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UNIVERSIDAD DE CHILE FACULTAD DE DERECHO DEPARTAMENTO DE DERECHO PRIVADO
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Inmaculada Álvarez San Segundo
1 UNIVERSIDAD DE CHILE FACULTAD DE DERECHO DEPARTAMENTO DE DERECHO PRIVADO FUNDAMENTOS DEL RIESGO DEL ACREEDOR EN LOS CONTRATOS BILATERALES EN CHILE Tesis para optar a la Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales Andrés Sepúlveda Jiménez Profesor Guía: Ricardo Berstein Kast Santiago, Chile
2 Para Andrea. i
3 INDICE PORTADA DEDICATORIA I. INTRODUCCIÓN 01 II. MARCO TEÓRICO Teoría de los Riesgos. 1.1 Concepto, requisitos y características. 1.2 Evolución histórica. 1.3 Recepciones en legislación comparada Teoría de los riesgos en Chile. 2.1 Concepto Como modo de extinguir las obligaciones Requisitos 2.2 Características Contrato bilateral Especie o cuerpo cierto Conservación por parte del deudor Caso Fortuito Ausencia de dolo, culpa o cláusula de responsabilidad Imposibilidad sobreviviente 2.3 El riesgo en nuestra legislación civil La exoneración del deudor De la pérdida de la cosa que se debe Obligaciones alternativas y facultativas Otras normas del Código Civil ii
4 2.3.2 El riesgo del acreedor Regla general (1550 CC.) Riesgo en la compraventa Excepciones Reglas generales Obligaciones condicionales Fundamentos a los riesgos del acreedor en Chile. 3.1 Fundamentos o teorías del error 3.2 Fundamentos de equidad 3.3 Fundamento histórico romano 3.4 Fundamentos de innovación III. CONCLUSIONES 52 IV. BIBLIOGRAFÍA 61 iii
5 I. INTRODUCCIÓN El estudio acucioso de la Teoría de los Riesgos en Chile es escaso. Nuestra Facultad, a la fecha, bajo las búsquedas Teorías de los Riesgos dispone tan solo de dos tesis de grado que se refieren a la materia. Una de ellas data de 1956 y servirá de antecedente bibliográfico para la investigación. La otra es de 1972, perteneciente al registro de de la Universidad de Valparaíso, y que actualmente se encuentra inubicable. La doctrina mayoritaria con respecto a la materia resulta ser tajante en sus juicios, al señalar que los riesgos que soporta el acreedor, como regla general, ante la pérdida fortuita de la especie o cuerpo cierto, cuando esta se encuentra pendiente su entrega en manos del deudor, es un error que cometió el legislador al transcribir normas foráneas. Esta posición, dominante a simple vista, que es recogida por profesores como Daniel Peñailillo, Arturo Alessandri, o tratadistas como René Abeliuk, entre otros, sostienen a su vez que la buena doctrina es aquella que ajusta el riesgo en los contratos al deudor, en razón de un principio jurídico natural que existe en esta materia, y que se remonta a un adagio del derecho romano bonitario en virtud del cual las cosas perecen para su dueño o res perit domino. Esta posición doctrinaria, acompañada con nuestra tradición también romanista de separar el título del modo, para efectos de constituir un derecho real, encontraría concordancia tan solo con la regla res perit debitoris. En resumen, el fundamento de esta tesis es hacer un estudio acucioso de la teoría de los riesgos en Chile, abarcando las doctrinas dominantes y otras perspectivas no investigadas ni profundizadas, en el ámbito civil. Al efecto, el estudio hará un rodeo completo a la institución de los riesgos, su origen y evolución histórica, su recepción en la legislación comparada, sus requisitos, características y elementos, así como las más connotadas discusiones doctrinarias sobre cada una de estas perspectivas, para luego 1
6 concentrar el enfoque en los distintos fundamentos que se han dado para la adopción de la regla de los riesgos en nuestro ordenamiento. Asimismo, es objeto de esta tesis actualizar la investigación sobre la materia, la cual se encuentra sin profundizaciones desde hace prácticamente 50 años. Para desarrollar nuestra investigación, se recurrirá, en primer lugar, a las voces más autorizadas de nuestra época, así como lo hizo José Bernardino Lira, alumno de esta escuela, en el año 1868, para desarrollar la suya que se intituló La necesidad de la revisión del Código Civil. Para éstos efectos hemos seleccionado los textos de estudios de los autores Alejandra Aguad, Luis Claro Solar, Pablo Rodríguez Grez, Víctor Vial Río, Fernando