Source: http://www.marxistsfr.org/espanol/tematica/histsov/pcr-b/cap7.htm
Timestamp: 2018-02-24 18:06:11+00:00

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EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERIODO DE PREPARACIÓN Y REALIZACIÓN DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE OCTUBRE (Abril 1917-1918)
Los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional confirmaban día tras día la justeza de la línea bolshevique. Todos los hechos indicaban que el Gobierno provisional no estaba con el pueblo, sino en contra de él, no defendía la paz, sino la guerra, no quería ni podía dar al país la paz, ni la tierra, ni el pan. La labor de esclarecimiento de los bolsheviques encontraba un terreno favorable.
Mientras los obreros y los soldados derribaban al gobierno zarista y destruían las raíces de la monarquía, el Gobierno provisional se inclinaba claramente hacia la conservación del régimen monárquico. El 2 de marzo envió subrepticiamente a Guchkov y Shulguin a entrevistarse con el zar. La burguesía quería entregar el Poder al gran duque Miguel, hermano de Nicolás Romanov. Pero cuando, en un mitin de ferroviarios, Guchkov terminó su discurso con el grito de "¡Viva el emperador!", los obreros exigieron que el orador fuese inmediatamente detenido y cacheado, y exclamaron indignados: "¡Tan bueno es Juan como Diego!".
Mientras los obreros y los campesinos, llevando a cabo la revolución y derramando su sangre, esperaban que se pusiese fin a la guerra, luchaban por el pan y la tierra y reclamaban medidas resueltas en la lucha contra el desastre económico, el Gobierno provisional permanecía sordo a estas reivindicaciones vitales del pueblo. Aquel Gobierno, formado por los más caracterizados representantes de los capitalistas y terratenientes, no pensaba siquiera en satisfacer las exigencias de los campesinos, entregándoles la tierra. Ni podía tampoco dar pan a los trabajadores, ya que para esto hubiera tenido que lesionar los intereses de los grandes comerciantes en cereales y arrebatar el trigo por todos los medios a los terratenientes y a los kulaks, cosa que no se decidía a hacer un gobierno como aquél, vinculado con los intereses de estas clases. Tampoco podía dar al pueblo la paz. El gobierno provisional, enlazado a los imperialistas anglofranceses, no solamente no pensaba en poner fin a la guerra, sino que, lejos de ello, intentaban valerse de la revolución para intensificar todavía más la participación de Rusia en la guerra imperialista y para dar satisfacción a sus ambiciones imperialistas sobre la conquista de Constantinopla y de los Dardanelos y sobre la anexión de Galitzia.
Es cierto que la política oportunista de los mensheviques y socialrevolucionarios encontraba aún apoyo en las masas del pueblo. Todavía eran muchos los obreros, y más aún los soldados y campesinos, que confiaban en que "pronto vendría la Asamblea Constituyente a arreglarlo todo como era debido", que creían que la guerra no se hacía por obtener conquistas, sino porque era necesaria para la defensa del Estado. A estos era a los que Lenin llamaba defensistas honradamente equivocados. Esta gente consideraba todavía acertada la política de promesas y exhortaciones de los socialrevolucionarios y mensheviques. Pero era indudable que las promesas y las exhortaciones no seguirían surtiendo efecto durante mucho tiempo, pues la marcha de los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional descubrían y ponían de manifiesto día tras día que la política oportunista de los socialrevolucionarios y mensheviques no hacía otra cosa que postergar la acción y engañar a la gente confiada.
El Gobierno provisional no siempre se limitaba a seguir una política de lucha solapada contra el movimiento revolucionario de las masas, una política de manejos subrepticios contra la revolución. De vez en cuando, intentaba pasar a la ofensiva franca y abierta contra las libertades democráticas, intentaba "restablecer la disciplina", principalmente entre los soldados, intentaba "imponer el orden", es decir, hacer entrar a la revolución dentro del marco conveniente para la burguesía. Pero, por mucho que se esforzase en lograr esto, no lo conseguía, y las masas populares ponían en práctica celosamente las libertades democráticas: la liberad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación y de manifestación. Los obreros y los soldados se esforzaban en utilizar plenamente los primeros derechos democráticos conquistados por ellos, para participar de un modo activo en la vida política del país, con objeto de poder comprender y esclarecer la situación creada y decidir acerca de su actuación ulterior.
Después de la revolución de Febrero, las organizaciones del Partido bolshevique, que bajo las duras condiciones del zarismo habían trabajado ilegalmente, salieron de la clandestinidad y comenzaron a desarrollar abiertamente su labor política y de organización. Por aquel entonces, la cifra de afiliados al Partido bolshevique era de 40 a 45.000. Pero eran cuadros templados en la lucha. Los comités del Partido fueron reorganizados sobre la base del centralismo democrático y se estableció el principio de designar por elección de abajo arriba todos los órganos del Partido.
El paso del Partido a la legalidad puso de manifiesto las discrepancias existentes en su seno. Kamenev y algunos militantes de la organización de Moscú, como, por ejemplo. Rykov, Bubnov y Noguin, abrazaron la posición semimenshevique de apoyo condicionado al Gobierno provisional y a la política de los defensistas. Stalin, que acababa de regresar del destierro, Molotov y otros, en unión de la mayoría del Partido, defendieron la política de desconfianza en el Gobierno provisional, se manifestaron en contra del defensismo y preconizaron la lucha activa por la paz y contra la guerra imperialista. Una parte de los militantes del Partido vacilaba, reflejando con ello su atraso político, resultado de su larga estada en la cárcel o en el destierro.
Hallándose aún en Suiza, apenas recibió las primeras noticias de la revolución, Lenin escribió al Partido y a la clase obrera de Rusia, en sus "Cartas desde lejos":
"¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo proletario y popular, en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución" (Lenin, t. XX, pág. 19, ed. rusa).
Lenin llegó a Petrogrado el 3 de abril por la noche. En la estación de Finlandia y en la plaza que da acceso a ella, se congregaron para recibirle miles de obreros, de soldados y de marinos. Un entusiasmo indescriptible se apoderó de las masas, cuando Lenin bajó del tren. El jefe de la revolución fue cogido y llevado en volandas hasta la gran sala de espera, donde aguardaban los mensheviques Chjeidse y Skobelev para dirigirle un saludo de "bienvenida" en nombre del Soviet de Petrogrado, saludo en el que "expresaban la esperanza" de que Lenin "marcharía de acuerdo" con ellos. Pero Lenin, sin escucharles, pasó de largo, dirigiéndose a la masa de los obreros y soldados, y, subido a un carro blindado, pronunció su famoso discurso, en el que llamaba a las masas a luchar por el triunfo de la Revolución Socialista. "¡Viva la Revolución Socialista!", fueron las palabras con que Lenin puso fin a este discurso, el primero que pronunciaba, después de largos años de destierro.
A su llegada a Rusia, Lenin se entregó con toda energía al trabajo revolucionario. Al día siguiente de su llegada, pronunció en una reunión del Partido bolshevique un informe sobre la guerra y la revolución, volviendo luego a exponer las tesis de este informe en una asamblea a la que asistieron, además de los miembros del Partido, los mensheviques.
Tales fueron las célebres "Tesis de Abril" de Lenin, que trazaron al Partido y al proletariado la línea revolucionaria clara del paso de la revolución burguesa a la revolución socialista.
Las Tesis de Abril de Lenin trazaban un plan genial de lucha del Partido para el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, para el paso de la revolución dmocráticoburguesa a la revolución socialista. Toda la historia anterior del Partido le preparaba para esta misión grandiosa. Ya en 1905, en su folleto titulado "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática", decía Lenin que, después de derrotar al zarismo, el proletariado pasaría a la realización de la revolución socialista. Lo que las Tesis contenían de nuevo era la fundamentación teórica, el plan concreto para abordar el paso a la revolución socialista.
En el terreno económico, las medidas de transición podían resumirse así: nacionalización de toda la tierra del país, mediante la confiscación de las tierras de los terratenientes; fusión de todos los bancos en un solo Banco Nacional, sometido al control del Soviet de diputados obreros; implantación del control sobre la producción social y el reparto de los productos.
"La peculiaridad del momento actual en Rusia -decían las Tesis- consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el Poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que pondrá el Poder en manos del proletariado y de los campesinos más pobres" (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).
"No una República parlamentaria -volver a ello desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás-, sino una República de los Soviets de diputados obreros, campesinos y jornaleros del campo, en todo el país, de abajo arriba" (Obra citada, pág. 88).
La guerra, decía Lenin, sigue siendo una guerra de rapiña, una guerra imperialista, aun bajo el nuevo gobierno, bajo el Gobierno provisional. Y es misión del Partido explicar esto a las masas y hacerles comprender que, sin derrocar la burguesía, es imposible poner fin a la guerra, no con una paz impuesta por la fuerza, sino con una paz verdaderamente democrática.
En relación con el Gobierno provisional, Lenin lanzó esta consigna: "¡Ni el menor apoyo al Gobierno provisional!".
En sus Tesis, Lenin señalaba además que, por el momento el Partido bolshevique estaba en minoría dentro de los Soviets y que en éstos predominaba el bloque menshevique-socialrevolucionario, que servía de vehículo a la influencia de la burguesía sobre el proletariado. Por tanto, la misión del Partido consistía en:
"Explicar a las masas que el Soviet de diputados obreros es la única forma posible de gobierno revolucionario, por cuya razón, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptándose especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, manteniendo, al mismo tiempo, la necesidad de que todo el Poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros..." (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).
Lenin exigía, además, que el Partido se quitase la "ropa sucia", que dejase de llamarse Partido socialdemócrata. Socialdemócratas se llamaban también los partidos de los Segunda Internacional y los mensheviques rusos. Era un nombre manchado, deshonrado por los oportunistas, por los traidores al socialismo. Lenin proponía que el Partido bolshevique adoptase el nombre de Partido Comunista, que era como llamaban a su partido Marx y Engels. Esta denominación es científicamente exacta, puesto que la meta final del Partido bolshevique es la consecución del comunismo. La Humanidad, al salir del capitalismo, sólo puede pasar directamente al socialismo, es decir, al régimen de propiedad colectiva de los medios de producción y de distribución de los productos en proporción al trabajo de cada cual. Pero nuestro Partido, decía Lenin, ve más allá. El socialismo deberá inevitablemente irse convirtiendo poco a poco en el comunismo, cuya divisa es: "De cada cual con arreglo a su capacidad, a cada cual con arreglo a sus necesidades".
Finalmente, Lenin en sus Tesis de Abril exigía la fundación de la nueva Internacional, de la Tercera Internacional o Internacional Comunista, libre de las taras del oportunismo y del socialchovinismo.
Los mensheviques dirigieron un llamamiento a los obreros, poniéndoles en guardia con el grito de que "la revolución estaba en peligro". Para los mensheviques, el peligro consistía en que los bolsheviques lanzasen la reivindicación del paso del Poder a los Soviets de diputados obreros y soldados.
Plejanov publicó en su periódico titulado "Edinstvo" ("Unidad") un artículo en el que calificaba el discurso de Lenin como "el discurso de un hombre que deliraba". Y remitíase a las palabras del menshevique Chjeidse, quien había declarado: "Lenin quedará solo al margen de la revolución, pero nosotros seguiremos nuestro camino".
El 14 de abril, se celebró la Conferencia bolshevique de la ciudad de Petrogrado. En esta Conferencia, fueron ratificadas las Tesis de Lenin, que sirvieron de base para sus deliberaciones.
Todo el Partido, con excepción de algunos individuos aislados del tipo de Kamenev, Rykov y Piatakov, aprobó las Tesis de Lenin con extraordinario entusiasmo.
Mientras los bolsheviques se preparaban para el desarrollo ulterior de la revolución, el Gobierno provisional proseguía sus manejos contra el pueblo. El 18 de abril, el ministro de Relacionas Exteriores del Gobierno provisional, Miliukov, declaró a los aliados que "todo el pueblo aspiraba a proseguir la guerra mundial hasta conseguir un triunfo decisivo" y les aseguraba que era "intención del Gobierno provisional cumplir escrupulosamente los deberes asumidos para con nuestros aliados".
Es decir, que el Gobierno provisional juraba lealtad a los tratados zaristas y prometía seguir derramando cuanta sangre del pueblo fuese necesaria para que los imperialistas consiguiesen su "victoria final".
El 19 de abril llegó a conocimiento de los obreros y soldados esta declaración (la "nota Miliukov"). El 20 de abril, el Comité Central del Partido bolshevique invitó a las masas a protestar contra la política imperialista del Gobierno provisional. El 20 y el 21 de abril (3 y 4 de mayo) de 1917, salieron a la calle en manifestación masas de obreros y soldados, en número que no bajaría de 100.000 hombres, movidas por un sentimiento de indignación contra la "nota Miliukov". En los carteles leíanse estas consignas: "¡Que se publiquen los tratados secretos!", "¡Abajo la guerra!", "¡Todo el Poder a los Soviets!". Los obreros y los soldados marcharon desde los suburbios hasta el centro de la ciudad, en dirección a la residencia del Gobierno provisional. En la avenida Nevski y en otros puntos se produjeron choques con algunos grupos sueltos de burgueses.
