Source: http://ciml.250x.com/archive/stalin/spanish/stalin_history_of_the_cpsub_spanish_9.html
Timestamp: 2017-09-23 12:34:58+00:00

Document:
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERIODO DE TRANSICIÓN A LA LABOR PACIFICA DE RESTAURACIÓN DE LA ECONONOMÍA NACIONAL (1921-1925)
1. El País Soviético, después de la liquidación de la intervención armada y de la guerra civil. - Las dificultades del periodo de restauración de la economía
Después de poner fina la guerra, el País Soviético comenzó a encarrilar la obra de edificación pacífica de la Economía nacional. Era necesario cicatrizar las heridas causadas por la guerra. Era necesario restaurar la Economía nacional derrumbada, poner en orden la industria, el transporte, la agricultura.
Y esta obra de edificación pacífica hubo de acometerse en condiciones extraordinariamente difíciles. El triunfo de la guerra civil no se había arrancado fácilmente. El país estaba arruinado por los cuatro años de guerra imperialista y los tres años de lucha contra la intervención armada.
En 1920, la producción global de la agricultura, comparada con la de antes de la guerra, era solamente de la mitad. Y téngase en cuenta que el nivel de la producción agrícola de antes de la guerra era el mísero nivel propio de la aldea rusa de los tiempos del zarismo. Además, el año de 1920 fue, en muchas provincias, un año de mala cosecha. La Economía campesina atravesaba por una situación difícil.
Aun más desastrosa era la situación de la industria. La producción de la gran industria, en 1920, era casi siete veces menor que la de antes de la guerra. Las fábricas, en su mayoría, estaban paradas y los pozos mineros derrumbados e inundados. La metalurgia encontrábase en una situación especialmente difícil. Durante todo el año 1921, la fundición de hierro no pasó de 116.300 toneladas, lo que representaba, aproximadamente, el 3 por 100 de la producción de hierro fundido de antes de la guerra. Había una gran escasez de combustible. El transporte estaba deshecho. Las reservas de metal y de artículos manufacturados, con que contaba el país, estaban casi totalmente agotadas. Escaseaban de un modo alarmante los artículos de primera necesidad: el pan, las grasas, la carne, el calzado, las prendas de vestir, las cerillas, la sal, el petróleo, el jabón.
Mientras duró la guerra, la gente se resignaba a soportar esta escasez, y a veces ni siquiera se apercibía de ella. Pero, al cesar la guerra, empezó a darse cuenta de pronto que esta situación era insoportable y a exigir que se le pusiese remedio inmediatamente.
Los campesinos daban muestras de descontento. Bajo el fuego de la guerra civil, se había formado y consolidado la alianza político-militar entre los campesinos y la clase obrera. Esta alianza descansaba sobre una base concreta: el Poder Soviético había dado a los campesinos la tierra y les defendía contra los terratenientes y los kulaks; los campesinos suministraban a los obreros los artículos alimenticios con arreglo al sistema de la contingentación.
Pero ahora, esta base era ya insuficiente.
El Estado Soviético habíase visto obligado a incautarse, con el régimen de la contingentación, de todo el sobrante de la producción de los campesinos, por exigirlo así las necesidades de la defensa del país. Sin el régimen de la contingentación, sin la política del comunismo de guerra, no habría sido posible triunfar en la guerra civil. La política del comunismo de guerra había sido impuesta por la propia guerra, por la intervención armada. Mientras duró la guerra, los campesinos sometíanse a la contingentación y no advertían la escasez de mercancías, pero al terminar la guerra y ceder la amenaza de la vuelta de los terratenientes, empezaron a manifestar su descontento por la incautación de los productos sobrantes, por el sistema de la contingentación, y a exigir que se les suministrase mercancías en cantidad suficiente.
Todo el sistema del comunismo de guerra llegó a chocar, como decía Lenin, con los intereses de los campesinos. El descontento empezaba a repercutir también en la clase obrera. El proletariado había llevado el peso principal de la guerra civil, luchando heroica y abnegadamente contra las legiones de los guardias blancos y los intervencionistas, contra el desastre económico y el hambre. Los mejores obreros, los más conscientes, los más abnegados y disciplinados, ardían en el entusiasmo de la lucha por el socialismo. Pero la desastrosa situación de derrumbamiento de la Economía repercutía también sobre la clase obrera. Las pocas fábricas y empresas industriales que aun trabajaban veían amortiguarse considerablemente su ritmo de trabajo. Los obreros veíanse obligados a hacer toda clase de oficios, fabricar encendedores y, con un saco al hombro, ir en busca de comestibles por los pueblos. Comenzaba a vacilar el fundamento de clase de la dictadura del proletariado; la clase obrera se iba diseminando, parte de los obreros emigraba a la aldea, dejaban de ser obreros, perdían su condición de clase. El hambre y el cansancio engendraban el descontento de una parte de los obreros.
Ante el Partido, se planteaba la tarea de trazarse una nueva orientación respecto a todos los problemas de la vida económica del país, a tono con la nueva situación.
Y el partido afrontó la tarea de trazarse esta nueva orientación respecto a los problemas de la edificación económica del país.
Los sublevados hiciéronse dueños de la magnífica fortaleza, de la flota y de una enorme cantidad de armas y municiones. La contrarrevolución internacional cantaba victoria. Pero el júbilo de los enemigos del Poder Soviético era prematuro. Las tropas soviéticas redujeron rápidamente a los sediciosos. El Partido envió contra los sublevados de Cronstadt a sus mejores hijos, a los delegados del X Congreso, con el camarada Voroshilov a la cabeza. Los combatientes del Ejército Rojo marcharon contra Cronstadt, pisando sobre una delgada capa de hielo. El hielo se rompió y muchos de ellos perecieron ahogados. Hubo necesidad de lanzarse al asalto contra los fuertes casi inexpugnables de Cronstadt. Pero la bravura y la abnegación revolucionaria, el entusiasmo de aquellos hombres, dispuestos a dar su vida por el Poder Soviético, vencieron. Las tropas rojas tomaron por asalto la fortaleza de Cronstadt y la sublevación fue liquidada.
Para el Comité Central del Partido, para su mayoría leninista, era evidente que, después de terminarse la guerra y de entrar en el periodo de edificación pacífica de la Economía, no había ya razón para mantener en pie el severo régimen del comunismo de guerra, impuesto por las circunstancias de la guerra y del bloqueo.
El C.C. comprendía que había desparecido la necesidad de la contingentación, que era necesario sustituir este sistema por el del impuesto en especie, para dar al campesino la posibilidad de emplear como mejor le pareciese una gran parte del sobrante de su producción. Comprendía que esta medida permitiría levantar la agricultura, aumentar la producción de cereales y los cultivos técnicos necesarios para el desarrollo de la industria, activar la circulación de mercancías dentro del país, mejorar el abastecimiento de las ciudades y sentar una nueva base económica para la alianza entre los obreros y los campesinos.
El C.C. dábase también cuenta de que la reanimación de la industria constituía una tarea de primerísimo orden, pero entendía que no era posible lograr esto sin interesar en ello a la clase obrera y a sus sindicatos, que para ganar a los obreros para esta causa era necesario convencerles de que el desastre económico era un enemigo tan peligroso para el pueblo como la intervención armada y el bloqueo, y de que el Partido y los sindicatos conseguirían, incuestionablemente, salir victoriosos de este empeño, siempre y cuando no actuasen sobre la clase obrera por medio de órdenes militares, siguiendo los métodos aplicados en el frente, donde era realmente necesario proceder de ese modo, sino por medio de la persuasión, por medio del convencimiento.
Pero no todos los miembros del Partido pensaban como el C.C. Los grupos de oposición -los trotskistas, la "oposición obrera", los "comunistas de izquierda", los "centralistas democráticos", etc.- hallábanse en un estado de confusión y de vacilación ante el paso a los cauces de la edificación pacífica de la Economía. En el Partido había no pocos antiguos mensheviques, socialrevolucionarios, bundistas, "borotbistas" y toda suerte de seminacionalistas de la periferia de Rusia. En gran parte, estos elementos se adhirieron a unos u otros grupos de oposición. Como no eran verdaderos marxistas ni conocían las leyes que rigen el desarrollo económico, ni tenían el temple de los militantes leninistas del Partido, estas gentes no hacían más que acentuar la dispersión y las vacilaciones de los grupos de oposición. Algunos de ellos entendían que no era necesario aflojar el severo régimen del comunismo de guerra, sino que, por el contrario, lo que hacía falta era "seguir apretando los tornillos". Otros opinaban que el Partido y el Estado debían desentenderse del problema de la restauración de la Economía nacional, dejándolo por entero en manos de los sindicatos.
Era evidente que, ante este confusionismo, aparecerían, en ciertos sectores del Partido, gentes aficionadas a discutir, diversos "líderes" de la oposición, que pugnarían por arrastrar al Partido a un debate.
La discusión comenzó por el problema del papel de los sindicatos, a pesar de que éste no era, por aquel entonces, el problema más importante en la política del Partido.
El paladín de la discusión y de la lucha contra Lenin y contra la mayoría leninista del C.C. era Trotski. Con la mira de agudizar la situación, intervino en la reunión de comunistas delegados a la V Conferencia de los Sindicatos de toda Rusia, celebrada a comienzos de noviembre de 1920, sosteniendo la dudosa consigna de "apretar los tornillos" y "sacudir a los sindicatos". Exigía, además, que se procediese a la inmediata "estatificación de los sindicatos". Trotski era contrario al método de la persuasión de las masas obreras y abogaba por transplantar a los sindicatos los métodos militares. Era contrario al desarrollo de la democracia dentro de los sindicatos y a la provisión de los cargos sindicales por elección.
En vez del método de la persuasión, sin el que sería inconcebible la actuación de las organizaciones obreras, los trotskistas preconizaban el método de la coacción escueta, del mando tajante. Allí donde se apoderaban de la dirección sindical, los trotskistas, con su política, no hacían más que provocar en los sindicatos conflictos, escisiones y discordias. Con su política, los trotskistas hacían que la masa sin partido se colocase frente a éste y sembraban la desunión de la clase obrera.
