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Timestamp: 2017-06-26 17:28:20+00:00

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VEIGA DE LOGARES-A FONSAGRADA-LUGO: agosto 2013
IMPORTANTE: (00) VID NOTA FINAL La “casa” en Galicia. Notas características y apuntes históricos sobre la regulación normativa de su indivisibilidad*
II. La conservación y continuidad de la “casa” tradicional gallega como ideal.Instrumentos consuetudinarios destinados a conservar la indivisibilidad del patrimonio familiar: la “mejora” y la “compañía familiar gallega”.- III. La regulación de la “casa” y el “lugar acasarado” en Galicia. Detalles de un proceso normativo.
Es más, todavía en tiempos no tan alejados del nuestro, cuando ya llevaba un tiempo en vigor el Código civil, algunos autores hicieron notar la existencia de un importante desajuste respecto al significado atribuido al término “mejora”, por unaparte por el “paisano gallego”, y por otra por el citado Código civil, señalando al respectoque en el lenguaje del “paisano” gallego, la acción de mejorar “comprende toda atribución del lugar acasarado, es decir, de la Casa a quien se encargará de conservarla. Y esto también cuando el elegido es el hijo único, otro pariente o un extraño; y esto incluso cuando la elección se hace, fallecido el padre, entre los mismos hermanos. Cuando el “paisano” habla de la mejora, tomando esta palabra en tan variadas acepciones, se aparta ciertamente de lo que dice el Código civil, pero por su boca habla lo que dice –de modo rudo, pero inequívoco- el Derecho consuetudinario regional. Y así se comprueba que la llamada mejora de labrar y poseer tiene de mejora el nombre y poco más. Es un modo de decir que el lugar acasarado debe conservarse, por el cauce que sea: la mejora del Código, si sirve para ello; u otros moldes o instrumentos jurídicos, si se adaptan mejor al designio de evitar su fraccionamiento. Por encima –o si se quiere, por debajo- de la mejora, de las rentas en saco, del “casar para la casa” y de las variadas soluciones a que acuden las costumbres campesinas, se encuentra la familia foral con su trama compleja de relaciones de orden personal que se reflejan en una problemática que es incapaz de resolver el régimen sucesorio del Código civil, porque éste contempla el fenómeno de la liquidación del patrimonio, mientras que las costumbres miran, por el contrario, a su conservación” (22). Para asegurar la finalidad que a través de la “mejora” se perseguía en relación con la casa, el testador solía imponer al “petrucio” una serie de obligaciones o cargas en su propio beneficio y en el de su cónyuge y demás hijos. Las más frecuentes y características solían coincidir en las distintas comarcas y sus diferencias eran puramente accidentales (23.)
No obstante lo indicado, alguno de esos autores, especialmente críticos con la “compañía familiar”, ponían de relieve la existencia en gran parte de la montaña gallega de la que calificaban como “forma usual de comunidad familiar derivada de las mejoras que, en testamento o en capitulaciones, se hacen imponiendo al mejorado y a su esposa la obligación de vivir y trabajar con sus hijos menores en la casa y en compañía de los mejorantes; permitir a los restantes hijos no mejorados vivir en la casa siempre que trabajen para ella en la medida de sus posibilidades; y dar alimentos a dichos hijos no mejorados en tanto no salgan de la casa o perciban su participación hereditaria”. Esta sería, en su opinión, la “otra “compañía familiar”, que no existía sólo “en los libros” y en los gabinetes de estudio, sino que se mantenía viva en gran parte de la montaña gallega” (35).
Mientras durase la comunidad, todos los que en ella participasen, como ya se ha indicado, “viven a una mesa y manteles”, es decir, trabajarían en común y percibirían alimentos, en sentido amplio, de los rendimientos del patrimonio explotado colectivamente (39).Cuando alguno de los interesados “sale de la casa”, dejaría de percibir alimentos,aunque conservase su participación o cuota en el patrimonio familiar, pero mantendría,en principio, sus restantes derechos sobre el patrimonio. Cuando al final “se aparta” el que salió de la casa, convendría libremente con el “mayorazo” la cantidad que habría de recibir en pago de su cuota, otorgando a favor de éste una cesión de su derecho hereditario, cesando de esta forma la situación de comunidad familiar en el momento en el que el citado “mayorazo” adquiriese los derechos correspondientes a losrestantes partícipes en el patrimonio (40). La dirección y administración de la comunidad sería competencia del padre –marido del matrimonio más antiguo-, sin que, como ya se ha indicado, sus facultades fuesen excluyentes, puesto que, tanto su mujer como el “petrucio” o “mejorado”, ostentarían en el orden fáctico una cotitularidad en la gestión y administración de la casa, especialmente el último en tanto el padre avanzase en años y fuese perdiendo facultades. Fallecido el padre, si su esposa tuviese a su favor el usufructo universal, sería ella la que tomaría aquella titularidad, asumiéndola definitivamente el “petrucio” cuando muriese la madre (41).
Se ha llegado a decir que la casa en Galicia tiene una sustantividad propia, mostrándosecon un carácter impersonal. Tiene un nombre propio, independiente del queostentan sus titulares, y que ordinariamente corresponde al apellido o apodo de los mismos.Así, casa y linaje forman tal simbiosis que, aunque desaparezca el linaje originario,los nuevos residentes serán conocidos por el nombre de la casa, y no al contrario. A una persona no se le pregunta quién es, sino de qué casa es. La casa es proyección al pasado y al futuro, es el encuentro del pretérito y del porvenir. Con su nombre, la casa engloba a los antepasados y a todos sus moradores actuales. Tiene una personalidad moral, profunda, que no posee ninguno de sus componentes individualmente. Se encuentra vitalizada, personalizada; sus componentes, por el contrario, están acasarados.
Más adelante, en el “Proyecto de Ley de Compilación del Derecho Civil Foral deGalicia”, elevado por el Gobierno a las Cortes Españolas, que fue publicado en el B.O.de las Cortes Españolas el día 15 de octubre de 1962, y que se presenta como el precedentemás inmediato de la Compilación del Derecho Civil Especial de Galicia de 1963,se incluyó dentro de su Título IV un Capítulo único dedicado al derecho de labrar yposeer, en el que, a su vez, se contenían tres disposiciones –arts. 90, 91 y 92 (54)- en las que se volvía a aludir en cuanto a la posibilidad de indivisión al “lugar (acasarado) oexplotación agrícola”, por una parte, y a la “casa petrucial y su era, corrales y huertounidos”, como conjunto, por otra, estableciéndose en el art. 90 –primera de las normasindicadas- dicha posibilidad de optar por la indivisión en el caso del “lugar o explotaciónagrícola”, y prescribiéndola de forma obligatoria para la “casa petrucial y su era,corrales y huerto unidos” en el artículo siguiente (art.91), con la excepción ya señaladan el Proyecto de 1915, y repetida en el de 1948.No obstante, en la redacción del citado art. 91 del Proyecto de 1962, se introdujo una frase al inicio del mismo, mediante la que se efectuaba una remisión al artículo anterior –“En los casos a que se refiere el artículo anterior”, se indicaba textualmente que parecía complicar notablemente la interpretación de la norma –y en cierta medida suponía una reiteración-, frente a lo que ocurría en el caso de los Proyectos de 1915 y 1948, respectivamente mucho más claros. A tenor de la indicada frase, en una interpretación literal de los arts. 90 y 91 del Proyecto de 1962, cabría llegar a la conclusión de que los particulares podrían optarlibremente por la indivisión o división de los “lugares o explotaciones agrícolas”, con unas determinadas condiciones en caso de optar por la primera de las opciones, es decir, en caso de optar por la indivisión. En caso de que aquellos optasen por la indivisión –y solo en estos supuestos,según se deduciría del articulado- la “casa petrucial y su era, corrales y huertos unidos”, “se reputarán indivisibles”, con una excepción: cuando “por la gran extensión de una uotros quepa establecer todos los servicios para dos o más familias sin necesidad de disfrutar en común dependencia alguna” (art. 91). Lógicamente, si es que el padre optase por la indivisión del lugar (acasarado),no parecía tener mucho sentido la reiteración que se formulaba en el art.91,señalando que la “casa petrucial y su era, corrales y huerto unidos se reputarán indivisibles”,y ello porque, en tal caso de indivisión, la indivisibilidad de tales elementos, al establecerse para el lugar se presupondría directamente para los mismos, por formar estos, por definición y junto con las distintas suertes de tierra –aunque estas se encontrasen separadas-, parte integrante del mencionado lugar acasarado, lo que de por sí evitaba prescribir reiterativamente, como se hacía en el art. 91, su citada indivisibilidad.
