Source: https://es.scribd.com/doc/103624156/Metodologia-Para-La-Investigacion-Educativa
Timestamp: 2020-05-29 00:06:58+00:00

Document:
Metodologia Para La Investigacion Educativa | Conocimiento | Maestros | Prueba gratuita de 30 días | Scribd
guardarGuardar Metodologia Para La Investigacion Educativa para más tarde
PRESIDENTA DE LA NACIÓN Cristina FERNÁNDEZ
SECRETARIO DEL CONSEJO FEDERAL DE EDUCACIÓN Domingo DE CARA
SECRETARIO DE POLÍTICAS UNIVERSITARIAS Alberto DIBBERN
SUBSECRETARIO DE PLANEAMIENTO EDUCATIVO Eduardo ARAGUNDI
SUBSECRETARIA DE EQUIDAD Y CALIDAD Mara BRAWER
DIRECTORA EJECUTIVA DEL INSTITUTO NACIONAL DE FORMACIÓN DOCENTE Graciela LOMBARDI
DIRECCIÓN NACIONAL DE FORMACIÓN E INVESTIGACIÓN Andrea MOLINARI
COORDINADORA DE INVESTIGACIÓN EDUCATIVA DEL INFD Ana PEREYRA
Pievi, Néstor Documento metodológico orientador para la investigación educativa / Néstor Pievi y Clara Bravin. - 1a ed. - Buenos Aires : Ministerio de Educación de la Nación, 2009. 364 p. ; 24x17 cm.
1. Formación Docente . I. Bravin, Clara II. Título CDD 371.1
Coordinación técnica de diseño e impresión: Cinthia Rajschmir - Ernesto Giacomini Equipo: Lucía Riera - Lucía Turco
Capítulo I. El proceso de construcción del conocimiento I.1. La dimensión histórico-social del conocimiento
Notas finales al capítulo I
Capítulo II. El científico y la investigación científica: los problemas del comienzo II.1. Las formas en que conocemos y hacemos el mundo
II.2. El científico y la investigación de los hechos
II.3. Las prácticas pedagógicas y la investigación científica
II.4. Enfoques teóricos metodológicos en la investigación educativa
Notas finales al capítulo II
Capítulo III. Partiendo de la pregunta ¿cómo seguir? Proceso, proyecto y diseño de la investigación III.1. Las primeras acciones en el proceso de la investigación
III.2. Proceso, proyecto y diseño
III.3. El proceso de investigación y sus instancias de validación
Notas finales al capítulo III
Capítulo IV. Proceso y proyecto. Acciones que lo configuran IV.1. Validando hipótesis
IV.2. El estado del arte
IV.3. La escritura del estado del arte
IV.4. Elementos básicos que componen la estructura formal de un proyecto
Notas finales al capítulo IV
Capítulo I. El diseño metodológico de la investigación I.1. Breve discusión acerca de los contextos de descubrimiento y validación
I.2. El diseño metodológico
I.3. Diferentes diseños de investigación en el campo educativo
I.3.1. Investigación no
I.3.2. Investigación experimental, pre-experimental y quasi experimental
Capítulo II. Definiendo cuestiones y conceptos básicos para ir avanzando II.1. Revisando conceptos fundamentales: la hipótesis y el objeto de conocimiento
II.2. Sistema de matrices de datos: la estructura del dato científico
II.3. Operacionalización: la construcción de las dimensiones observables
II.4. Sobre las variables, sus categorías o valores y los indicadores
Capítulo III. El método cuantitativo en la investigación educativa III.1. Algunas recapitulaciones
III.2. Cuestiones atinentes a la muestra
III.3. Los estudios descriptivos cuantitativos y los diferentes tipos de muestreo
III.3.1. Muestreo probabilístico
III.3.2. Muestras no probabilísticas
III.4. Técnicas e instrumentos cuantitativos
III.5. Los estudios descriptivos
Capítulo IV. Métodos cualitativos e investigación interpretativa en el campo de la educación IV 1. La investigación cualitativa en educación
IV.2. La muestra en la investigación cualitativa
IV.3. Estrategias metodológicas cualitativas
3.1. Triangulación
3.2. La observación participante
3.3. La observación no participante
3.4. La entrevista
3.5. Entrevistas grupales y focus group
3.6. La investigación-acción
Capítulo I. El procesamiento de los datos cuantitativos I.1. A modo de breve recapitulación
I.3. El plan de análisis y el procesamiento de los datos
I.2. Cómo trabajar con la matriz de datos cuantitativos
I.4. Escalas de medición
I.5. Elementos de estadística descriptiva
5.1. Estadística descriptiva univariada: medidas de tendencia central
5.2. Escalas de intervalo: medidas de dispersión
5.3. Relaciones entre variables: confección y lectura de cuadros
II.1. Reflexiones para pensar el estatuto epistemológico de la investigación cualitativa II.1.1 Hacia una “rehabilitación epistémica del sentido común”:
un aporte para la discusión dentro del campo
II.1.2. Relación entre la abducción y la analogía
2. El análisis de la información cualitativa
3. Otros aportes al trabajo con los datos cualitativos
4. Etapas del trabajo con los datos
II.4.1. Avanzando un poco más en relación con la Teoría Fundamentada de Glaser y
Capítulo III. La validación expositiva: formas de presentación de los resultados III.1. La presentación de los resultados
III.2. El artículo científico
Capítulo IV. El sentido de la investigación educativa en el sistema formador docente IV.1. El campo de la formación docente: investigación e identidad
IV.2. Formación profesional docente e investigación: algunos interrogantes
Presentación de los objetivos del presente trabajo en el marco del Instituto Nacional de Formación Docente
Antes de poner a consideración del lector los contenidos detallados capítulo a capítulo de este documento de trabajo, comenzaremos fundamentando las razones que justifican su exis- tencia. El estudio de la metodología de la investigación conlleva, en términos generales, una toma de conciencia acerca de qué es lo que caracteriza al trabajo científico, así como el desarrollo de un sistema de disposiciones específico de la indagación dentro del campo de las ciencias. La ciencia tiene una estructura normativa propia, reglas que rigen el ser y el hacer que se diferencian netamente de otros campos de actividad. El conocimiento dentro del campo de las ciencias sociales y educativas resulta de un proceso de construcción que se diferencia del cono- cimiento de sentido común del cual nos valemos cotidianamente. En tanto que conocimiento científico –teórica y empíricamente validado– las ciencias de la educación se desarrollan en el marco de varios enfoques o paradigmas. Esto significa que han sido producidas desde el interior de una comunidad y de un marco institucional que funciona mediante actos de reconocimiento: procesos de evaluación que se centran en los modelos teórico-metodológicos considerados legítimos. Decir esto implica afirmar que la ciencia es una actividad social, intersubjetiva, que se desarrolla dentro de una comunidad científica ceñida a un conjunto de normas aceptadas como válidas, en un momento histórico determinado. Aun así, la ciencia produce un conocimiento provisorio: las reglas, las teorías y los métodos pueden cambiar, y ello hace al progreso mismo del saber. Dicho esto, y dado que el sentido común es un dato con el cual el investigador cuenta inevita- blemente, se hace necesario explicitar los procesos cognitivos que intervienen en la producción del saber científico. En este sentido, la metodología hace posible la aproximación a la lógica del trabajo intelec- tual e instrumental que se realiza en pos de objetivar un problema como hecho a investigar. Este proceso de producción de conocimiento es diferente al de otro tipo de saberes o conocimientos como, por ejemplo, el de sentido práctico o saber de sentido común. En suma, el conocimiento producido en el marco de la investigación científica es una de las diversas formas de conocimiento que constituyen el sustrato de la cultura humana. Sobre ello volveremos a lo largo de este trabajo. Muchos son los debates que concitan los diversos planteos de metodólogos, epistemólogos y cientistas sociales acerca de cuál es el camino que corresponde a un mejor abordaje del objeto de investigación de lo educativo en particular y de lo social en general. El conocimiento de los debates desde y entre los diferentes paradigmas, la com- prensión del saber como producto social que se va construyendo colectivamente en el marco de las comunidades científicas –sujetas, como toda institución, a variables sociológicas e históricas– constituye uno de nuestros puntos de partida.
Como construcción, está atravesada por componentes valorativos e ideológicos ante los cua- les los distintos paradigmas suponen posiciones diferentes. La toma de conciencia acerca de los límites del saber científico es una vía necesaria a fin de des-reificar un campo que en la moder- nidad se ha convertido en el campo dominante dentro de la cultura occidental. No obstante y simultáneamente, emprenderemos la consideración y la valoración de la ciencia como actividad rigurosa cuyo objetivo es la producción de nuevos conocimientos. Es una práctica que conlleva la articulación de herramientas y disposiciones para la resolución de situaciones problemáticas en el campo educativo.
En el artículo 71 de la nueva Ley de Educación se establece que la finalidad de la formación docente es “preparar profesionales capaces de enseñar, generar y trasmitir los conocimien- tos y valores necesarios para la formación integral de las personas, el desarrollo nacional y la construcción de una sociedad más justa”. Del mismo modo, en el artículo 72 se establece que la formación docente, en tanto parte constitutiva del nivel de educación superior, tiene como funciones, entre otras, “la formación docente inicial, la formación docente continua, el apoyo pedagógico a las escuelas y la investigación educativa”. Nuevamente, en siguientes articulados, por ej. 74 ítem c, vuelve a mencionar: “Incentivar la investigación y la innovación educativa vinculadas con las tareas de enseñanza, la experimenta- ción y sistematización de propuestas que aporten a la reflexión sobre la práctica y a la renova- ción de las experiencias escolares.” Es clara la importancia que adquiere la capacidad de producir conocimiento por parte de los profesionales docentes teniendo en cuenta que, a su vez, son formadores de formadores. Si pensamos que la capacidad de realizar una reflexión profunda sobre las propias prácticas do- centes requiere también, y especialmente, de la formación científica, la relevancia de nuestro emprendimiento en el marco del Plan Nacional de Formación Docente del Instituto Nacional de Formación Docente del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, adquiere un sentido pro- fundo. Agreguemos a ello que toda innovación educativa requiere de la puesta en marcha de
un conjunto de estrategias que exigen saberes múltiples, entre ellos, la articulación entre la in- tervención y la investigación científica. También queda expresa la importancia que la nueva ley otorga a la investigación en los ISFD en el artículo 76 inciso h. Y en el inciso b se hace mención
y los otros niveles del sistema educativo”. Entendemos que estas relaciones abarcan las formas de educación superior de universidades y también los niveles de enseñanza primario y medio. En este sentido, el desarrollo de investigaciones que respondan a cánones científicos adquiere claramente gran relevancia. Asimismo, el Acuerdo del Consejo Federal (documento trabajado en la Mesa Federal de Directores de Educación Superior, Buenos Aires, 31 de octubre de 2007) fija en el artículo primero las funciones del sistema de formación docente de la siguiente forma:
a. Formación inicial y continua de los recursos humanos que se desempeñan en el sis- tema educativo, en el marco de las políticas educativas que establece la Ley de Edu- cación Nacional.
b. Producción de saberes sobre la enseñanza, la formación y el trabajo docente, tenien- do en cuenta que la tarea sustantiva de la profesión requiere conocimientos específi- cos y especializados que contemplen la complejidad del desempeño docente.
De este modo, el espectro de temas de investigación se abre ampliamente, abarcando desde lo disciplinar hasta los factores ambientales y socioculturales que influyen o están asociados
trabajo docente con los alumnos y situaciones propias de las instituciones. Estas últimas cons- tituyen campos complejos de actividad, debido a la multiplicidad de dimensiones y conflictos que contienen.
En el capítulo 2 de dicho plan, como primer problema, se plantea la necesidad de organi- zación del sistema de formación docente. El punto aquí es la necesidad de fortalecer la iden- tidad orgánica de dicho sistema, dado que presenta una baja integración. Como estrategia primera, se apunta al fortalecimiento de la identidad, cohesión e integración del sistema de formación docente.
En este sentido, se pone de relieve la necesidad de la construcción de una “visión comparti- da” de dicha identidad, que supere la tensión entre “el peso de las tradiciones de origen en el
nivel secundario y el imaginario del modelo universitario, como única alternativa de formación superior”. Para ello, se “requiere transitar hacia una institucionalidad específica para la for- mación profesional docente con características propias y valor agregado para el desarrollo del conjunto del sistema educativo”. Como problema 4 se señala las “debilidades en la organización y dinámica académica y pe- dagógica de los institutos de Formación Docente”. Entre otros problemas, se destaca la “necesidad de fortalecer la organización institucional de los ISFD como ambientes de formación y aprendizaje”. La estrategia presentada apunta al “fortalecimiento de la dinámica organizacional de los ISFD que favorezca un buen ambiente de aprendizaje y desarrollo formativo de los futuros docentes, y un trabajo docente apropiado”. En el documento también se destaca, respecto del desarrollo curricular y sobre la base de los acuerdos federales, que todas las jurisdicciones han modificado o actualizado sus planes de estudio y, en tal sentido, aparecen como prioritarias las siguientes problemáticas en el área del currículo:
 La coordinación y articulación en el diseño de los planes de estudio.
 Las capacidades en la gestión del currículo y de modalidades pedagógicas en el desarrollo curricular.
 El desarrollo de la investigación pedagógica y la sistematización y difusión de las experiencias.
Se plantea entonces la “necesidad de promover la investigación y experimentación pedagó- gica para el mejoramiento de las prácticas docentes”. Se ha detectado que existen “dificultades importantes en el desarrollo de la investigación y la experimentación pedagógicas”, pese a la instalación de actividades de investigación en los ISFD. Para ir concluyendo, tenemos presente que la docencia es una profesión centrada en los sa- beres y la transmisión cultural, ése es su sentido sustantivo. Transmite un saber que no produce y al hacerlo, al mismo tiempo, produce un saber sobre tal práctica, que no suele ser reconocido como tal. Nosotros partimos justamente del reconocimiento del saber de transmisión construi- do por y en la práctica docente.
Es en torno al saber sobre la enseñanza y el trabajo docente que se estructuran los procesos de formación. Encontramos aquí un rasgo de identidad del sistema formador, un asunto respecto del cual no puede ser sustituido por ninguna otra instancia institucional: puede proponer- se como asunto propio del sistema formador, la producción de saberes sobre la enseñanza, sobre el trabajo docente y sobre la formación 1 .
Nuestra propuesta de trabajo surge a partir de la necesidad de realizar alguna forma de con- tribución en relación con la solicitud por parte de los ISFD (más precisamente los equipos de investigación que se presentaron a la convocatoria del año 2007 “Conocer para incidir sobre los aprendizajes escolares”) de comentarios puntuales sobre las dificultades halladas por los eva- luadores en los proyectos presentados. Dado que sería inviable, por razones fácticas, satisfacer tal demanda, consideramos, no obstante, que un instrumento del tipo que aspiramos a produ- cir permitirá a cada equipo realizar una autoevaluación de las fortalezas y debilidades de sus respectivos trabajos. Y el hecho de acceder, de este modo, a un conocimiento sobre el propio trabajo será la manera más eficaz en cuanto a la construcción de un conocimiento “encarnado” de lo que es la ciencia, de cómo producir un proyecto de investigación y cuáles son las reglas del trabajo científico. Asimismo, tenemos presente el documento realizado por la Comisión Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de las Ciencias Naturales y la Matemática, del Ministerio de
1 Cursivas nuestras. Teriggi, Flavia, “Hacia un acuerdo sobre la institucionalidad del sistema de Formación Docente en Ar- gentina”, Octubre 2007, versión 1.
Educación, Ciencia y Tecnología “Mejorar la enseñanza de las ciencias y la matemática: una prioridad nacional”. Dicha comisión, que realizó su trabajo entre los meses de febrero y agosto de 2007, elaboró un informe que consta de cuatro secciones: Introducción, Diagnóstico general, Metas y Recomendaciones.
particular: el bajo rendimiento de los alumnos en las disciplinas mencionadas. En este informe, “ciencia” hace exclusiva referencia a las ciencias naturales y a la matemática, es decir, a las disciplinas que estudian fenómenos físicos, químicos, biológicos, geológicos, as- tronómicos, entre otros fenómenos naturales. Ello debido a la relevancia que, según los organis- mos especializados en políticas educativas, tienen estas ciencias en la alfabetización científica del ciudadano. Dicha alfabetización constituye un requisito para su desempeño personal así como para un ejercicio informado de los derechos y obligaciones que le caben en cuanto tal y, por tanto, hacen al desarrollo de las naciones.
EVIDENCIA DE UNA PREOCUPACIŁN COMÐN La prioridad que la alfabetización científica de los ciudadanos ha ad- quirido a nivel mundial en las últimas décadas puede observarse en algunas declaraciones como las emanadas de la Conferencia Mundial
sobre la Ciencia para el siglo XXI, auspiciada por la UNESCO y el Con- sejo Internacional para la Ciencia, donde se declara que: „Para que un país esté en condiciones de atender a las necesidades fundamentales de su población, la enseñanza de las ciencias y la tecnología es un
imperativo estratégico (
)‰.
(Declaración de Budapest, 1999, p. 15).
Si bien el énfasis de dicho documento, por razones lógicas, está puesto en la investigación experimental, queremos lograr la puesta en escena de una perspectiva amplia, de razonamien- tos profundos acerca del hecho educativo en tanto que objeto de investigación. Proponemos una lectura crítica de las diversas propuestas metodológicas, libre de prejuicios, que supere las oposiciones entre lo cuantitativo y lo cualitativo. Como sostiene asimismo el informe mencionado en la sección Diagnóstico (p.23), existe una antinomia falsa entre lo pedagógico y la formación disciplinar. Entendemos que esto es así y que la formación del docente requiere “enseñar el oficio de aprender”. Ello no puede lograrse sin articular los conocimientos acabados de la disciplina con el oficio de investigar. En sintonía con este posicionamiento, “ser consciente de las operaciones cognitivas que permiten llegar a esos contenidos” incluye el desarrollo de procesos de indagación en tal sentido. Por lo dicho, desarrollar la autorreflexividad y el conocimiento de la propia práctica, científica y pedagógica, de cómo se va construyendo el bagaje de conceptos disciplinares que se enseña, requiere incorporar un habitus científico desarrollando la capacidad de producir los instrumen- tos metodológicos necesarios. Esto es, profundizar la formación en investigación a fin de allanar las dificultades encontradas en el sistema educativo.
de su formación pedagógica, el docente requiere también comprender la diversidad de factores que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sabemos que, si bien en este proceso influyen factores muy relevantes vinculados con las estructuras cognitivas –y los procesos que les son propios– y con la formación en conocimientos disciplinares, no son menos importantes los factores socioculturales. Numerosas investigaciones dan cuenta de la importancia de los fac- tores ambientales, sociales y culturales, en relación con las posibilidades de apropiación de los contenidos por parte de los estudiantes. De este modo, la posibilidad de interrogarse e inves- tigar en esta dirección se constituye como un factor que incidirá también en los resultados de la escolarización; en especial, teniendo presente los grandes cambios, tanto en las estructuras económicas como en las dimensiones culturales que afectan a las nuevas generaciones.
1. Actuar como una guía, paso a paso, del proceso de investigación, para todos aque- llos que deseen desarrollar una investigación científica en alguna de las áreas dis- ciplinares del profesorado. Esto es, caminar cercanos al investigador, en cada uno de los pasos requeridos en tal proceso, de manera que “vivencie” la orientación constante en cada una de las fases y momentos de su trabajo.
2. Ofrecer un complejo arco de información pero también de disposiciones específicas que, si bien se adquieren fundamentalmente con la práctica, suponen un proceso gradual de apropiación de modalidades de pensamiento y trabajo propios de la investigación educativa, que comienza desde el primer momento. Consideramos fundamental el conocimiento de los conceptos con los que se trabaja, asociación clara entre los mismos y el trabajo concreto que se realiza, apropiación del lenguaje metodológico, desarrollo de las habilidades lógicas y creativas, así como también la disciplina mental que exige el desarrollo de un proyecto científico.
