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Timestamp: 2017-06-23 10:14:33+00:00

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por vocación. Algo más del 55 por ciento de lo que un español gana con
su trabajo se le detrae en forma de tasas e impuestos sin explicarle cómo y por
qué y sin consultarle ni someterse a compromisos preelectorales. Hacia el año
1600, la fiscalidad correspondía en primer lugar a la Iglesia, otra parte se la
llevaba el señor local y, por fin, los súbditos estaban sometidos a la Corona.
El pueblo no podía librarse de los impuestos y la obediencia y no era tenido en
cuenta en sus reivindicaciones, salvo excepción. En el año 2012 ocurre prácticamente lo mismo, con
variantes. La masa de eclesiásticos es ahora la pléyade de políticos, los
señores se llaman comunidades autónomas, y el rey a la antigua ahora es el
Estado. Pero hay una diferencia sustancial: el ejercicio del voto permite no
depender de un destino inexorable. La experiencia cotidiana muestra que, tras
cuatro siglos, el pueblo huye de la condición de ciudadano y busca ser súbdito.
Y como dijo Campanella (1568-1639) , el autor de La Cittá del Sole, en 1601, «si se le dice al
pueblo que se somete innecesariamente,
se rebelará contra quien se lo diga, lo derribará y hasta lo matará». Y
eso lo saben perfectamente los nuevos señores.
GÁLLEGO (ZARAGOZA) (XLSEMANAL 1305 28 Oct-3 Nov; Magazine)
MEMORIA HISTORICA.- DON SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL: LA
gloria de la ciencia española y Premio Nobel de Medicina en
"...No soy adversario, en principio, de la concesión de
regionales, pero a condición de que no rocen en lo más
mínimo el
«Deprime y entristece el ánimo, el considerar la ingratitud
de los vascos,
cuya gran mayoría desea separarse de la Patria común. Hasta
en la noble
Navarra existe un partido separatista o nacionalista,
robusto y bien
organizado, junto con el Tradicionalista que enarbola
todavía la vieja
En la Facultad de Medicina de Barcelona, todos los
profesores, menos
dos, son catalanes nacionalistas; por donde se explica la
catedráticos y de estudiantes, que no llega hoy, según mis
informes, al
tercio de los matriculados en años anteriores. Casi todos
dan la enseñanza en catalán con acuerdo y consejo tácitos
del consabido
Patronato, empeñado en catalanizar a todo trance una
A guisa de explicaciones del desvío actual de las regiones
periféricas, se
han imaginado varias hipótesis, algunas con ínfulas
filosóficas. No nos
hagamos ilusiones. La causa real carece de idealidad y es
económica. El movimiento desintegrador surgió en 1900, y
tuvo por
causa principal, aunque no exclusiva, con relación a
Cataluña, la pérdida
irreparable del espléndido mercado colonial. En cuanto a los
impenitentes a soslayar raíces raciales o incompatibilidades
profundas, para contraernos a motivos prosaicos y
circunstanciales. «
¡Pobre Madrid, la supuesta aborrecida sede del imperialismo
¡Y pobre Castilla, la eterna abandonada por reyes y
gobiernos! Ella,
despojada primeramente de sus libertades, bajo el odioso
de Carlos V, ayudado por los vascos, sufre ahora la amargura
cómo las provincias más vivas, mimadas y privilegiadas por
el Estado, le
No me explico este desafecto a España de Cataluña y
Vasconia. Si
caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento
moral, ni
cabe explicarlo por móviles utilitarios. A este respecto, la
amnesia de los
vizcaitarras es algo incomprensible. Los cacareados Fueros,
fundamento histórico es harto problemático, fueron
Carlos V en pago de la ayuda que le habían prestado los
vizcaínos en
Villalar, ¡estrangulando las libertades castellanas! ¡Cuánta
tendenciosa alberga el alma primitiva y sugestionable de los
del vacuo y jactancioso Sabino Arana y del descomedido
hermano que lo
La lista interminable de subvenciones generosamente
otorgadas a las
provincias vascas constituye algo indignante. Las cifras
globales son
aterradoras. Y todo para congraciarse con una raza (sic) que
a la magnanimidad castellana (los despreciables «maketos»)
A pesar de todo lo dicho, esperamos que en las regiones
favorecidas por
los Estatutos, prevalezca el buen sentido, sin llegar a
violencia y desmembraciones fatales para todos. Estamos
de la sensatez catalana, aunque no se nos oculte que en los
envenenados sistemáticamente durante más de tres decenios
pasión o prejuicios seculares, son difíciles las actitudes
ecuánimes y
No soy adversario, en principio, de la concesión de
privilegios regionales,
pero a condición de que no rocen en lo más mínimo el sagrado
comprometer la Hacienda del Estado. Sufráguese el costo de
cedidos, sin menoscabo de un excedente razonable para los
La sinceridad me obliga a confesar que este movimiento centrífugo
peligroso, más que en sí mismo, en relación con la especial
los pueblos hispanos. Preciso es recordar –así lo proclama
Historia– que somos incoherentes, indisciplinados,
localistas, amén de tornadizos e imprevisores. El todo o
nada es nuestra
divisa. Nos falta el culto de la Patria Grande. Si España
estuviera poblada
de franceses e italianos, alemanes o británicos, mis alarmas
de España se disiparían. Porque estos pueblos sensatos saben
sus pequeñas querellas de campanario en aras de la concordia
Santiago Ramón y Cajal. El Mundo a los Ochenta Años. Parte
II». Madrid
Sin comentarios a éstas palabras de uno de los españoles más
Con la España Nación Con la España Nación
La fallida autonomía provincial de Segovia, veinticinco años después (Dedicado a los regionalistas segovianos, baluartes de la dignidad de esta tierra) por Joaquín Gonzalez Herrero
El 31 de julio de 1981, hoy hace veinticinco años, la Diputación Provincial de Segovia decidió ejercer el derecho a la autonomía que contempla el artículo 143 de la Constitución Española. Inició así un proceso de proporciones históricas comparable a las Guerras de las Comunidades. Animaba a los provinciales el mismo espíritu de independencia de los viejos foramontanos, que un día repoblaron estas tierras al sur del Duero. Imaginaban ahora una Diputación foral de Segovia, encarnadura institucional de los pueblos y comarcas de la Extremadura de Castilla. Parecía que las puertas de la autonomía regional se le abrían de nuevo a nuestra tierra. Estaba presente el precedente de la Segunda República, el "Proyecto de Estatuto de la circunscripción o provincia autónoma de Segovia", de julio de 1931, al que dieron vida Luis Carretero y Nieva, Celso Arévalo, Ignacio Carral, Alfredo Marqueríe, Antonio Bernaldo de Quirós y Mariano Quintanilla. El acuerdo de nuestra Diputación forma parte del complejo avatar que se llamó "estado de las autonomías". En lo que afectaba a Segovia se había iniciado tres años antes, con el "Consejo General de Castilla y León", órgano provisional de las once provincias de las regiones históricas de León y Castilla (León, Zamora, Salamanca, Valladolid, Palencia, Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Ávila), creado por Real Decreto de 13 de junio de 1978. Este Consejo fue un producto frankensteiniano. Como en los peores tiempos afrancesados, tan funestos para Segovia, y en sintonía con prácticas no muy lejanas de ordeno y mando, el cartabón se impuso a la razón histórica y el decreto real a la voluntad popular. Una geometría hecha de mitos y falsedades vino a concebir una región basada en la cuenca del Duero. Del malhadado parto surge una criatura que gira en torno a Valladolid, permanente amenaza para Segovia. La respuesta no se hizo esperar. Cantabria y la Rioja siguieron el camino de la autonomía provincial. Y Segovia se opuso a su inclusión en el Consejo de Castilla y León. En efecto, de los 203 municipios que contaba la provincia, solo 9 expresaron su apoyo al engendro. Los representantes segovianos se retiraron del Consejo en 1979 y la Diputación formalizó en fecha 23 de abril de 1980 su rechazo a la iniciativa. La incorporación de Segovia a Castilla y León fracasó de manera rotunda. Diluida y desnaturalizada Castilla en el híbrido, Segovia se volcó en su propia autonomía. Y así, la Diputación dispuso de numerosos apoyos, de entre los que destacó el acuerdo de las corporaciones segovianas. En efecto, el 12 de junio de 1981 1a Cámara de Comercio e Industria, la Cámara de la Propiedad Urbana y la Cámara Agraria Provincial, en acto público y solemne proclamaron su oposición a "Castilla y León" e instaron a la Diputación el inicio de los trámites para lograr la autonomía provincial. Cuatro parlamentarios nacionales, veintidós diputados provinciales, nueve concejales de la ciudad de Segovia, ciento sesenta y cuatro municipios representados por sus alcaldes y concejales se unieron a esta iniciativa. Impulsor intelectual de esta empresa fue Manuel González Herrero, ilustre representante del regionalismo en nuestra tierra y comprometido continuador de la obra de sus predecesores republicanos. Llevó a cabo, infatigable, una tarea de concienciación y divulgación de las ideas autonomistas, de pedagogía y enseñanza del ser de Castilla, a la que liberó de su disfraz imperial, de los mitos y falsedades con que la historia oficial y la tradición noventayochista nos la presentaron. Reflejo de ello serán, en lo que aquí interesa, algunos de sus trabajos más notables: el "Memorial de Castilla" en 1978 y "La entidad histórica de Segovia" en 1981. Propició al mismo tiempo la creación de "Comunidad Castellana", asociación muy activa y cauce de expresión del reverdecer regionalista. Y se expresó con idéntico propósito a través del "Colectivo Juan de Solier". Con la decisión de la Diputación se inicia un trepidante proceso para alcanzar lo exigido por el artículo 143.2 de la Constitución Española: dos tercios de los municipios que representen la mayoría absoluta de la población de la provincia habrían de adherirse al acuerdo en el plazo de seis meses. Segovia bulle y su pueblo se echa a las calles. Convocados por los líderes del movimiento autonomista miles de segovianos, por lo común desengañados y reacios a participar en la cosa pública, se manifiestan ahora de forma masiva. Desde Fernández Ladreda invaden la Plaza del Azoguejo, suben por la calle de Cervantes, atraviesan lo que en tiempos fuera puerta de San Martín, saludan a la estatua de Juan Bravo, esculpida por las manos de Aniceto Marinas. La cabeza de la manifestación se presenta en la Plaza Mayor, abarrotada de gentes. José Luis Salcedo se dirige a la multitud. Son muchos los que quedan arremolinados en la plaza del Corpus, en las calles adyacentes, en la Judería. Uno tras otro los municipios de la provincia van desgranando sus apoyos, hasta un total de 179, que representan el 87,7 por ciento de los ayuntamientos segovianos y el 56,69 por ciento de su censo electoral. La lucha continúa, no obstante, en la villa de Cuéllar, cuyo acuerdo a favor de la autonomía no fue notificado a la Diputación hasta el 4 de diciembre. La víspera, sin embargo, contradiciendo lo adoptado, la corporación decide instar de las Cortes Generales la incorporación de Segovia a Castilla y León. La incertidumbre se adueña de la situación, pues el nuevo acuerdo situaba por bajo del 50 por ciento el censo electoral representado. Ello era así dada la actitud del ayuntamiento de la ciudad de Segovia, 12 de cuyos concejales dieron la espalda a la iniciativa de la Diputación. El acuerdo del 3 de diciembre fue posteriormente declarado nulo de pleno derecho por la justicia contencioso-administrativa, ante la que se planteó el oportuno recurso. Restablecida la validez del apoyo cuellarano a la autonomía de Segovia los requisitos de artículo 143.2 quedaron debidamente cumplidos. Sin embargo, los poderes centrales no permanecieron inertes. En realidad, en el mismo mes de julio de 1981, escasas fechas antes de la iniciativa que aquí tratamos, los dos principales partidos políticos del momento habían urdido la integración de Segovia en el ente "vallisoletano centrista”, al margen de los representantes segovianos. Y no cejaron hasta la aprobación de la ley orgánica 5/83, de 1 de marzo, por la que se incorpora Segovia a Castilla y León. Se niega a nuestra tierra lo que se reconoce a otras provincias. La discriminación es flagrante. Segovia, víctima de otro desafuero. Cincuenta y cuatro senadores interpusieron recurso de inconstitucionalidad contra la ley de la imposición y el trágala. Desgraciadamente, el Tribunal Constitucional, en fecha 8 de noviembre de 1984, desestima el recurso y declara que la ley orgánica 5/83 no vulnera la Carta Magna. El mito de la soberanía única e indivisible de las Cortes, que pretende poderlo todo, dicta la sentencia. Entre aromas jacobinos, destila el fallo una aparente seguridad, con el halo de soberbia que acompaña a la razón de Estado. Es, sin embargo, pura debilidad, que no acierta a ocultar la verdad simple y desnuda de la democracia: el respeto a la voluntad del pueblo y a las minorías que integran la nación. He aquí la crónica sucinta, los rasgos más sobresalientes de unos sucesos que pudieron haber cambiado el destino de Segovia. En verdad acariciamos con los dedos el ser dueños de nuestro futuro, tras siglos de constantes abusos e injusticias. No pudo ser. Se invocaron las mismas razones que sometieron Segovia de Isabel o de su nieto Carlos. Y cabalgó de nuevo el alcalde Ronquillo. Un leonés, Rodolfo Martín Villa, se entregó a los objetivos estatales o imperiales de siempre, ahora caracterizados de "interés nacional" por nuestra Constitución. Muy malamente sirvió, sin embargo, a los intereses de Segovia y de su tierra natal. Resonaban en las esquinas de las plazas de Segovia, en sus corralillos y callejuelas, los ecos de la amenaza isabelina, de alguna manera presente en el proceso: "Os mandamos que... os conforméis con lo que sobre esto tenemos mandado... que si después de sabida de esta nuestra voluntad algunos otros movimientos o alteraciones sobre ello hacéis, que por vuestra persona y bienes nos lo pagaréis". Veinticinco años después debemos hacer balance. No cabe dudar de la buena fe de quienes se opusieron a nuestra autonomía. Creo que en general actuaron movidos de buenas intenciones. Simplemente se equivocaron. Y estoy convencido de ello incluso desplazando el análisis al plano sociopolítico, que aquí no pretendo abordar, aunque de ello habrá de hablarse un día. "Se le negó a nuestra tierra lo que se reconoció a otras provincias" EN LA ACTUALIDAD Un cuarto de siglo más tarde resulta muy difícil sostener lo contrario. Baste una mera comparación con las autonomías provinciales, como es el caso de La Rioja o Cantabria, dotadas de la plenitud institucional y organizativa de las Comunidades autónomas: Gobierno regional, Cortes autonómicas, Tribunal Superior de Justicia, Universidad pública regional... Sin embargo, Segovia, carente de gobierno propio, ha de conformarse con una administración autonómica delegada y se relaciona con el Gobierno de España a través de Valladolid, por subdelegación. Las leyes que afectan a Segovia son aprobadas por procuradores bercianos o de las Batuecas, llamados a pronunciarse' por ejemplo, sobre el titulado "Parque de cumbres" del Guadarrama. La justicia ha de pedirse en Burgos. Se inicia ahora la construcción de un campus de la "UVA", esto es, la Universidad de Valladolid, con facultades, programas académicos y profesores decididos o nombrados por quienes tienen poder para ello. Entre tanto, nuestra Diputación' la institución verdaderamente representativa de la provincia y de sus comarcas y sus pueblos, heredera de la legitimidad histórica de la Extremadura de Castilla, languidece bajo las tenazas del nuevo centralismo. No es lo dicho con todo lo más grave, sino que Segovia fue incorporada a Castilla y León a la fuerza, por imposición estatal, en contra de la voluntad de su pueblo. Quede constancia de mi protesta, que se une a la de los regionalistas que defendieron los intereses de nuestra tierra. Es éste uno de los episodios más tristes y profundamente antidemocráticos, de nuestra transición; suma de luces y sombras, que en nuestro caso mostró su lado más oscuro. Segovia fue de nuevo víctima del Estado, sacrificada en el altar de un supuesto interés nacional, que resultó ser a la postre falso. Los muñidores de aquel entonces, con harta ingenuidad y no sobrado entendimiento, pretendieron acabar con el inveterado problema de la vertebración del Estado extendiendo la autonomía de las nacionalidades históricas al resto de España. Y se convirtieron en urgentes hacedores de regiones; es decir, cortar aquí, unir allí, separar acullá; para recomponer la historia y reducirla al patrón de sus ideas, prejuicios y caprichos. El tiempo ha puesto de manifiesto, por otra parte, los errores de este planteamiento, que abrió la vía a una espiral exponencial, cuyo futuro se presenta en gran medida incierto. Nada está, al día de hoy, definitivamente cerrado. Inevitable resulta que nos preguntemos: ¿qué es Segovia?, ¿dónde su identidad y futuro? ¿Eran fundados los temores que de manera lúcida denunciaba Pedro Altares en 1981; es decir, Segovia convertida en merendero de Madrid? La libertad ha de ser el fundamento político de las naciones y los pueblos. Y los segovianos debemos seguir reclamando el derecho a decidir nuestro futuro, a partir de nuestra identidad. ¡Que no nos organicen los demás! Éste es el legado de nuestros regionalistas, de entre los que destaca, singularmente por lo que aquí se trata, Manuel González Herrero, desaparecido ese año. Sus testimonios humanos, intelectuales, morales y políticos deberían conmover la conciencia de esta sociedad, hoy un tanto adormecida. Queda por conocer el relato preciso, la intrahistoria; sus protagonistas, los hombres y sus nombres; las reuniones y conjuras; las lealtades, sumisiones, rebeliones y traiciones; los intereses de unos y otros; las estrategias y los pactos; las ideologías y demagogias; las ideas, los valores, los principios. La grandeza en suma de este episodio singular de nuestra historia. Debemos hacer frente al futuro sabiendo lo que aconteció; es decir, lo que somos. La crónica está por escribir y Segovia ha de conocerla. Alguien tiene los datos. Jesús Fuentetaja tiene la palabra.
Joaquín Gonzalez Herrero,
En este año nos hemos propuesto abrir nuestro blog a la participación de nuestros lectores habituales. ¿Tienes algún material interesante sobre Castilla que no has visto publicado aquí? Si es así, te invitamos a que nos lo envies para su publicación. Seá un texto, una foto, un poema, información sobre un libro que se acaba de publicar, etc será bienvenido. Nuestro correo queda a vuestra disposición.
El Consejo de Redacción. Publicado por
El Consejo de Redacción Publicado por
ES UNA pregunta común, en ocho de las nueve provincias. Y debería responderla a plena satisfacción de los electores, quien. aspire a proclamar a Valladolid como capital autonómica. Las sedes de la Administración autonómica radican en Valladolid desde 1983. Esto le ha supuesto a la ciudad 20.000 nuevos puestos de trabajo directos (la Administración General) y la construcción o rehabilitación de un centenar de grandes edificios. Sobre el tema de la capitalidad, el Estatuto remite a las leyes 13/1987 y 3/2001 que sólo establecen en Valladolid la sede de las Cortes, Presidencia de la Junta y consejeros: en toal300 empleos. En cuanto a la Administración Institucional y al sector público dependientes de la Junta, más de 150 entes radican en Valladolid con 2.000 empleos. Por esta supuesta capitalidad, tiene las sedes de medio centenar de entes de las Administraciones Nacional y de la Corporativa (Colegios Oficiales, Federaciones de Deportes, etc.). El régimen de capitalidad español, que ahora se reclama para Valladolid, supone: Consejo y Consorcio nuevos; presupuestos para servicios, celebraciones, casco histórico y obras; escaño en las Cortes para el Alcalde; reserva de solares para nuevas instituciones; etc. . La Junta lleva 29 años reuniendo en Valladolid, lo que crea, lo que hereda de Madrid y lo que «atrapa» de las provincias. No hay voluntadpopular tras ello, ni ley que lo autorice. Lo único que hay detrás, es la intención persistente de centralizar, algo radicalmente opuesto a los principios que dieron lugar a laEspaña de las Autonomías: acercar la Administración al ciudadano. En realidad la pregunta que encabeza esta columna es fácil de responder: Castilla y León se creó para servicio de Valladolid, y lo uno sin lo otro no se sostienen. EL MUNDO CASTILLA Y LEÓN Publicado por
Nuestro interés por la figura de Anselmo Carretero Jiménez no nos viene por su calidad de exiliado sino de su reflexión política centrada en la articulación dialéctica entre nación y región en España, por ser un ejemplo de oficial-nacionalismo democrático, opuesto al oficial-nacionalismo articulado por el franquismo2. El paradigma carreteriano lleva en su ADN, como apreciaremos en las páginas siguientes, también un discurso regionalista, profundamente integrado y de este inseparable3. Bajo estas premisas generales, la comunicación se plantea pues dos cuestiones: la presentación y análisis
2 El concepto de oficial-nacionalismo es un préstamo del brillante ensayo de Anderson [BenedictANDERSON, Comunità immaginate, Roma: Manifestolibri, 2000] sobre el nacionalismo, aunque con un breve cambio de significado respecto a su origen andersoniana. En nuestro esfuerzo analítico utilizamos ese concepto como definición de aquel nacionalismo que coincide con las instituciones estado-nacionales vigente en un determinado momento histórico, de acuerdo, en parte, con cuanto plantea Seaton-Watson (Hugh SEATON-WATSON, Nations and States. An enquiry into the Origins of Nations and the Politics of Nationalism, Boulder-Colorado: Westview Press, 1977). Dicho con otras palabras, se trata del nacionalismo de estado o coincidente con el marco estatal. Pues de entre los nacionalismos, este es el que más problemas de definición conlleva y que menos se suele estudiar, sobre todo si lo comparamos con el volumen de estudios que hay sobre los nacionalismos periféricos. En suma, el oficial-nacionalismo es ese banal nationalism que analiza Billig (Michael BILLIG, Nacionalisme banal, Catarroja: Afers, 2006), un nacionalismo cotidiano, invisible y a menudo huidizo pero, precisamente por eso, extremadamente efectivo, activo y exitoso. De ahí que el regionalismo oficial-nacionalista, o oficial-nacionalismo regionalizado, nos sirva para representar aquellos discursos que, sin poner en duda la nación oficial representada por el estadonación, defienden una dimensión territorial sub-estatal concreta. Menos dificultades, por ser generalmente aceptada, supone la definición de nacionalismo periférico que representaría todo movimiento nacional interno, territorialmente definido y alternativo a la nación oficial, generalmente interno al territorio de uno o más estados-nación.
3 Siguiendo por el camino de la obligada definición teórica previa, el oficial-nacionalismo presenta una laminación interna representada por el regionalismo como discurso finalizado a la integración de la diferencialidad local en la idealización de la identidad nacional. Este mismo concepto, bajo la definición de nacionalismo regionalizado, ha sido adoptado por el caso francés: Anne-Marie THIESSE, Anne-Marie, Ils apprenaient la France. L’exaltation des régions dans le discours patriotique, Paris: MSH, 1997; Anne-Marie THIESSE, «Centralismo estatal y nacionalismo regionalizado. Las paradojas del caso francés«, Ayer, 64 (2006), pp. 33-64. Trabajamos sobre la cuestión en: Andrea GENIOLA, Tra nazionalismo e regionalismo:discorsi, fondamenti e risorse della Comunità Immaginata in Spagna, Bari: Tesi di Dottorato in Filosofie e Teorie Sociali Contemporanee, Università degli Studi di Bari, 2009.
Anselmo Carretero Jiménez (1908-2002), segoviano trasplantado en León, ingeniero industrial como su padre Luis Carretero Nieva, republicano y socialista, militante del PSOE y afiliado a UGT, al estallar la Guerra Civil se encuentra ya en México con su suegro, Félix Gordón Ordás, a la sazón embajador. La guerra supone para Carretero la asunción de unos cuantos cargos de confianza en el Gobierno legitimo y el regreso en España. Al acabar la guerra vuelve a Méjico hasta instalarse definitivamente en Ciudad de Méjico en 1948.
Carretero alterna a su profesión de ingeniero industrial un gran interés por la historia de España, en especial por su Castilla, que se manifiesta en una voluminosa producción de libros y ensayos, entre ellos: “Los consejos comuneros de Castilla y Aragón” (1956), “La integración nacional de Las 4 De aquí en adelante se utilizarán las siguientes siglas: FPI (Fundación Pablo Iglesias), AACJ (Archivo Anselmo Carretero Jiménez), AJRO (Archivo Juan Ruiz Olazarán).
6 Alicia ALTED VIGIL, «Las Españas y Diálogo de las Españas: integración nacional y recuperación de la cultura en el exilio (1946-1963)«, en Nicolás SANCHEZ-ALBORNOZ, ed., El destierro español en A mérica. Un trasvase cultural, Madrid: Sociedad Estatal Quinto Centenario – Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1997, pp. 219-233; Francisco CAUDET, Francisco, El exilio republicano en México: las revistas literarias, 1939-1971, Madrid: Fundación Banco Exterior, 1992; Ascensión H. LEON-PORTILLA, España desde México. Vida y testimonio de transterrados, Ciudad de Méjico: UNAM, 1978 (el libro cuenta con una reedición en 2003); James VALENDER – Gabriel ROJO LEYVA, Las Españas: historia de una revista del exilio, Pedregal de Santa Teresa: El Colegio de México, 1999.
Españas” (1957), “La personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos” (1960), “Las nacionalidades ibéricas” (1962), “Los pueblos de España y las naciones de Europa” (1967), “España y Europa” (1971), “Las nacionalidades españolas” (1977)8, “El antiguo Reino de León: sus raíces históricas, su presente, su porvenir nacional” (1994), “Castilla, orígenes, auge y ocaso de una nacionalidad” (1996). Las razones de este interés las explicaría en una entrevista concedida durante la Transición: «A mí me llevaron al estudio de la historia de España impulsos políticos y patrióticos«9. A esta preocupación patriótica se acompaña una paralela preocupación regional. Desde las páginas de “El Nacional” con el artículo “A propósito del milenario de Castilla la Vieja” (5.10.1943), Carretero muestra su desaprobación ante la interpretación castellano-céntrica y centralista de la historia española que desde el régimen franquista se iba promoviendo, destaca el nacimiento de Castilla como el resultado de un alzamiento democrático contra la monarquía centralista de tradición visigoda y dibuja al conde Fernán González como un caudillo popular; fundamentaría su discurso en la relectura de materiales ya existentes, publicados por eruditos o cronistas. Su estreno como ensayista se relaciona con su ingreso en la redacción de LE, cuya línea heterodoxa motivaría muchas críticas y ningún apoyo por parte de socialistas y comunistas10. Aun así, LE no renunciaría a ser el altavoz de la España plural y republicana contra el franquismo,materialización de la España imperial y centralista. LE fue la primera agrupación en el exilio en dar
10 Fundada en 1946 por iniciativa de José Ramón Arana y Manuel Andujar, desde 1957 hasta su cierre en 1963 saldría como “Dialogo de las Españas” (DLE). Fue revista literaria y cultural volcada de manera importante también en la reflexión ‘histórico-nacional’ con aportaciones heterodoxas como las de Pedro Bosch-Gimpera y del jeltzale Manuel de Irujo. Solía proponer materiales literarios en castellano, catalán, euskera y gallego, ensayos de arte y crítica literaria, alternados a una línea federalista. En su segunda fase se abre a la oposición interna al país, de ahí el cambio de nombre, y publica poesías de autores como Gabriel Celaya, Joan Fuster, Jokin Ganboa y Xavier Casp.
La española, y desde luego la de los viejos castellanos, es democrática. Porque nada más anticastellano que la idea imperial de y unitaria de España, la intolerancia religiosa y el dominio de unos hombres sobre otros,
Pues no fue Castilla, nacida en la antigua Montaña de Burgos, la que fundaría la España ‘Una y Grande’, como aparecía en las celebraciones oficiales del milenario querido por el régimen.
independencia pudo manifestar sin deformaciones su propia personalidad, ‘representa en el panorama de las Españas la tradición autóctona, democrática, comunera y federal«18. La segunda contribución de Carretero en LE fue la edición en libro de las conferencias que su padre, Luis Carretero Nieva, había dado en 1943-44, bajo el título de “Las nacionalidades españolas” y como suplemento número 2 de LE (1948)19. El libro se volvería a editar en 1952 con ulteriores añadidos y anotaciones de la mano de Carretero. Paralelamente Carretero publica una serie de artículos en la prensa socialista pero debe conformarse con aparecer en la sección de “Opiniones”, precisamente por sus planteamientos heterodoxos. Escribe en “El Socialista” de Ciudad de Méjico en 195320, «Que España no es una nación homogénea, sino un conjunto de diversos pueblos, con caracteres comunes pero con propia personalidad cada uno de ellos, es cosa que el viajero menos perspicaz observa en su primer recorrido de nuestra península«21. De acuerdo con la línea crítica hacia el oficialismo republicano, denunciaría el espíritu centralista de la Constitución de 1931 y la opción de conceder estatutos solo a unos pocos, dividiendo a los españoles en dos clases. Acto seguido, acusa al PSOE de no haber tenido en su día una actitud clara y firme y de no haber sabido presentarse como defensor de los derechos nacionales de los pueblos de España, reproduciendo así las líneas maestras del documento de LE “Por un movimiento de reconstrucción nacional” de 1949. Sería necesario superar la Segunda República y la Guerra Civil en los planteamientos de las izquierdas y del PSOE en particular.
sucesivamente reeditado en 1966 en la revista “Comunidades”23 y en 1968 por Fomento de Cultura Ediciones de Valencia. Desde nuestra hipótesis los dos libros representaría el corpus central de la cosmovisión nacional-regional de Carretero. Su lectura en paralelo nos permite presentar el esquema historicista del autor, su perspectiva oficial-nacionalista, su cosmovisión regionalista y su propuesta de nacionalización.
identidad castellana, establece los contornos negativos de aquella leonesa, cuya aportación se sustanciaría en una cultura política autoritaria y centralista, verdadera constructora de España pero contrapuesta a la cultura política que se encontraría en Cataluña y en la federación vascocastellana28.«En Cataluña, […], nace el primer régimen constitucional de Europa, anterior ala Carta magna inglesa; y las Cortes catalanas –superiores a las de León y Castilla– y el poder ejecutivo emanado de la ‘Generalitat’ o Diputación del General son creaciones políticas que honran a primer libro de Carretero publicado en España, por las ediciones del Instituto “Diego de olmenares” de Segovia. Tal vez fue precisamente el entusiasta prologo del destacado dirigente jeltzale a generar los equívocos sucesivos alrededor de la autoría de las ediciones anteriores de “Las nacionalidades españolas”. Es precisamente Irujo quien presenta Carretero como autor de ese libro (Manuel de IRUJO, «Prologo«, en Anselmo CARRETERO JIMENEZ, La integración nacional de las Españas, Ciudad de Méjico: Las Españas, 1957, p. 17). Ahora bien, tanto en la contraportada del mismo libro como en la publicidad del mismo que aparecía periódicamente en las páginas de LE, aparece claro que el autor es Carretero Nieva.
España«29. Es precisamente en este punto donde el Carretero oficial-nacionalista que se plantea cuestiones sobre la articulación de su patria se encuentra con el Carretero regionalista que ensalza el particularismo de su petite patrie como fuente de recursos para toda la nación oficial. «En el Norte de la Península, en la zona montañosa comprendida entre el mar y el Alto Ebro, antiguos pueblos cántabros y vascos crean al principio de la Reconquista un nuevo estado de caracteres singulares y de gran interés para nuestro estudio«30. Desde este rincón originario e inhóspito poblado de hombres libres, mueven los repobladores de Castilla con sus usos y costumbres. La nación castellana y sus fuentes vasco-cántabras no solamente proporcionarían el más alto y autóctono ejemplo de organización democrático-federal, sino darían luz una lengua franca que se afirmaría como idioma de todos los españoles. Ante la monarquía de León, aristocrática, feudal y unitarista, se levantaría el condado vasco-cántabro de Castilla, popular, comunero y foral, en un acto de independencia de la nación castellana31. En las entrañas de ese grupo de pueblos libres, se desarrollaría el idioma castellano, como fuerza lingüística rebelde y abiertamente discordante frente a las demás hablas de la península, mientras el euskera, suerte de reliquia idiomática, sería fuente de todo lo que diferencia el castellano de los demás romances ibéricos32 .
En “La personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos” Carretero intenta reconstruir los fundamentos históricos y las coordenadas culturales de la nacionalidad castellana. Desde la protesta ante la visión castellano-céntrica del Régimen, Carretero se propone separar el buen nombre de Castilla del tópico imperial-centralista. Es más, Castilla se convierte en referente y fuente del modelo de construcción nacional federal propuesto por el nuestro. «A Castilla se achacan todos los entuertos de la monarquía española –que a veces lo son de España entera–; y también se le atribuyen hazañas y glorias que no le pertenecen. Así se alaba el esfuerzo militar de Castilla en las más duras etapas de la Reconquista [etc., nda]«33.
Carretero mueve en el texto una crítica contundente hacia aquellas figuras que, desde su producción cultural y ensayística, contribuyen a la construcción del doble imaginario de una Castilla centralista en una España castellano-céntrica, como Unamuno, Azorín, Pérez Galdós u Ortega y Gasset. Es más, la verdadera Castilla representaría una alternativa autóctona ante la desastrosa implantación del modelo francés de las provincias. «El federalismo castellano no lo es sólo en lo referente a una unión de los estados peninsulares en la que cada uno de ellos conserve su propia personalidad […].
El estado castellano era en sí de naturaleza federal: un conjunto de comunidades autónomas en su administración y gobierno interno con un jefe común«34. Este intento de dar la vuelta a una consolidada imagen de identificación entre Castilla y España fundamentada en un vocación imperial y centralista, representa desde luego un desafío nuevo en el panorama de las reconstrucciones historicistas de lo español. La re/codificación de lo castellano que Carretero lleva adelante se da en paralelo con una re/definición de lo español. Tal vez precisamente porque esa identificación es tan fuerte y activa que no es posible hablar de Castilla sin preguntarse por España. Castilla es una nacionalidad que conforma la patria española y España es el conjunto de los pueblos que conviven en la península ibérica, Portugal incluido. Sin embargo, este intento de evitar la identificación y descomponer el mito de la hegemonía castellana se convierte más bien en un proceso de re/codificación de los contenidos y direcciones de esas mismas identificación y hegemonía. En resumidas cuentas, y sin que Carretero se de cuenta, una España nueva que supiera dejarse atrás el centralismo y el mito de la Castilla constructora de España tendría que volver a mirar a Castilla, pero en su nueva idealización. Una Castilla intrínseca y consustancialmente federalista, victima ella misma del centralismo y por ello perjudicada, como fuente y ejemplo de una España federal. Lo consustancialmente federal de España provendría precisamente de la re/codificación que Carretero plantea de Castilla. Voluntaria o involuntariamente, Carretero vuelve a presentar un ideario castellano-céntrico, aunque con otras característica. De ahí que Carretero llegue, de su petite patrie a preguntarse por la Grande Nation, afirmando que: «Existe una nación española; hay una condiciones comunes de carácter, un común sentimiento nacional, una cultura,
Hay una cultura española, y mejor aún una capacidad española para crear culturas y para ponerse en contacto con otras culturas y obrar sobre ellas con caracteres y temperamento propios, al modo que los españoles actúan dentro de las culturas latina y árabe, con un poder creador hispánico que los historiadores europeos reconocen modernamente36.
con medios catalanista, Carretero eleva a mito de buen gobierno, administración y convivencia los estados federales de la época, convencido de sus raíces españolas. «Si hay alguna nación en el mundo llamada por su geografía, su tradición su cultura y el carácter de sus hombres a construir un estado democrático de estructura federal firmemente trabada, ninguna más que España«37. A esta idealización del federalismo originario de Castilla se contrapone la realidad de la falta de movimientos políticos federalistas o autonomistas, hecho que, por otra parte le preocupa sobremanera38.
Convencido de que el modelo de 1932 estuvo equivocado plantea una definitiva descentralización general y simétrica del estado español. Este federalismo generalizado sin más federalismo proporcionaría un sinfín de beneficios de todo tipo: quitar el agua al pez del separatismo,responsabilizar a las elites locales, desarrollar en lo local esa cantera para la construcción de una mejor y más competente clase dirigente, poner coto a la atomización, etc. La caída del franquismo será una buena ocasión para devolver a España su verdadera identidad de nación de naciones y cumplir la asignatura pendiente de la integración nacional.
Hasta aquí, el corpus del pensamiento de Carretero, su vida virtual así como se expuso. El paradigma que podemos extraer se fundamenta en un profundo historicismo donde el relato,adecuadamente presentado y manipulado, proporciona una arbitraria significación actual a hechos pasados y con mucho anteriores a la época de las naciones. Ahora hemos de preguntarnos por la vida externa del paradigma carreteriano. La correspondencia entre el ingeniero segoviano y Manuel González Herrero y un seguimiento de las vicisitudes de esos planteamientos durante la Transición nos pueden ofrecer algún interesante elemento de reflexión41. El primer contacto entre Carretero y González Herrero tiene lugar en 1965, cuando la obra esencial del nuestro ya está conocida entre los círculos intelectuales y los pequeños historiadores de campanario42. Desde luego, sus obras se difundían entre los círculos de la oposición antifranquista pero, también, en esa zona de sombra constituida por las instituciones de las diputaciones dedicadas a la manipulación de la cultura local y desordenadamente organizadas desde 1948 en el Patronato “José María Quadrado”43. Al hilo de una sugerencia de su amigo Jesús Monzón, Carretero envía copia de sus libros a González Herrero que contesta agradecido y entusiasta y recambia con los trabajos que iba publicando en “Estudios Segovianos”44. Fue el inicio de una larga amistad, gracias a la cual Carretero va a jugar un papel destacado en la definición del actual regionalismo castellano.
42 Hemos encontrado repetidos indicios de esa relación, por ejemplo con determinadas entidades del Patronato “José María Quadrado” del CSIC. El Instituto de Estudios Riojanos y el Centro de Estudios Montañeses se harían con sendas copias del texto de la conferencia “Los Consejos de Comuneros de Castilla y Aragón” (1956) para sus respectivas bibliotecas, obra editada por otra institución del Patronato, el Instituto de Estudios Segovianos “Diego de Colmenares”. La otra vertiente de difusión de la obra de Carretero se encuentra en el Institut d’Estudis Catalans. [FPI-AACJ-929-2].
Es preciso tener preparados en toda Castilla núcleos de hombres de buena voluntad, de distintas creencias o pensamientos religiosos y diferentes ideas políticas, unidos por su amor a Castilla y por el deseo de que llegado el momento de la reconstrucción descentralizada, y mejor federal de España, nadie más que los castellanos hagan oír la voz de su tierra al lado de la de los demás pueblos de nuestra patria51.
Lo que podríamos calificar de programa regionalista. La siempre entusiasta respuesta de González Herrero se materializaría en la idea de montar en Segovia una Sociedad de Estudios Castellanos y una editorial dedicada a temas castellanos, como herramientas del proyecto cultural marcado por Carretero52. Él se mostraría entusiasta de la idea y los dos seguirían intercambiando artículos y surrealistas observaciones sobre si la comarca de Liébana fuera castellana por ser administrativamente santanderina o leonesa por haber pertenecido en su día al Reino de León.
o el historiador oficial falangista, Maximiano García Venero. Carretero transmitiría desde luego su sorpresa a su amigo segoviano53. Le escribe Areilza:
Es sorprendente que Carretero encuentre lectores entusiastas en figuras como las que acabamos de citar. No sabemos que encontrarían exactamente de interesante en los libros de Carretero pero es cierto que el ingeniero segoviano iba planteando una arquitectura completa y articulada de las regiones españolas y de su encaje en la patria común, que no extraña que pudiera entroncar con las necesidades de reformulación del regionalismo de derechas, variamente monárquico y/o franquista. Esto es, asimismo, una buena muestra de la total compatibilidad del discurso de Carretero con las coordenadas básicas de todo oficial-nacionalismo, incluso en su dimensión regionalista.Finalmente González Herrero, mientras tanto ascendido a miembro de la Academia de la Historia y Arte de San Quirze55. En 1971 edita una obra central en la historia reciente del castellanismo: “Segovia: Pueblo, Ciudad y Tierra. Horizonte histórico de una Patria”, cuyo Prólogo es un largo ensayo de Carretero, “La Castilla Comunera (boceto histórico y meditación en torno al tema)”, que el mismo autor le había pedido56. El abogado segoviano plantea, asimismo, la necesidad de aprovechar la ocasión del milenario de Fernán González para difundir la conciencia castellana, con la implicación en el proyecto de las instituciones culturales de las Diputaciones de la verdadera Castilla.
Paralelamente a su contribución a la construcción del castellanismo contemporáneo que, como hemos observado, no fue ni casual ni circunstancial, Carretero sigue comprometido con la definición de la política territorial del PSOE, a través de las ponencias que la Agrupación Socialista de Méjico llevaría a los congresos del PSOE de 1976 a 1984. La historia de esos años, es decir de la Transición y de la construcción del Estado de las Autonomías, está marcada por un desencuentro cada día más evidente entre el ingeniero segoviano y su partido.
La realidad es que desde la “Resolución sobre las nacionalidades ibéricas” de 1974, donde se reconoce “el pleno derecho de autodeterminación” y se reivindica “la constitución de una República Federal de las Nacionalidades que integran el Estado Español”57 hasta la desaparición de esas reivindicaciones de los planteamientos socialistas, no hay huella de las formulaciones de Carretero.Si cruzamos los contenidos de la Resolución con los fundamentos del ideario de Carretero podemos extraer la conclusión que su influencia fue nula. En primer lugar no había huella de paridad entre las “nacionalidades españolas”. Pues las preocupaciones no pasaban de una necesaria reparación a las “nacionalidades históricas”, y ya hemos observado como para Carretero todas las regiones españolas eran “nacionalidades” y deberían de integrarse en un estado federal en pie de igualdad. En segundo lugar, Carretero era contrario al derecho de autodeterminación por poner en riesgo la unidad de la nación española.
reemplazada por el principio del derecho al libre autogobierno de los pueblos60. Pero ni siquiera al hilo de ese cambio los postulados de Carretero triunfarían. El discurso de Carretero no acaba de encajar en la cosmovisión de su partido y este último está más pendiente de mediaciones y alianzas que de sofismas conceptuales. En el XXIX Congreso en la resolución relativa al tema que aquí nos ocupa, el PSOE se ancla al texto de la Constitución de una manera manifiestamente acrítica aunque comprensible, reconociendo la existencia de las Nacionalidades históricas al tiempo que la de las regiones61. Esta formulación significa el punto y final de la no incorporación de los paradigmas carreterianos, pues reproduce una separación cualitativa entre “nacionalidades históricas” y “regiones” en el mismo sentido que la Constitución. Por cuantos documentos y propuestas pudiera preparar la Agrupación de Méjico (1978, 1979, 1981 y 1984), la idea de una España plurinacional no haría hueco en las posiciones oficiales del partido, e incluso la antigua reivindicación federalista se perdería por el camino.
Alrededor del nuevo mapa autonómico de España y del destino de la verdadera Castilla el desacuerdo se haría aun más evidente. De ahí que Carretero se dedicara a conrear la difusión de sus planteamientos. En la segunda mitad de 1977 Carretero recorre las tierras de Castilla dando largas conferencias de presentación de su “La personalidad de Castilla…”; en Segovia el 28 de octubre,en Soria el 11 de noviembre y en Madrid el 23. En Segovia le acompañaría el mismo González Herrero, que hablaría sobre “Segovia y los orígenes del regionalismo castellano”.
Amigos de Segovia y de otras comarcas de Castilla, doblemente compatriotas míos: por españoles y por castellanos; señoras y señores. No necesito deciros, porque es manifiesto, que estoy emocionado, profundamente emocionado. Hablar ante coterráneos a los sesenta años de edad, después de cuarenta de ausencia de la tierra natal, no es cosa fácil para quien, además, no tiene costumbre de ocupar tribunas ni afición a ellas. No obstante lo cual he aceptado con gusto vuestra honrosa invitación a participar personalmente en este acto de afirmación castellana porque considero que en estas hora la causa de Castilla requiere la colaboración activa de todos sus hijos62.
febrero de 1977 se constituye en Burgos la Mancomunidad de Diputaciones de Castilla y León. Tanto UCD como PSOE avalan ese marco territorial y el 31 de octubre nace en Valladolid la Asamblea de Parlamentarios de Castilla y León. El interés suscitado por la presentación tendría como consecuencia directa que el Pleno de la Diputación de Segovia acordara por unanimidad la compra de 25 ejemplares del libro para la Biblioteca Provincial y que felicitara al autor, «[…] por la publicación de este interesante libro que contribuirá a resolver uno de los problemas más acuciantes que tiene planteados nuestra Nación«63. Una vez más el interés por Carretero no vendría de su partido. En el florecer de planteamientos territoriales no debe sorprender que, por ejemplo, la Diputación de Segovia buscara también en los escritos de un ‘hijo ilustre e ilustrado’ una justificación historicista para el provincialismo segoviano. La general aceptación de Castilla y León como futura institución autonómica preocupaba muchísimo a Carretero. Su extensión era fruto de una larga fase de cocina a través de algunos think-tank regionales como la Alianza Regional de Castilla y León (ARCyL) y Instituto Regional de Castilla y León (IRCyL)64. Es curioso como, en este caso, las tesis de base de ARCyL coincidan con las de Carretero en cuanto a considerar las tierras castellanas como víctima de explotación y abandono. Es más surgieron un sinfín de proyectos territoriales alternativos que hacen de las Castillas, en nuestro entender, uno de los casos más interesantes a la hora de estudiar los discursos y mecanismos de la conformación del Estado de las Autonomías65. Al margen de los autonomismos uniprovinciales de León, Segovia y Burgos, los movimientos sin duda más conocidos, tal vez porque exitosos, fueron los que se desarrollarían en las provincias castellanas de Santander y Logroño, que empezarían decididamente su recorrido preautonómico66. Entre la institucionalización castellano-leonesa y la fragmentación de tierras “tan
65 Sobre la Transición castellana y sus procesos centrípetos y centrífugos: Juan Andrés BLANCO RODRIGUEZ, (coord.), Regionalismo y autonomía en Castilla y León, Valladolid: Junta de Castilla y León, 2004; José Antonio CASTELLANOS LOPEZ, La transición democrática en Castilla-La Mancha (1976-1983). Proceso autonómico y construcción regional, Toledo: Consejo Económico y Social de Castilla-La Mancha, 2007; Mariano GONZÁLEZ CLAVERO, El proceso autonómico de Castilla y León. Volumen I: Los inicios (1975-1978), Valladolid: Fundación Villalar, 2004; Mariano GONZÁLEZ CLAVERO, El proceso autonómico de Castilla y León. Volumen II: De la Preautonomía al Estatuto (1978-1983), Valladolid: Fundación Villalar, 2004.
Con honda satisfacción compruebo que las ideas en él expuestas [“La personalidad de Castilla…”, nda] son las de muchos de vosotros y con los propósitos dados a conocer en el “Manifiesto de Covarrubias”,documento fundacional de Comunidad Castellana, en que esta presenta a los pueblos castellanos y a la opinión española en general una clara concepción de Castilla y la necesidad de un renacer castellano67.
Las tareas que como castellanos tenemos ante nosotros son duras, largas y difíciles, pero se presentan mejor definidas que nunca: a) Evitar a toda costa la separación de la Montaña cantábrica y de la Rioja del resto de las tierras castellanas; b) Convencer a los autonomistas santanderinos y riojanos de que dentro de una auténtica Castilla autónoma es como cada una de nuestras comarcas o regiones menores puede obtener mayor autonomía; que este tipo de organización regional es el tradicionalmente castellano y hoy muy apropiado a nuestro caso; c) Hace todo lo posible por que ese decreto sobre la preautonomía de Castilla-León quede sin efecto y propugnar […] la autonomía de cada una de ambas regiones; d) en caso de que llegara a institucionalizarse el desafortunado invento castellano-leonés: armarse de tesón y paciencia para continuar la lucha por la disolución del híbrido engendro y el restablecimiento de las regiones históricas de León y Castilla con sus límites históricos. Con abrazos para los amigos comuneros [los de Comunidad Castellana,nda] y otro muy fuerte para ti, quedo a la espera de vuestras noticias70.
De que sirve pues el estudio de Carretero. Contestaríamos que a mucho. Nos ofrece pistas, en primer lugar, sobre la conformación de casi la mitad del mapa autonómico. En segundo lugar nos abre una ventana sobre la Transición socialista y la relación entre oficial-nacionalismo e izquierdas españolas en la segunda mitad del siglo XX. A menudo se ha hecho hincapié en la casi desaparición de la ‘nación española’ en el discurso de la oposición democrática75. Tal vez la estrecha identificación entre régimen franquista y oficial-nacionalismo hizo que el concepto de nación española, su simbología y sus recursos se convirtieran en algo incomodo. Como subrayan otras interpretaciones, eso supondría una cierta deslegitimación de la nación española76. Estudios más recientes nos ofrecen otra perspectiva. Por ejemplo, la nación española no estuvo de ninguna manera ausente durante la Transición. Al contrario, fue el eje alrededor del cual se fraguaría parte del consenso constitucional por medio, por ejemplo, de los paradigmas ortegianos77. Si es indudable que tanto el PCE como el PSOE incorporarían el derecho de autodeterminación en sus resoluciones,eso sería de paso, circunstancial y sin ninguna consecuencia política o institucional práctica. En realidad el horizonte de España nunca dejaría de ser central en la línea y discurso, por ejemplo, del PCE78. Por lo que concierne el PSOE, solo podemos decir que, limitadamente al trato reservado a los postulados de Carretero y de la Agrupación Socialista de Méjico, el dogma de la plurinacionalidad y de la nación de naciones no pasaría de ser una anécdota en la intensa vida congresual del partido durante la Transición. En resumen, quedaría sin fundamento la tesis de Valender y Rojo Leyva, quienes consideran que la propuesta federalista defendida por LE, fundamentada en las tesis de Carretero, se recabaría en la conformación del Estado de las Autonomías y la Constitución de 1978 79. Por otra parte, tampoco se puede argumentar que Carretero fue un precursor del Estado de las Autonomías y que la damnatio memorie provocata dal

References: artículo 143
 Real Decreto 
 artículo 143
 artículo 143
 Resolución 
 resolución