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Timestamp: 2020-04-10 07:01:07+00:00

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Laboratorios de innovación ciudadana | TIC e Innovación Productiva
2 Laboratorios de innovación ciudadana
El talento es el único recurso que está bien distribuido por el mundo. Lo que no está bien redistribuido son las oportunidades.
Los laboratorios de innovación ciudadana son espacios en los que las personas ejercen su derecho a hacer cosas, en base al desarrollo de propuestas de acción directa, en general, relacionadas con sus motivaciones, intereses o preocupaciones. Su labor no se centra en la construcción de saberes para poder ser transmitidos, sino en acciones ciudadanas que puedan resolver problemas que los afectan directa o indirectamente, en poder estimular la creatividad para superar situaciones. En los laboratorios las tecnologías digitales son recursos de alto valor que ayudan a viabilizar sus propuestas de hacer social, ya sea como elementos de comunicación, acceso y difusión de información, o como herramientas de diseño y fabricación digital. En este capítulo se enfatiza el estudio y caracterización de dichos laboratorios, instituciones en las que el hacer digital crítico es un elemento central.
Se presenta en primer lugar el concepto de movimientos de innovación de base, como categoría social a la que pertenecen los laboratorios ciudadanos, con la intención de focalizarse las bases de su hacer. Luego se realiza un recorte temático, que conduce a los laboratorios de innovación ciudadana, como instituciones públicas o privadas propias de este momento histórico. A continuación se caracterizan los distintos tipos de espacios principales que se han ido desarrollando. Finalmente se aporta un ejemplo de hacer crítico con orientación social que sucede en el laboratorio Medialab-Prado de Madrid.
Para Freeman (1997), la innovación es un proceso de integración de la tecnología emergente en las tareas de creación o mejora de un producto, un proceso o un sistema. Drucker (1986) ve a la innovación como una forma de desarrollo de las organizaciones, asociando el concepto a los mercados y a las prácticas de gerenciamiento. En su visión, una innovación produce cambios, ya sea en un proceso o en el comportamiento de alguna persona o personas. Tales modificaciones están siempre relacionadas con el mercado, que es la razón de su implementación. En general el término innovación está asociado a procesos de invención y creatividad orientados a los valores económicos y a los mercados. Pero su uso y aplicación no se restringe únicamente a ellos. Smith (2017) trata de ser más amplio con su conceptualización de innovación, sin restringirla únicamente a las corporaciones, los mercados económicos y a la necesidad que necesariamente brinde utilidades financieras. La concibe como la capacidad que poseen las personas de explotar una idea o un método nuevo, de manera correcta, para alcanzar un efecto deseado. Cuando se aplica el concepto al entorno social, la innovación se redefine como aquellos desarrollos nuevos, ya sea en prácticas sociales u organizacionales, cuyo motivo principal es la mejora directa del bienestar de las personas (van der Have y Rubalcaba, 2016).
Conejero (2016) ha compilado una serie de elementos compartidos asociados al concepto:
• Satisface necesidades humanas que no son atendidas. Por escasez de recursos, por situaciones de oportunidad política, o porque no se visibiliza su importancia, desde el sector público o privado.
• Origina cambios en las relaciones sociales, centrados especialmente en la gobernanza, debido a que se produce un incremento de los niveles de participación de la sociedad.
• Promueve la capacidad socio-política y el acceso a los recursos necesarios en pos de mejorar el empoderamiento ciudadano.
• Se desarrolla por medio de un proceso emergente, que nace desde la base de la ciudadanía.
Desde los laboratorios ciudadanos la innovación es un concepto esencial para su razón de existencia. Debido a que de manera natural alojan y promueven proyectos que involucran procesos de innovación que no poseen un objetivo comercial, dado que buscan un impacto social en lo relacionado a problemas que afectan a personas o colectivos. Estas prácticas suponen una mejora del estado anterior en base a una transformación del entorno social y las relaciones humanas, debido a que los laboratorios son espacios destinados a la experimentación, donde se construyen formas nuevas de generar valor público, de modernizar la relación con los ciudadanos y de canales de participación y colaboración. En algunos casos, como en Medialab-Prado en Madrid, los laboratorios funcionan como un espacio de apoyo transversal a la gestión de la innovación en el gobierno público (en este caso el Ayuntamiento de Madrid). En general, el gran aporte que los laboratorios ciudadanos están haciendo a la sociedad es el reconocimiento de formas alternativas de la innovación, su aplicación y desarrollo. Esto significó mirar qué hacían otros, qué había tenido éxito en distintos contextos, tomarlo y resignificarlo para transformarlo en una herramienta para el desarrollo social.
En el proyecto Innovación Ciudadana[1], de la Secretaría General Iberoamericana, los innovadores sociales son agentes de contrapoder frente frente los negocios globales, haciendo partícipes a ciudadanos y consumidores de la innovación y mejora del bienestar social. Para ellos la innovación social se presenta como un enfoque diferente para la generación de acciones que den por beneficios un impacto social. Para ello cuentan con dos elementos básicos: a) la adaptación de los procesos de innovación y uso de distintas tecnologías a condiciones locales, como una manera de no pensar en productos y si en personas y problemas; y b) un enfoque alternativo, debido a que la innovación ciudadana se desarrolla usando formas de inclusión donde los participantes trabajan de forma activa con expertos de diversas disciplinas en el tratamiento de problemas y en el diseño de soluciones. Este enfoque de trabajo es opuesto al de la innovación tradicional, que utiliza expertos para realizar diagnósticos en relación a los problemas que trata. En cambio, la innovación ciudadana apela a métodos que promueven la empatía, la escucha basada en la inmersión en el problema, y la participación activa de los ciudadanos. Los laboratorios ciudadanos proponen una forma de innovación menos corporativa y más democrática.
En la actualidad la innovación social está teniendo un desarrollo importante. Asociado al concepto ya hay establecidas prácticas que la promueven, como el trabajo colaborativo, el crowdsourcing[2] y el crowdfunding[3], existen comunidades de apoyo, cuidado, promoción y desarrollo de la cultura abierta, de la más variada gama (Open Software, Open Hardware, Creative Commons, etc.). Los laboratorios de innovación ciudadana son los espacios donde estas prácticas son acogidas, cuidadas y desarrolladas. Por eso es muy importante su conceptualización y caracterización.
Los movimientos de innovación de base y la vanguardia institucional del hacer
Los movimientos de oposición tecnológica y de innovación de base son una serie de colectivos sociales que han influido en el cambio tecnológico a lo largo de la historia. En su esencia, pueden comprenderse desde dos categorías que exponen su lógica (Fressoli, 2015; Hess, 2007). Por un lado, los que se conforman como una oposición a prácticas tecnológicas o sistemas tecnológicos que perciben como negativos para el desarrollo de la sociedad, como los movimientos obreros que rechazan la automatización, los movimientos anti políticas de desarrollo nuclear o contra la contaminación ambiental. En general sus prácticas contemplan acciones como la movilización social, boicots y reclamos públicos por diversos medios. Por otro lado, existen los movimientos de innovación de base, que en esencia promueven caminos alternativos de creación de conocimiento mediante el uso de la tecnología y la innovación. Se orientan hacia la resolución de problemas sociales, como el trabajo con comunidades de afectados, la mejora de la calidad de vida de personas de bajos recursos o con discapacidad, el desarrollo de la cultura libre en todas sus formas, la participación ciudadana en políticas públicas y la promoción de la ciencia y tecnología abierta, es decir, espacios en los que el ciudadano pueda participar.
Estos movimientos sociales críticos rechazan ciertas prácticas y tecnologías. En cambio, construyen opciones de desarrollo haciendo un uso intensivo y apropiado de una amplia gama de recursos, bajo formas propias de organización. En general, los movimientos de innovación de base se agrupan en una serie de colectivos. A un tipo particular de espacio, de manera genérica, se lo suele denominar laboratorio ciudadano o simplemente “lab”. Sus características predominantes son su organización horizontal, una vocación de servicio a sus pares y un uso intensivo de las tecnologías digitales. Su organización en red implica la participación de un grupo amplio de actores individuales o colectivos (activistas, científicos, ingenieros, ciudadanos afectados y organizaciones no gubernamentales).
