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Timestamp: 2019-01-20 00:19:54+00:00

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La Revolución Mexicana en la Sierra Norte de Puebla, al igual que en todos los rincones, entregó notables resultados a la Patria, la hacienda de Zaragoza, aún en forma parcial no se excluyó del reparto agrario. La promulgación de Emiliano Zapata, al grito alentador de “Tierra y Libertad”, uno de los más altos ideales, se vio coronada al poner en manos del campesino lo que por derecho le ha correspondido: la tierra, porque acertadamente la tierra es del que la trabaja. La misma Revolución proyectó al mundo figuras egregias, personajes ilustres cuyos nombres aparecerán por siempre en los anales históricos, indiscutiblemente debido a su valor y a su heroísmo. Un claro ejemplo de esos nombres es el del general Manuel Ávila Camacho, oriundo de Teziutlán, Puebla, quien a la edad de 13 años, presenció los albores de la Revolución y la caída del gobierno de Porfirio Díaz. A los 17 años se incorporó al movimiento revolucionario causando alta con el grado de subteniente en la brigada Aquiles Serdán de las fuerzas constitucionalistas, al mando del general Antonio Medina. Como secretario de la de la Comisión de la Sierra de Puebla, intervino en la dotación y restitución de tierras de los pueblos de Zaragoza, Acuaco, San Andrés Payuca, San Juan de los Llanos y Contla, llegando a ser Presidente de México en 1940. Pero él es solo una de esas figuras de la Revolución que vieron coronado su esfuerzo con el aura de la gloria, alguien que tuvo la oportunidad de ser reconocido tras la sangrienta gesta, existen tantos hombres que quedaron en el oscuro anonimato, bajo la negra pesadez de la fosa, cuya sangre contribuyó a la conquista de nuestras libertades.
El general Juan Francisco Lucas, “Patriarca de la Sierra” como lo llamaban, fue hasta los últimos años de su vida un celoso guardián de la patria, su lucha libertaria en contra del hacendado opresor de la hacienda de la Manzanilla de Zacapoaxtla, contra los soldados austriacos, y contra los interventores franceses aquel glorioso 5 de mayo de 1862, así como su rebeldía contra toda injusticia, hacían de él un soldado natural. Fue por estas virtudes que durante la Revolución Maderista de 1910, a la edad de 76 años, retirado a la vida pública pero con la facultad que le confirió don Francisco I. Madero, se adhirió a las ideas revolucionarias de éste.
Se encontraban comisionados destacamentos de tropas irregulares desde Chignahuapan, Tétela de Ocampo, Zacapoaxtla, Tlatlauqui y Teziutlán, en los años de 1911, 1912 y 1913. El gobierno constituido le proporcionó jefes para su Estado Mayor, como inmediatos subordinados a los hermanos Rivera de Xochiapulco, al mayor Bruno M. Trejo, como oficiales a Agustín Rivio Navarrete y Luis Muñoz, quienes fueron licenciados una vez ocurrida “La Decena Trágica”. El 22 de junio de 1913, el general Lucas y su gente desconocieron al gobierno de Victoriano Huerta al tiempo que eran perseguidos por los jefes políticos de Tétela de Ocampo y de Zacapoaxtla, enterados de que obraba armamento en su poder.
Para el 26 de marzo de 1913, se daba a conocer el Plan de Guadalupe por don Venustiano Carranza, por cuya consecuencia fue nombrado éste primer jefe del ejercito que se llamaría Constitucionalista. Emiliano Zapata por su parte, junto con sus filiales en la región poblana. Genovevo de la O, Jesús Magaña, Marcelo Carranza, Carlos Alfaro, Valentín Reyes, Pedro Telpalo, Domingo y Cirilo Arenas, Porfirio Ayaquica, Francisco Mendoza, Rafael Espinosa y José Cruz, principales jefes zapatistas en el estado, continuaban apoyando el Plan de Ayala.
Después de octubre de 1913, luego que los zapatistas poblanos dejaron Teziutlán, se reagruparon hacia el sur, empezaron a tener mayores dificultades para el aprovisionamiento debido al cerco que el gobierno huertista tendió sobre ellos. Los zapatistas en los primeros días de marzo, tomaron nuevamente Zacatlán, Libres y Teziutlán. A su vez las fuerzas federales realizaron un ataque simultaneo sobre las poblaciones de Zacapoaxtla, Tlatlauqui y Teziutlán, pero no lograron tomar dichos lugares. El 19 de agosto de 1913, el teniente coronel Manuel Rivera, el mayor Martín Rivera, los capitanes Juan Rivera, Luis Moreno y Adán Barrios, así como su gente aprendieron la escolta del ferrocarril de pasajeros del ramal Oriental -Teziutlán.
El día 20 de agosto de ese año, combatieron en el lugar conocido como “los Cantiles” cerca de Zaragoza contra tropas federales al mando del capitán primero y jefe de Teziutlán Carlos Jiménez, así como con las guarniciones Huertistas de Tlatlauqui y Zaragoza, resultando derrotados y prisioneros todos los federales. Los Constitucionalistas tomaron la Estación de Zaragoza,* apresando toda la guarnición federal el 22 de agosto de 1913, al 26 de agosto de 1913 fue tomada la plaza de Tlatlauqui, que era ocupada por ochenta federales, que fueron presos y desarmados.
En este lugar se incorporó al grupo Antonio Medina quien había sido ascendido a mayor el 28 de agosto de 1913, defendiendo al pueblo de Xonocuatla atacado por el coronel Alberto Guevara, que fue rechazado hasta Tlatlauqui. En otro combate en el mismo lugar el 30 de agosto de 1913, el coronel Guevara fue derrotado, resultando herido. El 9 de noviembre de 1913 fue sitiada la plaza de Teziutlán, incorporándose los generales Márquez y Camacho, los coroneles Maximiliano Rojas y Marco Hernández y el teniente coronel Antonio Medina quienes mandaban caballería y artillería. Manuel Rivera Mandaba a la infantería. Este sitio fue levantado el 21 de septiembre de 1913. los Constitucionalistas siguieron asestando golpes a las huestes Huertistas, el 10 de octubre de 1913 en la hacienda de Xicalahuauta, el 17 de noviembre de 1913 en la mina de la Aurora, el 16 de enero de 1914, en el “Cerro Cabezón” de Tlatlauqui en que fue derrotado el general Joaquín Jiménez Castro. A este ultimo personaje nuestro archivo municipal lo revela escuetamente como el autor de un episodio sangriento, con motivo de La Revolución de 1914, ya que es señalado como responsable de una matanza que fue denominada, “La Hecatombe de Jiménez Castro”.
Los archivos no hacen mención de los hechos revolucionarios, únicamente se refieren a la existencia de “victimas de la revolución”, aunque es probable que de acuerdo a los diversos enfrentamientos que existieron en ese año, las victimas hayan sido precisamente revolucionarios e incluso pobladores. Los restos de estas victimas se encontraban sepultados en una fosa común, en terrenos que fueron propiedad del señor Cipriano Armenta y fueron trasladados al panteón Municipal el 13 de agosto de 1922.(*La Estación Zaragoza era todo el pueblo)
Este asunto se conoció debido a la venta que había querido hacer el señor Cipriano Armenta al Señor José López Sainz, los días previos a la exhumación. Para el traslado de estos restos se opuso el presidente municipal de Tlatlauqui y una persona de nombre Leovigildo Rodríguez, a quien se le detuvo y consignó. Sin embargo, la exhumación y el traslado se hizo con la autorización de los deudos y del propietario del terreno.
