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Timestamp: 2017-08-20 02:07:38+00:00

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Historia del IHHSJ, Madrid (Anastasio García López) | Instituto Homeopático y Hospital de San José
Se halla tan relacionada la historia de este establecimiento con la de la escuela homeopática española, que no podemos prescindir de recordar algunas noticias sobre el desenvolvimiento que ésta ha ido teniendo en nuestro país.
Todos cuantos la conocen saben que, aún cuando desde los años 1831 al 39 hubo en España médicos que estudiaron las obras de Hahnemann, y aplicaron a sus enfermos el nuevo método terapéutico, y no obstante las traducciones que hicieron de algunas de aquellas obras, y las publicaciones originales de otras, la Homeopatía en España no adquirió carácter de verdadera escuela hasta el año 1845, en cuya fecha empezó a darse unidad a los esfuerzos individuales, mediante las asociaciones y los trabajos colectivos encaminados a la propaganda y a la difusión ordenada de las nuevas doctrinas médicas.
Gloria, y no poca, merecen ciertamente los médicos del primer período histórico de la escuela homeopática española; y los nombres de López Pinciano, Rino y Hurtado, Querol, López del Baño, Nostench, Vélez y tantos otros que en las provincias de Andalucía, en Badajoz y en otras localidades practicaban ya la Homeopatía, serán pronunciados con respeto y veneración por cuantos han seguido sus huellas y secundado sus afanes para encarnar en la ciencia y arraigar en la conciencia pública una reforma médica tan beneficiosa a los enfermos.
Pero no son menos dignos de aprecio los importantes servicios que prestaron inmediatamente después los doctores Coll, Hysern, Fernández del Río, Hernández y Espeso, y otros muchos que no citamos, a cuyos nombres hay que añadir el del doctor D. José Núñez, que comenzó su práctica en Madrid en 1845, y a quien amigos y adversarios consideraron siempre como el mas enérgico y activo de los propagandistas de la nueva doctrina, habiendo sido de los que mas contribuyeron a generalizar la Homeopatía, tanto con el éxito brillante de su práctica, como con su tenaz carácter para llevar adelante sus propósitos.
A su iniciativa se debió la creación de la Sociedad Hahnemanniana Matritense, autorizada por Real orden de 23 de Abril de 1846, cuya corporación ha prestado grandes servicios a la reforma médica, agrupando en un centro los profesores homeópatas de Madrid y de provincias, debatiendo con todos los impugnadores que aparecían por doquier, saliendo en defensa de los que eran víctimas de vejámenes o persecuciones por sus ideas médicas, como mas de una vez ha sucedido, aún cuando esto parezca inconcebible, y además de estos esfuerzos, que son los que hicieron tomar a la Homeopatía el carácter de verdadera escuela médica, en la que se instruían y perfeccionaban su práctica los nuevos adeptos, hizo la Sociedad Hahnemanniana un beneficio inmenso a los pobres, abriendo un Consultorio público y gratuito, que ha estado siempre muy concurrido por las clases menesterosas, en razón a las muchas y notables curaciones que mediante esas consultas lograban, refluyendo esto también en provecho de la Beneficencia oficial, toda vez que el crecido número de enfermos pobres que todos los años han acudido a este Consultorio era un alivio al Presupuesto del Estado, de la provincia y del Municipio.
Pero no bastaba todo esto a satisfacer las aspiraciones de la escuela homeopática española. Su propaganda era grande, ciertamente, a favor de sus publicaciones y de los resultados felices de la práctica de los médicos homeópatas, que se habían ya esparcido por muchas provincias del país. Había, empero, un vacío que llenar, científico y de beneficencia a la vez. Por una parte, las clases pobres no podían participar de las ventajas de la nueva Medicina nada mas que en padecimientos ordinariamente crónicos, de esos que permiten al enfermo acudir a los dispensarios; pero estaban privados del tratamiento homeopático en las enfermedades agudas.
Por otra parte, se deseaba que los adversarios de este método curativo pudieran apreciar con sus propios ojos los casos clínicos, y ver las curaciones obtenidas en toda clase de dolencias, instruyendo además prácticamente, y a la cabecera de los enfermos, a los médicos que quisieran seguir los preceptos de la reforma hahnemanniana. Semejantes ideales no podían realizarse sino en un establecimiento público, puesto bajo la dirección de los médicos homeópatas, y tal fue el objetivo principal de los que llevaban la iniciativa y la representación de sus aspiraciones.
Un largo y animado debate, sobre si debía o no enseñarse la Homeopatía en las escuelas oficiales, se mantuvo en el Consejo de Instrucción pública, cuando era Secretario de tan alto Cuerpo consultivo el excelentísimo Sr. D. Joaquín de Hysern, y fue tan luminoso y tan exuberante de razonamientos el voto particular que este distinguido médico defendió, en unión del consejero doctor Janner, que el Ministro de Fomento aprobó el voto de la minoría, conducta que le honró sobre manera, tanto mas, cuanto que la persona que a la sazón desempeñaba el Ministerio no se trataba homeopáticamente en sus enfermedades.
Consecuencia de las discusiones habidas en el Consejo de Instrucción pública, y del criterio ilustrado, recto e imparcial del Ministro, señor Seijas, fue la Real orden de 18 de Enero de 1850. Como ella se enlaza con la organización del Instituto Homeopático, fundado veintiocho años después, vamos a copiar íntegramente la mencionada Real orden, como igualmente la que con idéntico objeto se publicó en 1865.
“EXCMO. SEÑOR: He dado cuenta á S. M. del expediente instruido en este Ministerio de mi cargo, con motivo de la exposición que en 6 de Febrero de 1848 presentaron D. José Núñez y D. Román Fernández del Río, Presidente y Secretario que eran de la Sociedad Hahnemanniana Matritense, en que pedían, por sí y á nombre de la expresada Sociedad, que se establezca una clínica donde los enfermos sean asistidos por el sistema homeopático, á fin de demostrar por este medio las ventajas que á la humanidad debe reportar de la adopcion de este sistema curativo. Con este motivo se ha enterado S. M. de los dictámenes que la mayoría y la minoría de la seccion quinta del Real Consejo de Instruccion pública extendieron acerca de la expresada peticion, con fechas 4 y 11 de Abril del referido año de 1848, y del informe dado por el Consejo en pleno. en 8 de Junio del mismo año, adhiriéndose al dictamen de la mayoría; y por último, de una exposicion suscrita por considerable número de personas respetables de esta córte, con fecha 31 de Julio de 1849, en la cual se pedia que el Gobierno tome todas las medidas que crea necesarias para regularizar el ejercicio de la nueva doctrina médica, para asegurarse de su verdad, para su propagacion y enseñanza, y sobre todo, para que se eviten los abusos consiguientes á la ignorancia de los que la apliquen. Hecha S. M. de todos estos antecedentes, y considerando que ni pueden ser desoidas las reclamaciones que en favor de la doctrina homeopática se han elevado, ni tampoco concederla desde luégo un lugar entre las reconocidas en las escuelas públicas, si bien parece justo que se adopten las disposiciones convenientes para asegurarse de su bondad, se ha servido disponer que V. E. convoque á los facultativos de la Sociedad Hahnemanniana Matritense, para saber de ellos si están prontos á desempeñar en la Facultad de Medicina de esa escuela una cátedra de Medicina homeopática, y otra de clínica, también homeopática, en un hospital que designará el Jefe político de la provincia, á cuyo fin deberá ponerse V. E. de acuerdo con esta autoridad; entendiéndose que estos servicios han de desempeñarse gratuitamente por los profesores que nombre el Gobierno entre los que se ofrezcan á prestarlos, y que todo tendrá el carácter de provisional, como destinado á un ensayo, á fin de que, vistos los resultados, pueda resolverse definitivamente lo que convenga en el plan de estudios. De quedar todo ejecutado dará V. E. cuenta á esta Superioridad, para los fines convenientes. De Real órden lo digo á V. E. para su inteligencia y cumplimiento.- Dios guarde á V. E. muchos años.- Madrid, 18 de Enero de 1850.- SEIJAS.- Sr. rector de la Universidad de esta córte.”
Después de esta Real orden, se publicó otra en 14 de Mayo del mismo año, dictando reglas para el cumplimiento de la anterior, que fueron las siguientes:
“1º Se establecerá la cátedra de Instituciones homeopáticas en el mismo hospital donde se constituya la sala de Clínica, no obstante lo que se dispuso en la Real órden de 18 de Enero último.
“2º Se nombra catedrático de Instituciones homeopáticas á D. Ramon Fernandez del Rio, y de Clínica á D. José Núñez. Cada uno de estos catedráticos nombrará un sustituto que reuna las circunstancias necesarias para desempeñar dignamente las funciones de aquéllos cuando fuese necesario. En virtud de lo que se previene en la citada Real órden de 18 de Enero último, serán gratuitos los servicios que prestaran los catedráticos y sustitutos.
“3º Para que el Gobierno pueda ilustrarse sobre los efectos de esta nueva doctrina, se nombra una Comision inspectora compuesta de cinco individuos, que lo serán: D. Bonifacio Gutierrez, que tendrá la calidad de Presidente; D. Tomás Corral, D. Robustiano Torres Villanueva, D. Joaquin Lario y D. Juan Pou y Camps. Hará de Secretario el vocal de ménos edad.
“4º Esta Comision inspeccionará cuidadosamente la enseñanza de la doctrina homeopática, y con especialidad la clínica, sin embarazar la accion de sus encargados; llevará un registro de sus observaciones, informando al Gobierno de sus resultados de dos en dos meses, y siempre que lo estime conveniente; consultará cuanto crea oportuno y útil á la ciencia y á la humanidad; y expondrá luégo que se crea bastante ilustrada por la observacion cuanto se le ofrezca y parezca sobre esta materia.
“De Real órden lo digo á V. E. para su inteligencia, y para que, llevando á efecto cuanto en los precedentes artículos se manda, se ponga de acuerdo con el Jefe político de la provincia para la designacion del local donde hayan de constituirse la cátedra y sala de Clínica, convoque los individuos de la Comision, la deje instalada, y practique cuanto sea necesario á su cumplimiento, dando noticia á este Ministerio cuando quede todo ejecutado. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid, 15 de Mayo de 1850.- SEIJAS.- Excmo. Sr. Rector de la Universidad de esta córte.”
No tuvieron cumplimiento las Reales órdenes que hemos copiado, porque el Jefe político no tenía ningún local ad hoc para establecer la cátedra y la Clínica homeopáticas, y les fue designada a los encargados de ellas una de las enfermerías de la Facultad de Medicina, sin que se les permitiese mas intervención que la de visitar los enfermos y poner los tratamientos, pero quedando el cuidado de administrar los medicamentos y todo el servicio subalterno al personal de las clínicas, cosas que no podían inspirar confianza a los médicos homeópatas.
Se hicieron, sin embargo, algunos ensayos; pero de día en día aumentaban las dudas sobre el cumplimiento de las prescripciones terapéuticas, y los profesores homeópatas renunciaron a continuar en tan violenta y embarazosa situación, quedando en su consecuencia sin realizarse el propósito de las dos Reales órdenes de que hemos hecho mérito.
En comprobación de la verdad de lo que dejamos consignado, podemos citar el hecho reciente de haber manifestado en sesión pública de una Corporación científica un individuo de ella, aludiendo incidentalmente a aquellos ensayos de medicamentos homeopáticos en la Clínica de la Facultad, que él era entónces alumno interno de la misma y el encargado de administrarlos, y que los sustituía con agua clara con el fin de convencerse y convencer á los demás de que las enfermedades no se modificaban por los agentes homeopáticos, considerados por él como inertes.
Véase, pues, cuán justificada estuvo la conducta de los médicos homeópatas al desistir de desempeñar las cátedras que les habían concedido. Pasaron bastantes años sin hacer nuevas gestiones en ese sentido, hasta que en 1864, creyendo la Sociedad Hahnemanniana debía intentarlas otra vez, hizo un llamamiento a la opinión pública en favor de la enseñanza de la Medicina Homeopática; se redactó una exposición en este sentido con fecha 30 de Septiembre del citado año; todos los médicos homeópatas de España se encargaron de recoger firmas en las localidades donde ejercían, y se elevó al Gobierno dicha instancia suscrita por unas sesenta mil personas de todo el país, figurando entre ellas nombres respetables de las elevadas clases sociales, Diputaciones provinciales, Municipios, Audiencias, y cuantas Corporaciones constituyen el organismo político y administrativo de la nación. No podía pedirse éxito mas lisonjero. Hasta médicos alópatas en número respetable firmaron también la exposición referida. Entonces la Sociedad Hahnemanniana, apoyada en esa demanda de la opinión pública, acudió de nuevo al Ministro de Fomento solicitando se pusiesen en ejecución las Reales órdenes de 1850, pero procurando que las cátedras y clínicas se estableciesen en un local dedicado exclusivamente a este objeto, y se obtuvo la siguiente Real orden:
De esta Real orden se dió traslado al Gobernador civil de Madrid, para que pusiese a disposición de la Sociedad Hahnemanniana un local adecuado para el objeto a que debía destinarse. Dicha autoridad contestó hallarse ocupados todos los edificios públicos, y que le era de todo punto imposible facilitar uno para el establecimiento de las cátedras y clínicas de la Medicina Homeopática. A su vez el Ministerio de la Gobernación, a quien también se le dió traslado, se negó a incluir en sus presupuestos los gastos de instalación y mantenimiento del Hospital Homeopático, y manifestó que, no formando parte de los establecimientos de la beneficencia general la Clínica homeopática a que se refería la Real orden de 5 de Enero, sino que era mas bien un experimento científico lo que se intentaba, los gastos debían correr a cargo del Ministerio de Fomento.
Esta nueva dificultad, no sabiendo en qué presupuesto habrían de incluirse los gastos del establecimiento a los ensayos de la Homeopatía destinado, unido a la carencia de local donde instalar las cátedras y la Clínica, hizo que la concesión otorgada por el Ministerio de Fomento fuese ilusoria y no pudiese llevarse a efecto. Los médicos homeópatas se convencieron de la imposibilidad de conseguir sus propósitos por concesiones del Gobierno exclusivamente, y que no tendrían cátedras ni clínicas mientras no tuviesen un local propio para consagrarlo a este objeto.
Desde entonces tomó mas incremento la aspiración de construir un Hospital para realizar el ideal de la Sociedad Hahnemanniana, y poco a poco fue madurándose este pensamiento, arraigándose en la conciencia de todos, hasta que al fin hubo resolución bastante para intentarlo.
El día 10 de Abril de 1872 se expresó más terminantemente que lo había sido hasta entonces el pensamiento de tener un local propio para establecer las cátedras y las clínicas de Medicina Homeopática, concedidas por las Reales órdenes que hemos citado en los anteriores artículos.
En el banquete celebrado en dicho año para conmemorar el natalicio de Samuel Hahnemann, según lo viene haciendo desde hace tiempo la Sociedad Hahnemanniana Matritense, algunos de sus individuos brindaron por el pronto establecimiento de un hospital homeopático, habiendo sido quien con mas entusiasmo expresó esta aspiración el ingeniero D. Guillermo Martorell, que había sido invitado para que asistiese al banquete, en razón a su afecto grande hacia la Homeopatía, y por tener muchos amigos entre los individuos de la Sociedad.
En su brindis dirigió un sentido apóstrofe a los que dudaban en acometer la proyectada empresa. “Cuando aquí se ha brindado, decía, por el establecimiento de una Clínica homeopática, he oído cerca de mí palabras de desconfianza, con cuyo motivo os recuerdo aquellas palabras de Cristo a sus discípulos: Si tuviérais fe, mandaríais a esa montaña que se arrojase al mar, y se arrojaría. Brindo por la lucha y por el establecimiento pronto de un hospital homeopático, donde el pobre no tenga que pagar y vaya a encontrar la salud que le falta, en lugar de ser envenenado en nombre de la ciencia, como hoy le acontece.”
