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Timestamp: 2017-11-18 08:20:56+00:00

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Insumissia - Darfur, Chad y la República Centroafricana: Misiones de "paz" a diestro y siniestro
Darfur, Chad y la República Centroafricana: Misiones de "paz" a diestro y siniestro
Sábado 1ro de marzo de 2008 0 comentario(s) 5611 visita(s)
Xavier Zeebroek, Pamphile Sebahara y Federico Santopinto
El conflicto de Darfur (oeste de Sudán) y sus consecuencias en Chad y en la República Centroafricana, vuelven a poner en evidencia las veleidades y limitaciones de las acciones de la comunidad internacional en la gestión de las crisis.
En los tres países, al menos seis operaciones de paz, dirigidas por cuatro organizaciones internacionales, intentan coordinar sus actuaciones.
En ninguna de ellas aparecen las condiciones mínimas para una vuelta a la paz y, sin embargo, la comunidad internacional -con la ONU a la cabeza- se encuentra, una vez más, dispuesta a «mantener la paz en los países en los que no hay paz».
Al desplegar misiones inapropiadas para la situación, la ONU y la Unión Europea obligan a correr riesgos enormes a todas las personas a las que envían a los lugares conflictivos, sin estar seguras de que puedan paliar los sufrimientos de las poblaciones civiles.
Frente a las grandes potencias, que anteponen sus intereses inmediatos y pretenden instrumentalizar las organizaciones internacionales, ¿no estamos asistiendo a una demostración de mala gobernanza mundial en la región?
1. El conflicto de Darfur y sus consecuencias regionales
Desde 2003, la agravación del conflicto, que enfrenta a los grupos rebeldes de Darfur con el ejército sudanés y las milicias Janjawid apoyadas por Jartum, ha causado más de 200.000 víctimas civiles, directas e indirectas, y dos millones de desplazados y refugiados en Chad y la República Centroafricana. Darfur, un territorio tan grande como Francia situado al oeste de Sudán, cuenta con cerca de seis millones de habitantes compuestos por tres tribus principales: Four (que dio su nombre a Darfur), Masalit y Zaghawa. Los principales movimientos rebeldes que se alzaron contra el gobierno central en 2003 son: el Ejército de liberación de Sudán, (ALS) dirigido por Abdel Wahid Mohamed Ahmed Nur, Khamis Abdalá Abakar y Minni Arkoi Minawi, y el Movimiento por la justicia y la igualdad (MJE), dirigido por Khalil Ibrahim Mohamed. Ambos reivindican una mejor distribución de los recursos y riquezas del país. El conflicto es esencialmente político, aunque los principales protagonistas apelan a los factores de identidad, especialmente étnicos, para reclutar a sus combatientes. El conflicto también se alimenta de los tráficos de armas y de la inestabilidad general que reina en la región, a caballo entre tres países: Chad, la República Centroafricana y Sudán (1).
El elevado número de desplazados y refugiados de Darfur se explica por la creciente violencia orquestada por las milicias Janjawid desde 2003 con el apoyo del ejército gubernamental sudanés. Violaciones, asesinatos y saqueos se perpetran en numerosos pueblos donde las milicias aplican la política de tierra quemada, lo que obliga a huir a las poblaciones. Las presiones de la comunidad internacional sobre el gobierno sudanés para que desarme a estas milicias aún no han dado resultados tangibles a pesar de los compromisos de Jartum en este sentido.
A pesar de lo que sostienen algunas informaciones, no se trata de un conflicto religioso, ya que la mayoría de las poblaciones de Darfur son musulmanas. Al contrario, según numerosos observadores, el gobierno central, para mantenerse en el poder, instrumentaliza a los distintos grupos étnicos locales sobre la base de su competición por el espacio y los recursos. Así, utiliza a las milicias Janjawid, reclutadas entre las tribus «árabes», para reprimir a las principales tribus «africanas» de Darfur, de las que proceden los rebeldes que integran el ALS y el MJE.
El objetivo del poder es, por lo tanto, más importante que el compromiso del gobierno en el proceso de aplicación del acuerdo de paz firmado en 2005 con el Movimiento/Ejército de liberación del pueblo sudanés (SPLM/A) después de más de 20 años de la guerra civil emprendida en 1983 por el movimiento de John Garang que reivindica la autonomía del sur de Sudán, animista y cristiano, frente al norte, musulmán y que aplica la charia. La distribución equitativa del poder y los recursos, especialmente los del petróleo, también se halla en el centro de las reivindicaciones. Una operación de paz de la ONU (MINUS) apoya este proceso de paz.
