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Timestamp: 2020-03-29 20:49:52+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Martes 18 Noviembre 2014
RAJOY TOLERA A MAS
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 18 Noviembre 2014
La Constitución de 1978 tiene instrumentos para impedir que una región autónoma o más "atenten contra el interés de España". Pero Mariano Rajoy no los ha querido aplicar a Mas.
¿El Fiscal General, nuestro piadoso don Eduardo Torres Dulce, puede decidir qué hacer con Artur Mas y su grupo de enemigos de la unidad nacional? Si le dejan sí. Y el Gobierno de la Nación, porque sólo hay una hasta que PP, PSOE y Podemos cambien la Constitución, decidió no hacer nada. Y podía. Podía muchas cosas, empezando porque el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal dice que "el Gobierno podrá interesar del fiscal general del Estado que promueva ante los tribunales las actuaciones pertinentes en orden a la defensa del interés público". Se ve que un intento de secesión no atenta contra el interés público… o el privado.
Así que la culpa no es del Fiscal, que en todo caso tendrá dónde confesarse. Antes que él Mariano Rajoy y todo el Gobierno (pero no sólo) juraron o prometieron guardar y hacer guardar la Constitución. Atentos, no prometieron "ocultar y hacer reformar la Constitución", sino hacerla cumplir, esa Constitución que "se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española", al menos hasta que la cambien para defender sus propios intereses de partido.
Esa Constitución que, guste o no guste, tiene un artículo 155 que dice que "si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general". ¿Se dan las premisas? Sí. ¿Se ha cumplido lo previsto? No. ¿Por qué? Porque los asesores de Moncloa aconsejaron vencer el órdago sin emplear la "artillería pesada", ante el temor a repercusiones en la política nacional. Es decir, interés de partido por encima de interés de España.
El antes tan denostado José Luis Rodríguez Zapatero nos dijo varias veces en su época que no sería necesario aplicar al País Vasco el artículo 155 porque Juan José Ibarretxe no llevaría adelante su plan. Alfonso Guerra, antes de su jubilación, proclamó que, si lo hiciese, habría que aplicar la Carta Magna. Jaime Mayor Oreja, también jubilado forzoso, explicó que ese artículo, de compleja aplicación directa, necesita un desarrollo legislativo que él ya propuso. Y José María Aznar, que con la mayoría absoluta del PP tendría que haber desarrollado por su cuenta el artículo 155 y no se atrevió por reverencia al consenso, tronó después. Cuando ya no hablaba catalán en la intimidad. Un juego de hipocresías cruzadas en el que los políticos dieron la espalda a las cosas que la gente de la calle puede y quiere oír. Pasó con Ibarreche, pasa ahora mucho más con Mas.
Primero. ¿Es tan terrible el artículo 155? Sencillamente faculta al Gobierno a hacer cumplir la ley a un ejecutivo autonómico cuando se la salte, cuando haga mal uso de los poderes que el Estado le dio; y lo mismo que los dio los puede retirar total o parcialmente, temporal o permanentemente, en defensa precisamente de los valores constitucionales básicos, el primero de los cuales es la soberanía indisoluble de la nación. Suena duro, es cierto, pero ¿podríamos prescindir de una norma así? Mariano Rajoy parece creer que sí, ya que por puro buenismo renuncia a aplicarla.
Segundo. Mas ya había anunciado cómo iba a violar las normas del Estado, convocando consultas populares al margen de la ley. Esto, aunque ya no es delito tipificado como en tiempos de Aznar, porque Zapatero derogó esa parte del Código Penal, sigue sin ser legal. Si realmente se llega a un Gobierno regional fuera de la Ley, ¿qué hacemos? Según Rajoy con Mas (como antes Zapatero con Ibarreche) nada, o quizás un poco de mímica circense ante las cámaras; pero ¿qué pasa al día siguiente?
Tercero. Alfonso Guerra, válgame el Cielo, dijo en tiempos no tan lejanos que si es necesario el Estado "reponga la legalidad, lo que sólo puede hacerse con la aplicación del artículo 155 de la Constitución", es decir que se encargue de "adoptar las medidas necesarias para obligar" a una Comunidad Autónoma a cumplir sus obligaciones. Es decir, lo mismo que antes Jaime Mayor Oreja, aunque con una diferencia importante: el vasco ha sido ministro del Interior y sabe que aplicar una norma, aunque sea un artículo de la Constitución, es muy complicado si no se ha previsto cómo hacerlo: faltan los desarrollos legislativos y ejecutivo-administrativos del 155, y el momento de tensión en el que es inexorable recurrir a él es muy probablemente el menos adecuado para ponerse a pensar y a votar.
Cuarto. La posición de Mas y de todos los independentistas es de "rebeldía"; rebeldía contra las normas del llamado Estado de Derecho y rebeldía contra la Constitución y la Nación (sin la que no habría democracia ni nada más, por cierto). Bien. Ahora imaginemos lo peor: así como Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González y Aznar dejaron parte de su deber sin cumplir, así como Zapatero lo incumplió del todo, efectivamente si el Gobierno y el Parlamento no lo requieren no hay aplicación del artículo 155. Pero en la Constitución hay más sujetos que el Ejecutivo, y hay más artículos aplicables al caso, en defecto o como complemento del 155. El artículo 30, por ejemplo, expresamente convierte la defensa de España en un derecho y un deber de todos los españoles. Hay además otras instituciones –incluyendo la Corona pero no sólo- que tienen su razón de ser en la defensa de la paz pública. ¿No está todo el mundo de acuerdo en las bondades excelsas de la Constitución de 1978? Les toca ahora desarrollarla y aplicarla en todos sus extremos a los rebeldes, o reconocer en público que no quieren cumplirla ni dejar que otros la cumplan, sino modificarla para deshacerla. Pero que reconozcan esa posición de tolerancia a la rebeldía y vayan con ella por delante a las urnas.
España no existe como consecuencia de la Constitución y de las leyes, sino como fundamento previo de las mismas, y la soberanía es de la Nación, no de una familia, ni de una sola parte del pueblo español ni de una oligarquía de capitalistas, corruptos, mediocres, ignorantes, conspiradores y oligarcas. Si ni el Gobierno ni la oposición actúan en consecuencia otros tendrán que hacerlo.
Vamos hacia la tercera refundación del PP
José Javier Esparza www.gaceta.es 18 Noviembre 2014
Observe usted la foto de la victoria electoral de 2011 y compárela con la imagen que hoy ofrece el partido de la gaviota. Es sorprendente la lista de damnificados, eliminados uno a uno en el curso de los últimos tres años con el mismo mecanismo implacable con que caen los gansos salvajes en sus largas migraciones. Jaime Mayor Oreja y María San Gil, sacrificados en el horno vasco (como años antes Vidal Quadras en el catalán). Francisco Camps, atrapado dentro de unos trajes. Jaume Matas, enredado en su propia madeja insular. Rodrigo Rato, ahogado en una ciénaga de dinero “black”. Esperanza Aguirre, chapoteando desesperada –entre policías municipales- por deshacerse de manchas púnicas. Alberto Ruiz Gallardón, el gran depredador, cazado en su propia trampa. Ángel Acebes, descalificado de un papirotazo por “pena de telediario”. José Antonio Monago, aviador derribado por acumulación de vuelos. Núñez Feijoo descubre súbitamente que el escándalo de los fondos de formación de la UGT gallega le salpica los zapatos. E incluso Dolores de Cospedal constata, horrorizada, que 200.000 sucios euros han ido a posarse sobre su discreto “dos piezas”. Tremendo.
Y bien, ¿cuál será ese destino? Esto es lo más importante de todo. En mi libro En busca de la derecha perdida (Áltera, 2010) anticipé, y perdón por la autocita, que el PP iba a caminar hacia una progresiva neutralización tecnocrática de su perfil político. Ayuno de ideología, alérgico a los grandes principios –siempre tan inoportunos para el poderoso-, aferrado a la alquimia electoral como única regla de ciencia política, el PP no quiere ser el partido de la derecha española. Sus líderes se han criado ya bajo la hegemonía ideológica de la izquierda. Están domesticados. Nada les incomoda más que no ser “progresistas”. Entre otras razones, porque creen que mantenerse en los viejos principios les aleja del poder. Y la gente que rodea a Rajoy está convencida de que el secreto del éxito reside en borrar toda ideología, operación que incluye el exterminio de la vieja elite del partido y su sustitución por una nueva cúpula cortada por el patrón Soraya.
Hace tiempo que los notables del PP aspiran a ser algo así como un gran partido de centro que pueda ofrecerse a los españoles como una propuesta “neutra”, “mecánica”, de gestión “eficaz”. El Estado es para ellos una máquina que puede ser regida por asépticos criterios de eficiencia objetiva. En esta perspectiva, la ideología es un engorro. No puede extrañar que los capos tradicionales de la izquierda mediática –el grupo Prisa, evidentemente- hayan lanzado aquí sus redes. Esa izquierda, como esta derecha, han venido a converger en planteamientos idénticos: economía capitalista financiera, intervención estatal para mantener el sistema de gasto, concepción oligárquica de la democracia, ingeniería social progresista, etc. La nueva oligarquía se entiende bien sobre qué es lo que hay que salvar. Así ha nacido lo que podríamos llamar el “espíritu Soraya-Prisa”, que es quien hoy gobierna España.
