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⭐EL PRINCIPIO FUNDAMENTAL DE ACCIÓN: NUEVO PARADIGMA DE LA CIENCIA PROCESAL
EL PRINCIPIO FUNDAMENTAL DE ACCIÓN: NUEVO PARADIGMA DE LA CIENCIA PROCESAL
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Francisco Vidal Lara
1 EL PRINCIPIO FUNDAMENTAL DE ACCIÓN: NUEVO PARADIGMA DE LA CIENCIA PROCESAL Dr. ROBERTO GONZÁLEZ ÁLVAREZ Fecha de recepción: 24 de Abril de Fecha de aceptación: 1de Junio de 2011 Resumen La ciencia procesal ha cambiado gracias a los paradigmas sobre la acción. El objetivo de este trabajo es sentar la derrota del viejo paradigma de la acción, del cientificismo procesal, por el nuevo paradigma de la acción entendida como principio en el canon neo constitucional, para ello se sirve del sentido epistemológico de ver los cambios del conocimiento científico como revoluciones, lo que permite determinar que hoy el nuevo paradigma de la ciencia del derecho procesal es el del principio fundamental de la acción, que comprende una nueva forma de entender el proceso y la ciencia del derecho procesal, en un escenario llamado neo constitucional y todo lo que él implica Palabras claves: Acción, paradigma, neo constitucionalismo, garantismo, garantías fundamentales, derechos fundamentales. Abstract The procedural science has changed thanks to the paradigms of the right to access to justice (action). The purpose of this article is to study the defeat of the old paradigm of the action (of the procedural tendencies) for the new paradigm of the action in the new constitutionalism, for it is served the methodological sense of see the changes of the scientific knowledge as revolutions, which allows to determine that today the new paradigm of the science of the procedural law is that concept of action like a constitutional principle, which understands a new way of understanding the science of the procedural law, in a scene so called new constitutionalism and everything what it implies. Key Words: Justice access, science paradigm, procedural law, new constitutionalism, constitutional guarantees, moral rights 1. EXPLICACIÓN EPISTEMOLÓGICA Con la crisis de los principios del positivismo lógico y el surgimiento de la nueva filosofía de la ciencia 1 el análisis epistemológico se nutrió de perspectivas históricas, 1 QUINE, Willard Van Orman, Desde un punto de vista lógico, TR. Manuel Sacristán, Paidós, Barcelona, 2002, p. 49.2 sociológicas y psicológicas. En esta ruta, de adyacentes estudios históricos promovidos por la tesis de la nueva historiografía de la ciencia 2, el desarrollo científico asumió un carácter revolucionario desde que el pensamiento kuhniano 3 asignara al estudio de las teorías científicas una hermenéutica que las envuelve en las respectivas tradiciones en que se gestaron contexto sociológico del descubrimiento para descubrir sus orígenes y conocer sus dinámicas y progresos, o mejor, sus revoluciones y nuevos paradigmas que abren nuevas puertas a los procesos perceptivos contexto psicológico-epistémico de nuevos mundos secuenciados a nuevos paradigmas. Esto ratificó la estructura esencialmente dinámica de la ciencia, explicada por el tránsito o revolución 4 de una ciencia normal a una ciencia extraordinaria. La primera, que proviene de una etapa pre-científica pre-paradigmática, se caracteriza por la amplia aceptación de la comunidad científica de una teorización determinada, marco teórico general o paradigma; y, la segunda, ocurre cuando la primera enfrenta anomalías irreversibles dando lugar a una crisis paradigmática con la rivalidad entre diversas teorías hasta que se asiente una nueva ciencia normal con un paradigma distinto 5 que descuella como mejor que sus competidoras y consensúa a la comunidad científica. La noción de paradigma cambia de un modo de ver el mundo o los hechos, información y teorías consentidas y compartidas por una comunidad científica 6 a un modo de entender matrices disciplinarias 7 (marcos conceptuales asumidos por una comunidad científica: generalizaciones simbólicas, modelos, soluciones ejemplares y valores) y problemas ejemplares 8 (integra una matriz disciplinaria permitiendo solucionar problemas); pero este cambio buscaba deshacerse de la multiplicidad de significados que había asumido la noción de paradigma desencajándola de su sentido originario o aquel con que se entendió inicialmente las revoluciones científicas. Así que a este cambio se sumo el del sentido de la inconmensurabilidad de una inicial implicación de incomparabilidad de dos teorías presentadas por sus respectivos paradigmas a la imposibilidad de traducción de los lenguajes de dos teorías de paradigmas sucesivos entre sí; de manera que dos teorías son inconmensurables 2 KOYRÉ, Alexandre, Estudios galileanos, TR. Mariano González Ambou, Siglo XXI, Madrid, 1990, passim; Estudios de historia del pensamiento científico, TR. Eduardo Bustos y Encarnación Pérez Sedeño, Siglo XXI, Madrid, 1977, passim. 3 KUHN, Tomas S., La estructura de las revoluciones científicas, TR. Agustín Contin, Fondo de Cultura Económica, México D. F., Ídem., p Ídem., pp. 17 y ss. 6 Ídem., p Ídem., p KUHN, Tomas S., Segundas Reflexiones acerca de los paradigmas, TR. Pilar Castrillo y Eloy Rada, en La estructura de las teorías científicas, Frederick Suppe (editor), Editora Nacional, Madrid, 1979, pp. 511y ss.3 siempre semánticamente (cuando sus lenguajes no se traducen entre sí), pues los mismos términos en una y otra teorías tienen diferentes significados, en tanto los lenguajes dividen el mundo de formas distintas 9. A partir de la penúltima década del siglo pasado la inconmensurabilidad local significa la aplicación de la inconmensurabilidad a una clase de términos llamados taxonómicos o tipo que da lugar a una teoría de los tipos ; así cada teoría científica posee una particular estructura semántica, o mejor, cada revolución científica propone una nueva estructura semántica, sobrepuesta a una antigua, sólo en relación a los términos tipo o propios del viejo paradigma o del nuevo paradigma, existiendo un amplio ámbito común de confrontaciones de teorías en tanto no hayan términos tipo o propios de un conocimiento científico paradigmático. La inconmensurabilidad, entonces, ya no es imposibilidad de traducción de lenguajes entre sí, sino proposición de una taxonomía léxica que rompe la comunicación comprensiva localizada entre el paradigma viejo y el paradigma nuevo. Este defecto de traducción se supera con el bilingüismo que posibilita racionalmente elegir una teoría enfrentada a otra y ambas inconmensurables. Un paradigma nuevo es una transformación taxonómica léxica que implica inconmensurabilidad. La visión kuhniana de esto último condujo a entender 10 la ciencia normal como una exigencia de mutación taxonómica local y la ciencia extraordinaria o de desarrollo revolucionario como ausente de tal exigencia. Aún cuando las categorías lexicales sustituyeron a los paradigmas en la configuración de la experiencia, el concepto de paradigma, que se transforma con su paso de una comunidad a otra y con el paso del tiempo, es ampliamente válido, pienso, por lo pronto, inmejorable, y sobre todo útil para entender la evolución de la ciencia a través de revoluciones. Si en la ciencia procesal se dieron y dan revoluciones científicas, a no dudarlo, fue y es por la acción procesal, la