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Timestamp: 2020-04-03 15:52:22+00:00

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Traza: • viudas_de
¿Sesgos ocultos u ocultados?
Los cambios tienen autoría
Privilegios muy arraigados
En la esfera laboral
"Los emprendedores coruñeres"
Otra: el afán emprendedor de "los gallegos"
Las cerilleras
El dinero de las mujeres / “Viudas de”
Texto del artículo de María Telo en ABC (Madrid), pág. 64 el 18/01/1998
Interesada por el libro “Historia de las mujeres en España”, de las profesoras Elisa Garrido, Pilar Folguera, Margarita Ortega y Cristina Segura, su lectura me ha llevado a constatar que donde se trata el final del franquismo y de la democracia y cambio social, hay una gran laguna que nos afecta a las mujeres juristas que tanto luchamos por erradicar del Derecho de Familia (Código Civil y Código de Comercio) el trato discriminatorio que la mujer sufría.
Sin licencia, la mujer no podía trabajar, ni cobrar su salario, ni ejercer el comercio, ni ocupar cargos, ni abrir cuentas corrientes en bancos, ni sacar su pasaporte, ni el carnet de conducir, etc. Si contraía matrimonio con un extranjero perdía la nacionalidad y era considerada extranjera -aunque no saliese en su vida de España-; entonces se le extendía carta de residente y perdía la eficacia de sus estudios, no podía ser funcionaria y necesitaba permiso para trabajar. Sin la licencia no podía aceptar o repudiar herencias, aunque fuesen de sus padres, ni pedir su partición, no ser albacea; ni ser tutor, ni ser testigo en testamentos, ni defenderse ante los tribunales (salvo en juicio criminal), ni defender sus bienes propios; ni vender o hipotecar estos bienes; ni disponer de las gananciales más que para hacer la compra diaria, aunque los gananciales procediesen de su sueldo o salario. Por el contrario, el marido podía disponer libremente de los gananciales (salvo inmuebles o establecimientos mercantiles) y ella no tenía más derecho que a recibir la mitad de lo que quedase al fallecer él. Estaba obligada a seguir al marido dondequiera que él fijase la residencia.
Y parece que esto nunca existió o que se hizo solo. No, no se hizo solo. La reforma está contenida en Leyes. Y para conseguir estas leyes, fuimos muchas las mujeres juristas que trabajamos años hasta la extenuación, sin ayudas ni subvenciones. Primero unas pocas desde una Comisión de estudios Jurídicos y luego desde la Asociación Española de Mujeres Juristas, ambas fundadas y presididas por mí. Divulgábamos el Derecho y conseguimos que por primera vez, la mujer española entrase en la Comisión de Codificación del Ministerio de Justicia para estudiar la reforma.
Cuando se aprobó la Constitución, que eliminó toda discriminación por razón de sexo, ya existía la Ley de 2 de mayo de 1975, que quitó la obediencia al marido (para lo cual sudé tinta china en la Comisión de Codificación), la licencia marital, que convirtió a la mujer en persona; dejó ésta de perder la nacionalidad por razón de matrimonio y barrió casi todas las discriminaciones antes mencionadas, dejando el camino libre para atacar dos fundamentales: la administración de los gananciales y la patria potestad., que juntamente con la filiación, el matrimonio y el divorcio, fueron objeto de las leyes de 13 de mayo de 1981 y 7 de julio del mismo año; pero los anteproyectos en que se basan estas dos leyes, los estudiamos en la Comisión de Codificación y los concluimos en el año 1978. Con su promulgación alcanzaron plena eficacia los principios de igualdad de la Constitución.
Comprendo que ha pasado mucho tiempo desde entonces, y las cosas se olvidan, tanto que yo ya soy una anciana de 82 años. Pero para saberlo, no hay más que investigar en las hemerotecas, que es donde se guarda la vida en vivo. Es curioso que haya cosas que siendo noticias durante años, luego se olviden obstinadamente sin saber bien por qué, pero lo que fue, fue.
