Source: https://www.scribd.com/doc/19561831/Http-Www-idae-Es-Index-php-Mod-documentos-Mem-descarga-File-Documentos-11081-Guia-Instal-Centralizadas-Calef-y-ACS-Edificios-08-659566a6
Timestamp: 2016-10-24 16:51:54+00:00

Document:
BrowseBrowseInterestsBiography & MemoirBusiness & LeadershipFiction & LiteraturePolitics & EconomyHealth & WellnessSociety & CultureHappiness & Self-HelpMystery, Thriller & CrimeHistoryYoung AdultBrowse byBooksAudiobooksComicsSheet MusicBrowse allUploadSign inJoinBooksAudiobooksComicsSheet MusicÁ R E AE F I C I E N C I A
práctica Guía práctica
sobre instalaciones instalaciones
centralizadas centralizadas
calefacción de calefacción
caliente (ACS) sanitaria (ACS)
viviendas de viviendas
sobre instalaciones centralizadas de calefacción y agua caliente
sanitaria (ACS) en edificios de viviendas
Título de la publicación "Guía práctica sobre instalaciones centralizadas de calefacción y agua caliente sanitaria (ACS) en edificios de viviendas. Información y consejos para las comunidades de vecinos" Contenido Esta publicación ha sido redactada por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) y la Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración (ATECYR), con el objetivo de promocionar la eficiencia en el uso final de la energía en las instalaciones centralizadas de calefacción y ACS de los edificios de viviendas. Expresamos nuestro agradecimiento por sus comentarios en la elaboración de la guía a: - Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España - Asociación de Fabricantes de Generadores y Emisores de Calor por Agua Caliente (FEGECA) - Confederación Nacional de Asociaciones de Empresas de Fontanería, Gas, Calefacción, Climatización, Protección Contra Incendios, Electricidad y Afines (CONAIF) - Confederación Nacional de Empresarios Instaladores y Mantenedores (CNI) - Federación de Asociaciones de Mantenedores de Instalaciones de Calor y Frío (AMICYF)
Depósito legal: M-????? IDAE Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía C/ Madera, 8 E-28004 Madrid comunicación@idae.es www.idae.es Madrid, septiembre de 2008
PRESENTACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
CUESTIONES PREVIAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
¿Qué caracteriza el comportamiento energético de un edificio? . . . . . . . . . . . . . . . 6
¿Cómo se integran las instalaciones de calefacción y agua caliente? . . . . . . . . . . 9
EL FUNCIONAMIENTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
¿Cómo se produce el calor? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
¿Cómo funciona el sistema de calefacción? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
¿Cómo funciona el sistema de agua caliente sanitaria? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
EL MANTENIMIENTO Y LA INSPECCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
¿Qué operaciones de mantenimiento deben realizarse? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
¿Cómo se contrata un servicio de mantenimiento? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 42
¿Cómo se controla el servicio de mantenimiento? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
¿Qué otras opciones de mantenimiento existen? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
LOS GASTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
¿Qué costos se han de contemplar? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
¿Cómo se determina el costo del ACS y la calefacción? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53
¿Cómo se reparten los gastos entre los usuarios? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
¿Cómo se estima el consumo? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
MÁS PREGUNTAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
CONSEJOS PARA AHORRAR ENERGÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
ANEXOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78
Un ejemplo práctico de reparto de gastos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78
Resumen de la normativa actual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 82
Operaciones de mantenimiento recomendadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
Para más información . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87
a energía es un recurso natural limitado cuya generación en forma de calor tiene unos costes económicos y unos impactos ambientales de cierta envergadura, por lo que avanzar en su uso responsable contribuye al bienes­ tar de todos.
La presente guía tiene como objetivo servir de apoyo práctico a las comunida­ des de propietarios y a los responsables de los servicios energéticos en edifi­ cios para realizar un uso más eficiente y económico de las instalaciones cen­ tralizadas de calefacción y agua caliente sanitaria. La adaptación de dichos sistemas a las nuevas tecnologías, la revisión de los dis­ tintos elementos con criterios de eficiencia energética, la mejora de los procesos de mantenimiento o el cambio de hábitos en su uso son actuaciones que deben considerarse prioritarias a la hora de gestionar este tipo de instalaciones, ya que las decisiones que se tomen tendrán una gran repercusión sobre el consumo final de energía y, por lo tanto, también sobre el gasto económico individual. La guía aporta, por un lado, información sobre las características y el funciona­ miento de las instalaciones que permita a los usuarios conocer estos aspectos con más detalle, y por otro, consejos prácticos sobre cómo actuar para mejo­ rar el rendimiento energético de los servicios de calefacción y agua caliente sanitaria sin que ello afecte al confort y la calidad de vida de las personas. En este sentido, los Administradores de Fincas, como profesionales encarga­ dos de la gestión y conservación de los inmuebles y del buen funcionamiento de sus instalaciones y servicios, los presidentes de las Comunidades de pro­ pietarios, en su condición de representantes de las mismas; las empresas de mantenimiento y el conjunto de usuarios, cada uno desde su ámbito profesio­ nal o de responsabilidad, constituyen agentes fundamentales en la estrategia colectiva de impulsar un uso más eficiente de la energía en los edificios.
n edificio interactúa constantemente con su entorno desde el punto de vista energético. Intercambia calor, lo cede o lo acumula, según las condiciones exteriores. Su forma, volumen, orienta­ ción, situación geográfica, distribución de espacios, materiales constitutivos utili­ zados, color de la fachada, tamaño de las aberturas, tipo de aislamiento aplicado, etc., son características que influyen sobre su comportamiento térmico y las condicio­ nes de confort naturales que ofrece a sus usuarios, por lo que estos aspectos han de ser contemplados desde el proyecto y, sobre todo, adaptados a cada zona climá­ tica. Es la base de lo que se conoce como arquitectura bioclimática o sostenible. Dos edificios proyectados y construidos exactamente igual no se comportan de la misma forma, energéticamente hablando, si uno está situado en una región de clima mediterráneo y el otro en una de clima continental o atlántico, por ejemplo. La adaptación del edificio a cada zona tiene, por lo tanto, un efecto directo sobre la demanda de climatización y, como conse­ cuencia, sobre el consumo final de energía
y el volumen de emisiones asociado, por lo que el diseño y funcionamiento de las instalaciones de servicios han de ser cohe­ rentes con este enfoque constructivo. En los edificios ya existentes, y con insta­ laciones antiguas implantadas en su momento con criterios diferentes a los de la eficiencia energética, ciertas soluciones no pueden ser adoptadas como en el caso de los edificios de nueva construcción, pero sí es posible intervenir en la adapta­ ción de dichas instalaciones a las nuevas tecnologías, así como en la sensibiliza­ ción de la comunidad de propietarios y de los responsables de mantenimiento sobre criterios de gestión sostenible de los recursos disponibles. La implicación de las personas, sumada a la introducción de mejoras tecnológicas, son factores fundamentales en la estrategia de reduc­ ción del consumo de energía.
Las necesidades de calefacción de un edi­ ficio dependen, en primer lugar, de las condiciones ambientales exteriores e interiores, que aumentan lógicamente a medida que disminuye la temperatura exterior. Las pérdidas de calor se produ­ cen por transmisión a través de los cerra­ mientos y por ventilación, y aumentan con la diferencia entre las temperaturas exte­ rior e interior. La radiación solar afecta a las necesi­ dades de calefacción instantáneas de cada fachada. Cuanto mayor sea la temperatura interior que se alcance en las viviendas mayor será también el consumo de calefacción. Por este motivo, la reglamentación fija una temperatura máxima, que debe estar comprendida entre los 21°C y los 23°C para las viviendas en uso. Las condiciones exteriores se obtienen de los datos climáticos de cada localidad, y la potencia a instalar depende de la tem­ peratura exterior mínima. Sin embargo, el consumo es función de las temperaturas exteriores medias, un índice de las cuales son los grados día.
Termostato de ambiente con consigna a 20°C; la reducción en invierno de las temperaturas de consigna proporcio­ nan ahorros importantes en los con­ sumos de calefacción.
Las pérdidas por transmisión a través de los cerramientos dependen del tamaño de las viviendas, a mayor tamaño mayo­ res necesidades de calefacción, y del ais­ lamiento térmico de los cerramientos, teniendo menores necesidades de cale­ facción cuanto más aislamiento térmico disponga el edificio. A igualdad de tamaños y cerramientos, las viviendas situadas en las plantas primera y última tienen mayores necesi­ dades de calefacción, ya que presentan pérdidas por suelo y cubierta, respecti­ vamente, mientras que las plantas intermedias quedan protegidas por las anteriores. La reglamentación actual exige que los edificios tengan un mayor nivel de aisla­ miento térmico cuanto más fría sea la localidad de ubicación del edificio, si bien los edificios existentes pueden carecer del mismo según el año en que fuesen construidos. La mejor forma de reducir los consumos de calefacción, por lo tanto, es aislar ade­ cuadamente los edificios. Los edificios construidos con anterioridad a 1979 no estaban sujetos al cumplimiento de una normativa de aislamiento térmico por lo que plantean claras deficiencias en este sentido; en ellos la forma más eficaz con­ siste en, al menos, colocar ventanas con doble acristalamiento.
El esquema básico de funcionamiento de una instalación moderna integrada de calefacción y ACS de este tipo se basa en una o más calderas que aportan el calor y en dos circuitos de distribución separa­ dos que distribuyen el agua caliente para calefacción y aseo por toda la comuni­ dad de vecinos. En algunos edificios –de nueva construc­ ción o rehabilitados– la caldera puede contar con el apoyo térmico de captadores solares, si bien su capacidad depen­ de de la zona climática donde está ubica­ do el edificio.
Una instalación integrada de calefacción y agua caliente sanitaria consiste en un conjunto de elementos que, adecuadamente combinados, permite alcanzar el grado de confort deseado en un espacio habitado (vivienda, local, edificio, etc.), compen­ sando las pérdidas de calor y proporcionando el agua caliente sanitaria a una tem­ peratura apropiada.
El agua que circula por las calderas y la red de distribución de calefacción no conserva las características de potabili­ dad, por lo que no se puede utilizar para el aseo personal. Por este motivo, para producir el ACS, la instalación dispone de intercambiadores de calor que calien­ tan esta agua sin mezclarla con la de las calderas.
Los sistemas de ACS cuentan habitual­ mente con depósitos de acumulación, desde donde se distribuye el agua hasta las viviendas por tuberías exclusivas para este servicio, las cuales general­ mente discurren paralelas a las de cale­ facción. Para evitar que el agua tarde mucho tiempo en salir por los grifos, la instalación de ACS se complementa con un circuito de recirculación que mantiene las tuberías con la temperatura adecua­ da y que transcurre en paralelo con el de distribución. Cuando el edificio tiene una instalación solar térmica, los captadores están situados en la cubierta del edificio con orientación sur, y calientan el agua mediante unos intercambiadores de calor. Los acumuladores solares son dife­ rentes de los calentados por las calde­ ras, si bien el agua de los solares poste­ riormente se lleva a los depósitos de las calderas para alcanzar las temperaturas de consigna incluso en las épocas en que la radiación solar no proporciona la tem­ peratura necesaria. Cada vivienda dispone de contadores de energía para calefacción y de volumen para el ACS. La instalación de calefacción de cada usuario dispone asimismo de un termostato de ambiente asociado a un dispositivo de corte que le permite selec­ cionar el horario y las temperaturas deseadas.
La red de calefacción dispone de ele­ mentos de regulación que adecuan la temperatura de impulsión a las condicio­ nes exteriores, de manera que cuanto más frío hace en el exterior más caliente ha de llegar el agua a los radiadores de cada vivienda. Sin embargo, el sistema de distribución se divide en circuitos que dependen de la orientación geográfica de cada una, ya que la fachada norte siempre recibe menor radiación solar que la sur.
Producción central de ACS con depó­ sitos calentados por el sol y depósito calentado por las calderas.
Producción de ACS central con depó­ sito de acumulación.
Captadores solares térmicos para producción de ACS central en un edi­ ficio de viviendas.
• De generación de calor: Una o varias calderas situadas en un local exclusi­ vo (sala de calderas) conectadas a los colectores desde los que se atienden los diferentes servicios (circuitos de calefacción y primario de ACS). • De producción de ACS: Con intercambiadores y depósitos, también situa­ dos en la sala de calderas. La instalación de energía solar, que habitualmen­ te actúa como apoyo, se compone de depósitos independientes en los que el agua se precalienta. • De regulación general: En la sala de calderas se realiza la regulación de las instalaciones. En calefacción, las temperaturas de impulsión de cada circui­ to en función de las condiciones exteriores. En ACS la adecuación de las temperaturas de acumulación y distribución. • De distribución general de calefacción y ACS: Redes de tuberías que discu­ rren por patinillos en las cajas de escaleras, transportando el agua de cada servicio. • De distribución individual de calefacción y ACS: En las cajas de escaleras se colocan las llaves de corte de cada usuario y de cada instalación (calefacción y ACS). Asimismo, en este punto se encuentran los equipos de medida indivi­ duales y desde ahí se acomete a los interiores de las viviendas. • De regulación individual: Cada vivienda dispone de un termostato de ambiente para calefacción. El ACS se regula en cada punto de consumo mezclando agua caliente y fría en las griferías.
La red de calefacción ha de contar con elementos de regulación que adecúen constantemente la temperatura a las condiciones exteriores. 12
Edificio con regulaciones de calefacción según usos y orientaciones. Instalación en fase de montaje, antes de la colocación del aislamiento térmico de las tuberí­ as y elementos.
Elementos de control de la cale­ facción de una vivienda en una instalación central, durante su montaje en obra.
Todo el calor que se necesita para los servicios comunitarios de calefacción y agua caliente sanitaria se produce en el conjunto quemador-caldera-chimenea, por lo que éstos son los elementos más importantes de la instalación. El número de calderas depende del tamaño del edificio y de los servicios del mismo. La potencia térmica total se selecciona para las condiciones exterio­ res más severas, si bien la mayor parte de las horas del año las temperaturas exteriores son superiores a las de dise­ ño, por lo que hay un exceso de potencia disponible. Para resolver esta cuestión, lo más adecuado es colocar varias calde­ ras y programar su regulación en secuen­ cia, de modo que en cada momento estén en marcha el número mínimo de ellas capaz de cubrir las necesidades ins­ tantáneas.
