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Timestamp: 2018-02-19 06:43:26+00:00

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LECCIONES DE LOS PROCESOS DE PAZ ENCENTROAMÉRICA, 20 AÑOS DESPUÉS by Universitat Internacional de la Pau UNIPAU - issuu
LECCIONES DE LOS PROCESOS DE PAZ EN CENTROAMÉRICA, 20 AÑOS DESPUÉS
Jordi Urgell García Escola de Cultura de Pau de la UAB
El pasado mes de agosto se cumplieron 20 años de la firma del Acuerdo de Esquipulas II, el pacto entre los cinco presidentes centroamericanos que permitió iniciar un triple proceso de pacificación, democratización e integración de Centroamérica y que recibió, en la persona del Presidente costarricense Oscar Arias, el Nobel de la Paz de 1987. Dos décadas después, sin embargo, los que en su momento fueron calificados como los mejores acuerdos de paz de la historia han quedado hipotecados por su escasa implementación y no han sido capaces de subvertir la situación de violencia estructural y crisis económica, política y social en la que se halla sumida Centroamérica. Sin embargo, el proceso de pacificación del istmo centroamericano fue enormemente original y efectivo y tuvo un impacto notable en la teoría y la práctica de la resolución de conflictos. Así, el siguiente artículo analiza algunos de los aspectos más innovadores e interesantes del proceso de negociación en Centroamérica, así como algunos errores o dificultades, y trata de aplicarlas a algunos de los procesos de paz actuales.
II.- GUERRA Y PAZ EN CENTROAMÉRICA Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, y especialmente durante los años 80, los cinco países centroamericanos se vieron afectados de un modo u otro por la guerra. En Guatemala, El Salvador y Nicaragua se libraron cruentos conflictos armados entre guerrillas alentadas e inspiradas por la revolución cubana y regímenes militares que habían detentado el poder de forma autoritaria desde los años 30 al amparo de las políticas de contención del comunismo. Los otros dos países del istmo, Honduras y Costa Rica, también se vieron afectados por la conflagración bélica no sólo por el flujo de personas
refugiadas sino también porque su territorio fue utilizado por la llamada Contra nicaragüense para luchar contra el Gobierno sandinista. Precisamente el triunfo de los sandinistas en 1979 fue el hecho que convirtió a Centroamérica en uno de los principales escenarios de la Guerra Fría. Desde la perspectiva estadounidense, la consolidación de un eje La Habana-Managua y la posibilidad de los subsiguientes triunfos revolucionarios en Guatemala y El Salvador, todo ello a escasos kilómetros de sus fronteras, suponían un serio revés a su confrontación geoestratégica con la Unión Soviética, que en ese mismo año había invadido Afganistán y había visto la Revolución del Ayatolá Jomeini en Iran. En efecto, la derrota de Somoza y el triunfo sandinista provocaron cierta euforia revolucionaria en la región (“¡Si Nicaragua venció, El Salvador vencerá y Guatemala le seguirá!)” y pusieron en estado de alerta máxima a EEUU y los regímenes militares de Centroamérica, que no dudaron en impulsar unas estrategias contrainsurgentes enormemente brutales. En Guatemala, según reconoció Naciones Unidas, el Estado perpetró actos de genocidio contra las comunidades mayas en su intento de restar apoyo social a la guerrilla (“quitarle el agua al pez”). En El Salvador, los escuadrones paramilitares llevaron a cabo violaciones masivas de los derechos humanos para combatir a las tropas insurrectas. En Nicaragua, la Administración Reagan abortó el potencial transformador de la Revolución sandinista a través de la asfixia económica, el aislamiento diplomático y la creación de grupos armados opositores al Gobierno sandinista, la Contra, que llevaron al país a una dura guerra durante los años 80. Ya desde mediados de los años 70 habían empezaron a proliferar numerosas iniciativas internacionales para contener la crisis centroamericana, pero no fue hasta la segunda mitad de los años 80 que todos estos intentos de pacificación cristalizaron en el Acuerdo de Esquipulas II, un proceso de concertación política al más alto nivel que gozó del apoyo de Naciones Unidas y la OEA y que propició la alternancia democrática en Nicaragua (1990), los acuerdos de paz de El Salvador (1992) y Guatemala (1996), la desmovilización de decenas de miles de soldados y guerrilleros o el establecimiento de algunas instituciones regionales comunes1.
