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Timestamp: 2019-07-22 03:46:14+00:00

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Sony RX100 III | www.pixel-depot.com
Como ya indiqué en el análisis de la nueva X30 de Fujifilm, las cámaras compactas han sufrido una selección natural darwiniana, fotográficamente hablando. La aparición nuevas especies dominantes (los modelos mirrorless y el uso de smartphones para fotografiar) ha extinguido la práctica totalidad de cámaras compactas, dejando como únicos supervivientes los modelos de gama más alta.
La Sony RX100 III es la evolución de una de las pocas cámaras compactas capaces de soportar el paso de los años. Excelentes materiales de construcción, una óptica de altas prestaciones y una calidad de imagen elevada convirtieron –pese a un precio restrictivo– al concepto RX100 de Sony en uno de los preferidos por los usuarios de compactas que buscan la máxima calidad del producto. Las novedades de la tercera versión de la RX100 aportan –entre otras– un visor electrónico y un zoom aún más luminoso.
Sorprende el peso y la frialdad al tacto de esta pequeña cámara, debido a la nobleza del metal de su construcción. Sus dimensiones y líneas redondeadas la convierten en la compañera natural de bolsos pequeños y bolsillos, haciendo de la RX100 III una cámara idónea para la captura de instantáneas urbanas (o street photo). En la parte frontal encontramos el aro de control principal, configurable según las necesidades de cada usuario.
En la tapa superior de la nueva RX100 III se encuentra el botón de puesta en marcha, el dial de modos de exposición, la leva de selección de focales, el botón disparador y el interruptor que libera el flash incorporado. La parte trasera muestra –debido a las dimensiones compactas de la cámara– una botonería mínima, casi espartana, lo que implica duplicidad de funciones en la mayoría de botones.
El dial posterior permite el acceso y control de los modos de flash, de visualización de la información, del disparo de la cámara y a la compensación de la exposición. La botonería de la tapa posterior se completa con los botones de acceso a vídeo, manú general, acceso a menú rápido (Fn), visualización de capturas y un botón de función personalizada.
Sony ha hecho oídos sordos a las peticiones de muchos de los usuarios de las versiones anteriores y sigue manteniendo las líneas redondeadas, que si bien –estéticamente– ofrecen un diseño limpio y elegante, en la práctica se echa mucho de menos una agarradera que mejore la incómoda sujeción de esta pequeña cámara. La incorporación de un visor electrónico descompensa aún más el desbalanceado peso de la RX100 III y la ausencia de una empuñadura y un saliente para el pulgar empañan la ergonomía de una de las compactas mejor diesañadas del mercado.
Sus dimensiones compactas y unas líneas suaves y redondeadas facilitan llevar esta cámara siempre encima, ya sea en el bolsillo de una chaqueta o en un bolso de pequeñas dimensiones. Olvidarse de mochilas y bolsas fotográficas puede resultar una excelente manera de empezar el día.
El concepto original de la Sony RX100 se basó en tres ejes: construcción resistente, óptica luminosa de altas prestaciones y un sensor de 1 pulgada y elevada calidad de imagen. La versión III mantiene –incluso mejora– a sus predecesoras, gracias a la incorporación de aspectos como el nuevo visor electrónico y un zoom más luminoso.
Las principales especificaciones de la nueva Sony RX100 III son:
sensor de 1″ y 20,1 Megapíxeles de resolución
zoom equivalente de 24–70mm
distancia mínima de enfoque de 5cm.
sensibilidad: 125 – 25.600 ISO
visor electrónico de 1,44 millones de píxeles
hasta 5 f.p.s.
La RX100 III (al igual que los modelos anteriores) no es una cámara compacta tradicional; la amplia variedad de modos de exposición no difieren de los que encontramos en los modelos SLR o mirrorless de gama alta. Este abanico de modos de exposición facilita el uso de la RX100 III por toda clase de usuarios, desde los más expertos que sacarán el máximo partido a su creatividad utilizando el modo manual, hasta los más noveles, que disfrutarán al conseguir excelentes fotografías con los modos automatizados.
La nueva Sony RX100 III incluye los modos de exposición:
3 modos de recuperación de memoria
Pese a ser una cámara de altas prestaciones, la RX100 III no repudia sus orígenes y ofrece una amplia variedad de modos de escena. Esta forma de fotografía se añadió en las cámaras compactas para compensar la excesiva automatización de los modelos más económicos, que apenas ofrecían la mínima participación del usuario en la captura de las imágenes. Pasada la fiebre que hizo enloquecer a algunos fabricantes y llenar con docenas de modos de escena repetitivos, la oferta racional de los modos de escena denota un estudio cuidadoso por parte del fabricante y así, la RX100 III ofrece:
Hasta hace unos años, para crear efectos artísticos en las fotos se debía recurrir a programas de edición fotográfica, como Photoshop y era la mayor o menor pericia de cada usuario la que determinaba que los efectos resultaran creíbles o una verdadera chapuza. Las cámaras actuales incorporan la posibilidad de aplicar filtros creativos de solvencia, ajustables y de resultados creíbles.