Los contrarrevolucionarios más descarados, como el general Kornilov, declaraban que debía disolverse a tiros la manifestación, y llegaron incluso a dar las órdenes pertinentes. Pero las tropas, a quienes cursaron estas órdenes se negaron a ejecutarlas.
Un pequeño grupo de miembros del Comité del Partido en Petrogrado (Bagdatiev y otros) lanzó durante esta manifestación la consigna del derrocamiento inmediato del Gobierno provisional. El C.C. del Partido bolshevique condenó severamente la conducta de estos aventureros de "izquierda", reputando aquella consigna como extemporánea y falsa, como una consigna que impedía al Partido ganar la mayoría dentro de los Soviets y que se hallaba en contradicción con el punto de vista del desarrollo pacífico de la revolución, adoptado por el Partido.
Los acontecimientos del 20 y 21 de abril marcaron el comienzo de la crisis del Gobierno provisional.
Era la primera grieta importante que se abría en la política oportunista de los mensheviques y socialrevolucionarios.
El 2 de mayo de 1917, Miliukov y Guchkov fueron separados del Gobierno provisional bajo la presión de las masas.
Se constituyó el primer Gobierno provisional de coalición, en el que entraron, al lado de los representantes de la burguesía, los mensheviques (Skobelev y Tsereteli) y los socialrevolucionarios (Chernov, Kerenski y otros).
Por donde los mensheviques, que en 1905 no admitían que los representantes de la socialdemocracia participasen en un Gobierno provisional revolucionario, reputaban ahora admisible dar sus representantes a un Gobierno provisional contrarrevolucionario.
Con esto, los mensheviques y los socialrevolucionarios se pasaban al campo de la burguesía contrarrevolucionaria.
El 24 de abril de 1917 inauguró sus tareas la VII Conferencia (Conferencia de Abril) del Partido bolshevique. Por primera vez, desde que existía el Partido, se reunía abiertamente una conferencia bolshevique, que, por su importancia, ocupa en la historia del Partido el mismo lugar que un congreso.
La Conferencia de Abril, en la que estaban representados los bolsheviques de toda Rusia, reveló el desarrollo impetuoso del Partido. Asistieron a ella 133 delegados con voz y voto y 18 con voz pero sin voto, representando en total a 80.000 miembros organizados del Partido.
La consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!" significaba que era necesario acabar con la dualidad de poderes, es decir, con la división del Poder entre el Gobierno provisional y los Soviets, que era necesario entregar a éstos todo el Poder y expulsar de los órganos del Poder a los representantes de los terratenientes y los capitalistas.
La Conferencia de Abril estableció que una de las tareas más importantes del Partido consistía en explicar incansablemente a las masas la verdad de que "el Gobierno provisional es, por su carácter, el órgano de dominación de los terratenientes y de la burguesía" y desenmascarar la funesta política oportunista de los socialrevolucionarios y mensheviques, que engañaban al pueblo con promesas mentirosas y lo sometían a los golpes de la guerra imperialista y de la contrarrevolución.
En esta Conferencia, Kamenev y Rykov se levantaron contra Lenin. Siguiendo las huellas de los mensheviques, repetían que Rusia no estaba preparada para la revolución socialista, que en Rusia sólo era posible una República burguesa y proponían al Partido y a la clase obrera limitarse a "controlar" el Gobierno provisional. En realidad, su posición, al igual que la de los mensheviques, era la de mantener el capitalismo, la de mantener el Poder de la burguesía.
Zinoviev intervino también en la Conferencia de Abril contra Lenin respecto al problema de si el Partido bolshevique debía continuar dentro de la unión de Zimmerwald o romper con ella, para crear la nueva Internacional. Los años de guerra habían demostrado que aquella organización, aun haciendo propaganda a favor de la paz, no había llegado a romper, de hecho, con los defensistas burgueses. Por eso, Lenin insistía en la necesidad de salir inmediatamente de esta organización, y crear una nueva Internacional, la Internacional Comunista. Zinoviev proponía seguir con los zimmerwaldianos. Lenin condenó enérgicamente esta actitud de Zinoviev, calificando su táctica de "archioportunista y perniciosa".
La Conferencia de Abril enjuició también los problemas agrario y nacional.
Después de escuchar el informe de Lenin sobre el problema agrario, la Conferencia aprobó una resolución sobre la confiscación de las tierras de los terratenientes para ponerlas a disposición de los Comités de Campesinos y sobre la nacionalización de todas las tierras del país. Los bolsheviques llamaban a los campesinos a luchar por la tierra y hacían ver a las masas campesinas que el Partido bolshevique era el único partido revolucionario que ayudaba a los campesinos de una manera real a derrocar a los terratenientes.
Tuvo gran importancia el informe del camarada Stalin sobre el problema nacional. Ya antes de la revolución, en vísperas de la guerra imperialista, Lenin y Stalin habían trazado las bases para la política del Partido bolshevique respecto al problema nacional. Lenin y Stalin decían que el Partido proletario debía apoyar al movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos contra el imperialismo. En relación con esto, el Partido bolshevique defendía el derecho de autodeterminación de las naciones hasta llegar a la separación del Estado a que pertenecían para formar Estados propios e independientes. Este punto de vista fue el que defendió en la Conferencia, informando por el C. C., el camarada Stalin.
El Partido exige una amplia autonomía regional, que se acabe con la fiscalización desde arriba, que se suprima la existencia de una lengua oficial y obligatoria y se delimiten las fronteras de los territorios descentralizados y autónomos, sobre la base de las condiciones económicas y de vida, apreciadas por la propia población local, del censo nacional de población, etc.
Asó fue desenmascarada, en la Conferencia de Abril, la línea oportunista, antileninista, de Kamenev, Zinoviev, Piatakov, Bujarin, Rykov y sus contados adeptos.
3. Exitos del Partido bolshevique en la capital. - Fracasa la ofensiva de las tropas del Gobierno provisional en el frente. - Es aplastada la manifestación de julio de los obreros y soldados.
El Partido, tomando como base los acuerdos de la Conferencia de Abril, desplegó una labor intensísima por la conquista de las masas, por su educación combativa y por si organización. La línea del Partido, durante este periodo, estribaba en conquistar la mayoría dentro de los Soviets y aislar de las masas a los partidos menshevique y socialrevolucionario por medio del esclarecimiento paciente de la política bolshevique y el desenmascaramiento de la política de compromisos de aquellos partidos.
Además de su labor en el seno de los Soviets, los bolsheviques desarrollaban un trabajo gigantesco en los sindicatos y en los comités de fábricas y empresas industriales.
Pero donde los bolsheviques realizaban la labor más intensa era en el seno del ejército. Por todas partes comenzaron a crearse organizaciones militares. Los bolsheviques trabajaban incansablemente en los frentes y en la retaguardia por organizar a los soldados y a los marinos. A la obra de revolucionarización de los soldados contribuyó en sumo grado un periódico destinado al frente que publicaban los bolsheviques con el título de "Okopnaia Pravda" ("Pravda de las Trincheras").
Gracias a esta labor de propaganda y agitación de los bolsheviques, se consiguió que ya en los primeros meses de la revolución los obreros de muchas ciudades procediesen a reelegir los Soviets, en particular los de distrito, expulsando de ellos a los mensheviques y socialrevolucionarios y sustituyéndolos por afiliados al Partido bolshevique.
La labor de los bolsheviques dio excelente resultado, sobre todo en Petrogrado.
En la Conferencia de Comités de fábricas que se celebró en Petrogrado del 30 de mayo al 3 de junio de 1917, se agrupaban ya en torno a los bolsheviques las tres cuartas partes de los delegados. El proletariado de la capital marchaba ya casi en su totalidad bajo la consigna bolshevique de "¡Todo el Poder a los Soviets!".
El 3 (16) de junio de 1917 se reunió el I Congreso de los Soviets de toda Rusia. Los bolsheviques estaban aún en minoría dentro de los Soviets; en este Congreso contaban con poco más de 100 delegados, contra 700 a 800 que tenían los mensheviques, socialrevolucionarios y otros partidos.
En el I Congreso de los Soviets, los bolsheviques pusieron al desnudo con gran insistencia lo funesta que era la política de compromisos con la burguesía y desenmascararon el carácter imperialista de la guerra. Lenin pronunció en este Congreso un discurso en el que demostró la justeza de la línea bolshevique, declarando que sólo el Poder de los Soviets podía dar pan y sacar al país del desastre económico.
Por aquellos días, desarrollábase en los barrios obreros de Petrogrado una campaña de masas para organizar una manifestación que llevase al Congreso de los Soviets las reivindicaciones del pueblo. Queriendo adelantarse a esta manifestación organizada libremente por los propios obreros y especulando con la idea de utilizar en su provecho la actitud revolucionaria de las masas, el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado acordó convocar una manifestación en la capital para el 18 de junio (1 de julio). Los mensheviques y los socialrevolucionarios creían que esta manifestación desfilaría bajo consignas antibolsheviques. El Partido bolshevique se entregó con gran energía a la preparación de este acto de masas. El camarada Stalin escribió, por aquel entonces, en la "Pravda" que "...nuestra misión consiste en conseguir que la manifestación del 18 de junio en Petrogrado desfile bajo nuestras consignas revolucionarias".
La manifestación del 18 de junio de 1917, que desfiló por delante de la tumba de las víctimas de la revolución, se convirtió en una verdadera revista de las fuerzas del Partido bolshevique. Reveló el grado de madurez revolucionaria, cada vez mayor, de las masas y la creciente confianza de éstas en el Partido bolshevique. Las consignas de los mensheviques y socialrevolucionarios, predicando la confianza en el Gobierno provisional y la necesidad de continuar la guerra, se perdían entre la inmensa masa de consignas bolsheviques. 400.000 manifestantes marchaban bajo banderas en las que campeaban estas consignas: "¡Abajo la guerra!", "¡Abajo los diez ministros capitalistas!", "¡Todo el Poder a los Soviets!".
Era el fracaso completo de los mensheviques y socialrevolucionarios, el fracaso del Gobierno provisional en la capital.
No obstante, el Gobierno provisional, sostenido por el apoyo del I Congreso de los Soviets, decidió proseguir su política imperialista. Y fue precisamente el 18 de junio cuando el gobierno, cumpliendo la voluntad de los imperialistas anglofranceses, lanzó a las tropas del frente a la ofensiva. La burguesía veía en esta ofensiva la única posibilidad de acabar con la revolución. Si la ofensiva tenía éxito, la burguesía confiaba en que podría tomar en sus manos todo el Poder, desalojar a los Soviets y aplastar a los bolsheviques. Si fracasaba, podría echar la culpa de todo a los mismo bolsheviques, acusándoles de desmoralizar al ejército.
Las noticias acerca de la ofensiva emprendida y luego las de su ruidoso fracaso, excitaron los ánimos de la capital. La indignación de los obreros y soldados no tenía límites. Dábanse cuenta de que, cuando predicaba una política de paz, el Gobierno provisional engañaba al pueblo. Dábanse cuenta de que el Gobierno provisional abogaba por la continuación de la guerra imperialista. Dábanse cuenta de que el Comité Ejecutivo Central de los Soviets y el Soviet de Petrogrado no querían o no podían oponerse a los actos criminales del Gobierno provisional y marchaban a rastras a la zaga de él.
La indignación revolucionaria de los obreros y soldados de Petrogrado se desbordaba. El 3 (16) de julio, comenzaron a producirse manifestaciones espontáneas en Petrogrado, en la barriada de Viborg. Estas manifestaciones continuaron durante todo el día. Algunas de ellas desembocaron en una grandiosa manifestación general con armas bajo la consigna del paso del Poder a los Soviets. El Partido bolshevique era contrario a la acción armada en aquel momento, por entender que la crisis revolucionaria no estaba aún madura, que el ejército y las provincias no estaban aún preparados para apoyar la insurrección en la capital, que una insurrección aislada y prematura en Petrogrado sólo serviría para facilitar a la contrarrevolución el aplastamiento de la vanguardia revolucionaria. Pero, cuando se vio que era imposible contener a las masas y evitar que se lanzasen a la manifestación, el Partido acordó tomar parte en ella, con el fin de darle un carácter pacífico y organizado. El Partido bolshevique logró lo que se proponía, y cientos de miles de manifestantes marcharon hacia el Soviet de Petrogrado y hacia el Comité Ejecutivo Central de los Soviets, donde exigieron que éstos se hiciesen cargo del Poder, rompiesen con la burguesía imperialista y emprendiesen una política activa de paz.
A pesar del carácter pacífico de la manifestación, fueron lanzadas contra los manifestantes las tropas de la reacción, los destacamentos de cadetes y de oficiales. Por las calles de Petrogrado corrió abundante la sangre de los obreros y los soldados. Para aplastar a los obreros, se trajeron del frente las unidades militares más retrógradas y contrarrevolucionarias.