Algunas de dichas instituciones (y sus fechas de creación) son las siguientes: Parlamento Centroamericano (PARLACEN, 28 de octubre de 1991); Sistema de Integración Centroamericana (SICA)-Protocolo de Tegucigalpa (13 de diciembre de 1991); Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ, 10 de diciembre de 1992), Protocolo al Tratado General de Integración Económica Centroamericana-Protocolo de Guatemala (29 de octubre de 1993); Tercer Protocolo al Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano y Otras Instancias Políticas (20 de agosto de 1994); Alianza para el Desarrollo Sostenible (ALIDES, Octubre de 1994); Tratado de Integración Social Centroamericana (TISCA, 30 de marzo de 1995).
Los principales aspectos del Acuerdo de Esquipulas         
Reconciliación Nacional Exhortación al cese de hostilidades Democratización y elecciones libres Cese de la ayuda a las fuerzas irregulares No uso del territorio para agredir a otros estados Negociación en materia de seguridad, verificación, control y limitación armamento Refugiados y desplazados Cooperación en materia de democracia, libertad, paz y desarrollo Verificación y seguimiento de compromisos
A pesar de que el camino andado en Centroamérica es irreversible y de que es absolutamente improbable el retorno a las armas, no es positivo el balance que puede hacerse en la región treinta años después de la primera iniciativa internacional de paz, veinte después de Esquipulas y diez después del Acuerdo de Paz en Guatemala (el último en la región). Los Índices de Desarrollo Humano son los más bajos de todo el continente y el apego a las instituciones democráticas decrece al mismo ritmo que se incrementan la exclusión social y la desigualdad. La identidad regional está escasamente arraigada y la integración sigue siendo una utopía en la que ningún país parece creer, de modo que todos miran hacia el norte en busca de tratados bilaterales de libre comercio. Los índices de homicidios se cuentan entre los más altos del mundo y en algunos casos se acercan e incluso superan las cifras de la época de los conflictos armados. Además, y lo que es peor, el incremento de la delincuencia común y la expansión del fenómeno de las “maras” están provocando tal psicosis en las sociedades centroamericanas que los Gobiernos aplican con total impunidad e incluso con ciertos réditos electorales políticas represivas de “mano dura” que vulneran sistemáticamente los derechos más fundamentales. Un ejemplo: Guatemala • El 2005 registró la tasa de homicidios más alta de los últimos 20 años (niveles del conflicto armado). • 10.000 personas han muerto en los últimos dos años por causas violentas. • El 90% de los homicidios se cometen con arma de fuego. • 43 millones de municiones vendidas anualmente y 260.000 armas en manos de particulares. • 85.000 agentes de seguridad privada con armas, de las cuales sólo 35.000 están registradas. • De las empresas de seguridad, aproximadamente la mitad son ilegales. • Hay un 97% de casos de homicidios no resueltos. Fuente: CEG, La violencia en Guatemala y la responsabilidad del Estado, (2006)
Sin embargo, a pesar de que los acuerdos de paz en Centroamérica no consiguieron aglutinar a su alrededor una mayoría político-social suficiente para erigirse en una verdadera agenda de cambio y transformación, cabe destacar que Esquipulas ha supuesto sin duda el intento más ambicioso de la historia de Centroamérica de superar las enormes contradicciones que se acumulan en las estructuras de poder desde hace como mínimo un par de siglos y que estallaron con toda su virulencia en los años 80. Además, el vigésimo aniversario de la firma del acuerdo de Esquipulas ofrece una buena oportunidad para, con la ya suficiente perspectiva histórica, analizar qué lecciones pueden aprenderse y aplicarse a los procesos de paz actuales.
