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Timestamp: 2017-09-26 21:54:49+00:00

Document:
IURISDICTIO-LEX MALACITANA: 2014
Arte y Derecho. Alegoría de la Justicia. Taller de Taddeo Zuccaro (1529-1566)
Allegorical Figure of Justice, Seated
Taller de Taddeo Zuccaro (1529-1566)*
Dept. of Drawings and Prints
New York. EEUU
* Possible attributions have been suggested to Federico Zuccaro, S. Angelo in Vado 1540/2-1609 Ancona; Giuseppe Cesari, called il Cavaliere d’Arpino, Arpino near Sora 1568-1640 Rome; Marco Marchetti (also known as Marco da Faenza) (Faenza ca. 1528-1588); Raffaellino da Reggio (Codemondo 1550-1578 Rome); Zuccaro’s studio.
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Arte y Derecho. Relaciones de la Iglesia con el Estado, o del Estado con la Iglesia. Una alegoría en tres imágenes. Goya, Brunery & Capa
¡Que se rompe la cuerda! (1815)
Desastres de la guerra. Museo del Prado. Madrid. España
Francesco Brunery. (1849 -1926)
A Delicate Balance (s.d.)
Gary Cooper crossing the river during a hunting trip with
Ernest Hemingway, Sun Valley, Idaho (1941)
Concordato entre el Estado español y la Santa Sede de 1953, firmado en la Ciudad del Vaticano, el 27 de agosto de 1953. en vigor, aunque modificado tanto por el acuerdo de 1976 como los cuatro acuerdos firmados en 1979 firmados el 3 de enero de 1979.
Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre Asuntos Económicos de 3 de enero de 1979.
Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y el servicio militar de los clérigos y religiosos, de 3 de enero de 1979.
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Arte y Derecho. Derecho internacional humanitario, Protección de la población civil. Francisco Goya y Lucientes (1746–1828)
Francisco Goya y Lucientes (1746–1828)
Ataque a un campamento militar (c. 1808–1810)
Colección Marqués de la Romana. Madrid. España
Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales, adoptado el 8 de junio de 1977
Artículo 50 - SECCIÓN I - PROTECCIÓN GENERAL CONTRA LOS EFECTOS DE LAS HOSTILIDADES 1. Es persona civil cualquiera que no pertenezca a una de las categorías de personas a que se refieren el artículo 4, A. 1), 2), 3), y 6), del III Convenio, y el artículo 43 del presente Protocolo. En caso de duda acerca de la condición de una persona, se la considerará como civil.
2. La población civil comprende a todas las personas civiles.
3. La presencia entre población civil de personas cuya condición no responda a la definición de persona civil no priva a esa población de su calidad de civil.
Artículo 51 - Protección de la población civil
1. La población civil y las personas civiles gozarán de protección general contra los peligros procedentes de operaciones militares. Para hacer efectiva esta protección, además de las otras normas aplicables de derecho internacional, se observarán en todas las circunstancias las normas siguientes.
2. No ser án objeto de ataque la población civil como tal ni las personas civiles. Quedan prohibidos los actos o amenazas de violencia cuya finalidad principal sea aterrorizar a la población civil.
3. Las personas civiles gozarán de la protección que confiere esta Sección, salvo si participan directamente en las hostilidades y mientras dure tal participación.
4. Se prohíben los ataques indiscriminados. Son ataques indiscriminados:
a) los que no están dirigidos contra un objetivo militar concreto;
b) los que emplean métodos o medios de combate que no pueden dirigirse contra un objetivo militar concreto; o
c) los que emplean métodos o medios de combate cuyos efectos no sea posible limitar conforme a lo exigido por el presente Protocolo; y que, en consecuencia, en cualquiera de tales casos, pueden alcanzar indistintamente a objetivos militares y a personas civiles o a bienes de carácter civil.
5. Se considerarán indiscriminados, entre otros, los siguientes tipos de ataque:
a) los ataques por bombardeo, cualesquiera que sean los métodos o medios utilizados, que traten como objetivo militar único varios objetivos militares precisos y claramente separados situados en una ciudad, un pueblo, una aldea u otra zona en que haya concentración análoga de personas civiles o bienes de carácter civil;
b) los ataques, cuando sea de prever que causarán incidentalmente muertos y heridos entre la población civil, o daños a bienes de carácter civil, o ambas cosas, que serían excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista.
6. Se prohíben los ataques dirigidos como represalias contra la población civil o las personas civiles.
7. La presencia de la población civil o de personas civiles o sus movimientos no podrán ser utilizados para poner ciertos puntos o zonas a cubierto de operaciones militares, en especial para tratar de poner a cubierto de ataques los objetivos militares, ni para cubrir, favorecer u obstaculizar operaciones militares. Las Partes en conflicto no podrán dirigir los movimientos de la población civil o de personas civiles para tratar de poner objetivos militares a cubierto de ataques, o para cubrir operaciones militares.
8. Ninguna violación de estas prohibiciones dispensará a las Partes en conflicto de sus obligaciones jurídicas con respecto a la población civil y las personas civiles, incluida la obligación de adoptar las medidas de precaución previstas en el artículo 57.
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Arte y Derecho. Libertad de expresión. Norman Rockwell (1894-1978)
Massachusetts. EEUU
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Arte y Derecho. Realismo social y Derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada
Homeless (1890)
Tít. I. De los derechos y deberes fundamentales
Cap. IIIº. De los principios rectores de la política social y económica
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Arte y Derecho. Realismo social y Derechos al Pan y al Trabajo
Ernesto de la Carcova (1866-1927)
Sin pan y sin trabajo (1893-1894)
Con fraterno saludo a mi buen amigo el Prof. Dr, Carlos María Carcova de la Universidad de Buenos Aires.
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Arte y Derecho. Realismo social y Dignidad humana. Derecho del Trabajo
Ben Shahn (1898–1969)
Unemployment (1938)
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Arte y Derecho. Realismo social y Derecho alimentario
Riflessioni di un Affamato/ Contrasti sociali (1893)
Museo Civico, Biella. Piemonte. Italia
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación
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Arte y Derecho. Zinaida Serebriakova (1884-1967)
Jurisprudence (1934-1935)
Галерея Триумф, Москва
[Galería Triunfo. Moscú]
La alegoría 'Jurispudencia', realizada `por Serebriakova, forma junto a otra titulada como 'Flora', la pareja de murales encargada por el noble belga y filántropo Barón de Brouwer para su villa en Bélgica, en la frontera con Francia. Interpretan la ocupación jurídica del Barón de Brouwer y su afición a la jardinería. Ambas obras se dieron por desaparecidas consecuencia de la devastación de la IIª Guerra Mundial en esa zona. Sin embargo, más tarde se comprobó que la villa del Barón había logrado permanecer indemne a los estragos y, aunque por un tiempo se creyó que sus murales eran obra de un anónimo artista flamenco, hoy se encuentran identificados como de la autoría del Serebriakova
Sobre Серебрякова Зинаида Евгеньевна [Zinaida Serebriakova] (1884-1967) y para una composición alegórica de la Justicia ('La ninfa de la Justicia) remito en este mismo blog a la entrada de Monday, June 16, 2014
http://iurisdictio-lexmalacitana.blogspot.com.es/2014/06/pazguatosas-abstenerse-y-iii-zinaida.HTML
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La 'cuestión animal'. Derechos de los sujetos no humanos.
