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Timestamp: 2020-08-03 18:15:07+00:00

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2. Estado y Partido en la Rusia estalinista | marx21.net
Marx y Engels emplearon el término “dictadura del proletariado”, de resonancias terribles y objeto de grandes malentendidos, para referirse, no a la forma, sino al contenido del Estado que reemplazaría el Estado capitalista, es decir, para definir a la clase dirigente. En este contexto, para ellos dictadura significaba simplemente el dominio de una clase. La ciudad-estado de Atenas, el imperio romano, el imperio napoleónico, el sistema parlamentario en Gran Bretaña, la Alemania de Bismarck y la Comuna de París eran todas dictaduras, pues en todas ellas, una o varias clases se encontraban sujetas al dominio de otra clase. En los escritos de Marx y Engels se concebía la dictadura del proletariado en la forma de una democracia muy amplia. Por ejemplo, el Manifiesto Comunista establece: “el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia”.1 Cuarenta años más tarde, Engels escribió: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar al poder bajo la forma de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como lo ha mostrado ya la Gran Revolución francesa”.2
Las ideas de Marx y Engels sobre la forma democrática de la dictadura del proletariado se hicieron realidad en la Comuna de París de 1871. Engels escribió: “Mirad a la Comuna de París; ¡he ahí la dictadura del proletariado!”.3 Y Marx señaló:
“El primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado.
La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por el sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera… En vez de continuar siendo un instrumento del Gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos… Los funcionarios judiciales perdieron aquella fingida independencia… Igual que los demás funcionarios públicos, los magistrados y jueces habían de ser funcionarios electos, responsables y revocables.”4
Citando de nuevo a Engels:
“Contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo abonado por la Comuna era de 6.000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y la caza de cargos, y esto sin contar con los mandatos imperativos que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a los cuerpos representativos.”5
Marx consideraba que, con el sufragio universal, el derecho a la revocación de todos los empleados públicos, el salario obrero para todos los funcionarios, el grado máximo de autogobierno, y la inexistencia de fuerzas armadas opresoras y situadas por encima del pueblo, la Comuna de París constituía una democracia plena. La antítesis del Estado obrero era la monstruosa burocracia y el ejército de los Estados capitalistas que, en palabras de Engels, “amenaza[n] con devorar a la sociedad entera”.6 Ésta, en resumen, era la concepción que tenían Marx y Engels de un Estado de los trabajadores, una democracia consecuente y extrema.
Frente a esta concepción, contrapongamos ahora la realidad del Estado estalinista ruso.
El elemento principal del Estado son las fuerzas armadas. Empleando la formulación de Lenin, el Estado está compuesto por “destacamentos especiales de hombres armados, que disponen de cárceles, etc.”7. Por eso el punto de partida para el análisis del aparato del Estado actual ruso, sobre todo desde el punto de vista marxista, tiene que ser la estructura de las fuerzas armadas. Como escribió Trotski tan acertadamente: “El ejército no es más que un elemento de la sociedad y padece todas las enfermedades de ésta; sobre todo, cuando sube la temperatura”.8
La formación de milicias populares fue reivindicación tradicional de los partidos socialistas (véase por ejemplo el artículo 12 del Programa de 1903 del Partido Obrero Social Demócrata Ruso.9) De ahí que una de las primeras actuaciones de los dirigentes bolcheviques al tomar el poder, fuera promulgar un decreto que incluía las siguientes cláusulas:
“2. Todo el poder dentro de cualquier unidad o grupo de unidades militares debe quedar en manos de los comités y soviets de soldados.
4. Queda establecido el principio de la elección de todos los comandantes del ejército. Los comandantes hasta el rango de comandante de regimiento deben ser elegidos por voto general [de las distintas unidades]… Los rangos superiores, entre ellos el comandante en jefe, deben ser elegidos por un congreso… de comités de las unidades del ejército [cuyos comandantes también serán elegidos].”10
Al día siguiente, otro decreto añadía:
“En cumplimiento de la voluntad del pueblo revolucionario preocupado por la erradicación inmediata y decisiva de todas las desigualdades, el Consejo de Comisarios del Pueblo decreta:
Abolición de todos los rangos y títulos desde el cabo hasta el general…
Abolición de todos los privilegios y marcas externas antes asociadas con los distintos rangos y títulos.
Abolición del saludo militar.
Abolición de todas las condecoraciones y demás signos de distinción.
Abolición de todas las organizaciones de oficiales…
Abolición de la institución de la servidumbre en el ejército.”11
Pero el deseo de los bolcheviques de establecer una democracia real en el ejército, para lograr su transformación en una milicia popular, topó contra el muro de la realidad objetiva
Durante los primeros días después de la Revolución de Octubre, el ejército revolucionario estaba formado por pequeños grupos de voluntarios. Las masas estaban hartas de la guerra y poco dispuestas a alistarse voluntariamente en las nuevas fuerzas armadas revolucionarias. Para hacer frente a la amenaza de los Ejércitos Blancos, respaldados por poderosas potencias extranjeras, los bolcheviques se vieron obligados a sustituir el principio de la voluntariedad por el alistamiento forzoso. Además, la falta de mandos experimentados los obligó a reclutar a decenas de miles de oficiales del antiguo ejército zarista. En consecuencia, tuvo que abandonarse el principio de la elección de los mandos, ya que era inconcebible que los trabajadores y campesinos uniformados eligieran como sus mandos a aquellos oficiales que tanto odiaban porque representaban al antiguo régimen. Las exigencias de la guerra también hicieron imperativo abandonar el ideal de un ejército organizado sobre una base territorial —es decir, el pueblo armado— para volver al modelo de ejército de cuartel.
