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Timestamp: 2018-09-20 19:04:41+00:00

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Décima Edición « Boletín de Investigación y Postgrado
REFLEXIONES SOBRE LA TOLERANCIA MEDIADA
La Tolerancia como Virtud
Dra. Isabel Portillo
Coordinadora Maestría Gerencia de Recursos Humanos
En nuestra actual sociedad democrática hemos estado observando actitudes intolerantes con su efecto innegable en violencia. No sólo la intolerancia de menor nivel, que se vive con frecuencia en la vida cotidiana, sino aquella de un nivel escalado que para la percepción de algunos puede tener un tamiz hasta punible. Esto concretado en hechos con ciertas agresiones verbales incluso físicas por diferentes motivos: de raza, ideología, sexo o religión, marginaciones laborales y escolares. Destacando que éstos actos son resplandores de viejas actitudes del pasado (incluso no muy lejano).
Para poder reflexionar sobre ello, se hace necesario distinguir algunos postulados, comenzando por Sergio De Quadros (2009), quien distingue tres tipos de tolerancia: en primer lugar, la tolerancia magnánima que tiende a ser altiva, apoyándose en un ideal de generosidad y benevolencia; la tolerancia ponderada la cual busca soporte en un argumento de igualdad, y se fundamenta en un razonamiento prudencial; por último, el
Dra. Elizabeth García Rincón
razonamiento de la tolerancia amparadora, ésta pretende que sea un instrumento de transformación de la realidad. Sin embargo estos modelos parecieran ser débiles en cuanto al equilibrio de la relación de tolerancia, porque en los dos primeros se nota un desequilibrio que favorece al tolerante y, en el tercero, un desequilibrio en favor del tolerado (“protagonismo”).
Cabe señalar, que una amplitud a esta interpretación es la aportada por Michael Walzer (1996), quién distingue cinco niveles de presencia. Señalando que, la tolerancia es una actitud o un estado de espíritu. Un primer nivel es la práctica de la tolerancia religiosa que se destacó en los siglos XVI y XVII, y consiste en una aceptación resignada de las
Dr. Edison Perozo
diferencias con la finalidad de mantener la paz, quién sostenía: “Durante años y años los pueblos se mataron unos a otros y, por suerte, finalmente se inició un cierto agotamiento: a esto llamamos tolerancia”.
Un segundo nivel, enfocado a una actitud pasiva, relajada, indiferente a la divergencia que toma todos los tipos y variantes, que se identifica como una tolerancia de la indiferencia. Un tercer nivel, consiste en el resultado de un cierto tipo de estoicismo moral: un reconocimiento del principio que los “otros” tienen derechos, y que pueden llevar a cabo dichos derechos a la vez que puedan resultar poco atractivas. Un cuarto nivel, es aquella que demuestra una actitud de apertura hacia los otros, una voluntad de
Dr. Ubertino Paz
escuchar y aprender. Y un quinto nivel es la aceptación voluntaria y consciente de la diferencia, de la aprobación de la diversidad como parte de la creación divina, y de considerar que dicha diferencia es condición necesaria para un pleno desarrollo humano.
Por su parte Saltori (2009) sostiene que, desde el pluralismo también se puede entender el significado de tolerancia, consenso, disenso y conflicto. En este sentido, se interpreta que la Tolerancia no es indiferencia, ya que si somos indiferentes no tendríamos interés. Se entiende desde acá que la tolerancia no implica una visión relativista; quien tolera tiene creencias y principios, los considera verdaderos, pero al mismo tiempo permite que otros tengan el derecho de tener creencias divergentes.
Es importante destacar que estos postulados sobre la tolerancia nos conducen indefectiblemente a la tesis del perdón, y es precisamente ésta tesis desde la cual se produce una acción tolerante. Ante lo señalado se destaca lo manifestado por Helder Cámara (1971), para quien no sólo basta con realizar acciones no violentas, sino que la propia acción liberadora del hombre se produce desde el perdón la cual se constituye en el umbral para lograr la “Justicia y la Paz” de las sociedades.