Yoriko Otomo and Ed Mussawir (eds.)
Abingdon, Oxon [UK] ; New York, NY : Routledge, 2013, viii, 196 pp.
ISBN: 9780415683500
This book addresses the problem of ‘animal life’ in terms that go beyond the usual extension of liberal rights to animals. The discourse of animal rights is one that increasingly occupies the political, ethical and intellectual terrain of modern society. But, although the question of the status of animals holds an important place within a range of civil, political and technological disciplines, the issue of rights in relation to animals usually rehearses the familiar perspectives of legal, moral and humanist philosophy. ‘Animal law’ is fast becoming a topic of significant contemporary interest and discussion. This burgeoning interest has not, however, been matched by renewed inquiry into the jurisprudential frames and methods for the treatment of animals in law, nor the philosophical issue of the ‘human’ and the ‘animal’ that lies at law’s foundation. Responding to this interest, Law and the Question of the Animal: A Critical Jurisprudence brings together leading and emerging critical legal theorists to address the question of animality in relation to law’s foundations, practices and traditions of thought. In so doing, it engages a surprisingly underdeveloped aspect of the moral philosophies of animal rights, namely their juridical register and existence. How does ‘animal law’ alter our juridical image of personality or personhood? How do the technologies of law intersect with the technologies that invent, create and manage animal life? And how might the ethical, ontological and ceremonial relation between humans and animals be linked to a common source or experience of law?
-- Law's animal / Ed Mussawir and Yoriko Otomo
-- The animal protagonist : representing "the animal" in law and cinema / Connal Parsley
-- Witness demeanour as real evidence : mechanistic philosophy of bodies without minds / Piyel Haldar
-- Inventing animals / Cressida Limon
-- Chimpanzees in court : what difference does it make / Ciméa Bevilacqua
-- The jurisprudential meaning of the animal : a critique of the subject of rights in the laws of scienter and negligence / Ed Mussawir
-- Dressing the sow and the legal subjectivation of the non-human animal / Victoria Ridler -- Whipping to win : measured violence, delegated sovereignty, and the privatised domination of non human life / Dinesh Joseph Wadiwel
-- Law in the marketplace / Marc Trabsky
-- The normativity of an animal atmosphere / Andreas Philippopoulos-Mihalopoulos
-- Species, scarcity, and the secular state / Yoriko Otomo.
Yoriko Otomo is a Lecturer in Law at the School of Oriental and African Studies. Her research looks at the intersection between International Law and Animal Law, in particular at the ways in which processes of colonization and globalization have influenced jurisprudence relating to animals.
Edward Mussawir is a lecturer at Griffith Law School Brisbane and the author of Jurisdiction in Deleuze: The Expression and Representation of Law. His research has focused on the reception of the work of Gilles Deleuze in jurisprudence and the theories of persons, possession, procedure and judgment
A la recuperación de la obra que más arriba queda reseñada añado noticia de hoy mismo que sirve de excelente complemento. Se trata de una novedad interesante, e importante.
La Justicia de Argentina reconoce el 'hábeas corpus' a una orangutana
Después de toda una vida en cautividad, la sentencia reconoce a Sandra como "sujeto no humano" con derecho a la libertad
Se llama Sandra y en febrero cumplirá 29 años. Es una orangutana que ha vivido toda su vida en cautiverio, los últimos veinte años en el zoo de Palermo, en Buenos Aires, y prácticamente la totalidad de ese tiempo en absoluta soledad. Ahora la Justicia de Argentina la ha reconocido como “sujeto no humano” con los derechos básicos que le son inherentes, comenzando por el de la libertad.
En un fallo histórico, la Cámara de Casación Penal considera que la privación de libertad de Sandra es “ilegal” y le concede un `hábeas corpus´, una institución concebida para defender los Derechos Humanos, evitar las detenciones y privaciones de libertad arbitrarias y asegurar en todo momento los derechos básicos de las personas detenidas o presas. Cuando se aprueba para una persona humana, implica su inmediata puesta en libertad.
El `hábeas corpus´ es un pilar básico de los derechos humanos, que ahora se concede a una orangutana, dando un paso de gigante en el reconocimiento de los derechos animales y creando un precedente que podría abrir la puerta de otras muchas jaulas en otros muchos zoos. Sandra podrá ahora ser trasladada a un santuario, una reserva natural en Brasil donde podrá vivir en régimen de semilibertad y recuperar el contacto con otros de su especie.
La Asociación de Funcionarios y Abogados por el Derecho de los Animales (AFADA) solicitó el `hábeas corpus´ para Sandra, pero la juez penal de instrucción Mónica Berdión lo rechazó el pasado mes de noviembre. Finalmente, la Sala Segunda de la Cámara de Casación ha determinado que el confinamiento de Sandra es “injustificado” puesto que se trata de un animal con “capacidad cognitiva”.
El fallo echa por tierra la versión del zoo donde está Sandra, y con ella la de todos los centros que mantienen animales en cautividad. Sus responsables decían que la petición de `hábeas corpus´ demostraba “desconocimiento” del comportamiento natural de los orangutanes, animales “solitarios y muy tranquilos, que solo se juntan para aparearse o atender a sus crías”, por lo que alegar “injustificadamente maltratos, estrés o depresión del animal es incurrir en uno de los errores más comunes de los seres humanos, que es humanizar cualquier conducta animal. Sandra goza de cuidados excepcionales y vive en soledad porque es lo que requiere su especie”, decían.
La sentencia abre camino para todos aquellos animales que son considerados jurídicamente propiedad privada y que, por tanto, pueden ser tratados como objetos a disposición de sus dueños. Sandra no es humana, pero tiene cierto grado de raciocinio, siente, padece, experimenta frustración por la cautividad, decide, crea y mantiene lazos afectivos, es consciente de sí misma y del paso del tiempo. Llora, aprende y se comunica. Su sufrimiento por la privación de libertad y por la falta de contacto con otros como ella es muy similar al que experimentaría una persona humana, y eso es lo que reconoce la sentencia. “A partir de una interpretación jurídica dinámica y no estática, menester es reconocer al animal el carácter de sujeto de derechos, pues los sujetos no humanos (animales) son titulares de derechos, por lo que se impone su protección en el ámbito competencial correspondiente”.
Los responsables del zoo tienen la posibilidad de apelar a la Corte Suprema de Justicia de Argentina, lo cual podría retrasar la liberación de Sandra y su traslado a Brasil. Según AFADA, solo en Argentina hay otros 14 primates en su misma situación, para los que esta sentencia abre una puerta de esperanza.cerrar
Seguidamemnte la resolución de la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal, cuyo fallo puede consultarse en Centro de Información Judicial : http://www.cij.gov.ar/nota-14651-Casaci-n-reconoce-derechos-a-los-animales-y-declina-en-un-caso-la-competencia-en-el-fuero-penal-de-la-Ciudad.html
Y aquí la imagen del mismo:
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Arte y Derecho. Poética espacial de un Tribunal. Frederick William Elwell (1870-1958)
Frederick William Elwell Beverley (1870-1958)
Police Court (1938)
Beverley. Yorkshire. England
East Riding Museum of Yorkshire Council
Frederick William Elwell (1870-1958)
County Court, Beverley (1937)
Al componer Elwell esta panorámica de la sala de vistas en el Tribunal de Beverley Guildhall -cuyo comienzo quizá deba datarse en la década de los 20- y que lleva por título Police Court, fue sin duda de su interés registrar la yesería del techo, diseñada a mediados del siglo XVIII por el italiano Giuseppe Cortese, donde se destaca la figura central de la Justicia.
