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Timestamp: 2016-04-30 17:29:11+00:00

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El presente texto pretende exponer los temas estudiados
dentro del curso de esquemas del delito. El enfoque va a
estar dirigido principalmente hacía la Dogmática Penal. Debe
dejarse claro que si hablamos de esquemas del delito,
estamos utilizando un término que va más allá de la
dogmática penal, porque también se refiere a la escuela
clásica con CARRARA a la cabeza y a la escuela positivista a
partir del escrito de FERRI (Principios de derecho criminal).
Sin embargo, no nos vamos a ocupar de estos temas, porque
los mismos son tratados fundamentalmente en la materia
que agota el doctor Nódier AGUDELO BETANCUR, que se
denomina Pensamiento Penal.
Frente a la evolución de la dogmática penal, el cual es el
tema que más nos preocupa, existen algunos textos de
diferentes autores. El primero es un artículo del profesor
Bernd SCHÜNEMANN, uno de los más importantes
doctrinantes de la actualidad en Alemania, que se llama
Introducción al razonamiento sistemático en derecho penal.
Ahí van a encontrar ustedes cómo el profesor SCHÜNEMANN,
realiza un importante recorrido por lo que ha sido la
dogmática penal a través de su historia, señalando paso por
paso y atreviéndose un poco a ubicar cronológicamente las
diferentes épocas dogmáticas. Porque en nuestro medio ya
ESQUEMAS DEL DELITO - 2007
es lugar común que hablemos de una dogmática clásica,
neoclásica y finalista; y en todas estas épocas donde el delito
se define como una conducta típica, antijurídica y culpable, la
definición siempre es la misma. En la dogmática clásica,
neoclásica, finalista y postfinalista. Sin embargo, si nosotros
ver en cada una de ellas cuál es el significado y cuál es el
contenido de los conceptos tipicidad, antijuridicidad y
culpabilidad, nos encontramos con importantísimas
diferencias. La tipicidad en la dogmática clásica y neoclásica
tiene, aunque en principio similar contenido, significativas
diferencias. La tipicidad en la dogmática finalista frente a las
antes mencionadas sí que difieren en la medida en que unos
trabajan con tipo objetivo y los otros trabajan con un tipo
objetivo-subjetivo. Lo mismo la antijuridicidad. La
antijuridicidad en una dogmática causalista, que comprende
la dogmática clásica y neoclásica, trabaja sobre la idea del
desvalor de resultado como el núcleo del injusto, como el
núcleo de la antijuridicidad; mientras que en la dogmática
finalista se trabaja sobre el desvalor de acción como el
núcleo del injusto de la antijuridicidad. En la dogmática
finalista dolo y culpa se encuentran en la tipicidad, mientras
que en la dogmática de corte causalista -clásica y neoclásica-
dolo y culpa hacen parte de la culpabilidad. Entonces existen
significativas diferencias, muy a pesar de que todas ellas son
coincidentes en definir al delito como la acción o como la
Principalmente en estos esquemas del delito nos referimos a
una dogmática construida a partir del concepto de acción,
esto es, el concepto de acción es la base o el sustento a
partir del cual -llamado por algunos “piedra angular”- se
construye el edificio de la teoría del delito. Entonces en este
tipo de razonamiento dogmático las categorías tipicidad,
antijuridicidad y culpabilidad, van a depender del concepto
de acción que se asuma. Si asumimos a, b, c, concepto de
acción vamos a tener a, b, c, respuestas dogmáticas, es
decir, las diferencias se marcarán ya desde el concepto de
acción mismo que manejemos. No sucede ello con respecto a
lo que se ha denominado la dogmática postfinalista, donde si
bien existen semejanzas con la dogmática anterior, en la
dogmática postfinalista se produce una renormativización del
derecho penal, y ya la construcción de la teoría del delito no
se hace tanto, a pesar de que no se prescinde y se sigue
hablando de acción, a partir del concepto de acción, sino de
la determinación de cuál es el modelo de Estado que rige y
cuál es la misión del derecho penal en ese determinado
modelo de Estado. Esto es, se define primero cuál es la
función de la norma penal, y a partir de la función de la
norma penal, se redefinen los conceptos tipicidad,
antijuridicidad y culpabilidad. Esto es lo que se conoce como
la renormativización del derecho penal. Por tanto, entonces,
este artículo del profesor SCHÜNEMANN nos da una importante
idea de lo que ha sido toda esta evolución. Esa
renormativización de la que se ha hablado es lo que en el
artículo se denomina la teleología del derecho penal.
Otro escrito igualmente importante es el del profesor Tomas
VIVES ANTÓN el cual trata el concepto jurídico-penal de
acción y cómo el mismo fue evolucionando en las diferentes
corrientes dogmáticas.
Finalmente tenemos un artículo del profesor Moisés MORENO
HERNÁNDEZ, un profesor mexicano que ha trabajado también
mucho el tema de la evolución de la dogmática y los
diferentes conceptos de acción. Con estos artículos, más el
del profesor EMILIANO BORJA JIMÉNEZ, vamos a tener una
visión muy clara de lo que es la dogmática penal y su
evolución. Estos textos hacen un recorrido de lo que han sido
las diferentes posiciones dogmáticas, pero lo más interesante
es que nos centra en cuál es la discusión actual sobre la
dogmática penal, pero muy especialmente hace un
planteamiento de que la dogmática actual es casi una vuelta
a la dogmática neoclásica, casi que dice que lo que se
conoce como el funcionalismo, como tiene una orientación
teleológica, no es más que una nueva forma de construir los
conceptos bajo la idea de que el fin condiciona a los medios.
Teoría del derecho por medio de la cual se afirma que la
ciencia del derecho puede ser construida solo por la ley
positiva del Estado. A partir de los años 60, la evolución de la
dogmática ha tomado diversos rumbos, ya no solo es aquella
Teoría que afirma que la ciencia puede ser construida a
través de la norma.
A través de la interpretación del derecho penal se extraen los
principios, valores, instituciones e institutos que gobiernan el
En efecto, el Código Penal de 2000, el cual se inserta dentro
de las corrientes más novedosas, se ocupa de desarrollar la
teoría constitucional del derecho penal, es decir qué es lo
que expresa la Constitución en materia penal. De esta forma
el derecho penal debe ser construido teniendo en cuenta los
derechos humanos; las notas constitucionales inciden de
forma significativa en el derecho penal. Es por esta razón que
se puede decir que el derecho penal se encuentra
constitucionalizado y al respecto la Corte ha dicho que el
derecho penal no se finca solamente en la norma sino que
por el contrario debe atender al modelo de Estado, es decir el
modelo de Estado configura el derecho penal (nuestro Código
penal está constituido sobre la base del modelo
constitucional moderno). Adicionalmente, el derecho penal
está íntimamente vinculado con el concepto de poder
político, por lo tanto Derecho penal y poder político van de la
Claux Roxin a partir de los años 60, de manera categórica,
emprendió su obra científica teniendo como base el
desarrollo del derecho penal perteneciente a un modelo de
Estado. Roxin habló de modelo de Estado en vez de modelo
constitucional, ya que no todos los modelos de Estados
pueden ser considerados constitucionales.
Relación íntima entre poder político y
El derecho penal nace cuando nace el Estado, esta rama del
derecho siempre ha estado vinculada al modelo de Estado,
pero fue Roxin, en los años 60 quien puso esto en evidencia.
A lo largo de todos los años el derecho penal ha sido la
sombra del poder político, el poder político es el género y el
derecho penal la especie que quizá más represente el
En un primer momento existió el Estado liberal,
posteriormente el Estado intervencionista. El primero de ellos
no es necesariamente equivalente al Estado democrático – el
modelo liberal impone límites a la actividad del Estado y el
democrático establece la necesaria intervención de los
ciudadanos en las decisiones que a ello concierne- y aquél
fue el que originó el modelo de derecho penal liberal o
derecho penal tradicional (primer derecho penal que se
vincula con la idea de los bienes jurídicos tradicionales como
la vida, el honor etc). Lo importante en un Estado liberal es la
imposición de límites o barreras de protección para el
ciudadano, es decir límites a la actividad del derecho penal.
El Estado democrático hace alusión al derecho penal
democrático, como ejemplo podemos nombrar la figura del
jurado de conciencia. En este modelo además de los límites
al Estado existe el deber del ciudadano de participar en las
Relación modelo de Estado y derechos
A cada modelo de Estado corresponde un modelo particular
de derechos fundamentales, como veremos a continuación:
Los derechos de autonomía tienen relación con la
prohibición de que las personas interfieran en los derechos
de otros. Estos son vulnerados cuando el otro interfiere en mí
derecho, interferencia dada con la acción.
Con los derechos de prestación el individuo puede exigir
del Estado y de los demás las prestaciones. Esto es lo que
origina los delitos de omisión.
Los derechos del Estado social de prestación se
comportan así: No basta no hacerle daño a los demás sino
que hay que hacerle el bien, y esto constituye el ámbito de
Los derechos fundamentales por especificación se
Derechos fundamentales por especificación al
sujeto: El principio general según el cual todos somos iguales
equivale a la igualdad formal, pero en un Estado social de
Derecho hablamos de igualdad material como la posibilidad
de discriminar positivamente de conformidad con el sujeto.
contenido: Esto nos empuja hacía la superación del derecho
liberal, ya que los derechos por especificación del contenido
son aquellos que dan origen a una serie de derechos que
originan a su vez unos bienes jurídicos denominados de
intereses difusos pero que envuelven una pretensión
ineludible de interés general. En efecto, estos derechos por
especificación del contenido solucionan el problema de la
titularidad de los derechos, pues la tradición romano-
germánica de los titulares de los derechos enseñaba que sólo
lo eran quienes fueran personas, como mucho se iba a la
idea del concebido; empero, hoy son titulares de derechos
sujetos inidentificables o indeterminables, como sucede en
los delitos contra el orden económico y social e incluso
sujetos que no son actualmente personas, como en los
derechos ecológicos, donde los titulares de los mismos son
Relación derechos fundamentales y
Todo el bloque de constitucionalidad debe ser estudiado con
relación al derecho penal.
Así como el poder político tiene relación con el derecho
penal, y el modelo de Estado con los derechos
fundamentales, también hay relación entre los derechos
fundamentales y el derecho penal. Veamos:
1.Estado liberal ---------- Derechos de autonomía
2.Estado democrático ---- Derechos de participación
3.Estado social ------------ Derechos de prestación
4.Derechos por especificación ---- del sujeto
---- del contenido
Lo anterior implica que estudiemos la dogmática como
ciencia y no como dogmática penal. La dogmática es el
dogma de la ley, es construir la ciencia del derecho a través
de la ley. El destinatario primario de la ley es el juez o el
administrador de justicia. No se puede identificar derecho
con ley, pues en la dogmática partimos de la ley para ver
como la aplicamos, es decir para hablar de dogmática tiene
que existir previamente una ley positiva.
Ahora bien, en la dogmática clásica, neoclásica y finalista la
teoría del delito se constituía de izquierda a derecha, pues se
partía de la discusión de la acción, y una vez establecida la
acción se hablaba de tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad,
es decir siempre primero se hablaba de acción.
En la dogmática postfinalista, dentro de la cual hay dos
versiones: el funcionalismo moderado (Roxin, teoría de las
normas) y el funcionalismo radical (Jakobs, Modelo social),
se construye la teoría del delito de derecha a izquierda,
puesto que se comienza estudiando la pena y su sentido, la
función del derecho penal, así como también la teoría del
bien jurídico. Una vez establecido lo anterior, se define y
estudiamos la acción, la tipicidad, la antijuridicidad y la
¿QUÉ ES LA DOGMÁTICA JURÍDICO-PENAL?
La dogmática es un movimiento que nace y se inscribe
principalmente en el ámbito del positivismo jurídico. La
palabra dogmática viene de dogma y ese dogma estaba
referido al dogma de la ley. Para la construcción de la
ciencia jurídica es imprescindible la idea según la cual es
suficiente y basta con la ley, es por esta razón que se habla
del dogma de la ley positiva. Así entonces, se puede decir
que la dogmática está referida, sobre todo en sus inicios, a la
ley positiva del Estado, a la norma penal.
Lo anterior tiene unas importantes razones históricas y
filosóficas. La dogmática penal para algunos es una técnica;
para otros es una ciencia, puesto que su nacimiento y
evolución se hace con base en pretensiones científicas como
lo vamos a ver. Otros no son tan escépticos pero tampoco
tan optimistas, y hablan de que es una metodología a partir
de la cual se sientan los presupuestos de la responsabilidad
penal, a través de una interpretación racional de la ley que
permita la construcción sistemática de la teoría del delito.
Esa construcción científica de la teoría del delito, a partir del
razonamiento sistemático, tiene que hacerse teniendo como
base la norma penal vigente en el Estado.
El fundamento de la dogmática es el iusnaturalismo racional,
el cual se basa en la construcción de institutos a través de
axiomas, es decir, mediante el método deductivo por medio
del cual yendo de lo particular a lo general se explican todas
las instituciones jurídicas. Aquí entonces ya van a encontrar
una gran diferencia con otras teorías penales, por ejemplo
con la teoría carrariana, que a pesar de que también hizo
sistemática, el delito, el cual era considerado como un ente
jurídico, fue estudiado por Carrara desde las perspectivas de
las diferentes fuerzas del delito, pero principalmente a través
de las tres formas de imputación: imputación moral,
imputación física e imputación legal. Por medio de las fuerzas
objetivas y subjetivas, descendiendo de lo particular a lo
general se explican los institutos sin necesidad de acudir a la
Precisamente CARRARA decía que él no se ocupaba de
interpretar códigos. Si vemos el Programa de Derecho
Criminal, CARRARA, si bien menciona códigos allí, no se funda
para su postulación en un código determinado, ya que
construye todas sus ideas a partir del iusnaturalismo
teológico, del cual no puede desprenderse, ya que también
edifica dichas ideas a través del iusnaturalismo racionalista,
en la medida en que en que se basa en las fuentes filosóficas
demoliberales de BECCARIA, al igual que del aristotélico-
tomismo. Entonces, a pesar de que CARRARA hace una
especie de sistemática del derecho penal, no hace
dogmática, porque la dogmática implica que la construcción
de la teoría del delito debe hacerse a partir de la norma
penal vigente en el Estado.