La discusión acerca de los sindicatos tenía, en realidad, una importancia que trascendía con mucho del marco del problema sindical. Como más tarde había de señalar la resolución del Pleno del C.C. del Partido Comunista (b) de Rusia (17 de enero de 1925), de hecho la polémica giraba "en torno a la actitud que debía seguirse con los campesinos que se rebelaban contra el comunismo de guerra, en torno a la actitud que debía seguirse con la masa de obreros sin partido, y en general, en torno al método con que el Partido debía abordar a las masas, en un periodo en que la guerra civil se había terminado ya" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, pág. 65).
En pos de Trotski, intervinieron también otros grupos contrarios al Partido: la "oposición obrera" (Shliapnikov, Medveiev, Kolontai y otros), los "centralistas democráticos" (Sapronov, Drobnis, Boguslavski, Osinski, V. Smirnov, etc.) y los "comunistas de izquierda" (Bujarin y Preobrazhenski).
La "oposición obrera" formulaba la consigna de entregar la dirección de toda la Economía nacional al "Congreso de productores de toda Rusia". Reducía a la nada el papel del Partido y negaba toda significación a la dictadura del proletariado en el terreno de la edificación económica. Contraponía los sindicatos al Estado Soviético y al Partido Comunista. Según ella, la forma más alta de organización de la clase obrera no era el Partido, sino que eran los sindicatos. En el fondo, la "oposición obrera" era un grupo de tipo anarco-sindicalista, contrario al Partido.
El grupo del "centralismo democrático" (los desistas) reivindicaba la libertad más completa para la formación de fracciones y grupos dentro del Partido. Al igual que los trotskistas, los "centralistas democráticos" esforzábanse en socavar el papel dirigente del Partido dentro de los Soviets y de los Sindicatos. Lenin decía de ellos que eran la fracción "de los que chillaban más fuerte", y que su plataforma era socialrevolucionaria-menshevique.
Para su lucha contra Lenin y el Partido, Trotski fue ayudado por Bujarin. Fue éste quien, en unión de Preobrazhenski, Serebriakov y Sokolnikov, creó un grupo "de tope". Este grupo defendía y encubría a los fraccionalistas más perniciosos: a los trotskistas. Lenin calificó la conducta de Bujarin como "el colmo de la descomposición ideológica". Poco después, los bujarinistas se unieron abiertamente con los trotskistas en contra de Lenin.
Lenin y los leninistas dirigían, principalmente, sus tiros contra los trotskistas, en los que veían la fuerza cardinal de los grupos antibolsheviques. Acusaban a los trotskistas de confundir los sindicatos con organizaciones de tipo militar, haciéndoles ver que no era posible trasplantar a los sindicatos los métodos propios de aquellas organizaciones. Frente a la plataforma de los grupos de oposición, Lenin y los leninistas formularon la suya propia. En ésta se sostenía que los sindicatos eran una escuela de gobierno, una escuela de administración económica y una escuela de comunismo. Los sindicatos debían organizar toda su labor sobre la base del método de la persuasión. Sólo así podrían poner en pie a todos los obreros para la lucha contra el desastre económico y conseguirían interesarlos por la obra de edificación socialista de la Economía nacional.
En la lucha contra los grupos de oposición, las organizaciones del Partido apretaron sus filas en torno a Lenin. La lucha adquirió un carácter especialmente agudo en Moscú. Era aquí donde la oposición concentraba sus principales fuerzas, ambicionando adueñarse de la organización del Partido en esta capital. Pero los bolsheviques de Moscú salieron resueltamente al paso de esto manejos de los fraccionalistas. También revistió caracteres agudos la lucha en las organizaciones del Partido en Ucrania. Bajo la dirección del camarada Molotov, que era, por aquel entonces, secretario del C.C. del Partido Comunista (b) de Ucrania, los bolsheviques ucranianos aplastaron a los secuaces de Trotski y de Shliapnikov. El Partido Comunista de Ucrania siguió siendo un baluarte fiel del Partido leninista. En Bakú, el aplastamiento de la oposición se organizó bajo la dirección del camarada Ordzhonikidse. En el Asia Central, fue el camarada Lázaro Kaganovich quien dirigió la lucha contra los grupos contrarios al Partido.
Las organizaciones fundamentales de base del Partido se adhirieron a la plataforma leninista.
El 8 de marzo de 1921, inauguró sus tareas el X Congreso del Partido. Asistieron a él 694 delegados con voz y voto, representando a 732.521 afiliados y 296 delegados con voz, pero sin voto.
El Congreso hizo el balance de la discusión sobre los sindicatos y aprobó por una mayoría aplastante la plataforma leninista.
Dándose cuenta del enorme peligro que suponía para el Partido bolshevique y para la dictadura del proletariado la existencia de grupos fraccionales, el X Congreso consagró una atención especial al problema de la unidad del Partido. Acerca de este punto pronunció un informe Lenin. El Congreso condenó todos los grupos de oposición y señaló que esto grupos "de hecho, ayudan a los enemigos de clase de la revolución proletaria".
El Congreso ordenó la inmediata disolución de todos los grupos fraccionales y encargó a todas las organizaciones que velasen rigurosamente por la ejecución de este acuerdo, saliendo al paso de toda actitud fraccional; bien entendido que el incumplimiento de los acuerdos del Congreso acarrearía la expulsión indiscutible e inmediata del Partido. El Congreso dio plenos poderes al Comité Central para que éste, en caso de infracción de la disciplina por parte de cualquiera de sus miembros y en caso de que resucitase o se permitiese cualquier fracción, aplicase cuantas sanciones de Partido fuesen necesarias, llegando incluso a expulsar del Comité Central y del Partido a quien infringiese sus acuerdos.
Todas estas decisiones figuraban en una resolución especial "Sobre la unidad del Partido", redactada por Lenin y aprobada por el Congreso.
En esta resolución, el Congreso llamaba la atención de todos los afiliados al Partido hacia el hecho de que la unidad y la cohesión dentro de sus filas, la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado era especialmente necesaria en un momento como aquel en que se celebraba el X Congreso del Partido, en que una serie de circunstancias contribuía a acentuar las vacilaciones existentes entre la población pequeñoburguesa.
"Sin embargo -decíase en la resolución del Congreso-, en el Partido se habían revelado, ya antes de la discusión entablada en todas sus organizaciones acerca de los sindicatos, algunos signos de fraccionalismo, es decir, de formación de grupos con una plataforma especial y con la tendencia a constituir hasta cierto punto grupos aparte y con su disciplina propia. Es necesario que todo obrero consciente comprenda claramente el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual conduce inevitablemente, en la práctica, al quebrantamiento del trabajo fraternal y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos, que se infiltran siempre en las filas de un Partido gubernamental, con objeto de ahondar las disenciones dentro de éste y servirse de ellas para los fines de la contrarrevolución".
Y en otro lugar de esta misma resolución, decía el Congreso:
"Cómo los enemigos del proletariado se aprovechan de todas las desviaciones de la línea comunista, rigurosamente trazada, lo ha revelado de un modo bien tangible el ejemplo de la sublevación de Cronstadt, en la que la contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de todos los países del mundo se mostraron de pronto dispuestos a acatar incluso la consigna del régimen soviético, con tal de derribar la dictadura del proletariado en Rusia, en que los socialrevolucionarios y la contrarrevolución burguesa, en general, se acogieron en Cronstadt a la consigna de la insurrección, simulando hacerla en nombre del Poder Soviético contra el Gobierno Soviético de Rusia. Estos hechos demuestran plenamente que los guardias blancos aspiran a disfrazarse y saben y disfrazarse de comunistas y hasta de gentes "más izquierdistas" aun que ellos, con tal de quebrantar y derribar el baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las hojas mensheviques que circularon en Petrogrado en vísperas de la sublevación de Cronstadt revelan asimismo cómo los mensheviques se aprovechaban de las discrepancias existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, para empujar y apoyar de hecho a los sediciosos de Cronstadt, a los socialrevolucionarios y guardias blancos, aunque de palabra se hiciesen pasar por adversarios de los sediciosos y partidarios del Poder Soviético, del que, según ellos, sólo les separaba algunas diferencias de poca monta".
La resolución indicaba que la propaganda del Partido debía explicar minuciosamente lo pernicioso y peligroso que era el fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del Partido y de la consecución de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, como condición fundamental para el triunfo de la dictadura proletaria.
Por otra parte, la propaganda del Partido -decíase en la citada resolución del Congreso- debía explicar la peculiaridad de los novísimos métodos tácticos puestos en práctica por los enemigos del Poder Soviético.
"Estos enemigos -señalaba la resolución-, convencidos del fracaso irremediable de la contrarrevolución bajo la bandera descarada de los guardias blancos, encaminan ahora todos sus esfuerzos, aprovechándose de las disensiones existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, a pasar de contrabando la contrarrevolución por medio de la entrega del Poder a los grupos políticos más dispuestos, en apariencia, al reconocimiento del Poder Soviético" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, págs. 373-374).
Esta resolución indicaba, asimismo, que la propaganda del Partido "debía explicar también la experiencia de las anteriores revoluciones, en que la contrarrevolución apoyaba a los grupos pequeñoburgueses más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino para dar en seguida el triunfo completo a la contrarrevolución, a los capitalistas y terratenientes".
Íntimamente unida a la resolución "Sobre la unidad del Partido" se hallaba otra resolución "Sobre la desviación sindicalista y anarquista dentro de nuestro Partido", aprobada igualmente por el Congreso a propuesta también de Lenin. En esta resolución, el X Congreso condenaba la llamada "oposición obrera". El Congreso consideró que la propaganda de las ideas de la desviación anarcosindicalista era incompatible con el hecho de militar en el Partido Comunista y encarecía al Partido que luchase resueltamente contra esta desviación.
El X Congreso tomó el importantísimo acuerdo de pasar del sistema de la contingentación al del impuesto en especie, de pasar a la nueva política económica ("NEP").
