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Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH: Un documento de opciones de política
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Cristóbal Alarcón Moreno
1 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH: Un documento de opciones de política
2 Preparado para el ONUSIDA por Richard Elliott Red Jurídica Canadiense sobre el VIH/SIDA, Montreal (Canadá) Funcionaria Responsable del ONUSIDA: Miriam Maluwa, Asesora Jurídica y de Derechos Humanos ONUSIDA/02.12S (versión española, junio de 2002) ISBN Versión original en inglés, UNAIDS/02.12E, junio de 2002: Criminal Law, Public Health and HIV Transmission: A Policy Options Paper Traducción ONUSIDA Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) Reservados todos los derechos. El presente documento, que no es una publicación oficial del ONUSIDA, puede reseñarse, citarse, reproducirse o traducirse libremente, en parte o íntegramente, siempre y cuando se nombre su procedencia. No se permite su venta o su uso en conexión con fines comerciales sin la aprobación previa por escrito del ONUSIDA (contacto: Centro de Información del ONUSIDA). Las opiniones expresadas en la presente publicación son de la exclusiva responsabilidad de sus autores. Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, por parte del ONUSIDA, juicio alguno sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, o de sus autoridades, ni respecto del trazado de sus fronteras o límites. La mención de determinadas sociedades mercantiles o de nombres comerciales de ciertos productos no implica que el ONUSIDA los apruebe o recomiende con preferencia a otros análogos. Salvo error u omisión, las marcas registradas de artículos o productos de esta naturaleza se distinguen por una letra inicial mayúscula. ONUSIDA 20 Avenue Appia 1211 Ginebra 27, Suiza Teléfono: (+41) Fax: (+41) Dirección electrónica: Internet:
3 O N U S I D A COLECCIÓN PRÁCTICAS ÓPTIMAS Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH: Un documento de opciones de política Ginebra, Suiza Junio de 2002
5 Índice Resumen de orientación 5 1. Antecedentes Principios rectores 16 Las decisiones deberían basarse en las mejores pruebas disponibles 16 La prevención del VIH debe ser el objetivo principal de la política de penalización 16 La política debe respetar los derechos humanos 16 Las violaciones de los derechos humanos deben estar adecuadamente justificadas Aspectos de política 22 Objetivos del uso del derecho penal 22 Incapacitación 22 Rehabilitación 22 Castigo 23 Disuasión 23 Aspectos de política más amplios 24 Dificultades de las pruebas 24 Posible efecto perjudicial sobre las iniciativas de salud pública 26 (1) Refuerzo del estigma relacionado con el VIH/SIDA 26 (2) Diseminación de información errónea sobre el VIH/SIDA 26 (3) Desincentivo para la prueba del VIH 26 (4) Entorpecimiento del acceso al asesoramiento y apoyo 28 (5) Creación de una falsa sensación de seguridad 28 Riesgo de procesamiento selectivo 28 Desigualdades basadas en el género e impacto de la penalización en las mujeres 29 Invasiones de la intimidad 29 Conclusion respecto al uso del derecho penal como política Opciones de política 32 La legislación sanitaria como alternativa a la penalización 32 Elementos de la legislación sanitaria 32 La legislación sanitaria frente al derecho penal 32 3
6 ONUSIDA Prevención del abuso de la legislación y potestad en materia de salud pública 34 Aplicación del derecho penal: Enfoques, actos y estados mentales 34 Legislación específica sobre el VIH frente a la utilización de delitos tradicionales 35 Determinación de comportamientos prohibidos 37 (1) Transmisión frente a exposición 37 (2) Grados de riesgo 37 (3) Naturaleza de la conducta: coercitiva frente a consensuada 38 Conducta coercitiva 38 Conducta consensuada: engaño y no revelación 38 Determinación de la culpabilidad mental 40 (1) Grados de culpabilidad mental 40 (2) Principio de conciencia material Conclusión y recomendaciones 44 Facilitación de prevención, atención, tratamiento y apoyo relacionados con el VIH Proteger contra la discriminación y salvaguardar la intimidad Abordar las causas subyacentes de la vulnerabilidad a la infección por el VIH y las actividades de riesgo Asegurar el acceso a las pruebas del VIH, al asesoramiento y al apoyo de calidad para reducir el riesgo Facilitar el acceso al tratamiento contra el VIH tras la exposición al virus Derogar o enmendar las leyes que dificultan la prevención, atención, tratamiento y apoyo relacionados con el VIH 45 Utilización de legislaciones penales o sanitarias coercitivas Utilizar medidas coercitivas como último recurso Establecer parámetros sobre el uso del derecho penal 45 Actuaciones Judiciales Establecer medidas de protección contra el abuso de la legislación y la potestad normativa sanitaria Establecer directrices procesales para evitar el abuso del derecho penal Ofrecer apoyo y servicios jurídicos Asegurar el derecho a tener abogado Educar a las autoridades judiciales, la policía, los fiscales y los abogados defensores Asegurar la imparcialidad en el desarrollo del juicio Proteger la confidencialidad de la información médica y del asesoramiento Proteger la confidencialidad durante los procesos judiciales 48 Bibliografía y material complementario adicional 49 4
7 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH Resumen de orientación Se han comunicado una serie de casos en que personas VIH-positivas han sido procesadas penalmente por una variedad de actos que transmiten el VIH o corren el riesgo de transmitirlo. En algunos casos, la formulación de cargos se ha presentado por una conducta que es simplemente percibida como de riesgo de transmisión, y a veces se han impuesto penas muy severas. Algunas jurisdicciones han llegado a promulgar o enmendar la legislación específicamente para abordar tal comportamiento. Esta cuestión también ha sido objeto de comentarios públicos y académicos. Los hechos mencionados plantean la cuestión de si el derecho penal y los juicios son respuestas políticas consistentes con los comportamientos de riesgo de transmisión del VIH. Los casos individuales, y la cobertura informativa que los acompañan, pueden provocar una demanda pública de estas respuestas. Sin embargo, existen pocas soluciones sencillas a un problema tan complejo, y deberían evitarse las prisas por legislar en favor de una consideración más atenta. Para contribuir al desarrollo de una política pública consistente, en