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Timestamp: 2018-01-17 21:01:48+00:00

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1_9788490333532 by Editorial Tirant Lo Blanch - issuu
LA PRUEBA PERICIAL MÉDICA EN EL ÁMBITO DE LO SOCIAL El Médico del Trabajo como Perito Judicial Coordinadoras
María Teófila Vicente Herrero Pilar Moreno Torres Autores
Licenciada en Medicina. Especialista en Medicina del Trabajo y Medicina Familiar y Comunitaria. Técnico Superior en Higiene, Seguridad, Ergonomía y Psico-sociología
Capdevila García, Luisa M.
Doctora en Medicina. Especialista en Medicina del Trabajo y Medicina Familiar y Comunitaria. Técnico Superior en Higiene, Seguridad, Ergonomía y Psicosociología aplicada
López González, A. Arturo
Doctor en Medicina. Especialista en Medicina del Trabajo. Técnico Superior Ergonomía y Psicosociología aplicada. Profesor asociado UIB
Moreno Torres, Pilar
Magistrado de lo Social. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales en las especialidades de Seguridad en el Trabajo, Higiene Industrial y Ergonomía y Psicosociología aplicada
Ramírez Iñiguez de la Torre, Mª Victoria Licenciada en Medicina. Especialista en Medicina del Trabajo. Técnico Superior Seguridad industrial
Terradillos García, Mª Jesús
Licenciada en Medicina. Especialista en Medicina del Trabajo. Técnico Superior Ergonomía y Psicosociología aplicada
Torres Alberich, J. Ignacio Abogado ICAV. Asesor fiscal
Doctora en Medicina. Especialista en Medicina del Trabajo. Técnico Superior Ergonomía y Psicosociología aplicada
©	Mª TEÓFILA VICENTE y PILAR MORENO (Coords.)
©	TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-2725-2012 I.S.B.N.: 978-84-9033-354-9 MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
Índice PRÓLOGO..................................................................................................................................................... 6 I.	INTRODUCCIÓN............................................................................................................................. 8 II.	VALORACIÓN DE LA INCAPACIDAD LABORAL Y DE LA DISCAPACIDAD. CONSIDERACIONES EN LA PRUEBA PERICIAL MÉDICA.............................................. 16 1.	INCAPACIDAD vs DISCAPACIDAD...................................................................................... 16 1.1.	Incapacidad/Discapacidad y Deficiencia: conceptos........................................ 16 1.2.	Incapacidad y Limitación funcional......................................................................... 20 1.3.	La incapacidad en nuestro ámbito........................................................................... 21 Escalonamiento del concepto de incapacidad.................................................... 22 A)	La incapacidad física o lesional.............................................................. 23 B)	La incapacidad profesional..................................................................... 23 C)	La ncapacidad de ganancia.................................................................... 24 1.4.	La Incapacidad laboral.................................................................................................. 24 1.4.1.	Concepto de incapacidad laboral................................................................. 24 1.4.2.	Incapacidad laboral en el marco legislativo.............................................. 25 A)	Incapacidad temporal............................................................................... 26 a)	Concepto............................................................................................... 26 b)	Duración de la Incapacidad Temporal........................................ 27 c)	Requisitos para el acceso a la prestación por Incapacidad Temporal...................................................................................... 29 d)	Prestación económica por Incapacidad Temporal................. 30 e)	Pérdida o suspensión del derecho al subsidio por Incapacidad Temporal.......................................................................... 31 f)	Extinción del derecho al subsidio por Incapacidad Temporal............................................................................................... 31 B)	Incapacidad permanente........................................................................ 34 a)	Concepto............................................................................................... 34 b)	Grados y prestación económica de Incapacidad Permanente................................................................................................ 35 c)	Beneficiarios......................................................................................... 37 d)	Inicio del proceso de valoración de Incapacidad Permanente................................................................................................ 37 e)	Procedimiento del proceso de valoración de Incapacidad Permanente................................................................................. 38 f)	Revisiones............................................................................................. 39 1.5.	Equipos de Valoración de Incapacidades (EVI).................................................... 39 2.	DISCAPACIDAD........................................................................................................................ 41 2.1.	Definición y generalidades......................................................................................... 41