Pretendiendo rescatar este pasaje revolucionario de nuestro pueblo, ante la carencia de documentos que se refieran a ello nos dimos a la tarea de entrevistar a personas que pudieran informarnos. El señor Juan Parraguirre Landero, hijo del señor Bernardo Parraguirre, nos dice haberse enterado de esto por pláticas que le hacia su padre, comenta:
“En el año de 1914, sin saber exactamente la fecha, estaba una persona frente a la actual terminal de autobuses, de pronto comenzó a disparar un arma, cuando de abajo, por la calle principal hoy Avenida Hidalgo, venían avanzando unas tropas a los que les decían los Juchitecos el que había disparado se subió a su caballo y salió de la población. Los soldados llegaron a la esquina de las calles Morelos y 5 norte, al primero que mataron fue al señor Cayetano Cervantes, (padre) pero también mataron a cuantas personas encontraron a su paso. A Cayetano Cervantes lo sepultaron después de la matanza en su casa, frente al Centro de Salud, en el lugar donde se iniciaron los disparos después abrieron una cantina llamada la “30-30” después se llamó “la Rielera”, debido a estos hechos.”
La señora Carmen Parraguirre relata: “también mataron estas tropas a un señor apellidado Coronel, ya que vivía en la calle de la terminal, lo confundieron por el apellido, fue muerto en su cama, dejó dos hijas huérfanas que fueron recogidas por Juan Lavín y por la abuela de Miguel Bonilla. Otras Victimas fueron el señor Francisco Anaya, a quien sacaron de la fosa común para sepultarlo en Ocotlán lo reconocieron porque tenía una imagen de la Virgen de Guadalupe como escapulario. También mataron a Ernesto Reyes, familiar de Camerino Reyes “el peluquero” y a un hermano de la esposa de Apolinar Báez”. Por informes de los familiares de la Sra. Sofía Rodríguez Castillo se nos dijo que el hermano de la señora Sofía Rodríguez murió en 1914, asesinado por unos soldados sin ningún motivo cuando había ido a la peluquería. La familia Parraguirre relata que durante la revolución las tropas acampaban en el corredor de la casa de don Bernardo, frente a ésta las soldaderas se ponían a cocinar.
El año de 1914, habría de ser quizás el año más difícil para el pueblo de Zaragoza, así como para Tlatlauqui, esto lo vemos en las manifestaciones de cierre de comercios y suspensión de actividades en las oficinas públicas. Es hasta el día 17 de septiembre de 1914, que normalizada la situación el mayor de artillería Delfino E. Cruz, organiza de nueva cuenta al Ayuntamiento de Tlatlauqui y reparte comisiones para el mejor desempeño de dicho cuerpo.
José Betancourt fue nombrado sub comandante militar en Zaragoza, pero su actividad es más política que militar. Con todo y estas acciones, la población de Zaragoza, es asaltada el diez de mayo de 1918, por 30 sujetos capitaneados por un “tal González”, quienes exigen caballos y bastimentos, cortando además la línea telegráfica del ferrocarril, de acuerdo a lo comunicado al coronel Federico Dinorín por el presidente auxiliar. La señora Carmen Parraguirre comenta sobre esto:
“Los bandoleros tenían formados a mi papá, don Emilio Huerta, Luis López y a otras personas pudientes, frente a la bodega de los Huerta para fusilarlos, entonces mi papá como era devoto del señor de Jalacingo, se armó de valor y se salió de la fila, les dijo que por que lo iban a matar que les darían lo que pudieran .Emilio Huerta Corujo, les dio caballos y mi papá les dio paja, ya no los fusilaron”.
El 9 de febrero de 1917, Gabriel Barrios llega a ser jefe accidental de la Brigada Serrana, bajo las ordenes del general Marcelino Murrieta y el 5 de mayo de 1918, el general José Agustín Castro, lo nombra jefe de operaciones militares de la Sierra Norte (1918-1930). Barrios organiza junto con “pequeños señores” un sistema caciquil en toda la Sierra Norte, absorbiendo la administración económica, política, material y educativa, esto se ve reflejado en el propio pueblo de Zaragoza, con la instalación de la red telefónica, de acuerdo a sus instrucciones y en la invitación que se le hace a diversos actos públicos.
Tanto Gabriel Barrios como el general Salvador Vega Bernal (quien radicara gran parte de su vida en Zaragoza), serían actores históricos en los hechos de Tlaxcalantongo, misteriosamente, Barrios nunca llega a apoyar al Presidente Venustiano Carranza, Vega Bernal por su parte acosa al “Barón de Cuatro Ciénegas”, al mando de sus tropas partiendo desde Tlapacoyan. Rodolfo Herrero será a quien se le atribuye el asesinato del Presidente.
Por ultimo hacemos mención de un hecho casual ocurrido a la señora Dolores Aspíroz, que nos acerca a través de su relato a la histórica muerte de Venustiano Carranza, doña Lolita nos dice:” en aquellos días de mayo de 1919 cuando yo tenía escasos doce años, mi tío que se llamó Enrique Aspiroz, me pidió que lo acompañara a visitar al santo Señor de Huixcolotla. Íbamos a cumplir una manda, a dejarle un litro de aceite y a prender unas veladoras. Es que a mi tío se le había cruzado un mal aire allá por Contla, y como no recibió un dinero que le ofreció el difunto, sentía que en la noche lo tenía encima. Por eso nos fuimos de madrugada para caminar sin el calor. Antes que entrara el solecito ya habíamos llegado a Zautla, de ahí nos fuimos para Temextla, caminando todo el santo día y pasamos unos cerros horribles por los que había que bajar con cuidado, ya que era un desfiladero. Cuando ya iba a entrar la noche llegamos a un jacalito donde pedimos posada. Los caseros nos preguntaron espantados que andábamos haciendo, que si no sabíamos que por allí andaban las tropas. Minutos antes acababa de pasar el Presidente Carranza con muchos soldados, según que huyendo con el tesoro de la nación. Fuimos encontrando en el camino cajas de cerillos, cigarros, hasta plumas de gallina que iban dejando. Rápido fuimos a la iglesia de Huixcolotla y nos regresamos, los otros ya venían cerca, pisándole los talones, la gente decía que venían por Libres, luego Cuyoaco y Temextla, cuando veníamos de regreso pasamos por Mazapa y allí había tropas de caballería, les cortamos vuelta pero cuando llegamos a Zaragoza, el pueblo estaba lleno de soldados. De por si el pueblo era chico, pero todo estaba lleno. Estaban vestidos de azul marino, con una franja roja a los lados, las soldaderas con traje color melón, llegaron en ferrocarril, de aquí se regaron para todos los lados, luego supe que habían matado al Presidente Carranza”.
