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Timestamp: 2017-08-23 19:16:33+00:00

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EL QUIJOTE SIGLO 21: Malvinas: Ayuda memoria. Por Enrique Díaz Araujo
Que No Te La Cuenten abril 2, 2017
Reproduzco aquí un artículo del maestro Enrique Díaz Araujo acerca de la guerra de Malvinas, escrito hace unos cinco años pero de gran actualidad. A nacionales y extranjeros les vendría bien leer este resumen para que, de una vez por todas, conozcamos de qué se trató esa guerra heroica que Argentina llevó adelante contra una de las potencias más grandes del momento.
Por Enrique Díaz Araujo
En abril de 2012 se van a cumplir treinta años del intento argentino de recuperación de las Islas Malvinas.
Se supone que proliferarán las notas recordatorias; la mayoría de ellas, seguramente, de censura a la gesta bélica. Tentativa de afirmación soberana que el ex-presidente Raúl Ricardo Alfonsín tildó de “acto demencial”; “triste y traumática mancha en la historia de nuestras relaciones” con Gran Bretaña, según el ex-presidente Carlos Saúl Menem; y que sería “otro crimen de la dictadura”, conforme a la definición del ex –presidente Néstor Carlos Kirchner. Repudio regiminoso cuya unanimidad radicaría en el concepto expuesto por el ex canciller Guido Di Tella de que “la derrota en Malvinas ocasionó la felicidad de la Democracia”. Democracia que, a su vez, cual lo expusiera en Madrid, el 7 de octubre de 1985, el ex ministro del Foreign Office David Steel, no habría llegado a la Argentina “si no hubiera sido por el coraje y el sacrificio de nuestros bravos muchachos”.
En esa plétora de artículos quizás no haya lugar para un recuerdo imprescindible. Aludimos a la conducta en aquella emergencia de 1982 de los gobiernos de algunos países que suelen habitualmente declararse amigos de la Argentina. Por si acaso, por si hubiera omisiones, vaya esta memoración.
Es una introducción muy breve.
Los presupuestos básicos de la cuestión Malvinas, a partir de fuentes británicas, son nada más que tres.
El primero, que en enero de 1833, cuando Gran Bretaña ocupó las Malvinas el derecho argentino era “el mejor” (Informe Kershaw, de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, 1983, ítem, 2,15). Razón por la cual, cuando su apoderado ante la Corte Internacional de Justicia, Sir Gerald Fitzmaurice, demandó en 1955 el dominio sobre “las dependencias de las Falklands”, excluyó expresamente el archipiélago malvinero, dado que “nuestra posición en las Falklands tiene ciertas debilidades”. Eufemismo con que aludían a su usurpación.
El segundo,que el texto de la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea de las Naciones Unidas, 1965, había establecido la existencia de un conflicto de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña, que debía resolverse mediante negociaciones bilaterales entre esas únicas partes (de las que estaban excluidos los kelpers, como así también quedaba expresamente desestimado el Principio de Autodeterminación de los Pueblos, que éstos esgrimían; salvándose nada más que sus “intereses”). Resolución aprobada en el Subcomité y el Comité de Descolonización, primero, y luego por la Asamblea General, fijada por absoluta mayoría, con el solo voto en contrario del Reino Unido. No obstante, en 1966 y 1967, por los “consensos” adoptados, también contó con el voto favorable de Gran Bretaña (Documento A/ 6262). Situación que llevó a la elaboración del “Memorandum de Entendimiento” de 1968, de traspaso de la soberanía, que Gran Bretaña, terminó por no firmar. Modificación que obedeció a los datos sobre la existencia de una riqueza económica, especialmente petrolera, contenidos en el Informe Shackleton.
En tercer término, que ante la reiteración de las normas descolonizadoras de la ONU sobre Malvinas / Falklands -en particular, la 3160 (XXVIII), de 1973, y la 31 / 49 (XXXI), de 1976, que impedían innovar en la materia y exigían de modo perentorio la solución del conflicto-, Gran Bretaña decidió mantenerse “contra legem” en la posesión del archipiélago usurpado. A ese efecto, como lo detalla el “Informe Franks”, de los Consejeros de la Corona, de 1982, se resolvió la instalación de la “Fortress Falklands” (Fortaleza Malvinas), para defender por la fuerza armada lo que no podían mantener por el derecho internacional. Una decena de actos preparatorios, iniciados el 19 de febrero de 1976, se encaminaron a organizar una “Task Force” (Fuerza de Tareas). Política que concluyó el 14 de setiembre de 1981, cuando los Jefes de Estado Mayor sancionaron los “Planes de Contingencia”, de la Operación Trident, luego Corporate, estructurando definitivamente, con todas sus naves y tropas, la Task Force 317, cuyo jefe sería el Calte. John Foster “Sandy” Woodward.