2.2.	Regulación normativa: El Real Decreto 1971/1999............................................ 42 III.	LA VALORACIÓN DEL DAÑO LABORAL. DETERMINACIÓN DE CONTINGENCIA Y SU REPERCUSIÓN EN LA PRUEBA PERICIAL MÉDICA............ 64 1.	ACCIDENTE DE TRABAJO...................................................................................................... 52 2.	ENFERMEDAD PROFESIONAL............................................................................................. 53 3.	ENFERMEDADES RELACIONADAS CON EL TRABAJO................................................. 55 4.	ENFERMEDADES AGRAVADAS POR EL TRABAJO......................................................... 56 5.	ENFERMEDADES INTERCURRENTES................................................................................. 56 IV.	VALORACIÓN DE APTITUD/INEPTITUD LABORAL Y SU REPERCUSIÓN EN LA PRUEBA PERICIAL MÉDICA................................................................................................ 64 V.	EL MÉDICO DEL TRABAJO COMO PERITO JUDICIAL LABORAL............................... 73 VI.	LA VIGILANCIA DE LA SALUD COMO PUNTO DE PARTIDA EN LA ACTIVIDAD PERICIAL DEL MÉDICO DEL TRABAJO........................................................ 76 VII.	CONCLUSIONES............................................................................................................................. 90 VIII.	LEGISLACIÓN CONSULTADA.................................................................................................... 94 IX.	BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................................ 96 1.	BIBLIOGRAFÍA DE LA INTRODUCCIÓN............................................................................. 96 2.	BIBLIOGRAFÍA DE APTITUD LABORAL............................................................................. 96 3.	BIBLIOGRAFÍA DE INCAPACIDAD LABORAL................................................................... 99 4.	BIBLIOGRAFÍA DE DAÑOS LABORALES........................................................................... 101 X.	Anexos............................................................................................................................................... 106
PRÓLOGO La Medicina del Trabajo es la especialidad médica que, partiendo del conocimiento del funcionamiento del cuerpo humano y del medio en el que éste desarrolla su actividad, en este caso el medio laboral, tiene como objetivos la promoción de la salud, la prevención de las enfermedades y la curación y rehabilitación de las personas trabajadoras. Entre las funciones del Médico del Trabajo recogidas en la legislación actual destaca la Pericial, que incluye: la evaluación de las condiciones psicofísicas del trabajador antes de su incorporación al puesto de trabajo, la valoración del Daño Corporal tras accidente o enfermedad, un adecuado uso de los conocimientos y técnicas propios de la valoración del daño corporal a fin de adaptar el trabajo a la persona, colaboración con los Tribunales de Justicia, Equipos de Valoración de Incapacidades, Unidades de Inspección Médica y otros Organismos e Instituciones que lleven a cabo actividades periciales y la detección y valoración de estados biológicos o de enfermedad que puedan requerir cambios temporales o permanentes en las condiciones de trabajo. Cuando el Médico del Trabajo ha de desarrollar su labor pericial ante los tribunales de justicia, es de interés especial tener en cuenta lo que los magistrados valoran en un Perito Médico y, centrándonos en la función específicamente pericial del médico del trabajo, existen múltiples situaciones en las que ha de desarrollar esta labor pero, por su mayor repercusión judicial y trascendencia jurídica, se valorarán aquí las actuaciones en las tres situaciones potencialmente más litigiosas: Valoración de Incapacidades laborales y de Discapacidades, Determinación de contingencia, Concepto de “daño laboral” y Valoración de aptitud laboral e ineptitudes sobrevenidas. Es el deseo común de todos los autores realizar un análisis conjunto de la situación médico laboral que se refleja en los tribunales de justicia cuando se ha de colaborar en temas en los que la aportación del perito médico resulta de especial trascendencia en la decisión judicial plasmada en las resoluciones y en las que a través de esta monografía se trata de dar una más completa visión conjunta. Los Autores
