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Timestamp: 2018-12-11 18:39:00+00:00

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﻿ Sentencia 2003-00200 de 2009
SENTENCIA 2003-00200 DE 13 DE ABRIL DE 2009
CONTENIDO:PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA EXTRAORDINARIA. DISTINCIONES Y ELEMENTOS DIFERENCIADORES ENTRE LAS FIGURAS JURÍDICAS DE POSESIÓN Y MERA TENENCIA.
TEMAS ESPECÍFICOS:MERA TENENCIA, POSESIÓN, PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA EXTRAORDINARIA, ÁNIMO DE PROPIETARIO
Sentencia 2003-00200 de 2009
Ref.: Expediente 52001-3103-004-2003-00200-01
Bogotá D.C., trece de abril de dos mil nueve.
El segundo en que como el actor alega que trocó su título precario de tenedor al de poseedor, y del acervo probatorio estudiado en especial la testimonial no fluye con certeza y precisión la época en que principió a desplegar conductas de señor y dueño, revelándose contra la propietaria del predio, “a juicio de la sala lo ubicaríamos a partir del óbito del Martha Zarama Zarama, acaecido el 16 de julio de 1991” fecha desde la cual ningún posible heredero ha reclamado el bien y el “tenedor” se torna en “poseedor” ejerciendo actos de dominio por lo que “de aceptarse esta premisa y hacer el cálculo temporario de los 20 años que exige este modo de adquirir por prescripción extraordinaria de dominio, se llega a la conclusión inequívoca que a la presentación del libelo genitor, éste lapso de tiempo aún no se ha cumplido”.
2. A las cardinales conclusiones precedentes, el recurrente José Elías Almeida de la Cruz, demandante en pertenencia y demandado en reconvención, se opone con insistencia afirmando que sí poseyó materialmente el inmueble discutido sin reconocer “dominio ajeno” como se comprueba con las declaraciones de Flor Benavides de Guerrero, Ildefonso Pachajoa Lasso, Carlos Augusto de la Cruz Nupán, José María Timaná Pantoja y Hernando López, quienes dijeron saber que ha ostentado en tal calidad el referido predio en un lapso que oscila entre 25 y 30 años; en la inspección judicial a través de la cual se establece claramente la “posesión” pacífica del accionante desde el año 1973 y las mejoras plantadas por él; y en la confesión de Enriqueta Zarama Zarama al dar respuesta a los hechos 2º y 4º del escrito introductor, pues en el 2º se señala la ubicación de los bienes en disputa, y al contestarlo no lo negó, e hizo lo propio respecto del 4º en el que se indica que los mismos se encuentran en cabeza del municipio de Pasto, por venta que le efectuara Armando Ponce Muriel, destacando que “la posesión la ha ostentado el demandante por el tiempo necesario para adquirir por prescripción”, probanzas todas estas que fueron ignoradas en el fallo como lo describe en los tres cargos propuestos, a cuyo compendio se remite la Corte por economía procesal.
4. En el caso sub lite pretende Jesús Elías Almeida que se declarare que adquirió por prescripción —de naturaleza extraordinaria—, los terrenos cuyas características suministró en el libelo introductor del proceso, y a ese examen se aplicará la Sala:
4.1. En los términos del artículo 2518 del Código Civil, mediante la “prescripción adquisitiva”, llamada también “usucapión”, puede ganarse el dominio de los bienes corporales, muebles o inmuebles, así como los demás derechos reales, si las cosas sobre las cuales recaen los mismos han sido poseídas en la forma y durante el tiempo requerido por el legislador.
La prescripción de la especie arriba expresada, que fue la que hizo valer el pretenso usucapiente, tiene como fundamento esencial la tenencia del bien con ánimo de señor y dueño, que no necesita respaldarse en “título” alguno, en tanto que la buena fe del “poseedor” se presume de derecho, bastándole a este comprobar que lo estuvo poseyendo en forma ininterrumpida, por el tiempo legalmente exigido, plazo que si en la actualidad es de diez años —L. 791/2002, art. 1º—, al elegir el actor que se rigiera bajo el imperio de la anterior legislación, le corresponde probar que la ha ejercitado durante veinte anualidades continuas.