Igualmente podríamos decir que en principio tampoco FERRI
hace dogmática, porque en realidad FERRI, al menos en sus
principios, construía toda su teoría sobre -si se pudiera hablar
allí de derecho penal- no sobre las normas del Estado, sino
sobre conceptos sociológicos. Por eso la primera gran obra
de FERRI se llama Sociología criminal, y éste autor solamente
se ocupó de la legislación, de esbozar una teoría a partir de
la ley, al final de su vida científica, cuando publicó los
llamados Principios de derecho criminal alrededor de 1928 o
1930, ya a finales de su vida.
Por eso entonces tiene que quedar claro: el pensamiento
dogmático siempre implica un pensamiento sistemático, aún
cuando últimamente, por virtud de movimientos como los
impulsados por ROXIN, sin abandonar el pensamiento
sistemático, también se atiende el pensamiento
problemático. Pero siempre que hablamos de dogmática
estamos hablando de pensamientos sistemáticos. Pero no
todo pensamiento sistemático significa que nos estemos
ubicando en la dogmática penal. Entonces eso es la
dogmática, la construcción sistemática a partir de la norma
positiva del Estado.
Aporte del iusnaturalismo racionalista al
El ius naturalismo racionalista, que implica que las
autoridades parten de la abstracción, es decir que van de lo
general a lo particular, reacciona contra los procedimientos
de la Edad Media, como el enciclopedismo, el cual basa sus
opiniones en los conceptos de los padres de la iglesia, y lo
casuístico, ya que por ejemplo no se estudiaba el homicidio si
no quién era homicida, no estaba consagrado el principio de
Así las cosas, el Derecho penal moderno reacciona, pues
establece que el derecho debe tener contenido y el poder
debe estar sujeto a limitaciones que se encuentran en el
principio de legalidad y de lesividad vinculado con los
Derechos naturales (Feuerbach) y con los Derechos
Humanos (Carrara), mediante los cuales se desarrolla el
principio de dignidad humana. Estos presupuestos jurídicos
implican una serie de institutos jurídicos que se traducen en
Legalidad (no se habla de tipicidad)
Lesividad (no se habla de antijuridicidad)
Protección del derecho (no se habla de bien jurídico
tutelado)
Es importante establecer que los principios son diferentes a
las categorías dogmáticas. Así bien, Feuerbach y Carrara
desarrollaron principios más no categorías dogmáticas
(tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad) ni las subcategorías
(elementos de imputabilidad, dolo, culpa, autoría,
participación, complicidad, inexigibilidad de otra conducta,
eximentes de responsabilidad, error de tipo). Al hablar de
culpabilidad debe tenerse en cuenta que existe una
diferencia entre lo que es la culpabilidad como principio
político criminal y como categoría dogmática.
NACIMIENTO DE LA DOGMÁTICA PENAL
La dogmática nace en un ambiente de discusión sobre qué
tiene carácter científico y qué no. Esta discusión se daba en
los países más importantes de Europa de ese entonces,
Alemania, Francia, Italia, Portugal y España, pero tiene
nacimiento en Alemania con la discusión entorno a si se lleva
a cabo o no la reforma del Código Civil Alemán, lo cual ocurre
en 1814, primer cuarto del siglo XIX.
Una vez desaparece el Antiguo Régimen y se implantan las
convicciones del llamado Estado liberal, se produce en primer
orden lo que se conoció como la codificación, por ejemplo el
Código de Napoleón de 1804, posteriormente el Código
Es así como en los primeros años del siglo XIX se extendía en
Europa el Código Civil francés de 1804. En este momento se
produjo la expansión político territorial de Napoleón. Los
efectos de dicha expansión se reflejan en el Código Civil de
Colombia, el cual proviene del Código Civil Chileno, que a su
vez fue tomado del Código Civil de Napoleón.
En Francia había un movimiento de reforma, los Códigos
Germanos estaban influidos por los romano-germánicos y
esto implicaba como tal dejar a un lado sus tradiciones.
Algunos eran partidarios de la reforma, pero el carácter de
los juristas alemanes no permitía que ello fuera así, por lo
tanto fueron reacios a adoptar las tradiciones de otros
Surge un movimiento de adopción de las teorías francesas al
Derecho Alemán, pero los alemanes se oponen a la adopción
del Derecho Francés. La escuela histórica del Derecho decía
que la ley positiva del Estado era la expresión y decantación
del espíritu, principios y valores de un pueblo, es decir, en
una legislación se condensaba todo lo que hacía parte de la
tradición histórica de un pueblo. Es por esto que la ley no
podía ser importada como un objeto cualquiera. Si bien el
Derecho era la expresión del espíritu de un pueblo, para
saber cuál era éste, se debía recurrir a la ley. Esto era una
mezcla del iusnaturalismo y el positivismo, razón por la cual
se decía que las reformas se deben hacer teniendo en cuenta
las legislaciones anteriores propias de un país, es decir, esto
es la oposición a la importación de la legislación extranjera,
pues la reforma no se hace importando textos, pues ésta
debe implicar una revisión de lo que son históricamente las
leyes propias del país.
Antes de la codificación y, particularmente en vigencia del
Antiguo Régimen, se impulsó de una manera muy decisiva la
discusión sobre el derecho natural. Esto es, un derecho que
partía por medio de la deducción de los axiomas más
importantes que configuraban las preceptivas jurídicas y a
través de dos posiciones, la primera, el iusnaturalismo de
corte teológico, a partir de la interpretación de lo que era la
ley eterna, la ley universal, se construía los preceptos del
derecho natural, que casi como gráficamente desgranándose
a partir de los axiomas iría decantando, de lo general a lo
específico, los diferentes conceptos que gobernaban el
derecho. Como ejemplo de esa forma de pensar, que no es
dogmática, porque no parte de los comentarios a una ley
positiva del Estado, fue el derecho penal construido por el
profesor CARRARA.
¿Por qué la necesidad de una dogmática?
Con el surgimiento de las codificaciones se dijo que la ley no
podía ser interpretada porque todo estaba escrito en la ley y
que no había que recurrir a los preceptos del derecho natural
porque precisamente la codificación lo que había hecho era
aprehender dentro de sus reglas los axiomas del derecho
natural y las reglas básicas que se derivaban del mismo. Sin
embargo, la necesidad de un desarrollo científico del derecho
depende de dos fenómenos: i. Las contradicciones al interior
de la ley y ii. Los vacíos legislativos. En este sentido, algunas
deficiencias de la legislación contribuyeron, sin duda alguna,
a crear la dogmática penal.
Cuando se expiden los grandes Códigos, a través de las
normas se compilaba todo el iusnaturalismo, y los jueces sólo
debían aplicar la ley, por esto se decía: “El juez no es más
que la boca de la ley.” El juez investiga hechos y los subsume
en la ley, éste postulado informó a la dogmática por muchos
años. Acá florece la interpretación exegética y literal de los
textos legales, todo lo que necesitaba el juez para
administrar justicia estaba en la ley.
En este sentido, la dogmática es la interpretación, es ir más
allá de la letra de la ley. Esta necesidad dogmática surge a
pesar del postulado según el cual el juez no es más que la
boca de la ley, por que el juez no logra atrapar la realidad
social, ya que esta es cambiante, las grandes
transformaciones son rápidas, los códigos después de diez
años no se acomodan a la realidad social y además surgen
contradicciones. Entonces, la dogmática es considerada
como ciencia que contempla los pasos que van desde la
interpretación gramatical, interpretación exegética, la
interpretación teleológica y la interpretación sistemática que
es lo principal de la dogmática. Casi que podríamos decir que
la sistemática es la base fundamental sobre la cual se
soporta la dogmática, y que sin sistemática no puede existir
dogmática -Precisamente el sentido de ciencia del derecho
como algo diferente a la ley, aunque construida a partir de la
misma, pero que se construye, se configura casi que en una
nueva fuente del derecho-, lo que se conoce como la
dogmática penal, se hace a partir de lo que se conoce como
En la práctica lo que más empujaba a la creación de una
dogmática eran algunas deficiencias de la legislación que
estribaban, primero, en las contradicciones que surgían entre
las disposiciones de un cuerpo normativo, y, segundo, los
vacíos que existían en la legislación. En un principio el
codificador creyó que su obra era tan perfecta que no podían
existir contradicciones entre sus disposiciones. Claro, muy
pronto la práctica fue revelando que las cosas no eran así,
porque una codificación como toda obra humana está sujeta,
sin duda alguna, a las limitaciones propias de la naturaleza
misma del hombre y, obviamente, esa naturaleza misma
significa que en cuanto a los conocimientos el hombre no es
perfecto. Y segundo, también la rica vida social nos iba
enseñando que todo lo que tuviera en mente el codificador
en una época, podía verse, sin duda alguna, desbordado,
primero, por la realidad que quiso aprehender en un
momento determinado en la cual muchas de las regulaciones
que debió hacer se le quedarían por fuera; pero además, el
devenir, el tránsito y la evolución de la vida social cada día
más compleja, también implicaba que aparecieran nuevas
formas de conflictos que en un primer momento no habían
sido tenidos en cuenta, porque precisamente para la época
en que se construye la normatividad no existían. Entonces a
pesar de que existía, sin duda alguna, una voluntad muy
importante de los cultores del derecho de construir una
ciencia jurídica, es decir, de ir más allá del mero empirismo
de la aplicación de la ley, para fijar el texto de interpretación,
el sentido de la misma, sí fue muy, pero muy importante,
para efectos de la creación de la dogmática penal, entendida
como sistemática de la interpretación de la ley, las
deficiencias que hemos apuntado. Primero, las
contradicciones que podían existir en las disposiciones de los
cuerpos normativos, y segundo, los vacíos legislativos que se
iban constatando a medida que se aplicaban a la realidad
social esas leyes. Es claro entonces que si decimos que el
juez es la boca de la ley, ante las contradicciones de texto y
vacíos que se presenten, el juez no puede hablar o si lo hace
va a decir incoherencias. Frente a estas contradicciones y
vacíos legislativos surgió la necesidad de solucionar esos
problemas por medio de la expedición de ciertas
disposiciones, tales como el principio según el cual la ley
posterior rige sobre la anterior; la analogía, para darle
solución a los vacíos; el principio de buena fe, la prohibición
de enriquecimiento sin justa causa etc., lo cual será
analizado a fondo con posterioridad
Es así como se puede decir que la tarea del científico del
Derecho es aprehender, descubrir, extractar del entramado
jurídico los hilos conductores que unen las instituciones. En
efecto, si se llegasen a presentar contradicciones o vacíos,
estos debiesen ser solucionadas por medio de los principios.
Teniendo en cuenta lo anterior, se puede decir que la fuente
material que da origen a la dogmática es la problemática
ante las situaciones de contradicción al interior de una
misma legislación y los vacíos que se presenten en ella. Ya el
juez no es boca de la ley, por el contrario debe ser un cerebro
jurídico el cual crea reglas jurídicas aplicables a cada caso.
Por otro lado, se encontraba en boga la corriente del
positivismo jurídico, la cual se centra en la discusión acerca
de lo que se entiende por ciencia.
Esta corriente dice que una ciencia para ser considerada
como tal, debe tener objeto y metodología propia. El objeto
debe ser aprehensible, implicar que siempre se trabaje sobre
el mismo objeto y que nos de certeza sobre lo que estamos
Así entonces, sólo lo que implicara la viabilidad de ser
repetido como prueba en el laboratorio, podría alcanzar la
noción de ciencia. Fue entonces el siglo XIX un siglo muy rico
para efectos de lo que posteriormente se conocería como la
ciencia del derecho. Existieron importantísimas corrientes
que propugnaban de una u otra manera por construir dicha
ciencia. Pero también existían otras que vapuleaban a las
anteriores y señalaban de una manera muy determinante
que el derecho no podía ser considerado como ciencia, y uno
de los cultores más importantes fue VON KIRCHMANN, un
procurador prusiano quien escribió un pequeño libro El
carácter acientífico de la jurisprudencia como ciencia, en el
cual lanzó una frase lapidaria que decía “tres palabras
rectificadoras del legislador y bibliotecas enteras se
convierten en papel de desecho”, es decir, no podría existir
una tal ciencia. Si tres palabras del legislador convertían todo
lo que se había escrito en basura, no podría existir una tal
ciencia del derecho, porque decía que el objeto del derecho
era un objeto totalmente mudable, por ejemplo, la agricultura
y la astronomía se podía apreciar que tenían un objeto fijo,
porque las rosas eran del color que son hacía siglos y los
astros giraban alrededor del Sol de igual forma hace millones
de años como lo hacen hoy, cosa que no sucedía con el
derecho, porque el derecho prácticamente dependía, decían
ellos, de una pura voluntad del legislador, y con esa voluntad
expresada en tres palabras, bibliotecas enteras se convertían
en basura, y eso no podía tener jamás el carácter de ciencia.
En efecto el derecho no puede ser considerado como ciencia,
por que los libros se convierten en basura y no puede tenerse
como ciencia algo que tiene un objeto tan variable, tan
impredecible. Ciencia era la astronomía pues tiene un objeto
invariable, por lo tanto se puede decir que lo científico es lo
que puede ser sometido a la verificación en el laboratorio a
partir de las leyes de causa – efecto, lo demás es metafísico.
