte de la humanidad ya se orienta.
1) McMahon EM, Campbell PA. Addictive Religion. Bio-Spiritual Focusing Monographs. Sheed & Ward. Pp 3-10, 17-25.
2) Clarkson J. La Bio-Espiritualidad y la Química de la Adicción. En Curso de Enfoque Bio-Espiritual, Nivel 2. Pp 25-27.
3) Wilson SA. "We're a Nation of Addicts". en New Age Journal, March/April 1987. p. 43.
4) Harper & Row Publishers Inc 1987. Pp 42-47.
5) Miller A. Focusing y Trauma Infantil. En curso de Enfoque Bio-Espiritual, Nivel 2. P. 31.
6) Clarkson J. Focusing y Trauma Infantil. En curso de Enfoque Bio-Espiritual, Nivel 2 P. 31.
7) Gendlin E. T. Focusing, Proceso y Técnica del Enfoque Corporal, 2ª edición. Ed. Mensajero, 1988. P. 138.
8) Rossi E. The Psychobiology of Mind-Body Healing. W.W. Norton 1993. En Nayowith B. Focusing and Health -Some Psychobiological Perspectives-. Bio-Spiritual Congress. 2000. Pp 1-6.
9) Aréchiga-Urtuzuástegui H. Conceptos actuales sobre Neuroinmunomodulación. Gac Méd Méx Vol 135, No. 5, 1999. Pp. 489-499.
10) Clarkson J. La Espiritualidad y la Química de la Adicción. Op. Cit. p. 26.
11) Campbell PA. What Holds the Myth in Place? En: Beyond the Myth of Dominance, an Alterative to a Violent Society. Sheed & Ward pub. 1993. Pp. 136-151.
12) McMahon EM., Campbell PA. "Process Skipping". Mechanisms Which Lock in Addictive Patterns. Bio-Spiritual Focusing Monographs. Sheed & Ward. Pp. 3-16.
13) http://www.focusing.org/
14) http://www.biospiritual.org http://www.enfoquebiospiritual.com.mx/Gendlin ET. El Focusing en Psicoterapia. Paidos, Buenos Aires, 1999, pp. 261-274.
15) Campbell PA. Academic Roots of the Bio-Spiritual Movement. En Beyond the Myth, Op. Cit. pp. 233-244
16) Rogers CR. El Proceso de Convertirse en Persona. Paidos. México. 1992, p. 27.McMahon EM. Beyond the Myth of Dominance. Sheed & Ward. 1993. Pp. 258-261.
17) Don NS. The transformation of conscious experience and its EEG correlates. Brain Mind Bulletin Vol. 2, No. 13, May 16.
18) Prado FJ. Técnica del Enfoque en la consulta Pediátrica. Dol Clín y Ter Vol II No. 8, Pp.17-20. www.imbiomed.com Algología.
19) Prado FJ. El Enfoque Corporal. Dol Clin y Ter. Vol II No. 9, pp. 17-20. www.imbiomed.com Algología.
Thompson M. Cómo pueden los adultos enseñar a los niños a enfocar. Monografía de Enfoque Bio-Espiritual. Sheed & Ward Publishing. 1991.
20) Thompson M. Teaching Children to Focus. Monograph series on "Focusing and Bio-Spirituality". Sheed & Ward Publishing. 1991.
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Médico pediatra neonatólogo. Ex coordinador del servicio de Cuidados Intermedios Neonatales, Hospital Luis Castelazo Ayala, IMSS. Miembro de The Institute for BioSpiritual Research. jubpra@yahoo.com (México)
De médico, poeta y loco,
La teoría científica en la que se fundamenta la Medicina Moderna se formuló, nutrió y fortaleció de numerosos avances no solo dentro de las ciencias biomédicas, sino también de otras vertientes tanto científicas como filosóficas. Ello ha redundado en incalculables beneficios para la humanidad.[1]
En estos últimos cincuenta años han surgido en el campo de la filosofía, el de la psicología y en otras disciplinas, reflexiones, descubrimientos y progresos que ofrecen un nuevo impulso a la Ciencia en general y a la Medicina de una manera directa. De esto trata este breve ensayo.
