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Constitución de la República Dominicana - PDF
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José Ramón Blanco Parra
3 Constitución de la República Dominicana 3
4 Constitución de la República Dominicana Febrero, 2010 Dr. Lino Vásquez Sámuel Comisionado de Justicia Lic. Marien Montero Direccion Ejecutiva Lic. Ana Lisbette Matos Lic. Erika Cabrera Enrique Merette Bonnet Coordinación de la Edición Diseño y Diagramación: Orlando Isaac Una publicación del Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia. Calle Dr. Delgado 252, esq. Moisés García, Gazcue, Santo Domingo, Distrito Nacional, República Dominicana Teléfono: ; Fax: Pagina Web: Correo Institucional: Esta publicación contó con el co-auspicio del Consejo Nacional de la Reforma del Estado (CONARE) Primera Edición Febrero 2010 Derechos Reservados Edición Gratuita Prohibida su venta Santo Domingo, República Dominicana Febrero,
5 Sumario Presentación Discurso del Presidente Constitucional de la República ante la Asamblea Nacional para Proclamación de la Nueva Constitución...13 Discurso del Presidente del Senado de la República Preámbulo...33 Título I De la Nación, del Estado, de su Gobierno y de sus Principios Fundamentales...35 Capítulo I De la Nación, de su Soberanía y de su Gobierno Capítulo II Del Estado Social y Democracia de Derecho...36 Capítulo III Del Territorio Nacional...36 Sección I De la Conformación del Territorio Nacional...36 Sección II Del Régimen de Seguridad y Desarrollo Fronterizo...37 Sección III De la División Político Administrativa Capítulo IV De los Recursos Naturales Capítulo V De la Población Sección I De la Nacionalidad Sección II De la Ciudadanía Sección III Del Régimen De Extranjería Capítulo VI De las Relaciones Internacionales y Del Derecho Internacional...42 Sección I De la Comunidad Internacional Sección II Representantes de Elección Popular ante Parlamentos Internacionales
6 Capítulo VII Del Idioma Oficial y los Símbolos Patrios...44 Título II De los Derechos, Garantías y Deberes Fundamentales Capítulo I De Los Derechos Fundamentales Sección I De Los Derechos Civiles y Políticos Sección II De Los Derechos Económicos y Sociales Sección III De los Derechos Culturales y Deportivos Sección IV De los Derechos Colectivos y del Medio Ambiente.59 Capítulo II De las Garantías a los Derechos Fundamentales Capítulo III De los Principios de Aplicación e Interpretación de los Derechos y Garantías Fundamentales Capítulo IV De los Deberes Fundamentales...62 Título III Del Poder Legislativo Capítulo I De su Conformación Sección I Del Senado Sección II De la Cámara de Diputados Capítulo II De las disposiciones comunes a ambas cámaras Capítulo III De las Atribuciones del Congreso Nacional Capítulo IV De la formación y Efecto de las Leyes Capítulo V De la Rendición de Cuentas al Congreso Capítulo VI De la Asamblea Nacional y de la Reunión Conjunta de Ambas Cámaras
7 Título IV Del Poder Ejecutivo Capítulo I Del Presidente y Vicepresidente de La República...76 Sección I Disposiciones Generales. 76 Sección II De Las Atribuciones Sección III De La Sucesión Presidencial..80 Sección IV Disposiciones Especiales Capítulo II De Los Ministerios Sección I Del Consejo de Ministros Capítulo III De la Administración Pública Sección I De los Organismos Autónomos y Descentralizados del Estado Sección II Del Estatuto de la Función Pública Sección III De los Servicios Públicos Sección IV De la Responsabilidad Civil de las Entidades Públicas, sus Funcionarios o Agentes Título V Del Poder Judicial Capítulo I De la Suprema Corte de Justicia Capítulo II Del Consejo del Poder Judicial Capítulo III De La Organización Judicial Sección I De Las Cortes de Apelación Sección II De Los Juzgados de Primera Instancia
8 Sección III De los Juzgados de Paz Capítulo IV De Las Jurisdicciones Especializadas Sección I De La Jurisdicción Contencioso Administrativa.90 Sección II Jurisdicciones Especializadas Capítulo V Del Ministerio Público Sección I De La Integración Sección II De La Carrera del Ministerio Público...92 Sección III Del Consejo Superior Del Ministerio Público Capítulo VI De La Defensa Pública y La Asistencia Legal Gratuita...94 Título VI Del Consejo Nacional de La Magistratura Título VII Del Control Constitucional Título VIII Del Defensor del Pueblo Título IX Del Ordenamiento del Territorio y de La Administración Local...98 Capítulo I De la Organización del Territorio Capítulo II De la Administración Local Sección I De las Regiones y las Provincias...98 Sección II Del Régimen de Los Municipios Sección III Mecanismos Directos de Participación Local Capítulo III De La Gestión Descentralizada