En función de este último supuesto, comenzó la Guerra de Malvinas. Conflicto bélico que formalmente inició Gran Bretaña, cuando en el decir del Calte. Woodward despidió al comodoro Sam Dunlop, capitán de “Fort Austin”, “en el puerto de Gibraltar en la noche del 26 de marzo”[1]. Luego, la “aventura insólita”, la “guerra inaudita”, etc., fue promovida por Gran Bretaña antes que por la Argentina (que recién desembarcó el 2 de abril).
Por manera tal que si debía existir una condena internacional para un país “agresor”, ese no era otro que el usurpador y belicista Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda de Norte (que si llegó después a las islas fue por motivo de la diferente distancia: 400 a 700 km. desde el continente argentino, contra 15.000 desde Inglaterra).
Bien; con esos elementos de juicio cabe ahora considerar la conducta de terceros países; que es lo que pasamos a revistar a continuación.
En Europa, ante la ira británica porque les ganamos de mano[2], sus socios de la Comunidad Europea enviaron su solidaridad. A ese efecto, examinaremos nada más que el caso de ciertos países latinos, que siempre han estado dispuestos a proclamar su amistad con la Argentina.
El Presidente socialista de Francia, François Mitterrand no sólo manifestó su adhesión al Reino Unido, sino que, además, procedió a realizar cuatro actos recordables.
Primero, ante la Resolución nº 502 / 82 de la ONU, que desautorizó la acción argentina, Francia se abstuvo de apoyarnos.
Segundo, facilitó a la Task Force los secretos del avión francés Super-Etendard (SUE) y de los misiles Exocet (AM- 39), que había vendido a la Argentina; también permitió que los Harrier de la Royal Navy se entrenaran contra los caza–bombarderos Mirage (M-IIIE), con sus misiles Magic 550, antes adquiridos por la Argentina.
Tercero, confiscó la entrega de 9 SUE y sus respectivos AM-39, pagados por la Argentina, que ya estaban para ser embarcados en Marsella.
Cuarto, encabezó el voto de la Comunidad Económica Europea estableciendo sanciones económicas contra la Argentina (Res. Nº 877/82, del 15 de abril; renovada el 18 de mayo).
Por fin, ante el Proyecto de Resolución de Cese del Fuego, presentado por Irlanda y España en el Consejo de Seguridad de la ONU, el 5 de junio de 1982, suscripto por nueve países, y vetado por USA y el Reino Unido, Francia se abstuvo.
Como lo documentó el ex ministro inglés David Owen, en su libro “En el poder y la enfermedad”, la Francia socialista “apoyó fervientemente” a Gran Bretaña. Esto, dice:
“fue de una gran utilidad, ya que reveló secretos sobre el avión francés Super Etendard y los misiles Exocet que habían vendido a los argentinos. A Mitterrand le fascinaba Thatcher”[3].
Entusiasmo del que también participaba su esposa, Danielle Mitterrand, quien ya se venía ocupando de socorrer a los terroristas argentinos refugiados en Francia.
Como por esta época, los medios de prensa argentinos se han condolido por el deceso de Mme. Mitterrand, dejamos este ayuda – memoria para recordar a la fraterna Francia y sus excelsos gobernantes socialistas …
La Italia del “premier” demo- cristiano Colombo, se comportó igual que Francia, en cuanto a votos y sanciones. Secundó a Inglaterra en “términos tan cálidos que hasta los británicos quedaron sorprendidos”[4]. Desborde emocional que no impidió que Mrs. Margaret Thatcher, consultada sobre la eventual resistencia bélica de la Argentina, dijo que podría existir si los que luchaban fueran hijos de españoles, no así si se tratara de italianos. Devolución de atenciones…
Portugal, gobernada por los socialdemócratas de Soares, se apresuró a ofrecer a la Task Force su base de Lajes en las islas Azores. Y, por cierto, se sumó a los enemigos europeos de la Argentina.