El aforismo arriba enunciado que puede parecer solo una ocurrencia con rima, para mí no solo roza la gran verdad de que todos los seres humanos -y por supuesto, todo ser viviente- tenemos algo de médico. Las ciencias biomédicas están ya también profundizando y ofreciendo una explicación cada vez más clara de ello, por lo que conviene invertir un poco de tiempo leyendo, pero también sintiendo, lo que es sin duda una muy buena noticia.
La Teoría Fundamental de la Medicina Moderna
La Medicina Moderna se fundamenta en el conocimiento científico-racional de la Enfermedad, el cual se basa en la teoría de que:
a) toda enfermedad tiene como origen un desajuste o LESIÓN sea a nivel iónico, molecular, celular, tisular, orgánico, sistémico o multisistémico,
b) en toda lesión hay una CAUSA, ya de orden físico-químico ambiental, genético, metabólico, bioquímico, endocrino, inmunológico, neoplásico, tóxico, infeccioso, etcétera, y que
c) cada proceso nosológico (enfermedad) requiere de un tratamiento ETIOLÓGICO.
La formación, capacitación y adiestramiento del médico, desde sus primeros años de estudios hasta su graduación y luego como especialista, consiste en CONOCER la lesión en cuanto a su origen, ubicación, extensión, severidad, evolución, complicaciones, secuelas, pronóstico y rehabilitación, así en el ámbito individual como en el colectivo. De allí surgen las áreas médicas de Asistencia, Prevención, Enseñanza e Investigación.
Bajo este paradigma, el médico estudia al enfermo, diagnostica su padecimiento y le instituye el tratamiento. El ‘paciente’ es el objeto en quien recae la acción del profesional ante cuya autoridad el enfermo generalmente responde con un: “está bien”, “aja”, “sí doctor…” Esto podemos representarlo en la siguiente ecuación: a mayor sabiduría del médico, mayor su autoridad ante el enfermo.
La sabiduría del médico es pues, la piedra angular en la que se asienta la Medicina Moderna, de lo que se desprende que el enfermo sea generalmente tomado como el portador de un desajuste que hay que arreglar mediante el ejercicio de una práctica médica ética y una relación médico-paciente enmarcada en una filosofía humanista.
Habiendo dependido de tal modelo (o quizá debido a él), el médico ha asumido que teniendo cubierto el marco teórico podrá curar al enfermo y que lo hará con tal que el paciente mantenga la ‘adherencia’ al tratamiento prescrito, lo que frecuente y afortunadamente, sucede.
Ese paradigma nacido del Método Científico o experimental (que tiene como objetivos conocer el fenómeno para así poder predecirlo y luego controlarlo), enmarca íntegramente el aspecto físico de la enfermedad, sin embargo, en la actualidad se estima que el 80-90% de nuestros problemas de salud se encuentran en el área de lo psico-espiritual; algunos creen que el 100%.[2]
Una formulación simple y a la vez sabia de esta realidad la expresa E. T. Gendlin en estos términos: “…no tenemos que preguntarnos si un síntoma es físico o psicológico. Toda experiencia humana entraña ambos”.[3]
Al tener necesariamente que añadir la evidente dimensión psico-emocional-espiritual a la noción de enfermedad, el médico, formado intelectual y filosóficamente en el aludido modelo, se encuentra en un terreno en el que al no poder poner al microscopio, en el tubo de ensayo, en una pantalla, en un registro o en una placa de imagenología la dimensión humana integral, llega a sentirse por decir lo menos, incómodo, ya que en el paradigma actual de la Medicina Moderna ha quedado fuera la integridad bio-psico-espiritual[4] del enfermo, aunque a veces es incluida exclusivamente a nivel teórico. Esta dimensión humana holística no planteada en el esquema teórico vigente, muchas veces es intuitivamente añadida por el docente y por el clínico, pero general, intuitiva y fundamentalmente a titulo personal, lo que pone de relieve la deficiencia de su referencial modelo científico.
