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Timestamp: 2019-09-18 18:54:07+00:00

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No. 50 ¿Turistear o turistizar? by La Jornada del Campo - Issuu
19 de noviembre de 2011 • Número 50 Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver Suplemento informativo de La Jornada
EL VIAJE CIRCULAR Suplemento informativo de La Jornada 19 de noviembre de 2011 • Número 50 • Año V
COMITÉ EDITORIAL Armando Bartra Coordinador
Es necesario fortalecer las resistencias a la usurpación y privatización de territorios, recursos naturales y bienes comunes a la vez que sostener otro desarrollo turístico de carácter endógeno, basado en la economía popular, centrado en la proximidad y construido sobre la base de una alianza entre las iniciativas comunitarias y el pequeño y mediano empresario local.
legoría del tránsito entre nacimiento y muerte que es la vida, el viaje es riesgo y aventura pues en los verdaderos –como en el vivir– sabemos de dónde venimos mas no a dónde vamos. En cambio, los recorridos acotados y previsibles del turismo convencional son apenas sucedáneos descafeinados del verdadero viaje.
Luciano Concheiro Subcoordinador Enrique Pérez S. Lourdes E. Rudiño Hernán García Crespo CONSEJO EDITORIAL Elena Álvarez-Buylla, Gustavo Ampugnani, Cristina Barros, Armando Bartra, Eckart Boege, Marco Buenrostro, Alejandro Calvillo, Beatriz Cavallotti, Fernando Celis, Luciano Concheiro Bórquez, Susana Cruickshank, Gisela Espinosa Damián, Plutarco Emilio García, Francisco López Bárcenas, Cati Marielle, Yolanda Massieu Trigo, Brisa Maya, Julio Moguel, Luisa Paré, Enrique Pérez S., Víctor Quintana S., Alfonso Ramírez Cuellar, Jesús Ramírez Cuevas, Héctor Robles, Eduardo Rojo, Lourdes E. Rudiño, Adelita San Vicente Tello, Víctor Suárez, Carlos Toledo, Víctor Manuel Toledo, Antonio Turrent y Jorge Villarreal.
Derivado de tour, vocablo francés trasladado al inglés y proveniente del latín tornare, turismo designa un movimiento circular que termina donde empezó, a diferencia de viaje, proveniente del latín viaticum, que significa trasladarse de un lugar a otro. Así, el viaje sin retorno precontratado es dislocación e íntima mudanza mientras que el turismo corriente se agota en experiencias epidérmicas y domesticadas tan efímeras como el bronceado veraniego de la piel. Los viajes verdaderos como los emprendidos por Cristóbal Colón, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, los migrantes de la diáspora latinoamericana o los usuarios de alucinógenos son saltos al vacío que descentran al viajante y a veces al mundo. Los adocenados tours vacacionales, en cambio, ratifican al turista en la hogareña cotidianidad del que muestra a los (fastidiados) amigos los registros digitales de sus últimas vacaciones. Impulsado sobre todo por los ingleses, el turismo se expande a partir de la segunda mitad del siglo XIX a la par que se globaliza el mercado, se perfeccionan los medios de transporte y culmina el reparto del mundo entre las potencias imperiales encabezadas por la misma Inglaterra que en 1857 funda el British Alpin Club y que tanto gusta de los “viajes de placer”.
ILUSTRACIÓN: Hernán García Crespo
Ernest Cañada, de Alba Sud y Mauricio González, Milton Gabriel Hernández, Karla Cruz-González y Sofía Medellín, de CEDICAR, fueron coeditores en el presente número del suplemento.
queños grupos. Pero, sobre todo, que buscan establecer una relación horizontal, respetuosa y fraterna entre las comunidades receptoras y sus visitantes, quitándole al turisteo el tufo racista, clasista y colonialista que lo impregna desde hace casi dos siglos.
Hoy diez grandes cadenas de servicios turísticos tienen hoteles en más de 30 países cada una y las tres mayores están en más de cien. En cuanto a cuartos de hotel, las diez punteras disponen de más de cien mil cada una y las cuatro mayores cuentan cada una con más de medio millón de cuartos. El boom de inversión hotelera e inmobiliaria turística en los años anteriores a la crisis recesiva de 2008 estuvo asociado con la especulación financiera y los movimientos de los fondos de inversión, porque al igual que el petróleo y los alimentos, el turismo es un negocio sustentado en las rentas y donde lo que cuenta no es tanto la producción de servicios como lo que Allen Cordero llama “acaparamiento de las posibilidades de inversión”. Es decir la privatización de los territorios con bienes culturales o naturales atractivos, pero también de los subsidios y exenciones que ofrecen los estados, de la infraestructura desarrollada con recursos públicos y de la mano de obra local dispuesta a aceptar empleos precarios. Los capitales turísticos, escribe Maciá Blázquez, “buscan entornos institucionales menos exigentes: con medioambiente contaminable; recursos naturales sobre explotables; tierra, agua y ecosistemas enajenables; población subcontratable; estatización de los gastos de infraestructura; exenciones fiscales (…)”.
Cuando no se trata de simple discurso “políticamente correcto”, nos encontramos frente a lo que Allen Cordero llama “democratización social del turismo”: iniciativas provenientes de organizaciones populares o de pequeños prestadores de servicios, que no se despliegan en los grandes centros sino en comunidades pequeñas y dispersas, y que no pretenden atraer a contingentes numerosos sino a pe-
En México el turismo masivo es posrevolucionario. En 1920 visitaron el país apenas ocho mil turistas extranjeros, para 1940 llegaron 250 mil y en 1960 ya fueron 761 mil. Pero la afluencia se disparó a raíz de la promoción que representaron las Olimpiadas de 1968 y el Mundial de Fútbol de 1970, de modo que para 1980 ingresaron unos cuatro millones de turistas y actualmente llegan cada año alrededor de 20 millones, a los que hay que agregar más de 60 millones de turistas nacionales que se alojan en hoteles. La industria turística representa alrededor de ocho por ciento del Producto Interno Bruto, emplea a unos dos millones de personas y genera ingresos a la nación del orden de 13 mil millones de dólares, sólo superados por la exportación de petróleo y las remesas. Pero la industria turística nacional tiene fuertes impactos sociales y ambientales y está altamente concentrada en un pequeño grupo de cadenas prestadoras de servicios, pues de los 15 mil hoteles con 600 mil cuartos disponibles, más de la cuarta parte y los mayores y mejores, pertenecen a las grandes cadenas, muchas de ellas trasnacionales. De estas últimas, un buen número es de empresarios españoles que –como nos informa Joan Buades–, al saturar las posibilidades de su emporio en las islas Baleares, “extienden su modelo allende los mares, en una especie de ’recolonización’ latina, integrándose con compañías aéreas, agencias de viaje, operadores turísticos, urbanizadores, especuladores inmobiliarios y entidades financieras para exprimir América Latina”. El capital ibérico tiene 60 grandes hoteles en México y sólo en Cancún opera 25 mil cuartos. Así, hay que dar la batalla en tres frentes: denunciar y revertir el carácter predador del gran turismo, tanto del elitista como el de masas; impedir la privatización para usos turísticos de tierras y aguas de valor ambiental y sociocultural, e impulsar la democratización social del turismo por medio de proyectos de base cooperativa y/o comunitaria. “El turismo no es un campo inerte dominado por una sola fuerza –ha dicho Allen Cordero–, sino un espacio de poder y por ende de contradicciones permanentes”. Y es en ese espacio donde habrá que demostrar que otro turismo es posible.
LAS DOS CARAS DEL CAMPO MEXICANO SUR Y NORTE, COMUNIDADES Y RANCHOS, INDIOS Y CAMPESINOS Armando Bartra
ace un siglo, el 28 de noviembre, en Ayoxuxtla, Puebla, los zapatistas firmaron el Plan de Ayala. Momento histórico en el que política y simbólicamente el campesinado mexicano aparece como un actor y un proyecto diferentes de los otros ya actuantes en la generalizada algarabía revolucionaria. Pero en rigor la conformación de una fuerza campesina de alcance nacional tendría que esperar otro acto político simbólico: el encuentro entre Francisco Villa y Emiliano Zapata en Xochimilco el 4 de diciembre de 1914. Tanto por razones político militares como socioculturales, el acuerdo entre la División del Norte y el Ejército Liberador del Sur no fue fácil. Pero no podemos encontrar en el siglo XX mexicano un evento de mayor trascendencia, pues en el encuentro norte y sur, Aridoamérica y Mesoamérica, ranchos y comunidades, campesinos e indios se hicieron parte de un mismo sujeto histórico. “Muy distinta era la concepción agraria de los hombres del Norte comparada con la manera como los del Sur entendían el problema –escribe un testigo privilegiado, el zapatista Antonio Díaz Soto y Gama–. Para el Sur la principal preocupación era la restitución y dotación de tierras comunales a los pueblos. Así lo afirma el Plan de Ayala, traducción fiel
del pensamiento suriano. Para los norteños la solución radicaba en el fraccionamiento de los enormes latifundios y en la creación de gran número de pequeñas propiedades, con extensión suficiente para soportar el costo de una buena explotación agrícola (…) una unidad que mereciera el nombre de rancho. Más individualista el norteño, más ajeno a la tradición comunal del antiguo Calpulli, más deseoso de ejercitar a plenitud las funciones del libre propietario (…)”. La cuestión de las diferencias tiene actualidad y globalidad, pues por el talante de sus protagonistas, a la vez étnicos y clasistas, las revoluciones que hoy se despliegan por el mundo andino-amazónico son campesindias. Como lo fue hace cien años la Revolución mexicana. Sólo que en un país de extenso y diverso territorio con amplio y variopinto mestizaje, el sujeto étnico-clasista tuvo que construirse sobre la marcha a mediados de la segunda década del pasado siglo. Esta es la historia.
Los del norte eran campesinos mestizos que luchaban por tierras para reconstruir la agricultura familiar, los del sur eran indios que luchaban por tierras para reconstruir la comunidad. Y tanto su talante, como sus demandas, como su cultura, como su forma de guerrear, eran distintas. En el norte, el nomadismo de las tribus cazadoras y recolectoras, la colonización ranchera y el trabajo itinerante en cosechas, minas y tendido de vías, dieron lugar a un ejército campesino, la División villista, militarmente aguerrida y con una gran movilidad geográfica. En cambio en el centro y sur el sedentarismo de comunidades de ancestral cultura agrícola gestó al Ejército Liberador zapatista, un campesinado en armas que se sentía mal cuando se alejaba demasiado de sus pueblos y de sus milpas.
En un norte árido y poco poblado que sin embargo los grupos nómadas originarios reivindicaban como propio, los colonizadores blancos y mestizos fueron “mata apaches”. Pero cuando por fin derrotaron a las tribus y hubo paz llegó el vertiginoso latifundio ganadero a despojarlos a ellos de las tierras por las que habían derramado sangre. Entonces los “mata apaches” se volvieron apaches ellos mismos: bárbaros del norte que defendían sus campos contra el terrateniente y que años después se fueron a la revolución agraria encabezados por un bandido: Francisco Villa.
Ranchero y mestizo, el villismo era ubicuo y dislocado, mientras que el zapatismo, nahua y comunitario, era de acendrada vocación local.
En el sur pródigo y socialmente más denso, los nahuas herederos de las grandes civilizaciones no habían sido exterminados sino progresivamente expropiados de sus tierras y aherrojados al latifundio, de modo que cuando vieron la oportunidad se alzaron en armas para recuperar lo perdido, y lo hicieron encabezados por un caballerango: Emiliano Zapata.
En el arranque del tercer milenio los problemas del campo son distintos pero igual de graves que hace cien años. Y hoy como entonces, su solución pasa por la convergencia respetuosa de los diversos, por la unidad de los muchos Méxicos que nos conforman.
Pero Villa y Zapata supieron ponerse de acuerdo y desde entonces norte y sur, campesinos e indios, nómadas y sedentarios, rancheros y comuneros lucharon unidos por Tierra y Libertad, haciendo de la mexicana la primera revolución de la historia protagonizada por los campesindios.
(firmado en Ayoxuxtla, Puebla, el 28 de noviembre de 1911)
(formulada en León, Guanajuato, el 24 de mayo de 1915)
6º. (…) los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, ciéntíficos o caciques a la sombra de la justicia venal, entrarán en posesión de estos bienes inmuebles dede luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos, correspondientes a estas propiedades, de las cuales han sido despojados por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance y con las armas en ola mano la mencionada posesión (…) 7º. En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son mas dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la Industria o a la Agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas; por esta causa se expropiarán previa indemnización, de la tercera parte de esos monopolios a los propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para los pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos 8º. Los hacendados, científicos o caciques que se opongan directa o indirectamente al siguiente plan, se nacionalizarán sus bienes y las dos terceras partes que a ellos les correspondan se destinarán para indemnizaciones de guerra, pensiones de viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en la lucha del presente plan.
“Considerandos: (...) la gran desigualdad en la distribución de la propiedad territorial ha producido la consecuencia de dejar a la gran mayoría de los mexicanos, a la clase jornalera, sujeta a la dependencia de la minoría de los terratenientes; dependencia que impide a aquella clase el libre ejercicio de sus derechos civiles y políticos (…) Artículo 1. Se considera incompatible con la paz y la prosperidad de la República, la existencia de grandes propiedades territoriales (...) Artículo 3. Se declara de utilidad pública el fraccionamiento de las grandes propiedades territoriales (...) Artículo 7. La expropiación (...) comprenderá también la parte proporcional de muebles, aperos, máquinas y demás accesorios que se necesitan para el cultivo (...) Artículo 12. Las tierras expropiadas (...) se fraccionarán inmediatamente en lotes que serán enajenados a precios de costo (...)
Las enajenaciones se harán siempre a título oneroso, con los plazos y condiciones de pago más favorables a los adquirientes (...) No se enajenara a ninguna persona una porción de tierra mayor que la que garantice cultivar. Las enajenaciones quedarán sin efecto si el adquiriente dejase de cultivar sin causa justa durante dos años (...) La extensión de los lotes en que se divida un terreno expropiado no excederá en ningún caso de la mitad del límite que se asigne a la gran propiedad (...) En los terrenos que se fraccionen (...) se dejarán para uso en común(...) de los parcelarios, los bosques, agostaderos y abrevaderos (...) Artículo 17. Los gobiernos de los estados expedirán leyes para constituir y proteger el patrimonio familiar sobre las bases de que este sea inalienable, que no pueda gravarse ni estar sujeto a embargos.
El 28 de este mes, a invitación el pueblo de Ayoxuxtla, representantes de organizaciones campesinas y movimientos popula como el Consejo Nacionresal de Organizacion Campesinas (Conoc), esUnión Nacional de Organizaciones Regionales Campesina Autónomas (UNORCA),s Central de Organizaciones Campesinas y Populares (Cocyp) y Movimiento Regeneración Nacional (Morena), conmemorará la firma del Plan de Ayalan en un evento que es también arranque de la campaña por constru el Plan de Ayala del sigloir XXI y la convergencia social necesaria para sacarlo adelante. En buena hora.
Coordinador de Alba Sud – Investigación y Comunicación para el Desarrollo
l turismo comunitario recibe una atención creciente en América Latina. En numerosos países se han creado redes y plataformas de coordinación e incluso cámaras de este tipo de iniciativas; se formulan políticas na-
cionales orientadas directa o indirectamente hacia el sector; la cooperación internacional destina importantes fondos para su desarrollo; una parte del empresariado turístico descubre la potencialidad de su oferta y busca cómo establecer alianzas comerciales, y la academia centra cada vez más su atención en el análisis de estos procesos. Este protagonismo no deja de ser un arma de doble filo: si bien puede significar una forma de ampliar sus potencialidades, al mismo tiempo
Por nuestra parte, lo hemos definido como un modelo de actividad turística desarrollada principalmente en zonas rurales y en el que la población local –en especial pueblos indígenas y familias campesinas–, por medio de sus distintas estructuras organizativas de carácter colectivo, ejerce un papel preponderante en el control de su ejecución, gestión y distribución de beneficios. Su desarrollo se concreta en múltiples formas, según sean las características particulares que tiene la comunidad rural en cada contexto, especialmente en relación con sus capacidades de actuación política y estructuras de organización. En su origen el turismo comunitario no nace como sustitución de las actividades agropecuarias tradicionales (agricultura, ganadería, pesca, producción artesanal, etcétera), sino como una forma de diversificar y complementar las economías de base familiar campesina e indígena. La principal fortaleza de su oferta turística, independientemente de
LOS RETOS DE UNA ANTROPOLOGÍA DEL TURISMO Jesús Antonio Machuca DEAS-INAH
l turismo es un sector en expansión de la economía mundial que se ha venido incrementando de manera notable en las recientes décadas. Es parte del mismo proceso de mundialización que ha colocado a numerosas comunidades en condiciones de sobrevivencia y extrema precariedad y que ha conducido a la población mundial a abandonar las actividades agrícolas y emigrar de modo continuo en busca de fuentes de trabajo y de nuevos medios de vida. Sin embargo este es un hecho que se omite con frecuencia en los estudios que pretenden dar cuenta del aspecto más benéfico del turismo. Desde el surgimiento de dicho fenómeno, y a todo lo largo del siglo XX, la antropología pudo constatar en el turista una figura no muy distinta del propio antropólogo cuando entra en contacto con las otras culturas exóticas con el fin de estudiarlas (y ha podido contemplarse por ello así, como ante un espejo).
LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE EMPRESAS COMERCIALIZADORAS DE PRODUCTORES DEL CAMPO ΈANECΉ
LAMENTA EL FALLECIMIENTO DE RAFAEL JACOBO FEMAT GARCÍA, DIRIGENTE DE LA COCYP. ACOMPAÑAMOS Y NOS SOLIDARIZAMOS CON SU FAMILIA, AMIGOS Y COMPAÑEROS DE LUCHA.
DESCANSE EN PAZ. MÉXICO, D.F. 13 DE NOVIEMBRE DE 2011
En la actualidad, con el desbordamiento de los flujos y la familiaridad de los encuentros entre anfitriones y huéspedes, se desarrolla una compleja trama de interacciones por la cual parece haberse sobrepasado la distancia de una alteridad diagnosticada en otro momento como irreductible. Con ello se han generado formas –de relaciones y servicios– estandarizadas, así como de segmentación del mercado en espacios de un multiculturalismo asimétrico que ha suscitado cambios notables en las culturas vernáculas. El panorama del turismo se ha diversificado ante todo como una oferta de servicios y experiencias de lo más diverso: el ecoturismo, el turismo rural, de aventura, de riesgo; el cultural, además del tradicional de sol y playa. Los estudios antropológicos constatan que en esos espacios se producen situaciones en las que aparentemente se borra la distancia entre visitantes y residentes, y los espectadores devienen en actores involucrados. Incluso, hay quienes sugieren la formación de categorías sociales intersticiales y la virtual desaparición del propio turista (ver Yanes, Sergi. “The social conceptualization of the tourism”. Turiscòpia and Observatori de la Vida Quotidiana, www.turiscopia.blogspot.com, www.ovq.cat).
