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Timestamp: 2019-12-11 02:56:36+00:00

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La moda full frame | www.pixel-depot.com
Recuerdo mi primera cámara réflex digital: una Canon D60 de apenas 6 millones de píxeles y algo más de 2.000U$. Plástico a precio de oro…
El paso de la película de soporte químico al entorno digital supuso un trauma (financiero y en la calidad de las fotografías) para muchos profesionales. El aficionado encontró en las compactas digitales la panacea a no gastar en película y revelado, pero al carísimo precio de no volver a tocar sus fotos. Un profesional pagaba en España por una Nikon D1 casi un millón y medio de Pesetas (9.000€) por una cámara de 2,6 millones de píxeles, pésima calidad de imagen y una pantalla de 2 pulgadas. Eran los inicios de la fotografía digital y empezaba la carrera por la resolución.
Los fabricantes de cámaras vendieron la idea de que a mayor resolución, mayor calidad de imagen. Ésta fue la primera gran mentira de la era digital e incluso hoy en día sigue existiendo un alto porcentaje de usuarios que creen en el paradigma de «cuanto más, mejor». La resolución sólo marca el tamaño de ampliación o impresión sobre soporte químico, algo curioso en una época en que las copias en papel fotográfico han caído a mínimos históricos. Por otra parte, basta un sensor de 6 Megapíxeles para obtener una ampliación de tamaño 50 x 75cm. En verdad, cuántos necesitamos realmente una resolución superior a 12 millones de píxeles, si la mayoría de imágenes van a redes sociales o se ven en el smartphone, la tablet o el ordenador?
Principalmente, sólo los fabricantes de cámaras, que deben amortizar sus inversiones en I+D+I y ofrecer nuevos argumentos de venta capaces de seducir a los usuarios de su marca. ¿Alguien se imagina que Canon, Fujifilm, Nikon, Olympus o Sony lanzasen hoy una cámara de 6 Megapíxeles? Incluso aquellos aficionados que sólo utilizan sus fotografías para Instagram pondrían el grito en el cielo, pese a no necesitar más de 2-3 millones de píxeles para el uso de sus fotos en redes sociales. El mito de la resolución ha calado en el ADN de los usuarios de cámaras digitales y ningún fabricante se atrevería hoy a lanzar un modelo de menos de 12 Megapíxeles para desmentirlo.
Las fotos que ilustran este apartado se realizaron hace casi dos décadas con la cámara compacta Sony Cyber-Shot DSC-F717, un modelo de apenas 5 millones de píxeles de resolución. De la imagen inferior, se realizó una ampliación fotográfica a tamaño 50 x 75cm. con un equipo Lambda de Durst. En los 17 años transcurridos desde la aparición en el mercado de la cámara compacta Sony DSC-F717 se han mejorado todos los aspectos que intervienen en la captura de una foto, en especial, la resolución, el detalle y la calidad del color. Aún así, las copias –hoy– mantienen una calidad (no olvidemos que se trata de una cámara compacta) más que aceptable.
Hasta la aparición de las primeras cámaras sin espejo, las cámaras réflex podían diferenciarse por tamaño de su sensor: de formato completo para las de segmento profesional y APS-C, para el aficionado. La llegada de modelos como la Canon EOS 6D empezó a popularizar los sensores full frame entre los aficionados, gracias a un precio más asequible. Tampoco los sensores de formato APS-C ofrecían una calidad de imagen espectacular y realmente sí existía una diferencia visible entre la calidad de una cámara –siguiendo en el mundo SLR– Canon EOS 400D y una EOS 5D Mark III.
La aventura de Olympus y su formato Micro 4/3 parece reservada a los fans más incondicionales de la marca nipona, pues la respuesta en ISO altos y una inferior calidad en las ampliaciones de gran formato sitúan a las cámaras con sensores Micro 4/3 a la cola de las preferencias de los usuarios más exigentes. Pero llegamos a septiembre de 2010 y Fujifilm presenta la X100, una compacta de óptica fija y sensor APS-C. Además de tener el diseño más bonito de los últimos años, la Fujifilm X100 ofrecía una calidad de imagen soberbia. ¡Y en una compacta con un sensor APS-C!
