Source: http://luisdallanegra.bravehost.com/Ordimper/cap29o03.htm
Timestamp: 2018-01-18 01:59:01+00:00

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¿GUERRA O NEGOCIACION EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES?
La historia de la humanidad, está vinculada a la construcción de procesos de paz y de negociación pacífica, en la misma medida en que está plagada de situaciones de conflicto y de imposición por la fuerza.
¿Qué ha hecho que haya períodos en los que predomine un proceso u otro?
El Pacto Brian-Kellogg del 26 de Agosto de 1928, establecía la no utilización de la guerra como instrumento de política nacional y acordaba no buscar la resolución de las disputas, cualquiera fuera su origen, por otros medios que no fueran los pacíficos. No obstante, gran parte de los conflictos no se han resuelto por estos medios.
Se podría ver en términos de construcción de consenso o de coerción. Los imperios no construyen consenso, simplemente se imponen, porque en la medida en que consensuan se debilitan [634].
En el caso del Medio Oriente, encontrar un mecanismo conjunto, en el que estuvieran, incluso, los países islámicos, para luchar contra el terrorismo, hubiera fortalecido el multilateralismo y generado mayores lazos de lealtad y afinidad; sin embargo, el gobierno de George W. Bush eligió el camino del unilateralismo y la coerción. EUA “no negocia”, ha sido el lema constante del gobierno norteamericano, tanto en el caso de su planteo de invasión a Afganistán, como a Irak.
De acuerdo con Machiavello, la expansión del Imperio está enraizada en la trayectoria interna de los conflictos que se supone que debe resolver. El Imperio no se forma sobre la base de la fuerza propiamente, sino sobre la base de la capacidad para presentar a la fuerza colocada al servicio del derecho y la paz [635].
El ex presidente de EUA James Carter criticó el 10 de diciembre del 2002 el concepto de “guerra preventiva” que planteó el gobierno de George W. Bush, como solución para el conflicto con Irak, durante un discurso con el que recibió el Premio Nobel de la Paz, en Oslo. También llamó a todos los países para que coordinaran sus esfuerzos por la paz a través de la ONU, y calificó al conflicto de Medio Oriente como la mayor amenaza para la paz mundial: “Hay por lo menos ocho potencias nucleares, tres de las cuales amenazan a sus vecinos (...) y que países poderosos adopten el principio de guerra preventiva crea un precedente que puede tener consecuencias catastróficas”.
En una observación sobre la evolución del sistema mundial, en el que el transnacionalismo se ha convertido en un factor central de las relaciones globales, comentó que “los recientes actos de terrorismo nos han recordado que no hay naciones invulnerables”.
En relación con el conflicto de Medio Oriente, con el que se siente especialmente vinculado por su participación en los acuerdos de paz de Camp David entre Israel y Egipto de 1978, abogó por retomar el espíritu de aquellos acuerdos y de Oslo y por que ambas partes respeten la Resolución 242 de la ONU (que condena la toma de territorios por la fuerza), ya que es “la única receta razonable para la paz”.
Carter defendió también algunos de los proyectos multilaterales a los que no se quiso sumar el gobierno de Bush, como la abolición de las minas antipersonales, la prohibición de la pena de muerte y el Tribunal Penal Internacional. El ex presidente, cuya distinción ha sido interpretada también como una crítica indirecta a las tendencias al unilateralismo y el belicismo del gobierno de George W. Bush, advirtió que en el pasado EUA utilizó su poderío “con moderación... y sin dar por hecho que ser el más fuerte signifique ser el más sabio”. Además hizo un alegato especial para exhortar a las naciones desarrolladas a que luchen contra las desigualdades y la pobreza [636].