Hay una contradicción insuperable en el principio de esa exigencia, pues el proceder en el sentido de que el turista acceda a experiencias de autenticidad, tiene simétricamente como resultado la desaparición de la autenticidad que se persigue, por lo que ésta se convierte en una ilusión. Como el contacto que sobreviene es masivo, recurrente y continuo, tiene en su propia manifestación –como consecuencia– la anulación de aquello a lo que se pretende asistir. La antropología ha podido constatar en esta situación el síntoma de la inaccesibilidad del objeto perseguido (de manera análoga al objeto inalcanzable del deseo que describió Freud). Pero también, la confirmación de que aquello que se hace a título del sujeto soberano, como dueño de sus elecciones, es en los hechos del orden de una masa de consumidores. La pregunta que surge es si en el ámbito turístico, la cultura –transfigurada en un simulacro, disfrazada en la parodia de sí misma, con lo que denota las nuevas formas de servidumbre– puede seguir siendo algo significativo después de ser vertida y puesta en función de la dinámica del mercado.
cuáles son las actividades concretas que el turista puede llevar a cabo en cada lugar, se ha basado en posibilitar un espacio de encuentro y acercamiento vivencial con la gente que habita en el campo y con lo que hace cotidianamente. Y esta es la principal fuerza del campesinado y los pueblos indígenas, en lo que ningún otro tipo de oferta turística les puede superar. Las políticas de exclusión y empobrecimiento de muchas zonas rurales estuvieron en el origen de esta necesidad de generar alternativas y nuevas fuentes de empleo en áreas rurales. Pero además de cooperativas agropecuarias, familias campesinas y pueblos indígenas que buscaron en el turismo comunitario un modo particular de ampliar y complementar sus ingresos, otros colectivos han incursionado en este mismo camino. Es el caso, por ejemplo, de organizaciones ambientalistas y de conservación de base comunitaria que querían desarrollar actividades amigables con la naturaleza ahí donde ya estaban interviniendo; el de comunidades y pueblos en situación de postconflicto que trataban de reinsertarse en la vida civil con nuevas actividades y mantener viva la memoria colectiva, o el de grupos de mujeres que intentaban aumentar su
Todo parece indicar que se diluye ese objeto tradicional de la antropología que era la figura del otro exótico (que en ocasiones viene inversamente a ser el propio turista). El “nativo”, por su parte, se ha integrado y adaptado con gran facilidad a la febril dinámica de la globalización. Ello va aparejado asimismo al desvanecimiento de las cultura vernáculas, tal y como las ha definido y aún trata de rescatar la propia Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Por otro lado, los estudios sociológicos y antropológicos sobre el turismo –y el interés en las carreras de turismo ligadas al sector– han experimentado un ascenso notable en todo el mundo, y autores que desestimaban este campo escriben ahora acerca del mismo con interés creciente. Se propone la instauración de observatorios mundiales y el monitoreo de sus impactos, ya que se inscribe en los movimientos económicos globales como una de las más importantes fuentes de ingresos en los países, pero también de los ámbitos más sensibles de la sociedad del riesgo, vulnerable por las vicisitudes financieras en el mundo, amenazada por catástrofes naturales, las pandemias como el H1N1 o el narcotráfico, como ha sucedido en México.
Fenómenos de este tipo han obligado a los estudiosos de las transformaciones culturales a generar nuevas maneras de enfocar y conceptualizar la realidad que resulta de esos encuentros e interrelaciones, cuyas fronteras (entre turistas y no turistas) se han vuelto difíciles de dilucidar. A su vez, los habitantes desarrollan una capacidad adaptativa a las condiciones de una economía en la que el atractivo expuesto en el mercado es su propia cultura. Y se ven en la situación de producir un efecto de autenticidad donde ya se ha generado una forma de producción estandarizada, ante la recurrente demanda turística, que a su vez pretende y exige acceder a lo que es original.
FOTO: Karla Cruz-González Zamora
lo sitúa en terreno de disputa entre intereses divergentes. En este campo de múltiples influencias en contradicción se vuelve más necesario, si cabe, rediscutir cómo entender el turismo comunitario.
19 de noviembre de 2011 autonomía económica y posibilidades de empoderamiento.
La antropología se transforma inevitablemente al conocer los fenómenos que estudia. Al redescubrir las transformaciones de la alteridad que supone esta mutación de la sociedad contemporánea, se desdibuja por otra parte lo que consideró como su objeto original de estudio. Otros retos se añaden a lo anterior: los de la avalancha empresarial sobre las regiones ricas en biodiversidad y diversidad cultural, en lo que, sin exagerar podría caracterizarse como una nueva etapa de la explotación territorial por parte del capital turístico. Los consorcios del ramo se desplazan reconvertidos en el turismo de aventura, como sucede actualmente de Chiapas, donde los grupos de hoteleros presionan avanzando sobre las áreas restringidas de la Reserva de la Biósfera de Montes Azules (Selva Lacandona) con el aval de la propia Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de la Secretaría estatal de Turismo. Los promotores de estos proyectos aprovechan las condiciones creadas previamente por las comunidades que han pretendido desarrollar un turismo de bajo impacto. Una cuestión está en saber si el turismo podría llegar a emanciparse de los agentes que lo promueven y a constituirse en un ámbito de socialidad de la misma naturaleza que cualquier otra comunidad humana, o es un ámbito superficial
Jordi Gascón FOTO: Karla Cruz-González Zamora
Paradójicamente, a medida que el turismo comunitario ha ido ganado protagonismo, desde algunas instancias tiende a ser confundido o considerado simplemente como un subproducto del turismo rural. Esta distinción no es un problema menor. Si todo se convierte y diluye en el turismo rural, pierde protagonismo la apuesta que hacen los sectores más desfavorecidos para intentar apropiarse de una determinada actividad, recursos y territorios. El riesgo está en que quienes acaben siendo los principales beneficiarios de las políticas públicas y de cooperación sean los sectores con más recursos con presencia en el ámbito rural. Esto es lo que ha ocurrido en muchos lugares de Europa, donde los sectores que continuaban vinculados a la producción agropecuaria y que complementan sus ingresos con algún tipo de actividad turística han sido arrinconados y marginalizados. De este modo, dentro del turismo rural hemos acabado por encontrar cada vez más a grandes inversionistas desligados de esos territorios y de las preocupaciones de su población originaria. La discusión en realidad no se reduce a un problema técnico, de la oportunidad o no de crear
LA POBRE VISIÓN DE LA POBREZA EN LA METODOLOGÍA PRO-POOR TOURISM (PPT)
subproductos turísticos, sino de clase: del posicionamiento de una actividad económica en manos de determinados grupos sociales. El turismo comunitario tiene que ver, en definitiva, con una voluntad de apropiación de las poblaciones rurales organizadas sobre sus recursos y territorios. No representa otra cosa que una búsqueda y afirmación de control social. Esta es la aspiración que el turismo comunitario no puede perder entre los focos de esta atención pública creciente.
Por fortuna, no sólo prevalecen los estereotipados rituales a la carta en los enclaves turísticos de la Rivera Maya. También los actores sociocomunitarios que no se han integrado en los circuitos dominantes de las empresas transnacionales del turismo (como la Red Indígena de Turismo Alternativo, RITA) o las cooperativas de la Sierra Norte de Puebla se han aventurado en este campo, y generan su propio modelo, incursionado con propuestas que abarcan el ordenamiento territorial y la preocupación por la preservación de los recursos ambientales, promoviendo un tipo de turismo en ámbitos socialmente orientados hacia un fomento de relaciones más cabalmente interculturales. Está por verse, sin embargo, si el turismo comunitario alternativo, logrará salvar los retos que ha enfrentado en su respectivo terreno la antropología, evitando la mercantilización y la masificación avasalladora que conlleva el fenómeno turístico, a menos que esas consecuencias sean una característica ineludible y consustancial al mismo.
en su 4o. Aniversario geaac.org
ctualmente la metodología Pro-Poor Tourism (PPT) es la estrategia de cooperación en turismo de mayor renombre internacional: organizaciones no gubernamentales para el desarrollo (ONGD) y organismos oficiales de cooperación de todo el mundo la han asumido, así como la Organización Mundial del Turismo (OMT) y la plataforma de empresas transnacionales World Travel & Tourism Council (WTTC). Este éxito en ámbitos tan conservadores como la OMT y la WTTC es resultado de su carácter acrítico. PPT no enfrenta al modelo económico dominante ni las causas de la pobreza estructural. Por el contrario, incluso plantea la posibilidad de convertir en agentes de cooperación a quienes más se benefician de ese modelo económico, como el capital trasnacional.
y artificialmente producido por el mercado e irremediablemente dependiente del mismo. Y si las ciencias humanas y sociales tienen todavía en ello un objeto sobre el cual descubrir facetas de la vida humana que sean significativas.
CEDICAR El Grupo de Estudios Ambientales, GEA AC, le desea larga vida a
Miembro de Acción por un Turismo Responsable y el Col.lectiu d’Estudis sobre Cooperació i Desenvolupament, de España
FELICITA EN SU 4° ANIVERSARIO, Y AGRADECE LA SOLIDARIDAD DE QUIENES HACEN POSIBLE
proceso los más pobres consigan aumentar sus ingresos. Y es que quien obtiene más beneficios aumentará su poder económico (mayor acceso a los recursos) y político (mayor papel en los procesos de toma de decisiones). El caso de la inflación generada por el turismo ejemplifica lo dicho. La llegada multitudinaria de visitantes a un destino presiona sobre los precios de los servicios y productos locales. Y esto sucede tanto en Cancún, una de las zonas de México donde la canasta básica es más cara, como en Barcelona, donde un estudio descubrió hace unos años que el turismo era la principal causa externa de la disparada inflación catalana. Y no olvidemos que la inflación significa, en términos reales, empobrecimiento para aquella población cuyos ingresos no aumentan al mismo ritmo que el Índice de Precios al Consumidor. Y esto pasa con frecuencia. En zonas de Mallorca, por ejemplo, muchos jóvenes se ven abocados a la emigración, no por la ausencia de fuentes de trabajo o por su talante aventurero, sino porque el precio del suelo es tan elevado, resultado del boom del turismo de segunda residencia, que no pueden asumir el costo de una vivienda. Su visión de la pobreza deja ciego a PPT frente a esta realidad. Y esta ceguera le lleva a buscar la complicidad del gran capital hotelero, principal causante y beneficiario de los modelos turísticos de enclave que provocan procesos como el descrito.
Este objetivo sólo se puede sustentar en una concepción pobre de la pobreza –valga la redundancia–. Una concepción que considera la pobreza en términos absolutos, por la cantidad de dinero que tiene un individuo.
En realidad PPT surge como una propuesta propia de la ortodoxia neoliberal, según la cual el desarrollo económico es fundamental para la lucha contra la pobreza. Y la participación del capital trasnacional, clave. Cuanto mayor sea el número de hoteles, casas de segunda residencia o espacio dedicado al turismo, mayores “beneficios marginales” llegarán a la población local. Factores generados por el desarrollo turístico como el incremento de la diferencia socioeconómica, los procesos migratorios, las condiciones laborales injustas, la destrucción de ecosistemas o la distribución no equitativa de beneficios, son considerados por PPT fenómenos secundarios ante la supuesta posibilidad que ofrece el turismo de generar unos ingresos magros por medio de sueldos bajos, propinas o venta de artesanías. Beneficios que, como hemos visto, muchas veces desaparecen por el efecto inflacionario que provoca el sector, pero también por otros factores como la sustitución que el turismo hace de sectores económicos preexistentes como el agrario.
Sin embargo, ya hace décadas que investigadores y especialistas definen la pobreza de forma relativa: la pobreza y la marginalidad no dependen tanto de la cantidad de ingresos obtenidos como de la situación del individuo en la estructura social. Así pues, el aumento de las diferencias socioeconómicas –como las que genera una distribución no equitativa de los beneficios turísticos– implica siempre empobrecimiento real, aunque en el
Para PPT, en fin, cualquier modelo turístico es aceptable, siempre que genere beneficios marginales para la población pobre. El problema es que muchos de esos modelos son, por su naturaleza, insostenibles, propician la concentración de la riqueza y enajenan los recursos necesarios para el desarrollo de sectores económicos esenciales. Y PPT carece de los instrumentos adecuados para hacer una lectura de esta realidad.
El objetivo de PPT, como queda explícito en sus documentos fundacionales, es el incremento de los ingresos de los sectores sociales más desfavorecidos, por medio del turismo, aunque estas ganancias sean marginales y sean otros quienes acaparen la mayor parte de los beneficios de la actividad. PPT considera que, aunque los beneficios del turismo que llegan a los sectores sociales pobres sean, a nivel “macro”, poco sustanciales, son significativos para sus deprimidas economías.
PASEO DEVALUADO PERO XOCHIMILCO ES OTRA COSA
trajinera y se ahogó”, fue la versión entonces de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal).
Dice Gabriela Avendaño, de 20 años: “Soy de Tehuacán, Puebla. Es la primera vez que vengo y no me gustó. Deberían procurar que esté limpio el lugar, dar un buen aspecto para los turistas. Está muy sucio, hay mucha contaminación, basura. Deberían tener programas para el cuidado. Es poquito lo que pagamos (subimos 13 a una trajinera y nos cobraron 300 por hora y media), pero podrían cobrar más e implementar más cosas. Lo que más venden en lanchas alrededor es bebida embriagante, y tacos y comida chatarra, ningún platillo que distinga a Xochimilco”.
“Xochimilco no sólo tiene canales. Los canales se están terminando, secando. Y el turismo ya está buscando algo más. Hay un movimiento cultural de la ciudadanía y ofrecemos visitas guiadas al ex convento de Fray Bernardino de Siena (monasterio franciscano del siglo XVI, con obras artísticas muy particulares pues Xochimilco fue de los primeros pueblos evangelizados de México), recorridos a fábricas de amaranto, a donde se hace el dulce cristalizado, a museos; tenemos zona de montaña donde podemos hacer senderismo y campismo. Además, las chinampas están dando un cambio no tanto de cultivo, sino que se están enfocando al ecoturismo (como ocurre en el embarcadero de Cuemanco…) Del 4 al 11 de diciembre se va a llevar a cabo un festival gastronómico, tratando de rescatar la comida autóctona de la región (tlatiques, que son tamales de pescado con hoja de maíz; cuellamolli, un platillo con ancas de rana, y el necuatolli, dulce que se elabora para las ofrendas de muertos, entre otros). Estamos tratando de crear un nuevo turismo, dándole otra visión”.
Esta situación es realmente penosa, pues Xochimilco –que en náhuatl significa “En la sementera de flores”–, más allá de ser considerado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural de la Humanidad, implica una gran riqueza histórica, cultural y de la naturaleza.
Irene comenta que la imagen deteriorada de Xochimilco tiene que ver con intereses oscuros, pues viajar en trajinera es muy seguro, incluso de noche, y sin embargo los medios difunden profusamente los accidentes que ha habido. El turismo también se ha deteriorado, dice, pues ya la Secretaría de Educación Pública impide las visitas escolares a las chinampas.
Además de eso, según reportan los visitantes, el agua de los canales está muy contaminada, hay descuido de la vegetación, la oferta de alimentos es de baja calidad y sobre todo de bebidas alcohólicas y los responsables de la renta de trajineras abusan en los precios cuando el cliente se deja.
ochimilco es uno de los destinos tradicionales del turismo de fin de semana en el Distrito Federal. Su principal atractivo, el paseo en trajineras por los canales rodeados de chinampas y vegetación, es parte de los buenos de recuerdos de muchos adultos –que en su niñez hicieron allí una visita escolar y tal vez otras con la familia en ambientes con música de mariachis y marimba y comida mexicana–, pero hoy se encuentra en declive por varios motivos. Si bien es cierto que transitar entre las chinampas es un espectáculo sin igual en el mundo pues representa “un museo viviente de lo que fuera la antigua Tenochtitlan”, según varios historiadores, y las chinampas son construcciones únicas –islas artificiales, todas alineadas, hechas con el propio lodo subterráneo y sobre el enramado de cañas y varas–, también es un hecho que Xochimilco ha atraído en los años recientes a grupos de jóvenes que sólo quieren alcoholizarse, y ha habido algunos accidentes y varias muertes. Una noticia muy sonada ocurrió en septiembre de 2005: un joven de 20 años de edad murió ahogado en Xochimilco. Formaba parte de un grupo de 400 jóvenes que abordaron 20 trajineras en el embarcadero de Nativitas y se hundieron por el sobrepeso. “Estaban amarrando las trajineras unas con otras, bebiendo mucho alcohol, varios se cayeron al agua, pero el que murió quedó debajo de una
Irene López Medina, miembro de la Compañía Artística Tlatemoani –la cual presenta, entre otras, la obra de teatro Regreso al Micltán en una chinampa y con el auditorio sentado en trajineras, con motivo de la celebración del Día de Muertos desde la perspectiva prehispánica— comenta: “Soy originaria de Xochimilco. Soy administradora de empresas turísticas; he trabajado en el archivo histórico, en bibliotecas, en Turismo (en el área gubernamental de la delegación). El turismo ha bajado últimamente. Desafortunadamente por la influencia que tenemos del extranjero, no valoramos nuestras raíces, nuestras tradiciones (…) De allí viene la inquietud de nosotros de hacer este tipo de eventos con danza, música y teatro. Tenemos una obra que es Xochimilco en camino a la sementera de flores, que representa la historia de Xochimilco desde su fundación.
CÓMO INICIÓ EL TURISMO A XOCHIMILCO
LA VISITA A LAS CHINAMPAS
La buena noticia es que grupos culturales formados por los propios nativos de Xochimilco están haciendo esfuerzos por atraer al turismo.
Hasta las primeras décadas del siglo XX la acƟvidad fundamental de Xochimilco fue la agricultura y su producción era transportaba en trajineras desde las chinampas hasta los principales mercados de la ciudad de México, como La Merced y Jamaica. Sin embargo, la comunicación fluvial entre Xochimilco y la Ciudad de México fue suspendida con la clausura y entubamiento del canal de La Viga. Y precisamente esta clausura propició el auge de Xochimilco como desƟno turísƟco.
Anáhuac González González, administradora del Archivo Histórico y Hemeroteca de Xochimilco, relata que el canal de la Viga era una zona turísƟca importante en la época colonial; “allí se hacían fiestas, se organizaban paseos sobre el canal, en Iztacalco. En las canoas había bailes, estaban las chinas poblanas. Guillermo Prieto hace disƟntas narraciones de cómo eran las fiestas en ese canal. “Luego, cuando, se construyó el acueducto de Xochimilco, y entró el tren, el tren empezó a transportar gente que llegaba a conocer las obras de acueducto (muy moderno y espectacular) y a ver los mananƟales. Era gente pudiente de la época porfirista todavía. Las canoas eran muy sencillas, con un techito de un petate o de pajita. “En los años 40s comenzó la desecación del canal de La Viga, se acabó el turismo canelero allí y se trasladó totalmente hacia Xochimilco y, con ello, una de las tradiciones más importantes que es ‘La flor más bella del mundo’, que es la fiesta más grande y popular de Xochimilco. Ahora, a pesar de toda la problemáƟca, y de que se está perdiendo la agricultura, Xochimilco sigue siendo bello y Ɵene mucho que ofrecer”.