Este viraje del comunismo de guerra a la "nueva política económica" revela toda la sabiduría y la profundidad de visión de la política leninista.
En el acuerdo del Congreso, se trataba de la sustitución del régimen de los contingentes por el del impuesto en especie. Este impuesto era menor que el de la contingentación. El tipo de impuesto debía hacerse público antes de la siembra de primavera. Los plazos de entrega del impuesto se señalaban con toda precisión. Todo lo que excediese del impuesto se dejaba a la libre y plena disposición del campesino, a quien se concedía libertad de vender estos productos. Al principio, la libertad de venta se traduciría -decía Lenin en su informe- en una cierta reanimación del capitalismo dentro del país. Será necesario consentir el comercio privado y autorizar a los particulares dedicados a la industria la apertura de pequeñas empresas. Pero no había por qué tener miedo a esto. Lenin entendía que una cierta libertad de circulación de mercancías estimularía el interés económico del campesino, incrementaría la productividad de su trabajo y elevaría rápidamente el rendimiento de la agricultura; que sobre esta base se restauraría la industria del Estado y se desalojaría al capital privado; que, después de acumular fuerzas y recursos, se podría crear una potente industria, base económica para el socialismo, y luego pasar resueltamente a la ofensiva, para destruir los restos del capitalismo dentro del país.
El comunismo de guerra había sido el intento de tomar por asalto, atacando de frente, la fortaleza de los elementos capitalistas de la ciudad y del campo. En este ataque, el Partido había avanzado demasiado, exponiéndose al peligro de perder el contacto con su base. Ahora, Lenin proponía efectuar un pequeño repliegue, retroceder provisionalmente para acercarse a la retaguardia, pasar de la lucha por asalto al método más lento de cercar la fortaleza, para acumular fuerzas y luego lanzarse de nuevo al ataque.
Los trotskistas y otros elementos de la oposición entendían que la NEP era, exlusivamente, una retirada. Esta interpretación favorecía sus intereses, ya que la línea que ello seguían era la de restaurar el capitalismo. Pero ésta era una interpretación de la NEP profundamente perniciosa y antileninista. En efecto: un año después de implantarse la NEP, en el XI Congreso del Partido, Lenin declaraba que el repliegue había terminado y lanzaba esta consigna: "Preparación de la ofensiva contra el capital privado" (Lenin, t. XXVII, pág. 213, ed. rusa).
Los elementos de la oposición, que eran malos marxistas e ignorantes supinos en materia de política bolshevique, no comprendieron ni la esencia de la NEP ni el carácter del repliegue emprendido al iniciarse ésta. De la esencia de la NEP hemos hablado ya. Por lo que se refiere al carácter del repliegue, diremos que hay varias clases de repliegues. Hay momentos en que los partidos o los ejércitos se ven obligados a replegarse por haber sufrido una derrota, y en estos casos el ejército o el partido se repliega para salvarse y salvar sus cuadros con vistas a nuevos combates. No era esta clase de repliegue la que Lenin había propuesto al implantarse la NEP, ya que el Partido, no sólo no había sufrido una derrota ni estaba vencido, sino que, por el contrario, era él quien había derrotado a los intervencionistas y a los guardias blancos en la guerra civil. Pero hay también momentos en que un partido o un ejército victorioso, en su ataque, avanza demasiado, sin dejar asegurada una base en la retaguardia. Y esto constituye un peligro grave. En tales casos, un partido o un ejército experto siente generalmente, para no perder el contacto con su base, la necesidad de retroceder un poco, acercándose a su retaguardia, para establecer un contacto más fuerte con su base en ésta, asegurándose todo aquello que necesitan, y poder luego lanzarse de nuevo al ataque, con mayor seguridad y garantía de éxito. Esta clase de repliegue temporal era precisamente la que había aplicado Lenin, con la NEP. Informando ante el IV Congreso de la Internacional Comunista acerca de las causas a que había obedecido la implantación de la NEP, Lenin declaró paladinamente que "con nuestra ofensiva económica habíamos avanzado demasiado y no nos habíamos asegurado una base suficiente", razón por la cual había sido necesario efectuar un repliegue pasajero hacia la retaguardia consolidada.
La desgracia de la oposición estaba en que no comprendía, en su ignorancia, ni la comprendió hasta el fin de sus días, esta característica peculiar que presentaba el repliegue de la NEP.
El acuerdo del X Congreso acerca de la NEP aseguraba una sólida alianza económica entre la clase obrera y los campesinos para la edificación del socialismo.
Esta finalidad fundamental perseguía también otro de los acuerdos del Congreso: el referente al problema nacional. El informe acerca de este punto corrió a cargo del camarada Stalin. Hemos acabado -dijo el camarada Stalin- con la opresión nacional, pero esto no basta. El problema consiste en acabar con la gravosa herencia del pasado, con el atraso económico, político y cultural de los antiguos pueblos oprimidos. Es necesario ayudarles a colocarse, en este respecto, al nivel de la Rusia central.
El camarada Stalin señalaba, además, dos desviaciones contrarias al Partido en lo tocante el problema nacional; la del chovinismo absorcionista (gran ruso) y la del nacionalismo localista. El Congreso condenó ambas desviaciones como perniciosas y peligrosas para el comunismo y el internacionalismo proletario. Pero, al mismo tiempo, dirigió sus tiros, principalmente, ya que representaba el peligro fundamental, contra el chovinismo gran ruso, es decir, contra los vestigios y las supervivencias de la actitud que adoptaban ante las nacionalidades no rusas los chovinistas gran rusos bajo el zarismo.
La implantación de la NEP chocó con la resistencia de los elementos inestables del Partido. Esta resistencia venía de dos lados. Por una parte, actuaban los vocingleros de "izquierda", abortos políticos por el estilo de Lominadse, Shatskin y otros, quienes "demostraban" que la NEP era renuncia a las conquistas de la Revolución de Octubre, la vuelta al capitalismo, el hundimiento del Poder Soviético. Su ignorancia en materia de política y su desconocimiento de las leyes del desarrollo económico, incapacitaba a esta gente para comprender la política del Partido y les hacía caer en el pánico y fomentar a su alrededor un ambiente de desmoralización, de decadencia. Por otra parte, actuaban los capituladores manifiestos, de la calaña de Trotski, Radek, Zinoviev, Sokolnikov, Kamenev, Shliapnikov, Bujarin, Rykov y otros, que no tenían fe en la posibilidad del desarrollo socialista del País Soviético, se posternaban ante la "potencia" del capitalismo y, aspirando a fortalecer las posiciones de éste en el país de los Soviets, exigían que se hiciesen grandes concesiones al capital privado, tanto dentro del país como fuera de él, y que se le entregase una serie de puestos de mando del Poder Soviético en la Economía nacional, sobre la base de concesiones o de sociedades por acciones mixtas con participación del capital privado.
Ni unos ni otros tenían nada que ver con el marxismo, con el leninismo.
El Partido desenmascaró y aisló a unos y otros elementos, dando una réplica contundente a los sembradores de pánico y a los capituladores.
Esta resistencia que se oponía a la política del Partido reiteraba una vez más la necesidad de depurar éste de los elementos poco firmes. En relación con esto, el C.C. desarrolló una gran labor de fortalecimiento del Partido, organizando en 1921 la depuración de sus filas. La depuración se llevó a cabo en asambleas públicas, con intervención de los sin partido. Lenin aconsejaba que se depure concienzudamente el Partido "...de los granujas, de los elementos burocratizados, de las gentes poco honradas, de comunistas vacilantes y de mensheviques que, aunque hubiesen revocado su "fachada", en espíritu seguían siendo mensheviques" (Lenin, t. XXVII, pág. 13, ed. rusa).
Como consecuencia de esta depuración, fueron expulsadas del Partido, en conjunto, 170.000 personas, o sea cerca del 25 por 100 del total de afiliados.
Esta depuración fortaleció considerablemente al Partido, mejoró su contextura social, reforzó la confianza de las masas en el Partido e hizo que aumentase su autoridad. La cohesión y el grado de disciplina del Partido crecieron.
El primer año de aplicación de la nueva política económica puso de manifiesto la justeza de esta política. El paso a la NEP fortaleció considerablemente la alianza entre los obreros y los campesinos, sobre una nueva base. Aumentaron la potencia y la fortaleza de la dictadura del proletariado. Se liquidó casi totalmente el bandidaje de los kulaks. Después de la abolición del sistema de los contingentes, los campesinos medios ayudaron al Poder Soviético a luchar contra aquellas bandas. El Poder Soviético conservaba en sus manos todas las posiciones de mando de la Economía nacional: la gran industria, el transporte, los bancos, la tierra, el comercio interior y exterior. El Partido había conseguido un cambio decisivo en el frente económico. La agricultura comenzó a desarrollarse rápidamente. Manifestáronse los primero éxitos en el campo de la industria y del transporte. Se inició un avance, todavía muy lento en sus comienzos, pero indudable, en el terreno de la Economía. Los obreros y los campesinos sentían y veían que el Partido marchaba por el buen camino.
En marzo de 1922 se reunió el XI Congreso del Partido. Asistieron a él 522 delegados con voz y voto, representando a 532.000 afiliados; es decir, menos que en el Congreso anterior. Los delegados con voz pero sin voto eran 165. La disminución de la cifra de afiliados se explica por la depuración de las filas del Partido, que ya había empezado.
En este Congreso se hizo el balance del primer año de la nueva política económica. Los resultados obtenidos permitieron a Lenin declarar ente el Congreso:
"Durante un año hemos retrocedido. Ahora, debemos declarar, en nombre del Partido: ¡Basta! El objetivo que perseguíamos con nuestro repliegue ha sido alcanzado. Este periodo toca a su fin o ha finalizado ya. Ahora, pasa a primer plano otro objetivo: reagrupar las fuerzas" (Lenin, t. XXVII, pág. 283, ed. rusa).
