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Timestamp: 2020-07-14 03:57:12+00:00

Document:
Sanchez Lopez Martiria – CHDE Trujillo
Jaraíz en el reinado de Alfonso XIII
Profesora y Cronista Oficial de la Villa.
Jaraíz de la Vera (Cáceres).
Para el estudio de este período histórico hemos contado con documentos interesantísimos, como las Actas Municipales del Archivo Municipal de Jaraíz, así como los documentos referentes a este período del Archivo del Juzgado de Paz y los de las dos parroquias, Santa María y San Miguel.
Jaraíz, durante este período histórico, va a realizar una transformación espectacular, tanto en su economía como en los demás aspectos sociales, demográficos y culturales. Dada la extensión del tema, vamos a centrar este trabajo en los aspectos políticos, demográficos y sociales.
Este período se extiende desde 1902, en que fue proclamada la mayoría de edad de Alfonso XIII, hasta 1931, cuando termina su reinado con la inauguración de la Segunda República.
Los primeros años de este reinado se van a caracterizar por el pesimismo español después del desastre colonial de 1898, con la pérdida de nuestras colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Se va a producir un deseo regeneracionista que intentaron poner en práctica algunos ideólogos como Joaquín Costa, junto con políticos como Maura y Canalejas, que quieren terminar con la farsa política del régimen anterior y realizar una reforma social y política con una mejor distribución de la riqueza, pero no lo pudieron conseguir.
Otro acontecimiento importante que va a condicionar este reinado fue la Primera Guerra Mundial. Aunque estos hechos permitieron superar la crisis económica, se acentuaron una serie de problemas que ya existían: el tema político y militar, la cuestión de Marruecos, el problema regionalista…etc.
Los intentos de solución de Maura y Canalejas terminaron en 1912 con el asesinato de éste último. La crisis parlamentaria de la Monarquía de 1917 termina con el comienzo de la Dictadura de Primo de Rivera, que durará hasta 1930, seguida de la de Dámaso Berenguer en 1931. En este año se produce el fin de la Monarquía y el comienzo de la Segunda República.
B.- ASPECTOS POLÍTICOS DE JARAÍZ. 1902-1931
B.1. PRIMER PERÍODO: 1902-1917
Después de haber leído las Actas Municipales del Archivo del Ayuntamiento, las conclusiones que hemos sacado sobre las actuaciones de los políticos y las personas que gobernaron Jaraíz, coinciden plenamente con lo que refleja Unamuno en su libro Tierras de Portugal y España, cuando visitó esta Villa en 1920, en su camino a Yuste, donde dice: “Los vecinos de Jaraíz se imponen la obligación de la gobernabilidad de su pueblo…como es una carga, una verdadera carga, nadie la busca, pero nadie la puede rehusar. Y siendo un municipio pobre, jamás se entrampa, porque el vecindario no es pobre y anticipa a aquel cuanto necesita.”
Estos políticos consiguieron el desarrollo de Jaraíz en el campo económico, urbanístico, cultural o sanitario, hasta convertir a su pueblo en uno de los núcleos más importantes de la Alta Extremadura.
¿Quiénes fueron estos gobernantes que tanto lucharon por su pueblo? En las Actas Municipales constan todos sus nombres y apellidos, tanto de los distintos alcaldes como de los concejales y asociados que formaron las Corporaciones Municipales. Durante el primer período, el mandato de los alcaldes era bianual. El primer edil de este reinado fue Fernando Arjona y, entre los concejales, destacan Felipe López, Máximo Aparicio y Julián Paz, entre otros. Desde el primer momento, todos tuvieron el propósito de actuar siempre lo más justamente que pudieron.
Entre las distintas acciones que llevaron a cabo destaca el arreglo de las calles, en lo que los vecinos debían contribuir. Según el Acta de la época, todos debían colaborar en el pago de “peonadas” de la siguiente forma: “Los que no pagan Contribución, o menos de 10 pesetas, darán una peonada; los que pagan 30 pesetas de Contribución, darán dos peonadas, y así irán aumentando el número de peonadas por cada 20 pesetas más que paguen de Contribución.” (A.M.)
Otra de las gestiones que se lleva a cabo durante este período fue el arreglo de caminos, como el de Cuacos y la construcción de la carretera hasta Casatejada, que fue la primera que se construyó en el municipio.
También llama la atención el rigor con el que se hacían los distintos sorteos de los “quintos” que debían hacer el Servicio Militar. Así consta en el Acta de la época: “Se hace con todo rigor, presidido por el Sr. Alcalde y comandante de la Guardia Civil y sacan las bolas dos niños menores de 10 años”.
Las distintas Corporaciones siguieron mejorando las condiciones de vida del pueblo, como fue la compra de un nuevo reloj, según el Acta correspondiente: “…acordamos que se compre un Reloj de torre porque es deshonroso para este vecindario carecer de reloj”. Se adquirió, además, un aparato para la extinción de fuegos, llamado “Minimase”.
Las cuentas del presupuesto eran controladas por el Gobierno Civil de Cáceres.
En 1909 tuvo lugar la Semana Trágica de Barcelona, movimiento revolucionario de carácter anarquista que se saldó con más de cien muertos y la quema de iglesias y conventos. Una de las causas fue la guerra de Marruecos, ya que como consecuencia del famoso desastre del “Barranco del Lobo”, el gobierno se vio en la necesidad de fortalecer el ejército recurriendo a la incorporación de los llamados “reservistas”. Los conflictos se extendieron a otras ciudades contrarias al embarque de estas tropas. En Jaraíz la actitud fue distinta, ya que aquí se incorporaron los “reservistas” sin ningún problema.
En este mismo año fue nombrado alcalde D. Máximo Aparicio, que junto a la Corporación Municipal, y ante la actitud positiva de los reservistas, acuerda lo siguiente: “Animados todos de un verdadero amor patriótico para con los soldados reservistas que de esta población tuvieron de tomar parte en la campaña de Melilla y deseando darles una prueba de su cariño para con ellos, se acordó concederles una pensión de 50 céntimos diarios a las esposas e hijos de los reservistas de esta localidad, igualmente a los padres de los mismos que sean pobres.”(A.M)
Esta actitud de compromiso con los más desfavorecidos hizo que los conflictos sociales tuvieran aquí poco eco. En algunos años de malas cosechas, se atendía a los necesitados mediante la suscripción pública, como pasó en el 1912, que según el Acta de la fecha… “se traen al pueblo 4 vagones de trigo para los más necesitados, mediante suscripción pública”. También consta la expresión de agradecimiento a los vecinos que contribuyeron a ello.
B.2. SEGUNDO PERÍODO: CRISIS DE 1917 Y LA NUEVA LEY MUNICIPAL.
En 1917 se desencadena en España la crisis general que se superó con el gobierno de concentración de Cambó. Durante estos años se nombraron alcaldes cuyo mandado sólo era de un año, hasta que en 1920 se volvió a la normalidad con el mandato de dos años y con la aplicación de la nueva Ley Municipal, por la cual, según el Artículo 60, ya habrá 12 concejales y 4 comisiones: la de “Exacción de multas”, al frente de la cual se nombró a D. Germán Gómez, la de Presupuestos, Cuentas y Arbitrios, a D. Felipe Gómez al frente, la de Política Urbana y Rural, presidida por D. Marcelino Sánchez Tovar, y la de Obras Públicas, por D. Felipe Hernández. Todos estos políticos siguen trabajando con gran ilusión por la modernización del pueblo: urbanismo, teléfono, correos, vías de comunicaciones…etc. Ahora se abrirán nuevas calles: la del Príncipe de Asturias, que comunicaba la Plaza de Santa Ana con el Puente de los Bolos, la actual calle de los Derechos Humanos, la Avenida de Yuste y la calle Mérida.
La elección de alcalde seguía siendo bianual y a continuación transcribimos el Acta Municipal donde se expresa esto con gran claridad: “Abril de 1920: el alcalde saliente y los seis concejales que han de cesar y los seis concejales que deben continuar durante el presente bienio, con el fin de dar posesión a los recientemente elegidos. Fueron recibidos los seis electos y proclamados concejales, sin que exista protesta alguna contra ellos, ni tampoco protesta por ellos presentada. El presidente les dio la bienvenida y les declaró posesionados de sus cargos…Seguidamente se constituye el nuevo Ayuntamiento bajo presidencia de D. Aníbal Breña, como concejal de mayor edad. Se procedió a nombramiento de alcalde en votación secreta, con 11 votos a D. Ramiro Trujillo. Pasó a ser nombrado Alcalde…ocupó la presidencia y recibió la insignia de su cargo… a continuación se nombran las Comisiones y demás cargos…”
B.3. TERCER PERÍODO: LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA EN JARAÍZ
En el año 1923, Primo de Rivera da un golpe de Estado, con lo que comienza la Dictadura que terminará en 1931 con la República. Durante este período, todos los cargos municipales son nombrados directamente por el Gobierno Civil. El alcalde de Jaraíz durante la Dictadura fue D. Maximino Aparicio y entre los concejales destacan D. Germán Gómez, D. Manuel Ávila y D. Marcos García, entre otros. Es una época de recuperación económica que, en las zonas rurales, se traduce por la electrificación, construcción de carreteras y vías ferroviarias, lucha contra el analfabetismo, desarrollo de la Sanidad e Higiene…etc.
Es ahora cuando se crea en Jaraíz el Centro Antipalúdico para erradicar esa enfermedad que durante tanto tiempo había agotado a la población. En el aspecto cultural también se da un gran paso con la creación de la Biblioteca Municipal. Se moderniza la Secretaría del Ayuntamiento con la adquisición de la primera máquina de escribir en 1925, que se pagará en dos plazos a 100 pesetas cada uno.
Uno de los acontecimientos más importantes de este período fue el viaje del rey Alfonso XIII a Jaraíz, junto a Primo de Rivera.
C.- EL VIAJE DEL REY ALFONSO XIII A JARAÍZ
El viaje del Rey a Jaraíz fue uno de los acontecimientos más importantes de este período para el pueblo. El recibimiento por parte de las autoridades y de todo el vecindario fue apoteósico, hecho que el Rey siempre agradeció. El viaje lo realizó el 13 de Diciembre de 1927, acompañado por D. Miguel Primo de Rivera, siendo alcalde D. Maximino Aparicio. En las Actas Municipales constan todos los detalles del viaje, donde se le rindió “un homenaje de adhesión, respeto y cariño”.
Entre los preparativos para el acontecimiento, consta la construcción de un “Arco Triunfal” decorado con latas de pimentón, producto que ya en esta época comenzó a ser muy importante en la Vera. También se adornó el pueblo con pancartas y banderas, además de tirar trece docenas de cohetes en su honor.
El acto institucional tuvo lugar en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento, viejo edificio del s. XVI, donde la Corporación Municipal le expuso al Rey los problemas más importantes del municipio, como eran las Comunicaciones y la Enseñanza. Se hizo popular la frase pronunciada por Primo de Rivera al entrar en aquel lúgubre patio del viejo edificio, flanqueado por dos calabozos: “Pase, su Majestad, a este humilde Ayuntamiento, que hoy deja de serlo porque los preside el Rey de España”.
En los salones del hotel Comercio de D. Antonio López se le obsequió con un “convite” o vino de honor donde se sirvieron: “licores, pastas y mazapanes”, famosos dulces típicos de Jaraíz fabricados por el especialista D. Manuel Beite, además, se le obsequió al Monarca con una lata de pimentón del exportador D. Delfín Conejero, a quien entonces se le concedió el honor de ser el proveedor de la Casa Real.
El rey prestó su atención a los problemas que le planteaban los jaraiceños, principalmente en las comunicaciones, ya que era de vital importancia la construcción del puente Cuaterno sobre el río Tiétar, para comunicar La Vera y Jaraíz con Navalmoral y el puente de la Carba sobre la garganta de Jaranda, para comunicar Jaraíz con Casatejada.
El 14 de octubre de 1929, cuando la Corporación Municipal vio los frutos de la visita real y su interés por la construcción de los dos puentes, se nombró una comisión para agradecer al Rey su visita y la construcción de estas obras.
La comisión estaba formada por el alcalde D. Maximino Aparicio, el teniente-alcalde Gerardo Aparicio, D. Marcelino Sánchez y el capitán de la Guardia Civil. Así consta en el Acta: “La Comisión visitó al Rey para cumplimentar a SM. su agradecimiento por el honor dispensado a esta Comarca visitándola y el interés de la construcción del puente sobre el río Tiétar y Garganta de Jaranda que tantos beneficios reportaron a esta región.
Para conmemorar la visita real, el Ayuntamiento mandó hacer una placa de la siguiente forma: “…en el taller de D. Valentín Andreu, con rosetones de metal…para perpetuar su recuerdo a la visita del rey Alfonso XIII…y de D. Miguel Primo de Rivera.”
Todos los gastos que el Ayuntamiento realizó en la visita del rey están especificados en el Acta Municipal del 26 de diciembre de 1929, de la que transcribimos un resumen: “ 150 ptas. a D. Pedro Leal por trabajos invertidos en la construcción del arco, 944 ptas. y 10 céntimos al dueño del Hotel Comercio, D. Antonio López, 138 ptas. a D. Manuel Beite por el importe de los dulces, 26 ptas. a D. David Enciso por 13 docenas de cohetes, 36 ptas. a D. Luis Fernández por cuatro metros de tela para banderas, 35 ptas. a D. Celestino Sánchez Aparicio por un tapete para la mesa de la Casa Consistorial.”
D.- POBLACIÓN Y SANIDAD
Para el estudio de este apartado contamos con los documentos del Archivo del Juzgado de Paz y los de las dos parroquias, aparte de los del Archivo Municipal. Hemos comprobado que la Pirámide de Edades es del tipo “Primitivo”, con muchos nacimientos y muchas defunciones.
Ahora lo analizaremos, observando las variaciones según las fechas.
La población en Jaraíz, a principios de siglo, estaba en torno a los 4000 habitantes. En la década siguiente, 1910, hay un aumento poblacional llegando hasta 4278 habitantes. En los años siguientes observamos un retroceso y luego un estancamiento, como vemos en la estadística de 1917, donde la población habrá descendido a 4234 habitantes y en 1920, seguía igual, sin aumentar nada. Ante este problema, el párroco de San Miguel, Don Marcelo Giraldo, se lamenta ante la Junta de Sanidad Local por la cantidad de defunciones que había, de la siguiente forma: “Se da cuenta a la Junta de Sanidad que hay más muertes que nacimientos”. A partir de 1920, la población se va recuperando, llegando a conta , en 1930, con 4897 habitantes. Los índices de mortalidad son elevados, alrededor del 30 / 1000 entre 1910 y 1920, descendiendo en el decenio siguiente al 20/1000, debido a las medidas sanitarias durante la Dictadura. La natalidad sigue alta, entre el 33/1000 y el 34/1000, lo que supone un crecimiento hasta 1930.
Hemos analizado las causas de las defunciones y son las siguientes: falta de higiene, epidemias, gastroenteritis, tifoideas, catarros, tuberculosis, sarampión y, sobre todo, el paludismo, que era el gran azote de la población. Durante este período se van a tomar las medidas necesarias para erradicar esta enfermedad, dándose un gran impulso a la sanidad.
El estado sanitario de Extremadura era bastante rudimentario, a principios del siglo XX, mejorando mucho durante la Dictadura. El médico rural atendía las necesidades más apremiantes y era contratado por los municipios. Durante este período histórico se dará un gran impulso a la Sanidad en general y se pondrán las bases para la erradicación del paludismo, enfermedad que había sido el azote de la población. Entre las medidas que constan en los documentos, destaca el nombramiento de un médico interino junto al titular, que era D. Venancio Trujillo. También se amplía la dotación de A.T.S. con el nombramiento de D. Gervasio Ventura, ya que hasta 1928 sólo había una plaza de “practicante” ostentada por D. Blas Martínez.
Las primeras investigaciones contra el paludismo se realizaron en Navalmoral de la Mata, por un equipo de científicos muy cualificados, cuyos resultados, de gran éxito, se extendieron a los demás municipios. En Jaraíz, desde 1911, se dan cuenta de que uno de los focos de infección era la “Laguna”, una especie de charca situada junto a la Ermita de la Virgen del Salobrar. Sin embargo, esta laguna formaba parte de la vida del pueblo, ya que era uno de los lugares más emblemáticos, que servía de piscina natural y baño público. Así lo refieren los textos: “La Junta de Sanidad acuerda que sería de utilidad pública hacer desaparecer la charca o laguna, porque es el origen del paludismo. También es beneficiosa para que aprendan a nadar todos los niños…que el foco de infección no sería difícil hacerlo desaparecer…” En efecto, se pondrán los medios para erradicar esta enfermedad sin necesidad de desaparecer la laguna. Además se contó con la ayuda extranjera, especialmente, con la Fundación Rockefeller, que aportó el 17% de los fondos invertidos en Sanidad entre los años 1929 y 1933, según los textos consultados. Ahora se crea en Cáceres el Hospital Provincial y el Instituto Provincial de Higiene. En la provincia se fundaron 30 Dispensarios Antipalúdicos, equipados con microscopios y demás instrumentos médicos.
El Dispensario de Jaraíz comenzó a funcionar en 1925, estando al frente de él el médico titular D. Ubaldo Buezas. En un principio, estuvo ubicado en la calle del Agua, hasta que se construyó el Hospital de la calle Mérida, donde está hoy la Casa de la Cultura. Las gestiones para la construcción de este Hospital se inician en 1930, siendo alcalde D. Germán Gómez y teniente alcalde D. Marcelino Sánchez Tovar.
Fue tan importante la fundación del Dispensario antipalúdico, que vinieron a visitarlo miembros del famoso organismo internacional: “El Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones”, el 17 de Agosto de 1925, según el Acta Municipal de la fecha, que añade lo siguiente, refiriéndose al banquete con que les obsequiaron: “Se pagaron 885 pesetas a D. Leopoldo Rodríguez por 59 cubiertos a razón de 15 pesetas por el banquete dado a los miembros del Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones, con motivo de su visita al Dispensario Antipalúdico de esta Villa”.
Una vez construido el Hospital, se trasladó el Dispensario al nuevo edificio, funcionando hasta que se desterró esta enfermedad.
E.- LOS PROBLEMAS SOCIALES EN EXTREMADURA Y SU REFLEJO EN JARAÍZ.
E.1. CARÁCTERÍSTICAS GENERALES
Después de consultar detenidamente de las Actas Municipales del archivo y otros documentos de la época, nada nos habla de huelgas ni de conflictos sociales entre los obreros, jornaleros y los patronos. Hemos percibido una normalidad absoluta en el funcionamiento de la política municipal y en la sociedad jaraiceña.
Hay una serie de circunstancias que explican este fenómeno.
Una de las causas fundamentales es que en Jaraíz y en los demás pueblos de La Vera no entra el latifundismo, sino que la propiedad de la comarca está muy repartida, mientras en el resto de Extremadura, la tierra pertenecía a los grandes terratenientes.
El reparto de tierras en pequeñas y medianas propiedades de la comarca se mantuvo a lo largo de los distintos períodos históricos, desde la fundación de los pueblos en el siglo XIII, después de la Reconquista de Alfonso VIII hasta de desamortización de las propiedades de la Iglesia y de los municipios o Bienes de Propio.