9 Título X Del Sistema Electoral Capítulo I De Las Asambleas Electorales Capítulo II De Los Órganos Electorales Sección I De La Junta Central Electoral Sección II Del Tribunal Superior Electoral..104 Capítulo III De Los Partidos Políticos.104 Título XI Del Régimen Económico y Financiero y De La Cámara De Cuentas Capítulo I Del Régimen Económico Sección I Principios Rectores Sección II Del Régimen Monetario y Financiero Capítulo II De Las Finanzas Públicas Sección I Del Presupuesto General Del Estado Sección II De La Planificación Sección III De La Tributación Capítulo III Del Control de Los Fondos Públicos Sección I De La Contraloría General de La República Sección II De La Cámara de Cuentas Capítulo IV De La Concertación Social
10 Título XII De Las Fuerzas Armadas, De La Policía Nacional y de La Seguridad y Defensa Capítulo I De Las Fuerzas Armadas Capítulo II De La Policía Nacional Capítulo III De La Seguridad y Defensa Título XIII De Los Estados De Excepción Título XIV De Las Reformas Constitucionales Capítulo I De Las Normas Generales Capítulo II De La Asamblea Nacional Revisora Título XV Disposiciones Generales y Transitorias Capítulo I Disposiciones Generales Capítulo II De Las Disposiciones Transitorias Disposición Final
11 Presentación Para el Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia (CARMJ), constituye una oportunidad en su misión la publicación de la más avanzada constitución proclamada en la vida democrática de la nación, contentiva de 277 artículos, distribuidos en XV títulos a su vez divididos en capítulos organizados en secciones, 19 disposiciones transitorias, un preámbulo y una disposición final. Poner estos contenidos sustanciales en manos de la ciudadanía es parte de un gran proyecto de divulgación y pedagogía constitucional encaminado a que los ciudadanos y ciudadanas de la República Dominicana se empoderen de la ampliación sin precedentes del catálogo de derechos y libertades y sus garantías tuteladas civiles y políticas, económicas y sociales, culturales y deportivas, colectivas y del medio ambiente, así como los deberes fundamentales que armonizan el estado social y democrático de derecho, fundado en el respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, la soberanía popular y la separación e independencia de los poderes públicos. Cabe resaltar el empeño, esfuerzo y dedicación desplegado por el ciudadano Presidente Constitucional de la República, Dr. Leonel Fernández Reyna, no sólo para la elaboración del texto que finalmente se sometió a la Asamblea Nacional Revisora, sino para lograr la articulación del consenso socio-político que permitió la aprobación de una constitución que incorporó novedosas instituciones como el Tribunal Superior Administrativo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Superior Electoral, el Consejo del Poder Judicial, el Consejo Superior del Ministerio Público, la constitucionalización del sistema de carrera del Ministerio Público, del Poder Judicial, así como la Defensa Pública, el Defensor del Pueblo y el Sistema Penitenciario, éste último, bajo la dirección del Ministerio Público. Igualmente incorporó mecanismos de tutela judicial efectiva y 11
12 debido proceso, tales como el Habeas Data, el Habeas Corpus y la Acción de Amparo. Asimismo, mecanismos de participación como el Derecho de Petición, el Referendo Consultivo, el Referendo Constitucional, los mecanismos directos de Participación Local, Plebiscito, la iniciativa legislativa municipal y la iniciativa legislativa popular. Tal como estableció el Presidente Fernández en ocasión del discurso pronunciado en la Asamblea Nacional Revisora en el acto de proclamación de la constitución: la importancia de la Constitución en cualquier país del mundo radica en que establece una limitación al ejercicio del poder y fija las reglas del juego para el funcionamiento de la democracia y la convivencia civilizada entre los integrantes de un conglomerado social, es por ello que esta Constitución incorpora un conjunto de disposiciones, que van en dirección de concretar un ejercicio de la función pública más transparente y eficaz, sometida al control de legalidad de la administración, lo que