La variable ausente
No es raro pues, que muchos enfermos hayan consultado a médicos de connotado prestigio profesional, quienes han llegado a diagnósticos y ofrecido tratamientos sobre la base de la misma venerable teoría sin haber, aquellos, recibido ningún beneficio patente, recobrado la salud o encontrado un nuevo significado a su sufrimiento. Entonces, el angustioso cuestionamiento del paciente no es tanto si el médico sabe por qué enfermó, sino si hay alguien que realmente le puede ayudar a atender su dolencia y a saber qué hacer con lo que le está enfermando y con la complejidad existencial que está experimentando como “enfermedad” (esto puede suceder también cuando el enfermo es el propio médico).
Ante esta situación -insoluble para el actual paradigma científico/filosófico de la medicina moderna- debemos buscar, -de acuerdo con Albert Einstein[5]- una variable más, puesto que aun cuando muchas veces logramos evidenciar e integrar todos los aspectos teóricos del fenómeno enfermedad, no tenemos absoluta garantía de éxito en el tratamiento, ¡por muy etiológico que éste parezca!
Al preguntarnos cuál es esa variable que le falta a la teoría en cuestión para abarcar la totalidad de lo la “enfermedad” es, la respuesta es que empezamos a ver que NO hemos tomado en cuenta lo que el cuerpo enfermo sabe respecto a su afección: cómo la lleva, qué le significa, y más importante aún, qué es lo que mediante ella está queriéndole revelar al sufriente; pero no exclusivamente como fuente de información para el médico (antes de haber médicos, brujos y chamanes, el cuerpo a través de sus sensaciones, dolorosas o no, estaba tratando de comunicarle algo importante a quien las experimentaba), sino como el centro mismo, el meollo de lo que al paciente le significa estar enfermo y de donde, hoy sabemos, proviene el proceso hacia la salud integral, sea que la persona vaya a sanar o vaya a morir, lo cual en última instancia e invariablemente, sucederá. De allí que este asunto nos importa a todos.
Así que la paradigmática teoría ‘lesional’, ha dejado fuera la más esencial de las variables: lo que el cuerpo del propio enfermo CONOCE de su ‘enfermedad’ y lo que también el cuerpo es capaz de hacer para acceder a un estado de salud más abarcador que lo solamente físico y que seguramente hará si se les permite actuar a los procesos de regulación que, desde las instancias genéticas intracelulares y el concurso de la compleja interacción de receptores, mediadores, hormonas, neurotransmisores, neurolépticos, etcétera, producen nuevas proteínas que reorganizan el sustrato bioquímico para patrones, sentimientos, aprendizajes y conductas más saludables.[6]
Es más, ni se nos había ocurrido (en parte porque queda excluido del modelo teórico clásico de enfermedad) que el cuerpo del enfermo conoce, en cierto sentido mejor que el médico, el origen, estado y eventual resolución de sus problemas de salud, como tampoco que el propio médico puede y debe, como imperativo fundamental de su ética médica,[7] ayudar al paciente a descubrir, liberar, y fortalecer las instancias curativas que el cuerpo en sí mismo y aun enfermo, posee. Y esto porque desconocíamos la manera como el organismo total pone en marcha todo su potencial hacia la salud holística.
Esta crítica situación se halla actualmente en vías de ser reconocida y superada. Traeremos brevemente ahora a este espacio la investigación y los frutos de la misma que están ya dando origen a una revolución en el campo del conocimiento, del experienciar y de la salud humana integral.
La sabiduría del “cuerpo total”
Pero, ¿qué el cuerpo humano no es más que una maquinaria fisiológica semejante a un casi perfecto robot (Guyton)? o, ¿qué puede saber el cuerpo del paciente acerca de su padecimiento que tenga importancia en la terapéutica y que no conozca de antemano su sabio médico tratante?
