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Timestamp: 2018-01-20 07:29:02+00:00

Document:
Biblumliteraria: 03/01/2014 - 04/01/2014 LITERATURA ELECTRÓNICA Y DIGITAL BIBLUMLITERARIA
Literatura digital ( 2196 )
Chrome no soportará CSS regions
Problemas de estandarización
E-reader con teléfono
Plataforma de autopublicación de Nook
The Engineer Documentary
Transmedia Storytelling en Granada
El escritor exemplar
Les huit quartiers du sommeil
The page: Visual and Material Literature
Das Jenaer Martyrologium
Some+Hing
Coling 2014
The Ghosts of Yamaraja
Placing Literature: where the books meet the map
Bent No Broken
Es una mala noticia para la literatura digital y digitalizada. Google ha anunciado que su navegador Chrome no soportará CSS Regions de Adobe, debido a complejidades técnicas de programación pero también a guerras comerciales entre firmas (lo cierto es que Adobe está en el punto de mira de muchos competidores), y sin estar claro cómo sustituirá las funciones que Regions prometía.
Para la literatura, el poder diseñar cómo aparecerá el texto en pantalla, definir límites arbitrarios para él o poder realizar caligramas, es importante. Y hacer estas filigranas con HTML5 y CSS3 es bastante complicado, especialmente si uno es escritor y no programador. Es aquí donde Adobe pretendía dar un paso adelante, desarrollando la librería CSS Regions para poder formatear el texto libremente de modo que pudieran crearse maquetaciones en pantalla y en web similares a las que son posibles en papel. Tampoco crean que era una panacea porque, de todos modos, había que saber programar.
CSS Regions permite definir introducir texto en una zona de geometría variable, bien sean cajas dentro de una página o la misma página completa. Asimismo, permite hacer fluir el texto de una zona a otra, de un contenedor a otro, sin cortes. De hecho, es esta su característica más notable ya que puede formatearse un largo texto para que fluya de manera natural entre diversas zonas independientemente del tamaño de la fuente o sus características, independientemente de la geometría. CSS Regions es, en definitiva, un sistema relativamente sencillo de programar maquetaciones complejas como las que aparecen en las revistas impresas, asegurando que el contenido- el texto- fluya de manera automática de una zona a la siguiente independientemente de cómo se posicionen esas zonas.
Regions estaba aún en fase experimental. La decisión de Google de no incluirlo en la próxima versión de Chrome será sin duda un duro golpe para que el desarrollo se complete y, sobre todo, se popularice y pueda programarse con esa CSS confiando en que los navegadores luego podrán interpretarla.
Supone, además, un cambio de criterio ya que Google había implementado esta funcionalidad en su Webkit y funcionaba en beta, tanto en Chrome como en Safari. La razón de esta vuelta atrás parece residir en que Google ya no usa Webkit sino que ha creado su propio motor, llamado Blink. Incorporar CSS Regions a Blink supone un esfuerzo de desarrollo y mantenimiento futuro que Google no está dispuesto a realizar. No le falta razón en parte a Google ya que el código de Regions es excesivamente largo (de más de diez mil líneas) y está desperdigado por más de cien ficheros lo que lo hace difícil de entender, adaptar y mantener.
También, Google busca optimizar su Blink para dispositivos móviles de pantalla pequeña por lo que un código reducido, sencillo y rápido es interesante. Pero, claro, es que leer una novela en un teléfono móvil sigue siendo una aberración en mi opinión. ¿Cuándo vamos a tener una plataforma estándar de programación de texto en pantallas "humanas"?
Sin duda, acabará existiendo una CSS estándar que permita un formateo fácil y completo del texto pero la cuestión es cuánto habrá que esperar. Mientras, la edición digital seguirá siendo complicada.
Queda por ver qué hará Microsoft. De momento, la versión 10 de Internet Explorer parece soportar el prototipo de Adobe. Posiblemente, Apple no lo hará.
Supongamos que deseamos diseñar el siguiente lay out y queremos que el texto fluya de la zona 1 (la superior) a la 2 intermedia y de esta a la 3 inferior.
Lo primero, obviamente, es definir el texto que debe hacerse fluir. Por ejemplo, lo introducimos en un contenedor que llamamos “text”, pero podría ser en cualquier otro elemento como un párrafo siempre que le demos un nombre de clase que será la que nos sirva de referencia. Así:
< div class="texto"> Pero, bien porque no se hubiera fijado en aquella maniobra o porque no quisiera someterse a ella, ya se había terminado el rezo y el «novato» aún seguía con la gorra sobre las rodillas. Era uno de esos tocados de orden compuesto, en el que se encuentran reunidos los elementos de la gorra de granadero, del chapska(1), del sombrero redondo, de la gorra de nutria y del gorro de dormir; en fin, una de esas pobres cosas cuya muda fealdad tiene profundidades de expresión como el rostro de un imbécil. < /div>
Definimos los tres contenedores que delimitan las zonas (en este caso, para simplificar, los hacemos iguales pero podrían hacerse distintos definiéndoles con CSS)
< div class="zona"> < /div>
CSS Regions<(/i> permite unir estos contenedores con dos instrucciones incluidas en Webkit, llamadas flow-into y flow-from. Llamémoslas:
-webkit-flow-into: texto-flow;
-webkit-flow-into: texto-flow es una propiedad que acepta un identificador como valor. Puede ser usada tanto con texto como con imágenes, listas o cualquier elemento entendible por HTML.