I. INTRODUCCIÓN La Ley de la Jurisdicción Social, Ley 36/2011, de diez de octubre atribuye al orden jurisdiccional social el conocimiento de las pretensiones que se promuevan dentro de la rama social del Derecho “tanto en su vertiente individual como colectiva, incluyendo aquéllas que versen sobre materias laborales y de Seguridad Social, así como de las impugnaciones de las actuaciones de las Administraciones Públicas realizadas en el ejercicio de sus potestades y funciones sobre las anteriores materias.” Particularmente, en su artículo 2, epígrafe o), establece que “Los órganos jurisdiccionales del orden social conocerán de las cuestiones litigiosas que se promuevan: ...En materia de prestaciones de Seguridad Social, incluida la protección por desempleo y la protección por cese de actividad de los trabajadores por cuenta propia, así como sobre la imputación de responsabilidades a empresarios o terceros respecto de las prestaciones de Seguridad Social en los casos legalmente establecidos. Igualmente las cuestiones litigiosas relativas a la valoración, reconocimiento y calificación del grado de discapacidad, así como sobre las prestaciones derivadas de la ley 39/2006, de catorce de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, teniendo a todos los efectos de esta ley la misma consideración que las relativas a las prestaciones y los beneficiarios de la Seguridad Social.” Esta atribución competencial se integra, en su mayoría por pleitos sobre prestaciones. Así lo recuerda el T.S. en S. 31.7.1990 al establecer: “La controversia básica que define esta competencia es el conflicto sobre las prestaciones”, conocimiento que abarca el pleno control del contenido material y del aspecto formal y procedimental de los actos administrativos de la Seguridad Social que afecten a la acción protectora. La Ley de la Jurisdicción Social regula una modalidad procesal específica para enjuiciar asuntos en materia de Seguridad Social (arts. 140 a 147). En este proceso —igual que ocurre en el resto de procesos laborales— los jueces y tribunales del orden jurisdiccional social deben interpretar sus normas reguladoras según los principios de inmediación, oralidad, concentración y celeridad.
Entre todos ellos, hay que destacar el principio de contradicción que encuentra respaldo constitucional en el artículo 24 de la Constitución —CE—, al establecer el derecho a un proceso “con todas las garantías”, siendo la primera de ellas que nadie puede ser condenado sin ser oído, estableciendo igualmente como derecho constitucional el derecho a usar los medios de prueba que se estimen pertinentes para la defensa de su derecho. El cumplimiento de esta exigencia se obtiene no tanto con la audiencia efectiva de la parte como con la concesión de la posibilidad de actuar en el proceso, aunque no la aproveche. En iguales términos, dentro del proceso tiene la posibilidad de utilizar los medios de prueba regulados por la ley y, a su vez, la libertad de emplearlos o no. Teniendo en cuenta que el proceso se inicia a instancias de parte mediante una demanda que contiene los hechos y la pretensión, surge la exigencia de conceder audiencia a la persona o entidad frente a quien dicha pretensión se dirige, quien también puede utilizar los medios de defensa que estime pertinentes. En la temática que nos ocupa, la inmensa mayoría de procesos en materia de Seguridad Social se entablan por los beneficiarios de prestaciones que impugnan una resolución administrativa que les deniega el derecho al percibo de determinada prestación. El proceso exige como requisito previo (art. 71.1 LJS) “haber interpuesto la reclamación previa ante la entidad gestora de las mismas”, en todas las cuestiones litigiosas que se susciten en materia de Seguridad Social. Dicha reclamación tiene la particularidad de condicionar la demanda posterior ante los Juzgados de lo Social, salvedad hecha del caso concreto de los funcionarios del estado, en cuyo caso la reclamación se formula ante la jurisdicción contencioso administrativa. Según establece el art. 142.2 LJS “no podrán aducirse por ninguna de las partes hechos distintos de los alegados en el expediente administrativo”. ¿Qué quiere decir esto? Que al redactar la reclamación previa, el relato de hechos y pretensiones deberá coincidir con los que se contengan posteriormente en la redacción de la demanda. La igualdad procesal que exige dicha norma impide también al demandado —normalmente el ente gestor— traer a juicio hechos, alegaciones, defensas o excepciones distintos de los esgrimidos en el procedimiento administrativo previo.