Asimismo, en el art. 84 del Trabajo presentado al Parlamento gallego por algunos miembros de la extinguida Comisión parlamentaria no permanente de Derecho civil gallego (69), se establecía en el primero de sus tres apartados la posibilidad de que el ascendiente que quisiese conservar indivisos un lugar o una explotación agraria, pudiese realizar su adjudicación íntegra para después de su muerte, al igual que se decía en el antiguo artículo 84 de la Compilación de 1963, pero indicando ya expresamente que dicha adjudicación se podría realizar mediante pacto. Por otra parte, en el segundo de sus apartados se introducía una novedad importante al indicarse textualmente que “el mismo pacto se podrá hacer respecto de una explotación fabril o industrial”, ampliando notablemente de esta forma, frente a las regulaciones anteriores, el ámbito de posible utilización del pacto de mejora, al extenderlo a las explotaciones fabriles e industriales, sin quedar restringido exclusivamente a los lugares acasarados y explotaciones agrícolas, como ocurría anteriormente. Por último, en el artículo 85 del mencionado Trabajo prelegislativo, sus redactores se hacían eco de lo que ya habían manifestado con anterioridad en la Exposición de motivos, en relación a la posibilidad de regular detalladamente o no el derecho peculiar de determinadas instituciones tradicionales en atención a las especificidades de diversas comarcas o localidades de la Comunidad, al establecer, optando por la segunda de las posibilidades, que: “Las estipulaciones contenidas en el pacto de mejora que hagan referencia explícita a instituciones consuetudinarias gallegas, como la casa, el “casar para la casa”, la mejora de labrar y poseer, la compañía familiar, o cualquier otra, deberán ser interpretadas, y ciertamente también complementadas las omisiones que en ellas de adviertan, de acuerdo con los usos y costumbres del lugar”.
prescribía claramente y con carácter terminante la indivisibilidad de “la casa petrucial, sus anejos, y el lugar acasarado”, en el artículo 110 se aludía con un carácter meramente potestativo a la citada indivisión del lugar (acasarado) –“el ascendiente que quisiese conservar indiviso”, se señalaba en la norma-, y también a la de la casa, pero en cuanto a esta última, referida –exclusivamente, según parecía- a aquellos supuestos en que se optase por la indivisión del lugar, como se deduciría a tenor de lo expresado en el artículo siguiente (“En los casos a que se refiere al artículo anterior la casa petrucial y su era, corrales y huerto unidos se reputarán indivisibles”: art. 111). Sobre la base de los dos Trabajos citados se elaboró con posterioridad una Proposición de Ley, que fue presentada y asumida por unanimidad por todos los grupos políticos con representación parlamentaria, con fecha de 21 de abril de 1993 –publicada en el Boletín Oficial del Parlamento de Galicia nº 399, de 27 de abril de 1993, pp. 11.196 ss.-, y que decayó por disolución del Parlamento en la III Legislatura.
En la mencionada Proposición de Ley no se acogió un único criterio, sino que, procurando respetar el contenido de ambos Trabajos prelegislativos prácticamente en su integridad, quizá por no atreverse a armonizarlos, o a hacer prevalecer uno sobre el otro, se procedió en esencia a yuxtaponer las específicas instituciones que en ellos se demandaban, realizando, en definitiva, según un sector doctrinal importante, una defectuosa superposición o amalgama de los mismos (71). En cuanto a los preceptos que en relación a la casa y al lugar acasarado se contenían en la mencionada Proposición de Ley, cabe señalar, entre otros, los siguientes: el art. 10 –en el que se seguía declarando la indivisibilidad de la casa petrucial, sus anexos y el lugar acasarado (72)-, el art. 56 –en el que se determinaba la composición del lugar acasarado en los mismos términos que se hacía en los Trabajos previos de reforma de la Compilación de 1963, anteriormente citados (“se entenderá por lugar acasarado el conjunto que, formando una unidad, comprende la casa de labor, las edificaciones, las dependencias y los terrenos, aunque no sean lindantes”), con el novedoso añadido de incluir en el mismo “toda clase de ganado, maquinaria, aperos de labranza e instalaciones que constituyan una unidad orgánica de explotación agraria y forestal o mixta”, así como con la indicación en dicho artículo de que tal concepto de lugar acasarado sería el considerado “con carácter general, y sin perjuicio de las aplicaciones concretas que se especifican en esta Ley” (73)-, el art.154 –en el que se volvía a establecer la posibilidad reconocida a favor del ascendiente que quisiese conservar indiviso un lugar o una explotación agrícola, de poder adjudicarlos íntegros, a cualquiera de sus hijos o descendien-
Salvo la introducción de meras correcciones formales –procediendo, por ejemplo, a suprimir la duplicación de Títulos en que se estructuraba el articulado de la Proposición de 1993, y eliminar algún que otro defecto más apreciado en la misma- la Ponencia que redactó la Proposición de Ley de 1994, siguió sin acoger un único criterio, volviendo a yuxtaponer en el nuevo texto que ahora se presentaba las específicas instituciones que, desde la posición defendida en su momento por la Comisión no permanente, por un lado, y la que había sido mantenida por el Consello da Cultura Galega, por otro, se demandaban. En cuanto a la casa y al lugar acasarado, prácticamente se recogieron los mismos contenidos del articulado de la Proposición de Ley de 1993. Así, a los artículos 10, 51, 144, y 145, de la Proposición de 1994, se dio la misma redacción que tenían, respectivamente, los ya referidos artículos 10, 56 (del que únicamente se cambiaba en la frase final la conjunción “y” por una coma, en referencia a la “unidad orgánica de explotación agraria, forestal o mixta”), 154, y 155 de la Proposición de 1993. Únicamente se dieron ciertos retoques al artículo 159 de dicha Proposición de 1993, que se presentó como la base del art. 149 de la Proposición de 1994, y el primer apartado del art. 158 de la Proposición de 1993 se estableció, con algunas modificaciones, como el contenido del art. 149 de la Proposición de 1994, para cuya redacción también se tomó como base la que se contenía en el art. 159 de dicha Proposición de 1993.