Entre los motivos de esta pobreza programada, está, sin duda, la propia configuración de nuestro sistema de pensiones. Un sistema cuestionado estos últimos meses por los miles y miles de pensionistas que han tomado las calles en ejemplar ejercicio de democracia. Hombres y mujeres que cuestionan su justicia, a la par que reclaman su derecho a vivir con dignidad. ¿Pero qué hay de ellas? ¿No merece una mirada específica de género el actual cuestionamiento del sistema? Seguir leyendo
En 1977, fue noticia que la Dirección General de Notariado dictara una resolución otorgando “la plena facultad de la mujer respecto a sus propios bienes, aun cuando sea casada y en régimen de gananciales” (!), generando el siguiente titular tan obvio en El País: La mujer casada podrá comprar bienes inmuebles El artículo nos informa de contradicciones que persistían vía varios artículos que garantizaban que el marido fuese el administrador único de esta sociedad, y salvo para la venta, podía disponer sin consulta ni permiso de los bienes gananciales. La mujer, en cambio, solo dispone libremente de los bienes gananciales para la cesta de la compra.
“Es decir, los bienes de inmediato consumo familiar, en los que la mujer dispone dado su papel tradicional y avalado por la ley, de dedicación al hogar y cuidado de éste.”
Hasta 1981, todas nuestras madres y abuelas debían pedir permiso a padre o marido para poder trabajar, cobrar su salario, vivir fuera de la casa paterna, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar su pasaporte, el carné de conducir…
Concepción Arenal estudió Derecho entre 1841 y 1846, como oyente y disfrazada de hombre. Solo en 1966 pudieron acceder las mujeres a los cargos de magistrada, juez o fiscal, pues «la mujer pondría en peligro ciertos atributos a los que no debe renunciar, como son la ternura, la delicadeza y la sensibilidad», de ejercer tales profesiones.
Pero aunque el tema de este proyecto se refiere al desarrollo profesional, no se puede dejar de recordar que “la venganza de la sangre” seguía siendo una facultar criminal concedida a padres y maridos para matar a hijas y esposas y a los hombres que yacían con ellas. Este “derecho”, recogido ya en el Código Penal de 1870 y reintroducido en la dictadura de Franco, no fue eliminado hasta 1963.
Muerte por adulterio en España
Algo que tiene relación con el contexto de miseria y la interpretación de la implicaicón y el conocimiento por parte de las organizaciones (públicas y privadas) de la época.Este mismo caso lo veremos en La empresa de Aguas de A Coruña
5) La tardanza en asociarse sindicalmente: Esto obedecía a varias razones entre las que tenía un peso importante la oposición que, en algunos casos, ofrecían sus compañeros a dejarlas asociarse, tanto formando nuevas organizaciones como “permitiéndoles” asociarse en las ya existentes formadas por hombres.
Las cigarreras fueron las que lograron organizarse con más eficacia, alcanzando mejoras salariales con respecto al resto de los colectivos de operarias de las restantes fábricas.
una de las principales conclusiones, de carácter cualitativo, se refiere a la constante omisión, por pudor cuando no mal intencionado olvido, respecto a datos que relacionen el trabajo y la ocupación de las mujeres con el dinero, de legitimar sus intereses y aportacións económicas incluso cuando esta se refería claramente las “actividades extradomésticas” y remuneradas“
Las pioneras lo hicieron porque no sabían, o no quisieron saber, que la ley se lo impedía. Todas y cada una de ellas, con mayor o menor relevancia pública o incluso desde el más puro anonimato, fueron abriendo brechas en el muro de la ley que protegía la evolución de un privilegio que mantenía el basallaje de la mitad de la problación.
Como ejemplos del sometimiento de la mujer al hombre encontramos múltiples preceptos dentro de nuestras normas jurídicas decimonónicas. El Código Civil español de 1889, vigente a día de hoy pero con importantes modificaciones en materia de igualdad entre sexos, señalaba en su artículo 1263 relativo a la materia contractual, que no podían prestar consentimiento:
1º Los menores no emancipados
2º Los locos o dementes y los sordomudos que no sepan escribir
El artículo 57 del mismo texto legal, indicaba que «El marido ha de proteger a la mujer y esta obedecerle», o el artículo 60 que recogía la conocida como licencia marital, pues «El marido es el representante de su mujer. Esta no puede, sin su licencia, comparecer en juicio por sí o por medio de Procurador. (…)».
