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Timestamp: 2019-05-24 23:41:55+00:00

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Suma Teológica I-II Qu.1
1. El fin último del hombre ( 8 art.)
2. ¿En qué consiste la bienaventuranza del hombre? ( 8 art.)
3. ¿Qué es la bienaventuranza? ( 8 art.)
4. ¿Qué se requiere para la bienaventuranza? ( 8 art.)
5. La consecución de la bienaventuranza ( 8 art.)
6. Lo voluntario y lo involuntario ( 8 art.)
7. Las circunstancias de los actos humanos ( 4 art.)
8. El objeto de la voluntad ( 3 art.)
9. El motivo de la voluntad ( 6 art.)
10. El modo como se mueve la voluntad ( 4 art.)
11. La fruición ( 4 art.)
12. La intención ( 5 art.)
13. La elección ( 6 art.)
14. El consejo ( 6 art.)
15. El consentimiento ( 4 art.)
16. El uso ( 4 art.)
17. Los actos imperados por la voluntad ( 9 art.)
18. Bondad y malicia de los actos humanos en general ( 11 art.)
19. Bondad y malicia del acto interior de la voluntad ( 10 art.)
20. Bondad y malicia de los actos humanos exteriores ( 6 art.)
21. Consecuencias de los actos humanos en razón de su bondad o malicia ( 4 art.)
22. Del sujeto de las pasiones del alma ( 3 art.)
23. De la diferencia de las pasiones entre sí ( 4 art.)
24. Del bien y el mal en las pasiones del alma ( 4 art.)
25. Del orden de las pasiones entre sí ( 4 art.)
26. Sobre las pasiones del alma en especial. El amor ( 4 art.)
27. De la causa del amor ( 4 art.)
28. De los efectos del amor ( 6 art.)
29. Del odio ( 6 art.)
30. De la concupiscencia ( 4 art.)
31. De la delectación en sí misma ( 8 art.)
32. De la causa de la delectación ( 8 art.)
33. De los efectos de la delectación ( 4 art.)
34. De la bondad y malicia de las delectaciones ( 4 art.)
35. Del dolor o tristeza en sí ( 8 art.)
36. De las causas de la tristeza o dolor ( 4 art.)
37. De los efectos del dolor o tristeza ( 4 art.)
38. De los remedios de la tristeza o dolor ( 5 art.)
39. De la bondad y malicia de la tristeza o dolor ( 4 art.)
40. De las pasiones del irascible. Esperanza y desesperación ( 8 art.)
41. Del temor en sí mismo ( 4 art.)
42. Del objeto del temor ( 6 art.)
43. De las causas del temor ( 2 art.)
44. De los efectos del temor ( 4 art.)
45. De la audacia ( 4 art.)
46. De la ira en sí misma ( 8 art.)
47. De la causa efectiva de la ira y de sus remedios ( 4 art.)
48. De los efectos de la ira ( 4 art.)
49. Sobre los hábitos en general, en cuanto a su naturaleza ( 4 art.)
50. Sobre el sujeto de los hábitos ( 6 art.)
51. Sobre la causa de los hábitos en cuanto a su generación ( 4 art.)
52. Sobre el aumento de los hábitos ( 3 art.)
53. Sobre la corrupción y disminución de los hábitos ( 3 art.)
54. Sobre la distinción de los hábitos ( 4 art.)
55. Sobre las virtudes en cuanto a su esencia ( 4 art.)
56. Sobre el sujeto de la virtud ( 6 art.)
57. Sobre la distinción de las virtudes intelectuales ( 6 art.)
58. Sobre la distinción entre las virtudes morales e intelectuales ( 5 art.)
59. Comparación de la virtud moral con la pasión ( 5 art.)
60. Sobre la distinción de las virtudes morales entre sí ( 5 art.)
61. Sobre las virtudes cardinales ( 5 art.)
62. Sobre las virtudes teológicas ( 4 art.)
63. Sobre la causa de las virtudes ( 4 art.)
64. Sobre el medio de las virtudes ( 4 art.)
65. Sobre la conexión de las virtudes ( 5 art.)
66. Sobre la igualdad de las virtudes ( 6 art.)
67. Sobre la permanencia de las virtudes después de esta vida ( 6 art.)
68. Sobre los dones ( 8 art.)