Los mensheviques y socialrevolucionarios, unidos a la burguesía y a los generales blancos, después de aplastar la manifestación de los obreros y los soldados, se lanzaron rabiosamente sobre el Partido bolshevique. La redacción de la "Pravda" fue saqueada y destruida. Fueron suspendidos la "Pravda", la "Soldatskasia Pravda" ("Pravda del soldado") y otra serie de periódicos bolsheviques. El obrero Voinov fue asesinado en la calle por los cadetes por el solo hecho de estar vendiendo el "Listok Pravdi" ("Hoja de la Pravda"). Comenzó el desarme de los guardias rojos. Las unidades revolucionarias de la guarnición de Petrogrado fueron alejadas de la capital y enviadas al frente. Menudearon las detenciones, tanto en los frentes como en la retaguardia. El 7 de julio, se dio la orden de detener a Lenin. Fue detenida toda una serie de militantes prestigiosos del Partido bolshevique. Fue destruida la imprenta "Trud" ("Trabajo"), donde se imprimían las publicaciones bolsheviques. En la requisitoria del Fiscal de la Audencia de Petrogrado, se decía que Lenin y gran número de bolsheviques debían comparecer ante los tribunales como reos de "alta traición" y responsables de la organización de un levantamiento armado. La acusación contra Lenin había sido urdida en el Estado Mayor del general Denikin sobre la base de datos inventados por espías y provocadores.
Con esto, el Gobierno provisional de coalición, del que formaban parte representantes tan caracterizados de los mensheviques y socialrevolucionarios como Tsereteli y Skobelev, Kerenski y Chernov, se sumía en la charca del imperialismo y de la contrarrevolución abierta y descarada. En vez de una política de paz, desarrollaba una política de continuación de la guerra. En vez de defender los derechos democráticos del pueblo, adoptaba la política de liquidación de estos derechos y de represión armada contra los obreros y los soldados.
Lo que no se habían atrevido a hacer los representantes de la burguesía, Guchkov y Miliukov, lo hacían los "socialistas" Kerenski y Tsereteli, Chernov y Skobelev.
Se había acabado la dualidad de poderes.
Y se había acabado en provecho de la burguesía, pues todo el Poder pasó a manos del Gobierno provisional, y los Soviets, con su dirección social revolucionaria y menshevique, se convirtieron en un apéndice del Gobierno provisional.
Había terminado el periodo pacífico de la revolución, poniéndose a la orden del día la fuerza de las bayonetas.
Ante los cambios operados en la situación, el Partido bolshevique decidió cambiar de táctica. Pasó a la clandestinidad, ocultando a su jefe, Lenin, en sitio rigurosamente secreto, y comenzó a prepararse para la insurrección, con el fin de derrocar el Poder de la burguesía mediante las armas e instaurar el Poder Soviético.
En medio de una campaña increíblemente encarnizada de la prensa burguesa y pequeñoburguesa, se reunió en Petrogrado el VI Congreso del Partido bolshevique. Reuníase este Congreso a los diez años del V Congreso en Londres y a los cinco años de la Conferencia bolshevique de Praga. Sus sesiones duraron desde el 26 de julio hasta el 3 de agosto de 1917, y tuvieron carácter clandestino. La prensa se limitó a anunciar la convocatoria del Congreso, sin indicar el sitio en que había de reunirse. Las primeras sesiones se celebraron en la barriada de Viborg. Las últimas, en la escuela de las inmediaciones de la Puerta de Narva, en el sitio donde ahora se levanta la Casa de Cultura. La prensa burguesa pedía la detención de todos los congresistas. Pero, aunque se pusieron en campaña los sabuesos de la policía para descubrir el sitio en que se reunía el Congreso, no pudieron averiguarlo.
Es decir, que a los cinco meses de derribado el zarismo, los bolsheviques tenían que reunirse subrepticiamente, y el jefe del Partido proletario, Lenin, veíase obligado a vivir oculto en una choza, cerca de la estación de Rasliv.
Lenin, acechado por los esbirros del Gobierno provisional, no pudo asistir al Congreso, pero dirigió sus tareas desde el retiro clandestino en que se encontraba, por medio de sus discípulos y colaboradores en Petrogrado: Stalin, Sverdlov, Molotov y Ordzhonikidse.
Asistieron al Congreso 157 delegados con voz y voto, y 128 con voz solamente. El Partido contaba, por aquel entonces, con unos 240.000 afiliados. Hacia el 3 de julio, es decir, antes de ser aplastada la manifestación obrera de este mes, cuando los bolsheviques trabajaban aún en la legalidad, el Partido tenía 41 órganos de prensa, de los cuales se publicaban 29 en ruso y 12 en otras lenguas.
La batida contra los bolsheviques y contra la clase obrera en las jornadas de Julio, lejos de disminuir la influencia del Partido bolshevique, sólo sirvió para acrecentarla. Los delegados de base expusieron ante el Congreso multitud de hechos demostrativos de que los obreros y soldados comenzaban a abandonar en masa a los mensheviques y socialrevolucionarios, a los que motejaban despreciativamente con el nombre de "socialcarceleros". Los obreros y los soldados afiliados a los partidos menshevique y socialrevolucionario rompían sus carnets y salían con maldiciones de estos partidos, pidiendo a los bolsheviques que les admitiesen en sus filas.
Los problemas fundamentales planteados en el VI Congreso fueron: el informe político del Comité Central y el problema de la situación política. En sus informes sobre estos problemas, el camarada Stalin puso de manifiesto con toda claridad y precisión que, a pesar de todos los esfuerzos de la burguesía por aplastar la revolución, ésta crecía y se desarrollaba. Señaló que la revolución planteaba el problema de la implantación del control obrero sobre la producción y distribución de los productos, de la entrega de la tierra a los campesinos y del paso del Poder de manos de la burguesía a manos de la clase obrera, y de los campesinos pobres. Y dijo que la revolución se convertía, por su carácter, en una revolución socialista.
Después de las jornadas de Julio, cambió bruscamente la situación política del país. Ya no existía dualidad de poderes. Por no querer tomar todo el Poder, los Soviets, con su dirección socialrevolucionaria y menshevique, quedaron reducidos a la impotencia. El Poder se concentró en manos del Gobierno provisional de la burguesía, el cual continuaba desarmando a la revolución, aplastando sus organizaciones y persiguiendo al Partido bolshevique. La posibilidad de un desarrollo pacífico de la revolución había desaparecido. Sólo cabía -decía el camarada Stalin- una solución: derrocar el Gobierno provisional y tomar el poder por la fuerza. Y sólo el proletariado, aliado a los campesinos pobres, podía tomar el Poder por la fuerza.
Los Soviets, cuya dirección seguía en manos de los mensheviques y socialrevolucionarios, se habían ido deslizando al campo de la burguesía y, en la situación existente, sólo podían actuar como auxiliares de la Gobierno provisional. Después de las jornadas de Julio, la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!" debía abandonarse, dijo el camarada Stalin, pero sin que el abandono temporal de esta consigna significara, ni mucho menos, que se renunciaba a luchar por el Poder de los Soviets. No se trataba de los Soviets en general, es decir, de los Soviets como órganos de lucha revolucionaria, sino que se trataba solamente de aquellos Soviets concretos, dirigidos por los mensheviques y socialrevolucionarios.
"El periodo pacífico de la revolución ha terminado -dijo el camarada Stalin-; ha comenzado el periodo no pacífico de la revolución, un periodo de choques y explosiones..." ("Actas del VI Congres del P. C. (b) de la U.R.S.S.", página 111).
El Partido marchaba hacia la insurrección armada.
En el Congreso hubo gente que, reflejando la influencia burguesa, se manifestó en contra del rumbo hacia la revolución socialista.
El trotskista Preobrazhenski propuso que en la resolución sobre la conquista del Poder se dijese que sólo se podría encaminar al país por la senda socialista si triunfaba la revolución proletaria en la Europa occidental.
El camarada Stalin rebatió esta proposición trotskista.
"No está descartada -dijo el camarada Stalin- la posibilidad de que sea precisamente Rusia el país que rompa la marcha hacia el socialismo... Hay que rechazar esa idea caduca de que sólo Europa pude señalarnos el camino. Hay un marxismo dogmático y un marxismo creador. Yo me sitúo en el terreno del segundo" (Obra citada, págs. 233-234).
Bujarin, abrazando posiciones trotskistas, afirmó que los campesinos tenían ideas defensistas, que formaban un bloque con la burguesía y no marcharían con la clase obrera.
Refutando a Bujarin, el camarada Stalin demostró que había diversas clases de campesinos: los campesinos ricos, que apoyaban a la burguesía imperialista, y los campesinos pobres, que deseaban aliarse a la clase obrera y la apoyaban en la lucha por el triunfo de la revolución.
El Congreso rechazó las enmiendas de Preobrazhenski y Bujarin y aporobó el proyecto de resolución del camarada Stalin.
El Congreso examinó y aprobó la plataforma económica del Partido bolshevique, cuyos puntos fundamentales eran: confiscación de las tierras de los terratenientes y nacionalización de toda la tierra del país, nacionalización de los bancos, nacionalización de la gran industria, control obrero sobre la producción y la distribución.
Subrayó el Congreso la importancia de la lucha por el control obrero sobre la producción, que desempeñaba un gran papel, como medida de transición hacia la nacionalización de la gran industria.
En todos los acuerdos, el VI Congreso insistió de un modo especial en la importancia de la tesis leninista sobre la alianza del proletariado y de los campesinos pobres, como condición para el triunfo de la revolución socialista.
La teoría menshevique de la neutralidad de los sindicatos fue condenada por el Congreso. Este señaló que, para poder resolver los grandes problemas que se le planteaban a la clase obrera de Rusia, era indispensable que los sindicatos fuesen organizaciones combativas de clase que acatasen la dirección política del Partido bolshevique.
El Congreso aprobó una resolución "Sobre las organizaciones juveniles", que por aquel entonces surgían no pocas veces espontáneamente. Con su trabajo sucesivo, los bolsheviques lograron afianzar los lazos de estas organizaciones juveniles con el Partido, convertirlas en reservas de éste.
Uno de los problemas que se examinaron en el Congreso fue el de la comparecencia de Lenin ante los Tribunales. Kamenev, Rykov, Trotski y otros habían sostenido, ya con anterioridad al Congreso, que Lenin debía entregarse a los tribunales de la contrarrevolución. El camarada Stalin se manifestó resueltamente en contra de esta tendencia. El VI Congreso compartió también el punto de vista de Stalin, por entender que lo que se preparaba no era un proceso, sino una represión. El Congreso no dudó ni un momento que el propósito de la burguesía no era otro que el de deshacerse físicamente de Lenin, como de su más peligros enemigo. Formuló su protesta contra la enconada campaña policíaco-burguesa de que se hacía objeto a los jefes del proletariado revolucionario y dirigió un saludo a Lenin.
En el VI Congreso fueron aprobados los nuevos estatutos del Partido. En ellos, se determinaba que toda la organización del Partido se basaría en los principios del centralismo democrático.
1) Carácter electivo de todos los órganos de dirección del Partido de abajo arriba;
2) rendición periódica de cuentas de la gestión de los órganos del Partido ante las organizaciones del Partido correspondientes;
Los estatutos del Partido disponían que los nuevos afiliados fuesen admitidos por las organizaciones de base, mediante recomendación de dos miembros del Partido y previa ratificación de la Asamblea general de afiliados de la organización de base.
El VI Congreso admitió en el Partido a los llamados "mezhraiontzi", con su líder Trotski. Era éste un pequeño grupo que había sido creado en Petrogrado en 1913 y del que formaban parte elementos trotskistas-mensheviques y algunos antiguos bolsheviques, desviados del Partido. Durante la guerra, esta organización tuvo un carácter centrista. Luchaba contra los bolsheviques, pero sin estar de acuerdo tampoco en muchas cosas con los mensheviques, por lo que ocupaba una posición intermedia, centrista, vacilante. Al celebrarse el VI Congreso, los miembros de esta organización declararon que estaban identificados en un todo con los bolsheviques y pidieron su ingreso en el Partido. El Congreso accedió a su petición, confiando en que con el tiempo llegarían a ser verdaderos bolsheviques. Algunos de ellos, como, por ejemplo, Volodarski, Uritski y otros, llegaron, en efecto, a convertirse en bolsheviques después de su ingreso en el Partido. Pero Trotski y los elementos más afines a él, que no eran muchos, no ingresaron en el Partido, como había de demostrarse andando el tiempo, para trabajar a favor de él, sino para quebrantar y minar su fuerza desde dentro.
Todos los acuerdos del VI Congreso se encaminaban a preparar al proletariado y a los campesinos pobres para la insurrección armada. El VI Congreso encauzó el Partido hacia la insurrección armada, hacia la revolución socialista.
El manifiesto del Partido lanzado por el VI Congreso invitaba a los obreros, a los soldados y a los campesinos a preparar sus fuerzas para los encuentros decisivos con la burguesía. Y terminaba con estas palabras:
"¡Preparaos para nuevas batallas, camaradas de lucha! ¡Permaneced firmes, valientes y serenos, sin dejaros llevar de provocaciones, acumulando fuerzas y formando vuestras columnas de combate! ¡Agrupaos bajo la bandera del Partido, proletarios y soldados! ¡Formad bajo nuestra bandera, oprimidos del campo!".
Después de adueñarse de todo el Poder, la burguesía comenzó a prepararse para aplastar a los ya impotentes Soviets e instaurar una dictadura contrarrevolucionaria descarada. El millonario Riabushinski declaraba cínicamente que no veía más que una salida a la situación, y era que "la mano descarnada del hambre, la miseria del pueblo, agarrase por el cuello a los falsos amigos de éste, los Soviets y Comités democráticos". En el frente hacían estragos los Consejos de Guerra, prodigando la pena de muerte contra los soldados. El 3 de agosto de 1917, el general en jefe Kornilov pidió que se implantase también la pena de muerte en la retaguardia.