El Código Civil ha sido modificado por diversas normas que lo han ido adaptando a la realidad del tiempo en que nos encontramos, por ejemplo, a través de la Ley de 29 de abril de 1958, la de 2 de mayo de 1975, que eliminó la licencia marital, la Ley de 13 de mayo de 1981 o la de 7 de julio de 1981, por la que se autoriza el divorcio en España, u otras reformas más modernas como la operada por Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, entre otras. Las discriminaciones que acogía el Código Civil son tan clamorosas que ningún comentario requieren. (Evolución de la desigualdad profesional)
A pie de calle las cosas iban cambiando, pero hubo que esperar hasta 1977 para la realidad, y las demandas, empezaran a tener reflejo en el ámbito de la ley.
La Dirección General de Registros y del Notariado de Madrid ha hecho pública ayer [17 de febrero de 11977] una resolución, fechada el día 8 de febrero, que decide la plena facultad de la mujer respecto a sus propios bienes, aun cuando sea casada y en régimen de gananciales. Según esta disposición, la mujer casada puede comprar al contado bienes inmuebles, por sí sola y sin consentimiento del marido.
Esto, que referido a los bienes parafernales -es decir, privativos de la mujer, al margen de los gananciales, comunes al matrimonio-, no añade a nivel puramente legal nada a la ley de Reforma del Código Civil, de 2 de mayo de 1975, sí resuelve el doble problema teórico que venía obstaculizando la plena capacidad de obrar de la mujer en lo que se refiere a sus propios bienes.
Efectivamente, había por un lado un problema teórico, al permanecer el marido como administrador de la sociedad de gananciales, qué venía dando lugar a una seria polémica entre los juristas.
Por otra parte, y ante esta ambigüedad de la ley, los notarios y registradores, o parte de ellos, se resistían al registro y legalización de estos actos realizados por mujeres casadas, y exigían la presencia del marido para certificar que, efectivamente, los bienes y dineros en uso eran privativos de la mujer y no gananciales. Otra forma de exigir el consentimiento, si es que lo había, que acababa de ser anulado por la ley.
A partir del 2 de mayo en que se promulga la nueva ley, surge entre los juristas una dura polémica, dada la, al menos aparente, contradicción entre la supresión de la licencia marital, y la referencia del artículo 1387 -que determina que la mujer puede disponer por sí sola de los bienes parafernales- por un lado, y la persistencia de los artículos 591 y 1416, por los que perdura la administración legal del marido dela sociedad de gananciales, salvo pacto contrario.
El marido, como administrador de los bienes de esta particular sociedad, puede, según el artículo: 1413, actuar con los gananciales -y por supuesto con sus propios bienes-, con absoluta independencia, excepto en el caso de venta, en que debe contar con el consentimiento de su mujer. La mujer, en cambio, no puede obligar los bienes gananciales sin consentimiento marital.
Ni la ley de 1975 ni esta nueva disposición adicional resuelven, con todo, la plena capacidad de la mujer, porque le discriminan todavía con respecto a los bienes gananciales, de los que la mujer sólo puede disponer en ese apartado que se conoce como cesta de la compra. Es decir, los bienes de inmediato consumo familiar, en los que la mujer dispone dado su papel tradicional y avalado por la ley, de dedicación al hogar y cuidado de éste. Administra pues lo que se refiere a la manutención diaria de la casa, y a esa serie de bienes muebles, y de consumo.
Hay que tener en cuenta que, según el artículo 1.401, son bienes gananciales «los adquiridos por medio oneroso después del matrimonio a costa del caudal común, bien se haga para el común o para uno de los dos; los obtenidos por:
la industria, sueldo o trabajo de los cónyuges, o cualquiera de ellos
los frutos rentas o intereses percibidos o devengados durante el matrimonio, procedentes de los bienes comunes o peculiares de cada uno».