De esta forma, lo único que podría ser propio de ciencia era
la ley positiva, pues solo esto podría ser perceptible a través
de los sentidos; y es en virtud de esto que surge el dogma de
la ley: objeto a través del cual el Derecho construye la
Sin embargo, sí hubo unos importantes profesores que
propugnaron por la construcción de una ciencia. Se atribuye
principalmente al profesor SAVIGNY, propugnador de la
escuela histórica del derecho, dar los primeros pasos para la
construcción de una ciencia del derecho. Es así como existía
una importante corriente que propugnaba que la
construcción del derecho tenía que hacerse a partir del
llamado iusnaturalismo, bien en su corte teológico como lo
hacía CARRARA a partir de la concepción aristotélico-tomista y
agustiniana, en algunos casos, y otros a partir de lo que se
conoce como el iusnaturalismo racionalista.
Al respecto puede hacerse referencia al libro Sociedad y
Estado en la filosofía moderna del profesor Norberto BOBBIO,
y es allí donde todos esos autores se agrupaban para crear
una concepción del Estado fundada en los derechos naturales
como previos y anteriores a la idea del Estado mismo; y
cómo la necesidad fue la que hizo surgir el concepto de
Estado a través del llamado contrato social; y cómo
BECCARIA, desde el punto de vista penal, aprovechó esa idea
y postuló todo lo que se conoce como el contenido del primer
programa de política criminal, aprehendido en su obra De los
delitos y de las penas.
Entonces se discutía por parte de los autores si la
construcción de la ciencia del derecho debía hacerse a partir
de los ius naturalistas, bien de corte teológico o racionalista,
o los que decían que debía hacerse a partir de la ley, lo cual
nos enmarca ya en el positivismo jurídico. Cuando nosotros
hablamos que la construcción de la ciencia del derecho tiene
que hacerse a partir del ius naturalismo, somos ius
naturalistas, somos partidarios de una concepción del
derecho natural. Y si nos dicen que la ciencia del derecho
tiene que construirse a partir de la ley positiva del Estado,
entonces somos positivistas jurídicos. Y obviamente la
dogmática, entendida como la construcción de la ciencia del
derecho a partir de la norma, de la ley positiva del Estado, y
por eso toma el nombre de dogmática jurídica, el dogma de
la ley, a partir de la norma, se inscribió también en el
Pero para darle fuerza a esta visión, el profesor SAVIGNY,
precursor de lo que se llama la escuela histórica del derecho,
señaló que lo que hoy entendemos como ciencia del derecho
o la ciencia jurídica, para él se denominaba la “ciencia de la
legislación”, el estudio de la legislación; y ese estudio de la
legislación tenía que hacerse desde dos puntos de vista. El
primer punto de vista fue llamado histórico, con lo cual se
oponía precisamente a las corrientes ius naturalistas, bien de
corte teológico o bien de corte puramente racionalista. ¿Por
qué? Porque recuerden ustedes cómo el ius naturalismo, sea
del corte que sea, teológico como CARRARA o racionalista
como fundamentalmente fueron las propuestas de BECARIA,
siempre tiende a tener unas características básicas: la
universalidad, la inmutabilidad, la intemporalidad y la
inespacialidad; y cuando a eso opongo lo histórico, esto es,
que el derecho no es intemporal, sino que el derecho es
manifestación de la historia, y como la historia va
cambiando, vemos entonces cómo SAVIGNY fue, sin duda
alguna, uno de los precursores del abandono que se hizo
finalmente en materia de lo que él llamaba ciencia de la
legislación, pero que nosotros conocemos como ciencia
jurídica o ciencia del derecho, del derecho natural, para
imbuirnos ya, a partir del siglo XIX, en el estudio de lo que se
conoce como el positivismo jurídico; reapareciendo el ius
naturalismo solamente después de la Segunda Guerra
Mundial, luego de la catástrofe que nos enseñó que
contemplar como omnipotente al legislador y sólo como
derecho a la ley, esto es, identificar justicia, ley y derecho,
resultaba absolutamente peligroso para la esencia misma de
Entonces, como está mencionado con anterioridad, se
impuso la idea de que la ciencia jurídica tenía que construirse
a partir de la legislación vigente, porque ésta era la
expresión de la historia y allí se aprehendía de una u otra
manera la conciencia, los valores y, sin duda alguna, de una
u otra manera, también los intereses que regían en un
momento dado en la sociedad. Pero contraponía ese aspecto,
que era el más importante para luchar contra el
iusnaturalismo, pero el menos importante dentro del
desarrollo de su concepción, el ingrediente filosófico que
decía que, sin duda alguna, la ciencia de la legislación tiene
que estudiarse por sus características propias que son lo
histórico y lo filosófico; pero lo filosófico no era entendido tal
vez en el sentido en que se entendía la filosofía para la
época, porque la filosofía para la época estaba vinculada por
lo general con el derecho natural, con lo metafísico, con lo
abstracto, sino que el término filosofía o filosófico en SAVIGNY,
apuntaba a lo sistemático, es decir, no era entender la
legislación a partir del mero empirismo de interpretar la ley
por la ley, la norma por la norma, sino necesariamente mirar
las normas dentro de un sistema, dentro de un contexto.
Entonces fíjense ustedes cómo ya aquí aparece la base
fundamental de la dogmática, la sistematicidad. Y decía
entonces que las reglas jurídicas no surgían, sin más, de la
ley, sino que las reglas jurídicas surgían de los institutos
jurídicos que se definían una vez se estableciera la
sistematicidad de la legislación. Es decir, la aplicación del
derecho se iba independizando como tal de la ley, ya no
solamente sería fuente del derecho la ley como tal, a través
de la interpretación gramatical, exegética, lógica y tal vez
hasta teleológica, sino que cuando mirábamos todo eso
dentro de un contexto y surgía la sistemática del derecho, ya
aquí se quedaban los institutos como tal y a partir de los
institutos era que surgían las reglas jurídicas que eran las
que aplicaban los jueces.
Fíjense ustedes, algo de eso sucedió en vigencia del Código
Penal de 1936, por obra del profesor ALFONSO REYES
ECHANDÍA. Ustedes cogen el Código Penal de 1936 y no
encuentran en ninguna parte que se hable de tipicidad,
antijuridicidad y culpabilidad; ni que se hable de causales de
atipicidad y causales de justificación, ni de causales de
inculpabilidad, ni que se hable de imputabilidad ni de
causales de inimputabilidad, simplemente encuentran
ustedes una cantidad de disposiciones o artículos que van
definiendo una que otra cosa del derecho. Pero cuando todo
eso se mira en conjunto, obviamente comenzando por la
interpretación gramatical, la interpretación exegética que va
mucho más allá que la interpretación gramatical, la
interpretación lógica, la interpretación teleológica y el enlace
de las normas todas entre sí, en conexión, surge algo
diferente. Entonces surge la teoría del delito y se habla de lo
típico, lo antijurídico y lo culpable, y a partir de la creación de
estos institutos es que tenemos las reglas de aplicación.
Entonces, tenemos normas que incluyen la tipicidad, normas
que incluyen la antijuridicidad y normas que incluyen la
culpabilidad; lo cual no sería posible reconocer, por ejemplo,
si nosotros manejáramos un concepto puramente legal de la
aplicación del derecho. El derecho es algo más que la ley, el
derecho es, como lo decían literalmente los autores de la
época, casi esa ciencia que surgía de ese manejo de la ley,
miradas las normas como tal en conexión de sentido se
creaba una nueva fuente del derecho. Y si nosotros miramos
cómo es eso en la práctica, tenemos que aceptar que eso era
de verdad una realidad.
Fíjense ustedes cómo todo esto, conceptos de tipicidad,
antijuridicidad, culpabilidad, imputabilidad, las llamadas
categorías del delito, pero también las llamadas
subcategorías que pertenecen a cada una, por ejemplo, en la
tipicidad la teoría de la conducta, de la acción, del sujeto
activo, del sujeto pasivo, de la clasificación de los tipos
penales, de la complicidad, de la determinación, de la
autoría, de la coautoría, surgen no como consecuencias sin
más de la ley, sino de esa visión de conexión de ese sentido
de cada una. Por ejemplo, una regla como la coautoría
impropia de dónde surge, dónde está en nuestro Código
Penal contemplada la coautoría impropia. Es una regla
jurídica, ¿cierto?, y la utilizamos siempre, siempre decimos
fulano de tal, coautores materiales propios o impropios.
Bueno la coautoría material propia surge del mismo tipo
penal, pero ¿de dónde surge la coautoría material impropia?
De la interpretación conjunta y sistemática de todo el
ordenamiento jurídico. Por eso entonces, no es de dejar de
hablar que en cierta forma la ciencia del derecho se va
convirtiendo en una nueva fuente de aplicación del derecho,
se va independizando de la ley. Figuras tan importantes
como, por ejemplo, en nuestro medio las causales
supralegales de justificación, que en cierta forma las ha ido
reconociendo la jurisprudencia y la doctrina, no son más que
expresión de eso, la ciencia del derecho se va
independizando de la ley misma y va conformando una
nueva fuente de aplicación del derecho. Y así no se
reconozca esto explícitamente en las decisiones judiciales, la
lógica impone tener que aceptar que esto es así. Por eso
entonces, fíjense ustedes, cómo cada vez que se hace un
razonamiento de este tipo lo que se busca es mirar qué está
detrás de la norma, y una vez dentro de esa razón material
de la norma, llamado por algunos también el espíritu de la
norma, creamos un instituto más grande, el cual vamos a
aplicar también en la vida práctica, en la práctica judicial. Es
así como en alguna oportunidad, la Sala de Casación Penal
de la Corte Suprema de Justicia, con ponencia del maestro
GÁLVEZ ARGOTE, reconoció que aún no encontrándose
demostrada en la realidad el presupuesto objetivo de la
causal de atenuación punitiva específica de estado de ira o
intenso dolor, aún no encontrándose demostrado, si la
persona razonadamente creyó que había sido ofendida
gravemente y de allí surgió el estado de ira e intenso dolor,
hay que reconocerlo. Fíjense, eso no surge de la ley, no surge
del texto, sino que surge de la ciencia del derecho, de la
construcción del sentido y la razón de la ley.
Por eso, entonces, fíjense ustedes cómo los dos aspectos que
señala allí el profesor SAVIGNY, resultaban importantísimos,
el aspecto histórico para la construcción de la ciencia de la
legislación, que no es otra que la ciencia del derecho penal o
la ciencia jurídica o también, como otros la llaman, la ciencia
de la jurisprudencia -la jurisprudencia también debe ser
entendida aquí, no como lo que dicen los tribunales, sino
como lo que dicen los cultores del derecho-, debe construirse
a partir del elemento histórico. Con eso entonces atrae hacia
sí, como objeto de estudio de la ciencia del derecho, por
demás por el nombre mismo ya lo estaba haciendo, a la
legislación. Eso, sin duda alguna, nos identifica, sin más ni
más, con el llamado positivismo jurídico; pero además, le da
el toque de importancia para que el derecho como tal se
independice de la ley, a partir del método sistemático. Por
eso, entonces, ven ustedes cómo se señala que las reglas
jurídicas no surgen, sin más, de la ley, sino que surgen de los
Pensemos nosotros en muchas figuras que manejamos
constantemente, por ejemplo, en materia de participación,
determinación y complicidad. Hablamos nosotros de la
accesoriedad, ¿sí o no?, que la responsabilidad del participe
es accesoria, ¿en alguna parte del Código aparece eso?;
hablamos de accesoriedad mínima, hablamos de
accesoriedad limitada, hablamos de accesoriedad máxima, y
nada de eso lo encontramos en el Código. Por eso, entonces,
es muy válida esa pretensión que desde un principio tuvo la
ciencia del derecho: independizarse de la ley como tal, y no
identificar ley y derecho.
Posteriormente se señalaría que lo importante del derecho es
encontrar la conexión orgánica de las normas jurídicas. Ya
está más allá de la interpretación gramatical, de la
interpretación exegética, de la interpretación lógica, de la
interpretación teleológica, para imbuirnos en lo sistemático,
porque si nosotros hablamos de conexidad orgánica, estamos
mirando a la legislación como un todo. Y se dijo entonces que
una vez se lograra la conexión orgánica de las normas
jurídicas, surgiría o ello desembocaría en la conexión lógica
de los conceptos. Aquí ya vemos nosotros cómo, claramente,
en esa expresión se está materializando la independencia de
la ciencia del derecho de la ley, con la creación de los
Obviamente, esto resultaba importantísimo para efectos de
solucionar las deficiencias que se han puesto de presente.
Primera deficiencia, la contradicción interna entre las
disposiciones. Sólo cuando nosotros logremos la conexión
lógica de las normas, y a partir de esa conexión lógica de las
normas, obtengamos nosotros la conexión de sentido de los
conceptos, es que nosotros podemos perfectamente
solventar los problemas de contradicciones entre los textos
de una misma ley. Sin acudir, sin más ni más, a la
operatividad del facilismo de que la norma posterior cuando
es contradictoria con una anterior prevalece sobre ésta,
porque allí entonces sí estamos casi que manejando criterios
puramente gráficos, cuando lo que se impone es manejar
criterios que doten del sentido a la solución de los problemas.
Pero además, cuando nosotros pretendemos solucionar los
problemas de vacío legislativo, esto es, cuando la realidad
nos muestra supuestos fácticos que no se subsumen así, sin
más ni más, en una disposición jurídica o una ley, nos está
obligando a nosotros a hacer una interpretación que va
mucho más allá de la mera consideración de las normas
individuales, porque precisamente la consideración de las
normas individuales no aprehende esos supuestos fácticos.
De ahí, entonces, que por medio de la abstracción haya que
mirar cuáles son las conexiones internas entre las normas
que permiten precisamente la creación de los conceptos, y la
lógica y el manejo de los mismos, cómo pueden surgir
instituciones que permitan precisar, aplicar allí donde no
existe ley, una solución jurídica a los casos controvertidos.
Porque además, las legislaciones nos imponían de una
manera categórica, cuando señalaban que el juez no se
podrá abstener de administrar justicia so pretexto de
insuficiencia o falta de ley.