III.- LECCIONES DE ESQUIPULAS
Concepción regional El proceso de Esquipulas partió de tres premisas fundamentales. En primer lugar, que Centroamérica es un mismo espacio geopolítico articulado a partir de cuestiones geográficas (istmo), históricas (Centroamérica accedió a la independencia como una federación de estados, aun cuando se desintegró al cabo de pocos años) o económicas (creación del Mercado Común Centroamericano en los años 60). En segundo lugar, que pese a algunas especificidades nacionales, buena parte de las causas que originaron el surgimiento de la violencia en los diferentes países de Centroamérica eran comunes. En tercer lugar, que la violencia y las dinámicas políticas de cada país podrían filtrarse o extrapolarse a los países vecinos. En definitiva, quedaba claro que, si el pasado y el destino de Centroamérica eran comunes, cualquier intento de superar y transformar la violencia en el istmo debía partir de un esfuerzo y una concertación regional. Actualmente, la lógica de concertación regional de Esquipulas podría ser enormemente útil en regiones muy vinculadas por la historia, porosas geográficamente e integradas en espacios políticos y económicos comunes, como los casos de África Occidental (la denominada región del Río Mando, que incluye Liberia, Sierra Leona, Guinea y Côte d’Ivoire), los Grandes Lagos (Uganda, Ruanda y RD Congo), Oriente Medio, los Balcanes, el Cáucaso o el Cuerno de África (Sudán-Chad, Sudán-Uganda, Somalia-Etiopía).
Responsabilidad y humildad en la resolución del conflicto Esquipulas se erigió en unos de los primeros intentos de América Latina por asumir y resolver sus propios problemas sin la intervención directa de potencias externas. De hecho, el proceso iniciado por los cinco mandatarios centroamericanos consolidó un espacio de diálogo y gestión de conflictos exclusivamente regional que, en diferentes momentos, tuvo que hacer frente a la oposición frontal de los EE.UU. Por otro lado, sin embargo, el proceso de paz de Esquipulas tuvo la humildad suficiente para aceptar el acompañamiento y el apoyo de ciertas iniciativas e instituciones que habían dejado claro su respeto por las decisiones políticas que se estaban tomando en Centroamérica, tal y como se recoge en el siguiente texto del Preámbulo del Acuerdo de Esquipulas: “Pedimos respeto y ayuda a la comunidad internacional para nuestros esfuerzos. Tenemos caminos centroamericanos para la paz y el desarrollo, pero necesitamos ayuda para hacerlos realidad. Pedimos un trato internacional que garantice el desarrollo para que la paz que buscamos sea duradera”. Así, si el proceso y el Acta de Contadora ya habían gozado del apoyo de algunas personalidades internacionales (como Gabriel García Márquez, Olof Palme o el Premio Príncipe de Asturias), en el caso de Esquipulas fueron el Papa Juan Pablo II, la Comunidad Europea y, especialmente, el Premio Nóbel de la Paz de 1987 al Presidente costarricense Oscar Arias, los principales apoyos internacionales del proceso. Además, los mandatarios centroamericanos también aceptaron la activa participación de la OEA y Naciones Unidas, tanto en la legitimación política del proceso y la creación de medidas de confianza entre las partes como en la supervisión del alto el fuego, el proceso de Desarme Desmovilización y Reintegración y la implementación de los acuerdos (ONUSAL y MINUGUA). Hoy, asistimos a un buen número de conflictos armados que, amparados en la retórica de la no injerencia y el carácter estrictamente interno de los conflictos, son gestionados exclusivamente desde el paradigma de la soberanía nacional y que no admiten ningún tipo de acompañamiento o intervención por parte de la comunidad internacional, como los casos actuales o recientes de Rusia (Chechenia), Myanmar, Argelia, Tailandia (sur), Indonesia (Aceh, como mínimo hasta que el tsunami obligó a aceptar la llegada de centenares de ONG internacionales), Sudan (Darfur) o China (Tíbet y Turquestán Oriental). Aún si la intervención de la comunidad internacional no garantiza una resolución del conflicto, pues en muchas ocasiones incluso ha distorsionado y eternizado la disputa, lo cierto es que la cerrazón política y mediática que muchos Gobiernos imponen sobre sus respectivos conflictos armados a menudo precede violaciones masivas de los derechos humanos.
