Source: https://citafalsa.com/category/doble-nacionalidad/
Timestamp: 2020-07-07 12:34:59+00:00

Document:
doble nacionalidad archivos - Cita Falsa
Archivo de la categoría: doble nacionalidad
La doble nacionalidad y la propuesta de Constituïm (o sea, yo tenía razón)
16/05/2016 actualidad, doble nacionalidad, nacionalismoJavier
Durante meses, las entradas relativas a la nacionalidad y la supuesta doble nacionalidad (ampliación del anterior, dos ladrillos de considerable longitud que la mayoría ya habéis leído, en cualquiera de las dos versiones) en caso de secesión fueron las más visitadas del blog. Recordemos las tesis básicas al respecto:
Consideraba que el hipotético Estado catalán atribuiría su nacionalidad a quien tuviera la vecindad civil o administrativa catalana. Por simplificar, a quien tuviera su residencia en Cataluña a la fecha de la secesión. Esta sería la perspectiva del nuevo Estado catalán.
Consideraba posible (y muy probable) que, en teórica secesión, España fijara un derecho (u obligación) de optar entre la adquisición de la nacionalidad catalana, con pérdida de la española, o conservar la nacionalidad española, con renuncia a la catalana.
Ante la eventualidad de la pérdida de la nacionalidad española, el secesionismo ha difundido la teoría de que la doble nacionalidad sería automática, lo cual, siendo posible, aparece como altamente improbable. En cualquier caso, la decisión sobre la conservación o pérdida de la nacionalidad quedaría en manos de España, aspecto que se silencia.
Las mayores «críticas» que pude leer a esos artículos:
Que se desconocía la identidad del autor. Bien, esto yo lo interpreté como incapacidad/imposibilidad de oponerse con conocimientos jurídicos a un texto (especialmente el segundo artículo, ampliatorio) con cincuenta y nueve notas a pie de página más tres o cuatro libros jurídicos específicos manejados como bibliografía de fondo.
Que me basaba en hipótesis y era ciencia-ficción. Todo en el prusés™ es una hipótesis y fantasía (no ciencia-ficción), así que me lo tomo con buen humor. Tampoco encontré quien demostrara que, a lo largo de la historia, tras una secesión se ha producido el fenómeno de la doble nacionalidad automática o que ello sería obligado.
¿Y si España no reconoce la secesión? Esta clase de preguntas me confirman la falta de seriedad -y de reflexión- de quien la formula. Harto del tema, escribí esta entrada.
Seguir leyendo La doble nacionalidad y la propuesta de Constituïm (o sea, yo tenía razón) →
Secesión y nacionalidad explicada para dummies
08/12/2015 actualidad, doble nacionalidadnacionalidad, secesiónJavier
De vez en cuando cae en mis manos, o en mi pantalla, alguna mención sobre la nacionalidad, la secesión y la doble nacionalidad que defienden los secesionistas. Las razones para descartar con altas probabilidades esa opción están ya más que trilladas. Pero como Democràcia i Llibertat (antes llamada Convergència; en la página 44 del documento enlazado) o ERC siguen insistiendo de vez en cuando sobre el tema, hoy toca entrada para dummies. Voy a prescindir de aburridas cuestiones legales y nos situaremos en escenarios hipotéticos.
Pongamos que dos millones de españoles residentes en Cataluña (o sea, catalanes, no voy a andarme con circunloquios que compliquen la explicación; es para dummies) logran la secesión y crean un nuevo Estado, llamado República de Cataluña.
Los catalanes (ahora ya son siete millones y medio, aunque mayores de edad no llegan a cinco millones y medio) deciden que sólo quienes residen en Cataluña en la fecha de la secesión acceden a la nacionalidad catalana otorgada por el Estado catalán.
Por lo tanto, los catalanes deciden que, en cuanto crucen la frontera en dirección a Cataluña, cuarenta millones de españoles con los que hasta la fecha han compartido nacionalidad, serán considerados extranjeros.
Esos mismos catalanes que han extranjerizado a cuarenta millones de españoles (y no cuento a los que, residiendo en Cataluña, probablemente acabarían siendo extranjeros también) afirman que, en cambio, cuando cruzan la frontera en dirección a España, ellos son españoles porque tendrán la doble nacionalidad automática.
A la vista de lo que se expone en los puntos 3 y 4, conteste el lector: ¿qué decisión le parece más probable que tomarían 40 millones de españoles, extranjerizados en Cataluña?: A) Los cuarenta millones de españoles deciden que si los catalanes los extranjerizan, alguna decisión recíproca deben tomar al respecto, como obligar a escoger entre la nacionalidad española y la catalana, y extranjerizar a aquellos que tomen la nacionalidad del Estado catalán. B) Los cuarenta millones de españoles se alegran de ser extranjeros en Cataluña y celebran que 7,5 millones de catalanes les consideren extranjeros en Barcelona; no sólo eso: celebran que todos esos catalanes serán connacionales cuando vengan a Zaragoza, por lo que no adoptarán ninguna decisión que pueda extranjerizar a los catalanes.
Justifique el lector, en todo caso, su respuesta en caso de haber escogido la letra B. Si lo desea, también puede justificar la respuesta A.
23/09/2015 actualidad, doble nacionalidadJavier
Nota: El siguiente artículo era una ampliación de la entrada del blog titulada «Secesión, nacionalidad catalana y doble nacionalidad: ¿otro mito?«. Las casi mil visitas de ayer, que hoy quedarán ampliamente superadas, exceden cualquier expectativa o aspiración personal, como resulta de comprobar que incluso ha llamado la atención de personas con sólida formación jurídica. Ofrezco el trabajo gratuitamente, para su análisis y, por supuesto, crítica. Se trata de un trabajo personal, muy largo, con un enfoque jurídico imprescindible. Hay algunos problemas de formato, que iré arreglando a lo largo del día. Entre esos está el de las notas a pie de página, muy útiles en un libro físico, incluso en uno electrónico, pero poco prácticas en una lectura de artículo de blog.
La hipótesis de la secesión de Cataluña genera múltiples interrogantes. Entre ellos, uno de los que preocupa a muchos ciudadanos es el de saber qué sucedería con su nacionalidad si se produjera la independencia. Con esta publicación pretendo dar una respuesta razonable, y como mínimo razonada, a una cuestión importante, como muchas otras, para tener en cuenta las posibles consecuencias de una hipotética secesión.
La idea germinal nace en mi blog, Cita Falsa, en el que, y con enorme diferencia, la entrada más visitada es la titulada «Secesión, nacionalidad catalana y doble nacionalidad: ¿otro mito?»1. En este trabajo el lector encontrará una versión aumentada, matizada y corregida de ese artículo, que ya tiene más de año y medio desde que lo redacté originalmente. Incluyo numerosas referencias jurídicas y artículos eminentemente técnicos de profesionales del Derecho, lo cual me parece inevitable ante una materia como la que se aborda. Para facilitar el contraste de mis argumentos y las fuentes utilizadas, prácticamente todas las notas -con la excepción de tres libros utilizados- remiten a documentos accesibles en Internet, ya se trate de artículos jurídicos o simples piezas de artículos de periódico. Afortunadamente, a día de hoy, con un poco de curiosidad es fácil encontrar unas cuantas fuentes fiables, y con un poco de esfuerzo es posible hallar bastante material valioso.
De hecho, el trabajo se dirige a cualquiera que tenga interés en conocer los fundamentos legales y su hipotética aplicación. Por ese motivo, prescindo de sutilezas jurídicas, cuestiones y clasificaciones teóricas, excesivos tecnicismos o el recurso a un grado de detalle que probablemente nada aporte a la cuestión general que se pretende explicar. Si es necesario, se hace, pero no trato de escribir un manual sobre nacionalidad, sino las consecuencias de la aplicación de determinados conceptos que se explicarán. El profesional de la materia detectará fácilmente que algunas explicaciones sólo cubren apartados parciales: la justificación reside en que no resulta de interés ahondar en conceptos o supuestos que no tengan una relación directa con el objeto que nos ocupa. También encontrará definiciones, y hasta algún articulado, que admiten muchas discusiones o precisiones en el plano teórico; renuncio a tal grado de profundidad, puesto que no es este el objetivo perseguido, y si encuentra alguna definición polémica, de esas que generan encendidos debates doctrinales, ruego que ignore la cuestión, ya que pretendo, sin olvidar la corrección técnica en que se debe basar toda argumentación, limitarme al concepto general a la hora de desarrollar la cuestión nuclear del tema.
