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Timestamp: 2020-03-31 16:43:36+00:00

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GES_EA_Parte_III_Cap_06_final
IX — La psicocirugía revolucionaria del PSOE: una revolución cultural pacífica y controlada que permite desmontar gradualmente el Estado y la sociedad capitalista rumbo a la autogestión integral
En entrevista concedida en 1978 a “Leviatán” —”Revista de pensamiento socialista” del PSOE — Felipe González explica que su partido había pasado por una “acumulación ideológica muy poderosa” durante los años previos a su retorno a la escena política española, y trabajó a fondo en el proyecto de un modelo de sociedad y en la definición de las etapas y de las tácticas para implantarlo. Felipe González continúa: “Esto [el PSOE] lo ha elaborado mucho, muchísimo, mucho más que otros partidos que van más a salto de mata en el contexto social”. La dirección del partido se preocupó en seguir y “conocer las experiencias políticas de los países que no son el nuestro”. En las discusiones con socialistas franceses o italianos, González llega a sorprenderse de conocer mejor que ellos las reflexiones más recientes de autores y personalidades neorrevolucionarias de esos países. “Hemos seguido — afirma — más a Basso de lo que se ha seguido en Italia. (...) Hemos seguido más la evolución de algunos teóricos franceses, como por ejemplo Touraine o Mallet o Gorz, que los propios compañeros franceses.” [31]
1- La revolución cultural es prioritaria y debe marcar todo el proceso
En efecto, al igual que el partido de Mitterrand, el PSOE contemplaba entre sus resoluciones políticas la socialización autogestionaria de la propiedad de los medios de producción. Alteró, en cambio, sus prioridades revolucionarias, evitando cuidadosamente caer en el error táctico del PS francés.
Ignacio Sotelo, probablemente el ideólogo de mayor expresión dentro del PSOE, en estudio publicado en “Leviatán”, en 1978, mostró hasta qué punto las nuevas perspectivas sobre el socialismo y la revolución fueron asumidas por el partido de Felipe González [32].* Afirma que la clase obrera no tiene ni el ímpetu revolucionario ni las condiciones para establecer la clásica dictadura del proletariado. “No cabe — dice Sotelo — una transformación repentina ni violenta del orden capitalista (...) y ello porque no basta la eliminación de la propiedad (...) para realizar el socialismo.” De donde concluye que la socialización de la economía constituye un proceso “mucho más complejo y largo, de lo que imaginaron los clásicos del XIX.” [33]** Los socialistas, dice Sotelo, deben salir al encuentro, interpretar y estimular las tendencias culturales que en la sociedad actual contestan la antigua moral tradicional y su proyección social. La marcha hacia el socialismo no puede basarse sólo en la lucha de los trabajadores, sino también en las posibilidades que ofrecen la evolución de las actuales formas de pensar y de vivir en España.***
* De 1979 a 1981 Sotelo fue secretario Federal de Cultura del PSOE, el cargo ideológico más importante del partido. Sus tesis tuvieron, como se verá, innegable influencia doctrinal en los congresos del partido. Hoy en día se coloca entre los que, con sus críticas al llamado pragmatismo de Felipe González, contribuyen a consolidar a los ojos del público la imagen moderada del líder socialista, indispensable para el avance tranquilo de la revolución del PSOE. En realidad, como él mismo afirmó, la función del intelectual en el partido es la de servir de fermento crítico para estimular a los políticos a aproximarse de la meta utópica (cfr. Socialismo y Cultura in “Leviatán”, n° I, 1978, pp. 93-94). De hecho, como se verá a lo largo de estas páginas, el neosocialismo y su revolución cultural prioritaria están siendo llevados a cabo con una amplitud insospechada bajo el gobierno de Felipe González, quien recientemente se refirió a Sotelo, pese a sus críticas, como un “intelectual del partido socialista” que “ha dicho muchas frases brillantes” (“Le Débat”, París, nov.-dic. 1986, nº 42, p. 44). Durante el XXXI Congreso del PSOE, realizado en enero de 1988, fue elegido miembro de su Comité Federal.
** Sobre esto, dice Ignacio Sotelo: “El capitalismo, lejos de estar a punto de saltar, destruido por sus contradicciones internas, ha dado prueba de una dinámica y de una capacidad creadora, verdaderamente impresionante (...)
“Lo que caracteriza a nuestra comprensión actual del socialis­mo, es un distanciamiento crítico, tanto de la social democracia, que en último término, elimina de su horizonte la 'meta final' de una sociedad distinta, como la tesis revolucionaria, que se aferra a la idea de cambiar de repente y por la violencia el orden establecido. Creo que hay que enterrar con honradez la noción revolucionaria de la conquista del poder por la clase obrera, — uno de nuestros más viejos y queridos mitos — sin por ello, aceptar la sociedad capitalista” (Socialismo y Cultura in “Leviatán”, n° I, 1978, pp. 83-84).
*** Para Sotelo, “cuarenta años de franquismo no han impedido el que hoy en nuestro país se oigan las mismas voces y se produzcan las mismas reivindicaciones que en Francia o en Italia. El motor del cambio está en la sociedad, y en el análisis de una estrategia global hacia el socialismo, lo decisivo es tener en cuenta además de las modificaciones de la base econó­mica, la dimensión sociocultural” (ib., p. 92).