Los dirigentes bolcheviques nunca dejaron de reconocer que estas medidas constituían una desviación del programa socialista (véase por ejemplo la resolución del VIII Congreso del Partido, en marzo de 191912); es más, se opusieron resueltamente a cualquier intento de hacerlas permanentes. Así, por ejemplo, cuando un ex general del ejército zarista que luchó junto a los bolcheviques durante la guerra civil declaró que el ejército de un país socialista no debería basarse en las milicias populares sino en el antiguo sistema de cuarteles, el Comisario del Pueblo para la Guerra, Trotski, le contestó con dureza: “el Partido Comunista no llegó al poder para reemplazar los cuarteles tricolores por cuarteles rojos”.13 Los bolcheviques reiteraron una y otra vez su intención de introducir las milicias cuanto antes. En el VII Congreso de los Soviets, en diciembre de 1919, por ejemplo, Trotski declaró: “Es preciso poner en marcha la transición hacia la creación del sistema de milicias para armar a la república soviética”.14
El IX Congreso decidió concretar esa intención, creando unidades de una milicia de trabajadores al lado del ejército regular, y se esperaba desarrollarlas gradualmente hasta que reemplazaran por completo a este último.15
Pero esta resolución nunca se llevó a cabo. Cualquier plan para introducir las milicias populares se vio obstaculizado por la realidad objetiva: el atraso de las fuerzas productivas de Rusia, el bajo nivel cultural del pueblo, el hecho de que la clase trabajadora representaba una pequeña minoría de la población. I. Smilga, un dirigente bolchevique del ejército, lo explicó en 1921:
“El sistema de milicias, cuya característica básica es el principio territorial, se enfrenta a un obstáculo político insuperable en el camino de su introducción en Rusia. Dada la debilidad numérica del proletariado en Rusia nos es imposible asegurar la dirección proletaria en las unidades territoriales de milicias… Desde el punto de vista estratégico, se presentan dificultades aún mayores. Debido a la debilidad de nuestro sistema de ferrocarriles, en caso de guerra seríamos incapaces de concentrar nuestras fuerzas en las zonas amenazadas… La experiencia de la Guerra Civil, además, ha demostrado sin lugar a dudas que las formaciones territoriales eran absolutamente inapropiadas, ya que los soldados desertaban por no abandonar sus pueblos ni durante la ofensiva ni en la retirada. Por eso, volver a ese tipo de organización sería un error burdo e injustificado.”16
El atraso de las fuerzas productivas y el carácter campesino del país, fueron los dos factores decisivos para la conversión del ejército rojo en ejército permanente y no en milicia. (A pesar de eso se introdujeron en las estructuras del Ejército Rojo muchos elementos de democracia e igualitarismo poco habituales en los ejércitos regulares). A fin de cuentas, el nivel económico de un país es el factor histórico decisivo. Como explicó Marx: “Nuestra teoría de que la organización del trabajo está condicionada por los medios de producción no se ve confirmada de forma tan brillante en ningún lugar como en la «industria de la matanza humana».”17
El atraso cultural y material de Rusia se reveló asimismo en las relaciones entre soldados y oficiales. Desde el principio, los bolcheviques se vieron obligados a nombrar a oficiales ex-zaristas, a pesar de su anterior agitación ante la sustitución de todos los oficiales nombrados por aquéllos elegidos por los soldados. Sencillamente resultó imposible proseguir la guerra contra los Ejércitos Blancos sin oficiales experimentados; si la elección se hubiera dejado en manos de los soldados, no habrían escogido a oficiales ex-zaristas.
Se libró desde el principio una lucha entre los comisarios políticos por un lado y los colectivos del Partido en el interior del ejército por el otro. Éste conflicto convergió con el que se desarrollaba entre tendencias centralistas y descentralizadoras. Los comisarios políticos salieron triunfantes sobre los colectivos del Partido, y el Centralismo venció a las tendencias guerrilleras. La convergencia de las dos luchas reflejó una tendencia burocrática que se iba fortaleciendo en el ejército.
No tardaron los oficiales ex-zaristas en influenciar a los nuevos mandos de origen proletario. El bolchevique Petrovski declaró: “Entre los muros de la escuela militar nos tropezamos con las antiguas perspectivas campesinas sobre el papel del oficial respecto a la masa de los soldados rasos. Observamos también una cierta inclinación hacia las tradiciones de clase alta propias de los cadetes de las escuelas militares zaristas… El profesionalismo es la enfermedad que corrompe moralmente a los oficiales de todos los países en todos los tiempos… Ellos (los mandos del Ejército Rojo) se integraron en el nuevo grupo de oficiales, pero nada pudieron ni la agitación ni los bellos discursos sobre la necesidad del contacto con las masas; las condiciones de vida siempre imperan sobre los buenos deseos”.18
Los mandos, los comisarios políticos y aquéllos que tenían autoridad en el ejército rojo, empezaron a aprovecharse de sus nuevos puestos en beneficio propio. Trotski les lanzó fuertes críticas; el 31 de octubre de 1920, por ejemplo, en una carta dirigida a los Consejos Militares Revolucionarios de Frentes y Ejércitos, condenó el uso, por las autoridades, de coches oficiales “para elegantes fiestas, ante los ojos de los agotados soldados del Ejército Rojo”. Habló furioso de “los mandos que se visten con extrema elegancia mientras los luchadores andan semidesnudos”, y denunció las juergas de mandos y comisarios. Concluía diciendo: “estos hechos no pueden dejar de provocar exasperación y descontento entre las tropas del ejército rojo”. En la misma carta, explicó su objetivo: “Sin aspirar a la meta imposible de eliminar de inmediato todos los privilegios en el ejército, debemos esforzarnos por reducirlos en forma sistemática al mínimo absolutamente necesario”.19 El realismo de su concepción revolucionaria pone de manifiesto las inmensas dificultades que presentaba la situación.
Pese a los abusos, sin embargo, la existencia de un Partido Bolchevique con células en el ejército, unido al entusiasmo y sacrificio revolucionarios de los soldados rasos, y a la presencia de Trotski en la dirección, aseguró la conservación del carácter proletario del Ejército Rojo en el curso de la guerra civil.
Con la victoria parcial de la burocracia en 1923, la arrogancia y la actitud dictatorial hacia las tropas se convirtieron en regla, más que en excepción, entre los oficiales. Poco a poco, los propios oficiales se apoderaron de las posiciones clave en las células del Partido hasta que, en 1926, el Departamento Político del Ejército subrayó el hecho de que las dos terceras partes del aparato del Partido estaban en manos de los mandos.20 Es decir, ¡los oficiales se convirtieron en los dirigentes políticos que supuestamente defendían a los soldados ante esos mismos oficiales!