Es indiscutible que nadie puede predecir con seguridad qué sucedería con la nacionalidad en el supuesto de la secesión2. Eso no impide formular una (o varias) hipótesis razonables, cuyas bases se desarrollan a lo largo de este trabajo: la tesis principal parte de la base de que un hipotético Estado catalán ofrecería la nacionalidad catalana a todos los residentes en Cataluña con nacionalidad española en el momento de la secesión, o en la fecha que se determinase, sin obligar a optar entre una nacionalidad u otra, pudiendo compatibilizarlas, mientras que España establecería un régimen de opción: la conservación de la nacionalidad española o su pérdida por la adquisición de la nacionalidad catalana. Con independencia del mecanismo concreto por el que se llevara a cabo, esta versión de los hechos tendría como consecuencia que, finalmente, únicamente se ostentaría una nacionalidad: la catalana de nuevo cuño, con pérdida de la española, o la española, que se conservaría, pero sin acceso inicial a la catalana. Habitualmente, exteriorizar el pensamiento de un efecto de este tipo, como sería la posible inexistencia de una doble nacionalidad automática, suele ser tachado de discurso del miedo (discurs de la por). Este es un recurso utilizado habitualmente por algunos partidarios de la secesión, quienes a cualquier objeción, crítica, advertencia de posibles efectos imprevistos o no deseados responden argumentando que se pretende esparcir miedos y amenazas entre la población, puesto que la independencia carece, según su particular punto de vista, de desventaja alguna o contratiempo posible.
Es obvio que me baso en una hipótesis, por fundada que la pueda considerar, por lo que todo el desarrollo del tema debe ser examinado con cautela, ya que no contamos con un grado de certeza suficiente que garantice su bondad. Estoy de acuerdo y acepto la crítica al respecto. Sin embargo, no considero aceptable el reverso a mi argumentación, que consiste en decir que con la legislación vigente a día de hoy en España todos los ciudadanos catalanes podrían conservar la nacionalidad española y, por lo tanto, se disfrutaría automáticamente de la doble nacionalidad. Se explicarán y comentarán los motivos en contra de una solución de esa clase, que debe ser sometida también a una severa crítica, intrínseca a las bases fundamentales de los argumentos favorables a la secesión: la absoluta minimización de los costes y riesgos de la secesión, sistemáticamente negados, y no pocas veces resueltos con apelaciones voluntaristas del tipo “a España le interesará” o “a Europa le interesará”. Se niega, pues, que ni siquiera exista la posibilidad de que se pueda perder la nacionalidad española como consecuencia de la secesión, lo cual se puede leer en artículos firmados por influyentes entidades o prestigiosos profesionales3.
Como contrapartida a esta postura, de lectura frecuente entre el secesionismo, en esta misma introducción es pertinente indicar que el reconocimiento de una doble nacionalidad automática fruto de una secesión no ha sucedido nunca4. Por tanto, aunque en la teoría todo es posible, como se recalca frecuentemente, no se puede olvidar la práctica internacional, unas nociones básicas de Derecho Internacional y los conceptos jurídicos usualmente aparejados a una modificación territorial como la secesión, todo ello presente mucho antes de que en Cataluña tomara fuerza la hipótesis de la independencia. Tratándose de un estudio que trabaja, inevitablemente, sobre hipótesis, admito que otras variantes son posibles. Si no existen normas obligatorias ni una práctica internacional uniforme, no cabe otra posibilidad que admitirlo. Ahora bien, quien argumente que la doble nacionalidad automática es probable, cabe exigirle que justifique sus razones: veremos que normalmente se basan en errores conceptuales.
Espero que el texto sirva al lector interesado para conocer más sobre la materia y sus complejas implicaciones, frente a la hipótesis de una secesión que, y esto es importante remarcarlo, superaría cualquier previsión del Ordenamiento Jurídico español.
La regulación del modo de adquisición, conservación y pérdida de la nacionalidad es una cuestión interna de los Estados, que son quienes deciden a quién le atribuyen o no su nacionalidad, gozando de una amplia libertad para atribuir o conceder la nacionalidad12.
En el caso español, las líneas fundamentales se establecen en el artículo 11 de la Constitución (CE), mientras que su desarrollo y concreción se perfila en los artículos 17 a 26 del Código Civil13.
3. El Estado podrá concertar tratados de doble nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o tengan una particular vinculación con España. En estos mismos países, aun cuando no reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco, podrán naturalizarse los españoles sin perder su nacionalidad de origen.»
En orden a lo que nos interesa en este trabajo, puede decirse que la inmensa mayoría de ciudadanos con residencia en Cataluña son españoles de origen, ya que, en general, la nacionalidad de origen se obtiene por el llamado ius sanguinis, o sea, por el hecho de ser el padre o la madre españoles. Prescindiré de la explicación respecto de españoles por naturalización u opción, aunque ahora esta diferenciación en realidad carece de relevancia.
1.3. Distinción entre privación y pérdida de la nacionalidad.
En el anterior apartado se ha visto cómo la Constitución prohíbe terminantemente la privación de nacionalidad a un español de origen, quien, no obstante, la puede perder, como resulta de la previsión constitucional y del texto del Código Civil (art.24).
La privación de la nacionalidad consiste en la sanción o pena impuesta a un ciudadano como consecuencia de una determinada infracción administrativa o penal, que comportaría la retirada de la nacionalidad. En consecuencia, lo que prohíbe la Constitución es que un español de origen pueda dejar de ostentar la nacionalidad española por haber cometido un delito o por una infracción administrativa. Esta prohibición también afectaría a hipotéticos actos arbitrarios.
De este modo, se distingue de la pérdida de la nacionalidad, usualmente aparejada a la adquisición de otra nacionalidad. En la legislación actualmente vigente, se exceptúa esta pérdida si la nacionalidad adquirida corresponde a países iberoamericanos, Andorra, Guinea Ecuatorial, Filipinas o Portugal (art.11.3 CE y 24.1 CC).
Por lo tanto, todo español de origen puede perder la nacionalidad española, concepto absolutamente distinto de la privación de la nacionalidad. Si bien es cierto que un español de origen no puede ser privado de su nacionalidad, sí que la puede perder.
Cuando se sostiene que los catalanes no podrán ser privados de la nacionalidad española se difunde una confusión conceptual entre la privación y la pérdida, fruto del desconocimiento o de la mala fe, a través de la que se pretende argumentar la imposibilidad de pérdida de la nacionalidad española en caso de secesión y, a la vez, que se disfrutará automáticamente de una doble nacionalidad española y catalana. No se puede privar a un español de origen de su nacionalidad, pero esa nacionalidad sí se puede perder, sin necesidad de sanción alguna. Y el caso paradigmático de pérdida lo constituye, precisamente, la adquisición de otra nacionalidad, sin perjuicio de determinadas particularidades que mitigan esta consecuencia.
Dentro del apartado de la pérdida, debe recalcarse que la nacionalidad española se puede perder por renuncia expresa, condicionada a que se posea otra nacionalidad y se resida en el extranjero (art.24.2 CC), como se ha detallado en el apartado 1.2.
Una tesis sugerente, respecto de la renuncia, es aquella que sostiene que el hecho de la secesión, y la ruptura efectiva de los vínculos jurídicos y políticos con España, supondría una renuncia expresa a la nacionalidad española, puesto que la Constitución Española dejaría de estar vigente y ser de aplicación en territorio catalán y a su población, a lo que cabría añadir una hipotética atribución de la nacionalidad catalana a todos los residentes en Cataluña en el momento de la secesión.
Esta línea argumental, de enorme complejidad llevada a la práctica, quizás tenga mayor interés en el plano teórico que en el práctico, así que simplemente se deja apuntada la posibilidad, que cuenta con varias objeciones, como la exigencia de una declaración de voluntad expresa. En el Capítulo II se ahondará más en la cuestión, que no es otra que, en la hipótesis de la secesión, debe tenerse en cuenta la voluntad del ciudadano afectado, que puede verse obligado a optar entre una nacionalidad u otra, y respecto del que existiría dificultades de orden práctico y jurídico para imponerle la nacionalidad catalana si no deseara acceder a la misma.
La legislación vigente prevé que, aun adquiriendo una nueva nacionalidad, se pueda conservar la nacionalidad española, mediante el expediente consistente en efectuar una declaración de voluntad ante el encargado del Registro Civil en el plazo máximo de tres años desde la adquisición de la nueva nacionalidad.
