Source: http://rogergaraudy.blogspot.fr/2012/
Timestamp: 2017-05-29 07:40:27+00:00

Document:
Roger Garaudy A contre-nuit: 2012
La nouvelle communauté humaine est une
conception de la société globale dans
laquelle chaque individu devient un
centre d'initiative de création et de responsabilité
à tous les niveaux : celui de
l'économie, de la politique, de la culture, une conception
qui ne soit ni individualiste, ni
totalitaire, mais fondée, pour toutes les activités sociales, sur des
"Existe en Francia un
poderoso lobby proisraelí que
ejerce una notable influencia en los medios
de comunicación". (General Charles de
Gaulle)[1]
En Francia sólo el General
de Gaulle se atrevió a decir "que existía
en Francia un poderoso lobby proisraelí que
ejercía una notable influencia en los medios
de comunicación. Esta afirmación resultó
escandalosa en su época. Sin embargo
contiene parte de una verdad que hoy en día
sigue vigente".[2]
Desde entonces no ha habido un solo candidato
a la Presidencia de la República Francesa, sea
cual sea su partido, desde Michel Rocard hasta
Jacques Chirac y pasando por Miterrand, que no
haya ido a Israel para recibir la
investidura mediática.
El poder mediático del lobby, cuyo centro
dirigente actual está constituido por la LICRA
(Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo), es
tal que puede manipular la opinión a voluntad.
Siendo la población judía en Francia
cerca del 2% del total, el sionismo reina en la
mayoría de los círculos de decisión política
de los medios de comunicación, en la
televisión y la radio, en la prensa escrita
trátese de periódicos o revistas, en el cine -
gracias sobre todo a la invasión de Hollywood - e incluso
las editoriales - en las que pueden imponer su
veto por medio de los comités de lectura -
están en sus manos, así como la publicidad,
gerente financiera de los medios de
La prueba está en el adocenamiento casi
general de los medios de comunicación cuando
se trata de invertir, a favor de Israel, el
sentido de los acontecimientos y se califica
de terrorismo la
violencia de los débiles y de lucha contra el
terrorismo la violencia de los fuertes.
Un judío enfermo es arrojado
por la borda del Achille Lauro por un renegado
de la OLP. Se
trata, incontestablemente, de un acto de
terrorismo. Pero cuando, en represalia, un
bombardeo israelí sobre Túnez provoca cincuenta
muertos, entre los cuales hubo muchos niños,
eso se llama "lucha contra el terrorismo y
defensa de la ley y el orden".
Como si estuvieran dirigidos por la batuta de
un director de orquesta oculta se escucha el
mismo sonsonete en todos los medios, trátese
de los atentados contra la sinagoga de la calle
Copérnico, de las profanaciones del cementerio
de Carpentras, de la invasión del Líbano o de la
destrucción de Iraq.
Puedo aportar mi propio testimonio. Hasta
1982 tenía libre acceso a las mayores casas
editoriales, a la televisión, a la radio, a la
gran prensa. Cuando se produjeron la invasión
y las masacres del Líbano, logré de su
director, Jacques Fauvet, la publicación en la
edición del 17 de junio de 1982 de Le Monde de
toda una página pagada en la que, junto al
Padre Michel Lelong y el Pastor Matthiot,
manifestaba: "el verdadero sentido de la
agresión israelí tras las masacres del
Líbano".
Demostrábamos que no se trataba de una
bravuconada sino de la lógica interna del
sionismo político sobre el que estaba fundado
Recibí nueve amenazas de muerte por carta y
la LICRA promovió contra nosotros un proceso
por "antisemitismo e
incitación a la discriminación racial".
El abogado de Jacques Fauvet recordó que no
se podía confundir al Estado de Israel con la
comunidad judía y menos todavía con su fe; un
estado cuyas exacciones en el Líbano habían sido
denunciadas por altas personalidades judías
como Mendès France y Nahum Goldmann. Nuestra
defensa, la del Padre Lelong, el Pastor
Matthiot y la mía, se derivó del propio texto:
recordamos todo lo que nuestras vidas debían a
la fe de los profetas judíos. Pero el sionismo político ha
sustituido al Dios de Israel por el
Estado de Israel. Su comportamiento en el Líbano y en Palestina, al crear
odiosas amalgamas, deshonra al judaísmo ante el mundo.
Nuestra lucha contra el sionismo es, pues,
inseparable de nuestra lucha contra el antisemitismo.
