Source: https://voxpolitikon.wordpress.com/2015/02/16/islas-malvinas-e-integracion-latinoamericana/
Timestamp: 2017-08-19 16:51:25+00:00

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ISLAS MALVINAS E INTEGRACION LATINOAMERICANA | VOX POLITIKON
Vox Politikon / 16 febrero, 2015
por Evelyn de Leon
Las Malvinas no son sólo una frontera argentina. Son también una nueva frontera latinoamericana. Los signos de los tiempos son que la Argentina, en las Malvinas, está perfilando una nueva época de América Latina. Seguramente, más allá de sus intenciones. Nunca la Argentina se había –desde la independencia– latinoamericanizado tanto. Nunca América Latina, en el seno del mismo sudamericanismo, se sintió tan conjugada, tan unión latinoamericana y tan separada de Europa Occidental y de Estados Unidos (METHOL FERRÉ. 1982; 20-22).
Se afirma en este ensayo que la Cuestión Malvinas habría fomentado una solidaridad regional sudamericana que se manifiesta en los diversos procesos de integración latinoamericanos y que podría llegar a motivar la formación de una mayor confluencia y unión en materia de seguridad y defensa.
La cuestión Malvinas se ha constituido como un “elemento simbólico de unificación y solidaridad en pro de la integración sudamericana” (OBSERVATORIO MALVINAS de la Universidad de Lanús. 2011a; 34). El reclamo por la soberanía sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, más el lecho y subsuelo marinos por parte de la República Argentina, generó un amplio apoyo de América Latina, el cual se ha ido consolidando año tras año, permitiendo una mayor coincidencia e integración entre los países de la región.
Este ensayo toma como punto de partida, la argumentación histórica, jurídica y política que defiende Argentina en la disputa sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, más el lecho y subsuelo, y que recogen los países latinoamericanos para legitimar su reclamo.
A continuación, se reflexiona sobre el papel que ha desenvuelto la Cuestión Malvinas en América Latina, y cuál ha sido la relevancia de la misma en los procesos de integración regional.
Por último, se arriba a una conclusión que describe el hermanamiento en materia de seguridad y defensa que podría llegar a gestarse a partir de los acontecimientos de Malvinas.
La problemática a desarrollar en este trabajo consiste en indagar cuáles han sido los efectos en América Latina en materia de integración, al respaldar a Argentina en su legítimo reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, más el lecho y subsuelo.
Es importante señalar aquí, qué se entiende por Cuestión Malvinas y diferenciarla de los problemas que derivan del tratamiento de la cuestión. En este sentido, se caracteriza a la Cuestión de Malvinas como aquella que refiere al conflicto de soberanía sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, más el lecho y subsuelo marinos, mientras que los problemas refieren a múltiples y diversas cuestiones prácticas que se vinculan con la cuestión, pero que a su vez, involucran a otros factores y actores intervinientes (MELO. 2000; 43).
¿Qué es lo que hay que saber?:
Se debe tener presente, en primer lugar, que las islas comenzaron a ser denominas Malvinas a partir de 1764, como consecuencia del asentamiento de Port Louis realizado por Louis Antoine de Bougainville, ya que las naves que utilizó provenían del puerto normando de Saint-Maló: el término Malvinas, procede de la palabra “malounies”, gentilicio femenino plural de Saint-Maló (OBSERVATORIO MALVINAS de la Universidad de Lanús. 2011b; 88).
Resulta importante destacar los argumentos históricos, jurídicos y políticos amparados por Argentina a la hora de reclamar por la soberanía de las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, más el lecho y subsuelo marinos y que han servido para legitimar su reclamo frente a América Latina, en particular, y al mundo en general. En este marco, se ha ido generando como correlato, la unidad del continente, en un nuevo contexto internacional, en el cual los diferentes Estados abogan por el hermanamiento de la región.
En términos históricos, jurídicos y políticos:
Las referencias históricas demuestran que las Islas Malvinas se encontraban incluidas dentro de los territorios que pertenecían a la Corona Española. Tanto el Breve Inter Caetera de 1493, que es un documento pontificio en el cual el Papa Alejandro VI otorgó la posesión de las tierras y el monopolio del comercio en todos los territorios descubiertos y por descubrir en las Indias a los Reyes Católicos, como el Tratado de Tordesillas, en 1494, que demarcó por una línea imaginaria que pasaba por el meridiano situado a 46° 37’ Longitud España según el derecho internacional de la época (OBSERVATORIO MALVINAS de la Universidad de Lanús. 2011b; 89).
