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Timestamp: 2018-11-18 23:10:21+00:00

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El Día Internacional de la Juventud, instituido por la Asamblea General de Naciones Unidas en el año 1995, es una ocasión propicia para seguir impulsando los espacios de reflexión y acción que tomen en cuenta el conjunto de expectativas de los jóvenes como agentes de transformación social en un contexto de cambios acelerados, experimentados en distintos niveles por el concierto de naciones, territorios y Estados.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) indica que el 24% de la población mundial tiene edades que van de los 10 a los 24 años. Ese mismo rango de edad varía según las condiciones socioeconómicas, educativas y el patrón reproductivo en cada región y grupo de países. Por ejemplo, ese mismo grupo de edad asciende a un 24% de la población en los países menos desarrollados y se ubica en un 17% en los países de ingresos altos.
Esas diferencias en términos demográficos implican grandes retos en el futuro inmediato por la tasa de dependencia por edad de la población infantil y envejeciente, y el mercado laboral y la seguridad social, atendiendo al grado de desarrollo experimentado por los países.
Además de las diferencias en términos demográficos de los países, otros factores están influyendo preponderantemente en los flujos migratorios de la población joven, tales como las condiciones económicas, sociales y políticas. También, las innovaciones tecnológicas en las áreas de la información, las comunicaciones y los medios de transporte colectivo están reforzando la expansión acelerada de los mercados a través del intercambio de mercancías y los flujos de personas.
Es notorio que el desarrollo científico y técnico se está produciendo de manera desigual entre los territorios a escala planetaria agravando de forma considerable el reparto inequitativo de las riquezas materiales y culturales a lo interno de los Estados. Además, las políticas públicas orientadas al sector juventud no parecen estar teniendo impactos significativos para incidir en la emigración en situación de riesgo de millones de jóvenes que asumen el proyecto migratorio como única alternativa a su estrategia de realización personal y familiar.
En ese orden, cabe destacar que la encuesta regional “Barómetro de las Américas” del 2017 reveló que más del 60% de las/los jóvenes dominicanas/os en edades comprendidas entre los 18 y 25 años, tienen intenciones de ir a trabajar o vivir a otros países. Ese dato es un llamado a la atención que requiere una lectura para la definición de políticas que garanticen mayores oportunidades para la inclusión social de los jóvenes y unas condiciones seguras al momento de emprender voluntariamente una experiencia migratoria transnacional.
En adición, los jóvenes son ineludiblemente la garantía para impulsar, mediante nuevos paradigmas y enfoques, el desarrollo integral propuesto en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, sus 17 objetivos y 169 metas. El logro exitoso del cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible conlleva reconocer en la práctica y conceptualmente que la juventud como categoría no es homogénea ni monolítica debido a las desigualdades territoriales, sociales, económicas, de género, étnica, entre otros aspectos que imponen necesidades, aspiraciones e intereses diversos y contrapuestos.
En conclusión, la participación de las y los jóvenes en todos los órdenes demanda superar la visión de tutelaje para dar paso a un diálogo intergeneracional que haga posible la construcción colectiva de respuestas humanísticas para afrontar los desafíos que impone la mundialización y mercantilización de todas las manifestaciones de la vida en sociedad para transitar a otro mundo posible donde predominen los valores de igualdad y solidaridad y respeto entre los seres humanos.
que anhela una vida plena de belleza y libertad?
Por: Manuel Heredia
Coordinador Curricular y Docente de la Escuela Nacional de Migración
Volvamos a humanizarnos, seamos mejores
Pasante Escuela Nacional de Migración
Ser mejores cada día. Con nosotros mismos. Con quienes están a tu lado. Incluso, con quienes no conoces. Muchas personas no lo saben, pero a eso somos llamados cada 18 de julio con la celebración del Día Internacional de Nelson Mandela. Una interpelación que debiera ser constante, en cada momento, como una especie de mantra. Un homenaje que se inició en vida de este gran líder mundial por parte de Naciones Unidas y que busca reconocer el aporte que realizó “a la cultura de la paz y la libertad”.
Fueron años de lucha contra la política del apartheid que era guiada y alimentada por el racismo y que sumió a la nación africana en una división abismal y violenta. Los libros de historia plasman esta época y el mundo recuerda las lecciones aprendidas desde la labor que se realizó a favor de la unión, tal como lo hizo Nelson Mandela en ese entonces. Sin embargo, aún perduran matices de tiempos pasados, porque hoy el racismo continúa. Y lo hace de maneras distintas, grotescas y/o sutiles; adopta nuevas formas e incluso suele asociarse a grupos específicos.
El racismo es “toda actitud ofensiva y/o discriminatoria respecto de una categoría de individuos clasificada con arreglo a su procedencia territorial y a su identidad étnica o racial”.[1] La pregunta es ¿en qué momento se cruza con la migración? Según la declaración de Durban de 2001 (Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia) la xenofobia contra los migrantes es una de las principales fuentes del racismo contemporáneo.[2]
Si continuamos profundizando, podemos encontrar que en esta ecuación los prejuicios toman un rol protagónico, ya que son la forma más común de expresión del racismo, y se definen como “una actitud negativa respecto de un grupo socialmente determinado y respecto de cualquier individuo considerado como miembro de dicho grupo”.[3] Frases como “los migrantes son sucios” o “no quiero sentarme al lado de un negro” se repiten a diario y son acompañadas de actitudes que van en la misma línea. Hay una deshumanización, y, muchas veces, no somos conscientes de ello, pero no por eso deja de existir. Incluso, acorde a Naciones Unidas, en este sentido los migrantes suelen ser discriminados en vivienda, educación, salud, trabajo o seguridad social; y si pensamos de manera global, hay un universo de más de 250 millones de migrantes en la actualidad, de los cuales un número importante podría estar siendo afectado por esta realidad.
Tenemos un llamado claro este 18 de julio: actuar siempre por la paz y la libertad. Dejar atrás creencias que nacieron en siglos pasados que allí debieran quedarse. Asimismo, lo dijo Nelson Mandela ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 3 de octubre de 1994: “Debemos garantizar que el color, la raza y el género sean sólo un don dado por Dios a cada uno de nosotros y no una marca o un atributo indeleble que otorgue a algunos una condición especial”.[4]
Este es el momento para pensarnos de nuevo como sociedades; para decir no al racismo y la xenofobia. Actuemos y/o denunciemos si somos testigos de situaciones que vayan en detrimento de otros, especialmente de grupos que suelen ser más vulnerables, como es el caso de los migrantes. Hoy se nos pide ser mejores y ver las diferencias como un factor de riqueza. Todos somos seres humanos, así que…volvamos a humanizarnos.
[1] “Hablar y dejar de hablar (Sobre racismo y xenofobia)”, Martín, Luisa; Gómez, Concepción; Arranz, Fátima; Gabilondo, Angel, página 65, España, 1994.
[2] Declaración y Programa de Acción de Durban, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, mayo, 2002. http://www.oas.org/es/sla/ddi/docs/afrodescendientes_instrumentos_internacionales_declaracion_programa_accion_durban.pdf
[3] “Hablar y dejar de hablar (Sobre racismo y xenofobia)”, Martín, Luisa; Gómez, Concepción; Arranz, Fátima; Gabilondo, Angel, página 67, España, 1994.
[4] Declaración de Nelson Mandela ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 3 octubre de 1994. http://www.un.org/es/events/mandeladay/pdfs/declaracion_mandela_03octubre1994.pdf
Instituto Nacional de Migración de la República Dominicana sensibiliza a su personal sobre temas éticos
En el Instituto Nacional de Migración de la República Dominicana (INM RD) estamos comprometidos con el buen hacer en la gestión pública, por lo que ponemos todo el empeño para crear una cultura basada en valores. Muestra de ello es el excelente trabajo realizado por los miembros de la Comisión de Ética Pública (CEP-INM RD), encabezada por su coordinadora general, Lcda. Michel Martínez, en la elaboración del Plan de Trabajo del año 2018. En este sentido, cuenta con la asistencia de varias instituciones con el fin de sensibilizar a nuestros colaboradores/as sobre la ética y su impacto en las organizaciones en general y en los individuos en particular.
Somos parte de un conjunto, y nuestra forma de conducirnos contribuye a crear instituciones fuertes y creíbles, donde todos/as debemos tener claro qué es correcto y qué no, porque nuestro comportamiento y actitud impactan de manera directa en el desempeño institucional. En ese sentido, el pasado mes de junio contamos con la colaboración del Lcdo. Marcial Almonte, asesor de capacitación en Ética e Integridad de la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DIGEIG), con quien se sostuvo un interesante encuentro sobre ética institucional, personal, profesional y ciudadana.
La Comisión de Ética considera la sociabilización y sensibilización de estos temas de suma importancia para el buen desempeño de la función pública, porque de esta forma se promueven las buenas prácticas, se pone de manifiesto el compromiso de todos en crear una sociedad mejor y más justa, pero, sobre todo, se reconocer el valor del buen hacer en la gestión pública.
Este conversatorio, realizado en la Escuela Nacional de Migración, es parte de un conjunto de actividades programadas durante todo el año por la Comisión de Ética Pública del INM RD.
Por: José J. Castillo Javier. Analista de Investigación.
El 16 de febrero de 2015, la Federación Internacional de Desarrollo Agrícola, agencia especializada en el desarrollo de las comunidades rurales de la Organización de las Naciones Unidas, instituyó el Día Internacional de las Remesas a través de una resolución aprobada por unanimidad por los países miembros de su Consejo de Gobierno.[1] A partir de entonces, cada 16 de junio las familias receptoras de remesas, y progresivamente las organizaciones dedicadas a las transferencias financieras internacionales, los organismos gubernamentales, intergubernamentales y multilaterales presentan su apoyo a este día por medio de actividades que promuevan la importancia de las remesas.
Con la celebración de un día dedicado a las remesas se espera que se reduzcan sus costos de envíos y dar a conocer su importancia para el desarrollo económico de los países. En efecto, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas se ha hecho eco de la designación de este día, y por medio de su resolución 71/237 sobre Migración y Desarrollo del 21 de diciembre de 2016 se han destacado los múltiples aportes de las remesas al desarrollo de las economías nacionales y, consecuentemente, al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 instaurada a partir de la Resolución 70/01.
Conforme destaca la Federación Internacional de Desarrollo Agrícola en su resolución 189/38, las remesas impactan positivamente la dinámica de las comunidades que las reciben transformando principalmente las condiciones de acceso a la educación, vivienda, alimentación, y mejorando las oportunidades de ahorro e inversión.
¿Por qué son importantes las remesas? Como han reconocido los organismos y agencias internacionales las remesas contribuyen al bienestar de quienes las reciben, ya que se estima que alrededor del 75% de los fondos recibidos por concepto de remesas son empleados por las familias receptoras para cubrir necesidades básicas.
El Día Internacional de las Remesas busca llamar la atención no solo hacia la importancia de las remesas como herramienta del desarrollo, sino también a visibilizar aquellas situaciones que deben mejorar a los fines de expandir el potencial de estas transferencias financieras que realizan las personas migrantes a sus comunidades de origen.
[1] Ver la resolución 189/XXXVIII de la Federación Internacional de Desarrollo Agrícola, disponible en: https://webapps.ifad.org/members/gc/38/docs/spanish/GC-38-Resoluciones.pdf, última consulta del 16 de mayo de 2018 a las 2:49 p. m.
Cada año somos testigos de noticias que muestran diversos desastres naturales y cómo estos afectan diferentes zonas del planeta. Huracanes, terremotos, inundaciones, erupciones y otros fenómenos dañan enormemente al ser humano y otras especies animales y vegetales. Además de tener que lamentar pérdidas de vidas y perjudicar la economía, también provocan la migración de poblaciones que deben desplazarse constantemente debido al calentamiento global.
La conmemoración por el Día Internacional del Medio Ambiente, celebrada el pasado 5 de junio, permite traer a colación esta temática no solo por una cuestión de alcance, sino porque es la gran deuda pendiente que tienen los líderes internacionales con millones de personas en todo el mundo y es precisamente un tema de debate este año. Cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) muestran que en 2016 hubo 65 millones de desplazados en el planeta, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial. De ellos, 24 millones se desplazaron por desastres climáticos. Es decir, “los peligros relacionados con el clima provocaron la mayoría de todos los nuevos desplazamientos”, incluso superiores a los causados por conflictos violentos (datos del Internal Displacement Monitoring Centre o Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos). En este escenario, República Dominicana también se ve afectada al reportar 50 mil personas desplazadas ese mismo año por distintas causas climáticas, entre ellas, huracanes. Datos que se deben considerar por ser la octava nación con mayor vulnerabilidad al fenómeno del cambio climático, según el Índice de Riesgo Climático Global 2015.
Quizás muchos se preguntan cuál es la relación entre migración y medio ambiente. Y es que ambos fenómenos están estrechamente ligados, especialmente en las últimas décadas, pues el planeta ha presentado uno de los mayores deterioros a causa del consumo desmedido del ser humano. Las personas que viven en zonas rurales son las más afectadas, ya que deben migrar, en la mayoría de los casos, dentro del mismo país, debido a las malas condiciones de su entorno: daño en los suelos, contaminación, desechos industriales, falta de recursos, calentamiento global y, por supuesto, desastres naturales. Así, nos encontramos con lugares donde antes se podía llevar una vida normal y hoy hay sequías, crisis alimentaria, escasez de agua, extinción de animales y vegetales, lluvias, crecimiento del nivel del mar e inundaciones, entre otros tantos problemas. Siria es el caso actual más emblemático, ya que antes de la guerra de 2011 alrededor de 1,5 millones de personas que vivían en zonas rurales se desplazaron hacia Alepo y Damasco motivados por una sequía que hizo imposible el desarrollo de la agricultura y la ganadería. La situación dejó en total 800 mil granjas abandonadas.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) también reconoce el estrecho vínculo entre ambos fenómenos. Dina Ionesco, responsable de la División de Migración, Medio Ambiente y Cambio Climático de la entidad, dijo que “Si hoy invertimos en la protección de nuestro medio ambiente, podremos reducir los riesgos de desplazamiento para las generaciones futuras que podrían originarse por el cambio climático y la degradación del medio ambiente”.
Se habla de deuda pendiente porque, en primer lugar, no hay consenso internacional que determine si estos millones de personas son migrantes, refugiados o desplazados ambientales o climáticos. Estos conceptos buscan referirse a lo mismo: un sinnúmero de afectados que deben desplazarse forzosamente por efectos del cambio climático y el calentamiento global. Ante la falta de definición formal o jurídica no pueden defenderse en términos de legislación internacional, pues esta solo protege a quienes se refugian por situación de guerra o persecución. En este sentido, la definición está obsoleta, pues se remonta a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 que deja fuera de un marco legal a los migrantes ambientales. A esto se suma que, en algunos casos como el de República Dominicana, existe un bajo número de investigaciones que revelan esta realidad y hay poca discusión pública que ponga en agenda un tema que crece y se repite cada año.
Sin embargo, siempre hay esperanza. Existen Gobiernos que, obviando la falta de resguardo jurídico internacional, intentan adelantarse al gran desastre que se avecina. Nueva Zelanda, por ejemplo, tiene en proyecto proponer una visa humanitaria especial para los habitantes de las islas del Pacífico que deben migrar por el aumento del nivel del mar. Aunque no hay fechas concretas ni tampoco certeza de ser aprobado, es un gran avance que busca convertir en emergencia regional. Al mismo tiempo, algunos países han ofrecido visas humanitarias por desastres naturales como ocurrió con Estados Unidos tras el terremoto de Haití de 2010, una protección temporal que hace unos meses Donald Trump extendió solo hasta julio de 2019.