Figura 3. Conjunto quemador-caldera­ chimenea que genera el calor.
En el quemador se genera la com­ bustión, que libera la energía conte­ nida en el combustible. Los gases a alta temperatura que se producen transmiten su calor al agua de la instalación, al paso de ésta a través de la caldera. Los gases a temperaturas relativa­ mente bajas se expulsan por la chi­ menea.
Para obtener un buen rendimiento esta­ cional también es muy importante el número de marchas del quemador de la caldera, de manera que la potencia pueda ajustarse a las necesidades instantáneas. Los quemadores de una marcha funcionan encendiéndose o parándose; los de dos pueden operar a carga parcial, reduciendo el número de arrancadas; por último, los modulantes actúan en un amplio rango de potencias y permiten una adecuación con­ tinua de su potencia térmica a la demanda del edificio. Las calderas de potencia superior a 70 kW deben alojarse en un recinto exclusivo (sala de calderas) que disponga de la ven­
tilación necesaria para la combustión, además de una cantidad de aire adicional para reducir las temperaturas que se pro­ ducen en su interior. Los cerramientos deben estar adaptados para hacer frente al fuego y mantener la seguridad del edifi­ cio. La ubicación óptima depende del com­ bustible empleado. En el caso de combus­ tibles líquidos se sitúan en las plantas más bajas, mientras que si se trata de combus­ tibles gaseosos se ubican en planta baja o superiores. En el caso concreto de gas natural es preferible su implantación en cubierta. Es conveniente disponer de detectores de incendios y, en el caso de combustibles gaseosos, es obligatorio ins­ talar detectores de fugas de gas.
Fraccionamiento de potencia mínimo exigido en la reglamentación actual. Si se uti­ lizan calderas de condensación o de otro tipo, cuyo rendimiento a carga parcial aumenta o se mantiene respecto al obtenido a carga total, puede emplearse un único generador para potencias mayores de las indicadas en la tabla.
Una caldera es un conjunto formado por el cuerpo de caldera y el quemador destinado a transmitir al agua el calor liberado por la combustión. La directiva europea 92/42 CEE clasifica las calderas según la temperatura mínima de retorno con la que pueden trabajar y el rendimiento de generación. • Caldera estándar: su temperatura media de funcionamiento debe limitarse a partir de su diseño. • Caldera de baja temperatura: puede funcionar continuamente con tempe­ raturas de retorno de 35 a 40°C, y en determinadas circunstancias puede producir condensación; se incluyen las calderas de condensación de com­ bustibles líquidos. • Caldera de gas de condensación: diseñada para poder condensar de mane­ ra permanente una parte importante de los vapores de agua contenidos en los gases de combustión.
Caldera de carbón reutilizada para gasóleo; el ren­ dimiento es muy inferior al que se alcanza con una caldera diseñada para el combustible seleccionado.
Las calderas pueden clasificarse de muy diversas formas, de las cuales las más importantes para las instalaciones de la edificación son: • Por el tipo de combustible: sólido (carbón, pellets, etc.), líquido (gasóleo), gaseoso (gas natural, GLP), policombustibles. • Por la presión del hogar: hogar en depresión (sólidos), atmosféricas (gases y sólidos; incluyen los quemadores), de sobrepresión (gases y líquidos; dis­ ponen de quemadores exteriores). • Por el tipo de material: elementos de hierro fundido, de chapa de acero, de fundición de aluminio. En el mercado actual existe una variadísima oferta de calderas para todos los combustibles, con una amplia gama de prestaciones. Para obtener los rendi­ mientos óptimos, es importante utilizar la caldera apropiada a cada aplica­ ción. Ha sido frecuente, por ejemplo, la reutilización de calderas fabricadas inicial­ mente para combustible sólido con combustibles líquidos o gaseosos, obte­ niéndose rendimientos muy inferiores a los que corresponden a calderas dise­ ñadas exclusivamente para estos combustibles. Junto con la caldera, hay que tener también en cuenta las chimeneas, los ele­ mentos encargados de evacuar los humos desde las calderas hasta el exterior de los edificios por encima de la cubierta de los mismos. Las chimeneas deben tener un buen aislamiento térmico para evitar el enfria­ miento de los humos manteniendo el tiro correcto, y estar construidas con materiales que soporten las condensaciones, ya que en caso contrario sería necesario evacuar los humos a temperaturas más altas, disminuyendo el ren­ dimiento de la producción de calor. Las más adecuadas son las de doble pared de acero inoxidable.
El aire exterior de ventilación entra en las viviendas a temperatura baja, por lo que debe ser calentado hasta alcanzar la temperatura de confort. La calidad final del aire depende de cómo se realice esta ventilación, por lo que deben garantizar­ se en todo momento unas mínimas con­ diciones higiénicas. Asimismo, deben evitarse las entradas de aire que a veces ocasionan las carpinterías con mala estanqueidad o las infiltraciones a través de elementos como las cajas de las persianas. Junto con lo anterior, la ins­ talación de calefacción debe compensar las pérdidas de calor que se producen a través de los cerramientos.
Termografía de un edificio con la cale­ facción en funcionamiento; en la misma se comprueban las pérdidas de calor al haberse debilitado el cerramiento exterior para ubicar los radiadores.
Los elementos más empleados en las viviendas son los radiadores. El requisito fundamental para lograr las condiciones de confort requeridas es que éstos ten­ gan la potencia adecuada al local donde se encuentran instalados, lo que es inde­ pendiente del tipo y del material del que están hechos; es decir, se pueden conse­ guir las mismas potencias con radiado­ res de distinto tamaño en función del material del que están fabricados y de su configuración física. El lugar más apropiado para la instala­ ción de los radiadores, desde el punto de
vista del confort, es en la pared más fría de cada habitación. Esta pared es la exterior y el radiador debe colocarse debajo de la ventana, con lo que se redu­ ce el efecto pared fría (sensación de frío que se tiene cuando nos aproximamos a una ventana). En algunos casos se reco­ mienda colocar un material aislante en la pared con el fin de disminuir las pérdidas de calor hacia el exterior. Debe tenerse en cuenta también que los radiadores de viviendas situados en plan­ tas baja y última han de ser mayores que los de viviendas similares situadas en plantas intermedias, debido a las pérdidas de calor a través del suelo o del techo.
El radiador ha de quedar libre de ele­ mentos que reduzcan su capacidad de emisión de calor, ya que ello incre­ menta el consumo de energía y difi­ culta alcanzar las condiciones de con­ fort deseadas. Se recomienda guardar una distan­ cia mínima de 5 cm entre la parte superior del radiador y cualquier obstáculo.
Existen distintos tipos de radiadores de calefacción. Según el material con el que han sido fabricado: hierro fun­ dido, aluminio, chapa de acero, tubos de acero; y según su forma construc­ tiva: panel, elementos.
Todos los radiadores han de estar insta­ lados de manera que se puedan aislar sin interrumpir el servicio en el resto de la instalación (para ello dispondrán de válvulas de reglaje, detentores, etc.), y han de contar asimismo con un purgador
que evite la acumulación de aire y los problemas que ello comporta. Como estos requisitos son obligatorios desde 1981, puede haber edificios construidos anteriormente cuyos radiadores carez­ can de dichos elementos.
La potencia de calefacción de los radia­ dores depende de la temperatura del agua que les llega desde las calderas, del caudal que circula por su interior y de la temperatura ambiente del local donde se encuentran situados. Dicha potencia aumenta a medida que la temperatura del agua se incrementa o cuando circula un caudal mayor, mientras que disminu­ ye cuando lo hacen la temperatura o el caudal.
La potencia de calefacción debe ser capaz de cubrir las necesidades del edifi­ cio cuando las temperaturas exteriores son muy bajas (temperatura de diseño); como durante casi todo el invierno las temperaturas exteriores suelen ser supe­ riores, la potencia necesaria en cada ins­ tante es inferior a la máxima disponible. Para conseguir un funcionamiento óptimo de la instalación se han desarrollado sis­ temas de regulación para adaptarlo a las condiciones exteriores.
La regulación de la temperatura en una instalación de calefacción se realiza con una válvula mezcladora de tres vías situada en la central térmica y una centralita de regu­ lación con sondas de temperatura exterior y de impulsión. La válvula mezcla agua proveniente de las calderas con agua de retorno adecuándose de manera continua a la requerida por la temperatura exterior. Esta solución permite un funcionamiento más homogéneo del edificio y reduce las pérdidas de calor en las distribuciones.
Las regulaciones interiores de las vivien­ das pueden realizarse con termostatos de ambiente, siempre y cuando dispon­ gan de una entrada de tuberías única en la que se pueda colocar una válvula motorizada que desconecte la vivienda. Este tipo de distribución es obligatoria desde 1981, por lo que existen edificios construidos con anterioridad que no admiten esta solución.
Otra opción consiste en instalar válvulas termostáticas en los radiadores. Estas válvulas tienen un dispositivo que corta el paso de agua al radiador cuando se alcanza la temperatura de consigna; con las mismas se pueden proporcionar tem­ peraturas diferentes en cada local de la vivienda. En este caso, habría que dispo­ ner de un dispositivo de seguridad, aso­ ciado a las válvulas termostáticas que proteja a las bombas cuando un número elevado de válvulas haya cerrado.
Termostato ambiente (actua sobre toda la vivienda) Válvula termostática (actua sólo en el local donde se encuentra)
Los radiadores han de disponer, como mínimo, de llaves de corte y detentores de reglaje, de modo que se facilite el equilibrado de las distribuciones. Estos dispo­ sitivos permiten cerrar parcialmente el paso del agua a los radiadores más favo­ recidos en el edificio y facilitar la circulación hacia los situados en los puntos más desfavorables.
Válvula termostatica en radiador con distribución bitubo. Radiadores de hierro fundido de una instalación con distribución por mon­ tantes; únicamente disponen de llave de corte en la entrada.
Las distribuciones generales de cale­ facción parten de los colectores de la sala de calderas y constan de dos tuberías (impulsión y retorno) por circuito. Dado que desde el año 1981 es obligatorio que cada vivienda disponga de llaves de corte situadas en el exterior de la misma, las redes de distribución discurren por zonas comunes hasta los patinillos de instalacio­ nes en las cajas de escaleras, y pueden generar servidumbres en locales comer­ ciales o trasteros.
Existen instalaciones anteriores a 1981 –especialmente las antiguas de carbón–, que utilizan distribuciones con montantes por radiador, de manera que las tuberías generales atraviesan las viviendas conec­ tando los radiadores por espacios (salo­ nes, dormitorios, etc.). Las hay de dos tipos: sin bomba (por termosifón), en cuyo caso el agua caliente asciende por el aumento de presión hasta el punto más alto de la instalación y posteriormente se distribuye a las montantes de radiadores; o con bomba, de modo que la impulsión es forzada desde la parte inferior del edificio.
La mayor parte de los problemas en las redes de distribución de calefacción provie­ nen de desequilibrios entre viviendas o de la presencia de aire en las mismas. Estos problemas son característicos de las distribuciones por montantes antiguas. En muchos casos los radiadores carecen de llaves de corte y detentores, lo que incre­ menta los problemas. Asimismo, es muy habitual que se dispongan purgadores sólo en los radiadores de la planta superior.
Las distribuciones interiores en vivien­ das, por su parte, reciben dos tuberías (impulsión y retorno) procedentes de la distribución general, con sendas llaves de corte en el exterior. Dichas distribu­ ciones pueden ser de tres tipos: •	Monotubo: la instalación va de un radiador a otro, por lo que cada uno trabaja en condiciones diferentes de temperatura. Por este motivo es la más difícil de equilibrar. •	Bitubo: consta de dos tuberías que recorren la vivienda, desde las cuales se conectan todos los radiadores. •	Con colectores: dispone de sendos colectores en la vivienda, desde los que parten dos tuberías a cada radia­ dor. Desde el punto de vista del radia­ dor se trata de una instalación bitubo. Las instalaciones antiguas pueden tener varias entradas en cada vivienda, una por cada uno o dos radiadores, con tube­ rías generales que transcurren vertical­ mente en cada espacio.
Los sistemas de control del consumo individual son obligatorios desde 1998, por lo que un alto porcentaje de las viviendas existentes no disponen de tales equipos. Las instalaciones posteriores a dicha fecha tienen contadores de energía que constan de un contador de caudal que registra de manera continua el paso de agua de la instalación general a la vivienda, y dos sondas de temperatura que miden la diferencia entre las tempe­ raturas del agua de entrada y salida de la vivienda. El conjunto se complementa con un sistema electrónico que integra en el tiempo la energía consumida en la vivienda (producto del caudal por el salto térmico). El control individual de las viviendas se lleva a cabo mediante un termostato de ambiente, con el que cada usuario puede ajustar la temperatura de confort desea­ da y, si se trata de cronotermostatos, el horario de funcionamiento. Este disposi­ tivo actúa sobre una válvula exterior (de dos o de tres vías) que permite cortar el paso de agua de la instalación general a la vivienda. Para poder efectuar reparaciones sin afectar a la instalación comunitaria, las derivaciones a vivienda disponen de sendas llaves de corte manuales (impul­ sión y retorno) y una de vaciado. Aunque la mayor parte de las instalacio­ nes realizadas entre 1981 y 1998 sólo tienen las llaves de corte manual, su
ubicación en el exterior de la vivienda debe permitir la implantación de un sis­ tema de medición y control como el indicado anteriormente. En cuanto a las instalaciones antiguas con montantes por radiadores, presentan una distribución que dificulta en gran medida
la colocación de equipos de medición y control individuales, ya que se debe recu­ rrir a medidores en cada radiador, estos medidores se denominan evaporimetros y en la actualidad existen equipos con emi­ sión de datos vía radio, que permiten la lectura sin necesidad de acceder al inte­ rior de las viviendas.
Evaporímetro para medición del con­ sumo de calefacción individual.
