Source: https://www.oikoumene.org/es/resources/documents/central-committee/2006/final-report-of-the-public-issues-committee-adopted?set_language=es
Timestamp: 2019-05-21 02:31:47+00:00

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Informe final del Comité sobre Cuestiones de Actualidad — Consejo Mundial de Iglesias
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A. Del Comité Ejecutivo:
Declaración sobre la situación penosa de los niños en los conflictos que tienen lugar en el norte de Uganda
Declaración sobre comercio justo
Declaración sobre la respuesta compasiva de las iglesias al VIH y al SIDA
Declaración sobre las ejecuciones extrajudiciales en Filipinas.
Declaración sobre la guerra en el Líbano y el norte de Israel, y la labor ecuménica por la paz en Oriente Medio.
Declaración sobre el conflicto en Sri Lanka.
Nota sobre el Sudán.
Nota sobre Kosovo.
Decisión respecto del derecho a la objeción de conciencia al servicio militar.
Decisión respecto de la petición recibida por el Secretario General de parte del Arzobispo Aristarchos Peristeris, miembro del Comité de Cuestiones de Actualidad, apelando al gobierno de Israel, para que ratifique la elección del Patriarca Ortodoxo Griego de Jerusalén, Su Beatitud Theophilos III.
Decisión respecto de la petición recibida de un miembro del Comité de Cuestiones de Actualidad de proporcionar información/novedades acerca de la Nota sobre las medidas económicas por la paz en Israel y Palestina (Comité Central de febrero de 2005).
Decisión respecto de la petición de un miembro del Comité de Cuestiones de Actualidad de considerar las consecuencias de la integración de la CIAI y otras comisiones en una sola comisión.
El primer punto a tratar en la agenda del Comité fue el debate de los informes del Moderador y del Secretario General, que se complementaban. El informe del Secretario General explicaba detalladamente los desafíos respecto a la situación de Oriente Medio y la cuestión de la migración con sus múltiples facetas.
Aunque el Comité valoraba la línea general del programa antes mencionado, opinaba que se debería conceder más importancia a la búsqueda de la unidad visible de la iglesia y al campo de las relaciones interreligiosas, donde también se debe prestar atención a quienes no profesan una fe religiosa.
El Comité de Cuestiones de Actualidad debatió todas las propuestas recibidas y las resolvió de la siguiente manera.
Sobre la petición de una Declaración sobre el derecho a la objeción de conciencia al servicio militar, el Comité de Cuestiones de Actualidad recomendó que el personal lleve a cabo un estudio sobre el asunto a la luz del informe analítico hecho público el 26 de febrero de 2006 por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, e informe al próximo Comité Central para una posible decisión.
Sobre la petición recibida por el Comité de Cuestiones de Actualidad de parte del Arzobispo Aristarchos Peristeris, este comité decidió que el Secretario General escriba una carta al gobierno de Israel expresando su preocupación ante la no ratificación de la elección del Patriarca Ortodoxo Griego de Jerusalén, Su Beatitud Theophilos III.
Sobre la petición de uno de sus miembros, el Comité de Cuestiones de Actualidad decidió que el personal organice una sesión especial el lunes, 4 de septiembre de 2006 a la hora del almuerzo. La sesión proporcionará información/novedades acerca de la Nota aprobada por el Comité Central en febrero de 2005 sobre las medidas económicas por la paz en Israel y Palestina.
El Comité de Cuestiones de Actualidad se preocupa por las consecuencias que tendrá la propuesta de integrar cuatro comisiones en una sola comisión CIAI. Desea poner énfasis en que se mantenga la historia, el legado, el papel y la pericia de la CIAI, pues no debe perderse como resultado de esta integración.
El Comité de Cuestiones de Actualidad propone que el Comité Central tome decisiones sobre los siguientes asuntos.
El Comité Central adoptó la siguiente Declaración sobre la situación penosa de los niños en los conflictos que tienen lugar en el norte de Uganda.
1. Esta cuestión suscitó una especial preocupación hacia el final de la Asamblea de Porto Alegre.
2. Los niños que se ven inmersos en situaciones deshumanizadoras constituyen un especial motivo de preocupación para los cristianos y las iglesias. Estos consideran que cometer cualquier abuso contra los niños niega frontalmente la enseñanza de la Biblia de que cualquier ser humano "está hecho a imagen y semejanza de Dios" y que, por eso mismo, posee un valor inestimable. Consideran que utilizar a los niños como soldados en las guerras contradice radicalmente el Evangelio mismo, y constituye un ataque directo contra Jesucristo, contra su figura y su mensaje.
3. El propio Evangelio nos recuerda que los niños son el símbolo esperanzador del amor incondicional y de la promesa de Dios a la humanidad. En un mundo donde reina la diversidad y la disparidad, los niños constituyen una fuerza que galvaniza y nos unifica a todos. Cualquier ataque contra los niños y la infancia merece ser denunciado como intolerable e inaceptable.
4. En 1979, Año Internacional del Niño, el Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, en un mensaje de Navidad, apela a la comunidad cristiana y a las iglesias para que "hagan posible que los niños vivan en la confianza de una comunión de relaciones abiertas y plenas, en la honradez, en el uso y desarrollo creativos de sus potencialidades para el bien de todos. Debe propiciarse que ellos, al igual que el Señor, crezcan y se hagan fuertes en la sabiduría y en la gracia, en la entrega en el amor". Como familia humana, tenemos la responsabilidad colectiva de garantizar que nuestros niños crezcan en un entorno amoroso y solidario, donde se atiendan sus necesidades y se respeten sus derechos.
5. Los cristianos estiman que la participación de los niños en las guerras ofende no solamente a los niños, sino también a Dios; y que utilizarlos como soldados equivale a negar la voluntad de Dios de que todos los seres humanos se desarrollen en plenitud y tengan esperanza en el futuro. Jesús preguntó con indignación: "Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?" (Lucas 11:11-12). ¿Qué diría Jesús a aquellos que dan a los niños, no una serpiente ni un escorpión, sino algo mucho peor, como son las armas y las instrucciones para utilizarlas?; ¿qué diría a quienes les condenan a la experiencia de convertirse en meras herramientas, en cuerpos para ser explotados por aquellos que son mayores y más poderosos que ellos; y que les dejan cicatrices físicas y emocionales que les durarán de por vida?
6. Lamentablemente, los niños deben soportar constantemente penalidades, aflicciones y sufrimientos inmensos en las guerras y en las situaciones de violencia que se producen desde Sierra Leona a Liberia, desde Sudán a la República Democrática del Congo. El terror ha destrozado sus sueños; los señores de la guerra y los gobiernos sin escrúpulos les han arrebatado los años de infancia que tenían para crecer en la inocencia y la ternura. Para Jesús, eran los pacificadores quienes serían llamados "hijos de Dios" (Mt. 5:9); ¡qué amargo es ver que los niños se han convertido en guerreros! Para los cristianos se trata de un ultraje no solamente a la dignidad humana, sino a Dios y a la fe que fundó Cristo, que vino al mundo como Príncipe de la Paz.
7. En la actualidad, hay millones de niños de todo el mundo, especialmente en África, que se ven inmersos en conflictos bélicos de los que no son testigos, sino objetivos. En estos conflictos, la mayor parte de los cuales son de orden interno, se cometen asesinatos de niños, lo que constituye un crimen contra la humanidad. Estos niños son víctimas de violencia sexual y de la trata de seres humanos, y se les somete a abusos, vejaciones y explotación; algunos deben soportar hambre y enfermedades. Hay miles de ellos que son reclutados a la fuerza como soldados para tomar parte en conflictos militares que son absurdos y brutales, además de injustificados e ilegítimos.
8. Cuando los niños se resisten a ser reclutados, se les suelen administrar drogas que inhiben su culpa y su temor, y que les incitan a cometer brutalidades. La propaganda, el ánimo de venganza y el temor a ser abandonados a su suerte también son motivos que influyen para que se queden "voluntariamente" en el ejército. Aquellos que sobreviven, suelen sufrir las heridas, las mutilaciones o las secuelas psicológicas cuyas consecuencias les obligan a perder varios años de escuela y socialización. Tras el conflicto, la reintegración y desmovilización de los antiguos niños soldados constituye un proceso complejo porque, en la mayoría de los casos, la población desconfía de ellos. Los niños que lograron escapar son a menudo tratados como marginados sociales y castigados por los crímenes que fueron obligados a cometer cuando los grupos rebeldes les secuestraron y utilizaron por la fuerza.