Lenin señaló que la NEP era una lucha desesperada, una lucha a vida o muerte, entre el capitalismo y el socialismo. "¿Quién vencerá a quién?", así estaba planteado el problema. Para vencer, era necesario asegurar los lazos entre la clase obrera y los campesinos, entre la industria socialista y la economía campesina, desarrollando por todos los medios el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo. Y para esto, había que aprender a administrar, había que aprender a comerciar de un modo culto. En este periodo, el eslabón fundamental de la cadena de tareas que se planteaban al Partido era el comercio. Sin resolver este problema, era imposible desarrollar el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo, era imposible fortalecer la alianza económica entre los obreros y los campesinos, era imposible levantar la economía rural y sacar del marasmo a la industria.
Por aquel entonces, el comercio soviético era todavía muy débil. El aparato comercial era muy flojo, los comunistas aún no tenía hábitos comerciales, todavía no conocían a fondo al enemigo -"nepman"- ni habían aprendido a luchar contra él. Los comerciantes privados, los nepman, aprovechándose de la debilidad del comercio soviético, se apoderaron del comercio de los artículos manufacturados y de otras mercancías de fácil colocación. El problema de la organización de un comercio de Estado y de un comercio cooperativo adquiría una importancia inmensa.
En octubre de 1922, festejó un gran triunfo la República Soviética: el Ejército Rojo y los guerrilleros de Extremo Oriente limpiaron de intervencionistas japoneses la ciudad de Vladivostok, que era el único sector del territorio soviético ocupado aún por los invasores.
Ahora, ya que todo el territorio del País Soviético estaba limpio de intervencionistas y que las tareas de la edificación del socialismo y de la defensa del país exigían que se fortaleciese todavía más la unión de los pueblos soviéticos, púsose a la orden del día el problema de aglutinar más estrechamente aún las Repúblicas Soviéticas dentro de una Unión de Estados. Era necesario unificar todas las fuerzas populares para la construcción del socialismo. Era necesario organizar enérgicamente la defensa del país. Era necesario asegurar el pleno desarrollo de todas las nacionalidades de la Patria socialista. Para conseguir esto, se imponía la necesidad de agrupar todavía más estrechamente a todos los pueblos del País Soviético.
En diciembre de 1922 se celebró el primer Congreso de los Soviets de toda la Unión. En este Congreso, se fundó, a propuesta de Lenin y Stalin, la unión voluntaria y libre formada por los Estados de los pueblos soviéticos: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Formaban parte de la U.R.S.S., en un principio, la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (R.S.F.S.R), la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia (R.S.F.S.T.), la República Socialista Soviética de Ucrania (R.S.S.U.) y la República Socialista Soviética de Bielorrusia (R.S.S.B.). Poco tiempo después, se constituyeron en el Asia Central tres Repúblicas Soviéticas independientes dentro de la Unión: las Repúblicas de Uzbekistán, Turkmenistán y Tadzhikistán. Todas estas Repúblicas se agruparon en la unión de Estados Soviéticos, la U.R.S.S., sobre la base de su libre voluntad, con derechos iguales y conservando cada una de ellas la facultad de abandonar libremente la Unión Soviética.
La fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas representaba un fortalecimiento del Poder Soviético y un gran triunfo de la política leninista-stalinista del Partido bolshevique respecto al problema nacional.
En noviembre de 1922, Lenin intervino en el Pleno del Soviet de Moscú. Haciendo el balance de los cinco años de existencia del Poder Soviético, expresó su firme convicción de que "de la Rusia de la NEP saldría la Rusia socialista". Fue el último discurso que pronunció ante el país. En el otoño de 1922, el Partido experimentó una gran desgracia: Lenin cayó gravemente enfermo. Todo el Partido, todos los trabajadores, seguían, profundamente apenados, la enfermedad de Lenin. Todo el país estaba pendiente, con angustia, de aquella vida tan preciosa. Pero Lenin no interrumpió su trabajo, a pesar de la enfermedad. Estando ya gravemente enfermo, aun escribió una serie de artículos importantísimos. En estos artículos, que fueron los últimos, hacía el balance de la labor realizada y trazaba el plan de la construcción del socialismo en el País Soviético, mediante la incorporación de los campesinos a la obra de la edificación socialista. En este proyecto, Lenin destacaba su plan cooperativo, encaminado a sumar a los campesinos a la causa de la edificación del socialismo.
Lenin veía en la cooperación en general, y en la cooperación agraria en particular, el camino, asequible y comprensible para millones de campesinos, por el que podía pasarse de la pequeña explotación individual a las grandes agrupaciones cooperativas de producción: los coljoses. Señalaba que el camino por el que debía marchar el desarrollo de la economía agrícola en el País Soviético era el de incorporar a los campesinos a la edificación socialista por medio de la cooperación, de ir infundiendo gradualmente en la agricultura los principios del colectivismo, comenzando por la esfera de la venta, para pasar luego a la esfera de la producción agrícola. Y ponía de manifiesto que, bajo el régimen de la dictadura del proletariado y de la alianza de la clase obrera con los campesinos, asegurada la dirección de los campesinos por el proletariado y con la existencia de una industria socialista, la cooperación para la producción, una cooperación bien organizada que abarcase a millones de campesinos, era el camino por el cual se podría construir en el País Soviético una sociedad socialista completa.
En abril de 1923, se celebró el XII Congreso del Partido. Era el primer Congreso que se reunía, después de la toma del Poder por los bolsheviques, sin la presencia personal de Lenin. Tomaron parte en él 408 delegados con voz y voto, representando a 386.000 afiliados, es decir, a menos que en el Congreso anterior. Era el resultado de la persistente depuración de las filas del Partido, a consecuencia de la cual había sido expulsado de él un tanto por ciento considerable de afiliados. A este Congreso asistieron, además, 417 delegados con voz, pero sin voto.
En los acuerdos tomados por el XII Congreso fueron tenidas en cuenta todas las indicaciones hechas por Lenin en sus últimos artículos y cartas.
El Congreso salió enérgicamente al paso de todos los que interpretaban la NEP como un abandono de las posiciones socialistas, como una rendición de estas posiciones al capitalismo, de todos los que proponían entregarse a las garras de éste. Esto fue lo que preconizaron en el Congreso los adeptos de Trotski, Radek y Krasin. Estos proponían entregarse a merced de los capitalistas extranjeros, poner en sus manos, a título de concesiones, las ramas industriales de interés vital para el Estado Soviético. Proponían pagar las deudas del gobierno zarista, anuladas por la Revolución de Octubre. El Partido estigmatizó como traidoras estas propuestas de capitulación. No renunciaba a emplear la política de las concesiones, pero sólo en aquellas ramas y dentro de aquellos límites que resultasen ventajosos para el Estado Soviético.
Ya antes del Congreso, Bujarin y Sokolnikov habían propuesto poner fin al monopolio del comercio exterior. Esta propuesta era también el resultado la interpretación de la NEP como la entrega de las posiciones soviéticas al capitalismo. Lenin estigmatizó entonces a Bujarin como defensor de los especuladores, de los nepman y de los kulaks. El XII Congreso rechazó resueltamente el atentado que se quería perpetrar contra la intangibilidad del monopolio del comercio exterior.
El Congreso salió también al paso del intento de Trotski de imponer al Partido una política funesta con respecto a los campesinos. Señaló que no era lícito perder de vista el hecho del predominio que la pequeña Economía campesina tenía dentro del país. Y subrayó que el desarrollo de la industria, incluyendo la industria pesada, no debía chocar con los intereses de las masas campesinas, sino armonizar con ellos en interés de toda la población trabajadora. Estos acuerdos iban dirigidos contra Trotski, que preconizaba la edificación de la industria por medio de la explotación de los campesinos y que no reconocía, de hecho, la política de alianza entre el proletariado y los campesinos.
Trotski proponía también el cierre de grandes fábricas como las de "Putilov", "Briansk" y otras, que interesaban a la defensa del país, pero que, según él, no eran rentables. El Congreso rechazó, indignado, la proposición de Trotski.
A propuesta de Lenin, formulada por medio de una carta, el XII Congreso creó un órgano de fusión de la Comisión Central de Control y de la Inspección Obrera y Campesina. A este órgano se le asignó una misión de responsabilidad: velar por la unidad del Partido, fortalecer la disciplina del Partido y del Estado y perfeccionar por todos los medios el aparato del Estado Soviético.
El Congreso consagró gran atención al problema nacional. Informó acerca de este punto el camarada Stalin, quien subrayó la significación internacional de la política soviética sobre el problema nacional. Los pueblos oprimidos del Occidente y del Oriente ven en la Unión Soviética el ejemplo de cómo se debe resolver el problema nacional. Señaló la necesidad de laborar enérgicamente por liquidar la desigualdad económica y cultural entre los pueblos de la Unión Soviética. E incitó a todo el Partido a luchar resueltamente contra las desviaciones en punto al problema nacional: contra el chovinismo gran ruso y contra el nacionalismo localista burgués.
En el Congreso, fueron desenmascarados los portavoces de la desviación nacionalista y su política absorcionista con respecto a las minorías nacionales. Actuaban, por aquel entonces, en contra del Partido los portavoces de la desviación nacionalista georgiana: Mdivani y otros. Estos elementos eran contrarios a la creación de la federación transcaucásica y al fortalecimiento de la amistad entre los pueblos de Transcaucasia. Su actitud frente a las otras nacionalidades de Georgia era la de unos auténticos chovinistas absorcionistas. Expulsaban de Tiflis a todos los no georgianos, principalmente a los armenios, y habían dictado una ley, según la cual toda georgiana que contrajese matrimonio con un hombre de otra nacionalidad perdería si ciudadanía georgiana. Contaban con el apoyo de Trotski, Radek, Bujarin, Scrypnik y Rakovski.
Inmediatamente después del Congreso, se convocó una Conferencia especial de militantes de las Repúblicas nacionales para tratar del problema nacional. En ella, fueron desenmascarados el grupo de los nacionalistas burgueses tártaros, Sultán-Galiev y otros, y el grupo de los portavoces de la desviación nacionalista en el Uzbekistán, formado por Faisula Jodzhaiev y otros.