Y España; la España democrática post-franquista, para evitar apoyar a la Argentina, por intermedio del centrista jefe del gobierno Leopoldo Calvo Sotelo, declaró que la cuestión de Gibraltar era “distinta y distante” de la de Malvinas. Y tan distante, que cuando un grupo comando de buzos tácticos argentinos se disponía a atacar los buques ingleses surtos en Gibraltar, fueron detenidos en Algeciras por la policía española[5]. Después, España trató de quedar bien con la Argentina, apoyando el pedido de Irlanda en la ONU sobre el cese del fuego.
No obstante, aquella última intención española quedó desvirtuada en diciembre de 2010, cuando la España Socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, junto a todo el resto de Europa, aprobó el Tratado de Lisboa de la Constitución Europea. En ese documento se declaró a las Islas Malvinas como territorio europeo de ultramar. Es decir, consagró formalmente el Principio Colonialista, repudiado desde la resolución 1514 (XV) de 1960 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Colonialismo que la misma ONU, por la Resolución 2621 (XXV), del 12 de octubre de 1970, sancionó como “un crimen contra la humanidad”, el cual debía ser combatido “por todos los medios necesarios”. Flagrante delito europeo que está esperando su condigno castigo internacional.
Violación expresa del Derecho Internacional Público que, de nuevo, Europa en su conjunto, acaba de cometer en el 2011. Hecho que sucedió al atacar a Libia por su cuenta, con las fuerzas aeronavales de la OTAN[6], apelando a la clásica hipocresía imperialista norteamericana de la lucha “por la Democracia y la Libertad”, cuando de lo que se trataba era de obtener el petróleo libio más barato (dejando asesinar al rendido líder libio).
A propósito de lo cual, en este ayuda –memoria debemos incluir el eventual reconocimiento argentino póstumo (que no se hizo) hacia el dictador libio, coronel Muhammar Kadhaffi. Él, durante la guerra de Malvinas envió cinco aviones Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas repletos de material bélico, entre ellos unos 200 misiles tierra–aire SAM-6 y SAM-7, además de minas antitanques, rampas, radares, morteros, ametralladoras, etc.[7], sin pedir nada a cambio.
Lucida quedó, pues, Europa.
Similar recuerdo que para Europa se debe tener para varias naciones de América.
Se ubican en primer lugar, claro, los Estados Unidos de América.
USA, que en la ONU apoyó la Res. 502/82, ofreció después la “asistencia” pseudo-mediadora del Secretario de Estado Grl. Alexander Haig.
Haig, según la delegada de USA en la ONU Mrs. Jeane Kirpatrick, era “un británico disfrazado de americano”. En todo caso, ha sido el propio Haig, quien ha aclarado que fue a Londres a asegurarle a Mrs. Thatcher que “podía contar con el apoyo de los Estados Unidos en un correcto curso de acción … Los Estados Unidos, al participar en el más alto nivel en la negociación, ayudaron a la Sra. Thatcher a hacer lo que hizo”[8]. Posición confirmada por Mrs. Margaret Thatcher[9]. Esto es, que según lo anotó el embajador inglés en USA, Nicholas Henderson, la misión Haig consistió nada más que “en llenar el vacío diplomático entre el envío de la Task Force desde el Reino Unido hasta que ésta estuvo lista para retomar las islas”. Ganar tiempo.
En otra materia, la Res. 502/82 de la ONU había desautorizado la recuperación argentina, pero nada había dispuesto sobre sanciones a nuestro país, ni había entrado en el tema de las respectivas agresiones.
Pero, sucedió, que no fue la ONU, sino USA quien por sus órganos legislativo y ejecutivo declaró a la Argentina “país agresor”.
El día 29 de abril, el Senado de USA aprobó la moción de los demócratas Biden y Moynihan, declarando agresora a la Argentina y reconociendo al Reino Unido el derecho del ataque armado. El único voto a favor de la Argentina fue el del senador republicano derechista por Carolina del Norte, Jesse Helms.
Al día siguiente, 30 de abril de 1982, el propio Presidente de USA, Ronald Reagan declaró a la Argentina “país agresor”, y anunció la suspensión de cualquier ayuda militar norteamericana y sanciones económicas para la Argentina. Asimismo, dio su apoyo oficial a la actividad bélica emprendida por el Reino Unido.