La X100 fue la piedra angular de la Serie X, esa amalgama que reúne a algunas de las mejores ópticas del mercado con cámaras de prestaciones tan elevadas como la nueva Fujifilm X-T3. En casi una década, las diferentes versiones X100 se han convertido en un éxito de ventas garantizado, siendo un modelo con muy buena acogida entre los profesionales del fotoperiodismo, gracias un diseño 100% fotográfico y una calidad de imagen soberbia, debida en gran parte por el objetivo especialmente diseñado para ella.
Reciclado analógico
¿De qué sirve disponer del más rápido y preciso sistema de enfoque automático, si utilizamos antiguas ópticas de enfoque manual con un adaptador chino de 20€? Entiendo que muchos usuarios de cámaras mirrorless de formato completo no puedan pagar el elevado precio de los objetivos originales y prefieran utilizar una óptica rescatada o heredada con un adaptador a no tener nada qué ponerle a su cámara. Pero de ahí a tragarme el cuento de «recuperar el espíritu de la fotografía de verdad»… Esa «fotografía de verdad» se encuentra a 150€ en las tiendas de segunda mano, con joyas como la Nikon FM.
Por otra parte, los nuevos sensores (ya sean de formato Micro 4/3, full frame o APS-C) precisan de objetivos con una resolución lineal muy elevada, pues los sensores muestran un detalle muy superior a la capacidad de la película de soporte químico. ¿Es entonces racional disponer de sensores de más de 40 Megapíxeles y objetivos fabricados para cámaras de película fotográfica, que apenas ofrecen una resolución de 6 Megapíxeles? En mi opinión, por supuesto que no y se debe exclusivamente al precio inasumible de algunos objetivos por parte de buena parte de usuarios.
El color ha sido uno de los temas más controvertidos en fotografía. Desde los tiempos de la película fotográfica se ha buscado la máxima fidelidad del color, especialmente en la fotografía de moda o la reproducción de cuadros, ámbitos profesionales en que se exige mostrar los tonos originales con la máxima fidelidad posible. En la representación del color intervienen desde el balance de blancos hasta la propia interpretación de cada fabricante. Afortunadamente, atrás ha quedado la época en que las marcas ofrecían colores con un contraste y saturación excesivos.
He decido hacer una prueba comparativa entre dos de los modelos más recientes con distinto formato de sensor que ofrece el mercado: la Sony A7 III y la cámara Fujifilm X-T3. Cada una representa a la perfección las esencias del formato completo y el APS-C en el segmento mirrorless, incluida la diferencia de precio, aproximadamente un 50% más caro el modelo Sony. También la diferencia entre los kits de cámara + objetivo está sobre un 50%, siempre que el modelo Sony A7 III monte el zoom de kit 28–70/3.5-5.6, pues con el conjunto de cámara y el zoom Sony 24–70/2.8 GM se dispara hasta los 4.600 euros, muy alejado de los
No se trata de una prueba científica, realizada con trípode en estudio y luz controlada; he decidido salir a la calle y realizar las mismas fotografías a mano alzada. Los parámetros que paso a valorar son los que cualquier aficionado promedio tiene en cuenta a la hora de sopesar la compra de una cámara: diseño (ergonomía), facilidad de manejo, sistema AF, fidelidad del color, calidad de imagen, respuesta en ISO altos, modo vídeo y relación calidad-precio.
Además de las diferencias en el sensor, las filosofías de ambos modelos son radicalmente distintas: mientras la X-T3 de Fujifilm mantiene el tradicional diseño 100% fotográfico de la Serie X, en Sony apuestan por un minimalismo –en mi opinión– excesivamente espartano. La cámara Fujifilm X-T3 tiene al alcance de la mano los diales de velocidades de obturación (más los modos de prioridad de abertura, «T» y «B»), de sensibilidad, de compensación de la exposición, además de dos diales personalizables. Dispone además levas de acceso al modo de disparo y a los distintos modos de fotometría, así como dos botones de funciones personalizables, uno en el frontal de la cámara .
La Sony A7 III incorpora los diales de modos de exposición, de control (2) y el de compensación de la exposición; dispone de dos botones personalizables en la tapa superior, para un total de 4 botones de funciones personalizadas (2 más en la tapa trasera). El dial de modos de exposición carece de seguro, algo que encontramos en la X-T3 de Fujifilm.
