Source: http://www.libertadidioma.com/2006/20060323.htm
Timestamp: 2020-05-28 12:37:30+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Jueves 23 Marzo 2006
Santiago ABASCAL La Razón 23 Marzo 2006
Reflexiones ante una encrucijada
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 23 Marzo 2006
Jesús Laínz elsemanaldigital 23 Marzo 2006
Por JON JUARISTI ABC 23 Marzo 2006
El conflicto inacabable
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 23 Marzo 2006
Alto el fuego, Zapatero y negociación
Pablo Sebastián Estrella Digital 23 Marzo 2006
Pío Moa Libertad Digital 23 Marzo 2006
Una tregua para cerrar el frente anti PP
EDITORIAL Libertad Digital 23 Marzo 2006
Editorial minutodigital 23 Marzo 2006
Editorial ABC 23 Marzo 2006
El Estado de Derecho se declara en tregua
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Marzo 2006
I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC 23 Marzo 2006
Los límites del precio político
LUIS IGNACIO PARADA ABC 23 Marzo 2006
Manuel Canduela minutodigital 23 Marzo 2006
“Gracias ETA por dejarnos vivir”
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 23 Marzo 2006
Manual para el mapa del tesoro de ETA
Jorge Moragas Periodista Digital 23 Marzo 2006
Francisco Rubiales Periodista Digital 23 Marzo 2006
La sombra de Perpignan
Fernando Gallego Periodista Digital 23 Marzo 2006
José Javaloyes Estrella Digital 23 Marzo 2006
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Marzo 2006
Cristina Losada Libertad Digital 23 Marzo 2006
GEES Libertad Digital 23 Marzo 2006
Ante el anuncio de un alto el fuego permanente de ETA
Editorial La Opinión 23 Marzo 2006
ETA NO ANUNCIA SU DISOLUCIÓN
ROGELIO ALONSO ABC 23 Marzo 2006
ETA y el terror multinacional
Ánxel Vence La Opinión 23 Marzo 2006
Obligados a la sospecha
VALENTÍ PUIG ABC 23 Marzo 2006
LA BANDA NO ENTREGA LAS ARMAS
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 23 Marzo 2006
ANTE ETA: ENTRE EL DERECHO Y LA JUSTICIA
MIKEL BUESA ABC 23 Marzo 2006
José Javier Esparza elsemanaldigital 23 Marzo 2006
Antonio Sanchez-Gijón Libertad Digital 23 Marzo 2006
DOS MONSTRUOS EN 24 HORAS: El "Estatut" y el Rataplán Etarreche II
Juan Pablo Mañueco Periodista Digital 23 Marzo 2006
Una tregua con incógnitas
Basta Ya 23 Marzo 2006
J. PAGOLA M. ERICE ABC 23 Marzo 2006
D. MARTÍNEZ ABC 23 Marzo 2006
E. L. Palomera ABC 23 Marzo 2006
El oficio de abogado y el Estatuto de Cataluña
24/7 Periodista Digital 23 Marzo 2006
Santiago ABASCAL Presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española La Razón 23 Marzo 2006
No es casualidad. La coincidencia, casi exacta, de fechas entre la traición de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados con la aprobación del Estatuto de Cataluña y la «tregua» etarra es la demostración de una evidencia cada vez más pública; la de que el PSOE ha rendido al Estado frente al proyecto político de los terroristas, el proyecto de destrucción de España.
Tras aprobarse la denominación de «nación» para Cataluña en el parlamento nacional, tan sólo unas horas han hecho falta, quizás unos minutos, para que los criminales de ETA decidieran redactar y emitir un comunicado concediendo el respiro anhelado a un Gobierno que ya había cedido mucho y que, con su último gesto, -el de la rendición de las instituciones del Estado-, ha terminado por dar a la organización mafiosa las garantías que necesitaba. Garantías de la capacidad de felonía de este Gobierno usurpador que ha arrebatado al pueblo español la soberanía nacional.
El guión de Perpignan.
Todos los actores han seguido el guión de Perpignan a pies juntillas, a rajatabla. Aquel sujeto que se entrevistó, impunemente, con la banda terrorista, y que se trajo una tregua exclusiva para catalanes bajo el brazo, ha respetado milimétricamente su trato con los terroristas: «Si tú dices que Cataluña no es España, nosotros dejamos de atentar, pero tú demuestra que efectivamente Cataluña es soberana».
Con tal encargo, comenzó la ofensiva para la disolución de España dirigida desde las elites nacionalistas catalanas. El desafío no sólo ha comenzado, sino que ya ha dado sus frutos. El Gobierno de la Nación -debilitado, chantajeado, sin convicciones- , en un acto de latrocinio, nos ha robado la soberanía y se la ha entregado a minorías separatistas y terroristas. Los asesinos ya se lo han agradecido. En lenguaje militar, han dado un balón de oxígeno a un Gobierno que tiene toda la pinta de rendirse premiando el fin -temporal (vaya paradoja)- de la amenaza al otorgar a los delincuentes la consecución del proyecto político por el que nos han perseguido y asesinado durante las últimas cuatro décadas.
Sostener a Zapatero.
Con esta «tregua», ETA trata de premiar y sostener un Zapatero cada vez más debilitado y desgastado, para consagrar la debilidad y el miedo al frente del Gobierno. Esa es la única lectura posible del comunicado etarra. Con el regalo de la Comisión Constitucional al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y al líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Carod-Rovira -aunque el último proteste con aparente amargura- ETA ya ha dado por abonado el concepto de Nación y su pretensión de autodeterminación para el País Vasco.