El 12 de agosto, se abrió en el Gran Teatro de Moscú la Conferencia de Estado convocada por el Gobierno provisional para movilizar las fuerzas de la burguesía y de los terratenientes. A esta Asamblea asistieron, principalmente, los representantes de los terratenientes, de la burguesía, del generalato, de la oficialidad y de los cosacos. Los Soviets estuvieron representados en ella por los mensheviques y los socialrevolucionarios.
El día en que comenzaba sus sesiones la Conferencia de Estado, los bolsheviques organizaron en Moscú, en señal de protesta, una huelga general, en la que tomó parte la mayoría de los obreros. Estallaron también huelgas en una serie de ciudades.
El socialrevolucionario Kerenski amenazó fanfarronamente, en su discurso ante la Conferencia, con aplastar "a sangre y fuego" cualquier intento de movimiento revolucionario, incluyendo las tentativas de los campesinos de apoderarse por sí y ante sí de las tierras de los terratenientes.
El general contrarrevolucionario Kornilov pidió, sin andarse con rodeos, que se "suprimiesen los Comités y los Soviets".
En el Estado Mayor del general en jefe pululaban alrededor del general Kornilov banqueros, comerciantes e industriales, con promesas de dinero y ayuda.
También se entrevistaron con él los representantes de los "aliados", es decir, de Inglaterra y Francia, exigiendo que no se demorase el ataque contra la revolución.
Las cosas combinaban para la conspiración contrarrevolucionaria del general Kornilov.
Esta conspiración preparábase sin recato. Con el fin de desviar la atención de lo que tramaban, los conjurados hicieron correr el rumor de que los bolsheviques de Petrogrado preparaban un levantamiento para el 27 de agosto, fecha en que se cumplirían los seis meses del día de la revolución. El Gobierno Provisional, con Kerenski a la cabeza, se lanzó a perseguir rabiosamente a los bolsheviques y acentuó el terror contra el Partido del proletariado. Al mismo tiempo, el general Kornilov concentraba tropas para hacerlas marchar sobre Petrogrado, con el fin de acabar con los Soviets e instaurar un gobierno de dictadura militar.
Kornilov se puso de acuerdo con Kerenski respecto a su proyectada acción contrarrevolucionaria. Pero, en el mismo momento en que Kornilov comenzó a actuar, Kerenski, dando un brusco viraje, cambió de frente y se separó de su aliado. Temía que las masas del Pueblo, después de levantarse contra los kornilovistas y aplastarlos, barriesen también, echándole al mismo montón, al gobierno burgués de Kerenski, si éste no se desentendía a tiempo de los autores de la korniloviada.
El 25 de agosto, Kornilov envió sobre Petrogrado el 3er cuerpo de caballería, al mando del general Krimov, y declaró que se proponía "salvar la Patria". Como respuesta a la sublevación kornilovista, el Comité Central del Partido bolshevique hizo un llamamiento a los obreros y a los soldados para que opusiesen una resistencia activa y armada a la contrarrevolución. Los obreros comenzaron a armarse y a prepararse rápidamente para la lucha. En estos días, se multiplicaron los destacamentos de guardias rojos. Los sindicatos movilizaron a sus afiliados. Las unidades revolucionarias de tropas de Petrogrado se prepararon también para el combate. Alrededor de Petrogrado se abrieron trincheras, se tendieron alambradas y se levantaron los rieles de las vías férreas. De Cronstadt llegaron unos cuantos miles de marinos armados para la defensa de la capital. Se enviaron al encuentro de la "División salvaje", que avanzaba sobre Petrogrado, delegados que explicaron a aquellos soldados montañeses la intención del movimiento kornilovista, consiguiendo que estas tropas se negasen a marchar sobre la capital. Se enviaron también agitadores a otras unidades kornilovistas. Fueron creados Comités revolucionarios y Estados Mayores para la lucha contra los sublevados en todos los sitios donde había algún peligro.
En aquellos días, los líderes socialrevolucionarios y mensheviques, entre ellos Kerenski, muertos de miedo, iban a buscar amparo en los bolsheviques, convencidos de que éstos eran la única fuerza efectiva de la capital capaz de aplastar a Kornilov.
Pero, aun movilizando a las masas para aplastar el movimiento de Kornilov, los bolsheviques no cejaron en su lucha contra el Gobierno Kerenski, desenmascarando ante las masas a este Gobierno y a los mensheviques y socialrevolucionarios, que, con toda su política, ayudaban objetivamente a la intentona contrarrevolucionaria de Kornilov.
Gracias a todas estas medidas, fue aplastada la intentona de Kornilov. El general Krimov se pegó un tiro. Kornilov y sus cómplices, Denikin y Lukomski, fueron detenidos (aunque pronto habían de ser puestos de nuevo en libertad por Kerenski).
El aplastamiento de la intentona kornilovista puso el descubierto e iluminó de golpe la correlación de fuerzas entre la revolución y la contrarrevolución. Demostró el fracaso total de todo el campo contrarrevolucionario, desde los generales y el partido kadete hasta los mensheviques y los socialrevolucionarios, cogidos en las redes y prisioneros de la burguesía. Era evidente que la política de prolongación de aquella guerra agotadora, que al alargarse provocaba el desastre económico del país, había quebrantado definitivamente la influencia de estos partidos entre las masas del pueblo.
El aplastamiento de la korniloviada revelaba, además, que el Partido bolshevique se había convertido ya en la fuerza decisiva de la revolución, en una fuerza capaz de deshacer los manejos de la contrarrevolución, cualesquiera que ellos fuesen. El Partido bolshevique no era todavía un partido gobernante, pero durante los días de la korniloviada actuó como una verdadera fuerza de gobierno, pues sus instrucciones eran seguidas sin vacilar por los obreros y los soldados.
Finalmente, el aplastamiento de la intentona kornilovista vino a demostrar que aquellos Soviets que se creía agonizantes, encerraban en su seno, en realidad, una grandiosa fuerza de resistencia revolucionaria. No cabía dudar de que habían sido precisamente los Soviets y sus Comités revolucionarios los que habían cerrado el paso a las tropas de Kornilov y contra los que se habían estrellado sus fuerzas.
La lucha contra la korniloviada infundió nuevos ánimos en los languidecidos Soviets de diputados obreros y soldados, los arrancó de la política oportunista que los tenía prisioneros, los empujó al ancho camino de la lucha revolucionaria y los colocó junto al Partido bolshevique.
La influencia de los bolsheviques dentro de los Soviets era mayor que nunca.
Comenzó también a ganar terreno rápidamente la influencia de los bolsheviques en el campo.
La sublevación kornilovista hizo ver a las grandes masas campesinas que los terratenientes y los generales, una vez destrozados los bolsheviques y los Soviets, se cebarían luego en los campesinos. Por eso, las grandes masas de campesinos pobres empezaron a agruparse cada vez más estrechamente en torno a los bolsheviques. Los campesinos medios, cuyas vacilaciones habían frenado el desarrollo de la revolución durante los meses de abril a agosto de 1917, después de la derrota de Kornilov, comenzaron a volverse de un modo decidido hacia el Partido bolshevique, uniéndose a la masa de los campesinos pobres. Las grandes masas campesinas empezaron a comprender que el Partido bolshevique era el único que podía liberarlas de la guerra, el único capaz de acabar con los terratenientes y el único que estaba dispuesto a dar la tierra a los campesinos. Los meses de septiembre y octubre de 1917 registraron un alza enorme en el número de incautaciones de tierra de los terratenientes por los campesinos. El cultivo de las tierras de los terratenientes por decisión de los propios campesinos, adquirió un carácter general. Persuaciones y destacamentos de castigo ya no eran capaces de contener a los campesinos en su marcha arrolladora hacia la revolución.
La revolución iba en ascenso.
Comenzó a desarrollarse la fase de animación y renovación de los Soviets, la fase de bolshevización de los Soviets. Las fábricas y empresas industriales y las unidades militares, al reelegir a sus diputados, ya no enviaban a los Soviets a mensheviques y socialrevolucionarios, sino a representantes del Partido bolshevique. Al día siguiente de aplastar la intentona de Kornilov, el 31 de agosto, el Soviet de Petrogrado se pronunció a favor de la política de los bolsheviques. El antiguo Presidium del Soviet de Petrogrado, formado por mensheviques y socialrevolucionarios, con Chjeidse a la cabeza, se retiró, dejando el puesto libre a los bolsheviques. El 5 de septiembre, el Soviet de diputados obreros de Moscú se pasó al lado de los bolsheviques. También se retiró por el foro, dejando el camino abierto a los bolsheviques, el Presidium socialrevolucionario-menshevique de este Soviet.
Esto significaba que se daban ya las premisas fundamentales necesarias para una insurrección victoriosa.
Volvía a estar a la orden del día la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!".
Pero ya no era la antigua consigna del paso del Poder a manos de los Soviets mensheviques y socialrevolucionarios. No; ahora era la consigna de la insurrección de los Soviets contra el Gobierno provisional, con el fin de entregar todo el Poder del país a los Soviets dirigidos por los bolsheviques.
Comenzó a producirse la desbandada entre los partidos oportunistas.
En el seno del partido socialrevolucionario se formó, bajo la presión de los campesinos de orientación revolucionaria, un ala izquierda, el ala de los socialrevolucionarios de "izquierda" que comenzó a manifestar su descontento por la política de compromisos con la burguesía.
También en el partido menshevique se definió un grupo de "izquierda", el de los llamados "internacionalistas", que comenzaban a oscilar hacia los bolsheviques.
Los anarquistas, que formaban un grupo insignificante en cuanto a su influencia, se escindieron definitivamente en varios grupitos, de los cuales unos se mezclaron con delincuentes vulgares y provocadores, con los deshechos de la sociedad, mientras que otros se convirtieron en expropiadores "ideológicos", que robaban a los campesinos y a las gentes modestas de las ciudades y arrebataban a los clubs obreros sus edificios y sus ahorros, y otros, finalmente, se pasaron sin recato al campo contrarrevolucionario, acoplando su vida personal a la escalera de servicio de la burguesía. Todos ellos eran contrarios a cualquier clase de Poder, pero muy especialmente el Poder revolucionario de los obreros y campesinos, pues estaban seguros de que este Poder revolucionario no les permitiría desvalijar al pueblo ni expoliar los bienes del pueblo.
Después del aplastamiento de la intentona de Kornilov, los mensheviques y socialrevolucionarios hicieron una nueva tentativa para quebrantar el creciente auge de la revolución. Con este fin, convocaron el 12 de septiembre de 1917, una conferencia democrática de representantes de los partidos socialistas, de los Soviets oportunistas, de los sindicatos de los Zemstvos, de los círculos comerciales e industriales y de las unidades militares de toda Rusia. De esta conferencia salió el Preparlamento (Consejo provisional de la República). Con ayuda de este Preparlamento, los oportunistas confiaban en que podrían detener la marcha de la revolución y desviar al país de la senda de la revolución soviética a la del desarrollo burgués-constitucional, a la senda del parlamentarismo burgués. Fue una tentativa desesperada de aquellos políticos fracasados, que se empeñaban en volver atrás la rueda de la revolución. Era una idea condenada a dar en quiebra, como, en efecto, ocurrió. Los obreros, que se burlaban de la gimnasia parlamentaria de los oportunistas, pusieron en solfa el Preparlamento, bautizándole con un nombre despectivo ("antebaño").
El C.C. del Partido bolshevique acordó boicotear el Preparlamento. Y, aunque la fracción bolshevique de este organismo, en que figuraban individuos como Kamenev y Teodorovich, no quería abandonar sus escaños, el C.C. del Partido la obligó a dejarlos.
Kamenev y Zinoviev defendieron tenazmente la participación en el Preparlamento, confiando en que con ello podrían desviar al Partido de la labor preparatoria de la insurrección. El camarada Stalin intervino enérgicamente en la fracción bolshevique de la Conferencia democrática de toda Rusia en contra de la participación en el Preparlamento, que calificó de "aborto kornilovista".
Lenin y Stalin consideraron un grave error la participación en el Preparlamento, aunque hubiese sido por poco tiempo, ya que aquello pudo infundir a las masas la esperanza engañosa de que aquel organismo era capaz de hacer algo por los trabajadores.
Al mismo tiempo, los bolsheviques preparaban tenazmente la convocatoria del II Congreso de los Soviets, en el que confiaban contar con la mayoría. Y, pese a todos los subterfugios de los mensheviques y socialrevolucionarios encastillados en el Comité Ejecutivo Central, ante la presión de los Soviets bolsheviques, hubo de ser convocado el II Congreso de los Soviets de toda Rusia para la segunda quincena de Octubre de 1917.
6. La insurrección de octubre en Petrogrado. - Detención del Gobierno provisional. - El II Congreso de los Soviets y formación del Gobierno soviético. - Decretos del II Congreso de los Soviets sobre la paz y sobre la tierra. - Triunfa la Revolución Socialista. - Causas del triunfo de la Revolución Socialista.