69. Sobre las bienaventuranzas ( 4 art.)
70. Sobre los frutos del Espíritu Santo ( 4 art.)
71. Sobre los vicios y pecados considerados en sí mismos ( 6 art.)
72. De la distinción de los pecados ( 9 art.)
73. Comparación de los pecados entre sí ( 10 art.)
74. Sujeto del pecado ( 10 art.)
75. Las causas del pecado en general ( 4 art.)
76. De las causas del pecado en especial: la ignorancia ( 4 art.)
77. Causa del pecado por parte del apetito sensitivo ( 8 art.)
78. La malicia como causa del pecado ( 4 art.)
79. Causas externas del pecado ( 4 art.)
80. El diablo como causa del pecado ( 4 art.)
81. El hombre como causa del pecado ( 5 art.)
82. Esencia del pecado original ( 4 art.)
83. Sujeto del pecado original ( 4 art.)
84. De cómo un pecado es causa de otros pecados ( 4 art.)
85. Efectos del pecado: corrupción de los bienes de la naturaleza ( 6 art.)
86. La mancha del pecado ( 2 art.)
87. El reato de la pena ( 8 art.)
88. El pecado venial y el mortal ( 6 art.)
89. El pecado venial en sí mismo ( 6 art.)
90. De la esencia de la ley ( 4 art.)
91. De las distintas clases de leyes ( 6 art.)
92. De los efectos de la ley ( 2 art.)
109. De la necesidad de la gracia ( 10 art.)
110. De la esencia de la gracia de Dios ( 4 art.)
111. De la división de la gracia ( 5 art.)
112. La causa de la gracia ( 5 art.)
113. De los efectos de la gracia. La justificación del pecador ( 10 art.)
114. El mérito ( 10 art.)
CUESTIÓN 1 El fin último del hombre
Acerca de lo primero se plantean ocho problemas: 1. ¿Es propio del hombre obrar por un fin? 2. ¿Es esto una propiedad de la naturaleza racional? 3. ¿Los actos del hombre se especifican por el fin? 4. ¿Hay algún fin último de la vida humana? 5. ¿Puede un hombre tener muchos fines últimos? 6. ¿El hombre ordena todo al fin último? 7. ¿Es el mismo el fin último de todos los hombres? 8. ¿Ese fin último es común a todas las demás criaturas?
ARTÍCULO 1 ¿Es propio del hombre obrar por un fin?
Objeciones: 1. La causa es algo previo por naturaleza. El fin, por el contrario, denota algo último, como su nombre mismo indica. Por tanto, el fin no tiene razón de causa.
Pero el hombre actúa por lo que es causa de la acción, pues la preposición por indica relación de causa. Luego, no es propio del hombre el obrar por un fin.
2. Además, lo que es fin último no es por un fin. Pero hay acciones que son fin último, como señala el Filósofo en I Ethic . Por tanto, el hombre no hace todo por un fin.
. Contra esto: todo lo que pertenece a un género determinado procede del principio de este género. Pero el fin es principio del obrar humano, como señala el Filósofo en II Phys. Luego es propio del hombre el obrar siempre por un fin.
. Respondo: De entre las acciones que el hombre realiza, sólo pueden considerarse propiamente humanas aquellas que son propias del hombre en cuanto que es hombre ª. El hombre se diferencia de las criaturas irracionales en que es dueño de sus actos. Por eso, sólo aquellas acciones de las que el hombre es dueño pueden llamarse propiamente humanas. El hombre es dueño de sus actos mediante la razón y la voluntad; así, se define el libre albedrío como facultad de la voluntad y de la razón . Llamamos, por tanto, acciones propiamente humanas a las que proceden de una voluntad deliberada. Las demás acciones que se atribuyen al hombre pueden llamarse del hombre, pero no propiamente humanas, pues no pertenecen al hombre en cuanto que es hombre.