GRUPO DE CAMPESINOS EN LA ESTACIÓN “CALERA” DE ACUACO, ZARAGOZA, PUEBLA, TODOS CON VESTIMENTA DE LA ÉPOCA REVOLUCIONARIA
Con motivo de la Ley del 25 de junio de 1856 y su reglamento del día 20 de julio de mismo año, la autoridad política de Tlatlauqui, adjudicó en los años 1881, 1882 y 1885 los predios denominados “Chichilzoquiapan” (Tierra Colorada), “El Saltillo”, “Rancho Viejo” y “El Duraznillo” a los señores Manuel Isidro y José María Doroteo, Francisco Castelán, Nicolás Apolonio, Antonio de Jesús, Laureano Jaime, Manuel Agustín Gómez y Juan Patricio Ildefonso, todos ellos campesinos de Ocotlán, Puebla. Estos predios se encontraban abandonados y pertenecían territorialmente al antiguo distrito de Tlatlauqui. Debido a esa adjudicación se empezaron a cultivar y fueron nuevamente habitados. En el año de 1896 se empieza a conformar la sección séptima del municipio del Tlatlauqui con habitantes de Ocotlán y de la nuevamente denominada Zaragoza.
El primer inspector fue el señor Zeferino Lara y su suplente el señor Pascual Aguilar. A partir de ese año, Zaragoza define su propia identidad y lo hace llamándose “Barrio de Zaragoza”, pero de acuerdo a otras circunstancias también es llamada “Estación de Zaragoza”, debido al ferrocarril. Con la estación ferroviaria y el asentamiento de familias atraídas por este medio, surgieron los primeros “tendajones o changarros”, poco a poco aparecieron los mesones. Paulatinamente se iban dando las condiciones para el nacimiento de un pueblo. Aunada la llegada de personas de otros lugares a las que habitaban en escasas viviendas, fue posible que surgiera un núcleo más concreto de población. Esta tomaba su nombre de la hacienda originalmente asentada en el lugar, así como de la estación del mismo nombre. En forma singular la nueva colonia señalaba su ubicación: FUNDADA EN LA CIMA DE ACUACO.
Una breve monografía elaborada por el profesor Hilarión Santos Sandoval en el año de 1951, señala que en el año de 1901, se formó la sección octava del municipio de Tlatlauqui en lo que hoy es Zaragoza. El archivo municipal de ese lugar nos indica que al separarse Zaragoza de Ocotlán en dicho año, se conformó además con Acuaco, Las trancas y Huitzilzilapan, como rancherías de la parte sur de Tlatlauqui.
Mucho se habla de que la fundación de Zaragoza fue hecha por los señores Rueda y Mondragón, quienes hacen su aparición a la vida del pueblo en el año de 1908, lo cierto es que para ese año Zaragoza ya existe con ese nombre. Lo que es un hecho probado es que el nombre en sí, fuera de toda connotación mítica fue dado por Juan R. Lavín, el español de la referida hacienda. La llegada de más “inmigrantes españoles” como los Rueda y Mondragón, los López Sáenz, los Huerta Corujo y los Piñán entre otros, servirían para magnificar la fundación de Zaragoza, hecha por españoles. Esto mismo junto con la llegada de personas de otras nacionalidades y de la comarca serrana, le dio en un principio a Zaragoza el mote de pueblo cosmopolita.
El desarrollo obtenido por los primeros pobladores o colonos fue tal que el 22 de septiembre de 1917, el gobernador constitucional del estado Alfonso Cabrera, en uso de sus facultades extraordinarias, elevó a la categoría de pueblo a Zaragoza, así como a la ranchería de Oyameles, pertenecientes a Tlatlauquitepec. Los vecinos solicitaron al gobernador Cabrera que expidiera el decreto por considerar que tanto Zaragoza como Oyameles se encuentran distantes 12 y 21 kilómetros respectivamente de Tlatlauquitepec y el ayuntamiento de ese lugar no podía ejercer una buena administración. Otro factor era que el censo ascendía a mil doscientos habitantes.
El Congreso del Estado por decreto del 15 de septiembre de 1918, aprobó y ratifico en sus términos el decreto señalado. Pasos como estos se daban debido a la concertación entre algunos ex funcionarios de Tlatlauqui como José Dolores Salgado y Pascual Luna Villar, autoridades tradicionales como Bernardo Parraguirre, Rafael Camacho y otras personas como los León Uribe. Los grandes gestores -llamémosles así- pioneros de nuestro progreso, habrían de recibir como premio, ocupar los primeros puestos públicos de la naciente administración.
TIENDA COMERCIAL DE MANUEL OLVERA, 1909, ACTUALMENTE TERMINAL DE AUTOBUSES EN LA ESQUINA DE LA CALLE 5 NORTE Y AVENIDA MORELOS, EN EL LUGAR SE ESTABLECIERON TAMBIÉN UN CINE Y UN BILLAR.
LA NUEVA TERMINAL .
AUTORIDADES, OFICINISTAS Y COMERCIANTES, 1924, APARECEN BERNARDO PARRAGUIRRE PRIMER PRESIDENTE AUXILIAR, MANUEL MUNIVE PRIMER JEFE DE CORREOS Y OTROS MAS.
Considerando que éste pueblo no podía existir sin que para ello existiera el fundo legal,( nacido de la ordenanza del 26 de mayo de 1567, conforme a las leyes 12 y 18 título 12, libro IV de la Recopilación de Indias, definitivamente determinado por Real Cédula expedida por Fernando VI el 12 de julio de 1695), al no haberse derogado las disposiciones de las leyes antiguas, relativas a la fundaciones, el mismo gobernador Alfonso Cabrera, creo por decreto el 12 de enero de 1918, el Fundo Legal para la formación del Pueblo de Zaragoza. Por inquietud del señor Pascual Luna Villar, el 24 de julio de 1925, luego de algunas consideraciones y debates se comisionó al señor Cecilio Silva Terreros para gestionar la ratificación del decreto del Fundo Legal, el cual fue ratificado por el gobernador Claudio N. Tirado el 20 de julio de 1925. El llamado Fundo Legal consistía en la expropiación y reserva adjudicataria de terrenos para causas de utilidad pública para los pueblos carentes de tierras o que no las tuvieran en cantidad suficiente para sus necesidades de población, con derecho a dotación, siendo inafectables en este caso los repartimientos efectuados con motivo de la ley del 25 de junio de 1856, promulgaba este decreto la dotación al pueblo de mil ciento cinco metros con sesenta centímetros por cada lado. La medida del gobierno afectaba a otros vecinos de la hacienda, por lo que no se hicieron esperar los escritos de impugnación contra actos del gobernador.
Se considera que fueron afectados por el Fundo Legal los señores Porfirio Pineda, Pomposo Aguilar, Aurelio Sosa, José A. Guzmán y Pastor Hernández. Otros presuntos afectados fueron Eulogio García, Bernardo Parraguirre, Hilario Sánchez, Ignacio Salazar y José Martínez. El reparto, la escrituración y la administración recayó en las autoridades locales, que hacían contratos llamados de adjudicación y redención. La parte otorgante estipulaba que si no se procedía a la edificación en el término de seis meses, el adquiridor perdería los derechos. Se pedía no construir únicamente tapias o bardas de lodo, ni hacer dentro locales defectuosos, si no casas de mampostería, madera o adobe habitables y con medidas reglamentarias sobre desagües. El valor de los contratos era de cincuenta pesos en forma de impuestos, y se hacia observación de que en caso de fallecimiento entraría en goce el pariente más cercano. La persona que se encargó de trazar el pueblo fue el ingeniero Juan B. Suárez, en el año de 1923. el encargado para la redacción de los formatos de dotación fue el señor Pascual Luna Villar.