Para James Carter, la forma de disipar el peligro de Irak, era instalando equipos permanentes de inspección, que deberían mantenerse hasta que EUA y los demás miembros del CS de la ONU estimaren que su tarea ya no era necesaria [637]. El coste de los equipos de inspección en el propio lugar de la investigación sería ínfimo comparado con la guerra; a Saddam Hussein no le quedaría otra alternativa que cumplir con lo que se le exigiera. Los resultados serían indudables y ciertos, se evitarían víctimas militares y civiles, se registraría un apoyo internacional casi unánime y EUA podría recobrar su liderazgo combatiendo la verdadera amenaza del terrorismo internacional [638]. “Como cristiano y como un presidente que tuvo que lidiar con severas crisis internacionales, me familiaricé mucho con los principios para una guerra justa y es claro que un ataque sustancialmente unilateral contra Irak no cumple con esos lineamientos. (...) La guerra sólo puede ser librada como último recurso, tras agotarse todas las opciones no violentas (...) en el caso de Irak, es obvio que existen claras alternativas. (...) El prestigio estadounidense decaerá más con seguridad si iniciamos una guerra en claro desafío a las Naciones Unidas'' [639].
Rigoberta Menchú, Guatemalteca, Premio Nobel de la Paz, declaró por la CNN que lo que estaba haciendo EUA en Irak era “terrorismo de Estado” [640].
El caso Nicaragua es indiscutible. Lo zanjaron la Corte Internacional de La Haya y las Naciones Unidas. Preguntémonos cuántas veces los comentaristas dominantes evocaron este precedente indiscutible de una acción terrorista a la que un Estado de derecho quiso responder mediante recursos legales. Sin embargo se trataba de un precedente todavía más extremo que los atentados del 11 de septiembre: la guerra de la administración de Ronald Reagan contra Nicaragua provocó 57.000 víctimas, entre ellas 29.000 muertos, y la ruina tal vez irreversible de un país.
En esa oportunidad Nicaragua reaccionó. No haciendo estallar bombas en Washington, sino recurriendo a la Corte de Justicia Internacional, que falló el 27 de junio de 1986 a favor de las autoridades de Managua, condenando “el empleo ilegal de la fuerza” por parte de EUA (que había minado los puertos de Nicaragua), y ordenando a su gobierno a que pusiera fin a los crímenes, sin olvidar el pago de indemnizaciones e intereses considerables. EUA contestó que no se plegaría al juicio y que no reconocería más la jurisdicción de la Corte.
Nicaragua pidió entonces al CS de la ONU que adoptara una resolución exigiendo a todos los Estados el respeto del derecho internacional. No mencionó a ninguno en particular, pero todos comprendieron. EUA vetó la resolución. Hasta el presente, es el único Estado que al mismo tiempo haya sido condenado por la Corte de Justicia Internacional y se haya opuesto a una resolución que exige el respeto del derecho internacional. Nicaragua se dirigió entonces a la AG de la ONU. La resolución que propuso se topó con tres oposiciones: las de EUA, Israel y El Salvador. Al año siguiente, Nicaragua reclamó el voto de la misma resolución. Esta vez Israel fue el único en apoyar la causa de la administración Reagan. Para entonces Nicaragua ya no disponía de ningún recurso legal. Todos habían fracasado en un mundo regido por la fuerza. Este precedente no deja dudas [641].
CONSECUENCIAS PARA EL ORDEN MUNDIAL
1) Será revelador saber cómo la UE procesará el conflicto. Las lógicas en cada extremo del Atlántico Norte se mostraron cada vez más diferentes. Quizás el aspecto más perturbador del Golfo existente entre Europa y EUA ha sido la noción de que sus valores básicos y sus intereses han divergido. Además, el gobierno de Bush, se encargó de fracturar la unidad de la UE.
2) George W. Bush ha insistido en agitar el fantasma de un terrorismo internacional acechando desde las sombras del planeta y en asegurar que Irak representaba un enorme peligro para el mundo por sus armas de destrucción masiva -nucleares, químicas y bacteriológicas- sobre cuya existencia no creyó necesario presentar siquiera un indicio, no ya una prueba.