Pero además porque, sin duda alguna, también para la
solución de los vacíos legislativos se fue incluyendo la
analogía, en la medida en que la analogía aprehende de una
u otra manera los conceptos sistemáticos. Por ejemplo, en
nuestro medio, en derecho civil, por mucho tiempo se
construyeron algunas ideas más generales que no subyacen,
así sin más ni más, en la ley, sino que se van formando como
son, los que se denominan los “principios generales del
derecho”; principios generales del derecho que tienen que
ver con toda esta forma de pensar. Acordémonos de algunos
supuestos de principios generales del derecho que no
aparecen allí contemplados en la ley, pero que los intérpretes
de la ley, en la doctrina o en la jurisprudencia, fueron
decantando. Por ejemplo, el principio de la buena fe. Hoy
aparece en la Constitución Nacional, pero en la legislación no
aparece como tal. El enriquecimiento ilícito, como tal, no
aparecía en la legislación, pero fue decantado de algunas
disposiciones del Código Civil por virtud de una interpretación
en conjunto y sistemática.
Otros autores importantísimos, pero principalmente
encabezados por el profesor Rudolf VON IHERING, señalaron
muy claramente que la interpretación tiene como misión la
de poner de manifiesto las verdaderas ideas que están detrás
del sentido que el legislador ha querido expresar en las
normas, esto es, ir mucho más allá de la interpretación
gramatical, de la interpretación exegética, de la
interpretación lógica e, incluso, mucho más allá de la
interpretación teleológica, para ver qué es lo que se
encuentra detrás del entramado jurídico en general. Porque
decía que el derecho es más que una suma de imperativos,
más que una suma de normas como tal, la norma del artículo
152, 153, 154, etc., en la medida en que señalaba que el
derecho es una conexión objetiva de sentidos, lo que implica
necesariamente la sistematicidad, y señalaba que la voluntad
auténtica del legislador no es lo que quiso el legislador del
momento decir. Por eso, entonces, a pesar de que es válido
recurrir al argumento muy socorrido en nuestro medio de qué
fue lo que quiso decir el legislador, porque a partir de ese
momento se va desentrañando, sin duda alguna, también el
sentido de la norma, no es, sin más ni más, esa voluntad que
en un momento dado tiene el legislador lo que implica la
creación del derecho, si no que lo que hay que entender es
cuál es la voluntad racional del legislador; y cuando nosotros
hablamos de racional, estamos hablando de algo que va más
allá del mero empirismo, algo que va más allá de la pura
gramaticalidad o de la exégesis, para imbuirnos en un
pensamiento sistemático. Y señala entonces que tal conexión
de sentido está dada por todo aquello que signifique una
conexión de tal tipo entre las diferentes normas. La norma no
es un acto aislado, el sentido no emana de la gramaticalidad,
ni de la mera interpretación exegética. Tampoco, como tal, el
sentido, sin más, de la ley, surge de lo quiso el legislador en
ese momento decir, sino de la voluntad racionalmente
entendida de éste, y la voluntad racionalmente entendida es
resolver los problemas conforme a unas ideas básicas que
subyacen al ordenamiento jurídico como un imperativo, que
no puede ser entendido solamente desde el punto de vista
formal, sino como una idea que subyace detrás de éste, que
es la idea de justicia, y que entonces va agrupando todo lo
que es la conexión de sentido de las normas en orden a la
creación de la sistematicidad.
Por eso dice que lo que debe hacer el cultor del derecho, lo
que debe hacer el científico del derecho, es hacer ostensible
la razón más o menos oculta de la ley, qué es lo que subyace
en la ley, porque la ley como tal dice cosas, sin más ni más,
que surgen de la mera interpretación. Por eso en una época
se pregonaba, especialmente recién presentado el
movimiento codificador, que los jueces y los cultores del
derecho no se podían dedicar a interpretar la ley. Recuerden
ustedes a Napoleón, cuando salieron las primeras
interpretaciones, dijo: “Mi código esta perdido”; porque la
interpretación como tal va creando una visión, a veces,
incluso, diferente de la misma ley, porque no es la voluntad
del legislador como tal la que se debe imponer, sino una
voluntad racional. El intérprete tiene que colocarse en el
momento en que interpreta la ley, y ya esto significa una
posición también histórica de cómo el legislador solucionaría
esos problemas, no con el pensamiento del legislador de la
época, sino con el pensamiento que ese legislador tendría en
la nueva época frente a esos nuevos fenómenos sociales.
Por eso, entonces, se decía que la voluntad racional del
legislador es la razón jurídica contenida en la ley, y el
significado de ella no es el tenido en cuenta por el legislador,
sino el objetivo inmanente a ella. ¿Qué significa? Que la ley
es como el hijo que se va de la familia; la familia quiso algo
para él en un momento dado, pero lo que es el hijo es lo que
haga después de que se desprendió de la familia. Así
también, por ejemplo, pensaba en ese tópico el profesor
RADBRUCH. Y todo esto ¿por qué?, porque se dice que la ley
es más racional que sus autores. Y hacer ciencia del derecho,
hacer dogmática jurídica no significa plasmar lo que quiso
decir o lo que quiere decir el legislador, sino plasmar lo que
quiere que se plasme en la ley. Fíjense entonces, dos
fenómenos bien importantes: independencia de la ley, como
tal, de quien la crea; pero también la interpretación una vez
se ha hecho en términos racionales, de sentido, en conexión
orgánica, mediante la creación de los conceptos lógicos que
forman los institutos penales, es algo diferente a la ley
misma, y por algo tienen razón quienes señalan que eso se
convertía en un nueva fuente del derecho.
¿Que se busca con la dogmática jurídico
Se busca con la dogmática que las decisiones judiciales no
sean azarosas, que las decisiones judiciales que tienen que
ver con un sistema sean predecibles y que la decisión sobre
un caso que tome un juez de la Guajira, por ejemplo, y un
juez del Amazonas, sea, guardada las proposiciones, la
misma. Porque el pensamiento sistemático propicia eso,
decisiones uniformes, al contrario de lo que sucede con la
casuística, que propicia decisiones desigualitarias.
Entonces, en ese sentido pues, la dogmática jurídico-penal
cumple una importantísima misión en orden a garantizar la
seguridad jurídica. Seguridad jurídica que también se
manifiesta en la calculabilidad de los efectos. Yo como
litigante sé qué es lo que voy a pedir en el proceso, y el juez
sabe qué es lo que va a demostrar. Eso tiene que ver mucho,
por ejemplo, con la pertinencia y conducencia de la prueba.
Y además la dogmática garantiza la igualdad, el trato
igualitario desde la perspectiva judicial. Y garantiza además
la libertad, porque a través de un pensamiento sistemático,
donde estén fijadas las reglas sobre los presupuestos de la
imposición de una sanción previa la constatación de la
responsabilidad penal, la persona sabe a qué atenerse. Por
ejemplo, esa es la misión principal que cumple la regla de la
Entonces, vamos a desarrollar el curso sobre estas ideas de
lo que es la dogmática; cómo nace la dogmática; cómo
evoluciona la dogmática; cómo surge la separación entre
tipicidad y antijuridicidad; cómo surge la separación entre
antijuridicidad y culpabilidad; qué significa la tipicidad en la
dogmática clásica, neoclásica, finalista, lo mismo que la
antijuridicidad, la imputabilidad y la culpabilidad; cuáles son
los presupuestos filosóficos, políticos e históricos que dan
origen a la dogmática; qué es lo que plantea el postfinalismo.
Vamos a hacer una introducción a la imputación objetiva y
obviamente a lo largo de todo el curso nos vamos a referir al
Código Penal vigente y al Código Penal recientemente
aprobado. Vamos a desarrollar, entonces, los diferentes
esquemas dogmáticos, esto es, las diferentes corrientes o
etapas que ha recorrido la evolución de la teoría del delito, y
qué se conoce como tal, como los esquemas del delito.
Siempre es importante que hablemos un poco de cómo nace
la dogmática, qué es la dogmática y, sobre todo, la función
que la dogmática misma cumple o al menos pretende
cumplir. Pero además, también es importante antes de que
comencemos a desarrollar los esquemas del delito clásico,
neoclásico y finalista, que nosotros veamos cómo nacen esas
categorías dogmáticas, es decir, cómo nace la antijuridicidad,
cómo nace la culpabilidad, cómo nace la tipicidad, y cómo
finalmente se llega a la definición del delito como la conducta
Ahí entonces tenemos más o menos perfilado lo que significa
la dogmática jurídico-penal. Cómo se construye esa
dogmática, para qué esa dogmática, y específicamente en el
ámbito del derecho penal, es el paso siguiente.
Reglas para la reforma y expedición de un
código según Savigny.
Este autor está de acuerdo con que no es posible importar
legislaciones, pues para hacer reformas es necesario que
previamente se logre una organización progresiva de la
ciencia del Derecho. En este punto debe destacarse que la
ciencia del derecho obliga a que sea estudiada la propia
historia del país, y ésta es diferente de la ley, pues la ley es
el objeto sobre el cual se construye el derecho.
Ahora bien, Savigny, planteó ciertas reglas que se deben
tener en cuenta con el fin reformar y expedir un código, las
Un derecho no dudoso: La exigencia de un derecho
no dudoso y seguro contra la arbitrariedad (características de
la dogmática), lo cual permite que las decisiones jurídicas no
provengan del azar ni del subjetivismo, es decir un derecho
construido sobre reglas y no con base en intuiciones o el
sentido común. La razón de ser de lo anterior es que el
derecho debe ser un instrumento para hacer justicia. Es así
como el Derecho impone límites al poder del estado y a las
autoridades, lo cual se expresa en las reglas de la dogmática
jurídico penal. La ciencia debe desprenderse de los códigos y
esto es llamado dogmática: Dogma de la ley.
Carácter comunicativo: Importar la legislación es
tanto como perder el espíritu del pueblo Alemán. La
dogmática nace de la discusión entre dos grandes sistemas
jurídicos: entre la filosofía del iusnaturalismo racionalista y
los positivistas en sentido jurídico.
Presupuesto orgánico: Este presupuesto hace
referencia a que el derecho no puede ser construido por
normas aisladas, sino como un sistema de normas, es decir a
partir de una interpretación sistemática, con lo cual se da el
paso de la exégesis a la sistemática.
Un código no es una suma de normas: El código es
algo que debe ir más allá de la simple suma de las normas y
para la realización de aquél se requiere una unidad orgánica,
la unidad de todos los artículos, lo cual constituye el
La letra de la ley no es suficiente para la
administración de justicia: El juez no puede limitarse a lo
que diga la ley, pues debe ir más allá de lo que diga la letra
de la ley, lo que implica que la interpretación es lícita. Sin
embargo, como en un ordenamiento jurídico existen varios
jueces, implicaría que hay tantas interpretaciones como
jueces, lo cual conlleva a la arbitrariedad. Con el fin de evitar
dicha arbitrariedad surge la necesidad de la interpretación
científica de la ley.
El Código debería ser la respuesta para todas las
situaciones: El ideal sería que un Código regulara todas las
situaciones y que aplicando la ley se encontraran las
respuestas. Sin embargo, esto es tan solo una utopía, pues
es imposible que un Código pudiera resolver todo. Por tanto,
ante los vacíos se debe procurar un subsidio que esté más
allá de la letra de la ley, y lo que está más allá es la ciencia
del derecho, la dogmática. En este sentido, se puede decir
que la dogmática es un plus frente a la ley tanto desde el
Enlace orgánico de los diferentes principios del
Derecho: Si se adopta el método científico para la
construcción del Derecho, es posible que quienes lo apliquen
lleguen a la misma conclusión, esto con el fin de evitar un
derecho desigualitario.
La dogmática no es instrumento para solazarse, es por
el contrario un instrumento para la administración de justicia
y para facilitarle al juez la aplicación de la ley.
Ahora bien, los estudiosos de la lógica establecen que la
dogmática no es más que un proceso de similitudes, no es
más que conocer las similitudes de algo conocido y algo por
conocer. La dogmática es en últimas la construcción de la
teoría a través de la ley.
Para ver las normas rectoras se acude al espíritu del
legislador, pero ¿si aplicamos la idea del espíritu del
legislador en un proceso social que cambia constantemente
si se darán una respuesta lógica? Frente a este interrogante
debe dejarse claro que el espíritu del legislador da soluciones
a muy corto plazo, no sirve el legislador histórico para
solucionar problemas, se necesita algo totalmente disímil, la
solución de las contradicciones y vacíos tiene que darlos la
ciencia del derecho. En efecto, la ciencia del derecho dice
que el jurista o dogmático debiera hacer el papel del
legislador de la época actual, lo cual demanda un nuevo tipo
de soluciones. Es por esta razón que se dice que la
dogmática es más que la ley, pues la ley está anclada en el
tiempo mientras que la dogmática es dinámica frente a los
Adicionalmente, la dogmática dice una cosa y la ley otra, tan
es así, que la ley decía que la fuerza mayor y caso fortuito
eran causales de inculpabilidad, mientras que la dogmática
dice que estos se analizan desde la acción, y por tanto no se
entra a analizar la antijuridicidad.
Según lo mencionado hasta el momento se pueden plantear
LA DOGMÁTICA NO ES LEY
LA DOGMÁTICA NO ES TAREA DEL LEGISLADOR
EL OBJETO DE LA DOGMÁTICA ES LA LEY
LA DOGMÁTICA ES EL PRODUCTO DE UNA
METODOLOGÍA APLICADA AL ESTUDIO DE LA LEY.
Así las cosas, hay que mencionar que hay reglas de
dogmática predicables a la dogmática penal y otras que son
aplicadas a la dogmática general, es decir a cualquier rama
REGLAS DE LA DOGMÁTICA JURÍDICO-PENAL
De su propio nombre, dogmática, tenemos que concluir que
la primera regla es la sujeción a la ley. Para hacer dogmática,
sin duda alguna, tenemos que partir de la ley.
