Source: http://www.slideshare.net/wiltonferreira90/52765141-elartedelcambio
Timestamp: 2016-09-27 19:12:39+00:00

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52765141 el-arte-del-cambio
Desarrollo de la cognicion y el len...
by Julio Svenn Alvar...
Guia sobre-las-aulas-de-audicion-y-...
by Maria Elizabeth G...
Kristeva, julia el lenguaje, ese ...
Libro (PSU) Lenguaje y comunicación.
Giorgio nardone-modelos-de-familia-pdf
by yorubayoruba
Esta obra propone una auténtica «revolución copernicana» en psicoterapia. Surge de la fertilidad creadora y permanente innovación teórica y clínica de la escuela de Palo Alto (California), conocida por las interesantes
La aproximación estratégica a la psicoterapia, esto es, la moderna evolución de la terapia sistémica en simbiosis con la hipnoterapia de Milton
las formas convencionales de intervención psicoterapéutica. Se trata de
un nuevo modelo teórico y operativo para la solución, en ün período de
aplicable también a contextos interpersonales más amplios, y no sólo clínicos (angustias, miedos, fobias... que paralizan el rendimiento diario). Para
ganar las «jugadas», se recurre a técnicas refinadas de sugestión, paradojas y estrategias comportamentales que sortean la resistencia al cambio
del paciente, llevándolo a percibir la realidad de un modo nuevo y a obrar,
de Palo Alto y está adscrito al Departamento de psiquiatría y ciencias de
la conducta del Medical Center de la Stanford University. En la bibliografía
Giorgio Nardone, doctor, se ha formado en terapia sistémica y estratégica
en Palo Alto. Colabora con el Instituto de psicología de la Universidad de
Siena y con el Centro de psicoterapia estratégica de Arezzo.
Manual de terapia estratégica
Es propósito de esta colección reunir estudios generales a nivel
de iniciación y trabajos más especializados, siempre referidos
a realidades concretas, destinados a iniciar en la problemática
específica de una cuestión particular. Tales estudios abarcan
actualmente, además de la psicología, disciplinas afines que
por su carácter interesan a menudo complementariamente.
Véase la lista de los títulos en las páginas finales
Capítulo primero. Si quieres ver. aprende a obrar
Capitulo segundo. Las "herejías-' del enfoque estratégico de la terapia:
características generales de la terapia estratégica
1. Primera herejía
2. Segunda herejía
3. Tercera herejía
4. Cuarta herejía
Capítulo tercero. Breve historia evolutiva del enfoque estratégico
1. Orígenes del enfoque estratégico de la terapia
2. La revolución sistémica en psicoterapia
3. De la terapia familiar a la terapia estratégica
Capitulo cuarto. La praxis clínica en terapia estratégica: proceso y procedimientos
1. Primer contacto e iniciación de la relación terapéutica
4. Individuación del sistema perceptivo-reactivo que mantiene
5. Programación terapéutica y estrategias de cambio
5.1. Acciones y comunicación terapéuticas
5.1.2. La reestructuración
5.1.3. Evitar las formas lingüísticas negativas
5.L.4. El uso de la paradoja y la comunicación paradójica ... 96
5.1.6. Uso de anécdotas, relatos y lenguaje metafórico
5.2.3. Prescripciones paradójicas
6. Conclusión del tratamiento
Capítulo quinto. Dos modelos de tratamiento específico
1. El tratamiento de los trastornos fóbicos
Capítulo sexto. Ejemplos de tratamiento no usual
3. Caso 3: la utilidad del error: la invención de la «fórmula mágica»
Capítulo séptimo. La investigación evaluadora
1. Criterios metodológicos
2. Exposición de la investigación
Me complace escribir esta introducción a un libro que considero obra fundamental de aquella disciplina que en la actualidad se denomina terapia estratégica y que es el desarrollo
moderno de un planteamiento sistémico y ericksoniano de la
Y no me ha complacido menos observar cómo este autor,
partiendo de la formación sistémica recibida de colegas míos y
de mí mismo, ha sabido desarrollar ideas y definir estrategias
sistémico a su trabajo personal.
El libro es un verdadero y auténtico manual para un enfoque estratégico de la psicoterapia, en el sentido de que ofrece
una profunda y detallada exposición que se inicia con los presupuestos teóricos y los fundamentos epistemológicos de este
modelo, continúa con una presentación sistemática de diversas estrategias que tienen por fin el cambio de las situaciones
humanas y concluye con una rigurosa investigación evaluadora de los resultados obtenidos con la aplicación del modelo de
Ello significa que esta obra no es un simple recetario constituido por la descripción superficial de formularios dispuestos
para uso de terapeutas, sino una compleja exposición tanto
teórica como práctica de este nuevo enfoque de la solución de
En concreto, el volumen se abre con mi ensayo introductorio al desarrollo moderno de la psicoterapia, al que sigue la
definición de las características teóricas y prácticas que diferencian el planteamiento estratégico de las demás formas de
psicoterapia. Ello se logra mediante la exposición de las cuatro prerrogativas conceptuales fundamentales típicas de este
modelo (las llamadas cuatro «herejías», porque no concuerdan con las presuntas «verdades» tradicionales de la psicoterapia): su base teórica sistémico-constructivista, su referencia a una teoría específica de la persistencia y del cambio y la
consiguiente conceptualización referente a la formación y solución de los problemas humanos.
El tercer capítulo presenta una panorámica históricoevolutiva que evidencia la matriz ericksoniana y sistémica de
la terapia estratégica. Se delinean también aquí algunas diferenciaciones conceptuales presentes en la actualidad en las
formulaciones efectuadas por los principales autores estratégicos.
El más amplio de los capítulos, el cuarto, está dedicado a
la exposición del «proceso» terapéutico usual desde el inicio
hasta el final de la terapia, y a la explicitación de los «procedimientos» principales (estrategias) utilizados para desbloquear
y resolver los problemas humanos. Esta explicitación no se
limita a la simple descripción del proceso y de las estrategias
de la terapia, sino que hace frente también a la demostración
de su eficacia para el cambio del comportamiento y de las
concepciones de las personas, y se remite asimismo a investigaciones, experimentos y ejemplos propios también de ámbitos científicos así como de otros contextos distintos de la
En el capítulo siguiente se presentan dos protocolos, originales e innovadores, de tratamiento específico, uno relativo
a las formas graves de los trastornos fóbicos, el otro relativo a
los trastornos de tipo obsesivo. Los dos tipos de tratamiento
son expuestos de un modo sistemático mediante el análisis
puntual de la terapia subdividida en cuatro estadios con objetivos específicos por alcanzar y estrategias específicas or-
denadas a la obtención de estos resultados. Ambos protocolos
han demostrado en su aplicación una notable eficacia y una
sorprendente eficiencia. Por ello representan dos ejemplos de
cómo la terapia puede ser un rápido y bien programado viaje
del que se procura prever, además del comienzo, los diferentes pasos sucesivos, el punto de llegada y la duración del viaje.
Justamente lo contrario de lo que sucede en la concepción
tradicional de la psicoterapia entendida como un viaje al vacío
del que se conoce sólo el punto de partida, sin que sea posible
prever ni las etapas del recorrido ni el punto de llegada, y
mucho menos la duración del viaje.
Tras la exposición de estos dos modelos de tratamiento
específico, compuesto por una secuencia programada de acciones prefijadas, que pone de relieve el carácter sistemático y
la corrección metodológica del trabajo, se presentan, en el
capítulo sexto, cuatro casos de tratamiento inusuales y simpáticos. Son ejemplos que muestran cómo, en el intento de hallar la solución focal de diversas situaciones problemáticas humanas, resulta indispensable, por parte del terapeuta, una
síntesis personal entre la técnica sistemática, la inventiva y la
Porque, a veces, el terapeuta debe, en orden a encontrar
nuevas soluciones eficaces a un problema, romper con sus
esquemas conceptuales y el propio sistema perceptivo y reactivo con relación al paciente, dejando de lado rápidamente las
soluciones ineficaces que se habían intentado hasta aquel momento.
La exposición relativa a los aspectos prácticos del modelo,
con miras a hacer evidente la diferencia sustancial entre el
comportamiento del terapeuta que se remite a esta concepción y el que es propio de la figura tradicional del psicoterapeuta, sigue una analogía entre el enfoque estratégico de la
terapia y el juego de ajedrez. Por ello, como sucede en un
manual de ajedrez, primero se describen las reglas del juego y
el procedimiento usual de la apertura. Luego se describe una
serie de movimientos eficaces y de estrategias disponibles, a
los que sigue la exposición de dos clases de jaque mate reali11
zable en unas pocas jugadas para partidas específicas. Por
último, se proponen algunas partidas inusuales que demuestran cómo en la interacción de movimientos y jugadas en contra el juego llega a hacerse extraordinariamente complejo y
dotado de una gama inestimable de posibles tácticas de juego.
Pero gracias a esta analogía, se pone una vez más en evidencia
que la terapia, al contrario del juego de ajedrez, es un juego
cuya suma final no es cero, en el que no existe un vencedor y
un vencido, sino que en él la partida acaba o con la victoria de
ambos jugadores, terapeuta y paciente, o con la derrota conjunta de ambos. Esto lleva a pensar que cualquiera que sea el
medio que el terapeuta pueda utilizar para ganar la partida,
aun en el caso de que parezca deliberadamente manipulador,
siempre recibe un valor ético profundo, porque su finalidad se
ordena a una rápida y efectiva resolución de los problemas
que sufre el paciente. Todo esto ayuda a despejar el campo de
las frecuentes acusaciones que se dirigen a los terapeutas estratégicos, por parte de los psicoterapeutas tradicionales, de
ser desleales manipuladores de personas.
La obra se cierra con una cosa rara en nuestro sector de
trabajo, esto es, con la presentación de una investigación valorativa, sistemática y rigurosa sobre los resultados de la aplicación del modelo de terapia expuesto en una muestra abundante y diferenciada de sujetos por el espacio de dos años.
Los datos muestran que este enfoque resulta decididamente
eficaz, es decir, capaz de resolver efectivamente los problemas a los que se aplica; así como extremadamente eficiente, a
saber, capaz de obtener tales resultados en tiempos muy reducidos respecto de los usuales empleados por los psicoteraÍ p e u t a s .
Considero fundamental la lectura de este libro para todos aquellos profesionales interesados en la psicoterapia basada en conceptos sistémicos y ericksonianos, pero pienso
también que esta lectura es ciertamente deseable para todos
aquellos que sienten interés por la educación y por la solución
de los problemas humanos, porque, aun cuando se trata de
una obra especializada, el libro es de lectura agradable y ac-
cesible, y las estrategias que en él se describen resultan aplicables no sólo a la psicoterapia, sino también a otros contextos
interpersonales más usuales y no clínicos.
Palo Alto. 1989
SI QUIERES VER, APRENDE A OBRAR
El título de este capítulo ha sido tomado de un ensayo del
famoso cibernético Heinz von Foerster, quien lo considera su
imperativo estético. Aunque postulado en un contexto diferente (Foerster 1973), expresa no obstante lo que considero
que es un aspecto importante de la evolución de la terapia (la
omisión del prefijo «psico» antepuesto a la palabra «terapia»
no es un descuido, como pienso explicar a lo largo de mi
No sé cómo puede haber surgido la idea exactamente contraria al imperativo de Von Foerster —esto es, la idea de que
para obrqxde un modo diferente sea necesario antes aprender
a ver el mundo de un modo diferente— y haya tomado luego
un valor dogmático en nuestro campo. Por muy diferentes y
hasta contradictorias entre sí como puedan ser las escuelas
clásicas y las filosofías de la psicoterapia, una de las convicciones que comparten resueltamente es que el conocimiento
del origen y del desarrollo de un problema en el pasado es la
condición previa para su solución en el presente. Sin duda
alguna, una de las motivaciones irresistibles para esta manera
de ver reside en el hecho de que se halla impresa en el modelo
del pensamiento y de la investigación científica lineal, un modelo al que cabe atribuir el vertiginoso progreso de la ciencia
en los últimos trescientos años.