Por gestiones del diputado al Congreso C. Enríquez León González, el día 28 de septiembre de 1923, siendo gobernador interino de nuestro estado el señor Froilán C. Manjarréz, el pueblo de Zaragoza se erigió en Municipio Libre. Este decreto consta de tres artículos:
ARTICULO I.- Con el nombre de Zaragoza, se erigió un nuevo municipio en el antiguo Distrito de Tlatlauquitepec, formando con el pueblo de Zaragoza y las rancherías de las Trancas, Acuaco y Saltillo debiendo conservar los límites que tienen señalados actualmente.
ARTICULO II.- Mientras se expide la convocatoria para la elección de ayuntamiento, el ejecutivo, en uso de sus facultades nombrará un junta provisional y designara las autoridades que deberán funcionar en el nuevo municipio, dictando disposiciones que estime convenientes para la organización administrativa del mismo.
ARTICULO III.- Este decreto comenzará a surtir efectos desde la fecha de publicación.
De esta forma se iban alcanzando metas, la organización comenzaba a dar buenos resultados, primero: La categoría de pueblo, después el fundo legal y por ultimo el municipio. El municipio libre cuyas bases se encuentran consagradas en el artículo 115 de nuestra Carta Magna. La primera reunión de cabildos del ayuntamiento legalmente constituido fue el 12 de diciembre de 1923, quedando en forma provisional como presidente el señor Cipriano Armenta quien tuvo a su cargo la organización de las elecciones para elegir presidente municipal constitucional designándose al señor Bernardo Parraguirre como primer presidente.
El 21 de febrero de 1929, el señor Manuel Martínez Mendoza oriundo de Nopalucan de la Granja, avecindado en Zaragoza, en representación del Ejecutivo del Estado, dio posesión al consejo municipal provisional cuyo líder era el señor Fernando León Uribe. Con la llegada de León Uribe a la presidencia lo hacia un grupo político-esotérico, con el fin de quedarse en el poder y de regir los destinos de los gobernados, tomando como base las ideas masónicas de algunos intelectuales como era el mismo León Uribe, a quien llamaban “El Reverendo”. Encaminan sus preceptos a la administración pública del municipio, a los comités agrarios producto de la Revolución; asimismo fundan una logia a la que llaman “los hijos de Cristo”, en 1928 el mismo León Uribe manifiesta la instalación de dicha logia en Zaragoza. León Uribe se distinguió por ser una persona de ideas sobresalientes , bajo su liderazgo, la población empieza a tener una transformación que posteriormente habrá de beneficiar a diversos núcleos.
La administración de esa época revela que los masones no tenían carácter de grupo secreto sino que practicaban su doctrina abiertamente. Por esas fechas comenzaron a construir un templo masónico y existían famosas reuniones en Zaragoza de ésta y otras logias. Los masones tenían un antagonismo franco y declarado con los ministros del culto católico, a quien León Uribe atacó llamándolos “zopilotes de los pueblos que impiden el avance cultural de los pueblos”. Esta situación creo conflictos que llamaron la atención de la prensa escrita que dedicó artículos a favor de los sacerdotes quejosos de no tener garantías para el desempeño de su actividad religiosa. Este fenómeno de alguna manera era auspiciado por el estado, debido al control extremo que ejercía sobre los templos.
Este antagonismo también incluía al señor Francisco de la Choussé en contra de los masones, éste era católico y por otra parte criticaba falta de democracia y otras anormalidades en los ayuntamientos, a éste le fincaron responsabilidades penales y todo ello provocó que la sociedad lanzara amenazas en el sentido de no hacerse responsable de la vida de las autoridades. Los incitadores eran de la Choussé y el capitán Felipe Lorenzo, en represalia por prevenírsele que no interfiriera en los asuntos del Fundo Legal del municipio.
Al poco tiempo de la designación de León Uribe como presidente, el 13 de marzo de 1929, la Presidencia de la Republica giró una circular telegráfica informando que se habían interrumpido las comunicaciones con el estado de Veracruz y otros estados, por haberse declarado en rebeldía algunos jefes de operaciones, desconociendo al gobierno, se daban 15 días a los sacerdotes para que manifestaran su domicilio o serían considerados cómplices rebeldes. Con esta desconfianza del gobierno, condicionada a los municipios, particularmente a Zaragoza, el 5 de agosto de 1929, el sacerdote Alberto Mendoza recibió de las autoridades municipales la entrega del templo católico en cumplimiento de las instrucciones del Lic. Roberto Ochoa, secretario de gobernación, hacía la entrega Fernando León, Manuel Olvera, Miguel Mancilla, Rafael Benítez, Rafael García, Francisco Calderón, Octavio Huerta, Pascual Luna Torres e Ismael Roldán. Bajo el liderazgo masónico, se iniciaron los trabajos encaminados a la construcción de la carretera el 29 de julio de 1929 y el 1º de febrero de 1930, colocaban la primera piedra para la construcción del palacio municipal, siendo invitados de honor el gobernador Almazán y el general Gabriel Barrios.
El 20 de mayo de 1931, el entonces presidente municipal prohibió al señor Ramón Franco la colecta de fondos económicos en la calle, por considerar que con la imagen de un santo se pedía cooperación a los vecinos para ayudar al sacerdote Alberto Mendoza que tenía líos con el ayuntamiento, que no era verdad que esas limosnas serían para la construcción del templo católico. También mandó a detener al señor Ricardo Jaramillo, por suponer que estas dos personas eran utilizadas por el señor Mendoza, para sorprender incautos que con su contribución pagarían una multa de cien pesos impuesta al presbítero por no izar en el templo la bandera nacional.
En esta época la presidencia municipal fue compartida por León Uribe en 1929, Francisco González Muñoz en 1930, Ismael Roldán, Luis Hernández Ramírez, Eugenio Cabrera Alarcón en 1931 y 1932. Herón Lima Rivera en 1932.
El 7 de mayo de 1932, asumió la presidencia Herón Lima Rivera, Fernando León Uribe paso a ser secretario del ayuntamiento. Las cosas eran prosperas en apariencia para los masones, pero el infortunio cambiaría el rumbo de los acontecimientos. El 6 de julio de 1932, León Uribe se encontraba despachando en la secretaría. Ese día llegó a Zaragoza un individuo de nombre Alfonso Muñoz, venía comisionado por el propietario de la hacienda de Atlapaleca, Jorge García Hevia, para recoger un vehículo que se encontraba en un taller mecánico. Había en el pueblo algunos trabajadores del hacendado que se quejaban de no habérseles pagado algunos sueldos, se dirigieron a ver al presidente, no se encontraba, fueron atendidos por Fernando León, pidieron que se hiciera un embargo precautorio del vehículo, el secretario se trasladó al taller mecánico, lo acompañaba el policía José Mota. León Uribe invitó a Alfonso Muñoz a que pasara a la oficina de la presidencia, pero se negó y respondió altanero, José Mota le llamo la atención y Alfonso Muñoz sacó un arma de fuego disparando contra el. José Mota cayo agonizante y Alfonso Muñoz disparó arteramente contra Fernando León que murió en el acto.
