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Timestamp: 2019-08-21 09:38:26+00:00

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Urgente moderación (el discurso del Rey) – Hay Derecho
3 octubre, 2017 /56 Comentarios/en Blog /por Ignacio Gomá Lanzón
Coescrito por Ignacio Gomá Lanzón e Ignacio Gomá Garcés, padre e hijo y residentes en Gerona desde 1997 hasta 2005 (y veraneantes hasta el presente), región que amamos y que queremos seguir visitando:
Los hechos de los últimos días han producido en todos –al menos en nosotros, en nuestra familia y nuestros amigos- un verdadero golpe emocional, no por esperado menos doloroso. Al alba del día uno, las primeras noticias informaban de que los mossos no estaban haciendo lo que les correspondía ni previsiblemente lo iban a hacer más adelante. No por probable menos indignante. Sin duda, era tarea ardua y complicada –quizá imposible- pero no cabe duda de que tampoco lo intentaron, lo cual no hace sino alimentar la desesperanza de muchos.
Un poco después, al filo de las ocho, nos enteramos de que Guardia civil y Policía se desplegaban. Vaya, parece que algo se va a hacer. Reconocemos que nuestra reacción fue doble: una primera irracional, de cierta alegría, al constatar que el Estado de derecho recibiría satisfacción y que quizá los insurrectos no conseguirían su propósito, y otra más racional, sobre todo al ver las escenas y constatar que en muchísimos sitios se estaba votando tranquilamente, que consiste en pensar que mal asunto es hacer algo que solo te da mala imagen y que encima no consigue su objetivo.
¿Que las fuerzas de seguridad actuaron porque era su obligación ante un mandato judicial y además lo hicieron, en términos generales, muy profesional y proporcionalmente? Sí, de acuerdo, pero en este lío endiablado lo importante es entender que en política no basta con actuar, sino que hay que hacerlo a tiempo. Ya lo decía Michael Ignatieff en su famoso libro Fuego y cenizas: “El medio natural de un político es el tiempo. Un intelectual puede estar interesado en las ideas y las políticas en sí mismas, pero el interés de un político reside exclusivamente en saber si el tiempo para una determinada idea ha llegado o no”. Como hemos tenido oportunidad de clamar en este blog muchas veces (en modo desierto), el 155 debería haberse aplicado mucho antes y debería haberse encarcelado a unos cuantos para disuadir al resto. Es más fácil reducir a 3 o 300 que a 300.000. Pero no pudo ser, como dicen los locutores deportivos.
Como era de esperar, ante estas escenas de fuerza se produce el fenómeno que tiene lugar en la vida normal en la sociedad del espectáculo en que nos encontramos y que tan bien describe Lipovetski: una lucha en las redes sociales en la quien gana quien nos muestra el video o la foto más dramática y chocante y que nos produzca la impresión más grande, con los correspondientes “me gustas” y retuiteos. Y es que, como decía Josep Borrell durante la presentación de su nuevo libro este martes: “En política, la percepción es la realidad”.
En el lado en el que nos encontramos cunde una sensación de desánimo ante la imagen del voto de los principales gerifaltes insurrectos y las declaraciones del presidente del gobierno, que considera que como el referéndum es nulo, no se ha celebrado y, por tanto, no pasa nada. Vamos, que como si se tratara del artículo 33 de la Ley Hipotecaria, en función del cual la inscripción no convalida los actos nulos. Las abstractas apelaciones a la unidad y a la grandeza del país, leídas en tono frío, no trasmiten serenidad y paz, sino más bien parecen las declaraciones de un capitán de barco que recibe un torpedo y que se limitara a calmar a los viajeros diciendo que el torpedo no ha pasado la ITV de Torpedos. Sánchez comienza a hablar de Estado de Derecho – y eso inicialmente nos tranquiliza-, pero luego se tuerce al hablar de negociación y diálogo, que es la muletilla que suele usar el que no quiere tomar una determinación, porque no le interesa, y cree que apelando al medio puede cambiar el fin, como si tuviéramos que ir a Santiago y uno nos dijera que previamente tenemos que elegir la carretera.
A continuación, un sentimiento de desánimo y preocupación se acrecienta a medida que muchos ciudadanos tenemos la oportunidad de ver imágenes de votaciones en iglesias, canciones, himnos y movilizaciones populares, con un inquietante parecido al Tomorrow belongs to me de Cabaret (ver aquí y fijarse en las últimas palabras: “¿Estás seguro de que podremos pararlos?”). Los que hemos vivido por allí sabemos que en Cataluña convive una gran mayoría de buena gente que quiere vivir en paz, tenga o no sus quejas y reivindicaciones lógicas y atendibles, y una minoría muy movilizada y radicalizada que en los últimos tiempos, de una manera estudiada y planificada, ha ido tomando todos los resortes del poder social y político y ahora está ejerciendo sobre la otra una presión que, a falta de palabras más específicas, cabría denominar totalitarismo nacionalista, con ribetes xenófobos y fascistas. Conviene no olvidar esto. En los últimos días hemos recibido personalmente testimonios de familiares próximos en los que la locura excluyente se ha exacerbado y cuestiones que antes no hubieran generado problema hoy son graves ofensas que justifica cortar relaciones. Familias literalmente rotas; compañeros que abandonan Cataluña; amigos que dejan de serlo… Éstas son, señores, las consecuencias de la depravación moral de la que adolece una buena parte de la población de Cataluña y prácticamente todos sus dirigentes.
La sensación ya no es de preocupación sino de indignación; sobre todo después de ver acoso a policías que son expulsados de hoteles, banderas españolas pisoteadas, comisarias rodeadas, peleas callejeras y puro odio hacia gente con banderas españolas. Estas imágenes nos sulfuran hasta tal punto que nos saca lo peor de nosotros mismos, fabulamos con imágenes de violencia en la que quienes consideramos nuestros enemigos son destruidos, sobre todo cuando constatamos que no hay nadie al otro lado que nos defienda.
Antes de abordar la conclusión de este post, es importante hacer dos matizaciones, porque en situaciones de obnubilación podemos equivocarnos: no se ha insurreccionado Cataluña, sino una parte de ella que no ha conseguido tener más del cincuenta por ciento de los votos en las últimas elecciones, no obstante lo cual se siente legitimada para acabar con todo. Como avanzábamos antes, ayer acudimos juntos a oír a Piqué, Borrell y de Carreras en la presentación de su libro Escucha, Cataluña, Escucha España, que insistían acertadamente en esta idea.
Por eso, debemos resaltar que nosotros no condenamos a Cataluña, sino el extremismo que unos pocos perpetran, y todo ello porque su irracional discordia no conduce sino a todo aquello que aborrecemos y que a tantas tragedias nos ha arrastrado durante la historia. Y es por esa misma razón que nuestra democracia debe condenar y condena un nacionalismo que viola la Constitución, la ley y las reglas más elementales de convivencia democrática. Y ante esto, queridos amigos, no cabe sino ejercer una acción política inteligente y eficaz que restablezca el orden entre los insurgentes.
Segunda matización: somos una gran nación que no puede ser disuelta así por así. No por una regla divina, sino porque es producto de sus instituciones, reglas escritas o no escritas entre las que están también su historia y su tradición. Y no debemos autoflagelarnos por sus defectos, como se decía aquí, porque cabe la evolución. A nadie se le escapa que el ineficiente funcionamiento de nuestras instituciones ha hecho mella en esta crisis territorial de tamañas dimensiones. Tenemos unos gobernantes incompetentes y unas instituciones capturadas en un importante grado y ello es ciertamente parte del problema, porque la ineficiencia de esas instituciones impide la correcta adaptación de los recursos a los retos que nos va poniendo la vida. La crisis económica y la crisis territorial han puesto de manifiesto en toda su crudeza esa crisis de nuestras instituciones y la necesidad no sólo de atender a los problemas urgentes e inmediatos de orden público, sino también a las ineficiencias de fondo. Sin duda habremos de plantear en su día una reforma. Pero ahora urge que el Gobierno se demuestre capaz de afrontar este desafío, porque su insoportable inacción a muchos nos resulta también extremista. Extremadamente torpe, incapaz, molesta y cobarde.
En cambio, en su discurso de esta noche, el Rey ha demostrado un compromiso mucho más firme con la democracia, con la unidad y con la integridad del país, que agradecemos y cuyo mensaje de esperanza, especialmente en los últimos días, hemos echado en falta en el Presidente del Gobierno. Hoy, igual que en el 23-F, el Rey ha dado valientemente la cara por todos nosotros cuando más se le necesitaba. También nos ha pedido calma, serenidad y determinación ante esta crisis, porque, dice, la superaremos. Convenimos en esto, pero con un inciso: nosotros, además, apelamos a la urgencia. A la urgencia de emprender una acción moderada en defensa de lo más digno que puede ser objeto de defensa: la igualdad de los españoles, la democracia, el Estado de Derecho y la unidad de España.
Y no lo pedimos por prisa o por capricho (o no sólo por eso), sino que porque estamos convencidos de que, si no somos capaces de ofrecer una pronta respuesta a este desafío, otros lo harán. Una vez llevada a cabo esta acción moderada, pero determinada y firme, en defensa de lo anterior, hablaremos de generosidad y diálogo. Pero nunca antes, pues la decepción y la indignación que, hoy por hoy, sufrimos muchos debe ser satisfecha aunque sea por una razón ulteriormente práctica: evitar que éstas sean alimentadas por los sentimientos equivocados. Y es que, si la moderación democrática demuestra no funcionar ante el desafío antidemocrático, las consecuencias serán nefastas e imposibles de imaginar. Evitémoslo. Evitémoslo, pero ya.
https://hayderecho.com/wp-content/uploads/2017/10/bandera-nacional-colon-644x362.jpg 362 644 Ignacio Gomá Lanzón https://hayderecho.com/wp-content/uploads/2019/03/hay-derecho-logo.png Ignacio Gomá Lanzón2017-10-03 23:05:262017-10-04 17:05:24Urgente moderación (el discurso del Rey)
Alberto Moncada Dice:
3 octubre, 2017 en 23:55
Enhorabuena Ignacio. Es una buena muy buena descripcion del estado de animo de mucha gente de bien. Y ahora mas que nunca deseamos que exista el bien y el mal dualidad que parece haber desaparecido desde hace años en nuestra España. Adelante con la verdad .A delante con el bien confiemos en nuestra intuición de lo que es bueno para nuestros hijos y aoretemod los dientes con los próximos días y que el alcohol sobre la herida a pesar de lo dolor no nos aleje de nuestra determinación. Gracia Padre e hijo.
Juan Purroy Dice:
4 octubre, 2017 en 02:14
Termino la última línea de este artículo recorrido por escalofríos. La insoportable sensación de estar viviendo un momento nefasto de la historia nacional aún tiene, visiblemente, terreno para ensancharse. ¡Quién lo hubiese dicho con un título semejante!
Urgente moderación, reza el encabezado. Moderación, sin duda, para evaluar la acción de los agentes policiales catalanes, a los que aquí se acusa de “no estar haciendo lo que les correspondía”, a diferencia del resto de cuerpos que, aparentemente, sí cumplieron con las órdenes recibidas. No obstante, según ha trascendido, de los 319 colegios electorales clausurados sólo 92 lo fueron por obra y gracia de las fuerzas estatales (1), y dado que las órdenes del TSJC eran impedir las votaciones -“sin afectar la normal convivencia ciudadana”- parece que los Mossos no hicieron un trabajo tan nefasto. Me quedo, sin embargo, con la duda, creciente a medida que leo este artículo, de si aquello que correspondía, según los autores, hacer a dicho cuerpo no era la clausura de colegios sino ese uso tan “proporcional” de la violencia contra manifestantes pacíficos que sí llevaron a cabo el resto de fuerzas.