(8) (6) (7) (2) (3)
En las instalaciones con un contador de energía asociado a cronotermostato ambiente y válvula de zona –solución obligatoria en la actualidad para los edi­ ficios de nueva construcción–, el horario de funcionamiento debe cubrir el reque­ rido por todos los usuarios, ya que para que una vivienda disponga de calefac­ ción se necesita que previamente las cal­ deras hayan arrancado. El hecho de disponer de equipos de con­ trol individuales no presupone que pueda darse calefacción a todas horas, sino únicamente dentro del horario pro­ gramado para este servicio en la sala de calderas. De acuerdo a la normativa vigente no existen restricciones para dicho horario. Sobre este aspecto conviene tener en cuenta que en las horas en que pocos usuarios hagan uso del servicio el rendi­ miento de generación disminuirá, por lo que es conveniente tratar de concentrar las horas de utilización de los habitantes del edificio. Como las instalaciones pro­ porcionan mejores resultados con largos períodos de funcionamiento, conviene asimismo programar los sistemas de regulación de la calefacción con tempe­ raturas más bajas y asociarlas a horarios de calefacción más amplios. De esta forma, se logra un mayor confort y un funcionamiento más homogéneo de las instalaciones, sin un gran incremento del costo de explotación.
Los cronotermostatos de ambiente per­ mite fijar horarios de funcionamiento independientes en cada vivienda y diferentes consignas de temperatura, según las necesidades particulares.
Por todo ello se recomienda programar horarios de calefacción amplios con cur­ vas de temperaturas bajas, lo que obliga a que los distintos usuarios también pro­ gramen horarios amplios. En caso con­ trario el rendimiento será más bajo, y se tendrán que programar curvas más altas para que las viviendas puedan alcanzar las condiciones de confort en menos tiempo. Si los horarios individuales son cortos, lo mejor es tratar de concentrar­ los en los mismos períodos.
Cuando la instalación comunitaria cuenta con un servicio de ACS, desde los colecto­ res de la sala de calderas parte un circuito exclusivo que transporta el calor produci­ do hasta el agua de consumo. El agua de ambos circuitos debe estar separada por un intercambiador, ya que la de calderas no debe estar en contacto bajo ninguna circunstancia con la de con­ sumo.
Con relación a la temperatura de produc­ ción, el Reglamento de 1981, buscando el mayor ahorro de energía posible, esta­ bleció una temperatura máxima de pre­ paración de 58°C, promoviendo asimis­ mo mayores volúmenes de acumulación y menores potencias de producción, ya que ésta es una de las características fundamentales de las instalaciones de la época en que se aprobó. Sin embargo el mayor conocimiento de la Legionelosis ha obligado, por motivos sanitarios, a modificar estas medidas. El Real Decreto 865/2003, por el que se establecen los criterios higiénico sanita­ rios para la prevención y control de la Legionelosis, fija en 50°C la temperatura mínima a asegurar en los puntos de con­ sumo, en 60°C la temperatura continua de acumulación, y exige que, al menos una vez al año, toda la instalación alcan­ ce los 70°C. Con estas temperaturas, y considerando que los puntos de mayor riesgo de desa­ rrollo de la Legionella son los propios depósitos, la tendencia actual es instalar sistemas de semiacumulación, con menores volúmenes y temperaturas más altas. Aunque las prescripciones del Real Decreto 865/2003 no son de obligado cumplimiento en edificios de viviendas, parece aconsejable, siempre que sea posible, adoptar las mismas medidas que en otro tipo de edificios.
Existen tres formas principales de pro­ ducción del agua caliente sanitaria en un edificio: •	Instantánea: Consiste en un intercam­ biador de calor dimensionado para la potencia instantánea máxima (caudal punta). •	Por acumulación: Para reducir la potencia necesaria el agua caliente se acumula en depósitos de manera que se disponga de una reserva para el momento de máxima demanda. •	Por semiacumulación: El sistema de acumulación tiene depósitos con un menor volumen que el anterior, por lo que el agua acumulada cubre un periodo de punta de consumo más breve. Se requiere mayor potencia de calderas que en el caso del sistema de acumulación.
La normativa sobre prevención de la Legionelosis, fija en 60°C la temperatura continua de acumulación, y exige que, al menos una vez al año, toda la instala­ ción alcance los 70°C.
La regulación de la temperatura se reali­ za con termostatos o sondas, situadas en los depósitos, que actúan sobre la regulación para adecuar la temperatura. En las instalaciones anteriores a 1998 lo habitual era realizar la regulación con válvulas de tres vías situadas en el pri­ mario (circuito de la sala de calderas). Sin embargo desde la entrada en vigor del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) de 1998, se ha generalizado su colocación en el circuito de consumo, lo que permite acumular el agua a altas temperaturas y distribuirla en las condiciones compatibles con el consumo y con los materiales de las ins­ talaciones.
Desde la sala de calderas parten las dis­ tribuciones de agua caliente sanitaria hacia los usuarios. Suelen discurrir por zonas comunitarias hasta los montantes por los patinillos en cajas de escaleras, donde se encuentran las llaves de corte y los contadores individuales. Esta es la solución obligatoria desde la aplicación del Reglamento de instalaciones de cale­ facción, climatización y agua caliente sanitaria (RICCACS) en 1981. En edificaciones anteriores a esa fecha, a veces se encuentran soluciones con los montantes por el interior de las vivien­ das, en cocinas o baños. Incluso en mon­ tantes independientes por cada espacio húmedo. Ahora bien, debido a la distancia entre la sala de calderas y los puntos de consumo en las viviendas, el agua conteni­ da en las tuberías va perdiendo su tempe­ ratura de confort, por lo que es necesario contar con un sistema o circuito de recir­ culación que mantenga una temperatura constante en la instalación comunitaria. Este circuito consiste en un trazado de tuberías en paralelo al de distribución, por el que recircula constantemente el agua desde los puntos más alejados del edificio hasta la sala de calderas mediante una bomba. De esta forma, se mantienen las tuberías a la temperatura adecuada y el usuario recibe el agua caliente rápidamen­ te sin tener que esperar a que alcance la temperatura de confort y sin realizar un consumo innecesario.
Regulación de la temperatura de dis­ tribución de ACS; la temperatura del acumulador es de 60°C, mientras que la distribución se efectúa a 50°C.
Este circuito de recirculación implica por el contrario un consumo de energía adi­ cional, lo que reduce su rendimiento medio estacional, sobre todo en las épo­ cas en que los consumos de ACS son bajos. Por este motivo cobra mayor importancia el aislamiento térmico de los sistemas de distribución y recircula­ ción, ya que se trata de un servicio que se utiliza todo el año. El Real Decreto 865/2003, aunque no es obligatorio en el caso de viviendas, remi­ te a la norma UNE 100.030 IN, que seña­ la que debe asegurarse una temperatura de al menos 50°C en el punto más aleja­ do del edificio. Este valor introducido por el RITE, sin embargo, posiblemente no pueda ser alcanzado en algunas instala­ ciones antiguas debido a problemas de corrosión.
El horario de funcionamiento El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) no pone límite al horario de funciona­ miento del sistema de agua calien­ te sanitaria, por lo que éste se fija­ rá por acuerdo comunitario. Este horario puede ser continuo (24 horas), si bien es conveniente parar las bombas de recirculación en las horas de consumo práctica­ mente nulo (noche) para evitar así pérdidas innecesarias en el bucle. En el Código Técnico de la Edificación (CTE) las localidades españolas se cla­ sifican en 5 zonas que se numeran desde I hasta V, según la radiación solar sobre superficie horizontal cre­ ciente.
La fracción solar debe ser más alta cuanta mayor radiación solar se tenga en la locali­ dad de ubicación del edificio y cuanto mayor sea el consumo diario de ACS. Aunque pueden existir diferentes configu­ raciones, habitualmente la instalación consta de un campo de captación en la cubierta de los edificios, con orientación sur, unos depósitos de acumulación en los cuales se almacena el agua calentada en las horas de sol; a continuación de estos depósitos el agua se lleva a los depósitos
calentados por las calderas, para alcanzar las temperaturas necesarias, cuando las mismas no se hayan logrado con el sol; la instalación se complementa con las regu­ laciones, bombas y demás elementos hidráulicos necesarios. Además en instalaciones con mas de 20 m2 de captadores, es obligatorio disponer de equipos de medida para la energía aportada, de manera que se pueda tener un control del rendimiento de la instala­ ción solar.
Captadores solares Depósito acumulación solar Regulación temperatura distribución ACS
Circuito de calderas
Recir­ culación
La contribución mínima de la instalación de energía solar térmica se indica en la figu­ gura 16 en función de la zona climática y de la demanda de agua caliente sanitaria, a una temperatura de referencia de 60°C. En función de sistema de apoyo el porcenta­ je de aporte solar es diferente. Se distinguen dos casos: •	general: suponiendo que la fuente energética de apoyo sea gasóleo, propano, gas natural, u otros combustibles fósiles; •	efecto Joule: suponiendo que la fuente energética de apoyo sea electricidad mediante efecto Joule.
La medición de consumos de ACS requiere simplemente de contadores de volumen, una solución sencilla y de bajo coste. En este sentido, a la entrada de cada vivienda ha de existir una llave de corte, un filtro, el contador (que habi­ tualmente incorpora el filtro), así como una válvula antirretorno que evite pro­ blemas de mezclas entre vecinos origi­ nadas en las griferías interiores de viviendas. Todas las viviendas, excepto las anterio­ res a 1981 en las que se demuestre la imposibilidad técnica de su implanta­ ción, deben disponer de un sistema de medida de consumos individuales, por lo que ésta es la situación más habitual. Los casos en los que no se pueden insta­ lar contadores individuales se corres­ ponden con edificios en los que la recir­ culación llega hasta los puntos de con­ sumo en el interior de las viviendas. Por este motivo, el contador no sólo regis­ traría los consumos, sino también el agua recirculada. La instalación de un segundo contador en la recirculación podría dar lugar a errores de medida importantes, ya que el caudal recircula­ do es muy superior al consumido. Conjunto de contadores de ACS, en primer plano, y de agua fría en una instalación centralizada de calefacción y ACS.
Las operaciones de mantenimiento son, sin lugar a dudas, el factor más impor­ tante en el objetivo de un uso adecuado de las instalaciones de calefacción y agua caliente sanitaria, en especial desde el punto de vista de su eficiencia energética. No sirve de gran cosa tener los mejores equipos y materiales, con todo lujo de dispositivos de regulación y control, si todo ello no está debidamente maneja­ do, supervisado y mantenido por perso­ nas expertas y con las ideas claras sobre la racionalización del consumo de energía. Con una buena supervisión y manteni­ miento se pueden obtener mejores resultados que si se aplican todos los sistemas de control pero no se cuenta con la participación activa de las perso­ nas. Así pues, la máxima eficacia se con­ seguirá cuando se disponga de ambas cosas conjuntamente: una instalación adecuada y un buen servicio de manteni­ miento, realizado por una empresa de mantenimiento autorizada. En el momento de contratar un servicio de mantenimiento, hay que tener en cuenta que éste contempla dos aspectos fundamentales: el preventivo y el correc­ tivo. En relación con este tipo de instala­ ciones, ha de consistir, por lo tanto, en: •	Atender la instalación de manera que cumpla las prestaciones para las que fue proyectada. •	Supervisar el funcionamiento de todos sus componentes para lograr ese objetivo. •	Corregir las desviaciones que se pro­ duzcan, en cuanto sucedan. •	Cuidar la seguridad de la instalación, y consecuentemente la de los usua­ rios •	Procurar que el gasto de energía sea el mínimo necesario. •	Tener en cuenta los beneficios ambientales derivados del funciona­ miento óptimo de la instalación. Asimismo, el servicio de mantenimiento ha de considerar tres periodos: antes de la campaña de calefacción, durante la misma y al finalizar.
La reglamentación vigente (RITE) señala en el artículo 25 que “El titular o usuario de las instalaciones térmi­ cas es el responsable en lo que se refiere a su uso y mantenimiento; concretamente, de que se realicen las siguientes acciones: a) Encargar a una empresa mantene­ dora la realización del manteni­ miento de la instalación térmica. b) Realizar las inspecciones obliga­ torias. c) Conservar la documentación. El usuario, por tanto, debe respon­ sabilizarse del mantenimiento de sus instalaciones, si bien para ello deberá contar con un contrato de mantenimiento con una empresa mantenedora autorizada, según indica el RITE.
Las operaciones de mantenimiento son el factor más importante en el objetivo de un uso adecuado de las instalacio­ nes de calefacción y ACS.
El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios-RITE (RD 1027/ 2007) es de aplicación a todos los edificios de nueva construcción, a las rehabilitacio­ nes y a las reformas de las instalaciones existentes, si bien las prescripciones de mantenimiento son obligatorias también para las instalaciones existentes. El mantenimiento de las instalaciones pretende asegurar su funcionamiento a lo largo de su vida útil, con la máxima eficiencia energética y garantizando la seguridad, la durabilidad y la protección del medio ambiente. Para ello se esta­ blecen los siguientes programas: • De mantenimiento preventivo. • De gestión energética. • De funcionamiento. • Instrucciones de manejo y maniobra. • Instrucciones de seguridad.
La empresa mantenedora debe suscribir anualmente un certificado de mante­ nimiento en el que se hagan constar los resultados de las operaciones realiza­ das. La instalación dispondrá también de un programa de gestión energética. En dicho programa se requiere que la empresa mantenedora realice un análi­ sis y evaluación periódica del rendimiento de los equipos generadores de calor en función de su potencia térmica nominal instalada midiendo y registrando los valores. Asimismo, ha de cumplir las funciones de asesoramiento energético, para lo cual debe realizar un seguimiento de los consumos –tanto de energía como de agua– con el fin de poder determinar posibles desviaciones y tomar las medi­ das correctoras oportunas. Debe informarse también al usuario de las mejoras o modificaciones a realizar que redunden en una mayor eficiencia. En el caso de las instalaciones con una potencia térmica nominal mayor que 70 kW, éstas se utilizarán de acuerdo con el siguiente programa de funcionamiento: horario de puesta en marcha y parada de la instalación; orden de puestas en mar­ cha y parada de los equipos; programa de modificación del régimen de funciona­ miento; programa de paradas intermedias del conjunto o de parte de los equipos; programa y régimen especial para fines de semana y para condiciones especiales de uso del edificio o de condiciones exteriores excepcionales.