el presente documento: se proponen algunos principios que deberían guiar las concepciones y el desarrollo de leyes y políticas sobre la cuestión del derecho penal y el VIH/SIDA; se identifican una serie de consideraciones de política pública que los Estados deberían tener en cuenta al tomar decisiones sobre el uso del derecho penal; se examina la alternativa a la penalización presentada por la legislación sanitaria; se discute si el derecho penal podría aplicarse justificadamente, y cómo debería hacerse, teniendo en cuenta concretamente: (a) si está justificada la legislación específica sobre el VIH; (b) qué actos que transmiten el VIH o corren el riesgo de transmitirlo podrían ser objeto de sanciones penales; y (c) qué grado de culpabilidad mental debería exigirse para imponer sanciones penales; y se ofrecen recomendaciones a los gobiernos, la policía, los fiscales, los jueces y las autoridades sanitarias respecto al uso apropiado de las sanciones penales y las medidas de salud pública coercitivas. Principios rectores Al elaborar la política relacionada con el uso de sanciones penales o medidas coercitivas con arreglo a la legislación sanitaria, los funcionarios del gobierno y el poder judicial deben tener en cuenta una serie de principios: la mejor prueba científica disponible en relación con las formas de transmisión del VIH y los niveles de riesgo tienen que ser la base para determinar racionalmente si, y cuando, la conducta debería ser objeto de responsabilidad penal; el objetivo principal debería ser la prevención de la transmisión del VIH, y éste, antes que cualquier otro objetivo, debería guiar a los responsables de formular políticas en esta área; cualquier respuesta jurídica o política al VIH/SIDA, sobre todo el uso coercitivo del poder estatal, debería ser no sólo pragmática en la búsqueda general de la salud 5
8 ONUSIDA pública sino que también debería ajustarse a las normas internacionales de derechos humanos, particularmente a los principios de no discriminación y de procedimientos justos; la acción del Estado que infringe los derechos humanos tiene que estar adecuadamente justificada, de modo que los responsables de formular políticas siempre deben realizar una evaluación del impacto de las leyes o la política en los derechos humanos, y deberían preferir las medidas menos intrusivas posibles para lograr el objetivo probadamente justificado de prevenir la transmisión de la enfermedad. Aspectos de política Existen una serie de consideraciones que deben tenerse en cuenta al determinar la política legislativa penal en relación con el VIH/SIDA. En primer lugar, los responsables de formular políticas tienen que examinar las funciones del derecho penal, y evaluar si, y hasta qué punto, la penalización contribuirá al objetivo de prevenir la transmisión del VIH. En segundo lugar, los responsables de formular políticas deben ponderar otros factores de política pública que podrían moderar el uso de sanciones penales. Funciones del derecho penal Se cree que las sanciones penales cumplen cuatro funciones primordiales. La primera es incapacitar al infractor para que no perjudique a otro durante el período de su encarcelamiento. La segunda es rehabilitar al infractor, permitiéndole cambiar su comportamiento futuro de modo que no perjudique a otros. La tercera es imponer un castigo por el delito: castigar por castigar. La cuarta función es disuadir al infractor y a otros de adoptar el comportamiento prohibido en el futuro. Pero no está claro que esas funciones contribuyan de forma significativa a la prevención de la transmisión del VIH, y, como mucho, ofrecen una base limitada para recurrir al derecho penal como respuesta de política a la epidemia. En primer lugar, encarcelar a una persona con el VIH no impide que propague el virus, ya sea a través de las visitas conyugales o con un comportamiento de alto riesgo con otros reclusos. Las pruebas indican que las cárceles son a menudo entornos donde es habitual un comportamiento de alto riesgo, en parte debido a la falta de acceso a medios de prevención, como los preservativos o equipo de inyección de drogas estéril. En segundo lugar, también hay pocas pruebas que permitan pensar que las sanciones penales rehabilitarán a una persona de modo que evite un comportamiento futuro de riesgo de transmisión del VIH. La actividad sexual y el consumo de drogas son comportamientos humanos complejos altamente resistentes a medidas contundentes como multas o encarcelamiento. Es más probable que se respalde un cambio de comportamiento a largo plazo con otros enfoques. En tercer lugar, imponer penas por imponerlas sólo puede justificarse en conductas que sean moralmente condenables, de modo que el derecho penal basado en este objetivo sólo puede aplicarse legítimamente a un subconjunto de casos de transmisión del VIH. Cualesquiera que sean los beneficios de imponer sanciones penales como castigo, debe entenderse que esto no tiene nada que ver con el objetivo principal de prevenir la transmisión del VIH. Al apelar al deseo de castigo en la formulación de las políticas se corre el riesgo de apelar al prejuicio y reforzar la discriminación, sobre todo en el contexto del fuerte estigma que a menudo rodea ya al VIH/SIDA y los individuos o grupos asociados a él. 6
9 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH En cuarto lugar, no está claro si, en la práctica, las sanciones penales actuarán como disuasivo significativo de un comportamiento que puede desembocar en la transmisión del VIH. No obstante, es probable que cualquier efecto esté limitado también a un subconjunto de casos. Si el juicio razonado pesa menos que otras consideraciones menos racionales (como el deseo, el miedo o la adicción), o si una preocupación moral por el bienestar de otros no ha instado todavía al cambio de comportamiento, entonces es poco probable que una prohibición legal obtenga un gran efecto adicional. Finalmente, el consumo de drogas y la actividad sexual persisten incluso ante un posible procesamiento, y cuando se entabla una acción judicial contra esos fenómenos, se los lleva a la clandestinidad, entorpeciendo la prevención del VIH y el acceso a la atención, tratamiento y apoyo apropiados. Otros aspectos de política pública Los responsables de formular políticas deberían valorar otros aspectos que ponen de relieve la necesidad de prudencia. En primer lugar, puede plantear dificultades la demostración de ciertos elementos necesarios de un delito más allá de una duda