El homicida al ver esto, se dio a la fuga con rumbo a Tlatlauqui, pero cuando llegó a Ocotlán fue aprehendido. Fue trasladado a la cárcel pública de Zaragoza y estando preso con un solo centinela, el pueblo en masa se volcó por la calles, manifestándose exigían justicia y cerca de las nueve de la noche desarmaron al policía Rafael García, rompieron el zahuán y dieron muerte a Alfonso Muñoz. En esto consistía el informe que hacia Herón Lima, al teniente Baldomero García. Mucho se ha dicho y especulado sobre estos acontecimientos, se ha dicho que torturaron a Alfonso Muñoz, la verdad no la sabemos. Lo cierto es que estos hechos conmocionaron a la opinión publica, que Zaragoza fue el centro de atención en ese tiempo. De una ciudad de Estados Unidos preguntaron por las características físicas de Alfonso Muñoz al enterarse de estos sucesos.
El presidente Heron Lima, procedió a solicitar al coronel Horacio Vizcaíno Hueso elementos permanentes en Zaragoza, se quejaba de la organización de grupos clericales y latifundistas, enemigos de la masonería. El grupo armado de la “Guardia Blanca”de la población de Oyameles, perseguía a los masones. El asunto llegó a manos del general brigadier Rafael Sánchez, oficial mayor de la Secretaria de Guerra y Marina. Heron Lima solicitó el desarme de dicha guardia en septiembre de 1932, ponía en conocimiento los dos decesos, pero pese al incremento de las medidas de seguridad, la guardia blanca no cedía.
El fenómeno fue perdiendo fuerza con otras acciones del gobierno y la masonería de la misma manera fue sucumbiendo, pese a los esfuerzos de Gilberto León Uribe. El señor Roberto Martínez nos dice: “yo nací en Xalehuala, en el año de 1913, cuando era joven trabajaba en casa de don José Guzmán, uno de los masones, todas las tardes se reunían, llegaba don José Mota, don Fernando León, el señor Roldán y otras muchas personas. Mi patrón me ponía a barrer el lugar donde se reunían; me decía límpiale bien con el trapeador, había, bueno lo digo por que lo vi, una mesa grande, allí tenían una calavera y un libro, quien sabe que tanto se encerraban a hablar”.
Continua diciendo “conocí el cura Alberto Mendoza, que venía de Tlatlauqui, nos decía a los niños de la doctrina, que a lo mejor nos daba un mal consejo: que no fuéramos a la escuela por que muchos que habían ido mataban, robaban, que hacían mal, que tal vez sería mejor que nos quedáramos así nomás, como animalitos”.
MIEMBROS DE LA LOGIA MASÓNICA DE ZARAGOZA, PUEBLA.(1928- 1932).
EL CONSEJO MUNICIPAL DE 1933
El gobierno del estado, anuló las elecciones efectuadas en febrero de 1933 en Zaragoza, lo mismo sucedió en el pueblo de Teteles. La ciudadanía no se explicaba la acción del gobierno, la única razón posible según decían, era que seguían figurando algunos masones en la planilla triunfadora. Se culpaba de la situación que se vivía a Felipe Lorenzo, Trinidad Córdoba y Francisco de la Choussé, quienes a decir de los pobladores se oponían al progreso del pueblo. El gobierno optó por enviar a Zaragoza al señor Arturo M. Perdomo, visitador de administración a fin de nombrar dicho consejo.
Los señores Miguel Mancilla, Manuel Olvera, Macario Altamirano y Alvaro Agüeros no aceptaron los nombramientos, tampoco se encontraban José María Martínez, Anastasio Durán y Abraham Castelán. En forma provisional volvían a quedar Herón Lima Rivera, Rafael García ,Juan G. Moreno, Cayetano Cervantes, Mauricio Villegas y Quintín López, a las doce de la noche del 15 de febrero de 1933. Las autoridades locales se apresuraban a convencer al gobierno que el pueblo estaba en paz, que los habitantes eran pacíficos y ordenados, así lo hacía constar el teniente de infantería Delfino Rosendo Barrera el 22 de febrero de ese año.
El gobernador José Mijares Palencia comisionó a los mayores del ejercito Francisco Campero y David Zubieta R. Yoldi para que se hicieran cargo del Consejo Municipal, ante el rumor de que en Zaragoza se organizaba un complot. Campero detuvo a algunos vecinos el 7 de julio de 1933. los presuntos complotistas eran Cayetano Cervantes, Andrés Lorenzo y Elisa Cano Romero. Se les acusaba de reclutar gente para levantarse en armas. La trama del complot quedó al descubierto cuando se reveló que se planeaba eliminar a siete presidentes municipales y al mismo gobernador de Puebla. Francisco Campero informaba que los del complot se organizaban en un rancho propiedad de Eduardo Ávila Parra, ex presidente municipal de la ciudad de Puebla, ubicado en Zaragoza. Eduardo Ávila Parra fue detenido por la policía de la capital del estado. Otras personas huyeron hacia la ciudad de México.
Se ordenó la aprehensión de Rafael García, Alfonso Hoyer, Ernesto Calderón (hijo),los hermanos Hernández y Cayetano Cervantes. A otros ciudadanos se les trataba de fincar responsabilidades en las muertes de Fernando León Uribe y Alfonso Muñoz. Los mayores Campero y David Zubieta descubrieron la existencia de propaganda subversiva en poder de unos arrieros que entregaban cartas en Zautla. Los arrieros confesaron que tenían un contacto en Tlatlauqui, se referían a una anciana que vendía sombreros en la plaza.
Por esta época la vía del ferrocarril empezó a sufrir ataques, hubo dos descarrilamientos de trenes y otros dos intentos en Zaragoza y Acuaco. En un lugar llamado “Escape de Caliza” murió el maquinista; robaban el clavo de vía. El superintendente de Jalapa dio aviso a la inspección de policía de la ciudad de Puebla, ésta a su vez a la Presidencia de Zaragoza, se culpaba a Cayetano Cervantes y otras gentes rebeldes. Cervantes parecía uno de los principales sospechosos, tenía aspiraciones políticas de otro nivel.
Recientemente había hecho mancuerna con una de las más destacadas figuras de la Revolución: el general Manuel Palafox ,había querido ser diputado por el distrito de Teziutlán, el general Palafox había contendido por la gubernatura del estado pero el general José Mijares Palencia se había impuesto. Esto parecía ser su descontento, quizás de haber prosperado el complot, habrían sacudido al gobierno, hubieran afectado la estabilidad política del estado, hasta una repercusión nacional, pero solo fue un brote, un intento apaciguado con la política de mano dura del gobernador. Después de David Zubieta, en el mes de septiembre, la presidencia fue recibida por el ex coronel Gustavo Rodríguez. La situación se fue normalizando, los perseguidos obtuvieron el amparo de la justicia federal y el gobierno dejó de hostilizarlos.