Por mi parte, retomé ante el tribunal los
análisis de mi estudio "Palestine, terre
des messages divins": el sionismo político,
fundado por Theodor Herzl - y
condenado entonces por todos los rabinos del mundo como
traición a la fe judía - no proviene de dicha
fe, sino del colonialismo y el nacionalismo
europeos del siglo XIX. Los últimos vestigios
de colonialismo de
poblamiento, tanto en Palestina como en Sudáfrica, se
enfrentan por su racismo - oficialmente
denunciado por la ONU - a
la resistencia de la población autóctona al
ocupante colonial.
Como en todo colonialismo y todo
régimen de ocupación, la represión se llama
mantenimiento del orden, y la resistencia
terrorismo. Escuchando al abogado de la LICRA
que trataba de hacer un boceto de mi persona
como el correspondiente a un antisemita, me
veía a mí mismo en Jerusalén, acompañado, en
el Muro de las Lamentaciones por el ministro
israelí Barzilai en 1967, y, después, en casa
de Nahum Goldmann, entonces presidente del Congreso
Mundial Judío. Me veía en el campo de
concentración con mi amigo Bernard Lecache,
fundador de la LICA - que más tarde sería la
LICRA - ayudándome a preparar mis cursos para
nuestros camaradas, deportados como nosotros,
sobre Los Profetas de Israel. Veía a aquel
anciano militante comunista y ateo de
Tarn diciéndonos tras una lectura de Amós por
parte de Bernard y mía: "¡cómo refuerza el
ánimo!".
La dominación casi total de los medios de
comunicación de América y Francia por parte del sionismo israelí impuso
al mundo esta subversión de términos: un
diplomático israelí es agredido en Londres (la
propia Margaret Thatcher probó ante el
parlamento que el autor del atentado no era de
la OLP), es terrorismo. El ejército israelí
invade el Líbano y provoca miles de
muertos, la operación se llama Paz en Galilea.
El 1 de enero de 1989,
escucho en la televisión el resultado de la
revuelta de las piedras: 327 muertos entre los
palestinos - la mayoría niños que arrojaban
piedras - y 8 entre los israelíes - la mayoría
soldados que disparaban con fuego real -. El
mismo día un ministro israelí declara: "la
negociación no será posible mientras los
palestinos no renuncien a la violencia".
¿Acaso estoy soñando o esta anestesia del
espíritu crítico es una pesadilla colectiva?
¡Es el triunfo del sinsentido!
Ya en 1969 el General de Gaulle denunciaba "la
excesiva influencia" del lobby sionista
en todos los medios: la prensa, la televisión,
el cine y la edición. Hoy en día, esta "excesiva
influencia" ha logrado operar una
inversión total de la realidad, llamando terrorismo a la
resistencia artesanal de los débiles y lucha
contra el terrorismo a la violencia
infinitamente más asesina de los fuertes.
El Padre Lelong, el Pastor Matthiot y yo
éramos culpables de denunciar la farsa de esta
subversión de los términos. El alto tribunal
de París, en resolución del 24 de marzo de
1983 "considerando que se trata de la
crítica lícita de la política de un Estado y
la ideología que lo inspira, y no de
provocación racial... desestima todas las
demandas de la LICRA y le condena a pagar
las costas".
La LICRA se muestra contumaz y apela. El 11 de enero de 1984,
la Cámara Alta de la Corte de París pronuncia
se veredicto. Cita un pasaje de nuestro
artículo en el que acusábamos al Estado
de Israel de racismo. La Corte "considerando
que la opinión emitida por los firmantes no
concierne más que a la definición
restrictiva de la judaicidad contemplada por
la legislación israelí... confirma la
sentencia anterior en lo tocante a la
desestimación de las demandas de la LICRA y
condena a ésta a pagar las costas".
La LICRA interpone un recurso. La sentencia
de la Corte de casación del 4 de noviembre de
1987 priva a los sionistas de toda esperanza e
deshonrarnos legalmente. La Corte "desestima
el recurso y condena al pago de las costa al
demandante".
Pero la operación de hostigamiento continúa
más allá de lo jurídico. El lobby sionista
tiene los medios para ello. Si hubiéramos sido
condenados, la noticia hubiera aparecido en
toda la prensa que nos hubiera puesto en la
picota como antisemitas. Por
el contrario, la condena de la LICRA por los
tribunales fue silenciada sistemáticamente;
incluso Le Monde, cuyo antiguo director,
Fauvet, estaba implicado con nosotros en este
combate, se contentó con un insípido
articulito.
Pero el bloqueo a mi esperanza ya estaba en
marcha y fue magistralmente llevado a cabo.