Haciendo un recorrido histórico sobre la temática, necesario para comprender porque América Latina apoya a la República Argentina, se observa que durante el siglo XVI, navegantes que servían a la Corona Española navegaban por las rutas marítimas y fue a partir de la expedición de Magallanes en 1520 que las Islas Malvinas fueron descubiertas e incorporadas a la cartografía europea, bajo dominio español.
En 1670 fue suscrito por parte de España e Inglaterra el Tratado Americano, el cual preservaba la soberanía española de la región austral, con sus costas, mares e islas. El motivo que incentivó la firma de este y otros tratados fue la creciente participación de otras naciones en la navegación de la zona durante el siglo XVII.
La Paz de Utrecht de 1713, por su parte, aseguró la integridad de las posesiones españolas y garantizó la exclusividad de navegación en el océano Atlántico Sur. No obstante, la zona comenzó a ser interés tanto de Francia como de Gran Bretaña; fue entonces cuando España se enteró en 1749 de un proyecto que estaba siendo elaborado por Inglaterra, y frente a su protesta, este último desistió. Para 1764, otro episodio se manifestó al establecer Francia, en la Isla Soledad, el asentamiento de Port Louis. Como consecuencia, España se opuso y Francia reconoció sus derechos sobre las islas, y tres años más tarde finalizó su evacuación de la isla.
A estos acontecimientos se sumó en 1766, el establecimiento de un fuerte por parte de Gran Bretaña, que denominaron Port Egmont. España protestó de forma intensa y terminó expulsando por la fuerza a los ocupantes. En este contexto, se estuvo a punto de declarar la guerra pero fue evitado gracias a una declaración firmada en 1771 donde España restituía a los británicos en Port Egmont para salvar el honor del Rey británico, haciendo una reserva sobre su soberanía sobre la totalidad de las Islas Malvinas y una Aceptación de la Declaración donde Gran Bretaña acordó verbalmente su retiro, lo cual ocurrió en 1774. En 1790 se firmó el Tratado de San Lorenzo del Escorial donde Inglaterra se comprometió a no constituir ningún establecimiento.
Sucedieron de aquí en adelante, 32 gobernadores españoles en las Islas Malvinas, hasta que fue solicitada la guarnición de Puerto Soledad fue requerida para defender a la monarquía española en un contexto de guerra por la independencia.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata tuvieron en cuenta en diversos discursos, actos a las Malvinas, concebidas parte integrante del territorio argentino a causa del Uti Possidetis Juris de 1810; es decir, “a partir de la Revolución de Mayo de 1810 las islas Malvinas fueron consideradas por los primeros gobiernos argentinos como parte integrante del territorio heredado de España”. (1)
En 1820, en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el oficial de Marina David Jewett tomó posesión de las islas Malvinas. Una cuestión relevante es que para este período Gran Bretaña no había mostrado ningún interés por las islas, lo cual se materializó en un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1825. Sin embargo, en 1829, el gobierno argentino creó la Comandancia Política y Militar de las Malvinas, y Gran Bretaña se dedicó a protestar (WINER. s.f.; 5).
El acto de fuerza de 1833, a partir de que la corbeta “Clío” de la Marina Real británica apoyada por un buque de guerra arribó a Puerto Egmont, se dispuso a utilizar la fuerza y exigir la rendición, dando origen a la disputa por la soberanía de las islas, disputa que hoy día continua vigente. Se expulsó a la población originaria, sin permitir su retorno, y se injertó población británica, logrando así, vulnerar la integridad territorial argentina. Se tomó la decisión de colonizar a Malvinas (PULVIRENTI. 2013; 46).
Desde ese momento, la República Argentina ha protestado de forma reiterada, siempre recibiendo respuestas negativas por parte de Inglaterra tanto a nivel bilateral como multilateral.