Tales movimientos suelen desarrollarse a la par de las instituciones tradicionales de ciencia y tecnología, sin pretender sustituirlas ni ignorarlas. Su posición se centra en tratar de abordar y resolver problemas que les son cercanos a sus miembros o a la comunidad con la que se relacionan. Para Fressoli (2015), ejemplos de movimientos de innovación de base en la República Argentina son: a) el movimiento de tecnologías apropiadas; b) el movimiento agroecológico; c) el movimiento de software libre y d) los espacios de fabricación digital. Desde una posición ideológica estos movimientos, en su mayoría, se constituyen como una alternativa crítica a los procesos de desarrollo dominante, propios de los poderes corporativos centralizados. Surgen como una suerte de grieta a trabajar, donde construir un contrapoder que sea más representativo de las necesidades y anhelos de los ciudadanos. Su impacto no es tan regular y fuerte, dado que su desarrollo es reciente (todavía están en etapa de aprendizaje y prueba). Sus propuestas son más más prototipos que modelos finales funcionales de soluciones. Por último, podría parecer que aún no han aportado elementos importantes a la sociedad; sin embargo, en el caso del software libre existe una serie importante de contribuciones intensamente utilizadas a nivel mundial: el sistema operativo Linux, el servidor web Apache, la enciclopedia Wikipedia, los protocolos técnicos de Internet o motores de base de datos como PostgreSQL o MySQL.
Es posible describir las características principales de los movimientos de innovación de base de la siguiente manera (Fressoli, 2015): a) Se produce conocimiento, y éste se trata de validar en términos científicos, con la finalidad de que pueda ser parte también de las agendas de ciencia y tecnología (Fressoli y otros, 2014); b) Los movimientos de innovación de base promueven la participación abierta, y ésta se configura como un factor clave para su dinámica y logros de objetivos. Hay que considerar que no necesariamente la construcción de conocimientos se realiza de manera horizontal, sino que hay una suerte de jerarquías de sabiduría y experiencia que son atendidas; y c) La diversidad es un bien, dado que sobre ella se soporta la habilidad para dar soluciones nuevas a problemas complejos. Los actores, con sus capacidades múltiples y experiencias tan distintas, conforman una suerte de colectivo virtuoso que pueda otorgar miradas originales a problemas, desde la propia complejidad de su composición. En este contexto de diversidad las prácticas de aprendizaje y de resolución de problemas se ven enriquecidas debido a las interacciones múltiples y complementarias que se dan.
Laboratorios ciudadanos como espacios de innovación abierta
Tradicionalmente los gobiernos nacionales, provinciales y municipales han generado y sostenido espacios públicos como museos, centros culturales, espacios para el deporte, bibliotecas, entre los principales. En ellos, los ciudadanos son usuarios de servicios muy definidos. En los últimos años, se ha generado una propuesta de espacios comunitarios para la acción social, enmarcados en instituciones llamadas, de manera genérica, laboratorios ciudadanos, que ofrecen plataformas que facilitan la participación de los ciudadanos en los procesos de experimentación y desarrollo de proyectos surgidos desde el territorio mismo. Estos laboratorios se articulan como espacios de desarrollo de la innovación abierta.
La innovación abierta es un concepto que propone un cambio de modelo económico, a partir de transformar las sinergias entre el sector público y la industria privada. Chesbrough (2003) aportó el término ‘innovación abierta‘, y señaló que el sector privado, lejos de estancarse en su propio crecimiento, debería mirar más allá de sus límites a los efectos de buscar y tomar ideas externas, en función de fortalecer su desarrollo. La innovación abierta se constituye como una vía alternativa y complementaria a la gestión del conocimiento, dado que promueve acciones conjuntas entre Estado y empresas privadas en pos de que éstas no se encierren en sus propias lógicas y dominios. El desafío entre los actores involucrados se centra en obtener beneficios mutuos, permitiendo que las empresas crezcan pero también que se mejore la calidad de vida de las personas a través de un desarrollo social equitativo. La innovación abierta se relaciona con el concepto de innovación ciudadana, dado que ésta trata de fomentar una participación real, en base a una actitud proactiva por parte de los ciudadanos, ya que sus intereses son tomados como elementos de referencia para la acción. Dicha acción es, en modo colaborativo y con el fin de promover la inteligencia colectiva, un recurso emergente del común en pos de intentar aportar soluciones a problemas propios complejos.
El antropólogo Artur Serra trabaja en ambientes de innovación ciudadana, en particular en el Citilab. Considera que la tecnología ha generado un importante impacto en la cultura del siglo XXI dado que, según él, se ha ingresado en “la era de las tecnoculturas, donde la innovación se empieza a generalizar como valor dominante. La gente no pide ser simplemente usuario sino co-creador de esas mismas tecnologías. De la alfabetización digital se está pasando a la alfabetización en la innovación. El sapiens empieza a reconciliarse con el mundo artificial que él mismo construye” (BBVA Innovation Center, 2011). En los últimos años han surgido una serie de espacios ciudadanos en los que colectivos de personas, en algunas ocasiones asociados con empresas y organismos de gobierno, realizan actividades en conjunto en pos de resolver problemas de interés mutuo, generalmente propios de su territorio. Estos espacios toman forma de laboratorios ciudadanos y reciben distintos nombres según su conformación, organización y fines específicos: media labs, fab labs, hacklabs, makerspaces, living labs, etc. Marcos García, director del Medialab-Prado en Madrid define al “laboratorio ciudadano como un lugar de producción, de experimentación, en el que personas de distintos mundos colaboran en un proyecto común” (García, 2016). El laboratorio, desde la perspectiva del ciudadano, se configura como un espacio de apropiación genuina de las tecnologías de la información y la comunicación en base a la consolidación de un espacio de encuentro y a la vez de experimentación colectiva. Si los ciudadanos tuvieron a su disposición cibercafés (públicos y privados) para conocer y empezar a utilizar los servicios de Internet, ahora empiezan a disponer de laboratorios, para avanzar en la apropiación de la tecnología en pos de desplegar su capacidad innovadora y construir nuevos conocimientos vinculados a soluciones para su territorio.
Los ciudadanos revelan diversas motivaciones para participar en los laboratorios. Antonio Lafuente, de Medialab-Prado, indica que existen numerosos estudios que demuestran que lo que atrae a la gente, y lo que lleva a juntarse con otros para hacer cosas juntos es la alegría de compartir, de aprender. En general, las motivaciones tienen causas múltiples, desde ciudadanos que quieren acercarse a recursos tecnológicos que no poseen, personas que desean realizar acciones nuevas -en particular resolver problemas con otros- hasta vecinos o comunidades de afectados por un problema particular.
Según el proyecto Innovación Ciudadana (Innovación Ciudadana, 2013), constituido en el marco de la Secretaría General Iberoamericana, los laboratorios ciudadanos se han centrado en dos desafíos: por un lado, el de reducir la brecha entre las personas y las instituciones, proponiendo un modelo de institución cercana y abierta a los ciudadanos, en el que ellos se sientan parte activa de la misma. Por otro, la necesidad de conectar diversos ámbitos de conocimiento, a partir de ofrecer un espacio que promueva relaciones entre mundos diversos: artístico, científico y tecnológico, profesional y amateur, académico, social y activista. Ejemplos de espacios que funcionan bajo esta filosofía son: Zapopan Lab[4] en México, Nuvem[5] en Brasil, SociaLab[6] en Chile o Citilab[7] y Medialab-Prado[8] en España.
Para Sangüesa (2013) es preciso buscar las raíces de los laboratorios en espacios tradicionales, a saber: a) los laboratorios científicos, b) el laboratorio industrial, c) el laboratorio de diseño, y d) el laboratorio tecnológico digital. El concepto de laboratorio proviene de las ciencias naturales, y luego ha sido adoptado por otros campos y en particular por la acción social. En su concepción original, el laboratorio era un espacio científico en el que se realizaban actividades de experimentación guiadas por el método científico clásico que permite concluir a partir de la validación de las hipótesis (Latour, 1983). El laboratorio ha sido un lugar de trabajo sistemático de creación de nuevo conocimiento, pero cerrado a grupos específicos de participación, en el que los ciudadanos quedaban totalmente excluidos de participar de manera directa en sus actividades. En su evolución se ha tomado al laboratorio científico como referencia de organización, en base a sus características de estructura, gobierno y de procesos.