Las repercusiones en el inestable Chad
El vecino Chad no es un país más tranquilo. Encaramado al poder en 1990 gracias a un golpe de Estado, el presidente Idriss Déby no tiene nada que envidiar a sus predecesores en materia de represión, tortura y mala gobernanza (2). Ya a punto de ser derrocado por los rebeldes en febrero de 2006, se mantuvo en el poder por la intervención in extremis de las tropas francesas. El país se encuentra, efectivamente, en una situación de inestabilidad política crónica caracterizada por una sucesión de golpes de Estado militares y varias rebeliones armadas que ocupan una parte del territorio (3). El principal reto de la paz en Chad reside en las posiciones, muy volátiles, de los protagonistas políticos. Está comprobado que los distintos acuerdos de paz que se firman raramente se aplican y que los principios de gestión igualitaria de los recursos del país (especialmente el petróleo desde 2003) se quedan, según los observadores, en el terreno de la retórica.
Como ejemplo, el gobierno chadiano y los cuatro principales grupos rebeldes que operan en el este del país: la Unión de las fuerzas por la democracia y el desarrollo (UFDD) del general Nouri; el UFDD fundamental (una alianza de disidentes del UFDD); la Unión de las fuerzas por el cambio (RFC) de Timane Erdimi; y la Concordia nacional chadiana (CNT) del coronel Hassane Saleh Al Gadam Al Jinedi, firmaron, el 3 de octubre de 2007 en Trípoli (Libia), un acuerdo que preveía la participación de los rebeldes en la gestión de los asuntos del Estado y el acantonamiento de sus combatientes en lugares definidos de común acuerdo.
Este acuerdo voló en pedazos con el ataque de la coalición de los tres movimientos sobre Djamena a principios de febrero 2008. La ola de detenciones de opositores que siguió al nuevo fracaso de los rebeldes, redujo a la nada una iniciativa que, a pesar de todo, estaba respaldada por la Unión Europea.
Desde 2005, el Chad y Sudán se acusan mutuamente de apoyar a sus respectivos rebeldes: Sudán estaría apoyando a los rebeldes chadianos basados al este del país, mientras que a Chad se le acusa de apoyar a los rebeldes de Darfur. A pesar de las múltiples mediaciones de la Unión africana y Libia, las relaciones políticas entre los dos países han seguido deteriorándose desde 2005, cuando Chad se declaró en «estado de guerra» con Sudán tras el ataque de los rebeldes chadianos a la ciudad de Adré, en la frontera de Sudán.
Por otra parte, Chad sufre más que los demás países vecinos las consecuencias humanitarias, políticas y de seguridad del conflicto de Darfur. Efectivamente, 500.000 personas se refugiaron o desplazaron al este de Chad debido a las exacciones cometidas en Darfur. Además, las milicias armadas que llegan de Sudán atacan los campos de refugiados en el territorio chadiano y aterrorizan a las poblaciones. Según los observadores y las organizaciones humanitarias presentes en la zona, utilizan los mismos métodos operacionales que los que se observan en Darfur: violaciones, asesinatos y exacciones sin distinción, incluso contra los niños.
1.2. Las repercusiones en la República Centroafricana, sometida a las rebeliones internas
El conflicto de Darfur también afecta a la República Centroafricana. Por un lado, algunos desplazados sudaneses se refugiaron al noreste de la República Centroafricana tras el conflicto de Darfur y por otra parte, los movimientos rebeldes centroafricanos tendrían una «base trasera» en Darfur que les permitiría, entre otras cosas, el abastecimiento de armas. Así, el 30 de octubre de 2006, el gobierno centroafricano acusó a Sudán de agresión tras el ataque y la ocupación de dos departamentos del noreste por un movimiento rebelde presentado como beneficiario del apoyo de Jartum. Las relaciones políticas entre los dos países son difíciles aunque se han celebrado varios encuentros entre los jefes de los Estados bajo el patrocinio de la Unión Africana o Libia. La falta de aplicación de los compromisos asumidos, incluso en términos de no injerencia en los asuntos internos, sigue siendo el principal obstáculo para la normalización de las relaciones.