En algunos documentos se remiten a esta facultad de conservación como la base para no perder la nacionalidad. Si bien la existencia de esta posibilidad es cierta, se justificarán razones por las que considero que este precepto probablemente sería modificado o resultaría inaplicable. Anticipándonos a cuestiones que se examinarán, es pertinente citar cómo de forma sencilla y clara teoriza al respecto DE MIGUEL BÁRCENA19: “…al día siguiente de la independencia, los habitantes de Cataluña ya no serían nacionales españoles, pues adquirirían la nacionalidad catalana. Aunque el artículo anterior añada que se necesitan tres años para confirmarse la pérdida, es seguro que las Cortes españolas eliminarían dicho trámite temporal en la medida en que los siete millones de catalanes podrían seguir votando durante ese periodo en las elecciones generales españolas. Ante tal distorsión democrática, el Parlamento español modificaría en una tarde el Código Civil para que la pérdida de nacionalidad fuera efectiva de manera inmediata.”
a) La doble nacionalidad convencional. En esta figura quedan encuadrados los Tratados de doble nacionalidad, que hasta la fecha son doce con países iberoamericanos.
b) La doble nacionalidad reconocida unilateralmente por el ordenamiento español (llamada también doble nacionalidad automática o no convencional). Los españoles que adquieren la nacionalidad de países iberaoamericanos, Andorra, Guinea Ecuatorial, Filipinas o Portugal mantienen la española, salvo si renuncian expresamente a ella.
c) Situaciones de doble nacionalidad surgidas al margen del ordenamiento español y situaciones toleradas por el mismo (llamada también anómala o patológica). Se trata, por ejemplo, de situaciones en que el ordenamiento español exige la renuncia a la nacionalidad de origen en el momento de adquirir la española y el sistema jurídico extranjero no otorga a esa renuncia el efecto de pérdida de la nacionalidad y sólo constituye un requisito meramente formal.
De nuevo, y dado el limitado estudio del trabajo, y a fin de no teorizar en exceso, fijaré el alcance de la explicación, que coincide con los términos en que habitualmente se discute la doble nacionalidad para la hipótesis de la secesión, en la doble nacionalidad convencional y la reconocida unilateralmente. Es decir, lo que en términos técnicos se ha encuadrado en la categoría de doble nacionalidad de derecho o como sistema21, y que se concreta en las letras a) y b)22.
España no ha firmado Convenios en materia de sucesión de Estados ni legislación internacional que regule estas cuestiones. No hay una norma obligatoria a la que remitirse, aspecto en el que sí que existe unanimidad en cualquier documento que se consulte. No obstante, sí que podemos orientarnos y formular hipótesis, ya sea basadas en normas o proyectos de normas internacional, en la práctica internacional o a través de propuestas presididas por el realismo.
Las tesis que abogan por la doble nacionalidad automática lo hacen bajo la premisa de que no se puede perder la nacionalidad española (ya se ha visto que no es así) o que nada cambiaría en la legislación española si se produjera la secesión, lo cual es, a mi entender, poco realista. Se hace muy difícil la idea de que una modificación de tan enorme profundidad no supondría cambios en la configuración, de todo orden, de un Estado que pierde un territorio en el que viven aproximadamente siete millones y medio de personas. Y resulta también difícil justificar que ese mismo Estado, con una pérdida tan formidable, aceptará que esa población pueda participar, mediante el voto, en el Gobierno de España cuando la secesión significa el deseo de apartarse políticamente de España33. Distinto es que haya una parte de la población del territorio catalán -más o menos numerosa- que no desee perder el vínculo, frente a lo cual es razonable arbitrar una solución que permita conservar la nacionalidad española, probablemente bajo la disyuntiva de la opción entre una u otra nacionalidad. No se pueden descartar otras soluciones, pero aquí se exponen aquellas que fundamentan la probabilidad de una opción.
El derecho internacional reconoce que corresponde a cada Estado decidir quiénes son sus nacionales. Si bien es cierto que en la actualidad el derecho a la nacionalidad tiene un aspecto de derecho fundamental individual, en la práctica ello se traduce en el compromiso de los Estados de evitar la apatridia. En ocasiones, esta tendencia del derecho internacional se usa como justificación para evitar la pérdida de la nacionalidad española en caso de secesión. Sin embargo, se obvia que si la población del territorio escindido accede a la nueva nacionalidad (en este caso, la catalana) ningún compromiso se incumple si se declara la pérdida de la nacionalidad del Estado predecesor (en este caso, la nacionalidad española). Simplificando: a la vez que la nacionalidad se concibe como un derecho individual, existe la facultad soberana de un Estado de determinar quiénes son sus nacionales. Y si uno de sus nacionales accede a otra nacionalidad, el Estado puede perfectamente, sin infringir derecho alguno, declarar la pérdida de su nacionalidad. Dado ese poder soberano estatal, y la inexistencia de Convenios o Tratados específicamente obligatorios, la sucesión de Estados en términos de nacionalidad dependen esencialmente de las decisiones del Estado predecesor y el Estado sucesor37, lo cual puede quedar reflejado en Tratados convenidos entre ambos Estados o, a falta de esos Tratados, en su legislación interna. Así pues, se trata de una decisión discrecional (en la hipótesis de la secesión), con el único límite de no causar apatridia.
Las ideas generales que se observan en normativas y proyectos relativos a la nacionalidad se rigen por evitar la apatridia -quedarse sin nacionalidad-, que los residentes en el territorio independizado tienen derecho a adquirir la nueva nacionalidad, y, en su caso, tienen el derecho de optar entre la nacionalidad anterior o la nueva.
Todo ello, en su conjunto, implica que, en la hipótesis de la secesión de Cataluña, España sería completamente libre para determinar quiénes perderían la nacionalidad española; por supuesto, Cataluña tendría plena libertad para determinar quiénes accederían a su nacionalidad. El límite estaría en que no se puede provocar apatridia.
El Convenio Europeo sobre Nacionalidad del Consejo de Europa38, que no ha sido ratificado por España, contiene una serie de principios que, sin duda, deberían ser tenidos en cuenta con relación a la nacionalidad, en lo que coincido con el informe número 10 del Consell Assessor per a la Transició Nacional. No obstante, cabe advertir que estos principios ya informan la regulación de la nacionalidad en España:
1. Todas las personas tienen derecho a una nacionalidad;
2. La apatridia debe ser evitada;
3. Nadie puede ser privado arbitrariamente de su nacionalidad;
4. Ni el matrimonio, ni la disolución del matrimonio, ni el cambio de nacionalidad de un cónyuge durante el matrimonio pueden tener efectos directos sobre la nacionalidad del otro cónyuge.
Atribución de la nacionalidad del Estado sucesor.
a) A las personas afectadas que tengan su residencia habitual en su territorio; y b) Con sujeción a lo dispuesto en el artículo 8:
El Estado predecesor y el Estado sucesor concederán un derecho de opción a todas las personas afectadas comprendidas en el artículo 24 y en el párrafo 2 del artículo 25 que reúnan las condiciones para tener la nacionalidad del Estado predecesor y del Estado sucesor o de dos o más Estados sucesores»
Sin entrar en las cuestiones más técnicas, ni en los supuestos más problemáticos, se promueve que:
– El criterio general será el de atribuir la nacionalidad a todos los afectados que residan en el territorio que se separa. Un criterio parecido, que no idéntico, es el que se derivaría de ostentar la vecindad administrativa.
– El Estado predecesor podrá retirar su nacionalidad40 a quien adquiera la del Estado sucesor. (Como ejemplo de las discusiones doctrinales, ahora irrelevantes, que generaría el artículo 25.1 es que se dice que el Estado predecesor «retirará», lo cual implica un carácter obligatorio. Coincido en que no debe ser necesariamente así y que, dados los términos en que se sitúa este documento, lo más adecuado sería declarar la pérdida por adquisición de otra).
Ya fuera por la vía estricta de la sucesión de Estados, de un acuerdo España – Estado catalán (vía Tratado), o simplemente una reforma legal en que la pérdida se produjera automáticamente por la adquisición de la nueva nacionalidad, la opción por la nacionalidad catalana -sin incurrir, pues, en apatridia- podría implicar la pérdida definitiva de la nacionalidad española.
Por supuesto, existen otras posibilidades, pero mientras no se provoque apatridia, el Estado predecesor no tiene obligación de conservar la nacionalidad para aquellos que han optado por romper el vínculo jurídico y político, con todo su ordenamiento y jurisdicción, mediante la secesión.
El problema principal del informe del CATN es que no se afronta de manera clara y expresa que, como consecuencia de la secesión, la adquisición de la nacionalidad catalana podría comportar la pérdida de la nacionalidad española: «Sería conveniente que el legislador catalán regulara esta materia a partir del criterio de que la adquisición de la nacionalidad catalana no estuviera condicionada a la renuncia a la nacionalidad española, ni tampoco a cualquier otra. Cabría esperar que el Estado español actuara con reciprocidad, de tal manera que la adquisición de la nueva nacionalidad catalana no conllevara la pérdida de la española.”.