En el art. 9 de la Ley –recogido en el Título II de la Ley (“De la casa y la veciña”)–,se volvía a reiterar la consideración de la casa patrucial y sus anejos como unpatrimonio indivisible. No obstante, la prescripción como obligatoria por imperativolegal de dicha indivisibilidad no se extendió –como por el contrario sí se había hechoen las Proposiciones de ley anteriores, de 1993 y 1994- al lugar acasarado (79). En el art. 50 se señalaban los elementos integrantes del lugar acasarado. La redacción de dicho precepto coincidía totalmente con el ya señalado anteriormente art.51 de la Proposición de ley de 1994 (80). En el primer apartado del art. 130 de la Ley de 1995 –recogido dentro de la Sección 3ª (“Del derecho de labrar y poseer”), del Capítulo II (“De los pactos sucesorios”), del Título IV (“Sucesiones”)- se aludía a la posibilidad de conservar indiviso un lugar o una explotación agrícola, establecida a favor del ascendiente, facultándole en tal caso para “pactar su adjudicación íntegra a cualquiera de sus hijos o descendientes poractos inter vivos, con carácter irrevocable, o mortis causa, y aunque las suertes de tierras estén separadas”, y también se extendía en su segundo apartado tal posibilidad de realizar ese pacto de adjudicación en los términos expuestos, “respecto a una explotación o establecimiento fabril, industrial o comercial” (81)
Tras la aprobación y promulgación de la mencionada Ley 4/1995, de Derecho civil de Galicia, se cerró una etapa más del proceso histórico de consolidación del Derecho gallego, porque en dicha Ley, el legislador de esta Comunidad, por primera vez legislaba sobre su propio Derecho civil en su conjunto, y lo hacía desde la asunción de una plena conciencia legislativa autonómica, pero, a la vez, también se inició otra nueva etapa, porque, a partir y a consecuencia de la promulgación de la citada Ley, se generó una amplia y rica problemática, cuya resolución determinó el posterior desarrollo del Derecho civil gallego. Existiendo la consciencia de una serie de dificultades y dudas –ciertamente constatables, y, en algunos casos concretos, de particular importancia- advertidas en la aplicación de los preceptos de la Ley 4/1995, que fueron puestas de manifiesto tanto por la doctrina, así como por los diversos operadores jurídicos que venían actuando en el ámbito jurídico-privado de esta Comunidad, el legislador gallego tomó –quizá con cierto retraso respecto a la previsión legislativa establecida en la Disposición adicional segunda de la Ley, que resultó incumplida en cuanto al plazo temporal prescrito en la misma- la iniciativa de proceder a resolver los problemas suscitados en torno a determinadas instituciones que conformaban su propio Derecho privado. En este sentido, los tres Grupos parlamentarios de la Cámara gallega procedieron a formular conjuntamente una nueva Proposición de Ley de Derecho civil de Galicia -recogida en el B.O. del Parlamento de Galicia, nº 63, VII Legislatura, de fecha de 21 de diciembre de 2005, fascículo 2, p. 3614 ss.-, que, según sus proponentes se caracterizó por contener en sí “una reforma profunda de la Ley de Derecho civil”.
Un primer artículo importante para la cuestión que nos ocupa era el 52, que venía a coincidir con el art. 9 de la Ley de 1995, y en el que se prescribía expresamente el carácter indivisible de la casa patrucial y sus anexos. Otro artículo era el 119, en el que se daba la correspondiente definición del lugar acasarado, eliminando en este caso la matización que aparecía al principio de su homónimo artículo 50 de la Ley de 1995 –“con carácter general y sin perjuicio de las aplicaciones concretas que se especifican en esta ley”-, y desaparecía la separación que se había efectuado en la redacción del citado art. 50 de la Ley de 1995, en el que se aludían separados mediante el correspondiente punto y aparte, a la “casa de labor, edificaciones, dependencias y terrenos, aunque no sean colindantes”, por una parte, y a “toda clase de ganado, maquinaria, aperos de labranza e instalaciones que constituyan una unidad orgánica de explotación agropecuaria, forestal o mixta”, por otra; todos ellos, no obstante, considerados en la Ley de 1995 como integrantes del señalado lugar acasarado. El art. 213 de la Proposición –encuadrado sistemáticamente en la Sección 1ª (“Disposiciones generales”) del Capítulo III (“De los pactos sucesorios”) del Título X (“De la sucesión por causa de muerte”)- se correspondía con el art. 133 de la Ley de 1995, pero difería del mismo en la referencia a que la interpretación –ya no se aludía también a la complementación- de las estipulaciones contenidas en los pactos de mejora que hiciesen referencia explícita a instituciones consuetudinarias, como la casa y otras más, “será conforme a los usos y costumbres locales”, suprimiéndose la referencia que se hacía en el art. 133 de la Ley de 1995 “a lo establecido en esta ley”. El art. 219 se correspondía con el art. 130 de la Ley de 1995. El mismo se estructuraba en dos apartados, frente a los seis del art. 130, reduciéndose de esta forma su contenido. También se variaba su redacción en parte, presentándose quizá como más clarificadora, al separar, por una parte, el supuesto de que la indivisión afectase al lugar acasarado, y, por otra, a una explotación agrícola, industrial, comercial o fabril, que en el mencionado art. 219 aparecían referidas de forma conjunta, y no separadamente, como ocurría en el art. 130 de la Ley de 1995, en el que a la explotación agraria se hacía referencia en el primer apartado de dicha norma, junto al lugar acasarado, mientras que a las explotaciones o establecimientos fabriles, industriales o comerciales, se hacía referencia en el segundo de sus aparatados. Finalmente, en el art. 220 se volvía a señalar, por una parte, la indivisibilidad de la casa patrucial y su era, los corrales y las huertas, tratándose de lugar acasarado, y, por otra, la de la explotación agrícola, comercial y fabril, ambas a efectos de la partición, y matizando al principio de la norma “en los casos a que se refiere el artículo anterior”, presentándose en este caso y en nuestra opinión lo señalado en cuanto al lugar acasarado como una reiteración de lo indicado en el art. 52 de la Proposición, puesto que si en el mismo ya se había prescrito de forma expresa la indivisibilidad de la casa patrucial y sus anexos, no parecía tener mucho sentido volver a reiterar dicha indivisibilidad en el art. 220, y además limitándola a “los casos a que se refiere el artículo anterior” ( art. 219), es decir, a los supuestos en que el ascendiente optase voluntariamente por la indivisión del lugar acasarado. En cuanto a las explotaciones, contempladas en sus diversas variantes –agrícola, industrial, comercial o fabril-, al establecerse la posibilidad en el art.219 de pactar por parte del ascendiente con cualquiera de sus descendientes la adjudicación íntegra de las mismas, en caso de optar por esta posibilidad, entendemos que tal pacto implicaría ya de por sí y directamente dicha indivisión de la explotación a efectos de la partición, por lo que, a nuestro juicio, no parecía tener mucho sentido volver a reiterar en el art. 220 de la Proposición que en tales casos “se reputarán indivisibles para los efectos de la partición”, salvo que lo que pretendiesen los redactores de la Proposición fuese reafirmar el carácter vinculante del pacto no sólo –y como es lógico- para los intervinientes en el mismo, sino también para todos los demás descendientes. A los artículos indicados únicamente se presentaron enmiendas por el Grupo Socialista, en concreto a dos, el 213 y el 219, prosperando solo la segunda, concretada en la supresión de la referencia “al mejorado” al final del primer número de dicho artículo 219, y el añadido en el final del segundo número del adverbio “así”, en relación al mejorado. Finalmente, en el correspondiente Dictamen de la Proposición de Ley de Derecho civil de Galicia, emitido por la Comisión 1ª, Institucional, de Administración General, Justicia e Interior, con fecha de 22 de mayo de 2006 –recogido en el B.O. del Parlamento de Galicia, número 146, VII Legislatura, de 24 de mayo de 2006, p.12918 ss.-, se mantuvo el mismo contenido de todos los artículos citados de la Proposición de Ley, con la salvedad señalada para el 219, introducida en la enmienda anteriormente indicada, que fue aceptada.
