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Timestamp: 2018-02-20 15:34:47+00:00

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Conferencia | Archivo de Miquel Iceta
El catalanismo social y federal del siglo XXI
Posted on Jueves 29 octubre 2015 by Miquel Iceta
Conferencia de Miquel Iceta
I·lustre Col·legi de l’Advocacia de Barcelona, 29.10.15
Quiero agradecer en primer lugar al Colegio de Abogados la oportunidad de expresarme desde esta tribuna y también dar las gracias a todos los que habéis venido hoy a escucharme.
He querido hacer esta conferencia cuando ya hace un mes de las elecciones al Parlament de Cataluña para hacer balance de lo que ha pasado en estos 30 días y para explicar cuál es el camino que los socialistas proponemos a los catalanes y las catalanas en los próximos meses y años.
El pasado martes, mientras preparaba esta conferencia, se produjo un hecho muy grave: Junts pel Sí y la CUP presentaron una propuesta de resolución que pretenden aprobar en el Parlamento los próximos días y sobre la que me quiero pronunciar de forma rotunda. LA RESPUESTA ES NO. Ni hablar.
NO A DIVIDIR A LOS CATALANES
NO A SALIR DE LA LEGALIDAD DEMOCRÁTICA
NO A UN PROCESO SECESIONISTA UNILATERAL
NO, NO y NO, porque esta posición no tiene el aval mayoritario de los ciudadanos de Cataluña, porque sitúa Cataluña al borde del abismo y porque rompe radicalmente con la trayectoria del catalanismo político que quiero reivindicar.
Ante una propuesta como ésta sólo hay una respuesta: votar en contra y no caer en la trampa de legitimar un debate que no tiene otro objetivo que subvertir la legalidad democrática vigente. Por lo tanto no presentaremos ni una propuesta nuestra, ni haremos enmiendas a la misma. No tendría ningún sentido.
El resultado de las elecciones del 27 de septiembre ha dibujado un escenario político en el que el PSC está en condiciones de recuperar su función original. Como dije, se acabó la época de limitarse a resistir, es momento de pasar a la ofensiva.
El PSC nació para defender los intereses de las clases populares en un proyecto político, a la vez socialista y catalanista. Somos socialistas y somos catalanistas por las mismas razones, decíamos. Un catalanismo integrador que evitara una sociedad dividida entre los catalanes de origen y los catalanes de adopción. Reivindicábamos y reivindicamos la unidad civil del pueblo de Cataluña. Cataluña somos todos y todas. No nos resignaremos al desgarro de la sociedad catalana en mitades irreconciliables. Somos herederos y defensores del carácter transversal e integrador del tronco central del catalanismo político.
Por tanto, nos opondremos encarnizadamente a cualquier deriva que ponga en riesgo la convivencia. Y salir de la legalidad democrática, como proponen Junts pel Sí y la CUP, es la mayor amenaza a la convivencia que en democracia se pueda imaginar.
Permítanme una cita de Enric Fossas y Espadaler en un artículo publicado hace dos días en El País: “Ni legitimidad democrática ni Estado de derecho. La propuesta de resolución no es una declaración unilateral de independencia, es una declaración de insurgencia que sitúa el proceso fuera del mundo civilizado”. Fin de la cita.
No es menos severo el juicio de Fran Caamaño, contenido en el artículo que publica hoy en El Periódico de Cataluña, cuando nos dice: “Ni la democracia tiene precio, ni la convivencia ciudadana puede ser moneda de cambio de ambiciones personales o partidarias”. Fin de la cita.
Por eso, después del 27S, el papel del PSC es aún más necesario. No sólo por el más de medio millón de catalanes y catalanas que confiaron en nosotros, sino también por el aval a la propuesta de diálogo, negociación y pacto como único camino para resolver nuestros problemas. Por eso quiero reivindicar con rotundidad el catalanismo social y federal, el proyecto político del socialismo catalán.
Un socialismo catalán que es hoy la primera fuerza parlamentaria de izquierdas y la primera fuerza parlamentaria catalanista no independentista.
Fieles al mandato democrático ya nuestros valores, ejerceremos plenamente las funciones que nos corresponden y no nos dejaremos arrastrar por peligrosas dinámicas frentistas. Pero cuando haya que decir SI o decir NO de forma inequívoca, lo haremos sin complejos y sin miedo a coincidir con unos u otros. Lo que está en juego es demasiado importante y no hay margen para la especulación política de carácter electoralista. Les anuncio, pues, que utilizaremos todos los instrumentos a nuestro alcance, incluyendo el recurso ante el Tribunal Constitucional para que esta propuesta de resolución no salga adelante.
Después de esta introducción, la primera reflexión que quiero hacer es que, en mi opinión, esta legislatura ha nacido muerta.
Tiene fecha de caducidad. Y no son 4 años, como debería ser, ni siquiera 18 meses como nos propone la candidatura ganadora.
La legislatura nace muerta tanto en el caso de que Mas consiga ser investido como si no. La amalgama que supone Junts pel Sí y una alianza frágil y contra natura con la CUP no pueden proporcionar ni la estabilidad política ni el pulso firme en la acción de gobierno necesarios; ni tampoco la capacidad de diálogo, negociación y pacto con las instituciones españolas que Cataluña necesita como el aire que respira.
Hay que notar, además, que el impacto de la pesada losa de las densas sospechas de corrupción, que estos días se ha hecho presente de forma arrolladora, será muy probablemente demoledor.
Pretender que el Parlament de Cataluña tramite los próximos meses leyes de estructuras de Estado y que éstas sean negociadas con el Gobierno de España para facilitar la independencia es inverosímil. Y la rotura unilateral de la legalidad democrática es altamente peligrosa, potencialmente letal para el autogobierno de Cataluña.
Quiero recordar que yo mismo, en nombre del PSC, le ofreció al Presidente Mas hace un año la estabilidad parlamentaria necesaria para agotar la anterior legislatura y no depender de las prisas y el radicalismo de ERC y la ANC para convocar nuevas elecciones y proclamar unilateralmente la independencia.
Nosotros nos ofrecimos para que el presidente Mas agotara la legislatura y pudiéramos ver todos juntos qué oportunidades ofrece el nuevo escenario político español que se abrirá tras las elecciones del próximo 20 de diciembre.
Éramos y somos partidarios de esperar a ver el nuevo mapa político español que será sin duda, pase lo que pase, más favorable para la negociación de los temas que realmente importan: una mejor financiación para Cataluña -que a veces hemos denominado pacto fiscal -, el reforzamiento competencial como forma de profundizar el autogobierno en cuanto a lengua, educación, cultura y derecho civil, el reconocimiento de la singularidad nacional catalana, e incluso los 23 temas que, hace más de un año , el presidente Mas puso sobre la mesa del presidente Rajoy sin obtener ninguna respuesta.
Esta agenda nacional no se puede separar de los otros tres grandes objetivos de país: la reactivación económica y la creación de puestos de trabajo; la defensa del Estado del bienestar, en particular la sanidad pública, la educación pública y los mecanismos de protección social; y la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción en el esfuerzo para regenerar nuestra vida pública.
Y en estos puntos es, en mi opinión, donde teníamos la posibilidad de tejer acuerdos con el Gobierno de la extinta CiU. Pero desgraciadamente Mas rechazó el entendimiento con el PSC y se abandonó definitivamente en los brazos de ERC, convocando elecciones con carácter plebiscitario y definiendo una hoja de ruta de imposible aplicación.
En el año 2012 Mas no obtuvo los resultados esperados y ligó su suerte a ERC. El año 2015 tampoco ha obtenido los resultados que esperaba porque, si bien ha ganado las elecciones, ha perdido el plebiscito que él definió y, en un salto en el vacío, parece decidido a ligar su suerte a la CUP, una fuerza política que, ayer mismo, suspendía una reunión con Junts el Sí para negociar la investidura de Mas a causa de una operación judicial contra sectores anarquistas.
Más allá de la polvareda de la inmediatez política, los temas realmente importantes para Cataluña, que han sido sacrificados por la precipitada hoja de ruta independentista, siguen siendo considerados muy importantes para una parte relevante de los electores tradicionales de CDC, que hoy se encuentran políticamente huérfanos. Muchos de ellos votaron a Junts pel Sí confiando sinceramente en una negociación política con el Gobierno de España. Hoy, si han leído la propuesta que Junts pel Sí ha acordado con la CUP, habrán comprobado cómo la vía de la negociación ha sido definitivamente enterrada por parte de Mas, Junqueras y la CUP en beneficio de una confrontación institucional de la que no puede salir nada bueno para Cataluña ni el resto de España.
Creo que no digo nada que la gente no sepa si afirmo que, hoy, una parte importante de los referentes locales y dirigentes de CDC, incluidos varios Consejeros del Gobierno en funciones, están perplejos y muy preocupados por la deriva que están tomando los acontecimientos.
Esta preocupación radica en la convicción de que la obsesión del actual núcleo duro que controla CDC con el “proceso” subestima la fuerte erosión que están sufriendo, después de haber roto UDC, de haber disuelto la Federación de CiU y haber desconcertado buena parte de sus bases tradicionales con el radicalismo político que los caracteriza hoy.
Ciertamente CDC estaba ya embarcada en un proceso de refundación, obligado en parte por los graves casos de corrupción hoy investigados en un calvario de actuaciones judiciales que parece lejos de haber terminado. Pero para muchos antiguos votantes de CiU la refundación no exigía subsumirse en la amalgama de Junts pel Sí y, menos aún, quedar supeditados al proyecto antisistema de la CUP.
La sociedad catalana necesita un potente partido de centro derecha catalanista como ha sido tradicionalmente CDC, del mismo modo que necesita una potente socialdemocracia catalanista como la que quiere representar el PSC.
Si CDC deja libre este espacio que, hasta hoy, era capaz de aglutinar a sectores conservadores, liberales e, incluso, socialdemócratas moderados o social liberales, serán otros partidos los que la ocupen defendiendo proyectos políticos catalanistas de orden que no quieren transitar el precipicio de la independencia unilateral. De hecho, algunos sectores de la sociedad catalana tradicionalmente cercanos a CDC empiezan a interesarse por el mensaje del socialismo catalán, capaz de reivindicar simultáneamente autogobierno y progreso, sin ceder a populismos ni a aventurismos.
Somos conscientes de la necesidad de ampliar el espacio político del PSC, y pensamos hacerlo hacia la izquierda y hacia el centro, intentando atraer a todos aquellos que renuncien a radicalismos estériles y que piensen que Cataluña, después de haber perdido ya cinco años sin obtener avances, no puede permitirse el lujo de perder más tiempo sin resultados. Este es mi objetivo como líder del PSC.
Como les decía, el Presidente Mas rechazó el ofrecimiento socialista de estabilidad parlamentaria para lanzarse a lo que él denominó unas elecciones plebiscitarias sobre la independencia.
Supongo que mucha gente recuerda su intervención veraniega en la Diputación Permanente del Parlamento justo antes de las elecciones cuando Artur Mas decía, y creo citar textualmente, “la noche del 27 S se contarán los SÍES y se contarán los NOES” y remachaba el clavo a lo largo de la campaña electoral que se dirige especialmente a la gente de Catalunya Sí Que Es Pot (y quiero saludar desde aquí el amigo Lluis Rabell), cuando decía: los que no voten a favor de las candidaturas independentistas serán contabilizados como NOES, junto con José María Aznar.
Y, mira por donde, resulta que, se mire como se mire, el presidente Mas ha perdido su plebiscito en los términos en que lo planteó. Ha ganado las elecciones y ha perdido el plebiscito.
En dos ocasiones ha querido contar cuántos independentistas había (el 9N y el 27S) y en ambas ocasiones hemos constatado que el independentismo reúne muchos catalanes, muchísimos, pero no es mayoritario. Votos Sí-Sí el 9 de noviembre: 1.897.000; votos de Juntos el Sí y la CUP el 27 de septiembre: 1.957.000.
Por eso digo, hoy y aquí, con rotundidad y con todas las consecuencias, que el PSC considera legítimo que Junts pel Sí gobierne si logra el apoyo de la CUP para la investidura, pero que no consideraremos democráticamente legítima ninguna de las iniciativas legislativas o normativas que el Gobierno o el Parlament eventualmente desarrollen en el camino de la independencia y, por tanto, nos opondremos por todos los medios a nuestro alcance.
Un análisis desapasionado de los resultados electorales del 27S nos lleva a la conclusión de que hay vida política más allá del independentismo. Que existe una mayoría social -que no parlamentaria, entre otras cosas por las disfunciones de nuestro sistema electoral- que no tiene la independencia como horizonte y que se ha expresado a través de una pluralidad de opciones que han recibido más votos que el independentismo.
Así pues, llegados a este punto, poco más de 30 días después de las elecciones, hay que preguntarse: ¿Y ahora, qué?
Pues, básicamente, hay dos opciones.
La primera, la de Artur Mas, que ya he descrito: plegarse a las exigencias de ERC en 2012 y, ahora, adoptar de forma oportunista el programa antisistema de la CUP.
Una opción que sitúa a Mas y sitúa a Cataluña en un callejón sin salida.
Digámoslo claro: con la disparatada hoja de ruta perfilada en la reciente Propuesta de Resolución Junts el Sí y la CUP será imposible negociar con el Gobierno de Rajoy, con un eventual Gobierno PP-Ciudadanos, y con un Gobierno de España presidido por Pedro Sánchez.
Lo subrayo: un Gobierno socialista de España, es decir, del PSOE y del PSC, no negociará el contenido de la propuesta de resolución presentada el martes, ni leyes de estructuras de Estado, ni Ley de Proceso Constituyente, ni la de transitoriedad Jurídica ni sobre nada que se le parezca.
Lo expresaré de otra manera para que quede bien claro: en el marco de la Constitución y de la legalidad democrática, los socialistas estamos dispuestos a hablar de todo y con todos hasta la extenuación para encontrar una solución y un acuerdo sobre la manera en que Cataluña se encuentre cómoda dentro de España. Y, evidentemente, consideramos que sustituir a Mariano Rajoy y el PP en el Gobierno de España será un primer paso para buscar una solución y un acuerdo.
Pero los socialistas catalanes y españoles no negociaremos sobre cómo Cataluña puede irse. No sólo ni principalmente porque nosotros no nos queremos marchar, sino porque los ciudadanos de Cataluña han dicho en las urnas mayoritariamente que no quieren separarse del resto de España. Han votado mayoritariamente a las opciones políticas que queremos encontrar una solución, no a las que quieren una ruptura. Y eso sin tener en cuenta que una proporción de los votantes de Junts pel Sí lo que quieren es forzar una negociación y un acuerdo que los dirigentes de Junts pel Sí, con iniciativas como la presentada el martes, hacen del todo imposible.
El encaje de Cataluña en España no es un problema catalán o de Cataluña. Es un problema español. Yo diría que es EL PROBLEMA de España (de hecho, lo dije en una conferencia en Madrid durante la campaña electoral y celebro que ahora también lo diga Mariano Rajoy. Bienvenido sea. Un poco tarde, pero bienvenido sea, después de haber fabricado más independentistas que nunca después de cuatro años de inacción). Por tanto, la solución a este problema, sea la que sea, hay que buscarla con el conjunto de los españoles.
Y, que nadie se equivoque, del mismo modo que los socialistas creemos que la “cuestión catalana” es un problema político que debe resolverse políticamente y no por la vía judicial (he dicho muchas veces que hay que derrotar el proyecto político independentista con proyectos políticos que sean mejores), también creemos que cuando las leyes democráticas se incumplen deliberadamente o cuando una institución -se diga Parlament de Catalunya o se diga Govern de la Generalitat- propone abiertamente desobedecer la legalidad democrática, esto debe tener inevitablemente consecuencias jurídicas.
Y, por si quedan dudas, lo diré más gráficamente: si alguien es procesado por desobedecer gravemente las leyes democráticas de manera premeditada, nosotros no nos manifestaremos para darle apoyo. Estaremos apoyando a los que velan por el cumplimiento de las leyes democráticas. Porque somos escrupulosamente demócratas y, por tanto, respetamos el Estado de derecho.
Analizado retrospectivamente, mucho me temo que el presidente Mas adelantó las elecciones al Parlament sin esperar a las elecciones generales porque no se planteó seriamente la posibilidad de negociar con el Gobierno de España. Si no, no se entiende. Como tampoco se entiende que alguien que quiera negociar pueda plantear una propuesta de resolución tan descabellada como la presentada el martes por Junts pel Sí y la CUP.
No me cansaré de decirlo: ganar las elecciones habilita para gobernar, no para saltarse la legalidad democrática y llevar a Cataluña por el pedregal.
Los catalanes, haya sido cuál haya sido el sentido de su voto, tienen derecho a que se invista un presidente y se forme un gobierno capaz de gobernar.
Gobernar para dar respuesta a las necesidades de la sociedad, y especialmente a las necesidades más urgentes, las que no pueden esperar. Gobernar para desarrollar un programa electoral que, en el caso de Junts pel Sí, seguimos sin conocer y mucho menos si se acordará con la CUP. Los integrantes de Junts pel Sí tienen el derecho y la obligación de intentarlo, así como de asumir su fracaso si no lo consiguen, así como las consecuencias de todo orden de su actuación.
Como ya he dicho, no creo que, en las actuales condiciones, la estrambótica combinación de Junts pel Sí y la CUP pueda proporcionar ni la estabilidad, ni la acción de gobierno, ni la capacidad negociadora que los catalanes necesitan y merecen.
Retomo el hilo de mis reflexiones. Antes he dicho que había dos opciones. La segunda opción, que sospecho que a la luz de lo ocurrido esta semana es del todo improbable, es que Artur Mas y lo que sea capaz de mantener de Junts pel Sí abandonen formalmente la deriva secesionista unilateral y, en este caso, esperen a negociar con el nuevo Gobierno de España los temas que antes ya he mencionado: una nueva financiación para Cataluña, un reforzamiento de competencias, reconocimiento de la singularidad nacional de Cataluña, y los 23 puntos del documento del gobierno. Un escenario así permitiría un juego más abierto de acuerdos y alianzas.
Espero que después de lo que he dicho se entienda mejor mi afirmación de que la legislatura ha nacido muerta.
Permítanme ahora que explique los motivos por los que el PSC quiere pasar a la ofensiva política para recuperar su papel central en la política catalana.
Estoy convencido de que el panorama que he dibujado hace unos instantes conducirá sus aventureros protagonistas a un gran batacazo y al fracaso, con un elevado coste para Cataluña. Intuyo que, a continuación, se producirá un natural movimiento de reflujo político por el que una parte significativa de los electores que hace un mes han dado su apoyo a Junts pel Sí, pensando que con su voto serviría para negociar un nuevo acuerdo con el Gobierno de España, irán asumiendo que han sido víctimas de un gran engaño y volverán a buscar ofertas políticas que, con los pies en el suelo, estén en condiciones de alcanzar este acuerdo que desean. Un acuerdo que mejorará el autogobierno, la financiación y el reconocimiento de las aspiraciones nacionales catalanas.
Es decir, volverán al catalanismo no independentista. Al catalanismo político de la mejor tradición que tan beneficioso ha sido para Cataluña y para el conjunto de España: el catalanismo del diálogo, la negociación y el pacto. Sin renuncias sobre los objetivos, pero con pragmatismo para lograr avances factibles y seguros.
Por este motivo, además de intentar ganar las elecciones generales para sustituir a Mariano Rajoy por Pedro Sánchez, el papel del PSC en los próximos meses, el papel que pienso desarrollar, la tarea a la que me pienso dedicar en cuerpo y alma, es la de trabajar para que en Cataluña se conforme una nueva mayoría social capaz de alcanzar los objetivos del catalanismo social y federal.
Quiero contribuir a configurar colectivamente una “Alianza por la Sensatez (el Seny) y por el Catalanismo“, un proyecto transversal que debe ser compartido por todos aquellos partidos políticos, entidades de la sociedad civil, organizaciones sindicales y empresariales, referentes culturales y asociativos, personas de referencia que, desde diferentes ópticas políticas y sensibilidades, tengan como objetivo para los próximos años aparcar utopías imposibles y sumar esfuerzos en torno a 3 grandes prioridades:
Dotar al país de estabilidad institucional y política, sin la cual Cataluña perderá inexorablemente fuelle y prosperidad.
Nosotros no queremos frentes ni maniqueísmo. No queremos buenos y malos. Si estuviéramos en campaña diría que no queremos indios y vaqueros. Nosotros aspiramos a que la pluralidad política que existe en la sociedad catalana se traslade al Parlament de manera natural y que el catalanismo no independentista vuelva a ser transversal, integrador y ampliamente mayoritario.
Esto requiere de una reconfiguración del mapa político. En este sentido, asistimos con interés al esfuerzo de reconstrucción de Unió Democràtica -y aprovecho para saludar a su secretario de Organización, Benet Maimí, que nos acompaña-, así como la evolución de los sectores de CDC que no quieren hipotecar su proyecto a las exigencias de ERC ni mucho menos a las de la CUP, a sectores de izquierdas que se sienten huérfanos y algunos de los cuales añoran el papel central que jugó el PSUC. Y hay que tener presente también que no podemos prever si Junts pel Sí resistirá a las tensiones provocadas por su propio programa político.
No creo que sea bueno excluir a nadie de este esfuerzo, pero es obvio que los que defienden una secesión unilateral o los que niegan que haya problemas en la relación entre Cataluña y el resto de España porque dicen que no hay ningún problema, no podrán sentirse cómodos en este planteamiento.
Ciertamente es un planteamiento en el que no deben borrarse las lógicas diferencias entre sectores conservadores y progresistas, y por eso hablo de reconfiguración del mapa político.
Queremos convertir la pluralidad política que existe en la sociedad en una ventaja competitiva; en un escenario en el que sean posibles diferentes alianzas. Como se hace en otros países, especialmente en aquellos a los que decimos que nos queremos parecer: Holanda, Dinamarca, Alemania…
Alianzas que permitan la geometría variable y la alternancia, o grandes coaliciones en su caso. Alianzas en las que, más allá de los programas electorales, haya la capacidad de acordar programas de gobierno una vez celebradas las elecciones.
Programas de gobierno que, a su vez, permitan la formación de gobiernos estables y sólidos que puedan desarrollar una acción de gobierno que sea digna de este nombre y pueda ser evaluada por los electores.
Y, en este escenario de alianzas y alternancias, el PSC puede y debe tener una enorme capacidad de pacto.
Huelga decir que el PSC priorizará el desarrollo de políticas progresistas y que ojalá pueda hacerlo de acuerdo con otras fuerzas de izquierdas.
Trabajar juntos las administraciones públicas, los empresarios y los sindicatos para establecer los grandes acuerdos que permitan aprovechar la recuperación económica para crear puestos de trabajo y reducir las desigualdades.
No hace falta que me extienda mucho sobre este punto. A lo largo de la campaña electoral he hecho propuestas al respecto. Sólo haré unos apuntes.
El crecimiento económico no está asegurado. Los factores de incertidumbre sobre el conjunto de la economía mundial y española y catalana son muy elevados. A modo de ejemplo, este verano hemos visto cómo las turbulencias financieras y bursátiles de la economía china han contagiado la economía mundial, especialmente los países emergentes, y han provocado una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento económico. Y hemos comprobado, también, hasta qué punto las dudas y preocupaciones presiden la actuación de la Reserva Federal norteamericana, que ha decidido posponer la anunciada subida de los tipos de interés por miedo a abortar la frágil recuperación económica.
En nuestro país, cualquiera que haya seguido las informaciones de las últimas semanas sobre la crisis de determinadas empresas en Cataluña (Solvay, Valeo, Autoliv) o los problemas de SEAT entiende perfectamente la importancia de lo que estoy diciendo.
Conseguir que Cataluña se encuentre cómoda en España.
¿De qué manera se puede encontrar cómoda desde una perspectiva catalanista?
Nosotros, ya saben ustedes, tenemos nuestra propuesta: la reforma constitucional federal, cuyas líneas maestras presentó ayer Pedro Sánchez en Madrid.
¿Hay otras soluciones posibles? Claro que sí. Los amigos de Unió, los amigos de Iniciativa tienen muchas ideas interesantes al respecto. También trabaja la gente de Podemos.
Hablemos sobre estas ideas. Trabajémoslas juntos, hagamos amplios acuerdos para ganar fuerza al negociarlas. Sumemos. No nos dividamos, especialmente mientras atendemos las prioridades 1 y 2, que lo son para la inmensa mayoría de los catalanes.
¿Con quién queremos trabajar para construir juntos la Alianza por el Seny y por Catalanismo?
Pienso en todos aquellos que, sin renunciar a sus aspiraciones sobre cuál debería ser el futuro de Cataluña, estén dispuestos a trabajar, en el horizonte temporal de los próximos años, sobre los puntos que acabo de mencionar.
Insisto. No se trata de que nadie renuncie a nada.
Este es un proyecto que quiere hacer un ejercicio de sumas temporales para lograr unos objetivos muy concretos, no de renuncias a los principios de cada uno.
No queremos que nadie tenga que renunciar a sus objetivos finales sobre el modelo de sociedad, el modo en que se ha de distribuir la riqueza o sobre el rol de Cataluña en el mundo. Lo que queremos, simplemente, es acordar un nuevo marco de trabajo político que sea mayoritario y, sobre todo, que evite el desgarro de la sociedad catalana, entendiendo que, entre las fuerzas políticas y sociales que convengan a compartir este nuevo marco, se producirán alianzas parlamentarias diferentes y variables (como he mencionado antes) que conformarán gobiernos y oposiciones.
Estoy convencido de que, pasada la etapa del arrebato (la rauxa) y el exceso de emociones, con los conceptos que he señalado como bases de la Alianza por el Seny y por el Catalanismo se deberían encontrar cómodos la mayoría de los catalanes.
Las prioridades definidas permiten que se puedan sentir cómodos muchos electores que han optado por fuerzas políticas muy diferentes. El espíritu de la Alianza por el Seny y por el Catalanismo que propongo debería, por ejemplo, de poder atraer a personas que han votado socialista, o que habían votado socialista en el pasado, personas que votaron Unió, Ciudadanos, Catalunya Sí Que Es Pot , y también a una parte significativa de personas que votaron Junts pel Sí.
Con respecto a este último supuesto, estoy pensando en todos aquellos y aquellas que han creído que la negociación para lograr la independencia era más fácil y posible que la negociación para profundizar el autogobierno y que, visto el peligro de seguir la ruta trazada por Junts pel Sí y la CUP, lleguen a la conclusión de que hace falta un “reset” para dejar pasar pantallas a tanta velocidad, aparcar el independentismo y volver a la corriente central del catalanismo histórico.
No es necesario que nadie abandone su opción, pero sí que hay que abrir perspectivas de cambio y de diálogo, hay que empujar hacia acuerdos bien amplios para hacer avanzar las cosas. Se necesitan personas que no se resignen a un permanente empate de impotencias que no lleva a ninguna parte, personas que no quieran una confrontación sin sentido, personas que consideren que hay problemas cuya solución no admite demora.
No me estoy dirigiendo, ahora, a los partidos. Con unas elecciones generales a menos de dos meses y quién sabe si con unas nuevas elecciones al Parlament el próximo mes de marzo, ningún partido está dispuesto a ceder en cuestiones de principios ni a suscitar dudas en cuanto a sus perspectivas electorales.
Me dirijo a toda la ciudadanía, a la opinión pública. Los que no se resignan a perder más tiempo en una deriva que no sólo no nos ha llevado ningún avance sino que tiene costes importantes y ahora amenaza con llevarnos al desastre.
Muchas cosas tienen que cambiar para enderezar la actual situación. También el Partido de los Socialistas debe cambiar. Estoy dispuesto a liderar los cambios necesarios, para representar mejor nuestros electores, para ensanchar nuestro espacio político y electoral, para buscar las complicidades de la Alianza por el Seny y el Catalanismo, para volver a ser un gran partido útil para la gente.
Pero el esfuerzo para cambiar las cosas en la dirección esbozada desborda las fronteras de los partidos políticos, la tenemos que hacer muchos, muchos que demasiado a menudo y en voz baja dicen “así no vamos a ninguna parte”. Quiero que sepan que no están solos.
Que el Partido Socialista es consciente de esta realidad, y que está dispuesto a cambiarla, cambiando él mismo, y con todos aquellos sectores y personas que quieran contribuir a un futuro libre y seguro, próspero y justo por el pueblo de Cataluña.
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Intervención en el Consell Nacional del PSC
Posted on Sábado 24 enero 2015 by Miquel Iceta
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Cataluña 2015. El cambio que necesitamos
Posted on Miércoles 10 diciembre 2014 by Miquel Iceta
“CATALUÑA 2015. EL CAMBIO QUE NECESITAMOS”
Museo Marítimo, Barcelona, 10 de diciembre de 2014
Muy buenas tardes, señoras y señores, amigas y amigos.
Quiero agradecer de todo corazón vuestra presencia en un acto que en que compartiré con vosotros y, a través de los medios de comunicación, con los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, mis reflexiones sobre el actual momento político y sobre las prioridades que deberían guiar la actuación de los dirigentes políticos y de los poderes públicos en los próximos años.
Comienzo con una primera afirmación rotunda.
Sin menospreciar el problema de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, que es grave, el principal problema de nuestro país es en estos momentos el desempleo masivo, el fortísimo incremento de las desigualdades y de la pobreza, y la falta de oportunidades, especialmente para los más jóvenes y los parados de larga duración.
Este es el problema más importante de Cataluña y no es precisamente del que más se habla.
Es más, a veces parece totalmente ausente. Y esto no puede seguir así. Si no hablamos de los problemas, los problemas no desaparecen. Siguen y se agravan. Si no hablamos de los problemas de la gente, la ciudadanía cree con razón que la política sirve de muy poco.
Y este es el primero de los cambios que necesitamos: orientar la acción de gobierno y el debate político a la resolución de los problemas de la ciudadanía.
El segundo de los cambios es levantar un poco la vista.
El monotema y la obsesiva observación de nuestro ombligo tienden a marearnos y, sobre todo, nos privan de captar la realidad en todas sus dimensiones.
Realmente, es difícil encontrar en las últimas décadas otra etapa histórica como la actual teñida de tantos retos, de tantas incertidumbres políticas, económicas y sociales, en Cataluña, en España, en Europa y en el resto del mundo.
El mundo está cambiando. Mucho y muy rápidamente. Parece que se está gestando uno de aquellos cambios de paradigma político y económico que se producen cada muchos años.
Idealmente y de manera resumida, la nueva arquitectura política e institucional resultante de este profundo cambio debería:
Mejorar la gobernabilidad del proceso de globalización económica mediante la eliminación de los paraísos fiscales, la corrección de la hipertrofia del sistema financiero o la obligación de que las empresas multinacionales paguen siempre sus impuestos allí donde se generan sus beneficios.
Minimizar la probabilidad de que en el futuro se repitan crisis económicas y financieras tan destructivas como la que comenzó en el año 2007.
Consolidar y culminar el proyecto de integración europea paliando sus déficits demográficos.
En todo el mundo, especialmente en los países avanzados, impresiona comprobar cómo la reflexión sobre estos formidables retos e incertidumbres ha desencadenado un alud de debates intelectuales y encendidas discusiones políticas.
Desgraciadamente, nuestro país, Cataluña, es una notoria excepción.
Lo ha escrito recientemente el profesor Antón Costas: “(…) hoy la política catalana está ensimismada. Como en la novela de Juan Marsé, está cerrada con un único juguete, ajena a estas transformaciones tecnológicas y económicas. Se repliega de manera proteccionista sobre sí misma”.
En mi opinión, este repliegue y la dedicación de tanta energía colectiva, política y mediática al proceso independentista está erosionando, poco a poco, pero de forma inexorable, la calidad de la política y de las instituciones catalanas.
A continuación, comentaré algunas de las ausencias más preocupantes en el debate público de nuestro país.
En Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada de la situación económica de Europa y de la posibilidad muy real de que nuestro continente caiga en una tercera recesión o se instale en un largo período de estancamiento, escenario que contrasta, en este momento, con la recuperación económica de los EEUU.
Una tercera recesión tendría efectos devastadores sobre la población, sobre los sectores sociales más débiles, los excluidos, trabajadores y clases medias, y sobre el conjunto de nuestra economía.
La semana pasada, el Banco Central Europeo revisó a la baja las previsiones de crecimiento para 2014 y para 2015 en el conjunto del Área Euro; y su Presidente, Mario Draghi, agitó el temido fantasma de la deflación.
Bien sea por la falta de una unión fiscal, bien sea por un deficiente diseño institucional, lo cierto es que ni la vacilante política monetaria de expansión cuantitativa (Quantitative Easing) del Banco Central Europea ni el tímido “Plan Juncker” de estímulo fiscal conseguirán impulsar significativamente la actividad económica en Europa en el corto plazo. Claramente, la economía europea tiene graves problemas, tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta, que los socialistas creemos que hay que abordar de manera muy audaz.
Permitidme una pequeña anécdota. La semana pasada fui a Bruselas para pronunciar una conferencia sobre la propuesta federal de los socialistas. Al final de la conferencia pude saludar a Ximo Puig, candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat valenciana y, así lo espero, futuro presidente. Como era evidente que no había ido a Bruselas para asistir a mi conferencia le pregunté, “Ximo, y tú ¿qué haces aquí?” Y me respondió: “He venido a averiguar cómo afectará a los sectores económicos valencianos el Tratado Transatlántico entre la Unión Europea y los Estados Unidos y para ver qué tipo de proyectos pueden ajustarse mejor al Plan Juncker”. Me da la sensación de que el Gobierno de Cataluña hace demasiado tiempo que, por desgracia, no tiene en la cabeza estas cuestiones que son las que realmente importan.
Continúo, en Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada de las consecuencias geopolíticas y económicas, singularmente para la Unión Europea, del conflicto bélico en Ucrania y de la política exterior de la Rusia de Vladimir Putin.
Ahora quizás algunos que me escuchan pensarán, ¿qué dice este hombre? ¿Ucrania? ¿Rusia? Mirad, el otro día en Lleida en una reunión con el sector agroalimentario me comentaban la afectación del boicot comercial ruso a la fruta europea, pero esto no parece formar parte del debate público catalán.
El hecho es que la economía de Ucrania se encuentra al borde del abismo, con un descenso del PIB real del 10% este año, y solamente se evitará el colapso económico si Occidente aumenta significativamente su ayuda financiera en los próximos meses.
Bastante inquietante es, también, la situación de la economía rusa, castigada por la pronunciada bajada del precio del petróleo y las sanciones impuestas por la Unión Europea y los EEUU. Una recesión prolongada en Rusia y un hipotético default de la deuda rusa durante los próximos años podrían tener consecuencias imprevisibles, que con seguridad afectarían a Cataluña y al resto de España.
En Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada del imparable incremento de las desigualdades en la mayoría de los países del mundo. Hace meses, Oxfam anunció que las 85 personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que el 50% de la población mundial más pobre, es decir, que 3.500 millones de personas.
Y hace pocos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advertía que España es el país desarrollado en que más han crecido las desigualdades desde el inicio de la crisis económica, como consecuencia de la exorbitante escalada del desempleo. Y quien dice España, dice Cataluña.
Para revertir esta peligrosa tendencia, que está haciendo tambalearse los pilares sobre los que se edifica la legitimidad del sistema democrático, del “contrato social” y de la economía de mercado, en España y en Cataluña son imprescindibles dos cosas:
Y una profunda reforma fiscal, como la que proponemos los socialistas, que aumente sustancialmente los ingresos públicos y la progresividad efectiva del sistema tributario.
En Cataluña, en fin, se habla poco o nada de las perspectivas económicas de nuestro país y del resto de España.
Después de un largo, injusto y doloroso proceso de ajuste macroeconómico, agudizado por la imposibilidad de devaluar la moneda como en el pasado, la economía se encuentra finalmente en condiciones de crecer nuevamente.
En efecto, hemos recuperado competitividad de manera significativa, tal y como lo demuestra la positiva evolución de las exportaciones; hemos pasado de un insostenible déficit de balanza de pagos por cuenta corriente equivalente al 10% del PIB a un ligero superávit, imprescindible para reducir el endeudamiento externo; y después de sucesivas reformas del Gobierno español, muchas decenas de miles de millones de euros de los contribuyentes inyectados en las entidades financieras y la decisiva actuación del BCE, tenemos un sistema bancario más saneado, que en los próximos meses debería rebajar (¡por fin!) la restricción financiera que ha estrangulado, mediante la reducción del crédito, a las familias y, sobre todo, a las empresas desde el año 2008.
Asimismo, la bajada de la prima de riesgo, la rebaja de más de 5.000 millones de euros de la factura energética que España paga como país fuertemente dependiente, inducida por la caída del precio del petróleo, y la depreciación del euro, son tres factores adicionales que contribuirán a impulsar la actividad económica de este año y de 2015.
Desde la perspectiva de las retribuciones a los trabajadores, considero que es muy probable que la recuperación de la competitividad de la economía española y catalana, llevada a cabo mediante el agudo proceso de devaluación interna, sugiere que la bajada de salarios ha tocado fondo.
En los próximos meses y años, por tanto, los salarios tienen que aumentar gradualmente, lo que, unido a la baja inflación y a la gradual reducción de la tasa de desempleo, hará que las familias dispongan de un poder adquisitivo apreciablemente más alto.
No obstante, haríamos bien en no olvidar que las exageradas y equivocadas políticas de austeridad a ultranza impuestas durante estos años por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, y aplicadas con devoción ideológica en nuestro país por los gobiernos del PP y de CiU, no sólo han prolongado la crisis económica, sino que han incrementado innecesariamente la pobreza, las desigualdades y el sufrimiento de las personas.
Por otro lado, conviene destacar que existen también elementos negativos que dificultarán que Cataluña y el resto de España consigan tasas de crecimiento como las anteriores a la crisis.
En primer lugar, la atonía económica de países como Alemania, y sobre todo, Francia e Italia, junto al riesgo de deflación en Europa, representa un freno importante.
En segundo lugar, a pesar de los apreciables avances en el proceso de desendeudamiento de la economía española, el stock de deuda pública y privada (incluyendo el del sistema financiero) continúa siendo inmenso: aproximadamente un 300% del PIB, es decir, unos 600.000 millones de euros en el caso de Cataluña; y esto inevitablemente constituye un pesado lastre para el consumo y la inversión de las familias, las empresas y el sector público.
Finalmente, hay que recordar que Cataluña y el resto de España afrontan, en las próximas décadas, un perfil demográfico muy adverso.
Una sola cifra es suficientemente elocuente de la magnitud del problema: algunos expertos nos alertan que, con los actuales criterios de elegibilidad, entre el año 2000 y el año 2040, el gasto público dedicado a los ciudadanos mayores de 60 años en los ámbitos de salud, pensiones y dependencia pasará del 12,6% del PIB ¡al 33,1% del PIB!
En este sentido, parece evidente que Cataluña y el resto de España tendrán que conseguir en los próximos años, de manera gradual, un nivel significativamente superior de ingresos públicos en relación al PIB, en línea con la media de la Unión Europea, caminando por tanto en dirección contraria a la última reforma fiscal del PP.
Convendría, en resumen, que de estas cuestiones se hablase un poco más en Cataluña si no queremos perder el tren del futuro.
Soy consciente de que este no es todavía el momento de presentar una propuesta electoral. Ya sabéis que los socialistas no compartimos el adelanto de las elecciones de 2012 y tampoco compartimos ahora un posible adelenato electoral que, por otro lado, parece que, más allá de la retórica épica y del ruido, solamente depende del acuerdo del President Mas y Oriol Junqueras sobre cómo tienen que hacer la lista o listas electorales.
Parece una broma pero no lo es.
Hace ya demasiado tiempo que los problemas reales de los catalanes y las catalanas no son los que guían la política. Y los políticos tienen que resolver problemas, no crear nuevos problemas, que demasiados tenemos ya.
El President Mas anticipó las elecciones en el año 2012 buscando una mayoría excepcional y perdió 12 escaños. Ahora trata de disolver a CDC en una propuesta independentista para camuflar otra derrota electoral que las encuestas más favorables a CiU sitúan en un descenso de 10 diputados más.
Ciertamente las elecciones de 2012 tampoco fueron favorables al PSC, y las encuestas apuntan a un nuevo descenso si las elecciones se celebrasen ahora mismo.
Pero precisamente de lo que se trata no es de decidir los calendarios electorales en función de los intereses de uno u otro partido, o de una u otra persona, sino de servir a los intereses de los catalanes y las catalanas.
Y de intentar agotar las legislaturas.
Pero eso no es todo, hay más: la propuesta de Artur Mas apunta a unas nuevas elecciones dieciocho meses después de las próximas. O sea que nos podríamos encontrar con elecciones en 2015 y en 2017 que, junto con las del 2010 y del 2012, ¡serían cuatro elecciones en menos de siete años!
¡Y vuelve a hablar de convocar un referéndum para el que la Generalitat no tiene competencias! Estamos atrapados en una noria que no para de dar vueltas pero que no nos lleva a ningún sitio.
Creo honestamente que el President Mas ha situado la política catalana en un callejón sin salida, en una huida hacia adelante en la que no se ha conseguido ni el pacto fiscal prometido en 2012, ni la consulta deseada en 2014. Una huida hacia adelante en la que ahora se nos propone un camino hacia la independencia que está también condenado al fracaso.
Y, amigos y amigas, Cataluña no se puede permitir ni más fracasos ni perder más el tiempo.
Pero tampoco quiero dejar de reconocer errores y carencias de los socialistas, por los cuales tenemos que pedir disculpas y hacer propósito de enmienda.
No vimos venir la crisis económica en el 2008, ni supimos afrontarla con eficacia, ni lo hicimos de acuerdo con nuestros valores y prioridades.
No supimos tampoco ofrecer una alternativa clara al terremoto causado por la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de 2010, ni responder con celeridad al deterioro de la política causado por los escándalos de corrupción.
Como he dicho al principio, la actual situación política, económica y social es de una extraordinaria complejidad. Quizás por eso es el momento de pararnos un poco y reflexionar juntos antes de empezar a correr hacia unas nuevas elecciones con el riesgo de no resolver nada.
Como la cita de Thomas Mann que recordaba Soledad Gallego-Díaz en su artículo de domingo en El País: “El mundo no ha padecido nunca por un exceso de razón”. En cambio, nada corta de forma más rápida el diálogo y la conversación que las emociones.
Y en la política catalana hay un exceso de emociones y un déficit de razones.
Mi diagnóstico es diáfano:
Creo que no hay solución a los problemas de los catalanes si no se produce un cambio de rumbo de la política catalana.
Hay que abandonar el rumbo de colisión que intentan acordar el President Mas y Oriol Junqueras pensando solamente en un millón ochocientos mil catalanes, y quizás ni siquiera en todos ellos.
Hay que abandonar el rumbo de colisión para el que cuentan con la inestimable ayuda del Partido Popular y el Gobierno de España presidido por Mariano Rajoy.
No hay solución a nuestros problemas que no pase por la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Y esa no es la tercera vía. Es la primera vía. La única vía, si me apuran.
¿Cómo queremos resolver en democracia el conflicto entre intereses contradictorios? ¿Cómo queremos conciliar diversos sentimientos de pertenencia? Decía Enric Juliana en su libro “La España de los pingüinos”: “Curiosa paradoja: se nos dice que el mundo va hacia la superposición de los sentimientos de pertenencia; se nos exigen flexibilidades de todo tipo, -flexibilidad mental, flexibilidad laboral, flexibilidad emocional- para afrontar inciertos retos de futuro, pero la inflexibilidad ideológica y política tiende a apoderarse del espacio público”.
Los socialistas catalanes hemos mostrado de forma inequívoca y reiterada nuestra disposición a llegar a acuerdos. El último ejemplo ha sido el acuerdo al que ha llegado nuestro candidato a la Alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, que permitirá aprobar los presupuestos del Ayuntamiento y la obtención de importantes contrapartidas sociales en cuanto al precio del transporte público, la construcción de nuevas guarderías y un plan de rescate para personas en situación de especial vulnerabilidad. ¡Barcelona está de enhorabuena!
Gracias, Jaume. En nombre de los barceloneses y de todos los socialistas.
Los socialistas estamos siempre dispuestos a ayudar a quien quiera ser ayudado. Desgraciadamente no es el caso del Gobierno de Cataluña que no pide nunca ayuda sino adhesión incondicional. Adhesión incondicional a una hoja de ruta que no compartimos en absoluto.
Los presidentes Mas y Rajoy parecen incapaces, no sé si es que en realidad no saben, no quieren o no pueden, dialogar para resolver los problemas que tenemos. El pasado 30 de noviembre les ofrecía un guión de cinco temas sobre los que sería imprescindible comenzar a dialogar:
1.- Abrir en el marco de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat una negociación sobre el documento de 23 puntos presentado por el President Mas al Presidente Rajoy el pasado 30 de julio.
2.- Revisar en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera la distribución del esfuerzo de reducción del déficit público entre los tres niveles de la Administración que de forma injustificada está sometiendo a una presión insoportable a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos. Esta revisión tendría que contemplar también la posibilidad de negociar con las instituciones europeas una flexibilización de los plazos y los objetivos de déficit.
3.- Convocar una Conferencia de Presidentes para adoptar medidas urgentes para reactivar la economía y el empleo y la creación de un fondo extraordinario de rescate social para la infancia en situación de vulnerabilidad y desempleados de larga duración.
4.- Crear un espacio de deliberación sobre la reforma federal en el marco de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados.
5.- Evaluar el vigente modelo de financiación autonómica en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera para abordar su revisión que tendría que haber entrado en vigor el pasado 1 de enero.
Permítanme que me detenga unos instantes, dada su gran importancia, en el nuevo modelo de financiación autonómica. En el pasado, todas las revisiones de los sucesivos modelos aseguraban que cuando entraba en vigor un nuevo sistema de financiación todas las Comunidades Autónomas disponían de más recursos públicos que con el sistema anterior. Esto facilitaba mucho las negociaciones y el acuerdo, pero no parece que sea posible en la coyuntura económica y fiscal actual.
Por esta razón, para facilitar la discusión y la aprobación de un nuevo modelo de financiación autonómica, y además de otros principios como la ordinalidad o una mayor corresponsabilidad fiscal, habría que contemplar la posibilidad de que el Gobierno español asuma como propia una parte de la actual deuda pública de las Comunidades Autónomas generada en los últimos años, mediante, por ejemplo, una quita de la deuda pública de las Comunidades con el Gobierno español.
De esta manera todas las Comunidades Autónomas saldrían ganando porque pasarían a tener una situación financiera más saneada y rebajarían su gasto en concepto de pago de intereses de la deuda.
Obviamente, conviene ser muy prudente y subrayar que habría que estudiar con mucho cuidado los detalles concretos para aplicar esta propuesta de quita, y particularmente cuál tendría que ser el porcentaje del total de la deuda de las Comunidades Autónomas condonado y en qué condiciones se produciría la condonación, para evitar que en el futuro las Comunidades se comporten irresponsablemente en su gestión presupuestaria confiando en que el Estado español las rescatará.
Es evidente que en las respectivas hojas de ruta de los presidentes Mas y Rajoy no figura una negociación de estas características y que, al final, los catalanes y el conjunto de los españoles somos rehenes de este bloqueo.
Y ya llevamos cuatro años perdidos.
El resultado es muy triste: ninguna nueva competencia, ninguna nueva inversión, ningún nuevo proyecto, ningún nuevo acuerdo que permita avanzar en ningún terreno.
Les haré una confesión personal: me llamaron mucho la atención los aplausos recibidos por el President Mas cuando, en septiembre de 2012, volvió de Madrid explicando que no había conseguido el pacto fiscal. ¿Desde cuándo los catalanes aplaudimos los fracasos?
Es evidente que la responsabilidad no era solamente ni siquiera principalmente suya pero, ¿aplausos? ¿A santo de qué?
Otro cambio necesario es renunciar a la vieja táctica victimista de derivar a los demás todas las responsabilidades como fórmula para huir de las propias responsabilidades. Cataluña no se lo merece y así no vamos a ninguna parte.
Como el President ha fijado la independencia como único objetivo es muy difícil que obtenga nada en Madrid. Fijar la independencia como único objetivo es un error. Fue un error fijar 2014 como el año en que tenía que pasar todo. Fue un error hacer una declaración de soberanía en el Parlament. Fue un error fijar unilateralmente la fecha y la pregunta. Como también sería un grave error declarar unilateralmente la independencia.
Además, y lo diré con claridad: la mayoría de catalanes no queremos la independencia.
Ya lo vimos el pasado 9 de noviembre.
Muchos no creemos en soluciones mágicas a los problemas, y la independencia se ha presentado como la solución milagrosa a todos los problemas.
No queremos romper con el resto de España ni tampoco nos resignamos al inmovilismo trasnochado y tozudo de la derecha que es el verdadero enemigo de un proyecto español compartido.
La independencia ni la queremos, ni nos conviene, ni siquiera parece posible en el mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas en el que vivimos, en el seno de la Unión Europea que tiene que avanzar hacia una mayor integración no hacia una mayor disgregación, y todos sus Estados miembros lo consideran así.
Muchos estamos convencidos de que hay una mejor solución: la reforma del Estado para hacerlo más eficiente y asegurar que defiende mejor de los intereses de los catalanes y no solamente se ocupa de los sectores que, en palabras justas de Juan-José López Burniol, “consideran al Estado una propiedad privada y una sociedad de auxilios mutuos para la autosatisfacción de sus propios intereses, prescindiendo de un proyecto nacional inclusivo, y se resisten por todos los medios a un reparto racional del poder político que intentan monopolizar”. Unos sectores concentrados históricamente en Madrid.
La solución federal, la reforma constitucional que proponemos, tendrá que ser votada por los ciudadanos. No habrá solución sin votación. Y nosotros queremos que los catalanes tengan la oportunidad de votar en favor de un nuevo acuerdo antes de plantearse la posibilidad de romper con el resto de España.
Estoy seguro de que hay una mayoría de catalanes partidarios de un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España.
Lo dicen todas las encuestas. Si resolvemos el problema del reconocimiento de la realidad nacional catalana y del carácter pluricultural y plurilingüe del Estado, si somos capaces de garantizar en plenitud el autogobierno especialmente en lo que se refiere a las competencias en materia de lengua, educación y cultura, y si somos capaces de conseguir un pacto fiscal solidario que preserve el principio de ordinalidad, es decir, que las Comunidades que transfieren solidariamente fondos a otras regiones españolas no acaben obteniendo menos recursos públicos que aquellas que los reciben, si incorporamos estos elementos a la propuesta de reforma constitucional que sea sometida a referéndum de la ciudadanía, una amplia mayoría de catalanes y catalanas le darán su apoyo.
Tampoco me cansaré de repetir que la propuesta de reforma constitucional que hacemos los socialistas tiene como objetivo no solamente abordar el encaje de Cataluña en el resto de España, sino también los problemas del Estado de las Autonomías en su conjunto. En este sentido, no está de más recordar que los ejes básicos de nuestra propuesta de reforma federal son:
La transformación del Estado de las Autonomías en un Estado federal.
El reconocimiento de las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes (por ejemplo, en el artículo 5 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que se debería incorporar a la Constitución).
La definición precisa de las competencias del Estado y la atribución de todas las demás a las Comunidades Autónomas.
La incorporación de los derechos sociales como derechos de ciudadanía y la garantía de su ejercicio en condiciones de igualdad.
La consideración de los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las Comunidades Autónomas con lengua propia.
La constitucionalización de un sistema de financiación de las Comunidades Autónomas informado por los municipios de solidaridad y ordinalidad, entendido este último como lo hace la STC 31/2010 de 28 de junio en su Fundamento Jurídico 134 “excluyendo la peor condición relativa de quien contribuye respecto de quien se beneficia”.
La territorialización del sistema de gobierno del Poder Judicial.
La transformación del actual Senado en un Consejo Federal con presencia de los gobiernos autonómicos.
La profundización del carácter democrático, participativo y deliberativo de nuestro sistema político e institucional.
El fortalecimiento de los municipios como garantes de la cohesión social, vectores de desarrollo económico y vertebradores del territorio.
Tampoco está de más insistir en que la propuesta independentista de Mas y Junqueras tiene un problema fundamental: al final pretende conseguir sus objetivos de forma unilateral.
Y este es un camino imposible para modificar las fronteras o las relaciones internas entre territorios en un Estado democrático miembro de la Unión Europea, que garantiza constitucionalmente el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.
No hay, ni habrá, una solución unilateral.
Todo el mundo sabe que la independencia solamente ha sido viable en los procesos de descolonización o bien cuando ha habido acuerdo entre las partes (Chequia-Eslovaquia) o bien ha tenido que ver con el derrumbe del bloque soviético, lo que ha propiciado un vasto consenso internacional. Ninguna de estas circunstancias se da en el caso de Cataluña. Y decir lo contrario es engañar a la gente.
Quizás alguien piensa que pedir la independencia es la mejor manera de negociar un nuevo estatus en el marco español. Pero hay que decirlo. Hay que hacer saber que ésta es la meta. Me pueden decir: hay que apuntar a 10 para obtener 7 u 8. Eso es válido en una mesa de negociación.
Pero es moralmente inaceptable cuando un responsable político se dirige a la ciudadanía y no explica la verdad.
A la gente se le tiene que decir la verdad. No se la puede llevar por terrenos desconocidos, con los costes personales y colectivos que eso le puede reportar, con los enormes riesgos añadidos, cuando el objetivo real no es el que se anuncia sino otro. Cuando el objetivo no es “de país”, sino “de partido”.
El objetivo de verdad debe ser ir a una negociación. A forzar una negociación. A conseguir todas las presiones catalanas, españolas, europeas e internacionales posibles para forzar esta negociación, para superar definitivamente los obstáculos a un nuevo pacto entre Cataluña y el resto de España.
Yo creo que habrá que esperar a derrotar en las urnas al PP en las próximas elecciones generales, pero mi pronóstico es que finalmente se procederá a la reforma federal de la Constitución, en cuyo marco Cataluña encontrará el lugar que le corresponde como nación.
De la misma manera que, más allá de la Cataluña estricta, la lengua catalana, en sus diversas modalidades, tiene que encontrar también, en el Estado español, su defensa, la preservación de su unidad y el apoyo para su pleno desarrollo. Como en todo aquello que concierne a la cocapitalidad de Barcelona.
Ésta es la España que queremos. Y créanme: lo conseguiremos.
Y no será ninguna derrota, sino una gran victoria del pueblo de Cataluña, de su exigencia de autogobierno, de la expresión plural de su identidad, de su cohesión, de sus movilizaciones, de la enorme voluntad de cambio expresada de formas muy diversas.
En este punto, quiero alertar contra el inadmisible intento de equiparar catalanismo con independentismo. Quizás así aumenta el número de independentistas, pero también irá menguando la fuerza integradora del catalanismo y acabaremos haciendo un muy mal negocio. Podemos hacernos daño. Mucho daño. Romper la transversalidad del catalanismo perjudica a nuestro país.
Los socialistas catalanes seguimos en el mismo lugar de siempre, fieles a nuestras raíces catalanistas y federalistas. Sin engañar a la gente. Porque se trata realmente de estar “al servicio de este pueblo” y no al servicio de un determinado proyecto político o incluso de un determinado proyecto personal.
Estamos como siempre, con voluntad de reforzar costuras, de aproximar posiciones, de evitar fracturas debilitadoras, porque sabemos que la nación es el consenso renovado de la ciudadanía.
Sabemos que las naciones, como las danzas, se hacen y se deshacen. Y no queremos que Cataluña se nos deshaga en las manos, ya sea por decadencia a manos de las políticas austericidas, ya sea por cualquier fiebre insensata que la lleve a la ruptura o a un callejón sin salida.
Queremos que el pueblo de Cataluña sea llamado, no hacia ninguna entelequia, no a ninguna falsa meta que alguien promueve con finalidades escondidas, sino a una nueva meta real que confirme su unidad civil, que incluya el anhelo de todos los hombres y mujeres que la habitan, de la Cataluña del campo y de la ciudad, de la Cataluña de las ciudades medianas y de la Cataluña metropolitana, de la gran pluralidad del pueblo, de los 7,5 millones de ciudadanos y de ciudadanas, que apunte a horizontes de cambio, de justicia, de libertad, de honestidad, de verdad.
Y que eso genere un nuevo y potente compromiso colectivo.
Por ello, no paramos ni pararemos de hablar con todo el mundo y de acercar a sectores diversos a las posiciones centrales del catalanismo social, del catalanismo federal, del catalanismo de la unión plurinacional en España y en Europa.
La unidad civil es nuestra vocación, absolutamente contraria a cualquier frentismo. Ha sido uno de los principales servicios de los socialistas al pueblo de Cataluña en el pasado. Lo ha recordado muchas veces Antoni Puigverd en sus artículos. Y lo tiene que volver a ser. Porque a los pueblos les hace falta un grado suficiente de unidad. Y la unidad suficiente, la genuina, no es la que conviene a unos pocos en un momento dado, ni la que se pliega a los intereses de una determinada operación política o personal, sino la que se articula a partir de la pluralidad real de la sociedad catalana, de todos aquellos sectores que se sienten dispuestos a trabajar por Cataluña.
Pero seamos realistas: probablemente ni Rajoy en La Moncloa ni el dueto Mas-Junqueras dominando la política catalana serán capaces de encontrar la solución al problema.
Y a los socialistas corresponde construir una alternativa tanto en el ámbito catalán como en el ámbito español. La ciudadanía tendrá que decidir en las urnas si quiere cambiar de rumbo o la presente deriva ya le va bien.
Las próximas elecciones generales, de aquí a un año, nos proporcionarán una buena oportunidad para cambiar de rumbo, para evitar la colisión. Una nueva mayoría presidida por Pedro Sánchez abrirá definitivamente el camino a la reforma constitucional.
Pero, como ya he dicho, el problema de encaje de Cataluña en el resto de España no agota las cuestiones sobre las que la política catalana tiene que cambiar de rumbo.
¿Cuáles son las prioridades que proponemos los socialistas? No me cansaré de repetirlas.
Primera, relanzar la economía y crear puestos de trabajo.
Segunda, proteger el Estado del Bienestar, la sanidad y la educación públicas y los servicios sociales, erosionados por los recortes y las políticas dogmáticas de austeridad y la desgana del Gobierno de Artur Mas a la hora de administrar el día a día de la Generalitat.
Tercera, regenerar la democracia, limpiar la política, luchar contra la corrupción, asegurar la transparencia e impulsar la lucha contra el fraude fiscal. Sí, corrupción cero.
Y la cuarta, buscar un nuevo acuerdo con el resto de España que nos permita votar. Sí, votar. Votar de verdad.
Sin duda el tema fundamental, y lo decía al inicio de mi intervención, es la necesidad de reactivar la economía, de impulsar la creación de puestos de trabajo, de reducir las desigualdades y la pobreza, de crear oportunidades.
Y esto implica dar la vuelta a las políticas económicas y sociales dominantes hoy en Cataluña, España y Europa.
Y para comenzar necesitamos lo que no tenemos en estos momentos en Cataluña.
No tenemos ni la estabilidad política ni la seguridad jurídica imprescindibles
Ya basta de estar sometidos a los vaivenes e improvisaciones que se presentan como cargados de épica y de astucia. No estamos dispuestos a contraponer democracia y Estado de Derecho.
No queremos sofismas ni atajos que no llevan a ningún sitio. El trabajo bien hecho no conoce fronteras, pero empieza en casa. Y la responsabilidad también comienza en todos y cada uno de nosotros. No podemos poner en peligro, frívolamente, inversiones y puestos de trabajo por el hecho de adentrarnos en tierra incógnita. No queremos la Ítaca a la que llega solamente uno, como en “La Odisea” de Homero. Queremos ir muy lejos, pero llegar todos juntos.
Para relanzar la economía hay cosas que hacer a escala europea, española y catalana:
Hay que apoyar a las empresas, a los emprendedores y a los autónomos, faltos de crédito, de apoyo público y de estabilidad institucional.
Hay que rehacer el equilibrio roto de las relaciones laborales a partir de la concertación social, la formación y la flexibilidad negociada.
Hay que promover y recuperar el talento generado por el sistema educativo y la formación universitaria, hay que establecer planes para evitar la fuga de talento y para favorecer el regreso de talento obligado a emigrar.
Hay que recuperar la inversión de I+D+i. Hay que jugar fuerte en favor de la reindustrialización del país, del sector agroalimentario, de las ciencias de la vida, del turismo y le comercio de proximidad y de calidad.
Hay que combatir el desempleo de larga duración. Y todavía tenemos pendiente la reforma del Servicio de Empleo de Cataluña. Aquí encontramos personas mayores de 45 años, mujeres, jóvenes sin estudios y personas con discapacidad. Todas ellas merecen y necesitan un Plan de choque que les vuelva a incorporar efectivamente al circuito laboral.
Nos preocupa especialmente el desempleo juvenil. Hay que destinar recursos adicionales a los europeos para que el Plan de Garantía Juvenil (trabajo o formación en 4 meses) sea una realidad y no buenas palabras.
No podemos olvidar la necesidad de impulsar la transición energética ni de incorporar criterios ecológicos y de sostenibilidad al conjunto de nuestras políticas públicas.
La crisis económica nos ha llevado a una situación de verdadera emergencia social. En el año 2013, 1.779.200 personas en Cataluña se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 24,3% de la población.
Y los recortes han erosionado nuestro sistema de protección social y la calidad de nuestros servicios públicos.
Tenemos las listas de espera sanitarias más largas. El tiempo de espera medio de los 14 procedimientos quirúrgicos garantizados se ha incrementado un 40%. Tenemos 1.250 camas de hospital menos, 4.000 médicos menos en el ICS y 15.000 profesionales sanitarios menos en todo el sector. El presupuesto para el próximo año destina 0 euros a las guarderías. Ha disminuido en 10 puntos la tasa de cobertura de las becas comedor. El gasto social ha retrocedido a los niveles de 2004. ¡10 años de retroceso!
No podemos ni queremos esperar al paraíso de la independencia para tener una Cataluña con más trabajo, donde nadie pase hambre, todo el mundo tenga un techo y no te puedan cortar el agua, la luz o el gas a causa de situaciones de pobreza extrema.
Este es nuestro compromiso. Sí, pobreza cero.
Nos hace falta un verdadero plan de rescate social. Ninguna familia sin un ingreso. Un plan integral para erradicar la pobreza infantil. Acabar con los desahucios. Mejorar la atención a las personas con dependencia. Potenciar la autonomía de las personas con discapacidad. Colaborar con las entidades sociales del Tercer Sector.
Y también luchar para la erradicación de la violencia de género.
Tampoco nos resignamos a la erosión de los servicios públicos de salud y educación. Rechazamos la privatización y la mercantilización de la sanidad pública. Necesitamos un plan de choque para reducir las listas de espera. Defendemos la progresiva universalización del educación de 0 a 3 años. Y la reforma de la Formación Profesional no puede esperar. Como tampoco puede esperar la revisión del Plan de Energía.
En palabras de Luis Atienza en un reciente artículo: “Hace falta revisar muchas cosas para fortalecer la igualdad de oportunidades, explorar los límites de la capacidad redistributiva de la política fiscal, combatir de forma feroz la exclusión social y situarnos en la vanguardia de la transparencia y de la lucha contra la corrupción”.
Este es el horizonte permanente de la socialdemocracia.
Los socialistas queremos construir una alternativa sobre estos objetivos. Y estamos dispuestos a colaborar con todos aquellos y aquellas que los compartan. De la misma manera que estamos dispuestos a dar nuestro apoyo a aquellos que, sin necesidad de compartir nuestro proyecto, estén dispuestos a trabajar en positivo por el futuro de Cataluña.
Pero no podremos dar apoyo a políticas de corto alcance, a acuerdos puntuales que solamente sirvan para ganar tiempo, a convalidar presupuestos basados en fantasías irreales, a formar gobiernos con partidos que se niegan a cambios, que bloquean la reforma del Estado que tiene que ser de todos.
En este sentido, ¿cómo quieren que los socialistas demos apoyo a unos presupuestos que todo el mundo sabe que no se cumplirán? ¡Si ya el año pasado contemplaban unos ingresos que todo el mundo sabía que no se podían cumplir! Y este año, además, se contemplan unos ingresos que provienen del Estado, que solamente podrían verificarse a través de la negociación entre dos gobiernos que hasta ahora solamente saben dialogar a través de los tribunales.
Queremos un cambio profundo de la política catalana. Queremos ponerla al servicio de los ciudadanos, queremos que trabaje para solucionar los problemas reales de las personas.
Nada de lo que propongo es fácil. Requerirá de mucho esfuerzo y tenacidad. Un esfuerzo colectivo, que tendrá que ser justo para ser soportable. Un esfuerzo que comienza por decirnos los unos a los otros la verdad.
Porque, en efecto, Cataluña tiene que luchar contra muchas dependencias.
La dependencia de unas estructuras económicas y sociales que generan desigualdades y pobreza porque están al servicio de unos pocos. La dependencia de energías de riesgo y contaminantes. La dependencia de los consumidores y usuarios en sectores oligopolísticos. La dependencia de futuras generaciones si agotamos los bienes naturales o degradamos el entorno. La dependencia de una demografía adversa. La dependencia con respecto a poderes no democráticos y a prácticas corruptas o poco transparentes. La dependencia del monotema y de la fácil excusa que hace responsable de todo a Madrid.
No creo que nada de lo que propongo sea sencillo. Pero sí que estoy seguro de que vale la pena. Que se trata de un sueño realizable. Que puede sumar los anhelos de una amplia mayoría.
A día de hoy todavía no sabemos cuándo serán las próximas elecciones. Lo que sí que les puedo asegurar es que, sean cuando sean, encontrarán al Partido Socialista preparado para afrontarlas, dispuesto a una batalla noble para construir la Cataluña libre y segura, próspera y justa para la que el PSC lleva trabajando desde 1978. Lo haremos con una lista de socialistas y progresistas, de catalanistas y federalistas.
Fuimos decisivos en la conquista de la democracia, en la recuperación de la autonomía, en el impulso al municipalismo, en el cambio político en España que contribuyó a modernizarla, la incorporó a Europa y construyó el Estado del Bienestar, en los gobiernos de izquierdas en Cataluña que dieron un formidable impulso a las inversiones y a las políticas sociales.
Queremos volver a ser decisivos en esta encrucijada política.
Y trabajaremos para merecer la confianza de nuestros conciudadanos y conciudadanas para un proyecto basado en dos ideas centrales: la justicia social y el acuerdo federal con el resto de España. Dos ideales a los que no estamos dispuestos a renunciar.
Intervención en Círculo de Economía
Posted on Martes 14 octubre 2014 by Miquel Iceta
INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL CÍRCULO DE ECONOMÍA
En primer lugar quiero agradecer al Presidente del Círculo, Antón Costas, la amable invitación de dirigirme a todos ustedes en el marco de las conversaciones que llevan por título “La hora de la política”.
La hora de la buena política, me atrevería a decir. Porque política hay, pero hay demasiada de la mala. Los ciudadanos tienen derecho a una gestión eficaz y honesta de los asuntos públicos, y en demasiadas ocasiones no obtienen ni una cosa ni la otra. No es de extrañar, pues, que la política se encuentre en horas bajas.
El caso de Cataluña corre el riesgo de convertirse en emblemático. Venimos de una legislatura que acabó antes de tiempo a medio mandato, y la actual parece condenada a repetir la historia.
En el año 2010 el President Mas se había fijado como principales objetivos el pacto fiscal y la reducción del paro a la mitad y, desgraciadamente, no consiguió ni lo uno ni lo otro. Propuso a la sociedad catalana salir del túnel del tripartito y la constitución del gobierno de los mejores. Y hoy, por desgracia para todos, no tenemos un mejor gobierno. Artur Mas avanzó las elecciones para obtener una mayoría extraordinaria para emprender la transición nacional hacia un Estado propio y convocar una consulta, y perdió 12 escaños. El President Mas se ha visto hoy obligado a explicar que la consulta legal a la que se comprometió para el 9 de noviembre no se hará. Ha tardado demasiado en hacerlo. Algunos ya advertimos hace tiempo que las cosas se estaban haciendo mal, y cuando las cosas se hacen mal, acaban mal.
Y hoy el President Mas nos dice que no se podía hacer la consulta tal y como la había planteado porque no tenía todas las garantías, y ahora propone hacerla en peores condiciones, es decir, sin garantías. No es una consulta legal y acordada y, sobre todo, no cuenta con las mínimas garantías democráticas. Ni tan solo será convocada formalmente, hoy mismo el President Mas ha dicho que no firmaría un decreto de convocatoria. No merece el nombre de consulta, es una “gigaencuesta presencial”. Es una huida hacia adelante. Una frase atribuida al escritor y periodista Pompeu Gener resume bastante bien la situación actual. “Adelante, adelante, sin una idea y sin un plan”. Y no es eso lo que quieren y merecen los catalanes.
Lo mínimo que se puede pedir a la política y, en particular a un gobierno, es que proporcione un marco de estabilidad y garantice la seguridad jurídica. Es lo que merece la ciudadanía y es lo que necesita nuestra economía. Y el gobierno de CiU no ha proporcionado ni una cosa ni la otra. A través del pacto de Artur Mas con Esquerra Republicana de Catalunya, la legislatura se ha convertido en una cuenta atrás que se está agotando de forma inexorable y angustiante sin haber conseguido sus objetivos.
Ya hace demasiado tiempo que no sabemos hacia dónde vamos, mejor dicho, a dónde nos quieren llevar. Ejemplos. Se pretendía utilizar una ley de consultas populares no referendarias para hacer la pregunta propia de un referéndum. Y ahora se quiere realizar una mal denominada consulta sin garantías. El gobierno se instala en el caos con chapuzas tan perjudiciales como el pleito sobre la concesión administrativa de Aguas Ter-Llobregat. El gobierno se muestra incapaz de presentar los presupuestos en los plazos fijados, y los maquilla con previsiones de ingresos que no se pueden conseguir con el fin de cuadrar artificialmente las cuentas.
En el ámbito de las finanzas públicas la situación se ha convertido en ciertamente paradójica: el Gobierno de Artur Mas proclama constantemente que no tiene dinero para financiar los servicios públicos y, a la vez, ha generado una enorme montaña de deuda pública. Una sola cifra para ilustrarlo: en cuatro años ha generado más deuda pública que los gobiernos de izquierdas en siete años.
Los socialistas catalanes venimos diciendo desde hace mucho tiempo que el camino elegido por el President Mas es equivocado, es un callejón sin salida. A la vez, somos plenamente conscientes de que así no podemos seguir, que hay que encontrar un nuevo marco de relaciones entre Cataluña y el resto de España, y que no habrá solución estable si no puede ser refrendada por los ciudadanos en las urnas.
Pero no hay otro camino que la vía del diálogo, la negociación y el pacto, que no es la tercera vía, sino la primera y, si me apuran, la única.
Lo interpretamos así desde una profunda convicción catalanista que nos lleva a exigir respeto hacia nuestra comunidad nacional y el máximo autogobierno posible en el marco de interdependencias crecientes y de soberanías compartidas del proceso de construcción europea y del proceso de globalización económica.
El nuestro es un catalanismo que pretende la transformación de España en un sentido federal y de profundización democrática, capaz de reconocer plenamente su carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe. Un catalanismo que quiere garantizar que el Estado que compartimos con el resto de pueblos de España esté también al servicio de interés general de Cataluña. Un catalanismo que tiene la legítima ambición de gobernar España juntamente con los progresistas de todo el Estado. Un catalanismo que es heredero genuino del catalanismo histórico, que no era ni fundamentalista ni separatista, era profundamente liberal en el mejor de los sentidos de la palabra.
Nuestra propuesta concreta es una reforma constitucional federal que resuelva los problemas y disfunciones del Estado de las Autonomías generalmente reconocidos y que, además, reconozca Cataluña como nación, asegure el autogobierno garantizando las competencias de la Generalitat y de forma especial aquellas que tienen que ver con la educación, la cultura y la lengua, cree instituciones de carácter federal como un Senado territorial, y promueva un pacto fiscal que siendo solidario preserve el principio de ordinalidad. Nuestras cuatro “erres”: reconocimiento, reglas, representación y recursos.
Esta reforma constitucional federal tendrá que ser sometida a referéndum de todos los españoles, y queremos que los catalanes la voten de forma mayoritaria. Así pues habrá que convencer a los que no quieren romper y a aquellos que hoy se sienten llevados hacia la independencia porque no ven por ahora un camino alternativo para mejorar nuestro autogobierno y el adecuado reconocimiento a nuestra realidad nacional.
Hay quien dice que esto podría conseguirse también a través de una disposición adicional de la Constitución. Estamos dispuestos a estudiar todas las posibilidades para resolver bien el problema del encaje entre Cataluña y el resto de España. Y estamos dispuestos también a explorar las diversas fórmulas que hay para que los catalanes y las catalanas puedan ser consultados sobre el futuro político de Cataluña, bien sea por la vía del artículo 92 de la Constitución o la propia Ley 4/2010 de Consultas Populares por vía de Referéndum aprobada en tiempos del President Montilla y vigente en la actualidad, mientras espera la decisión del Tribunal Constitucional. Fórmulas legales y acordadas, con las necesarias garantías democráticas. Caminos ciertos, que no forman parte de un engaño, ni de un autoengaño, ni de un espejismo.
Pero, quiero subrayarlo, todos estos caminos forman parte de la única vía, la vía del diálogo, la negociación y el pacto, y rechazamos de forma explícita cualquier forma de unilateralidad, ilegalidad o desobediencia civil. Con ello, no quiero decir que sean caminos sencillos ni llanos, y que no requieran también de una importante dosis de firmeza y reivindicación.
Porque somos muy conscientes de la enorme responsabilidad del gobierno Rajoy y del PP en todo este estado de cosas. Desde el origen del malestar (campaña contra el Estatut, recurso de inconstitucionalidad, sentencia del Tribunal Constitucional, política recentralizadora del actual gobierno de España y falta de respeto a aspectos relevantes de nuestra identidad) hasta el bloqueo actual en el que solamente se esgrime la exigencia de respeto a la legalidad que compartimos, pero que no es suficiente. Hace falta, por parte del gobierno del Partido Popular, una propuesta concreta para resolver el problema de fondo.
Desgraciadamente, me temo que los cálculos electorales se han impuesto tanto en CiU como en el PP y eso está impidiendo el normal y exigible diálogo entre gobiernos. Encuentro sencillamente escandaloso que se haya olvidado de forma total y absoluta el documento de 23 puntos entregado por el President Mas al Presidente Rajoy el pasado 30 de julio. ¡Solamente yo hice referencia a este documento en el Debate de Orientación Política General que abrió el curso político! Son 23 cuestiones relevantes que los socialistas compartimos y en las que estamos dispuestos a trabajar.
Vuelvo a exigir que este diálogo se produzca. Es la única manera de salir del callejón sin salida al que nos han llevado el uno y el otro.
Porque hoy el futuro inmediato de la política catalana es muy incierto. Creo que es un error substituir una consulta legal por un simulacro de consulta falto de las mínimas garantías democráticas exigibles. Tampoco me parece una buena solución ir a unas elecciones llamadas plebiscitarias. Una lista conjunta entre CiU y ERC, ¿a qué gobierno nos llevaría? ¡Qué incoherencia política! ¡Qué engaño! Dicen que nos llevarían a una declaración unilateral de independencia. Pero, ¿qué quiere decir eso? Sería un peligroso gesto de cara a la galería, fuera del Estado de Derecho y que no encontraría ningún tipo de reconocimiento internacional serio. Otro engaño. Dicen que obtendríamos una posición de fuerza para negociar. En el mejor de los casos tendríamos una mayoría con pies de barro. Y ¿para hacer qué? No lo sabe nadie. Otro engaño.
Modestamente creo que habría que aprovechar los dos años que quedan de legislatura para trabajar duro en la recuperación económica y la resolución de los problemas de la gente. Con cuatro prioridades bien claras:
Relanzar la economía y crear puestos de trabajo. De este tema hablaré al final de mi intervención.
Proteger el Estado del Bienestar, los sistemas públicos de salud, educación y protección social.
Regenerar la democracia y combatir el fraude fiscal.
Una reforma constitucional federal que reconozca a Cataluña como nación, garantice nuestro autogobierno y especialmente las competencias de la Generalitat en materia de lengua, educación y cultura, y asegure un pacto fiscal justo y a la vez solidario.
Eso es lo que habría que hacer en los dos próximos años. Sin renunciar a la consulta, trabajando para hacerla posible de forma legal y acordada, la única manera de hacerla.
Pero si finalmente se anticipan las elecciones, los socialistas defenderíamos exactamente los mismos planteamientos. No tenemos miedo a las urnas. Ni engañaremos a las personas para ganar votos.
Y dedicaré la parte final de mi intervención a hacer unas breves reflexiones sobre temas económicos, consciente de que hacerlo ante ustedes que saben mucho más es muy atrevido. Y que sin duda lo haría con más fundamento el Portavoz de nuestro Grupo Parlamentario, Maurici Lucena.
Pero no quiero dejar de comentar algunos aspectos que considero relevantes:
La recuperación económica en España y Cataluña es aún muy incipiente y débil.
Las últimas noticias sobre los países más relevantes de la Eurozona no permiten descartar una nueva recaída, el propio FMI cree que hay un 40% de posibilidades de una nueva recesión.
A pesar de tener poco margen de maniobra en el ámbito de la política económica, en España y Cataluña podemos hacer más y mejores cosas para relanzar la actividad económica y crear empleo.
En cualquier caso, soy consciente de que la socialdemocracia europea todavía no ha perfilado una alternativa global y lo suficientemente sólida al actual estado de las cosas, pero sí podemos afirmar algunos elementos con suficiente rotundidad y conocimiento de causa:
No hay soluciones nacionales a la crisis, tal y como lo demuestra la reciente reunión del G-20, el FMI y el Banco Mundial.
La mejor regulación de los mercados y, especialmente, del sector financiero es el camino más seguro para evitar crisis económicas y financieras tan profundas y destructivas como la que comenzó en el año 2007.
La importancia de las restricciones y los condicionantes globales y europeos no exige a cada país del correspondiente esfuerzo para recuperar los equilibrios macro-económicos sin renunciar a los necesarios estímulos al crecimiento económico.
El paro masivo, la precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo, la enorme deuda pública y privada, y las desigualdades cada vez mayores son los principales problemas de la economía española, sin olvidar la contracción del crédito que sigue ahogando a las pequeñas y medianas empresas, los autónomos y las familias.
En España y en Cataluña son necesarias profundas reformas estructurales en el sector de la energía, el sistema judicial y el funcionamiento del sector público, y
El muy preocupante problema de las crecientes desigualdades impone una reflexión en profundidad sobre el sistema fiscal español y catalán que, sin subir necesariamente el tipo impositivo de las principales figuras tributarias, tiene que conseguir aumentar la recaudación pública (que en España es una de las más bajas de la Unión Europea en relación al PIB) a la vez que incrementa la progresividad efectiva del sistema, eliminando los sobreabundantes beneficios fiscales de carácter regresivo y los numerosos mecanismos de elusión fiscal accesibles solamente a las grandes empresas y las personas con elevados niveles de renta y riqueza.
Sé que el Círculo de Economía está reflexionando de forma profunda y seria sobre la industria en nuestro país, sobre la necesidad de recuperar e impulsar nuestra vocación industrial, sin olvidar, lógicamente, la necesaria promoción pública de la I+D de todas las empresas innovadoras cualquiera que sea su adscripción sectorial. Creo que podríamos hacer más en este sentido y que los planteamientos del Gobierno en Cataluña en esta materia y el pacto “Más industria” no se están concretando en medidas potentes de estímulo a la inversión y la actividad industrial. La incertidumbre política y el enfrentamiento permanente con el Gobierno de España no son contribuciones positivas a este esfuerzo.
En este sentido también querría subrayar la importancia estratégica de la innovación y de las reformas pendientes de la Formación Profesional y el Servicio Catalán de Empleo, que estamos dispuestos a acordar con el gobierno.
Por cierto, como las buenas noticias hay que celebrarlas, quiero saludar la OPA amistosa de Gas Natural sobre la empresa chilena CGE, un esperanzador síntoma de recuperación económica y de fortaleza de las empresas catalanas.
Y acabo. Creo que Cataluña necesita estabilidad política, seguridad jurídica, un estímulo prudente a la actividad económica, compromiso de apoyo a empresas y emprendedores, más diálogo social, una gestión presupuestaria solvente, y resolver el encaje con el resto de España por la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Para ello siempre se podrá contar con el PSC.
Conferencia en Tribuna Girona
Posted on Jueves 25 septiembre 2014 by Miquel Iceta
CONFERÈNCIA A TRIBUNA GIRONA
El 14 d’abril de 2005 vaig pronunciar una conferència sobre el procés d’elaboració de l’Estatut convidat per Tribuna Girona. Ha plogut molt des d’aleshores i em plau participar avui en un nou col·loqui que té lloc en un altre moment transcendental pel nostre país.
Parlava fa nou anys de necessitat d’evitar que els interessos partidistes passin per davant dels interessos del país i de la necessària unitat entre els catalanistes. Segueixen essent elements fonamentals, però segueixen essent, malauradament, objectius llunyans.
Vull començar amb una afirmació emfàtica: així no podem seguir.
L’anomalia democràtica que va suposar l’alteració de l’Estatut aprovat per majoria absoluta a les Corts Generals i sotmès al referèndum dels catalans, ha causat un mal que la crisi econòmica i els seus efectes, i les polítiques recentralitzadores i poc respectuoses amb la nostra llengua i amb la diversitat dels pobles d’Espanya practicades pel PP no han fet sinó agreujar. La ferida oberta per la campanya ferotge del PP contra l’Estatut català no ha fet sinó engrandir-se i infectar-se.
Així com crec que la principal responsabilitat sobre l’actual problema pel que fa a les relacions entre Catalunya i la resta d’Espanya correspon fonamentalment al PP, l’estratègia unilateral seguida pel president Mas condicionat en excés per la posició política d’Esquerra Republicana de Catalunya, ens aboca a un carreró sense sortida que no augura res de bo.
Ens trobem davant la imminent convocatòria d’una consulta pel proper 9 de novembre que serà, de forma immediata, suspesa pel Tribunal Constitucional a instàncies del govern d’Espanya. És una consulta emparada per la llei de consultes populars no referendàries, que va comptar amb el suport del PSC que ja va advertir que aquesta llei no podia servir per fer la pregunta pròpia d’un referèndum.
Si es volia fer la pregunta pròpia d’un referèndum calia utilitzar la llei de consultes populars per via de referèndum aprovada l’any 2010 quan governava el govern d’Entesa presidit per José Montilla. Certament és una llei que exigeix que la pregunta sigui acordada entre les institucions catalanes i espanyoles, però els socialistes hem advertit des d’un bon principi que no hi ha solució que no passi per la via del diàleg, la negociació i el pacte.
Els presidents Mas i Rajoy, amb la seva incapacitat de dialogar, ens estan portant a tots plegats a un carreró sense sortida. Els exigeixo que dialoguin, ja haurien d’haver-ho fet fa molt de temps, abans de portar la situació als límits actuals.
El president Mas hauria d’entendre que Catalunya no es pot permetre més fracassos. Si en la legislatura anterior no va aconseguir el pacte fiscal, en aquesta tampoc no ha aconseguit res del que va prometre: ni reduir l’atur a la meitat, ni consulta. Els socialistes volem la consulta però el president Mas està actuant de manera equivocada. Amb la seva estratègia no tindrem consulta.
Ni Mas es pot refugiar en les seva política de decisions unilaterals ni Rajoy pot continuar mirant cap a un altre costat, esperant que el temps resolgui el problema. Pel bé dels catalans i les catalanes cal que entomin les seves responsabilitats. Obrir el camí al diàleg, la negociació i el pacte, serà l’única sortida de Mas i Rajoy després de que el primer convoqui la consulta i el Tribunal Constitucional la suspengui.
El president Mas no podrà saltar-se la llei, i Rajoy haurà d’entendre que amb l’exigència de la legalitat i esperant que res no es mogui, la situació a Catalunya no canviarà. I també que no hi haurà solució estable al desacord entre Catalunya i la resta d’Espanya que no passi per sotmetre-la al vot de la ciutadania.
Posar urnes de cartró a les portes dels col·legis electorals, sense cens i sense les mínimes garanties democràtiques no és fer una consulta, és un nyap i és enganyar la gran majoria de catalans que reclamen un canvi profund en les relacions amb Espanya.
Que prenguin l’exemple d’Escòcia: acord entre el govern escocès i el govern Cameron. Consulta legal i acordada. I ambiciosa reforma federal. Cameron, a diferència de Rajoy, sembla haver entès que un nou pacte polític és millor que la secessió i que amb l’immobilisme no acaba amb el problema.
Aquests són els passos a seguir també a Catalunya. Això és fer les coses bé, amb rigor. Això és treballar per la consulta i per respondre als anhels de més reconeixement i més autogovern dels catalans i les catalanes.
Des del nostre punt de vista, el govern té prioritats i polítiques equivocades à no està fent prou ni ho està fent bé pel que realment és important: la desigualtat, la pobresa, l’atur, les famílies que no poden pagar l’aigua ni la llum…
El malestar a Catalunya està relacionat amb l’autogovern, el finançament i la manca de reconeixement a la plurinacionalitat d’Espanya però també amb la crisi, les retallades i de les polítiques d’austeritat mal entesa, la pèrdua de drets laborals i socials i la sensació de que els mercats dicten les lleis en comptes de que la política reguli els mercats.
Cal combatre la manca d’esperança en un futur millor. L’esvaïment d’aquella llei no escrita de que amb esforç i amb treball els nostres fills, les generacions futures podrien viure millor que nosaltres.
Des d’aquest punt de vista hi ha molta feina a fer en els propers dos anys per respondre a totes les necessitats i aspiracions dels catalans i les catalanes. Si el president Mas avança les eleccions perdrem una nova oportunitat, que se sumarà als darrers 4 anys que ja s’han perdut.
Les 4 prioritats del PSC:
1.- Rellançament econòmic i creació d’ocupació:
– Creixement basat en la recuperació del poder adquisitiu de la gent que menys té, és a dir, reduir les desigualtats i abordar la redistribució. En la situació actual, amb molts ciutadans molt endeutats, com no poden gastar, l’economia no arrenca. Per tant, pujar els ingressos dels més endeutats incrementarà el consum.
– Repensar el paper de l’Institut Català de Finances com a banc català per donar suport a les PIMES catalanes, trencant el cercle viciós causat per les restriccions al crèdit.
– Assegurar als sectors més afectats per la crisi la capacitat d’afrontar les despeses i necessitats quotidianes: nou pacte per l’aprovisionament d’aigua, gas, i la electricitat, on els preus han pujat de manera clamorosa durant la crisi.
– Aprofitar l’economia del benestar com a motor: educació 0-3, dependència… són sectors per a la creació de nous llocs de treball.
– Assegurar el suport a l’educació, la innovació i la recerca, com a motors de desenvolupament.
– Ajudar la indústria exportadora i el turisme de qualitat tant importants a la vostra demarcació.
– Instrumentar una política industrial i una política de R+D+i potents, orientades tant a nous sectors, com poden ser la biotecnologia i la biomedicina, la cultura i l’audiovisual, com a sectors madurs, com l’agroalimentari o l’automòbil.
– Començar a desenvolupar les 138 propostes del pacte Més Indústria que el president Mas va signar amb agents socials, econòmics, universitats i col·legis professionals.
– Potenciar energies alternatives als combustibles d’origen fòssil, creació de parcs d’energia i vinculació de les inversions urbanes a les energies renovables.
– Apostar i invertir en nous nínxols d’avantguarda tecnològica com la biomedicina i els desenvolupaments tecnològics associats a les smart cities.
– Reforma fiscal: un model fiscal més senzill i en què veritablement paguin més els que més tenen, no és normal que les rendes del treball acabin tributant més que les rendes provinents de l’economia no productiva. A més,
○ Lluita contra el frau fiscal: calen modificacions legislatives i augmentar els recursos destinats a la gestió tributària: Espanya només dedica el 0,1% del PIB mentre els grans països de la UE el 0,5%.
○ Eliminar la sobreabundància dels beneficis fiscals que només aprofiten les grans empreses i aquells amb més recursos.
– Prioritzar pressupostàriament les polítiques actives ocupació de manera que suposin el 0.5% del PIB.
– Pla de rescat persones en atur de llarga durada: dur a terme les diverses mocions i resolucions aprovades pel Parlament que estableixen mesures urgents i específiques per als treballadors de 45 anys o més en situació d’atur de llarga durada.
2.- Garantia de serveis públics i eficàcia de la protecció social:
– Renda Garantida de Ciutadania com a dret a la garantia d’ingressos i que seria una prestació i un itinerari sociolaboral. A més de donar seguretat i dignitat a milers de famílies, serviria per estalviar en despesa fins ara dedicada a pal·liar els efectes de la pobresa.
– Garantia de que cada nen menjarà dos cops al dia, garantit pel sector públic.
– Aturar la tendència a la concertació i privatització dels serveis sanitaris.
3.- Regeneració democràtica i combat contra el frau fiscal:
– Finançament exclusivament públic de les eleccions.
– Repensar i reorientar la funció pública i una reconsiderar el model d’oposicions.
– Pujol: cal que s’expliqui al Parlament, davant els representants de tots els catalans i catalanes; i cal que la justícia actuï amb contundència.
Cal anar fins al final i fer net. Depurar responsabilitats i que els que hagin actuat malament, aprofitant-se de la Generalitat per fer negocis tornin els diners i paguin pel que han fet davant la justícia àmostra de normalitat democràtica i pas endavant per a la credibilitat el propi sistema.
4.- Nou pacte polític amb Espanya i reforma federal de la Constitució que sigui sotmesa a referèndum.
– Espanya nació de nacions i definida com a Estat federal
– Reconeixement de la singularitat catalana i asimetria competencial que atengui els fets diferencials.
– Competència estricta de les comunitats amb llengua pròpia en temes lingüístics, educatius i culturals.
– Recursos: finançament basat en els principis de solidaritat i ordinalitat.
– Descentralització del Poder Judicial.
– Reforma del Senat perquè esdevingui Consell Federal.
El PSC disposat al diàleg i compromès a treballar per Catalunya
Continuarem treballant pel diàleg i per donar resposta a les aspiracions i necessitats dels catalans des del treball i el rigor. Fent-ho bé. Considerarem una estafa anar novament a unes eleccions anticipades per molt que es disfressin de plebiscitàries.
Estem convençuts que és possible construir una altra Catalunya, amb menys desigualtats, menys pobresa, menys injustícies i més oportunitats.
I també de que és possible un canvi profund en les relacions amb Espanya, des del diàleg i des del convenciment de que les lleis es canvien amb lleis.
Espero que en el col·loqui podrem aprofundir en les qüestions que més els puguin interessar.
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 artículo 92
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