3. Presentar también las limitaciones de todo trabajo científico dentro del campo que sea y, con más razón, dentro del campo de la investigación educativa. Ofrecer las diversas controversias epistemológicas y metodológicas que permitan poner en perspectiva adecuada los alcances de todo trabajo científico. Trabajo arduo que a menudo arroja resultados modestos, algo que requiere ser comprendido por todo investigador. No obstante, también se necesita tomar conciencia y capacidad de apreciar y valorar que, aun siendo modestos los resultados, siempre constituyen un aporte sustantivo al conocimiento, y que eventualmente podrán, en forma mediata o inmediata, ser aplicados a la resolución de problemas concretos.
4. Instalar la concepción de que la investigación, sin ser un trabajo “fácil”, es, sin em- bargo, un emprendimiento que está al alcance de todas aquellas personas que han incorporado un cuerpo de teorías sobre aquello con lo cual trabajan, que se han formado y pertenecen a ámbitos institucionales académico-educativos y que, por eso mismo, cuentan ya con un caudal de conocimientos que se potenciarán con la investigación. Convertirse en investigador implica aceptar que se requerirá de mu- cho trabajo y paciencia, pero, por sobre todo, sentir profundamente la necesidad de resolver un problema.
5. Ofrecer un corpus de ejemplos y trabajos prácticos que servirán para un proceso que podríamos llamar de auto evaluación y, fundamentalmente, de práctica con- creta relacionada estrictamente con los aspectos conceptuales que se desarrolla- rán, y con la formulación de un proyecto de investigación educativa en el ámbito de los ISFD.
Este libro ha sido pensado para aportar una herramienta teórica e instrumental que sirva tan- to a aquellos docentes que están investigando –y seguramente conocen de antemano muchas de las cuestiones aquí planteadas– como para aquellos que quieren iniciarse en el camino de la producción de conocimiento científico, posibilitando de esta manera la construcción del campo de la investigación educativa en el sistema de formación docente. A quienes ya están trabajando en investigación, esperamos poder aportarles una mirada or- ganizadora y suficientemente amplia y crítica sobre el proceso de investigación, que sirva para consolidar fortalezas y profundizar aquellas cuestiones de interés. Quienes están iniciándose o desean hacerlo, encontrarán aquí el desarrollo teórico concep- tual y la orientación práctica necesarios para ir avanzando paso a paso. Deseamos ir acompañando al docente-investigador en cada una de las acciones que empren- da en la construcción de su objeto de conocimiento. Para lograr este objetivo, hemos tratado de no posicionarnos en un lenguaje hermético y, a la vez, ser rigurosos conceptualmente; hemos
incluido hacia el final de cada capítulo un conjunto de actividades sugeridas en función de la lógica de la investigación que nos permiten ir avanzando capítulo a capítulo, no sólo en cuan- to al abordaje de los problemas propios de la metodología, sino también en el armado de un proyecto de investigación.
encontrará el lector la bibliografía con la que hemos trabajado y hemos citado, y una biblio- grafía complementaria para quien desee profundizar la temática. Las notas extensas han sido colocadas al final de cada capítulo para no alterar cierto dinamismo que aspiramos imprimir a este trabajo. Por este motivo, hemos pensado en una estructura que resulte lo más ágil posible, esto es, tres partes que en cierta forma podrán ser leídas como un todo en sí mismas, cada una por separado, dependiendo de las necesidades concretas del lector. Cada una de ellas está compuesta por cuatro capítulos. En la primera parte, el primer capítulo se aboca a definir qué es la ciencia, acorde a nuestra mirada que no puede prescindir de una
historia y una psico-sociología del conocimiento. Distinguimos las formas de conocimiento que la cultura humana ha producido y produce. Colocamos el conocimiento científico dentro de un espectro de saberes, entre los cuales tiene un lugar específico, unas condiciones de realización también particulares y productos que hacen del saber, así producido, una forma especialmente valorada en nuestras sociedades. Conocimiento tan necesario como atravesado por cuestiones complejas, que van desde posicionamientos éticos hasta problemas internos propios de la epis- temología y la metodología de las ciencias sociales y educativas. Abordamos tanto los inicios de la ciencia en general como los de las ciencias sociales en par- ticular, con especial atención al desarrollo de la investigación educativa y sus contextos. En el segundo, nos abocamos retomando algunas de las cuestiones planteadas, a profundi- zarlas, trazando de este modo un hilo conductor hacia nuevos problemas. Es el caso cuando establecemos un diálogo permanente entre las formas de conocimiento de sentido común con el pensamiento científico, y avanzamos hacia la explicación científica y sus diferentes mode- los, que es, finalmente, el producto del trabajo del investigador. Inmediatamente, planteamos cuestiones fácticas: ¿Por dónde comenzar, cómo se inicia una investigación? ¿Qué son un tema, un problema, una buena hipótesis? ¿De dónde extraemos las hipótesis? ¿Es necesario saber si estamos ante una buena hipótesis? ¿Qué tipo de conocimiento debe producir el trabajo del investigador? Para ello, caracterizamos también la investigación educativa con su pluralidad de enfoques o paradigmas. Hemos dejado para el tercer capítulo un mayor grado de especificidad, ya que vamos avanzando desde planteos generales hacia cuestiones particulares. Una vez que tenemos el problema (es decir, tenemos preguntas sobre un aspecto de la realidad educativa que nos inquieta), nos esforzamos por responder a la pregunta: ¿Cómo seguimos? También nos pa- reció necesario plantear la articulación entre la intervención profesional y la investigación básica, ya que constituye una vía fructífera dentro del campo educativo. Avanzamos hacia la delimitación conceptual no por mero gusto, sino porque consideramos que en la medida en que somos concientes de las acciones y elementos implicados en cada fase de la investiga- ción tenemos un mayor control epistemológico de la producción de conocimiento científico. Hemos intentado poner en gráficos (teniendo en cuenta la escasa medida en que un gráfico puede ilustrar procesos dialécticos) la dialéctica de las acciones que emprendemos cuando investigamos. Profundizamos luego, analizando las acciones de cada fase, en cada instancia de validación del proceso.
mos las acciones que constituyen un avance en el proceso, dado que para comenzar a realizar el proyecto se requiere estar en condiciones de poner en un documento escrito el resultado de las acciones previas que han sido necesarias para la construcción progresiva del objeto de conocimiento. Se trata ahora de familiarizarnos con los elementos que componen un proyecto de investigación, y de definir qué acciones se irán desarrollando en función de estos. También describimos cómo realizar el estado del arte o de la situación.
La diferenciación entre proceso, proyecto y diseño metodológico, es un tópico que aporta a la comprensión del carácter lineal y estático de una proyección o planificación en la forma de un documento escrito, diferente de las acciones y secuencias concretas que realiza el investigador en el proceso, en las sucesivas instancias de validación. Pero aún es necesario, para poder com- pletar el documento, tomar decisiones sobre el diseño. Para ello, desarrollamos una segunda parte, en la que profundizamos los diferentes tipos de diseños. En la misma, nos posicionamos ante la disyunción que algunas posturas epistemológicas reali- zan entre los contextos de descubrimiento y validación, entendiendo que todo proceso de produc- ción de conocimiento implica los dos modos del método, esto es, acciones que llevan en forma combinada, tanto a la validación como al descubrimiento. Rescatamos, de esta manera, el pensa- miento analógico y la creatividad como sustantivamente relevantes para el trabajo científico. Avanzamos luego con cuestiones relativas al diseño: los procedimientos y decisiones que el investigador enfrenta con el fin de lograr la construcción empírica del objeto, con ejemplifi- caciones que ponen en relación las definiciones teórico conceptuales de las variables con sus observables. Ofrecemos al examen y conocimiento un espectro amplio de diseños de investiga- ción, que pueden ser de gran utilidad para quien desea encarar la actividad investigativa. Continuando con la modalidad que hemos adoptado de partir de lo más general hacia lo particular, en el segundo capítulo de esta segunda parte realizamos una revisión de nociones centrales de la metodología: hipótesis, variables e indicadores. Desarrollamos el concepto de sistema de matrices de datos, a fin de comprender la complejidad de la realidad educativa en sus diferentes niveles de integración. Asimismo, analizamos la estructura del dato científico y su carácter de constructo. En el capítulo tres, nos dedicamos específicamente a los métodos cuantitativos, desarrollan- do las técnicas y estrategias propias de este enfoque. Comenzamos por las definiciones de los diferentes tipos de muestreo –muestras probabilísticas y no probabilísticas– su pertinencia y formas de construcción de la muestra, con ejemplos atinentes a las acciones concretas a realizar por el investigador. Desarrollamos las diferentes técnicas e instrumentos propios de las investi- gaciones cuantitativas en el campo educativo (pruebas y escalas), así como estudios descriptivos mediante encuestas. En el último capítulo, nos abocamos a los estudios cualitativos, planteando la relevancia de los mismos en el campo específico de la educación, su pertinencia y algunas de las discusiones que atraviesan la polémica cuali-cuanti. Ofrecemos al detalle las muestras típicas de este enfo- que o paradigma. El lector hallará los diferentes y más frecuentes tipos de diseños cualitativos dentro del campo, incluyendo la triangulación en sus variadas modalidades (también la trian- gulación entre métodos cuantitativos y cualitativos). Encontrará en este capítulo un desarrollo amplio sobre la conveniencia respecto de optar por uno u otro diseño, y una orientación en relación a sus fortalezas y debilidades. En cuanto el investigador haya logrado elaborar satisfactoriamente su proyecto, tendrá que desarrollar luego las acciones correspondientes a la instancia de validación operativa, esto es, recoger la información, procesarla, analizarla e interpretarla. Para ello, la tercera parte de este trabajo aporta herramientas tanto conceptuales como prác- ticas. En el primer capítulo ofrecemos herramientas para el procesamiento de la información cuantitativa: cómo ingresar los datos en la matriz y qué operaciones matemáticas podrán reali- zarse con la información. Analizamos las escalas de medición de las variables y las medidas de estadística descriptiva útiles para resumir y sistematizar la información: tablas de frecuencias, proporciones, porcentajes, medidas de tendencia central y de dispersión, mediante una orien- tación concreta en relación con la confección y lectura de cuadros. En el segundo capítulo, retomamos algunas de las discusiones epistemológicas y considera- mos que aportamos, con la inclusión de la inferencia de hipótesis o abducción y la analogía, un elemento que nos acerca un poco más a la comprensión de la investigación cualitativa, como una vía para el descubrimiento de teorías tanto como para la validación. Desarrollamos las téc- nicas de procesamiento de datos cualitativos más recurridas en el campo de la investigación educativa en nuestro contexto y dedicamos un espacio considerable a la Teoría Fundamentada de Glaser y Strauss.
El capítulo tres está dedicado a aportar los elementos para la confección de informes par- ciales y finales, y también a la producción de artículos para revistas especializadas, por medio de los cuales el investigador participa a la comunidad científica de los resultados de su trabajo mediante el análisis de cada una de las partes que componen estas producciones escritas. Para finalizar, dedicamos el último capítulo a desarrollar aspectos atinentes a la especificidad de la investigación para la formación docente. Con este trabajo esperamos haber contribuido a la formación en investigación educativa en el campo de la formación docente, a sabiendas de que todo trabajo es perfectible y que serán necesarias otras herramientas para lograr los objetivos que este instituto se ha propuesto, he- rramientas y estrategias que completarán la labor iniciada.
En la era moderna se siente un gran aprecio por la ciencia. Aparentemente, existe la creencia generalizada de que hay algo especial en la ciencia y en los métodos que utiliza. Cuando a alguna afirmación, razonamiento o investigación se le deno- mina “científico” se pretende dar a entender que tiene algún tipo de mérito o una clase especial de fiabilidad. Pero ¿qué hay de especial en la ciencia, si es que hay algo? ¿Cuál es ese “método científico” que, según se afirma, conduce a resultados especialmente meritorios o fiables?
Alan Chalmers 1
El ya clásico libro de Alan Chalmers ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? constituye uno de los más interesantes abordajes sobre el tema y prueba, una vez más, que la respuesta es menos sencilla de lo que parece a primera vista. La necesidad de realizar algunas distinciones significa- tivas nos llevará a emprender un rodeo, ya que nuestro punto de vista asume una perspectiva socio-histórica de la noción de conocimiento. La ciencia moderna es un tipo de conocimiento entre otras formas de conocimiento gene- radas por los hombres en el proceso de producir la historia humana. Como tal, forma parte del acopio cultural de la Modernidad en Occidente, afirmación que nos lleva a una breve his- torización. Antes de desarrollar los hitos principales de esta historia, agregaremos algo más al respecto: la ciencia, en el sentido moderno del término, constituye una forma específica de co- nocimiento que se diferencia, por ejemplo, del saber filosófico y del saber de sentido común. Es una forma de saber que surge en y con la Modernidad. La misma se caracteriza por un proceso de racionalización en el que los campos de actividad se han institucionalizado y especializado constituyéndose tres grandes áreas normativamente separadas: el campo del arte, el campo de la moral-religión y el de la ciencia. La existencia de cada una de estas áreas implica que quienes desarrollan su actividad en alguna de ellas tienen que conocer y reconocer cuáles son las normas y reglas que la definen. Si tomamos en cuenta el campo del arte y en éste la pintura, podemos notar que existen ciertas concepciones acerca de lo que puede ser considerado producto de un saber pictórico, es decir, existen cánones estéticos que permiten decidir si una pintura es una obra de arte o no lo es. Estos parámetros han ido variando a lo largo de la historia. Lo mismo ha sucedido con el campo de la religión y la moral y con el campo del conocimiento científico. La ciencia sería impensable sin los procesos que acompañaron el desarrollo de las socieda- des industriales capitalistas. Además, no es la única forma de conocimiento válido aunque, por razones sociológicas e históricas, es la más reconocida y legitimada en nuestros tiempos. Generalmente, cuando se desea llamar nuestra atención para comercializar un producto, publi- cidad mediante, se argumenta que ha sido fabricado bajo las más exigentes normas científico- tecnológicas. Más aún si ese producto se halla vinculado con nuestra salud como, por ejemplo, una simple pasta dental. No obstante, sabemos que existen diferentes tipos de saberes que tienen diversas formas de validación. Hay un saber práctico, de sentido común, validado por las prácticas, caracterizado por la habitualidad de las acciones cotidianas. Este saber posibilita un ahorro cognitivo, ya que evita tener que pensar un curso de acción cada vez que tenemos que resolver algún aspecto rutinario de nuestras vidas. Como podemos inferir, esto también cambia históricamente. Pensemos, por ejemplo, en la acción rutinaria de viajar en colectivo: en principio sabemos que es una actividad cotidiana que comienza a existir sólo a partir del invento de este medio de transporte. Para tomar un colectivo es necesario saber qué aspecto tiene este transporte (por ejemplo, no se parece a un taxi); saber cuál nos lleva al punto geográfico al que deseamos ir; qué hacer para subir (esto es, por dónde pasará, cómo haré para que se detenga,
una señal de algún tipo); dónde está la “parada” y cómo la reconocemos para que el colectivo se detenga y nos deje en nuestro destino (presionaremos un timbre, avisaremos al chofer, etc.). De esta manera, podemos ir descomponiendo todo un curso de acciones que no necesitamos pensar demasiado cada vez que tomamos un colectivo. Ya tenemos un saber sobre esa práctica. Si, en cambio, nos trasladamos a otra provincia o país, seguramente tendremos que aprender algunos detalles diferentes que nos demandarán un mayor esfuerzo, hasta que nos habituemos al nuevo lugar. Disponemos asimismo de un saber de carácter reflexivo de mayor o menor sistematicidad, según sea filosófico o religioso; se trata de formas de conocimiento que también detentan un sistema de normas para su ejercicio. Finalmente, en nuestra cultura hemos desarrollado un tipo de saber que denominamos conocimiento científico, cuyas reglas y procesos de validación son diferentes de las del sentido común 2 . Muchos y diferentes estudiosos han abordado estas cuestiones; nosotros expondremos sólo algunos de estos aportes que, nos parece, sintetizan bien aquello que queremos transmitir aquí, y sobre los que hay consenso prácticamente generalizado.
El hombre, al no tener un “ambiente específico de su especie” 3 , esto es, una conducta basada en una organización biológica instintiva, no guarda, en relación con el ambiente, una relación fija, sino adaptativa, de apertura al mundo. De alguna manera podemos decir que el “hombre se produce a sí mismo” en la medida en que se externaliza mediante su actividad. Ahora bien, esta “autoproducción” es siempre social y requiere de un saber de orden práctico sobre los objetos y el medio social. “El homo sapiens es siempre, y en la misma medida, homo socius” 4 . Su apertura al mundo le posibilita actuar en múltiples contextos en forma adaptativa, en in- teracción con un ordenamiento social. No obstante, la existencia del orden institucional que confiere un grado significativo de estabilidad al sujeto humano implica también un cierto grado de clausura. Siguiendo la perspectiva de estos autores, apertura y clausura constituyen las dos caras de una misma moneda: a la vez que el hombre transmite a las nuevas generaciones lo ya instituido tiene la capacidad de crear nuevas instituciones e introducir cambios en su medio. El orden social no es dado por la naturaleza, sino que es producto de la actividad humana, de su externalización concebida como necesidad antropológica 5 . Según vimos, el hombre desarrolla un cúmulo de conocimientos significativos, prácticos, que le permite realizar las actividades cotidianas con economía cognitiva, al restringirse las múltiples opciones que podrían presentarse en relación con cursos de acción posibles. Berger y Luckmann llaman “habituación” a la resultante cognitiva del proceso histórico-social mediante el que se instituye una “pauta” naturalizada que se repite en relación con un objetivo. Consideremos la siguiente situación: cuando un/a docente completa el libro de temas, lo hace teniendo en cuen- ta unas normas preestablecidas, aprehendidas y naturalizadas en su práctica cotidiana. El hombre construye históricamente un conjunto de instituciones a partir de la tipificación recíproca de acciones habitualizadas para diferentes tipos de actores. Por ejemplo, tal tipo de actividad habitualizada (es decir, ya constituida en curso de acción rutinizado y utilizado con eficacia) se instituye a partir del momento en que los sujetos que interactúan en una situación común internalizan que ese tipo de actividad deberá ser realizada de ese modo por un tipo de
ciones evolucionistas, la noción de orden y progreso se afirmaron en el horizonte epistemológico de las élites intelectuales. Al respecto, el lector recordará a Comte, el fundador del Positivismo, quien formuló la famosa Ley de los Tres Estados: teo- lógico, metafísico y positivo, en su conocidísimo libro publicado por primera vez en 1844. Ver Comte, A., Discurso sobre el espíritu positivo, Buenos Aires, Aguilar, 1982.
mano exige como imperativo que el hombre mismo proporcione un contorno estable a su comportamiento, él mismo debe especializar y dirigir sus impulsos. Estos hechos biológicos sirven como presupuesto necesario para la producción del orden social. En otras palabras, aunque ningún orden social pueda derivar de datos biológicos, la necesidad del orden social en cuanto tal surge del equipo biológico del hombre”. Berger y Luckmann, op. cit., p. 74.
sujeto también definido como adecuado para tal actividad. Si deseamos consultar sobre las dificultades que presenta un/a alumno/a en su aprendizaje, quizás recurramos a sus profesores,
planteada, que es distinto al del arquitecto. Con el tiempo, estas instituciones adquieren carácter de externalidad objetiva, que preexiste
a los sujetos y se les impone (Durkheim) 6 . Existe entonces un conocimiento práctico que hace
a partir del conocimiento que los individuos tienen de los significados que le dan vida, de los acuerdos y tipificaciones producto de las interacciones que presuponen ya un conocimiento. El mismo (dicho conocimiento) es la externalización constante del hombre, que se objetiva en sus producciones e instituciones. Este conocimiento práctico es lo que todos sabemos sobre el mundo social, que se estructura tanto en el tiempo como en el espacio. Es decir, es una realidad histórica, que se nos presenta como una realidad ordenada. El lenguaje es el medio que la objetiva y le confiere significado y sentido. Se presenta también como una realidad intersubjetiva, a través de compartir con otros el “conocimiento de sentido común” en las rutinas de la vida cotidiana.
más allá de ella. (
rutinariamente en la vida cotidiana. (
se impone por sí solo y cuando quiero desafiar esa imposición debo hacer un esfuerzo deliberado y nada fácil. La transición de la actitud natural a la actitud teórica del filósofo o del hombre de ciencia ejem- plifica este punto. 7
Aún cuando pueda abrigar dudas acerca de su
Hay, pues, una dimensión de la realidad que se impone como conocimiento de sentido co- mún que todo científico debe, en tanto que sujeto humano, deconstruir y reconstruir teórica- mente, a través de modelos abstractos. Debemos agregar que el hombre necesita legitimar sus instituciones mediante sistemas de creencias y concepciones del mundo que le confieren estabi- lidad. No es posible en este momento explicitar los mecanismos ideológicos de estos sistemas, sin embargo haremos siempre referencia a ello y a lo largo de este trabajo podremos desarrollar sintéticamente algunos de estos aspectos.