Figura 17. Operaciones mínimas de mantenimiento a realizar. Operación Comprobación y limpieza, si procede, de circuito de humos de calderas Comprobación y limpieza, si procede, de conductos de humos y chimenea Limpieza del quemador de la caldera Revisión del vaso de expansión Revisión de los sistemas de tratamiento de agua Comprobación de material refractario Comprobación de estanquidad de cierre entre quemador y caldera Revisión general de calderas de gas Revisión general de calderas de gasóleo Comprobación de niveles de agua en circuitos Comprobación de estanquidad de circuitos de tuberías Comprobación de estanquidad de válvulas de interceptación Comprobación de tarado de elementos de seguridad Revisión y limpieza de filtros de agua Revisión de baterías de intercambio térmico Revisión de bombas y ventiladores Revisión del sistema de preparación de agua caliente sanitaria Revisión del estado del aislamiento térmico Revisión del sistema de control automático Instalación de energía solar térmica m Una vez al MES; la primera al inicio de temporada. t Una vez por temporada (AÑO). 2t	2 veces por temporada (AÑO), una al inicio de la misma y otra a mitad del periodo de uso, siempre con una diferencia *	Conforme a lo indicado en HE4 del Código Técnico de la Edificación. Estandar P> 70 kW 2t 2t m m m 2t m t t m t 2t m 2t t m m t 2t *
Antes de contratar un servicio de mante­ nimiento, es imprescindible solicitar pre­ supuesto a varias empresas de manteni­ miento autorizadas oficialmente (con tres será suficiente), las cuales deberán visitar las instalaciones para poder efec­ tuar una oferta fiable. Las empresas de mantenimiento son autorizadas por el órgano competente de cada comunidad autónoma, y constan en un registro ofi­ cial que puede ser consultado. Debe valorarse mejor a aquellas empre­ sas que no establecen los presupuestos por caldera o mediante cualquier otro sistema empírico; se precisa un examen previo y riguroso de la instalación para evitar sorpresas posteriores. Así pues, una vez se haya recopilado la información suficiente, ha de seleccio­ narse la empresa que merezca mayor confianza y contratar el servicio de man­ tenimiento por un periodo anual. En todo este proceso, la seriedad y fiabili­ dad del equipo técnico, la calidad del servicio ofrecido y el precio final, son los factores a considerar a la hora de tomar la decisión.
El contrato de mantenimiento debe incluir los datos siguientes: •	Titular de la instalación. •	Detalle del número de calderas, usos y potencias. •	Detalle de las operaciones a realizar y su frecuencia. •	Detalle de las inclusiones y exclusio­ nes, tales como atención de avisos, averías, cumplimentación del registro de mantenimiento, etc. •	Tratamiento de las reformas, modifi­ caciones, reparaciones. •	Forma de atender los avisos, teléfonos de avisos en horas normales y en caso de urgencia fuera del horario habitual. •	Forma de facturación de los trabajos objeto del contrato. •	Duración del contrato y su revisión. •	Importe del contrato. •	Claúsulas de rescisión del contrato. •	Claúsulas adicionales (las que se establezcan de común acuerdo si ha lugar). •	Lugar, fecha y firma. Anualmente el mantenedor autorizado suscribirá el certificado de mantenimiento, que será enviado, si así se determina, al órgano competente de la Comunidad Autónoma, quedando una copia del mismo en posesión del titular de la instalación. La validez del certificado de mantenimiento expedido será como máximo de un año.
El certificado de mantenimiento, según modelo establecido por el órgano compe­ tente de la Comunidad Autónoma, tendrá como mínimo el contenido siguiente: •	Identificación de la instalación; •	Identificación de la empresa mante­ nedora, mantenedor autorizado res­ ponsable de la instalación y del direc­ tor de mantenimiento, cuando la par­ ticipación de este último sea precep­ tiva; •	Los resultados de las operaciones rea­ lizadas de acuerdo con la IT 3;
•	Declaración expresa de que la instala­ ción ha sido mantenida de acuerdo con el «Manual de Uso y Mantenimiento» y que cumple con los requisitos exigidos en la Instrucción Técnica 3 del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE). El mantenimiento de las instalaciones de calefacción y agua caliente sanitaria debe ser realizado por una empresa mantenedo­ ra autorizada atendiendo a los casos que se especifican en la figura 18, en función de la potencia térmica de la instalación:
Se mantendrán por una empresa mantenedora, que debe realizar su mantenimiento de acuerdo con las instrucciones contenidas en el “Manual de Uso y Mantenimiento”. Se mantendrán por una empresa mantenedora con la que el titular de la instalación debe suscribir un contrato de mantenimiento, realizando su manteni­ miento de acuerdo con las instrucciones contenidas en el “Manual de Uso y Mantenimiento”. Igual que en el apartado anterior. En este caso el mantenimiento debe realizarse bajo la dirección de un técnico titulado competente con funciones de director de mantenimiento.
Toda instalación térmica debe disponer de un registro en el que se recojan las ope­ raciones de mantenimiento y las reparaciones que se produzcan en la instalación, y que formará parte del Libro del Edificio. El titular de la instalación será responsable de su existencia y lo tendrá a disposi­ ción de las autoridades competentes que así lo exijan por inspección o cualquier otro requerimiento. Se deberá conservar durante un tiempo no inferior a cinco años, contados a partir de la fecha de ejecución de la correspondiente operación de mantenimiento. La empresa mantenedora confeccionará el registro y será responsable de las ano­ taciones en el mismo
1. Exigir que la empresa presente un precontrato detallando exactamente los ser­ vicios ofertados y compruebe que se satisfacen los requisitos mínimos exigidos por la normativa. Es bastante común que excluyan labores tales como limpieza de chimeneas e incluso el interior de las calderas. No se debe permitir en abso­ luto. 2. Exigir que se detalle en la oferta la frecuencia de las visitas de mantenimiento y comprobar que se ajustan a las exigidas a la instalación en función de la poten­ cia instalada. 3. Exigir que se incluya en el presupuesto la cumplimentación del registro de las operaciones de mantenimiento (éste, en nueva edificación, estará incluido en el Libro del Edificio). 4. Solicitar una lista de referencias a las empresas y comprobar alguna de ellas personalmente, llamando al administrador y preguntándole sobre su satisfac­ ción con la empresa en cuestión. 5. Mantener una entrevista personal con el director técnico de cada empresa antes de tomar una decisión. Debe preguntarse sobre los siguientes aspectos: ¿Cómo tienen organizado su servicio?, ¿Quién es el responsable técnico de la empresa?, ¿Van a enviar siempre al mismo mecánico? ¿Con qué rapidez atien­ den a un aviso de avería?, ¿Tienen establecido un servicio de urgencias?, ¿Cuáles son los precios de facturación de los tiempos de trabajo en horas nor­ males, extras, de festivo, nocturnas? Exigir que se detalle en el contrato.
El servicio de mantenimiento debe ser controlado para garantizar que se cum­ ple con lo establecido en el acuerdo entre la comunidad de propietarios y la empresa. Los aspectos que deben controlarse son, fundamentalmente, que se realizan las visitas con la frecuencia establecida, que se llevan a cabo las operaciones acorda­ das, y que se lleva un registro de dichas operaciones. Asimismo, deben anotarse las quejas, comentarios, anomalías, etc. expresadas por los usuarios del edificio. Si la comunidad cuenta con un empleado o responsable de la finca, éste puede acompañar al técnico de mantenimiento durante la visita, comprobando las ope­ raciones que realiza y la firma de los par­ tes de trabajo. Se recomienda también visitar periódicamente la sala de calde­ ras para comprobar su estado y el cum­ plimiento de los registros de las opera­ ciones realizadas. Estas acciones son la clave de la eficacia del mantenimiento; tanto en sí mismo como por el hecho de que el mantenedor se sabe controlado. Ahora bien, para que el técnico respon­ sable del mantenimiento pueda llevar a cabo su trabajo con más garantías, es
necesario darle instrucciones sobre el funcionamiento de la instalación: hora­ rios, regímenes de funcionamiento, nive­ les de temperatura, fechas de inicio y finalización de cada servicio, cambio de horarios, etc. Estas instrucciones deben ser precisas y darse personalmente al mantenedor, por lo que es necesario mantener un contac­ to periódico con éste, comunicándole las averías y las anomalías del servicio. Con el fin de evitar mensajes contradictorios, debe establecerse un único cauce de comunicación con el técnico, evitando que pueda recibir instrucciones contra­ puestas de diferentes vecinos. Para que todos los usuarios del edificio estén al corriente de los trabajos de mantenimiento, la empresa debe pre­ sentar un certificado anual en el que indique que el mantenimiento se ha lle­ vado conforme a las prescripciones del RITE, en el que además se incluyan los consumos registrados en la instalación (combustible, aportes solares, electrici­ dad, agua y contadores individuales) en el mismo deben incluir un informe de las posibles mejoras a realizar para optimizar su rendimiento, reducir el consumo y aumentar su eficiencia ener­ gética. En caso de que sea conveniente llevar a cabo reformas, deben ser progra­ madas con el mantenedor al acabar la temporada de calefacción.
Con el fin de garantizar el correcto estado de las instalaciones, en el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) se establece la necesidad de realizar inspecciones periódicas. La diferencia entre inspección y revisión es que las inspecciones las realiza la administración, bien directa­ mente, bien a través de empresas como organismos de control autorizado, técnicos cualificados independientes, etc., mientras que las revisiones son las operaciones que efectúan las empresas mantenedoras autorizadas. El objetivo de las inspecciones es comprobar que se realizan las operaciones de mantenimiento y que las instalaciones se actualizan adecuadamente. Para ello, en las mismas se evalúa el rendimiento de las instalaciones y que se cum­ plimente de la forma adecuada el registro oficial de las operaciones de mante­ nimiento.
El artículo 31 y la Instrucción Técnica 4 del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) establecen la obligación y periodicidad de la inspección periódica de eficiencia energética de las instalaciones térmicas de calefacción, cli­ matización y agua caliente sanitaria de los edificios, a lo largo de su vida útil. El órgano competente de cada Comunidad Autónoma (normalmente Direcciones generales de Industria y Energía) establecerá las convocatorias y las condiciones específicas de las inspecciones que se realicen en su ámbito territorial. La inspección concluirá con un dictamen con la finalidad de asesorar al titular de la instalación, proponiéndole mejoras o modificaciones de su instalación para incrementar su eficiencia energética. Estas medidas estarán justificadas según su rentabilidad energética, medioambiental y económica. Si con motivo de esta inspección se comprobase que una instalación existente no cumple con la exigencia de eficiencia energética, el órgano competente de la Comunidad Autónoma podrá acordar que se ade­ cue a la normativa vigente.
Figura 19. Periodicidad de la inspección. Inspección Potencia térmica nominal instalada P (kW) P ≤ 70 kW Generadores de calor P > 70 kW P > 12 kW Periodicidad de la inspección
Generadores de frío Instalación térmica completa (Para instalaciones de antigüedad > 15 años)
Cada vez está más extendido el control de las instalaciones a través de la tele­ gestión. Mediante este sistema, la empresa de mantenimiento está perma­ nentemente conectada por línea telefó­ nica con la instalación, enviando el sis­ tema periódicamente los datos progra­ mados por el mantenedor (contadores de energía, horas de funcionamiento, etc.) y de manera inmediata, las alar­ mas. Esto permite en numerosas oca­ siones efectuar las reparaciones antes incluso de que el usuario detecte el fallo. Con un adecuado tratamiento de la información, también se puede optimi­ zar de forma continua el consumo de energía, ya que se dispone de datos de evolución de las temperaturas exterio­ res, registros continuos de temperatu­ ras, de funcionamiento de cada circuito, etc. Desde el ordenador de la empresa mantenedora se pueden corregir asi­ mismo las consignas, los horarios, los regímenes de funcionamiento, etc., o recibir los datos de consumos de los contadores individuales, simplificando de esta manera las labores de lectura y elaboración de recibos.
Además de los elementos de regula­ ción automática, es muy importante que la instalación disponga de equi­ pos de medida directos, de manera que en todo momento se pueda saber el estado de funcionamiento de la misma.
La telegestión requiere que la instala­ ción disponga de los elementos de regu­ lación y control necesarios, una línea telefónica y que el mantenedor tenga los programas adecuados a las marcas ins­ taladas. Esto no sólo no supone un mayor costo, sino que simplifica algunas operaciones de mantenimiento y propor­ ciona una mayor rapidez de respuesta. Por supuesto, no sustituye a las opera­ ciones de mantenimiento manuales que deben seguir realizándose periódica­ mente.
Existen empresas que ofrecen contratos compuestos por un precio fijo mensual y un precio por kWh de calefacción y m3 de ACS, y que garantizan un número de horas de servicio de calefacción con unas temperaturas interiores predeter­ minadas. La empresa mantenedora asume los gastos de combustible, man­ tenimiento, reparación de averías, etc. Este tipo de contratos demuestra el aho­ rro que se puede lograr con un buen mantenimiento, ya que un beneficio importante para la empresa se debe a la reducción del costo del servicio.
Las empresas que proponen este tipo de contratos realizan, en primer lugar, una auditoria energética de la instalación y su funcionamiento. Analizan las posibili­ dades de ahorro de inversiones en mejo­ ras, reformas, sustituciones, etc., que conviene realizar y establecen, en conse­ cuencia, los plazos de amortización de las inversiones basándose en el ahorro estimado. Y plantean objetivos de aho­ rro de energía concretos, según unas características de funcionamiento y prestaciones determinadas. Posterior­ mente, llevan a cabo la reforma de las instalaciones, su puesta a punto, así como el mantenimiento preventivo, repa­ ración de averías, etc., sin que ello suponga costo alguno para el usuario. El beneficio de la empresa se establece en el oportuno contrato, pudiendo estar basado en un determinado porcentaje del ahorro real producido durante el tiempo de contrato establecido. De este modo el usuario no asume ningún ries­ go, y mantiene las instalaciones en buen estado y actualizadas tecnológica­ mente sin desembolso alguno, ya que las mismas se amortizan con el ahorro producido. La empresa, por su parte, obtiene su beneficio optimizando el rendimiento de la instalación. Se trata de compañías con una alta especialización y cualificación en ingeniería energética.
El costo total de los servicios de calefac­ ción y agua caliente sanitaria de las ins­ talaciones colectivas se compone de dis­ tintos conceptos que no siempre son directamente proporcionales a los con­ sumos de ambos servicios, sino que tie­ nen una parte fija, independiente del uso, y otra variable en función del mismo. Las componentes fijas y varia­ bles tienen distinto porcentaje según el término de que se trate. El costo fijo está justificado por la dispo­ nibilidad de cada vecino para utilizar los servicios, independientemente de que lo haga o no, ya que esto supone un gasto para el conjunto de la comunidad. Esta situación es idéntica a la del suministro eléctrico, en la que cada usuario paga un término fijo independiente del nivel de consumo, ya que la compañía suminis­ tradora está obligada a disponer de las instalaciones adecuadas –tanto de pro­ ducción como de distribución– para satisfacer las posibles demandas.