Urgente moderación, o más bien abismal templanza, la que se necesita para afirmar, sin pelos en la lengua, que hubiese sido preferible aplicar el artículo 155 de la Constitución con anterioridad y, no contentos, que “debería haberse encarcelado a unos cuantos para disuadir al resto”. ¿Qué importa que las penas de privación de libertad deban ser establecidas en base a delitos tipificados, fundamentados en un código penal transparente y justo, si podemos utilizarlas como herramienta para la resolución de conflictos políticos? En un hábil ejercicio matemático los autores nos demuestran la infalibilidad del argumento: 300.000, 300, 3… Se trata de eso, ¿no? ¿De reducir? Digámoslo francamente, ¿de vencer? Al fin y al cabo, le conviene más al príncipe ser temido que ser amado. No puedo sino imaginar su desazón, resumida en el suspiro becqueriano, al contemplar las instantáneas de la gran muchedumbre sobre las avenidas, tan lejos de las celdas que tenían preparadas para ellos. ¡No pudo ser!
Urgente moderación también en el análisis de las reacciones políticas, pues hay que ser profundamente moderado para decir que Sánchez “se tuerce al hablar de negociación y diálogo” para no tomar una determinación. ¿Quién -aquí quiero ser directo- en su sano juicio puede criticar una apelación al diálogo? ¿Cómo de moderado ha de ser uno para concluir que lo de menos es la carretera que se escoja, que el fin del recorrido justifica cualquier medio de locomoción y trazado sobre el mapa? Lean a Milan Kundera (2) y su apología de los caminos. O, si lo prefieren, quédense con el producto nacional y reciten aquello de “caminante no hay camino”. Creer que la vía que se escoja no altera el final del recorrido es absolutamente erróneo.
El diálogo no sólo no debería ser contemplado como un divertimiento o una excusa para no posicionarse junto a los que defienden posiciones radicales, sino que constituye la única vía de resolución del conflicto actual. En una charla organizada hace no mucho por uno de los autores de este artículo, uno de los invitados -si no recuerdo mal- recordó a los asistentes la etimología de la palabra parlamento (del francés parler, hablar). Si bien es cierto que el actual conflicto enfrenta más bien a dos gobiernos, conviene recordar que ambos cumplen, finalmente, las directrices dadas por sendos parlamentos español y catalán, y por lo tanto deberían recordar que los conflictos de índole política se resuelven mediante el uso de la palabra; es decir, mediante el diálogo. Negar esta realidad es reducir la política a la medida de fuerza entre dos voluntades, prevaleciendo únicamente aquella que consigue tumbar a su adversaria. En esa concepción de la vida en común se basa la idea del totalitarismo, que no dista de ser la que puede llegar a aplicarse en Cataluña en los próximos días, pero también la que defiende este artículo.
Cualquier postura que niegue la importancia del diálogo y la búsqueda del entendimiento entre las partes es dañina para el desarrollo de la complicada situación de España y Cataluña. El discurso del jefe del Estado, riguroso en su constitucionalidad, ha dejado fuera a una de las partes enfrentadas, negando su derecho a ser escuchada y, de facto, declarándola ajena al propio discurso. Felipe VI, al dirigirse, como digo, sólo a una de las partes, ha abdicado para más de 2 millones de personas, quién sabe si para más, desechando una de las últimas oportunidades para tender puentes entre conciudadanos antes de una eventual escalada en el conflicto social.
Es urgente, como dicen, recurrir a la moderación: a aquella que se lleva a cabo en los debates y discusiones. Si las instituciones no son capaces de proveerla, tendrá que ser la ciudadanía la que encuentre el camino.
1. http://www.eldiario.es/politica/Mossos-colegios-cerrados-Interior-clausurados_0_692581278.html
2. http://blog.rtve.es/vueltayvuelta/2011/05/camino-y-carretera-.html
4 octubre, 2017 en 08:20
Lea bien, señor Purroy: no se rechaza en absoluto el debate y la búsqueda de soluciones a los problemas que pueda haber. Lo que se está diciendo es que antes de cualquier debate hay que restablecer el orden público y la legalidad. Sin eso no hay debate posible, porque si yo le pongo a usted una pistola en el pecho y le digo que me dé la cartera, cualquier debate está trucado y es falso.
Y hay algo más: es importante hacerlo urgentemente si no queremos que mucha gente que no es radical ni quiere machacar a nadie empiece a dejar de ser moderada y acumule ese odio que, reconozcámoslo, todos sumos susceptibles de sentir. La experiencia en otros países es suficientemente expresiva. El post es una apelación al restablecimiento de las reglas mínimas de convivencia que la gente sencilla y normal entiende como imprescindibles.
Hecho eso, habrá que plantearse la resolución de las cuestiones de fondo que las personas moderadas deben tener, cambiando por supuesto unos cuantos interlocutores tras, probablemente unas elecciones, es decir, una votación de verdad.
4 octubre, 2017 en 10:42
No seré yo quien defienda, señor Gomá, el uso de la fuerza bruta para la manipulación de un debate que debiera ser cívico y producirse, como bien dice, en el marco de la legalidad. De hecho, no defenderé la fuerza bruta como herramienta en ningún caso, tampoco para hacer prevalecer la ley (siempre, por supuesto, que no sea en respuesta a una violencia anterior).
No obstante, conviene no olvidar que el conflicto no nació este domingo con la desobediencia civil de millones de personas, ni siquiera con la promulgación de las leyes anti constitucionales que llevaron a dicha jornada. En pleno seno de la legalidad, el debate en torno a la autonomía catalana -incluida una eventual independencia- lleva años buscando producirse, recibiendo negativas cuando no burlas e insultos. Decir ahora que mediante el restablecimiento de dicha legalidad se llegará a dicho debate no es más que una falacia. La restitución de la legalidad en Cataluña, de ser llevada a cabo por la fuerza y no mediante el diálogo, no sólo conducirá a la anulación de cualquier debate y la imposición de la postura de una de las partes, sino que agravará el conflicto social -ese crecimiento del odio que usted dice tanto lo preocupa-.
La violencia no conduce sino a más violencia. Se ha podido ver en estos días, en los que una población perfectamente pacífica ha adquirido tintes más violentos (con insultos y amenazas a policías y periodistas) como consecuencia de la represión policial del domingo pasado. No hace falta ser experto en sociología para entender esa dinámica. La imposición de la legalidad española (que, actualmente, entra en conflicto con la catalana) por la fuerza, sea ésta policial o institucional, no llevará sino a agrandar la fractura y acrecentar el odio, tanto en el bando de los “vencidos” como de los “vencedores”, porque no haría sino legitimar el eje bélico que se está tristemente imponiendo. Por retomar su metáfora de la pistola en el pecho: ¿puede de verdad esperar que los ciudadanos catalanes acepten un debate después de ser brutalmente reprimidos, física y representativamente? ¿Y que este debate no sea trucado ni falso? ¿Son esas las “reglas mínimas de convivencia” que desearía para usted?
En algo, he de decir, estamos de acuerdo, y es en la necesidad de cambiar de interlocutores, atrincherados ambos en sus extremos ideológicos y sin capacidad de gestionar una salida pacífica de la situación actual. Vengan, pues, elecciones, pero en ambos territorios, y conducir así la situación hacia el entendimiento por parte de ambos representantes, español y catalán.
4 octubre, 2017 en 11:53
Juan Purroy
La “legalidad catalana” deberá supeditarse a la española porque esta primera es ilegal e ilegítima.
¿O acaso se está olvidando de que se está ninguneando a media población catalana?
Esta no es una cuestión de “vencedores” o “vencidos” sino de restaurar la legalidad (la única que hay) para poder volver al diálogo.
4 octubre, 2017 en 13:14
1) De acuerdo con Lole: no hay “conflicto de legalidades” sino una ley y unos actos ilegales. De ese gravísimo error vienen algunos lodos.
2) Dice usted: “De hecho, no defenderé la fuerza bruta como herramienta en ningún caso, tampoco para hacer prevalecer la ley (siempre, por supuesto, que no sea en respuesta a una violencia anterior)”. Este es el problema: si usted no acepta que el Estado tiene el monopolio de la fuerza y que la fuerza a veces hay que aplicarla, entonces el Derecho no existe. Balanza y espada. Otra cosa es vivir en el mundo de Yupi
5 octubre, 2017 en 12:42
Tibieza es lo que usted propone. Eso siempre malo.
Posverdad es lo que usted vende. Eso no es más que una burda mentira, si quiere a medias, que como decía el refrán es la pero de las mentiras.
6 octubre, 2017 en 00:36
No pierda los estribos, señor Gomá. Para realizar una apología del uso de la violencia no es necesario ridiculizar la defensa de la resolución pacífica de conflictos, mediante frases como “vivir en el mundo del Yupi”. De esta forma sólo debilita su discurso.
Describir el Estado como “Balanza y espada” no es una verdad absoluta, sino una ideología. Acéptelo y al menos podrá defenderla, no sé dignamente pero al menos con consciencia. Por mi parte, doy por concluido el debate.
4 octubre, 2017 en 09:04
Va a derramarse sangre por algo objetivamente falso. OBJETIVAMENTE FALSO. Lleva siendo falso y trayéndonos graves problemas políticos desde no se cuándo…
Ayer, en un bar sevillano había diez personas. Una dijo: “Qué bien, somos todos béticos”. Pero otra dijo: “No. Yo soy del Sevilla”.
A una se le ocurrió escribir en un papel que todos eran béticos y lo sometió a votación. Ganó por mayoría. A partir de entonces ¿eran ya todos béticos?
La Constitución Española se basa en un principio objetivamente falso. OBJETIVAMENTE (no es una opinión, es un hecho): que aquí solo hay una nación. Desde el mismo momento en el que hay millones de personas que no están de acuerdo porque ellos dicen que pertenecen a otra, ese principio es falso. Es OBJETIVAMENTE FALSO. No hay nada que discutir: no todos son béticos. Da igual que a la mayoría eso le parezca absurdo, tonto, o indignante. La mera existencia de personas que afirman lo contrario invalida la unanimidad. Fin.
Mientras queramos vivir bajo una afirmación falsa vamos a tener siempre problemas, porque siempre habrá alguien que diga que eso es mentira y TENDRA RAZON: él mismo es la prueba.
Yo debo ser de los pocos que todavía piensan que la mejor solución a que no seamos todos “béticos” es una amplia autonomía en aquellas regiones donde existe un gran porcentaje de “sevillistas”. Pero no podemos fundamentar nuestra Constitución sobre una mentira y esperar que haya paz siempre. Porque es MENTIRA y alguien lo volverá a decir: ES MENTIRA.
Lo primero que debemos hacer es aceptar la realidad. Y a partir de ahí buscar el marco de convivencia.
4 octubre, 2017 en 10:16
¿Sugiere la unanimidad del contrato social? Imposible.
Cosa distinta es que tratemos de llegar a un nuevo entendimiento que satisfaga más a todos, pero eso no lo rechazamos en modo alguno en este artículo.
4 octubre, 2017 en 10:54
Al margen de cuántas naciones haya en España, ¿por qué no empieza usted aceptando el hecho de que el Govern carece de legitimidad suficiente para arrastrar a todos los catalanes hacia la secesión?
Porque lo que usted está intentando es legitimarles, ¿no? Pues no puede. No con solo una mayoría absoluta del Parlament.
4 octubre, 2017 en 12:05
¡Ya está bien, Lole! Yo no legitimo una butifarrada. Esa parodia no vale nada.
Yo solo digo que en Escocia no hay ni habrá una gota de sangre. Y no es solo porque allí se cumple la ley, sino también porque allí SE CAMBIO LA LEY.
Y aquí habrá sangre, no solo porque no se cumpla la ley, sino también porque NO SE QUIERE CAMBIAR.
Esto es un problema para los políticos, no un problema para los que tienen todo el día la nariz metida en el código penal.
Y por eso, gritaré a los cuatro vientos que tanto los que no cumplen la ley como los que no la quieren cambiar son IGUAL de responsables de la sangre que se va a derramar. Y los maldigo a los dos.
4 octubre, 2017 en 12:49
¿Y en Escocia también amenazaron con vulnerar la ley si no se convocaba un referéndum? ¿Allí llegaron a cumplir sus amenazas?