La disposición de ayer ha supuesto un «pequeño avance», en palabras de Cristina Alberdi. «No se puede ir por ahí probando que los bienes son parafernales o no. Mas la cosa se complica a la hora de los problemas matrimoniales, de la separación en o las muchas separaciones de hecho que hay en este país. La ley va abriendo posibilidades -añadió al EL PAIS- a nivel teórico, y sobre nivel práctico. Con todo, queda pendiente la cuestión de la administración de los gananciales del marido.»
Por otro lado, Carmen Llorca, presidenta de la Asociación de Mujeres Independientes, dijo a EL PAIS: «Es un paso adelante, pero no completo. La mujer sigue sin tener por sí sola la facultad para comprometer los bienes o rentas de la sociedad conyugal y el marido sí puede hacerlo. Por tanto, las diferencias continúan.» (El País, edición impresa del 18 de febrero de 1977)
Hasta 1961 la mayoría de las ordenanzas y reglamentos de trabajo en empresas públicas y privadas establecieron despidos forzosos de las trabajadoras al contraer matrimonio y algunos reglamentos del régimen interior de las empresas prohibían a las mujeres ejercer puestos de dirección.
Además, hasta la abolición de la licencia marital en 1975, la mujer casada continuó necesitando el permiso de su esposo para:
firmar sus propios contratos de trabajo
usufructuar su salario
Si estaban casadas en régimen de sociedad de gananciales sus salarios eran administrados por el esposo, situación que pervivió hasta la reforma del Código Civil de 1981.
La Ley de 22 de julio de 1961 prohibió, al menos formalmente, toda forma de discriminación en función del sexo y expresamente la salarial, cuestiones que, no obstante, todavía son discutidas en la actualidad. Pero, a partir de esa fecha, cuando las trabajadoras contraían nupcias, podían generalmente elegir entre tres opciones:
1ª Continuar en su puesto
2ª Acogerse a una excedencia temporal de uno a cinco años para dedicarse al cuidado de su familia
3ª Asumir una excedencia permanente, tras recibir una indemnización.
A principios de 2009 se presentaba en A Coruña la publicación de un trabajo de investigación histórica sobre las 25 empresas de la provincia más descatadas de los dos últimos siglos con el título: “Construyendo empresas. La trayectoria de los emprendedores coruñeses en perspectiva histórica, 1717-2006”.
Los dos (enormes) volúmenes del libro recogen la investigación desarrollada por tres miembros del Grupo de Historia de la Empresa de la Universidade de A Coruña que dedicaron un año a visitar empresas y archivos y a bucear en el histórico de Hacienda o en el registro mercantil -donde les pusieron un despacho y llegaron a confundirles con administrativos de la oficina- para escribir una historia que estaba pendiente de recuperar; el origen, desarrollo y muerte -en una mínima parte de los casos- de referentes industriales coruñeses como Maderas Cervigón, Sociedad Coruñesa de Urbanización, La Hispania o La Artística.
La intencionalidad de la investigación se pone de manifiesto en el primer volumen al que pertenece el siguiente extracto (las negritas son mías):
Las investigaciones en Historia empresarial se consideran y valoran en la actualidad con creciente interés por parte de los agentes económicos. Este interés, que deriva de varias direcciones, se puede resumir en los siguientes puntos.
Desde el campo de la planificación corporativa, el estudio de los éxitos y fracasos empresariales, de las políticas, estrategias y tomas de decisiones específicas del pasado, sirven para determinar la relación con el contexto actual y proporcionan una ayuda inestimable para evitar proyecciones de futuro irrelevantes o erróneas, al tiempo que contribuyen a asumir las más adecuadas.
Por otra parte, desde el campo del desarrollo de la gestión, el diagnóstico de deficiencias organizativas, la reorientación de directivos en tiempos de cambio y los estudios de caso para programas de formación en gestión, contribuyen a formar directivos con experiencia, conocimientos y cultura empresarial más amplia que la que les aporta su experiencia personal.
En el campo de la mercadotecnia, el análisis de largo plazo proporciona temas para la publicidad, para el desarrollo y mantenimiento de la imagen corporativa y de marca y para el análisis de penetración salida de mercados históricos.
Igualmente, desde el campo jurídico, la reunión de documentos históricos para la investigación legal, la determinación de hechos en apoyo de reclamaciones legales y los informes para los abogados sobre fundamentación de reclamaciones legales contribuyen a completar las fuentes jurídicas especializadas de las firmas.