La Sony RX100 III incorpora los filtros artísticos:
color parcial: rojo, verde, azul, amarillo
El zoom Carl Zeiss Vario-Sonnar es uno de los valores añadidos en la RX100 III y si bien ha mermado en su posición tele, el angular de 24mm facilita fotografiar en espacios más reducidos que los tradicionales 28mm, que ofrecían las dos versiones anteriores de este modelo. La focal máxima de 70mm es –en mi opinión– un paso atrás significativo, que ni la mejora en la luminosidad de ƒ/4.9 de los modelos RX100 (original) y RX100 II a ƒ/2.8 del actual RX100 III.
El rango de focales 24–70mm se me antoja insuficiente para una cámara compacta y si bien aplaudo la decisión de Sony por ampliar el valor angular hasta los 24mm, siento que a la vez debo darle un tirón de orejas al “capar” las distancias focales más largas y reducirlas a unos 70mm que serán demasiado cortos a la hora de fotografiar detalles o realizar un retrato.
Sony vende la máxima luminosidad de ƒ/1.8 de la RX100 III como el máximo argumento óptico, cifra que ya ofrecía el modelo RX100 II; para mí, es más importante la mejora de luminosidad en la posición de teleobjetivo, que ha pasado de un triste ƒ/4.9 a un muy práctico ƒ/2.8, si bien a costa de limitar la distancia focal máxima a tan solo 70mm.
El sistema OSS (Optical SteadyShot) ofrece la posibilidad de disparar con velocidades de obturación lentas, algo necesario en un modelo que no es el paradigma de la mejor sujeción en las manos. Las pruebas me han demostrado que en las distancias focales medias y largas, la RX100 III permite disparar con velocidades de hasta 1/8seg, mientras que en modo angular permite fotografiar hasta a 1/4seg. y obtener imágenes libres de trepidación.
La incorporación de un visor electrónico debería ser la guinda que corona el pastel, pero una resolución de apenas 1,44 millones de píxeles y unas dimensiones excesivamente reducidas (debidas al propio tamaño de la cámara) transforman en agridulce un sabor que debería dejar un fresco y dulce recuerdo en nuestro paladar fotográfico.
Para acceder al visor electrónico es necesario realizar dos pasos: pulsar la pestaña lateral de liberación del visor y a continuación, extraer el ocular del cubo que se eyecta. Modificar las dioptrías puede llegar a ser desesperante, si se tienen los dedos grandes. Otro punto negativo del visor reside en que no podemos cancelar la desconexión automática de la cámara, una vez guardamos el visor en su posición natural.
La pantalla LCD de la nueva RX100 III mantiene el tono gris del visor electrónico, al no incorporar tecnología táctil, algo necesario en una cámara que dispone de una botonería escasa. Por otra parte, la resolución de 1,22 millones de píxeles ofrece una visión excelente de las capturas, permitiendo observar el detalle al ampliar las imágenes.
La posibilidad de variar el ángulo de la pantalla facilita enormemente la captura de imágenes en posiciones alternativas a las naturales y más frecuentes al fotografiar; así, capturar detalles en el modo macro a ras de suelo pasa a convertirse de un acto de contorsionismo a un cómodo ejercicio que invita a ampliar los horizontes fotográficos tradicionales.
Éste es uno de los puntos fuertes donde más destaca la nueva Sony RX100 III y que determina la calidad de imagen de las capturas; la fiabilidad del sistema de medición es máxima en los tres modos incluidos. No importa si se fotografía a pleno sol o en el interior de un espacio poco iluminado, pues el sistema de fotometría de la RX100 III siempre ofrecerá mediciones precisas. Incluye los modos:
El balance automático de blancos de la RX100 III mantiene las líneas tradicionales de las cámaras Sony: excelente en exteriores, pero evidencia una clara tendencia a los tonos cálidos bajo iluminación de tungsteno. La respuesta del balance de blancos es soberbia en exteriores, ya sea a pleno sol, como en sombra o fotografiando en días nublados. Para interiores iluminados con luz artificial recomiendo recurrir al parámetro dedicado en la oferta de modos de balance de blancos o realizar pruebas en la escala de temperatura de color.
En la RX100 III encontramos los modos de balance de blancos:
flurorescente: blanco cálido, blanco fresco, blanco diurno y luz diurna
temperatura de color / filtro de color
Ningún fabricante ofrece la calidad en vídeo de Sony; no en vano, es el nombre que solemos asociar a la grabación profesional de vídeo. La RX100 III hereda el saber hacer de Sony en el apartado de vídeo y convierte sus grabaciones en clips de una calidad superior a la ofrecida por los modelos de la competencia. El formato Full HD ofrece una calidad 1080 50p en archivos AVCHD y MP4.
Pese a disponer de una sensibilidad máxima de 25.600 ISO, no recomiendo pasar de 3.200, si se desea mantener un nivel de calidad de imagen a la altura de esta pequeña joya. La respuesta de la RX100 III es excelente hasta 800 ISO, valor que prácticamente no difiere de la sensibilidad mínima de 125 ISO.
A partir de 1.250 ISO se observa un incremento progresivo de la señal de ruido, así como de una paulatina caída del contraste, que se hace evidente cuando superamos los 2.000 ISO. La calidad de imagen se mantiene en niveles positivos hasta 3.200 ISO, pues a partir de este valor se pierde demasiado detalle y color para aprovechar todo el potencial de la RX100 III.
Junto a los materiales de construcción, la calidad de imagen es el punto más destacable de la RX100 III. La fidelidad cromática es absoluta, mostrando imágenes con alto contraste y una resolución lineal elevada. El trío formado por el sensor de 1 pulgada, el procesador de imagen BIONZ X y el zoom desarrollado por Carl Zeiss ofrecen la máxima calidad de imagen en cualquier compacta del mercado (con sensor inferior al formato APS-C), incluso al disparar con valores ISO altos.
Todas las fotografías que ilustran este análisis se han disparado en formato JPEG y muestran el resultado de disparar con los modos de exposición auto inteligente, automático superior, prioridad de abertura, manual y programable; asimismo, se han utilizado diversos modos de escena y filtros creativos. El rango de sensibilidades utilizado en las fotografías oscila entre 125 y 3.200 ISO.
Se ha empleado mayoritariamente el modo de medición de luz ponderada al centro como sistema de fotometría y el balance automático de blancos, a excepción de las fotografías disparadas en interiores iluminados con luz artificial, donde recurrí al ajuste manual en º Kelvin.
Reza el dicho que lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Sony sigue al pie de la letra esta máxima y con la RX100 III renueva el concepto de cámara compacta de gama alta, pero sin salirse del guión escrito por el modelo original RX100. La excelencia de los materiales de construcción choca frontalmente con un diseño que no ha mejorado y mantiene una sujeción difícil, especialmente si disparamos en posición vertical. La ausencia de empuñadura empieza a ser preocupante.
Sin embargo, Sony sí escuchó (en parte) a los usuarios de las versiones anteriores de la RX100 III y ha desarrollado un modelo que incorpora el tan ansiado visor electrónico, pero Sony se ha empeñado en demostrar que no siempre una cámara con visor electrónico mejora las prestaciones de las que encuadran a través de la pantalla LCD, pues tanto el tamaño del visor, como su resolución y velocidad de refresco y el modo de activación aportan nada postivo a la RX100 III. Asimismo, cuando se guarda el visor, la cámara se apaga.
La calidad de imagen es elevada, gracias al sensor de 1″, pero la respuesta al disparar con sensibilidades elevadas es muy crítica a partir de 3.200 ISO, cifra límite si se desea mantener una buena calidad de imagen. El sistema AF no siempre ofrece una respuesta precisa, ni la más alta velocidad de enfoque, especialmente en situaciones con poca luz.
También la luminosidad se ha mejorado en el modo tele, si bien sacrificando la potencia focal del zoom, limitado a un máximo de 70mm, cifra que se me hace a todas luces insuficiente y que pierde prestaciones respecto a los modelos anteriores RX100 y –especialmente– a modelos de la competencia tan interesantes (y mucho más económicos) como la X30 de Fujifilm. El precio es un escollo difícil de sortear y justificar, pues –en mi opinión– la incorporación de un visor de calidad más que dudosa y la
24mm en modo angular
escasa relación calidad-precio: 849 euros
ausencia de empuñadura, que dificulta una sujeción perfecta
cámara mal balanceada; se nota un mayor peso en la parte izquierda de la cámara
carece de zapata universal
el balance de blancos ofrece tonos muy cálidos bajo luz de tungsteno
resolución escasa del visor electrónico
al guardar el visor electrónico, la cámara se apaga
limitación del zoom a 70mm

References: resolución

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