Y el Marqués de Núñez, al resumir los brindis en aquel banquete, se expresó en los siguientes términos: “Todos sabeis que ésta es una de mis ideas más arraigadas, y que nuestra Sociedad ha hecho cuanto creía practicable cerca de los Gobiernos para conseguir una Clínica, pero cuyas concesiones han sido ilusorias. Abrigo una convicción profunda de que, si nosotros queremos trabajar con fe, se conseguirá tener un hospital homeopático, pero por otros caminos que los seguidos hasta aquí. Hay necesidad para ello de un gran desprendimiento por nuestra parte; y si os decidis á intentarlo, contad con que yo haré cuanto pueda para que se realice este proyecto tan humanitario y tan útil para nuestra escuela.”
No pasaron muchos días sin que se formulase el proyecto que se había iniciado en el banquete, y el 13 de Abril se daba cuenta en sesión de la Junta Directiva de la Sociedad Hahnemanniana de una comunicación de los redactores del periódico El Criterio Médico, para que se citase a una Junta general, con objeto de presentar un proyecto del Doctor García López sobre los medios de llevar a efecto la adquisición de un hospital homeopático.
En efecto, en sesión general de socios celebrada el día 15 de Abril de 1872 se leyó el mencionado proyecto, cuyo pensamiento capital era hacer un hospital para los pobres que prefiriesen ser tratados en sus enfermedades por el método homeopático, que sirviese además para la enseñanza teórica y clínica de la Medicina hahnemanniana, apelando a la caridad pública, con el fin de reunir fondos con que realizar tales propósitos.
Algunos otros proyectos se presentaron además del citado, encaminados principalmente a que se pidiese la protección de la Diputación provincial o del Ayuntamiento de Madrid, esperando de estas Corporaciones los mayores recursos para la realización del pensamiento. Pero después de una ilustrada discusión sobre los diversos pareceres emitidos, fue aprobado por unanimidad el proyecto del Sr. García López, acordándose abrir desde luego la suscripción pública, que debía encabezarse con las cantidades con que se propusieran contribuir los señores socios, y se nombró una Comisión para llevar a cabo todos los trabajos concernientes a la suscripción, habiendo quedado aquélla constituída por los Sres. D. Tomás Pellicer, D. A. García López, D. Benigno Villafranca, D. Paz Alvarez, don Miguel Iturralde y el Presidente de la Sociedad, Sr. Marqués de Núñez.
Acto continuo se abrió la suscripción entre los socios presentes, empezándola el doctor Núñez con la cantidad de 25.000 pesetas, y los señores Pellicer, Alvarez (D. Anastasio) y Aróstegui, con 2.500 cada uno, siguiendo los demás con cantidades diversas, quedando suscritas en la sesión a que nos referimos 33.975 pesetas.
Se dirigieron por la Comisión antes citada numerosas circulares a los médicos homeópatas y a las personas afectas a esta doctrina médica, advirtiendo que la recaudación de fondos no empezaría mientras no ascendiesen las cantidades suscritas a una suma que se conceptuara suficiente para acometer la empresa proyectada, y en el mes de Abril de 1873 la total suscripción era de 69.247 pesetas, según se expresó en la Memoria de Secretaría de la Sociedad, leída en la sesión del día 10 del referido mes, por lo que la Comisión creyó poder ya comenzar las obras.
Primeramente se pensó en comprar alguna casa antigua de vastas dimensiones; pero ninguna de las que se vieron llenaba las condiciones que se buscaban, y todas exigían grandes obras para arreglarlas al objeto a que debían ser destinadas, por lo que desechó al fin esta idea, decidiéndose la Comisión por hacer el hospital de nueva planta en un solar suficientemente extenso para ello.
El día 13 de Mayo de 1873, en Junta general de gobierno, manifestaba el Presidente de la Sociedad que la sesión tenía por objeto dar cuenta de los trabajos llevados a cabo por la Comisión y resignar sus poderes, por haber ya cumplido la misión que se le había encargado. Añadió que había comprado un solar de cerca de cuarenta mil piés, situado en la calle de la Habana, número 1, a razón de cuatro y medio reales pié, habiendo otorgado la escritura en nombre del Marqués de Núñez, y que el importe del terreno adquirido, sin contar los derechos devengados por el notario, los de traslación de dominio y Registro de la Propiedad, había ascendido a 169.503 rs., de los que entregó 100.000 al tiempo de otorgar la escritura, comprometiéndose a satisfacer lo restante dentro de un año, con el interés de un 5 por 100, y pagado por semestres vencidos.
Añadió el Sr. Núñez que la Comisión había encargado los planos del hospital y la construcción del mismo al arquitecto D. José Segundo de Lema, quien había asegurado podrían comenzar las obras a fin de Mayo. Y por último, pidió que la Sociedad nombrase otra Comisión con nuevas facultades, por considerar que la anteriormente elegida había terminado su misión.
Así lo estimó la Sociedad, y después de aprobar por unanimidad todo lo hecho por la citada Comisión, y de otorgarle un voto de gracias por sus trabajos, se nombró otra, compuesta del Marqués de Núñez y de los Señores D. Paz Alvarez y D. Miguel Iturralde, discutiéndose sobre las facultades que se habían de dar a esta Comisión, y acordándose que se concedían al Presidente de la Sociedad, Sr. Marqués de Núñez, los mas amplios poderes para la fundación, aprobación de planos, presupuesto de obras y construcción del hospital, para la recaudación e inversión de fondos, y para representar a la Sociedad, hacer y resolver en nombre de ella cuanto tuviera relación con la obra benéfica que se iba a emprender, auxiliándole en todos estos trabajos los otros dos socios nombrados; y finalmente, para que pudiera asociar a la Comisión el número de suscriptores al hospital que creyera conveniente; dando cuenta a la Sociedad cuando lo juzgara oportuno, y consultándola cuantas veces lo estimase necesario.
Desde que se tomaron los acuerdos anteriormente citados, puede decirse que la Sociedad no resolvió ya ningún asunto concerniente al hospital, confiada como lo estaba en la gestión activa e inteligente de la Comisión que dejó nombrada en la sesión del día 13 de Mayo; y, en efecto, bajo su iniciativa, especialmente la de su Presidente, empezaron y continuaron las obras hasta su terminación.
El día 26 de Mayo, a las seis de la mañana, comenzaron dichas obras, que fueron dirigidas por el citado arquitecto Sr. Lema, y durante el verano de dicho año se pusieron los anchos y profundos cimientos del edificio, se hicieron las atarjeas y alcantarillado, habiéndose empezado a levantar las paredes de los sótanos a primeros de Septiembre, cuya parte de edificación quedó concluída en primeros de Octubre, como asimismo la nivelación del suelo con el de la calle, y se comenzó a colocar la piedra de sillería de los muros.
En tanto que proseguían las obras, se aumentaba la suscripción, se recaudaban las cantidades suscritas y se arbitraban otros recursos para que aquéllas continuasen sin interrupción, habiéndose apelado a algunas funciones de teatros en favor del hospital, y cuyos ingresos por todos conceptos la Comisión publicaba en listas en El Criterio Médico, cuando lo creía mas conveniente, habiendo sido muy lisonjero, como puede verse en ellas, el resultado de la suscripción de algunos puntos de América.
Sin embargo, las obras agotaron luego todo lo recaudado, y se vió eran muy insuficientes los fondos procedentes de donativos para que aquéllas llegasen pronto a su término. Así es que tuvieron períodos de paralización, y no se hubiera concluido el hospital si el Marqués de Núñez no se hubiese resuelto a suplir con dinero suyo lo que se necesitó para llevar a feliz término la edificación y completar el establecimiento con la compra de todos los efectos indispensables para las seis salas destinadas a enfermos, cuatro de ellas para adultos y dos para niños.
Es de advertir que cuando el Marqués de Núñez manifestó en la sesión del 13 de Mayo de 1873 que había comprado el terreno, otorgándose a su nombre la escritura de venta, e inscrito de igual manera en el Registro de la Propiedad, ningún socio hizo observación alguna acerca de este hecho, ni los individuos de la Comisión intervinieron tampoco en aquella compra.
Entonces no se deseaba otra cosa sino que el hospital se hiciese; todos los medios se aceptaban, y por otra parte, se sabía que nadie podía llevar a efecto el proyecto como no fuese el Sr. Núñez, por sus cualidades especiales de fortuna y de posición social, por su entusiasmo en favor de la escuela homeopática y por su constancia para llevar a cabo todas las empresas que acometía. Mereciendo, como merecía, la mas completa confianza de la Sociedad Hahnemanniana, ninguno de sus miembros, ni aún los mismos individuos de la Comisión, de la que él era Presidente, intentaron crearle obstáculos ni dificultades de ninguno género, sino que, por el contrario, secundaban cuanto proyectaba para realizar el pensamiento de construir y fundar el Hospital Homeopático.
Haciendo uso el Sr. Marqués de Núñez de las facultades que le había concedido la Sociedad, según queda dicho en el capítulo anterior, amplió la Comisión organizadora de las obras del Hospital, nombrando para que la formasen a los señores D. Manuel de Obesso, comisario general de la Cruzada; D. Pedro Magaz, fiscal del Tribunal eclesiástico de Madrid; D. Antonio Angel Moreno, Señor Conde de Puñonrostro, Señor Duque de Veragua, D. Emilio Bernar y D. Juan García Torres. Los citados respetables individuos, en unión de los ya nombrados por la Sociedad, D. Paz Alvarez y D. Miguel Iturralde, constituyeron, bajo la presidencia del Marqués de Núñez, la Comisión que debía entender en todo lo concerniente a la construcción y fundación del Hospital.
Dicha resolución se publicó en el mes de Enero de 1874, en El Criterio Médico, suscrita por el Secretario-Tesorero de la Comisión, D. Paz Alvarez, quien en la Memoria que leyó a la Sociedad el día 10 de Abril del expresado año manifestó que la Comisión había encontrado auxiliares poderosos en los antedichos señores, y que se estaban ya tocando los favorables resultados de tan acertada elección. Asimismo consignó en la Memoria a que nos referimos, que el señor Presidente había satisfecho, mucho antes de que terminase el plazo, los 69.503 reales y su interés anual del 5 por 100, resto de la cantidad en que compró el solar, quedando libre el terreno en que se edificaba el Hospital, de la hipoteca que sobre él pesaba, gracias a la munificencia del señor Presidente.
En la primavera de 1874 hallábase ya construída toda la planta baja y la pared de circunvalación, comenzando a levantarse el piso principal, y en el mes de Junio se construía el segundo piso; pero durante el verano estuvieron paralizadas las obras, y no pudieron quedar recogidas las aguas hasta últimos del mes de Diciembre. En la primavera del año 75 estaban bastante adelantadas, poniéndose los cielos rasos, los tabiques, y haciéndose las demás obras interiores; pero desde Septiembre hasta Marzo del siguiente año estuvieron suspendidas de nuevo, por falta de recursos, según se hizo constar en la Memoria del día 10 de Abril de 1876, en la que se decía “se había gastado ya todo lo recaudado y tres cuartas partes más que había adelantado el señor Presidente, gracias á cuya munificencia pudo continuarse la edificación.”
Asimismo se daba cuenta a la Sociedad en 10 de Abril de 1877, “que el Hospital estaba terminado, merced á nuevos y cuantiosos adelantos hechos por el Sr. Núñez, habiéndose edificado en el mes de Marzo del citado año la casa para el Dispensario público, y la casita para el portero, el decorado de la capilla, etc.” El 19 de Marzo se colocaron las camas de hierro en las seis salas o enfermerías, cuatro de éstas para adultos, y dos para niños. En dicho mes organizó el señor Presidente una Junta de Señoras, que tuvieron su primera reunión el día 3, y cuyo objeto principal era, y sigue siendo, proporcionar recursos para el mantenimiento del Hospital.
La suscripción pública, según la lista que se insertó en El Criterio Médico, correspondiente al 25 de Abril de 1878, había ascendido a 433.877 reales, habiendo suplido lo que faltó para las obras y el decorado el Sr. Marqués de Núñez. No toda aquella suma se hizo efectiva, pues hubo algunas cantidades fallidas por causas diversas, y pueden bajarse de ella unos 20.000 reales aproximadamente.
La Comisión organizadora, cuando el Hospital se hallaba a punto de ser terminado, se dirigió al señor Ministro de la Gobernación, solicitando con fecha 28 de Mayo de 1877 autorización para abrirlo al público, y en Junio del mismo año se dictó la Real orden siguiente:
“MINISTERIO DE LA GOBERNACION Y DEL REINO.- Excmo. Sr.- El Sr. Ministro de la Gobernación dice con esta fecha al Gobernador civil de esta provincia lo siguiente: – Excmo. Sr.: “Vista la instancia elevada á este Ministerio por D. José Núñez, Marqués de Núñez, y D. Paz Alvarez Alonso, Presidente y Secretario respectivamente de la Sociedad Hahnemanniana Matritense, en solicitud de que se les autorice para abrir al público el Hospital que dicha asociación ha construído para la curación de enfermos pobres por el sistema homeopático, S. M. el Rey (Q.D.G.) ha tenido á bien conceder la autorización pedida, declarando comprendido dicho establecimiento en el artículo 8º, párrafo 4º de la Instrucción de 27 de Abril de 1875, y aprobando el Reglamento provisional presentado por los recurrentes, el cual ha de servir para el régimen interior del Hospital de que se trata. De Real órden comunicada por el referido señor Ministro, lo traslado a V. E., remitiéndole un ejemplar del Reglamento aprobado.- Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid, 21 de Julio de 1877.- El Subsecretario, Alzugaray.- Sr. Marqués de Núñez, Presidente de la Sociedad Hahnemanniana Matritense.”
El día 2 de Febrero de 1878 tuvo lugar la apertura del Hospital, reduciéndose dicho acto á la celebración de una misa en la capilla del mismo, con asistencia de toda la Sociedad Hahnemanniana, de la Junta de Señoras, protectora del establecimiento, y las Hermanas de la Caridad, El señor Marqués de Núñez trasladó su residencia a las reducidas habitaciones que había hecho construir para vivienda del Director, cuyo cargo se reservó, con el beneplácito de la Sociedad, y nombró los dos médicos que habían de desempeñar la visita de las enfermerías, habiéndolo sido para el departamento de hombres D. Tomás Pellicer, y para el de mujeres, D. Anastasio Alvarez.
Como por entonces se deseaba que la Sociedad Hahnemanniana y el Hospital tuviesen una gran solidaridad, reformó aquélla su Reglamento, estableciendo en él que la Corporación tenía su domicilio en el Hospital Homeopático, consignando además otras disposiciones para estrechar los lazos de ambas instituciones, dándoles una misma vida científica.
Era necesario hacer la fundación del establecimiento como perteneciente a la Beneficencia particular, y el señor Núñez consultó a la Sociedad el proyecto que había concebido sobre el particular, al que se le hicieron algunas enmiendas, aprobándolo en lo fundamental; pero después lo modificó, dando con esto motivo a disgustos y a comentarios diversos entre los individuos de la Corporación. Antes de proseguir, haremos una ligera descripción del establecimiento, construido dentro del solar, que es de cerca de cuarenta mil piés y del que ya hicimos mérito en otro lugar.
La línea de fachada que da al paseo de la Habana mide 65 metros 50 centímetros; la línea de medianería derecha, según se entra en el terreno por el paseo de la Habana, tiene 35 metros 7 centímetros, y forma ángulo recto con la línea de fachada anteriormente descrita; la medianería de la izquierda consta de dos alineaciones; la primera, perpendicular a la línea de fachada, que mide 30 metros 7 centímetros; y la segunda, que forma con la anterior un ángulo obtuso de 176 grados, y mide 24 metros 76 centímetros; y la línea del testero que une las medianerías descritas cierra el sitio con otra de 66 metros 70 centímetros, que forman un ángulo saliente de 107 grados 32 minutos con la medianería de la derecha, y otro de 76 grados 28 minutos con la de la izquierda; con cuyas referidas líneas se forma un polígono irregular de cinco lados, cuya superficie es de 37.667 piés 3.456 céntimos cuadrados.
