Source: http://www.revistamovimiento.com/historia/notas-sobre-la-prensa-de-las-resistencias-federalista/
Timestamp: 2019-03-20 16:24:30+00:00

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Notas sobre la prensa de la(s) resistencia(s): Federalista – Revista Movimiento
Instaurada la dictadura de la “Revolución Libertadora”, la palabra del peronismo se expresa a través de publicaciones “residuales” del período anterior: El Líder y De Frente, y mediante la proliferación de pequeños y efímeros sueltos. Las publicaciones periódicas de tirada nacional que bajo el gobierno de Perón sostenían posiciones oficialistas son intervenidas y reorientadas a favor del gobierno. Son consideradas parte de la “cadena ALEA”, pertenecientes a figuras del gobierno anterior. Las oficinas centrales de esta empresa, ubicadas en Bouchard y Viamonte, son intervenidas, y su responsable, el ex-gobernador de la provincia de Buenos Aires Carlos Vicente Aloé, es acusado por una comisión investigadora especial dependiente de la Vicepresidencia (de facto) de la Nación.
Se difunden imágenes a través del periodismo “libertador”, mostrando las instalaciones de la oficina central de ALEA, su caja fuerte y un departamento blindado –dos habitaciones, living-comedor, baño y cocina con paredes de cemento armado de 45 centímetros– con “túneles de escape” especialmente construidos para la fuga de los “jerarcas”.[1]
Por decreto del Poder Ejecutivo se van distribuyendo por cuotas políticas y sectoriales las influencias en esos medios. El ex diputado radical Ernesto Sammartino queda a cargo de El Plata, El Argentino y El Atlántico de la provincia de Buenos Aires. Alberto Erro, connotado directivo de la SADE y presidente de ASCUA, de Democracia, El Laborista y Noticias Gráficas, además de comandar las empresas ALEA y la editorial Democracia. Empresas periodísticas privadas también son intervenidas, como las que corresponden a Crítica, La Razón o La Época. De particular importancia, por su dimensión, es la editorial Haynes que con El Mundo, El Hogar, Mundo Argentino, Mundo Deportivo, Mundo Agrario, etcétera, tiene una importante difusión. Allí se suman los interventores y directores designados por el gobierno militar. En este caso, el interventor-director resulta José P. Barreiro, intelectual ligado al Partido Socialista Democrático. Como interventor-director del diario El Mundo queda Ernesto Sábato.
Otras publicaciones dejan de salir por las intervenciones, las interdicciones de bienes, el enjuiciamiento o el apresamiento de sus dirigentes. En este campo hay que ubicar a Mundo Peronista, Actitud, Revista de la UES, Conquista, etcétera. El Líder, perteneciente al ámbito gremial, pasa por una situación diferente, no menos compleja y difícil, hasta su intervención definitiva.
Scalabrini en El Líder de Güemes
El Líder, publicación periódica del Sindicato de Comercio de cuyo seno provenía Angel Borlenghi, ministro del Interior del peronismo gobernante por casi diez años, estaba bajo supervisión de los interventores y veedores de los sindicatos. No había pertenecido a la cadena ALEA. Aprovechando los resquicios del “lonardismo”, a instancias de su director, José Antonio Güemes,[2] desde sus oficinas de Paraná y Rivadavia sigue planteando la perspectiva del movimiento obrero en la nueva coyuntura política. Dice en su portada “Por la justicia social, la independencia económica y la soberanía política” y la leyenda “Un diario argentino para los trabajadores”.
En ese momento existían algunos periódicos de orientación peronista, dos o tres hojitas hechas artesanalmente que no tenían tiradas importantes ni regulares.[3] Se dedicaban a atacar al gobierno militar y a desarmar argumentos sobre el gobierno caído, pero se trata de obras de francotiradores que no cuentan con un conocimiento público suficiente ni con el predicamento necesario. No era el caso de los exforjistas devenidos peronistas Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche (Orsi, 1985: 155), que habían vuelto a la acción política en la víspera de la revolución de septiembre[4] y siguieron actuando luego del golpe.[5] Ante el gobierno de Lonardi, Scalabrini, cavila: “¿Se proponen derrocar al general Perón simplemente o abolir también al partido peronista? ¿Hasta qué extremos se piensa llegar? ¿O el plan es más amplio que todo eso y lo que se proponen es extirpar del espíritu nacional toda idea de independencia? ¿Es esta la consecuencia circunstancial de la indignación ante algunas demasías y algunos excesos? ¿O los excesos y demasías son pretextos para iniciar y poner en planta un programa cuyos alcances desconocemos?”.[6] Recuerda Jauretche: “Con Scalabrini salimos de nuevo a la escena política para dar el grito de ‘Vuelvan caras’ a los dispersos y para afirmar las bases del pensamiento nacional momentáneamente en derrota ante el estruendo victorioso del caos ideológico de nacionalistas, liberales y fubistas. No salimos a defender un partido político determinado, aunque ello resultara de los hechos concretos, sino las bases mismas del pensamiento nacional en peligro. Ahí están las páginas de El 45 y El Líder cuya gravitación e importancia circunstancial tampoco se puede comprender si no se comprende aquel momento, en nuestra desesperada búsqueda de instrumentos para defender lo nacional” (Jauretche, 1962: 14). Ya hemos dado cuenta del derrotero de Jauretche al tratar la efímera vida de El 45. Vamos ahora a considerar, en particular, la actuación de Raúl Scalabrini Ortiz.
Raúl Prebisch se va consolidando como hombre fuerte de la política económica del gobierno militar y esto genera inquietud en Scalabrini, a quien rondan los “fantasmas” de la década del 30. Se presenta, pues, a la redacción de El Líder y propone a Güemes la salida de artículos para debatir la perspectiva que está presentando el asesor económico del gobierno militar.[7] El 23 de octubre, antes de la presentación pública por parte de Lonardi de los contenidos del que luego va a ser conocido como Plan Prebisch, Scalabrini Ortiz lanza la primera nota crítica, titulada “El gato es mal guardián de las sardinas”. En esas páginas de El Líder afirma: “No retaceamos los méritos técnicos ni la amplitud de conocimientos, ni la ductilidad de inteligencia del autor de la Introducción a Keynes, que en conjunto hacen de él un técnico de primer orden. Pero el gato es mal guardián de las sardinas por más ágil y de buena raza sea el gato. La técnica es en sí misma tan inoperante, anodina y falta de misterio como el revólver sin balas… La técnica es un arma de la política y el problema es saber lo antes posible quién va a empuñar el arma y a quién va a apuntar. Desde un punto de vista nacional –y aun personal– creo que es preferible el rudimentario cañón que nos defiende, a la más perfecta arma dirigida por radar en contra nuestra… Asistimos aún atónitos a la prodigiosa tentativa de extirpar veinte años enteros de la historia universal. En un vuelco de tierra arada, 1935 y sus hombres se superpone a 1955 y sus realidades. La vida larval que estaba debajo de la gleba ya repta en la superficie que iba cubriendo la tierra, pero promisoria, lozanía de la hierba y de las esperanzas nuevas… Retroceder veinte años en la consideración de los asuntos públicos no es perspectiva que incite al optimismo… Pretextos para reactualizar los viejos proyectos no faltan jamás en la bolsa del ingenio de los buenos argumentadores y un estado de falencia virtual o posible no está fuera de las posibilidades ejecutivas. La fábula del lobo y del cordero encierra una verdad que resiste hasta la amenaza de la desintegración atómica. Si el lobo hubiera sido un técnico einsteniano, hubiera podido argüir: ‘Te devoro porque la masa no es más que energía multiplicada por la velocidad de la luz elevada al cuadrado’. Hace veinte años no existía la bomba atómica, pero existían los mismos lobos y los mismos corderos… Sentimos el resonar del taconeo que avanza a ocupar las posiciones recuperadas y, lo mismo que hace veinte años, no tenemos que oponer nada más que nuestra desinteresada prevención. Sabemos hasta qué punto es letal el tema, pero no nos permitimos arredrarnos porque sabemos que de todas maneras el futuro será nuestro. Mientras tanto, saludamos al vencedor. ‘Ave Cesar, morituri te salutant’”.[8]
El 26 habla Lonardi, bajo la influencia de los trabajos realizados por Prebisch y un grupo local,[9] y anuncia que “la Argentina atraviesa por la crisis más aguda de su historia”.[10] Al día siguiente se difunde también el Informe preliminar del asesor económico Raúl Prebisch.