La segunda regla, la dogmática busca, sin duda alguna, la
justicia del caso. Esto es muy importante, porque dogmática
no es, sin más ni más, un instrumento abstracto, puramente
teórico, con el cual, por ejemplo, alumnos y profesores nos
vamos a deleitar aquí en las clases haciendo doctrina de
laboratorio, sino que la dogmática tiene un papel muy
importante y crucial: servir para que en la praxis judicial la
justicia aplique esos institutos vertidos posteriormente en
reglas, en orden a obtener decisiones judiciales.
Y como tercera regla, sin duda alguna, la dogmática implica
la sistematicidad del derecho. Cuando hablamos de la
sistematicidad del derecho, obviamente, lo que estamos
diciendo es que una cosa es la ley y otra cosa es lo que surja
de la ley por medio del ejercicio dogmático que de la misma
se haga. La sistematicidad evita el tratamiento
casuístico por parte de los jueces, evita que prospere
el criterio o particular visión del juez en determinados
casos. Si las reglas de la dogmática son trabajadas
por todos, todos llegamos a la misma conclusión. Es
por esta razón que la Corte cumple una función
importante a partir de la unificación de la
jurisprudencia, pues si cada juez tiene su propia
teoría va a existir arbitrariedad. Las interpretaciones
exegéticas no tienen aplicación.
Es por eso que, por ejemplo, nosotros con el Código de 1980
reconocimos las categorías dogmáticas; ya esas categorías
dogmáticas no dependen tanto de la construcción de la
sistematicidad, sino que la misma ley ha sistematizado las
mismas, las ha llevado, las ha aprehendido en normas
jurídicas. Pero qué hacer nosotros, por ejemplo, antes de la
Ley 200 de 1995 o Código Único Disciplinario, para poder
aplicar el derecho disciplinario tratando de hacer justicia, de
garantizar los derechos individuales de las personas de
alguna u otra manera, a partir de que ni el Decreto 196 de
1971, hoy todavía vigente, ni el Decreto 1889 de 1989, ni la
Ley 13 de 1984, incorporaban en su contenido lo que se
conoce como las categorías dogmáticas. Sin embargo,
nosotros veíamos de una u otra manera a las altas Cortes, a
la Corte Suprema de Justicia, al Tribunal Disciplinario y,
posteriormente, a la Sala Disciplinaria del Consejo Superior
de la Judicatura, haciendo un gran esfuerzo por sistematizar
las ideas fundamentales que subyacen en lo que se conoce
como el derecho disciplinario. Obviamente el derecho
disciplinario, como muy bien lo dijo GARCÍA DE ENTERRÍA hace
mucho tiempo, es una rama del derecho que se encuentra
todavía en un estado prebeccariano, es decir, se encuentra
precisamente en el estado de limbo jurídico en que se
encontró el derecho penal en esa época; y para salir de ello
tiene que echar mano de las categorías dogmáticas propias
del derecho penal, así lo ha señalado el constitucionalismo
moderno y, principalmente, los cultores, que así se ha
entendido esto hoy como una ciencia en pañales, tratan de
dotar al derecho disciplinario de cierto contenido y sentido
sistemático en orden a que la aplicación del derecho no sea
un mero juego de azar.
¿Cómo se hace esto? Recurriendo a la experiencia del
derecho penal. Sin embargo, también esta experiencia no ha
sido del todo positiva, porque a veces pensamos que para
lograr esto, simplemente basta transportar acríticamente y
sin ningún juicio que diferencie los contenidos de uno y otro
derecho, y se transportan las reglas del derecho penal al
derecho disciplinario; lo cual no resulta acertado, ni resulta
posible para la obtención de la justicia en los casos
concretos. Si derecho penal y derecho disciplinario son una
misma cosa, cualquier día el legislador podría decir: toda
falta disciplinaria conviértase en delito. Ustedes se imaginan
la errática política criminal que emana de esta posición.
Entonces el derecho disciplinario es una ciencia que apenas
está empezando, que hay que construirla y dotarla de
autonomía propia y de sentidos y criterios propios. Es un
trabajo muy complicado y complejo. No podemos, sin más,
coger el derecho penal y transportarlo al derecho
disciplinario. Imagínense ustedes si nosotros manejáramos
en derecho disciplinario el criterio de la antijuridicidad
material, qué sucedería, no se sancionaría porque las faltas
en el derecho disciplinario son faltas de mera conducta. Lo
que hay que constatar es si es que se infringe
funcionalmente un deber, y eso sí es más complicado, más
complejo que decir simplemente que ahí no opera la
antijuridicidad material. En el derecho disciplinario no se
infringen bienes jurídicos, en el sentido del derecho penal,
Entonces como reglas dogmáticas tenemos la sujeción a la
ley, la justicia del caso y la sistematicidad del derecho.
REGLAS DE LA DOGMÁTICA DESDE EL
La dogmática penal en nivel teórico busca o propicia lo
La dogmática propicia la Libertad: Busca libertad
por que por medio de la dogmática, es decir la tipicidad,
podríamos saber que está prohibido y que por tanto lo demás
está permitido. En este sentido cuando quebrante las normas
sé cuál va a ser la sanción.
La dogmática propicia igualdad: Esto no significa
que la dogmática asegure un trato igualitario, pero sí propicia
que se erradique el tratamiento intuitivo que conlleva a la
desigualdad. A manera de ejemplo se puede decir que si sigo
reglas dogmáticas en la Guajira y en Pasto, se debe llegar a
La dogmática propicia seguridad jurídica: Se debe
librar a la administración de justicia del azar.
La dogmática propicia la consecución de justicia:
Aún cuando hasta 1960 se propiciaba justicia formal, debido
a que la aplicación de las reglas se lograba a través de la
lógica formal. Ahora el cometido es hacer justicia material.
¿QUÉ BUSCA LA DOGMÁTICA JURÍDICO-PENAL?
FUNCIONES DE LA DOGMÁTICA DESDE UN
Desde el punto de vista teórico la dogmática busca asegurar
-obviamente la dogmática hoy y también la anterior- desde la
perspectiva del Estado social y democrático de derecho,
asegurar la libertad. Recuerden ustedes cómo en el modelo
del Estado liberal, principalmente, que reconoce los derechos
inalienables del individuo, aquel Estado que tiene como
miramientos principales el de que los poderes públicos y el
de cualquiera de sus manifestaciones, entre ellos, el poder
penal, tienen que ser limitados, tienen que ser controlados
en orden a evitar la arbitrariedad, lo que ustedes conocen ya
como prohibición de exceso y prohibición de arbitrariedad; se
ha postulado que en un Estado de derecho los particulares
pueden hacer todo aquello que no les está prohibido y los
servidores públicos pueden hacer solamente lo que les está
mandado o les está permitido; de manera pues que los
límites de la libertad son una excepción y el espacio de
libertad contempla la mayor parte del círculo de posibles
comportamientos humanos. Siendo así, entonces, ese
postulado trata de ser una realidad a través del derecho
penal, para que en el catálogo de los delitos y su respectiva
asignación de pena, de manera muy clara y tajante, se
delimite de una vez por todas lo que está prohibido, para que
el ciudadano sepa cómo conducirse en sociedad, esto es,
para que el ciudadano tenga claridad de cómo debe orientar
su comportamiento social. Su comportamiento social, porque
bien sabemos ya que el comportamiento meramente
individual, meramente subjetivo, en contraposición al
comportamiento social que es intersubjetivo, un
comportamiento social que tiene que ver con la interferencia
entre los sujetos y sus derechos, que es la ocupación del
derecho penal; el comportamiento privado, que no trasciende
a los demás, queda resguardado como parte inalienable del
fuero interno del individuo. ¿Por qué? Porque lo que busca
regular el derecho penal es el comportamiento externo,
interferido y que tiene que ver con la intersubjetividad, en
orden a garantizar la libertad, que la persona tenga la
libertad de hacer todo aquello que no está prohibido,
especialmente por la ley penal. No se trata tanto de
garantizar la libertad como tal, de que yo me encuentro
preso o no, sino de la libertad de hacer o no hacer, sin que se
me asigne como tal una consecuencia gravosa si no está
consagrada la prohibición de una manera expresa en la ley
Pero además se busca con la dogmática, especialmente por
virtud de la característica principal que hemos anotado, la
sistematicidad, que, como quiera que existen unos preceptos
que surgen de ella por virtud de la conexión orgánica entre
las normas, preceptos obviamente de carácter lógico,
conceptual, una vez se hayan obtenido estos, la aplicación
del derecho resulte igual para todos; lo cual precisamente no
propicia la interpretación meramente casuística. La
interpretación casuística, caso por caso, sin un referente
sistemático, sin más ni más, puede conducir a la
arbitrariedad, y por eso podría propiciar la aplicación
desigualitaria de la ley. Con la dogmática se busca,
precisamente, a través de la sistematicidad, que la aplicación
del derecho resulte igualitaria para todos, es decir, que el
sistema jurídico sea el sistema jurídico que comprenden los
que viven en la Guajira, en el Amazonas, Antioquia, etc. La
interpretación de la ley tiene que ser igual.
Sin embargo, esto a veces en la práctica no resulta así, y lo
vamos a ver más adelante, porque a pesar de que todas
estas aspiraciones como tal eran claras en el inicio de la
dogmática, con el tiempo se fueron olvidando con la
operatividad y la dinámica de la dogmática, y por mucho
tiempo se hizo, incluso, dogmática fundada en la pura lógica
de las normas, en la pura lógica formal. Y a pesar que, desde
un punto de vista, las soluciones podían ser correctas para la
generalidad, había casos concretos en que la solución
chocaba con la justicia material; la justicia formal no se
compaginaba con la justicia material. En ese sentido,
entonces, también por esa vía se podían estar desconociendo
los orígenes y el sentido de la dogmática jurídico-penal. Por
eso entonces, por ejemplo, el movimiento liderado por el
profesor ROXIN, a pesar de que propugna por la lógica en la
solución de los casos, no es menos cierto que el profesor
ROXIN, propugna también por el mantenimiento de la
sistematicidad del derecho penal.
Obviamente se obtendrá con ello una seguridad jurídica, que
la persona tenga certeza de qué es lo que puede hacer y qué
es lo que no puede hacer; pero además la certeza de que si
lo hace, cuál será la consecuencia, y si no lo hace, cuál será
también su consecuencia. Seguridad jurídica que a pesar de
que tiene el término jurídico, sin duda alguna, también fue un
importante derecho natural, y lo constituye hoy, sin duda
alguna, en los términos del iusnaturalismo racionalista. Nadie
negaría hoy, por ejemplo, el carácter trascendente de la
libertad y la igualdad de las personas. El concepto de
dignidad como tal desborda cualquier ordenamiento jurídico,
está antes y por fuera y más allá del ordenamiento jurídico,
es decir, el concepto de dignidad, cuando se inserta en una
constitución, nos está diciendo que esa es una constitución
que no puede ser entendida en términos meramente del
positivismo jurídico. Y eso es absolutamente claro en nuestra
Constitución Nacional, cuando se contempla como principio
fundante del Estado el principio de la dignidad del ser
humano. El artículo 5° señala de una manera muy clara que
también allí se involucran los derechos inalienables e
intransferibles del hombre. Y cuando se remata con el
artículo 94, ese sí por encima del positivismo jurídico,
señalando que el reconocimiento de los derechos
fundamentales contemplados en las constituciones o los
tratados o las leyes, no será óbice para reconocer otros que
están por fuera del positivismo jurídico. Las normas jurídicas
claramente en una constitución, obviamente marcada por el
positivismo jurídico, pero también penetrada hondamente
por el iusnaturalismo racionalista. Por eso entonces igualdad
y libertad están claramente señaladas y contempladas en la
Constitución; basta ver muchos artículos de la misma para
percatarnos de ello.
Pero no encontramos un solo artículo que hable de seguridad
jurídica, a pesar de que hay expresiones de las cuales puede
derivarse el mismo o ciertas instituciones que si bien no
hablan del principio de seguridad jurídica, sí se inspiran en el
mismo. Por ejemplo, cuando el artículo 2° dice claramente
asegurar las libertades y los derechos, expresión que
también utiliza el preámbulo mismo de la Constitución; o
como por ejemplo el artículo 29, cuando señala el principio
de legalidad, íntimamente vinculado con el principio de la
seguridad jurídica. Pero el principio de la seguridad jurídica
como tal no está expresamente contemplado y puede surgir
implícitamente de la Constitución. Pero sea una u otra cosa lo
que pensemos sobre tal principio, lo único cierto es que sí
está contemplando, porque el artículo 94 habla de derechos
inherentes al ser humano que no se encuentran positivizados
y, sin duda alguna, a pesar de que hablar de seguridad
jurídica casi nos coloca en el mundo del deber ser, si
nosotros utilizamos la expresión como tal libre de la palabra
seguridad nos damos cuenta que también el principio de la
seguridad como tal puede ser considerado como un derecho
inalienable. Fíjense debe haber el reconocimiento a través
del ordenamiento jurídico, porque la seguridad como tal es
un estado del hombre, vinculado de una manera muy íntima
con su visión antropológica. Autores importantísimos han
calificado a la seguridad jurídica como una necesidad
antropológica de los hombres, y yo creo que si nosotros
miramos lo que sucede en la vida práctica, eso es
absolutamente cierto. Si ustedes se matriculan en esta
universidad y no tienen ni la más remota idea de, por
ejemplo, cómo se van a obtener las calificaciones, ustedes
estarán en constante inseguridad. El novio con la novia, el
esposo con la esposa, que sospechan de infidelidad, no
podrán vivir con seguridad; y téngalo por seguro que si
tienen esa sospecha nada les sale bien, porque en el
sentimiento de incertidumbre en que vive la persona no
puede hacer vida. Por eso yo creo que es cierta literalmente
hablando la expresión del autor que ha señalado que la
seguridad jurídica es un derecho natural, porque, sin duda
alguna, es una necesidad antropológica del hombre.