En la actualidad el concepto de laboratorio se ha resignificado, escapando de los límites que tradicionalmente lo asociaban únicamente a una universidad o a una empresa privada, para abrirse en pos de estar al servicio del encuentro y la conexión (Ortega y Villar, 2014). Ahora, el lab es un espacio para la acción social (especialmente en el caso del living labs). Según Serra (2010) los laboratorios son espacios de creación, propios de usuarios avanzados, en los que se realizan prácticas relacionadas con la innovación abierta. Éstas, en gran parte, se soportan por el uso de tecnologías de la información y comunicación (TIC), realizadas en un espacio físico con forma de taller. Las dinámicas suelen asociarse a una metodología de trabajo colectivo interdisciplinar. Los proyectos y producciones abarcan un amplio abanico, que va desde formas de activismo social hasta la producción de objetos, más relacionada con la técnica o la ingeniería. También se suelen incorporar prácticas relacionadas con el arte, que a menudo suelen estar relacionadas con un activismo político.
Desarrollo de los laboratorios ciudadanos
Di Siena (2007) ha indicado tres tendencias asociadas al desarrollo de los laboratorios: la participación horizontal, la auto-organización y la descentralización.
Participación Horizontal: En éste modelo es posible procesar múltiples datos de modo más veloz, debido a una suerte de independencia que se da sobre los actores, lo que es más difícil en los sistemas de organización basados en forma jerárquica piramidal. En un modelo horizontal se promueve la circulación del conocimiento entre los participantes, lo que hace lo que hace que el sistema se vea beneficiado de las sinergias resultantes de la interactividad entre los participantes.
Auto-organización: Las TIC han aportado nuevas formas de colaboración y organización basadas en modelos en red. Éstas facilitan y a la vez promueven la auto-organización bajo distintas formas y para distintos fines (Castells, 2013:19). El movimiento Open Source es una fuente permanente de recursos y a la vez de metodología para esta tarea. Al mismo tiempo, se presentan una serie de ventajas cuando se lo adopta en el desarrollo de un proyecto urbano: 1) evita las exclusiones arbitrarias, así en el desarrollo de los proyectos se respetan las necesidades originales; 2) rápido y evolutivo, se beneficia del dinamismo de su comunidad a partir de los múltiples y concurrentes aportes; y 3) duradero, dado que el proyecto es pertinente, sus evoluciones y adaptaciones son aseguradas.
Descentralización: La emergencia de las redes, favorecidas por la tecnología digital, pone de manifiesto una nueva forma de control descentralizado, llevado adelante por un colectivo de personas independientes que colaboran entre sí.
Salinas Arboleda y Vásquez Arias (2015) indican una serie de ejes que les dan sentido a las propuestas de los espacios: a) la resolución de problemas aplicando programación; b) la comunicación, a partir de la circulación de lenguajes; y c) el diseño y fabricación de objetos usando tecnologías digitales. Señalan que la relación entre la cultura digital y las demás culturas populares se articula dando nuevas formas culturales situadas en el territorio. Así, el innovar por innovar, o el innovar carente de sentido, no tienen casi participación en los espacios, dado que no se configuran como prácticas deseadas y consensuadas. La innovación es vista desde una perspectiva relacionada con el cuestionamiento de lo establecido, con el atreverse a intervenir lo dado, lo hecho, en sintonía con el espíritu hacker que plantea Himannen (2002). Por último, la colaboración, en función de llevar adelante procesos de co-creación, es un aspecto fundamental de los laboratorios. En cuanto a las áreas de trabajo que se desarrollan en los laboratorios, se identifica una actividad recurrente sobre tres ejes principales: programación, comunicación y fabricación. En base a esto, surgen cuatro tipos de actividades (Salinas Arboleda y Vásquez Arias, 2015):
Actividades con contenidos específicos en cada eje de trabajo particular. Tales prácticas están en función de promover una especialización, para luego colaborar
Actividades que integran la programación y la comunicación. Están en función de tratar de conectar procesos de producción de contenidos con procesos de programación, con la idea de automatizar proyectos de tipo cultural. Ejemplos: desarrollo de videojuegos, mundos virtuales y experiencias interactivas.
Actividades que integran la programación, la comunicación y la fabricación. Son propuestas interdisciplinarias, proyectos que involucran distintas perspectivas, que interactúan en pos de un objetivo. Así, el pensamiento lógico, el pensamiento narrativo y el aprendizaje a través del diseñar y hacer, se conjugan en proyectos concretos.
Actividades centradas en la programación y la fabricación. Se orientan al diseño y la construcción de objetos digitales interactivos (Bordignon e Iglesias, 2015), se plantean como ejercicios a comprender aspectos relacionados con la computación física. En la actualidad, el área de Internet de las Cosas es un territorio habitual de exploración.
Una metodología de trabajo, que se ha extendido en los laboratorios ciudadanos, es la denominada “pensamiento de diseño” (Zurbriggen y González Lago, 2015). Éste es un concepto que inicialmente era aplicado a los métodos y estrategias, que en la etapa de diseño, involucraban el desarrollo de objetos tangibles. Inicialmente fue aportado por Rowe en el año 1987 (Rowe, 1987): se presentaba un procedimiento de tipo sistemático aplicado a la resolución de problemas de diseño. Con el paso del tiempo, el concepto se ha desarrollado y se le ha dado un giro que difiere del original: se lo usa de manera simultánea para referirse tanto al proceso de crear innovaciones, como a los enfoques adoptados por organizaciones o colectivos de trabajo (Laakso y Clavert, 2014). Hoy el concepto de pensamiento de diseño es un modelo utilizado no sólo para el diseño de objetos tangibles: sus prácticas abarcan desde el diseño de modelos de negocio, o la resolución de conflictos, hasta situaciones propias del sistema educativo. El diseño se configura como una estrategia para abordar y resolver problemas complejos y que requieren de equipos interdisciplinarios. La aplicación del pensamiento de diseño en los laboratorios habilita una metodología efectiva que presenta opciones de trabajo que adoptan una forma rápida y económica (Fernández Reigosa, 2016).
Según Ortega y Villar (2014) existen una serie de espacios similares que, en su conjunto, caracterizan a los laboratorios ciudadanos: Laboratorios de medios (media labs), Laboratorios ciudadanos (living lab, city lab), Laboratorios de fabricación (maker lab, fab lab), Laboratorios arte-ciencia (Lab science-art), Laboratorios de comida (food lab); Laboratorios de activismo (hacklabs). En función de poder determinar las características que definen a cada uno de ellos y sus fines de acción se describen, con mayor detalle, algunas de las principales categorías de laboratorios ciudadanos:
Laboratorios de medios
Los media labs estaban originalmente relacionados con actividades de experimentación con recursos digitales. En el año 1985, algunos profesores, entre los que se contaban Nicholas Negroponte, Jerome Wiesner, Seymour Papert y Marvin Minsky, crearon el Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT Media lab) y también el concepto de media lab (Villar Allé, 2013). Su trabajo se ha intensificado más más en el ámbito de la ciencia y la tecnología que en el arte. Se configuró como un espacio de investigación en el que se destacó la convergencia de la tecnología digital, la comunicación y el diseño. El Media lab es un punto de contacto y de desarrollo de los espacios informales de tipo maker, ya que se ha encargado de hacer accesible tecnología de avanzada a gran parte de la población, en productos como sistemas de construcción robotizada Lego, lenguajes de programación para niños y jóvenes (Scratch[9]), placas experimentales Makey Makey[10], entre los principales.
El Media lab del MIT ha sido un ejemplo de espacio de hacer digital crítico de vanguardia, basado en una apropiación y desarrollo temprano de las tecnologías digitales. Ha contribuido con desarrollos importantes, como la tinta electrónica, kits de robótica educativa, interfaces tangibles, prótesis, entre los principales. Por sus actividades creativas e innovadoras el Media lab se ha convertido en una referencia para designar a los espacios dedicados a la experimentación con los medios digitales (Estalella, Rocha Lafuente, 2013).
Uno de sus directores, Frank Moss (2010), indicó que la idea original era reunir a las mentes más brillantes que se pudieran encontrar, procedentes de un gran número de disciplinas dispares, para averiguar cómo se puede cambiar el mundo. La verdadera innovación es el fruto de una filosofía de investigación en la que errar no solo es admisible, sino que es algo totalmente esperable —y aceptado— dentro del proceso creativo. Opina que las grandes ideas nacen al salir de la zona de confort, dado que se suele pensar en cosas que nunca antes nadie exploró. El Media lab es un espacio que comparte y promueve esa filosofía; de allí nace su grado de referencia en el mundo.