PARQUE EL TEPOZÁN FOTOS: Lourdes E. Rudiño
TURISMO ECOLÓGICO, EDUCATIVO Y CULTURAL
os pobladores de la Ciudad de México, una de las mega urbes del mundo, son privilegiados. Apenas un paso más allá del cemento pueden disfrutar del turismo rural y en realidad más que eso: un turismo ecológico, educativo y cultural, acompañado del disfrute de las famosas quesadillas, tlacoyos y sopa de hongos del Ajusco.
En el kilómetro 10.9 de la carretera Picacho Ajusco, en la delegación Tlalpan, está la entrada al Parque Ecoturístico El Tepozán. Como dice su página de Facebook, este parque de más de 110 hectáreas “pertenece a las áreas naturales protegidas del sur del Distrito Federal y es importante para la captura de carbono y la filtración de los mantos acuíferos”, pero además se distingue claramente de su entorno, donde lo que predominan son parques con el gotcha o paintball (juego con disparos de aire comprimido, CO2 u otros gases) como principal atracción. Lo que hace peculiar a El Tepozán está en idea que expresa Maximiliano Álvarez Pantoja, uno de sus principales fundadores: “el turismo debe ser más que una diversión, debe servir para tomar enseñanza”. Este parque opera desde 2005 y 70 mil litros del agua que utiliza anualmente son de cosecha de agua; no usa energía eléctrica, sino solar; ofrece el servicio de recorridos de educación ambiental a grupos escolares, desde preescolar hasta preparatoria, y la gente puede ir a acampar o a pasar un fin de semana familiar –pues hay juegos infantiles y tirolesa–. También es posible practicar el ciclismo de montaña, aunque no es muy recomendable, pues, dado que es pedregoso el lugar, una caída resulta muy dolorosa, y se pueden rentar cabañas para hacer fiestas. El parque nació en 2005 por iniciativa de Álvarez Pantoja y el apoyo de varios de sus compañeros ejidatarios del pueblo de San Andrés Totoltepec; es manejado por una coopera-
tiva, que hoy suma 35 campesinos, y en su origen contó con un financiamiento de cinco millones de pesos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) con el objetivo inicial, promovido por el Instituto de Ingeniería de la UNAM (con Claudia Sheinbaum en papel protagónico), de fortalecer la frontera que representa el Parque entre la mancha urbana y el paisaje rural de la ciudad. Casi 30 hectáreas son de la cooperativa y 90 son propiedad del Parque Ecológico de la Ciudad de México. Oyameles (pinus montezumae), teocote, pátula y ayacahuite son los árboles que pueblan este lugar.
Maximiliano Álvarez Pantoja
Hoy día la principal actividad del Parque ocurre los fines de semana, con la renta de cabañas y visitas de familias. Doña Elena Rodríguez, cooperativista y ejidataria de San Andrés Totoltepec, es la responsable de la elaboración y venta de alimentos; dice que los domingos llega a utilizar hasta 20 kilos de masa y unos diez kilos de carne (en guisados) para atender los pedidos de quesadillas de hongo, papa, flor de calabaza, queso, huitlacoche, picadillo y pollo y tlacoyos de requesón, frijol y haba, así como sopa de hongos, caldo tlalpeño, mole de olla y consomé de barbacoa, sin hablar del café de olla, el champurrado y los panqués de queso y elote. “La gente viene a convivir con el campo, con la naturaleza y estamos protegiendo nuestro bosque”, dice doña Elena, quien es apoyada en su labor por una de sus tres hijas y por cuatro netas.
De acuerdo con Maximiliano Álvarez, hasta hace poco la principal actividad del Parque eran los recorridos de grupos escolares. Se hacían dos o tres a la semana, si bien el plan original era tener por lo menos uno diario con cien niños para hacer sustentable económicamente esta actividad. Hoy continúan estos recorridos pero con menor intensidad, y es que el Parque ha enfrentado trabas burocráticas. Durante dos años la cooperativa gestionó para que la Secretaría de Educación Pública incluyera a El Tepozán en su listado de lugares recomendables para visitas escolares, pero la institución rechazó la petición con el argumento de que ya es muy amplia esta lista. Las visitas escolares son muy interesantes y educativas. Al iniciar el recorrido, el guía les da una plática a los niños y les informa las reglas (no levantar piedras ni palos pues pueden encontrar víboras abajo, no tirar basura, no salirse del sendero, etcétera). Asimismo, “les entregamos una mochilita, binoculares, lupa, brújula y papel y lápiz. Se les muestra un mapa, con las veredas que están señaladas y definimos un itinerario de acuerdo con la edad de los niños”. Y se les asignan tareas tales como detectar huellas de animales silvestres (tanto pisadas como plumas, excretas y cualquier otro indicio como piñitas mordisqueadas por las ardillas). En la ruta los niños pueden observar la elaboración de hongos setas; un invernadero donde la cooperativa produce flores ornamentales, como petunias; unas estructuras donde se producen lombrices a partir de desechos orgánicos (la excreta de lombrices sirve después como abono), y entran a una casa tradicional, hecha de piedra propia de la zona y techos de madera de árboles muertos. En esa casa, que tiene orígenes prehispánicos pero que todavía es común entre población indígena, se les explica a los niños la forma de convivencia familiar (con grandes habitaciones multiusos) y los niños participan en la elaboración de tortillas. “Se pone el tlecuil (lugar donde se cocina), los molcajetes, el metate –la salsa se sirve en molcajetes–, los niños se lavan las manos, se les da su pelotita de masa, la tortean y se comen su tortilla recién salida del comal”, dice Maximiliano Álvarez. Una particularidad de El Tepozán –“algo que no hemos visto en otros parques que visitamos”— es que los guías dan a los niños nociones del náhuatl. Asimismo, les hablan del origen de las tierras del Parque y de los antiguos pobladores, los tepanecas (palabra que significa “hombres de palacio”. “Les platicamos a los niños: después de la conquista de los españoles, aquí en San Andrés Totoltepec
tres indígenas fueron a ver al primer virrey, Antonio de Mendoza, y le dicen que hablaron con Hernán Cortés (por medio de intérpretes) para pedirles las tierras. El virrey ratifica la entrega de tierras, que son puros pedregales. Esto fue en 1547, tenemos copia de esto, que se refiere a cinco mil hectáreas, desde San Pedro Mártir hasta la colindancia con el Ajusco (…) Hoy las tierras no suman ni dos mil hectáreas, por expropiaciones que ha habido para la construcción del Colegio Militar, para el Parque Ecológico de la Ciudad de México y para carreteras y también por la mancha urbana que se ha venido comiendo la zona”.
El compartir palabras del náhuatl y sus significados es muy propio de El Tepozán. “Hay muchas palabras de origen náhuatl que usamos comúnmente, aunque ya con una pronunciación diferente a su original, y eso les decimos a los niños. Por ejemplo, Tlalpan, Cuernavaca, tamal, pozole, tlacoyo, zapote, ajolote (que significa monstruo de agua) y guajolote (pájaro grande o monstruo pájaro). O Totoltepec, que significa cerro de aves, o México mismo, que significa ombligo de la luna u ombligo del maguey. Esto es algo que les gusta mucho a los niños”. www.facebook.com/PARQUETEPOZAN
ORGANIZACIÓN COMUNITARIA COMO SOPORTE DEL TURISMO RURAL
Tal es el caso del ejido San Cristóbal, localizado en el municipio del Cardonal, estado de Hidalgo, cuya población se ha organizado, con base en la propia dinámica y fortaleza de su institucionalidad agraria, para la prestación de servicios turísticos.
Es evidente la multiplicidad de factores que se entrelazan para posicionar a las comunidades campesinas al frente del desarrollo turístico, pero la fortaleza de sus estructuras organizativas, la preservación de la posesión colectiva del territorio y la vigencia de dinámicas de reciprocidad en las propias relaciones sociales,
El turismo es reciente. Apenas en los 70s se registró la presencia de una significativa corriente de visitantes y la improvisada oferta de algunos servicios por parte de la comunidad, como el traslado en caballos, la venta de alimentos y la renta de espacios para acampar. En 1976 se conformó la Sociedad Cooperativa Ejidal Grutas de Tolantogo, a iniciativa de 113 ejidatarios que se integraron como socios; esta organización se originó en la propia Asamblea General de Ejidatarios, que es la autoridad para la toma de decisiones y el manejo de los recursos; por tanto, la planificación, la gestión y el control del turismo se desarrolla conjuntamente con el comisariado de bienes ejidales, con la obligación de informar mensualmente a la Asamblea sobre las actividades realizadas.
a incorporación de las comunidades campesinas a la prestación de servicios turísticos conlleva indudablemente profundas transformaciones socioculturales y físicas para las localidades rurales, pero su expansión no constituye un proceso lineal y homogéneo, pues aun cuando existen regiones con amplio potencial de aprovechamiento recreativo donde el mercado ha actuado intensamente para fragmentar los entramados socioculturales y adueñarse de los recursos, persisten comunidades que han asumido un papel protagónico para la puesta en marcha de iniciativas locales que favorecen el bienestar colectivo.
Grutas de Tolantogo ofrece diversos servicios sustentados en sus recursos naturales: gruta, cavidades y el río de agua termal que atraviesa la barranca. Asimismo, está el área denominada “El paraíso escondido”, donde han construido un hotel, cabañas, restaurante, cocina económica, área de acampado con servicios sanitarios, vestidores, regaderas y albercas.
FOTO: Adam Wisemman
constituyen elementos ineludibles en la formulación de proyectos turísticos y permiten acceder a los beneficios de esta actividad.
Carlos Alberto Pérez-Ramírez y Lilia Zizumbo Villarreal
La estructura organizacional de la cooperativa, así como la distribución de tareas a cada uno de los socios, se determina considerando posibilidades y capacidades, y los responsables están obligados a cumplir con todas las obligaciones impuestas por la comunidad.
Si bien el desarrollo del turismo no ha estado exento de los conflictos y contradicciones presentes en toda comunidad campesina, ha impulsado el mejoramiento en las condiciones de vida de la población de San Cristóbal, no sólo con la generación de empleos e ingresos económicos, sino con el fortalecimiento de la base social de la estructura comunitaria, la conservación de la propiedad social del territorio y la reproducción de una lógica colectiva que se manifiesta en sus redes de solidaridad, cooperativismo y confianza.
Anualmente se organiza el trabajo: se distribuyen equitativamente las tareas y la remuneración económica correspondiente a los diferentes grupos. También se define, dentro del reparto de utilidades, una cantidad de dinero orientada para la protección a la vejez. Debido a esta capacidad estructural de la cooperativa, cerca de 90 por ciento de la población se ha vinculado con la prestación de servicios turísticos, aunque también realizan otras actividades para complementar sus ingresos.
que migraron se quedó desempeñando trabajos de albañilería o bien se dedicó al comercio informal. También los alcanzó la pobreza.
FOTO: Guillermo Varela
DESPOJO, EXCLUSIÓN Y TURISMO EN VALLE DE BRAVO
eográficamente, el Valle de Bravo es parte de las tierras bajas de los estados de Michoacán y Guerrero. Políticamente, está ubicado en el Estado de México y se conforma por un territorio enclavado en el sistema montañoso del Nevado de Toluca y por un centro poblado que se localiza a 144 kilómetros del Distrito Federal y a 71 de la ciudad de Toluca. Las actividades turísticas surgieron cuando se construyó la presa que lleva el nombre del valle. Con su construcción, se conformó un paisaje idílico que se caracteriza por un hermoso cuerpo de agua rodeado de zonas boscosas. De inmediato la presa se constituyó en el eje central para el desarrollo del turismo. A los funcionarios públicos no les fue difícil darle valor económico a semejante atractivo natural. Se los permitió la posibilidad de
llevar a cabo actividades acuáticas (pesca, esquí, remo, etcétera), que hasta ese momento eran casi imposibles de practicar en el Estado de México, así como impulsar actividades industriales y desarrollos inmobiliarios. Fue así como llegaron capitalistas inmobiliarios y fraccionadores ajenos al lugar. Motivados por los incentivos que el Estado otorgó, adquirieron grandes extensiones de tierra a bajos precios y crearon, fácil y oportunamente, fraccionamientos inmobiliarios para su posterior venta. Destaca en ello la Empresa Propulsora del Valle de Bravo, SA, que se hizo propietaria de 80 por ciento de La Peña y de toda la rivera del lago, excepto del sector correspondiente al fundo del pueblo. Pronto se desarrolló un turismo residencial y deportivo de alto nivel económico. Residentes acomodados, principalmente del Distrito Federal, compraron casas para su descanso de fin de semana. Se establecieron restaurantes de comida internacional y, aunque
pocos, también se construyeron algunos hoteles. Los nuevos pobladores pasan sus fines de semana remando, esquiando, cabalgando y consumiendo alimentos y bebidas. Viven con prosperidad y confort sus días de relajamiento. Otra es la situación de los campesinos vallesanos. A ellos se les orilló a desaparecer como grupo social, como cultura y como sistema económico. Al amparo de la política de modernización que devino en la planeación por cuencas, una importante parte de la población nativa fue reubicada en territorios alejados de la presa. Ahí desarrolló una agricultura en condiciones poco favorables de producción y son víctimas de la pobreza. Otra porción de la población vendió sus tierras y emigró, principalmente, a las ciudades de México y Toluca, o a Estados Unidos. Si bien algunos, sobre todo los que salieron del país, alcanzaron cierta bonanza económica, su desarraigo fue total. Pero la mayoría de los
Los que se quedaron, se incorporaron a las nuevas actividades económicas, es decir, a la prestación de servicios turísticos. Pero lo hicieron sin ningún grado de organización, con pocos recursos y sin apoyos técnicos y económicos. A muchos de ellos, los empresarios turísticos establecidos en el lugar los incorporaron a la esfera de la circulación y el intercambio en condiciones asimétricas de dinero y mercancías. Desde esos tiempos, la mayoría de ellos coloca su fuerza de trabajo a un precio que apenas cubre sus costos de subsistencia. La modernización los empobrece cada día más. Así, pues, Valle de Bravo es un centro turístico exitoso al que se suman el despojo y la exclusión de los campesinos. Lo que para unos se ha constituido en un paisaje idílico de agua, bosques y arquitectura, que les permite su relajación y disfrute, para otros representa un proceso progresivo de sufrimiento, abandono y pobreza. A esas desigualdades obedece que, en la actualidad, se presenten fuertes conflictos de intereses, necesidades sociales insatisfechas y depredación ambiental constante. No puede decirse que en Valle de Bravo no se ha generado desarrollo local. Lo que sí puede asegurarse es que ese desarrollo ha sido sólo para un segmento de la población: el empresariado local y los turistas residenciales de fin de semana. La segregación y exclusión que el turismo residencial y deportivo ha generado desdice, en mucho, la imagen de belleza y prosperidad que se vende a los turistas. Al campesinado de Valle de Bravo se le ha alejado la posibilidad de alcanzar una vida digna.
EL TURISMO SUSTENTABLE DE SAN PEDRO ATLAPULCO
an Pedro Atlapulco es una comunidad rural que se reconoce como otomí o hñahñu. Se encuentra en el municipio de Ocoyoacac, Estado de México, en los límites del Parque Nacional Miguel Hidalgo, comúnmente llamado La Marquesa, a 43 kilómetros de la ciudad de México y a 39 de Toluca. Está enclavado en pleno bosque de oyameles, pinos, encinos y laurelillos, y cuenta con una gran cantidad de acuíferos que surten de agua a la población local, a los municipios de Ocoyoacac, Huixquilucan y Lerma, y a una parte de la zona suroeste del Distrito Federal. En el centro urbano de Atlapulco viven tres mil 828 personas, 48 por ciento son hombres y el resto mujeres. Esta población sustenta su vida diaria en la organización comunal en torno al territorio, la asamblea, el comisariado, el tequio y las fiestas. Sus fiestas importantes están relacionadas con los tiempos del ciclo agrícola: el carnaval, la bendición del maíz, el culto a los muertos y la peregrinación por las montañas sagradas de Chalma. En la parte baja de los bosques están asentados siete valles, en los que actualmente los comuneros ofrecen servicios turísticos: Potrero, Conejo, Silencio, Rancho Viejo, Monjas, Cerrito del Ángel y Carboneras. Son
valles que poseen un gran atractivo natural y que, como están cercanos a las ciudades de México y Toluca, son muy concurridos para andar a pie, a caballo, en cuatrimoto o en lancha, consumir alimentos, comprar artesanías y dulces cristalizados, respirar aire puro y estar en tranquilidad con la familia. La prestación de servicios turísticos constituye actualmente la principal actividad económica en Atlapulco. Se ofrecen los sábados, domingos y días festivos; sólo los restaurantes ubicados a la orilla de la carretera operan diariamente. Son de oferta individual (comida, dulces, artesanías, caballos, cuatrimotos) y colectiva (paseos en lancha, tobogán, pesca de truchas, aventura en bosques, kioscos y áreas para comer y descansar). Los primeros representan los giros económicos que cada comunero puede desarrollar y cada negocio es propiedad de no más de dos personas. Los segundos son los que establecen las directivas de los valles y sus ingresos se utilizan para mejoras que benefician a la comunidad. Los requisitos para desarrollar servicios individuales son: ser oriundo de la comunidad, estar al corriente en faenas y cooperaciones y haber cumplido los cargos públicos o eclesiásticos que la comunidad le haya encomendado. Con esto cubierto, el interesado presenta su solicitud para que sea autorizada por la Delegación Municipal, el Consejo de Participación Ciudadana, el Consejo de
Vigilancia y el Comisariado de Bienes Comunales. Luego la presenta a la directiva del valle que le correspondió y de inmediato se le asigna el lugar en que podrá desarrollar su actividad productiva. Hasta ahora la comunidad ha logrado combinar su institucionalidad comunitaria (agraria, civil y religiosa) con la defensa de su territorio y el desarrollo de una actividad económica vinculada con la recreación sabatina y dominical de los habitantes de las ciudades cercanas. Sin embargo, su vecindad con otras comunidades con las que comparte económica, social y culturalmente el espacio de La Marquesa, si bien le ha permitido llevar una vida en común, también la ha involucrado en la disputa por ese territorio. La historia de posesiones y despojos a que se han visto sometidas algunas de esas comunidades ha tornado difusos los límites territoriales, lo que ha dado lugar a conflictos comunales de los cuales no se ha escapado Atlapulco.