No obstante, la obra ofrece un extraordinario testimonio de la distribución espacial y mobiliario de un tribunal en el mundo anglosajón. Observamos así la posición elevada del asiento del magistrado, más abajo el secretario y el defensor en pie sobre el parquet. Situada a la izquierda la Policía, y del lado derecho los abogados. Al frente los acusados y, a poca distancia, la testigo, cada cual ocupando su respectivo recinto (muelle, dock).
Cabe reseñar igualmente la costumbre de Elwell en utilizar como modelos de sus personajes a familiares. El magistrado se corresponde con su padre, James Elwell. La testigo es Elaine Jenny, una de sus colaboradoras también en trabajos de fotografía. en cuanto a los acusados, están identificados como su sobrino Elwell Kenneth, y uno de los discípulos,Walter Goodin.
El otro lienzo, County Court, presenta respecto del anterior una perspectiva inversa. El magistrado y el defendents se nos muestran de frente. Además de ello, son ahiora visibles el escudo nacional y los bustos en marmol de la Reina y su consorte. En primer plano el secretario del Tribunal, los abogados y procuradores.
Sobre toda esta poética espacial y de mobiliario existe un interesante trabajo al que remito. Se trata del estudio de Linda Mulcahy, Legal Architecture: Justice, due process and the place of Law, Routledge, New York, 2011, y con anteroridad “Architects of Justice: the Politics of Courtroom Design”, en Social & Legal Studies, 16, 3 (2007), pp. 383-403. Sus reflexiones en torno a la significación procesal de asignación de roles y determinación de garantías no son bagatela. Toda una 'construcción ideológica' -desde el punto de vista jurídico y político- del process se encuentra declarada en esta escenografía. Invito a su consulta, que será de extraordinario provecho.
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"La ley no es sólo una herramienta para la buena gobernanza, sino que hemos de considerarla ante todo como una obra de arte". Willem Witteveen (1952-2014). Obra póstuma
De wet als kun biedt een fascinerend perspectief op de wet en het rechtssysteem. Beginnend bij de ogenschijnlijk simpele vraag ‘Wat is de wet?’ neemt Willem Witteveen de lezer mee op een avontuurlijke reis door de rechtsfilosofie. Hierbij komt een een keur aan filosofische auteurs voorbij, van Plato tot Kafka en van Montesquieu tot Fuller.
De centrale stelling in De wet als kunstwerk is dat de wet niet alleen een instrument is voor goed bestuur, maar dat we haar eerder moeten beschouwen als kunstwerk. Wettenmakers gaan eerder te werk als tastende montagekunstenaars dan als rationele magistraten. Bij het opstellen van de wet bouwen ze voort op eerdere rechtstradities, brengen onderwijl wijzigingen aan, laten zaken weg of voegen ze toe, om daarnaast steeds te blijven geloven in de onpartijdige autoriteit die van ons rechtssyst
Willem Witteveen (1952-2014) was hoogleraar Encyclopedie van de rechtswetenschap aan de Universiteit van Tilburg. Hij was lid van de Eerste Kamer voor de PvdA. Op 17 juli 2014 kwam hij op tragische wijze om tijdens de vliegtuigramp van vlucht MH17. De wet als kunstwerk is zijn magnum opus dat hij vlak
De wet als kunWillem Witteveen
De wet als kunstwerk. Een andere filosofie van het recht
Uitgeverij Boom, Ámsterdam, 2014, 450 pp.
ISBN 9789089533357
De wet als kunstwerk biedt een fascinerend perspectief op de wet en het rechtssysteem. Beginnend bij de ogenschijnlijk simpele vraag ‘Wat is de wet?’ neemt Willem Witteveen de lezer mee op een avontuurlijke reis door de rechtsfilosofie. Hierbij komt een een keur aan filosofische auteurs voorbij, van Plato tot Kafka en van Montesquieu tot Fuller.
De centrale stelling in De wet als kunstwerk is dat de wet niet alleen een instrument is voor goed bestuur, maar dat we haar eerder moeten beschouwen als kunstwerk. Wettenmakers gaan eerder te werk als tastende montagekunstenaars dan als rationele magistraten. Bij het opstellen van de wet bouwen ze voort op eerdere rechtstradities, brengen onderwijl wijzigingen aan, laten zaken weg of voegen ze toe, om daarnaast steeds te blijven geloven in de onpartijdige autoriteit die van ons rechtssysteem uitgaat.
Willem Witteveen (1952-2014) was hoogleraar Encyclopedie van de rechtswetenschap aan de Universiteit van Tilburg. Hij was lid van de Eerste Kamer voor de PvdA. Op 17 juli 2014 kwam hij op tragische wijze om tijdens de vliegtuigramp van vlucht MH17. De wet als kunstwerk is zijn magnum opus dat hij vlak daarvoor voltooide.
▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀De wet als kunstwerk biedt een fascinerend perspectief op de wet en het rechtssysteem. Beginnend bij de ogenschijnlijk simpele vraag ‘Wat is de wet?’ neemt Willem Witteveen de lezer mee op een avontuurlijke reis door de rechtsfilosofie. Hierbij komt een een keur aan filosofische auteurs voorbij, van Plato tot Kafka en van Montesquieu tot Fuller.
De centrale stelling in De wet als kunstwerk is dat de wet niet alleen een instrument is voor goed bestuur, maar dat we haar eerder moeten beschouwen als kunstwerk. Wettenmakers gaan eerder te werk als tastende montagekunstenaars dan als rationele magistraten. Bij het opstellen van de wet bouwen ze voort op eerdere rechtstradities, brengen onderwijl wijzigingen aan, laten zaken weg of voegen ze toe, om daarnaast steeds te blijven geloven in de onpartijdige autoriteit die van ons rechtssysteem u
Willem Witteveen (1952-2014) was hoogleraar Encyclopedie van de rechtswetenschap aan de Universiteit van Tilburg. Hij was lid van de Eerste Kamer voor de PvdA. Op 17 juli 2014 kwam hij op tragische wijze om tijdens de vliegtuigramp van vlucht MH17. De wet als kunstwerk is zijn magnum opus dat hij vla
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José Calvo González, "Nota necrológica y valorativa del pensamiento de Willem Johannes Witteveen (1952-2014)", en Revista europea de Historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas, 7 (Agosto 2014)
Willem Johannes Witteveen (Rotterdam, Holanda. 5 de mayo de 1952), profesor responsable desde 1990 de las enseñanzas de Encyclopedie van de rechtswetenschap (Teoría del Derecho y Ciencia jurídica), con orientado interés en los últimos años al campo de la argumentación y la retórica jurídica ["Recht als systeem, recht in fragmenten: twee visies op juridische argumentatie" en Evelin T. Feteris et al. (eds.) ‘Alles afwegende...’ Bijdragen aan het Vijfde Symposium Juridische Argumentatie, Rotterdam 22 juni 2007, Ars Aequi Libri, Nijmegen, 2007, pp. 17-24, y "Law and rhetoric: a misunderstood relation", en Law and method: interdisciplinary research into law, Sanne Taekema & Bart van Klink, eds., Mohr Siebeck, Tübingen, 2011, pp. 237-252], Jefe del Departamento de Publiekrecht, Encyclopedie en Rechtsgeschiedenis (Derecho público, Filosofía jurídica e Historia del derecho) en la Faculteit Rechtsgeleerdheid Universiteit van Tilburg, Warandelaan. Netherlands, cofundador del Centrum voor wetgevingsvraagstukken (Centro para asuntos legislativos), falleció el pasado 17 de julio. Witteveen era uno de los pasajeros del vuelo de Malaysian Airlines MH17, en ruta desde Schiphol (The Netherlands) a Kuala Lumpur (Malaysia), que fue derribado en Hrabove, Ucrania oriental, por un misil tierra-aire procedente de la zona de operaciones bajo control de las fuerzas pro-rusas en conflicto con el gobierno del presidente de Ucrania, Petro Poroshenko. Le acompañaban su esposa Lidwien L. Heerkens, presidenta de la Junta del LAK-theater van de Universiteit Leiden y asociada a la Faculteit Geesteswetenschappen Universiteit van Tilburg, y su hija Marit Witteveen, estudiante de segundo año de ese mismo centro. La tragedia deja huérfano a Freek, segundo de los hijos del matrimonio.