Ante las palabras de Lonardi y el informe de Prebisch, Scalabrini Ortiz vuelve a escribir en El Líder: “Presidente: no firme usted nada” (El Líder, 28-10-1955, luego reproducido en Scalabrini Ortiz, 1965: 28). “Se ha dirigido usted al pueblo de la República –escribe– en un mensaje henchido de conceptos pesimistas en que ha hecho suyas consideraciones y cifras que procuran dar una idea catastrófica del estado económico financiero de la República y que para ese preconcebido propósito han sido preparadas por una públicamente anónima comisión de técnicos, disciplinados por la inteligencia recién desembarcada del doctor Raúl Prebisch. El estado económico financiero de la República no es el que ingenuamente puede deducirse del Informe, hábilmente preparado para descorazonar, desconcertar e inducir a conclusiones alejadas de la verdadera realidad. Para el ducho en leer, este es un informe hecho al revés, en que el propósito es anterior a la documentación y las cifras son sofismas aritméticos en que los legos se alucinan. Conozco esa manera de operar porque soy un viejo descifrador de balances y memorias ferroviarias con los que las empresas, con el pretexto de rendir cuentas, emitían argumentos para las futuras expoliaciones tarifarias… A tal punto es cierto lo que afirmo que ‘el informe’, en su apuro de coleccionar números que revelan empobrecimiento, llega al colmo de inventar un balance de pagos para el año 1955 que aún no ha concluido. Y ese imaginativo balance del año 55 es la única cifra negativa de los intercambios citados y la inventó el doctor Prebisch porque no tenía otra cifra negativa… Asimismo, dijo el Sr. Presidente: ‘El estado de los transportes es deplorable’. Eso es indudablemente cierto, pero es mucho menos deplorable que cuando fueron adquiridos en 1948… Quien proporcionó las cifras de renovación de material ferroviario al señor presidente incurrió en el delito de irreverencia y falta de respeto… Tampoco se ajusta a la realidad el quebranto que se le ha hecho anunciar al señor presidente en materia de transportes… Mi propósito al dirigirme al señor presidente y ofertarle estos ejemplos de la falacia que lo circunda es demostrarle que tiene que ser extremadamente cauteloso y desconfiado de los prestigios que lo rodean, parte de los cuales no han sido logrados al servicio de los intereses de la patria. Y por eso, en súplica humilde pero fervorosa, le pedimos que no firme nada definitivo que se deduzca de las informaciones, conclusiones y recomendaciones del ‘informe’ del doctor Prebisch, y menos aún si ellas no han sido publicadas y se mantienen en el nivel de la reserva. Acuerde tiempo suficiente para que el país despierte de su estupor y calcule la gravedad de lo que puede sobrevenir a consecuencia de la impremeditación. Estamos rodeados de codicias aviesas que rondan a la espera de los errores. No firme nada, señor presidente, sin estar absoluta, total e indubitablemente seguro de que también en el campo de la economía y de la finanza no hay vencedores ni vencidos. Porque el vencido puede ser el país”.
Ese mismo día en El Líder, a través de una solicitada, tiene que contestar a críticas que le realizan desde el intervenido diario La Época:[11] “El sueltista quiere dejar al lector la impresión que yo ataco al imperialismo británico no porque sea el predominante en este país y el que en este momento trata de realizat una operación de comando, sino porque estoy al servicio del imperialismo yanqui. Se olvida que en el mismo único libro mío que cita –El hombre que está solo y espera– dedico todo un capítulo para prevenir a la juventud argentina del encandilamiento norteamericano. Pero en su impulso descalificador el sueltista dice muy orondo: ‘Scalabrini Ortiz tampoco recuerda cuando defendía al imperialismo germano desde las columnas de Reconquista, pagada por la embajada nazi’. No se encontrará jamás, en ningún tipo de publicación, ni nacional ni extranjera, una sola línea escrita por mí, ni bajo mi dirección, ni con mi anuencia, ni bajo mi influencia, en que se abogue o se defienda ni una persona, ni un interés, ni una política alemana, ni de ninguna otra nación. Todo lo que he escrito o se ha escrito bajo mi responsabilidad trasunta mi vocación y mi convicción democrática porque yo también he creído y creo que ‘lo mejor que tenemos es el pueblo’” (El Líder, 28-10-1955).
El día 31 de octubre, ante las medidas devaluatorias que toma Lonardi implementando las sugerencias de Prebisch y el equipo local, Scalabrini vuelve a escribir: “Este excepcional economista, cuya misión primordial –según se proclamaba– era la de contener la inflación, cuya característica más relevante y dañosa es la desvalorización de la moneda, ha iniciado su cometido desvalorizándola a casi la mitad de su promedio anterior… Su consecuencia directa será un alza inmediata del costo de vida. Si no se aumentan sueldos y salarios, el nivel de vida argentina descenderá y eso es justamente el propósito desembozadamente expuesto en la segunda parte del informe”. Luego de señalar que la devaluación genera alza en el costo de vida y en las importaciones para la industria, mientras se genera una redistribución de ingresos hacia el sector ganadero, exclama: “¡Esto parece cosa de magia negra! En esta pavorosa oscuridad en que germinan de pronto súbitas, terroríficas e inesperadas apariciones, nos parece estar bajo el agobio de una pesadilla en que nos alucina la presencia de un superhombre que sin esfuerzo visible arrasa los hombres, los hechos y las cosas que nos eran más queridos y que la parálisis de la pesadilla nos impide defender. ¡Pero si es cosa de no creer!” (El Líder, 31-10-1955).
Scalabrini escribe “Las dos caras del doctor Prebisch” (El Líder, 2-11-1955, luego reproducido en Qué, 1957: 11) y una carta abierta al embajador británico, polemiza con el subsecretario de Comercio, Alsogaray, y el ministro de Industria Morixe, denuncia la eliminación del IAPI y el regreso de Bunge y Born. También critica la actuación del ministro de Transportes, Ardigó (El Líder, 11-11-1955). El mismo día, 11 de noviembre, colocan en tapa una nota irónica sobre las “colas” que se arman para adquirir el periódico, hablando de situaciones concretas de detenciones en Rosario ante “El delito de leer El Líder”.
A partir del 13 de noviembre, tras el desplazamiento de Lonardi, la política del gobierno militar se endurece. Es intervenida la CGT, a cuyo frente es colocado Patrón Laplacette. Ello trae consecuencias para El Líder, siendo designando como delegado en el medio el teniente de navío Tettamanti, al tiempo que Güemes se retira, habida cuenta de la disminución de su autonomía. Víctor Álvarez, del equipo anterior, queda prácticamente a cargo del periódico e intenta persuadir a Scalabrini Ortiz para que continúe colaborando. Scalabrini Ortiz también se retira diciendo “nada quiero saber con estos señores que aún llevan luto por la muerte de Nelson” (Galasso, 1970: 495). Jauretche, aunque comienza a publicar El 45, no toma la misma determinación. Sigue escribiendo en El Líder y se prepara, desde el medio “intervenido”, para un duelo verbal con Prebisch (El Líder, 24-11-1955). El periódico sigue saliendo hasta fin de año, posibilitando la expresión de algunas voces críticas a través de una sección denominada “Soluciones”, donde aparecen las intervenciones de Jorge Abelardo Ramos, Silvio Frondizi, Liborio Justo, Ricardo Ortiz, etcétera, junto a la de representantes de las fuerzas políticas más tradicionales, como Vicente Solano Lima del conservadurismo, José Liceaga y Arturo Frondizi de la intransigencia radical, Enrique Grande de la Democracia Progresista, etcétera.
Scalabrini y sus recuerdos del paso por El Líder
“Publiqué una serie de notas en El Líder, única tribuna no controlada por el gobierno, cuya voz resonaba con timbres argentinos en el pantano en que croan las ranas asalariadas. Sin ninguna cortapisa mis notas iban directamente encaminadas a desenmascarar a los verdaderos promotores y a los verdaderos beneficiarios de las medidas que se adoptan. Penosamente habíamos comenzado a escapar del predominio británico y de pronto, como quien cae a una zanja, sentimos hundirnos inermes en la miserable condición de factoría. Entonces, la campaña de El Líder alcanzó una resonancia tan amplia que sorprendió a los que todavía no han alcanzado a convencerse de que el pueblo argentino es el más intuitivo y por lo tanto más políticamente inteligente de la tierra, incluido los británicos, que pueden explotarnos pero no engañarnos” (La Argentina, 8-12-1955, citado por Galasso, 1970: 490). Los textos “fueron escritos en circunstancias especialmente angustiosas y precarias. Las publicaciones que las insertaban iban siendo sucesivamente clausuradas. Los periodistas desaparecían detenidos a ‘disposición del Ejecutivo’ o huían al extranjero a tiempo. La arbitrariedad más absoluta era la única norma gubernamental. El poder público no tenía otra restricción que su deseo de aparecer ante el extranjero como un gobierno ‘democrático’. Por otra parte, bandas de delincuentes recorrían de noche la ciudad para violar domicilios y detener a las personas por cuenta propia. Por eso el lenguaje no es a veces tan concreto como debiera. Con frecuencia es más lo que se insinúa que lo que se dice. La inteligencia del lector debe llenar las lagunas” (Scalabrini Ortiz, “Palabras para comenzar a entendernos”, Qué, Suplemento mensual 2-4, Marzo de 1957).[12]
Perón lee y usa las notas de El Líder
Juan Domingo Perón (1956), en su exilio panameño, escribe un libro haciendo suya la idea de una “crisis inventada”, “prefabricada”, “imaginaria”. Aclara que escribe el texto sin contar con estadísticas, apelando a su memoria y al conocimiento del país.[13] Considera el texto un “folleto”: “He tratado de hacer algo práctico, corto, muy sintético, en lenguaje popular y que sólo trate algunos problemas fundamentales para que, a la par de no cansar, sea informativo y combativo. Creo que la gente quedará con ganas de leer después de haber leído, eso es lo que quiero. Ya le ofreceremos algo mejor después”.[14] Al tratar la “falsedad en la economía” trae una nota de la United Press con el título “La Argentina enfrenta la peor crisis económica de su historia” que reproduce afirmaciones de Raúl Prebisch. Comenta el discurso de Lonardi del 26 de octubre y considera los temas de petróleo y deuda interna-emisiones. Como cierre del capítulo transcribe notas del diario El Líder: “Esto ya parece cosa de magia negra”; “El gato es mal guardián de las sardinas”; “Señor Presidente: no firme usted nada”; y “El obrero pagará la diferencia”;[15] originadas, en su mayoría, en la pluma de Raúl Scalabrini Ortiz.[16] La fuerza es el derecho de las bestias se imprime en varios países del continente y se difunde en la Argentina de manera clandestina (Pulfer, 2017).