No obstante lo señalado, en el Proyecto de 1915 se optaba expresamente y con carácter general, como ya se ha indicado, por la posibilidad de dividir el lugar acasarado como conjunto de bienes que componían el substrato real de la casa (86), pero cumpliendounas determinadas condiciones económicas mínimas expresadas en aquél (87). Paradójicamente y frente a la posibilidad de división del lugar acasarado, en el Proyecto de 1915, como también se ha dicho, se estableció con carácter general el principio de indivisibilidad –incluso en el supuesto de que “el padre, la madre o los abuelos no hayan prohibido la división”, según se señalaba en el art. 2- de determinados elementos integrantes del lugar acasarado, como lo eran la “casa petrucial, su era, corrales y huerto unidos”, con la excepción de que “por la gran extensión de una y otros quepa establecer todos los servicios para dos o más familias, sin necesidad de disfrutar en común dependencia alguna”. De esta forma, se “desgajaban” o “separaban” del lugar, casar, casal o casa (88) a efectos de su regulación legislativa unos elementos materiales constitutivos del mismo, a los que, por así decirlo, se otorgaba como conjunto un cierto “protagonismo” en la normativa reguladora de las instituciones tradicionales gallegas, sin que tal conjunto, por lo menos tradicionalmente lo hubiera tenido. Y ello por la sencilla razón de que el casar, casal, lugar acasarado, o casa–entendida no ya como un mero elemento material, es decir, no como casa-vivienda,sino como casa petrucial, es decir, como unidad familiar y económica-, como la verdadera institución o figura tradicional del Derecho gallego y otros Derechos regionales, se encontraría integrada antiguamente en el caso concreto gallego, según se ha indicado, no sólo por la casa en su consideración material como edificio-vivienda y sus anexos (89),sino también por los diversos terrenos, juntos o dispersos, que formaban parte de laexplotación y que constituían una unidad orgánica variable en cuanto a su extensión,divididos en tres tipos básicos de aprovechamiento: tierras labrantías o cultivadas, prados,y montes (90).
Dudas y equívocos que sólo en parte fueron resueltos con la Compilación de 1963, en la que ya se introdujo como novedad la prescripción expresa de indivisibilidad absoluta del conjunto integrado por la “casa petrucial y su era, corrales y huerto unidos”, en todos los casos, y sin tener en cuenta las que parecían razonables excepciones a dicha indivisibilidad de ese conjunto, que se recogían en el Proyecto de 1915. A dicha novedad se añadió también la de proporcionar una definición del lugar acasarado en sede de arrendamientos, para el que, frente a lo que ocurría con la “casa petrucial y su era, corrales y huerto unidos”, no se establecía con carácter general y obligatorio su indivisibilidad.
Del segundo de los Trabajos prelegislativos, la normativa posterior fue tributariade la introducción de un Título en el que bajo la denominación de “De la casa y la veciña”se introdujo un artículo en el que se prescribía la indivisibilidad absoluta de la casa petrucial y sus anexos – término éste con el que parecía sustituirse a la “era, corrales y huerto unidos”, mencionados expresamente en los textos precedentes-, conjunto distinto, como ya se indicó, del lugar acasarado, pero integrando o formando parte del mismo, al que ahora se otorgaba un protagonismo especial, quizá por lo que podríamos denominar como “inercia legislativa”, entendiendo por tal el “arrastre” de normas precedentes. La evolución transcrita concluye con la actualmente vigente Ley 2/2006, de 14 de junio, de Dereito civil de Galicia, en la que se recoge una definición más amplia que las proporcionadas anteriormente para el lugar acasarado, incluyendo en la misma,
El presente trabajo también aparecerá publicado en la obra colectiva que será editada por la Editorial Marcial Pons bajo el título de Derecho
persona y ciudadanía: una experiencia jurídica comparada, dirigida por Bernardo Periñán Gómez, y que actualmente se encuentra en prensa.
Vid. PAZ ARES, Instituciones al servicio de la casa en el Derecho Civil
de Galicia, Salamanca, Talleres Gráficos Imprenta Núñez, 1964, p.13; ID., La Compilación del Derecho Civil Especial de Galicia. Notas críticas, Salamanca, Talleres Gráficos Imprenta Núñez, 1964, p. 9.
3 RISCO, op. cit., p. 482, la distingue, dentro de los agrupamientos familiares, de la “familia amplia”, que se suele llamar “casta” o “castimonia”, de la que formarían parte todos los parientes ya fuesen cercanos o lejanos. 4 Según RISCO, op. cit., p. 475, dentro de las diversas edades, el “petrucio” o padre de familia entraba dentro de la condición de “hombre hecho” –las dos anteriores son las de “niño” y “mozo”- que comenzaba con
el matrimonio, con el que llegaba a la plenitud de derechos y la condición de “vecino”, aunque viviese con sus padres y no tuviese la voz
o representación de una casa. Vid. también, p. 485; PAZ ARES, Instituciones cit., p. 32. Precisamente este –según se dice- “marcado carácter patriarcal de la institución petrucial, en la cual el señor de la casa y el petrucio asumen la jefatura familiar” se presenta, según un
sector de la doctrina gallega, como “muy distante del esquema de igualdad jurídica entre hombre y mujer que en el marco constitucional orientan la regulación de las instituciones familiares y sucesorias en el Ordenamiento jurídico español, común y autonómico”. Siendo por ello, según estos autores, “harto criticable que esta discriminación en la jefatura familiar se haya reproducido, sin mayores matizaciones en la
Ley de Derecho civil de Galicia”, “sin hacer una mínima criba de adecuación constitucional de su contenido”. Vid. al respecto, ESPÍN ALBA, “Instituciones interpretativas e integradoras”, en AA. VV. (coord.