Ahora bien, todas las acciones que proceden de una potencia son causadas por ella en razón de su objeto. Pero el objeto de la voluntad es el bien y el fin.
Luego es necesario que todas las acciones humanas sean por un fin.
Soluciones: 1. El fin, aunque es lo último en la ejecución, es lo primero en la intención del agente. Y de este modo tiene razón de causa.
2. Si alguna acción humana es fin último, es necesario que sea voluntaria, como acabamos de decir. Y se llama voluntaria una acción de dos modos distintos:
porque la ordena la voluntad, como andar o hablar, o porque nace de la misma voluntad, como el mismo querer. Pero es imposible que el acto nacido de la voluntad sea fin último, porque el objeto de la voluntad es el fin, como el de la vista es el color. Del mismo modo que es imposible que el primer objeto visible sea el ver mismo, pues el ver tiene como objeto siempre algo visible; así es también imposible que el primer objeto apetecible, o sea, el fin, sea el querer mismo. Si alguna acción humana, por tanto, es el fin último, ésta tiene que ser ordenada por la voluntad. Y, así, alguna acción del hombre, al menos el mismo querer, es por un fin. Luego es verdad que cualquier cosa que realiza el hombre la hace por un fin, incluso cuando lleva a cabo la acción que es último fin.
ARTÍCULO 2 ¿Es propio de la naturaleza racional obrar por un fin?
Objeciones: 1. El hombre, que ciertamente obra por un fin, nunca actúa por un fin desconocido. Pero hay muchos seres que desconocen el fin, porque carecen de conocimiento, como las criaturas insensibles, o porque no captan la razón de fin, como los animales irracionales. Luego el obrar por un fin es exclusivo de la naturaleza racional.
3. Además, el bien y el fin son el objeto de la voluntad. Pero la voluntad está en la razón, como se dice en el III De anima . Luego sólo la naturaleza racional obra por un fin.
. Contra esto: demuestra el Filósofo en el II Physic. que no sólo el entendimiento, sino también la naturaleza obra por un fin.
. Respondo: Todo agente obra necesariamente por un fin. En efecto, en una serie de causas ordenadas entre sí, no se puede eliminar la primera sin suprimir también las otras; y la primera de todas las causas es la final. La razón de esto es que la materia no alcanza la forma sin la moción de la causa agente, pues
nada puede pasar por sí mismo de la potencia al acto. Pero la causa agente sólo actúa en vista del fin. Si un agente no estuviera determinado a lograr algo concreto, no haría una cosa en vez de otra, porque, para que produzca un efecto determinado, tiene que estar determinado a algo cierto, lo cual tiene razón de fin. Esta determinación la realiza en los seres racionales el apetito racional, que llamamos voluntad; en los demás seres la lleva a cabo la inclinación natural, que también se llama apetito natural.
Debemos, no obstante, tener en cuenta que un ser puede tender a un fin de dos modos distintos: uno, cuando se mueve a sí mismo hacia el fin, como es el caso del hombre; otro, cuando es otro ser quien lo encamina al fin, como ocurre con la flecha, que se dirige a un fin determinado porque la lanza un arquero, dirigiendo su acción al fin. Así, pues, los seres dotados de razón se mueven por sí mismos al fin merced al dominio de sus actos que les presta el libre albedrío, que es la facultad de la voluntad y de la razón. En cambio, los que carecen de razón tienden al fin por inclinación natural, como movidos por otro y no por sí mismos, pues carecen de noción de fin y, por tanto, nada pueden ordenar a un fin, sino que ellos mismos son ordenados a un fin por otro ser. En efecto, toda la naturaleza irracional es, con respecto a Dios, como un instrumento en manos de un agente principal, como arriba se dijo (I 22,2 ad 4; I 103,1 ad 3). Por tanto, es propio de la naturaleza racional tender a un fin moviéndose o dirigiéndose a sí misma; a su vez, lo característico de la naturaleza irracional es tender al fin como impulsada o dirigida por otro, bien sea a un fin de algún modo conocido, como los simples animales, bien sea a un fin del todo desconocido, como los seres privados de conocimiento.