Si yo hablo de los seres vivos, los seres vivos como seres vivos no
tienen deseo del futuro, pero los seres humanos sí.” Humberto Maturana 8
escrito, médula de la cultura, entendiendo este término en un sentido antropológico 9 . Como lo hemos explicitado anteriormente, el lenguaje es el medio que objetiva y confiere significado
sentido a la realidad. Cada uno de nosotros va construyendo su realidad en la interacción
Al respecto consultar sus obras: Las reglas del método sociológico y Sociología y Educación, de Durkheim
Berger y Luckmann, op. cit., p. 41.
8 Conferencia “Salud y Sociedad”, en el sitio de Servicio de Salud Valparaíso - San Antonio, Chile, http://www.ssvsa.cl/cali- dad.html, http://www.ssvsa.cl/carmen.html, http://www.ssvsa.cl/problemas.html., sitio consultado en mayo de 2008.
las realizaciones superiores de la conciencia y la sensibilidad, hasta los implementos de uso cotidiano, como podría ser un cacharro o una herramienta moderna.
que lleva a cabo con otros sujetos en diferentes contextos situados de actividad, compartien- do experiencias, vivencias, creencias, intereses, motivaciones, conocimientos sobre un mundo concreto e imaginado, haciendo posible la construcción de una red de significados que da lugar al lenguaje. Es el lenguaje el que permite la comunicación y el conocimiento de los diferentes campos en donde desarrollamos nuestras actividades, y que nos posibilita la construcción de nuestros mundos mentales. Desde la más temprana infancia vamos co-construyendo nuestra realidad en relación con
otros sujetos y objetos en diferentes contextos sociales. Mediante el proceso de socialización establecemos interacciones con otros sujetos y objetos en diversos espacios sociales: el lugar donde vivimos, el club del barrio, los amigos, la escuela, etc. Estos espacios sociales se caracte- rizan por responder a unas metas y estar orientados por unas reglas de juego, por roles y fun- ciones de sus miembros. Cada uno de nosotros pasa y ha pasado una gran parte de su vida en
escuela. Aunque podemos sentirnos muy cómodos tal como en el club de barrio, hay normas
reglas que rigen las interacciones en la escuela que no necesariamente son las mismas que
compartimos en el club. La actividad social se lleva a cabo en el marco de diferentes espacios sociales institucionalizados. Así es como se va construyendo nuestra realidad, en interacción constante con esta diversi- dad de espacios sociales donde coexisten una serie de normas, valores y creencias diferentes. En este mundo, la realidad puede significar para cada uno un algo diferente y el lenguaje es el medio que utilizamos para poder comunicarla a otros. Según J. Bruner 10 hay muchas cosas que desconocemos de nuestro propio lenguaje, pero lo que no podemos negar es que para poder comunicarnos con los demás sujetos, para poder llegar a algún tipo de “transacción” o “negociación” es necesario compartir un marco de refe- rencia. Los miembros de una comunidad comparten las mismas reglas sintácticas que permiten formar y comprender lo que expresan: existe una gramática social que hace posible la interac- ción con el otro. Referirse a alguien respecto de algo requiere un cierto tipo de “negociación”, una cierta solidaridad en esa referencia conjunta. En esta interacción y negociación constante, cada uno de nosotros va construyendo diferentes tipos de conocimientos. Aprendemos a ha- blar y en este proceso compartimos significados con quienes interaccionamos en nuestra vida cotidiana. Hay un conocimiento “sensible” que surge de la percepción, de la negociación de
significados con los demás, de la situación y del contexto donde se desarrolla la interacción. En este tipo de conocimiento está presente prioritariamente la dimensión procedimental por sobre
ello signifique que somos expertos en psicología, sociología, etc. Lo mismo sucede cuando nos relacionamos en una reunión con personas desconocidas. Las normas aprendidas en el entorno cotidiano en el marco de una determinada cultura nos posibilitan responder adaptativamente al contexto. No obstante, este conocimiento que se construye en la vida cotidiana al iniciar la escolaridad será enriquecido progresivamente con la construcción de otro tipo de conocimien- to. Aprendemos a situarnos en un nuevo espacio con normas y reglas, aprendemos a escribir, a leer, a diferenciar entre el recreo y la hora de clase; la realidad va adquiriendo nuevas caracterís- ticas, pasaremos de la matemática y la lengua a las ciencias sociales en una misma jornada. La realidad se conforma como un todo donde comienzan a diferenciarse distintos tipos de saberes. Los saberes que vamos co-construyendo en el contexto escolar con pares y docentes están al- tamente “institucionalizados”. Por lo general, no asistimos todo el día a la escuela sino durante una parte de la jornada, la que está organizada témporo-espacialmente en recreos, materias, etc. 11 La realidad se sistematiza de forma bastante distinta estableciendo un marco de acciones diferentes a las llevadas a cabo en el contexto familiar.
ciones totales”, donde se suspende la separación de los “lugares” destinados a dormir, trabajar, estudiar, etc., en las cuales los sujetos “viven” privados del resto de la vida social, como, por ejemplo, los internados. Estas instituciones, sin embargo, tienen una férrea organización témporo-espacial destinada a las diversas actividades. Ver Goffman, E., Internados, Buenos Aires, Amorrortu, 1984.
En el contexto escolar, los saberes se legitiman mediante instrumentos y procesos adminis- trativos, pedagógicos y didácticos. La lógica de legitimación de los saberes escolares no es la misma que la lógica de legitimación del conocimiento científico. Para poder ser profesores, de- bimos pasar por diferentes instancias de aprendizaje. Estas instancias han respondido a reque- rimientos administrativos, organizacionales, curriculares, etc. Nuestros estudios de profesorado han respondido a un plan de estudios elaborado por el Instituto Superior de Formación Docen- te, supervisado por el Ministerio de Educación de la jurisdicción, legitimados por la práctica y reconocimiento profesional. Hasta aquí hemos hablado de lo que llamamos conocimiento práctico, como cons- tructos cotidianos, negociados e intersubjetivos, cuyo medio es el lenguaje. Cabe ahora establecer el carácter específico del conocimiento científico, en relación con su carácter de constructo intersubjetivo.
El conocimiento científíco comparte el carácter de constructo, si bien no es una práctica cotidiana salvo en el momento en que el sujeto actúa como investigador científíco. También es intersubjetivo y su medio es el lenguaje. Además, como ya hemos advertido, no es un conocimiento neu- tro desde el punto de vista ideológico, sino que tiene una historia.
Las interacciones que llevamos a cabo en nuestra actividad cotidiana permiten un aprendizaje continuo durante toda nuestra vida, en diferentes contextos socioculturales. Las acciones docentes, como las diferentes acciones sociales, son llevadas a cabo por suje- tos espacio-temporalmente situados, en contextos específicos de actividad, caracterizados por normas, valores, roles, funciones, metas y recursos. Estas acciones definen unas prácticas que se reproducen en el tiempo, en el interior de un sistema, constituyendo un corpus de conoci- mientos socialmente compartidos, que responden a la lógica propia del campo en cuestión. La producción y reproducción de este corpus de conocimientos supone tanto la continuidad de prácticas socioculturalmente establecidas como la innovación o producción de nuevas modali- dades, estilos y tipos de conducta. En la profesión docente llevamos a cabo acciones que identifican nuestra actividad y constitu- yen el núcleo fundamental de nuestras prácticas cotidianas. Esas acciones definen un marco de referencia para los sujetos (actores) que se insertan y desarrollan en el campo. Desde la perspec- tiva de Bourdieu 12 , para que el sujeto pueda anticiparse a las acciones tiene que haber adquirido previamente un conjunto de disposiciones y saberes, que le permiten desarrollarse en el mundo específico de su actividad. Estos esquemas de acción y representación constituyen los principios de visión y división de la realidad social, que otorgan legitimidad a las prácticas instituidas, las que permiten a los actores adaptarse sin cesar a contextos semejantes y elaborar la situación como un conjunto dotado de sentido. Como en todo campo, la investigación educativa en el sistema formador docente 13 nos lleva a la consideración de diferentes tensiones que posibilitan la interacción de diversas dimensiones de la realidad social, política, económica, cultural y educati- va. Desde esta perspectiva, podemos definir un sistema complejo en la construcción del conoci- miento resultante de la práctica pedagógica. Según Lave 14 , las prácticas socioculturales se cons- tituyen en una relación dialéctica entre las personas que actúan y los entornos de su actividad; configuran un conjunto de procedimientos, métodos y técnicas mediante los cuales los sujetos operan en sus contextos desenvolviendo su capacidad potencial de reconstrucción, construcción o continuación del curso y del resultado de las actividades en que participan.
Los docentes, como miembros de diferentes espacios sociales, comparten una realidad social, unas formas de interpretar el mundo. Esta forma de interpretar el mundo conforma una realidad construida y en permanente proceso de co-construcción. En este proceso cultural, cognitivo y afectivo entra en juego tanto el capital cultural propio del grupo social donde se desarrollan las acciones como el capital cultural específico de cada uno de los sujetos. Las prácticas configuran, desde esta perspectiva, un corpus de conocimientos, un conjunto de procedimientos, métodos y técnicas mediante las cuales los sujetos (actores) operan en sus contextos (escenarios) des- envolviendo su capacidad potencial de co-construcción, reconstrucción o reproducción de las prácticas que definen las actividades en las cuales participan. Los conocimientos que resultan de las prácticas pedagógicas presentan las siguientes características:
 tienden a reproducirse por su eficacia en el tiempo;
 surgen de la interacción del docente con el medio;
 por medio de ellos, el docente le da sentido a su realidad;
 surgen como producto de un trabajo pedagógico;
 se van construyendo y reconstruyendo en función de los relatos y experien- cias pedagógicas;
 son modelos construidos para comprender y actuar en el campo;
 son funcionales y útiles para los docentes y para la comunidad educativa en gene- ral, y son el resultado de un proceso cognitivo;
 forman parte de la identidad común de ese grupo.
En este corpus de conocimientos está presente tanto la dimensión declarativa 15 como proce- dimental, pero con preponderancia de esta última. El conocimiento procedimental es implícito, generalmente supone un grado de automatización y se manifiesta en el hacer, estando relacio- nado directamente con los esquemas de acciones de cada contexto situado de actividad. Un ejemplo de ello es el tomar apuntes. Si debiéramos pensar en cómo escribimos, no podríamos decodificar la información recibida y elaborar al mismo tiempo una producción escrita. La au- tomatización del conocimiento procedimental se adquiere mediante la repetición de un mismo esquema. Según Aparicio, “la activación repetida de una red semántica hace que dicha red se fortalezca y ese fortalecimiento la vuelve más disponible” 16 . Si consideramos el caso de quien recién aprende a utilizar un retroproyector en el aula, como todos los recursos cognitivos están puestos en lograr la proyección de las filminas elegidas, quizás no pueda ponerse a realizar otra operación mental, de allí que le cueste organizar la clase, distribuir las filminas según su exposición, etc. Los docentes se van apropiando de las reglas de juego, de las normas y valores en los diferen- tes espacios educativos donde interaccionan. En dicha interacción desarrollan un aprendizaje, un entrenamiento en la utilización de los mediadores socioculturales, adquiriendo así destrezas de acción. Se trata de un proceso complejo de co-construcción de habilidades institucionali- zadas que surgen en la acción informal de la interacción sociocultural, donde entran en juego variables intersubjetivas, intrasubjetivas y transubjetivas.
Puesto el saber científico en el concierto de los saberes, ahora intentaremos un paseo en el tiempo, para ver el nacimiento de lo que hoy llamamos ciencia.
pio yo en contexto. Es el conocimiento de objetos y hechos, incluye el conocimiento conceptual y el episódico. Este conoci- miento es explícito, consciente, se manifiesta discursivamente y nunca desencadena acciones sobre el mundo directamente, sino que puede llegar a activar el conocimiento procedimental responsable de esas acciones.
Para muchas tesis historiográficas la condición moderna se inicia con el llamado Renacimiento en los siglos XV y XVI. Ideologías de liber- tad, de individualidad creadora, incursiones neoplatónicas, cabalísti- cas y alquímicas hacia los saberes prohibidos por el poder teocrático preanuncian y promueven las representaciones de la cultura burgue- sa: un sujeto camino a su autonomía de conciencia frente al tutelaje de Dios, un libre albedrío alentado por la experimentación científica frente a los dogmas eclesiásticos, un conocimiento humanista de la naturaleza regido por ansias de aplicación, de utilidad y hallazgo de verdades terrenales, en un marco cultural trastocado por los estu- dios copernicanos. 17
El término moderno tiene una vieja historia que comienza allá por el siglo V. Dice Jurgens Habermas, filósofo y sociólogo, uno de los pensadores actuales de mayor envergadura, que “la palabra bajo su forma latina modernus fue usada por primera vez a fines del siglo V, para distinguir el presente, ya oficialmente cristiano, del pasado romano pagano” 18 .
Nos remontaremos ahora a los orígenes mismos de nuestra tradición cultural, es decir, a Gre- cia, tradición clásica que alimentó tanto al Renacimiento como a la Ilustración. Un dato podrá servirnos para comprender en qué medida debemos pensar en la ciencia como una forma de saber intrínsecamente ligada a las condiciones históricas y sociales:
La ciencia griega, pese a haber alcanzado resultados importantes en diferentes áreas, no fue una ciencia operativa. Se desarrolló más bien según criterios más estéticos que utilitarios. Fue por ello que, aunque alcanzó supuestos teóricos que posibilitaban desarrollos tecnológi- cos importantes, no tuvo el destino que tendría la ciencia moderna. Tanto es así que Herón, matemático e ingeniero de Alejandría, pro- dujo alrededor del siglo I AC conocimientos suficientes como para construir la máquina a vapor, el telar mecánico o cualquiera de los instrumentos y herramientas que revolucionaron la industria a fines del siglo XVIII. Sin embargo, su obra no llegó a tener un correlato técnico e industrial porque no existieron las condiciones económicas y políticas que lo hicieran factible. 19
No obstante, los orígenes de la ciencia actual son un poco más cercanos: siglo XVI. Es la cien- cia moderna que, a diferencia de la griega, tiene unos nuevos propósitos bien definidos: “( ) dotar a la vida humana de descubrimientos y recursos nuevos” 20 . Tres nombres se destacan en el desarrollo de la ciencia moderna: Bacon, Galileo y Descartes. En este contexto, cobra sentido una nueva relación entre el saber y el poder. Por un lado, el desafío al dogmatismo religioso, enfrentando al poder eclesiástico y las formas escolásticas del saber y, por el otro, la firme voluntad de saber-poder. Saber-poder sobre la naturaleza: voluntad de dominio que está en los orígenes de un saber que nace para poner a la naturaleza al servicio del hombre, por medio del descubrimiento de las leyes que la rigen. Develando sus regularida- des es como puede el hombre dominarla: la ciencia puede triunfar por sobre las calamidades que asedian a los hombres, perfilando un progreso indefinido hacia la felicidad que el uso de la razón ofrece.
Descartes, postulando la duda metódica, va a iniciar una epistemología que luego hallará su síntesis con Kant, en el siglo XVIII. Vesalio y Leonardo, para entonces, ya habían iniciado la di- sección de cadáveres con el objetivo de estudiar el interior del cuerpo humano, progresivamente desacralizado (el cuerpo, en la Edad Media, no podía ser tocado por los “médicos” clericales) 21 . Sentarían así las bases de la anatomía y la fisiología que luego alcanzarían gran desarrollo, en especial con las concepciones mecanicistas del cuerpo de Descartes (“el cuerpo máquina”). Los siglos XVIII y XIX marcarán un hito esencial en esta historia, por varios acontecimientos principales: la Ilustración, las revoluciones industriales y la revolución política burguesa que derroca a la monarquía e instaura la democracia. La Modernidad no sólo trajo cambios funda- mentales en el orden económico, político y social, sino también en la reflexión filosófica que da cuenta de los mismos, y que expresaron filósofos como Voltaire, Condorcet y Kant, entre otros. Ellos dieron lugar al pensamiento de la Ilustración. El llamado Siglo de las Luces o Ilustración se desarrollará entre la Revolución Inglesa (1688) y la Francesa (1789). La expresión alema- na aufklärung, término que puede significar “aclarar una idea” o bien “ilustrar gráficamente un texto”, materializa el sentido del pensamiento ilustrado. También puede entenderse como
“educar” y se aplica a aquella persona que posee un cúmulo importante de conocimientos. No obstante, la acepción más cercana a lo que significó la ilustración es “dar luz al entendimiento”, en relación con la liberación del oscurantismo medieval, poniendo la confianza en la razón hu- mana. Es la “era de la crítica”, tal como la denominara Kant. El programa de la Ilustración comprendía:
1. La aceptación de la investigación científica y sus resultados, contrariando el sen- tido común.
2. La lucha contra la superstición, contra toda opresión e injusticia.
3. La reconstrucción y examen crítico de todas las creencias básicas.
4. El interés en las reformas sociales basadas en la razón.
En síntesis, con la expresión “razón ilustrada” hacemos referencia a una forma de conocimiento que opera mediante la experiencia sensible del mundo externo y el razonamiento deductivo. El proceso de secularización de la razón coloca en el centro del pensamiento las ideas de progreso y felicidad intramundana. El nuevo orden social requiere nuevas formas de justifica- ción racional: surgen teorías filosóficas liberales que legitiman el poder mediante la noción de contrato social (iusnaturalismo). Se seculariza también el saber sobre la naturaleza. Muy someramente hemos descripto lo que Weber llama el desencantamiento del mundo 22 , el cual se explica a partir de la ciencia. Tal como lo menciona Hobsbawm en su clásico libro 23 sobre las revoluciones burguesas, la primera revolución industrial no requirió de innovaciones tecnológicas importantes. La mayor parte de las tecnologías empleadas en la industria textil durante la primera fase de la industria- lización ya había sido inventada. Resulta llamativo el hecho de que, en aquellos tiempos, Ingla- terra poseía un sistema educativo altamente deficiente, más aún si se lo compara con los que existían en Francia y Alemania. No obstante ello, el crecimiento sin par de la economía requirió luego de un constante desarrollo científico y tecnológico. Encontramos en este punto una clara vinculación entre ciencia moderna y desarrollo del modelo capitalista industrial, en especial durante la segunda revolución industrial, en la pri- mera mitad del siglo XIX. El crecimiento demográfico y el surgimiento de las ciudades fabriles traerían, además del enfrentamiento social, graves problemas sanitarios y estructurales, entre
racionalización creciente de las acciones sociales y de los ámbitos institucionales. Esta racionalidad se caracteriza por su carácter eminentemente instrumental en detrimento de la racionalidad sustantiva. Las consecuencias de este proceso, con- comitante con el desarrollo del capitalismo occidental y del aparato burocrático de gestión, la famosa “jaula de hierro”, es un “desencantamiento” del mundo, un mundo del cual quedan excluidos en gran medida los elementos religiosos que
conferían sentido a la vida comunitaria hasta entonces. Al respecto, puede leerse su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
otros. Grandes sectores de la población tenían bajas expectativas de vida y las enfermedades infecciosas amenazaban, no sólo a la gran mayoría de una población explotada, sino también a la burguesía que temía el contagio. Los adelantos en la medicina fueron importantes en este sentido. Con el desarrollo de las ciencias biológicas se preparó el terreno para el surgimiento del modelo médico moderno que, entre otras cosas, se caracteriza por la expansión de la medica- lización a aspectos de la conducta humana que anteriormente no entraban en el campo de la medicina; asimismo, a mediados del siglo XX, la medicina entró de lleno al mundo de la política social y la macroeconomía. Éste es el modelo médico que, según Foucault, constituye la matriz de las ciencias humanas. Esta perspectiva respecto de las ciencias del hombre coloca a Foucault como uno de los críticos del proyecto moderno, en tanto éste deviene en dominio del hombre por el hombre. Un proyecto que pasa del dominio de la naturaleza para mayor felicidad de la humanidad al desarrollo de una voluntad de saber para la dominación: la gubernamentalidad supone un biopoder, un control sobre las poblaciones que se asienta en la pastoral cristiana y en las tecnologías del yo que irán acompañadas de los saberes sobre el hombre, en un proceso de vigilancia, registro y clasificación de los individuos 24 . En este contexto surgen las ciencias sociales. Según Portantiero:
El nacimiento de la sociología se plantea cuando ese nuevo orden ha empezado a madurar, cuando se han generalizado ya las relaciones de mercado y el liberalismo representativo, y en el interior de la fla- mante sociedad aparecen nuevos conflictos radicalmente distintos a los del pasado, producto del industrialismo. 25
“educar al soberano”, al pueblo, para liberarlo de la tiranía y la opresión 26 . La educación pasa a ser el eje en torno al cual se piensa al nuevo hombre, liberado del oscurantismo, de la ignoran- cia y de las tradiciones. La idea de democracia requería de hombres educados, y esta empresa emancipatoria marcará fuertemente a los sistemas pedagógicos que surgirían hacia fines de la segunda mitad del XIX y principios del XXI. La relación entre saber y poder estaba ya asentada en las nuevas sociedades. Saber sobre la naturaleza y los hombres para instituir un mundo más justo. Sin embargo, el estatuto de esta relación sufrirá cambios decisivos, según las perspectivas más radicalmente críticas, que desvirtuarán la utopía emancipatoria 27 . Es en este momento cuando se sitúa el origen de la investigación educativa, cuando la pe- dagogía, a semejanza de lo que anteriormente habían realizado otras disciplinas, en particular la sociología y la psicología, adopta la metodología científica como instrumento fundamental para constituirse en una ciencia. La investigación educativa como disciplina de base empírica se conoció inicialmente como “pedagogía experimental”, término análogo al acuñado por Wundt 28 respecto de “psicología experimental”. Diferentes factores influyeron en el origen de la pedagogía experimental:
1. la necesidad de afirmar la educación sobre bases empíricas;
2. la vinculación con la psicología;
3. el desarrollo de la paidología;
4. la introducción del método experimental en ciencias afines a la educación.