Otegi tenía razón.
Porque la banda terrorista ETA y el conjunto de minorías chantajistas saben que lo otorgado a Cataluña, tal y como indica nuestra historia reciente, será concedido al País Vasco, pero en este caso en forma corregida y aumentada. Llevaba razón el enfermo Arnaldo Otegi. Van ganando la batalla. Y los pocos socialistas que parecían sensatos ya han comenzado a desertar en La Coruña, Extremadura, y en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados. Ahora que el barco español se hunde, los más bravucones son los primeros en saltar por la borda.
No podemos engañarnos. El Estado ya se ha rendido. Lo han rendido sus gestores. Está por ver si la Nación, el pueblo español, la sociedad civil se suicida junto a un gobierno felón, o se resiste a ser liquidada y se sacude su yugo.
1. La perversión de los principios democráticos
Por fin, ETA ha decidido hoy, 22 de marzo de 2006, declarar un "alto el fuego permanente". Los lectores de Libertad Digital ya conocen el comunicado de ETA por lo que sólo haré una breve referencia a su contenido. Anticipo que deja muy poco margen para la esperanza. La banda terrorista pretende poner en marcha un proceso de paz para conseguir un nuevo marco jurídico para Euskal Herria, negociado bajo su tutela. Los estados francés y español habrán de aceptar el nuevo marco. Hay una referencia, ambigua ciertamente, a la autodeterminación, si bien la última palabra sobre la solución acordada la tendrían los ciudadanos de Euskal Herria.
Para llegar hasta aquí el Gobierno ha protagonizado una peligrosa política de gestos para convencer a ETA de su aceptación de la propuesta de Anoeta, como método para resolver "el conflicto vasco". Una política que incluía el reconocimiento de Cataluña como nación, preludio de similar reconocimiento para Euskal Herria y la aceptación por los socialistas vascos de sentarse en la mesa de partidos prevista en la propuesta de Anoeta para negociar un nuevo estatus político para Euzkadi.
¿Considera el presidente Rodríguez Zapatero que la tregua de ETA supone su disposición a renunciar a la violencia y que, por tanto, se dan las condiciones para el final dialogado del que habla el pacto de Ajuria Enea y la resolución del Congreso de mayo de 2005? ¿Está dispuesto a iniciar tanto el proceso de "pacificación" (ETA-Gobierno) como del de "normalización" (Mesa de Partidos)?
Ahora bien, ¿cuál es la razón por la que ha de negociarse este nuevo estatus político para Euskal Herria? En mi opinión, se trata de dar satisfacción a las demandas de los terroristas. Hasta que los socialistas entraron por la senda de la negociación política exigida por ETA en la propuesta de Anoeta, el sector constitucionalista reivindicaba sin fisura alguna la vigencia de la Constitución y del Estatuto de Guernica. La primera, por contener las reglas del juego de la nación española. El segundo, por ser el punto de encuentro de la inmensa mayoría de los vascos. La claudicación del PSE y la renuncia a sus posiciones originarias es, sin duda, una cesión o pago político a los terroristas para tratar de conseguir el cese de la violencia. El pago del segundo precio político a satisfacer a ETA se producirá cuando, tras la declaración de alto el fuego, se proceda a la constitución de la Mesa de Partidos.
El Congreso de los Diputados, en su resolución de junio de 2005, desconocida pues no suele ser citada, ratificó el Pacto de Pamplona donde se dice con rotunda claridad que nunca aceptará el chantaje de la violencia pues la paz no tiene precio político. Pues sí, desde que los socialistas vascos se sumaron a la propuesta de Anoeta para permitir el inicio del proceso de cambio político en el País Vasco, la violencia tiene precio político. ¿No es todo esto una perversión de los principios democráticos?
En otro orden de cosas, los acontecimientos vividos desde que el presidente del Gobierno decidió impulsar el proceso de paz a la irlandesa, han llevado el desánimo a buena parte del sector constitucionalista. La posibilidad de que, al igual que lo ha hecho con Cataluña, el Gobierno acabe por reconocer la existencia de una nación vasca produce un profundo desasosiego. Sería escandaloso que el Gobierno de la nación española abandone a su suerte a los constitucionalistas para dar satisfacción a quienes odian a España y pretenden a corto, medio o largo plazo la separación del País Vasco.
2. ¿Y ahora, qué?
De entrada convendría calmar la euforia producida por la propaganda gubernamental, a pesar de las llamadas a la calma, a la serenidad y a la prudencia del presidente Rodríguez Zapatero.
Comprendo que ejercer el papel de aguafiestas es muy arriesgado. Ocurrió cuando se produjo la tregua en 1998. La misma noche del anuncio de la tregua, en medio del optimismo general, recuerdo haber hecho a través de la cadena COPE una declaración muy crítica del contenido de la declaración de ETA, aventurando que era prematuro echar las campanas al vuelo puesto que la tregua era consecuencia del acuerdo alcanzado por todos los partidos nacionalistas para poner en marcha un proceso de construcción nacional vasca en clave soberanista y ello no tenía ningún encaje constitucional. El ministro del Interior, Jaime Mayor, hablaría al día siguiente de "tregua-trampa". Pero desde Bogotá el presidente Aznar se dejó arrastrar por la marea, valoró el paso dado por el "Movimiento Vasco de Liberación Nacional" y anunció su disposición a explorar las posibilidades de alcanzar la paz. Todo, en principio, muy razonable y esperanzador. Luego se confirmó que, en efecto, se trataba de una tregua-trampa y que no había la menor disposición a entregar las armas si no se daba satisfacción a sus exigencias políticas.