Naturalmente, la propuesta no deja de adolecer de una inmensa pobreza intelectual. ¿De verdad es posible una política “neutra”? ¿Acaso cada decisión –u omisión- no traduce una visión previa del mundo? Claro que sí. Reducir la política a la mecánica no deja de ser un efugio para eludir las preguntas realmente importantes, o sea, las que conciernen al destino de la comunidad política. Es como un barco cuyo gobierno se entregara a los maquinistas: sin duda podrá mantenerse a flote, pero ¿alguien conoce el rumbo? Sin embargo, no quepa duda de que el horizonte del gobierno Rajoy, hoy, es exactamente ese: neutralizar la política hasta borrar cualquier propuesta trascendental. Y el PSOE, por cierto, no anda muy lejos de ahí, por más que se envuelva en retórica vindicativa para cubrir su vacío interior. Pero esto es otra historia.
Caminamos, en fin, hacia una tercera refundación del PP. Recordemos: la Alianza Popular de 1976, que era una federación de partidos de derecha nacional, se refundó en 1979 bajo el mando único de Fraga. De esa AP pasamos en 1989 al Partido Popular, que enseguida, con la llegada de Aznar en 1990, empezó a definirse –segunda refundación- como un partido de centro reformista. Ahora pasaremos a un nuevo PP enteramente “liberado” de sus viejas adherencias ideológicas –conservadoras, liberales, democristianas- y transformado en neutra “maquina de gestión”. Siempre, por supuesto, en nombre del Centro.
Esta tercera refundación podrá presentarse como un acto formal –por ejemplo, en un congreso extraordinario antes de las próximas elecciones- o como un hecho consumado por simple relevo en los puestos directivos. Lo más probable es esto último, porque los nuevos líderes nunca han brillado por su gallardía, sino que prefieren la maniobra tras el telón. En todo caso, lo veremos inmediatamente después de las próximas autonómicas y municipales. O incluso antes. De hecho, lo estamos viendo ya.
Coda: Romance de la campana de Huesca.
Podemos cambiar el final.
Vicente A. C. M Periodista Digital 18 Noviembre 2014
Mientras PODEMOS ha sido un movimiento aglutinador de diferentes sectores de la sociedad hartos con un sistema partitocrático dirigido por una llamada “casta” política auto complacida en su elitismo, germen de toda corrupción, su discurso tenía el aura de la virginidad ideológica y de la utopía en las propuestas debatidas del modo más democrático que se pueda imaginar. Ese debate abierto y su estructura basada en los llamados círculos, daban cabida a toda clase de posicionamientos, la mayoría populistas y demagógicos, sin una posibilidad real de poder llevarse a cabo. Igualmente, todas las principales propuestas evidenciaban la falta de un análisis en profundidad realista y llevaban a soluciones extremistas que tanta alarma han levantado en la sociedad cuando se han ido conociendo en los diferentes foros en los que los líderes de PODEMOS se han multiplicado con la impagable ayuda y promoción de lobbys de la información cómplices con quienes pueden llegar a ser sus verdugos en el futuro.
Es ahora, tras el sorprendente resultado en las elecciones al Parlamento Europeo, cuando este grupo se ha decidido a dar un paso más y se ha constituido en partido político. El primer signo del cambio fue el enfrentamiento político entre dos facciones, la principal y más pragmática liderada por Pablo Iglesias y su equipo, y la segunda más ideológica y fiel con sus orígenes liderada por su colega Pablo Echenique. Y como en toda guerra entre facciones que se precie, Iglesias provocó un cambio sustancial en la forma de debatir y de aprobar las propuestas que se presentaban, bajo la fórmula de paquetes globales, algo parecido a listas cerradas, y no someterlas individualmente a su aprobación. Ni que decir tiene que Iglesias se salió con la suya. Tras su derrota, Pablo Echenique se hizo a un lado con lo que el camino quedaba expedito para que Iglesias se erigiese en el líder supremo.
Ha sido durante este fin de semana cuando los afiliados a PODEMOS, mediante el sistema de votación a distancia por internet medio que dominan a la perfección, han elegido por aplastante mayoría a Pablo Iglesias como su primer Secretario General. Y lo primero que ha hecho ha sido elegir a su ejecutiva compuesta por 62 personas todas de su absoluta confianza de las 693 que se proponían. O sea que PODEMOS se constituye como un partido político monolítico donde Pablo Iglesias ejerce como Sumo Pontífice y donde la disidencia, como en los regímenes totalitarios de Cuba y Venezuela está anulada y sin posibilidades de desarrollo de una oposición crítica viable.
Pero una cosa es ir de “super guay” prometiendo el cielo y otra aspirar a sustituir a dios gobernando de modo omnímodo sin considerar la realidad social de los ángeles, arcángeles serafines, querubines, tronos, potencias , etc de toda la cohorte celestial. Es por ello por lo que han decidido cambiar el discurso basado en propuestas extremas del tipo: “Salario social para todos los trabajadores”, “impago de la deuda nacional que no se considere justa”, “salida de España del Euro y de la UE con la consiguiente devaluación de la moneda sustitutiva”, “Salida de España de la OTAN”, “control de los medios de información privados y su cierre” etc. Su nueva táctica consiste en no provocar miedo a quienes pretenden sumar a su proyecto y por tanto, necesitan ocultar sus verdaderas intenciones suavizando las propuestas y hacerlas más creíbles. Ya se sabe que los programas son solo la excusa para obtener el poder.
Está en manos de los medios de información y del resto de los partidos políticos que defiendan la democracia el desenmascarar a estos revolucionarios de ultra izquierda que solo intentan llevar a España y a los españoles a un sistema dictatorial anacrónico y que solo nos traería la miseria, la falta total de libertad y de democracia. Un régimen opresor que nos alejaría del progreso y nos aislaría de Europa en la que somos parte fundamental e integrante por historia y por derecho. Un futuro indeseable que provocaría con toda seguridad un nuevo enfrentamiento social repitiéndose la Historia de las dos Españas y de su eterno conflicto de convivencia en paz y en libertad.
PODEMOS no es la solución sino ese final indeseable que nos lleva a la destrucción. El guion se está escribiendo en estos momentos con un final que se nos quiere ocultar hasta que sea demasiado tarde. Está en nuestras manos evitarlo.
Podemos, el voto útil
Javier Caraballo EC 18 Noviembre 2014
El mensaje más letal de Podemos, su arma electoral más arrolladora, es un viejo conocido de la política, la aspiración primera de todo partido, de todo candidato. Convertirse en voto útil, en el medio preferente de los votantes para lograr sus objetivos. Y esa fuerza arrolladora que se percibe en Podemos desde el origen tiene que ver con esa asociación, acaso inconsciente, subliminal, que se establece entre una fuerza política y los deseos de cambio de una sociedad. Quien quiere quitar al Partido Popular del Gobierno, quien quiere apearlo del poder, ya no mira al Partido Socialista, como en todos años atrás, sino que mira Podemos.
Por eso, en las encuestas de intención de voto, al contrario de lo que ha ocurrido en otros momentos de esta democracia, la caída del Partido Popular por el desgaste del Gobierno no presupone un ascenso, igual y paralelo, del principal partido de la oposición, el PSOE. Es la fuerza arrolladora del voto útil el principal valor que le ha arrebatado Podemos al Partido Socialista, y en el tsunami ha sucumbido antes Izquierda Unida y se han petrificado otros, como UPyD.
Esa, de todas formas, es la fotografía electoral del momento, lo que se respira en la calle, pero si la política tiene algo demostrado es que no es una ciencia exacta. Y Podemos es una precisa y concienzuda operación de diseño político a la que, como bien indica su líder Pablo Iglesias, le queda aún lo más difícil del camino por recorrer.
Lo mejor que ha hecho Podemos hasta el momento ha sido algo tan básico como sintonizar en el momento preciso con un estado de ánimo colectivo. Exactamente igual que pudo ocurrir en los 80, cuando el PSOE de Felipe González, como una fuerza arrolladora, enterró el centrismo de Suárez en medio del deterioro y la descomposición interna de UCD.
Quien quiere quitar al Partido Popular del Gobierno, quien quiere apearlo del poder, ya no mira al Partido Socialista, como en todos años atrás, sino que mira Podemos
Quince años más tarde, la campana le sonó al propio PSOE, horadado por la corrupción del felipismo. Aznar supuso entonces el cambio y la ‘lluvia fina’ de su política tozuda, convencida, constante, lo aupó hasta la primera mayoría absoluta de la derecha, en el año 2000. ¿Cuándo cambiaron los aires? Justo cuando el estado de cabreo latente por la guerra de Irak lo inundó todo con uno de los episodios más tristes, más oscuros, más dramáticos de nuestra historia reciente, los atentados del 11 de marzo. Otra vez ansias de cambio.