implica un cambio sin precedentes. Finalmente, podemos afirmar que esta Constitución se convierte en un complejo entramado de valores, principios, instituciones y estructuras heterogéneas que, conjugadas en una síntesis ideológicamente plural, representan las aspiraciones y el compromiso asumido por la sociedad y el estado, por lo que lo importante para la República Dominicana es consolidar la democracia mediante el fortalecimiento del estado de derecho, a partir de una conciencia de participación y empoderamiento de respeto a la ley y sus instituciones. Lino Vásquez Sámuel Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia y Vicepresidente Ejecutivo de la CONAEJ 12
13 Discurso del Dr. Leonel Fernández Reyna, Presidente Constitucional ante la Asamblea Nacional para Proclamación de la Nueva Constitución de La República Honorable Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Doctor Reynaldo Pared Pérez; Honorable Señor Vicepresidente de la República, Doctor Rafael Alburquerque; Honorable Señor Presidente de la Cámara de Diputados, Lic. Julio Cesar Valentín; Honorable Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Doctor Jorge Subero Isa; Excelentísima Señora Primera de la República, Doctora Margarita Cedeño de Fernández; Honorables miembros del cuerpo diplomático y consular acreditado en la República Dominicana; Honorables miembros de la Asamblea Nacional Revisora; Señores Secretarios de Estado; Señores Directores Generales; Señoras y Señores: Originalmente esta solemne ceremonia de proclamación de la nueva Constitución de la República estaba pautada para ser celebrada en una fecha anterior. Sin embargo, consideramos que eso habría sido inapropiado. En realidad, la única ocasión válida para la celebración de un acto de esta naturaleza, tenía necesariamente que coincidir con una de las fechas gloriosas de nuestra historia: la del natalicio del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte. Consideramos que no podíamos hacer mejor tributo a quien sacrificó su vida y no escatimó esfuerzo alguno en brindarnos este hogar común a todos los dominicanos, que precisamente proclamar en su 13
14 día esta nueva, la Constitución del Siglo XXI, la cual será la garantía de la paz, la democracia, la libertad, la justicia social, el bienestar y la prosperidad de la familia dominicana. Y es que, justamente, aun antes de nacer la República, ya el Patricio había concebido un proyecto de Constitución, el cual representaba un aval contra la arbitrariedad, el abuso, el atropello y el despotismo en el ejercicio del poder. Por eso, esta nueva Constitución no aspira más que a ser una continuación de la labor en favor del respeto a la dignidad humana, iniciada por el genio creador de nuestra nacionalidad. Constituye una gran paradoja del destino que la República Dominicana proclamase su independencia, no en lucha contra un poder colonial europeo, sino contra el vecino país de Haití. Ese acto de separación e independencia nos condujo a una guerra con nuestro vecino que se extendería durante cerca de diecisiete años; lo cual, tal vez, haya sido la causa más profunda y remota de algunas de nuestras históricas desavenencias e incomprensiones. Hoy, sin embargo, como consecuencia del devastador terremoto que le sacudiese hace exactamente dos semanas, el hermano pueblo haitiano se encuentra sepultado en las ruinas, sumido en el llanto y abatido por el dolor. Ante esta trágica situación, el sentimiento de solidaridad y de espíritu humanitario del pueblo dominicano se ha expresado de forma auténtica y generosa, y es por eso, que en estos instantes quisiera extender mi más profundo reconocimiento a todas las personas, organizaciones e instituciones, tanto de la vida pública como del sector privado, que por medio de sus desvelos, su ayuda y cooperación, pusieron de relieve ante el mundo los más nobles sentimientos de que es capaz el pueblo dominicano. Quisiera también, en estos momentos, expresar mis congratulaciones a todos los Senadores y Diputados, integrantes de esta Asamblea Nacional Revisora, por la forma ardua, entusiasta y patriótica con que asumieron la discusión, el debate y la aprobación de este nuevo texto constitucional que ha de regir el futuro de las reglas del sistema democrático de la República Dominicana. A todos ustedes, nuestro más profundo reconocimiento. De igual manera, quisiera reiterar mi valoración y aprecio al trabajo de alto nivel profesional desplegado por un conjunto de notables juristas nacionales, que aportaron lo mejor de sus talentos para que 14