El combustible es el término de mayor importancia en el costo total de ambos servicios. Una parte de esta energía se pierde durante el horario de uso, a través de las tuberías de distribución y de la sala de calderas. Esta parte puede considerarse como un costo fijo puesto que aunque ningún vecino hiciese uso de estos servicios, la instalación consumiría. El resto está directamente relacionado con los consu­ mos de calefacción y agua caliente sani­ taria de los diferentes usuarios. Hay que tener en cuenta que el consumo de combustible por ambos conceptos se ve afectado por el rendimiento de gene­ ración estacional de los equipos de la sala de calderas. La proporción entre los costos fijos y variables de combustible son distintos para cada servicio.
Los diferentes reglamentos, desde el RICCACS de 1981 hasta el RITE de 2007, han establecido la obligatoriedad del mantenimiento preventivo de las instala­ ciones. En concreto en la ITE 03 del RITE se fijan las operaciones mínimas de man­ tenimiento a realizar y la frecuencia con que las mismas deben llevarse a cabo. Estas operaciones las debe asumir la empresa mantenedora autorizada por el órgano competente de la Comunidad Autónoma, y se han de realizar sea cual sea el año en que se haya construido el edificio. El costo del mantenimiento preventivo es independiente del consumo, por lo que también puede considerarse como fijo, a diferencia del mantenimiento correctivo, que en parte depende de la intensidad en el uso de las instalaciones. Si bien, dado que la instalación ha de estar en disposición de ser utilizada independientemente de que el uso sea más o menos elevado, el coste de las reparaciones puede repartirse entre costos fijos y variables según una escala de porcentajes que puede oscilar alre­ dedor de un 90% o 95% fijo, por ejem­ plo. Esto es válido tanto para la calefacción como para el ACS.
La instalación de energía solar térmica contribuirá a reducir el consumo de com­ bustible; el costo atribuido a la misma será el pequeño consumo eléctrico de las bombas y regulaciones del sistema solar y el mantenimiento; ambos se incluirán con los restantes componentes de la instalación.
Los equipos de la sala de calderas (bom­ bas, quemadores, etc.) consumen ener­ gía eléctrica. El costo de este consumo es imputable tanto a los servicios de calefacción como a los de ACS. La mayor parte del gasto eléctrico es independiente de los consumos de ambos servicios, ya que las bombas deben estar en funcionamiento de mane­ ra continua, y el término fijo de los reci­ bos eléctricos no depende de los consu­ mos eléctricos que se tengan. Por todo ello, el gasto eléctrico es prácticamente un costo fijo (95% ó 100% fijo).
Además de los gastos anteriormente indi­ cados, deben tenerse en cuenta otros de menor importancia, tales como: •	Elaboración de los recibos individua­ les de calefacción y ACS. •	Parte correspondiente a los servicios de calefacción y ACS, de los costos del personal contratado por la comunidad (portero, administradores, etc.). •	Gastos financieros imputables a ambos servicios. •	Otros gastos generales que la comuni­ dad considere deben aplicarse a estos servicios. Estos costos son prácticamente costos fijos.
El costo del agua fría para el servicio de ACS depende directamente del consumo de agua caliente. El agua fría se emplea también para el llenado de la instala­ ción, si bien representa un costo muy pequeño e independiente de los consu­ mos de calefacción y ACS. De la factura de la compañía suministra­ dora de agua se puede cobrar a cada usuario la cantidad equivalente al consu­ mo de ACS que haya registrado cada contador individual. El resto correspon­ de a los consumos comunitarios y es un costo fijo.
La mayoría de las instalaciones disponen de contadores individuales para el servi­ cio de ACS, lo que facilita la determina­ ción del consumo de cada vivienda. Sin embargo, las pérdidas de calor que se producen en el bucle de recirculación son continuas a lo largo del día e inde­ pendientes del consumo de ACS. Por ello, proporcionalmente tienen más importancia cuando los consumos de ACS son menores, y resultan muy altos en aquellos casos en que las tuberías de distribución y recirculación carecen de aislamiento térmico. Estas pérdidas de calor se transforman en un mayor gasto de combustible, por lo que el costo fijo destinado a este servicio se puede consi­ derar entre un 40% y un 50% del coste total de combustible para la producción de ACS. El costo fijo de ACS puede repartirse pro­ porcionalmente al número de viviendas, ya que las pérdidas en la distribución son independientes del tamaño de los pisos. Pueden darse casos en los que en viviendas más pequeñas se tengan con­ sumos de agua caliente iguales o incluso más elevados que en otras de mayor tamaño. Por el contrario, el argumento para repartir el costo fijo en función de la cuota de participación comunitaria es que cuanto mayor sea la vivienda hay mayores posibilidades de que sea ocu­ pada por más personas.
El reparto de los costos de calefacción en forma proporcional al consumo de cada usuario, sólo se puede realizar si se dispone de algún sistema para el control del consumo. Entre los diversos sistemas existentes en el mercado, el más preciso es el contador de energía, cuya instala­ ción es obligatoria desde la entrada en vigor del RITE de 1998. En el caso de la calefacción, las pérdidas debidas a distribución tienen menos importancia relativa que en el del ACS, ya que la proporción de tuberías generales frente a las tuberías interiores de las vivien­ das y radiadores es pequeña. La IT.IC.04.4, aplicable a instalaciones posteriores a 1982, fijó un valor máximo del 5% para dichas pérdidas, si bien este requisito se ha reducido al 4% en el RITE actual. Así, lo
Zona climática A B C D E
% Fijo Calefacción 25% 30% 40% 45% 50% ACS 40% 40% 50% 50% 50%
habitual es que estas pérdidas sean del 5%, aunque pueden resultar superiores en edificios construidos antes de 1982; incluso hay instalaciones que carecen de aislamiento en las distribuciones. A la hora de considerar y repartir el costo fijo del gasto de combustible para calefac­ ción hay que tener en cuenta también otros aspectos importantes además de las pérdidas en distribución, como son: •	La relación consumo-rendimiento Las instalaciones de calefacción centra­ lizadas se diseñan para el funciona­ miento conjunto de todo el edificio, ins­ talándose calderas con potencia ade­ cuada a las necesidades totales. Cuando un porcentaje muy alto de viviendas no conecta su sistema de calefacción, las calderas están muy sobredimensionadas para las necesida­ des puntuales de esos periodos, lo que causa una caída importante del rendi­ miento de generación. Así, aunque el consumo total en tales periodos sea más bajo, el rendimiento también lo habrá sido, y como consecuencia se habrán encarecido las lecturas de los contadores. Este aspecto debe ser con­ siderado, por lo tanto, a la hora de selec­ cionar el tipo de calderas a instalar. •	El "robo" de calor Este es un concepto que a menudo se olvida en el reparto de costos. Si un usuario no conecta su sistema de calefacción está provocando un flujo de calor desde las viviendas que le rodean hacia la suya. El efecto es que en su vivienda se alcanza una tempera­
tura más alta de la que se lograría si las viviendas que le rodean tampoco conectasen el sistema de calefacción, lo que da lugar a un mayor consumo en las viviendas colindantes. •	Viviendas "desprotegidas" Las viviendas situadas en las esqui­ nas de los edificios y en las plantas primera y última tienen unas necesi­ dades de calefacción superiores a otras viviendas similares (a igualdad de superficie y volumen) situadas en posiciones intermedias. Es decir, que éstas últimas están "protegidas" por las extremas, por lo que tienen meno­ res necesidades de calefacción. De lo anterior se deduce la necesidad de determinar un costo fijo que por un lado favorezca un uso racional de la calefac­ ción, en las condiciones para las que ha sido diseñada la instalación y, que por otro, evite el despilfarro asociado a un uso innecesario de la misma. Teniendo en cuenta todo ello, el coste fijo del consumo de combustible para calefac­ ción se puede evaluar entre el 25% y el 50%, costo que debe repartirse proporcio­ nalmente a la superficie de cada vivienda (cuota de participación). Esta fórmula de reparto es menos injusta que la proporcio­ nal a la potencia instalada, que gravaría a las viviendas "extremas". De cualquier modo si algún vecino aumenta posterior­ mente la potencia instalada en radiado­ res, se le debe aplicar un suplemento sobre la cuota inicialmente calculada en función de la superficie.
El costo real de calefacción y ACS no puede determinarse hasta que no hayan finalizado las campañas de ambos servi­ cios. Por este motivo puede fijarse una cuota de participación suficientemente alta como para asegurar que siempre haya fondos para hacer frente a los gastos comunitarios de estos servicios y regulari­ zar los gastos una vez al año. El rendimiento de las instalaciones varía de una campaña a otra, por lo que los costos también lo hacen. Esto puede introducir un factor de complejidad a la hora de fijar las cuotas. Para simplificar este problema puede realizarse un estu­ dio detallado de los gastos de una tem­ porada completa, el mismo puede ser realizado por el mantenedor de la insta­ lación, y, a partir de éste, determinar el costo variable por m3 de ACS y por kWh de calefacción, aplicando posteriormen­ te estos valores a los consumos indica­ dos por los contadores en campañas sucesivas. El estudio detallado debe repetirse cada cierto número de años, con un doble objetivo, adecuarlo a las nuevas condi­ ciones de funcionamiento y comprobar que el rendimiento de la instalación se mantiene en valores adecuados. A lo largo de los años, los precios de los combustibles van aumentando. Por este motivo, aunque el rendimiento de la ins­ talación se mantenga, el coste de los ser­ vicios aumentará. Para soslayar este pro­ blema es más cómodo fijar el costo del m3 de ACS y del kWh de calefacción en función de la unidad de combustible (litro de gasóleo o kWh de gas), de modo que la actualización de precios sea prác­ ticamente inmediata. El mismo criterio utilizado para la actua­ lización de precios del combustible puede aplicarse para las restantes com­ ponentes del costo: electricidad de la sala de calderas, mantenimiento, etc. En cualquier caso, como se ha indicado pre­ viamente, la influencia de estos términos en el costo variable es pequeña, ya que se consideran prácticamente fijos en su totali­ dad, de manera que los incrementos de precios correspondientes se verán absorbi­ dos por las cuotas comunitarias. Respecto al agua fría para ACS, se le puede aplicar directamente el precio actualizado. A falta del mencionado estudio se pueden estimar unos porcen­ tajes de reparto de gastos entre los ser­ vicios de calefacción y ACS y con ellos establecer los costos fijos y variables de cada componente del costo final. El porcentaje del consumo de combusti­ ble para calefacción depende de tres fac­ tores fundamentales:
•	Zona climática, siendo más alto cuan­ to mas fría sea la zona. •	Tamaño de las viviendas, el consumo de calefacción será mayor cuanta más superficie tengan las mismas.
•	Instalación de energía solar térmica para ACS, ya que de existir el consumo de combustible para ACS será inferior, aumentando el porcentaje correspon­ diente al servicio de calefacción.
Zonas climáticas A
Zona climática de invierno B
Badajoz, Cáceres, Jaén, Toledo
Albacete, Ciudad Real, Guadalajara, Lleida, Madrid, Zaragoza Cuenca, Huesca, Logroño, Salamanca, Segovia, Teruel, Valladolid, Zamora Lugo, Palencia, Pamplona, Gazteiz Ávila, Burgos, León, Sória
De todos son conocidas las dificultades que se presentan en las comunidades de vecinos para llegar a un acuerdo sobre el reparto de gastos de las instalaciones centralizadas de calefacción y agua caliente sanitaria. Para poder realizar la distribución de gas­ tos, previamente es necesario conocerlos con detalle, lo que implica disponer de los equipos de medida suficientes que permi­ tan identificar los consumos, tanto de los elementos comunitarios como de los correspondientes a cada usuario. Estos equipos de medida son: •	Comunitarios: contadores de combus­ tible, de agua y de electricidad. •	Individuales: contadores de agua caliente y del consumo de calefacción. Las situaciones límite son aquellas en que, por una parte, se dispone de todos los medidores y se pueden determinar con bastante exactitud los costos, y por la otra, aquellas en que no se tiene ninguno, en cuyo caso los costos se asumen totalmen­ te como comunitarios y se distribuyen pro­ porcionalmente a la cuota de participación de cada usuario. Entre ambos extremos existe un amplio abanico de posibilidades. Respecto a los contadores individuales, lo más habitual es que sólo haya de agua caliente, de modo que únicamente se podrá repartir el costo correspondiente a este servicio.
Los contadores de energía son los siste­ mas de medición del consumo de calefac­ ción más fiables. Constan de un contador de caudal similar a un contador de agua caliente, dos sondas de temperatura y un sistema electrónico para la totalización de los consumos de energía. Estos equipos exigen una fuente de alimentación eléctri­ ca, bien mediante baterías o con conexión a la red, además hay algunos modelos que requieren la instalación de filtros magnéti­ cos en las tuberías para lograr un funcio­ namiento fiable. Debido a las características citadas es conveniente realizar una revisión periódi­ ca de los contadores de energía. En el caso de alimentación por baterías esta revisión puede hacerse coincidir con el cambio de las mismas. En cualquier caso estos aspectos deben consultarse con el mantenedor o directamente con el fabri­ cante de los contadores. El costo de estas revisiones puede considerarse como fijo. También puede realizarse una estima­ ción del consumo de calefacción me­
diante contadores de horas, los cuales registran el tiempo de funcionamiento de la calefacción de cada usuario. En este caso, para repartir el costo variable, debe tenerse en cuenta el tamaño de cada vivienda. Esta medición es menos precisa que la realizada con contadores de energía. Como contrapartida, su insta­ lación es más sencilla y apenas requiere mantenimiento. Teniendo en cuenta que el error que se puede cometer con este sistema única­ mente afecta al término variable de la calefacción, el error total (costos fijos y variables de calefacción y ACS) puede resultar asumible, sobre todo en edifi­ cios con unidades de consumo pequeñas (apartamentos, viviendas de menos de 100 m2, oficinas, etc.), en estos casos es conveniente adoptar porcentajes fijos altos. Estas instalaciones pueden reali­ zarse con cronotermostato de ambiente y válvula de zona. El contador registra el número de horas que la válvula ha per­ manecido abierta. Es esencial asegurar
que la válvula no se abre fuera del hora­ rio de calefacción, ya que se contabiliza­ rían horas en las que no hay aporte de calor y, por tanto, se introduciría un error elevado en las mediciones. Esto puede evitarse realizando la conexión eléctrica de las válvulas desde la sala de calderas y permitiendo, adicionalmente, su cierre desde las viviendas. Dicha solución añade la ventaja, sobre una instalación tradicional sin válvulas de zona, de per­ mitir un mayor equilibrado entre las dife­ rentes viviendas con un sobrecosto bajo. Otro sistema posible para registrar el consumo individual en calefacción, con­ siste en instalar contadores de caudal, similares a los de ACS, en la entrada o retorno a cada usuario. El consumo de calefacción es proporcional al volumen registrado por los contadores. En este caso, se actúa como se ha indicado para los contadores de horas, y la única dife­ rencia estriba en la unidad de lectura (horas o m3).