Witteveen había cursado estudios universitarios en sus diferentes niveles (1979-1989) en la Faculteit Rechtsgeleerdheid Universiteit Leiden, donde presentó su disertación De retoriek in het recht: over retorica en interpretatie, staatsrecht en democratie Willink, Zwolle, 1988. XIII, 537 pp., obteniendo con calificación Cum laude la borla del Doctorado en Derecho el 1 de junio de 1989. Miembro de la International Society for the History of Rhetoric y de la Internacional Association for the Semiotics of Law, entre sus trabajos más recientes destaca Het wetgevend oordeel: studies over wetgeving en communicatie (Boom Juridische Uitgevers, Den Haag, 2010, xix, 337 pp.), particularmente centrado en los problemas de técnica legislativa y comunicabilidad del mensaje jurídico. Esta obra resume, creo que con fidelidad, las intersecciones temáticas de que se entretejió su fecunda investigación científica, concretada en una riqueza de líneas de trabajo que de modo transversal aúnan materias de teoría de la legislación, lenguaje jurídico y retórica, semiótica e interpretación jurídicas. El temprano interés por una labor hermenéutica interdisciplinaria ya se revela su paper "The rhetorical labors of Hercules", debatido en la sesión sobre ‘hard cases’ del Annual colloquium IV of the International Association of Law and Semiotics, Penn State University, May 1988 (Onderzoekscentrum Sturing van de Samenleving, Leiden, 1988, 12 pp.). La dedicación a cuestiones de semiótica jurídica, con un enfoque hacia la teoría y técnica legislativa en vínculo de especial referencia a aspectos de eficacia, validez y vigencia jurídicas, es patente en los estudios titulados "De jacht op de wet" (Wat maakt de wet symbolisch?, Willem Witteveen, Paul van Seters & Bert Roermund, eds., W. E. J. Tjeenk Willink, Zwolle, 1991, pp. 115-136), "Legislation and the Fixation of BeIief'" (The Eyes of Justice. Seventh Round Table on Law and Semiotics, Roberta Kevelson, ed., Peter Lang, New York, 1994, pp. 319-343), "Seeing rhetoric as law as literature" (Conscience, consensus, & crossroads in law: eighth Round Table on Law and Semiotics, Roberta Kevelson, ed., Peter Lang, New York, 1995, pp. 387-401), y "Significant, symbolic and symphonic laws Communication through Legislation" (Semiotics and legislation: jurisprudential, institutional and sociological perspectives, Hanneke van Schooten, ed., Deborah Charles Publications, Liverpool, 1999, pp. 27-70).
Una significativa profundización en esta área conduciría a Witteveen en posteriores trabajos a incumbir la teoría y práctica en la actividad operativa de la juristenvak igualmente de perfiles sociales, de la relación entre derecho y moral –mediante una relectura de Lon L Fuller (1902-1978)– y del aporte de lo que bien podríamos denominar como el ‘giro comunicativo’. Así, en Het theater van de politiek: publieke retorica en de paspoortafaire (Amber, Amsterdam, 1992, 259 pp.), De geordende wereld van het recht: een inleiding (Amsterdam University Press, Amsterdam, 1996, 449 pp., donde con exhaustivo detalle amplía el previo acercamiento llevado a cabo en "Het paspoort van de politicus" para Het Retorische antwoord, Radboud Engbersen, Thijs Jansen, Willem Witteveen (eds.), Stichting Grafiet, Utrecht, 1991, pp. 39-55, y como editor, junto a Wibren van der Burg, de Rediscovering Fuller: Essays on Implicit Law and Institutional Design (Amsterdam University Press, Amsterdam. 1999, 489 pp.), o bien, junto a Nicolle Zeegers y Bart Van Klink, de Social and Symbolic efforts of Legislation under The Rule of Law (Edwin Mellen Press, Lewiston, N.Y., 2005, xx, 362 pp.). Para ambos, respectivamente, sus contribuciones "Rediscovering Fuller: An Introduction" (pp. 21-48), "Law of Lawmaking" (pp. 313-345), y "Turning to communication in the study of legislation" (pp. 17-44) e "Interpretive communities and symbolic effects" (pp. 317-337).
Éste habría sido el methodo recorrido por Witteveen para, desde un análisis simbólico y de teoría social, rivalizar y apartarse de las perspectivas instrumentalistas en la legislación. La consecuencia fundamental de todo ello es la toma en consideración de la influencia de las comunidades –interpretative communities– en la recepción de las reglas de interpretación jurídica y la defensa de una teoría política del legislador que no oculta los peligros de la idea de gobernabilidad democrática en un Estado de derecho a través del poder legislativo en su dimensión de derecho regulatorio, como en particular ya mostró, en orden al control de legalidad en materia de legislación administrativa, en De Terugired van regelgevers: meer regles, minder sturing? (Thijs G. Drupsteen, Wim Derksen, Willem J. Witteveen (eds.), Tjeenk Willink, Zwolle, 1989, 320 pp.), y en fecha más reciente con sus discusiones en Alternative regelgeving (Willem Witteveen, Ivo Giesen, Joan Lodewijk de Wijkerslooth de Weerdesteiin, eds., Kluwer, Deventer, 2007, 207 pp.).