Lo descrito previamente manifiesta que las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, más el lecho y subsuelo marinos son parte integrante del territorio argentino. Consecuentemente, este justo reclamo no solo afecta a la República Argentina, sino también a todos los Estados de América Latina, ya que en cierta forma se encuentran unidos por una historia, cultura común y por la coincidencia de bregar a lo largo de su historia, por la independencia respecto a las potencias colonizadoras.
¿Qué ocurre en ONU?
En el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas o antes incluso de constituirse, estuvo presente en la Conferencia de San Francisco la delegación argentina, la cual presentó una reserva de derechos que expresó que la República Argentina en ningún caso aceptaría que dicho sistema pueda ser aplicado a o sobre territorios que le pertenecieran, ya sea que ellos estén sujetos a reclamo o controversia, o estén en posesión de otros Estados. (2) Dentro de la Organización se han aprobado diferentes resoluciones en esta materia, entre las que se destacan:
Resolución 1514: “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, que proclamó la necesidad de poner fin, rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones, consagrando dos principios que deben guiar la descolonización: el principio de autodeterminación de los pueblos y el de integridad territorial. Esto favoreció la inclusión, por parte del Reino Unido, de las Islas Malvinas como un territorio a descolonizar. Sin embargo, el principio de autodeterminación de los pueblos no es aplicable a la Cuestión de las Islas Malvinas ya que el Reino Unido al ocupar las islas, expulsó a la población originaria y no les permitió regresar, vulnerando la integridad territorial argentina.
Es preciso tener en cuenta que el ejercicio de este principio quebraría con la unidad territorial e integridad territorial de la Argentina.
Posteriormente, la diplomacia argentina obtendría un importante éxito al lograr la aprobación de la Resolución 2065 sobre Islas Malvinas, que estableció como principios: el “establecimiento de la existencia de una disputa de soberanía y la invitación a las partes para su resolución pacífica, respetando la Carta de las Naciones Unidas y teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas”. Desde la sanción de esa resolución, nuestro país sostuvo que la controversia de soberanía de las Islas era una cuestión bilateral, sustentada en el principio de integridad territorial y no en el de autodeterminación (SIMONOFF. 2012; 16).
Cabe recordar que tanto el principio de integridad territorial, como el de autodeterminación, están contenidos en la Resolución 1514, sobre Descolonización de Territorios Coloniales de la Asamblea General de Naciones Unidas de 1960, pero el acento puesto en el primero de ellos se debió a que nuestro país entiende que los kelpers no son población originaria sino derivada de la situación colonial que produjo una sesión territorial, y que otorgarles la autodeterminación sería consagrarla. Aunque se sostiene que se deben respetar los “intereses” –se refiere al modo de vida– y no sus “deseos”, en oposición a lo que argumentaban los británicos, para quienes las negociaciones deberían ser entre tres partes -Argentina, Reino Unido y los isleños-, y debe aplicarse el principio de autodeterminación.
La Resolución 2065, ha sido ratificada en reiteradas oportunidades: en 1976 (31/49), 1982 (37/9), 1983 (38/12), 1984 (39/6), 1985 (40/21), 1986 (41/40), 1987 (42/19) y 1988 (43/25). Todas declaran la existencia de una disputa de soberanía, y reafirman la invitación a las partes (Argentina y Reino Unido) a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales, a fin de encontrar una solución pacífica al problema; teniendo en cuenta las disposiciones y objetivos de la Carta de ONU y de la Resolución 1514, así como los intereses de la población de las Islas Malvinas. (3)
El enfrentamiento armado en 1982, constituyó un intento de recuperación de las islas por parte de Argentina utilizando la fuerza. Este acto representó un punto de inflexión en el tratamiento de la cuestión de la soberanía.
Desde esta fecha, hasta 1990, Argentina y Gran Bretaña rompieron las relaciones diplomáticas y consulares. Fue a partir de los Acuerdos De Madrid (Declaraciones Conjuntas de 1989 y 1990) que se reanudaron las relaciones consulares y diplomáticas entre Argentina y el Reino Unido, se restablecieron los vínculos económicos y financieros, las comunicaciones aéreas y marítimas entre el continente y las islas, se declaró formalmente el cese de hostilidades y se dejó de lado la zona de exclusión impuesta por el Reino Unido en 1982. Como consecuencia, la cuestión de la soberanía queda puesta bajo el denominado “paraguas de soberanía”. No obstante, y a pesar de que la cuestión de la soberanía no podía modificarse, implicó el reinicio de las conversaciones entre las partes. (4) Es opinión de quien escribe que este hecho representó un avance significativo a la hora de sentarse a dialogar, pese a los diversos condicionantes que se preestablecieron para ello.