Grupo Medicina Legal del Trabajo (GMLT)
Sentando lo anterior, dentro del proceso incumbe a la parte actora la carga de acreditar los hechos constitutivos de su pretensión, así como a la demandada los hechos impeditivos, extintivos o excluyentes. En tal sentido se pronuncia el art. 217 de la LEC —de aplicación supletoria en el proceso social por aplicación de lo establecido en la Disposición Final cuarta de la LJS— al establecer: “2. Corresponde al actor y al demandado reconviniente la carga de probar la certeza de los hechos de los que ordinariamente se desprenda, según las normas jurídicas a ellos aplicables, el efecto jurídico correspondiente a las pretensiones de la demanda y de la reconvención. 3. Incumbe al demandado y al actor reconvenido la carga de probar los hechos que, conforme a las normas que les sean aplicables, impidan, extingan o enerven la eficacia jurídica de los hechos a que se refiere el apartado anterior...”. En los procesos en materia de Seguridad Social, particularmente en todos los que versan sobre Incapacidad, incumbe a la parte actora acreditar los hechos en los que basa su petición de ser declarada afecta de Incapacidad, en cualquiera de los grados que prevé el art. 137 de la Ley General de la Seguridad Social (RDLeg. 1/1994 de veinte de junio) y para ello puede servirse de “cualesquiera medios probatorios admitidos en derecho”, en concreto, de todos los medios probatorios contenidos en el art. 299 de la LEC. Significativamente, una de las pruebas que pueden las partes usar dentro del proceso, para forjar el convencimiento del Juez o Magistrado sobre la virtualidad de su pretensión es el dictamen de peritos (art. 299.4 de la LEC y 93 de la LJS). En el lenguaje coloquial se llama peritos a aquellas personas especialmente cualificadas en razón de sus conocimientos especializados en cualquier ciencia, arte, técnica o práctica. El perito judicial o perito forense es un profesional dotado de conocimientos especializados y reconocidos a través de estudios específicos en una determinada materia, que suministra información u opinión fundada a los tribunales de justicia sobre los puntos litigiosos que son materia de su dictamen y que el Juez o Tribunal no tiene obligación de conocer, con la finalidad de proporcionarle argumentos o razones que forjen su convencimiento en determinado sentido.
La prueba pericial médica en el ámbito de lo social
En tal sentido el artículo 335.1 de la LEC establece que: “1. Cuando sean necesarios conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos para valorar hechos o circunstancias relevantes en el asunto o adquirir certeza sobre ellos, las partes podrán aportar al proceso el dictamen de peritos que posean los conocimientos correspondientes o solicitar, en los casos previstos en esta ley, que se emita dictamen por perito designado por el tribunal. 2. Al emitir el dictamen, todo perito deberá manifestar, bajo juramento o promesa de decir verdad, que ha actuado y, en su caso, actuará con la mayor objetividad posible, tomando en consideración tanto lo que pueda favorece, como lo que sea susceptible de causar perjuicio a cualquiera de las partes, y que conoce las sanciones penales en las que podría incurrir si incumpliere su deber como perito.” Existen dos tipos de peritos, los designados judicialmente y los propuestos por una o ambas partes (y luego aceptados por el juez), ambos ejercen la misma influencia en el juicio. Normalmente el perito será una persona física, si bien se admiten los dictámenes emitidos por Academias, Instituciones, así como Colegios Profesionales o personas jurídicas legalmente habilitadas, que son asimilados a los peritajes en la legislación actual. La actividad pericial o pericia es desarrollada por los peritos con la finalidad de verificar todo tipo de datos pudiendo abarcar las más diversas áreas del saber y consistir en las más dispares actividades. En el proceso laboral, la práctica de la prueba pericial se lleva a cabo en el acto del juicio, aportando los peritos su informe y ratificándolo a presencia judicial (art. 93.1 LJS) y el Juez puede hacer al perito “todas las preguntas que estime necesarias” (art. 87.3 LJS), sin que le vincule su dictamen (LEC art. 348) que será valorado según las reglas de la sana crítica. De la misma forma que los testigos no pueden ser tachados, tampoco pueden serlo los peritos. Únicamente en trámite de conclusiones, las partes pueden hacer las observaciones que tengan por conveniente sobre la veracidad, solvencia o las circunstancias que concurran en el peritaje practicado y el Juez resolverá sobre ellas al valorar la prueba en la sentencia. En los procesos en materia de Incapacidad Laboral, las partes requieren la emisión del dictamen pericial médico, porque los hechos que refieren en el