Por otra parte, no debe olvidarse que la "resistencia" contra el terror malvive en el País Vasco (y también en Navarra) y sólo sobrevive a costa de un gran sacrificio personal. La perspectiva de no necesitar escolta y volver a recuperar la libertad personal hace que sea muy difícil la tentación dar la espalda a esta nueva oportunidad de paz.
De todas formas, para diseñar la estrategia a seguir ante el anuncio del cese de la violencia resulta imprescindible conocer las intenciones reales de ETA y los compromisos previos asumidos por el presidente del Gobierno.
Ahora bien, el presidente Zapatero no lo tiene nada fácil. Podría intentar el trueque de "paz por presos", e incluso tal vez sea inevitable algún paso en esta decisión (recuérdense las apelaciones de todos a la "generosidad" de la democracia española en caso de rendición total), pero no es previsible que ETA renuncie a sus objetivos políticos. De la lectura del comunicado de ETA se deduce que el cese de la violencia estará condicionado al buen fin de las conversaciones políticas. El cacareado foro de partidos negociaría así con las pistolas humeantes debajo de la mesa. ETA tutelaría el proceso de normalización que habría de discurrir en paralelo con el proceso de paz, a negociar entre la banda terrorista y los Estados español y francés.
De lo expuesto hasta aquí se desprende que el margen de maniobra del Gobierno para llegar a un acuerdo político con ETA es extremadamente reducido. Por muchos retruécanos que se utilicen para enmascarar los conceptos –como por ejemplo, "derecho a decidir" en lugar de "autodeterminación"–, la Constitución no permite a ninguna parte del territorio español separarse de España ni tampoco consiente la fragmentación de la soberanía nacional. Los derechos históricos amparados por la disposición adicional, a pesar de los dictámenes del que fuera ponente de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, tan sólo garantizan el derecho a poseer un régimen foral a los territorios de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, pero en modo alguno pueden invocarse para configurar ni un régimen de libre asociación ni un nuevo marco de soberanía compartida. Lo mismo ocurre en el caso de Navarra. Si en 2007 no se produce la derrota de UPN, la pretensión de trasladar a la Comunidad Foral el proceso de normalización mediante la creación de una Mesa de Partidos o participación en la constituida en Euzkadi sería imposible.
Tengo la impresión de que a pesar de la oposición del Partido Popular se procederá a la creación de la Mesa de Partidos. A los "populares" se les planteará entonces el dilema de participar o no en los trabajos de la Mesa. Hay quien reclamará una participación activa del PP. Se reproduciría, con toda probabilidad, lo ocurrido en Cataluña, aunque bien es verdad que la reforma del Estatuto se planteó en el Parlamento, de acuerdo con los procedimientos reglamentarios, por lo que el PP de Cataluña no tenía otra opción que participar en los trabajos de la ponencia y en los demás trámites parlamentarios. En mi opinión, debemos de sostener que una cosa es el debate en el seno de las instituciones y otra participar en una Mesa constituida para dar satisfacción a las exigencias terroristas. La pretendida Mesa de Partidos es una usurpación de la soberanía popular. La sociedad vasca ya tiene en su Parlamento la institución representativa del pueblo vasco y no puede, en consecuencia, convertirlo en mera cámara de resonancia de lo que se acuerde en el foro multipartidista.
3. El difícil diseño de la estrategia a seguir
Es difícil diseñar en estos momentos cuál debe ser la estrategia del Partido Popular pues no sabemos cómo se desarrollarán los acontecimientos. La mejor estrategia será, sin lugar a dudas, reafirmar la defensa de los principios y convicciones del Partido, lejos de cualquier interés electoralista. No se puede contribuir a nada que suponga la demolición del edificio constitucional. No se puede abandonar a su suerte a cuantos en el País Vasco se sienten vascos y españoles. No se puede humillar a las víctimas. No se puede negociar ni directa ni indirectamente con los terroristas. No se puede alterar el actual estatus de Navarra al margen de la voluntad del pueblo navarro. La Mesa de Partidos es una forma de negociar políticamente con ETA a través de sus representantes.
El Partido Popular ha expresado su apoyo al Gobierno para ayudarle a no pagar ningún precio político, todo ello en el marco del pacto contra el terrorismo. Si se trata de obtener, como declaró el ministro de Defensa, que los terroristas salgan de su madriguera con los brazos en alto, no hay nada que objetar. Pero nada más. El País Vasco no es el Ulster. Aquí no hay dos bandos enfrentados en una larga y cruenta guerra civil. Por eso procede denunciar la claudicación del PSOE al aceptar la propuesta de Anoeta. El Partido Socialista parecía en los últimos tiempos haber renunciado a lograr la derrota de ETA. Zapatero no quiere vencedores ni vencidos y trata de acabar con ETA pactando con ella. Conscientes del enfado que ello provocaba en buena parte de la opinión pública, los dirigentes socialistas se apresuran ahora a declarar que "jamás cederemos a las exigencias políticas de la banda terrorista". Pero ya lo han hecho. La renuncia a vencer a ETA supone una gran victoria para el terrorismo. La declaración de estar dispuestos a iniciar un "proceso de paz" para pactar con ETA la entrega de las armas a cambio de la excarcelación de los presos es otra gran victoria política para la banda etarra. Como lo es también el compromiso de constituir una Mesa de Partidos para negociar, con los representantes políticos de la banda, un nuevo marco político para Euskadi. Si para conseguir que ETA abandone sus actividades criminales y libere al País Vasco de la opresión a la que lo ha sometido desde hace casi cuarenta años hay que cambiar el actual estatus político vigente, refrendado en 1980 –no se olvide- por el pueblo vasco, el terrorismo habrá triunfado sobre el Estado de Derecho.