Tras la aparición de la página de Le Monde
sobre la lógica del colonialismo sionista,
añadí dos líneas llamando a los lectores a
suscribirse para pagar los gastos de
inserción. El montante era de cinco millones
de céntimos. Recibí siete en decenas de
pequeños cheques. Entre los donantes, cerca de
un tercio de ellos eran judíos, dos de ellos
Pero, a partir de ahí, comenzó la asfixia
mediática. Ya no tuve acceso a la televisión y
mis artículos fueron rechazados. Había
publicado hasta entonces cuarenta libros en
todas las grandes editoriales, desde Gallimard
a Seuil, desde Plon a Grasset y a Laffont.
Habían sido traducidos en veintisiete idiomas.
Pero ahora todas las puertas estaban cerradas
para mi. Uno de mi más importantes editores
hubo de oír de boca de su consejo de
administración: "Si publica usted un libro
de Garaudy, no volverá a tener los derechos
de traducción de las obras americanas".
Aceptarme hubiese supuesto poner en peligro su
empresa. Otro grande, respecto a otra obra
mía, dijo a su directora literaria que,
apasionada por el libro, me había ayudado
durante tres meses a ponerlo a punto para su
publicación: "No quiero a Garaudy en la
Así es la historia del emparedamiento de un
Nuestros recursos de resistencia contra el
sinsentido están condenados a la
clandestinidad. Y yo mismo a la muerte
literaria. Por un delito de esperanza. No he
expuesto más que un ejemplo en el que
personalmente puedo testimoniar acerca de la
subversión de la realidad por parte del sionismo. Podríamos
multiplicar los ejemplos pero todos somos
testigos de ellos cada día. Un paso más fue dado cuando estos edictos
propios de los del Zar ruso fueron impuestos
por ley, convirtiendo a los magistrados en
jueces de la verdad histórica en perjuicio de
las anteriores leyes sobre la libertad de
prensa. El delito de opinión está legalizado
hoy en día por la ley Fabius (apartado 43)
llamada ley Gayssot, por el nombre del
que aceptó la paternidad de esta perversa ley
en mayo de 1990. Consiste, ni más ni menos, en
insertar en la ley de libertad de prensa de
1881 un artículo, el 24 bis, que dice: "Serán
castigados con las penas previstas por el
apartado sexto del artículo 24 aquellos que
hayan puesto en duda... la existencia de uno
o de varios crímenes contra la humanidad tal
y como han sido definidos por el artículo 6
del Estatuto del Tribunal Militar
Internacional anejo al acuerdo de Londres
del 8 de agosto de 1945"[3].
El informe del diputado M. Asensi precisaba
(pág. 21): "se les pide la creación de una
nueva incriminación concerniente al
revisionismo". Dicho de otra manera,
preconizaba "aumentar las posibilidades de
las asociaciones de presentarse como
acusación particular en caso de infracción"
Desde su introducción, el autor del informe
definía el objetivo perseguido: "completar
el arsenal represivo existente en aras a que
la ley penal... desarrolle plenamente su
función intimidatoria y represiva" (pág.
5)[4].
Núremberg, está menos capacitado que
cualquier otro, ya lo hemos demostrado, para
hacer jurisprudencia.
Un año más tarde, una enmienda a la ley fue
propuesta por M. Toubon: "El artículo 24
bis de la ley del 29 de julio de 1881 sobre
la libertad de prensa es abrogado". Esto
anulaba la represión propuesta por Gayssot
contra los historiadores revisionistas y
rechazaba poner la crítica histórica en el
mismo plano que el racismo o la apología de
Esta era su argumentación: "Cuando
discutimos en 1990, en base a una
proposición de ley del grupo comunista,
cuyo primer firmante era M. Gayssot, objeté
- y no era el único - al principio de este
texto, que consistía en fijar la verdad
histórica por ley en lugar de dejar hacerlo
a la historia. Algunos opusieron que es la
historia la que fija la verdad y no le
corresponde a la ley fijarla. Algunas
opiniones van demasiado lejos y no hay que
permitir su expresión. Pero es un camino que
lleva hacia el delito político y hacia el
delito de opinión".
"El artículo 24 bis representa, en mi
opinión, un error político y jurídico muy
grave. En realidad constituye una ley de
circunstancias y lo lamento mucho. Ha pasado
ya un año. Ya no estamos a un mes de los
sucesos de Carpentras. No estamos obligados
a examinar un texto que la conferencia de
presidentes había inscrito, se lo recuerdo,
en el orden del día a toda prisa, cuarenta y
ocho horas después de su deposición y que
había sido discutida inmediatamente porque
el Presidente de la Asamblea, Sr. Fabius,
había decidido personalmente su inscripción.
Un año después, en frío, podemos, tal y como
yo acabo de hacer, examinar la validez de
esta ley, la vigencia de este delito de revisionismo
previsto por el artículo 24 his y concluir,
con Simone Veil, que este delito
es inoportuno"[5].