Las consecuencias del conflicto de Darfur amplían la fragilidad del Estado centroafricano. En efecto, la reciente historia del país también se ha caracterizado por una serie de golpes de Estado sucesivos, motines del ejército, rupturas de los procesos democráticos, una economía deteriorada, corrupción, tensiones étnicas y el cese del pago de los salarios a los trabajadores públicos (4). Si las misiones de paz (hoy FOMUC y antes MINURCA) contribuyeron a contener la violencia en Bangui, el norte del país sigue en un estado de indigencia, miseria e inseguridad perpetuas, con movimientos rebeldes y salteadores de caminos que aterrorizan a las poblaciones. A semejanza de Darfur, la provincia centroafricana de Vakaga, al norte del país, es una región geográficamente remota, históricamente marginada y, sobre todo, descuidada por una administración central cuya respuesta a las pretensiones políticas fue principalmente el envío de las fuerzas de seguridad (5).
Finalmente, otra semejanza con los países vecinos, es el incumplimiento de los compromisos asumidos en el marco de los acuerdos de paz entre el gobierno, los rebeldes y los protagonistas externos.
1.3. Conflictos con características comunes
Los conflictos de Darfur, Chad y la República Centroafricana, tienen cuatro características comunes que hay que tener en cuenta en cualquier búsqueda de una solución pacífica para la crisis actual:
La falta de equidad en la gestión del poder y los recursos nacionales parece ser una de las causas principales de estos conflictos. La desigualdad crea un círculo vicioso, a través de la marginación de una parte de la población o de las regiones del país, que a su vez da lugar a una insurrección reprimida por el poder y finalmente a la perpetuación de la violencia. En este contexto, algunos líderes no dudan en instrumentalizar las pertenencias comunitarias, étnicas, regionales e incluso religiosas para movilizar a sus partidarios. Es importante, por lo tanto, que los colaboradores exteriores no pierdan vista que mientras no se rompa ese círculo vicioso, las intervenciones no harán más que alimentar las causas de la inestabilidad.
La ausencia de voluntad política de algunos protagonistas para garantizar una vuelta a la paz y el incumplimiento de los compromisos asumidos entre los gobiernos de los tres países y sus respectivas oposiciones armadas, no crean un ambiente favorable a las operaciones de paz clásicas.
Las dificultades de administrar la seguridad transfronteriza, que requeriría la cooperación con los vecinos y el desarrollo de infraestructuras específicas en cada país concernido. Ahora bien, estas zonas a menudo están marginadas por el poder, lo que las vuelve incontrolables y las convierte en encrucijadas de todos los tráficos.
El papel, a veces ambiguo, de las grandes potencias guiadas por intereses geoestratégicos. Aprisionadas entre la voluntad de no desagradar a los socios que disponen de las materias primas (petróleo, minerales, madera) y la promoción efectiva de los principios democráticos y de buena gobernanza, sus políticas pueden variar considerablemente y embarullar los planos de la resolución de los conflictos.
2. El atolladero de las iniciativas de la comunidad internacional
En Darfur, Chad y la República Centroafricana, la comunidad internacional se encuentra frente a una de las crisis más complejas desde la Segunda Guerra Mundial. Para resolver este embrollo, por lo menos seis misiones de paz dirigidas por cuatro organizaciones internacionales tienen que coordinar sus actuaciones en un perímetro relativamente restringido:
La Misión de las Naciones Unidas y la Unión Africana en Darfur (MINUAD)
La Misión de las Naciones Unidas en Sudán (MINUS)
La Misión de la Unión Europea en Chad y la República Centroafricana (EUFOR Chad/República Centroafricana)
La Misión de las Naciones Unidas en la República Centroafricana y Chad (MINURCAT)
La Fuerza multinacional en la República Centroafricana (FOMUC) coordinada por la Comunidad económica y monetaria de los Estados del África central (CEMAC)
La Oficina de las Naciones Unidas para la consolidación de la paz en la República Centroafricana (BONUCA)
Por lo tanto es un auténtico rompecabezas institucional el que van a establecer los protagonistas del mantenimiento de la paz en esta región, sin olvidar el permanente riesgo de contagio de los diversos conflictos de unas zonas a otras, lo que supondría una dura prueba para las misiones, que tienen objetivos y reglas de compromiso muy diferentes.
Las respuestas de la ONU, la UE y la UA al conflicto de Darfur y sus consecuencias han evolucionado gradualmente entre 2003 y 2008. Sin embargo hay una constante, todas se han caracterizado por las vacilaciones, los juegos de relaciones de fuerzas entre las grandes potencias y una ausencia de voluntad de poner fin al conflicto por parte de algunos protagonistas. Así pues, cinco años después del estallido de la crisis, todavía no hay una solución definitiva para una vuelta a la paz en Darfur ni en los países vecinos. Las primeras iniciativas de la comunidad internacional se plantearon en 2004.