Gustavo Rodríguez vino a organizar a la gente, a prevenir que no ocurrieran más descontentos, su verbo era ágil, centró a la gente en el amor a la Revolución Mexicana, en sus resultados, en lo que debían esperar como pueblo, hablaba de Carranza, cuestionaba el papel de Rodolfo Herrero, de Juan Andreu Almazán. Se complacía hablando de su participación a dicha causa, en San Juan Teotihuacán, en San Nicolás Tolentino, en Chietla, en Cholula, en San Martín Texmelucan, en el puente de México, en Puebla, en los cerros de Tepesuchil. Vino a organizar a los campesinos de la Sierra Norte, organizó la Federación Campesina “Fernando León Uribe”. Declaró junto con los campesinos: “Día del campesino” cada seis de enero, en los pueblos representados en dicha federación. Acordaron pedir al Presidente de México que fuera dado de baja del ejercito nacional el señor Juan Andreu Almazán, que fueran confiscados sus bienes para pasar a un Banco de Crédito Ejidal, que expulsaran de Nuevo León a Rodolfo Herrero.
La gente ya estaba tranquila, los conminaba a que llevaran a cabo obras materiales, caminos, vías telefónicas, escuelas etc. Propuso la nacionalización de los ferrocarriles. La carretera que había sido inquietud de Fernando León, tuvo en Gustavo Rodríguez su realización de Huitzizilapan a Teziutlán, pasando por Zaragoza. El general de división de la 32 zona militar de Tlaxcala José Amarillas, le dio las más amplias facultades para expedicionar en los distritos de Libres, Tlatlauqui y Zacapoaxtla para acabar con el bandolerismo, a eso iba con las fuerzas de gendarmería montada, no le importaban las formas ni los métodos, solo recibía órdenes.
EL C. IGNACIO CASTELÁN ALTAMIRANO Y LOS RURALES DE ACUACO
La lucha agraria en Zaragoza da inicio en el año de 1915, con el liderazgo de José Betancourt quien ha de beneficiar a diversos pueblos consiguiendo el ejido denominado “Tlatlauqui y sus barrios anexos”, dotado con terrenos que se tomaron de la hacienda de Zaragoza. Finca que sufrió una afectación por concepto de restitución militar otorgada el 18 de febrero de 1915. La resolución fue dictada por el gobernador del estado con fecha 22 de mayo de 1926 y ejecutada el 16 de septiembre del mismo. Poco tiempo después, el 21 de noviembre de 1926 José Betancourt murió asesinado atribuyéndose este crimen a los hermanos Barrios y al propio capitán Felipe. L. Rodríguez. Betancourt a su muerte fue considerado “Líder máximo del agrarismo en la Sierra Norte de Puebla”.
El pueblo de Zaragoza por su parte, el día 12 de noviembre de 1917, solicitó al gobernador dotación de tierras para satisfacer sus necesidades. La solicitud fue turnada a la Comisión Local Agraria, que inició la tramitación del expediente el 19 de diciembre de ese mismo año. El primer censo listó a 494 habitantes de los que 131 fueron considerados con derecho a ejido. La única finca afectable en este caso sería la hacienda “El Molino” propiedad de la señora Carmen Alcántara Viuda de Macíp. La propietaria procedió al fraccionamiento y enajenó los lotes resultantes a Guadalupe Alcántara, Guadalupe Vallejo, Aurora Macíp, Natalia Molina y José Soto Vargas, pero se desconocieron las operaciones por registrarse con posterioridad a la notificación del gobierno.
Habiendo transcurrido diez años desde que Zaragoza solicitó las tierras, se establece en 1927 el comité agrario, del cual habría de sobresalir Fernando León Uribe retomando el ideal de José Betancourt. Otra figura importante es Enrique León quien juega un papel importante en el conseguimiento del ejido.
La intención de estas personas por dotar de tierras a los campesinos, creo desde luego un ambiente tenso con los hacendados que por inercia se declararían enemigos. A los acontecimientos del 6 de julio de 1932 en que fuera asesinado Fernando León Uribe por Alfonso Muñoz, el gremio agrario le dio una connotación diferente, derivada del conflicto campesino- hacendario. lo cierto al parecer es que esta muerte trágica, fue relacionada con el ambiente político de ese tiempo ya que circunstancialmente fue causada por el capataz de la hacienda de Atlapaleca la cual estaba situada bastante lejos de Zaragoza.
El 11 de febrero de 1932, la Comisión Local Agraria emitió un dictamen proponiendo que se dotara a Zaragoza con 707 hectáreas de temporal, tomadas 378 hectáreas de la hacienda de Zaragoza. Esto fue aprobado por el gobernador al día siguiente, dándose el 18 de febrero la posesión provisional de las tierras. Sin embargo, el departamento agrario consideró que el censo primitivo no era exacto ordenando que se formara un nuevo padrón, realizándose esta diligencia el 14 de octubre de 1935 listándose a 1117 habitantes, de los cuales 181 fueron considerados con derecho a ejido.
Habiéndose desechado los recursos y alegatos que interpuso la señora Carmen Alcántara, fue por otra parte modificada la resolución dictada por el gobernador de fecha 12 de febrero de 1932. La nueva resolución en su artículo tercero dotó a los vecinos de Zaragoza con una superficie total de 1294 hectáreas de terreno que se tomarían íntegramente de la hacienda “El Molino” quedando constituida de 164 hectáreas , cinco áreas de temporal y un mil ciento veintinueve hectáreas con noventa y cinco áreas de monte.
Las tierras de cultivo serían divididas en veinte parcelas de 8 hectáreas cada una incluida la escolar. Dejándose a salvo los derechos de 162 personas para quienes no alcanzaba fijarse parcela. Después de todo la hacienda “El Molino” no fue afectada en su totalidad, decretándose la expropiación de las tierras y dejando a salvo los derechos de la propietaria para reclamar la indemnización correspondiente. De esta manera se daba la resolución presidencial del general Lázaro Cárdenas del Río a favor del pueblo de Zaragoza el día 8 de julio de 1936.
Tanto los pobladores de Acuaco como de las Trancas, realizaron gestiones para verse beneficiados con la política Cardenista. Acuaco, con Flaviano Martínez a la cabeza logró la resolución presidencial el 24 de junio de 1936, con una dotación de un mil sesenta y nueve hectáreas, cincuenta y nueve hectáreas y veintitrés centiáreas tomadas principalmente de la hacienda de Texocoyohuac y lotes anexos. Zaragoza y Acuaco realizaron un permuta de tierras el día 23 de septiembre de 1936, esto posteriormente provocó agudos problemas entre ambos ejidos debido a la posesión que tenían unos de otros. La resolución presidencial de fecha 23 de septiembre de 1969, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 9 de diciembre del mismo año, fue el factor que volvió más critico el problema. La resolución declaró improcedente esta permuta y Zaragoza interpuso un juicio de amparo ante el C. Juez Tercero de Distrito en Materia Administrativa, quien negó el amparo y la protección de la justicia federal a los quejosos, posteriormente la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió conceder dicho amparo y protección al ejido de Zaragoza, pues calificó de insubsistente la resolución presidencial señalada.