Fueyo, René Abeliuk, Ramón Meza Barros, Fabián Elorriaga, Gonzalo Figueroa, Juan Andrés Orrego, René Ramos Pazos, Jorge López Santa María, Daniel Peñailillo, Alejandro Guzmán Brito y Antonio Vodanovic, entre otros, todos ellos grandes autores y asimismo profesores o ex profesores de Derecho Civil, en su mayoría, y, para efectos de desarrollar la presente investigación, se les tratará con igual dignidad. Igualmente se ha consultado las obras de grandes autores latinos, como Joaquín Escriche, Marta Neme, Xavier O Callaghan, Robustiano Vera y Félix Trigo; y además un sinnúmero de codificaciones extranjeras para entender las soluciones foráneas y asimismo la nuestra. Finalmente, en este trabajo, esencialmente exploratorio, hemos tenido a mano las tesis de grado de Juan Domingo Marín y José Bernardino Lira, así como textos y manuscritos redactados por el mismísimo Andrés Bello, de tal forma que nos permita acercarnos un poco a su vida, obra, y por sobre todo, intenciones. Asimismo se hace la advertencia de haber dejado a varios dignos profesores y tratadistas nacionales fuera, que sin duda son merecedores de hacer apreciaciones e indicaciones sobre esta materia, pero que en razón de tiempos y recursos, éste investigador se ha visto en la obligación de eximirlos de tal tarea. 2
7 II. MARCO TEÓRICO 1. Teoría de los Riesgos. 1.1 Concepto, características y requisitos. Jurídicamente, el riesgo es la amenaza de extinción que sufre un derecho. El profesor Luis Claro Solar nos indica que con riesgo se designa en el leguaje jurídico una contingencia, un peligro de naturaleza particular el que hace a una persona ( ) soportar las pérdidas o deterioros, que una cosa esta expuesta a experimentar por consecuencia de un caso fortuito o de fuerza mayor 1. La Teoría de los Riesgos, por tanto, son aquellas construcciones doctrinarias, legales y jurisprudenciales que buscan determinar quien soportará la pérdida de una especie o cuerpo cierto, en un contrato bilateral, cuando esta perece a causa de un caso fortuito. Vale decir, pretende establecer si será el deudor o el acreedor el que finalmente sobrellevará el detrimento económico de haber perdido la cosa. En ese orden de ideas la profesora Alejandra Aguad define la Teoría de los Riesgos como aquella que busca resolver quien soporta la pérdida en los contratos bilaterales 2. Para Alessandri y Meza Barros, la Teoría de los Riesgos se circunscribe solamente a la pérdida de la especie o cuerpo cierto, mientras que para Aguad además sería aplicable al caso de las cosas de género limitado. El profesor López Santa María, por su parte, estima que estas visiones restringidas son equivocas, ya que el asunto de los riesgos, mirado desde la óptica de los autores ya citados, solo se circunscribirían a la obligaciones de dar, sin embargo, a pesar de que el legislador no ha sido explícito en tratar el tema, también resulta ser objeto de estudio las obligaciones de hacer y de no hacer, cuando el cumplimiento de dichas obligaciones se vuelve imposible 3. 1 CLARO SOLAR, LUIS, Explicaciones de Derecho Civil Chileno y comparado, Volumen V, De las Obligaciones, Editorial Jurídica de Chile, Chile, 1988, página AGUAD D., ALEJANDRA, Teoría General del Contrato II Parte, Clasificación de los Contratos, documento electrónico página 5. 3 Citado por AGUAD D., ALEJANDRA, Op. cit. 3
8 Con respecto a esta última discusión, hay que tener claro que nuestro ordenamiento jurídico, particularmente en el artículo del Código Civil, que establece la regla general sobre la Teoría de los Riesgos, dispone en su enunciado que El riesgo del cuerpo cierto cuya entrega se deba ( ), razón por la cual el estudio se centrará a los riesgos que recaen sobre una especie o cuerpo cierto. En este mismo orden de ideas, el profesor Juan Andrés Orrego establece cinco condiciones necesarias para que se plantee el problema de los riesgos 4 : 1. Que la cosa debe ser objeto de una obligación. 