tar a la psicología del estatus de disciplina académica y convertir al psicólogo en investigador científico, posibilitando una institucionalización de la psicología. La nueva psicología pretendía funcionar con los mismos métodos y técnicas que las ciencias experimentales: trabajos en laboratorio, análisis de datos, experimentación, técnicas e instrumentales utilizados en laboratorios de fisiología, entre otros.
Ya en el siglo XX, en la segunda posguerra, logradas las aspiraciones de una educación pri- maria en franco avance en todo el mundo, la lucha por producir recursos humanos en el marco de la competencia armamentista y en la carrera espacial, en el mundo bipolar de la Guerra Fría, pondrá nuevamente a los sistemas educativos y a la educación en el centro de las preocu- paciones de las políticas públicas, tanto en occidente como en Europa oriental. Gran parte de las investigaciones científicas en educación, en el marco de los estados planificadores, serán subsidiadas por éstos y alcanzarán importantes desarrollos 29 . Es el momento de una expansión y masificación de los sistemas educativos, lo que además constituirá una nueva cantera de pro- blemas para la investigación educativa 30 . En cuanto a la ciencia moderna en general, es necesario tener en cuenta que, en tanto saber crítico, debe justificar sus conocimientos y dar pruebas objetivas de su verdad. El modelo científico, en sus orígenes griegos aristotélicos, fue la geometría. A partir de la modernidad, el modelo de la ciencia será la física, aludiendo a un saber acerca de la naturaleza (“physis”, en griego) 31 .
). La actual
concepción no se preocupa especialmente por la explicación causal o, por lo menos, ya no entiende las causas a la manera tradicional. Hoy la tarea de la ciencia es tratar de describir la realidad para com- prenderla en sus relaciones invariantes. Le preocupa „descubrir‰ las conexiones constantes que se presentan entre los fenómenos. Las leyes científicas expresan esas relaciones. En consecuencia, la tarea científica es buscar las leyes que regulan la realidad. 32
Para Aristóteles la ciencia es „conocimiento por causas‰ (
Ley (“nomos” en griego) significa “todos sin excepción” y por tanto implica universalidad y atemporalidad, es decir, una ley debería poder explicar un fenómeno particular en cualquier tiempo y lugar.
Todo cuerpo de conocimiento científíco procede de la investigación científíca, y consiste en un corpus sistemático de hipótesis-leyes sobre determinado tipo de fenómenos; corpus de hipótesis que han sido con- trastadas y han superado la prueba empírica, es decir, que no han sido refutadas.
Toda proposición, para ser científíca, deber ser contrastable empí- ricamente, es decir que debe contener términos observacionales, pues el investigador debe proceder mediante la observación del fenómeno a explicar, valiéndose de los datos que arrojan sus sentidos.
Más adelante, veremos los límites de los datos empíricos en cuanto a su validez y confiabili- dad, dado que los datos son construidos por el investigador.
lo que atañe a la sociología de la educación: las teorías del consenso y las teorías del conflicto. Ver Karabel y Halsey, “La investigación educativa: Una revisión e interpretación”, en Power and ideology in education, New York, Oxford University Press, 1976.
respecto, se sugiere ampliar esta perspectiva y consultar el libro Kaplan, C. y Llomovatte, S (coords.), Desigualdad educativa. La naturaleza como pretexto, Buenos Aires, Novedades Educativas, 2005.
La contrastación de proposiciones declarativas (hipótesis) que afír- man alguna conexión o relación entre dos o más fenómenos requiere que se respeten ciertas normas sustentadas por la comunidad científíca en determinado momento histórico y proceda mediante un método acorde a las mismas. Para ello, se elabora un proyecto a modo de plan previo (aunque veremos luego que difícilmente el proceso real se corresponde con la linealidad del proyecto).
La ciencia se caracteriza por ser un conocimiento sistemático, con- trastable y metódico, y, no obstante su pretensión de objetividad, tam- bién provisorio.
¿Qué factores cree Ud. que influyeron e influyen en el cambio y/o permanencia de sus ideas, conceptualizaciones, opiniones, percepciones y representaciones a lo largo del tiempo? Haga
a. ¿Qué ideas tiene Ud. acerca de lo que es el “conocimiento”?
b. ¿Cree que los saberes que figuran en el recuadro de abajo son formas de conoci- miento?
d. El ordenamiento del recuadro es caprichoso, al azar. ¿Cree posible y/o necesario jerarquizar y ordenar estas opciones? Sería interesante conocer su propuesta con una justificación.
Le ofrecemos la lectura de la siguiente selección de párrafos del Dr. Maturana. ¿Acuerda o desacuerda con el texto? ¿Por qué?
Piensen, cuando Uds. piden una explicación, œqué es lo que quie-
ren oír? Cuando se le dice a alguien „Ud. llegó tarde‰, lo que espera- mos oír es un relato de un suceder tal que si hubiese tenido lugar, el resultado sería el haber llegado tarde. Ese relato se transforma en explicación en el momento en que lo aceptamos, porque si no lo aceptamos no es explicación. Y esto lo aprendemos en nuestra casa, con nuestra mamá, con nues- tro papá, con los hermanos, con los profesores, cuando somos pe-
Un niño de 7 años, una niña de 7 ó 6 años, sabe perfec-
tamente bien el tipo de respuesta que tiene que escuchar cuando quiere una explicación. „Mamá, œcómo es que yo nací?‰, „hija mía, tú
eres preciosa, tienes unos ojitos negros, unos rulitos negros
mamá, yo quiero saber cómo nací. Yo sé que soy linda‰. Lo que quie- re oír de respuesta es un relato de un proceso tal que si tiene lugar
el resultado es la experiencia explicada. Si ese relato es aceptado es una explicación.
Se hace evidente que al no aceptar la pregunta por cómo hace-
mos lo que hacemos estamos aceptando implícitamente que tene- mos la habilidad intrínseca de hacer referencia a un mundo indepen- diente de nosotros. Hablamos de las cosas que están ahí, fuera de nosotros: „–El florero
está sobre la mesa!‰ decimos. „œCómo sabes que el florero está sobre la mesa?‰, „lo veo, œno ves que está ahí?‰. Y que aceptamos que las cosas están ahí con independencia de nosotros se nota en los argu- mentos que damos al otro: „pero si está ahí, míralo, todo el mundo lo puede ver‰, y todo el mundo lo puede ver porque está ahí con in- dependencia de lo que yo digo; yo no soy responsable de lo que esté
ahí, pero yo puedo decir que está ahí porque veo que está ahí. –Ah!, ésa es la actitud cotidiana, es así como vivimos cuando no nos pre- guntamos cómo hacemos lo que hacemos. Y para este modo de estar tenemos una expresión cotidiana, esa expresión es „objetividad‰. Somos
objetivos. El ser objetivo indica que cuando uno dice que es objetivo, está diciendo que lo que él dice se fundamenta externamente ( La objetividad, en último término, tiene su fundamento en el supues- to de que hay una realidad independiente de uno, desde donde se
valida lo que uno dice. (
vivir, en el acto de conocer, y qué pasa que nos equivocamos. œCómo nos equivocamos?
para las cuales tenemos dos palabras maravillosas en castellano, que son „ilusión‰ y „percepción‰. Cuando hablamos de percepción, ha- blamos como si aquello que decimos, que vemos, que distinguimos, fuese independiente de nosotros; pero cuando hablamos de haber tenido una ilusión, lo que estamos diciendo es que tuvimos una expe- riencia que vivimos en el momento de vivirla, como una percepción, pero que después comparándola con otra experiencia, nos dimos cuenta de que no era válida.
Por lo tanto, para entender cómo hacemos
encuentra con un amigo, y saluda diciendo: „Hola Juan,
un momento después nos disculpamos: „Disculpe, me equivoqué.
Fue una ilusión‰. Pero mientras uno está saludando a Juan, está salu- dando a Juan, vive el encuentro con Juan ( Uno no se equivoca en el momento en que se equivoca, se equivoca después. Uno vive la experiencia que vive como válida en el momen- to de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experien- cia, que puede descalificarla como un error ( La ilusión y el error o la equivocación nos muestran que no podemos validar lo que decimos a través de una pretendida referencia a una realidad independiente de nosotros. No tenemos cómo hacerlo. Yo no puedo asegurarles a Uds. que mañana voy a decirles que todo lo que he dicho hoy en día fue un error.
Humberto Maturana Romesin es fundador y colaborador del Instituto Matríztico de Santiago de Chile y profesor del Departamento de Biología de la Universidad de Chile. Ha creado, desde su estudio de la percepción, el campo de la comprensión ontológica del fenómeno del conocer como fenómeno biológico, que él denomina: “Biología del conocer, biología del amor”. Estudió medicina en Chile y biología en Inglaterra y Estados Unidos, doctorándose en biología en la Uni- versidad de Harvard. Recibió el premio nacional de las ciencias de Santiago de Chile de 1994. Actualmente trabaja con Ximena Dávila en el desarrollo de la dinámica de la matriz biológica de la existencia humana.
 Bacon, F., Novum Organon, Buenos Aires, Orbis, 1985.
 Berger, P. y Luckman, Th., La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amo- rrortu Editores, 1968.
 Bourdieu, P., Razones prácticas, Barcelona, Anagrama, 1997.
 Bruner, J., Realidades mentales y mundos posibles, Barcelona, Gedisa, 1991.
 Casullo, N., El debate Modernidad Posmodernidad, Buenos Aires, El cielo por asal- to, 1993.
 Comte, A., Discurso sobre el espíritu positivo, Buenos Aires, Aguilar, 1982.
 Condorcet, M., Escritos pedagógicos, Madrid, Calpe, 1922.
 Chalmers, A., ¿Qué es esa cosa llamada Ciencia?, Buenos Aires, Siglo XXI edito- res, 2005.
 Díaz, E. y Heler, M., Hacia una visión crítica de la ciencia, Buenos Aires, Biblos, 1992.
 Durkheim, E., Las reglas del método sociológico, Buenos Aires, Schapire, 1976.
 Hobsbawn, E., Las Revoluciones Burguesas, Madrid, Guadarrama, 1962.
 Kaplan, C. V. y Llomovatte, S. (coords.), Desigualdad Educativa. La naturaleza como pretexto, Buenos Aires, Novedades Educativas, 2005.
 Karabel, J. y Halsey, A., "La investigación educativa: Una revisión e interpretación". En: Power and ideology in education, New York, Oxford University Press, 1976.
 Le Breton, D., Antropología del cuerpo y Modernidad, Buenos Aires, Ediciones Nue- va Visión, 1995.
 Maturana, H., Conferencia “Salud y Sociedad” en el sitio de Servicio de Salud Valparaíso, San Antonio, Chile, http://www.ssvsa.cl/calidad.html, http://www. ssvsa.cl/carmen.html, http://www.ssvsa.cl/problemas.html, sitio consultado en mayo 2008.
 Portantiero, J. C., La sociología clásica: Durkheim y Weber, Argentina, Editores de América Latina, 1997.
 Díaz, E., La ciencia y el imaginario social, Buenos Aires, Editorial Biblos, 1996.
 Foucault, M., La vida de los hombres infames, La Plata, Argentina, Editorial Alta- mira, 1996.
 Hayman, J., Investigación y Educación, Buenos Aires, Paidós, 1996.
 Le Goff J., Truong, N., Una historia del cuerpo en la Edad Media, Buenos Aires, Paidós, 2005.
 Maturana, H., “La realidad: ¿objetiva o construida?”, reseña bibliográfica de Javier Torres Narrafate del libro de Maturana, en el sitio de la Revista Electrónica cua- trimestral de la Universidad Complutense (Madrid-España), en http://www.ucm. es/info/especulo/numero3/maturana.htm, sitio consultado en mayo 2008.
 Ruiz, A, “Las Contribuciones de Humberto Maturana a las Ciencias de la Compleji- dad y la Psicología” en el sitio del Instituto de Terapia Cognitiva http://www.inteco. cl/articulos/005/index.htm, consultado en mayo 2008.
 Weber, M., La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Madrid, Sarpe, 1984.
I. La naturaleza moderna de sus escritos se revela en el abordaje que realiza del problema de la educación. Trata
de la instrucción pública como deber de la sociedad para con los ciudadanos; este deber tiene dos ejes centrales:
Asegurar la formación del ciudadano; su igualdad, no sólo de derecho sino también de hecho, en el ejercicio de la libertad (en este sentido hay que distinguir entre una igualdad jurídica y una desigualdad naturalmente dada). “Esta obligación con- siste en no dejar subsistir ninguna desigualdad que implique dependencia”. “La desigualdad de la instrucción es una de las fuentes principales de la tiranía”. La división social del trabajo y las necesidades derivadas del ejercicio de las diferentes profesiones: “El poder público debe, pues, contar en el número de sus deberes el de asegurar, facilitar y multiplicar los medios de adquirir estos conocimientos, y este deber no se limita a la instrucción relativa a las profesiones que pueden considerarse como especies de funciones públicas: se extienden también sobre aquellas que los hombres ejercen para su utilidad propia, sin pensar en el influjo que pueden ejercer sobre la prosperidad general”. Condorcet, Escritos pedagógicos, Madrid, Calpe, 1922.
CAPÍTULO II. EL CIENTÍFICO Y LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA. LOS PROBLEMAS DEL COMIENZO
La “concepción del mundo” sólo es concebida de manera dialéctica cuando se incluye en su esencia que ella no es un mero reflejo de lo que preexiste como acciones materiales,sino que ella es parte integrante del proceso de constitución del ser social. La “concepción del mundo” es, por cierto,“un conjunto de represen- taciones”: pero no es sólo eso.Es el movimiento por el cual el grupo llega a ser real, porque ciertos sujetos se constituyen como sus miembros por ese acto de forjar y compartir tales representaciones, y la realidad de ese ser se le manifiesta al sujeto con la dignidad de un ser superior.
Samaja 1 (1995)
II.1. Las formas en que conocemos y hacemos el mundo
Uno de los aportes de las ciencias sociales ha sido demostrar que, tal como hemos visto en el capítulo anterior, el hombre es un ser social. Con esta afirmación de lo que parece una ob- viedad, quedan implicadas cuestiones epistemológicas tales como la relación parte-todo, indivi- duo-sociedad, cuestiones que estarán presentes a lo largo de este trabajo, dada su pertinencia desde el punto de vista epistemológico y metodológico. Ahora bien, existen otras especies que se caracterizan por vivir en organizaciones sociales, con división del trabajo y jerarquías. Lo que diferencia al hombre de los otros seres de la naturaleza es su capacidad para simbolizar y transmitir símbolos a través del lenguaje, oral y escrito, transformando con su trabajo el mundo externo y también a sí mismo 2 , es decir, su capacidad para construir, producir y reproducir cul- tura. Ésta supone la capacidad humana de representarse al mundo, o sea, volver a presentarlo ante sí en ausencia, por medio del intelecto y la imaginación, proceso tanto filogenético como ontogenético que ha ido constituyendo el depósito cultural de la humanidad.
Este proceso de la civilización es lo que define al homo sapiens, en una permanente interac- ción con el medio social y la naturaleza. En este sentido, la educación es un proceso fundamen- tal para la propia existencia de las sociedades humanas. Según la concepción durkheimiana de la educación, ésta consiste, en principio, en una acción socializadora difusa y espontánea que se da cuando entran en contacto dos generaciones, una de ellas ya socializada y otra que todavía necesita internalizar las normas, valores y conocimien- tos existentes. Por este motivo, a lo largo de la historia, siempre ha habido personas dedicadas a la tarea de educar, con mayor o menor grado de sistematicidad. En la actualidad, y desde hace apenas poco más de un siglo, nuestras sociedades se sustentan también, y fundamentalmente, en una educación sistemática, institucionalizada en la figura del maestro. En el sentido moderno del término, el maestro, hoy, es un profesional con conocimien- tos especializados obtenidos en el sistema formador docente creado por los estados nacionales en simultaneidad con los sistemas educativos actuales, instituidos en su mayoría hacia fines del siglo XIX. Dada la creciente importancia de la educación formal en el marco de los cambios sociocultu- rales de las últimas décadas, tanto a nivel nacional como en el concierto de las naciones, el cam- po de los profesionales de la educación ha alcanzado un desarrollo altamente significativo 3 .
1 Samaja, J., Epistemología y Metodología, Buenos Aires, Eudeba, 1995, p. 328.
2 Mencionaremos brevemente la cuestión de las funciones cognitivas en el curso de la filogenia. En los seres vivientes no humanos, tales funciones sólo están dispuestas para el mantenimiento de la vida; mientras que en los humanos, las
funciones cognitivas a través del método científico tienen como meta general la transición de la adaptación biológica a la adaptación racional: “transforma el aparato cognitivo de tal manera que en lugar de ponerlo al servicio del mantenimiento de la vida, lo pone al servicio del conocimiento objetivo”. Ver Samaja, op. cit., pp. 312-313.
3 “En principio hay algo notorio: una porción importante del conocimiento objetivo no se adquiere por mecanismos genéti-
cos, sino mediante procesos psicológicos y sociales. En el seno mismo de la biología, ha surgido esta importante conclusión:
Referirnos al proceso ontogenético y filogenético de la civilización implica decir que el homo socius ha tenido y tiene que enfrentarse con diversos tipos de fenómenos, ante los cuales ne- cesita generar un conocimiento práctico y teórico. En términos generales, podemos decir que la generación de conocimiento requiere de la experiencia, el razonamiento y la investigación, que no se excluyen entre sí sino que se conjugan en las actividades cognitivas.
Cuando necesitamos tomar decisiones inmediatas y recurrimos a nuestra experiencia, no nos planteamos que primero debemos probar empíricamente la validez de nuestras conjeturas. Procedemos y muchas veces esa experiencia es altamente valiosa para la práctica ya que antes ha dado buenos resultados. Los procesos de habituación e institucionalización, a los cuales nos hemos referido en el pri- mer capítulo, hacen al cúmulo de experiencias, habilidades y conocimientos que los hombres producen en sociedad para resolver las situaciones cotidianas. No obstante, la experiencia per- sonal en forma de conocimiento de sentido común puede resultar insuficiente ante cierto tipo de problemas que requieren de un trabajo intelectual regido por otras normas de producción y legitimación. Por otro lado, el conocimiento científico se caracteriza por exigir al sujeto que hace ciencia una prueba empírica de la respuesta que ha pensado respecto de su problema. Dicha prueba debe, además, adecuarse a una metodología consensuada por la comunidad cien- tífica, acorde a un determinado paradigma. En relación con el razonamiento, existen tres métodos para realizar inferencias: la inducción, la deducción 4 y el método combinado inductivo-deductivo. La disputa entre aprioristas (deduc- tivistas) y empiristas (inductivistas) del siglo XVII se resolverá en la combinación de ambos; a pesar de sus limitaciones, esta combinación ha constituido una contribución importante para el desarrollo del modelo científico de conocimiento.
Todo razonamiento consiste en un conjunto de proposiciones 5 en el que una de esas propo- siciones se infiere o “extrae” de las demás: la conclusión. Las proposiciones que posibilitan la inferencia son las premisas. Cualquiera de ellas podría ser falsa. Sabemos que el razonamiento no es ni verdadero ni falso, sino válido o inválido, es decir co- rrecto o incorrecto. Ahora bien, un razonamiento es válido siempre y cuando no sea el caso que de premisas verdaderas se extraiga una conclusión falsa. Se desprende de lo dicho que pueden darse los siguientes casos: razonamientos válidos con premisas y conclusión verdaderas; otros con premisas y conclusión falsas y otros con premisas falsas (todas o al menos una) y conclusión verdadera o falsa 6 . La vía inductiva parte de premisas singulares para llegar a conclusiones universales, por lo tanto sabemos también de las limitaciones lógicas de la misma (que tiene para el científico un valor heurístico fundamental): el pasaje de proposiciones singulares a una proposición universal no garantiza que la verdad de las premisas se transfiera a la conclusión.
los miembros de la especie homo sapiens poseen, además de las estructuras biológicas –mediante las cuales transmiten información genética–, otro sistema para transmitir información de una generación a otra: ‘dicho sistema consiste en el
proceso de la enseñanza y el aprendizaje social, y constituye, en realidad, un segundo mecanismo por medio del cual opera la evolución, al que denomino sociogenético’”. C. Waddington (1963,31) citado por Samaja, op. cit., p. 313.
4 El razonamiento deductivo fue el gran aporte de Aristóteles a la lógica formal (el silogismo). “El silogismo fue la base del razonamiento sistemático desde el momento de su enunciación hasta el Renacimiento”. Cohen y Manion, Métodos de Investigación Educativa, Madrid, La Muralla, 1990, p. 25.
5 De una proposición, sí es posible predicar que sea verdadera o falsa, pues describe hechos cuya ocurrencia puede ser
constatada fácticamente, por ejemplo: la Revolución Francesa es un hecho histórico y una proposición que enuncie su exis- tencia puede ser contrastada fácticamente.
6 Ver capítulo “Métodos científicos” en Esther Díaz (comp.), La producción de los conceptos científicos, Buenos Aires, Biblos, 1995, p. 185.
Como las dos grandes fallas del inductivismo consisten en apoyarse en una forma de razonamiento inválida y en pretender que el conocimien- to parte de la observación, quienes intentan superarlo buscan solucio- nar esos problemas empleando formas de razonamiento válidas y reco- nociendo la preexistencia de las teorías con respecto a la observación. 7
Quienes se basan en el método hipotético-deductivo sostienen que la ciencia se origina en los problemas teóricos o prácticos de los fenómenos que afectan a los hombres. En este sentido, cualquier hipótesis formulada en torno a alguno de estos fenómenos no es ni verdadera ni falsa, es una conjetura. Para saber si es verdadera o falsa será necesario contrastar las hipótesis con los observables externos percibidos por medio de determinados procedimientos, de alguna téc- nica y/o tecnología. Dichas conjeturas o hipótesis científicas en general no contienen términos observacionales, son de carácter teórico, por lo cual es necesario deducir de ellas enunciados contrastables empíricamente (consecuencias observacionales) para confirmar las hipótesis en el caso de que dichas consecuencias sean observadas. Cuando refutamos una hipótesis porque sus consecuencias observacionales no se cumplen fácticamente, estamos utilizando una forma válida de razonamiento: el modus tollens, cuya característica es que, en caso de que las premi- sas sean verdaderas, la conclusión será necesariamente verdadera. En cambio, si la confirmamos por sus consecuencias observacionales, estamos recurriendo a otra forma de razonamiento co- nocida como “falacia de afirmación del consecuente”. La falacia, como sabemos, es una forma inválida de razonamiento, ya que no garantiza la conservación de la verdad de las premisas en la conclusión. Esto es, aunque las premisas sean verdaderas, la conclusión no lo será necesaria- mente. Por este motivo, la confirmación de la hipótesis es siempre provisoria.
La pretensión del hipotético-deductivismo es partir de las hipótesis y utilizar formas válidas de razonamiento para probarlas. Esta segunda aspiración sólo se cumple en el caso de la refutación, pero no en la confirmación de las hipótesis. Esta se basará, finalmente, en el méri- to de haber sido sometidas a la contrastación muchas veces y haber salido airosas de los intentos de refutarlas, pero este apoyo no es más que una confirmación inductiva: hasta ahora, una hipótesis ha sobrevivido en todos los casos; nada nos garantiza que ocurrirá en el futuro. Por ello, algunos autores inscriptos en esta corriente meto- dológica, como Karl Popper (1902), prefieren presentar este método como falsacionismo. 8
Otra de las formas en que el hombre produce conocimiento, como dijimos, es la investiga- ción científica. Para Kerlinger, la ciencia se basa en la investigación sistemática, controlada, empírica y crítica de proposiciones hipotéticas acerca de las relaciones presumidas entre fenó- menos. En esta perspectiva, donde el saber de sentido común se relaciona con hechos casua- les, la investigación científica trabaja de modo sistemático, controlando condiciones y factores, basándose en el modelo inductivo-deductivo. El conocimiento así producido es empírico, es decir que la creencia subjetiva es contrastada con la información procedente de la experiencia sensorial. El científico está siempre alerta a las fuentes de error que podrían afectar su trabajo si se basara solamente en sus opiniones, por ello introduce constantemente procedimientos de validación en todo el proceso de investigación. Dicho con más propiedad: todo proceso de investigación supone constantes instancias de validación, las cuales serán abordadas en el siguiente capítulo. La ciencia es siempre una acción social, y como tal es intersubjetiva y requiere de la considera- ción de otros expertos. En el caso de los diseños causales, su rigurosidad permite la replicación del experimento; en otro tipo de diseños, dado que el método científico siempre explicita sus
7 Ver el capítulo “Métodos científicos”, en op. cit., p. 178.
8 Ver loc. cit., p. 179.
procedimientos, éstos requerirán la justificación epistemológica y metodológica adecuada para que quienes deseen aplicarlos y observar los resultados puedan hacerlo.
La objetividad absoluta no es posible; hoy consideramos que la misma consiste básicamente
en el carácter público de todo conocimiento científico, esto es: la intersubjetividad que resulta
de los consensos establecidos dentro de los diferentes paradigmas confiere objetividad al co- nocimiento científico. Concluyendo, cuando hablamos de la investigación científica consideramos que la producción de este tipo de saber se realiza de modo sistemático y controlado dentro de un determinado paradigma (el cual detenta normas en relación con los procedimientos lógicos y metodológicos que instituyen la validez de los corpus teóricos y metodológicos que se sustentan). Es un tipo de conocimiento que requiere la validación pública por medio del reconocimiento de la comunidad científica, que legitima de este modo el carácter científico de dicha producción. Más adelante veremos los tipos de explicación a los que apela el conocimiento científico, en función de los diferentes paradigmas de la investigación educativa.
II. 2. El científico y la investigación de los hechos
Samaja, citando a Dewey, sostiene que la investigación científica puede considerarse como
un modo particular del proceso entre el científico y sus creen-
cias. Un proceso en el que el científico regula (por así decirlo), de manera particular, su „metabolismo‰ con su medio cultural. Pone en movimiento sus representaciones y conceptos y los confronta de ma- nera crítica con las representaciones y conceptos imperantes en la sociedad. Por medio de esta confrontación, transforma a su vez sus propias representaciones y conceptos. Desarrolla ideas que, por así decirlo, dormitaban en su propio espíritu y asume un control crecien- temente explícito de sus imágenes y conceptos. Descubre y expone respuestas a cuestiones que él cree relevantes o que le formulan en su medio académico y que ponen en cuestión sus creencias básicas. 9
El investigador científíco produce nuevo saber, pero un nuevo saber que debe ser producido bajo ciertas normas y reglas que no inventa por sí mismo, sino que están vigentes en la comunidad científíca, en un cier- to momento histórico y en un tipo de sociedad particular.
Lo que produce la investigación científica es un conjunto de proposiciones que se consideran
suficientemente validadas vía prueba empírica, en función de explicar un hecho o fenómeno
tomado como problema de investigación 10 .
Todo comienza a partir de un problema
A partir de un problema, el individuo necesita una respuesta. Y esto sucede también en
nuestro día a día; buscamos respuestas sobre muchos sucesos de nuestras vidas cotidianas y construimos una narrativa que les da sentido. Llamamos el ascensor. No viene. Esperamos un largo rato y parece no moverse. Buscamos una respuesta. Pensamos que alguien ha dejado la puerta abierta en alguno de los pisos. Probablemente optemos por esta “explicación” si
9 Samaja, J., Epistemología y metodología, Buenos Aires, Eudeba, p. 22.
10 “Lo específico del conocimiento científico puede ser nombrado con un término tradicional: me refiero al término ‘expli-
cación científica’”. Samaja, op. cit., p. 29.
sabemos que en otras oportunidades ha sucedido lo mismo. Pero si hemos sido informados de que el ascensor tenía algunos desperfectos, seguramente pensaremos que se ha detenido debido a la falta de reparación. Puede suceder, asimismo, que si disponemos de otro ascensor resolvamos la situación rápidamente, mediante su utilización; otra posibilidad sería recurrir a las escaleras. Hagamos una cosa u otra, buscaremos una explicación a esa situación que nos ha alterado la rutina, nos ha hecho perder tiempo y quizá perder el colectivo o llegar tarde a algún lugar, probablemente a nuestro trabajo, donde daremos también una explicación de la llegada a destiempo. Nos creerán o no, pero difícilmente se produzca una investigación empírica a fin de comprobar la “realidad del fenómeno acontecido”. Tampoco a nosotros se nos ocurriría ha- cer una investigación al respecto. Quizás consultemos al encargado creyendo en la explicación que él nos da. Esa, a los fines prácticos, será la “verdadera explicación para el suceso”, pues en definitiva nos interesa que el ascensor funcione y, siendo así, no indagaremos mucho más. Pero supongamos que se produce una desgracia en el ascensor e interviene la Justicia. En este plano se realizará una indagación judicial para establecer la “verdad acerca de los hechos” y to- dos estaremos esperando que se haga justicia; lo que equivale a decir que “se descubra lo que realmente sucedió” más allá de las opiniones, los juicios subjetivos y las mentiras que podrían decirse en tal situación. Si bien hemos utilizado una analogía entre el hecho judicial y el hecho científico, en una situación tal nos acercamos bastante a lo que es una investigación científica ya que esperaremos “objetividad”, es decir, la comprobación de cómo sucedieron los hechos y que, consecuentemente, se administre justicia no acorde a un estado de ánimo, por ejemplo, sino a los hechos reales y comprobados.
La investigación cientí ﬁ ca se propone explicar hechos.
La indagación de los “hechos” en el campo de la investigación
Un hecho se expresa mediante una proposición verdadera. Dice Klimovsky:
La palabra hecho alude a aquello que se expresa no mediante una palabra o un término sino por una proposición: más exactamente por una proposición verdadera. Cualquier proposición, salvo que sea contradictoria, expresa un hecho. Pero un hecho no es una cosa, ni un objeto, ni una entidad, sino más bien una situación o configura- ción que acontece entre entidades relacionadas de cierta manera. Si afirmamos: „La Revolución Francesa tuvo lugar en 1789‰ estamos enunciando un hecho. 11
Si bien no hay algo único que pueda denominarse “explicación científica”, existen ciertas formas en que los científicos tratan de dar cuenta de los hechos, ya sean naturales o sociales. Existen diferentes modelos de explicación científica, pero podemos agrupar a los científicos sociales en dos grandes categorías: causalistas y comprensivistas. Quienes intentan dar cuenta de las leyes generales de los fenómenos u hechos que estudian, entran dentro del gran equipo de los causalistas (ya sea que expliquen a partir del modelo nomológico deductivo –algunos de sus submodelos– o estadístico). Quienes se proponen com- prender la causa en el sentido de aquellos motivos o intenciones, por ejemplo, que hacen que las personas se comporten de una determinada manera, son los comprensivistas. En los capítu- los correspondientes a métodos cuantitativos y cualitativos respectivamente profundizaremos la discusión. El esquema siguiente, por lo tanto, está simplificado.
11 Klimovsky, G., La Inexplicable Sociedad, Buenos Aires, AZ editores, 1998, p. 28.
Comprensivistas
Buscan las regularidades en forma de leyes genera- les valiéndose del razonamiento deductivo.
Buscan la comprensión del sentido y, aunque suelen buscarse regularidades, el investigador realiza un trabajo de tipo básicamente inductivo.
Aquí encontramos las dos grandes corrientes que dividen aguas dentro del campo de la in- vestigación educativa. Luego retomaremos este tema. Supongamos que nos hemos dirigido a la parada del colectivo donde habitualmente toma- mos la línea que nos deja donde necesitamos. Pero encontramos que, ante nuestra señal, el transporte no se detiene. Miramos si efectivamente sigue allí el cartel indicador con el número de nuestro autobús. Efectivamente, está. Queremos explicarnos por qué no se detuvo, es de- cir, por qué causa el chofer siguió sin detenerse a nuestro pedido. Algo desacostumbrado ha ocurrido. Conocemos una cantidad de datos que nos indican que debió hacerlo. Está el cartel indicador, su trabajo es levantar pasajeros, hemos realizado la señal correspondiente en el lugar indicado, etc. Entonces inevitablemente nos preguntaremos: ¿Por qué siguió de largo? Algún tipo de explicación intentaremos: porque el colectivero no cumple con su trabajo como corresponde debido a que no recibe un buen salario, o bien porque no es un buen trabajador; porque ese día no vio la señal porque venía conversando con un amigo, contraviniendo las nor- mas; porque estaba disgustado por alguna razón personal y se descargó con nosotros; porque estaba apurado ya que llevaba retraso y podía sufrir una sanción por parte de la empresa; por negligencia, etc. Son todas respuestas posibles, conjeturas que tienen buenas posibilidades de ser ciertas; son hipótesis de sentido común, es decir, respuestas fundadas en nuestra experien- cia en relación con nuestro problema. Respecto de nuestro chofer, posiblemente elegiremos aquella explicación que mejor se ade- cue a nuestro enojo o a la dimensión del trastorno que nos causó, poniendo menor o mayor én- fasis en buscar el por qué, pero seguramente en ningún caso emprenderemos una investigación científica para comprobar algunas de esas conjeturas-hipótesis. Ahora bien, si fuéramos inves- tigadores y tuviéramos que dar una descripción y/o explicación del comportamiento laboral de los choferes de colectivos, entonces sí tendríamos que recurrir a una serie de pasos con reglas predeterminadas para probar alguna de esas hipótesis. Pero primero deberíamos quedarnos con aquellas conjeturas que tienen más solidez. La pregunta es: ¿Cómo hacemos para discriminar cuál o cuáles son las hipótesis más sólidas, las buenas hipótesis? Es decir, las explicaciones pro- visorias que doy al problema hasta tanto las someta a prueba empírica.
Sintetizamos los puntos centrales hasta aquí:
1. Tenemos un problema que surge porque advertimos que algo que debiera ser de una manera funciona de otra, o bien porque siempre ocurre de la misma forma causando trastornos, dificultades en el entorno. O simplemente existe un fenóme- no o conjunto de hechos que nos interrogan, que nos producen la necesidad de encontrarles una respuesta.
2. Luego tenemos algunas explicaciones posibles para ese problema.
3. Necesitaremos determinar cuál o cuáles de esas explicaciones son buenas, esto es, ¿cuándo estamos ante una o unas buenas hipótesis?
El origen de las buenas hipótesis
Diferentes preguntas nos haremos ante la presencia de interrogantes: ¿de dónde extraere- mos buenas hipótesis 12 ? ¿Cómo sabremos que aquellas conjeturas con las que intentamos dar una respuesta al problema suscitado son las que merecen ser puestas a prueba? ¿Cómo hare- mos para decidir correctamente?
12 Buenas hipótesis son aquéllas que, al ser contrastadas, tienen mayor probabilidad de ser probadas, debido a que se
fundamentan en un sólido conocimiento del tema.
En principio, es necesario advertir que el proceso de llevar a cabo una investigación a menudo supone comenzar con una hipótesis (o varias) y, llegado a un punto de la indagación, descartar- las si hemos concluido que no están adecuadamente fundamentadas. El investigador debe estar preparado, pese a su rigor metodológico, para aceptar un cierto grado de incertidumbre en el desarrollo de su trabajo. Un elemento fundamental es detectar a qué dimensión de la realidad corresponde nuestro problema, es decir, cuál es el tema general dentro del cual se encuadra nuestra pregunta. Pues tenemos un problema cuando tenemos una o varias preguntas. Por ejemplo, si nuestra pregunta es ¿por qué los estudiantes de secundaria tienen problemas con la lectura e interpretación de textos? nuestro tema es lectura e interpretación de textos en la escuela secundaria. El tema detecta un área de indagación con el fin de ir recortando el objeto de conocimiento. Probablemente nuestra intuición, experiencia y conocimientos previos I nos llevarían a plan- tear que se trata de jóvenes que no leen y que no reciben estímulo para esa actividad. Podría- mos formular nuestra hipótesis (como posible respuesta al problema) de la siguiente manera:
“Los estudiantes de la escuela media presentan dificultades para la lectura e interpretación de textos debido a que no ejercitan la lectura suficientemente, porque no les interesa y no reciben estímulos para ello”. Como podemos apreciar en esta proposición, tenemos varias dimensiones de la realidad que se combinan. Esto es: las dificultades para la lectura e interpretación de textos estarían relacionadas con un grado insuficiente de ejercitación de la lectura y ello tendría relación con la falta de interés y de estímulos. Es necesario, llegados aquí, consultar las investigaciones y los estudios científicos que se vinculan con nuestro tema. Esta consulta consiste en una indaga- ción teórica que nos ayude a conocer las dimensiones que pueden estar asociadas al problema, para que nos aporte nuevas visiones acerca de otros posibles factores y su combinación. Ire- mos enfocando mejor nuestro problema. Probablemente, luego de un período importante de revisión bibliográfica desechemos la o las hipótesis, porque encontramos que otros estudiosos han hallado factores más relevantes para responder la pregunta que nos formulamos. O tal vez encontremos que la no ejercitación de la lectura está relacionada con otros aspectos de la realidad de los jóvenes que no habíamos considerado. Quizá descubramos que ya se han realizado muchas investigaciones sobre el tema y que está resuelto, por lo cual no tenemos ningún nuevo conocimiento para aportar. A su vez, los resultados de la investigación que lleve- mos a cabo producirán un nuevo saber respecto de un problema que implicará el surgimiento de nuevos interrogantes para futuras investigaciones. En el próximo capítulo, abordaremos en detalle esta parte del proceso, el inicio de una investigación. No obstante, podemos enumerar algunas características.
 se basa en el trabajo de otros, no a fín de copiarlos, sino de aprender lo que ya otros han estudiado al respecto;
 se puede repetir (replicabilidad);
 se puede generalizar a otras situaciones, dadas ciertas normas de realización;
 se rige por un razonamiento lógico;
 está basada en una teoría;
 es factible, es decir, está al alcance de las condiciones de rea- lización con que cuenta el investigador;
 genera nuevas preguntas, o sea que es de naturaleza cíclica; las respuestas que hallemos para nuestras preguntas de hoy, serán la base para nuevas preguntas.
Diferentes modelos de explicación científica
Como venimos diciendo, el investigador busca una explicación científica. A menudo, alguien nos da una respuesta respecto de alguna cuestión que hemos planteado y le respondemos que si bien nos interesa su opinión y nos parece sólida y creíble, deseamos y necesitamos una explicación científica. Hemos mencionado que existen diferentes modos de explicar y, en términos generales, po- demos afirmar que el científico explica a través de la demostración de las regularidades que encuentra en un tipo de fenómenos específicos de la realidad, el cual constituye su objeto de conocimiento. No siempre esas regularidades son “leyes causales”: puede tratarse de leyes de correlación, por ejemplo, o de leyes funcionales. Es decir, no siempre se explica la causa de un suceso sino que puede darse a la comprensión un hecho a partir de explicar la función que cumple dentro de un sistema, o bien su variación conjunta con otro hecho. Para clarificar este tema veremos, entonces, los diferentes modelos lógicos de la explicación científica.
El modelo nomológico deductivo
Este modelo ha sido introducido por Pierre Duhem, John Hospers y Karl Popper, aunque las ideas principales ha sido desarrolladas por Carl Hempel, quien inicialmente llegó a considerarlo el modelo por excelencia de la explicación científica. Según este modelo, explicar es hacer una deducción, es decir que un hecho puede explicarse de diferentes maneras y ello va a depender de la clase de explicación que busquemos. El nombre se debe a que se trata de un razonamien- to deductivo que requiere esencialmente de enunciados con forma de leyes. Como sabemos, “ley” es un término que proviene de “nomos”, que significa “todos sin excepción”. Todo enun- ciado con forma de ley es un enunciado universal, que se refiere a todos los casos posibles en todo tiempo y lugar, sin excepción. En otras palabras, tenemos un hecho que debemos explicar (explanandums) y un cuerpo de leyes que permite explicar ese hecho particular (explanans).
Premisas Datos o Condiciones iniciales Premisas Leyes
Hecho o fenómeno a explicar Explanandum o Conclusión
Veamos el siguiente ejemplo presentado por Klimovsky:
13 Klimovsky, op. cit, p. 35.
Supongamos que el señor A está en su casa acompañado de algunos amigos. Cuando su esposa llega, queda estupefacta al constatar que su valioso florero de porcelana china yace caído en el suelo, hecho añicos. Pregunta entonces por qué el florero está en el suelo y roto. El marido ofrece una primera explicación, totalmente correcta aun-
que pueda sonar irrelevante: él afirma que el florero dejó de estar en la mesa; que por la ley que afirma que los cuerpos sin sustentación caen, cayó al suelo; y que por la ley que afirma que al chocar con objetos duros los objetos frágiles se rompen, se rompió al chocar
Datos: el florero dejó de estar en la mesa, era
contra el suelo. (
frágil, chocó contra un objeto duro. Leyes: de la caída de los cuerpos sin sustentación y de la ruptura de los objetos frágiles cuando chocan
con objetos duros. 13
Una explicación de ese tipo seguramente nos provocaría risa o ira, pero no podemos negar que es una explicación. En todo caso, no del tipo que necesitaría una esposa molesta. Ahora bien, este tipo de explicación debe satisfacer varios requisitos de tipo lógico y epistémico.
Requisitos lógicos II :
explanandum debe deducirse, ser una consecuencia lógica, del explanans.
En el explanans deben existir obligatoriamente las leyes que nos permiten llegar a
conclusión, pero no cualquier cuerpo de leyes, sino aquellas que son adecuadas
tipo de hecho que debemos explicar.
La conclusión no debe figurar ni explícita ni implícitamente en las premisas.
Disponer de leyes es disponer de un corpus teórico o teoría
Requisito epistémico:
explanandum debe consistir en una proposición verdadera, esto es, que exprese
un hecho que de verdad se ha producido.
aún más, según Hempel, todas las premisas deben ser verdaderas, es decir, los
datos y las leyes deben ser verdaderos también.
A su vez, este modelo nomológico tiene 3 sub-modelos, con similar estructura lógica:
1. Explicación hipotética deductiva: las leyes se consideran hipótesis por cuanto no es posible verificar los enunciados generales ni por vía de la intuición, autoevidencia
o inducción. Así, las teorías científicas se consideran como conjuntos de hipótesis
aún no refutadas.
2. Explicación potencial: por algún motivo no podemos estar seguros sobre las condi- ciones iniciales o de contorno del hecho, es decir, las premisas datos son dudosas y ya hemos dicho que éstas deben ser verificables, verdaderas.
3. Explicación causal: las leyes del explanans son leyes de un tipo especial, leyes causales.
Quien explica de esta forma puede también predecir la ocurrencia del hecho.
Llegados a este punto, tenemos una discusión importante: si en ciencias sociales es posi- ble establecer leyes generales y universales. Hay un considerable acuerdo en que los fenó- menos sociales, por sus características, requieren formas explicativas que excepcionalmente puedan estar basadas en leyes universales. Por ello, veremos que existen también otros modelos de explicación.
Otros modelos de explicación causalistas
Otros modelos de explicación a tener en cuenta son la explicación estadística, la explicación parcial, la explicación conceptual y la explicación genética. Un desarrollo aparte abordará el modelo comprensivista y sus variantes. Introduciremos una síntesis breve de los modelos cau- salistas mencionados, sin extendernos, ya que tienen características que los asemejan entre sí con variantes que señalaremos a continuación. El lector que desee profundizar en ellos podrá encontrar bibliografía al final del capítulo.
Este modelo, como los siguientes en este apartado, se incluye dentro del grupo general de los causalistas. Si bien parece tener la misma estructura lógica del nomológico deductivo, no se trata de un razonamiento deductivo. Este modelo es usado frecuentemente en biología, medicina y en ciencias sociales. Encontramos también en él leyes, pero no en el sentido en que las conocemos hasta ahora, es decir, como enunciados generales y universales, sin excepción. Se trata de leyes probabilísticas, y estamos ante un tipo de razonamiento llamado inferencia inductivo-estadística, no ante una deducción, ya que no queda garantizada la conservación de la verdad. En este modelo no se cumplen los requisitos lógicos del nomológico deductivo y tampoco la simetría entre explicación y predicción: una ley probabilística no permite predecir la ocurrencia de un hecho más que en términos de probabilidad.
Este modelo se parece, prima facie, a una explicación nomológica deductiva, porque en ella disponemos de datos y disponemos de leyes. Ahora bien, ocurre que de éstas últimas no es posible deducir directamente el hecho a explicar. Lo que podemos deducir es un aspecto parcial del mismo. Por lo tanto, la explicación del hecho es mucho más débil o parcial que una explicación nomológica deductiva: lo que alcanzamos a explicar mediante este modelo es un hecho que se deduce de lo que queremos explicar, pero no deducimos directamente el hecho a explicar. Klimovsky da como ejemplo el caso de la Revolución Francesa: Jean Jaurés, en su libro Histo- ria de la Revolución Francesa, reconoce los siguientes factores: el hambre del pueblo, la escasez de dinero, corrupción de la clase gobernante, abuso y despotismo contra la clase media y el campesinado. También aparecen leyes tales como, por ejemplo, que ante situaciones extremas se producen cambios revolucionarios. Aparentemente estaríamos ante una explicación de la Re- volución Francesa. En realidad, esto es así sólo de manera parcial ya que no se deduce el hecho particular de la toma de la Bastilla. Lo que se deduce es una situación revolucionaria en Francia y sólo parcialmente podemos deducir de ello el hecho particular de la Revolución Francesa. Este tipo de explicaciones suelen ser frecuentes en estudios historiográficos, antropológicos y también sociológicos.
La explicación conceptual
Cabe mencionarla ya que suele ser utilizada dentro del campo de las ciencias sociales. Dice Klimovsky:
Cuando explicamos un hecho situándolo en un contexto más amplio que lo hace entendible, ofrecemos una explicación conceptual. Este cuarto modelo de explicación no es banal en absoluto, fundamen- talmente en la medida en que explicar conlleva comprender, y debe admitirse que un modo de comprender una estructura parcial o local consiste en ubicarla en un contexto general. 14
Esto implica que realizamos dos procedimientos: 1) Proporcionamos una hipótesis que con- siste en afirmar que existe una estructura amplia, que es el contexto explicativo del hecho. 2) Proporcionamos una hipótesis según la cual lo que queremos explicar se inserta y forma parte de esta estructura amplia. Este tipo de explicaciones son interesantes en los casos clínicos y de diagnósticos. En general funciona como el primer paso que conduce a otros tipos de explicación nomológica deductiva.
14 Klimovsky, op. cit., p. 66.
Estamos ante una explicación genética cuando damos cuenta del proceso continuo que ori- gina un hecho. Para muchos historiadores, éste es el modelo explicativo historiográfico por excelencia que establecería una diferencia sustantiva en relación con la explicación dentro del campo de las ciencias naturales. No obstante, Hempel postula que no se trata de un proceso continuo que termina en lo que queremos explicar, sino de una sucesión finita de hechos que culminan en una explicación. Encuentra pues, que existen condiciones iniciales y leyes reducien- do dicho modelo a una variante del nomológico deductivo del siguiente modo:
Una explicación genética es una cadena de explicaciones nomo-
lógico deductivas en la que los sucesos que constituyen cada uno de los eslabones se transforman en datos iniciales, y donde lo que se tuvo en cuenta, al menos implícitamente, para recoger esos datos y no otros, fueron leyes. 15
El modelo comprensivista y sus variantes
Cuando intentamos comprender el sentido y la racionalidad de la conducta social, el mo- delo de explicación ya no se basa en leyes, sino que se sustenta en otro tipo de explicación. Siguiendo a Klimovsky y según ya lo mencionamos, estamos ante investigadores sociales que se proponen descubrir ya no las causas en el sentido de causa eficiente, sino comprender el significado de una acción. Dentro de este tipo de explicaciones tenemos algunas variantes: 1) teleológicas por propósitos e intenciones; 2) teleológicas por funciones y metas; 3) por com- prensión y significación.
1. Explicaciones teleológicas por propósitos e intenciones: en este caso las explicacio- nes comprensivistas por propósitos e intenciones sustentan que la causa o propósi- to está en el futuro (causa teleológica).
2. Explicaciones teleológicas por funciones o metas: las explicaciones por funciones, llamadas también funcionales-teleológicas, explican un acontecimiento por la fun- ción que el mismo desempeña, es decir, cómo contribuye al sistema homeostático de la estructura en la que está inserto (puede tratarse de una institución o un acon- tecimiento, por ejemplo). Existen varias acepciones del término “función” que no vamos a desarrollar. Sí es pertinente abordar lo que según Klimovsky es una quinta acepción de la noción de función, en estrecha vinculación con el funcionalismo. En
la función de un componente se vincula con el hecho de que su
este sentido “(
presencia permite explicar la existencia y la permanencia de la estructura total” 16 .
3. Explicaciones teleológicas por comprensión y significación: esta variante del mo- delo comprensivista general, denominada “por comprensión y significación”, se propone captar las múltiples variables en juego y sus vinculaciones, para compren- der en forma holística el fenómeno, captando las significaciones que los actores atribuyen a las situaciones de las que participan.
A continuación, y según la estructura de este trabajo que va de lo más general a lo particular, nos abocaremos a desarrollar cuestiones específicas del campo educativo.
15 Ibídem, p. 73.
16 Ibídem, p. 84.
Tal como lo hemos explicitado, la investigación científica implica un modo particular de inte- racción y regulación entre las creencias y representaciones del científico, sus experiencias de la vida cotidiana con el campo de la ciencia. Desde esta perspectiva, el docente que decide llevar a cabo un proyecto de investigación va a confrontar y resignificar durante el proceso de investi- gación sus conocimientos sobre su práctica cotidiana y sus representaciones sociales con el co- nocimiento que surgirá de las diferentes instancias como resultado del proceso de investigación. El docente implicado en un proyecto de investigación tendrá la posibilidad de producir un nuevo saber sobre su práctica educativa pero, como ya hemos mencionado en el capítulo I de la prime- ra parte, este nuevo saber debe ser producido teniendo en cuenta sus experiencias previas, la especificidad de su campo y las reglas y normas que están vigentes en la comunidad científica. Por las características de la vida cotidiana, ésta se presenta para los sujetos en general y para los docentes en particular como algo “natural”, “habitual”, con prácticas “institucionalizadas”. Cuando esas acciones cotidianas son observadas comenzamos a descubrir y a preguntarnos sobre nuestra realidad buscando develar lo implícito, tratando de explicar, comprender e inter- pretar el mundo “habitual”. Aparece entonces, frente al planteo de un problema, la necesidad de dar respuestas a los hechos observados. Según lo desarrollado en puntos anteriores, existen diferentes modelos de explicación cien- tífica. Adoptar una posición epistemológica, metodológica y disciplinar en el proceso de inves- tigación implica por parte del docente-investigador, en el campo de la investigación educativa, asumir un rol de compromiso y rigurosidad en la definición de sus marcos referenciales, a partir de los cuales irá desarrollando el proyecto de investigación. El proceso de investigación sobre la práctica docente lleva a la construcción de un discurso propio en el campo de la investigación educativa, discurso que surge como resultado de la interacción entre la teoría y la práctica edu- cativa, integrando diferentes campos y perspectivas: el científico, el educativo y el disciplinar. En general, podríamos considerar tres perspectivas que surgen de la relación entre práctica docente e investigación:
1. Formación para la investigación sobre la práctica docente en el sistema formador docente:
a. La investigación como parte de la formación en los institutos superiores de forma- ción docente.
b. La investigación como parte de la formación docente continua.
2. Investigación de la docencia, referida a estudios sistemáticos sobre las prácticas de ense-
ñanza y de aprendizaje, entre los que encontramos:
a. métodos y técnicas de enseñanza;
b. logro de objetivos en los procesos de enseñanza y de aprendizaje;
c. recursos didácticos;
d. prácticas de retención/inclusión;
e. análisis de temáticas que aporten el cumplimiento de las leyes de educación (Na- ción y Provincia).
3. Investigación para la formación docente, referida a estudios relacionados con:
a. necesidades de formación y capacitación docente;
b. actualización y desarrollo curricular;
c. definición de los marcos referenciales en el desarrollo profesional docente.
Para cerrar este capítulo veremos sucintamente el concepto de paradigma, ya que en la inves- tigación educativa existen varias teorías que difieren entre sí desde el punto de vista ontológico, epistemológico y ético. Existe un acuerdo generalizado en diferenciar tres modelos o paradigmas dentro de la investi- gación educativa, aunque las líneas divisorias entre ellos sean difusas y sea prácticamente impo- sible situar todo un trabajo en uno de ellos. Ahora bien, saber las características fundamentales de cada uno es de gran ayuda para comprender los aspectos metodológicos y los alcances y consecuencias de la investigación que estamos estudiando, pues el investigador, al elegir y si- tuarse en una teoría, toma posición y, al hacerlo, adopta un determinado tipo de compromiso con la realidad que estudia.
Tres paradigmas en la investigación educativa 17 : el positivista o empírico analítico, el interpretativo o hermenéutico y el crítico
El concepto de paradigma 18
En 1962, Thomas Kuhn, físico, publica una investigación que realiza ya no en el ámbito de su especialidad, sino en el de la historia de la ciencia. En el clásico libro La estructura de las revolu- ciones científicas, Kuhn cuestiona tanto la concepción inductivista como falsacionista 19 de la cien- cia. El autor discute la imagen que da la historiografía tradicional de las ciencias, según la cual éstas progresan en forma acumulativa, lineal. Desde esta perspectiva, la ciencia avanza mediante revoluciones, que hacen que se abandone una estructura teórico-metodológica y se la reemplace por otra. La imagen se corresponde aproximadamente con el siguiente esquema abierto:
Khun ha usado el término en por lo menos dos sentidos, pero podemos decir que un paradig- ma es un conjunto de teorías, métodos, y técnicas que, en un determinado momento histórico, en el campo de una disciplina particular, los científicos lo consideran legítimo y lo aceptan como base de su práctica investigativa. Este conjunto de elementos supone además una determinada concepción respecto de cuáles son las entidades que componen el mundo, y sus características. Hay detrás, por tanto, toda una forma de pensar acerca de la clase de realidad con la que se trabaja, en la que influyen también los estados internos y externos al investigador, como el con- texto político y los aspectos psicológicos. Hay un paradigma y la ciencia que se realiza dentro de él es lo que Kuhn llama ciencia normal, es decir, cuando la comunidad científica ha llegado a un acuerdo desplazando o subsumiendo a otras teorías. El paradigma es trasmitido por me- dio de la producción académica y científica. Una ciencia madura tiene un único corpus teórico metodológico y, por tanto, consolidado; un paradigma que rige la práctica científica de quienes deseen realizar investigación científica.
Para concluir, vale aclarar que la investigación educativa y las ciencias humanas en general carecen de un corpus unificado de teorías y métodos, esto es, carecen de un paradigma único.
17 Aquí presentamos una perspectiva introductoria que iremos ampliando en la segunda parte a medida que nos aboque-
mos a los diseños de investigación.
18 Introduciremos una conceptualización básica acerca del término paradigma. Quien desee profundizar el tema, podrá
leer el ya clásico libro de Kuhn y otros desarrollos en torno al concepto, del mismo autor y/o de otros comentaristas, como también las críticas que le han sido realizadas al concepto. La última versión del mencionado libro de Chalmers aborda también la discusión.
19 Para adentrarse en esta cuestión se recomienda, entre otras lecturas, el libro de Chalmers ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?
El positivismo o paradigma empírico-analítico
Este modelo se remonta a fines del siglo XIX y tiene en Durkheim (1858-1917) a su prin- cipal referente, quien a su vez ha tenido la influencia de Comte (1798-1857) 20 . La realidad es concebida como compuesta por dimensiones o variables, analizables y cuantificables. Su estructura lógica es deductiva y requiere diseños rígidos y muy sistematizados como el expe- rimento y el cuasi experimento. Se vale de instrumentos como la estadística y las técnicas de relevamiento de datos (son básicamente las encuestas). Se basa en la medición de variables
y, por ello, se lo considera cuantitativista. El modelo de explicación que está en su base es el
hipotético deductivo. Otros autores, como Klimovsky, lo llaman modelo naturalista, pues se propone imitar la modelización de las ciencias físico-naturales. Se enmarcan en esta corriente, por ejemplo, los psicólogos conductistas y todos quienes asocian la madurez de las disciplinas sociales a los modelos numéricos y matemáticos. El interés de los investigadores centrados en este paradigma es la búsqueda de regularidades y leyes, pasando por alto las cuestiones relativas a la subjetividad (motivos, intenciones, significados, etc.). El investigador se pretende aquí neutral, apolítico y desinteresado.