El enfoque desplaza la cuestión, de forma inteligente, a cargar la responsabilidad hacia España: si la Cataluña independiente reconoce la doble nacionalidad, es lógico que España también lo haga. Sin embargo, este planteamiento incurre en clara intromisión en la hipotética legislación interna española y las decisiones que pueda adoptar un Estado soberano que, como sabemos, es libre de fijar la regulación que tenga conveniente. El problema, pues, no es de una supuesta reciprocidad sino de exponer con toda claridad que el Estado predecesor tiene perfecto derecho a establecer la pérdida de su nacionalidad para todo aquel que adquiera la del Estado sucesor. El CATN evita decirlo de forma expresa, aunque a sensu contrario sí lo reconozca: si España no actúa con «reciprocidad«, la adquisición de la nueva nacionalidad catalana comportará (o podrá comportar) la pérdida de la española.
Contrariamente a la mayoría de artículos que se verán en el siguiente Capítulo que defienden la doble nacionalidad automática, el CATN únicamente menciona en su informe el concepto de pérdida de la nacionalidad española y ni siquiera invita a pensar en la privación de la nacionalidad o un acto arbitrario de España.
Sobre este punto hay que reconocer la absoluta corrección expositiva del informe, que ofrece claras señales de algunos de los motivos por los que se considera positiva una hipotética doble nacionalidad: «Dada la trascendencia y la complejidad de la materia (que afecta también a la ciudadanía europea, en la medida en que las personas con doble nacionalidad catalana y española serían también ciudadanos europeos, con independencia de la situación de Catalunya respecto de la Unión Europea), resultaría muy conveniente celebrar con España cuanto antes un convenio sobre nacionalidad que regulara la doble nacionalidad, de acuerdo con los principios de la Convención y con criterios de reciprocidad.». Ante la falta de certeza de un ingreso automático en la Unión Europea, y dado que la nacionalidad de un Estado miembro otorga el status de ciudadanía europea que no sería predicable para los nacionales catalanes mientras la admisión estuviera pendiente, se pretende conservar uno de los «privilegios inherentes«43 a la nacionalidad española: la ciudadanía europea.
Sin lugar a dudas, resulta contradictorio -hasta incoherente- que quienes se muestran partidarios de la secesión y, por lo tanto, de la ruptura de los vínculos políticos y jurídicos con España, defiendan con tenacidad la conservación de la nacionalidad española. A menudo se suele desdeñar a quien afirma que en caso de secesión se podría perder la nacionalidad española. Incluso, se critica esta eventual solución aludiendo a que se trataría de un acto mezquino44. El problema de fondo es que quien pretende la independencia no está dispuesto a asumir, con todas sus consecuencias, los efectos potencialmente negativos de la secesión.
Las razones de esta defensa de la conservación de la nacionalidad española y el efecto automático de su acumulación con una teórica nacionalidad catalana son múltiples, algunas de ellas fácilmente identificables:
b) Asegurar, con la nacionalidad española, la conservación de la ciudadanía de la Unión Europea. No es ahora el momento de debatir acerca del ingreso o no de una Cataluña independiente en la UE. Lo que sí es cierto, e incontrovertible, es que al margen de la situación que ocupara Cataluña respecto de la UE, la condición de español comporta la ciudadanía europea, lo cual no se está en condiciones de asegurar con la catalana. Cabe deducir, pues, que se considera positivo ostentar la nacionalidad española y que perderla se considera negativo, hasta el punto de que se ha llegado a sostener que la nacionalidad española conlleva «privilegios inherentes«45.
Con estos tres puntos se identifican motivos relevantes para que quienes defienden los beneficios de la secesión tengan especial interés en destacar que, según su versión, se disfrutaría de una doble nacionalidad automática y se conservaría la española.
Sea por argumentos de doble nacionalidad automática basados en la Constitución Española, sea mediante la generosidad del hipotético nuevo Estado catalán a la hora de reconocer las situaciones de doble nacionalidad, esta versión es la predominante en el discurso secesionista. Ahora bien, como expuso Francisco RUBIO LLORENTE46 con relación al informe nº10 del CATN, que apuntaba a la figura de la doble nacionalidad: “…esa doble nacionalidad no es producto de la generosidad de quien la otorga, sino remedio al que este acude para evitar un mal propio…”; para acabar señalando que “…me atrevo a afirmar que ni la Constitución ni el Código Civil obligan al Estado español a otorgar la doble nacionalidad a los nacionales de un nuevo Estado. Tal vez yo esté equivocado, pero aunque lo estuviera, ¿cómo forzar al Estado español a cumplir su obligación? ¿Acudiendo al Tribunal Constitucional?”.
Una primera cuestión que debe quedar claramente fijada desde ahora mismo: los argumentos que defienden la doble nacionalidad automática recurren en su mayoría a la confusión conceptual entre privación y pérdida de la nacionalidad, ideas que se han explicado en el apartado 1.3 del Capítulo I; erróneo enfoque que se utiliza para sostener la imposibilidad de pérdida de la nacionalidad española. El error no es, ni mucho menos, anecdótico o irrelevante, puesto que se lee en artículos firmados por influyentes entidades partidarias de la secesión, juristas, economistas e intelectuales renombrados y de prestigio que suelen defender las bondades de la separación. Constituyen el discurso mayoritario.
Aparejada a esta imposibilidad de ser privados de la nacionalidad, a veces también se incluye entre los argumentos el mecanismo de la conservación de la nacionalidad. Como se apuntaba en la introducción47 y en el capítulo primero48 afirmar que la legislación española no cambiaría ante un cambio de la magnitud que supone una secesión, es poco realista. Tras ver el contenido del Capítulo II y las tendencias del Derecho Internacional, un lector poco familiarizado con la materia convendrá en que la posibilidad de pérdida de la nacionalidad española es un riesgo cierto.
En la web de Ara és l’Hora49, auspiciada por las muy influyentes entidades favorables a la secesión, ANC y Òmnium Cultural, encontramos explicaciones y argumentos que, según se ha explicado antes, mezclan conceptos indebidamente: “El artículo 11.2 de la Constitución española prevé que ningún ciudadano español puede ser privado de su nacionalidad. Por lo tanto, como el gobierno español no podrá quitar la nacionalidad española a los ciudadanos de Cataluña, éstos la podrán conservar sin tener que efectuar ningún trámite. Todos los ciudadanos que lo deseen podrán mantener la nacionalidad española en un Estado catalán, porque es un derecho individual.”.
El primer y claro error conceptual se produce al identificar privación con imposibilidad de pérdida. El texto ni siquiera menciona que la nacionalidad se puede perder, tal y como se ha señalado en el Capítulo I, por la adquisición de una nueva nacionalidad y residir en el extranjero. Se dice que es un derecho individual, lo cual es cierto hasta el momento en que se adquiere otra nacionalidad, momento en que el Estado puede decidir que su nacionalidad es incompatible con otra y, por lo tanto, establecer su pérdida.
Como el lenguaje secesionista necesita identificar a un posible “culpable”, se indica que el gobierno no podrá “quitar” la nacionalidad a los ciudadanos de Cataluña. Como sabemos, no es necesario quitársela a nadie, ya que la nacionalidad española se pierde, precisamente, a consecuencia de la adquisición de otra nacionalidad, de modo que la información, como mínimo, es incompleta e induce a error.
Con todo, en este punto tampoco se puede obviar que en la actualidad existe el mecanismo de la conservación de la nacionalidad (aquel por el que se puede conservar, aun adquiriendo una nacionalidad nueva, mediante manifestación ante el Encargado del Registro Civil en los tres años posteriores a la adquisición de la nueva nacionalidad; aunque, según la información reproducida, la conservación se produciría “sin tener que realizar trámite”, lo cual tampoco es correcto). Más allá de que en la hipótesis de la secesión fuera probable algún tipo de modificación legal que comportase la pérdida definitiva de la nacionalidad española si se optare por la nacionalidad catalana, resulta incuestionable que la información de esta página web -reitero que promovida por las dos entidades más influyentes y conocidas del movimiento secesionista- dan a entender la imposibilidad de la pérdida de la nacionalidad española, bajo cualquier circunstancia.
El escenario de la confusión todavía se agrava más al afirmar: “Concretando en el supuesto de una hipotética secesión de Cataluña, el escenario más probable sería que los ciudadanos de Cataluña mantendrían la nacionalidad española y a la vez se considerarían nacionales catalanes por la presunción antes mencionada, al menos hasta que el nuevo estado catalán dictara sus propias normas en este sentido. Este derecho de opción sería difícil de ejercer de acuerdo con el actual ordenamiento español, por el hecho que este prohíbe expresamente la privación de la nacionalidad y no prevé la renuncia.”