.zona{
-webkit-flow-from: texto-flow;
background: #CCCC00;
-webkit-flow-from: texto-flow es la propiedad que especifica a qué elemento se aplica un desplazamiento determinado, es decir de dónde viene el texto. El valor es el nombre que se especificó en la propiedad flow-into. Cualquier estilo que se haya definido para el texto (tamaño de letra, color, alienación, etc. ) se mantendrá a lo largo del desplazamiento por los diversos contenedores.
Ahora, el texto pasaría del contenedor inicial al siguiente. Si variamos la posición de estos contenedores en la pantalla, el texto seguiría pasando de uno a otro de manera correcta. Puede imaginarse uno, la flexibilidad y libertad de acción que otorga esta funcionalidad al escritor/programador porque puede independizar el texto del diseño de página sin que el texto “no sepa qué hacer”.
Publicado por Félix Remírez en 00:30 0 comentarios
Maquetar correctamente un libro electrónico, y más todavía si incluye imágenes, no es fácil y cuesta tiempo y dinero. Parte de esta complejidad viene de la nula estandarización que existe en el hardware de visualización. Esta falta de estándares se da, a su vez, por dos factores. Por un lado, el acelerado desarrollo técnico que origina nuevos equipos y mejores prestaciones cada poco tiempo y, en segundo lugar y sobre todo, por la voluntad comercial de las firmas competidoras de no crean estándares de modo que un usuario que haya comprado un dispositivo determinado quede prisionero de él y esté obligado a comprar los contenidos o las actualizaciones de esa firma. Estas guerras comerciales frenan sobremanera la creación de literatura digital e impide que la literatura digitalizada alcance la calidad de los libros impresos, algo que sería muy importante para poder subir el precio de los e-books y desarrollar la industria. Si no, como hasta ahora, el mayor valor del libro electrónico seguirá siendo su bajo precio, no la portabilidad o el aprovechamiento de las ventajas que lo digital proporciona.
Los problemas más importantes que obstaculizan una maquetación correcta son:
- Diversidad de tamaños de pantalla
- Diversas resoluciones de pantalla
- El que, además, estas pantallas pueden estar en posición vertical u horizontal.
- El diferente tamaño de texto y las diferentes fuentes que puede elegir el lector.
- La incompatibilidad de plataformas que hacen que algo programado ser visto bien en un sistema, no lo sea en otro. O que se vea distinto, mal. Lenguajes incompatibles entre plataformas.
Tamaños de pantalla y orientación
Los gráficos siguientes muestran la problemática del tamaño de la pantalla. Obsérvese la imponente diferencia de tamaño entre los monitores más habituales, teléfono, tableta y ordenador.
Imaginemos un texto con un tipo de fuente fijo, un tamaño de letra fijo y unos márgenes fijos. Si los valores son fijos en valor absoluto y, por ejemplo, se ven bien en una gran pantalla de ordenador, cuando deseemos ver ese texto en una pequeña pantalla simplemente “se saldrá” de la misma y habrá que añadir barras de deslizamiento (scroll). Algo que es muy engorroso.
Nuestros ojos, nuestro cerebro, tienen unos estándares a la hora de leer. Hay una anchura de columna, un tamaño de texto, un tipo de página que nos parece naturalmente correcto. Otros parámetros nos cansan, no nos son naturales, del mismo modo que no podemos hacer teclas de un milímetro de lado para nuestros dedos o periódicos de 6 metros para poder manejarlos confortablemente. Hay unas escalas y unas formas “necesarias” para nosotros. Por ejemplo, una cómoda lectura exige que cada columna de texto tenga en torno a 10 u 11 palabras ( de 7 a 15 en el límite). Tener menos palabras requiere estar moviendo continuamente la posición y es muy cansado. Tener más hace también que la lectura sea complicada. ¿Pero cómo meter 15 palabras en una pantallita? Un texto fijo de este tipo, leído en un Smartphone sería muy desagradable de leer, debiendo moverlo continuamente de derecha a izquierda y de abajo a arriba, perdiendo rápidamente la ubicación propia y haciendo agotador leer un texto largo. Y puede ocurrir, incluso, que el dispositivo no permita estos desplazamientos (ni con pantalla táctil ni con barras de scroll) por limitaciones de software, de hardware o de ambos. Y si, por el contrario, ponemos muy pocas palabras por línea (6 o 7), al leer ese texto en una gran pantalla veríamos sólo espacios en blanco.