Contadores individuales de energía de calefacción, válvulas de zona y vál­ vulas de equilibrado por vivienda.
las viviendas más desfavorecidas (plantas bajo cubierta y baja) alcancen las condi­ ciones de confort que fija la normativa vigente.
¿Existe alguna normativa que regule el inicio y finalización del periodo de calefacción en comunidades de veci­ nos? ¿Y que regule el horario de fun­ cionamiento diario?
No existe temporada de calefacción ofi­ cial, ya que ninguna norma fija el inicio y final de la campaña. El periodo de cale­ facción debe ser adoptado por acuerdo de la comunidad de vecinos. No existe tampoco reglamentación que fije el horario de calefacción. El reglamento de 1981 prohibía la calefac­ ción desde las 23 hasta las 7 horas, excepto en algunas zonas muy frías. Sin embargo, en la actualidad esta restric­ ción ha sido anulada, ya que se consi­ dera que todas las instalaciones deben disponer de sistemas de regulación en función de las condiciones exteriores. A pesar de ello, es conveniente fijar unos horarios acordes a los usos del edifi­ cio. Para tomar esta decisión se debe ana­ lizar la regulación que disponga la instala­ ción. El horario de calefacción se fijará por acuerdo comunitario, y debe ser suficien­ temente amplio para conseguir que hasta
El invierno no llega de repente. A media­ dos del otoño ya se comienza a sentir la necesidad del servicio de calefacción en las viviendas. Este momento varía en función de la latitud geográfica del lugar donde se encuentre el edificio, de su altura sobre el nivel del mar, de los vien­ tos, etc. En las zonas más frías la necesidad de calefacción comienza a sentirse a finales de octubre, mientras que en zonas climáti­ camente más benignas, el descenso de las temperaturas suele presentarse a finales de noviembre. En el final de la campaña la primavera llega de forma inversa, notándo­ se la elevación de temperaturas antes en las zonas más cálidas.
Por ello lo más adecuado es fijar una campaña de calefacción con comienzo a mediados de octubre o principios de noviembre, y finalización de la misma a principios o mediados de mayo, excepto en las zonas climáticas más cálidas. En zonas de gran altitud (montaña) la tem­ porada puede ser más amplia. En cualquier caso si se diesen tempe­ raturas muy bajas fuera de temporada se puede solicitar al mantenedor la amplia­ ción de la campaña.
¿Cuáles son las horas de encendido y apagado de la calefacción más adecuadas para garantizar el con­ fort y la eficiencia energética?
En edificios modernos con termostatos de ambiente y contadores de energía en cada vivienda, es preciso tener en cuen­ ta los horarios programados por cada vecino, ya que si la instalación central no está en marcha un usuario no tendrá ser­ vicio aunque lo haya fijado en su crono­ termostato. En ocasiones, es preciso ampliar los horarios para atender a muy pocas vivien­ das, por lo que lo más adecuado es que previamente se unifiquen los horarios entre los vecinos. En las instalaciones anti­ guas, cuando no haya elementos indivi­ dualizadores el servicio se dará conjunta­ mente a todas las viviendas. El horario dependerá de las condiciones exteriores. En los momentos más fríos del
año, cuando las temperaturas exteriores son las de diseño de la instalación, se requiere un horario prácticamente conti­ nuo. En otras épocas se pueden alcanzar las condiciones de confort con menos horas de servicio. Por este motivo, los horarios de calefacción dependen del tipo de regulación de que se disponga. Si el edificio dispone de un sistema de regulación automático (como debiera ser desde 1986) el horario ha de ser muy amplio, ya que prácticamente todos los sistemas de regulación tienen una fun­ ción que, en caso de temperaturas exte­ riores muy bajas, pone en marcha el sis­ tema de calefacción fuera del horario programado para ello, siempre que el servicio esté disponible. Por otro lado también suelen incluir ele­ mentos que cortan el servicio de calefac­ ción cuando las temperaturas exteriores son altas, aunque se esté dentro del hora­ rio programado de calefacción.
¿Cuál es la temperatura más idónea a mantener en la vivienda para garanti­ zar el confort y el ahorro energético, durante el día y la noche?
Los usuarios, siendo conscientes del consumo de energía y del impacto que sobre el medioambiente supone elevar la temperatura, deben utilizar ropa adecua­ da a la época del año. Un jersey ligero, por ejemplo, permite obtener sensación de confort con menores temperaturas que la ropa de manga corta.
lo que indica que la curva debe bajarse en la zona de temperaturas exteriores más frías, o que con exteriores altas las interiores sean bajas, debiendo incre­ mentarse la temperatura de impulsión en esta zona, evidentemente pueden darse las situaciones contrarias, o que sólo se observen desviaciones en una parte de la curva, por lo que la curva no se debe modificar de manera uniforme, como tampoco se debe estar modificando fre­ cuentemente.
¿Cómo se ajusta la curva de regula­ ción de la calefacción?
Las instalaciones colectivas de calefac­ ción en edificios de viviendas deben dis­ poner de un sistema centralizado para el control de la temperatura del agua en fun­ ción de la temperatura exterior. Estos sistemas utilizan una regulación de la calefacción que relaciona las tempe­ raturas de impulsión a radiadores con las temperaturas exteriores. En cada caso es preciso adecuarla a las características del edificio. Los mantenedores con experien­ cia suelen dejarlas bastante ajustadas, pero siempre es preciso realizar algunos retoques finales. Debe comprobarse cómo se comporta la instalación en diferentes condiciones exteriores. En algunas viviendas repre­ sentativas, se recopilarán datos sobre cuáles son las temperaturas interiores cuando las exteriores sean bajas, medias y altas, y posteriormente se modificará la curva de regulación. Puede suceder que con temperaturas exteriores bajas las interiores sean altas,
¿Es mejor dejar apagar la calefacción cuando no se está en casa, o es prefe­ rible mantenerla muy baja perma­ nentemente las 24 horas?
Es muy común pensar que cuando se apaga la calefacción cesa el consumo; ello es debido a que se olvida que es el edifico el que demanda calefacción. Cuando el sistema de calefacción se pone en marcha, antes de alcanzar las temperaturas de confort se calientan los cerramientos, lo que incrementa el con­ sumo correspondiente y se pierde una parte importante del ahorro obtenido en la parada. La conveniencia o no de apagar la cale­ facción está indicada por la inercia del edificio. Para valores elevados, es decir, cuando sus cerramientos son pesados, es más adecuado no parar la calefacción. Igualmente, en las zonas más frías tam­ bién se recomienda no pararla. El núme­
ro de horas de uso de la vivienda tam­ bién influye en el comportamiento del sistema, ya que si es muy elevado con­ viene establecer horarios continuos. En general, en los edificios de vivien­ das lo más adecuado es establecer hora­ rios continuos con temperaturas inferio­ res en las horas de desocupación de las viviendas (lo que se denomina habitual­ mente “calefacción reducida”). Así, en los periodos de baja ocupación la cale­ facción entra en funcionamiento lo sufi­ ciente para evitar que la vivienda se enfríe en exceso. De este modo, en el momento de su reinicio se logra la tem­ peratura de confort de manera más rápi­ da. Evidentemente, este modo de funcio­ namiento requiere disponer de los ele­ mentos de regulación apropiados. Un aspecto que hay que cuidar es el de la apertura de ventanas. Se debe procurar hacer coincidir la apertura con los periodos sin calefacción. En las épocas mas frías el tiempo de apertura de las mismas debe ser lo más reducido posible.
¿Qué criterios de eficiencia energéti­ ca se tienen que seguir para selec­ cionar una nueva caldera en sustitu­ ción de la existente?
Es muy importante analizar en primer lugar qué tipo de caldera y de qué año es la existente, y qué regulación de calefac­ ción tiene la instalación. Se aconseja la sustitución las calderas con más de 15 años siempre y cuando no cumplan con las exigencias de seguridad y ahorro energético, ya que estos equipos han experimentado una gran evolución en los últimos años. El sistema de regulación debe tener tres funciones básicas funda­ mentales: regulación de la temperatura de impulsión a radiadores en función de las condiciones exteriores; posibilidad de diferentes temperaturas en distintos horarios, diarios y semanales; y corte del servicio de calefacción a partir de una temperatura exterior prefijada (por ejem­ plo de 16 a 18°C), lo que permite adecuar el funcionamiento del sistema a los días de invierno con temperaturas altas. Si la regulación está obsoleta y no dispone de las funciones indicadas debe sustituirse lo más rápido posible. Respecto a las calderas deben selec­ cionarse aquellas del máximo rendimien­ to energético. En la figura 5 se indican los rendimientos mínimos que deben cumplir las calderas estándar, de baja temperatu­ ra y condensación tanto al 100% de carga como al 30%. La selección también se deberá realizar en función de la aplicación
y del régimen de funcionamiento previs­ to. En cualquier caso es necesario el ase­ soramiento de un profesional, ya que es una decisión muy importante que condi­ cionará la futura factura energética y eco­ nómica del edificio por 15 ó más años. Para ello se debe analizar la rentabilidad de la propuesta, considerando no sólo el coste de la nueva caldera sino también el consumo de energía a lo largo de su vida útil. Una caldera más barata, pero menos eficiente, puede ser más cara, considera­ da desde esta perspectiva a largo plazo. El número mínimo de calderas dependerá de la potencia conjunta de la instalación. La reglamentación vigente requiere dos calderas a partir de los 400 kW. En caso de emplear calderas de condensación o incluso de baja temperatura se puede jus­ tificar un número menor, teniendo en cuenta que son calderas que a carga par­ cial pueden incrementar el rendimiento. Antes de decidir el tipo de caldera hay que comprobar también el estado de la chimenea, ya que algunos tipos incremen­ tan las condensaciones de humos en la chimenea. Este aspecto en un alto porcen­ taje de los casos obligará a sustituir la chi­ menea.
¿Es obligatorio instalar contadores individuales de agua caliente sani­ taria? ¿Y de calefacción? ¿Existe alguna normativa que obligue a hacerlo?
Desde 1981 es obligatorio instalar con­ tadores de ACS. Para las instalaciones anteriores estos contadores son obliga­ torios desde 1986, excepto en el caso de aquellas instalaciones cuya imposi­ bilidad haya sido comprobada por el órgano competente de cada Comunidad Autónoma, si bien en muchos casos se ha admitido el informe de un instalador (o mantenedor) autorizado que certifi­ que dicha imposibilidad. En cuanto a los contadores de energía para calefacción, éstos son exigibles desde 1998. En las instalaciones anterio­ res a esta fecha y en los casos que técni­ camente sea posible instalarlos debería hacerse. Respecto a la contabilización de los consumos de calefacción para instala­ ciones realizadas con anterioridad a 1998, y siempre que haya consenso comunitario, pueden utilizarse otros sistemas distintos de los contadores de energía, como contadores de caudal, o de horas, que aunque tienen un error mayor permiten un reparto de gastos adecuado a los consumos. La instalación de cualquiera de estos equipos requiere que la distribución de calefacción lo permita, es decir que se
Si la calefacción y el agua caliente sanitaria son colectivas y cada piso tiene su contador de energía y ter­ mostato ¿la comunidad puede cobrar una cuota por las pérdidas de ener­ gía en función del coeficiente de propiedad, incluso si no se utiliza la calefacción ni el agua caliente sani­ taria? ¿El mantenimiento de las calderas se paga en la cuota de con­ sumo mensual de la comunidad?
Si el edificio dispone de instalación de calefacción y ACS centralizada, el man­ tenimiento y costos fijos de la misma deben ser pagados con independencia del consumo que tenga cada usuario. No se ha de olvidar que aunque los usuarios no la utilicen, la instalación tiene unos consumos por disposición de dicho servicio. Además, cuando un usua­ rio no conecta su calefacción incrementa el consumo de las viviendas colindantes,
ya que las mismas ceden parte de su calor a las viviendas sin servicio. Por todo ello es correcto que se establezca un costo fijo que deberá ser pagado a partes iguales o según la cuota de parti­ cipación. El mantenimiento de las insta­ laciones puede incluirse en la cuota mensual, pero esto es una decisión comunitaria. En cualquier caso, es correcto el pago de estos servicios aunque no se utilicen, de forma similar a lo que sucede con el costo de mantenimiento de los ascenso­ res, iluminación de escaleras, etc., que se establece según la cuota de participa­ ción comunitaria, aunque hagan más uso del mismo los vecinos de las plantas superiores.
El Reglamento de Instalaciones Térmicas de los Edificios (RITE) prohíbe la utiliza­ ción de combustibles sólidos de origen fósil (carbón) en las instalaciones térmi­ cas de los edificios a partir del 1 de enero de 2012.