Los bolsheviques comenzaron a prepararse enérgicamente para la insurrección. Lenin señaló que, teniendo como tenían ya mayoría en los Soviets de diputados obreros y soldados de las dos capitales, Moscú y Petrogrado, los bolsheviques podían y debían tomar en sus manos el Poder. Haciendo el balance del camino recorrido, Lenin subrayaba: "La mayoría del pueblo está con nosotros". En sus artículos y cartas al Comité Central y a las organizaciones bolsheviques, Lenin trazaba un plan concreto para la insurrección: decía cómo debían utilizarse las unidades militares, la flota y los guardias rojos, qué puntos decisivos era necesario ocupar en Petrogrado para garantizar el éxito de la insurrección, etc.
El 7 de octubre, Lenin se trasladó clandestinamente de Finlandia a Petrogrado. El 10 de octubre de 1917, se celebró la histórica sesión del Comité Central del Partido bolshevique, en la que se acordó dar comienzo a la insurrección armada pocos días después. La histórica resolución aprobada por el C.C. del Partido y redactada por Lenin decía:
"El C.C. reconoce qua tanto la situación internacional de la revolución rusa (insurrección de la flota alemana, signo agudo de la marcha ascendente de la revolución socialista mundial en toda Europa, luego la amenaza de una paz entre imperialistas con el fin de estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y Cía. de entregar Petrogrado a los alemanes) y la conquista por el Partido proletario de la mayoría dentro de los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la confianza del pueblo hacia nuestro Partido (elecciones de Moscú); y, finalmente, la preparación manifiesta de una segunda korniloviada (evacuación de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en esta capital, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), pone a la orden del día la insurrección armada.
Reconociendo, pues, que la insurrección armada es inevitable y se halla plenamente madura, el C.C. insta a todas las organizaciones del Partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de la región Norte, salida de tropas de Petrogrado, acciones en Moscú y Minsk, etc)" (Lenin, t. XXI, pág. 330, ed. rusa).
Intervinieron y votaron en contra de esta histórica resolución dos miembros del C.C.: Kamenev y Zinoviev. También ellos soñaban, como los mensheviques, con una República parlamentaria burguesa e injuriaban a la clase obrera, afirmando que no era lo bastante fuerte para realizar la revolución socialista, que no estaba aún capacitada para tomar el Poder.
Trotski, aunque en esta sesión no votó abiertamente contra la resolución del C.C., presentó una enmienda a ella que, de haberse aceptado, habrá reducido a la nada y hecho fracasar la insurrección. Propuso que ésta no comenzase hasta la apertura del II Congreso de los Soviets, lo que equivalía a dar largas a la insurrección, a fijar de antemano el día en que había de estallar, poniendo en guardia con ello al Gobierno provisional.
El C.C. del Partido bolshevique envió delegados con plenos poderes a la cuenca del Donetz, al Ural, a Helsingfors, a Cronstadt, al frente sudoccidental, etc., con el fin de organizar sobre el terreno la insurrección. Los camaradas Voroshilov, Molotov, Dzerzhinski, Ordzhonikidse, Kirov, Kaganovich, Kuibyshev, Frunze, Yaroslavski y otros recibieron misiones especiales del Partido para dirigir la insurrección en distintos lugares. En el Ural, en Shadrinsk, entre las tropas, actuó el camarada Zhdanov. En el frente occidental, en Bielorrusia, fue el camarada Ezhov el que preparó para la insurrección a la masa de los soldados. Los delegados del C.C. pusieron en conocimiento de los dirigentes de las organizaciones bolsheviques de base el plan de la insurrección y los estimularon a preparar y movilizar sus fuerzas para ayudar al movimiento en Petrogrado.
Se creó, por el mandato del Comité Central del Partido, el Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado, que había de asumir las funciones de Estado Mayor legal de la insurrección.
A la par que ocurría esto, la contrarrevolución apresurábase también a concentrar sus fuerzas. La oficialidad del ejército se organizaba en la entidad contrarrevolucionaria titulada "Liga de Oficiales". Los contrarrevolucionarios creaban por todas partes Estados Mayores para la formación de batallones de choque. Hacia fines de octubre, la contrarrevolución disponía de 43 batallones de éstos. Organizáronse, además, batallones formados exclusivamente por los "Caballeros de San Jorge".
El Gobierno de Kerenski planteó el problema de su traslado de Petrogrado a Moscú. Esto indicaba que estaba preparando la entrega de Petrogrado a los alemanes, para atajar la insurrección en esta capital. Pero la protesta de los obreros y soldados de Petrogrado obligó al Gobierno provisional a permanecer allí.
El 16 de octubre, se celebró una sesión ampliada del C.C. del Partido bolshevique. En ella se eligió un Centro del Partido encargado de dirigir la insurrección, con el camarada Stalin a la cabeza. Este Centro era el núcleo dirigente del Comité Militar Rvolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado y fue el que dirigió prácticamente toda la insurrección.
En esta sesión del C.C., los capituladores Zinoviev y Kamenev volvieron a pronunciarse contra la insurrección. Y habiendo obtenido la merecida réplica, combatieron abiertamente desde la prensa a la insurrección y al Partido. El 18 de octubre, un periódico menshevique titulado "Novaia Zhisn" ("Vida Nueva") publicó una declaración de Kamenev y Zinoviev, manifestando que los bolsheviques preparaban una insurrección y que ellos consideraban esta insurrección como una aventura. Con ello, Kamenev y Zinoviev ponían en conocimiento de los enemigos la decisión del C.C. acerca del movimiento y de su organización para una fecha inmediata. Este acto era una traición. Lenin escribió, a propósito de esto: "Kamenev y Zinoviev han delatado a Rodzianko y a Kerenski el acuerdo del C.C. de su Partido sobre la insurrección armada". Y planteó ante el Comité Central la expulsión del Partido de Zinoviev y Kamenev.
Los enemigos de la revolución, prevenidos por los traidores, comenzaron a tomar sin pérdida de tiempo las medidas necesarias para atajar la insurrección y aplastar al Estado Mayor dirigente de la revolución, al Partido bolshevique. El Gobierno provisional celebró un Consejo de ministros secreto, en el que se acordaron las medidas de lucha contra los bolsheviques. El 19 de octubre, el gobierno trajo apresuradamente tropas del frente a Petrogrado. Comenzaron a pulular por las calles patrullas reforzadas. En Moscú, es donde la contrarrevolución logró concentrar una cantidad muy grande de fuerzas. El Gobierno provisional había trazado el plan de atacar y tomar el palacio del Smolny, sede del Comité Central del Partido bolshevique, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets y aplastar el centro dirigente de los bolsheviques. Para ello, fueron trasladadas a Petrogrado tropas de cuya lealtad creía estar seguro el gobierno.
Pero los días y las horas de vida del Gobierno provisional estaban contados. No había ya fuerza capaz de detener la marcha arrolladora de la Revolución Socialista.
El 21 de octubre, fueron enviados a todas las unidades revolucionarias de tropas comisarios bolsheviques del Comité Militar Revolucionario. Durante los días que precedieron a la insurrección, se desarrolló una enérgica labor preparatoria de la lucha en el seno de las unidades militares y en las fábricas y empresas industriales. Se asignaron también misiones concretas a los barcos de guerra, a los cruceros "Aurora" y "Sariá Svobodi" ("Amanecer de la libertad").
En la sesión del Soviet de Petrogrado, a Trotski, fanfarronenado, se le fue la lengua y delató al enemigo la fecha de la insurrección, el día señalado por los bolsheviques para desencadenar el movimiento. Para no dar al Gobierno de Kerenski la posibilidad de hacer fracasar la insurrección armada, el C.C. del Partido decidió comenzar y llevar a cabo la insurrección antes de la fecha proyectada, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets.
Kerenski comenzó a actuar en las primeras horas de la mañana del 24 de octubre (6 de noviembre), dando orden de suspender el periódico titulado "Rabochi Put" ("La Senda Obrera"), órgano central del Partido bolshevique, y enviando los carros de asalto al local de la redacción de este periódico y al de la imprenta de los bolsheviques. Pero, hacia las 10 de la mañana, siguiendo instrucciones del camarada Stalin, los guardias rojos y los soldados revolucionarios desalojaron a los carros de asalto y reforzaron la guardia de la imprenta y de la redacción del periódico. Hacia las 11, salió "La Senda Obrera", con un llamamiento para derribar al Gobierno provisional. Al mismo tiempo, y siguiendo instrucciones del Centro del Partido para la insurrección, fueron concentrados urgentemente en el Smolny los destacamentos de soldados revolucionarios y de guardias rojos.
En la noche del 24 de Octubre, se trasladó Lenin al Smolny, para hacerse cargo personalmente de la dirección del movimiento. Durante toda la noche, no cesaron de llegar al Smolny unidades revolucionarias de tropas y destacamentos de guardias rojos. Los bolsheviques los enviaban al centro de la ciudad, a cercar el Palacio de Invierno, donde se había atrincherado el Gobierno provisional.
El 25 de octubre (7 de noviembre), la Guardia Roja y las tropas revolucionarias tomaron las estaciones de ferrocarril, las centrales de Correos y Telégrafos, los Ministerios y el Banco del Estado.
Fue disuelto el Preparlamento.
El Palacio del Smolny, residencia del Soviet de Petrogrado y del Comité Central del Partido bolshevique, convirtióse en Cuartel General de la revolución; era de aquí de donde salían todas las órdenes de batalla.
Los obreros de Petrogrado demostraron en estas jornadas que habían pasado, bajo la dirección del Partido bolshevique, por una buena escuela. Las unidades militares revolucionarias, preparadas para la insurrección por la labor de los bolsheviques, cumplían exactamente las órdenes de batalla que se les daban y se batían en fraternal compenetración con la Guardia Roja. La marina de guerra no desmereció del ejército. Cronstadt era una fortaleza del Partido bolshevique, donde hacía ya mucho tiempo que no se reconocía el Poder del Gobierno provisional. Con el estruendo de sus cañones, enfilados sobre el Palacio de Invierno, el crucero "Aurora" anunció, el 25 de octubre, el comienzo de la nueva era, la era de la Gran Revolución Socialista.
El 25 de octubre (7 de noviembre), se publicó un llamamiento del Partido bolshevique "A los ciudadanos de Rusia". En él se decía que el Gobierno Provisional burgués había sido derribado y que el Poder había pasado a manos de los Soviets.
El Gobierno provisional se había refugiado en el Palacio de Invierno, bajo la protección de los cadetes y de los batallones de choque. En la noche del 25 al 26 de octubre, los obreros, soldados y marinos revolucionarios tomaron por asalto al Palacio de Invierno y detuvieron al Gobierno provisional.
El II Congreso de los Soviets de toda Rusia abrió sus sesiones en el Smolny a las 10 y 45 minutos de la noche del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, cuando se hallaba en todo su apogeo la insurrección triunfante en Petrogrado, y el Poder, en la capital, había pasado ya de hecho a manos del Soviet de la ciudad.
Los bolsheviques obtuvieron en este Congreso una aplastante mayoría. Los mensheviques, los delegados del "Bund" y los socialrevolucionarios de derecha, viendo que ya no tenían nada que hacer allí, se retiraron del Congreso, no sin antes declarar que renunciaban a tomar parte en sus tareas. En esta declaración hecha pública en el Congreso de los Soviets, calificaban como una "conspiración militar" la Revolución de Octubre. El Congreso puso en la picota a los mensheviques y socialrevolucionarios, manifestando que, no sólo no lamentaba su retirada, sino que se congratulaba de ella, ya que, gracias a la retirada de los traidores, el Congreso se convertía en un verdadero Congreso revolucionario de diputados obreros y soldados.
En nombre del Congreso, fue proclamado el paso de todo al Poder a manos de los Soviets.
En el llamamiento del II Congreso de los Soviets se decía:
"Apoyándose en la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros, soldados y campesinos y en la insurrección triunfante llevada a cabo por los obreros y la guarnición de Petrogrado, el Congreso toma en sus manos el Poder".
En la noche del 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917, el II Congreso de los Soviets aprobó el decreto sobre la paz. El Congreso proponía a los países beligerantes concertar inmediatamente un armisticio por un plazo mínimo de tres meses, para entablar negociaciones de paz. Al mismo tiempo que se dirigía a los gobierno y a los pueblos de todos los países beligerantes, el Congreso hacía un llamamiento a los "obreros conscientes de las tres naciones más adelantadas de la Humanidad y de los tres Estados más importantes que toman parte en la actual guerra: Inglaterra, Francia y Alemania". E invitaba a estos obreros a que ayudasen a "llevar rápidamente a término la causa de la paz y con ella, la causa de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de toda esclavitud y de toda explotación".
En la noche del mismo día, el II Congreso de los Soviets aprobó también el decreto sobre la tierra, en el que se declaraba "inmediatamente abolida, sin ningún género de indemnización, la propiedad de los terratenientes sobre la tierra". Esta ley se aprobó, tomando como base un mandato campesino general, redactado con arreglo a los 242 mandatos locales formulados por los campesinos. En él se declaraba balido para siempre el derecho de propiedad privada sobre la tierra, que pasaba a ser sustituida por la propiedad de todo el pueblo, del Estado. Las tierras de los terratenientes, de la familia imperial y de la iglesia eran entregadas en disfrute gratuito a todos los trabajadores.
Mediante este decreto, la Revolución Socialista de Octubre entregaba a los campesinos más de 150 millones de hectáreas de tierra, que hasta entonces habían estado en manos de los terratenientes, de la burguesía, de la familia real, de los conventos y de la Iglesia.
