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Timestamp: 2018-01-24 11:57:01+00:00

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Recurso al tribunal de la opinion publica, que en justificacion de su conducta oficial hacen los individuos, que compusieron la Comision Mediadora, Enviada por el Exmo. Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, cerca de los beligerantes del Interior, con el objeto de negociar la terminacion de la guerra civíl. - Liberalism in the Americas Digital Archive
Armed Forces, Civil Unrest, Government Institutions, Juan Facundo Quiroga, Federalism, Civil War
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﻿I INDICE. Introducción......., , . . . Pájina CAPITULO I—Del Territorio CAPITULO If—De la í-orma de gobierno, , , , CAPITULO III—Diu RELuiow......* , CAPITULO IV—Délos chilenos....... CAPITULO V—Derecho t6blico de Chile CAPITULO VI—Del Congreso nacional ---De la Cámara de Diputados , -----De la Cámara de Senadores , , , , , ---Atribuciones del Congreso y especiales dé- cada {Sámara ---De la formación de las leyes , , , , ---De Lis sesiones del Congreso , , , , , ---De la Comisión conservadora , , , , CAPITULO VII—Del Presidente de la República, ---De los Ministros del Despacho , , , ---Del Consejo de Estado......, CAPITULO VIH—De la administración de justicia , CAPITULO IX—Del gobierno y administración INTERIOR , , , , , , , , i ,i -----De. los Intendentes i ---De los Gobernadores ,,■>>,> ■ ■--De los Subdelegados De los Inspectores __De las Municipalidades DE LA SEGURIDAD CAPITULO X—De las garantías Y PROPIEDAD ,.>>»'* ' ' CAPITULO XI—Disposiciones jenerales , , , . CAPITULO XII—De la observancia y reforma de la Constitución , , » t > • » • Disposiciones transitorias , ,>■>••' ' 3 4 4 4 5 7 8 9 10 12 16 19 20 21 29 3t 34 35 35 3G 36 37 37 39 43 45 46 AVISO OFICIAL. Se prohibe reimprimir esta Constitución sin que sea revisada por la comisión que al efecto nombró la Gran Convención al cerrar sus sesiones. RECURSO TRIBUNAL DE LA OPINION PUBLICA, qui; e.v JUSTIFICACION DE SU CONDUCTA OFICIAL HACEN LOS INDIVIDUOS, QUE COMPUSIERON LA (OMISION MEDIADORA, Enviada roa el Exmo. Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, cerca de los beligerantes del Interior, con el objeto de negociar la terminacion de la guerra civil. BUENOS AIRES : ImÜMM t a REPUBLicjyj, Calle de Su>pa<ha numero 19.﻿RECURSO &c. Rara vez se habrá elevado ante el tribunal augusto, i que hoy its recurre, un asunto tan digno de su severo fallo, y que baya fijado mas la espectacion del hombre pensador. De ana liarte los representantes de un Gobierno respetable á todas luces, é investido con el honorable carácter de Mediador, de- latando de pérfida y alevosa la conducta de un General en campana, Gobernador y Capitán General propietario de una provincia hermana: protestándole con energía, por haber vio- lado la fé publica, el derecho de gentes, y la mediación acep- tóla; y haciéndole responsable de las funestas resultas, que pudieran subseguirse de aquel comportamiento. De otra, el Gobierno acusado, acusando también a. su turno :'t los repre- sentantes del Mediador, denunciando su conducta escandalosa, y pidiendo reparación de la <Uroz injuria, que le acaban de injerir. (1) Estreñios tan distantes é inconciliables deben causar en ti ánimo del lector imparcial esa incertidumbre y hesitación, que ■íempre mu tan funestas á la investigación de la verdad. Es por lo tanto un deber de los que han figurado en la escena, presentar al juicio de los contemporáneos, y al fallo circuns- pecto de la historia, los datos y elementos de meditación ne- cesarios, para que con conocimiento de cau*a se pronuncie la apiniou pública sin trepidar. El Gobierno de Córdoba parece haber escogido á este (1) Palabras tendíales de la reclamación del Gobierno do Córdoba, de 15 de Marzo ultimo, iuserta en lea pópele» públicos do buenos A)res d« 9 d«J corriente.﻿C * ] jaez incerruptible. Al menos asi lo denota 1* oferta que hace en íu reclamación, de que no omitirá la oportunidad de ma- ni/estar á todos los pueblos de la República con documentos justificativos, cual ha sido la marcha de los miembros de la Co- misión, y cual la deferencia y sufrimiento del Gobierno, para arribar á una transa>:ion que pusiese término ú las calamidades de la guerra. Los ex-comisionados de su parte no tienen mo- tivo para recusar ni tachar al recto juez que ha elejido su cou- tendente. Se someten por lo tanto muy gustosos á su deci- sión, y están conformes, en que el mundo imparcial juzgue, de que parte ha estado la avilantez, audacia, y mala jé, y donde, la sinceridad y candor. Antes de entrar en pormenores, deben advertir los ex- comisionados, que la publicidad que acaba de darse 4 la recla- mación ó diatriba del Gobierno de Córdoba, es la que les ha puesto la pluma en la mano, para consultar su vindicación y natural defensa. El silencio que habian guardado contra el voto de sus amigos, y á despecho de la inquietud pública, que se manifestaba ansiosa de que lo rompieran, prueba de un modo convincente lo grande del sacrificio, á que se habian re- signado, por obsequio á la conciliación y tranquilidad común. Exactos observadores de la justa irritación, que habia produ- cido en el animo de sus compatriotas la conducta irregular y felónica del Gobierno de Córdoba, los que suscriben habian resuelto en sus consejos no dar mayores creces vá ese senti- miento de noble indignación, ni aumentar un combustible de mas á la hoguera de las pasiones públicas. Mas la reclamación atrevida y calumniosa ha visto la luz , y desde que esto ha sucedido, la resolución de los ex-media- dores ha debido cambiar naturalmente. Su honor, comprometida al mas alto punto por calumnias gratuitas, y denuestos no me- recidos, no puede quedar en problema, ni los que suscriben ser indiferentes á su conservación. La Patria tiene un derecho incontestable á. la fortuna, al reposo, y aun á la existencia de sus hijos. En sus aras debe hacerse grato sacrificio de todos estos bienes, por estimables que sean, cuando ella los reclama, invocando la suprema ley de la salad publica. Pero aquel í * 1 derecho desaparece, si sv pretende ampliarlo liast» exigir en, holocausto la ofrenda del honor. Este es el único tesoro, cuyo tacto está vedado, aún á la mas sagrada de las necesidades. El está identificado con la vida civil del hombre, y fuera del alcance de las exacciones humanas. La desmoralización de las sociedades seria una consecuencia necesaria del sistema. que esta- bleciese el desprendimiento de aquella inapreciable alhaja, por privilegiada que fuese la exigencia, á que se pretendiera inmolada. Deben, pues, los ex-comisionados á su honor individual, al decoro del Gobierno que los honró con su confianza, al suelo fe- liz, que se lisongean en reconocer por pais natal, á la civilización que es hoy el alma del universo, y á la sociedad en general, el emprenderla penosa tarea de su vindicación. Si por incidencia de ella, ó como una consecuencia necesaria de su naturaleza, el descrédito y el oprobio viniesen á cubrir alguna persona moral, est i tendrá qee imputarlo á sus torpes estravios, á su. envenenada provocación, y á su orgullo dislocado. Las resistencias oblicuas y evasiones directas, que el Go- bierno de Córdoba opuso desde un principio al curse regular de la negociación pacifica, dieron á conocer desde su apertura, á los miembros de la C. M., que por parte de aquella auto- ridad habia poca ó ninguna disposición para arribar á un conrenie amigable. En los ulteriores periodos de su intervención con- ciliadora tubo la misma comisión constantes motivos para rati- ficarse en semejante persuacion. En medio de ello su po- sición era forzada. Ella tenia que sacrificar i sus d* beres oficiales su misma conciencia y convicción interna. Persuadida, como siempre estubo, de la inutilidad de sus es- fuerzos, su carácter público la obligaba á renovarlos con ar- doroso empeño. Afectando que la seducían las apariencias, manifestaba lisongearse con esperanzas, que no desconocía eran desesperadas. De otro modo, ni habría correspondido digna- mente á la confianza, que su Gobierno habia depositado en ella, ni habría podido acreditar á la faz del mundo el sume interés qne toreaba el Mediador en la terminación de la con- tienda civil. ¡ Terrible pero sagrado deber de los hombres pú-﻿c * : blicos, tener que lanzarse á las veces en medio ele empresas irrealizable?, solo porque hace honor, y porque U filantrópica el acometerlas, ('i) Fin las primeras conferencias, cuando aun no se sabia de la situación del General Quiroga : cuando de consiguiente se ig- noraba, si aceptaría ó no la mediación: cuando el Gobierno de Córdoba creía« afectaba creer, que no seria admitida por aquel SfHnlf, los Ministros de dicho Gobierno exigían, preliminar- ni-iite á todo otro pafo, el que la Comisión revelase, si el Me- diador, en su caso, garantiría de un modo positivo los con- venios, que se celebrasen con los beligerantes en contrario. Pretensión, a la verdad, estemporanea y ridicula : 1». por no haber llegada aun el momento de la aceptación por la otra parte caá anidante '• ~°-5 porque podia acontecer muy bien, que esta no exigiese igual requisito: 3°. y últ'ino ; porque en defecto da £.trauttu positiva del Mediador, podriau los beligerantes, en el (8) l'arn que se conozca como pensaba In C. M. en orden al cxiíu de U Mfaeiealeiti creen oportuno los ex-comisíonados trascribir aqui un fraga Liento del informe, que desdo Córdoba enviaron a su Gobierno en V7 de Cuera, OS decir, días después «te ku nnilio fe aquella ciudad. Hachas la* aesorvacioaM, ave le* sagerla rl estaco político j militar de afeadla provl :cia. la Comisión concluía en estos términos. "Lo que no tli';o duda ph, que el p:iis sr acaba de arruinar por momen- tos. TI encarui.:¿.uiie:ito do los partidos encontrara recurso» en su mismo djapeche, para no quedar defraudados en • I poce de unas esperanzas, qufe por la que les cuestan jra, cstau identificadas con su modo de sor, y do etistir. 1 n 'a situación ú que ha llejrurta ln lahlfeycjea de las pasiones, que siem- pre suben de punto en medio de lar. dimensiones intestinas, toda eaaaittaeiaa re ka hreho morabnente i nyo.iibk. BtM seria nn verdadero prodigio; y la época dolos portentos pasó ya. La circunstancia de haber sido fusilados en esta provincia varias oficia, s prisioneros, que en lu acción de la Tablada se hicieron al j; moral Quiroga, l>a puesto i mmaluierte entre este grfe y au anta£oristu un tuvro iru j mmgÑmiL , que solo podra derrocarse con la impt~ íi.o iilad de un torrente de sangte." *'Fst« cuadre-, no es, fe la verdad, lisonpero para el filosofo, prro él dcs- gr.-.i indamente ovia tlelinendn con los colinos que solo le vicnon bien. Al Gobierno pcrtei:oco. en vista d*.- esto, mt itrar tridios nMM efimres qre. el de la C. Mt para abreviar canuto ar.tes el teratirto del padecimiento públii o I,a Cenislaa ha cuu>p;¿Ju pt«r su pe.ric. Lo doma* es del resorte dei Go- bisrna. ■ acta mismo de entenderse (obre lo principal, proveer de reme- dio á semejante deficiencia, y darse reciprocamente cualesquiera otras seguridades. Las contestaciones que hizo nacer este incidente absorvie» ron algunos días en visible perjuicio de la negociación. Ello es que desde el 8 de Enero del corriente aüo, dia en que los miembros de la C. fueron reconocidos en su carácter público, se perdió en la inacción un tiempo precioso hasta el 17. El Gobierno de Córdoba tubo al fin que ceder i los luminosos con- vencimientos, que la C. le presentó; y en el mismo dia quedo de acuerdo con esta en franquear el paso á un parlamentario, que condugese á los Gobiernos de las Provincias beligerantes y al General Quiroga pliegos oficiales f de la Comisión y do su Gobierno,) y algunas cartas particulares, dictadas en el es- plicito sentido de la conciliación general. (3) Con este allanamiento venia aparejado otro. l os MM. del Gobierno de Córdoba habían indicado las dificultades que to- caba la autoridad, para proporcionar un oficial de su depen- dencia, que se hiciese cargo de la conducción de los pliegos. Este inconveniente nacía, según ellos, de los justos temores que inspiraba el carácter del General Quiroga ; temores, de que los MM. se manifestaron afectados á tai punto en una de las conferencias, que no tubieron reparo en declarar , que st* Gobierno no se creia nm derecho para exigir á ningún oficial al servicio suyo un sacrificio tan positivo y evidente. La C. M. salió al paso a esta dificultad tan encarecida, y propuso para parlamentario al avudante de la misma, sargenta mayor de artilteria, D. Pedro Alvarez Condarce. Aun Iii/.o (3) Consta este acuerdo de notas oficiales, canjeadas entre los MM. del Gobierno de Córdoba, y los miembros de la C. M. en lo y 17 de Enero. Ellas, romo todas tas demás que se citarán en el cuerpo de este manifiesto, •bran en ia secretaria de relaciones estertores de esta provincia, y también en poder de los e.x-comisionados. Iil que guste instruirse de bu literal te. ñor, puede ocurrir fe la rasa, que se halla contigua á la conocida con el nombre de Quinta de fíaldoi inos, calle de Córdoba al lado del num. H9. Esto es el mejor arbitrio que encuentran los ex-comisionados, para satisfacer al público, pues la inserción material de todos los documentos, que son mu- chos, y algunos bastante difusos, seria muy costosa y fastidiosa á 1* veae.﻿í 8 ] mas la Comisen. Ella tubo ta generosidad de qne se prescin- diera en la rcdHrcion de los oficios que se canjearon sobre esto, de lia cor indicación de la causa, que habia motivado aquel nombrjroiento. Con esta reticencia la C. trataba de hacer honor al Gobierno de Córdoba, porque en realidad nadie podiia va- lorar ios temores que se alegaban, sino como muy .exagerado*. cuando no.con.o ficticio». Se atribuyó, pues, el nombmbiento del Sr. Con Jan o ¡t un ra«go de confianza, que el Gobierno de Córdoba manifestaba en la buena fé de los miembros de la C. Al. dejando a la «lección de ellos la designación del parlamentario (i) Mientras la comisión amalaba las comunicaciones que debi. o dhrigifM al General Quiroga, y Gobiernos de las J'rovinciss del Cuyo y Catamarca, asaltó al Sr. Alvarez Condatro una re- pentina indisposición, sino de carácter (¡ruve, ul menos muy mo- lesta, que según opinión de facultativos le. imposibilitaba para ponerse en mar. h... Uno de los miembros de la C. M. se per- tono el iy en la cusa del Gobierno para poner este incidente en noticia de los MM. y exigir en consecuencia otro parl.imen- (1) Algún dia leerán esto escrito los MM. de! Gobierno do < ordeba. Po- dría suceder que un olvido natural. 6 nl¿un n.olivo voluntario se l»HllIMHimo, para «M no recordaran el incidente «!>• <|ur fe trata. En prevención de' ello sera prudente tras< ríbirles aqui un capitulo del «lit io, que en 80 de. >'ner« dirigieron á la C M. en contestación al que esía les había espedido el dia artel inr, r. visandoles la enfermedad del Sr. Condnrca, y pidiendo en consecuencia otro parlamentario.-"Irapuesto el (¡obierno de todo (asi " M' expli» nron literalmente) y consiguiente á las fundadas razones, que es- " pusieron lo» MM. y recono/rieron lo? f>S. de la Comisión para dejar á su " elección el oficial parlamertario. solo espera nueva proposición nara es- ** pedirle el pasaporte fue." Las fundadas raluuts eran los temores con- sabidos. Si los ex-romisionndos se propusiesen er. esta esposicion otro objeto, que el de justificar su conducta, señalarían el origen de esos temores abultados 6 reales, en la fusilaeion atroz que se hi/o, después de la acción de la Ta- blada, de varios oficiales prisioneros, tomados al General Quiroga. Harían uso también del solemne desmentido práctico que este gefe lia dado ú sus calumniantes, recibiendo y tratando con las consideraciones debidas a los diputados del Gobiorno de Cordobu, los M< Uulues y Paunero............Mas lodo esto, come \a se ha dicho, no es materia de este manifiesto, ni del re- sorte actual de Ips ei-comisiónadon. Sin embargo, el mundo justo é ilus- trado so proaunciará sobre ello. C 9 3 tirio. No habiendo encontrado á ninguno do ellos, j tocan» dose algunas dificultades para verlos, les ofició la C. con fe- cha del 1\ (se habla siempre del mes de Enero) en el seutido anteriormente indicado, manifestándoles ademas, que lo* pliegas ya se hallaban listos. Aquí se desplegaron visiblemente las resistencias indirectas del Gobierno de Córdoba al curso ulterior de la negociación. Eo primero qu« hizo fue, como ya se ha comprobado, indicar o, la C. que hiciese nueva propuesta de parlamentario, pues que .se le habia dejado á ella la elección. La C. M. conoció la maniobra, y se propuso desconcertarla. En consecuencia de ello hizo observar que su aceptación habia sido determinada y circunscripta á la persona de su ayudante, que era el únit o individuo, con cuyos servicios y obediencia podia y debía con- tar, (ó) Repuso igualmente, que si "al Gobierno de Córdoba, con „ la influencia y recursos, que su posición debia proporcionarle „ en el mismo pais, á cuyos destinos presidia, se presentaban ,, dificultades para enviar el parlamentario, por prioridad de. ,, razones bien obvias, debían aquellas ser de un orden supe- ,. rior para la C. M., absolutamente eMrangera en aquella pro- vincia." En resultas de todo la Comisión insistió en la so- licitud de exigir un nuevo parlamentario. (6) Estos fundamentos eran demasiado convincentes, para que no se doblegase á ellos toda resistencia. Cedió el Gobierne de Córdoba en este punto; pero, poniéndose en contradicción con- sigo mismo, borró torpemente con el codo lo que acababa de hacer cotila mano. De una parte manifestó docilizarsc con las reflexiones de la C. y disponerse á enviar el parlamentario. De otra. (5) Nota oficial de la C. M. a los MM. de Córdoba, datada en el mismo dia ü5 de Kncro, en que estos le habían dirigido la suya. (6) No se crea que la C. M. procedía por capricho, &1 insistir en esta solicitud. Su Gobierno la habia prevenido espresamente en sus instruccio- nes, que el primer paso que diese, después de ser reconocida en su car ic» fer publico fuese pedir al Gobierno de Córdoba un oficial parlamentario, que marchase al campo del General l¿uirof¡a con los pliego» y carias del Gobierno mediador, y á mas la comunicación oficial de la Comisión.