¿Ha resuelto ese referéndum el problema?
En Cataluña ya han votado TRES veces a diversos niveles en los últimos 4 años. Ese referéndum no va a resolver nada porque es solo un pretexto.
Y haga el favor de no equiparar a los que vulneran la ley, ningunean al resto de la población catalana y la mienten sin ninguna vergüenza, con los que no quieren cambiarla, pero que tienen motivos legítimos para ello: su electorado (tengan razón o no).
Esa equidistancia está fuera de lugar.
Si hay sangre, la responsabilidad principal es del bando golpista. Y a ellos corresponde deponer su actitud.
4 octubre, 2017 en 13:47
Sí, el referendum ha resuelto el problema: no hay violencia en Escocia. Históricamente las independencias (como otros procesos políticos) se hacían con tremendo derramamientos de sangre. El referendum soluciona el problema de la misma manera que las elecciones generales resuelven el problema histórico de los cambios de gobierno sangrientos. El problema humano histórico es la violencia, y es la paz el objetivo a conseguir en la sociedad.
Por cierto ¿ya ha dejado usted otra vez de apoyar la salida de un referendum? ¿Va cambiando dependiendo de si el día es par o impar, o cómo?
Menudo sofisma: “en Escocia no hay violencia, luego se ha resuelto el problema”.
Eso es absurdo. ¿Había violencia en Escocia antes de su referéndum? No. ¿Entonces de dónde saca usted que en Escocia sí se ha resuelto el problema? Que no se haya degenerado en violencia, no significa que el problema en Escocia esté resuelto.
Así que mejor no vuelva a usar el ejemplo de Escocia porque no vale. Y el de Quebec, todavía menos.
En Cataluña votaron sobre el tema en 2014 y 2015. ¿Resolvió algo? No se resuelve porque una de las partes (la que ha vulnerado la ley) se niega a aceptar la evidencia: que no tiene suficiente legitimidad interna. Por eso quiere votar una y otra vez hasta conseguirla. Y si por el camino se van tendiendo trampas al Gobierno para atraer más adeptos (engañar más catalanes), pues mejor. ¿Es eso ético? ¿Es eso democrático?
Usted sabe perfectamente que la idea de convocar el referéndum se lo inventaron sobre la marcha para seguir dando la matraca.
Con esa dialéctica, tenga usted muy claro que el problema solo se resolverá cuando ganen ese referéndum.
Los precedentes históricos de otras independencias no vienen al caso. ¿En esos precedentes se estaba independizando de democracias parlamentarias? España es ahora una democracia (mejorable). Y se puede articular una vía para canalizar el deseo de independencia. Pero no si una parte amenaza o (peor todavía) vulnera la legalidad.
Hace unas horas discutía con otro comentarista sobre la legitimidad de la CE, la cual según algunos es cuestionable porque había presiones del ejército en el momento de su redacción. Bien, pues por el mismo motivo se puede cuestionar la legitimidad de cualquier reforma legal que se efectúe con las actuales presiones: una Generalitat que vulnera la CE y el Estatut y miente a su población a diario. Y ni siquiera tiene legitimidad interna.
No me tergiverse: apoyo la aprobación de un cauce legal para que se puedan promover referéndums consultivos por CCAAs con el apoyo de 2/3 de su cámara y cada 15 años.
Pero no antes de que el bando golpista se someta a la ley y se procese a los responsables.
5 octubre, 2017 en 16:21
En Escocia el problema está resuelto. En Quebec también. En Cataluña no ¿por qué? Porque NO HA HABIDO REFERENDUM LEGAL y la mayoría de ciudadanos catalanes eso es lo que quieren. Y déjese ya de argumentos retorticeros para dejar de ver lo obvio: el referendum legal soluciona el problema simplemete porque eso es lo que piden. Otra cosa es que se quiera solucionar el problema, claro…
“apoyo la aprobación de un cauce legal para que se puedan promover referéndums consultivos por CCAAs con el apoyo de 2/3 de su cámara”
Buen truco. De esta forma puede impedirse la convocatoria incluso siendo los independentistas la mayoría de la población. ¿Se cree que va a colar? ¿de verdad? Vuelvo a preguntarme lo mismo: si lo que queremos es solucionar el problema… o no.
5 octubre, 2017 en 16:45
En Escocia el problema no está resuelto. En Quebec sí, pero no gracias a los referéndum sino a la posterior sentencia del Supremo, a la Ley de Claridad que salió de allí y las advertencias de Dion a los nacionalistas quebequenses sobre las consecuencias de emplear la Ley de Claridad.
En Cataluña, quieran los catalanes o no el referéndum, no se va a resolver el problema con su celebración, salvo que gane el sí. Y a los hechos acaecidos hasta ahora me remito.
¿Lo considera un truco? Pues dígaselo al representante de la Comisión Venecia.
Sí, es posible que no cuele. ¿Y sabe por qué? Porque el bando golpista está muy lejos de tener el sentido común y democrático de los nacionalistas escoceses y quebequenses. Y tras la colección de mentiras que a diario largan, también han demostrado su bajeza moral.
Pero tiene que colar. Porque la mejor forma de solucionar este problema es hacerlo como en Canadá: acordar una legislación que impida que se celebren estos horribles referéndums sin suficiente consenso interno. Impedir que se pida votar una y otra vez hasta que gane el sí. Impedir que se pueda usar estos referéndums para extorsionar al resto del país.
Es de sentido común que un referéndum así tiene que contar con mayoría cualificada del Parlament. Esa es la garantía del consenso, de la legitimidad interna. Sin ella, pasa lo que pasa. Una región partida por la mitad. Unos tomando las calles y los otros escondidos. Unos señalando “judíos” y estos calladitos. Eso es lo que pasa cuando se actúa sin legitimidad.
Eso es lo que actualmente no tiene el bando golpista en Cataluña. No tienen legitimidad. Ni tampoco legalidad. Y ya de paso tampoco moralidad.
Pablo Garrido Dice:
4 octubre, 2017 en 09:13
Sr. Gomá,
Hace tiempo que sigo su Blog, soy catalán de nacimiento, hijo de andaluz -Granada- y catalana, y dado que me siento directamente interpelado en este “post”, me permito realizar una serie de consideraciones, esencialmente en el punto en el que afirma que en Catalunya existe “una gran mayoría que quiere vivir en paz, tenga o no sus quejas y reivindicaciones lógicas y atendibles, y una minoría muy movilizada y radicalizada que en los últimos tiempos, de una manera estudiada y planificada, ha ido tomando todos los resortes del poder social y político y ahora está ejerciendo sobre la otra una presión que, a falta de palabras más específicas, cabría denominar totalitarismo nacionalista, con ribetes xenófobos y fascistas.” Bien, vayamos por partes.
Es cierto, como no puede ser de otra manera, que aquí -como en todos los lugares de este planeta- la gente quiere vivir en paz. Es una obviedad que en determinadas ocasiones vale la pena recordar. Ahora bien, lo anterior no es contradictorio con el hecho que la inmensa mayoría de Catalanes tienen la convicción que España y sus instituciones -más bien quienes la gestionan y gobiernan- no les ha respetado y cuidado. Sentirse español, identificarse con sus instituciones, símbolos y banderas, no es incompatble con el sentimiento profundo de catalanidad, claro que no. Pero el sentimiento de pertenencia a una comunidad debe ir ligado al respeto, afecto y cariño que dicha comunidad debe ofrecerte. En Catalñunya, Ud., que dice haber residido bastantes años en Girona -así les gusta a los gironins que se escriba su ciudad-, , debería saber que existe un profundo desarraigo general al sentimiento de españolidad de sus ciudadanos, que muy en parte ha venido motivado por políticas orquestradas desde la derecha más extrema de la nación española en forma de campañas dirigidas, abierta y directamente, a denostar al catalán, sus instiruciones y sus particularidades porque era rendible en términos de voto.
Dichas políticas -sobre las que ahora no me voy a detener- han supuesto una desafección muy grande en esa mayoría que Ud., refiere, generando que gran parte de esa mayoría se haya posicionado contundente y definitivamente del lado de quien persigue la más elevada autonomía territorial, esto es, la independenica. Por consiguiente, no puedo compartir en este extremo su afirmación que en Cataluña existe una minoría radicalizada que ha tomado el control de “los resortes del poder social y político” y que ejerce una presión que incluso llega a denominar como xenófoga y fascista. Tal afirmación, amén de absolutamente falaz, es a mi juicio indicativa que no conoce la realidad que se vive en Catalunya, esencialmente en estos últimos diez años. Dado que así lo entiendo, permítame en breves líneas describir la situación en Cataluña:
En Catalunya se ha generado un incremento exponencial del sentimiento independentista desde que un partido político estatal decidió recurrir a todos sus resortes comunicativos para recabar -según ellos- 4 millones de firmas y solicitar de un Tribunal Constitucional altamente politizado que se pronunciase sobre el alcance y grado de autonomía que nos habíamos otorgado los Catalanes con la reforma del Estatut de Autonomía. Podrá argumentarse desde un plano estríctamente jurídico que el Estatut contenía disposiciones contrarias a la Constitución -discutible-, pero no puede negarse que reflejó la voluntad mayoritaria de un pueblo, región, nación o nacionalidad -utilice el término que más le satisfaga- para regular de aquella forma sus relaciones con el Estado. Todos sabemos como acabó.
Con posterioridad llegó la crisis, el cambio de color político en el Gobierno de la nación, y con ello los continuos ataques a Catalunya y sus instituciones. Menciona Ud., el símil metafórico del torpedo, que hago mío y con él podría perfectamente detallarle la cantidad de tomahawk lanzados desde las instituciones estatales hacía la autonomía funcional y presupuestaria de Catalunya, tales como recursos de inconstitucionalidad ante numerosas leyes emanadas del Parlament de Catalunya, déficits en financiación de infraestructuras esenciales (el famoso caso de les Rodalies, por ejemplo), o la utilización de órganos del Estado para actuar contra Catalunya, sus instituciones, su lengua y tradiciones (recuerde aquello de “la fiscalía te lo afina”). Todos ellos torpedos en la línea de flotación de la autonomía, y que incidían directamente en el bienestar de sus ciudadanos.
Tales ejemplos, que son tan sólo algunos de los que podría enumerar, han motivado que de esa inmensa mayoría que Ud., afirma querer vivir en paz -y que yo afirmo contundentemente que continuamos queriendo vivir en paz-, una gran parte se haya “desconectado” de España, sus instituciones y de los símbolos que antaño nos unían. Esa mayoría pacífica es la que el pasado domingo, a las 8.30 de la mañana, decidió salir de sus casas en familia, todo y que se aventuraba que no iba a ser fácil. Abuelos, hijos y nietos, todos ellos con convicción e ilusión. Convicción de ejercer un derecho fundamental -expresar su opinión a través de un voto y una urna-, e ilusión de iniciar un proyecto alejado de quienes han ninguneado, frenado e impedido el ejercicio de nuestra autonomía.
Yerra Ud., pues, en el diagnóstico del problema, pues parece que no quiere tener en cuenta que las multitudinarias manifestaciones habidas estos últimos seis años son fruto de este sentimiento, y no de la voluntad organizada, totalitaria, xenófoga y fascista de una minoría altamente organizada, que no niego que exista, como también existe en España y en todas las naciones del mundo.
Finalmente, me gustaría hacer una pequeña mención a la indignación que Uds. dicen tener con los hechos acaecidos. Idéntica indigación sentimos esa mayoría de catalanes que, ante los incesantes ataques recibidos por parte de las instituciones estatales gobernadas por un partido de criminales, observamos como la mayoría de conciudadanos españoles callan. Indignación por el hecho que un Ministro afirme que se va a cargar la sanidad de una Comunidad Autónoma y el resto de España calle. Indignación por el hecho que esa gran mayoría de españoles defiendan las cargas policiales efectuadas de forma absolutamente desproporcionada contra familias que de forma pacífica querían depositar un voto en una urna. E indignación porque tenemos la profunda sensación que la desafección de los ciudadanos españoles hacia Cataluña, orquestrada en el seno del Partido Popular allá por el año 1.992 y siguientes con el “cataluña nos roba” que sirvió a Aznar, entre otros motivos, para alcanzar la Moncloa, ha llegado a un punto de no retorno. Tal es así, que han tenido que ser medios internacionales los que han denunciado lo sucedido el pasado domingo.