Sotelo llega a afirmar que “la dimensión política no es la prioritaria en la marcha hacia el socialismo” [34]. Para que éste pueda convertirse en realidad es necesaria “también una verdadera revolución cultural, que sustituya los viejos valores burgueses por los nuevos socialistas. Creo que estamos actualmente viviendo esta revolución cultural cuya expresión más clara fue el mayo del 68.” [35]*
* El profesor Plinio Corrêa de Oliveira ha descrito en sus obras el papel de las pasiones desordenadas del hombre como fuerza propulsora de la Revolución. Sin la manipulación de esas pasiones las doctrinas revolucionarias carecerían de fuerza y las transformaciones institucionales consecuentes estarían destinadas al fracaso, por las reacciones populares que provocarían. Una síntesis al respecto se encuentra en su referida obra Revolución y Contra-Revolución, Parte I, Cap. V — Las tres profundidades de la Revolución: en las tendencias, en las ideas y en los hechos.
El ideólogo del PSOE no niega que el partido deba avanzar gradualmente hacia la socialización de las estructuras económicas, ni subestima la mutua influencia entre las reformas económicas y el cambio de mentalidades. Sin embargo, es categórico en un punto: “en el actual momento me parece correcto insistir en la prioridad de la revolución cultural” [36].
Pero la revolución cultural no se queda en el nivel de la mera especulación de los ideólogos. Alfonso Guerra, como dirigente político que hace el nexo entre los ideólogos y las bases partidistas del PSOE, se ha transformado en portavoz de este neosocialismo*.
* En su conferencia inaugural del primer Encuentro sobre el Futuro del Socialismo, realizado del 19 al 21 de septiembre de 1985, Guerra se refiere extensamente al “proceso de hundimiento de algunas creencias políticas que hoy está sufriendo la izquierda en todas las latitudes” (El futuro del socialismo, p. 16).
Como Sotelo, Guerra también hace mención al fracaso y des­prestigio, tanto del estatismo colectivista como de las revoluciones violentas y dictatoriales (ib., pp. 14 y 25). Reconoce igualmente “la pérdida de capacidad general de movilización que se está produciendo en el socialismo” (ib., p. 15) y que entre los trabajadores “el viejo orgullo de clase ha desaparecido o está desapareciendo; que ya no tiene hoy la misma fuerza que tenía”; que “algunos sectores de los trabajadores manuales empiezan a identificarse” como “de clase media”, lo que “implica inmediatamente la desvinculación respecto al pensamiento socialista y a la acción socialista” (ib., p. 23). Guerra llega a destacar la capacidad de movilización de los “drogadictos del mundo y los rockeros” en defensa de reivindicaciones que deberían ser banderas del Partido Socialista (ib., p. 24). El vicepresidente del Gobierno concluye: “nuestra obligación corno socialistas es analizar e interpretar los nuevos perfiles y las nuevas claves de la sociedad que emerge” para conducirla hacia “una actitud solidaria, progresista y libre” (ib., p. 33).
Ignacio Sotelo (arriba) uno de los teóricos de más expresión dentro del PSOE, afirmó que “la dimensión política no es la prioritaria en la marcha hacia el socialismo”. Para que éste pueda convertirse en realidad es necesaria “también —dijo— una verdadera revolución cultural que substituya los viejos valores burgueses por los nuevos socialistas. Creo que estamos actualmente viviendo esta revolución cultural cuya expresión más clara fue mayo del 68”
Fotos: arriba izquierda, Mario Soares, Felipe Gonzáles y François Mitterrand
abajo, Clausura del XXX Congreso del PSOE
Se explica, pues, su apreciación ya citada sobre la revolución tremenda, impulsada principalmente en el plano socio-cultural en estos años de Gobierno socialista. Guerra también señaló que esta revolución colocaba a España en una posición avanzada frente a “las costumbres de toda Europa (...) Todos los eurobarómetros que realizan los países de la Comunidad indican que el pueblo español es el más tolerante en las costumbres, el más progresista en las costumbres [sic]. (...) Queda mucho por hacer sin la menor duda. Pero hay apetencia. Y hay una revolución magnífica que es la vuelta a la naturaleza. Y esas revoluciones, que son mucho más calladas que las revoluciones políticas, se están dando en España.” [37]
Esta concepción neorrevolucionaria quedó consagrada oficialmente en el Congreso Extraordinario del PSOE de septiembre de 1979, en donde se afianzó el liderazgo de Felipe González. *
* La Resolución Política del organismo máximo del PSOE, reunido en Madrid entre el 28 y 29 de septiembre de 1979, define la “estrategia democrática hacia el socialismo” (PSOE, Resolución Política del Congreso Extraordinario, p. 7). El documento es claro al preconizar la necesidad de adaptarse a la revolución de las mentalidades en España para, a partir de ahí, crear el clima que sirva de soporte a una revolución gradual.
“Hemos de sumar al ideal socialista y a la lucha por este ideal —dice el texto— a la más amplia mayoría de la población, pues el triunfo del socialismo dependerá de que los socialistas consigan, en el proceso dialéctico de formación de las condiciones objetivas para el cambio, que la mayoría de los ciudadanos se convierta en una mayoría política consciente, que luche decididamente (...) por lograr la transformación de la sociedad” fp. 7). Tomando “la autogestión como base de la ordenación de la futura sociedad socialista” (p. 2), el Congreso tiene conciencia de que “la revolución no es el 'gran día' sino el proceso permanente y conflictivo para generar el cambio de sociedad. (...) Para alcanzar el poder [recuérdese que el texto es de 1979] es preciso contar con el apoyo de una nueva mayoría en una revolución lenta de la sociedad” (p. 7).
