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Restricciones a la transmisión de acciones. Limitación del artículo 214 de la ley de sociedades comerciales
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Salvador Ortega Pinto
1 Restricciones a la transmisión de acciones. Limitación del artículo 214 de la ley de sociedades comerciales por Víctor Zamenfeld SUMARIO: I. Introducción. - II. La limitación del artículo 214. LSC. - III. El artículo 214, LSC, como opción contractual de venta con preferencia. - IV. Diferencias con el derecho de suscripción preferente. - V. Sobre la aplicación de la normativa de la SRL a la SA. - VI. Sobre modalidades y proceso de contratación. - VII. El precio. Métodos para su determinación. Supuestos asimilables. Sobre las reglas de los Códigos Civil y de Comercio. La Convención de Viena. - VIII. Sobre precio justo. - IX. Sobre el momento de determinación del precio (El "corte"). - X. Criterios para la valuación. El valor control. - XI. El Proyecto de Reforma de la ley societaria. - XII. A modo de cierre. I. Introducción Sabido es que uno de los imperativos del sistema de sociedades comerciales es el mantenimiento de la empresa (conf. Zaldívar, en "Filosofía y principios de nuestra ley de sociedades comerciales", en LA LEY, 1975-D, 555) y la ley argentina refleja ese criterio (conf. arts. 100 y concs., ley ) (t.o. 1984) (Adla, XLIV-B, 1319), que materialmente no es más ni menos que propugnar por el mantenimiento del sujeto de derecho creado por voluntad de los socios fundadores. Ese designio se cumple en plenitud si se advierten las implicancias sociales y económicas que la creación de una sociedad mercantil puede llegar a tener. Es que cuanto más grande y compleja sea la empresa económica, más repercusión causará en la sociedad todo su actuar, su dinámica y lógicamente, su nulidad o disolución. Suárez Anzorena (en "Cuadernos de Derecho Societario", de Enrique Zaldívar y otros, ed. 1973, t. 1, cap. III, p. 129), expresa que "la personalidad es tan sólo una disciplina que se resuelve en normas, que tratan siempre de relaciones entre hombres: no es ella el estatuto de un hombre nuevo, sino una dinámica de relaciones que se resuelve por dicho medio. Debe reconocerse en la misma un instrumento de técnica jurídica que disciplina unitariamente las relaciones de los socios respecto de terceros". 1
2 De ahí que, en principio, deba tratarse restrictivamente toda petición que apunte a la disolución y liquidación del ente colectivo que, con unidad económica, produce o intermedia en bienes y servicios. Coherentemente con esto se ha estructurado un régimen de nulidades también estricto y especial para la materia societaria referido a los vicios que puedan afectarlo. Esta postura legal indicó una adecuación argentina a la más moderna corriente doctrinaria, más allá de las posiciones encontradas que puedan existir al respecto (véase en tal sentido: Fargosi y Giraldi, "Nuevamente sobre la nulidad de asambleas de sociedades anónimas", en ED, ). De igual manera deben respetarse aquellas reglas que no hacen al mantenimiento de la unidad económica empresarial creada, sino a cuestiones indiscutiblemente unidas a aquel principio, como son las que apuntan ante el supuesto de pretenderse la separación de uno o más socios a restringir la posibilidad de transmitir libremente sus tenencias o a dar preferencia a sus sucesores, de modo que no se rompa el grupo original, respetando la presencia de sus continuadores naturales. En ese sentido debe asegurarse, más allá de la imprevisión de las partes al contratar o reformar su estatuto, que aquel a quien se restrinja su posibilidad de vender libremente sus participaciones sociales tenga pleno derecho a exigir que se le pague por ellas cuando resuelva transmitirlas un precio justo, en particular cuando está compelido a dar preferencia al elenco de socios existente al momento de su decisión en tal sentido. II. La limitación del artículo 214. LSC El art. 214, segundo párrafo, de la ley de sociedades comerciales (en adelante LSC), inserto en la sección de la sociedad anónima, establece que "El estatuto puede limitar la transmisión de las acciones nominativas o escriturales, sin que pueda importar la prohibición de su transferencia". Por cierto que no es la referida la única forma de restricción a la transmisión de acciones conocida sí una de las más usuales. Y, como claramente configura una restricción al principio de la libre transmisión de las acciones, impone la necesidad de garantizar un precio real o justo, tesis desarrollada en la doctrina francesa apoyada en la teoría de los pactos leoninos (conf.: Escarra y Rault, "Tratado teórico e práctico de Derecho Comercial", 1955, t. III, p. 312). 2
3 Gagliardo (en "Nuevas reflexiones acerca de las cláusulas restrictivas a la libre transmisibilidad de acciones", R.D.C. y O, 1999, año 32, ps. 721 y 725) señala que "la ley de sociedades permite una diversa clasificación de las cláusulas factibles sobre el tema. A raíz de lo expuesto, el art. 214 antes citado trata la cláusula de consentimiento; respecto de la sociedad de responsabilidad limitada se legisla la estipulación de conformidad y preferencia y, finalmente, se contempla la transmisión de acciones que incorporen la obligación de realizar prestaciones accesorias (art. 50)... Es tal la trascendencia de las cláusulas restrictivas que, en el derecho comunitario, la Segunda Directiva prevé en su art. 3, inc. D, como mención obligatoria en los estatutos, eventualmente, las condiciones particulares que limitarían la transmisión de acciones`. Las cláusulas restrictivas pueden afectar una parte o bien todas las acciones, no existiendo inconvenientes para que su vigencia lo sea respecto de las acciones ordinarias o preferidas... Vinculado con este tema está el denominado intuitu personae negativo, o sea la conveniencia de que no ingresen determinadas personas precisamente por sus cualidades; o bien, como se ha destacado, la limitación de transferencia a extranjeros recaudo de nacionalidad, que más que una restricción es una demarcación de quienes pueden ser sus adquirentes". En nuestra ley, no existe una regulación concreta al respecto, salvo la contenida en los arts. 152 a 154, en materia de cesión de cuotas de sociedades de responsabilidad limitada (SRL) y la que se desprende de algunas reglas sobre precio o valor de las partes o acciones transmitidas, en