relato de la demanda, se basan en descripciones médicas. Esto es, el demandante refleja aquellas dolencias que presenta y que, a su entender, le incapacitan para el desarrollo del trabajo. Por tanto en el relato de la demanda se incardinan y confluyen tanto conceptos y contenidos médicos como laborales. Tan imprescindible es relatar —y posteriormente acreditar— las secuelas o deficiencias físicas o mentales que padece el demandante, como describir las funciones del trabajo a desarrollar y efectuar un enlace entre aquellas y éstas que forjen la convicción judicial de la imposibilidad de efectuar un trabajo concreto o ningún trabajo. La función pericial médica se incardina en el campo de la medicina legal y forense, siendo necesario para la emisión del dictamen, unos conocimientos médico-jurídicos que adapten la pericia al criterio médico-legal, y poder desentrañar el caso clínico y la actuación médica, teniendo que ser el informe ilustrativo y aclaratorio para el tribunal, ya que si bien no es vinculante para el juzgador, puede tener mucha trascendencia. Se denomina Perito médico en terminología procesal a aquella persona especialmente cualificada por sus conocimientos en medicina, que pone al servicio del Juez su pericia e instrucción, al objeto de que éste pueda apreciar el daño estructural, y las limitaciones que presenta el paciente. De esta forma el perito-médico intentará ilustrar de forma objetiva sobre el hecho enjuiciado y proveer al magistrado de los elementos que le permitan impartir justicia. En este sentido, es el médico quién tiene los conocimientos técnicos que pueden determinar, por ejemplo, si la incapacidad es causa de una enfermedad común o contingencia laboral, considerando además de los accidentes de trabajo, las enfermedades profesionales y todos los procesos médicos en los que se pueda demostrar su relación con el trabajo. Se hablaría así del concepto global de “daño laboral”. Es también el médico quién podrá determinar si una nueva baja laboral temporal es debida a un nuevo cuadro patológico o a una recidiva o recaída de una enfermedad anterior o si el proceso enjuiciado es derivado de una enfermedad común o es un accidente laboral o enfermedad profesional, o entrar a valorar la aptitud o ineptitud del trabajador. Como ya se anticipó los peritos médicos pueden actuar como perito de parte —que es lo habitual— o como peritos designados por el juez. Los Peritos de parte son los que emiten su dictamen médico a instancia de cualquiera de las partes. Su presencia en el Juicio puede proponerse en el
escrito de demanda o en el propio acto del Juicio en la fase de proposición de prueba. Normalmente, las partes implicadas se encargarán de asegurar la presencia del perito en el acto del Juicio, corriendo con los gastos de su intervención. Como Peritos judiciales podrán actuar los médicos de los Equipos de Valoración de Incapacidades, a instancias de la parte actora o del INSS o ser acordada por el Juzgador, así como también los médicos forenses, que pueden intervenir por decisión del órgano judicial —normalmente en diligencia final— o a instancia de parte. El perito deberá “poseer el título oficial que corresponda a la materia objeto del dictamen y a la naturaleza de éste”, por lo que el médico debería estar en posesión del Título Oficial de la Especialidad que corresponda a la materia que se ha de valorar en el Dictamen. Esta titulación y especialización acreditará con mayores garantías la existencia y la realidad de la enfermedad. Por ello, resulta aconsejable que inicialmente el Perito médico informe al Tribunal sobre su cualificación y el grado de especialización que posee, bien a iniciativa propia o a través de su abogado o graduado social en los casos en que así proceda, ya que en el supuesto de no ser especialista, lógicamente, se pondrá en tela de juicio la idoneidad profesional de la prueba pericial practicada y del informe emitido para calificar y valorar dicha enfermedad. Esta especificación resulta trascendente en relación con la valoración que el Juez le dará a la prueba pericial, es decir, se valora de forma específica que el Perito tenga un conocimiento profundo, fundado y objetivo del cuadro patológico y, en este caso, las circunstancias laborales que infieren en su calificación. Por consiguiente, es necesario que en la prueba pericial médica el especialista tenga una adecuada formación médica especializada y conocimientos laborales y jurídicos (conceptos médico-legales) que le permitan captar exactamente el sentido de las cuestiones que los jueces, tribunales y abogados le propongan, con una adecuada orientación metodológica para la emisión del dictamen pericial. No es suficiente un conocimiento amplio y especializado de la materia que se va a peritar, sino que un buen perito debe tener, además unas habilidades naturales, conocimientos médicos profundos, conocimientos del ámbito laboral que afecta a la persona afectada y conocimientos jurídicos y,