Aun así, ésta no era aún una casta de oficiales totalmente independiente. Las condiciones de vida de los oficiales, por ejemplo, seguían siendo duras, y no muy distintas de las de las tropas. Según White:
“En 1925, sólo el 30% del personal de mando tenía vivienda considerada por Frunze, Comisario del Pueblo para la Guerra, aceptable. El 70% vivía por debajo de ese nivel. Frunze hablaba de varios lugares donde varios mandos, con sus familiares, compartían una sola habitación. Dicho de otra manera, cada familia sólo disponía de parte de una habitación. Los mandos en la reserva, cuando se les llamaba para darles formación con vistas a incorporarse a la vida civil, recibían un salario que a un peón chino le habría parecido poco atractivo. Los empleados y los campesinos percibían cinco kopeks por hora, mientras que a los desempleados se les pagaba nueve kopeks por hora, durante el tiempo que destinaban al estudio.”21
Wollenberg, comandante del Ejército Rojo, proporcionó los siguientes datos:
“En 1924, el comandante de cuerpo ganaba 150 rublos mensuales, más o menos lo mismo que un trabajador del metal bien pagado. Así, el sueldo era 25 rublos inferior al “máximo del Partido”, es decir el salario máximo que podía aceptar un militante del Partido en aquel entonces… En aquellos tiempos no existían los comedores especiales para oficiales, y se preparaba en las mismas cocinas la comida para la tropa y los oficiales. Los oficiales comunistas rara vez llevaban las insignias de rango cuando estaban fuera de servicio, y muchas veces prescindían de ellas aun estando de servicio. En aquel entonces en el Ejército Rojo sólo se reconocía una relación de superior a inferior durante el cumplimiento de un deber militar y, en cualquier caso, cada soldado conocía a su comandante con o sin insignias. Fue abolida la servidumbre en el ejército.” 22
Los soldados, además, tenían el derecho de denunciar a sus oficiales ante la Oficina del Fiscal Militar y, de hecho, lo hacían. Durante 1925 hubo un promedio de 1892 quejas mensuales, en 1926 fueron 1923 y 2082 durante 1927. Hasta 1931-33 existían “relaciones naturales y amigables entre tropa y oficiales”.23
White sitúa el momento decisivo en la consolidación de la casta de oficiales un poco antes, con los Estatutos del Ejército de 1928, a los que describe como “la verdadera línea divisoria”, considerando lo que les siguió como “el desarrollo de una tendencia ya establecida”.24 Los estatutos abrieron la posibilidad a una carrera de por vida para los oficiales; por eso, White los denomina, justificadamente, “La Carta Magna del personal de mando” parecida a “el Sistema Petrino de los rangos”.25
En 1929, empezó “la lenta transformación de las Casas del Ejército Rojo en Clubes para oficiales”.26 Aunque el salario de los soldados seguía siendo muy bajo, los sueldos de los oficiales comenzaron a aumentar, como demuestra el siguiente cuadro:
Aumento de los salarios mensuales de los oficiales
1934 (rublos) 1939 (rublos) Aumento %
Cdte. pelotón 260 625 240
Cdte. compañía 285 750 263
Cdte. batallón 335 850 254
Cdte. regimiento 400 1200 300
Cdte. división 475 1600 337
Cdte. cuerpo 550 2000 364
Se calcula que en 1937 el sueldo medio anual de los soldados rasos y los suboficiales juntos ascendía a 150 rublos, mientras que el de los oficiales sumaba 8.000 rublos.28 Durante la segunda guerra mundial, el soldado raso en el ejército soviético percibía un sueldo de 10 rublos mensuales, el teniente 1.000 rublos y el coronel 2.400 rublos. En vivo contraste con estas grandes diferencias —lo citamos como medida comparativa y no como en sentido aprobatorio— los soldados rasos en el ejército de Estados Unidos percibían 50 dólares mensuales, los tenientes 150 y los coroneles 333.29
Aunque el rublo se devaluó de forma vertiginosa durante las últimas dos o tres décadas, esto afectó mucho menos a los oficiales que a los civiles, pues los primeros gozan del acceso al Voentorg, organización cooperativa exclusiva que abarca tiendas, restaurantes, lavanderías, zapaterías y sastrerías. Tenían a su disposición casas especialmente construidas con todos los servicios. Ellos y sus familias viajan gratis en tren, barco, autobús, etc. Los soldados rasos no disfrutan de ninguna de estas ventajas; la única ventaja que tienen es el correo gratis para cartas remitidas por ellos o recibidas de sus familias.30
Un decreto del 22 de septiembre de 1935 introdujo en el ejército y las fuerzas aéreas los siguientes rangos: teniente, teniente primero, capitán, mayor, coronel, brigadier, comandante de división, comandante de cuerpo, comandante de ejército de segundo y primer rango y, por último, mariscal de la Unión Soviética.31 Lo mismo se hizo en la marina, y se concedieron rangos parecidos en los servicios técnicos del ejército.32 El 7 de mayo de 1940, se introdujeron más rangos en el ejército de tierra y en las fuerzas aéreas: general de división, teniente general, coronel general, general del ejército; y en la marina, contralmirante, vicealmirante, almirante de la flota.33 Por último, el 26 de junio de 1945, se reconoció el rango de generalísimo de la Unión Soviética.34
El 3 de septiembre de 1940 se reintrodujeron distintivos de rango según el antiguo modelo zarista, tales como hombreras doradas, e insignias de oro, platino y diamante (que llevaban los mariscales).35 Qué lejanos los días de la guerra civil cuando a los Blancos se les tildaba de “portahombreras doradas”. Un tomo de la Pequeña Enciclopedia Soviética, publicado en 1930, establecía que las hombreras “fueron abolidas por la revolución, en noviembre de 1917, por ser símbolos de la opresión de clase en el interior del ejército”.36 En contraste, en 1943, el periódico del ejército rojo escribió tras la reintroducción de las hombreras: “La introducción de las hombreras tradicionales para soldados y oficiales… subraya y simboliza la continuidad de la gloria del ejército ruso a través de la historia hasta nuestros tiempos”.37
Se prohibió que soldados y oficiales confraternizaran.38 Incluso los reservistas están divididos en los mismos rangos que el ejército y tienen derecho a llevar uniforme en todo momento.
“Hoy en día”, escribió John Gibbons, corresponsal en Moscú del periódico comunista británico Daily Worker, “los soldados rasos o los suboficiales que viajan en tren, autobús o metro, deben ceder el asiento a los de rango superior en caso de que viajen de pie”.39
Para mantener la apariencia de casta superior, a los oficiales no se les permite llevar paquetes grandes por la calle, o ponerse botas de fieltro en el teatro. A los altos oficiales se les prohibe viajar en metro o tranvía.40 Existen casinos y clubes especiales para oficiales; aun estando de permiso, al oficial no se le permite sentarse a la mesa con militares de distinto rango en lugares públicos. Cada oficial tiene su criado. Se han creado escuelas especiales para los hijos de los oficiales, desde el parvulario en adelante. Un ex-conde y oficial del cuerpo de la guardia zarista, el teniente general Alexéi Ignátiev cumple, de hecho, las funciones de director de etiqueta y modales en el ejército de Stalin. En la Academia Militar, las clases de baile son obligatorias.
No hay otro ejército donde los oficiales dispongan de mayores poderes disciplinarios que en el ejército rojo. Los estatutos del 12 de octubre de 1940 establecieron: “En caso de insubordinación, el oficial tendrá el derecho de imponer todas las medidas de coacción, incluido el uso de la fuerza y de las armas. El oficial no es responsable de las consecuencias en caso de que vea necesario emplear la fuerza o las armas para obligar a un insubordinado a que cumpla una orden o para restablecer la disciplina y el orden… Al oficial que en tales situaciones deje de aplicar todas las medidas necesarias para que se cumplan las órdenes se le someterá a juicio en consejo de guerra”.41
Ulrich, Presidente de los Juicios de Moscú, comentó sobre estos estatutos: “Los estatutos disciplinarios incrementan en gran medida los derechos del comandante en lo que se refiere al uso de la fuerza y las armas de fuego… Ya desaparecieron las relaciones de camaradería entre oficiales y soldados… La relación amigable que antes existía entre mando y subordinado en el Ejército Rojo ya no puede tener lugar en el Ejército Rojo. Se prohibe terminantemente toda discusión entre subordinados”.42
Un artículo de Pravda de la misma época arroja luz sobre otro aspecto de los estatutos: “Las denuncias deben presentarse sólo en persona y sobre una base individual. La presentación de denuncias colectivas en nombre de otros queda prohibida. No se admiten declaraciones de grupo, ni discusiones, sea sobre una orden, la mala comida u otro tema cualquiera; todo queda incluido en la categoría de insubordinación que conlleva pena de fusilamiento sin tan siquiera consejo de guerra, examen de testigos o investigación, si así lo decide personalmente un oficial superior”.43
De esta manera, los oficiales han llegado a conformar una jerarquía militar tan claramente definida como cualquier otra jerarquía de la historia.
Oficialmente, la soberanía de la URSS reside en los soviets, encabezados por el Soviet Supremo (hasta 1937, por el Congreso de los Soviets). Existen numerosos indicios, sin embargo, de que desde hace muchos años estos órganos no pasan de ser mera fachada, y que el poder real reside en otra parte.