razonable para obtener una condena, como: si el acusado tenía conocimiento de su estado serológico positivo, y conocía los modos de transmisión del VIH en el momento del presunto delito; que fue el acusado quien en realidad infectó al demandante; o que la persona VIH-positiva no reveló su estado al demandante. Los registros relacionados con el asesoramiento y la prueba del VIH pueden ser inadecuados o no existir en algunos entornos y, muy a menudo, no habrá testigos del encuentro entre el acusado y el demandante. En segundo lugar, los responsables de formular políticas tienen que tener en cuenta también el posible impacto de la penalización sobre las iniciativas en materia de salud pública: Adoptar un derecho penal específico sobre el VIH, o divulgar información o declaraciones incendiarias de personajes públicos sobre enjuiciamientos individuales, contribuye al estigma que rodea al VIH/SIDA y a las personas que viven con la enfermedad como delincuentes en potencia y como un peligro para el público en general. De forma similar, el uso demasiado amplio e inapropiado del derecho penal también corre el riesgo de diseminar información errónea sobre cómo se transmite el VIH, resultando en acusaciones y sentencias muy graves cuando no existe un riesgo de transmisión significativo. Además, si la persona que conoce su estado serológico positivo se expone a un posible procesamiento penal, los responsables de formular políticas tienen que evaluar si, sea cual sea el efecto disuasivo que tenga el derecho penal en la actividad de riesgo, llegado el momento ese efecto puede ser superado por el perjuicio que provoca sobre la salud pública al disuadir de hacerse la prueba del VIH. Al penalizar el comportamiento de riesgo de una persona que vive con el VIH/SIDA se podría minar su confianza en los asesores, si la información que les confía no está protegida de la investigación y del apoderamiento de la policía y la fiscalía. El poner en peligro la confidencialidad puede tener un efecto no sólo respecto al VIH, sino también a la voluntad de buscar tratamiento de otras enfermedades de transmisión sexual, cuya presencia aumenta el riesgo de transmisión del VIH. La penalización puede crear una falsa sensación de seguridad en las personas que son (o creen que son) VIH-negativas, porque algunas pueden pensar que la prohibición penal para las otras personas (es decir, las que son VIH-positivas) 7
10 ONUSIDA reduce el riesgo de las relaciones sexuales sin protección. Esto puede socavar el mensaje de salud pública en el sentido de que todo el mundo debe adoptar medidas para reducir o evitar actividades/comportamientos que podrían aumentar sus riesgos de transmisión del VIH. En tercer lugar, dado el estigma que todavía rodea al VIH y la persistencia de la discriminación relacionada con el VIH, existe el riesgo de que las sanciones penales estén desproporcionadamente dirigidas a los que están social, cultural y económicamente marginados. Los responsables de formular políticas tienen que asegurar que la legislación no se utiliza para elegir como blanco o castigar a personas simplemente por su estado serológico positivo, su orientación sexual, su trabajo como prostitutas, su consumo de drogas ilícitas, u otras condiciones desfavorecidas como ser preso (o ex preso) o inmigrante. En cuarto lugar, para las mujeres y los varones con una capacidad limitada para revelar su estado serológico respecto al VIH y/o adoptar precauciones para reducir el riesgo de transmisión, puede que ampararse en el derecho penal como respuesta a la actividad de riesgo relacionada con el VIH no sirva de protección. Más bien puede imponer una carga adicional sobre los que están doblemente en desventaja por la infección por el VIH (con sus costos sociales y económicos concomitantes) y por su vulnerabilidad a la violencia y otros abusos. Finalmente, los responsables de formular políticas tienen que preocuparse por la posible intrusión en la intimidad personal, a través de la posible pérdida de confidencialidad del asesoramiento, de los registros de salud o de la publicidad de los procesamientos judiciales. Debería examinarse si otras alternativas pueden lograr los objetivos que se supone que cumple la penalización con menos intrusión en la intimidad de las personas. Opciones de política A la luz de los principios rectores y las consideraciones políticas esbozadas, los responsables de formular políticas deberían estudiar las alternativas a la penalización para prevenir la transmisión del VIH. La legislación sanitaria es una alternativa que debería tenerse en cuenta. Si, por otro lado, el uso de la potestad normativa en materia de salud pública puede lograr los objetivos que pretende cumplir la penalización, a la vez que se perjudica menos a las iniciativas en materia de salud pública y otros intereses importantes (como el derecho a la no discriminación, los procedimientos justos y la intimidad), en tal caso recurrir al derecho penal puede ser innecesario e injustificado. La legislación sanitaria como alternativa Los responsables de formular políticas tienen que examinar de qué modo las intervenciones en materia de salud pública pueden lograr los objetivos en este campo: El derecho penal es más apto para castigar que la legislación sanitaria, pero en un terreno con un estigma y una discriminación ya considerables, hay que tener mucho cuidado de evitar que el deseo de castigo en casos individuales determine la política pública, sobre todo si hay otras consideraciones políticas importantes en competencia. Con respecto al objetivo de la rehabilitación, hay un mayor campo para la flexibilidad en intervenciones con arreglo a la legislación sanitaria. Antes que responder simplemente con enjuiciamientos y castigos, la potestad normativa en materia de salud pública podría utilizarse para apoyar a las personas a evitar los comportamientos que pueden desembocar en la transmisión del VIH, abordando posibles circunstancias subyacentes como la adicción o la violencia doméstica. 8