El enfoque interpretativo o hermenéutico
De modo similar que en el anterior, encontramos las raíces del modelo en el siglo XIX, en la llamada disputa metodológica del historicismo alemán, que se desarrolla en Alemania, tradición de la que Weber 21 será heredero en el siglo XX. Ésta supone un enfrentamiento con la postura durkheimiana en Francia, relativa a tratar a los hechos sociales como si fueran “cosas” 22 , desestimando aquello que no es del orden de lo observable como objeto de cono- cimiento, en clara definición positivista. Podemos decir, en términos generales, que para los historicistas existían ciencias nomológicas (ciencias de la naturaleza) y ciencias idiográficas
(ciencias del espíritu) que tenían objetos que requerían metodologías bien diferenciadas. 23 Para el investigador situado en estas preocupaciones, la sociedad es lo que los sujetos hacen voluntariamente, a partir de los significados que atribuyen a las relaciones y prácticas sociales. Por lo tanto, no se trata de hallar la regularidad de “hechos externos que se imponen
a los sujetos”, sino de comprender el sentido de las prácticas sociales que aquellos desarro-
llan en función de la significación que atribuyen al mundo. Esto no implica que no existan regularidades de este orden, pero la conducta humana adquiere carácter de signo y como tal se la estudia. Es el carácter subjetivo de la acción social lo que se constituye en objeto de
análisis, y las técnicas de obtención de datos van a diferenciarse de las técnicas estadísticas:
se trabaja con textos, con discursos, con narraciones y testimonios obtenidos a través de las llamadas técnicas cualitativas, como la entrevista y la observación, que requieren también otras formas de procesamiento de la información. A menudo, este tipo de investigaciones se caracteriza por cierto grado de ahistoricismo, debido a que se llevan a cabo descripciones e interpretaciones de hechos actuales, sincrónicos, donde la génesis y desarrollo del proceso cultural de resignificación de tales hechos queda afuera. También suelen caracterizarse por un posicionamiento pretendidamente desinteresado del investigador en cuanto al compromiso ideológico de su hacer científico.
20 Recordemos que Comte fue el creador del término “sociología” y que aspiraba a hacer de la moral una cuestión de física
social. Comte sustentó la Ley de la Evolución Intelectual de la Humanidad o Ley de los Tres Estados: teológico, metafísico y positivo. Ver: Comte, A., Discurso sobre el espíritu positivo, Buenos Aires, Aguilar, 1982.
21 Al respecto se puede consultar, entre otros libros, Weber, M., Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires,
22 Durkheim, E., Las reglas del método sociológico, Buenos Aires, Schapire, 1975.
23 “El debate metodológico que se desarrollaba dentro de cada disciplina confluía en un problema de orden más general:
la determinación del procedimiento de ese grupo de disciplinas, en cuanto difería del propio de aquéllas que constituyen la ciencia de la naturaleza”. Pietro Rossi en la “Introducción” a Weber, M., Ensayos sobre metodología sociológica.
Heredero del pensamiento marxista, en el siglo XX el enfoque crítico encuentra su expresión en el pensamiento de la escuela de Frankfurt 24 , especialmente en Habermas y en la escuela marxista francesa, particularmente en Althusser. En “Conocimiento e Interés”, justamente, Ha- bermas hace un “uso entusiasta de métodos interpretativos; no cabe duda de que su posición se presenta como alternativa al naturalismo” 25 . Al investigador crítico le interrogan problemas vinculados con temáticas tales como la ideo- logía, las estructuras objetivas y subjetivas del mundo social y el conflicto de clases, una tensión que suele verse como irreductible hasta tanto cambien las condiciones en que los hombres producen el mundo material y simbólico. Las formas de dominación económica y simbólica son las cuestiones más presentes en los marcos teóricos que indagan en lo educativo y social, como es el caso de las teorías reproductivistas neomarxistas, en el campo de la sociología de la
educación, por ejemplo 26 .
En este enfoque, suelen utilizarse tanto métodos cuantitativos como cualitativos, siendo el
elemento histórico un eje fundamental.
24 La Escuela de Frankfurt se desarrolla en EEUU, en la segunda posguerra, como una escuela sociológica crítica, de carácter
teórico, que se aboca fundamentalmente a la sociología de la cultura. Sus más conocidos representantes son Horkheimer, Adorno, Marcuse, Benjamín y Fromm. Estos pensadores realizaron una crítica a la razón ilustrada, en tanto razón instrumen-
tal que contribuye, no sólo al dominio de la naturaleza, sino al dominio del hombre por el hombre. No es subsidiario el dato de que la mayoría de sus integrantes fueran exiliados de Alemania, huyendo del nazismo.
25 Klimovsky, op. cit., p. 23.
26 Karabel y Halsey proponen un esquema dicotómico, teorías del consenso y teorías del conflicto (éstas últimas de corte
neoweberiano y neomarxistas) así como una nueva sociología de la educación centrada en los microprocesos de la “caja negra” de la escuela, en lo que se refiere a las interacciones áulicas entre docentes y estudiantes, la transmisión del conoci- miento y los procesos comunicacionales culturales dentro de la escuela, que intentan dar una explicación a la desigualdad educativa en la escuela moderna.
 Formule alguna o algunas preguntas en torno a una situación que le preocupa o le interesa especialmente en relación con su práctica docente cotidiana.
 Trate ahora de formular una o varias preguntas e identificar el problema de investiga- ción. Luego vea a qué tema, de orden más inclusivo, corresponde ese problema.
 Busque información en relación a su tema y compare sus ideas con lo que ha encontrado.
 Piense en problemas que usted ve en su tarea docente cotidiana.
 Formule por escrito hechos que requieran una explicación.
 Trate de hallar alguna explicación a ese hecho.
 Examine en qué fundamenta usted esa explicación (la experiencia, el razonamiento, la autoridad de la palabra de personas que usted conoce y respeta, la investigación científica, etc.)
 Explique por qué cree que esa explicación es buena.
 Si se trata de una explicación científica, trate de ver las características del o de los trabajos que leyó al respecto y cómo ha detectado que se trata de una investiga- ción científica.
Le proponemos leer el siguiente fragmento de entrevista a la investigadora Pierina Lan- za y analizar:
1. ¿Qué tensiones se podrían establecer entre el rol docente y el rol del investigador?
2. ¿Qué relación podría establecerse entre la práctica cotidiana docente y la investi- gación educativa?
3. En su opinión: ¿qué posibilidades y dificultades podría considerar en la tarea del investigador-docente? ¿Cuáles cree más relevantes? ¿Qué influencia tendría sobre el proceso de investigación?
Cuando pienso en el trabajo del investigador-docente, no puedo de- jar de pensar en un investigador (mi caso) que además hace docencia y capacitación. Los docentes tratamos con situaciones concretas, con problemas específicos y con proyección a una acción particular. Entonces prefiero pensar en la personalidad del investigador. Debe tener un rasgo fundamental: „pasión por el conocimiento‰, así lo ex- presa poéticamente la Dra. M. C. Rinaudo en su trabajo „Investiga- ción educativa en la Universidad‰:
„Mas, si hay un rasgo que nuestro artista no debería dejar de expre- sar, es el de la pasión por el conocimiento. Si este rasgo faltara en su pintura, no reflejaría la clave de esta actividad; si, por otra parte, ese rasgo faltara en la tarea del investigador, muy probablemente éste no habría comprendido el sentido de su quehacer‰. (Rinaudo, 1996, p. 23). Es necesario poseer y cultivar un espíritu crítico, una mentalidad crea- dora y una imaginación sin trabas y, fundamentalmente, el placer siempre presente por conocer. Estas características me parecen importantes, pues el conocimiento científico se opone a toda actitud dogmática, y porque los hechos son muchas veces más fantásticos que cualquiera de nuestras expec- tativas. Sólo una inteligencia que duda y una imaginación libre nos preparan para construir nuevos conocimientos. Siempre tuve la sensación de que mi trabajo puede ser mejorado día
a día, la necesidad de estudiar permanentemente, y la conciencia de que aún me queda mucho por aprender. Y creo que cuando esto sucede podemos emprender la tarea de investigar. Pero también es cierto que la falta de capacidad para trabajar pa- cientemente, sistemáticamente, con perseverancia y continuidad, no permite llegar a ningún resultado provechoso. El proceso de investi- gación muchas veces es lento y dificultoso, y para desplegar un tra- bajo efectivo y de calidad se necesita una firme determinación para conocer la verdad y exponerla.
 Cohen y Manion, Métodos de Investigación Educativa, Madrid, La Muralla, 1990.
 Chalmers, A., ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, Buenos Aires, Siglo XXI edito- res, 2005
 Karabel, J. y Halsey, A., "La investigación educativa: una revisión e interpretación". En Power and ideology in education, New York, Oxford University Press, 1976.
 Klimovsky, G., La inexplicable sociedad, Buenos Aires, AZ editores, 1998.
 Kuhn, T., La estructura de las revoluciones científicas, México, FCE, 1995.
 Popkewitz, T., Paradigma e ideología en investigación educativa, Madrid, Mondadori, 1988.
 Salkind, N., Métodos de investigación, México, Prentice Hall Hispanoamericana SA, 1997.
 Samaja, J., Epistemología y Metodología, Buenos Aires, EUDEBA, 1995.
 Weber, M., Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1990.
 Giddens, A., Las nuevas reglas del método sociológico, Buenos Aires, Amorrortu, 1998.
 Sirvent, M. T., “El proceso de investigación. Las dimensiones de la metodología y la construcción del dato científico”, Investigación y Estadística II, Dto. Ciencias de la Educación, FFyL, UBA., 1995.
 Woods, P., La escuela por dentro, Buenos Aires, Paidós, 1992.
I. “Nuestro primer paso y el más importante es hacer una pregunta (‘Me pregunto que sucedería si
car una necesidad (‘Tenemos que encontrar una manera de
obliga a encontrar una respuesta. Por ejemplo, podría intrigarnos la forma en que ver televisión afecta el desarrollo de las habilidades de lenguaje de los niños. También podríamos sentir la necesidad de averiguar cuál sería la forma más eficaz de utilizar la televisión para educar a niños y adultos acerca de los peligros de las drogas. Tales preguntas se expresan informalmente y a menudo se utilizan como fuente de discusión y estímulo acerca del rumbo que debe tomar el tema de investigación específico. ¿De dónde salen estas preguntas? Casi nunca surgen de los confines de un aula o laboratorio. Más bien, las preguntas saltan, en el pleno sentido de la palabra, de nuestra imaginación y nuestras
propias experiencias, enriquecidas por los mundos de la ciencia, el arte, la música y la literatura. No es coincidencia que mu- chas obras de ficción se basen en hechos (como la mal llamada ciencia ficción). El científico verdaderamente creativo siempre está pensando tanto en soluciones e interrogantes existentes como en la siguiente pregunta importante que hará. Cuando Luis Pasteur dijo que ‘el azar favorece a la mente preparada’ lo que en realidad estaba diciendo es ‘aprovecha todas las ex-
periencias que puedas, tanto en la escuela como fuera de ella. Sólo así estarás bien preparado para reconocer la importancia
de ciertos sucesos que actuarán como estímulos para actividades de investigación más rigurosas’.” Salkind, N., Métodos de investigación, México, Prentice Hall Hispanoamericana S.A., 1997, p. 6.
’) o identifi-
que surge como consecuencia de la curiosidad y que nos
II Transcribiremos nuevamente un ejemplo de Klimovsky para hacer más claro en qué consisten estos requisitos.
“Supongamos que le pedimos a alguien: ‘Explíqueme por qué Fulano me odia’, y recibimos como respuesta: ‘Fulano lo odia a UD., me odia a mí y odia a Mengano’. No cabe duda de que las premisas son: Fulano lo odia a usted, me odia a mí, Fulano lo odia a Mengano, y partiendo de ellas se deduce, obviamente, que Fulano lo odia a usted. Pero este razonamiento es ba- nal. Estamos admitiendo un círculo vicioso en la demostración, pues la conclusión figura explícitamente entre las premisas. Además, el explanans carece de leyes y, al no establecerse ninguna conexión legal, no se agrega nada a la comprensión de lo que se quiere explicar, no torna inteligible el hecho. Claro que nuestro interlocutor podría replicar: ‘No se aflija, incluiremos una ley cualquiera: la de Galileo’. Entonces la expli- cación quedará construida del siguiente modo: ‘Fulano lo odia a usted, Fulano me odia a mí, Fulano lo odia a Mengano y todos los cuerpos caen en el vacío con la misma aceleración’.”
CAPÍTULO III. PARTIENDO DE LA PREGUNTA: ¿CÓMO SEGUIR? PROCESO, PROYECTO Y DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN
La razón debe acudir a la naturaleza llevando en una mano sus principios, según los cuales tan sólo los fenómenos concordantes pueden tener el valor de leyes, y en la otra el experimento, pensado según aquellos principios: así conseguirá ser instruida por la naturaleza, mas no en calidad de discípulo que escucha todo lo que el maestro quiere, sino en la de juez autorizado que obliga a los testigos a contestar a las preguntas que les hace.
Kant, I. 1
III.1. Las primeras acciones en el proceso de la investigación
En este capítulo introduciremos tres conceptos fundamentales: proceso de investigación, pro- yecto de investigación y diseño de investigación. Para ello, seguiremos trabajando en la doble vía de desarrollo de la teoría metodológica y de la reflexión sobre la práctica. Cuando hemos formulado una o varias preguntas, entonces ya sabemos cuál es el tema en el que se enmarca el problema de investigación. Puede suceder a la inversa, estar interesados en algún tema y a partir de allí generar preguntas, luego de habernos interiorizado lo suficiente. Llegados a este punto, es necesario comenzar a buscar todo el material producido por otros investigadores, material tanto teórico como el que resulta de investigaciones empíricas. Hemos dicho que ello implica profundizar el estudio de ese problema y otros conexos, a fin de ir ar- mándonos de un caudal de conocimientos que nos permita volver a pensar nuestro problema. Veremos luego las diferentes fuentes de esta información. Todo ello implicará un fichaje del material (estas cuestiones prácticas se abordarán más específicamente en la segunda parte de este libro) y seguramente una lectura de textos que quizá después no nos resulte relevante. Haber realizado este proceso equivale a una mini-investigación teórica sobre el objeto de co- nocimiento. Ésta permitirá hacer una síntesis mental y argumental, y todas esas ideas con las que hemos abordado las lecturas irán enriqueciéndose, profundizándose, y parte de ellas quizá deba ser abandonada y/o reemplazada. A esto se refiere Samaja en nuestra cita del capítulo precedente, cuando habla del metabolismo del sujeto investigador con el medio cultural. Vea- mos esta idea. Diferentes factores moldean a las ideas previas de los docentes:
1. La historia personal y profesional.
2. Los modelos y creencias que se comparten en el campo educativo.
3. La sociedad que condiciona las prácticas educativas en función de sus concepciones.
4. Las ideas intuitivas: el sentido común de los docentes está impregnado de cons- trucciones espacio- temporalmente situadas, respondiendo a épocas y contextos distintos a los actuales.
5. La influencia de los procesos desarrollados durante el período de formación docen-
te como de capacitación continua. Según venimos enfatizando, el sujeto en la interacción con el medio sociocultural desarrolla un aprendizaje, un entrenamiento en la utilización de los mediadores socioculturales, adqui- riendo así destrezas de acción. Todo instrumento de mediación posee una doble propiedad: ser constitutivo y constituyente, es decir, a la vez que le permite actuar en el ambiente modificán- dolo también modifica al sujeto. Se trata de un proceso complejo de construcción de habilida- des que surgen en la acción informal y formal de la interacción sociocultural. Este conjunto de acciones conforman un sistema que, a nivel de lo neuronal, se constituyen en funcionales y, a nivel psicológico, en destrezas de acción.
1 Kant, I. “Prólogo” de la segunda edición, 1787, de Critica de la razón pura, México, Porrúa, 1977.
Como vimos en el capítulo II de la primera parte, uno de los instrumentos de mediación más importante en la interacción social es el lenguaje. Durante el proceso de socialización, los suje- tos pueden adoptar posiciones diferentes de las que tenían al comienzo, por ello la microgéne- sis es un proceso de cambio. La interacción social es el espacio de las relaciones sociales donde intervienen procesos de influencia social. En el transcurso de actividades socialmente definidas, el individuo llega a dominar los ins- trumentos de mediación necesarios para el desarrollo de la actividad propuesta, permitiéndole resolver situaciones semejantes en el futuro. Tal vez, la ventaja más sobresaliente de una con- ceptualización de este tipo es que nos permite ver el desarrollo y aprendizaje humano en térmi- nos de un progresivo dominio en el empleo de procedimientos de mediación, que son provistos al individuo por los marcos culturales e institucionales en que participa. Desde la perspectiva de Vygotsky 2 , el desarrollo se justifica por medio de la paulatina inte- riorización de instrumentos de mediación, en donde los mediadores semióticos y las relaciones sociales en que éstos hacen acto de presencia juegan un papel fundamental. Aprendemos a utilizar unos determinados instrumentos semióticos y, a medida que los hacemos nuestros, nos apropiamos 3 de ellos. Mientras nos insertamos en los espacios sociales, nos vamos apropiando de las singularida- des de estos espacios. Muchos de los esquemas representacionales que posibilitan nuestras acciones actuales como docentes tienen su génesis en las prácticas educativas llevadas a cabo en nuestra niñez. La historia personal, como todas las producciones humanas, es el resultado de mundos socialmente compartidos, en los diferentes contextos situados de actividad. La cul- tura es, desde esta perspectiva, una creación arbitraria y convencional de la actividad humana. Según Rosa 4 , pueden distinguirse dos aspectos en lo cultural: la materialidad y la fundación de sentido. Es en esta red de significados y sentidos socioculturales donde se va construyendo un sistema de conocimientos cotidianos que, por un lado, ordena nuestras acciones y, por otro, po- sibilita la comunicación con el resto de los sujetos. Este conjunto de conocimientos que hemos ido construyendo a lo largo de nuestras vidas nos permiten dar respuestas casi automáticamen- te ante diferentes situaciones cotidianas, mediante un mecanismo inferencial. Cuando dos suje- tos se encuentran y resuelven con éxito una situación (escena) contextualizada (escenario) con unos instrumentos (recursos) respondiendo a unos objetivos y a unas intenciones, hay un marco referencial, representacional, que les permite llevar a cabo la acción. Seguramente, la próxima vez que se repita la misma situación problemática se podrá inferir una respuesta semejante, en función del esquema cognitivo que se va conformando. De acuerdo a lo anteriormente desarrollado, podemos considerar que como docentes pode- mos aproximarnos a la realidad educativa a través de nuestra historia personal, nuestras creen- cias y concepciones, entre otros factores. De esta misma manera, cada docente podrá abordar el proceso de investigación educativa según ciertos diseños de investigación. Esta diversidad obedece a diferentes concepciones y modos de interpretar la realidad, a diferentes paradigmas o enfoques que responden a una dimensión ontológica: la naturaleza de los fenómenos socio- educativos y su grado de estructuración; una dimensión epistemológica: las formas válidas de producir el conocimiento; y una dimensión metodológica: los métodos a emplear. Por su propia naturaleza, la realidad educativa es diversa, compleja y cambiante. Los docentes pertenecemos a diferentes contextos socioculturales, a diferentes formaciones (y tradiciones), a diferentes instituciones y regiones. La investigación en educación, y particularmente la acción del docente-investigador en la formación de profesorado, está sujeta a diversos condicionantes tanto subjetivos como objetivos, que tendrán diferente relevancia en el proceso de investiga- ción. Entre dichos condicionantes podemos distinguir:
2 Vygotsky define al proceso de interiorización como un pasaje de la función psíquica superior desde el plano social exter- no, al plano individual interno de su realización.
3 B. Rogoff establece una diferencia sutil entre el concepto de apropiación y el concepto de interiorización desarrollado
por Vygotsky. Mientras que en éste, la ley de doble formación supone una separación entre el momento interpersonal y el intrapersonal, para la autora los procesos sociales e individuales se producen en forma simultánea.
4 Nos remitiremos a Rosa, A., Bellelli, G. Y Bakhust, D., Memoria colectiva e identidad nacional, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000.