Por eso llega Zapatero y se hunde en el preciso momento en el que la sociedad española, otra vez, parece que se conjura con una ambición colectiva de cambio. El desastre de la crisis económica deja desnudo a Zapatero, y ante la tiesura y el riesgo de quiebra del país entero, sus sonrisas de ayer se vuelven gestos insultantes para el electorado.
En cada uno de esos momentos de cambio ha ocurrido, con las diferencias notables que se quieran apreciar, el mismo fenómeno social y político. Y en cada uno de ellos, era un partido político o un líder quien simbolizaba el voto útil para echar al Gobierno que había fracasado. ¿No ha oído nunca en su entorno, o usted mismo, eso de votar con la ‘nariz tapada’ a este partido o aquel otro? No existe mejor expresión del voto útil.
En el caso de la izquierda española, el fenómeno era más amplio aún; sin necesidad de taparse la nariz, el PSOE se ofrecía a todos los votantes de izquierda como voto útil por ser un partido con posibilidades reales de gobierno, al contrario de otras opciones minoritarias.
Lo que está ocurriendo en este momento, y que diferencia este periodo de los anteriores, es que el deterioro no le afecta sólo al partido en el Gobierno, sino al sistema político en su conjunto. Los casos de corrupción y los recortes de la crisis han igualado a las fuerzas políticas tradicionales ante el electorado. Ahí es donde surge Podemos, desde fuera de ese sistema político desgastado, viciado, como fuerza política nueva y ‘voto útil’ para quien quiera romper con lo que se detesta. Hace falta un mensaje para conectar con el electorado: hay que acabar con la casta política.
Esto lo ha entendido Pablo Iglesias desde el principio. En 2012, en una intervención reveladora en La Tuerka, el laboratorio del que surgió esta formación, decía Pablo Iglesias, todavía un desconocido: “En 1917, Lenin no dijo ‘comunismo’; dijo ‘pan y paz’. Y eso le sirvió para agregar una cosa enorme en un contexto muy preciso: no es un problema de qué color sean las banderas, no es un problema de diagnóstico, es un problema de agregar fuerzas. De qué discurso eres capaz de construir. En un momento te dices: ‘Yo tengo la fuerza de las mayorías sociales’. Por decirlo con una metáfora, la izquierda debe aprender a vestir el traje de la victoria. Es verdad que para follar hay que desnudarse, pero para ligar hay que vestirse. Y para vestirse hay que construir discursos y aparatos discursivos”.
Podemos se resiste a ir más allá de la síntesis con la que ha conectado con el electorado; si un solo mensaje le ha dado la fuerza social, para qué desgastarlo con propuestas concretas
Ese pragmatismo de ‘pan y paz’ es la teoría política que lleva al mensaje de la ‘casta’ en el que, como ya hemos observado, tampoco existen banderas de izquierda o de derecha. Podemos se resiste a ir más allá de la síntesis con la que ha conectado con el electorado; si un solo mensaje le ha dado la fuerza social, para qué desgastarlo con propuestas concretas. Y se ha vestido con el traje seductor de la demagogia del momento.
Para no tener que desnudarse ha renunciado incluso a las elecciones municipales y autonómicas, como pedían algunos dentro de la nueva fuerza política. Pero las elecciones generales están aún muy lejanas y hasta noviembre de 2015 queda un mundo inescrutable en política. Pablo Iglesias, como ya se está viendo, se resiste a concretar sus propuestas (a veces hasta el ridículo: el otro día le preguntaron si pensaba plantear un referéndum sobre “monarquía o república” y contestó repetidamente que el referéndum sería sobre “la mayoría de edad de la sociedad española”), pero no es probable que esa inopia idílica la pueda mantener un año entero, con todos sus días.
La casta, la casta, la casta, sí, pero qué más. En Cyrano de Bergerac el pobre Gastón se desvivía ante su amada invocándole el amor, una y otra vez, “amor, mi amor, te quiero, amor, mi amor...” Y la doncella, harta de la misma repetición, le contestaba: “Amor es el tema, desarrolladlo”. Pues lo mismo. La casta es el tema. Falta ahora todo lo demás, el desarrollo que no acabe con esa fuerza de ahora que se llama voto útil.
¿Neopopulismo postmoderno?
Agapito Maestre Libertad Digital 18 Noviembre 2014
Los socialistas por boca de Alfonso Guerra han llamado "locos" a los dirigentes de Podemos. Los populares por escrito de José María Lassalle han calificado de peligroso neopopulismo postmoderno al novísimo partido político. ¿Son sólo eso? Lo dudo. Quizá tengan alguna razón para expresarse de esta guisa los socialistas y populares españoles. Yo, sin embargo, cuando los escucho hablar o leo sus documentos, no me atrevería a dar esos juicios sumarísimos. Observo con mucho interés, desde hace dos meses, la formación y el desarrollo del nuevo partido político Podemos, y tengo que decir que la cosa es algo más compleja. Trato de liberarme de prejuicios e intento cuestionar mi propia crítica a un partido cuyas señas de identidad originales, a todas luces, de carácter antisistema, no le impiden evolucionar hacia posiciones casi socialdemócratas. La crisis por la que pasa España es de tal envergadura que nos debería abrir antes al diálogo, a la política, entre todas las fuerzas políticas que a la exclusión de alguna de ellas. La demonización de Podemos es un flaco favor a la política.
Sí, los anatemas sumarísimos no valen más que para hacer mala propaganda. Podemos, nos guste o no, forma ya parte del sistema político y como tal hay que analizarlo. Atendamos con rigor a sus propuestas y respetemos lo real. Lejos de mí, sin embargo, mantener aquí que estamos ante la formación de un "partido socialista bis" para el siglo XXI, tampoco podría afirmar con rotundidad que asistimos al nacimiento de un nuevo partido socialdemócrata, capaz de ofrecer alguna solución a la mayor crisis que padece España en su historia reciente. Ojalá fuera así. Yo solo digo que no tengo una opinión formada, tajante y radical sobre el futuro de esta formación, entre otros motivos, porque falta un asunto capital para evaluarla. Todavía no está elaborado su programa político. Aunque parezca increíble, el partido que aparece en las encuestas como el tercero aún no tiene programa. Un motivo más para tomarlo en serio, pero sin hacer aspavientos.
Mientras no tengamos a la vista una línea programática bien definida, difícilmente podemos opinar sobre sus diagnósticos y pronósticos para este país. Claro que se pueden hacer conjeturas y juicios de valor, respetables sin duda en el ámbito privado, pero que aportan poco en la esfera pública, allí donde el ser humano se juega su autenticidad. Cuidado, pues, con la demonización propagandística de este grupo político que se está llevando a cabo desde todos los medios de comunicación de la derecha y de la izquierda. Cuidado, sí, porque podrían estar haciéndole más un favor que una crítica. Y cuidado, sobre todo, porque no corresponde con lo que está pasando en la sociedad. Las condiciones históricas, objetivas, dicho en lenguaje marxista, juegan a favor de Podemos y cuestionan las opiniones basadas en conjeturas irrefutables. Pero, además, esas mismas condiciones obligarán a los dirigentes de Podemos a discutir con mayor responsabilidad su primera misión, que no era otra que remover las bases del sistema democrático, para adaptarse a las nuevas demandas de sus militantes, simpatizantes y futuros electores. Por cierto, la transformación de ese discurso primigenio l se está haciendo con celeridad y, afortunadamente, con ánimo pragmático y viable. Por fortuna la Realpolitik ya convive con la "retro- utopía", perdón por el palabro, que conformaba el primer impulso de este partido. Esto no es la República de Weimar ni Podemos representa a los nuevos Espartaquistas; por ejemplo, fíjense que el discurso del sábado de Pablo Iglesias ya no hubo críticas al PSOE. Un detallito.
Más allá de la propaganda de unos y la estigmatización de otros, una cosa es innegable: el debate está presente en el desarrollo de este partido. Los ciudadanos que participan, directa o indirectamente, en los escenarios creados por los dirigentes de Podemos discuten mucho. Se presentan papeles permanentemente y, a veces, se dice cosas interesantes y, sobre todo, plausibles. Tienen verosimilitud. ¿O es que acaso no es serio distinguir la deuda de los bancos de la deuda de los ciudadanos españoles?, ¿o es que acaso no es verdad que el problema terrorista tiene un componente político clave para España como Estado-nación?, ¿o por qué vamos a tomar chirigota que el presidente de la Federación Española de Fútbol no puede ser eterno en ese puesto?
