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Denominaciones sociales, identidad, y nombres comerciales | Un letrado al teclado
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Denominaciones sociales, identidad, y nombres comerciales	Publicado el 3 febrero, 2006	por antoniojm66 La Sentencia del Tribunal Supremo que se va a estudiar expone un problema entre denominaciones sociales, identidad, y nombres comerciales. Previamente a entrar a analizar mas detalladamente la cuestión entraré a exponer un marco general de los elementos del problema jurídico que se plantea.
Este principio de libertad en la denominación social se ve limitado lógicamente por la imposibilidad de que exista identidad entre la denominación social de dos o más sociedades, aunque sean de diferente tipo, es decir que se adopte una denominación social idéntica a la de otra sociedad preexistente. Además existen otros límites, como por ejemplo el que la denominación social no incluya términos o expresiones contrarios a la ley, al orden público o a las buenas costumbres, las denominaciones oficiales o aquellas que induzcan a error. Cabe incluso actualmente la posibilidad de incluir en el Registro Mercantil entidades normalmente no inscribibles en él, a los solos efectos de proteger su nombre social, siempre y cuando estén inscritas en sus registros correspondientes. (artículo 396 del Reglamento del Registro Mercantil ) El problema se plantea con el alcance de la prohibición de identidad y el concepto exacto de esta. Hasta la reforma del Reglamento del Registro Mercantil, el concepto de identidad era absoluto, es decir, para que existiera identidad, tal y como recoge el artículo 2 de la Ley de Sociedades Anónimas, debía darse una absoluta coincidencia entre las denominaciones, lo que permitía la coexistencia de denominaciones sociales muy similares, pero no estrictamente idénticas. Un ejemplo claro de esta situación se da en la Sentencia del Tribunal Supremo de 21de octubre de 1.994 (RJ 9036) propuesta para su estudio, cuando el Tribunal, a este respecto dice:
“Ahora bien la problemática del posible confusionismo de nombres sociales exige, según el artículo 2 de la Ley de Sociedades Anónimas, que se dé situación de identidad entre los confrontados, pues lo que se prohibe es la estricta identidad o igualdad nominal, lo que en el supuesto de autos no se da y así lo declaró el Tribunal de apelación como hecho firme, no debidamente combatido, pues la identidad es parcial en cuanto que la coincidencia lo es sólo de los apellidos Pérez Hermanos, pero no plena, ya que en ambas denominaciones existen elementos diferenciadores expresos y ello con independencia y al margen de que la Ley de Marcas resulte m s amplia, pues contempla no sólo estados de identidad, sino también de similitud (artículo 1) y semejanza (artículo 31.1), pero con referencia sólo para las marcas, los nombres comerciales (artículo 81) y los rótulos (artículo 85). La limitación impuesta por la Ley de Sociedades Anónimas es la que rige y ha de tenerse en cuenta, no resultando de aplicación al caso controvertido, lo que permite la coexistencia de ambas sociedades litigantes, con sus nombres propios, y así la recurrida puede mantener su identidad nominal jurídica”
Esta parece una correcta aplicación de la literalidad de la Ley de Sociedades Anónimas al supuesto de hecho, pero el problema se agrava al entrar en juego la posibilidad o no del uso de la denominación social, llamémosla “no exactamente idéntica” como marca, nombre comercial, o como rótulo de establecimiento.
Efectivamente, en el supuesto de hecho que da lugar a la Sentencia del Tribunal Supremo citada, ambas sociedades, con denominación “no exactamente idéntica” según el artículo 2 de la Ley de Sociedades Anónimas, tienen derecho a usar su denominación social como marca, de acuerdo con el artículo 76 de la Ley de Marcas. Pero sucede que en el régimen de marcas, rótulos y nombres comerciales el problema de la identidad no se queda sólo en un concepto meramente estricto, sino que va mucho más lejos. En la legislación de marcas se prohibe no sólo la mera identidad exacta, sino también la similitud o la semejanza en un régimen de protección mucho más rígido de cara a proteger, no sólo los intereses de las partes en el conflicto, sino especialmente los de los consumidores.
“La limitación impuesta por la Ley de Sociedades Anónimas es la que rige y ha de tenerse en cuenta, no resultando de aplicación al caso controvertido, lo que permite la coexistencia de ambas sociedades litigantes, con sus nombres propios, y as¡ la recurrida puede mantener su identidad nominal jurídica, pero con las restricciones que la sentencia de apelación le impone, en cuanto a la prohibición de la utilización de marcas, nombres comerciales o rótulos, con lo que queda a empleo de otros distintivos que no sean los que conforman su denominación social, que no obstante conserva y a los efectos propios de su utilización en la vida jurídica y no precisamente como comercialización de productos de su tráfico y oferta a los consumidores”
“…toda persona jurídica tiene un derecho subjetivo a la propia identidad personal y a que sea reconocida su individualidad en el ámbito del contexto social el que opera mas allá de las exigencias peculiares de su actividad” Más lógica parece, a pesar de ser anterior, la Resolución de la Dirección General de los Registros y el Notariado de 4 de diciembre de 1.968, pues ante un supuesto de hecho similar, es decir una “no exacta identidad”, entiende sin embargo que el elemento diferenciador no es suficiente y por lo tanto califica como idénticas las denominaciones sociales “Cerámica San José”, “Cerámicas San José”, y “Cerámica de San José”. Así, la Resolución de la Dirección General de los Registros y el Notariado entiende:
“Que en el presente caso es forzoso estimar que se está ante una situación de identidad, pues la simple variación en cuanto a la primera de las palabras que componen la denominación elegida -Cerámica- del singular por el plural, con la supresión de la letra “s” y total igualdad en las dos restantes de carácter específico no establecen variación apreciable en cuanto al nombre elegido, y lo mismo habría que decir respecto de la otra Sociedad preexistente, pues aquí la semejanza es total a excepción de la preposición “de” intercalada, que tampoco viene a introducir suficiente diferenciación.” No obstante, las resoluciones de la Dirección General de los Registros y el Notariado son vacilantes con este problema, pues la de 2 de septiembre de 1.982, bastante posterior a la anteriormente citada, viene a exigir, para imposibilitar la inscripción de una sociedad por tener una denominación social idéntica a otra preexistente, de nuevo el concepto estricto de identidad, pues recoge expresamente que:
“…aquellos otros nombres, que, aún parecidos o de cierta semejanza, por no ser idénticos, no deben impedir la inscripción.” Con la reforma del Reglamento del Registro Mercantil de 1.996, se amplía el concepto de identidad, viniendo a solucionarse este problema en lo relacionado a la denominación social. Efectivamente, el artículo 408 del Reglamento del Registro Mercantil entiende como identidad no sólo y exclusivamente la coincidencia total y absoluta de denominaciones, o concepción estricta de la identidad, sino también una serie de supuestos o circunstancias:
La utilización de las mismas palabras en diferente orden, género o número. La utilización de las mismas palabras con la adición o supresión de términos o expresiones genéricas o accesorias, o de artículos, adverbios, preposiciones, conjunciones, acentos, guiones, signos de puntuación u otras partículas similares, de escasa significación. La utilización de palabras distintas que tengan la misma expresión o notoria semejanza fonética. Estos criterios no se aplican cuando la sociedad que pretende la inscripción de la denominación social susceptible de identidad cuente con la autorización de la sociedad afectada.
El Tribunal Supremo, en casación, entiende sin embargo que no se ha llevado a cabo una interpretación teleológica de las dos normas aplicables al supuesto de hecho, a saber, Ley de Sociedades Anónimas y Ley de Marcas. De esta aplicación teleológica se desprende que el Ordenamiento Jurídico pretende en cualquier caso evitar la confusión o el error, no ya sólo entre las actividades y productos, sino también entre las propias personas jurídicas. De esta forma entiende el Tribunal Supremo que lo correcto es obligar a la sociedad a modificar su denominación social, tal y como solicitaba la sociedad titular de la marca afectada por esta identidad. “…la decisión rigorista de la instancia, así fundada, es improsperable ya que prescinde de la obligada interpretación teleológica que impone la coordinación de las dos normativas en juego -Ley de Sociedades Anónimas y rectora de la Propiedad Industrial- en cuanto tienden, ambas, a evitar el riesgo de error o confusión que, tanto entre personas jurídicas como entre sus actividades y productos, pueda producirse, en perjuicio general, por la denominación coincidente, es este caso indiscutible, entre una marca y una denominación social, cuando aquella ampara la comercialización de los mismos productos que constituyen el objeto social de la anónima, cuya idéntica designación puede, además, encubrir un acto apropiatorio de los derechos adquiridos por la m s antigua denominación -por cierto de pura fantasía- a la par que un aprovechamiento de los beneficios derivados del esfuerzo ajeno.”