El artículo 762 del Código Civil ha definido la posesión como “…la tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño…”, es decir que requiere para su existencia del animus y del corpus, esto es, el elemento interno, psicológico, la intención del dominus, que por escapar a la percepción directa de los sentidos es preciso presumir de la comprobación plena e inequívoca de los actos materiales y externos ejecutados continuamente y por todo el lapso que dure aquella, que por constituir manifestación visible del señorío, llevan a inferir la intención o voluntad de hacerse dueño, mientras no aparezcan otras circunstancias que demuestren lo contrario, y el elemento externo, esto es, la retención física o material de la cosa. Estos principios deben ser acreditados plenamente por el prescribiente para que esa posesión como presupuesto de la acción, junto con los otros requisitos señalados, lleve al juzgador a declarar la pertenencia deprecada a favor del actor.
Por otra parte, tanto las leyes, como la jurisprudencia y la doctrina, en forma unánime han reiterado que en relación con las cosas, las personas pueden encontrarse en una de tres posiciones, cada una de las cuales tiene diversas consecuencias jurídicas e igualmente le confiere a su titular distintos derechos subjetivos, así: a) Como mero tenedor, cuando simplemente ejerce un poder externo y material sobre el bien reconociendo dominio ajeno (C.C., art. 775); b) Como poseedor, cuando, además de detentar materialmente “la cosa”, tiene el ánimo de señor y dueño y quien, de conformidad con el artículo 762 ibídem, es reputado como tal mientras otro no justifique serlo; c) Como propietario, cuando efectivamente posee un derecho real en ella, con exclusión de todas las demás personas, que lo autoriza para usar, gozar y disfrutar de la misma dentro de la ley y de la función social que a este derecho corresponde (C.C., art. 669).
De lo expresado anteriormente se concluye que el elemento que distingue la “tenencia”, de la “posesión”, es el animus, pues en aquella, quien detenta el objeto no lo tiene con ese ánimo y reconoce dominio ajeno, mientras que en la segunda, como ya se dijo, requiere de los dos presupuestos, tanto la aprehensión física del bien como de la voluntad de ostentarlo como verdadero dueño.
A pesar de la diferencia existente entre “tenencia” y “posesión”, y la clara disposición del artículo 777 del Código Civil en el que se dice que “el simple lapso del tiempo no muda la mera tenencia en posesión”, puede ocurrir que cambie el designio del tenedor, transmutando dicha calidad en la de poseedor, por la interversión del título, colocándose en la posibilidad jurídica de adquirir el bien por el modo de la prescripción, mutación que debe manifestarse de manera pública, con verdaderos actos posesorios a nombre propio, con absoluto rechazo del titular, y acreditarse plenamente por quien se dice “poseedor”, tanto en lo relativo al momento en que operó la transformación, como en los actos categóricos e inequívocos que contradigan el derecho del propietario, pues para efectos de la prescripción adquisitiva de dominio, no puede computarse el tiempo en que se detentó el bien a título precario, que no conduce nunca a la usucapión y sólo a partir de la posesión podría llegarse a ella, si se reúnen los dos elementos a que se ha hecho referencia, durante el tiempo establecido en la ley.
Sobre el particular, esta corporación en sentencia del 15 de septiembre de 1983 dijo: “Y así como según el artículo 777 del Código Civil, el simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en posesión, quien ha reconocido dominio ajeno no puede frente al titular del señorío, trocarse en poseedor, sino desde cuando de manera pública, abierta, franca, le niegue el derecho que antes le reconocía y simultáneamente ejecute actos posesorios a nombre propio, con absoluto rechazo de aquel. Los actos clandestinos no pueden tener eficacia para una interversión del título del mero tenedor. Con razón el artículo 2531 del Código Civil exige, a quien alegue la prescripción extraordinaria, la prueba de haber poseído sin clandestinidad”.