Este año se discute el Pacto Mundial sobre la Migración, el primer acuerdo global de este tipo. Si bien “no será un tratado formal y tampoco impondrá obligaciones vinculantes para los Estados”, tal como señaló Antonio Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, “es una oportunidad sin precedentes y también deberíamos tomar medidas mediante la asistencia para el desarrollo, las iniciativas de mitigación del cambio climático y la prevención de conflictos para evitar esos grandes movimientos de población no regulados en el futuro. La migración no debería significar sufrimiento”.
De momento, el reloj corre al igual que el daño que hacemos al medio ambiente todos los días. No hablamos solo a escala global, también debemos considerar los pequeños “aportes” individuales en la materia como botar un papel en la calle, arrojar una botella al mar, dejar correr el agua, no apagar las luces, usar excesivamente las bolsas y otros tipos de plástico, entre muchas otras acciones negativas que afectan el entorno. Estos actos están matando a los animales, la flora y también a los seres humanos. Se estima, incluso, que en 2050 existan 200 millones de personas desplazadas por desastres naturales. De ahí la importancia de hacer conciencia individual y colectiva, exigir cambios a los Gobiernos y doblarle la mano al futuro que a la fecha vislumbra un desastre para quienes están más expuestos a los embates del calentamiento global.
Por Valeria Castillo Cartagena
La Escuela Nacional de Migración realizó durante el mes de mayo talleres de capacitación a unidades del Ministerio de Defensa. Se efectuaron cuatro encuentros en los puntos fronterizos de Jimaní, Barahona, Elías Piña y Dajabón a cargo de Keila Santos, coordinadora de Calidad de los Procesos Educativos.
Los talleres buscan otorgar herramientas que ayuden al personal público en cuanto a los procesos migratorios. Al respecto, Keila Santos señaló que “el objetivo es emplear las técnicas de examinación de documentos de viaje o identidad para determinar su falsedad, alteración ilegal o utilización fraudulenta al momento de la inspección de un pasajero o inmigrante”. De igual forma, las sesiones abordaron temas como la distinción de rasgos faciales y distintas medidas de seguridad en materia de documentación, entre otros.
Las capacitaciones se realizaron en colaboración con el J-3 Planes y Operaciones del Estado Mayor Conjunto y congregaron a un total de 120 personas pertenecientes al Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza (Cesfront), personal del Ejército Nacional, de la Dirección de Inteligencia del Estado Mayor, entre otras entidades del Ministerio de Defensa. Todos ellos participaron de manera activa en los talleres, dando a conocer sus propias experiencias en el terreno y logrando completar la práctica diaria con estos nuevos conocimientos teóricos.
De izquierda a derecha Dolores Romeo, jefa de la Sección de Política, Comunicación y Prensa de la Delegación de la Unión Europea en la República Dominicana; Francesco Carella, especialista en Migración Laboral de la Oficina de la OIT para América Central, Haití, Panamá y República Dominicana; Florinda Rojas, directora ejecutiva del Instituto Nacional de Migración de la República Dominicana; Sebastián Nieto, jefe adjunto de la Unidad para América Latina y el Caribe, Centro de Desarrollo de la OCDE y Roberto Liz, director general de Desarrollo Económico y Social del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo.
Informe realizado por el Centro de Desarrollo de la OCDE y la Organización Internacional del Trabajo con la colaboración de la Comisión Europea y el apoyo del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo y el Instituto Nacional de Migración de República Dominicana
Santo Domingo, R.D. Martes, 12 de junio de 2018- Con el objetivo de ayudar al país a elaborar políticas públicas migratorias eficaces para el impulso de la economía y manifestar el aporte de las personas inmigrantes en el desarrollo local se realizó la puesta en circulación del informe Cómo los inmigrantes contribuyen a la economía de la República Dominicana.
Informe disponible dando click aquí.
Por: Esmeralda Peguero
El primero de mayo se conmemora la victoria que obtuvieron los mártires de Chicago en medio de una sociedad que oprimía la clase trabajadora. Las fábricas y talleres que aumentaban cada día a raíz de la Revolución Industrial recibían las personas que abandonaban las tareas propias del campo para insertarse como obreros en la industria. Muchas de ellas eran migrantes laborales.
Los empleadores de la época eran grandes señores que ostentaban altos niveles de poder político y económico. Protegían sus propios intereses en detrimento de la clase trabajadora. Las grandes acumulaciones de capital sobre la base de la explotación obrera era la norma común de la época. A esto se le suman las condiciones laborales decadentes, jornadas de trabajo de hasta 18 horas y salarios deplorables.
Por esta razón, los héroes de Chicago se levantan como activistas de una lucha que culmina con la reivindicación de la clase obrera. Actualmente, esta fecha se celebra en más de 80 países en homenaje a la reivindicación de los derechos de los trabajadores y como día mundial de las movilizaciones sindicales.
Los avances desde mayo de 1886 hasta la actualidad han sido muchos. Sin embargo, aún hoy existen las represiones a las organizaciones sindicales. Actualmente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) registra 3,308 casos sobre violaciones a las libertades sindicales. Más del 50% de estos ocurren en los países de Asia y el Pacífico.
Según datos de la Encuesta Nacional de Inmigrantes (EN-2017) la población de origen inmigrante mayor de 10 años que vive en el país asciende a 656,171 personas, de entre los cuales 64.4% se encuentran ocupadas. Las ramas de actividad económica que presentan la mayor concentración de migrantes ocupados son la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca. Según los resultados de esta encuesta el aumento de la inmigración en el país ha sido motivado por el empleo, y cerca del 80% de los inmigrantes se encuentra entre los 15 y 45 años.
Según estimaciones de la OIT, la proporción de la población mundial en edad de trabajar con acceso a un empleo era de 58.5% al mes de noviembre de 2017, y de 58.8% en el caso de América Latina y el Caribe. Según esta fuente en América Central 59.7% de la población en edad de trabajar tiene acceso a un empleo.
En el caso específico de la República Dominicana las estimaciones de la OIT muestran que la población mayor de 25 años que tenía acceso a un empleo en el año 2000 era de 65.7%; en el año 2010 este segmento de la población crecía 1.2 puntos porcentuales para colocarse en 66.9%. La OIT también estima que para el año 2020 la población dominicana de 25 años y más que tendrá acceso a un empleo será de 69.4%. En el marco internacional, con relación a las economías de América Latina y el Caribe, la proporción de empleo en la población joven del país se perfila en crecimiento.
En el caso del empleo juvenil, que se calcula en personas de entre 15 y 24 años, el escenario es distinto. En 2000 el empleo juvenil en República Dominicana era de 47.3% y en 2010 disminuye para situarse en 44.5%. En las estimaciones para 2020 también se observa una disminución de 1.9 puntos porcentuales por debajo de la década anterior. Se espera un empleo juvenil de 42.6% durante el año 2020.
Las políticas del Estado para aumentar el acceso al empleo en los jóvenes están centradas en la capacitación y la preparación de estos a nivel técnico. Estos programas se impulsan a través de distintos ministerios e instituciones del país. Además, la estrategia de inserción laboral en el programa de Gobierno 2016-2020 incluye políticas de generación de empleo y emprendimiento para jóvenes que no trabajan ni estudian. La República Dominicana conmemora el Día Internacional del Trabajo con la esperanza en el éxito de estas políticas públicas destinadas a la inserción laboral de la juventud.
La Escuela Nacional de Migración realizó con éxito 5 talleres en torno a la resolución de conflictos en las localidades fronterizas más importantes del país.
Las sesiones fueron encabezadas por Katerina Civolani, consultora experta en temas de mediación y cultura de la paz, quien abordó el conflicto, sus etapas y cómo entenderlo desde una perspectiva positiva. Los espacios, además, permitieron abordar la diversidad y el conflicto desde la temática migratoria y dar a conocer nuevas herramientas que permitan su resolución, el aprendizaje, la colaboración y el cambio.