2. La obligación debe emanar de un contrato bilateral 3. La cosa debe perderse con ocasión de un caso fortuito 4. La cosa debe ser una especie o cuerpo cierto, y; 5. La entrega de la cosa que perece debe estar pendiente Ante todo, para ingresar al estudio de la Teoría de los Riesgos debemos encontrarnos frente a una relación contractual, en donde exista un deudor y un acreedor, porque en definitiva nos abocaremos a determinar quien soportara la pérdida económica de la cosa. Además, agrega Orrego, que si no existiera una obligación, se aplicaría el adagio romano res perit domino, en virtud del cual la cosa solo perece para su dueño. Luego, esta relación debe ser bilateral, vale decir, las partes serán acreedoras y deudoras recíprocamente. En los contratos unilaterales, la pérdida de la cosa, que es objeto de la obligación única que existe entre las partes, conlleva a su vez, la mera extinción de ésta, sin determinar si hay o no una prestación correlativa que cumplir, ya que no existe. Esa es la causa basal por la cual el tema de los riesgos solo se plantea en los contratos bilaterales, ya que finalmente estas construcciones jurídicas nos conducen a responder que ocurre con el cumplimiento correlativo. 4 ORREGO, JUAN ANDRÉS, Teoría General de las Obligaciones II, documento electrónico, [Consulta: Mayo de 2010], [En línea], <http://www.juanandresorrego.cl/apuntes/derecho _civil_2_pdf/civil2_teoria_general_de_las_obligaciones_2.pdf>, página 28. 4
9 Además podríamos agregar que estos contratos deben ser de ejecución diferida, por cuanto la época de la celebración es distinta a la época en que se ejecuta el contrato, en el entendido de que hay una obligación que cuyo cumplimiento está pendiente. Además la cosa debe perecer. Es del caso señalar que la pérdida puede ser total o parcial, sin embargo, cuando nos enfrentamos a esta última hipótesis, nuestro ordenamiento entrega reglas especiales, razón por la cual, cuando se estudia los riesgos, se trata particularmente el caso de la pérdida total. No obstante aquello, asimismo es necesario acotar que las reglas relativas a la pérdida parcial siguen el mismo espíritu que como si hubiere sido total, como se verá más adelante, y que algunos autores, como Daniel Peñailillo, en su libro Teoría General y Clasificaciones de las Obligaciones, incorporan la pérdida parcial como parte integrante de la Teoría de los Riesgos. La pérdida de la cosa debe ser con ocasión de un caso fortuito, en otras palabras, no imputable a culpa o dolo del deudor, sino que a un hecho irresistible e imprevisible. Asimismo debe tratarse de una especie o cuerpo cierto, entendida estas como los individuos determinados dentro de un género determinado. Esto en razón de que las cosas genéricas no perecen con la pérdida de una unidad o singularidad del género. Y finalmente, el cumplimiento de la obligación debe estar pendiente, en otras palabras, la especie o cuerpo cierto debe estar en poder del deudor, sin que se haya efectuado la entrega de la cosa. 1.2 Evolución histórica en el derecho continental. La evolución histórica de la Teoría de los Riesgos se encuentra íntimamente ligada a la tradición del derecho romano bonitario y a los modos de adquirir el dominio. 5
10 En primer lugar, hay que señalar que de acuerdo a la opinión más extendida de la doctrina 5, el peligro de la cosa periculum siempre estuvo arraigado en un primer momento, en el propietario de la misma. Es así como los primeros antecedentes normativos sobre esta materia los encontramos en la regla res perit domino. Según el profesor Fabián Elorriaga la versión más comentada sobre esta regla fija su origen en el derecho romano, particularmente en algunas normas jurídicas de la Constitución de Dioclesiano y Maximiano referida a la prenda, la que decía que si la cosa dada en prenda se destruía, la prenda se extinguía 6. En función de esta regla romana res perit domino, la cosas solo podían perecer para su dueño, y por tanto, la cuestión de fondo frente a la pérdida de una especie o cuerpo cierto se centraba en determinar quien era dueño de la cosa. Para el profesor Luis Claro Solar, el principio res perit domino no es más que la expresión sencilla de una verdad evidente 7. En esta primitiva tradición romana de los siglos I y II d.c., los contratos, como los entendemos hoy, carecían de toda fuerza obligatoria en razón del adagio nuda pacta obligationem non parit (los pactos no generan obligaciones), y por ende, la cuestión de los riesgos en los contratos bilaterales no existía propiamente tal, y por tanto el peligro de la cosa siempre le perteneció a su dueño. Los contratos y su