Visión global, estructural e histórica del problema Uno de los aspectos fundamentales de Esquipulas fue que reconoció que el uso de la violencia por parte de los grupos armados estaba vinculado a causas históricas y estructurales más allá del contexto de Guerra Fría, como la desigualdad socioeconómica, la exclusión de segmentos importantes de la población, la falta de espacios de participación y representación política, la concentración de la riqueza y la propiedad de la tierra, la constante injerencia de las FFAA en los asuntos políticos de la región o el autoritarismo y el racismo de Estado. Dicho en otros términos, Esquipulas reconoce que los altos índices de violencia directa durante la segunda mitad del siglo XX son resultado de varios siglos de violencia estructural y, reconociendo el impacto que la dinámica de confrontación de bloques tiene sobre el conflicto armado, lo Si en el periodo entre finales de los años 40 y los años 90 numerosos conflictos se vieron cooptados por la dinámica de confrontación bipolar de Guerra Fría (y, por tanto, fueron analizados a partir del paradigma este-oeste), con el cambio de siglo se observa que la denominada lucha global contra el terrorismo también ha afectado a la resolución y análisis de muchos de los conflictos actuales. Así, muchos Gobiernos actuales –como Colombia, Sri Lanka, Filipinas, China, Rusia o Turquía- tratan de reducir muchas de las insurgencias armadas a las que se enfrentan a un fenómeno estrictamente terrorista, negando así cualquier motivación o legitimidad política de la lucha armada y despojándola de su sustrato histórico y estructural.
Paz como proceso largo, acumulativo y por etapas La pacificación de Centroamérica fue un proceso largo (transcurrieron 20 años entre las primeras iniciativas en el istmo y la firma del acuerdo de paz en Guatemala, el último de la región), pero tuvo la virtud de saber aprovechar y acumular los aspectos positivos que acontecieron en las tres grandes etapas del proceso (primeras iniciativas, entre 1976 y 1983, Contadora, entre 1983 y 1986, y Esquipulas entre 1987 y 1996). Dicho de otro modo, el proceso de Esquipulas inició su andadura en el punto en que había terminado Contadora, y Contadora tampoco puede entenderse sin las numerosas iniciativas que proliferaron a principios de los años 80.
El proceso de Esquipulas Antecedentes
Contadora Esquipulas I Plan Arias (febrero 87) Apoyo internacional
Acuerdo de Esquipulas II (6-7 agosto 1987)
El Salvador (1996) Guatemala (1996) Nicaragua (1990) Desmobilización
Democratización Integración
Nobel Paz Juan Pablo II
Durante la primera etapa2 se puso de manifiesto la gran preocupación de la comunidad internacional por la situación en Centroamérica, se evidenció la gran polarización en la partes en contendientes y la necesidad de la implicación de terceras partes para facilitar la resolución del conflicto, se constató la inviabilidad de fórmulas parciales y la conveniencia de hallar una solución global a los conflictos del istmo centroamericano y se relativizó la dimensión este-oeste de tales conflictos, remarcando a la vez otras causas no vinculadas con la Guerra Fría. Posteriormente, las gestiones del Grupo de Contadora, sintetizadas en el Acta de Contadora, aunque no cristalizaron en un acuerdo de paz, permitieron contener en cierta medida la violencia (el conflicto no se extendió a otros países), protegieron diplomáticamente a Nicaragua de una eventual intervención directa por parte de EEUU, legitimaron una solución política y dialogada al conflicto frente a aquellas voces que defendían la opción del “give war a chance”, esto es, que una victoria militar conllevaría una paz más sostenible, permitieron a Centroamérica liderar el proceso de resolución, incrementaron la confianza entre las partes y sentaron las bases de una comunicación fluida entre los distintos gobiernos centroamericanos. Además, Contadora no sólo fue el embrión originario del Grupo de Río3, el principal foro 2