En la concepción de Ortega y Villar (2014) un media lab es un laboratorio constituido con la finalidad de “proyectar prototipos y herramientas de consumo utilizables en los medios de comunicación” en el que se reúnen profesionales de distintas disciplinas en torno a proyectos relacionados con el diseño de productos innovadores. En general, los media labs están estrechamente vinculados con universidades, habilitando un financiamiento mixto desde el estado y el sector corporativo. Por tanto, los orígenes del concepto de media lab están más cercanos al modelo y prácticas que se dieron originalmente en el MIT, que a cualquier idea de espacio orientado a la educación artística. Los media labs se pueden desarrollar en distintos contextos: centros culturales, académicos, profesionales y cívicos. La tendencia actual es que se constituyan en espacios de experimentación con recursos digitales en pos de una participación ciudadana efectiva orientada a realizar experiencias de aprendizaje.
En España, Medialab-Prado[11], situado en Madrid, es un referente mundial en el desarrollo de actividades y prácticas innovadoras con intervención de ciudadanos. Nació como un centro orientado a la producción cultural a través de la experimentación con recursos digitales. En la actualidad, se ha configurado como un espacio cultural público, en el que las acciones de mediación y de investigación van desde el arte hasta la ciencia y la tecnología, tratando de impactar principalmente en el territorio en el que está situado. Una importante diversidad de colectivos de ciudadanos se reúnen en Medialab-Prado para llevar adelante actividades sociales. Es común que artistas, hackers, académicos, gestores culturales y ciudadanos con los más diversos intereses y motivaciones se reúnan en sus instalaciones, ya sea para experimentar en el desarrollo de prototipos (de toda clase) o simplemente conocer y reflexionar.
La idea de laboratorio viviente deriva de que en un principio tales espacios se constituyeron como una suerte de casas inteligentes (Almirall, 2010). La idea era aprender el uso de las instalaciones, a partir de las interacciones de aquellas personas que vivían temporalmente en tales casas (generalmente durante algunas semanas). Para ese fin se instalaba en las casas una red de sensores que capturaban datos sobre el uso que los residentes realizaban de la tecnología que disponían. El Instituto de Tecnología de Massachussets desarrolló el concepto que dio origen a los living labs, como una metodología de investigación que se centra en el usuario para diseñar, probar, validar y refinar prototipos como soluciones complejas a problemas derivados de entornos reales. La participación de los ciudadanos, asumiendo roles activos en los procesos mencionados, fue uno de los pilares que intervinieron en el diseño de estos espacios ciudadanos. Se les propuso a las personas abandonar su rol pasivo de consumidores y pasar a ser parte activa de procesos de innovación (Colobrans, 2010).
Con el tiempo los living labs se han configurado como un espacio interactivo, de prácticas experimentales, en el que se conjugan intereses en tecnología por parte de distintos colectivos, que representan a sectores públicos, privados y la sociedad civil (representada por sus ciudadanos) (Eriksson, Niitamo y Kulkki, 2005; Finquelievich, Feldman y Fischnaller, 2013). Los distintos actores implicados en el funcionamiento de un living lab aportan elementos clave que les permiten articular de manera adecuada, en pos del desarrollo de estos ecosistemas de innovación (Galaso, 2013). En particular: a) la administración pública con su meta de desarrollo territorial, a partir de sostener un modelo de innovación local; b) las universidades y los centros de generación de conocimiento que aportan conocimientos científicos y tecnológicos en función de asistir a los proyectos de los labs; c) las empresas privadas, que aportan capital en pos de que el espacio los ayude en la búsqueda de nuevos mercados, servicios o productos; y d) los ciudadanos, que son la parte central del territorio y, a la vez, son los que poseen necesidades particulares que pueden ser satisfechas en proyectos del espacio.
En el interior de los laboratorios ciudadanos se conforma un entorno de trabajo colaborativo, en el que “[l]os recursos integrados y conectados proporcionan acceso compartido a los contenidos y permiten que los actores geográficamente distribuidos puedan trabajar en conjunto para alcanzar objetivos comunes” (Hribernik, 2005). Las TIC son un recurso central, ya sea como insumos de los procesos de creación, como así también en la organización del espacio. Las actividades principales que se desarrollan son cuatro (Roldán Velásquez, 2011):
1. Co-Creación: Co-diseño realizado por los actores participantes.
2. Exploración: Descubrimiento de usos nuevos, comportamientos y oportunidades de mercado.
3. Experimentación: A partir de la implementación de escenarios reales derivados de las comunidades de usuarios.
4. Evaluación: Evaluación de conceptos, productos y servicios de acuerdo con criterios y fines consensuados.
La idea del espacio living lab (o city lab) se expandió rápidamente por distintas partes del mundo. El concepto cristalizó como un espacio de innovación en el que los ciudadanos se integran a los procesos de diseño de intentos de solución a problemas reales. En particular, los living labs se desarrollan y multiplican en Europa, lo que favoreció la creación de un organismo de cooperación: la Red Europea de Living Labs (ENoLL), fundada en el 2006. Ésta se constituyó como una agrupación sin fines de lucro, que coordina y da apoyo a laboratorios distribuidos alrededor del mundo. Su desarrollo la ha llevado a adquirir un creciente peso político en la Unión Europea, en función de haber construido un mayor capital social al integrar otras redes especializadas. Para un laboratorio, ser miembro activo de ENoLL implica tener elementos de influencia en la política de innovación a nivel europeo, nacional y regional. Para ENoLL, la definición oficial de living lab es:
“[l]os living labs se definen como ecosistemas de innovación abiertos, centrados en el usuario, basados en un enfoque de co-creación de usuario sistemática que integra los procesos de investigación e innovación a comunidades de la vida real y a contextos. En la práctica, los living labs colocan al ciudadano en el centro de la innovación y, por lo tanto, han demostrado la capacidad para moldear las oportunidades ofrecidas por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Dando soluciones a las necesidades y aspiraciones de los contextos locales, las culturas y a las potencialidades de la creatividad” (ENOLL, 2016).
Para Brussa y Ricaurte los living labs son modelos triple hélice, dado que conforman alianzas entre gobiernos, empresas y ciudadanos. En ellos el territorio al que pertenecen está presente en sus objetivos de innovación abierta a partir del desarrollo de proyectos colaborativos. También son espacios cercanos a los city labs, dado que las estrategias de participación son semejantes, pero el involucramiento de ciudadanos se da con frecuencia en torno a la transmisión de saberes relacionados con lo digital y además, en los resultados los usuarios no son autores de los productos hechos en forma colaborativa. Esto puede llevarlos a que no participen de las decisiones en el proceso de diseño y realización de la innovación. Esta situación particular sugiere que no todos los espacios de tipo living labs pueden ser vistos como laboratorios ciudadanos (Brussa y Ricaurte, 2016).
El Citilab de Cornellà, un pionero en los laboratorios ciudadanos, fue creado en el año 2007, como un espacio ciudadano experimental, en Cornellà de Llobregat, Barcelona, por la Fundación para el Fomento de la Sociedad del Conocimiento. Su meta inicial era lograr la interacción de diversos actores sociales mediante herramientas digitales y la formación de ciudadanos, en un proyecto que ponga en valor las tecnologías digitales y los nuevos medios de comunicación en la práctica del activismo ciudadano, la innovación empresarial y la apropiación de nuevos saberes. Galaso (2013) identificó tres capas de actuación:
Aporte metodológico, que se suma al sistema una serie de elementos necesarios para que se establezcan pautas de convivencia entre los actores participantes (administración pública, universidades, empresas privadas, ciudadanos), en función de lograr un equilibrio entre los aportes y los beneficios.
Desarrollo de proyectos, en los que al finalizar, se instalan soluciones transformadoras de las realidades del territorio, y en particular se benefician los actores involucrados en base a los acuerdos pactados.
Aporte de necesidades, ya sea que provengan de la administración pública o de la empresa privada, procuran en los ciudadanos el desarrollo de compromisos en búsqueda de soluciones.
Galaso opina que llegar a tener un ecosistema desarrollado y en funcionamiento es un proceso que demora entre dos y cuatro años, dado que requiere la participación total de todos los actores de una manera voluntaria y constructiva.
Laboratorios de diseño y fabricación digital
En general, los laboratorios de fabricación digital se orientan a experiencias colectivas en diseño y creación de prototipos en base a herramientas digitales. Estos espacios toman el nombre de fab labs (acrónimo de Fabrication Laboratory) y maker labs (también conocidos como makerspaces). En general, los fab labs y los espacios de los makers están centrados en tareas relacionadas con la fabricación de objetos, que se realizan a partir de la digitalización, ya sea de objetos existentes o diseñados desde el software, pero siempre en un espacio que tiende a promover y usar un modelo abierto de creación de conocimientos.