Por otra parte, ¿en qué va a consistir ese nuevo marco? ¿En reconocer a Euzkadi o Euskal Herria como nación? ¿En permitir la creación, en la práctica, de un Estado vasco sin más vínculos con el Estado español que la pertenencia a través de él en la Unión Europea, ni más competencias que la defensa, la fijación del nivel mínimo de las prestaciones sociales obligatorias o la determinación de la hora oficial y de las pesas y medidas? ¿En reconocer que el nuevo Estatuto es fruto del reconocimiento del derecho a decidir (autodeterminación) de los vascos? En el terreno competencial hay muy poco margen para nuevas competencias, habida cuenta del contenido real del autogobierno vasco, si se quiere que el Estado español pueda desarrollar políticas comunes en toda España para garantizar el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales, la cohesión nacional, la representación de todos en el exterior y la igualdad básica de los ciudadanos españoles. En términos nacionalistas, ese eufemismo de "profundizar en el autogobierno" es equivalente a la amortización de la nación española.
Además, ¿podría asegurar Zapatero que el nuevo marco pactado es el definitivo? ¿Y qué pasará con Navarra, el problema y la solución según los abertzales? Para los nacionalistas "moderados" los pactos alcanzados tal vez pudieran servirles durante una temporada. Siempre podrían decir que es un nuevo e importantísimo paso hacia el objetivo final. Pero la izquierda abertzale, al minuto siguiente, diría que es su meta final es la independencia y anunciaría su voluntad de seguir "trabajando" para ello. El problema seguiría pues enquistado. No nos engañemos. Un País Vasco cuasi independiente en virtud de su nuevo estatus político es la antesala de la independencia total. Tal vez algún día los grandes países europeos lleguen a la conclusión de que es mejor para sus intereses una España dividida en minúsculas repúblicas sin ningún peso a la hora de tomar decisiones en la Unión Europea, y no se opongan a la secesión.
Fortalecido con nuevos poderes el actual régimen nacionalista hará aún más insoportable la vida a cuantos consideran que su patria y su nación es España. Además no hay ninguna garantía de que los "halcones" de ETA no vuelvan a la "lucha armada" alegando que los convenidos en la Mesa de Partidos han traicionado los ideales independentistas.
El Partido Popular debe hacer cuanto esté en su mano para impedir que se consume ninguna traición o deslealtad a los valores democráticos y a la Constitución.
Hay que exigir con la mayor energía posible al presidente del Gobierno que rectifique. Hay que convencer al presidente del Gobierno de que no puede poner en marcha la propuesta de Anoeta aunque ello suponga desautorizar el apoyo del PSE a la constitución de una Mesa de Partidos para negociar lo que llaman "proceso de normalización". Hay que concordar la política penitenciaria a seguir así como los límites y condiciones de los procesos de reinserción para sinceramente terroristas arrepentidos y dispuestos a reparar el dolor de sus víctimas. Hay que expresar una rotunda oposición a cualquier intento de involucrar a Navarra en el mal llamado proceso de normalización. Hay que exigir el cese de la opacidad con que el Gobierno se ha producido hasta ahora.
Todo se resume en proclamar que ni de forma directa ni indirecta se va a negociar ningún nuevo marco político con los terroristas. Con Batasuna o con quien ostente la representación política de ETA no hay nada que negociar. Habrá que recordar al presidente Rodríguez Zapatero que así lo refrendó el Congreso de los Diputados en su resolución del día 21 de junio de 2005.
Efectivamente los hay: son todos esos ciudadanos que se han creído que son parte de una nación catalana, del mismo modo que también hay muchos que se creen parte de una nación vasca o gallega.
Pero los catalanes que hoy se sienten nación, ¿experimentarían igual sentimiento si no se hubiera llevado a cabo el masivo lavado de cerebro realizado por el nacionalismo moderado durante las legislaturas pujolistas? Las descomunales mentiras con las que se ha regado a la sociedad catalana durante décadas desde la televisión, la radio, la prensa, las aulas, los libros de texto, etcétera, ¿no han tenido nada que ver con ese sentimiento?
Supongo que nadie pensará que es casualidad que, al día siguiente de la aprobación del nuevo Estatuto catalán por la Comisión constitucional del Congreso, ETA haya anunciado una tregua. Todos los improperios dirigidos a quienes denunciaron la relación entre las concesiones del Gobierno a los nacionalistas catalanes y la negociación con ETA se vuelven contra los que los profirieron: hay una línea clarísima que une el pacto de Perpiñán con la política de un Gobierno sustentado en el apoyo de los nacionalistas y en las falsas esperanzas generadas por esta tregua.
Igualmente, nadie puede llamarse a engaño sobre lo cabe esperar de semejante proceso. Ahora que el nuevo Estatuto catalán está casi ultimado, es posible apreciar con claridad el objetivo último del mismo, que no es "mejorar el autogobierno" ni tampoco exactamente avanzar la independencia, sino perpetuar el conflicto territorial creado y alimentado artificialmente por los nacionalistas. La actitud adoptada por ERC demuestra que lo que en realidad se buscaba es contar con una mina inagotable de elementos de agravio, reivindicación y victimismo.