El XII Congreso hizo el balance de los resultados obtenidos en los dos años de la nueva política económica. Estos resultados infundían al espíritu vigor y seguridad en el triunfo final.
"Nuestro Partido sigue siendo un Partido coherente, monolítico, resistente a los mayores virajes y que marcha hacia delante con las banderas desplegadas" -declaró en el Congreso el camarada Stalin.
Los primeros años de lucha por la restauración de la Economía nacional se tradujeron en éxitos considerables. Hacia 1924, se advertían los progresos en todas las ramas de la Economía. La superficie sembrada aumentó considerablemente a partir de 1921; la Economía campesina se iba fortaleciendo cada vez más. La industria socialista crecía y se desarrollaba. Registrábase un aumento numérico considerable de la clase obrera. Los salarios se elevaban. Los obreros y los campesinos comenzaban a vivir mejor y con más desahogo que en 1920 y 1921.
Pero, a pesar de todo, se acusaban aún los resultados de una situación de desastre económico todavía no liquidada. La industria no había alcanzado aún el nivel de antes de la guerra y su desarrollo se hallaba considerablemente rezagado, en comparación con el incremento de las necesidades del país. Hacia fines de 1923, se registraba cerca de un millón de obreros parados; el lento desarrollo de la Economía nacional no permitía absorber y liquidar el paro forzoso. El comercio se desarrollaba con intermitencias, por razón de los precios extraordinariamente elevados de los artículos industriales, precios que imponían al país los especuladores y los nepman emboscados en las organizaciones comerciales soviéticas. En relación con esto, el rublo soviético empezó a experimentar fuertes oscilaciones y a bajar de valor. Todo ello contribuía a amortiguar el mejoramiento de la situación de los obreros y los campesinos.
Hacia el otoño de 1923, se agudizaron algo las dificultades económicas, a consecuencia de las infracciones cometidas contra la política soviética de precios por los organismos industriales y comerciales. Entre los precios de las mercancías industriales y los productos agrícolas existía una fuerte desarmonía. Mientras que el precio del trigo era bajo, los precios de las mercancías industriales eran desmesuradamente elevados. Sobre la industria pesaban, por aquel entonces, muchos gastos no reproductivos y esto encarecía las mercancías. El dinero que los campesinos obtenían por la venta del trigo se depreciaba rápidamente. Por si esto fuese poco, el trotskista Piatakov, que ocupaba entonces un puesto en el Consejo Supremo de Economía Nacional, trazó a los militantes de las organizaciones económicas la norma criminal de extraer mayores ganancias de la venta de los artículos industriales, elevando desmesuradamente los precios, con el pretexto de fomentar la industria. En realidad, esta consigna, propia de un nepman, sólo podía conducir a un resultado: reducir la base de la producción industrial y socavar la industria. En estas condiciones, a los campesinos no les convenía adquirir artículos industriales y dejaban de comprarlos. De esto modo, se inició una crisis del mercado, que repercutió sobre la industria. Surgieron dificultades para el pago de los salarios, lo que provocó el descontento de los obreros. En algunas fábricas, los obreros menos conscientes abandonaban el trabajo.
El Comité Central del Partido señaló el camino para superar todas estas dificultades y deficiencias. Se tomaron medidas para acabar con la crisis del mercado. Se introdujo una rebaja en los precios de los artículos de consumo popular. Se acordó implantar una reforma monetaria, adoptando un patrón firme y estable: el chervonez. Se normalizó el pago de los salarios. Y se esbozaron las medidas convenientes para desarrollar el comercio por medio de los organismos soviéticos y cooperativos, desalojando de él a todo género de mercaderes y especuladores.
Había que poner manos a la obre con denuedo y uniéndose todos. Así era como pensaban y obraban los hombres fieles al Partido. Pero los trotskistas procedían de otro modo. Aprovechándose de la ausencia de Lenin, a quien su grave enfermedad tenía alejado del frente batalla, iniciaron una nueva agresión contra el Partido y contra su dirección. Decidieron que había llegado el momento indicado para derrotar al Partido y derribar su dirección. En su lucha contra el Partido, se aprovechaban de todo: de la derrota sufrida por la revolución en Alemania y en Bulgaria en el otoño de 1923, de las dificultades económicas existentes dentro del país y de la enfermedad de Lenin. Fue precisamente en este momento difícil para el Estado Soviético, en que el jefe del Partido se veía clavado en el lecho, cuando Trotski desencadenó su ataque contra el Partido bolshevique. Agrupando en torno suyo a todos los elementos antileninistas del Partido, amañó una plataforma oposicionista, plataforma que iba dirigida contra el Partido, contra su dirección y contra su política. A esta plataforma se le dio el nombre de "declaración de los 46 oposicionistas". En la lucha contra el Partido leninista, se unieron todos los grupos de la oposición: los trotskistas, los "centralistas democráticos", los restos de los "comunistas de izquierda" y de la "oposición obrera". En su declaración, estos elementos profetizaban una terrible crisis económica y el hundimiento del Poder Soviético y exigían, como única solución, la libertad de existencia de fracciones y grupos.
Era una lucha encaminada al restablecimiento de las fracciones, que habían sido prohibidas por el X Congreso del Partido, a propuesta de Lenin.
Los trotskistas no planteaban ningún problema concreto en torno al desarrollo de la industria o de la agricultura, al perfeccionamiento del régimen de circulación de mercancías dentro del país o al mejoramiento de la situación de los trabajadores. Esto, además, no les interesaba. Lo único que les interesaba era aprovecharse de la ausencia de Lenin para restablecer las fracciones dentro del Partido y socavar de este modo sus cimientos, minar su Comité Central.
Inmediatamente después de la plataforma de los 46, se publicó una carta de Trotski, en la que cubría de cieno a los cuadros del Partido y dirigía toda una serie de nuevas calumnias contra éste. En esta carta Trotski repetía las viejas cantilenas mensheviques, que el Partido estaba cansado de oírle.
Los trotskistas dirigían su agresión, primordialmente, contra el aparato del Partido, pues sabían que el Partido no puede vivir ni actuar sin un aparato fuerte. La oposición esforzábase en socavar, en derribar este aparato, en enfrentar a los afiliados al Partido con el aparato de éste; y a la juventud, con los viejos cuadros del Partido. En su carta, Trotski especulaba con la juventud estudiantil, con los jóvenes afiliados al Partido, que ignoraban la historia de la lucha de éste contra el trotskismo. Para conquistar a este juventud estudiantil, Trotski la adulaba, diciendo de ella que era "el barómetro más fiel del Partido", al mismo tiempo que hablaba de la degeneración de la vieja guardia leninista. Apuntando a los jefes degenerados de la Segunda Internacional, sugería ignominiosamente que la vieja guardia bolshevique marchaba por el mismo camino. Con sus gritos sobre la degeneración del Partido, Trotski intentaba encubrir su propia degeneración y sus designios antibolsheviques.
Los dos documentos de la oposición, la plataforma de los 46 y la carta de Trotski, fueron distribuidos por los trotskistas en los radios y las células y puestos a discusión entre los afiliados del Partidos.
El Partido fue retado por los trotskistas a una contienda.
Se repetía, pues, lo que había ocurrido antes del X Congreso del Partido, con motivo de la discusión sobre la cuestión sindical: el Partido veíase arrastrado por los trotskistas a una discusión extensiva a todos sus afiliados.
Y, a pesar de hallarse ocupado en problemas de carácter económico más importantes, el Partido aceptó el reto y abrió la discusión.
La discusión se hizo extensiva a todo el Partido. Era una lucha enconada. La contienda adquirió caracteres especialmente agudos en Moscú. Los trotskistas aspiraban, ante todo, a apoderarse de la organización de la capital. Pero la discusión no les sirvió de nada a los trotskistas, como no fuese para poner de manifiesto su infamia. Fueron derrotados en toda línea, lo mismo en Moscú que en toda la Unión Soviética. Sólo votó por ellos un número reducido de células pertenecientes a Escuelas superiores y a organismos administrativos.
En enero de 1924, se reunió la XIII Conferencia del Partido. En ella, pronunció un informe el camarada Stalin, haciendo el balance de la discusión sostenida en el Partido. La Confrencia condenó a la oposición trotskista, declarando que se trataba de una desviación pequeñoburguesa del marxismo. Los acuerdos de esta Conferencia fueron refrendados posteriormente por el XIII Congreso del Partido y por el V Congreso de la Internacional Comunista. El proletariado comunista internacional apoyaba al Partido bolshevique en su lucha contra el trotskismo.
Pero los trotskistas no cesaron en su trabajo de zapa. En el otoño de 1924, Trotski publicó un artículo titulado "Las enseñanzas de Octubre", en el que intentaba suplantar el leninismo por el trotskismo. Este artículo era todo él una calumnia contra el Partido bolshevique y contra su jefe, Lenin. Todos los enemigos del comunismo y del País Soviético se aferraron a este librejo calumnioso. El Partido rechazó con indignación estas calumnias de Trotski contra la historia heroica del bolshevismo. El camarada Stalin desenmascaró la tentativa de Trotski de suplantar el leninismo por el trotskismo, señalando, en sus intervenciones, que "la misión del Partido consiste en enterrar el trotskismo, como corriente ideológica".
En la obra de aplastamiento ideológico del trotskismo y de defensa del leninismo, tuvo una importancia extraordinaria el trabajo teórico del camarada Stalin "Sobre los fundamentos del leninismo", que vio la luz en 1924. Esta obra es una exposición magistral y una fundamentación teórica muy seria del leninismo, que pertrechó entonces y sigue pertrechando hoy a los bolsheviques del mundo entero con el arma aguzada de la teoría marxista-leninista.
En la lucha contra el trotskismo, el camarada Stalin apretó las filas del Partido en torno a su Comité Central y lo movilizó para seguir combatiendo por el triunfo del socialismo en el País Soviético. El camarada Stalin supo demostrar que el aplastamiento ideológico del trotskismo era condición inexcusable para asegurar la prosecución de la marcha victoriosa hacia el socialismo.