Witteveen desembocó, por tanto, en el campo de una teoría política del funcionamiento de la ley, y a partir de ésta –incorporando dimensiones psicológicas– en el comportamiento ciudadano. Es por eso importante subrayar la indudable conexión de sus inquietudes iusfilosóficas a las de un intelectual preocupado también por las implicaciones políticas de su análisis, y de ahí, pues, por la Teoría de la democracia legislativa en la idea de un ‘legislador convincente’ (De overtuigende wetgever, Willem J. Witteveen en Bart van Klink (eds.), W. E. J. Tjeenk Willink/ Schoordijk Instituut. Centrum voor wetgevingsvraagstukken, Deventer, 2000, 279 pp.), así como respecto de las condiciones del Estado de derecho, no menos que por la legitimación en él de los jueces como aplicadores de la ley. Véanse, en este sentido, Evenwicht van machten: rede uitgesproken bij de aanvaarding van het ambt van hoogleraar encyclopedie der rechtswetenschap aan de Katholieke Universiteit Brabant op vrijdag 15 febr. 1999 (Tjeenk Willink, Zwolle, 1991, 100 pp.), Het primaat van de politiek: Staatsrechtconferentie 1999 (W. E. J. Tjeenk Willink, Deventer, 2000, VIII, 70 pp.) y, junto a Bart van Klink, De sociale rechtsstaat voorbij: twee ontwerpen voor het huis van de rechtsstaat (Sdu Uitgevers, Den Haag, 2002, 245 pp.) en lo correspondiente a la parte primera (‘De wending naar rechtsstatelijkheid’, pp. 15-126), redactada con la colaboración de Wouter de Been.
De estas preocupaciones se abastecería asimismo su disposición práctica para la vida política holandesa. Witteveen, con antecedentes familiares fuertemente ligados a historia parlamentaria nacional –biznieto del político socialdemócrata Florentinus Marinus Wibaut (1859-1936) e hijo de Hendrikis Johannes Witteveen (n. 1921), senador, ministro, vicepresidente entre los años 1958 y 1973 y luego Director del FMI– obtuvo acta de Senador por el Partido laborista holandés (1999-2007, y 2013-2014), y en la actualidad era portavoz de la Comisión de Seguridad y Justicia. En el compromiso de su actividad en política expresó una decidida voluntad por la renovación del socialismo holandés, como así puso de relieve publicaciones de juventud –Het Schip van staat: beschouwingen over recht, staat en sturing (W. E. J. Tjeenk Willink, Zwolle, 1985, 298 pp), más adelante en Het primaat van de politiek (Willem J. Witteveen, Hendrikus R. B. M. Kummeling, Frederik A. M. Stroink, eds., W.E.J.Tjeenk Willink, Zwolle, 2000, 70 pp., en esp. "Het politieke primaat als regie van de wetgever", pp. 1-23), y de manera explícita en De Denkbeeldige Staat: Voorstellingen Van Democratische Vernieuwing (Amsterdam University Press, Amsterdam, 2000, 285 pp.).
Con la trágica desaparición de Willem Johannes Witteveen pierde la cultura jurídica europea a uno de sus más valiosos representantes. Deja en el haber comunidad científica, resultado de una constante y rigurosa labor de investigación, el bagaje más de 250 publicaciones científicas. Jurista culto, con excelente conocimiento de autores como Montesquieu o Hegel, además, recamaba su escritura de lujosas e iluminadoras metáforas musicales y literarias. Como legislador se sentía poeta; véanse Tijdens de werkzaamheden, buiten de orde: de wetgeversgedichten (Wolf Legal Publishers, Nijmegen, 2007, 42 pp.).
En todo momento sugestivo, lograba atraer e interesar siempre con planteamientos llenos de personalidad (De fascinatie: wat wetgevingsonderzoekers bezighoudt: berichten uit het Centrum voor wetgevingsvraagstukken (Boom Juridische uitgevers, Den Haag, 2004, 157 pp.). Superando la muerte, una última obra, ya entregada y pronto a editarse en el otoño de este mismo año, De wet als kunstwerk (Uitgeverij Boom, Ámsterdam, 2014, 450 pp.) nos permitirá aprender y disfrutar del saber y artístico estilo de su conocimiento. Es el obsequio del destino.
Trasladamos a sus dolientes familiares y afligidos colegas de la Faculteit Rechtsgeleerdheid Universiteit van Tilburg expresión del más sincero pesar y profunda tristeza por tan significativa pérdida. Nuestro mensaje de solidaridad también con las inocentes víctimas cuyas vidas extinguió de modo tan repentino el horrible desenlace de este trágico suceso aéreo.
D biedt een fascinerend perspectief op de wet en het rechtssysteem. Beginnend bij de ogenschijnlijk simpele vraag ‘Wat is de wet?’ neemt Willem Witteveen de lezer mee op een avontuurlijke reis door de rechtsfilosofie. Hierbij komt een een keur aan filosofische auteurs voorbij, van Plato tot Kafka en van Montesquieu tot Fuller.
De centrale stelling in De wet als kunstwerk is dat de wet niet alleen een instrument is voor goed bestuur, maar dat we haar eerder moeten beschouwen als kunstwerk. Wettenmakers gaan eerder te werk als tastende montagekunstenaars dan als rationele magistraten. Bij het opstellen van de wet bouwen ze voort op eerdere rechtstradities, brengen onderwijl wijzigingen aan, laten zaken weg of voegen ze toe, om daarnaast steeds te blijven geloven in de onpartijdige autoriteit die van ons rechtssys
Willem Witteveen (1952-2014) was hoogleraar Encyclopedie van de rechtswetenschap aan de Universiteit van Tilburg. Hij was lid van de Eerste Kamer voor de PvdA. Op 17 juli 2014 kwam hij op tragische wijze om tijdens de vliegtuigramp van vlucht MH17. De wet als kunstwerk is zijn magnum opus dat hij vl
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TV e Rádio Unisinos. Direito & Literatura - Especial.
Programa especial de 'Derecho y Literatura', en TV e Radio Universidade do Vale do Sinos (UNISINOS) São Leopoldo. Rio Grande do Sul. Brasil, conducido por el Prof. Lenio Luiz Streck, emitido con apoyo de la Corte Suprema Federal para todo el país. Duración: 60 m.
Posted by José Calvo González at 9:30 PM No comments:
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Arte, Derecho y Literatura. Abandono, acogimiento y adopción. Edouard Gelhay (1856 - 1939) y Benito Pérez Galdós (1843- 1920)
Edouard Gelhay (1856 - 1939)
Aux Enfants-Assistes. l’abandon
Musée d'art et d'archéologie de Senlis. Senlis. France
Los Golfines[1]
Teodoro Golfín no se aburría en Socartes. El primer día después de su llegada pasó largas horas en el laboratorio con su hermano, y en los siguientes recorrió de un cabo a otro las minas, examinando y admirando las distintas cosas que allí había, que ya pasmaban por la grandeza de las fuerzas naturales, ya por el poder y brío del arte de los hombres. Por las noches, cuando todo callaba en el industrioso Socartes, quedando sólo en actividad los bullidores hornos, el buen doctor que era muy entusiasta músico, se deleitaba oyendo tocar el piano a su cuñada Sofía, esposa de Carlos Golfín y madre de varios chiquillos que se habían muerto.
Los dos hermanos se profesaban el más vivo cariño. Nacidos en la clase más humilde, habían luchado solos en edad temprana por salir de la ignorancia y de la pobreza, viéndose a punto de sucumbir diferentes veces; mas tanto pudo en ellos el impulso de una voluntad heroica, que al fin llegaron jadeantes a la ansiada orilla, dejando atrás las turbias olas en que se agita en constante estado de naufragio el grosero vulgo.