De momento, es menester levantar acta de un asunto clave, que los partidos regeneracionistas no habían conseguido, Podemos ha removido la vida política española; sí, sí, mientras que los dirigentes de Podemos juzgan sobre hechos, o sea hacen política, ellos son juzgados sobre sus valores, es decir, sus críticos hacen "ética", por cierto, bastante deficiente y alejada de los cánones de la Apología de Sócrates, de Platón, y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Kant. Ojo, pues, con la descalificación apresurada de Podemos. Hay que estudiar más lo que dicen y, sobre todo, lo que están construyendo. Ni son perros flautas ni son solo comunistas bolivarianos, según nos venden las cadenas televisivas políticamente correctas de nuestro país. Sería menester que se hiciera el análisis político de esta formación más por sus hechos que por sus intenciones. Por cierto, y para predicar con el ejemplo, aplaudo el debate interno que ha habido en Podemos sobre un supuesto "derecho de decisión de los nacionalistas catalanes" para fracturar España, pero lamento que haya triunfado la peor de las opciones. Al final creo que perdió la opción Enric Martínez, doctor en Ciencias Políticas, cuando dijo: "El derecho a decidir es un eufemismo, pues en realidad se refieren a la ilegítima pretensión de que un determinado grupo cultural bastante privilegiado, en absoluto colonizado u oprimido, sino más bien lo contrario, pueden separarse de un ente político cuando le persuaden de que así sale ganando. Semejante estafa es especialmente dañina para los intereses de los trabajadores e incluso de las clases medias engañadas y es, en cambio, muy provechosa para una facción de la clase explotadora dominante".
Sospecho que la derrota de Martínez la pagarán caro los de Podemos en las urnas, pero ya han empezado su calvario: se ha uncido al yugo de la izquierda antiespañola y a la derecha que pasa del Estado-nacional. ¡Eso no es patriotismo, señor Iglesias, sino estulticia política! Por lo tanto, señor Iglesias, o exhibe pronto la bandera bicolor o será preso de la casta que trafica con España.
¿España no tiene solución?
Luis del Pino Libertad Digital 18 Noviembre 2014
A principios de la década de 1460, España, dividida en cuatro reinos (Castilla, Aragón, Navarra y Granada) estaba sumergida en el caos.
En Castilla, Enrique IV, un soberano abúlico y sin el menor interés en las tareas de gobernación, dejaba los asuntos del reino en manos de los validos de turno, y los enfrentamientos entre dos de ellos, Juan Pacheco y Beltrán de la Cueva, marcarían todo el reinado. La nobleza, dividida en banderías, buscaba tan solo acrecentar el poder de cada señor feudal y cada facción, y el reino vivió durante décadas una casi constante guerra civil entre el rey Enrique, sus hermanastros Alfonso e Isabel y la hija ilegítima de Enrique, Juana la Beltraneja. En una constante lucha por conseguir apoyos en los sucesivos enfrentamientos, el poder real se va debilitando y el rey va teniendo que entregar posesión tras posesión para comprar lealtades, sumergiéndose la Corona en un descrédito paulatino.
En Navarra, los enfrentamientos entre Juan II de Aragón y su hijo el Príncipe de Viana desembocarían también en la guerra civil, resolviéndose la querella dinástica con la muerte en cautiverio del príncipe.
En Aragón, la guerra social entre la nobleza (la Biga) y la burguesía (la Busca) estalló con toda virulencia en Cataluña, alzándose los nobles catalanes contra Juan II de Aragón, al que apoyaban los burgueses. El campesinado, por su parte, se levanta en armas contra la alta nobleza para exigir el fin de las crueles condiciones de servidumbre; fue la denominada primera guerra de los payeses de remensa.
Los tres reinos cristianos españoles se encontraban, por tanto, inmersos en sus respectivas guerras civiles. La autoridad real era inexistente o estaba fuertemente contestada por la alta nobleza. Y la intervención de cada monarca en los asuntos internos de los reinos vecinos era constante, como también eran constantes los intentos de alianza matrimonial, que constituían una herramienta más del perpetuo enfrentamiento entre dinastías y facciones.
Cualquiera que hubiera vivido en España a principios de la década de 1460 habría pensado, sin duda ninguna, que aquellos reinos españoles no tenían remedio y que perecerían, antes o después, a manos de cualquier invasor extranjero, víctimas de la codicia y el egoísmo de los nobles que se los disputaban.
Y sin embargo, solo 30 años después, Aragón y Castilla se habían unificado; la nobleza había sido metida en cintura; los Reyes Católicos tomaban el último reino musulmán de la península, el de Granada; se completaba la conquista de las Islas Canarias; una expedición española al mando de Colón descubría América y España se convertía en la primera potencia del mundo conocido.
¿Qué había cambiado en 30 años, para que España pasara del más espantoso caos a primera potencia mundial? ¿Eran distintos los españoles en 1490 que en 1460? ¿Era distinto el clima, o la geografía? España y los españoles seguían siendo los mismos. La única diferencia era el buen gobierno.
Cuando miramos hoy en día a nuestro alrededor, ¿qué vemos? Gobernantes abúlicos, validos corruptos, querellas intestinas entre facciones, resentimiento social debido a las injusticias, tensiones territoriales, aprovechados de todo tipo y, en general, un egoísmo cortoplacista y ramplón. Y nos desesperamos al ver cómo todo eso nos hace desperdiciar el 90% de las energías en rozamiento interno, justo cuando más necesitaríamos concentrarnos en luchar contra la crisis y en adaptarnos a los cambios de todo tipo que se están produciendo en el mundo.
Y parece que España no tiene remedio. Pero en realidad no es así, como tampoco era así, pese a las apariencias, en 1460. Lo único que a España le falta es buen gobierno.
Y si se fijan ustedes, hoy en día tenemos una ventaja con respecto a hace cinco siglos. Por aquel entonces, el tener un buen gobierno dependía de los azares dinásticos, siendo, en definitiva, cuestión de suerte. Fue la afortunada conjunción de dos buenos reyes, Isabel y Fernando, lo que llevó a España a su posición de gran potencia. Los súbditos del común nada podían hacer para cambiar su destino, porque no estaba en sus manos poner o quitar reyes.
Hoy en día, por el contrario, sí está en nuestras manos esculpir nuestro futuro. Porque somos nosotros, y no solo la suerte, quienes decidimos quién nos va a gobernar, quiénes serán los que tengan la oportunidad de tomar las energías que España acumula y construir futuro con ellas.
No se pregunten ustedes si España tiene las energías necesarias para salir de la absurda crisis actual. Por supuesto que las tiene. Pregúntense tan solo: ¿cómo puedo utilizar mi voto para mejorar un poco más la utilización que se hace de esas energías? Si todos nos hiciéramos esa pregunta, dejaríamos de buscar a nuestro alrededor imaginarios políticos perfectos y nos concentraríamos en irnos simplemente deshaciendo de aquellos que más demuestran anteponer su egoísmo al bien común.
España es hoy, como en 1460, un país de gigantes gobernados por enanos. Sin prisa, pero sin pausa, los españoles tenemos ya que empezar a hacernos dueños de nuestro propio destino. Está en nuestras manos hacerlo.
Javier Benegas www.vozpopuli.com 18 Noviembre 2014
“Ha llegado la hora de decir basta a tanto golfo y a tanta golfería consentida”. Lo escribía el pasado domingo el director de este medio, a propósito del enésimo expolio de nombre “El Castor”, proyecto fallido, tan genial como innecesario, que nos va a costar la friolera de 1.300 millones de euros que ­–¡oh, sorpresa!– se elevarán a 4.731 millones tras aplicarse un interés anual del 4,27% durante tres décadas.
Sí, hay que poner pie en pared y decir que hasta aquí hemos llegado. De eso no hay ninguna duda. Sin embargo, ocurre que no hay pared, que no hay donde apoyarse. De pronto, hemos mirado a nuestra espalda y no hemos visto ni muro de contención, ni una miserable empalizada, ni siquiera una zanja excavada en el suelo que pueda hacer las veces de trinchera. Solo tierra yerma que termina en un abrupto acantilado. Y así estamos, entre el cabreo y el ataque de pánico. Mezcla explosiva que sigue agitando esa vieja “coalición gobernante”, incapaz de controlar sus propias inercias.
Nada era lo que parecía y mucho menos como nos lo habían contado. Ni Transición modélica, ni democracia, ni representación, ni controles, ni contrapesos. Todo lo más un régimen de libertades y derechos de plástico y una carta otorgada llena de inconcreciones y agujeros a medida. 40 años de “coalición gobernante” a palo seco, investida de una legitimidad para la que en realidad nunca hubo alternativa. En definitiva, un sistema de acceso restringido, a la política y a la economía, donde las rentas no competitivas ha fluido como un maná inagotable, y aún lo siguen haciendo en tiempo de descuento, a favor de castores, ratas y mofetas.
Ocho años de agonía, que se dice pronto, son los que llevamos desde que sonó el silbato, anunciando el final del partido, y empezamos a ser conscientes de la paliza que llevábamos en el cuerpo. Ocho años de mirar al cielo, de cruzar los dedos, de votar con la nariz tapada esperando el milagro, mientras los “suyos” y los “nuestros” se ponían de acuerdo para enterrar los mil y un desaguisados con paletadas de deuda y leyes a medida. Era eso o el colapso, nos decían. Y en gran parte era cierto. Había que elegir entre la prolongación de la mentira o el shock definitivo que podría hacernos despertar y comprender que había algo intrínsecamente ineficiente en nuestro modelo político, un mal de fondo que la “teoría” del puñado de malvados contra la tropa de ingenuos no era capaz de explicar.