Las respuestas provienen de los descubrimientos hechos en el sentido de que el cuerpo -como la mente-, tiene su propia manera de conocer, y según la investigación y la ya amplia información disponible, mucho más sabio que ella.[8]
El cuerpo sabe cómo crecer y desarrollarse, cómo cicatrizar una herida, cómo enfrentar los agentes infecciosos, cómo eliminar los productos tóxicos terminales del metabolismo, cómo mantener la homeostasis, cómo restaurar las anomalías en la replicación del ADN, cómo detectar las células afectadas y eliminarlas, cómo desactivar el estrés oxidativo, cómo generar energía y materia viva a partir de los nutrimentos, cómo resolver retos mediante la lucha o la huida, cómo reproducirse, cómo pensar, como morir…; él sabe a la perfección (y nos lo hace saber) cómo siente cuando le hemos bloqueado la energía de vida (aunque lo hayamos hecho inconsciente e involuntariamente), cómo siente el vivirla en plenitud, y mil sofisticadísimas funciones más que estamos apenas vislumbrando.[9]
Desde esta perspectiva los “síntomas y signos”, mucho antes de ser elementos para que el médico haga su trabajo semiológico y diagnóstico, ciertamente son el lenguaje con el que el cuerpo está intentando hablarnos y mantenernos conectados ¡con nosotros mismos! Y por cierto, ahora nos estamos dando cuenta cada vez más nítidamente que en la medida en que estamos desconectándonos de nuestro cuerpo vamos cayendo en una condición esquizoide.
A este conocimiento de/en nuestro cuerpo, legítimamente podemos llamarle SABIDURÍA. Así que, no sólo todos tenemos algo de médico; nuestro cuerpo es el mejor médico que jamás existió, pues no-sólo conoce lo que tiene que hacer para mantenernos vivos –y sanos-, sino que al unísono, simplemente y ahora mismo, ¡LO ESTÁ HACIENDO! Y todo ello sin la intervención de nuestras funciones mentales que hemos llamado ‘superiores’. Sí, el cuerpo tiene una sabiduría mucho mayor que la del razonamiento ávido del dominio y del control,[10] que han sido endiosados a partir del periodo de la Ilustración. La buena noticia es que a la vista de este nuevo paradigma, el conocimiento lineal y lógicamente estructurado de las ciencias médicas, también puede nutrirse de la sabiduría del Cuerpo total.
Aunque hoy en día aun muchos acuden al médico con una buena dosis de pensamiento mágico para ser curados por él, en todo el mundo y por todas partes están surgiendo más y más individuos y comunidades en proceso de auto-actualización (Maslow) que verdaderamente ‘piensan’ (en sentido gendliniano), esto es, que cada vez están teniendo una relación más cercana, equilibrada e incluyente hacia su propio cuerpo, al que experimentan como el referente directo integrador consigo mismos, y de interacción con las demás y con el Cosmos, resultado en estar teniendo acceso a esa sabiduría corporal a la que antes aludimos. Ellos saben que el sentirse enfermos no sólo tiene que ver con lo físico, sino que permiten que su “conciencia corporal” los ponga en contacto con el significado-físicamente-sentido (psico-fisiológico-afectivo-emocional-ético-filosófico-espiritual-comunitario) de su estado de salud, al experimentarse no exclusivamente como entes enfermos sino como seres vivientes y como tales, en movimiento hacia el autodesarrollo. Para ellos, estar enfermos es su “sabio cuerpo” hablándoles, comunicándoseles, conduciéndolos, y a la enfermedad no la ven como un lastre que tienen que arrastrar, sino como fuente de desarrollo y plenitud.