15 pudiésemos diseñar un texto constitucional con la calidad técnica comparable con las mejores de su género a nivel internacional. Esos juristas son: el Dr. Cesar Pina Toribio, el Dr. Eduardo Jorge Prats, el Dr. Flavio Darío Espinal, el Dr. Milton Ray Guevara, la Dra. Aura Celeste Fernández, el Dr. Adriano Miguel Tejada, el Dr. José Darío Suárez, el Dr. Julio César Castaños Guzmán, la Dr. Leyda Piña, la Dra. Licelotte Marte, el Dr. Pelegrín Castillo, el Dr. Raymundo Amaro Guzmán y el Dr. Luis Gómez Pérez. Cuando a finales del año 2006 se iniciaron los preparativos para una Consulta Popular que hiciese posible la actual reforma a la Constitución de la República, en algunos sectores de la vida nacional se suscitaba la siguiente interrogante: para qué sirve esa reforma? Se entendía que lo que el país necesitaba no era una reforma de sus instituciones democráticas, empezando por su Ley Sustantiva, sino más bien la adopción de políticas y medidas orientadas a reducir la pobreza, generar empleos, solucionar la sempiterna crisis eléctrica nacional y proteger de manera más eficaz a la ciudadanía del narcotráfico, la violencia y el crimen organizado. Era nuestro humilde criterio, sin embargo, que no había necesidad de establecer una separación entre una cosa y la otra. Proponer una reforma constitucional no tenía por qué implicar un abandono de las demás obligaciones y tareas del Estado, sino más bien, un factor de complementación. Al fin y al cabo, el concepto de desarrollo tiene también una dimensión institucional, sin la cual todo lo relacionado a la economía, la sociedad, la educación, la cultura, la ciencia, la tecnología o el medio ambiente, no podría operar de manera adecuada. La importancia de la Constitución en cualquier país del mundo, radica en que establece una limitación al ejercicio del poder y fija las reglas del juego para el funcionamiento de la democracia y la convivencia civilizada entre los integrantes de un conglomerado social. En ausencia de esas reglas de juego, asumidas y respetadas por todos, ninguna nación podría sobrevivir, ni ningún pueblo podría aspirar al progreso y al bienestar, por la sencilla razón de que lo que reinaría sería el caos, la inestabilidad, el abuso y la desprotección de los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos. Por consiguiente, dotar a un país de una Constitución no es un acto caprichoso. Es el resultado de la necesidad que exige la creación de un orden, de unas determinadas normas de conducta y de la fijación de los derechos correspondientes a la ciudadanía. 15
16 No pierdo de vista de que tal vez con la excepción de Venezuela, la República Dominicana sea el país de América Latina con mayor número de textos constitucionales. Ésta que estamos proclamando en el día de hoy, es la número 38. Eso, por supuesto, contrasta con la Constitución de los Estados Unidos, la cual desde su promulgación en el 1787 no ha experimentado modificación alguna, aunque sí 27 enmiendas añadidas a lo largo de más de 200 años. La razón por la cual ha habido tantas reformas constitucionales en nuestro país se ha debido a una razón fundamental: la falta, a lo largo de nuestro discurrir histórico, de estabilidad política, fruto, a su vez, de la debilidad de nuestro sistema democrático y de la falta de desarrollo económico y social. Desde la elaboración de nuestra primera Constitución, la de San Cristóbal del 6 de noviembre de 1844, aspiramos a convertirnos en una nación regida por un sistema democrático liberal en que imperasen los valores supremos de la libertad, la justicia, la separación de poderes y el respeto a la dignidad de los ciudadanos. Diseñamos nuestro primer texto constitucional conforme a los modelos de la Constitución Norteamericana, conocida como la Constitución de Filadelfia, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, emanada de la Revolución Francesa; y la Constitución de Cádiz de 1812, identificada también como La Pepa, por haber sido aprobada el día de San José. Todas esas constituciones, que fueron las primeras del mundo moderno, tenían un carácter democrático liberal; y esto así, porque representaban, por ejemplo, en el caso de Europa, la superación del régimen de la monarquía absoluta y de la aristocracia; y en el de los Estados Unidos, la fundación de una República, la creación de un Estado federal y el establecimiento, por vez primera en la historia, de la institución de la Presidencia. En ambos modelos, se tenía como objetivo promover la soberanía de la nación, las libertades públicas, la independencia de los jueces, la realización de elecciones, la existencia de parlamentos y la pluralidad de las ideas políticas. Pero, además, en sentido general, todas las Constituciones, tanto las elaboradas por los distintos países de América Latina, al proclamar su independencia, como las de las naciones europeas, al lograr su unificación territorial en el siglo XIX, tenían también un carácter democrático liberal. 16