Lo explicaré técnicamente. El nuevo Estatuto catalán, y esto se ha acentuado en su tramitación en las Cortes, en sus puntos esenciales no tiene eficacia por sí mismo, sino que exige de la colaboración del Estado, en unos casos activa, reformando leyes y previendo las partidas presupuestarias correspondientes, y en otros pasiva, haciendo dejación de competencias constitucionales.
Es poco probable que en los dos años que quedan de legislatura dé tiempo a hacer todo lo que demanda la plena eficacia del nuevo Estatuto, y, de cualquier forma, en el momento en que cambie la mayoría parlamentaria y el signo político del Gobierno, éste no podrá seguir asumiendo las concesiones acordadas, si no quiere condenarse a la inoperancia. El nuevo Estatuto se convertirá así en una plataforma reivindicativa que permitirá al nacionalismo catalán mantener de manera virtualmente indefinida su discurso político, basado en el victimismo.
Y no sólo eso. Por el efecto de imitación que ya se está produciendo en otras regiones, el nuevo Estatuto catalán garantiza que el debate territorial seguirá ocupando, tan estérilmente como hasta ahora, el centro de la vida política nacional durante años, los que se tarde en elaborar, discutir y tramitar en las Cortes las reformas estatutarias que vengan detrás.
Si no se logró satisfacer a los nacionalistas con las concesiones realizadas durante la Transición, ¿de qué sirve perseverar en el mismo error? Sólo queda esperar que alguien llegue por fin a la conclusión de que, puesto que los nacionalistas nunca dejarán de quejarse, ya que en esto radica su razón de ser, hay que prescindir de ellos en el juego político y restituir el poder a la parte mayoritaria del pueblo español.
La banda terrorista ETA ha anunciado un “alto el fuego permanente” usando la misma terminología que utilizó el IRA en su último comunicado antes de iniciar el abandono de la violencia y las negociaciones de paz en Irlanda. El comunicado de la banda, que era esperado por el Gobierno desde hace meses, coincide con la reciente aprobación en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados del nuevo Estatuto que reconoce a Cataluña como nación. Una declaración que fue recibida por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con cautela y una contenida satisfacción a la espera de que la tregua de ETA, que se inicia el día 24, se convierta en el verdadero principio del fin de la violencia.
Cuidado con la tregua de ETA, porque por una parte responde a su propia debilidad y por la otra nace convencida de la debilidad del Gobierno y de su presidente, propicio a pactos con los nacionalistas como lo hemos visto en Cataluña. Un presidente y su entorno que sin duda y desde hace un año ha mantenido conversaciones con ETA o con su entorno, para preparar el escenario al que nos enfrentamos, que aunque incluye muchos riesgos también constituye una buena oportunidad para el fin de la violencia etarra.
El comunicado no ha sorprendido a todo el mundo, pero sí ha llamado la atención de que en él no se incluyeran demandas políticas directas y muy concretas como ocurrió en otros casos, aunque sí se incluye una petición a los gobiernos de España y Francia para que renuncien a la presión policial y judicial, a la vez que habla de un proceso negociador de paz a cuyo término los ciudadanos vascos puedan decidir sobre su futuro, que es igual que referirse a la autodeterminación. Sin embargo, esta aparente prudencia de ETA será sólo temporal porque seguirán otros comunicados de la banda (se espera otro para hoy), y declaraciones de dirigentes de su entorno y de otros partidos nacionalistas que quieren abrir, de manera simultánea a la negociación entre ETA y el Gobierno, otra negociación (las dos mesas) con Batasuna incluida, que incluya la reforma del Estatuto de Gernika y el futuro de la pretendida por ellos relación de “Euskadi con España” con celebración de un referéndum como pretende Ibarrretxe.
Lo que anuncia, como dijo el presidente Zapatero, un proceso largo, duro y muy difícil, porque la negociación con ETA no sólo incluiría el futuro de sus presos y sus comandos sino también una negociación política, paralela al desarme y a la tregua y siguiendo la estela del nuevo Estatuto catalán. Lo que será muy difícil de asumir y de negociar tanto por el PSOE como por el PP, porque esta vez los nacionalistas vascos, y el PNV de una manera especial —ya lo están diciendo—, querrán ir incluso más allá del fracasado Plan Ibarretxe, que proponía para el País Vasco una fórmula de “Estado asociado” a España.
Un presidente, Zapatero, visiblemente emocionado, que afirmaba en el Congreso de los Diputados que estamos ante una cuestión de Estado, mientras repetía una y otra vez las palabras de “calma, prudencia y cautela”. A la vez que subrayaba que este proceso negociador en ciernes se debería abordar con el apoyo de todas las fuerzas políticas, desde la democracia y desde la legalidad, haciendo una mención especial al PP y su líder, Mariano Rajoy, declarando en este momento su plena confianza y respeto por las convicciones democráticas y constitucionales de este partido, al que ofrecía diálogo inmediato —una entrevista con Rajoy el martes próximo— y “la máxima información”. Información que hasta ahora había negado Zapatero a Rajoy, lo que ha sido un grave error del presidente que facilitó la ruptura de los puentes con el PP que Zapatero espera recomponer en los próximos días.
Dando a entender Zapatero que la unidad de los demócratas, y en especial el pacto con el PP, es una cuestión previa al inicio de toda negociación y afirmando que se tomará su tiempo antes de acudir al Congreso de los Diputados a solicitar autorización para abrir la negociación con los dirigentes de ETA sobre el anunciado final de la violencia. Una negociación en la que debe integrar al PP para compartir con ellos sus posibles riesgos y también el triunfo, porque si Zapatero pretende, como ha hecho hasta ahora, abanderar él solo el proceso estatutario y la negociación con ETA se equivocará y podrá fracasar.