Las cosas eran muy distintas al principio. En 1918, por ejemplo, el Congreso se reunió cinco veces. Entre 1919 y 1922 se reunió una vez al año, pero desde entonces el intervalo entre reuniones ha aumentado considerablemente. En 1923, otras unidades se unieron a la República Soviética Federada de Repúblicas Socialistas (RSFSR), constituyéndose la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El Primer Congreso de Soviets de la URSS se celebró en diciembre 1922, el Segundo en enero-febrero de 1924, el tercero en mayo de 1925 y a partir de entonces cada dos años, hasta 1931. El séptimo tuvo lugar en enero-febrero de 1935, después de un lapso de cuatro años. Desde entonces la situación no ha mejorado (si bien las necesidades de la guerra proporcionan una excusa, aunque débil, para posponer las sesiones). Este “parlamento” soviético sólo conoció 104 días de sesiones entre 1917 y 1936, es decir, menos de seis días al año.44 En años posteriores la cifra llegó a ser aún menor, y es altamente significativo que no se convocara ningún congreso entre 1931 y 1935, el período de la mayor y más rápida transformación de Rusia. Muchos pasos de gran trascendencia, como el Plan Quinquenal, la colectivización y la industrialización, se decidieron sin tan siquiera consultar a la “máxima autoridad” del país.
Entre 1917 y 1936, el poder legislativo siguió formalmente en manos del Congreso de los Soviets y su Comité Ejecutivo Central electo. A partir del triunfo de Stalin, sin embargo, este Comité se reunió una media de diez días al año. Rusia se había alejado mucho de los días en que el presidente del Comité Ejecutivo dijera: “El Comité Ejecutivo Central, órgano supremo de la República Soviética… dicta la política… que aplica el Soviet de Comisarios del Pueblo”.45
En cuanto al Presídium del Soviet Supremo, se desconoce cuándo se reúne y qué se discute en las sesiones, pues no ha aparecido nunca informe alguno sobre sus actividades.
Desde finales de los años veinte, cada decisión del Congreso de los Soviets y luego del Soviet Supremo ha sido aprobada por unanimidad. No sólo no ha habido nunca ningún voto en contra de una propuesta, sino que no se ha registrado una simple abstención, ni una propuesta de enmienda, ni siquiera un discurso de oposición. El carácter de las discusiones muestra la naturaleza meramente testimonial del Soviet Supremo. Así, por ejemplo, cuando tuvo lugar el mayor viraje en política exterior, la decisión de pasar de la alianza con Francia e Inglaterra a la colaboración con Hitler, el Soviet Supremo decidió que no hacía falta discutir la cuestión “dada la claridad y la consecuencia de la política exterior del gobierno soviético”.46
El presupuesto anual se presenta a veces ante el Soviet Supremo, pero siempre varios meses después de entrar en vigor sus medidas. El presupuesto de 1952, por ejemplo, efectivo a partir del uno de enero, fue presentado por el Ministro de Finanzas, Zverev, el 6 de marzo de 1952.47 El presupuesto para 1954 se “discutió” en abril de ese mismo año.48 Igualmente, el primer Plan Quinquenal, que entró en vigor el 1 de octubre 1928, sólo se aprobaría en abril de 1929. El segundo entró en vigor en enero de 1933, pero no se aprobó hasta el 17 de noviembre de 1934; 22 meses más tarde. Las fechas correspondientes al Tercer Plan fueron respectivamente el 1 de enero y marzo de 1939; al Cuarto, 1 de enero y marzo de 1946; al Quinto, enero y octubre de 1951.
A la luz de los hechos, no pasa de ser una idiotez la declaración del decano de Canterbury, Dr. Hewlett Johnson, en el sentido de que: “el Ejecutivo está subordinado al Soviet Supremo… Todas las acciones del Ejecutivo deben someterse a la ratificación del Soviet Supremo, pues según el artículo 30 de la Constitución, el «máximo órgano del Estado es el Soviet Supremo». La importancia de la vigencia de esta ley es evidente para los que vemos con profunda preocupación la tendencia opuesta en Inglaterra, donde el gabinete actúa sin tan siquiera consultar al Parlamento ni antes ni inmediatamente después de actuar. Lo más significativo, sin embargo, es el control que ejerce el Soviet Supremo sobre el Presupuesto, pues quien controla los recursos en última instancia ejerce el poder”.49 ¡Estas palabras aparecen en un capítulo que lleva por título “La Constitución más democrática del mundo”!
En vísperas de las elecciones generales de 1937, Stalin declaró: “¡Jamás ha visto el mundo elecciones tan absolutamente libres, tan democráticas! La historia no cuenta con ningún otro ejemplo de esta naturaleza.”50 Y un norteamericano, partidario entusiasta de Stalin, le secundó: “el voto es secreto y, sin temor alguno, el ciudadano soviético puede votar por la persona o el programa que realmente quiera”.51
No obstante, en estas elecciones “tan absolutamente libres y democráticas” nunca se presentó más de un candidato en cada distrito. Además, nunca, ni en uno solo de los cientos de distritos electorales votó un porcentaje inferior al 98% de los electores; es más, la participación casi siempre alcanzó el 99,9% y en un caso ¡incluso pasó del 100%! Fue el propio Stalin quien obtuvo 2.122 votos en las elecciones para los soviets locales del 21 de diciembre de 1947, a pesar de que el distrito sólo contaba con 1617 votantes. Por muy absurdo que parezca el incidente, más tonta todavía fue la explicación ofrecida al día siguiente por Pravda. Según el corresponsal “las papeletas sobrantes las introdujeron en las urnas ciudadanos de los distritos electorales vecinos, ansiosos por demostrar su agradecimiento a sus líderes”.52
Por supuesto, normalmente, las cosas se hacen con más cuidado, por lo cual es escasa la evidencia de fraude electoral. Sin embargo, sí se han registrado otros casos, como el plebiscito en Lituania, el 12 de julio de 1940, sobre la propuesta de integración del país a la URSS. A la agencia Tass, en Moscú, no se le comunicó que las autoridades locales habían decidido que las urnas permanecieran abiertas durante dos días, e informó sobre los resultados al final del primer día de votación, a pesar de que no se contaron las papeletas hasta el día siguiente. “Casualmente”, los resultados fueron exactamente los anunciados el día anterior. “Por desgracia, un periódico británico dio a conocer los resultados oficiales, publicados por una agencia de noticias rusa veinticuatro horas antes de cerrarse las urnas. Fue un error”.53
El Reglamento Electoral establecía que cualquier intervención que amenazara el derecho al voto del ciudadano debía castigarse. Sin embargo, entre el nombramiento de candidatos a las elecciones para el Soviet Supremo, en diciembre de 1937, y la realización de esas elecciones, desaparecieron treinta y siete candidatos —entre ellos dos miembros del Buró Político, Kossior y Chubar—, a quienes se substituyó por otros. Al electorado no se le ofreció explicación alguna y a nadie se le habría ocurrido pedirla.