Reflexionar sobre los mecanismos tolerantes para la resolución de los conflictos sociales nos lleva a un proceso de aprendizaje, que muy bien lo argumenta Evelyn Garrido Rodríguez (2008) quién aporta las bases y argumentos para la convivencia luego de períodos de violencia. Este proceso de aprendizaje implica la formación de nuevos valores y comportamientos que tienen que ver con: la reinterpretación del pasado violento, la humanización del otro y de sí mismo y el reconocimiento del otro como un cooperante potencial.
Estos estadios no ocurren únicamente en el ámbito individual (víctimas, victimarios y observadores), sino también en los modelos mentales compartidos de un determinado grupo social, y su existencia se debe a un conjunto de maximizadores o minimizadores de probabilidad de ocurrencia, los cuales están dados por decisiones políticas o procesos de diseño institucional.
Este proceso analítico debería ser utilizado como una herramienta para el estudio del perdón en procesos específicos de reconciliación, que pudieran contribuir a la resolución de múltiples problemas relacionados con los niveles de conflictividad y con ello la consolidación de nuevas reglas de juego, a través de las cuales se puedan establecer garantías para la convivencia. Estos problemas se refieren a la necesidad de la aplicación de la justicia, la inclusión de actores no armados, el desarme de organizaciones violentas, programas de asistencia a víctimas, a la reconstrucción sobre lo ocurrido y en fin, la reconstrucción de las relaciones sociales y políticas destruidas por dicho conflicto.
Puede plantearse entonces, que esta reconciliación pudiera apuntar a la creación de nuevas reglas de juego a través de las cuales se desvirtúa la dinámica violenta que contribuya a la construcción de las relaciones políticas y sociales. Estas reglas pudieran aparecer como instituciones formales, que permitan el abordaje del pasado desde el sistema político-jurídico; y que por ejemplo lo podemos observar en las leyes de amnistía que se han tomado en años anteriores por algunos países latinoamericanos como Colombia, Chile así como Venezuela, y en mecanismos informales, orientados a la cimentación de valores sociales y códigos de conducta.
Partiendo de lo anterior, cabría preguntarse ¿por medio de cuáles mecanismos se logra activar y fortalecer esta transformación institucional? ¿Puede ser el perdón uno de estos mecanismos utilizados con el fin de contribuir a la convivencia de individuos antes vinculados por relaciones de violencia?
Para Hélder Cámara (1974), dicha reconciliación es necesariamente racional al nacer de la razón de la fe. La tolerancia va más allá del simple hecho de aceptar las diferencias para obtener una convivencia mínima, se convierte en una esencial vivencia de sabiduría razonada desde la convicción que entendiendo la naturaleza de los ideales del otro se fortalecen las acciones comunes para lograr mejores condiciones de vida y fe, que no se limita a aceptar por resignación un mandato de sufrimiento como se ha tratado de confundir la tolerancia religiosa.
El protagonismo es fuente de conflictos entre personas en la relación de tolerancia, al hacer que unos se sientan elogiados y otros se perciban menospreciados; y el aislamiento se convierte en un problema por impedir que la tolerancia realice su función, tanto en su aspecto de intercambio de beneficios como en el de intercambio de los espacios necesarios. Por otro lado, no parece satisfactorio que la tolerancia se exprese sólo en términos de libertad e igualdad, ya que es posible imaginar una tolerancia fundada igualmente en la fraternidad como lo sostiene Helder Cámara.
Ante lo expuesto se indica que para que en la sociedad actual se den verdaderos mecanismos de convivencia y donde el disenso se convierta en elemento de progreso de la sociedad, es necesario construir una coexistencia entre una tolerancia basada en la libertad, igualdad y fraternidad. De allí que una tolerancia basada en la fraternidad acerca a los diferentes actores de la sociedad donde quede garantizada la libertad, la igualdad mediada por la fraternidad.
INCLUSIÓN Y EXCLUSIÓN EN EL CONTEXTO DEL DIÁLOGO INTERCULTURAL
A diario escuchamos hablar sobre dos términos que importan al ser humano socializado para sentirse a gusto en su contexto cultural, entendido como el quehacer donde se mueve en distintos ordenes, sea social, político, económico, religioso, educativo, entre otros, referidos a la inclusión y exclusión. No obstante, estos vocablos parecieran confundirse en el papel y en el hacer, cuestión que inquieta a quien escribe y se decide a expresar alguna argumentación.