Aunque de momento se habla de un final de ETA sobre el que mantienen serias dudas el Partido Popular y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, quien, sorprendido y algo desconcertado por la tregua etarra sobre la que hace poco declaraba que era una ficción del Gobierno, afirmó que tanto él como el PP esperaban otro tipo de comunicado que incluyera el anuncio del abandono de las armas y la petición de perdón a las víctimas. A pesar de todo ello Rajoy declaró su disposición a colaborar con el Gobierno siempre que se garantice que no realizarán concesiones políticas a ETA y a su entorno político, y que se respetará en todo caso el Estado de Derecho.
A la vista de todos estos acontecimientos y las primeras reacciones tenemos que hacer algunas reflexiones para entender la nuevo situación:
Da la impresión que ETA ni quiere ni puede seguir con su violencia terrorista por la escasez de medios y comandos, por el cerco político y judicial a Batasuna y porque desde los atentados del 11S en Estados Unidos y del 11M en Madrid, a manos de comandos islamistas y fundamentalistas, saben que ya es imposible en Occidente justificar el terror como argumento político para el nacionalismo.
En consecuencia, ETA parece, al menos en estas horas, decidida a dejar de lado la violencia y por eso anuncia un alto el fuego o una tregua permanente, lo que es positivo y pone fin a la angustia de muchas personas amenazadas.
El anuncio de la tregua, en coincidencia con las palabras de Zapatero de que se aproximaba “el principio del fin de la violencia”, confirma la existencia de unos contactos o conversaciones exploratorias previas entre la banda o su entorno y el palacio de la Moncloa.
ETA ha querido unir —lo hizo desde la entrevista en Perpiñán de Carod-Rovira con Josu Ternera y Mikel Antxa— el fin de la violencia con las reformas de los Estatutos del País Vasco y Cataluña, por eso la coincidencia de la tregua con la aprobación en la Comisión del Congreso del Estatuto catalán. Y todo ello supone que buscarán un precio político a la negociación para que no sólo se hable de una rendición, o del intercambio de armas por presos etarras, como en Irlanda.
Existirá, en el ámbito nacionalista en contraposición al Gobierno del PSOE y al PP, una batalla por conseguir el protagonismo en las negociaciones de paz, de ahí las declaraciones urgentes e imprudentes tanto de Ibarrertxe, como del PNV y de los dirigentes de EA poniendo precio político a la paz etarra, como si la banda fuera el brazo armado de todos ellos. Para Ibarretxe, el reparto de papeles y de los honores debería ser así: ETA entregas las armas; Zapatero y el PP liberan los presos etarras; y el lehendakari y el PNV consiguen la independencia del País Vasco (o algo así).
El presidente Zapatero ha conseguido, por ahora, un triunfo político porque se ha cumplido su predicción y porque la tregua demuestra que tenía información y que los pasos que daba no eran en falso. Pero, visto el panorama y excitación de los nacionalistas vascos, corre todos los riesgos, incluido el del fracaso de dicha negociación que, en todo caso, no debe iniciar sin el apoyo del PP y el acuerdo de las víctimas del terror.
El PP y Rajoy se han vuelto a quedar solos como en el Estatuto catalán, y saben que si avanza el fin de la violencia de ETA y las negociaciones, las perspectivas electorales de Zapatero serán muy altas y el fracaso de Rajoy una realidad.
Nada está decidido y por nada se puede apostar. Los que han sido capaces de matar son capaces de volver a hacerlo en cualquier momento, motivo por el cual el Gobierno y el presidente saben que corren muchos riesgos políticos y que si fracasan sus expectativas electorales serán pésimas en beneficio de Rajoy y del PP.
En las actuales circunstancias, el PP, los medios de comunicación y los sectores más activos de la sociedad deben apoyar al presidente del Gobierno para que él explore todas las posibilidades de alcanzar el definitivo fin de la violencia. Pero a sabiendas de que si esto se consigue, aunque el se lleve los honores políticos, el presidente deberá compartir el posible éxito con el resto de los demócratas y con el conjunto de la sociedad.
Atención a todo este proceso, a la presunta debilidad de ETA y de Zapatero porque tantas debilidades juntas pueden producir cualquier cosa. Aunque la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo siempre que no perdamos de vista el Estado de Derecho y la Soberanía Nacional.
«El "precio político" para que ETA deje de matar sigue ahí, y si no, que se lo pregunten a los terroristas y al socio de Maragall respecto a la tregua en Cataluña o respecto a la futura tregua que ETA pudiera ofrecer ahora a Zapatero.
Todavía es pronto para la infamia de responsabilizar al PP de los muertos de ETA, como se le ha responsabilizado de los asesinatos de Al Qaeda. Pero espérense a que llegue una nueva tregua de ETA, y ya verán como no falta quien culpe al "inmovilismo" del PP y a su "crispante" rechazo al "diálogo", del riesgo de que los terroristas vuelvan a matar. Lo que no nos cabe ninguna duda es que los galgos van a querer hacer suya la victoria de los podencos del 11-M. Y no faltarán conejos que les ayuden.»
"¿Una tregua para cerrar el frente anti PP?", Editorial de Libertad Digital, 12 de abril de 2004.