fuerza obligatoria nacieron con el transcurso de las décadas, teniendo su corolario en la tradición romana con la llegada de Justiniano y el principio instaurado de pacta sunt servanda (cumplir lo pactado). La llegada de estas concepciones contractualistas acarrearon el nacimiento de los efectos de las obligaciones convencionales, y por ende, la generación de las primeras nociones sobre la Teoría de los Riesgos, y particularmente los principios res perit 5 ELORRIAGA D.B., FABÍAN Y OTROS, Estudios sobre reformas al Código Civil y Código de Comercio, V Parte, Editorial Jurídica, 1ra. Edición, Chile, 2005, página Op. Cit. 7 CLARO SOLAR, LUIS. Explicaciones de derecho civil y comparado. Tomo undécimo, De las obligaciones II; Chile, Imprenta Nascimento, 1937, página
11 debitoris las cosas perecen para el deudor y el res perit creditoris las cosas perecen para el acreedor. No obstante lo anterior, el advenimiento tardío de la fuerza obligatoria de los contratos creó una separación entre lo que hoy conocemos como título y modo. Para el derecho romano, el dueño de una cosa es quien la había hecho suya por medio de algún modo de adquirir el dominio y no por el título jurídico que le antecediera como era el caso de los contratos en general. El modo de adquirir el dominio, luego de celebrado un contrato, era la tradición traditio, entendida ésta como un acto real o simbólico de entrega y transferencia de dominio, y por ende la adquisición del derecho real, lo que dejaba al adquiriente en la posición jurídica de dueño. Sin entrega no se era dueño, y por ende, no se podía soportar el riesgo de la pérdida de la cosa. Esto implicaba que si la cosa aun no se entregaba al acreedor, el dueño de la especie o cuerpo cierto seguía siendo el deudor, y éste debía soportar el peligro de la pérdida. Desde esa perspectiva, en el derecho romano la regla res perit debitoris nació al alero de la regla res perit domino, existiendo armonía entre la una y la otra, debido a la separación entre el título y el modo. Podemos hablar de la Teoría de los Riesgos con propiedad, una vez que se incorpora la regla res perit creditoris, que vino a quebrar la armonía que existía entre sus dos reglas predecesoras, y que suscita incluso hoy debate en doctrina sobre su verdadero origen. La opinión más extendida sobre la materia fija la introducción de la regla res perit creditoris en el contrato de compraventa en el derecho romano bonitario del siglo IV d.c. En esta posición se encuentran autores como Rene Abeliuk que sostienen que el riesgo nació en Roma, pero limitada a la compraventa 8. La regla res perit creditoris se denominaba periculum emptoris o peligro del comprador. Esta regla en materia de compraventa dominó desde entonces gran parte de la tradición jurídica. Se mantuvieron dichas normas en todos los estatutos jurídicos continentales, muy a pesar de que la regla res perit debitoris inundó todo el resto de las instituciones jurídicas. 8 ABELIUK M., RENÉ, Las Obligaciones, Tomo II, 4ª Edición, Editorial Jurídica, Página
12 La regla res perit creditoris se mantuvo como un criterio residual hasta que la llegada de la tradición jurídica francesa del siglo XVIII, en virtud del cual, la separación que había existido entre título y modo de adquirir el dominio dejó de existir. En efecto, el contrato, que servía de título y antecedente jurídico necesario para la concurrencia de un modo de adquirir, se fusionó con el acto y/o hecho que permitía alcanzar el derecho real de dominio. En otras palabras, el título servía asimismo de modo de adquirir el dominio, aun cuando la entrega fuera meramente jurídica y no material. Para algunos autores, como Meza Barros, lo que ocurrió en realidad es que se suprimió el modo de adquirir, y ahora solo bastaba contar con el título para a su vez tener el derecho real de herencia. De esta forma, y en virtud a las reglas entregadas por los estatutos franceses, bastaba con realizar el contrato para que el acreedor se convirtiera en dueño de la cosa, aunque permanecía en su calidad de acreedor frente a la obligación de entrega. Es así, y para efectos de mantener el principio romano res perit domino vigente, se entregó el peligro de la cosa al acreedor quien era dueño aun sin haber entrega material, suprimiéndose entonces el