casos especiales de obligación indemnizatoria o de adquisición forzada, como lo son los supuestos que aparecen en el decreto delegado 677/2001, los de los arts. 195, 223 y 245 y otros de la ley mercantil, a que nos referiremos con detalle más adelante, en VII. F; amén de la regla básica y general del art. 13, inc. 5, LSC, que declara nulas las cláusulas "que permitan la determinación de un precio para la adquisición de la parte de un socio por otro o que se aparte notablemente de su valor real al tiempo de hacerla efectiva" (1). En el caso específico que nos ocupa, la estipulación contractual que refiere el art. 214 es uno de los medios creados para limitar la transmisión de acciones, sin por ello impedirla. Como surge de su texto, se concreta en la sociedad anónima que en su estatuto social otorga una opción para adquirir las acciones del accionista que decida vender en todo o parte sus acciones, en exclusivo favor de los demás y en proporción a sus tenencias, con derecho de acrecer o sin él, todo conforme a la ley 3
4 y lo que se haya pactado, según las reglas creadas por el estatuto que los vincula. Es una real prohibición de vender libremente tenencias accionarias (2), apuntada a limitar la posibilidad de modificar el elenco preexistente de socios, indiscutiblemente legítima como tantas otras restricciones que se dan en el marco de la sociedad por acciones (Martorell, "Tratado de los contratos de empresa", Ed. Depalma, Buenos Aires, 1997, t. III, cap. I, n VII.2., p. 46; conc.: Gagliardo, op. y loc. recién citados). Como fluye de lo explicado, el art. 214 se plasma concretamente en los estatutos societarios en un texto que, amén de limitar la transmisión de acciones a todo potencial accionista vendedor, simultáneamente articula o debería desarrollar, ya que en la realidad que enfrentamos usualmente se advierte que esto no ocurre frecuentemente, lo que por cierto no constituye un fenómeno autóctono un procedimiento para concretarla equitativamente. Y, cuando el mecanismo estatutario se pone en marcha y un socio comunica su decisión de vender, bastará con la notificación de la aceptación hecha por uno o más accionistas (según se detalla en III), para que quede perfeccionada la compraventa de acciones más allá de las cuestiones que se puedan plantear en punto a precio, que analizamos más adelante. Por supuesto que deberá analizarse en cada caso cómo se formuló la oferta y cómo la aceptación y las reglas particulares del caso. Cabe una referencia a lo que hoy ocurre cuando, incluida en el estatuto la regla en análisis, se decide su eliminación por la vía de la reforma estatutaria. En la actualidad, siendo que la ley no prevé este supuesto, en todos los casos cabe su tratamiento y resolución a la asamblea extraordinaria (art. 235, LSC), con los requisitos de quórum y mayoría del art. 244, primer a tercer párrafos, LSC. Por nuestra parte, por lo que hasta aquí queda expuesto, de lege ferenda postulamos que la norma estatutaria en análisis sólo podría ser eliminada por la unanimidad de los accionistas o, en su sustitución, convirtiendo este supuesto en una causal más de receso. Nuestros proyectos de reforma legislativa no han tenido en cuenta hasta ahora el punto. III. El artículo 214, LSC, como opción contractual de venta con preferencia Así, el derecho que el estatuto concede en favor de todo accionista interesado en transmitir sus acciones conforme queda expuesto, configura una opción contractual, 4
5 abierta, sujeta a su efectiva ejecución, cuando un interesado en adquirir la asume luego de puesta en marcha aquél. "Entendemos que en la opción contractual existe un derecho perfecto de uno de los contratantes, que puede o no ejercerlo según sea su voluntad" (Garrido - Zago, "Contratos Civiles y Comerciales", t. I, Ed. Universidad, Buenos Aires, 1989, cap. III, n 3, b, p. 115) y que entre ausentes se perfecciona desde la aceptación de la oferta debidamente emitida o recibida (arts y 1155, Cód. Civil), según fuese la posición o tesis jurídica en que nos coloquemos (la de la emisión o de la recepción), salvo que mediase retractación antes de aceptada. Entonces, "si la oferta ha sido aceptada, queda celebrado el contrato de compraventa, con todos los efectos que lo son propios desde el momento de tal aceptación, pudiendo el aceptante comprador exigir el cumplimiento de la promesa realizada en su favor y demandar tal cumplimiento aun por la vía judicial" (Garrido-Zago, op. cit., cap. I, n 4, a, p. 59. Conc.: Muñoz, "Derecho Comercial - Contratos", T.E.A., Buenos Aires, 1960, t. I, cap. VIII, n 106, p. 249 y t. II, cap. XXIII, n 386, p. 217 y Fontanarrosa, "Derecho Comercial Argentino", t. II, Buenos Aires, 1971, cap. III, n 29, p. 82). En ese mismo sentido, la doctrina señala que "a diferencia de la carta de intención, en donde se establecen condiciones de orden general, la opción de compra constituye un verdadero contrato sujeto a una condición suspensiva. Tal como lo sostiene Tamburrino, la opción que aquí tratamos se configura durante el tiempo de formación de un contrato mediante el derecho de elección que se conviene a favor de una de las partes del futuro (y distinto) contrato, elección que oscila entre celebrar o no el contrato previsto mientras que la otra parte pudo haberse obligado a mantener firme su declaración, dirigida a concluir el mismo instrumento. A través de esa modalidad, y concretamente en el caso de una opción de compra, los accionistas titulares de las acciones plasmarán por escrito una declaración unilateral y exclusiva (oferta) de venta al eventual comprador para que éste, dentro de un plazo determinado, ejerza la opción de compra sobre aquéllas. De esta forma, la persona a quien se dirija la propuesta gozará del derecho potestativo de aceptar o no la oferta (derecho de elección) que le efectúa la otra parte. Si el destinatario opta por aceptarla (extremo que deberá notificar por escrito, dado su carácter recepticio), el convenio definitivo quedará perfeccionado" (Jiménez Herrera, "Documentos precontractuales habituales en las operaciones de transferencias accionarias de control", en LA LEY, 2003-B, n 5, p. 1025/26). Por otra parte, no cabe confundir la opción del art. 214, LSC, con las cláusulas de 5