LETE DEL RÍO), Manual de Derecho civil gallego, Madrid, Edit. Colex, 1999, p. 49. En sentido similar también parece pronunciarse BUSTO LAGO, en “Comentarios a los arts.52 a 55”, en AA.VV. (REBOLLEDO VARELA coord.), Comentarios a la Ley de Derecho civil de Galicia. Ley 2/2006, de 14 de junio, Pamplona, Edit Aranzadi S.A., 2008, p. 293, cuando señala que “las nuevas formas de estructuración familiar y las normas
imponen la igualdad de sexos, de conformidad con las exigencias constitucionales, determinan una necesaria revisión de la identificación
que acaba de realizarse (del petrucio con la figura del esposo y del padre de familia, habida cuenta de la vigencia social de la mejora masculina y del establecimiento de la residencia patrilocal en la mayor parte de las comarcas de Galicia), tomando en consideración únicamente las fórmulas más tradicionales y arcaizantes de establecimiento de las relaciones familiares y sociales, hoy superadastambién en la realidad social y económica gallega”
Además del término “petrucio” o “patrucio”, también se utilizaba el de “herdeiro (heredero)”, “vinculeiro” y “mayorazgo”. En aquellos lugares en que se encontraba en uso el denominado “régimen o sistema petrucial”,
caracterizado por la institución del “heredero” o “vinculeiro”, los matrimonios se solían realizar, por lo general, por concierto entre los padres del futuro novio y los de la novia –en ocasiones sin consentimiento de los interesados- buscando los “petrucios” de las casas
fuertes una mujer más o menos rica, o que reuniese otras condiciones dignas de estima, puesto que tendrían que vivir con ellos en la casa. Una vez conseguido el asentimiento entre los padres, estos formalizarían
de palabra, e, incluso en algunos casos,por escrito, los “conciertos” o
capitulaciones matrimoniales, en los que, por ejemplo y entre otras cuestiones, estipularían lo que cada una de las casas deberían aportar a
los futuros cónyuges, con quién deberían de vivir, las condiciones que tendrían que cumplir, etc. Vid. RISCO, op. cit., pp. 474 ss., y 491.
RISCO, op. cit., p. 491; PAZ ARES, op. cit., p. 33. En algunas ocasiones los legitimarios renunciarían a todo lo que les pudiese corresponder en concepto de legítima, por consideración a la unidad de la casa.
su parte, los padres de estos hijos o hijas legitimarias, siempre que les resultase posible, procurarían concertar matrimonios con buenas “herederas” y “vinculeiros” para dejarlos bien acomodados. Vid. RISCO, op.cit., p. 476; PAZ ARES, op. cit., pp. 34 s.
En los documentos antiguos en que se hace referencia a foros y escrituras otorgadas por Monasterios y Señores, se alude al lugar acasarado, que sería el objeto jurídico de dominio útil de un vasallo feudal, o de un colono de un Monasterio o Iglesia, y que comprendería la
casa con todos los bienes necesarios para vivir en régimen de economía familiar cerrada una familia labriega. Vid. RISCO, op. cit., p. 486.
RISCO, op. cit., p. 487. En algunas zonas en las que el término utilizado para referirse al conjunto de bienes que integraban la casa era el mismo de casa, o los de casar o casal, el término lugar se empleaba para referirse a la unidad mínima socio espacial de agrupamiento de casas, que incluía un número muy variable de casas, y, en ocasiones, una sola casa. Vid. FERNÁNDEZ DE ROTA, Antropología de un viejo pais aje gallego, Madrid, Siglo XXI de España Editores S.A., 1984,
pp. 11 y 113 ss.; LORENZO FILGUEIRA, Realidad e hipótesis de futuro del
Derecho Foral de Galicia, Pontevedra, Ayuntamiento de Pontevedra, 1986,
13 Vid. FERNÁNDEZ DE ROTA, op. cit., p. 24. Según RISCO, op. cit., pp. 488 ss., el arrendamiento de tierras que formaban un casar, o de leiras independientes, se encontraría generalizado en Galicia, llevándose a cabo tanto por los campesinos ricos, como los que no lo eran, por los que tenían leiras lejos y no las podían atender, por los que abandonaban el campo, yéndose a la villa o a la ciudad con un oficio, jornal o empleo, etc. El contrato solía ser “verbal” –consignándose en documento privado, que en raras ocasiones se elevaría a escritura pública- realizándose por un plazo de tiempo de tres o cinco años, o por tiempo indeterminado, con la obligación por parte del arrendador, en caso de que quisiese dar por finalizado el arrendamiento, de avisar al arrendatario con un año de antelación. Las tierras raramente se arrendarían por dinero, siendo lo habitualel pago en especie “a medias”, “al tercio”, o por un tanto. 14
Vid. RISCO, op. cit., pp. 486 y 490. Según FERNÁNDEZ DE ROTA, op. cit.,
pp. 29, 38, 50 y 93, las tierras de la casa encarnan el ideal autárquico en un complejo policultivo de subsistencia, apoyado en un
número abundante de pequeñas parcelas, debiéndose buscar la razón de ser de esta extraordinaria fragmentación en la sucesión generacional de repartos hereditarios. El sueño completo del campesino gallego se concretaría en una parcela ideal cerrada, única, y que tuviese en su interior la casa-vivienda, que suele ser imposible, por lo que aquél trata de reproducir, al menos en su centro vital, la ambición de huerto cerrado, decasa-vivienda acabada, tratando, cuanto menos, de que la casa
con patios y dependencias, la huerta, y, enocasiones, algunas parcelas,
queden sin fisuras internas, cerradas por un buen valado muro construido con cascotes irregulares de piedra, o con terrós(bloques de tierra y raíces) superpuestos- y, en el mejor de loscasos, con un pozo de cantería labrada, evocando un universo cerrado, defendido de cualquier intromisión.
PAZ ARES, op. cit., p. 30. Destaca este autor al respecto, con apoyo en
diversos estudiosos, que elfenómeno no era exclusivo de Galicia, sino que el mismo resultaba común a todas la regiones forales del norte de España, en las que concurrían unos mismos presupuestos de todo orden.
En relación a este aspecto, GARCÍA RAMOS, en su Arqueología jurídico-consuetudinaria-económica de la Región Gallega, publicado en Madrid, Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés, en el año1912, pp. 12 s. (existe una impresión facsimil de la obra, editada por el Consello
da Cutura Galega, en ACoruña, Consello da Cultura Galega, s.f., que es por la que citamos), señalaba lo siguiente: “En el orden económico-agrícola (la familia gallega) ostenta un signo marcado de solidaridad, de cooperación, de comunión,de actividad y de trabajo en pro de la producción de la tierra, del laboreo del campo. Sean los bienes propios o ajenos, de arrendamiento fijo ó de aparcería, libres ó de foro, cultívanse domésticamente, sin trabajadoresextraños, pues la remuneración de éstos no la sufriría el rutinario sistema de cultivo, contribuyendo á las labores desde el tierno infante que guarda los bienes de labranza en el pasto, hasta la mujer fuerte, activa y laboriosa. Padres e hijos, todos los que conviven en la casa, ponen su esfuerzo, sus brazos, sus actividades al servicio del laboreo del “lugar”. Y esto por necesidad imperiosa. La excesiva parcelacióndel suelo, la falta de cultura agrícola, la carencia de medios económicos, los gravámenes intensos que pesansobre la tierra, el impuesto de consumos arbitrariamente distribuido hacen imposible el cultivo por otros medios que no sean el que se realiza en familia, aportando todos los miembros sus esfuerzos. Un matrimoniosolo no puede cultivar un “lugar” sin valerse de jornaleros ó trabajadores mercenarios, cuya retribución haría nula la producción. Por tal causa viven unidos padres,
hijos y nietos, pero sin que en ningúnmomento hayan pensado, ni de cerca ni de lejos, en constituir sociedad jurídica alguna, que les imponga obligaciones exigibles ante los tribunales. Laboran todos, contribuyen y suman su esfuerzo para convivireconómicamente, comiendo, vistiéndose y satisfaciendo todas sus necesidades con los productos del trabajo agrícola, mas sin distinguir de gastos de ésta ó de la otra especie, pues todos salen del fondo común,que no tiene más que un administrador, el jefe de la familia, á quien todos obedecen, de quien todos pideny demandan, sin que ninguno, desde el que acaba de nacer hasta el que está a los bordes de la tumba, quedeeliminado ni excluido”.