sobre todo, saber valorar el alcance de las conclusiones que aporte en sus informes. Hemos de tener en cuenta que un error profesional o un informe pericial superficial, sin tener en cuenta cada una de las circunstancias del caso y su documentación, puede comportar error en las decisiones que el tribunal adopte y que pudieran lesionar los derechos de los litigantes que resulten perjudicados con el error cometido. A su vez, dentro de las distintas opciones sobre peritos médicos que se pueden utilizar en un proceso laboral, el MÉDICO DEL TRABAJO (Médico especialista en Medicina del Trabajo) es probablemente el de mayor utilidad para los tribunales de justicia, es decir, lo será la prueba pericial médica realizada por un experto especialista en medicina del trabajo y, si es posible, con conocimientos complementarios en prevención de riesgos laborales, valoración de incapacidades y/o daño laboral según los requerimientos del proceso. La Medicina del Trabajo es la especialidad médica que, basándose en el conocimiento del funcionamiento del cuerpo humano y del medio en el que éste desarrolla su actividad, en este caso el laboral, tiene como objetivos la promoción de la salud, la prevención de las enfermedades derivadas del trabajo y la curación y rehabilitación de las personas trabajadoras. La OMS la define como “la especialidad médica que, actuando aislada o comunitariamente, estudia los medios preventivos para conseguir el más alto grado de bienestar físico, psíquico y social de los trabajadores en relación con la capacidad de éstos, con las características y riesgos de su trabajo, el ambiente laboral y la influencia de éste en su entorno, así como promueve los medios para el diagnóstico, tratamiento, adaptación, rehabilitación y calificación de la patología inducida o condicionada por el trabajo”. Desde el año 1995, en que se aprobó la LPRL (Ley de Prevención de Riesgos Laborales 31/95 de 8 de noviembre), desaparecen los antiguos servicios médicos de empresa y la Medicina del Trabajo pasa a integrarse en los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales junto con las tres especialidades técnicas: seguridad, higiene y ergonomía y psico-sociología. En 2003 un grupo de expertos recopila todas las funciones del médico del trabajo en un esquema que sigue vigente en el momento actual y que define de una forma clara las responsabilidades de los médicos y enfermeros del trabajo dentro de las Unidades Básicas de Salud (UBS) de los Servicios de Prevención.
El Ministerio de Sanidad y Consumo publica en el BOE nº 127, de 28 de mayo de 2005, una Orden por la que se aprueba el nuevo programa formativo de la especialidad de Medicina del Trabajo. Se considera que la formación en esta especialidad tiene como objetivo asegurar un nivel de conocimientos, habilidades y actitudes a través de su capacitación en cinco áreas: preventiva, asistencial, pericial, gestión, organización y conocimientos empresariales y docencia e investigación. Centrándonos en la función específicamente pericial del médico del trabajo, existen múltiples situaciones en las que ha de desarrollar esta labor, pero por su mayor repercusión judicial y trascendencia jurídica se valorarán aquí las actuaciones en las situaciones potencialmente más litigiosas: 1.–	Valoración de Incapacidades laborales. 2.–	Valoración de discapacidades 3.–	Determinación de contingencia. Concepto de “daño laboral” 4.–	Valoración de aptitud laboral-ineptitudes sobrevenidas.
II. VALORACIÓN DE LA INCAPACIDAD LABORAL Y DE LA DISCAPACIDAD. CONSIDERACIONES EN LA PRUEBA PERICIAL MÉDICA Sumario: 1. INCAPACIDAD vs DISCAPACIDAD. 1.1. Incapacidad/Discapacidad y Deficiencia: conceptos. 1.2. Incapacidad y Limitación funcional. 1.3. La incapacidad en nuestro ámbito. 1.3.1. Escalonamiento del concepto de incapacidad. A) La incapacidad física o lesional. B) La incapacidad profesional. C) La incapacidad de ganancia. 1.4. La incapacidad laboral. 1.4.1. Concepto de incapacidad laboral. 1.4.2. Incapacidad laboral en el marco legislativo. A) Incapacidad temporal. a) Concepto. b) Duración de la Incapacidad Temporal. c) Requisitos para el acceso a la prestación por Incapacidad Temporal. d) Prestación económica por Incapacidad Temporal. e) Pérdida o suspensión del derecho al subsidio por Incapacidad Temporal. f) Extinción del derecho al subsidio por Incapacidad Temporal. B) incapacidad permanente. a) Concepto. b) Grados y prestación económica de Incapacidad Permanente. c) Beneficiarios. d) Inicio del proceso de valoración de Incapacidad Permanente. e) Procedimiento del proceso de valoración de Incapacidad Permanente. f) Revisiones. 1.5. Equipos de Valoración de Incapacidades (EVI). 2. DISCAPACIDAD. 2.1. Definición y generalidades. 2.2. Regulación normativa: El Real Decreto 1971/1999.