﻿C «> ] procuraba franquearse una nueva senda, que le facilitase el pa.»o a ulteriores evasiones. Esta táctica parece ser la de su predilección. Al menos, en el curso de la negociado de paz, ha demostrado que ella es su evolución favorita. En la épo- ca de que se trata habían hecho los salvajes una incursión en la Villa del Rio Cuarto. Esta ocurrencia subministró un pre- tcsto al Gobierno de Córdoba, para tratar de diferir la salida del parlamentario, hasta que se pusiese espedita la carrera del Cuyo. Asi se espinaban los ¡Ministros en la misma nota, eu que habian anunciado, que su Gobierno tomaba á su k. espedido* del parlamentario. La C. M. tubo que salir al encuentro, para atajar tam- bién al Gobierno de Córdoba en este nuevo sendero. Le re- presentó con este motivo en fecha del 23, que "el único bul- " to ó fardo, que la C. dirigia con la correspondencia del "caso, iba rotulado al Sr. General Quiioga, á quien se acom- " pañaban todos los demás pliegos, que se remitían á las l'rovin- "cias del Cuyo, suponiéndole facilidad, para darles direcciou .-. "sus respectivos títulos. Asi es que (se añadió correlativa- " mente ) á juicio de la C. no hay para que esperar, que se ■«'ponga espedita la carrera de Cuyo, pues no es á estos Go- u biernos á los que se . niten en derechura los pliegc*, que les ''son relativos." Los lectores honestos tendrán repugnancia en creer, que en este incidente, y sobre si habian de remitirse, ó no, en de- rechura, á los Gobie.nos mencionados las comunicaciones ofi- cíales, que la C. tenia preparadas, el Gobierno de Córdoba, entrometiéndose a regulador y arbitro de las funciones pecu- liares, y actos económicos de la C. M. se opuso á que esta en- viara sus pliegos del modo que los había dispuesto, é hizo per- der dolorosamente un tiempo precioso hasta el 3 de Febrero siguiente, en cuya noche salió el parlamentario, que pado haberse espedido 15 dias antes. No se olvide, que los pliegos habian estado cerrados y sellados desde el 21 de Enero. (7) (7) Bujo Jos números 8 y 9 se encontraran, eutre los documentos que van al final de esta esposiejon, dos notas de ta C. M. á los MM. del Go- C " ] A primara vista parecerá tal ver. minuciosidad el que los ex-comisionados se ocupen tan prolijamente de estos detalles. Pero si el lector reflexivo ejercita su criterio, y fija su consideración en la trascendencia de las circunstancias que se han puntualizado, conocerá siu violencia alguna, quo aunque pequeñas en si mismas, lian ejercido una influencia visible sobre los acontecimientos posteriores, han dejado trascursar, con per- juicio de la conciliación general, «nos «lias que pudieron ha- berse iiprovechado en beneficio de ella, y de consiguiente han sido una de las principales con causas, á que se de- be la fusión de sangre, y desastres últimos. Los pue- blos argentinos tienen derecho á imputar en justicia es- taa desgracias á la política Umbrosa del Gobierno de Cór- doba. Su empeño en atravesar y entorpecer de hecho la me- diación ha sido tan visible como cruel. Es verdad que él la tenia aceptada ; pero sus maniobras sostenidas con descaro, ya •oe no con habilidad, han acreditado, que la aceptación no pasaba de los labios, y que las resistencias estaban en el co- razón. ; O llegó aquel Gobierno á persuadirse en su delirio, que solo cou proferir la palabra, acepto, habia establecido sólida- mente su crédito, y fijado la ¡dea de su moderación y equidad ? ¡ Krror lastimoso y ceguedad imperdonable, tener la triste pre- tcnsión de alucinar con palabras, cuando en la misma linea se presentan en desengaño las obras! El Gobierno de Córdoba no hubria abierto flancos tan vulnerables á su honor, si paladina y publicamente hubiese rechazado la Mediación. Entonces no habría echado sobre sí la ingrata nota de duplicidad y artería, con que hoy tiene derecho á cargarle el mund'o ilustrado é impurcial...........................................•. bierno de Córdoba sobro les particulares enunciados. Ellas dan una idea justa de los sinceros y loables esfuerzos de la Comisión por abreviar la cri- sis del sufrimiento publico. El contruste que forman con esos esfuerzos las dilutorias y demás manejos tortuosos de aquel Gobierno, es tan remarcable como mortificante. Estas piezas de convicción (que debieron haber ocu- pado el primer lugar en lu encala de los documentos justificativos, pero que por un descuido natura) han sido postergadas) bablan por 'i minuias; y por ttllo.se recomienda especialmente su lectura.﻿[ 12 ] Salió por ñn el parlamentario en la no, ha del 3 ríe Fe- brero, como ya se ha dicho. (8) El fué premunido, i solicitud de aquel Gobierno, con un pasaporte ó salvo conducto , de que la C. le proveyó, para el acto de encontrarse con la» partidas de los beligerantes en contrario. (9) Este fué el único momento de satisfacción , que esperimentaron los ne- gociadores en todo el periodo de su comisión prnible. Pero estaba escrito que seria rápidamente transitoria esta ilusión de placer. La noche del 4 siguiente se hallaba destinada on el libro de la fatalidad, para que los miembros de la C. M. fc* biesen hasta las hez» s la copa de la ponzoña. (10) Es verdad que desde el arribo á Córdoba de los < x- comisionados habian estos recibido varios insultos i injurias, no de la última, plebe, sino de lo que allí se llamaba círculo de- cente; (11) mas la C. se habia hecho superior á todos estos agra- vios y aun se habia desentendido de ellos, por no perjudicar al objeto de su misión. Ella en consecuencia despreciaba en silencio á los miserables autores de aquellas agresiones no me- recidas; consolándose con la lisongora consideración, de que aquel y cualquiera otro sacrificio personal debia consumarse (8) Los pliegos oficiales que la Comisión enviaba eran las tro» circula- res, con que encabezan Ion documentas, que ge hallan al lin de esta ospo- sicion. Ademas iban también los respectivos al General Quiroga, que »on los distinguidos con los números 4 y 5; y fuera de ellos las creden- ciales del Gobierna Mediador, y otras comunicaciones que este dirigía para el expresado general. I.ag circulares solo eran para los Gobiernos de laa provincias del Cuyo, y para la de Catamarca. A las demás provincias romo son la de Santiago, Tu, unían y Sulta, la Comisión se dirigió por la vía del correo ordinario, como que estaban en otra dirección. El Gcni- ralPaz, al apoderarse del equipage del General Quiroga, debe baberse tam- bieB posesionado de todos sus papeles. El por lo tanto está en situación d* decir, si las citas son exactas, y si los negociadores podían hacer mejor uso de su carácter, que insinuarse en el sentido que se halla glosado en esas piezas oficiales. Los ex-comisionados se lisongearán siempre de esta con- ducta, que no puede ser mancillada por la impotente y despechada ca- lumnia del Gobierno delegado de Córdoba. (9) Este parlamentario regresó también incólume, á pesar de los temores. (10) Véase el documento número 6. (11) El memorándum del num. 7 contiene una relación exacta de los prin- cipales agravios, que ec hicieron á la C. y en »IU. á su Gobierno. [ 13 ] pródigamente ante el ara de la concordia común y de la pat pública. Mas el insulto de la noche del 4 de Febrero era de otra naturaleza; y en el arbitrio de la C. no estaba el pres- cindir de él. Circunstancias las mas agravantes concurrían, para dar á la injuria el carácter de atroz y horrible. El Gefe del mismo Gobierno Mediador, que con tinta lilantropia y bondad habia echado sobre sus hombres la carga, que siempre viene aparejada con el rol de conciliador, habia sido insultado publica y deíignadamente en las calles de Córdova, frente al —ñ*'uti\ alojamiento d<: la Comisión, á presencia do un niirmbr* de esta, y de varios individuos de su comitiva. Una parte del pueblo, que debia reputarse como uno de tantos beneficiados en el negocio de la mediación, di gritos descompasados, di- ciendo que mucru el que debia considerarse con bastantes tí- tulos á su gratitud y benevolencia............ Esta ofensa era. de una magnitud estremada. Por incul- pable que fuese en ella la autoridad pública, el agravio por si solo inutilizaba en cierto modo al Gobierno Mediador, y á su3 ministros negociadores, para continuar con esperanza de buen éxito la obra comenzada. Esto fué lo que decidió a los ex- mediadores a pedir con repetición su pasaporte. Después de algunas contestaciones les fué este otorgado con fecha del 9. Los miembros de la C. se preparaban á ponerse en mar- cha , cuando en la noche del 10 llegó la contestación del General Quiroga, datada en 6 del mismo desde su cuartel general de la Cruz de José Antonio, p»nto fronterizo de Cór- doba con San Luis. Aquel General reconoció á los miembros de la C. en el carácter que les consignanaban sus credenciales, y aceptaba la mediación del Ex/no. Gobierno de Buenos Ayres, desde el momento, que dichos miembros tubiesen la dignación de presentarse en el campo del General que firmaba : en la in- ttfligencia, que en el entretanto, no suspendería sus marchas, y allanaría cuantos obstáculos se le presentasen. Aquí es el lugar preciso de indicar una circunstancia no- table, que hay de por medio, y que arroja una inmensa luí sobre el circunspecto manejo de los ex-comisionados. En el cmso de tas contestaciones, que tubieron lugar á consecuen-﻿r ** ] cía del suceso de la noche del 4, los AIM. dfl Gobierno de Córdoba se manifestaban al aparecer afectados de la suspensión, que ¡fu i producir en los importantes negociados que te tenían entre manos, la resolución de partir, en que insistían los miem- bros de la C. Contestando esta en 8 del mismo Febrero á la nota oficial del día anterior, en que los indicados MAL habían dejado entreveer aquel sentimiento, decia literalmente !o que íi»uc. " La C. debe poner en consideración del Exmo. Gobierno d.j ,, esta Provincia una circunstancia que concilla el decoro t ,, dignidad de) Gobierno Mediador, y el que no ceaén ¡os tm- „ portar tes negociados, que se tienen entre manos. El perla-, „ mentarlo que se envió al Sr. General Quiroga, tiene hov cinco dias de viaje. La proximidad de este Gefe es notoria, ,, y es inuu que probable, que de un día á otro llegue sn con- ,, testación. Si ella fuese, desechando la mediación, la C. ha- liria concluido, ipso Jacto, en sus funciones, j nada se ha- ,, bria perdido en que se hubiese retirado antes, ó lo hiciese ,, después. Si por el contrario la mediación es aceptada, para „ ese caso la C. M. desde cualquiera destino en que se halle, ,, dará una prueba práctica, de que ningún sacrüicio, por cos- „ toso que sea, le es insopartable, cuando pus Je contri huir ¡í ,. restablecer la paz pública, y afianzar la tranquilidad y la „ suerte de la Nación Argentina. Entonces se desengañarían „y saldrían de su error todos aquellos, que en la actual com- portación de la C. M. pudiesen realmente encontrar ó figu- „ larse un derecho á interpretaciones, que no dejarían Lien ,. puesto el honor, la amistad y buena jé de los SS. de ¡a C. y de su Gobierno."'1 La prueba práctica que la C. trataba de dar en el caso que el General Quiroga aceptase la mediación, era regrosar desde cual- (IV) Con estas ex presione (que van en l-tra bastardilla) y que son tes- UiaJes d* la nota del 7 de los MM. do Córdoba, trataban estos probablemente de zaherir ó calificar de Indiscreta la resolución de partir de lo» eAComisio- nados; | mas man pronto doblan este» darles de heclio una lección sublime de entínente patriotismo, y ejemplar lilanlropia, que no será perdida para la historia, ui para la moral, por mas iiitruclaosa que haya sido! ! [ B 3 quiera punto, en que le alcanzase esta noticia, y volver á poner- se en el ejercicio de sus funciones. El primero de (••fes dos estremos no tubo lugar, porque cuando llego la contestación de aquel Gefe, los miembros de la C. aun no'habían emprendido su viaje. Alas el segundo obtuvo un inmediato y ejecutivo efecto, como se comprueba por la nota de los ex-comisionado«, pasuda con fecha del II á los MAL de (.V r.loba, que es la que va distinguida con el níim. 10 entre los documentos. Condo- nando generosamente la ofensa ultrajante hecha al mediador, los r)i'"iBuros de la C. volvieron á ponerse en ejercicio de sus fun- ciones, uesistieron de su viaje, y dieron una prueba intacha- ble de su ardiente zelo é ínteres positivo por el restableci- miento de la concordia general. Los hombres de bien de todos los países harán sin duda la justicia debida á la rectitud de estos sentimientos, y car- garán con el peso de su execración á los ingratos, que no su- pieron apreciarlos, 6 que se propusieron desconocerlos. La cor- respondencia que tubo de parte del Gobierno de Córdoba la noble conducta de la C. M. fue verse defraudada en los au- xilios que pidió por cuatro ocasiones distintas, para trasladarse al campo del General Quiroga, á fin de llenar por su parte la calidad, con que este halda aceptado la mediación. Disputando ¡ almo .*, palmo al Mediador la rectitud de sus ¡«.tenciones, y la realidad del beneficio que trataba de hacer á los contenden- tes con su intervención amigable, el Gobierno de Córdoba ma- nifestaba á las claras una desconfianza, tanto mas pueril y des- honorante, cuanto no había tenido bastante ingenuidad, fortaleza ni presencia de ánimo, para decir con publicidad : otstcHO la mediación. (13) Contrastado por su deseo de acreditarse (13) Para demostrar hasta que punti llegaban la suspicacia y maniobra» de aquel Gobierno, creen oportuno los ei-coniisionados dar uaa justa idea del carácter ó resultado de la última conferencia que tubieron covi el General Paz, Gobernador propietario de la provincia de Córdoba. S'.' tra- taba del asunto del día—el de lo« auxilios solicitados para pasar al campo del otro beligerante. El Gobierno de Córdoba los habia eludido con di- ferentes pretestos : una» veces, por la circunstancia de haber el pro- puesto separadamente al General Quiroga enviarle diputados pa /a tratar, ooya oportunidad debía en consecuencia esperarse, para que e n su fas» 'V t﻿r w i de dócil y conciliable antes los ojos del Mediador, y de sus temores, en que no sacaría mucho partido de la negociación, el •e hallaba como dividido entre su empeño ostensible de acre- ditar que deseaba la paz, y sus miras secretas de continuar y lle- var al cabo la guerra. (14) De aquí uacia esa contradicción constante, en que se le vio, entre sus palabras y sus obras. J)e aquí también el que difiriese con varios pretestos prestar fuesen estos en consorcio de los miembros de la C. M. y de consiguiente fueran mas respetados y atendidos. Otras ocasiones, con el pretesto de que no te dehia entrar en negociación, mientras el General Quiror» '•■ evacuase el territorio que ocupaba en la provincia, sobre lo «.ual inci- taba á la C. M. á que hiciese valer con aqi el General su carácter pú- blico. Los Miembros de la Comisión habian observado con exactitud, que su reconocimiento no estaba cspetlito, ni era perfecto por parte de aquel t^neral, por cuanto estaba pendiente el cumplimiento de la condición, I que I» había vinculado. De consiguiente insistían en la reclamación de los auxilios para trasladarse a su campo ; ofreciendo que el asunta de la fin- tuarion previa del territorio ocupado seria el primero, que tomarían en con- sideración'. Nada de ello había bastado para hacer retroceder ai Gobierno de Córdoba. La contumacia política, cuando se hace de ella un fal n honor, ó se le quiere convertir en medio de conveniencia, es impudente c in- contrastable. El General Paz, i quien en la conferencia se repitieron esforzadamente estos convencimientos, pareció penetrarse de su gravedad, pues de re- pente bi/.o una confesión importante. *' Si la C M. (dijo sustnnrial- ,, mente') se traslada al campo del General Qniroga, yo tendría que ra- .. rinr todo mi* 'pian de campaña. Hago justicia (añadió) a la buena ,. fe de la C. ; mas los individuos de su comitiva son muchos, y pudie- , ran traicionarme, dando noticias, ó llevando correspondencias que me . perjudicaran." La C. satisfizo, prometiendo no iría mes comitiva, que) los peones del carruaje, y que estos podían reemplazarse i la voluntad ■ plena ron fiama del General Pat. En oficio del 17 del propio febrero tubo ocasión la C. M. de recordar al Gobierno aquella promesa, y re- petírsela. Sin embargo, ni el General Gobernador propietario, ni el Go- bierno delegado variaron de resolución. He aquí, pues, comprobada su suspicacia por UDa parte, y por otra su duplicidad, y mala f - Seria imponible designar, cual de estos elementos concurrí; con mayor dosis, y obra con mas actividad en el ser moral de aquel Gobiwrno. (11) Algunos ge les, al servicio de aquel Gobierno, y que eran romo el úrgaoo de sus inspiraciones, decían públicamente que la negociación de paz pocas ó ningunas ventajas podía proporcionarles á ellos, ni á su Go- bierno: que estaban firmemente persuadidos, que en una transacion no saldrían mejor pajados, que c] General Lava.la y los suyos: que por la t vri f los auxilios pedidos por la Comisión. (15) Al ña se quitó ta máscara, y en oficio del 18 dijo terminantemente á la C. M. , que "se tn intenia y mantendría siempre en la resolución de no permitir jamas la traslación tle los Ss. de la C. al campo del ,, General Q tirona, mientras este no evacuase el territorio, que ocupabtti las fuerzas de su mando en la Provincia." (10) Este era un verdadero ultimátum por parte de aquel Go- bierno, y tanto mas, cuanto que venia acompañado de la re- novación del pasaporte, que por nota del día anterior habiun pedido ¿\ta decisión los miembros de la C. M. Desde el momento de su recepción se dispusieron estes a partir. Sin embarco al dia siguiente 19 tubieron que pasar otra nota al Gobierno de Córdoba, no ya sobre lo principal, que era'negocio concluido, sino sobro ciertas incidencias de orden sub- tatto, y respecto á que tenían armas y sabían pelear, no les quedaba otro recurso que dar una