Ahora todos los seres humanos podemos experimentar desde nuestro médico interior, una sabiduría y un significado más sofisticado y esperanzador de la milenaria y aguda sentencia: “Médico, cúrate a ti mismo”. Lo paradójico es que estos asombrosos descubrimientos que estamos por comentar, hayan sido hechos al margen de la medicina oficial.[11]
El acceso a la sabiduría del cuerpo total
Pero, ¿cómo podemos tener acceso a la sabiduría de ese Médico interior que es nuestro propio cuerpo? ¿Cómo podemos aprender a creerle a esa sabiduría y permitirle trabajar con toda su capacidad en nuestro beneficio aun desde el dolor y la enfermedad? Bueno, pues igual que todas las cosas verdaderamente importantes, trascendentes, y que por específicamente humanas están más allá de le ley de la oferta y la demanda en la que se encuentra inmersa la Medicina actual; podemos hacerlo accediendo al acto crucial interno,[12] el cual nos conecta con nuestros poderosos recursos interiores generadores de salud. Tal acto crucial fue descubierto por Eugene T. Gendlin, Ph. D., Psy. D. en el Departamento de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Chicago, quien, tras 15 años de seria investigación científica en psicología y de aguda reflexión filosófica, logró dilucidar, integrar, jerarquizar, ordenar, los “pasos”[13] sucesivos que se dan en el ser humano que accede al crucial acto de la integración, esté o no físicamente enfermo. Ese proceso ahora no solamente lo podemos aprender, sino también enseñar.
Gendlin hizo sus descubrimientos en personas que de alguna manera -llamémosle intuitiva-, contactaban esa sabiduría en la resolución de sus asuntos de creatividad, trabajo, conflictos, problemas, enfermedades, etcétera. Él se dio cuenta que lo hacían desde la sensación física-sentida del asunto en cuestión de donde extraían un nuevo significado para su condición y con ello permitían a su proceso corporal llevar adelante su trasformación personal. Tales personas encontraban el ‘significado-sentido’, esto es, la respuesta en su cuerpo de lo que para ellas era realmente su aflicción junto con la resolución de la misma, lo cual es imposible hacer por la mente divorciada del cuerpo. Así que el procesamiento de los asuntos existenciales, incluidos los de salud, vienen al unísono con nuestro desarrollo e integración. Y lo asombroso es que tal proceso parte del registro fisiológico que el cuerpo hace de cada asunto existencialmente importante.
Ahora sabemos por propia experiencia que la salud holística (física, mental, emocional, social, espiritual) no viene de afuera ni la da nadie. Ella surge gratuitamente cuando animamos a la persona a mantenerse físicamente en contacto con cómo su cuerpo lleva de una manera sentida la verdad de sí misma. Esto, -que hemos experimentado los seres humanos a lo largo de la vida de manera tal vez ocasional- ahora lo podemos desarrollar con bases científicas y mediante la tecnología (entendida ésta como investigación aplicada), resultantes de los descubrimientos de Gendlin, los que le han valido los más altos reconocimientos de cada una de las Tres Divisiones de la muy prestigiada APA (American Psychological Association, la División Clínica, la División Psico-Filosófica, y la División Humanística), y a escala mundial.[14]
Para mí, éste es el descubrimiento científico más grande a lo largo de toda la historia. Acontecimiento que según modelos matemáticos, está ya repercutiendo positivamente en la vida de más un millón de personas y en las más diversas áreas de la cultura y del quehacer humano como la psicología, la filosofía, la pedagogía, la ética, las ciencias sociales, la medicina, la política, la religión, la ecología, las artes, la espiritualidad, la vida diaria…, generando un desarrollo de la conciencia humana sin parangón en la historia del Mundo. Se trata de una “revolución silenciosa” de tal trascendencia, que los avances tecnológicos en las comunicaciones, la informática, la genética, que ahora nos deslumbran, resultarán en lo sucesivo y comparativamente, más juiciosamente ubicados en el contexto epistemológico global y en el proceso histórico hacia la plenitud humana.
La sabiduría organísmica y la Medicina
Por supuesto que el descubrimiento de la sabiduría corporal no le resta nada a la teoría médica vigente (hasta ahora sus frutos han sido extraordinariamente positivos y es una fortuna para la humanidad tener acceso a los adelantos médicos actuales), sino que le aporta otro descubrimiento científico, tan trascendente como lo ha sido el de la circulación sanguínea.