En esta primera etapa se incluyen propuestas como el Proyecto global de pacificación para la región de Centroamérica (por parte de Omar Torrijos, Presidente de Panamá), la Iniciativa Cuenca Caribe, el Comunicado Franco-Mexicano u otras iniciativas por parte del Grupo de Nassau, la Comunidad Democrática de Centroamérica, el Foro Pro Paz y Democracia o la Comisión Sanford (EEUU). 3 El Grupo de Río, también conocido como Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política de América Latina y El Caribe, está conformado por Argentina, Brasil,
de concertación política que tiene actualmente América Latina, sino que alcanzó algunos consensos básicos que más tarde se incluirían o se perfeccionarían en acuerdo de paz de Esquipulas. (Murillo, 1999) En definitiva, el proceso de pacificación de Centroamérica alternó y combinó continuidad y ruptura. Continuidad por cuanto los objetivos y los principios negociadores del proceso se mantuvieron relativamente inalterados durante los años en los que se fraguó la paz en Centroamérica. Ruptura por cuanto se tuvo el valor de superar etapas cuando las ideas, los liderazgos o las dinámicas de negociación sufrían una erosión que impedía avanzar. De algún modo, la paz en Centroamérica se construyó al modo que se escalan las montañas más altas de planeta: asentando cotas de altitud con campamentos base, lo que permite proseguir la marcha en el momento en el que las energías y las condiciones metereológicas lo aconsejan. Por el contrario, actualmente existen numerosos procesos de negociación que, o bien no tienen la capacidad de aprovechar el acervo de las experiencias negociadoras previas, lo que obliga a recorrer caminos ya andados y a revisar consensos ya alcanzados (como los casos de Colombia, Sáhara Occidental, Israel-Palestina o Sri Lanka), o bien se hallan anclados en acuerdos y marcos de negociación del pasado que se han visto superados por la evolución de la realidad (como los casos de Osetia del Sur y Abjazia en Georgia, Armenia y Azerbaiyán o el NPA en Filipinas).
Concertación de esfuerzos entre Naciones Unidas y organismos regionales Más allá de los apoyos internacionales varios que tuvo el proceso de Esquipulas, la decidida colaboración de Naciones Unidas y la OEA aportó grandes dosis de legitimidad política y capacidad técnico-logística. Además, aunque ambos organismos se concentraron en esferas de gestión distintas, la colaboración que a menudo establecieron la ONU y la OEA supone un buen antecedente de la cooperación entre Naciones Unidas y distintos organismos regionales, mecanismo previsto en la Carta de Naciones Unidas pero que todavía no se ha explotado en toda su plenitud.
Colombia, México, Panamá, Perú, Uruguay, Venezuela, Chile, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Caricom, Centroamérica, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana. Los países de Contadora (México, Colombia, Venezuela y Panamá) formaron el núcleo original del actual Grupo de Río, a los que posteriormente se añadieron los cuatro países del llamado Grupo de Apoyo (Argentina, Brasil, Perú y Uruguay).
Actualmente, sin embargo, pueden identificarse varios contextos en los que existe la presencia (conjunta, coordinada o paralela) de distintos organismos regionales, como en Sudan (UNAMIS por parte de Naciones Unidas y AMIS por parte de la Unión Africana), Haití (MINUSTAH por parte de Naciones Unidas y misión de la OEA), la provincia indonesia de Aceh (Aceh Monitoring Mission, compuesta por la UE y ASEAN), RD Congo (MONUC por parte de Naciones Unidas y EUFOR por parte de la UE), Afganistán (UNAMA por parte de Naciones Unidas e ISAF por parte de la OTAN), frontera entre RCA y Chad (MINURCAT, integrada conjuntamente por Naciones Unidas y la UE), Kosovo (UNMIK por parte de Naciones Unidas, KFOR por parte de la OTAN y EUPT por parte de la UE), la provincia georgiana de Abjasia (UNOMIG por parte de Naciones Unidas y Fuerza de Mantenimiento de la Paz de la Comunidad de Estados Independientes), Somalia (UNPOS por parte de Naciones Unidas y AMISOM por parte de la Unión Africana), Iraq (UNAMI por parte de Naciones Unidas, EUJUST LEX por parte de la UE), República Centroafricana (BONUCA por parte de Naciones Unidas, Fuerza Multinacional de la CEMAC).