Es reiterativo volver a incidir en la patente confusión entre privación y pérdida de la nacionalidad, pero es que, además, se incurre en un error de difícil justificación, cuando se afirma que el actual ordenamiento español “no prevé la renuncia”.
SAGARRA conoce la diferencia entre la privación y la pérdida de la nacionalidad, pero dibuja unos contornos poco claros que inducen a confusión para quien desconozca la materia. En un pasaje de su trabajo sostiene: “..en el supuesto hipotético de que una Cataluña independiente atribuyera la nacionalidad catalana a sus ciudadanos que a su vez ya fueren españoles de origen, pero residentes en el territorio del nuevo Estado (Cataluña) en ningún caso, España podría sancionarlos con la pérdida de la nacionalidad española que hasta entonces tenían”. Como se reitera ya hasta la extenuación, la nacionalidad se puede perder por la adquisición de otra y nada tiene que ver con la privación. Si para prever el caso concreto se precisa un cambio legislativo, nada se infringe siempre y cuando no se dé lugar a la apatridia, puesto que la cuestión no depende exactamente del derecho civil, sino de la propia secesión, como recalcaba Gregorio Garzón Clariana52: “Ahora, lo que no se puede decir -y lo digo porque sé que se ha dicho e, incluso, escrito- es que si hubiera una secesión, todos los catalanes conservarían la nacionalidad española. Esto es de una ingenuidad que mata, porque no ha pasado nunca, en la práctica internacional, esto. Esto no depende del derecho civil, depende del hecho mismo de la secesión”.
Sobre la pérdida (p.211) se ofrece una interpretación que no se ajusta a la literalidad del Código Civil: “Únicamente puede perderla si, voluntariamente, renuncia a la nacionalidad y siempre que se den las circunstancias, objetivas y subjetivas, legalmente previstas en el Código Civil (arts.24 y 25 CC). En estos supuestos las autoridades españolas pueden admitir dicha renuncia con efectos legales en España, pero es discrecional que el Estado la acepte, atendiendo el carácter de acto soberano de la concesión de la nacionalidad”.
SAGARRA defiende que la pérdida de la nacionalidad requiere una renuncia, más unos requisitos adicionales regulados en el Código Civil. Jurídicamente se suele entender por renuncia un acto unilateral por el que se abandona o extingue un derecho o acción. Lo cierto es que el artículo 24.1 CC dice que la nacionalidad española se pierde si se adquiere otra nacionalidad por quien resida habitualmente en el extranjero, y que esa pérdida se producirá una vez transcurridos tres años, si no se ha manifestado la voluntad de conservarla ante el Encargado del Registro Civil. Así, la renuncia expresa -que es medio válido para la pérdida, siempre que se ostente otra nacionalidad y se viva en el extranjero, tal y como regula el artículo 24.2 CC- no es el único medio para perder la nacionalidad, como parece sugerir SAGARRA. La argumentación, pues, resulta imprecisa, ya que más adelante afirma que para que sea efectiva la pérdida de la nacionalidad “…se requiere que haya un acto voluntario de renuncia expresa por el interesado: la adquisición de otra nacionalidad y que la utilicen exclusivamente”. Por desgracia, también esta frase entrecomillada es confusa, porque el artículo 24.1 del Código Civil dice que perderán la nacionalidad española los que “…residiendo habitualmente en el extranjero, adquieran voluntariamente otra nacionalidad..”.
Resuelto que Cataluña no quedaría inserta en el concepto de país iberoamericano, cabría la posibilidad de que tuviera la consideración automáticamente -según sostiene SAGARRA- de país con particular vinculación con España, cosa que expresamente prevé el artículo 24.1 del Código Civil respecto de Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial y Portugal. Sin embargo, también se ha explicado en el mismo apartado 1.6 que el concepto de particular vinculación requiere un expreso desarrollo y, con él, que Cataluña aparezca mencionada, con la paradoja añadida de que, tras haber roto vínculos con España, acto seguido se exige la acumulación de nacionalidades. Aunque todo es interpretable, no cabe duda de que la Constitución no fue redactada para ser aplicada a quienes, después de su promulgación, se separasen de España. En lo sustancial, los argumentos de SAGARRA fueron expuestos en la controvertida película «L’Endemà«53 y fueron objeto de crítica jurídica similar54.
Se mantiene por influyentes intelectuales como los que se agrupan bajo el llamado Col·lectiu Wilson que55 “…la constitución española (artículo 11.2) dice: «Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad». Por lo tanto, en caso de independencia, los catalanes seguirían conservando la ciudadanía española, a menos que España cambiara su legislación para castigar a los catalanes». El problema principal de frases de este tipo es que, aparte del absoluto desconocimiento sobre la materia, han encontrado un hueco importante entre los argumentos de la secesión. De nuevo, el error es el mismo que hemos visto de forma repetida: se mezcla y confunde privación y pérdida.
3.4. Con esta significativa muestra de artículos e informaciones, difundidas desde el ámbito favorable al secesionismo -las dos entidades más influyentes, un artículo firmado por un jurista en un diario favorable a esa corriente, otro artículo de un jurista que llega a aparecer en una película a favor de la secesión, un colectivo de reputados intelectuales, y un conocido y mediático economista, integrante también de ese colectivo- se demuestra cómo las explicaciones que se asumen como verdades incontrovertibles parten de premisas completamente erróneas, invalidantes de toda argumentación posterior.
Confundir privación y pérdida o ignorar los supuestos que darían lugar a la pérdida de la nacionalidad, todo ello con la finalidad de difundir un mensaje sesgado, dejan casi como una cuestión menor la polémica a la hora de determinar la primacía de la sucesión de Estados o del derecho de la nacionalidad regulado en el Código Civil. Aunque no está de más señalar que en su mayoría se obvia o desconoce la figura de la sucesión de Estados y su eventual aplicación práctica.
Ninguna de las anteriores opiniones puede ser calificada de anecdótica o irrelevante: se trata de argumentos expuestos desde la casi total omnipresencia a la hora de promocionar la secesión, el conocimiento técnico o el prestigio intelectual. Su influencia no admite discusión, pese a arrastrar errores fundamentales de concepto, como defender que Cataluña forma parte de los países iberoamericanos.
No sólo eso, sino que, aun con esos errores primarios, se sienten legitimados, en algún caso, para descalificar opiniones divergentes57, cuando en casi todos ellos se confunde el concepto de privación y el de pérdida, o se transmite una información sesgada que da lugar a equívocos para ocultar la realidad.
Bajo estas condiciones, y en esta concreta materia, es absolutamente cierto afirmar que el independentismo difunde información carente de rigor.
En un reciente artículo firmado por ALBERT PONT58 se aborda con notable acierto y realismo algunos de los problemas que podría generar una doble nacionalidad automática, que se extenderían incluso al reconocimiento de un Estado catalán, y destaca cómo el análisis del tema de la nacionalidad debe realizarse desde la figura de la Sucesión de Estados, en los siguientes términos: «Una determinada entidad autoproclamada independiente que no cuente con el reconocimiento del estado predecesor difícilmente obtendrá el reconocimiento internacional si no demuestra que posee todos los elementos constitutivos de los estados: gobierno , territorio y población. Dado que los estados ejercen competencias exclusivas sobre las personas, es necesario que Cataluña tenga nacionales propios si quiere obtener el reconocimiento internacional.
(…) La atribución de la nacionalidad catalana debe concebirse desde la perspectiva de la sucesión de estados, no desde la perspectiva del régimen de extranjería. Así, si la nacionalidad es el vínculo jurídico entre una persona y un estado, cualquier caso de sucesión de estados conlleva la ruptura de este vínculo y el nacimiento de un nuevo vínculo con el nuevo estado. Así lo recogen las legislaciones de los estados europeos de reciente independencia«.
Alfons LÓPEZ TENA59, con un enfoque más centrado en la regulación del Código Civil, considera que una simple modificación legislativa del derecho interno español provocaría la pérdida de la nacionalidad española para todos aquellos que adquiriesen la nacionalidad catalana: «España, Estado soberano, podría además cambiar su Código Civil para declarar renunciantes a la nacionalidad española todos los que tomaran la catalana, ipso facto y sin esperar al plazo de tres años antes mencionado ahora establecido. También podría firmar un tratado de doble nacionalidad con el Estado catalán independiente , si éste también quisiera . A la discreción del lector queda averiguar qué acción española le parece más verosímil”
Como elemento de contraste de lo visto hasta ahora, merece la pena observar cómo se afrontó este debate respecto de los casos de Quebec y Escocia. Como se verá, los elementos básicos son parecidos a los que se han visto hasta ahora, con las lógicas diferencias de cada sistema. No interesa tanto la solución concreta, sino la manera en que se aborda la cuestión y las conclusiones a las que se llega.