E.2. LOS PROBLEMAS SOCIALES Y SU REFLEJO EN JARAÍZ: ANÁLISIS DE UNAMUNO
La desamortización y sus consecuencias para La Vera y para Jaraíz lo ha estudiado magistralmente el profesor D. Teodoro Martín, fenómeno que denomina “la Mesocracia de los Pueblos”. Esto se debió a que las propiedades se compraron corporativamente y luego se repartieron en “lotes” de 8 ó 10 hectáreas, en las tierras de regadío y , a veces, en parcelas mucho más pequeñas, como los viñedos, olivares, castañares, morales…etc. A estas pequeñas propiedades acceden los arrendatarios de los muchos bienes de la Iglesia, que pasaron todos a los vecinos como nuevos dueños.
Esto contrasta con el resto de Extremadura, ya que aumentó el latifundismo al quedarse con estos bienes la nobleza tradicional y la nueva burguesía, que eran los que mejor podían pagar estos bienes desamortizados.
Todo esto es la causa de que en Jaraíz predomine una clase numerosa de medianos propietarios que cultivaban sus tierras con algunos jornaleros en las temporadas de recogida del pimiento. Los jornaleros eran muy escasos por lo que exigían jornales mucho más elevados que en el resto de la región.
En el año 1917, un obrero ganaba 1 peseta y 65 céntimos, mientras en los demás sitios de la región estaba el jornal entre 0,75 céntimos y 1 peseta.
En el 1928, el precio del jornal en Jaraíz era de 3 pesetas, según los documentos de la época.
En algunos casos, el propietario de la tierra se la cede a otro vecino para que la cultive en calidad de “mediero”, dando al dueño la mitad de la cosecha. En este período histórico, el “medierismo” era muy escaso, pero tendrá un gran desarrollo en las décadas de los años 50 y 60, como ya hemos estudiado en otros trabajos anteriores.
Todos estos factores serán alguna de las causas por las que no hubo aquí revoluciones socialistas en esta época.
Unamuno nos comenta en sus obras sobre esto los siguiente, después de haber estado en nuestro pueblo, en el año 1920: “Muy pocos, muy pocos, poquísimos jornaleros hay en Jaraíz. Los más de los que trabajan en el campo son pequeños propietarios o aparceros. A estos el dueño de la tierra la presta ésta y las semillas, abonos y aperos y el capital preciso que necesita y parten luego por mitad el fruto. Y como el aparcero aspira a ahorrar para comprar una pequeña propiedad…de aquí el profundo sentimiento anti-socialista de esta gente”.
Vemos cómo Unamuno analiza las causas fundamentales de la estabilidad social de Jaraíz.
E.3.-LA INDUSTRIALIZACIÓN Y SUS CONSECUENCIAS SOCIALES Y ECONÓMICAS.
Otro hecho muy importante que se produjo en la comarca y, especialmente, en Jaraíz, fue la industrialización que se originó a lo largo de este período histórico.
A principios del siglo XX se va a instalar la primera Central Hidroeléctrica de La Vera en Losar, que extenderá su servicio a todos los municipios. En el 1903, la instalación de la luz eléctrica era una realidad en la mayor parte de las localidades y en Jaraíz, como consta en el acta del Archivo Municipal, que dice: “La Sociedad Electro Industrial Antón Martínez Herranz manifiesta que habiéndose terminado el 5 de Diciembre las pruebas del alumbrado desde aquella fecha en adelante se dará oficialmente a este pueblo la luz y estando satisfechos con las pruebas acordaron declararla oficial”. (A.M.)
A partir de entonces comienza la industrialización en todos los sectores. Se crean las grandes fábricas de pimentón alrededor del casco urbano, abandonando los antiguos molinos hidráulicos instalados en las márgenes de las gargantas, también se crean nuevas Almazaras con instalaciones eléctricas y una fábrica de Conservas Vegetales, entre otras industrias.
Todas estas industrias eran derivadas de los productos agrícolas, por lo que sólo funcionaban durante unos meses, dependiendo de la recolección de los distintos cultivos. Por este motivo, había muy pocos obreros fijos, siendo muy importante los eventuales. Este fenómeno fue también beneficioso para la población, ya que los pequeños propietarios de parcelas muy reducidas podían seguir subsistiendo gracias a los jornales obtenidos en las distintas temporadas de funcionamiento de las industrias, lo que supuso una gran estabilidad social.
E.4. LA SENSIBILIDAD SOCIAL DE LAS CLASES DIRIGENTES Y DE LA IGLESIA
Hemos comentado ya la sensibilidad de los políticos hacia las clases más humildes. Recordamos que con motivo de la incorporación a filas de los soldados “reservistas”, durante la guerra de Marruecos, no dudaron en compensar a los familiares con una dotación económica a los más necesitados.
Hemos de tener en cuenta así mismo que en el año 1912, año de malas cosechas, las clases dirigentes no consintieron que la población pasara necesidades. El Acta Municipal de la época nos comenta la traída de trigo de la siguiente forma: “Se trajeron cuatro vagones de trigo para la población más necesitada, mediante suscripción popular”. En otra cita se expresan las “gracias” a los que han contribuido a ello.
En otros documentos consta que pagaban el viaje a hospitales de Madrid y Cáceres a los enfermos necesitados para “operaciones y consultas médicas”. También consta que se pagaba el viaje a Baños de Montemayor: “El 24 de Junio de 1929 se pagó 25 pesetas a cuatro vecinos, por ser pobres y prescrito por los médicos para los Baños de Montemayor”.
La Iglesia jaraiceña no fue ajena a los problemas sociales de los vecinos a través de sus diferentes asociaciones. Destacamos la labor del párroco de la Iglesia de San Miguel, D. Marcelo Giraldo, que en 1914 fundó y organizó el Sindicato Católico Agrario con el fin de velar por los intereses de los agricultores, concediéndoles créditos más baratos y mejores precios en el utillaje agrícola, abonos…etc.
Este sindicato tuvo poca vigencia pues desapareció en 1924 pero va a ser el precedente del Sindicato de Productores de Pimentón, creado en 1936, que tanta importancia tuvo rompiendo el Oligopolio de los Exportadores, como ya hemos tratado en otros trabajos.
F.- CONCLUSIÓN
Terminamos aquí nuestra ponencia, dada la extensión del tema. En próximos trabajos estudiaremos (D.M.) otros aspectos importantes de este período histórico, ya que contamos con una gran documentación obtenida de los Archivos Municipales, del Juzgado de Paz y los de las dos Parroquias
Destacamos, entre otros temas, la Revolución Industrial, el Urbanismo y la apertura de nuevas calles, el Alcantarillado…etc. También fue muy importante la faceta cultural con la creación de una Banda de música municipal, la fundación de un colegio de Segunda Enseñanza, donde hoy podemos admirar el arte modernista, junto a otras obras ya desaparecidas: el templete, la plaza de toros, el hospital…
Estos hombres jaraiceños lucharon, además, por conseguir los medios de comunicación modernos: el telégrafo, el teléfono, la estafeta de correos, las carreteras… pero no pudieron conseguir el sueño de traer el ferrocarril a su pueblo.
Pero esta generación, admirada por Unamuno, con sus luces y sus sombras, puso las bases del desarrollo integral de su pueblo: Jaraíz.
El Pimentón y sus consecuencias sociales y económicas en La Vera a través de su historia (II Parte)
Profesora-Cronista Oficial
El Pimentón y sus consecuencias sociales y económicas a través de la historia (II Parte)
II.- El Pimentón en el segundo tercio del s. XX
b) Extensión de los regadíos y sistemas de cultivo
c) El sistema de explotación: El Medierismo
d) La propiedad de la tierra
e) El Sindicato “Unión de Productores del Pimentón”
f) El Gremio de Productores
g) La crisis de los años sesenta
III.- El Pimentón en el último tercio del s. XX
b) El sistema de cultivo y su evolución
c) El sistema de explotación de la tierra y los cambios de la propiedad
d) La comercialización
IV.- La lucha por la calidad
b) La lucha por la calidad en el primer tercio del s. XX
c) La lucha por la calidad en el último tercio del s. XX: “Denominación de Origen”
Como ya advertimos en los pasados Coloquios, debido a la extensión del tema, hemos creído conveniente fraccionarlo en dos partes. En la primera parte estudiamos los orígenes, la decadencia de los cultivos tradicionales de La Vera y los inicios del cultivo del pimiento para la elaboración del pimentón, la revolución agraria en la Comarca y la expansión que tuvo este cultivo en el primer tercio del s. XX, así como el paso de la industria artesanal a la industria moderna y su comercialización.
En esta parte del trabajo nos centraremos en el cultivo, producción y comercialización del pimentón en los últimos dos tercios del siglo XX, y sus consecuencias sociales y económicas. La lucha por la calidad será también objeto de estudio.
II.- El Pimentón en el segundo tercio del siglo XX
Este período se extiende, aproximadamente, desde la Guerra Civil hasta la década de los setenta. Se caracteriza por ser una época de expansión del cultivo del pimiento en las décadas de los cuarenta y cincuenta, y acaba con un periodo de recesión, en el que entra en crisis el sector, al ser sustituido por el cultivo del tabaco, que irá desplazando al pimiento hasta convertirse, en los últimos años del siglo XX, en el producto estrella de La Vera, cuya producción se eleva a las dos terceras partes del total nacional, siendo la primera zona tabaquera del país.
Este periodo se va a diferenciar por una serie de transformaciones en diversos aspectos: el sistema de cultivo, los cambios de propiedad, el sistema de explotación, entre otras. También se crearán dos asociaciones de productores de pimentón: el Gremio de Exportadores y el Sindicato de Productores de pimentón.
b) Extensión de los regadíos, sistemas de cultivo y producción
Antes de terminar la Guerra Civil, comenzaron a ampliarse de manera espectacular las zonas de regadío del Valle del Tiétar en su margen derecha, que es la que pertenece a la Comarca de La Vera. Las grandes dehesas de encinas y pastos pasaron a ser campos de cultivos regados por las aguas del río en las décadas de los cuarenta y cincuenta.
Estos campos de regadíos aumentaron cuando se construyó el pantano del Rosarito por los años sesenta, ya que gracias a él se convirtieron también en regadíos las tierras de la margen izquierda del Tiétar, que formaban una parte ya del Campo Arañuelo. La mayor parte de éstas comenzaron a ser compradas y explotadas también por los empresarios pimentoneros veratos. Solamente en el término municipal de Jaraíz se contaba ya, por los años sesenta, con más de 1.600 Ha de regadío, así que el montante en toda la comarca de hectáreas regadas era ya importantísimo.
Los primeros regadíos se llevaron a cabo mediante la instalación de los famosos motores eléctricos y de Diesel en los márgenes del Tiétar. A estos motores se les adicionaban las bombas centrífugas para el bombeo del agua. Las había de diversos tipos: las motobombas y las electrobombas. En Plasencia era donde se encontraban las empresas especializadas en estos proyectos, siendo uno de los instaladores más acreditados los “Talleres Beites”.
Con la construcción del Pantano del Rosarito desapareció el sistema de regadío por motores, en 1964 y se estableció un sistema de canalización adecuado a las necesidades, con acueductos, registros, canales principales y secundarios …etc, cuyas redes se extendían por ambas márgenes de río, ampliándose así la extensión de tierra de regadío cultivada.
Los avances técnicos y la mecanización de la agricultura durante este periodo fue escaso, debido a que los propietarios invertían poco en la modernización de sus fincas, pues estaban más interesados en adquirir y explotar nuevas fincas para convertirlas en tierras de regadíos, puesto que la producción la tenían asegurada con el sistema de “aparcería” del que hablaremos a continuación: el Medierismo.
El sistema de riego seguía siendo tradicional, basado en la distribución del agua por los “surcos” y “canillas”, previamente preparados, y que pasaba de una a otra después del labrado y abonado de la tierra.
El utillaje también seguía siendo el tradicional: la azada y el arado de vertedera. La prensa de los años cincuenta sigue hablando de los “peones” o jornaleros cargados con sus azadas cuando iban a trabajar los campos bajo la dirección de los medieros, así como también de los arados de prolongados timones; solo en algún caso excepcional se usaba el tractor.
Los abonos poco a poco se van seleccionando y junto a los abonos naturales adquieren ahora mucha importancia los minerales y químicos. En cuanto a los insecticidas también se percibió un avance y comenzaron a aparecer instrumentos para su aplicación, como el aparato para curar las plantas mediante el espolvoreo del producto, llamado “Matador” que aparece anunciado en alguna revista de la época.
El secadero, imprescindible para el primer proceso de manufacturación del Pimentón, seguía siendo igual que en épocas anteriores y en muchos casos con doble función: vivienda de los medieros y jornaleros durante todos los meses que duraba el cultivo y la recogida del pimiento y, lógicamente, secadero del pimiento a base del secado a humo. Era un edificio de forma rectangular dividido en dos plantas separadas por un enrejillado en donde se depositaba el pimiento para su secado; en la planta baja se situaba el centro de la lumbre u hoguera, a base de la quema de leña de encina, para producir el humo que secará el pimiento; éste se extendía en el enrejillado, situado en la parte alta hasta su completa deshidratación.
Con respecto a la industrialización y comercialización se produjo también una expansión. En los años sesenta, solamente en Jaraíz existían 82 molinos con una capacidad de molturación de 31.500 kg cada uno en 24 horas y funcionaban unos tres meses al año; estos molinos jaraiceños no sólo atendían a la demanda del pimiento del pueblo sino también a gran parte de la zona, molturándose cada temporada en ellos casi tres millones de kg. Los tipos de pimentón obtenidos seguían siendo dulce, picante y agridulce.
Por la década de los sesenta la mayoría de los antiguos molinos eléctricos se habían renovado por otros de técnicas más avanzadas y perfeccionadas.
Los nuevos molinos fueron llamados “Molinos Beites”, con patente 253000, de gran perfección en la molienda. Los había de dos tipos: los que contaban con piedras de 60 cm, cuya capacidad de molturación era de 1.000kg en 24 horas, y otros de mayor potencia con piedras de 80 cm con una capacidad de molturación de 2.000 kg en 24 horas.
c) El sistema de explotación: los Medieros
En este aspecto también se produjo un gran cambio. Hasta ahora la mayoría de las tierras pertenecían a pequeños y medianos propietarios, que explotaban directamente sus fincas, ayudándose de criados y jornaleros, principalmente en las temporadas de “postura” o plantación y en la época de recolección. Solamente en algunos casos los cultivaban los llamados “medieros”. Los medieros eran trabajadores del campo cuyas condiciones de trabajo se remonta a la Edad Media y que en la comarca se había mantenido de una manera residual. Estos medieros o aparceros eran cultivadores de tierra ajena que percibían por su trabajo una parte de la cosecha, que solía ser la mitad.
A partir de los años cuarenta, las enormes extensiones de regadíos que comienzan a cultivarse van a ser explotadas por el sistema de aparcería o medierismo. Los medieros serán los cultivadores de las grandes fincas de la comarca, cuyos dueños las parcelaban para distribuirlas entre estos hombres que las cultivaban con la ayuda de sus familias, pasando a vivir casi nueve meses en las vegas del Tiétar. En los primeros años vivían en unas condiciones infrahumanas en los mismos secaderos de pimiento, sin servicios, luz eléctrica, ni ningún otro tipo de comodidad e higiene, hasta que poco a poco se van a ir construyendo las viviendas que mejoren sus condiciones de vida.
Pero quizás uno de los mayores problemas que se les planteó a estas familias, fue la educación de sus hijos, ya que solo podían recibir enseñanza los tres meses que estaban en los pueblos. En alguna finca se crearon escuelas a fin de paliar el problema, pero fueron totalmente insuficientes, bajando mucho el nivel cultural de la población. Esto se resolverá en el último tercio del siglo XX con la creación del transporte escolar y de escuelas-hogares, donde los niños podían permanecer internos para poder recibir la educación adecuada, mientras los familiares permanecían en los campos.
A los medieros se les debe, en gran medida, el desarrollo económico de la zona, ya que eran expertos y eficaces cultivadores del pimiento primero y después del tabaco.
Las pequeñas y medianas propiedades, tan características de la comarca, van a ir disminuyendo a favor de los grandes propietarios, cuyos capitales les permiten comprar y explotar nuevas tierras de regadíos que hasta ahora estaban destinadas a pastos, dehesas de encinas o cultivos de cereales, con lo que el aumento de su patrimonio fue considerable.
Así, va a surgir una nueva clase de propietarios-fabricantes-exportadores de pimentón que controlan todo el proceso pimentonero: producción, la fabricación y comercialización. Son los llamados, por una revista de prensa de los años cincuenta, “Millonarios” de La Vera, donde se comenta que sólo en Jaraíz había “treinta y un millonario”. Esto tuvo un gran eco en la región y en el país, con comentarios de todo tipo.
No obstante, hay que admirar y reconocer la valentía y tesón de estos hombres de mediados del siglo XX que explotaron tantas tierras, convirtiendo en regadíos tantas hectáreas de secano casi improductivas, que no solo produjeron un gran desarrollo económico en La Vera sino en otras zonas extremeñas y de otras provincianas, como Ávila o Toledo en los campos de Talavera de la Reina.
Hay, además, otro factor que hay que tener en cuenta y que jugó también un papel importantísimo en esta expansión económica: la Banca. Tanto el Banco Hispano Americano como el Banco Español de Crédito estuvieron siempre al pie de las tierras de regadío.
Sin este factor económico, las instalaciones y demás inversiones en la explotación y ampliación de los regadíos y en la compra de nuevas fincas, hubiera sido imposible, puesto que esta nueva clase de propietarios-fabricantes-exportadores, provenía en su mayoría del artesanado, del pequeño comercio o habían sido pequeños propietarios; pero todos, en general, con pocos recursos económicos cuando comenzaron la gran aventura de sus explotaciones agrícolas.
Por estas circunstancias hay que admirar más y reconocer la valentía, el tesón y el esfuerzo de estos hombres: propietarios-fabricantes-exportadores del Pimentón de la Vera.
e) El sindicato “La Unión de Productores de Pimentón”
En torno al año 1936, se crearon en La Vera dos organismos asociacionistas: el Sindicato o la Unión de productores de Pimentón y el Gremio de Exportadores.
Pero el asociacionismo jaraiceño se concretó en un organismo con nombre propio cuando en 1914 fue creado el Sindicato Católico, por el párroco de San Miguel, D. Marcelo Giraldo. Este sindicato nació con el objetivo de proteger a los pequeños propietarios mediante la obtención de créditos baratos para sus inversiones y compra de maquinaria, entre otras medidas protectoras. Tuvo una vigencia de unos diez años, pero va a ser de una importancia trascendental, ya que será la base de la cooperativa “Unión de Productores de Pimentón”, que se creó en 1937.
El Sindicato estaba formado por pequeños y medianos cosecheros que se unieron a modo de cooperativa para fabricar y comercializar el pimentón procedente de sus cosechas.
Hasta ahora, los exportadores compraban a estos agricultores sus cosechas, en muchos casos a precios con los que no estaban de acuerdo, pero no tenían otra salida. Primero se denominó “Sindicato de Productores de Pimentón” C.N.S. Después se llamó “Unión de Productores de Pimentón Cooperativa del Campo”
En el año 1937 el Sindicato comienzó a construir una fábrica con sus naves y correspondientes dependencias para la instalación de molinos y demás maquinaria de envasado. En el 1938 fue nombrado Gerente del mismo un intelectual salmantino, D. Eduardo Jiménez del Rey, que de una manera eficiente puso en marcha esta cooperativa en sus distintas facetas, con fabricación, envasado y comercialización del producto ampliando y perfeccionando sus redes poco a poco.