Ayer, cuando se informó que la casa real emitiría un comunicado, algunos creímos firmemente que era una gran oportunidad para tender puentes, mostrar cariño, afecto y comprensión para esta gran mayoría de catalanes. En cambio, nos encontramos con una alineación y posicionamiento absoluto con la estrategia del Gobierno. Gran fracaso, pues, de este Rey, que no hizo más que certificar esta sensación de desafección que tenemos muchos catalanes, y que lamentablemente creo que será muy difícil de reconducir, máxime si la solución que propone es la de la intervención de la autonomía. Vamos, apagar un incendio con gasolina.
4 octubre, 2017 en 10:01
Le agradezco su comentario moderado, sensato y sincero. Considero que es verdad que se ha producido una desafección por razones varias, algunas racionales y otras no, y que el Estado no ha colaborado en su resolución. Voy allí todos los años, me intereso por todo lo de allí. Creo que esta desafección deberá ser tratada, estudiada y parlamentada, rebajando la tensión y buscando soluciones imaginativas.
Dicho eso, digo: EN NINGÚN CASO nadie, ni una persona, ni una región ni una parte de la población por muchos sentimientos de agravio que tenga, puede tomarse la justicia por su mano. El fin no justifica los medios. Lo que se está diciendo en el post es que todo el mundo tiene sentimientos, y la gente “unionista” también y por lo que se aboga no es por la venganza, sino por el Estado de Derecho, precisamente para evitar la venganza. Y, más o menos es eso lo que ha dicho el Rey, con el que coincidimos aquí. Si usted, que es moderado, no entiende eso, mal vamos.
4 octubre, 2017 en 10:58
Estamos de acuerdo, pues, en el diagnóstico. Ahora bien, no puede negar que ante tamaño problema el tratamiento que ha dado el Gobierno ha sido el de no aplicar medicina alguna, sino derivar al paciente a paliativos y esperar a que agonice. Ante ello, la respuesta ha sido la que ha sido, y el origen debe buscarse en que hay una gran mayoría de españoles que sustentan esa política, no solo ya en el propio partido que gobierna, sino también en el resto de fuerzas (escuche hoy a Alfonso Guerra). No puede negar que la contra causa catalana siempre ha dado jugosos réditos electorales, y ahí tenemos a los partidos encorsetados en sus compromisos, ergo hay una mayoría de españoles que no aceptan actualizar las reglas del juego. Sobre Estado de Derecho y de la Ley, hablemos si Ud., lo desea, para cualquier cuestión relacionada con la organización reglamentada de la sociedad y sus actos. Aquí estamos ante otro escenario, mucho más relevante que el acatamiento de la Ley y que se circunscribe a la propia existencia del contrato social, sus márgenes y la aceptación -real- por la mayoría de singularidades territoriales. Si no hay voluntad de ofrecer y tan sólo se ofrece el imperio de la ley, una ley que niega injustamente y en la práctica la posibilidad de aplicar medidas correctoras a ese contrato social, es ley, pero no es justa. Y con ello no defiendo que la ley se incumpla, la ley debe cumplirse en todo caso, cuando sea representativa de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos que deben someterse a ella. Y sobre este último apunte, podemos discutir si la voluntad mayoritaria debe incorporar a la totalidad de la ciudadanía española, o a la que se verá directamente afectada por la modificación. Soy partidario de lo segundo, aunque imagino que Ud., lo será de lo primero, sin que ello suponga afirmar aquello de ‘que si no juego con mis normas, me voy’
4 octubre, 2017 en 11:18
“… pero no puede negarse que (el Estatut) reflejó la voluntad mayoritaria de un pueblo, región, nación o nacionalidad”
¿Y eso es una justificación suficiente para permitir inconstitucionalidades en el Estatut?
El resultado del referéndum del Estatut cierto que refleja que ese texto es la voluntad mayoritaria del pueblo catalán. Cierto, de 1 de cada 3. Pero también la Constitución española (votada favorablemente por 2 de cada 3 catalanes) es también la voluntad mayoritaria del pueblo catalán. ¿Entonces qué debe primar? Pues la CE porque así consta tanto en su articulado como en el del propio Estatut (en cualquiera de sus versiones). ¿Qué sentido tiene desde un punto de vista legal admitir la supeditación del Estatut a la CE y al mismo tiempo pretender que permanezcan artículos inconstitucionales?
Si me va a decir que es un argumento demasiado legalista, le diré entonces que la reforma del Estatut, cuando a Maragall se le ocurrió, no era en modo alguno una ansiada demanda de la población catalana. ¿Entonces a qué vino la reacción masiva cuando la recogida de firmas del PP y la sentencia del TC? ¿A criterios racionales o a bajas emociones? ¿Quizás a engaños bien articulados por el actual bando golpista?
4 octubre, 2017 en 12:01
Apreciada Lole,
No se quede en la superficie y acuda al origen del contrato social, por favor. Aquella constitución se redactó como se redactó, en el tiempo en que se redactó, y bajo sus circunstancias. En aquel momento, todos entendimos (yo, no, dado que todavía no era ni un proyecto de ciudadano) que era lo mejor para reestablecer la democracia en un país que salía de una dictadura GOLPISTA. Era una propuesta común de mínimos y así fue aceptada por la mayoría. En la Facultad de la Universidad que he estudiado y en la que ahora tengo el honor de ofrecer mis conocimientos como profesor, tenemos una aula que se denomina Victoria Kent, pero que todos conocemos como “la txeca”. Allí el profesor Jordi Soletura (E.P.D.) nos explicaba cómo se redactó esta Constitución que Uds., defienden como si hubiera sido cincelada en piedra, y nos explicaba anécdotas de cómo los caballos de “los grises” entraban en esa aula, que está en un subsotano del edificio central, para reprimir asambleas de estudiantes en los años 70. En ese entorno se escribió nuestra constitución.
Con ello quiero referirle que hemos avanzado, y mucho. Hemos entrado en Europa, nos regimos por un mercado único comunitario y globalizado regido por el principio de economía de mercado y libertad de iniciativa empresarial. España se ha adherido a todos y cada uno de los Tratados Internacionales que defienden los derechos más fundamentales del individuo, políticos y económicos, y dicha Constitucion redactada bajo “ruido de sables” sigue representando lo que fue: una grandiosa solución para salir de un pasado tenebroso. Estamos ante nuevos retos y el contrato social que en su día nos dimos, merece ser revisado pero sin imposiciones por ninguna de las partes. Dejémonos de miedos, dejémonos de hipótesis y ataquemos el problema con voluntad real de solucionarlo y no de imponer posturas.
4 octubre, 2017 en 13:20
¿Ya estamos con ese argumento? ¿A dónde quiere parar por ahí? ¿A legitimar vulneraciones de la constitución?
La Constitución no está cincelada en piedra. Puede ser reformada cuando contemos con el debido consenso para ello.
En 1977 se convocaron elecciones constituyentes. El texto redactado contaba con el consenso de los 5 partidos con más votos, sumando 315 escaños de 350. ¿Era un acuerdo de mínimos? Lo normal. Se consensúa a base de ceder en función de los escaños que se cuenta.
¿Se estaba saliendo de una dictadura? Sí. ¿Y qué? ¿Cuándo una constitución ha sido redactada en condiciones “asépticas”? Era lo que había. ¿Influyó en su redacción el miedo a volver a lo anterior? Por supuesto. ¿Pero de un modo decisivo? Salvo en la aceptación de la monarquía, no veo en qué más.
¿Qué consecuencias concretas tuvo la presencia de los “grises” en el articulado? ¿Qué hubiesen querido incluir los padres de la CE en otras condiciones?
¿Habrían omitido la indisolubilidad de la CE? ¿Un marco confederal? No lo creo. ¿Realmente era eso lo que entonces la sociedad demandaba?
La verdad, estoy un poco harto de esos intentos de deslegitimar el actual texto constitucional.
Oiga, a mí me parece estupendo que se reforme. Tengo mis reservas sobre las posibilidades de que se pueda conseguir el consenso que se precisa. Pero ojalá me equivoque.
Y volviendo a la reforma del Estatut… Si usted me está diciendo con su comentario que la población catalana realmente era consciente del contenido de la reforma del Estatut y que su deseo de tener un texto inconstitucional era legítimo, no puedo estar más en desacuerdo. Ni sabían lo que votaban ni tenían derecho a un texto inconstitucional.
Se cabrearon con la sentencia porque es más fácil dar crédito a la apelación emocional del “nos han cepillado el Estatut”, que a pararse a entrar en los detalles de la sentencia y reconocer que les habían engañado poniéndoles en las narices en referéndum un texto que tenía inconstitucionalidades, que casi nadie se leyó y que votaron sí.
¿Estaba (y está) el TC repleto de magistrado sectarios? Sin duda. ¿Demuestra acaso eso que el texto reformado sí era constitucional? Pruebas materiales, señor. ¿Permite eso afirmar que el Estatut fue cepillado? Tampoco. La corrección no afectó ni al 10% del texto.
La campaña contra la sentencia del Estatut apeló a la soberbia de prima donna del catalán medio, igual que se hizo antaño con la oposición al “café para todos”, que no fue más que un pretexto para elevar el techo competencial.
Fue una campaña con mentiras. Pero tuvo éxito. Muchos catalanes entonces fueron engañados. Demasiados.
Y eso mismo están haciendo ahora. Mentir a los catalanes. De nuevo con éxito.
4 octubre, 2017 en 11:52
Sr.Garrido: aceptando mucha de sus consideraciones – que no todas- el tema – muy grave,ciertamente-,debería ser reconducible a una reforma constitucional pactada que integrase una suerte de Ley de Claridad tipo Quebec- tan querida por los nacionalistas- que diera salida a esa gran cantidad de cats que se sienten agraviados y se han pasado al independentismo en tan corto plazo de tiempo pero no arrastrar a toda una Nación de 47 millones a una crisis sin precedentes de la que no se sabe como se saldrá.- Ya solo el gran número de prosecesionistas que se ha ampliado en tan poco tiempo da pávulo para afirmar que es un auténtico disparate el organizar remedos de referendums sin garantías y no digo ya una Declaración Unilateral de Independencia sobre unas votaciones que ya se sabía su resultado de antemano.-
Pero repito le entiendo en muchos de sus “agravios”,no tanto en las consecuencias que se han extraido.-“El Pasqual,aceptaré…” del Sr.Zapatero todavía me retumba y “malament” en los oídos…
Se asombrarían muchos separatistas si intuyesen cuantos votos afirmativos en España se darían en ese Referendum que incluyese esa Ley de Claridad a lo Quebec.-
4 octubre, 2017 en 13:08
Gracias por su comentario. Agradezco que fuera de Cataluña haya ciudadanos que realmente estén en disposición de aceptar un diálogo sin imposiciones. Lea las declaraciones del presidente Puigdemont dese que accedió al cargo, así como la de sus antecesores y comprobará que siempre se ha ofrecido ese diálogo, con nulo resultado -y no vale argumentar que nunca se ha querido realmente negociar porque se imponía el refrendum secesionista, habida cuenta que entraríamos en el terreno de las suposiciones-. Por intentos pasados -fracasados- puedo afirmar que cualquier propuesta de diálogo ha sido abortado de plano por el Gobierno de turno -recordemos ya en su día el Plan Ibarretxe en el País Vasco, la consulta aquí del 9N, o finalmente éste último intento del 1-O-. Luego la responsabilidad de abocadar a 47 millones de personas a una crisis sin precedentes es compartida, tanto de quien no reconoce la legalidad constitucional, como de quien se ampara en ella como herramienta para mantener el “status quo”. En mis oídos también retumban las numerosas declaraciones de representantes gubernamentales tales como “la Constitución no se toca”. En fin, una pena porque estamos gobernados por auténticos inútiles. Saludos.
4 octubre, 2017 en 18:03
Sr. Garrido:
Me temo que la descripción que Ud. hace de la realidad de Cataluña es “su” realidad. El hecho de residir allí no supone ninguna garantía de verosimilitud, porque todos estamos condicionados por nuestros prejuicios y nuestras filias y fobias. Y ninguna mejor prueba de éstas últimas que sus comentarios tachando a uno de los partidos más votados como la “derecha más extrema de la nación española” (atención a la definición) o criticando el hecho de que este mismo partido hiciera uso de su legítimo derecho a recurrir al TC por estimar inconstitucional el Estatuto catalán, como así se demostró. Por no hablar de su alusión a que las instituciones nacionales “están gobernadas por un partido de criminales” y otras expresiones “moderadas”.
Naturalmente, no seré yo uno de los que pontifiquen qué es lo que piensa y siente la mayoría de los catalanes, entre otras cosas porque ni tengo la información suficiente ni me he arrogado su representación. Seguro que tampoco la tendría si viviera en Cataluña.
No obstante, con la misma moderación, que Ud., yo (y, probablemente, muchas personas de dentro y fuera de Cataluña) podría sostener la opinión de que el catalanismo actual (prescindamos de bucear en la Historia), nunca ha buscado el afecto del resto de los españoles sino precisamente estimular el sentimiento contrario como método de obtener esa desafección que justificaría la independencia. Desde el “Ahora paciencia mañana independencia” (años 60), al “Independencia ya” pasando por “España nos roba”, “nacionalismo español” y toda la retahíla de eslóganes y demás iniciativas de todo tipo, incluidas las legislativas, el catalanismo sólo ha pretendido alcanzar aquel objetivo estratégico, y muchos catalanes, incluidos los más pudientes e instruidos, y hasta consagrados, han caído en esa trampa.
Desde siempre, el catalanismo ha reprochado al resto de los españoles una supuesta falta de afecto y cariño hacia los catalanes y una agresión continua a su autogobierno por parte de las Instituciones estatales, pero me temo, Sr. Garrido, que su diagnóstico ya no cuela.
La Comunidad Autónoma de Cataluña se ha gobernado a si misma como ha querido, ha formado los partidos que ha querido y ha elegido a los representantes que ha querido. Ni una parte importante de la ciudadanía catalana ni el resto de los españoles tienen la culpa de las frustraciones vitales de sus dirigentes y aunque me temo que todos acabaremos pagando por ellas, espero que el recuerdo todo esto quede para las generaciones futuras.
-Deslegitimaron nuestra Constitución.
-Tergiversaron nuestra Historia.
-Cuestionaron nuestra unidad e igualdad.
-Despreciaron nuestro himno.
-Humillaron a nuestro Rey.
-Profanaron nuestra bandera.
…Pero nos reprochan que no les tenemos cariño.
5 octubre, 2017 en 00:41
Sr. JMZ,
Es mi realidad, por supuesto, y no es más que una apreciación subjetiva de la realidad. Una más que puede diferir con la que Ud., percibe desde su lugar de residencia, y ambas son respetables y discutibles en la misma proporción. No obstante, sí puedo afirmar que creo representar la realidad que se percibe por parte de muchos/as ciudadanos/as de Catalunya que el pasado domingo querían expresar su sentimiento -y en algunos casos frustación- mediante su voto. No seré yo quien me apropie de una realidad tan compleja como dispersa en términos de orientación política, ni mucho menos pretendo ostentar la razón absoluta acerca del origen de la cuestión. Tan sólo pretendo ofrecer una visión del problema de quien está cerca del mismo y lo vive diariamente.
Lamento que alguna de mis opiniones sobre el partido más votado en España le hayan podido molestar, pero en ningún caso con ello pretendo deslegitimar sus decisiones, sino simplemente manifestar hechos concretos y probados sobre los que una gran parte de la ciudadanía española guarda extraño silencio -y quien calla, ya lo sabe, otorga-. En definitiva, si después de todo se le sigue apoyando electoralmente y de forma mayoritaria, a mi juicio indirectamente se legitima su actuación, pero allá cada uno con sus prioridades. Por mi parte, lo diré bien alto y cuántas veces se me solicite: sí, son un partido de corruptos que no dudan en impedir y/o dificultar investigaciones judiciales sobre su financiación ilegal (que no irregular). Sirva como mero ejemplo la destrucción de discos duros en sede de partido para evitar el acceso del Juez instructor a datos relevantes para la investigación.
Un matiz: catalanismo no es independentismo, y no puede generalizar en el catalanismo a la hora de hacer pechar en toda la sociedad de Catalunya argumentos contrarios a España, sus instituciones y símbolos. Catalanismo y pertenencia a España no son contradictorios. Es más, han sido y son compatibles, siempre que no entren en conflicto. Pero si atacas al catalanismo sistemáticamente, entras en conflicto y éste puede derivar en independentismo. Si revisa la historia reciente de nuestro Parlament, observará que dichos argumentos se sostenían, ciertamente, por una minoría independentista que no alcanzaba más que una representación simbólica hasta hace bien poco. Si dicha minoría se ha transformado en mayoría no ha sido por influjo de una meditada labor de convicción, engaño y control del mensaje político a la ciudadanía, como desde Madrid quiere venderse. Con todo el respeto, eso es afirmar que aquí somos todos absolutamente estupidos, sin capacidad de discernimiento y fácilmente manipulables. Y si precisamente de algo podemos presumir los catalanes, es de ser incontrolables. ERC y otras fuerzas independentistas han llegado a ostentar capacidad real de dirigir los designios de Catalunya mediante el control mayoritario del Parlament porque el catalán no independentista y catalanista -entre los que se encuentran muchos y muchos inmigrantes nacidos fuera de Catalunya- se ha sumado a la causa, inicialmente residual, hastiado de ver como se denigra y se castiga a Catalunya (nuevamente apreciación subjetiva de la realidad). Es fácil ver ahora la paja en el ojo ajeno, pero autoevalúense bajo criterios objetivos e imparciales y verán que el ataque a Cataluña, su lengua, sus instituciones y su autogobierno ha sido política constante en los últimos 20 años, porque ha interesado políticamente y porque a nadie ha importado sus consecuencias, hasta ahora. ¿Se ha deslegitimado la Constitución? Sí, también es la mía y tengo todo el derecho de deslegitimarla, solicitando su revisión y actualización. ¿Se ha tergiversado la historia? Sobre ello deberíamos discutir en otra ocasión, pero no estaría de acuerdo. ¿Se ha cuestionado la unidad e igualdad? Que yo sepa la igualdad nunca se ha cuestionado. Sí, en cambio la unidad, porque en democracia creo que puede cuestionarse sin rasgarse uno las vestiduras. ¿Se ha despreciado el himno, humillado al Rey y profanado la bandera? Cierto, lo lamento y lo censuro, como también lamento y censuro determinados actos concretos contra símbolos catalanes realizados por quienes no representan la mayoría.
Finalmente, se equivocan pensando que esta situación es la consecuencia de las fustraciones vitales de algunos dirigentes. Denota desconocimiento profundo del problema. La situación actual no es la quimera de cuatro ilustrados por la Renaixença, sino un clamor social que emerge desde la base y que cada día reúne más adeptos de todos, absolutamente todos, los estratos sociales. Pregúntense por qué motivos reales tantísima gente se ha “convertido” a la causa independentista, y si eliminan de la ecuación la falacia de la manipulación mediática, educativa y demás, quizás puedan ver el bosque detrás de los árboles.
Sé que lo que le explico puede parecerle victimista, y le aseguro que no es la intención. Repito, tan sólo quiero mostrar mi opinión y tratar de explicarles con la máxima humildad posible lo que percibe un ciudadano de Catalunya, desde dentro.
Un último apunte. Tiene Ud toda la razón en que hay una gran parte de la ciudadanía de Catalunya que no desea la independencia, y son tan catalanes como los que la desean. Su opinión como no puede ser de otra manera debe ser escuchada y respetada. Pero digo yo, ¿Qué mejor manera de escuchar a todas las partes que promoviendo una consulta?
4 octubre, 2017 en 09:39
En los últimos días me he subido a una montaña rusa donde las emociones se suceden de forma vertiginosa desde el estupor ante la actuación de los políticos, la indignación ante la violencia, la tristeza por las oportunidades perdidas y el duelo por la perdida. Pero vuestro artículo ha vuelto a despertar en mí la esperanza, gracias, mil gracias.
Ahora solo toca ponernos manos a la obra y hay mucha tarea por delante.
¡Muchas gracias, Antonia! ¡Nos alegramos! Nosotros también nos sentimos así
4 octubre, 2017 en 10:53
GESTIÓN DE SENTIMIENTOS E INFORMACIÓN VERAZ: Se quejan muchos de la exagerada parcialidad y uniformidad de los medios. Con Mas y Puigdemont, entre 2011 y 2016, el departamento de la Presidencia destinó mas de 98´5 millones de euros a publicidad institucional, Si ha ello añadimos otros apartados ( subvenciones ,coste de las televisiones y medios oficiales, compra institucional…) parece evidente que se han destinado un buen montón de los recursos de todos ciudadanos que deberían ir dirigidos a atender sus necesidades, a favorecer la causa independentista.( + control educativo , cultural…)
Bastaría que los ciudadanos utilizaran la misma diligencia con las promesas de los políticos como la que tienen en su vida privada con los profesionales y empresas y “los medios” proporcionaran una información más solvente para que la opinión pública catalana cambiara..
4 octubre, 2017 en 11:25
LA GESTION DE SENTIMIENTOS : ESPAÑA NOS ROBA Uno de los fundamentos de las democracias modernas es la solidaridad entre los ciudadanos en la financiación del Estado del Bienestar.
Para los grupos que se llaman de izquierdas es una reivindicación constante el que sea más progresiva la participación de los más ricos.
Y este principio de solidaridad se considera como uno de los hitos fundamentales de nuestra democracia, habiéndose materializado desde su inicio en una tarifa progresiva en nuestro impuesto sobre la renta de las personas físicas y luego se ha extendido a las autonomías. Y, gracias a que este principio está profundamente arraigado en la Unión Europea, nos hemos podido beneficiar del régimen de ayudas que hemos estado recibiendo desde nuestra incorporación al régimen político comunitario.
4 octubre, 2017 en 12:07
Queridos Ignacios: ¿Nos vemos el domingo a las 12:00 entonces en Barcelona defendiendo la Constitución y la Libertad contra el leninismo (o fascismo, tanto da) totalitario independentista antes de que los catalanes de bien que son una mayoría silenciosa (como en el País Vasco) que están siendo apuntadas con los teléfonos móviles en la lista negra de la que habló el otro día CUP (“tenim memoria”, dijo), escupidos, discriminados, apartados, tengan que exiliarse definitivamente de SU tierra o se queden como los últimos judíos del Reich, hasta que los maten real o moralmente? Sólo el Rey – sí, la persona que nos interesa que esté a nuestro servicio por herencia para evitar que el Estado sea representado por personas indignas – les ha dado algo de ánimo. El Rey y los amigos que no dormimos, que no podemos pensar en otra cosa, que apenas podemos trabajar. Nada de equidistancias entre víctimas y verdugos, nada de mediaciones ante una sociedad ciega y formada en el “espíritu nacional”. ¿Moderación? Sí, la moderación de defender el orden jurídico y la convivencia en su seno contra una sedición golpista que empezó en Cataluña, va a seguir en el País Vasco y Baleares y va a acabar vía Roures e Iglesias (y ya veremos si no Sánchez) en la perversión absoluta de la convivencia constitucional de cuatro décadas. Moderación, sí, la verdad contra la mentira. Por cierto, no lo he podido confirmar, pero sí hay un muerto en Cataluña: un guardia civil que murió de un infarto. No podemos estar callados, necesitamos estar del lado de la “bondad insensata” (G. Nissim) antes de que la noche de los cuchillos largos de Cataluña se cierna irremediablemente. Por lo demás, lo que jurídicamente se puede hacer es muy poco si no se acepta la compulsión sobre las personas que violan la Constitución y la Ley. En Cataluña se están cometiendo miles de delitos por segundo, el hecho de que se comentan muchos delitos por muchas personas azuzadas por las autoridades del Estado en Cataluña (la Generalidad y el Parlamento) no es ni eximente ni atenuante. Hasta el domingo a las 12:00 en Barcelona, pues.