Era previsible en un dirigente y en un partido que, como ZP y el PSOE, no dudaron en hacerle el juego político a los terroristas, con la excusa de que eran galgos y no podencos los autores de la mayor masacre terrorista de nuestra historia. Era previsible en un gobierno que, como el de Zapatero, no abandonó a sus compañeros de viaje, ni al conocerse lo de Perpiñán ni al lograr llegar al Gobierno.
La verdad es que los socialistas ni siquiera han esperado a que se hiciera oficial la tregua-pacto con ETA para arremeter contra el PP, al que le "fastidia que ETA lleve años sin matar" –tal y como dijo José Blanco hace unas semanas– y al que ya han acusado de "hacer más ruido que ETA", tal y como hizo el ministro de Justicia el pasado domingo.
Este miércoles, Zapatero sólo ha buscado la suicida complicidad del principal partido de la oposición para que no alce su voz ante un chantaje que, no sólo los terroristas, sino el propio gobierno del 14-M y sus aliados nacionalistas llaman "proceso de paz". "Proceso de paz" que, por su propia naturaleza, está abocado a sortear los imperativos del Estado de Derecho, tal y como el Fiscal General de ZP ha corrido a poner de manifiesto. Ciertamente, no se puede aspirar a sentar en el banquillo a unos criminales a los que el Gobierno ofrece sentarse en una mesa de negociación.
Lo grave es que este gobierno no sólo pretende neutralizar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a la Administración de Justicia, tal y como, en parte, ya lo ha hecho mucho antes de que lo exigiera el "proceso de paz" oficialmente puesto ayer en marcha por los terroristas. Lo grave es que este gobierno, además de estar dispuesto a "dar una salida a los presos" –como le dijo ZP a Savater–, pretende además pactar con los separatistas de Estella –incluidos los representantes de ETA– el fin del Estatuto de Guernica.
El deseo de ZP de blindar el frente anti PP exige, como contrapartida, que los nacionalistas avancen hacia sus objetivos separatistas, no sólo en Cataluña, sino también en el País Vasco. En Cataluña había ya una tregua y un partido que como CiU disimula muy bien su radicalismo soberanista. Tratar de contentar al Club de Perpiñán en el País Vasco, donde sólo hay partidos abiertamente separatistas y donde no había una tregua, podía someter al gobierno del 14-M a un enorme desgaste, por mucho que lo arropasen sus poderosísimos medios de comunicación. El Gobierno necesitaba, además, el anestésico de la "paz" para tratar de satisfacer a los separatistas vascos.
Lo primero que hizo para lograrlo fue acabar con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, puesto que este pacto vetaba cualquier acuerdo de sus firmantes con los separatistas vascos mientras no renunciaran a la autodeterminación. Con los firmantes de Estella y con el resto de formaciones nacionalistas, el gobierno del 14-M aprobó una resolución en el Congreso en el que, a cambio de la tregua, renunciaba al concepto de "derrota del terrorismo" para sustituirlo por una oferta de "diálogo".
Luego, había que dejar pasivamente que los proetarras burlaran la Ley de Partidos con las nuevas siglas del PCTV y hasta con las propias siglas de Batasuna. Neutralización y acoso de aquellos jueces y fiscales que, como Fungairiño, Marlaska o los propios magistrados del Tribunal Supremo, fueran más sensibles al imperio de la ley y a la fortaleza del Estado de Derecho que a esa pretendida negociación con terroristas que la propaganda del gobierno, la apología del terrorismo y una legión de bienintencionados tontos útiles denominan "proceso de paz".
En cualquier caso, lo que resulta evidente es que el "precio político" sigue permanentemente ahí, tal y como han manifestado los terroristas en su comunicado de "alto el fuego". Que ni ETA ni Carod Rovira tendrán suficiente con los nuevos estatutos, por mucho que estos supongan una ruptura del consenso constitucional; poco les importará, como poco le importará al presidente del gobierno del 14-M si el anestésico de la paz le ayuda a conservar el poder logrado cuatro años antes por el horror a una masacre. Lo avanzado por el separatismo quedara ahí sin que nadie reconozca que fue el infame precio pagado por intentar contentar a los que no se van a contentar. En cualquier caso, tal y como decíamos hace dos días, "la ofensiva del mal llamado "proceso de paz" contra el Estado de Derecho no ha hecho más que empezar".
ETA y su entorno no se arrepienten de nada. La tregua que ha declarado, no es más, al igual que hace cuando mata, que un instrumento, una estrategia para lograr sus fines.
Todos sabíamos que una ETA acorralada, no podía dejar de aprovechar la oportunidad única que le ha brindado el gobierno socialista. Los terroristas pueden salir airosos de su sangrienta aventura, a la vez que consiguen avanzar en el proceso de independencia de Vascongadas. Y ETA esta dispuesta a abandonar las armas porque ve factible lograr ese objetivo, aunque sea a medio plazo.
Ante los españoles se abren pues dos vías:
Saludar con alivio la posibilidad de desentenderse de un problema, con la disculpa de que lo importante solo es la paz que traerá la negociación con ETA, una paz que evitará más muertes y más violencia, al menos de momento. ¡Animo¡.Con suerte hasta pueden pasar la patata caliente a otra generación y mientras disfrutar. Que la vida son dos días.