La cooperativa “Unión de Productores de Pimentón” ha desempeñado un papel de primer orden en la economía jaraiceña, rompiendo el oligopolio de los exportadores. Además, los cooperativistas pudieron disponer, desde el primer momento y todos los años, del dinero suficiente para las inversiones de sus tierras, dinero que, lógicamente, se les descontaba en sus liquidaciones anuales, prestándoselo sin ningún interés. También se les facilitan abonos a precios reducidos, entre otros servicios. El Sindicato, en 1965, contaba con 500 socios que cultivaban 2.000 ha.
Esta cooperativa ha sido caso único en La Vera, adelantándose muchos años a los movimientos cooperativistas que se han ido produciendo en la Comarca y en toda Extremadura posteriormente, dando lugar a un gran número de cooperativas que han reactivado las economías extremeñas y veratas en las distintas facetas.
f) El gremio de exportadores
Este movimiento asociacionista surgió en la Vera en diciembre de 1936 y agrupó a los Fabricantes-exportadores de pimentón de la Vera y de otras poblaciones de la Alta Extremadura, como Plasencia o Aldeanueva del Camino, entre otras. Se denominó “Gremio Oficial de Exportadores de Pimiento Molido de la Provincia de Cáceres”. Su objetivo fue defender los intereses de los asociados. En el año 1952 se creó el “Consorcio de Exportadores” que dependía del “Gremio” y era el que dictaba las normas a que tenían que atenerse los asociados, especialmente la fijación del precio máximo de compra del pimiento en rama y el precio mínimo de venta del pimentón, considerando falta grave la infracción de estas normas que, generalmente, ninguno las cumplía. Los nuevos estatutos denominaron a la asociación “Exportadores de Pimentón de la Provincia de Cáceres” y sus órganos de gestión estaban formados por una asamblea general y una junta directiva con su presidente y demás cargos.
La crisis pimentonera de los años 80 también afectó al gremio de exportadores, reduciendo su número en gran medida al tener que cerrar sus industrias después de ver arruinados sus negocios. Muchos de los actuales fabricantes-exportadores vieron reconocido su trabajo y el de sus padres por la Cámara de Comercio e Industria de la provincia de Cáceres, al otorgárseles la “Medalla del Honor”, cuyo requisito imprescindible era el haber tenido funcionando su industria al menos 50 años.
Todos los fabricantes-exportadores tenían sus marcas registradas, todas ellas muy interesantes por lo que significaban y expresaban. En el año 1943 eran ya famosas, entre otras, las siguientes marcas:
M.R. “Adelantado de la Florida” D. Antonio Jabón Muñoz.
“El Galgo” M.R de D. Manuel Fernández de Breño.
“El Caballo de Oros” M.R. de D. Pedro Sánchez López
La M.R. de D. Justo Benito Mayor “La Guinda”
De hijo de Teodoro Amor Alegre “Virgen de Guadalupe” M.R.
“Pimentón la Dalia” M.R. de D. Valeriano Hernández.
“Virgen del Salobrar” M.R. de D. Francisco Gil Bote.
“Nuestra Señora del Prado” M.R. de D. Rafael García.
Los pioneros del gremio de fabricantes-exportadores, que iniciaros su andadura por los años veinte, en su mayoría instalaron sus industrias en Plasencia, como Don Felipe López, cuya marca registrada era “La Casa”, Don Germán Gómez con M.R. “El Pensamiento”, D. Julio García Plazas y D. Delfín Conejero, entre otros. Este fue nombrado “Proveedor de la Real Casa” a raíz de la visita de Alfonso XIII a Jaraíz.
Esta crisis afectó a todos los sectores económicos de la comarca. Muchas pequeñas industrias y comercios cerraron sus puertas debido a la despoblación que supuso la emigración, con lo que el paro estacional se acentuó. Además, la falta de mecanización reducía los beneficios potenciales en un 25%, según los expertos.
Pero los principales problemas fueron los derivados del pimentón que se habían ido acentuando en esta década. En el año 1965 se produjo un stock de pimentón en la zona de cinco millones de kg que no pudieron ser vendidos ni en el mercado nacional ni internacional. Las causas de este stock son analizadas por el prestigioso periodista D. Eduardo Jiménez del Rey, primer gerente de la Cooperativa de Pimentón. En el periódico de Madrid “Día” del 15 de Julio de 1965, en una entrevista, manifiesta las causas que afectan al sector: “Producción y comercio sin organizar; fuerte competencia extranjera; aumento del nivel de vida de los españoles; exceso de individualismo en los cultivadores”.
En efecto, países como Rumanía y Yugoslavia habían comenzado a exportar pimentón más barato a los países como Alemania y a los americanos, especialmente a Estados Unidos, desplazando al español que, aunque de mejor calidad, era más caro. Además, el consumo en el país descendió, debido al aumento del nivel de vida; ya no era imprescindible la “matanza” para la alimentación de las familias durante todo el año y por lo tanto bajó el consumo de pimentón para los derivados del cerdo: chorizos, morcillas o lomo embuchado. Sin embargo, poco a poco comienzan a crecer las fábricas de embutidos, que serán las grandes consumidoras de este producto.
Ante esta crisis, economistas y expertos intentaron dar solución a la problemática planteada en la zona. La mayor parte de ellos hablaban de la diversificación de cultivos, coincidiendo en la necesidad del incremento de frutales y otros productos horto-frutícolas, con la creación de industrias de transformación y plantas de congelación con los sistemas modernos de envasados para su comercialización.
Pero quizás lo que más necesitaba el campo verato fuera convertir su agricultura tradicional en una agricultura moderna, mecanizada y con directivos técnicos que iniciaran a los agricultores en técnicas agrícolas actualizadas, selección de semillas, abonado correcto según la composición de las tierras, etc.
La industrialización de la comarca fue otra de las soluciones que se intentó promover para salir de la crisis, y así evitar el paro y la emigración.
Pero será D. Manuel Bermejo, doctor ingeniero agrícola, el que, en un artículo publicado por el diario “Hoy” de 1967 titulado “Futuro Agrícola de la Vera” dé las claves para modernizar la producción del pimiento y su comercialización , con los siguientes puntos:
1º.- Estudio de suelos, selección de variedades y resistencia a enfermedades. 2º.- Control de producción. 3º.- Mejoras de técnicas de cultivo y recolección. 4º.- investigación técnica y económica de sistemas de secado. 5º.- Modernización de plantas industriales de fabricación. 6º.- Aprovechamiento industrial de vitaminas y colorantes. 7º.- Creación de un tipo único de pimentón con denominación de origen (tipo Vera). 8º.- Amplia comercialización basada principalmente en la exportación.
Como podemos comprobar, estos puntos aportados por D. Manuel Bermejo son la base de la producción del pimentón en la actualidad, incluyendo la “Denominación de Origen”.
III.- El pimentón en el último tercio del siglo XX
En el último tercio del siglo XX hubo una transformación espectacular en el campo extremeño y, lógicamente, en el campo verato. Hay que tener en cuenta que los acontecimientos políticos del país incidieron de una manera muy positiva en la economía. El paso a la democracia con la creación de las autonomías, por una parte, y la entrada de España en la Comunidad Europea, por otra, han influido en gran medida en su desarrollo económico con la modernización de la agricultura y de los demás sectores económicos, debido fundamentalmente a los apoyos recibidos. Sin esta modernización no hubieran podido competir los productos extremeños en el mercado, puesto que la producción agrícola de los países de la comunidad va dirigida a un mercado de productos de calidad a precios competitivos y relativamente estables.
La política agraria comunitaria tiende a asegurar a los agricultores de los países miembros una renta equivalente al que se obtiene en otros sectores, por lo que ha fomentado la agricultura intensiva que requiere mano de obra, técnicas avanzadas e inversiones para obtener productos de calidad, destinados a la demanda exigente de la población de los países ricos de Europa. Por este motivo, conceden ayudas a las regiones menos desarrolladas, se conceden créditos ventajosos a los agricultores, se otorgan primas a las producciones y aseguran precios interesantes para los productos. En los años 1998 y 1999 se le concedió a La Vera a través del Programa Operativo de Desarrollo y Diversificación Económica de Zonas Rurales (PROOER) 675 millones de pesetas.
Por otra parte la Consejería de Agricultura de la Junta se interesó por el campo verato y, de una manera especial, por el cultivo del pimiento y la producción del pimentón, apoyándolo de una manera eficiente hasta conseguir la Denominación de Origen como ya veremos en el capítulo siguiente.
La modernización agrícola de la Vera fue una realidad y ha traído como consecuencia un cambio sorprendente en todos los aspectos agrarios de la comarca: mecanización, sistemas de explotación, estructura de la propiedad, etc.
b) El sistema de cultivo y evolución
El sistema de cultivo difiere completamente del periodo anterior. Frente al sistema tradicional se implantó en toda la comarca la mecanización de la agricultura, alcanzando un gran nivel tecnológico; poco a poco fue apareciendo el tractor y toda la demás maquinaria agrícola moderna.
En la actualidad, se utilizan los abonos según la composición de los suelos; se seleccionan las semillas a fin de conseguir plantas más resistentes y más aptas para la recolección de los frutos, mediante las más avanzadas técnicas genéticas. En los semilleros se está aplicando las técnicas de la agricultura hidropónica bajo invernaderos con unos resultados muy positivos.
También se está aplicando para la selección de las plantas, los métodos más avanzados de manipulación genética, para que estas sean más resistentes a las enfermedades y las plagas; pero últimamente se están haciendo investigaciones en este sentido a fin de obtener una planta de pimiento cuya floración se produzca al mismo tiempo para que su fruto madure por igual, con el fin de aplicar máquinas recolectoras para su recolección.
También es importante el uso de productos químicos y plaguicidas, de los que hay una gran variedad: herbicidas, fungicidas, nematicidas, insecticidas, abonos foliares…
La maquinaria agrícola cada vez es más variada y más tecnificada, como se aprecia en la diversidad de tipos de tractores, en las máquinas abonadoras y en las máquinas recolectoras y plantadoras de pimiento.
Los sistemas de regadío se han modernizado casi en su totalidad. El más empleado en la Vera para el pimiento es el riego por “aspersión”. El riego por “goteo” también se ha introducido en la comarca, pero en mucha menor proporción, debido a la abundancia de agua por una parte y al mayor coste de instalación por otra.
Sin embargo, el secado o deshidratación del pimiento sigue siendo tradicional y artesanal. Los secaderos deben seguir con el mismo sistema de secado a humo para que el pimentón conserve las excelentes calidades de siempre: su bouquet, sabor y color.
En los años 60 se instalaros algunos secaderos eléctricos pero no tuvieron éxito y fueron abandonaron ya que con ello el pimentón perdía las características específicas del pimentón verato, y pasaba a ser como el de otros países y otras zonas. Por tanto, el primer proceso de transformación sigue siendo artesanal, con todo lo que conlleva de trabajo, esfuerzo y gastos de secado a humo.
No obstante, también se están haciendo experiencias para modernizar estos secaderos de humo. Una de estas experiencias consiste en la aplicación de un ventilador eléctrico para que se remueva constantemente el humo mediante la corriente de aire producida por el ventilador. Con la aplicación de los ventiladores se puede conseguir menos tiempo de secado y menos gasto de leña sin afectar a la calidad.
Las plantas industriales se están adaptando para poder cumplir con las normas de la Comunidad Europea. Algunas, como la “Fábrica Carlos I” de D. Orencio Hoyos en Cuacos de Yuste, cuentan con toda la técnica moderna en molinos, envasadoras y demás maquinaria. En Jaraíz, tanto “Pimentón La Dalia” como la “Cooperativa “cuentan con las más avanzadas tecnologías en sus plantas industriales.
La evolución del cultivo del pimentón en el último tercio del siglo XX pasó por distintas fases, como veremos a continuación. Después de la crisis de los sesenta, de nuevo comenzó a reactivarse la producción llegando a su punto álgido por el 1978 con una extensión de cultivo de 3800 ha. A partir de esta fecha comenzó a decaer, pasando en los años ochenta a cultivarse solamente 1000 ha.
Una serie de causas que explicaban este descenso: el costoso proceso que suponía el secado del pimiento a humo, la subida de los jornales, las fluctuaciones de los precios, las dificultades de comercialización, las ventajas y seguridad que ofrecía el cultivo del tabaco a pesar de su reconversión.
Pero quizás, la causa fundamental del descenso del cultivo del pimiento fue la importación masiva de pimiento en rama, más barato, de países africanos y americanos como Marruecos, Sudáfrica o Chile. Este pimiento importado se mezcló con el de la Vera, para vender esta mezcla como pimentón verato. La mezcla resultante del pimentón autóctono y del importado fue desastrosa para los mercados. La calidad bajó mucho, los productos obtenidos no eran los mismos y los embutidos en muchos casos se estropeaban; esta y otras circunstancias produjeron una gran incertidumbre en los mercados y en el sector.
Fue entonces cuando comenzó a temerse por la desaparición del cultivo más emblemático de la comarca. Ante este problema se solicitó la ayuda a los organismos correspondientes de la Junta de Extremadura y gracias a su apoyo se consiguió la obtención de Denominación de Origen, como veremos en el capítulo siguiente.
Ya desde la obtención de la “Denominación de la Calidad” en 1991 comenzó una reactivación del producto con una ampliación de las zonas de cultivo. Se logró, por tanto, no solo parar la recesión sino la ampliación de las zonas de cultivo.
Las profundas transformaciones producidas en el campo verato en el último tercio del siglo XX no sólo afectaron a los sistemas de cultivo y de la producción, sino también a la explotación de la tierra y a las estructuras de la propiedad.
El hecho más significativo con respecto al periodo anterior fue la desaparición del Medierismo, por lo que la explotación de la tierra se hará directamente por sus propietarios. Este sistema medieval no podía subsistir en un país moderno que estaba en trámites de ingresar en la Comunidad Europea y que lo consiguió de pleno derecho en la última década del siglo XX. Por este motivo, serán las autoridades preautonómicas y autonómicas las primeras interesadas en que desaparezca. El sistema del “medierismo” comenzó a ser criticado por escritores, políticos, periodistas y demás clases influyentes, sobre todo a partir de la instauración de la Democracia y de las Autonomías.
Quizás el libro más crítico contra el Medierismo haya sido el publicado en 1987 por el Presidente preautonómico de Extremadura D. Manuel Bermejo Hernández, cuyo título es “Los Medieros”. El libro fue presentado por D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra en el Parador de Jarandilla. En su discurso de presentación se pudo observar cómo el sistema medieval del Mediterráneo estaba llegando a su fin. El libro y sus críticas tuvieron mucho eco en los ambientes intelectuales, políticos y económicos de la Comarca y de la Región.
Por otro lado, con la llegada de la Democracia y la creación de los sindicatos U.G.T. y C.C.O.O. surgió de nuevo, en los ambientes más populares, el slogan que dice “la tierra es para quien la trabaja”. Con esto se fue preparando el cambio de mentalidad en las nuevas generaciones de medieros. Estos trabajadores del campo ya no iban a consentir el seguir dependiendo del amo, como habían dependido sus padres, sino que aspiraban a tener otras condiciones de trabajo. Aunque muchos de los hijos de medieros emigraron, los que han seguido en el campo, lo son ya como propietarios de sus parcelas o como arrendatarios, hasta el acceso a la propiedad.
Uno de los apoyos fundamentales para este acceso a la propiedad fue el de los organismos autonómicos y la política agraria comunitaria mediante la concesión de ayudas a las regiones menos desarrolladas, como era el caso de la región extremeña. Con motivo de la reconversión del tabaco, muchos medieros quedaron en paro por lo que se les dieron concesiones de tabaco y créditos fáciles y baratos con el fin de que consiguieran el acceso a la propiedad. En efecto, pudieron comprar parcelas de 8 o 10 Ha que en muchos casos fueron ampliando.
Por otra parte, los antiguos propietarios dividieron sus grandes fincas por las leyes de herencia. Muchos de ellos, al no poderlas cultivar, vieron una satisfactoria salida de sus patrimonios al poder vender sus fincas a unos precios muy razonables, debido a la revalorización de las tierras.
Todo esto supuso un gran cambio también en la estructura de la propiedad, con un aumento de la pequeña y mediana posesión. Estos cambios en la propiedad de la tierra podemos considerarlos como una silenciosa y profunda “Reforma Agraria”.
Pero en todos los casos, la explotación de la tierra fue de una manera directa, tanto entre los pequeños como los grandes propietarios; estos delegaron su dirección a ingenieros y personal cualificado, pero todos se interesaron por igual en la aplicación de las nuevas tecnologías.
Esto también fue una de las causas de la modernización de la agricultura. Todas las fincas se explotan con los sistemas más avanzados de cultivo haciendo grandes inversiones para ello, y empleando la maquinaria agrícola moderna: tractores, máquinas abonadoras, máquinas ponedoras, etc. y también instalando los nuevos sistemas de riegos y demás técnicas agrícolas modernas.
Los agricultores han preferido las subvenciones europeas para la modernización de sus fincas mejor que las de las rentas, previendo el momento en que estas dejen de llegar de la Unión Europea, por las ayudas a países menos desarrollados que han ingresado en la Comunidad. Hasta ahora, el sector agrícola que más ayuda ha recibido ha sido el sector tabaquero, con un 20% de las subvenciones. En el sector pimentonero las ayudas de Bruselas han favorecido el aumento del cultivo.
En la actualidad, la mayoría de jornaleros son emigrantes generalmente marroquíes, sin cuya mano de obra sería muy difícil llevar estas explotaciones agrarias de la comarca.
Con la obtención de la Denominación de Origen “Pimentón de La Vera”, este producto artesanal ha sido el más emblemático de la comarca, pues como dijo la Presidenta del Consejo Regulador, Dª Teresa Bartolomé García en su discurso de presentación de la Denominación de Origen: “El pimentón de La Vera es algo más que una producción agroalimentaria. El pimentón forma parte de la historia de sus pueblos, de sus costumbres, de su gastronomía, de su folclore y de su paisaje. No es sólo un medio de vida: es una forma de vida. Los campos de pimientos, con sus frutas de color intenso, los secaderos humeantes y el aroma procedente de los pimientos molturándose en las industrias de los pueblos veratos, forman parte del paisaje y del ambiente del otoño en La Vera”.
La comercialización se ha adaptado a los nuevos tiempos, tanto en las técnicas comerciales y en los sistemas de envasado como en los medios de transporte y de venta.
Los circuitos comerciales se han ampliado tanto en el comercio interior como en el exterior. El mercado europeo y americano estaba controlado principalmente por el pimentón de Murcia, que exporta el 90% de su producción a países de la U. E. y norteamericanos. Pero desde la obtención de la “Denominación de Origen”, el pimentón de la Vera consiguió abrirse un lugar importante en los mercados de los países europeos como Alemania o Inglaterra y americanos como Canadá y E.E.U.U., así como también en los países asiáticos como Japón o China.