Desde 2004, la Cuestión de las Islas Malvinas comenzó a figurar en la agenda permanente y en el Documento de la Mesa de la Asamblea General. Una cuestión a destacar es que el Comité Especial de Descolonización anualmente adopta una resolución en la que invita a las partes a afianzar el proceso de diálogo y cooperación a fin de encontrar una solución pacífica a la controversia de soberanía.
Sin embargo, y a pesar de las diferentes resoluciones dispuestas por la ONU, al existir un continuismo respecto a la posición británica, se obstaculiza cualquier tipo de avance en la negociación ya que no hay una real voluntad política por parte de Reino Unido. Este es un motivo adicional que conllevaría al fortalecimiento del hermanamiento latinoamericano.
En términos políticos, a partir de 1833, Argentina incluyó como tema de agenda de política exterior, su reclamación acerca de la soberanía de Malvinas. Sin importar el gobierno de turno, la Cuestión Malvinas, estuvo presente, siendo una tarea constante de Cancillería.
Además, es posible observar que la Cuestión Malvinas se ha convertido en un eje de política exterior de la República Argentina. A ello se suma el rasgo constitucional que ha adquirido a partir de la reforma constitucional de 1994, al expresar que “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre” las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional” (CONSTITUCION DE LA NACION ARGENTINA. 1994; Disposiciones Transitorias).
A partir de los sucesos y los argumentos expuestos por Argentina, se han ido generando procesos crecientes de unidad, colaboración e integración entre los diferentes Estados de América Latina, los cuales serán analizados en el próximo apartado.
Consecuencias de la guerra en el escenario internacional:
A pesar de las pérdidas humanas que dejó la guerra de Malvinas, este acontecimiento tuvo el efecto de, en primera instancia, generar un espíritu de solidaridad regional sudamericana frente a una amenaza externa, y en segundo lugar, poner en evidencia que organismos internacionales como la ONU u OEA, y tratados multilaterales como el TIAR, carecieron de eficacia a la hora de contener un ataque extranjero y de hacer cumplir las resoluciones dictadas en la materia.
En el seno de la OEA, a modo de ejemplo, por medio de su órgano de consulta, fue emitida la resolución N° 16 en abril de 1982 que buscaba en primera instancia, comprometer al Reino Unido al cese inmediato de las hostilidades llevadas a cabo en la zona de seguridad definida por el artículo 4 del TIAR y en segundo lugar, evitar que las partes efectúen cualquier tipo de acción que amenace la paz y seguridad interamericana; sin embargo, se corroboró en realidad, la falta de eficacia práctica. A ello se adicionó la posición tomada por la potencia hemisférica (EEUU) que otorgó no solo descrédito a las organizaciones sino también, demostró la fragilidad del sistema interamericano (TOKATLIAN. 1984; 9-13). Frente a esta situación, fue asimismo evidente el deterioro de las relaciones entre América Latina y el Caribe con EEUU.
Esto igualmente evidenció que la actuación de estos organismos, en términos de quien escribe, solo resulta adecuada y efectiva para los intereses de las grandes potencias. Como consecuencia, los países regionales concibieron que la OEA ya no era el foro natural y eficaz para resolver sus disputas. Era precisa una instancia alternativa. Era necesario fortalecer los vínculos interestatales para balancear el poder de las grandes potencias.
URGENTE: A unirnos…
En este contexto, la sensación de contar con altos niveles de vulnerabilidad, junto con el descrédito que adquirieron los marcos institucionales tradicionales, comenzó a surgir cierto acuerdo tácito acerca de la necesidad de repensar las alianzas y objetivos de América Latina. Como resultado, era indispensable encontrar un nuevo marco político y diplomático que instituyera la responsabilidad colectiva para la defensa común frente a una agresión (GUEVARA-A. 1982; 43-45).
Desde la guerra de Malvinas, la solidaridad de la región se expresó no solo a nivel bilateral, subregional, a través de determinados posicionamientos en organismos económicos regionales y subregionales, sino también, por medio de declaraciones de los jefes de gobierno y autoridades nacionales e incluso mediante actos aislados. Este respaldo permitió fomentar la idea de que la Causa Malvinas estaba vinculada a la unidad del continente. Al referir a América Latina, se sugiere como necesario incluir a las Islas Malvinas, es justo referir a la re-unión de lo que en algún momento estaba unido y que por cierto motivo, fue separado, usurpado y enajenado.
En cuanto a los Estados que prestaron su apoyo, países como Brasil, Perú, Venezuela, Panamá, Cuba manifestaron su respaldo con Argentina desde un principio. Esta situación se ha ido consolidando y extendiendo con el tiempo con países como Colombia, Chile, Trinidad y Tobago, Guyana y los miembros del CARICOM incluido Belice, entre otros, quienes cambiaron su posición, apoyando la reivindicación argentina.
Los Estados latinoamericanos comenzaron a tomar conciencia de sus capacidades reales y de la falta de reacción inmediata y conjunta frente a las acciones coercitivas provenientes de un ataque externo. En este marco, la necesidad de comenzar a coordinar esfuerzos en pos de una mayor seguridad se instaló como tema de agenda en los diferentes países latinoamericanos.
Cabe aclarar que la usurpación del Reino Unido en las islas australes recordó a los países latinoamericanos la persistencia del imperialismo en el continente y con ello la explotación y sujeción.
Asimismo se recalca que las Islas Malvinas no constituyen una simple colonia de las que tantas ha presentado el Reino Unido, cuyo fin principal ha sido meramente mercantilista, sino que, retomando a Claudio Alberto Briceño Monzón constituyen “un punto clave en su defensa mundial, al cual los Estados Unidos se hallan ligados militar y jurídicamente, por la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Organización del Tratado de Asia Sudoriental, ya que las Malvinas garantizan una estación de abastecimiento aérea y naval entre el Atlántico y el Pacífico, en tiempos de paz y de guerra, y una vía de comunicación entre América y Oceanía”(BRICEÑO MONZON. 2012; 61).
Esta militarización de las islas, que comenzó por medio de la construcción de una base militar en la parte llana de la Isla Soledad, opera desde 1985. Esta actividad no solo viola con el conocido tratado de Tlatelolco que apela por la desnuclearización del territorio de América Latina y el Caribe, vigente desde el 26 de abril de 1969, sino que presenta una amenaza para la paz y seguridad de la región.
Dentro de la base militar se encuentran dos pistas de aterrizaje aptas para el desplazamiento de aviones y helicópteros, una estación naval de aguas profundas, infraestructura militar perfeccionada para lanzar armas nucleares.
A ello se suma el potencial geoestratégico de las islas, y las reservas petroleras que contendrían en su plataforma continental (MAJDALANI. 2013; 8-9), ya que se dio a conocer que el mantenimiento de la base era financiado a través de la entrega ilegal de licencias de pesca y otros recursos de la zona, otorgados a empresas como otorgados por la corona a empresas de capitales ingleses o estadounidenses. (5)
Como resultado de lo anterior, se observa que la posesión de recursos naturales estratégicos como la instalación de una base militar no es solo una cuestión nacional, sino que es una Cuestión de América Latina, debido a la influencia e impacto que presenta el despliegue militar y la explotación de los recursos para toda la región. La disputa de soberanía ha generado una mayor integración que permite tener un mayor peso a la hora de negociar frente a los grandes (OBSERVATORIO MALVINAS de la Universidad de Lanús. 2011a; 128-129).
En este sentido, a diferencia de lo que sostiene el autor Carlos Escudé, para quien, la Argentina presenta solo derechos relativos con respecto a la soberanía de las Islas Malvinas y que su posible reunificación no haría más rico o pobre al pueblo argentino. Se considera en cambio, que el legítimo reclamo supera las contingentes ganancias económicas que se podrían disfrutar y se trata más bien de una lucha histórica que busca cortar con la impunidad imperialista de las grandes potencias, y que ha gestado un proceso de malvinización, a lo largo del tiempo, permitiendo establecer un mayor vínculo con la región en materia de defensa para preservar la zona.
Esta especie de “imperialismo de suministros” que se operacionaliza en Malvinas, al cual refiere Marcelo Gullo, describe la monopolización, en un contexto industrial, de ciertas materias primas escasas e incluso algunas de ellas vitales, como agua y alimentos, y que por la falta de disponibilidad de diversos minerales escasos para el proceso industrial y tecnológico, tales como el petróleo, los aceites naturales, el uranio, el molibdeno, el tungsteno, el cobalto y el litio, entre otros, estarán poco disponibles en los próximos años, por lo que se intenta obtener su control. Los recursos estratégicos se transforman en materiales críticos y las Islas Malvinas se convierten en objeto de deseo. En consecuencia, es imprescindible que América Latina fomente un proceso de integración estratégico, que establezca un verdadero tratado en materia de defensa para proteger estas riquezas. Dicho proceso habría de garantizar que la agresión a un Estado de América Latina, sea concebida como una agresión a todos los Estados, haciendo viable una respuesta automática de defender al Estado agredido.
Malvinas refiere también a un asunto por el control de los pasajes interoceánicos, por lo que se transforma en una cuestión estratégica planetaria, y por lo tanto automáticamente en una cuestión latinoamericana, porque la República Argentina por sí sola, no puede resolverlo a su favor. En consecuencia, se está gestionando un nuevo marco de seguridad que tendría en cuenta las diferentes realidades y prioridades latinoamericanas, y que por sobre todas las cosas sería independiente, cooperativa y solidaria. En este sentido, cada Estado tome real conciencia de lo que implicaría formar unas Fuerzas Armadas estrictamente latinoamericanas, ceder ciertas competencias exclusivamente nacionales, en pos de la conformación de una entidad supranacional que proteja los intereses de todos y cada uno de los Estados integrantes.
La defensa conjunta de la región demostraría asimismo, la madurez política que se ha ido fortaleciendo y el hermanamiento que han ido gestando los Estados de la región. Es una cuestión regional, porque se defienden los recursos naturales de América del Sur, y es incluso una cuestión global, porque se defiende el rol de ONU y otros organismos internacionales para poder solucionar este conflicto. (6)
Es sustancial operar por el fortalecimiento de un espacio sudamericano con América Central y el Caribe. Sin importar que existan diversos y múltiples foros y/o procesos de integración, lo relevante es intentar hacer converger dichos procesos, consolidarlos institucionalmente y establecer agendas que sea del real interés de las sociedades.
Se debe trabajar en pos de una integración en materia de defensa y seguridad es quizás el objetivo mayor a alcanzar. Los países de la región deberían organizarse estratégicamente para proteger los recursos naturales estratégicos, y de esa manera asegurar su futuro. Además, existen tres cuestiones de real interés para la región, con respecto a Malvinas, que reforzarían esta posición: la explotación de recursos naturales de nuestros espacios marítimos, renovables (si no se los depreda), como la pesca, y no renovables, como el petróleo; el acceso a la Antártida, fuente segura de enormes riquezas minerales e hidrocarburíferas; y el acceso al paso bioceánico a través del Estrecho de Magallanes. (7)
El foco de la cuestión se ubica en cortar con la impunidad de siglos de explotación, intervención y marginalización que las diversas intervenciones extranjeras han materializado en el continente latinoamericano, y es aquí donde la herida abierta que genera Malvinas fortalece el proceso de integración.
Efectos en los procesos de integración
A principios de 1982, en una Reunión de Representantes Gubernamentales de Alto Nivel de los países del SELA, se consideraron las medidas económicas aplicadas contra la República Argentina, se creó un Comité de Acción de Apoyo y se determinó la exigencia de establecer un mecanismo y estrategia de seguridad e independencia económica de la región (MONETA. 1982; 36).
Otro hecho que denotó de gran impulso hacia la integración fue la creación del MERCOSUR el 26 de marzo de 1991, cuyo precedente fue el Programa de Integración y Cooperación Económica PICE, firmado entre los presidentes brasileño y argentino, Sarney y Alfonsín respectivamente en 1986. El mismo procuraba una convergencia gradual y flexible entre ambos frente a terceras economías. Es posible observar cómo estos acuerdos pusieron fin a una histórica lucha entre los dos Estados por la preeminencia en la región, transformando su relación competitiva en una de carácter asociativa (CAETANO. 2011; 30).
Un caso particular fue el de los Estados miembros de CARICOM (Guyana – Belice, forman parte de este grupo sub-regional, en la Organización de Estados del Caribe Oriental), quienes abogaban en un principio por la tesis defendida por Gran Bretaña, que sustentaba la autodeterminación de los Kelpers, tesis rechazada por Argentina. Sin embargo, esta postura cambió en UNASUR y la CELAC, donde estos países se han solidarizado con el reclamo argentino. Es en esta última organización donde se emitió un comunicado donde los 33 Estados que conforman, reiteraron su apoyo a los legítimos derechos argentinos (BRICEÑO MONZÓN. 2012; 67).
A éstas, se han ido adhiriendo diferentes organismos como ALBA, Parlacem SICA, Grupo de Río, entre otras, que respaldan a Argentina y que denotan de un cambio en cuanto a la necesidad de unir posiciones y fortalecer a la región como bloque. (8)
Lo descrito previamente, demarca que no solo la arista económica ha sido un factor que impulsó el proceso de integración latinoamericana, sino que también cuestiones como la seguridad, defensa, principios como la integridad territorial, o la seguridad colectiva, han llevado a que los diferentes Estados modifiquen y profundicen sus relaciones interestatales, ya que son temáticas que preocupan a todos.
Es de relevante importancia, en opinión de quien escribe, que la integración latinoamericana, profundice la integración de tipo político y estratégico además del económico. Malvinas fue una de las chispas que encendió la necesidad de establecer un bloque que actúe como un uno indivisible, donde la agresión a un país sea considerado una agresión a todos. Malvinas fue y es una causa que une a América Latina y esto no ha quedado solo en el ámbito discursivo, acciones como la prohibición de arribos de barcos que lleven la bandera de Falklander en puertos sudamericanos, la denuncia a la militarización británica de los mares, la inclusión del tema Malvinas en la agenda y declaraciones de todos los acuerdos de integración, son ejemplos de que los discursos van acompañados de acciones. (9)
La integración se construye y fortalece día a día, pequeñas acciones que demuestran la real voluntad política de unirnos como un uno, como una gran Patria Grande, harán que esta meta sea, algún día, una realidad.
Es de público conocimiento que el objetivo es arduo, que las capacidades y facultades suelen ser insuficientes, que continúan existiendo vestigios de competitividad intrarregional, pero también se reconoce que es necesario limar las asperezas, colaborar con el de al lado, sentirse parte de los problemas que se presentan en la región para poder avanzar como un bloque, para presentarse al mundo como una única América Latina, con una voz, como un interlocutor válido. Malvinas ha contribuido en este orden.
Ya se ha visto que la OEA, el TIAR, USA, han manifestado una cierta neutralidad que es funcional a los intereses británicos. En cambio, a nivel regional, la incondicional adhesión a la reivindicación argentina, impulsaría un proceso de integración que iría más allá del fortalecimiento económico comercial interestatal que se focalizaba en mejorar los índices de desarrollo socio económico. La Cuestión Malvinas permitiría fortalecer una conciencia latinoamericana, una autonomía que aboga por soluciones latinoamericanas a los problemas latinoamericanos.
Una propuesta interesante sería latinoamericanizar el reclamo de Malvinas, así hallar mayor relevancia y peso frente a los ocupantes. La solidaridad se ha profundizado, los diversos Estados han conjugado diferentes maneras de actuar, que les permitirían adquirir mayor relevancia en su accionar. Las Malvinas son latinoamericanas, son de todos los pueblos hermanos.
Al reflexionar que el todo es más que la sumatoria de las partes, que representa mayor peso, voz y poder, los Estados latinoamericanos podrán soñar con la conformación de unas verdaderas y efectivas Fuerzas Armadas latinoamericanas. Lo relevante es transitar por un mismo camino. Sería estratégico utilizar los diferentes procesos de integración vigentes como MERCOSUR, UNASUR, ALBA, ALADI, SICA, CAN CELAC… como base para la construcción de la unidad del continente en materia de defensa.
En este sentido, Malvinas no solo alberga un significado estratégico militar que permite el control de la zona austral del continente, implica también el control de los recursos naturales que esta región brinda. Asimismo implica años de lucha y reivindicaciones que comienzan a adquirir un cariz, ya no argentino, sino latinoamericano.
1982 significó un punto de inflexión a la hora de catalogar que instrumentos son eficaces y cuáles son los que abogan únicamente por los intereses de los grandes Estados. A ello se sumó, la necesidad de los Estados latinoamericanos de generar mayor confianza entre sí para la protección de sus intereses.
América Latina tiene muchos motivos por los cuales unirse, la Cuestión de Malvinas es uno de ellos.
Para más información véase: MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO, República Argentina. Información electrónica: Inicio » Relaciones Exteriores » La Cuestión de las Islas Malvinas. Disponible en: https://www.mrecic.gov.ar/es/la-cuesti%C3%B3n-de-las-islas-malvinas/resumen. Fecha de consulta: 6-08-2014.
Para más información véase: MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO. “La Comunidad Internacional y la Cuestión Malvinas” Pág. 15. Disponible en: http://mrecic.gov.ar/userfiles/la_comunidad_internacional_y_la_cuestion_malvinas_esp1.pdf
Para más información véase: CONFEDERACIÓN GAUCHA ARGENTINA. Información electrónica: Islas Malvinas » Historia » Antecedentes históricos. Disponible en: http://www.confederaciongaucha.com.ar/islasmalvinas/index.php. Fecha de consulta: 10-08-2014.
Véase en: MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO. “La Comunidad Internacional y la Cuestión Malvinas” Pág. 18. Disponible en: http://mrecic.gov.ar/userfiles/la_comunidad_internacional_y_la_cuestion_malvinas_esp1.pdf
Para más información véase: WINER, Sonia. “La relevancia de la Cuestión Malvinas en la estrategia imperial”. EDENA – SERIE DOCUMENTOS DE TRABAJO N˚9. En: edena.mindef.gob.ar/images/DTN9.pdf
Véase en: FERNANDEZ DE KIRCHNER, Cristina. “Malvinas es una causa global, afirma presidenta argentina”. Escrambay. Junio, 2012. Disponible en: http://www.escambray.cu/2012/malvinas-es-una-causa-global-afirma-presidenta-argentina/ Fecha de consulta: 13-08-14.
Véase en: VERZI RANGEL, Álvaro. “La causa Malvinas, la unidad nacional argentina y la integración latinoamericana”. En: FILA Fundación para la integración latinoamericana. Abril, 2012. Disponible en: http://www.surysur.net/2012/04/la-causa-malvinas-la-unidad-nacional-argentina-y-la-integracion-latinoamericana/
Para más información véase: MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO. Op. Cit.
Para más información véase: CARDENAS, Emilio. “El acuerdo del MERCOSUR y las Islas Malvinas”. En: La Nación. Buenos Aires. 26 de diciembre 2011. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1435598-el-acuerdo-del-mercosur-y-las-islas-malvinas
BOLOGNA, Alfredo Bruno. “El tratamiento de las Islas Malvinas. Georgias del Sur y Sándwich del Sur en la UNASUR”. En: Humania del Sur. Año 7, Nº 13. Julio-Diciembre, 2012. Pág. 99-118.
BRICEÑO MONZON, Claudio Alberto. “Las Islas del Atlántico Sur y la integración latinoamericana”. Humania del Sur. Año 7, Nº 13. Julio-Diciembre. 2012.
CAETANO, Gerardo (coordinador). “MERCOSUR. Breve historia, cronología y marco institucional”. CEFIR. Montevideo. 2011.
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Autor: Evelyn De Leon
16 febrero, 2015 en Relaciones Internacionales. Etiquetas:america latina, argentina, ciencia politica, filosofía politica, identidades, imperialismo, Integración, Islas Malvinas, latinoamerica, Malvinas, politica, politica argentina, politica latinoamericana, Reino Unido, relaciones internacionales
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Un comentario en “ISLAS MALVINAS E INTEGRACION LATINOAMERICANA”
18 febrero, 2015 a las 4:54 am
Un cariñoso saludo desde Buenos Aires, disfrute mucho de su articulo!

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