LA NUEVA FORMA DE ACUMULACIÓN DE CAPITAL EN PUERTO MORELOS
Érika Cruz Coria y Adrián A. Vilchis Onofre
uerto Morelos es un pueblo costero localizado en el municipio de Benito Juárez, en Quintana Roo; limita al norte con la ciudad de Cancún y al sur con Playa del Carmen. Su población se conforma por un grupo minoritario de pescadores y en mayor proporción por migrantes de diferentes partes del país y del extranjero, situación que impide una identidad arraigada, y sus recursos naturales –entre los que destacan selva, manglar y un arrecife que forma parte de la segunda barrera coralina más grande del mundo– han quedado a merced de intereses gubernamentales y privados. La historia de Puerto Morelos da evidencia de tal afirmación. Su economía se ha transformado con base en las tendencias y políticas nacionales e internacionales, sin importar las capacidades ni necesidades de la población. Desde su fundación, a principios del siglo XX, ha transitado por distintas formas de mercantilización de la naturaleza: primero, la extracción de chicle, mediante concesiones en la selva; posteriormente, la pesca comercial, principalmente de langosta y caracol, y hoy día el turismo, con el cual los recursos
naturales continúan siendo el atractivo más importante para los grandes capitales. Hoy la venta de tierra, y sobre todo la explotación turística del arrecife, se han convertido en el punto central para la inserción de este poblado en el mercado internacional. El 2 de febrero de 1998 se publicó el decreto mediante el cual este recurso se convirtió en Área Natural Protegida (ANP) en la categoría de Parque Nacional, tras las peticiones de los puerto morelenses, pero no incluyó el manglar a pesar de la importante asociación de los ecosistemas. Así, lo que surgió como una movilización comunitaria para proteger el recurso de la invasión de prestadores de servicios turísticos ajenos a la población se institucionalizó a favor de intereses privados. Con el respaldo y las subvención del estado de Quintana Roo, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CNANP) ha puesto en marcha una serie de políticas que, bajo el discurso de la conservación, restringen a los pobladores locales el aprovechamiento del arrecife por no cumplir con los requerimientos que estipula, mientras que empresas
El territorio de La Marquesa también ha estado en la mira de funcionarios públicos y empresarios privados. Su conversión en parque nacional en 1943 significó para las comunidades, entre ellas Atlapulco, la expropiación de varias hectáreas. En 1964 se le expropiaron 150 hectáreas a San Jerónimo Acazulco, comunidad cercana a Atlapulco, a favor del Instituto Nacional de Energía Nuclear; desde esas fechas, ésta y otras comunidades han sufrido continuas expropiaciones por derechos de vía, instalación de torres y gasoductos. Hace más de diez años existe un proyecto empresarial que pretende convertir a La Marquesa en un centro de juegos y gran turismo. La comunidad que más se ha opuesto a ese proyecto es Atlapulco. Han salido adelante, pero están conscientes de que deben luchar por preservar su derecho al usufructo del territorio, sus usos y costumbres. Es su vida.
trasnacionales como El Cid, Moon Palace, Secrets Excelents y Paradisus Riviera Cancun obtienen sin problema más de una concesión, y ello, además de causar graves afectaciones sobre el recurso, está debilitando la economía local, misma que se ve incapaz de competir en condiciones tan desiguales. La mercantilización de la naturaleza continúa, y aún más: dada la ubicación estratégica de este poblado para el comercio, en el gobierno de Félix González Cantó se anunció la creación de un complejo denominado Dragón Mart que albergará empresas chinas enfocadas en la venta de material de construcción, artículos electrónicos y electrodomésticos, al igual que partes automotrices. Y por haberse excluido al manglar del ANP, se desecarán y rellenarán cerca de 300 hectáreas de éste para construir allí bodegas, y también será necesario dragar arena para permitir la entrada de barcos de gran calado, lo cual afectará tanto el ecosistema natural como a la vida social, debido a que se prevé la llegada de alrededor de dos mil 500 trabajadores chinos que requerirán de todos los servicios públicos. Este proyecto, cabe decir, afectará a todo el país, por el golpe a las manufactureras nacionales que implicaría la entrada de todo tipo de mercancías de bajo costo. Protegido por las políticas gubernamentales, el capital turístico ha encontrado en este poblado todas las condiciones para mercantilizar los recursos naturales como una nueva forma de acumulación de capital. Aunado a esto, la división, la exclusión y la compleja configuración social que ha traído consigo el turismo, han acotado las posibilidades para que la población establezca estrategias de resistencia y sea quien decida el rumbo de su desarrollo.
TURISMO EN ÁREAS RURALES, UN CRECIENTE DESAFÍO Alba Sud y CEDICAR
n los años recientes tanto en México como en Centroamérica el turismo rural ha ganado terreno hasta convertirse en uno de los temas más mediáticos de sus agendas. En México hay una promoción cada vez más incisiva; es la opción gubernamental ante los innumerables fracasos en materia productiva. Las políticas públicas relacionadas con el turismo se han vuelto un tema vinculado al desarrollo comunitario y se intenta que el país, azotado por crisis y violencia sin precedentes, sea visto con “ventajas comparativas” en turismo. En Centroamérica aunque su desarrollo es más reciente, a causa de los diversos conflictos armados de los 80s, el turismo ha crecido de forma destacada durante la primera década del 2000 hasta convertirse, junto a las remesas de los migrantes, en una de las principales fuentes de divisas. En 1996, reunidos en el Hotel Barceló Montelimar, en Nicaragua, los jefes de Estado de los países de la región acordaron la Declaración de Montelimar, por la que se comprometían a una integración turística regional que permitiera unir “recursos, voluntades y esfuerzos, a fin de proyectar ante el mundo la imagen y ventajas de ofrecer un destino turístico regional único“. Desde entonces las políticas turísticas han estado orientadas a la promoción intrarregional y la comercialización conjunta y a crear una legislación y políticas de incentivo acordes con los intereses del gran capital corporativo.
Este fuerte crecimiento de la actividad turística se ha localizado territorialmente en torno a algunas ciudades y sobre todo en el litoral, de tal manera que muchas áreas costeras y rurales han experimentado una notable transformación: las actividades productivas tradicionales han perdido peso frente a los servicios y la construcción. Es un giro de 180 grados que privilegia al sector terciario frente al primario. Pero este protagonismo en realidad no queda circunscrito a esos nuevos espacios; el turismo amplía su ámbito de influencia y se convierte en un factor de atracción de población de otras zonas rurales que se ven obligadas a migrar a causa de un creciente empobrecimiento y una desarticulación de las economías campesinas y pesqueras afectadas por años de políticas neoliberales. El impacto de este proceso de turistización es confuso y sujeto de análisis y debate público, pero en cualquier caso parece evidente que está transformado de forma acelerada los marcos y modos de vida de la ruralidad. Lejos de ser un proceso unidireccional, el desarrollo turístico, en especial en áreas rurales, se ve sujeto a múltiples contradicciones y relaciones dinámicas. De este modo, se convierte en una fuente de amenazas, pero también de potencialidades para algunas poblaciones locales en función de las capacidades de control social que pueden tener éstas sobre su desarrollo. Sin embargo, este proceso se aventura como una disputa, un combate cada vez más desigual en el que los grandes capitales dominan la mayor parte del escenario y, con especial interés, inciden en las acciones de fomento e inversión gubernamental.
Una dinámica que tiende a la exclusión. Cadenas hoteleras internacionales, resorts, cruceros y desarrollos inmobiliarios protagonizan el crecimiento del turismo mexicano y centroamericano. Su desarrollo es hegemonizado por grandes capitales en competencia desigual con otras estructuras empresariales de carácter local o comunitario, enraizadas en dinámicas territoriales con mayores niveles de inclusión e integración social. Goliat quiere convencer a David de andar juntos un camino en el que las diferencias harán distribuciones equitativas dadas las singularidades de los servicios que cada uno ofrece, obviando las presiones, impactos y posición privilegiada en el mercado que el gigante filisteo detenta. La penetración del turismo en muchas áreas, y con especial crudeza en el litoral, se ha convertido en una vía paradigmática que testimonia lo que se ha dado en llamar la “acumulación por desposesión”, siguiendo el concepto tal como lo describió el geógrafo marxista David Harvey. En este sentido, se entiende que la acumulación de capital no sólo se produce en el marco de formas de producción puramente capitalistas, sino que a lo largo de la historia se realiza por diversos mecanismos y la enajenación puede ser o no velada. Y se apropia de regiones que hasta ese momento eran propiedad pública o mantenían cierto carácter colectivo o comunitario: se da la mercantilización de la naturaleza y los bienes comunes; la privatización de lo público, o la urbanización y turistización de amplios
territorios costeros y rurales y sus recursos, como la tierra o el agua. Esta desposesión se produce por múltiples vías, que van desde las dinámicas especulativas y la compra-venta, hasta procesos de expropiación y el ejercicio de la violencia mediada por la fuerza pública o empresarial. El problema no se limita a la pérdida de determinados recursos, sino que la desposesión supone también una profunda desestructuración de la territorialidad de las comunidades rurales –entendida ésta en sus múltiples dimensiones como el lugar en el que se desarrollan, producen y reproducen colectivamente modos de vida cuya economía, organización social, política y cultura no privilegian la maximización de beneficios–, sustituyéndola por otra lógica de ocupación y articulación del territorio. En sentido estricto podríamos decir que
¿ECOTURISMO? EMERGENTE, CONTRADICTORIO Y MULTINOMBRADO Miguel Ángel Adame Cerón
no de los tipos de turismo ecosociocultural que más auge ha tenido en los 20 años recientes es el llamado “ecoturismo” o “turismo emergente”. El boom se debe a la irrupción de la globalización neoliberal capitalista, pues los recursos de la naturaleza y de la culturaleza, ubicados en pueblos y sociedades con historias profundas y de larga duración (étnicos, rurales, tribales, indígenas, etcétera), se han revalorizado como potencialmente explotables y/o privatizables para organismos, empresas, gobiernos y organizaciones globales desde la lógica plusvalórica del capital en sus expresiones económicas y socioculturales. Obviamente el turismo es la modalidad más ad hoc para proporcionar cauces apropiados a esta dinámica; en general, el turismo es un complejo proceso mercantilizador pero también presenta aspectos ambiguos: si bien tiene que ver con subordinaciones, negocios y empoderamientos, también presenta disputas y reapropiaciones de los recursos en cuestión, y en éstas participan y se involu-
cran comunidades, localidades, colectividades y pueblos que se ven afectados, impactados e implicados en varias formas y niveles en el fenómeno turístico, desde los que participan de manera completa y directa hasta los que lo hacen sólo parcial o indirectamente. Así este turismo ha sido nombrado de múltiples maneras porque presenta, en efecto, varias aristas y dimensiones, todas ellas interconectadas: la medioambiental, la étnica y la sociocultural. Las varias denominaciones, que varían ligeramente en cuanto a su concepción, definición y clasificación, dependiendo de los estudiosos o autores, son: turismo de naturaleza, turismo alternativo, ecoturismo, turismo sostenible, turismo sustentable, turismo equitativo, turismo de bajo impacto, turismo rural, turismo verde, turismo étnico, turismo ecocultural, turismo solidario o convivencial, microturismo, ambientalista, responsable, consciente o ético, etcétera. Además de las subclases de turismo como el de aventura, de salud, arqueológico, botánico, agrícola, de campamento, termal y científico, entre otros.
Una de las coincidencias más evidentes cuando se definen o se hace referencia y análisis de estos tipos y subtipos de turismo es en que se consideran alternativas de valorización al uso de los recursos naturales y socioculturales. Se insiste en la importancia de que estas formas de turismo deben generar sustentabilidad ambiental, pero primordialmente sustentabilidad cultural, poniendo en el centro a las poblaciones y su cultura. Y se plantean generar prácticas sociales, culturales y éticas diferentes a las desarrolladas por el turismo de masas o el de playa o el convencional, para el “desarrollo y el beneficio” de las poblaciones étnicas, rurales, etcétera, y sus entornos ambientales: recursos naturales (zoobotánicos y geológicos). Se plantea, pues, que este turismo emergente tiene que implicar e implica la responsabilidad ecológica y el respeto por las culturas, la inclusión de los pobladores locales en los procesos económicos de la actividad turística y la conservación del medio ambiente. Basados en estas expectativas, los promotores de este tipo de turismo sostenible o ecoturismo buscan en sus actos, publicaciones y eventos promover una conciencia turística y el
ILUSTRACIONES: Miguel Covarrubias
cluido, urbanizaciones privadas, campos de golf, playas cerradas, colonias turísticas y marinas de uso exclusivo para embarcaciones turísticas.
el turismo desvela la espacialización del capital sobre territorios rurales en los que la contienda acumulación versus reproducción social se presenta como una arena política con dados cargados. El desarrollo turístico-residencial hegemonizado por los grandes capitales ha dado lugar a una creciente privatización y elitización de inmensos territorios con invaluable patrimonio biocultural en los que se privilegia a nuevos usuarios con mayor poder adquisitivo, quienes tienen los recursos necesarios para acceder a la propiedad, uso del suelo y de los recursos naturales, frente a los intereses y las necesidades de la población originaria. Este nuevo tipo de urbanismo da pie a estructuras excluyentes cuyo uso se destina exclusivamente a determinados segmentos de población en forma de hoteles todo-in-
Las comunidades rurales en determinados territorios han tratado de resistir o reducir los alcances de los procesos de acaparamiento y usurpación de los recursos naturales (tierra y agua principalmente, y en menor medida, aún, bosques), oponiéndose de varias maneras a su desplazamiento. En otros casos el origen del conflicto ha estado motivado por el hecho de que los nuevos desarrollos turístico-residenciales pudieran impedir el paso y acceso a lugares a los que la población local acudía, ya fuera con fines productivos o de ocio y recreación, como es aún visible en numerosas playas. El avance del turismo en las áreas rurales se convierte, de este modo, en un nuevo escenario de conflictividad socio-ambiental. En este contexto de tensión en aumento hay que ubicar también otras formas de desarrollo turístico en manos de iniciativas locales y/o comunitarias. Si bien en algunos casos responden a las legítimas aspiraciones de estas poblaciones por incrementar y diversificar sus actividades productivas, su desarrollo no puede ser ajeno a la creciente influencia de los grandes capitales turísticos. Asimismo, los impactos que esta nueva actividad trae consigo en las dinámicas socioculturales aún están por registrarse, aspecto cuya poca o nula atención ha puesto el creciente extensionismo de algunos sectores gubernamentales. El resultado es necesariamente complejo y contradictorio, como ponen en evidencia los distintos artículos recogidos en la presente edición de La Jornada del Campo para los casos de Centroamérica y México. Un proceso necesariamente abierto y sujeto a discusión.
diálogo entre diferentes actores de la sociedad civil y del Estado para el desarrollo de un turismo más justo y en la lucha contra la pobreza e inclusión de las poblaciones locales. Tenemos el caso del Foro Internacional de Turismo Sostenible llevado a cabo a fines de abril de 2009 en Lima, Perú, bajo el lema: “Seamos viajeros responsables y respetuosos. Turismo somos todos”. Sin embargo, tenemos en la literatura de la antropología y la sociología del turismo múltiples casos en todo el mundo de comunidades y sociedades locales que se debaten en el enfrentamiento contra la lógica turística de expoliación (que se expresa en la turistificación, disneyzación, macdonalización, simulacro, museificación, reencantamiento, autentificación, invención de tradiciones, ritualización, espectacularización, artesanización, etcétera), encarnada en las empresas y organismos del turismo y su parafernalia de dominación material y humana (agencias y agentes). Cabe señalar que en esa confrontación algunos grupos (o fracciones de grupos) locales (rurales, étnicos) han sabido y podido –con base en experiencias propias y/o trasmitidas– construir sus propias opciones turísticas alternativas, fundamentalmente sobre la base del autocontrol y la autogestión de sus recursos y riquezas patrimoniales (ambientales, históricas y socioculturales).
Allen Cordero Ulate Investigador de FLACSO-Costa Rica y de la Universidad de Costa Rica (UCR)
urante la década reciente hemos asistido a una suerte de lucha interna por la etiqueta del “turismo rural comunitario”, esto al menos en el contexto centroamericano. Es cierto que de la mano de la acentuada profesionalización del turismo y su especialización flexible (expresada en variedad de ofertas y servicios turísticos), ha emergido un nicho concentrado en el turismo rural y concretamente comunitario. Pero esto no debería llevar a perder de vista las raíces populares del turismo comunitario. Pensar que el turismo rural comunitario es un producto nuevo es realmente reduccionista, pues el turismo, vinculado a la experiencia del disfrute del tiempo libre tiene importantes raíces históricas en la vida social de los pueblos centroamericanos. Hasta los pueblos más explotados de nuestros países, por ejemplo los obreros bananeros, tuvieron y tienen sus sitios de esparcimiento. En el trabajo Nuevos ejes de acumulación y naturaleza. El caso del turismo (CLACSO, Buenos Aires, Argentina, 2006) he ilustrado esta afirmación con el caso de los trabajadores bananeros costarricenses de la zona de Quepos, quienes tenían como lugar de descanso justamente lo que hoy es uno de los lugares más visitados por los turistas internacionales, el Parque Nacional de Manuel Antonio. Fue la lucha social de estos trabajadores, en conjunto con otros sectores de la comunidad de Quepos, la que llevó a que el Estado lo declarara formalmente como parque, porque de otro modo iba a ser presa de afanes privatizadores, muy de la mano justamente con la expansión turística.
El turismo original de las clases populares era principalmente de un día, o a lo sumo de dos. Se desplazaba escasamente de los sitios de vivienda o de trabajo y privilegiaba el transporte colectivo de relativo bajo costo como el autobús o el tren. Algunas de estas riquísimas experiencias de ocio, incluso a pocos kilómetros de distancia, se desarrollaban a pie o a caballo pues las vías de acceso eran escasas. La mercantilización de los servicios una vez llegado al sitio del placer era escasa, por eso muchos de los turistas de antaño llevaban consigo la comida y la diversión, una pelota, un neumático o el radio a transistores. De manera que en aquellos lugares originales del placer turístico, sin dinero o poco dinero, la experiencia turística se desarrolló hasta cierto punto como un valor de uso, es decir un disfrute social no monetizado, y quizás por ello, extremadamente auténtico. El acceso a los placeres turísticos era relativamente democrático, aunque la profesionalización de los negocios era muy escasa. La profesionalización del turismo comunitario ha conllevado una contabilidad de costos, que ha implicado en no pocos casos la inaccesibilidad de los sectores populares que antes recibían. Uno de los elementos positivos que conlleva el turismo rural de base comunitaria es que ayuda a que las comunidades locales no pierdan su territorio en manos de los grandes comercializadores del turismo (esto no es decir poco en el contexto de una economía de mercado), pero la profesionalización no debería conllevar la pérdida de una cierta “solidaridad de clase”, pues buena parte de lo que políticamente puedan logar las organizaciones adscritas en el turismo rural comunitario tiene que ver con la solidaridad que en la ciudad despierten sus demandas y reivindicaciones, que no son sólo económicas sino político-sociales.