17 Desafortunadamente, en el caso de la República Dominicana, nuestra primera Ley Sustantiva se vio rápidamente ensombrecida por la incorporación del nefasto artículo 210, por medio del cual le resultó posible al General Pedro Santana ordenar la realización de un crimen que todavía a estas alturas, en la primera década del siglo XXI, estremece las fibras del pueblo dominicano: la ejecución de María Trinidad Sánchez. En virtud del escaso desarrollo material e institucional de nuestro país durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, a la ausencia en definitiva de un verdadero sistema democrático, los distintos textos constitucionales que se fueron adoptando no hacían más que responder, en términos generales, a los intereses particulares de los gobernantes de turno y no así a las verdaderas necesidades del pueblo dominicano. Un cambio radical, sin embargo, se produjo en la década de los años 60 del siglo pasado. La larga dictadura de Rafael Leonidas Trujillo se había desplomado. Elecciones libres e independientes fueron celebradas, y un destacado luchador antitrujillista del exilio, notable escritor y pensador resultó vencedor con el apoyo abrumador del pueblo: el Profesor Juan Bosch. Durante su breve gestión de gobierno se aprobó una nueva Constitución, la llamada Constitución de 1963, la cual aspiraba a redimirnos del oprobio, los vejámenes y atropellos de la tiranía, así como de la falta de estabilidad y de orden político democrático que, como hemos dicho, había afectado al país desde la fundación de la República. Pero además, siguiendo la tradición de la Constitución de Querétaro, Méjico, de 1917, y la Constitución de Cuba de 1940, introdujo un nuevo elemento en el orden constitucional dominicano: el constitucionalismo social. A partir de ahí no solamente quedaba garantizado el derecho a la vida, a la libertad, al libre tránsito, a la libre asociación, a la libertad de expresión y difusión de las ideas y a la libertad de conciencia y cultos, sino además, el derecho a la educación, a la salud, a la vivienda y a un sistema de protección social, de jubilaciones y pensiones. Pero de repente, todo eso colapsó. El golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 puso fin, de manera brusca, a los anhelos, sueños e ilusiones de la sociedad dominicana por construir una verdadera democracia, en libertad y en respeto, de las ruinas de lo que había sido una cruel satrapía. He aquí, sin embargo, que de ese hecho luctuoso emergió uno de los momentos más gloriosos y luminosos de la historia contemporánea 17
18 de la República Dominicana: la Revolución de Abril de 1965, encabezada por ese gran héroe nacional, Francisco Alberto Caamaño Deñó. La Revolución de Abril de 1965 se hizo bajo la consigna de retorno a la Constitución de 1963; y ciertamente tenía que ser un acontecimiento conmovedor ver a un pueblo lanzado a las calles, enfrentándose hasta a una ocupación militar extranjera, reclamando su derecho a la democracia, a la libertad y al cumplimiento de sus prerrogativas constitucionales conculcadas. Qué hermoso espectáculo, qué gran acontecimiento! El pueblo dominicano, heroicamente volcado a las calles, reclamando el reconocimiento y exigiendo la aplicación de la Constitución que por vía democrática se había aprobado y por un acto de usurpación había sido desconocida. Qué viva la Constitución de 1963! Qué viva la Revolución de Abril de 1965! Luego de esos acontecimientos, pasamos a la Constitución de 1966, la cual debemos indicar, ha sido el texto constitucional de más larga duración en la historia del país. Sólo vino a ser modificada en el 1994, como consecuencia de la crisis electoral experimentada ese año. El hecho de que la Constitución aprobada en el 1966 se extendiese por un período de 28 años, es una prueba