1.	INCAPACIDAD vs DISCAPACIDAD 1.1.	Incapacidad/Discapacidad y Deficiencia: conceptos Como punto de partida al iniciar esta temática, es preciso definir y diferenciar distintos conceptos que a menudo llevan a confusión por cuanto todos ellos afectan a las capacidades de la persona: discapacidad/incapacidad y deficiencia. En la década de los 70 se elaboraron los primeros modelos teóricos de estructura conceptual sobre el desarrollo de la incapacidad a través de los estudios de Nagi, quien argumentó que el camino más razonable para conceptualizar la incapacidad es a través de un proceso de cuatro estadios que pueden verse a continuación en la figura 1.
Figura 1. Proceso secuencial de incapacidad ideado por Nagi (1965)
Fuente: Proceso secuencial de incapacidad ideado por Nagi (1965) Ref.: Nagi S. Z. An Epidemiology of disability among adults in the United States. Milbank 1976; 54:439-68.
Según Nagi, el proceso comenzaría con una patología o enfermedad de base, que llevaría al siguiente estadio de deterioro fisiológico, que a su vez limitaría la habilidad individual tanto de forma física como emocionalmente, llevando al tercer estadio o de limitación funcional. Finalmente las limitaciones en las dimensiones físicas y emocionales deberían resultar en la inhabilidad para efectuar las tareas y roles asociados al trabajo y la forma de vida independiente, lo que el autor consideró como incapacidad, el cuarto y último estadio. El modelo de Nagi ha sido aceptado como una conceptualización del proceso de incapacidad hasta que, en 1980, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM) a través de un modelo muy semejante al de Nagi, aunque con algunas diferencias conceptuales que se muestran en la figura 2 a continuación. Figura 2. Modelos de desarrollo de incapacidad propuestos por la OMS (1980) y Nagi (1976)
Fuente: Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM) Ref.: World Health Organization. International Classification of impairments. Disabilities and handicaps. Geneva,1980
La CIDDM ha sido utilizada como un instrumento para clasificar las consecuencias de las enfermedades y sus repercusiones en la vida del individuo, permitiendo la distinción entre deficiencia, discapacidad y minusvalía. Sin
embargo, ni el modelo de la CIDDM ni los anteriormente propuestos por Nagi informan adecuadamente sobre la relación existente entre estos conceptos. La CIDDM recoge las siguientes definiciones de estos términos: –	DEFICIENCIA: Dentro de la experiencia de la salud se define como toda pérdida o anormalidad de una estructura o una función psicológica, fisiológica o anatómica. Puede ser temporal o permanente y en principio afecta sólo al ÓRGANO. Según esta clasificación la deficiencia podrá ser intelectual, psicológica, del lenguaje, del órgano de la audición, del órgano de la visión..., visceral, músculo-esquelética, desfiguradora, generalizada, sensitiva y otras deficiencias. –	DISCAPACIDAD: Es toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad, en la forma o dentro del margen que se considera normal para el ser humano. Se caracteriza por insuficiencias o excesos en el desempeño y comportamiento en una actividad rutinaria, que pueden ser temporales o permanentes. Se clasifican en nueve grupos: de la conducta, de la comunicación, del cuidado personal, de la locomoción, de la disposición del cuerpo, de la destreza, de situación, de una determinada aptitud y otras restricciones de la actividad. La discapacidad puede surgir como consecuencia directa de la deficiencia o como consecuencia indirecta por la respuesta del propio individuo. –	MINUSVALÍA (término actualmente no vigente, desde la aparición de la Ley de dependencia en que ha pasado a denominarse discapacidad): Toda situación desventajosa para un individuo determinado, producto de una deficiencia o una discapacidad, que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso, en función de la edad, sexo, y factores sociales y culturales. Se caracteriza por la discordancia entre el rendimiento o estatus de la persona en relación con sus propias expectativas o las del grupo al que pertenece. Representa la socialización de una deficiencia o discapacidad. La desventaja surge del fracaso o incapacidad para satisfacer las expectativas del universo del individuo. Las minusvalías se clasifican de acuerdo a seis grandes dimensiones en las que se espera demostrar la competencia de la persona y que se denominan roles de supervivencia, por lo que las minusvalías podrán