El edificio está en el interior del expresado terreno; ocupa una superficie cubierta de 212 metros 19 centímetros cuadrados, y su planta de sótanos, bajo, principal y segundo, comprende seis salas-enfermerías, capaces para cuarenta y ocho camas; cocina, lavadero, despensas, almacenes, cuarto para mozos y enfermeros, dormitorios y dependencias para las Hermanas de la Caridad, habitación para el Director, médico y capellán; diferentes cuartos para la administración y servicio del Hospital, capilla, una cátedra, que a la vez puede servir para sala de Juntas; habitación para la Farmacia y para la Secretaría, y dos galerías, en la planta baja una, y en la principal otra, para que los enfermos convalecientes puedan pasear en ellas.
Independientemente, y también aislado dentro del terreno, hay otro pequeño edificio, que ocupa una superficie de 56 metros 29 centímetros cuadrados, equivalente a 726 piés y 25 céntimos, y está destinado a conserjería, salas para la consulta pública y habitación del conserje. En otro punto se halla otro pabellón destinado a capilla mortuoria. El todo del terreno está cercado con paredes de fábrica de ladrillo y mampostería en sus medianerías, y en la fachada, por medio de una empalizada de madera labrada, interín se efectúa un enverjado de hierro.
Para el desagüe y limpieza se construyó una alcantarilla, que desde el Hospital atraviesa el paseo de la Habana, dirigiendo las aguas a la cabecera de la general que existe en la calle del Cardenal Cisneros. Se surte de aguas del Canal de Lozoya, y tiene el alumbrado de gas. En el terreno que quedó libre circunvalando el edificio, se hizo un jardín con plantaciones de embellecimiento y salubridad para el Hospital.
Cuando el Marqués de Núñez compró el terreno, lo inscribió a su nombre en el Registro de la Propiedad, tomo 588, folio 20, finca número 2.477, inscripción 1ª; y habiendo, en 25 de Febrero de 1878, expedido el arquitecto D. José Segundo Lema certificación de hallarse completamente terminado el Hospital, lo inscribió también a su nombre, en los citados tomo y finca, al folio 22 vuelto, inscripción 3ª, constando de los títulos de propiedad que el Hospital, o sea el solar y las construcciones, están libres de toda carga y gravamen.
Proponiéndose el Marqués de Núñez otorgar la escritura de fundación del Hospital como establecimiento de beneficencia particular, y con el fin de que dicha escritura estuviese de acuerdo con el Reglamento provisional que debía obrar en el expediente de autorización para su apertura, presentó dicho Reglamento, en sustitución del primitivo, aún cuando también con carácter provisional, hasta que se redactase el definitivo que había de formarse después. En Marzo de 1878 se le comunicó la Real orden siguiente:
“Excmo. Señor.- El Sr. Ministro de la Gobernación dice con esta fecha al Director general de Beneficencia y Sanidad lo siguiente: “Ilmo. Señor.- S. M. el Rey (q.D.g.) ha tenido á bien aprobar el Reglamento provisional para el régimen interior del Instituto Homeopático y Hospital de San José, establecido en esta córte, cuyo documento ha sido presentado á este efecto con fecha 11 del corriente por D. José Núñez, Marqués de Núñez, como fundador y Director del mencionado hospital.- De Real órden, comunicada por el referido señor Ministro, lo traslado á V. E. para su conocimiento y efectos consiguientes, remitiéndole un ejemplar de los Estatutos aprobados. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid, 30 de Marzo de 1878.- El Subsecretario, Lope Gisbert.- Sr. D. José Núñez, Marqués de Núñez.”
Ocurre desde luego preguntar por qué el Marqués de Núñez no puso en ejecución el Reglamento aprobado por la Real orden de 21 de Junio de 1877, y presentó otro en el Ministerio en Marzo del 78. La razón es obvia. En aquél no se habla mas que del Hospital, pero no del Instituto Homeopático, y la fundación debía comprender ambos aspectos. En 1877 no tenía todavía decisión completamente formada acerca de la manera como había de hacerse la fundación, sobre cuyo particular reflexionó largamente; oyó opiniones de personas entendidas en tales asuntos; pesó las ventajas y los inconvenientes que tendría ponerla en nombre de la Sociedad Hahnemanniana o en el suyo propio, con transmisión a sus herederos, tratándose de una finca que no era de productos, sino mas bien gravosa bajo muchos puntos de vista, y al fin se decidió por esto último, contribuyendo no poco a que adoptase esta resolución los celos y las envidias que se despertaron en algunos individuos de la Sociedad con motivo de los nombramientos de médicos que había hecho y se proponía hacer para el servicio del Hospital y del Instituto el Sr. Núñez, como Director que era del establecimiento.
Como nos proponemos decir la verdad desnuda, sin que estos artículos vayan encaminados a hacer elogios del Marqués de Núñez, por mas que los merezca por muchos conceptos, diremos que la Sociedad Hahnemanniana venía estando en la creencia de que el Hospital era de su propiedad, no obstante de que el Sr. Núñez no procedió con falsedad cuando compró el terreno, otorgando a su nombre la escritura e inscribiéndolo en el Registro de la Propiedad, toda vez que así lo manifestó en una Junta general de gobierno, sin que nadie se opusiera a ello. Pero se esperaba que al hacer la fundación declarase que dicho terreno lo compró para la Sociedad, y que aquélla se pondría a nombre de la Corporación. No sucedió así, y el Marqués de Núñez, obrando con el autocratismo que acostumbraba hacerlo en todos sus actos, resolvió desde este período proceder en todo lo concerniente al Instituto Homeopático y Hospital de San José sin consultar con la Sociedad, y como si se tratara de una cosa exclusivamente suya.
Semejante actitud, y lo que se sabía acerca de las cláusulas bajo las que intentaba hacer la fundación, fue motivo para que se disgustasen muchos socios, dándose con ello ocasión a que entrase en los cálculos del Sr. Núñez el que la Sociedad Hahnemanniana se declarase disuelta, y que sus individuos se fundiesen en el Instituto Homeopático, comenzando a funcionar como una Corporación nueva, aun cuando fuese la misma Hahnemanniana, pero en otras condiciones de vida. Y no habiendo accedido a ese deseo la Corporación, dimitió los cargos de socio fundador y de Presidente; mas al fin se le persuadió a que continuara en la Sociedad con el carácter de Presidente de honor vitalicio, cuyo cargo se creó exclusivamente para darle una prueba de aprecio y rendirle el homenaje a que era acreedor.
Por entonces asomaron ya dentro de la Sociedad conatos de hacer intervenir los tribunales, a fin de que el Sr. Marqués de Núñez reformase la fundación, aún cuando oficialmente no se sabían bien los términos en que estuviese hecha, y algún individuo de la Corporación dejó de pertenecer a ella por estos motivos. Pero otros, mas prudentes y conciliadores, comprendían que las cuestiones versaban sobre un motivo de pura vanidad, porque lo importante para la Sociedad y para los suscriptores era que el Hospital se hubiera concluído y que contase con medios seguros para su mantenimiento, cosa que la Sociedad no podía hacer sin el auxilio del Sr. Núñez. Este había invertido mas de treinta mil duros suyos para que las obras pudieran terminarse; tenía ofrecido dejar un legado que sirviese a producir renta para ayuda de su sostenimiento; la Sociedad quedaba siendo la encargada de la parte científica y hasta de la administrativa, toda vez que los cargos profesionales debían estar desempeñados por individuos de su sena, y en el Patronato dejaba seis profesores de la citada Corporación, y todas estas circunstancias debían tomarse en consideración por la Sociedad, para ajustar a ellas su actitud con relación al Sr. Núñez.
Por anómala que parezca la conducta de éste, y por divergente que fuese de lo que esperaba y quería la Sociedad, su opinión, mantenida con la tenacidad que le era característica, no reconocía otro móvil que el deseo de dar mayor estabilidad al Instituto Homeopático. Temía que si aquélla aparecía como la propietaria y fundadora, podría correr los peligros de las contingencias, cambios, vicisitudes y hasta de la disolución a que toda Corporación se halla expuesta; además de las escasas garantías que ofrecen las leyes del país a las sociedades, en lo que se refiere a fundaciones de beneficencia, mientras que, en su concepto, inscribiendo la finca a nombre suyo en el Registro de la Propiedad, dejando como una carga a sus herederos la dirección y la obligación de formar parte del Patronato, la institución tendría menos riesgos y ofrecerías mas probabilidades de permanencia y estabilidad. Si la Sociedad y los que han contribuído con donativos querían que se hiciese un Hospital, decía, ya está construído y funcionando, y por lo tanto, se ha cumplido su deseo. Podría el Marqués de Núñez estar equivocado en esas apreciaciones; pero los propósitos que le guiaban eran nobles y levantados, y creía que así hacía un servicio a la escuela homeopática.
Eran muy atendibles las reflexiones que él hacía sobre este asunto, y no debía perderse de vista que lo recaudado de donativos apenas excedía de diez y seis mil duros, en tanto que el Marqués de Núñez había puesto una cantidad dos veces mayor que entre los setecientos o mas suscriptores que figuraban en las listas. Por otra parte, la Sociedad no había contribuído con fondos sociales, y en rigor, no podía pretender ser condueña de la finca con el Marqués de Núñez, puesto que los intereses que ella representaba eran los de las personas que por su conducto habían contribuído con donativos para que se construyese el Hospital.
Para que se juzguen estas cuestiones con pleno conocimiento, y para que la historia que escribimos sea clara y exacta, veamos el Reglamento provisional aprobado por la Real orden de 30 de Marzo de 1878, las principales cláusulas de la escritura de fundación, y otros documentos pertinentes a nuestro objeto, que insertaremos en los artículos siguientes.
Había para la Sociedad Hahnemanniana Matritense un problema de resolución difícil, atendidos los hechos que llevamos relatados. Por una parte, se ofrecía a su consideración que el pensamiento de construir un Hospital Homeopático con el producto de una suscripción pública había sido suyo; que en su nombre se hicieron la recaudación y casi todos los pagos de las obras, como igualmente la petición para abrirlo al servicio público cuando estuvo terminado, expidiéndose la Real orden de esta concesión a favor del Sr. Núñez, como Presidente de la Sociedad; y en su virtud, ésta creía que la fundación se haría también en su nombre, entrando en la posesión de la finca y en la dirección del Establecimiento al fallecimiento del Sr. Núñez, a quien, mientras viviese, no quería la Sociedad disputarle el cargo de Director, que él mismo se confirió
Por otra parte se hallaba con la opinión del Marqués de Núñez, dispuesto a no modificarla por creer eran peligrosas las aspiraciones de la Corporación, y que había mas garantías para la estabilidad de la institución llevando a cabo sus proyectos. Tanto el solar como el edificio estaban inscritos en el Registro de la Propiedad como de la exclusiva pertenencia del Sr. Núñez, y esto constituía un gravísimo embarazo para la Sociedad en el caso de un litigio.
Había retirado el reglamento provisional de la Dirección de Beneficencia, y presentado otro, que comprendía los dos caracteres del Establecimiento, el de Hospital y el de Instituto de enseñanza, y en él concedía suficiente intervención a la Sociedad Hahnemanniana, la que en rigor no podía llamarse propietaria de la finca, porque ni había edificado en terreno propio, ni contribuyó con fondos sociales para la construcción, ni representaba otra cosa que haber recaudado de los suscriptores la tercera parte de lo que había costado el Hospital.
No aconsejaba la prudencia ni la gratitud inaugurar el Establecimiento con una demanda judicial, planteando la Sociedad un litigio al Sr. Núñez, a cuyos esfuerzos se debía que estuviese terminado el Hospital, para el que había gastado mas de treinta mil duros, y al cual se proponía dejar una renta para ayuda de su mantenimiento. Como la Sociedad le había concedido amplias facultades para que hiciese lo que creyera conveniente respecto a los planos, a las obras y a la fundación, se creía autorizado para proceder como lo hacía y llevar adelante el proyecto de fundación en su propio nombre, transmitiendo la dirección a sus herederos por las razones que ya se han indicado en otro artículo.
No se trataba de una finca de productos, sino que, por el contrario, era una carga pesada la que dejaba a los sucesores suyos, a quienes llamaba a ejercer el patronato y la dirección. Un pleito en las condiciones en que se hallaba el objeto del litigio, y teniendo en cuenta la naturaleza de la cosa y lo que sucede en España con tales asuntos, ofrecía grandes contingencias y peligros, siendo lo mas probable que el resultado final fuese la desaparición del Hospital, no pudiendo contar ya, si la Sociedad acudía a semejante medio, con la renta que había ofrecido el Sr. Marqués de Núñez; hubiese venido, en el caso de obtener la Corporación una sentencia favorable, la liquidación del Hospital, teniendo que abonar al Sr. Núñez lo que éste había suplido, quedándose en tanto con la finca a título de hipoteca; y tales cuestiones no podían menos de producir grandes antagonismos entre los médicos homeópatas, y la inhabilitación del Establecimiento para el objeto a que estaba destinado, cuando apenas empezaba a funcionar.
Semejantes sucesos hubieran perjudicado altamente los intereses de la escuela homeopática, y era preciso intentar la conciliación de las pretensiones de una y otra parte, buscando términos de avenencia que encarnaran la capital aspiración de todos, que no podía ser otra que la conservación del Hospital, y que éste no perdiera su carácter de establecimiento benéfico y de enseñanza. Así comprendió estas cuestiones la Sociedad, en ese sentido deseaba que se resolviesen, y con tal propósito confió la presidencia a D. Anastasio García López cuando renunció este cargo el Sr. Marqués de Núñez.
Penetrado el Sr. García López de la delicada misión que la Sociedad Hahnemanniana le había encargado, y no perdiendo de vista que ésta había autorizado al Sr. Núñez para que hiciese la fundación, y hasta para que diese al Establecimiento su nombre, titulándolo Hospital Núñez, concesión esta última que no aceptó, prefiriendo se le llamase Hospital de San José, conferenció muchas veces con el Sr. Marqués, y en Febrero de 1878 le dirigió un escrito, en el que, después de hacer la historia del proyecto del Hospital, de cuyo pensamiento él había sido autor, proponía al Sr. Núñez que se convocase una Junta general de los suscriptores para leer en ella una Memoria histórica con la lista de todas las cantidades recaudadas y los gastos hechos hasta la terminación del hospital. Que se diese a la Sociedad una copia de dichas cuentas, y que ésta levantase un acta autorizando al Sr. Marqués de Núñez para hacer la fundación en su nombre, y aprobase la inscripción que había hecho en el Registro de la Propiedad del solar y del edificio. Que también le autorizase la Sociedad para organizar la enseñanza que había de darse de la Medicina homeopática en el Instituto, conservando la dirección científica y administrativa. Que en la escritura de fundación hiciese constar la participación que había tenido la Sociedad en la creación del Hospital, así como las cantidades que aquélla había aportado de donativos para las obras del mismo. Que en el patronato estuviese representada la Sociedad por los individuos de ella que el señor Marqués de Núñez tuviese a bien designar, procurando, a ser posible, que se hallasen en mayoría en dicha Junta de patronos.
“El Hospital, decía el Sr. García López en el escrito a que nos referimos, será de fundación del Sr. Marqués de Núñez, ya por ser el dueño de la mayor parte del capital invertido y por la renta que se propone asignarle, ya por la autorización que ha recibido de la Sociedad, la cual cederá a su favor los derechos que representa por los fondos que ha recaudado; y en su consecuencia la gestión económica y administrativa la ejercerá la Corporación por los individuos de su seno que pertenezcan al patronato.
El Sr. Marqués de Núñez tendrá la dirección científica del Instituto; pero después de su fallecimiento, será desempeñada por la Junta Directiva de la Sociedad o por la persona que ésta delegue para que la represente en dicho cargo. De igual suerte quedará establecido que los destinos profesionales del Instituto y Hospital recaigan en socios de dicha Corporación.”
Aun cuando algunos de los acuerdos que mencionaba el Sr. García López habían sido ya tomados, indicaba en su nota que se levantase un acta que los abarcara todos, y que se elevase a escritura pública, consignando en ésta o en la de fundación, o en algún otro instrumento público, que el Sr. Núñez devolvería los donativos que hubiesen hecho las personas que no estuviesen conformes con la solución pactada entre éste y la Sociedad, como igualmente que se garantizasen de alguna manera las cantidades de todos los que habían contribuído a la construcción del Hospital, para en el caso de reversión de la finca a los herederos del Sr. Núñez.
“Aceptando lo que propongo, concluía la nota del Sr. García López, desaparecerán los recelos que hoy existen en el Sr. Núñez y en la Sociedad; en aquél, por el temor que abriga de que la Corporación no pueda desenvolver los elementos necesarios a la estabilidad del establecimiento, y que sea un obstáculo a sus funciones de fundador y director; y en ésta, por las dudas que abriga de si después del fallecimiento del Sr. Núñez surgirán entorpecimientos en la marcha del Hospital, los que quisiera prevenir desde ahora; recelos en una y otra parte que reconocen un motivo noble, porque están basados en el deseo de la conservación y prosperidad del Hospital.
Creo que con mis indicaciones el establecimiento se desenvolverá expedito en lo económico, con entera independencia de la Sociedad Hahnemanniana, y ésta tendrá la intervención que le corresponde en lo relativo a la parte científica, cuidando de la enseñanza y de la propaganda de la Medicina homeopática.”
Los anteriores consejos se vieron, en su mayor parte, reflejados en las resoluciones que al fin tomó el Marqués de Núñez, como puede apreciarse por el contenido del reglamento que presentó en 11 de Marzo del mismo año a la Dirección general de Beneficencia, en la escritura de fundación, en el mensaje que pasó a la Sociedad pidiendo se aprobase el uso que había hecho de la autorización que se le otorgó para todo lo concerniente al Hospital, y por último, en las cláusulas de su testamento, como lo podremos apreciar extractando dichos documentos:
EXTRACTO DEL REGLAMENTO PROVISIONAL APROBADO POR REAL
ORDEN DE 30 DE MARZO DE 1878.
“Artículo 1º.- El edificio construido en el Paseo de la Habana, número 3, se destina á la enseñanza de la doctrina homeopática y á la curación de las enfermedades agudas no contagiosas, y en este concepto se denominará INSTITUTO HOMEOPATICO Y HOSPITAL DE SAN JOSE, cuyos nombres podrán variarse por el Fundador ó la Junta de Patronos.
Art. 3º.- El tratamiento que se emplee será exclusivamente el de la Escuela Hahnemanniana pura y genuina.
Art. 4º.- Este Instituto, de fundación particular con arreglo á las leyes del Reino, cuenta para su sostenimiento: 1º, con la renta anual que le señale su fundador y director el Excmo. Sr. Marqués de Núñez; 2º, con las cuotas de los suscritores que voluntariamente se han suscrito ó suscriban; 3º, con los fondos que allegue la Sociedad Hahnemanniana, como la más interesada en el sostenimiento del mismo y en su prosperidad; 4º, con lo que proporcione la Junta de Patronos y la de Señoras protectoras; 5º, con los legados y donativos que hagan las personas caritativas en pro de tan benéfica institución.
Art. 5º.- Son patronos natos de este Instituto los Marqueses de Núñez y de los Salados, cuatro individuos de número de los más autorizados de la Sociedad Hahnemanniana Matritense, que desempeñen los cargos de profesores, y dos en representación de los socios de honor y mérito de dicha Sociedad, y las personas que taxativamente se dirá en la escritura de fundación del establecimiento, ó las que puedan hacerse acreedoras á esta distincion por servicios señaladísimos prestados á este Instituto benéfico y caritativo.
Art. 7º.- El Director del Instituto Homeopático asume todas las facultades médicas y administrativas que conciernen al mismo.
Art. 8º.- Es Director nato de este Instituto el Fundador del mismo, y en lo sucesivo, los que se designen en la fundación.
Art. 11.- El Director nombrará todos los empleados que exija la administración del Instituto.
Art. 12.- La asistencia de los enfermos se hará por medio de dos profesores de número, dos médicos adjuntos y otros dos de guardia, y la enseñanza teórica de la doctrina homeopática por medio de otros dos profesores de número, con la condición de que todos pertenezcan á la Sociedad Hahnemanniana Matritense.
Art. 13.- Los médicos numerarios de sala harán la visita á las horas que se hayan prefijado, pidiendo consultas con otros profesores cuando lo estimen necesario ó el Director lo indique; llevarán estadísticas minuciosas y exactas de sus enfermos, dando partes mensuales de ellas á la Dirección, resúmenes trimestrales y una Memoria general á fin de cada año, que comprenda cuanto de notable tengan registrado en su visita.
Art. 14.- Los médicos adjuntos asistirán en las salas de niños, y sustituirán á los de número en ausencias y enfermedades.
Art. 15.- Los médicos de guardia recibirán, á las horas que se señalen, á los enfermos que soliciten ingresar en el establecimiento, y, despues de reconocidos, decidirán si deben ó no ser admitidos, señalándoles, en caso afirmativo, la cama que deben ocupar y plan que han de seguir hasta la visita del médico de la sala.
Art. 26.- Anejo al Instituto, en edificio inmediato a él, y bajo su dependencia, se abre un Consultorio público y gratuito para todos los enfermos pobres que padezcan afecciones crónicas ó que les permitan salir de su casa.
Art. 27.- Este Consultorio ó Dispensario, que sostiene la Sociedad Hahnemanniana Matritense desde su creación, estará desempeñado por individuos de la misma, y con un reglamento particular aprobado por su Junta Directiva.
Art. 29.- Los profesores del Consultorio tendrán opcion preferente á ser nombrados médicos del Instituto Homeopático.
Madrid, 10 de Marzo de 1878.- El Fundador y Director del Instituto Homeopático y Hospital de San José, EL MARQUES DE NUÑEZ.- Aprobado por Real órden de 30 de dicho mes y año.”
Los demás artículos que hemos omitido se refieren al mecanismo de todos los servicios, y los que hemos copiado ha sido para hacer ver que el Sr. Núñez daba grande intervención a la Sociedad Hahnemanniana en la parte científica y profesional del Instituto, como que toda ella había de estar desempeñada por individuos de su seno.
Veamos ahora las principales cláusulas de la escritura de fundación, que fueron aprobadas por la Sociedad, y las de su testamento, en la parte que se refiere a dicho Instituto.
Con fechas 11 de Marzo y 6 de Abril de 1879, dirigió el Marqués de Núñez a la Sociedad Hahnemanniana dos comunicaciones, dando cuenta oficial de la terminación del Hospital, de su apertura para el servicio público, y las cláusulas de la fundación como establecimiento de beneficencia particular, y por tanto, del uso que había hecho de las facultades que la Corporación le había otorgado, sometiendo sus actos a la aprobación de la misma.
Las principales cláusulas de la escritura de fundación, otorgada ante el secretario (1) D. José García Lastra, en 5 de abril de 1878, son las siguientes:
“Que habiéndose acordado por la Sociedad Hahnemanniana Matritense, en 10 de Mayo de 1873, la construcción de un Hospital que, sirviendo de asilo á las clases menesterosas, constituyera al mismo tiempo un centro de enseñanza de la doctrina homeopática. utilizando de este modo las Reales órdenes que en dos ocasiones se habían otorgado para que se diese la referida enseñanza, y que habiendo comenzado su construccion en dicho año 1873, se hallaba felizmente terminado, habiendo sido necesarios todos los esfuerzos y sacrificios de las personas caritativas que han suplido el inmenso vacío de la suscripcion pública abierta con este objeto.
Que con el fin de realizar cuanto ántes fuese posible la construccion de dicho benéfico establecimiento, el relacionado compró, en escritura otorgada ante el infrascrito notario en 10
de Mayo del citado año 1873, á D. Sebastian Carbonell y García un terreno en la zona de ensanche de Madrid en el barrio de Chamberí, comprendido en el segundo cuartel de los cuatro en que se divide esta capital para los efectos de la ley hipotecaria, quedando inscrito el terreno, en virtud de la referida escritura, á nombre del compareciente en el Registro de la Propiedad, tomo 588, fólio 20, finca núm. 2.477, inscripcion primera.
Que formados los planos del edificio por el arquitecto D. José Segundo de Lema, se emprendió bajo su direccion la construccion del Hospital, que, como se ha dicho ántes, se halla completamente terminado; y en certificacion expedida por el mismo arquitecto en 25 de Febrero de 1878 se detalla el establecimiento tal y como pasa á referirse. (Véase el artículo 4º de esta Historia). En virtud de la mencionada certificacion, el edificio fué inscrito á nombre del compareciente en los citados tomo y finca al folio 22 vuelto, inscripcion 3ª, y constando de los títulos de propiedad que el solar y las construcciones están libres de toda carga y gravámen.
Que de este modo ha terminado gloriosamente la Sociedad Hahnemanniana Matritense su mision, que consistia en enseñar y propagar la Homeopatía y curar las enfermedades crónicas hasta llegar á la construccion de un edificio en que pudieran tratarse las enfermedades agudas de los pobres y enseñar metódicamente la nueva doctrina; y como no sería posible que hubiera dos Corporaciones independientes dentro de la misma localidad, so pena de quedar expuesto á grandes aventuras el porvenir de tan piadoso establecimiento; que, por el contrario, es el propósito del señor compareciente asegurar para siempre, por todos los medios legales que sean necesarios para conseguirlo, la Sociedad Hahnemanniana Matritense se refundirá en el Hospital homeopático, quedando, sin embargo, dentro del mismo una memoria imperecedera de ella y una representación constante y duradera por medio de algunos de los individuos que la componen en la actualidad, como á continuacion se dirá: y realizando el señor Marqués de Núñez, despues de estos antecedentes y consideraciones, su pensamiento de constituir una fundacion en dicho establecimiento por la presente escritura, en la vía y manera que más haya lugar lo verifica, y al efecto otorga que la crea bajo las cláusulas siguientes:
“1ª.- El señor compareciente funda é instituye en el edificio mencionado un hospital con el título de INSTITUTO HOMEOPATICO Y HOSPITAL DE SAN JOSE, para que así se comprenda que está destinado á la enseñanza teórica y práctica de la doctrina homeopática, y al mismo tiempo á la curacion de las enfermedades agudas no contagiosas de las clases desvalidas.
2ª.- La dotacion del establecimiento consiste en el edifico descrito, con el solar en que está construido; en el moviliario, que ha de constar en un inventario separado; en la renta anual que el otorgante dará durante su vida, reservándose él mismo disponer para despues de su fallecimiento lo que tenga por conveniente respecto de la misma renta, y ademas, en los donativos y suscriciones que tengan á bien hacer las personas caritativas y piadosas.
3ª.- Ejercerá el patronato del Hospital, con todas las facultades de administración, régimen y gobierno del mismo, una Junta de Patronos compuesta en la forma siguiente:
Serán Patronos: el Prelado que ocupe la silla metropolitana de Toledo y su vicario, el cura propio de la parroquia de Chamberí, y la persona que desempeñe el elevado cargo de Gobernador civil de Madrid; todos mientras ocupen sus puestos, y después, los que les sucedan en ellos respectivamente.
Será también Patrono nato el Excmo. Sr. D. José de Murga, Marqués de Linares, y sus sucesores en el mismo título; y en el caso de que éste se suprimiese, le sucederá en el cargo de patrono la persona que debiera llevar el citado título si no se hubiese suprimido.
Serán igualmente patronos natos de este Instituto los cuatro profesores que desempeñen las cuatro cátedras que se establecerán para la enseñanza, y que serán precisamente elegidos entre los socios de número de la anterior Sociedad Hahnemanniana Matritense. El nombramiento de catedrático equivaldrá al título de patrono, y se irán reemplazando unos á otros según vayan falleciendo, y no podrán ser desempeñadas las cátedras ni el patronato sino por los que hayan sido individuos de dicha Sociedad Hahnemanniana Matritense, la que continuará funcionando independientemente del Hospital, y sin tener más participacion en el establecimiento que la que le corresponde á los seis individuos más autorizados que se nombrarán como patronos. En lo sucesivo, esas cátedras se obtendrán por oposicion, concurso ó el medio que se crea más conveniente, siendo preferidos en iguales circunstancias los individuos que pertenezcan á la Sociedad Hahnemanniana Matritense mientras ésta exista; y si la Sociedad Hahnemanniana se disolviese, la Junta de patronos elegirá los profesores que considere más á propósito para el buen desempeño de las cátedras, salvo y á no ser que el Gobierno autorice la enseñanza de la doctrina homeopática, en cuyo caso, las cátedras se darán por rigurosa oposición como en las demás Facultades. Los Catedráticos que al otorgante corresponde nombrar como Director del Establecimiento serán los Excmos. Sres. D. Tomás Pellicer y Frutos, D. Anastasio Alvarez y Gonzalez, D. Anastasio García López y D. Benigno Villafranca, y en representación de los socios de honor y mérito, D. Pedro de Arostegui y D. Gabriel Martínez Tortosa, facultándoles para que nombren sus sucesores; y si no lo hiciesen, los elegirá la Junta del Patronato.
Serán asimismo patronos natos los Marqueses de Núñez y de los Salados y sus sucesores en dichos títulos, los que deberán suceder al otorgante en la Direccion del establecimiento. Si no existiesen estos títulos, ó no tuviesen los que los llevasen la capacidad necesaria para el desempeño de este cargo honorífico y gratuito, será Director facultativo el catedrático de mayor edad de los nombrados, y Director económico y administrativo el que elija la Junta de Patronos.
4ª.- El Instituto se regirá, administrará y gobernará, con sujeccion á lo que determine el Reglamento que se reserva formar y modificar el otorgante, y después de su fallecimiento, sólo podrá modificarle la Junta de Patronos, la cual podrá formarle si no lo hubiese hecho el constituyente.
5ª.- Siendo, como lo es, la presente fundación de Beneficencia particular, el otorgante no concede al Gobierno otra inspeccion sobre la misma fundacion que la que le compete segun la legislacion.
6ª.- El otorgante se reserva durante su vida la Direccion y la facultad de nombrar empleados y dependientes del establecimiento, delegando esta facultad en los que deban sucederle, con arreglo á la cláusula 3ª de esta escritura.
Y 7ª.- Para el caso de que por disposicion legal ú orden del Gobierno se acordase que éste ó la Nacion, al Provincia ó el Municipio se hayan de apoderar ó incautar del expresado Instituto ó del capital ó renta de su dotacion, ó bien si por fuerza mayor ú otra cualquier circunstancia dejase aquél de destinarse á los objetos exclusivos de su fundacion, que son la curacion de los pobres que prefieran el tratamiento homeopático y la enseñanza metódica de esta medicina, ó se hubiera de cambiar el órden de su administracion, régimen y gobierno, contrariando lo establecido en esta escritura, el otorgante se reserva para sí y sus sucesores el derecho de reversion, directa incautacion y libre y completa disposicion del citado Instituto y del capital ó renta de su expresada dotacion para que todo quede como de la plena propiedad particular del otorgante ó de quien sea su sucesor, con todas las facultades inherentes al pleno y absoluto dominio, entendiéndose por sucesor del otorgante, á los efectos de esta cláusula, el que lleve el título de Marqués de Núñez; y si se suprimiesen los títulos nobiliarios, ó al menos el de Marqués de Núñez, al que tuviese derecho de llevarlo, caso de existir el mismo título, y en su defecto el que lleve el título de Marqués de los Salados, de los Núñez de Benavente, y á falta de éstos, D. Joaquín de Pernía de Astorga ó sus sucesores, pues que al constituyente, y sus sucesores en su caso, en tanto se les ha de considerar que tienen en suspenso el ejercicio del dominio del Instituto y su dotacion, en cuanto se cumplan fiel y exactamente las cláusulas anteriores, no de otro modo; porque no cumpliéndose, se considerará que desde el instante de la infraccion cesa la suspension indicada de los derechos dominicales de que ahora se priva voluntariamente el otorgante por sí y sus sucesores, aunque sólo con carácter temporal para el caso previsto de no cumplirse la fundacion segun queda establecido en esta escritura.
El precedente documento está inscrito al folio 24 del tomo 589, finca 2.477, inscripción 4ª, del Registro de la Propiedad.”
Por un Apéndice a la anterior escritura, dejó también nombrados Patronos a los Excmos. Sres. Duque de Veragua y Conde de Puñonrostro.
Se le había hecho al Marqués de Núñez la observación de que en el caso de reversión de la finca por los motivos previstos en la escritura, no procedía la incautación por él o sus sucesores del establecimiento, su capital y sus rentas, para entrar en el completo ejercicio del derecho dominical sobre todo esto, en razón a que en la edificación se habían invertido cantidades que no eran suyas, y que representaban próximamente la tercera parte del coste total; y habiendo tomado en cuenta tales observaciones, ofreció dejar establecido que, si aquel caso llegaba, se devolverían por él o por sus sucesores las cantidades con que habían contribuído los suscriptores para la edificación del Hospital, y que también devolvería a los interesados en dicha suscripción , y que no estuviesen conformes con las cláusulas de la escritura de fundación, lo que hubiesen dado para tal objeto.
Como lo que representaba la Sociedad Hahnemanniana eran los intereses de los suscriptores, y las cantidades con que éstos habían contribuído estaban bien invertidas, toda vez que se aplicaron a la construcción del Hospital, y se ponían a salvo, para en el caso de tener aplicación en algún tiempo la reversión de la finca, de su capital y renta, sin que cupiese ya la duda de que algún día pudieran pasar a poder de los sucesores del Marqués de Núñez las cantidades recaudadas por la Sociedad de los que quisieron contribuir para que el Hospital se hiciese, era evidente que no se ofrecían dificultades en la aprobación de la forma como había llevado a cabo la fundación del Instituto y Hospital homeopático, bajo el punto de vista de los intereses materiales.
Y bajo el punto de vista de los intereses de la ciencia y de la doctrina homeopática, como quiera que la enseñanza había de darse por individuos de la Sociedad Hahnemanniana, y los cargos profesionales debían estar confiados a los socios, hallándose además representada la Corporación en el Patronato por medio de seis individuos de su seno, quedaba ejerciendo una grande intervención, tanto en la parte científica como en la económica y administrativa.
Verdad es que en la Junta del Patronato no quedaban en mayoría los individuos de la Sociedad Hahnemanniana; pero moralmente lo estaban, en razón a que varias de las personas a quienes el Marqués de Núñez daba participación en dicha Junta de Patronos habrían de serlo de nombre únicamente. Como así ha sucedido, pues cuantas veces se ha reunido el Patronato desde su constitución, han estado siempre en mayoría en las sesiones los individuos de la Sociedad Hahnemanniana.
Tampoco quedaba la dirección encargada a ella después del fallecimiento del Sr. Núñez, sino que transmitía el derecho de serlo a sus sucesores. Sin embargo, como establecía la excepción de que la dirección facultativa fuese desempeñada por el catedrático de mayor edad cuando los que llevasen los títulos de Marqueses de Núñez o de los Salados no tuviesen la capacidad necesaria para este cargo, y esta capacidad no podía referirse a la edad, sino a la capacidad científica, requiriéndose, por lo tanto, que sus sucesores reuniesen al título de Marqués de Núñez o de los Salados, la circunstancia de ser médicos homeópatas, cosas que no podían suceder perpetuamente, resultaba que, aun cuando alguna vez hubiera de quedar la dirección vinculada en uno de sus sucesores, en cuyo caso también se hallaría dentro de la Sociedad, porque lo natural sería que el individuo que tuviese estas circunstancias perteneciera a dicha Corporación, y cuando no existiesen los mencionados títulos, o los que los llevasen no tuviesen la capacidad necesaria para el desempeño de la dirección, estaba prevenido en la escritura que la ejerciera el Catedrático de mayor edad, y por consiguiente un individuo de la Sociedad Hahnemanniana, tanto en uno como en otro caso la dirección del establecimiento habría de estar dentro de la Corporación.
Había otra consideración que la Sociedad tuvo en cuenta, y era el deseo que había en la mayoría de sus individuos de no ponerse en pugna con el Marqués de Núñez, a quien tanto debía la escuela homeopática, y sin cuyo poderoso concurso no se hubiese llevado a término la construcción del Hospital. No querían darle disgustos contrariando sus propósitos, aun cuando éstos se separasen de algunas de las pretensiones de la Sociedad. Sus muchos servicios, su edad avanzada, el fin que envolvían sus miras y las medidas que adoptó, no siendo aquél otro que el de procurar la mayor estabilidad posible al Instituto Homeopático y Hospital de San José, le hacían acreedor a tales consideraciones. La Sociedad aplazaba para después de su fallecimiento desenvolver algo mas su intervención en dicho establecimiento, sin necesidad de salirse de lo taxativamente preceptuado en la escritura de fundación.
Por todas estas razones, cuando el Sr. Núñez comunicó a la Sociedad las cláusulas de dicha escritura y solicitó su aprobación a todos sus actos, no tuvo inconveniente en proceder en ese sentido, y dad cuenta de las comunicaciones del 11 de Marzo y 6 de Abril, que hemos citado al principio de este artículo, y de la copia de la escritura de fundación, la Sociedad nombró una Comisión de su seno para que diese su dictamen.
Véase el dictamen de que hablamos en el anterior artículo:
“La Comisión nombrada para emitir dictamen sobre los importantes documentos que el Excmo. Sr. Marqués de Núñez ha dirigido a la Sociedad viene hoy a dar cuenta de la manera cómo entiende y cómo cree debe entenderse esta cuestión, y a exponer su juicio sincera y lealmente, deplorando muy de veras que no haya venido mucho antes a ser discutido y aprobado lo que, andando en la oscuridad y no conociéndose sino a medias e inciertamente, ha sido ocasión para algunos de trascendentales errores, y para muchos de perplejidades e innecesarias dudas.
Imposible parecerá a los venideros, y también a nuestros inmediatos sucesores, que tratándose de cosas tan sencillas y fáciles de comprender, en que el interés material y egoista ni
vislumbrarse puede en una esfera tan fuertemente iluminada y resplandeciente por la caridad, el entusiasmo y la generosidad, haya espíritus inquietos e inconciliables que, sin aguardar explicaciones ni procurar fundamento sólido a su premeditada resolución, hayan tomado ésta y dejado el puesto que en el momento actual les correspondía ocupar, despreciando la opinión de la mayoría, indispensable base de la existencia de toda asociación, y deseando con tiránica e imposible exigencia que tan sólo prevalecieran su voto y su opinión.
Cuando se tiene exacto conocimiento de los antecedentes de la construcción del Hospital Homeopático; cuando nos hemos penetrado del espíritu de tantas reuniones en que antes de formalizarse el pensamiento servía éste de inagotable tema para brindis y discursos; si estudiamos todos los documentos que han emanado de esta Corporación desde la circular de 1872 hasta la última lista de suscripciones en el año próximo pasado, veremos que los desiderata de la Sociedad Hahnemanniana Matritense pueden resumirse en estos cinco conceptos: 1º, fundación de un Hospital Homeopático en Madrid; 2º, sostenimiento del mismo a perpetuidad, si fuera posible; 3º, creación de las enseñanzas mas indispensables de la medicina homeopática como Instituto anexo al Hospital; 4º, desempeño de todos los cargos por individuos pertenecientes a la misma, y 5º, garantir la fundación de todas las eventualidades que sea dable prever, estableciendo el número de camas cuyo sostenimiento esté asegurado, y ampliándole cuando nuevos recursos lo permitan.
Veamos si tan justos y plausibles deseos se han cumplido, y de qué manera se han realizado.
Se ha creado el Hospital Homeopático de San José, en Madrid, por una suscripción pública, cuyos productos apenas exceden de la tercera parte de los gastos ocasionados, y se ha terminado porque el Sr. Marqués de Núñez, con una generosidad y un entusiasmo de que no conocemos ejemplo entre los individuos de la clase médica en nuestro país. ha entregado de su peculio lo mucho que faltaba, mermando su fortuna particular en aras de tan importante objeto, y para conseguir aquel fin que tantas veces os había oído codiciar. Quien tenga conciencia y ame la verdad no podrá negar este hecho, base y fundamento de cuanto se discuta y contienda en la materia. Sin el doctor Marqués de Núñez no existiría aún el Hospital Homeopático de Madrid, ni acaso se construiría en luengos años. Y la Sociedad Hahnemanniana así lo entendió, cuando por unanimidad autorizó a su antiguo Presidente a perpetuar su apellido uniéndole al Hospital; ofrecimiento no aceptado, dando en ello una prueba mas, a juicio nuestro, del buen sentido y gran tino que en esta empresa ha desplegado.
Mas no sólo se ha construído este piadoso establecimiento y se le ha dotado del mobiliario propio, y se ha abierto al servicio público, sino que se ha inaugurado la enseñanza de los fundamentos de la Medicina homeopática, satisfaciendo así otro de los mas repetidos deseos de la Sociedad, y realizándolo en la forma deseada, puesto que los cuatro socios de número mas antiguos desempeñan dichas cátedras, habiendo aceptado tan honroso mandato por creer que de ese modo prestaban un verdadero servicio a la propagación y difusión de la doctrina, siquiera sea a costa de no pequeño trabajo y sacrificios, estando todos dispuestos a ceder sus derechos a los que se crean mas autorizados y mas dignos de ocupar el sitio, o dejando que el público certamen decida del mérito de los concurrentes, si un día llega el Instituto a ser completamente oficial.
La Comisión no teme abordar con claridad el punto difícil del documento cuyo informe le habéis encomendado, el de la fundación del Hospital, porque no hay razón alguna para excusarse de tratar esta cuestión concreta, ni para tratarla de un modo indirecto y al soslayo. Háse creído por algunos que la Sociedad debía ser la dueña y poseedora del Hospital Homeopático, y por consiguiente, que la fundación debió hacerse por ella y a su nombre, siendo el motivo de esta creencia el haber sido la generadora del pensamiento y reclamado el auxilio de las personas caritativas, abriendo una suscripción y recaudando los fondos con tal objeto.
Prescindiendo de la escasa importancia que espíritus rectos y verdaderamente cristianos pueden conceder a la posesión del dominio de propiedad de un asilo destinado a la práctica de las mas austeras virtudes, de un edificio para nuestros hermanos desgraciados y enfermos, de una casa que, desde el momento de estar ya consagrada a su objeto, sólo es de Dios y de los pobres, téngase en cuenta la prevención consignada en la primera circular, garantir la fundación de todas las eventualidades presumibles, y dígase con imparcialidad, después de reflexionarlo bien: ¿cómo queda mejor garantizado el porvenir de la fundación, haciéndola la Sociedad, de suyo mudable y expuesta a disolución, o una sola persona que sintetice toda su historia, represente todas sus aspiraciones y merezca ilimitada confianza? La elección no ofrece duda. Cierto, muy cierto es que la Sociedad Hahnemanniana, según está constituída, o modificando en lo necesario su constitución, podría haber fundado el Hospital y el Instituto; pero aun es mas fijo y positivo que, sometida la dirección y administración de éstos a la Junta de la Sociedad, renovable por sus estatutos anualmente, y siempre que una minoría descontenta se propusiera conseguirlo por medios que no es del caso indicar, sería una cosa deplorable que daría muy pronto lugar al descrédito de lo fundado, y no tarde a su completa ruina. Quien otra cosa crea o afecte creer desconoce por completo la marcha de las sociedades médicas en España y la historia de esta misma; ignora que es imposible aunar y mantener unidas muchas voluntades por un tiempo, aun para cosas mas fáciles y no de tanta importancia como la que nos ocupa.
Resta solamente aquilatar la confianza otorgable a la persona en cuyo nombre de ha hecho la fundación, y aquí es preciso que la Sociedad, desposeyéndose de toda pasión y prevención personal, haga justicia, completa justicia a la sana intención, genio superior, inimitable constancia y otras elevadísimas dotes del Sr. Marqués de Núñez; y si quien os ha presidido treinta años, si el que mas de cien veces ha oído de vuestros labios y de otros que no están aquí las mas vivas protestas de adhesión y las mas entusiastas alabanzas; si el que ha hecho el Hospital, y contribuído en primer término a su sostenimiento ahora y siempre, y busca recursos en todas partes, mientras tantos dormitan en la indolencia, si no hacen otra cosa peor, no merece nuestra mas omnímoda confianza, ¿quién puede merecerla? ¿dónde buscaremos apoyo y protección si somos tan débiles que no bastamos ni aun para protegernos contra nuestras propias debilidades? Quede consignado que la fundación, según está hecha, debe merecer la aprobación completa de la Sociedad: el figurar en el Patronato los socios que figuran, y alguno mas que podrá aumentarse hasta que se constituyan mayoría, garantiza nuestra intervención en la marcha futura del Hospital, que vivirá tanto como quieran los médicos homeópatas, y sólo desparecerá cuando éstos, por sus disidencias o por otras causas, le abandonen, siendo muy justo en este caso o en el de incautarse violentamente el Gobierno de su posesión, la persona que mas sacrificios hizo por él, que mas contribuyó a su erección y sostenimiento, se resarza en parte de los perjuicios que causó a su familia, antes que verlo desaparecer sin utilidad de ninguno de los suscriptores en la masa común de los bienes del Estado.
He aquí cómo se justifica la cláusula de reversión, que tan sólo se indica para esos casos extremos, muy cuerdamente previstos.
Por último, la Comisión no opina que proceda convocar a una Junta general de suscriptores; entre otras razones, porque entiende que los suscriptores facilitaron sus cuotas para edificar un hospital, sin mas condiciones que las estampadas en la primera circular, las cuales se han cumplido todas, y no tienen derecho alguno a intervenir en los medios escogitados para realizar el pensamiento, y mucho menos en las arduas y delicadas condiciones de la fundación, que son propias y exclusivas de la Sociedad en que el público depositó su confianza, y ésta a su vez lo hizo en el Excmo. Sr. Marqués de Núñez, quedando altamente satisfecha de habérsela otorgado, y dando en esta ocasión una prueba de que aun la merece mayor, si es posible, renunciando voluntaria y solemnemente en su favor cuantos derechos pudiera alegar en cualquier tiempo sobre el Hospital Homeopático, sito en la calle de la Habana del barrio de Chamberí, dando por bien hecha la fundación y ratificándola en todas y cada una de sus partes.
Después de estas consideraciones, la Comisión tiene el honor de proponer a la Sociedad el siguiente proyecto de contestación al oficio del Sr. Marqués de Núñez:
Los miembros de la Comisión: José Brun.- Tomás Pellicer.- B. Villafranca.- Vicente Vignau.”
Leído dicho proyecto y abierta discusión sobre los términos que abarca, fue aprobado por la Sociedad en junta general de gobierno, y en su consecuencia se dirigió al Sr. Marqués de Núñez la siguiente comunicación, según consta en el libro de actas de la Corporación.
SOCIEDAD HAHNEMANNIANA MATRITENSE.- SECRETARIA.
“Excmo. Sr.: La Sociedad Hahnemanniana Matritense, que hoy, como siempre, se honra de contar á V. E. entre sus individuos con el carácter de Presidente honorario vitalicio, que se ha dignado aceptar, ha recibido con el aprecio debido dos comunicaciones, fechas 11 de Marzo y 6 de Abril últimos, en que V. E. se sirve darle conocimiento de la realización del proyecto que hace siete años se inició en la misma, de la construccion de un hospital para el tratamiento de los enfermos segun los preceptos y reglas de nuestra doctrina. Siempre tuvo á la vista las inmensas dificultades que había necesidad de vencer para llevar á cabo tan importante obra, no siendo la menor de ellas la insuficiencia de los recursos que se obtendrían con la suscricion pública y voluntaria. Así es que no puede ménos de sentirse orgullosa al considerar que es ya un hecho lo que entónces sólo podia pasar por una remota aunque noble aspiracion, y cumple con ineludible deber al manifestar á V. E. su profundo agradecimiento por las cuantiosas sumas que ha facilitado para la construccion y habilitacion del edificio, y las que áun está dispuesto á gastar para el ornato y demas objetos necesarios á su completa terminacion.
Cierto es, y la Sociedad debe consignarlo aquí, que habia pensado realizar por sí sola este proyecto, siempre acariciado en su seno; pero tampoco lo es ménos que si hubiese quedado entregada á sus propios recursos y á los allegados por los suscritores, este Hospital no existiria, y la Comision recaudadora, ó habria tenido que hacer una cosa mezquina é impropia de la grandeza é importancia de la Homeopatía, ó más probablemente habria óptado por devolver las cantidades recaudadas. Pero V. E. en uno de sus arranques de nobilísimo entusiasmo por su doctrina y por el bien de la humanidad, prometió al mundo, como Presidente de esta Sociedad, que Madrid tendria un Hospital homeopático, y la Homeopatía un centro de estudios de comprobacion y de enseñanza; y estos propósitos están cumplidos, debiendo quedar satisfechos cuantos han contribuído, en la medida de sus fuerzas, á tan importante obra, porque con su ayuda ha podido darse cima á un pensamiento grandioso, tan noble y humanitario, como útil y provechoso.
La Sociedad, Excmo. Señor, admite gozosa que la dirección facultativa del Hospital de San José y del Instituto Homeopático esté confiada, para hoy y para despues, á individuos de su seno, y encargada ademas la vigilancia y gobierno de aquéllos á una respetabilísima Junta de patronos, en que figuran cuatro socios de número de la hahnemanniana y podrán nombrarse algunos más, para que siempre formen la mayoría; cree que esta constitucion es muy superior á la que originaria la dependencia y administracion del Hospital por la Sociedad exclusivamente, pues las mudanzas tan naturales y propias de estas corporaciones concluirian muy pronto con el crédito y la vida de lo que tanto trabajo ha costado crear. Por estos motivos, no sólo aprueba en todas y cada una de sus partes la fundacion hecha por V. E., sino que deseando darle una prueba más de su ilimitada confianza y de que no han sido vanos alardes de mentido cariño las infinitas protestas que de él le han hecho todos sus individuos, la Sociedad manda á V. E. un solemne voto de gracias por sus grandes y continuadas atenciones con ella, y renuncia por completo y espontáneamente en V. E. todo derecho que en cualquier tempo pudiera alegar alguno de sus socios ó todos juntos sobre el hospital de San José.
Lo que por acuerdo de la Junta extraordinaria de Gobierno, celebrada por la Sociedad en el dia de ayer, tenemos el honor de comunicar á V. E.
Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid, diez y siete de Mayo de mil ochocientos setenta y nueve.- Excmo. Sr.- El Presidente, Dr. A. García Lopez.- El Secretario general, Dr. Villafranca.
Excmo. Sr. Marqués de Núñez.”
Como se ha dicho, para quitar importancia al acuerdo de la Sociedad Hahnemanniana a que se refiere la comunicación anterior, que fue tomado únicamente por diez de sus individuos, conviene consignar que la Corporación en aquella fecha contaba únicamente catorce socios de número, únicos que tenían derecho a intervenir en estos asuntos, y de ellos dejaron de asistir a la sesión en que se tomó el referido acuerdo nada mas que tres, de los cuales, uno, D. José Brun, había firmado el dictamen y estaba, por lo tanto, unido a la mayoría. De los once que se hallaron presentes, uno se abstuvo de votar, y los otros diez aprobaron lo consignado en los documentos que preceden, y que hemos insertado para que la opinión pública juzgue si era mejor aprobar todo lo hecho por el Sr. Núñez y utilizar el Hospital en favor de la escuela Homeopática, o ponerse en pugna con sus actos y entablar un litigio porque no se había subordinado a todos los acuerdos de la Sociedad, y conseguir en último resultado , como se hubiera conseguido, la pérdida del Hospital, la no enseñanza de la Homeopatía, y la enemistad de los médicos homeópatas unos con otros, con grave perjuicio para la escuela a que pertenecen.
El Hospital se hallaba abierto al público desde el día 2 de Febrero de 1878, y el 12 de Noviembre del mismo año tuvo lugar la inauguración del Instituto con asistencia de la Sociedad Hahnemanniana, habiendo sido el Sr. García López el encargado del discurso para dicho acto, continuando desde ese día la enseñanza teórico-práctica de la Homeopatía, dada por los cuatro profesores encargados de ella: don Anastasio García López de la Exposición de la doctrina, D. Benigno Villafranca, de la Materia Médica, D. Anastasio Alvarez y D. Tomás Pellicer, de las Clínicas
Casi todos los matriculados en el Instituto son médicos jóvenes que desean conocer la Homeopatía para dedicarse a la práctica de ella, si adquieren las convicciones necesarias, como en efecto va sucediendo con los que hasta ahora han asistido a las cátedras y a las clínicas.
Como no había un reglamento definitivo, porque se esperaba para ello a que la experiencia fuese dando consejos sobre la mejor organización del establecimiento, especialmente en lo relativo al Instituto, se resolvían por acuerdos todos los asuntos que se iban presentando, y uno de ellos fue el crecido número de peticiones que se dirigieron al señor Núñez por médicos de provincias, que deseaban obtener el título de médicos homeópatas expedidos por el Instituto, pero que no se encontraban en condiciones de venir a Madrid y asistir a las cátedras durante los dos cursos que se habían fijado para la enseñanza de la Medicina homeopática; y otras de personas ajenas a la profesión, aficionadas a este método curativo, que preguntaban si se les permitiría matricularse. Acerca de estos particulares se resolvió que los Médicos homeópatas que llevasen un cierto número de años de práctica se les dispensase de la asistencia a las cátedras; pero que habían de someterse a los exámenes para obtener el título dado por el Instituto; y en cuanto a los profanos a la Medicina, se les permitió que se matriculasen y se les expidiesen certificados de asistencia, pero sin derecho al diploma, acuerdo que se anuló después, no permitiendo que se matriculasen mas que los licenciados o doctores, o bien los que estuviesen siguiendo la carrera de Medicina en la facultad oficial, con el fin de quitar facilidades a las intrusiones.
El número de matriculados en el curso de 1878-79, fue el de 17; en el de 1879-80, el de 9; y en el de 1880-81 hay 22 matriculados entre los dos cursos, 13 en el primero y 9 en el segundo.
El Sr. Marqués de Núñez puso en conocimiento del Ministerio de Fomento la existencia y organización del Instituto Homeopático para dar la enseñanza de esta Medicina con arreglo a las Reales órdenes que en épocas anteriores se habían dado encaminadas a este objeto, y consiguió que en el presupuesto de Instrucción pública se consignase una subvención de diez mil pesetas para atender a dicha enseñanza, subvención que fue aprobada por los Cuerpos Colegisladores, habiendo adquirido por este medio cierto carácter oficial y un reconocimiento indirecto del Gobierno la enseñanza de la Medicina homeopática. Más que el auxilio de la subvención, tiene el carácter y la importancia indicados el acto del ministerio, aprobado en Cortes, autorizando esa partida del presupuesto de Instrucción pública.
Nuestros lectores saben que el ilustre Marqués de Núñez, después de una larga carrera consagrada a la propaganda de la Medicina homeopática y al engrandecimiento de la escuela de que en España había sido él un jefe por sus propios merecimientos, falleció el día 10 de Octubre de 1879, habiendo sido enterrado en el jardín del Hospital Homeopático, para lo que había obtenido pocos meses antes la Real orden de autorización. Reunido el patronato con motivo de tan infausto suceso, se procedió a la lectura de las cláusulas de su testamento que se refieren al Instituto Homeopático, y son las siguientes:
“Cláusula once.- En la cláusula segunda de la escritura de fundación del Instituto Homeopático y Hospital de San José, otorgada en 5 de Abril de 1878, me reservé disponer para despues de mi fallecimiento lo que tuviera por conveniente respecto de la renta como parte de la dotacion del establecimiento; y cumpliéndolo ahora, es mi voluntad dejar, como dejo, setecientas cincuenta mil pesetas nominales en títulos de la renta perpetua de España del tres por ciento consolidado, que se depositarán en el Banco de España á nombre del Director del citado Instituto Homeopático y Hospital de San José, quedando facultado el que fuere dicho Director para percibir los intereses y aplicarlos al sostenimiento y atenciones del mismo establecimiento piadoso.
Doce.- Habiendo fundado en terreno de mi propiedad el referido Instituto Homeopático y Hospital de San José, como asilo de los pobres y con objeto de establecer en él la enseñanza de la Medicina homeopática, el que ha sido construido con algunas suscriciones de personas caritativas, supliendo con mis fondos los que ha faltado para terminar este piadoso establecimiento, quiero y es mi voluntad que las cantidades allegadas por los suscritores, que importan poco más ó ménos trescientos mil reales, ó sean setenta y cinco mil pesetas, se devuelvan á todos los suscritores que lo reclamen, si el Gobierno, la provincia ó el municipio quisieran incautarse del indicado Establecimiento, y en este caso tuviera lugar la cláusula de reversion consignada en la fundacion del mismo; y tambien si se faltase al objeto á que ha sido destinado y se dejase de enseñar la doctrina pura de Hahnemann, y de curar á los pobres segun los preceptos de la medicina homeopática.
Si los fondos allegados por los suscritores no fuesen reclamados por los mismos, la Junta de Patronos dispondrá de ellos en beneficio de los pobres ó de obras de beneficencia. Lo mismo se hará con los legados de grande importancia, si los que los hubieran hecho al otorgar la escritura de donacion ó en su testamento no hubiesen establecido la cláusula de reversion en favor de su familia ú otros objetos distintos de los expresados.
Los fondos de suscriciones están asegurados por el capital de la renta que dejo á este Establecimiento, lo cual comunicaré oficialmente para los efectos consiguientes al Excmo. Sr. Presidente del Patronato que he fundado y demas señores patronos.”
Los títulos a que se refieren las cláusulas anteriores fueron, en efecto, entregados al Patronato por el Ilmo. Sr. Obispo de Coria, hermano del finado Marqués de Núñez, y su fideicomisario para el cumplimiento de su testamento, habiendo sido depositados en el Banco de España, y con cuya renta y los demás recursos que ingresan en el Establecimiento se atiende a su mantenimiento; pero éstos no son aun suficientes para tener ocupadas todas las salas, y no ha sido posible colocar enfermos mas que en cuatro de las seis salas que se construyeron, no obstante hallarse todas habilitadas de camas y de todo el menaje necesario. Es, por tanto, de desear que aumenten los ingresos para que pueda darse cabida a mayor número de enfermos en este piadoso Establecimiento.
No obstante que la Sociedad Hahnemanniana dispensaba al doctor Núñez de la convocatoria a una junta general de suscriptores, era su propósito verificarlo, aplazándola para cuando estuviesen terminados algunos detalles de ornato que todavía faltaban en el Hospital y poder incluir en la cuenta todos estos gastos.
Como ocurrió su fallecimiento a los pocos meses de haber mediado entre él y la Sociedad las comunicaciones copiadas en el artículo anterior, no pudo realizar su propósito de convocar a los suscriptores a una junta para enterarles de todo lo hecho y presentar las cuentas de todos los gastos y de lo recaudado de la suscripción pública. Mas como en esta reseña nos proponemos dar todas las noticias pertinentes a la historia del establecimiento a que se refiere, insertamos a continuación una nota de dichas cuentas, en vista de los documentos que hemos encontrado entre los papeles del señor Marqués de Núñez; debiendo advertir que nos faltan datos sobre algunos gastos, y por tanto consignamos aproximadamente a lo que ascendieron, sin que esto altere gran cosa la suma total.
Véase si este desprendimiento, sin el que el Hospital no existiría, y el no menos apreciable de dejar tres millones nominales para renta, eran o no motivos suficientes para que la Sociedad Hahnemanniana aprobase todos sus actos y prescindiera de juzgar si éstos habían o no sido ajustados a los acuerdos de la Corporación, con tanto mas motivo, cuanto que las resoluciones del Sr. Marqués las consultó con la Comisión que la Sociedad le autorizó para nombrar, formada de muy dignas y respetables personas.
Acontecimientos posteriores han venido a confirmar las previsiones del Marqués de Núñez respecto a la intervención que la Sociedad debía tener en el Hospital, pues, como veremos mas adelante, habiendo querido los socios antiguos dar mayor ensanche a la Corporación, entraron en ella elementos disolventes, que están poniendo en peligro la existencia del Hospital y de la Sociedad misma. Su falta de prudencia y su carencia de previsión darán indudablemente ese resultado con gran contentamiento de los adversarios de la Homeopatía, que ya anunciaron en tono profético que el edificio destinado a hospital homeopático sería con el tiempo una casa de vacas o cosa por el estilo. Si el Hospital e Instituto se pierden para la escuela homeopática, culpa será de los mismos médicos homeópatas, que con miras poco levantadas se han propuesto destruir la obra del Sr. Núñez, y que había sido por tantos años el ideal de la Sociedad Hahnemanniana y de todos los médicos homeópatas españoles, como también un deseo sentido y expresado por la opinión pública.
Como institución naciente, la vida y la marcha del Instituto Homeopático y Hospital de San José no podía ser tan robusta y tan regularizada como lo será andando el tiempo y con las perfecciones que la experiencia enseñe se deben ir introduciendo en su organismo. Sin embargo, en lo fundamental, o sea en la asistencia de los enfermos y en la enseñanza, viene siguiendo una marcha ordenada.
El personal facultativo se compone de cuatro profesores de número para el desempeño de las cátedras, de las cuales uno tiene a su cargo la dirección facultativa en cumplimiento de una de las cláusulas de la fundación. Había otros dos profesores supernumerarios, que ahora se han reducido a uno solo con motivo de una vacante y de la organización que se ha dado a la enseñanza en el reglamento hecho por el Patronato. Hay tres médicos de guardia, uno primero y dos segundos, teniendo aquel a su cargo la secretaría del Instituto. Un doctor en farmacia encargado de proveer de medicamentos la oficina del Hospital, y un director administrativo y económico, cargo gratuito que desempeña D. José Núñez y Granés, sobrino del difunto Marqués de Núñez, en representación de su señor padre el Marqués de los Salados, a quien corresponde la dirección por derecho propio con arreglo a la escritura de fundación.
Cuenta asimismo el establecimiento con un capellán, las hermanas de la Caridad, enfermeros y demás dependientes subalternos para atender a los varios servicios, hallándose todo bajo la alta inspección del Patronato, que viene tomando desde su instalación importantes medidas para el mantenimiento y prosperidad del establecimiento, habiendo sido una de ellas el acuerdo de consignar en el reglamento que un individuo de dicha Junta ejerza el cargo de Visitador, habiéndosele confiado por ahora a D. Pedro de Aróstegui, quien con el celo y entusiasmo que le distinguen, y con sus conocimientos sobre la organización de esta clase de establecimientos, está contribuyendo de una manera muy eficaz a las mejoras que necesita y son posibles; u no podía el Patronato haber elegido persona mas a propósito, pues raro es el día que el Sr. Aróstegui no visita el Hospital, inspeccionando desde las cátedras y clínicas hasta la cocina, las documentaciones y todos los servicios, haciendo inteligentes advertencias acerca de lo que es susceptible de mejorarse.
La Junta de Señoras coadyuva también al bienestar de los pobres acogidos, dedicándose, no solamente a facilitar recursos y a recaudar las cotizaciones mensuales de las personas caritativas que contribuyen con alguna cuota al mantenimiento de los enfermos, sino que llevan a éstos los consuelos de su cariñosa palabra en las visitas que por turno verifican, enterándose al propio tiempo del estado de las ropas y de los demás objetos que hay necesidad de reponer, como igualmente del trato que los enfermos reciben.
El Consultorio público se halla abierto todos los días, y goza de tal fama entre la clase pobre, que hay día que se presentan mas de doscientos enfermos a la consulta. Tanto con el Dispensario como con las cuatro salas que hasta ahora han podido destinarse para admitir enfermos en ellas, se viene llenando el objeto de esta institución, tanto en lo que se refiere a sus fines benéficos, como en lo concerniente a la enseñanza de la Medicina homeopática, digan en contrario lo que quieran aquellos que, impulsados por su inmotivada odiosidad hacia las personas que desempeñan los cargos profesionales, no vacilan en echar mano de falsedades y hasta de la calumnia para desprestigiar los servicios del establecimiento y a los que en él ejercen alguna intervención, porque a todos alcanza el fango que salta de las innobles pasiones en que su menguado espíritu se agita.
Entren ellos en el Patronato, tengan a su cargo la dirección y las cátedras, sean sus amigos los médicos de guardia; cámbiese, en una palabra, el personal facultativo, y en sustitución del que hoy existe y dejó nombrado el Sr. Marqués de Núñez, vengan las personas que se revuelven contra la organización actual del Instituto y sean las que reemplacen a las que hoy en él intervienen, y entonces dirán que la Sociedad Hahnemanniana está perfectamente representada y tiene la inspección que le corresponde en el establecimiento; entonces aparecerá el orden y la armonía en vez del desconcierto que ellos dicen impera en todos los servicios; entonces brillará allí la ciencia, que nadie posee sino esos luminares esplendorosos que desean reemplazar en el Instituto Homeopático a los ignorantes a quienes en la actualidad está confiada la enseñanza y la asistencia de los enfermos; entonces disminuirá la mortalidad en las clínicas, porque ¿cómo ha de morirse ningún paciente hallándose dirigidos los tratamientos por sabios de tanta talla?
Antes de la escisión entre la Sociedad y el Instituto, provocada por la imprudencia de unos pocos y la inocencia y candidez de los que se han dejado arrastrar por ellos, eran individuos de la Corporación todos los que desempeñan cargos en el establecimiento; y sin embargo, se tomó por pretexto para la temeraria actitud que adoptaron los elementos que han sido, son y serán siempre disolventes donde quiera que se hallen, que no estaba bien y suficientemente representada la Sociedad, ni tenía la intervención que le correspondía. Como en otro artículo hemos de ocuparnos mas extensamente de este asunto, no proseguimos por hoy en las consideraciones a que se presta, y terminaremos dando algunas noticias sobre la marcha económica que ha seguido el establecimiento desde que se halla funcionando hasta la actualidad.
Como puede verse en las estadísticas que se han remitido a la Dirección general de Beneficencia y Sanidad, y que han sido publicadas en la Gaceta, los enfermos asistidos en las clínicas han sido los que se expresan en el siguiente resumen:
Tal ha sido el movimiento de enfermos, tanto en las salas del Hospital como en el Consultorio público, desde el día 2 de Febrero de 1878 hasta fin de Diciembre de 1880; y, como se habrá advertido, los resultados han sido muy lisonjeros, habiendo encontrado una esmerada asistencia los acogidos, y siendo muy favorable la proporción de mortalidad, teniendo en cuenta cuál es la cifra media en los hospitales y la gravedad que presentan muchos enfermos cuando piden su ingreso. Las 58 defunciones ocurridas en el periodo de los tres años en un total de 877 enfermos no llega a un 7 por 100 de mortalidad. No obstante tan lisonjeros resultados, los mismos médicos homeópatas, los que tanto se interesan por este establecimiento, son los que también han procurado alarmar la opinión pública exagerando el número de las defunciones habidas.
Veamos ahora los ingresos y los gastos en el mismo período de los tres años anteriores.
Resulta, pues, que se han cubierto todos los gastos y atenciones en el Hospital, habiendo quedado en 31 de Diciembre de 1880 un saldo a su favor de 11.410 reales. Ha habido, como se ve, durante los tres años un ingreso de 208.124 reales, de los que se han invertido 196.714 en la asistencia de 877 enfermos, incluyendo los gastos de personal, material, alimentación, etc. Son muy satisfactorios los resúmenes que anteceden de las cuentas dadas al Patronato por la Dirección económica del Hospital, y sólo falta que pueda llegarse a que los ingresos aumenten para poder abrir al servicio público las dos enfermerías que aun permanecen cerradas por falta de fondos.
Vamos a entrar ya en la exposición de otros hechos que, aun cuando no constituyen parte integrante de la Historia del Instituto Homeopático y Hospital de San José, se relacionan tanto con ella y con el organismo actual del establecimiento, que no es posible prescindir de ellos y dejarlos en el silencio. Verdad es que la naturaleza de tales sucesos es de las que debieran dejarse al juicio de la posteridad; pero han influido tanto en las actuales actitudes que han tomado las personas encargadas de la gestión de los asuntos del Instituto Homeopático, que es forzoso narrarlos y hacer su crítica. No tememos separarnos de la verdad que se debe a la historia, porque tenemos confianza en nuestra imparcialidad y en que nuestras determinaciones no obedecen a impulsos apasionados. Antes de entrar en esta materia nos es preciso evocar algunos recuerdos, que quisiéramos evitar, pero que hacen falta para comprender bien lo que tenemos que decir.
Desde que la Homeopatía comenzó a generalizarse en Madrid, aparecieron dos hombres eminentes, cada uno bajo un punto de vista, que, o aspiraban a la jefatura de la Escuela Homeopática española, o la opinión los señalaba con ese carácter. Médico filósofo, pensador profundo, orador elocuente, de vastísimo saber, y que brillaba como una gloria nacional, uno de ellos. Práctico homeópata como pocos, conocedor de las acciones de los medicamentos hasta un punto prodigioso, de clarísimo juicio, de un tacto social y trato de mundo admirables, de febril actividad, tenaz en sus propósitos, y consagrado por entero al engrandecimiento de la Escuela Homeopática el otro, ambos tenían títulos para esa supremacía que no se otorga, sino que ella se conquista y se impone en todas las esferas de la vida. No era de extrañar que los médicos homeópatas se dividiesen en dos grupos; a los que daban carácter las personalidades a que hemos aludido, y cuyos nombres han adivinado ya nuestros lectores.
Apreciaciones diversas sobre algunos puntos de la doctrina, y los recelos y susceptibilidades que engendra el ejercicio de la Medicina en el mayor número de los que la practican, marcaron todavía mas la diferencia de ambas agrupaciones; y, como sucede por efecto de las debilidades humanas, no siempre se mantuvieron dentro de los límites de lo justo y de lo prudente, y en mas de una ocasión salieron a la superficie las manifestaciones de las antipatías y de la malquerencia, refluyendo todo esto en perjuicio de la Escuela Homeopática española, representada en los últimos años a que se contraen estos apuntes por la Sociedad Hahnemanniana Matritense y por la Academia Homeopática, mas genuinamente por la primera, y en una o en otra figuraban los médicos homeópatas de Madrid, imprimiendo a dichas Corporaciones los antagonismos que entre ellos existían, habiendo además otro número de profesores que, no queriendo tomar parte en las disidencias a que nos referimos, permanecían alejados de una y de otra y no prestaban el concurso debido al desarrollo y propaganda que la doctrina homeopática necesitaba. La consecuencia lógica de tales sucesos era que no existía una Asociación grande y numerosa, en cuyas miras entrase el estudio de todos los adelantos de la ciencia para armonizar con ellos los principios de la Escuela Homeopática; y tanto la Academia como la Sociedad Hahnemanniana languidecían de año en año, no habiendo quedado de aquéllas apenas mas que el nombre, sin tener ninguna manifestación de vida científica; y la Sociedad a su vez, si bien no decayó tanto, seguía el mismo camino, y hubiera concluído de igual manera que la Academia.
Había un grande elemento de regeneración para una y para otra, y era fundirlas en una sola Asociación, reunir en un mismo Cuerpo a todos los médicos homeópatas, con el fin de hacer una activa propaganda y un cultivo serio y continuado, no tan sólo de la Homeopatía, sino de todos los adelantos de la medicina que pueden relacionarse con ella y perfeccionarla, sin subordinación a un estrecho dogma y a una ortodoxia que hubiera sido anacrónica en estos tiempos, sino con el criterio de la mas amplia libertad para todas las opiniones, dejando a la razón ilustrada por la controversia la solución de los problemas aun no resueltos. Convidaba a la realización de estas aspiraciones la existencia del Instituto Homeopático y Hospital de San José, en el que había conseguido el Marqués de Núñez plantear la enseñanza de la Medicina Homeopática, y procurando que la Corporación y este establecimiento se compenetrasen y viviesen de la misma vida, podía conseguirse fuese una realidad si todos se inspiraban en dignos y levantados sentimientos.
Cuando tuvo lugar el lamentable suceso del fallecimiento de D. José Núñez, los individuos que constituían entonces la Sociedad Hahnemanniana se propusieron remediar los males que hemos dejado reseñados, y aspiraron a que todos los médicos homeópatas ingresaran en dicha Corporación, llamándolos a su lado para los indicados fines, toda vez que el alejamiento de muchos no tenía otra razón de ser que su falta de simpatías hacia la personalidad del Marqués de Núñez.
Hicieron, en efecto, un llamamiento general, sin acordarse ya para nada de las disensiones habidas en tiempos pasados, y hasta de polémicas sostenidas con algunos de ellos; y aun cuando muchos de los convocados ni habían contribuido con ningún recurso para la edificación del Hospital, ni aun siquiera querido visitarle, sin mas motivo que por haber sido hechura del Marqués de Núñez y de la Sociedad Hahnemanniana, creyeron sus individuos que todo debía olvidarse y todo posponerse ante la idea que les animaba de asociar en un centro común a cuantos médicos homeópatas quisieran interesarse por el engrandecimiento de la escuela a que pertenecen.
Y el primer paso que dieron en ese camino, como preliminar de sus ulteriores proyectos, fue el nombramiento de Socio de honor y mérito en favor del Excmo. Sr. D. Joaquín de Issern, en 2 de Enero de 1880. Modificaron luego el reglamento de la Sociedad para facilitar el ingreso de los médicos a quienes deseaban ver dentro de la Corporación, y con el fin, además, de conferir al doctor Issern el elevado cargo de presidente de honor vitalicio, después de haberle consultado si aceptaría la presidencia efectiva, a cuyo ofrecimiento se negó por no permitirle ya su edad entregarse a las tareas propias de dicho cargo.
Se verificó la reunión de casi todos los médicos homeópatas de Madrid, cuyo acontecimiento tuvo lugar en el mes de Febrero de 1880; fue muy favorablemente acogido el pensamiento de los iniciadores de la reunión, quienes manifestaron, cuando se trató del asunto del Hospital, que este establecimiento, bajo el punto de vista de su objeto benéfico y de enseñanza, podía considerarse como de la Sociedad Hahnemanniana, toda vez que la dirección facultativa y los demás cargos también facultativos habrían de estar desempeñados por individuos de la Corporación; y siendo socios de la misma todo el personal a quien estaban confiadas las cátedras, socios los profesores supernumerarios, socios igualmente los médicos de guardia del Hospital, y lo mismo el director económico actual, como también por haber en el Patronato seis individuos de la Sociedad, bien podía afirmarse que el establecimiento había quedado confiado a la Sociedad, no con el derecho dominical sobre él, como después se supo que algunos lo entendieron, y a lo único que parece limitaban sus pretensiones.
Dicha reunión fue presidida por el Excmo. Sr. D. Joaquín de Issern, que hizo justicia a los levantados propósitos de los iniciadores, y en vista de los acuerdos tomados fueron admitidos socios en 18 de Febrero los que asistieron a la Junta preparatoria; en 3 de Marzo quedó proclamado Presidente de honor vitalicio el doctor Issern, y se nombraron también socios de honor y mérito a varios distinguidos médicos homeópatas.
Con estos sucesos quedó refundida la Academia Homeopática Española en la Sociedad Hahnemanniana Matritense, trasladando al domicilio de esta última los efectos que eran propiedad de la primera de las corporaciones citadas. En la misma sesión del día 3 de Marzo se procedió a la elección de los cargos de la Junta Directiva, procurando tuviesen bastante representación en ella los socios recientemente ingresados, dándoles así una prueba de consideración y aprecio por parte de los que eran antiguos en la Corporación.
Realizada la reorganización de la Sociedad, y fusionados en ella casi todos los médicos homeópatas de Madrid, comenzaron las sesiones literarias con bastante animación, y todo hacía esperar que no tardaría en dar mas señales de progreso y de robusta vida científica.
Mas como quiera que aquellos que habían vivido alejados de la Sociedad y del doctor Núñez manifestaban desconfianza acerca del porvenir del Instituto Homeopático, por la manera como estaba hecha la fundación, y deseaban garantías y seguridades sobre la permanencia de su intervención en dicho establecimiento, había otro trabajo que hacer todavía para satisfacer dichos deseos.
Con este fin, y aprovechando la circunstancia de que el Patronato se ocupaba en la formación del reglamento para el régimen y gobierno del Instituto Homeopático y Hospital de San José, en sustitución del provisional que dejó el Sr. Núñez, la Junta Directiva encargó al Presidente de la Sociedad interviniese como patrono, para que se ampliasen hasta donde fuese compatible con la escritura otorgada por el fundador, la inspección y participación de la Sociedad en el establecimiento; y en efecto, el Sr. García López influyó cuanto pudo en ese sentido, recabando numerosos e importantes derechos para la Sociedad, que desgraciadamente, y por una obcecación inconcebible, no fueron apreciados como merecían, y el reglamento aprobado por el Patronato en 11 de Mayo del mismo año, lejos de haber servido al objeto a que iba encaminado, se tomó como pretexto de disidencias que han dado por resultado la disolución de hecho de la antigua Sociedad Hahnemanniana, pues la que hoy existe con ese nombre no es otra cosa que la Academia Homeopática Española, con sus mismos socios, con iguales tendencias, y caminando a un porvenir análogo al que tuvo anteriormente
En el Reglamento del Instituto y Hospital, que tan mal recibido fue por los nuevos socios de la Hahnemanniana, se consignaba, sin embargo, que a dicha Sociedad correspondía la inspección de la enseñanza, dándole el carácter de Cuerpo consultivo del establecimiento para todos los asuntos científicos; se estableció que el Presidente de honor, el de número y los socios de honor y mérito girasen visitas de inspección a las cátedras y clínicas, declarando además que todos estos profesores, y también los socios de número, fuesen Consultores de las clínicas, y asistiesen a las consultas que se tuviesen para los casos graves de las enfermerías; se concedió a los socios el derecho de establecer cátedras al que quisiera hacerlo, para dar lecciones en el Instituto sobre cualquiera materia relacionada con la doctrina homeopática; los programas de las asignaturas establecidas habían de ser presentados a la Sociedad por los catedráticos para su examen y aprobación; las vacantes de cátedras no las proveería el Patronato, sino a propuesta hecha por la Corporación, cuando se adoptase el procedimiento de la provisión por concurso, y se preceptuaba que sus individuos formasen los tribunales cuando se prefiriese que se diera dichas cátedras mediante oposición.
Hasta para la provisión interina de dichas plazas se establecía que el Director del Instituto pidiese las propuestas a la Sociedad Hahnemanniana. En los tribunales para exámenes de fin de curso y de reválida había también de estar representada la Corporación con algunos de sus individuos, que actuarían en dichos exámenes juntamente con los catedráticos. Se la daba el derecho de establecer más asignaturas y más clínicas de las consignadas en la escritura de fundación, cuando los recursos del Instituto lo permitieran, y, por tanto, para variar la organización que ahora tiene la enseñanza de la Medicina Homeopática. Se la confiaba el cuidado y la vigilancia de los métodos de dicha enseñanza; se entregaba a sus individuos el desempeño del Consultorio público, y tanto los programas, según ya se ha indicado, como las estadísticas y Memorias científicas de los catedráticos, todo debía someterse al examen de la Sociedad. Era esta Corporación, habiendo aceptado el Reglamento, un Patronato científico, a quien se confiaban todos los asuntos de esta naturaleza, concretándose las atribuciones del Patronato creado por el Marqués de Núñez a la inspección administrativa y a lo concerniente a los asuntos económicos. Dando una extraordinaria elasticidad a la escritura de fundación, y con el deseo de satisfacer todas las exigencias, a fin de mantener la concordia iniciada en el mes de febrero, el Patronato redactó el Reglamento bajo estas inspiraciones en los términos referidos, y era de esperar que, puesto en práctica desde el siguiente curso académico, porque cuando se publicó estaba ya próximo el verano del año 80, diese los mejores resultados, atendiendo a que se facilitaba una grande armonía entre la Sociedad Hahnemanniana y el Instituto Homeopático, o mejor dicho, se formaba un solo cuerpo y una sola institución con uno y otra, por la ligazón y compenetración de los artículos relativos a las dos Corporaciones.
Así las cosas, llegó la época de las vacaciones de verano, la suspensión de las sesiones de la Sociedad, y la presidencia de la misma quedó confiada al Vicepresidente primero por ausencia del Dr. García López, que fue el que tomó la iniciativa para las reformas introducidas en el Reglamento del Instituto Homeopático, y quien contribuyó más que otro alguno a que se redactase en los términos en que dejamos manifestado.
Pero el Vicepresidente primero de la Sociedad, con una deslealtad sin ejemplo, provocó una lamentable disidencia, de que nos ocuparemos en el próximo y último artículo de esta reseña histórica.
Los médicos a quienes el Marqués de Núñez había confiado la enseñanza de la Homeopatía en el Instituto habían aceptado ese encargo con el fin de ayudarle a llevar a cabo tan levantado propósito, y le continuaron después del fallecimiento de aquél; pero decididos a dejar suis puestos a otros, tan luego como hubiesen conseguido hacer del Hospital y de la Sociedad Hahnemanniana una sola institución. Y creyeron que estaban en camino de conseguirlo con la gran solidaridad que entre ambos Cuerpos se establecía en el reglamento para dicho Instituto, en el que tanta intervención se daba a la Sociedad, como lo hemos hecho ver en el anterior artículo.
Mas se equivocaron en sus cálculos y esperanzas, porque no obstante que el Dr. García López había dado conocimiento del citado reglamento, antes de ser publicado, a la Junta Directiva, la cual manifestó hallarse conforme con las concesiones que en él se hacían a la Sociedad, fue duramente censurado después, como diremos luego.
Había terminado el año académico en el Instituto, y llegó también la época de suspender sus sesiones la Sociedad Hahnemanniana Matritense, cuyo Presidente y varios socios estaban ya ausentes de Madrid, cuando el Vicepresidente primero, abusando de su posición, convocó a la Junta Directiva para proponer en ella se formulase una protesta contra el Reglamento del Instituto, por considerar que en él se hacían pocas concesiones a la Sociedad. La Junta estimó que debía tomar esa actitud y renovar además cuestiones ya resueltas por la Corporación, sobre la propiedad del Hospital, y acerca de la manera como el Marqués de Núñez había hecho la fundación, y en tal sentido redactaron una instancia para el Patronato del Instituto, la que no mereció la aprobación del Presidente de honor, y que dio motivo a la dimisión del Presidente efectivo, por no haber guardado con él la consideración de consultarle sobre este asunto. Los individuos que hacía pocos meses fueron admitidos en la Sociedad, entraron en la que bien podemos llamar conspiración, capitaneados por el Vicepresidente primero, que hasta utilizó a favor de sus descabellados propósitos la circunstancia de haber regresado enfermo a Madrid el doctor García López; pues su impaciencia era tanta que convocaba a sesiones a la Sociedad sin contemplación a la imposibilidad en que el Presidente se hallaba de tomar una participación activa en la discusión extemporánea que se provocó en el seno de la Corporación, y cuya actitud de la mayoría no tenía otro objeto, según lo han demostrado los hechos que se han sucedido unos a otros, que obligar a los antiguos individuos de la Sociedad a dimitir los cargos que en ella desempeñaban, y hasta a despojarse del carácter de socios, para de este modo impulsar a su antojo la marcha de la Corporación, y entrar ellos en posesión de las cátedras y demás destinos profesionales del Instituto, partiendo del error en que estaban, y en el que aún continúan , de que el carácter de catedrático y el de Patrono se perdían cuando se dejaba de pertenecer a la Sociedad, y en tal concepto procedieron en todos sus actos, persistiendo todavía en tan innecesaria tarea, toda vez que se hubiesen ya hace tiempo retirado a sus casas y dejándoles libres esos puestos que ambicionan, todos o el mayor número de profesores a quienes dejó nombrados el Marqués de Núñez, y que si no lo han hecho, ha sido porque se les ha obligado a aceptar la lucha a que han sido provocados por los jurados enemigos del difunto Marqués, que llevan el odio a su personalidad más allá de la tumba, cuyos umbrales respetan siempre hasta las almas menos generosas, retrocediendo la inquina y las malas pasiones cuando van dirigidas contra los que ya no pertenecen al número de los vivientes.
Se proyectó acudir a todos los procedimientos, incluso el de hacer intervenir a los tribunales de justicia, para reclamar la Sociedad la propiedad del Hospital, y si lo conseguía, reformar la fundación, o mejor dicho estatuirla de nuevo. Para el logro de estos propósitos necesitaban los partidarios de tales hazañas que dejasen de pertenecer a la Sociedad todos los que estuvieron siempre ayudando al doctor Núñez en cuantas empresas acometió a favor de la Escuela homeopática; y apelando a medios indignos e impropios de personas de cultura, dieron ocasión y motivo para que los individuos que tenían intervención en el Instituto, y varios otros más, renunciasen primero los cargos que desempeñaban en la Sociedad, y después se separasen de ella, no obstante ser los más antiguos y de llevar algunos, más de treinta años en la Corporación. Este suceso fue muy celebrado por los que creyeron haber conseguido su primer triunfo, calificándose a sí propios de hábiles diplomáticos, y de incautos e inocentes a los dimisionarios, como si las intrigas burdas y groseras de los clubs hubiesen nunca merecido el dictado de habilidad diplomática, y como si el alejamiento de los locales donde se desconocen las más elementales reglas de la cortesía y de la decencia se hubiesen considerado jamás como un acto de imprecaución o de puerilidad. Así que, lo que se calificó de inocentada no fue otra cosa que un rasgo de dignidad, que no tiene para los que la desconocen mérito ni valor alguno.
Separados de la Sociedad Hahnemanniana los más caracterizados de sus socios, y no quedando en ella ninguno de sus fundadores, la Corporación que sigue funcionando con ese nombre no es ya otra cosa que la Academia Homeopática Española, con su mismo Presidente, con sus mismos socios, con sus mismas tendencias, y que tendrá la misma importancia científica que tuvo en sus anteriores épocas. Por más que se disfracen y mistifiquen las cosas, siempre resultará ser exacta esta afirmación: la Academia Homeopática Española existe, y ha tomado el nombre de Sociedad Hahnemanniana Matritense, habiendo desaparecido la Corporación que de este último modo se titulaba desde 1846.
En el mes de Diciembre de 1880 quedó, por los sucesos referidos, hecho el deslinde del grupo de profesores del Instituto homeopático y de los que quedaron en la moderna Sociedad Hahnemanniana o antigua Academia homeopática; y entonces los individuos de esta Corporación dirigieron al Patronato del Hospital una irrespetuosa exposición que ha sido llevada a los tribunales como injuriosa y calumniosa para algunas de las personas de dicho Cuerpo; exposición en la que se titula la Sociedad propietaria y fundadora del Instituto Homeopático y Hospital de San José.
No había sido posible vencer la terquedad de los firmantes de la referida instancia, y obtener de ellos que desistieran de sus desacertados propósitos y que aceptasen el reglamento que el Patronato había aprobado en el mes de mayo con tan numerosas concesiones a la Sociedad. En vano fue hacerles presente que ésta no había contribuído con fondos sociales a la construcción del Hospital, y que ella todo lo más que representaba eran los donativos de los suscriptores allegados por su conducto, y que éstos no habían reclamado lo hecho por el señor Núñez. En vano fue también recordarles que esos donativos estaban garantizados por las cláusulas del testamento del Marqués de Núñez, y que todas estas cuestiones las había ya resuelto la Sociedad con el citado Marqués, no debiendo volver la Corporación sobre sus acuerdos. En vano también indicarles los peligros de un pleito, y lo probable que era, si lo provocaban, que desapareciese el Hospital y quedase perdida para la Homeopatía esa naciente institución, toda vez que desde el momento en que se modificase la escritura de fundación pedirían la reversión de la finca los herederos del Marqués de Núñez, procedería inmediatamente una liquidación, y desaparecería el Instituto y Hospital. Por encima de todas estas consideraciones estaban la vanidad y el pretencioso concepto de su gran valimiento, y además la odiosidad a la memoria del Marqués de Núñez y a los que fueron sus amigos en la Escuela homeopática.
Se apeló a la calumnia y se inventaron las más groseras patrañas. Se dijo, y se dice, que los enfermos están mal asistidos; que reina en lo económico el desorden y la anarquía; que los que desempeñan cargos profesionales en el Hospital e Instituto, son unos ignorantes, y que nadie en el establecimiento se halla a la altura de su misión; que la mortalidad era escandalosa por lo excesiva; que la preparación y administración de los medicamentos estaban confiadas a personas imperitas, y todo esto y mucho más se ha consignado en documentos que se han dado a la prensa para honra y gloria de sus autores, interesados en el prestigio de la Escuela homeopática y del Instituto, que es quien hoy tiene su representación más caracterizada.
Semejante actitud de la Sociedad Hahnemanniana motivó que el Patronato tomase el acuerdo de derogar el reglamento que pocos meses antes aprobó dándole tanta intervención, y redactase otro, ciñéndole estrictamente a las condiciones de la escritura de fundación, habiendo, por tanto, desaparecido aquellas grandes concesiones que antes se la otorgaron mediante cierta laxitud que se procuró dar a las citadas condiciones, con el propósito de realizar la mayor concordia entre todos los médicos homeópatas de Madrid. El actual reglamento, como se verá cuando se publique a continuación de esta historia, ha limitado la intervención de la Sociedad en el Instituto a que tenga en el Patronato dos individuos de su seno, pertenecientes a la clase de socios de honor y mérito, y otros cuatro patronos más que sean o hayan sido, según lo previene la escritura, socios de número de la anterior Sociedad Hahnemanniana Matritense. Llenadas, pues, esas condiciones, hay una separación absoluta de todo lo demás entre el Instituto y la Sociedad Hahnemanniana, separación provocada por ésta; y cada una de dichas corporaciones hará su camino independientemente de la otra; y si el marasmo se apodera de una de ellas o de las dos, y lejos de contribuir, como era su deber, al progreso de la ciencia en general, y de la Medicina homeopática en particular, entran en un periodo de prematura decadencia y concluyen por extinguirse, la posteridad juzgará quienes han sido los causantes de ello, si los que han trabajado por la unión y la concordia, inspirándose en la prudencia, o los temerarios que no escuchan más que los impulsos de su presuntuoso orgullo, que todo lo quieren conducir por los procedimientos de la violencia, repeliendo los elementos que no son armónicos a su carácter terco e imprudente.
Han dado principio a sus gestiones con una exposición al Ministro de la Gobernación., sin duda con ánimo de conducir sus pretensiones por la vía de lo contencioso-administrativo, y con el propósito, según lo han anunciado pública y solemnemente, de acudir también, si aquel procedimiento no les bastase, a la vía judicial. Les auguramos mal éxito por uno y por otro camino, pero tememos también, atendido a lo que en nuestro país sucede en esta clase de litigios, por la estabilidad del Instituto homeopático. El deseo de no abandonarle y de contribuir todavía, si podemos lograrlo, a su conservación., es lo que nos impide retirarnos ya de esta vida activa a la que hemos consagrado nuestra existencia., y en la que, si hemos conquistado alguna gloria en nuestras continuas luchas con los adversarios de la Escuela homeopática, difundiendo siempre y en todas partes lo que nuestra razón y nuestra conciencia han aceptado como lo más progresivo en la ciencia, en cambio no hemos recogido en este camino otra cosa que disgustos y decepciones, que hacen cada día más honda huella en nuestro ánimo, porque presentimos no está lejano el tiempo en que habrá de perder en nuestro país aquel carácter, no por falta de organismo en sus verdades y principios, sino por las discordias de los mismos médicos homeópatas; por la temeridad e imprudencia de unos; por el desconocimiento de la doctrina, de otros; por la indiferencia o el aburrimiento de muchos, y por la falta de un carácter que imprima organización a la Escuela y a la propaganda, e impida además los bastardeamientos que se introducen en la doctrina a pretexto de reformas y de transacciones que no son realmente adelantos en la ciencia.
Habíamos soñado con la unión de todos los médicos homeópatas de Madrid y de provincias en un gran centro de estudio, de propaganda y de beneficencia a la vez, constituido por la Sociedad Hahnemanniana Matritense y el Instituto Homeopático y Hospital de San José, y creíamos que, aunque ya faltase la poderosa iniciativa del doctor Núñez, y no pudiésemos abrigar la esperanza de contar por largos años con el prestigio del doctor Hysern, supliría a la importancia de esas dos grandes figuras la agrupación de todos en una Asociación seria, vasta y compacta, para que la Escuela Homeopática Española utilizase los muchos y valiosos elementos con que cuenta, con el fin de entrar más de lleno en el concierto científico, estudiando todos los descubrimientos relacionados con su doctrina, y demostrando con la enseñanza y con sus curaciones que ella es la que está en posesión del método terapéutico más progresivo y más útil a la humanidad. Pero estos nuestros deseos se quedaron efectivamente en un sueño, o en una ilusión, porque al intentar reunirlos a todos para los indicados fines, se nos mezclaron unos pocos hombres que han sido, son y serán siempre elementos disolventes donde quiera que se hallen; ellos han ocasionado los males que lamentamos y los que todavía han de acarrear con sus imprudencias.
Damos por terminada la Historia del Instituto Homeopático y Hospital de San José, que abarca, como se ha visto en los precedentes artículos, desde que se concibió el pensamiento de su creación hasta el momento presente; y como quiera que hemos tenido necesidad de censurar actos y aludir a personas, no queremos que dicha historia aparezca como de autor anónimo, y por lo tanto, la suscribe quien la ha redactado y publicado en este periódico.
Fuente: Boletín Clínico del Instituto Homeopático de Madrid, Año I, 1881, publicado a lo largo del año en los once artículos aquí recogidos.

References: resolución 
 resolución 
 artículo 8
 resolución 
 resolución 
 artículo 4