4 octubre, 2017 en 12:26
Nota de uno de estos “moderados” que dicen defender “su” libertad y “su” democracia (oclocracia,en realidad) que se quejan aquí dejada en la moto de un amigo de Barcelona esta mañana (no sé como colgar la foto aquí:
” Sabem qui ets
Sabem on vius
Fora de la nostra terra” (está escrito así, no sé si es correcto catalán o no).
Hagamos algo también nosotros, no basta pedir a las Instituciones de nuestra democracia que actúen. Los que estén callados o miren para otro lado son culpables por omisión (como me siento yo por no haber luchado con valor como lo hicieron tantos de las víctimas de ETA).
4 octubre, 2017 en 12:40
4 octubre, 2017 en 12:56
GESTIÓN DE SENTIMIENTOS: CATALUÑA NECESITA MAS RECURSOS Y NO SE LOS DAN El origen de los problemas financieros de Cataluña deriva de la mala gestión pública y del despilfarro y apropiación de recursos públicos, especialmente en el período2002-10.
Cuando Pujol dejó la Generalitat esta funcionaba con 16.081.39 millones de euros en 2.003. Cuando cesó el tripartito en 2010 ya necesitaba 32.518,73 m. La deuda se triplicó de 10.918 millones a finales de 2.003 a 32.974 millones a finales del 2.010 En una auditoria de las cuentas del año 2010 de Deloitte encargada por el nuevo gobierno de Mas encontró 1.209 millones de gasto desplazado y 400 millones de incremento de déficit público, como veis eran mas de 16.000 millones.
Es decir, a los catalanes el cambio de gestión les había costado 16.437 ,34 millones de euros más anualmente ( + el B y el gasto desplazado).
De Sala i Martin, en su conocido artículo sobre “ El rescate de Catalunya , incluía una relación de gastos improductivos y ostentosos que constituían “ una vergonzosa demostración del escaso respeto que el Govern de la Generalitat tenía por el dinero del contribuyente”.
4 octubre, 2017 en 12:58
Este error en el diagnóstico de la insolvencia financiera de la Generalitat provocó que, muchos creyeron que se podían solucionar los problemas con Cataluña con una mejora de su financiación. No fue la población la beneficiaria de este incremento de ingresos ( acabó con una presión fiscal y una deuda pública históricas) sino la clase política catalana la que le sacó más provecho .Para adaptar el lenguaje a la realidad , deberíamos sustituir Cataluña o los catalanes por “ sus dirigentes necesitan mas recursos”.
Luis Ladaria Dice:
4 octubre, 2017 en 15:14
Daniel. No te molestes. No contestarán ni tus cifras ni tus argumentos. Te tacharán de fascista y prou
4 octubre, 2017 en 18:09
Ya he lamentado en otro comentario que los debates sobre Cataluña (el árbol) impidan ver y reconocer los muchos asuntos y temas igualmente graves (el bosque) con que nos enfrentamos. Nada menos que a un cambio vertiginoso en las relaciones sociales, políticas y económicas de gran parte del mundo que, por otra parte, sigue sufriendo en su población hambre, miseria, enfermedades y guerras que le han impuesto oscuros poderes. En todo caso volvamos a Cataluña donde hace ya años debió tomarse una resolución administrativa (no judicial ni penal) sobre el funcionamiento de sus instituciones y sus amistades peligrosas que, en la realidad, eran compartidas por la España del “pelotazo” (de nuevo ahí están las hemerotecas) que primero (año 1978) define la C.E. como “el texto más reaccionario de Europa” (Guerra y Peces Barba); que asimismo se oponía a la monarquía (eran republicanos en su fuero interno) pero estuvieron contentos con los negocios que el sistema les proporcionaba; que rechazaban la OTAN “que responde a unos planteamientos de la guerra fría” y más tarde no sólo se incorporan, sino que además colocan a uno de los suyos al frente de la organización; que, siendo “pacifistas” pretendían “que en España hubiera industria militar” (Solana); etc.etc. o a la propia CNC que (1978) decía en un comunicado oficial: ” que no aceptará la supresión del término nacionalidades y que su desaparición obligaría a una reconsideración de su postura de consenso…” La reconciliación, consenso o paz social la hemos ido pagando muy cara en corrupción aceptada como “normal” por todos durante el supuesto período idílico de la transición. Ahora vemos los resultados de todo ello: una sociedad que no sabe cómo escapar porque está enredada en la subversión de principios morales, incluso constitucionales, por los que debían ser ejemplo para los demás y porque se había confiado en ellos. Ahora sorprende oír al Sr. Guerra con sus comentarios, pero sorprende aún más que sigamos embobados mediáticamente por los mismos. Un saludo.
Antes o después hemos de afrontar la cuestión de si las políticas identitarias, –como el nacionalismo exacerbado–, son compatibles con una Democracia de Ciudadanos Libres e Iguales. Cuentan y mucho las 4 palabras: Democracia, Ciudadanos, Libres e Iguales.
Porque lo identitario no se contenta con su propia libertad sino que aspira a ejercer la “Libertad Positiva” –recordar la definición de Isaías Berlin, es decir, “la libertad de obligar a otros”.
Por eso crea “Judíos”, parias, destinados a adoptar la identidad obligatoria so pena de exclusión legal.
Si se repasa la lista de Altos Cargos de La Generalitat solo verán apellidos de una “etnia” a pesar de que entre los apellidos más frecuentes en dicha CCAA el primer apellido catalán –Vila– es el número 27 de los más frecuentes de la región. Los 26 primeros no son catalanes.
Es decir, hay una casta de reyes y una de súbditos..
El Rey, D. Felipe, lo ha pillado divinamente. No deben sorprender los alaridos del podemismo ni la preocupación de Urkullu.
Esta situación descalifica a la Generalidad de Barcelona incluso si no conociéramos miles y miles, millones ya, de casos de maltrato de todo tipo principalmente derivado de leyes Identitarias. Hoy mismo los hijos de guardias civiles y policías nacionales en su Instituto.
El nacionalismo no es la única ideología identitaria. Hay otras y bien opresivas y ya establecidas en nuestras Instituciones. Un negocio inaudito para sus titulares a cuenta de todos.
Lo bonito de un régimen de Personas Libres e Iguales es que estas cosas terminan saliendo a la luz.
No es fácil, pero de momento se va consiguiendo a pesar de que los Identitarios Reciben miles de millones en todo tipo de subvenciones y ayudas mientras las personas normales deben financiar sus actos privadamente y tener cuidado de no convertirse en blanco de las iras de los “identitarios” de todos los colores.
Habrán visto la preocupación de Urkullu. Un hombre inteligente que ve la hierba crecer y el cambio ce las mareas.
4 octubre, 2017 en 19:41
En mi opinión, los intentos de racionalizar este asunto son vanos, porque aquí nos enfrentamos a un problema de raíz psicológica con clínica política.
El comentario de Garrido, bien hilvanado, es una buenísima muestra de ello, porque contiene toda la somatización externa, los elementos del imaginario, y la abstracción de la razón de fondo, esto es, la insatisfacción de quien, entendiéndose “mejores”, padecen por la ausencia de un dominio real (poder político) sobre un resto al que “minusvaloran”, sintiendo como un agravio y un desprecio insoportable, la indiferencia del resto a esa queja.
Un buen ejemplo es su relato sobre la aprobación de la CE de 1978 y sobre el Estatut.
En relación a la CE, dice: “Aquella constitución se redactó como se redactó, en el tiempo en que se redactó, y bajo sus circunstancias. Era una propuesta común de mínimos y así fue aceptada por la mayoría”. Falso. La realidad fue otra. Los catalanes aprobaron muy mayoritariamente (90% a favor, 96% en Barcelona) la CE porque asumieron que, el poder económico que detentaban sobre el resto de España a final del franquismo, iba a verse apuntalado políticamente por la Constitución, permitiendo satisfacer las ansías identitarias con el dominio económico.
Lo que vino después es conocido: Inmediatamente surgió la realidad. Ni España es un país uniforme, ni los catalanes son mejores o más listos que otros. El desarrollo del sistema autonómico resultó un fiasco, con el interregno de las Olimpiadas. Todos parecían obtener “cosas” (uniprovincialidad, subvenciones, cupo, capitalidad, etc.) mientras la sensación de una parte de la sociedad catalana era ver cómo, poco a poco, perdían la ventaja que Franco y sus políticas, les concedió.
El final del pujolismo representó el punto de inflexión. Fue la época del “Madrid se va” de Maragall. La pérdida de influencia irritó a la burguesía barcelonesa, que lejos de buscar la causa en el nacionalismo pergeñó todo tipo de teorías. El tripartito fue la consecuencia de esa situación. Se aprobó un Estatut, inviable en cualquier lugar, adecuado posteriormente y mínimamente a la CE por un TC de obediencia socialista, previos recursos, no sólo del PP sino también de dos CCAA y del Defensor del Pueblo (Múgica) y aprobado por los pelos (una enmienda de CiU para que cualquier refrendo con menos del 50% de participación no tuviese validez, no fue aceptada por el Psoe) con un 49% del censo y un 80% a favor. Comenzó el incendio de la menestralía agraria, siempre presta, para no ser menos que los burgueses de Barcelona. Después, la crisis de 2007 extendió el incendio a parte de las nuevas clases medio-bajas, los hijos de los que votaban a “Felipe” nacidas del clivaje globalizador que, además del extremismo político, abrazaron el territorial como forma de hacerse perdonar el origen de sus padres y para ser admitidos por quienes siempre les despreciaron.
En mi opinión, la actitud de Rajoy estos años ha sido acertada. No es posible el acuerdo porque, en realidad, no existe un problema político, sino un deseo insatisfecho imposible de satisfacer.
Se dirá, entonces se rompe el país. Sin embargo, y en mi opinión, este es el quid de la cuestión, la razón por la que existe ese sentimiento de superioridad es únicamente porque su pertenencia a España lo permite, en una analogía perfecta con lo que le ocurre al FC Barcelona, de tal manera que en caso de no pertenecer, el incentivo por ser más o mejor, desaparecería de inmediato, convirtiendo a Cataluña en un país mediterráneo más, con su correlato de deuda y corrupción, pero sin el ansia creativa y de superación que, la falta de poder político real, les incita a realizar.
Debe ser, pues, la realidad la que les haga entrar en razón, y no existe mejor que la de la matemática de la economía que, como vemos en el relato de Garrido, está ausente.
Es importante por ello, no que la UE actúe directamente, sino que se pronuncie, de manera oficial, solemne y decisiva, junto al BCE. A partir de ahí, se debería realizar un referéndum bajo normas claras de participación, al estilo canadiense, con exigencia de mayorías cualificadas sobre censo, posibilidad de disenso de zonas disconformes y con una pregunta “inequívoca y clara” que incluyera, de manera explícita, si así lo exige la UE, y para evitar discusiones absurdas, la salida de la Unión y del Euro del territorio segregado.
Que la UE muestre las consecuencias. Y después, conllevanza civilizada, como los suizos, o los matrimonios ricos.
5 octubre, 2017 en 01:26
Por alusiones Themroc,
Suscribo al 100% su propuesta final. Con toda, y repito toda la información. Con todas, y repito todas las garantías, que se consulte. Tan sólo así uno puede emitir un juicio de valor consciente y responder de las consecuencias.