1. Socioculturales: las situaciones que devienen objeto de la investigación en educa- ción responden a las particularidades de los contextos socioculturales donde se de- sarrolla la actividad del docente. La posibilidad de comprensión de tales situaciones significará, por parte del mismo, la reflexión sobre sus creencias, prejuicios, etc. para poder llevar a cabo el proceso de construcción de conocimiento.
2. Institucionales: cada institución forma parte de un sistema burocrático jerar- quizado. Es necesario tener presente el conocimiento de las normas y reglas de juego que regulan el campo. La entrada a una escuela significa autorizaciones, que a su vez responden a tiempos escolares, que no siempre son los tiempos de quienes investigan.
3. Formativos: vinculados con los conocimientos adquiridos por los docentes tanto en su formación de grado como en su capacitación continua. Estos conocimientos pueden convertirse tanto en posibilitadores como en obstaculizadores a la hora de llevar a cabo una investigación.
4. Cognitivos: según las experiencias de vida, las trayectorias desarrolladas en la for- mación de grado y postgrado y los intereses personales, entre otros factores, los docentes van co-construyendo un marco de referencia que posibilita la resolución de nuevas situaciones en el proceso de investigación.
5. Histórico experienciales: cada sujeto responde a una historia de vida que a su vez se entrelaza con la historia social e intelectual de su tiempo.
6. Afectivos: la actividad docente, como cualquier otra actividad, lleva al desarrollo de vínculos emocionales y afectivos que dan forma a las relaciones escolares. Estas relaciones están presentes en el proceso de investigación.
7. Ético profesionales: quizás éste es uno de los puntos más complejos. El trabajo de investigación en educación y particularmente en la formación del profesorado, siempre nos llevará a trabajar con sujetos que enseñan o aprenden, sujetos que deben ser considerados desde el respeto a su integridad como seres humanos. Los límites de orden profesional hacen referencia al freno que cada investigador debe poner a todo tipo de intervención que pueda perjudicar al sujeto, a su personali- dad, intimidad, desarrollo emocional, intelectual, físico, entre otros. Esto significa que es necesario investigar a partir de la consideración de los derechos inalienables del sujeto.
Frente a esta compleja realidad, el investigador-docente puede adoptar diferentes puntos de vista: ha de contemplar la posibilidad de que el conocimiento sea tan complejo y objetivo que tenga que adoptar la perspectiva de un observador externo, o bien puede considerar que el conocimiento es subjetivo, personal, lo que podría requerir un compromiso y una experiencia compartida con las personas implicadas, o adoptar una perspectiva holística, de integración metodológica, haciendo posible estrategias de complementación, combinación y triangulación. En la segunda parte, abordaremos de lleno estas cuestiones. Momentáneamente, nos limita- remos a tener presente que los diferentes paradigmas sustentan diversas metodologías que se utilizan en investigación social y educativa para indagar distintos problemas, proporcionando el marco de referencia, la justificación lógica para examinar los principios y procedimientos em- pleados para formular los problemas de investigación, dar respuestas a los mismos y evaluar su idoneidad y profundidad. El sistema formador docente, entendido como un campo complejo, nos lleva a la considera- ción de diferentes dimensiones en investigación educativa. En este marco, podemos caracterizar algunas líneas de investigación que responden a diversas necesidades:
1. el trabajo sobre las prácticas de enseñanza y aprendizaje;
2. el desarrollo de la formación profesional docente;
3. la formación del docente por y para la investigación educativa.
Una de las problemáticas que surgen de la lectura de diferentes proyectos de investigación es la necesidad de definir y comprender la interrelación entre intervención profesional en educa- ción e investigación educativa, ya que en general se confunden o aparecen contrapuestas. Tengamos presente que podríamos requerir el diseño de una investigación-acción, como una forma de intervención institucional, situacional y participativa que nos demandará aplicar
las normas del trabajo científico dentro del campo. Por lo tanto, y respecto de las similitudes
y diferencias entre la intervención profesional y la investigación científica, podemos afirmar
que no necesariamente existe una contraposición entre intervención profesional e investigación educativa. Corresponde decir que existen exigencias adicionales que se le plantean a una inter- vención profesional para poder atribuirle características científicas; teniendo presente, funda- mentalmente, que la investigación-acción es precisamente el diseño que articula la intervención
y la investigación. Retomaremos ahora, dado que viene al caso, una discusión esbozada ya anteriormente: ¿pue- den las disciplinas sociales y humanísticas producir un tipo de conocimiento universalista? Como ya hemos dicho, este tema constituye, hasta hoy, una polémica dentro del campo me- todológico y epistemológico. Nosotros adoptaremos algunas posiciones que nos parecen, por lo menos, merecedoras de una especial consideración, por tratarse de miradas no reduccionistas. Puede entenderse “conocimiento universal” en el sentido de una mera generalización abs- tracta, como una “generalización inductiva”. Esta es, sin embargo, una forma limitada y meca- nicista de concebir el objeto de conocimiento. Veamos el siguiente párrafo, que nos remite a otra visión:
Lo “universal” puede ser concebido, además, como la norma de una especie, la estructura de un sistema, los invariantes de una estructura. Pocas dudas puede haber sobre este punto: las ciencias sociales buscan tales invariantes. 5
No obstante, las prácticas profesionales no están sometidas a esta doble exigencia de univer- salidad y validación. A ellas les es suficiente una adecuada eficacia local, particular, en relación con aquella cuestión práctica que tiene que atender. Por supuesto, también intervienen cuestio- nes de ética profesional y normas técnicas propias del campo profesional del que se trate.
 Si bien la práctica profesional y la investigación científica, en principio, están regi- das por condiciones y normas diferentes en la producción de sus productos espe- cíficos, nada impide que un proyecto de intervención que se propone modificar la realidad pueda simultáneamente producir un conocimiento dentro de los cánones de la ciencia actual.
 “En resumen, la caracterización más general que se puede hacer del producto de la investigación científica es que se trata de un conocimiento que resulta de una ‘combinación entre componentes teóricos’ y ‘componentes empíricos’”. 6
Investigar implica una marcha recurrente entre la teoría y la empiria.
Todo investigador se halla en ciertas condiciones concretas para la práctica investigativa, condiciones que nos remiten a considerar, por ejemplo, los instrumentos, las representaciones, las normas institucionales y el lenguaje. La misma producción de instrumentos y de lenguajes específicos para el desarrollo de la investigación científica constituye un elemento que la distin- gue del conocimiento espontáneo.
5 Samaja, J., loc. cit.
6 Samaja, op. cit., p. 33.
Con el término proceso de investigación nos referimos al conjunto de acciones que el investi- gador lleva a cabo en el desarrollo de una investigación. Este proceso no es de ninguna manera lineal, sino de carácter cíclico y espiralado 7 . Los componentes del proceso aparecen claramente en el siguiente gráfico, que expresa lo que venimos desarrollando:
Componentes del proceso de investigación 8
1. El producto consiste en una combinación de teoría y hechos.
2. El método puede ser una vía de validación de teoría ya producida o bien de descu- brimiento de nuevo conocimiento.
3. Toda investigación se desarrolla en un marco institucional y se vale de ciertas técnicas.
Como investigadores necesitamos distinguir entre los siguientes conceptos:
El proceso de investigación no sólo está conformado por el conjunto de acciones que lleva a cabo un científico individual sino también por el de la comunidad científica, en tanto sujeto institucional que lo incluye.
Esas acciones están dispuestas para descubrir y probar un sistema de hipótesis del si- guiente tipo:
1. Hipótesis sustantivas.
2. Hipótesis de validez o indicadoras o instrumentales, dado que se ligan a los instru- mentos de medición adoptados.
3. Hipótesis operativas o de generalización (o auxiliares y estadísticas).
4. Hipótesis retóricas o de exposición.
El proceso incluye el proyecto y el diseño
Proyecto: es el documento que tendremos que realizar para presentar a la institución científi- co-académica para su evaluación y el control de la gestión del proceso de investigación que lleva adelante el investigador o equipo de investigadores. Para realizar el proyecto el investigador irá desarrollando un conjunto de acciones, las que conforman parte del proceso de investigación, configurando así las instancias y fases correspondientes que abordaremos seguidamente.
7 Ver Salkind, N., Métodos de investigación, México, Prentice Hall Hispanoamericana SA, 1997.
8 Este gráfico está inspirado en el realizado por Juan Samaja, op. cit.
Este documento contiene, en términos generales, información sobre el diseño, los objetivos de la investigación, tiempos y espacios de realización de la misma, plan de actividades, un pre- supuesto, etc. ¿Por qué distinguir entre ellos? Como puede verse, si nos interrogamos acerca de cuándo comienza la investigación, la respuesta varía si nos referimos al proceso, al diseño o al proyecto según el cual tenemos planeado un itinerario de actividades. “El proyecto de investi- gación es, entonces, un concepto que se inscribe en la articulación del proceso en escala micro con la escala macro (el sistema de procesos)” 9 . Todo proyecto de investigación será realizado según las normas del macrosistema regulador
(la comunidad científica), que se expresa a través de la institución particular en la cual estamos insertos y nos convoca, ya sea a través de un llamado a concurso de proyectos de investigación,
o de becas, etc. Toda institución fija sus prioridades, plazos y condiciones para la presentación. A veces, los formatos de dichos proyectos suelen diferir en algunas cuestiones irrelevantes. En general, los proyectos constan de ciertos requisitos y componentes mínimos 10 . Diseño: se refiere a la estrategia metodológica para la resolución del problema. Es una fun- ción propia de una escala micro y contiene los resultados de la selección de los objetos de estu- dio, los atributos relevantes y los procedimientos, en articulación con los objetivos.
Las tareas del proceso de investigación comprenden cuatro instancias de validación I . Ten- gamos presente que toda producción de conocimiento científico implica un proceso creciente
y constante de validaciones II que comienza por la teoría en la que nos sustentamos, y avanza hacia las instancias empíricas.
para significar que él es congruente con las normas y finalidades del sistema en el que pretende estar incluido. Decir que „este concepto es válido‰ o „este dato es válido‰ significa, entonces, que es posible mostrar que puede formar parte del sistema conceptual (de la teoría científica) o del sistema operacional. 11
El término (validez) se aplica genéricamente a un cierto hecho
 Validación conceptual: validamos nuestras hipótesis sustantivas-teóricas según la teoría que consideramos pertinente y hechos que sabemos bien establecidos. Re- cordemos que la ciencia explica hechos y que los mismos deben ser proposiciones verdaderas, en relación con su existencia real.
 Validación empírica: instancia en que probamos la validez de nuestros indicadores –hipótesis instrumentales–, o sea, la validez de los datos.
 Validación operativa: es aquí donde establecemos la confiabilidad de nuestros da- tos y la confiabilidad de la muestra. Validamos las hipótesis de generalización.
 Validación expositiva: aquí desarrollamos y probamos una estrategia argumentativa y expositiva de los resultados, para demostrar nuestros resultados.
Para que un objeto sea asequible al análisis no basta con darse cuenta de su existencia. Es
9 Samaja, op. cit., p. 203.
10 “Debemos concebir esas relaciones entre el sistema regulador y el sujeto investigador (que es, a escala micro, el sistema
regulador de su proceso) como sistemas transaccionales, en donde entran situaciones conflictivas entre partes interdepen-
dientes, y de donde emergen formas diversas de armisticios o paz negociada. El proyecto de investigación es, pues, ese com- plejo intercambio de formalidades y triquiñuelas por el que se articulan las acciones de una compleja estructura jerárquica de procesos de diferentes niveles de integración”. Samaja, op. cit., p. 205.
11 Samaja, op. cit., p. 218.
necesario además que una teoría pueda aceptarlo. En la relación entre teoría y experiencia es siempre la primera quien inicia el diálogo. Es la teoría la que determina la forma de la pregunta, es decir, los límites de la respuesta.
P. Jacob 12
Primera fase: planteamientos
Estamos en la fase de planteamiento del problema. Generalmente, dado que se trabaja en equipo, se nos presenta la situación de discutir cómo vamos a recortar nuestro objeto de inves- tigación. Aquí se puede presentar (es común que suceda) la principal de las dificultades, debido a que debemos evaluar muchos aspectos. En primer lugar, habitualmente nos proponemos un objeto tan vasto, con tantas dimensiones, que se requiere un “recorte”. Esto es, delimitar cuál será el foco, la matriz central de nuestra indagación. Por eso, tenemos que formular claramente qué es lo que queremos saber respecto del problema, las preguntas (dado que el objeto siempre es complejo pero imposible de abordar en su multidimensionalidad, en su totalidad). En este sentido, es preciso acotar las preguntas que queremos responder. Otro aspecto es la factibili- dad. Conjuntamente, es necesario evaluar cómo accederemos a nuestras fuentes de informa- ción, acorde a las condiciones concretas (institucionales, presupuestarias, de recursos humanos, etc.) en las que debemos trabajar. Necesitamos ya tener un conocimiento suficiente sobre el problema, es decir, una revisión bibliográfica (estado del arte) de manera que podamos:
 Discutir las hipótesis de trabajo (aun en diseños flexibles, cualitativos, siempre tene- mos hipótesis, incluso de sentido común, que es mejor objetivar, discutiendo lo que pensamos en relación con lo que creemos o conjeturamos que está sucediendo).
 Examinar la relevancia del estudio en relación con el contexto institucional en el que desarrollamos nuestro proyecto.
Segunda fase: formulación
En la segunda fase, realizaremos las definiciones conceptuales, derivadas de nuestro marco teórico y el armado de redes conceptuales para ir definiendo, conjuntamente, cuáles serán nuestros objetivos. Para ello, formularemos:
 El problema central y problemas conexos (dimensiones de análisis).
 Las hipótesis sustantivas y las hipótesis de trabajo, y sus relaciones lógico-teóricas.
 Los objetivos.
En relación con los objetivos, existen varias cuestiones. Es necesario tener en cuenta que éstos están intrínsecamente relacionados con nuestra formulación del problema y nuestras hi- pótesis, por lo tanto es necesario estar atentos a que realmente estén presentes estas relaciones (suele pasar que a veces se formulan objetivos que no responden a este requisito). Existen objetivos generales de los que se desprenden objetivos específicos. Más adelante profundizaremos el tema. Baste por el momento tener presente esta cuestión.
Instancia de validación empírica Tercera fase: diseño del objeto
Estamos ahora en la fase de construir empíricamente nuestro objeto, es decir el diseño del objeto. Se trata de decidir cuál será el objeto empírico, observable, de nuestra investigación. Necesitaremos seleccionar nuestras unidades de análisis, las variables o dimensiones y las fuen- tes de información pertinentes. Aquí veremos claramente que nuestro objeto es siempre una construcción controlada en la medida en que partimos de la elección de una teoría aceptada como buena por la comunidad científica, en el campo disciplinar dentro del cual trabajamos, pero construcción, dado que nos hallamos claramente ante la situación de tomar decisiones
12 Jacob. P., La lógica de lo viviente, Barcelona, Laia, 1977.
sobre cuál será el universo, las dimensiones y/o variables, etc., entre varios posibles. Del mismo modo en que nos hemos posicionado en una teoría, ahora escogeremos entre distintos univer- sos y variables y/o dimensiones, entre una variedad de ellos. Esta elección estará en relación lógica con nuestro marco teórico: pasaremos del sistema conceptual a un sistema operacional. Discutiremos y examinaremos la pertinencia de cada decisión y la validez de nuestras fuentes de información (hipótesis de validez). Cada variable (concepto que veremos en la segunda parte) tiene dimensiones que la compo- nen, subvariables, por lo que habremos de examinar la relevancia de este “dimensionamiento” en relación con nuestro problema, a fin de establecer criterios de validez para realizar las defi- niciones operacionales, esto es, los indicadores que hemos de observar o medir.
Para que la información empírica que se produzca tenga valor de
prueba o de evidencia es necesario disponer de razones que confirmen:
a. La suposición de que las dimensiones elegidas expresan ade- cuadamente el “concepto”.
b. Que hemos discriminado nuestras dimensiones en relación con otras, que podrían intervenir en forma inadvertida.
Cuarta fase: diseño de los procedimientos
El siguiente paso (fase) será diseñar la muestra y el o los instrumentos para la recolección de la información y también un plan de análisis. Para ello:
 Examinaremos las muestras posibles, su tamaño y técnicas de muestreo.
 Exploraremos las relaciones implicadas entre nuestras variables, acorde a nuestras hipótesis sustantivas, lo que nos permitirá establecer el plan de procesamiento y análisis de los datos que obtendremos.
 Determinaremos en forma precisa los contextos de aplicación de los instrumen- tos, por ejemplo, si trabajaremos con el universo de los docentes, cuáles serán las instituciones de pertenencia y por qué, cuándo y en qué momento realizaremos el relevamiento. Es decir, ya estamos armando un cronograma de trabajo de campo. Para ello, habremos de construir nuestros indicadores y sus procedimientos: qué haremos para obtener una determinada información, por ejemplo, ¿preguntare- mos? ¿consultaremos algún documento?
 Realizaremos un plan de análisis de la información.
Los instrumentos dependerán del tipo de indicadores que hayamos construido, por lo tanto será el momento de elaborarlos: encuestas, planillas guía de observaciones, planes de entrevis- tas, u otro instrumento necesario, según el área y el problema a resolver.
Instancia de validación operativa Quinta fase: recolección y procesamiento
En esta fase se lleva a cabo la recolección y procesamiento de los datos, y el investigador debe justificar la forma en la que ha procedido para seleccionar cada sujeto de estudio y cómo ha hecho las mediciones u observaciones en relación con la “confiabilidad”:
 Será necesario comenzar poniendo a prueba nuestros instrumentos para evaluar su confiabilidad en cuanto a la capacidad para darnos el tipo de información que busca- mos exactamente. (Prueba piloto antes de comenzar con el trabajo de recolección.)
 Luego de que nuestros instrumentos resulten confiables, pasaremos al trabajo de campo a fin de realizar los registros correspondientes (sean encuestas, observacio- nes, entrevistas).
 Con los datos ya en mano, llegaremos al momento de tener que procesarlos (lle- nado de matrices cuantitativas o cualitativas) y aplicaremos instrumentos como la medición estadística, la realización de cuadros y gráficos, etc.
Sexta fase: tratamiento y análisis de los datos
Llegados aquí, estamos en situación de analizar e interpretar tablas, cuadros, gráficos, etc., si es que estamos trabajando cuantitativamente.
Si nuestro diseño es cualitativo, será necesario interpretar las matrices cualitativas, los memos
y demás información registrada y sistematizada (notas de campo, diario del investigador etc.). Este trabajo analítico e interpretativo con los datos ya procesados nos permitirá discutir nues- tras hipótesis a la luz de los resultados obtenidos. Estos últimos, en el mejor de los casos, nos habrán llevado a conclusiones confiables en relación con nuestras hipótesis sustantivas,
y estaremos en condiciones de formular nuevos interrogantes. No obstante, también podría
suceder que nuestras hipótesis no resulten corroboradas por los datos empíricos. En tal caso, será necesario reformular hipótesis y revisar nuestro diseño. En ambas situaciones, tendremos por delante una nueva etapa de investigación, pues el proceso no concluye con el término de un proyecto determinado. En los diseños cualitativos, un cuidadoso y exhaustivo proceso de recolección y análisis con- junto de la información nos habrá llevado a formular hipótesis plausibles sobre nuestro objeto de estudio, elaborando tipologías y descripciones sólidas del fenómeno estudiado.
Instancia de validación expositiva Séptima fase: elaboración de informes parciales
Estamos ahora en la situación de informar a la comunidad científica acerca de los resultados obtenidos. Estos informes se destinan a la institución dentro de la cual estamos realizando el proyecto, y deben llevarse a cabo teniendo en cuenta los formatos ya instituidos para ello y, por tanto, quiénes son nuestros interlocutores.
 Tendremos aquí que evaluar el período o tramo del proceso del que informamos en referencia al plan de actividades y objetivos presentados.
 Realizar un análisis y evaluación de los resultados obtenidos, los materiales escritos, resúmenes, tablas, gráficos, etc.

References: resolución 
 artículo 71
 artículo 72
 artículo 76
 resolución 
 resolución 
 resolución