En cuanto a la inclusión, encontramos con frecuencia su lectura en la Lógica para referirse a la relación mediante la cual un término engloba a otro. El Diccionario de la Real Academia (2001, tomo II: 1261), refiere el término como acción y efecto de incluir. También como conexión de alguien con otra persona. Así, incluir denota “poner algo dentro de otra cosa o dentro de sus límites. Dicho de una cosa: Contener a otra o llevarla implícita. Con relación a la exclusión, se lee como “Acción y efecto de excluir”, refiriéndose excluir a “Quitar a alguien o algo del lugar. Excluir a alguien de una junta o comunidad…Descartar, rechazar o negar la posibilidad de algo” (Idem, tomo I:1016)
En materia de inclusión y exclusión, resulta significativo evocar la simetría y asimetría cultural, que desde la perspectiva de Enrique Dussel, citado en Fornet- Betancourt (2003), se desarrollan en subtítulos como “La inclusión asimétrica de las víctimas del sistema mundo”, y afirma “Como es una
negación sistemática del Otro, una decisión furiosa de privar al Otro de todo atributo de humanidad, el colonialismo empuja al pueblo dominado a plantearse constantemente la pregunta: ¿Quien soy en realidad?
Por otro lado, si se piensa en el diálogo como instrumento de acercamiento entre culturas, pudiéramos considerar lo acotado por el Fornet-Betancourt (2001en Gutierrez y Márquez 2004), el diálogo se desarrolla desde las perspectivas existenciales e históricas de los dialogantes, sin exclusión alguna en la estructura del diálogo que impida a los participantes formar parte del mismo que les niegue de antemano su entrada en el proceso de diálogo o les obligue a renunciar a algunos de los saberes culturales. De esta manera, el diálogo intercultural se plantea como alternativa al desafío de nuestro tiempo.
Ahora bien, si pensamos en el diálogo como método para la interculturalidad como expresión filosófica, resulta pertinente tomar en cuenta al diálogo dialogal, acotado por Panikkar (2002), quien afirma que las reglas del diálogo no se presuponen unilateralmente ni se dan por sentado a priori sino que se establecen en el diálogo mismo y ante esta posición cabe preguntarse ¿Cómo sabemos la forma de proceder si no conocemos el procedimiento? ¿Será que se cae en un círculo vicioso?…Pues, Panikkar, dice que es un circulo vital.
Si la definición referida a “circulo vital”, es aplicable para la resolución de problemas culturales con asimetrías, manifiesto mi acuerdo en la aplicabilidad en América Latina.
TODOS CABEMOS EN UNA SOCIEDAD POLARIZADA: PROPUESTA UN LIDERAZGO INTEGRADOR
Cuando hablamos de que todos cabemos en una sociedad fragmentada o polarizada nos enfrentamos al hecho de una sociedad donde al parecer los espacios donde podemos tener diferencias, aceptarnos y tolerarnos se hace difícil. “pero se puede “. Se plantea que se hace difícil ya que desde nuestra formación universitaria en la lógica aristotélica y mecanicista, se crean una polarización y una confrontación innecesaria porque las cosas no pueden ser y no ser de la misma manera y al mismo tiempo. Así, cada quien presume poseer la verdad, “lo que es”; y calificar al otro como la no verdad, “lo que no es”. Con esta estructura de pensamiento se ha creado intolerancia con la diferencia, un maniqueísmo a ultranza que califica a los unos de bueno y a los otros de malos: buenos los que coinciden conmigo y malos los que se atreven a criticarme; de amigos o enemigos, del eje del bien y del eje del mal. Es lamentable, pero se nos ha educado con la lógica de buscar argumentos para menoscabar y aplastar al otro. La solución es construir por eso, en esta reflexión “se puede” insisto, cuando desde nuestras capacidades neurolingüísticas se trata de construir diálogos, para la construcción de significados conjuntos asumiendo de una manera tan simple que la verdad es integrada, la verdad no es fraccionada, los problemas de las sociedad son problemas, el hambre es hambre, la pobreza es pobreza, la inseguridad, es inseguridad entre otros. Cuando nuestros líderes no tienen una visión integrada de los problemas que afectan a la sociedad cada uno ve lo que cree y basado en su creencia enarbola una bandera para imponerle al mundo su verdad y de una manera tan simple como esa, se estructuran las ideologías, que no son más que condicionamientos perceptivos.