La evolución de las calderas en los últi­ mos años ha sido muy importante, por lo que una de las principales medidas de ahorro energético es la sustitución de calderas que tengan más de 15 años. Asimismo, la potencia de las calderas debe adecuarse a la demanda del edifi­ cio. En instalaciones con potencias ele­ vadas se deben disponer varias calderas conectadas hidráulicamente en paralelo, con regulación de su funcionamiento en secuencia. Se deben seleccionar quemadores modulantes. Es necesario también comprobar el esta­ do de conservación de las chimeneas, y se aconseja instalar nuevas chimeneas modulares de doble pared de acero inoxidable que incorporen el aislamiento térmico. Este tipo de chimeneas permi­ ten el uso de cualquier tipo de calderas, incluso las de condensación, si bien dicho cambio puede estar limitado por el espacio disponible. En ocasiones se
Desde el punto de vista ambiental, el combustible menos contaminante es el gas natural, por lo que se aconseja adap­ tar las instalaciones a este combustible si se dispone del mismo en el lugar de ubicación del edificio. La posición más aconsejable para la sala de calderas de gas natural es en la cubierta del edificio, para ello debe comprobarse que la estructura del edificio es capaz de sopor­ tar las nuevas cargas. En aquellos casos que aún tengan expan­ sión abierta, la misma debe sustituirse por sistemas con vasos de expansión cerrados. Los vasos de expansión abier­ tos son depósitos situados en la parte más alta de la instalación, habitualmente en las cubiertas de los edificios, en los cuales se absorbe la dilatación del agua cuando la misma se calienta por estar dando servicio de calefacción, sus incon­ veniente principales son: •	Mayores pérdidas de calor por estar en contacto directo con el ambiente exterior.
•	Oxigenación continua del agua lo que incrementa los problemas de corro­ sión en tuberías y equipos. •	Sobrepresión muy baja en los radia­ dores de las últimas plantas, lo que suele provocar mal funcionamiento en los mismos por presencia de aire. Estos problemas se resuelven con los vasos de expansión cerrados que son depósitos cerrados con aire a presión y una membrana que separa el aire del agua en la que se recibe el agua dilatada con el calentamiento de la instalación; cuando la instalación se enfría la propia presión del aire devuelve el agua a la ins­ talación. Finalmente, es muy importante comprobar el aislamiento térmico de tuberías y equi­ pos en la sala de calderas, reforzándolo o sustituyéndolo cuando sea necesario.
Calderas con más de 15 años de anti­ güedad, que es conveniente sustituir.
Problemas originados por sustitución de calderas manteniendo las chimeneas de material no apropiado; en la primera se observan las condensaciones en una chi­ menea de chapa de acero negro; en el segundo caso hubo de sustituirse la chime­ nea por otra de acero inoxidable de doble pared.
Caldera de elementos de hierro fundi­ do que permite su montaje “in situ”, facilitando el traslado de la sala de cal­ deras a la cubierta del edificio.
Calderas a gas de baja temperatura y condensación, con capós insonoriza­ dos para cubrir los quemadores.
Vaso de expansión abierto de una ins­ talación de calefacción central, situado en la cubierta del edificio.
Vaso de expansión cerrado con com­ presor.
Aunque no es de obligado cumplimiento en los edificios existentes, es conve­ niente contemplar la posibilidad de implantar una instalación de energía solar térmica para ACS; para ello hay que comprobar el espacio disponible en la cubierta con orientación favorable, sur o desviaciones hasta 45° este u oeste. La instalación solar precalentaría el ACS que posteriormente alcanzaría las condiciones de consigna en la instala­ ción central; en épocas favorables se puede lograr que toda el ACS sea calen­ tada por el sol.
Funcionamiento del vaso de expansión cerrado: en frio contiene una pequeña cantidad de agua que permite hacer frente a las purgas; el aire contenido dentro del depósito mantiene la pre­ sión de la instalación.
Cuando la instalación funciona en su máxima temperatura el agua dilatada se acumula en la vejiga del vaso, aumentando la presión de toda la ins­ talación; posteriormente cuando se enfríe la propia presión del vaso man­ tiene la instalación en condiciones de funcionamiento.
Teniendo en cuenta que quien demanda calefacción es el edificio no debe olvidar­ se la posibilidad de incrementar su aisla­ miento térmico; este es un aspecto a tener muy en cuenta cuando se procede a la reforma de fachadas; si bien no resulta fácil, debe consultarse con la empresa de rehabilitación la posibilidad de emplear materiales aislantes, o inyectar los mis­ mas en las cámaras de aire. Siempre que se sustituyan las ventanas las mismas serán de doble cristal.
La reglamentación de prevención de la Legionelosis ha supuesto un cambio muy significativo en el diseño de las instalacio­ nes de agua caliente sanitaria. Por ello, es conveniente adecuar los sistemas anterio­ res a 1998 que disponían de mayores volú­ menes de acumulación con temperaturas más bajas. Aunque hay que destacar que las prescripciones del Real Decreto 865/2003 sobre Legionelosis no son de obligado cumplimiento en edificios de viviendas. La reforma más correcta con­ siste en disponer depósitos de acumula­
ción diseñados para soportar de manera permanente temperaturas superiores a 70°C (hoy en día son habituales tempe­ raturas de 85°C), asociados a intercam­ biadores exteriores de placas, aunque la temperatura debe ser 60°C. Los depósi­ tos, siempre que la altura de la sala lo permita, serán verticales. A fin de regular la temperatura de distri­ bución, se han de colocar en la salida de los depósitos válvulas de regulación que pueden ser motorizadas con servomoto­ res o termostáticas. La temperatura de dis­ tribución se debe programar teniendo en cuenta las tuberías existentes, evitando el deterioro de las tuberías del edificio. Aunque no se pueda distribuir el agua a temperaturas superiores a 50°C, la modifi­ cación indicada reduce el riesgo de des­ arrollo de la legionella en la producción de agua caliente sanitaria, lo que mejora las condiciones sanitarias de la instalación. Como en el caso de la producción de calor, el aislamiento térmico tiene una importan­ cia capital en el ahorro de energía, más teniendo en cuenta que se va a operar a temperaturas superiores a las que han sido habituales.
Este aspecto ha sido ampliamente comen­ tado en apartados anteriores. Debido a su importancia es conveniente recordar que es obligatorio contar con un servicio de mantenimiento, mediante una empresa mantenedora autorizada por el RITE.
Los sistemas actuales permiten un mayor control de la instalación, ya que incorpo­ ran sistemas de calefacción reducida, se adecuan mejor a las condiciones exterio­ res, permiten un mayor aprovechamiento de la regulación en secuencia, trabajan a la temperatura más baja necesaria en cada momento, incorporan conexiones a sistemas de telegestión, etc. Por ello, es muy conveniente proceder a la actualización de los sistemas de regulación y control, sobre todo cuando los mismos tengan una antigüedad superior a 15 años.
Uno de los mayores problemas de las instalaciones centrales existentes –en especial, de las más antiguas con distri­ buciones por montantes por radiado­ res–, es el de los desequilibrios entre viviendas. Como primera medida pue­ den instalarse válvulas de equilibrado en los pies de montante lo que permite conseguir un reparto más uniforme de los caudales.
Debe comprobarse también la zonifi­ cación del edificio. Es muy habitual encontrar instalaciones antiguas con un único circuito de calefacción para todo el edificio, lo que comporta muchas quejas por diferencias de temperaturas entre las orientaciones norte y sur. En tales casos, si las distribuciones generales discurren por las plantas bajas (sótanos de garaje, etc.) suele ser relativamente sencillo mantener la distribución existente para una zona y realizar una nueva para otra. Esto, asociado a diferentes regulaciones en función de las condiciones exteriores, permite adecuar las temperaturas de cada zona a las distintas necesidades. Otro punto de vital importancia es el aislamiento térmico, que debe compro­ barse en todas sus partes accesibles y mejorarlo o sustituirlo cuando sea nece­ sario. La presencia de aire en las tuberí­ as ocasiona asimismo una mala circula­ ción del agua, lo que provoca falta de servicio en las zonas afectadas, habitual­ mente las plantas más altas del edificio. La colocación de vasos de expansión cerrados en la sala de calderas suele paliar este tipo de problemas. Además, se debe estudiar la posibilidad de colo­ car purgadores, al menos manuales, en todos los puntos altos de la instalación.
Distribución general de calefacción única, sin llaves de corte en cada ramal; la accesibilidad de la misma permite efectuar distribuciones inde­ pendientes por orientaciones, además de poder instalar llaves de corte y de equilibrado en cada montante.
Las actuaciones en las distribuciones interiores dependen de cómo sean las generales. Desde 1981 han de disponer de llaves de corte exteriores, por lo que habitualmente a cada vivienda acceden dos tuberías (una de impulsión y una de retorno). En estos casos pueden ins­ talarse válvulas de equilibrado por vivienda. Las instalaciones antiguas por montan­ tes suelen carecer de llaves de corte en los radiadores. En estos casos, es conve­ niente instalar llaves de corte en la entra­ da de los radiadores y detentores en la salida, de manera que se pueda realizar un equilibrado entre las diferentes vivien­ das. Éste suele ser un tema que genera numerosos problemas en las comunida­ des, ya que en muchas ocasiones los usuarios no permiten que se intervenga en sus radiadores. La instalación de válvulas termostáti­ cas en los radiadores tiene un doble efecto beneficioso. Por un lado, se ajus­ ta el consumo a las necesidades de la vivienda, evitando así situaciones tan habituales como que en algunas vivien­ das se tengan las ventanas abiertas mientras que en otras no se alcance la temperatura de confort. Por otra, cuan­ do los radiadores de las habitaciones más favorecidas tienen sus válvulas cerradas se facilita la circulación de agua hacia las más desfavorecidas, equili­ brando el conjunto del edificio.
Actualmente, todos los edificios deben disponer de contadores individuales de ACS, excepto aquellos en los que se haya demostrado que es técnicamente imposi­ ble. No obstante, puede haber edificios en los que este precepto no se haya cumpli­ do, por lo que en tales casos deben insta­ larse. Se trata de contadores sencillos, sin problemas de funcionamiento y no muy costosos. El contaje de los consumos de calefac­ ción es más complejo, ya que requieren equipos más caros y con mayores necesi­ dades de mantenimiento (contadores de energía). En los edificios con distribución por montantes su implantación no es posi­ ble. En instalaciones que dispongan de lla­ ves de corte por vivienda se debe compro­ bar la posibilidad de su colocación, y de ser posible, se han de colocar siempre acompañadas de una válvula motorizada de corte asociada a un termostato de ambiente, de manera que el usuario pueda programar los horarios y tempera­ turas que desee. Una alternativa a los contadores de energía puede ser la de contadores de horas de servicio o contadores de caudal. Estos sistemas son menos precisos pero permiten un cierto reparto de gastos y favorecen el uso racional de la calefacción por parte de los usuarios.
El acuerdo de horarios de funcionamiento es uno de los mayores problemas que pre­ sentan las instalaciones centralizadas, como se ha indicado anteriormente. Una instalación moderna con sistemas de regu­ lación apropiados y equipos eficientes, está diseñada para trabajar de manera per­ manente, adecuándose en cada momento a las condiciones exteriores; teniendo en cuenta que no existe reglamentación sobre los horarios de funcionamiento, los mis­ mos pueden ser de 24 horas; recordando la importancia de tener las instalaciones ade­ cuadamente actualizadas. Al margen de ello es conveniente analizar los siguientes aspectos: •	Aunque la instalación disponga de todo tipo de contadores y regulacio­ nes, una vivienda sólo puede tener servicio si las calderas lo están pro­ porcionando; es decir que el horario de calefacción que cada usuario pro­ grame debe estar dentro del horario de funcionamiento de la sala. •	Si el número de viviendas que están haciendo uso del servicio es muy bajo, el rendimiento de la instalación central disminuye, ya que las pérdidas en dis­ tribución se mantienen; este aspecto es crítico en los edificios con mal aisla­ miento térmico en las distribuciones. •	Si los horarios programados por cada usuario son bajos, para poder propor­ cionar la energía necesaria en cada vivienda se requieren temperaturas de impulsión a radiadores más altas, lo que perjudica al total de la instala­ ción ya que obliga a elevar las curvas de regulación. Como conclusión, lo más adecuado es hacer coincidir, en lo posible, los hora­ rios de calefacción de los diferentes veci­ nos, que los mismos sean amplios y que las curvas sean lo más bajas posible. Si la instalación no dispone de regula­ ción adecuada; o si se trata de edificios con instalaciones por montantes, en los que no es posible proporcionar horarios diferentes en cada vivienda; o si como es de desear los vecinos llegan a un acuer­ do de horarios de uso en cada vivienda, como orientación se proponen las siguientes pautas de funcionamiento.
La temperatura exterior de paro indica que en el horario de funcionamiento la instalación se parará cuando en el exte­ rior se supere la misma. Como temperatura interior normal se aconseja 21°C a fin de ahorrar energía. La temperatura reducida se puede programar para los momentos que aún dando servició de calefacción, se va a estar ausente, de modo que no se deje que la temperatura baje excesivamente y posteriormente se recupere de manera rápida cuando se vuelva a solicitar el servicio.
1 2 Sustituir las calderas que tengan más de 15 años, y adecuar su potencia a la carga del edificio. Seleccionar quemadores modulantes. Comprobar el estado de conservación de las chimeneas e instalar nuevas chimeneas modulares de doble pared de acero inoxidable que incorporen el aislamiento térmico. Cambiar el combustible de la caldera por otro más eficiente, siendo el gas natural el más adecuado siempre que en la zona se disponga del mismo. Analizar las posibilidades de implantar una instalación solar térmica. Cuando se realicen rehabilitaciones de fachada, mejorar el aislamiento térmico del edificio, y colocar ventanas de doble cristal. Sustituir los vasos de expansión abiertos por sistemas con vasos de expansión cerrados. Comprobar y, cuando sea necesario, mejorar el aislamiento térmico de tuberías y equipos en la sala de calderas. Instalar depósitos de acumulación de ACS diseñados para soportar tempe­ raturas de hasta 70°C, asociados a intercambiadores exteriores de placas. Regular la temperatura de distribución del ACS colocando en la salida de los depósitos válvulas de regulación, que pueden ser motorizadas con servomotores o termostáticas.
10 Programar la temperatura de distribución del ACS teniendo en cuenta las tuberías existentes. 11 Actualizar los sistemas de regulación y control cuando tengan una anti­ güedad superior a 15 años. 12 Instalar válvulas de equilibrado en los pies de montante para conseguir un reparto más uniforme de los caudales de agua.