Otra técnica sería escalar la página fija al tamaño de la pantalla pero también es inapropiada porque en monitores pequeños los textos quedarían tan diminutos que serían ilegibles (algo que, por ejemplo, suele pasar con los ficheros PDF en muchos lectores electrónicos). También podríamos utilizar porcentajes en vez de valores fijos (por ejemplo, fijar el margen derecho al 10% del ancho de pantalla) pero esto lleva al mismo problema de visualización que ocurre cuando se escala, porque esa técnica porcentual continúa intentando meter todo en una pantalla diminuta.
Así pues, un texto fijo y una página fija no son útiles cuando hablamos de libros digitales. Es preciso permitir “fluir” el texto en función del tamaño de la fuente y del tamaño de la pantalla. Esto, ya de por sí, no es inmediato. Precisa programarse. Pero si, como ocurre, el lenguaje de programación varía de una plataforma a otra, el trabajo de los diseñadores comienza a ser muy complicado.
Para enredar más el asunto, podemos tener imágenes. ¿Qué ocurre cuando estamos- mediante programa- haciendo fluir el texto? Las imágenes no pueden ser “fluidificadas”. ¿Dónde deben ir? ¿Dónde las ponemos? Más programación pero, además, condenada a un semi-fracaso porque hagamos lo que hagamos, la maquetación, el formato de página, habrá variado y el diseño final – para cada pantalla, cada texto y cada plataforma- será distinto, gustando más o menos y siendo, ante todo, impredecible.
Asimismo, los tamaños pueden ser no escalables (relación 4:3 de algunas pantallas contra 16:9 de otras)
Las resoluciones de pantalla van mejorando a medida que evoluciona la tecnología. De las originales bajos tamaños de 800 x 600 píxeles a los grandes monitores de hasta 3840x1080 píxeles va un gran trecho. Igualmente ocurre con la densidad de píxeles, desde los más sencillos monitores de 72 ppp (píxeles por pulgada) hasta las nuevas pantallas de alta densidad de 220-260 ppp (que Apple promociona con el nombre comercial de “retina” publicitando que se acercan a la resolución del ojo humano, lo que no es cierto). Aún deben mejorar mucho más porque un ojo – “nuestra retina”- es capaz de distinguir normalmente hasta 500-600 ppp (y se dice que incluso un ojo en buen estado de salud puede distinguir 2200 ppp). Llegando a estas últimas resoluciones, el ojo ya no sería capaz de distinguir los píxeles y se podría considerar que una pantalla tendría la misma calidad que el material impreso. Seguro que se logra en menos de tres años. Puede verse en este enlace una buena explicación de la capacidad visual de nuestros ojos.
Si las fuentes o las imágenes son vectoriales (es decir, se re-dibujan por medio de coordenadas en cada dispositivo), se verán estupendamente en una pantalla retina. Pero si no son vectoriales (y lo normal es que las fotografías no lo sean), se verán peor en una pantalla de alta resolución que en una de alta resolución porque, dependiendo del tamaño, no será posible mapear los puntos existentes en la foto con los disponibles en la pantalla y las líneas quedarán quebradas. Más complicaciones. Para resolverlo, habría que almacenar las imágenes a más resolución (ralentizando la transferencia o el manejo de páginas) o almacenar varias versiones de la misma imagen dependiendo del aparato en que la veamos. Algo nada racional.
¿Y si hay Flash por medio? Pues tampoco lo veremos bien porque de momento Adobe no soporta las resoluciones “retina”.
Las fuentes con serifa “serif” se leen mejor (aunque, en esto, hay mil gustos diferentes) pero con las pantallas de baja resolución los “serifs” se pierden, quedan mal dibujados con lo que el resultado final es malo. En tales caso, conviene cambiar de criterio y pasar a fuentes “san serif”. Con las pantallas de alta resolución y las pantallas “retina”, conviene por el contrario seguir fieles a las fuentes “serif”. ¿Programamos dos veces? ¿Qué tipo de compromiso tomamos? ¿Y si además cambia el tamaño de la fuente a voluntad del lector porque tiene presbicia y no ve bien? ¿Qué ocurre si el lector está leyendo un libro en un ordenador y continúa leyéndolo en su teléfono cuando va al trabajo en metro?
Aunque se han creado fuentes con serifa especialmente estudiadas para poder ser visualizadas de modo correcto incluso a baja resolución, bien puede ocurrir que el usuario no tenga tal fuente instalada y/o no desee bajársela e instalarla. Más y más complicación programática. Más y más coste.
También existen problemas con el interlineado que depende de la fuente elegida y su tamaño. ¿Siempre doble espacio? Seguramente, no es lo adecuado para una pantallita pequeña en donde perderíamos mucho espacio. ¿Siempre fijo? Tampoco, porque en unas pantallas se vería bien y en otras mal.