Renovación política de las elites Una vez “agotado” el modelo de negociación de Contadora, fue de capital importancia para la reanudación de los esfuerzos pacificadores en Centroamérica y para el inicio del proceso de Esquipulas la renovación de élites políticas que se produjo en tres de los cinco países centroamericanos. Así, entre enero y mayo de 1986, tomaron posesión del cargo los Presidentes de Guatemala (Vinicio Cerezo), Honduras (Jose Azcona) y Costa Rica (Oscar Arias). Así, el liderazgo del proceso por parte de Vinicio Cerezo (que convocó y acogió la primera cumbre presidencial en Esquipulas en mayo de 1986) y de Oscar Arias (que redactó el Plan Arias, embrión del Acuerdo de Esquipulas) acabarían resultando fundamentales para la reanudación y finalización de un proceso que a principios de 1986 parecía debilitado. (Murillo, 1999) Actualmente, se observan varios casos en los que la llegada al poder de determinados dirigentes, junto con otras circunstancias políticas, favorece la firma de acuerdos de paz, como en los casos de Irlanda del Norte en 1998 o de Aceh en 2005. En el mismo sentido, en algunos otros casos la sustitución de liderazgos, tanto en el Gobierno como en los grupos armados, puede erigirse en una ventana de oportunidad para desbloquear posiciones, tal y como sucedió en el caso de Angola (tras la muerte del líder de UNITA, Jonas Savimbi) y como probablemente ocurriría en Uganda (donde el líder del LRA, Joseph Kony, obstaculiza el proceso negociador), Myanmar (donde la eventual sustitución de la actual Junta Militar facilitaría las negociaciones con los
numerosos grupos armados que reivindican democracia y autodeterminación) o Filipinas (donde el NPA ya ha declarado que su escasa voluntad de diálogo con la actual Presidenta, Gloria Macapagal Arroyo).
Inclusión de los acuerdos de paz en el ordenamiento jurídico Normalmente los acuerdos de paz son acuerdos políticos entre un gobierno y un grupo armado que posteriormente deben ser incorporados al corpus legislativo del país y, por tanto, contar con el beneplácito de la población (en caso de referéndum) o de la mayoría del Parlamento (en caso de que los contenidos del acuerdo de paz se traduzcan en leyes a través del trámite parlamentario habitual). Como sucedió en el caso de Guatemala, la negativa o las reticencias de la población o el Congreso a aprobar la versión legislativa de un acuerdo de paz puede comportar la erosión o incluso el bloqueo del proceso de paz tras la aprobación del acuerdo. En Guatemala, la implementación de los Acuerdos de Paz firmados en 1996 requería de la modificación de varios artículos de la Constitución, lo que a su vez requería un referéndum popular para avalar tales modificaciones. La consulta popular, celebrada en 1999, registró una participación del 18% y fueron rechazadas con el 57% de los votos las cuatro propuestas de reforma constitucional, aunque el los departamentos de mayoría indígena (en los que se había concentrado la guerra) ganó el sí. Tales resultados no sólo anticiparon la victoria en las elecciones presidenciales del mismo año de un candidato claramente opuesto a los Acuerdos de Paz, sino que frenaron bruscamente su implementación y condujeron al proceso de paz a una fase de estancamiento e incumplimiento sistemático de compromisos. En el sur de Filipinas, por ejemplo, el Gobierno y el grupo armado de oposición MNLF firmaron un acuerdo de paz definitivo en 1996, tras más de dos décadas en guerra. Poco después, sin embargo, el Parlamento aprobó una ley que modificaba y contravenía algunos de los aspectos sustanciales del mencionado acuerdo de paz. Hoy, más de una década después de la firma de la paz en Mindanao, el MNLF sigue sin desramarse y protagonizando episodios esporádicos de violencia para, entre otras cuestiones, exigir la plena implementación del acuerdo de paz y la concordancia en letra y espíritu entre éste y las leyes aprobadas desde Manila. Más recientemente, en Aceh (Indonesia), tanto el grupo armado de oposición GAM como numerosas organizaciones de la sociedad civil protestaron contra la aprobación por parte del Parlamento indonesio de la llamada Ley para el Gobierno de Aceh por considerar que ésta no recogía algunos aspectos importantes del acuerdo de paz firmado por Yakarta y el GAM en agosto de 2005.