Teodoro, que era el mayor, fue médico antes que Carlos ingeniero. Ayudó a éste con todas sus fuerzas mientras el joven lo necesitara, y cuando le vio en camino, tomó el que anhelaba su corazón aventurero, yéndose a América. Allá trabajó juntamente con otros afamados médicos europeos, adquiriendo bien pronto fama y dinero. Hizo un viaje a España, tornó al Nuevo Mundo, vino más tarde para regresar al poco tiempo. En cada una de estas excursiones daba la vuelta a Europa para apropiarse los progresos de la ciencia oftálmica que cultivaba.
Era un hombre de facciones bastas, moreno, de fisonomía tan inteligente como sensual, labios gruesos, pelo negro y erizado, mirar centelleante, naturaleza incansable, constitución fuerte, si bien algo gastada por el clima americano. Su cara grande y redonda, su frente huesuda, su melena rebelde, aunque corta, el fuego de sus ojos, sus gruesas manos, habían sido motivo para que dijeran de él: «es un león negro». En efecto parecía un león, y como el rey de los animales, no dejaba de manifestar a cada momento la estimación en que a sí mismo se tenía. Pero la vanidad de aquel hombre insigne era la más disculpable de todas las vanidades, pues consistía en sacar a relucir dos títulos de gloria, a saber: su pasión por la cirugía y la humildad de su origen. Hablaba por lo general incorrectamente, por ser incapaz de construir con gracia y elegancia las oraciones. Eran sus frases rápidas y entrecortadas conforme a la emisión de su pensamiento, que era una especie de emisión eléctrica. Muchas veces Sofía, al pedirle su opinión sobre cualquier cosa, decía: «A ver lo que piensa de esto la Agencia Havas».
-Nosotros -solía decir Teodoro- aunque descendemos de las yerbas del campo, que es el más bajo linaje que se conoce, nos hemos hecho árboles corpulentos... ¡Viva el trabajo y la iniciativa del hombre!...
Yo creo que los Golfines, aunque aparentemente venimos de maragatos, tenemos sangre inglesa en nuestras venas... Hasta nuestro apellido parece que es de pura casta sajona. Yo lo descompondría de este modo: Gold, oro... to find, hallar... Es, como si dijéramos, buscador de oro... He aquí que mientras mi hermano lo busca en las entrañas de la tierra, yo lo busco en el interior maravilloso de ese universo en abreviatura que se llama el ojo humano.
En la época de esta veraz historia venía de América por la vía de New York -Liverpool, y según decía, su expatriación había cesado definitivamente; pero no le creían, por haber dicho lo mismo en otras ocasiones y haber hecho todo lo contrario.
Su hermano Carlos era un bendito, hombre muy pacífico, estudioso, esclavo de su deber, apasionado por la mineralogía y la metalurgia hasta poner a estas dos mancebas cien codos más altas que su mujer. Por lo demás, ambos cónyuges vivían en conformidad completa, o como decía Teodoro, en estado isomórfico, porque cristalizaban en un mismo sistema. En cuanto a él, siempre que se hablaba de matrimonio, decía riendo:
-El matrimonio sería para mí una Epigénesis o cristal seudomórfico; es decir, un sistema de cristalización que no me corresponde.
Sofía era una excelente señora de regular belleza, cada día reducida a menor expresión, por una tendencia lamentable a la obesidad. Le habían dicho que la atmósfera de carbón de piedra enflaquecía, y por eso había ido a vivir a las minas, con propósito de pasar en ellas todo el año. Por lo demás, aquella atmósfera saturada de polvo de calamina y de humo causábale no poco disgusto. No tenía hijos vivos, y su principal ocupación consistía en tocar el piano y en organizar asociaciones benéficas de señoras para socorros domiciliarios y sostenimiento de hospitales y escuelas. En Madrid, y durante buena porción de años, su actividad había hecho prodigios, ofreciendo ejemplos dignos de imitación a todas las almas aficionadas a la caridad. Ella, ayudada de dos o tres señoras de alto linaje, igualmente amantes del prójimo, había logrado celebrar más de veinte funciones dramáticas, otros tantos bailes de máscaras, seis corridas de toros y dos de gallos, todo en beneficio de los pobres.
En el número de sus vehemencias, que solían ser pasajeras, contábase una que quizás no sea tan recomendable como aquella de socorrer a los menesterosos, y consistía en rodearse de perros y gatos, poniendo en estos animales un afecto que al mismo amor se parecía. Últimamente, y cuando residía en el establecimiento de Socartes, tenía un toy terrier que por encargo le había traído de Inglaterra Ulises Bull, jefe del taller de maquinaria. Era un galguito fino y elegante, delicado y mimoso como un niño. Se llamaba Lili, y había costado en Londres doscientos duros.
Los Golfines paseaban en los días buenos; en los malos tocaban el piano o cantaban, pues Sofía tenía cierto chillido que podía pasar por canto en Socartes. El ingeniero segundo tenía voz de bajo profundo, Teodoro también era bajo profundo, Carlos allá se iba; de modo que armaban una especie de coro de sacerdotes, en el cual descollaba la voz de Sofía como una sacerdotisa a quien van a llevar al sacrificio. Todas las piezas que se cantaban eran, o si no lo eran lo parecían, de sacerdotes sacrificadores y sacerdotisa sacrificada.
En los días de paseo solían merendar en el campo. Una tarde (a últimos de Setiembre y seis días después de la llegada de Teodoro a las minas) volvían de su excursión en el orden siguiente: Lili, Sofía, Teodoro, Carlos. La estrechez del sendero no les permitía caminar de dos en dos. Lili llevaba su manta o gabancito azul con las iniciales de su ama. Sofía apoyaba en su hombro el palo de la sombrilla, y Teodoro llevaba en la misma postura su bastón, con el sombrero en la punta. Gustaba mucho de pasear con la deforme cabeza al aire. Pasaban al borde de la Trascava, cuando Lili, desviándose del sendero con la elástica ligereza de sus patillas como alambres, echó a correr césped abajo por la vertiente del embudo. Primero corría, después resbalaba. Sofía dio un grito de terror. Su primer movimiento, dictado por un afecto que parecía materno, fue correr detrás del animal, tan cercano al peligro; pero su esposo la contuvo, diciendo:
-Deja que se lleve el demonio a Lili, mujer; él volverá. No se puede bajar, porque este césped es muy resbaladizo.
-¡Lili, Lili!...-gritaba Sofía, esperando que sus amantes ayes detendrían al animal en su camino de perdición, trayéndole al de la virtud.
Las voces más tiernas no hicieron efecto en el revoltoso ánimo de Lili, que seguía bajando. A veces miraba a su ama, y con sus expresivos ojuelos negros parecía decirle: «Señora, por el amor de Dios, no sea usted tan tonta».
Lili se detuvo en la gran peña blanquecina, agujereada, muzgosa, que en la boca misma del abismo estaba, como encubriéndola. Fijáronse allí todos los ojos, y al punto observaron que se movía un objeto. Creyeron de pronto ver un animal dañino que se ocultaba detrás de la peña, pero Sofía lanzó un nuevo grito, el cual antes era de asombro que de terror, y dijo:
-Si es la Nela... Nela, ¿qué haces ahí?
Al oír su nombre, la muchacha se mostró toda turbada y ruborosa.