El Diseño adaptable, más conocido por su terminología inglesa, Responsive design (RD) o Responsive Web Design (RWD), se está desarrollando con la idea de ofrecer una experiencia de visualización óptima en cualquier pantalla, cualquier texto, cualquier web y cualquier tamaño de texto. La idea es buena y admirable. Llevarla a la práctica muy complicado y costoso.
El RD debe permitir una buena visualización, agradable, legible, elegante, fácilmente navegable, a través de un gran número de dispositivos – teléfonos, e-books, tabletas, monitores- minimizando la necesidad de hacer zoom y de usar desplazamientos. Un texto o una página web diseñado con Responsive Design debe adaptar la maquetación al entorno, haciendo fluir el texto, cortando líneas donde proceda, adecuando los párrafos, colocando las imágenes en el lugar más propicio según el momento, etc.
Se puede intuir fácilmente que programar todo esto no es baladí y requiere muchas horas. Pero es que, además, los diversos fabricantes se encargan de que las programaciones serán incompatibles. Muchos teléfonos no entienden javascript; Apple no permite usar el Flash de Adobe; el HTML y el HTML5 de Chrome son diferentes del de Microsoft; Android no se entiende con IOS; etc. etc. ¿Qué hacer? Pues sólo queda programar varias versiones para usarlas dependiendo del aparato o realizar programaciones únicas muy complicadas llenas de casos y ramificaciones posibles en función de qué detectemos como dispositivo (si el dispositivo se deja detectar, claro), lo que alarga el código y ralentiza las descargas y el funcionamiento.
Posiblemente, la aproximación de más calidad hoy en día sería programar siempre en HTML y CSS – que quizá pueda verse en muchas plataformas- en vez de programar en formatos del tipo e-Pub o Mobi. Comienzan a existir herramientas (Modernizr, jQuery, and jQuery Mobile) que pretenden ser genéricas para realizar estas tareas de programación compleja pero, a mi entender, no son la solución porque la técnica evoluciona y las herramientas se van quedando desfasadas con rapidez. Para cuando una se implementa y tiene un volumen suficiente de literatura, ya ha cambiado el mundo.
Programar en “forma web” tiene también sus limitaciones. Por ejemplo, HTML no permite aún justificar las líneas con lo que se pierde uno de los elementos característicos de una correcta maquetación (este blog, Biblumliteraria, está, por ejemplo, justificado). Tampoco HTML sabe “cuando cortar una palabra y dónde”, lo que complica más todavía la maquetación, apareciendo “ríos” en las columnas por no poder controlar los espacios entre palabras.
¿La verdadera solución? Estandarizar, pero creo que no lo veremos en muchísimos años.
La empresa china Onyx ha presentado un lector electrónico que, además, es teléfono o, viceversa, un teléfono que además es lector. Se trata del modelo MIDIA Inkphone con pantalla de tinta electrónica. No es un modelo especialmente tentador como teléfono inteligente ya que tiene una respuesta muy lenta de refresco de pantalla, su CPU es de gama baja, memoria reducida (512Mb), no permite correr muchas de las aplicaciones, ver vídeos, animaciones, etc.
Por ello, su verdadero valor es más como lector con teléfono que como teléfono con lector, porque lo cierto es que para leer e-books sí que puede servir muy bien, con su pantalla que no cansa la vista y una duración de batería de dos semanas amén de su precio interesante. El tamaño de visualización es de 4.3".
La semana pasada se presentó la plataforma de auto publicación de Nook en varios países de Europa, incluida España (además de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Bélgica). Como es bien sabido, Nook es la filial digital de la editorial norteamericana Barnes & Noble. La presentación se hizo dentro del marco de la feria de Oxford, el Oxford Literary Festival. La plataforma dispone de herramientas para escribir, editar y dar formato a un texto, así como publicarlo en formato ePub en la plataforma de la editorial. Si el libro auto publicado tiene un precio de entre 2,50 y 9,49 euros, el autor obtiene un 65 por ciento, mientras que si su precio está por debajo de este baremo baja al 40 por ciento.
He Said, She Said, de Alan Bigelow, es una pequeña narración digital que nos cuenta las disputas de un matrimonio sobre si tener hijos o no. Combina imágenes, textos fragmentados, música (en algunos momentos es chillona y llega a incomodar) y sonidos. Consigue más una impresión imprecisa del caos en que se sumergen las relaciones de pareja, cuando la rutina y la decepción se ha instalado en él, que una narración clara de qué está ocurriendo. Las frases son lanzadas a la pantalla dependiendo de la interacción del lector con el ratón. Las discusiones se repiten y repiten y un pequeño símbolo con cuadraditos en la parte inferior muestra cómo el tiempo transcurre sin que realmente ocurra nada nuevo. La sensación final, con todo, no es completa, es demasiado simbólica para interesar.
WWF Parallax Sequence, de Make Productions es un bello ejemplo de lo que puede conseguirse utilizando la técnica del Parallax con arte y técnica. En este caso, el vídeo está realizado utilizado sólo fotografías tomadas desde diversas posiciones y el resultado simula excelentemente la visión y el movimiento en 3D.