Los campesinos quedaban libres del deber de pagar las rentas a los terratenientes, rentas que ascendían a cerca de 500 millones de rublos oro al año.
Todas las riquezas del subsuelo (el petróleo, el carbón y los minerales, etc.), los bosques y las aguas pasaban a ser propiedad del Pueblo.
Finalmente, del II Congreso de los Soviets de toda Rusia salió el primer Gobierno Soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo, formado en su totalidad por bolsheviques. Para presidirlo, fue designado Lenin.
Con esto, terminó sus tareas el histórico II Congreso de los Soviets.
Los delegados del Congreso se diseminaron por el país, para difundir la nueva del triunfo de los Soviets en Petrogrado y asegurar la victoria del Poder Soviético en toda Rusia.
No en todas partes fue tan rápido el paso del Poder a los Soviets. Ya estaba instaurado en Petrogrado el Poder Soviético, y en las calles de Moscú se reñían todavía empeñados y furiosos combates que duraron aún varios días. Antes de consentir que el Poder pasase a manos del Soviet de Moscú, los partidos contrarrevolucionarios, mensheviques y socialrevolucionarios, unidos a los guardias blancos y a los cadetes, desencadenaron la lucha armada contra los obreros y los soldados. Costó varios días aplastar a los facciosos e instaurar en Moscú el Poder de los Soviets.
En el propio Petrogrado y en sus inmediaciones, se hicieron, durante los primeros días del triunfo de la revolución, algunas tentativas contrarrevolucionarias para derrocar el Poder Soviético. El 10 de noviembre de 1917, Kerenski, que ya en plena insurrección había huido de Petrogrado a un sector del frente Norte, concentró algunas unidades de cosacos y las envió sobre Petrogrado, con el general Krasnov a la cabeza. El 11 de noviembre de 1917, la organización contrarrevolucionaria titulada "Comité de salvación de la patria y de la revolución", acaudillada por socialrevolucionarios, desencadenó en Petrogrado una sublevación de cadetes. Pero esta sublevación fue aplastada sin gran esfuerzo. Tras un solo día de lucha, al anochecer del 11 de noviembre, los marinos y los guardias rojos liquidaron la sublevación de los cadetes, y el 13 de noviembre era derrotado el general Krasnov cerca de las alturas de Pulkovo. Lenin dirigió personalmente el aplastamiento de esta sublevación antisoviética, lo mismo que había dirigido la insurrección de Octubre. Su firmeza inquebrantable y su serena seguridad en el triunfo animaban y fundían en un sólido bloque a las masas. El enemigo fue aplastado. Krasnov cayó prisionero y dió su "palabra de honor" de que no volvería a luchar contra el Poder Soviético. Se le puso en libertad bajo esta "palabra de honor"; pero, algún tiempo después, Krasnov traicionaba su palabra de general. Kerenski logró escaparse, disfrazado de mujer, "en dirección desconocida".
También el general Dujonin intentó promover una sublevación en Moguilev, en el Cuartel General del ejército. Cuando el Gobierno Soviético ordenó a Dujonin entablar inmediatemente negociaciones para concertar un armisticio con el mando alemán, este general se negó a cumplir las órdenes del Gobierno. En vista de esto, el Poder Soviético decretó su destitución. El alto mando contrarrevolucionario fue aplastado, y Dujonin pereció a manos de las tropas sublevadas contra él.
Asimismo intentaron una salida contra el Poder Soviético los consabidos oportunistas emboscados en el Partido: Kamenev, Zinoviev, Rykov, Shliapnikov y otros. Estos elementos comenzaron a exigir la formación de "un gobierno socialista homogéneo", con participación de los mensheviques y socialrevolucionarios, a quienes la Revolución de Octubre acababa de derribar. El 15 de noviembre de 1917, el C.C. del Partido bolshevique aprobó una resolución, desechando todo compromiso con estos partidos contrarrevolucionarios y declarando a Kamenev y Zinoviev esquiroles de la revolución. El 17 de noviembre, Kamenev, Zinoviev, Rykov y Miliutin, desconformes con la política del Partido, declararon que dimitían sus puestos en el Comité Central. El mismo día, 17 de noviembre, Noguin, en su nombre y en nombre de Rykov, V. Miliutin, Teodorovich, A. Shliapnikov, D. Riazanov, Yurenev y Larin, que habían entrado a formar parte del Consejo de Comisarios del Pueblo, formuló una declaración de desacuerdo con la política del C.C. del Partido, anunciando que los individuos mencionados dimitían sus cargos en el Gobierno Soviético. La huída de este puñado de cobardes produjo gran júbilo entre los enemigos de la Revolución de Octubre. Toda la burguesía y sus lacayos se frotaban las manos de gusto, chillando acerca del derrumbamiento del bolshevismo y pronosticando el naufragio del Partido bolshevique. Pero este puñado de desertores no consiguió hacer que el Partido vacilase ni un minuto. El Comité Central los cubrió con su desprecio, como a desertores de la revolución y lacayos de la burguesía, sin detenerse un instante en su camino.
En cuanto a los socialrevolucionarios de "izquierda", deseando no perder si influencia entre las masas campesinas, que simpatizaban claramente con los bolsheviques, decidieron no romper con éstos y mantener, por el momento, el frente único con ellos. El Congreso de los Soviets campesinos, celebrado en noviembre de 1917, reconoció todas las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre y los decretos del Poder Soviético. Se pactó un acuerdo con los socialrevolucionarios de "izquierda", algunos de los cuales (Kolegaiev, Spiridonova, Proshián y Steinberg) fueron incluidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero este acuerdo sólo se mantuvo en pie hasta la firma de la paz de Brest-Litovsk y la constitución de los Comités de campesinos pobres; la profunda diferenciación de clases que se produjo entonces entre los campesinos, hizo que los socialrevolucionarios de "izquierda", cuya posición reflejaba cada vez más acentuadamente los intereses de los kulaks, desencadenaran una sublevación contra los bolsheviques, siendo aplastados por el Poder Soviético.
Desde octubre de 1917 hasta enero-febrero de 1918, la revolución soviética logró extenderse por toda Rusia. Tan rápido fue el ritmo con que el Poder de los Soviets se fue instaurando a lo largo del territorio del inmenso país, que Lenin hablaba de la "marcha triunfal" del Poder Soviético.
La Gran Revolución Socialista de Octubre había triunfado.
Entre las diversas causas que determinaron este triunfo tan relativamente fácil de la Revolución Socialista en Rusia, conviene destacar, como fundamentales, las siguientes:
1. La revolución de Octubre se enfrentó con un enemigo tan relativamente débil, tan mal organizado y tan inexperto políticamente, como la burguesía rusa. La burguesía rusa, económicamente débil aun y enteramente dependiente de los suministros al Gobierno, no tenía ni la independencia política ni la iniciativa necesarias para encontrar una salida a la situación. No poseía esa experiencia en las picardías y en los manejos políticos en gran escala que posee, por ejemplo, la burguesía francesa, ni había pasado por la escuela de cambalaches y granujadas de gran estilo en que es maestra, por ejemplo, la burguesía inglesa. La burguesía rusa que, días antes, se esforzaba en llegar a un acuerdo con el zar, derrocado por la revolución de Febrero no supo, al subir al Poder, después de esto, hacer cosa mejor que continuar en sus líneas fundamentales la política del aborrecido autócrata. Abogaba, lo mismo que el zar, por la "guerra hasta la victoria final", a pesar de que la guerra arruinaba y agotaba al país y dejaba exhaustas las energías del pueblo y del ejército. Abogaba, lo mismo que el zar, por la conservación en sus líneas fundamentales de la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, a pesar de que los campesinos perecían por falta de tierras y sucumbían bajo la opresión de los terratenientes. En cuanto a la política seguida respecto a la clase obrera, la burguesía rusa iba todavía más allá que el zar en su odio contra el proletariado, pues no sólo se esforzó en mantener y robustecer la opresión de los patronos, sino que, además, la hacía insoportable, mediante la aplicación de lockouts en masa.
No era, pues, extraño que el pueblo no viese ninguna diferencia esencial entre la política del zar y la de la burguesía y transfiriese al Gobierno provisional de ésta su odio contra el zarismo.
Mientras los partidos oportunistas socialrevolucionario y menshevique conservaron cierta influencia sobre el pueblo, la burguesía pudo atrincherarse detrás de ellos y mantener en sus manos el Poder. Pero, después que los mensheviques y socialrevolucionarios se desenmascararon como agentes de la burguesía imperialista, perdiendo con ello su influencia sobre el pueblo, la burguesía y su Gobierno provisional quedaron en el aire.
2. A la cabeza de la Revolución de Octubre figuraba una clase revolucionaria como la clase obrera de Rusia, templada en las luchas, que había pasado en poco tiempo por dos revoluciones y había sabido conquistar, en vísperas de la tercera revolución, la autoridad de dirigente del pueblo, en su lucha por la paz, por la tierra, por la libertad y por el socialismo.
Si no hubiese existido este dirigente de la revolución, acreedor a la confianza del pueblo, que era la clase obrera de Rusia, no se hubiese logrado tampoco la alianza entre los obreros y los campesinos, sin la cual no habría podido triunfar la Revolución de Octubre.
3. La clase obrera de Rusia contaba con una aliado tan importante en la revolución como eran los campesinos pobres, que formaban la aplastante mayoría de la población campesina. La experiencia de ocho meses de revolución, que valía, indudablemente, por la de decenas de años de desarrollo "normal", no había pasado en vano para las masas trabajadoras del campo. Durante estos meses, habían tenido ocasión de pulsar en la realidad a todos los partidos de Rusia y convencerse de que no eran los kadetes, ni los socialrevolucionarios, ni los mensheviques los que pelearían contra los terratenientes ni derramarían su sangre por los campesinos; de que sólo había en Rusia un partido que no se hallaba vinculado con los terratenientes y que estaba dispuesto a aplastar a éstos para satisfacer las necesidades de los campesinos, y este partido era el Partido bolshevique. Esta circunstancia fue la que sirvió de base real para la alianza del proletariado con los campesinos pobres. La existencia de esta alianza entre la clase obrera y los pobres del campo determinó también la conducta de los campesinos medios, que vacilaron durante largo tiempo y sólo en vísperas de la insurrección de Octubre se orientaron debidamente hacia la revolución, uniéndose a los campesinos pobres.
Huelga demostrar que sin esta alianza la Revolución de Octubre no hubiera podido vencer.
4. La clase obrera tenía a su cabeza un partido tan experto en las luchas políticas como el Partido bolshevique. Sólo un partido como el bolshevique, suficientemente intrépido para conducir al pueblo al asalto decisivo y suficientemente prudente para sortear todos los obstáculos que se alzaban en el camino hacia la meta; sólo un partido así, podía fundir tan hábilmente en un gran torrente revolucionario movimientos revolucionarios tan diversos como el movimiento democrático general por la paz, el movimiento democrático-campesino por la incautación de las tierras de los terratenientes, el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por la igualdad de derechos de las naciones y el movimiento socialista de la clase obrera por el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado.
Es indudable que la fusión de estas diversas corrientes revolucionarias en un poderoso torrente revolucionario único fue lo que decidió la suerte del capitalismo en Rusia.
5. La Revolución de Octubre estalló en un momento en que la guerra imperialista estaba aún en su apogeo, en que los principales Estados burgueses se hallaban escindidos en dos campos enemigos, en que estos Estados, empeñados en una guerra de unos contra otros y debilitándose mutuamente, no podían inmiscuirse a fondo en los "asuntos de Rusia" interviniendo activamente contra la Revolución de Octubre.
Es indudable que esta circunstancia facilitó considerablemente el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre.
Para consolidar el Poder Soviético, era necesario destrozar, romper el antiguo aparato del Estado burgués y sustituirlo por el nuevo aparato del Estado Soviético. Era necesario, asimismo, destruir los restos del régimen de castas y de opresión nacional, abolir los privilegios de la Iglesia, acabar con la prensa contrarrevolucionaria y con las organizaciones contrarrevolucionarias de todo género, tanto legales como ilegales, y disolver la Asamblea Constituyente burguesa. Por último, era necesario nacionalizar, tras de la tierra, toda la gran industria, y, sobre todo, salir de la situación de guerra, acabar con la guerra, que era el mayor obstáculo que se oponía a la consolidación del Poder Soviético.
Todas estas medidas fueron llevadas a cabo a la práctica en el transcurso de unos cuantos meses, desde fines de 1917 a mediados de 1918.
Fue roto y liquidado el sabotaje de los funcionarios de los viejos ministerios, organizado por los socialrevolucionarios y los mensheviques. Fueron suprimidos los ministerios, creándose, para sustituirlos, aparatos soviéticos de administración y los correspondientes Comisariados del Pueblo. Se creó el Consejo Supremo de Economía nacional, encargado de dirigir la industria del país. Se organizó la Comisión extraordinaria de toda Rusia (la "Cheka") para luchar con la contrarrevolución y el sabotaje, poniéndose al frente de ella a F. Dzerzhinski. Se dio un decreto creando el Ejército y la Flota Rojos. Fue disuelta la Asamblea Constituyente, que había sido elegido, fundamentalmente, antes de la Revolución de Octubre, y se había negado a confirmar los decretos del II Congreso de los Soviets sobre la paz, sobre la tierra y sobre la instauración del Poder Soviético.