La Secretaría de la Reforma Agraria el 10 de enero de 1975, dictó un punto de acuerdo que dejó insubsistente la resolución presidencial. El día 6 de marzo de 1976, los ejidos de Zaragoza y Acuaco decidieron poner fin a sus diferencias al celebrar un convenio ante Salvador Ruiz García, (consejero agrario de Nayarit, Puebla y Tlaxcala) y ante Cesar Mancilla Guzmán y Juan Mejía Bonilla, delegado agrario y representante de la Liga de Comunidades Agrarias respectivamente. El punto medular del convenio fue que los ejidos en conflicto se cedieran mutuamente el cincuenta por ciento de cada una de las superficies permutadas originalmente. El convenio estuvo apoyado por la Ley Federal de la Reforma Agraria y de esta manera el agrarismo vio resueltas sus dificultades.
AUTORIDADES Y EJIDATARIOS CON MOTIVO DE UN DESFILE, EN LA FOTOGRAFÍA EL GRUPO AGRARIO “HÉROE DE CELAYA”, FRENTE A LA ESTACIÓN DEL FERROCARRIL
"LA CELULA AGRARIA “HÉROE DE CELAYA”.
JUANITA SALGADO, REINA DE LOS EJIDATARIOS, UNA DE LAS PRIMERAS REINAS DE ZARAGOZA.
EL CACICAZGO AGRARIO
Posterior al conseguimiento del ejido en Zaragoza, no se advierten cambios o giros bruscos en su desarrollo. Más bien se advierte la permanencia de un período pasivo que se extiende por décadas hasta llegar a principios de 1980. Esta pasividad aparente solamente resulta alterada por las contiendas políticas en los años sesenta, la intención de los pequeños comerciantes de lograr un lugar próspero y la pujanza de algunos ediles tratando de hacer obras con la ayuda del pueblo. Se da una alternancia del poder entre los comerciantes con más solvencia económica y el grupo ejidal. El agrarismo con más poder absorbe la vida del pueblo en casi todos sus aspectos. Esto se ve de alguna manera reflejado en los cambios de ayuntamientos desde 1936 a 1981, en los cuales la presidencia municipal sencillamente se hereda.
El señor Samuel Herrera Alvarado, es pues, la figura agraria más importante de ese tiempo. Su liderazgo con los campesinos, los cargos que ocupa en ese gremio, le hacen actuar como consejero. Esto le permite influir en la designación de los presidentes municipales de la mayor parte de este período. El parte aguas de esta situación- respecto del agrarismo- se da con la llegada del profesor Edmundo Reyes Hernández a la presidencia, con esto quedan atrás las glorias del agrarismo, el quedar los destinos del municipio en manos del primer representante de la corriente magisterial y del sector popular con más clientela que el campesinado. También contribuye la ciudadanía consciente del rezago, el cual se viene rompiendo paulatinamente con el surgimiento de la Escuela Normal Primaria Profesor “Enrique Zamora Palafox”.
Otro factor sería el surgimiento del Partido Popular Socialista, que desde la década de los setenta capta la atención de buena parte de la sociedad al promover una política de cambio. Algunos de sus miembros actúan influidos por algunos estudiantes que en la época de la normal “Basilio Badillo” inculcan las doctrinas del Marxismo- Leninismo a algunos vecinos de la población y por la influencia de políticos Teziutecos como Vicente Lombardo Toledano, Rafael Campos López y Jesús A. Carlos Hernández quienes realizan visitas a la población. Este fenómeno serviría no para obtener la presidencia en ese tiempo, pero si para terminar con un cacicazgo de casi cincuenta años, que se logra con la participación de todas las corrientes contrarias de lo que pocos se percatan. Los jóvenes al margen de la participación política, deciden organizarse en el Frente Juvenil Revolucionario logrando con José Andrés Luna Sánchez, derrotar a la “bancada de dinosaurios” como ellos mismos llaman a los viejos políticos, en un polémico triunfo contra Efrén Barrientos Moreno.
Aunque de hecho, la década de 1980 no marca en si grandes logros en cuanto a obra pública es en ésta cuando se advierte el giro de que hablamos, marcándose la pauta a seguir para una transformación más plena, pese al intento de antiguas corrientes de buscar un reacomodo. Sucede que, los presidentes en esta década al parecer no asimilan este gran cambio y sencillamente pierden el poder en medio de la turbulencia que genera el divisionismo y el fortalecimiento circunstancial de los antagonistas políticos.
Jesús Cabrera Silva, el primer presidente por parte de la llamada “oposición” llega en el momento más oportuno de ésta turbulencia, son muchos los factores que influyen para imponerse. Quizás el más importante sea el pueblo decide experimentar con una persona y un partido político diferente. Apoyándose en la política de los programas de solidaridad logra un inusitado cambio en cuanto a la forma de hacer obra pública. Realiza obras significativas de urbanización, mientras los andamios de su grupo político se desvanecen. Esto lo hace marchar prácticamente solo en la conclusión de su período como suele ocurrir con todas las administraciones.
José Guadalupe Palafox Salgado, antiguo miembro del grupo “Superación Ciudadana”, llega representando el descontento generalizado de la ciudadanía quejosa de falta de democracia ante un recién nombrado Humberto Valera Balderrabano a quien se trata de imponer sin el consenso de la base priista. Palafox aparece más “mesiánico” “sacrificándose por el pueblo” con el emblema prestado de un partido comodín, no obstante que realiza un buen trabajo de administración aunque para muchos pasa sin pena ni gloria.
Con el abanderado priista Daniel Cortés Guzmán una corriente magisterial trata de consolidarse en el poder al imponerse a Abelardo Barberena Castelán. Hay propósitos regulares y tácticas malas; las aspiraciones políticas de mayor nivel no les dejan buenos dividendos y esto se ve reflejado al término del período en que la gente decide no apoyar a Atalo Piñán Cortés. En este ya tan enturbiado río, entre David Palafox Balderrabano, Carlos Becerra Herrera, Rubén Aguilar Arias y Jesús Cabrera Silva, el poder ha caído en manos de Chucho Cabrera, gracias a la simpatía de la ciudadanía por la buena administración que realizó durante su primera gestión.
Reflexión: la nueva etapa que vive nuestro pueblo tiene un clima cada vez más recrudecido de problemas, de chismorreo y de difamaciones que han servido de bandera de casi todos los grupos y partidos políticos que pelean por el poder. Esto nos hace colocarnos políticamente en una de las escalas más bajas como sociedad civilizada. ¿Por qué no heredar a nuestros hijos un ejemplo más digno de moralidad y democracia?.
CRONOLOGÍA DE OBRAS Y SERVICIOS PÚBLICOS RELEVANTES (1917 - 1998)
El servicio de correo en Zaragoza existe desde antes de 1917, funcionaba por medio de la estación Zaragoza y dependía de la administración de Tlatlauqui.
El 1º de enero de 1924, se comunica la suspensión de Agencia Auxiliar convirtiéndose en administración, asignándose agencias auxiliares como Zautla y Xochiapulco.
En diciembre de 1917, se empezó a construir el Panteón Municipal, el terreno fue donado por el señor Antonio Montiel de Acuaco.