En efecto, a partir de ese momento le estaba
prohibido a todo historiador poner en duda las
conclusiones del Tribunal de
Núremberg sobre el cual el propio
Presidente americano del mismo había llegado a
la sincera conclusión de que se trataba "del
último acto de guerra" y que "por lo
tanto no se había atenido a las normas
jurídicas de los tribunales ordinarios en
materia de pruebas ni de condenas".
En el contexto de esta infame ley la
declaración de Jacques Chirac del domingo 16 de julio de 1995
marca un hito importante en la historia de Francia: el de la
ruptura con la unidad de la nación en beneficio de la
colusión de renuncias. Cuando el Presidente de
la República proclama que "la locura
criminal del ocupante fue secundada por los
franceses y por el Estado francés"
comete un doble crimen contra Francia, en
primer lugar hablando de Vichy como de
un Estado francés, dándole así legitimidad; en
segundo lugar envileciendo al pueblo francés
confundiéndolo con los adocenados dirigentes
que servían al ocupante. Con esta declaración
se oficializó la concepción sionista defendida
por Bernard-Henri Levy en su libro L'idéologie
française en el que escribe: "es
toda la cultura francesa... son nuestras más
queridas tradiciones francesas las que una a
una, evidencian nuestra antigüedad en la
abyección". Llama a destruir este "viejo
fondo de purulencia" disimulado "en
el corazón del pensamiento francés" y
que hace de Francia "la patria
en general"[6].
El no va más del asunto es que la ceremonia
estaba presidida por el Gran Rabino de Francia
Sitruk, el cual, el 8 de julio de 1990,
declaraba a Itzak Shamir - el mismo que había
ofrecido sus servicios a Hitler
y cuya política, la del Estado que presidía,
no ha cesado de violar le ley internacional y
de no tener en cuenta las decisiones de la ONU: "Cada
judío francés es un
representante de Israel... Esté usted
seguro de que cada judío de Francia es un defensor
de lo que usted defiende", sin por ello
negar a su regreso cualquier "doble
lealtad"[7].
Por tales méritos logrados ante Shamir, que se
había ofrecido como aliado a Hitler, deberían
haberle asignado en justicia un puesto entre
los penitentes y no entre los presidentes.
Por supuesto, este acoso y derribo al pueblo
francés fue saludado con entusiasmo por los
dirigentes del CRIF (Consejo representativo de
las instituciones judías en Francia), que
expresó "su intensa satisfacción por ver
reconocida al fin, por parte de la más alta
autoridad francesa, la continuidad del
Estado francés entre 1940 y 1944". Lo
más vergonzoso es que los dirigentes de todos
los partidos franceses aprobaron en los
órganos públicos, desde Le Figaro
hasta L'Humanité, esta blasfemia de
Chirac. Es una blasfemia contra toda la tradición de unidad
francesa y de la resistencia de un pueblo. De
Gaulle jamás consideró a Vichy como un Estado.
"Hitler creó Vichi", decía[8]
y hablaba de los "figurantes de Vichy"[9].
"Proclamé la ilegitimidad de un régimen que
estuvo a discreción del enemigo"[10].
"No existe gobierno propiamente francés"[11].
Refiriéndose al acuerdo del 28 de marzo de 1940
con Inglaterra excluyendo
toda suspensión separada de armas (I, 74),
decía claramente. "el organismo sito en
Vichy, y que pretende merecer ese nombre
(Estado), es inconstitucional y está
sometido al invasor... Dicho organismo no
puede ser y, de hecho, no es más que un
instrumento utilizado por los enemigos de Francia"[12].
De Gaulle mantuvo esta actitud durante toda
la guerra. El 23 de septiembre
de 1941, proclamaba en la ordenanza que creaba
el Comité Nacional francés: "A la vista de
nuestras ordenanzas del 27 de octubre y del
12 de noviembre de 1940 y el conjunto de
nuestra declaración orgánica del 16 de
noviembre de 1940; considerando que la
situación resultante del estado de guerra
continúa impidiendo toda reunión y toda
expresión libre de la representación
nacional; considerando que la Constitución y
las leyes de la República Francesa han sido
y son violadas en todo el territorio
metropolitano y en el Imperio, tanto por la
acción del enemigo como por la colaboración
de las autoridades que colaboran con él;
considerando que múltiples circunstancias
prueban que la inmensa mayoría de la Nación Francesa, lejos
de aceptar un régimen impuesto por la
violencia y la traición, ve en la autoridad
de la Francia Libre la expresión de sus
deseos y sus voluntades..."[13].