Por tal decisión estadounidense, y no por la Res. 502/82 de la ONU, es que el Reino Unido se sintió habilitado para proceder al ataque militar en Malvinas. Además, lo hizo fundando su alegato belicista en el art. 51 de la Carta de la ONU, de la legítima defensa, inaplicable a esa altura de la situación, cuando correspondía invocar los arts. 41 y 42 de dicha Carta sobre medidas conjuntas.
Tal ilegalidad británica se correspondía muy bien con la arbitrariedad y clandestinidad de USA. En efecto, mientras en las apariencias el Secretario de Estado se presentaba cono “neutral”, en la realidad, el Secretario de Defensa, Caspar Weinberger, procedía a violar 15 normas legales de los EE.UU. para ayudar al Reino Unido. Mucho antes de la contienda, Weinberger había iniciado los trámite para facilitar el combustible para los buques de guerra británicos en la isla Ascensión. También había entregado los misiles aire-aire Sidewinder 9L, los buscadores de radares Shrike y otros armamentos sofisticados[10]. Por todo lo cual, al concluir la guerra, fue designado Caballero de la Reina Isabel II, condecorado con la Orden del Imperio Británico.
Engaño yanqui que, encima, lo cubrió con palabras falsas hacia la Argentina[11], conforme a su clásico estilo engañoso.
En síntesis: que USA se alió con el Reino Unido atacante y, por lo tanto, debe ser considerado en el mismo nivel de hostilidad.
Por ello, el lector podrá valorar ajustadamente la siguiente oración del ex–presidente de la República Argentina Raúl Ricardo Alfonsín, cuando, tras describir la actividad argentina como una “aventura incalificable”, manifestó:
“Nosotros le estamos agradecidos al Gobierno de los Estados Unidos por el acompañamiento que ha propiciado permanentemente a la Argentina en el tema Malvinas”[12].
“Acompañamiento”, como el que se practica en los sepelios.
Canadá rápidamente se alineó con Gran Bretaña, fijando sanciones económicas contra nuestro país. Eso era algo previsible.
Menos esperable fue la conducta de Uruguay y Colombia.
l respecto, debe recordarse la existencia del TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, pacto de Seguridad Colectiva, que obligaba (art. 8, 17 y 3, inc. 1 y 3) a los estados miembros a colaborar cuando un Estado era atacado por una potencia “extracontinental”. Tal como se había definido en Río de Janeiro y la jurisprudencia posterior, esa alianza hemisférica no toleraba una neutralidad o abstención. Sin embargo, en la Reunión de Consulta de los Cancilleres, de los días 29 de abril y 27 de mayo, donde la Argentina tuvo once votos de apoyo, se permitió que cuatro estados miembros se abstuvieran (USA, Colombia, Chile y Trinidad-Tobago), sin que se les aplicaran sanciones.
En ese marco continental es donde debió juzgarse la conducta de ciertos países, que pasamos a revistar.
La Colombia liberal del Presidente Julio César Turbay Ayala, fue consecuente con su pro-yanquismo acendrado. Su canciller, Carlos Lemos Simonds, censuró la ocupación militar de las Malvinas, y en la reunión de Consulta del TIAR, votó contra la resolución aprobada por mayoría. Debe aclararse que no había ningún roce territorial con la Argentina que justificara su actitud.
La República Oriental del Uruguay tuvo una conducta más vacilante. Su presidente, el Grl. Gregorio Álvarez, se negaba a apoyar a la Argentina, por los diferendos limítrofes. No obstante, predominó el criterio del canciller, Jorge Azar Gómez, de apoyar el reclamo de soberanía, pero no la ocupación militar[13]. Por eso, terminó votando favorablemente en el TIAR.
El caso de Chile fue mucho más complejo. Porque, en primer lugar, teníamos pendiente con el país trasandino el diferendo del Canal de Beagle (sometido por el dictador Grl. Alejandro Agustín Lanusse al arbitraje inglés; que fue laudado, como era de esperar, de una forma totalmente favorable a Chile; posición ratificada después por el mediador Cardenal Antonio Samoré). Era lógico que los chilenos, después de los amagos bélicos de 1978, no estuvieran nada dispuestos a defender a la Argentina. Hasta ahí su posición era comprensible.
Empero, ya durante el conflicto de Malvinas, hubo sectores del Gobierno chileno que facilitaron una colaboración, encubierta pero firme, con el agresor británico. Esto ya sin justificación alguna.