Siento que las series A7/A9 de Sony son las cámaras más antipáticas cuando se empieza a disparar con ellas. La necesidad de recurrir a los menús más densos y farragosos del mercado es constante, hasta que el usuario personaliza la cámara a sus necesidades. Por el contrario, el modelo Fujifilm X-T3 tiene a mano la mayoría de parámetros que intervienen en la captura de una fotografía. Asimismo, la posición del dial «Menú» está situado en una posición más lógica y racional en el modelo de Fujifilm. Ambas cámaras disponen de un botón de acceso al menú rápido: «Q» en la X-T3 y «Fn», en la A7 III.
Pantalla LCD / Visor electrónico
Uno de los aspectos en los que he encontrado mayores diferencias es en la pantalla LCD y el visor electrónico de cada modelo. Mientras la cámara Fujifilm X-T3 incorpora una pantalla LCD con resolución de 1,04 millones de píxeles, la Sony A7 III se queda en unos 921.600, más propios de una cámara de iniciación. Lo mismo sucede con el visor electrónico, de 3,69 millones de píxeles de resolución y alta tasa de refresco en la X-T3 y de sólo 2,35 en la A7 III, una cifra muy inferior a lo que se espera de una cámara que supera ampliamente los 2.300 euros.
Sony es la marca que ofrece la respuesta más rápida de enfoque automático, superior a cualquier fabricante del entorno réflex. La precisión del sistema AF al ojo (Eye-AF) es uno de los puntos fuertes en la Sony A7 III y que –hasta la actualización del firmware– supera el de la cámara Fujifilm X-T3. Sin embargo, el notable incremento en la velocidad y precisión del sistema AF de la nueva X-T3 facilita cubrir de manera profesional cualquier evento deportivo, utilizando las ópticas que incorporan motor lineal LM, como el excelente Fujinon XF 200mm ƒ/2 R LM OIS WR.
Respuesta del color
Fujifilm ha sido –junto a Kodak y Agfa– uno de los tres grandes fabricantes de película fotográfica. La experiencia de Fujifilm en la fotografía tradicional de soporte químico ha dotado a sus cámaras como los modelos con mejor calidad de color del mercado. La fidelidad cromática es uno de los apartados que mayor relevancia han tomado en las últimas generaciones de cámaras, tras desterrar –afortunadamente– el concepto de que los colores excesivamente saturados y contrastados son los mejores.
El color de las fotografías realizadas con la Fujifilm X-T3 es más natural y muestra mayor fidelidad a los tonos originales al ofrecido por la Sony A7 III, más saturados. El contraste de los colores es –asimismo– excesivo en el modelo de Sony, algo que puede satisfacer el gusto de aquellos usuarios que buscan paisajes alejados de la realidad. La variedad de modos de simulación de película (estilos de color) es amplia en los dos modelos, pero se mantiene la calidad del color en favor del modelo de Fujifilm, incluso al disparar en blanco y negro, cuyo modo «Acros» me parece el mejor blanco y negro del mercado.
Y llega el punto crucial –junto al precio– a la hora de valorar la compra de una cámara o un objetivo. Por el tamaño superior del sensor full frame, la Sony A7 III parte con una ventaja notable, respecto a la cámara Fujifilm X-T3. Sin embargo, tal diferencia no es significativa, si se observan las fotografías a tamaño de pantalla. Tan sólo ampliando al 100% el tamaño de la imagen se puede observar mayor detalle en las fotografías realizadas con el modelo de formato completo.
Pese a disponer de un abanico comprendido que alcanza hasta 51.200 ISO en el modelo Fujifilm X-T3 y de 204.800 ISO en la Sony A7 III, la zona de confort de ambas cámaras no pasa de 6.400 ISO, pues a sensibilidades superiores la señal de ruido de incrementa y las imágenes pierden contraste y fidelidad cromática de forma muy apreciable. Sigo sin comprender como –salvo la Sony A7S de 12 Megapíxeles– los fabricantes siguen ofreciendo sensibilidades que no aportan la mínima calidad de imagen. Prefiero una cámara que me regale una buena calidad de imagen a 3.200 ISO que otro modelo que muestre una calidad de imagen pésima a 12.800 ISO.