Esto representa para el practicante de la Medicina, además de estar profundamente comprometido con el conocimiento de la anatomía, la fisiología, la bioquímica, la patología y las disciplinas afines mediante el estudio y el adiestramiento clínico-hospitalario (materias y aprendizajes que hechos experiencia bajo ésta perspectiva, resultan una tarea llena de emoción, excitación y aventura), no sólo para entender dónde y cómo se dan los fenómenos vitales ‘normales’ y los alterados en el cuerpo, sino también y ante todo, para aprender a guiar científicamente al enfermo -y al sano también-, motivándolo a entrar y permanecer en el proceso que libera y fortalece los recursos aprendidos y adoptados por el Cuerpo desde hace millones de años, para mantener, sostener y experimentar la vida en plenitud, lo cual incluye pasar de una simple relación médico-paciente (para algunos actualmente en el peor momento de su historia) a una mutua interacción, lo que incluye llegar a la esencia de lo que ha querido enseñar el Humanismo en la Medicina y lo que la Bioética Médica ambiciona.
Después de las extraordinarias contribuciones de Gendlin y con base en ellas, el paradigma lesión-enfermedad, enfermedad-lesión (y muchos otros en las diferentes áreas del Conocimiento y de la cultura), están siendo retados en sus limitaciones, esperando que les sean incorporados a nivel teórico y práctico, estos descubrimientos, corroborados ya también por la Psicobiología y la Neuro-inmuno-endocrinología.
Hay quienes piensan que este cambio paradigmático se llevará unos 300 años, ya que además de que cada uno necesita tener la intransferible experiencia de saber cómo opera este proceso, por ahora es una aportación difícil de aceptar en el campo específico en el que cada individuo, cada comunidad y la sociedad entera ha absorbido lo que el racionalismo todopoderoso le ha dicho acerca de la Realidad, pues resulta inquietante aceptar que el conocimiento puramente racional, excluyente de la sabiduría corporal, haya estado por siglos, equivocado. Lo importante es que ya estamos siendo testigos –y actores[15]- de que de este nuevo paradigma está naciendo una nueva humanidad, no estructurada ya sobre los desgarradores patrones de dominio del pasado, sino al contactar la propia fuente de sabiduría interior, de la que viene la dirección hacia el desarrollo, la integración y la comunión con el Todo.
Al experimentar tal proceso desde la enfermedad (aun muriendo[16]), el dolor, el quebranto, la inquietud científica, el reto intelectual, la creación estética, la aventura de la auto-actualización y cuanto sea existencialmente trascendente y no adoptando respuestas ajenas, preformadas y tenidas por verdades sin ser cotejadas con nuestra Interioridad, podremos descubrir con cuantos viven sumergidos en esta sabiduría corporal, que dentro de ese Caos en el que nos encontramos como individuos, como sociedad, como humanidad y como Mundo, se está gestando ya una “Conciencia Unitaria” (L. L. Whyte[17]) que experimentada como esperanza, nos está permitiendo vivir y construir un mundo más humano, más integrado, más genuinamente Global.
Sí, de Médico tenemos todos lo seres humanos mucho más de lo que cabría sospechar. De “poeta”, de “loco” y de otras cosas, quizá más que sólo un poco, pero esa, es otra historia.
[1] Para una visión evolutiva de esta historia ver la obra del Dr. Ruy Pérez Tamayo: “De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna”. FCE, México, 1997. en la Web: DE LA MAGIA PRIMITIVA A LA MEDICINA MODERNA
[2] La doctora C. Myss dice (en su libro: Anatomía del Espíritu, Ediciones B, 1997, p. 29) “el estrés o malestar emocional y espiritual es la raíz de todas las enfermedades físicas”. Ella conjuntamente con el Dr. Norman C. Shealy, neurocirujano de Harvard, escribieron The Creation of Healt (Stillpoint Publishing, Walpole, 1993), donde fundamentan mediante la propia experiencia profesional cotidiana, sus palabras.