Güemes: de El Líder a Federalista, combatiendo a la “Libertadora”
Retirado de El Líder, José A. Güemes no se da por vencido y vuelve al ruedo con un semanario. Se trata de la publicación Federalista. Para ese momento están en la calle El 45, dirigido por Jauretche, y “Lucha Obrera”, dirigido por Esteban Rey con la colaboración de Jorge Abelardo Ramos, con lo que no están solos en la confrontación con el gobierno “libertador”. No se trata, en el caso de los responsables de la prensa de la “primera resistencia”, de una nueva generación de actores, como ocurriera en buena medida en el ámbito gremial con el surgimiento de una nueva camada de dirigentes. Tanto Güemes como Jauretche, Olmos, Benítez, Lagos, Granata o Chávez, que colabora en múltiples emprendimientos pero que en particular orienta El populista, tienen experiencia previa en el periodismo o en la edición de revistas (Ehrlich, 2012).
Güemes reúne un número de plumas para el emprendimiento. A Scalabrini Ortiz que lo acompaña con sus notas se suman otros improvisados periodistas de la “resistencia”. Entre ellos Aldo Paciello,[17] Bernardo Iturraspe,[18] José Luis Navarro y Antonio Valerga.[19] El periódico lleva un lema, antiguo eco de la relación de su director con el mundo obrero: “El pulso nacional en las inquietudes de los trabajadores”. En cada entrega, bajo la sección llamada “Pueblo y Gobierno”, aparece el editorial de Güemes. Al interior aparecen columnas de chismes políticos, “Cotorreo” y “Todo es según el color…”, como era de uso frecuente en la prensa “resistente”, un espacio de humor y, para darle tinte popular al periódico, secciones de deportes y carreras.
Los titulares y los temas de Federalista
El periódico conserva la tónica de El Líder vinculada a las cuestiones sindicales y del mundo del trabajo. No aparecen menciones expresas a la reivindicación de la identidad política peronista, aunque en términos defensivos se recupere esa experiencia para cada punto y cuestión en debate, así como en la confrontación con la “vieja política” y las formas que consideran superadas.[20]
“Libertad a los dirigentes gremiales y políticos”, titulan en el número 2 del 16 de diciembre. Señalan a continuación: “Es urgente encontrar el camino de la real pacificación nacional”. A “ningún puerto seguro llegará la revolución si se deja llevar del odio que le inoculan los políticos”, y denuncian persecuciones y encarcelamientos. En tapa consignan: “El costo de la vida supera en mucho el diez por ciento que se había previsto”. Defienden: “Los trabajadores tienen que intervenir en los nuevos convenios”. Por un lado denuncian “Cómo asaltaron a los sindicatos las hienas socialistas” y por otra parte demandan: “Urge la inmediata normalización de los gremios obreros”. “Las cajas de jubilaciones corren grave peligro. Debe ser defendido el régimen de previsión”, advierten. Se expresan contra la extensión del trabajo nocturno. Reivindican el federalismo y el trabajo en el ámbito rural, “vital para la economía del país”.
En la entrega previa a Navidad apuntan que “Peligran las conquistas obreras”. Señalan que “la conciliación reclama la libertad de los dirigentes sindicales”. Colocan una foto de la CGT como símbolo de la “Seguridad de los Trabajadores”, “una central obrera unida, que aglutine a todos los trabajadores del país, sindicalmente organizados, es el baluarte para la obtención y defensa de las conquistas obreras”. Al interior insisten: “Las conquistas obreras se obtienen y defienden con la organización sindical”. Siguen con el tema: “Cómo asaltaron a los sindicatos las hienas socialistas” y denuncian en tapa: “Una intervención que puede paralizar el progreso fabril”. En página 3 señalan que “Comenzó el desmantelamiento industrial del país” y que “los obreros deben desconfiar de sus democráticos protectores”. En recuadro aparecen palabras para la “Mujer heroica”, la “hermana encarcelada”. “Un documento para nuestra juventud” señala que “para Gainza Paz, Yrigoyen sólo fue un jefe de policía con suerte” (Federalista, 3, 23-12-1955).
“Se exigen renuncias a trabajadores”, “No más cesantías de obreros”, son los títulos que encabezan otra salida. “Precios altos, muchos consejos pero salarios insuficientes”, anotan. Insisten con el tema previsional: “Técnicos al servicio de la oligarquía atentan contra el sistema jubilatorio. Los trabajadores alerta”. Marcan lo que consideran contradicción principal: “Nuestras luchas políticas enfrentan siempre a la plutocracia con el Pueblo” (Federalista, 4, 30-12-1955).
“Confinar dirigentes solo perturba al trabajo” denuncian en la tapa de la edición del 13 de enero, afirmando que “Hasta el prestigio del país está en juego”. “Lo que puede comprar interesa más al obrero que lo que pueda gastar”, y agregan “el aumento de salarios: pan para hoy y hambre para mañana”, marcando la problemática acuciante para las masas trabajadoras del aumento continuo de la carestía de los productos básicos. Reclaman ante el funcionamiento de la Junta Consultiva: “Tienen que oírse todas las voces”. Denuncian: “Democracia con campos de concentración”.
A la consigna patriótica de “El entreguismo no puede volver”, agregan la de “Conservar y acrecentar el patrimonio nacional” (Federalista, 7, 23-1-1956: tapa). Demandan que “Auténticos obreros deben discutir los convenios”, ya que “Los funcionarios y ‘dirigentes libres’ no inspiran confianza”. Los títulos de las notas son, por lo general, verdaderas síntesis editoriales: “Por qué defendemos a los dirigentes obreros” reza el de un artículo en que despliega argumentos al respecto. Tampoco dejan de tratar en tono de denuncia lo que ocurre en el acontecer nacional, como cuando dan la noticia de “Cesantías de obreros en La Prensa” tras la recuperación del periódico por Gainza Paz. Luego de anunciar las negociaciones que encaran varios sindicatos señalan: “El costo de vida, única base para los convenios”. Dan cuenta de internas en el área educativa (“Romero vs Dell’Oro”) y piden que se investigue “el sabotaje al plan de provisión de energía” (Federalista, 8, 30-1-1956).
Las editoriales de Güemes
El Director, José Antonio Güemes, elabora los editoriales que van encuadrados en primera página. Anota que la clase media movilizada en la asunción del primer presidente provisional “está hoy cariacontecida, silenciosa o en franco tren de oposición”, y que los católicos “se han escindido en su afán revolucionario y ya la Cruz anda por un lado mientras que la ‘V’ camina por campo traviesa”. “A malos puertos llegará la Argentina gobernada por quienes carecen del único apoyo que da vigencia a una democracia… el apoyo del fervor popular”. Critica la falta de plan y la entrega del gobierno a los “políticos que corrieron presurosos en auxilio de los vencedores”. Reafirma que la mayoría estaba con el gobierno derribado y que los políticos de los partidos tradicionales eran huérfanos de todo apoyo popular. Consigna que, poco a poco, esos políticos se apropiaron del gobierno de la revolución. Concluye: “Y hoy estamos en el final de la comedia. Mientras los apergaminados, apátridas y antipopulares policastros preparan su triunfal retorno, el gobierno carece del apoyo popular que necesita, inclusive, para romper la maniobra envolvente de los conservadores –nostalgias de 1942–, de los radicales –nostalgias de 1930– y de los socialistas –nostalgias de todos los tiempos y traiciones de todos los momentos– que se han constituido en dueños de una revolución que ni siquiera costearon ni realizaron” (Federalista, 16-12-1955, “Pueblo y gobierno”, firmado por José Antonio Güemes).
En “Evitemos esta confusión que ahoga” el director pide terminar con la confusión terminológica. Centra su análisis en el concepto de dictadura, preguntándose por su inicio. Marca las diferencias en la enunciación por parte de las figuras del gobierno militar, señalando que “todo depende de circunstancias ‘personales’”: para unos comienza en 1943, para otros en 1946 o en 1949, no falta quien afirme que en 1951 y tampoco está ausente quien diga que en 1955, habiendo sido este último colaborador hasta último momento de la ‘dictadura’” (Federalista, 23-12-1955, “Evitemos esta confusión que ahoga”, firmado El Director).
En otro editorial denuncia “la proliferación de fracciones políticas que no obedecen a una doctrina, sino que son simples agencias electorales que buscan apoderarse del gobierno” (Federalista, 30-12-1955, “Partidos Políticos y Agencias de Poder”, firmado El Director).
En el editorial del 13 de enero arremete contra las mentiras que en tiempos de guerra se llaman ardides o contrapropaganda, y en tiempos de revolución –“ni más ni menos que una guerra con pasaje de segunda”– parecen tener vía libre: “En todos los tonos se canta este dicho y se repite esta cantinela: Los obreros fueron vilmente engañados pues los dirigentes no hicieron más que robar y enriquecerse”. ¿Cuáles son las pruebas? Señala el caso de un secretario general que “ha llenado su bolsa más de la cuenta”, pero dicho por quienes primero comenzaron por cantar para luego ponerse a buscar las pruebas del canto, agrega. Luego de reseñar las obras realizadas en el campo gremial (locales, policlínicos, proveedurías, colonias de vacaciones, consultorios jurídicos y sociales, etcétera), anota: “Ante la montaña de obras construidas, vuelve como un eco el dicho: ¿Nada más que robar? ¿Y quién diablos realizó tantas cosas? ¿Un milagro, acaso?”. Y concluye: “La verdad resplandece siempre por más oscuridad que hubiese. De ahí que hayamos insistido en una acción noble: poner preso a los ladrones sin molestar a los honestos. Porque en la Argentina hay más de 4.000 organismos sindicales y, según lo publicado, los rateros son un puñadito. ¿Se justifica, entonces, que toda la acción sindical sea calificada de mala, engañosa y deshonesta?” (Federalista, 13-1-1956, “¿Cuántos son los malos y cuántos son los buenos?”, firmado El Director).
El 20 de enero el director se pregunta: “¿Quién administra las Fuerzas Armadas?”, y critica la idea de la “inutilidad criolla para administrar” instalada como “sonsonete prebischteriano” para favorecer el traspaso de propiedad de los sectores nacionalizados de la economía. Busca marcar la contradicción entre el aforismo que sostiene que el buen administrador es el extranjero con el manejo que se hace por nativos de las Fuerzas Armadas, más estando ellas a cargo del gobierno provisional de la Nación (Federalista, 20-1-1956, “¿Quién administra las Fueras Armadas?”, sin firma).
En su última entrega, Güemes señala “La tremenda división de los argentinos”. Consigna que la entrega de la “revolución” a los políticos instaló el revanchismo que, unido a la idea de “entrega del manejo de la economía al exterior”. pone en serio riesgo la unidad del país y su soberanía (Federalista, 27-1-1956, “La tremenda división de los argentinos”, sin firma).
Junto con las notas editoriales, Güemes cubre una sección titulada “Qué queremos para la Patria”, en la que discurre sobre “palabras simples y claras” como Reconquista; “una juventud obrera que Reconquiste”; “una misión continental”; “no entreguen fracasos a los jóvenes”; “replanteamientos impostergables”; y “nuevos conceptos de límite y frontera”. En oportunidades organiza una columna con cartas del director a sus vecinos: “Al señor panqueque, vecino del primer piso”, por ejemplo, recordándole su pasado de “peronista rabioso” que “siguió tirando en el peronismo hasta junio de 1955”, y preguntándole: “¿por qué tanto encogerse de hombros cuando me ve?” (Federalista, 30-12-1955: 7. O “A mi vecino de la ‘izquierda’ aprovechado, zurdo y panqueque”, en Federalista, 13-1-1956: 7). Otras cartas las dirige a sus “amigos”: “A mi amigo obrero, el de las manos callosas” (Federalista, 27-1-1956: 5).
Secciones y algunas columnas
Como decíamos, en la sección “Cotorreo”, semana a semana, aparecen comentarios cáusticos sobre el acontecer nacional que no dejan de aludir a los realineamientos políticos de la hora: “Ni siquiera se puede afirmar la complicidad del Gran Felpudo Nacional –así se lo ha bautizado a Mendé– en los negociados, aunque se lo ha llenado de la peor mielina que registra la historia del crimen: delator y traidor”. “Muchos revolucionarios que ni dirigían la palabra a antiguos conocidos ‘impenitentemente peronachos’ comenzaron a buscar contactos dentro de un clima de conciliación”; temas de “libertad de prensa”; comentarios sobre los “nostálgicos” de la Marcha de la Libertad y la Constitución que concluyen su trayectoria convocando a una simple asamblea, diez años después, etcétera.
A partir del número 6 aparece la “Craneoteca semanal” en la que se refiere, con ironía y sorna, a algunos acontecimientos. “El sindicato de Obreros Municipales cumple 40 años. ¡Mi pésame, muchachos, por el jerarca que soportan!” –se refieren al gremialista de origen socialista Pérez Leiros–, y a cada uno de ellos lo sigue una leyenda: “¡Ni me hable de los precios! ¡Ni me hable de los cesantes! ¡Hábleme de los detenidos!… ¡y de los confinados en el Sur!”. “¿La carestía de la vida? ¡Horror! ¿Las cesantías? ¡Más horror! ¿Los dirigentes detenidos o confinados? ¡Horror de los horrores!” (Federalista, 13-1-1956).
Bernardo Iturraspe trabaja la cuestión constitucional en una serie de notas bajo el título “No debe reformarse la Constitución sin antes consultarse al pueblo”, y en otros artículos (Federalista, 16-12-1955: 4; 23-12-1955: 3-4; 30-12-1955: 4, “Desplazamiento de la soberanía popular hacia las minorías selectas”; 20-1-1956: 4, “La constitución de 1949 no es totalitaria”).
Aldo Pacciello, con firma, escribe notas de raigambre económica referidas a la nacionalización de los ferrocarriles y su funcionamiento, al “Individualismo antifederalista”, a “La unidad económica, política y cultural” y a “Una noticia de extraordinaria importancia” sobre la cuestión ganadera (Federalista, 13-1-1956: 3, 5 y 7; 20-1-1956: 2).
Siguiendo el modelo de El Líder, la columna sobre “El Tiempo” aparece ilustrada con una mujer en bikini y la reproducción del “pronóstico oficial”: “las lluvias últimas han estado mal repartidas. Sigue la sequía en vastas zonas. En algunas regiones ha llovido en demasía al extremo de que se pensó hacer sufragios. Pero no falta quien asegure que es prematuro sufragar” (Federalista, 20-1-1956: 3). En la penúltima página incluyen informaciones y análisis relacionados con el turf, y en la contratapa tratan la cuestión deportiva, enfocada casi con exclusividad al fútbol, en particular a la intervención de Arturo Bullrich en la AFA. Para referirse a él utilizan el alias de “Rey Arturo” y en varias entregas le gastan versos irónicos.
El abogado santafesino Bernardo J. Iturraspe está a cargo de “Las fábulas zoopolíticas”.[21] En la primera entrega la emprende con “Los Zánganos” (Federalista, 10-12-1955: 3). “Cansados de la dura disciplina / implantada por rústicas abejas / decidieron los zánganos un día / tomar partido, también, en la colmena. / En propicia ocasión los holgazanes, / penetraron por fuerza en las celdillas. / Más pronto hubo problemas de los grandes / al integrar la Junta Consultiva. / ¡Hay que hacer trabajar a las abejas! / ¡No existen vencedores ni vencidos! / ¡La miel es nuestra y el trabajo de ellas! / Pero es ley natural que las obreras / gobiernen el panal desde hace siglos. / ¡Sepa el zángano hallar la moraleja!”.
En la segunda entrega (Federalista, 16-12-1955: 3) presenta “El Buey y la Chicharra”: “El buey iba tirando del arado / bajo el ardiente sol del mediodía, / y en las cuartillas rústicas del prado / rurales pentagramas escribía. / La chichara cantora se burlaba / cuando el buey algún yerro cometía: / ¡Trazaste mal el surco! –le gritaba. / ¡Hiciste mal la melga! se reía. / El buey paró su marcha ante la vana / provocación del bicharraco alado. / Y dijo con desprecio a la holgazana: / ¿cómo entiendes que el surco está mal hecho? / Quizá, porque yo mismo te he enseñado / el modo de trazar uno derecho”.
En la tercera entrega se ocupa de “Los Piojos” (Federalista, 23-12-1955: 3): “Unos piojos altivos que habitaban / en bosque de tupida cabellera / decidieron salir de su morada / para correr el mundo por su cuenta. / Mas no era la aventura cosa simple / pues, odiando el trabajo, al verse solos, / acosoles el hambre más terrible / y se fueron chupando unos a otros. / Pasó un rey que sin súbditos andaba / y al ver a la piojera medio muerta / pensó que a la ocasión la pintan calva. / Y los hizo marqueses, dignatarios… / Con ellos el país puede que muera, / más los piojos… ¡Están resucitando!”.
En la cuarta entrega de la sección “Zoopolítica” aparece una poesía bajo la firma del doctor Vargas Relmu.[22] Se anuncia “Especial para Federalista”: “La Vaca, la Cabra, La Oveja y el León”. “La vaca, la cabra y la oveja / –nos cuenta en sus fábulas Fedro– / formaron alianzas estrechas / juntándose al león en secreto. / Habiendo cazado un buen ciervo, / el león a partirlo se apresta / y en cuatro porciones el cuerpo / divide tanteando la presa. / ‘Será para mí la primera / –exclama frunciendo su ceño– / pues soy la mayor de las fieras / y exijo a mi nombre respeto’. ‘También la segunda me tengo / pues doblo a cualquiera en fiereza. / Por ser superior, la tercera, / ¡y guay del que toque mi resto! / En iguales condiciones / aunque en menor dignidad / sucedió en revoluciones / que buscaban libertad. / Al cazar, fueron las partes / iguales en condición. / Y en el reparto, por arte / de una vieja tradición, / los políticos se alzaron / con la parte del león”.
En el número correspondiente al 13 de enero el “doctor Vargas Relmu” realiza otra entrega “especial para Federalista”. Se trata de la pieza “El zapatero hecho médico”: “La miseria empujó a un zapatero / a ejercerla de médico sabio. / Y en un pueblo donde era extranjero / vendía un resabio / como antídoto muy milagroso. / Enfermóse un buen día el cuitado / y en probarlo su rey se dio arte. / Y fingió que un veneno mezclado / con resabio en parte, / ofrecía a beber al malvado. / Asustado y temiendo la muerte / confesó su traición con sollozos. / Y el monarca, signando su suerte, / llamó a sí a los mozos / y en el foro, habló en tono fuerte: / ‘No es locura confiar la cabeza / a quien nadie confió su calzar? / ¡Si lo habéis despreciado en su mesa / por mal trabajar, / necios sois en pagarle remesa / por un peor curar! / Saque, compadre, lecciones / de este cuento singular: / ¡nunca triunfó en elecciones… / ¿cómo le da el gobernar?”.
En la última entrega de Federalista, Bernardo J. Iturraspe escribe “El Camaleón”: “En tiempos de antigua dictadura / solía el dictador donar medallas: / por trabajar, por holgar las unas, / por lealtad, las otras, a la causa. / Recibió un camaleón este homenaje / en uno de los mútiples repartos, / mas pronto hubo barullo y el donante / se cayó del sillón rivadaviano. / ¡Muera el cruel opresor! ¡Viva la Patria! / El leal camaleón salió gritando… / pero alguien murmuró de la medalla. / Y sacando un recibo del empeño, / dijo el bicho: ¡Aquí está! ¡La he despreciado! / ¡Ahora espero otra igual de este Gobierno!” (Federalista, 27-1-1956: 2).
La travesía de Scalabrini Ortiz: de El Líder a Federalista
Como vimos, Scalabrini Ortiz, retirado también ante la intervención de El Líder, acompaña a Güemes en la nueva empresa periodística. En el número 1 de la publicación aparece un artículo de su autoría que cuestiona la finalidad de la derogación de la Constitución del año 1949: “El artículo 40 es bastión de la república” (Federalista, 10-12-1955: 4). Dice allí: “Al igual que los integrantes de una orquesta, la acción de cada de ellos se pierde en la ola de acordes de la sinfonía… que es en definitiva la que aprisiona y sobrecoge al espectador. Observando bien, sin embargo, se comprueba la puntualidad y la disciplina de cada ejecutante… Cada uno maneja individualmente su instrumento y tiene su función pero todos obedecen puntillosamente a los dictámenes de un texto que es sólo inteligible para los músicos. Quien verdaderamente manda allí no está presente… Ellos no son más que intérpretes de una voluntad escrita en un lenguaje sólo por ellos inteligible, un lenguaje con muchos puntos negros como un texto masónico. Muy semejante al de la música es el espectáculo intelectual y la técnica de la política. Cada político maneja un instrumento de sonoridades, timbres y voces particulares. Cada uno es distinto de los otros, independiente, y aparentemente libre de ejecutar lo que se le ocurra. Pero esa es una ilusión falaz, que sólo puede engañar al que ignora las leyes de un concierto político. Parecen libres, como los músicos de la orquesta. Pero si están en la orquesta es porque están concertados, es decir, armónicamente combinados en las ulterioridades de la sinfonía política. Soplan en la flauta, no cuando quieren sino cuando les corresponde soplar. Un artículo inocente, un editorial sin trascendencia, un antecedente aportado por un jurista, un ensayo, una opinión colateral, son modelaciones que sincronizan en la gran voz de la publicidad cuya resonancia ahoga el genuino clamor de la necesidad nacional”, para pasar al ejemplo: “Primero fue un socialista, el doctor Sánchez Viamonte, quien propuso abolir toda estructura legal y dejar al país en el estado de horda. Después opinó un antiguo abogado de empresas británicas, el doctor Clodomiro Zavalía, y propició un sistema menos drástico: bastaba reimplantar las normas dictadas en 1853 y eliminar las pocas reformas introducidas en 1949. Luego dictaminó un abogado nacionalista, el doctor Bonifacio del Carril. Aseguró que la operación era más sencilla aún, porque la Constitución era única y no había dejado de estar en vigencia en ningún momento la sancionada en 1853. La ‘tribuna de ideas’ ubicaba estas opiniones en el rincón de su página editorial tradicionalmente consagrada a los pensamientos matrices de la comunidad argentina, como la coordinación de transportes y el Banco Central. Las voces menores del periodismo hacían y hacen un coro estridente a la vociferada e imperiosa y urgentísima necesidad de reformar la constitución. Se arguye que la Constitución Argentina no es democrática ni republicana porque permite la reelección del presidente y se hace caso omiso que la constitución norteamericana, de donde está copiada la nuestra en su mayor parte, también acepta la reelección de los presidentes. Pero la alharaca que se alza en torno a la reelección es una coartada de disimulo. Allí no están los huevos del tero. Es sabido que el tero chilla en un lugar alejado del nido para distraer y alejar a los que buscan sus huevos. Los huevos del tero están en el artículo 40 de la Constitución Argentina. Es el artículo 40 el que se quiere eliminar, no el que se refiere a la reelección de presidente… el artículo 40 sí es un obstáculo, una verdadera muralla que nos defiende de los avances extranjeros y está entorpeciendo y retardando el planeado avasallamiento y enfeudamiento de la economía argentina. Mientras esté vigente el artículo 40, no podrán constituirse las sociedades mixtas, porque lo que se urde estará incurablemente afectado de inconstitucionalidad. Ni los transportes, ni la electricidad, ni el petróleo podrán enajenarse ni subordinarse al interés privado con que se enmascara el interés extranjero, mientras permanezca en pie el artículo 40 de la Constitución Nacional. La orquesta de la traición no lo cita, siquiera, al artículo 40. No se refiere a él para nada. Ni siquiera simula menospreciarlo o restarle importancia, porque eso equivaldría a reactualizarlo en la memoria pública. Lo ignora, simplemente. No se ha escrito ni una sola línea en contra del artículo 40, lo cual demuestra que hay una consigna a ese respecto. Todo lo que se ha construido bajo el régimen del ‘sangriento tirano depuesto’ ha sido ametrallado sin piedad y sin entrar a considerar si llenaba o no una función útil a la sociedad”. Y amplía el planteo: “Nada se ha librado de la crítica malevolente y de la intención disgregadora: hombres, instituciones, leyes, resoluciones fueron mancillados por las infamaciones más increíbles, pero el artículo 40 está allí, en su soledad de monolito marcando el punto preciso hasta donde puede llegar la intromisión extranjera. ¿Y no es este silencio la mejor prueba de que es a él a quien amenaza la creciente marea anticonstitucional?”. Refuerza: “Cada párrafo del artículo 40 tiene la recia estructura de un bastión, y sus nítidas aristas no se prestan a torcidas interpretaciones”, citando sus partes. Y remata: “Los anti-reformadores de la Constitución pasan en puntas de pie y parecen ignorarlo. Pero nosotros, que tenemos una larga práctica en la técnica de las orquestaciones políticas, denunciamos que el verdadero objetivo de las proyectadas reformas a la Constitución Nacional es el de derogar, anular o eliminar el artículo 40. Y sólo nos resta esperar que el silencio que lo rodea sea como el silencio que en la novena sinfonía precede a los tres golpes del destino”.[23]
En el número 2 escribe el artículo titulado “La fuerza debe estar al servicio de una finalidad nacional” (Federalista, 16-12-1955: 4). Se pregunta por las causas del alejamiento de Lonardi, señalando “dudas y ansiedad por conocer la identidad de la inteligencia que está actuando detrás de la fuerza visible. La fuerza tiene una limitación en sí misma. Tanto en su aplicación como en sus objetivos. La fuerza puede doblegar otra fuerza pero es incapaz de convencer ni de persuadir a nadie. ‘Los pueblos se conquistan a caballo, pero no se administran desde el caballo’, decía Kubali a su jefe el gran conquistador mogol Gengis Kan. La fuerza está siempre al servicio de algo: de una política, de una ambición personal, de una voluntad de pueblo o de una nación extranjera que procura doblegar las fuerzas propias de otra nación para someterla a coloniaje, cercenarle alguna fracción de territorio o apropiarse de alguna de sus riquezas. La fuerza no es un fin en sí misma. Es un instrumento de algo y de alguien”. Trae en su apoyo a un teórico alemán: “‘La guerra es la última de las políticas’ decía Schliieffen, el más agudo meditador de la estrategia moderna. Lo cual quiere decir que la guerra no un objetivo en sí mismo, ni puede serlo. Y la guerra es como las revoluciones: una expansión de una fuerza que por su misma índole es transitoria y que está al servicio de una política, es decir que tiene un objetivo y un plan para lograrlo, declarado o implícito”. Y aborda los tópicos que venía pensando desde el tiempo de Lonardi en el ejercicio de gobierno: “¿Cuáles son los objetivos de esta revolución? ¿Cuáles son sus finalidades y hasta qué límites se proponen actuar? ¿Cuál es su programa de acción inmediata y cuáles sus finalidades subsiguientes? ¿Se propone derrocar al general Perón, simplemente, o abolir también al partido peronista? ¿Hasta qué extremos se piensa llegar para alcanzar esos fines? ¿O el plan es más amplio que todo eso y lo que se propone es extirpar del espíritu nacional toda idea de independencia? ¿Es esta una consecuencia circunstancial de la indignación ante algunas demasías y algunos excesos? ¿O los excesos y demasías son pretextos para iniciar y poner en planta un programa cuyos alcances desconocemos?”. Toma luego el caso de la crisis del 13 de noviembre y lo centra en la continuidad de Busso, señalando la influencia de la masonería –instrumento invisible de la política británica–, unido a la trayectoria del ministro en la cátedra y en su bufete junto al ministro de Industria Morixe, al que supone recurren las grandes empresas locales y extranjeras. Concluye: “Está en la vieja tradición democrática del país que los grandes abogados de grandes compañías alcancen los más responsables cargos políticos. El doctor Manuel Quintana fue abogado del Banco de Londres y el doctor Roberto Ortiz de más de veinte compañías británicas”.
En el número 3 de Federalista, Scalabrini escribe el artículo “La crisis imaginaria del Doctor Raúl Prebisch” (Federalista, 23-12-1955: 4). En esos días sale una impugnación al informe y al plan del gobierno realizada por Arturo Jauretche (1955): El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje.[24] Scalabrini escribe una carta felicitando a su amigo por ese escrito, “cuya documentación y argumentación son irrebatibles” (Galasso, 1970: 499).
Tiempo atrás, desde Lucha Obrera, había titulado su director, Esteban Rey: “¡Abajo el Plan Prebisch! La oligarquía y el imperialismo no ganarán la última batalla” (Lucha Obrera, 1, 10-11-1955: 1). Jorge Abelardo Ramos escribe “Se levantan de su tumba los espectros de la década infame” (Lucha Obrera, 1, 10-11-1955: 3). Jorge E. Spilimbergo publica: “Prebisch, el hombre de la década infame, estrangula con su plan al pueblo argentino” (Lucha Obrera, 3, 1-12-1955: 4).
En el artículo de marras, Scalabrini retoma algunos de estos argumentos y en especial el de Jauretche, que sostiene que Prebisch ha “fraguado” una crisis.[25] Comienza diciendo “bien pudo el doctor Prebisch proyectarse hacia el porvenir y asegurar que la crisis tan originalmente descubierta por él es ‘más aguda que todas las que puedan sobrevenir en el futuro’”, tomándose de una afirmación que considera “aplastante”: “La Argentina atraviesa por la crisis más aguda de su desarrollo económico: más que aquella que el presidente Avellaneda hubo de conjuntar ‘ahorrando sobre el hambre y la sed’ y más que la del 90 y más que la de hace un cuarto de siglo, en plena depresión mundial”. Esa “superación hiperbólica” hace de la situación argentina “la crisis óptima, la mejor crisis del mundo, la crisis perfecta, la que nadie podrá superar ni demostrar, porque solo existe en la imaginación del doctor Prebisch y en los tenebrosos propósitos de quienes la utilizarán como pretexto para desmantelar el país y sumirlo en la verdadera y permanente crisis económica y espiritual que caracteriza a toda factoría”. Establecer la ‘crisis’ es entonces la “premisa fundamental”, el “punto de partida” para las medidas devaluatorias, la liquidación del IAPI, la toma de deuda y la constitución de sociedades mixtas, nos dice el columnista. “El ‘Informe’ del doctor Prebisch no es un estudio técnico. Lo fundamental del ‘Informe’ son las frases literarias con las que recubre un disciplinado pesimismo malhumorado”.
En la entrega del 30 de diciembre sale el texto “El número símbolo de nuestra incapacidad”, en el que discute el uso de los datos por Prebisch.[26] En un caso refiere al aumento de la productividad en el decenio peronista –estimado por un estudio de Gómez Morales en 3,5% y que Prebisch no cita– y en otro caso con una estimación anticipada del ingreso per cápita del año 1955 comparado con el del año 1946 –que también redondea en la cifra 3,5%. Scalabrini concluye el recorrido diciendo: “El doctor Prebisch debe haber exclamado: ¡Eureka!, como Arquímedes cuando descubrió la fórmula de la densidad. Él había encontrado el número símbolo de nuestra incapacidad. Ese número –como quería Pitágoras– sería el principio de todas las cosas, la premisa fundamental de todas las conjeturas, el justificativo de todas las depredaciones. El 3,5% dejó ser cifra que tuviera un origen, fue un arma mortífera por sí misma. El doctor Prebisch se refiere a él casi con reverencia, como si se tratara de una magnitud comprobada, como si se refiriese el mismo metro-tipo que está guardado en los sótanos de la Sorbona. ‘El producto por hombre apenas ha aumentado en 3,5%, pero ese 3,5% no se ha repartido proporcionalmente en todos los grupos sociales’, afirmó en el Ministerio del Ejército. El doctor Prebisch está tan convencido de la realidad de su 3,5 por ciento que ya se refiere a él como si fuera un pedazo de queso”. Ilustra la nota la imagen que reproducimos y al pie colocan: “El Mago que descubrió nuestra incapacidad”.
En el número 6 del semanario Federalista, “único espacio libre que nos ha dejado la revolución libertadora”, Scalabrini Ortiz, que ha pasado a constituirse en la pluma más seguida y de mayor prestigio en el medio, vuelve sobre las “Inexactitudes y más cifras falsas del Informe Prebisch” (Federalista, 13-1-1956: 4). Comienza diciendo: “Continúo demostrando que el ‘Informe’ del doctor Prebisch no es un documento objetivo en que se estudie imparcialmente la realidad argentina, sino una falaz elaboración intelectual construida al revés, en que los pocos números que se citan y las opiniones personales que se emiten sobre casi todas las actividades del país, tienden a un mismo objetivo preconcebido: servir de pretexto para socavar las bases de nuestra independencia económica y hundirnos en el tembladeral inestable característico de una factoría”. Dice que Prebisch se maneja con tres números: deuda, déficit de transporte y aumento de la producción. Centra su análisis en este último campo y trabaja sobre la cuestión industrial, blandiendo a su favor los resultados del censo industrial del año 1954 que contrastan y desmienten, según el autor, los datos que maneja Prebisch sustentados en la oficina de estadísticas del área económica: “Todas las cifras del censo industrial demuestran terminantemente el extraordinario crecimiento industrial argentino. El número de establecimientos industriales sube de 86.440 en 1946 a 181.773 en 1954. El consumo de combustible crece de 11.696.000 toneladas de combustible-petróleo en 1946 a 15.700.000 en 1954, es decir un aumento del 34%”. Antes había dicho que el empleo industrial había aumentado el 25,4% entre 1946 y 1954. Cierra esta parte afirmando: “Es innecesario agregar otros números a éstos, que por sí mismos denuncian la falsedad del modesto 3,5%”. Dobla la apuesta: “Hay además en la industria argentina un factor que los números no miden: es el aumento de la calidad de sus productos, que ha alcanzado en la actualidad un grado óptimo. Pero el doctor Prebisch desestima la calidad tanto como la pobreza e incapacidad para poder argumentar sobre la necesidad de recurrir al capital extranjero y, quizás, para que no nos aflijamos demasiado cuando toda esa obra sea desmantelada con los más varios pretextos, incluso la de que sus bienes fueron ‘mal habidos’”. Remata: “No envidio la moral profesional del doctor Prebisch ni el prestigio conseguido a esa costa”.
Para este momento comienzan a circular más trabajos críticos del ‘Informe’ y el Plan Prebisch. Abraham Guillén (1956), cercano en su momento a Cooke, publica un libro desmenuzando el informe. José Liceaga (1956), hombre de la intransigencia radical, se suma al arco de quienes cuestionan al técnico cepalino y saca un folleto crítico. Desde el sector intelectual vinculado al Partido Comunista, Luis V. Sommi (1956) publica también una crítica. Desde el nacionalismo desplazado del gobierno con el golpe palaciego del 13 de noviembre aparecen los análisis de Julio Irazusta (1956), y Walter Beveraggi Allende (1956), a su vez, hizo su análisis de las propuestas de Prebisch. Disputando algunos de los sentidos de la política económica en curso, Federico Pinedo (1956) vuelve al ruedo publicando un trabajo que también ingresa en la polémica. De esa manera, a través de notas periodísticas, folletos y libros, distintas tradiciones político-ideológicas cristalizaban un debate sobre el legado del peronismo y las problemáticas centrales de la economía argentina a partir de la intervención realizada por Prebisch.[27]
Scalabrini continúa con su argumentación. El espacio de la prensa opositora se achica cada vez más y, en ese marco, escribe sus últimas notas refugiado en Rivadavia 3772 de la Capital Federal, domicilio de su amigo Maya, utilizando seudónimos. En la entregas del 20 y del 27 de enero no aparece su firma, pero podemos inferir que es el autor de “Seis incógnitas y un empréstito cierto. Más consideraciones sobre el Plan Prebisch” (Federalista, 7, 20-1-1956: 4-5) que bajo la firma de Spectator ocupa el lugar habitual de su columna, y “La productividad y los excelentes balances del ejercicio 1954-1955” firmado por Luis Mendoza, que de alguna manera continúan con los temas que venía considerando (Federalista, 7, 20-1-1956: 7).
A fin de mes se interrumpe la experiencia de Federalista y la pluma de Scalabrini queda sin espacio para la expresión. En abril, Jauretche, desde el exilio montevideano, lo insta a tomar contacto con Rogelio Frigerio. Recién lo hace en el mes de julio, fracasado el levantamiento de Valle, y comienza a escribir sus notas en Qué (Galasso, 1970: 504).