irrefutable de que por primera vez en la historia nacional íbamos alcanzando el nivel de estabilidad y de continuidad del que habíamos carecido desde la proclamación de la Independencia. Sin embargo, el que la reforma de 1994 se realizase en un contexto de crisis política, esto es, que no fuese consecuencia de un proyecto previamente reflexionado, determinó que se creasen algunas incongruencias, vacíos y divergencias en varios de sus enunciados. Así, por ejemplo, en el artículo 64 se establece que los jueces de la Suprema Corte de Justicia serán designados por el Consejo Nacional de la Magistratura. De igual forma, el artículo 67 inciso 4, confiere la siguiente atribución a la Suprema Corte de Justicia: Elegir los jueces de las Cortes de Apelación, del Tribunal de Tierras, de los Juzgados de Primera Instancia, los jueces de Instrucción, los Jueces de Paz y sus suplentes, los jueces del Tribunal Contencioso Tributario y los jueces de cualesquiera otros tribunales del orden judicial creados por la Ley. Sin embargo, el inciso 9 del artículo 55 le otorga al Presidente de la República el siguiente derecho: Llenar interinamente las vacantes entre los jueces de la Suprema Corte de Justicia, de las Cortes de 18
19 Apelación, del Tribunal de Tierras, de los Juzgados de Primera Instancia, de los jueces de Paz, del Presidente y demás miembros de la Junta Central Electoral. En otras palabras, como consecuencia de las contradicciones en los contenidos del propio texto constitucional están dadas las condiciones para una grave situación de crisis institucional, de serios conflictos políticos y de falta de gobernabilidad. Pero, más aún, al Poder Ejecutivo se le confieren atribuciones que no deberían ser de su competencia, como ocurre, por ejemplo, en el inciso 25 del ya citado artículo 55, en el que se señala que el Presidente de la República puede anular por decreto los arbitrios establecidos por los ayuntamientos. Eso, en realidad, ha debido ser siempre de la competencia jurisdiccional del Tribunal de lo Contencioso Administrativo. En el inciso 11 se indica que: Cuando ocurran vacantes en los cargos de regidores o síndicos municipales o del Distrito Nacional, y se haya agotado el número de suplentes elegidos, el Poder Ejecutivo escogerá el sustituto de la terna que le someterá el partido que postuló el regidor o síndico que originó la vacante. Se imaginan ustedes al Presidente de la República sustituyendo a regidores y síndicos de los partidos de oposición? A Dios gracias que no me ha correspondido tener que hacerlo! Son esas y diversas otras disposiciones a lo largo de la Constitución de 1994, lo que hacía impostergable, entre otras razones, la necesidad de elaborar una nueva Constitución de la República más en consonancia con los nuevos tiempos. Hoy ya tenemos esa nueva Constitución. Hela aquí. Es un nuevo texto del cual debemos sentirnos profundamente orgullosos, porque a fin de cuentas es el producto de la inteligencia colectiva del pueblo dominicano. Esta nueva Constitución forma parte de una moderna tendencia constitucionalista que ha ido ganando fuerza en el ámbito iberoamericano durante las últimas tres décadas, como consecuencia directa del proceso de transición de regímenes dictatoriales y gobiernos autoritarios a sistemas democráticos. El moderno constitucionalismo iberoamericano se ha nutrido, a su vez, de los cambios en el diseño constitucional ocurrido en Europa en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, y que se evidencia en la Constitución de Italia de 1947, la Constitución de Alemania de 1949, la Constitución de Francia de 1958, la cual dio inicio a la V República y la vuelta al poder del General Charles De Gaulle. 19
20 En tiempos más recientes, en su calidad de pioneros de lo que se ha dado en llamar la Tercera Ola Democrática a nivel mundial, habría que considerar también la Constitución de Portugal de 1976 y la Constitución de España de Luego de esas reformas al orden constitucional de cada uno de esos países, ha habido en las últimas tres décadas en América Latina, Europa Oriental y África, por encima del centenar de reformas a la Carta Sustantiva de las naciones integrantes de cada una de esas regiones del mundo. Algunos autores hablan incluso de un neo-constitucionalismo a escala internacional, pero lo cierto es que este es un fenómeno que se ha producido debido fundamentalmente a la expansión de la democracia como sistema político, en