[3] Bajo esta incuestionable premisa, hay todo un sistema filosófico y una actitud que no divide al ser humano en “componentes”: la ‘maquinaria fisiológica’ (objeto de la medicina) por un lado y otros “contenidos” como el alma o el espíritu, sino que asume que el experienciar se da desde la unicidad del ente humano. Ver: El trabajo corporal; una energía nueva y liberadora, en Focusing y Psicoterapia de E. T. Gendlin. Paidós. España. 1999, pp. 262ss.
[4] Al dejar fuera “el otro lado del cuerpo”, que para el prestigiado filosofo Merleau-Ponty es “el espíritu”, nuestra Civilización Occidental y la medicina moderna han mantenido una visión dualista del ser humano dejando en manos de otras disciplinas lo “no computable”, por lo que el modelo teórico de enfermedad que de allí surge es, limitado, incompleto, insuficiente, inadecuado.
[5] “Albert Einstein en una ocasión ofreció algo relevante a nuestra situación actual que es acertado científicamente y maravillosamente sabio. Él sugirió que cuando el investigador se topa con un problema insoluble y absolutamente intratable, nunca lo podrá resolver al nivel en el que lo experimentó inicialmente, sino que necesita añadir, primero, otra dimensión a su experiencia del problema y sólo entonces encontrará la solución.” Referencia en la Web: http://www.biospiritual.org/ Why this website?
[6] En “Focusing and Health –Some Psychobiological Perspectives-”, Bio-Spiritual Congress. 2000, pp. 1-15, el Dr. B. Nayowith ofrece un panorama de los descubrimientos en Psicobiología de los últimos 25 años, que integran la indivisibilidad “cuerpo/mente” desde sus bases fisiológicas, lo que admirablemente coincide con los descubrimientos de la “Filosofía de lo Implícito” (ver http://focusing.org/) nítidamente expresados mediante los frutos de la Psicoterapia Experiencial y del Enfoque Bio-Espiritual. Ver http://www.biospiritual.org
[7] Este aspecto, aunque implícito en la ética médica clásica ha tenido dificultades para su implementación en la práctica profesional. Y continuará así, hasta que partamos de un conocimiento experiencial integral del ser humano como el Proceso en desarrollo que es y que comienza con aprender a ser congruente, lo cual consiste en tener la capacidad de experimentar fisiológicamente nuestros sentimientos y permitir que se simbolicen acertadamente (Rogers/Gendlin). Estar enterados de esos descubrimientos es sin duda un buen avance en la dirección correcta.
[8] La experienciación desde nuestro propio cuerpo nos conduce a verificar los siguientes enunciados de Gendlin: “Tu cuerpo físicamente sentido es de hecho, parte de un sistema gigante de aquí y otros lugares, ahora y otros tiempos, tú y otras personas que comprende, de hecho, todo el universo. Esta sensación de estar vivo dentro de un vasto sistema, es el cuerpo como es sentido desde dentro”: Focusing. Proceso y técnica del enfoque corporal. Ed. Mensajero, España, 1982, p.102 “…tu cuerpo es un increíble buen sistema dentro de la naturaleza y el cosmos diseñado para sostener la vida. Él tiene la sabiduría para tratar tus problemas. …sabe en qué dirección llevarte, él conoce la dirección de curación y de vida”: Ibid p. 101. “…Todo organismo viviente es una interacción corporal con una situación compleja y con el universo”, “… todos los cuerpos vivos crean e implican sus propios siguientes pasos; la creación de nuevos pasos es en lo que consiste vivir.”: Introduction to Thinking at the Edge, en Web: http://focusing.org/
[9] Ver el artículo de Aréchiga-Urtuzuástegui H. Conceptos actuales sobre Neuroinmunomodulación: Gac Med Méx, 135, No. 5, 1999. Pp. 489-499, con 138 citas bibliográficas que nos permiten reflexionar a profundidad sobre cómo trabajan organizadamente el sistema nervioso, el endocrino y el inmunológico como una unidad. Estos hallazgos nos conducen a expresar que la biografía de una persona, es decir, las experiencias que conforman su vida, se transforman en su propia y particular biología. La manera como se va desarrollando esta historia desde las instancias biológicas se esboza en mi artículo: “El estrés y su resolución organísmica”, Dol Clin Ter, Vol IV No. 5, marzo, 2006, pp. 15-20. Sitio Web: http://www.imbiomed.com/ / Algología.
[10] Para una profunda reflexión sobre el indispensable equilibrio ente las funciones mentales dirigidas hacia el necesario control para la sobrevivencia y las del Cuerpo Total orientadas a la salud y el autodesarrollo, ver la obra de E. M. McMahon: Beyond the Myth of Dominance. An Alternative to a Violent Society. Sed & Ward Pub. 1993, traducida al español por www.creeac.com.mx
[11] El tránsito personal hacia el cambio y la integración humanos no ha sido, desde hace centurias, un objetivo de la medicina moderna: “…El aspecto de autoridad del médico nunca ha encajado verdaderamente en el proceso humano de cambio personal en absoluto. …Los problemas humanos, por su misma naturaleza son tales, que cada uno está inmediatamente al cuidado de sí mismo”: E. T. Gendlin, Focusing. Proceso y Técnica del Enfoque Corporal. Ed. Mensajero. España. 1982, p. 30.
[12] Gendlin literalmente desentrañó el proceso del Enfoque en algunas personas que buscando ayuda psicológica, ni se limitaban a analizar sus problemas ni se sumergían en sus emociones, sino que se mantenían atentas y abiertas a las orientaciones que venían desde sus cuerpos. Ver “El acto interno”, en “Focusing…”, Op. Cit. pp. 25-65.
[13] Los pasos de la técnica del Enfoque nos ofrecen una vía probada de acceso al proceso humano de desarrollo. Ver “Los seis movimientos de la técnica del enfoque y lo que significan”, en “Focusing”, Op. Cit. Pp. 77-89.
[14] Para una semblanza de la importancia y trascendencia de los descubrimientos y contribuciones del Autor del Focusing, ver en sitio Web http://www.focusing.org/bibliography.html. la lista de los títulos de 242 de las aportaciones de E. T. Gendlin, tanto en lo científico como en lo filosófico y experiencial.
[15] En la Revista Dolor, Clínica y Terapia, los Números 8 y 9 del Vol. II del 2004, los números 6 y 7 del Vol. III del 2005 y el Vol. IV No 5 del 2006, hemos compartido la técnica del Enfoque y nuestras experiencias en el campo de la salud, el desarrollo, las adicciones, el estrés y de las adicciones. Sitio Web http://www.imbiomed.com/ Algología. En el Portal IntraMed expusimos someramente lo que el Enfoque puede hacer por nuestra integración psicosexual. Ver en la Web: http://www.intramed.net/actualidad/art_1.asp?idActualidad=40045&nomCat=Día%20a%20Día
[16] Algunas de mis más apreciadas experiencias con el Enfoque Bio-Espiritual han venido el acompañar y animar a personas que están muriendo, a atender cómo su cuerpo lleva esta experiencia. Esto me ha puesto en contacto con la dignidad y la serenidad con las que seres humanos como nosotros enfrentan los últimos días u horas de sus vidas, humanizando su acto de morir. “Asistir” (no a la muerte, sino) al muriente y acompañarlo mediante este nuevo paradigma es un rol privilegiado para cualquier ser humano, y el médico no puede ser la excepción. Ver: How Can We Risk Owning What Is Real In Our Bodies? En E. M. McMahon: Beyond the Myth of Dominance. Pp. 113-135.
[17] “Su obra,‘The next Development of Man’ (New American Library. New York, 1962), fue destinada a influenciar a muchos pensadores subsecuentes, incluyendo a Carl R. Rogers, y a través de él a Eugene T. Gendlin. El trabajo de Lancelot Law Whyte ha sido descrito como un profundo análisis de la clase de civilización que los seres humanos deben construir en el futuro para sobrevivir en este planeta”: E. M. McMahon, Beyond the Myth of Dominance. Pp. 55-72.
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