-¿Qué haces ahí, loca? -repitió la dama-. Coge a Lili y tráemelo... ¡Válgame Dios, lo que inventa esta criatura! Miren dónde se ha ido a meter. Tú tienes la culpa de que Lili haya bajado... ¡Qué cosas le enseñas al animalito! Por tu causa es tan mal criado y tan antojadizo.
-Esa muchacha es de la piel de Barrabás -dijo D. Carlos a su hermano-. Mira dónde se ha ido a poner.
Mientras esto se decía en el borde de la Trascava, la Nela había emprendido allá abajo la persecución de Lili, el cual, más travieso y calavera en aquel día que en ningún otro de su monótona existencia, huía de las manos de la chicuela. Gritábale la dama, exhortándole a ser juicioso y formal; pero él, poniendo en olvido las más vulgares nociones del deber, empezó a dar brincos y a mirar con descaro a su ama, como diciéndole: «Señora, ¿quiere usted irse a paseo y dejarme en paz?»
Al final Lili dio con su elegante cuerpo en medio de las zarzas que cubrían la boca de la cueva, y allí la mantita de que iba vestido fuele de grandísimo estorbo. El animal, viéndose imposibilitado de salir de entre la maleza, empezó a ladrar pidiendo socorro.
-¡Que se me pierde, que se me mata! -exclamó gimiendo Sofía-. Nela, Nela, si me lo sacas, te doy un perro grande; sácalo... ve con cuidado... Agárrate bien.
La Nela se deslizó intrépidamente, poniendo su pie sobre las zarzas y robustos hinojos que tapaban el abismo; y sosteniéndose con una mano en las asperezas de la peña, alargó la otra hasta pillar el rabo de Lili, con lo cual le sacó del aprieto en que estaba. Acariciando al animal, subió triunfante a los bordes del embudo.
-Tú, tú, tú tienes la culpa -díjole Sofía de mal talante, aplicándole tres suaves coscorrones- porque si no te hubieras metido allí... Ya sabes que va tras de ti donde quiera que te encuentra... ¡Qué buena pieza!
Y luego, besando al descarriado animal y administrándole dos nalgadas, después de cerciorarse de que no había padecido nada de fundamento en su estimable persona, le arregló la mantita, que se le había puesto por montera, y lo entregó a Nela, diciéndole:
-Toma, llévalo en brazos, porque estará cansado, y estas largas caminatas pueden hacerle daño. Cuidado... Anda delante de nosotros... Cuidado, te repito... Mira que voy detrás observando lo que haces.
Púsose de nuevo en marcha la familia, precedida por la Nela. Lili miraba a su ama por encima del hombro de la Nela, y parecía decirle: «¡Ay, señora; pero qué boba es usted!»
Teodoro Golfín no había dicho nada durante el conmovedor peligro del hermoso Lili, pero cuando se pusieron en marcha por la gran pradera, donde los tres podían ir al lado uno de otro sin molestarse, el doctor dijo a la mujer de su hermano:
-Estoy pensando, querida Sofía, que ese animal te ocupa demasiado. Es verdad que un perro que cuesta doscientos duros no es un perro como otro cualquiera. Yo me pregunto por qué has empleado el tiempo y el dinero en hacerle un gabán a ese señorito canino, y no se te ha ocurrido comprarle unos zapatos a la Nela.
-¡Zapatos a la Nela! -exclamó Sofía riendo-. Y yo pregunto: ¿para qué los quiere?... Tardaría dos días en romperlos. Podrás reírte de mí todo lo que quieras... bien, yo comprendo que cuidar mucho a Lili es una extravagancia... pero no podrás acusarme de falta de caridad... Alto ahí... eso sí que no te lo permito (al decir esto tomaba un tono muy serio con evidente expresión de orgullo). Y en lo de saber practicar la caridad con prudencia y tino, tampoco creo que me eche el pie adelante persona alguna... No consiste, no, la caridad en dar sin ton ni son, cuando no existe la seguridad de que la limosna ha de ser bien empleada. ¡Si querrás darme lecciones!... Mira, Teodoro, que en eso sé tanto como tú en el tratado de los ojos.
-Sí, ya sé, ya sé, querida, que has hecho maravillas. No me cuentes otra vez lo de las funciones dramáticas, bailes y corridas de toros organizadas por tu ingenio para alivio de los pobres, ni lo de las rifas, que poniendo en juego grandes sumas, han servido en primer lugar para dar de comer a unos cuantos holgazanes, quedando sólo para los enfermos un resto de poca monta. Todo eso sólo me prueba las singulares costumbres de una sociedad que no sabe ser caritativa sino bailando, toreando y jugando a la lotería... No hablemos de eso: ya conozco estas heroicidades y las admiro: también eso tiene su mérito, y no poco. Pero tú y tus amigas rara vez os acercáis a un pobre para saber de su misma boca la causa de su miseria... ni para observar qué clase de miseria le aqueja, pues hay algunas tan extraordinarias, que no se alivian con la fácil limosna del ochavo... ni tampoco con el mendrugo de pan...
-Ya tenemos a nuestro filósofo en campaña -dijo Sofía con mal humor-. ¿Qué sabes tú lo que yo he hecho ni lo que he dejado de hacer?
-No te enfades, querida -replicó Golfín-; todos mis argumentos van a parar a un punto, y es que debías haberle comprado zapatos a la Nela.
-Pues mira, mañana mismo se los he de comprar.
-No, porque esta misma noche se los compraré yo. No se meta usted en mis dominios, señora.
-¡Eh!... Nela -gritó Sofía, viendo que la muchacha estaba a larga distancia-. No te alejes mucho; que te vea yo para saber lo que haces.
-¡Pobre criatura! -dijo Carlos-. ¡Quién ha de decir que eso tiene diez y seis años!
-Atrasadilla está. ¡Qué desgracia! -exclamó Sofía-. Y yo me pregunto, ¿para qué permite Dios que tales criaturas vivan?... Y me pregunto también, ¿qué es lo que se puede hacer por ella? Nada, nada más que darle de comer, vestirla hasta cierto punto... Ya se ve... rompe todo lo que le ponen encima. Ella no puede trabajar, porque se desmaya; ella no tiene fuerzas para nada. Saltando de piedra en piedra, subiéndose a los árboles y jugando y enredando todo el día y cantando como los pájaros, cuanto se le pone encima conviértese pronto en jirones...
-Pues yo he observado en la Nela -dijo Carlos- algo de inteligencia y agudeza de ingenio bajo aquella corteza de candor y salvaje rusticidad. No, señor, la Nela no es tonta ni mucho menos. Si alguien se hubiera tomado el trabajo de enseñarle alguna cosa, habría aprendido mejor quizás que la mayoría de los chicos. ¿Qué creen ustedes? La Nela tiene imaginación; por tenerla y carecer hasta de la enseñanza más rudimentaria, es sentimental y supersticiosa.
-Eso es, se halla en la situación de los pueblos primitivos -dijo Teodoro-. Está en la época del pastoreo.
-Ayer precisamente -añadió Carlos- pasaba yo por la Trascava y la vi en el mismo sitio donde la hemos hallado hoy. La llamé, hícela salir, le pregunté qué hacía en aquel sitio, y con la mayor sencillez del mundo me contestó que estaba hablando con su madre... Tú no sabes que la madre de la Nela se arrojó por esa sima.