El concepto de fab lab se origina a principios de la década del 2000, a partir de las ideas del profesor Neil Gershenfeld, Director del Bits & Atoms Center del MIT. Él fue quien advirtió sobre una potencial y próxima revolución tecnológica, en la que los usuarios fabricarían las herramientas necesarias para resolver sus propios problemas. Preveía que la fabricación controlada por computadoras llevaría al mundo hacia la suficiencia y la innovación masiva. Además, pronosticó grandes cambios en el área de logística, dado que lo que más se transportaría entre países serían “bits más que átomos”. Para Gershenfeld (2012), la revolución se centraría en la capacidad de convertir datos en objetos y objetos en datos. Gershenfeld reconoce en Papert a uno de los promotores del uso de la computadora para crear ambientes de diseño y fabricación en los que se valoren proyectos basados en sus propias ideas de invención. En los laboratorios Fab se podrían satisfacer necesidades específicas usando tecnología digital de bajo costo.
Un fab lab es un espacio de experimentación en fabricación digital en el que se puede diseñar y materializar casi cualquier objeto. Desde una perspectiva social, relacionada con la construcción de conocimientos, es a la vez un laboratorio en el que se facilita a la población el acceso a tecnologías que propician la innovación en un nivel local o regional (Zanoni, 2014). Desde un nivel macro es una red global de laboratorios distribuidos a lo largo del planeta, los que cooperan intercambiando información, desarrollando y resolviendo situaciones. Un fab lab se presenta como un espacio de experimentación que responde principalmente a necesidades locales. Las prácticas y valores que se dan en ellos están relacionadas con la promoción de software y hardware libre, el desarrollo de comunidades de práctica, la colaboración, el trabajo en co-autoría, la financiación de proyectos por sistemas sociales de recaudación de fondos (crowfunding), entre los principales. En los fab lab, desde su dirección, se trata de establecer un vínculo fuerte con la sociedad en la que está inserto, estimulando la innovación y la creatividad en beneficio de proyectos que luego puedan volcarse a ella. Muchos de los fab labs están asociados a la Fab Foundation, que coordina las actividades de los espacios distribuidos en el planeta, en pos de favorecer una colaboración efectiva. Existen una serie de reglas que los miembros de los labs deben seguir: compartir sus conocimientos, compartir sus recursos digitales, promover normas de convivencia entre sus miembros y no fabricar nada que pueda generar daño. Un laboratorio homologado por la Fab Foundation debe contar con al menos un miembro que haya aprobado un curso virtual (de seis meses) dictado por la Fab Academy, bajo la dirección de Gershenfeld. Cada participante debe desarrollar proyectos que incluyan temas como: diseño, circuitos electrónicos, armado de moldes, electrónica aplicada a sensores, prácticas de escaneo e impresión 3D (Zanoni, 2014:109).
En la Universidad de Stanford, en el Departamento de Transformative Learning Technologies Lab se ha creado el proyecto Fablab@school[12]. Es un proyecto innovador, con fines educativos, implementado a través de una red mundial de escuelas conectadas. Éstas están vinculadas con laboratorios de fabricación digital, para compartir ideas y proyectos relacionados con la fabricación de toda clase de prototipos. El proyecto se remonta al año 2008, cuando el profesor Blikstein comenzó a trabajar con escuelas K-12 en función de integrar de manera transversal procesos de fabricación digital en los programas de estudios escolares, con el fin de motivar y aumentar los aprendizaje de tipo STEM de los estudiantes. En ese marco se construyó el primer laboratorio de fabricación en una escuela de los Estados Unidos y a la par se comenzó a dictar el primer curso sobre el tema, fuera del MIT Media lab, con el objetivo de que estudiantes de posgrado y profesores puedan diseñar nuevos proyectos para el nivel K-12 de educación en base a utilizar un laboratorio tipo makerspace. El proyecto FabLab@School a grandes rasgos, se caracteriza por: un programa de formación docente cuidadosamente diseñado; la integración completa del proyecto en los planes de estudio, incidiendo con las disciplinas STEM (science, technology, engineering and mathematics); un conjunto de actividades diseñadas para los niños, junto con guías para los profesores; las herramientas de software para el modelado y simulación científica, y equipos para la realización de experimentos; un programa de investigación que define las métricas de aprendizaje y de impacto relacionadas con la fabricación digital y los entornos basados en el aprendizaje por proyectos; y el bajo costo de implementación dado que se incentiva el uso de materiales reutilizados.
Blikstein (2013) asegura que un kit de fabricación digital en escuelas es algo disruptivo, ya que los estudiantes pueden trabajar con seguridad, construir y compartir sus creaciones. En el año 2011 se realizó la primera FabLab@School Conference en Stanford, evento al que acudieron profesores del nivel K-12 de varias partes del mundo.
Por otro lado, están los ciudadanos que se denominan makers y se asocian en colectivos llamados makerspaces. Su filosofía de vida se relaciona con el término “hágalo usted mismo”. En el sitio Hacedores (2014) se hace referencia a que un maker es “… alguien que extrae identidad y significado del acto de la creación”. Se le da un significado importante a las tecnologías digitales, al indicar que “…lo que distingue a los makers contemporáneos de los inventores y de los DIYers de otras épocas, es el increíble poder que les brindan las tecnologías modernas y una economía globalizada, tanto para conectarse y aprender y como un medio de producción y distribución”. Esta nueva manera de artesanado, en base a hardware y software digital, les permite a las personas diseñar, modelar, y fabricar sus obras u objetos. Estas acciones están relacionadas con la democratización de la tecnología, en particular la que permite modelar y fabricar; el espacio web es a la vez el vehículo y el campo de tal democratización.
La tecnología digital de diseño y fabricación personal ha dado un nuevo impulso a comunidades de tipo “hágalo usted mismo”, dado que las ha renovado, vinculado y ampliado significativamente. Son varios los factores convergentes: en primer lugar, la aparición de herramientas digitales para el diseño y la fabricación (en especial las económicas de tipo libre y abierto); en segundo lugar, el establecimiento de una red mundial de medios digitales, sobre la que las personas pueden colaborar de distintas maneras, ya sea compartiendo diseños, aportando capital a nuevos proyectos, respondiendo dudas, resolviendo problemas o trabajando en conjunto en espacios de co-autoría; y tercero la posibilidad de tener proyectos exitosos en términos comerciales en un ambiente de trabajo más chico o reducido que los tradicionales (usualmente reservados a grandes empresas y a inversiones fuertes). Esto último fue dado por las nuevas posibilidades de financiamiento y fabricación a escala reducida y de forma distribuida. Tales condiciones han generado un campo fructífero para que personas o pequeños colectivos perciban a la fabricación digital personal como un espacio posible para el desarrollo de negocios.
Los movimientos de tipo maker se basan en el autoaprendizaje, a partir de hacer cosas significativas, de su interés particular, y luego compartir las experiencias para que otros pares puedan recrearlas. Estos espacios resignifican el “hágalo usted mismo” por el “hagámoslo juntos”. En la actualidad, han evolucionado e integrado la tecnología digital a sus experiencias de creación, ambientes en los cuales ya surgen proyectos que combinan el software libre, el hardware libre y los diseños abiertos. Estos modelos propios de la cultura del hacer implican una propuesta de reapropiación, en pos de un uso crítico de la tecnología, pero en un ambiente de trabajo en el que el motor de desarrollo son los proyectos inspiradores, definidos por los propios participantes. También lo lúdico es parte del trabajo. Además, implementan una forma de enseñanza y de aprendizaje alternativa a la existente, basada en el “sentarse, escuchar y ejercitar”, dado que ahora ellos proponen “sentarse, pensar y hacer”, como una forma superadora de construir conocimientos.
En lo referente a la relación de los makers con las pantallas, ésta va mucho más allá de ser simples usuarios de ellas, dado que las pantallas están en función de ser actores centrales en el proceso de desarrollo de sus obras: las integran y resignifican como máquinas de crear cosas. Estos colectivos son definidos, no en función de lo que compran o consumen, sino de lo que son capaces de decir, de expresarse o de crear. Es aquí donde se percibe que sus acciones marcan una posible aproximación hacía prácticas sociales propias de la ética hacker (Himanen, 2002), basada en modificar lo existente para mejorarlo o expandirlo para nuevos usos propios. Este proceder recuperaría una suerte de autonomía y poder, por parte de los ciudadanos comunes, frente a la cultura consumista dominante.