Imagínense cómo estarán esos funcionarios cuando el
Gobierno Nacional ya anunció que habrá recorte
presupuestal, liquidación, fusión de empresas y que se van a
despedir aproximadamente cien mil empleados públicos.
Esto oscurece el panorama y sin duda alguna esa necesidad
de estabilización del sentimiento del hombre se pone en
Finalmente, con la dogmática se busca asegurar la justicia.
En un principio la justicia formal, es decir, que las decisiones
judiciales se tomen en la aplicación de los hechos conforme
el legislador lo ha estipulado. Pero ya en una Constitución
Política como la de 1991, las cosas tienen que ir mucho más
allá, y no solamente podemos embelesarnos en la llamada
justicia formal, sino que tenemos que trascender en lo que se
conoce como justicia material, es decir, la justicia en el caso
concreto que logra que las cosas se hagan tal como deben
ser, desde una perspectiva más cercana a la equidad. Y
hablamos de justicia material en la Constitución Nacional,
porque si ustedes ven la fórmula de la Constitución
transciende de lo meramente formal, cuando la Constitución
dice qué es, en el preámbulo, que la razón de ser de la
Constitución es la protección de determinados derechos con
el fin de obtener un orden justo desde una perspectiva social,
está excluyendo cualquier posibilidad de entender en nuestro
medio la justicia meramente en términos formales. Así se
aclara, sin duda alguna, si nosotros miramos el artículo 228,
cuando dice que en las decisiones judiciales prevalecerá el
derecho sustancial. Allí no se está contemplando el derecho
sustancial como tal en oposición al derecho adjetivo como
muchos lo han entendido, no, se está entendiendo el derecho
sustancial por encima de lo que es el derecho meramente
formal. Esto desde el punto de vista más teórico.
FUNCIONES DE LA DOGMÁTICA DESDE UN PLANO
Desde un punto de vista más aterrizado, más práctico, más
terrenal, que tiene que ver con lo que es la labor diaria de los
jueces y de los fiscales, podemos decir que la dogmática,
como instrumento de la aplicación de la ley y el derecho,
Primero, utilidad. Es útil a la labor de los fiscales y jueces.
Recuerden ustedes, y algún día lo habrán leído con el
profesor Nódier, el libro El problema y el método de la
ciencia del derecho penal, de Arturo ROCCO. Cuando él
propuso un método, es más o menos el mismo método
dogmático del cual venimos hablando, y si ustedes leen este
libro, encuentran que coincide mucho con lo que aquí hemos
hablado -sólo que aquí hemos tratado el tema desde la
perspectiva alemana- donde precisamente Arturo ROCCO
postuló lo que se conoce como el movimiento técnico-
jurídico, muy parecido o es el equivalente a lo que fue o es la
dogmática penal en Alemania. ¿Por qué? Porque en Italia se
disputaban la primacía las dos escuelas: era la doctrina
carrariana o escuela clásica, fundada en el derecho natural, y
la escuela positiva liderada por el profesor FERRI. Una u otra
son instrumentos útiles para la aplicación del derecho. Claro,
muy bonita la tesis carrariana de cómo surge el delito, por
qué surgen las fuerzas, el desarrollo de los axiomas, del
delito entendido como un ente jurídico y de la libertad
entendida como libertad moral, y la construcción de la teoría
del delito a partir del ente físico, causalidad, de la
contradicción con la normatividad y de la contradicción con la
libertad. Pero qué tanto servía al juez en la aplicación de la
ley la explicación del delito en razones físicas y fuerzas
morales; de pronto para la construcción de la teoría muy
importante, pero para la aplicación práctica ello estaba un
poco lejos de ser un instrumento. Qué no decir también de la
concepción ferriana del delito. Y para extremar trabajemos
más bien con la concepción lombrosiana del delito y el
concepto del delincuente nato; de qué servía al juez, al fiscal,
para la práxis judicial, el concepto de delincuente nato.
Recuerden ustedes cómo el concepto de delincuente nato
provenía del profesor LOMBROSO, importante médico, médico
de guerra, tuvo muchos contactos con criminales y a un
criminal le encontró una anormalidad ósea en la fosita
occipital media, donde se ubica una glándula cerebral, la
tenía prolongada. Eso aparece en los mamíferos mayores y
de allí que concluyó entonces, que como ese fenómeno sólo
aparece en los mamíferos mayores, entonces este tipo de
individuo no era más que una especie de semihombre que se
había rezagado en la escala zoológica, porque estaba
presentando rasgos de animalidad. Pues bien, desde el punto
de vista científico muy bonito, tuvo mucho auge en esa
época, pero de qué le servía eso al juez, al juez que le ponen
una persona y para saber si era delincuente nato o no, lo
primero que tenía que hacer era la autopsia, tenía que rajarlo
y observar su cráneo. Entonces, desde el punto de la teoría
muy importante, pero poco útiles para la praxis judicial. Por
eso entonces la dogmática es un instrumento que, sin duda
alguna, antes que cualquier disquisición teórica sobre el
mismo, es una herramienta para los jueces.
Permite la dogmática la consistencia. Significa que los fallos
judiciales y la definición de los conflictos se enmarcan dentro
de los criterios racionales y razonables y no dependientes de
la intuición; lo que me parece que no se propicia con la
justicia del caso, la justicia caso por caso, la justicia
meramente casuística. La dogmática, como tal, resulta un
instrumento, sin duda alguna, consistente, porque va
definiendo de una manera muy clara qué es lo que resulta
relevante para el derecho penal, qué es lo que resulta
contrario o no a derecho, y qué es lo que resulta reprochable
o no reprochable desde un punto de vista ético-jurídico. Por
eso, entonces, la nebulosa propia surgida de la justicia caso
por caso, que propicia una teoría de la arbitrariedad, de
alguna manera u otra tiene que verse menguada por la
dogmática jurídico-penal, como ciencia que busca la
interrelación orgánica de las normas, la sistematicidad de los
conceptos a partir de la lógica formal, pero también a partir
de la lógica material como modernamente debe ser
entendida. Entonces ya no es cada quien resuelve su caso
por su lado, caso por caso, por medio de la intuición, lo que
conduce, sin duda alguna, a las decisiones “secundum
marranus”, “según el marrano”, sino que de una u otra forma
la dogmática obliga a que de manera irrefutable el juez tenga
que justificar sus decisiones de una manera muy clara, no de
la perspectiva meramente casuística, sino de perspectivas
que introduzcan racionalidad a la decisión judicial. Y la mayor
racionalidad se introduce a través del sistema, aún cuando,
como modernamente se ha entendido y para aspectos ya de
justicia material, también las soluciones tópicas son
necesarias; no opera solamente la sistematicidad, sino que
también existe una constelación de casos que nos dicen
cómo se solucionan los problemas. Más o menos la idea aquí
forma lo que se conoce como la imputación objetiva en la
línea de ROXIN.
La dogmática evita decisiones contradictorias, logra la
ausencia de contradicción. Efectivamente, si nosotros lo que
buscamos es la conexión orgánica entre las normas y como
tal el sentido que en últimas se encuentra detrás de la ley y
del ordenamiento jurídico como tal, en el entramado jurídico,
cuáles son esos principios básicos que la informan, que a
pesar de que no se encuentran en la ley, sí pueden surgir
cuando nosotros lo miramos en su conjunto, con eso
evitamos nosotros decisiones contradictorias. Recuerden
ustedes, precisamente una de las deficiencias de la ley que
originó el movimiento reconocido al principio como ciencia de
la legislación de SAVIGNY, fue ese, cómo solucionar las
La dogmática proporciona eficacia, que la aplicación de la ley
penal no sea una suerte de azar, sino que el juez tiene un
instrumento con el cual de manera clara se orienta en la
aplicación de la ley. Ya no es, ya no va a ser, esa es la idea,
un juez que da palos de ciego, que no sabe para dónde va,
sino que con los instrumentos de la dogmática el juez sabe
claramente hacia dónde orientarse. En efecto, el Juez puede
garantizar la economía procesal, pues si una de las partes
solicita muchas pruebas impertinentes el juez las negara, y al
negarlas está conduciendo el proceso por la vía correcta.
Ello por demás, otro en mi criterio, suministra sencillez en la
aplicación de la ley. Las leyes que se desarrollan caso por
caso, los comentarios que se fundan exclusivamente en las
interpretaciones exegéticas o meramente gramaticales, son
farragosas, son supremamente densas, no conectan lo
esencial de los institutos jurídicos y como tal el intérprete se
pierde en un maremagnum. Mientras que la dogmática, como
sistema jurídico que implica la adopción de unos
determinados postulados que van de lo general a lo
particular, permite una aplicación sencilla de la ley, y por
tanto, entonces, facilita el trabajo práctico del operador
Finalmente, como criterios prácticos que suministra también
la dogmática, tenemos la calculabilidad de las decisiones
judiciales, porque si la dogmática nos enseña por qué está
constituida la tipicidad y cuáles son las causales de
atipicidad, y por qué está constituida la antijuridicidad y
cuáles son las causales de exclusión de la antijuridicidad, y
por qué está constituida la culpabilidad y cuáles son las
causales de inculpabilidad, y cómo operan cada una de estas
categorías dogmáticas, por ejemplo, que para poder hablar
de culpabilidad previamente tenemos que haber constatado
la tipicidad y la antijuridicidad, con eso nos facilita el trabajo,
se nos hace más sencillo, porque si yo tengo que la conducta
es atípica no me tengo que meter ni poner hablar de que hay
dolo o no hay dolo y de que hay causal de justificación o de
que no hay causal de justificación, sino que voy al grano.
Pero también, como la dogmática señala cuáles son los
presupuestos de la responsabilidad penal, de lo punible, pues
yo como juez o como fiscal, y el que es litigante, o cualquier
operador jurídico, el Ministerio Público, etc., sabe a qué
atenerse en el manejo del proceso judicial, sabe qué es lo
que tiene que probar. Si yo enrumbo mi defensa sobre la
base de la existencia de una causal de justificación, pues yo
lo que tengo que acudir es a cuáles son los presupuestos que
la dogmática ha señalado para el reconocimiento de una
causal de justificación, y tratar de darle los supuestos
fácticos al juez que acrediten ellos, para que simplemente se
produzca la aplicación de una norma. Con eso, entonces, yo
sin duda alguna manejo una cuestión absolutamente
importante, que es la conducencia y pertinencia de las
pruebas. El juez, cuando va a verificar si una prueba es
conducente o pertinente, lo que tiene que ver es a qué
apunta esa prueba; por ejemplo, si la prueba apunta a
demostrar que no se produjo un resultado materialmente
entendible en un tipo penal de peligro presunto o abstracto,
pues el juez lo único que tiene que hacer es inmediatamente
negarle la prueba, porque ya sabemos nosotros que en los
tipos de peligro abstracto o peligro presunto, el resultado
materialmente entendible no hace parte del tipo penal; o, por
ejemplo, si en el delito de hurto, el abogado pide que se
decreten determinadas pruebas para demostrar que si bien
hubo apoderamiento del dinero, no lo utilizó, esto resulta
impertinente, porque el resultado a que apunta el ingrediente
subjetivo del tipo no hace parte de la estructura típica,
entonces esa es una prueba inconducente. Y así, entonces,
cada quien sabiendo lo que tiene que demostrar se produce
lo que se denomina la calculabilidad de los efectos.
Hoy por hoy nadie duda que la dogmática da la definición de
la conducta penal como conducta típica, antijurídica y
Estos son, entonces, los criterios básicos que nos suministra
NACIMIENTO Y EVOLUCIÓN DE LA DOGMÁTICA
¿Cómo nace la dogmática jurídico-penal? Dicen los autores
que han trabajado el tema que hablar de dogmática como
tal, se puede hacer a partir del año 1865, cuando se presenta
una importantísima discusión entre unos autores de derecho
penal y otros de derecho civil, principalmente.
En 1867, el profesor MERKEL postula una sistemática del
delito, donde lo principal en tal forma de ver las cosas era
que existía una identidad entre el injusto y la culpabilidad.
Esto es, injusto y culpabilidad hacían parte de un mismo
concepto; concepto del que, por demás, se servía tanto el
derecho civil como el derecho penal. El concepto antes
mencionado, identidad entre injusto y culpabilidad, es decir,
identidad entre antijuridicidad y culpabilidad, implicaba una
visión unitaria de la teoría del delito, porque en esa identidad
se encontraban además mezclados de una manera muy
compleja tanto elementos objetivos como elementos
El gran aporte de la dogmática al derecho penal liberal es la
concepción de un injusto objetivo, o la definición de lo
contrario a Derecho (antijurídico) aparte de elementos
subjetivos, se materializa desde en punto de visto técnico
jurídico la idea de que el Estado no puede intervenir el fuero
interno del individuo, a menos que éste haya abusado o
violado el fuero externo. Por primera vez en 1867 se dice que
la conducta sólo es punible si previamente está definida
como tal y causa daño, contradiciendo de esta forma Rudolf
Von Ihering a Merkel.
Ello era así, porque para esa época imperaban los criterios de
los penalistas hegelianos, que en materia tan esencial
seguían el concepto de acción de HEGEL, como acción moral,
esto es, que toda acción es acción moral, y como acción tenía
que involucrar necesariamente la voluntad y era imposible
determinar una acción independientemente de componentes
subjetivos, por lo tanto lo ético estaba determinado por lo
subjetivo y lo objetivo. Como eran inescindibles los conceptos
de acción y voluntad, por eso entonces injusto y culpabilidad
se encontraban mezclados en una fórmula unida, si el
comportamiento es antijurídico lo es a la vez culpable y
viceversa. Y decía el profesor HEGEL, que el ordenamiento
jurídico no es más que un conjunto de imperativos -mandatos
y prohibiciones- que tenían como destinatarios al hombre en
Merkel, definía el Derecho como poder espiritual, y para que
este pudiera ser quebrantado se requería de otro poder
espiritual. Por lo tanto, lo que contradijera el Derecho como
poder espiritual tenía que tener también inserto en su
composición un conjunto de elementos subjetivos y objetivos.