También desde el campo de los asuntos públicos, la reunión de historias relevantes del personal responsable de tratar con las Administraciones y grupos de interés proporciona ante- cedentes y contextos para los comportamientos públicos de la empresa y, por ello, más información.
Finalmente, desde el campo de las relaciones públicas, las publicaciones de aniversarios, memorias anuales, folletos publicitarios o historias corporativas aumentan la información de los consumidores sobre la entidad.
El hecho de emplear la gran empresa, y por ello la dimensión, como instrumento de análisis no resulta casual y se debe a que el tamaño guarda relación según los expertos con la evolución económica general del país o región donde mantienen sus activos. Las grandes sociedades no tienen tanta relevancia para la generación de empleo, de renta o de tejido industrial como sin embargo acreditan las pequeñas y medianas—, sino que su alcance deriva del hecho de constituir instrumentos indispensables de desarrollo en actividades históricamente decisivas como el ferrocarril, las finanzas, la siderurgia, el tráfico marítimo o la minería, durante la primera revolución tecnológica —de comienzos del siglo XIX—, y la telefonía, la energía eléctrica y la química durante la segunda (finales del XIX). Así como ahora resultan esenciales en la construcción y obras públicas, en la distribución comercial, en las comunicaciones y en tantas otras actividades, las grandes firmas marcan la dirección de la inversión privada, las operaciones de exportación, la internacionalización de las actividades productivas, la articulación, modernización y desarrollo de un buen número de sectores como la industria transformadora de recursos agrarios y pesqueros, que para Galicia se manifiestan de vital importancia.
(—) Un rasgo compartido muchas de ellas fue la unión de la propiedad y la gestión. Esta característica, vinculada en gran medida con la dimensión de las iniciativas, solía ir asociada a su vez con el carácter familiar que mantenían casi todas. Acostumbraban a adoptar una forma jurídica personalista, aunque se produjeron casos puntuales en los que se transformaron en sociedades anónimas, a veces sin que la familia perdiese su control. Los vínculos familiares/personales resultaban determinantes para el desarrollo del sector empresarial atlántico y no siempre en sentido positivo. Por ejemplo, el fallecimiento de los gestores y/o fundadores de estas compañías podía generar graves dificultades en la sucesión de las firmas, no siempre resueltas con acierto.
Si bien es cierto que la información recogida en estos dos volúmenes aporta datos no muy conocidos, en muchos casos desvela particularidades y endogamias relevantes para comprender algunos rasgos de la economía de la provincia.
Por otro lado, ni siquiera es necesario aplicar a fondo la perspectiva de género para detectar los tremendos abusos y desigualdades hacia las mujeres (y su descendencia) cuyo papel en las historias se explicaban en la trayectoria de los hombres como “matrimonios afortunados”.
Si bien es cierto que las trabas legales fomentaban la primacía de los hombres y el apartamiento de las mujeres, en muchos casos se fueron encontrando soluciones alternativas, como se refleja en la abundancia de sociedades bajo las fórmulas del tipo “Viuda de” o “Viuda e hijos, entre otras. En la mayor parte de los casos analizados en este libro, la falta de visión y estrategia de las “empresas” (en muchos casos simples negocios afortunados y privilegiados) ni se molestaba en analizar las situación o las posibilidades. Pero entre todas ellas, merecen ser referenciadas las formas extremas de afrontar la situación de dos empresas que aún continúan en activo:
Rubine e hijos, donde la matriarca de la familia, Joaquina López, la auténtica artífice de la supervivencia económica de la familia y de la repetida salida a flote de los negocios familiares.
Torres y Sáez, que sí poseían visión y estrategia y trabajaron a fondo los estatutos y fórmulas de transmisión de la empresa, librándose al menos del mercantileo matrimonial que tanto denigraba a las mujeres y su descendencia.