2.1. La Misión de la Unión africana en Sudán (MUAS)
La Unión africana es la primera que se comprometió sobre el terreno para intentar contribuir a la vuelta de la paz. Tras la firma, el 28 de mayo de 2004, de un acuerdo sobre las modalidades de la puesta en marcha de una comisión de alto el fuego, decidió enviar una misión de observación: la Misión de la Unión africana en Sudán (MUAS I). Los sesenta observadores militares africanos (MILOBS), acompañados por 300 militares encargados de su protección, rápidamente se revelaron insuficientes ante la multiplicación de las violaciones del alto el fuego. De ahí un refuerzo significativo de la misión, en octubre de 2004, con el despliegue de la MUAS II, compuesta por 3.320 personas (2.341 militares, entre ellos 450 observadores y 815 policías civiles, además del personal civil apropiado) (5).
En abril de 2005, el personal de la fuerza de la UA pasó a 7.000 soldados. La firma de un acuerdo de paz en Abuja (Nigeria) entre el gobierno sudanés y la facción del principal movimiento rebelde, el Ejército de liberación de Sudán (ALS), el 5 de mayo de 2006, atizó el conflicto. Los rebeldes signatarios del acuerdo se unieron a las fuerzas gubernamentales para combatir a los que se negaron a tomar parte, en particular el MJE y la facción minoritaria del M/ALS. La UA, que suscribió la posibilidad de una asunción del mantenimiento de la paz en Darfur por las Naciones Unidas, desde entonces llama a la aceleración de dicha transferencia ante el deterioro de la situación. Habrá que esperar dos años para que se realice esa transferencia.
En realidad, si la UA tuvo el mérito de reaccionar con una relativa rapidez, la MUAS está limitada por la falta de medios económicos, materiales y humanos a pesar de que contó, desde el principio, con el apoyo de la UE, la OTAN, Estados Unidos y Canadá.
2.2. Las iniciativas diplomáticas de la ONU
La ONU no desplegó ninguna operación de paz antes de 2008, pero se implicó -con poco éxito- en la búsqueda de soluciones a la crisis del Darfur desde 2004:
El Consejo de Seguridad impuso un embargo sobre el material militar con destino a las milicias no gubernamentales de Sudán por la Resolución 1556 del 30 de julio de 2004. La Resolución 1591 amplió dicho embargo al material militar con destino a todos los beligerantes de Darfur. No obstante, la ausencia de una lista de dichos beligerantes permitió a China y Rusia soslayar la medida, alegando la falta de pruebas de que Jartum participaba en los ataques.
El Consejo de Seguridad también recurrió a amenazas de sanciones. La Resolución 1564 del 18 de septiembre de 2004 amenazó a Sudán con sanciones petroleras si no cumplía el compromiso de restaurar la seguridad en Darfur y no cooperaba con este fin con la UA. El ministro de Asuntos Exteriores sudanés anunció inmediatamente que rechazaba esta Resolución.
El 31 de enero 2005, la comisión de investigación internacional de la ONU sobre Sudán publicó un informe que concluía que las exacciones perpetradas en Darfur constituían «crímenes contra la humanidad», pero no existía genocidio, contrariamente a lo que declaró la administración estadounidense, que utilizó el término desde 2004.
La Resolución 1593 sobre Darfur, adoptada el 31 de marzo de 2005, pidió al Tribunal Penal Internacional (CPI) que emprendiera diligencias contra los responsables de los crímenes cometidos. Así, en mayo de 2007, el CPI dicta dos órdenes de detención internacionales contra dos sudaneses acusados de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, Ahmed Haroun, ex responsable de la seguridad en Darfur y actual Secretario de Estado para los asuntos humanitarios, y Ali Kosheib, uno de los principales jefes de las milicias Janjawid.
El Consejo de Seguridad decide, por la Resolución 1706 del 31 de agosto de 2006, tomar el relevo de la Unión africana en Darfur y aumentar el personal de los Cascos azules hasta 17.300 soldados. El gobierno sudanés rechaza la propuesta. Aunque en la práctica la aplicación no requería su acuerdo, la ONU decide no desplegar su misión y negocia con Jartum.
Las cuatro primeras iniciativas emprendidas por la ONU no tuvieron un impacto significativo en la resolución del conflicto, ya que el gobierno sudanés, que era uno de los protagonistas principales, no las aceptó. Finalmente, las tensiones entre la ONU y el gobierno de Sudán empeoraron tras la decisión de Jartum de expulsar, el 22 de octubre de 2006, a Jan Pronk, representante del Secretario General Kofi Annan.
2.3. La Misión conjunta de la ONU y la UA en Darfur (MINUAD)
Las negociaciones entre el gobierno sudanés, la ONU y la UA para la instauración de la MINUAD han durado casi dos años. Inicialmente se trataba de crear una operación de la ONU para sustituir la MUAS. La Resolución 1706 del 31 de agosto de 2006 fue rechazada por Sudán, que la consideró como una acción hostil. En el otoño 2006 vio la luz el guión de una fuerza híbrida UA/ONU, que consistía en la absorción de la MUAS por una fuerza de la ONU mayoritariamente africana. Con la implicación más activa de China, aliada de Jartum, la ONU y la UA llegaron a un principio de acuerdo, el 7 de junio de 2007, sobre los detalles de la fuerza híbrida de 23.000 personas.
El 31 de julio de 2007, después de tener en cuenta las objeciones de las autoridades sudanesas, el Consejo de Seguridad votó por unanimidad la Resolución 1769 que autoriza, durante un año, el despliegue de la fuerza híbrida ONU/UA en Darfur, la MINUAD. Esta fuerza estará compuesta por 19.555 militares y un componente civil adecuado que incluirá 3.772 policías y 19 unidades de formación de policías. Su mandato, muy ambicioso, prevé:
Impedir los ataques a los civiles;
Contribuir a la protección de las poblaciones civiles;
Seguir y comprobar la aplicación de los distintos acuerdos;
Buscar soluciones políticas a la crisis;
Facilitar el acceso de la ayuda humanitaria;
Garantizar la vuelta de los refugiados y desplazados.
La Resolución autoriza el recurso de la fuerza en caso de legítima defensa para garantizar la libertad de movimientos de las organizaciones humanitarias y la protección de los civiles (sin perjuicio de la responsabilidad del gobierno sudanés). El uso de la fuerza se excluye cuando se trata de decomisar y destruir armas ilegales. Los países que contribuirán con sus tropas serán principalmente africanos. El 1 de agosto de 2007, el gobierno sudanés aceptó oficialmente la Resolución 1769.
No obstante, el calendario que preveía el despliegue efectivo de las fuerzas, como muy tarde el 31 de diciembre de 2007, no se respetó debido a los obstáculos presentados por Sudán. Entre otras cosas tiene impuesto un toque de queda que prohíbe los vuelos nocturnos y al parecer no dispone de emplazamientos para la ubicación de las bases de la misión.
Sin embargo, la MINUAD tomó oficialmente el relevo de la MUAS el 31 de diciembre de 2007. No obstante, esa transferencia permanece en una fase simbólica, porque la capacidad de la misión sigue siendo prácticamente la misma. La MINUAD sólo dispone por el momento de 9.000 personas (7.000 soldados y 1.200 policías civiles, así como los elementos proporcionados por las Naciones Unidas). Todavía está muy lejos de las 26.000 personas (20.000 soldados, 6.000 policías y personal civil) que se supone que se tienen que desplegar a largo plazo en Darfur. Por otra parte, el acuerdo que define las relaciones entre la MINUAD y el gobierno sudanés todavía se está negociando. Según un comunicado de la ONU del 5 de febrero de 2007, ese documento podría firmarse en un futuro próximo.
2.4. La Misión de la ONU en Chad y en la República Centroafricana (MINURCAT)
El Consejo de Seguridad decidió, el 25 de septiembre de 2007, desplegar una misión entre Chad y la República Centroafricana con el objetivo de completar el dispositivo de la Misión ONU/UA en el Darfur sudanés. Creada por la Resolución 1778, la MINURCAT es una misión pluridimensional compuesta, como máximo, de 300 policías, 50 oficiales de conexión y personal civil. La misma Resolución autoriza la operación EUFOR Chad/RCA.
El mandato de la MINURCAT prevé que contribuirá al retorno voluntario de los refugiados y desplazados, incluso contribuyendo a su seguridad y a la de las poblaciones civiles en peligro, facilitando el suministro de la asistencia humanitaria en el este de Chad y noreste de la RCA y creando las condiciones favorables para un esfuerzo de reconstrucción y desarrollo en los dos países. También hace hincapié en el papel de la coordinación y los contactos a mantener con todos los protagonistas, nacionales e internacionales, en materia de paz y seguridad, que se deberán mantener en los tres países, en particular, el MINUAD, FOMUC, BONUCA, EUFOR-Chad/RCA, etc.
2.5. La Misión EUFOR en Chad y en la República Centroafricana
Bautizada EUFOR-Chad/RCA, la misión militar de la UE, muy querida por Francia, ya está en preparación desde hace varios meses, a pesar de la oposición de Sudán a cualquier presencia militar occidental en la región. El EUFOR-Chad/RCA se prepara para enviar, durante un período inicial de un año, a 3.700 soldados a una región muy extensa, donde viven, al alcance de varios grupos armados, cientos de miles de refugiados y desplazados.
La planificación de EUFOR fue, en efecto, larga y complicada. Hasta el último minuto varios Estados miembros de la Unión, especialmente Alemania, expresaron numerosas dudas en cuanto a la oportunidad de lanzar una operación que corre el riesgo de percibirse como un apoyo militar a regímenes vinculados estrechamente a París (7). Finalmente, estas reticencias obligaron a Francia a comprometer a 2.100 personas (en vez de las 1.500 anunciadas en principio) sobre un total de 3.700. Los trece Estados europeos restantes aceptaron enviar a la zona a 400 soldados polacos, 400 irlandeses, 200 suecos, 120 rumanos, un centenar de belgas y contribuciones menores de otros países. A pesar del predominio de soldados y medios franceses, la misión se puso bajo la orden de un irlandés, el teniente general Patrick Nash. El cuartel general, sin embargo, se instaló en el Monte Valérien, en París, y estará integrado por personal procedente de 21 países europeos. Finalmente, el general de brigada francés Jean-Philippe Ganascia será el comandante de la fuerza sobre el terreno.
EUFOR goza de una sólida legitimidad internacional y legal. La Resolución 1778 (2007) adoptada por el Consejo de Seguridad el 25 de septiembre de 2007, que concierne a la instauración de la MINURCAT, autorizó simultáneamente a la UE a desplegar su fuerza al norte de la República Centroafricana y al este de Chad, por un período de tiempo inicial de un año. Un hecho políticamente significativo es que dicha Resolución se votó por unanimidad, lo que demuestra la existencia de un consenso internacional a este respecto, a pesar de las reticencias europeas.
El mandato de la ONU se basa explícitamente en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, que autoriza el uso de la fuerza en caso de necesidad. La Resolución precisa, en efecto, que EUFOR «está autorizado para adoptar todas las medidas necesarias» para llevar a cabo las tareas que se le asignan. Ahora bien, el mandato de EUFOR es esencialmente de vocación humanitaria. Se basa en los siguientes puntos:
Contribuir a la protección de los civiles en peligro, especialmente los refugiados y desplazados;
Facilitar el transporte de la ayuda humanitaria y la libre circulación de personal humanitario, contribuyendo a mejorar la seguridad en la zona de operaciones;
Contribuir a la protección del personal, locales, instalaciones y material de las Naciones Unidas y garantizar la seguridad y la libertad de circulación de su propio personal, del personal de las Naciones Unidas y del personal asociado.
El EUFOR-Chad/RCA, por lo tanto, debe ser considerado como una misión transitoria cuyo objetivo consiste en apoyar los esfuerzos de la ONU, tanto en Darfur como en las regiones vecinas. Su carácter neutro y humanitario implica que, una vez desplegados, los soldados europeos no deberían interponerse entre el régimen del presidente Déby y los rebeldes. No obstante, persiste una cierta ambigüedad respecto a esto: en efecto, si el uso de la fuerza resultara necesario para proteger a los civiles, los refugiados o los operadores humanitarios y de la ONU, el EUFOR podría hacerlo.
El EUFOR Chad/RCA es la mayor misión militar que la UE, en toda su historia, ha planeado fuera de las fronteras europeas, tanto por su duración como por su amplitud y el reto logístico al que debe enfrentarse. Además, debido a su composición, EUFOR es la misión más multinacional (y en consecuencia la «más europea») que Bruselas haya dirigido en otro continente. En resumen, representa un auténtico desafío para la UE y para la credibilidad de su política de seguridad y defensa en construcción.
3.1. No se cumplen las condiciones para la paz
El análisis del proceso de preparación y despliegue de MINUAD y EUFOR Chad/RCA, pone de manifiesto que las condiciones para efectuar el mantenimiento de la paz en Sudán, Chad y la República Centroafricana no se cumplen por tres razones principales:
No hay, en los dos países, el total consentimiento de todos los protagonistas para un despliegue de operaciones de paz. En Sudán, las negociaciones entre el gobierno por una parte, y la ONU y la UA por otra, para la aprobación de un acuerdo que permita a la ONU tomar el relevo de la MUAS, han durado dos años. Incluso hoy, Sudán sigue utilizando estratagemas para retrasar y soslayar el despliegue de la misión, entre otras cosas, el rechazo de los soldados occidentales (8), de los helicópteros de combate, de las operaciones nocturnas de vuelo, etc. De la misma forma, los rebeldes chadianos expresaron sus reticencias ante una operación EUFOR que sería de mayoría francesa.
El acuerdo de alto el fuego firmado en 2004 entre el gobierno sudanés y los rebeldes de Darfur no se respetó aunque fue éste quien permitió el despliegue de la MUAS. Además, los movimientos surgidos desde 2004 no están vinculados a este acuerdo. La continuación de las exacciones contra las poblaciones y la destrucción de los pueblos de Darfur lo demuestran.
En los tres países, no hay un acuerdo de paz global y vinculante firmado por todas las partes del conflicto. En Darfur, el acuerdo de Abuja de 2006 no fue firmado por todos los movimientos rebeldes. Además, algunos rebeldes de Darfur se niegan a unirse a las negociaciones lanzadas en Syrte (Libia) bajo el patrocinio de la ONU y la UA. En Chad no se aplicó el acuerdo de paz de Trípoli entre el gobierno y cuatro movimientos rebeldes hasta el reciente ataque a Djamena, que sin duda ha destruido todos los compromisos anteriores. En la República Centroafricana, los intentos de negociar un acuerdo de paz con la mediación de Libia todavía no han tenido éxito. Los rebeldes y los salteadores de caminos siguen activos en el norte del país. La seguridad en la capital, Bangui, y los centros urbanos está garantizada con el apoyo de la fuerza multinacional del CEMAC en la República Centroafricana (FOMUC) y por los soldados franceses ubicados en el país.
3.2. ¿Mantenimiento de la paz por defecto?
La situación es muy delicada, ya que el principal país afectado por el conflicto despliega una energía poco común para resistir a la presión internacional. Después de tres años y medio de embargo, de amenazas de sanciones y actuaciones judiciales del Tribunal Penal Internacional, después de un año y medio de duras negociaciones, las Naciones Unidas todavía no están en condiciones de desplegar completamente la MINUAD y se obligó a la Unión Europea a suspender in extremis su propio despliegue en Chad. En efecto, Sudán no duda en pasar al ataque cuando se amenazan sus intereses, como ocurrió recientemente en el apoyo a la ofensiva de los rebeldes chadianos justo antes del principio del despliegue de EUFOR y también en el ataque del 7 de enero de 2008 contra un convoy de los cascos azules de la MINUAD.
Ante unos dirigentes sudaneses tan firmes, podemos preguntarnos si las elecciones de la comunidad internacional son las correctas. Y parafraseando la reflexión expresada por Akhdar Brahimi en el famoso informe de la ONU que lleva su nombre: «¿Hace falta una misión de mantenimiento de la paz en un país donde no hay una paz que mantener?» (9). El Secretario General adjunto a las operaciones de mantenimiento de la paz, Jean-Marie Guéhéno, decía lo mismo recientemente cuando ponía en guardia al Consejo de Seguridad sobre el hecho de que «la MINUAD no es una operación de mantenimiento de la paz porque desgraciadamente tiene que operar en una zona de guerra» (10). El 14 de noviembre de 2007, Guéhéno ya alertó a los países miembros sobre los riesgos de una humillación de la ONU en Darfur.
Está claro que no se cumplen tres de las condiciones esenciales para la vuelta de la paz a Darfur, pero sobre todo es la falta de consentimiento del gobierno sudanés a la intervención de la comunidad internacional el mayor handicap. Ahora bien, Sudán no es el Congo, ya que no solamente el Estado no está en quiebra, sino que además la comunidad internacional no dispone de medios de presión comparables debido a la divergencia de los intereses de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. La situación en Chad no es tan simple, ya que el apoyo de París a Idriss Déby hace temer a algunos diplomáticos que Francia no podrá mantener la imparcialidad imprescindible para su estatus de nación encuadrada en el EUFOR (11).
Por lo tanto, la MINUAD y el EUFOR se encuentran en una posición incómoda porque no pueden empezar a trabajar. El EUFOR porque su misión se limita a la protección de los refugiados y no a la protección de las poblaciones civiles chadianas o centroafricanas frente a sus propios rebeldes. La MINUAD porque, de concesión en concesión, no dispone de las capacidades mínimas necesarias para realizar su tarea. Y no será la partida de helicópteros puesta a su disposición en el último minuto lo que va a cambiar radicalmente la situación sobre el terreno.
Ante estos elementos convergentes, es necesario preguntarse si la comunidad internacional no está cometiendo, en Sudán y en los países vecinos, los mismos errores que en la antigua Yugoslavia y Somalia a principios de los 90 que muchos diplomáticos juraron que no se repetirían y que era necesario utilizar los instrumentos de mantenimiento de la paz con buen juicio. Pero, ante las grandes potencias que anteponen sus intereses inmediatos y a veces buscan la instrumentalización de las organizaciones internacionales, ¿no estamos asistiendo a una demostración de mala gobernanza mundial en la región? Actualmente no podemos alejar la impresión de que, por miedo a las consecuencias incalculables que se podrían producir si se recurriera a la imposición de la paz y la muy controvertida doctrina de la Responsabilidad de protección, el Consejo de Seguridad se somete -por defecto- al mantenimiento de la paz, con el riesgo de resultar totalmente inadecuado y exponer a peligros enormes a las fuerzas de paz desplegadas sobre el terreno, sin tener la seguridad de que puedan paliar los sufrimientos de las poblaciones civiles.
(1) Para un análisis detallado del conflicto, ver, entre otros, el dossier dedicado a Darfur en Afrique contemporaine, Ed. de Boeck, n°214, 2005/2; ICG, «Revitalising the Peace Process», Africa Report N°125, 30 de abril de 2007; ICG, «Darfur’s Fragile Peace Agreement», Africa Briefing n°39, Nairobi/Bruselas, 20 de junio de 2006; ICG, «Unifying Darfur’s Rebels: a prerequisite for Peace», Africa Briefing n°32 , Nairobi /Bruselas, 6 de octubre de 2005; ICG, «Darfur: the Failure to Protect» Africa Report, n°89, 6 de marzo de 2005; Jean-Louis Peninou, «Le Soudan déchiré par les guerres civiles: désolation au Darfur», Le Monde diplomatique, mayo de 2004.
(2) Ver Amnesty International, «La situation des droits humains dans le monde» Rapport 2007, pp. 357-359.
(3) Pamphile Sebahara, «Tchad: rébellions armées et gouvernance», en Afrique centrale. Médias et conflits. Ed. Complexe, GRIP y Panos-Paris, Bruselas, 2005.
(4) Pamphile Sebahara, «Centrafrique: les défis de la construction d’un État de droit», en Afrique centrale. Médias et conflits. Ed. Complexe, GRIP y Panos Paris, Bruselas, 2005.
(5) Leer también ICG, «République centrafricaine: anatomie d’un État fantôm», Rapport Afrique n°136, 13 de diciembre de 2007.
(6) Para el histórico de la MUAS, ver el sitio Internet de la Unión Africana (http://www.africa-union.org/root/ua/index/index.htm) y la red francófona de investigación sobre las operaciones de paz (http://www.operationspaix.net/ ).
(7) En la República Centroafricana Francia dispone del destacamento militar Boali de alrededor de 420 personas ubicadas cerca del aeropuerto de Bangui. Entre sus objetivos, el destacamento Boali debe proporcionar apoyo a la fuerza multinacional (FOMUC) de la Comunidad económica de los Estados de África Central que actúan en el país. En Chad Francia tiene el dispositivo Epervier, compuesto de 1.450 soldados (incluidos 150 soldados enviados recientemente como refuerzo desde Libreville).
(8) Así, Suecia y Noruega retiraron su oferta de enviar 400 soldados ingenieros a la MINUAD tras el rechazo de Jartum. Cf. Europe et Défense, Bruselas, n°92.
(9) «Rapport du Groupe d’étude sur les opérations de paix de l’Organisation des Nations Unies», Documento de las Naciones Unidas A/55/305, Nueva York, 21 de agosto de 2000, 68 p.
(10) Philippe Bolopion, «Au Darfur, ‘un manque tragique de moyens essentiels’ affaiblit la force commune ONU-UA», Le Monde, 11 de enero de 2008.
(12) Jean-Philippe Rémy y Philippe Ricard, «Le déploiement de l’Eufor pourrait reprendre rapidement», Le Monde, 10 de febrero de 2008.
Original en francés: http://www.grip.org/bdg/g0950.htm
*Xavier Zeebroek, Pamphile Sebahara y Federico Santopinto son los encargados del GRIP, «Groupe de recherche et d’information sur la paix et la sécurité» (Grupo de investigación e información sobre la paz y la seguridad), que se creó en Bruselas en 1979 coincidiendo con la crisis de los euromisiles y se desarrolló en el particular contexto de la Guerra Fría. Su objetivo es informar a los ciudadanos y dirigentes sobre los problemas de la defensa y la seguridad para contribuir a un mundo más seguro y con menos armas. Más exactamente, aspira a promover la prevención de conflictos, el desarme y el control de las armas.
*Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

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