2- Las fuerzas que han de llevarla hasta el fin
Pero el PSOE no sólo estudió la teoría de los autores neorrevolucionarios europeos ya citados en el ítem VI, sino los medios de llevarla efectivamente a la práctica. No es en vano que Felipe González, en la mencionada entrevista a “Leviatán”, define la madurez de un partido político como la capacidad “de fijarse una serie de objetivos con un modelo de sociedad y tener hecha una reflexión suficientemente elaborada en cuanto a los pasos que hay que dar para ir cubriendo ese modelo social” [38].
Se trata en realidad de llevar a cabo, gradual y controladamente, dentro de las famosas seis legislaturas una demolición que Cohn Bendit y los revolucionarios de la Sorbona soñaron hacer caóticamente en un mes...
¿Cuáles son las fuerzas con las que el PSOE pretende dar un impulso decisivo a la revolución cultural? [39]
a) En la sociedad — La resolución política del 29 Congreso del PSOE, de octubre de 1981, las identifica con la “multiplicidad de colectivos y organizaciones que en nuestra época componen los movimientos sociales. Las organizaciones de defensa de los consumidores, de pacifistas, de ecología, feministas, asociaciones de vecinos, de homosexuales, asociaciones deportivas, culturales, de minorías étnicas, pensionistas, minusválidos físicos
y sensoriales, asociaciones de padres de alumnos, asociaciones de derechos humanos, etc...” [40] Es el nuevo proletariado, compuesto de los más diversos grupos sociales y culturales, del que nos hablan los teóricos más avanzados del socialismo europeo. Para que esta enumeración sea completa hay que agregar los movimientos de la contracultura, desde los conjuntos teatrales de vanguardia a las comunas hippies, a los punks, etc.. Los “nuevos movimientos sociales —se lee en las resoluciones del mismo congreso— buscan soluciones en un nuevo tipo de sociedad y desde la perspectiva de la revolución de la vida cotidiana. Aparecen como movimientos cuyos límites no vienen dados por la lucha reivindicativa [o sea, sólo por determinadas ventajas o intereses concretos]. Se sitúan en el marco de transformaciones profundas y radicales de la sociedad, tendiendo a generar una conciencia social”. [41]
El “nuevo proletariado” del PSOE
Los teóricos socialistas mas avanzados sostienen que los viejos dogmas del marxismo están muertos. De la antigua revolución socialista queda el impulso ético ha­cia la utopía, que reúna la plena igualdad con la plena libertad.
A falta de su antiguo proletariado obrero, el socialismo se ve obligado a recurrir a nuevas formas dinamizadoras para llevar adelante su “revolución cultural”: “...la multiplicidad de colectivos y organizaciones que en nuestra época componen los movimientos sociales.
Las organizaciones de defensa de los consumidores, de pacifistas, de ecología, feministas, asociaciones de vecinos, de homosexuales, asociaciones deportivas, culturales, de minorías étnicas, pensionistas, minusválidos físicos y sensoriales, asociaciones de padres de alumnos, asociaciones de derechos humanos, etc.” (XXIX Congreso del PSOE)
b) En la vida política — El PSOE no dirigirá esta revolución como una organización política, dogmática y rígidamente articulada, al estilo de los partidos proletarios clásicos. Se presenta como una organización flexible que no domina el proceso revolucionario, sino que libera las energías y agudiza las ten­siones de la multiplicidad de movimientos étnicos, sociales y culturales, y coordina los efectos desintegradores que todo ello tiene para la actual sociedad capitalista*. Se trata de establecer la alianza, más o menos explícita, entre todas estas fuerzas de cambio sociocultural y el proletariado, bajo el impulso de los socialistas: “La tarea de los socialistas a este respecto —dicen las resoluciones del 29 congreso— ha de consistir en dirigir la construcción de un amplio bloque socialista que vertebre el conjunto de capas y clases explotadas y oprimidas. (...) Para ello el PSOE, por una parte, ha de asumir todas las reivindicaciones que, aunque surgidas aisladamente están encaminadas a obtener para el ciudadano otra manera de vivir, dirigidas a conseguir, al mismo tiempo, un ámbito más libre para la vida privada y un sistema de relaciones colectivas basado en nuevos criterios y valores”. [42]
* Ya el Congreso Extraordinario de 1979 afirmaba, en su resolución política: “En el Partido Socialista la democracia no se refleja solamente en su vida interna, sino a través de una interrelación permanente entre la organización socialista y la realidad externa. (...) Debe ser una organización plenamente arraigada y ampliamente desarrollada en la sociedad civil, a la vez receptora y catalizadora de la acción de todos aquellos sectores que luchan por una transformación progresista de la sociedad: el sindicalismo, en primer lugar, y también los movimientos ciudadanos, los movimientos culturales, el movi­miento feminista, los jóvenes, los grupos ecologistas, los sectores marginados, ete” (PSOE, Resolución Política del Congreso Extraordinario, p. 17).
En la práctica, este nuevo bloque de clases que no se presenta al público como una alianza estructurada, producirá y amplificará la sensación de una multiforme contestación a la cultura y sociedad burguesas y a sus instrumentos de opresión.
Ignacio Sotelo describe dicha estrategia: “El proceso sociocultural tiene su propia dinámica y la política sólo puede institucionalizar democráticamente lo que ha adquirido ya un consenso mayoritario; (…) Un partido como el socialista, que se identifica en su lucha por una sociedad nueva, ha de distinguirse por su especial sensibilidad en descubrir y apoyar los experimentos contraculturales, es decir, la cultura viva” y al mismo tiempo ''defender a todo trance la libertad de expresión para todos y para todo”.
Es decir, dar vía libre a las contestaciones del nuevo proletariado y constituir entre sus exponentes y el PSOE una amalgama de tendencias convergentes unidas por una común aspiración de cambio libertario e igualitario. Esto constituye en el sentido etimológico de la palabra, una conspiración (del latín cum, con y spirare, respirar). Los movimientos del neo-proletariado y el PSOE respiran juntos.