La imagen superior se disparó a 6.400 ISO con la luz de una ventana lateral en una tarde nublada. El balance de blancos y la colorimetría de la cámara Fujifilm X-T3 muestra tonos más cercanos a la realidad que la Sony A7 III, que ofrece una tonalidad más cálida. Sin embargo, el contraste y el detalle empiezan a sufrir en el modelo X-T3, mientras la Sony A7 III mantiene un excelente contraste y una riqueza en el detalle que camuflan la elevada sensibilidad a la que se ha disparado.
Llegamos al apartado en que –a priori– Sony tiene todos los ases para ganar la partida: sensor full frame y la más amplia experiencia y prestigio en vídeo profesional. De hecho, hasta la aparición de la cámara Fujifilm X-Pro2, la calidad de las grabaciones en vídeo de los modelos de la Serie X era (siendo muy generoso) discreta. Ha sido en el apartado vídeo donde me he llevado la mayor sorpresa, pues encuentro que la calidad entre la Sony A7 III y la Fujifilm X-T3 ofrecen una calidad de imagen muy similar, destacando en ambos modelos la riqueza en el detalle.
En ambos casos se realizó una grabación a mano alzada, sin ningún tipo de soporte o estabilización externa. El sistema de estabilización de la Sony A7 III es un valor añadido que, en la cámara Fujifilm X-T3 debe llegar del estabilizador óptico de sus ópticas OIS. Encuentro un mayor rango dinámico en la X-T3, capaz de mostrar mayor información en las sombras, pero también en las altas luces, punto en la Sony A7 III flaquea. Asimismo, la calidad de color es –en mi opinión– superior en la cámara de la Serie X.
He querido realizar una prueba de usuario, alejada de los rígidos pragmatismos de un aburrido test de laboratorio. Decidí salir con ambas cámaras y objetivos zoom de prestaciones similares: un Fujinon XF 16-55mm ƒ/2.8 R LM WR y el Sony FE 24-70mm ƒ/2.8 GM. La diferencia de precio entre ambos equipos es notable: Sony dobla generosamente el importe de la Fuji X-T3 con su zoom.
¿Pero realmente en las imágenes se aprecia el doble de calidad de imagen en el equipo Sony? Salta a la vista que no. No al menos con las imágenes a tamaño de pantalla, que es como debemos ver las fotografías que realizamos. «Es que al 100% de la imagen…», dirá alguno. Personalmente, sólo abro una imagen al 100% cuando busco la zona de mayor detalle o enfoque en una fotografía. Las fotografías deben verse a tamaño completo.
Para el usuario medio, el formato APS-C de la Serie X de Fujifilm es –en mi opinión– la opción con mejor relación calidad-precio del mercado y sólo entiendo recurrir al formato completo (full frame) si se trata de profesionales o aficionados con un poder adquisitivo elevado, a quienes no les importa pagar el doble por un equipo que –a tamaño de imagen– no ofrece una visible calidad de imagen superior. Tan sólo al imprimir a tamaños superiores a 1m² es posible determinar el mayor detalle que ofrece la Sony A7 III, pero por desgracia cada vez pasamos a papel menos fotos.
Cada sistema hoy presentado tendrá sus partidarios y detractores. La Serie X de Fujifilm ofrece un manejo 100% fotográfico y suele seducir a quienes amamos la tradicional ergonomía y diseño de las cámaras de antaño, con diales de velocidad, modo de disparo y sensibilidad, aro de diafragmas, selector de fotometría… La serie A7 (en sus distintas versiones) requiere de cierta práctica constante para que el usuario pueda familiarizarse con ella, pero a la vez esto supone una mayor personalización.
Sólo las necesidades y –de manera especial– el presupuesto de cada usuario determinarán qué sistema resuelve de manera más racional el dilema de comprar el equipo que logrará mantener viva esta pasión llamada Fotografía.
Precio del equipo Fujifilm X-T3 + zoom Fujinon XF 16-55/2.8 R LM WR: 2.348€
Precio del equipo Sony A7 III + zoom Sony FE 24-70/2.8 GM: 4.521€

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