Desligaba así al pueblo francés del
servilismo de sus dirigentes. "La condena
de Vichy en la persona de sus dirigentes,
desligaba a Francia de una
política que había sido de renuncia
nacional"[14].
De todo esto renegó Chirac, con unas pocas
palabras, para contentar al poder mediático de
los dirigentes sionistas y, de paso, para
rendir pleitesía a los Estados Unidos,
proa del lobby sionista, que ya le obligó a
abandonar su oposición a Mastricht, la ruina
de Francia, y confirmar su
sumisión a los dictados americanos del GATT
(rebautizado como Acuerdos internacionales
sobre el comercio) que destruyen las
posibilidades de independencia y de renovación
de Francia por medio del cambio radical de sus
relaciones con el Tercer
El sionismo también ha
agitado siempre el espectro antisemita
para hacer creer en una amenaza contra Israel y en la necesidad
de acudir en su ayuda. No faltan provocaciones
recientes destinadas a enmascarar las
exacciones de Israel. El método es siempre el
mismo. Cuando se produjo la masacre
de Sabra y Chatila, el escritor Tahar
Ben Jelloun escribió: "Hay coincidencias
que, a fuerza de repetirse, acaban por
convertirse en indicios mayores. Actualmente
sabemos para qué sirve un atentado
antisemita en Europa y a quién
beneficia el crimen: sirve para encubrir una
masacre deliberada de las poblaciones
civiles palestinas y libanesas. Es
constatable que estos atentados han
precedido, seguido o coincidido con un baño
de sangre en Beirut. Estas operaciones
terroristas están organizadas de tal manera
y ejecutadas con una perfección tal que han
cumplido hasta ahora a la perfección el
objetivo político que perseguían: desviar la
atención cada vez que el problema palestino
gana un poco más de comprensión, de
simpatía. ¿No se trata acaso de invertir
sistemáticamente la situación para hacer de
las víctimas verdugos y terroristas?
Convirtiendo a los palestinos en terroristas
se les expulsa de la historia y, por lo
tanto, del derecho. ¿No precedió acaso en
unas pocas horas la matanza de la calle
Rosiers, el 9 de agosto, a un diluvio de
bombas de todo tipo sobre Beirut? ¿No fue
seguido acaso el asesinato de Bechir Gemayel
en dos escasas horas por la entrada del
ejército israelí en Beirut Este (lo cual, de
paso, eclipsó la visita histórica de Yasser Arafat al
Papa)? ¿No coincidieron acaso la explosión
de un coche bomba en la calle Cardinet y el
ametrallamiento, al día siguiente, de la
sinagoga de Bruselas con la masacre sin
precedentes en los campos palestinos de
Sabra y Shatila?"[15].
Hay precedentes históricos de los que
deberíamos sacar algunas conclusiones: un
esfuerzo sistemático por modelar la opinión
pública saturándola de una información de
inspiración etnocentrista, nutre el
"En Berlín, el teatro, el
periodismo, etc. eran un asunto judío. El Berliner
Tageblatt era el periódico alemán más
importante y, tras él, el Vosiche Zeitung.
El primero pertenecía a Mossé, el segundo a
Ulstein, ambos judíos. El director del
Vorwätz, principal periódico socialdemócrata,
era judío. Cuando los alemanes acusaban a la
prensa de ser judía, Judenpresse, tenían
toda la razón"[16].
El ejemplo más reciente de estas maniobras y
de su explotación mediática es el Carpentras.
En mayo de 1990, en el cementerio judío de
Carpentras, varias tumbas fueron profanadas.
El cadáver de uno de los muertos fue empalado
y transportado a otra tumba. El Ministro de
Interior, Pierre Joxe, declaró inmediatamente:
"No es necesario llevar a cabo una
investigación para saber quiénes son los
criminales responsables de esta abominación
racista". Sin
embargo, cinco años más tarde, a pesar del
trabajo de decenas de investigadores,
magistrado o policías, aún nadie ha podido
aclarar hoy en día quiénes son los
responsables de esta infamia.
Todo lo que se sabe es que hubo una
profanación de un cementerio judío y que hubo un
montaje, ya que el cadáver del Sr. Germon no
había sido empalado, tal y como reconocieron
los investigadores algunos días más tarde.
¿Cabe preguntarse, pues, quién fue el
responsable de dicho montaje? ¿Por qué? ¿Quién
tenía interés en ello para acrecentar el
horror del acontecimiento y excitar el odio de
la opinión pública?
Este método ya fue empleado en Timisoara
donde se sacaron cadáveres del depósito para
que las fotografías dieran la vuelta al mundo
y desencadenaran la indignación y el odio
contra las supuestas masacres colectivas.