Para nuestra desgracia, en la vida real los desastres no se consuman ni con la claridad ni con la rapidez propias del cine de catástrofes. Ocurren de forma enrevesada y a cámara lenta, tan despacio que es muy difícil percatarse de que el terremoto no sucederá mañana, ni pasado mañana, sino que ya está sucediendo. Y a esa velocidad a la que crecen las plantas, imperceptible para el ojo humano, el régimen de 1978 ha ido descomponiéndose, pero también mutando, dispuesto a ofrecernos una última versión de sí mismo, la más sutil y perversa de todas, en tanto en cuanto quiere erigirse en utopía sin renunciar a su rasgo más característico: los abusos del Poder.
“Política ordinaria” contra “política constitucional”
Decía Pericles que el Estado Democrático debe aplicarse a servir a la mayoría y procurar a todos la igualdad ante la ley. Pero que también debe protegerse contra el egoísmo y proteger al individuo contra la arbitrariedad del Estado. Porque la Democracia, más que un sistema de poder, es un sistema de control del poder. Y así es, la Democracia no solo se trata de aglutinar mayorías, sino de definir reglas del juego, dibujar claras líneas rojas y articular controles y contrapesos que limiten el ejercicio del poder y eviten el abuso de los gobernantes: los del presente y los del futuro.
Desde este punto de vista, las promesas de nuevos subsidios, la reestructuración de la deuda, la vigilancia de los medios de información, el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, la expropiación de empresas de sectores estratégicos, la creación de una banca pública, la eliminación de las subvenciones a los centros de educación privados en beneficio de los centros de educación públicos, etc. no son más que medidas finalistas propias de la “política ordinaria”, donde la ideología tiene su terreno de juego natural.
Sin embargo, el origen de nuestros graves problemas poco tiene que ver con esa “política ordinaria y sí con una pésima “política constitucional”, y el consiguiente desbordamiento del marco constitucional por parte de las organizaciones informales sobre los que los ciudadanos no tenemos prácticamente ningún control.
Y es que la salida que los españoles necesitamos no vendrá nunca de esa “política ordinaria”, donde la ideología es un factor importante, sino de una correcta “política constitucional” que, mediante un acuerdo transversal, establezca la separación y el equilibrio de poderes, los controles mutuos, la representación eficaz de los ciudadanos y los mecanismos de selección adecuados de los gobernantes. En definitiva, una Constitución clara y concisa que evite la confusión entre lo público y los intereses privados, elimine los privilegios, garantizando unas instituciones neutrales, e instaure la independencia de la justicia
Pese a todo, muchos insisten en que decirles estas verdades del barquero a Pablo Iglesias y criticar a su reluciente y recién estrenada máquina de poder, que es Podemos, y a la que en breve habrá que añadir el sindicato Somos, es situarse del lado de “la Casta”. Porque hay que escoger entre seguir gobernados por incompetentes y corruptos o sumarnos a los únicos que pueden darles la patada. “O estás con nosotros o estás contra nosotros”, parecen decir. Como si no se pudiera ir contra todos, si la razón así lo aconsejase.
Sin embargo, además de que verse obligado a escoger entre dos únicas cartas (la “Casta” o Podemos) recuerda demasiado al viejo dogma bipartidista de elegir el mal menor, no veo qué sentido tiene apoyar a quienes en realidad no van a enterrar el viejo régimen sino que pretenden aprovechar su decaimiento y sus ineficiencias para gobernar, anteponiendo siempre su ideología e intereses de grupo a la imprescindible salvaguarda de la libertad.
Fernando Lázaro El Mundo 18 Noviembre 2014
Durante muchos, demasiados, año, los terroristas lograron imponer su lenguaje en España. Durante muchos, demasiados años, los periodistas nos dejamos seducir por términos como lucha armada, aparato militar, aparato logístico, comandos, acciones... todo un lenguaje de guerra, que era justo lo que buscaban los 'malos', que no se les tratara como como lo que son: asesinos, terroristas. Caímos en la trampa, como si hubiera una guerra y hubiera bandos. Y eso nos pasó con ETA.
Ahora, de nuevo, en el siglo XXI, vuelve el debate, vuelve la controversia. Ni es un Estado, ni es Islámico. Los terroristas, los herederos de Osama Bin Laden, aquellos que han logrado fagocitar a Al Qaeda, han logrado también trasladar su lenguaje. Cuantas veces se habla de inmolación para describir un atentado suicida, cuantas veces hablamos de la yihad con la connotación religiosa que tiene, cuando simple y llanamente es un atentado criminal... Ahora, tratan de vendernos que son Estado Islámico, que son algo más que un complejo y completo grupo de terroristas organizados como si fueran un Ejército.
Una pandilla (muy numerosa) de carniceros cuyos objetivos están claros: primero crearse un estado y después ir saldando lo que consideran que son sus deudas históricas. Y desde el minuto uno, tratando de sembrar el miedo, con sus vídeos de crueldad difícilmente superable.
Por eso es importante que la batalla del lenguaje no la ganen. Como de forma clarificadora explica la investigadora del IEEES (Instituto Español de Estudios Estratégicos) Blanca Palacián de Inza, la denominación de Estado Islámico no es acogida de forma una¿nime y sigue siendo controvertida.
Y pone como ejemplo las decisiones adoptadas por el Gobierno francés, que ha preferido tomar el nombre que utilizan algunos medios de comunicacio¿n -como al-Arabiya-, con idea de no legitimar a este grupo ni el califato que ha declarado. Esta investigadora constata que el gobierno galo considera que EI no es una denominacio¿n adecuada puesto que se trata de un grupo terrorista y no de un Estado, y adema¿s no representa al Islam.
Por este motivo se refieren a este grupo con el nombre de Daesh o Da'ish, que es la transcripcio¿n al alfabeto latino del acro¿nimo a¿rabe de Al Dawla al Islamyia fil Irak Wa'al Sham. Se considera un te¿rmino peyorativo por la cercani¿a fone¿tica de palabras como "Daes", que significa "el que aplasta algo bajo sus pies" o Dahes: "el que mete cizan¿a". Adema¿s, en su forma plural, "Daw'aish" define a una agrupacio¿n de intolerantes que impone su punto de vista sobre los otros. Dahes tambie¿n hace referencia a un periodo de caos y guerra entre las tribus a¿rabes que tuvo lugar en el siglo VII.
"Daesh", por lo tanto, tiene bastantes connotaciones negativas por lo que se puede adivinar la intencio¿n del gobierno france¿s de utilizar este te¿rmino como arma lingu¿i¿stica. Ni que decir tiene que el grupo terrorista ha expresado su disgusto con este te¿rmino y ha amenazado al quien lo utilice, aclara Blanca Palacián de Inza.
Pero la batalla iniciada por los responsables de la seguridad de Francia no es aislada. Son muchos los servicios de inteligencia que tratan de dar y de ganar esta batalla: la consideran clave. Y no les falta razón. El lenguaje es fundamental. Si los terroristas logran confundir con su terminología, lo tendrán más fácil para que su propaganda empape.
El modelo que nos va a reemplazar
Alberto Ramos Minuto Digital 18 Noviembre 2014
Ese modelo que pretende reemplazar el nuestro es el islam. Y habría que añadir que ese previsto (y posible) reemplazo tendrá lugar con la complicidad de las élites que nos gobiernan. Ellas son las principales culpables de ese reemplazo en camino.
islam-velo-inglaterraTodos los días el islam nos trae su cortejo de noticias, ora horribles, ora grotescas, casi siempre las dos cosas a la vez. ¿Qué novedad nos trae ese mundo que no esté manchada de sangre o venga acompañada del grito desgarrado de sus víctimas? ¡El islam! ¡ Y por ese mundo nos quieren cambiar nuestra cultura y nuestras costumbres! De hecho el proceso ya está iniciado, y bastante avanzado, en algunas partes de Europa más que en otras. Pero todos estamos concernidos por ese proyecto en marcha. No es más que una cuestión de tiempo. Echemos una mirada hacia atrás, 20 años atrás, por ni ir más lejos. Impresionante, ¿verdad? ¿Qué cambios no han ocurrido en nuestras ciudades y pueblos en ese corto espacio de tiempo? Algunas calles y barrios ya no parecen pertenecer a nuestro país.
Ya no se trata de si vamos a ser sustituidos por esa masa invasora que ha transformado radicalmente nuestro paisaje urbano y social en apenas un par de décadas, sino cuando ese proceso será irreversible y podrá darse por concluido. No tenemos mucho tiempo por delante de nosotros para frenar la sustitución que avanza y revertir la situación. Ésta pudiera muy bien ser la última generación de españoles y de europeos libres y dueños de su tierra natal. Si no nos defendemos con todas nuestras energías, nuestros hijos y nietos serán siervos, esclavos, parias bajo la bota islámica. Ese será el destino de los que sobrevivan, claro, los otros serán simplemente eliminados. Quien tenga alguna duda, que eche una ojeada a lo que está sucediendo a día de hoy en Siria e Irak, por ejemplo. Que nadie diga que le falta la información adecuada para hacerse una idea cabal de lo que es el islam llevado a su más pura y fanática aplicación. Nada de lo que pasa en esos sangrientos escenarios está fuera del Corán y de la sharia.