Ahora bien lo fundamental es plantearse un liderazgo integrador que busque puntos de encuentro a través de la resolución de dilemas conductuales y sociales, que desde su filosofía de vida rechace la fragmentación y la polarización. Por su puesto requiere de una educación muy profunda, porque exige superar el síndrome de la ilusión, del miedo, del falso proceso; todos aquellos obstáculo que contaminan la calidad en la toma de decisiones. Me atrevería hacer un ejercicio para reconciliar los dilemas. Por un lado no podemos desinstitucionalizar un País. Como ser social tengo que velar por las reglas de juego claras para la sociedad. Por otro lado, tampoco puedo destruir lo que da significado a mi vida cotidiana: mis amigos, mis relaciones, nuestras condiciones de seres solidarios. Es ambicioso hablar de lo denominado el tejido social.
Como propuesta del líder integrador Son siete (7) los dilemas que debe considerar y reconciliar el líder integrador, se proponen: Universalismo o particularismo, Individualismo o Comunitarismo; hemisferio izquierdo o hemisferio derecho, Control emocional o expresión emocional. Reconocimiento al logro o reconocimiento al estatus, supervivencia individual o supervivencia ecológica y secuencia y sincronicidad. Para terminar les propongo aplicar la resolución de los dilemas a situaciones que en América Latina nos afectan y dejárselo de incógnitas a nuestros lectores.
Inversión en guerra o solución de la crisis fiscal?
Tiempo de la democracia o Tiempo de la guerra?
Pobreza o Educación?
Ganar la guerra o respetar los Derechos Humanos?
Es tarea de un líder integrador plantearse que Todos Cabemos en una misma sociedad.
COMUNICACIÓN ORGANIZACIONAL COMO EJE IMPULSOR DE LA GERENCIA SOCIAL
Coordinadora de la Maestría en Ciencias de la Comunicación
En la actualidad en el ámbito mundial la comunicación es una herramienta, un eje impulsor que orienta la gestión de las organizaciones, sean estas públicas o privadas. La comunicación es un proceso permanente de transmisión y recepción de valores, actitudes, acciones e ideas; lo cual permite a los miembros de cualquier organización crecer y desarrollarse como equipos con la convicción de superar las barreras que se puedan presentar. Bajo este escenario surge la comunicación organizacional la cual permite a quien hace un uso adecuado de ella, dar orientación a sus empleados sobre quiénes son y hacia dónde se dirigen.
De lo anterior, se puede afirmar que la comunicación organizacional es la herramienta que permite el flujo de mensajes entre los miembros de la institución o con el medio que los rodea. Es a través de ella, que se puede influir en las opiniones, conductas y actitudes de los públicos internos y externos de la organización para la persecución de las metas u objetivos trazados.
M.Sc. Militza Cárdenas
De esta manera, toda organización social tiene su propia cultura que la identifica, la caracteriza, la diferencia y le da imagen conservando la importancia de conocer, expandir y consolidar la cultura de una empresa ya que ésta integra los comportamientos hacia metas comunes, constituye una guía en la realización de actividades, elaboración de normas y políticas para establecer directrices en la cultura que dirige el funcionamiento global de la estructura señalando las prioridades y preferencias globales que orientan los actos de la organización.
En tal sentido, las organizaciones requieren manejar la comunicación como herramienta que le permita obtener diversos propósitos. Al respecto Ludlow y Panton (2007) mencionan que esta permite brindar una retroalimentación positiva, buscar o recibir información real, designar responsabilidades, entre otras opciones.
Considerando lo anterior, al direccionar este planteamiento a las organizaciones sociales, como los consejos comunales, se debe indicar que requiere que esas organizaciones cuenten con un gerente que lleve a su equipo de trabajo a la consecución de los objetivos, a dar respuestas a retos presentes y a cumplir con una serie de aptitudes relacionados a la cima de su rama.