Reconocimiento político de los grupos armados Aunque el proceso de Esquipulas fue esencialmente una negociación entre Gobiernos, hubo una mención explícita a los distintos grupos armados que operaban en el istmo centroamericano y un reconocimiento del carácter político de los motivos que impulsaban su lucha. Este hecho, especialmente relevante en el caso de la Contra nicaragüense, fue de enorme importancia en el momento en el que los distintos Gobiernos iniciaron procesos de negociación internos con sus respectivos grupos armados. Hoy, algunos procesos de paz se ven obstaculizados por la negativa de muchos a Gobiernos reconocer el carácter político de los grupos armados que operan en su territorio, calificándolos a menudo de bandas terroristas o delincuenciales. En Filipinas, el NPA y Abu Sayyaf están incluidos en las listas de organizaciones terroristas de EEUU y la UE y el Gobierno ha acusado en varias ocasiones al MILF y al MNLF de mantener vínculos directos con organizaciones terroristas. En Myanmar, la Junta Militar califica de grupos terroristas a buena parte de los grupos armados de adscripción étnica que operan en el país. En Tailandia, durante algún tiempo el Gobierno consideró como grupos delincuenciales a las organizaciones armadas secesionistas que operan en el sur del país. De igual modo, el Gobierno de Níger no reconoce al Movimiento Nigerino por la Justicia como un grupo armado de oposición, sino como una organización paradelincuencial. En Colombia, las FARC y en menor medida el ELN también han sido acusadas por el Gobierno de perpetrar actos de terrorismo, lo mismo que varias organizaciones de Oriente Medio, como Hamas, Hezbollah. A pesar de ello, actualmente existen negociaciones, formales o exploratorias, en tres de cada cuatro conflictos armados (Fisas, 2008), lo que evidencia la tendencia creciente a poner fin a los conflictos armados a partir de acuerdo de paz y no de victoria militar.
IV.- CONCLUSIONES Al modo de entender de algunos autores, el éxito del proceso de Esquipulas radicó en algunos aspectos clave. En primer lugar, abordó las consecuencias de la guerra (desplazamiento, desmovilización de combatientes, destrucción de armas, impacto en la economía y el tejido social, etc.), pero también enfrentó las causas del conflicto y ensayó soluciones a los problemas estructurales del país que iban más allá de los tradicionales arreglos de reparto de poder. En segundo lugar, el proceso de Esquipulas tuvo la capacidad de diseñar y
articular un proceso de pacificación que discurrió por dos vías de negociación paralelas. La primera fue una negociación internacional, liderada por Presidentes de cinco países y facilitada por organismos internacionales como la OEA o Naciones Unidas. La segunda vía de negociación fue nacional y tuvo como protagonistas directos a los Gobiernos de Guatemala, El Salvador y Nicaragua y a sus respectivos grupos armados de oposición: la URNG, el FMLN y la Contra. En este sentido, varios autores destacan la enorme importancia que tuvo la iglesia católica en la resolución de los conflictos armados en Centroamérica, protagonizando numerosas iniciativas de aproximación, mediación y facilitación del diálogo entre las partes, reconciliación social o esclarecimiento de la verdad y recuperación de la memoria. Valgan como ejemplos la publicación en Guatemala del Informe REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica), que costó la vida a su impulsar, el obispo Juan Gerardi, los llamamientos constantes de sectores de la iglesia católica salvadoreña a poner fin a la violencia (lo que costó la vida al arzobispo Oscar Romero o a los jesuitas de la UCA) o el liderazgo que ejerció en las llamadas Comisiones Nacionales de Reconciliación, organismos previstos en el Acuerdo de Esquipulas para que supervisaran los compromisos adquiridos por los respectivos gobiernos en materia de amnistía, cese de hostilidades, democratización y respeto de los derechos humanos, especialmente los civiles y políticos. Incluso en Nicaragua, donde se registraron algunas tensiones entre la llamada Iglesia popular y la Conferencia Episcopal, se reconoce que la Iglesia jugó un importante rol en la reconciliación entre sandinistas y antisandinistas. En tercer lugar, Esquipulas fue una negociación política al más alto nivel. Las Cumbres de Presidentes fueron el principal espacio de toma de decisiones durante todo el proceso, lo que blindó la legitimidad de las negociaciones y garantizó la viabilidad de los compromisos adquiridos, algo que sin duda