Breve recapitulación y consideraciones de contexto
Como hemos podido constatar, para fines de diciembre la “Revolución Libertadora” está en auge. El célebre “4161”, el decreto ley por el que el gobierno militar pretendió conjurar la existencia del peronismo por la vía de la prohibición lisa y llana de toda expresión que aludiera directa o indirectamente al movimiento o a sus símbolos, fue utilizado una y otra vez para cercenar las posibilidades de expresión escrita. Luego de la remoción de Lonardi, el avance del antiperonismo –patente en la conformación de comisiones investigadoras, el establecimiento de las consabidas proscripciones y la puesta en práctica de distintas medidas de persecución y represión política– tuvo pues un correlato efectivo en la aplicación de una censura que derivaba en frecuentes confiscaciones de las ediciones y que, junto con otras medidas que obstaculizaban la circulación de la prensa, redujeron sensiblemente las posibilidades expresivas del peronismo. Por una u otra vía, pero mediando siempre la represión y la censura, se fueron angostando los espacios de los primeros periódicos de la “resistencia”.
El Líder terminó su vida el 31 de diciembre, por una decisión de la intervención. La Argentina de Nora Lagos dejó de salir ante la detención de su directora a fines de diciembre (Federalista, 4, 30-12-1955: 6). Política y políticos,[28] orientado por José Luis Torres, editó su último número el 15 de diciembre. Lucha Obrera de Rey y Ramos, que denunciara la “censura previa” a través del mecanismo de provisión de papel, fue secuestrado en varias oportunidades y también dejó de salir.[29]
De Frente fue intervenido por José Luis Lanuza, escritor de la SADE, por poco tiempo, y luego interrumpió su salida.[30] “La tapa del número 93, del 24 de diciembre de 1955, con una foto de Cooke informa sobre su detención y lo presenta como ‘prisionero de guerra de la revolución’. De Frente hace referencia entonces a ‘la Nochebuena triste del pueblo argentino’” (Jozami, 2010).[31] En enero salen dos números colocando en tapa a Oscar Albrieu (De Frente, 94, 2-1-1956) y a Jauretche (De Frente, 95, 9-1-1956), ya para entonces exiliado. En esas entregas publica dos notas Scalabrini Ortiz.[32] Federalista se solidariza con la publicación, difundiéndola.[33] De Frente, de todos modos, cierra ante la presión del gobierno. Jauretche, al secuestrarse el tercer número de El 45, desaparece de la escena y, pedida su captura, se exilia en Montevideo (Moyano Laissue, 2000).
Federalista no es la excepción y su salida se extendió entre los meses de diciembre de 1955 y enero de 1956. En todo momento su supervivencia estuvo en duda, y si a mediados de enero sus páginas denunciaban presiones ejercidas sobre los “canillitas” para impedir la venta (Federalista, 13-1-1956: 3), poco después se produciría su inevitable cierre. Como resumiera en su momento Scalabrini Ortiz: “En enero de 1956 se cerró la última tribuna. Me quedé sin tener un solo lugar donde escribir”.[34]
Pese a la brevedad de su vida, este medio fue muy importante y se publicó en una época cada vez más aciaga. Continuidad de El Líder, encontró en José Antonio Güemes un director apropiado para tiempos difíciles. Según se ha expresado en el texto, a través de sus páginas se registró la impugnación al informe Prebisch, de la mano de la pluma de Raúl Scalabrini Ortiz, en diálogo, colaboraciones cruzadas y retroalimentación con El 45 y De Frente. Corrió, por lo demás, los mismos riesgos y tuvo a la postre la misma suerte que el resto de las hojas, diarios y semanarios de esa primerísima “resistencia”.
Amaral S y W Ratliff (1991): Juan Domingo Perón. Cartas del exilio. Buenos Aires, Legasa.
Belini C (2018): “El Plan Prebisch de 1955, los dilemas del desarrollo argentino y las controversias en torno a los legados económicos del peronismo”. Revista de Indias, LXXVIII-273.
Beveraggi Allende W (1956): El dilema económico de la revolución. Buenos Aires, s/d.
Contreras G y D Garcia (2015): “El grupo FORJA en el contexto de la ‘Revolución Libertadora’ (1955-1958). Tácticas políticas y formulaciones ideológicas”. En Pensar a Jauretche, Buenos Aires, UNIPE.
Ehrlich L (2012): “Voces y redes del periodismo peronista”. Prohistoria, 17, Rosario.
Galasso N (1987): No la dejemos ahí. Buenos Aires, Felipe Varela.
Galasso N (2003): Jauretche y su época. De Yrigoyen a Perón, 1901-1955. Buenos Aires, Colihue.
Guillén A (1956): Radiografía del Plan Prebisch. Buenos Aires, Guitem.
Hernandez PJ (1998): Peronismo y pensamiento nacional. Buenos Aires, Biblos.
Jauretche A (1955): El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje. Buenos Aires, El 45.
Jauretche A (1962): FORJA y la década infame. Buenos Aires, Coyoacán.
Jozami E (2010): “La revista De Frente: un caso singular en el primer peronismo”. En Ideas y debates para la nueva Argentina: revistas culturales y políticas del peronismo, 1946-1955, La Plata, EPC-UNLP.
Liceaga J (1956): Apreciaciones sobre el Plan Prebisch. Buenos Aires, s/d.
Lonardi E (1955): Informe al país de la situación económica y financiera. Buenos Aires, Presidencia de la Nación.
Martínez R (1957): Grandezas y miserias de Perón. México, s/d.
Orsi R (1985): Jauretche y Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, Peña Lillo.
Perón JD (1956): La fuerza es el derecho de las bestias. Lima, Mundo.
Pinedo F (1956): El fatal estatismo. Buenos Aires, Kraft.
Pulfer D (2017): La fuerza es el derecho de las bestias. Itinerario de un escrito. Buenos Aires, Peronlibros.
Scalabrini Ortiz R (1965): Bases para la reconstrucción nacional. Buenos Aires, Plus Ultra.
Sommi L (1956): El Plan Prebisch y el destino argentino. Córdoba, ADER.
[1] Diario Crítica, 29-9-1955. En tapa colocan una foto y el epígrafe “Entrada al refugio”, y en página 5 titulan: “Se descubrió un departamento blindado en el Edificio ‘ALEA’”. En el texto establecen que uno de los túneles lleva a otra parte del edificio que no determinan, y otro “conduciría al río, ya que la profundidad de siete metros bajo el nivel de la calle facilitaría enormemente la huida por el río, distante escasos centenares de metros del edificio”.
[2] En su equipo colaboran Cátulo Castillo, Víctor Alvares y otros. Güemes fue oficial del ejército argentino. En los años 30 se pliega a la rebelión militar de Gregorio Pomar. Por esa razón es arrestado y dado de baja. Se retira con el grado de teniente. Bajo el gobierno de Perón trabaja en Italia para promover la radicación de inmigrantes en la Argentina. Luego es parte de la organización de la Universidad del Neuquén, actuando como secretario general y decano de la Facultad de Humanidades.
[3] Entre las cuales podemos citar: El descamisado, orientado por Manfredo Sawady, quien fue detenido el 1 de diciembre de 1955 y en su lugar comenzó a publicarse El Proletario bajo la dirección de Aníbal Leal; Doctrina, dirigido por José R. García; o Momento Argentino bajo la influencia de Atilio Bramuglia. En el Gran Buenos Aires: Norte, del partido de San Martín, es dirigida por Alberto Manuel Campos, y deja de salir por clausura en diciembre de 1955; y Renovación, de Ramos Mejía, orientada por Tomás Farías. Del interior del país pueden citarse las hojas de Debate, de Resistencia.
[4] Jauretche se mueve en la víspera entrevistándose con Albrieu y Cooke, dando aviso del movimiento militar de Córdoba (Galasso, 2003, 591). Ante insinuaciones nacionalistas de plegarse al alzamiento militar, ni uno ni otro las consideran. Scalabrini argumenta: “Si hay golpe, será necesariamente antipopular y antinacional, y si no lo es, derivará inmediatamente en eso… Pero yo no me prestaré a eso. Yo voy a permanecer junto al pueblo” (Galasso, 1970: 478). Jauretche les dice: “A pesar de mis diferencias actuales con la política del general Perón yo no puedo dejar de coincidir con la línea de fondo de su gobierno, sobre todo porque el país, en este momento, no tiene otra alternativa: o la oligarquía liberal o Perón… yo no sólo no voy a estar con ustedes, sino en contra” (Galasso, 2003: 587).
[5] “Junto con el Dr. John Cooke, a la sazón máxima autoridad del Partido Peronista en Buenos Aires, fui el último en abandonar su sede la trágica noche del 19 de septiembre de 1955… Allí esperamos, estoicamente, que nos vinieran a atacar, las mismas fuerzas que estaban bombardeando la Alianza. Sólo cuando el Dr. Jauretche, quien vivía en las inmediaciones de esa entidad, nos hizo comprender lo suicida e inútil de nuestra decisión de resistir a fuerzas del ejército, infinitamente superiores en número y armamento, resolvimos retirarnos” (Martínez, 1957: 9). Para analizar la acción política de Jauretche en esa coyuntura: Contreras y García (en Marangoni, 2015).
[6] Según Norberto Galasso (1970: 484), las preguntas están consignadas en borradores del escritor. Más tarde aparecen levemente reformuladas en notas periodísticas.