Es pertinente plantear que la gerencia social, persigue un abordaje directo a la población o grupo societario; que busca innovaciones y mejoras: cambios para conseguir una situación más deseable, para lograr una idea que nació de una utopía, la cual, a su vez, surgió de una insatisfacción. En consecuencia, se entiende que los consejos comunales son instancias de gerencia social que desarrollan proyectos que se elaboran para generar transformaciones ante situaciones concertadas en acuerdos bilaterales o multilaterales.
En tal sentido, la gerencia social se enfrenta a situaciones particulares y subjetivas relacionadas con los mismos problemas sociales de una determinada comunidad y eficientemente tiene que ver con optimizar el rendimiento de los esfuerzos de los actores sociales en el enfrentamiento de los grandes déficits sociales de la región, y el mejoramiento del funcionamiento y resultados de la inversión en capital humano y capital social.
De esta manera, los equipos gerenciales necesitan desarrollar una visión de futuro que junto a una buena comunicación permitan el desenvolvimiento de los planes de la organización con su comunidad interna y externa. Para las organizaciones, la comunicación y la gerencia social, son trascendentales porque de ella se derivan aspectos importantes como el mejoramiento del ambiente de trabajo, el buen manejo de las relaciones interpersonales, entre otras, es decir, todas las condiciones óptimas con la comunidad interna y externa en pro del beneficio de una organización exitosa.
LA VIOLENCIA COMPARTE LA CASA Y LA ESCUELA
La violencia es una de las aristas más destructivas de las sociedades de inicios del Siglo XXI. Factor conducente al caos y a la anarquía, vector destructor de la especie humana. Uno de los aspectos más lamentables es que se desarrolla en el ámbito educativo. En los recintos escolares, sucede con más frecuencia de la que es informada por los medios de comunicación quienes informan de nuevos y múltiples casos, protagonizados por estudiantes. Mucho se ha dicho sobre las causas y consecuencias de este fenómeno y de sus hipotéticas soluciones.
La mayoría de los expertos que han emitido opiniones sobre el tema, coinciden en que es causada por agentes relacionados con la propia institución educativa, la ausencia de control de hechos de esta naturaleza, lo licencioso del sistema, la pérdida de autoridad de los actores involucrados y la falta de apoyo familiar, serían las hipotéticas causas que originan las conductas agresivas. Sin duda alguna, el papel de los entes de socialización tanto primaria como secundaria, juegan un rol preponderante en esta
Por lo general, estas apreciaciones están acompañadas de sugerencias de restituir el orden quebrantado, empleando casi siempre la vía coercitiva: mayor vigilancia policial en el entorno de los espacios educativos, endurecimiento de las medidas disciplinarias, separación de las aulas de los infractores, y otras que, con igual sentido, pretenden aislar a las instituciones de una realidad que las trasciende y que, en solitario, no pueden modificar.
Pero la violencia contra los menores va más allá de las instituciones educativas.
En una consulta de América Latina en el marco del Estudio de la Secretaría General de las Naciones Unidas sobre violencia contra Niños titulado “Las voces de niñas, niños y adolescentes sobre la violencia” afirma que las agresiones verbales, el maltrato físico, la violación y el acoso sexual están señalados en todos los países estudiados: México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú y República Dominicana.
También asegura el mismo informe que tanto varones como hembras son víctimas de violencia, que es en la familia donde más se evidencia la presión para que se cumplan los mandatos del género, por ejemplo en la distribución de las faenas y en el comportamiento sexual que se espera de uno y otro género.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; UNESCO, plantea que la no violencia, tanto en su teoría como en su práctica, supone el rechazo de la agresión y de la violencia y busca la resolución de los conflictos y la realización de objetivos comunes desde una perspectiva constructivista.
Rechazamos, de plano, la violencia en todos sus géneros. No hemos aprendido, a pesar de siglos de aprendizaje, que es enemiga de la evolución de nuestra especie, es un paredón donde se fusila nuestra juventud y el terreno estéril donde mueren nuestras esperanza de un mundo mejor, más justo y constructivo.

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