contribuyó a la credibilidad de las conversaciones y que generó altas dosis de confianza entre los distintos Gobiernos centroamericanos. En cuarto lugar, cabe destacar que los Gobiernos centroamericanos no exigieron el cese de las hostilidades como prerrequisito para el inicio de conversaciones exploratorias con sus respectivos grupos armados. Así, todo el proceso negociador en Centroamérica transcurrió en paralelo a las hostilidades armadas y a las tensiones fronterizas y políticas entre Gobiernos. De hecho, el periodo de máxima violencia en el istmo (a principios de los años 80, cuando se produjeron la gran ofensiva del FMLN en El Salvador y los mayores actos de genocidio en Guatemala) coincidió con la proliferación de numerosas iniciativas diplomáticas y con el inicio de las gestiones del grupo de Contadora. En quinto lugar, resultaron clave la simultaneidad en el cumplimiento de los compromisos, la verificación internacional de dichos compromisos (a manos de una comisión
conformada por los Secretarios Generales de la OEA y Naciones Unidas y por los Ministros de Exteriores de los países centroamericanos del Grupo de Contadora y del Grupo de Apoyo) y el gradualismo de la agenda de negociación (que abordó primeramente los aspectos vinculados con la violencia y dejó para fases ulteriores el desarrollo, la integración y la institucionalidad de Centroamérica). En último lugar, fueron decisivas tanto la capacidad del proceso de Esquipulas de hacerse un espacio propio de gestión del conflicto en un contexto internacional polarizado como el de la Guerra Fría, como la decisión de algunos actores importantes de la comunidad internacional de acompañar el proceso en lugar de tratar de interferir en él. Dicha actitud de respeto hacia las decisiones que emanaban desde Centroamérica resultó clave para contrarrestar los intentos de la Administración Regan de tutelar el proceso. Por otra parte, del mismo modo que existe cierto consenso sobre la originalidad y la eficacia del proceso de negociación y sobre la calidad de los acuerdos alcanzados, la comunidad académica también coincide en poner de relieve la debilidad de la fase de implementación de dichos acuerdos. Algunas de las causas que tradicionalmente se han apuntado se refieren a la escasa voluntad de los Gobiernos centroamericanos de desarrollar plena y puntualmente los contenidos de los acuerdos; la debilidad social y organizativa de las guerrillas centroamericanas, así como su escasa disposición a desprenderse de determinadas dinámicas jerárquicas y militarizadas y a adaptarse a las reglas del juego de una democracia electoral, lo que erosionó notablemente su capacidad de liderar el cambio y de presionar para el cumplimiento de los acuerdos; la casi nula apropiación (“ownership”) de los acuerdos por parte de la ciudadanía, que podría explicarse tanto por defectos en la divulgación de los contenidos de los acuerdos de paz como por la escasa participación de la sociedad civil en las negociaciones. Sea como sea, parece claro que los acuerdos de paz no pudieron articular a su alrededor una mayoría político social suficiente que los convirtiera en la verdadera agenda de transformación política y social de Centroamérica y que contrarrestara la reacción coordinada y a menudo brutal de todas aquéllas fuerzas que desde el principio se opusieron a la paz y, sobre todo, a la alteración del estatus quo y de las estructuras de poder y las reglas del juego que habían mantenido su posición histórica de privilegio.
CENTRO DE ESTUDIOS DE GUATEMALA (2006), “La violencia en Guatemala y la responsabilidad del Estado”, [en línea]. [Consulta: 23 de marzo de 2006] http://c.net.gt/ceg/index.html ESCOLA DE CULTURA DE PAU, Alerta 2008! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, Icaria, 2008 FISAS, Vicenç, Anuario 2007 de procesos de paz, Icaria Editorial, 2007  Procesos de paz y negociación en conflictos armados, Paidos, 2004 MURILLO, Carlos; Paz en Centroamérica. De Nassau a Esquipulas, Editorial Universidad de Costa Rica, 1999 URGELL, Jordi, “Paz en Centroamérica?”, La Vanguardia, 07/08/2007  La seguridad humana en Centroamérica: ¿retorno al pasado?, Revista CIDOB d’Afers Inernacionals, num. 76, diciembre 2006-enero 2007 “Acuerdos de paz de Esquipulas II. Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica” http://www.sieca.org.gt/publico/Reuniones_Presidentes/ii/acuerdo.htm
LECCIONES DE LOS PROCESOS DE PAZ ENCENTROAMÉRICA, 20 AÑOS DESPUÉS
Ponencia Jordi Urgell 2007 estiu

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