Por este motivo, el Consejo Regulador, que tiene también como objetivo la promoción del pimentón de La Vera, ha estado presente en Ferias Internacionales o en cualquier otro evento de este tipo donde pueda promocionar el producto. En el año 1998 el pimentón de La Vera estuvo presente en este tipo de acontecimientos en Méjico, en Estados Unidos, en Japón y en China. En 1999 tuvo su representación en la feria ANUGA de Colonia en Alemania y unos meses antes había estado en Canadá. El pimentón ha tenido gran aceptación en Salones Internacionales de productos alimentarios con Denominación de Origen, a escala nacional e internacional.
En el comercio interior se intensificaron sus redes en las fábricas de embutido de Castilla y León, en La Rioja, en Galicia, en Extremadura, entre otras Autonomías. Y para el consumo familiar o de restauración, el Pimentón de La Vera está presente en las grandes plantas comerciales del país: Hipermercados, supermercados y demás centros del pequeño y mediano comercio.
El envasado también se fue adaptando a las necesidades del mercado; de aquí que las fábricas de pimentón instalaran nuevas maquinarias de envase, tanto como para el envasado en sacos y en latas como en bolsas de plástico o de aluminio y botes pequeños de 100 gramos también de plástico. A parte de las latas grandes desde 1 kg hasta 12 kg, tienen mucho éxito las latitas pequeñas de ½ kg, de ¼ kg o de 1/8 kg.
En febrero del año 2000 se consiguió la “Denominación de Origen” del Pimentón de la Vera, constituyendo el reconocimiento de su extraordinaria calidad que lo acredita como único y mejor del mundo en los mercados nacionales e internacionales. Pero además significó para La Vera un premio a los esfuerzos de una comarca, de un pueblo que, durante todo el siglo XX, es decir, cien largos años, ha estado luchando por la pureza y calidad de este producto.
El hombre verato siempre se ha caracterizado por su buen hacer, por el sentido de responsabilidad que ha puesto en su trabajo y por el afán perfeccionista en todas sus cosas, de tal manera que a lo largo de la historia de La Vera distintos documentos nos han hablado de la calidad de los productos veratos.
Con respecto al pimentón, no podía ser de otra forma, y han luchado siempre para que el pimentón de La Vera sea el mejor y así sea reconocido a nivel nacional e internacional.
b) La lucha por la calidad del pimentón en el primer tercio del siglo XX
A finales del siglo XIX y principios del XX, con el aumento de la demanda, algunos productores añadieron a la molienda los pezones y otros desperdicios del pimiento con el fin de aumentar la cosecha de pimentón, con el considerable deterioro de la calidad. Pero otros productores más responsables se dieron cuenta del perjuicio que esta alteración suponía, por lo que instaron a los ayuntamientos a que tomaran cartas en el asunto y promulgaran las medidas necesarias para evitar estos abusos. Este fue el motivo por el cual el Ayuntamiento de Jaraíz, en el año 1904, envió un escrito a los demás municipios veratos para que evitaran este fraude, con la amenaza de ponerles a disposición del Gobernador Civil para que les impusiera la multa pertinente. Así lo confirma el Acta Municipal de 1904: “Esta Corporación acuerda que se dirija una comunicación a los pueblos vecinos que cometen abusos moliendo pezones podridos y desperdicios de los pimientos, infringiendo la ley y quebrantando los precios…Se pondrá en conocimiento del Gobernador Civil para que imponga el castigo correspondiente”.
Todos estos trabajos y desvelos se verán premiados cuando en 1910 se obtenga el “Certificado de Calidad”.
Este Certificado costaba al cosechero cinco céntimos por arroba, según hemos comprobado en el Archivo Municipal, cuyo documento dice: “Se acuerda que se impongan los derechos de 5 Cts., para la revisión y expedición del Certificado de Calidad en cada arroba de pimentón que se expenda en esta Villa” (A.M.)
La lucha y el afán por la calidad será cosa de todos los veratos y harán todo lo posible por conseguirlo.
Pero iban a tener unos poderosos competidores en los pimentoneros de Murcia. Los murcianos mezclaban el pimentón con aceite de oliva para darle color y mayor peso, puesto que ellos lo secaban al sol, con lo que el producto perdía el color rojo intenso.
Estos pimentoneros murcianos impusieron en el mercado su criterio de mezclar el pimentón con el aceite de oliva, siendo admitido y reconocido por los organismos superiores de Sanidad. Así, la Real Academia de Medicina y el Real Consejo de Sanidad, no sólo lo aceptaron sino que quisieron imponerlo en las demás zonas del país y, por lo tanto, en la provincia de Cáceres.
Los extremeños no estaban dispuestos a perder la batalla, por lo que lucharon e intentaron demostrar una y otra vez que el aceite adulteraba el pimentón aunque produjera mayores beneficios. No obstante, no pudieron evitar que se publicara un Real Decreto que establecía la obligación de adicionar aceite de oliva al pimentón. Los veratos y todos los demás productores de la alta Extremadura siguieron dispuestos a luchar en todos los frentes hasta conseguir la anulación del decreto.
En 1928 se reunieron en Plasencia para conseguir su objetivo; en Jaraíz y en los demás municipios veratos se formaron comisiones para que representaran a los productores de cada pueblo en esta reunión, como lo expresa el Acta Municipal de 1928, que dice: “Esta Alcaldía entrega a la comisión una hoja por lo que los exportadores de pimentón de esta localidad de Plasencia, de Navalmoral, de Zarza de Granadilla y de Aldeanueva del Camino, se reunieron en Plasencia a fin de concretar las opiniones que han de formularse para la derogación del Real Decreto que establece la obligación de adicionar aceite al pimentón”.
En esta reunión quedó demostrado que el aceite de oliva alteraba la calidad del producto, que esta mezcla facilitaba la oxidación y el enranciamiento, que se engañaba al comprador porque el precio estaba en relación al color que aumentaba con el aceite, y además pesaba más…etc. También demostró que esto lo hacían los murcianos para darle color, ya que con el sistema de secado al sol, perdía su color rojo intenso.
Aunque la polémica continuó, el Decreto fue derogado y sólo se permitió mezclar un10 % de aceite siempre que constara en el etiquetado como “pimentón aceitado”.
La calidad del pimentón de La Vera fue reconocida a nivel nacional e internacional, como se demostró en las exposiciones universales de Barcelona y Sevilla de 1929 donde la marca jaraiceña “La Dalia S.L.” obtuvo medalla de oro y plata respectivamente. Este reconocimiento se extendió a la mayoría de las marcas de la comarca.
c) La lucha por la calidad del pimentón en el último tercio del siglo XX. “Denominación de Origen”
Después de la Guerra Civil, la calidad del pimentón será controlada por los directivos de las dos grandes asociaciones pimentoneras que se crean en la zona.
El cultivo del pimiento y de la industria pimentonera siguió desarrollándose durante las décadas de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y parte de los setenta, llegando a cultivarse por estas fechas 4000 Ha , exactamente 3900 en 1972. Pero a partir de entonces comenzó a descender de una manera alarmante.
Ya hemos dicho que la causa más importante de esta decadencia, fue la importación de grandes cantidades de pimientos baratos procedentes de otros países cuya mano de obra era mucho más económica: Marruecos, Sudáfrica, países Hispanoamericanos…etc.
Este pimiento de calidad distinta al de La Vera y no secado a humo, se mezcló con el pimentón verato, y bajó tanto la calidad que provocó un desconcierto en el mercado al observarse sus resultados, especialmente en la industria chacinera. Sin embargo, este fraude produjo gran rentabilidad económica a muchos empresarios.
Ante esto, muchos agricultores e industriales veratos, al darse cuenta del problema que esto suponía para el pimentón, decidieron buscar una solución al problema. Acudieron a las autoridades autonómicas para exponer el peligro en que se encontraba el cultivo y el sistema de elaboración del pimentón, el producto más emblemático de La Vera y de mayor peso económico-social de la comarca.
La acogida por parte de la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura fue totalmente positiva. La Dirección General nombró una Comisión presidida por Dª. Teresa Bartolomé García para iniciar las gestiones para salvar y proteger nuestro producto.
Se fundó el Consejo Regulador del que Dª. Teresa va a ser el alma, ya que llevaron a cabo una ardua labor que, después de cinco años, dará sus frutos al reconocerse la “Denominación de Calidad” en el año 1991. El Reglamento de Consejo Regulador exigía unas características propias y singulares que definían al pimentón de La Vera como “El producto obtenido de la molturación de frutos secos del género Cápsicum y del tipo Ceratiforme o Longum, totalmente madura, libre de ataques de hongos e insectos, con el color característico de la variedad, recolectados con materia seca superior al 15 % y deshidratado con humo, por el sistema tradicional de La Vera”.
Unos años más tarde en 1998, después de la consolidación de la Denominación de Calidad , se conseguirá la “Denominación de Origen” con el apoyo de la Consejería de Agricultura y de Medio Ambiente y la Consejería de Economía, Industria y Comercio de la Junta de Extremadura, quien dio luz verde cuando la Consejería de Agricultura aprobó su reglamento, por considerar que cumplía con las características que le distinguían como “Producto singular, único en el mundo, con tradición y arraigo en la comarca de La Vera, producción limitada, por pocas industrias transformadoras, muchas de carácter familiar, y ámbito geográfico de producción muy localizado”.
Según Dª Teresa Bartolomé García, estas características hacen de la Denominación de Origen “Pimentón de La Vera” una D.O. de libro cuyos objetivos son:
a) Garantizar el origen del pimentón producido en el ámbito geográfico que recoge el Reglamento.
b) Defender el Pimentón de La Vera de posibles mezclas fraudulentas con otros pimentones procedentes de otras zonas de cultivo, nacionales e internacionales.
c) Mantener e intentar incrementar la superficie de cultivo del producto final en los mercados nacionales e internacionales.
d) Incentivar el consumo del Pimentón de La Vera mediante la realización de campañas de promoción y publicidad dirigida tanto a los fabricantes de embutidos como al ama de casa y restauración.
e) Dar a conocer las ventajas de este condimento-colorante natural frente a otros de síntesis.
Lógicamente, la Denominación de Origen ha dado ya sus frutos, se ha ampliado la producción y se ha estructurado el sector consiguiendo contratos homologados entre los agricultores e industriales.
Esta “Denominación de Origen” estuvo pendiente de su ratificación por el Ministerio de Agricultura, acontecimiento que se produjo en el año 2.000.
La presentación de la “Denominación de Origen Pimentón de La Vera” tuvo lugar en Jaraíz de la Vera en Febrero de ese mismo año, y estuvo a cargo de la Presidenta del Consejo Regulador de la Denominación de Origen, Dª Teresa Bartolomé García. Al acto asistieron, además de los miembros del Consejo Regulador, agricultores e industriales, las autoridades locales y autonómicas con el Presidente de la Junta D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra. La Sra. Presidenta, después de un elocuente discurso, terminó haciendo tres peticiones dos de ellas dirigidas a los agricultores e industriales para que siguieran por el buen camino en sus producciones y la tercera, la dirigió a las autoridades autonómicas.
El Sr. Rodríguez Ibarra prometió en su discurso seguir apoyando nuestro emblemático producto hasta poder llegar, como pretendía el Consejo Regulador, al reconocimiento de la Unión Europea a través de la “Denominación de Origen Protegida Pimentón de La Vera”.
El Consejo Regulador tiene su sede en Jaraíz de La Vera y su dirección está a cargo de D. Bonifacio Sánchez Cruz. Es el órgano que garantiza a sus clientes el auténtico pimentón que ha superado todos los controles, desde el proceso de su cultivo hasta su completa elaboración por el cumplimiento del Reglamento del Consejo Regulador. Este Consejo está formado por igual número de representantes de agricultores que de industriales, juntamente con delegados de Consejería de Agricultura y Comercio de la Junta, siendo su presidenta Dª Teresa Bartolomé y su director gerente D. Bonifacio Sánchez Cruz.
El Consejo Regulador tiene también otros objetivos, como son la promoción del pimentón de la Vera y la organización de toda clase de actividades que puedan beneficiar tanto al producto como al sector.
Por este motivo, está presente en ferias nacionales e internacionales o cualquier otro evento relacionado con su promoción.
El Pimentón y sus consecuencias sociales y económicas en La Vera a través de la Historia
Martiria Sánchez López
Profesora- Cronista Oficial de Jaraíz de la Vera (Cáceres)
II.- Los orígenes del Pimentón
III.- Los cultivos tradicionales: su expansión y decadencia
IV.- El siglo XVIII y los inicios del cultivo del Pimentón en La Vera. Consecuencias
V.- El Pimentón y los comienzos de la Revolución agraria
VI.- El Pimentón en el primer tercio del siglo XX: su expansión y consecuencias
VI- a) Extensión de regadío
VI-b) El paso de la industria artesanal a la industria moderna
VI-c) La comercialización
VI-d) Las comunicaciones y el Pimentón
En Febrero del año 2000 fue ratificado por el Ministerio de Agricultura la “Denominación de Origen” del Pimentón de la Vera que ya había obtenido tal denominación en el año 1998 por la Consejería de Agricultura y Comercio de la Junta de Extremadura, después que la Comisión nombrada por la Dirección General de esta Consejería analizara sus características. Esto significó el reconocimiento de su extraordinaria calidad como el mejor del mundo, en los mercados nacionales e internacionales. Pero además, significó también para La Vera y para Jaraíz un premio al esfuerzo de todos los vecinos de la Comarca, ya que durante un siglo, cien largos años, han venido luchando por la pureza y calidad de este emblemático producto, imprescindible para la industria chacinera y como especia para la buena mesa.
Por este motivo, es necesario realizar un trabajo sobre el pimentón, para valorar la importancia económica y social de este producto en la historia de La Vera.
Este fue uno de los productos importados de América después de su descubrimiento y conquista, en la que los extremeños fueron protagonistas principales y entre ellos, los hombres veratos jugaron un papel de primer orden, tanto en la Conquista como en la Evangelización del Nuevo Mundo. Fueron famosos los grandes capitanes de La Vera que partieron rodeados de hombres valientes y abnegados de estas tierras, como el capitán Gaspar Loaysa, de Jarandilla o el capitán de navío Luis Prieto, de Pasarón y los Carvajales, los López o los Escobares, de Jaraíz.
También los misioneros y evangelizadores realizaron una labor muy importante en aquellas tierras, como demostramos en su día en una Ponencia titulada, “La aportación de La Vera a la Conquista y Evangelización del Nuevo Mundo. El Padre Juan de Escobar”, donde hicimos una valoración de lo que este hecho significó para La Vera, ya que estos hombres trajeron a su tierra el oro y la plata que allí encontraron y que luego plasmaron en obras de arte en sus respectivos pueblos, o en obras pías para atender las necesidades de las viudas y huérfanas pobres, como eran las llamadas Memorias. No sólo fue el oro y la plata lo que estos hombres trajeron sino los productos agrícolas que allí encontraron y que fueron la base de la Revolución Agraria Europea, como el maíz, la patata, el pimiento y el tabaco.
Para realizar este trabajo hemos consultado los documentos del Archivo Municipal de Jaraíz de los siglos XIX y XX, especialmente “Las Actas Municipales”. También el “Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres de 1791” y “El Catastro de Ensenada” del Archivo Provincial, así como los “Escritos de D. Tomás López” de la Biblioteca Nacional. Además, hemos consultado el “Fuero de Plasencia” otorgado por Alfonso VIII cuando fundó la ciudad, y la “Historia y Anales de la ciudad y Obispado de Plasencia” del historiador del siglo XVI Fray Alonso Fernández. Nos hemos servido de las hemerotecas- prensa local, comarcal y regional-. Como fuentes orales contamos con las entrevistas realizadas a agricultores: D. José López Ávila y a D. Saturnino López Trujillo.
El pimentón de La Vera podemos definirlo, según el Reglamento del Consejo Regulador de “Pimentón de La Vera” como “el producto obtenido de la molturación de frutos secos del género Capsicuum y del tipo Cerasiforme Longum, totalmente maduros, libres del ataque de hongos e insectos, con el color característico de la variedad recolectado con materia seca superior al 15 por ciento y deshidratado con humo por el sistema tradicional de La Vera”.
El pimentón es un polvo rojo obtenido de la molturación del pimiento rojo una vez secado o deshidratado.
El pimiento es una planta herbácea de la familia de las solanáceas que necesita mucha humedad para su crecimiento y mucho sol en la época de su maduración y recolección. Procede de los países tropicales y subtropicales de América. De esta planta existen distintas variedades, ya que se puede consumir en fresco, en conserva o convertido en especia que es lo que denominamos pimentón.
La variedad empleada para la obtención del pimentón se le conoce científicamente como capsicum annuum, que es el tipo utilizado en La Vera, este tiene tres variedades dependiendo del sabor: dulce, agridulce y picante, conocidos también por pimentón “Jaranda”, pimentón “Jariza” y pimentón “Jeromín”, respectivamente.
Con respecto a su introducción en la zona, la hipótesis más admitida por algunos expertos es que se llevó a cabo inmediatamente después del Descubrimiento, cuando Colón regresó de su primer viaje y se lo ofreció a los R.R. Católicos que se encontraban en el Real Monasterio de Guadalupe, regentado por los P.P. Jerónimos. En este Monasterio comenzó a cultivarse, extendiéndose después por otros de la misma Orden, como el de Yuste, enclavado en La Vera, el de Ñora en Murcia, así como por otros de La Rioja o Andalucía. Según esta hipótesis, en la época de Carlos V se extendió el cultivo por los países europeos, como fue el caso de Hungría o Italia.
Otra vía pudo ser la de los hombres que llevaron a cabo la Conquista, ya que en el séquito de los grandes capitanes iban especialmente extremeños y muchos veratos, conocedores expertos del arte de los cultivos. Estos, cuando regresaban a sus tierras, no solo traían el oro y la plata americana, como hemos comentado ya, sino todo lo que allí había, especialmente los nuevos cultivos que encontraron: el maíz, el tabaco, la patata o el pimiento.
Felipe II encargó a su médico Hernández de Tejada hacer un estudio de la flora y fauna de las Indias. Este habla del pimentón con el nombre de “Chili”, denominado así por los indios por ser picante, y dice que estos lo utilizaban en las comidas como afrodisíaco condimento.
El pimiento, esta planta americana, va a encontrar en La Vera el sitio idóneo para su completo desarrollo, por su singularidad climática. Como hemos dicho, es una planta del tipo de las soleanáceas, que necesita mucha humedad para su crecimiento y desarrollo, y también, una época seca y calurosa para la maduración y recogida de sus frutos.
La Vera está enmarcada entre las murallas que forman la Sierra de Gredos y sus estribaciones y el Valle del Tiétar. La fertilidad de estas tierras, su vegetación y su belleza, están determinadas en gran parte por las características climáticas: abrigada de los vientos fríos del Norte por las altas cumbres de sus montañas, está dulcificada por los vientos húmedos del Atlántico, cuyas nubes cargadas de vapor de agua chocan con las montañas, provocando una pluviosidad abundante de entre 1.000 y 1.500 mm, propios de la España Húmeda, pero con la enorme ventaja para el cultivo de que los veranos son cálidos y secos. Esto da lugar a un microclima que hace posible el cultivo de los más diversos productos.
El pimentón va a tener tanta importancia para La Vera, que podemos afirmar que va a estar en la base de la revolución agrícola de la Comarca, igual que otros productos americanos, como el maíz o la patata, fueron los pilares básicos de la revolución agrícola europea.