Haciendo el balance de este periodo de lucha contra el trotskismo, decía el camarada Stalin:
"Sin aplastar al trotskismo, no es posible triunfar dentro de las condiciones de la NEP, no es posible conseguir la transformación de la Rusia actual en una Rusia socialista".
Pero los éxitos de la política leninista del Partido se vieron ensombrecidos por la enorme desgracia que experimentaron el propio Partido y la clase obrera. El 21 de enero de 1924, murió en Gorki, cerca de Moscú, nuestro jefe y maestro, el fundador del Partido bolshevique, Lenin. La noticia de la muerte de Lenin afectó a la clase obrera del mundo entero como la pérdida más cruel. El día del entierro de Lenin, el proletariado internacional declaró un paro de cinco minutos en todos los trabajos. Pararon los ferrocarriles, se interrumpió el trabajo en fábricas y talleres. Los trabajadores del mundo entero acompañaron a la tumba, con el más profundo dolor, a su padre y maestro, a su mejor amigo y defensor, a Lenin.
La clase obrera de la Unión Soviética respondió a la muerte de Lenin apretando todavía más sus filas en torno al Partido leninista. En aquellos días luctuosos, todo obrero consciente meditó acerca de su actitud ante el Partido Comunista, el Partido que ponía en práctica los mandamientos de Lenin. Al Comité Central del Partido llegaron miles y miles de declaraciones de obreros sin partido pidiendo su ingreso en el Partido bolshevique. El Comité Central, haciéndose eco de este movimiento de los obreros de vanguardia, admitió su ingreso en masa en el Partido y abrió las puertas de éste a la promoción leninista. Ingresaron en él los que estaban dispuestos a dar la vida por la causa del Partido, por la causa de Lenin. En poco tiempo, pasaron a engrosar las filas del Partido bolshevique más de 240.000 obreros. Se adhirió al Partido la parte más avanzada de la clase obrera, la más consciente y revolucionaria, la más audaz y disciplinada. Esta fue la promoción leninista de nuevos afiliados al Partido.
La muerte de Lenin puso de manifiesto cuán estrechamente unido estaba el Partido bolshevique a las masas obreras y cuán entrañablemente querían éstas al Partido leninista.
En el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., celebrado en los días de duelo por la muerte de Lenin, el camarada Stalin pronunció, en nombre del Partido, un solemne juramento. En él dijo:
"Nosotros, los comunistas, somos hombres de un temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que formamos el ejército del gran estratego proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada superior al título de miembro del Partido cuyo fundador y jefe es el camarada Lenin...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de mantener en alto y conservar en toda su pureza el gran título de miembro del Partido. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor este mandato!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de velar por la unidad de nuestro Partido como por las niñas de nuestros ojos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de conservar y fortalecer la dictadura del proletariado. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no escatimaremos esfuerzo para ejecutar con honor también este mandato!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de afianzar, con todas nuestras fuerzas, la alianza de los obreros y campesinos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor igualmente este mandato!...
El camarada Lenin nos hablaba insistentemente de la necesidad de una alianza voluntaria y libre entre los pueblos de nuestro país, de la necesidad de su colaboración fraternal dentro del marco de la Unión Soviética. Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de reforzar y extender la Unión de las Repúblicas. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...
Lenin nos indicó repetidas veces que el fortalecimiento del Ejército Rojo y su perfeccionamiento constituye una de las más importantes tareas de nuestro Partido. ¡Juremos, pues, camaradas, que no escatimaremos esfuerzo para fortalecer nuestro Ejército Rojo y nuestra Flota Roja!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de permanecer fieles a los principios de la Internacional Comunista. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no regatearemos nuestra vida para fortalecer y extender la unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista!".
Tal fue el juramento del Partido bolshevique a su jefe, a Lenin, cuya obra perdurará a través de los siglos.
En mayo de 1924, se celebró el XIII Congreso del Partido. Asistieron a él 748 delegados con voz y voto, representando a 735.881 afiliados. El enorme aumento de la cifra de afiliados al Partido, en comparación con la del Congreso anterior, tiene su explicación en las 250.000 altas, aproximadamente, de la promoción leninista. Los delegados con voz, pero sin voto, eran 416.
El Congreso condenó unánimemente la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo, como una revisión del leninismo, y ratificó las resoluciones votadas por la XIII Conferencia del Partido "Sobre la obra del desarrollo del Partido" y "Sobre los resultados de la discusión".
El Congreso ratificó la creación del Comisariado del Pueblo de Comercio Interior y planteó a todos los organismos comerciales la tarea de dominar el mercado y desalojar de la órbita comercial al capital privado.
Como tarea fundamental para la actuación en el campo, el Congreso destacó la consigna de desarrollar por todos los medios la cooperación entre las masas campesinas.
Finalmente, el Congreso señaló la enorme importancia de la promoción leninista y llamó la atención del Partido hacia la necesidad de reforzar la labor de educación de los nuevos afiliados al Partido, y sobre todo de la promoción leninista, instruyéndolos en los fundamentos del leninismo.
5. La Unión Soviética hacia el final del periodo de restauración de la economía nacional. - El problema de la edificación socialista y del triunfo del socialismo en el País Soviético. - La "nueva oposición" de Zinoviev-Kamenev. - El XIV Congreso del Partido. - Hacia la industrialización socialista del país.
El Partido bolshevique y la clase obrera llevaban ya más de cuatro años de lucha tenaz por la senda de la nueva política económica. La heroica labor de restauración de la Economía nacional tocaba a su fin. La potencia económica y política de la Unión Soviética crecía sin cesar.
La situación internacional, por aquel tiempo, había cambiado. El capitalismo había hecho frente al primer asalto revolucionario de las masas después de la guerra imperialista. Había sido sofocado el movimiento revolucionario en Alemania, Italia, Bulgaria, Polonia y en otra serie de países. Los jefes de los partidos socialdemócratas oportunistas ayudaron a la burguesía a lograr esto. Se había iniciado un reflujo pasajero de la revolución. Se había iniciado una estabilización parcial y pasajera del capitalismo en el Europa occidental, un fortalecimiento temporal de sus posiciones. Pero la estabilización del capitalismo no había suprimido las contradicciones fundamentales que desgarran la sociedad capitalista. Por el contrario: la estabilización parcial del capitalismo venía a agudizar las contradicciones entre los obreros y los capitalistas, entre el imperialismo y los países coloniales, entre los grupos imperialistas de los diversos países. La estabilización del capitalismo preparaba una nueva explosión de estas contradicciones, gestaba nuevas crisis en los países capitalistas.
A la par de la estabilización del capitalismo, se desarrollaba la estabilización de la Unión Soviética. Sin embargo, entre estos dos procesos de estabilización mediaba una diferencia radical. La estabilización capitalista presagiaba una nueva crisis del capitalismo. La estabilización de la Unión Soviética representaba un nuevo desarrollo de la potencia económica y política del país del socialismo.
A pesar de la derrota sufrida por la revolución en los países occidentales, la situación internacional de la Unión Soviética seguía fortaleciéndose, aunque con ritmo más lento, ciertamente.
En 1922, la Unión Soviética fue invitada a la Conferencia económica internacional que se celebró en la ciudad italiana de Génova. En la Conferencia de Génova, los gobiernos imperialistas, alentados por la derrota de la revolución en los países del capitalismo, intentaron hacer una nueva presión sobre la República de los Soviets, ahora bajo una forma diplomática. Los imperialistas formularon al país de los Soviets reivindicaciones insolentes. Exigían que fuesen devueltas a los capitalistas extranjeros las fábricas y empresas industriales nacionalizadas por la Revolución de Octubre y que se pagasen todas las deudas contraídas por el gobierno zarista. A cambio de esto, los Estados imperialistas prometían hacer al Estado Soviético algunos empréstitos.
La Unión Soviética rechazó estas exigencias.
La Conferencia de Génova fue infructuosa.
También obtuvo la réplica adecuada la amenaza de una nueva intervención que representaba el ultimátum formulado por el ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Curzon, en 1923.
Habiendo sondeado bien la firmeza del Poder Soviético y convencidos de su estabilidad, los Estados capitalistas fueron reanudando, uno tras otro, las relaciones diplomáticas con el país de los Soviets. En el transcurso del año 1924 se reanudaron las relaciones diplomáticas con Inglaterra, Francia, el Japón e Italia.
Era evidente que el Poder Soviético había sabido conquistarse todo un periodo de tregua pacífica.
Había cambiado también la situación dentro del país. El trabajo abnegado de los obreros y los campesinos, dirigidos por el Partido bolshevique, daba sus frutos. La Economía nacional se desarrollaba rápidamente. En el año económico de 1924-1925, la producción agrícola se acercaba ya al nivel de antes de la guerra, pues había alcanzado el 87 por ciento de este nivel. La gran industria de la U.R.S.S. arrojaba ya, en 1925, una producción de cerca de las tras cuartas partes de la producción industrial de antes de la guerra. En 1924-1925, el País Soviético pudo invertir ya en obras básicas 385 millones de rublos. El plan de electrificación del país se realizaba con éxito. Las posiciones de mando del socialismo en la Economía nacional se afianzaban. Se habían logrado éxitos importantes en la lucha contra el capital privado en la industria y en el comercio.
El auge económico se traducía en un nuevo mejoramiento de la situación de los obreros y campesinos. La clase obrera crecía con ritmo acelerado. Los salarios aumentaban. Aumentaba también la productividad del trabajo. La situación material de los campesinos mejoraba considerablemente. En 1924-1925, el Estado obrero y campesino pudo consignar ya 290 millones de rublos para ayudar a los campesinos poco pudientes. El mejoramiento de la situación de los obreros y campesinos contribuyó a incrementar en fuertes proporciones la actividad política de las masas. La dictadura del proletariado se fortalecía. La autoridad y la influencia del Partido bolshevique iban en aumento.