Esta con-spiración supone colaboraciones políticas en objetivos concretos comunes. Tales colaboraciones, en la medida en que se hacen más regulares pueden dar lugar a una forma de coordinación, la cual fácilmente generará, a su vez, una colaboración estable. La cons-piración en sentido etimológico ¿no se irá transformando en una conspiración en sentido corriente contra la mentalidad que se quiere reemplazar y contra el orden jurídico-social que se quiere demoler? ¿No estará ya en curso esa conspiración en el panorama político español?
De cualquier modo, el PSOE tiene conciencia de que debe canalizar las contestaciones y exigencias del nuevo proletariado sociocultural hacia la construcción de un nuevo orden social, para evitar que puedan “desembocar en un caos que revierta en la consolidación de nuevas estructuras burocráticas de poder” [43].
Es la revolución cultural caotizante y demoledora, pero controlada.
c) En el ejercicio del Poder. — El tercer factor que la revolución cultural pretende utilizar al servicio del cambio de las es el Estado. Ignacio Sotelo sabe que el proyecto socialista debe recorrer el camino intermediario entre los excesos del estatismo burocrático fracasado y un anarquismo prematuro. Dice al respecto que es necesario tomar en cuenta “el posible papel liberador que en determinadas condiciones también puede desempeñar el Estado” [44].*
* En el mismo sentido, puede leerse al artículo de Alfonso Guerra La mayoría social progresista. A cierta altura, el vicepresidente del Gobierno dice: “A partir de entonces [el triunfo electoral socialista de octubre de 1982], lo que se iniciaba era una utilización instrumental y mediadora del poder, esto es, su consideración de instrumento para llevar a cabo una transformación del Estado y de la sociedad en España”. Los obstáculos para esa instrumentalización del poder, dice Guerra, proceden no sólo de “un enquistamiento de oligarquías”, sino también de las resistencias que se manifiestan “de manera mucho más difusa y extensa a través de comportamientos y mentalidades” (“El País”, 20-6-1986).
Los líderes socialistas no esconden que están utilizando los resortes del Poder para estimular la acción de los diversos agentes sociales que producen el cambio de las mentalidades. Por lo demás, los hechos que describiremos en los próximos capítulos lo demuestran hasta la saciedad.
3- La revolución cultural propulsiona la reforma de las estructuras sociales y éstas aceleran aquélla
Todo lo anterior supone —debemos insistir en ello— que los actuales dirigentes socialistas están convencidos que la revolución en España no puede hacerse ni mediante la dictadura del proletariado, que imponga violentamente al país las reformas de estructuras socioeconómicas, ni mediante la aventura anarco-autogestionaria. Pero, como lo afirma Ignacio Sotelo, descartar estos medios no significa que se deba “eliminar la meta socialista del horizonte histórico” [45].
El único camino que parece transitable es, a partir del cambio de las mentalidades operado principalmente por la revolución cultural, poner en marcha la transformación gradual y permanente de las instituciones sociales. Se irán haciendo así las reformas que la propaganda revolucionaria presentará como fruto autogenerado de nuevas formas de convivencia democrática, nacidas de la evolución social cada vez más exigente de una plena libertad y una radical igualdad en todos los ámbitos de las relaciones humanas: en la vida familiar, en el trabajo, en la educación y la cultura, o en la política. En la perspectiva revolucionaria, tales cambios se volverán irreversibles, pues no serán sino un “institucionalizar democráticamente lo que ha adquirido ya un consenso mayoritario”, según palabras de Sotelo ya citadas [46].
Estas reformas jurídico-institucionales, introducidas sin riesgo de reacciones populares que repitan malogros como el de Mitterrand o el del socialismo en libertad de Allende en Chile, consolidarán y agudizarán el cambio de las mentalidades*.
* En 1970, saludado con una estrepitosa publicidad interna­cional, subía al poder en Chile un gobierno minoritario de coalición entre el PC y el PS, ambos marxistas-leninistas, con pequeños partidos de izquierda burguesa compañeros de viaje (el Partido Radical y un ala de la Democracia Cristiana). Era la Unidad Popular encabezada por Salvador Allende. El presidente marxista Chileno prometía inaugurar una vía revolucionaria original, la vía chilena hacia el socialismo, que consistía enla implantación del régimen socialo-comunista a través de los mecanismos políticos de la democracia liberal. No obstante, la vía chilena se reveló un grosero bluff y un resonante fracaso. En virtud de la socialización de la economía, el país entró en poco más de dos años en un colapso económico sin precedentes en países de Occidente en tiempos de paz; mientras que el democrático Allende permitía que por todo el territorio chileno bandas de la UP fuesen apoderándose de centenares de fábricas y propiedades agrícolas a sangre y fuego, imponía leyes totalitarias en la educación, comercio, finanzas, etc. y se mantenía en el poder gracias a escandalosos fraudes electorales. Cuando ya era evidente que el apoyo popular se le escapaba de las manos, Allende comenzó a preparar con apoyo de Cuba y de otros países comunistas un autogolpe armado para transformar su gobierno en una dictadura comunista. El alzamiento militar de septiembre de 1973, surgido de una reacción popular incontenible después de que la Cámara de diputados y la Contraloría General de la República declararon ilegal el gobierno de la UP, puso fin a esta pesadilla jactanciosamente llamada socialismo en libertad (cfr. TRADICIÓN FAMILIA PROPIEDAD, Fracaso del socialismo marxista: la experiencia chilena, n° 19, 1974).