Los catalanes aprobamos mayoritariamente la Constitución que se nos ofreció. Claro, no había mejor opción que esa, porque era la única. Pero con ello nunca se afirmó que se aceptase cada una de sus partes íntegramente, ni mucho menos que fuera inmutable en el tiempo. Una Constitución que, por otra parte, preveía el autogobierno para unas determinadas “regiones” denominadas históricas (art. 143 en relación con el 151) que luego se demostró falaz al constituirse de facto el “café para todos”. El “peix al cove” de Pujol con el Gobierno del PSOE primero (1993), y luego con el del PP (1996), no fue más que un intento de “abrir la puerta a una lectura autonomista de la Constitución”, dicho por el popio Pujol en sus Memorias, cuya lectura recomiendo para obtener una visión completa del panorama actual. Un intento que fue un mero espejísmo de cuatro años, dado que la mayoría absoluta del Partido Popular en el 2000 hizo virar radicalmente la política del estado hacia Catalunya, hasta tal punto que Zapatero consiguió vencer sorpresivamente en el 2004 muy en parte gracias al “voto útil” que se efectuó desde Catalunya para: a) desbancar al Gobierno de Aznar; y b) conseguir blindar las competencias y su financiación a través de un nuevo Estatut, promesa del Sr. Zapatero en el ya archiconocido eslogan que no resulta necesario reproducir. Recordar que hasta entonces ERC no era más que un partido muy minoritario en el Parlamento, y que CIU nunca se mostró independentista. El problema, pues, no viene de la propia promulgación de la CE, sino de su posterior y sistemática interpretación restrictiva hacia el autogobierno catalán, por parte de sucesivos Gobiernos y del propio TC. Y dado que no es posible interpretar la CE de un modo abierto que acepte debates acerca de determinados niveles de autonomía o autogobierno en Cataluña, no cabe otra opción que su reforma. Una reforma que se presenta quimérica si quienes interpretan ahora restrictivamente sus disposiciones, deben acceder a modifcar aquello sobre lo que precisamente sustentan sus convicciones.
Un último apunte: si en algún momento le ha parecido que en mi discurso existe un halo de “superioridad”, me disculpo por ello. En ningún caso me considero superior a nadie, y menos aún de mis conciudadanos españoles. No se trata de minusvalorar a nadie en particular, ni tampoco a un colectivo. Se trata de una identidad colectiva que desea reflejarse autónomamente, ni mejor ni peor que otras, simplemente diferente, con sus particularidades, sus aciertos y sus errores.
5 octubre, 2017 en 10:02
¿Puede hacer el favor de explicarnos que perjuicio objetivo causó a los catalanes el “café para todos”?
“El problema, pues, no viene de la propia promulgación de la CE, sino de su posterior y sistemática interpretación restrictiva hacia el autogobierno catalán, por parte de sucesivos Gobiernos y del propio TC. ”
Discrepo. No ha habido ninguna “interpretación restrictiva sistemática”. El nivel de autogobierno de Cataluña siempre ha ido a más cada vez que el PSOE o PP carecían de mayoría absoluta. En los demás periodos no había ninguna “marcha atrás”.
Y la posterior propuesta de reforma del Estatut carecía de verdadera demanda entre la población catalana.
El problema es que, por motivos de estrategia cortoplacista, se invitó a ERC a participar en su redacción, lo cual fue como meter un zorro en un gallinero.
De ahí salió un texto con un puñado de artículos inconstitucionales, cuyo recurso proporcionó la oportunidad para impostar victimismo y apelar al orgullo de la población catalana.
Con éxito, debo admitir.
5 octubre, 2017 en 12:29
Claro y conciso Lole,
“Café para todos”, igual a mayores competencias autonómicas para todos, igual a aumento exponencial del gasto por creación de instituciones, cargos, sociedades públicas, etc., igual a mayor necesidad de financiación para sustentar tales competencias. Multiplica el gasto por cero -recursos generados- y el resultado seguirá siendo cero, luego los recursos deben salir de donde se generan (otras partes del territorio) para cubrir enormes agujeros presupuestarios. Catalunya podía asumir dichas competencias porque genera suficientes recursos para atender al enorme gasto que ocasionan -ineficiencias y chorizadas a parte-. Otras CCAA, no. Pero todas se subieron rápidamente al carro del “café para todos” porque se les abría un mundo de oportunidades y de controlar presupuestariamente “sus cortijos”. Y con este último símil no piense que pongo el foco en Andalucía, tierra que adoro y de la que formo parte por ascendencia directa. De todas formas, no soy experto en la materia, así que estaré encantado que me rebata el origen del problema de financiación autonómico.
5 octubre, 2017 en 12:46
Chorizadas aparte, no tiene que haber aumento de gasto ya que las competencias se trasladan del Estado a las CCAAs junto con el presupuesto que se requiere para atender dichas competencias.
Debo reconocer que usted iba a usar el argumento que empleó Pujol empleó en su día. Celebro que no.
De todos modos este tampoco vale. Busque un pretexto mejor.
Por tanto la pregunta sigue ahí: ¿qué perjuicio objetivo causa a los catalanes el “café para todos”?
Le hago notar además que usted en su comentario que inició este microdebate dijo “Una Constitución que, por otra parte, preveía el autogobierno para unas determinadas “regiones” denominadas históricas (art. 143 en relación con el 151) que luego se demostró falaz al constituirse de facto el “café para todos”.”
Y yo entonces me pregunto qué tiene que ver lo que ha dicho sobre el hipotético problema de financiación para cubrir el “café para todos” con el autogobierno de las denominadas regiones históricas que aludió en ese otro comentario.
5 octubre, 2017 en 17:33
¿Qué tiene que ver? Todo. El sistema autonómico fue la cesión que el Estado hizo a las regiones que pretendían recuperar sus instituciones y autonomía con el final de la dictadura. Ese sistema se pensó inicialmente para unas pocas, pero se dejó una puerta abierta en la que posteriormente entraron todas, causando ineficiencias constantes tanto en materia de financiación, como de sobreregulación. En cada petición de mayor autonomía por parte de una Comunidad de las denominadas “históricas”, se subían tarde o temprano todas, y se exigía asunción de competencias inasumibles e igualdad financiera para atender a esas competencias, vía LOFCA.
De todas formas, coincido en el hecho que la responsabilidad, muy en parte, fue de los sucesivos Gobiernos de Pujol, quien no dudaba en pregonar su gran gestión a la hora de recabar competencias para Catalunya sin preocuparse de obtener, coetáneamente, un acuerdo de financiación racional para su correcta implantación y desarrollo. Ello generó endeudamiento, y a la vez frustración porque lo que se recaudaba en Catalunya se repartía vía LOFCA de una manera que comenzó a verse como discriminatoria y alejada de la solidaridad -que siempre se ha respetado-, con otras CCAA. Por lo tanto, concurrencia de culpas, de los que no quisieron ser menos que nadie, y de los que siempre quisieron ser más que los demás.
6 octubre, 2017 en 10:48
Se lo vuelvo a decir: la cesión de competencias de entrada no tiene que causar problemas de financiación, ya que lo que antes hacía este, ahora lo hace ese. Y teóricamente por el mismo coste.
Tema aparte es que se hayan creado “desvíos de rentas” o disfuncionalidades en el proceso, que no tienen ninguna relación con el “café para todos” o el “café para algunos”.
Asumida esta premisa, sigo sin entender qué perjuicio objetivo causa a los catalanes el “café para todos”.
Permítame que le diga que a mí nunca me pareció bien el “café para todos”, porque en virtud de esta práctica se han estado transfiriendo competencias a CCAAs cuyas poblaciones no las demandaban, pero sí sus representantes políticos por el poder añadido que conllevaba esta ampliación competencial.
Entiendo que esto es un reproche que se puede hacer en defensa de los intereses generales del país, pero no desde los intereses particulares de las comunidades autónomas históricas, a las cuales todo esto les debería ir al pairo.
No ha sido así. Se ha usado como pretexto para exigir nuevos techos competenciales. Y en mi opinión esos pretextos no deberían haber colado. Pero al final sí colaron por motivos en mi opinión cortoplacistas que a la larga generaron incentivos perversos.
Josér Dice:
4 octubre, 2017 en 20:38
Si, el presidente del Consejo de Gobierno de Cataluña ha sido muy dialogante pero que muy dialogante,referendum si o si y sin atender a la posibilidad de que utilizara los cauces correspondientes para hacer valer sus pretensiones , entre las que se encuentran la secesión.Ese es el dialogo que han querido además de instruir a una poblacion desde la infancia con lemas sobre el España nos roba, expulsar al español de la escuela y otras lindezas . Debería preguntarse porqué tuvieron que marcharse miles de andaluces o extremeños precisamente a una Cataluña mimada por el franquismo : aranceles proteccionistas, mano de obra baratisima, ahorro canalizado hacia allí , en detrimento de otras tierras españolas, algo que no era insólito desde que la burguesía catalana la impuso en el siglo XIX , sostenida durante el XX, aupando a la dictadura al general Primo de Rivera y consiguiendo que los intereses de comerciantes catalanes en Cuba se sostuvieran .No es tampoco nada novedoso desde que con tropas de la Corona de Castilla hubo que defender los intereses catalanes en Italia.
Es necesario restaurar la legalidad constitucional en Cataluña , la que con sus palabras ha defendido el Rey. Dialogo el que se quiera, sin los que han vulnerado la ley y estan incursos en conductas previstaas en el Código Penal, despues con una raya roja:la unidad de España .
5 octubre, 2017 en 10:41
GESTION DE SENTIMIENTOS. TENDREMOS EL MISMO NIVEL DE PRESTACIONES QUE AUSTRIA: En El Confidencial del 28-9-17 A.Fernández “ Lluis Salvadó , el detenido clave de los 30.000 millones en el extranjero “, que es el dinero que según él tiene asegurado para iniciar la independencia “ recoge su manifestación , de que la Generalitat necesitaba 5.000 millones de euros mensuales y su preocupación era alcanzar esta cima desde unos ingresos muy inferiores. Aparte de los 30.000, la recaudación propia ( 1.200 millones en 2016) y los 15.000 o 16.000 millones del expolio fiscal confía en tres modos: impuestos, cotizaciones o mercados internacionales. Cegada esta ültima fuente ya que la Generalitat la tiene cerrada desde hace años y los informes de solvencia cada vez le son más desfavorables, a pesar del aval de España, seguramente acabarían sus ciudadanos pagando este nuevo salto fiscal
El primero lo dieron pasando el gasto público desde 16081millones en 2003 con J. Pujol a 32518 ( más el gasto oculto) millones con el tripartito en 2010 y consiguiendo así que los catalanes estuvieran en el grupo con mas presión fiscal del mundo.
5 octubre, 2017 en 17:12
Gracias por este artículo. Me parece muy oportuno y necesario. pero a él yo añado la injusticia de la falsedad de los nacionalistas sobre su España nos roba y sobre su complejo de superioridad. Y es que, a todo lo anterior yo añado que quiero remarcar, y recordar que efectivamente Cataluña es una región desarrollada pero no solo por su esfuerzo sino sobre todo por su relación con el resto de España
Es verdad que Cataluña ya no es ni siquiera para ellos una locomotora económica, pero ello no se debe a la solidaridad interterritorial sino a que ha ido perdiendo sus privilegios proteccionistas históricos
Como señalaba el periódico 5 Dias. En 2004, el producto de Extremadura no llegaba a 64% del catalán. El de Badajoz respecto al de Tarragona era aún menor. Y la convergencia interregional apenas avanza desde hace ya algún tiempo, Madrid, que es la región con una balanza fiscal por habitante más deficitaria, no por ello deja de crecer a buen ritmo.
Motivo de reflexión debería ser la comparación entre Madrid y Cataluña hace 50 años. Por entonces el producto por habitante de la segunda superaba al de la primera; además, los respectivos productos regionales estaban en una proporción de casi uno a dos, siendo el catalán casi un quinto del español. En pleno franquismo, Cataluña estaba más cerca de ser el motor económico de España que ahora. Y es que los resultados de nuestra evolución económica entre la Guerra de Sucesión y la transición democrática han sido particularmente favorables a Cataluña. Pero el nacionalismo suele llevarse mal con la Historia y con la Economía.