batalla; pues si tenían la fortuna de batir y dar un golpe lie firme al General Qniroga, ellos y su Gobierno te harían res- petar del <le ta Provincia de Buenos Aires y demás de la República..... El resaltado ha convencido, que aquellos gefes estaban cu las interiori- dades y arcanos de su General y Gobernador. (If>) Bajo el mím. 11 de los documentos va registrada la nota, en que la C. M. pidió los auxilios por terrera ocasión. Es de adveitir, que aun- que en ella se indica, que era la última v i que los solicitaba, al avisar al Gobierno Delegado, al siguienle dia 17, la proposición que había he- cho al General Eaz de que á su voluntad y plena confianza se i rem- plazasen los que timben el carruage de la C-, tubo esta la inimitable paciencia, (como se ha dicho antes) de repetir á aquel Gobierno igual propuesta^ por si ella fuese capaz de hacer variar el aspecto de las cosas. De- cida el mundo justo, si pudo la C. hacer mas, y conseguir menos. (16) Es preciso avaluar en su verdadero valor la fuerza de aquella remlucion. Ella importaba nlgo mas, que no prestar los recaudos \ au- xilio» pedidos. Estos no eran otros, que el respectivo pasavante, ba- queana y escolta. l,a C. estaba resuoltn á prescindir de la última, y di- ligenciar por si misma el segundo. En cousecucncia con solo el pasnporte te- nia lo bastante. Mas la resolución anunciada le hacia ver, que ya da ningún modo se U permitía trasladarse al campo del General Qniroga: •esto es, que se atacaba el mismo derecho 6 fuero ex-territorial, de quo gozaban sus miembros er* aquella Provincia; fuero, que les pe mitia moverte y trr.taortarse adonde les parecie¡n: que se ponía un veto á la mediación aceptada por aquel Gobierno; y que te daba un bofetón al mis- mo mediador, tratando a tus representantes con una lucer. tifíeme ion tan des- lucí et i ua. 1﻿r ib i arterno, en (fue se había equivocado, y que la C. creyó na deber dejar pasar sin nota. ^I?) Con desengaños tan mortificantes, y bajo auspicios tan tris- tes se separaron los ex-comisionados de la Ciudad de Córdoba el 22 de Febrero en su tarde, habiendo aquella noche hecho alio en la Posta de la Punta del Monte, dictante cuatro leguas de la capital. E*ta posición era probable-nente del agrado del Gobierno de Córdoba, pues la escogió para abrir su segunda cam- paña. En ella debia ponerse el último sello á la duplicidad y mala fé, que fueion los único* reguladores de su po'ut'ica en todo el curso de la negociación. El público ha visto los documentos, con (pie la C. M. dio cuenta á su Gobierno del triste desenlace, que habia tenido la negociación de paz. El mtjrito de aquellas piezas oficiales, ha debido convencer generalmente i todos los que no abri- guen en su pecho el insalubre pus de la parcialidad. Ellas, y la protesta que las acompañaba, ministran datos positivos, y reflexiones esactas, para que se haya valorado en toda su es- tensiou la falta de dignidad, de circunspección y buena fé, con que el General Goborua Joi propietario do Córdoba se con- dujo en tan solemne ocasión. (17) Kn la misma nota del 18 habían tentd.) lo» KM. de tV>rdoba •] descaro de manifestar sustancialmcnte <|iie era difícil, que la O. M. pu- diese jnstificar la conducta qtto haliia observado en el negocio, M%fMu dolo ludo al Gobierno de ('r'urdoba, y tmriit ni General (Juii vit.. Con este mo- tivo, o) concluir la ('. M. su respuesta, le* decia lo siguiente. '•Por lo donas los SS. HIT deban deponer la oficiosa inquietud, que al parecer les afecta, por la imposibilidad en que suponen á lo* miembros de la C. M. para justificar la conducta que han observado en este negocio. Los SS. MM. deben estar en esta purte tranquilos, como lo están los miembros de la ( omisión. Kstos tienen el dulce presenti- miento, de que si no se han perdido entre los hombres las nociones de lo justo, los principios de la politica, y aun las meras inspiraciones del sentido comnn, cuando M presente á la luz pública la historia de esta negociación desgraciada, el mundo hnrá justicia É la filantropía del me- diador, no menos que á la eficacia, perseverancia, y rectitud, con que los orgnnoi de aquel Cíobierno en este negocio han procurado Ileonr el nohle objeto de «u misión ; acreditando una tolerancia y auxtera circuns- pección, que acaso no son muy comunes, aun en aquellos negociadores, ■juc promueven intereses y.culiarct de los listados que representan. E 19 ] Pero ej asunto «8 de una graredad y trascendencia ia- mensa, y necesita por lo mismo ser bien analizado. El afecta grandes interesas, y deja en post de sí recuerdos especíale*, qw están identificados con la historia de la República Argen- tina. Eos campos de la Eagruia Eargu , ó de Oucatibo, se hun hecho, á la verdad, memorables y celebres : pero es pre- ciso deslindar con precisión, en que clase debe colocarse esta celebridad : sí en ta que justamente está vini nítida a. las ac- ciones heroicas, o .í las grandes maldades. No debe estrañarsa jiwi !••» trilito, que los ex-comisionados vuelvan sobre los hechos indicados en u» protesta, y que, abundando en su sentido, pre- senten nuevos convencimientos de la duplicidad, insidia, y fe- lonía, con que el General en Gefe de las armas de Córdoba prosti- tuyó su caracler y manchó su honor cu la jornada de 25 de Fe- brero. Ea protesta de la C. M. dirigida desde la Esquina en 28 del mismo mes al General Paz, y al Gobierno delegado de Córdoba, estará concebida en términos fuertes, será veetneute, y si so quiere, abundará en acritud y animosidad. Mas estas en todo caso serán incidencias, que no deben rebajar su mérito en lo principal. Si la insidia y felonía del General Gobernador pro- pietario de Córdoba son positivas I si él espuso ú la C. M. ¿ ser ludribrio y víctima á la vez de sus soldados, y de los del beligerante contrario: si en todos estos actos ultrajó la digni- dad y el carácter del Gobierno Mediador, y violó escanda- losamente la fé pública; nada importa que la protesta de la C. haya sido mas ó menos enérgica, mas ó menos moderada. Lo que interesa saber es, si son ciertos y reales los hechos de- nunciados. Eos ex-comisionados los comprobaron suficientemente con documentos y observaciones irreprochables. Todas esas pie- zas oficiales han visto la luz pública, y se han insertado en el suplemento al núni. 143 del Lucero del 5 de Marzo, y en el próximo siguiente núm. El mérito que ellas ministran, y la fuerza de las reflexiones que se apoyan en su literalidad, serian bastante! por si solas para producir el convencimiento y la de- uiostraciou. Mas los ex-comisionadas quieren ir algo mas ade- lante, y justificar con nuevos datos y fuudameutoí la perfidia﻿[ 20 ] que desplegó el General Paz en ese día memorable, en que el astro vivificador iluminó su triunfo, y al miimo tiempo calentó la fosa, en que quedó sepultado fu honor. La mala fé y alevosía del General Gobernador resaltará mas con los hechos y reflexiones siguientes. 1 ° Haber solicitado, ó pensado siquiera, que en la situa- ción a que habían llegado las cosas, y en la proximidad, en que se hallaban ambos ejércitos, retrogradarla el Gen< ral Quiroga hasta salir de la Provincia, sufriendo en ello los ciertos de una verdadera derrota, sin haberse medido con su advi rsjrío ^,ó.) 2 o. Haber indicado a la C. en oficio datado en el Rio Segundo á las 5 de la tarde del 23 de Febrero, que los niíem- •bros de ella "debían persuadirse, que ni variaría su resolu- „ cion, ni permitiría, que andubíesen moviéndose á la eventua- ,, lidad," como la C. lo temia y daba á entender en su oñcio del propia dia. '*'La misma detención (añadía el General Paz ,, en la propia nota) qne ha mediado hasta dur este paso, prueba la circunspección, con que ha qni rido procederse." Esto era mas que suficiente, para establecer la aquiescencia de la C. Atendida la naturaleza de la guerra, pues era contienda euire pueblos hermanos, y la circunstancia notable de haber de por ra-dio un noble conciliador, hermano también, la promesa del General Paz, anteriormente trascripta, importaba, sino en el rigor de los principios, al menos en un orden lato, un ar- misticio de hecho, mientras la C. M. llenaba su noble oficio. 3.° Haberse ocultado, al pasar la C. el Rio Segundo, no obstante la indicación que esta le había hecho en nota datada (18) Hubo un tiempo, en que el General l'ax puilo honestamente haber hecho esta propuesta á su contendor por ■•dio de los miembro* de Ja C. M. Tal fa ■ el de la reciente introducción dol CtMnll Quiroga a) territorio de Córdoba. Cuando este se bailaba en la Cruz de José Antonia, que dista romo una ó dos leguas de la Frontera de San Luis, en- tonces si que hubiese sitio racional la proposición consabida. Mal en este tiempo y aun hasta el ultimo cstirmo no se quiso pe-mitir de mo- do alguno a la ('. M. que pasase al campo del sobredicho (teñera!. ; Cuanta sangre y calamidades se hubiesen tal vez evitado, si el Go- bierno de Córdoba no hubiese sido tan obstinado, y al propio tiempo tan suspicaz é injusto para con la C. M. y «u Gobierno I C 21 ] desde la pnsta de la Punta del Monte á las 8 de la noche del citado 23. En ella le espresaba la C. que así que urna. neciese se pondría en marcha con destino a' cawpo del Sr. Ge- neral Quiroga, haciendo la rula por el Segundo, en dunda pro- curaría adquirir noticias de la posición de dicho Geneial. Si 5. /.'■ el Sr. Gobernador propietario, á quien la C. se dirije, (anadia esta) la* tuhicse, como es regular, mas exactas, la G. cipero, que en su tramito de esta á la otra posta se tirv.t S. E. cowunict'irselu*. El motivo de esta ocultación, que por aquel ...u-irslo pareció misteriosa a la C. M. como en efecto lo era, vino á quedar descubierto con el suceso de la mañana si- guiente. Al General Paz convenía, que la C. no le viese en el tránsito; r'ies entonces el negociado hubiese sido conducido con otra fe mal dad, y s* hubiese acordado el lug.r y tiempo, «n que deberia remitírsele la noticia del result do. listos re- quisitos debia el hacer un empeño en eludirlo*, pues perjudi- caban al insidioso proyecto que ya tenia sazonado, y que de- bía tener cumplido efecto en la mañana siguiente. 4 3 H-tberse referido en asunto de tanta gravedad y conse- cuencia i indicaciones verbales, que pueden concebirse ó espli- carse mal, y entenderse peor. 6o Haber querido dar al termino d*» las dos horas el carác- ter de perentorio y fatal, cuando ellas debían eutenderse solamente para el (¿"iieral Quiroga, y en ningún sentido para la Comisión, y cuando debian empezar a correr, desde que los mediadores co- menzasen oficialmente á desempeñar su noble misión. (10) Es (19) En el desasosiego y confusión, que dejaba presentir el Sar- gento Mayor I'aunero , al desempeñar su misión vocal, los miembro* do la C. M. solo se fijaron en las indicaciones siguiente»: pM tu ge- neral se ratificaba en la base, qw ya había establecido j a saber, que el Qtneral Quiroga evacuase previamente ú toda negociación el territorio que •cupaha rn la Provincia. Que la mejor prueba y garar.t'.a, que el mismo Sr. Quiroga podia dar de la sinceridad de sus de'eos por la pat, era comenzar al instante su movimiento retrogrado : que el General Paz por tu parte o/recia garan- tir la no persecución, durante isla marcha, con tos Gobiernos de Bueno» Air es,Santa l'¿ y Santiago; y Ji:ialmente que este era un asunto llano, que podia quedar concluido en dos hora*. El mayor Paunero añadió acto con- tinuo, que si el G:t*ral Quiroga no se prestaba ¡i esta propuesta, era inútil )﻿verdad que estos Helaron como á las 8 dría noche, del' día 21 al*campo del General Qarroga. Lo os ¡analmente que aquella misma noche tubicron con este Gefe una conferencia privada, que -allanase el paso á las contestaciones oficiales que debían subse- guir. M.is en este estado qucílaron las cosas hatta U mañana si- guiente, porque el General Aldao, Gobernador propietario de la -provincia de Mendoza, que en clase de auxiliar coadyubaba tam- bién j la contienda, y tenia reunidas sus fuerzas con las del Ge- neral Quiroga, estaba en aquella saznu naciendo mudar las posi- ciones del ejercito, tn cuyas operaciones y otras semejantes m.inei to el resto de aquella noche. No fue. pues, sino entre sel* \ lirto de la mañana siguiente, que la comisión dio principio" batatal á su intervención amigable. La f*cha de la uota que pasó al General Qu i roga d moiui ln este a«< rto. Como á las 7 i de la tnilllM B iñaua se t¡;b > la primera noticia de la aproximación t \ aje elle contrario. Aun estaban en aquellos momentos los Generales arreglando con su secretario el Sr. Ortiz los principios, ni que dk bUi fundirse la contestación. I",! General Paz se movió, pues, para venir en busca de su adversario, casi á las mismas horas «n que la C. llagaba al camjKj de este. A no ser a?;, no habría podido lh ^nr tan temprano á mis inmediaciones, y mucho mas, vu.mdo ubsorvió un gran espacio «le tiempo en hacer mudar ca- ballos a su ejercito, sobra las cercanías de la Laguna LafWa. Desde; I■ aceta del Segundo en t\ao la C. tubo su entrevista con el Mayor Puunero, romo á las 2 de la tarde del dia 24, hay hasta el lugar en que el General (¿•<irv.ru tenia su campunento, la distancia de seis U guas, antes mas que menas. Bagan el Mayor Pauuero indicó á la Comisión, su General cataba á retaguardia de esta, como dos leguas: es decir, ocho larris del Cuartel General del Sr. Quiroga. Con un ejercito que, según el parte del General Paz, pasó la tarde de aquel mismo dia (el 24) al rio Segundo, cuyo transito, por la toda vtro paso, y que tai armas dr.cidirtan. Fíjese bien la consideración en el modo de establecer él Teenino de las dof horas, y se comprenderá, MM «un en oslo hubo insidia, y quo los miembros de la C. ni propo- ner al General «Juiroga la bata de su conteiulente, dieron al t •rmiiin prescrito una calidad mas rigorosa y pruiisa, que la que realmente teñid. C 23 3 calidad' y escesiva cantidad de arena que contiene, es taa petado y mortificante, como saben todos los que una vez lo han pasado, no podia ni el mas activo General del mundo haber andado siete é ocho leguas, en el poco tiempo que hay de por medio entre la> madrugada del 25, hora en que el General Paz anuncia h.iberíe. movido, y aquellla en que liego á la inmediación de la Laguna Larga. No se olvide que el Geni ral Paz traína bastantes infantes, y un regular tren de campaña, lo cual hace retardar siempre las marchas de la cabullería. Ks vislo, pues, que él se n.ovio á prima noche. u'„l lugar que ocupaba, si es que no viuo sigu'endo las pi- sadas a los miembros de la C. .AI. V cu vista de todo «ato, ¿ habrá quien le justifique y esculpe de la fea nota de insidioso y aleve ? G. * F.u la rrmarcable circunstancia de haber pimías!fl el Ginerul Paz dar la b..talla el dia anterior, s«gun confesión del Coronel D. Román Desa, su segundo, y Gefe da su lisiado Mayor. R-grosaba este individuo al campo de buaihi, á la tardecita del 25, después de haber perseguido nlgun tiempo la denota aVI General Qairoga. Hizo una det<nrion y tomó «Ies- canso <n la paneta de impira, en queso hallaban detenidos por bu <■ rain* fundas los miembros de la Comisión. A esta fué, a quienes hizo el Sr. Desa la importante revelación, que se acaba «le indicar. La presenciaron un Ayudante sujf). el de la C. M., y. el Dr. en medicina, D. Napoh un Iionetti. El Sr. Desa añadió, que el no haberse dado la batalla el dia anterior, como estaba resuelto, había sido causado por la incertiílumbre sobre la posición del General Quiroga, pues uo se sabia si habia le- vantado ó no su campo de la Laguna Larga. La C. habia visto fluctuar en esta misma incertidumbie á las gentes que encontró sobre el Rio 2.z, y aun ;i los individuos procedentes de la posta de este nombre. Así es que las señales convienen coa la indicación del Sr. Desa, y añaden un grado mas de proba- bilidad ó certí'za a su indicación. Está de consiguiente com- probado, que cuando el General Paz escitaba ¡>or una parte á la C. para que interpusiese sus bu« nos oficios, y le protestaba circunspección y buena fé, para «jue no temiese andarse niO' vieiuio á la ere/UuaüduJ, determinaba par otra veuir á la¿ manos﻿C 24 ] con tm adversario; y sino lo habla hecho en el día 51, era por hnhrr ignorado la verdadera posición de este. 7. ° De la circunstancia de haber abandonado á la C. M. en el campo del General Qiirsga, la madrugada del 25, el Maestro de posta y postillones del Rio Segundo, llevándose todos los caballos de los carruajes de la C. á pesar de estar Satisfecho anticipadamente el precio que devengarían hasta la posta de Impira, distante aun como una legua. Esta conducta tiene una coherencia visible con los sucesos anteriores y los sub- siguientes ; y por lo mismo no se estrafiura, que los que sus- criben se crean autorizados para pensar, que el maestro de postas fué aleccionado, para conducirse asi, por el Mayor Paunero, que hablo ó. solas con él en la posta dul Segundo. El sobre- dicho maestro v»nia espresamente comprometido a pasar la no- che en el campo d i General Quiroga. si es que se daba con él, antes de llegar á la posta de Impira. La C. le había ofrecido grati- tc.irle bien por esta incidencia. Si con menos previsión de la que siempre tubo le hubiese dado anticipadamente lo gratificación acordada, se la habría llevado tan sereno, como M llevó los caballos pagado! de antemano, sin embargo que no habían ren- dido todo el servicio contratado. 