9. Una guerra así, de terror y violencia sin condiciones, es la que está librando desde 1986, en Uganda, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) contra el gobierno del Presidente Yoweri Museveni; un representante de Naciones Unidas en Porto Alegre atrajo la atención de los miembros de la Asamblea hacia la difícil situación de los niños que están atrapados en la guerra. Durante los últimos veinte años, el LRA ha secuestrado, torturado, violado, prácticamente esclavizado y, en algunos casos, asesinado a miles de niños; ha atacado brutalmente casas y escuelas en el norte de Uganda y, con el fin de derrocar al gobierno ugandés, ha llegado a utilizarlos como soldados a su servicio. Estos niños han sido obligados a tomar parte en combates, a transportar cargas pesadas, a servir de criados particulares de los soldados rebeldes y, en el caso de las niñas, a hacer de esposas de los comandantes rebeldes.
10. En fechas recientes, alrededor de dos millones de personas, el 80% de las cuales son niños y mujeres, han sido hacinadas, como si fueran ganado, en campos de concentración del gobierno de Uganda. Estas personas viven en condiciones desoladoras y carecen de las condiciones mínimas de higiene y servicios sanitarios. Otros muchas han sido objeto de maltratos físicos, o han sido retenidas o violadas por las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda y por el LRA.
11. La guerra no ha afectado solamente a Uganda, sino también a Sudán y a la República Democrática del Congo. Desde mediados de 1990, el LRA ha operado desde sus bases en el sur de Sudán, amparándose en la protección, así como en la ayuda militar y en los alimentos, que le brindaba el Gobierno de este país, supuestamente como represalia por el apoyo que el Gobierno de Uganda prestaba al Ejército/Movimiento de Liberación Popular de Sudán (SPLM/A, por sus siglas en inglés). En diciembre de 2003, el Presidente Museveni solicitó a la Corte Penal Internacional que investigará al LRA. A finales del año pasado, la Corte, tras llevar a cabo investigaciones preliminares, emitió órdenes de busca y captura para cinco dirigentes principales del LRA, entre otros para Joseph Kony. En 2005, el Gobierno de Sudán y el SPLM/A firmaron un acuerdo de paz. El antiguo grupo rebelde SPLM/A es ahora el partido político que gobierna en el sur de Sudán.
12. Las iglesias de Uganda han apoyado permanentemente una solución pacífica de la crisis en la región. En 1998, tuvo lugar una importante iniciativa con la fundación de la Iniciativa de Paz de los Líderes Religiosos de la región de Acholi. Esta organización interreligiosa, que fue respaldada por el Consejo Cristiano Unido de Uganda y agrupaba a los líderes católicos, anglicanos, ortodoxos y musulmanes, exhortaba al final inmediato de las hostilidades. Pese a que el Gobierno de Uganda no estaba dispuesto en aquel momento a entablar un diálogo con los rebeldes, aprobó una ley de Amnistía en 2000, gracias a la cual se entregaran muchos rebeldes y provocó la caída del poder militar del LRA. Otra iniciativa de paz, encabezada por Betty Bigombe, antigua ministra de Uganda, fracasó antes de poder llegar a celebrarse las conversaciones de paz entre el Gobierno y el LRA.
13. Durante muchos años, este conflicto en el norte de Uganda apenas atrajo la atención internacional, pero la situación cambió después de noviembre de 2003, cuando tras visitar la región el Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas, Jan Egeland, afirmó que se trataba "de una de las peores crisis humanitarias del mundo que menos atención había recibido". Tras el acuerdo de paz entre el Gobierno de Sudán y el Ejército de Liberación Popular, los líderes del sur de Sudán anunciaron públicamente que el Gobierno no permitiría nunca más que el LRA se refugiase en el territorio de Sudán.
14. En mayo de 2006, Salva Kiir, Presidente del sur de Sudán, tuvo la iniciativa de servir de mediador entre el Presidente Museveni de Uganda y Joseph Kony del LRA. El Presidente Museveni declaró públicamente que si la negociación de paz tenía éxito, concedería la amnistía a los líderes del LRA, y los protegería frente a cualquier causa que abriera contra ellos la Corte Penal Internacional (CPI). Sin embargo, la CPI recordó al Gobierno de Uganda sus obligaciones como parte en el sumario abierto por la Corte con sus órdenes de busca y captura para arrestar a Kony y a otros líderes.
15. Algunos líderes religiosos opinan que, en estas circunstancias, disminuyen las posibilidades de un alto el fuego permanente, ya que los dirigentes del LRA no estarán dispuestos a negociar bajo la presión de un proceso internacional. Piensan que es importante que antes que iniciar la vía penal, se restaure previamente en la comunidad un sentido de paz y viabilidad de una solución, ya que de lo contrario se entorpecerían los esfuerzos para reconciliar a las partes.
16. Con estos antecedentes, la reunión del Consejo Mundial de Iglesias que se celebra en Ginebra entre el 30 de agosto y el 6 de septiembre:
Afirma la especial preocupación de los cristianos por la difícil situación de los niños atrapados en conflictos armados;
Expresa su preocupación por la amenaza para la paz y la seguridad internacionales, por los obstáculos al suministro de ayuda de emergencia humanitaria como consecuencia del conflicto que tiene lugar en el norte de Uganda, y de las actividades del LRA en el sur de Sudán y en la República Democrática del Congo;
Condena las atrocidades que está cometiendo el LRA, e insta a respetar los términos de cualquier cese del fuego, renunciando a las hostilidades, entre otras, a los secuestros;
Alienta a que prosigan las conversaciones que se están celebrando entre el Gobierno de Uganda y el LRA, con el Gobierno de Sudán como mediador, a fin de alcanzar una paz duradera, así como de crear un mecanismo en la línea de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en favor de iniciativas de reconciliación tradicional que contribuyan a resolver el conflicto;
Insta al Gobierno de Uganda a que, de conformidad con las políticas nacionales, garantice la protección de todos los civiles; impida los secuestros de niños; reduzca el número de víctimas infantiles; garantice el acceso inmediato y adecuado a la atención y la consulta médicas para todos los niños que escapen de las filas del LRA; prepare la inmediata entrega de dichos niños a sus familias y ponga a su disposición otros medios de atención médica para paliar sus necesidades más perentorias; y ponga en marcha planes concretos para satisfacer las necesidades a largo plazo de los antiguos niños soldados;
Insta a las iglesias de Uganda y la región y a todas las iglesias miembros a que movilicen a sus fieles para que denuncien los crímenes que se cometen impunemente contra los niños y para que emprendan acciones de sensibilización y defensa de los niños junto con sus socios internacionales para impedir los abusos contra ellos;
Apela a las Naciones Unidas y a la Unión Africana para que reconozcan que el LRA supone una amenaza para la paz y la seguridad internacionales, y para que se adhieran a un plan que incluya el nombramiento de un comisionado de la Naciones Unidas, que goce del beneplácito de Uganda, con el fin de apoyar una estrategia de mediación que consolide la declaración de un alto el fuego unilateral en un proceso de paz sostenible que provea garantías de seguridad y un programa más ambicioso de desarme, desmovilización y reintegración a la sociedad (DDR);
Exhorta a los donantes, entre otras a las organizaciones no gubernamentales, a que colaboren con el gobierno de Uganda para satisfacer las necesidades básicas humanitarias de las personas desplazadas en el interior del norte de Uganda, y para evaluar el apoyo y la protección que necesitan las poblaciones de los campos de internamiento para poder regresar a sus casas. La estrategia de desarme, desmovilización y reintegración para los miembros del LRI debe ir asociada al aumento de la ayuda a los desplazados por la guerra.
El Comité Central adoptó la siguiente Declaración sobre comercio justo.
1. El CMI ha mostrado desde hace tiempo un interés continuo por la cuestión del comercio justo. Las iglesias han participado en la labor continua de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial (EAA, por sus siglas en inglés), que emprendió una campaña (en 2002) sobre "Comercio para personas". El marco de acción de EAA sobre el comercio subraya que: "El criterio bíblico para la actividad económica, incluido el comercio de bienes y servicios, es la justicia y la opción por los pobres: pago justo, relación transparente, no a la explotación, y respeto de la vida, prestando atención a "las viudas, los niños y los extranjeros". Y concluye: "El comercio, por consiguiente, debe ser un instrumento de comunidad y comunión sostenible, participativa y justa".
2. La ruptura en julio de 2006 de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales (que comenzó en 2001 en Doha) en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) fue un golpe a las relaciones multilaterales en el comercio mundial. Las instituciones multilaterales, como la OMC, se crearon con el fin de mantener e intensificar las relaciones multilaterales y llevar a cabo medidas comunes. Sin embargo, muchas de estas instituciones han sido debilitadas recientemente y se las ha incapacitado para proteger los objetivos comunes pues son los intereses de las naciones individuales los que dominan estas relaciones. A la OMC, como institución multilateral del comercio, le corresponde ser un foro en el que los estados soberanos, grandes y pequeños, pueden reunirse de manera democrática para tratar problemas relacionados con el comercio y no dejar escapar oportunidades para garantizar que el comercio se realiza con vistas a aumentar el nivel de vida. Desde sus comienzos, lamentablemente, la OMC padece sufre el abuso de poder de los países más influyentes. El colapso de las negociaciones sobre el comercio tras cinco años de intenso diálogo es el desafío más reciente al multilateralismo.
3. La ruptura de las negociaciones significa que cada vez habrá más acuerdos comerciales bilaterales en el futuro. Los que se verán más afectados por el bilateralismo son los países en desarrollo más débiles, que no estarán en condiciones de ejercer ningún tipo de influencia y pueden, por tanto, ser explotados. Un ejemplo de ello son las negociaciones comerciales entre la Unión Europea y el grupo ACP (países de África, el Caribe y el Pacífico) que deberían conducir a acuerdos de asociación económica (AAE) -convenios de libre comercio- entre la Unión Europea y seis regiones ACP en 2008. Cuando comenzaron las negociaciones en 2001, se esperaba que las nuevas reglas del comercio internacional beneficiarían al pueblo de los países en desarrollo, se esperaba que las naciones más pequeñas pudieran participar en la prosperidad que disfrutaban hasta el momento unas pocas naciones desarrolladas. Después de generaciones dedicándose casi exclusivamente a suministrar materias primas y recursos al mundo industrializado, se esperaba que las naciones en desarrollo pudieran salir de la pobreza participando en el comercio entre naciones en un plan de igualdad. Estas esperanzas, sin embargo, pronto se desvanecieron cuando los países industrializados empezaron a imponer sus términos y condiciones a través de los mecanismos de la OMC. La participación de los países menos desarrollados en las exportaciones mundiales disminuyó constantemente desde el 0,7% en 1985 hasta el 0,4% en 2005 (OMC). Esto ocurre porque las condiciones comerciales impuestas a los pobres han debilitado las ventajas que podían haber disfrutado con la apertura del comercio. Las compañías transnacionales presionan a los gobiernos, no sólo en el mundo en desarrollo, para obtener concesiones en los impuestos y la reglamentación laboral y para demorar la imposición de los criterios medioambientales. Los subsidios de los gobiernos a algunos sectores en el mundo desarrollado también amenazan las relaciones comerciales.
4. Tomando la agricultura como ejemplo: mientras la mayor parte del PIB de los países pobres depende de la agricultura ocurre lo contrario en los países industriales, aunque las negociaciones sobre agricultura en la OMC están dominadas por las ofertas mínimas que hacen los países ricos asociadas a sus exigencias agresivas sobre el acceso a los mercados de productos no agrícolas (NAMA) y los servicios. Los países desarrollados también quieren beneficiarse de la agricultura, a pesar de que cuentan con una amplia participación en el comercio no agrícola. Los pobres agricultores de economías mayormente agrarias sufren el dumping y otros efectos de las reglas de comercio injustas. Los países pobres desean un convenio comercial que ayude a erradicar la pobreza. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, 800 millones de personas padecieron la escasez de alimentos, mientras otros 42 millones sufrieron desnutrición grave. Mientras las exportaciones agrícolas mundiales se valoran anualmente en 500 billones de dólares estadounidenses, al menos 15 millones de niños mueren cada año antes de cumplir cinco años a causa del hambre o de enfermedades relacionadas. Hay suficiente comida para satisfacer las necesidades de todos, pero no llega a los pobres ni hambrientos pues no pueden costearla debido a modelos y prácticas de comercio injustas. El actual sistema comercial mundial, con sus desequilibrios, no ha podido cumplir la promesa de crecimiento económico y erradicación de la pobreza. De hecho, ha debilitado la seguridad alimentaria de los pobres, ha dejado sin empleo a millones de campesinos y trabajadores y ha ralentizado el desarrollo industrial de muchos países pobres.
5. El Comité Central del CMI, reunido en Potsdam, Alemania, en 2001, se preocupó por estos cambios y el empeoramiento de las relaciones económicas y la creciente disparidad entre las naciones desarrolladas y en desarrollo. El Comité Central de Potsdam pidió, por ello, la elaboración del concepto de comercio justo como uno de los pilares centrales de la labor del Consejo sobre la justicia económica. En consecuencia, las iglesias de todo el mundo han hecho evaluaciones críticas de los acuerdos comerciales, y han trabajado en el desarrollo de propuestas alternativas para el comercio justo en consulta con grupos de la sociedad civil y movimientos sociales.
6. Durante los últimos cinco años de negociaciones en el seno de la OMC, los países desarrollados se han opuesto firmemente a las propuestas presentadas por los países en desarrollo. Ellos han preferido proporcionar a los países pobres "ayuda para el comercio" o asistencia técnica relacionada con el comercio con el fin de mitigar los costes de ajuste a corto plazo por la apertura de sus mercados y de facilitar el comercio tratando la falta de infraestructura y otras "limitaciones de suministro". Esta ayuda, sin embargo, estaba injustamente condicionada a la aceptación de la agenda de liberalización de la Ronda de Doha. Esta propuesta queda muy lejos de lo que las iglesias y los asociados ecuménicos han defendido en su campaña: "El comercio al servicio de las personas y no las personas al servicio del comercio".
7. Las posturas adoptadas por Estados Unidos y la Unión Europea, conforme a sus respectivos intereses, fueron, principalmente, el desencadenante final del fracaso de esta ronda de negociaciones de la OMC. Se culpaban mutuamente por no tomar las medidas necesarias para suprimir el apoyo a sus propios campesinos, que muchos países en desarrollo consideran una de las principales causas de confrontación en el sistema actual.
8. El fracaso del diálogo es un freno a los países pobres que ahora tendrán que valerse por sí mismos en las negociaciones bilaterales. Aunque las negociaciones parecen haber fracasado y el multilateralismo se ve frenado, las iglesias reconocen que el comercio mundial es demasiado importante para ponerlo a un lado. Antes de que nos demos cuenta se retomarán las conversaciones y las iglesias deben continuar preparándose y capacitándose unas a otras para plantear a sus gobiernos el asunto de la justicia en el comercio mundial, que repercute en la vida de las personas.
9. El comercio justo exige la transformación de las reglas comerciales negociadas en la OMC, al igual que en otros acuerdos regionales y bilaterales. Todas las reglas y acuerdos comerciales deben basarse en el compromiso de:
Proteger y anteponer los intereses de los estados más pequeños, débiles y vulnerables;
Fomentar el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, tal y como los define el propio pueblo;
Dar primacía al derecho de las personas a la alimentación y el agua, y a las necesidades indispensables de la vida, y proteger a los pequeños productores para que puedan sobrevivir y prosperar;
Acatar las normas y principios internacionales que garantizan los derechos humanos fundamentales;
Afianzar el respeto por la creación con principios ecológicos que salvaguarden los intereses de las generaciones futuras y la supervivencia de la tierra;
Asegurar una distribución justa y equitativa de los recursos para todos.
10. Por consiguiente, el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006:
Afirma la base teológica del compromiso de apoyar y promover el comercio justo: la opción profunda de nuestra fe por los "menores", los pobres y los excluidos, y pide que se continúen las reflexiones teológicas y bíblicas sobre el comercio justo;
Insta a las iglesias a que alienten a sus gobiernos para que continúen trabajando por un nuevo mecanismo de comercio multilateral, con nuevas reglas comerciales multilaterales que sean justas y democráticas;
Exige la reforma de la OMC en base a los criterios establecidos en el punto 9, que incluirían procesos de apelación transparentes y normas de responsabilidad para las partes obligadas a cumplir las resoluciones de la OMC en cuanto al comercio;
Alienta a los países a tomar parte en procesos de negociación comercial participativos, que conducirán a un comercio justo que reduce la pobreza, promueve los derechos humanos y protege el medio ambiente;
Alienta y apoya las campañas coordinadas de comercio justo que se llevan a cabo a través de las iniciativas de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial, las iglesias y organizaciones conexas;
Insta al diálogo y a la creación de alianzas para el comercio justo entre actores ecuménicos, religiosos, económicos y políticos, y entre las iglesias del Norte y del Sur;
Expresa la necesidad de vincular estratégicamente los movimientos campesinos, los movimientos obreros y los movimientos de las mujeres y los pueblos indígenas a fin de preparar y diseñar propuestas alternativas para el comercio justo a través del Foro Social Mundial y otras vías;
Promueve la sensibilización de las congregaciones sobre el impacto de los acuerdos y las políticas comerciales especialmente en la vida de la gente del Sur, a través de la educación y la formación ecuménica y mediante el estudio y la acción.
El Comité Central adoptó la siguiente Declaración sobre la respuesta compasiva de las iglesias al VIH y al SIDA.
1. La pandemia del SIDA plantea uno de los desafíos más importantes de nuestros tiempos. El SIDA causa 8000 muertes cada día, ha dejado huérfanos a 13 millones de niños y niñas y pone al descubierto la peligrosa situación de los sistemas de atención de salud de muchos países. El SIDA amenaza la existencia misma de las comunidades, malogra su capacidad de subsistir y ser productivas y desbarata las relaciones a causa del estigma y la discriminación que lleva consigo. La situación plantea un grave desafío para el liderazgo de las iglesias y su capacidad de responder a la crisis actual. Desde la primera aparición de la pandemia hace 25 años, se calcula que han resultado infectadas con el VIH 65 millones de personas, 25 millones de las cuales han fallecido. Sólo en 2005, se calcula que quedaron infectadas con el VIH 4,1 millones de personas y que fallecieron 2,8 millones como consecuencia de enfermedades relacionadas con el SIDA. Actualmente, son las mujeres y los jóvenes las personas más amenazadas y en las que se propaga más rápidamente la infección.
2. Cinco años después de la celebración en 2001 del período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, los datos disponibles demuestran la gran diversidad entre los países y regiones en la aplicación de la respuesta prevista en la Declaración de Compromiso en la Lucha contra el VIH/SIDA. Aunque algunos países han conseguido alcanzar los objetivos e hitos fundamentales para 2005 establecidos en la Declaración, la mayoría no ha logrado cumplir sus promesas. Es necesario seguir realizando grandes trabajos para cumplir las promesas realizadas, de las que dependen millones de vidas.
La Respuesta Ecuménica, 1986-1997
3. El movimiento ecuménico ha sido rotundo en su compromiso para responder al VIH y al SIDA y ha promovido un enfoque holístico para afrontar la pandemia. Ya desde 1986, el Comité Ejecutivo del Consejo Mundial de las Iglesias (CMI) advirtió que: " las iglesias, en cuanto instituciones, han tardado en hablar y actuar, muchos cristianos han juzgado y condenado rápidamente a las muchas personas que han sido presas de la enfermedad; y muchas iglesias, con su silencio, comparten la responsabilidad del miedo que ha invadido nuestro mundo más rápidamente que el mismo virus", y pidió a las iglesias que dieran una respuesta apropiada a la necesidad de atención pastoral, educación para la prevención y ministerio social.
4. Continuando en esta misma línea, el Comité Central del CMI en su reunión de septiembre de 1996, instó a las iglesias: "a que promuevan, tanto en sus propias vidas como en el ámbito más amplio de la sociedad, un clima de estudio sensato, objetivo y abierto de las cuestiones éticas planteadas por la pandemia.  en consonancia con el hincapié que hacen en la responsabilidad personal y común, las iglesias pueden promover condiciones personales, culturales y socioeconómicas que ayuden a las personas a hacer elecciones responsables". Hablando sobre las condiciones de vida de los portadores del virus, el comité dijo: "Las personas que conviven con el VIH/SIDA tropiezan generalmente con temor, rechazo y discriminación,.Dado que tales reacciones contradicen los valores del evangelio, las iglesias están llamadas a formular y promover una política clara de no discriminación contra las personas que conviven con el VIH/SIDA."
5. Desde entonces, las iglesias han continuado luchando contra el VIH y el SIDA en todas las regiones del mundo y se ha registrado una evolución muy positiva. En el año 2000 se produjo el lanzamiento de la "Alianza Ecuménica de Acción Mundial" (en la que el CMI participa activamente), que promueve una campaña activa en la que se incluyen la lucha contra el estigma y la discriminación, el fomento de la prevención, la movilización de recursos, la defensa del acceso universal al tratamiento y la exigencia de responsabilidad a los gobiernos y las iglesias. La Alianza equipa a las iglesias y asegura que dispongan de la capacidad que tanto necesitan para desempeñar esta función de promoción y defensa.
6. La "Iniciativa Ecuménica sobre el VIH/SIDA en África" emprendida en 2002 tiene por objeto acompañar a las iglesias para lleguen a ser "competentes en materia del VIH". Aporta una contribución crítica para conseguir una comprensión teológica inspirada y rigurosa del SIDA, que incluya la formación apropiada de clérigos y laicos, así como el fortalecimiento de la capacidad de las iglesias para empeñarse en una acción local encaminada a afrontar los desafíos que implican el VIH y el SIDA. Las iglesias del Pacífico, Asia, América Latina, el Caribe y Europa Oriental han conseguido ya notables progresos en el establecimiento de iniciativas y en la prestación de apoyo práctico sobre el terreno durante este período.
7. El esfuerzo dirigido por el CMI, en colaboración con la Red Africana de Dirigentes Religiosos que conviven con el VIH/SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+), la Red Mundial de Personas que conviven con el VIH y el SIDA (GNP+) y la Comunidad Internacional de Mujeres que conviven con el VIH/SIDA (ICW), promueve una participación más intensa y significativa de las personas que conviven con el VIH y el SIDA en la vida de la iglesia. La campaña ha estimulado y orientado a las iglesias para que sean más incluyentes con respecto a las personas que conviven con el VIH y el SIDA.
8. Hay innumerables ejemplos de respuestas de las iglesias a la pandemia, en lo que respecta a la prevención, la atención, el tratamiento, la lucha contra el estigma y la reflexión teológica. Algunos dirigentes de iglesias hablan públicamente de iniciativas que han llevado a cabo con éxito, al tiempo que señalan y tratan de subsanar las insuficiencias de sus respuestas.
9. Por primera vez en la historia, el mundo posee los medios para invertir la tendencia de la epidemia mundial. Sin embargo, para que la empresa tenga éxito se necesita una voluntad decidida de parte de todos los sectores empeñados en la respuesta mundial, a fin de aprovechar todo el potencial y adoptar nuevas formas de trabajar en colaboración unos con otros y de comprometerse en mantener la respuesta durante un largo período.
10. Después de casi tres decenios de padecer la pandemia del SIDA y pese a los progresos logrados en aumentar la sensibilización y el compromiso mundiales para superar el VIH, la pandemia sigue desbordando estos esfuerzos y continúa representando una grave amenaza para la humanidad.
11. Las iglesias tienen una función única y decisiva que desempeñar para detener esta avalancha y superar la pandemia. Los sistemas de salud y apoyo establecidos y administrados por las iglesias y las organizaciones cristianas ofrecen algunos de los medios de atención de base más importantes a las personas que conviven con el VIH o el SIDA o están afectadas por sus consecuencias. Pero, lo que es aún más importante, los esfuerzos para superar el estigma y la discriminación, que se fomentan con algunas actitudes de nuestras comunidades religiosas, son esenciales para compartir una información exacta sobre la prevención y el tratamiento.
12. La situación exige que las iglesias, en colaboración con otras organizaciones, y los Cristianos manifiesten un amor desbordante en todas sus respuestas al VIH y al SIDA. Estas respuestas deben estar matizadas por la compasión y cualificadas por la competencia. El objetivo final es satisfacer las necesidades de las personas más vulnerables de la comunidad. La calidad y cantidad de la respuesta de la comunidad cristiana deberá reflejar los niveles de compromiso que se exigen de los cristianos como seguidores de Jesucristo.
13. Las iglesias tienen que proporcionar un liderazgo para prevenir y superar el VIH y el SIDA y reconocer a las personas que conviven con el virus como miembros valiosos de la comunidad. Se han aplicado políticas sólidas con medidas tangibles, que hacen fácilmente accesible el tratamiento, la atención y el apoyo a todos los afectados. Hay que prestar atención a las relaciones y a la vida en el seno de la familia, especialmente a la responsabilidad de todos de protegerse a sí mismos mediante la práctica de la abstinencia fuera del matrimonio, la fidelidad dentro de éste y un modo de vida saludable que incluya superar el consumo de drogas.
14. Se deben apoyar los esfuerzos educativos que promueven la responsabilidad sexual y ayudan a proteger a las personas de relaciones sexuales que no sean de mutuo acuerdo y de la violencia sexual. Además, las mujeres y las muchachas deben tener garantizado el acceso a la atención de salud reproductiva. Las iglesias deben promover la vida proporcionando una información completa y basada en pruebas sobre la forma de prevenir la transmisión del virus, garantizando el acceso a servicios de análisis y asesoramiento voluntarios y confidenciales, y el acceso universal a los cuidados y el tratamiento.
Hacer oír la Voz' de los dirigentes
15. Conscientes del valor de la sensibilización, los dirigentes de las iglesias deben utilizarla para influir en la sociedad con el fin de introducir cambios de política. Los dirigentes deben interpelarse a sí mismos, a las propias instituciones y a la sociedad para afrontar el problema directamente, rompiendo el silencio que alimenta todo tipo de temores, juicios, estigmas y discriminaciones. Los dirigentes deben apoyar las iniciativas que guíen a las personas a realizar opciones responsables para protegerse de la infección con el VIH, reducir la vulnerabilidad a la infección y fomentar comunidades de apoyo donde la gente pueda recibir una información y tratamiento apropiados.
16. Los dirigentes religiosos deben comenzar por examinar sus propios comportamientos, actitudes y acciones que han podido ser cómplices en la marginación y estigmatización de las personas que conviven con el VIH y el SIDA, en lugar de acoger plenamente a esas personas y a todas las que sufren las consecuencias. La Biblia y el ejemplo de Jesús nos lleva siempre a colocarnos junto a aquellas personas a quienes preferiríamos evitar. Jesús dijo, "En ellos está presente Dios". Estamos obligados a estar junto a los que sufren, a tener compasión de ellos y no marginarlos, a habilitarlos y no estigmatizarlos.
Dar un rostro' al desafío
17. Las iglesias han promovido y deberán seguir promoviendo una intervención y participación más intensa y significativa de las personas que conviven con el VIH y el SIDA, adoptando a la vez políticas inclusivas en los lugares de trabajo y métodos adecuados de trabajo con redes de personas positivas. Teniendo en cuenta que esta pandemia se propaga a causa de la pobreza y las cuestiones de género, es imperativo incluir a las mujeres y las muchachas en la planificación y aplicación de políticas y programas que las afectan directamente. Hay que esforzarse por garantizar que las personas positivas formen parte de un equipo de personas especializadas cuya tarea consista en capacitar a las iglesias para afrontar los problemas de forma más holística e incluyente. Dadas las tasas crecientes de infección entre la juventud, es preciso hacer participar también a los jóvenes en la adaptación de mensajes y programas para las actividades de prevención y apoyo.
18. En un sentido muy real, todos estamos conviviendo con el VIH y el SIDA. Nos separamos de Dios y del amor de Dios si hablamos de "ellos" y "nosotros" cuando nos referimos a las personas que conviven con el VIH y el SIDA o a las que son más vulnerables a la infección.
Aportar manos' para resolver el problema
19. Las iglesias deben ser manos capaces y voluntariosas de Dios, que reflejen una iglesia compasiva, comprometida y competente. Las iglesias deben comprometerse también a incorporar en su estructura las respuestas al VIH y al SIDA, para asegurar que la sociedad llegue a ser menos vulnerable a la enfermedad y también se beneficie de los avances logrados en la lucha contra el VIH, en materia de prevención, tratamiento, atención y apoyo. Se debe promover el acceso al tratamiento antirretroviral para todos quienes lo necesiten. Los beneficios de la ciencia y la medicina deben ser accesibles y asequibles a todas las comunidades, especialmente a las marginadas y aisladas.
20. Como parte importante del proceso de aprendizaje, las iglesias deben estimular debates abiertos e incluyentes sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad, la violencia de género y la utilización de drogas intravenosas, a fin de que las personas y las comunidades tengan la capacidad para ser menos vulnerable al VIH. La necesidad de fomentar la comprensión del problema, en un contexto tanto biológico como ético, es importante y urgente, a fin de que la respuesta se base en una reflexión clara centrada en la prestación de servicios y apoyo a las personas infectadas por el VIH y el SIDA, así como para evitar que siga propagándose el virus.
21. En Romanos 8:35 se dice: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?".
¿Podrá interponerse el VIH entre Cristo y nosotros? Si alguien trata de interponerse entre las personas positivas y Dios, ¿ese alguien proviene de Dios?; ¿la congregación hace que las personas que conviven con el VIH se sientan acogidas, amadas y parte del mismo cuerpo? Si la congregación perpetúa la exclusión, el rechazo, la estigmatización o la persecución, ¿no está interponiendo una barrera entre Dios y los hijos de Dios?
22. La mayor parte de los 40 millones de personas que conviven con el VIH no tienen acceso a un tratamiento. Las comunidades de fe tienen la responsabilidad de luchar por que los tratamientos antirretrovirales, así como el tratamiento de otras infecciones oportunistas, sean accesibles y asequibles a todos.
23. Hay en el mundo miles de millones de personas que, aunque no están infectadas con el VIH, siguen estando mal informadas y, por lo tanto, no están equipadas para evitar esta enfermedad evidentemente evitable. Resulta por lo tanto imperativo comprometerse y trabajar por superar los virus de la ignorancia, disidencia y el miedo. El no hacerlo equivale a colocar barreras entre Dios y los hijos de Dios.
24. Si no se intensifica urgentemente la respuesta al SIDA, no se alcanzarán ni el objetivo de 2010 de la Declaración de Compromiso ni el sexto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Y si no se avanza mucho en la lucha contra el SIDA, resultarán también baldíos los esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio relativos a la reducción de la pobreza, el hambre y la mortalidad infantil. Los países de todas las regiones del mundo, cuyo desarrollo se ha reducido a causa del SIDA, continuarán debilitándose y enfrentándose con una amenaza potencial para su estabilidad social y seguridad nacional. Sin embargo, la trágica realidad es que millones de personas mueren cada año.
25. El Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre:
Reconoce que, aunque se ha progresado mucho en los 25 años transcurridos desde la primera aparición del SIDA en términos de toma de conciencia mundial y promesas para superar el VIH, la pandemia continúa desbordando estos esfuerzos y sigue representando una grave amenaza para la humanidad;
Reconoce también que, si no se logran grandes progresos en la lucha contra el SIDA, los esfuerzos mundiales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de reducción de la pobreza, el hambre y la mortalidad infantil continuarán siendo insuficientes, lo que constituye una amenaza potencial para la estabilidad social y la sostenibilidad nacional;
Reconoce además que, aunque las iglesias han estado en la vanguardia de la atención y el apoyo a las personas afectadas por la pandemia, muchos de nosotros hemos sido también cómplices de la estigmatización y marginación de las personas que conviven con el VIH y el SIDA a través de nuestro silencio, nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestras acciones;
Aprecia el liderazgo de la Red Africana de Dirigentes Religiosos que conviven con el VIH/SIDA o están personalmente afectados (ANERELA+), la Red Mundial de Personas que conviven con el VIH/SIDA (GNP+) y la Comunidad Internacional de Mujeres que conviven con el VIH/SIDA (ICW) en la promoción de una mayor participación de las personas que viven con el VIH y el SIDA en la vida de la iglesia; y la convocación por el ONUSIDA de la XVI Conferencia Internacional sobre el AIDS, el 18 de agosto en Toronto, Canadá, la cual exigió una respuesta constante a largo plazo para afrontar el SIDA durante los próximos 25 años y más adelante;
Estimula a las iglesias a que sigan desempeñando una función decisiva en la superación de la pandemia por medio de respuestas matizadas por la compasión y cualificadas por la competencia, entre ellas, aportar información completa y basada en pruebas sobre la prevención de la transmisión del VIH y atender a la relación entre la injusticia por razón de género, la pobreza y el VIH y el SIDA;
Estimula también a los dirigentes de las iglesias a que desempeñen su función de defensores de políticas justas y hagan a los gobiernos responsables de sus promesas;
Pide a los gobiernos del G8 que cumplan sus promesas de financiación y acción para conseguir el acceso universal al tratamiento, cuidado y apoyo para 2010; y al sector privado, especialmente a las empresas farmacéuticas, que inviertan en las investigaciones y desarrollo necesarios para responder al VIH (por ejemplo, dosificaciones y diagnósticos pediátricos) y para asegurar que sus medicamentos destinados al tratamiento del VIH estén a disposición a bajo precio en los países de ingresos bajos y medios;
Renueva su llamamiento a las iglesias y a los cristianos para que fomenten una intervención y participación más intensas y significativas de las personas que conviven con el VIH y el SIDA y promuevan y adopten políticas incluyentes en los lugares de trabajo y métodos innovadores y sostenibles de trabajo con redes de personas positivas; y promuevan y compartan una reflexión teológica y ética más profunda sobre el VIH y el SIDA, y promuevan la aceptación por parte de las iglesias de personas que conviven con el VIH y el SIDA;
Insta a las iglesias y a las organizaciones relacionadas a promover y compartir una reflexión teológica y ética más profunda sobre el VIH y el SIDA;
Exhorta a las iglesias a que se comprometan a incorporar en su estructura la respuesta al VIH y al SIDA, asegurando que las personas lleguen a ser menos vulnerables y se beneficien de los nuevos avances en materia de prevención y tratamiento, y defiendan el acceso universal al tratamiento antirretroviral; y a que promuevan debates abiertos e incluyentes sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad, la violencia de género y la utilización de drogas intravenosas, para que las personas y las comunidades tengan capacidad para ser menos vulnerables al VIH;
Anima a las iglesias y a los diirigentes eclesiásticos a incluir mujeres y jóvenes en el desarrollo e implementación de programas y políticas sobre el VIH y el SIDA;
Reitera la necesidad de fortalecer la capacidad de las organizaciones y redes de las iglesias y la sociedad civil promoviendo la utilización de recursos humanos y materiales suficientes para el seguimiento de la ejecución y eficacia de los esfuerzos nacionales y locales encaminados a invertir la tendencia de esta pandemia mundial, sobre todo, el aumento del apoyo a iniciativas ecuménicas eficaces ya existentes como la Iniciativa Ecuménica VIH/SIDA en África (EHAIA);
Considera la convocación de una cumbre de dirigentes eclesiásticos, no más tarde de 2008, acompañada de una cumbre de la juventud, para examinar nuestra respuesta colectiva a la pandemia, aprender de las prácticas mejores y elaborar el programa para la respuesta ecuménica a esta crisis;
Apela a la reflexión ecuménica en curso sobre los aspectos de la respuesta de las iglesias al VIH y el SIDA en los que hay continuo desacuerdo. Esto incluiría la naturaleza de la respuesta de la iglesia a quienes, en contra de su testimonio, participan en actividades sexuales de alto riesgo o consumen drogas, especialmente los medios apropiados para la prevención.