criterio res perit debitoris. La tradición alemana del siglo XIX, por su parte, modificó en el sentido contrario las reglas establecidas por la tradición francesa, ya que suprimió el título como antecedente jurídico necesario para adquirir el dominio, estableciendo como único requisito para alcanzar el derecho real de dominio, el modo. No obstante, la regla del derecho romano de res perit domino, se mantuvo incólume, y los riesgos de la pérdida de la cosa la soportaba su dueño. Para el derecho colonial español la regla res perit debitoris se mantuvo inmutable con excepción del contrato de compraventa hasta la llegada de la emancipación de los pueblos americanos. En efecto, Joaquín Escriche, abogado y jurisconsulto español señala a mediados del siglo XIX, en una obra explicativa para la correcta interpretación de la legislación española para los pueblos americanos, que la pérdida de la cosa que se deba, aun si fuese genérica, siempre la soportaría el deudor, ( ) ya porque se supone que el 8
13 género por su naturaleza nunca perece, nunquam genus perit, ya porque aunque se diga que perece, no puede perecer sino para su dueño que es el deudor, res domino suo perit 9. El verdadero cambio a la regla res perit domino en el derecho continental y de aplicación general es la que introduce Andrés Bello en el ordenamiento jurídico chileno, y la influencia que tuvo su obra en el resto de los pueblo americanos, a mediados del siglo XIX, en virtud del cual, se sigue reconociendo la existencia de la tradición romana bonitaria en cuanto a la necesidad de la concurrencia de un título y un modo para adquirir el dominio, pero que a su vez establece que el riesgo de la pérdida de la cosa la asume el acreedor, aun cuando, no se haya efectuado la entrega. En definitiva, la nueva regla establece que el riesgo lo asume el acreedor res perit creditori aun sin ser dueño. Independientemente de las múltiples críticas que ha enfrentado la nueva legislación, las reglas se mantienen vigentes, y hoy existen, en el derecho continental, tres criterios en materia de riesgos: (1) res perit debitoris en armonía con res perit domino (Derecho romano bonitario); (2) res perit creditoris en armonía con res perit domino (Derecho francés); y (3) res perit creditoris en discordancia con res perit domino (Derecho chileno). Durante todo este tiempo no ha existido claridad el porqué Bello introdujo una tercera regla de riesgos, siendo aquello objeto del debate hasta el día de hoy. Paralelamente, cabe destacar que la regla res perit creditoris en materia de compraventa, en términos generales, se mantuvo incólume hasta la entrada de la segunda mitad del siglo XX. A principios del siglo XI fue recogida por las Siete Partidas de la España Castellana, en las cuales se puede leer en la partida Quinta, título 5, ley 23 quando la compra se face 9 ESCRICHE, JOAQUÍN, Diccionario Razonado de Legislación y Jurisprudencia, Año 1852, Librería de la Rosa, Bournet y Cía., Página
14 sin escripto, aveniéndose el comprador et el vendedor, el uno de la cosa et el otro del prescio, dende en adelante el daño que viene de la cosa comprada es del comprador. ( ) 10. No obstante lo anterior, como ya señalábamos, en la segunda mitad del siglo XX la regla res perit creditoris en materia de compraventa cambió con el advenimiento de la Convención de Viena sobre Compraventa Internacional de Mercaderías, en donde el riesgo lo asume el deudor, conforme a lo dispuesto en los artículos 66, 67 y No obstante lo anterior, en términos generales la regla res perit creditoris en materia de compraventa se ha mantenido vigente en los ordenamientos locales, y en nuestro Código Civil se encuentra consagrado en el artículo Recepciones en legislación comparada. La legislación comparada recoge de diversas maneras la teoría de los riesgos, de acuerdo a su propia tradición jurídica, y por consiguiente, de acuerdo a sus propias cosmovisiones. Por lo mismo, las diferencias nacen a partir de la cercanía que existe entre el ordenamiento jurídico con el ordenamiento religioso, así como de la función social que cumple la propiedad, sus modos de adquirirla, etcétera (etc.). En razón de lo anterior, resulta del todo prudente, atisbar cuáles han sido las distintas formulaciones jurídicas que establecen los distintos cuerpos normativos, pero con mayor detención en las normativas de los países que comparten una tradición jurídica común. En nuestro caso nos referimos particularmente a los sistemas jurídicos continentales, cuyas raíces se arraigan con fuerza en el derecho romano bonitario. 