El hecho de decir que el ordenamiento jurídico es un poder
espiritual, implica que es algo que serviría también a alguien
que tuviera capacidad espiritual, y, como tal, esa capacidad
espiritual sólo podía tenerla una persona que sintiera, supiera
y se sintiera responsable de la comisión de sus actos. Lo que
significa, entonces, que ya de antemano tenemos dos cosas
muy importantes: primero, que el ordenamiento jurídico-
penal sólo tenía como sujetos pasivos al imputable y
quedaba por fuera del derecho el inimputable, porque decía
que la conducta de un loco no puede ser comparada con la
conducta de una persona que realice el acto de una manera
libre y consciente, porque como tal el loco no tiene capacidad
de quebrantar el poder espiritual, por tanto tampoco la
capacidad de sentirse, de saberse y de pensarse
responsable, esto es, no tiene aptitud suficiente para
orientarse conforme se lo demandan las normas.
Por eso entonces, también, como segunda consecuencia, se
tiene que no podía entenderse como contrario a derecho la
mera lesión al objeto del derecho, no podía entenderse como
antijurídico o contrario a derecho lo que lesionara físicamente
al objeto del derecho, sino que como el derecho era un poder
espiritual, también tenía que ser quebrantado por una
persona con la misma capacidad, capacidad espiritual de
contradicción, y eso sólo se podía encontrar en personas que
entendían el mandato de la norma.
Muy bien, podríamos llamar a los anteriores subjetivistas.
En el año 1867, escribió una importante obra el profesor
Rudolf VON IHERING, el cual fue un importante profesor de
derecho civil. En el libro del doctrinante civilista Arturo
VALENCIA ZEA encontrábamos que este autor era un gran
seguidor del profesor IHERING; desde el ámbito del derecho
civil, el profesor IHERING logró demostrar que sí era posible
separar un acto como tal antijurídico de los aspectos
meramente subjetivos del mismo. En efecto, funda lo
antijurídico en aspectos objetivos independientemente de los
subjetivos, por tanto se da la separación entre lo antijurídico
Así mismo decía que para que un acto sea considerado
antijurídico no juegan ni se involucran aspectos subjetivos,
sin más ni más, ya que con el mero comportamiento externo
y sus efectos, podemos determinar si una conducta es o no
contraria a derecho. Decía que era posible desde el
ordenamiento jurídico, identificar aquellos comportamientos
que podían ser considerados como contrarios al derecho, en
la medida en que el derecho con las normas como tal se
proponía el mantenimiento de situaciones valiosas, y este
mismo podía ser constatado desde perspectivas
exclusivamente objetivas sin atender aspectos de tipo
subjetivo. En efecto, IHERING decía que el Derecho busca
preservar el estado valioso, y que el Derecho se contradecía
cuando el estado valioso que se quería mantener era
perturbado, por lo tanto lo que va acorde al derecho es lo
que respeta el estado valioso.
Un ejemplo para que aterricemos, y en el ámbito en que
trabajó el profesor IHERING, la posesión. Yo tengo aquí un lote
de terreno, y resulta que en él tengo sembrado hortalizas,
ejerzo actos de posesión y el día menos pensado lo
encuentro lleno de personas, invadido. ¿Qué requiere el
inspector de policía para decretar el lanzamiento? Que se
demuestre que ese es un acto antijurídico ¿cierto? Y ¿qué se
requiere para demostrar que es un acto antijurídico?
Simplemente que yo haya ejercido una posesión pacífica
sobre el bien y otro me la usurpo, sin más ni más. Muy bien,
si esto es así, llegamos nosotros a realizar el lanzamiento y
se oponen los invasores diciendo que ellos son compradores
de buena fe, lo demuestran con documentos, etc. ¿Son ellos
o no invasores de buena fe?, ¿pero ser invasores de buena fe
invalida el acto del lanzamiento? No, porque lo que quiere
preservar el legislador es el acto de la posesión. Ser
poseedor de buena o mala fe no interfiere para lo
antijurídico, ¿por qué no interfiere para lo antijurídico?
Porque de todos modos, sea o no sea poseedor de buena fe,
tengo que salir del lote. El que sea poseedor de buena fe tal
vez tenga alguna incidencia en el reconocimiento de las
mejoras, si es de buena fe se reconocen las mejoras, si es de
mala fe, en principio no se reconocen, salvo que esas
mejoras impliquen un enriquecimiento sin causa para el
tenedor del lote. Entonces, fíjense ustedes cómo en IHERING
se logra separar lo antijurídico de aspectos subjetivos que no
inciden en él, porque de todos modos, sea yo o no sea
poseedor de buena fe, tengo que salir del terreno; el que sea
poseedor de buena fe, tal vez tenga incidencia en el
reconocimiento de los mejoras.
Muy bien, KOHLRAUSCH, que se ubica en esta línea, precisaría
que hay que señalar muy claramente quiénes son los
destinatarios del derecho penal. Los destinatarios del
derecho penal son los imputables, las personas con
capacidad de orientarse y motivarse por las normas, por
cuanto si solamente se tuviera en cuenta el resultado para
efectos del esclarecimiento de lo que es jurídico y
antijurídico, lo valioso y lo disvalioso, sería tanto como
permitir el entendimiento de que también la naturaleza
puede obrar antijurídicamente; lo que aclara de una vez que
el resultado como tal no es lo definitivo. Esto causó
posteriormente un prejuicio en esta discusión porque se llegó
a decir que quienes pregonaban las vertientes subjetivistas,
esto es, los que entendían principalmente a derecho común
la manifestación de la voluntad contraria a lo que persigue la
norma, estaban cuidándose del “fantasma de la naturaleza
que obra antijurídicamente”, para poder distinguir así los
actos que pusieron en peligro o lesionaron las situaciones
valiosas que el legislador quería preservar, creado o
propiciado por la naturaleza o por las personas enfermas
mentales, de los que realizaban aquellos que sí eran
verdaderos destinatarios del derecho penal, los imputables.
Los inimputables serían entonces sujetos no pasivos del
derecho penal, sino que el tratamiento para ellos sería de
tipo administrativo. Recuerden ustedes que también esta
forma de pensar estuvo imbuida en la doctrina carrariana;
para CARRARA los inimputables estaban por fuera del derecho
Sin embargo, ante esto el profesor Augusto THON, que para
algunos se califica como un imperativista, pero
equivocadamente, como subjetivista, pues se ubica dentro
de los que concibe un injusto objetivo. Así el profesor THON,
señalaba que ciertamente el derecho penal es un complejo
de imperativos, formado por mandatos y prohibiciones, que
tienen como fin conseguir metas deseadas compatibles con
el mantenimiento de situaciones valiosas para el
ordenamiento jurídico. Pero decía que el imperativo no podía
entenderse quebrantado, sin más ni más, cuando el mismo
era desconocido, esto es, que no era suficiente para el
entendimiento de lo antijurídico el mero desconocimiento de
la norma, sino que también se requería que el objeto de
protección de la norma, como meta que se había propuesto
proteger el ordenamiento jurídico, hubiese sido lesionado
como tal. Entonces, maneja un concepto de imperativos;
pero imperativos no solamente subjetivos, sino imperativos
objetivos, en la medida en que se requiere la lesión del
objeto protegido por el derecho penal. Es así que tratándose
de la afectación de un derecho, se castiga a quien no se
ajusta a los imperativos, esto es desde el punto de vista
objetivo, pues solo después se mira si también hubo aspectos
subjetivos, y surge entonces el juicio de reproche o juicio de
culpabilidad. Transportándonos al día de hoy podríamos decir
que para el profesor THON, no era suficiente para considerar
una conducta como antijurídica la sola presencia de la
antijuridicidad formal, sino que se requería también la
THON, materializa la idea del Estado liberal de salvaguardar
la libertad de conciencia, pensamiento y creencia. Lo
salvaguarda por que hace parte del fuero interno del hombre
y solo se indaga por el juzgador cuando se haya constatado
en el fuero externo que hubo una vulneración del Derecho
ajeno. En efecto, al fuero externo remitimos la antijuridicidad
y al interno la culpabilidad.
Adicionalmente, se establece que los inimputables no podrían
quebrantar el Derecho, puesto que para delimitar quienes
son los destinatarios del Derecho penal hay que tener en
cuenta si la persona puede quebrantar los deberes que se le
imponen, y efectivamente los inimputables no tendrían esta
Viene el más subjetivista de los subjetivistas, el profesor Von
FERNECK, quien postuló, siguiendo a KOHLRAUSCH, que el
resultado no ocupaba ningún papel importante en la
consideración de lo ilícito, que el derecho no podía prohibir
resultados. Y de pronto haciendo eco a algo que muy
modernamente se dice, parangonando, que los resultados
por lo general dependen es del azar, y que en verdad lo que
debe prohibir el ordenamiento jurídico y de lo cual se debe
ocupar como tal, la concepción de lo ilícito, la concepción de
lo injusto, es de las acciones. Por lo tanto el resultado no
ocupa ningún papel y para entender entonces como
quebrantado el imperativo, basta la manifestación de la
voluntad contraría a la norma, sin que ello requiera para
nada en su configuración la lesión al objeto del derecho.
Posición puramente imperativista que conduce a un derecho
penal extremadamente subjetivista.
Casi podría decirse que en la discusión que se vislumbra
entre estos autores, se encuentra el germen de lo que es la
discusión actual del derecho penal, la cual se conoce como el
postfinalismo, y se da entre objetivistas y subjetivistas; o,
más bien, entre las teorías de la norma, la teoría objetiva–
monista, la teoría subjetiva–monista y los que adoptan una
teoría dualista de la norma, teniendo en cuenta tanto la
teoría objetiva como la teoría subjetiva, pero la combinan
dándole prevalencia a uno o a otro concepto, de lo cual
dependerá que nos encontremos dentro de un derecho penal
cuyo injusto sea más objetivo o más subjetivo.
La discusión central se orienta a discutir, no si son
causalistas clásicos, neoclásicos o finalistas, sino a cuál es la
concepción de la norma que hace un determinado derecho
penal y cómo se desarrolla el derecho. Aquí entonces
encontramos, con alguna antigüedad, esa discusión actual.
Por un lado los subjetivistas, no se conducen conforme a la
norma, lo importante para ellos es la voluntad, la
manifestación de la realización de una voluntad exteriorizada
que contradice o se muestra contraria a la norma. Mientras
que para los anteriores autores no es importante que no se
hayan alcanzado las metas propuestas por el ordenamiento
jurídico, en cuanto al mantenimiento de las situaciones
valiosas objetivamente en peligro, para IHERING y THON,
definitivamente si es de suma importancia.
Finalmente, GOLDSCHMIDT, aprovecha lo esbozado por IHERING
y THON, y recuerda cómo THON, concebía lo contrario a
derecho, matizándolo por la lesión a la situación valiosa que
se quiere proteger, y hablaba que la lesión se reprochaba por
cuanto la persona no se había comportado conforme el deber
se lo imponía. Muy bien, aquí con THON, encontramos
perfectamente perfilado el contenido de lo antijurídico y de lo
Lo anterior es aprovechado por GOLDSCHMIDT, quien dice que
lo antijurídico está dado por la contradicción a la norma de
derecho y lo que genera lo antijurídico es la lesión al objeto
del derecho, al objeto o situación valiosa que se quiere
La culpabilidad está dada por la contradicción a una norma
que no es expresa como la norma de derecho, sino implícita,
y que siempre se encuentra al lado de la misma. Por otro
lado, la norma de deber; implica que la persona no se
motivó, pudiendo y debiendo hacerlo conforme se lo exigía la
norma. Entonces allí surge la antijuridicidad como el juicio
que perfila lo injusto, entendiendo esto como lo que es
contrario a la situación valiosa que se quiere preservar,
entendida en términos objetivos; y surge la culpabilidad
como lo subjetivo, como la parte que nos indica que la
persona, pudiendo conducirse conforme a la norma, es decir,
motivándose conforme a la norma, podía actuar de una
manera diferente y no lo hizo, y al no hacerlo entonces, se le
Fíjense la diferencia de los injustos. Aquí se encuentran
injusto y culpabilidad entremezclados, y con toda razón el
derecho no puede ser contrariado por los inimputables;
mientras que, como aquí se separa lo objetivo y lo subjetivo,
los inimputables sí pueden cometer injusto, más no pueden
ser culpables.
A partir de este momento, entonces, se comienza a definir el
delito como una conducta antijurídica, culpable y punible.
Pero todavía se mantiene un concepto de injusto que sirve
tanto al derecho civil como al derecho penal, porque el
injusto del derecho civil es exactamente el injusto del
derecho penal, sólo aparecen sus diferencias cuando
nosotros establecemos cuál es la reacción estatal contra el
injusto. Si la reacción estatal es sólo una indemnización,
estamos frente a un injusto civil, pero si la reacción estatal es
una pena, estamos ante un injusto penal. Entonces, no hay
diferenciación sino cuando nosotros hacemos el juicio en
torno a cuál es la reacción estatal imponible, por eso la
definición conducta antijurídica, culpable y punible.
En 1906, por obra de Ernesto VON BELING, se descubre o se
funda la teoría de la tipicidad. VON BELING, diría que
obviamente el derecho penal debe establecer lo que resulta
relevante para él y lo que no, desde un primer momento, sin
tener que agotar todos los pasos que quedan en nada. Y
como algunos han dicho, además con un buen criterio, la
economía jurídica impone que la diferencia entre el delito -si
pudiésemos llamarlo así- civil y el delito propiamente tal,
tenga que hacerse no al final sino al principio. Entonces se
requiere una nueva categoría que se introduce que es la
tipicidad, que desde un primer momento, ya desde el
momento mismo en que se ocupa de estudiar la materia,
tenga que definir si ella es o no relevante para el derecho
penal; y eso se establece a través de las descripciones
abstractas que de lo punible hace el legislador.