3) George W. Bush desafió los tres presupuestos básicos que legitiman la guerra:
a) El derecho internacional con el artículo 51 de la Carta de la ONU que define la legítima defensa, condición que tuvo la breve confrontación de 1991 en el Golfo Pérsico después de la invasión de Kuwait.
b) La necesidad imperiosa de un Estado amenazado por extinción o gravísimo daño.
c) La demanda a la moral internacional que puede plantear el genocidio. George W. Bush propuso, en cambio, la decisión unilateral de quien puede tomarla como fundamento de una guerra, que es lo mismo que desplazar la idea misma del derecho en favor de la fuerza. ¿Qué clase de mundo, de orden nuevo, quedará después?
JURIDICIDAD DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL DERECHO INTERNACIONAL
¿Cómo debe ser interpretado el derecho internacional? Los críticos de la guerra proponen una concepción del derecho internacional que, en alguna medida pareciera seguir defendiendo los intereses de los Estados soberanos por sobre los derechos de las personas.
Desde hace varios años, se ha incorporado la perspectiva del derecho internacional a la luz de los valores humanos, no de valores estatales. El derecho debe proteger a las personas, no a los gobernantes; fundamentalmente cuando éstos, escudados en la “razón de Estado” atentan contra las libertades y los derechos humanos.
¿Hay o no un derecho a la intervención humanitaria? ¿El caso Irak entra dentro de este concepto?
Desde el punto de vista del derecho internacional clásico, la soberanía de Irak y la necesidad de preservar el gobierno de Irak era más importante que otros valores: los derechos humanos de los iraquíes. Lo mismo puede decirse de una prohibición amplia del uso de la fuerza.
La interpretación del derecho internacional a la luz de valores humanos tiene otras implicaciones. Un corolario es que las dictaduras, no tienen derecho a la existencia. Esto significa que cualquier consideración que les debamos, incluyendo la decisión de tolerarlas, sería dictada por la conveniencia, no por el derecho. La remoción de tales regímenes, por lo tanto, está permitida en algunos casos de acuerdo con una interpretación del derecho internacional guiada por valores humanos.
A la luz del derecho internacional humanitario, cabe hacerse ciertas preguntas respecto de la guerra contra Irak. ¿Corresponde a la “coalición” promover una democratización de Irak, apoyar una solución del conflicto de Medio Oriente que incluya un Estado palestino genuinamente democrático, y promover, en general la democracia y los derechos humanos en la región, más allá de que asegure que sus acciones no tienen propósitos de control sobre el territorio o la economía en Irak o en la región, ni cualquier otra ambición de dominar, o éste es un papel de la ONU? ¿Es una cuestión de conveniencia que intervenga la ONU o la coalición? ¿En qué medida -más allá del poder que pueden ejercer algunos muy escasos Estados privilegiados- esto debe ser aceptado?
Mientras la comunidad internacional no pueda construir mecanismos multilaterales de resolución de estos temas a partir de un “poder de policía supremo”, serán los poderosos los que manejen el régimen y el orden.
¿DEMOCRACIA EN EL MEDIO ORIENTE CAUSA DE INVASION A IRAK?
La escritora Susan Sontag en un seminario en Río de Janeiro celebrado en septiembre del 2002, junto al italiano Carlo Guinzburg, polemizó sobre el “uso” que el gobierno de George W. Bush ha hecho de los atentados del 11 de setiembre del 2001 “como un pretexto para la extensión de la política externa norteamericana”. En una actitud totalmente crítica hacia Bush y su grupo, puso al “petróleo y la industria armamentista” como el motivo real de un ataque a Irak. Sontag describió a la sociedad norteamericana como mayoritariamente irracional: “Nunca dije sobre EUA algo que me impresiona y es la cantidad de gente loca que vive allá: maníacos religiosos”. Planteó que el discurso oficial norteamericano, teñido de “guerra”, frustra toda posibilidad de discusión y disenso: “Estamos en guerra, entonces no podemos debatir; tenemos que unirnos contra el enemigo. Eso es lo que piensa el pueblo”.