Quince días antes de estos mismos comicios, el corresponsal en Moscú del New York Times envió a su periódico un cable donde proyectaba la composición del próximo Soviet Supremo. Según el informe estaría formado por 246 altos funcionarios del Partido, 365 funcionarios civiles y militares, 78 representantes de la intelectualidad, 131 trabajadores y 223 socios de los koljoz y se daban incluso los nombres.54 Salvo los 37 detenidos a última hora, el pronóstico resultó ser correcto en cada detalle. ¿Cómo explicarse eso, en un proceso electoral no fraudulento?
Puesto que el Partido Comunista de la Unión Soviética es un partido de Estado, el análisis de estructura, su composición y su funcionamiento debe ser también un análisis de la propia máquina del Estado.
Como punto de partida, y antes de estudiar el Partido desde el ascenso de Stalin al poder, es importante contraponer su actual carácter monolítico y totalitario a su funcionamiento realmente democrático en la época anterior a la consolidación de la burocracia.
El Partido Bolchevique nunca había sido un partido monolítico ni totalitario; todo lo contrario. La democracia interna siempre fue asunto de suma importancia en la vida del Partido, aunque, por una u otra razón, este hecho se ha dejado de lado en los escritos sobre el tema. Por eso, nos detendremos brevemente en esta cuestión, y ofreceremos varios casos que servirán para ilustrar la realidad de la democracia interna del Partido en la época anterior a Stalin.
Comenzaremos con unos ejemplos de la época anterior a la revolución de octubre.
En 1907, derrotado el primer intento revolucionario, el Partido sufrió una profunda crisis interna a raíz de las discusiones sobre qué actitud tomar ante las elecciones a la Duma zarista. En la Tercera Conferencia del Partido Obrero Social-Demócrata Ruso (en julio de 1907), en la que estuvieron representados tanto bolcheviques como mencheviques, se produjo una situación insólita: todos los delegados bolcheviques, a excepción de Lenin, optaron por el boicot a las elecciones. Lenin votó con los mencheviques.55 Tres años más tarde, un pleno del Comité Central de los Bolcheviques aprobó una resolución que defendía la unidad con los mencheviques; de nuevo, la única voz disidente fue la de Lenin.56
Al estallar la guerra de 1914-18, ni una célula del Partido adoptó la posición “derrotista” revolucionaria defendida por Lenin57 y, en un juicio a varios dirigentes bolcheviques en 1915, Kámenev y dos diputados bolcheviques de la Duma rechazaron la posición “derrotista” revolucionaria de Lenin.58
Después de la revolución de febrero, la gran mayoría de los dirigentes del Partido no estaban a favor de un gobierno revolucionario soviético, sino que optaban por el apoyo a un gobierno provisional de coalición. El 2 de marzo, la fracción bolchevique contaba con 40 representantes en el Soviet de Petrogrado, pero cuando se propuso la transferencia del poder a un gobierno burgués de coalición, sólo diecinueve votaron en contra.59 En una reunión del Comité de Petrogrado del Partido (el 5 de marzo de 1917), la resolución a favor de un gobierno revolucionario soviético recibió un solo voto.60 La posición de Pravda, editado en ese momento por Stalin, no podía considerarse revolucionaria bajo ningún concepto. Dio decididamente su apoyo al Gobierno Provisional “en cuanto luchase contra la reacción y la contrarrevolución”.61
De nuevo, cuando Lenin llegó a Rusia el 3 de abril de 1917, y editó sus famosas “Tesis de abril”, la pauta del Partido durante la revolución de octubre, durante un tiempo se encontró en minoría dentro del Partido. El comentario de Pravda sobre las “Tesis de Abril” fue que representaban “la opinión personal de Lenin”, y que eran “inadmisibles”.62 En la reunión del Comité de Petrogrado del Partido, del 8 de abril de 1917, las Tesis sólo recibieron dos votos, mientras trece votaron en contra y se registró una abstención.63 En cambio, en la Conferencia del Partido del 14 al 22 de abril, las tesis obtuvieron mayoría: 71 a favor, 39 en contra y ocho abstenciones.64 La misma conferencia derrotó a Lenin en otro asunto: si el Partido debía participar o no en la Conferencia de los Partidos Socialistas de Estocolmo. En contra de su opinión se decidió participar plenamente.65
De nuevo, el 14 de septiembre, Kerenski convocó una “Conferencia Democrática” y Lenin insistió en la necesidad de boicotearla. El Comité Central le apoyó, pero la mayoría (9 a 8) era tan ajustada que se decidió que la Conferencia del Partido, formada por la facción bolchevique en la “Conferencia Democrática”, debía tomar la última determinación. Esta reunión decidió participar en ella por 77 votos contra 50.66
Estando en el orden del día el asunto más importante de todos, la insurrección de Octubre, la dirección se encontró ampliamente dividida de nuevo. Una facción fuerte que incluía a Zinóviev, Kámenev, Ríkov, Piatakov, Miliutin y Nogin, se opuso a la insurrección. Sin embargo, cuando el Comité Central eligió al Buró Político, ni Zinóviev ni Kámenev fueron excluidos.
Después de la toma del poder, las diferencias en la dirección del Partido seguían siendo tan agudas como siempre. A los pocos días de la revolución, varios dirigentes del Partido insistieron en la necesidad de aliarse con otros partidos socialistas. Entre ellos se encontraban Ríkov, Comisario del Pueblo de Interior; Miliutin, Comisario de Agricultura; Nogin, Comisario de Industria y Comercio; Lunacharski, Comisario de Educación; Shliapnikov, Comisario de Trabajo; Kámenev, Presidente de la República, y Zinóviev. Llegaron al extremo de dimitir del gobierno, obligando así a Lenin y sus partidarios a entablar negociaciones con los demás partidos.67 Las negociaciones se rompieron porque los mencheviques insistían en excluir a Lenin y Trotski del gobierno de coalición.68
Lenin volvió a encontrarse en minoría al discutir la cuestión de la convocatoria o aplazamiento de las elecciones a la Asamblea Constituyente de diciembre de 1917; en contra de la opinión de Lenin, las elecciones se llevaron adelante.69 Poco después, fue de nuevo derrotado en el asunto de las negociaciones de paz con Alemania en Brest-Litovsk. Él abogaba por la paz inmediata pero en una reunión del Comité Central y los trabajadores activistas, el 21 de enero de 1918, su propuesta recibió sólo quince votos contra los treinta y dos que obtuvo la moción de Bujarin en favor de la “guerra revolucionaria” y los dieciséis que consiguió la de Trotski que optaba “ni por la paz ni por la guerra”.70 En la sesión del Comité Central del día siguiente, Lenin volvió a ser derrotado. Pero al final consiguió, por el desarrollo de los acontecimientos, convencer a la mayoría del Comité Central de su punto de vista y, en la sesión del 24 de febrero, su propuesta de paz obtuvo siete votos, mientras que cuatro votaron en contra y otros cuatro se abstuvieron.71
El ambiente monolítico que tan insistentemente se ha atribuido al Partido Bolchevique, tanto antes como después de la revolución, se esfuma ante los hechos. Más tarde, sin embargo, ese ambiente se hizo real.