8o Y último. De la notabilísima y alarmante inquietud, q'ie manifestó el oficial de milicias de Córdoba, D.' Fernando Hamos (que escoltaba á la Comisión) después de liabcr hablado á solasen la posta del Segundo con el Mayor Paunero. Aquel oficial li bia dicho á los miembros de la C. que si era preci- so, y ellos lo Creías conducente, tenia orden de escoltarlos h:ista fuera de la Provincia. Su serenidad era tan visible, como lo fue su agitación después de la conversación reservada que en- tretubo con Paunero. No bien se habia este despedido, cuando indicó á la C. M. que él estaba mui comprometido y en gran riesgo, pues si se daba una batalla, quedaría cortado, sin poder regresar. Significó en consecuencia ü lo« miembros de la C. su resolución de retroceder. Cnsló a esta gran trabajo para per- suadirle, que él gozaba de la misma inmunidad que equelh. El oficial Ramos llevó tan adelante sus recelos, que solo se de- cióiu ± Seguir en compañía de la Comisión, después de h-ber C 25 ] exigid© i sus miembros palabra de honor, que asi que llegasen al campo enemigo, le harían dar instantáneamente su pasaporte, para regresar libremente. Asi con efecto se hizo por el co- rrí in lante Ruiz Huidobro desde el lugar en que se hallábanlas primeras avanzadas del General Qoiroga. Sin embargo de que ya el Sol estiba en momentos de trasponerse, y que la distan- cia a la posta del Segunda era bistant», el kobrouVho RimOS regresó con precipitación. En vista de todo emo, uo hay sus- picacia alguna en creer, que el indicado oficial habia sido ini- ciado por el mayor Paunero en el insidioso secreto.......... ¡ Pero se quiere otra prueba mas terminante, para eviden- 'i.i*e de la felonía del General Gobernador propietario de Cór- doba .' Los ex-comilimado* van á proporcionarla, presentando un testigo de escepcion, que no puede ser tachable para esta Gefe. El testigo es el misino General* En el parte ! «Iludo que este (lió en 28 de Febrero al Gobierno delegado de Cór- doba, de la batalla de la Laguna Larga, dice literalmente lo que sigue. (20J "El 2 I se supo, que el ejército agresor se con- servaba inmóvil, y resolvió el General que suscribe no diferir por mas tiempo una batalla, que las circunstancias hacían ine- vitable." Mas adelante indica, que " el ejército pasó el Rio ,, Segundo en la tarde del 2 4, y estubo allí la mayor parte de „ la noche hasta la madrugada del 2.3, que emprendió su nmr- cha con dirección al enemigo, a cuyo fíente estubo á las diez y media de la mañana." Dos cosus uotables contiene el primero de estos fragmeu- to^. Una es la perfecta coincidencia que hay entr* el dicho di I General en Gefe, y el del coronel Desa. Este habia ma- nifestado X la C. como ya se ha dicho, que el lZ I debió darse la batalla, lo que no habia tenido lugar, por ignorarse la po- sición del General Quiroga. El General Paz asienta, que en el mismo dia 21 «e habia obtenido, y que cou este conocimiento se resolvió darla, como se habría resuelto el día ó dias ante- riores, si la hubiere logrado tener. La otra (mus notable aun ) consiste en esa resolución fría que anuncia de dur una batalli, que ya se habia hecho inevitable. Pero esto era el mivmo dia 21, hasta cuya noche no llegaron los miembros de la C. al cam- po del General Qaiioga. ¡ Y si estos hubieran logrado per- fenadír á este Gefe, y obt nido de él, Ja evacuación prev'a éiil territorio, no se habría eludido esa bitulla, que el General Paz -clasifica de inevitable? ; Como, pues, se conciba una re- solución tm decidida con la etenfi bdad d-un contingente Futuro, qae podia realizarse ó no? Rl General Paz ha resuelto ya este problema. El estaba decidido, á todo trance, á dar la batalla, en los montentOl mismos que escitaba á los ministros mediado- res á que int,,ro,isi"sen -u* buenos oficios................. (¿0) sü~hal.a inserta cite p*rte ea el niini. 15Ü uei i*mtk$ leí *4 de Marzo ultimo. 4 • •﻿í 2« ] Pero basta ya. Esta confesión ha traicionado al General Tai. Cuando no hubiera otra prueba qwe esta de su perfidia, el no puede sustruherse á lu nota de reo convicto y confeso. Sobra este dato, y sobre la existencia del cuerdo del delito, que es la batalla dada, debe apoyarse la opinión publica para }"-onuucjur. Ella no puede menos que condenar al oprobio al que ha dado pasos t¿n avanzados en la carrera de la p< rtidin. Ni puede salvar á este General el huhcr esperado en XHtUO, (como lo anuncia en su parte) después que se hallabamí Irruía de su enemigo, que un purlanunto le una,¡dase el resultado éé los últhnos esfuerzo* de la C. J£o el conflicto en que esta se lialió sin caballos, y en medio de la confusión y algarabía, que por lo regular pr< ceden a una acción marcial, ni pudo, (ni aun cuando hubiese podido, nada habría remediado^) enviar al General Paz noticia del resultado de s j comisión. Como la contestación del (¡im ral Quiroga había sido re- pulsiva de la propuesta, no iiabia por otra parte una urgen, cia en mnnifcMai un resultado, que no podía prevenir los mi- les de la próxima batalla. Sin enlurgo de todo esto, la es- pera, en que al General Paz dice haber estado, no esculpa su conducta anterior, ni el movimiento que habia hecho, pen- diente el negociado. F.sto es lo que constituya su insidia, por otra parte bien pronunciada en su resolución de dar la bat illa, desde el día próximo anterior. De consiguiente esto es todo lo que basta al objeto de lose\-coniis¡unados, cualquiera que hubiese sido el éxito de su interposición con el General Quiroga. Si se atiende a la naturaleza de los hechos y observa- ciones aducidas, la alevosía del General Gobernador propie- tiii;> de Córdoba no puede ser materia de un problema. Tam- poco puede ponerse en duda, que los peligros y baldones, á que los miembros d# la C. se vieron espuestos desde aquel momento fueron una consecuencia necesaria de la perfidia, que se usó ron ellos. Su salvación, hasta que llegaron al Fiuile Muerto, fue obra de tina continuación de acasos felices ('il ) Estaba decretado que la muerte los respetarla, para que pu- diesen manifeítar ul mundo la hi.-toria peregrina de esta trá- gica negociación. Lo han hecho ya, presentando los «uicsoi (SI) l>cspii"S de lo» insultos que recibieron en la posta ilc Iinpim, de parir ile la fcoldadescn, y laminen de algunos aÉI lallll del General l'az : después de Kuhors. K ■ q jitad.> l..s caballos, con que ti Gai eral Qui- roga le* ítabia auxiliado, momentos ames d<- la batalla, pnra que so tmnpiklatan hasta aquel punió: después He haberse pretendido obligar a lo» individuo* de su comitiva, para que persiguiesen con los soldados vencedores la AmaSS éei veuririo ; les esperaba «o el camino un rou- fliclo de mayor gravedad. Se había difundido la voz e^ire los disper- so* detrotados. i¡Le *( iban diseminando, que los diputados de Buenos Aires eran unos traidores, y que por rau-,a de ello» se habia perdido la be alK. Esto no era de entrañarse de gentes vulgares y sin edu- cación, mucho mas cuando las apariencias i.o dejaban de ser contra- rias á los osiejabros de la C. En la posta de ja Heuadura «ubieroa [ 27 j y los actores en su verdadero punto de vista. Resulta fie todo ello comprobado basta un grado de demostración, que el G bienio Mediador desempeñó dignamente por medio de sus representantes hasta nn último estremo el noble y generoso rol de conciliador. También se ha demostrado que el Gobierno de Córdoba llenó admirabh nienle el suyo—el de ingrato y des- leal amigo. ¿ Y podrían los ex-comisionados, después de tantos ultrajes, que en persona de ellos se hicieron á su Gobierno, conser- var una impasibilidad angelical, y dejar de prorrumpir en un grito de indi»ii ícioii contra los autores de, aquellos atentados execrables? Loa miembros de la C. habrían sido indignos del carácter que revestían como hombres públicos, y de la posición social que ocupan en su patria como aleros ciu ládanos, si uo hibiesen apnnechado los instantes, para formalizar la enérgica protest i, que dirigieron desda la Ivqumi al Gobernador pro- pietario y al Gobierno Delegado de Córdoba. Podría supo- nerse, que afectados del cuadro enojoso, que acababan de te- ner á su vista, se hablan dejado seducir por una exaltación momentánea, prefiriéndose de un modo menos moderado del que debían. Pero hoy en la calma de la reflexión : en medio de la serena tranquilidad que los rodea ; ydesput-» que el tiempo ha venido á rectificar sus juicios, y auxi- liar su convencimiento, están tan tle acuerdo con lo que hicieron el de Febrero, que lo ratifican solemnemente por esta clasica declaración. ¡ Así se conduce el hombre de honor, cuaudo obra en consonancia cou su conciencia, y lleva por g'iia su propia dignidad ! No faltan publicistas modernos de celebridad bien esta- blecida, ('22) que aconsejan á los Gefes de ¡os Estados la regla de conducta que deben observar, cuando Sk, vean defraudados en Sus fu-'ios e inmunidades por los Gobiernos de otras Potencias, aunque estas sean de un orden incomparablemente superior, y de consiguiente introduzcan mayor peso en la balanza política de ser vielimus de esa eme! credulidad. Una partida de30 hombres disper- sos del ejercito del General Quirogn. hacia inedia hora que babia salido de aquel punto, cargando de injurias y amenazas ú los miembros de la ('. maieto e ..tos llegnron. Otros dn» hombrea de la misma partida, ella andaban por acuello» alrededores consiguieron sorpre ider á una de las ordenanzas de la C. M. que se habia separado buscando» un postillón. Poco falt >. para que hubiese «ido victima de los invasores. Las gentes de aquella posta son testijos de estos hechos. I.o son también un celador que hay en aquella inmediación, y dos hombres mas que este buscó y llevó consigo, p*ra que aumentasen la comitiva de los cu-romi*to- na-Ios basta la esquina de Medrano, en donde fueron gretifteados y des- pedidos. A todos estos conflictos y vejameees e-puso A los ex-eommo- nados el General l'az con su calculado proyecto de introducirlos en • 1 campo de su contra, io, pocas horas antes de dar la batulla, a que se había resuelto el asa anierivr. (22) Entre ellos MantSB*| aaaMM c«l«frrcj del derecho de gentes. )﻿[ 28 3 de Tai Naciones. Entre las máxima» que enseñan, es una, U de que cualquiera Potencia debe ante» conseatir en ser sacri. Jkudu por la conquista, y desaparecer del catálogo de lo* Es- tados indepemlientes, que consentir por netos humillantes en su propia degradación. ¡Que dirían esos eminentes hombres de estado acerca del baldón y ultraje, que el Gobierno de la Pro- vincia de Buenos Aires h;\ recibido del de la de Córdoba ! Elfo* compararían la diferente importancia política de uno y otro: el espíritu desinteresado de conciliación, qne hizo jugar al uno el rol de Mediador, alargando una mimo bcuí-fíca, para ser el iris do borrasca* agenas: el origen legal y ¿afrailo de que deriva el carácter del Gobierno de Buenos Aire*, como que emana de la voluntad general de la Provincia que preside, cuando el del otro arranca de la fuerza liberticida, que des- prendiéndose del ejercito nacional, .sublevado el I.° de Dici« n- bre de infausto recuerdo, se introdujo * n la provincia de Cór- doba, para cambiar sus destinos, ul auxilio de las bayonetas. ('23) Afectados de un contraste tan visible aconsejarían indudable- mente al Gobierno Mediador........Mas r.qui sus ex-ccuiisto- nados deben convertir sus observaciones hacia otro estremo. No teniendo la pretensión de influir en la política de la au- toridad pública, ni el deseo de hacer alarde de pasiones vin- dicativas, que por una feliz condición de su temperamento na entran en su carácter ni en sus goces, se desentienden de todo lo que no diga relación al cardinal objeto de ¿u viudicacipn personal. No hnu faltado individuos caracterizados, y entre eilos, al- gnnos :imig06 de los miembros de la C. M. que hayan repro- chado a estos la última deferencia que manifestaron, trasladán- dose al caiiij>o del (i enera! (Juiroga en momentos estremos, en que ya no podía si r de utilidad alguna su olicio concilia- dor. Los ex-ii>mis¡oii«di'S se hacen ua grato deber en satis. (23) F.ita es la puniera \ei que los que subscriben nacen uso da ••t»s concepto!, despue* que fueron numbrai'os para integrar l« C. M. l'iaies observadme» de la regla do conducta, que le» prescribió el Go- bierno en su» instrucciones, abjuraron en el periodo de su íntcrvenCMM toda afección de partido, y aun te manifestaron ettrangeros á las discu- siones políticas, que agitaban los erpi riius en la ciudad rio Córdoba. Marchando en derechura a «u objeto; piescindiendo de lo que !« per- judiraba, el que no le concernía i concediendo ó presuponiendo en lúa jiurtcs contendemos dcreibos iguales; y considerándolas con peiH-ctay estricta reciprocidad, loa ex-coniiaionaríos habrían desarmado, j hechosa •iittuí por su conducta circunspecta v honorable, de la betievolcutia de caali|iiii-ra otro Gobierno, que no hubiese sido el anual de ia provincia de Córdoba. Si hov se han lijado los que subscriben en la natura.e¿a de los elemento» impuros, qne han entrado en (a composición de ese Gobierno, es porque habiendo cesado ja en tu cargo de Mediadores, eu nada puede perjudicar este recuerdo a la causa pública. Por el contrario es con- ducente mandar á la aiemorin, que el actual órden de cosas en Córdoba es una continuación positiva de la sublevación militar del 1. de Diciem- bre, y una ancora de esperanza á los que se engolfaron en ella. C 29 ] facer completamente á los que han ejercitado su crítica sobra el asunto en cuestión» Los miembros de la C. M. conociun, mejor que nadie, lo estéril de su sacrificio. Sin embarco, ellos se vinon forzadoi á conminarlo por mucbasymuy graves razones: l.» para guardar con- sonancia con toda su conducta anterior, de la cual e>re pnso venia á ser el sello último, pero el mas indelebh-, 2.» prr» i.o dejar abierto ese resquicio á la malicia de! Gobierno, de Córdoba. Kl h'bria imputado después U efusión de sangre á la tirantezde la C. Habría alegado con alguna apariencia d< funda- mento, que no era imposible el que ge hubiese podido avenir aún á los couti ndentes. Habría indicado con algar.ibia, quo en gucira de hermanos, cuyos intereses estaban identificados con los del mismo Mediador, debía este haber dado mus oído* al grito de conveniencia de la conciliación general, qne á las ins- tiguioues del amor propio ofendido. Ultimamente habría preten- dido cargar al mediador y sus repr< señantes eon ia responsabi- lidad, que en las circunstancias del dia ha venido i quedar refun- dida en el mismo Gobierno de Córdoba. Los ex-< omision..dos se penetraron bien de estas r» th xiones, y arrostraron por todo (que es la tercera razón) para no dejar en problema su rectitud, y la»v filantrópicas miras de su Gobierno. Se decidieron, pues, i correr riesgos inminentes, no solo para dar la última, prueba de su noble proceder, sino también para desconcertar la artificiosa conducta del General Pal, eu cuyo corazón leian como en un libro espuesto ante sus ojos. Éste (¡efe. en quien la siaiulucion parece ser el jríiner elemento de su vitalidad maral, quería sin duda parapet rse, por su deferencia manifestada (aunque tan* deshoras) contra el descrédito y rebultados funestos, que podrían sot-revtmrle, por haber impedido á la C. M. usar de su noble carácter hasta aquí 1 momento. Es por lo tanto probable que »e decidió á dar el pase a la C. con uno de dos objetos : ó el de inculparlos después, si no se manifestaban deferentes en pasar, 6 el de envolverlos en las consecuencias de la batalla, t/ti resuelta en sus consejos, si se alla- naban i trasladarse al caaipo del otra beligerante. Este ha sido el acto mas meritorio de los miembros de la C. M. y permítaseles lisongearse, de que ha sido eminentemente moral, y digno en grado sublime del glande objeto, a que lo con- jagraban. Es verdad que natía se recabo con él M beneficio de la concordia pública ; pero al menos se ha demostrado hasta que punto habia encargado el Gobierno á lo» miembros de la C. se es- forzasen en negociar la pan, y hasta que estreaio se avanzaron estos por obtenerla. El convencimiento en quf el mundo debe que- dar desde hoy sobre estas verdades, vale bien el precio, á que lo compraron los miembros de la C. Ellos deben congratularse, de que no haya sido mas caro. Ha llegado el momento de desvanecer el único cai¿o directo, (aunque fútil y especioso) que el Gobierno delegado de Cordaba﻿C a* 3 dirigí contra los cx-comisionados en su animosa reclamación de 13 de Mar/o. E\ está literalmente concebido en los términos si- guiente*.— " Et 25 del próximo Febrero tubo lugar una batalla entre lai " arm; s de la piotineiu de Córdoba, y las del General Quiroga: *' el tr unfo corono los esfuerzos d»; los cordobeses, y el invasor se ** vió pin filadlo a ponerse en fuga, para salvar su odiosa existencia. " 19 General en Gefe del ejercito vencedor destacó inniediati- " nu nte partidas en persecución del eoeatigO, y el Gmeral Qui- " fOgl Im debido su Salvación al asilo que le lian dado mi su coche " los mii mbros de !;i C. M. aun antes de salir ib I territorio de esta '• provincia. No es necesario entrar en profundas reflexiones, ptra 4" conocer la irregularidad de esta conducta. Los Comisionados " del EuM Gobierno de Buenos Ayres ahumando de su carácter r* publico, toman bap> su protección al General Quiroga, le ocul- f* tan eu M cakTWklOj distraen lu atención de las partidas que le *' persiguen, que jamas pudieron imaginar» encontraría abrigo en " aquella comitiva, y eluden de este modo la captura del iuipla- ** cable enemigo de la tranquilidad publica." ¡ Oescaro inaudito e increible para los que no bnyr.n obser- vado de cerca, como los miembios de la C. la impiuleiuia del Gobierno delegado de Córdoba ! Los iiecbos responderán por si nibmos a ese cúmulo de im¡ osturas atreces. Foro antes de comenzar la oatalla del 25, y rn circuns- tancia* de «star ya tirataaaideae bis avanzadas de rnibos ejér- i".o-, los mi'minos de la C. M. se separaron del campo del (ii u< ral (j iíroga, y con los auxilios que este les proporcionó, ('2 1) f i¿u¡. ron huta lu | asta de Impira, distante como una legua «le| lugar de la acción. Alli permanecieron la tarde y noche Iinatenta pues tti podían moverse por falta de auxilios, ni habría rido prudente hacerlo, aun cuando los bubiesin tenido. La ■ I ina del próximo 26 siguieron su ruta, después de haber afielada ai General Faz, interpelando su equidad en obsequio de los ptisiom ros, jxiraque no fuesen sacrificmlos ú exigeneius exor- bittinfct. La nota que bajo el tiúm. 12 se halla registrada en el iiúmi. 