Sontag planteó que el objeto central de la invasión a Irak era el petróleo y también la industria armamentista y agregó la importancia que tenía el lobby de Israel. No obstante, dudó en calificar a Saddam Hussein como “un monstruo”, pero aclaró que existían muchos iguales [642].
Una pregunta frecuente es: ¿Por qué ha ido el gobierno de Bush detrás de Saddam Hussein y trató a Corea del Norte con guantes de seda, cuando allí ya tenían armas nucleares, misiles para lanzarlas, 100.000 soldados norteamericanos al alcance de sus misiles y un líder aún más cruel con su propio pueblo que Saddam Hussein? Una de las razones es, por supuesto, el petróleo.
Michael Mandelbaum, experto en política exterior de la Universidad de Johns Hopkins se planteaba: “Hasta ahora Saddam no ha utilizado el petróleo para beneficiar a su pueblo, sino para hacer la guerra contra sus vecinos, construir lujosos palacios y adquirir armas de destrucción masiva”. Entonces, Bush hubiera tenido un mayor respaldo para lanzar una guerra, si hubiera dejado en claro que actuaba en beneficio del planeta y no para alimentar los excesos norteamericanos. Una guerra por el petróleo si es acompañada con un verdadero programa de conservación de energía sería, en principio, entendible, pero cuando el gobierno norteamericano expresa que no le interesa en lo más mínimo el cambio climático, que se siente autorizado a consumir todo el petróleo que quiera, el mensaje es que la guerra por el petróleo no es una guerra para proteger el derecho mundial a la supervivencia económica, sino el derecho a la seguridad energética de EUA. Y eso resulta inmoral.
Ni el equipo de Bush o las empresas norteamericanas han demostrado voluntad para generar cambios en Irak y pagar en dinero y mano de obra el precio necesario para ayudar a los iraquíes a establecer un Estado árabe progresista y democrático. Ese sí sería un paso importante para la construcción de un Medio Oriente mejor [643].
Cada vez que una democracia genuina amenazó el control norteamericano sobre las reservas de petróleo de Medio Oriente, EUA atentó contra ella. Un buen ejemplo fue el golpe, respaldado por la CIA, contra Mossadegh, el Primer Ministro iraní. En 1951, Mossadegh nacionalizó la industria petrolera iraní, provocando el boicot británico al año siguiente y, en 1953, la intervención, apoyada por EUA, que lo derrocó y lo envió a prisión.
Otro caso es el apoyo occidental a la represión militar en Argelia, cuando las elecciones democráticas de comienzos de 1992 amenazaron con llevar al poder al Frente Islámico de Salvación. Este parecía alcanzar el triunfo, pero el Ejército argelino se interpuso e interrumpió la votación. Los gobiernos occidentales, liderados por Francia pero respaldados por EUA, prestaron apoyo moral y financiero al golpe militar.
La democracia nada tiene que ver con la política norteamericana en Asia Central, donde las compañías petroleras y los diplomáticos norteamericanos promueven negocios en Kazakhstán, Turkmenistán y Uzbekistán, tres países con regímenes despóticos.
Algunos documentos clave, escritos por y para el gobierno de Bush antes del 11 de septiembre del 2001, cuando el análisis del Medio Oriente estaba mucho menos enviciado por los temores actuales, abren una buena ventana hacia la política norteamericana de posguerra en Irak. El más interesante es, quizás, un estudio titulado “Desafíos del Siglo XXI a la Política Estratégica en Materia de Energía”, elaborado en forma conjunta por el Instituto James Baker III de Política Pública, de la Universidad Rice, en Texas, y el Consejo de Relaciones Exteriores.