La Vera tuvo un desarrollo espectacular durante el siglo XVI en todos los aspectos. La mayor parte de los municipios duplican su población, pasando a tener la comarca 6.227 vecinos a finales del siglo XVI, mientras que en el siglo XV sólo tenía 3.520 vecinos. Aldeanueva, por ejemplo, pasó de tener 200 vecinos a 455, Jaraíz de 266 pasó a tener 500 vecinos, Cuacos de 115 a 400 vecinos, Jarandilla que era de los más poblados con 500 vecinos llegó a 785 vecinos …etc. (Paredes Guillén: “Los Zúñigas, señores de Plasencia”)
El aumento de la población se tradujo en un aumento espectacular de los cultivos y demás fuentes de riquezas. Muchos de los cultivos fueron introducidos por los musulmanes cuando se asentaron en estas tierras. Estos se irán desarrollando después que Alfonso VIII conquiste la comarca en los siglos XII y XIII y otorgue el Fuero de Plasencia, donde se dan una serie de leyes por las que se protegen tanto los cultivos de secano como los de regadío. Llegan en su máximo esplendor en el siglo XVI.
Los cultivos de secano eran: la vid, el olivo y los cereales. Los cereales se cultivaron con el sistema de rotación trienal, es decir, con la alternancia de productos dejando sólo una tercera parte en barbecho; los cereales más importantes eran el centeno y el trigo. Más importancia tuvieron el olivo y la vid. El aceite era de gran calidad y se recogía una cosecha abundante exportando parte de ella, una vez cubiertas las necesidades de la población; igual pasaba con los vinos y con la fruta, que además de ser excelente, se recogían grandes cosechas.
El historiador placentino del siglo XVI, Fray Alonso Fernández habla de la fertilidad de La Vera y de sus cultivos en el libro “ Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia” de la siguiente forma: “ En las tierras bajas y quebradas están pobladas de viñas y olivares, higuerales, jardines y frutales de todo género de frutas y de árboles, manzanas, camuesos, perales de muchas diferencias, hendirnos cermeños…y en muchas partes moreras, naranjas, cidros y limos…hay muchos nogales y avellanos…” A continuación, nos habla este historiador de las grandes cosechas que se recogían de estos productos y de los lugares de mayores cosechas, afirmando lo siguiente: “Es tan grande la abundancia que hay de fruta verde de La Vera que solo el diezmo de la fruta verde de La Vera vale muchos millares de ducados. En Jaraíz y Pasarón se cogen más de 2.000 arrobas de vino y aceite y más de 25.000 fanegas de castañas injertas; y solo en Jaraíz se suelen coger 1.000 libras de seda y el año que menos 600. En Garganta la Olla, Cuacos, Aldeanueva y Losar se cogen más de 14.000 arrobas de aceite, más de 50.000 de vino y más de 60.000 fanegas de castañas injertas. Y en el Losar hay gran copia de naranjas y limones como también en Madrigalejo y otras partes. En Jarandilla se cogen más de 30.000 arrobas de vino más de 10.000 de aceite, más de 26.000 fanegas de castañas…”
Como podemos apreciar por los datos de lo expuesto, el castañar fue el cultivo más importante de todos.
Fray Alonso, además de darnos la producción en fanegas de castañas de muchos municipios, nos habla también de la importancia de los bosques de castaños de la siguiente forma: “Toda la tierra en lo alto está poblado de bosques de castaños, hay bosques de castañares injertos y silvestres, cuya fruta coge la gente pobre para ayuda de su sustento…”
La castaña, además de ser un producto básico para alimentación humana especialmente para las personas de bajos recursos y también para los animales, constituía el principal producto de exportación; los textos consultados comentan que se intercambiaba, además de venderse por productos deficitarios de la comarca, principalmente por cereales.
Todo este desarrollo se vino abajo durante el siglo XVII debido en parte a la decadencia general del país producida por la política de los Austria, que con tantas guerras había mermado las arcas del Estado hasta provocar la bancarrota; también había otras causas como las epidemias, el hambre, los impuestos que pesaban sobre los vecinos para pagar los gastos de la Corona, etc.
En Extremadura tuvo su mayor incidencia la guerra de la Independencia de Portugal, dada su situación junto al país vecino. En esta guerra La Vera se vio seriamente afectada porque Plasencia fue el centro de las operaciones de la lucha contra Portugal capitaneada por D. Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV.
La Vera, además, se vio afectada por otro hecho trascendental para la comarca, la expulsión de los moriscos durante el reinado de Felipe III. Esta población, que había permanecido aquí durante varios siglos, eran agricultores extraordinarios, expertos en los cultivos de regadíos que ellos mismos habían introducido, aparte de otros cultivos.
Debido a esta serie de circunstancias la población descendió a la mitad y la economía se vino abajo. Según el censo de Isidoro Faxardo de 1717,”Vecindario general de España”, La Vera pasó a tener solamente 3.325 vecinos. Hemos observado las estadísticas de población de los municipios y la mayor parte de los pueblos pasaron a tener la mitad de los vecinos, solo Aldeanueva se mantuvo más poblada pues de 451 vecinos pasó a tener 340.
Este descenso de la población tuvo como consecuencias un enorme decaimiento económico, ya que muchos de los campos tuvieron que ser abandonados, aparte de la ruina de la mayor parte de las artesanías de los distintos lugares. El Catastro de Ensenada habla de 280 fanegas de tierras abandonadas solo en Jaraíz, así que en toda la comarca el montante de tierras sin cultivar fue importantísimo.
En el siglo XVIII, con los Borbones comienza a recuperarse la economía del país debido a una serie de medidas que afectaron a todas las facetas de la producción en general. Pero La Vera no pudo salir de la situación de ruina anterior debido a que otra tragedia vino a asolar las tierras de la Comarca: la epidemia del castañar. Esta epidemia consistía en una especie de moho que afectaba a los árboles hasta deteriorarlos e impedirles dar el fruto. Las cosechas de castañas comenzaron a bajar en tal cantidad que quedaron desolados los montes y tierras altas poblados de castaños, y los vecinos se arruinaron y se empobrecieron aún más. Estos no tuvieron otra salida que la de hipotecar sus fincas mediante los llamados “Censos”, que eran unos préstamos hipotecarios contra los bienes raíces de los deudores que la Iglesia les concedía a un interés bajo.
Esta situación de endeudamiento con la Iglesia no supuso que los vecinos perdieran sus bienes, sino que los conservaran mediante la renovación de los censos de generación en generación, hasta que pudieron redimirlos después de las leyes de la Desamortización por un precio más o menos simbólico. Se da el caso curioso de un Censo familiar que conservamos en nuestro Archivo particular, que se hizo en 1628 sobre unos viñedos y que fue renovado a lo largo del siglo XVIII y gran parte del XIX, hasta el 18 de Enero de 1871, que se “redimió en la cantidad de ciento ochenta reales”, por tanto, gracias a este capital prestado por la iglesia a tan bajo interés (el 3 por ciento) los vecinos pudieron conservar sus propiedades a lo largo de tantos siglos y mantener su status social de pequeños y medianos propietarios.
Dada la gravedad de la situación del campo, se tomaron a lo largo del siglo XVIII algunas medidas para paliar el desastre. Una de estas fue la limpieza de los castañares y la realización de nuevas plantaciones en los mismos, aunque se consiguió poco. El Visitador de la Audiencia de Cáceres en 1791 hace las siguientes recomendaciones al respecto.”Debiera estimularse y aún obligarse a estos vecinos a que por sí o vendiéndolos a quienes lo hiciesen aportase, criase y cuidasen los castaños que van naciendo en los terrenos perdidos, cultivando y beneficiando el terreno, algunos lo han hecho y experimentan las ventajas” (Ar.Pr.)
A pesar de estas recomendaciones, se consiguió poco, pues la cosecha de castañas ahora no pasaba de las 500 fanegas, frente a las 25.000 fanegas que se cogían en el siglo XVI, según los textos consultados.
Será el cultivo del pimiento el que terminará con la ruina del campo verato, aunque aún tienen que pasar muchos años, casi un siglo para ver esta realidad.
IV.- EL SIGLO XVIII Y LOS INICIOS DEL CULTIVO DEL PIMENTÓN EN LA VERA. CONSECUENCIAS.
En los albores del siglo XVIII el cultivo del pimiento para el pimentón era ya una realidad en La Vera e irá incrementándose a lo largo del siglo XVIII. A mediados de este siglo se producían ya 1.000 arrobas de pimentón en Jaraíz, según el Catastro de Ensenada. Pero debido a la epidemia que asolaba el castañar, en muy pocos años se triplica la producción, llegando a cogerse 3.000 arrobas en 1791.
Todavía no era suficiente para sacar de la ruina a los vecinos, tuvieron que pasar muchos años para poder superar las pérdidas originadas por dicha epidemia como afirmaba el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres en 1791. “De pocos años a esta parte se ha sentido en el fruto de la castaña por un común moho de los árboles que la producen, la rebaja de más de 20.000 fanegas, falta que ha reducido a este pueblo a la ruina sin que pueda reformarla el aumento que ha tomado el fruto del pimiento…” (A.P)
Sin embargo, el aumento del cultivo del pimiento va a tener unas consecuencias fundamentales para la comarca. Por una parte, se van a ir paliando las pérdidas ocasionadas por la epidemia del castañar, aunque aún no fuera suficiente todavía para salvarla de la ruina. La otra consecuencia será de gran trascendencia, porque se inicia una industria esencial para la alimentación de la población, cuya base es el pimentón: la industria chacinera. Desde ahora, los derivados de la matanza del cerdo, chorizos, morcillas, lomo o jamón, serán esenciales en la dieta de los vecinos a lo largo de todo el año.
Pero la chacinería no se limitó al ámbito familiar sino que, además, fue una industria para la exportación. Dada la calidad del pimentón y el buen hacer de los veratos, los productos de chacinería se vendían en distintas ciudades fuera del ámbito regional según hemos constatado en los documentos consultados.
El Catastro de Ensenada nos habla de la venta de los productos del cerdo convertidos en cecina en Madrid, de esta forma: “Alonso Tovar, vecino de esta villa conduce a Madrid cerdos que compra y acecina, siendo el número que mata y conduce el de veinte y cinco, gana todos los años 900 reales de vellón” (A.P) También cita a otros chacineros: Alonso Rodríguez y Francisco Enciso, estos mataban y acecinaban ocho cerdos al año por Navidad, cuyas ventas en Madrid les proporcionaban unos beneficios de 288 reales.
Además de estas consecuencias económicas, las consecuencias sociales fueron también importantes para la comarca. En primer lugar hay que tener en cuenta que en La Vera la propiedad de la tierra estaba muy repartida desde la fundación de los municipios, cosa distinta a lo que pasaba en el resto de Extremadura, donde las tierras estaban en manos de la nobleza y el clero. Aquí, la mayor parte de la población eran agricultores propietarios de medianas y pequeñas parcelas que ellos mismos cultivaban con ayuda de jornaleros. Estos eran muy escasos por ejemplo: en Aldeanueva, que había 133 agricultores propietarios, tenía 86 jornaleros, Jaraíz con 121 vecinos propietarios, contaba con 69 jornaleros; Cuacos con 100 propietarios, tenía 80 jornaleros.
Debido a estas circunstancias en La Vera se observa un mayor nivel socio-económico que en el resto de Extremadura, especialmente entre los jornaleros, ya que, dado el reducido número de estos, van a estar mucho mejor retribuidos y considerados que en el resto de la región, sobre todo a partir del siglo XVIII cuando comience a tener importancia el cultivo del pimiento. Este cultivo necesita mucha mano de obra en la época de la plantación o “postura” y en la de recolección.
Dadas estas circunstancias y debido a la escasez de la mano de obra, los jornaleros exigen un aumento de los salarios en las temporadas de plantación y de recolección, aunque ya percibían salarios más elevados, además de la comida, y otras ventajas.
Estas exigencias inquietan a los propietarios que ven mermadas las ganancias de su cosecha, por lo que elevan sus quejas a las autoridades competentes para que intervengan, con el fin de evitar la subida de los jornales. El Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres nos la cuenta con estas palabras.” Con el precio de la comida cuesta cada jornalero seis reales, pero no contento con este arreglo, aunque el ayuntamiento se esfuerce, procuran y consiguen los jornaleros, por necesidad de los hacendados, que les paguen jornales muy crecidos, especialmente en el tiempo de la siembra del pimiento en el que se experimenta no contentarse con cinco reales sobre la comida, bebida y otros gastos que son insoportables; por lo que consideran que tienen por utilidad de los asignado un precio inalterable y conforme para que los jornaleros consigan el justo precio de su trabajo y los hacendados puedan soportar los gastos sin dispendio injusto de sus caudales” (A.P)
Esto contrastará enormemente con el estado de miseria en que vivían la mayor parte del campesinado del país, y principalmente otros jornaleros extremeños comparados con los veratos.
Estos jornaleros no tuvieron necesidad de que llegaran las ideas asociacionistas obreras del siglo XIX para exigir unos salario dignos, lo que provocaría el malestar de los amos.
Todo esto es muy significativo y trascendental para la sociedad verata en general, pues gracias a estas circunstancias, las clases bajas de la comarca no solo tuvieron mayor nivel adquisitivo al disponer de salarios más altos, sino que los propietarios tuvieron siempre que adoptar una actitud paternalista y positiva para con sus trabajadores y criados, sin considerarles nunca como siervos.
V.- EL PIMENTÓN Y LOS COMIENZOS DE LA REVOLUCIÓN AGRARIA DE LA VERA
La revolución agraria europea tuvo mucho que ver con la introducción de los cultivos americanos, como hemos ya apuntado. El maíz y la patata principalmente van a estar en la base de ella, pues con estos productos muchas zonas van a suprimir el barbecho, con lo que se intensificarán los rendimientos además de otra serie de innovaciones, como fueron la perfección del arado, el empleo de abonos, utilización de maquinaria. Se dan también una serie de leyes que cambiarán las viejas estructuras económicas y sociales. Fue en Inglaterra donde se inician estas reformas extendiéndose luego a los demás países europeos.
En España, esta expansión agraria se va a caracterizar principalmente por la ampliación de las tierras cultivadas, ya que las leyes de la Desamortización van a lanzar al mercado más de cuatro millones de hectáreas, que van a ser cultivadas por los compradores que las han adquirido definitivamente. En La Vera, la mayor parte de estas tierras habían pertenecido a la Iglesia y a los Bienes de Propio de los municipios y eran muy extensas, ya que comprendían la mayor parte de las situadas entre la zona media donde están emplazados los pueblos hasta el valle del Tiétar, aparte de otras zonas de montes.
Entre las dehesas de Jaraíz, destacan la Bobadilla, el Rivero, la Cardenilla, la Vega o las Machuguillas. En el Losar destacan el Ejido, Frontón Las Navas, Barrera de la Matanza o Arroyo Heguera. En Aldeanueva destacan Valvellido, Cuerda del Rayo o Aldea del Pino. En Collado destacan Mesillas, Rivero o Riverillo. En Cuacos destacan la dehesa de Cuaternos, el Pizorral o Valdemoriscos. Sería interminable seguir citando dehesas de todos los pueblos, ya que con estas podemos darnos idea de lo que van a suponer todas estas tierras para la expansión de los cultivos en la comarca.
El cultivo del pimiento va a seguir en expansión durante todo el siglo XIX, hasta convertirse en el cultivo que hará posible la revolución agraria de la comarca a finales de siglo, cuando desplace a otros dos cultivos tradicionales, que hasta ahora eran básicos en la economía verata, como eran el lino y la seda. La seda fue el primer producto de exportación hasta este periodo. Así nos lo confirman los textos de 1791, dicen “La cosecha de seda es la principal y más interesante” (A.P) Pero a finales del siglo XIX la industria textil artesanal decae al no poder competir con la moderna industria catalana, por lo que tuvieron que abandonarse estas materias primas textiles, tanto el lino como la seda. Es ahora cuando los linares, que era donde se cultivaba el lino, van a servir para el cultivo del pimiento y a partir de principios del siglo XX será el producto que transforme la economía de la comarca.
Con la expansión del cultivo del pimiento aparece en La Vera el problema del agua para los regadíos. Aquellos veranos son largos, calurosos y secos, y este cultivo necesita mucho agua (como hemos ya comentado) precisamente cuando los caudales del río y gargantas registran sus mínimos.
En el año 1879, en el mes de Junio se da “Nueva ley de aguas” por lo que los agricultores tienen que acogerse a ella. Para paliar la escasez de agua para los regadíos de las fincas de los márgenes del río y de las gargantas, los dueños de ellas construían una especie de presas, para retener el agua, que eran conocidas popularmente con el nombre de “Caballos”. Pero esto suponía que el problema se acentuara para las tierras situadas más al sur del cauce, ya que lógicamente llegaba allí menos agua, con el consiguiente disgusto de sus dueños. Algunos de los agricultores afectados creen que la “La Nueva Ley de Aguas” le solucionaría su problema, por lo que intentan acogerse a ella. Estos hacen una solicitud al Ayuntamiento para que prohíban las presas móviles, ya que piensan que estaban fuera de la ley. Así consta en el Archivo Municipal: “Los firmantes solicitan que los dueños de la Cañada y las huertas del Rivero derriben las presas móviles que todos los años construyen en la garganta para regar.” Sin embargo, no se solucionó de esta forma el problema porque tal petición fue desestimada “por no ajustarse a ley” según consta en la misma acta municipal.
El cultivo del pimentón siguió incrementándose en el último tercio del siglo XIX en toda la comarca, con un incremento de la demanda del producto, debido en parte al aumento de la población y también al desarrollo de la chacinería, pues la matanza será una de las bases de la dieta de los vecinos durante todo el año, además de servir para la exportación.
Dadas estas circunstancias, la comercialización entre los distintos municipios de la comarca fue un hecho, exportando o importando según las necesidades de cada pueblo. En el caso de Jaraíz se importaron en el 1869 unas 20 arrobas de pimentón que llegaron a 50 arrobas en el 1872. Estas importaciones se gravaron con un impuesto, que en esta fecha era de un real por arroba importada; al pimentón importado se le denominaba el “pimiento forastero”. El impuesto sobre el “pimiento forastero” subió a 1 peseta en 1888 como hemos comprobado en el acta municipal de la fecha que dice: “Para no dejar desatendido las apremiantes necesidades obligaciones y teniendo en cuenta lo dispuesto en la Ley Municipal Artículo 136 Capítulo 1º, se cree conveniente establecer un arbitrio sobre el pimiento molido forastero que se venga a vender a esta localidad. Por unanimidad se acuerda establecer el arbitrio de 1 pts por arroba de pimiento forastero que se venda”
Esto se llevará a cabo con todas las consecuencias, multando a aquellos que no paguen el impuesto. Se nombra a unos vigilantes para evitar cualquier fraude, asignándoles una compensación económica: “se nombra a D. Fernando Paz y al policía Dimas Nevado para la administración, se les dará por su trabajo el 12,50%”
En el año 1900 desaparecen los impuestos que gravaban las importaciones siempre que se intercambiaran por otros productos. Así lo dice el Acta municipal de la fecha: “ El 2 de Junio de 1900 quedan libres del pago de derechos las especies que los forasteros introduzcan en esta localidad para permutarlas por otras que extraigan para afuera”
La revolución agraria que va a suponer para La Vera la expansión del cultivo del pimiento va a transformar la economía de la comarca, ya que esto supondrá su industrialización y modernización durante el primer tercio del siglo XX.
Esta modernización pudo llevarse a cabo porque inciden una serie de factores que harán posible un ritmo de crecimiento de grandes proporciones. Estos factores son los siguientes:
a) Extensión de los regadíos y aplicación de las nuevas técnicas de cultivo.
b) El paso de la industria artesanal a la industria moderna.
c) La introducción de las nuevas técnicas de comercialización.
d) El desarrollo de las comunicaciones.
VI- a) Extensión de los regadíos y aplicación de las nuevas técnicas de cultivo.
La extensión de las tierras cultivadas aumentó de manera significativa, ya que las tierras de la Iglesia y de los Bienes de Propios de los municipios, muchas de ellas pastizales, después de las leyes desamortizadoras, comenzaron a cultivarse, al pasar a ser propiedad de los vecinos. Muchas de las tierras de las márgenes de las gargantas y del río Tiétar se convirtieron en regadíos. Esto va a suponer una enorme expansión del pimiento, que será el cultivo estrella hasta los años cincuenta, desplazando a todos los demás. A partir de esta fecha entrará en competencia con el tabaco, introducido en los años veinte, hasta llegar a ser desplazado por este producto, también de origen americano.
Paralela a esta expansión de las tierras cultivadas se van a ir modernizando las técnicas del cultivo y del utillaje agrícola con la difusión por toda la zona de un nuevo tipo de arado, el “arado de vertedera” más eficaz para remover la tierra. También comenzarán a utilizarse los abonos minerales ya que hasta ahora solo se empleaban los naturales, con lo que los rendimientos aumentarán de una manera espectacular.
Esto hará posible que el pimentón se convierta en el primer producto de exportación de La Vera.
VI- b) El paso de la industria artesanal a la industria moderna.
Aunque las técnicas de cultivo se van modernizando como hemos dicho, sin embargo el gran paso se dio en la fabricación del pimentón.
El proceso de la fabricación del pimentón comenzaba con la cogida del fruto, pasando a continuación a los secaderos tradicionales para su deshidratación o secado al humo, producido con leña de encina. Después del “despezonado” a mano o extracción del pezón del pimiento, se llevaba a los molinos para su trituración y molienda.
Los molinos tradicionales eran hidráulicos, movidos por la fuerza motriz del agua, por lo que estaban instalados en los márgenes de las gargantas, donde hoy en día se pueden contemplar las ruinas de la mayor parte de ellos. Eran molinos harineros, pero en la temporada de otoño se utilizaban para la molienda del pimiento. Losar era el pueblo que más molinos tenía, con 16, seguido de Jaraíz con 14 y Jarandilla con 8 molinos. La mayoría de estos molinos quedaron prácticamente en desuso cuando se introdujo la electricidad en la comarca.
Algunos de estos viejos molinos han sido restaurados y convertidos en típicos mesones, como el ubicado en el charco de las Tablas de la garganta de Pedro Chate en Jaraíz, otros se pueden contemplar a lo largo de las distintas gargantas veratas convertidos en ruinas, como testigos de una artesanía que estuvo en la base de la economía de la Comarca. El círculo granítico o piedra circular, de más o menos de metro y medio de diámetro, base fundamental de la molienda, es utilizado en la actualidad como típica mesas en mesones y zonas de descanso de toda La Vera, como símbolos de nuestro pasado histórico.
En efecto, desde la fundación de los municipios, después de la reconquista de estas tierras a finales del siglo XII y principios del siglo XIII por Alfonso VIII, comenzaron a funcionar estos molinos para la obtención de harina, empleándose después para el trigo o el pimiento.
Eran unos elementos tan imprescindibles para el desarrollo de la vida de los pueblos, que el rey Alfonso VIII, cuando otorga el Fuero a Plasencia y su tierra, después de su fundación en 1186, da una serie de leyes y normas para la construcción de los molinos y también para la realización de presas, así el Artículo 593 del Fuero dice: “Todo omne que en su heredat molino fiziere, aya tres pasos la carrera de él en ancho y aya molino espacio alderredor IX passos, sinon no vala…” Pero además, en el Artículo 595 da las normas para proteger los molinos construidos primero y así evitar que otros que se construyen con posterioridad, perjudiquen el funcionamiento de los anteriores. “Todo omne que molino fiziere nuevo, cate non entorpezca el que primero fuese fecho…” Aclara luego en otro artículo que las presas y cauces que se hagan nuevos, tampoco deben entorpecer a los que ya había “derríbelos et nom vala (valga)”. Estos molinos hidráulicos tuvieron vigencia hasta los primeros años del siglo XX, por lo tanto, la historia de la economía de la comarca estará unida a ellos.
A principios del siglo XX se va a instalar la primera central hidroeléctrica de La Vera en el Losar, que extenderá sus servicios a todos los municipios veratos. En 1903 la instalación de la luz eléctrica era una realidad en la mayor parte de las localidades, como consta en el Acta Municipal de Jaraíz de esta fecha. “La Sociedad Electro Industrial Antón Martínez Herranz manifiesta que habiéndose terminado el 5 de diciembre las pruebas del alumbrado desde aquella fecha en adelante se daría a este pueblo oficialmente la luz, y estando satisfechos por las pruebas acordaron declararla oficial” (A.M)
A partir de entonces, comenzó la modernización de la industria pimentonera. Los molinos tradicionales inician su decadencia y poco a poco irán abandonándose a medida que vayan instalándose los nuevos molinos eléctricos ubicados dentro de los cascos urbanos de las distintas localidades.
Con la corriente eléctrica se modernizó la artesanía del pimentón hasta el punto de ser la primera industria de La Vera. Esta irá evolucionando hasta la actualidad donde las nuevas tecnologías han conseguido el perfeccionamiento en todo el proceso de fabricación: despezonado, molturación o envasado, sin disminuir la calidad del producto. La electrificación fue trascendental para poder cubrir las necesidades que suponían el aumento espectacular de la producción y la demanda nacional e internacional del producto, ya por los años treinta.
VI- c) La comercialización
Las técnicas que se emplearon para la comercialización del pimentón hasta los años veinte siguieron siendo las tradicionales, como se había venido haciendo a lo largo de los siglos. Este comercio consistía en la venta directa de las cosechas de los agricultores a comerciantes procedentes de distintas zonas del país a los que los textos llaman “arrieros forasteros”. Estos, además de comprar el producto, eran los encargados de distribuirlo por las distintas comarcas donde lo demandaban.
Los “arrieros forasteros” conocían muy bien todos los caminos de La Vera, ya que los venían recorriendo a través de los siglos. Son varias las citas en las que se habla de estos hombres, en los textos consultados de los siglos XVI, XVIII y XIX. Eran principalmente castellanos y andaluces que venían a comprar productos de la comarca, como los famosos lienzos veratos, las castañas y, sobre todo, la seda, que hasta finales del siglo XIX, llevarían a las fábricas de Toledo y Granada; posteriormente, será el pimentón su mercancía preferida. En los primeros años del siglo XX, los medios de transporte se limitaban al lomo de las caballerías, hasta que pronto se introdujo la carreta, y finalmente los transportes de motor, cuando se construyen las carretas por los años veinte, como veremos a continuación.
El lugar de venta del pimentón era la casa de los agricultores, que se convertía durante la temporada en el lugar idóneo para las transacciones. En ella los dueños exponían en unas tablas de madera las distintas variedades del pimentón: picante, dulce y agridulce, para que los compradores pudieran valorar mejor las calidades. Si la oferta era mayor que la demanda, el lugar del trasiego de la mercancía era la plaza mayor de los distintos pueblos.
Los “cosecheros” eran los agricultores que habían cultivado el pimiento, lo habían secado, triturado y habían llevado su cosecha a molerla a los molinos de las gargantas y, una vez convertida en pimentón, la transportaban a sus respectivas casas, donde permanecían hasta que eran compradas por los “arrieros forasteros”. Es decir, el agricultor era a la vez cultivador, artesano y vendedor de la cosecha de pimentón obtenida en el año.
En un documento de 1917, del Archivo Municipal de Jaraíz, vemos el intento de regular la venta del pimentón en un año de escasa cosecha. Se trata de un Bando del Sr Alcalde Don Felipe Fernández, con las normas a las que debían atenerse los “cosecheros”, con lo que no todos los agricultores estaban de acuerdo:” El Alcalde expuso a ocho cosecheros que protestaron por el Bando, que el día 15 del actual (mes de octubre) 50 cosecheros solicitaron que dictara algunas disposiciones reglamentando la venta del pimentón para que esta se hiciera con estimación, por ser una año que carece de existencia y la cosecha es muy corta, cuyas circunstancias debieron aprovecharse para sacar el mayor producto posible por lo que se acordó publicar el siguiente Bando:
“Que quedaba prohibido dejar las muestras en la tabla del comprador de no haber hecho el contrato.
Que el comprador no podía llevarse en la tabla más de cuatro muestras de pimentón dulce y otras cuatro de picante.
Que se prohibía al cosechero y vendedor de pimentón ir en busca de los compradores, sino que estos se estarían en las puertas de sus casas para ofrecer el pimiento cuando pasasen los mencionados compradores.
Se impone la multa de 25 pts. a los contraventores de estas disposiciones, quedando en vigor hasta que otra vez los 50 cosecheros pidan su derogación.”
Este texto es muy expresivo, ya que nos informa admirablemente del proceso de la venta del pimentón donde vemos que estaba presente la ley de la oferta y la demanda, de la que dependía que las transacciones se realizaran en casa de los agricultores mayores de los municipios; esto explica el hecho de que las casas de los agricultores estuvieran acondicionadas para almacenar y vender el producto, de aquí que estuvieran dotadas de grandes portadas que daban accesos a los amplios patios donde se realizaba con comodidad el trasiego de la mercancía. Pero quizás, lo más interesante del texto es que demuestras que las normas que da el Alcalde tienen un gran sentido democrático, ya que en ellas prevalece y se hace lo que dice la mayoría, aunque la minoría disidente fueron los 8 cosecheros más importantes de mayor peso económico.
Este sistema tradicional de comercialización se viene abajo en la década de los años veinte, con la aparición de los llamados “exportadores”. La mayor parte de los “exportadores” eran también cultivadores, pero a su vez se convertían en modernos industriales del pimentón. Ellos creaban sus propias empresas y levantaban fábricas con modernas instalaciones dentro del casco urbano, a base de los molinos eléctricos y las nuevas tecnologías de la época.
Estos “fabricantes exportadores” serán los encargados, a partir de entonces, de la segunda parte del proceso de industrialización del pimiento: la molienda, así como también de su comercialización. Los agricultores serán los cultivadores del pimiento y del primer proceso de la artesanía del producto, es decir, del secado a humo y del despezonado a mano.
A partir de esta época, tanto el volumen de pimentón obtenido como su comercialización aumentaron considerablemente, adquiriendo su exportación un enorme desarrollo, tanto a nivel nacional como internacional. Las mejoras de las comunicaciones incidirán de una manera decisiva en la exportación. La Estafeta de Correo, el telégrafo y la construcción de las carreteras de La Vera están en la base de este desarrollo; por eso hablamos de ello en el siguiente apartado.
La siguiente ampliación del mercado fue espectacular, no sólo hacia países europeos sino americanos e incluso africanos, como Argelia. Los países más importantes importadores del pimentón verato fueron Argentina, Portugal, Italia, Chile, Cuba entre otros. Siguiendo los datos del Sr. García Montero, hemos comprobado que el volumen de kilogramos exportados anualmente en esta época era ya considerable: Argelia con 498.272 kg, Argentina con 388.006 kg o Portugal con 341.335 kg.
En 1928 el número de “fabricantes exportadores” de pimentón era ya importante, destacando D. Germán Gómez, D. Valeriano Hernández, D. Felipe López o D. Delfín Conejero, quienes instalaron en Jaraíz sus fábricas, D. Ángel Borja lo hizo en Jarandilla o D. Salvador López en Cuacos entre otros exportadores veratos.
Algunos de ellos trasladaron sus industrias a Plasencia debido a las mejores comunicaciones ferroviarias, ya que la Vera nunca pudo conseguir el paso del ferrocarril por la comarca, pese a los enormes esfuerzos que hicieron, como hemos demostrado en nuestro libro: “Hacia una Hª de la Vera : La Villa de Jaraíz”.
VI- d) Las comunicaciones y el pimentón.
El ferrocarril fue considerado como uno de los medios de transporte más importante para reactivar la economía de las zonas rurales, pero de una manera especial para La Vera, ya que necesitaba un medio de transporte eficaz para las exportaciones. Ya desde la segunda mitad del siglo XIX, comenzaron las gestiones pertinentes sin obtener ningún resultado. Estas gestiones se intensificaron en el primer tercio del siglo XX, sobre todo a partir de 1908, cuando fue aprobada la Ley Besada por la que se solicitaron 822 km de líneas secundarias por Extremadura. Entre estas líneas hay que destacar dos que comunicarían La Vera con Plasencia y Navalmoral.
Todos estos proyectos se vinieron abajo, aunque vuelven a resurgir en 1919 con otro nuevo proyecto, el de la vía que “partiendo de Madrid por S. Martín de Valdeiglesias y Arenas de San Pedro recorrerá La Vera y enlazará en Plasencia con la línea de Astorga”.
Otro proyecto fue el llamado “Ferrocarril Villa del Prado”. En 1925 y en 1928 las gestiones continuaron con otros dos nuevos proyectos, el último fue el “Ferrocarril Madrid-Plasencia” que pasando por la Vera enlazaría con Portugal por Castello-Branco.
Como veremos, a pesar de este tesón, los veratos nunca consiguieron hacer realidad el sueño ferroviario, siendo esto la causa de que muchos industriales de la zona, se establecieran en Plasencia.
Las carreteras serán el gran logro en comunicaciones del primer tercio del siglo XX, junto al telégrafo y la Estafeta de Correos, imprescindibles todos ellos para el desarrollo espectacular que tuvo el comercio exterior de la Vera en este periodo.
La Comarca estuvo al margen del trazado de carreteras que se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XIX; será a partir de 1907, cuando los veratos se acojan al proyecto del Ministerio de Obras Públicas para la construcción de 2.470 km. de carreteras que le correspondió a la provincia de Cáceres.
Los objetivos principales eran la unión de los municipios de La Vera entre sí, mediante la carretera Plasencia-Oropesa, y la comunicación con las estaciones de Ferrocarril más próximas: Casatejada y Navalmoral. Las gestiones comenzaron enseguida en todos los municipios. Ya en 1908, el Ingeniero provincial da el visto bueno para la construcción de una carretera que comunique Jaraíz con Casatejada pero no se consiguió la construcción del puente sobre el Tietar, había que salvarlo por barca. Sin embargo Jarandilla y otros municipios pudieron conseguir la construcción del puente Cuaterno sobre el Tiétar, que les uniría a Navalmoral. Esto fue de una importancia vital para la comarca, ya que podía comunicarse mediante el Ferrocarril con toda España. Jaraíz pudo conseguir el tramo que le une a esta carretera de Jarandilla-Navalmoral en 1929, pero el puente del Tiétar por Casatejada no se construiría hasta los años cincuenta.
Por las misma fechas comienza a gestionarse la construcción de la carretera de La Vera Plasencia-Oropesa, pero ya en 1911 comienzan los primeros problemas porque no había dinero para pagos de la “expropiación de los terrenos a los vecinos de Tejeda y Pasarón” (A. M de J.). Sin embargo los hombre de la Vera no estaban dispuestos a que se paralizaran las obras, y los vecinos de los municipios ponen a disposición de los ayuntamientos las garantías necesarias para obtener del Banco de España los créditos necesarios, como pasó en Jaraíz, que firmaron las garantías para la “obtención de 25.000 pts D. Ramón Arjona y D. Víctor Jiménez” (Ar. M). En el 1919 ya era una realidad la carretera hasta Jaraíz y, poco a poco, se completará hasta su tramo final en este primer tercio del siglo XX.
En las carreteras fueron haciendo aparición los nuevos medios de transportes: coches, camionetas y autobuses, que durante años van a convivir con los tradicionales: carros, carretas, coches de caballos y caballerías.
El Telégrafo y la Estafeta de Correos, serán imprescindibles para el desarrollo general de la comarca, y de una manera especial para las transacciones comerciales a nivel nacional e internacional. Hasta los primeros años del siglo XX el Correo seguía obteniéndose mediante las técnicas tradicionales, con un peatón que lo recogía en las estaciones ferroviarias más cercanas: Navalmoral y Casatejada.
En 1909, por la Ley Fundacional del 14 de junio se creó como organismo autónomo de Correos, la Caja Postal de Ahorros, por los que desde los municipios veratos más importantes se solicita la concesión de una Estafeta de Correos. Solo podrán solicitarlo Jarandilla, por ser cabeza de partido, y Jaraíz, debido a que era un centro comercial importante. A esta población se le concedió la Estafeta el 21 de octubre de este mismo año. La Estafeta dependía de la Administración de Plasencia, de donde venía el correo los lunes y viernes y se recogía los jueves y domingos. El vehículo empleado era la diligencia o coche de caballos pero cuando se terminó la carretera será el autobús llamado “la Verata” el encargado de llevarlo a todos los municipios.
El Telégrafo fue el primer medio de comunicación moderno que se instaló en la Comarca, ya que el teléfono, aunque se hacen las gestiones pertinentes no se instalará hasta después de varias décadas. En 1913 se solicita la instalación del telégrafo exponiendo la necesidad debido al aislamiento de la zona. Los ayuntamientos ofrecen los locales para su instalación de una manera gratuita, además de “vivienda para el encargado y el mobiliario necesario para ella” (Ar. M. De J.), con estos ofrecimientos el Telégrafo se instaló en seguida en la comarca.
Por tanto, el desarrollo de las comunicaciones será uno de los factores que hicieron posible el espectacular desarrollo del pimentón en el primer tercio del siglo XX junto a otros que hemos ya señalado: la extensión de los regadíos y la aplicación de las nuevas técnicas de cultivo así como el paso de la artesanía a la industria moderna con la aparición de la electricidad en la comarca y la introducción de las nuevas técnicas de comercialización del producto.
Debido a la extensión del tema, hemos creído conveniente continuar desarrollándolo en el próximo trabajo, donde estudiaremos la evolución del cultivo y producción del Pimentón en los dos últimos tercios del siglo XX y XXI.
Hablaremos de temas tan importantes como el “Medierismo y los Medieros” y el sistema de explotación y la propiedad de la tierra. Estudiaremos, además, la formación del llamado “Gremio de los exportadores” y la creación del sindicato o la Unión de Productores del Pimentón así como de la “Crisis de los años sesenta”.
Dedicaremos un apartado al “Pimentón en el último tercio del siglo XX donde veremos la evolución del sistema de cultivo, los cambios de propiedad y el sistema de explotación de la tierra, terminando con un capítulo dedicado a la comercialización y las comunicaciones.
La lucha por la calidad del pimentón será también otro objetivo de nuestro estudio, ya que esta lucha fue constante durante todo el siglo XX hasta conseguir la “Denominación de Origen” a principios del siglo XXI.
Terminaremos con un análisis completo del “Museo del Pimentón”, cuyas instalaciones se han llevado a cabo en el “Palacio del Obispo Manzano”, un edificio barroco de gran interés artístico, casa del mencionado Obispo.
Profesora e investigadora.
I.- Síntesis histórica y geográfica
I.A.- Síntesis geográfica.
La Vera es una de las comarcas más interesantes del país por la belleza de su paisaje, la riqueza de su suelo, la variedad de cultivos, lo abundante de sus aguas y la benignidad de su clima. Estos aspectos hacen de ella un verdadero vergel cantado por artistas y poetas de todas las épocas.
Está situada en la Alta Extremadura, entre el Murallón de Gredos y el Valle del Tiétar, formando una plataforma inclinada de unos 76 kilómetros de longitud por unos 20 kilómetros de anchura, aproximadamente. Está surcada por pequeños valles fluviales, denominados “gargantas”. El Nudo de Gredos se inicia con el pico del Moro Almanzor (2.592 m) y continúa por la Sierra Llana y Sierra del Losar desde donde arranca la Sierra de la Loma de Cumbres con el pico de la Covacha (2.399 m) y el Cerro del Esteollo. De aquí parte la Sierra de Tormantos descendiendo en altura hasta la Sierra de Piornal y san Bernabé.
Geológicamente se formó en la Era Terciaria cuando los plegamientos alpinos presionaros el Macizo Herciniano de la Meseta fraccionando los materiales que elevaron unos bloques (hors) y hundieron otros (fosas). En el Cuaternario se completará la morfología cuando la fosa del Tiétar alcance su profundidad actual, acentuando la pendiente que hay entre los 2.500 m. de Gredos y los 300 m. del Valle. Esto hará que sea mayor la acción erosiva de las gargantas al deslizarse desde las cumbres nevadas formando impresionantes cascadas y gran frondosidad en sus valles, como podemos apreciar en las gargantas de Alardos, Minchones, Gualtaminos, Cuartos, Jaranda o Pedro Chate, todas ellas de indescriptible belleza.
Además de la formación geológica que determina la base de su suelo silíceo, hay otro elemento esencial en la constitución de su precioso paisaje: su clima. La Vera está protegida por las altas cumbres de Gredos de los vientos fríos del Norte, mientras la dulcifican los vientos húmedos del Atlántico, cuyas nubes cargadas de vapor de agua chocan con las montañas provocando una pluviosidad abundante, entre los 1000 mm y 1500 mm propios de la España húmeda, pero con la ventaja de que aquí los veranos son secos y calurosos. Esto da lugar a un “micro-clima” que hace de esta comarca un verdadero vergel. Aquí crecen juntos el castaño y el naranjo, el nogal y el limonero, el roble y el olivo y hace además posible el cultivo de los más diversos productos.
I.B.- Síntesis histórica
Según los distintos estudios arqueológicos realizados en la zona, La Vera estuvo habitada desde el Paleolítico Inferior, como demuestran los hallazgos encontrados en los márgenes del Tiétar. Son abundantes los restos del Neolítico y especialmente del Calcolítico, como el Dolmen de Villanueva y el Poblado y Necrópolis del Canchal de Jaraíz. En este último se ha hallado un gran ajuar funerario y presenta cámara circular con un pequeño corredor. Los celtas nos han dejado restos de su cultura en los famosos Castros. También se han encontrado “Verracos”, como el de Jaraíz.
La presencia romana fue muy importante una vez que La Vera se integrara en la Lusitania, ya que era atravesada por una de sus Calzadas secundarias que comunicaba la Vía de la Plata, por el Puerto del Pico, con la submeseta superior. Restos romanos se han encontrado en la mayor parte de los pueblos: estelas funerarias, aras votivas, necrópolis y villas. Según la tradición, durante la época de los Visigodos se levantó la Ermita del Salvador, cerca de Garganta, donde se refugiaron los obispos que vinieron huyendo del poder musulmán. Éstos entraron en España en el año 711 y rápidamente conquistaron La Vera, donde permanecieron hasta finales del siglo XII y principios del XIII., cuando fue conquistada por Alfonso VIII después de fundar Plasencia en 1186. De esta ciudad dependerá al constituirse en el “Sexmo” de La Vera.
En 1189 se fundará el Obispado placentino, en el que se incluirá La Vera como una de las mayores Vicarías del obispado cuya sede estará en Jaraíz.
Las aldeas se constituirán en municipios, repartiéndose los terrenos correspondientes y cada una los distribuirá entre sus aldeanos en parcelas iguales. Este sistema de repoblación difiere del resto de Extremadura, donde los repartos serán a base de latifundios entre la nobleza y las órdenes militares. Esto explica el mayor desarrollo socio-económico de La Vera con respecto al resto de la región.
Sin embargo, La Vera no se vio libre del poderío de la nobleza ya que los monarcas se ven obligados a atraerse a los nobles con motivo de las guerras civiles, como dice el historiador placentino Fray Alonso Fernández: “Sancho IV entregó Valverde y sus aldeas a D. Muñoz Pérez de Monroy. Alfonso XI entregó Pasarón, Garganta y Torremenga a D. Alfonso de la Cerda, que pasará en el siglo XVI a D. García Manriquez de Lara. El tercer señorío lo formaron Jarandilla y el Guijo que pasó a D. García Álvarez de Toledo”.
En el siglo XVI alcanzó La Vera el máximo esplendor en todos los aspectos: económicos, demográficos, culturales, artísticos y religiosos, culminando este apogeo cuando Carlos V eligió Yuste como su última morada, adquiriendo La Vera reconocimiento universal.
La decadencia española del siglo XVII afectará también a esta comarca, con una ligera recuperación en el siglo XVIII con las reformas de los Borbones, pero no se verá libre de los desastres de la Guerra de la Independencia así como de las Guerras Carlistas en el siglo XIX. A principios del siglo XX comenzará un gran periodo de recuperación y apogeo con el cultivo del pimentón y su exportación, además del comienzo de otro cultivo emblemático: el tabaco, que constituirá la gran riqueza de la zona en el siglo XX.
II.- Presentación del Arte Popular
Los núcleos urbanos de La Vera son de tal belleza y tipismo que la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional consideró en 1967 a diez de ellos “Conjuntos urbanos históricos-artísticos por poseer grandes valores culturales que merecen una protección oficial”. Debido al número de habitantes se los clasificó en dos categorías: como “Sitios Mixtos urbano-rurales” a Cuacos, Garganta, Guijo, Madrigal, Pasarón, Robledillo, Valverde y Viandar de primer orden por tener menos de 3.000 habitantes, mientras a Jarandilla, Losar y Villanueva se los declaró “Conjuntos urbanos histórico-artísticos de segundo orden” por pasar de ese número de habitantes. Todos ellos forman “conjuntos homogéneos y armónicos por su estilo, tipo de edificación, color de materiales; por estar emplazados en un paisaje de singular belleza y presentar un interés estético importante”. Éstas serán las características imprescindibles para tan alta denominación según la Comisaría de Patrimonio en 1967. En la actualidad, las poblaciones declaradas Conjuntos Históricos son: Pasarón, Valverde, Villanueva, Cuacos y Garganta.
Este arte popular, creado por los habitantes de sus respectivos núcleos urbanos, está de acuerdo con sus necesidades, con sus medios y con su mentalidad, ya que el arte culto es poco entendido por el pueblo; le impresiona pero no lo comprende. Los hombres de La Vera crean un arte original y de gran belleza, debido a su ingenio, a su creatividad y al deseo de superación que siempre les caracterizó, en medio de este vergel natural que es toda la Comarca.
El Arte Popular de La Vera estuvo en plena vigencia hasta la década de los años cincuenta, siendo a partir de entonces cuando comienza en algunos municipios su remodelación. Fueron varias las causas que influyeron en este fenómeno: por una parte, la gran afluencia de dinero debido a las buenas cosechas de pimiento y tabaco. Esto fue debido a la conversión en regadíos de las nuevas tierras de las márgenes del Tiétar como consecuencia de la construcción del pantano del Rosarito. Por otra parte, las funciones de la casa tradicional perderán vigencia con la mecanización, ya que el tractor y demás maquinarias sustituirán a los animales de labranza, que hasta ahora habían vivido bajo el mismo techo. Además, los nuevos materiales de construcción harán posible que la remodelación no sea demasiado costosa, pues se respetarán muros, plantas y voladizos, conservando la estructura general de la vivienda, pero adaptada a las nuevas necesidades.
Este fenómeno se ha ido extendiendo a diversos núcleos urbanos como signo de prestigio social, lo que explica la escasez de viviendas de “estilo verato puro” en algunos municipios como es el caso de Jaraíz. Esto no ha sucedido en otros, como en Garganta, El Guijo, Valverde, Villanueva, Cuacos y la mayoría de los pueblos, que han sabido salvar, casi en su integridad, su Arte Popular. En algunos casos se debe a la intervención de Bellas Artes, como en el típico Barrio de la Huerta de Garganta, cuyas restauraciones son un modelo a seguir al respetar todos los elementos constructivos y estructuras populares.
III.- El marco socio-político
El Arte Popular de La Vera, de tanta originalidad, tiene mucho que ver con la tradición socio-económica de la comarca, distinta al resto de Extremadura. Hay que buscarla en los orígenes fundacionales de los pueblos, como consecuencia del sistema de repoblación que se llevó a cabo después de la Reconquista, como ya hemos indicado.
Esto pueblos nacen como aldeas de la ciudad de Plasencia, habitadas por hombres libres e independientes, cuyas libertades están garantizadas en el Fuero que les otorgó Alfonso VIII cuando fundó esta ciudad. Aquí se llevará a cabo un reparto de tierras entre cada municipio de manera igualitaria. Las tierras adjudicadas a cada uno de los términos municipales se repartirán entre sus vecinos en lotes de semejantes proporciones. Con este sistema de repoblación se estableció un régimen de pequeños propietarios que contrastará con los grandes latifundios que obtendrá la nobleza y las órdenes militares en el resto de Extremadura.
Todo esto hace de La Vera una de las comarcas de más personalidad y de mayor nivel económico, dada esta distribución igualitaria de la riqueza, que ha permanecido a través de los siglos. Observando los censos del siglo XV se ve un insignificante número de nobles en toda La Vera, con solo 22 hidalgos y 66 clérigos, en una población de 6320 habitantes, según Montero Aparicio. Esto se traduce en la escasez de palacios y la poca diferenciación social que refleja el Arte Popular.
La persistencia del reparto igualitario de tierra se perpetuará en los siglos posteriores. En un estudio socio-económico que hemos hecho sobre Jaraíz en el siglo XVIII, observamos cómo de los 340 vecinos según el Catastro de Ensenada, 140 eran propietarios de sus tierras, mientras que unos 80 eran jornaleros y los demás pertenecían al sector servicios, profesiones liberales y artesanales, lo que indica la persistencia de pequeñas y medianas propiedades en la zona. Este fenómeno también se perpetuará en la Desamortización, según ha demostrado D. Teodoro Martín, ya que demuestra que las dehesas pertenecientes a los Bienes de Propios de los municipios, las compraban los vecinos en comunidad y luego las repartían en lotes de unas 8 hectáreas.
IV.- Estudio artístico: características generales y elementos artísticos
El sentido de la libertad de los habitantes veratos, ese personalismo e individualidad ha quedado plasmado en su Arte Popular. Esto le profiere una originalidad a sus casas, un tipismo a sus calles y plazas tal, que todo es diferente entre sí, libre como sus hombres, pero dentro de un conjunto armónico y rítmico cuyo encanto y belleza sólo es comparable a la de su paisaje natural. Ambos forman un ensamblaje maravilloso, donde el granito y el roble o el castaño, son elementos esenciales en el uno y en el otro.
El estilo verato se caracteriza por su sentido clásico en la composición general, ya que quedó configurado casi definitivamente en el siglo XVI. De ahí la importancia que se da a la columna clásica en sus plazas y en sus casas porticadas, que a veces es sustituida por “pie derecho de madera”.
En gran número de casas se emplea el “arco de medio punto” para sus portadas, muchas de ellas revestidas de materiales modernos. Otras veces se emplea el “sistema adintelado” que es el preferido en las construcciones de los siglos XVIII y XIX, como podemos admirar en las edificaciones de esta época. Algunos dinteles son de gran perfección, con inscripciones de la fecha o dueño y a veces con algún símbolo religioso si pertenecían a algún clérigo.
Los muros son de gran espesor y suelen ser de mampostería granítica hasta la primera planta. Cuando se emplea este material en toda la fachada, suele estar enmarcada en hileras de “sillar” bien labrado. Pero lo más generalizado es que las plantas superiores de que consta la vivienda sean de “adobe” con el singular entramado de madera que tan bien conjuga con el paisaje. Este entramado de madera ha sido revestido con materiales modernos en algunas viviendas. En todos los municipios encontramos dignos ejemplares de estas construcciones.
Los tejados son de doble vertiente, con teja árabe y suelen tener la misma inclinación, lo que contribuye a dar unidad al conjunto. Muy característicos son los voladizos, que además de emplearse como recurso arquitectónico, sirven para ampliar las plantas superiores, por lo que se han respetado en gran parte, aunque revestidos de otros materiales. Sin embargo, las típicas solanas de madera han desaparecido en algunos lugares, siendo sustituidas por las de hierro, que siguen adornándose de “geranios” y otro tipo de flores para dar esa nota de alegría y tipismo a las estrechas calles tradicionales.
No obstante, los balconajes lígneos, siguen siendo uno de los elementos más significativos del Arte Popular. Estos tienen tal arraigo en la zona, que incluso se introducirán en el Arte Señorial, como podemos ver en el Monasterio de Yuste. Sobre el bello “pensil” de columnas graníticas, clásicas, los artistas veratos construyeron una típica “solana” de madera desde donde el Emperador podía divisar los bellos paisajes del valle del Tiétar; lo mismo ocurre con los restantes balcones que se abren en sus aposentos.
En Garganta, Cuacos, Guijo, Pasarón, Viandar y en los demás pueblos se pueden admirar bellos ejemplares tradicionales que conjugan con otros modernos muy bien conseguidos. Pero quizás sean Madrigal, Valverde y sobre todo Villanueva los que se llevan la “palma” en este tipo de balconajes. Sorprende contemplar las partes altas de los edificios, recorridos en toda la longitud de la fachada, por bellísimas “solanas” cuyas tracerías en las balaustrada son de un encanto inusitado, como las de la Calle Real, las del Corrillo, Pozo Llano, etc. Aunque son distintas entre sí, se conjugan de tal manera que parece un solo balconaje en el que se enmarca en perfil de la calle.
En general tienen todas las mismas proporciones, ya que los solares de las casas debían ajustarse a las medidas que el “Fuero de Plasencia” daba para la construcción de viviendas en las aldeas pertenecientes a la Ciudad. El “Título” de dicho Fuero que recoge esta norma es el 147 y se denomina “De facer casa en aldea”, que dice lo siguiente: “Todo omne que en aldea casa fiziese de nuevo haya IX pasos en cuadra por entrada y por exida. Et quien lo vedare, peche X maravedíes a los alcaldes…” Como puede observarse, todos los solares debían medir nueve pasos en “cuadrado”, castigando y multando a los que no cumplían las normas.
La igualdad en las proporciones se traduce en la homogeneidad y armonía en el conjunto arquitectónico, que es una de las características de este Arte Popular. Muy interesantes también son los balcones de “forja de hierro”, realizados por expertos artesanos que constituyeron un “gremio” importante en algunos núcleos, como en Jaraíz, que se ubicaban en calles propias, con su nombre: Calle de los Herreros. Estos balcones están hechos con gran maestría y perfección, y alternan con ventanales más o menos grandes, dependiendo de las necesidades de la vivienda.
Estas viviendas son diferentes entre sí, los que demuestra el ingenio de sus moradores al formar un conjunto tan diverso en cada una de sus calles, pero que se conjugan extraordinariamente, creando un todo homogéneo y armónico. A pesar de la restructuración actual, se sigue conservando ese sentido de unidad a través de elementos diferentes, por lo que resulta más atractivo e interesante pasear por estas calles y plazas, y admirar la armonía con que se conjuga esa variedad de elementos diferentes.
A este respecto, recordemos las palabras de Unamuno cuando paseó por las calles de la Vera en 1920: “…las casas de trabazón de madera, con aleros voladizos, sus salientes y entrantes, las líneas y contornos que a cada paso rompen el perfil de la calleja, dan la sensación de algo orgánico, y no mecánico, de algo que se haya hecho por sí, no que lo haya hecho el hombre”.
V.- Estructuración de la vivienda
La casa verata responde al tipo de casa-bloque para desempeñar las diversas funciones de acuerdo con las necesidades de cada vecino: vivienda, lugar de trabajo, almacén, albergue de animales, etc.
Según el Catastro de Ensenada de 1753, la mayor parte de los vecinos eran labradores propietarios, pero también había un gran número dedicado a la artesanía. Por este motivo hay una diferenciación en la vivienda que afectará a la planta baja, ya que era el lugar donde se instalaba el taller, en el caso del artesano, o la tienda en el caso del tendero, mientras para los labradores era el lugar de acogida de animales de labranza y de los “aperos”. Cada planta tiene una función específica, por lo que las otras dos, la dedicada a la vivienda y al granero, eran semejantes.
En la casa de los labradores propietarios, una amplia portada daba acceso al “patio”, espacio lo suficientemente grande para cargar y descargar las “caballerías” con los productos agrícolas. Por el patio se pasaba a la “cuadra” o lugar para las “caballerías” que a su vez comunicaba con el “corral”, donde estaban los demás animales domésticos: cerdos, gallinas, etc. También se abrían al patio otras dependencias, como el “cillero” o lugar donde se elaboraba el aguardiente y el vino, a la vez que se guardaba el aceite o la miel. En otras dependencias se guardaban los aperos de labranza. La bodega solía ser subterránea, en forma de cueva, con espacios excavados donde se instalaban las grandes “tinajas” para el vino.
En el caso de que se tratara de una casa de artesanos o tenderos, en la planta baja era donde se instalaba el taller con sus dependencias, o la “tienda” con un almacén interior denominado “trastienda”. Como no necesitaban corrales, ni tanto espacio como los labradores, estos gremios de artesanos y tenderos se ubicaban en las plazas y calles adyacentes: “Calle de los Herreros”, “de los Herradores”… La primera planta es semejante en todas las viviendas: se accede a ella por la escalera que parte del patio y llega a la “ antesala”, especie de amplio “hall” decorado con objetos de cobre y loza fina, alrededor de la cual se ubican las demás estancias, dormitorios o “salas”. La “sala” principal es muy amplia y puede comunicar con otras más pequeñas, sin ventanas exteriores, denominadas “alcobas” que solían ser dormitorios.
En la última planta se encuentra el “sobrao”, amplio espacio por donde se da acceso al granero, pajar o leñera y también a la cocina con su chimenea. El paramento que da a la cocina solía decorarse con la llamada “espetera”. Aquí se colocaba la “tabla de tinajas”, imprescindibles para contener el agua, que se adornaba con otros utensilios domésticos como loza, sartenes, candiles, etc. La cocina se comunicaba con la “solana” orientada generalmente al mediodía, imprescindibles para secar los frutos de la tierra, como las “ristras” de pimiento. Como hemos indicado ya, este tipo de viviendas ha sido remodelado para adaptarse a las necesidades actuales. Las plantas bajas, al perder su primitiva funcionalidad con la mecanización del campo, se han aprovechado para la instalación de la cocina moderna, del cuarto de baño y la sala de estar en la mayoría de los casos. En otras viviendas, las antiguas tiendas y talleres se han convertido en todo tipo de lugares de negocios actuales.