En términos más concretos: el erotismo, la homosexualidad, el incesto, las reivindicaciones abortistas, y los excesos pornográficos más aberrantes invaden la vida cotidiana española a través de la televisión, la prensa, el teatro y la rebelión juvenil al sabor de la droga y al ritmo del rock. Todo esto produce en el español común la impresión de que la familia monogámica, jerárquica y moralizada ya no es viable. De este modo, ha sido posible en nombre del consenso democrático la introducción legal del divorcio, la despenalización de la homosexualidad, el establecimiento de la igualdad entre los cónyuges, la legalización del aborto, la despenalización del consumo de la droga y el apoyo oficial a la agresión pornográfica. Por esta causa, el nuevo proletariado se vuelve cada vez más seguro e insolente en su contestación cultural. Nuevos lances de demolición revolucionaria en la vida cotidiana posibilitarán otras reformas jurídico-institucionales, y así sucesivamente, hasta llegar a la completa destrucción de los restos de la civilización cristiana y de la propia noción de civilización como históricamente la conocemos.
El mismo proceso, con más cautelas, se aplica a la erosión gradual del régimen de propiedad privada. Llegará el momento de socializar la banca, la industria, la agricultura y el comercio. Pero antes será necesario corroer en los espíritus el sentido de la individualidad y de la propiedad. Como lo dijeron abiertamente algunos teóricos del PSOE, se debe “desfundamentalizar” y “relativizar” las nociones de ciertos derechos individuales en la mentalidad pública [47], propagando hábitos, costumbres y modos de ser cada vez más “comunitarios” y colectivizantes.
Como se mostrará en los capítulos siguientes, toda clase de instituciones jurídicas, educativas, culturales, etc., así como venerables tradiciones, sufren la acción del mismo binomio revolución-cultural-reformas institucionales.
Debemos señalar que los avances revolucionarios psico-culturales son mucho menos comentados que las reformas jurídico-institucionales. El público en general desconoce el verdadero alcance de esta revolución callada en las mentalidades y en los modos de ser y de convivir, que se desarrolla en las entrañas del cuerpo social sin mayores tropiezos. Así la describe Ignacio Sotelo: “El socialismo lo estamos inventando día a día fuera de la política, con nuevas formas de producción, pero también de convivencia; con nuevos valores, basados en la solidaridad y en una nueva sensibilidad para la profunda, radical igualdad de todos los seres humanos; probando nuevas relaciones democráticas de convivencia, oponiéndonos a cualquier jerarquía definitiva y criticando el mito de que los de arriba valen más que los de abajo. Estos cambios de conciencia y de sensibilidad, se están produciendo aceleradamente ante nuestros ojos, minando las viejas estructuras de poder.” [48]*
*Esta invención del socialismo en la vida cotidiana cubre una amplísima gama de actividades. Abarca, por ejemplo, desde las experiencias de “comunas” autogestionarias, proyectadas por las Juventudes Socialistas, hasta el lenguaje, los gustos, los modos de vestir y de divertirse, de relacionarse, y llega incluso a las formas de concebir la vida política, el debate democrático o los estilos de gobernar la nación, las comunidades autonómicas, los ayuntamientos, las empresas, etc.
En ese medio formado por la convivencia de lo que el PSOE denomina la familia socialista con los movimientos del neoproletariado socio-cultural, deben establecerse los usos y costumbres libertarios e igualitarios y de pensamiento que configurarán la sociedad autogestionaria del futuro. En cierto sentido, forzando la comparación, los neorrevolucionarios del PSOE y sus congéneres extrapartidarios estarían dando origen con esta convivencia a la nueva organización social del futuro. Algo que recuerda a contrario sensu lo ocurrido a partir de los nuevos modos de ser y de convivir de los cristianos en las catacumbas, que dieron origen a la Cristiandad.
4- Desvencijar el aparato estatal en el proceso de esta revolución permanente
Nada de lo anterior sería posible si, por inhabilidad de los dirigentes socialistas en la conducción de la neorrevolución, se desarticulara prematuramente la estructura institucional del Estado. Alfonso Guerra explica que el mayor riesgo del proceso en curso “es que se llegue a quebrar el instrumento político de que dispone la mayoría social”** [49]. Una vez más el fantasma de Allende aparece como una sombra en el espíritu de los líderes del PSOE...
Como en relación a las estructuras sociales, también en lo que se refiere a la estructura político-institucional del Estado español el camino es el binomio revolución cultural que genera reformas, y reformas que aceleran la revolución cultural.
Ni estatismo burocrático, ni anarquismo incontrolable, dice Ignacio Sotelo, sino Estado liberador de las energías socio-culturales; de modo “que cuando más socialismo, es decir más instituciones y colectivos autónomos regidos democráticamente, menos Estado se precisa. La tesis de la desaparición progresiva del Estado, según avanza el socialismo, ha ganado posibilidad después de las experiencias [frustrantes] tenidas con el estatismo burocrático. (...) El camino hacia el socialismo pasa por la potenciación y desarrollo democrático de la sociedad.“ [50]
Es decir, los socialistas irán aflojando los tornillos que sujetan las articulaciones del Estado democrático actual. Pero lo harán con cuidado para evitar que caiga estrepitosamente todo el armazón de una sola vez. De ese modo la sociedad española irá sumergiéndose lenta y suavemente en un tranquilo caos político e institucional controlado y liberador.
La autogestión parecerá brotar del propio terreno socio-cultural, estimulada por oportunas reformas legales demoledoras del antiguo orden jerárquico, sin rupturas ni enfrentamientos insuperables.