13 Comprobar la zonificación del edificio para corregir diferencias de tempe­ raturas entre las orientaciones norte y sur. 14 Comprobar el aislamiento térmico de las distribuciones, incrementándolo, al menos, en las partes accesibles. 15 Controlar la presencia de aire en las tuberías para evitar la mala circula­ ción del agua, especialmente las plantas más altas del edificio. Colocar purgadores, al menos manuales, en todos los puntos altos de la instala­ ción. 16 Instalar, cuando no existan, llaves de corte exteriores en las distribucio­ nes interiores, y válvulas de equilibrado por vivienda. 17 Instalar, cuando no existan, llaves de corte en los radiadores, de manera que se pueda realizar un equilibrado entre las diferentes viviendas. 18 Instalar, cuando no existan, contadores individuales de ACS, excepto en los casos en que se haya demostrado que es técnicamente imposible. 19 Implantar contadores de horas de servicio o de caudal cuando no sea posible instalar contadores de energía. 20 Contratar un buen servicio de mantenimiento.
A continuación se desarrolla un ejemplo práctico sobre cómo repartir entre los vecinos de un edificio de viviendas los gastos correspondientes a la calefacción y el agua caliente sanitaria. El ejemplo analizado corresponde a los datos reales de un edificio de 82 viviendas situado en Bilbao (zona climática C); el combustible empleado es el gasóleo y el año estudia­ do el 2006. La aplicación informática en Excel de esta aplicación se encuentra disponible en la página www.idae.es
Datos del edificio analizado: dirección, zona climática, número de viviendas, superficie media de las mismas, superficie total del edificio (este dato sólo es necesario para obtener los ratios de consumos), si la instalación dispone de energía solar térmica, combustible utilizado y año valorado. El consumo de combustible se obtiene del recibo de la compañía suministra­ dora; con el poder calorífico se calcula el consumo de energía (kWh/año); en la actualidad el gas natural se factura en kWh, por lo que este consumo se obtiene directamente del recibo.
Consumos de calefacción y ACS de los contadores individuales.
Costos anuales de las instalaciones: obtenidos de las facturas comunitarias.
Suponiendo una temperatura de uso del ACS de 50°C y una temperatura
media del agua de la red correspondiente a la media de la capital de provin­ cia, se obtiene la energía consumida por este servicio.
Los costos de gasóleo, electricidad y agua se obtienen de los recibos de las
correspondientes compañías suministradoras; el mantenimiento y las repara­ ciones de la empresa mantenedora. Los costos de lecturas de contadores y administración y varios se obtienen de
Antes de realizar el reparto de gastos es preciso definir la parte de cada costo
que se va a considerar como fijo y variable; pueden seguirse las consideracio­ nes indicadas en este apartado, o fijar otras por acuerdo comunitario. En el
ejemplo se toman los siguientes datos:
Para el combustible se ha supuesto un 40% fijo en calefacción y el 50% en
ACS: datos correspondientes a Zona Climática C (Figura 21).
Para el de reparaciones se ha estimado un 90% de fijo.
El consumo de ACS se reparte íntegramente como variable, en función de las
Para el resto de componentes se supone un 100% fijo.
Para la distribución de costos entre ambos servicios se supone que se distri­ buye al 50% para cada uno de ellos, correspondiente a la zona climática de
ubicación del edificio (C), viviendas de superficie inferior a 100 m2 y edificio
sin instalación solar térmica.
Aplicando este reparto a los costos anuales registrados se tienen los siguien­ tes costos para cada servicio:
Con estos datos se pueden establecer las cuotas men­ suales realizando un ajuste al final de temporada.
Estos análisis permiten además comprobar el rendimiento de las instalacio­ nes, siendo más sencillo juzgar el correcto mantenimiento o el deterioro de las mismas:
En el presente caso el rendimiento de generación estacional (ηge) ha sido del 76%, que puede considerarse como aceptable; siendo del 81% el correspon­ diente al servicio de calefacción y del 71% el del ACS. Por último este análisis también permite estimar unos ratios por vivienda, que permitirán comparar los edificios y extraer conclusiones por parte de los administradores, sobre las reformas más aconsejables para la obtención de un mayor aprovechamiento energético. En el siguiente cuadro se muestran los resultados del edificio analizado.
La primera legislación relativa a calefac­ ción y ACS fue el Reglamento sobre Utilización de Productos Petrolíferos para Calefacción y Otros Usos no Industriales (Orden de 21 de Junio de 1968), si bien la misma sólo afectaba a las instalaciones de combustible. Por este motivo, se podían realizar las de calefacción y agua caliente sanitaria sin proyecto. Existen numerosas instalaciones de calefacción con carbón y distribuciones por termosi­ fón (sin bombas de circulación) realiza­ das con anterioridad a esa fecha. El Reglamento de Instalaciones de Calefacción, Climatización y ACS (RIC­ CACS), aprobado con el fin de racionalizar su consumo energético (RD 1.618/1980 de 4 de julio – BOE del 06/08/80), y sus Instrucciones Técnicas Complementarias (IT.IC – Orden Ministerial del 16/07/81 – BOE del 13/08/81 – entrada en vigor el 13/11/81), supusieron un cambio muy importante porque las instalaciones debían realizarse con distribuciones generales exteriores a las viviendas; en las salas de calderas se estableció la obligatoriedad del fraccionamiento de potencia y la regulación de calefacción en función de las condiciones exterio­ res; además de requerir el preceptivo proyecto para su puesta en marcha. En cuanto a los elementos precisos para el reparto de gastos, impuso la obligatoriedad de contadores indivi­ duales de ACS. En su instrucción IT.IC.26, relativa a edifi­ cios existentes requería que sus instala­ ciones se adecuasen a las medidas de aislamiento térmico, regulación y con­ trol, rendimiento de calderas y manteni­ miento. Se exigía, además, la obligato­ riedad de instalar contadores individua­ les de ACS, salvo en aquellos casos en que se demostrase la imposibilidad téc­ nica de su implantación. Para ello se establecieron diferentes plazos, el últi­ mo de los cuales finalizó el 13/11/91. Apoyándose en la experiencia de la nor­ mativa anterior, en 1998 se publicó el Reglamento de Instalaciones térmicas en los Edificios (RITE) y sus Instrucciones téc­ nicas complementarias (ITE - RD 1.751/ 1998 de 31 de julio), que supusieron un nuevo impulso para estas instalaciones en el tema del reparto de gastos, al incluir la obligatoriedad de los contadores de energía para calefacción y la exigencia de termostatos de ambiente y válvulas motorizadas individuales. En esta ocasión no se reglamentaron actuaciones obligatorias sobre las insta­ laciones existentes, ya que oficialmente ya se debían haber adecuado, como máximo, en 1991, y las posteriores insta­ laciones ya debían cumplir las exigencias de 1981. Un cambio fundamental ha sido la entra­ da en vigor, el 29 de septiembre de 2006,
del Código Técnico de la Edificación (CTE), en cuyo documento HE4 se impo­ ne la obligatoriedad de instalaciones de energía solar térmica para todos los edi­ ficios de nueva construcción y rehabili­ taciones en los que haya consumo de ACS. Aunque esta obligatoriedad ya era efectiva en numerosos municipios, en la actualidad la misma es de carácter general.
El 29/08/07 se publicó mediante el RD 1.027/2007 el nuevo Reglamento de Instalaciones térmicas en los Edificios (RITE - entrada en vigor el 29/02/08). Aprovechando la experiencia adquirida con las reglamentaciones anteriores se fijan las medidas de obligado cumplimien­ to en este tipo de instalaciones. Las ya existentes se ven afectadas en el mantenimiento y en las inspecciones periódicas.
Además de los mínimos exigidos en la IT3, son recomendables las siguientes operaciones, en los momentos que se indican; las comprobaciones al inicio de la campaña de calefacción son especial­ mente importantes, para evitar los problemas que habitualmente se presentan en ese momento:
Equipo/intervención Calderas
Limpieza del hogar Limpieza de los tubos de humos Saneamiento de Turbuladores Limpieza de la caja de humos Limpieza del visor de llama
Comprobación de fugas en los tubos de humos. Comprobación de la estanqueidad del cierre de la puerta
Reposición del cordon de amianto del cierre de la puerta Comprobación del refractario de la puerta y su reposición de ser necesario Comprobación de la estanqueidad de la placa de asiento entre caldera y quemador
Inspección del aislamiento de la caldera
Comprobación de las llaves de corte de impulsión y retorno de caldera Comprobación de la comunicación directa caldera/expansión Comprobación y tarado de las válvulas de seguridad Temporada Inicio Durante Fin
Equipo/intervención Chimeneas Limpieza Comprobación de su estanqueidad Comprobación de la formación de condensaciones Comprobación del tiro Medición del indice de opacidad de los humos. Quemadores Limpieza de pulverizadores Limpieza de la célula fotoeléctrica Limpieza de electrodos Comprobación del transformador de encendido Comprobación del funcionamiento del programador Comprobación del circuito eléctrico Comprobación del equilibrado de la turbina Comprobación del aislamiento electrico del motor Medida del consumo eléctrico Medida del consumo de combustible Ajuste de combustión Rendimiento de generación Medición del contenido de CO2 en humos Medición de la temperatura de humos Medición de CO en humos Medición del contenido de O2 en humos Cálculo de las pérdidas de calor en humos. Medición de las temperaturas de la envolvente en caldera Cálculo de las pérdidas por envolvente Cálculo del rendimiento Temporada Inicio Durante Fin X
Equipo/intervención Línea de gas Comprobación de la estanqueidad de la linea de gas Comprobación de las presiones de funcionamiento Línea de trasiego de gasoleo Comprobación de la aspiración Comprobación de la estanqueidad Limpieza de filtros Comprobación del tarado de las válvulas de regulación de presión Comprobación del funcionamiento de las bombas de combustible Medición de los consumos de las bombas de combustible Comprobación de la apertura de las llaves de aspiración de quemadores Depósitos de combustible Comprobación de la existencia de agua en su interior y su eliminación si la hubiese Comprobación de las existencias de combustible Depósitos de expansión cerrados Comprobación de su estado Comprobar la presión de llenado Comprobar el estado de la membrana y reponerla de ser necesario Bombas de circulación Comprobar la apertura de las llaves Comprobar su estado y estanqueidad de los cierres Comprobar el sentido de giro
Medición del consumo eléctrico Comprobar el aislamiento eléctrico del motor Comprobar los maómetros Comprobar y corregir si fuese preciso ruidos y vibraciones Comprobación del desgaste de los cojinetes Comprobar la alineación Comprobar la apertura de llaves de las activas y cierre de las de reserva
Tuberias Limpieza de filtros Purga de aire Comprobación del aislamiento térmico Comprobación del nivel de agua de la instalación y su presión Temporada Inicio Durante Fin X
Equipo/intervención Sistema de regulación Comprobar su funcionamiento: Válvulas, servomotores, relojes, etc. Apriete de los elementos de fijación Limpieza de vástagos Comprobación de los valores de consigna
Comprobación de las temperaturas de impulsión en función de la curva de regulación
Elementos de medida Comprobación de las lecturas de Termometros y Manómetros Sustitución de los que no resulten fiables Producción de ACS Limpieza de filtros Limpieza de circuitos Limpieza de instercambiadores (serpnetines o placas) Comprobación de fugas Revisión del estado de corrosión Verificación y tarado de las válvulas de seguridad Control de la temperatura de producción Control de la temperatura de recirculación Motores eléctricos Comprobación de consumos Comprobación del aislamiento eléctrico Comprobación del desgaste de los cojinetes Cuadros eléctricos Limpieza general Limpieza de contactores Revisión general del cableado Comprobación y reposición en su caso de fusibles, pilotos, bombillas, etc. Comprobación de los relés térmicos, su funcionamiento y tarado Comprobación del funcionamiento de los diferenciales Verificación de la puesta a tierra Verificación de los aislamientos Comprobación del estado de bobinas, contactos en contactores, etc. Comprobación del calentamiento de fusibles
Llaves de corte Comprobación del estado de cierre o apertura de todas las llaves de la sala de calderas Comprobación del cierre de las llaves de vaciado Ventilación Comprobación de la eficacia del sistema de ventilación
Temporada Inicio Durante Fin X
Asociación Española de Climatización y Refrigeración (ATECYR) www.atecyr.org Consejo General de Colegios Administradores de Fincas www.cgcafe.org Asociación de Fabricantes de Generadores y Emisores de Calor por Agua Caliente (FEGECA)
Confederación Nacional de Asociaciones de Empresas de
Fontanería, Gas, Calefacción, Climatización, Protección Contra Incendios,
Electricidad y Afines (CONAIF)
Federación de Asociaciones de Mantenedores de Instalaciones de Calor y Frío (AMICYF)
www.amicyf.com
Tel: 91 456 49 00 Fax: 91 523 04 14
comunicación@idae.es
Http Www.idae.Es Index.php Mod.documentos Mem.descarga File= Documentos 11081 Guia Instal Centralizadas Calef y ACS Edificios 08 659566a6Uploaded by noaluna531 viewsDownloadEmbedSee MoreCopyright: Attribution Non-Commercial (BY-NC)Download as PDF, TXT or read online from ScribdFlag for inappropriate content
More from noaluna Wiel aretsLUZ Y ESPACIO EXPOSITIVO68 Estudios Hidro g 752008Rhino Level 2 v4alicatadosTop Nonfiction on ScribdThe InnovatorsThe Emperor of All MaladiesHard ChoicesJohn AdamsThis Changes EverythingThe PrizeGrand PursuitTeam of RivalsRise of ISISA Heartbreaking Work Of Staggering GeniusSteve JobsAngela's AshesHow To Win Friends and Influence PeopleSapiensElon MuskYes PleaseDevil in the GroveTime to Get ToughThe World Is Flat 3.0The New Confessions of an Economic Hit ManA People's History of the United StatesThe Hard Thing About Hard ThingsSmart People Should Build ThingsBad FeministTop Fiction on ScribdThe Light Between OceansBrooklynThe Rosie ProjectThe First Bad ManThe FlamethrowersA Man Called OveThe MasterThe Blazing WorldWe Are Not OurselvesThe Perks of Being a WallflowerThe Kitchen HouseMy Sister's KeeperLittle BeeThe WifeOrdinary GraceGood in BedThe Constant GardenerExtremely Loud and Incredibly CloseThe Silver Linings PlaybookLife of PiThe Love Affairs of Nathaniel P.Bel CantoLovers at the Chameleon Club, Paris 1932The WallcreeperThe Bonfire of the VanitiesThe Cider House RulesWolf HallInterpreter of MaladiesA Prayer for Owen MeanyThe Art of Racing in the Rain

References: Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 25
 artículo 31
 Real Decreto