Hasta mediados del siglo XX, eran relativamente pocos
quienes ponían en duda la presunta validez definitiva de una
Si quieres ver. aprende a obrar
concepción científica del mundo basada en la causalidad estrictamente determinista, lineal.
Freud. por ejemplo, no vio motivo alguno para ponerla en
duda. «Al menos en las más antiguas y maduras ciencias, existe incluso hoy día un sólido fundamento que se modifica y
mejora, pero que no se destruye» (Freud 1964). Esta afirmación no reviste un mero interés histórico. Vista desde la
perspectiva actual, nos hace conscientes del carácter evanescente de los paradigmas científicos, tanto si se ha leído como
si no se ha leído a Kuhn (1970).
Podría ingenuamente creerse que bastaría considerar la
historia del siglo XX para no tener ninguna duda acerca de las
consecuencias terribles producidas por la ilusión de haber hallado la verdad definitiva y. por tanto, la solución final. Pero
la evolución en nuestro campo, normalmente con un retraso
de una treintena de años, no ha llegado en modo alguno a
comprobar esta misma afirmación. Innumerables horas de
discusiones «científicas» y decenas de miles de páginas de libros y publicaciones se han malgastado constantemente para
demostrar que. siendo el modo propio de ver la realidad el
único justo y verdadero, todo aquel que vea la realidad de
otro modo ha de estar necesariamente equivocado.
Un buen ejemplo de este error lo constituye el libro de
Edvvard Glover. FreudorJung? (1956), en el que este eminente autor emplea cerca de doscientas páginas para decir lo que
podría ser dicho en una sola frase, esto es, que Jung estaba
equivocado porque estaba en desacuerdo con Freud. Esto,
cabalmente, es lo que Glover mismo afirma finalmente en la
p. 190 de la versión italiana (1978): «Como hemos visto,
la tendencia más consistente de la psicología jungiana es la
negación de cualquier aspecto importante de la teoría
freudiana.» Ciertamente, escribir un libro de este género debería ser considerado una pérdida de tiempo, a menos que el
autor y sus lectores estén convencidos de que su punto de vista
es el adecuado y que. por ello, cualquier otro es erróneo.
"""""Hay algo más que el desarrollo de nuestra profesión no
debe hacernos descuidar. El supuesto dogmático de que. el
descubrimiento de las causas reales del problema actual es
una conditio sine qua non para cambiar da origen a lo que
Karl Popper ha llamado un enunciado que se autoinmuniza,
es decir, una hipótesis que se legitima tanto con su cumplí;
miento como con su fracaso, convirtiéndose por lo mismo en
un enunciado no falsable. En términos prácticos, si el mejoramiento de un paciente es el resultado de lo que en la teoría
clásica se llama insight, entonces ello constituye la prueba de
la corrección de la hipótesis que anuncia que es necesario
hallar en el inconsciente las causas reprimidas, olvidadas. Si el
paciente no mejora, entonces ello es prueba de que la búsqueda de estas causas no se ha dirigido hacia el pasado con suficiente profundidad. La hipótesis vence en cualquier caso.
Una consecuencia correlativa a la convicción de poseer la
verdad última es la facilidad con la que quien lo cree puede
refutar toda evidencia en contrario. El mecanismo que ello
implica es bien conocido por los filósofos de la ciencia, pero
no generalmente por los clínicos. Un buen ejemplo lo ofrece
la recensión de un libro que trata de la terapia conductista de
las fobias: la reseña culmina en la afirmación de que el autor
del libro define las fobias «de un modo aceptable sólo por los
teóricos del condicionamiento, pero que no satisface los criterios que exige la definición psiquiátrica de este trastorno.
Por consiguiente, sus afirmaciones no pueden aplicarse a las
fobias. sino a otras situaciones» (Salzman 1968. p. 476).
La conclusión es inevitable: una fobia que mejora por
efecto de la terapia conductista es, por esta razón, una no
fobia. Se tiene la sensación de que tal vez parece más importante salvar la teoría antes que al paciente, y vuelve a la mente
el dicho de Hegel: «Si los hechos no se adecúan a la teoría,
tanto peor para ellos» (Hegel era probablemente una mente
excesivamente superior para no hacer una afirmación de este
género más que en un tono irónico. Pero puedo equivocarme.
El marxismo hegeliano. en verdad, la tomó trágicamente en
Por último, no podemos por más tiempo permitirnos permanecer ciegos con relación a otro error epistemológico, como
lo habría llamado Gregory Bateson. Con demasiada frecuencia descubrimos que las limitaciones inherentes a una hipótesis dada son atribuibles al fenómeno que la hipótesis, se supone, debería aclarar. Por ejemplo, en el seno de la estructura
de la teoría psicodinámica, la remoción del síntoma debería
llevar necesariamente a la sustitución y al agravamiento del
síntoma mismo, no porque esta complicación sea de alguna
forma inherente a la naturaleza de la mente humana, sino
porque se impone lógica y necesariamente a partir de las premisas de aquella teoría.
En medio de tan complicados pensamientos también podemos imaginar que somos presa de una fantasía desconcertante: si aquel hombrecillo verde de Marte llegase y nos pidiera que le explicásemos nuestras técnicas para provocar cambios en los hombres, y nosotros se las expusiéramos, ¿no se
rascaría la cabeza (o su equivalente) por la incredulidad y nos
preguntaría por qué se nos han ocurrido teorías tan complicadas, abstrusas y poco concluyentes. en vez de. y ante todo,
investigar acerca de cómo sucede el cambio, en el hombre, de
un modo natural y espontáneo y a partir de hechos cotidianos? Quisiera por lo menos indicar algunos de los antecesores históricos de aquella idea tan razonable y práctica que
Von Foerster ha resumido tan acertadamente con su imperativo estético.
Uno de ellos es Franz Alexander. a quien se debe el importante concepto de experiencia emocional correctiva; nos
dice (Alexander y French 1946): «Durante el transcurso del
tratamiento, no es necesario —ni tampoco posible— evocar
todos los sentimientos que han sido reprimidos. Es posible
alcanzar resultados terapéuticos sin que el paciente evoque
todos los detalles importantes de su historia pasada; en realidad, ha habido buenos resultados terapéuticos incluso en casos en que no ha sido liberado a la superficie ni un solo recuerdo olvidado. Ferenczi y Rank fueron de los primeros en reconocer este principio y aplicarlo en terapia. No obstante, la
antigua convicción de que el paciente sufre con los recuerdos
ha incidido y penetrado tan profundamente en la mente de los
analistas que incluso hoy día les es difícil a muchos reconocer
que el paciente está sufriendo no tanto por los propios recuerdos como por su incapacidad de hacer frente a los problemas
reales del momento. Los acontecimientos del pasado han preparado, claro está, el camino a las dificultades del presente,
pero toda reacción de la persona depende, en definitiva, de
los modelos de conducta asumidos en el pasado.»
Algo más adelante el autor afirma que «esta nueva experiencia correctiva pueden proporcionarla la relación de
transferencia, las nuevas experiencias vitales o ambas causas a
la vez» (Alexander y French 1946, p. 22). Aunque Alexander
atribuye una importancia mucho mayor a las experiencias del
paciente en las situaciones de transferencia (porque éstas no
son acontecimientos casuales, sino inducidos por el rechazo
del analista a dejarse imponer un rol parental), es no obstante
consciente de que es propiamente el mundo externo el que
suministra aquellos acontecimientos casuales que pueden provocar un cambio profundo y duradero. De hecho, en su Psychoanalysis and psychotherapy (Alexander 1956. p. 92), afirma específicamente que «estas intensas y reveladoras experiencias emocionales nos dan la clave para la comprensión
de los resultados terapéuticos enigmáticos obtenidos en un
tiempo considerablemente más breve de lo que es usual en
psicoanálisis».
En relación con esto, Alexander (Alexander y French
1946, p. 68-70) hace referencia al famoso relato de Victor
Hugo sobre Jean Valjean, en Los miserables. Valjean, un
criminal violento, tras su liberación después de una larga permanencia en la cárcel que lo había vuelto todavía más brutal,
es sorprendido robando los objetos de plata de la diócesis. Es
conducido ante el obispo quien, en vez de tratarlo como a un
ladrón, le pregunta con mucha amabilidad por qué ha olvidado dos candeleros de plata que formaban parte del regalo que
él le había hecho. Esta amabilidad cambia totalmente el modo
de ver de Valjean. Todavía bajo el efecto de la turbación
causada por la «reestructuración» de la situación operada por
el obispo, Valjean encuentra a un muchacho; Gervais, que.
jugando con sus monedas, pierde una pieza de cuarenta sous.
Valjean pone el pie sobre la moneda impidiendo que Gervais
la recupere. El muchacho llora, le pide desesperadamente que
le devuelva su moneda y, al final, se va. Sólo entonces, a la luz
de la generosidad del obispo, Valjean se da cuenta de cuan
horrorosamente cruel es su comportamiento que sólo una hora antes le habría parecido de lo más normal. Corre tras de
Gervais, pero no llega a encontrarlo.
Víctor Hugo explica: «Tuvo la vaga impresión de que la
comprensión del obispo era el asalto más formidable que jamás hubiera sufrido; que su dureza habría perdurado si hubiese resistido a su clemencia; que si él hubiese cedido, habría
debido renunciar al odio con el que las acciones de los demás
habían llenado su alma durante tantos años y que tanto le
gustaba; que esta vez debía vencer o quedar vencido y que
una lucha, enorme y definitiva, había comenzado entre su
maldad y la bondad de aquel hombre. Pero una cosa que antes
ni sospechaba era cierta: que él no era ya el mismo hombre:
todo había cambiado para él, y ya no estaba en su mano poder
desembarazarse del hecho de que el obispo le había hablado y
le había cogido la mano.»
Debemos tener presente que Los miserables es una obra
escrita en 1862, medio siglo antes de la aparición de la teoría
psicoanalítica, y que sería algo ridículo afirmar que el obispo
podría ser un simple analista precursor. Más bien, lo que Víctor Hugo muestra es la perenne experiencia humana del cambio profundo que emerge de la acción inesperada e imprevisible de alguien.
No sé si otro eminente psiquiatra y estudioso, Michael
Balint, ha asumido explícitamente en su trabajo el concepto
de Alexander sobre la experiencia emocional correctiva. No
obstante, en su libro The basic fault (1968, p. 128-129), menciona el clásico «incidente» de la voltereta, que sirve de excelente ilustración de esta experiencia. Estaba él trabajando
con una paciente, «una muchacha atractiva, vivaz, más bien
coqueta, de unos treinta años, cuya principal inquietud era su
incapacidad de llegar a un objetivo». Ello se debía, en parte, a
un «temor e inseguridad paralizantes que le asaltaban cuando
se hallaba en trance de exponerse a algún riesgo, como por
ejernplo tomar una decisión». Balint describe cómo tras dos
años de tratamiento psicoanalítico «se le dio la explicación de
que aparentemente la cosa más importante para ella era mantener una postura bien erguida, con los pies bien puestos sobre el suelo. Como respuesta, ella dijo que nunca, desde su
más tierna infancia, había sido capaz de hacer una voltereta,
aun cuando, en el transcurso de su vida, hubiese intentado
muchas veces hacerla. De modo que le dije: "¿Y ahora?"