Soluciones: 1. Cuando un hombre se dirige por sí mismo a un fin, conoce ciertamente el fin; pero cuando se dirige o es guiado por otro, obrando, por ejemplo, bajo la orden o el impulso de otro, no es necesario que conozca el fin. Y esto mismo pasa en las criaturas irracionales.
3. El objeto de la voluntad es el fin y el bien en universal. Por lo tanto, no puede haber voluntad en los seres privados de razón y entendimiento, porque no pueden aprehender lo universal; pero hay en ellos apetito natural o sensitivo, determinado a algún bien particular. Es evidente que la causa universal mueve las causas particulares, como el gobernador de una ciudad, que intenta el bien común, pone en funcionamiento con sus órdenes todos los oficios particulares de la misma. Por eso es necesario que todos los seres carentes de razón sean movidos hacia sus fines particulares por una voluntad racional que alcance el bien universal, es decir, la voluntad divina.
ARTÍCULO 3 ¿Los actos del hombre se especifican por el fin?
Objeciones: 1. El fin es una causa extrínseca. Pero los seres reciben su especie de algún principio intrínseco. Luego los actos humanos no reciben su especie del fin.
. Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro De moribus Ecclesiae et Manichaeorum: Según sea culpable o laudable el fin, así serán vuestras obras culpables o laudables.
. Respondo: Cada cosa se constituye en su especie por el acto y no por la potencia; por eso los seres compuestos de materia y forma se constituyen en sus especies por sus propias formas. Esto mismo debe pensarse de los movimientos. Aunque el movimiento se divide, de algún modo, en acción y pasión, ambas se especifican por el acto: la acción, por el acto que es principio del obrar; la pasión, por el acto que es término del movimiento. Así, la acción de calentar es una mutación que procede del calor, mientras que su pasión no es otra cosa que un movimiento hacia el calor: y la definición pone de manifiesto la naturaleza de la especie.
Soluciones: 1. El fin no es algo del todo extrínseco al acto, porque el acto se refiere a él como a principio o como a término. Y pertenece a la naturaleza misma del acto el proceder de un principio, en la medida que es acción, y dirigirse a un término, en la medida que es pasión.
ARTÍCULO 4 ¿Hay un fin último de la vida humana?
Objeciones: 1. El bien es, por su naturaleza, comunicativo de sí mismo, como manifiesta Dionisio en el capítulo 4 del De div. nom . Si, pues, lo que procede del bien es también bueno, es necesario que el segundo bien produzca a su vez otro bien; y así, el proceso del bien es infinito. Pero el bien tiene razón de fin. Luego en los fines hay un proceso al infinito.
. Contra esto: está lo que dice el Filósofo, II Metaphys.: Destruyen la naturaleza del bien quienes suponen una serie infinita. Pero el bien es precisamente lo que tiene razón de fin. Luego es contrario a la razón de fin un proceso al infinito. Es necesario, por tanto, admitir un fin último.
. Respondo: Hablando con rigor, es imposible proceder hasta el infinito en los fines, bajo cualquier concepto . Porque en todas las cosas que dependen entre sí por naturaleza, si se quita la primera, desaparecen las demás relacionadas con ella. Por eso demuestra el Filósofo, en el VIII Physic. , que no es posible proceder hasta el infinito en las causas motoras, porque no habría un primer motor, y, faltando éste, las otras no podrían mover, pues reciben el movimiento del primer motor. Ahora bien, dentro de los fines se distinguen dos órdenes: el orden de la intención y el orden de la ejecución, y en ambos debe haber algo que sea primero. Lo primero en el orden de la intención es como el principio que mueve al apetito; por eso, si se quita el principio, el apetito permanece inmóvil.