El Comité Central adoptó la siguiente Declaración sobre las ejecuciones extrajudiciales en Filipinas:
Declaración sobre las ejecuciones extrajudiciales en Filipinas
1. Filipinas ha continuado sufriendo la agitación política desde que a mediados de los años ochenta el poder del pueblo derrocara la dictadura militar del presidente Ferdinand Marcos. El actual gobierno encabezado por la presidenta Gloria Macapagal Arroyo llegó al poder en 2001 con la promesa de llevar a cabo reformas en los sistemas político y económico del país. Sigue cuestionándose la legitimidad de la elección del gobierno y, con el pretexto de la "guerra contra el terror" y un nuevo énfasis en la seguridad nacional interna, Filipinas se militarizado cada vez más, hasta un nivel alarmante. Hoy día, muchos piden que la presidenta renuncie a su cargo, entre ellos, las iglesias.
2. Desagraciadamente, no se ha prestado atención a las promesas de reforma, y por supuesto, tampoco se han llevado a cabo tales reformas. Filipinas sigue siendo un país con una marcada división entre ricos y pobres. El poder político todavía lo ejerce una élite dirigente a la que apoyan los militares. La llamada "guerra contra el terror" ha servido para aumentar el dominio que ejercen el gobierno y los militares sobre el pueblo, pues los gobiernos extranjeros proporcionan financiación para el desarrollo y el ejército a cambio del apoyo del gobierno a la "guerra contra el terror". El gobierno utiliza la antigua insurgencia comunista como una excusa para actuar en contra de personas y grupos que intentan defender a los pobres y estar a su lado.
3. Desde 2001, más de 740 personas que han trabajado con y por los pobres en Filipinas han sido asesinadas mediante ejecuciones extrajudiciales. Entre ellos había periodistas, abogados, líderes de organizaciones populares, activistas de los derechos humanos y trabajadores de las iglesias. Los asesinatos han aumentado desde 2004. Veintiún trabajadores de la iglesia, entre los que se encontraban nueve pastores y sacerdotes, han sido asesinados desde 2001. La mayoría de los ataques los han cometido hombres no identificados que disparaban desde vehículos o motocicletas camuflados. Grupos paramilitares armados por el ejército, e incluso miembros del ejército y la policía, se han visto implicados en estos asesinatos. Aunque algunos sospechosos fueron detenidos por poco tiempo, aún no se han presentado cargos en relación con estos crímenes. Todavía no ha podido esclarecerse ningún caso. El gobierno ha permitido que se produzcan estos asesinatos impunemente, y no cumple su obligación legal de proteger el derecho a la vida y de mantener el imperio de la ley.
4. En 2005, el Consejo Nacional de Iglesias en Filipinas invitó al Consejo Mundial de Iglesias y a la Conferencia Cristiana de Asia a enviar una delegación de dirigentes eclesiásticos para que investigasen la situación. Trece dirigentes eclesiásticos procedentes de diez países visitaron las regiones de Visayas orientales, Luzón y Mindanao, donde se reunieron con las familias de los asesinados, grupos que trabajan por los derechos humanos, dirigentes eclesiásticos y representantes del gobierno. Entre las principales recomendaciones de la delegación se encontraban:
una investigación inmediata e imparcial de cada una de las recientes ejecuciones extrajudiciales;
modificación de la estrategia militar del gobierno para resolver la insurgencia a fin de garantizar la seguridad de los no combatientes y evitar la destrucción indiscriminada de propiedades;
reanudación de las conversaciones de paz entre el gobierno de la República de Filipinas y el Frente Democrático Nacional, estancadas en la actualidad;
reafirmación del control civil del ejército al que debe imputarse la responsabilidad de sus acciones y que debe estar en conformidad con el derecho humanitario internacional;
promoción de la reforma agraria y de los derechos a la tierra que preserve la integridad de la creación y honre la propiedad ancestral de los pueblos indígenas;
reforma del sistema judicial que garantice su independencia e integridad;
cese en la práctica del gobierno y de los militares de catalogar a los que trabajan por la justicia y por los pobres de personas subversivas o comunistas.
5. En los últimos doce meses, la situación ha empeorado considerablemente. Las ejecuciones extrajudiciales se han producido a un ritmo de una cada dos días. El gobierno ha aumentado su acción militar contra los insurgentes, que se traduce en un incremento del número de muertes "civiles". La militarización de Filipinas, y el miedo del pueblo, se acentúan.
6. Aunque el gobierno filipino ha anunciado recientemente la creación de una comisión de investigación de las ejecuciones extrajudiciales, las iglesias de Filipinas no acaban de convencerse de la seriedad de la investigación. Las iglesias piden una investigación independiente, más que una integrada por personas designadas por el gobierno. Proponen que la investigación esté en manos de un grupo de personas valoradas de todas las profesiones y condiciones sociales, tales como dirigentes eclesiásticos, académicos, abogados, legisladores y líderes de campesinos y trabajadores.
7. El Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006:
Condena las ejecuciones extrajudiciales cometidas en Filipinas;
Expresa sus condolencias a las familias de las víctimas de las ejecuciones, en especial, a las familias de trabajadores de la iglesia, pastores y sacerdotes asesinados desde 2001;
Apoya a las iglesias filipinas y al Consejo Nacional de Iglesias en Filipinas por su valerosa labor con y por los pobres, en medio de una violenta oposición;
Expresa su agradecimiento a las iglesias y consejos de iglesias de otros lugares del mundo que colaboran en solidaridad con las iglesias de Filipinas, especialmente en el Japón, el Canadá, los Estados Unidos y Australia;
Garantiza a las iglesias filipinas y al Consejo Nacional de Iglesias en Filipinas el apoyo y solidaridad permanentes del Consejo Mundial de Iglesias a medida que continúan dando un testimonio valiente del evangelio de Jesucristo ante la violenta oposición;
Desafía el concepto de la guerra mundial contra el terror como un pretexto para la violación de los derechos humanos en Filipinas;
Apela al gobierno de Filipinas a:
disolver los "escuadrones de la muerte", las milicias privadas y las fuerzas paramilitares que operan fuera de la cadena de mando oficial del gobierno;
responsabilizar a cualquier militar que esté involucrado en las ejecuciones extrajudiciales;
ordenar al ejército que deje de clasificar a las iglesias y a los trabajadores de las iglesias como "enemigos del Estado";
cambiar radicalmente la política de seguridad nacional de no hacer ninguna distinción entre combatientes y no combatientes dentro de la actual campaña contra la insurgencia;
establecer una comisión de investigación de las ejecuciones extrajudiciales totalmente independiente;
invitar al Relator Especial de las Naciones Unidas sobre las ejecuciones extrajudiciales a visitar Filipinas.
Pedir al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos que haga suya la causa de las ejecuciones extrajudiciales en Filipinas.