Los espacios en los que estos colectivos se reúnen, colaboran, comparten ideas, problemas, diseños y creaciones se caracterizan por ser reducidos laboratorios de diseño y fabricación de prototipos abiertos a la comunidad. Su membresía, en caso de requerir pago, es mínima y generalmente relacionada no con utilidades, sino con mantener y actualizar el equipamiento y reponer los insumos. En cambio, los colectivos makers se reúnen periódicamente en eventos amplios denominados “Maker Fairs”, una suerte de feria de innovadores e inventores del mundo. Allí se muestran las invenciones, las nuevas aplicaciones y tendencias en diseño y fabricación digital. Básicamente son un espacio en el que la gente muestra lo que está haciendo y comparte lo que está aprendiendo. En los Maker Fairs la gente se informa, se entretiene y se vincula creciendo en comunidad. El primer Maker Fair fue en San Mateo, California y continúa: en el año 2017 asistieron más de 120.000 visitantes a la feria anual. En América Latina, el sitio Hackerspaces.org da cuenta de más de 120 espacios en la región sobre 1.773 registrados en el mundo; en tanto que fablabs.io indica sólo 19 fab labs latinoamericanos de 373 registrados en el mundo.
Con algunas coincidencias, en relación a las formas de trabajo y materiales utilizados por los makers, están los hackers y sus espacios denominados hacklabs. Son colectivos autogestionados, en los que los recursos open source están presentes en todo momento, y el sentido de sus prácticas, en general, está ligado a una finalidad de activismo. Los hacklabs empezaron a funcionar a mediados de la década de 1990 y tomaron popularidad a mitad de la década del 2000. En cambio los hackerspaces comenzaron a trabajar en los finales de la década del 90, tomando popularidad en la segunda mitad de los 2000. Desde una perspectiva ideológica, los hacklabs están relacionados con los movimientos anarquistas y autonomistas. Los hackerspaces tienen un desarrollo más cercano a los ideales del Chaos Computer Club[13](Maxigas, 2012).
En la formación de los hacklabs el movimiento autonomista y la práctica del medio activismo han tenido que ver en su desarrollo. Estos espacios proveían acceso público y gratuito a computadoras y a Internet. Las instalaciones estaban montadas sobre máquinas recuperadas y recicladas que corrían preferentemente sistema operativo GNU/Linux. Las actividades que se realizaban rondaban entorno a las prácticas de electrónica, de programación y radiodifusión de manera independiente (o comúnmente llamada en modo pirata). Su desarrollo geográfico se dio en torno a Italia, España, Alemania y los Países Bajos. Desde una posición netamente política su trabajo cultural tenía también una forma educativa en la que se trabajaba directamente sobre las relaciones de propiedad desde una posición crítica al modelo capitalista. Tanto el movimiento de okupas como el de activistas medioambientales fueron en gran parte los pilares de los hacklabs, los que se configuraron como espacios para convocar, producir, enseñar y aprender saberes y habilidades relacionadas con sus cosmovisiones. Para alentar la socialización de sus actividades y poder tener espacios en los que convocar a posibles miembros nuevos, los hacklabs auspiciaron una serie de eventos llamados hackmeeting. Resumiendo, los hacklabs se configuraron como espacios sociales contraculturales que promovieron en los ciudadanos más desfavorecidos prácticas tendientes a apropiarse de las tecnologías digitales en pos de lograr una mejor expresión y empoderar la creatividad popular.
Actividades en laboratorios
En los laboratorios, en general, como parte regular de su funcionamiento se organizan una serie de encuentros y actividades que tienen por finalidad promover acciones que den una dosis de dinamismo. Las mismas son realizadas con sus participantes, con otros espacios y con la comunidad en la que están vinculados. Estas formas de organización de eventos suelen adoptar distintos formatos, tales como: unconferences, BarCamps y hack meetings (Innovación Ciudadana, 2014).
Una actividad de tipo unconference[14] (desconferencia) es un suerte de conferencia en la que los asistentes toman un rol activo, es decir que tiende a convertirse en un evento dialógico, en el que cada asistente puede aportar elementos al debate y a la reflexión. BarCamp[15] es una red internacional de desconferencias cuyo contenido es provisto por los participantes. En general, los temas de debate, se circunscriben a aspectos técnicos informáticos (aplicaciones web en estadios tempranos, tecnologías de código abierto, etc.), pero en la actualidad han ampliado a otros temas de interés.
Los hack meetings en su forma original son reuniones de colectivos hackers y activistas. Son encuentros, en general anuales, en los que distintos colectivos se reúnen con el fin de compartir conocimientos sobre Internet y las nuevas tecnologías, sin perder de vista enfoques políticos y sociales. En estos encuentros se pueden encontrar actividades variadas: conferencias, mesas redondas, demostraciones, talleres, entre las principales.
Por otro lado, a los laboratorios también se le suelen incorporar talleres con formatos particulares, en los que se realizan proyectos colaborativos, usualmente acotados en tiempo. Tales actividades suelen tomar la forma de startup weekends, game jams y hackatones.
Startup weekend es un evento que se lleva a cabo durante un fin de semana, con la finalidad de que los participantes desarrollen una idea de proyecto que tenga alguna posibilidad de concretarse. Al evento suelen asistir estudiantes y profesionales de la más variada gama (desarrolladores, administradores de empresas, especialistas en marketing, artistas gráficos y otros,), que se complementan a la hora de generar equipos de trabajo. La meta es poder generar una idea avanzada de una empresa a incubar, llegando incluso a definir esquemas de prototipos o presentaciones de demostración, las que se comparten al final del recorrido. Estos eventos, en general, cuentan con patrocinadores importantes, de la magnitud de Google o Amazon.
Game jam es una reunión de desarrolladores de juegos a fin de planificar, diseñar y crear uno o más juegos en un tiempo acotado (habitualmente entre 48 y 72 horas). En la actualidad este tipo de evento se encuentra bastante desarrollado, dado que ha tenido gran aceptación en comunidades de desarrolladores como también en ciertos ámbitos educativos. Por otro lado se han empezado a realizar eventos game jam que permitan dirigir el desarrollo hacia otras áreas de interés, como el cuidado del medioambiente, la defensa de derechos ciudadanos, la seguridad personal, entre los principales.
Las hackatones son reuniones de programadores de aplicaciones con la finalidad de hacer un proyecto colaborativo de un software particular. Su dinámica asociada parte de la propuesta de un desafío cognitivo, en la que varios equipos deben contribuir al aporte de soluciones en formato de prototipos (Fressoli, 2015). La idea es que al finalizar el tiempo propuesto (puede ser uno o dos días) se tenga un prototipo operativo funcional que pueda ser compartido entre los distintos equipos. En la reunión suele darse una dinámica horizontal en pos de complementar saberes y habilidades en cada grupo de trabajo. Las empresas privadas suelen organizar este tipo de eventos, con sus empleados, para mejorar las relaciones y de paso poder capitalizar alguna idea innovadora que allí surja.
Un laboratorio de innovación ciudadana: Caso Medialab-Prado
Medialab-Prado es un espacio público dependiente del Área de Gobierno de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid, desde su sitio web se define como un “laboratorio ciudadano de producción, investigación y difusión de proyectos culturales que explora las formas de experimentación y aprendizaje colaborativo que han surgido de las redes digitales”[16]. El espacio posee una única sede, situada en la Plaza de las Letras, en Madrid. El espacio está abierto al público en un horario amplio y todas sus actividades son gratuitas. Posee más de 4.000 m2 de superficie. Su fachada tiene incorporada una pantalla digital interactiva de 10 por 15 metros aproximadamente. En su interior se disponen distintos espacios: una recepción de visitantes, un laboratorio de fabricación digital; un espacio amplio destinado a exhibición de producciones y muestras culturales, una cantina configurada como un gran espacio de encuentro y distintas áreas de trabajo para grupos temáticos y oficinas administrativas.
Los objetivos de la institución son los siguientes[17]:
La institución es considerada un referente entre los laboratorios de innovación ciudadana. Su experiencia, camino recorrido, organización y aportes metodológicos son elementos reconocidos en gran parte del mundo. Así lo demuestran las tentativas de replicar algunos de los elementos mencionados en otros espacios, entre ellos NUVEM de Brasil, Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana (#LABICCO) en el marco del Proyecto Iberoamericano de Innovación Ciudadana[18], el proyecto OpenLabs[19]del Tecnológico de Monterrey en México, entre otros.