Con el fin de liquidar definitivamente los residuos del feudalismo, del régimen de castas y de la desigualdad de derechos en todos los órdenes de la vida social, se dieron una serie de decretos aboliendo los privilegios de casta, suprimiendo las restricciones nacionales y religiosas, separando la Iglesia del Estado y la escuela de la Iglesia y concediendo igualdad de derechos a las mujeres y a las diversas nacionalidades de Rusia.
En un decreto especial del Gobierno Soviético, que se conoce con el nombre de "Declaración de derechos de los pueblos de Rusia", se estatuyó como ley el libre desarrollo de los pueblos de toda Rusia y su plena igualdad de derechos.
Con el fin de minar la fuerza económica de la burguesía y de organizar la nueva Economía nacional soviética, y, sobre todo, la nueva industria soviética, fueron nacionalizados los bancos, los ferrocarriles, el comercio exterior, la marina mercante y toda la gran industria, en sus diversas ramas: industria carbonífera, metalúrgica, petrolífera, química, de construcción de maquinaria, textil, azucarera, etc.
Con objeto de emancipar al país de su dependencia financiera y de su explotación por los capitalistas extranjeros, fueron anulados los empréstitos exteriores concertados en nombre de Rusia por el zar y el Gobierno provisional. Los pueblos del País Soviético no tenían por qué pagar las deudas contraídas para prolongar la guerra de rapiña y que habían entregado el país esclavizado a las garras del capital extranjero.
Todas estas medidas y otras semejantes atacaban en su raíz las fuerzas de la burguesía, de los terratenientes, de la burocracia reaccionaria y de los partidos contrarrevolucionarios, consolidando considerablemente el Poder Soviético en el interior del país.
Pero la situación del Poder Soviético no podía considerarse plenamente afianzada, mientras Rusia se hallase en estado de guerra con Alemania y Austria. Para consolidar definitivamente el Poder Soviético, era necesario poner fin a la guerra. Por eso, el Partido desplegó su lucha por la paz desde los primeros días del triunfo de la Revolución de Octubre.
El Gobierno Soviético propuso "a todos los países beligerantes y a sus gobierno entablar negociaciones inmediatas para una paz justa y democrática". Pero los "aliados", Inglaterra y Francia se negaron a aceptar la propuesta del Gobierno Soviético. En vista de la negativa de Francia e Inglaterra a entablar negociaciones de paz, el Gobierno Soviético, cumpliendo la voluntad de los Soviets, decidió entrar en negociaciones con Alemania y Austria.
Estas negociaciones comenzaron el 3 de diciembre, en Brest-Litovsk. El 5 de diciembre, se firmó el convenio de armisticio, es decir, de suspensión temporal de las hostilidades.
Las negociaciones de paz se desarrollaron en una situación en que la Economía nacional se derrumbaba, en que todo el país estaba cansado de la guerra, las unidades militares abandonaban las trincheras y los frentes se desmoronaban. Durante las negociaciones se puso de manifiesto que los imperialistas alemanes pretendían apoderarse de enormes porciones del territorio del antiguo imperio zarista y convertir a Polonia, a Ucrania y a los países del Báltico en Estados vasallos de Alemania.
Continuar la guerra en estas condiciones equivalía a jugarse a una carta la existencia de la República soviética, que acababa de nacer. Planteábase ante la clase obrera y los campesinos la necesidad de aceptar las duras condiciones de paz, y de replegarse ante el bandolero más peligroso por aquel entonces, el imperialismo alemán, para obtener una tregua, robustecer el Poder Soviético y crear un nuevo ejército, el Ejército Rojo, capaz de defender al país contra los ataques de sus enemigos.
Todos los contrarrevolucionarios, comenzando por los mensheviques y los socialrevolucionarios y acabando por los guardias blancos más caracterizados, desplegaron una campaña rabiosa de agitación contra la firma de la paz. Su línea era clara: aspiraban a romper las negociaciones de paz, provocar la ofensiva de los alemanes y exponer a un golpe al naciente Poder Soviético, poniendo en peligro las conquistas de los obreros y los campesinos.
En esta empresa tenebrosa, tenían por aliados a Trotski y a su escudero Bujarin, quien, en unión de Radek y de Piatakov, acaudillaba el grupo antibolshevique que se disfrazaba con el nombre de grupo de los "comunistas de izquierda". Trotski y el grupo de los "comunistas de izquierda" libraron en el seno del Partido una lucha furiosa contra Lenin, exigiendo la continuación de la guerra. Estas gentes hacían claramente el juego a los imperialistas alemanes y a los contrarrevolucionarios dentro del país, ya que laboraban por exponer a la naciente República Soviética, carente aun de ejército, a los golpes del imperialismo alemán.
Era, verdaderamente, una política de provocadores, hábilmente disfrazada con frases izquierdistas.
El 10 de febrero de 1918, se interrumpieron las negociaciones de paz de Brest-Litovsk. A pesar de que Lenin y Stalin insistían, en nombre del C.C. del Partido bolshevique, en que se firmase la paz, Trotski, que era presidente de la delegación soviética de paz enviada a Brest, traicionó abiertamente las instrucciones concretas del Partid bolshevique. Declaró que la República Soviética se negaba a firmar la paz en las condiciones propuestas por Alemania, y, al mismo tiempo, comunicó a los alemanes que los Soviets no harían la guerra y continuarían desmovilizando su ejército.
La cosa era monstruosa. Ni los mismos imperialistas alemanes podían pedir más de aquel traidor a los intereses del País Soviético.
El gobierno alemán dio por terminado el armisticio y pasó a la ofensiva. Los restos de nuestro antiguo ejército no hicieron frente al empuje de las tropas alemanas y comenzaron a dispersarse. Los alemanes avanzaban rápidamente, ocupando territorios inmensos y amenazando a Petrogrado. El imperialismo alemán, irrumpiendo en el país de los Soviets, se trazaba como objetivo derrocar el Poder Soviético y convertir al país en una colonia suya. El antiguo ejército zarista, que se derrumbaba, no podía hacer frente a las legiones armadas del imperialismo alemán y se replegaba ante los golpes del ejército enemigo.
Pero la intervención armada de los imperialistas alemanes provocó una potente oleada de ardor revolucionario dentro del país. La clase obrera respondió al grito de "¡La patria socialista está en peligro!" lanzada por el Partido y el Gobierno Soviético, poniendo en pie de guerra numerosas unidades del Ejército Rojo. Los jóvenes destacamentos del nuevo ejército, del ejército del pueblo revolucionario, rechazaron heroicamente la acometida del bandolero imperialista alemán, armado hasta los dientes. En Narva y Pskov, los invasores alemanes se encontraron con una réplica enérgica. Su avance sobre Petrogrado quedó contenido. El día en que fueron rechazadas las tropas del imperialismo alemán -el 23 de febrero- fue el día en que nació el Ejército Rojo.
Ya el 18 de febrero de 1918, el C.C. del Partido bolshevique había aprobado la propuesta de Lenin de enviar un telegrama al gobierno alemán sobre la conclusión inmediata de la paz. Para arrancar condiciones más favorables, los alemanes prosiguieron la ofensiva y hasta el 22 de febrero no se mostró al gobierno alemán dispuesto a firmar la paz, señalando, además, condiciones mucho más duras que las primitivas.
Lenin, Stalin y Sverdlov hubieron de mantener una lucha empeñadísima en el seno del Comité Central contra Trotski, Bujarin y demás trotskistas, hasta conseguir que se tomase el acuerdo de concertar la paz. Lenin señaló que Bujarin y Trotski "ayudabanentorpecían los avances y el desarrollo de la revolución en Alemania" (Lenin, t. XXII, pág. 307, ed. rusa).
El 23 de febrero, acordó el C.C. aceptar las condiciones impuestas por el Mando alemán y firmar el tratado de paz. La traición de Trotski y Bujarin le costó cara a la República de los Soviets. Fueron anexionadas por Alemania, Letonia y Estonia, además de Polonia, y Ucrania quedó separada de la República Soviética y convertida en un Estado vasallo de Alemania. Se impuso, además, al País Soviético la obligación de pagar una contribución de guerra a los alemanes.
Entretanto, los llamados "comunistas de izquierda" proseguían su lucha contra Lenin, hundiéndose cada vez más en el pantano de la traición.
El Buró regional del Partido de Moscú, del que lograron adueñarse temporalmente los "comunistas de izquierda" (Bujarin, Osinski, Yakovleva, Stukov, Mantzev), aprobó una resolución escisionista de desconfianza en el C.C. y declaró que consideraba "casi inevitable la escisión del Partido en un plazo inmediato". Y se llegaba hasta el extremo de incluir en esta resolución un acuerdo antisoviético: "En interés de la revolución internacional -declaraban en ella los "comunistas de izquierda"-, consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder Soviético, que se está convirtiendo en un Poder puramente formal".
Lenin calificó esta resolución de "peregrina y monstruosa".
Por aquel entonces, el Partido no veía aún clara la causa real de esta conducta antibolshevique de Trotski y de los "comunistas de izquierda". Pero el proceso del Bloque antisoviético derechista-trotskista, celebrado recientemente (a comienzos de 1938), ha revelado que Bujarin y el grupo de "comunistas de izquierda", acaudillado por él, se hallaban ya en aquel tiempo, juntamente con Trotski y los socialrevolucionarios de "izquierda", en relaciones secretas y conspirativas contra el Gobierno de los Soviets. Se ha comprobado que Bujarin, Trotski y sus cómplices en la conjura se proponían como objetivo romper el tratado de paz de Brest-Litovsk, detener a V. I. Lenin, I. V. Stalin e I. M. Sverdlov, asesinarlos y formar un nuevo gobierno, compuesto de bujarinistas, trotskistas y socialrevolucionarios de "izquierda".
A la par que organizaba clandestinamente este complot contrarrevolucionario, el grupo de los "comunistas de izquierda", apoyado por Trotski, atacaba abiertamente al Partido bolshevique, aspirando a escindirlo y a descomponer sus filas. Pero, en aquellos momentos difíciles, el Partido formó un bloque en torno a Lenin, Stalin y Sverdlov y apoyó al Comité Central, tanto en el problema de la paz como en los demás problemas planteados.
El grupo de los "comunistas de izquierda" quedó aislado y derrotado.
Para tomar una decisión definitiva sobre el problema de la paz, se convocó al VII Congreso del Partido bolshevique.
El VII Congreso del Partido abrió sus sesiones el 6 de marzo de 1918. Era el primer Congreso que se convocaba después de la toma del Poder por el Partido bolshevique. Asistieron a él 46 delegados con voz y voto y 58, sin derecho a votar. Estuvieron representados en este Congreso 145.000 afiliados. En realidad, el Partido tenía ya más de 270.000 miembros. Esta diferencia se explica por el carácter urgente del Congreso, que impidió a muchas organizaciones enviar delegados, no habiendo podido hacerlo tampoco las encalvadas en el territorio ocupado por los alemanes.
Informando sobre la paz de Brest-Litovsk, Lenin dijo en este Congreso: "...la dura crisis por la que atraviesa nuestro Partido, con motivo de la formación dentro de él de una oposición de izquierda, es una de las mayores crisis por las que ha pasado la revolución rusa" (Lenin, t. XXII, pág. 321, ed. rusa).
Al día siguiente de aprobarse esta resolución, Lenin escribía en su artículo titulado "Una paz desgraciada":
"Insoportablemente duras son las condiciones de paz. Pero, a pesar de todo, la historia se impondrá... ¡A trabajar en la organización, en la organización y en la organización! El porvenir, cualesquiera que sean las pruebas por las que pasemos, es nuestro" (Obra citada, pág. 288).
En la resolución aprobada por el Congreso se advertía que sería inevitable que en el futuro surgiesen también ataques bélicos de los Estados imperialistas contra la República de los Soviets, por cuya razón el Congreso consideraba deber fundamental del Partido tomar las medidas más enérgicas y decisivas con objeto de elevar la disciplina en el seno del Partido y la de los obreros y campesinos en general, poner a las masas en condiciones de defender abnegadamente la patria socialista, organizar el Ejército Rojo e instruir militarmente a toda la población.
El Congreso, después de ratificar la justeza de la línea leninista en el problema de la paz de Brest-Litovsk, condenó la posición de Trotski y de Bujariny estigmatizó el intento de los "comunistas de izquierda", derrotados, de proseguir en el mismo Congreso su labor escisionista.
La firma de la paz de Brest-Litovsk dio al Partido la posibilidad de ganar tiempo para afianzar el Poder Soviético y poner en orden la Economía del país.
La firma de la paz dio al Partido la posibilidad de aprovecharse de los choques existentes dentro del campo imperialista (continuación de la guerra de Austria y Alemania con la Entente), de descomponer las fuerzas del adversario, de organizar la Economía soviética y de crear el Ejército Rojo.
La paz de Brest-Litovsk permitió al proletariado mantener a su lado a los campesinos y acumular fuerzas para aplastar a los generales blancos en el periodo de la guerra civil.
Durante el periodo de la Revolución de Octubre, Lenin había enseñado al Partido bolshevique cómo hay que avanzar resueltamente y sin miedo, cuando se dan las condiciones necesarias para ello. Durante el periodo de la paz de Brest-Litovsk, le enseñó cómo hay que retroceder, ordenadamente, cuando las fuerzas del adversario superan a ciencia cierta las propias, con el fin de preparar con la mayor energía la nueva ofensiva contra el enemigo.