Jean Marie Domenach, antiguo director de la
revista Esprit, escribía en Le Monde del
miércoles 31 de octubre de 1990 bajo el título
Silencio sobre Carpentras: "Hace cerca de
seis meses que tuvo lugar la profanación del
cementerio judío de Carpentras... Seis meses
más tarde no se sabe todavía quiénes son los
criminales. Hay algo aún más inquietante:
los medios de comunicación escritos y
audiovisuales que habían hecho de este
suceso abominable un escándalo que arrojó a
las calles a centenares de millares de
manifestantes y empañó en el extranjero la
imagen de Francia no han tomado
el relevo de la investigación y se callan.
Ningún parlamentario, ninguna autoridad
moral o intelectual se atreve a interrogar
al gobierno. Carpentras parece haber entrado
definitivamente en la leyenda negra de la nación sin que se
conozcan lo culpables y sin que se sepa
exactamente lo que pasó. Nadie puede
todavía, o se atreve, a decir la verdad
sobre Carpentras".
El extraño "silencio sobre Carpentras"
denunciado por Jean Marie Domenach contrasta
con el estrépito mediático de los primeros
En la manifestación organizada el 14 de mayo de 1990,
ochenta mil personas según la policía, 200.000
según los organizadores, desfilaron por las
calles de París. La campana mayor de
Notre-Dame sonó en su honor. En realidad,
nadie sabía quiénes habían sido los autores de
la infamia de Carpentras, así que ¿contra
quién se manifestaban? ¿Contra qué? Sólo la
encuesta podría haberlo dicho y no lo había
hecho. ¿A favor de quién? Esto era algo
evidente: la bandera de Israel era ondeada en
cabeza de la manifestación. Esta extraña Unión
Nacional de esta manifestación en la que
Georges Marchais estrechaba ostensiblemente la
mano de François Léotard permitía lanzar un
ataque global contra cualquiera que pusiera en
duda los dogmas que colocaban a Israel más
allá de toda ley internacional. El Gran Rabino
Sitruk, que pronunció el discurso que cerró la
manifestación, pudo gritar: "No permitamos
decir cualquier cosa. Demos una lección a
los profesores revisionistas,
a los políticos irresponsables"[17].
La verdad sobre la profanación de Carpentras
no ha podido ser establecida porque de todas
las pistas sugeridas a los investigadores una
sola ha sido excluida, es, sin embargo, la más
¿Por qué se ordenó callar a aquellos que
hubieran podido aportar los testimonios clave?
"El vigilante de la sinagoga de Carpentras
y portador de la llave del cementerio, Sr.
Kouhana, que había sido uno de los primeros
en descubrir el cuerpo de Félix Germon, se
niega a hablar con nosotros: 'Incluso si
fuesen de la Prefectura, he recibido la
consigna de no decir nada'. El Presidente
del Consistorio le ha prohibido hablar
'porque diría cualquier cosa en la tele',
justifica el Dr. Freddy Haddad, él mismo muy
reticente a la hora de evocar la
profanación, al igual que el rabino Amar"[18].
"¿Por qué el rabino de Carpentras, al cuál
le preguntamos si volvería a consagrar el
lugar respondió: '¡Eso no es de mi
incumbencia!', el Presidente del
Consistorio: '¡eso no tiene razón de ser' y
el alcalde: 'no me ha dicho nada'?".[19]
¿Por qué ningún periódico francés evocó el
precedente - tremendamente parecido - de una
profanación que se produjo en el cementerio
israelí de Rishon Letzion, cerca de Tel-Aviv,
en la noche del 2 de marzo de 1984? El cuerpo
de una mujer había sido desenterrado y
arrojado fuera del cementerio judío. "Acto
bárbaro de antisemitismo"
proclamaron inmediatamente las comunidades
judías del mundo entero. Algunos días más
tarde la policía israelí, tras una
investigación, reveló la verdad acerca de esta
abyección. El cadáver tan innoblemente tratado
era el de Teresa Engelowicz, esposa de un judío, pero de origen
cristiano. Los integristas judíos consideraban
su presencia en el cementerio judío como una
afrenta para la pureza de aquel lugar, y el
Rabino de Rishon Letzion ya había reclamado su
paralelismo? Félix Germon, cuyo cadáver había
sido también exhumado en la noche y había sido
objeto del siniestro montaje del empalamiento,
era también culpable de haberse casado con una
cristiana, y su cadáver fue transportado a una
tumba vecina, la de Emma Ullma, culpable ella
también de haber desposado a un católico.