11 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH En casos extremos, la legislación sanitaria ofrece intervenciones coercitivas que son preferibles y más eficaces que el procesamiento penal para alcanzar el objetivo de la incapacitación. Ampararse en la potestad normativa en materia de salud pública podría dar como resultado en la detención de un individuo que persiste en comportamientos que exponen injustificadamente a otros a una situación de riesgo, si fracasan las medidas menos intrusivas, y la colocación de esa persona en un entorno con menos actividad de alto riesgo que una cárcel (y donde, en consecuencia, hay servicios de atención de salud disponibles, cumpliendo mejor el objetivo de rehabilitación). Finalmente, las intervenciones en materia de salud pública pueden no sólo ajustarse mejor a las circunstancias individuales que la medida contundente de un procesamiento penal; también pueden pasar a ser cada vez más coercitivas, si es necesario, al tiempo que permiten un mejor equilibrio de la libertad individual y la protección de la salud pública. Como en el caso del derecho penal, hay que intentar asegurar que la legislación sanitaria (sobre todo sus aspectos más coercitivos), no se utilice mal. Sin olvidar el principio rector de cuanto menos intrusivo, más eficaz, se recomiendan intervenciones graduales en el ejercicio de la potestad normativa en materia de salud pública, utilizando las medidas coercitivas, como la detención, sólo como último recurso, y con las garantías necesarias para asegurar que tal potestad no se utiliza mal y se aplica de forma coherente con los principios, normas y criterios de los derechos humanos. Aplicación del derecho penal: aspectos que hay que tener en cuenta Recordando los principios rectores identificados más arriba, los responsables de formular políticas tienen que abordar al menos tres aspectos importantes para determinar los parámetros de la penalización: Debería promulgarse una legislación específica sobre el VIH en lugar de utilizar los delitos generales? Qué actos deberían estar sujetos a prohibición penal? Qué grado de culpabilidad mental debería exigirse para la responsabilidad penal? Debería promulgarse una legislación específica sobre el VIH en lugar de utilizar los delitos generales? Promulgar estatutos penales específicos sobre el VIH podría conducir a una definición más clara de lo que está prohibido que dejar que los tribunales decidan cómo se aplican los delitos tradicionales a la transmisión/exposición al VIH, y reduciría al mínimo la posibilidad de que los tribunales fueran demasiado lejos o aplicaran inadecuadamente la legislación, con consecuencias perjudiciales como las identificadas más arriba. Sin embargo, existen también muchos argumentos en contra de los estatutos específicos sobre el VIH. Pueden ser innecesarios, teniendo en cuenta que ya existen los delitos penales. Además, podrían sencillamente añadirse a las posibles acusaciones presentadas, con lo que se socavaría el posible beneficio de un estatuto atentamente redactado. Tampoco es probable que tuvieran un efecto disuasivo adicional más allá del que producen los enjuiciamientos por los delitos penales tradicionales. Aún más importante, distinguiría a las personas que viven con el VIH/SIDA como delincuentes en potencia, contribuyendo al estigma y la discriminación y socavando otros intentos de prevención y atención relacionados con el VIH. Las Directrices Internacionales sobre el VIH/SIDA y los Derechos Humanos de las Naciones Unidas advierten en contra de los delitos específicos sobre el VIH. 9
12 ONUSIDA Qué actos deberían estar sujetos a prohibición penal? En situaciones en que se considera la opción de la penalización, al definir la conducta que podría ser penalmente prohibida, es mejor elegir un comportamiento que produzca un riesgo de transmisión, no sólo en los casos en que la transmisión se produce realmente. La ley también tiene que ser clara acerca del grado de riesgo de transmisión del VIH que recogerá el derecho penal. Teniendo en cuenta los principios rectores y las consideraciones de política perfiladas más arriba, sólo el comportamiento que conlleve un riesgo significativo de transmisión del VIH puede ser penalizado legítimamente. Ampliar el derecho penal a las acciones que no plantean un riesgo significativo de transmisión: trivializaría el uso de sanciones penales; impondría penas desproporcionadamente severas a cualquier delito posible; discriminaría a la persona acusada sobre la base de su estado serológico, en lugar de centrarse en su comportamiento; no avanzaría en el objetivo primordial de prevenir la transmisión del VIH, y en realidad socavaría los intentos de prevención del VIH perpetuando la percepción errónea de que el comportamiento en cuestión puede conllevar un riesgo significativo de transmisión porque puede ser objeto de procesamiento penal. La determinación de lo que se considera un riesgo significativo de transmisión del VIH con fines de responsabilidad penal debería guiarse por datos consistentes relacionados con los niveles de riesgo de distintas actividades. El principio de la moderación en el uso de medidas coercitivas aconseja que el derecho penal sea utilizado más apropiadamente con respecto a los actos que de verdad conlleven el riesgo más elevado de transmitir el VIH, que en los que conlleven un riesgo bajo o insignificante. La conducta que implica el riesgo de transmisión del VIH puede ser forzada (por ej., violación, herida con una aguja) o bien puede ser una actividad a la que los participantes consienten claramente (por ej., relaciones sexuales de mutuo acuerdo, uso compartido de equipo de inyección). Cómo debe tratarlas la ley? Además, dado que el comportamiento de agresión física está penalizado en sí mismo, conlleve o no el riesgo de infección por el VIH, el estado serológico respecto al VIH del agresor es irrelevante a la hora de determinar si se ha cometido o no un delito. Si el estado serológico positivo del agresor se trata como un factor agravante porque hubo un riesgo adicional de perjuicio, entonces éste debe basarse en pruebas sólidas de que tal riesgo significativo adicional existió. Las acusaciones más graves y las penas más severas no pueden basarse únicamente en el hecho de que un acusado sea VIH-positivo. A falta de tales pruebas, esto supondría una discriminación injustificable. Aplicar el derecho penal a una actividad claramente consentida que conlleva el riesgo de transmisión del VIH (por ej., compartir el equipo de inyección) es más complicado. Aquí la cuestión es el significado de consentimiento. La actividad sexual, con cualquier pareja, siempre conlleva ciertos riesgos de mayor o menor perjuicio, ya sea el embarazo no deseado o la enfermedad. A diferencia del caso de las relaciones sexuales forzadas, que debe ser objeto de responsabilidad penal, una persona que participa en relaciones sexuales no forzadas no necesita conocer el estado serológico respecto al VIH de su pareja sexual para tomar decisiones válidas. Esa persona puede decidir no participar en ciertos actos sexuales para evitar el mayor grado de riesgo que pueden plantear, puede decidir adoptar medidas preventivas para reducir el riesgo a un nivel que considere aceptable (por ej., utilizar un preser- 10