10 LAS SIETE PARTIDAS, que mando collegir el Católico Rey Don Alonso el nono, Rey de Castilla y de Leó, Imprimierolas maestre Paulo de Colonia e Johánes Pegniczer de Nuberga e Magno e Thomas compañeros alemanes, 24 de diciembre 1491, página ELORRIAGA D.B., FABÍAN Y OTROS, Estudios sobre reformas al Código Civil y Código de Comercio, V Parte, Editorial Jurídica, 1ra. Edición, Chile,
15 Por su parte el Código Civil Italiano dispone, en su artículo 1463, que en los contratos con prestaciones recíprocas, la parte liberada por la imposibilidad sobrevenida de la prestación debida no puede pedir la contraprestación, y deberá restituir lo que ya hubiese recibido, de acuerdo con las normas relativas a la repetición de lo indebido, recogiendo el principio res perit debitori, tal como acontece en el Código Civil de la República Argentina y el Código Civil de Alemania. Lo mismo ocurre en el Código Civil de Perú, el cual en su artículo 1431, establece que "en los contratos con prestaciones recíprocas, si la prestación a cargo de una de las partes deviene imposible sin culpa de los contratantes, el contrato queda resuelto de pleno derecho. En este caso, el deudor liberado pierde el derecho a la contraprestación y debe restituir lo que ha recibido. Empero, las partes pueden convenir que el riesgo esté a cargo del acreedor. El Código Civil de Guatemala, quien también comparte la tradición jurídica de exigir un modo y un título para adquirir el dominio, sigue la tradición continental comparada en los siguientes términos, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 1331 La pérdida o deterioro de la cosa objeto de la obligación, antes de la entrega se regirá por las siguientes reglas: 1. Si se pierde sin culpa del deudor, la obligación quedará sin efecto y se devolverá lo que se hubiere recibido por cuenta del convenio. 2. Si la pérdida fue por culpa del deudor, éste responderá al acreedor por el valor de la cosa y daños y perjuicios; (...). El Código Civil Mexicano regula la teoría de los riesgos sólo respecto de las obligaciones de dar y por ello se refiere a la pérdida de las cosas. El artículo 2017 inciso quinto dispone que si la cosa se pierde por caso fortuito o fuerza mayor, la obligación queda sin efecto y el dueño sufre la pérdida, a menos que otra cosa se haya convenido. En este particular, más allá de prevalecer explícitamente el principio res perit debitori, se hace referencia directa al principio res perit domino. No obstante lo anterior, algunas legislaciones posteriores a la entrada en vigencia del Código Civil Chileno, recogieron en gran medida la obra de Bello, y asimismo el tenor 11
16 de algunas de su disposiciones, incluyendo la innovación planteada en su artículo El Código Civil de Uruguay, precisamente, es uno de ellos, que recoge estas innovaciones a pesar de exigir tanto un título como un modo para adquirir el dominio, pero acota explícitamente el problema de los riesgos a las obligaciones de dar, consignando en el artículo 1557 que tratándose de una obligación de dar, su extinción por la imposibilidad de la paga no hace extinguir la obligación recíproca del acreedor. Esta legislación recoge explícitamente el principio res perit creditori, tal como acontece en la legislación francesa, no obstante lo anterior, la legislación uruguaya no recoge el principio res perit domino, como si ocurre con la legislación francesa. Igual regulación establece el Código Civil colombiano, que fue influenciado por la regulación de Bello en nuestro país, y dispone el artículo 1607 que El riesgo del cuerpo cierto cuya entrega se deba, es siempre a cargo del acreedor; salvo que el deudor se constituya en mora de efectuarla, o que se haya comprometido a entregar una misma cosa a dos o más personas por obligaciones distintas; en cualquiera de estos casos será a cargo del deudor el riesgo de la cosa hasta su entrega. En este caso, la disposición es textual a la establecida en el artículo 1550 del Código Civil chileno. La legislación francesa, por su parte, y como ya hemos indicado, en virtud a sus particularidades con respecto a los modos de adquirir el dominio, recoge el principio res perit creditori, en razón del principio res perit domino. 2. Teoría de los riesgos en Chile 2.1 Concepto En palabras del profesor Juan Andrés Orrego, la Teoría de los Riesgos busca resolver quien soporta la pérdida de la especie o cuerpo cierto en los contratos bilaterales. En ese mismo orden de ideas, Daniel Peñailillo la define como aquella que trata de determinar quien soporta la pérdida (total o parcial) de la especie que debe darse. 12