Evento: XVI Diplomado Internacional “Sistemas de Captación y Aprovechamiento del Agua de Lluvia para Consumo Humano y Animal, Producción en Traspatio, Ambientes Controlados, Agricultura de Temporal y Recarga de Acuíferos”. Organizan: CIDECALLI-CP. Fecha: Del 5 al 11 de marzo de 2012. Hora: 10:00 horas. Lugar: Unidad de Congresos, Colegio de Posgraduados. Informes: Tel/Fax/Contest. 595 95 1 03 23 / Tel. 595 95 2 02 38 / D.F. 5558045938
Libro: Haciendo milpa: La protección de las semillas y la agricultura campesina. Autoras: Elena Álvarez – Buylla Roces / Areli Carreón García / Adelita San Vicente Tello. Editorial: UNAM.
Libro: Oralidad y ritual matrimonial entre los amuzgos de Oaxaca. Autor: Víctor Manuel Franco Pellotier. Editorial: UAMI y CIESAS.
Libro: Antropología de los encuentros y de los impactos turísticos en las comunidades. Autor: Miguel Ángel Adame Cerón.
Libro: Miradas del turismo y de la conservación en la Amazonia Colombiana. Autor: Iván Carroll Janer. Editorial: 12 Editorial.
Libro: La demanda indígena de autonomía desde los Acuerdos de San Andrés. Los retos para el derecho y la pertinencia del pluralismo jurídico. Autora: Mtra. Liliana López (FCPyS, UNAM).
TURISMO RURAL EN LA SIERRA NORTE DOS PERSPECTIVAS ENCONTRADAS
Claudia Hernández García*, Karla Cruz-González Zamora ** y Milton Gabriel Hernández García*** *UNAM,** CEDICAR y *** ENAH
isiones encontradas del desarrollo turístico se despliegan en una región que se caracteriza por su fulgurante diversidad biocultural: la Sierra Norte de Puebla. En este artículo nos referiremos a dos experiencias paradigmáticas con impactos diferenciados a nivel regional: Zacatlán y Cuetzalan. Zacatlán, ciudad que constituye un acceso estratégico al corazón de la sierra, vive actualmente la vorágine del desarrollo turístico a partir de su inserción en el programa Pueblos Mágicos, iniciado desde 2001 en casi todo el territorio nacional. El desarrollo turístico dominante en la región ha proyectado hacer un corredor turístico a largo plazo que conecte toda la sierra, empezando por Cuetzalan, declarado pueblo mágico en 2002, y Zacatlán, que obtuvo su denominación el pasado 27 de abril. A unos cuantos meses de esta nominación y con una inversión de 20 millones de pesos, ya podemos ver los “cambios del progreso” prometido: pavimentación de calles céntricas, cableado subterráneo, así como el incremento del sector restaurantero y hotelero, con un beneficio para las familias “dueñas de Zacatlán”. Siendo una ciudad mestiza en su cabecera municipal y profundamente indígena en sus comunidades periféricas, Zacatlán ha “sacado” a la luz pública lo que antes era símbolo de atraso: sus pueblos nahuas y totonacos, que estaban totalmente olvidados y escondidos por los sectores dominantes. A partir del advenimiento del avasallador desarrollo turístico, “lo indígena” se ha convertido en un atractivo más del paisaje y se le exalta como aquello que hizo posible el bucólico entorno y el reconocimiento como pueblo mágico. El desfile de lo pintoresco se mul-
tiplica por todos lados y se corona en eventos marcadamente folklorizantes como la Primera Muestra de Etnias del estado, realizada los días 21 y 22 de octubre. Es elocuente la afirmación de una habitante de la localidad de Jicolpa, colindante a la cabecera municipal: “Es importante que conserven sus costumbres y tradiciones, eso atrae al turismo”. Mientras esta modalidad de la discriminación ocurre, el racismo continúa siendo una constante para los nahuas y totonacos de este municipio, que son excluidos y marginados de los servicios básicos y en general de los ámbitos político, social y económico.
Zacatlán, ciudad que constituye un acceso estratégico al corazón de la sierra, vive actualmente la vorágine del desarrollo turístico a partir de su inserción en el programa Pueblos Mágicos
FOTOS: Lourdes Báez Cubero
Evento: Foro Nacional de Intercambio de Experiencias en Defensa de la Madre Tierra. Organizan: Unidad Indígena Totonaca Náhuatl y Centro de Estudios Ecuménicos, AC. Fechas: 28 y 29 de noviembre de 2011. Hora: De 10:00 a 18:00 horas. Lugar: Casa Misión Zapotitlán de Méndez. Sierra Norte de Puebla.
19 de noviembre de 2011 Trabajan Unidas). Habiendo iniciado en los años 90s y con unas 120 socias actualmente, su principal actividad es la producción y comercialización de artesanías, además de la promoción de los derechos de las mujeres, la salud reproductiva y la erradicación de la violencia doméstica. Un componente más de su proceso organizativo surgió en 1997, cuando se enfrentaron al reto de impulsar un proyecto turístico en torno a un hotel sui generis: el Taselotzin. Los servicios que ofrecen son más o menos similares a los de otros proyectos de turismo rural: contacto directo con una exuberante naturaleza, educación ambiental, venta de artesanías, gastronomía local, medicina tradicional y arquitectura local, y en este caso, servicio de temazcal. Lo distintivo de este proyecto es sin duda la autonomía y el control del proceso que mantienen las mujeres organizadas respecto de sus esposos, del Estado y de las empresas turísticas. Ser parte de esta organización ha significado un cambio de vida para las socias de Maseualsiuamej, no exento de contradicciones pero sin duda profundamente liberador
de un sinnúmero de formas sutiles y no sutiles de opresión; el turismo constituye no un fin, sino un medio, tal vez temporal, para la reproducción ampliada de la multifuncionalidad campesina. Actividad económica emergente, bajo sus diferentes formas y modalidades dominantes y subalternas, el turismo rural regional se ha convertido en una arena de disputa entre diferentes actores que operan bajo lógicas distintas, no necesariamente excluyentes. Importantes redes sociales como el Colectivo Regional para el Desarrollo con Identidad (Cordesi) se esfuerzan por incidir en el diseño y la ejecución de políticas sustentadas en la participación de las comunidades indígenas y campesinas. Sin embargo, mientras ello ocurre, en la sierra se ciernen otro tipo iniciativas que amenazan con hacer inviables hasta las modalidades más empresariales del turismo convencional: nos referimos a las Ciudades Rurales, la minería a cielo abierto y las plantaciones de monocultivos comerciales, entre otras.
A CUATRO DE CAMINAR JUNTOS, ENVIAMOS UNA FRATERNAL FELICITACIÓN A
CON LA ESPERANZA DE QUE SE HAGA JUSTICIA A LOS CAMPESINΝS Y LOGREMOS UN CAMPO REVERDECIDO QUE NOS ALIMENTE SANAMENTE A TODOS LΝS MEXICANΝS CAMPAÑA SIN MAIZ NO HAY En la misma región y a contrapelo de la tendencia dominante, en el municipio de Cuetzalan se fraguan día a día otro tipo de experiencias. Una es la de un grupo de mujeres indígenas nahuas conformadas en una importante organización: Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij (Mujeres que
PAIS... Y SIN FRIJOL TAMPOCO.
PON A MEXICO EN TU BOCA.
FINCA MAGDALENA UNA EXPERIENCIA COMUNITARIA EXITOSA
Docente de la Carrera de Turismo Sostenible de la UNAN Managua
inca Magdalena, ubicada en la isla de Ometepe, en Nicaragua, tierra de lagos y volcanes, constituye uno de los ejemplos de experiencia exitosa de turismo rural comunitario. La finca es propiedad de la Cooperativa Carlos Díaz Cajina, conformada por 24 socios. Tiene una extensión de 386.4 hectáreas y se encuentra ubicada en las faldas del Volcán Maderas en la comunidad de Balgüe, en lo que constituye la tercera Reserva de Biósfera del país. Fue fundada en 1983 como resultado de la reforma agraria que impulsó el gobierno sandinista en los años 80. Sus tierras eran parte de una finca cafetalera y ganadera de una familia de origen terrateniente.
Manuel Fandiño Redactor de la revista Enlace de Nicaragua y colaborador de Alba Sud
roteger la Reserva Natural de los volcanes Las Pilas-El Hoyo en León, Nicaragua, y a la vez vivir del turismo en esa zona, es la tarea que se propuso hace ya más de diez años un grupo de campesinos, sin contar con nada, ni tierra, ni capital, ni conocimientos sobre esa actividad; sólo pura voluntad. ¿Cómo hicieron? Flor Danelia Velázquez, una de las iniciadoras de la experiencia y actual vicepresidenta de la cooperativa que organizaron, Las Pilas-El Hoyo, lo explica así: “La iniciativa surge del gran problema de no tener trabajo ni tierras para sembrar. Mario, mi marido, de niño siempre iba a pasear con su papá del lado de los volcanes, y al ver aquella tierra tan hermosa sola, pensó en pedirle permiso al Estado y a la alcaldía para sembrar frijoles y tener unas cabras, y a la vez cuidar toda la zona de los incendios. Yo en ese tiempo, para ayudar al mantenimiento del hogar vendía mechas de lampazo, hilazas y escobas de monte, porque él apenas sembraba”. Igual impresión tiene Favio Membreño, otro de los iniciadores de la experiencia: “En la zona no hay trabajo. Sólo se consigue para un ratito, para unos diítas, en la época de siembra o de cosecha; no hay algo con lo que uno pueda decir de aquí me mantengo”. Después del huracán Mitch en 1998, algunos pobladores buscaron ayuda ante el desastre que habían vivido, y como recuerda Flor Danelia, “la alcaldía nos mandó un organismo, para que nos apoyara. Les propusimos un proyecto con dos objetivos: buscar
Actualmente la cooperativa se dedica al cultivo de café orgánico, miel, granos básicos. El turismo constituye su principal rubro y fuente de ingresos. Esta actividad se inició en 1995 con la prestación de servicios de alimentos y bebidas que demandaban los visitantes del Volcán Maderas. Luego la actividad se fortaleció y se acondicionó la antigua casa-hacienda para facilitar la atención y el alojamiento a los turistas. Para el año 2000 el turismo se había convertido ya en la principal actividad económica de la cooperativa. La finca es una de las iniciativas con mayor posicionamiento dentro de la oferta nacional de turismo rural comunitario de Nicaragua. Sus datos de llegadas de turistas, vinculados principalmente al segmento de mochileros y organizaciones solidarias, se sitúa en torno a las cinco mil personas al año.
Además la cooperativa ha mantenido un fuerte compromiso con la comunidad de Balgüe: donó terrenos a familias de escasos recursos de la zona para que construyeran sus casas y se pudiera ubicar el cementerio municipal; ha apoyado para mantener el sistema de agua potable; ha hecho diversos aportes económicos para las agrupaciones culturales, deportivas y centros educativos, y hasta ha llegado a crear un fondo social para ayudar a personas de escasos recursos. En el aspecto ambiental la finca ha tenido cuidado del entorno de bosque de nebliselva que hay en el área donde se ubica y ha desarrollado acciones como estudios de capacidad de carga, reciclaje de materiales orgánicos, campañas y talleres ambientales tanto en colegios como en la misma comunidad, y con especial dedicación entre los guías.
La fuerte afluencia de turistas ha ayudado a la cooperativa a ampliar y diversificar sus fuentes de ingresos. Uno de los efectos más destacados del crecimiento de esta actividad hace referencia al crecimiento del empleo en la propia zona y a una mejora en los recursos manejados por los socios de la cooperativa y sus familias. Esto, a su vez, se ha traducido en un mayor acceso a la educación en todos sus niveles, incluido el superior, de los hijos de los socios, y en una mejora en sus viviendas, lo cual ha cambiado su calidad de vida. En todo este proceso de crecimiento de la actividad turística, las mujeres han jugado un especial protagonismo y liderazgo y han asumido una mayor participación y responsabilidad.
A lo largo de todos estos años, la cooperativa recibió algunos aportes externos de asociaciones, redes, organismos de cooperación internacional e instituciones del Estado. A pesar de estos apoyos, el liderazgo de la cooperativa ha estado siempre en manos de sus socios, que han desarrollado una gran capacidad de organización.
Pero además de los beneficios directos obtenidos por los miembros de la cooperativa, el crecimiento del turismo en la Finca Magdalena ha tenido un importante efecto en la zona. Por una parte han contribuido a dinamizar la economía local por medio de la compra de alimentos, bebidas y productos diversos en pequeños negocios de la comunidad de Balgüe y a productores de las comunidades cercanas.
La utilización del espacio rural por actores del turismo comunitario como Finca Magdalena es un ejemplo oportuno que permite mostrar cómo nuestros pueblos organizados pueden transformar una comunidad, estimular cambios en las actitudes de los individuos que conduzcan a la mejora de su entorno.
“Antes nadie llegaba al Cerro Negro ni a los otros volcanes. Los veían como una amenaza, como un motón de piedras quemadas. Por otra parte, los volcanes estaban indefensos: no tenían ninguna protección, ni de las comunidades, ni de la alcaldía, ni del Estado. Eran tierra de nadie, a pesar de tener uno de los mejores patrimonios de Nicaragua, de ser como un tesoro con un enorme potencial para turismo (...) Por eso siempre pensamos que protección y turismo tenían que ir de la mano.”
TURISMO A PURA VOLUNTAD COOPERATIVA LAS PILAS-EL HOYO
FOTO: Álvaro Lenín
Olga Gómez Romero
FOTO: Ernest Cañada
En la Finca Magdalena, además de brindar servicios de alimentos y bebidas y de alojamiento en la antigua casa-hacienda o en un área de camping, los turistas tienen la oportunidad de ver y conocer directamente las actividades productivas de la finca y sus distintos cultivos, hacer excursiones a los volcanes Maderas y Concepción, visitar los petroglifos pre-colombinos y otros recursos naturales de la zona acompañados por con guías expertos procedentes en la misma comunidad. También disponen de alquiler de bicicletas y conexión a internet.
Construcción residencial en la Laguna de Apoyo, Nicaragua
empleo aprovechando el turismo y proteger el área para conservarla y que no terminara siendo un desierto. La idea les gustó, y en conjunto con la alcaldía nos ayudaron a capacitarnos y hacer una pequeña construcción en la base del Cerro Negro, que es el actual centro de interpretación (...)”. Pero para llegar a tener estas condiciones mínimas pasaron como siete años protegiendo la zona y atendiendo turistas sin nada: caminando a pie o a caballo los 24 kilómetros que hay hasta la base del Cerro Negro, durmiendo en champas o en casas de campaña... Por eso Mario Munguía, el iniciador de esa iniciativa, la llamaba “turismo de aventura y sobrevivencia”:
“Era friendo y comiendo, hablando y haciendo. Hemos sido capaces de soñar y de hacer realidad esos sueños. Los que iban, mandaban a otros, y empezamos a buscar costos, a armar propuestas (...) Hoy somos una cooperativa con 16 socios y acompañamos turistas al Cerro Negro, a Las Pilas-El Hoyo, a toda la cordillera de Los Maribios y a todo el Pacífico. Nos hemos constituido en cooperativa para ser libres e independientes y paliar las necesidades de la gente pobre de las comunidades. Hoy somos 16 socios. Doce trabajan en el centro de interpretación en la base del Cerro Negro, organizados en dos grupos que se turnan cada semana. Limpian los caminos, reparan los senderos, cuidan la zona de los incendios y de los cazadores, reforestan, atienden a los turistas (...).
Los socios de la cooperativa siguen con sus actividades productivas tradicionales: siembra de frijoles, maíz, ayotes (...) y con otras nuevas compatibles con la conservación del área protegida, como la apicultura, los zoocriaderos y la siembra de flor de jamaica. Lo anterior se complementa con el trabajo de recibir y acompañar turistas. Pero no todo ha sido fácil. La cooperativa ha tenido que superar dificultades muy grandes y tiene retos que la obligan a seguir fortaleciéndose, como explica don Favio: “La mayor dificultad que hemos vivido fue cuando el ex alcalde de León quiso quedarse como manejante del área y que nosotros, que ideamos y creamos la iniciativa, fuéramos sus trabajadores. Para desalojarnos nos mandó a la policía acusándonos de tráfico de drogas, como hacia Somoza. Mientras no hubo nada, no hubo problema, pero cuando ya hicimos el Centro de Interpretación, empezó el pleito (...) Menos mal que las nuevas autoridades municipales y el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales parece que tienen voluntad de ayudarnos y de reconocer el trabajo que hemos venido haciendo”.
Nicaragua En los cinco años recientes, la cantidad de visitantes oscila entre 300 y 400 por mes, siendo los feriados nacionales los días de mayor aﬂuencia
ECO POSADA EL TISEY, UNA EXPERIENCIA DE DIVERSIFICACIÓN CAMPESINA
FOTO: Alam Ramírez
Para la familia Cerrato el turismo rural comunitario ha significado todo un reto, por el desconocimiento que tenían sobre el tema, pero también un reencuentro con sus raíces, pues la mayoría de los hermanos había dejado el campo para instalarse en la ciudad. Fue la actividad turística en la finca la que les hizo volver a reunirse y organizarse según intereses y capacidades. Hoy todos ya tienen sus roles establecidos, pero si hay que apoyar en algo, lo hacen, lo que les permite involucrarse en todo el proceso y juntos tomar decisiones a favor del desarrollo de la finca y el bienestar de la familia.
Finca El Tisey, Estelí, Nicaragua.
Flora Acevedo Oporta Docente de la Carrera Turismo Sostenible de la UNAN – Managua
n Nicaragua el turismo rural comunitario es una actividad económica cada vez más relevante: cooperativas, comunidades indígenas, familias y asociaciones en distintas zonas rurales del país se han organizado y puesto en marcha iniciativas turísticas que, sin abandonar sus actividades tradicionales, les han permitido diversificar su quehacer y complementar sus fuentes de ingresos. A lo largo del territorio se cuenta con poco más de 30 iniciativas de turismo rural comunitario que dan respuesta a la necesidad de ofrecer algo auténtico, real y justo a quienes lo gestionan y quienes lo consumen. Un ejemplo de esta actividad, gestionada y promovida por los mismos dueños de la propiedad, es la Eco Posada El Tisey, una iniciativa familiar ubicada dentro del área protegida Reserva Natural El Tisey-La Estanzuela, a 25 kilómetros del área urbana de la ciudad de Estelí. Por estar dentro de un área protegida, fue necesario cambiar las prácticas productivas tradicionales como
Cuatro años llevando la voz del campo a los cuatro rumbos
FELICIDADES Cristina Barros Marco Buenrostro Taller creativo El Tecuani
la agricultura y la ganadería extensiva que realizaban en la zona. La actividad turística aparece en ese momento como una alternativa económica que aprovecha de manera responsable los recursos y atractivos de la finca y su entorno.
Con el turismo, han tenido la oportunidad de incrementar la producción de rubros tradicionales como el café, el maíz, las frutas y hortalizas que comercializan en la misma finca para la alimentación de los visitantes. Además han incursionado en la siembra de flores, plantas ornamentales y hasta han puesto en marcha un Centro Experimental en Agricultura Orgánica, por medio del cual han establecido un acuerdo de colaboración permanente con una universidad nacional. Todo esto es aprovechado como atractivos turísticos dando respuesta a los diferentes intereses de los turistas. Hay para todos los gustos: paisaje, producción orgánica, investigaciones científicas, cultura, gastronomía, etcétera.