13 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH vativo), o puede decidir tener relaciones sexuales sin protección, consciente de que puede existir riesgo de transmisión del VIH. Si una persona conoce el estado serológico positivo de su pareja cuando acepta participar en una actividad de riesgo, y no existe coacción, no hay justificación para formular cargos en contra de la persona VIH-positiva. Pero, debería ser un delito penal que una persona que sabe que es VIH-positiva obtenga el consentimiento de una pareja para un comportamiento que implique el riesgo de transmisión del VIH con engaño: es decir, desfigurando voluntariamente el hecho que esa persona sea VIH-negativa? Debería ampliarse la responsabilidad penal a casos en que sencillamente no se reveló la seropositividad de la otra persona que participa en una actividad que le expone a riesgo de infección? El presente documento de política propone que pueden aplicarse sanciones penales a los casos de engaño, pero que el mero hecho de no revelar el estado serológico positivo no debería constituir delito penal. La cuestión es encontrar el equilibrio entre los principios rectores. Respetar la autonomía de las personas significa que, como norma general, el Estado no debería interferir en la decisión de una persona de participar en una actividad en que corre el riesgo de salir perjudicada (como las relaciones sexuales sin protección). Pero el engaño que podría causar un perjuicio grave socava la libre adopción de decisiones. Se penaliza el engaño deliberado con la intención de fomentar el objetivo de prevenir la transmisión del VIH mediante el efecto disuasivo (si existe) de penalizar a la persona que engaña voluntariamente a una pareja para lograr su consentimiento para una actividad de riesgo. A falta de una justificación o excusa, es una conducta que puede ser calificada de moralmente censurable, y en consecuencia es merecedora de castigo en forma de sanciones penales. Pero debe ir más lejos la legislación y penalizar a la persona VIH-positiva que participa en una actividad claramente consentida sin revelar su seropositividad? Dicho de otro modo, debe el derecho penal imponer la obligación de revelar la infección por el VIH? A diferencia del caso de engaño deliberado, en el caso de simple no revelación, la pareja de la persona VIH-positiva no ha sido engañada para que base su decisión en una mala información intencionada. Si bien el fomento del respeto por la autonomía podría justificar las sanciones penales por engaño deliberado, es un argumento más débil para penalizar el mero silencio. Además, disponer de un derecho penal que exija revelar la infección por el VIH recaería más severamente sobre aquellos cuyas circunstancias ya les dificultan revelar su estado. Al menos, si la ley se ampliara tanto, deberían concretarse todas las obligaciones de revelar la infección por el VIH; la ley debería reconocer que la responsabilidad penal podría eludirse adoptando precauciones para reducir el riesgo de transmisión (por ej., practicando relaciones sexuales más seguras). Si el derecho está limitado a penalizar el engaño o si se amplía hasta penalizar la no revelación, teniendo en cuenta las consecuencias adversas de la revelación para la persona VIH-positiva, las sanciones criminales sólo deberían aplicarse a los casos en que el comportamiento plantea un riesgo significativo de transmisión del VIH. Esto respetaría adecuadamente la autonomía de las parejas sexuales de las personas que viven con el VIH, y satisfaría el importante objetivo de prevenir la propagación del VIH, al tiempo que se tendrían en cuenta los riesgos de la revelación y la posibilidad de medios alternativos para reducir la posibilidad de transmisión. 11
14 ONUSIDA Sin duda, permitir que la persona VIH-positiva eluda la responsabilidad penal adoptando precauciones es una buena política pública: penalizar a la persona VIH-positiva, que, aunque no revele su estado, en realidad practica relaciones sexuales más seguras o busca la forma de reducir el riesgo de transmisión, sería directamente contraproducente para el objetivo de prevenir la transmisión. Algunos tribunales han reconocido la importancia de restringir el derecho penal a los casos en que haya un riesgo significativo de transmisión del VIH; y también se ha propuesto que adoptar precauciones como el uso del preservativo debería considerarse que reduce suficientemente el riesgo de transmisión del VIH para que no exista responsabilidad penal por no revelar la infección por el VIH. Qué grado de culpabilidad mental debería exigirse para la responsabilidad penal? El derecho penal debe definir no sólo la conducta prohibida, sino también cuándo esa conducta es culpable y cuándo inocente. La culpabilidad es una cuestión del estado mental de la persona acusada en el momento en que adopta el comportamiento prohibido. No siempre está claro dónde está el límite de la culpabilidad penal, y dependerá en parte de la gravedad del delito. El derecho penal reconoce diferentes grados de culpabilidad mental, y no todos ellos justifican el procesamiento penal y el castigo en todas las circunstancias. En general, la ley reconoce tres niveles de culpabilidad mental: intención, imprudencia y negligencia (normalmente se requiere negligencia grave para la responsabilidad penal, en oposición a la civil). Si bien los casos de transmisión intencionada del VIH son relativamente raros, es evidente que, sin embargo, tal grado de culpabilidad mental es el que más aparece en el campo de aplicación del derecho penal. Es más cuestionable que el derecho penal deba ampliarse al comportamiento imprudente o negligente en el contexto de la transmisión/exposición al VIH, y deben tenerse en cuenta una serie de factores: el grado de riesgo que debería definirse jurídicamente como injustificable, de modo que correr este nivel de riesgo podría equipararse a una imprudencia criminal; cuando la conducta equivale a una desviación substancial del grado de conducta cuidadosa que se espera de una persona normal y razonable, de modo que pueda considerarse una negligencia penal. Reducir el umbral de responsabilidad penal por debajo de la transmisión o exposición