(Extractado del libro "Los mitos fundacionales
de la política israelí" de Roger Garaudy)
[NDLR: voir à la page "Biblio"du blogue pour les liens donnant accès au texte français des "Mythes"] Referencias
Philippe Alexandre, El prejuicio
proisraelí, Le Parisien Libéré del 29 de
Proposición de ley adoptada por la
Asamblea Nacional transmitida por el
Presidente de la Asamblea Nacional al
Presidente del Senado, ¶ 278, anexo al
debate de la sesión del 3 de mayo de 1990.
Informe 1296, anexo al proceso verbal de
la sesión del 26 de abril de 1990.
Boletín oficial del 22 de junio de 1991,
p. 3571. Debates parlamentarios, segunda
sesión del 22 de junio de 1991.
Bernard-Henri Levy, L'idéologie française,
Grasset, 1981, pp. 61, 92 y 125.
Le Monde del 9 de julio de 1990.
Memoires I, 389.
Idem, p. 130.
I, p. 388, en Brazzaville.
I, p. 342.
Memoires, I., p. 394.
III, p. 301.
Le Monde del miércoles 22 de septiembre de
1982, p. 2.
Y. Leibowitz, Israël et Judaïsme, Desclée
de Brouwer, 1993, p. 113, capítulo sobre
las fuentes del antisemitismo.
Le Meridional del lunes 14 de mayo de
Revista Var Matin del lunes 15 de abril de
1955, artículo de los reporteros Michel
Letereux y Michel Brault.
Judío Estadounidense
israelí en Estados Unidos
de la política israelí
"Los mitos fundacionales de la política
israelí" de Roger
ce nouveau livre, dit Jérôme Segal, il est bien question de la terre (on regrette d’ailleurs qu’il n’y ait aucune carte) et Shlomo Sand entend s’intéresser, d’une part, à ce qu’il faut bien appeler la colonisation de la Palestine par les Juifs (à la fin du XVIIIe siècle on
comptait 5000 Juifs en Palestine sur une population totale de 250 000 habitants musulmans et chrétiens ) et, d’autre part, dans une approche plus pragmatique, aux conditions selon lesquelles un vivre ensemble serait possible dans la région. Autant dire que cet objectif demeure, fin 2012, d’une triste actualité. »
: A travers une démonstration brillante, Sand dénonce la création d’un
"Mytherritoire" et appelle à une relecture de l’histoire d’Israël, "de la Terre sainte à la mère patrie". Jérôme SEGAL
Ce livre aurait pu s’intituler, très sobrement, Israël et la Palestine, mais l’ouvrage aurait alors
pu être classé dans les guides de voyage, ce qui aurait été une erreur funeste. A travers une analyse rigoureuse des textes religieux, mais aussi et surtout de l’histoire sociale et politique, ce sont bien les liens entre Israël et la Palestine qui sont au cœur du dernier livre de Shlomo Sand.
ce nouveau livre, il est bien question de la terre (on regrette d’ailleurs qu’il n’y ait aucune carte) et Sand entend s’intéresser, d’une part, à ce qu’il faut bien appeler la colonisation de la Palestine
par les Juifs (à la fin du XVIIIe siècle on comptait 5000 Juifs en Palestine sur une population totale de 250 000 habitants musulmans et chrétiens ) et, d’autre part, dans une approche plus pragmatique, aux conditions selon lesquelles un vivre ensemble serait possible dans la région. Autant dire que cet objectif demeure, fin 2012,
d’une triste actualité.
Sand ne met pas de majuscule au substantif ‘juif’ car il ne s’agit pas,
pour lui, d’un peuple comme le "peuple français" ou le "peuple américain" . Selon l’auteur, "peuple juif" a autant de sens que "peuple bouddhiste", et c’est sur ces bases, pour le moins discutables, qu’il retrace aujourd’hui l’évolution de la "Terre sainte à la mère patrie" (sous-titre du livre), tout en nous offrant une analyse lucide et sans concession de la situation actuelle.
Pourtant, on pourrait
rétorquer, après avoir refermé son précédent opus, que si le peuple juif a effectivement été inventé, ou plutôt socialement construit, c’est
bien qu’il existe (contrairement au peuple bouddhiste).
Même si Sand avait été un peu rapide dans sa critique des théories relevant de la génétique des populations, on doit lui reconnaître le mérite d’avoir à
la fois explicité les dangers d’une approche biologique de la notion de
peuple, forcément excluante, et d’avoir dénoncé sans ambiguïté l’instrumentalisation politique qui a été faite de la notion de "peuple juif". Aussi, toujours selon l’auteur, avant d’être un "État juif", Israël devrait d’abord être un État démocratique pour tous ses citoyens.
de ce point de vue, l’historien de l’université de Tel Aviv passe de la
notion de peuple à celle de patrie, qui fait l’objet du premier chapitre . Dans un exposé historique assez exhaustif, il signale "[qu’]il faut être conscient que ce n’est pas la patrie qui a engendré la nation, mais bien plutôt la nation qui a créé la patrie (…)." .
à la terre est vu comme un corollaire du développement des nationalismes et Sand précise encore que "le territoire est la propriété
commune de tous les ‘actionnaires’ de la nation (…) [et que] ce sentiment de propriété procure une satisfaction émotionnelle et une impression de sécurité qu’aucune utopie politique ou promesse d’avenir n’a pu concurrencer." Dans le cas de la "terre d’Israël", il y a, comme il l’explique dans les chapitres suivants, une conjonction de phénomènes expliquant aujourd’hui la relation des Israéliens à leur terre, sans pour autant justifier la conception actuellement dominante, bien au contraire.
dans son livre sur le peuple juif, l’historien avait pointé le danger qu’il y avait à considérer les textes religieux, au premier rang desquels la Thora, comme des livres d’histoire. Un point essentiel est par exemple la conséquence de la destruction du Second temple, en l’an 70 de notre ère (fait largement commenté dans le Talmud).
A plusieurs reprises, Shlomo Sand insiste sur le fait qu’il n’y a pas eu « d’exil du peuple juif » après la destruction de ce temple par les Romains : "les juifs n’ont pas connu d’exil forcé de Judée au Ier siècle
et (…) ils ne sont pas ‘revenus’ au XXe siècle en Palestine, et ensuite
en Israël, de leur plein gré." .
Toutes ces démystifications, au sens propre du terme, font l’objet du deuxième chapitre, "Mytherritoire". Sand remonte jusqu’au 6ème siècle avant notre
ère et rappelle que dans la Tossefta, compilation de la loi orale juive
rédigée vers l’an 200, on lit "Pourquoi Israël fut exilé à Babylone, plutôt que dans tout autre pays, car de là était, à l’origine, la maison
d’Abraham, leur père (…). On peut faire la comparaison avec une épouse qui s’est mal conduite avec son époux, et qui, de ce fait, est renvoyée à
la maison de son père."
Sand signale ainsi que "les Édomites dans le Néguev et les Ituréens en Galilée furent
contraints par le rouleau compresseur hasmonéen [dynastie qui a régné sur la Judée de 140 à 36 av. J.-C.] de renoncer à leur prépuce et de devenir des juifs à part entière." . On assiste alors à une diffusion de la foi juive dans toutes les capitales du monde hellénistique.
ce chapitre sur les conceptions scripturaires et historiques de "l’espace juif" aux différentes périodes de l’Antiquité, l’auteur s’intéresse également aux révoltes juives qui se sont déroulées entre 66
et 117. Il écrit à ce sujet : "Le soulèvement des communautés juives, que l’historiographie sioniste qualifie de ‘révolte de la diaspora’, afin évidemment de mettre en exergue la dimension ‘nationale’ imaginaire, n’exprima aucune aspiration d’un retour vers la terre des ancêtres, et pas davantage la moindre loyauté ou relation à une lointaine patrie d’origine." .
Enfin, pour asseoir sa démonstration, Shlomo Sand se réfère au Talmud de Babylone, rédigé au VIIe siècle de notre ère, et plus précisément aux trois serments qui y figurent. "L’un dicte aux Juifs qu’ils ne doivent pas converger vers [Sion] en un mur [par la force]" . Il ne saurait de toute façon pas y avoir d’émigration avant la venue du Messie et Sand touche là à un
point capital : l’opposition fondamentale entre le sionisme et le judaïsme rabbinique (largement développée au chapitre 4).
Il est intéressant de constater qu’à l’issue de son analyse, Sand tend à relativiser l’importance des textes religieux. Il s’agit presque, pour lui, de prévenir toute contestation possible, en affirmant, que, quand bien même un de ces textes ferait état d’une présence juive affirmée, "vouloir reconfigurer le monde tel qu’il était il y a des millénaires ou
des siècles reviendrait à détraquer tout le dispositif des relations internationales." .
A travers cette problématique
liée au rôle des mythes dans l’appropriation affective ou réelle des territoires, ce sont aussi les processus de constructions mémorielles qu’il entend aborder, ce qui fait l’objet, comme nous le verrons ci-dessous, de la conclusion du livre et surtout de son épilogue.
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... en temps de guerre. Jean BRICMONT et Alain DE BENOIST Une lettre de Senghor à Garaudy (1988)

References: resolución 
 artículo 24
 artículo 6
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