6 autorización, no muy usuales en nuestra práctica mercantil, en las que la posibilidad de vender acciones a terceros no accionistas se sujeta a la autorización de un órgano societario (directorio, asamblea, consejo de vigilancia), otro accionista o grupo de accionistas, tema en que se controvierte si ese derecho puede ser negado sin expresión de causa, lo que genera los consiguientes e innecesario conflictos (vid. Rubio, "Curso de derecho de sociedades anónimas", Madrid, 1974, p. 148), que en verdad más que limitar la transferencia se parecen a la prohibición que la ley no admite casi al final del mismo art Acotemos además que, aunque similar, la cláusula a que nos referimos en este párrafo, no es la del derecho francés a que aludimos en VI, apartado 5, por lo que a lo allí expuesto nos remitimos. IV. Diferencias con el derecho de suscripción preferente Este derecho de opción de compra preferente u opción de preferencia, como se ve, no debe confundirse con el derecho de preferencia del art. 194, LSC, instituto este último de larga tradición en el derecho mercantil, que es el aplicable en materia de aumentos de capital que impliquen desembolso para el socio, en cuyo caso, durante treinta días (o más, si el estatuto hubiese fijado un plazo mayor), los accionistas al momento de la llamada al incremento tienen el derecho con exclusión de cualquier tercero de suscribir las acciones correspondientes al aumento que se pretende hacer. De allí que los distingamos no sólo sustancialmente, sino incluso en el nombre que usamos para diferenciar el derecho de preferencia del art. 194, del supuesto del art Hecha la descripción de ambas figuras, no parece ocioso destacar las diferencias que existen entre la opción para la compra preferente también podríamos llamarlo pacto de opción de adquisición con preferencia que puede ponerse en marcha en los casos del art. 214, LSC, con el derecho de suscripción preferente del art. 194, LSC. Así: (1) el derecho de preferencia viene impuesto por la ley y es inderogable; la opción que deriva de la aplicación del art. 214 es facultativamente generada por la voluntad social que expresa el estatuto. (2) Por las mismas razones es que el derecho de acrecer del art. 194, párrafo 1, es igualmente imperativo por imposición legal; mientras que, por contraste, en la opción en análisis, él deviene de una previsión estatutaria. (3) El derecho de preferencia nace cuando se produce 6
7 una emisión de nuevas acciones; el de opción para la adquisición de preferencia, cuando se pretenden vender acciones suscriptas. (4) La decisión de la asamblea societaria, en un caso, es la única que puede poner en marcha el ejercicio del derecho de preferencia; la decisión particular de uno o más accionistas, la opción del art Y es por ello que la relación en un caso se traba con la sociedad y en el otro con el accionista que ofrece vender (tener presente, sin embargo, los supuestos de autorización a que acabamos de aludir en III, in fine). (5) En la opción, aquello que se vende son derechos ciertos, preexistentes y como tal no es retractable de mediar aceptación (3); en la preferencia del art. 194 el derecho a suscribir nace una vez cubiertos los pasos minuciosamente detallados en la ley conforme los supuestos previstos en la llamada y puede frustrarse por razones ajenas a la voluntad del suscriptor (un ejemplo conocido es aquél en que no se cubre el monto mínimo o dentro del plazo que la oferta a suscribir acciones propuso la sociedad, momento en el cual debe restituirse el total entregado) (4). (6) La télesis del derecho de suscripción preferente es la tutela de los accionistas preexistentes frente a aumentos de capital con los que se pueda o intente licuar su participación accionaria; la opción del art. 214 está apuntada a impedir que nuevos accionistas alteren el elenco de socios (conf.: Fernández Madero, trabajo citado, cap. V, b y nota 1). Coinciden ambos supuestos en que en los dos se apunta a limitar la posibilidad de que terceros ajenos a la sociedad tomen participaciones sociales. Pero, maguer las apuntadas diferencias que existen entre el derecho de preferencia y la opción para la adquisición preferente de acciones, los dos coinciden en que, en ambos supuestos en caso de intentarse violar la regla contractual o legal, según los casos, del mismo modo serán castigadas con la sanción de nulidad, con idénticos alcances. V. Sobre la aplicación de la normativa de la SRL a la SA Molina Sandoval (en "Restricciones a la libre transmisibilidad de las participaciones accionarias", ED, ), plantea la aplicación del régimen de la SRL a la SA en nuestro supuesto en estudio, particularmente en materia de precio. No compartimos su criterio, sí adherimos a su apreciación en materia de determinación del valor respecto del momento en el que se perfecciona el acuerdo (esto es, 7
8 cuando median oferta y aceptación), a que ya nos hemos referido en II, penúltimo párrafo, sin que quepa la posibilidad de retractación a partir de determinado momento y conforme las modalidades sobre las que más adelante exponemos y sin que sea necesario, al menos en el origen del negocio, que exista precio. El autor recién citado (op. cit., n IX. 4.) apunta al respecto: "Un último e interesante punto se relaciona con la determinación del precio de la adquisición de la participación accionaria. Numerosas modalidades son comunes en nuestro medio: i) que las fije un perito o un tercero, y en caso de desacuerdo, el juez; ii) según el último balance; iii) cuando coticen en bolsa, el de cotización de un determinado día o la media de un lapso de tiempo; iv) capitalizando el dividendo medio; v) los fijará la asamblea según pautas predeterminadas o el mismo directorio; vi) valor nominal de la acción; vii) valor de liquidación de la sociedad. Como puede verse, numerosas son las posibilidades, pero deben amoldarse con suma rigidez a un cartabón jurídico esencial del sistema societario: el principio del valor real. Este principio esta contenido en el art. 13, inc. 5 de la LSC, que dice: 'Son nulas las estipulaciones siguientes (...) que permitan la determinación de un precio para la adquisición de la parte de un socio por otro, que se aparte notablemente de su valor real al tiempo de hacerla efectiva`. Pero, este apartamiento para caer en nulidad debe ser notable. Este principio, también llamado de realidad, está contenido en el art. 154 de la LSC, que exige que cuando el socio preferente impugne el precio de las cuotas, deba 'expresar el que considere ajustado a la realidad` (sic). En este caso, y salvo que el contrato prevea otra modalidad para la solución del diferendo la determinación del precio resultará de una pericia judicial (o arbitral acotamos), si así se hubiese pactado". No compartimos la tesis de Molina Sandoval. La mecánica particular de los arts. 153/4, LSC, no es aplicable a la sociedad anónima. No puede transplantarse una reglamentación especial, a todos los demás tipos societarios o a cualquiera de ellos; en tal caso perdería el carácter peculiar bajo la cual nació la regla. Adviértase que la normativa citada llega a imponer al socio vendedor indicar el nombre de algún potencial vendedor, dispuesto a pagar un precio, que será el que en definitiva deba ofrecer el socio a quien o quienes se dirija la opción y esto es obvio que así ocurra, pues hace al interés de los socios de la SRL conocer quién podría ser el interesado en ingresar al ente. Nada de ello sucede en el caso del art. 214, regla propia de la anónima, que es notoriamente diferente de la limitada, considerando la característica de intuitu pecuniae que posee la primera por contraste con el intuitu 8
9 personae de la SRL. En nuestra opinión resulta claro que la fijación del valor de las acciones en la S.A. no está sujeta a las pautas de los arts. 153/154, sino y fundamentalmente a lo que establezca el estatuto y a la ya citada regla del art. 13, inc. 5, LSC, aplicable a todas las sociedades. En suma, que para el caso de cesión de cuotas el legislador previó un mecanismo particular para la SRL, no aplicable en ningún supuesto a la SA, por tratarse de tipos sociales que por sus diferencias no admiten la extensión a esta última, por analogía, de las soluciones dadas para la primera. VI. Sobre modalidades y proceso de contratación Más allá de recordar que se interpreta que nuestro art. 214 justifica sobradamente a quienes sostienen que así, de alguna manera, se legitima el pacto de sindicación de acciones (como si fuese necesario hacerlo, atento el grado de avance que hoy registra esa figura del Derecho Mercantil) ya que en él se alude al sindicato de bloqueo, cabe analizar considerada ya su naturaleza jurídica el alcance y aun la validez en determinados supuestos de la regla, en particular cuando el estatuto societario la establece tal cual lo habilita la norma citada, mas sin regular como suele ocurrir con frecuencia, como ya se ha dicho el método a aplicar para determinar la validez, alcance, extensión y precio de las acciones a transmitirse cuando se "dispara" la disposición estatutaria. Tengamos en cuenta que nada puede impedir el cumplimiento de un contrato, mucho menos maniobrando deslealmente para frustrarlo, ni siquiera en los casos más delicados, que son los referidos al valor de las acciones que se ofrecen vender. En tal sentido cabe recordar que "La disconformidad de las partes sobre el precio no basta para declarar la inexistencia del contrato, siempre que no se negase la existencia de un acuerdo sobre él, aunque fuese tácito" (GARO, Derecho Comercial, "Compraventas", Ed. Depalma, Buenos Aires, 1956, cap. VII, n 91, p. 93). Ya quedó dicho que la aceptación de la oferta perfecciona el contrato, tal el criterio de nuestra normativa al respecto (arts y sigtes., Cód. Civil). Entonces, habrá que analizar la regla estatutaria y la oferta tal cual fue formulada y su efecto vinculante. Va de suyo que si el estatuto nada estipulase, la oferta podrá formularse respecto de todo o parte de las acciones que se pretendan transmitir y que si se ofreciese la totalidad de las tenencias, el aceptante no podrá formular una 9
10 oferta parcial, la que por tanto se considerará como no efectuada (salvo que aceptada parcialmente la propuesta, el accionista que desease vender lo admitiera). Parece importante desenvolver la habitual mecánica del procedimiento a que nos enfrenta un supuesto de compra-venta del art. 214, teniendo presente, desde el inicio, que en cada caso habrá que dar pleno cumplimiento a lo establecido en el contrato usualmente pobre, como se dijo y a la pauta del art. 13, inc. 5, LSC. 1 ) El procedimiento comienza con la "denuntiatio" o comunicación de la decisión de vender, en la que el accionista interesado en hacerlo (el Vendedor) otorga opción de compra a todos los socios interesados en adquirir (el Comprador), siempre respetando aquello que se hubiese pactado y con la ley como marco general insoslayable. En este sentido es importante tener en cuenta lo que establezca el contrato social: a) si nada estipula, la restricción estatutaria de vender se cumple ofreciendo la acción a cualquier accionista; b) si se hubiese estipulado algo en particular, se procederá conforme quedó reglado; c) algunos estatutos prevén la comunicación al directorio de la sociedad, para que ésta haga circular la oferta entre todos y garantice la igualdad, incluyendo en tales casos derecho de acrecer y hasta previendo que el órgano de administración o la asamblea la autorice, lo que en general configura un procedimiento rechazado por la doctrina (ver supra, III, párrafo final y su cita). En tal caso, de mediar regla estatutaria, la intervención del órgano societario no podrá entorpecer el procedimiento, si hiciere tal cosa hasta podrá ser sustituido por decisión judicial, designando un funcionario "ad hoc" que cumpla la tarea prevista en el contrato social. Es que el Vendedor en ningún caso podrá verse "encadenado" a un estatuto que le impida cumplir su decisión de venta, que limite su alcance o dificulte su consecución al punto de impedirla. 2 ) La oferta de venta podrá incluir un precio mínimo pretendido, que es cuestión propia de la libre decisión del Vendedor. Igualmente éste podrá fijar un plazo dentro del cual pueden recibirse ofertas, que en tal caso deberá ser razonable o no haberse fijado a favor de unos o desmedro de otros, salvo insistimos aquello que también al respecto prevenga el estatuto. (i) Si vencido el plazo no mediare aceptación, quedará el Vendedor en libertad de transmitir sus tenencias. (ii) Si los ofrecimientos no cubriesen el monto mínimo pretendido el Vendedor, igualmente podrá transmitir libremente sus acciones por no menos de ese monto y en las 10
11 condiciones contenidas en la oferta (salvo que se impugnase el precio por no ser justo o real, en cuyo caso deberá ocurrirse a la vía judicial o arbitral para determinarlo, conforme se explica en VII. D y E). Si en este supuesto tampoco existiere tercero interesado en pagar el precio mínimo pretendido, concluirá el procedimiento sin posibilidad de venta, que podrá ser reiterado cuantas veces lo considere apropiado el Vendedor y cuidando al respecto de no incluir en abuso de uso del mecanismo, forma de abuso de derecho que, de configurarse como tal, podría ser impugnada por ello. Como ha quedado adelantado, la oferta deberá contener si no lo fija el estatuto un lapso para formular la Aceptación. El mismo debe ser razonablemente fijado; no existiendo reglas concretas entre nosotros que permitan considerar cuándo ese plazo lo es. Va de suyo que no puede considerarse legítimo un término exiguo que no dé tiempo para la reflexión, a veces ni siquiera para un responde; mucho menos lo será exigir uno tan extenso que perjudique la operación propuesta. Sin que importe por nuestra parte pretender regular lo que ni la ley ni las partes hubiesen estipulado, consideramos que treinta días sería un plazo razonable, en particular considerando que un plazo similar es aquel con que el accionista cuenta para tomar noticia de aquello que deberá tratarse en la asamblea ordinaria de ejercicio (arts. 67 y 237, LSC) y para suscribir un aumento de capital (art. 194, LSC), situaciones formalmente asimilables, reveladoras del criterio legislativo al respecto. 3 ) Tomada la decisión de vender y hecha la Oferta de venta por el Vendedor, la Aceptación de él o los otros accionistas "cierra el círculo" y permite establecer que el contrato se ha celebrado, que se ha perfeccionado el negocio desde el momento de esa aceptación (ver art. 1144, C. Civ. y concs.). Ni uno ni otro pueden arrepentirse a partir de ese momento (ver infra, apartado 5 ). Queda así claro que no cabe confundir la aceptación de la oferta de venta hecha con el precio a pagar, y aun otros detalles que en muchas ocasiones deben ser tratados luego del perfeccionamiento del acuerdo. Más aun y siempre estando a lo que el estatuto pueda establecer, en general para que medie aceptación no será necesario incluir precio alguno, pues en el caso de la oferta de vender sin precio mínimo (ver supra, punto 2 de este mismo capítulo) la sola aceptación perfecciona el contrato en sí y deja abierta la negociación sobre valor (que incluye monto, forma o modo de pago, plazo, garantías si se da plazo para el pago, derechos y deberes recíprocos). Obviamente el plazo y garantías 11
12 respetarán lo establecido en el estatuto o lo que así acuerden las partes; de no existir acuerdo y mediando silencio estatutario, el precio deberá abonarse al contado. En punto a obligaciones del Vendedor, las acciones se transmitirán sin embargos, ni otro tipo de restricción o gravamen, igualmente salvo acuerdo en contrario. 4 ) Como se desprende de lo que se viene explicando, la preferencia del Comprador no puede ponerse en cuestión invocando deficiencias en la regulación estatutaria, supuesto que en el caso existieran. Siempre en definitiva estará la opción judicial o arbitral para dirimirla, tal como señalamos en III, con cita de Garrido - Zago. En el mismo sentido se afirma que "De esta forma podríamos decir que al ejercerse la opción en sentido afirmativo el convenio se transformará automáticamente en el contrato de compraventa de acciones. Ello, sin perjuicio de la facultad que tendrán las partes de renegociar sus cláusulas una vez llevadas a cabo las auditorías legal y contable, y eventualmente, suscribir algún que otro documento adicional" (Jiménez Herrera, F., trabajo citado., p. 1027). 5 ) La retractación de la oferta hecha por el Vendedor. Ya hemos expuesto sobre el momento en que se perfecciona la operación en análisis. Hemos igualmente hecho alguna referencia a la posibilidad de arrepentirse, retirar, desistir o retractar la oferta hecha por el Vendedor a los accionistas, esto es a la decisión de poner final al procedimiento de venta del art. 214 antes de que se haya perfeccionado. Es obvio que en el supuesto contrario, esto es una vez comunicada la aceptación, el Comprador no podrá retractarla, salvo acuerdo con el Vendedor, solución por demás obvia (5). De allí que interese considerar el primero de ambos supuestos, pues es el que usualmente se da en la práctica societaria. Va de suyo que no se trata de analizar los casos en que media acuerdo de partes, incluso de aquellos en que anticipadamente se renuncia al derecho de desistir de la oferta formulada, irrevocabilidad de propuesta que por supuesto debe ser claramente explicitada por el Vendedor, que cuando la plantea es porque seguramente se encuentra interesado en atraer de tal modo y con más fuerza a potenciales postulantes y cuya legitimidad es por cierto incuestionable. Entonces, la solución de este supuesto no es compleja y se resuelve por las reglas comunes de formación del contrato. Como se explicó más arriba, en III, concurriendo oferta y aceptación durante la formación del proceso de compra- 12
13 venta, más allá de las diferencias de detalle precio incluido, que ciertamente no es un elemento menor, debe tenerse por celebrado el contrato. A partir de ese momento no es posible retroceder en el mecanismo puesto en marcha, no cabe desistir de la oferta ni arrepentirse de la aceptación; el contrato debe desde allí ser cumplido. Téngase en cuenta que la oferta de venta del art. 214 no puede ser tratada entre nosotros como un contrato preparatorio, la denuntiatio no es una mera comunicación, sino el otorgamiento de una opción, de allí la importancia de así calificarla. El Vendedor ha ofrecido vender, ha prometido hacerlo si la aceptación se produce y, producida ésta, deberán consumarse los actos pendientes que hagan a la completitud de contrato, incluyendo precio. No es éste el supuesto de la cláusula de autorización (agrément) del derecho francés (cuidadosamente reglamentados en sus arts. 274/277), cuya ley de SA prevé la comunicación previa a la sociedad, por parte del Vendedor, de su decisión de transmitir sus tenencias, que requiere de la conformidad del directorio o consejo de vigilancia y que, como se considera que no constituye una oferta de venta, puede desistirse (droit de refus). 6 ) Cabe alguna reflexión, igualmente, mientras se encuentre tramitando la fijación de valor, acerca de quién es el titular de los derechos sobre las acciones y cómo se ejercen los derechos del Comprador y del Vendedor durante ese lapso, que puede insumir algún tiempo, siendo que la compraventa se encuentra perfeccionada desde la aceptación, conforme quedase expuesto. Sobre el momento a partir del cual nace el derecho a registrar las acciones a nombre del Comprador y ejercer todos los derechos de socio (v.g.: en las asambleas, en el cobro de dividendos, en la elección de integrantes de los órganos, cuando el estatuto requiere calidad de accionistas). Dejando de lado las transmisiones en que no media conflicto entre las partes, donde naturalmente no se presentarán problemas al respecto, es menester determinar a partir de qué momento nace el derecho del Comprador de registrar las acciones a su nombre, teniendo en cuenta que el acuerdo de venta se perfecciona en el momento de la aceptación de la oferta en las condiciones expuestas en III, primer párrafo, aun cuando no se haya pagado el precio y ni siquiera en muchos casos el mismo esté siquiera fijado, ni obviamente haya mediado entrega de la cosa. Materialmente es seguro que el Vendedor, hasta la firma del acuerdo o decisión 13
14 judicial o arbitral firme y pago del precio, rehusará efectuar actos en favor de su Comprador. Va de suyo que se sustanciará la pertinente acción en que este último reclamará la entrega de la cosa y su registración y el Vendedor cuestionará el precio. Entonces, salvo pacto previo o acuerdo de partes, hasta tanto se sustancie la acción referida se podrá en ella, por la vía cautelar, plantear las medidas de resguardo del derecho de las partes. Así, se registrará la litis en los libros sociales y, de mediar controversia, deberá designarse un representante "ad hoc" para que participe en las asambleas. En cuanto a los dividendos corresponderán al Comprador desde el momento en que se haya perfeccionado la operación. 7 ) En capítulo por separado, pasamos a tratar el tema que más dificultades prácticas presenta en la aplicación del instituto, el del precio. VII. El precio. Métodos para su determinación. Supuestos asimilables. Sobre las reglas de los Códigos Civil y de Comercio. La Convención de Viena (A) En punto al tema del precio, cabe comenzar señalando que en cualquier caso cuestionarlo no necesariamente supone poder afectar la operación de compraventa, si se encontrase debidamente perfeccionada por la existencia de oferta y aceptación, de haberse producido tal como hasta aquí lo hemos venido describiendo. Va de suyo que el elemento esencial de esta operación, es la existencia de un precio justo, real, de mercado (palabra, esta última, que podría merecer reparo en materia de pequeñas o medianas sociedades en que resulta difícil aludir a ese valor, por lo que en general no aludiremos a ese concepto para evitar confusiones, sobre todo si como se dijo la opción en análisis es mucho más frecuentes en las empresas no cotizantes). Se trata de un derecho esencial del accionista, afectarlo es notoriamente violar su derecho de propiedad, constitucionalmente tutelado. Podría incluso afirmarse, en correspondencia con ello, que si el socio tiene derecho a la libre transmisión de sus acciones, es porque tiene derecho a percibir el precio justo cuando decida cederlas, sin perjuicio de su ajuste al momento del efectivo pago, conforme lo señalado en la nota 1 sobre nuestro texto legal y el alcance que cabe dar a la palabra "notablemente" que en él existe. Como dice Rubio (op. cit., p. 148): "Para gran parte de la doctrina que se ha 14
15 ocupado del tema, la exigencia de un precio justo o valor real a percibir por el socio que sufre el juego de una cláusula restrictiva a la transmisibilidad de sus acciones, se funda precisamente en ese principio de libre transmisibilidad..., considerado como principio configurador de la sociedad anónima, que ningún pacto estatutario puede enervar... Son nulas las cláusulas que hagan prácticamente intransmisible la acción... y es evidente que cuando la cláusula de fijación del precio arroja por resultado un valor manifiestamente inferior al real, justo o real, el socio soporta una virtual prohibición de enajenar, prohibición contraria a la ley y al tipo", que es lo que la regla del justo precio tutela. A lo que cabe agregar que, si admitir se pueda pagar un precio inferior al real importa violar el derecho de propiedad del Vendedor (que lo es recibir un precio injusto), igualmente sería contrario a la ley tener que adquirir la acción a un precio superior al justo, y en tal caso también se tornaría igualmente no operativa la cláusula, ya que de hecho nadie adquiriría algo por valor superior al real, por lo que en ambos casos, de no mediar acuerdo cabe ocurrir a la vía judicial o arbitral. (B) Volvamos entonces sobre un tema que ya hemos hasta aquí señalado en un par de ocasiones: es usual advertir que los contratos sociales que contienen la regla del art. 214, mayoritariamente no la reglamentan o lo hacen pobremente. Ante esta realidad, recordemos que el art del Código Civil establece: "Si el precio fuere indeterminado, o si la cosa se vendiere por lo que fuese su justo precio, o por lo que otro ofreciera por ella, o si el precio se dejare al arbitrio de uno de los contratantes, el contrato será nulo" (concs. arts y 1354). Y que, a su vez, los arts. 458/459 del Código de Comercio disponen: "Cuando se entregue la cosa vendida sin que por el instrumento del contrato conste el precio, se entiende que las partes se sujetaron al corriente en el día y lugar de la entrega. En defecto de acuerdo, por haber habido diversidad deprecio en el mismo día y lugar prevalecerá el término medio" (458) y "El precio de la venta puede ser dejado al arbitrio de un tercero. Si éste no pudiere o no quisiere hacer la determinación, quedará sin efecto el contrato, salvo pacto en contrario" (459). (C) Entonces, a la luz de estos textos: la carencia estatutaria de un mecanismo para determinar el precio, la falta de acuerdo sobre el mismo, la inexistencia de personas designadas para laudar o fijar el valor de la cosa, anula la posibilidad de ejercicio de la opción por el interesado en adquirir? 15
16 De alguna manera se trata de determinar si en nuestro caso son válidos los contratos con precio a fijar o abierto, frente al régimen de nulidad citado en (B), si el precio fuese supuestamente indeterminado. Recuérdese en tal sentido que ya Zavala Rodríguez, hace muchos años atrás (en su "Código de Comercio Comentado", Depalma, 1965, t. II, p. 64, 1201), reconocía la posibilidad de acordar una compraventa con "precio a fijar" o "a precio abierto", citando algo más adelante como base jurisprudencial de apoyo a su criterio, el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires, "in re" "Baulíes, B. J. c. Imperiale, J.", (LA LEY, Aludiendo al mismo fallo y en el mismo sentido, puede igualmente verse Fernández, en su "Código de Comercio Comentado", Buenos Aires, 1945, t. II, p. 361, comentario al art. 458). Entonces, a la pregunta del comienzo de este apartado, cabe señalar categóricamente que la respuesta negativa se impone. (D) Así, en caso de silencio estatutario (o aun mediando cláusula, que lo fije malamente), sólo un precio justo o real es el que debe considerarse como integrando la cláusula de opción de preferencia del art. 214, LSC y como tal la fórmula del art. 13, inc. 5, LSC, es la aplicable: no es legítimo un precio de la parte del accionista vendedor que se aparte (acotemos que tanto por exceso, como por defecto, ya que la ley no distingue al respecto) de su valor real al tiempo de su efectiva fijación (conc.: Fernández del Pozo y Herrero Moro, "El precio en las cláusulas restrictivas a la libre transmisibilidad de acciones o participaciones", Ed. Civitas, 1994, p. 34; Perdices Huetos, "Cláusulas restrictivas de la transmisión de acciones y participaciones", Ed. Civitas, 1997, cap. III, 12.1., p. 230). En el mismo sentido, Halperín ("Sociedades Anónimas", Buenos Aires, 1978, cap. VI, n 16, p. 288/290) claramente explica que cuando existe derecho de preferencia estatutariamente establecido, "los accionistas existentes o una categoría de entre ellos tienen un derecho preferente de adquisición, por el precio que se fije conforme a los estatutos. Este debe ser justo (art. 13, inc. 5, LS)", agregando que cualquiera de las diversas variables o procedimientos que se apliquen deberán asegurarlo para que se considere que la opción "sea lícitamente ejercida". E igualmente, Garo (op. cit., cap. VII, n 91, p. 93) apunta que: "La disconformidad de las partes sobre el precio no basta para declarar la inexistencia del contrato, siempre que no se negase la existencia de un acuerdo sobre él, aunque fuese tácito". 16
17 Debe entonces quedar en claro que, como ya quedó adelantado, así existiese una regla sobre fijación de precio específica en el estatuto social (lo que no es habitual, aunque debería serlo), si ésta se apartase del criterio impuesto por el art. 13, 5, LSC, sería en tal caso impugnable, por lo que cabe concluir que poco importa la disposición del contrato (y aun su silencio en lo que hace a la técnica para la determinación del precio) frente a la norma legal, ya que en cualquier caso siempre deberá ocurrirse a la sede judicial (o arbitral) en caso de discrepancia entre Comprador y Vendedor, fundada en la legitimidad o justicia del precio. Y si ello es así, poco importa que haya existido regla estatutaria concreta al respecto; en todos los casos la operación se perfecciona, sin que el debate sobre el precio pueda considerarse que la afecta y antes de su determinación. (E) Entonces, volviendo una vez más sobre nuestra nota 1, la opción de venta de acciones del art. 214, en lo que hace a la determinación del precio, se disciplina por el art. 13.5, que se alinea con la fijación del valor real y que incluso tolera un apartamiento que no sea notable de ese valor al momento del efectivo pago, no al tiempo de su determinación y cuando no coincida con éste. Es lo que la Exposición de motivos de la ley , cuando aludió al tema, señaló sobre el sentido que debe darse a la inclusión de la voz "notablemente" que referimos en la nota1. En esa Exposición se señaló que en la materia "se han receptado los principios admitidos por la jurisprudencia comercial, por lo que se ha reemplazado el concepto de justo precio contenido en el inc. 5 del artículo 13 del Anteproyecto, por el del valor real, en la inteligencia de que este concepto vinculado al requisito de la diferencia notable al tiempo de hacer efectivo el precio, permitirá la aplicación de criterios más estrictos y objetivos". Queda en claro así que la ley articula un sistema modesto sobre opciones de venta del art. 214, siendo igualmente evidente que esa "escasez" normativa no afecta la cláusula, aun cuando se inserte en el estatuto sin dar mayores descripciones o detalle de procedimiento, porque el cuestionamiento a una regla estatutaria que sólo establezca la preferencia u opción del art. 214, LSC, no la torna por eso cuestionable y de mediar conflictos de procedimiento o sobre fijación de precio, cabe requerir la intervención del Tribunal competente para su solución, sin afectar por ello la regla en sí. (F) Por lo demás, adviértase que la supuesta insuficiencia apuntada en (E), no es la única que se advierte en la materia. No son pocos los supuestos que regulan 17
18 cuestiones similares (algo adelantamos más arriba, en el cap. II). En todos ellos, de índole mercantil (bien se puede decir que también por ello es que ocurre así), la tal supuesta insuficiencia no afecta la posibilidad de transferir acciones o partes sociales. Es de destacar que, con similar escasez a la hasta aquí apuntada, diversos supuestos de nuestra legislación mercantil aluden a la determinación del precio de acciones o partes sociales cuando no medie estipulación de partes o cuando la ley la establece compulsivamente, sin nunca afectar por ello la operación de que en cada caso se trate. Recordemos algunos de ellos. F.1. Un supuesto notoriamente similar al que nos ocupa, es el de art. 223, inc. 1, LSC, en que se prevé la amortización total o integral de las acciones integradas, por resolución asamblearia "que fije el precio justo", situación que según Halperín (op. cit., cap. VI, c, p. 322) "puede autorizar la impugnación judicial del monto determinado", pero sin que ello permita dejar sin efecto la operación. F.2. De modo también asimilable al expuesto también resuelven cuestión semejante los arts. 25, inc. a), 27 párrafo 2, 28 párrafo segundo, 30 y 32 inciso d, del decreto delegado 677/2001, supuesto nominado como de venta residual obligatoria en la norma, también reglada por la legislación belga de similar modo. En estos artículos se fija el que se denomina como "precio equitativo" de las acciones, como pivote del sistema establecido para determinados casos de compra o venta decidida por una parte que se convierte por imperio de la ley en obligatorio para la otra (este punto ha sido impugnado por inconstitucionalidad, al igual que el decreto en sí, por provenir de autoridad sin delegación expresa para reglar el tema) (6); derecho que se da para adquirir, a quien hubiese obtenido una mayoría titular del 95% accionario, el 5% remanente ("participaciones residuales"); con el correlativo derecho de dicha minoría de imponer una oferta de compra a quien propusiere o hubiere logrado el porcentual del 95% referido. En tal caso el decreto establece que "El trámite de la impugnación (del "precio equitativo") no altera la transmisión de pleno derecho de las acciones", que queda perfeccionado antes de haberse fijado. F.3. Igualmente nos encontramos en el dec. 677/2001, art. 31, con otro ejemplo similar a los ya citados, el del retiro voluntario de la cotización, decidido el cual el accionista se encuentra facultado legalmente para hacer uso del derecho de separación con el consecuente pago del precio "equitativo" de sus acciones, a determinar conforme las mismas las pautas recién referidas (art. 31, d). 18
19 F.4. La fijación por precio "de plaza" o pericial en su caso, se regula cuando se trata de aportes en especie, en los arts. 51, primer párrafo y 53, LSC. F.5. En materia de receso (art. 245, LSC), caso que no es ciertamente igual a los que aquí estamos trayendo al análisis, una vez tomada por el accionista la decisión de cesar en su calidad de tal y desprenderse de sus acciones, la misma no tiene retorno, así se discrepe sobre el valor de las acciones; por lo que en caso de cuestionarse el valor que surja del último balance cabría también la acción judicial para determinar el justo precio (7), aun cuando y como se dice en el fallo citado en la nota 9, "Cladis de Menéndez c. E. Daneri ICSA s/ sumario", "no se da unidad de criterio respecto de lo que debe entenderse por tal, ni sobre los parámetros a aplicar para determinarlo". Es que en esta figura, el precio está ligado al "último balance", esto es que un valor contable de ejercicio técnicamente correcto en el caso equivaldría a justo precio, aunque pudiera apartarse del art. 13.5, LSC (contra: "Tacchi c. Peters", LA LEY, 1994-A, 384). Sobre este tópico, el valor real o justo constituye aun un debate inconcluso, lo que no es tema sólo propio del derecho nacional. F.6. También en el ya citado art. 154, LSC, sobre SRL, se alude a la necesidad de invocar un precio "ajustado a la realidad". F.7. Saliendo de la legislación societaria y como un ejemplo más, nos encontramos con el caso denominado "supuestos especiales" o "cram down" del art. 48, inc. 3, de la ley de concursos y quiebras, donde se establece como criterio para la valuación judicial de cuotas o acciones representativas del capital social de la sociedad concursada que no obtuvo las conformidades previstas para el acuerdo preventivo, la del "real valor de mercado", frase que encierra una contradicción notoria, puesto que tal tipo de valuación supone la existencia de una empresa en marcha, situación en la que resulta difícil sino imposible encuadrar a la empresa en quiebra o en trance de caer en ese estado y por tanto valorarla como actuando en el mercado (véase VII. A, segundo párrafo; además Vítolo, "Valuación de la empresa y precio de transferencia...", en LA LEY, 2003-C, 1001, cap. IV; Lauletta, "La función del evaluador en la ley de Quiebras", en LA LEY Actualidad, 30/05/2006, p. 1). Los supuestos descriptos, sin perjuicio del texto general ya citado del art. 13, inc. 5, LSC, todos ellos propios del derecho mercantil, presentan notorias similitudes con el instituto en tratamiento y ninguno de ello ha merecido objeción fundada en las recién citadas en B) de este mismo capítulo reglas del Código de Comercio 19
20 y del Código Civil. (G) De la Convención de Viena (1980) sobre Compraventa Internacional de Mercaderías No parece necesario insistir que lo establecido por la ley mercantil y lo que pudiera haber determinado el estatuto social configuran el plexo normativo sustancial que permite determinar la existencia implícita de un mecanismo para la fijación del precio justo o real de las acciones. Perfeccionada la operación con la aceptación de la oferta de vender conforme el estatuto, no cabe más que determinar el precio, modo y forma de pago. Sí, en cambio, es interesante ocurrir a las reglas contenidas en la Convención sobre Compraventa Internacional de Mercaderías de Viena de 1980 (la "Convención", ratificada por ley ) para advertir su afinidad con lo que venimos exponiendo sobre el tema y, por tanto, poder concluir sobre la universalidad de la solución de la cuestión, tal como aquí postulamos. El art. 55 de la "Convención" establece que cuando el contrato se haya celebrado válidamente, pero no se haya señalado el precio expresa o implícitamente (o estipulado un medio para determinarlo), se considera que las partes han hecho referencia al precio generalmente cobrado en el momento de la celebración del contrato por tales mercaderías, vendidas en circunstancias semejantes en el tráfico mercantil de que se trate. El principio de "razonabilidad" contenido en la Convención, en el caso de cuestionarse la validez de un contrato internacional, hace que se privilegien los criterios de conservación del contrato y la restricción en las causales de resolución del mismo, por lo que, en los casos en que no se aludiera a un precio preciso, "no existiría propiamente falta u omisión en la fijación del precio, sino más bien un tácito acuerdo implícito en la oferta y aceptación de los contratantes de referirse al sistema de fijación del precio que determina el art. 55 en análisis" (Muguillo, Roberto, "Compraventa a precio abierto o a fijar precio", en Revista Jurídica de Mar del Plata, año 2002, n 4, b, p. 81; Barrera Graf, "La convención de Viena y el derecho mexicano", en R.D.C.O., año XV, 1982, p. 325). "Cuando las partes no han efectuado ninguna previsión sobre el precio y la intención de concluir un contrato es clara, el defecto de determinar el precio ausente en el mismo no perjudica el contrato, siendo implícito el price generally charged, lo que cierra definitivamente el debate y mantiene vigente y ejecutable el contrato" (Honnold, "Derecho Uniforme sobre Compraventas Internacionales", Madrid, 1986, p. 326, n 326, p. 1, citado por Muguillo, op. cit., p. 82/4) (8). 20

References: artículo 214
 artículo 214
 artículo 214
 artículo 214
 artículo 214
 artículo 214
 artículo 214
 resolución 
de lege ferenda
 artículo 214
in fine
 artículo 13
 resolución 
 resolución