Para comprender a la institución hay que conocer previamente dos rasgos distintivos, que conforman gran parte de la lógica de trabajo que ha permitido su desarrollo. En particular se trata de la práctica de la mediación y la metodología “Interactivos”, desarrollada para promover la producción colaborativa.
El concepto de mediación en Medialab-Prado se ha resignificado, dado que además de promover exposiciones se desarrollan actividades de reflexión y de producción colaborativa con los ciudadanos. Las actividades son abiertas a los ciudadanos y turistas. La tarea relacionada con la acogida al visitante y su conexión con el espacio cultural es realizada por un equipo de mediadores, quienes tienen una tarea adicional: llevar adelante una actividad de investigación. Esta corresponde a un tema propuesto por ellos, y que pueden desarrollar en grupos de trabajo con ciudadanos. El rol del mediador es una tarea fundamental que le da sentido público al espacio, y que a la vez conecta a los visitantes con sus intereses; la operación de acogida no implica un discurso de una sola vía, dado por el mediador. Es más complejo, dado que se configura como una operación de escucha paciente, de hospitalidad, de empatía, en virtud de no solo exponer lo que se hace, sino también de detectar posibles participaciones, a futuro, de los visitantes. Ser mediador es ser partícipe de una tarea distintiva del espacio. No implica impartir un discurso único y de una sola vía, ni seguir recetas de orden demostrativo, ni constituirse en un depósito de saberes particulares: es una operación de escucha, orientación y conexión que se reinventa día a día. La labor del mediador se articula en torno a las siguientes tareas:
La recepción del visitante, que implica una tarea de escucha atenta para una atención efectiva, un cuidado del espacio público y una comunicación precisa de lo qué es y sus posibilidades.
Una conexión con los intereses de los ciudadanos, a partir de entender sus motivaciones o hechos que los afectan, y en pos de vincularlos con personas o proyectos.
Una actitud proactiva que contemple intereses por la dinamización del espacio, la investigación situada y la animación de actividades, cuando sea necesario.
Un trabajo de investigación sobre temas de interés ciudadano, que pueda llevar a generar grupos de trabajo y construir conocimientos. Los cuales puedan ser compartidos en función de visibilizar y/o mejorar situaciones.
El segundo rasgo distintivo de Medialab-Prado es su metodología de trabajo “Interactivos?”, para la los talleres de producción colaborativa. Estos son un espacio central del Medialab y a la vez una marca de innovación. Se implementan bajo la metodología “Interactivos?”, basada en reunir durante alrededor de quince días a un promotor de un proyecto, y a un grupo de colaboradores (en general de distintas diferentes disciplinas y profesiones) que van a trabajar juntos en el desarrollo del proyecto. Tanto el proyecto como los colaboradores son seleccionados a partir de convocatorias públicas internacionales abiertas. En cada convocatoria al taller colaborativo se seleccionan cerca de diez proyectos y de una decena de colaboradores para cada uno.
Durante el período de desarrollo del taller cada grupo de trabajo toma la idea base y la reelabora en base a aportes de sus miembros. El trabajo, como el prototipo logrado, se potencia por la inteligencia colectiva de los participantes. La manera en que la idea base es transformada, intervenida y mejorada por los colaboradores es un indicador de éxito del grupo. Los grupos cuentan con el apoyo constante de los mediadores para que tengan a mano todo lo que necesitan para trabajar y por otro lado a personas que tienen el rol de mentores o tutores y asesores técnicos. Los mentores acompañan críticamente el desarrollo de cada proyecto. En la primera parte del proceso el mentor trabaja como una suerte de abogado del diablo, con la finalidad de aportar otras perspectivas que sumen a las posibilidades de concreción de los prototipos. Los asesores técnicos son personas especializadas en temáticas relacionadas con los proyectos (por ejemplo en programación de computadoras, en producción en medios audiovisuales, en comunicación, etc.) que colaboran a demanda, cuando cada equipo tropieza con alguna cuestión particular que no pueda resolver. Los equipos también disponen de los recursos técnicos profesionales y máquinas existentes en el laboratorio de fabricación digital. El resto del tiempo cada grupo trabaja de manera autónoma. Mientras dura el taller, además de las actividades propias de cada grupo, se llevan a cabo una serie de actividades extra: charlas, presentaciones, seminarios, talleres breves, y otras. Cada convocatoria finaliza con una presentación de los logros y una exhibición de los prototipos construidos, como así también la documentación pertinente para su entendimiento y replicación por cualquier persona interesada.
La metodología “Interactivos?” considera al espacio físico como una suerte de catalizador, un acelerador de ideas y de conocimientos, en pos de ayudar a solucionar el problema que los convoca, y a la vez, como un elemento de promoción y afianzamiento de los vínculos personales y disciplinares (Molina, 2009). Para Antonio Lafuente, director del Laboratorio del Procomún en Medialab-Prado, el modelo “Interactivos?” es el principal activo que han construido en el espacio. En su visión, Interactivos es una experiencia práctica de trabajo que se caracteriza por las siguientes dimensiones: a) abierto: es accesible sin restricciones, y utiliza tecnologías abiertas y libres; b) colaborativo: se sustenta en una agenda horizontal; c) experimental: se realizan acciones de contraste en cada grupo que forman parte de la solución al problema encarado; d) meritocrático: está realizado por individuos y es sensible al reconocimiento; e) internacional: al ser un proyecto sin fronteras, basado en un concurso público abierto (Lafuente, 2010).
Todas las convocatorias a los talleres de producción colaborativa Interactivos poseen un lema que les da sentido a los tipos de propuestas a presentar. En el caso del taller realizado en el año 2017 se utilizó el lema “Reimaginando el movimiento en la ciudad: ciencia ciudadana para un presente sostenible”. En la convocatoria se hizo hincapié que son de interés especial aquellas propuestas que traten sobre la sostenibilidad medioambiental, la ciencia ciudadana y el uso creativo de herramientas digitales.
Entendiendo a los rasgos anteriores (mediación y producción colaborativa) como los elementos principales que organizan y dan sentido a Medialab-Prado, se pueden complementar esta caracterización de sus particularidades con un aporte de Juan Freire, un especialista en temas relacionados con la innovación y la cultura digital. Freire sostiene que Medialab-Prado opera sobre una serie de capas relacionadas con herramientas, cultura y procesos, que a su vez son interdependientes, por lo cual cada una es funcional a partir de la existencia de las otras. Estas capas involucran en gran parte a los rasgos descriptos. Para Freire (2012) las capas son:
1. Programación y metodología para las líneas y grupos de trabajo. Desde la administración del Medialab, de manera regular, se define una agenda de temas a trabajar en sus espacios internos. La misma surge en gran parte de una escucha continua de las comunidades que participan del espacio. El hacer está presente en buena parte de las actividades de la agenda. Al hablar del hacer se habla de una producción no utilitaria, que no se define sólo por tener un producto final, sino por el proceso de idea, diseño y construcción. La colaboración, el aprendizaje, la reflexión y la crítica están presentes, y a la vez son elementos a promover.
2. Entorno para la generación de proyectos y grupos de trabajo autónomos por parte de los usuarios. Es usual que en el Medialab se realicen actividades donde los participantes se encuentren, interaccionen y construyan ideas proyectos sobre diversos temas de su interés. El valor agregado está en que es frecuente que si uno de los temas toma un interés especial y una maduración adecuada, puede integrar las actividades de trabajo regulares del laboratorio. Esto puede verse como una agenda de trabajo basada en los intereses propios de los participantes, bajo la práctica de una suerte de democracia implícita.
3. Cultura de hospitalidad. Si bien Medialab-Prado es un organismo dependiente del Ayuntamiento, en su forma de presentación y en su trabajo regular no se conforma como la oficina de servicios públicos tradicional, donde los vecinos van a presentar sus quejas u obtener algún servicio. Aquí, el ciudadano asiste y participa como una parte activa de un proceso de aprendizaje, visibilización de problemáticas y construcción de soluciones posibles.