El estudio deja en claro dos puntos. Primero: Irak es vital para el flujo de petróleo desde el Medio Oriente, porque se asienta sobre la segunda reserva del mundo en volumen. Los autores del estudio se preocupan porque, de hecho, EUA necesita el petróleo iraquí por razones de seguridad económica, pero no puede permitir que Saddam Hussein lo explote por razones de seguridad militar. Por lo tanto, EUA necesita un cambio de régimen en Irak por motivos de seguridad energética. En todo el estudio, no figura ni una sola vez la palabra “democracia”.
Este documento también ofrece un vistazo interesante de las preocupaciones de funcionarios, como el vicepresidente, Richard Cheney, y el Secretario de Defensa, Donald Rumsfield. Ambos ingresaron en el gobierno nacional en 1974, durante la presidencia de Gerald Ford. Entonces, el embargo del petróleo árabe había desencadenado un impacto económico que condenó a Ford al fracaso. El informe de referencia le atribuye una gran importancia a las amenazas actuales de una fractura similar. El embargo de los años ‘70 fue un momento definitorio en el pensamiento estratégico de Cheney y Rumsfeld [644].
¿COMO SE "CONSTRUYE" UNA GUERRA?
Desde el atentado del 11 de septiembre del 2001, los pasos que llevó a cabo el presidente George W. Bush han derivado en un conflicto que sirve a los intereses petroleros y bélicos que su gabinete en pleno defiende.
El mundo post-bipolar venía desarrollándose en el eje económico, donde EUA debía competir en paridad de condiciones, y en algunos casos en inferioridad de condiciones frente a Europa y el mundo asiático; por lo que debía buscar la forma de manejar las cosas de forma tal de volcar la dirección en el sentido del eje estratégico-militar donde tiene ventajas comparativas y competitivas exclusivas y excluyentes. Los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 constituyeron el factor que permitió dar ese vuelco.
Comparativamente, en 1939, poco antes de invadir Polonia, Adolf Hitler pidió al Alto Comando de la Wehrmacht: “Daré una razón propagandística para comenzar la guerra, no importa si es plausible o no. Al vencedor no se le pregunta después si dijo o no la verdad”. Hitler sabía que una propaganda para ser efectiva necesitaba de hechos. Y para probar que Polonia no aceptaba sus propuestas de paz, ordenó la Operación Himmler: alemanes de las SS y Gestapo, uniformados como soldados polacos, atacaron una estación de radio en Gleiwitz, frontera de Alemania. Ahí estaba la “razón propagandística”. El proyecto de Hitler era extender el dominio de Alemania, imponiendo a todos los países el modelo político del III Reich, y construir el Gran Imperio Germánico, para durar por lo menos un milenio.
El 17 de setiembre del 2001, seis días después del atentado terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono, que la CIA y el FBI, pese a tener informaciones, nada hicieron para impedir, el presidente George W. Bush firmó un documento, clasificado como secreto, en el que trazó la campaña en Afganistán como parte de la guerra global contra el terrorismo y ordenó al Pentágono que iniciase el planeamiento de opciones militares para la invasión de Irak. Después, requirió al Congreso poderes para hacer la guerra contra el terrorismo, que empezó con el bombardeo y ocupación de Afganistán, y ordenó al Pentágono la elaboración de planes para el uso de armas nucleares contra lo que denominó como “eje del mal”.
En abril del 2002, proclamó el propósito de derrocar a Saddam Hussein y cambiar el régimen político en Irak. El 1° de junio del 2002, anunció en un discurso a los cadetes de West Point el cambio en la estrategia de seguridad nacional de EUA, reemplazando la doctrina del “containment and deterrence” (contención y disuasión) por la de “preemptive attacks” (ataques preventivos), contra grupos terroristas o países percibidos como amenaza: “La guerra contra el terrorismo no será vencida en la defensiva”, declaró George W. Bush y aclaró que el proyecto era remodelar los países, con el establecimiento de “sociedades libres y abiertas en todos los continentes”. Para no dejar la menor duda, agregó: “Los requisitos de libertad se aplican plenamente a Africa y a América latina y al mundo islámico íntegro”.
La Ministra de Justicia del gobierno alemán, Herta Däuber-Gmelin, comparó los métodos del presidente George W. Bush, cuando en septiembre del 2002 intensificó los preparativos para atacar Irak, con los de Hitler, a fines de los años ‘30, antes de comenzar la segunda guerra mundial. El contexto, evidentemente, era otro; la retórica, diferente, pero la esencia ha sido la misma. El atentado terrorista del 11 de setiembre del 2001 sirvió a George W. Bush como “razón propagandística” para declarar la guerra permanente contra el terrorismo y, después de ocupar Afganistán, trató de promover la demonización de Saddam Hussein, sin presentar pruebas consistentes de que poseía armas de destrucción masiva, para justificar el ataque a Irak, intención que tenía desde la inauguración de su gobierno en el 2001.
El ataque a Irak constituye el primer paso en la implementación de la estrategia de la seguridad nacional, según la doctrina del “preemptive attacks” (ataques preventivos), que el gobierno del presidente Bush oficializó en un documento de 33 páginas -The National Security Strategy of the United States of América- divulgado en setiembre del 2002, como si se tratara de una respuesta al atentado terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
Esa doctrina, sin embargo, fue formulada, en el inicio de los años ‘90, por un pequeño círculo de teóricos conservadores, entre los cuales se encuentran Paul Wolfowitz y I. Lewis “Scooter” Lybby, que desde hacía tiempo presionaban en el sentido de ampliar la función de las armas nucleares, de modo de asegurar la superioridad militar, política y estratégica de EUA.
En 1992, Richard Cheney, como Secretario de Defensa, emitió un documento -elaborado en parte por Paul. D. Wolfowitz, que era su subsecretario- en el que definía que la primera misión política y militar de EUA en la postguerra fría consistía en impedir la emergencia de algún poder rival, en Europa, Asia y en la ex URSS. En aquel entonces, el presidente George Bush, padre de George W., no aceptó la idea. Pero, el 3 de junio de 1997, un grupo compuesto por Jeb Bush, hermano de George W., Richard Cheney, Francis Fukuyama, I. Lewis Libby, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld y otros, lo resucitó, lanzando el Project for the New American Century (Proyecto para el Nuevo Siglo Americano), que proponía aumentar los gastos en defensa, fortalecer los vínculos democráticos y desafiar los “regímenes hostiles a los intereses y valores” americanos, promover la “libertad política” en todo el mundo y asumir para EUA el papel exclusivo en la tarea de “preservar y extender un orden internacional amigable para nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”. En cierta medida, repetía lo que el ex Presidente Woodrow Wilson había planteado en la post primera guerra mundial.
Ese ha sido el objetivo de George W. Bush, cuya administración ha servido fundamentalmente a los intereses de las empresas petroleras, volcadas sobre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, y también a las industrias bélicas, que necesitan experimentar los nuevos armamentos y tecnologías en guerra real, gastar los stocks que poseen y recibir nuevas remesas.
Casi todos sus colaboradores: Richard Cheney, Colin Powel, Donald H. Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Condolezza Rice, Robert Zoellick, Otto J. Reich, e incluso él mismo, tienen vínculos con las grandes corporaciones, entre las cuales se encuentran: Halliburton, General Dynamics, Nun-Wolfowitz, Hugh Eletronics, Enron, Chevron y otras. Lo que el grupo ha pretendido, con la guerra a Irak, ha sido redefinir el cuadro estratégico del Medio Oriente, lo que implicaba el control de las reservas de petróleo y evitar que la OPEP, en las transacciones internacionales, abandonara el patrón dólar y adoptara el patrón euro, cambio que habían efectuado Saddam Hussein, además de China y Rusia en operaciones con la UE.
Al intervenir militarmente en Irak y procurar controlar los regímenes del Medio Oriente, procuró, bajo el pretexto de combatir al terrorismo, consolidar el predominio de EUA en la región y dar mayor seguridad a Israel.