Se quiere acostumbrar a los españoles a una situación en que los límites entre el estado de derecho y la nueva legalidad revolucionaria vayan desapareciendo confusamente. Por lo demás, la Constitución del consenso, con sus ambigüedades y contradicciones, se presta prodigiosamente a todo esto.
Se estimula el consumo de droga, la delincuencia crece, las penalidades y defensas legales se ablandan, la Policía se ve cohibida en su acción preventiva y represiva, los tribunales comienzan a politizarse y enredarse en conflictos de competencia con el Tribunal Constitucional; se habla de la implantación del sistema de los jurados que fácilmente podrá derivar en tribunales populares, como lo quieren ciertos dirigentes socialistas. Todo el sistema jurídico-institucional comienza a desvencijarse, dando lugar al caos.
El orden político sufre un fenómeno análogo. El proceso de las autonomías, que despertó esperanzas legítimas, se radicaliza y favorece virtuales separatismos. No sólo minorías radicales —terrorismo armado o terrorismo publicitario— sino las propias autoridades moderadas de ciertas autonomías predican o dejan predicar un odio antiespañol descabellado y actúan muchas veces como si fueran jefes de Estados independientes. España se desintegra poco a poco, pero no tanto que deje de ser oficialmente una... por ahora.
La Corona continúa siendo el frontispicio de este Estado cuyas piezas comienzan a soltarse. No obstante, para quien observe con atención, cada día que pasa ese frontispicio parece un poco menos estable que el día anterior, pero todavía no se cae.
Desde las comunas juveniles, donde se experimentan nuevas formas de vida, pasando por colectivos y asociaciones que reclaman parcelas de autoridad estatal para gestionar sus propios intereses, hasta los autogobiernos de tendencia independentista, la autogestión político-administrativa se va instalando gradualmente en las zonas del edificio del Estado español que van siendo desmontadas. Pero todo ello despreocupadamente y sin mayores traumas, de modo que el público no se forme una idea exacta de lo que realmente está sucediendo.
5- Todo ello dentro de un estado de espíritu ecuménico que cultiva los aspectos lúdicos y festivos de la existencia
Si todo lo anterior presenta un panorama revolucionario nuevo, para cuya comprensión es necesario adaptar imágenes y criterios clásicos, hay algo todavía más nuevo.
Este complejo entramado de la revolución socialista integral depende del mantenimiento y profundización de un particular estado de espíritu en la opinión pública española. Ya lo hemos descrito en los capítulos precedentes, de modo especial en el titulado España en el quirófano.
Gracias al adormecimiento del sentido crítico de la opinión pública, el PSOE pudo subir y mantenerse en el Poder, realizando la mayor transformación de la Historia de España. Este adormecimiento —favorecido por el espíritu de optimismo difundido en los ambientes religiosos, políticos y culturales y encarnado por los hombres públicos de la llamada generación del Rey— ha ido adquiriendo un contenido ideológico más o menos denso. De acuerdo con ese contenido, todas las doctrinas, corrientes de pensamiento y mentalidades, por opuestas que sean, deben ser vistas desde una perspectiva común y abarcativa, que descubre el trazo que las une y excluye lo que los desune. En suma, se trata de lo que hemos llamado ecumenismo, en el que todas las posiciones colaborarán de un modo u otro para la liberación del hombre de los prejuicios oscurantistas del pasado, y para la evolución hacia etapas superiores a las cuales la humanidad llegaría en el futuro.
Ahora bien, el proceso revolucionario aquí descrito en sus tres facetas reversibles —la desarticulación del aparato estatal; el cambio de las estructuras sociales; la demolición de las mentalidades— está siendo conducido con la precisión, rapidez y eficacia con que un equipo de cirujanos realizaría una tranquila aunque drástica operación, dentro del ambiente asép­tico y templado de un quirófano. Todo este conjunto de acciones revolucionarias no hace salir al español medio del estado de espíritu de tolerancia ecuménica al mismo tiempo desinteresada y optimista. Al contrario, por paradójico que parezca, en la medida en que la revolución socialista global va desafiando y demoliendo a la España católica tradicional, ese estado de espíritu tiende a consolidarse. Los psicocirujanos neorrevolucionários están introduciendo sus instrumentos quirúrgicos en la propia raíz de la mentalidad española, y alterando la fisonomía institucional del país, en su intento — hasta dónde podrán ir sólo Dios lo sabe— de anular los efectos del principio de contradicción. En efecto, esta doble operación se hace de un modo tan sonriente y seductor que cada corte que el bisturí revolucionario realiza, invita a la víctima a una sonrisa modorrienta y ecuménica. Modorrienta y ecuménica sí, hasta con lo soez, lo sórdido, lo blasfemo y lo sacrílego que invade la vida española en nombre de una cultura liberadora.
Los socialistas no están haciendo su revolución en nombre de un ateísmo marxista militante. No dictan decretos obligando a los niños a memorizar frases de Marx, Lenin o Mao, ni prohíben a los católicos practicar la religión, ni están aboliendo a sangre y fuego el régimen de la propiedad privada. Ellos presentan su revolución asombrosa solamente como una in­terpretación de los deseos profundos de liberación que —al margen de las ideologías— sienten los españoles ecumenizados y permisivos de hoy*. Esta es la neorrevolución. Todas las ideologías y sistemas están en crisis; la ideología marxista también lo está** y el propio Gorbachov da testimonio de ello con su glasnost y su perestroika.