17 Cabe destacar que es de la esencia que el contrato además de bilateral, sea a su vez, de ejecución diferida, ya que la obligación de entrega debe encontrarse pendiente. La Teoría de los Riesgos no se encuentra definida en nuestra legislación, pero se encuentra circunscrita, en atención a su propia naturaleza, al estudio del derecho de las obligaciones, que se encuentra regulado en nuestro ordenamiento en el Libro IV del Código Civil. Históricamente, el Libro IV el Código Civil, publicado conjuntamente con todo el cuerpo legal en 1855 y cuya vigencia data desde 1857, tiene su génesis en el trabajo que venía realizando Andrés Bello desde 1835, en un intento por codificar la legislación privada en nuestro país. En julio de 1845, se fusionan por ley la Comisión de Legislación del Congreso Nacional, nacida en 1840 para sistematizar en un cuerpo ordenado y completo la legislación privada, con la Junta Revisora, creada en 1841 para examinar los títulos que la Comisión le presentase. Esta fusión tenía por objeto agilizar el desarrollo del Código Civil. En agosto de 1847 se publicó el "Libro de los contratos y obligaciones convencionales", texto antecesor del Libro IV, objeto del presente estudio. Para 1849 la Comisión dejó de reunirse, volviendo a tomar un rol protagónico Andrés Bello, quien en 1852 presentó el proyecto concluido del Código Civil. El Gobierno dispuso de otra comisión revisora, la que contó con la participación activa de Andrés Bello, y fruto de su trabajo publicó lo que se conoce como "Proyecto de 1853". Luego, durante 2 años se le introdujeron nuevas modificaciones hasta conformar lo que se denominó el "Proyecto Inédito", que solo se conocería en 1890, tras su publicación. En 1855 el proyecto fue entregado al Congreso, el cual le introdujo otra serie de modificaciones, logrando publicar ese mismo año el "Proyecto Definitivo". Este fue aprobado el 22 de noviembre de 1855, promulgado el 14 diciembre de ese mismo año, y entro a regir el 01 de enero de
18 No obstante lo anterior, hubo esfuerzos anteriores que delinearon los principios fundantes de nuestra legislación privada en materia de contratos, como las publicaciones de Andrés Bello sobre "Prelación de créditos" en 1837, o "De los contratos y obligaciones convencionales", publicado en el Diario El Araucano entre 1841 y Como modo de extinguir las obligaciones La Teoría de los Riesgos, también dice relación con los modos de extinguir las obligaciones, en virtud del reconocimiento expreso que hace nuestra legislación a la pérdida de la cosa que se debe como una forma de liquidar este vínculo jurídico, en el artículo 1567 Nº 7º del Código Civil. Esto obedece al hecho de que una vez que la cosa que se deba perezca, entonces el cumplimiento de la obligación se vuelve imposible. Y en atención al adagio jurídico a lo imposible nadie esta obligado, es que se establecen reglas para determinar las consecuencias jurídicas que acarrea este hecho jurídico. Esta materia se encuentra regulada en el Título XIX del Libro Cuarto del Código Civil, desde el artículo 1670 al 1680, y en cuanto a su contenido, como veremos con detalle en el análisis del artículo 1672 del CC., sigue la misma línea planteada en cuanto a los riesgos, en virtud del cual, toda vez que la cosa perezca en manos del deudor, sin que medie su culpa o dolo, éste queda libre de toda responsabilidad civil, con alguna excepciones que establece el mismo Código, como lo son el caso en que el deudor se encuentre en mora o se haya pactado que se responderá aun ante un caso fortuito (Artículo 1672 y 1673 del CC.) Requisitos Para Pablo Rodríguez Grez son tres las exigencias necesarias para que se configure la Teoría de los Riesgos: La existencia de una relación jurídica bilateral; que el cumplimiento de la obligación se encuentre pendiente; y que la destrucción del objeto 14