4. Infraestructuras del día a día. Hace algunos años se asociaba el Medialab-Prado con un centro expositivo de vanguardia centrado en la cultura digital. Por ende el vecino no percibía alguna integración posible en sus actividades, más allá de asistir a alguna muestra. El cambio de este estereotipo establecido fue una de las tareas de comunicación institucionales emprendidas, con mensajes claros en distintos medios, como en la comunicación cara a cara con los vecinos a partir de las actividades de mediación. En la actualidad, su infraestructura contiene elementos tecnológicos de vanguardia, pero los mismos están al servicio de las prácticas de producción y reflexión que se dan en el espacio.
En resumen, las actividades basadas en el hacer, la horizontalidad y el grado de autonomía presente en los distintos espacios de trabajo, la cultura de la hospitalidad a partir de las actividades de mediación y una buena infraestructura tecnológica, son elementos distintivos y a la vez esenciales de los logros que caracterizan a Medialab-Prado en prácticas de innovación social.
Artur Serra deja un desafío abierto para los investigadores en ciencias sociales, en relación a un aporte concreto en pos de construir nuevas estructuras sociales. Desde su perspectiva la innovación tecnológica y social en el mundo, se abre paso superando un doble determinismo tecnológico y social. Asegura que atravesamos un momento histórico en el que es necesario avanzar en el desarrollo y establecimiento de nuevas estructuras sociales y culturales asociadas a esta realidad tecnológica (Serra y Sánchez, 2015). Propone empezar a pensar bajo un marco de referencia, desde el modelo living labs.
Desde una posición basada en el diseñar, hacer, probar y reflexionar (estableciendo una suerte de espiral de trabajo) la tecnología digital se constituye como uno de los elementos presentes en todo proyecto, los laboratorios se instalan a lo largo del mundo. En esta etapa de desarrollo de la innovación se propone que el ciudadano sea un participante activo de tal proceso, dejando el rol de consumidor y pasando a ser participante de los procesos de detección, diseño y desarrollo de intentos de solución a problemas, como un prosumidor en un ambiente de innovación abierta. Así, más allá de los procesos de innovación clásicos están surgiendo modelos más abiertos. Esta nueva manera de pensar y hacer trata de superar barreras, relacionadas con límites impuestos por una suerte de “endogamia” entre los actores del proceso creativo. Serra asevera que los entornos de innovación abierta que vinculan empresas, universidades, administraciones y ciudadanos, se están configurando como los espacios más apropiados para extender la cultura de la innovación a todo el mundo (BBVA Innovation Center, 2011).
La expansión de servicios de Internet en el mundo, ligado a un uso cada vez más intensivo por parte de los ciudadanos, ya sea en acceso a información, en comunicación y en auto-organización ha permitido expandir otra manera de construir conocimientos, ya no solamente como individuos sino también como colectivos organizados. Esta realidad ha permitido desarrollar espacios ciudadanos de innovación, demostrando que ésta ya no sólo se restringe a laboratorios de empresas privadas, de universidades o centros de investigación. Posiblemente comenzamos una nueva etapa de desarrollo de la sociedad, en la que los cambios también ocurren desde abajo hacia arriba, integrando a diversos actores sociales que co-diseñan y co-crean bajo un modelo más horizontal que vertical. Hoy existe un gran desafío pendiente: lograr que los laboratorios, como instituciones mixtas (públicas y privadas), se desarrollen bajo un modelo de administración abierta y corresponsable con las comunidades de usuarios donde se arraigan. Desde el Estado y desde los ciudadanos, en los labs se configuran experiencias de trabajo colaborativo que dan pie a “ideas susceptibles de convertirse en proyectos sociales y colaborativos, mediados o no tecnológicamente” (Fonseca, 2012:60).
Una vez descriptos los laboratorios ciudadanos, sus tipos más representativos, sus actores y beneficiarios y su organización, se puede precisar con mayor detalle sus características constitutivas. Para ello, se toman como base los acuerdos logrados por el equipo de Innovación Ciudadana en Iberoamérica (Innovación Ciudadana, 2014). En primer lugar, los colectivos se conforman para realizar proyectos abiertos con la participación activa de ciudadanos. Las tecnologías digitales están presentes en los espacios y son un recurso privilegiado para constituir sus prácticas y logros. En los espacios ciudadanos existen distintas motivaciones, fines, metodologías de trabajo, formas de mediación y modos de implicación y vinculación con el entorno, los que dan sentido a los distintos tipos de laboratorios. Las instituciones que surgen del acuerdo ciudadano pueden ser sostenidas por los mismos ciudadanos (p.ej. las más cercanas al activismo) o promovidas por el Estado u organizaciones sin fines de lucro (p.ej. por municipios, universidades, fundaciones, etc.), pero en general sus participantes las sienten como propias y no se ven a sí mismos como invitados o asistentes externos.
En los laboratorios se mezclan distintas áreas del conocimiento, del entretenimiento y de las artes, reflejos de la vida de sus participantes. Utilizan intensivamente las TIC para extender sus actividades y apoyarse en otros grupos o laboratorios ciudadanos: esta forma de trabajo les permite extenderse por el mundo en redes de trabajo y aprendizaje. Al constituirse como colectivos de reflexión y acción, en los que el ensayo, la experimentación y la creatividad toman un rol preponderante, se dan aprendizajes ricos, apropiados y situados en problemáticas propias que los hacen evolucionar de manera constante. Tales elementos funcionan como insumos para el desarrollo de proyectos innovadores, que aportan valor agregado al entorno social en el que están insertos. Desde su ideología y manera de ver el mundo, en general, son defensores y a la vez promotores de la cultura libre en todas sus formas. Incentivan el uso de herramientas de software y hardware libre, a la vez que hacen públicas sus metodologías y creaciones. Sus espacios son sencillos, no necesitan de grandes recursos: poco mobiliario, una buena conexión a Internet, y algunas herramientas e insumos para desarrollar sus prototipos bastan para empezar a funcionar. Inclusive en algunos espacios se desarrollan y se crean sus propias máquinas y herramientas de trabajo.
Los laboratorios ciudadanos son un ejemplo de una nueva institución del siglo XXI, en la que se construye ciudadanía para esta época. Como se vio, son espacios que hacen un uso intenso y creativo de las tecnologías digitales, en los que los proyectos son parte de las necesidades de las personas individuales o de las comunidades de afectados, emergen las nuevas metodologías de trabajo y se configuran los nuevos protocolos de cooperación.
Ruiz Martín y Alcalá Mellado (2016) dan pistas que pueden servir como marcas o indicios que determinen supuestos rumbos de los laboratorios: “… en un futuro próximo la norma en los nuevos centros será la implementación de la transdisciplinariedad como modelo organizativo, el uso de recursos libres y abiertos –open & free sources– como medios de producción y la ruptura definitiva con la política restrictiva del modelo actual tradicional de derechos de autor como forma de difundir el conocimiento y la producción creativa”
Desde el espíritu social vinculado con el territorio, lo que se proponen los laboratorios es fomentar la participación activa de los ciudadanos, en función de llevar adelante iniciativas, basadas en prácticas innovadoras, dirigidas a la transformación de la realidad social. Los laboratorios se están configurando como espacios de contrapoder (muy limitados por cierto); su valor reside en que son instituciones de referencia que ayudan a dar cuenta del trabajo necesario para lograr un mundo más inclusivo y justo. La pregunta que queda flotando en el aire, es si van a poder desarrollarse con mayor despliegue y acciones que permitan dar una verdadera lucha sobre el meollo del problema, los centros del poder, o si van a seguir dando testimonios desde la periferia.
A lo largo de este capítulo se ha podido observar que para que las innovaciones sociales se concreticen, tienen que ser innovadoras tanto en sus objetivos como en sus medios. Smith (2017) plantea que se está desarrollando una forma que permite una mejor expresión, disputa y deliberación, que se sostiene en sí misma, a partir de que la innovación se está volviendo más democrática (Stirling, 2014). Los laboratorios de innovación ciudadana son los espacios centrales donde las personas menos poderosas, sosteniéndose en prácticas colaborativas, desarrollan la inteligencia colectiva y desafían a las prácticas tradicionales de innovación, tratando de mejorar de alguna manera su mundo, nuestro mundo. Se percibe a los laboratorios de innovación ciudadana como una clase nueva de institución, propia de este tiempo histórico, en la que ciudadanos conscientes y reflexivos trabajan juntos unidos por un diálogo permanente. Su esencia y a la vez valor social, es la orientación a poner en acción proyectos colectivos, que buscan habitar (como una manera de involucrarse) en los problemas que los afectan directa o indirectamente, llevando adelante una política basada en un hacer digital crítico.
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