una dimensión nunca antes conocida en la historia de la humanidad. Siguiendo la corriente progresista del constitucionalismo moderno, la nueva Constitución que hoy entregamos a la sociedad dominicana, empieza por consignar en su artículo 7 que la República Dominicana es un Estado Social y Democrático de Derecho, lo cual significa que se funda en el respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, la soberanía popular y la separación e independencia de los poderes públicos. Un elemento básico del nuevo texto constitucional es que erige un muro de contención frente a aquellos que por las razones que fuesen intentasen hacer zozobrar nuestra democracia, cuando en su artículo 73 afirma lo que sigue: Son nulos de pleno derecho los actos emanados de autoridad usurpada, las acciones o decisiones de los poderes públicos, e instituciones o personas que alteren o subviertan el orden constitucional y toda decisión acordada por requisición de fuerza armada. En otras palabras, lo que ese texto esta indicando es que en la República Dominicana nunca más volverá a repetirse la amarga y trágica experiencia de septiembre de 1963 o por la que en estos momentos ha tenido que atravesar la hermana República de Honduras. En definitiva, en la República Dominicana jamás se producirá un golpe de Estado. En la República Dominicana prevalecerá para siempre la democracia, la libertad, la paz, la soberanía, la independencia y el respeto a la dignidad de nuestros hombres y mujeres, que fue lo que desde un principio soñaron nuestros Padres de la Patria, Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez. 20
21 Para garantizar en el tiempo el que nuestra democracia permanezca inquebrantable, resulta imprescindible el que nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional queden al margen de las disputas políticas, razón por la cual desde hoy mismo queda prohibido el reintegro de oficiales y alistados a nuestros institutos castrenses y policiales, a menos que el retiro haya sido realizado en violación a la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional. En la nueva Constitución se produce un salto cualitativo al introducirse elementos propios de una democracia directa o participativa. En la nueva Constitución se consagra la iniciativa popular para presentación de proyectos de leyes ante el Congreso. En la nueva Constitución se consagra el referendo a los fines de que el pueblo decida de manera soberana sobre cualquier asunto que sea sometido a su consideración. En la Ley Suprema que hoy proclamamos ante el mundo, en este acto histórico y solemne, se produce una ampliación de los derechos fundamentales de los ciudadanos como nunca antes había ocurrido en la historia nacional. De entrada, es la primera vez que en la Carta Sustantiva del Estado se consigna la igualdad de género, cuando en el artículo 39, inciso 4, se dice lo que sigue: La mujer y el hombre son iguales ante la ley. Se prohíbe cualquier acto que tenga como objetivo o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad de los derechos fundamentales de mujeres y hombres. Se promoverán las medidas necesarias para garantizar la erradicación de las desigualdades y la discriminación de género. Pero inmediatamente, en el inciso 5, reafirma su concepción de equidad al prescribir las siguientes medidas: El Estado debe promover y garantizar la participación equilibrada de mujeres y hombres en las candidaturas a los cargos de elección popular para las instancias de dirección y decisión en el ámbito público, en la administración de justicia y en los organismos de control del Estado. Sólo por haber establecido esas disposiciones, que consignan constitucionalmente la igualdad entre hombres y mujeres en la República Dominicana, valía el esfuerzo de haber llevado a cabo esta reforma a la Constitución. En la nueva Constitución se reconoce el fenómeno de la transnacionalización en el mundo moderno, al aprobar la representación legislativa de los dominicanos residentes en el exterior, así 21
CONGRESO NACIONAL. Santo Domingo, D. N. 27 de Febrero de 2012.
CONGRESO NACIONAL DISCURSO PRONUNCIADO POR EL DR. REINALDO PARED PEREZ, PRESIDENTE DEL SENADO Y DE LA REUNION CONJUNTA DE LAS CAMARAS CONGRESIONALES, CON MOTIVO DEL MENSAJE QUE DIRIGE EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL

References: artículo 210
 artículo 64
 artículo 67
 artículo 55
 artículo 55
 artículo 7
 artículo 73
 artículo 39