La finca es propiedad de la familia Cerrato Jirón desde hace cuatro generaciones. Es manejada entre nueve hermanos con el apoyo de otros miembros de la familia que trabajan en agricultura y ganadería en una extensión de 70 manzanas (unas 50 hectáreas) y en la actividad turística. Su inicio estuvo condicionado sobre todo por el capital de inversión, pero con apoyo del Proyecto de Co-manejo de Áreas Protegidas (Comap), organización que co-maneja la Reserva, y el trabajo de ellos mismos, empezaron con algo pequeño que poco a poco ha ido creciendo por medio de inversiones que han realizado con micro financieras y otros créditos que como cooperativa familiar han gestionado.
También han generado un impacto en la economía de los pobladores vecinos, comprando productos (que no cultivan ellos o cuando lo producido en la finca no ajusta) y hasta creando trabajo temporal o permanente.
Las actividades tradicionales agropecuarias, la cultura local y los recursos naturales de la zona conforman la oferta de turismo rural comunitario en la Eco Posada El Tisey, lo que ha permitido que exista una diversificación productiva en la finca.
La experiencia de la familia Cerrato muestra que existen grandes posibilidades de desarrollo con base en un mercado local y no indispensablemente extranjero. Y ha sido este modelo turístico lo que les ha permitido conservar su cultura campesina.
Uno de los logros más relevantes de la Eco Posada ha sido su capacidad para mantener una clientela estable, principalmente nacional: capitalinos que buscan conocer la cultura rural y disfrutar la plenitud de la naturaleza, vecinos del mismo departamento que disfrutan de fines de semana en familia y estudiantes. En los cinco años recientes, la cantidad de visitantes oscila entre 300 y 400 por mes, siendo los feriados nacionales los días de mayor afluencia.
Costa Rica EXPERIENCIAS DE COORDINACIÓN DEL TURISMO RURAL COMUNITARIO Yorlenny Fontana Responsable del área de Turismo Sostenible de la ONG costarricense ACEPESA
n 2003, en Costa Rica se creó la Alianza de Organizaciones para el Fortalecimiento del Turismo Rural Comunitario, integrándose así un espacio informal de coordinación de las organizaciones más reconocidas en el tema: la Asociación Centroamericana para la Economía, la Salud y el Ambiente (ACEPESA); la Asociación Costarricense de Turismo Rural Comunitario (Actuar), y el Consorcio CooperaƟvo Red EcoturísƟca Nacional (Cooprena RL). La Alianza se propuso fortalecer el turismo rural comunitario como una de las principales acƟvidades turísƟcas a escala nacional y, al mismo Ɵempo, consolidarlo como un instrumento para generar desarrollo sostenible con equidad y una alta parƟcipación de la inversión local. El objeƟvo era incidir conjuntamente en las insƟtuciones del Estado para fortalecer este Ɵpo de acƟvidad como una alternaƟva de desarrollo local sostenible. La Alianza se orientó fundamentalmente hacia la incidencia políƟca, y trató de ayudar a eliminar obstáculos para el desarrollo del turismo rural comunitario y, a su vez, generar sinergias entre los actores públicos y privados. También se organizaron acƟvidades específicas con las diferentes instancias involucradas en el sector. Uno de los grandes retos fue sensibilizar a los funcionarios públicos en la potencialidad de este producto. También se propuso generar condiciones en el ámbito público-privado que impulsaran la inversión local y el desarrollo de un producto turísƟco innovador y compeƟƟvo, y converƟr así al turismo rural comunitario en un verdadero instrumento de desarrollo local sostenible. Entre los logros de la Alianza destaca la aprobación de la Ley de Fomento al Turismo Rural Comunitario en abril de 2009, cuyo propósito es apoyar las acƟvidades turísƟcas rurales por medio de empresas de base familiar y comunitaria, agrupadas en asociaciones y cooperaƟvas de autogesƟón. Los principales beneficiarios de la Ley, y a quienes se dirigen sus incenƟvos, son estas iniciaƟvas de Ɵpo campesino de las comunidades rurales, que han tenido grandes dificultades para subsisƟr en el entorno turísƟco actual. De este modo, los servicios turísƟcos beneficiados son: posadas de turismo rural comunitario, agencias de viajes especializadas en este sector, acƟvidades temáƟcas y servicios de alimentos y bebidas. Después de la aprobación de la Ley, la Alianza visualizó la necesidad de crear una instancia formal de representación del sector. De este modo el 12 de junio del 2009 se conformó la Cámara Nacional de Turismo Rural Comunitario (Canturural). Actualmente forman parte de ella 82 emprendimientos, incluidas las principales redes existentes en el país. Su propósito principal es fomentar y fortalecer las iniciaƟvas de turismo rural comunitario por medio de la generación de capacidades locales para el desarrollo integral de las comunidades.
IMPACTO DEL TURISMO EN LAS COMUNIDADES RURALES DE GUANACASTE Ronal Vargas Sacerdote y director de la Pastoral Social de Guanacaste
Y no era para menos: comenzó la construcción sin los permisos debidos, sin viabilidad ambiental y sin tener agua potable. Hoy se le están cobrando 85 millones de colones (168 mil 875 dólares) por una hectárea de bosque de manglar afectado por aterramiento, árboles aislados muertos que estaban ubicados en zona pública… y todavía estamos esperando que paguen. Esta triste historia se repite una y otra vez en Guanacaste y otros lugares costeros de Costa Rica, y aunque tenemos una buena legislación, en ocasiones pueden más las presiones económicas y políticas, como el padrinazgo que la hoy presidenta de la República, Laura Chinchilla (casada con un empresario español), ha otorgado a la cadena hotelera RIU.
a cadena hotelera RIU, de capital español, inició operaciones en Costa Rica el 30 de octubre de 2009, entre fuertes cuestionamientos sociales y la bendición de Casa Presidencial. Incluso un conocido periódico de derecha, La Nación, tituló un artículo: “Hotel de Guanacaste abre hoy en medio de denuncias ambientales”.
El trabajo logístico de los inversionistas es realmente admirable: se presentan en las comunidades como Santa Claus, ofrecen trabajo a todo el mundo, mandan a pintar la escuela del lugar, le regalan nuevas campanas a la iglesia, pagan un tractor para hacerle mejoras al campo deportivo, prometen que no afectarán el recurso hídrico y que no causarán ningún tipo de deforestación ni contaminación, invitan a que
Sexto Informe del Estado de la Nación, en donde se realizó el Informe del Estado de la Región Chorotega, en 1999, Guanacaste resulta la región más pobre de Costa Rica, y esto se repite cada cuatro años en los diferentes estudios que se han hecho.
COMUNIDADES COSTERAS EN LUCHA; LA OTRA CARA DEL DESARROLLO TURÍSTICO Coordinador del Frente de Comunidades Costeras en Resistencia
Las comunidades locales que ya habitaban allí quedaron en el abandono. Es decir, no hubo esfuerzos reales, por lo menos reconocidos, de aplicar una política municipal o una política pública que garantizara a esas comunidades condiciones para que pudieran seguir viviendo en esos territorios. Al contrario, lo que encontramos es una serie de inventos que acabaron perjudicando a las comunidades. Por ejemplo, se crearon los planes reguladores privados, pagados por las mismas empresas desarrolladoras, los cuales generan barbaridades porque están hechos a la medida del interés de las empresas. Esto ha propiciado el despoblamiento de la mayoría de las zonas costeras.
la exportación, y no necesariamente lo que Costa Rica normalmente sabía hacer, sino que se comenzó a introducir el melón y las flores. En el campo del turismo se optó por un desarrollo concentrado en los megaproyectos turísticos, con grandes hoteles en las zonas costeras, y los desarrollos inmobiliarios, es decir la construcción de apartamentos para vender a extranjeros. La mayor parte de las zonas costeras de Puntarenas y sobre todo de Guanacaste tomaron esta orientación. Después de 20 años de usar las tierras costeras de Guanacaste para este tipo de actividad, los indicadores sociales no han subido. En el
asta 1982 en Costa Rica había un modelo de país que posibilitaba una mejor distribución de la riqueza y el fortalecimiento de diferentes sectores, como las pequeñas empresas o las cooperativas. Pero en 1982, con los programas de ajuste estructural, se replanteó un nuevo modelo de desarrollo que implicó lo que se llamó por algún tiempo “la agricultura de cambio” y se empezó a producir para
Protesta en Nicoya en defensa de la Ley de Territorios Costeros Comunitarios
Ante esta realidad cotidiana, en la que se sigue jugando con la historia de las comunidades costeras, desde la Iglesia Católica hemos realizado una labor de información y concientización popular que, aunque ha sido muy mal vista y criticada por autoridades del gobierno, ha recibido una sentida acogida popular. El 19 de junio de 2009, después de un largo trabajo de dos años de consulta a las comunidades, nuestro obispo Victorino Girardi, quien fue profesor universitario por muchos años en la Universidad Pontificia de México, trabajó el último borrador que se le presentó y dio luz a la Carta Pastoral Discípulos tras
se abran más heladerías, tiendas de souvenirs y bares, y luego se retiran de la comunidad entre abrazos, aplausos y besos… Esa es la primera y última vez que el inversionista y su abogado son vistos en público, pues cuando inician las construcciones y el funcionamiento del hotel, desaparecen como por arte de magia, y no dan la cara cuando las organizaciones comunitarias los solicitan. Al final la comunidad cierra sus bares y expendios de souvenirs porque los turistas nunca se bajan del autobús para conocerla; los trabajadores del hotel son traídos de fuera y ni los productos de los campesinos de la región son adquiridos, pues todo viene empaquetado desde la capital, San José.
En los años recientes hemos vivido un proceso de organización y articulación de las comunidades costeras para dar respuesta a esta situación. En 2008 se creó el Frente Nacional de Comunidades Costeras Amenazadas por Políticas de Extinción. Surgió en la comunidad del Ostional, como un esfuerzo de ese pueblo y de la Asociación Foro Ecuménico para el Desarrollo Alternativo de Guanacaste (Fedeagua). En un momento de movilización frente a la Asamblea Legislativa, nos encontramos con otras comunidades, como Montezuma, Tambor, Pochote y Paquera, que tenían los mismos problemas. Ese encuentro nos hizo ver la necesidad de una articulación, de una red más grande, que involucrara a las diferentes comunidades.
las huellas de Cristo promoviendo la vida al norte de Costa Rica. Entre otras cosas la Carta afirma: “La riqueza producida en las actividades turísticas e inmobiliarias no sólo no se ha redistribuido, sino que ha acelerado el empobrecimiento de la población autóctona (…)” (n. 40). “La dimensión social es una premisa fundamental de toda actividad, inclusive la turística. Las personas turistas, aparte de disfrutar del entorno, deben colaborar con el desarrollo de los seres humanos que habitan en el lugar que se visita (…)” (n. 43). El impacto de esta Carta Pastoral, particularmente en sus análisis críticos del turismo, fue tal que los ministros de Planificación y de Turismo convocaron en San José a los medios de comunicación para difamarla. En un escrito firmado el 9 de agosto por poco más del 60 por ciento del clero diocesano le dimos el respaldo a nuestro obispo, escribiendo entre otras cosas que: “En esta empobrecida región del país estamos frente a una pobreza nueva, diferente, cruel, que la llamamos exclusión social porque invisibiliza, denigra y margina un alto sector de nuestra población (…) somos especialistas en pobreza (…) Los dólares que supuestamente comparte el turismo en nuestra región, en esta población excluida, poco o nada se distribuyen”. En fin, sacamos roncha en el gobierno y en el sector turístico. Pero lo más importante es que a partir de la Carta Pastoral se ha iniciado un debate regional y nacional como antes no lo hubo, aunado con la crisis económica que desnudó al sector turístico y muchas personas en la región sintieron proféticas algunas de las afirmaciones del obispo, pues no pocas de sus predicciones se han hecho realidad.
Para nosotros un reto muy grande es generar en cada una de esas comunidades la capacidad de organización y de propuesta para luchar por el control comunitario de los recursos que están en esos territorios y que los recursos en general se puedan distribuir mejor o estén a la disposición de la mayoría de los costarricenses. Ese es un reto muy grande. En las zonas costeras vive mucha gente, pero es muy apática, muy desorganizada. ¿Cómo elevamos la capacidad de organización de las personas de esas comunidades? A pesar de la dificultad, hemos logrado mejorar de forma importante la participación y la articulación entre las diferentes comunidades. Hoy el Frente está constituido más o menos por 58 comunidades. Después de un estudio profundo, llegamos a la conclusión de que la única vía que teníamos era la creación de una nueva ley que reforme la Ley sobre la Zona Marítimo Terrestre y otras leyes. Elaboramos el proyecto de Ley de Territorios Costeros Comunitarios, también conocida como Ley Tecocos, que contempla aspectos como garantizar el derecho a la gente que ha vivido ahí por más de diez años a seguir en esa zona, siempre y cuando esto no signifique acaparamiento de tierras en la zona marítimo-terrestre; asimismo, que los impuestos que se paguen sean similares a los que cubre cualquier costarricense, y no haya un impuesto especial por vivir en la zona marítimo-terrestre. Después de un largo proceso de trabajo e incidencia, la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea Legislativa de Costa Rica resolvió a favor de la Ley Tecocos y ahora su discusión debe pasar al plenario de la Asamblea.
MICOS BEACH AND GOLF RESORT
UN PROYECTO POLÉMICO EN LA BAHÍA DE TELA* Giorgio Trucchi Corresponsal de la Rel-UITA en Centroamérica y colaborador de Alba Sud
onduras sigue debatiéndose en medio de una fuerte crisis económica, política y social, originada por el golpe de Estado de junio de 2009. El nuevo gobierno, encabezado por Porfirio Lobo, ha impulsado una estrategia para tratar de “normalizar” la situación en el país y las relaciones internacionales para reactivar los flujos de divisas e inversiones. El turismo de enclave parece ser uno de los sectores privilegiados por la nueva administración para lograr ese objetivo. En este sentido, el complejo turístico Los Micos Beach and Golf Resort, mejor conocido como Bahía de Tela, representa la obra maestra de una Estrategia Nacional de Turismo Sostenible (ENTS), que persigue transformar el litoral Caribe de Honduras en el “Cancún de Centroamérica”. Sin embargo, varios sectores de la población hondureña siguen rechazando no sólo ese proyecto, sino también un modelo de desarrollo que consideran gravemente dañino para el país, generador de divisiones en las comunidades y que beneficia solamente
a los grupos económicos que ya controlan la política y la economía de Honduras. Inicialmente la iniciativa fue concebida como un megaproyecto, sin embargo la crisis económica internacional que se inició en 2008 obligó a su remodelación, pasando a ser considerado más bien como una propuesta de turismo residencial. En cualquier caso, el entusiasmo mostrado por el sector público y los principales grupos económicos del país –ambos actores involucrados en el proyecto– contrasta con la férrea oposición de sectores de la sociedad hondureña y en particular de la población garífuna-afrocaribeña de la zona. Múltiples son las denuncias presentadas por varios sectores de las comunidades garífunas: despojo de tierras comunales, corrupción en los patronatos, represión y amenazas, daños ambientales, aumento de la vulnerabilidad ante el cambio climático, pérdida de la cultura y de la idiosincrasia ancestral garífuna, usurpación de los recursos naturales y divisiones internas. En fin, un proyecto y un modelo turístico hechos a la medida del gran capital, que benefician a unos pocos y que dejan más pobreza y subdesarrollo para la inmensa mayoría de la población.
Según Martina Meléndez, ex directiva del patronato de Tornabé, el despojo de las tierras de las comunidades garífunas inició en los años 90s, con el gobierno de Rafael Leonardo Callejas. “Comenzó la corrupción. Tornabé no tenía un título de dominio pleno y algunos de los líderes de la comunidad convencieron a las personas, diciéndoles que si vendían las tierras al proyecto turístico les iban a entregar el título sobre el resto de la tierra. Les pagaron una miseria y el dinero quedó en pocas manos. Ahí comenzó el problema. La gente cambió. Tanta es ahora la ambición por las tierras colindantes con el proyecto Bahía de Tela que hasta entre nosotros hay serios conflictos y divisiones. El garífuna no es así, no es su naturaleza. Somos personas que nos protegemos los unos a los otros, pero ahora es diferente y la ambición se ha adueñado de nuestras comunidades”, subrayó Meléndez. La Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh) responsabiliza al megaproyecto turístico por lo que está pasando: “Antes de que llegara el proyecto la gente estaba tranquila. Con las primeras ventas de tierra y el desarrollo del proyecto Bahía de Tela iniciaron los problemas y la carrera de la gente para vender. Se comenzó a crear confusión entre la gente, falsas necesidades y empezaron a perder su autoestima, su cultura, a despertar la ambición. Una ambición que ha ido creciendo y ha generando divisiones, conflictos”, aseveró Alfredo López, vicepresidente de Ofraneh. López denunció también la represión contras aquellas organizaciones que siguen lu-
un proyecto y un modelo turístico hechos a la medida del gran capital, que beneﬁcian a unos pocos y que dejan más pobreza y subdesarrollo para la inmensa mayoría de la población chando contra el desarrollo de Los Micos Beach and Golf Resort. “Es una represión latente, con amenazas constantes. Recibimos llamadas telefónicas en la oficina de Ofraneh o en nuestras propias casas. Nos dicen de todo. Además, hay casos de acusaciones y demandas falsas en los tribunales. Sin embargo, no nos van a detener”. Ante las declaraciones del Instituto Hondureño de Turismo (IHT) y los impulsores del proyecto turístico sobre los beneficios que éste va a traer a las comunidades garífunas, la reacción de varias de las personas entrevistadas fue muchas veces de incredulidad. En una nota de prensa, Ofraneh señala que: “El modelo de turismo de enclave nunca va a traer beneficios verdaderos para nuestras comunidades. Nunca se socializó de verdad el proyecto. Más bien se manejó entre los impulsores del proyecto mismo y los dirigentes de algunos patronatos o patronatos paralelos: empresarios convertidos en supuestos líderes, que ven el turismo como sinónimo de desarrollo, sin tener en consideración el esquema de exclusión que conlleva el turismo de enclave.” *Una versión completa de este artículo puede encontrarse en la página web de Alba Sud, www.albasud.org
Beatriz Martín Consultora internacional en turismo comunitario
n la costa norte hondureña (Caribe Esmeralda) la Estrategia Nacional de Turismo Sostenible (ENTS), impulsada por el Instituto Hondureño de Turismo (IHT), definió tres polos de desarrollo turístico. Por un lado, La Ceiba, centro de distribución turística y donde destacan los segmentos de sol, playa y ecoturismo. El otro polo era Tela, modelo de sol y playa tradicional, con un desarrollo turístico marcado por el proyecto Bahía de Tela. Por último, Trujillo, definido también para los segmentos de sol y playa combinados con cultura y el proyecto denominado Ciudad Modelo, aprobado recientemente y por el cual el país concesiona parte del territorio del municipio a un país extranjero, para que establezca allí, con sus propias leyes y reglas económicas, una ciudad autónoma o charter city, orientada al comercio y a las finanzas, disponiendo así de libertad para tomar cualquier tipo de decisión dentro de esta ciudad, lo que se podría calificar como un nuevo modo de colonialismo moderno. Pese al enorme potencial y diversidad que ofrecen las comunidades locales, poco ha tratado el IHT el turismo comunitario en la región, dejando de lado algunas de las expe-
riencias turísticas más enriquecedoras que presenta el área. Dos ejemplos son la cultura garífuna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), escasamente promocionada y apoyada en el destino, y los pech, etnia indígena que debido a su minoría ha sido escasamente incluida en las estrategias turísticas. En este escenario caracterizado por un débil apoyo institucional, existen iniciativas comunitarias que aunque de forma tímida y tras un largo periodo, están encontrando un espacio en el mercado turístico actual de la costa norte hondureña. En este sentido, destaca el trabajo realizado por la Red de Comunidades Turísticas de Honduras (Recoturh). Esta organización surgió en el año 2006 con el apoyo de la Red Ecologista Hondureña para el Desarrollo Sostenible (Rehdes) y Nepenthes (actualmente Bosques del Mundo, una organización no gubernamental danesa) a partir del Proyecto Turismo Sostenible en Honduras Fase I, donde se estableció la necesidad de crear un espacio de comunicación y coordinación con las comunidades beneficiarias. Recotuhr nació con el objetivo de dinamizar turísticamente a las comunidades –por medio de la gestión de recursos y el posicionamiento en el mercado– para así aumentar sus ingresos económicos. Las comunidades
FOTO: RECOTURH
EL TURISMO EN LA COSTA NORTE: EXPERIENCIAS DE RECOTURH
que constituyeron la red son parte de la población rural de la costa norte hondureña, viven en su mayoría en condiciones de pobreza y sus actividades de subsistencia están provocando una fuerte presión sobre los recursos naturales, al no disponer de alternativas económicas viables. Desde la constitución de Recoturh, han pasado más de cinco años, durante los cuales la organización ha pasado por diferentes fases, algunas muy negativas, como la crisis política del 2009, que afectó gravemente la imagen de país; eso motivó que cayera la afluencia turística, y el turismo comunitario, que comenzaba a estar más posicionado, sufrió un serio retroceso. Aun así, actualmente son 11 las comunidades que conforman Recoturh, distribuidas en las zonas de amortiguamiento de las principales áreas protegidas del destino y siguen en aumento. Cada una, por medio de comités de turismo organizados, ofrece una serie de servicios y productos turísticos, que son comercializados por
la Central de Reservaciones Turísticas, creada y gestionada por Recoturh y con sede en la Cámara de Turismo de la Ceiba. Respecto de su funcionamiento, en la Red existe una junta directiva formada por los miembros de los comités, que junto con la Asamblea General constituida por todos los comunitarios, se encargan de gestionar y dirigir Recoturh. Asimismo, Recoturh ha apoyado las iniciativas emprendidas por los más jóvenes comunitarios, y son varias las microempresas de servicios turísticos que han sido constituidas para atender la demanda del área. La Recoturh en la actualidad es una organización que ha conseguido una estructura estable, con capacidad para atraer nuevas fuentes de financiamiento, y con un dinamismo que se plasma en la visión de convertirse en líder en la facilitación de actividades dirigidas a promover y desarrollar el turismo comunitario, e ir creciendo hasta convertirse en una Red independiente, sostenible técnica y financieramente, que incluya a todas las comunidades de Honduras.