The Engineer Documentary, dirigido por Mathew Charles y Juan Passarelli es un excelente documental digital sobre la situación de miseria y violencia por la que ha pasado El Salvador. Combinado textos, vídeos, imágenes, sonidos y otros documentos, esta web se convierte en un reportaje muy interesante, bien concebido y llevado a cabo, organizado de manera clara y, a su vez, estéticamente vistoso, con una imagen periodística apropiada.
Está programado en HTML5 y utiliza técnicas de Parallax para navegar a través de la numerosísima documentación que incluye.
Durante los próximos 26, 27 y 28 de marzo se celebrará en la Universidad de Granada, el seminario Transmedia Storytelling, intermediality and adaptation in digital cultures. Organizado por la facultad de Comunicación y Documentación, contará con la presencia de Espen Aarseth, Jan Baetens y Robert Pratten entre otros prestigiosos ponentes.
El seminario cubrirá aspectos como:
Semiótica de las narrativas transmedia y de los new media
Construcción de universos transmediales
Nuevos modelos narrativos en transmedia storytelling
Intermedialidad y adaptación en las creaciones transmedia
Medios analógicos y digitales en la encrucijada del transmedia
Transmedia y educación, alfabetización transmedia
Transmedia y artes digitales
Autoría colectiva y participación. El fenómeno fandom
Convergencia, producción crossmedia y multiplataforma
Retórica digital y multimodalidad en la narrativa transmedia
Periodismo transmedia y web documentary
Habrá dos mesas redondas y también paneles de comunicaciones, así como cuatro workshops donde se mostrarán casos concretos de producción transmedia (El Cosmonauta, Plot 28, documentales interactivos, una web-serie como La grieta, etc.). Se hará asimismo una demostración de software para la producción transmedia (Conducttr).
Publicado por Félix Remírez en 03:00 0 comentarios
Tinderbox es un software asistente en la toma de notas, ideas para, además, interrelacionarlas entre sí, enlazarlas o compartirlas, siempre de un modo muy visual e intuitivo. Aunque su desarrollo no está dirigido inicialmente a la posibilidad de escribir hipertexto, es un programa que permite hacerlo y que facilita el orientarnos dentro de la red de enlaces, facilitando la creación de tramas de cierta complejidad.
Además, como Tinderbox permite crear líneas de tiempo, esto hace que también puedan trazarse historias cuyos enlaces o párrafos surjan de un modo ordenado.
Dispone de "agentes" o subrutinas que pueden buscar de modo automático en Internet más informaciones referentes al tema del que estemos escribiendo lo que permite ampliar la narración si es que resultan interesantes.
Publicado por Félix Remírez en 01:30 0 comentarios
El escritor exemplar es un experimento de generación estadística de texto. Sobre el corpus de Las Novelas Ejemplares de Cervantes, el usuario introduce una palabra y el programa genera una frase probable con las palabras que estadísticamente aparecen más ligadas a la introducida. Por ejemplo, si escribimos la palabra caballo el escritor exemplar continuará creando la frase con alguna de las palabras con las que suele aparecer caballo en las Novelas ejemplares. Una vez que se tienen dos palabras se repite la operación con la palabra más probable que suele seguir a esas dos anteriores, etc. Una forma de realizar este tipo de generaciones es, por ejemplo, utilizar la técnica de las cadenas de Markov. Obviamente, en muchas ocasiones, el resultado es disparatado.
La idea es de Mario Tascón y Carlos Gil. También tiene una versión para Twitter.
El texto original de Miguel de Cervantes puede leerse en este enlace.
Lowlifes, de Simon Wood, es un Thriller transmedia en el que la narración ocurre a través de varios medios: una novela (disponible para varios formatos como ePub y Mobi, así como en papel) , un sitio web, vídeos (que puede verse, por ejemplo, en YouTube) , un blog y varios juegos. Se ha construido usando la plataforma Conducttr, de modo que toda la documentación en información de la obra se programa una sola vez y se almacena en la nube Conducttr desde la que puede posteriormente accederse en casi cualquier dispositivo móvil.
Publicado por Félix Remírez en 04:00 0 comentarios
Les huit quartiers du sommeil , de J. Carpenter, es un relato digital concebido como mash-up de Google Maps con textos y ventanas emergentes. En este trabajo, el lector puede recorrer algunos barrios de Montreal y leer la experiencia nocturna en ese lugar. Unos sitios son más tranquilos, otros más ruidosos, en unos se puede dormir bien, en otros no. Y el texto nos cuenta no sólo cómo era ese lugar sino qué ocurría a los amigos, qué nos sucedió a nosotros. Textos breves acompañados de una imagen sobre un mapa en el que podemos navegar para desplazarnos a las distintas ubicaciones.
Funciona bien en Chrome pero en Internet Explorer algunas ventanas se salen de la pantalla por una mala gestión de las coordenadas.
