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⭐LA PRUEBA DE LA PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA
LA PRUEBA DE LA PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA
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Elisa Cordero Fuentes
1 LA PRUEBA DE LA PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA Gunther Gonzales Barrón Doctor en Derecho por la PUCP. Magíster en Derecho Civil y Abogado por la PUCP. Diplomado en Economía y Derecho del Consumo por la Universidad Castilla La Mancha (España) y PUCP. Profesor de Derecho Civil y Derecho Registral, en las Secciones de Pregrado y Postgrado, de la PUCP, USMP, UIGV y UNMSM. Juez Superior Titular de la Corte de Lima. Ha sido Presidente de los Tribunales Administrativos de COFOPRI y SUNARP, así como Notario de Lima. 1. LA USUCAPIÓN ES UN HECHO JURÍDICO COMPLEJO La exigencia de soluciones razonables, alejada de dogmatismos, obliga a reconocer la usucapión como el último mecanismo de certeza de las relaciones patrimoniales sobre las cosas. Siempre se requiere un instituto de cierre o de clausura que impida continuar con los debates interminables. El fin de las discusiones es ya, de por sí, un bien que el ordenamiento jurídico alienta y necesita para lograr sus objetivos de paz, estabilidad, mantenimiento del orden, incentivo del trabajo y esfuerzo, entre otros no menos valiosos. Ahora bien, para que se constituya la prescripción adquisitiva se requiere de la posesión como elemento de justicia, y de un largo período de tiempo como elemento de seguridad. Por último, también debe presentarse la inacción del propietario, quien no reclama jurídicamente la devolución del bien poseído por un tercero, y que constituye un elemento de sanción, pues la actitud negligente, abstencionista e improductiva del dueño justifica la pérdida del dominio aun en contra de su voluntad. Es la causa dogmática por la cual se entiende y comprende la expoliación que sufre el titular; y siendo ello así, existe una cuestión de justicia material implicado en ese hecho. Y por qué se escoge la posesión como base de justicia para la usucapión o elemento característico? La razón es muy simple: la posesión es la realidad misma y efectiva del derecho; por eso la mejor doctrina señala que la propiedad se justifica gracias a la posesión, ya que el título formal es solo un medio para lograr la finalidad intrínseca de cualquier derecho real, cuál es, el aprovechamiento y disfrute máximo de los bienes, lo cual significa poseerlos. Por tanto, si desde una perspectiva axiológica el fin se encuentra en grado superior al medio, entonces es evidente que la posesión se encuentra en situación de primacía sobre la propiedad, ya que ésta existe y se reconoce para hacer efectiva a la segunda1. El art. 923 CC define la 1 SACCO, Rodolfo y CATERINA, Raffaele. Il Possesso, Giuffrè, Milán 2000, pág. 9.2 propiedad como el poder jurídico que confiere las facultades de uso y disfrute, entre otras. Por tanto, la propiedad permite poseer en forma legítima; por lo que la primera es el medio para lograr la segunda, que viene a ser su finalidad. De esta manera, además, se eliminan los propietarios meramente abstencionistas, que no dan contenido social o económico a los bienes y los dejan improductivos. La riqueza material tiene como finalidad que el sujeto la aproveche para crear más riqueza en beneficio general; pero si alguien abdica de ejercer el contenido mismo de la propiedad, y peor aún, un tercero posee ese bien, entonces debe considerarse que la situación preferente es la del poseedor. Por tal motivo, resulta evidente que la usucapión o adquisición por posesión no puede ser erradicada del Derecho, ya que en ella está la ontología misma, la razón de ser de la propiedad, por encima del formalismo2. El segundo elemento de la usucapión lo constituye un tiempo bastante extendido de posesión, ya que de esa manera se permite que el propietario pueda equilibrar nuevamente las cosas a través del ejercicio de las pretensiones jurídicas de recuperación del bien (reivindicación). Si luego de todo ese lapso de tiempo se mantiene la tensión entre el titular formal desprovisto de iniciativa económica frente al poseedor que invierte y produce, entonces la solución a favor de este último se impone por sí misma3. La usucapión reconoce en el tiempo a su más poderoso aliado. En palabras del jurista alemán WINDSCHEID: el tiempo es un poder al cual ningún ser humano puede sustraerse; lo que ha existido largo tiempo nos aparece, sólo por eso, como algo firme e inconmovible y es un mal defraudar las expectativas que crea 4. El tercer elemento de la usucapión lo constituye la inactividad del titular, cuya conducta improductiva y negligente merece una sanción del ordenamiento, cuál es, la extinción de dominio cuando ello vaya unido a la posesión de un tercero. De esta manera no estamos ante una solución de pura seguridad, sin que existan consideraciones de justicia material implicadas en el hecho. Por el contrario, la inactividad es una sanción en contra del titular que se origina por su desidia; por tanto, el ordenamiento se siente tranquilo cuando expolia a un sujeto por sus actos propios, que se hallan en contradicción con los principios que inspiran la regulación jurídica de los bienes y la riqueza en general. En consecuencia, el tercer elemento es el fiel de la balanza que la inclina a favor del poseedor. 2 Algunos sostienen que la usucapión debe ser removida totalmente a favor del Registro, pues no se puede admitir el despojo. La idea es simplemente absurda, pues la propiedad toda está llena de guerras de conquista, invasiones, usurpaciones, fraudes, abusos, despojos, abandonos, olvidos, etc. Es muy difícil pensar que un solo pedazo de tierra no haya pasado por alguna de estas patologías. Para eso surge la usucapión como hecho jurídico calificado de PRECLUSIVO, esto es, que pone fin a los debates interminables sobre la legalidad de las adquisiciones 3 Sin embargo, en opinión nuestra, lo que sí puede ser criticable en nuestro ordenamiento es el plazo legal extraordinario de diez años para que opere la usucapión, el cual es REDUCIDO según un análisis comparativo con los sistemas jurídicos nacionales más representativos, y lo que permite sospechar, obviamente, que en ese tiempo se puedan mantener las contradicciones entre el interés de quien pretende conservar el derecho y el interés del que busca la preclusión del debate. Sobre este punto, el del plazo, sí merece pensarse en serio una reforma legal. 4 DÍEZ PICAZO, Luis. Fundamentos de Derecho Civil Patrimonial. Ed. Civitas. Madrid Tomo III, pág. 699.3 Desde nuestra perspectiva, no es posible imponer soluciones de justicia formal a rajatabla, esto es, proclamar la verdad dogmática de las adquisiciones derivativas (y de transmisiones publicadas en el registro, por ejemplo) y olvidarse de las situaciones contradictorias, los estados de hecho, la realidad vital, la seguridad jurídica o el cierre definitivo del debate. Nótese que los elementos definitorios de la prescripción adquisitiva se encuentran vinculados con los propios fundamentos que la justifican. En efecto, se dice que la usucapión premia la conducta económicamente valiosa del poseedor pues un bien entra del circuito de uso, disfrute y producción; lo cual está vinculado con los requisitos de posesión por un tiempo determinado. Por otro lado, la usucapión se justifica, también, como sanción al propietario descuidado, lo que se encuentra relacionado con el requisito de inactividad del propietario en la reclamación jurídica de la cosa5. 2. PRUEBA DE LA PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA O USUCAPIÓN Cómo en toda pretensión jurídica que se ventila en los tribunales, y salvo la inversión de la carga probatoria, el actor debe aportar los medios de prueba que permitan que el juez se forme una convicción favorable (razonada y razonable) respecto a la existencia de los distintos elementos constitutivos de la usucapión (art. 197º CPC). Aquí se realiza un juicio de orden jurídico por el cual se aprecia una situación de hecho, que debe estar comprobada dentro de los márgenes de racionalidad y probabilidad nunca, con certeza absoluta-, y luego el juez subsume el hecho probado dentro de una norma jurídica, la cual aplica al caso concreto y por la que emite una decisión fundada en derecho y en los hechos6. 5 La usucapión tiene plena vida en el Common Law, aunque con el nombre de adverse possession, que bien puede traducirse como posesión contradictoria, lo cual implica que se trata de una posesión en contradicción al título del propietario. Eso seguramente provocará angustia y asombro en nuestros economicistas, acostumbrados a denigrar de la prescripción adquisitiva, aun cuando sean fervientes admiradores de la tradición jurídica anglosajona. En el Derecho inglés, por ejemplo, se admite la usucapión contra el registro luego de doce años según la LAND REGISTRATION ACT de 2002, aunque el sistema es bastante detallista y complicado, de acuerdo a la conocida complejidad del régimen de propiedad en ese país, el que tiene un origen histórico feudal. Sobre el particular puede verse: RIDALL, J.G. Land Law, 7º edición, Lexis Nexos UK. Londres pág. 587 ss. Por su parte, en el Derecho de Irlanda, fuertemente inspirado por el sistema inglés, el plazo de la adverse possession es también de doce años a favor del poseedor en concepto de dueño (squatter), según el STATUTE OF LIMITATIONS (Ley de Restricciones) de 1957: COUGHLAN, Paul. Property Law, 2º edición, Gill & McMillan Ltd. Dublín pág. 212 ss. 6 Igual ocurre en sede notarial en los casos específicos en los cuales puede declarar la prescripción adquisitiva. En esta hipótesis, la actuación notarial no implica el ejercicio de fe pública, pues no estamos en presencia de la comprobación de un hecho que le consta al notario por medio de sus sentidos, sino ante una apreciación o juicio. Siendo ello así, y al no existir fe pública de por medio, si el notario se equivoca o yerra en su juicio, no podrá cometer delito contra la fe pública, pero sí podrá ser objeto de responsabilidad civil si es que actuó con culpa. Esa misma situación es la que ocurre con los juicios que realizan los magistrados al momento de dictar sentencias, pues en estos casos nunca hay delito contra la fe pública (por no existir comprobación de un hecho a través de los sentidos), pero sí puede haber prevaricación, que es un DELITO DISTINTO y que protege otro bien jurídico. La norma sobre prevaricación (art. 418 C.P., modificado por ley 28492, publicada el 12 de abril del 2005) sólo comprende a jueces o fiscales que yerran dolosamente en el juicio4 Los medios de prueba vienen a ser los instrumentos utilizados por las partes para trasladar los hechos a la presencia del juez7. En el sistema procesal peruano rigen los principios de libertad probatoria y apreciación judicial en virtud de las reglas de la sana crítica, es decir, apreciación razonada y conjunta, por lo que se descartan los sistemas rígidos o tasados de prueba. Si tenemos en cuenta que los elementos de la usucapión son tres: la posesión cualificada, el tiempo y la inactividad del propietario; entonces, la prueba aportada por el actor deberá versar sobre estos tres presupuestos. Por su parte, y en sentido inverso, el demandado buscará contradecir cualquiera de dichos elementos, aunque sea uno solo de ellos, con el fin de desvirtuar la pretensión. Recuérdese que la usucapión es un hecho jurídico complejo, es decir, compuesto de distintos presupuestos que la configuran. Siendo así, el demandante se encuentra obligado a probar todos ellos. 3. PRUEBA DE LA POSESIÓN 3.1 NOTA INTRODUCTORIA Hace dos siglos SAVIGNY dijo que la propiedad es una posesión vestida por el tiempo, dando a entender que el reconocimiento jurídico de un derecho pleno de atribución sobre las cosas (propiedad) se sustenta en el poder fáctico de preeminencia sobre ellas (posesión), al cual se le adosa de un plazo legal, pues no existe mejor título que el tiempo. En tal sentido, la doctrina más moderna señala que si la propiedad se define como el derecho a gozar un bien, entonces LA FINALIDAD DE LA PROPIEDAD ES OBTENER LA POSESIÓN; y en una visión teleológica del fenómeno jurídico, el fin (la posesión) es más importante que el instrumento (la propiedad), es su prius lógico 8. Es más: para qué serviría la propiedad si el dueño no pudiese poseer el bien? Esta simple cuestión despeja cualquier duda. Si la propiedad se basa en la usucapión, entonces ésta debe tener como contenido esencial a la posesión 9. Por tanto, para que haya usucapión debe haber verdadera posesión, esto es, poder de hecho voluntario sobre el bien. Sin embargo, la sola posesión no es suficiente, pues se requieren algunas condiciones adicionales (arts. 950 C.C.), pues se requiere unas condiciones especiales: posesión en concepto de dueño, pública, pacífica y continua. La posesión no se presume y, en consecuencia, le corresponde al actor realizar la actividad procesal destinada a convencer al juez de la existencia de esa situación que realizan; por tanto, si esa misma conducta la lleva a cabo un notario al momento de la declaración de prescripción adquisitiva, entonces su acción será ATÍPICA. 7 SERRA DOMÍNGUEZ, Manuel. La prueba de las obligaciones. EN: Estudios de Derecho Probatorio, Communitas, Lima SACCO, Rodolfo y CATERINA, Raffaele. Il Possesso, Op. cit., pág HERNÁNDEZ GIL, Antonio. La Posesión. EN: Obras Completas, Espasa Calpe, Madrid 1987, Tomo II, pág. 357.5 de hecho. Es necesario acreditar la realización de actos materiales sobre el bien, los que pueden ser realizados directamente por el interesado, sus representantes o dependientes. En tal sentido, se señala como actos posesorios típicos el cultivo, la edificación, la percepción de frutos, deslinde, reparaciones, la acción de cercar o alambrar, las operaciones de mensura y amojonamiento, entre otros10. Los medios probatorios típicos que sirven para acreditar la posesión son los siguientes: las declaraciones juradas y recibos de pago del impuesto predial o arbitrios municipales, los contratos que se refieran al inmueble o que lo señalen como domicilio, los recibos de pagos por los servicios públicos domiciliarios del bien, los documentos públicos, como escrituras notariales, en los cuales se hayan señalado como domicilio el bien, las construcciones realizadas y los recibos de pago por la asesoría técnica o de la adquisición de los materiales de construcción, las licencias o autorizaciones tramitadas ante la autoridad municipal o administrativa, las constancia de posesión emitidas por organizaciones oficiales o representativas de los pobladores, los recibos de arrendamiento girados por el solicitante en calidad de arrendador, las declaraciones testimoniales de vecinos o colindantes o los procedimientos administrativos o judiciales que haya seguido el poseedor y en los que la controversia gire sobre la ocupación del bien, o por lo menos se indique el domicilio fehaciente del actor; certificados domiciliarios o inspecciones judiciales tramitadas como prueba anticipada o que hayan sido levantadas dentro de cualquier tipo de proceso, constataciones notariales, entre otras. Nótese que muchas de las pruebas enumeradas son de de carácter indirecto, es decir, no están enfiladas a acreditar en forma inmediata el hecho controvertido, sino que solo permiten probar un hecho determinado (distinto), del cual recién se tiene el punto de partida para inferir la posesión. Por ejemplo, el pago de los servicios públicos de agua potable o energía eléctrica, solo constata que el sujeto es deudor de una relación jurídica de consumo y que ha cumplido con el abono correspondiente. Sin embargo, en forma indirecta lleva a inferir (por deducción) que dicha persona debe poseer el bien, ya que tiene acceso a los recibos que se entregan a domicilio y los paga todos los meses por el evidente interés de contar con la prestación que realizan las empresas concesionarias. La misma situación se presenta con la licencias de obra, la cual acredita la petición para levantar una edificación, de lo que se puede inferir que el solicitante es el poseedor del predio sobre el cual se ha realizado una construcción. Ahora bien, la usucapión nunca deja de ser un hecho, aun cuando se le reconozca jurídicamente, y por ello la prueba de su ocurrencia debe tener en cuenta ese dato. En otras palabras, la prueba no puede ser formalista o ritualista, salvo que se renuncie a conocer la verdad material. Así ocurre cuando un poseedor paga los recibos del impuesto predial, pero girados a nombre del propietario. Es relevante? En realidad no, pues la prueba busca acreditar la posesión y no la conformidad con el derecho, que justamente se presume ausente en el caso de la prescripción adquisitiva. En tal caso bastará que el actor tenga en su poder los recibos, ya que ello hace presumir que los pagó, y que a pesar de estar girados a nombre de tercero, 10 KIPER, Claudio. Derechos reales y prueba. EN: DE REINA TARTIÈRE, Gabriel (Coordinador). Derechos Reales. Principios, Elementos y Tendencias, Heliasta, Buenos Aires 2008, pág. 216.6 sin embargo, él tuvo acceso a dichos documentos solo por efecto de estar en posesión del bien. En cambio, y aunque suene paradójico, eso genera mayor convicción que los recibos aparezcan a nombre del poseedor, pues en este caso simplemente podría tratarse de una apariencia basada en documentos, pero nada en sustancia. En efecto, es posible que un sujeto pueda incorporarse al padrón de contribuyentes de la municipalidad, y luego recabe los recibos para efectuar el abono, pero sin contar con posesión. Esa estratagema, sin embargo, no sería posible en teoría- si el poseedor paga recibos ajenos ya que no habría forma de tener acceso a dichos documentos. En tal sentido, queda claro que el formalismo se descarta para el caso de la prueba de la usucapión11. Exactamente la misma solución debiera darse para el caso de los recibos pagados por concepto de los servicios públicos. Análoga situación se presenta cuando el demandante pretende la usucapión de una parte de un inmueble de mayor extensión, pero sin que conste la independización. El formalismo haría inviable plantear siquiera la demanda pues el inmueble no se encontraría identificado o delimitado, según el caso; sin embargo, ya existe una ejecutoria suprema que casó la resolución recurrida en el entendido que la falta de independización no es obstáculo para el acceso a la justicia (Exp. No Lima). En efecto, el poseedor puede ejercer actos posesorios sobre una porción del predio, y si bien ello impide que pueda adquirir la totalidad del inmueble, empero, no existe impedimento legal alguno para que se le declare domino por la parte. Bien puede decirse: quien puede lo más, puede lo menos. En resumen, la prueba de la usucapión es compleja, y no basta un solo elemento para generar convicción, máxime cuando un período tan prolongado (diez años para la prescripción extraordinaria) exige que el actor cuente con diversos medios de prueba que funden su pretensión. Muchas veces se presentan demandas en donde solo tiene relevancia la declaración de testigos, una partida de nacimiento o el documento nacional de identidad como únicas pruebas, lo que por supuesto jamás puede ser suficiente para acreditar la existencia de un hecho jurídico tan complejo y extendido en el tiempo. Peor aún si se trata de una prueba de las llamadas indirectas. Así sucede con el pago de impuestos o contribuciones que acreditan un acto jurídico, y no material, por lo que su eficacia probatoria es relativa12, y por sí sola no podría bastar para declarar fundada la demanda. La Corte Suprema lo ha declarado así en diversas ejecutorias: - la constancia de posesión no es idónea para acreditar dicho derecho, al no estar corroborada con otros medios probatorios que formen convicción total (Casación No Huánuco). 11 Empero, si el poseedor no aparece como titular en el registro municipal de contribuyentes, entonces bien podría dudarse de su animus domini, por lo que deberá subsanar esta deficiencia con otro medio probatorio. El art , in fine, CPC establece que: el juez podrá, si lo considera necesario, exigir la presentación de los comprobantes de pago de los tributos que afecten al bien. 12 KIPER, Claudio. Derechos reales y prueba. EN: DE REINA TARTIÈRE, Gabriel (Coordinador). Derechos Reales. Principios, Elementos y Tendencias, Op. cit., pág. 216.7 - Los juzgadores no estiman que los recibos por servicios adjuntados, ni las demás pruebas admitidas y actuadas cumplan con acreditar las exigencias del artículo novecientos cincuenta del Código Civil, razón por la que se desestima la demanda (Casación No Lima). Por tanto, se requiere que existan diversos elementos de juicio, abundantes y coincidentes, que permitan llegar a una misma conclusión. 3.2 PRUEBA DE LA POSESIÓN EN CONCEPTO DE DUEÑO O DEL ANIMUS DOMINI Según DÍEZ PICAZO, hay posesión en concepto de dueño cuando el poseedor se comporta según el modelo o el estándar de comportamiento dominical y cuando el sentido objetivo y razonable derivado de este comportamiento suscite en los demás la apariencia de que el poseedor es dueño 13. Es bueno destacar que el animus domini no puede quedar circunscrito al ámbito psicológico del poseedor, ya que la intención de éste debe materializarse a través de su comportamiento en no reconocer otra potestad superior. Para efectos prácticos, la determinación del ánimo del poseedor requiere el CONOCIMIENTO DE LA CAUSA POSESORIA. No hay otra forma de diferenciar una posesión de la otra. Así lo dicen con toda claridad RODOLFO SACCO y RAFFAELE CATERINA: el animus domini es la voluntad de sujetar el bien como la sujeta el titular del derecho real 14. La posesión con ánimo de dueño implica que el poseedor no reconoce vínculo alguno con el titular, es decir, posee sin admitir derecho mayor al suyo. No cabe usucapir, por mucho que sea el tiempo que transcurra, si se posee en concepto distinto del de dueño, por ejemplo, en el de arrendatario o en el de precarista 15. En efecto, carecen de animus domini los poseedores cuya causa posesoria no sea en concepto de dueño, como es el caso de quienes poseen como arrendatarios, comodatarios, depositarios, etc. En los casos de posesión mediata e inmediata, el poseedor superior está habilitado para usucapir siempre que no reconozca un titular de mayor grado a él. Tampoco tienen animus domini los servidores de la posesión, ni los detentadores esporádicos o tolerados del bien, quienes ni siquiera llegan a convertirse en poseedores. En este momento cabe preguntarse si la posesión con animus domini puede darse por saldada con una simple declaración jurada o con los fundamentos de hecho expuestos en la demanda; o si se requiere algo más, como podrían ser las declaraciones testimoniales, las solicitudes ante la municipalidad distrital respecto a licencias o autorizaciones propias de una obra o un negocio que denoten la condición de propietario; el pago del impuesto predial. Sobre el particular hay dos claras tendencias en doctrina. Para la primera el animus domini se presume, y en todo caso le corresponde al demandado destruir la 13 DÍEZ PICAZO. Op. Cit., Tomo III, pág SACCO y CATERINA. Op. Cit., pág PEÑA BERNALDO DE QUIRÓS, Manuel. Derechos Reales. Derecho Hipotecario, CRPME, Madrid 1999, Tomo I, pág. 127.8 presunción. Se dice que: a todo poseedor se le presume que posee como propietario y, por tanto, puede prescribir la cosa que posee. Es a su adversario a quien corresponde demostrarle que posee por cuenta de otro, como arrendatario, depositario, usufructuario, etc., y probado esto es claro que no habrá de prescribir jamás. La prueba de que posee por cuenta ajena no puede basarse en testimonios, sino en instrumentos en que consta el contrato de locación, de depósito, de usufructo, etc., o en otro género de probanzas que hagan verosímil la afirmación del no poseedor 16. Una segunda tesis considera que el drástico efecto que produce la usucapión aconseja que el poseedor deba probar todos los presupuestos que conforman la figura, con lo cual también estaría obligado a aportar prueba referida a la posesión en concepto de dueño. Alguna sentencia, no muy meditada, acoge esta postura: Tratándose de un proceso de prescripción adquisitiva el demandante debe probar la posesión ad usucapionem, esto es, como propietario, para lo cual necesariamente debe ofrecer la declaración testimonial de no menos de tres ni más de seis personas, mayores de veinticinco años, sin perjuicio de los demás medios probatorios que estime pertinentes (Casación No Chincha). El art. 912 CC establece la presunción de propietario de todo poseedor, mientras no se pruebe lo contrario. Sin embargo, ello no opera en las relaciones entre poseedor mediato e inmediato o contra el propietario con derecho inscrito en el registro. Normalmente la existencia de esta presunción debería significar que en el proceso de usucapión le baste al demandante con acreditar la posesión, pues inmediatamente se reputaría que lo hace en concepto de dueño. Empero, si dicha pretensión se ejerce respecto de un predio inscrito, total o parcialmente, la presunción no juega, por lo que bien puede decirse que en un gran número de casos el demandante vendrá obligado a probar el animus domini. Es más, incluso en los casos que resulte aplicable la presunción (bienes no inscritos), el demandado podría oponerse a dicha circunstancia mediante la actuación de testimoniales; y si el actor solo tiene una frágil presunción, sin mayor prueba, entonces lo lógico sería tenerla por desvirtuada, siempre que se trate de testigos serios, verosímiles, con antecedentes de moralidad y que den razón circunstanciada de sus dichos. En tal sentido, debe rechazarse la opinión de Jorge Eugenio Castañeda, en cuanto considera que solo los instrumentos pueden refutar la condición del poseedor. No hay razón alguna, con el sistema procesal vigente y tampoco lo había con el anterior, para dar crédito a las declaraciones testimoniales luego de la apreciación razonada de la prueba, según las reglas de la sana crítica, y máxime si el actor no presenta medio probatorio alguno. Con mayor razón, el demandado pueda oponerse eficazmente si exhibe o presenta, por ejemplo, una carta remitida por el actor en la cual éste pide la venta del inmueble, o un contrato de arrendamiento, o un contrato de trabajo, con lo que se desvirtúa la posesión en concepto de dueño. En suma, el animus domini se presume solo a favor del poseedor de bienes noinscritos, pero se trata de una frágil ayuda para el actor, pues el demandado puede desvirtuarlo con cualquier medio probatorio, incluso la declaración de testigos 16 CASTAÑEDA, Jorge Eugenio. Instituciones de Derecho Civil. Los Derechos Reales, Talleres Gráficos Villanueva, Lima 1958, Tomo I, pág. 255.9 dentro de los márgenes de apreciación libre, pero motivada, de la prueba. En el caso de bienes inscritos no opera la presunción, lo cual implica que el demandante debe probar su condición posesoria, pero en ningún caso significa que no cabe prescribir contra un propietario inscrito17. En tal sentido, dilucidar la causa de posesión es un tema de primera importancia, y el juez debe asegurarse de conocer el hecho que dio origen a la toma de posesión. Si hay endeble prueba de las partes, y no se forma convicción para resolver, entonces el juez podrá actuar prueba de oficio, tal como la declaración que preste el propio demandante respecto a su causa posesoria. Aquí podrá interrogar sobre lo siguiente: cómo entró a poseer? fue por motivo de despojo o invasión? o tal vez el sujeto pasó por allí y le gustó la casa? o alguien se la prestó o encargó? o el empleador no le pagó sus beneficios sociales? o era vigilante a quien finalmente nadie le reclamó por la devolución? En fin, las posibilidades son muy variadas, y a través de la técnica de las preguntas y repreguntas, con firmeza, seriedad y precisión, el magistrado podrá acercarse a la verdad material que le permita emitir una decisión final con justicia. Por ejemplo, si el actor reconoce que no le pagaron sus remuneraciones o que le encargaron la casa pero el propietario nunca regresó, entonces en ambos casos queda refutada la alegada posesión dominical. El art CPC establece que la demanda debe cumplir los siguientes requisitos adicionales: Se indicará en todo caso: el tiempo de la posesión del demandante y la de sus causantes; la fecha y forma de adquisición; la persona que, de ser el caso, tenga inscritos derechos sobre el bien; y, cuando corresponda, los nombres y lugar de notificación de los propietarios u ocupantes de los bienes colindantes. Nótese que es requisito imprescindible conocer la causa posesoria, y por ello se exige indicar en la demanda la fecha y forma de adquisición (de la posesión, se entiende; o del dominio, si fuese el caso). Por tanto, el juez se encuentra autorizado a la actuación de prueba oficiosa para determinar ese hecho, especialmente cuando las versiones de las partes son contradictorias. En tal caso, y conforme ya hemos señalado, se impone sentar al demandante frente al juez para que éste lo interrogue respecto a la fecha y forma de adquisición. 3.2 bis QUÉ PASA CON EL POSEEDOR SIN ANIMUS DOMINI QUE INVOCA LA MODIFICACIÓN DE SU CONCEPTO POSESORIO? En doctrina se conoce como interversión a la figura por la cual un poseedor cambia o muta su condición posesoria. Por ejemplo, un poseedor en calidad de arrendatario, comodatario o usufructuario, pretende luego que se le reconozca como poseedor en concepto de dueño. Normalmente la interversión se presenta en las siguientes dos hipótesis: 17 Existen importantes decisiones judiciales que admiten la llamada usucapión contra el registro (usucapio contra tabulas). Así, por ejemplo: La doctrina es unánime al considerar que cuando alguien posee un bien sin título para sí y por sí, excluye la existencia de un poseedor mediato, además se le reconoce que mediante esa posesión puede adquirir el dominio por usucapión, aunque haya reconocido que tenga el derecho de propiedad otra persona, incluso aunque el derecho de esta última esté inscrito en los registros públicos, pues la prescripción adquisitiva procede incluso contra ésta por mucho que tenga su dominio inscrito (Casación No Huaura).10 a) OPOSICIÓN DEL POSEEDOR: No basta un cambio psicológico meramente interno del poseedor, pues la interversión solo se produce cuando ocurran actos notorios, concluyentes e inequívocos que impliquen despojo en contra del titular; verbigracia: rechazo al pago de la renta, mediante actos positivos de dominio que sean conocibles por el propietario. No basta el mero incumplimiento de sus obligaciones ni conductas equívocas. b) TÍTULO CONFERIDO POR UN TERCERO AL POSEEDOR: Cuando un tercero le otorga un título al poseedor con el cual éste inicia una nueva posesión con animus domini. Ejemplo: el arrendatario compra el bien a un tercero, y no de quien deriva su posesión inmediata. En tal situación, el arrendatario pasará a convertirse en poseedor en concepto de dueño, pero el cambio de condición posesoria solo puede ser opuesta al titular cuando el acto le es cognoscible; pues en caso contrario se validaría una modificación clandestina y subrepticia. En nuestra opinión, y aun sin texto legal expreso, la figura debe admitirse, pues siempre debe evitarse que los formalismos nieguen un hecho de la vida. Sin embargo, tratándose de un instituto que pone en peligro la seguridad jurídica (en cuanto facilita a ciertos poseedores la mutación de su concepto o calidad posesoria, sin que el poseedor superior pueda tomar conocimiento efectivo de ello), debe aplicarse con toda prudencia; buscando que la interversión formalice situaciones de hecho largamente consolidadas, y no que permita usurpaciones encubiertas y aprovechadoras de situaciones equívocas. La doctrina entiende que la posesión se sigue disfrutando en el mismo concepto en que se adquirió, mientras no se pruebe lo contrario. De conformidad con las normas generales sobre prueba, la carga de probar corresponde a quien afirma los hechos configuradores de su pretensión, o a quien los contradice alegando nuevos hechos (art. 196 C.P.C.). Siendo ello así, quien invoca la causa de la posesión no necesita más que probar el acto genético del estado posesorio; por tanto, si se prueba que la causa de la posesión es un contrato de arrendamiento, ello será suficiente para descartar la posesión en concepto de dueño. En cambio, quien contradice esta situación deberá alegar y probar los nuevos hechos; ergo, quien niegue que la causa posesoria sea el contrato de arrendamiento deberá probar la interversión. Es evidente, pues, que las normas generales sobre la carga probatoria son suficientes para admitir la existencia de un principio de continuidad de la causa posesoria. En todo caso, para facilitar la comprensión de la materia, no existe inconveniente en forzar el lenguaje para reconocer la presunción de continuidad en la causa de posesión, la cual se deriva en vía interpretativa del mismo art. 915 C.C. En efecto, la presunción de posesión por tiempo intermedio solamente se justifica si la posesión en el momento actual y en el momento anterior es homogénea. De poca o nula utilidad sería probar una posesión actual como arrendatario y una posesión de hace diez años como propietario. En tal sentido, la continuidad de la posesión en el tiempo conlleva implícitamente la continuidad en la causa de la posesión Siendo la posesión la inmediatividad misma del derecho como apariencia, es evidente que se puede cambiar el modo de ejercicio y extensión del derecho, pero ello requerirá siempre un acto11 La jurisprudencia argentina rechaza la consumación de la interversión cuando exista una conducta equívoca: La mera invocación y acreditación por la demandada de actos tales como pago de impuestos y servicios y realización de refacciones en el inmueble de su concubino luego de fallecido éste, no alcanza para que pueda alegarse la interversión del título, si ante las intimaciones a desocuparlo cursadas por los herederos del propietario no respondió haciendo valer su alegada condición de poseedora, con lo cual, pese a la actividad desplegada, queda en pie la situación inicial de reconocimiento de la posesión en otro (Cámara Nacional Civil, Sala E, )19. Es el caso típico del arrendatario que deja de pagar la renta, y luego de diez años pretende que se le declare propietario por prescripción adquisitiva. Esta hipótesis tan frecuente debe rechazarse, pues el inquilino no ha realizado conducta alguna que permita sustentar un cambio de su condición posesoria; antes era un arrendatario cuyo plazo del contrato lo amparaba; ahora simplemente es un incumplidor que se niega a devolver el bien; pero nada más. El simple rechazo a la restitución del bien es una conducta negativa, y en todo caso equívoca por la duda que genera, y de la cual no se puede inferir, bajo ningún argumento, que se haya producido una modificación hacia el animus domini. Por lo demás, una interpretación en tal sentido es absurda, por la conclusión irracional que se desprende, pues el incumplidor se encontraría en mejor situación jurídica que el cumplidor, ya que el primero no tendría animus domini por haber dejado de pagar la renta, mientras el segundo mejoraría su condición por el solo hecho de incumplir. Es decir, se incentivaría la posición contraria al derecho20. Muy distinta es la situación cuando el arrendatario rechaza al dueño de la finca alquilada y le niega el derecho de cobrar la renta. Igual sucede cuando el arrendatario resiste la acción de desalojo cuando exhibe un contrato de compraventa o cualquier título jurídico que le permite invocar un derecho sobre el bien. En ambos casos EXISTE UN AUTÉNTICO DESPOJO contra el poseedor superior, y se produce la interversión del concepto posesorio21. Sin embargo, el poseedor superior podrá recurrir a los remedios posesorios contra el despojo (art. 921 C.C.). No obstante, deben tratarse de hechos notorios, patentes y públicos de los cuales se deduzca, fuera de toda duda, que se ha producido la interversión. Esa prueba no es fácil, y siempre la presunción jugará a favor que expreso socialmente significativo. En la medida en que no exista este acto expreso o no sea socialmente significativo, se estima inalterado el título posesorio. Esta presunción es inseparable de la establecida en el artículo 469 (del C.C. Español, similar a nuestro art. 915 C.C.) (...); se trata no sólo de una presunción de continuidad en la posesión, sino también de una presunción de continuidad en su forma de ejercicio. Basta la prueba de la posesión en cualquier momento anterior para que existiendo una posesión actual se presuma la continuidad también en su modo de ejercicio : ALVAREZ CAPEROCHIPI, José Antonio. Curso de Derechos Reales, Editorial Civitas, Madrid 1986, Tomo I, pág De la misma opinión es DÍEZ PICAZO (Op. Cit., Tomo III, pág. 617). 19 Cit. MARIANI DE VIDAL, Monna, Curso de derechos reales, Zavalía, Buenos Aires 2000, Tomo I, pág Tampoco basta con el mero incumplimiento de sus obligaciones por parte del tenedor (v. gr., no pagar el alquiler, no restituir el inmueble al vencimiento del plazo acordado, etc.), porque se trata de actos equívocos : KIPER, Claudio. Derechos Reales y prueba, EN: REINA TARTIÈRE, Gabriel. Derechos Reales. Principios, Elementos y Tendencias, Op. cit., pág MARIANI DE VIDAL, Op. cit., pág. 16512 el poseedor mantiene la misma condición posesoria desde su ingreso en posesión. Otra hipótesis relativamente frecuente es de aquellos familiares o concubinos que mantienen la posesión del bien luego del fallecimiento del poseedor y pretenden invocar la usucapión. Por ejemplo, un propietario hace ingresar a su pareja a la casa familiar donde viven también sus hijos. Luego del fallecimiento del propietario, la concubina sigue en posesión, por lo que llegado el momento plantea la prescripción adquisitiva. Aquí tampoco se produce cambio de la causa de posesión pues la servidora de la posesión, que eso es la concubina en este caso, no ha mudado esa situación con actos notorios, públicos, inequívocos y cognoscibles al titular del dominio22. Un caso parecido, pero no igual, acaba de ser resuelto por nuestra Corte Suprema en el Segundo Pleno Casatorio Civil, aun cuando en dicha ejecutoria no se debatió el tema de la inversión posesoria. En realidad, prácticamente no existe jurisprudencia del Poder Judicial sobre este tema, y solo podemos citar el párrafo de una sentencia en la que se menciona la problemática pero solo como obiter dictum. Así se dice que: CUARTO.- ( ) c) asimismo, existe un hecho que resulta incontrovertible, y es que en el proceso sobre desalojo por conclusión de arrendamiento en contra de doña Rosa García Viuda de Cárdenas, por sentencia judicial firme, y habiéndose declarado improcedente el recurso de casación interpuesto por la hoy recurrente, se ordenó su desalojo respecto del bien sub litis; en tal sentido, se tiene por criterio jurisprudencial uniforme que quien es reconocida como arrendataria de un predio no puede usucapir a su favor respecto de la propiedad sobre el mismo inmueble. En ese contexto, el argumento de la recurrente en el sentido de haber ejercido nueva posesión a título personal del predio sub litis al fallecimiento de su esposo carece de sustento por cuanto de los actuados sobre el señalado proceso de desalojo, doña Rosa García Viuda de Cárdenas fue reconocida judicialmente como inquilina, status que debe entenderse que se mantuvo en el tiempo, aun después de la muerte de su cónyuge (el resaltado es nuestro) (Casación No Ica, emitida el 18 de octubre de 2005 y publicada en el diario oficial el 28 de febrero de 2006). 22 Los Tribunales Argentinos se han pronunciado con el siguiente criterio, que compartimos: 1. La Posesión para prescribir debe ser a título de dueño, con ánimo de tener la cosa para sí, situación enteramente ajena a la ocupación del inmueble llevada a cabo por la actora, concubina o acompañante del titular dominial. Ella se comportó en un ámbito absorbido por la posesión legítima de aquel y desde que así fue desde el principio y no hay noticias de que se haya producido un cambio con el tiempo, nunca pudo adquirir el derecho por el que brega. 2. En la expresión de agravios argumenta la actora, acerca de la ocupación continua con su concubino, que éste, además de convivir con ella lo hacía con su familia legítima. Ello es inadmisible, pues tal mera ocupación no puede computarse como posesión, según razones del juzgador no rebatidas. De todos modos, la ocupación por la actora implicaba una representación que conservaba la posesión del poseedor y, por ende, obró siempre a favor de éste, por lo que la demandante no puede invocar posesión alguna frente a los herederos de su ex concubino (Cámara 1º Civil y Comercial de San Nicolás, Sentencia de 25 de abril de 1995): CALEGARI DE GROSSO, Lydia. Usucapión, pág. 183.13 Sin embargo, la jurisprudencia administrativa sí nos muestra un caso en donde la ratio decidenci se concentra, precisamente, en la interversión de la condición posesoria. Los hechos en resumen son los siguientes: se produce un conflicto respecto a la titularidad de un predio ubicado en Centro Poblado en el que se discute a quien debe titularse de acuerdo con las normas sobre formalización estatal de la propiedad. Se enfrenta un poseedor inmediato (arrendatario) con el poseedor mediato (arrendador), siendo que el primero reconoce por muchos años al segundo como propietario; sin embargo, posteriormente, el poseedor inmediato alega que empezó a poseer en concepto de dueño por haber comprado el predio a un tercero que no es el poseedor mediato. He aquí la parte fundamental de la decisión emitida por el Tribunal Administrativo de la Propiedad de COFOPRI (Resolución No COFOPRI/TAP de 21 de enero de 2008, firmada por los Señores Vocales Gunther Gonzales Barrón, Luz Marina Sánchez Mera y José Seclén Peralta): 7. Que, ha quedado demostrado en autos que Lidia Vargas Gamboa (en adelante Sra. Vargas) celebró un contrato de arrendamiento con los señores Eduardo Ayala Alfaro y su cónyuge Julia Pillihuamán Mendoza (en adelante Sres. Ayala y Pillihuamán) con relación al predio sublitis. Así consta de los documentos de fojas 119, 121, 124 y 125, y de la propia declaración del Sr. Ayala en su escrito de fojas 317. En tal sentido, y según el artículo 905 del Código Civil corresponde titular al poseedor mediato ya que éste se encuentra en mejor condición posesoria, ora porque posee en concepto de dueño, ora por ser poseedor de grado superior en vista a que el arrendatario solo posee gracias al arrendador por virtud de un título temporal y se encuentra obligado a restituir el bien a favor de quien se lo entregó. Por tal motivo, es evidente que la posesión mediata la ejerce la Sra. Vargas, quien sucede a su causante Alejandra Gamboa Orosco, según declaratoria judicial de heredero de fojas 5. A ello debe sumarse las siguientes instrumentales que acreditan su condición de poseedora mediata: actas de notificación judicial (fojas 265 y 266), certificado comunal (fojas 267), recibos de pago de impuesto predial (fojas 274 a 279). ( ) 9. Que, la resolución apelada también alega que los Señores Ayala y Pillihuamán han cambiado su condición posesoria, lo que implicaría aplicar la figura jurídica denominada INTERVERSIÓN POSESORIA, por lo cual éstos habrían poseído como arrendatarios y luego en concepto de dueño. Es evidente que una situación como la descrita resulta excepcional en virtud del artículo 912, 2º párrafo, del Código Civil, pues esta norma señala claramente que el poseedor inmediato no puede oponer al poseedor mediato la presunción posesoria de propiedad, lo cual significa que es excepcional la posibilidad de convertirse en poseedor en concepto de dueño. Por tanto, la condición jurídica se determina al momento de entrar en posesión, y por ello un poseedor inmediato no puede cambiar su estado posesorio a través de un simple acto de voluntad, pues ello sería contrario a un mínimo de buena fe en las relaciones jurídicas, y además alentaría la inseguridad jurídica en los casos de títulos temporales. Por esta razón, no basta la mora en el pago de la renta, o la negación a hacerlo, ni tampoco el simple rechazo a la devolución del bien, pues esas conductas constituyen solamente el incumplimiento de las obligaciones del arrendatario, y ningún14 ordenamiento jurídico racional puede mejorar la situación del incumplidor colocándole ahora la etiqueta de poseedor en concepto de dueño, salvo una situación excepcional por la notoriedad y publicidad del hecho. Por tal motivo, el artículo 1700 del Código Civil establece que vencido el plazo del contrato, se entiende que continúa el arrendamiento bajo sus mismas estipulaciones, lo que implica sin dudas que se mantiene la condición de poseedor inmediato. 10. Que, con respecto al título de compraventa por escritura pública que exhiben los señores Ayala y Pillihuamán, debe indicarse lo siguiente: i) La escritura de compraventa no modifica por su solo otorgamiento la condición posesoria de los Señores Ayala y Pillihuamán, ya que un contrato es, por sí solo, un acto oculto que no alcanza publicidad o notoriedad frente a los poseedores mediatos; en tal sentido, debe tenerse en cuenta que la interversión solo se produce cuando existen actos notorios, concluyentes e inequívocos que demuestran la mutación del concepto posesorio, y que éste ha sido opuesto o comunicado de manera fehaciente a los poseedores mediatos. Esta situación, según la doctrina, se asimila a un verdadero despojo en contra del poseedor en concepto de dueño, por cuanto el inmediato le niega al mediato su calidad de tal, y se arroga un comportamiento de titular que antes no tenía; ii) Por tanto, la interversión es una figura que pone en peligro la seguridad jurídica (en cuanto facilita a ciertos poseedores la mutación de su concepto o calidad posesoria), por lo que debe aplicarse en forma de excepción y con toda prudencia, con el fin de evitar las usurpaciones encubiertas y aprovechadoras de situaciones equívocas. En el presente caso, los Señores Ayala y Pillihuamán presentan algunos documentos como recibos de pago de impuesto predial y licencia de construcción a su nombre (fojas 32 a 34, 46 a 51, 155 a 164, 188 a 189), que podrían demostrar cierta notoriedad de su cambio en la condición posesoria, sin embargo, debe tenerse en cuenta que esos instrumentos datan de diciembre de 2002 (por ejemplo: la licencia) o de 2003 (pagos realizados por impuesto predial), razón por la que no se cumple el requisito de la posesión calificada con un año de antigüedad a la fecha del empadronamiento llevado a cabo el 11 de noviembre de 2003; por su parte, y con respecto a los recibos de agua o luz, éstos no pueden valorarse como acreditativos de la interversión, pues esos servicios pueden ser solicitados por los poseedores inmediatos o simplemente precarios; iii) La compraventa celebrada en el año 2000, y otorgada por los herederos de José Leonidas Bustamante Mendoza (fojas 165), es un acto de disposición que no conlleva por sí mismo acto posesorio, y que aun de haber existido posesión inmediata previa, no acredita la interversión por cuanto no consta acreditada la comunicación o la oposición fehaciente a los poseedores mediatos referida al cambio de la situación posesoria ( ). 11. Que, la Sra. Vargas ha demostrado su condición de poseedora mediata, mientras que los Señores Ayala y Pillihuamán si bien tienen una larga posesión hecho que no se discute-, sin embargo, su posesión se hace en calidad de poseedores inmediatos, sin que se haya acreditado el cambio de situación posesoria a través de actos públicos, notorios,15 inequívocos, con comunicación y oposición, por lo menos con la antigüedad de un año a la fecha del empadronamiento. 3.3 PRUEBA DE LA POSESIÓN PÚBLICA La posesión, en tanto hecho propio de la realidad física, solo puede ser reconocida jurídicamente en cuanto se manifiesta socialmente. En tal sentido, una posesión clandestina no llega a ser tal, pues el adjetivo resulta ser contradictorio con el sustantivo al que pretende calificar. Quien pretende el reconocimiento del orden jurídico como propietario, no puede esconderse u ocultarse, y no puede tener conductas equívocas o fundarse en meras tolerancias del verdadero poseedor, pues la clandestinidad es mirada con repulsa, en cuanto sustrae una cosa del curso natural de las interacciones humanas, a través de la negación de un valor social fundamental como es la comunicación23. La posesión pública implica que ésta se ejerce de modo visible, y no oculta, de modo que se pueda revelar exteriormente la intención de sujetar la cosa. La publicidad no requiere que el propietario tome conocimiento de la situación posesoria ajena, pues basta la objetiva posibilidad, medida de acuerdo a los cánones sociales, de que cualquier tercero advierta la existencia de esa posesión24. Según VÉLEZ SARFIELD, Codificador Argentino, la publicidad no está en relación al número de testigos que pudo presenciar la posesión, sino por la facilidad con la que cada uno de ellos pudo conocerlo25. Por tanto, la posesión pública implica exteriorización natural y ordinaria, no forzada, de los actos de control sobre el bien de acuerdo con los cánones sociales. Una posesión forzada, y no natural, sería aquella que solo se manifiesta en horas en las que normalmente no hay testigos, por ejemplo la noche, o que no pueden advertirse en situaciones ordinarias, como los trabajos subterráneos, siempre que ambas se realicen exclusivamente en esos momentos o lugares. La publicidad posesoria queda excluida en los dos casos siguientes: a) CONTACTO FÍSICO OCULTO: el detentador del bien se limita a tener contacto físico con el bien, pero sin llamar la atención externa de nadie, pues consciente o inconscientemente se busca mantener este hecho en una esfera de clandestinidad. Por ejemplo: un invasor que llega a una casa de playa durante los meses de invierno, sabiendo que sus dueños no la habitan en esa estación del año. Si el invasor no genera acto externo alguno, limitándose a un aprovechamiento individual del bien, sin darle contexto social, entonces el sujeto ni siquiera llega a ser poseedor, y menos aún se encuentra habilitado para la usucapión. b) CONTACTO FÍSICO EQUÍVOCO: el sujeto mantiene contactos poco significativos con el bien, que no denotan con claridad la intención de apropiarla para sí. Por ejemplo: el dueño de una finca permite a su vecino la entrada en su jardín todos los días para contemplar las flores. 23 HERNÁNDEZ GIL, Antonio. Obras completas, Tomo II: La Posesión, Op. Cit., pág POLA, Paola. L usucapione, CEDAM, Padua 2006, pág CALEGARI DE GROSSO, Lydia. Usucapión, Op. Cit., pa g. 192.16 En cualquier caso, la publicidad de la posesión está determinada por la clase de bien del que se trate, por cuanto las exigencias de notoriedad no son las mismas tratándose de una finca que de una joya. Sobre este punto vale la pena citar textualmente al profesor español ANTONIO HERNÁNDEZ GIL: Siempre que se dé el grado de exteriorización propio del uso de las cosas, según la naturaleza de éstas y las circunstancias, la posesión será pública. Lo que ha de hacer el usucapiente es comportarse en la utilización de la cosa, no de un modo especial, sino conforme a los criterios empíricos usuales. Todo ello se traduce, en la práctica, en que el carácter público de la posesión habrá de ser objeto de prueba, como todos los demás requisitos, y será materia de debate de manera, si se quiere, más estricta. Por ejemplo, en una partición hereditaria se ha adjudicado a uno de los herederos una alhaja que el causante tenía en depósito y no corresponde a la herencia. El heredero, que podría ser una señora aficionada a esta clase de objetos, conoce la verdadera procedencia de la alhaja, pero lo silencia y lo recibe con el lote. Si la señora en el uso de esa pieza no hace distinción respecto de las demás, aunque sólo la exhiba en las oportunidades propias del caso, la posesión será pública. No hace falta que no se la quite de encima o que la coloque en un escaparate. La posesión será pública. Si, por el contrario, guarda cuidadosamente la alhaja y, mientras se adorna con las demás, no la saca del joyero y éste lo tiene en una caja fuerte, faltará el requisito de la posesión pública 26. Las pruebas de posesión pública deben conducir a la convicción que el control del bien se realiza ante la presencia de vecinos, colindantes y de cualquier sujeto; lo que implica naturalidad y frecuencia de los actos posesorios. Se acredita mediante la declaración de testigos, ejecución de obras y construcciones, instalación de negocios, arrendamiento del bien, presencia en actividades comunales, uso y pago de los servicios públicos, entre otros. 3.4 PRUEBA DE LA POSESIÓN PACÍFICA El Derecho se crea como un mecanismo ordenador de las conductas humanas, cuyo objetivo, entre otros, es desterrar la violencia. Siendo ello así, es lógico que el legislador habilite la usucapión sólo al poseedor pacífico, esto es, al poseedor sin el vicio de la violencia. Sin embargo, este requisito debe entenderse dentro de ciertos límites, pues su aplicación extensiva implicaría que nadie pueda ganar la propiedad por usucapión, si es que antes no ha adquirido la posesión por medio de una entrega voluntaria. En el Derecho moderno nunca se ha interpretado de esa manera el requisito de la pacificidad de la posesión, pues cuando la posesión se hace valer a tantos años de distancia del momento de adquisición, la génesis de ésta es tomada sistemáticamente lejana del centro de la escena y del juicio HERNÁNDEZ GIL, Antonio. Obras Completas, Tomo II: La Posesión, Op. Cit., Tomo II, pág SACCO, Rodolfo y CATERINA, Raffaele. Il Possesso, Op. Cit., pág. 500.17 Si la posesión pacífica fuese aquella que no lesiona la situación jurídica de otra persona, entonces la usucapión no tendría objeto, pues la aplicación de ésta presupone que exista contradicción entre el poseedor ad usucapionem y el titular del derecho subjetivo28. Por la misma razón, la posesión pacífica no significa que ésta sea incontrovertida, ya que este requisito no es requerido por la norma. Los actos tales como la puesta en mora, las tratativas de negociación, las cartas de requerimiento e incluso la interposición de una acción reivindicatoria no tienen relación con el carácter de pacificidad29. En efecto, es muy común pensar que la interposición de una reivindicatoria hace cesar el carácter pacífico de la posesión30; sin embargo, este criterio debe rechazarse pues la discusión sobre la propiedad no altera el hecho pacífico de la posesión; en realidad, la reivindicatoria, o cualquier otra acción de tutela de la propiedad, logra interrumpir la usucapión, pero NO ELIMINA la posesión31. Por tanto, las interpretaciones extensivas, o meramente gramaticales del vocablo pacífico, deben ser descartadas. 28 En ese clamoroso error incurre la Corte Suprema en la sentencia de 25 de septiembre del 2002 y publicada en el diario oficial el 31 de enero del 2003 (Cas. No CHINCHA): QUINTO.- Que, la interpretación correcta de la norma implica la confluencia de varios requisitos, entre los que se encuentran, el que la posesión sea pacífica, esto es, que la posesión no se haya adquirido por la fuerza, que no esté afectada por la violencia y que no sea objetada, judicialmente, en su origen.... Finalmente, la Corte declaró infundada la demanda de prescripción adquisitiva, a pesar que el actor acreditó la posesión por más de 23 años. Cabe preguntarse: luego de tanto tiempo tiene importancia el origen de la posesión? 29 Esos actos podrían constituirse en causales de interrupción de la posesión y, en consecuencia, de interrupción del plazo exigido para usucapir; pero ese es otro tema: SACCO, Rodolfo y CATERINA, Raffaele. Il Possesso, Op. Cit., pág Es la opinión dominante en nuestros Tribunales. Podemos citar a guisa de ejemplo las siguientes sentencias: Casación No CHINCHA, emitida el 25 de septiembre de 2002 y publicada en el diario oficial el 31 de enero de 2003; Casación No LAMBAYEQUE, emitida el 08 de abril de 2003 y publicada en el diario oficial el 30 de junio de 2004; Casación No TACNA, emitida el 26 de abril de 2004 y publicada en el diario oficial el 30 de septiembre de Generalmente nuestra jurisprudencia confunde la pacificidad con la incontrovertibilidad de la posesión, de tal suerte que si una posesión se discute judicialmente entonces ya no es pacífica. En un caso reciente, las partes en el proceso de prescripción adquisitiva estaban enfrentadas antes en un proceso de desalojo por precariedad; ante ello la Corte Suprema declaró infundada la demanda de usucapión por considerar que no existía posesión pacífica: Sentencia de fecha 08 de abril del 2003 y publicada el 30 de junio del 2004 (Cas. No LAMBAYEQUE). Por otro lado, la jurisprudencia también sostiene, erróneamente, que la interposición de acciones judiciales interrumpe la posesión pacífica, cuando en realidad interrumpen la usucapión. Es el caso de la sentencia de la Corte Suprema del 26 de abril del 2004 y publicada el 30 de septiembre del mismo año (Cas. No TACNA): TERCERO.- Que, la pacificidad, como presupuesto para acreditar la presente acción, significa que la posesión de quien pretende ser declarado ser propietario por prescripción debe transcurrir sin generar ningún conflicto con los derechos de los demás; siendo de considerar que dicho precepto legal se vulnera cuando aparece de autos que la posesión ha sido cuestionada a través de algún proceso judicial que se haya instaurado en su contra y en el cual se discuta respecto del bien sub litis; CUARTO.- Que, cabe indicar que en los presentes autos de prescripción adquisitiva los demandantes pretenden se les declare propietarios del bien sub litis, alegando la posesión continua, pacífica y pública del predio desde el año mil novecientos treintitrés, esto es por más de sesenticuatro años; QUINTO.- Que, asimismo debe tenerse en cuenta que la posesión pacífica en que se amparan los demandantes se ha visto interrumpida por varios procesos judiciales entablados entre las partes actoras, como lo son sobre pago de mejoras (expediente ciento veintiocho noventicuatro), de desalojo por ocupante precario (expediente cuatrocientos veintinueve noventicuatro), demanda de nulidad de suscripción y nulidad de escritura pública (expediente doscientos setentisiete noventicinco); SEXTO.- Que, por ende se concluye que con la sola existencia de un proceso judicial donde se discuta los derechos de personas distintas de quien pretende adquirir el mismo bien por18 Cómo entender correctamente la posesión pacífica? La doctrina considera que la posesión no conduce a la usucapión si la adquisición se encuentra viciada por la violencia, PERO SÓLO HASTA QUE EL VICIO HAYA CESADO32. Por lo tanto, se entiende concluida la violencia cuando la posesión del despojante se consuma por la cesación de actos materiales de violencia (por ejemplo: el poseedor se resigna a la pérdida de la posesión), o cuando la posesión se asienta a favor de una de las partes involucradas, pues concluyen los actos equívocos o no-definitivos de apropiación (por ejemplo: las continuas tomas y re-tomas de la posesión hace que ésta no se asiente a favor de una de las partes y, en consecuencia, la posesión no sea pacífica). Por lo demás, la posesión es un hecho, por lo que la pacificidad como condición de aquella- solo puede referirse a los hechos posesorios. Por tanto, es un contrasentido que la pacificidad pretenda referirse a los derechos, que no viven en el mundo de la realidad material sino de la abstracción. Así, tendremos un hecho posesorio pacífico, es decir, que se ejerce sin violencia, pero jamás tendremos una noción de derecho pacífico. Téngase en cuenta que la antítesis de la posesión pacífica es la posesión violenta, y ambos conceptos son de imposible encaje en el ámbito de los derechos ( existen derechos pacíficos o derechos violentos?). En efecto, un poseedor que es demandado por el propietario en vía de reivindicación, en nada deja de gozar de la posesión pacífica ( o acaso el demandado se vuelve poseedor violento?), y más bien el uso de la justicia institucional demuestra que estamos en las antípodas de la violencia o de la autotutela. Por tanto, es inaceptable confundir los planos. La Sentencia del Pleno Casatorio ha cerrado aparentemente el debate, pues considera que la posesión pacífica se refiere a la falta de violencia actual en la ocupación del bien, y no tiene nada que ver con la discusión judicial de los derechos. Así se dice: b) La posesión pacífica, se dará cuando el poder de hecho sobre la cosa no se mantenga por la fuerza; por lo que, aun obtenida violentamente, pasa a haber posesión pacífica una vez que cesa la violencia que instauró el nuevo estado de cosas (Fundamento No. 44). Por tal motivo, el erróneo criterio de las antiguas sentencias supremas habría quedado superado. Sin embargo, una sentencia posterior de la Corte Suprema continúa hablando que la posesión no es pacífica cuando hay procesos o litigios sobre el bien33. Entonces, cabe prescripción adquisitiva, se interrumpe la posesión pacífica que exige el artículo novecientos cincuenta acotado (...). Finalmente, se declaró infundada la demanda de prescripción adquisitiva. 32 Así lo señala, por ejemplo, el art del Código Civil italiano. 33 DUODÉCIMO.- Que, en el caso de autos corresponde analizar si los recurrentes vienen ejerciendo o no la posesión pacífica del inmueble sub litis; en ese sentido se verifica en autos que los demandados (sic: debió decir demandantes ) poseen el referido bien desde el ocho de octubre del año mil novecientos noventa y tres, en mérito al contrato privado de compraventa obrante a fojas ocho; y que los mismos han sido requeridos notarialmente por los demandados Daniel Alberto, Luis Jaime y Diana Margarita Ballesteros Marroquín con fecha doce de agosto del año dos mil tres, para que desocupen el inmueble sub-litis, quienes además en ese mismo año, les instauraron una demanda de desalojo por ocupación precaria, obrando en autos a fojas doscientos diez copia de la sentencia recaída en dicho proceso, de fecha veinte de septiembre del año dos mil cuatro, que declaró infundada la demanda, en la que se señaló que la posesión ejercida por los ahora demandantes respecto del inmueble sub litis, se encontraba justificada por el contrato privado de compraventa de fojas ocho y que dicho contrato resultaba válido mientras no sea declarada judicialmente su invalidez; siendo que dicha documental fue incorporada al proceso como medio probatorio extemporáneo, conforme se advierte a fojas doscientos veintidós, de lo que se colige, que19 preguntarse si el Pleno Casatorio está cumpliendo sus fines, pues ni siquiera el Máximo Tribunal logra uniformizar su propia jurisprudencia. En cuanto a la prueba de la posesión pacífica bastará la declaración de testigos o la invocación de hechos de la demanda, ya que encontrándose en posesión por tan largo tiempo se genera una máxima de experiencia consistente en que el poseedor es pacífico amparándose en su larga data ; por tanto, la contradicción del demandado deberá destruir la inferencia a través de la prueba de violencia física o falta de consolidación de la posesión. Según la jurisprudencia anterior aquí descartada- debería acreditarse la existencia de procesos judiciales en los cuales se discuta la propiedad o la posesión del bien. El tema todavía se encuentra abierto para el debate doctrinal y judicial. 3.5 POSESIÓN CONTINUA La posesión continua no significa una injerencia asidua o permanente sobre el bien, ya que ello en la práctica es imposible. De seguirse un criterio estricto, el solo hecho que el poseedor se aleje temporalmente del bien, o porque éste duerma al excluirse aquí la voluntariedad-, daría lugar a la pérdida de la posesión. Por ello, el art. 904 CC señala con toda claridad que la posesión se conserva aunque su ejercicio esté impedido por hechos pasajeros. Desde el Derecho romano ya se decía que la posesión se adquiere con el corpus y el animus, pero puede conservarse sólo con el animus34. Por tanto, en la fase sucesiva a aquella de la adquisición de la posesión, ésta se conserva mediante la sola posibilidad de tomar injerencia sobre el bien. Esta enseñanza es plenamente válida en la hora actual, aun cuando sea necesario aclarar que la falta del corpus significa que el poseedor NO necesita una injerencia actual sobre el bien, pues basta una injerencia potencial, a lo cual se le añade la abstención de los terceros. El sujeto conserva la posesión aunque haya perdido el contacto físico sobre el bien, siempre que se encuentre en grado de retomar el contacto en cualquier momento35. Se pueden poner varios ejemplos: Ticio deja la bicicleta a un lado de la calle para tomarla poco después; Cayo deja caer en forma involuntaria un objeto en un lugar donde es difícil encontrarlo. La imposibilidad de injerencia es incompatible con la conservación de la posesión, pero en esta frase debe entenderse una imposibilidad definitiva. Por tanto, se conserva la posesión en aquellos períodos de tiempo en los cuales el bien sea temporalmente inidóneo para sufrir la dominación física o económica del hombre (por ejemplo: fundo ubicado en una zona montañosa accesible sólo en verano)36. En cambio, si un tercero adquiere el poder sobre el bien ( falta de abstención de los terceros ), el sujeto primigenio habrá perdido la posesión. La posesión continua significa mantener en forma constante el control sobre el bien, por lo menos de modo potencial, sin que los terceros interfieran sobre éste. La continuidad los recurrentes no ejercen la posesión pacífica requerida por el artículo novecientos cincuenta del Código Civil debido a que los demandados los han requerido para que desocupen el inmueble sub litis tanto judicial como extrajudicialmente (Casación No LIMA, emitida el 03 de diciembre de 2008 y publicada en el diario oficial el 02 de diciembre de 2009). 34 SCHULZ, Fritz. Derecho Romano Clásico, Bosch Casa Editorial, Barcelona 1960, pág Así opinaba SAVIGNY al interpretar los textos del Derecho romano (Cit. RAMÍREZ CRUZ, Eugenio. Tratado de Derechos Reales, Editorial Rhodas, Lima 1996, Tomo I, pág. 634), siendo este criterio finalmente el que ha prevalecido en la doctrina 36 SACCO, Rodolfo y CATERINA, Raffaele. Il Possesso, Op. Cit., pág20 del hecho posesorio deberá extenderse por el tiempo establecido en la ley para la consumación de la usucapión. La continuidad en la posesión no implica que el uso del bien deba ser igual durante todo el período de la usucapión, ya que este concepto no se entiende en forma rígida. Por tanto, no se impide que el poseedor pueda variar la modalidad de disfrute de la cosa, según las exigencias de una normal gestión económica37. Asimismo, vale la pena hacer algunas precisiones respecto a la prueba de la continuidad en la posesión, y la fórmula legal para aliviar la carga probatoria. Así pues, si la posesión nace de ocupación, tradición o despojo, entonces el poseedor debe probar cualquiera de los actos genéticos antes citados. Empero, la posesión no es un derecho amparado en la prueba de un título (o del acto causal), pues en realidad se trata de una situación de hecho permanente, cuyo acto inicial no prueba por sí mismo la existencia actual de la posesión. Ante tal circunstancia, el legislador se ha visto obligado a establecer presunciones que facilitan la prueba del estado posesorio. En verdad, aunque la posesión pueda sufrir modificaciones con el transcurso del tiempo, la ley, por un afán simplificador, presume la continuidad de la posesión38. En efecto, el art. 915 CC establece que la prueba de la posesión actual y de cualquier otro momento anterior (prueba del acto genético) hace presumir la posesión durante todo el tiempo intermedio. Por ejemplo: si X prueba su posesión actual y la del acto genético acaecido hace diez años (ocupación, tradición, despojo), entonces se presume la posesión de X durante todo el período continuado de diez años, y no sólo en los dos instantes sobre los que existe prueba concreta39. En el caso del art. 915 CC, la afirmación-base (objeto de prueba) es: el poseedor debe acreditar que poseyó el bien antes y ahora, mientras la afirmación-resultado (presunción) es: se presume que poseyó en el tiempo intermedio. Sin embargo, esta presunción es de naturaleza iuris tantum, por cuanto admite prueba en contrario. Y cuál podría ser ésta? La prueba en contrario puede atacar la afirmaciónbase o la afirmación-resultado (presunción). En el primer caso, por ejemplo, puede demostrar que el sujeto no poseyó ni antes ni después; en el segundo caso, en cambio, se puede acreditar que el sujeto no poseyó en el tiempo intermedio40. En nuestro Derecho positivo, la presunción de continuidad en sus dos variantes- sólo opera en cuanto a determinados elementos de la posesión: la continuidad del estado posesorio entre dos puntos temporales (art. 915 CC) y la continuidad de la causa posesoria o del acto genético de la posesión (interpretación del art. 915 CC). Es bueno advertir que en ningún caso SE PRESUME LA POSESIÓN MISMA; es decir, el interesado deberá probar sin ampararse en presunción alguna- el poder de hecho actual 37 POLA, Paola. L usucapione, Op. Cit., pág Incluso, puede hablarse de un principio de continuidad de la posesión, el cual presenta un doble reflejo o proyección: uno, la presunción de continuidad de la posesión en la fase intermedia; y dos, la presunción de continuidad de la causa de la posesión: DÍEZ PICAZO, Op. Cit., Tomo III, pág Se trata de una auténtica presunción legal, esto es, una consecuencia jurídica que cabe dentro de la normalidad de las relaciones sociales según las máximas de la experiencia. La presunción es producto de una relación que enlaza un hecho conocido y cierto con un hecho desconocido e incierto (una afirmación-base se enlaza con una afirmación-resultado, que es el objeto de la presunción): ZAVALA TOYA, Salvador. Las presunciones en el Derecho civil. EN: Derecho. Revista de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, No. 48, pág Ibid., pág. 113. Mostrar más
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