ser: de orientación, de independencia física, de movilidad, ocupacional, de integración social, de autosuficiencia económica y otras. Atendiendo a estas tres definiciones, el diagnóstico de una persona con discapacidad deberá formularse teniendo en cuenta la deficiencia que la origina y las consecuencias que puedan derivar en minusvalía (actualmente discapacidad). A pesar de que pueda parecer que se trata de una relación causal directa y lineal, no es tan simple, pues pueden darse situaciones en que las que la deficiencia no cause discapacidad pero sí minusvalía, como por ejemplo el caso de una desfiguración facial, que si bien no produce dificultad alguna en la capacidad de la persona, genera ciertos inconvenientes en la relación con los demás creando una situación de desventaja, esto es, una minusvalía. En 2001, tras un proceso de revisión y estudio iniciado en 1993, la OMS aprobó la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) que vino a sustituir a la anterior CIDDM. El objetivo principal de la CIF es proporcionar un lenguaje unificado y estandarizado que sirva como punto de referencia para describir el funcionamiento humano y la discapacidad como elementos importantes de la salud. En la CIF se contempla el problema de la discapacidad entendida globalmente como una interacción multidireccional entre la persona y el contexto socioambiental en el que se desenvuelve, es decir, entre las funciones y estructuras alteradas del cuerpo, las actividades que puede realizar como persona, su participación real en las mismas y las interacciones con los factores externos medioambientales, que pueden actuar como barreras o ayudas. Se ha abandonado completamente el término “Minusvalía” y se ha reconvertido el de“Discapacidad”, que pasa de usarse como nombre de un componente (las dificultades de un individuo para realizar una actividad) a ser utilizado como un término genérico global en las tres perspectivas: corporal, individual y social, haciendo más referencia a la actividad que a la capacidad. Así, en la CIF, el término Discapacidad indica los aspectos negativos de la interacción entre un individuo, con una condición de salud dada, y los factores contextuales (ambientales y personales). Es un término genérico, que incluye deficiencias en las funciones y estructuras corporales, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación. Al igual que el funcionamiento, se entiende como una interacción dinámica entre la condición de salud y los factores contextuales.
Según la CIF la enfermedad y la incapacidad son conceptos distintos que pueden ser observados de forma totalmente independiente y que no siempre se presentan con una relación predictora de uno con respecto del otro, ya que tienen características independientes. Así, dos personas con la misma enfermedad pueden tener diferentes estados funcionales, y dos personas con el mismo estado funcional no necesariamente tienen la misma enfermedad.
1.2.	Incapacidad y Limitación funcional El concepto de Incapacidad/Discapacidad ha ido evolucionando. Relacionado con el modelo recogido en la CIDDM-2, Verbrugge y Jete elaboraron en la década de los 90 un modelo explicativo del desarrollo de la incapacidad basado en los factores de riesgo que pueden producir modificaciones en el curso de la evolución de las deficiencias del individuo y que potencialmente pueden provocar discapacidad. Proponen la existencia de factores internos y externos que podrían alterar la transición de la limitación funcional a la incapacidad. A este modelo le llamaron “El proceso de Incapacidad” y describe cómo las condiciones crónicas y agudas pueden afectar al funcionamiento de los sistemas corporales, funciones mentales y físicas genéricas así como a las actividades de la vida diaria a través de un camino que liga Patología, Deficiencias, Limitaciones Funcionales e Incapacidad. Verbrugge y Jete entienden la incapacidad como la dificultad para hacer las actividades en cualquier ámbito de la vida. Hacen incluso una distinción entre la incapacidad intrínseca (sin ayuda de personas o aparatos) y la incapacidad actual (con la correspondiente asistencia). Distinguen también la forma de presentarse la incapacidad en personas que adquirieron las condiciones anómalas en etapas tempranas de la vida, de aquéllas que las adquirieron en la edad adulta o en la vejez. Por otra parte, la CIF incorpora la definición de Limitaciones en la actividad, entendidas como las dificultades que un individuo puede tener para realizar actividades. Una “limitación en la actividad” abarca desde una desviación leve hasta una grave en la realización de la actividad, tanto en cantidad como en calidad, comparada con la manera, extensión o intensidad en que se espera que la realizaría una persona sin esa condición de salud. Esta expresión sustituye al término “discapacidad” usado en la versión de 1980 de la CIDDM.
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References: Real Decreto 
 artículo 2
 artículo 24
 resolución 
 artículo 335
 Real Decreto