* Explicando a la revista francesa “Le Débat” la “hegemonía democrática” del PSOE en España, Felipe González afirma: “Es un proceso difícil de abarcar conceptualmente con el lenguaje habitual de los politólogos. (...) Diré, sumariamente, por el momento, que se ha producido, en las profundidades de nuestra sociedad, un proceso complejo de ajustamiento, de identificación, entre nosotros y la sociedad. El partido socialista, de alguna manera, encarna para los ciudadanos todos los procesos de cambio y de liberación que han caracterizado el último decenio. Liberación de las ideas, las costumbres y la educación... Liberación de la mujer sobre todo” (Espagne en Europe, entrevista con Jorge Semprún in “Le Débat”, noviembre-diciembre 1986, n° 42, pp. 18-19).
** Los teóricos neosocialistas europeos, incluso los españoles, se refieren con frecuencia a lo que consideran la crisis de las ideologías. Así se expresa, por ejemplo, Ignacio Sotelo: “Hoy por hoy, no existe un pensamiento socialista digno de ese nombre. (...) El tema que nos queda es así el de la desaparición del pensamiento socialista, (…) El socialismo semeja otro Guadiana en esto de aparecer y desaparecer o más bien hemos entrado en un nuevo ciclo histórico que obliga a replantear buena parte de sus presupuestos” (Los socialistas en el poder, pp. 18 y 19).
Alfonso Guerra se refiere a la cuestión en los siguientes tér­minos: “He dicho antes que vivimos en una situación histórica a la que habría que calificar como mínimo de incierta. Yo creo que el primer factor de crisis para nosotros, para los socialistas en general, y no sólo para los españoles, lo representa la pérdida de vigencia de algunas referencias ideológicas y políticas tradicionales. (...) El marxismo ha dejado de ser un texto ideológico claro. Para otros ha dejado de ser un texto de validez absoluta. También han dejado de serlo las concepciones económicas colectivistas”. Y agrega más adelante: “Estamos ante una revolución profunda, ante una revolución, auténtica más allá de los presupuestos ideológicos con los que puedan venir suministradas o alimentadas las percepciones sobre las nuevas realidades. Estamos ante el umbral, ante las puertas de una nueva forma de sociedad. Lo que explica la crisis de las ideas, de las ideologías procedentes de la situación anterior” (GUERRA, El futu­ro del socialismo, pp. 14 y 32).
Así, pues, el público es invitado a despreocuparse porque los socialistas no tienen dogmas rígidos, no creen en contradicciones ni conflictos irreductibles. Asumieron, además, el legado esencial de todas las revoluciones que se sucedieron en el mundo desde la Revolución Francesa hasta hoy: la búsqueda de la plena libertad y la plena igualdad hacia una democracia autogestionaria en la cual la verdad y el error, el bien y el mal acabarán por darse el fraterno abrazo de la paz...* Estaríamos en el umbral de una nueva era histórica. Para entrar en ella, para comprenderla y aceptarla, lo importante es no perder el espíritu de tolerancia y nunca llevar la afirmación ni la negación hasta sus últimas consecuencias lógicas...
El ministro de Cultura Javier Solana, dijo que el punto de partida para resolver los problemas españoles no está primordialmente en medidas económicas o políticas sino “en la creación de una nueva mentalidad”. El “acercamiento a la naturaleza y el cultivo de los aspectos lúdicos y festivos de la existencia”, en que se empeña el Gobierno socialista, se han convertido en el “componente más dinámico de nuestra civilización superando incluso al dinamismo de la tecnología” concluyó [51].**
* El filósofo del revisionismo marxista polaco, Adam Schaff, en su ponencia presentada en el III Encuentro sobre el futuro del socialismo, organizado por los socialistas españoles en Jávea, recuerda esta concepción revolucionaria esencial que hoy reaparece cada vez más en la pluma de los neosocialistas: “Los citados movimientos [las diversas formas de socialismo] difieren entre sí, pero la unidad fundamental queda intacta. Se puede decir aún más: desde el punto de vista histórico estamos en condiciones de comprender y explicar esta unidad fundamental que guía a la humanidad desde hace siglos y que está condensada en los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad” (La segunda revolución industrial in GUERRA y otros, El nuevo compromiso europeo — Jávea III, p. 19).
** Hoy ha penetrado en los más diversos campos del pensamiento ecumenizado, desde el teológico y el filosófico hasta el político, la idea de poner de relieve la llamada dimensión lúdica. Ella liberaría al hombre de los dogmas, de la moral y de todas las definiciones doctrinales; desdibujaría la lógica y la coherencia de todas las instituciones. Y permitiría, asimismo, el desarrollo sin trabas de la creatividad caprichosa de los instintos. Esto supone aceptar sin dolor y placenteramente las contradicciones más chocantes que serían manifestaciones de un juego (ludus) sin consecuencias. Es la perspectiva, por ejemplo, en que se coloca Sergio Vilar cuando hace la apología del erotismo desenfrenado. Busca para ello inspiración en el pensamiento de Charles Fourier, socialista utópico francés del siglo XIX, que une las concepciones revolucionarias en el plano económico-social con un lúdico y completo libertinaje en materia sexual (cfr. El santo erotismo, la revolución del placer in “Sistema”, n° 48, mayo 1982).
En el mismo sentido puede leerse a Richard Combin, cuando describe la llamada revolución cultural de lo cotidiano, puesta en acción por los neoizquierdistas de Mayo del 68: “La actividad cultural en cuanto método de construcción experimental de la vida cotidiana corresponde, evidentemente, a una liberación total de los deseos humanos, (...) a una irrupción de la subjetividad en el escenario de la historia. (...) La subjetividad del hombre puede encontrar satisfacción en lo cotidiano, no en lo político ni en lo económico: es allí que se sitúa el campo de batalla más importante. (...) Es necesario reinventar la naturaleza y reconstruir las relaciones sociales a partir de lo cotidiano. La creatividad que es espontánea rompe el envoltorio de la sociedad represiva. (...) Ese proyecto de desbordamiento de la subjetividad” desemboca en el “desencadenamiento del placer. (...) Será el reino paradisíaco de la creatividad, de la espontaneidad, del placer, (...) la civilización lúdica” (Les origines du gauchisme, pp. 93-96).
En el extremo de esta posición lúdica se sitúa hoy el llamado “pensamiento débil”, denunciado por Paolo Miccoli en artículo del “Osservatore Romano”, Esta corriente, afiliada a las formas más actuales de anarquismo, considera la realidad “únicamente a partir del instinto lúdico de la vida”. Se proclama “incapaz de juicio y de definición”. Atea, no polemiza contra la existencia de Dios. Considera superada la era de la razón y declara “la muerte del arte, de la filosofía, de la ciencia y de la religión”. Se trata, según ella, de entregarse simplemente a la “experiencia espontánea, instintiva, sin prejuicios, de la vida” y vivir “en el gaudio de afirmar la fidelidad del hombre a la tierra” (Riflessioni in margine al cosiddetto “pensiero debole” nell'ateísmo in “L'Osservatore Romano”, 13-12-1986).
En suma, España se encuentra ante una situación sin precedentes en la Historia. Un partido político —el PSOE— revela que llegó al Poder para una finalidad que desborda ampliamente los límites propios de una organización partidista.
En efecto, de una agrupación política que alcanza el gobierno se espera que intente administrar la cosa pública —buscar la prosperidad, el buen orden, el bienestar y la paz sociales— imprimiéndole un rumbo, por supuesto, de acuerdo con su propia ideología. Podrá ocurrir incluso que lo haga con mayor o menor exclusivismo ideológico. Lo que resulta absolutamente inusitado, es que un partido político tenga como prioridad fundamental utilizar el poder público para transformar la mentalidad de los gobernados. Esto sólo puede conseguirse a través de un método que, por sus características especiales, hemos llamado psicocirugía revolucionaria. Dicha operación pretende modelar un nuevo tipo de hombre que no necesite verdades absolutas, ni leyes morales inmutables reflejadas en un orden social jerárquico y con normas legales definidas. Un individuo así, será maleable para aceptar que se construya, sobre los escombros de la civilización y de la cultura, una nueva sociedad libertaria e igualitaria.
Llegamos entonces a una constatación sorprendente: el partido socialista asume —en contradicción flagrante con la proclamada secularización de la sociedad y el fin de todos los dogmatismos— una parte de la tarea que en condiciones normales cabe en primer lugar a la Iglesia y a la familia. Esto es, la educación, la formación del carácter y la enseñanza de los principios con los cuales los hombres podrán construir y perfeccionar el orden social. Fue lo que hizo la Iglesia al bautizar los restos de la cultura y civilización greco-romanas y al evangelizar a los bárbaros, dando origen a la Cristiandad. Pero ahora es una organización política que toma aires de iglesia, o mejor dicho, de secta y se arroga la tarea de guiar los espíritus. Del Episcopado espera tan sólo un vago asentimiento o, al menos, como lo dijeron Cristianos por el Socialismo, que se limite “a hacer oír su voz (...) sin provocar guerras de re­ligión” [52].
Así, pues, bajo la conducción de los neorrevolucionarios socialistas España irá evolucionando, al aproximarse el tercer milenio, hacia el socialismo autogestionario integral. Es decir, hacia la realización tan concreta cuanto posible de la utopia revolucionaria común a socialistas, comunistas y anarquistas. El PSOE abre para ello un camino inédito que podrá transformarse eventualmente en una salida para la revolución mundial estancada. “Hoy —dice Alfonso Guerra— la experiencia socialista española está sirviendo de guía y expectativa al socialismo internacional.” [53]
[31] “Leviatán”, nº 1, tercer trimestre 1978, PP. 12-13.
[32] Cfr. Socialismo y Cultura in op. cit., pp. 81 ss.
[33] Ibídem, pp. 82-83.
[34] Ibídem, p. 87.
[35] Ibídem, p. 91-92.
[36] Ibídem, p. 92.
[37] “Diario 16”, 5-7-1985
[38] “Leviatán”, nº 1, tercer trimestre 1978, p. 12.
[39] Cf. PSOE, Resoluciones — 29 Congreso del PSOE, pp. 201-203; PSOE, Resolución Política del Congreso Extraordinario, pp. 15-17.
[40] PSOE, Resoluciones — 29 Congreso del PSOE, p. 201.
[41] lbídem, p. 203. Ver también PSOE Resoluciones — 30 Congreso del PSOE, pp. 6, 13, 62-63.
[42] Resolución Política ¡n PSOE, Resoluciones — 29 Congreso del PSOE, p. 7.
[43] Socialismo y Cultura in op. cit., pp.92-93.
[44] Ibídem, p. 87.
[45] Ibídem, p. 83.
[46] Ibídem, p. 92.
[47] Cfr. capítulo 10, ítem II, 4, a.
[48] Socialismo y Cultura in op. cit., pp. 92-93
[49] “El País”, 20-6-1986.
[50] Socialismo y Cultura, in op. cit., p. 87.
[51] “ABC” 20-3-83.
[52] Cfr. Manuel Maceiras, Cristianos por el Socialismo, in Francisco AZCONA y otros, Catolicismo en España, p. 285. Ver también, Parte IV de éste libro.
[53] “ABC”, 19-8-1986.

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