intencionada al VIH plantea una preocupación sobre los posibles sesgos y prejuicios que entren en la interpretación y aplicación del derecho penal si la responsabilidad se basa en unos conceptos tan difíciles y vagamente definidos. Sea cual fuere el grado de culpabilidad mental que se considere suficiente para imputar responsabilidad, los principios básicos de justicia en el derecho penal requerirían que, como mínimo, la persona acusada que participa en una actividad que transmite el VIH o corre el riesgo de transmitirlo tiene que ser consciente de su estado serológico respecto al VIH para que pueda ser objeto de responsabilidad penal. Además, el requisito de una mente culpable lleva a pensar que, para ser considerada responsable penalmente, la persona VIH-positiva debería comprender que el VIH es una enfermedad transmisible y cómo se transmite: es decir, tiene que entender que su comportamiento conlleva el riesgo de causar un perjuicio personal al infectar a otra persona. No es justo sancionar penalmente a una persona que no 12
15 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH tiene conocimiento de que su comportamiento puede perjudicar a otra, a menos que pueda decirse que es gravemente negligente por no ser consciente de este riesgo. A nivel pragmático, esto refuerza la necesidad de precaución en el uso del derecho penal, para no procesar comportamientos que no conllevan un riesgo significativo de transmisión. A nivel ético, también destaca la necesidad de moderación y de evitar la penalización cuando un individuo no es consciente de que su comportamiento conlleva un riesgo. En tales circunstancias, el objetivo de prevenir la transmisión del VIH exige educación, no procesamientos. Recomendaciones El presente documento presenta numerosas recomendaciones dirigidas a informar acerca del desarrollo de políticas públicas consistentes en el ámbito del derecho penal y el VIH/SIDA, como las siguientes: proteger contra la discriminación y proteger la intimidad; abordar la causas subyacentes de vulnerabilidad a la infección por el VIH y las actividades de riesgo; asegurar el acceso a las pruebas del VIH, al asesoramiento y al apoyo de buena calidad para la reducción del riesgo; asegurar el acceso a tratamiento contra el VIH tras la exposición al virus; derogar o enmendar las leyes que dificultan la prevención, atención, tratamiento y apoyo relacionados con el VIH; utilizar medidas coercitivas como último recurso; establecer parámetros en el uso del derecho penal para evitar su excesiva ampliación; establecer medidas de protección contra el abuso de la legislación y potestad en materia de salud pública; establecer pautas de enjuiciamiento para evitar el abuso del derecho penal; ofrecer apoyo y servicios jurídicos; asegurar el derecho a tener abogado; educar a las autoridades judiciales, la policía, los fiscales y los abogados defensores; asegurar la imparcialidad en el desarrollo del juicio; proteger la confidencialidad de la información médica y del asesoramiento; proteger la confidencialidad durante los procedimientos judiciales. 13
16 ONUSIDA Antecedentes 1. Antecedentes El SIDA nos enfurece. Pero en el ámbito del régimen jurídico tenemos que ser racionales. En ese campo, nuestro principio rector deberá ser algo más que la formulación de una respuesta a una epidemia peligrosa. Debemos promulgar leyes eficaces y justas que contribuyan a reducir la propagación del SIDA. 1 Es muy manido decir que las leyes no pueden ser una panacea para todas las enfermedades sociales. Antes de recurrir al rudo instrumento del derecho penal tenemos que estar seguros de que tendrá algún impacto en el problema que abordamos. También debemos asegurarnos de que, en definitiva, el uso del derecho penal no será contraproducente, y de que no será más perjudicial que beneficioso. 2 En los últimos 15 años, se han comunicado una serie de casos en los que personas VIH-positivas han sido inculpadas por diversos actos que desembocaron en la transmisión del VIH o supusieron el riesgo de transmisión. En algunos casos, se han presentado cargos por conductas que son meramente percibidas como de riesgo de transmisión, a veces con la imposición de penas muy severas. Numerosas jurisdicciones han promulgado o enmendado leyes específicamente para abordar esos comportamientos. La cuestión también ha suscitado considerables comentarios académicos. Estas circunstancias exigen que los Estados examinen si el derecho penal y los procesamientos son unas respuestas políticas acertadas frente a comportamientos que conllevan el riesgo de transmitir el VIH. Los casos individuales, y la información mediática que los acompaña, pueden incitar la exigencia pública de adoptar respuestas de esta índole. Pero es importante tener en cuenta la siguiente precaución: Habrá llamamientos a la ley y al orden y a declarar la guerra al SIDA. Hay que estar en guardia contra los que reclaman soluciones simples, porque en la lucha contra el VIH/SIDA no hay soluciones simples. En particular, no hay que confiar en la ampliación del derecho penal. 3 Para ser acertada, la política debe desarrollarse teniendo cuidadosamente en cuenta el panorama general. Los responsables de tomar decisiones tienen el deber de estar alerta frente a la proliferación de lo que el juez Kirby ha denominado un nuevo virus: el LSI, de leyes sumamente inútiles. 4 Con la finalidad de fomentar el desarrollo de políticas públicas acertadas, el presente documento: propone algunos principios que deberían guiar la concepción y el desarrollo de leyes y políticas acerca de la cuestión del derecho penal y el VIH/SIDA; evalúa la coherencia de las cuatro principales justificaciones para recurrir al derecho penal; identifica una serie de consideraciones de política pública que los Estados deberían tener en cuenta cuando toman las decisiones acerca del uso del derecho penal; 1Honorable Juez Michael Kirby. HIV and Law - A Paradoxical Relationship of Mutual Interest. Documento presentado en el Congreso Mundial de ETS/SIDA, de la IUVDT, en Singapur, el 22 de marzo de Disponible en línea en 2Holland W (1994) HIV/AIDS and the Criminal Law. Criminal Law Quarterly; 36(3): 279 a Honorable Juez Michael Kirby, Tribunal Superior de Australia. The Ten Commandments. [Australian] National AIDS Bulletin, marzo de 1991: Honorable Juez Michael Kirby. The New AIDS Virus Ineffective and Unjust Laws. Journal of Acquired ImmuneDeficiency Syndromes 1988; 1:
17 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH examina la alternativa a la penalización presentada por la legislación sanitaria; plantea si el derecho penal puede aplicarse justificadamente, y cómo, considerando (a) (b) (c) si la legislación específica sobre el VIH está garantizada; qué actos de los que transmiten el VIH o corren el riesgo de transmitirlo podrían estar sujetos a sanciones penales, y qué grado de culpabilidad mental debería exigirse para imponer sanciones penales. Antecedentes concluye con recomendaciones a los gobiernos, la policía, los fiscales, los jueces y las autoridades de salud pública por lo que se refiere al uso apropiado de sanciones penales y medidas de salud pública coercitivas. 15
18 ONUSIDA 2. Principios rectores Al desarrollar políticas relacionadas con el uso de sanciones penales o medidas coercitivas con arreglo a la legislación sanitaria, los funcionarios del gobierno y las autoridades judiciales deberían tener en cuenta una serie de principios, a saber: Principios rectores Las decisiones deberían basarse en las mejores pruebas disponibles Las mejores pruebas científicas disponibles en relación con las formas de transmisión del VIH y los grados de riesgo deben ser la base para determinar racionalmente si, y cuándo, un comportamiento debería estar sujeto a responsabilidad penal. Como en cualquier ámbito legislativo, es esencial basar las respuestas judiciales (para que sean eficaces) en una buena comprensión empírica del objetivo que se espera cumplir con la ley... la legislación sobre el SIDA no debe basarse en la ignorancia, el miedo, la conveniencia política y la condescendencia con las exigencias de la ciudadanía de adoptar medidas duras... Una buena legislación, como una buena ética, se fundamentará en buenos datos. 5 La prevención del VIH debe ser el objetivo principal de la política de penalización Cualquier respuesta jurídica o normativa tiene que tener en cuenta que prevenir la propagación del VIH es el objetivo individual más importante. Esto no significa que deban abandonarse las demás consideraciones. La cuestión es sencillamente que los demás objetivos por los que se recurre al derecho penal deben ser secundarios. La política de derecho penal no puede sacrificar la prevención del VIH para perseguir otros objetivos. La política debe respetar los derechos humanos Diversos años de experiencia abordando la epidemia de VIH/SIDA han confirmado que la promoción y protección de los derechos humanos constituyen un componente esencial para prevenir la transmisión del VIH y reducir el impacto del VIH/SIDA. 6 Cualquier respuesta jurídica o normativa al VIH/SIDA, sobre todo el uso coercitivo del poder del Estado, debería ser no sólo pragmática en el objetivo general de la salud pública, sino también ajustarse a las normas internacionales de derechos humanos. En particular, deben respetarse el principio de la no discriminación y la igualdad, y el principio del juicio con todas las garantías legales. Debe prestarse especial atención a las normas de derechos humanos cuando se preparan leyes o políticas relacionadas con el VIH/SIDA, a la luz de la discriminación y el estigma pasados y actuales contra las personas que viven con el VIH/SIDA, contra grupos e individuos vulnerables al VIH/SIDA, y contra grupos o individuos habitualmente percibidos como afectados por la enfermedad. La Declaración Universal de Derechos Humanos 7 que viene a ser un derecho internacional consuetudinario vinculante en todos los países, proclama: 5Kirby. HIV and Law A Paradoxical Relationship of Mutual Interest, supra. 6Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA. El VIH/SIDA y los derechos humanos. Directrices internacionales. Nueva York y Ginebra: Naciones Unidas, 1998: párrafo 72. Véase también: Dwyer J, Legislating AIDS Away: The Limited Role of Legal Persuasion in Minimizing the Spread of HIV. Journal of Contemporary Health Law and Policy 1993; 9: Declaración Universal de Derechos Humanos, Resolución 217 A(III) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, U.N. Doc. A/810 (adoptada el 10 de diciembre de 1948) [de ahora en adelante DUDH]. 16
19 Derecho penal, salud pública y transmisión del VIH Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Artículo 2: Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Artículo 7: Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación. Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso o desterrado. Artículo 10: Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal. Principios rectores Artículo 11: Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, con arreglo a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. Además, los Estados que son partes del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos también tienen obligaciones jurídicamente vinculantes con arreglo a ese tratado que refuerzan los principios básicos establecidos en la Declaración Universal con respecto al derecho a la igualdad ante la ley y al derecho al juicio con todas las garantías legales si se formulan cargos contra una persona. 8 Aunque no sean jurídicamente vinculantes, las Directrices internacionales sobre el VIH/SIDA y los derechos humanos, elaboradas por el ONUSIDA y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, son una guía útil para que los responsables de formular políticas se aseguren de que las políticas respetan las obligaciones en materia de derechos humanos jurídicamente vinculantes. Dos de las directrices abordan directamente la cuestión que nos ocupa: Directriz 3: Los Estados deberían analizar y reformar la legislación sanitaria para que se preste suficiente atención a las cuestiones de salud pública planteadas por el VIH/SIDA, para que las disposiciones sobre las enfermedades de transmisión casual no se apliquen indebidamente al VIH/SIDA y que estas disposiciones concuerden con las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos. Directriz 4: Los Estados deberían reexaminar y reformar las leyes penales y los sistemas penitenciarios para que concuerden con las obligaciones internacionales de derechos humanos y que no se apliquen indebidamente a los casos de VIH/SIDA ni se utilicen contra los grupos vulnerables. El respeto de los derechos humanos exige, entre otras cosas, que las personas que viven con el VIH/SIDA no estén sometidas a penalización u otras medidas coercitivas únicamente sobre la base de su estado serológico respecto al VIH. La Organización Mundial de la 8En particular, véanse los siguientes artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, 999 U.N.T.S. 171 (1966) [de ahora en adelante PIDCP]: Artículo 2 (igualdad de derechos sin discriminación); Artículo 9 (protección frente al arresto o detención arbitrarios; derecho a conocer la razón del arresto, juicio en un período de tiempo razonable, etc); Artículo 10 (derecho de toda persona detenida a ser tratada con humanidad y respeto por su dignidad); Artículo 14 (derecho a la igualdad ante la ley, derecho a un juicio con garantías, derecho a la presunción de inocencia, derecho a un mínimo de garantías de justicia y proceso con todas las garantías legales sin discriminación, derecho a la revisión de la condena y la sentencia por un tribunal más elevado, etc); Artículo 15 (derecho a no ser considerado culpable por cualquier acto u omisión que no fuera un delito penal en el momento del acto cometido); y Artículo 26 (derecho a la igualdad ante la ley y a la igualdad de protección de la ley). 17