VI.- Las casas-palacio
Junto a los vecinos “pecheros”, una minoría de nobles de segunda categoría habitaba en nuestros pueblos. Según los Censos, para una población de 6.320 habitantes solo había 22 hidalgos y 60 clérigos. Esto dará lugar a que junto a la vivienda popular se levante alguna casa-palacio permaneciente a los mismos.
De estos hidalgos saldrán valientes capitanes para la conquista americana. Destacan “D. Gaspar de Loysa, Capitán de las Indias de Jarandilla, que fundó una capilla en 1599 en la Iglesia parroquial”. En Jaraíz, los textos hablan de otros hidalgos: “…A la conquista de Méjico y Perú salieron algunos solados famosos como los Carvajales, Villalobos, Escobares…”. Lo mismo ocurre en Cuacos, Garganta y demás poblaciones, donde también la nobleza eclesial construirá sus casas-palacio cuyas características se relacionan con el arte culto, pero con matices del Arte Popular.
Por lo general, los muros son de piedra de mampostería encalada y sillar isódomo en las esquinas, aunque algunos tienes la fachada de cantería bien labrada. Las grandes portadas están formadas por arcos “ojivales” o de “medio punto” con hermosas “dovelas” y “jambas” molduradas. También son abundantes las portadas alquitrabadas sobre cuyos dinteles suelen lucir los blasones de los linajes de sus dueños.
Los paramentos superiores suelen ser de adobe con trabazón de madera, generalmente encalados, característicos del Arte Popular, igual que las solanas de madera.
Una de las casas-palacio que mejor simboliza esta unión de lo popular con lo señorial es la casa de D. Juan de Austria de Cuacos. Es una vivienda porticada con columnas de granito y hermosa portada con arco de “medio punto”. La planta alta es de gran sencillez, encalada, por lo que se oculta el entramado de madera. En ella se abren tres sencillos balcones con balaustradas de madera, que contrastan con las hermosas “solanas” de la fachada posterior que dan a un huerto. Este tipo de vivienda está muy extendido por todos los pueblos.
Hay otro tipo de vivienda en que los elementos de la arquitectura culta invaden toda la fachada. Estos palacios suelen tener las mismas proporciones que las demás viviendas y se ubican entre ellas. Las fachadas son de cantería, con bellos escudos que nos hablan de sus ilustres moradores y están rematadas con cornisas de piedra. Poseen hermosos balconajes y ventanales, algunos son “ajimezados” con arcos “trilobulados”.
Entre este tipo de vivienda destacamos el Palacio del Obispo Godoy, en Aldeanueva, del siglo XVII. Fue obispo de Sigüenza y murió en 1677, según la inscripción que hay en el dintel de su portada. El edificio original consta de dos plantas de sillares de granito, separadas por una cornisa. En ellas se abren dos hermosos balcones entre los que destacan dos escudos con los emblemas del obispo: las borlas episcopales, el capelo, el yelmo y una “cruz gamada” en un círculo muy decorado. La última planta es una adición actual que no tiene nada que ver con el edificio.
Otra mansión interesante es la de D. Luis Prieto, de Pasarón, Capitán de las Indias. Es de estilo clásico, con balcones y ventanales arquitrabados igual que la portada, sobre la que hay una inscripción: “Sustine abstine” con la fecha de 1607.
El palacio del Obispo Manzano, de Jaraíz, es una de las manifestaciones más interesantes del Barroco del siglo XVII. Es un monumento grandioso, esbelto, equilibrado, cuyas formas están cerca del arte grandilocuente de Gómez de Mora. Es de planta rectangular y se adosa por el lateral septentrional a otras construcciones, por lo que solamente son visibles las tres fachadas restantes. Consta de tres plantas separadas por “impostas” y con los muros de mampostería alternando con hiladas de ladrillo que le dan una singular policromía y originalidad. Los “vanos” son todos arquitrabados y se enmarcan en ladrillos colocados a modo de dovelas. En la fachada sur se abre una gran portada formada por hermosas “jambas” de granito. Estas sirven de apoyo al perfecto dintel sobre el que se eleva el balconaje de forja que recorre gran parte de dicha fachada. El bello escudo de D. Juan Domingo Manzano Carvajal, mandado colocar en el siglo XVIII, está situado entre los dos vanos centrales que dan al balconaje. Es un escudo cuartelado con los blasones de su linaje: el manzano, la flor de lis, la banda transversal y el león rampante, además de las borlas episcopales y el capelo cardenalicio. En la actualidad es el Museo del Pimentón de la Vera.
VII.- El trazado urbano: plazas, barrios y calles
VII.A.- Las plazas
La estructura urbanística es semejante en todos los municipios, ya que tienen todos el mismo origen, como “aldeas” de Plasencia después de su fundación en 1186 por Alfonso VIII. Las aldeas se ubicaban en sitios protegidos por castillos y fortalezas, siguiendo la antigua vía romana que comunicaba con la Submeseta Norte por el puerto del Pico. Los pobladores cristianos irán conquistando sus núcleos primitivos junto a estas fortalezas, de las que aprovecharán los torreones para el campanario de sus iglesias, como es el caso de Cuacos, Pasarón o Jarandilla. Alrededor de las Iglesias se abrían las primeras plazas públicas donde confluían las calles estrechas e irregulares más primitivas. Estas plazas eran el centro de la vida religiosa y civil, donde se realizaban toda clase de eventos.
A partir del siglo XV, y especialmente en el siglo XVI, la población se duplicó en todas las aldeas, lo que se tradujo en la ampliación de su núcleo urbano. Será ahora cuando se construyan sus Plazas Mayores, que comunican con el antiguo núcleo por una calle principal, además de abrirse nuevas vías más amplias y regulares. Algunos pueblos remodelan la primitiva plaza de Iglesia, que seguirá siendo su Plaza Mayor, como en Jarandilla , el Losar o Arroyomolinos.
Las Plazas Mayores eran el centro de reunión de esparcimiento y de convivencia, donde se celebraban todo tipo de actos culturales y festivos: bailes, danzas, teatro, toros…así como centro comercial para los mercados y ferias.
Todas estas plazas son de gran belleza y originalidad, adaptándose en lo que pudieron a las “Ordenanzas municipales de la Monarquía del siglo XVI”: “… que la plaça sea un cuadro prolongado que por lo menos tenga de largo una vez y media de su ancho…”. En efecto, la mayor parte de las plazas, como las de Pasarón, Garganta, Aldeanueva… cumplen más o menos con estas normas. Destaca la de Cuacos por sus proporciones “armónicas o áureas”, de 48 m de longitud por 30 m de anchura, porticada en su lateral meridional.
Otro elemento arquitectónico imprescindible en las plazas son los “soportales”, sin los cuales hubiera sido muy difícil la convivencia en los rigores del invierno y la realización de los mercados, así lo mandan las Ordenanzas: “Toda plaça a la redonda tenga portales, porque son de mucha comodidad para los tratantes que aquí suelen concurrir…”.
Los portales suelen ser arquitrabados y escasean los formados por arcadas. Por lo general están sostenidos por columnas clásicas de granito, con “basas” sencillas, “fustes” cilíndricos pero capiteles muy variados: toscanos, jónicos, platerescos… También hay soportes de madera, formados por un “pie derecho” de madera, con grandes “zapatas” y “basas” sencillas de granito, siendo uno de los elementos más característicos de este arte popular.
La plaza de Valverde es una de las más monumentales y bellas. En ella las columnas de los soportales han sido sustituidas por hermosos “pilares” de gran altura, decorados con “ovas” y con elevadas “basas”. Esto permite que las edificaciones tengan “entresuelos” que se asomen a los portales por artísticas “solanas”, que les dan una gran originalidad. La plaza de Villanueva se caracteriza por la armonía con que conjugan los elementos en un todo unitario, representado en el ritmo de sus pórticos.
Muy original es la plaza de Jaraíz, debido a la diferencia de altura de sus construcciones. Los portales y edificaciones del lateral norte están construidos sobre el antiguo castillo “Jariza” que da nombre a la población, según los documentos consultados. Esto hace que haya una diferencia de altura entre los diferentes portales y edificaciones, que le dan gran originalidad y monumentalidad.
El Ayuntamiento o Casa Consistorial preside la Plaza Mayor, testigo de los avatares históricos de cada pueblo. Suele ser un edificio noble, de estilo renacentista, con columnas clásicas, vanos y portadas adinteladas o de medio punto y con amplias “solanas”. La mayor parte de ellos han sido restaurados y algunos construido nuevos, pero siguiendo el estilo artístico anterior, por lo que no pierde armonía la Plaza, sino que le da mayor prestancia.
Los ayuntamientos de Garganta, Jarandilla o Cuacos son buenos ejemplos de los remodelados, mientras el de Jaraíz lo es de los de “nueva planta”, de estilo neoclásico, de gran monumentalidad y con arcadas de medio punto en sus portales.
Un elemento singular de todos estos monumentos es la “torre del reloj” que dibuja su silueta sobre las demás edificaciones. El “reloj” era un elemento imprescindible para la vida de los pueblos, ya que dirigía el horario del trabajo y los acontecimientos importantes de estas sociedades rurales. La incorporación de relojes en el siglo XIX dio un aire de modernidad a las torres, como las de Garganta o Viandar, adornadas con tracerías neogóticas de hierro.
Presidiendo todas las plazas mayores se encuentra el pilar o fuente típica, dando la nota poética al conjunto.
VII.B.-Los barrios y calles
En las aldeas donde el número de artesanos era considerable, estos se agrupaban por barrios o calles, y les daban el nombre de sus respectivos “gremios”, que aún perduran en algunos de los municipios: “Calle de Herradores”, “Calle de los Pedreros”, “Calle de los Herreros”…
También se agrupaban por etnias, formando barrios diferentes dentro de los mismo núcleos, sobre todo a partir de las “Ordenanzas de 1480”, acordadas en las Cortes de Toledo. En ellas se prohíbe vivir juntos a moros y judíos con los cristianos, en el título denominado “Apartamientos”. Pero esta orden no se cumplía a veces, por lo que, en 1491, el Corregidor de Plasencia recibió una carta que prohibía a los judíos de “Plasencia y su Tierra” (sus aldeas) salir de sus barrios.
Según L. Suárez Fernández, las “aljamas” más importantes estaban en Garganta, Pasarón, Valverde, Jarandilla y Jaraíz. Solamente Jaraíz, con Cuacos, Pasarón y Garganta pagaban un impuesto de 23.019 maravedíes y Jarandilla y Tornavacas, 35.716 ms., lo que indica la importancia de esta población.
Todos los pueblos tenías sus juderías, con calles estrechas y sinuosas y con característicos pasadizos. Una de las más interesantes es la de Garganta, conocida por “el barrio de la Huerta”, a la que se accede por una calle muy estrecha, “Calle Oscura” y por la “Calle de la Huerta” que se abre en forma de triángulo a una plazuela porticada en su lado de poniente. Los portales están sostenidos por “pie derecho” de madera, con grandes “zapatas” y bases de piedra. Las casas tienen amplias “solanas” de madera o de hierro y sus portadas adinteladas o de arco de medio punto, pero todas de granito bien labrado que nos hablan del poderío económico de los judíos.
Aunque en 1492 fueron expulsados los judíos por los Reyes Católicos, gran parte de ellos se convirtieron al cristianismo para permanecer en sus casas y no perder sus bienes. Muchas conversiones fueron aparentes, por lo que se establece en Garganta una “casa de tortura” fundada por la “Inquisición” para castigar a los falsos conversos (hoy es un museo que se puede visitar). Así lo dice el historiador de Plasencia del siglo XVI Fray Alfonso Fernández: “…muchos, por no vender sus bienes a menos precio…se bautizaban, algunos con llaneza y otros por acomodarse a los tiempos…”…
La población mudéjar fue muy importante y la convivencia con cristianos y judíos fue muy buena, garantizada por la legislación del “Fuero de Plasencia”. Eran una población muy trabajadora, especialmente en los campos, excelentes cultivadores de productos hortícolas. Cuando tuvieron que salir de la zona, por el Decreto de Expulsión de Felipe III, los campos quedaron abandonados, siendo una de las causas principales de la decadencia de la comarca en el siglo XVII.
Estas aljamas y juderías, junto a las calles de los gremios, a sus plazuelas y casas palacio, dan un encanto tal a cada uno de los pueblos, que es imposible describirlo. Hay que pasear por sus estrechas calles, atravesar sus pasadizos, “sentir la intimidad de las sombras” al calor de los grandes voladizos, que parecen unirse, como dijo Unamuno cuando visitó nuestros pueblos en 1920: “La calleja se retuerce y no se ve de un extremo a otro. No es un canal de curso recto, es más bien como el cauce de un río que fuera culebreando. Y se siente la intimidad de las sombras…”.
VIII.- Las Fuentes
Las fuentes son unos de los elementos más significativos del paisaje urbano de la Vera, debido a la gran pluviosidad de la zona, que se traduce en un número elevadísimo de manantiales de excelentes y frescas aguas, cantadas por poetas de todas las épocas y de las que Madoz nos da una pormenorizada referencia de cada uno de los pueblos.
Existen dos tipos de fuentes: el pilar y la fuente propiamente dicha. Esta es más sencilla y se ubica en la entrada de los municipios y en las calles donde existen manantiales. Está formada por uno o varios caños que se instalan en un frontal de piedra y que dejan caer sus abundantes aguas a una pila rectangular de granito, más o menos grande para poder beber las “caballerías”.
Algunas de estas fuentes son muy hermosas, como la de “los Ocho Caños” de Aldeanueva, situada en la plaza que le da su nombre. En Garganta contamos con dos muy importantes: la del “Chorrillo” y la “Piornala”, con una inscripción en el frontal con la fecha de su ejecución en 1677. Es muy interesante la de la plaza Mayor de Torremenga por la decoración del frontal con motivos florales y la enorme pila decorada con motivos geométricos. Destacan también las de Cuacos, Valverde y Arroyomolinos.
Pero la fuente más típica es la denominada “pilar”, con doble función: decorativa y de abastecimiento, situada generalmente en el centro de las plazas. El modelo en el que se inspiran es en la preciosa fuente que existe en el “Pensil” o terraza cubierta del Monasterio de Yuste, regalo de la ciudad de Plasencia al Emperador Carlos V.
Estas fuentes suelen estar formadas por un cuerpo inferior de sección circular o poligonal, de granito bien labrado, decorado con molduras, que forman la “pila” propiamente dicha. En el centro de esta se levanta un cilindro que se eleva a bastante altura sobre la pila, y que sostiene un pequeño cuerpo esférico o un remate cónico decorado de donde salen los caños. Todos los pueblos cuentan con alguna fuente de este tipo, siendo uno de los elementos más significativos del paisaje urbano y lugar de encuentro de los jóvenes de otros tiempos.
Una de las más interesantes es la llamada “Fuente de los Chorros” de Cuacos, que da nombre a la plaza donde está instalada. Presenta las piedras de los bordes superiores de la pila desgastados por el roce de los cántaros a través de los siglos, ya que por sus características podemos fecharla del siglo XVI.
De gran belleza también en la de la plaza de Valverde, por la perfección de su estructura y por su decoración, a base de pequeñas “ovas”, flores, y otros motivos decorativos entre los que destacan los emblemas de los Zúñiga.
Con el renacer económico de la zona a finales del siglo XIX y en el siglo XX, aumenta el número de este tipo de fuentes, como hemos comprobado en los archivos municipales: “…El 13 de Abril de 1873 se nombra una comisión para acordar en el sitio que se ha de construir una fuente en la Plaza Mayor, tan necesaria tanto para el consumo de la población, como para las caballerías” (Arch. M. de Jaraíz).
En la actualidad todos los municipios cuentan con alguna fuente típica de este tipo
IX.- Conclusión
A través de estas líneas hemos contemplado el “Arte Popular” de La Vera. Hemos descrito su estilo, sus elementos constructivos y artísticos, así como sus plazas, sus barrios, sus calles, sus viviendas, sus casas-palacio, sus fuentes y pilares… Todo esto, junto a su impresionante paisaje natural configuran una de las comarcas más bellas del país, en la que cinco poblaciones han sido declaradas “conjuntos históricos-artísticos” como hemos ya referido.
Pero en La Vera no solo podemos admirar el “Arte Popular”, sino también el Arte Señorial, con sus castillos y palacios y, especialmente, el Arte Religioso. El Arte Religioso tiene una importancia tal que gran número de templos han sido declarados de “interés histórico-artístico”, como son: la iglesia de San Miguel de Tejeda, Nuestra Señora de la Asunción de Cuacos, la de San Pedro de Aldeanueva, la de Santiago Apóstol del Losar, la de Santa María de Jaraíz y la de Nuestra Señora de la Concepción de Villanueva.
Muchas de estas iglesias lucen como campanarios las medievales “torres Vigías”. Todas ellas poseen precioso retablos renacentistas y barrocos con una imaginería impresionante de diferentes estilos. También cuentan con una gran cantidad de ermitas y cruceros. Hemos referido ya la fascinación que Unamuno experimentó cuando recorrió nuestras plazas y calles a principios del siglo XX. Pero han sido literatos y poetas de todas las épocas los que han cantado la belleza de estos pueblos junto al vergel cultural que es su paisaje y que conjuga plenamente con las manifestaciones artísticas que hemos referido.
Vamos a terminar con lo que nos dice de La Vera el historiador placentino del siglo XVI, Fray Alfonso Fernández: “La Vera y el Valle son los sitios más deleitables, amenos y fértiles que hay en España, y aún en Europa y Asia. Y si los griegos creyeron que estaban en España los Campos Elíseos, habitación de los dioses y premio de los varones justos, en ninguna tierra se podía atribuir con mayor fundamento que a la Vera…Excede a todo el resto de España en abundancia de regalos diferentes que produce la tierra, y en aguas y aires saludables… En los altos está poblada de castañares, y en los bajos de viñas, olivos, higueras, jardines y todo género de frutas…”. Sigue el autor en varias páginas describiendo la belleza y la abundancia de sus productos, así como de sus gargantas, de sus montañas coronadas de nieve. También cita algunos de sus ilustres habitantes: “Es toda la tierra sana, de aires saludables, que por eso el emperador Carlos V, monarca del mundo, en su vejez, se vino a recoger a ella…”.
Yuste es el símbolo más emblemático de los valores de La Vera. El hecho de que Carlos V, el hombre que recorrió toda Europa, el único emperador europeo-americano, viniera a descansar a estas tierras, certifica lo que Fray Alfonso afirma en su libro.
No podemos terminar este trabajo sin poner en valor el producto que en la actualidad más fama da a la comarca: “el Pimentón de la Vera”, el llamado “oro rojo” que es considerado el mejor del mundo por su calidad. Hoy día podemos conocer su historia, sus técnicas de cultivo, los métodos de fabricación y su comercialización en el Museo del Pimentón de Jaraíz.
Álvarez Villa, J., Arte en Extremadura, Ed. Noguer, Vitoria 1979.
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References: Artículo 60
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Artículo 136
 Artículo 593
 Artículo 595