114 del J.tuero de f» de M:.rzo, es un coinprcba.it? de «ata verdad. Salieron y siguieron tolos con srtt comitiva ha-ti el pueblo del Frwiit Muerto, adonde llegaron el 27, como á las cu:itro de la tarde; ai decir, mas de cincuenta horas desdes de haberse decidido la batalla del 23. Alli cnroiifr iion acampado al General Quiroga con una div¡. siou de 900 hombres a; ro\imadnn\ente. Todo aquí l Vecindario pue- de deponer de la verda l de este aserto. Bn todo el esp icioq»? hay desda impira al Fraile Muerto, que son 3tí leau is, los mi'm- bms lie |a C. no encontraron pRrtida alguna de las fuerais del G"i,ir.l Faz. Sea que este ignorase la dirorcioa que trahia (tafj Los caballos quo dio á U C. W. los sacó de su misina artillaría. C 3! -3 el General Quiroga, ó que no tubiese elementos para perseguirle' rn su retirada, lo cierto es que este Gefe habia llegad© alli sin tropiezos antes d i medio día, y se mantenía quieto y en tranquilidad. Los miembros aa la 0. se apearon eo la posta, ramo e« costumbre, y alli ftiárew visitado» al puco rulo por el t»*pr*t mío Panera!. La C. ni. •o bi/o un honor, y desempeñó un deber, que ci,traba en su camrtei.y ni las sentimientos ile »u (¡obíerno, ofreciendo, á BaSaOte >'e ene. «1 mencionado Oaaafal un asilo pnra el y atr gome en el territorio do la Pro- vincia do buenos Ayre». Después de a guí.a reátate acia lo mi ¡ .ó ron franqueza. Dispuesto* Ion miembros do la C & continuar Sn viaja, y pronto taaabiea h verificarla el indirado íiencral. creación aqaellas! MI UOa de- mostración de civilidad brindarle con un a.ncnta en el cuche. 1 o ai'.u ¡lió Igoafneiite, subiendo i presagíala de un aaseaaaa aasaavaaa, su retalia en- sillado lo riruba aaa ordenanza gusa, que llevaba también su lanza. Seguían el carruaje trae e lecnne» s u v os : aa p.wo mas alias nu eí-colta y caballada, y á retaguardia del todo la división que se liauia se.'vado ron M y que comandaba el 'I oriente t'orcnol I). Jos- K uiz tluidobro. Los <•«-;■ omisintiados no atestiguan estos hecho* con morad.>tes de la l.u. Da. 1,1 pueblo del fraile ..utrto podrá desmentirles, si ellos no l'uoro.i eiactos. I s, pn^s, una impostura, de las que e! Gobierno aetni.J de Córdoba sabe prodigar, ruando le conviene, a^e^urar qup fu oc II11 f * doel (¡eue nl t?uiro¡;a en el carruaje de la C. M. lis olra Ifwat, el supo.ir.- que ron e»e arbitrio se libró de la persecución. Ln el transito hasta la Lstpiina, jiuistlirei in de Santa Ke, no se encontró aiaMM lioiebre aroiado, y ana p.atUara decirse, que nin^un viv¡ei:ie,: e-ceju'ion de ui^uno que re idtese ea alguna do las postas que no asi o aba do adaa. Si al^<ma pailida del to'neial Pa/ hubiesi- vnidii cu la direeeinn que la C. traUa, muy luego babria tenido notiiias de todo el aequito nua eatahiaaa en coaaerate da ella y i su retaguardia. La atcelta y divi- alaa aal Gaaeral Quiroga no eran rosas apárenles para ocultarse á la vista menos perspicaz. Tr.mroco una. ni dos partidas hubieran tenido de- nuejo bastante, para b.'tti'se ron una división hic.i armada- Mas, cuando asi hubiese sido, y hubieran logrado ariollarla el airesto del Ornera! babria sido ronsigiiierte. Al menos, el aa he habría salvado, ni por ioa respetos de la C. ni por la ocultación, que »>ta pudiese liacer de ti ea un coche. Pe'o los m'enitiros de la C. M. (dice el <iobierno acusador^ almiaran, át iu cariúttr públira, dando lugar en tu rarruage al (ieoeral Quiroga 'Delirio y torpeza sin igual! ( once dase gratuitamente que el General debiese su salvación á su introducción en el corbe, que e» de lo que parere maa afectado aquel Gobierno ¡ De cuando acá es vedado al hom- bre, constituido en sociedad, respetar la desgracia • dar «siio al ¡afor- tunado que lo neecsiia, principalmente ruando no tiene otro rr nea, que la desgracia misma ? < fio es un valor entendido, y ur.a eupeei» r»>n- trnto mutuo eo el mundo social, que el que debe perseguir persiga, y el que puede prntejer proteja ? Si á loa criminales mal famonoa puede y debe cualquiera persona, sea ó no constituida aa públira ilig itlati, dar asilo y protejerle para que. logre su substracción. ¿ debería quedar privado de este beneficio un gefe ¡lustre y desgraciado, na¿a inns, MkS porque la fortuna, en tus caprichos, habia resaetto abandonarle al rigor de la adversidad I ; V quien mejor, que los que suscriben, por la na- turaleza de su carácter, y objeto filantrópico de su mi don, podía y debía ejercer eso protectorado, que honra y recomienda tanto al hom- bre rn sociedad? listaba reservado al Gobierno da Córdoba hacer una inculpación por un acto que merece la aprobación del hombre moral. Ks muy estreno, que no haya llevado mas adelante su prurito dn ar.ri- aiinar, y que no haya acusarlo también á lo* r«-comisionados, por la interpelación que hicieron ú la equidad del vencedor en obsequio 4o )﻿32 ] lo» »e«odo«. ¡ Pl Hobiernn actual de Córdoba era digno dé hafcer flgo- rado e la tenebrosa nuche d« la edad media I Considerando «I asunto bajo otra relación distinta, ¿ qu* Im- portaba al objeto de la persecución, que el Gen», ai Quiroca vi- niera en carruaje, ó cabalgando, ruando venia pública y manin-«t 1- ment». y cuaildn lo estaban indicando el gran camino, por donde mar. n.iha, lo* rsatiftoa que dejaba on post de *i por sus cabalistas, -« elidía, y su división, y la observación de los testigos presenciales, qui- la hablan visto salir 4*1 Frain- Muerto, y que lo veían subir y bajar en las puntas del transito .' I'ero esto no merece una c.o".testación seria. !• I Oatjiariia de Cortaba ha fijado en defí ¡itíva su descrédito haciendo on • ar»n ridiculo con —Opiada» de ser.'ra autoridad. Kntretanlo, esio • s aj i alea re pruebe, ó hiralaati— determinada que ese fina tari iu hace a los ea-coi.iisii>iiaii<)!>. Lo demás de su reclamación se reduce á insulto* «neses, y aáawchaa vagas y absolutas, que los que suscriben se deshonrarían en eanlaalar. filando jiisltliqiie las ai ríminaciones amargas, con qio ha drsnhngndu su furo: impotente y su odiu incivil, ios miembros de la C, M. ae form.iríin nn deber en desvanecerlas. L* serie de pruebas, positivas unas, y de inducción otras, que va-i disentí.inda-, en el cuerpo de este escrito, hn debido persuadir á lodo h. infjre h»parcial, que na miembros de la C. M. llenaron su rol con dig- ni a I, con perseverancia y con rectitud. El (íobierno de C-órdona ticna h-i ho su procowo. Susestratios quedan comprobados, y están, juridU carne,¡te Bablaale, luce mtridiwta Sfafluí a», ti recto tribunal, que' ha de pronunciar el titilo (remendó, debe serle tunlo mas irrecusable, cuanto pare, ce ser de su confianza. Kl mismo lo ha elegido ; el sabrá loque ba hecho. I'or lo que toca ó los miembros de la t". M. ellos fe »o/an en ei dulce presentimiento, de que la opinión pública les hnra justicia. Na han obtenido, es verdad, el «ájala de sus atañes; peto han hecho s.icri- Cctaa aeróle OS por conseguirlo. I.o demás es del resorte de la fortuna, que ñ veces »«• complace en atinves.ir los de-ognitiH mas justos y laudable,' l.os ex-comísi.¡nados no ignoran, que en 0*1 i aapoalffcin han prnniiR:- c.do alio* mismos su sentencia de proscripción ó muelle, si e| ¡„m„. derndo y nmbicioso fíohemadnr propietario de Córdoba continua si.-ndo • I fcvoratiaa de la fortuna: (55) si ios cómplices de sus maquinaciones -audaces vuelven a ejercer en. la provincia Üa Buenos Aiies, por los ca- prichos de la suene, se detestable iufleencU, y presidir da nuevo i lo» destino» públicos, que usurparon un dia con "escándalo del orbe moral' la "iieite de lo» e\-comisionados esti dcneiüiln. Alas nada de asta im- porta. Coa» parado con el honor. Míos lo conservarían muriendo, y sus asesU nos llevarían de por vid», y mas all . del sepulcro, la marca del oprobio, .pie en delecto de pasta mayor, snemp e es un castigo para los grandes mal vados, que tienen lit IWtajM de eludir los gala ai de la espada de la ley. Buenos Airea jtbttl 15 de ls>.''0. pedro feliciano cavia, .'uan jom: ckrnaoas. (¿b) Laa lectores reflexivo» g,a-litar;'.n por el pasaje siguiente, hasta que punto es dominado el (ieneral Paz paf la «mhirion de mando. In una de las varias con'erencia» que este UHHMraJ tuvo con los miembros de la C, se toco incidentemente el asunto de Sus primeros altercados Con el ticte-nl I). .luni [iaulUtn Busto-, su antecesor en el Habiente de Córdoba. Kl 'íoieral Pnz con semejante motivo Irat.' de justificar »u introducción .1 In Provincia con fuerzn armada. Si los ai ra—lsiu nados no recuerdan mal, il »e produjo lileralinente del modo que sig.ie. tH asMaa «■<•/ j'^lifirrr'n tn i,ue ¡10 son un l ijo de estj Provincia, y t/ur fui llam T>n oar un —r '1'o rrv,.e/a..¿<, pura libertarla de' «11 "o qs« la tenia e.ncoi «ufa. ¡ Qm seria del Arden legal, de las institución»*, garantías, y re- poso de los pueblo», «i furtibease la atalanta de las doctiines d.-l (Jo- neial Par, y si tos hombres de aiguu poder e indujo tubie.'n una coa- Ciencia té» mUItl» CaasO el til 1 'k DOCUMENTOS. Numero 1. G"irdoba, Enero 40 de 181(X Los que suscriben, miembros de !.; Comisión Mediadora!, ■aj el GobiaTM de la Provincia de Buenos Aires ha tenido á Mea dirigir á los beligerantes del Interior con el pJausibl* objeto de negociar la terminación de ta guerra civil, que des- graciadamente se halla encendida entre pueblos hermanos, tienen el honor de poner en conocimiento del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de........que investidos por su Gobierno con la plenitud de facultades necesarias, par» llevar ul cabo la interesante misión, que se les ha hecho el honor de confiar, llegaron el 6 del corriente á esta Capital, por cuyo Gobierno fueron reconocidos el dia 8 en su carácter público ; habiendo como tales entrado á tratar, y conferenciar con los Señores Ministros del Gobierno d» esta Provincia, nom- brados al efecto por el. Las credenciales, que los infrascriptos tienen el honor de acompañar á esta comunicación, compro- baran á S. E. el carácter legítimo, con que su Gobierno los ka investido para interponerse en este grave negocio. Al hacer los que suscriben este anuncio instruido al Exmo. Gobierno í que se dirigen, se proponen dos objetos. Primero; exigir que S. E. se sirva reconocerlos en su carácter, lo cual allanará las vías, para corresponderse oficialmente en todo lo qu¿e conduzca al indicado objeto de su misión, y al no menos im- portante de estrechar entre esa benemérita Provincia y la d«* Buenos Aires los vínculos, que daben existir entre mieailiras﻿II de una misma familia. Segundo; incitar á ese Gobierno, pora que consecuente con el patriótico celo, y noble desinterés, que siempre ha desplegado en bien general déla Nación Argentina) coopere en esta ocasión solemne con todo el indujo, que le proporcionan su elevada posición, crédito bien «stablecido, j demás circunstancias favorables, i que se logre el filantrópico objeto do la mediación ; de modo, que pueda presentar la Re- pública .i los ojos del filósofo un cuadro consolador, en vez del lúgubre y espantoso, que hoy ofrece desgraciadamente por la mas funesta de las discordias chiles. Los que suscriben se lisongean altamente no será estéril esta interpelación, que hacen al patriotismo, y demás virtudes cívicas, que adornan al F.xmo. Sr. Gobernador a quien se diriger. al que con esta oportunidad tienen el lu nor de saludar con su mas distin- guida y respetuosa consideración.—Pedro Fe ¿te tuno Cavia.— Juan José Cemadas.—Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General &íc. NtHcns 2. Córdoba, Enero 20 de 1830. Los miembros de la Comisión Mediadora, que el Gobierna de la Provincia de Buenos Aires ha creído conveniente dirigir á los beligerantes del Interior, con el objeto de negociar la terminación de la coerra civil, que desgraciadamente se halla encendida entre pueblos hermanos, tienen el honor de poner en consideración del Exmo. Gobierno de la Provincia de....... •JJM después de las gestiones clasicas, que contiene su nota de esta propia fecha, con que han tenido la honra de acompañar á S. E. las credenciales del Gobierno Mediador, han creído, ■ta debiau dejar pasar el menor intervalo, sin poner en el co- nocimiento del Exmo. Gobierno á que se dirigen, otro punto, no menos importante de su comisión, y solicitar en consecuencia lo que el Gobierno comitente les ha prevenido con relación a el. Después de ia acefalía, á que ha quedado reducida la Re- publica, por consecuencia de la disolución del Gobierno Ge- neral, que habia sido autorizado por casi todas bs Provincias, para intervenir en los negocios nacionales, parece indispensable III habilitar nna persona moral, que con suficiente autorización de los pueblos, que integran el Estado Argentino, dirija las rela- ciones estertores en beneficio de toda la Nación. Son muchos los objetos, ¿ que deben estenderse dichas relacionas, pero lo» mis urgentes, é importantes son sin disputa los que siguen. Coueluir él tratado definitivo de par con el Brasil : nombr.ir Co- misarios, que examinen la Constitución política del listado Orien- tal del Uruguay, de conformidad á lo estipulado en lu Conven- ción Preliminar ! arbitrar los medios de pegar en Europa la deuda nacional: establecer arreglos sobre los pagos demandados por subditos británicos, en consecuencia de perjuicios causados por Corsarios de la República, durante la última guerra con el Imperio: conservar y ensanchar las relaciones de la República con las naciones estrangeras : poder escitar la política de al- gunas potencias, en prevención de la que desplegue el Gobierno Español contra la América : cumplir los tratados existentes : y por último promover cuanto ceda en provecho de la Na- ción. A la penetración, y tacto político del Exmo. Sr. Gober- nador, á quien los infrascriptos se dirijen, no puede ocultara* la indispensable necesidad, que hay de proveer cuanto antea de remedio á la? exigencias nacionales, que se acaba de de- tallar. Por ello, y cumpliendo la Comisión Mediadora con uno de sus principales deberes, solicita del Kxmo. Gobierno de...... «e sirva facultar, y habilitar espresameote al de Buenos Aires, para dirijir con amplitud las relaciones t9terioies de la Nación, pues aunque muy onerosa para aquella Provincia una autori- zación semejante, es como una pensión honorífica, naturalmente anexa á ella por circunstancias bien obvias, que la Comisión no podría permitirse detallar, porque seria ofender la ilustración del Exmo. Sr. Gobernador á. quien se dírije. Los miembros de la C. M. saludan con esta ocasión u S. E. tributándole la justa consideración, que le es por tantos títulos debida.—Pedro Feliciano Cavia.—Juan José Cernadas.—Kxmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de &c.﻿IV NfMF.no 3. Córdoba, Ener» 20 de 1830. Los miembros de la C. M. dirijida por el Gobierno de Bunios Aires a los beligerantes del Interior, con el objeto d« negociar la terminación de la guerra civil, y estrechar mas los vínculos que deben ligar a. pueblos hermanos, han creido deber añadir a la interpelación, que en nota de esta misma fecha nú- mero 1, hacen al patriotismo, y demás virtudes cívicas del Exmo. Sr. Gobernador de la Provincia de....... en orden á que se sirva coeperar con todo su crédito, é influjo á la con- secución 'del filantrópico objeto de la C. M., otro punto taa interesante, como el indicado, y que eu realidad es una na- tural emanación de ¿I. Entre los acuerdos celebrados por loi que suscriben con los Ministros autorizados de este Gobierno, es uno el de rea- lizar un armisticio, para que en el silencio de las pasiones puedan oirse sin estrepito, y con tranquilidad los consejos de la razón. Mas se ha creido, que aun no ora esta la oportu- nidad do reglar ese armisticio , por carecer este Gobierno de conocimientos exacto*, no solo del estado y posición de su ejército en campaña, sino también del que tienen las fuerzas de sus Provincias amigas, que con independencia del Gobierno de Córdoba se dice obran en puntos muy remotos. Por este fundamento, todo lo .,ue se ha couveuido á este respecto es, que aceptada la mediación por las partes beligerantes del Cuyo y Ilioja, se proceda inmediatamente al ajuste de un armisticio por el Sr. General en campaña, Gobernador propietario de esta Provincia, bien sea por comunicaciones con los Señores Ge- nerales de las fuerzas opuestas, según las disposiciones de sus respectivos Gobiernos, ó por medio de Diputados competen- temente autorizados para realizarlo. La Comisión Mediadora ha creido no podia desentenderse de poner este incidente en noticia del Exmo. Sr. Gobernador á quien se dirije, para que en la posición que ocupa, y ea la intervención, que tiene en la presente contienda, le pro- duzca los efectos, que haya lugar. Al mismo tiempo la C. W. V ■e interpone con S. E. con todo el encarecimiento j eficaeí*, que permite el rol de un Conciliador amigable, para que ha* ciendo valer esa misma intervención, coa (¡ue notoriamente ron- curre á sostener la presente lucha, se sirta cooperar, y coud- yubar también á la realización del armisticio, tomando en el la parte, que sea de su resorte, ó la que sea proporcionada al carácter independiente, ó de mero auxiliar, cou que obre en la materia. La Comisión Mediadora así lo espera confiadamente, corra también que S. E. quiera penetrarse de la sincera y distinguida consideración, con que so hacen un honor en ta: darlo.— Pedro Feliciano Cavia.—Juan José Cernada*.—Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de &¿c. Numero 4. Córdoba Enero 20 de 1830. Los miembros de la Comisión Mediadora, que el Exmo. Gobierno de la Provincia de Buenos Aires ha creido conve- niente dirigir á los beligerantes del Interior, con el filantrópica objeto de negociar la terminación de la guerra civil, que des- graciadamente se halla encendida entre pueblos hermanos, des- pués de hacerse el deber mas agradable en saludar con la es- presion do un afecto sincero y cordial al Señor General D. Juan Facundo Quirogn, tienen el honor de anunciarle, que rl 6 del corriente arribaron á esta Capital, por cuyo (¡obierno De- legado fueron reconocidos el 8 en su carácter público, según se comprueba por el impreso, que se acompaña. Bajo este pre- dicamento han entrado a tratar, y conferenciar cou los Minis- tros de esta autoridad, hasta haber arribailo al ¿r\io de acuerdo, que mas adelante tendrán la honra de indicar al Sr. General á quien se dirigen. Entre las prevenciones, que el Gobierno mediador ha hecho á los que suscriben con relación al Sr. General de la fuerza ar- mada de los pueblos libres, liav dos muy positi-as e insinuantes, que los infrascriptos desempeñan con el mas grato placer. Es la primera, que ul remitir la Comisión, como lo hace, al Sr. J )﻿General i Quien «e dirige, las credenciales, y demás comuni- caciones del Gobierno .mediffdor, desplegue y haga palpable la. franqueza, y buena fe, ron que este se interpone eji la con- iienda civil, y al mismo tiempo ofrezca al propio Sr. General^ que los miembros de la C. M. pasarán á su campo á tratar icón él, en la forma y modo, que le pan-zea mas eonwniente^. pura, que aproximándose, y llegándose ü entender los Gefes, que combaten, se logre el termino honroso de la contienda. Ei se- ¿unda es, que si el beligerante en contrario se aviene a. en- ,trar previamente en un armisticio, la Comisión lo proponga tam- ,bie.n al Sr. Gmeral, á quien tiene la satisfacción de dirigirse, •orno uno de los medios mas eficaces, para entrar en un arreglo definitivo. El secundo caso ha llegado ya, pues este Gohierno ha convenido con la Comisión, en que se celebre el armisticio, después que la mediación se.a también aceptada, como lo ha sido aquí, por los Gobiernos del Cuyo y Mioja, para que asi puedan oirse en el silencie de las pasiones los consejos de la razón, y el grito clamoroso de la conveniencia común. Mas en medio de esto se ha creído, que aun no era la oportunidad de reglar dicho armisticio, pues por parte de este Gobierno M ha objetado carecía de conocimientos exactos, no solo del es- tado y posición de su ejército en campaña, sino tamban del que tienen las fuerzas de las Provincias sus aliadas, que, según se ha hecho presente á la Comisión por el mismo Gobierno de Córdoba, obran con independencia de él en puntos muy remotos. Asi es, que todo lo que se ho convenido á este res- pecto es, que aceptada la mediación por las partes beligerantes de Kioja y Cuyo, se proceda inmediatamente al ajuste de un annisticio por los Generales en campaña, bien sea por comu- nicaciones recíprocas, según las disposiciones de sus respectivo» Gobiernos, ó por medio de Diputados competentemente autori- zados para realizarlo. La Comisión ha creído deber instruir de este convenio al Sr. General, con quien tiene el placer de co- municarse por «Ma, para que en su caso obre los efecto» que haya lugar, y regle las combinaciones del mismo Sr. Ge- .'ikral. VH Seria muy útil, y la Comisión se permite encarecerlo as? al Sr. beligerante, á quien se diríje, que este armisticio llegara á realizarse en el caso presupuesto, de que se acepte la me- diación. Para entrar en avenimientos pacíficos, ya es rc¿:la práctica, y de común aplicación en todos tos ejércitos del mundo civilizado, adoptar la previa suspensión de armas, pues sin ella no hay jamas la bastante tranquilidad para prestarse á las com- binaciones de la política, y á la conciliación de las pretensiones, é intereses verdadera ú aparentemente contraríos, que hayan promovido la cuestión armada. El Sr. General de los pueblos libres mirará sin duda con indulgencia, el que la C. M. abundando en el sentido de s»i Gobie-no se permita dirigirle algunas observaciones, ya sobre el noble y digno interés, de que aquella autoridad se halla animada, para que vuelva á renacer entre todos los Argentinos el fausto dia de la concordia común : ya sobre la buena fé, con que se interpone, para que sin el estruendo de las armas se busqueit medios honrosos de conciliación ; ya finalmente sobre la impe- riosa necesidad, que hay de transigir cuanto antes las diferen- cias pendientes, por cuanto la prolongación del padecimiento publico acabará indefectiblemente con la existencia política, y de- mas intereses vitales de la ilustre Nación Argentina. El Gobierno de Buenos Ayres, Sr. General, está hoy mon- tado sobre otros priucipios, y tiene distinta fé política de la que desgraciadamente se profesó en otras épocas de ingrato recuerdo. Aleccionado por la maestra comuu del genero humano—la benéfica esperiencia—el Poder Ejecutivo, que hoy preside á los destinos de la benemérita Provincia Bonaerense, há hecho dimisión y abandono espontaneo de esa funesta supremacía, que alguna ve» se intentó ejercer sobre los pueblos, y á despecho de ello». Satisfecho con su rectitud y desprendimiento, y Sabiendo quo la Provincia que rige, se basta á si propia, el no tiene otra ambición, que la de hacer el bien de todos los pueblos herma- nos, y respetar el voto de la gran mayoría, pronunciado por los órganos legales de la Nación. Esta es la supremacía moral, de que únicamente se afecta; la que esclusivamente quiere ejercer; la que no ofende, ni conculca intereses, ni derechos ágenos jf U﻿▼III que sin disputa hace honor al que la ejercita, y al resto de* cuerpo político, sobre que se hace gratamente sensible. El Gobierno actual de Buenos Ayres, mejor se diria, la instalación de é! no es ya el resultado de una .sublevación militar, ni de la subversión de todas las leyes del Estado. Es si el producto de los esfuerzos nobles, y espontáneos de una inmensa mayoría de la Proviucia, que conociendo sus derechos, queriendo, sa- biendo, y pudiendo defendí ríos, enfrenó á los amotinados, los redujo á la nulidad, arrancándoles su ominosa influencia, y fi- nalmente restituyó á la heroica Dueños Ayres su vilipendiada dignidad, sus leyes, é instituciones violadas. Un Gobierno se- mejante, que no se apoya, ni en los filos déla espada, ni en la punta de las lanzas : que no aílije á los pueblo?, enviandoles el funesto azote de la guerra: que no tiene en la contiendade la» Provincias entre si, ningunas pretensiones particulares que dedu- cir, ni derechos locales, que hacer valer, y que por otra parte sabe por una reciente y dolorosa esperienria toda la devasta- ción, y estragos, que deja eu post de si la guerra intestina ; no puede menos, que estar adornado de ese sumo interés, que ins- piran el honor, dignidad, y prosperidad Nacional, cuando inter- pone sus oficios amigables, y suelta un grito filantrópico, para que penetre hasta los oídos de los pueblos hermanos, que despe- dazan ron su corazón el de la Patria común, y los escite ¿en- tenderse amigablemente, cortando la mas funesta de- las disen- siones, que abruman al hombre social—la contienda civil. Iíí buena fe, la caudoro3a intención del Gobierno Mediador, al abrir su negociación de paz, quedan comprobadas con los mis- mos datos, y reflexiones, que se han aducido para manifestar, que. en esta interposición no U afecta otro ínteres; que el Supremo d«_l Estado, cuya existencia está en agonías, desde que le falta el elemento vital de la paz pública. Resta solo convencer, que la Patria camina a su ruina pró- xima, si se dilata un poco mas la funesta esfera de las calami- dades públicas, que la tienen encorvada, y uo se restituye ins- tantáneamente á los pueblos el inestimable bien de la paz gene- ral, que el genio del mal les arrebató, cuando menos debía juer»e su influencia malenca, LX -¿Y será necesario hacer sobre e>t«» otra th mostración, qu* Ilam.-ir U atención del Sr. General al triste cuadro, y lúgubre espectáculo, que tiene ante sus ojos? ¿Podrán unos caracteres inanimados hacer mejor este triste bosquejo, que el pincel íiern- pra ensangrentado, y animado M"iupie, que diariamente con- turba los ojos y el corazón del ilustre Gefo nacioual, á quien ii Comisión se dirije? ¡Omitas veces habrá deplorado él mismo U cruel necesidad de tiactr víctimas, y llevar la desolación, y el estrago por pn'íes, cuya población es tsn exigua, como in- signia cante su industria pastoril, agricultor*, y manufacturaría 1 En el estado de incuria y despoblación, en que el sistema me- tropolitano tenia a las America», estudo lastimoso, que se ha aumentado considerablemente cou la guerra de la ImU-pendencí:;, t ua< ^tras disensiones civiles, que ubsorven ya un quinto de siglo, lo que se pierde en nuestro pais, se pierJe para no re- pararlo en una centuria. Li importancia política de la Repú- blica Argentina retrograda siglos enteros en cada choque ci\íl, quj esperiment*; y sino se pone u:i té retino pronto i esta crM; espantosa, muy en breve no tendremos ile aquella otro recuerdo, que el de sus desgracias, y el de su posición geográtíc». Parece ¿i la Comisión Mediadora oir esclamar en estos mo- mentos al Sr. General á quien se dirije, y preguntar con auste- ridad sombría : y bien ; ¿ Quienes son los causantes de tales desgracias? ¿Sobre quienes recae el peso tremendo de tama I t. responsabilidad?........¡La pluma deserta de las manes de Jos mi» libros de la Comisión, al fijarse en esta idea 1 Mas la impasibilidad de que deben hacer alarde por su carácter ofi- cial, no les permite entrar en clasiiicaciones de esta naturaleza, ni remontarse al d re-ho, con que los beligerantes sostienen pretensiones absolutamente opuestas. A la Comisión solamente pertenecí uj irse eu les hechos, ven el actual estado de las rosar. Lo demás «s del resorte de ia historia, que así, como los coetáneos estrangeros, ejercerá sobre ello una critica, tanto mas severa, cuanto menos pare*»!, ó interesada. Si consultaudo el Sr. 6eMRd los sentimientos de su co- razón, y el testimonio de su conciencia, encuentra que uo tiene por.jue tc-mer, ni á los contemporáneos, ni á la posteridad, por ei rol que ha jugado en la escena de los últimos acontecí- u )﻿X TA'itm0!>, en T* misma proporción, en que esté su co:ivíce'3»i íntima a < sto respecto, debe propender á que no ?e difura 1* btfb lo cual será nn comprobante clásico del noble designio, ron que entró ea la guerra. Por otra parte los pueblos agoviados con el peso de tantas calamidades mirarán como su redentor ilustre al' que los des* cargue de aquel. La fortuna podrá tal ve* coronar las era- presas del St. General : sus triunfos le disminuirían ciertamente el número de sai rivales; pero su causa dependería siempre de nuevos combates, y tendría que exijir tremendos sacrificios. ¡ Y rúales son los medios, que lian de proveer á esas erogaciones ? I Son los pueblos los que han de proporcionarlos ? ¿ Y cual es la situación do los infelices pueblos ? ¿ Quien es el que hoy medra en alguna de las Provincias, en que se hace la guerra? ¿ No hace mucho tiempo, que la miseria y la desolación han reemplazado i la opulencia, y al comercio de la República ?..... Pero bnta ya. Pretender elucidar mas esta materin, seria ofender la ilustraron, y poner un problema la sensibilidad del Sr. General, con quien la C. M. tiene la honra de correspon- derse. Ella contia que el distinguido Gefe, a quien se dirijr, ho preferirá el rojo laurel á la verde oliva. Sea permitido á la Comisión recapitular «qui sus votos, j 5o que desea obtener del Sr. General en respuesta k esta comu- nicación. Primero : Si reconociendo á los miembro» de la Comisión en el carácter, que Ies consigna sus credenciales, acepta la me- diación del Kxmo. Gobierno de lo Prov incia de Buenos Ayres. Segundo : Si en el caso propuesto ha de pasar la Comi- sión Mediadora al campo del Sr. General, ó de que modo ha de entenderse en la ulterioridad del negocio. Tercero: Si se presta el Sr. General á la idea del armis- ticio, y como juzga que deba realizarse. ta Comisión ha llenado los objetos, que se propuso en esta nota. Al tu rrarla, se forma un grato deber en saludar aientarornte al Sr. General á quien se dirije, y protestarle sus io:sp*ít'>< y distinguida consideración.—Pedro Feliciano Cavia.— Juan José Cernadas.—Sr. General D. Juan l'acurtdo Quiroafa. m ■ -Ni'iíF.no 6u - « '' Córdoba, Enero 20 <fc lSSÓ. Después de lo que la Comisión Mediadora del Kxmo. Co- bier io de Oáenos Aires cerca de loa beligerantes del ínferio'i ha Unido i* hour.i de indicar en roía de esta ¡nopíii ferlia ■ úuiero ). al Sr. General en.Ge.fe de Ws fuerzas de la Rioj-t y el Cuvo, >e luce un debtr de ponf-r en su consideración, que la Comisión no se anuncia ¡i la autoridad ejecutiva, qu- pueda haber en la Provincia de la Riuja, porque ignora, si en la emigración de ese benemérito pueblo, siguiendo á. su ilustro conductor y General, ha permanecido depositada la potestad pública en algún otro individuo, que no sea el Sr. General mismo. De esta incertidumbre nace probablemente, que el Gobierno Mediador no hubiese acreditado á los miembros de la C. M. con el Poder Ejecutivo de |a Rioja, como lo lia hecho para con los Ge fes de las demás Provincias, y para con el Sr. General á quien la Comisión se dirige. Para que este silencio no llegue á ser reputado de un modo poco honorable al Gobierno* Mediador, y al de la benemérita Provincia de la Rioja, la C. ha cre-do deber dar estas espli- eaciones al Sr. General, con quien tiene el honor de comunicarse, para que se sirva hacer d" ellas los usos, que le dicte su pru- dencia, i y tino político, en el concepto que la misma respetauili- dad, y consideración, que merecen al Mediador las demás Pro- vincias bel lucrantes, por identidad de fundamentps, le es tam- bién deudora de ellas la de la Rioja. Ea fuerza de esta* indicaciones la C. M. espera, que si el pueblo de la Riojn, hubiese ya vuelto á sus hogares, o de •tro cualquier modo tubiesc establecido un Gobierno regular á quieu el mismo Sr. General preste reconocimiento, se sirvn exigir de el a nombre de la C. M. y del Gobierno, que la envía, que reconociendo á los individuos, que componen la primera, en tu carácter oficial, se digne aceptar por su parte la mediación, Cooperar con todos sus effuerzos al buen éxito de ella, y pres- tarse á. la idea del armisticio en los términos, qua lo r»ea mas conforme. Entretanto, ef Si\ Genera! no debe rstraña» de modo alguno﻿o/ie la C. M. ignore el estado de las cesas en las ProvinriuS beligerantes. La raron de esta deficiencia de conocimiento»! e»; muy natural, y sencilla. La otra parte conteudente está inter- puesta entro los dornas beligerantes, y la Comisión; y desde que • s>to es cierto, ya no puede dudarse, que á esta última solo llegarán Ia« notician, que sean del agrado de aquella. . La C. M*. se estiende también á felicitar del Sr. Genera?, 3 quien se dir:;e, que caso de hallarse legalmente constituido un Poder Ejecutivo en la Provincia de la Rioja, al tiempo de hacerle las indicaciones, que quejan detalladas, se sirva igual- mente poner rn su consideración, á nombre de la C. M., |a urgente necesidad, que hay en medio de la aeefalia, á que ha quedado reducida la Nación por la disolución del Gobierno ge- lieral, vníicada en el dia de infausto recuerdo, (l de Diciem- bre de 1828) de proveer de remedio al vacio, que deja la falta de una persona moral, que á nombre del Estado Argén- fino cultive las reluciónos exteriores, tan importantes i todo pai.-, principalmente á los que, como el nuestro, se hallau en su in- firtcia política. Son innumerables ; las razones, que hacen necesaria esta medida : pero las que exijou con inas urgencia el que no estén en suspenso la.s relaciones esternas, consisten en la imperiosa necesidad, que hay- de facilitar la ejecución de los extremos siguientes. Concluir el tratado definitivo de pu con el Brasil : nombrar Comisarios, ouc examinen la Constitución politice, del ilutado Oriental del Uruguay, de conformidad á lo estipulad* • ■■i |a Convención Preliminar do Paz : arbitrjr los medios de i>:i.;jt rn Europa la deuda nacional : establecer arreglos sobre los' (Sa^os d"inandados por subditos británicos, en consecuencia fie perjuicios causados por los Corsarios de la República, du- rante la última guerra con el Imperio ; conservar y ensanchar las re- laciones de la República con las Nacionesextrangeras: poder esci- lar la política de algunas Potencias, en prevención de la que des- pegue el Gobierno Español contra las Américas; cumplir los tratidos existentes; y por último promover cuante ceda en pro- vecho de la Nación. A la ilustración del Sr. General no puede pareeer proble- XIII mítica la necesidad, que hay de que 3a diplomacia de la Re- pública Argentina se ejercite en los objetos, que van indica- dos. Tampoco dejará de hacer justicia a los sentimiento* del Gobierno de Buenos Ayres por la prosperidad Nacional, cuando quiere ejihar sobre sus hombros la pesada carga, que viese nparejadu en el cultivo de las relaciones exteriores, y que, aunque bastante onerosa par.i 'a Provincia, fá cuyos destinos preside, viene á ser como una pensión honorífica, naturalmente anexa á ella, por circunstancias, que son bien obvias. En resultas de ello aquel Gobierno ká prevenido á la C. M. recabe délas Provin- cias el que lo autorizen pira intervenir, á nombre do toda la. Nacior, en la conservación, y cultiva de las relaciones ester- nas. L-..a habilitación se pide á los pueblos por la C. M. en cir- cular de esta propia data, que no se dirige al Gobierno de I* Rioja por los inconvenientes, ó faltado conocimientos, que se,, lian indicado ya. La C por lo tanto cree deber interpelar el. ■/.i lo del Sr. General, á quien se dirige, para que >e sirva tras- mitir esta solicitud 1 la potestad pública de la Rioja, si ja, estuhiere establecida en ella. . < Al concluir esta nota deben protestar los miembros de la Comisión Mediadora al Sr. General, con quien tienen el placer», de comunicarse por ella, que el sentido principal, y clasico, en qwe se hacen las indicaciones ya expresadas, es en el de ma- nifestar los motivos, porque no se practican directamente con la Mi'oridad,. que corresponda, y remover por este arbitrio los- obstáculos que pudieran oponerse á .la consecución del grande, y cardinal objeto, que ha motivado el envió de la C, M. Por lo demás ella no difcta (y acaso será esto lo roa* f oportuno) de hacer directamente en su caso al Exmo. Go- . bier.no de la Provincia de la Rioja las solicitudes que acaban le mencionarse; sobre lo cual espéralos avisos, y también los consejos del Sr. General, á quien se dirije. La C. M. vuelva i tener el placer de saludar á este con todo su aprecio y respeto.—PciJrv Felkiano CavLa—Juan Jo$é Cernadas.—Sr. General D. Juan Facundo Quiroga.