CINQUERA: RESTAURANDO EL BOSQUE CON EL TURISMO RURAL COMUNITARIO e investigación de la fauna y flora nativa. Además se exhiben vestigios de la vida de los campamentos guerrilleros.
Investigadora de Fundación PRISMA de El Salvador
El Bosque de Cinquera es valorado porque garantiza la provisión de agua para las comunidades, además tiene un valor simbólico ya que proporcionó refugio y sustento a los grupos de combatientes y población civil que se defendió de los ataques de la fuerza armada por más de una década. Gracias a un
fuerte sentimiento de apropiación del bosque se están construyendo estrategias, como el turismo rural comunitario, basadas en los servicios ecosistémicos que éste proporciona. El Parque Ecoturístico Bosque de Cinquera se constituyó sobre un conjunto de propiedades privadas, municipales y comunitarias, y actualmente está en proceso de ser denominado área protegida. Es manejado por los pobladores organizados en la Asociación para la Reconstrucción y Desarrollo Municipal (ARDM) quienes planifican, regulan y definen el plan de manejo del área protegida y la oferta turística. Esta última consiste en senderos, campings, cabañas y miradores, para practicar turismo de aventura, exploración
LA RUTA DE PAZ Xenia Ortiz Investigadora de Fundación PRISMA de El Salvador
l turismo rural comunitario está abriendo brecha en El Salvador. La Asociación Pro Desarrollo Turístico de Perquín (Prodetur) forma parte del grupo de emprendedores que ven en este tipo de actividad un mecanismo para diversificar sus medios de vida restaurando ecosistemas, rescatando la historia y revalorizando la cultura. El Prodetur se constituye como comité de turismo en 1998 y obtiene su personería jurídica en 2000. Actualmente promueve la Ruta de Paz como un destino turístico por medio de su propia operadora local de turismo llamada Perkin Tours. Ésta articula las diversas iniciativas turísticas de sus socios que son micro y pequeños empresarios del norte de Morazán. Ruta de Paz es un destino turístico que incluye la oferta turística de empresarios privados y comunitarios de los municipios de Perquín, Arambala, El Rosario, Jocoaitique, Meanguera, San Fernando, Torola y Jocoateca. Sin embargo, el punto inicial de este destino es Perquín, ubicado en el departamento de Morazán a 206 kilómetros al nororiente de San Salvador. La zona tiene vocación forestal con suelos poco fértiles, pero con gran belleza paisajística y riqueza
En 2010 el Parque Ecoturístico recibió unos ocho mil visitantes, la mayoría nacionales, especialmente estudiantes de educación media en giras educativas o de recreación. Las actividades turísticas y de conservación emplean directamente a unas 40 personas, sobre todo mujeres. Incluyen la fabricación de artesanías basadas en productos del bosque y de la agricultura local, y la promoción del uso sostenible de biodiversidad mediante el establecimiento de zoocriaderos de iguanas y un mariposario. La reivindicación de la historia local es parte importante de la identidad turística. En el casco urbano se conserva la iglesia parroquial semidestruida por los bombardeos del ejército. Al frente de la iglesia hay tres bombas que no estallaron y que sirven para llamar al servicio religioso. En su fachada se pintaron murales de monseñor Óscar Romero y Rutilio Grande, mártires religiosos de la Iglesia Popular que son los referentes de las ideas y cultura de los lugareños. El valor agregado del turismo comunitario en Cinquera es que forma parte de una estrategia para la generación de opciones pro-
de ecosistemas, entre los cuales sobresale el Rio Sapo que forma parte de las Áreas Naturales Protegidas de El Salvador y que actualmente es administrado por Prodetur. Tomando en cuenta estos factores, el turismo rural comunitario se ve como una oportunidad para aprovechar de manera sostenible los recursos naturales, históricos y culturales que existen en el territorio. Durante el conflicto armado Ruta de Paz fue una de las zonas más afectadas y la visita a estos municipios lo confirma. Varios de sus habitantes migraron al extranjero, sobre todo a Estados Unidos. Por ello es comprensible que algunos de estos empresarios relaten cómo su estancia en el extranjero o las remesas de sus familiares fueron la fuente para financiar su negocio turístico. En El Salvador la migración se ha convertido en un patrón de mejoramiento de las condiciones de vida. Este patrón se observa con mayor claridad en la zona oriental del país, una zona percibida por sus pobladores como marginada de las dinámicas económicas y sociales y desde donde surge la propuesta de Prodetur.
FOTO: Fundación PRISMA
En los años 70s se caracterizaba por la deforestación debido a la extensión de zonas de cultivos de subsistencia; la guerra obligó a los pobladores a abandonar sus viviendas y lugares de cultivo y ello propició la recuperación natural del bosque que los pobladores decidieron mantener cuando retornaron a finales de los 80s. En lugar de talar y sembrar maíz y frijol, los pobladores emprendieron diversos esfuerzos comunitarios para mantener unas cinco mil 300 hectáreas de bosque secundario, convirtiendo a Cinquera en un caso exitoso de restauración de ecosistemas.
inquera es un municipio ubicado en la zona paracentral de El Salvador, tiene mil 465 habitantes, su nombre de origen lenca significa “cerro de piedras y pacayas”.
Ruta de Paz es un nombre simbólico para una iniciativa que busca celebrar la paz que actualmente gozan sus habitantes luego del conflicto armado que sufrió El Salvador y que se vivió con intensidad en algunos de estos territorios. Ruta de Paz es un homenaje a la cultura de paz y al rescate de la memoria histórica por medio del turismo. Actualmente, la
Pese a sus esfuerzos, Cinquera sigue siendo uno de los municipios más pobres de El Salvador, las opciones productivas basadas en el bosque no han despuntado y requieren de fuertes apoyos estatales. Dentro del municipio hay grupos de habitantes de migración reciente que no formaron parte de la historia de la repoblación y no ven al bosque como opción para sus medios de vida, más bien realizan una fuerte presión para talarlo e introducir ganado o sembrar granos básicos. Actualmente Cinquera es uno de los sitios donde el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales arrancará el Programa Nacional de Restauración de Ecosistemas y Paisajes, el cual busca estrategias participativas para promover prácticas agrícolas y agroforestales orientadas a mejorar la resiliencia frente al cambio climático. Puede ser la oportunidad para que Cinquera demuestre que la mejora de las condiciones de vida de las comunidades rurales puede ser realizada con prácticas sustentables y dentro de éstas el turismo rural comunitario tiene un rol relevante.
ductivas basadas en el aprovechamiento sustentable de los ecosistemas. Se desarrollan experiencias de agricultura orgánica; recuperación de semillas criollas de maíz y frijol, y actividades de manejo forestal como reforestación, conservación de cuencas, control de incendios y vigilancia. Para esto cuentan con apoyos de cooperación internacional y pequeños montos provenientes de los fondos ambientales del Estado, como el Fondo de Inversión Ambiental y el Fondo de la Iniciativa de las Américas, El Salvador (FIAES).
historia de lo que ahí se vivió se encuentra plasmada en el Museo de la Revolución, en monumentos como El Mozote, Nunca Más, en tatús o cuevas subterráneas que hacía la guerrilla para resguardarse de los ataques, en ríos que fueron testigos de esas guindas o huidas que eran toda una carrera por la vida y en los relatos de algunos sobrevivientes que ahora son guías turísticos.
Esta historia de guerra y paz es celebrada a partir de 1992, año en que se firmó la paz, en el Festival de Invierno. Este festival se realiza en Perquín, en la primera semana de agosto y consta de actos culturales que buscan rescatar la memoria histórica de los municipios que forman parte de esta ruta incluyendo el recordatorio de su pasado indígena lenca. Por tal motivo, la programación de esta fiesta incluye la recreación del sincretismo entre las costumbres indígenas y las prácticas españolas por medio de ritos, bailes, gastronomía y elaboración de artesanías. Además, en esta actividad se presenta al grupo musical Los Torogoces de Morazán, un grupo local que surgió durante el conflicto armado y cuyas canciones eran transmitidas por medio de la legendaria Radio Venceremos. A partir de la dinámica turística han aparecido en la zona varios talleres de artesanías que trabajan el barro negro, el henequén y el añil. El Prodetur ofrece entre sus recorridos la visita a estos talleres artesanales como parte del rescate de la identidad del territorio y de la promoción de medios de vida que generen ingresos a sus pobladores. El camino recorrido por el Prodetur es un referente de articulación de intereses a partir del aprovechamiento sostenible de los recursos, la generación de ingresos y el fortalecimiento de la identidad. Por este motivo no es casual su eslogan Ruta de Paz, donde el viento susurra historias.
LA MESA NACIONAL DEL TURISMO RURAL COMUNITARIO, UNA EXPERIENCIA DE ARTICULACIÓN DE ACTORES Yanira Aparicio Docente de la Universidad Matías Delgado de El Salvador
a Mesa Nacional de Turismo Rural Comunitario (TRC) de El Salvador nació en septiembre de 2009. Desde entonces ha buscado integrar los esfuerzos de instituciones gubernamentales, universidades y organizaciones comunitarias y no gubernamentales (ONGs) a fin de visibilizar y fortalecer a este sector y que forme parte de la oferta turística del país. La Mesa se caracteriza por la búsqueda de un esfuerzo conjunto para apoyar al turismo rural comunitario, es decir, no se limita a la coordinación de los esfuerzos aislados de las comunidades, sino que intenta poner el tema en las estrategias y políticas de cada institución. Por lo tanto, la coordinación de la Mesa por medio de Fundación PRISMA ha logrado establecer un plan de acción con los
representantes de ministerios: Agricultura y Ganadería, Medio Ambiente y Recursos Naturales, Economía, Relaciones Exteriores y Turismo; universidades: Andrés Bello, Doctor José Matías Delgado y de El Salvador, y de las organizaciones comunitarias y ONGs. Entre todos se coordinan las actividades a seguir y cada uno se ha apropiado del tema desde la singularidad de cada institución. Así se apoya al sector por medio de diversas actividades y vías de intervención. Dentro de las acciones concretas ejecutadas hasta el momento destacan: el Primer Encuentro de TRC que permitió visibilizar a los oferentes de estos servicios; el mapeo de iniciativas de TRC que actualmente realizan la Fundación PRISMA y el Ministerio de Agricultura y Ganadería por medio del Programa de Reconstrucción y Modernización de las Áreas Rurales (Premoder); la promoción del TRC en el exterior, vía algunos consulados del país, con el video Con poco
EL AGUA O EL ORO* Robin Broad * y John Cavanagh** * Catedrática de la Escuela de Servicio Internacional de la American University. ** Director del Institute for Policy Studies de Washington D.C.
ace 30 años, miles de pobladores de la comunidad de Santa Marta, en El Salvador, huyeron del ejército nacional, el cual quemaba sus casas y cultivos durante la etapa inicial de la guerra civil en ese país, que duró 12 años. Docenas de personas murieron cruzando el río Lempa hacia los campos de refugiados en Honduras. Hoy los pobladores de esta zona luchan contra empresas mineras que buscan explotar las vetas de oro cercanas al río Lempa –la principal fuente de agua para más de la mitad de los 6.2 millones de salvadoreños–. Una vez más, civiles reciben amenazas y son asesinados. La meta actual de las comunidades es hacer de este país el primero en prohibir la minería de oro. Nosotros viajamos a El Salvador para averiguar si esta lucha puede ganarse. Nos recibió Miguel Rivera, el hermano de Marcelo Rivera, un líder comunitario contra la minería que fue desaparecido, torturado y asesinado en junio de 2009, de una forma que recuerda a los escuadrones de la muerte de la guerra civil de los 80s. En nuestro recorrido por los caminos montañosos que llevan a Santa Marta, en el norteño departamento de Cabañas, le preguntamos a Miguel: “¿Cómo llegaste a oponerte a la minería?” Miguel señaló nuestra botella de agua y nos dijo: “Igual que ustedes, nuestra prioridad es el agua”. Luego escucharíamos muchos testimonios que coincidieron: “Agua para la vida”, para tomar, pescar, cultivar —y no sólo para Cabañas, sino para el país entero.
se hace mucho, realizado por Alba Sud. Recientemente se abrió una cuenta de facebook de la Mesa y PRISMA ha incluido en su página web una ventana sobre TRC. También se ha desarrollado la “investigaciónacción” creando propuestas para que el tema de TRC sea incorporado en la institucionalidad de turismo en el país. El papel de las universidades es fundamental porque elaboran investigaciones que dan la pauta a propuestas de cómo mejorar las condiciones en que se desarrolla el TRC. Un ejemplo son siete estudios que realizan los alumnos de la carrera de turismo de la Universidad José Matías Delgado. Actualmente la Mesa elabora una estrategia de desarrollo de TRC para El Salvador. La primera parte fue determinada por los funcionarios públicos que asistieron al curso básico de TRC y la segunda parte se construirá con los insumos presentados por los estudiantes de la Universidad José Matías Delgado.