En pronunciamiento posterior sostuvo así mismo la Corte: “La interversión del título de tenedor en poseedor, bien puede originarse en un título o acto proveniente de un tercero o del propio contendor, o también, del frontal desconocimiento del derecho del dueño, mediante la realización de actos de explotación que ciertamente sean indicativos de tener la cosa para sí, o sea, sin reconocer dominio ajeno. En esta hipótesis, los actos de desconocimiento ejecutados por el original tenedor que ha transformado su título precario en poseedor, han de ser, como lo tiene sentado la doctrina, que contradigan, de manera abierta, franca e inequívoca, el derecho de dominio que sobre la cosa tenga o pueda tener el contendiente opositor, máxime que no se puede subestimar, que de conformidad con los artículos 777 y 780 del Código Civil, la existencia inicial de un título de mera tenencia considera que el tenedor ha seguido detentando la cosa en la misma forma precaria con que se inició en ella”. (Sent. de Cas. abr. 18/89, reiterada en la de jun. 24/2005, Exp. 0927).
4.2. En el plenario se encuentran acreditados los siguientes hechos que tienen relevancia respecto de la decisión que se está adoptando:
4.2.1. Desde la misma demanda el actor afirmó que en 1969 empezó a trabajar en calidad de jornalero, en la urbanización José Ignacio Zarama de esa ciudad, de propiedad de Martha Zarama Zarama quien era su patrona, trabajo que perduró hasta el año de 1973, a partir del cual tomó posesión definitiva del predio deprecado en el libelo inicial.
4.2.2. Posteriormente, el mismo demandante José Elías Almeida de la Cruz al rendir interrogatorio acepta haber estado al servicio de las hermanas Martha y Enriqueta Zarama, desempeñándose como obrero desde que tenía 21 años, hasta 1973 cuando se terminó de construir el conjunto residencial donde las referidas señoras lo llevaron a trabajar. Seguidamente, manifiesta que desde esa época “la señorita Martha me dejó viviendo allí en la casa porque ella era tan buena, no solo conmigo sino con distintas personas; ella me dijo ‘vos te quedas allí, te quedas viviendo y buscas trabajo por fuera’ (…) yo pago los servicios, los impuestos no porque a mí no me han llegado recibos ni tampoco he sido reclamado, a mí no me han llegado”. Preguntado acerca de su relación con Enriqueta Zarama, tras la muerte de su hermana Martha, a quien él señala como su empleadora, afirmó que no ha recibido instrucciones de aquélla referentes a los terrenos cuya prescripción suplica a su favor, ni haber tenido problema alguno desde el óbito de esta última “estoy ahí en el inmueble desde 1969 que estaba a órdenes de doña Martha, y luego ya independiente desde 1973 y hasta la actualidad no he tenido ningún requerimiento de nadie”.
4.2.3. De las declaraciones de los testigos, se destaca lo siguiente:
Por su parte, Ildefonso Pachajoa, distingue al actor desde la misma época que la anterior; agrega que Martha Zarama lo trajo a la urbanización de propiedad de esta y su otra hermana para que les trabajara; añade que cuando Almeida terminó dicha labor “se quedó viviendo en la casa de las señoritas Zarama” y buscó trabajo independiente “en eso de partida de piedras”; señaló finalmente que “a la cuenta, doña Martha le regaló la casa porque como ya se acabó el trabajo de la urbanización se quedó viviendo allí y consiguió trabajo por donde lo vían (sic)”.
Oscar Edmundo Rosero, declaró: “A Martha Zarama la conocí desde hace treinta y cinco años y por motivos profesionales (…); no conozco a José Elías Almeida”; que las hermanas Zarama son dueñas del bien disputado en este litigio, el cual se encuentra habitado por una familia de la cual ignora su nombre, lo que percibió a la muerte de Martha al acompañar a la heredera Enriqueta junto con funcionarios del Instituto Agustín Codazzi para identificar los inmuebles de propiedad de la causante.
Álvaro Riascos, ha visto al accionante desde hace tres lustros viviendo en el lote objeto de litigio, pero indica no saber cómo lo adquirió.
Hernando López, declara que reside en el mismo barrio de José Elías Almeida desde hace veinticinco años; respecto de la propiedad debatida sostuvo: “No sé si sea donación o compra, o herencia (…) lo hemos visto todos los del barrio allí, y entonces uno piensa que él es propietario”.