PAZ ARES, op. cit., p. 179. Este autor considera que el “petruciazgo” es la institución jurídica regionalmediante la cual los padres de las familias labradoras gallegas transmitían a uno de sus hijos o descendientes–el “petrucio”- la integridad, o la mayor parte del patrimonio para conseguir su conservación a través de lasucesión hereditaria y, como consecuencia, el mantenimiento de la casa, finalidad
primordial que, en su opinión, preside tal instituto. A su entender, el
“petruciazgo” es la institución; el padre instituyente y el “petrucio” son los elementos personales; la llamada mejora de labrar y poseer, las otras diversas manifestaciones de lamejora en Galicia (de diferencias más bien cuantitativas) y la aplicación del régimen del párrafo 2º del art. 1056del Código civil, constituyen sus instrumentos; su substrato real es el patrimonio familiar, todo o parte, segúnlas comarcas, y la continuidad de la casa es su finalidad esencial y su razón de ser. Vid. op. cit., pp. 117 s.
LISÓN TOLOSANA, en su Antropología cultural de Galicia, Madrid, Akal Editor, 1983 (2ª ed.), pp.73 s., aparte de los términos indicados, señala entre otras expresiones para referirse a la “mejora” en laszonas rurales gallegas las siguientes: millora, mellora, millorar y facer a millora, a manda, mandar, facera manda, amillorar, deixar, termar a casa, casarse en casa, etc. A su vez, la persona a la que se ha mejorado,recibe los nombres de millorado, vinculeiro, herdeiro, patrón de la casa, casado en casa, amillorado,meirazo, meirazgo, mairazo, etc. PAZ ARES, op. cit., p. 117, por su parte, critica al respecto la generalización realizada de la aludida denominación de mejora o derecho de “labrar y poseer”, aplicándola a toda la regióngallega, por entender que dicha denominación tiene un ámbito de aplicación territorial bastante limitado–que circunscribe a la comarca de Bergantiños, en la provincia de A Coruña-, aparte de considerar tal designacióncomo inadecuada, puesto que a través de dicha institución se transmiten los bienes hereditarios enpropiedad, y no en régimen de mero disfrute.
LISÓN TOLOSANA, op. cit., pp. 183 y 186. Este autor, op. cit., pp. 175 ss., en relación a las que calificacomo formas y contenidos reales de la
mejora en el agro gallego, a las ideas y comportamientos de lagente en torno a la vieja institución, distingue inicialmente, según las zonas, las siguientes variantes hereditarias,que reduce a dos tipos principales: en la zona rural de las provincias de Lugo, A Coruña y Pontevedra,en su opinión, predominaría el “sistema de herencia unilateral”, mientras que en el campo orensano prevaleceríael llamado “bilateral” o “cognático” en idioma antropológico, en el sentido de que hembras y varonesheredarían a la vez, y normalmente en partes iguales, de los padres (régimen de las partijas, partixas opartillas). A su vez, dentro del primero de los tipos indicados, distingue los subtipos “patrilineal” y “matrilineal”;y dentro del segundo, la congra, renta o tenza. A los mismos añade toda una gama de grados intermediosdentro de la que califica como pureza propia de la clasificación señalada, matizando que los tipos“patrilineal”, “matrilineal” y “bilateral”, desde
un punto de vista práctico, pueden resultar inoperantes a consecuenciade diversos factores.
GARCÍA RAMOS, Estilos consuetudinarios y prácticas económico-familiares
y marítimas de Galicia,Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos del S.C.
de Jesús, 1909, p. 44.; FUENMAYOR CHAMPÍN, voz “Derechocivil de Galicia”, en Nueva Enciclopedia Jurídica Seix, I, Barcelona, 1985 (reedición de la ed. de 1950), p. 246.
22 FUENMAYOR CHAMPÍN, “El Derecho sucesorio en la Compilación de Galicia”, en Foro Gallego (Revista Jurídica General), núm. 135-136 (Dedicado al Derecho Foral de Galicia), 3º y 4º trimestre, 1967,p. 277. En el mismo sentido ya se había pronunciado con anterioridad MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, en su obratitulada Las particularidades de Derecho patrimonial en el Noroeste de España ante la Compilación Gallega y el Código Civil (Comentario al texto foral), Becerreá, Talleres Tipográficos de “Faro de Vigo”,1964, p. 155, en los siguientes términos: “El “paisano” suele emplear la palabra “mejora” en el sentido másamplio de los que se acostumbra a atribuirle en el tecnicismo jurídico: el de ventaja que obtiene cualquier heredero sobre los demás, aun cuando exceda o no llegue al tercio íntegro de la herencia. Incluso cuando se trata de personas sin herederos forzosos que disponen a favor de sobrinos o de extraños suelen exponer al Notario su propósito de “mejorar” a alguno de ellos; y está tan arraigada la institución, como imposición dela realidad de la Montaña gallega, que frecuentemente al fallecer el padre abintestato acuden los hijos a lanotaría para “mejorar” al que ha de quedar al frente de la Casa”. Este autor, op. cit., pp. 154 ss., insistía en el momento en que escribía (año 1964) en un aspecto muy importante a tener en cuenta al tratar el sistemasucesorio de Galicia, el relativo a que las instituciones jurídicas no se adaptaban a los límites administrativos,históricos o geográficos, sino que dependían fundamentalmente de las estructuras económico-socialesde cada comarca, entendiendo en base a tal afirmación que lo expuesto había de considerarse referido a los territorios en que subsistían tales especialidades, singularmente las comarcas montañosas de Lugo, Orense, e incluso Pontevedra; con exclusión de las zonas urbanas y de las rurales próximas a ellas, a la costa o a núcleos industriales, donde, al no existir una economía exclusivamente agropecuaria, las especialidades de que se ocupaba en su estudio (mejora del hijo que se “casa en casa”; “dote” (donación) al que se casa “fuera de casa”; usufructo viudal; comunidad familiar en que entran los “petrucios”, el “mejorado”, el cónyuge de éste que aporta su “dote”, y los demás hijos y hermanos solteros del “petrucio” que no hubiesen percibido su participación hereditara y conviviesen en la casa petrucial) consideraba que no tendrían razón de ser, aplicándose en dichas zonas, en su opinión, espontáneamente el sistema sucesorio castellano. 23 Vid. PAZ ARES, op. cit., p. 129; FUENMAYOR CHAMPÍN, “Derecho civil de Galicia” cit., pp. 246 s.;MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 162 s.
24 En relación a estas obligaciones, cfr., entre otros, GARCÍA RAMOS, Estilos consuetudinarios cit., pp.43 s; FUENMAYOR CHAMPÍN, “Derecho civil de Galicia” cit., pp. 246 s.; PAZ ARES, op. cit., pp. 129 ss.;MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 162 ss. Sobre la específica obligación de “casar para la casa”, FUENMAYOR CHAMPÍN, “El Derecho sucesorio en la Compilación de Galicia”, cit., p. 276 s., señalaba que “en las costumbres campesinas de Galicia el “casar para la casa” no se dá sólo en el caso de que lo haga unoentre los varios descendientes del mejorado…Se da igualmente en todas las ocasiones en que un labrador adjudica a otro –sea hijo único suyo, sea pariente distinto, o sea extraño- el lugar acasarado, mediante la obligación de que se establezca en él, es decir, “case para casa”, uniendo las dos familias”. Respecto a la “mejora a favor del que se case para la casa petrucial” o “casado en casa”, cfr. FUENMAYOR CHAMPÍN, “Derecho civil de Galicia” cit., pp. 258 s.; MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 166 ss. 25 Vid. en este sentido, MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE , op. cit., p. 163. 26 Utiliza esta expresión FUENMAYOR CHAMPÍN en su trabajo “El Derecho sucesorio en la Compilación de Galicia”, cit., p. 275.
29 En relación a esta figura, vid. MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 208 ss. Este autor, op. cit., p. 208, destacaba la circunstancia de que el término “dote” tenía entre el “paisano” un contenido más amplio que en el tecnicismo jurídico, identificándose por el mismo con la cantidad de bienes o, excepcionalmente, los bienes concretos que recibe el hijo que se va a “casar fuera de la casa”, con ocasión de su matrimonio y a cuenta de lo que en su día le correspondiese en la herencia de sus padres como anticipo de la misma, quedando, por tanto, “apartado” del patrimonio familiar. 30 Cfr. FUENMAYOR CHAMPÍN, “Derecho civil de Galicia” cit., p. 249, nt. 91; MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 170 ss.; PAZ ARES, op. cit., pp. 173 ss.
31 Vid. RISCO, op. cit., pp. 493 ss. Para la bibliografía correspondiente a la institución, con anterioridada la Compilación de Derecho civil de Galicia de 1963, cfr. los autores citados por PAZ ARES, op. cit., pp. 41 ss.Este autor, op. cit., pp. 41 y 45, destaca la circunstancia de que los tratadistas que se ocuparon del estudio deesta figura consuetudinaria, aún a pesar de su afán por poner de relieve los sólidos fundamentos de la misma en relación con una realidad familiar, económica y social a la que servía, no orientaron dicha institución familiar como resorte institucional de la gran figura central del Derecho gallego, que, a su entender, era la casa 32 PAZ ARES, op. cit., pp. 79 s., y MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., p. 78 s., criticaban esta denominación,por no considerarla adecuada para designar la situación que tal figura implicaba, al entender no ortodoxo considerarla como una sociedad propiamente dicha, debiendo, en su opinión, utilizar mejor el término “asociación familiar” o “comunidad familiar”.
36 Cfr. PAZARES, op. cit., pp. 42, 46, 82 y 94; MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 78 s. Por su parte, TENORIO, en su obra titulada La aldea gallega (Estudio de derecho consuetudinario y economía popular), publicado originariamente en Cádiz, 1914, Imprenta de Manuel Álvarez (del mismo existe una ed. facsimil,publicada en Vigo, Ediciones Xerais de Galicia S.A., 1982, con introducción de García Martínez, que es por la que citamos), pp. 78 s., en la época en que escribe su libro –la recopilación de datos que componen su obra,según refleja García Martínez, puede que fueran reunidos entre los años 1904 y 1906-, parece identificar la antigua compañía gallega con la comunidad que se constituye por dos matrimonios cuando “un hijo emancipado se case y quede viviendo con sus padres”, habiendo perdido en su evolución hacia la familia moderna –en su opinión, a consecuencia del Derecho común y hechos de orden económico- la extensión que tenía en tiempos más remotos. De dicha extensión nos da cuenta Tenorio, señalando al respecto que “la unión de dos casares y comunidades familiares produce la llamada compañía gallega, pues al varón que representa uno, acompañan o pueden acompañar en la indivisión de la propiedad, la madre, si la tiene, los tíos y hermanos solteros, y a la mujer que representa el otro, los parientes de igual grado; de aquí que se hallen algunas veces formando parte de la asociación personas a quienes no alcanza el vínculo de parentesco. En el caso de entrar un varón con su casa en el de la mujer, pueden encontrarse unidos a los padres de la mujer, el matrimonio, los tíos y hermanos de la mujer, la madre del marido, los tíos y hermanos del marido, y los hijos. Cuando uno de los asociados pide partición, la compañía se liquida. Separan primero el capital de las ganancias, si las hay, entregando a cada uno lo que le corresponde de derecho, después parten lo ganado entre todos, por cabezas, y por partes iguales; lo mismo dan al que aportó capital que a los que solo pusieron el trabajo”. 37 Vid. PAZ ARES, op. cit., pp. 46 y 90.
descendencia; con ello, se pretendía coaccionar indirectamente a éstos para que nombrasen heredero al mejorado por el nuevo “mayorazo”, estableciendo en su propio testamento la obligación de convivencia y manteniendo así la unidad del patrimonio familiar. A lo indicado, añade MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., p. 169, que, no obstante esta práctica usual de no dividir materialmente los bienes hereditarios, en previsión de que la partición tuviese lugar, el “mejorante”, solía tomar sus medidas, ordenando que, en pago de la participación del mejorado “y sin perjuicio de lo demás que pudiese corresponderle”, se le adjudicasen en primer término determinados bienes entre los que estrían incluidos la casa petrucial (a veces, “con todos los muebles, ropas, enseres, aperos, ganados y frutos recogidos que se hallen en ella al fallecimiento del disponente), así como la era, corral, cuadras, hórreo, huerto y demás dependencias, los prados y labradíos más importantes y, en una palabra, los principales bienes de la herencia. Los mismos efectos que en el caso de la mejora en relación con el patrimonio familiar se producirían también, según MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 161 s., en el caso de la popularmente denominada “mejora por contrato entre hijos”, en la que, cuando el padre falleciese sin testar, los hijos, de mutuo acuerdo, designarían a uno de entre ellos, que quedaría al frente de la casa, cediéndole los demás su participación hereditaria, con excepción de la legítima. 39 Vid. MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., p. 80. Según este autor, op. cit., p. 81, lo peculiar de la comunidad examinada radicaría en la circunstancia de que los partícipes en ella, independientemente del derecho de frutos, que correspondería a los “aportantes de capital” -entre los que este autor distingue, por una parte, las aportaciones de cuota hereditaria que hacen el “mayorazo” y sus coherederos; y, por otra, la aportación de “dote” que hace el cónyuge que ha venido de “fuera de casa”- sobre los que los aportantes conservarían su plena titularidad, tenían derecho a “alimentos” mientras continuasen en la casa, trabajando para la comunidad “dentro de sus posibilidades”. Este derecho de alimentos de todos los asociados habría que entenderlo, en opinión de PAZ ARES, op. cit., p. 90, en un sentido amplio, como comprensivo de habitación en la casa petrucial, vestidos, comida, asistencia médica en las enfermedades, instrucción según el haber de la casa, etc., con cargo a los frutos y utilidades procedentes de las aportaciones de bienes y del trabajo de los asociados, destinados al sostenimiento de la familia y de la explotación agrícola. 40 Este sería el que MENÉNDEZ-VALDÉS GOLPE, op. cit., pp. 80 y 82, califica como “modo “normal” de cesar en la situación de comunidad familiar”. Al mismo añade –junto al que define como “anormal”, consistente en la división del patrimonio, con la consiguiente liquidación del mismo-, op. cit., p. 83, el que señala como “modo excepcional” de terminar la comunidad –“al menos parcialmente”, según matiza-, que “es la marcha del “mejorado” de la casa para colocarse fuera de ella, entrando entonces en juego la condición resolutoria que solía acompañar a la mejora para garantizar el cumplimiento de las obligaciones en ella impuestas,