4.1. QUEBEC.
«En effet, dans l’hypothèse de l’accession du Québec à la souveraineté, le Canada serait libre de déterminer quels sont les individus qui perdent la citoyenneté canadienne et le Québec de dire quels sont ceux qui obtiennent la nationalité québécoise».
Desde esta primera frase observamos la plena coincidencia con la tesis mantenida: España (Canadá) sería libre de determinar quiénes perderían la nacionalidad española. Este planteamiento resulta doblemente relevante cuando el informe se emite desde la perspectiva de Quebec. Los mismos quebequenses (como mínimo, el redactor del informe) aceptan en sus informes la posibilidad de pérdida de la nacionalidad canadiense en caso de acceder a la independencia. Radicalmente al revés que el secesionismo catalán.
Es muy interesante observar que el autor del estudio se plantea una hipótesis parecida a la de este trabajo: atribución de la nacionalidad del nuevo Estado según la residencia habitual y reconocimiento de un derecho de opción. También se plantea un acuerdo entre Canadá y Quebec por el que se pudieran acumular ambas nacionalidades, solución que estima difícilmente conciliable con la formación de un nuevo Estado soberano.
En cuanto al derecho de opción, Emanueli lo fija con precisión y gran claridad expositiva: «55. Le droit d’option permet aux individus qui sont affectés par une succession d’États de choisir leur nationalité. Dans le cas d’une succession partielle, les individus qui acquièrent de plein droit la nationalité de l’État successeur peuvent ainsi renoncer à celle-ci, en faveur de celle de l’État prédécesseur».
«158. Les règles régissant les conséquences de l’accession du Québec à la souveraineté devraient s’inspirer du principe selon lequel la population suit le territoire. Ainsi, les citoyens canadiens ayant leur résidence habituelle au Québec au jour de l’indépendance devraient acquérir de plein droit la nationalité québécoise et perdre la citoyenneté canadienne.
La cuestión, sin embargo, no está en enarbolar como ejemplo incontrovertible el análisis de Emanuelli, ni en determinar que esta es la única solución legal correcta. La cuestión estriba en que con rigor jurídico y fundamentos sólidos se llega a soluciones lógicas y coherentes, que coinciden con las que en este trabajo se plantean como hipótesis más plausible y que se identifican con aquellas que muestran su escepticismo frente a la doble nacionalidad automática.
Lo criticable de la postura del secesionismo, en general, no es que se defienda una posibilidad u otra -ya se ha señalado que las soluciones son diversas-, sino que se esconda o niegue la pérdida de la nacionalidad española como si careciese de fundamento.
4.2.1. REINO UNIDO Y ESCOCIA.
4.2.1.1. La posición del Gobierno escocés.
«The UK allows dual or multiple citizenship for British citizens. If a British citizen acquires citizenship and a passport of another country, this does not affect their British citizenship, right to hold a British passport or right to live in the UK. The Scottish Government will also allow dual citizenship. It will be for the rest of the UK to decide whether it allows dual UK/Scottish citizenship, but we expect the normal rules to extend to Scottish citizens«.
En contra de lo que se suele mantener por el secesionismo catalán frente a las facultades del legislador español, el Gobierno escocés -aparte de expresar su deseo de que se permitiera la doble nacionalidad británica y escocesa- reconocía que era «el resto del Reino Unido» a quien le pertenecería la decisión.
El documento quebequés aboga claramente por la consideración del derecho de opción. El documento escocés promete una doble nacionalidad automática y el británico afirma que no se puede asegurar la doble nacionalidad. Queda para el lector que ha llegado hasta aquí la valoración de la solidez de los argumentos presentados por cada parte.
Particularmente, si bien la experiencia demuestra que la corrección de una determinada opinión no depende del número de folios escritos, llama la atención la longitud del estudio de Emanuelli y la diversidad de conceptos y elementos abordados en el documento del Gobierno británico, en claro contraste con las escuetas explicaciones del Gobierno escocés.
Y acabo el capítulo con una nueva reiteración: con independencia de la opinión que merezca un juicio favorable a la doble nacionalidad automática, resulta insostenible negar que se podría perder la nacionalidad española. Los tres documentos que se han comentado, hasta el más favorable a la doble nacionalidad, como el escocés, reconocen posibles objeciones a una doble nacionalidad.
5.1. Tras toda la exposición de este trabajo, cabe formular las siguientes conclusiones:
1. La cuestión de la nacionalidad debe ser examinada, con carácter preferente, desde la perspectiva de la sucesión de Estados.
7. En la perspectiva de la sucesión de Estados, tanto la posibilidad de tener que optar por una nacionalidad u otra, como la doble nacionalidad automática, son posibles.
8. Hasta la fecha, la doble nacionalidad automática jamás se ha producido.
1 https://citafalsa.com/2014/02/03/secesion-nacionalidad-catalana-y-doble-nacionalidad-otro-mito/
16 ALVAREZ RODRIGUEZ, Aurelia «Nacionalidad Española. Normativa Vigente e Interpretación Jurisprudencial«, p.109-123 en cuanto a la pérdida. Editorial Aranzadi, 2008.
28 PÉREZ VERA, ELISA en Revista de Instituciones Europeas, Vol.8.Sep-Dic.1981: «En suma, el texto constitucional en vigor permite que cualquier evolución de nuestras relaciones internacionales pueda ser tenida en cuenta, también desde la perspectiva de la doble nacionalidad. No obstante, sigue siendo cierto que los únicos países expresamente evocados en la norma son los iberoamericanos«
29 MANGAS MARTÍN, ARACELI en “La secesión de territorios…”,
30 TORRES CAZORLA, MARÍA ISABEL “La sucesión de estados y sus efectos sobre la nacionalidad de las personas físicas”, Servicio de Publicaciones Universidad de Málaga, 2001. p.40. Contiene una minuciosa relación y detalle de supuesto de sucesión de Estados y la solución en cada caso respecto de la nacionalidad. Una parte del libro, como tesis doctoral, se puede leer en http://riuma.uma.es/xmlui/handle/10630/2543 . En comparación con el índice que aparece en la tesis, en el libro físico desaparece la parte III.
35 TORRES CAZORLA, María Isabel «La sucesión de estados y sus efectos…» p.401
37 EMANUELLI, CLAUDE C. «L’accession du Québec à la souveraineté et la nationalité» http://www.saic.gouv.qc.ca/documents/institutions-constitution/commision-souverainete-1991-1992/04-ClaudeCEmanuelli.pdf
40 EMANUELLI, CLAUDE C. «L’accession du Québec à la souveraineté…«: «…les dispositions du paragraphe l reflètent la pratique courante : en règle générale, l’État prédécesseur retire sa nationalité aux habitants du territoire transféré qui acquièrent la nationalité de l’État ou des États successeurs«
54 CARRILLO, JORDI «L’endemà: la pérdida/conservación de la nacionalidad española» http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2015/04/l-endema-ii-la-perdida-conservacion-de-la-nacionalidad-espanola-18103.php
55 «Europa, Europa», Col·lectiu Wilson. «. http://wilson.cat/es/comunicats-conjunts/item/197-europa-europa.html
58 PONT, ALBERT «La llei de la nacionalitat catalana» http://www.ara.cat/opinio/llei-nacionalitat-catalana_0_1422457751.html; también accesible en http://www.ccncat.cat/wp-content/uploads/2015/08/Diari-Ara_Article-Opinio_-Albert-Pont.pdf
59 LÓPEZ TENA, ALFONS «Doble nacionalitat i fantasia» http://www.naciodigital.cat/opinio/8977/doble/nacionalitat/fantasia
60 EMANUELLI, CLAUDE C. «L’accession du Québec à la souveraineté et la nationalité» http://www.saic.gouv.qc.ca/documents/institutions-constitution/commision-souverainete-1991-1992/04-ClaudeCEmanuelli.pdf
61 Gobierno de Escocia, «Scotland’s Future: your guide to an independent Scotland» http://www.gov.scot/resource/0043/00439021.pdf
21/09/2015 actualidad, doble nacionalidad, nacionalismoJavier
A mí, la verdad, me gustaría más estar comentando, en tono jocoso, cómo el otro día Lluís Llach participó en un debate de candidatos de la provincia de Girona y, cuando tocó el tema del Turismo dijo que él no podía decir nada del tema y que no sabía nada. Como suele ser habitual, más de un partidario de la secesión aún lo justificaba y le felicitaba por reconocerlo. No sé, si yo fuera del sector me hubiera enfadado, por muy secesionista que fuera.