No podemos a estas alturas demostrar (o fingir) ignorancia acerca de lo que es el islam. Nunca como ahora hemos tenido tanta información y tanta facilidad para acceder al conocimiento. Lo que antaño estaba reservado a una minoría de estudiosos y letrados, viajeros y filósofos, ahora gracias al saber acumulado de siglos y la magia de las nuevas tecnologías, está a nuestro alcance sin esfuerzo ni costo alguno.
En el pasado, hombres de épocas, de orígenes y de escuelas distintas ya se expresaron sobre el islam. Unos pocos ejemplos:
“¡Islam! Esta religión monstruosa tiene por única razon su ignorancia, por toda persuasión su violencia y su tiranía, por todo milagro sus armas que hacen temblar al mundo y establecen por la fuerza el imperio de Satán en todo el universo.” (Bossuet 1627-1704)
“Todos los gérmenes de la destrucción están en la religión de Mahoma.” (Chateaubriand 1768-1848)
“La religión de Mahoma, la más sencilla en sus dogmas, parece condenar a una esclavitud eterna, a una incurable estupidez, a toda esa inmensa porción de la tierra en la que ha extendido su imperio.” (Condorcet 1743-1794)
“El Corán, ese libro malvado, ha bastado para fundar una gran religión, satisfacer durante 1200 años la necesidad metafísica de millones de hombre; les ha dado un fundamento a su moral, les ha inspirado un singular desprecio de la muerte y un entusiasmo capaz de enfrentar guerras sangrientas y de emprender las más vastas conquistas. Sin embargo, encontramos en él la forma más triste y más pobre de teísmo. No he podido descubrir en el islam una sola idea un poco profunda.” (Schopenhauer 1788-1860)
“El islam es la poligamia, el secuestro de las mujeres, la ausencia de toda vida pública, un gobierno tiránico y sombrío que obliga a esconder su vida y rechaza todos los afectos del corazón del lado de la familia. (…) He estudiado mucho el Corán. Os confieso que he salido de ese estudio con la convicción de que no ha habido en el mundo ninguna religión tan funesta para los hombres como la de Mahoma. A mi entender, es la principal causa de la decadencia, hoy tan visible del mundo musumán.” (Alexis de Tocqueville 105-1859)
“Si se prefiere la vida a la muerte se debe preferir la civilización a la barbarie. El islam es el culto más inmóvil y más obstinado. Es necesario que los pueblos que lo profesan perezcan si no cambian de culto.” (Alfred de Vigny 1797-1863)
“El islam es contrario al espíritu científico, hostil al progreso. Ha transformado los países que ha conquistado en un campo cerrado a la cultura racional del espíritu.” Ernest Renan 1823-1892)
“La influencia de esta religión paraliza el desarrollo social de sus fieles. No existe una fuerza retrógrada más poderosa en el mundo. Si la cristiandad no estuviera protegida por el brazo poderoso de la ciencia, la civilización de la Europa moderna podría sucumbir, como sucumbió la Roma antigua.” (Wiston Churchill 1874-1965)
Y en 1956, André Malraux decía lo siguente en una entrevista a la revista Times:
“El gran fenómeno de nuestra época es la violencia del empuje islámico. Este empuje, subestimado por la mayoría de nuestros contemporáneos,0 es analógicamente comparable a los inicios del comunismo de los tiempos de Lénin.
Las consecuencias de este fenómeno son todavía imprevisibles. En el origen de la revolución marxista, se creía poder canalizar la corriente con soluciones parciales. Ni el cristianismo, ni las organizaciiones patronales u obreras hallaron respuestas. Hoy ocurre otro tanto, el mundo occidental no parece preparado para enfrentar el problema del islam.
Los datos actuales del problema nos llevan a pensar que formas variadas de dictadura musulmana van a establecerse sucesivamente a través del mundo árabe. Cuando digo dictadura “musulmana”, pienso menos en las estructuras religiosas que en las estructuras temporales que se derivan de la doctrina de Mahoma.
Quizás unas soluciones parciales hubieran bastado para encauzar la corriente del islam, si hubieran sido aplicadas a tiempo. ¡Actualmente, ya es demasiado tarde! Por otra parte, los “miserables” tienen poco que perder. Preferirán conservar su miseria al interior de una comunidad musulmana. Su suerte sin duda permanecerá sin cambio. Tenemos de ellos un concepto demasiado occidental.
A los beneficios que pretendemos aportarles, preferirán el porvenir de su raza. La África negra no permanecerá por mucho tiempo insensible a este proceso. Todo lo que podemos hacer es tomar consciencia de la gravedad del problema y tratar de retrasar su evolución.”
Eso decia hace casi 60 años un hombre visonario y profético. Hoy en 2014, con el islam bajo las narices, con las calles llenas de musulmanes y el paisaje físico de muchas de nuestras ciudades europeas metamorfoseándose a una velocida increible en clave islámica, todavía muchos se niegan a ver la evidencia.
ve las ascensión de Podemos con preocupación
Madrid frente a la 'estrechez' nacionalista
Eurico Campano www.gaceta.es 18 Noviembre 2014
Mario Vargas Llosa ha defendido hoy 'el espíritu madrileño, que ignora la xenofobia, el chauvinismo y la visión estrecha y prejuiciosa del nacionalismo'.
Mario Vargas Llosa asegura que Madrid 'es una ciudad que no es de nadie porque es de todos y en la que todo el mundo se siente en su casa desde que llega'.
El genial escritor peruano ha hecho éstas afirmaciones en la inauguración de la biblioteca que lleva su nombre, en la manzana de Barceló, donde ha estado acompañado por la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. El nuevo equipamiento cuenta con más de 30.000 obras y más de 90 puestos de lectura. Después de asegurar que aprender a leer fue lo más importante que le ha ocurrido en la vida, el autor peruano, nacionalizado español y que llegó por primera vez a Madrid en la década de los 50, ha defendido que la lectura 'es fundamental para enriquecer la imaginación y para la formación del ciudadano libre y democrático'. Vargas Llosa ha sumado a todo ésto el hecho de que 'el espíritu crítico, que fue el artífice de sacar al hombre de la caverna, está atizado por la literatura más que por cualquier otra disciplina. Una sociedad democrática y libre, impregnada de espíritu crítico, debe ser una sociedad lectora', ha apostillado el novelista.
Tras terminar el acto, Mario Vargas Llosa, autor entre otras geniales novelas de 'Conversación en la Catedral', 'Pantaleón y las Visitadoras' o ensayos como 'La verdad de las mentiras', contestó a la prensa que no era un día para hablar de política sino de literatura aunque sí dió respuesta a la pregunta sobre la ascensión de Podemos y su líder, Pablo Iglesias. Una ascensión que dijo ver 'con preocupación'.
Javier Orrico Periodista Digital 18 Noviembre 2014
He decidido aumentar considerablemente mi inversión semanal en Lotería. Y ahora, además, jugaré a todo, visitaré los casinos, apostaré por el triunfo liguero del Córdoba C.F., mi segundo equipo en Primera -después del viaje a las sombras de mi Betis-, a ver si me hago muy millonario y me escapo de aquí con mi familia en algún barco rumbo a Otranto, Londres o Manila. Si estuviera solo en el mundo, no me importaría quedarme. Al contrario, ya estaría en Podemos dispuesto a nacionalizar empresas, recortar sueldos, bajar los cachés de los cantantes (ahora que los de la zeja, siempre oliendo a caliente, se han pasado ya a Podemos), subir los impuestos, declarar la sardana baile nacional y proclamar la República Confederal del Galeuska y los Esclavos Monolingües.
Arrasar con todo es siempre la ilusión oculta de un niño, hacer el cafre con tu pandilla sin limitación, sin otra autoridad frente a ti que el ansia de experimentar cómo las cosas desaparecen. Cuando iba al laboratorio de Química, me entretenía echando ácido sulfúrico sobre la bata sin que nadie me viera: me fascinaba que la materia desapareciera bajo el efecto disolvente del ácido. La nada es el gran misterio. No es que esté proponiendo que le echemos ácido sulfúrico a España ni que Podemos sea como el ácido sulfúrico. Estos bolcheviques de falsete no buscan acabar con las castas, sólo desplazarlas. Las castas son como la energía, que nunca se destruye, sólo se transforma.
Lo que nos atrae siempre es la experimentación, esa juerga delante del abismo: dejar de pagar la deuda y entrar en ruina feliz, suspender el pago de pensiones (que no habrá de dónde) y declararlo expropiado todo, empezando por las televisiones de Lara y Berlusconi, y siguiendo por las editoriales, las tierras, los bancos, los pisos, todos los pisos del Guayomin, además de, por supuesto, a Cospedal y todos los productos de Jabugo y los langostinos del Mar Menor.