A primeros de mayo, la pradera que bajaba desde San Lorenzo hasta el mar se cubrió de pensamientos silvestres, jacintos y ciclaminos, creando por azar figuras que, si hubieran sido vistas desde el aire, se asemejarían a volutas de humo intrincadas y cursivas. A esa hora, al atardecer, los colores parecían más intensos, como si las siluetas quedasen remarcadas por un halo de sombra.
-Tu padre insistió mucho – dijo el coronel Estanislao.
No contesté, aspiré profundamente el habano a medio consumir y permanecí atento a cómo el sol se incendiaba más y más a medida que besaba el horizonte, con la mirada abstraída en el cielo rosáceo.
- Y Carmen, ella también me rogó que te transmitiera que está deseando volver a verte – volvió a insistir el militar- Ya sabes lo bello que es Martialena en primavera. Les harías felices – concluyó.
Un año ya desde que había abandonado la finca. Martialena había pertenecido a mi familia desde el siglo XVII, cuando el patriarca de nuestra rama llegó en un barco cafetero, tras una travesía azarosa y peligrosa que casi le lleva a la tumba. Teníamos un lienzo colgado en el salón de fumadores de aquel intrépido hombre que, con trabajo y pasión, había logrado amasar una pequeña fortuna y convertirse en un prócer de la comunidad. Mi padre aún hablaba de aquel ser como si de un héroe se tratara y la devoción por él era una seña distintiva de nuestra familia, al menos hasta que yo nací.
- A veces me preocupa que vaya a ser justo un hijo mío el que deshonre nuestra herencia – me había reconvenido varias veces mi padre mientras su rostro se tornaba serio y ceniciento.
Yo estaba convencido de que él lo decía desde el corazón, que ciertamente le afectaban en su más hondo ser mi comportamiento y mi desapego hacia las glorias pasadas. En cierto modo, sentía dolor porque sabía que le decepcionaba. Yo era su único hijo varón y él había ya trazado mi camino en la vida casi desde que sollocé al nacer. Ser fiel a las tradiciones, casarme con una joven de bien y a poder ser adinerada, asegurar la continuidad del apellido, cuidar de la hacienda y ser hábil en los negocios para incrementar el patrimonio.
- Hacer crecer lo que se nos ha dado y que la ciudad nos vea como lo que somos- me solía decir.
- ¿Como lo que realmente somos? – solía contestar yo con cierta ironía y mi padre, indefectiblemente, refunfuñaba y se marchaba a la biblioteca.
El porqué de mi actitud me ha sido siempre desconocido. Quizá una rebeldía innata a los convencionalismos. O puede ser que yo posea una perspicacia fuera de lo común que me hace percatarme de pequeños detalles que me hacen saber lo que otros ni siquiera imaginan. Mi padre, devoto marido de mi madre, mirando dulcemente a la señora Harris, una irlandesa rubia y alta que había llegado a la ciudad hacía una década y cuyas tertulias literarias eran frecuentadas por las gentes adineradas. Mi santa madre y sus viajes frecuentes a la capital tras los cuales regresaba con una sonrisa feliz que nunca mostraba en nuestra casa. Mi tío Félix, siempre perfectamente vestido de etiqueta, dadivoso y derrochador, amante del buen brandy pero al que sorprendí un día discutiendo agriamente con mi padre por deudas muy abundantes. El coronel Estanislao, amigo íntimo de mi padre, héroe en las batallas de la última contienda pero que, sospechosamente, no tenía ninguna medalla ni jamás había sido herido.
Y Carmen, la angelical mujer a la que mi familia me había destinado. No puedo decir nada malo de ella. Es bella aunque demasiado delgada para mi gusto, dulce de carácter, tendiendo a una sumisión incómoda para mí porque yo necesito que se me atraiga con un buen debate, con una desafiante confrontación de ideas. Mujer atractiva pero, estaba seguro y a pesar de no haberlo intentado nunca, aburrida hasta el hastío en la intimidad.
Mis escapadas a la capital, las veces que me habían pillado en brazos de las coristas del vodevil, encantadas con mi cartera y mi posición, mi gusto tendente más a la literatura y las artes que a la empresa, mi poca disposición a continuar los negocios familiares, mi desprecio sutil por la historia de la estirpe y nuestras propiedades, suponían una fuente de disgustos para mi padre, incapaz de comprender dónde se torció mi, por lo demás, siempre severa educación.
- ¿Volverás entonces?- insistió el coronel en su pregunta. – Todos lo deseamos.
El sol tocaba ya el borde del océano y una calima gris ascendía del punto de contacto como si de verdad el fuego del astro hiciera entrar en ebullición el mar.
- Creo que no – repliqué sin mirarle, absorto en el escenario. Se había levantado una ligera y agradable brisa que hacía ondular las ramas de los álamos, cubiertas de hojas jóvenes.
- Será un gran revés para tu familia.
- No es mi intención herirles- sentía lo que decía.
- Pero uno no debe guiarse por sus instintos, muchacho. Está el deber.