Que la doble nacionalidad automática es un fenómeno que no se ha dado nunca. Lo aderezo con esta captura de la intervención de Gregorio Garzón Clariana en el Parlament:
Frente a esta evidencia, y la incapacidad habitual de presentar argumentos jurídicos en contra, se suelen farfullar excusas o se intenta cambiar los términos de debate. ¡Pero si es muy claro! ¡Rebatan lo que dijo el sr.Gregorio Garzón! Al margen de lo que cada uno pueda opinar sobre la secesión, las normas y soluciones que aporte el Derecho son importantes. No inamovibles, pero sí importantes. Pues aporten ustedes, si no están de acuerdo, sus argumentos. NADA. Que si España mala, que si por qué lo va a hacer o, como afirmaba otro: qué más da, a los americanos también les daría igual perder la nacionalidad inglesa, ya no sería importante. Hombre, a mí sí que me importa. A ti, quizás no (absolutamente legítimo), o quizás piensas que todo el mundo está dispuesto a perder la nacionalidad española (absolutamente preocupante, por la estrechez de miras que revela).
El último argumento, que enlaza un poco con el anterior y que es el que centra lo que explicaré a continuación: «Mientras España no reconozca a una Cataluña independiente, tendríamos las dos nacionalidades«.
En segundo lugar, y ya queda apuntado en el anterior párrafo: que yo admita la hipótesis de la secesión «completa», no significa que tenga que producirse, ni que España esté obligada a reconocerla. Lo que digo es que si se produce la secesión en el sentido académico clásico (y es el mismo sentido en que la plantean los secesionistas), esta puede ser una de las consecuencias [sobre el tema de la nacionalidad]. Pues bien, en este punto, habitualmente las conversaciones se acaban con imprecisas excusas, o diciéndome que «no tengo argumentos«. Cuando pedí ilustración para aprender dónde se equivocaba el sr.Gregorio Garzón se inició un largo silencio todavía no interrumpido. Por supuesto, una conversación en Twitter es pura ligereza y, a menudo, una basura. Pero, a la vista de la cantidad de veces que el tema ha acabado así, concluyo que el secesionismo se basa en la imposibilidad de admitir una sola hipótesis distinta a sus postulados mágicos. Yo admito como hipótesis la secesión (¡qué más se puede pedir!) y mi interlocutor no es capaz de presentarme un argumento que se oponga a la plausibilidad jurídica de mis términos de debate. Así estamos. Como siempre.
En tercer lugar, admitamos lo que me plantean: «mientras no exista un reconocimiento«. Bien, eso sería un periodo transitorio incierto, de muchos limbos jurídicos y enorme conflictividad. Supongo que el secesionista aspira a que ese periodo transitorio acabe. Y el realismo, si se produjera la toma de control efectivo, etcétera, acabaría imponiendo la secesión (aunque yo pueda cuestionar que con un 45% de apoyo popular, menuda birria de secesión; y a ver si con ese apoyo te puedes declarar independiente. O la ilegalidad de una DUI y las dificultades para ser aceptada por países importantes. PERO ESO ES OTRA CUESTIÓN. Prescindo de esos condicionantes. Se entiende de una vez, ¿no? Por cierto, esto tampoco equivale a un acuerdo). Vale. Ese día, el día de la secesión total al que usted aspira, ¿qué podría pasar con la nacionalidad española? Aaaahhhh. Que no lo sabe. Que no es capaz de aportar un argumento sólido que sustraiga el Derecho del Estado a determinar quiénes son sus nacionales, ni a decidir si establece un mecanismo de opción, o de acumulación de nacionalidades. Aaaahhhh… que Cataluña podría fijar libremente quiénes serían sus nacionales y, en cambio, España estaría obligada a conservar la nacionalidad de todos los que han roto vínculos con el Estado y adquiriesen la nacionalidad catalana. Vaya, que nos inventamos el Derecho Internacional y lo adaptamos a nuestra conveniencia.
19/09/2015 actualidad, doble nacionalidadJavier
Tras la cita que efectuó Tsevan Rabtan de una de mis entradas y el espectacular aumento de visitas del blog, me he animado a elaborar estas preguntas y respuestas sobre la cuestión de la nacionalidad, que preocupa a más gente conforme pasan los días.
Una propuesta de doble nacionalidad con reciprocidad
04/09/2015 actualidad, doble nacionalidaddoble nacionalidad, secesiónJavier
Sé que es un poco aburrido que trate de manera tan intensiva la cuestión de la nacionalidad. Pero escuchar que la doble nacionalidad se reparte como caramelos en una cabalgata da grima.
Así que comentaré algo sobre la doble nacionalidad, únicamente como apuntes que me parecen razonables, un poco provocadores, también. Y es el tema de que, en caso de secesión, sí que creo que habría un tipo de casos en que sería razonable fijar, como consecuencia de la secesión, una doble nacionalidad con efectos semiautomáticos. Dejo para otro día la explicación técnica de la doble nacionalidad, su diferenciación con tener dos nacionalidades (no tienen por qué significar exactamente lo mismo) o el ejercicio de una de ellas mientras la otra estaría en «hibernación» (que es el efecto habitual con la aplicación de los Tratados de doble nacionalidad que tiene firmados España). Tampoco me fijaré demasiado en si se trataría de una nacionalidad automática o convencional. Todas estas aclaraciones las realizo porque el artículo va bastante a lo sustantivo y prescindo de los tecnicismos. Quedémonos, pues, con que el artículo va de una teórica doble nacionalidad para el caso de secesión.
Recordemos mi premisa, y quien quiera leer el fundamento de la misma, le remito al citado artículo de la secesión y doble nacionalidad, ya que este no es momento de desarrollar de nuevo mis tesis (y quien no esté de acuerdo, que exponga su criterio jurídico):
En caso de secesión, los ciudadanos españoles con residencia en Cataluña, deberían optar entre la nacionalidad catalana y la española.
Por lo tanto, quien optase por la catalana, perdería la española, y quien optase por conservar la española, no accedería a la catalana.
Ante esta tesitura, y ya dije que me parece razonable, un hipotético Estado catalán habría ofrecido a todos los ciudadanos con nacionalidad española residentes en Cataluña la nacionalidad catalana. O sea, que todos podrían -si así lo deseasen- acceder a la nacionalidad catalana. Aquí estaría el punto en que, quien accediera a la catalana, perdería la española. Ya he explicado también las diferencias entre privación y pérdida, y los motivos por los que con un simple cambio legislativo -o un hipotético acuerdo o Tratado de secesión (algo que en estos momentos es ciencia-ficción)- se perdería la nacionalidad española. Insisto, todo esto ahora no es el objeto del artículo, sino establecer dónde me parecería razonable esa doble nacionalidad más o menos automática.
Tras el correspondiente procedimiento -tampoco me interesa si es más o menos acordado, con Tratado o sin él, etcétera- tendríamos en Cataluña ciudadanos de nacionalidad catalana, otros con nacionalidad española, y el resto de extranjeros (los españoles también serían extranjeros; hago la diferenciación por si alguien no está del todo familiarizado con el asunto). Y en España también residiría un conjunto de ciudadanos, en principio no tan numeroso como en Cataluña, que podrían haber accedido a la nacionalidad catalana como consecuencia de la secesión (ahorro desarrollo argumental, pero p.ej: quien haya tenido domicilio en CAT bajo determinados requisitos, o haya nacido en CAT; en definitiva, un punto de conexión).
A mi entender, serían estos ciudadanos, o sea, los españoles residentes en Cataluña (que habrían optado por conservar la nacionalidad española y no acceder a la catalana), y los catalanes residentes en España (que habrían optado por acceder a la nacionalidad catalana, renunciando a la española) para quienes, efectivamente, sería razonable prever un régimen de doble nacionalidad.
La justificación. Un régimen de doble nacionalidad, al menos tal y como se entiende en la actualidad -prescindo de casos especiales- en la legislación española, se basa en dos aspectos principales:
El primero, imprescindible, un punto de conexión, que se articula mediante la residencia. El requisito general para acceder a la nacionalidad española, incluso para los nacionales de países con quienes se tiene tratado de doble nacionalidad, es la residencia. Es decir, existe un vínculo o conexión razonable entre quien pretende la nacionalidad (p.ej: un argentino) y España, en tanto que lleva viviendo aquí como mínimo dos años. La legislación española no prevé -y tampoco parecería razonable- que cualquier argentino, sin vínculo de ninguna clase con España, accediera a la nacionalidad española por el mero hecho de solicitarla (ya he dicho que prescindo de los casos especiales, como la carta de naturaleza).