No hablamos de los rumores o sospechas fundadas sobre los radares de Punta Arenas funcionando para espiar el despegue de los aviones argentinos de los aeropuertos patagónicos, o de la real actividad del helicóptero inglés caído en el Estrecho de Magallanes. En ese orden, se mencionó un ataque eventual de comandos británicos, desde el sector chileno fueguino, con vistas a destruir los aviones Super-Etendard en su pista de Río Grande.
No. Todo lo anterior ha sido objeto de polémicas. En cambio, lo innegable son las declaraciones del Grl. Fernando Matthei, jefe de la Fuerza Aérea Chilena (FACH), reconociendo la colusión con Gran Bretaña. En ese sentido admitió que su fuerza proporcionó información de inteligencia a cambio de armamento[14]. Por otra parte, el jefe de la Marina chilena, Alte. José Toribio Merino, envió a su escuadra un “Mensaje estrictamente Secreto y Confidencial”, por el que aconsejaba apoyar a los británicos, porque:
“Los intereses chilenos son de tal magnitud que aconsejan intervenir encubierta o abiertamente según sea necesario para asegurar el éxito británico”[15].
Algo similar a que en caso de una guerra eventual entre Chile y la URSS, nosotros nos hubiéramos dedicado a asegurar el éxito soviético.
Luego, la conducta de esas dos Fuerzas chilenas, y la de sus respectivos jefes, no puede ser ni justificada ni olvidada.
Completamente opuesta fue la actitud del Perú.
Medió y votó con la Argentina. Y envió 10 aviones Mirage a Salta. En tiempos del Presidente Carlos Saúl Menem, la Argentina saldó esa deuda de gratitud con Perú enviando clandestinamente armas (cañones) a Ecuador, cuando existía una conflagración con Perú. Los peruanos tampoco han olvidado esa deslealtad.
Un pequeño país, como Panamá, se jugó valientemente por la Argentina. Fue el único miembro del Consejo de Seguridad de la ONU que votó en contra de la Res. 502/82 , y fue uno de los que encabezó junto a Irlanda la presentación del Proyecto de Resolución de Cese del Fuego, que vetaron USA y el Reino Unido[16]. Debe memorarse especialmente la altivez con que nos defendió su delegado Jorge Illueca.
Parecida fue la posición adoptada por Venezuela y todos los países centroamericanos y caribeños (Haití, República Dominicana, Cuba, Nicaragua, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica). Todos, en bloque secundaron a nuestro país. México fue más reticente, tal vez porque gobernaba el PRI socialista, con su conocida posición frente a USA (“antiimperialismos verbales y entregas de hecho”). Bolivia, Ecuador y Paraguay, también nos secundaron. Brasil, sin demasiado entusiasmo al comienzo, se fue involucrando en nuestro favor y nos envió aviones Embraer.
Ese es el resumen del problema.
Los argentinos seguirán discutiendo sobre la Guerra de Malvinas. Para unos, el asunto fue simple: se trató de una cuestión de soberanía. Para otros, la materia es más compleja, y pasa por diversas críticas a la conducción militar. En síntesis, los segundos compartirán la idea de que fue “un error tremendo”; definición que diera el ex ministro José Alfredo Martínez de Hoz (h)[17].
Como fuere, lo seguro fue la conducta de ciertos países quienes, en horas más amables, se titulaban amigos de la Argentina.
Por eso, el presente trabajo bien podría titularse “en la cancha se ven los pingos”. Al momento en que “las papas queman” es recién cuando se sabe quién es quién.
Lo demás es “flatus vocis”.
Un último aviso: cuidado con las palmadas en la espalda; suelen ocultar una puñalada trapera.
[1] Woodward, John “Sandy”, Los cien días, Bs. As., Sudamericana, 1992, p. 352.
[2] La Task Force fue despachada “dos días y medio antes de que la Junta (Militar Argentina) resolviera el probable ataque”: Jenkins, Simon y Hasting, Max, La batalla por Malvinas, Bs. As., Emecé, 1983, p. 78. En el Informe Franks se asienta la queja porque la Argentina “no escaló la disputa en la forma esperada”, con “una progresión ordenada”: Informe de Lord Franks sobre la Guerra de Malvinas, Bs. As., Mar Dulce, 1985.
[3] Cit. porYofre, Juan B., 1982. Los documentos secretos de la guerra de Malvinas / Falklands y el derrumbe del Proceso, Bs. As., Sudamericana, 2011, p. 246.