-Es decir, que se suicidó -dijo Sofía-. Era una mujer de mala vida y peores ideas, según he oído contar. Carlos no estaba aquí todavía; pero nos han dicho que se embriagaba como un fogonero. Y yo me pregunto: ¿Esos seres tan envilecidos que terminan una vida de crímenes con el mayor de todos, que es el suicidio, merecen la compasión del género humano? Hay cosas que horripilan; hay personas que no debieran haber nacido, no señor, y Teodoro podrá decir todas las sutilezas que quiera, pero yo me pregunto...
-No, no te preguntes nada, hermana querida -dijo vivamente Teodoro-. Yo te responderé que el suicida merece la más viva, la más cordial compasión. En cuanto a vituperio, échesele encima todo el que haya disponible, pero al mismo tiempo... bueno será indagar qué causas le llevaron a tan horrible extremo de desesperación... yo observaría si la sociedad no le ha dejado abierta, desamparándole en absoluto, la puerta de ese abismo horrendo que le llama...
-¡Desamparado de la sociedad! Hay algunos que lo están... -dijo Sofía con impertinencia-. La sociedad no puede amparar a todos. Mira la estadística, Teodoro; mírala y verás la cifra de pobres... Pero si la sociedad desampara a alguien, ¿para qué sirve la religión?
-Refiérme al miserable desesperado que reúne a todas las miserias la miseria mayor, que es la ignorancia... El ignorante envilecido y supersticioso sólo posee nociones vagas y absurdas de la divinidad... Lo desconocido, lejos de detenerle, le impulsa más a cometer su crimen... Rara vez hará beneficios la idea religiosa al que vegeta en estúpida ignorancia. A él no se acerca amigo inteligente, ni maestro, ni sacerdote. No se le acerca sino el juez que ha de mandarle a presidio... Es singular el rigor con que condenáis vuestra propia obra -añadió con vehemencia, enarbolando el palo en cuya punta tenía su sombrero-. Estáis viendo delante de vosotros, al pie mismo de vuestras cómodas casas, a una multitud de seres abandonados, faltos de todo lo que es necesario a la niñez, desde los padres hasta los juguetes... les estáis viendo, sí... nunca se os ocurre infundirles un poco de dignidad, haciéndoles saber que son seres humanos, dándoles las ideas de que carecen; no se os ocurre ennoblecerles, haciéndoles pasar del bestial trabajo mecánico al trabajo de la inteligencia; les veis viviendo en habitaciones inmundas, mal alimentados, perfeccionándose cada día en su salvaje rusticidad, y no se os ocurre extender un poco hasta ellos las comodidades de que estáis rodeados... ¡Toda la energía la guardáis luego para declamar contra los homicidios, los robos y el suicidio, sin reparar que sostenéis escuela permanente de estos tres crímenes!
-No sé para qué están ahí los asilos de beneficencia -dijo agriamente Sofía-. Lee la estadística, Teodoro, léela, y verás el número de desdichados... Lee la estadística...
-Yo no leo la estadística, querida hermana, ni me hace falta para nada tu estadística. Buenos son los asilos; pero no, no bastan para resolver el gran problema que ofrece la orfandad. El miserable huérfano, perdido en las calles y en los campos, desamparado de todo cariño personal y amparado sólo por las corporaciones, rara vez llena el vacío que forma en su alma la carencia de familia... ¡oh!, vacío donde debían estar, y rara vez están, la nobleza, la dignidad y la estimación de sí mismo. Sobre este tema tengo una idea, es una idea mía; quizás os parezca un disparate.
-Dínosla.
-El problema de la orfandad y de la miseria infantil no se resolverá nunca en absoluto, como no se resolverán tampoco sus compañeros los demás problemas sociales; pero habrá un alivio a mal tan grande cuando las costumbres, apoyadas por las leyes... por las leyes; ya veis que esto no es cosa de juego, establezcan que todo huérfano, cualquiera que sea su origen... no reírse... tenga derecho a entrar en calidad de hijo adoptivo en la casa de un matrimonio acomodado que carezca de hijos. Ya se arreglarían las cosas de modo que no hubiera padres sin hijos, ni hijos sin padres.
-Con tu sistema -dijo Sofía- ya se arreglarían las cosas de modo que nosotros fuésemos padres de la Nela.
-¿Por qué no? -repuso Teodoro- Entonces no gastaríamos doscientos duros en comprar un perro, ni estaríamos todo el santo día haciendo mimos al señorito Lili.
-¿Y por qué han de estar exentos de esa graciosa ley los solteros ricos? ¿Por qué no han de cargar ellos también con su huérfano, como cada hijo de vecino?
-No me opongo -dijo el doctor, mirando al suelo-. ¿Pero qué es esto?... ¡sangre!
Todos miraron al suelo, donde se veían de trecho en trecho pequeñas manchas de sangre.
-¡Jesús!... -exclamó Sofía, apartando los ojos-. Si es la Nela. Mira cómo se ha puesto los pies.
-Ya se ve... Como tuvo que meterse entre las zarzas para coger a tu dichoso Lili. Nela, ven acá.
La Nela, cuyo pie derecho estaba ensangrentado, se acercó cojeando.
-Dame al pobre Lili -dijo Sofía, tomando el canino de manos de la vagabunda-. No vayas a hacerle daño. ¿Te duele mucho? ¡Pobrecita! Eso no es nada. ¡Oh, cuánta sangre!... No puedo ver eso.
Sensible y nerviosa, Sofía se volvió de espaldas, acariciando a Lili.
-A ver, a ver qué es eso -dijo Teodoro, tomando a la Nela en sus brazos y sentándola en una piedra de la cerca inmediata.
Poniéndose sus lentes, le examinó el pie.
-Es poca cosa; dos o tres rasguños... Me parece que tienes una espina dentro... ¿Te duele?... Sí, aquí está la pícara... Aguarda un momento. Sofía, echa a andar, si te molesta ver una operación quirúrgica.
Mientras Sofía daba algunos pasos para poner su precioso sistema nervioso a cubierto de toda alteración, Teodoro Golfín sacó su estuche, del estuche unas pinzas, y en un santiamén extrajo la espina.
-¡Bien por la mujer valiente! -dijo, observando la serenidad de la Nela-. Ahora vendemos el pie.
Con su pañuelo vendó el pie herido. Marianela trató de andar. Carlos le daba la mano.
-No, no; ven acá -dijo Teodoro, tomando a Marianela por los brazos.
Con rápido movimiento levantola en el aire y la sentó sobre su hombro derecho.
-Si no estás segura, agárrate a mis cabellos; son fuertes. Ahora, lleva tú el palo con el sombrero.
-¡Qué facha! -exclamó Sofía, muerta de risa al verlos venir-. Teodoro con la Nela al hombro, y luego el palo con el sombrero de Gessler...
Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843- Madrid, 1920)*
* Galdós comenzó en 1862 los estudios de Derecho en e la Universidad Central de Madrid. Pronto sin embargo elegiría el periodismo y la literatura. Marianela es la sexta de sus novelas.
[1] Benito Pérez Galdós, Marianela, Imp. y Lit. de la Guirnalda, Madrid, 1878, cap. IX.
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References: Artículo 50
 artículo 4
 artículo 43

Artículo 51
 artículo 57
 resolución