El Comité Central adoptó la siguiente Declaración sobre la guerra en el Líbano y el norte de Israel, y la labor ecuménica por la paz en Oriente Medio.
Declaración sobre la guerra en el Líbano y el norte de Israel, y la labor ecuménica por la paz en Oriente Medio
El Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006:
1. Declarando sentirse conmocionado y profundamente apenado por el sufrimiento y la pérdida de vidas que ha causado la reciente guerra al pueblo del Líbano y a las regiones limítrofes de Israel;
2. Deplorando el hecho de que en este conflicto, que no hubiera sido difícil evitar, se ha utilizado la fuerza militar de modo ilegítimo y desmesurado, y se ha prolongado debido al fracaso de los más altos dirigentes de la comunidad internacional para poner freno al conflicto;
3. Recordando las advertencias de la iglesia desde el principio del conflicto sobre la imperiosa necesidad de un inmediato alto el fuego, sobre la obligación de las partes de respetar el derecho internacional, incluida la responsabilidad de proteger a los civiles; sobre la obligación de proporcionar un juicio justo a los detenidos o de ponerlos en libertad; y sobre el levantamiento del bloqueo del Líbano por parte de Israel (Secretario General del CMI, 13 de julio de 2006); y observando que ninguno de estos objetivos se ha cumplido con prontitud ni en su totalidad, pese a gozar de amplio respaldo internacional;
4. Reiterando la necesidad de que las iglesias ayuden a las personas afectadas por la guerra y de que adopten medidas específicas para poner fin al conflicto (carta pastoral del CMI a sus iglesias miembros, de 21 de julio de 2006);
5. Tomando nota del llamamiento internacional para que las principales naciones del mundo acaben con la parálisis en que se ha visto sumido el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con la desautorización a que se somete a la Carta de las Naciones Unidas y con la conformidad con la que se ha recibido el uso de la violencia desproporcionada en el Líbano (Secretario General del CMI , 3 de agosto de 2006);
6. Insistiendo en la necesidad de que todas las partes involucradas frenen la violencia, y de que los Estados Unidos, la Unión Europea y los Estados Árabes ejerzan su influencia para lograr la viabilidad del alto el fuego y, posteriormente, para trabajar en favor de una paz duradera (Llamamiento conjunto del CMI, FLM y ARM, 8 de agosto de 2006);
7. Reiterando nuestro llamamiento a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que apliquen finalmente las resoluciones permanentes tanto sobre el Líbano como sobre Israel y los Territorios Palestinos Ocupados porque "se han abierto fallas tectónicas en la región que aumentan su inestabilidad" y porque "ha dejado de resultar creíble que ningún plan parcial o unilateral puede funcionar aisladamente" (Secretario General del CMI, 21 de julio de 2006);
8. Viendo esta guerra por lo que ha sido: aparte de los combatientes muertos por ambos bandos, 43 víctimas civiles en Israel y más de 1.100 civiles en el Líbano, un tercio de ellos niños; más de 4.400 civiles heridos, y decenas de miles de casas destruidas, la gran mayoría de ellas en el Líbano; ataques de la milicia de Hezbollah a las áreas de civiles del norte de Israel causando muerte, heridos y destrucción; miedo y dolor generalizado entre los no combatientes; además de otras graves consecuencias en el Líbano, especialmente, un millón de personas desplazadas, montones de puentes, carreteras y autopistas dañadas, y las infraestructuras de agua y electricidad destruidas;
9. Alarmado por las violaciones del derecho internacional en materia de conflictos armados que han cometido los militares que han participado en esta guerra, así como por el fracaso de la comunidad internacional para garantizar la protección de los civiles y un uso proporcionado de la fuerza militar; por el uso generalizado de bombas racimo en el sur del Líbano, especialmente cuando el alto el fuego ya era inminente, dejando toneladas de munición sin explotar con grave peligro para la vida de los civiles que regresaban a sus casas; y por la erosión a la que se ha sometido al derecho humanitario y a la legislación internacional en materia de derechos humanos mediante la negación sistemática de que se estaban cometiendo actos ilegales e inmorales;
10. Prometiendo responder al mensaje de las iglesias de Beirut y Jerusalén transmitido por la delegación ecuménica durante la guerra y dirigido a las iglesias hermanas de todo el mundo: "¡No solamente rece por nosotros, actúe!" (CMI, Conferencia de Iglesias Europeas, Federación Luterana Mundial y Alianza Reformada Mundial, 16 de agosto de 2006);
11. Las iglesias, otros grupos civiles de la sociedad y unos cuantos gobiernos están deseosos de ver un compromiso radical de la comunidad internacional para lograr una resolución pacífica e igualitaria del conflicto del Líbano y del resto de conflictos vinculados con él que tienen lugar en Oriente Medio. Compartimos esa esperanza y nos comprometemos a emprender una nueva iniciativa. De acuerdo con ello, el Comité Central del CMI:
Propugna el cese permanente e incondicional de las hostilidades, y que se levante el bloqueo al Líbano;
Recomienda que las iglesias apoyen el llamamiento del Líbano de ACT Internacional y encomia la labor de todos aquellos que están ayudando a las víctimas de la guerra, las Naciones Unidas, Human Rights Watch y Amnistía Internacional por haber vigilado la comisión de violaciones de derecho internacional que se han producido durante el conflicto; y al Gobierno de Suecia por acoger una reunión de donantes sobre el Líbano y los Territorios Palestinos Ocupados;
Insta a las Naciones Unidas a que emprenda una investigación internacional con el fin de esclarecer la supuesta comisión de violaciones de derecho internacional, entre otros, de crímenes de guerra, así como la transferencia de armas utilizadas en las violaciones de los derechos humanos durante el reciente conflicto entre Líbano e Israel;
Hace un llamamiento a los gobiernos que suministraron armas a ambos bandos para que suspendan la transferencia de armas y de materiales bélicos a Israel y Hezbollah y, en relación con aquellos países que han utilizado bombas de racimo en el Líbano, a que ofrezcan información detallada sobre la ubicación, la cantidad y las clases de bombas de racimo utilizadas;
Insiste en liberar a todos los presos, o bien en llevarles ante los tribunales con arreglo a los procedimientos previstos en la legislación y en el derecho internacional en el Líbano, Israel y los Territorios Palestinos Ocupados;
Exhorta al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a que aplique las inveteradas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la paz en el Líbano y en Israel y en los Territorios Palestinos Ocupados, entre otras, la de poner punto final a los 39 años de ocupación ilegal del territorio, que es el origen de todos los conflictos violentos en la región;
Se adhiere a la propuesta de crear un Foro Ecuménico Palestina/Israel, bajo los auspicios del CMI, que sería la piedra angular de una iniciativa global de sensibilización sobre los problemas de Oriente Medio; y exhorta a los órganos rectores del CMI, a las iglesias miembros y a sus socios ecuménicos a que aporten su energía y sus recursos para llevar a cabo estos planes. Este foro encauzaría y coordinaría la defensa y promoción actual y futura de la iglesia en favor de la paz ,tendría como objetivo el fin de la ocupación ilegal conforme a las resoluciones de la ONU, sería interdisciplinario de manera tanto teórica como práctica, y probaría su compromiso con la acción interreligiosa en favor de la paz y la justicia al servicio de todos los pueblos de la región.
12. Que juntos podamos cumplir las esperanzas de las comunidades y de las iglesias sufrientes. Que juntos podamos ser testigos del amor perdurable de Dios por todas sus criaturas. Que la unidad de la comunidad ecuménica -en la oración y en la acción- suponga una contribución nueva y sustancial a una paz con justicia en Oriente Medio.
El Comité Central adoptó la siguiente Declaración sobre el conflicto en Sri Lanka.
Declaración sobre el conflicto en Sri Lanka
1. El conflicto en Sri Lanka se ha cobrado miles de vidas en ambos grupos étnicos durante los últimos veinticinco años. Miles de refugiados han solicitado asilo en el extranjero mientras otros muchos miles son desplazados internos. La población civil ha sido sometida a grandes penurias debido a las ejecuciones inmediatas, las torturas, las detenciones ilegales, el embargo de artículos básicos, el reclutamiento forzado de niños, etc.
2. Un acuerdo de alto el fuego fue firmado en febrero de 2002, por mediación del gobierno noruego. La misión de vigilancia de Sri Lanka, compuesta de representantes de los países nórdicos, fue designada para controlar el cumplimiento del acuerdo de alto el fuego.