- ¿El deber?
- Para un militar como yo, el deber lo es todo.
- ¿El deber a qué, coronel? ¿A ser infeliz? – repuse pensando para mis adentros si aquel hombre creía realmente en lo que decía.
- El deber para con los demás, no ser egoísta, el deber para con tu padre, tu madre, para con Carmen que te espera fiel.
- ¿Y mis deberes de vivir, de ser feliz, de amar de verdad?- pregunté. Mi cigarro estaba ya casi acabado.
- También, también. Pero eso viene después. Ya amarás a Carmen. Es una mujer extraordinaria, culta, bella, te hará feliz, de dará descendencia. Y si vigilas los negocios, la riqueza ayudará a tu felicidad.
- No soy así- levanté la voz al tiempo que me incorporé de la silla y caminé unos pasos.
- Puedes quedarte solo, piénsalo.
- Quizá es el precio de sentirse libre.
Había llegado a San Lorenzo en abril del pasado año. Simplemente, no pude mentirme más a mí mismo ni mentir a Carmen a medida que ella y mi madre preparaban una boda sobre la que ni me consultaban. Cuando decidí salir de la hacienda no tenía claro a dónde dirigirme. Recorrí varias ciudades sin quedarme en ellas más de algunos pocos días hasta que me monté en el tren de la costa y fui recorriendo los pueblos uno a uno. No esperaba nada, tan solo mantenía mis sentidos abiertos, mi nariz ansiosa de aromas, mis oídos necesitados de sonidos, mi paladar henchido de nuevos sabores, sin tener que dar explicaciones a cada paso.
Cuando llegué a San Lorenzo supe por instinto que debía quedarme, que allí estaría bien. No me equivoqué. Alquile la casa en la que vivo, una antigua choza de pescadores que había sido remozada y adecentada como vivienda por un maderero argentino que había trabajado por algunos años en la selva. Mi cartera – esto sí se lo debía agradecer a mi padre y a mi denostada familia- estaba bien repleta y había pasado seis meses dándome la gran vida. Pero, poco a poco, fui integrándome en los parajes, comencé a escribir en el periódico local, gastaba muy poco dinero, empecé a apreciar los atardeceres y a distinguir los trinos de los pájaros, a saber cuál era el del tocororo y cuál el de la bijirita azul, disfrutaba de las conversaciones en la taberna y de las largas lecturas en el salón de mi casa. Hace unos meses que me hace compañía Signore, un Golden retriever de cuatro años al que le encanta correr hacia el mar. Mis remordimientos por lo que mi futura esposa o mis padres pudieran sentir se fueron desvaneciendo, consciente de que debía dar una oportunidad a mi propia vida, de que yo podía vivir como mi corazón lo deseaba.
- Y debes pensar, también, en lo que es correcto. Eres de Martialena, perteneces a aquella tierra, no a esta. Y aquel suelo, aquel sol, aquellos prados te esperan. No puedes fallarles – el coronel comenzaba a inquietarse.
- Lo cierto es que no echo de menos Martialena ni nada de lo que contiene.- contesté serio.
- ¡No digas tonterías! Uno es de donde nace, lo quiera o no lo quiera. Un inglés es inglés lo desee o no y un chino es chino, lo quiera o no.
- No, coronel. Uno no es de donde nace o de donde se cría.
- Ni siquiera de donde le quieren- afirmé rotundo.
- ¿De dónde es uno, entonces? ¿De la luna?
- Uno es de donde no se quiere marchar.
Venus ya brillaba con intensidad en el cielo. Alumbré los faroles del porche y sentí la satisfacción que me producía el hacerlo.
Entre los próximos días 14 y 16, se celebrarán en la Universidad de Ottawa las conferencias The Page: Visual and Material Literature. Dentro del programa, se anuncian interesantes disertaciones que tienen que ver con la cultura digital literaria. Entre ellas:
Digital Methodologies, Mapping Eighteenth-Century London Literature, por Catherine Nygren.
Amaranth Borsuk and Brad Bouse’s Between Page and Screen:Reading Augmented Reality Pop-Up Poetry, por Jennifer Baker
One of many statistical objects, Digital Approaches to Genre and the Value of Visibility, por Joel Faber.
Seeing Double: Image and Text Relationships in Children’s Literature, por Maria Geertsema. Paratextual Differences of Degree Rather than Kind: Visualizing Unseen Continuity in Thomas H. Huxley’s Man’s Place in Nature, por Robert Pasquini.
From Art Object to App: The Incorporation of the Digital in Tom Phillips's A Humument, por Bridget Moynihan.
Translating Translating Mallarmé: Remediation and Translation in Visual Poetry, por Andrew Zuliani
El programa completo puede verse en este enlace.
Sooth, de David Jhave Jonhston es un poemario de amor digital en el que el lector debe extraer los versos de ciertos vídeos que aparecen en pantalla mediante la pulsación del ratón. Las frases, entonces, sobrevuelan por la pantalla y cada una de ellas lleva asociados sonidos que las remarcan. Además, también bajo la acción del lector, los textos pueden cambiar del inglés al francés y viceversa. Programado en Flash.