En el VII Congreso se tomó el acuerdo de cambiar el nombre del Partido y de redactar un nuevo programa. El Partido pasó a llamarse Partido Comunista de Rusia (bolshevique) -P.C.R. (b)-. Lenin propuso este nombre, por ajustarse exactamente al objetivo que el Partido bolshevique se propone, que es la realización del comunismo.
Para la redacción del nuevo programa del Partido fue elegida una Comisión especial, de la que formaban parte Lenin, Stalin y otros, tomándose como base el proyecto presentado por Lenin.
Como se ve, el VII Congreso realizó una obra histórica formidable: derrotó a los enemigos emboscados dentro del Partido, a los "comunistas de izquierda" y a los troskistas, consiguió sacar al país de la guerra imperialista, logró la paz, y con ella una tregua que permitió al Partido ganar tiempo para organizar el Ejército Rojo, e impuso al Partido la misión de implantar un orden socialista en la Economía nacional.
8. El plan de Lenin para abordar la construcción del socialismo. - Se crean los comités de campesinos pobres y se pone coto a los kulaks. - La sublevación de los socialrevolucionarios de "izquierda" y su aplastamiento. - El V Congreso de los Soviets y aprobación de la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.
Después de concertar la paz y obtener una tregua, el Poder Soviético abordó el problema de desarrollar la construcción del socialismo. Lenin llamaba al periodo, que va desde noviembre de 1917 hasta febrero de 1918, el periodo de "ataque de Guardia Roja contra el capital". Durante el primer semestre del año 1918, el Poder Soviético logró destruir la potencia económica de la burguesía, concentrar en sus manos los puestos de mando de la Economía nacional (las fábricas y empresas industriales, los bancos, los ferrocarriles, el comercio exterior, la marina mercante, etc.), destrozar el aparato del Estado burgués y liquidar victoriosamente los primeros intentos de la contrarrevolución para derrocar el Poder Soviético.
Pero todo esto distaba todavía mucho de ser suficiente. Para poder avanzar, era necesario pasar del derrumbamiento de lo viejo a la construcción de lo nuevo. Por eso, en la primavera de 1918, se inició el paso a la nueva etapa de la construcción socialista, se pasó de la "expropiación de los expropiadores", al afianzamiento organizado de las victorias conseguidas, a la edificación de la Economía nacional soviética. Lenin consideraba necesario aprovecharse hasta el máximum de la tregua para abordar el problema de echar los cimientos de la Economía socialista. Los bolsheviques tenían que aprender a organizar de un modo nuevo la producción y a administrarla. Lenin escribía que el Partido bolshevique había logrado convencer a Rusia y había conseguido arrancarla de manos de los ricos para entregarla al pueblo; ahora, decía Lenin, es necesario que el Partido bolshevique aprenda a gobernar y administrar a Rusia.
En esta etapa, Lenin reputaba como tareas fundamentales las de contabilizar lo que se producía en la Economía nacional y controlar el consumo de todos los artículos producidos. En la economía rusa predominaban los elementos pequeñoburgueses. Millones de pequeños industriales y campesinos formaban el terreno que servía de base para el desarrollo del capitalismo. Estos pequeños empresarios no reconocían ni la disciplina del trabajo ni la disciplina general del Estado; no se sometían a ningún requisito de contabilidad ni de control. En aquellos momentos difíciles, constituía un peligro especialmente grande el elemento pequeño burgués de especulación y mercantilismo, y las tentativas de estos pequeños industriales y comerciantes de enriquecerse a costa de la miseria del pueblo.
El Partido bolshevique desplegó una lucha enérgica contra la desidia en la producción, contra la falta de disciplina de trabajo en la industria. Las masas iban asimilando, lentamente nuevos hábitos de trabajo. Esto hacía que la lucha por una disciplina en el trabajo fuese, durante este periodo, la tarea central.
Lenin señaló la necesidad desplegar la emulación socialista en la industria, de implantar al salario a destajo, de luchar contra el igualitarismo, aplicando, a la par con medidas educativas de persuasión, medidas de coacción contra cuantos pretendieran estafar al Estado, contra los haraganes y los especuladores. Entendía que la nueva disciplina, una disciplina de trabajo, una disciplina de camaradería, una disciplina soviética, sería forjada por los millones de trabajadores en la práctica de su trabajo cotidiano. Y hacía notar que "esta obra llenará toda una época histórica" (Lenin, t. XXIII, pág. 44, ed. rusa).
Todos estos problemas de la construcción del socialismo, los problemas de la creación de nuevas relaciones de producción de tipo socialista, fueron esclarecidos por Lenin en su notable trabajo titulado "Las tareas actuales del Poder Soviético".
Los "comunistas de izquierda", del brazo de los socialrevolucionarios y mensheviques, lucharon también contra Lenin respecto a estos problemas. Bujarin, Osinski y otros se manifestaron en contra de la implantación de una disciplina, en contra de la dirección unipersonal de las empresas, en contra del empleo de especialistas en la industria, en contra de la instauración de un régimen de contabilidad y de control financiero. Y calumniaban a Lenin, afirmando que semejante política representaba la vuelta al régimen burgués. Al mismo tiempo, los "comunistas de izquierda" predicaban la tesis trotskista sobre la imposibilidad de que en Rusia saliese adelante la edificación socialista y triunfase el socialismo.
Detrás de las frases "izquierdistas" de los "comunistas de izquierda" se escondía la defensa de los kulaks, de los haraganes, de los especuladores, que eran enemigos de la disciplina del trabajo y veían con hostilidad la reglamentación por el Estado de la vida económica, el régimen de contabilidad y de control.
Después de perfilar los problemas de la organización de la nueva industria soviética, el Partido bolshevique acometió los problemas del campo. En el campo, estaba en ebullición, por aquel entonces, la lucha de los campesinos pobres contra los kulaks. Estos acaparaban por la fuerza, se apoderaban de las tierras que les habían sido arrebatadas a los terratenientes. Los campesinos pobres estaban necesitados de ayuda. Los kulaks luchaban contra el Estado proletario, negándose a venderle el trigo a precio de tasa. Proponíanse obligar al Estado Soviético, por medio del hambre, a renunciar a la implantación de medidas socialistas. El Partido bolshevique se trazó el objetivo de aplastar a los kulaks contrarrevolucionarios. Para organizar a los campesinos pobres y luchar con éxito contra los kulaks, que disponían del trigo sobrante, se organizó una campaña de los obreros en el campo.
"¡Camaradas obreros! -escribía Lenin- recordad que la revolución atraviesa por una situación crítica. Recordad que sois vosotros y nadie más que vosotros quienes podéis salvar la revolución. Decenas de miles de obreros escogidos, adelantados, entregados a la causa del socialismo, incapaces de rendirse al soborno ni a la rapiña, capaces de crear una fuerza férrea contra los kulaks, los especuladores, los merodeadores, las gentes venales, los desorganizadores: he ahí lo que nos hace falta" (Lenin, t. XXIII, pág. 25, ed. rusa).
"La lucha por el pan es la lucha por el socialismo", dijo Lenin, y bajo esta consigna se desarrolló la organización de los obreros para la campaña en las aldeas. Se dictó una serie de decretos por los que se instauraba una dictadura del abastecimiento y se concedían a los órganos del Comisariado de Abastecimiento poderes extraordinarios para comprar trigo a precios de tasa.
Por un decreto del 11 de junio de 1918, fueron creados los Comités de campesinos pobres. Esto Comités desempeñaron un gran papel en la lucha contra los kulaks, en el nuevo reparto de las tierras confiscadas y la distribución de los aperos de labranza y del ganado de labor, en la adquisición a los kulaks de los productos sobrantes y en avituallamiento de los centros obreros y del Ejército Rojo. 50 millones de hectáreas de tierras detentadas por los kulaks pasaron a manos de los campesinos pobres y medios. Y fue confiscada a los kulaks, en beneficio de los campesinos pobres, una parte considerable de los medios de producción.
La organización de estos Comités de campesinos pobres representó una etapa de avance en la marcha de la revolución socialista en el campo. Estos comités eran los baluartes de la dictadura del proletariado en la aldea. Y fueron, además, en una medida considerable, el cauce a través del cual se reclutaron los cuadros del Ejército Rojo entre la población campesina.
La campaña de los proletarios en las aldeas y la organización de los Comités de campesinos pobres afianzaron el Poder Soviético en el campo y tuvieron una enorme importancia política para atraer a los campesinos medios al lado del Poder Soviético.
A fines de 1918, después de cumplir su misión, los Comités de campesinos pobres dejaron de existir, fundiéndose con los Soviets rurales.
El 4 de julio de 1918, se abrió el V Congreso de los Soviets. Los socialrevolucionarios de "izquierda" desplegaron en este Congreso una lucha rabiosa contra Lenin, en defensa de los kulaks. Exigieron que se pusiese fin a la campaña contra los kulaks y se renunciase a enviar al campo destacamentos obreros encargados del abastecimiento. Y cuando se convencieron de que su actitud encontraba una resistencia firme por parte de la mayoría del Congreso, organizaron una sublevación en Moscú, se apoderaron de una calle y comenzaron a cañonear desde ella el Kremlin. Pero, en término de pocas horas, esta aventura socialrevolucionaria de "izquierda" fue aniquilada por los bolsheviques. Y aunque las organizaciones locales de los socialrevolucionarios de "izquierda" intentaron también sublevarse en una serie de puntos del país, la aventura fue rápidamente liquidada en todas partes.
Como ha venido a demostrar últimamente el proceso contra el Bloque antisoviético derechista-trotskista, la sublevación de los socialrevolucionarios de "izquierda" se produjo con conocimiento y de acuerdo con Bujarin y Trotski, y formaba parte del plan general de un complot contrarrevolucionario de los bujarinistas, los trotskistas y los socialrevolucionarios de "izquierda" contra el Poder Soviético.
Por aquellos mismos días, el socialrevolucionario de "izquierda" Bliumkin, que más tarde había de pasar a ser agente de Trotski, se deslizó en la embajada alemana y, con el fin de provocar una guerra con Alemania, asesinó al embajador alemán en Moscú, Mirbach. Pero el Gobierno Soviético logró evitar la guerra y hacer fracasar la provocación de los contrarrevolucionarios.
En el V Congreso de los Soviets fue aprobada la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, la primera de todas las constituciones soviéticas.
Durante los ocho meses que van desde febrero a octubre de 1917, el Partido bolshevique realiza una dificilísima labor: conquista la mayoría de la clase obrera y, dentro de los Soviets, atrae al lado de la Revolución Socialista a millones de campesinos. Arranca a estas masas a la influencia de los partidos pequeño-burgueses (socialrevolucionarios, mensheviques, anarquistas) y va desenmascarando paso a paso, la política de esto partidos, dirigida contra los intereses de los trabajadores. El Partido bolshevique despliega una labor política gigantesca en el frente y en la retaguardia, preparando a las masas para la Revolución Socialista de Octubre.
Los momentos decisivos en la historia del Partido bolshevique durante este periodo, fueron: la llegada de Lenin de la emigración, sus Tesis de Abril, la Conferencia de Abril del Partido y el VI Congreso de éste. Los acuerdos del Partido infundieron a la clase obrera fuerza y seguridad en el triunfo y le dieron soluciones para los problemas más importantes de la Revolución. La Conferencia de Abril encaminó al Partido hacia la lucha por el paso de la revolución democráticoburguesa a la revolución socialista. El VI Congreso orientó al Partido hacia la insurrección armada contra la burguesía y su gobierno provisional.
Los partidos oportunistas, socialrevolucionarios y mensheviques, anarquistas y demás partidos no comunistas, coronaron su trayectoria: todos ellos se convirtieron, ya antes de la Revolución de Octubre en partidos burgueses, defendiendo la integridad y la conservación del régimen capitalista. Sólo el Partido bolshevique dirigió a las masas en su lucha por el derrocamiento de la burguesía y la instauración del Poder de los Soviets.
Al mismo tiempo, los bolsheviques aplastaron los intentos de los capituladores dentro del partido, los intentos de Zinoviev, Kamenev, Rykov, Bujarin, Trotski, Piatakov y otros de desviar al Partido del camino de la Revolución Socialista.
La clase obrera, dirigida por el Partido bolshevique, aliada a los campesinos pobres y apoyada por los soldados y marinos, derribó el Poder de la burguesía, instauró el Poder de los Soviets, fundó un nuevo tipo de Estado, el Estado soviético socialista, abolió la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, entregó ésta en disfrute a los campesinos, nacionalizó toda la tierra del país, expropió a los capitalistas, puso término a la guerra conquistando la paz, obtuvo la necesaria tregua y creó con ello las condiciones indispensables para el desarrollo de la construcción socialista.
La Revolución Socialista de Octubre destruyó el capitalismo, arrebató a la burguesía los medios de producción y convirtió las fábricas y empresas industriales, la tierra, los ferrocarriles y los bancos en propiedad de todo el pueblo, en propiedad social.
Instauró la dictadura del proletariado y entregó la dirección de un inmenso Estado a la clase obrera, convirtiéndola con ello en clase dominante.
Con esto, la Revolución Socialista de Octubre abre en la historia de la Humanidad una nueva era, la era de las revoluciones proletarias.

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