Paul Wolfowitz, uno de los teóricos del proyecto The New American Century, evidenció tal propósito luego del atentado del 11 de setiembre, al defender la tesis de que no bastaba capturar y prender a los talibanes, sino que había que remover los sistemas de apoyo, “acabando con los Estados que patrocinan el terrorismo”. Apuntó entonces a Irak como primer blanco de la campaña, con el argumento de que ésta sería más sencilla y rápida que en Afganistán [645].
Dentro de los objetivos, estuvo debilitar a los competidores, particularmente Europa, evitar que Rusia se recupere y darle posibilidades a China.
Lo cierto es que la guerra a Irak, se inició vacía de justificación como ninguna otra en el pasado. No fue provocada, en la medida en que nadie probó que Saddam Hussein tenía algo que ver con los hechos del 11 de setiembre del 2001; no fue posible incluirla en un mandato de la comunidad internacional porque no se puede plantear el derecho a la legítima defensa, como lo establece el artículo 51, capítulo VII de la Carta de la ONU; y los principios invocados: la eliminación de armas de destrucción masiva y químicas y la “liberación” de los iraquíes, carecieron de fundamentos reales.
POSICION DE AMERICA LATINA
El Canciller argentino Carlos Ruckauf comentó antes de reunirse con Colin Powell en el marco de la 57 AG de la ONU, que “Al igual que el resto de los países de América latina, reunidos en el Grupo de Río, apoyaremos la apertura de Irak para que ingresen los inspectores de armas de las Naciones Unidas. No vamos a apoyar más allá” [646].
No obstante, más adelante, el gobierno argentino ofreció a EUA y a la ONU el aporte de las tres fuerzas armadas.
La Argentina respondió con una lista de compromisos que estaba dispuesta a asumir y que puso en manos del gobierno de EUA y de la ONU:
Ejército: La fuerza aportaría la participación de profesionales expertos en armas nucleares, químicas y contaminantes, capaces de provocar daños nocivos a fuerzas militares y a la población.
Fuerza Aérea: Colaboración con hospitales desplegables.
Armada: Ofreció la participación en el Caribe de fuerzas capaces de cubrir con unidades de otros países el vacío que la armada norteamericana eventualmente dejaría.
El gobierno de Bush hizo un requerimiento concreto de participación a un grupo de 25 países -entre ellos la Argentina- a los que recurrió en busca de solidaridad activa respecto de Irak. Ese pedido se formalizó en una visita que hizo al Canciller Carlos Ruckauf el Consejero Político de la Embajada norteamericana en Buenos Aires, Michael Matera. El Canciller Carlos Ruckauf manifestó que la Argentina no participaría en un ataque de EUA a Irak sin que existiera previamente un voto explícito del CS de la ONU [647].
Por otra parte, en un documento del Departamento de Estado de EUA, la Argentina aparece entre los neutrales, apenas acompañada por Bolivia.
Apoyando a EUA en la intervención militar aparece Colombia, que tiene tropas norteamericanas que la asesoran en el combate contra la guerrilla y el narcotráfico. La Canciller colombiana Carolina Barco señaló que: “Nadie desea la guerra, pero hemos estado esperando por 12 años que el gobierno iraquí cumpla con las resoluciones de la ONU”. Junto a Colombia se encuentran El Salvador, Honduras, Panamá y Nicaragua, países que se pronunciaron conjuntamente para condenar al régimen iraquí.
Entre los que se opusieron a la intervención militar de EUA a Irak, figuran Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, México, Perú y Venezuela. La situación de México y Chile fue particularmente difícil, porque les tocó estar como miembros no permanentes en el CS de la ONU, pero, a la vez México es miembro del TLCAN/NAFTA y Chile ha firmado un Tratado de Libre Comercio con EUA pendiente de implementación en el 2004.