Das Jenaer Martyrologium, creado por la Universidad de Turingia y la Biblioteca de Jena, en Alemania, bajo la dirección de la doctora Sabine Wefers, es una digitalización de un libro de los martirios o martirologio. Los martirologios medievales eran calendarios organizados como catálogos de los mártires ordenados de acuerdo a la fecha de su martirio. En muchas ocasiones estaban ilustrados y realizaban una doble función, la de calendario y la de enciclopedia de hechos religiosos.
Das Jenaer Martyrologium está muy bien construido- usando para ello la plataforma MegaZine3- y cada párrafo dispone de un enlace que dispara una ventana emergente con la transcripción actual del texto en alemán. Además, permite buscar por páginas, por días o por lugares mencionados en el libro.
Finger Reader es un gadget que dice en audio lo que leemos o indicamos con el dedo. El sistema es ingenioso. Nos colocamos en el dedo un anillo con una pequeña cámara y vamos leyendo normalmente o siguiendo las palabras, pero como lo haría un niño, marcando con el dedo. La cámara graba la palabra que está sobre el dedo y un algoritmo la reconoce y la sintetiza por el altavoz del ordenador. Está siendo desarrollado por el Fluid Interfaces Group del MIT Media Lab y puede resultar un ayuda significativa para personas con dificultades lectoras, como los invidentes. Para que resulte eficaz el algoritmo sabe también detectar cuando nos inclinamos al seguir la línea (algo que sería muy útil a los invidentes que no podrían seguir las palabras al no verlas) y emite instrucciones para mantenerse en línea recta, detecta los saltos de línea y avisa de ellos, etc.
En esta web se puede leer la información completa en inglés.
Some + Hing, (Something) de B.Moreno, es una sencilla obra programada en Flash que es un remedo de la clásica rutina de trailing del cursor. En este caso, el movimiento del cursor genera una estela de palabras en distintas tipografías y tamaños que van rellenando la pantalla a medida que el movimiento se produce. Una experimentación cinética con palabras que podría hacerse con cualquier otro elemento pero que incorpora una reflexión sobre el uso excesivo de los adjetivos en la literatura que llegan, en esta metáfora, a ocultar finalmente la palabra inconcreta ("algo") con la que se inicia la acción.
Ha quedado abierto el plazo para presentar ponencias en la próxima edición de Coling que tendrá lugar en Dublín el próximo mes de agosto, concretamente entre los días 23 y 29. Coling es el acrónimo de Computational Linguistics y este año llega a su vigesimoquinta edición. Es un evento organizado por la ICCL (International Committee of Computational Linguistics).
Las ponencias deben versar, entre otros asuntos, sobre:
Semántica, gramática y diccionarios computerizados
Modelos matemáticos del lenguaje
Modelos de comunicación lingüística
Segmentación de frases, tagging, chunking
Parsing sintáctico.
Síntesis artificial de lenguaje y habla
Inteligencia artificial aplicada al lenguaje
Extracción y almacenamiento de información
Las propuestas deben ser enviadas antes del 21 de marzo. Se puede obtener más información en la página del evento.
Book Drum es una excelente aplicación literaria que ofrece información enriquecida y multimedia sobre una serie de títulos, sobre todo de la literatura de lengua inglesa. En este momento, hay 150 libros catalogados y desarrollados. Es preciso suscribirse. Una vez hecho, el programa muestra informaciones históricas, análisis sobre la obra y el autor, videos, fotografías, mapas donde se desarrolla la acción, contexto social, glosario de términos, etc.
Además, cada miembro puede aportar información y enriquecer aún más la documentación almacenada o bien comenzar a crear la ficha para una nueva obra. Asimismo, es posible recorrer un mapa en Google Earth buscando lugares donde se escenificó alguna novela.
Su interface es de calidad, muy ergonómica, con una excelente experiencia de usuario.
The Ghosts of Yamaraja, de Jonathan George Saunders, es un relato interactivo digital y en cierto modo transmedia por cuanto que, para poder leerlo, se pueden precisar varios medios: el ordenador y un teléfono móvil, por ejemplo, aunque si se usa el Ipad todo podría hacerse en la propia tableta.
Se trata de una historia de ciencia ficción (los pasajeros de una nave espacial desaparecen súbitamente. El lector toma el papel del investigador que debe averiguar qué ha ocurrido) en la que se van recorriendo escenarios gráficos (tanto en la simulada habitación del autor como en la naves) donde hay ciertos objetos que contienen enlaces o información. Algunos de estos son, precisamente, imágenes de tabletas. Al acceder al enlace escondido en ellas, nos aparece una imagen con un código QR que escaneado con un teléfono o una cámara nos permite descargar contenido fundamental para continuar la narración (una página del diario de a bordo, una imagen, un vídeo,...).

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