20 ONUSIDA Principios rectores Salud ha concluido que no existen razones de salud pública para justificar el aislamiento o la cuarentena basados exclusivamente en el hecho de que se sospeche o tenga conocimiento de que una persona está infectada por el VIH. 9 Las leyes y las políticas relacionadas con la transmisión/exposición al VIH no deberían destacar especialmente el VIH con respecto a otras enfermedades transmisibles similares. Hacerlo significaría no sólo estigmatizar directamente el VIH/SIDA y las personas que viven con el VIH/SIDA (y los grupos asociados con el VIH/SIDA en la conciencia pública), sino que sería contrario al principio de igualdad ante la ley. Aplicar medidas coercitivas a las personas simplemente basándose en su estado serológico respecto al VIH vulnera el derecho a la igualdad de protección ante la ley y a la ausencia de discriminación, 10 así como el derecho a la libertad de movimiento, 11 el derecho a la libertad y la seguridad de la persona, 12 el derecho a la libertad de reunión, 13 y el derecho a no ser tratado o castigado de forma cruel, inhumana o degradante. 14 Igualmente, los funcionarios del gobierno (incluidos los que tienen responsabilidad en materia de justicia, instituciones penitenciarias y salud), legisladores, jueces y profesionales del derecho y de la salud, los medios de comunicación y los líderes de la comunidad no deberían contribuir a la estigmatización del VIH/SIDA y de las personas infectadas o afectadas por la enfermedad porque, en última instancia, al hacerlo se perjudica la salud pública. Así, debe evitarse cuidadosamente el lenguaje provocador y/o discriminatorio en las discusiones de una cuestión tan controvertida como la penalización de la transmisión/exposición al VIH. Los responsables de formular políticas también deberían tener en cuenta que la pertinencia o utilidad de las sanciones penales (u otras medidas casipenales coercitivas) como respuesta a la pandemia de VIH/SIDA son generalmente limitadas. Algunos podrían presentar la penalización de la transmisión/exposición al VIH como una postura dura en la lucha contra el SIDA. Pero en realidad, es poco probable que, en general, tales medidas logren frenar la propagación del VIH: Las leyes y políticas públicas sobre el VIH/SIDA tendrán sólo un papel menor en la reducción de la propagación del virus. No hay que poner demasiada fe en las leyes coercitivas como medio de frenar la propagación. 15 Aparte del riesgo de violar los derechos humanos, esos enfoques también pueden ir en detrimento, a un macronivel, de la salud pública, desviando los recursos y la atención de las políticas e iniciativas tales como: educación sobre el VIH/SIDA; acceso a los medios de protección contra la infección; acceso a las pruebas, servicios de tratamiento y apoyo; y remedios para las causas fundamentales de la vulnerabilidad a la infección por el VIH (por ej.: pobreza, violencia, discriminación y abuso de sustancias). Como advierten las Directrices internacionales sobre el VIH/SIDA y los derechos humanos: 9Organización Mundial de la Salud. Social Aspects of AIDS Prevention and Control Programmes. Programa Especial de la OMS sobre el SIDA, Ginebra, 1 de diciembre de 1987, WHO/SPA/GLO/97.2; Asamblea Mundial de la salud, cuadragésimo quinta reunión (1992). Estrategia mundial para la prevención y control del SIDA. Resolución WHA 45.35, 14 de mayo de Este principio ha sido ampliamente reconocido en muchos entornos. A modo de ejemplo, véase: Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La protección de los derechos humanos en el contexto del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Resoluciones de 3 de marzo de1995 (U.N. Doc. RES/HS/95/124) y 4 de marzo de 1994 (Resolución 1994/49); Handbook for Legislators on HIV/AIDS, Law and Human Rights. Ginebra: ONUSIDA y Unión Interparlamentaria, 1999 (en pp ); The Law and HIV/AIDS in Kenya, en AIDS in Kenya: Socioeconomic Impact and Policy Implications (S Forsythe & B Rau eds.), Family Health International/AIDSCAP, 1996 (en: Namibian HIV/AIDS Charter of Rights (1 de diciembre de 2000) (en: AIDS & HIV Charter, AIDS Consortium, Sudáfrica (en: Charter of Persons with HIV/Aids, National AIDS Authority, Camboya (sin fecha); Consejo de Europa, Comisión de Ministros. Recomendación Nº R (89) 14 sobre Aspectos éticos de la infección por el VIH en la atención sanitaria y los entornos sociales (24 de octubre de 1989), 41 International Digest of Health Legislation 39 (1990); AIDS Prevention & Control, Plan Nacional de Salud ( ), Ministerio de Sanidad, Myanmar (en: 10Directrices internacionales, supra; DUDH, Artículos 1, 2 y 7; PIDCP, Artículos 2, 14 y 26; Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Resoluciones 1995/44 (3 de marzo de 1995) y 1996/43 (19 de abril de 1996); Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Comentario general Nº 18 (37). Actas oficiales de la Asamblea General, cuadragésimo quinto periodo de sesiones, suplemento Nº 40 (A/45/40), vol. 1, Anexo VI A. 11Directrices internacionales, supra en párrafo Directrices Internacionales, supra en párrafo 110; DUDH, Artículo. 3; PIDCP, Artículo 9. 13DUDH, Artículo 20; PIDCP Artículos 21 y DUDH Artículo 5; PIDCP Artículo 7; Directrices internacionales, supra en párrafos Kirby. The Ten Commandments, supra. 18
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 Artículo 11
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 Artículo 10
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 Artículo 15
 Artículo 26
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