En 1918, se iniciaron obras de entubación y capacitación de agua para las necesidades de la época, se construyen a principios de 1919, efectuadas por el señor Santiago Kelley.
El 22 de agosto de 1922, se acordó la instalación de una línea telefónica de Tlatlauqui a Zaragoza para el servicio de las oficinas y servicio comercial, el general Gabriel Barrios donó un aparato telefónico a la Junta Auxiliar, éste quedó en resguardo del señor Melitón Olvera quien después lo entrego a las autoridades.
El Ejecutivo Federal otorgó al H. Ayuntamiento, el 10 de agosto de 1928, contrato de concesión del manantial “Amimilatl”.
El 29 de julio de 1929, se iniciaron los trabajos para la construcción de una carretera que unía a Zaragoza con las Trancas, Huitzizilapa y San Juan de los Llanos, fue terminada en enero de 1934.
El 22 de enero de 1930, la autoridad municipal cedió un terreno de los del Fundo Legal, para actividades deportivas; quince años después, el 25 de enero de 1945, el Ayuntamiento al mando de Evaristo Huerta, otorgó escrituras de adjudicación al representante del Club Unión Zaragoza, estipulándose que no se podría adjudicar a particulares.
El 1º de febrero de 1930, se colocó la primera piedra para la construcción del Palacio Municipal. Ese mismo año se construyó el puente Unión y Progreso de las Trancas. Fue hecho con la ayuda material de Felipe Lorenzo, Roberto Silva y Eduardo Ávila Parra.
El 12 de septiembre de 1932, la señora Carmen Martínez de Vega Bernal solicitó al presidente autorización para dotar de energía eléctrica al pueblo. Para 1939, ya se cuenta con este servicio, la empresa se llamaba “Hidroeléctrica Yaonáhuac y anexas”, administrada en la localidad por el señor Joaquín G. Botello.
El señor Agustín Sayago en 1935 se convierte en el principal gestor del telégrafo, aunque éste ya existía para el servicio de los ferrocarriles, el 25 de julio de 1935, se inician los trabajos de “posteado”. Los postes son donados por Gustavo Macip, Mariano Rodríguez, Lucio Gutiérrez y Trinidad Gómez, lográndose la comunicación telegráfica proveniente de Zacapoaxtla, el 23 de noviembre de 1935.
En 1936, se decide construir un mercado, donó madera el ejido de Acuaco, se le llamó “Mercado Progreso”.
En 1939, el presidente Eusebio Méndez construye la primera parte del palacio municipal, es inaugurado el 27 de septiembre de 1940 por el presidente en curso Ignacio Castelán Altamirano.
El 12 de agosto de 1944, se hizo la inauguración de la carretera Puebla - Nautla que pasa por la población.
En 1951, el ingeniero Carlos Díaz Pumarino realizó estudios concernientes a la introducción de una nueva red de agua potable.
El 7 de enero de 1952, en sesión de cabildo el H. Ayuntamiento presidido por Everardo González del Río, acordó la construcción del parque municipal. Se solicito a empresas y particulares la donación de bancas con buena aceptación; el parque fue llamado “Ignacio Zaragoza” perdiéndose el nombre con el tiempo.
En 1958 el pueblo entero solicitó a la Comisión Federal de Electricidad un estudio de electrificación. La Hidroeléctrica Yaonáhuac ya era obsoleta, suspendiéndose el servicio por semanas. En el año de 1960, Zaragoza se incluyó en el presupuesto de electrificación de Puebla. Se pidió al Congreso de la Unión la cancelación de la concesión otorgada a Salvador Vega Bernal en medio de algunos conflictos. El general Luis Viñales Corsi presidente del Congreso de la Unión resolvió que el servicio fuera prestado por la planta hidroeléctrica “ Mazatepec” de la Comisión Federal de Electricidad. Las gestiones fueron hechas por el señor Luis Hernández Ramírez apoyadas por personas como el Dr. Jaime Torres Bodet y Luis Audirac Galvez quienes expusieron el problema al mandatario Adolfo López Mateos en el año de 1961. Luis Hernández Ramírez logró que durante su administración fueran inaugurados los servicios de agua potable y de electrificación el 20 de noviembre de 1962.
El 15 de junio de 1959, quedó integrado el comité del Centro de Bienestar Social cuyo promotor era don José López Sainz, esta persona se dirigió al albacea de Emilio Huerta Corujo, José Montes Corujo para pedirle que de acuerdo a la voluntad de don Emilio Huerta se donara un predio para construir el Centro de Salud. Esto fue posible, pero sin minimizar el merito de la gestión, el gran benefactor de Zaragoza fue: don Emilio Huerta Corujo.
En 1972, durante la administración del señor Ignacio Rodríguez Solano, se introdujo la primera red de drenaje en las secciones tercera y cuarta.
En 1977, siendo presidente el señor Armando Guerrero Castillo se construyó el Auditorio Municipal con aportaciones pecuniarias de los vecinos, hubo un apoyo relevante de don Joaquín Briones.
El señor Macedonio Ramírez García, durante su gestión (1978-1981) construyó un puente que va de Zaragoza a Buenavista, edificando la parte sur del palacio municipal. Entre otras pequeñas obras, el profesor Edmundo Reyes Hernández (1981-1984) prosiguió la construcción del palacio.
Durante el período del profesor José Andrés Luna Sánchez (1984-1987) se realizó la pavimentación del primer cuadro de la población y de la calle 4 sur, construyéndose dos kilómetros de drenaje y alcantarillado sanitario entre otras obras de las cuales sobresale la fundación de la Biblioteca Pública Municipal.
El profesor Luis Anselmo Rodríguez Solano (1987-1990) llevó a cabo la pavimentación de algunas calles del centro, recibió el crédito para la construcción del servicio de drenaje.
Jesús Cabrera Silva (1990-1993) realizó diversas obras, algunas de ellas, pavimentación en aproximadamente 30 por ciento de la población, mejoras en el servicio de agua potable, introducción de este servicio a la comunidades, electrificación y alumbrado público a las mismas, así como drenaje y alcantarillado a “las Trancas”.
José Guadalupe Palafox S. (1993-1996) llevó a cabo obras de electrificación y adquisición de equipo electromecánico en “El Saltillo”, pavimentación a la colonia “El Carmen”, colocando alumbrado en avenidas y rehabilitación de escuelas principalmente.
El Ayuntamiento que encabezó el profesor Daniel Cortes Guzmán (1996 - 1999) realizó obras de alcantarillado sanitario en la colonia Morelos, San Martín y el Pilar, ampliación de la red de agua potable en las Trancas, remodelación del parque público, construcción de aulas en el municipio y del jardín de niños “Arcoiris” de Zaragoza.
FOTOGRAFÍA DONDE SE APRECIA LA PRIMERA ETAPA DEL PALACIO MUNICIPAL
VISTA DEL PARQUE Y PALACIO MUNICIPAL ACTUAL.
EN LA FOTOGRAFÍA SE APRECIAN EL PALACIO MUNICIPAL DE ZARAGOZA, EL PARQUE PUBLICO, EL AUDITORIO Y LA IGLESIA DEL PILAR

References: artículo 115
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