Durante mucho tiempo, el órgano más importante del Partido fue el Congreso. Por ejemplo, Lenin declaró: “[el] Congreso [es] la asamblea más responsable del Partido y de la República”.72 Pero a medida que creció el poder de la burocracia, fue perdiendo progresivamente su importancia. Los Estatutos del Partido de 1919, 1922 y 1925 (puntos 20, 20, 21 respectivamente) estipulaban que los Congresos debían celebrarse cada año,73 y hasta el XIV Congreso de 1925 este principio se respetó. Pero a partir de entonces se celebraron cada vez con menor frecuencia. El siguiente Congreso tuvo lugar dos años después; el siguiente (el XVI) se celebró después de un lapso de dos años y medio, en 1930, y transcurrieron tres años y medio antes de celebrarse el XVII Congreso, en 1934. Este último promulgó nuevos estatutos en los que se estableció la obligación de convocar un Congreso “no menos de una vez cada tres años” (punto 27).74
Ni siquiera este principio se respetó. Pasaron cinco años antes de que se celebrara el XVIII Congreso (en 1939); y otros trece antes de que se reuniera el XIX Congreso en 1952.
Según el Reglamento del Partido, corresponde al Comité Central convocar Conferencias del Partido entre Congresos, que deben celebrarse “como mínimo una vez al año”, según los acuerdos adoptados en el XVIII Congreso y aún en vigor. Desde 1919, se celebraron Conferencias en 1919, 1920, 1921 (dos), 1923, 1924, 1925, 1926, 1929, 1932, 1934 y la más reciente en 1941.
El Congreso elige al Comité Central, órgano dirigente del Partido. Formalmente, el Comité Central debe responder ante el Congreso del Partido; ahora bien, si éste se celebra apenas una vez cada trece años, esta medida no pasa de ser letra muerta. Formalmente, el Comité Central elige al Buró Político que, a su vez, debe responder ante aquél. Sin embargo, de hecho, aquél está completamente subordinado a éste.
Si el Comité Central realmente ejerciera la autoridad suprema dentro del Partido, habría sido imposible que a una mayoría de sus miembros —de hecho, más de las tres cuartas partes— se les expulsara del Comité y se les persiguiera como “enemigos del pueblo”, como ocurrió entre el XVII y el XVIII Congreso. Sólo 16 de los 71 miembros del Comité Central elegidos en 1934 reaparecían en la lista de miembros de cinco años después y sólo 8 de los 68 miembros volvieron a presentarse.
El Buró Político, compuesto por trece o catorce miembros, elige al Secretariado, encabezado por el Secretario General. Durante treinta años, Stalin ocupó el puesto. Desde su muerte, el aparato administrativo se ha hecho más complejo. Aunque, según todas las apariencias, Georgii M. Malenkov era el heredero de Stalin, sin embargo, el puesto de Secretario General se le confió a otro: Nikita S. Jruschov. Hoy en día está claro que era éste quien realmente tenía el control.
La prueba de la supremacía de la burocracia está en el hecho de que el Secretario General, originariamente simple ejecutor de la voluntad del Comité Central,75 se hizo omnipotente bajo Stalin, concentrando en sus manos más poder del que hubiera soñado el Zar.
Lenin, por ejemplo, nunca fue miembro del Secretariado; en su época, nunca incluyó a los más destacados dirigentes del Partido. Por ejemplo, justo antes de integrarse Stalin, el Secretariado estaba integrado por Mólotov, Yaroslavski y Mijáilov, ninguno de los cuales podría situarse entre los máximos dirigentes bolcheviques. El puesto de Secretario General cobró máxima importancia sólo con el fortalecimiento de la burocracia y la creación de una jerarquía en el Partido controlada desde arriba.
Resulta imposible estudiar con exactitud los cambios en la composición social del Partido desde 1930, ya que en aquel año se dejaron de publicar estos datos; omisión, en sí, altamente significativa. Sin embargo, se puede inferir la composición social a partir del nivel educativo de sus militantes.
En Rusia, sólo uno de cada veinte niños termina la escuela secundaria, por no hablar de la universidad. Sin embargo, de los 1.588.852 miembros del Partido en 1939, 127.000 tenían educación universitaria, frente a 9.000 en 1934 y a 8.396 en 1927. 335.000 habían recibido educación secundaria, comparado con 110.000 en 1934 y 84.111 en 1927.76 En el Congreso de 1924, el 6,5% de los delegados con voto tenía educación universitaria; en el de 1930, el 7,2%; en el de 1934, alrededor del 10%; en 1939, el 31,5% y en 1941, el 41,8%. El porcentaje de delegados con educación secundaria era el siguiente: en 1924, el 17,9%; en 1930, el 15,7%; en 1934 alrededor del 31%; en 1939, el 22,5% y en 1941, el 29,1% (incluidos los que no llegaron a terminar su carrera universitaria).77 Sumando las dos cifras, la proporción de delegados que pueden considerarse miembros de la “intelectualidad soviética” era: en 1924, el 24,4%; en 1930, el 22,9%; en 1939, el 54%; y en 1941, el 70,9%. En el Congreso de 1934, en el que el 41% de los delegados con voto había recibido educación secundaria o universitaria, sólo el 9,3% eran trabajadores industriales y agrícolas. En 1939 y 1941, el porcentaje debía ser muy inferior.
En cuanto al Komsomol, N. A. Mijáilov, su secretario, manifestó: “En la actualidad, más de la mitad de los secretarios de los comités provinciales, territoriales y centrales tienen educación universitaria, completa o incompleta. Los demás tienen educación secundaria. De los secretarios de los comités de distrito del Komsomol, el 67% tienen educación secundaria o universitaria”. (Pravda, 30 de marzo de 1949).
Es más; entre los trabajadores manuales asistentes a los Congresos del Partido figuraba un número considerable de estajanovistas. Durante la guerra, al aumentar el número de militantes del Partido, de dos millones y medio a seis millones, el 47% de los aspirantes admitidos había recibido educación secundaria o universitaria.78 El 1 de enero de 1947, de los seis millones de miembros y aspirantes a ingresar en el Partido, 400.000 tenían educación universitaria, 1.300.000 habían terminado la escuela secundaria y 1.500.000 tenían educación secundaria incompleta.79
La información local sobre el status social de los nuevos militantes del Partido muestra la misma tendencia. Por ejemplo, durante 1941 y los primeros dos meses de 1942, en la provincia de Cheliabinsk, entre los admitidos a la militancia provisional se incluían 600 obreros, 289 socios de koljoz y 2.035 “trabajadores de cuello blanco”. Y entre los que completaron su período de prueba en ese tiempo e ingresaron como miembros plenos figuraban 909 obreros, 399 socios de koljoz y 3.515 “trabajadores de cuello blanco”. Eso significa que más del 70% de los nuevos militantes y candidatos al Partido pertenecían a esta última categoría.80
En 1923, sólo el 29% de los gerentes de fábrica pertenecían al Partido. En 1925, con la victoria parcial de la facción de Stalin, el 73,7% de las juntas directivas de los trusts, el 81,5% de los integrantes de las juntas directivas de los sindicatos, y el 95% de los gerentes de las grandes empresas pertenecían al Partido. Las cifras en 1927 eran del 75,1%, el 82,9% y el 96,9% respectivamente.81 En 1936, entre el 97,5% y el 99,1% de este tipo de personal pertenecía al Partido, y la cifra en las directivas de los trusts alcanzaba ya el 100%.82
Entre los Comandantes del Ejército Rojo, mientras en 1920, sólo el 10,5% pertenecían al Partido, en 1924 la cifra alcanzó el 30,6% y en 1929 el 51,1%83. Si se incluye a los miembros del Komsomol la cifra ascendía en 1933 al 71,8%.84 Hoy en día, no cabe la menor duda de que todos pertenecen al Partido.