La restauración de la Economía nacional tocaba a su fin. Pero el país de los Soviets, el país en que se construía el socialismo, no podía darse por satisfecho con la restauración simple y pura de la Economía, con alcanzar simplemente el nivel de antes de la guerra. Este nivel era el de un país atrasado. Había que seguir avanzando. La larga tregua conquistada por el Estado Soviético garantizaba la posibilidad de proseguir la obra de edificación.
Pero al llegar aquí, surgía con toda su envergadura el problema de las perspectivas, del carácter de nuestro desarrollo y de nuestra edificación, el problema de la suerte del socialismo en la Unión Soviética. ¿En qué dirección debía orientarse la edificación económica de la Unión Soviética, en la dirección del socialismo o en alguna otra dirección? ¿Debía y podía el País Soviético construir una Economía socialista, o estaba condenado a abonar el terreno para otra clase de Economía, para una Economía capitalista? ¿Era posible, en términos generales, construir una Economía socialista en la U.R.S.S., y en caso de que así fuese, era posible construirla ante la demora de la revolución en los países capitalistas y la estabilización del capitalismo? ¿Era posible construir una Economía socialista por la senda de la nueva política económica, que, al mismo tiempo que fortalecía y desarrollaba por todos los medios las fuerzas del socialismo dentro del país, daba también, por el momento, un cierto incremento al capitalismo? ¿Cómo había que construir una Economía nacional de tipo socialista? ¿Por dónde había que empezar esta obra de edificación?
Todas estas preguntas se alzaban ante el Partido al terminar el periodo de restauración de la Economía nacional, y no como problemas teóricos ya, sino como problemas prácticos, como problemas que afectaban a la labor cotidiana de la edificación económica.
Eran todas estas preguntas a las que había que dar respuestas claras y sencillas, para que los militantes del Partido y los dirigentes de las organizaciones económicas, los que construían la industria y la agricultura, y el pueblo todo, supiesen hacia dónde debían orientarse, si hacia el socialismo o hacia el capitalismo.
Sin dar un respuesta clara a estas preguntas, toda la actuación práctica del Partido en el terreno constructivo sería una labor carente de perspectivas, una labor a ciegas, estéril.
Y, en efecto, el Partido dio a todas estas preguntas una respuesta clara y definida.
Sí -contestaba el Partido-, el País Soviético puede y debe edificar una Economía socialista, pues se dan en él todos los elementos necesarios para ello, para construir una economía socialista y para edificar una sociedad socialista completa. En Octubre de 1917, la clase obrera venció al capitalismo en el terreno político, instaurando su dictadura política. De entonces acá, el Poder Soviético ha tomado todas las medidas necesarias para destruir la potencia económica del capitalismo y crear las condiciones indispensables para edificar una Economía nacional de tipo socialista. La expropiación de los capitalistas y terratenientes; la conversión de las tierras, fábricas y empresas industriales, bancos y vías de comunicación, en propiedad de todo el pueblo; la implantación de la nueva política económica; la organización de una industria socialista de Estado; la aplicación del plan cooperativo de Lenin: he ahí las medidas adoptadas por el Poder Soviético. Ahora, la tarea fundamental consiste en desplegar por todo el país la obra de edificación de una nueva Economía, de la Economía socialista, dando el golpe de gracia con ello al capitalismo también en el terreno económico. Toda la labor práctica, toda la actuación del Partido bolshevique deben supeditarse al cumplimiento de esta tarea fundamental. La clase obrera puede hacer esto, y lo hará. Y la ejecución de esta tarea grandiosa debe comenzar por la industrialización del país. La industrialización socialista del país es el eslabón fundamental por el que hay que comenzar la magna obra de la edificación de una Economía nacional de tipo socialista. Ni la demora de la revolución en la Europa occidental ni la estabilización parcial del capitalismo en los países no soviéticos, podrán contener la marcha victoriosa de la U.R.S.S. hacia el socialismo. Y la nueva política económica sólo puede facilitar esta obra, pues ha sido implantada por el Partido precisamente para eso, para facilitar la edificación de los cimientos socialistas de la Economía nacional del País Soviético.
Tal era la respuesta que daba el Partido a la pregunta acerca del triunfo de la edificación socialista en la Unión Soviética.
Pero el Partido sabía que el problema del triunfo del socialismo en un solo país no se reducía a esto. La construcción del socialismo en la U.R.S.S. representa un grandioso viraje en la historia de la Humanidad y un triunfo de alcance histórico universal para la clase obrera y los campesinos de la U.R.S.S. Pero es, a pesar de todo, una incumbencia interior de la U.R.S.S. y representa solamente una parte del problema del triunfo del socialismo. La otra parte del problema la constituye su aspecto internacional. Fundamentando la tesis del triunfo del socialismo en un solo país, el camarada Stalin ha señalado más de una vez que es necesario distinguir entre los dos aspectos de este problema: el aspecto interior y el aspecto internacional. Por lo que se refiere al aspecto interior del problema, o sea a la correlación de clases dentro del país, la clase obrera y los campesinos de la U.R.S.S. podrán vencer plenamente en el terreno económico a su propia burguesía y construir una sociedad socialista completa. Pero queda el aspecto internacional de asunto, es decir, la órbita de las relaciones exteriores, la órbita de las relaciones entre el País Soviético y los países capitalistas, entre el Pueblo Soviético y la burguesía internacional, que odia al régimen soviético y buscará ocasión para desencadenar una nueva intervención armada contra el país de los Soviets, haciendo nuevas tentativas encaminadas a restaurar el capitalismo en la U.R.S.S. Y como éste es, por ahora, el único país del socialismo y los demás países continúan siendo capitalistas, seguirá existiendo en torno a la U.R.S.S. un cerco capitalistas, fuente del peligro de una nueva intervención armada del capitalismo. Claro está que, mientras existe el cerco capitalistas, seguirá también existiendo el peligro de una intervención capitalista. ¿Puede el pueblo soviético, con sus solas fuerzas, destruir este peligro exterior, el peligro de una intervención armada del capitalismo contra la U.R.S.S.? No, no puede. Y no puede, porque para acabar con el peligro de una intervención del capitalismo es necesario acabar con el cerco capitalista, y esto sólo es posible conseguirlos como resultado de una revolución proletaria victoriosa, por lo menos, en algunos países. De donde se deduce que el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., triunfo que se acusa en la liquidación del sistema de la Economía capitalista y en la construcción del sistema de la Economía socialista, no puede, a pesar de todo, considerarse como un triunfo definitivo, mientras no desaparezca el peligro de una intervención armada extranjera y de los intentos de restauración del capitalismo, mientras el país del socialismo no esté garantizado contra este peligro. Y para acabar con el peligro de una intervención del capitalismo extranjero, es necesario acabar con el cerco capitalista.
Es cierto que el pueblo soviético y su Ejército Rojo, mediante la política acertada del Poder Soviético, sabrán dar la contestación más adecuada a una nueva intervención capitalista extranjera, ni más ni menos que se la dieron a la primera intervención capitalista de los años 1918 a 1920. Pero esto, por sí solo, no quiere decir que con ello vaya a desaparecer el peligro de nuevas intervenciones capitalistas. La derrota sufrida por la primera intervención no acabó con el peligro de otra nueva, como lo demuestra el hecho de que la fuente de la que emana el peligro de nuevas intervenciones -el cerco capitalista- sigue existiendo. Tampoco el fracaso de una nueva intervención hará desaparecer el peligro de que se produzcan otras, mientras siga en pie el cerco capitalista.
De aquí se desprende que el triunfo de la revolución proletaria en los países capitalistas es interés vital de los trabajadores de la U.R.S.S.
Tal era la posición del Partido ante el problema del triunfo del socialismo en el País Soviético.
El Comité Central exigió que esta posición se sometiese a la consideración de la XIV Conferencia del Partido, próxima a celebrarse, para que fuese aprobada y sancionada como posición del Partido, como ley del Partido,obligatoria para todos sus miembros.
Esta posición del Partido produjo un efecto desconcertante en los elementos de la oposición. Los desconcertó, sobre todo, el hecho de que el Partido diese a esta posición un carácter práctico, concreto; la enlazase al plan práctico de la industrialización socialista del país y exigiese que se le diera forma de una ley del Partido, la forma de una resolución de la XIV Conferencia del Partido, obligatoria para todos los afiliados a éste.
Los trotskistas se levantaron en contra de esta posición del Partido, oponiéndole la "teoría de la revolución permanente", teoría menshevique, que sólo queriendo escarnecer al marxismo se podía presentar como una teoría marxista y que negaba la posibilidad del triunfo del socialismo en la U.R.S.S.
Los bujarinistas no se decidieron a enfrentarse abiertamente con la posición del Partido. Pero, por debajo de cuerda, empezaron a oponerle su propia "teoría" de la evolución pacífica de la burguesía hacia el socialismo, completándola con la "nueva" consigna de "¡Enriqueceos!". Es decir que, según los bujarinistas, el triunfo del socialismo no representaba la liquidación de la burguesía, sino que, por el contrario, venía a fomentarla y enriquecerla.
Zinoviev y Kamenev se decidieron por mantener, durante algún tiempo, al afirmación de que en la U.R.S.S. era imposible que triunfase el socialismo, por el atraso técnico-económico de este país; pero luego viéronse obligados a agazaparse.
La XIV Conferencia del Partido (celebrada en abril de 1925) condenó todas estas "teorías" capituladoras de los secuaces descarados y encubiertos de la oposición y afirmó la posición del Partido sobre el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., votando una resolución congruente con esto.
Zinoviev y Kamenev, viéndose acosados, optaron por votar a favor de este resolución. Pero al Partido no se le ocultaba que esto no era más que un ardid para demorar su lucha contra él y para "dar la batalla al Partido" en si XIV Congreso. Entretanto, reunieron a los adeptos con que contaban en Leningrado y formaron la llamada "nueva oposición".
En diciembre de 1925 se celebró el XIV Congreso del Partido.
Este Congreso discurrió en una atmósfera de gran tensión dentro del Partido. En todo el tiempo que éste llevaba de existencia no se había dado todavía el caso de que la delegación de un centro importantísimo del Partido como Leningrado se confabulase para actuar toda ella en contra de su Comité Central.