﻿XIV NUMEB» 6. Cbrdoba, Febrtro 5 de 1R70. La Comisión Mediadora, enviada p«r el K<mo. Gobierno de Ta Provincia de Buenos Aires cerca de los beligerantes del Interior ron el filantrópico y noble objeto de negociar la ttT- ' minar ion de la guerra civil, tiene el honor de dirigirse a lo* Sres. Miniftros del Hxino. Gobierno de esta Provin'-.ia para »a- nifestarle» un ingrato suceso, que ha obligado irrevocablemente a' ta Comisión á poner punto final ¡ sus amigables y buenos oficios. A los que suscriben «s altamente sensible esta resolu- ción. Acaso sin ella, y sin el atroz insulto que la ha motivado, podría haberse arribado al deseado objeto de una conciliación general. Pero aun esta misma esperanza, por lisonjera que sea, debe ser sacrificada al desempeño de un deber sagrado. La Com'sio» no podría desentenderse de el, sin cardar con una tremenda responsabilidad para con su Gobierno y para con todo •I mundo civilizado, y sin hacerse indiana do perlenecer al suelo feliz, que sus oiembros se congratulan en reconocer como su país natal. Kn la noche de ayer, poco- después de las nueve, se h* dado en la Cridad de Córdoba, Sres. Ministros, un escándalo que la historia no lo recovera, sino con sorpresa, y después de haber vacilado sobre so autenticidad. ¡ Tan grande es la deformidad de él? Pa3ada la retreta *a?ld otra .música, que se dice ser del Regimiento número St Blte se ens -yó, tocando frente á la casa de Gobierno la marcha nacional, de la que se cantaron algunos versos por los concurrentes. ¡ Mas, cuan pocos momentos debia durar M grata impresión, que producen en el animo de todo buen Argeutino los sublimes recuerdos de aquel himno patrio- tifo! Ira comitiva se dirige, acto continuo, con l.i música hacia i ; Plaza mayor, y en él momento, mismo de embocar á su calle, fr¿n¥e, á la esquina del Cabildo; es decir, á doc; ó catorce pa- NM fie) alojamiento de la Comisión Mediadora, se oyen unos grito» execrables, que fueron reiterados por la multitud: Mue- ra Ko.ítí, ( decían ) viva el General Lavalle. La Comisión pre- texta, que á no haber oído estas voces uno de los miembros XV «le ella, nó hubiese -pjettach) asenso i quien le hubiera héd>© lü relato. Tres individuos de la comitiva de la misma Comi- sio:i, que casual;n. .itc se hallaban ¿ la puerta de calle, confir- maron la realidad del enortne atentado. Sin esta coinciden, cía y pe rfecto acuerdo de tres testigos oculares mas, acaso ha- bría creído el miembro de la Comisión, á qne ames se h*- ce referencia, que era ilusión de sus sentidos lo que realmente acababa de suerder-á presencia de- bastantes espectadores- Pero el insulto debía teuer aun mas latitud. Dos sirviente» de la Comisión siguieron la msúica y acompañamiento, y Cerca de la Alameda, como en la Alameda misma, oyeron re- yiir el ultrage, incluyéndose en el muera, ai Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Ssnt* Fe, Brigadier D- Estanislao López, buen an.igo, consecuente, y riel aliado del Go- bierno de Buenos Aires. La Comisión esti autorizada, por al , hecho que presenció uno de sus miembros, par* creer lo que am- bos domésticos le han añadido. Lo eatá igualmente para dar asenso ¿ uno solo de ellos, que refiere haber oido frente á la casa misma del Gobierno en seguida de haberse entonado lof versos de la Canción, que se dio el mismo muera contra el Sr- Rosas, y el propio viva al General Lavalle, sin que nadie hubiese impuesto silencio ni respeto £ los audaces qne asi s» proferían. ¡Cuantas refiecsioues se agolpan 1 la Comisión, al 6}arse en ól contraste que producen aquellos deseos encontrados! ¡ Muerte al General Rosas, Restaurador de las leyes, libertad, e insti- tuciones de la heroica Provincia de Buenos Aires! ¡Vida al General Lavalle, cuya conducta en orden al suceso de 1. de Diciembre y demás ulteriores está implícitamente clasificada por la II. L. de la misma Provincia en la sanción, que promulgó .lee-tarando al Sr. Rosas Restaurador dé su» leyes! Pero aun hay mas. ¡ Muerte al General Rosas, que a sus eminente» servicios reúne hoy el de ser Ge. fe de» Go- bierno de la Provincia de Buenos Aire» ; de ese Gobierno filan- trópico, moral, y digno, que estiende tais brazos fraternales a las Provincias hermanas, que se hallan en disidencia; que ta exorta X que se dea el ósculo de la Patria; y que á este )﻿1 4 XYI objeto no perdona sacrificio alguno, sin embirgo de no ten«>r que deducir pretensiones particulares de ningu h esfera ! ; Y por quien so desea !a muerte del Si. Oiwwl Rosas, Gobernador y Capitán General propietario de la Provincia Bonahercnse? Por nna parte del Pueblo Cordobés, mas interesado ac.:so q-io otro- ahruno do los beligerantes, ea que se cnnckiya de un Diodo ami- gable la presente lucha. Aquí la Comisión debe poner termino u sus observaciones Acaiio seria imposible continuarlas, sin esponerse u faltar A la moderaciou, que la Comisión Mediadora lleva \x>r guia, y á los ■r»»spoto* qne Je merece el Rxmo. Gobierno de esta Provincia S 'respeto* qn* por ningún acontecimiento so permitirá jai.^s 'a Oomision invadir ni defraudar. En resoltado útil, la Comisio-.i Mediadora debe derlarar francamente a. les Sres. Ministros, . quienes se dirije, para co- nocimiento de 6ii Gobierno, que el'a cree inconciliable su re- sidencia por mas tiempo dentro de esta Provincia ron ol de- coro y respetos debidos por tantos títulos al Gobierno, que se ha dignado honrarla con su repr. sratacion y cciifinnza. Kn consecuencia y dando por suspendidas sus funciones amigables fk statii tf-io, se prepara X regresar cerca de su Gobierno, pera *!arle c nenia instruida del buoeiituble resultado que han tenido rjs sinceras oficiosidades A este objeto solicita con enrareci- miento el corresyiondieute pasaporte, y espera que asi que los Sres. Ministros lo recaben de su Gobierno, tendrán la bondad de remitírselo para aprovechar en su partida los instantes. JjOS miembros de la Comisión no pueden cerrar esta neta, sin hacer una declaración, que le* prescriben sus nobles senti- mientos. La Comisión está muy distante de imputar al Kxmo. Gobierno de esta Provincia la causa del escandaloso suceso de la noche precedente. Ni aun es capa?, de hacerla yariar sobre ello la muy agravante circunstancia de haber comenzado el in- sulto A las puertas de la jasa del Gobierno mismo, y haber continuado en bastante estenMon de tiempo y lugar. A la Co- • sion es liíongero pensar, que la autoridad no ha tenido cono- c'nii- nto de tal desorden, o que se ha visto dominada de cir- cunstancias diiieiks, é imperiosas, que le habrau obligado á no ha- XVII cer ostentación de su po:ler, ó á contemporizar, á pesar suyo, con exigencias crueles de una política forzada. Mas ninguna de estas consideraciones pueda desnaturalizar el agravio reci- bido, y quitarle lo que, entre otras cosas, tiene de mas efec- tivo y practico. Tal M la especie de vilipendio y humilla- ción, en que genios díscolos y atrevidos (pero que forman parte del círculo dominante) intentan colocar al Gobierno Mediador por medio de manejos tan estrepitosos, como inmorales. Desde que la C. sabe esto, no le jpmi* quedar duda, de que sus tra- bajos serán estériles, por cuanto el mismo Gobierno que la envia, ha venido a quedar inutilizado en cierto modo con la injuria espantosa que se le ha hecho, para proseguir su obra benéfica con esperanza de un resultado lisongero. Esto es lo mas real y positivo que la C. observa en e»U negocio, y lo que la confirma en su resolución de partir. ¡ El guato tutelar de la República descubra un nuevo ca- mino para dar a esta la paz, de que tanto necesita! El pesar, de que por tan triste desenlace se hallan penetrados los miem- bros de la C. M. será dulcificado algún tanto por el recuerdo, de que nada han omitido por eu parte, para conducir la obra que se les encomendó á un término de común utilidad. Se* guramente no sen! á la C. ni á su Gobierno 4 los que deba imputarse la desagradable terminación que ha tenido este ne- gocio. ¡Que caiga Id execración publica, y el anatema del mundo moral sobre los verdaderos autores de las nuevas cala- midades que la C. presagia, y en .uya realización quisiera V'rse desmentida por los sucesos! Coa estos sentimientos la C. M. saluda respetuosamente a( Exmo. Sr. Gobernador de e ta Provincia y sus SS. MM. despidiéndose de todos atenta y cordialinente.—Pedro Felim'ano Cavia.—Jtiun José CernwMts. Sres. Ministros del Exmo. Gobierno de está Provincia. in﻿XVIII Numt.ro 7. MEMOR ANDUM de las incivilidades ^ agresiones ¿ insultos, que se hicieron en Córdoba á los miembros de la Comisión Mediadora, y en ellos al Gobierno que representaban. Casi diariamente enviaba partes el General Paz desde su cuar- tel general al Gobierno delegado de Córdoba. Bato comprueba la facilidad que habia en las comunicaciones. A pesar de ello no se dignó aquel gefe, en todo el tiempo de su ausencia, saludar á la C. M. y en ella, al Gobierno que la enviaba. La noche próxima siguiente al d¡a del arribo de la C. M. á, la ciudad de Córdoba, salió por las calles una música, que ce- lebraba cierto triunfo o ventaja parcial de aque! Gobierno sobre los que le hacían oposición armada en su misma Pro- vincia. Al pasar por la puerta del alojamiento de los miembros de la C. se tocó repentinamente paso t'e ataque; se hho ailí S., ana especie de detención, para que fuese mus espectable el Imalto; y á la (Impedida se arrojaron ruedas de cohetes al balcón esterior que hay en la misma casa. En este suceso hay una circunstancia de por medio, que agraha ir.as el inculto recibido. Tal fué, que el mismo Ministro de Gobierno, I). José María Fragueiro, acompañado de D. Elias Bedoya, y del her- mano del General Paz, presidia esta musicata: es decir, iba /<» crema del círculo dominante, al que debe suponerse la mavor influencia rn las deliberaciones públicas. Lo mas notable es, que el mismo Sr. Fragueiro hubiese indicado á los miembros de la Comisión, que no le habia tido posible prevenir ni estorbar aquel ultraje. Por dos ocasiones se interceptaron al Sr. Cavia sus cartas, que enviaba á Buenos Aires fuera de balija, pero ron su sello. De las primeras era conductor el correo Silveira, á quien la C. ]V*. habia encontrado sobre el Rio 3". paso de Ferreira, la víspera de hacer su entrada en Córdoba. Estas fueron abiertas por el Coronel Zamudio, que se hallaba en el Fraile Muerto. Sil- veira, al quitársele las cartas, indicó de quien eran ; y aunque debiera reputarse que eran cartas de familia;, pues ¡t distancia XIX de 33 lee-ias de Córdoba, probablemente no deberla tratarse de negocios de política, la correspondencia fue abierta, y de- vuelta á los Ministros del Gobierno. Estos se personaron des- pués en el alojamiento de la C. M. haciendo ostentación de un profundo pesnr por aquella ocurrencia, que era motivada, togaa) afu maron, de las rigorosas órdenes que estaban espedidas, ■ara que se interceptase toda correspondencia que no fuera dentro de balija. Protestaron, acto continuo, á los miembros de la C. q'íé se iban a enviar nuevas órdenes, para qíte fuesen respe* tidos sus sellos, de cualquier modo que caminaren sus correspon- dencias. Lis órdenes puede ser, que se hubi.«u dado; pero ijusl chasco sücwdió al mismo Sr. Cavia con otras cartas, que remitió por mino del Sr. Arguello al Sr. Ministro de Gobierno y relaciones exteriores de esta Provincia, General D. Tomas Guido. El propio Coronel Zamudio fue el que realizó esta nueva operación inquisitorial, después que ya se habían librado lis órdenes tuitivas. Tengase entendido, que durante la per- manencia en Córdoba de los miembros de la C. les han faltado muchísimas cartas, que se les enviaban de esta por el correo. Ellos, generalmente hablando, casi no han recibido otras, que Isas aae venían inclusas éntrelos pliegos de cfii io. Las hostilidades de todo genero, qnelos ex-comísionados recibieron en aquella ciudad, les autorizan á creer, que aun sus cartas, que iban dentro de balija, eran objeto de. tentación pura algunos curiosos. Casi diariamente se insultaba al Gobierno Mediador en el papel publico de Córdoba, nombrado el Argentino, que es1 el ministerio personificado. Hablando una vez aquel periodista de la C. M. la nombró Candorosa Mediación / y por si la sátira no estaba bien penetrada, puso aquellas espresioues en letra bastardilla. Raros eran los dias, que no se pasquinaba á la C. M. y á su Gobierno, lieos eran volátiles, que N arrojaban por las ventanas y puertas de las casas : otros se escribiau con carbón en las paredes; y aun las puertas de la casa de los- ex-media- dores, no se. esceptuaban de la correría. En ellos se insultaba nominalim í los miebros de la C. y se decía, que estaban tra- mando y conspirando en las casasJ á que solían ir de tertn.-- )﻿XX Ha alguna» noches ; y que por lo tanto era preciso prenderles fuego, asesinarlos &c. &c. Esto lo Sabia el ministerio diaria- mente. A pesar de ello, ni se remediaba, ni si quiera se apa- rentaba tomar providencias. Los miembro» de la C tubieron al fin q..e adoptarla» por si, encerrándote cu su alojamiento | or muchos dias y noches, haciendo asi una vida monástica contra Sus votos verdaderos. En una entrevista privad» que e." Sr. Cernadas tubo por si solo (de resultas de hallarse indispuesto su colega) con los MÍT. del Gobierno de Córdoba, tubo el Sr. Sarachaga la osadía do decirle, que. los miembros de la C. II. andaban encalatado». Esto era con referencia al asunto del ■raunmutO detenido, sobre lo cuul ya la comisión había satisfecho cou arreglo á sus ins- tfuciones, y aun se había contenido, que el negocio se venti- laría en Buenos Ayres entre su Gobierno y los comisionado del de Córdoba. Aunque el Sr. Cemadas contestó en regla, nadie puede dudar, que la iniciativa del Ministro Surachag* fué un grosero insulto, « que conevpoudia haberle dado la es- palda por toda respuesta. No se hizo asi por obsequio á la paz, á. pesar que la C. jamas desconoció, que su moderación y todos sus sacrificios serian inútiles para obtenerla. Ultimamente vurios gtfes y oficiales, que han obtenido per- miso del Gobierno de esta Provincia (alguno» con Ucencia tem- poral, y anticipación de algunas pagas) pura pasar a las Pro- vincias d"l Interior, h:in sido enrolados tn la titulada segunda d visión del Ejercito Nacional al mando del General Paz. Los ex-comisionados recuerdan los siguientes, D. Manuel Ciríaco Gó- mez—D. José Félix Correa—D. José Segundo Roca—D. Juan de Dios llevna—ü. N. Melian y hermanos—ü. N. Segu._ D. Gerónimo Espejo—D. José Videla—D. Sixto Casanov*—J>. Hernando Navarro—IX Guillermo Smith—D. José Autouio Cua- dra—D. N. Torres. (1) Después de oido esto, y de haberse visto el ultimo sello, que el Gobierno de Córdoba puso el 25 de Febrero a su obra (I) Esto» tres último» también se bailan sirviendo con el General Paz, y sou desertores de nuestra Provincia, y de la división del Coronel Pacheco. XXI de iniquidad y de tinieblas, decida el mundo imparctaf, si la C. M. pudo hablarle en otro sentido, y con menos energía, qu« la que contiene su protesta del 28 del mismo Febrero, diri- gida desde el Fortín de la Esquina, jurisdicción de Santa Fí. Numero 8. Córdoba, Enero 26 de 1830. En 23 del corriente contestó la C. M. á la comunica- ción oficial de los SS. MM. de este Gobierno, datada en la propia fecha. Son corridos tres dias, y la C. ha esperado en Tono la reso'ucíon por qu« anhela. Ía>s miembros de ella no dejan de conocer toda la esten- sion y gravedad de las atenciones, que deben rodear al Go- bierno, y qo0 probablemente contra sus mejores deseos le harán diferir la terminación de un nsunto, tan urgente y trascen- dental i la felicidad de la República, romo el que se ha hecho el honor de confiar á los que suscriben por el Gobierno Mediador. Mas, apesar de ello , los miembros de la C. no pueden prescindir de levantar la voz, para que pewetre lusU los oidos del Gobierno, por si ella tiene alguna mfluencia, á fin que el negocio gire ron mnyor celeridad. Ello es que hoy hacen 20 dias naturales, que la C. llegó á esta Capital, y aun no ha podido realizarse el parlamento á los beligerantes en contra de este Gobierno ; paso preliminar y previo, que debe allanar las vias, para que se entiendan los contendentes, ó pira que se desengañen de que no pueden enttnderse. Los SS. MM. penetraran fácilmente, cuanta sangre y desastres pueden ahorrarse en beneficio de la humanidad, con acelerar el envío del parlamentar o, y al mismo tiempo to^o el aumento y crece que debe haber en las' calamid ides públicas, eu el intervalo, que trasoírse sin marchar aquel. No se crea por esto, que la C. M. hace la injusticia de impntar á este Gobierno la causa de la dilación que se e«- ptrimenta en el envió del parlamentario. La C no tiene mas objeto, al hacer estas indicaciones, que manifestar toda la efi- cacia de su deseo, para que se reumevan las dificultad©», que )﻿XXII retardan la tótiúi de M. Con mira tan laudable, tün conso- nante con el espirita de sj ir.ilion, y tin recomendada |>or el Gobierno Mediador, la C. se permite interpelar al de esta Pro- vincia por conducto de los SS. MM. á quienes se dirijo, 4 fin que se sirva estrechar sus providencia*, para el mas pronto des- pacho del individuo, que ha de conducir los pliegos j cor- respondencias del caso al Sr. General Quiroga. Ses;aii la C tuvo el honor de hacer presente á los SS. MM. ♦n su |-tcc;t<«da nota del 23, deutro de las comunicaciones que dirijo al expresado General van iuclusas las que corresponden, i l.s Provincias del Cuyo, y bey añade también i la de Ca- tarnarc.a, por suponer en aquel facilidades, para que las dirija a, .vis trtatos. ])e aquí se sigue, a juicio de la C. que no h ly una necesidad de esperar, á que se penga espedita la- ruta ti» Cuyo, (como ya lo indicó en la citada nota, contestando á U «' ti-altad, que en la del misino día le habían manifestado lis SS. MM.) pues que no se remiten en derechura á los Go- biernos de las espresadas Provincias los pliegos í¡uc les son relativos. .Acaso podria decirse, jwmjue así fílese cierto, que el Ge- neral Qwtoga Rtfá en la minina dilección, y que de todo» Modos es preciso esperar se ponjfa espedita la enunciada \ia. Aun en el caso de la suposición, no hay motivo de aguardar. La razón es senc;Va. Ks yon general, y aun de los papeles públicos de esta ciudad se deduce así, que en diferentes puntos, fronterizos de o«U Provincia obran fuerias enemigas. Entre* g-.ud-v pues, el oñeial parlamentario á cualquiera Gefe, ó Co- mandante de la primera partida que encuentre .de los otros be- ligerantes en contrario, los pliegos de cuya conducción va en- cargado, y sac indo i l competente resguardo, que lo documente, y acredite, la obra por su parte? quedará concluida, y la nlte-- rioridad del negocio será del cargo de los otros contendente?. Ksto se practica todos los días en los campos enemigos, y en e!lo no puede ocurrir dificultad, ni apariencia de ella. Si el Oficial, ó Gefe subalterno de. las fuerzas, en contrario, a quien se entregase lu correspondencia, faltase á su deber, y (o que*, no es de esperarle, dejase de presentarla á su General: si esie XXIH se hiciese swrdo y no contestase, ó bien rechazas* -la mediaw cion ; entonces la C. obrnria según las circunstancias, ó bien tocaria un desengaño practico, de que toda conciliación era irrealizable. En el último de estol dos casos daria de punto í sus gestiones amistosas, y á su intervención olicial; poique al lin es preciso concluir de un modo ú otro, para que no queden en ridiculo las oficiosidades y filantrópicas intenciones del Gobierno Mediador, como naturalmente quedarían, si la C. se mantuviese por un tiempo indefinido, ó mas dilatado del que aconseja la prudencia y exije lu diguidad de aqu«l, en espectacion y espera de resultados equívocos ó inverosímiles. La Ci ha creido descargarse de un enorme peso y de toda responsabilidad para con su Gobierno, y ante el severo tiibu- nal tle la opinión pública, después que ha hecho con la fran- queza y buena fe, que se lisongea de llevar por divisa, las indicaciones que quedan collonadas en el cuerpo de esta nota. Dígnense los SS. MM. transmitirlas a noticia de su Gobierno, p»n que obtenida una contestación categórica, se provea de este modo la C. M. de los elementos de cálculo, que le son indispensables para formar su juicio, y reglar su conducta en la prosecución ó desistimiento de la honorífica Comisión, que su Gobierno le ha hecho el honor de encomendarle. Los miembros de la C. M. saludan á los SS. MM., á quienes se diriien, con su acostumbrado aprecio y alta consideración.