DECÍA, Y DICE, LA NOTICIA…
Un libro de la Fundación Caixa Galicia rescata del olvido a los pioneros en la lucha contra el atraso económico de la autonomía. La contribución de estas 24 figuras impulsó sectores como la cerámica, pesca, carne, conservas, naval, la banca o el de la energía
Según apuntó ayer Méndez, y destaca asimismo en una de las presentaciones del volumen, este trabajo “rompe os tópicos sobre a falta de espíritu empresarial dos galegos”. En un encorsetado mercado español, apunta, consiguieron llevar sus empresas a lideratos “en sectores como o da cerámica, da producción cárnica, da pesca, da conserva ou da construcción naval”.
Por su parte, Xoán Carmona, que trabajó codo con codo junto a los otros veinte prestigiosos autores del volumen, apuntó que, en muchas ocasiones, en las historias generales sobre la comunidad gallega “os empresarios non existen, aínda que si aparecen artistas ou políticos”. Sin embargo, destaca, este libro viene a demostrar que “Galicia ten unha importante tradición empresarial e ata unha identidade de empresa galega”.
En su aportación al volumen, Manuel Puga apunta que la obra sale de la necesidad de “recuperar para a memoria empresarios emblemáticos que foron quen de inaugurar ou impulsar un sector empresarial de Galicia”.
Ramón Villares, por su parte, argumenta que en el libro se encuentra el germen de algunas empresas “que hoxe ocupan o papel estelar na estrutura económica de Galicia”.
Salud de hierro tras 125 años
La empresa Torres y Sáez celebra su aniversario en la nave más grande del polígono de Pocomaco con el objetivo de seguir especializándose
El primer balance que se conserva de Torres y Sáez es de 1894. El resto es historia. Pero hace 125 años, la compañía se llamaba Fernández y Cerezo. Tomó su nombre actual en enero de 1926. Ya no hay rastro de la ferretería de Linares Rivas ni de la tienda de menaje de la plaza de Lugo, pero la empresa coruñesa, con presencia también en Vigo y Barcelona, sigue trabajando para mejorar la calidad del servicio y satisfacer las necesidades de sus clientes, desde grandes compañías y profesionales hasta chapuzas y apasionados del mantenimiento
Muchos coruñeses todavía recuerdan los cucharones y tornillos expuestos en la ferretería Torres y Saéz de la avenida Linares Rivas. Allí se instaló en 1926 hasta que hace nueve años bajó la verja. El cierre, más que un paso atrás, fue un impulso para la empresa, que, con 125 años de historia, ocupa la nave más grande del polígono de Pocomaco.
En su interior, además de oficinas y almacenes, hay un pequeño espacio dedicado al pasado. Artículos de ferretería que transportan al visitante a otra época, máquinas de escribir y catálogos que se conservan como obras de arte. Su presidente, Enrique Sáez, se enorgullece al mostrar un balance de 1894. La historia en un papel.
Torres y Sáez no es ninguna desconocida, pero quizá pocos sepan que nació como Fernández y Cerezo. No tomó su nombre actual hasta el 1 de enero de 1926, cuando Ángel Torres García y Manuel Sáez Torres, tío y sobrino, tomaron el mando de la compañía.
Ya nada queda de aquella tienda de ferretería en la esquina con Marcial del Adalid ni del establecimiento de menaje en la plaza de Lugo, pero el gigante de Pocomaco sigue trabajando para especializarse en suministro industrial. “Durar es adaptarse, ya lo decía Darwin”, cita Sáez, al que le importa el cliente por encima de todo.
La compañía coruñesa también se instaló en Vigo en 1916 y tiene presencia en Barcelona, una trayectoria que le permite llegar no solo a clientes profesionales y grandes empresas sino también a particulares enamorados de las chapuzas y el mantenimiento.
Además de mover cielo y tierra para dar con lo que el cliente necesita, Torres y Sáez se extiende sobre una superficie de mil metros cuadrados en Pocomaco. Y no es la única curiosidad que le caracteriza. Su presidente revela, como si de un secreto se tratase, que “tiene acceso ferrovario”, aunque sin uso. “Es increíble que en los años 60, cuando se hizo, hubo gente que pensó en la importancia de dotar la nave de líneas ferroviarias”, reflexiona.