Si tenemos en cuenta que, en enero de 1937, el personal administrativo sumaba 1.751.00085 y de ellos, un mínimo del 90% pertenecía al Partido, eran relativamente pocos los que no pertenecían a ese estrato, dado que el Partido en aquel entonces no pasaba de los dos millones y medio de miembros. No disponemos de cifras exactas para 1937, pero las cifras para 1934 y 1939 eran de 2.807.000 y 2.477.000 respectivamente.
Ejemplos como el de la Fábrica de Maquinaria Presnia de Moscú confirman la conjetura; de los 1300 trabajadores, 119 pertenecían al Partido, entre ellos más de cien administrativos y sólo unos doce trabajadores manuales.86 Esas proporciones debían, sin duda, ser similares en muchas otras fábricas.
Este cambio en la composición social del Partido coincidió con la eliminación de la vieja guardia. De los 1.588.852 integrantes del Partido el 1 de marzo de 1939, sólo el 1,3% militaba desde 1917 y el 8,2% desde 1920: es decir, desde finales de la guerra civil.87 Al final del XVIII Congreso se hizo hincapié en el hecho de que un 70% de los miembros del Partido había ingresado sólo a partir de 1929. En vísperas de la revolución de febrero, el Partido tenía 23.600 miembros, en agosto de 1917 la cifra ascendía a 200.000 y en marzo de 1921, a 730.000.88 Queda pues clarísimo que sólo uno de cada catorce de los militantes de 1917 y una sexta parte de los miembros del Partido de 1920 seguían en él en 1939.
Esta desaparición a gran escala de la vieja guardia no puede explicarse por causas naturales, dado que la gran mayoría de los militantes del Partido en 1917 y 1920 eran bastante jóvenes. Aún en 1927, el 53,8% de los militantes tenían menos de 29 años, el 32% tenían entre 30 y 39, el 11% entre 40 y 49 y sólo el 2,8% tenían más de 50 años.89 Algunos datos más servirán para demostrar hasta dónde llegó la eliminación física de la antigua dirección del Partido Bolchevique por Stalin.
El primer Buró Político, del 10 de octubre de 1917, (aunque todavía no se llamaba así) incluía a Lenin, Trotski, Zinóviev, Kámenev, Sokólnikov, Bubnov y Stalin.90 En 1918 se integró Bujarin y en 1920 Preobrazhenski y Serebriakov, pero los dos fueron reemplazados un año más tarde por Zinóviev y Tomski. En 1923 Ríkov ocupó el lugar de Bujarin.91
Durante la guerra civil, el Buró estaba integrado por Lenin, Trotski, Kámenev, Bujarin y Stalin. De estos dirigentes, sólo dos, Lenin y Stalin, murieron de muerte natural. Zinóviev, Kámenev, Bujarin, Ríkov y Serebriakov murieron ejecutados después de un juicio; Trotski murió asesinado por un agente de la GPU; Tomski se suicidó la víspera de su detención, y después de muerto, fue denigrado como “fascista” y “enemigo del pueblo”; Sokolnikov fue condenado a una larga pena de cárcel y Preobrazhenski y Bubnov desaparecieron durante la “Gran Purga”.
En el documento conocido como su “Testamento”, Lenin distingue con una mención especial a seis personas, de las cuales cuatro fueron fusiladas por orden de Stalin después de un dudoso “juicio”: Piatakov, Bujarin (sobre quienes Lenin escribió: “a mi juicio, los que más se destacan, entre los más jóvenes”), Zinóviev y Kámenev. Trotski murió asesinado. ¡El único que mereció el oprobio de Lenin resultó ser el verdugo de los otros cinco! De los quince miembros del primer gobierno bolchevique (el Consejo de Comisarios del Pueblo de octubre de 1917), sólo uno, Stalin, sobrevivió a las purgas. Cuatro murieron de muerte natural: Lenin, Nogin, Skvortsov-Stepánov y Lunacharski. Los demás —Trotski, Ríkov, Shliápnikov, Krilenko, Dibenko, Antónov-Ovséenko, Lomov-Opokov, Miliutin, Glebov-Avilov y Teodorovich— o fueron ejecutados por orden de Stalin o fallecieron en la cárcel.
Los altos funcionarios de los Comisariados fueron purgados repetidamente. Así, por ejemplo, los Comisarios de Trabajo fueron uno tras otro destituidos y después ejecutados o encarcelados. El primero, Shliápnikov, después V. Smirnov, Mijaíl Uglánov y por último V. V. Schmidt.
Entre los purgados como “perros fascistas” se incluía a Trotski, cuyo papel, tanto durante como después de la guerra civil, era tan destacado que al Partido se le llamaba “el Partido de Lenin-Trotski” y al gobierno se le conocía de forma parecida. Ríkov ocupó el lugar de Lenin, tras su muerte, como Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Zinóviev fue Presidente del Presídium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Tomski presidió el Congreso Sindical. Otros purgados incluían a los jefes del ejército: un Comisario Adjunto de Defensa, M. N. Tujachevski, murió ejecutado, mientras que otro, Jan Gamarnik, se suicidó al enterarse de su inminente detención (por un anuncio oficial). Poco después “desapareció” el Mariscal Egorov, así como el Comisario de Marina, Smirnov. De los quince mandos del ejército nombrados en 1935, sólo uno siguió en su puesto después de las purgas; uno murió por causas naturales, mientras que los demás fueron tachados de “traidores” y “purgados”.92 Se “purgó” a casi todos los embajadores soviéticos, y a dos jefes de la policía política: Yagoda, que había preparado el juicio de Zinóviev-Kámenev, y Yezhov, que organizó los juicios posteriores, en uno de los cuales el propio Yagoda apareció como acusado.
Si todos aquéllos eliminados por Stalin hubieran sido realmente “fascistas” y “traidores”, resulta un misterio cómo, constituyendo ellos el noventa por ciento de la dirección del Partido y del gobierno durante la revolución de octubre de 1917 y la guerra civil, llegaron a dirigir una revolución socialista. La propia magnitud de las “purgas” deja manifiesta su falsedad.