— Pedro Feliciano Cavia.—Juan José Cernadas.—SS. MM. del E\mo. Gobierno de esta Provincia. .Numero 9. Córdoba, Enero 27 de 1830. La C. M. enviada por el Exmo. Gobierno de Buenos Ay- res, cerca de los beligerantes del Interior, tiene la honra de contestar la comunicación oficial de ayer (recibida á las 0 de su noche) que los SS. MM. del Exmo. Gobierno de esta Provin- cia se han servido dirigirle en respuesta a la que el 'i3 les kabia pasado la misma Comisión. Proliminarmente á la contestación que van á producir en﻿XXIV lo principal, los miembros de la C. M. deben obwvar dos cojas; primera, que prescinden de lo que, a su juicio, no es pertinente en 1* nota á que ae contesta; por ejemplo, que el 23 hubiese la C. manifestado estar satisfecha por la docilidad, ó sea defe- rencia, del Exmo. Gobierno de esta Provincia en confesar que se había penetrado de las razonas, qu« esponian los miembro» de la C. para insistir en su petición de un oficial parlamen- tario, y en consecuencia que el Gobierno hab¡a accedido ¿elle A juicio de la C. esto, ni lo «lemas que MJ trae á recuerdo, para hacer ver que el 23 estaba ella satisfecha de las pruebas de confianza, que la autoridad ejecutiva de est¿» Provincia le habia dado en el curso de la negociación, nada tiene que ver con lo que hoy se ventila; al modo que t ampoco es contradictorio, que lu <'. tubiese motivo el citado dia 23 para lisonjearse del £iro que llevaba el negocio, principalmente después que el Gobierno con- fesaba haberse penetrado de las razones de lu C. y que el 20 hubiese causas supervenientes para no estar tan satisfecha, como ♦ n el din de la anterior referencia. Segunda. Que habiendo la C. con fecha de ayer dirigido otra nota á Us SS. MM. a quienes fue entreguda .al medio dia por el ayudante de la C M., estando ellos en la Sala de su despacho público, hayan ab- solutamente deseiitcndidose de su contesto, y aun de su recibe, y contruidose solo á la nota del 23. Hechas estas esplicacioiu s preliminares, que en el sentido de la C. tienen su importan- cia, van á ocuparse los miembros de olla de lo que con carácter principal se deduce por los SS. MM. en la nota que se con- testa. La C. observa, no sin sorpresa, que los SS. MM. á quie- nes se dirige, dan a las conferencias tenidas con los qne subs- criben un carácter, que no han podido investir. En ellas no ha recaído convenio alguno, por la imiy sencilla circunstancia de que los SS. MM. po tenían una personería legal, para otra eo<-u que no fuese tratar y conferenciar. La sanción de los puntos, que en esas sesiones se considerasen, se lo habia reservado su Gobierno ; y desde que esto era notorio a los infrascriptos, no podían ellos celebrar en dichas conferencia* convenio alguno, que no fuese nulo por defecto de personería legal de una de XXV las pirtes, y que no tragese la desventaj» de obligar a los miem- bros d*. U C. M. sin inducir la misma obligación en los re- presentantes del Gobierno de esta Provincia. El una palabra, lis conferencias solo han sido conferencias, y medios prepara. torios de ilustrarse en lo que se solicitase de una parte, y se p idiese conceder por la otra, para arribar con mas facilidad, por el auxilio d i estos conocimientos, al objeto (pie se tenia en vista. A mis de que por M nata raleza este es el carácter de I s c mf-renciis, enquiñóse subscriben convenciones expresamente estipuladas, los S>. M VI. rebordarán U iniciativa, que la C. 1Y". t >m i á este respecto, y que fue segundada por < líos. Tal fee li de. haber propuesto, que el asunto se Uages<* á comunicaciones oficiales i'h teriptis, con el dohle objeto de que quedasen bim ni .rcados y rn inifest idos termin intérnente los puntos de acuerdo, y que los SS. MM. recabando la sanción, 6 el ttecesti de su Go- bierno presentasen á la C. esta garantía, al pronunciarse en los asunto* do la negociación. Así es que los convenios que pueden haber tenido lugar en la materia, no deben buscarse, ni pue- den estar consignados en otras punes, que en las comunicaciones oliciiles, que se hayan cangeado entre los SS. MM. y los que suscriben. La fuerza de estas deducciones tiene su aplicación precisa en el caso que nos ocupa. Cualquiera que haya sido la mani- festación de ideas 5 deseos, hecha en las conferencias, ya por los SS. MM. ya por los miembros de la C. en órden al modo ó forma en que estos debían entenderse con los Gobiernos be- ligerantes, el sentido natural y genuino de las piezas oficiales es el único principio, de que pueden arrancarse las conven- ciones y obligaciones mutuas de los Ministros Mediadores, y de los SS. MM. del Gobierno, que ha aceptado la mediación. E itretnnto, no se encontrara periodo, ni proposición alguna, en ninguna de las notas pasadas á este respecto, en que la C. M. se haya comprometido ¡í dhijir sus buenos oficios en derechura á los Gobiernos beligerantes. Es preciso que la C. abundando en su sentido, descienda á detalles minuciosos. Ellos, cuando menos, proporcionarán algún d.a al lector imparcial los elementos de meditación ne- IV﻿XXY1 cesarios para juzgar, que se ha dado una interpretación poco natural á los conceptos de la misma C, ó que se ha desco- nocido el significado convencional que tienen las voces en su común acepción. Los SS. MM. no pueden haber olvidado lo que exijieron en las conferencias, de los que suscriben. Como la C. hubiese dejado entrevecr, ó hubiera indicado terminantemente (lo que á punto' fijo no recuerda ahora) que las pretensiones de tocios los Gobierno* beligerantes de una y otra parte debían repu- tarse refundidas en las que desplegaban los Sres. Genérale! Paz y Quiroga, que se hallaban íí la cabeza de este negocio, dando dilección á é¡, y por lo tanto, qu» lo mas natural y sencillo era entenderse solamente con estos dv>« gefes, los cuales allanarían pof si con sus aliados ó auxiliares íespectivos, las dificultades que pudieran ocurrir, para llevar al c.ibo la obra deseada de una composición amigable, indicaron los SS. MM. que por -tb respectivo á los aliados de Córdoba, ellos hacían la guerra en puntos lejanos, y con independencia de este Go- bierno. Naturalmente se fijó después la consideración en los Gobiernos del Cuyo y Ilioja, que podrían hallarse en el mismo caso. De sus resultas manifestaron los SS. MM. era preciso que la C. M. se dírijiese .< todos, interponiendo con ellos su» buenos oficios al objeto deseado. La C. se prestó con tanta mayor deferencia, cuanto que tenia que anunciarse á todas las Pro- vincias en su carácter público, acompañarles las credenciales de su Gobierno, y espedirse en otros asuntos, que. este le habia prevenido con respecto A ellas. De aquí la incitativa que los SS. MM. hicieron k la C. M. en nota de 16 del corriente, para que no olvidase sus oficios con los Gobiernos de Tu- cuman, Salta y Catamarca. De aquí la oferta que la C. hizo en nota del 17 de dirijirse de oficio á los espresados Go- biernos, cscitándolos á cooperar en todo al grande objeto de la conciliación general; y de aquí finalmente la obligación que contrajo la C. de enviar á los otros beligerantes los pliegos que debía remitirles sobre el asunto. Consta esta última parte de la misma nota del 17. Obsérvese si en ninguno de estes lugares se hace acuerdo de las palabras en derechura- Mas supóngase, que así se hubiera espresamente convenido. I Y deberían con todo entenderse esas voces en el sentido de la material dirección ó conducción de los pliegos ? Por el con- trario, j no era condonante con los conceptos que se han ver- tido la idea, que aquellas voces denotaban el compromiso do MtteadefM la C. directamente con los Gobiernos, y no por el conducto intermediario del Sr. Quirogn, haciendo este de in- terlocutor entre los dichos Gobiernos y la Comisión ? Paree» que la razón ilustrada se ofende con hacer i tas elucidaciones cu la materia. La Comisión pudiera hacer uso de otras razones mas fuer- tes aun, para convencer, quo aunque se hubiesen vertido aquellas voces (caso de haberse vertido) en el sentido en que los Sres. Ministros han querido gratuitamente entenderlas, la obli- gación que por ello se hubiese contraído debía desaparecer, desde que hubiese imposibilidad física ó moral de cumplir!» ic lidiosamente; y esta imposibilidad ha venido aparejada coa la obstntCCMM de la via de Cuyo, por la irrupecion de lo» salvajes. Por todo ello la Comisión desiste de ampliar mas los fundamentos que tiene para insistir en lo que ha deducido en sus notas de 23 y 26 del corriente, que reproduce aquí; quedando persuadida que si lo que ha dicho no basta, nada podria bastar para producir en el animo de los Sres. Minis- tros el convencimiento que se apetece. Kn conclusión, los que suscriben ecsigeu terminantemente, y por última vez una respuesta categórica, sobre si el Exmo. Gobierno de esta Provincia se presta ó no, á. facilitar el par- lamentario, que debe conducir los pliegos de la Comisión en el modo en que están preparados; pues cada dia que se pierde en dar curso á la negociación, se aumentan naturalmente los desas- tres y conflictos públicos. Esta respuesta fijará, en definitiva, la resolución de los que suscriben, de acuerdo con lo que ecsigen el decoro y dignidad de su Gobierno. Pero tengase euten- dído, que si no se contesta del modo preciso y perentorio que solicita la Comisión, tendrá que nivelar su conducta jwr esta circunstancia, y decidirse también a, tomar su partido ul- timo.﻿XXVIII A los que suscriben sera muy sensible, que este venga ¿ neutralizar ó frustrar el inestimable bien de la paz pública; pero este pesar sera, mitigado por el recuerdo, de que nuda dejaron por hacer, para proporcionarlo u pueblos hermanos, por cuya prosperidad harán siempre constantes y sinceros votos. Quieran los Sres. Ministros trasmitirlo todo al conorimient* de su Gobierno, admitiendo uno y otros la protesta de la dis- tinguida y respetuos» consideración, con que tienen el honor de saludarlo.—Pedro Feliciano Cavhx.—Juan Jaé Cufiadas.—SS. MM. del Exmo. Gobierno de esta Provincia. Numero 10. Córdoba, Febrero ll de 1830. Pocas horas han trascursado, d-'sde que la C. M. tubo el honor de hacer á los SS. Ministros, i quienes se dirige, una so- lemne promesa, que en este m«meii!o mismo tiene ya la fortuna de cumplir. A noche, después de las once, recibió la C. la contestación que esperaba del Sr. General D. Juan Facundo Quiroga. Por ella reconoce este á los que subscriben " en el carácter que Ies cen- ,, signan sus credenciales, y acepta la mediación del líxnio, Gobii rno /, de la Provincia de Buenos Ayres, desde el momt nto, que los ¡n- frasrriptos tengan la dignación de presentarse en el campo de .. aquel General ; en la inteligencia, que en el entretanto no sus- penderá sus marchas." igualmente se conviene á tratar, in su „ caso, " del armisticio propuesto, al que desde ahora ofrece pres- „ tarse, allanados que sean los inconvenientes que razonablemente ., espoudrá." " Los que subscriben, en medio del pesar inmenso que les agoviaba por el ingrato suceso de la noche del dia 4, que les obligó á pedir con repetición su pasaporte, protestaron reitera- damente al Pxmo. Gobierno de esta Provincia por el conducto respetable de sus SS. MM., qua en el caso de ser aceptada la mediación por el Sr. General Quiroga, conciliarian el decoro y dignidad de su Gobierno con la continuación de los impor- tantes negociados, que se tienen entre manos. Ese caso ha He. XXIX gado, y la C. siente el placer mas vivo, aT declarar i los SS. MM. que vuelve á poner en ejercicio, por obsequio á la par. pública, sus funciones oficiales, que hubia suspendido in statu quO) de rt tul tus del insinuado acontecimiento. lia comisión juzga, que no puedo dar una prueba mas re- levante de sus sinceros deseos por la f. licidad y tranquilidad, común. Cree igualmente, que en este mismo retioceso, heilio por causa tan noble y grandiosa, consulta el decoro y dignidad de su Gobierno, aun mas todavía, de lo que lo estaba por su resolución de partir, á consecuencia del insulto recibido, no de este Gobierno, sino de algunos hombres funestos, que no faltan, ni en los países mas morales y cultos. En consecuencia da al olvido aquel desagrable suceto, condonando sinceramente, á nom- bre del Gobierno Mediador, la injuria horrible que se le hizo en la noche citada, y conte ntándose, por toda vindicta, con la ve rgüenza ó el arrepentimiento, que deberá causar -> sus autores la noticia de esta honorable comportaciou. En consecuencia la C. M. exige del Exmo. Gobierno de esta provincia los recaudos y auxilios quesrau necesarios, para trasladarse al campo del Sr. General Quiroga, recomendando la brevedad, por la importancia y trascendencia del asunto. Cada momento que trascurse, sin aprovecharse, pudiera, cuando no frustrar la obra comenzada, hacerla por lo menos mas costosa con la efusión de sangre de hermanos, Ikmados por la naturaleza y la sociedad á estrecharse mutuamente, y hacer indisolubles los vínculos de amistad y unión. La C. M. no se permitirá cerrar esta nota, sin dar á este Exmo. Gobierno por medio de los SS. MM. á quienes se di- rige, la mas sincera enhorabuena por el lisongero aspecto, que vá tomando la negociación de paz. El cielo corone su obra, y dé á la República Argentina los dias de sosiego y prosperidad de que tanto necesita, para afianzar su independencia política, establecer sólidamente su libertad civil, y recuperar su antiguo esplendor, marchitado por estravíos grandes y crueles trastornos.﻿XXX Con ettos sentimientos la C. M. tiene el honor de s il;;.lar á las 8S. MM. con su acostumbrado aprecio y respetuosa con- sideración.—Pedro Feliciano Cavia.—Ju-m Jos¿ Cernadas.—¡SS. M M. del Exmo. Gobierno de esta Provincia. Numero 11. Córdoba-, Febrero 18 de 1S30. Es por tercera y última vez, que la C. M. tiene el honor de exigir del Exmo. Gobierno de esta Provincia por el con- ducto de sus SS. MM. los recaudos y auxilios que ha detallado sus últimas notas, para trasladarse con l.i debida breved.id al campo del Sr. General Quiroga. La denegación de e.^os me- dios de trasporte, ó una retardación de 24 horas en proveer, lo*, después de la que ya se ha sufrido por el espacio de 6 dias, será graduada por ta C. M. como una prueba de falta de voluntad en este Gobierno, para que la negociación de paz siga su giro. En tal caso, U C. se verá precisada (aunque con el Mayor pesar) i concluir sus buenos oficios ; pues por muchos que fuesen sus esfuerzos pira llenar dignamente el panda ob- jeto da su misión, ellos veudri an a quedar inutilizados y como perdidos, desde que cualquiera de los beligerantes se propusiere atravesarlos, o los atravesase con su couducta, aunque no fueie Lo tancional atente. La C. esti satisfecha de que ha cumplido religiosamente ron sus deberes, y que ha conducido su comtemporizacion hasta un punto, mas allá del cual, solo encontraría humillación. La de- ferencia diplomática, como toda* los actos humanos, tiene tam- bién su término; y la C. no puede ultrapasar aquel, á que ha llegado por una serie de resignaciones heroicas. En consecuencia DI á b Comisión ni á su Gobierno podrán ser justamente imputables las calamidades y desastres, que lleguen a originarse» por no haberse llenado la calidad, i que el Sr. General Quiroga circunscribió su aceptación. Esta satisfacción, en defecto do otras mayores, bastará siempro á la C. M. ; y es mas que pro- bable, que establezca también la aquiescencia del Gobierno XXXI Mediador, cuando quede convencido, que apesar de íu filan- trópico empeño, y de los esfuerzos constantes de la propia C. no se ha podido adelantar otra cosa en beneficio y tranqui- lidad de los pueblos. La C se honra en saludar i los SS. MM. a quienes se dirige, con su mas atenta consideración.—Pedro Feliciano Cfl- via.—Juan José Cernadas.—SS. MM. del E.vmo. Gobierno de ctttl Provincia. FIN DE LOS DOCUMENTOS.

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e contrario
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