trascendencia de su estudio posibilita una visión epistemológica del pensamiento procesal, dotada de conceptos kuhnianos, fraguada en su visión histórica y edificada en su visión actual. No se olvide que los paradigmas de la acción son piedras miliares de revolución procesal. Así las cosas, conviene advertir las etapas kuhnianas de la ciencia procesal en relación a la teoría de la acción, esto permitirá advertir en el derecho procesal diversos momentos como (i) preciencia, o de las concepciones de la acción que no se entienden científicas, v. gr. la acción en el Código Hammurabi, en las XII Tablas, en 9 KUHN, Tomas S., The road since structure, The University of Chicago Press, Chicago, 2000, pp. 90 y ss. 10 Ídem, p. 97.4 el derecho romano y en la exégesis; (ii) ciencia normal, o de la acción en el derecho procesal o procesalismo científico; (iii) crisis científica, o de las erradas y enfrentadas teorizaciones sobre la acción; (iv) revolución científica, o de la explosión neoconstitucional; y, (v) ciencia extraordinaria, o del nuevo paradigma del derecho fundamental de acción. El estudio de la acción es a juicio de todos el más vasto que el derecho procesal ofrece, pues debido a las múltiples acepciones del vocablo acción, a la vasta pluralidad conceptual 11 de la dogmática procesal que le asiste y a la innumerable participación de autores en su tratamiento, sin duda, se ha hecho de la acción no sólo el tema procesal más amplio de todos sino el de mayor dificultad. No es vano insistir en que si la acción es compleja en su tratamiento es también, en la misma medida, un tema alentador, porque es el reflejo de la ciencia del derecho procesal en su incansable intento de hallar la corrección científica que ahora se ve descubierta en la estructura de principio fundamental que encarna la acción. 2. LA ACCIÓN EN LA ETAPA PRECIENTÍFICA DEL DERECHO PROCESAL La mayor expresión empírica, precientífica o sedimentaria de la historia occidental del derecho procesal es, sin duda, la actio. El término acción proviene 12 del latín actio -nis. En latín, es nomen actionis del verbo ago, -ere obrar, actuar. En latín jurídico agere tuvo empleo como llevar un asunto adelante, proceder (agere lege) o como proceso, demanda judicial (actio, derivado de agere litem, causam). En los albores de Roma el verbo agere significó un obrar (hacer o ejecutar algo) dado que el desarrollo del proceso judicial era la cuidadosa repetición de gestos y rituales o mímica de los hechos (legis actio). La precientificidad del derecho procesal está marcada por la acción en el derecho romano, teniendo entre sus puntos más claros de fluidez el que las vindicaciones 13 del pater familias estaban corroboradas por la protección coactiva imprimida en casos de vulneración de los poderes que tenía conferidos, tal vez los derechos más nítidamente establecidos para los romanos por los mores maiorum y las leges; era evidente, entonces, que no bastaba tener un derecho sino tenerlo consagrado para defenderlo o protegerlo, lo que en el ámbito obligacional se consumaba con las condictiones que eran esa protección coactiva para el 11 PEKELIS, Alejandro, citado por ARAGONESES ALONSO, Pedro, Sentencias congruentes, Aguilar, Madrid, 1957, pp. 12 y ss. 12 COUTURE, Eduardo J., Vocabulario jurídico, Depalma, Buenos Aires, 1983, p ERRÁZURIZ EGUIGUREN, Maximiano, Manual de derecho romano, Jurídica de Chile, Santiago de Chile, t. II, 1989, p. 507.5 cumplimiento de obligaciones. De estas condictiones más adelante derivan las actiones, sean reales o personales. En el procedimiento romano se diferencian tres épocas apareciendo en cada una un sentido distinto de la acción 14, pero en cada caso siempre con un contexto precientífico: a) las acciones de la ley, b) el procedimiento ordinario o formulario y c) el procedimiento extraordinario. A continuación un escueto repaso de lo que ello significó. Considerando estas tres etapas del procedimiento romano, y los principales juristas romanos, la acción nunca se llegó a entender con un criterio homogéneo 15 así para Gayo la actio era tanto in personam como in rem; con Papiniano la actio era eclusivamente in personam y nunca in rem que era la petitio y persecutio se aplicaba a una y otra; para Ulpiano era la especie (in personam) y el género (in personam e in rem) y la persecutio era la extraordinaria cognitio; para Paulo no sólo era in personam e in rem sino también persecutio; finalmente, para Celso, la actio designa únicamente la actio in personam, que es el contexto en el que Justiniano la inserta en las Instituciones, lo que no significa que la haya reconocido como la única válida o definitiva, pues sin duda la actio también comprendía la actio in rem. Con Savigny 16 la acción se explica con un dimensionamiento distinto al del propio derecho romano, pues cobra una doble sentido: uno material-civil (el objeto del juicio) y otro formal (la demanda). La violación de un derecho determina una relación especial, propia de una situación nueva destinada a la reparación de la violación, se trata de un estado de defensa que genera modificaciones en el contenido y esencia de ese mismo derecho. Esas modificaciones corresponden a un derecho de acciones y cuando se dan sobre un derecho lo hace en particular con él, aunque también se dan con carácter general frente a todos los derechos, por eso existe un derecho de acción especial y un derecho de acción general. Con otras palabras, con la violación de un derecho se genera una nueva relación entre el sujeto que vulnera el derecho y el que es lesionado con dicha vulneración, esto da lugar a que se confiera a favor de este último un derecho llamado acción, es decir, el derecho de acción que se diferencia del sentido del término acción como el acto escrito que inicia un debate judicial (demanda) que, a diferencia del derecho de acción que corresponde al derecho civil, corresponde a la teoría del procedimiento. 14 Sobre la acción en las épocas del procedimiento romano Cfr. ARANGIO RUIZ, Vicenzo, Las acciones en el derecho privado romano, T.R. Faustino Gutiérrez Alviz, Revista de Derecho Privado, Madrid, 1945, p. 20; GONZÁLEZ ROMÁN, Héctor, Derecho romano II. Obligaciones, contratos y derecho procesal, Nuevo Siglo, Nuevo León, 2003, p. 158; RASCÓN GARCÍA, César; GARCÍA GONZALEZ, José María, Ley de las XII Tablas. Estudio preliminar, traducción y observaciones, Tecnos, Madrid, 1993, p. 507 (Tabla II, 1.a); ARIAS, José, Manual de derecho romano, G. Kraft, Buenos Aires, p. 526; ARCILA RAMÍREZ, Carlos, Teoría de la acción, Temis, Bogotá, 1969, p. 56 ss; GONZÁLEZ ROMÁN, Héctor, ob. cit., pp. 164 s; SAVIGNY, M. F. C., Sistema del derecho romano actual, TR. Jacinto Mesía y Manuel Poley, F. Góngora y Cía., Madrid, 1879, t. IV, pp. 11 y ss. 15 SAVIGNY, M. F. C., ob. cit., pp. 11 y ss. 16 Ídem, pp. 8 y ss.6 3. LA ACCIÓN EN LA CIENCIA NORMAL DEL DERECHO PROCESAL Comprende los momentos del logro, de la conversión y propiamente de la ciencia normal. a) El primer momento, del logro, se dio gracias a las transformaciones sociales, políticas y económicas de la ilustración, el constitucionalismo y el derecho penal liberal tangibilizados en la sistematización del derecho, la gesta libertaria a partir de la Constitución norteamericana y la principialización del nullum crimen, nulla poena sine lege dando espacio al surgimiento del positivismo jurídico, lo que sin menoscabar el influjo generado en todos los ámbitos jurídicos si bien fue en un contexto general un logro para la evolución del derecho no lo fue en concreto y en ese momento para la del derecho procesal pues la acción estaba arrastrada aún en la definición de Celso. b) En el segundo momento, de la conversión, ante la concepción romana de la acción que prevalecía inmutable en Francia, tan así es que los codificadores franceses asimilaron incluso la misma terminología de los jurisconsultos romanos en la regulación de la acción persistiendo la sistematización del derecho con un sistema de acciones y no de derechos, y en Alemania conforme Savigny la presentó 17 con su doble sentido (material-civil y formal), dando marcadamente lugar al punto de transformación o cambio con la polémica Windscheid-Müther. Todo esto sin olvidar que el Código Civil francés había sido impuesto en todo territorio que fuera invadido por Napoleón y Alemania no permaneció ajena a esta situación originándose en ella un culto al derecho romano que no duró mucho porque la genialidad germánica se impuso poco a poco motivada por el desprecio y repudio que sentía hacia el Código del invasor y juristas como Gustavo Hugo y Federico Carlos de Savigny se encargaron de revivir más el espíritu alemán en busca de un derecho superior al francés. Nació así con Savigny a la cabeza la Escuela Histórica del Derecho, que sería integrada por tan geniales pensadores como Puchta y Von Ihering. Con Windscheid la actio romana constituía un derecho subjetivo; y con Müther la actio romana constituía un derecho independiente del derecho subjetivo pero condicionado a la existencia de ese derecho subjetivo, por lo que si se tenía por la actio un derecho por hacer valer lógico era que al tiempo de ello también se tenía el derecho a una sentencia estimatoria (de la acción). c) El tercer momento, propiamente de la ciencia normal del derecho procesal, se caracteriza porque el pensamiento científico procesal a cargo de dos escuelas (alemana e italiana) construyó el paradigma de la acción que dio lugar a una 17 Cf. SAVIGNY, Friedrich Carl von, System des heutigen römischen Rechts, Berlin, ; ID. Sistema del Derecho Romano actual, TR. Jacinto Mesía y Manuel Poley, F. Góngora y Cía., Madrid, 1879, t. IV, pp. 8 y ss.7 corriente evolutiva del derecho procesal denominada cientificismo procesal (denominación que ya denota una convulsión revolucionaria en sí misma) caracterizada por una teoría general y trilogía estructural del proceso desde las que la acción, sean cuales fueren los paradigmas alternativos, se entendió abstracta y autónoma. 4. CRISIS CIENTÍFICA DE LA ACCIÓN: TEORÍAS Y POSTURAS CONVULSIONADAS Y HOSTILES SOBRE LA ACCIÓN Comprende los momentos de las primeras anomalías, de la crisis propiamente dicha y de la emergencia. a) Las primeras anomalías que fue presentando la acción en la ciencia normal del proceso evidenciaban ausencia de soluciones a diversos problemas que el paradigma de la acción como derecho público, autónomo y abstracto revelaba ante un creciente número de nuevas concepciones sobre la acción, o mejor, nuevos paradigmas alternativos sobre la acción, que develaban cada vez más carencias o insolvencias del paradigma dominante. Estas primeras anomalías fueron consecuencia del contenido de la denominada teoría de la acción que ya no se observaba como ámbitos de debate científico sino como un abanico de numerosas, irreconciliables y hasta contradictorias teorizaciones sobre la acción. No fue raro, entonces, advertir en cada autor no sólo su propia y singular opinión sobre la acción sino siempre la infaltable prevención al lector de la dificultad e importancia del estudio de la acción, que en sí ya era un problema porque no se sabía si por último pertenecía al derecho procesal o a otro ámbito que requiere de mayor reflexión, como el de la filosofía del derecho, de la teoría general del derecho o de un campo jurídico que sin ser procesal resultaba propicio para la naturaleza de la acción que era el derecho justicial material 18. Siendo esto así, y habiendo tantas teorías de la acción, era necesario ordenarlas 19 en tres grupos: a) Teorías tradicionales o sustancialistas; b) teorías que reconocen la autonomía de la acción, formulando a su vez entre las que integran este grupo las siguientes: i.) Teorías que conciben la acción como un derecho concreto (Wach,Chiovenda); ii.) Teorías que conciben la acción como derecho abstracto (Alfredo Rocco, Ugo Rocco, Degenkolb, Liebman, Carnelutti); 18 GOLDSCHMIDT, James, Derecho procesal civil, Labor, Madrid, 1936, pp. 96 ss. 19 COUTURE, Eduardo J., Fundamentos del derecho procesal civil, Depalma, Buenos Aires, 1978, p. 169.8 iii.) teorías que conciben la acción como derecho potestativo (Chiovenda, Calamandrei); iv.) Teorías que conciben la acción como un simple hecho (Satta); v.) Teorías de un concepto ordinario de acción dentro del ordenamiento jurídico (Mercader, Bartoloni Ferro); c) teorías que entienden por acción el derecho a la jurisdicción como manifestación del derecho constitucional de petición. Un criterio 20 afín al señalado es el que ordena las teorías de la acción en monistas y dualistas. Pero más allá de las (dis)conformidades que estos criterios clasificatorios provoquen, lo cierto es que las teorizaciones sobre la acción asisten a una doble vertiente: una unitaria y otra dualista. Claro está en cada caso con diversos matices dogmáticos, pero lo importante aquí es no perder de vista que las teorizaciones de la acción sean aquellas parceladas en el derecho material o en el procesal (unitarias), o en ambos (duales), no dejan de reflejar su correspondencia al derecho subjetivo, sea en su plano material o procesal, o en ambos. Se ubican las teorías de conceptos unitarios de la acción como expresión de anomalías iniciales en que devino un momento de ciencia normal, de convivencia de un paradigma conceptual unitario y dominante de la acción sobrepuesto a otros paradigmas (no dominantes); y la teorización dualista de la acción expresa claramente la crisis conceptual del tema. Son las principales teorías unitarias, las siguientes: i) La acción como derecho a la tutela concreta. Entendida la acción con autonomía (Müther), es decir, separada del derecho subjetivo material, y en base a ello que se dirige contra el Estado y frente al demandado (Wach), quedaba madura la idea de la acción como un derecho público correspondido por la obligación estatal de conceder tutela de derecho, de ahí que corresponda a quien tiene derecho a una sentencia favorable 21, por eso su titular se consideró a quien siempre tenía ese derecho subjetivo material. Si bien para Chiovenda la acción era el poder jurídico frente al adversario de dar vida a la condición para la actuación de la ley, no fue difícil que la acción como derecho a la tutela concreta caiga frente a la necesidad de entender la autonomía de la acción que posibilitaba la acción aún para quien la sentencia no le favoreciera. ii) La acción como derecho potestativo. Con Chiovenda la acción es el poder jurídico de dar vida a la condición para la actuación de la ley por el órgano jurisdiccional, es un derecho contra el adversario y frente al Estado, por el que se logra protección estatal para que el demandado cumpla su obligación, es 20 FAIREN GUILLÉN, Víctor, Estudios de derecho procesal, Madrid, 1955, pp. 65 ss; Teoría general del derecho procesal, UNAM, México D. F., 1992, pp. 78 s. 21 ALSINA, Hugo, Tratado teórico practico de derecho procesal civil y comercial, EDIAR, Buenos Aires, 1963, t. I, p. 311.9 consecuentemente un derecho a obtener una sentencia favorable concedido sólo a quien tiene razón. Esta postura, al igual que la precedente, no soportó su débil formulación lógica dado que resultaba ser un derecho al medio y no al fin (Carnelutti), una omisión clara de la circunstancialidad del proceso (Liebman), una rémora para el progreso de la ciencia procesal (Rocco), en fin, que la situación del demandado no depende de la acción (Heinitz). iii) La acción como derecho abstracto. Degenkolb y Plosz iluminan la acción con su esclarecido carácter abstracto, pues la acción 22 como derecho subjetivo público cuya titularidad recae en quien crea tener razón ser oído en juicio al que el adversario debe acudir (Degenkolb) o como poder de la parte actora que, dirigido al juzgador y al demandado, garantiza la efectiva constitución de la relación procesal (Plosz). La acción pertenece a todo sujeto que con razón o sin ella necesita un pronunciamiento estatal sobre su pretensión en una sentencia sin que ello determine que ésta sea (des)estimatoria. iv) La acción como derecho a la jurisdicción. Para Couture la acción es el poder jurídico del actor de hacer valer la pretensión, es el derecho de toda persona de provocar la jurisdicción, la acción existe siempre, con derecho material o sin él, con pretensión o sin ella, porque ese poder jurídico recae en toda persona en cuanto tal 23 aún antes de que surja su pretensión concreta. Aquí queda clara la diferencia entre acción y pretensión pues ésta será lo que se hace efectivo mediante la demanda judicial y no es un derecho autónomo sino un simple hecho, y aquélla será el poder jurídico que faculta acudir al órgano de la jurisdicción. v) La acción como forma típica del derecho de petición. Couture también entiende la acción como un poder de requerir 24 que integra el poder jurídico de todo individuo para acudir ante la autoridad a solicitar lo que considera justo, y esto lo deduce lógicamente del proceso histórico de formación al que obedece la acción como un modo de sustituir el ejercicio de los derechos, por acto propio, mediante la tutela por acto de la autoridad; más aún si se tiene en consideración que esa sustitución se realiza siempre a requerimiento de la parte interesada. Lo que esta idea sobre la acción no conjunciona básicamente es la naturaleza de la relación jurídica procesal y la reducción de la titularidad de la acción en un sujeto particular, aspectos que supera la proyectividad de la acción entendida como instancia. vi) La acción como instancia proyectiva. La acción es junto a la petición, la denuncia, la querella, la queja, el reacertamiento o recurso administrativo una forma de instar, por el derecho de instar se pretende algo de alguien en un procedimiento MONTERO AROCA, Juan, Introducción al derecho procesal, Tecnos, Madrid, 1976, p COUTURE, Eduardo J. Op cit. p Ídem, p BRISEÑO SIERRA, Humberto, Derecho procesal, Cárdenas editor, México, 1969, t. II, p. 171.10 La instancia permite un comportamiento del sujeto de derecho que activa una función estatal, procurando un acto de una autoridad. La acción se diferencia de las demás instancias porque se proyecta al demandado y las otras instancias no porque sólo implican una relación vertical entre el particular y la autoridad, es decir, el ejercicio de la acción transita del órgano jurisdiccional al demandado, de ahí que también se considera que la acción pertenece al actor como al demandado (reaccionante), es decir se reafirma la dualidad de pertenencia de la acción a que diera importancia Carnelutti y en nuestro continente Ramiro Podetti. b) La crisis científica de la acción no está en la sistematización u ordenamiento de las diversas teorías que sobre ella han descollado, ellas son apenas las primeras anomalías e iniciales convulsiones científicas, la crisis, y con ella la hostilidad hacia la cientificidad de la acción, está en (i) la incontrolable afluencia de definiciones de la acción, desbordantes de cualquier intento clasificatorio y por tanto de asignaciones de naturalezas jurídicas diversas; (ii) el pesimismo sobre la acción; (iii) la dualidad de la acción; (iv) la tergiversación con el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva; (v) el quiebre de los mitos sobre la acción; (vi) los cuestionamientos del garantismo procesal; (vii) el (des)interés en su evolución y degradación; (viii) débiles intentos de fundamentalización de la acción; (ix) la diferenciación entre la acción y la pretensión; y, (x) el disloque semántico de la acción en la normatividad (civil y procesal civil). A continuación algunas notas sobre algunos de los puntos mencionados. i) La incontrolable afluencia de definiciones de la acción y por tanto de asignaciones de naturalezas jurídicas tan diversas como inconsistentes frente a su importancia. Son muchas las definiciones que de la acción se han elaborado, tantas como teorías e intentos de ellas se han razonado para explicarla y más allá de la retórica calamandreiana de las teorías sobre la acción (como las noches de la leyenda, mil y una y todas maravillosas), éstas queriendo alcanzar el cielo sufrieron la confusión de su diversos lenguajes. Una auténtica maldición babeliana. En el pensamiento alemán la acción se ha entendido como pretensión de protección 26, facultad de pedir protección jurídica 27, derecho público subjetivo 28, derecho a la prestación de la jurisdicción 29. En el pensamiento italiano la definieron como poder jurídico 30, poder de provocar la actuación de un órgano jurisdiccional 31, derecho subjetivo autónomo y 26 WACH, Adolf, La pretensión de declaración, EJEA, Buenos Aires, 1962, p KISCH, Wilhem. Elementos de Derecho Procesal Civil, Revista de Derecho Privado, Madrid, 1934, p. VI. 28 GOLDSCHMIDT, James, Derecho procesal civil, Labor, Madrid, 1936, p ROSENBERG, Leo, Tratado de derecho procesal civil, EJEA, Buenos Aires, 1955, t. II, p CHIOVENDA, Giuseppe, La acción en el sistema de los derechos, Temis, Bogotá, 1986, p. 5.11 concreto 32, derecho de provocar del juez una resolución 33, derecho subjetivo público del individuo 34, derecho de iniciativa y de impulso 35. En el pensamiento español la acción es facultad de promover la incoacción de un proceso 36, derecho de excitar la actividad jurisdiccional 37. Finalmente en el pensamiento americano se entiende la acción como plexo de facultades jurídicas, privadas y públicas 38, derecho a la jurisdicción 39, poder jurídico que tiene todo sujeto de derecho 40, derecho público cívico, subjetivo y autónomo 41, poder jurídico generador del proceso 42, poder de presentar y mantener pretensión jurídica 43, posibilidad jurídicamente encuadrada 44, derecho para obtener la actuación jurisdiccional de la ley 45, poder (abstracto) de reclamar determinado derecho (concreto) 46, poder de formular y mantener una pretensión 47, derecho subjetivo público, autónomo 48, derecho, o facultad o potestad 49, derecho que se tiene a que se preste el servicio de justicia 50, derecho subjetivo procesal 51, derecho, la potestad, la facultad o actividad CARNELUTTI, Francesco, Instituciones del derecho procesal civil, EJEA, 1952, t. I, 1959, p CALAMANDREI, Piero, Instituciones de derecho procesal civil, Depalma, Buenos Aires, 1943, t. I, p D'ONOFRIO, Paolo, Commento al codice di procedura civile, UTET, Turín, 1957, p ROCCO, Ugo, Tratado de derecho procesal, EJEA, Buenos Aires, 1954, t. I, 366 s. 35 LIEBMAN, Enrico Tullio, Manual de derecho procesal civil, EJEA, Buenos Aires, 1980, p PRIETO-CASTRO FERRANDIZ, Luis, Derecho procesal civil, primera parte, Revista de Derecho Privado, Madrid, 1964, p FAIRÉN GUILLÉN, Víctor, Estudios de derecho procesal, Revista de Derecho Privado, Madrid, 1955, p PODETTI, Ramiro, J., Teoría y técnica del proceso civil y trilogía estructural de la ciencia del proceso civil, EDIAR, Buenos Aires, 1963, pp. 383 y ss. 39 ALSINA, Hugo, Tratado teórico práctico de derecho procesal civil y comercial, EDIAR, 1961, t. I, p COUTURE, Eduardo J., Fundamentos del derecho procesal civil, Depalma, Buenos Aires, 1978, p DEVIS ECHANDÍA, Hernando, Tratado de derecho procesal civil, Aguilar, Madrid, 1963, t. 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Consecuencias de tantas definiciones de la acción tan imprecisas, inconciliables, meramente dogmáticas y curiosamente inútiles para la pacificación de la doctrina que las agrupa trajo, en los menos optimistas, la idea de organizarle unos solemnes funerales 53, de la necesidad de abandonar su estudio o de estar ante la crónica de un enorme fracaso doctrinal 54 ; pero en cualquier caso la lógica que anima estas posturas hostiles frente a la acción no dejan de reflejar las mismas deficiencias de los razonamientos y definiciones que las motivan. Proponer abandonar el estudio de la acción, no se explica sino en el desgano, la rendición o el tedio, es una postura que desmaya sin aliento lógico, sin una mínima razón científica y si consigue referencias doctrinales es porque sintetiza el hastío sobre un tema tan manoseado, repetido e inconciliable que, se dice, mejor sería abandonarlo. Advertir en el estudio de la acción un enorme fracaso doctrinal, parte por sostener en la acción una manifiesta ausencia de contenido y de fundamentalidad en el proceso, entendiendo por ésta última su consistencia general en el proceso que hizo a la acción partícipe de la trilogía estructural del proceso, al punto tal que, no sin razón, reconoce esa trilogía (trípode o triángulo) estructural como un trípode definitivamente desvencijado 55 no por la jurisdicción ni el proceso como se dijera antes 56 sino por la acción. Pero en su arquitectura esta postura hostil frente a la acción le desconoce contenido porque entiende éste sólo desde las perspectivas que enfocan la acción como acto, concepto u objeto apoyando su eje argumentativo en la acción presentada por Savigny, no precisamente tal cual se configuró en la etapa formularia del derecho romano, y a partir de ello describiendo el error de todos los procesalistas que en su esfuerzo de definir la acción terminan por delatarla carente de contenido e imposible de ser un concepto fundamental. El error de esta postura es el mismo que suele criticarse de los procesalistas de un enorme fracaso doctrinal que no quitan los ojos de la trascendencia de la actio romana de la etapa formularia alterada por Savigny encerrando la acción en el ámbito privatista del derecho y en una cuestionada distinción entre fondo y forma para entender el derecho y en él la acción, y es que ésta no sólo se entiende como objeto de juicio (que es la pretensión) o acto que da inicio al proceso, mucho menos como concepto que explica el papel de las partes en el proceso, sino sobre todo como derecho, poder, facultad o atribución, contemplando la acción en el plano material propiamente el subjetivo-procesal y de ello dan cuenta algunas 52 GÓMEZ LARA, Cipriano, Teoría general del proceso, Harla, México, 1992, p ALCALÁ-ZAMORA Y CASTILLO, Niceto, Estudios de teoría general e historia del proceso ( ), UNAM, México D. F., 1992, t. I, p NIEVA FENOLL, Jordi, Jurisdicción y proceso. Marcial Pons, Madrid, 2009, p Ídem. 56 ALCALÁ-ZAMORA Y CASTILLO, Niceto, Estudios cit., p. 323.13 de esas abundantes definiciones que tanto se critican precisamente por eso, ser abundantes. La acción en la ciencia normal del derecho procesal, particularmente en el pensamiento latinoamericano, se deshizo de la influencia privatista para alcanzar su autonomía que era también la de la ciencia procesal que había ayudado a alumbrar y asistía al debate de su esencia libertaria, porque es la libertad del justiciable en el proceso lo que la configura y la hace definitivamente fundamental en el proceso. iii) La dualidad de la acción. Savigny presentó 57 la acción con un doble sentido, uno material (objeto del juicio, derecho de acción) y otro formal (demanda), que era como él lo entendió de fuente romana aunque en la etapa formularia la acción no tenía precisamente esa dimensión que fue mayoritariamente seguida sin mayores reparos; la actio romana no era derecho en sentido subjetivo, porque esta categoría no existía 58 en el derecho romano, o por lo menos no podía distinguirse 59 claramente del ius objetivo, la actio era simplemente un obrar, o mejor un accionar. La noción de derecho subjetivo aparece en el siglo XVII con Hugo Grocio luego del debate entre Guillermo de Ockham y el Papa Juan XXII. Es evidente que el sentido privatista de la acción marcaba su composición de fondo (derecho de acción, objeto de juicio hoy entendido como pretensión) y de forma (acto escrito que inicia un juicio, hoy entendido como demanda) muy armonizada con la tesis contractualista del proceso. La diferenciación privatista entre fondo y forma es manante de muchos problemas 60 en el mundo procesal de los que éste sólo se libra si supera la conceptuación contractualista del proceso y entiende que en sus adentros le es tan propio lo subjetivo material y lo subjetivo procesal. Pero esto no siempre se reparó y muy por el contrario se asumió lo material (fondo) y lo procesal (forma) para estudiar una acción material y una acción procesal dando espacio a teorizaciones que, bajo el mismo espíritu privatista y de distinción de lo material (fondo) y de lo procesal (forma), asumieron el origen del problema sobre la acción en el esfuerzo por concebirla unitariamente, negando la tesis integradora de una acción de derecho material con una acción procesal. Y como este problema era superable simplemente eliminándolo al no considerarlo, se reafirmó la acción material junto a la acción procesal, dado que entender que la acción material había migrado al ámbito procesal para hacerse acción formal dejaba un enorme vacío en el derecho material que no se puede saber cómo cubrir sino atendiendo a una teorización sobre causalidad 57 SAVIGNY, Friedrich Carl von, Sistema del derecho romano actual, TR. Jacinto Mesía y Manuel Poley, F. Góngora, Madrid, 1879, t. IV, pp. 8 ss. 58 VILLEY, Michel, Estudios en torno a la noción de derecho subjetivo, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 1976, pp. 30 ss. 59 VON TUHR, Andreas, Derecho civil. Teoría general del derecho civil alemán, Marcial Pons, Madrid, 1998, v. I, p NIEVA FENOLL, Jordi, ob. cit., pp. 16 s.14 jurídica, derecho subjetivo material, facultad, pretensión material y acción material, sin dejar de ver en otro lado un derecho público subjetivo a la tutela jurídica que se ejerce con una acción procesal que contiene una pretensión procesal. Esa dualidad de la acción sólo se explica si se separa claramente lo material de lo procesal, atención, en un plano sustancial, en el que el acaecimiento de la regla jurídica en la juridización del hecho, o mejor, de la causalidad jurídica 61 que da lugar, entre sus diversos efectos al derecho subjetivo material y al derecho público subjetivo, en cada caso de acción: material y procesal, respectivamente. Se entiende que la acción de derecho material deriva de la noción de derecho subjetivo, y a su turno ésta de la incidencia de la regla jurídica en los hechos, es decir, de la juridización del hecho. El derecho subjetivo es la ventaja 62 atribuida a su titular por realización de la regla jurídica en un hecho; ventaja que no es la esencia del derecho subjetivo, que es la potestad de querer, o mejor, la posibilidad de demandar 63, sino consecuencia suya, consecuencia de lograr compulsivamente la prestación, con otras palabras, cuando la ventaja no es atendida surge en su titular una mera potencialidad de exigir algo, un poder que es el contenido de una pretensión material 64, para exigir esa ventaja; la pretensión material es un estado especial 65 o una nueva virtualidad 66 del derecho subjetivo entendida como tentativa, mero poder o posibilidad de exigir algo, algo que queda sujeto a la voluntad del obligado frente al derecho subjetivo, que de frustrarse o no realizarse por actuar del obligado da espacio a la acción de derecho material que es la posibilidad de demandar, esencia misma del derecho subjetivo, es pues el actuar del titular del derecho para conseguir el cumplimiento de la obligación por el obligado aún contra su voluntad o sin ella o sin su obrar. Por eso la acción material supone combatividad 67 y es la inflamación del derecho o de la pretensión 68, es el actuar del sujeto para la realización del propio derecho 69 porque tener un derecho es tener la facultad de gozarlo, o mejor, de ejercer su exigencia de realización. 61 MIRANDA, Francisco Cavalcanti Pontes de, Tratado de direito privado, Borsoi, Rio de Janeiro, 1970, t. V, p Ídem., p TUHR, Andreas von, Derecho civil. Teoría general del derecho civil alemán, TR. Tito Ravá, Marcial Pons, Madrid, 1998, t. I, p SILVA, Ovidio A. Baptista da, Curso de processo civil. Processo de conhecimento, Fabris, Porto Alegre, 1996, v. 1, pp. 78 ss. 65 MITIDIERO, Daniel Francisco, Elementos para uma Teoria Contemporânea do Processo Civil Brasileiro, Livraria do Advogado, Puerto Alegre, 2005, p. 111; Por uma nova teoria geral da ação: as orientações unitarias e a orientação dualista da ação», en Revista Peruana de Derecho Procesal, Palestra, Lima, 2006, t. IX, p. 208; 66 SILVA, Ovidio A. Baptista da, ob cit., p MIRANDA, Francisco Cavalcanti Pontes de, Comentários ao Código de Processo Civil, AC. por Sergio Bermudez, Forense, Rio de Janeiro, 1997, t. I, p MIRANDA, Francisco Cavalcanti Pontes de, Tratado de direito privado, Borsoi, Rio de Janeiro, 1970, t. V, p SILVA, Ovidio A. Baptista da, ob cit., p. 77.15 Cabe anotar que cuando la noción de poder vinculada al derecho subjetivo es asumida por la teoría pura del derecho 70, si bien se mantiene, el sentido que implica es diferente al otorgado en la dualidad de la acción y propiamente en la acción de derecho material; así, el derecho subjetivo contiene una facultad, o mejor, el derecho subjetivo es un poder jurídico de tener esa facultad; entonces, siendo poder el derecho subjetivo, en sentido estricto, 71 se entiende como una condición de la sanción de una obligación jurídica traducida en una acción dirigida al órgano de aplicación como demanda o querella para lograr ejecutar esa sanción. La vinculación del concepto poder se vincula no al derecho subjetivo y en él a la acción de derecho material, sino al derecho subjetivo público de acción procesal. Se entiende la acción procesal a partir del reconocimiento de un derecho a la tutela jurídica, un derecho público subjetivo 72 que vive en el mundo jurídico subjetivo material, o mejor un derecho de acento 73 constitucional, que se sirve de una pretensión por la que puede exige tutela al Estado; pero ello no es suficiente sino es necesario dotar a esa posibilidad de exigir tutela estatal de una acción procesal para que de posibilidad de exigencia sea exigencia debida, o mejor, exigencia ejercida. Aquí la acción en ámbito procesal si bien no es resultado de la violación de un derecho, y ahí está su acento constitucional, sigue siendo el segundo sentido del derecho de acción de Savigny: el acto escrito por el cual comienza el debate judicial 74, la demanda 75. No es raro entonces, advertir que la acción procesal comprende una pretensión procesal, que no es sino la pretensión a la tutela jurídica dirigida al Estado. Así, la acción procesal es siempre procedente e independiente de la acción de derecho material. La dualidad de la acción es la perspectiva dominante en diversos ordenamientos del civil law, pero es la doctrina brasileña la que presenta un mayor y 70 KELSEN, Hans, Teoría pura del derecho, Wisla, Lima, 1987, pp. 146 s. 71 CRUZ PARCERO, Juan Antonio, El concepto de derecho subjetivo en la teoría contemporánea del derecho, Fontamara, México D. F., 2004, p MIRANDA, Francisco Cavalcanti Pontes de, Comentários ao Código de Processo Civil, A.C. por Sergio Bermúdez, Forense, Rio de Janeiro, 1997, t. I, p. 80; CINTRA, Antonio Carlos de Araújo; GRINOVER, Ada Pellegrini; DINAMARCO, Cândido Rangel, Teoria Geral do Processo, Malheiro, San Pablo, 2005, p SILVA, Ovidio A. Baptista da, Curso de processo civil. Processo de conhecimento, Fabris, Porto Alegre, 1996, v. 1, p. 60; SILVA, Ovídio A. Baptista da; GOMES, Fábio, Teoria geral do processo civil, Parma, San Pablo, 2002, p. 131; THEODORO JÚNIOR, Humberto, Curso de direito procecsual civil. Teoria geral do direito processual civil e processo de conhecimento, Forense, Rio de Janeiro, 2007, p MITIDIERO, Daniel Francisco, Por uma nova teoria geral da ação: as orientações unitarias e a orientação dualista da ação, en Revista Peruana de Derecho Procesal, Palestra, Lima, 2006, t. IX, p SAVIGNY, Friedrich Carl von. Op. cit. p MIRANDA, Francisco Cavalcanti Pontes de, Comentários p. 80.16 constantemente renovado debate 76 sobre la acción de derecho material y la acción procesal, que espero se mantenga aún cuando en las perspectivas de su nueva codificación procesa civil nada sobre la condición de la acción parece pretender cambiar. iv) La tergiversación del derecho de acción con el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva. Hay una clara diferencia histórica y conceptual 77 o semántica entre tutela jurisdiccional, tutela jurisdiccional efectiva y derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, pero en cada caso no deja de significar una garantía constitucional y evidentemente también procesal y no un derecho; entonces, si las garantías y los derechos no son lo mismo no hay razón para concebir la tutela jurisdiccional como un derecho ni mucho menos como efectiva porque este adjetivo recae con propiedad en un derecho dado que asistiendo a una garantía resulta redundante. El término efectivo parece provenir de la inseguridad 78 de un legislador ansioso de hallar la realización