La acción comienza a partir de lo que es primero en la ejecución, por eso nadie comienza a hacer algo si se suprime este principio. El principio de la intención es el último fin, y el principio de la ejecución es la primera de las cosas que se ordenan al fin. Así, pues, por ambas partes es imposible un proceso al infinito, porque, si no hubiera último fin, no habría apetencia de nada, ni se llevaría a cabo acción alguna, ni tampoco reposaría la intención del agente. Si no hubiera algo primero entre las cosas que se ordenan al fin, nadie comenzaría a obrar ni se llegaría a resolución alguna, sino que se procedería hasta el infinito.
Soluciones: 1. Pertenece a la razón de bien que algo proceda de él, pero no que él proceda de otra cosa. Y así, aunque el bien tiene razón de fin y el primer bien es el último fin, este argumento no prueba que no haya un fin último, sino que, supuesto un primer fin, habría un proceso al infinito descendente y relativo a las cosas que se ordenan a dicho fin. Esto sería válido si se considerara únicamente el poder del primer bien, que es infinito. Pero como el primer bien se difunde según el entendimiento, cuya propiedad consiste en proyectarse en los efectos mediante formas determinadas, una cierta medida acompañará al flujo de los bienes a partir del primer bien, de cuya virtud difusiva participan todos los demás bienes. Por eso, la difusión de los bienes no procede al infinito, sino que, como dice Sg 11,21, Dios dispuso todas las cosas en número, peso y medida.
2. En las cosas que existen realmente, la razón comienza a partir de principios naturalmente conocidos y llega hasta un término concreto. Por eso demuestra el Filósofo, en I Poster. , que en las demostraciones no hay un proceso al infinito, porque en ellas se atiende a cosas conexas entre sí esencialmente, y no accidentalmente. En cambio, en las cosas que se relacionan entre sí accidentalmente, la razón puede muy bien proceder hasta el infinito. Unir una cantidad o una unidad a otra cantidad o número dados, en cuanto tales, es puramente accidental; por eso, nada impide a la razón proceder hasta el infinito.
ARTÍCULO 5 ¿Puede un hombre tener muchos fines últimos?
Objeciones: 1. Dice Agustín, XIX De civ. Dei , que algunos pusieron el fin último del hombre en estas cuatro cosas: En el placer, en la tranquilidad, en los bienes primarios de la naturaleza y en la virtud. Es evidente que son cosas distintas. Luego un hombre puede establecer muchas cosas como fin último de su voluntad.
2. Además, las cosas que no se oponen mutuamente, no se excluyen entre sí.
Pero en la realidad hay muchas cosas que no se oponen mutuamente. Luego, si se toma una de ellas como fin último, por eso no se excluyen las otras.
. Contra esto: lo que un hombre acepta como fin último domina su afecto, porque de ello toma las normas que regulan toda su vida. Por eso se dice de los glotones, Ph 3,19, su dios es su vientre, pues consideran los placeres del vientre como fin último. Pero, como se lee en Mt 6,24, nadie puede servir a dos señores, no subordinados entre sí. Por tanto, un hombre no puede tener a la vez muchos fines últimos no subordinados entre sí.
. Respondo: Es imposible que la voluntad de un hombre desee a la vez objetos diversos como fines últimos. Podemos demostrarlo con tres argumentos. El primero: como todo desea su propia perfección, lo que uno desea como fin último, lo aprecia como bien perfecto y perfeccionador de sí mismo. Por eso dice Agustín, XIX De civ. Dei: Llamamos ahora fin de un bien, no que se consuma hasta dejar de existir, sino que se perfeccione hasta ser plenamente. Es necesario, por tanto, que el fin último colme de tal modo los deseos del hombre, que no excluya nada deseable. Y esto no puede darse si requiere, para ser perfecto, algo distinto de él. Por tanto, es inadmisible que el apetito desee dos cosas como si ambas fueran un bien perfecto.