El segundo, aunque con la legislación española no es tan imprescindible, la aspiración a la reciprocidad, que aparece mencionada en el informe nº10 del CATN, El proceso constituyente. Si tú estás dispuesto a reconocer la doble nacionalidad con otros países, es lógico que esperes un trato similar. Tampoco puedes esperarlo idéntico, ya que la nacionalidad no deja de ser una materia soberana a regular por cada país, pero es evidente en el caso español, y conforme a lo dispuesto en el art.11.3 de la Constitución y el artículo 24 del Código Civil que esa cierta aspiración existe (no hay reciprocidad perfecta en todos los casos). Por otra parte, a día de hoy existen numerosos Tratados (creo que son 12) en que explícitamente se pacta el régimen de la doble nacionalidad y, en cualquier caso, la legislación española ya prevé que en el caso de adquirir la nacionalidad de países iberoamericanos, Guinea Ecuatorial, Andorra o Portugal, ello no supone por sí mismo la pérdida de la nacionalidad. En caso de secesión, sería lógica una reciprocidad, pactada o no, entre España y Cataluña (insisto en que el mismo CATN aspira a la reciprocidad).
Con estas dos bases o principios, creo que cualquiera ya observa cuál sería la propuesta de reconocimiento recíproco de doble nacionalidad:
Los españoles con residencia en Cataluña podrían acceder a la nacionalidad catalana, sin que les supusiera pérdida de la nacionalidad española o tuvieran que renunciarla.
Los catalanes con residencia en España podrían acceder a la nacionalidad española, sin que les supusiera pérdida de la catalana o tuvieran que renunciarla.
La reciprocidad es perfecta: Cataluña otorga su nacionalidad a los españoles que residan allí, y España hace lo mismo con los catalanes que residan en su territorio.
Cabe señalar que esta «propuesta» es demasiado simple y habría que incluir algún requisito adicional para limitar el caso de quienes optaren por la nacionalidad española (viviendo en Cataluña) sabiendo que la nacionalidad catalana se les otorgaría automáticamente (por lo que optan por la española «por si acaso», ya que acumularín automáticamente las dos nacionalidades), o quienes optaren por la nacionalidad catalana (viviendo en España), sabiendo que la nacionalidad española les sería otorgada automáticamente (el mismo razonamiento). Por ejemplo (y esto es absolutamente inventado, cosecha mía) el acceso a la nacionalidad catalana o española podría condicionarse al transcurso de dos años (o tres, o los que se considerasen oportunos, en un periodo de tiempo relativamente corto, pero suficientemente largo para evitar o limitar «fraudes») antes de ser otorgada de forma automática, sin más requisitos, la nacionalidad.
Difícilmente se puede cuestionar la reciprocidad de mi fórmula, que es lo que recogen los Tratados de doble nacionalidad, los cuales toman como punto de conexión la residencia. Si un catalán no vive en España y, por lo tanto, no existe punto de conexión ¿por qué motivo conservará la nacionalidad tras la secesión? (Y no, no insistáis con lo de que no se puede privar a un español de origen de su nacionalidad porque LA PUEDE PERDER).
La doble nacionalidad automática que defiende buena parte del secesionismo falla en la reciprocidad (y en el punto de conexión): ¿a quién le daría el Estado catalán automáticamente su nacionalidad? ¿A todos los españoles? ¿Por qué motivo? ¿Por la vinculación histórica entre España y Cataluña, como defiende EDUARD SAGARRA? Bien, si esto fuera así, entonces ningún problema.
La cuestión, tremendamente compleja, sólo la apunto y es susceptible de opiniones diversas (de hecho, es bastante peculiar, porque ya os habréis dado cuenta del tema de fondo que subyace). Pero si el fundamento habitual de la doble nacionalidad es la existencia de un punto de conexión como la residencia habitual y, para el caso de separación, una cierta reciprocidad entre Estado predecesor y Estado sucesor (como apuntaba el CATN), la solución a la doble nacionalidad sólo aparece por aquí. Divertido.
01/09/2015 actualidad, doble nacionalidadJavier
Estaba preparando un artículo sobre la doble nacionalidad y la compatibilidad o no entre la nacionalidad española y la catalana en caso de secesión (ya lo publicaré más adelante), cuando me entero que ayer día 31 de agosto se publicaba un artículo de Albert Pont (a quién critiqué duramente por su libro Delenda Est Hispania, que continúo teniendo bajo el monitor) con el título La Ley de la nacionalidad catalana, que podemos leer en el diario ARA o aquí en PDF, enlace al Cercle Català de Negocis.
Ya había escuchado algún día a Pont hablar del tema, de manera bastante acertada, y el artículo así lo confirma. Me interesa destacar que Pont explica claramente que una doble nacionalidad automática -como tozudamente defienden muchos secesionistas- haría inviable el reconocimiento de una Cataluña independiente. Creo que es indiferente, ahora, explicar en qué puntos discrepo con el autor del artículo, puesto que considero que se trata más bien de cuestiones de solución a un mismo problema (aquello de que puede haber varias respuestas válidas) o cuestiones de fondo que tampoco resulta preciso comentar, como las consecuencias concretas para aquellos que optaran por la nacionalidad española, que Pont considera inocuas y yo no lo veo tan claro.
Lo que resulta más revelador es que por fin puedo leer un artículo, desde la óptica favorable a la separación, que explica sin esconderse que se trataría de una cuestión a observar desde la lógica de la Sucesión de Estados, como ya defendía en el artículo más leído del blog, relativo al mito de la doble nacionalidad. Y que la doble nacionalidad en absoluto seria tan automática como algunos quieren hacer creer. Os invito a leer el artículo y, especialmente, si pensabais que la nacionalidad española estaba «asegurada», algunos empiezan a hacerme más caso.
POR CIERTO: Me sorprende que el artículo de Pont haya generado pocos comentarios, además bastante desacertados, y muy pocos RT’s en Twitter. Mi interpretación es que, a pesar del artículo tiene un enfoque muy didáctico, buena parte de los lectores no lo han entendido (lo cual significa que no es verdad que se haya explicado bien las consecuencias de la independencia) y, por la otra, que leer opiniones contrarias a la doble nacionalidad automática no gusta nada, de forma que no se hace difusión. Ustedes mismos si se quieren engañar.
La llei de la nacionalitat catalana i la doble nacionalitat (article d’Albert Pont)
Estava preparant un article sobre la doble nacionalitat i la compatibilitat o no entre la nacionalitat espanyola i la catalana en cas de secessió (ja el publicaré més endavant), quan m’assabento que ahir dia 31 d’agost es publicava un article d’Albert Pont (a qui vaig criticar durament pel seu llibre Delenda Est Hispania, que continuo tenint sota el monitor) amb el títol La Llei de la nacionalitat catalana, que podem llegir al diari ARA o aquí en PDF, al Cercle Català de Negocis.
Ja havia sentit algun altre dia a Pont parlar del tema, de manera força encertada, i l’article així ho confirma. M’interessa destacar que Pont explica clarament que una doble nacionalitat automàtica -com s’entesten a defensar molts secessionistes- faria inviable el reconeixement d’una Catalunya independent. Crec que és indiferent, ara, explicar en quins punts discrepo amb l’autor de l’article, ja que considero que es tracta més aviat de qüestions de solució a un mateix problema (allò de que pot haver-hi vàries respostes vàlides) o qüestions de fons que tampoc cal comentar, com les conseqüències concretes per a aquells que optessin per la nacionalitat espanyola, que Pont considera innòcues i jo no ho veig tan clar.
Allò que resulta més revelador és que per fi puc llegir un article, des de l’òptica favorable a la separació, que explica sense amagar-se que es tractaria d’una qüestió a observar des de la lògica de la Successió d’Estats, com ja defensava en l’article més llegit del bloc, relatiu al mite de la doble nacionalitat. I que la doble nacionalitat en absolut seria tan automàtica com alguns volen fer creure.
Us convido a llegir l’article i, especialment, si pensàveu que la nacionalitat espanyola estava «assegurada», comenceu a fer-me més cas.
EDITO per afegir: Em sorprèn, malgrat es podia esperar, que l’article de Pont hagi generat pocs comentaris, a més força desencertats, i pocs RT’s a Twitter. La meva interpretació és que, malgrat l’article és entenedor i didàctic, bona part dels lectors no l’han entès (la qual cosa significa que no és veritat que s’hagi explicat bé les conseqüències de la independència) i, per l’altra, que llegir opinions contràries a la doble nacionalitat automàtica no agrada gens, de manera que no se’n fa difusió. Vostès mateixos.

References: artículo 11
 artículo 8
 artículo 24
 artículo 25
 artículo 25
 artículo 11
 artículo 24
 artículo 24
 artículo 24
 artículo 24
 artículo 24