19 de la obligación provenga de un caso fortuito o fuerza mayor, es decir, que no sea imputable al deudor. También podemos agregar a estos elementos, el hecho de que el objeto de la relación sea una especie o cuerpo cierto y que no exista una cláusula de modificación de responsabilidad que haga responsable al deudor del caso fortuito. 2.2 Características Contrato bilateral. Una característica esencial de la Teoría de los Riesgos o un presupuesto de existencia es precisamente la concurrencia de un contrato bilateral, entendido éste como aquel en virtud del cual las partes contratantes se obligan recíprocamente de acuerdo a lo dispuesto expresamente por nuestro legislador en el artículo 1439 del Código Civil, y por ende, cada una es deudora y acreedora de la otra. En ese mismo orden de ideas, Fernando Fueyo define la Teoría de los Riesgos, precisamente desde la perspectiva de la contraparte en un contrato bilateral, pues para este autor, esta institución busca determinar la suerte de la prestación contraria cuando una ha sido motivo de extinción por imposibilidad de ejecución 12. En el caso de los contratos unilaterales la cuestión de los riesgos no se plantea ya que solo existe una obligación para una de las partes, y cuando el objeto de la obligación perece fortuitamente, entonces simplemente se extingue la obligación, o como dice Pablo Rodríguez Grez, la obligación se extingue sin consecuencias ulteriores 13. No obstante lo anterior, hay quienes sostienen que la cuestión de los riesgos sí se presenta a propósito de los contratos unilaterales. Uno de estos autores es el profesor 12 FUEYO L., FERNANDO, actualizado por FIGUEROA Y., GONZALO; Cumplimiento e Incumplimiento de las Obligaciones, 3ª Edición, Editorial Jurídica, página 331, RODRIGUEZ G., PABLO, Extinción no convencional de las Obligaciones, Volumen II, 1ª Edición, Editorial Jurídica, página 137,
20 José Antonio Galván, quien afirma que la figura de los riesgos se da también en los contratos unilaterales 14, citando para el efecto los artículos 2230 y 2177 del Código Civil sobre el depósito y el comodato respectivamente. En ambos casos la liberación del deudor por caso fortuito no es total, lo que engendra en el fondo una cuestión de riesgos, según el profesor Especie o cuerpo cierto. Si bien nuestro legislador no ha definido lo que se entiende por una cosa especie o cuerpo cierto, ni tampoco ha hecho expresamente la clasificación entre bienes específicos y genéricos, hace referencia a ellos en diversas disposiciones (artículos 951, 3º; 1508, 1509, 1590 del Código Civil). No obstante la regla se invierte en caso de que se trate de obligaciones de género, ya que en principio se entiende en doctrina que las cosas de género no perecen por la extinción de un sujeto dentro de la clase, y por ende, la pérdida la soporta directamente el deudor, en virtud de lo que expresamente ha señalado el legislador en el artículo 1510 del Código Civil la pérdida de algunas cosas del género no extingue la obligación, y el acreedor no puede oponerse a que el deudor las enajene o destruya, mientras subsistan otras para el cumplimiento de lo que debe, la que recoge el principio nunquam genus perit. No obstante algunos autores hacen una subclasificación de los bienes corporales de género, entre aquellos que son genéricos limitados e ilimitados, siendo como elemento diferenciador el número de individuos que componen una clase. Si bien esta clasificación ha sido criticada, básicamente porque depende de apreciaciones subjetivas, esta subclasificación adquiere relevancia en esta materia, ya que en virtud de lo que señalan estos autores, el género limitado efectivamente corre el riesgo de perderse completamente; y, a modo ejemplar, señalan el caso de una pintura al óleo 14 ELORRIAGA D.B., FABÍAN Y OTROS, Estudios sobre reformas al Código Civil y Código de Comercio, V Parte, Editorial Jurídica, 1ra. Edición, Chile, 2005, página

References: artículo 1463
 artículo 1431
 artículo 1331
 artículo 2017
 artículo 1557
 artículo 1607
 artículo 1550
 artículo 1567
 artículo 1670
 artículo 1672
 artículo 1439
 artículo 1510