Entonces se levantó del diván y, con gran sorpresa suya, hizo
una perfecta voltereta sin dificultad alguna.
»Este hecho vino a ser una auténtica brecha. Siguieron
muchos cambios, en su vida emocional, social y profesional,
todos ellos en el sentido de una libertad y elasticidad mayores.
Además, estuvo en condiciones de hacer frente a un examen
profesional de especialización de gran dificultad, superándolo, se prometió y se casó.»
Balint prosigue luego, por un par de páginas más, intentando demostrar que este repentino cambio significativo no
estaba, pese a todo, en contradicción con su teoría de las
relaciones objétales. «Quiero subrayar —concluye— que la
satisfacción no ha sustituido a la interpretación, sino que se le
ha añadido» (p. 134).
La primera anomalía notable en la evolución de nuestra
comprensión del cambio en el hombre tuvo lugar a partir de
1934, cuando Jean Piaget publicó su obra fundamental La
construction du réel chez Venfant, traducida posteriormente al
castellano en 1965 con el título de La construcción de lo real
En esta obra demuestra Piaget, partiendo de observaciones minuciosas, que el niño construye literalmente su
realidad mediante acciones exploradoras, en lugar de formarse una imagen del mundo mediante sus percepciones y luego
actuar en consecuencia. Aquí sólo nos es posible referir algunos de los pasos de su enorme y detallado trabajo ordenado
a sostener esta tesis. En lo que Piaget denomina tercer estadio
del desarrollo del concepto de objeto, entre los tres y los seis
meses de edad, «el niño comienza a asir aquello que ve. a
llevarse ante los ojos los objetos que toca, en suma, a coordinar su universo visual con el táctil» (Piaget 1934; versión it.
1973, p. 13).
Seguidamente, en el mismo capítulo, Piaget afirma que
estas acciones llevan a un mayor grado de la supuesta permanencia del objeto. «El niño comienza a atribuir un grado más
elevado de permanencia a las imágenes que se desvanecen,
porque espera hallarlas de nuevo no sólo en el mismo lugar en
que se habían quedado, sino también dentro de la extensión
de su trayectoria (reacción al caer, prensión interrumpida,
etc.). Pero, al comparar este estadio con los sucesivos, demostramos que esta permanencia queda exclusivamente conectada a la acción en curso y no implica todavía la idea de una
permanencia sustancial independiente de la esfera de la actividad del organismo. Todo lo que el niño supone es que, si
continúa girando la cabeza o bajándola, podrá ver cierta
imagen que acaba de desaparecer, que bajando la mano encontrará de nuevo la impresión táctil que poco antes ha experimentado, etcétera.»
Y de nuevo, algo después (p. 42-43): «En efecto, en este
estadio, el niño no conoce el mecanismo de sus propias acciones y, por tanto, no las disocia de las mismas cosas; conoce
sólo su esquema total e indiferenciado (que hemos denominado esquema de asimilación) abarcando en un solo acto tanto los datos de la percepción externa como las impresiones
internas, que son de naturaleza afectiva y cinestésica, etc.
»[...] El universo del niño es todavía sólo una totalidad de
figuras que emergen de la nada en el momento de la acción,
para volver a la nada en el momento en que la acción ha
terminado. Se añade a ella sólo la circunstancia de que las
imágenes persisten más tiempo que antes, porque el niño intenta hacer durar estas acciones por más tiempo que antes; al
extenderlas, o bien redescubre las imágenes desvanecidas, o
bien supone que se hallan a su disposición en la misma situación en que comenzó la acción que se desarrolla.»
--^Difícilmente puede valorarse la importancia de los descubrimientos de Piaget para nuestro trabajo. Con el desarrollo
gradual de los resultados de sus investigaciones. Piaget demuestra que no sólo la idea de un mundo «externo», independiente de por sí, es consecuencia de acciones exploradoras,
sino que lo es también el desarrollo de conceptos básicos como la causalidad, el tiempo y hasta, como él dice, la elaboración del universo. Si así es, entonces, obviamente, diferentes acciones pueden llevar a la construcción de diferentes
«realidades». Con todo, antes de llegar a este tema, es preciso
hacer mención de alguna otra piedra miliar del camino evolutivo de la terapia.
Puede parecer excesivamente rebuscado el que, para remontarnos a este punto, vuelva yo a la época en que Blaise
Pascal, en su Pensée 223, desarrolló aquella argumentación
que hoy se conoce como la apuesta de Pascal. Resulta interesante para nosotros, los terapeutas, porque, aunque su formulación es teológica, trata de un problema muy cercano a nuestro campo. Pascal examina la antigua pregunta de cómo un no
creyente puede llegar, por sí mismo o a través de sí mismo, a
la fe. La sugerencia es interesante: compórtate como si ya
fueras creyente, por ejemplo, rezando, usando agua bendita,
recibiendo los sacramentos y cosas parecidas. La fe seguirá
por causa de estas acciones. Y porque hay al menos una probabilidad de que Dios exista, para no hablar de los potenciales
beneficios (paz del alma y salvación final), el riesgo en este
juego es pequeño. «¿Qué pierdes en ello?», pregunta retóricamente.
La apuesta de Pascal fue origen de innumerables interpretaciones, especulaciones y tratados. Séame permitido mencionar uno.
En su fascinante libro Ulysses and the sirens, el filósofo
noruego Jon Elster (1979; versión it. 1983, p. 47-54) recoge el
pensamiento de Pascal y lo lleva al extremo para poner en
evidencia el hecho de que no se puede decidir creer en algo si
no se olvida necesariamente la decisión: «La implicación de
esta afirmación es que la decisión de creer se puede mantener
con éxito sólo si va acompañada de la decisión de olvidar, es
decir, de la decisión de olvidar la decisión de creer. Esto, no
obstante, es tan paradójico como la decisión de creer [...]. El
procedimiento más eficaz sería iniciar un único proceso causal
con el doble efecto de inducir a creer y de obligar a olvidar
que esto haya comenzado alguna vez. Pedir ser hipnotizado es
uno de estos mecanismos [...]» (p. 50).
Este punto es crucial para mi tema. Olvidar a propósito es
algo imposible. Pero otra cosa es hacer algo para que la razón,
el impulso o la sugestión para esta acción venga del exterior,
ya sea como resultado de un acontecimiento casual o de una
acción deliberada o sugestión de otro; en otras palabras, por
medio de la interacción comunicativa con otra persona.
—-^Llegados aquí debo tomar en consideración la evolución
dé la moderna terapia sistémica, que no pregunta ya «¿por
qué el paciente correspondiente se comporta de esta manera
extraña e irracional?», sino más bien «¿en qué clase de "sistema" humano este comportamiento asume su sentido y es, quizás, el único comportamiento posible?», y «¿qué tipo de solución ha intentado este "sistema" hasta el presente?» Pero
estas consideraciones harían excesivo mi tratamiento. Me limito sólo a destacar que, en este momento, la terapia poco o
nada tiene que ver con conceptos expresados por términos
que comienzan con el prefijo «psico»: psicología, psicopatología, psicoterapia. Puesto que no es sólo lapsykhe individual,
monádica, lo que entra en juego, sino aquellas estructuras
supraindividuales que nacen de la interacción entre individuos.
—-> Lo que pretendo afirmar es el hecho de que, en su gran
mayoría, los problemas que queremos resolver mediante el
cambio no son problemas relacionados con las propiedades de
los objetos o de las situaciones —la realidad de primer orden.
como se ha propuesto llamarla (Watzlawick 1976; versión cast.
1989, p. 148-150) — , sino únicamente relacionados con el significado, el sentido y el valor que hemos llegado a atribuir a
estos objetos o situaciones (su realidad de segundo orden).
«No son las cosas en sí lo que nos preocupa, sino las opiniones
que tenemos de las cosas», decía Epicteto hace unos 1900
años.*Casi todos sabemos la respuesta a la pregunta sobre la
diferencia que hay entre un optimista y un pesimista: de una
botella en la que el vino llega hasta la mitad, el optimista dice
que está medio llena; el pesimista, que está medio vacía. Una
misma realidad de primer orden —una botella conteniendo
vino—, pero dos realidades de segundo orden bastante diferentes que, en verdad, suponen dos mundos diversos.
--*• Desde este punto de vista, se puede decir que toda la tei rapia consiste en operar cambios en aquellas modalidades por
cuyo medio las personas han construido su realidad de segúnI do orden (realidad respecto de la cual están totalmente convencidos de que es la única verdadera).
3i En la psicoterapia tradicional, se intenta llegar a este resultado mediante el uso del lenguaje indicativo, esto es, el
lenguaje de la descripción, de la explicación, de la confron :
tación, de la interpretación y demás.Éste es el lenguaje de la
ciencia clásica y de la causalidad lineal. No "obstante, este
lenguaje no se presta muy bien a la descripción de los fenómenos no lineales, sistémicos (por ejemplo, las relaciones humanas); y aún se presta menos a la comunicación de nuevas
experiencias y percepciones, para las que el pasado no proporciona posibilidad de comprensión y que se encuentran más
allá de la construcción de la realidad de una persona determinada.
¿Y qué otro lenguaje existe? La respuesta nos la da, por
ejemplo, George Spencer Brown (1973) en su libro Laws of
form (Leyes de ía forma), en el qiie, casi entre líneas, define
el concepto de lenguaje imperativo. Tomando la comunicación matemática como punto de partida, escribe (p. 77):
«Puede ser provechoso en esta fase comprobar que la forma
primaria de la comunicación matemática no es la descripción,
sino la imposición. En este sentido se puede establecer una
comparación con las "artes" prácticas, como la cocina, en la
que el gusto de un dulce, aunque indescribible con palabras,
puede ser comunicado al lector en forma de un conjunto de
instrucciones que se denomina receta. La música es una forma
artística similar: el compositor no intenta ni tan siquiera describir el conjunto de sonidos que tiene en su mente, y menos
aún el conjunto de sentimientos por su medio imaginados,
sino que escribe un conjunto de órdenes que, si el lector las
pone en práctica, pueden conducir al lector mismo a la reproducción de la experiencia original del compositor.»
Más adelante (p. 78) el autor comenta el papel del lenguaje imperativo en la formación del científico: «Hasta la ciencia
natural parece más dependiente del imperativo de cuanto estamos dispuestos a admitir. La iniciación del científico consiste menos en la lectura de textos apropiados que en la obediencia a órdenes como "mira por el microscopio". Pero no cae
fuera de lo normal en un hombre de ciencia el que, tras haber
mirado por el microscopio, describa a otro científico lo que ha
visto y discuta con él y escriba reseñas y textos con dicha
descripción.»
' —>En otras palabras, si logramos motivar a alguien a que
emprenda una acción, por sí misma siempre posible, pero que
alguien no ha llevado a cabo porque en su realidad de segundo
orden no veía ni sentido ni razón en cumplirla, entonces a
través de la misma realización de esta acción experimentará
algo que nunca explicación o interpretación alguna habría podido inducirlo a ver o experimentar. Y con esto hemos llegado
a Heinz von Foerster y a su imperativo: Si quieres ver, aprende
a obrar.
Es inútil decir que es posible resistir esforzadamente a la
exigencia de llevar a cabo una acción de este género. Un
ejemplo clásico lo constituyen los contemporáneos de Galileo, cuando rechazan mirar por su telescopio, porque ellos
sabían, aun sin mirar, que lo que él afirmaba ver no podía
quedar comprendido entre los límites de su realidad de segundo orden, esto es, el geocentrismo. Recordemos: «Si los hechos no se adecúan a la teoría, tanto peor para ellos.»
7 Para quien conozca la labor de Milton Erickson, el concepto de lenguaje imperativo, si ya no la misma designación,
no representa nada nuevo. En la segunda mitad de su carrera
profesional, Erickson utilizó cada vez más, en orden a lograr
un cambio terapéutico, las prescripciones de comportamiento
directo al margen de los estados de trance. Siendo como era
un verdadero maestro en esquivar la resistencia, nos proporcionó una regla importante: «Aprende y usa el lenguaje del
paciente.»
También esto representa un alejamiento radical de la
psicología clásica, en la que buena parte del tiempo en los
estadios iniciales del tratamiento se emplea en el intento de
enseñar al paciente un nuevo «lenguaje», esto es, los conceptos característicos de la escuela particular de terapia a la que
se adhiere el terapeuta. Sólo cuando el paciente ha empezado
a pensar en términos de esta epistemología, para verse a sí
mismo, con sus problemas y su propia vida desde dicha perspectiva, puede alcanzar, desde el interior de esta estructura de
trabajo, el cambio terapéutico. Es innecesario decir que este
proceso puede exigir mucho tiempo. En la hipnoterapia, sucede lo contrario:- es el terapeuta quien aprende el lenguaje
del paciente, su construcción de la realidad (como podemos
llamarla hoy) y luego imparte sus sugestiones en este mismo
lenguaje, minimizando así la resistencia (y el tiempo).
' Al margen de sus aplicaciones terapéuticas, el estudio del
lenguaje imperativo tuvo sus orígenes en el trabajo del filósofo austríaco Ernst Mally. En su obra Grundgesetze des Sollens
(Leyes fundamentales del deber) (1926), Mally desarrolló una
teoría de los deseos y de los imperativos que denominó lógica
«deóntica».
> Otra importante contribución al tema puede hallarse en
los trabajos del filósofo británico John_L. Ausün (1962). En
sus famosas conferencias de Harvard del año 1955, identificó
una particular forma de comunicación que definió como «actos lingüísticos performativos» (performative speech acts) o
«enunciados performativos» {performative sentences). «El término performativo puede usarse según un amplio abanico de
modos y construcciones, lo mismo que el término imperativo.
El término deriva, naturalmente, de perform, el verbo que
acompaña usualmente al sustantivo action, e indica queja,
emisión de una palabra es ella misma la realización de una
acción, y no, como normalmente se_considera, el simple decir
algo» (Austin 1962: versión it. 1987, p. 6).
Por ejemplo, si yo digo: «Me prometió que mañana me
devolvería el libro», describo (en el lenguaje indicativo) una
acción, un «acto oral» (speech act) que una persona lleva a
cabo. Pero si digo: «Prometo que mañana te devolveré el
libro», la afirmación «prometo» es ella misma la promesa,
la acción. En la terminología de Austin, el primer ejemplo (la
descripción) se define como una «constatación», mientras que
el segundo es un acto verbal «ejecutivo». En la cuarta lección,
Austin subraya la diferencia que existe entre las afirmaciones
«yo corro» y «yo me excuso». La primera es la simple relación
verbal de una acción: la segunda es ella misma la acción, es la
excusa. Otros ejemplos tomados de la vida cotidiana pueden
ser: «Tomo a esta mujer como legítima esposa», «bautizo esta
nave con el nombre de QueenElisabeth», «dejo en herencia
este reloj a mi hermano». En todos estos y en otros innumerables análogos actos verbales, se alcanza un resultado concreto, mientras que decir «está llegando el invierno» no hace que
en realidad llegue el invierno. Naturalmente, para que un acto
verbal «performativo» se realice y sea eficaz, deben darse en
concreto muchas condiciones previas. Por ejemplo, engaños y
mentiras del pasado pueden hacerme dudar de la promesa;
la excusa no debe ofrecerse en un tono sarcástico, burlón; la
ceremonia del bautismo de una nave debe constituir un procedimiento aceptado por una determinada cultura. Pero si y
cuando estas precondiciones se realizan, a través de la expresión performativa se crea literalmente una realidad, y quienquiera que luego se refiriera a aquella nave como si se tratara
de la Jósif Stalin recibiría la consideración propia de quien se
aparta de la norma.
Con estas consideraciones he apenas rozado la superficie
del trabajo de Austin en esa área especializada de la lingüística, es decir, apenas he aludido a su idea acerca de «cómo
hacer cosas con palabras». Espero, no obstante, que las citas
reproducidas, a pesar de su brevedad, hayan mostrado su fertilidad e importancia para nuestro trabajo.
De un efecto particularmente sorprendente para la mente
humana son las denominadas «profecías que se autorrealizan», conocidas por los terapeutas no ortodoxos y los agentes
de bolsa, pero no por aquellos que se dedican a las previsiones
meteorológicas: efectos imaginados producen causas concretas; el futuro (no el pasado) determina el presente; la profecía
del acontecimiento lleva a la realización de la profecía (Watzlawick 1981).
—^ Estoy convencido de que el lenguaje imperativo adquirirá
un papel central en el ámbito de la estructura de las técnicas
terapéuticas modernas. Naturalmente, siempre ha ocupado
este lugar de relieve en la hipnoterapia. De hecho, ¿qué es
una sugestión hipnótica sino un imperativo a comportarse
«como si» algo hubiera adquirido realidad por el hecho de
haber ejecutado la orden? Pero esto equivale a decir que los
imperativos pueden literalmente construir realidades y que.
igual que acontecimientos causales, pueden tener este efecto
no sólo sobre las vidas humanas, sino también sobre cuanto se
refiere a la evolución cósmica o biológica. Con relación a esto,
muchísimo podría decirse sobre las cuestiones de autoorganización, o lo que Prigogine (1980) llama estructuras disipativas:
pero se trata de un tema que supera los límites de mi competencia y del espacio de este ensayo. Pero, ¿por qué existe una
diferencia tan sustancial entre algo que se ha originado en mí
mismo y un impulso que procede del exterior? Pueden darse
diferentes respuestas, pero ninguna parece convincente. Que
así es no es un secreto. Puede suceder que en nuestra propia
vida creemos los mismos trastornos que nuestros denominados pacientes crean en las suyas.
Con todo, volviendo a Pascal, hay dos palabras en su norma de comportamiento que merecen nuestra atención. «Compórtate como si ya fueras creyente.» Tales palabras muestran
claramente la naturaleza por así decir ficticia de la parte inicial
de esta tipología de intervenciones. Y es precisamente este
carácter ficticio lo que provoca dudas. La objeción, no obstante, es que, aun cuando tales intervenciones puedan tener
éxito, sus efectos no pueden ser duraderos. A fin de cuentas.
se trata solamente de ficciones. Tarde o temprano, probablemente lo segundo, habrán de enfrentarse con los duros hechos
de la realidad y quedarán desbaratadas. He aquí la argumentación contraria: la idea de introducir una hipótesis «como si»
dentro de una situación y llegar a resultados concretos no es
en modo alguno reciente; se remonta por lo menos a 1911,
cuando el filósofo alemán Hans Vaihinger publicó Die Philosophie des Als-Ob (La filosofía del como si).
Si no hubiera existido el reconocimiento por parte de Alfred Adler (y, en cierta medida, de Freud mismo) de la importancia de estas ideas, su aplicación a nuestro campo podría ser
denominada terapia del como si, o terapia de los «acontecimientos causales planificados».
—> Lo que Vaihinger presenta en poco menos de ochocientas
páginas es una asombrosa cantidad de ejemplos sacados de
todas las diversas ramas de la ciencia y también de la vida
cotidiana, que muestran que obramos siempre según presupuestos no probados y no probables que, no obstante, llevan a resultados concretos, prácticos. No hay ni habrá nunca
una prueba de que el hombre está verdaderamente dotado de
libre albedrío y que, por tanto, es responsable de todas sus
- Sin embargo, no conozco sociedad, cultura o civilización
alguna, pasada o actual, en la que los hombres no se conduzcan como si éste fuera el caso, porque sin dicho presupuesto
práctico ficticio resultaría imposible el mismo orden social. La
idea de la raíz cuadrada de —1 es totalmente ficticia. No sólo
es intelectualmente inimaginable, sino que viola también los
principios fundamentales de la aritmética; y sin embargo, matemáticos, físicos, ingenieros y programadores de ordenadores y demás aceptan sin excesivas preocupaciones esta ficción en sus ecuaciones llegando a resultados muy concretos,
como la moderna electrónica.
... Las reglas y los modelos de interacción que un terapeuta
de familia o de sistemas cree que observa más bien son leídos
por él en los fenómenos que observa: no son verdaderamente
presentes. Y, sin embargo, poner en práctica la terapia como
si estos modelos fueran existentes puede llevar a resultados
concretos y rápidos.
>De esta manera, la pregunta no es ya «¿qué escuela te-;
rapéutica tiene razón?», sino «¿qué presupuesto de tipo como
si produce mejores resultados concretos?»
Quizás nos hallemos cercanos al declive del dogma.
O quizás no. Con todo, se puede decir —a manera de
modalidad prospectiva sobre la evolución de nuestro campo —
que este modo de conceptualizar e intentar resolver los problemas humanos va mereciendo cada vez mayor atención por
cuanto las técnicas tradicionales de la resolución de problemas
parecen haber llegado al límite de su utilidad.
Estamos empezando a aplicar estos métodos también a las
que pueden denominarse patologías específicas de los grandes
sistemas. No parece totalmente utópico imaginar su aplicación también a algunos de los problemas más acuciantes y '
amenazadores de nuestro planeta, como son el mantenimiento de la paz, o la buena conservación de la biosfera.
No obstante, estos intentos adolecen con frecuencia de los
mismos errores fundamentales que son causa de la ruina del
trabajo clínico, esto es, el supuesto de que, siendo los problemas de proporciones enormes, sólo una solución igualmente
enorme y trascendente puede llegar a tener probabilidades de
Lo real parece ser exactamente lo contrario. Si observamos la historia de los últimos siglos, empezando por la Revolución francesa y hasta por la Inquisición, vemos que invariablemente y sin excepciones las peores atrocidades han
sido resultado directo de grandiosos y utópicos intentos de
mejorar el mundo. Lo que Karl Popper llama la política de
los pequeños pasos resulta inaceptable a los idealistas y a los
ideólogos. Recordemos el aforismo que citaba a menudo Gregory Bateson: «Quien quiera hacer el bien debe hacerlo en los
pequeños detalles. El bien general es la coartada de los patriotas, los políticos y los bribones.»
Para convencernos, no hace falta más que observar a la
naturaleza. Los grandes cambios son siempre catastróficos.
La neguentropía (o anotropía, como mi amigo ateniense
George Vassiliou prefiere llamarla para evitar la doble negación) trabaja pacientemente, silenciosamente, a pequeños
pasos; sin embargo, es la fuerza que comporta la evolución, la
autoorganización y a la cada vez mayor complejidad del
universo. Pienso que si, como terapeutas, comenzáramos a
considerarnos como «servidores de la neguentropía», desempeñaríamos de un modo mejor nuestra función, mejor de
cuanto hecemos como presuntos perfeccionadores del mundo
o gurús. Heinz von Foerster (1973) definió esta función en su
imperativo ético: «Obra siempre de modo que aumentes el
número de posibilidades de elección.»
Hace muchos siglos esta misma manera de ver las cosas fue
puesta de manifiesto en un fascinante relato: tras su muerte,
el sufí Abu Bakr Shibli aparecióse en sueños a uno de sus
amigos. «¿Cómo te ha tratado Dios?», preguntó el amigo. El
sufí respondió: «Apenas estuve ante su trono, me preguntó:
"¿Sabes por qué te perdono?" Y dije: "¿Por mis buenas acciones?*' Pero Dios dijo: "No, no por tus buenas acciones". Pregunté entonces yo: "¿Por mi adoración sincera?" Y Dios dijo:
"No"; Entonces dije yo: "¿Por causa de mis peregrinaciones y
de mis viajes para alcanzar conocimientos e iluminar a los
demás?" Y Dios respondió de nuevo: "No. Por nada de esto."
De modo que pregunté: "Señor, entonces ¿por qué me habéis
perdonado?" Y respondió Dios: "Te acuerdas que un gélido
día de invierno mientras paseabas por las calles de Bagdad
viste un gatito hambriento que desesperadamente buscaba
ponerse a cubierto del viento helado y tú tuviste piedad de él,
lo recogiste y lo pusiste bajo tu abrigo de pieles y lo llevaste a
tu casa?" "Sí —dije — , Señor, lo recuerdo." Y dijo Dios:
"Porque trataste bien aquel gato, Abu Bakr, por esto te he
perdonado"» (Schimmel 1983, p. 16).
LAS «HEREJÍAS» DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO
DE LA TERAPIA: CARACTERÍSTICAS GENERALES
DE LA TERAPIA ESTRATÉGICA
«Regla de oro: no hay que juzgar a los hombres
por sus opiniones, sino por lo que estas opiniones
hacen de ellos.»
G.C. Lichtenberg. Libro de consolación
«El verdadero misterio del mundo es lo que se ve.
no lo invisible.»
O. Wilde. Aforismos
Llegados a este punto, creemos que el lector tiene ya claro
que cuanto estamos expresando aquí entra en directa colisión
con el concepto tradicional de psicoterapia y que quien se
remita a las ideas y perspectivas teóricas presentadas no es
más que un verdadero y auténtico «hereje» respecto de las
teorías y las prácticas clásicas en el campo psicoterapéutico.
Y bien; también nosotros creemos que el planteamiento
estratégico de la terapia de los trastornos psíquicos y de la
conducta es una «herejía» con relación a gran parte de modelos de psicoterapia.
Por ello, parece indispensable, antes de adentrarnos en
una exposición más detallada, trazar nítidamente un mapa de
aquellos puntos que caracterizan a este pensamiento «herético» con relación a las ortodoxias teórico-prácticas presentes
en el panorama actual de la psicoterapia.
Las «herejías» del enfoque estratégico de la terapia
«Para conocer la verdad es preciso imaginarse miles de falsedades. Porque, ¿qué es la verdad? Para
la religión, es simplemente una opinión que pervive. Para la ciencia, es el último descubrimiento
sensacional. Para el arte, nuestro último estado de
ánimo.»
O. Wilde, Aforismos
El terapeuta que enfoca los problemas humanos desde la
perspectiva estratégica puede ser considerado, con razón, un
«hereje» de la psicoterapia (hereje en el sentido etimológico
interpretación de la «naturaleza humana» ni por una concepción metodológica rígida y ortodoxa de la psicología y la psiquiatría. El planteamiento estratégico de la terapia, que se
remite directamente a la concepción filosófica moderna del
conocimiento constructivista (Bannister 1977: Elster 1979;
Glaserfeld 1979, 1984; Foerster 1970, 1973, 1974, 1987; Kelly
1955; Maturana 1978; Piaget 1934, 1970, 1971; Riedl 1980;
Stolzenberg 1978; Várela 1975. 1979; Waztlawick 1976, 1981),
de cualquier ciencia, de ofrecer una explicación absolutamente «verdadera» y «definitiva» de la realidad y sobre el hecho
observación del investigador/sujeto.*No existe una sola realidad, sino tantas realidades como puntos de observación e instrumentos empleados para observar. Desde esta perspectiva
epistemológica, queda refutado cualquier modelo de interpretación y explicación en sentido absolutista de la naturaleza del
hombre y de su comportamiento, puesto que cualquier modelo de este tipo cae inevitablemente en la trampa de la
«autorreferencia» (atribuirse a sí mismo el nombre, autojustificarse). En palabras del epistemólogo Karl Popper, ninguna
teoría puede darse su confirmación a sí misma y por sus pro-
pios medios sin caer en la «no falsabilidad»1. Este mismo
autor, además, expresa elegantemente con la definición de
«teorías o enunciados autoinmunizantes» el fenómeno relativo a los modelos teóricos que se inmunizan de toda posibilidad de ser falsos. Así, las teorías que son auténticos sistemas
cerrados omnicomprensivos, en cuyo seno puede hallarse la
explicación de todo. Pero justamente por ello, estas teorías
asumen el papel de concepciones «religiosas» y no el de modelos de conocimiento científico. Como observaba Bateson
(1980), «la ciencia es un modo de percibir, organizar y dar
sentido a las observaciones construyendo teorías subjetivas,
cuyo valor no puede ser definitivo».
Las teorías han de ser, para el clínico, no verdades irrefutables, sino hipótesis para relacionarse con el mundo, puntos de vista parciales, útiles para describir y organizar los
datos observables, para reproducir acontecimientos terapéuticos, pero que han de corregirse frente a los fracasos. A este
respecto es útil recordar que «precisamente de los psicólogos
dedicados al estudio de cómo conocemos viene la noción de
que los seres humanos, en cuanto "organismos pensantes", no
actúan directamente sobre la realidad que nos sale al paso,
sino sobre las transformaciones perceptivas que constituyen
su experiencia del mundo. Por lo que, "categorizaciones",
''esquemas", "atribuciones'', "inferencias", "heurísticas" y
lenguajes constituyen los sistemas de representación por cuyo
medio podemos realizar diversas configuraciones y explicaciones del mundo. A la manera como —acéptese el ejemplo— un telescopio y un radiotelescopio ofrecen represen1. A este respecto, es útil recordar al lector que «desde 1931, cuando Gódel publicó su famoso
teorema de indecidibilidad. utilizando como base los Principia Mathernatica, podemos abandonar
ciertamente la esperanza de que cualquier sistema, lo suficientemente complejo como para incluir
la aritmética (o bien, como ha demostrado Tarski, cualquier lenguaje de complejidad análoga),
sea capaz de demostrar su consistencia dentro de su propia urdimbre. Esta prueba puede proceder tan sólo del exterior, basada en axiomas, premisas, conceptos, comparaciones, etc..
adicionales, que el sistema original no puede generar o probar y que, a su vez. son tan sólo
demostrables si se recurre a una urdimbre más amplia y continuando así en una serie infinita de
metasistemas. metametasistemas, etc. De acuerdo con los Principia Mathematica, cualquier afirmación acerca de una colección (y la prueba de la consistencia es una afirmación de este tipo)
implica a toda la colección y no puede, ni debe por tanto, ser parte de la misma» (Watzlawick,
Weakland y Fisch. 1974; versión cast., 61989. p. 44, nota 5).
taciones diversas de los mismos cuerpos celestes y de sus propiedades» (Selvini y otros autores 1988, p. 7).
—^ El pensamiento estratégico no se funda en una teoría que,
describiendo la «naturaleza humana», prescriba en consei cuencia conceptos de «sanidad» o «normalidad» comportamental y psíquica en oposición a los de la patología, como
I sucede con las teorías tradicionales de la psicoterapia. El penSarniento estratégico más bien se interesa por la funcionalidad
del comportamiento humano frente a los problemas de la
; existencia y de la convivencia entre individuos, en los mismos
términos de percepción y relación que todo individuo vive
consigo mismo, con los demás y con el mundo. No se interesa
por los objetos/sujetos «en sí», sino por los objetos/sujetos
«en relación», puesto que tenemos la convicción de que es
imposible aislar a un sujeto de su contexto interactivo. Remitiéndonos a una famosa metáfora de Von Glasersfeld: ante
una cerradura, lo que nos importa no es la cerradura «en sí»,
su naturaleza y su constitución intrínseca, sino únicamente
hacernos con la llave que la abre.
- ^ E l foco de atención del terapeuta estratégico es la relación
inteT^ep endiente que cada cual vive consigo mismo, con los
^e^íJS,9JíÉJIl:lírl49-^ objetivo es el buen funcionamiento
cíe" estas relaciones, no en términos generales y absolutos de
| -"^normalidad, sino en términos de realidad'totalmente personal, diversa de individuo a individuo y de contexto a contexto.
De modo que siempre se adapten las estrategias ala'sTtüáción y no la situación a las propias teorías.
-> Por consiguiente, la «herejía» es el paso de los sistemas
teóricos cerrados» a los sistemas teóricos «abiertos», del concepto de «verdad científica» al de «probabilidad»; de la
«causalidad lineal» determinista a la «causalidad circular»
elástica; de la «ortodoxia» a la «duda metódica». En otras
palabras, a nuestro parecer, se pasa de la actitud fideísta del
creyente a la actitud desengañada del investigador, en la convicción de que el criterio fundamental de validez y verificación
de un modelo terapéutico no ha de ser su «arquitectura teórica», o la «profundidad» de los análisis que manifiesta, sino su
valor heurístico y su capacidad de intervención real, medidos
en términos de eficacia y eficiencia en la resolución de los
problemas a los que se aplica.
«El hombre es tan perfectible y tan corrompible
que puede enloquecer por medio de la razón.»
G.C. Lichtenberg, Lib.ro de consolación
—<^ Desde esta perspectiva (segunda herejía), la tarea del te| rapeuta se centra no en el análisis de lo «profundo» y la bús:
; queda de las causas del problema hasta la extrapolación de las
j verdades escondidas, sino en cómo funciona y cómo se puede
| cambiar la situación de malestar de un sujeto, de una pareja o
de una familia. El paso es de los contenidos a los procesos, y.
se trata de un saber cómo más que de un saber por qué.
—>En otros términos, la función del terapeuta está en ayudar
al paciente a resolver su problema y adquirir por medio de
esta experiencia la capacidad de hacer frente de un modo
adecuado a nuevos problemas que puedan salirle al paso más
i adelante.
Primeramente se rompe el «hechizo», luego se enseña a la
persona a construirse su propia capacidad personal de no recaer en nuevos «hechizos» o sistemas de percepción y acción
Para ello, el interés específico va dirigido a estudios y
teorías relativas al «cambio», a cómo éste puede acontecer
espontáneamente y a cómo puede ser provocado deliberadamente (Watzlawick y otros autores 1967; Watzlawick, Weakland y Fisch 1974). Por ello, se presta una atención particular
a nuestra manera de percibir la realidad y a los aspectos pragmáticos de nuestra relación con dicha realidad, a cómo, mediante estos procesos, se constituyen situaciones problemáticas y, por último, acómo, mediante estos mismos procesos, es
posible resolver tales situaciones problemáticas.
—~» Se parte de la convicción de que el trastorno psíquico y
comportamental está determinado por la percepción de la
realidad propia del sujeto; es decir, por su punto de observación que hace que perciba (o mejor, construya) una realidad ante la que él reacciona con una conducta disfuncional,
también denominada «psicopatológica». La conducta disfuncional, a menudo, es la mejor reacción que el sujeto cree que
puede ejercer en una determinada situación.
Ello significa que, con frecuencia, las «soluciones enjsayadas» mantienen o agravan precisamente el problema
¡(Watzlawick, Weakland y Fisch. 1974).
La intervención terapéutica está representada por el desplazamiento del punto de observación del sujeto, desde su
rígida y disfuncional posición perceptivo-reactiva a una nueva
perspectiva elástica, no rígida y con más posibilidades perceptivo-reactivas. (Vuelve ahora el «imperativo ético» constructivista de Von Foerster: «Obra siempre de modo que aumentes
el número de posibilidades de elección.»)
El cambio de perspectiva produce un cambio en la percepción de la realidad que cambia la realidad misma, determinando, como consecuencia, el cambio de toda la situación y de las
reacciones a ella. Todo esto significa hacer elástica, no absolutista, la percepción de los sujetos, de modo que se les
coloca en condiciones de hacer frente a las situaciones problemáticas sin rigidez y sin perseverar en el error. En otras palabras, el sujeto adquiere la capacidad de enfrentarse a un problema recurriendo a todo un abanico de diversas posibles estrategias resolutivas, comenzando con la aplicación de la que
parece más idónea para cambiarla por otra si no funciona,
hasta llegar a la aplicación de la solución al problema concreto. Como sabía bien Nietzsche, varias decenas de años atrás,
«todo cuanto es absoluto pertenece a la patología», por lo que
también una solución que en una ocasión ha demostrado ser
buena y resolutiva puede convertirse, aplicada a una nueva
situación, en una verdadera complicación del problema. De
hecho, el sistema perceptivo-reactivo rígido de una persona
problemática se expresa a menudo en la obstinada perse38
veranda en utilizar una estrategia que aparentemente puede
proporcionar la solución del problema, o que en el pasado ha
funcionado en la resolución de un problema similar, pero que,
en la situación actual, funciona como auténtico y verdadero
regenerador del problema mismo.
O bien sucede que este sistema perceptivo-reactivo se expresa recurriendo a una o varias «soluciones buenas» que se
aplican indistintamente a diversos problemas, con el evidente
resultado de que los problemas no se solucionan y aun se
complican por la creciente desconfianza en la posibilidad de
modificar la situación. Puede parecer extraño y paradójico
pero, a menudo, los esfuerzos para cambiar no hacen más que
mantener inmutable la situación, o por lo menos reforzarla en
su problematicidad. En ambos casos, la persona se conduce
como el protagonista de la siguiente anécdota: «Un borracho
busca bajo un farol la llave que ha perdido: un transeúnte
caritativo se ofrece para ayudar al pobre achispado a encontrar la llave perdida. Al cabo de un buen rato de buscar sin
éxito alguno la llave bajo el farol, el señor compasivo, algo
fastidiado, dirigiéndose al borracho le pregunta: v-Pero, ¿está
usted seguro de haberla perdido aquí?" Y el otro replica:
"'No, pero es que donde la he perdido está muy oscuro para
buscarla"» (Nardone 1988, p. 154).
«Las peores obras se han producido siempre con la mejor
de las intenciones», decía Osear Wilde.
r—>Está claro, partiendo de cuanto hemos dicho hasta aquí,
I que la primera acción terapéutica que debe hacerse es la rupi tura del sistema perceptivo-reactivo «rígido» del sujeto mediante la ruptura del mecanismo retorcido de «soluciones ensayadas» que mantienen el problema, y de la maraña de retroacciones personales que se construyen a partir de ellas. Para
luego llegar, después de este cambio, a una redefinición cognoscitiva de la situación y de la experiencia.
Y llegados aquí, en relación con los procedimientos y el
proceso terapéuticos y/o de cambio, pasemos a una nueva
«herejía» respecto de los puntos de vista de las ortodoxias
teórico-prácticas en psicoterapia.
«Para poner a prueba la realidad, es preciso obligarla a andar sobre una cuerda tensa y sólo se la
puede juzgar cuando se ha vuelto acrobática.»
Es evidente que donde haya una teoría relativa a la persistencia y al cambio de los problemas humanos radicalmente
diversa de las clásicas concepciones psicológicas y psiquiátricas, los consiguientes procedimientos (estrategias destinadas a
provocar el cambio) y el proceso (las fases evolutivas del cambio) habrán de ser totalmente distintos de lo que suponen las
clásicas formas de psicoterapia.
^ La diversidad se apoya en el hecho de que, en cuanto a los
procedimientos y el proceso de la terapia, el enfoque estratégico es el resultado de aplicar al campo clínico los principios
matemáticos de la teoría de los tipos lógicos (Whitehead y
Russell 1910-1913), de la teoría de los sistemas y de la moderna cibernética (Wiener 1947; Ashby 1954, 1-956; Bateson 1967.
1972;.Bateson y otros autores 1956; Bateson y Jackson 1964:
Foerster 1974) y se basa en concepciones de causalidad circular, de retroacción entre causa y efecto y en el principio de
discontinuidad del cambio y del desarrollo.
• Desde esta perspectiva, que aquí por razones de límites de
espacio no podemos ciertamente resumir 2 , aparece absurda la
convicción, usual por lo demás, de que los problemas o las
molestias madurados a lo largo de un amplio espacio de tiempo necesitan obligadamente, para ser resueltos, de un tratamiento terapéutico igualmente largo. O la de que los problemas humanos que se caracterizan por un gran sufrimiento y
complejidad exigen una solución igualmente complicada y dolorosa. De igual manera existe la convicción de que un sistema
no puede hallar la solución de un problema desde su propio
2. Nos remitimos a la lectura de Watzlawick y otros autores 1967; Watzlawick, Weakland Fisch, 1974; Bateson 1980.
interior, sin incurrir en la recursividad, y provocando sólo un
cambio de tipo 1 y no ciertamente el cambio de tipo 2 3 , que
representa la solución concreta. Este último, en efecto, exige
salir fuera del sistema, requiere un salto de nivel que no puede
hacerse en el interior del propio sistema donde actúa el problema.
Por ello, para esclarecer este concentrado de conceptos y
referencias y qué entendemos con el término de cambio en
terapia, se hace necesaria, aun a riesgo de repetirnos, una cita
de Change (Watzlawick, Weakland y Fisch 1974), obra que,
entre otras cosas, representa el texto fundamental de nuestro
planteamiento estratégico de la terapia, a cuya lectura nos
remitimos para una mayor profundización teórica.
De hecho, creemos que no existe mejor ejemplo de enfoque estratégico, para la solución de los problemas, y de su
diferencia fundamental respecto de las demás formas de
psicoterapia, que el que está representado por el «problema
de los nueve puntos».
Enunciado: los nueve puntos que se ven en la figura 1
deben unirse mediante cuatro líneas rectas sin levantar el lápiz
3. «Existen dos tipos diferentes de cambio: uno que tiene lugar dentro de un determinado
sistema, que en sí permanece inmodificado, y otro, cuya aparición cambia el sistema mismo. Para
poner un ejemplo de esta distinción, en términos más conductistas: una persona que tenga una
pesadilla puede hacer muchas cosas dentro de su sueño: correr, esconderse, luchar, gritar, trepar
por un acantilado, etc. Pero ningún cambio verificado de uno de estos comportamientos a otro
podrá finalizar la pesadilla. En lo sucesivo, designaremos a esta clase de cambio como cambio l. El
único modo de salir de un sueño supone un cambio del soñar, al despertar. El despertar, desde
luego, no constituye ya parte del sueño, sino que es un cambio a un estado completamente
distinto. Esta clase de cambio la denominaremos en lo sucesivo cambio 2» (Watzlawick, Weakland
y Fisch, 1974; versión cast.. "1989. p. 30s).
del papel. Si el lector no conoce la solución de este problema,
tome un papel e intente resolverlo antes de continuar la lectura y, sobre todo, antes de mirar la solución (fig. 2).
«Casi todos los que intentan por vez primera resolver este
problema introducen como parte de la solución un supuesto
que hace esta última imposible. El supuesto consiste en que
los puntos constituyen un cuadrado y que la solución debe
hallarse dentro de este último, condición autoimpuesta que no
está contenida en las instrucciones.» Este cuadrado forma
parte únicamente del esquema lógico rígido del sujeto que
circunscribe el sistema de las posibles soluciones en el interior
del cuadrado. «Así, pues, el fallo no reside en la imposibilidad
/ de la tarea, sino en la propia solución intentada. Habiéndose
así creado el problema, no importa en absoluto la combinación de las cuatro líneas que se intenta y el orden con que
ello se haga: se terminará siempre, por lo menos, con un punto no conectado. Ello significa que se pueden recorrer todas
las posibilidades del cambio 1 existentes dentro del cuadrado,
> pero que jamás se resolverá el problema. La solución consiste
i en un cambio 2, en abandonar el campo en que se intenta la
solución y al que no puede estar contenida, ya que, en el
lenguaje de los Principia Mathernatica, ésta comprende la colección entera y, por tanto, no puede ser parte de la misma»
(Watzlawick, Weakland y Fisch 1974; versión cast., 61989,
p. 44s). El sujeto, para solucionar el problema de los nuevos
puntos, debe salir del mismo sistema lógico que lo enjaula en
el interior del cuadrado autoimpuesto.
«Muy pocos llegan a resolver por sí solos el problema de
los nueve puntos. Aquellos que fallan y renuncian experimentan por lo general una sorpresa ante la inesperada simplicidad
de la solución (véase la fig. 2). Resulta evidente la analogía de
este ejemplo con multitud de situaciones reales de la vida.
Todos nos hemos sentido encerrados en alguna ocasión en
una especie de jaula y entonces daba lo mismo que intentásemos hallar la solución de un modo sereno y lógico o bien, lo
cual es más frecuente, recorriendo frenéticamente círculos viciosos. Pero, como ya hemos dicho, es tan sólo desde dentro
Figura 2. Solución del problema de los 9 puntos
de la jaula, desde dentro de la perspectiva del cambio 1, como
la solución se nos aparece como un sorprendente rayo de inspiración, que está más allá de nuestro control. Desde la perspectiva del cambio 2 se trata de un simple cambio desde una
serie de premisas hasta otra serie del mismo tipo lógico.
Una serie implica la norma de que el problema ha.defesolverse dentro del ámbito en que se cree ha de encontrarse la
resolución; la otra serie no implica tal premisa. Es decir: la
solución se descubre como resultado de examinar los supuestos acerca de los puntos y no los puntos en sí. O bien, para
hacer la misma afirmación términos más filosóficos: resulta
claramente distinto que nos consideremos como peones de un
juego cuyas reglas designamos como realidad, o bien como
jugadores que saben que las reglas del juego tan sólo son
«reales» en la medida en que las hemos creado o las hemos
aceptado, y que podemos cambiarlas» (Watzlawick, Weakland y Fisch 1974; versión cast., 61989, p. 45s).
«Aquí puede resultar conveniente comparar esta manera
de resolver problemas y esta clase de cambio con los supuestos que constituyen las raíces de las escuelas más clásicas de
psicoterapia. Se postula en general que el cambio acontece a
través del insight de las causas que en el pasado fueron responsables de las alteraciones actuales. Mas, como muestra el
ejemplo representado por el problema de los nueve puntos,
no existe razón convincente alguna para tal incursión en el
pasado; la génesis de los supuestos que impiden la solución es
secundaria, el problema se resuelve, ahora y aquí, dando un
paso que conduce fuera de la jaula. Los clínicos se van dando
cuenta cada vez más de que, si bien el insight puede proporcionar explicaciones muy sutiles de un síntoma, poco hace
para mejorarlo. Este hecho empírico conduce a una importante conclusión epistemológica. Todas las teorías tienen sus
limitaciones, lógicamente derivadas de sus premisas. En el
caso de las teorías psiquiátricas, tales limitaciones son atribuidas frecuentemente a la naturaleza humana. Así por ejemplo,
dentro de la teoría psiconalítica, la desaparición del síntoma
sin que se solucione el conflicto subyacente que es responsable del mismo, debe dar lugar a una sustitución de dicho síntoma por otro. Mas ello no es debido a que tal complicación
estribe en la naturaleza de la mente humana, sino que estriba
en la propia naturaleza de la teoría, es decir: en las conclusiones que lógicamente se derivan de sus premisas» (Watzlawick,
Weakland y Fisch 1974; versión cast., 61989, p. 46, nota 7).
Por tanto, desde la óptica estratégica, los problemas humanos pueden resolverse medíante" es trategi'aTTDcluíesque
rompen éT sistema circular de retroacciones que mantiene
operante eí problema. De esta ruptura de un equilibrio disfuncional habrá de derivar el cambio en el comportamiento y
en las concepciones del sujeto, enjaulado en su situación problemática. Ello es así porque el cambio depende de la modificación del sistema perceptivo-reactivo, o punto de observación de la realidad, mantenido activo por las «soluciones
ensayadas» puestas en práctica por el mismo sujeto que quiere
resolver su situación de malestar.
r—f Hay que «obligar» al paciente a salir de la rigidez de su
/perspectiva conduciéndolo a otras posibles perspectivas que
¡determinarán nuevas realidades y nuevas soluciones, como en
Para alcanzar esto, por tanto, no es necesario una profunda y larga excavación en lo profundo a la búsqueda de un
supuesto —siempre confirmador— «trauma originario»,
causa de la situación problemática, anulado el cual deberían
desaparecer los problemas del paciente. Ni tampoco es indispensable un lento y progresivo proceso de adquisición del
insight en busca de un hipotético estadio de suprema conciencia de sí mismo, resolución última de todo problema. Éstos
son procedimientos basados en concepciones de causalidad
lineal y relación determinista entre causa y efecto; concepciones y convicciones, por lo demás, ya superadas en todas las
ciencias avanzadas, de la biología a la física.
—"^ Se requieren más bien prescripciones directas o indirectas
de comportamiento, paradojas, trampas comportamentales,
sugestiones y reestructuraciones que, rompiendo la rigidez del
sistema relacional y cognoscitivo que mantiene la situación
problemática, hagan posible el salto de nivel lógico indispensable para la apertura de nuevas vías de cambio, con el consiguíente desarrollo personal y un nuevo equilibrio psicológico,
Como afirma Milton Erickson (en Waztlawick, Weakland y
Fisch 1974; versión cast., 61989, p. 9s), «una psicoterapia es
buscada en primer término, no para esclarecer.un pasado inmbdíFicable, sino a causa de una insatisfacción^con el presente_
y un deseo de mejorar el futuro. Ni el paciente, ni el terapeuta
pueden saber en qué dirección se ha de verificar un cambio y
erTqüé grado ha de tener lugar este último. Pero se precisa
cambiar la situación actual y una vez establecido talcambio,
por pequeño que sea, se precisa de otros cambios menores y
un efecto en bola de nieve de estos cambios menores conduce
a otros más importantes, de acuerdo con las posibilidades del
paciente. Que los cambios sean transitorios, permanentes o
evolucionen hacia otros cambios es de vital importancia con
respecto a toda comprensión del comportamiento humano,
tanto con respecto a un mismo, como con respecto a los demás. He considerado mucho de lo que he realizado como una
forma de acelerar las corrientes que impulsan al cambio y que
maduran ya en la intimidad de la persona y de la familia, pero
se trata de corrientes que precisan de lo "inesperado", lo
"ilógico" y lo "súbito" para desembocar en un resultado tangible».
> La consecuencia de este punto de vista (herejía absoluta)
es que el terapeuta asume la responsabilidad de influir direci tamente en el comportamiento y en las concepciones del su-
jeto que pide ayuda. A este fin, en interés del paciente, utiliza
las estrategias comunicativas y los medios más eficaces para
lograr el cambio de las situaciones problemáticas presentadas.
Sobre esta cuestión nos detendremos especialmente en el capítulo cuarto. Con todo, es necesario aclarar, ya desde este
momento, que:
a) En terapia estratégica, el terapeuta mantiene la
iniciativa en todo aquello que ocurre durante el tratamiento y
estudia una técnica particular para salir al paso de cada problema concreto. Para él, el interrogante primario en realidad
debe ser: ¿qué estrategia funciona mejor en un caso dado?
(Haley 1976, p. 1).
b) Si una terapia funciona, podemos tener la convicción
de que aparecerán rápidamente, ya en los primeros compases
del tratamiento, determinados indicadores de cambio. Si esto
no sucede, muy probablemente la estrategia terapéutica utilizada no funciona y se hace necesario cambiarla por otra que
parezca más funcional.
c) Se exige del terapeuta una gran elasticidad mental
unida a la posesión de un amplio repertorio de estrategias y
técnicas de intervención terapéutica que, como veremos, provienen de sectores aplicados que no son la clásica psicoterapia. Ello ha de permitir cambiar el rumbo cuando los datos
manifiestan que no se va en la dirección deseada, así como
estudiar estrategias ad hoc para el caso, modificando a veces,
con creatividad, técnicas ya utilizadas con éxito en otros casos
semejantes. Como decíamos: adaptar el tratamiento al paciente y no el paciente al tratamiento.
«Es mucho más difícil hablar de una cosa, que hacerla.»
- " ^ O t r a gran «herejía», por lo que se refiere a estrategias y
procesos de cambio, proviene del hecho de que la mayor parte
de las psicoterapias, impregnadas de la idea del «cogitocentrismo» (centralidad del pensamiento por respecto a las acciones) , se basa en el supuesto de que el obrar;„sigug__al: pensar^,,
• Por consiguiente, para cambiar un comportamiento erróneo o
una situación problemática, hay que cambiar primero la manera de pensar del paciente y sólo después es posible cambiar
su manera de obrar. De aquí la necesidad del insight, de procedimientos de análisis del psiquismo y de todas aquellas técnicas que tienden a la «concienciación» y «racionalización»
del obrar.
p ^ D e s d e el punto de vista estratégico, que en definitiva es el
del constructivismo radical, este proceso debe invertirse. Es
decir, se parte de la convicción de que, para cambiar una
situación problemática, antes hay que cambiar el obrar y, como consecuencia, el pensar del paciente, o mejor, el punto de
observación, el «marco» de la realidad. Y en esto vuelven a
nuestra mente Von Foerster y su imperativo estético.
Cuando hacemos referencia a nuevos aprendizajes, hablamos propiamente de la experiencia concreta que determina el
cambio de nuestro modo de percibir la realidad y reaccionar a
ella. A este respecto, creemos que toda la obra, ya citada,
de Jean Piaget demuestra claramente que la adquisición de
nuevos aprendizajes tiene lugar por un proceso que va de la
experiencia al conocimiento. Sólo después de que se ha producido el cambio, o el nuevo aprendizaje, el conocimiento
permite repetirlo y aplicarlo de nuevo con conocimiento de
-VPor consiguiente, no pretendemos en modo alguno negar
el influjo del pensamiento y del conocimiento sobre la acción,
pero mantenemos que el cambio de una situación perceptivoreactiva sólo se convertirá en bagaje cognoscitivo si antes pasa
por la fase de experiencia concreta. Naturalmente, por experiencia no se entiende por cierto el concepto reductivo y
fisicalista de acción sensoriomotriz, sino todo cuanto esperamos de nuestra relación con los demás y con el mundo. Una
emoción fuerte determinada por la relación/comunicación con
otra persona es, por ejemplo, una nueva experiencia concreta
que puede lograr que el punto de observación de la realidad
propio del paciente se desplace. Un incidente casual en nuestra rutina cotidiana o una sugestión intensa pueden ser otros
tantos ejemplos de experiencias concretas que cambian nuestro marco de la realidad, es decir, la percepción-reacción a
aquella situación determinada.
Así, pues, el terapeuta estratégico se orienta pragmáticamente a la acción y a la ruptura prioritaria del sistema de
retroacción disfuncional que el paciente vive consigo mismo,
con los demás y con el mundo, procurando por este medio
hacer vivir concretamente al paciente nuevas experiencias
perceptivo-reactivas. Primero se intenta producir modificaciones efectivas en la percepción-acción del sujeto, para
luego pasar a la redefinición, por lo que se refiere al conocimiento, de aquello que se ha experimentado, en una síntesis
pragmática entre influjo personal del terapeuta e incentivo
continuado a la autonomía personal del paciente. En esta
perspectiva, el insight y los procedimientos de toma de conciencia de cuanto se refiere a los trastornos y a las causas del
problema han de ser considerados, en los primeros compases
de la terapia, como una maniobra contraproducente por cuanto aumenta la resistencia al cambio. Todo sistema, por el principio de la homeostasis, es resistente al cambio. Tomar con :
ciencia del cambio antes de que éste ocurra significa poner en
guardia al sistema. Por esto, como veremos inmediatamente,
la ruptura del sistema perceptivo-reactivo y de las soluciones
ensayadas debe tener lugar por lo común sin que el paciente
se dé cuenta ni se le dé una explicación de todo ello, para no.
activar la resistencia. Sólo si se ha producido ya el cambio
pueden explicarse o hacerse conscientes las «trarnpas comportamentales» o los «conflictos benéficos» empleados.
Para ilustrar más la diferencia de «procedimiento» y «proceso» que se da entre la terapia estratégica y los demás enfoques de la psicoterapia, será provechoso recurrir a un ejemplo
clínico: ante un paciente agorafóbico, según el punto de vista
tradicional de la psicoterapia, se procede a la exploración intrapsíquica del miedo y sus causas en el pasado. Hecho esto,
se induce gradualmente al sujeto, por medio de racionalizaciones y explicaciones, a hacer frente sin más al miedo y a
las situaciones que lo desencadenan.
Por lo común, si se sigue este proceso, se requieren varios
meses, a veces años, para que un sujeto se libere de su infeliz
situación. Según la perspectiva estratégica, en cambio, a un
paciente así se le podría prescribir que llevara a cabo, contemporáneamente a los ataques de angustia o pánico, unja tarea
embarazosa y decididamente ansiógena; con el resultado ele
que, normalmente, la persona vuelve a la siguiente cita con un
sentimiento de culpa por no haber llevado a cabo la tarea
asignada, pero relatando que sorprendentemente no ha padecido, en aquellos días, lossíntomas por los que había acudido a la terapia. Por medio de un «conflicto benéfico», que ha
obligado a la persona a comportarse de un modo diverso, se
ha roto el sistema rígido de percepción de la realidad que la
reducía a una respuesta automática. A partir de ese momento,
la persona, lo hiciera conscientemente o no, habrá experimentado que puede dominar aquel miedo que parecía indomable y la terapia se vuelve rápida y súbitamente eficaz
para reducir los síntomas. A través de una experiencia concreta, el sujeto ha adquirido confianza en la posibilidad de modificar su situación personal.
* Volviendo al concepto inicial, es el obrar o la experiencia
lo que produce el cambio, que posteriormente se refuerza y se
vuelve consciente.
La terapia estratégica es una partida de ajedrez entre el
terapeuta y el paciente con sus problemas, una sucesión de
movimientos que tienden a producir efectos específicos. Des-
pues de cada «cambio», o resultado obtenido, se procede a
una redefinición del cambio mismo y de la situación en evolución. El programa terapéutico se desarrolla estrategia tras estrategia teniendo en la mira los objetivos previstos y debe
reorientarse según los efectos observados en el intento de centrar y aplicar una estrategia que puede ser eficaz para un problema determinado o un momento determinado de la terapia.
Igual que en el juego del ajedrez, en el que existen determinadas combinaciones de movimientos para oponerse a una
determinada apertura del adversario, también existen en la
terapia programas específicos de estrategias para determinados tipos de problemas que el paciente presenta (en el capítulo quinto veremos dos ejemplos). Y también existen en ambos
«juegos» —el ajedrez y la terapia— estrategias particulares
para reaccionar a los movimientos del adversario, jugadas y
contrajugadas. Pero con frecuencia la creatividad del jugador/
terapeuta debe modificar el sistema de movimientos previsibles para hallar nuevas, inesperadas y aparentemente ilógicas
soluciones estratégicas vencedoras en el seno de la infinita
gama de combinaciones posibles según una interacción comunicativa entre dos o más personas, de modo que la complejidad del juego y el abanico de posibilidades se amplifica y se
vuelve enorme. Esto debería además llevar al lector a reflexionar sobre el hecho de que el planteamiento estratégico
no consiste simplemente en una serie de «recetas» eficaces,
sino en un modo de ver los problemas humanos que no se
interesa en la extinción definitiva de todos los problemas de la
vida del paciente (quien lo lograse no pertenecería, a nuestro
entender, a la especie humana), sino únicamente en la solución focal de los problemas que, uno tras otro, pueden las
personas hallar en el camino de su existencia. Esto no equivale a aplicar simples recetas o trucos de prestidigitador, sino
a adaptar creativamente a cada individuo en particular y a
cada contexto determinado los principios lógicos de la formación y solución de los problemas.
ma y con la adquisición, por parte del paciente, del «procedimiento» para jugar y vencer de forma autónoma aquel determinado tipo de partida. Por lo demás, como decía Bateson
(1972), la vida es «un juego cuyo objetivo es descubrir las
reglas; reglas que cambian siempre y nunca llegan a descubrirse».
El desarrollo del «proceso» de la terapia se concluye con el
«jaque mate» al problema presentado al comienzo de la mis51
BREVE HISTORIA EVOLUTIVA DEL ENFOQUE
«Para observar las más simples, pero verdaderas,
relaciones entre las cosas se requieren conocimientos muy profundos. Y no es extraño que sólo
hombres extraordinarios hagan aquellos descubrimientos, que luego parecen sumamente fáciles y
Si queremos remontarnos a la matriz del enfoque estratégico en psicoterapia, podemos escoger entre dos posibilidades.
La primera posibilidad está en remitirse no sólo a la ars
curandi específica, sino a la misma tradición de pensamiento
«estratégico» que posee raíces mucho más lejanas en la historia humana. Por pensamiento estratégico entendemos no una
escuela filosófica específica, sino un enfoque del pensamiento
(liberal thinking) basado en una irreductible «elasticidad» que
niega cualquier forma de «absoluto» o de «verdad» indiscutible y que, partiendo de aquí, se interesa por el funcionamiento de las cosas con una actitud desengañada y pragmática. A
esto mismo se refiere precisamente el término «constructivismo radical». Los precursores de este estilo de pensamiento
pueden ser hallados en el ámbito de la filosofía griega, desde
los presocráticos hasta los sofistas y Epicuro, así como, en el
Breve historia evolutiva del enfoque estratégico
Orígenes del enfoque estratégico de la terapia
mundo oriental, en algunas opiniones relativas a la conducta
que se dan en el budismo y el zen.
Esta corriente de pensamiento ha impregnado, por medio
de la voz y la personalidad de muchos pensadores, toda la
historia cultural de la humanidad desde el comienzo a nuestros días.
Esta perspectiwa histórica y filosófica es merecedora, sin
duda alguna, de una erudita profundización, que en principio
cae fuera de los fines de la presente obra y de la competencia
La segunda posibilidad consiste en tomar directamente como punto de partida las más recientes aplicaciones específicas, en el campo de los trastornos psíquicos y comportamentales, del pensamiento «estratégico» o «constructivista» relativo a la «naturaleza humana» y a sus problemas.
- - > Desde dicha perspectiva, es evidente que el padre de la
terapia estratégica es, sin sombra de duda, Milton Erickson.
Durante su asombrosa carrera de hipnoterapeuta y psicoterapeuta prolongada por más de cuarenta años, preparó miles de
estrategias y técnicas de intervención para la resolución en
breve tiempo de los problemas de orden psíquico y de la conducta. Erickson, que ha sido reconocido como la máxima
autoridad en el campo del estudio y de la aplicación de la
hipnosis, ha transferido genialmente al sector de la aplicación
clínica sus descubrimientos y observaciones relativos a los fenómenos de la hipnosis y de la sugestión; sobre todo, por lo
que se refiere al peculiar poder de ciertas tipologías del lenguaje o comunicaciones terapéuticas, que asumen un auténtico y verdadero papel de sugestiones hipnóticas capaces de
llevar al paciente a cambios rápidos y efectivos. De la labor
de Erickson, lo menos conocido hasta hace poco tiempo era el
enfoque estratégico que elaboró para el tratamiento de pacientes individuales, parejas y familias, sin el recurso al uso
formal de la hipnosis, pero con un estilo siempre profundamente vinculado a su concepción de la hipnosis como fenómeno relacional y psicosocial —libre por tanto de aquella
aura propia de misterio y «ritual mágico» — , concepción que
se expresa en un estilo peculiar de comunicación terapéutica
basado en refinadas formas de lenguaje verbal y no verbal. No
ha formulado nunca una teoría sobre la «naturaleza humana»,
o mejor, sobre la personalidad, porque creía que todo sujeto
representa un ser irrepetible, con experiencias pesonales y
maneras de percibir y elaborar la realidad totalmente individuales. Por consiguiente, desde su punto de vista, también el
estudio clínico de un sujeto debe tener en cuenta todo esto,
poFTo que' las eistrate^ás , , t i8^inleiv^aón deben adaptarse
siempre a la personalidad individual del sujeto, a su contexto
"félacíonal v a sus*^xl)elríencias de la vida.
• • ' - ' *
f-—^«La terapia estratégica no es una concepción o una teoría
particular, sino un nombre para aquellos tipos de intervención
terapéutica en los que el psicoterapeuta asume la responsabilidad de influir directamente en las personas» (Haley 1973,
p. 8). En la perspectiva estratégica ericksoniana no existen
prejuicios de tipo teórico o clausuras en sistemas rígidos que
pretendan describir de una manera exhaustiva la naturaleza
humana, aun cuando parezca claro que este enfoque de la
terapia se halla estrechamente relacionado con la formulación
de la teoría de la comunicación y, en especial, con la terapia
familiar de orientación sistémica. No siendo Erickson un
teórico, sino una persona decididamente pragmática, no ha
dejado ningún escrito acerca de su modelo personal de psicoterapia, aunque podemos hacernos con este modelo a través
de la lectura de la gran cantidad de artículos y estudios específicos publicados por él sobre la hipnosis y los más diversos
casos clínicos. Sus técnicas y estrategias y, si se quiere, su
actitud persjonal_ en la teraprn^ representan la mejor expresión
demostrativa de planteamiento estratégicoéñ' el tratamiento'
de los trastornos psíquicos y de ja conducta. Muchos autores
han intentado formalizar su enfoque terapéutico a nivel teóricopráctico.
,—s* Pero, muy probablemente, todos estos autores (Bandler y
Grinder 1975; Bergman 1985; Haley 1967, 1973, 1985; Lankton 1983; Rabkin 1977; Ritterman 1983; Rosen 1982;
Erickson y Rossi 1979, 1982; Simón y otros autores 1985;
La revolución sistémica en psicoterapia
Watzlawick 1977,1985; Zeig 1980,1985,1987) han enmarcado
la labor de Erickson en el interior de sus propias concepciones
personales teórico-prácticas. Por consiguiente, sería mejor
hablar de enfoques de la terapia con inspiración ericksoniana
que de una terapia de Erickson en sentido estricto.
Por lo que atañe a nuestro trabajo, es preciso aclarar que
seguimos la formulación y la sistematización de Erickson desde una perspectiva interaccionista o de la pragmática de la
comunicación. A ella, pues, nos referimos aquí con la definición de terapia estratégica.
.—^.El modelo estratégico, en realidad, nace de una síntesis
evolutiva entre las teorías sistémicas, el estudio sobre la familia y la comunicación realizado por el grupo de Palo Alto,
dirigido por Bateson y Jackson, y el trabajo clínico y el estudio del fenómeno hipnosis llevado a cabo por Milton
Como sostiene el cibernético Von Foerster (1987), la
revolución copernicana de los años cincuenta en psicología
y psiquiatría, representada por la formulación interaccionalsistémica, no se debe únicamente al trabajo de grupo de
psicólogos clínicos, sino que es fruto del cruce de descubrimientos innovadores en diversas disciplinas científicas: la antropología, con los estudios sobre la comunicación hechos por
Bateson, la cibernética y la física, con las teorías de Ashby,
Von Foerster y otros, y el estudio de la hipnosis clínica llevado
a cabo por Erickson.
-"^Erickson, como afirma Haley (1973), además de ser el
padre de la terapia estratégica, ha sido el inspirador técnico de
buena parte de los procedimientos terapéuticos propios de la
terapia familiar sistémica. Si Bateson es el padre teórico de
la perspectiva interaccional-sistémica en psicología y psiquiatría, Erickson representa el maestro a quien hay que remitirse
para las estrategias de aplicación clínica y para la modificación
erTfifeve tiempo de las situaciones dísfúncíónales. Su trabajo
ha sido, como hemos dicho antes, una continuada investigación y aplicación clínica de ideas e intuiciones que lo han
llevado a la preparación de gran cantidad de técnicas de inter-
vención terapéutica que constantemente se usan en terapia
estratégica. Por consiguiente, en términos de formulación
teórica, el modelo psicológico que presentamos aquí puede
definirse también como sistémico-estratéglcg^ por cuanto consideramos resueltamente*"complementarios entre sí el enfoque
de "la terapia sistémica de Palo Alto y los procedimientos
operativos de Erickson.
De hecho, a partir de los descubrimientos y experiencias
innovadores ya mencionados, se desarrolló una nueva concepción de cuanto se refiere a la realidad y a su percepción por
parte de los individuos y se creó, como consecuencia, un
nuevo modo de ver la problemática de orden psicológico y
psiquiátrico, en relación sobre todo con la formación y la resolución de los trastornos.
Haremos referencia aquí, por motivos de espacio, sólo a
algunos de los puntos de la mencionada voluminosa formulación teórico-práctica, analizando en particular su evolución
hasta el modelo actual de enfoque estratégico de la terapia.
En la base misma de la formulación sistémica y de la consiguiente praxis aplicativa en psicoterapia, se encuentra la reflexión sobre el hecho de que, igual que otras conceptualizaciones científicas, las teorías psicológicas y psiquiátricas clásicas se hallan impregnadas de la epistemología de su tiempo y
poseen todas «la característica inconfundible de las teorías
fundamentadas sobre la primera ley de la termodinámica, por
su atención casi exclusiva a los fenómenos de conservación y
transformación de la energía. El concepto de causalidad que
tales modelos implican es necesariamente de tipo lineal,
unidireccional» (Watzlawick 1976, p. 7), según el cual un
acontecimiento A determina otro acontecimiento B, y B producirá igualmente C, y así sucesivamente del pasado, al
presente, al futuro. De este modo, según esta perspectiva
teórica, todo tipo de explicación o de investigación de un
Desarrollo de la cognicion y el lenguaje
Julio Svenn Alvarez Rivera
Guia sobre-las-aulas-de-audicion-y-lenguaje

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
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