47 Vid. MARTÍNEZ -R ISCO Y MACÍAS, S., El régimen jurídico de la propiedad territorial en Galicia a través de sus instituciones forales. Buenos Aires, Editorial Citania, 1958, pp. 13 s.; ID, “Lagunas institucionales en la Compilación del Derecho Civil Especial de Galicia”, enForo Gallego, 135-136 (Dedicado al Derecho foral de Galicia), 3º y 4º trimestre 1967, p. 311 48 Así entiende tal derecho, que denomina como “mejora de labrar y poseer”, y que califica como “una
56 Remitimos al respecto a nuestro trabajo y a las referencias bibliográficas allí indicadas en sus correspondientes notas, titulado “Realidad socio-económica, intereses familiares y Derecho sucesorio en Galicia”, publicado en AFDUDC, 9, 2005, pp. 792 ss., y en el Boletim da Faculdade de Directo, Universidade de Coimbra, Studia Iuridica 88, Colloquia 16, 2006, pp. 751 ss 57 “Art. 84.- El ascendiente que quisiere conservar indivisos un lugar o una explotación agrícola podrá adjudicarlos íntegros a cualquiera de sus hijos o descendientes, por actos “inter vivos” o “mortis causa” y aunque las suertes de tierras estén separadas. Esta adjudicación implica la mejora tácita de las siete quinceavas
“Art. 86.- Los muebles, frutos, aperos de labranza y ganados que corresponden a las legítimas de los que no disfrutan el derecho de labrar y poseer serán entregados a sus dueños o pagados en metálico”. “Art. 87.- La mejora de labrar y poseer quedará sin efecto:
“Art. 48.- Cuando un labrador “case para la casa” a un pariente, se entenderá salvo pacto en contrario, constituida la compañía agraria para la percepción en común de los frutos, el sostenimiento de la casa y cargas familiares, y la distribución de los frutos a la fecha y cesación de la vida en común”. 59 Así, en relación al “Derecho de labrar y poseer” se indicaba textualmente que “El derecho de labrar y poseer, objeto del Título IV del Proyecto, es una institución de derecho consuetudinario, con arreglo a la que el padre puede elegir anticipadamente al hijo que haya de sustituirlo en la explotación del patrimonio familiar. Es pues, una mejora expresa o tácita que tiende a establecer la unidad de explotación agrícola a través de la institución petrucial. Por lo general, el alcance de la mejora tiende a conservar la casa petrucial, el lugar acasarado que tanto costó al labrador y a sus antepasados adquirir, y que desean que permanezca unido
70 “Art. 110.- El ascendiente que quisiere conservar indiviso un lugar o una explotación agrícola podrá adjudicárselos íntegros a cualquiera de sus hijos o descendientes por actos intervivos, con carácter irrevocable, o mortis causa aunque las suertes de tierras estén separadas. Si el testamento no dispusiese otra cosa, se entiende que la adjudicación implica una mejora tácita que comprende las siete quinceavas partes de la hacienda hereditaria, y no quita que el ascendiente disponga, a favor del descendiente preferido, del resto de las porciones de libre disposición. Cuando el ascendiente hiciere uso de esta facultad, se le abonarán a los demás herederos forzosos sus legítimas o las porciones de mayor entidad en que los constituya, con metálico, u otros bienes, si los tuviere”. “Art. 111.- En los casos a que se refiere el artículo anterior, la casa petrucial y su era, corrales y huerto unidos se reputarán indivisibles, tanto en la sucesión mortis causa, testada o intestada, como en las particiones que el ascendiente hiciese en vida”.
81 “Art. 130.- 1. El ascendiente que quisiese conservar indiviso un lugar o una explotación agrícola podrá pactar su adjudicación íntegra a cualquiera de sus hijos o descendientes por actos inter vivos, con carácter irrevocable, o mortis causa, y aunque las suertes de tierras estén separadas. 2. El mismo pacto podrá hacerse respecto a una explotación o establecimiento fabril, industrial o comercial”.
87 En este sentido, es necesario reiterar que en el art. 4 del mencionado Proyecto se señalaba textualmente en relación a la posibilidad de dividir determinados lugares que “tampoco se podrán partir los lugares, o los compuestos de fincas que constituyan una sola labor, si los productos de cada fracción no alcanzasen para el sostenimiento de un labrador medianamente acomodado en la parroquia”, añadiéndose a continuación que “si todo el caudal del causante consistiese en un lugar o en una colección de fincas sueltas cuyos productos no excedan del tipo indicado, se adjudicará por sorteo el derecho de labrarlos y poseerlos a cualquiera de los hijos o herederos, con obligación de entregar a los demás hermanos o coherederos la utilidad que en ellos corresponde en dinero, o en renta en saco redimible a tenor de lo establecido en el art. 1 de este Título”. Asimismo, la indivisibilidad también se establecía en el art.3 del Proyecto con carácter taxativo para diversas fincas rústicas que tuviesen una determinada cabida. Vid. supra nota 51 de este trabajo 88 Interesa resaltar que estas denominaciones raramente y de forma excepcional serían utilizadas en aquellas zonas de minifundio en las que las tierras se encontraban esparcidas en fincas pequeñas, empleándose en muchas ocasiones la palabra casa para designar el conjunto de tierras de una familia labriega. Vid. RISCO, op. cit., p. 487. Por lo demás, en algunas zonas en las que el término utilizado para referirse al conjunto de bienes que integraban la casa era el mismo de casa, o los de casal o casar, el término lugar se empleaba para referirse a la unidad mínima socio-espacial de agrupamiento de casas, que incluía un número muy variable de casas, y en ocasiones, hasta una sola. Vid. FERNÁNDEZ DE ROTA, op. cit. pp.11 y 113 ss.; LORENZO FILGUEIRA, op. cit., p. 49.
89 Con independencia de que algunas casas no dispusiesen de algunos de ellos, tradicionalmente se suelen señalar los siguientes anexos, ya mencionados: las cuadras de vacas y caballos (“cortes”), las cuadras de becerros, cerdos, ovejas y cabras (“cortellos”), las diferentes dependencias accesorias (“alpendres”, donde se guardaban los aperos de labranza y los de la pequeña artesanía precisa para la familia, y que también podría servir como pajar, en caso de que éste no existiese), uno o dos patios (“aira” o “eira” y “curral”, donde se secarían al sol los frutos y la leña para la combustión, y que servirían de depósito en general), y el “hórreo” o “cabaceiro” (donde se guardaría la cosecha de granos y frutos). 90 Vid. RISCO, op. cit., p. 486; PAZ ARES, op. cit., p. 33; LORENZO FILGUEIRA, op. cit., pp. 48 s.; FERNÁNDEZ DE ROTA, op. cit., pp. 24 ss.

References: artículo 84
 artículo 85
 artículo 110
 artículo 159
 resolución 
 artículo 50
 artículo 219