[7] Con motivo del fallecimiento de Scalabrini aparecen dos reminiscencias de estos días. Dice Gobello: “Acababan de demoler el viejo edificio donde la Alianza tenía sus oficinas. El procedimiento, superfluamente brutal, señalaba la decisión de actuar sin contemplaciones. Scalabrini era solo un escritor, un escritor a quien un largo y deliberado silencio podía hacerlo creer liberado de cualquier compromiso. Pero sus compromisos eran con el país. ‘Voy a escribir algo’, me dijo. Ese ‘algo’ fueron poco después sus artículos de El Líder” (El Nacional, 2-6-1959, citado por Galasso, 1970: 483). Soler Cañas recuerda: “En la época de El Líder iba un día en un trolebús cuando divisé la silueta de Scalabrini en Retiro. Me bajé apresuradamente porque sentía la necesidad imperiosa de verle, de hablarle, de hacerle saber con qué emoción seguíamos anónimamente su lucha, su labor de esclarecimiento. Recuerdo entonces una frase suya, lanzado con su voz ronca, nerviosa, viril: ‘No se la van a llevar de arriba’” (Mayoría, 11-6-1959: 25).
[8] El Líder, 23-10-1955. Luego será reproducido en el volumen titulado “Aquí se aprende a defender la patria”, Revista Qué, suplemento mensual 2-3, marzo de 1957, páginas 6 a 8. Más tarde inicia la obra, organizada y prologada por Vicente Trípoli, Bases para la reconstrucción nacional (Scalabrini Ortiz, 1965).
[9] Desde ese momento, tanto Jauretche como Scalabrini Ortiz hablaron de un equipo técnico local colaborando con Prebisch. En la edición del año 1969 de El Plan Prebisch, realizada por Mar Dulce, Jauretche incluiría como epílogo el texto “Historia secreta del Plan Prebisch”, afirmando que el técnico de la CEPAL hizo suyo un material elaborado por otras personas, ya que materialmente no tuvo tiempo de producir el texto y sus posiciones eran contradictorias con las que venía postulando desde el organismo de las Naciones Unidas. Años más tarde, Galasso (1987) proseguiría esa tarea buscando darle carnadura a esa versión.
[10] El discurso es radiofónico y luego impreso en Lonardi (1955).
[11] Bajo el título “Un antiimperialista a la violeta” lo acusan de servir a Estados Unidos, y en otra nota señalan que fue agente “nazi”.
[12] Repetimos lo que escribe al respecto el amigo de Scalabrini, Arturo Jauretche, a la salida de El 45 sobre la experiencia de El Líder: “Era un periódico de tantos. De pronto, irrumpió cubriendo toda la escena. Fueron sesenta días gloriosos. Los días más gloriosos que puede vivir un periodista. Cuando él no va a los lectores, sino los lectores vienen a él. Fue alimento de primera necesidad, como el pan, la carne y el vino sobre el mantel de los humildes. Tiró doscientos mil ejemplares que se convertían en 2.000.000, porque había cola para comprarlo delante de los puestos de venta y cola para leerlo detrás de los compradores. El propietario de un ejemplar de El Líder adquiría personalidad. Se identificaba con el periódico y se transformaba en periódico él mismo. Ahora está intervenido. Es como si se hubiera muerto. Pero su recuerdo vive, como la brasa en el rescoldo, en el cariño de los argentinos. Un gran abrazo para todos los muchachos que trabajaron en él. Trataremos de que su espíritu trascienda de esas columnas, una tentativa más de libertad de prensa en este régimen de libertad de prensa. De todos modos, El Líder es una prueba de que el país tiene un espíritu insobornable y que cualquier rendija por la que se filtre la luz bastará para iluminar la multitud en marcha, con su gran silencio, entre el entramado artificial del resto de la prensa grande” (“Despedida a El Líder”, El 45, 16-11-1955: 1).
[13] “No dispongo en la actualidad de un solo dato estadístico anotado. He recurrido solo a mi memoria y al profundo conocimiento que poseo de mi país” (Perón, 1956: 10).
[14] Carta de Perón a María de la Cruz, 28-3-1956 (reproducida en Amaral y Ratliff, 1991: 104).
[15] “El diario El Líder, último reducto de la prensa libre en Buenos Aires, hoy ya clausurado e ‘intervenido’ por la dictadura, publicó una serie de editoriales de los cuales he tomado cuatro” (Perón, 1956: 172). Perón concluye la primera parte del libro que incluye esta sección antes de la crisis del 13 de noviembre. Ello muestra la rápida circulación y recepción de información, a la vez que una atención especial a las notas de prensa por parte del líder exiliado.
[16] Perón lo reconoce en una carta dirigida a Mercedes Comaleras, esposa de Raúl Scalabrini Ortiz, al momento de su muerte: “le soy acreedor de las ideas madres transcriptas en La fuerza es el derecho de las bestias y en Los Vendepatria” (citado por Hernández, 1998: 57).
[17] Colabora en Federalista y luego junto con el coronel Gentiluomo publica Pero… Qué dice el Pueblo.
[18] Abogado y poeta santafesino. Fue uno de los fundadores del peronismo en la provincia. En tiempos de la “Revolución Libertadora” escribe para Pero… Qué dice el Pueblo y Palabra Argentina. Dirige Tres Banderas y luego Compañeros.
[19] Colabora en Pero… Qué dice el Pueblo dirigido por Paciello y en Tres Banderas y Compañeros, periódicos dirigidos por B. Iturraspe desde 1957.
[20] “El lenguaje de Federalista tiene consonancia e identidad con los ideales que sostenemos –y que a la vez nos sostienen– y con la mentalidad firme de los lectores que ansiamos. De ahí que digamos siempre las cosas en forma directa, circunstancia que apena, sin duda, a las momias de museo que esta revolución liberó de sus vendajes de siglos. Para ellos está vigente el engolado lenguaje del tiempo de Ñaupa. Hablan en discurso, viven en ‘estatua’ y piensan con ideas que eran válidas para la revolución de 1789” (Federalista, 3, 23-12-1955: “No escribimos para momias”).
[21] Suponemos que es una creación suya, ya que la utiliza, más tarde, en el periódico Compañeros. Por ejemplo en el número 2, 11-4-1957, “Escribe La libertad”.
[22] Federalista, 30-12-1955: 3. Entendemos que es un seudónimo de Bernardo J. Iturraspe.
[23] Cabe consignar que René Orsi (1985: 156) había escrito en El 45 una nota sobre el artículo 40 de la Constitución de 1949 a instancias de Jauretche. También José Luis Torres había escrito, en ese mismo momento, otro artículo titulado “La verdadera historia del artículo 40 de la Constitución del año 1949”, en la que detallaba las presiones sufridas por Sampay en el momento de su inclusión (Política y políticos, 7, 6-12-1955: 2-3). En Federalista, Bernardo Iturraspe trata también el tema, como veremos a continuación.
[24] En la página 3 detalla las condiciones de producción: “Este trabajo ha sido escrito en las luces vacilantes del vivac, casi de pie, entre los que venían a traerme su angustia por los familiares y amigos, presos o desaparecidos, mientras se corrían consignas entre la masa partidaria, se preparaba un periódico: El 45, en la incertidumbre de su impresión y su circulación –y sin la propia seguridad personal–, expuestos como estamos todos a la prisión y a la infamación pública”. En un agregado posterior, en página 6, consigna: “En prensa esta publicación, me entero que he sido entregado a la infamia pública, incluyéndome en el decreto de recuperación patrimonial”.
[25] Jauretche (1955: 63). El capítulo se titula “¿Estamos en crisis?”.
[26] Federalista, 30-12-1955: 4-5. Luego será reproducido en el volumen titulado “Aquí se aprende a defender la patria”, Qué, suplemento mensual 2-3, Marzo de 1957: 16-17.
[27] Para un estudio actual del tema puede consultarse con utilidad Belini (2018).
[28] Si bien había comenzado como un periódico de orientación nacionalista “lonardista”, critica a Prebisch desde la primera entrega (25 de octubre de 1955) y se torna opositor después del 13 de noviembre. Eso explica que en un periódico “resistente” como es La Argentina de Nora Lagos se anuncie: “Lea Política y Políticos. Director José Luis Torres. Uruguay 638. Piso 7”, para diciembre de 1955 (La Argentina, 8-12-1955).
[29] Lucha Obrera, 15-12-1955: 1. Titula el ejemplar: “Hasta cuándo tendremos que soportar la libertad de prensa”, y en un recuadro anotan: “La Comisión Investigadora del papel nos impone una virtual censura previa”.
[30] Federalista, 3, 23-12-1955: 3 aclara que no está intervenida y que “su dirección es ejercida por los colaboradores inmediatos del Dr. John W. Cooke, quien se halla detenido”.
[31] En Federalista el 23 de diciembre sale un recuadro con un aviso sobre la revista De Frente, incluyendo en el índice donde aparece “La Nochebuena triste del Pueblo Argentino” y el anuncio siguiente: “A partir del Número 94 colaborará en nuestro semanario el prestigioso publicista Dr. Raúl Scalabrini Ortiz”.
[32] Llevan por título “¿Estaremos soñando?” (número 94) y “Causas de la Revolución Libertadora” (número 95).
[33] En el número 6, 13-1-1956: 7, anuncia la salida de la revista De Frente y en el contenido anuncia, junto a una nota titulada “Nuestro director está en Ushuaia” y un artículo conteniendo el resumen del “Plan Prebisch” por Raúl Scalabrini Ortiz. En el número 7 vuelve a hacer la misma publicidad y dice: “Este sumario corresponde al número 96 que debió salir a la venta el lunes 16 y que por razones técnicas aparecerá el lunes próximo”. Ese número nunca aparecerá…
[34] Carta a Carlos María Quinodoz, presumiblemente no enviada (citado por Galasso, 1970: 499).
Darío PulferFederalistaJosé GüemesJulio Melon PirroRaúl Scalabrini Ortiz
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References: artículo 40
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