Esas descripciones abstractas de lo punible, que son apenas
una anticipación provisional de lo antijurídico, y se requiere
un juicio posterior de culpabilidad, implican entonces que a
partir de 1906 comencemos a definir el delito como una
conducta típica, antijurídica y culpable. Definición que se ha
mantenido hasta ahora, cualquiera que sea la corriente
dogmática que se quiera explicar. Siempre ha sido definido el
delito como una conducta típica, antijurídica y culpable, y eso
es un punto de no retorno, esa es una situación irreversible a
la cual ha llegado el derecho penal moderno. Otra cosa es
que el contenido de la tipicidad, de la antijuridicidad y de la
culpabilidad, varíen o sean diferentes o se entiendan de
manera distinta, en las diferentes etapas en la evolución de
la teoría del delito. La dogmática clásica definió al delito
como una conducta típica, antijurídica y culpable; así lo hizo
también la dogmática neoclásica; y así también lo hace el
finalismo. Pero el contenido de cada una de ellas varía, y del
contenido de cada una de ellas es que depende que nosotros
hablemos de las diferentes corrientes dogmáticas. Pero
siempre que hablemos de dogmática, tendremos que hablar
de una teoría que se ha construido, como lo acabamos de
señalar, para llegar a la definición de que el delito es una
conducta típica, antijurídica y culpable. Ya en 1906 se
comienza a hablar del delito como una acción típica,
antijurídica y culpable. Tanto en la dogmática clásica,
neoclásica y finalista, lo primordial es el concepto de acción y
construyen la teoría del delito de izquierda a derecha, es
decir, primero se preocupan por el concepto de acción y
después de la tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.
Dentro de esta evolución de lo que ha sido la teoría del
delito, podemos señalar que existen varias perspectivas.
Aquellas que construyen la teoría del delito a partir del
concepto de acción, en la cual se engloban la dogmática
clásica, neoclásica y finalista. Por otro lado en el
postfinalismo se construyen la teoría del delito a partir del
entendimiento de qué es y para qué es el derecho penal en
un Estado social y democrático de derecho; esto es, primero,
se ocupan de mirar la relación existente entre el modelo de
Estado y el derecho penal, establecer cuál es la misión del
derecho penal en el Estado social y democrático de derecho,
y luego determinar cómo cumple esa misión a través de la
pena, por lo que entonces cobran una importancia
significativa los fines y/o funciones de la pena. Una vez que
se ha determinado esto, es cuando se va a definir el
contenido de la acción, de la tipicidad, de la antijuridicidad y
de la culpabilidad. Por eso esta última presentación se ha
denominado como la renormativización del derecho penal,
porque resulta decisivo en la construcción de la teoría del
delito el concepto de norma que se adopte; concepto que
dependerá obviamente de la misión del derecho penal en un
Las diferencias entre una y otra forma de pensar son
palmarias. En la primera, al partir de un concepto de acción,
por lo general ontológico, se iban condicionando las
diferentes categorías del delito, y si ello era así, esto es, que
el contenido y significado de las categorías del delito
dependía del concepto de acción y éste en gran parte era de
naturaleza ontológica, obviamente el derecho penal
arrancaba en sus bases mismas de presupuestos
naturalistas. Por eso entonces, cómo la otra fase se
denomina renormativización del derecho penal, aún cuando
resulta claro que ya los primeros pasos para ello se dieron
bajo la figura de la dogmática neoclásica.
Entonces nos vamos a ocupar del primer gran sector, esto es,
de la dogmática que se construye a partir del concepto de
acción, y que involucra obviamente lo que se conoce como
las corrientes o sistemáticas clásicas, neoclásicas y finalistas.
Hoy en día la discusión dogmática en torno a si somos
causalistas o si somos finalistas ha pasado a un segundo
plano, y la discusión se centra hoy en torno a la construcción
de la teoría del delito a partir de una construcción normativa
que arranca de la teoría de la norma. Entonces se habla de
los que construyen el injusto penal a partir del concepto de
norma entendida como norma objetiva de valoración, y los
que entienden que el injusto se debe construir a partir de la
norma entendida como norma subjetiva de determinación.
Allí aparecen los monistas objetivos, los primeros, y como los
monistas subjetivos, los segundos. Sin embargo, se detecta
que no existe como tal, en rigor puro, una concepción
monista, sino que las construcciones de la teoría del delito
toman en cuenta ambas concepciones: la norma penal
entendida como norma objetiva de valoración y la norma
penal entendida como norma subjetiva de determinación,
toman en cuenta ambos tipos de norma, por eso, más bien
las construcciones modernas sobre la teoría del delito
descansan sobre una visión dualista de la norma.
La discusión central es si en ese dualismo prevalece la norma
subjetiva de determinación, caso en el cual nos
encontraremos ante un injusto prevalentemente subjetivo
(concepción del injusto personal aceptada en Europa) o nos
movemos frente a una construcción también dualista, donde
lo que prevalezca sea la norma objetiva de valoración, caso
en el cual el injusto será prevalentemente objetivo y nos
moveremos entonces en lo que se conoce como una
antijuridicidad de un injusto general; que es, donde puede
ubicarse el Código Penal colombiano recientemente
Para abordar la discusión dogmática del nuevo Código Penal,
no tenemos que centrarnos en si somos finalistas ni en si
somos causalistas, porque eso ya no se discute en ninguna
parte. El único que ha discutido eso es el doctor Eduardo
MONTEALEGRE en el libro Las reformas del sistema penal,
estudio crítico que hizo la Procuraduría. Pero si uno revisa
todos los textos modernos de los últimos diez y quince años
sobre dogmática penal en Alemania y en España, para nada
se toca el problema de si somos casualistas o si somos
finalistas. Ese es un tema que se entendió agotado en Europa
en los años sesenta y en nuestro medio ni siquiera tuvo
especial connotación, salvo la discusión, que ustedes
conocen, entre el profesor Eugenio Raúl ZAFFARONI y el
profesor Eduardo NOVOA MONREAL, que aparece en esa
publicación de Editorial Temis que se llama Causalismo y
Finalismo en Derecho Penal. Allí encuentran el escrito del
profesor NOVOA atacando la respuesta del profesor
ZAFFARONI, una nueva respuesta de NOVOA MONREAL y,
finalmente, una respuesta de ZAFFARONI. A eso, casi
podríamos decir, se reduce la discusión finalismo–causalismo
Por el contrario, lo que vemos hoy en Alemania y
principalmente en España es una discusión desde las
perspectivas de la teoría de la norma, si construimos un
derecho penal desde una perspectiva de la norma entendida
como norma objetiva de valoración o como norma subjetiva
de determinación; obviamente hemos dicho que no existen
posiciones radicales en torno a una u otra sino que la
manifestación global de la doctrina tiende a utilizar los dos
conceptos para manifestarse en una teoría dualista de la
norma. Sí hay que reconocer que la mayoría de los autores, a
pesar de que existen muchos matices, en forma general
podríamos decir que acogen una teoría dualista con
prevalencia de la norma subjetiva de determinación y con la
aceptación de lo que se llama el injusto personal, como
consecuencia, no de la imposición del finalismo en Europa,
sino de las consecuencias que impuso el finalismo, es decir,
el tratamiento del dolo y la culpa en el tipo penal y,
principalmente, la aceptación del injusto personal.
Ahí entonces es donde creemos radica la discusión en torno a
la orientación dogmática del recientemente sancionado
Código Penal. Por eso entonces vamos hacer todo este
recorrido, vamos a mirar con cierta amplitud toda esta nueva
problemática de lo que se conoce como el postfinalismo, y
posteriormente entonces, hacemos un enjuiciamiento de
cuáles son los postulados que nos permitan señalar que
evidentemente nos encontramos frente a una dogmática que
no se construye a partir del concepto de acción, sino a partir
del concepto del Estado social y democrático de derecho.
El Código Penal empieza con dos artículos muy importantes:
dignidad del ser humano y el principio de integración en el
sistema internacional de los derechos fundamentales. Eso ya
da una idea de que el Código Penal fue construido sobre la
base del Estado social y democrático de derecho, de lo cual
se desprende claramente que lo que se busca es preservar
los derechos fundamentales. Sin embargo, a continuación de
esos artículos, los artículos 3°, 4° y 5° se ocupan de la pena,
en efecto, arranca por la pena y no como el actual que
termina con la pena. Lo anterior es también muestra de la
forma de abordar la dogmática desde una perspectiva como
la que señalada en este texto.
Si se mira la dogmática clásica, neoclásica y finalista, la pena
es una mera consecuencia jurídica. Es por eso que todos esos
autores que bajo una u otra perspectiva han escrito, de lo
último que se ocupan es de la pena. Esto se evidencia al leer
cualquier texto de derecho penal, pues se ve claramente que
lo último que se estudia es la pena, y a ésta se le da muy
poca importancia. Sin embargo, hoy por hoy, los modernos
manuales de derecho penal arrancan estableciendo cuál es el
derecho penal que corresponde a un Estado social y
democrático de derecho, es decir, aquel Estado que
particularmente se caracteriza por la defensa de la dignidad
del ser humano y por la defensa de los derechos
fundamentales. Y una vez que se ha establecido cuál es la
misión del derecho penal y cómo la ejerce, obviamente, a
través de la pena y la función de la pena, es que se va a
ocupar de la teoría del delito.
Entonces es claro que ya en cuanto a lo anterior existe una
diferencia de estructura en el nuevo Código Penal. Por eso,
se repite, la discusión dogmática en el nuevo Código Penal no
puede minimizarse en torno a que si somos causalistas o si
somos finalistas, porque esto ya no lo discute nadie. Creemos
que la discusión debe centrarse allí, en lo que es la
renormativización del derecho penal a partir de la discusión
sobre las teorías de la norma, que puedan surgir de la
concepción de un particular modelo de derecho penal,
dependiente del modelo de Estado social y democrático de
derecho que en nuestra Constitución se ha adoptado.
Entonces este texto se va a ocupar en una primera parte de
lo que es la dogmática clásica, neoclásica y finalista; y en
una segunda parte, de ese movimiento que se conoce como
el postfinalismo o la renormativización del derecho penal.
Obviamente, incluimos también el movimiento del profesor
JAKOBS, aunque este movimiento es una normativización a
ultranza del derecho penal, una normativización radical del
La primera parte será dedicada a esa dogmática que,
podríamos decir, se ha construido a partir del concepto de
acción, y obviamente eso gráficamente se representa,
podríamos decir, como aquella dogmática que se construye
de izquierda a derecha; claro, porque si lo primero que hay
que definir es qué es acción, típica, antijurídica y culpable,
entonces, la acción es lo primero de lo cual tenemos que
ocuparnos, y por ello, entonces, recuerden ustedes cómo se
magnificaba la importancia del concepto de acción,
señalando que la acción se convertía en la “piedra angular”
sobre la cual se construía la teoría del delito.
Otros señalaban a la acción también unas muy importantes
funciones, como las que a través de tal concepto penetra al
derecho penal lo que resulta esencial para la consideración
de un derecho penal de acto, en la medida en que pone de
presente que el objeto principal del cual se ocupa el derecho
penal tiene que ver con la manifestación del fuero externo
Otros afirman también que la acción tiene un importante
papel limitador de lo punible, pues sólo lo que puede
concebirse en tales términos puede ser objeto del derecho
Otros le asignan una función clasificatoria señalando que la
acción permite hablar, por sus diferentes manifestaciones, de
delitos de acción y delitos de omisión.
Sin embargo, para el primer amplio espectro de la dogmática
penal se podría decir que resultan significativamente de
mayor importancia todas las funciones antes señaladas. La
primera de las mencionadas, esto es, que la acción se
constituye en la piedra angular para la construcción de la
teoría del delito, porque cuando nosotros hablamos de
piedra angular, estamos hablando de la base misma del
concepto de la teoría del delito, y bien saben ustedes que
para la construcción de algo, la base que se tome en cuenta
para ello, marcará definitivamente, modelará, lo que se
construya con base en ello. Así como nosotros para construir
un edificio tenemos que adoptar una determinada base y de
esa base dependerá también cómo será el edificio, lo mismo
sucede respecto del concepto de acción en este primer
amplio espectro. Del concepto de acción que manejemos
dependerá el contenido de las categorías tipicidad,
antijuridicidad y culpabilidad, porque precisamente la acción
Sabemos nosotros cómo una vez se descubre la separación
entre antijuridicidad y culpabilidad, surgen tres elementos
para considerar penalmente relevante un comportamiento, y
es que éste sea una conducta antijurídica, culpable y punible.
En 1906, por obra de BELING, se descubre el elemento
tipicidad, y se dice que el delito es una conducta típica,
antijurídica y culpable. Por eso entonces, a partir de ese
momento, tal forma de ver las cosas adquiere relevancia y se
convierte en algo consustancial a la teoría moderna del
delito, esto es, a la dogmática jurídico-penal, la definición del
delito como una conducta típica, antijurídica y culpable.
Cualquiera que sea la corriente dogmática que en un
momento dado estemos practicando, siempre el delito ha
sido hasta hoy definido como una conducta típica, antijurídica
y culpable. Las diferencias entre una y otra corriente
dogmática estriban en el contenido y en el significado de la
tipicidad, la antijuridicidad, la culpabilidad y la imputabilidad.
Ya aquí no se está teniendo en cuenta el concepto de
punibilidad, porque como habíamos dicho la tipicidad es ya la
categoría que muestra desde un principio qué es lo que
resulta penalmente relevante. Por eso entonces, como se
mencionó con anterioridad, para este primer amplio espectro
de la dogmática jurídico-penal, esto es, aquella que
construye la teoría del delito a partir del concepto de acción,
el concepto de pena perdió importancia, y solamente fue
entendida como una mera consecuencia de la constatación
de lo típico, antijurídico y culpable.
Muy bien, entonces ocupémonos de la dogmática clásica.
Todo lo que se diga de ahora en adelante lo vamos a
pregonar de la dogmática clásica.
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