La compañía, que “es pequeña pero tampoco tanto”, señala Sáez, mantiene una facturación conjunta superior a los 30 millones de euros y trabaja a diario con un objetivo claro, que a su vez es la clave del éxito: la especialización.
Emrique Sáez
“La clave es que nunca fue una empresa familiar típica ni de una sola persona”
“En el mundo actual, la dispersión está muy penalizada, hay que especializarse”
Enrique Sáez entró en el consejo de administración de Torres y Sáez en los años 80. Desde los 2000 ocupa el cargo de presidente. Tiene clara cuál es la clave del éxito que ha llevado a la compañía a cumplir 125 años: “La adaptación”.
¿Cómo define a Torres y Sáez?
Es una empresa tradicional que empezó en negocios tradicionales, con mucha dispersión de actividades: Era mayorista, detallista, tienda de ferretería y tienda de menaje, que estaba en la plaza de Lugo. Pero en el mundo actual, la dispersión está muy penalizada. En esta última fase nos hemos adaptado a la realidad. Torres y Sáez es un suministro industrial, con una fuerte especialización en la venta de aceros y también en protección laboral y herramientas.
¿Qué destacaría de su evolución? ¿Cuál es la clave?
Que nunca fue de una sola persona ni una empresa familiar típica. Desde hace un par de años, además, es totalmente profesional. Ya no hay accionistas que trabajen en la empresa.
Hay que reconvertir a la gente Cuando tienes una plantilla de 140 personas no es un ejercicio fácil. Yo a veces digo, de broma, que todo el mundo habla de las start ups pero nadie se acuerda de las start down, que seguimos generando empleo y atendiendo a nuestros clientes con eficacia usando las tecnologías modernas. Evolucionar siempre es complicado.
La marca también es relevante.
Por supuesto. Y los recursos propios. Las generaciones anteriores tuvieron la preocupación de capitalizar la empresa. En la vida nunca sabes lo que va a pasar porque hay crisis fuertes y errores. El hecho de no haber tenido un solo dueño hace que siempre haya habido un cierto hábito de consenso. Hay una vocación de empresario tradicional, de reinvertir en la empresa y no llevar el dinero a casa y vivir como marqueses.
¿Es fundamental la adaptación a las nuevas tecnologías?
Sí. La economía digital es muy importante. Estamos bastante bien de soporte informático aunque siempre hay que hacer más de lo que tienes.
¿Y la relación con el cliente?
Tenemos una base de clientes importantes y de muchos años, los conocemos bien. Dependemos de ellos. Queremos atenderlos bien y adaptarnos a sus necesidades. Para muchas empresas somos muy prácticos porque tenemos una gama muy amplia de cosas. Hay tiendas que nos tienen como proveedores, como Amazon. Somos capaces de solucionar muchas cosas.
¿Cómo se logra esa fidelidad?
Con especialización. Tenemos empleados que saben de eso. La ferretería profesional y el suministro industrial exigen gente con formación en producto. No es fácil porque hay mucha variedad. Siempre es al cliente al que hay que servir porque si no, no cumples tu función social.
Queremos seguir en la misma línea, profundizando en nuestra especialización profesional. Somos una empresa totalmente profesional, adaptada al mundo que vivimos, y queremos ser cada vez mejores haciendo nuestro trabajo. Ahora ya no cambiamos de negocio, sino que profundizamos en lo que hemos hecho y tratamos de mejorar el servicio.
Todavía hay quien recuerda la ferretería del número 41 de la avenida de Linares Rivas.
Claro, como quien habla del cine Avenida. Los recuerdos se quedan ahí. Además, como era una esquina, era muy visible, también desde el coche. Y eso que no estaba en una gran zona comercial.
En Torres y Sáez se guarda un catálogo de los años 20, con recortes de tornillos, muebles y herramientas que se usaba como muestrario y que se conserva en perfectas condiciones. Hay también un balance de 1894 y máquinas de escribir de diferentes tamaños y épocas.
Un incendio con fósforo (Historias de A Coruña | Edificios en llamas)
viudas_de.txt · Última modificación: 2020/02/23 20:23 por isabel

References: resolución 
 artículo 1263
 artículo 57
 artículo 60
 artículo 1387
 artículo 1