Miguel nos llevó a la oficina de la Asociación de Desarrollo Económico y Social (ADES), donde él trabaja; allí pobladores locales nos contaron cómo habían empezado a oponerse a la minería. Vidalina Morales, trabajadora de ADES, reconoció que “inicialmente pensamos que la minería era buena y que nos iba a ayudar a salir de la pobreza… a través de empleos y desarrollo”. La empresa minera que había llegado a Cabañas era Pacific Rim, con sede en Vancouver, Canadá. Esta empresa es una de varias que se interesaron por obtener permisos de explotación minera en la cuenca del río Lempa. En 2002, Pacific Rim adquirió una compañía que tenía una licencia de exploración para un sitio en Cabañas. Francisco Pineda, un productor de maíz y organizador del Comité Ambiental de Cabañas, nos habló de sus impresiones de cuando se secó el río cerca de sus tierras: “Fue muy raro, eso nunca había pasado antes. Así que fuimos al río a investigar… y encontré una bomba de Pacific Rim que estaba bombeando agua para los pozos exploratorios. Y preguntamos: ´si están usando tanta agua en esta etapa de exploración, ¿cuánta usarán cuando empiece la minería en sí?´” Francisco, Marcelo, Miguel, Vidalina y otros se dieron a la tarea de aprender todo lo posible acerca de la minería de oro. Ya sabían que Cabañas era vulnerable a terremotos, con fuerza potencialmente suficiente para reventar los diques que construyen las empresas mineras para retener el agua fortificada con cianuro que utilizan para separar el oro de la roca. Viajaron a comunidades mineras en Honduras, Costa Rica y Guatemala, y regresaron con historias de la contaminación de ríos y tierras aledañas a la mina. Recurrieron a expertos en calidad de agua, investigadores universitarios y grupos internacionales como Oxfam y asistieron a seminarios sobre minería. Descubrieron que sólo una muy reducida parte de las ganancias de Pacific Rim se quedaría en el país y que la mina tenía una proyección de vida útil de sólo seis años. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señala que las personas en Cabañas que “viven cerca de los sitios donde se realizan actividades de exploración minera ya han empezado a observar impactos ambientales —acceso reducido al agua, aguas contaminadas, impactos en la agricultura y problemas de salud”. En reuniones con las comunidades, ejecutivos de Pacific Rim afirmaron que dejarían el agua más limpia de como la encontraron. Uno dijo que el cianuro era tan inofensivo como para tomar un vaso con la bebida local preferida y un chorro del químico agregado. El ejecutivo, nos dijeron, se
Para posicionar al TRC en el mapa de oferta turística, se demanda mejoras en la calidad de servicio y productos, en la comercialización y venta de productos, en la capacitación del recurso humano y en la competitividad en precio y calidad, pero, sobre todo, se requiere mantener el enfoque del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y culturales y el balance de la actividad turística con el resto de actividades económicas y sociales de las comunidades, a fin de crear espacios para la inclusión de la mujer y los jóvenes.
retractó cuando los pobladores le pidieron que él mismo experimentara eso. En 2009, los sentimientos contra la minería eran ya tan fuertes que durante la campaña electoral tanto el entonces presidente Antonio Saca, como el exitoso candidato Mauricio Funes se manifestaron en contra de ella. Mucho del crédito de esa hazaña se lo merece la Mesa Nacional contra la Minería Metálica de El Salvador que se formó en 2005, cuando los líderes de Cabañas comenzaron a reunirse con grupos de otros departamentos, así como grupos de investigación, desarrollo, asistencia legal y derechos humanos. Entre las metas de la Mesa están ayudar a la resistencia a nivel local; lograr la aprobación de una ley nacional para prohibir la minería metálica; vincular las luchas anti-mineras en Honduras y Guatemala, ya que el curso del río Lempa pasa por esos dos países, y enfrentar el proceso de arbitraje internacional que Pacific Rim ha emprendido en contra de El Salvador bajo las reglas de inversión del tratado de libre comercio. En Cabañas, a medida que la coalición anti-minera se fortaleció con apoyos de la Iglesia Católica, de pequeñas empresas y del público en general, crecieron las tensiones. Mientras aún existen dudas, muchos activistas creen que las fuerzas pro mineras son las responsables del asesinato de Marcelo Rivera en 2009. A finales de ese año, durante un periodo de seis días, dos activistas más fueron asesinados. Uno de ellos fue una mujer con ocho meses de embarazo; además, un niño de dos años que ella cargaba en brazos fue herido. Desconocidos entraron en la casa de los líderes de MUFRAS-3, otro grupo comunitario, mientras ellos y su hija dormían. Los intrusos robaron documentos relacionados con su trabajo de oposición. Muchos de los entrevistados han recibido amenazas de muerte. Una persona nos contó que había rechazado una oferta de dinero para reunirse con representantes de Pacific Rim e informarles de las actividades anti-minería. En junio, cerca de dos años después del asesinato de Marcelo Rivera, se encontró el cuerpo de un estudiante voluntario del Comité Ambiental de Cabañas, con dos balas en la cabeza. Como resaltó el comunicado de prensa de la Mesa: “Fue visto por última vez por sus compañeros activistas ambientales (…) distribuyendo hojas volantes contra la minería metálica en preparación de una consulta pública a realizarse en el sector minero”. La Mesa clamó: “Ni una mina más, ni una muerte más”. *Este artículo es un extracto de Robin Broad y John Cavanagh, Like Water for Gold in El Salvador. (http://su.pr/32m7Rr)
EN DEFENSA DEL SAGRADO MAÍZ Milton Gabriel Hernández García Profesor-investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia
os pasados 7 y 8 de octubre se realizó en la Sierra Norte de Puebla, en el municipio de Ahuacatlán, la Segunda Feria Regional del Sagrado Maíz, convocada por la Unidad Indígena Totonaca Náhuatl (Unitona) y la Organización Indígena Independiente Ahuacateca (OIIA). Además de la dimensión festiva y el ritual que tuvo, la feria se convirtió en un foro de análisis sobre las amenazas contemporáneas al maíz nativo, a la agrobiodiversidad regional y en general, al modo de vida indígenacampesino que cotidianamente resiste y se reproduce en circunstancias subalternas. Las organizaciones locales que participan en la Unitona suscribieron y dieron a conocer el Manifiesto por la Defensa del Maíz Nativo, en el que se oponen a que se siga “haciendo de nuestras comunidades un campo de experimentación de proyectos de desarrollo impulsados desde el Estado, los cuales dañan seriamente la vida, la costumbre, la espiritualidad, la identidad y la autodeterminación de nuestros pueblos”. Una de las amenazas más significativas que perciben las organizaciones indígenas y campesinas de la sierra es el Proyecto Maestro de Maíces Mexicanos (PMMM), promovido por la Confederación Nacional de Productores
Agrícolas de Maíz de México de la Confederación Nacional Campesina (CNPAMMCNC), la Universidad Antonio Narro de Coahuila y la trasnacional Monsanto. Este proyecto funciona en todo el estado, en sus diferentes regiones: sierra norte, zona centro, altiplano y mixteca. Por medio de éste y de su programa de “custodios del maíz”, se están extrayendo las variedades de semillas nativas, además de los conocimientos de los campesinos. Desde la perspectiva del PMMM, la protección de la diversidad genética de los maíces nativos sólo se puede lograr si se desarrolla su potencial comercial y si se construye un valor agregado que sea de “beneficio para todos sus custodios”. Quienes participan en las redes de custodios que ha formado el PMMM reciben
un apoyo monetario de mil pesos por hectárea, así como otros incentivos. Señala el manifiesto: “Este proyecto está llevando las semillas y los conocimientos de los campesinos del estado de Puebla para colocarlos en un lugar llamado Banco de Germoplasma en Coahuila. Para nosotros y nosotras es claro que este proyecto es para que Monsanto pueda despojar a los campesinos de sus semillas y de sus conocimientos. No necesitamos custodios, siempre los hemos tenido a lo largo de generaciones y son nuestros propios campesinos indígenas”. En el mismo manifiesto existe un pronunciamiento en contra de la puesta en marcha del programa Modernización Sustentable de la Agricultura Tradicional (Masagro), dirigido a pequeños productores que, según la visión del discurso dominante, no tienen acceso a tecnologías modernas, son de escasos recursos, practican la agricultura tradicional o de subsistencia y no participan en el mercado. Además de la capacitación agronómica para “mejorar y dar mayor precisión a las prácticas agrícolas”, Masagro propone a los productores la introducción de “semillas mejoradas de alto rendimiento” para sustituir progresivamente las semillas “convencionales”. De esta manera se busca apoyar a los agricultores innovadores para obtener mejores rendimientos y sobre todo estabilidad en la productividad. Se argumenta que de esta manera el cambio climático no tendrá efectos adversos en los rendimientos ni en la calidad de las cosechas. El cuestionamiento que se hace en el pronunciamiento es sobre “la sustitución de las semillas nativas por otras supuestamente híbridas. Esto con el pretexto de ofrecer una alternativa para los campesinos frente a situaciones como las sequías tan fuertes como antes no se habían presentado”.
La feria del sagrado maíz se convirtió en un foro de denuncia de otros proyectos que ya están en marcha en la región, como las Ciudades Rurales Sustentables, la prospección y la extracción minera, la delimitación de zonas para creación de reservas financiadas con Pago por Servicios Ambientales (PSA) y la cada vez más extendida producción de jatropha para la producción de agrocombustibles. Cada una de estas amenazas, en conjunto, constituye el despliegue del proceso de espacialización capitalista en la región. Se señala en el manifiesto: “Otra de las amenazas a nuestro maíz y a nuestra forma de vida es lo que se está conociendo en el estado como las ‘ciudades rurales’, de las cuales el gobierno del estado quiere construir 50. Además de ello, las plantaciones de jatrofa que están avanzando en el estado para la producción de agrocombustibles, la explotación minera en comunidades como Xonotla, en el municipio de Zacatlán, y los programas para el pago por servicios ambientales (…) se está apoyando desde el estado la siembra experimental de maíz transgénico, contaminando seriamente a nuestra producción de maíces criollos”. Como se puede advertir, la disputa actual por el maíz no se reduce al hecho de que es un recurso estratégico que ocupa un papel central en el sistema alimentario mundial, sino por ser un cultivo emergente en la agroindustria orientada a la producción de los agrocombustibles. No sólo es la disputa entre dos racionalidades ecológicas excluyentes: para los campesinos; la disputa por las semillas es la disputa por la vida, por la producción, reproducción y el desarrollo de la vida en comunidad.
19 de noviembre de 2011 (para ordenar las cebollas) es difícil. “Mi espalda, mis brazos, me duelen... mis pies y piernas se hinchan. Casi todas las mujeres tienen venas varicosas, yo las tengo también”, dice.
¿VALE LA PENA?* FOTO: Joseph Torrentino
TESTIMONIOS DE JORNALERAS MEXICANAS EN NUEVA YORK
En México, especialmente en las zonas rurales, las mujeres asumen el rol tradicional de cuidado de los hijos y las tareas domésticas, aun cuando trabajen fuera de casa. “Los hombres piensan: ‘yo trabajo fuera del hogar, ya es suficiente’”, dice López. “Muchas mujeres trabajan en el campo y además tienen que limpiar, cocinar y bañar a sus hijos”. Ciertamente, no siempre es así. López y varias mujeres más dicen que sus maridos tratan de apoyar en las tareas domésticas, por lo general en la cocina, pero muchas veces no es posible. “Mi esposo no puede ayudar porque trabaja diez o 14 horas y llega a casa muy tarde”, dice Jasso. “Casi nunca come con la familia”.
l día de Olga comienza alrededor de las 5:00 horas. “Me levanto y preparo el desayuno para mi esposo y mis hijos”, dice. Mientras su marido come, ella toma una ducha rápida. “Llevo a mi esposo a su trabajo a las 7:00, regreso para dejar a mis hijos en la escuela a las 7:30 y me voy a trabajar a las 7:45”. “Entonces, dependiendo de la época del año, Olga, que es una jornalera, trabaja ocho horas clasificando cebollas en una planta empacadora, o diez en la siembra o hasta 12 horas en la cosecha de la cebolla. Y, de nuevo dependiendo de la temporada, trabaja seis días a la semana o los siete. Cuando llega a casa, descansa unos 30 minutos antes de comenzar sus labores nocturnas, que incluyen hacer la cena, ayudar a sus dos hijos más chicos con la tarea de la escuela, lavar ropa y hacer algo de limpieza. “De hecho, trabajo desde las cinco de la mañana hasta las 11 de la noche”, dice. Gloria Jasso, otra jornalera, lo describe así: “Siendo una trabajadora del campo, una tiene dos trabajos o de hecho más de dos”. Aunque nadie puede decir con exactitud cuántos trabajadores agrícolas hay en el oeste de Nueva York, las estimaciones van de 60 mil a 80 mil. La inmensa mayoría provienen de México o son mexico-estadounidenses y se sabe que más de la mitad de todos los jornaleros mexicanos están aquí ilegalmente. Hasta hace poco, el trabajo agrícola era realizado casi exclusivamente por hombres jóvenes, pero eso está cambiando. “Durante los cinco o seis años recientes ha habido un aumento en el número de mujeres que trabajan en granjas”, dice Ami Kadar, una defensora de los trabajadores del campo. Una encuesta realizada en 2007 por el Departamento de Trabajo encontró que en todo Estados Unidos (EU) 22 por ciento de los jornaleros eran mujeres. Kadar piensa hoy el porcentaje podría ser 50 en algunas áreas.
“Cualquier tipo de trabajo en el campo tiene sus desafíos. Las frambuesas, por ejemplo, son fáciles de recoger, pero su cosecha es en junio y un día caluroso puede dejar a una persona agotada. Jasso prefiere la cosecha de fresas, que implica estar arrodillada todo el día, algo que la deja adolorida y deshidratada. Y cuando Janet López pasa el día trabajando en el campo de tomates, termina con las manos rojizas, un poco hinchadas y con ampollas. Al final de la jornada, las mujeres están cansadas y sucias. “Todo lo que quiero hacer es dormir”, dice Laura Gutiérrez López. Pero no puede. Al igual que las otras mujeres jornaleras, más trabajo les espera al regresar a casa.
co; ya no van ni de visita, pues ya no podrían regresar. Así, los hombres se quedan en EU durante años y a veces de forma permanente. De hecho, hay muchos pueblos en México vacíos de hombres sanos y jóvenes. Las mujeres, cansadas de esperar a que los hombres regresen, deciden irse a EU y a veces con los hijos a cuestas, para trabajar juntos. Hoy día otra de las razones que se cita a menudo del porqué la gente está saliendo de México es la violencia generada por la guerra contra las drogas. Pero la razón principal por la cual hay más mujeres que trabajan en el campo es su deseo de ofrecer algo mejor para su familia. “Quiero ver a mis hijos crecer y estudiar –dice Jasso–. Quiero que tengan mejores empleos y oportunidades. Eso no es posible en México”. Pero los desafíos y sacrificios son muchos. Olga no trabajaba en el campo ni hacía mucho trabajo manual en México. Durante 13 años laboró en una papelería con un salario de 800 pesos por semana.
Todo este trabajo –en el campo y en la casa– deja a las mujeres muy poco tiempo para convivir con sus hijos. “Durante la cosecha, el trabajo es de lunes a sábado y los domingos a veces”, dice Olga. “Son 11 horas al día, más o menos. Me siento mal. Cuando salgo de casa, ellos están durmiendo y cuando regreso ya se acostaron. Sé que estamos ganando dinero, pero pasan días enteros sin poder ver a mis hijos. Ningún texto sobre los trabajadores agrícolas puede ignorar el tema de la inmigración ilegal. Como dije antes, más de la mitad de todos los trabajadores mexicanos están aquí sin amparo de documentos. Aunque se puede afirmar que están violando la ley, también hay argumentos de que están realizando trabajo que muy pocos ciudadanos de EU hacen o están dispuestos a hacer. Y si para las mujeres que están aquí legalmente la vida es tan difícil, la mejor manera de describir la vida de las indocumentadas es que se asemeja a un arresto domiciliario.
Son varias las razones por las que cada vez más mexicanas están trabajando en las granjas. “La pobreza está empeorando en México”, afirma Kadar, “y eso está enviando un montón de mujeres al Norte. Ellas quieren ganar dinero también”.
“Nunca había plantado nada antes, y el trabajo era tan difícil. Lloré por meses cuando vine por primera vez. Mi trabajo (en México) era limpio. Aquí estoy bajo el sol, con calor, en la tierra...”, dice. Durante la siembra, Olga pasa seis u ocho horas inclinada, colocando las cebollas en la tierra. Incluso ahora, se siente adolorida durante los primeros días.
La mayoría de las mujeres con los que hablé dijeron que la policía o los agentes de Inmigración y Aduanas están a menudo estacionados afuera de las tiendas que frecuentan los mexicanos y de los lugares donde se congregan o donde trabajan o viven. También, que a los mexicanos los detienen sin razón alguna. Scott Hess, alguacil del condado de Orleans, dice que esto no es verdad: “No los vemos como objetivo”. Independientemente de si esto ocurre o no, los trabajadores mexicanos indocumentados perciben que esto es así y viven con miedo.
Muchas mujeres también han decidido arriesgarse a entrar a EU para reunirse con sus esposos o novios que trabajan aquí. Tradicionalmente, los mexicanos regresaban a sus pueblos cuando no había mucho trabajo acá. Pero el reforzamiento de la seguridad en la frontera ha hecho que quienes están aquí ilegalmente sientan miedo de regresar a Méxi-
Olga prefiere trabajar en el área de clasificación de cebollas, aunque gana menos dinero allí. En un día laborioso, hasta cinco mil libras (unos 11 mil kilos) de cebollas por hora serán clasificadas por Olga y otra mujer. Aunque es más fácil que trabajar en los campos, esta labor también repercute en su cuerpo. “Tener que permanecer en un mismo lugar
Ana entró a Estados Unidos ilegalmente en 2006, vino de Tamaulipas, un estado del norte que es de los más peligrosos en México. Fosas comunes, llenas de personas involucradas en la guerra antinarcóticos o que han quedado atrapadas en medio de ellas, aparecen allí con una regularidad alarmante. “Yo vine aquí sólo para trabajar para mi familia y
ayudar a mi madre”, dice. Su vida es muy restringida. “Por la mañana, antes de salir al trabajo, echo una mirada a las calles para ver si un alguacil o la Patrulla Fronteriza está fuera. Si no está ninguno de ellos, salgo. Mi marido también checa las calles antes de ir a trabajar. Creo que hay más peligro para los hombres. Por lo general, la policía no molesta a las mujeres, pero a los hombres sí”. Cuando Ana y su marido no están trabajando, se quedan en la casa. “Esto no es vida. No puedo salir. Mis hijos me piden que los lleve a los juegos, y no puedo debido a Inmigración. Nos encantaría ir al parque con ellos, pero no puedo y eso duele. Nos hace sentir como delincuentes, como ladrones o asesinos, como cucarachas”. Debido a su estatus migratorio, es imposible para Ana ir a México pues no podría volver a entrar a Estados Unidos. “Tengo una hija en México con dos nietos que no conozco”, dice. “Puedo verlos por internet, pero no es lo mismo. No puedo abrazarlos. Mis padres se van a morir algún día y no voy a verlos”.
Hay muchos pueblos en México vacíos de hombres sanos y jóvenes. Las mujeres, cansadas de esperar a que los hombres regresen, deciden irse a EU y a veces con los hijos a cuestas, para trabajar juntos Ana estaba preparando la cena y abrió su refrigerador: “Mira, no hay frutas ni vegetales frescos. No tengo nada porque esta semana Inmigración y la policía están en todas partes. He pasado tres semanas sin comprar comida”. Irónicamente, los trabajadores indocumentados son los más libres cuando están en proceso de ser deportados. Laura Gutiérrez López entró ilegalmente al país por segunda vez en 2007. Quería ahorrar suficiente dinero para comprar una casa para sus padres en México –lo hizo– y abrir una tienda en México –casi lo hizo–. Al igual que todos los indocumentados, tuvo que limitar sus movimientos. “A veces podíamos salir (de la casa), pero siempre estábamos temerosos, pues no sabíamos si era seguro. Entonces pensamos que no podíamos vivir con miedo, y decidimos salir, y cuando nos tocara a nosotros (ser detenidos), aceptar que era nuestro turno”, dice. A ella le llegó su turno el pasado septiembre, cuando un alguacil la siguió cuando salía de una estación de gasolina. Le dijeron que su registro había expirado –ella insiste en que no era así– y el alguacil llamó a Inmigración. Ahora ella está en proceso de ser deportada, algo que podría tomar un par de meses. “Antes no podía ir de compras siempre que yo quería; no podía salir si había policías o agentes de Inmigración a la vista. Ahora, si quiero hacer compras, voy. Ahora estoy más libre, mucho más tranquila”. Ella ha llevado a sus hijos a los parques de diversiones, algo que no hizo nunca antes. Nadie duda que el trabajo agrícola es difícil y absolutamente necesario. Y para las mujeres, es realmente sólo la mitad de su jornada, con más por hacer esperándoles en casa. A todas las mujeres entrevistadas para este artículo les pregunté: ¿Vale la pena? A pesar de todos los sacrificios, retos y trabajo duro, ninguna de ellos dudó. Todas respondieron: “Sí”. La respuesta a la pregunta ¿por qué? fue porque así aseguraban una vida mejor para sus hijos. *Publicado originalmente en Rochester Magazine.
No. 50 ¿Turistear o turistizar?
En México el turismo masivo es posrevolucionario. En 1920 visitaron el país apenas ocho mil turistas extranjeros, para 1940 llegaron 250 mil...

References: Artículo 1
 Artículo 3
 Artículo 7
 Artículo 12
 Artículo 17
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