Lo único que sospecho que no podría ver realizado es lo que constituye mi mayor deseo expropiatorio: que se expropien las autonomías. Ese sueño no lo veré o bien se limitarán a expropiar las de los pobres, nunca las de los aristócratas del hecho diferencial. ¡Ah, los sueños, las utopías! Esta semana voy a hacer una múltiple, no vaya a ser que la utopía se cumpla y me pille dentro. Esa es la verdadera tragicomedia española: que la última esperanza es siempre la lotería.
El 'país' desobediente de Mas
Xavier Horcajo www.gaceta.es 18 Noviembre 2014
los fiscales catalanes no tienen vocación de mártires y prefieren la ruptura con el amable Torres-Dulce a un enfrentamiento con la dictadura de guante de seda de Mas.
El bipartidismo español (PP-PSOE) entregó el Estado a los nacionalistas de Pujol y luego de Mas hace 30 años. El mecanismo de decisión de esos y muchos otros cargos del estado en Cataluña era someter una terna a los nacionalistas quienes --como el César- pulgar abajo se cargaban a los menos afines, de forma inexorable. La consecuencia de ese ejercicio es que los defensores del Estado en Cataluña tienen más sentido de dependencia de los del pulgar que del BOE que les nombra oficialmente. El poder lo han tenido Miquel Roca (antes) o Duran Lleida y Mas, en estos días.
El derecho «natural» de los pueblos *
Víctor Andrés Maldonado www.cronicaglobal.com 18 Noviembre 2014
A muchos españoles, de los que de verdad nos consideramos como tales y seguimos respetando nuestra bandera
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 18 Noviembre 2014
Es evidente, señores, que en este país, aunque se quiera disimular, nos encontramos en una situación de excepción política. Se están produciendo hechos que, si hubiesen tenido lugar hace unos años, algunos de los que hoy en día están disfrutando de libertad para enfrentarse a la Constitución y al Estado español, ya habrían sido confinados en alguna celda de un penal estatal. Incomprensiblemente toda una autonomía, la catalana, se erige en adalid de la desmembración de la nación española y toda la reacción que se produce, por parte de quienes tendrían la obligación de ocuparse de que esta situación no se hubiera producido, ha sido permanecer ajenos e impasibles ante la palmaria vulneración explícita de nuestra Carta Magna; como si, a ellos, no les afectase como defensores de la unidad de la nación española, el hecho de que los políticos catalanes, por activa y por pasiva, nos digan y nos repitan de palabra y con hechos, que lo que están buscando es la independencia de España y que, para lograrla van a utilizar todos los medios, constitucionales e inconstitucionales, sin que les importe que ello suponga enfrentarse al resto de españoles y acudir a instancias extranjeras para pedir apoyo para sus, espurios y delictivos, propósitos.
En España, se supone que estamos en un Estado de Derecho, donde existen instituciones que, ante la situación de extrema gravedad que supone la circunstancia de que la nuestra democracia esté en peligro y que, una parte del país, se intente levantar contra el resto dirigida por un gobierno autonómico insurrecto que se ha atrevido, usurpando competencias de las que carecen, asumiendo potestades que no les competen y prescindiendo de sus deberes como funcionarios del Estado español, a exigir, ¡si señores, a exigir!, del Gobierno español que reconozca a Catalunya como un país independiente, que deje de formar parte de la nación española y que se ceda la soberanía sobre él, sólo porque, menos de un tercio de los catalanes, hayan decidido que tienen un voto de calidad que no poseen el resto y que, en virtud de ese privilegio, pueden iniciar el camino hacia su independencia, sin tener en cuenta la opinión del resto de los españoles ni de los propios catalanes que no participan del deseo de independizarse.
A muchos españoles, de los que de verdad nos consideramos como tales y seguimos respetando nuestra bandera, nuestra Constitución y nuestro Estado de Derecho; nos choca, nos incomoda y nos preocupa que se siga permitiendo que, día tras día, no se sabe por qué tipo de cobardía, mojigatería o pasividad, se siga permitiendo que, desde los miembros de la Generalitat catalana, se continúe insistiendo en denigrar a España a mofarse de sus leyes y desacatar las sentencias de los tribunales, entre ellos las del TS y del TC; despreciando a los españoles de otras autonomías, sin que haya la más mínima respuesta, reacción o advertencia por parte de aquellos a los que, la misma Constitución, les ha asignado la misión de evitar que estas tropelías, amenazas y atentados contra la unidad de España y convivencia entre los ciudadanos, puedan cometerse con plena impunidad.
Añoramos una mayor implicación del Rey, máximo garante de la unidad de la nación y jefe supremo de las FF.AA. Es posible que, en otros aspectos menos importantes de sus deberes como Jefe de Estado, cumpla con sus obligaciones pero, señores, no hallamos ante uno de los momentos más trascendentes para la nación desde la pasada Guerra Civil, en el que determinados partidos políticos están intentando llevar al país hacia un nuevo enfrentamiento a causa de la resurrección de viejas rencillas, odios redivivos y rencores que después de, los más de 75 años transcurridos desde la finalización de aquella contienda, debieran haber sido olvidados y superados, pero que algunos, de forma interesada y para lograr beneficios partidistas, están intentando alentar, aunque ello signifique jugar a un peligroso juego cuyo final es difícil de prever. No basta con viajes oficiales, con asistencia a grandes celebraciones o con pronunciar sesudos discursos ante no menos importantes personalidades; algo que, en efecto, forma parte de los deberes de un rey; sino que, cuando van mal dadas, cuando el pueblo se encuentra expectante esperando instrucciones y opiniones que refuercen el Estado de Derecho, el Rey de España se debería mojar, advertir a los ciudadanos de cuales son las reglas y los límites de nuestra democracia y nuestra Constitución y recordar los deberes de lealtad y solidaridad que todos, sin excepción, deben de acatar como miembros de un colectivo unido desde hace seis siglos.
Sabemos que al Ejército no le deben afectar cuestiones políticas ni debe dejarse influir por ideales particulares que pudieran desviar a la tropa del cumplimiento de su deber. No obstante, sí hay algo que le compete vigilar y defender, según establece el Art. 8º de la Carta Magna, es “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Por ello, los ciudadanos españoles, tenemos nuestras dudas de que nuestras actuales FF.AA. contemplen los sucesos de Catalunya sin que su sentido patriótico se vea afectado, su juramento de fidelidad a la patria les recuerde su deber y la pasividad demostrada por nuestros gobernantes, ante el desafío separatista, no les revuelva las entrañas. Sólo algunos valientes, arriesgando su carrera, han sido capaces de recordar a sus superiores que lo que ocurre en nuestra nación significa el anticipo de una verdadera revolución separatista que, nadie lo dude, sólo sería el anticipo de que otras fuerzas disgregadoras, preparadas para intervenir cuando la oportunidad se les presente, acabaran por rematar el trabajo revolucionario iniciado por los sediciosos que intentan separar a Catalunya de España.
Y por si faltara algo para que la humillación acabara de consumarse, el señor Rajoy, después de abdicar de su obligación de poner orden en los desmanes de los nacionalistas catalanes; delegando lo que es su competencia como presidente del Gobierno en los fiscales; nos anuncia que se va a ir a Barcelona a visitar a quienes han desobedecido al TC y se han pitorreado de toda España. En lugar de llamar a capítulo, en Madrid, a todos aquellos que han favorecido y apoyado la consulta catalana por el “derecho a decidir” y ponerlos firmes, anunciándoles la aplicación del Art. 155 de la Constitución, previos los trámites preceptivos; sigue en su política de “pacificación”, de allanarse a las estrategias de los separatistas, de insistir, una y otra vez, en querer comprarlos con dinero, aunque ello suponga establecer diferencias entre las distintas autonomías y, permítaseme la expresión, ¡de hacer el ridículo ante todos los españoles!, que vemos admirados como este señor insiste en ignorar que ni el señor Mas, ni el señor Junqueras quieren ceder un ápice en sus aspiraciones nacionalistas y que, todo lo que se retrase en cuanto a actuar con firmeza contra ellos, no servirá para nada más que para que, cada vez, los insurgentes se hagan más fuertes y consigan más apoyo. No olvidemos que Podemos parece estar en posición de alerta para aprovecharse de la debilidad de nuestro Gobierno.
El PP parece a punto de saltar por los aires y da la impresión de que sería prudente que muchas de sus personalidades más influyentes, los que han demostrado no estar de acuerdo con esta política absurda de ir cediendo, empezaran a marcar territorio y se posicionaran en vigilante alerta, por si fuera preciso defenestrar de su puesto a esta camarilla que se han hecho fuertes en la Moncloa, deshaciéndose de todos los que les podrían haber hecho sombra y que llevan rumbo de convertirse en un obstáculo para España y los españoles, que no queremos verla dividida y en manos de separatistas y comunistas. O así es como, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos indignados como, nuestro Gobierno, es incapaz de poner coto al independentismo catalán.
¡Qué hermoso es destapar a los corruptos!
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.com 18 Noviembre 2014
Dicen que ha sido la quincena negra de la corrupción, pero yo creo que no, que ha sido la quincena negra de los corruptos, porque los han descubierto y están en el trullo. No es malo que se descubran pozos negros e infectos de corrupción: lo malo es que no se descubran. La corrupción, cuando se descubre, ya no es corrupción, es cosa de tribunales y de presidios. La corrupción terrible es la que está ahí y aún no hemos descubierto.