[4] Díaz Araujo, Enrique, Malvinas, 1982: lo que no fue, Mza., El Testigo, 2001, p. 37.
[5] Gallardo, Juan Luis, Operación Algeciras. Novela de ficción, Bs. As., Emecé, 1989; Operación Algeciras, Documental en DVD, dirección Jesús Mora; “Cambio 16”, “Así querían volar Gibraltar. La Embajada Argentina puso las bombas”, Madrid, 31, 10. 1983.
[6] “La OTAN, como brazo armado, ha vencido en una guerra de ocho meses lanzando sobre Libia cincuenta mil bombas en diez mil misiones. Ellas despejaron el camino a las “turbas rebeldes” conducidas por los Servicios Secretos y Oficiales especializados en las operaciones del desierto y la costa”: Andregnette Capurro, Luis Alfredo, “Kaddafi: Justicia y Verdad”, en “Cabildo”, Tercera época, nº 93, noviembre / diciembre 2011, p. 23.
[7] Yofre, Juan B., op. cit., p. 441. Los misiles eran antiaéreos portátiles, de fabricación soviética.
[8] Haig, Alexander, Memorias, Bs. As., Atlántida, 1984, pp. 303, 311, 312.
[9] “Sabíamos que teníamos que llevar nuestros asuntos fuera de la ONU en la medida de lo posible… Esto continuó siendo una consideración esencial a lo largo de la crisis… Alexander Haig acordó con nosotros una línea común… las negociaciones (con Haig) actuaron sin duda en nuestro favor”: Thatcher, Margaret, Los años de Downing Street, Bs, As., Sudamericana, 1994, pp. 180, 192, 186.
[10] Artículos de: Calte. Barnouin, Denis, “El Pentágono brindó ayuda a Gran Bretaña desde un principio”; Berstein, Karl, en “The Washington Post”, del 14.04. 82; “The Economist”, del 2.03.82; del ex Secretario de la Armada de USA, John Lehman, en “The Observer”, del 30.5.1988. Cf. Yofre, Juan B., op. cit., pp. 249, 332. Más adelante, la agencia española EFE desde Panamá, el 27 de mayo, comunicó que “siete aviones C-5 Galaxy de las fuerzas armadas norteamericanas volaron hacia la isla Ascensión con material bélico de todo tipo. Desde misiles Sidewinder 9L, usados por los Harrier, hasta planchas de acero perforadas para utilizarse en la construcción de pistas de aterrizaje en las Malvinas”: Yofre, Juan B., op.cit., p. 403.
[11] Entre el agregado militar argentino en Washington, Grl. Miguel Alfredo Mallea Gil, y el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, Thomas Enders, se la compusieron para mantener engañado al Grl. Leopoldo Fortunato Galtieri y a la Junta Militar, con la idea del “take off”; de la supuesta neutralidad de USA. A favor de Galtieri hay que anotar que cuando descubrió el engaño, planteó en la Junta, el 21 de mayo, la ruptura de relaciones con USA. Si esa medida necesaria, no se concretó fue por el plan cauteloso del Ministro Nicanor Costa Méndez.
[12] La Nación, y otros diarios de Buenos Aires, del día 21 de noviembre de 1987.
[13] Yofre, Juan B., op. cit., pp. 332, 398.
[14] “Ellos nos venderían en una “libra” -entre comillas- aviones Hawker Hunters, los cuales se traerían de inmediato a Chile por avión. Y también un radar de larga distancia, misiles antiaéreos, aviones Camberra de reconocimiento fotogramétrico a gran altura y también bombarderos… Además, mandarían un avión de inteligencia, comunicaciones y espionaje electrónico. Se trataba de un avión Moondrop a chorro, parecido al 707 de pasajeros pero transformado… Nosotros avisábamos, por ej., que desde una base determinada habían salido cuatro aviones en dirección a tal parte, que por su velocidad parecen Mirage. Una hora antes de que llegaran, los ingleses ya estaban informados de su arribo… Ellos recibieron a tiempo la información y todos quedamos conformes”: Yofre, Juan B., op. cit., pp. 337, 338, 339.
[15] Yofre, Juan B., op. cit., p. 341.
[16] También votaron positivamente España, China, Japón, Uganda, Zaire, Polonia y URSS. Se abstuvieron Francia, Guyana, Togo y Jordania. Antes, China y la URSS se habían abstenido.
[17] Yofre, Juan B., op. cit., p. 204.
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