Stalin añadió una siniestra pincelada de burla a la tragedia de las “purgas”, al responsabilizar de su magnitud a sus primeras víctimas, los trotskistas, quienes, según él, deseaban “sembrar falsamente el descontento y la amargura”. Así, “los traidores trotskistas atraparon… a los camaradas amargados y hábilmente los arrastraron al cenagal del pantano trotskista…”.93 Zhdanov, en su discurso ante el XVIII Congreso del Partido, completó este fantástico alegato acusando a los trotskistas de extender las “purgas”, “para destruir el aparato del Partido”. Según esa la misma lógica, ¡la Inquisición podía haber responsabilizado a sus víctimas de los autos-de-fé!. La siguiente anécdota, citada por Zhdanov en el mismo discurso, muestra con cruel ironía el enorme alcance de las purgas. Según él, “Ciertos militantes del Partido han recurrido a las instituciones médicas en un intento de protegerse [de ser purgados]. Aquí tengo un certificado médico expedido para uno de estos ciudadanos: «El estado de salud física y mental del Compañero X no admite que el enemigo de clase se aproveche de él. Psiquiatra del Distrito; Distrito Octubre, Ciudad de Kiev (Firma).»”94
La extinción del Estado y la ley
Marx postuló que, con el establecimiento del socialismo y la abolición de las clases sociales, el Estado dejaría de existir. La inexistencia de conflictos entre clases o entre otros grupos sociales haría superfluo todo aparato permanente de coerción en forma de ejército, policía o prisiones. La ley también dejaría de existir, ya que “el derecho no es nada sin un aparato capaz de obligar a observar las normas de derecho.”.95 Bajo el socialismo, todos los conflictos serían individuales. Para la supresión de los delitos individuales que continuaran produciéndose tras la desaparición de la pobreza (principal causa del crimen en la sociedad actual) no se necesitarían órganos represivos especiales. La “Voluntad General”, para emplear el término de Rousseau, prevalecería y resolvería tales problemas. Como el propio Stalin dijo hace tiempo, en 1927: “La sociedad socialista (es una) sociedad sin clases, sociedad sin Estado”.96
Estas ideas encontraron su expresión en la Constitución de la RSFSR, promulgada el 10 de julio de 1918. Establecía: “El objetivo fundamental de la Constitución de la República Socialista Soviética Federada de Rusia, Constitución diseñada para la actual época de transición, es establecer en forma de una autoridad soviética fuerte para toda Rusia, la dictadura del proletariado rural y urbano junto con el campesinado pobre, para asegurar la supresión total de la burguesía, la abolición de la explotación del hombre por el hombre, y la realización del Socialismo bajo el que, tanto las divisiones de clase como la autoridad del Estado, dejarán de existir”.97
Tras la victoria de Stalin, sin embargo, la línea cambió radicalmente. Los portavoces estalinistas dejaron de hablar de la “desaparición del Estado” y, de hecho, se fueron al otro extremo afirmando que “el socialismo en un solo país” e incluso “el comunismo en un solo país” va acompañado por el fortalecimiento del Estado. P. F. Yudin, por ejemplo, escribió en 1948: “El Estado soviético es la fuerza principal, el instrumento clave en la construcción del socialismo y en la consecución de la sociedad comunista. Por eso resulta nuestra tarea principal hoy en día y en el futuro fortalecer por todos los medios el Estado soviético, como instrumento para la construcción de la sociedad comunista”.98 y de nuevo: “La consolidación del Estado soviético por todos los medios ha sido la condición necesaria para la construcción del socialismo y, ahora, del comunismo. Es ésta una de las leyes principales del desarrollo de la sociedad soviética”.99 Según otro teórico soviético, “el comunismo presupone la existencia de un aparato perfecto que administre la economía y la cultura. El aparato se va desarrollando lentamente para encontrar su forma en las condiciones de la transición del socialismo al comunismo… Por eso, el triunfo del comunismo dependerá del grado de perfeccionamiento del Estado y del aparato económico”.100
El fortalecimiento del Estado ruso, su totalitarismo creciente, sólo puede ser el resultado de profundos antagonismos de clase y no de la victoria del socialismo.
K. Marx y F. Engels, “Manifiesto Comunista”, ob. cit., p128.
F. Engels, “Crítica del programa de Erfurt”, en Obras Escogidas, Tomo III, p. 456.
F. Engels, introducción a “La Guerra Civil en Francia” (K. Marx), en Marx y Engels, Obras Escogidas Tomo II, ob. cit., p. 200.
Idem., p. 233-234.
Idem., p. 199.
F. Engels, “El origen de la familia, la propiedad y el Estado”, en Marx y Engels, Obras Escogidas Tomo III, ob. cit., p.345.
Lenin, “Estado y revolución”, ob. cit., p. 9.
L. Trotski, La revolución traicionada, Madrid, 1991, p. 200.
PCUS: Resol., 4ª ed., Vol. I, p 22.
Leyes: RSFSR 1917, nº9 artículo 138.
Id., artículo 139.
Ya L. Berman (ed.), El Partido comunista de la Unión Soviética (bolchevique), y los asuntos militares, en Resoluciones de los congresos del PCUS, (en ruso), Moscú, 1928, 2ª edición, p. 71-73.
L. Trotski, Cómo la revolución se armó, (en ruso), Moscú, 1924, Tomo 2, libro 1, p. 118.
Id., Tomo 2, libro 2, p. 16. Se propone la misma idea en una tesis publicada por Trotski el 16 de diciembre de 1919; id., p. 33-36.
Berman, ob. cit., p. 84-85.
I. Smilga, Problemas fundamentales de la construcción del ejército rojo, (en ruso), Moscú, 1921, p. 16-17. Las mismas ideas son desarrolladas en el artículo de M.N. Tujachevski, “El ejército rojo y la milicia”, en su Guerra de clase, Artículos 1919-1920 (en ruso), Moscú, 1923, p. 60-77. La única diferencia entre los argumentos de Smilga y los de Tujachevski reside en el énfasis que éste pone en la incompatibilidad entre el sistema de milicia y “la misión militar de la Rusia Soviética que es de extender la revolución por todo el mundo.”
Citado en la Enciclopedia Militar Soviética, (en ruso), Moscú, 1932, Vol. I, columna 619.
D.F. White, The Growth of The Red Army, Princeton, 1944, p. 63-64.
L. Trotski, Cómo la revolución se armó, (en ruso), ob. cit., Tomo II, libro 1, p. 84-86, citado por White, ob. cit., p. 121.
White ob. cit., p. 252.
Id., p. 223.
E. Wollenberg, The Red Army, Londres, 1940, p. 192-183.
White, ob. cit., p. 303.
Id., p. 304.
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Informe de Malenkov, Pravda, 14 de marzo de 1939.
Bubnov, ob cit., p. 612.
Id., p. 620.
PCUS: Resol ob cit. 4ª edición, Vol. I, p. 315.
Trotski, Stalin, ob. cit., cap. 11.
White, ob. cit p. 387.
Bolchevik, nº5, marzo de 1937.
The Land of Socialism Today and Tomorrow, ob. cit., p. 195-196.
V.I. Lenin, “Estado y revolución”, en Obras, tomo 33, p. 101.
J.V. Stalin, Obras, (en ruso), ob cit., Vol. 10, p. 95.
Constitución, ley fundamental de la República socialista federal soviética rusa, Moscú, 1919, artículo 9, p. 4-5.
P.F. Yudin, “La fuente más importante del desarrollo de la sociedad soviética”, Sobre la sociedad soviética socialista, Moscú, 1948, p. 22­
Ts. A. Stepanian “Las condiciones y los caminos de transición del socialismo al comunismo” en Sobre la sociedad soviética socialista, id., p. 526.
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References: artículo 12
 resolución 
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 artículo 30
 resolución 
 resolución 
 artículo 138
 artículo 139
 artículo 219
 artículo 9