El Presidente de México Vicente Fox dijo que: “En esta ocasión estamos en desacuerdo con los tiempos y la manera de proceder. México reitera el camino multilateral para la resolución de conflictos y lamenta el camino de la guerra. (...) Nuestra relación con EUA, nuestro socio más cercano, nuestro vecino y amigo, no debería cambiar, coincidimos en la lucha contra el terrorismo”.
Su colega chileno, Ricardo Lagos, había sostenido: “Lamentamos profundamente el desarrollo de los hechos, porque creo que, más que ponernos a nosotros mismos como jueces, todos tenemos un grado de responsabilidad.”
Cuba, hizo una condena clara: “La actitud de EUA amenaza al sistema de relaciones internacionales e instituciones multilaterales creado luego del fin de la segunda guerra mundial”.
Brasil, en comentarios de su Presidente Luiz Inacio “Lula” da Silva protestó por la transformación de un problema americano en un conflicto internacional: “George W. Bush no tiene el derecho, actuando sólo, de decidir qué es bueno y qué es malo para el mundo” [648].
[634] Los métodos de resolución pacífica de los conflictos los he abordado en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional” (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Cap. XVI.
[635] Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, (Cambridge, Massachussets, Harvard University Press, 2000), pág. 15.
[636] Dura Condena de Carter a la “Guerra Preventiva”, en Diario La Nación, Buenos Aires, 11 de Diciembre del 2002.
[637] Carter Cuestiona los Motivos de Bush Para Ir a la Guerra, en Diario Clarín, Buenos Aires, 3 de Febrero del 2003.
[638] Una Alternativa a la Guerra, en Diario Clarín, Buenos Aires, 14 de Febrero del 2003.
[639] Jimmy Carter Dice que una Guerra Contra Irak no Sería Justa, en Diario Clarín, Buenos Aires, 9 de Marzo del 2003.
[640] http://www.cnnenespanol.com. Marzo del 2003.
[641] Chomsky, Noam, (Profesor en el Massachussetts Institute of Technology (MIT) Boston, EUA. Texto Extraído de una Conferencia Pronunciada en el MIT el 18 de Octubre del 2001), ¿Terrorismo Contra Terroristas?, en Le Monde Diplomatique, El Dipló, Buenos Aires, Vol. III, N° 30, Diciembre del 2001.
[642] El Petróleo es el Elemento Central de la Guerra a Irak, en Diario Clarín, Buenos Aires, 9 de Septiembre del 2002. Ver, De Dicco, Ricardo A. y Lahoud, Gustavo O., La Crisis de la Energía en la Escena Geopolítica Mundial, Serie de Documentos de Trabajo IDICSO, Documento de Trabajo N° 3, Abril del 2003, donde tratan con amplitud y profundidad, el tema del petróleo y el gas en el mundo.
[643] Friedman, Thomas L., ¿Una Guerra Sólo Para Controlar el Petróleo?, en Diario La Nación, Buenos Aires, 7 de Enero del 2003, reproducido del The New York Times.
[644] Sachs, Jeffrey D., EUA Va a la Guerra por el Petróleo, en Diario La Nación, Buenos Aires, 3 de Febrero del 2003.
[645] Bandeira Moniz, (Politólogo, profesor emérito de política exterior de Brasil, Universidad de Brasilia) “Cómo se Construye una Guerra”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 27 de Febrero del 2003.
[646] La Guerra Contra el Terrorismo, en Diario La Nación, Buenos Aires, 16 de Septiembre del 2002.
[647] La Ayuda que Comprometió la Argentina en Caso de Conflicto, en Diario La Nación, Buenos Aires, 8 de Febrero del 2003.
[648] El Implacable Registro de la Diplomacia Americana, en Diario Clarín, Buenos Aires, 26 de Marzo del 2003. También El Efecto Lula en América Latina, en Diario La Nación, Buenos Aires, 3 de Noviembre del 2002.

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 artículo 51
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