El tan denostado centralismo borbónico permitió al Principado acceder al mercado español. Y ello favoreció principalmente a Cataluña, ya que una economía relativamente pequeña pudo acceder a un mercado de dimensiones mucho mayores como era el Reino de Castilla. Y también al mercado colonial. La contribución de este último al desarrollo económico catalán pudo ser mayor o menor. Lo que no es discutible es que la contribución de los catalanes a las arcas de la Corona, de las que salían los gastos de defensa del mercado colonial, era sustancialmente menor a la del resto de los súbditos peninsulares y americanos, que, sin embargo, compraban forzosamente los productos del Principado. Así, a fines del siglo XVIII, la carga fiscal de un andaluz duplicaba a la de un catalán. La de un madrileño, que obtenía muy poco o nada del Imperio en términos económicos, la triplicaba.
La exención fiscal de facto catalana se mantuvo a lo largo de los siglos hasta la reforma de Francisco Fernández Ordóñez. Anteriormente, un sistema fiscal regresivo y una bajísima presión fiscal favorecieron comparativamente al más rico. Este es el caso de Cataluña, cuya industrialización se hizo en unas condiciones de protección arancelaria extrema que fue soportada por el resto de los españoles. Una de las características de esa industrialización es su escasísima capacidad exportadora. Sólo hace unas pocas décadas que los productos catalanes comenzaron a estar significativamente presentes en los mercados internacionales. Hasta entonces, las importaciones imprescindibles para el crecimiento de la industria catalana fueron financiadas con las exportaciones de otras regiones más pobres que sí colocaban en el exterior productos agrícolas y minerales. En 1910, Andalucía, Cantabria, Valencia, Murcia y el País Vasco tenían ratios exportaciones/producto más altos que Cataluña. Sin embargo, la intensidad industrial de ésta era muy superior, excepción hecha del País Vasco.
En la actualidad, afortunadamente, Cataluña exporta, y no poco, pero cabe preguntarse si esas exportaciones son independientes, como algunos sugieren, del mercado español y de una historia económica conjunta.
Otra característica señalada de la historia económica española es la altísima concentración espacial de la industria en Cataluña y el País Vasco. En 1929, la tributación industrial per cápita de Cataluña casi duplicaba a la de Madrid y casi septuplicaba a la de Andalucía. Las diferencias respecto a otras regiones -de nuevo, País Vasco excluido- eran aún mayores.
Protección y concentración, que pueden estar causalmente relacionadas, se tradujeron en un sector industrial cuyas dimensiones no pueden explicarse acudiendo exclusivamente a las capacidades de Cataluña. En contraste con una secular historia de desarrollo económico favorecedor, esa solidaridad de Cataluña con el resto de España, que hoy se reclama ‘a la baja’, data de anteayer y a ello hay que añadir los contingentes humanos en que consistió la emigración andaluza, murciana hacia Cataluña para precisamente sacar adelante esa concentración empresarial subvencionada y protegida ore kl régimen franquista
Por tanto, no estaría de más que el nacionalismo hiciese una revisión al alza de la contribución de todos los españoles al bienestar de Cataluña. Incluso puede que no falte quien piense que esa comunidad autónoma es la que tiene ‘deuda histórica’ con el resto España.
6 octubre, 2017 en 10:03
“¿Lo considera un truco? Pues dígaselo al representante de la Comisión Venecia.”
Estaré encantado de decírselo porque no es razonable, pero no encuentro por ninguna parte que la comisión de Venecia defienda que el parlamento de una región tenga que avalar el referendum con dos tercios (¿tiene un enlace?). Me parece razonable que se exija una mayoría cualificada en el resultado del referendum. Me parece razonable que se necesiten dos tercios del parlamento “central” del país para autorizarlo. Pero ¿dos tercios del regional? El referendum es la vía de resolución del conflicto de forma democrática, y con eso lo que se hace es obstruir la vía de resolución del conflicto ya que la minoría puede impedir el referendum. Eso es una bomba. Por cierto ¿qué pasa si no hay parlamento regional?
“Es de sentido común que un referéndum así tiene que contar con mayoría cualificada del Parlament. Esa es la garantía del consenso, de la legitimidad interna. Sin ella, pasa lo que pasa. Una región partida por la mitad. Unos tomando las calles y los otros escondidos.”
¿Y de esta manera “solo” se tiene que esconder un tercio de la población?
Le aporto el enlace de la noticia donde lo leí (http://www.elmundo.es/espana/2017/09/27/59cbf51fe5fdea16378b4613.html).
Cito el párrafo textualmente: “Además, Markert consideró que Cataluña no ha seguido las recomendaciones de la Comisión de Venecia al decidir convocar el referéndum sin una mayoría parlamentaria cualificada.”
Un minoría sí puede obstruir ese referéndum porque en asuntos de gran trascendencia (como es el caso) debe partirse de un amplio consenso. El mismo que se requiere para una reforma electoral, para elegir al Sindic de Greuges o para reformar el Estatut. Pues para esto igual. ¿No puede acaso una minoría bloquear una reforma estatutaria?
En casi todas las democracias parlamentarias existe la figura de las mayorías cualificadas. Incluso en EEUU hasta se necesitan tales mayorías para quitarle la palabra a un filibustero parlamentario.
“¿qué pasa si no hay parlamento regional?”
En ese caso es absurdo debatir si hace falta mayoría absoluta o cualificada.
“¿Y de esta manera “solo” se tiene que esconder un tercio de la población?”
No me venga con más sofismas (baratos), por favor. Una decisión trascendente como es este caso tiene que contarse con amplio consenso. Y cuanto más consenso mejor. Pero en democracia salvo contadas excepciones no se puede pretender la unanimidad. Se puede discutir por tanto si la mayoría cualificada para algo debe ser de 3/4, 2/3 o 3/4, por ejemplo.
Cuando se cuenta con una mayoría cualificada favorable a una reforma singular, no suele haber problemas de división interna en la sociedad que puedan causar disturbios ni delitos de odio. Estas cosas suceden cuando la sociedad se divide en mitades ante algo muy trascendente. Como sucede ahora en Cataluña, en la que una mitad está atropellando los derechos políticos de la otra mitad. Y es espoleada por los dirigentes políticos a señalar “judíos” para consolidar ese dominio (en este caso ilegítimo).
Pero cuando la superioridad es de 2/3 sobre 1/3, el primer grupo no necesita amedrentar al otro para consolidar su superioridad por motivos obvios.
Simplemente la minoría derrotada democráticamente refunfuñará. Pero nadie les señalará como “judíos”.
6 octubre, 2017 en 17:47
Tengo las recomendaciones de la Comisión de Venecia delante y no veo lo de los dos tercios por ningún lado. Puede que el periodista se haya equivocado.
http://www.venice.coe.int/webforms/documents/CDL-AD(2007)008rev.aspx
A mí me parece que para mantener la cohesión de una región en conflicto lo peor que se puede hacer es que la minoría impida una votación que quiere la mayoría. Eso es una bomba. Un ejemplo (reconozco que extremo como el “Godwin” de usted) es Sudáfrica.
En Cataluña una mayoría de la población quiere el referendum (incluso votantes del NO) y me parece absurdo que lo impida una minoría (y para más inri, supuestamente “representativa”). Es eternizar el conflicto, si no empeorarlo.
7 octubre, 2017 en 09:37
El periodista no habla de mayorías de 2/3, sino de mayorías cualificadas.
La misma noticia la he encontrado también aquí (http://www.eltriangle.eu/es/notices/2017/09/la-comision-de-venecia-dice-que-el-1-o-no-cumple-con-los-estandares-8920.php). Así que si alguien ha tergiversado o malinterpretado las palabras de Markert, es alguien de la agencia Europe.
El documento que usted anexa es genérico sobre referendums. Pero es evidente que un referéndum de secesión debe regirse por normas más estrictas. Fíjese por ejemplo que en ese documento de buenas prácticas de la Comisión Venecia no se exigen quorums mínimos. Sin embargo en el caso de Montenegro, que sí era de secesión, sí se exigieron por motivos obvios.
En la legislación española los referendums que se contemplan sobre temas trascendentes (reforma constitucional y reforma estatutaria) deben ser precedidos por aprobación de 2/3 en su parlamento. Por análogos motivos un referéndum de secesión también debe exigírsele un amplio consenso parlamentario. Y que luego sea ratificado o no por la población.
Si es realmente cierto que la mayoría de los catalanes quieren ese referéndum, que se refleje en el Parlament. Convóquense elecciones autonómicas y entonces veremos si el electorado castiga o no a los partidos que se oponen a ese ansiado referéndum. Eso es democracia.
Y no me venga con el ejemplo de Sudáfrica. Allí, como en todas partes, las grandes decisiones solo tendrán legitimidad si hay detrás amplio consenso.
Lo que sí propicia el conflicto es plantear un referéndum ignorando a las minorías en el Parlament (que quizás no lo sean en población). Así tenemos una sociedad catalana fracturada.
7 octubre, 2017 en 10:30
La mayoría absoluta en el Parlamento me parece una mayoría “cualificada” y a mí, personalmente, me parece muy adecuado para un referendum, ya que es el propio resultado del referendum el que realmente va a tomar la decisión, y como usted sabe, en mi opinión la decisión mayoritaria de los ciudadanos es muy superior a la de sus (supuestos) representantes (hasta el punto de que yo aboliría la democracia representativa de electos). Poner trabas a preguntar al pueblo no me gusta nada.
https://es.wikipedia.org/wiki/Mayor%C3%ADa_cualificada
“Existen muchas formas de mayoría cualificada, entre ellas:
Porcentaje mínimo de votos: se puede requerir un porcentaje mínimo para poder tomar una decisión sensible, por ejemplo: dos tercios, tres quintos o cuatro séptimos de los votos. La mayoría absoluta, en este sentido, sería un tipo de mayoría cualificada. Las mayorías cualificadas que sean superiores a las absolutas se denominan reforzadas.”
Pero en fin, si se negocia algo así no somos nosotros quienes vamos a negociar (bueno, por lo menos yo no soy uno, no sé usted…) y creo que ya hemos dejado claras nuestras posturas.
Un cordial saludo… y hasta el próximo desencuentro, que seguro que no va a tardar.
8 octubre, 2017 en 09:04
Pues ya ve que el representante de la Comisión Venecia no cataloga a la mayoría absoluta como una mayoría cualificada.
Exigir una mayoría cualificada no es poner trabas al pueblo. Es poner trabas a los que quieran instrumentalizar esos referendums para usarlos como vetos encubiertos. No. Si se plantea un referéndum semejante, es porque hay amplio consenso en las sociedad, al margen de las políticas de partidos.
Hispania existe.
Y existe desde mucho antes de que naciera el gentilicio “catalán” (“goth aulanii”) que emerge por escrito entre el siglo XII y XIII pero que oralmente, –la vox populi– existe desde la Invasión Alana del año de 409 de la era cristiana y que resultó en el exterminio de todos los hombre mujeres y niños de la Tarraconensis de la división romana del siglo II.
El exterminio documentado de Tarraco fue de 70,000 almas y en Ampurias 20,000.
La fuente histórica está en, por ejemplo, “Historia de la Civilización Ibérica” de Oliveira Martins, siglo XIX. El equivalente portugués de nuestros grandes historiadores por no citar otras fuentes.
Es un libro que en algunas casas está desde el siglo XIX y que vuelve a publicarse hoy (a un precio astronómico) para conocimiento general porque la ignorancia de la propia historia es tristísima………….y costosa.
Todos tenemos historia. Hispania muchísima.
¿Por qué te vas de Cataluña? Pausa, silenci i equanimitat: una petició des de Catalunya. Pausa, silencio...

References: artículo 33
 artículo 155
 resolución 
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