3. Desde abril de 2006, se ha producido gradualmente un fracaso del acuerdo de alto el fuego. Han estallado enfrentamientos intensos, lo que se ha traducido en el desplazamiento de 200.000 miembros de las comunidades tamil, musulmana y cingalesa. La población civil de la península de Jaffna en el norte no puede desplazarse a áreas más seguras debido a los toques de queda prolongados. Hay una gran escasez de alimentos y otros artículos esenciales, y miles de civiles están atrapados en medio de la intensa acción militar sin poder hacer nada. Unas mil personas han sido asesinadas y muchas otras han resultado heridas. Quienes más han sufrido son los civiles inocentes de todas las comunidades. Además, han sido asesinados trabajadores de ayuda humanitaria, lo que limita ampliamente la capacidad de la iglesia y de otras organizaciones humanitarias de responder a la crisis y continuar la reconstrucción de vital importancia que siguió al tsunami de diciembre de 2004.
4. Las iglesias de Sri Lanka han proporcionado apoyo cauteloso y decisivo al proceso de paz mediante, entre otros, empeños conjuntos interreligiosos para movilizar a las personas por la paz y la reconciliación nacional. Los jefes de iglesias, en una carta pastoral fechada el 18 de agosto de 2006, pedían a las iglesias "que mantuvieran contacto directo con otros grupos cristianos y personas de otras religiones a fin de construir confianza social y amistad" en un momento en el que hay dolor y sufrimiento en los corazones de las personas.
5. El Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006, por consiguiente:
Expresa su seria preocupación ante el aumento del distanciamiento entre las comunidades cingalesa, tamil y musulmana y la escalada letal de la violencia armada entre las fuerzas de seguridad del gobierno de Sri Lanka y los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil y las actividades de los grupos paramilitares;
Está consternado por el fracaso del proceso de paz y del acuerdo de alto el fuego logrado tras años de duras negociaciones con la mediación y participación de muchos gobiernos, entre ellos, el noruego;
Condena las acciones militares y los ataques suicidas con bomba cuyas víctimas son con frecuencia civiles inocentes, entre los que se encuentran mujeres y niños;
Condena el recrudecimiento y la escalada de la violencia militar de todas las partes del conflicto que está causando sufrimiento y dolor incalculables a los habitantes de muchos lugares de la isla, en especial, los de las provincias del norte y del este;
Apela al gobierno de Sri Lanka y a los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil para que respeten las cláusulas y condiciones del acuerdo de alto el fuego, pongan fin inmediatamente a las hostilidades y reanuden las negociaciones de paz sin mayor dilación;
Apela también a la comunidad internacional para que ejerza influencia sobre las partes del conflicto con el objetivo de que participen en las negociaciones de paz y pongan fin a la racha de violencia actual;
Insta a la comunidad ecuménica a seguir orando por las personas y las iglesias de Sri Lanka y a acompañar a las iglesias asociadas de Sri Lanka junto con personas de otras religiones para que aumenten sus esfuerzos en aras del restablecimiento de la paz yde la integración de la comunidad en un país dividido por la guerra.
El Comité Central adoptó la siguiente Nota sobre el Sudán.
Nota sobre el Sudán
1. El Consejo Mundial de Iglesias continúa preocupado y entristecido por las atrocidades que se cometen actualmente en la región sudanesa de Darfur. El Comité Ejecutivo del CMI hizo pública una "Declaración sobre el Sudán" en mayo de 2006 en la que expresaba esta inquietud, manifestaba su esperanza por el acuerdo de paz firmado en mayo de 2006 y reconocía su apoyo a la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, según su Capítulo 7, para "establecer una fuerza de mantenimiento de la paz en la región".
2. El CMI lamenta que hayan continuado las atrocidades desde la firma del acuerdo de paz; entre ellas, se han producido una serie de acontecimientos que parecen indicar que algunos de los signatarios del acuerdo de paz de mayo de 2006 no han cumplido con dimensiones importantes del acuerdo.
3. El 31 de agosto de 2006, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 1706 por 12 votos a cero. Esta resolución autoriza el despliegue en Darfur de 17.500 miembros de las fuerzas de mantenimiento de la paz y más de 3.000 policías civiles de la ONU. Además, la resolución 1706 intenta fomentar el transporte y la implementación seguros de la ayuda humanitaria necesaria para el afligido pueblo de Darfur.
4. La resolución 1706 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas invita al gobierno del Sudán a acceder a este despliegue de las fuerzas de Naciones Unidas para contribuir a la resolución pacífica de esta vieja tragedia. La respuesta inicial del gobierno del Sudán ha sido oponer resistencia. Sin embargo, el CMI insta al gobierno del Sudán a dar su consentimiento a esta resolución para cumplir con sus obligaciones, tal y como están dispuestas en el acuerdo general de paz, y para poner fin a este terrible sufrimiento.
5. Por tanto, el Comité Central del CMI reunido del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006:
Pide al CMI que apele al gobierno del Sudán para que acceda a la resolución de las Naciones Unidas, y al acuerdo general de paz, como una manera de cumplir con su responsabilidad de proteger al pueblo del Sudán;
Pide a la Secretaría General del CMI que, en consulta con las iglesias del Sudán, considere la viabilidad de organizar una delegación de alto nivel de representantes de la iglesia y miembros de la comunidad islámica que visitaría a funcionarios del gobierno del Sudán y a representantes de la región de Darfur y se reuniría con ellos, a fin de recalcar la importancia de esta aquiescencia y ofrecer cualquier tipo de ayuda que pueda resultar necesaria en la resolución pacífica de este conflicto;
Pide al personal que estudie si el uso del término genocidio' con respecto a la crisis de Darfur es adecuado en vista de los convencionalismos acordados sobre este asunto a nivel internacional, con el fin de asesorar a las iglesias.
El Comité Central adoptó la siguiente Nota sobre Kosovo.
Nota sobre Kosovo
1. La comunidad internacional está deliberando en la actualidad el estatuto futuro de Kosovo; se prevé que el proceso termine a finales del año 2006. Kosovo no puede continuar sobreviviendo en un estado de indeterminación. tampoco se puede permitir que el intento de aliviar las preocupaciones a corto La realización de un Kosovo multiétnico y multirreligioso debe comenzar, de manera realista, con una coexistencia pacífica.
2. Debe permitirse volver a todos los que consideran Kosovo su hogar, también debe permitírseles recuperar la residencia legítima; todos tienen que aprender de nuevo a convivir en paz y armonía como buenos vecinos. Luego, una vez estén familiarizados y se sientan cómodos con la presencia de los demás, deben comenzar a integrarse en todas las etapas de la vida, en especial en las ciudades, en las actualmente predomina una sola etnia y una única religión. Esto ayudará a definir el principio de una sociedad multiétnica y multirreligiosa.
3. Partiendo de esta base, la comunidad internacional puede implementar un esfuerzo sostenido por una paz justa y duradera, a la vez que salvaguarda la libertad y tolerancia en un Kosovo verdaderamente multiétnico y multirreligioso.
4. Con este objetivo, apoyamos a los líderes y representantes séniors de la Iglesia Ortodoxa Serbia, la comunidad islámica de Kosovo, la Iglesia Católica Romana, la Igelsia Evangélica Protestante y la comunidad judía que se reunieron el 2 y 3 de mayo de 2006 en el Patriarcado del Monasterio de Pec para una Conferencia interreligiosa sobre la coexistencia y el diálogo pacíficos. La conferencia fue celebrada por iniciativa de los representantes religiosos de Kosovo con la Iglesia Ortodoxa Serbia como anfitriona. El acontecimiento fue organizado y patrocinado por Ayuda de la Iglesia Noruega, y acompañado por la Conferencia Mundial sobre la Religión y la Paz, que también ejerció de comoderadora.
5. Por lo tanto, con estos antecedentes, el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, reunido en Ginebra, Suiza, del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2006:
Anima a los líderes religiosos de Kosovo que continúen trabajando por la reconciliación a fin de promover la sanación y las relaciones armoniosas en una sociedad fragmentada por la violencia, el odio y el conflicto; y a pedir a las autoridades de competentes que apoyen los esfuerzos de reconcoiliación, y;
Compromete al CMI, en cooperación con la Conferencia de Iglesias Europeas (KEK), a continuar controlando la situación de protección de los derechos humanos y de la libertad religiosa, en particular de las minorías religiosas, y la conservación del patrimonio cultural y religioso de Kosovo y, a este respecto, a informar a las iglesias miembros del desarrollo de los acontecimientos y dar su apoyo a la reconciliación.
archivado en: AIDS (Disease), Children, Commerce, Geneva, Switzerland, 2006, August 30 - September 6, WCC Central Committee, Israel, Lebanon, Middle East, Philippines, Sri Lanka (1972-...), Sudan

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