Tomaron parte en el Congreso 665 delegados con voz y voto y 641 sin derecho a voto, representando a 643.000 afiliados y 445.000 aspirantes, es decir, a una cifra algo menor que en el anterior Congreso. Este descenso era el resultado de la depuración parcial llevada a efecto en las células de las Escuelas superiores y de los organismos administrativos que se había revelado como infestados por elementos enemigos del Partido.
El informe político del Comité Central corrió a cargo del camarada Stalin. Esta trazó un cuadro nítido del desarrollo de la potencia política y económica de la Unión Soviética. Gracias a la superioridad del sistema de la Economía soviética, tanto la industria como la agricultura había sido restauradas en un plazo relativamente breve y se acercaban de nuevo al nivel de antes de la guerra. Pero, a pesar de esto éxitos, el camarada Stalin preconizaba la necesidad de no contentarse con lo conseguido, y que los éxitos alcanzados no podían destruir el hecho de que el País Soviético seguía siendo un país atrasado, un país agrario. Las dos terceras partes de la producción eran agrícolas y sólo una tercera parte procedía de la industria. Ante el Partido se planteaba en toda su envergadura -decía el camarada Stalin- el problema de transformar el País Soviético en un país industrial, económicamente independiente de los países capitalistas. Y esto podía y debía hacerse. La tarea central del Partido era luchar por la industrialización socialistas del país, luchar por el triunfo del socialismo.
"Transformar nuestro país de un país agrario en un país industrial, capaz de producir con sus propios medios las máquinas y herramienta necesarias: en esto consiste la esencia, el fundamento de nuestra línea general" -indicaba el camarada Stalin.
La industrialización del país garantizaría su independencia económica, reforzaría su capacidad defensiva y crearía las condiciones necesarias para el triunfo del socialismo en la U.R.S.S.
Contra la línea general del Partido se levantaron los zinovievistas. El zonovievista Sokolnikov opuso al plan de industrialización socialista de Stalin, el plan burgués que se cotizaba entre los tiburones del capitalismo. Este plan consistía en que la U.R.S.S. siguiese siendo un país agrario que produjese, fundamentalmente, materias primas y artículos alimenticios, exportando estos artículos e importando la maquinaria que no producía ni debía, según ellos, producir. Dentro de las condiciones existentes en 1925, este plan tenía todo el carácter de un plan de esclavización económica de la U.R.S.S. por los países extranjeros industrialmente desarrollados, de un plan destinado a afianzar el atraso industrial de la U.R.S.S. en provecho de los tiburones imperialistas de los países del capitalismo.
Aceptar este plan habría significado convertir el País Soviético en un país agrario impotente, en un apéndice agrícola del mundo capitalista, entregarlo como un país débil e inerme a merced del cerco capitalista y, en última instancia, sepultar la causa del socialismo en la U.R.S.S.
El Congreso estigmatizó el "plan" económico de los zinovievistas, como un plan de esclavización de la U.R.S.S.
De nada le sirvieron a la "nueva oposición" salidas como la de afirmar (falseando a Lenin) que la industria del Estado Soviético no era, según ella, una industria socialista, ni el declarar (falseando también a Lenin) que el campesino medio no podía, según ella, ser aliado de la clase obrera en la edificación del socialismo.
El Congreso estigmatizó como antileninistas, estas salidas de la "nueva oposición".
El camarada Stalin desenmascaró el fondo trotskista-menshevique de la "nueva oposición". Puso de manifiesto que Zinoviev y Kamenev no hacían más que repetir las cantilenas de los enemigos del Partido, contra los que en su tiempo habían luchado incansablemente Lenin.
No cabía duda que los zinovievistas no eran más que trotskistas mal disfrazados.
El camarada Stalin subrayó que la tarea más importante del Partido consistía en lograr una alianza sólida entre la clase obrera y los campesinos medios para la obra de la edificación del socialismo. Y señaló dos desviaciones que existían, por aquel entonces, en el Partido, respecto al problema campesino y que representaban un peligro para esta alianza. La primera desviación consistía en menospreciar y rebajar la importancia del peligro de los kulaks; la segunda era el pánico, el terror a los kulaks y el menosprecio de la importancia de los campesinos medios. Contestando a la pregunta de cuál de las dos desviaciones era la peor, el camarada Stalin decía: "Ambas, la primera y la segunda desviación son peores. Y si estas desviaciones ganasen terreno, serían capaces de descomponer y dar al traste con nuestro Partido. Dentro de nuestro Partido hay, por fortuna, fuerzas suficientes para cortar de cuajo la primera y la segunda desviación".
Y, en efecto, al Partido aplastó y cortó de cuajo la desviación de "izquierda" y la de derecha.
Haciendo el balance de los debates mantenidos en torno a la edificación económica, el XIV Congreso del Partido rechazó unánimemente los planes capituladores de los elementos de la oposición y estampó en su memorable acuerdo estas palabras:
"En el terreno de la edificación económica, el Congreso parte del criterio de que nuestro país, el país de la dictadura del proletariado, cuenta "con todos los elementos necesarios para construir una sociedad socialista completa" (Lenin). El Congreso entiende que la lucha por el triunfo de la edificación del socialismo en la U.R.S.S. es la misión fundamental de nuestro Partido".
El XIV Congreso aprobó los nuevos estatutos del Partido.
A partir del XIV Congreso, el Partido bolshevique comenzó a llamarse Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S. P.C. (b) de la U.R.S.S.
Los zinivievistas derrotados en el Congreso, no se sometieron a la disciplina del Partido. Comenzaron a luchar contra los acuerdos del XIV Congreso. Inmediatamente después de celebrarse éste, Zinoviev organizó una asamblea del Comité provincial de las Juventudes Comunistas de Leningrado, en cuyos dirigentes habían inculcado él, Salutski, Bakaiev, Evdokimov, Kuklin, Safarov y otros falsarios, el odio contra el Comité Central leninista del Partido. En esta asamblea, el Comité provincial de las Juventudes Comunistas de Leningrado tomó el acuerdo, inaudito en la historia de las Juventudes Comunistas Leninistas de la U.R.S.S., de rebelarse contra los acuerdos del XIV Congreso del Partido.
Pero los dirigentes zinovievistas de las Juventudes Comunistas de Leningrado no reflejaban, en modo alguno, el estado de espíritu de las masas de jóvenes comunistas de aquella capital. No costó, pues, gran trabajo aplastarlos, y pronto la organización juvenil de Leningrado volvió a ocupar el lugar que le correspondía dentro de las Juventudes Comunistas.
Al terminar el XIV Congreso, salió para Leningrado un grupo de delegados compuesto por los camaradas Molotov, Kirov, Voroshilov, Kalinin, Andreev y otros. Era necesario explicar a los miembros de la organización del Partido en aquella capital el carácter criminal, antibolshevique de la posición mantenida en el Congreso por la delegación de Leningrado, que había obtenido sus actas por medio del engaño. Las asambleas en que se dio cuenta del Congreso fueron bastante agitadas. Se convocó con carácter de urgencia una nueva Conferencia de la organización del Partido en Leningrado. La aplastante mayoría de los afiliados al Partido en Leningrado (más de 97 por 100) refrendó plenamente los acuerdos del XIV Congreso del Partido y condenó la "nueva oposición" zinovievista antibolshevique. La "nueva oposición" era ya por entonces un grupo de generales sin ejército.
Los bolsheviques de Leningrado siguieron militando en las primeras filas del Partido de Lenin-Stalin.
Resumiendo los resultados de la labor del XIV Congreso del Partido, el camarada Stalin escribía:
"La significación histórica del XIV Congreso del P.C. (b) de la U.R.S.S. consiste en que ha sabido poner al desnudo hasta en su raíz los errores de la nueva oposición, en que ha dado al traste con su falta de fe y sus lamentaciones, en que ha trazado clara y nítidamente el camino para seguir luchando por el socialismo, ha dado al Partido una perspectiva de triunfo y con ello ha infundido al proletariado la fe inquebrantable en el triunfo de la edificación socialista" (Stalin. "Problemas del leninismo", ed. rusa, pág. 150).
Los años de transición a la labor pacífica de restauración de la Economía nacional son uno de los periodos de mayor responsabilidad en la historia del Partido bolshevique. En una tensa situación, el Partido supo llevar a cabo el difícil viraje de la política del comunismo de guerra a la nueva política económica. El Partido fortaleció la alianza entre los obreros y los campesinos sobre una nueva base económica. Fue fundada la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Por el camino de la nueva política económica, se lograron éxitos decisivos en punto a la restauración de la Economía nacional. El país de los Soviets recorrió con éxito la etapa de restauración en el desarrollo de la Economía nacional y comenzó a pasar a la nueva etapa, a la etapa de la industrialización del país.
El paso de la guerra civil a la labor de edificación pacífica del socialismo fue acompañado, principalmente en los primeros tiempos, por grandes dificultades. Los enemigos del bolshevismo, los elementos contrarios al Partido bolshevique emboscados dentro de sus filas, mantuvieron, a lo largo de todo este periodo, una lucha desesperada contra el Partido leninista. A la cabeza de estos elementos contrarios al Partido figuraba Trotski, teniendo como lugarteniente en esta lucha a Kamenev, Zinoviev y Bujarin. Los elementos de la oposición pretendieron desarticular las filas del Partido bolshevique después de la muerte de Lenin, escindir al Partido y contagiarle su falta de fe en el triunfo del socialismo en la U.R.S.S. En el fondo, los trotskistas intentaban crear en la U.R.S.S. una organización política de la nueva burguesía, otro partido, el partido de la restauración capitalista.
El Partido apretó sus filas bajo la bandera de Lenin en torno a su Comité Central leninista, en torno al camarada Stalin, e infligió una derrota, tanto a los trotskistas como a sus nuevos amigos de Leningrado, a la nueva oposición de Zinoviev y Kamenev.
Después de acumular fuerzas y recursos, el Partido bolshevique condujo al país hacia una nueva etapa histórica, hacia la etapa de la industrialización socialista.

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución