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Timestamp: 2020-08-09 23:50:26+00:00

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Bukele, ¿dictador? | elcato.org
trabaja en la Universidad Francisco Marroquín desde enero del 2016. Ha sido pasante en el Instituto Cato y en Atlas Network, reportera para PanAm Post y miembro de la junta directiva en CREO El Salvador.
Bukele, ¿dictador?
Adriana Peralta indica que por segunda vez en tres meses, Bukele está mostrando su vocación de convertirse en un dictador al ignorar los otros poderes del estado y los derechos fundamentales de los ciudadanos, supuestamente para combatir el COVID-19.
“Es increíble que uno de los ataques orquestados y sincronizados más grandes que ha recibido el Gobierno sea ahora, justo en medio de una pandemia. Que Dios los perdone”, expresó Nayib Bukele, presidente de El Salvador, el domingo 19 de abril en Twitter, como respuesta a la etiqueta en redes sociales #BukeleDictador.
Por segunda vez en tres meses, en plena crisis sanitaria, Bukele está mostrando su verdadera vocación: la de un dictador en ciernes que piensa que él está por encima de la Constitución salvadoreña. Él ignora a los otros poderes del estado al combatir el COVID-19 y no respeta los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Al gobernar a través de las redes sociales, convenientemente ignorando los procedimientos constitucionales a la hora de dar órdenes, el presidente millennial parece estar inventando una nueva pirámide de Kelsen.
El 15 de abril la Sala de lo Constitucional emitió una resolución que protege derechos fundamentales de los salvadoreños durante esta pandemia, al declarar inconstitucional “privar de libertad en la forma de confinamiento o internamiento sanitario forzoso a las personas que incumplan la orden de cuarentena domiciliaria”. Desde el 21 de marzo cientos de salvadoreños han sido llevado a los centros de contención del virus cuando han incumplido su cuarentena, esto a criterio del policía que los detuviese.
La resolución añade que “el Presidente de la República y las autoridades de la Policía Nacional Civil tienen constitucionalmente prohibido privar de libertad en la forma de confinamiento o internamiento sanitario forzoso a las personas que incumplan la orden de cuarentena domiciliaria, mientras la Asamblea Legislativa no emita una ley formal en la que se establezca dicha medida”.
Bukele respondió por Twitter: “No entiendo el deseo mórbido que tienen que nuestra gente muera, pero juré que cumpliría y haría cumplir la constitución. Así como no acataría una resolución que me ordene matar salvadoreños, tampoco puedo acatar una resolución que me ordena dejarlos morir”, añadió que “5 personas no van a decidir la muerte de cientos de miles de salvadoreños. Por más tinta y sellos que tengan”.
La Sala de lo Constitucional en su resolución expresó que la cuarentena domiciliar es obligatoria, pero ordenó el respeto a derechos fundamentales durante la crisis del COVID-19.
El presidente con un discurso populista –sacado de libro de texto– declaró lo contrario. Haciendo gala de la retórica de “ellos en contra de nosotros”, tomando el papel del mesías que rescatará a El Salvador de esta nueva crisis y una actitud de quien piensa que su poder no debe de ser regulado. Al no cumplir una resolución de la Sala de lo Constitucional Bukele está dando sus primeros pasos como un dictador.
No hay que olvidar la primera vez que Bukele claramente mostró sus colores de dictador. El domingo 9 de febrero del 2020 se tomó el edificio de la Asamblea Legislativa con medio centenar de militares (hasta con francotiradores en el techo del edificio), amenazó con disolver el Congreso y se sentó y rezó en la silla del presidente de la Asamblea. Además, advirtió que volvería en una semana si los diputados no aprobaban un préstamo de US$109 millones.
El COVID-19 es la más reciente excusa de Bukele para tener más poder. Con su estrategia de comunicación el presidente hace parecer que se debe de escoger una de dos cosas: o la salud o los derechos fundamentales. Los salvadoreños deben estar listos para defender su libertad; incomodando al poder y recordándoles a los políticos que El Salvador es una república que tiene frenos y contrapesos. El ciudadano se debe de asegurar que se preserven cuatro cosas: la salud, el sistema republicano, el Estado de Derecho y la economía.
Algunos pensamos que en el 2020 estamos reescribiendo a Gabriel García Márquez y su novela El amor en los tiempos del cólera, pero en El Salvador parece que se está narrando la Crónica de una dictadura anunciada. Si llega a existir este título, espero sea una novela de ficción, no un documental.
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