Soluciones: 1. Todas aquellas cosas eran consideradas, por quienes las tomaban como su fin último, como un solo bien perfecto integrado por todas ellas.
3. El poder de la voluntad no es capaz de hacer existir a la vez cosas opuestas.
Y esto sucedería si persiguiera objetos distintos como riñes últimos, como se desprende de lo antes dicho (a. 5 y ad 2).
ARTÍCULO 6 ¿Quiere el hombre por el fin último cuanto desea?
Objeciones: 1. Las cosas que se ordenan al fin último son serias, útiles. Pero los juegos no son cosas serias. Luego lo que el hombre hace por divertirse no lo ordena al último fin.
2. Además, dice el Filósofo, en el principio de Metaphys. , que las ciencias especulativas se buscan por sí mismas, y, sin embargo, no podemos decir que cualquiera de ellas sea el fin último. Por tanto, no todo lo que el hombre desea lo desea por el fin último.
. Contra esto: está lo que dice Agustín, XIX De civ. Dei: El fin de nuestro bien es aquello por lo que deben desearse los demás bienes, y él por sí mismo.
. Respondo: Es necesario que el hombre desee por el último fin todo cuanto desea. Y esto por dos razones. En primer lugar, porque cuanto desea el hombre, lo desea bajo la razón de bien; y, si éste no es el bien perfecto, que sería el fin último, es necesario que lo desee como tendente al bien perfecto, porque siempre el comienzo de algo se ordena a su perfeccionamiento, como se ve en las obras de la naturaleza y en las artificiales. Y, por tanto, el comienzo de una perfección se ordena a la perfección completa, que lo es por el último fin.
Soluciones: 1. Las acciones lúdicas no se ordenan a ningún fin extrínseco, sino que se ordenan al bien del que juega, porque le son agradables o le proporcionan descanso. Pero el bien perfecto del hombre es el fin último.
ARTÍCULO 7 ¿Hay un único fin último para todos los hombres?
Objeciones: 1. Parece que el fin último del hombre tiene que ser un bien inconmutable. Pero algunos se apartan de él pecando. Luego no hay un fin último único para todos los hombres.
. Contra esto: está lo que dice Agustín, XIII De Trin. , que todos los hombres coinciden en desear el fin último, que es la bienaventuranza.
. Respondo: El fin último puede considerarse de dos modos: uno, refiriéndonos a lo esencial del fin último; y otro, a aquello en lo que se encuentra este fin. Pues bien, en el primer caso, todos coinciden en desear el fin último, porque todos desean alcanzar su propia perfección, y esto es lo esencial del fin último, como ya se dijo (a.5). Pero en cuanto a aquello en lo que se encuentra el fin último no coinciden todos los hombres, pues unos desean las riquezas como bien perfecto, otros los placeres, y otros cualquier otra cosa. Del mismo modo que lo dulce es agradable a todos los gustos, pero unos prefieren la dulzura del vino, otros la de la miel, otros la de cualquier otra cosa. Sin embargo, se debe considerar propiamente como dulzura más agradable la que satisface al gusto más refinado. De igual modo se debe considerar como bien más perfecto el deseado como fin último por quien tiene el afecto bien dispuesto.
Soluciones: 1. Quienes pecan se apartan de aquello en lo que se encuentra realmente el fin último, pero no de la intención del fin último, que buscan equivocadamente en otras cosas.

References: ARTÍCULO 1

ARTÍCULO 2

ARTÍCULO 3

ARTÍCULO 4
 resolución 

ARTÍCULO 5

ARTÍCULO 6

ARTÍCULO 7