de sus prescripciones pues era consciente que éstas podían quedar en la mera enunciación o sin ejecución, aquí efectivo tiene una doble función: a) autoaseguramiento del legítimo poder de ordenación; y, b) prescribir la operatividad de las buenas intenciones del legislador primario. La efectividad es patrimonio del derecho positivo y de los derechos subjetivos (materiales y procesales) que acoge, a ellos se debe su presencia, propiamente cuando son realizados y cumplidos de hecho 79 o forzosamente; lo que desde ya remite a entender la efectividad con relación a la actuación normativa. La conciencia de la efectividad de los derechos del hombre data del siglo pasado, del tránsito del Estado liberal individualista al Estado social de derecho. La concreción (efectiva) de los derechos constitucionalmente establecidos fue más allá de un tibio sistema de libertades a cargo de un Estado inerte administrador, pues se demandó un Estado que garantice la operatividad efectiva de esos nuevos derechos, 76 Cfr. MACHADO, Fábio Cardoso. Jurisdição, condenação e tutela jurisdiccional. Lumen Juris, Rio de Janeiro, 2004, pp. 90 y ss; Ação e ações: sobre a renovada polêmica em torno da ação de direito material, en Revista Peruana de Derecho Procesal, Communitas, Lima, pp. 183 ss; AA. VVA., Polêmica sobre a ação. A tutela jurisdicional na perspectiva das relações entre direito e processo, Fábio Cardoso Machado y Guilherme Rizzo Amaral (organizadores), Livraria do advogado, Puerto Alegre, 2006, p GONZÁLEZ ÁLVAREZ, Roberto, El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva: el mito de una serendipia procesal, en Revista Iberoamericana de Derecho Procesal Garantista, IPDP - EGACAL, Lima, 2008, pp. 275 y ss. 78 GAVAZZI, Giacomo. Effettività (principio di)», en Enciclopedia giuridica. Istituto della Enciclopedia Italiana, Roma, 1994, p GARCÍA MÁYNEZ, Eduardo, La definición del derecho: ensayo de perspectivismo jurídico, Stylo, México, 1948, pp. 9 ss.17 particularmente de los llamados sociales 80. Fue en esa atmósfera que los derechos empezaron a efectivizarse desde el texto de la Ley Fundamental, así el artículo 3 de la Constitución italiana de 1948 refiere a la efectiva participación de todos los trabajadores en la organización política, económica y social del país. En Alemania se buscó la efectivización de la tutela jurídica que, repito, nunca fue un derecho sino siempre una garantía, pues el Tribunal Constitucional alemán estableció que el artículo 19, ap. 4, de la Ley Fundamental alemana no sólo garantiza el derecho formal y la posibilidad teórica de acudir a los tribunales, sino también la efectividad de la tutela jurídica 81 entendiéndose, entonces, por tutela jurídica con particularidad en la escuela alemana 82, la efectiva satisfacción de los fines del derecho y la realización de la paz social mediante la vigencia de las normas jurídicas, es decir, una concepción distinta de la contemporánea que remite la efectividad a los derechos constitucionales plenos, operativos de realización material 83, por lo tanto diferenciados claramente de sus correlativas garantías. Hablar de la efectividad de la tutela jurisdiccional es hablar de la efectividad de una garantía, no de un derecho; este es un error que se repara claramente cuando en tiempos de neoconstitucionalismo y garantismo se diferencian los derechos de sus garantías. A este panorama de confusión de derecho y garantía se suma el mayor perjuicio que la teoría de la dualidad de la acción propició con relación a la acción procesal: considerarla como un derecho subjetivo público a la tutela jurídica. Tutela jurídica que si bien vivía la última mitad del siglo pasado en la confusión, timidez e inseguridad de un acento constitucional o de ser un derecho subjetivo público no había sido tan nocivo como cuando arribó deformado al artículo 24.1 de la Constitución española. Explico. En la noche de las teorías modernas de la acción, concebida aun como derecho subjetivo privado, Müther pensó que el objeto del proceso bien podría ser una acción concebida como derecho subjetivo público 84 del particular contra el Estado, para que le tutele respecto de una relación jurídica determinada, derecho al que Wach, propuso denominar derecho a la tutela jurídica 85 (Rechtsschutzanspruch), el mismo que no dio para más cuando advertida su 80 BERIZONCE, Roberto O., Efectivo acceso a la justicia, Platense, La Plata, 1987, p GÓMEZ COLOMER, Juan Luis, La asistencia extrajudicial gratuita en la República Federal de Alemania, en Justicia 84, Bosch, Barcelona, 1984, p COUTURE, Eduardo J. Op. cit. p BERIZONCE, Roberto O., Op. cit., p RAMÍREZ ARCILA, Carlos, Teoría de la acción, Temis, Bogotá, 1969, p. 62; Acción y acumulación de pretensiones, Temis, Bogotá, 1978, p. 22; Fundamentos procesales y pretensiones contencioso administrativas, Temis, Bogotá, 1983, p. 23; La pretensión procesal, Temis, Bogotá, 1986, p Cfr. CHIOVENDA, Giuseppe, «La acción en el sistema de los derechos», en Ensayos de derecho procesal civil, TR. Santiago Sentís Melendo, EJEA, Buenos Aires, 1949, pp. 3 ss.18 dependencia de una acción material dejaba sin explicación 86 el supuesto en que iniciado el proceso tal acción material no existía. Será este el precedente trunco del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva? Responder afirmando la pregunta sería emparentar el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva a la línea evolutiva del derecho de acción, lo que evidentemente no es así, porque el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva nació en letra constitucional con el artículo 24.1 de la Constitución española de 1978, con una imprecisa redacción y ausente de expectativas 87, significando el término tutela, en un sencillo sentido lingüístico, dirección, amparo o defensa de una persona respecto de otra y no un derecho ( a la tutela); pero como en el sistema procesal español, al que alcanzó la vigencia de la nueva Constitución, el derecho de acción vivía aún en el pensamiento de Celso y la concepción del debido proceso resultaba esquiva, ante la necesidad del justiciable de sentir tutela jurisdiccional con aquello que le aseguraban esos derechos entendidos fundamentales pero que no aparecían así de la ley ni jurisprudencia ni doctrina españolas, se dio como natural consecuencia una indiscriminada invocación de la única fórmula constitucional (artículo 24.1) que podía aproximarse o tenuemente reconocerse como el fantasma de esos derechos (fundamentales), lo que al recaer en el Tribunal Constitucional español, éste no halló mejor ocasión para darle osamenta y musculatura a esa espectral garantía de tutela jurisdiccional, cosa curiosa, denominándola derecho y copiando las formas y estructuras que tanto habían costado formar al derecho de acción y a la garantía del debido proceso, revelando una revolución 88 del ordenamiento jurídico, o peor, un megaderecho sobrepuesto a la acción y al debido proceso, es más, superpuesto en todos los casos a todos los preceptos constitucionales relativos al servicio de justicia, de suerte que si uno de éstos es transgredido también lo será aquél 89, y así se vio un nueva estrella en un distorsionado firmamento jurídico-constitucional 90 que no cuida el diferenciar los derechos de sus garantías. Con estas circunstancias el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva es ante todo un derecho del justiciable a que se le imparta justicia con pautas debidas, es decir, es principalmente el derecho de acción y la garantía del debido proceso concentrados en un solo derecho; por tanto, mal se hace en nuestro país al decir 91 que el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva tiene fuente constitucional en el artículo 139, inciso 3, de la Constitución, porque este dispositivo consagra la tutela jurisdiccional no como un megaderecho ni como un derecho del justiciable sino como 86 ARAGONESES ALONSO, Pedro, Proceso y derecho procesal, Aguilar, Madrid, 1960, pp. 130 s. 87 CHAMORRO BERNAL, Francisco, La tutela judicial efectiva, Bosch, Barcelona, 1994, p Ídem., p MARTÍNEZ-PEREDA RODRÍGUEZ, José, y otros, Constitución española, Colex, Madrid, 2002, p DIEZ-PICAZO PONCE DE LEÓN, L., Notas sobre el derecho a la tutela judicial efectiva, en Poder Judicial, Nº 5, 1987, p TRIBUNAL CONSTITUCIONAL, expediente n HC/TC.19 la promesa 92 (constitucional), o mejor, como la garantía asegurada de impartición de justicia, mejor aún, como garantía que asegura el proceso al ciudadano. Por qué? Porque como garantía es vinculación pública deóntica de un derecho. Cuál? Sin duda el de acción. Pero como esto no se reparó por el último constituyente español, con el ánimo de impedir se repitan episodios totalitaristas y de asignar confianza al ciudadano en el servicio de justicia 93, buscó 94 un híbrido entre el artículo 19.4 de la Constitución de Bonn de 1949 (que establece que [t]oda persona cuyos derechos sean vulnerados por el poder público podrá recurrir a la vía judicial. Si no hubiera otra jurisdicción competente para conocer del recurso, la vía será la de los tribunales ordinarios ) y el artículo 24 de la Constitución italiana de 1947 (que señala que [t]odos pueden accionar en juicio para tutelar sus propios derechos y sus legítimos intereses. La defensa es un derecho inviolable en cualquier estado o grado del procedimiento ). El resultado de tal procreación es este texto: Toda persona tiene derecho al acceso efectivo a los Tribunales para la tutela de sus derechos e intereses legítimos, sin que en ningún caso pueda producirse indefensión. Redacción que bajo una simple enmienda de estilo 95 quedó definitivamente establecida así: Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión. Nadie dudaría que se trataba de la acción procesal, esa que se entiende como derecho la tutela jurisdiccional en la perspectiva dualista de la acción. El texto final indicado no es producto de un debate jurídico-teórico ajustado a las necesidades de una realidad, sino, simple enmienda de estilo o ánimo de mejorar la redacción del texto legal, tan así es que el sustento de la enmienda final reza: Es, simplemente, creemos, una mejor redacción. En lugar de Toda persona tiene derecho al acceso para la tutela, decir: Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela de los jueces y tribunales. Lo demás es prácticamente lo mismo 96, es decir, nada más alejado de un debate sobre la acción 97 o motivación jurídica de un nuevo derecho y nada más parecido a un descubrimiento por casualidad, porque aún si los constituyentes nada atisbaban sobre este numeral, sino solamente el haber establecido 92 GUIMARÃES RIBEIRO, Darci, La pretensión procesal y la tutela judicial efectiva. Hacia una teoría procesal del derecho, J. M. Bosch, Barcelona, 2004, p VALLESPÍN PÉREZ, David, El modelo constitucional del juicio justo en el ámbito del proceso civil, Atelier, Barcelona, 2002, p Cfr. DIEZ-PICAZO, Luis, Notas sobre el derecho a la tutela judicial efectiva, en Poder Judicial, Nº 5, 1987, pp. 46 y ss. 95 AGUIAR DE LUQUE, Luis; BLANCO CANALES, Ricardo, Constitución española , Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1988, p COMISIÓN DE CONSTITUCIÓN DEL SENADO, Diario de sesiones de 25 de agosto de Cf. De La Oliva Santos, Andrés, Sobre el derecho a la tutela jurisdiccional, Bosch, Barcelona, 1980, p CHAMORRO BERNAL, Francisco, Op. cit., pp. 5 y ss.20 constitucionalmente el acceso a la jurisdicción para la tutela de los derechos, cuando la casuística arrojó indiscriminada 98 invocación, vía amparo, de un derecho a la tutela se vieron con una empresa que cumplir construyendo las estructuras, contenidos y significados de ese nuevo derecho. El Tribunal Constitucional español asumió el encargo, y no hizo otra cosa que llenar un agujero enorme y negro del ordenamiento español que evidenciaba la falta de percepción científica del derecho de acción muy encendida por cierto para ese entonces en la Escuela latinoamericana del derecho procesal y la esquiva comprensión normativa del conjunto de garantías mínimas que aseguran al justiciable un proceso justo. En el esfuerzo de atemperar lo imprevisto o impensado que resulto el derecho nacido en el artículo 24.1 (i) se anotan 99 abultados antecedentes de normatividad comparada del contenido del derecho de acción y de la estructura de la garantía del debido proceso, (ii) se apela al contexto de los modelos jurisdiccionales garantistas del civil law comunes a los textos fundamentales de la Europa de la segunda posguerra mundial, lo que no va más allá del esfuerzo que realmente esto convocó y que fue el ánimo de positivizar el acceso libre a la jurisdicción para la tutela de los derechos, pero no el derecho a la tutela, que no puede significar lúcidamente otra cosa que un retorcido derecho a la garantía del derecho de acción ; y, finalmente, (iii) se invoca la internacionalización de las garantías constitucionales, olvidando que el artículo 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), el artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) y el artículo 6 de la Convención Europea de Derechos del Hombre (1950) se atienen a los componentes del debido proceso y a la tutela judicial, que aunque se las denomine derecho son garantías más nada, y no propiamente al derecho a la tutela judicial efectiva en el entendido del artículo Qué hubiera ocurrido de no darse la enmienda de estilo? No existiría el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva con la construcción teórica a cargo del Tribunal Constitucional español que hoy goza, pues sencillamente sería el aseguramiento constitucional al libre acceso a los tribunales, que tiene su precedente 100 directo en el ordenamiento español en el artículo 30 de la Ley Orgánica del Estado de 10 de enero de 1967 y en la Base Primera, Nº 3 de la Ley de Bases Orgánicas de la Justicia de 28 de noviembre de Y con esto tal vez el derecho de acción hubiera tenido el merecido desarrollo en el proceso civil español, y el 98 Ídem, p Cfr. FAIRÉN GUILLÉN, Víctor, Estudios de derecho procesal civil, penal y constitucional, Edersa, Madrid, 1983, v. I, pp. 10 ss; AA. VV., Comentarios a las leyes políticas, Oscar Alzaga Villaamil (Director), Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, 1983, t. III, pp. 20 y s. 100 GONZÁLEZ MONTES, José Luis, Notas en torno al derecho a la tutela jurisdiccional reconocido en la Constitución española, en El Poder Judicial, Madrid, 1980, p Mostrar más
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References: resolución 
 artículo 3
 artículo 19
 artículo 24
 artículo 24
 artículo 139
 artículo 19
 artículo 24
 artículo 24
 artículo 10
 artículo 14
 artículo 6
 artículo 30