4.2.4. El 31 de marzo de 2006 se realizó inspección judicial al predio en discusión, identificándose plenamente por sus características y linderos, “con el auxilio de la carta catastral y el plano de la urbanización que obra en el plenario”.
4.2.5. El dictamen pericial practicado con la finalidad de determinar las construcciones erigidas en los pluricitados inmuebles, informa que en el lote número 10 objeto de debate no existe ninguna edificación, siendo destinado al cultivo de maíz, y el 11 cuenta con una pequeña vivienda familiar de ladrillo, techo de Eternit, piso en cemento y servicios públicos domiciliarios, con un incipiente sembradío de alfalfa, cebolla y árboles, así como un cuarto de un metro de extensión, destinado a la cría de cuyes y conejos. Concluye el examen, respecto de la mejoras existentes que se han realizado “en el transcurso de los últimos 20 años aproximadamente, esto en razón a que la construcción de la casa no es reciente”.
4.2.6. En cuanto a la confesión que afirma el recurrente efectuó la demandada Enriqueta Zarama al no negar los hechos 2º y 4º del escrito genitor, cabe memorar lo que estos dicen: “Segundo: Los predios materia de esta demanda se encuentran ubicados dentro del perímetro urbano del municipio de San Juan de Pasto, en la proyección de la calle 21 con la carrera 41, urbanización José Ignacio Zarama, con una extensión total de 685 metros cuadrados, aproximadamente, y alinderado como se anotó”; “Cuarto: Los inmuebles materia de la posesión y objeto de la presente acción, el 10 de noviembre de 1997 mediante escritura 5195, de la Notaría Segunda del Círculo de Pasto, matrícula inmobiliaria 240-54378, fue vendido al señor Armando Ponce Muriel y el 10 de noviembre de 1997 este último lo enajenó al municipio de Pasto (plan vial) aquí hay que hacer claridad que mi patrocinado nunca ha perdido la posesión de la totalidad de los inmuebles materia de esta prescripción adquisitiva, y por haber transcurrido el tiempo legalmente establecido para adquirir los mencionados bienes por prescripción extraordinaria, se me ha conferido poder especial para iniciar la acción respectiva”.
4.2.7. Finalmente se encuentra incorporado al expediente el registro civil de defunción de Martha Zarama Zarama, donde se constata que esta falleció el 16 de julio de 1991 en la ciudad de Pasto, departamento de Nariño.
Las precedentes reflexiones vienen al caso sometido ahora al escrutinio de la Corte, pues, como se constatará, la “inferencia probatoria” combatida —la atinente a la época en que se produjo la interversión del título de tenedor a poseedor respecto de José Elías Almeida— no pugna de manera ostensible con el contenido de los medios objetivos de persuasión de los cuales la extrajo el fallador, ya que corresponde a una interpretación plausible de lo expresado por el actor a través de su apoderado judicial en el libelo incoativo del proceso; en la confesión realizada en el interrogatorio; y en el cúmulo de testimonios que estudió mancomunadamente con las otras dos piezas procesales, que evidencian que el demandante ingresó a los predios de la fallecida Martha Zarama, quien fuera su patrona, en calidad de trabajador, lo que no desconoció en ningún momento el fallador, como tampoco, que si aquel ejerció actos de posesión sobre los aludidos predios, de aceptar la premisa de que el accionado mutó su calidad de tenedor a la de poseedor, luce razonable la hermenéutica del tribunal cuando así reflexionó: “A juicio de esta Sala lo ubicaríamos a partir del óbito de aquella, acaecido el 16 de julio de 1991, época a partir de la cual ninguno de sus posibles herederos reclaman los citados bienes inmuebles y el tenedor se torna en poseedor ejerciendo actos propios de señor y dueño”, y al hacer el cálculo temporario de los 20 años que exige este modo de adquirir, tendría que colegirse en forma inequívoca, que a la presentación del libelo genitor ese lapso de tiempo no se cumplió.

References: artículo 2518
 artículo 762
 artículo 762
 artículo 777
 artículo 777
 artículo 2531