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Timestamp: 2020-02-18 09:20:37+00:00

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El “Acuerdo del Siglo” que esperaba Israel | Descifrando la Guerra
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El pasado martes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó junto al Primer Ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, su plan para alcanzar la paz en Oriente Medio, también conocido como el “Acuerdo del siglo”. Los Embajadores de Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Omán asistieron también a la rueda de prensa.
La publicación de este plan supone el último de una larga serie de pasos que ha tomado la administración Trump para profundizar en su relación con el Estado de Israel. En este artículo desgranaremos en qué consiste el “Acuerdo del siglo”.
En el año 2000, el ex presidente Bill Clinton planteó también la creación de un Estado palestino independiente y desmilitarizado, así como la anexión de los asentamientos israelíes y Jerusalén Este al Estado de Israel, lo que supuso la base para los siguientes acuerdos de paz. El “Acuerdo del siglo”, que comenzó a desarrollarse en 2017 (apenas unos meses después de la llegada de Trump a la Casa Blanca), supuso un cambio en la política exterior estadounidense que, aunque siempre había sido pro-israelí, era considerablemente más moderada.
La Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas otorgó al Estado de Israel el 55% del territorio en 1947, lo que provocó la desestabilización de la región y un conflicto permanente con los Estados árabes fronterizos. Esta tensión desembocó en la guerra de los Seis Días de 1967, en la que Egipto, Siria, Irak y Líbano formaron una coalición para atacar al Estado israelí, contra el que sufrieron una dura derrota. Esta pérdida facilitó la anexión israelí de la franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, además del Sinaí egipcio y el Golán sirio (condenado por Naciones Unidas en la Resolución 242).
Evolución del mapa de Palestina, desde la proclamación del Estado de Israel en 1947 hasta el “Acuerdo del siglo” de Donald Trump
Para que el pueblo palestino pueda ejercer su derecho de autodeterminación, el plan de paz de la administración Trump establece una serie de criterios de estatalidad necesarios:
Implementar un sistema de gobierno con una constitución u otro sistema que respete el Estado de derecho, la protección religiosa y asegure la aplicación uniforme y justa del poder judicial. Este, a su vez, debe ser independiente y aplicará los castigos correspondientes para las violaciones de la ley.
Establecer instituciones financieras transparentes, independientes y dignas de crédito, capaces de realizar transacciones en el mercado internacional y cumplir los requisitos necesarios para ingresar en el Fondo Monetario Internacional. Deben, a su vez, impedir la corrupción y asegurar el uso lícito de los fondos del Estado.
Eliminar los programas (incluidos los escolares) que inciten al odio o recompensen las actividades criminales contra el Estado de Israel.
Desarmar a Hamás y el PIJ, y su reconocimiento inequívoco y explícito al Estado de Israel.
Alcanzar el control civil y policial de todo su territorio, y desmilitarizar a la población.
Aceptar y respetar todos los términos establecidos en el “acuerdo del siglo”.
En la visión de Donald Trump se pone de manifiesto cómo deben actuar todas las partes implicadas durante las negociaciones. En el caso del Estado de Israel, no construirá nuevos asentamientos ni ampliará los ya existentes, además de no derruir ningún tipo de infraestructuras mientras no supongan un peligro para el Estado israelí.
El pueblo palestino, por su parte, no podrá unirse a cualquier organización internacional sin el consentimiento del Estado de Israel; desestimará cualquier acción contra Estados Unidos, el Estado de Israel o cualquier ciudadano en todos los tribunales, además de la Interpol; y suspenderá el pago de salarios a aquellos terroristas que cumplan condena en territorio israelí, así como a las familias de terroristas fallecidos.
Por último, Estados Unidos permitirá la reapertura de la Oficina de la Delegación General de la OLP, y una misión de enlace de la Autoridad Palestina en un punto designado del territorio; retomará la asistencia a la franja de Gaza y Cisjordania; y colaborará con la Comunidad Internacional para apoyar nuevas iniciativas en favor del pueblo palestino.
Una vez se hayan cumplido todos estos criterios, el Estado de Palestina podrá formar parte de las organizaciones internacionales, a excepción de aquellas que vayan en contra de la desmilitarización y el cese de la violencia contra el Estado de Israel.
Composición del Estado de Palestina propuesto en el “Acuerdo del siglo” de Donald Trump.
El nuevo Estado palestino (creado en cuatro años) tendría como capital las afueras de Jerusalén Este, incluyendo únicamente los barrios de Kafr ‘Aqab, el campo de Shu’fat y Abu Dabis, lo que supone una parte mínima de la ciudad. El plan, además, sitúa a la Explanada de las Mezquitas bajo la soberanía del Estado de Israel (incluyendo la Mezquita de Al-Aqsa), le responsabiliza de salvaguardar los lugares santos (antes bajo custodia jordana), y pide que se mantenga el status quo.
El “Acuerdo del siglo” propone que el Estado palestino esté compuesto por un 70% de Cisjordania, donde se incluiría el intercambio de tierras que, aunque no supondría el 100% del territorio de antes de 1967, sería comparable. Asimismo, concede territorios al sur de la franja de Gaza para instalaciones agrarias e industriales. El pueblo palestino también tendría soberanía sobre el desierto del Negev.
Respecto a la situación en la franja de Gaza, el plan de paz reconoce que el gobierno de Hamás es responsable de la grave situación de desempleo y pobreza de la región, aunque no se mencionan los bloqueos continuos del Estado de Israel a la zona.
El Estado de Israel será responsable de la seguridad en todos los pasos fronterizos hacia el Estado de Palestina, mantendrá el control sobre el espacio aéreo y la Marina israelí tendrá derecho a bloquear la entrada de armas al territorio palestino. Palestina será un Estado desmilitarizado, y no podrá firmar acuerdos de inteligencia o seguridad con ningún Estado u organización que pueda afectar negativamente al Estad de Israel. Asimismo, el Estado de Israel conservará la potestad de intervenir en territorio palestino si considera que hay amenazas contra él.
Tweet publicado en la cuenta @IsraeliPM tras la firma del “Acuerdo del siglo”, el pasado 28 de enero de 2020
Otra de las cuestiones que llama la atención del “Acuerdo del siglo” es que no hace mención a la “solución de dos Estados” defendida por la Comunidad Internacional durante los últimos cuarenta años. Jared Kushner, consejero del presidente Trump y encargado de las negociaciones para este plan de paz, declaró que decidieron no incluir este concepto puesto que tiene significados diferentes para ambos bandos.
Por una parte, el Estado de Israel reconoce el derecho de autodeterminación de Palestina, sin que eso suponga la cesión del territorio conquistado hasta la fecha. Por el contrario, el pueblo palestino exige el regreso a las fronteras de antes de 1967 (momento en el que Israel se hizo con el control del 78% del territorio). Una vez más, Estados Unidos e Israel consideran que “no tienen la obligación legal” de volver a las fronteras de antes de 1967 (que viola la Resolución 242).
Uno de los puntos fuertes del plan de paz es el apartado económico. Considera que ayudará a crear las condiciones necesarias para invertir en Palestina, con lo que se reduciría el desempleo en diez años a menos de un 10%, creando más de un millón de puestos de trabajo, y reduciendo la pobreza en un 50%. El proyecto aboga por un mercado libre que incluya una mayor protección de los derechos de propiedad y una estructura fiscal que favorezca el crecimiento.
Tweet publicado en la cuenta @realDonaldTrump tras la firma del “Acuerdo del siglo”
El plan propone un fondo de inversión de 50 mil millones de dólares para 179 proyectos empresariales y de infraestructuras, que será administrado por un “banco de desarrollo multilateral” (gestionado en su mayoría por Estados árabes e inversores privados). Uno de los proyectos más fuertes será la construcción de una autopista que cruce el territorio israelí, y una la franja de Gaza con Cisjordania. Esto mejoraría la comunicación entre ambos territorios, dado que el Estado palestino ha quedado fragmentado tras la expansión de los asentamientos israelíes.
Asimismo, el plan establece que Palestina podrá utilizar los puertos de Haifa y Ashod (bajo control israelí) hasta que dispongan de puerto propio, sin olvidar que Israel mantendrá la soberanía sobre las aguas territoriales.
Estados Unidos ha mantenido una posición invariable tanto en la Asamblea General, como en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (donde, además, ha vetado resoluciones que condenaban las acciones israelíes en Palestina). Debido a esto, no sorprende que se minimice el papel histórico de Naciones Unidas con respecto al conflicto palestino, alegando que a pesar de haber aprobado más de setecientas resoluciones en la Asamblea General, no ha conseguido alcanzar una solución. La estrategia de Estados Unidos en Naciones Unidas incluye aprobar una Resolución en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General que reconozca este plan de paz, e invalide las anteriores.
Resultado de la votación al proyecto de resolución presentado en la Asamblea General de Naciones Unidas el 21 de diciembre de 2017.
La “visión” de Donald Trump no responde a la necesidad de crear un Estado palestino, con fronteras claras y la posibilidad de acabar con el conflicto, sino que está bajo el amparo de los objetivos israelíes, defendiendo incluso los asentamientos que Naciones Unidas declaró ilegales en la Resolución 242. Pareciera que el objetivo del presidente estadounidense no sea que la OLP acepte el plan de paz, sino apoyar la candidatura del Primer Ministro Netanyahu de cara a las elecciones del próximo mes de marzo (tras el reconocimiento en 2017 de la ciudad de Jerusalén como capital del Estado de Israel y su soberanía sobre los Altos del Golán).
El “Acuerdo del siglo” no rompe con el pasado, y posiblemente sea esa su mayor desventaja. Aunque la OLP aceptó el acuerdo Clinton en su momento, resulta muy complicado imaginar que pueda suscribirse al plan de paz de Trump, teniendo en cuenta el cambio en la política exterior estadounidense y su apoyo incondicional a las peticiones del Estado de Israel.
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Alberto Garcia - 11 febrero, 2020

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