Terribles fueron los treinta años de Pujol blindado tras su jugada maestra de Banca Catalana ("ens han fet una jugada indigna"), y con licencia para rebañar el 4%, y con la protección implícita de Felipe como escudero, y de Obiols, su seguro servidor. Pujol descubierto y con el culo al aire ya no es terrible, ya es carne de tribunal y de crónica negra. Terrible era Roldán construyendo cuarteles a tutiplé, con su aureola de intrépido antiterrorista, y con su tajada de todas las obras beneméritas. Luego, huido y cazado, primero por la cámara, en calzón, y luego disfrazado de sí mismo en la frontera de Laos, no era nadie. Terrible era Pascual Estivill, pretendido azote de burgueses mientras les cobraba un pizzo por no empapelarlos. Cuando, denunciado por un empresario valiente, fue condenado a pasar unos años a la sombra, era un pobre diablo, un delincuente más.
Pues eso: esta quincena ha sido buenísima para nosotros, y ha sido malísima para la corrupción. Unas cuantas quincenas así y ya estaría el tema zanjado, y todos los mafiosos entre rejas. Porque de eso se trata: de que acaben entre rejas. Leyes claras e implacables, y a cumplirlas. Ya están unos cuantos próceres en el trullo: Bárcenas, Estivill, De la Rosa, Barrionuevo, Matas, Pantoja, y el pasado domingo entraron Núñez y su hijo. Benditos sean los jueces que no se ablandan ante los poderosos. Benditos, aunque solo sea porque cumplen sencillamengte con su oficio. Que no tiemblen tampoco ante los Pujol, Millet, Chaves o Griñán. Verán cómo a los políticos se les pasan las ganas de poner el gesto egipcio. No es cuestión de ADN meridional, de picaresca congénita, no. Se trata de leyes y de igualdad ante la ley. Relajen las leyes en Noruega y aparecerán los pillos como una plaga. Seamos severos en España, Italia o Grecia, y la corrupción desaparecerá. Lo del "sustrato calvinista" y la "secular indisciplina mediterránea" son chorradas para justificar el sueldo de gestores culturales y otros quirománticos. Tienen la misma solvencia que las teorías que atribuyen la baja productividad hispana a la porción de sangre árabe y semita que corre por nuestras venas. Puro prejuicio racista.
Y otra: dejen de acusar a los partidos de los casos de corrupción. Es penoso. El corrupto no pertenece al partido: se pertenece solo a sí mismo. Al revés: es el peor enemigo de "su" partido. Cada partido debería ser el primer interesado en que "su" corrupto pringue. Cuando un partido esconde, ampara, disculpa o comprende a un corrupto, se está haciendo cómplice de su delito. Y cuando el partido opositor aprovecha la corrupción "en" el otro para airear la corrupción "del" otro, está contribuyendo al desprestigio de los partidos en general, incluido el suyo propio. El PP acusa al PSOE por los ERE andaluces, y el PSOE acusa al PP por Gúrtel. Por favor, ¿no podrían intercambiarse los casos? Que el PSOE persiga implacable a los chorizos de los ERE, y el PP a los gúrteles. No con mano blanda, sino con mayor severidad que la que tendría el adversario. Háganlo: el pueblo se lo agradecerá con creces. Quizá los políticos ganen algún punto en las encuestas del CIS.
Una investigación de UPyD
El terrorismo vasco, una patología política
www.latribunadelpaisvasco.com 18 Noviembre 2014
UPyD se ha propuesto concienciar desde el Parlamento Europeo sobre la necesidad de disolución de la banda terrorista ETA y sobre la importancia crucial que tiene que no se distorsione, ni suavice, el pasado criminal de ésta. Para ello, ha presentado una completa campaña de sensibilización para dar a conocer la realidad actual del País Vasco y para reclamar que no haya impunidad para los terroristas y se esclarezcan los más de 40% de crímenes etarras que aún hoy siguen sin juzgar.
Dentro de esta estrategia, UPyD ha editado el ensayo “Democracia y Libertad: El terrorismo vasco, una patología política”, que publicamos íntegramente, y que es un trabajo que pretende denunciar ante la Unión Europea “los rasgos de nacional-populismo que han acompañado la historia del independentismo vasco y reclamar el cumplimiento pleno de la Ley para poder alcanzar un escenario de post-terrorismo de libertad y justicia”. La investigación, traducida al inglés y francés para ser distribuida entre los parlamentarios y la prensa europea, hace un repaso a la historia política y social del País Vasco desde la Transición hasta llegar a nuestros días.
“Las sociedades deben enfrentarse a sus heridas para sanarlas de forma que les ayude a regenerarse. El caso vasco puede otorgar lecciones sobre las formas en las que se crean y expanden fenómenos tóxicos en las sociedades, fenómenos de dominio, de radicalización violenta, de distorsión cognitiva colectiva y de deslegitimación del Estado”, se afirma desde UPyD. Y se añade desde la formación presidida por Rosa Díez que el nacionalismo vasco ha creado toda una corriente de opinión que busca establecer un paradigma de convivencia basado en un sufrimiento que iguala a todos, asesinos y sus víctimas, ocultando así el sentido político del acoso a los no nacionalistas. “Tal premisa difumina en la percepción social los graves delitos por los que cumplen penas de cárcel los terroristas que han sido juzgados y condenados. Y en ese ambiente los herederos políticos de ETA reclaman impunidad”.
“No se puede concluir el duelo comunitario de forma positiva, si se pretende edificar el futuro político del País Vasco sobre la sangre de los perseguidos, amenazados y huidos, como si no hubiera ocurrido, como si la lógica democrática no se hubiera corrompido, como si el miedo no hubiera condicionado las conciencias”.
"Se pretende llegar a todas las personas que hablen euskera en España"
El Gobierno vasco regala 190.000 euros a Canal+ para que la cadena televisiva del Grupo Prisa subtitule series y películas al euskera
A golpe de talonario, soportado, por supuesto, sobre los presupuestos públicos. Así consigue el Gobierno nacionalista de Íñigo Urkullu que los canales de televisión subtitulen sus películas y series al euskera. Como no existe una demanda de consumo televisivo en vascuence, como ni a productoras, ni a distribuidoras ni a exhibidoras les sale a cuenta rotular en vasco, y como ETB1, el canal de televisión público que emite íntegramente en euskera, apenas tiene una audiencia del 1% de la población autonómica, el Ejecutivo del PNV ha decidido moldear la realidad a su gusto y conseguir, a pesar de que a nadie le interese lo más mínimo, que Don Draper (“Mad Men”) vea sus palabras cargadas de alcohol traducidas al éuscaro, que los paisajes emocionalmente trémulos de la Luisiana de “True Detective” se vean adornados con las sugerentes grafías del euskera o que los ángeles idos/caídos de los “Leftlovers” se sientan un poco más cerca de los suyos a través del vascongado.
Para ello, la consejera de Educación, Política Lingüística y Cultura, Cristina Uriarte, el viceconsejero de Política Lingüística, Patxi Baztarrika y el Director General de Contenidos de Canal+, Alex Martínez Roig, han presentado un acuerdo alcanzado entre el Gobierno vasco y Canal+ en el que se detalla que el canal de pago ofrecerá un gran número de sus estrenos en versión original y con subtítulos en euskera (se subtitularán todos los estrenos menos los producidos en euskera o castellano). El presupuesto del acuerdo firmado entre Canal+ y el Gobierno vasco, que abarca los años 2014, 2015 y 2016, es de 369.332,26 euros, de los que la Viceconsejería de Política Lingüística aportará un total de 191.250 euros.
El Ejecutivo autonómico ha explicado a través de una nota de prensa que, gracias a este acuerdo, “se pretende llegar a todos los vascoparlantes del territorio español. Es decir, el público objetivo serían todas aquellas personas que hablen euskera en España”. Pero, en el mismo comunicado, el Departamento de Política Lingüística trata, como es habitual, de maquillar los números y, para ello, comienza a hablar de audiencia en general, tratando de transmitir la idea peregrina de que la totalidad de la audiencia potencial de Canal+ será la que desee acceder a los subtítulos en euskera. Solamente así puede explicarse el siguiente párrafo:
“El número total de hogares abonados a CANAL+ en Euskadi (a fecha 30 de junio) era de 54.571 y en Navarra de 20.029. El perfil de los clientes de la cadena de pago en satélite es de cerca de 3 miembros por hogar (2,95) algo por encima de la población general (2,7), lo que nos daría una audiencia estimada total solo en Euskadi de más de 160.000 personas a través de CANAL+ (tanto monolingües como bilingües). A estos datos habría que sumar los clientes de los otros operadores que también distribuyen nuestro canal CANAL+1 en sus ofertas de televisión, como Telefónica o Euskaltel. A través de los abonados a Euskaltel, Canal+ llega a 130.000 hogares en Euskadi”.

References: artículo 155
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 artículo 30