Los talleres realizados en las localidades de Elías Piña, Dajabón, Jimaní y Pedernales tuvieron una convocatoria masiva y se logró la participación de más de 120 personas, entre ellas funcionarios de la administración pública, Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza Terrestre (CESFRONT) y organismos de la sociedad civil, quienes a partir de ahora podrán contar con nuevos conocimientos que les permitirán un mayor y mejor desempeño a la hora de enfrentar un conflicto.
Inicia mayo y con él una de las celebraciones más importante del año: el Día de las Madres. Los orígenes de esta festividad son tan variados como la propia maternidad. Primero, fueron los griegos y romanos quienes dedicaron cultos a sus diosas Rea y Cibeles, respectivamente. Luego, la Iglesia católica honraría a la Virgen María cada 8 de diciembre, junto con la Inmaculada Concepción. Finalmente, un movimiento liderado desde Estados Unidos en 1873, bajo la bandera de los derechos de las mujeres, el aporte de las madres trabajadoras a la sociedad y la paz estamparía en la historia, y hasta el día de hoy, la celebración de esta fiesta.
Si profundizamos en la maternidad, encontramos que los procesos biológicos no son lo único que la definen, ya que hay relaciones sociales y fenómenos que hoy nos permiten hablar, por ejemplo, de una maternidad transnacional, es decir, aquella que se ejerce a distancia, que trasciende fronteras, el cuerpo de una mujer, y que va en aumento. En 2010 el 48% de los 40 millones de personas que se desplazaban en el mundo eran mujeres. Y si hablamos de República Dominicana la historia no es diferente: en 2015, 763,253 mujeres emigraron, mientras que 163,674 llegaron al país. El principal motivo de movilización que actualmente nos permite hablar de una feminización de la migración es entregarles mejores oportunidades a sus hijos/as.
Son sirias, haitianas, dominicanas y mexicanas, entre muchas otras, las que, sin importar el pasaporte, cargan en común la búsqueda de mejoras económicas fuera de sus raíces para otorgar un mayor bienestar a su familia, principalmente en el plano educativo. Representan, además, una fuerza económica in crescendo que, al convertirlas en las proveedoras de la familia, rompen roles de género tradicionales y transforman la organización familiar y sus relaciones, cambios que vienen gestándose desde 1960, pero que no están exentos de críticas. La estigmatización de la maternidad transnacional está marcada por el acuso de abandono y sus consecuencias negativas en niños y niñas que quedan en manos de familiares. No obstante, los estudios demuestran otra versión de esta historia.
Según diversas investigaciones, si preguntas a una madre qué es lo que más extraña de su país de origen lo primero que dirá será es que son sus hijos/as, pues partir significa una alta carga emocional para la mujer. Es la lucha para superar la pobreza lo que las conduce a desprenderse de los esquemas patriarcales e ir más allá de las fronteras. Todas ellas son madres que, en su mayoría, trabajan en sectores informales y se abren camino en un mundo que las cuestiona y no las protege. Si lo vemos en cifras, de los 2.732 millones de dólares en remesas recibidos por República Dominicana desde Estados Unidos en el año 2012, 1.189 millones fueron enviados por mujeres, es decir, un 43,5%, según una investigación del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA). Desde esta mirada, algún porcentaje de las remesas que aportan las mujeres a las economías de sus países podrían ir en beneficio de políticas públicas que permitan un mayor cuidado de ellas en la sociedad. Sin embargo, falta acortar brechas, y hoy incluso no se cuenta con todas las investigaciones necesarias que nos permitirían profundizar en el tema y llegar a nuevas conclusiones.
Entonces, en este mes de mayo, el llamado es a reflexionar en torno a la maternidad, su diversidad y complejidad. Porque no existe una única forma de ser madre, y porque debemos volver a los orígenes, festejar y visibilizar los aportes de aquellas trabajadoras a sus familias y al desarrollo de sus países.

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