“…concluyendo en que la mera comprobación, en el Registro Mercantil, por una sociedad anónima, del dato de que no existe registrada una denominación idéntica a la elegida por ella, no agota las posibilidades de que se declare la improcedencia de la denominación social pretendida cuando exista un obstáculo, de sentido contrario a esta pretensión, con entidad ético-jurídica suficiente, tal y como sucede en el presente caso en el que se impone erradicar el riesgo de error o confusión en el mercado, provocado por la absoluta identidad denominativa y de productos amparados, entre una marca preexistente, notoriamente conocida y una denominación social a la que, por cuanto va dicho y por cuanto obra en autos y más atrás se indica, faltan los principios de novedad y veracidad que, con tanta reiteración como acierto, vienen exigiendo, en interés de la seguridad y celeridad del tráfico…”
“…la certificación negativa expedida por el Registro General de Sociedades, y que es necesaria acompañar a la escritura de constitución para que la Sociedad pueda ser inscrita en el Registro Mercantil, sirve como elemento más a tener en cuenta en el juicio que ha de verificar el Registrador en su función calificadora al advertir por una parte que no existe ninguna Sociedad mercantil con una denominación idéntica a la que quiere inscribirse, pero ello no agota todas las posibilidades de su calificación, pues aparte las normas de desarrollo que sobre la expedición de certificaciones se contiene en la resolución de 14 de mayo de 1.968 y que han de tener presente al calificar, también, habrá de apreciar si existe un obstáculo que impida pueda aceptarse la denominación elegida.”
La solución, lejos de ser la más perfecta, tiende al menos a cierta seguridad en el tráfico y a la protección de los consumidores. RESOLUCION: SENTENCIA de 21-10-1994, núm. 917/1994, RJ 1994\9036
“H. P. Hermanos, SA” formuló demanda, en juicio declarativo ordinario de menor cuantía sobre propiedad industrial y modificación del nombre o denominación social, contra “José P. H. e Hijos, SA”, quien se opuso y formuló reconvención.
En grado de apelación, la Audiencia dictó Sentencia el 14-11-1991 confirmando la del Juzgado y “adicionando a sus pronunciamientos la prohibición que se señala a la demandada inicial Jos‚ H. P. e Hijos, S.A. de utilizar su razón social como rótulo de establecimiento, debiendo cesar en
el que viene haciendo…”.
PRIMERO.- La sociedad recurrente, “Hernández Pérez Hermanos, SA” -parte actora en el pleito-, fue constituida por escritura pública de 1 de junio de 1973, viniendo a utilizar dicha denominación como titular de las marcas registradas números 772631, 772632, 772633, 772634 y 772635 y del nombre comercial 70101, para sus actividades de tráfico mercantil y productos conserveros que comercializa, así como rótulos de sus establecimientos.
La entidad recurrida y demandada -“Hernández Pérez e Hijos”- que se segregó de la anterior para constituir sociedad independiente y autónoma, pretendió utilizar como marca y nombre comercial dicha razón social, lo que le fue negado registralmente.
El conflicto de intereses, que surge entre dichas empresas es por su coincidencia en el mercado con lo que constituye su objeto y propia actividad mercantil. La sentencia decretó la prohibición por parte de la referida demandada de utilizar su denominación como marca, nombre comercial y rótulos, por lo que el debate casacional queda delimitado a la impugnación de la desestimación que pronunció el fallo decisorio de apelación, en cuanto a la pretensión de la actora de que la sociedad competidora siguiera utilizando su nombre social, con la consiguiente alteración y modificación del mismo y en relación a su documentación estatutaria social e inscripción registral correspondiente, con exclusión por ello del distintivo “Hernández Pérez”.
TERCERO.- La recurrente, invoca en su cuarto motivo inaplicación del artículo 7.2 del Código Civil, argumentando que el mantenimiento del nombre social y la inscripción de la entidad “José Hernández Pérez e Hijos, SA”, vulnera sus derechos exclusivos y excluyentes que gozan de la protección del Registro de la Propiedad Industrial.
La sentencia atacada delimitó bien claramente la actividad que se prohibe a la recurrida, por lo tanto sancionó la persistencia y realización de las actividades consistentes en el empleo de la razón social como marca, nombre comercial, rótulo y utilizar cualquier otra denominación que resulte confundible y resulta por tanto perjudicial para la entidad “Hernández Pérez Hermanos, SA”, con lo que de esta manera se puso coto a las actividades irregulares y no autorizadas, al cercenarse todo uso abusivo de derecho al empleo del nombre social fuera de los estrictos términos de su adecuada y lícita utilización.
3.- Derecho Mercantil, Uría Rodrigo, XXIV Edición, Marcial Pons Ediciones Jurídicas y Sociales S.A., 1.997, Madrid. Anuncios
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Una respuesta a Denominaciones sociales, identidad, y nombres comerciales
Anonymous dijo:	27 mayo, 2006 en 2:32	Vale, pero entoces qué pasó? porque vaya lío.En definitiva quien hace la ley hace la trampa. Lo mejor en estos casos sería que ninguna de las dos entidades usara el nombre y les pusieran otros diferentes, no? pregunto.Saludos.
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¡Diario de Antonio J. Muñoz Abogado está disponible! paper.li/antoniojm/1333… Gracias a @AMendezBer @charly1394 @Asociacion_ALMA #españa 4 hours ago
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References: artículo 2
 artículo 2
 artículo 2
 artículo 76
 Resolución 
 Resolución 
 artículo 408
 resolución 
 artículo 7