Al fin y al cabo, siempre pueden auto engañarse creyendo todo lo que por televisión y ciertos periodismos y radios les van a contar. Pueden creer que legalizar Batasuna, el brazo político de ETA, otorgando el derecho de participar y decidir sobre el futuro de nuestra sociedad, a quienes ayer predicaban y usaban la violenta como argumento político, no es injusto, sino necesario para lograr que los violentos encaucen por vías democráticas unas reivindicaciones separatistas que serian legitimas, porque cada pueblo tiene derecho a decidir por mayoría su destino. Ahora eso sí, la indisoluble y soberana unidad de Euskadi que no se la toquen. Pueden creer ahora, para tener la conciencia tranquila, que los asesinos presos no saldrán de la cárcel, y dentro de unos pocos años, -la cosa ya se habrá olvidado-, mirar para otro lado cuando lo hagan por la puerta de atrás, vía beneficios penitenciarios. Pueden quedarse tan tranquilos, gozando de su comodidad, creyendo que la unidad de España, la igualdad y solidaridad entre españoles, no están en peligro, porque el nuevo estatuto vasco que saldrá de las negociaciones con ETA, es una solución a las tensiones territoriales que no persigue avanzar en el proceso de secesión vasco, ni va a ser usado por los separatistas como instrumento para lograr sus fines. Pueden tragarse que no se va a pagar ningún precio por la paz y que matar a mil personas en España no ha puesto en manos de los asesinos o de quienes les apoyaron, gracias a un gobierno débil y traidor, la posibilidad de conseguir resultados políticos positivos, rentabilizando el terror, la muerte y la violencia.
Si ustedes optan por esta vía no olviden mirar a la cara de las victimas, a los ojos llorosos de los familiares y a los rostros ensangrentados y los cuerpos destrozados de los muertos, no olviden nunca esos ojos, porque siempre les recordaran en su conciencia, si la tienen, que en su despreciable cobardía les dieron la espalda.
Por otro lado ustedes pueden optar por no aceptar ningún pacto con ETA, ninguna negociación que no suponga la rendición incondicional de la banda, ninguna forma de acabar con ETA que no sea venciendo a los terroristas. Pueden negarse a que se hagan concesiones que permitan avanzar en el proceso de autodeterminación, pueden repudiar el reconocimiento como interlocutores políticos de la sociedad vasca a quienes han usado la violencia y la muerte como instrumento de presión, pueden exigir justicia para los asesinos y pueden reclamar que la única voluntad soberana para decidir sobre los destinos de España y cualquiera de sus regiones, sea la voluntad del pueblo español.
Seguro que no será fácil, les imputaran que no desean la paz y les cubrirán de los acostumbrados insultos y descalificaciones. Pero sin duda podrán mirar a la cara de las víctimas de los terroristas.
Ustedes verán si quieren una paz ganada con sacrifico pero digna, o una paz comprada con la sangre de las víctimas y la unidad de España.
Los etarras deben pasárselo bomba cada vez que leen las cosas que dice y hace Conde Pumpido. Es difícil rendirse más humildemente que el Fiscal General del Gobierno y a cambio de menos. Pero al margen de demostrar que Zapatero vendería a su abuelo por calmar su ansia infinita de seguir en la Moncloa, la política de liquidación del Estado de Derecho que, a modo de kamikaze pasado por la Pasarela Maputo, encabeza Cándido es una verdadera apelación a la delincuencia internacional para que se haga definitivamente cargo de España, una nación en liquidación por derribo y un Estado de Derecho que se ha venido abajo en dos años. Es hora de que vuelva el Narco Volador y abra oficina junto a la Audiencia Nacional, donde seguramente ya tiene amigos y conocidos. No le faltarán clientes. Incluso puede ir con su señora la del crepúsculo judicial a la telebasura y su reinserción será completa.
El problema de fondo lo planteó perfectamente Alcaraz en la COPE cuando se le preguntó cuál debería ser la respuesta del Estado a la enésima tregua-trampa de la ETA. Dijo el Presidente de la AVT que si un violador deja de violar, no por eso la policía debe dejar de perseguirle, y los jueces de juzgarlo y meterlo en la cárcel. Y que los delitos cometidos por los etarras deben pagarlos. Todos. Evidentemente, Zapacándido piensa de forma muy distinta: hay que desmantelar la Ley y las instituciones del Estado de Derecho para que los etarras se sientan cómodos. ¿Más cómodos todavía? ¿Pero se puede estar más cómodo que Henri Parot? ¿Se puede ser más feliz que Otegi? ¿Hasta dónde puede llegar la humillación del Estado ante el terrorismo, la sumisión electorera del PRISOE ante la ETA?
Esta es la única pregunta a la que, sinceramente, no podemos responder. Han ido tan lejos en la claudicación, en la cobardía, en el sectarismo, en la traición y en la rendición ante los enemigos de España que incluso la peor opinión que pudiéramos tener del polanquismo y la progresía ha quedado superadísima por los hechos. El naciente régimen de Perpiñán, edificado sobre los escombros de España, es incompatible con la libertad, la democracia y el Estado de Derecho. Pero bastante les importa eso a los cándidos y alonsos del Derecho Alternativo. No hay Nación, no hay Estado, pero tenemos que seguir pagando las nóminas de dos millones y medio de funcionarios. ¿Para qué? Que privaticen España y que las pague Polanco. Si le obedecen, que se haga cargo de la Seguridad Social. Y cuando vuelva el Narco Volador, que le den un programa en la Cuatro. Aquí lo único que no se valora es el cumplimiento del delito, pero al delincuente se le venera, se le respeta, se le paga y se le sirve. El resultado está a la vuelta de la esquina: lleva navaja, pistola o cinturón con explosivos. Y está entre nosotros para quedarse. Alguien debería informar a los náufragos de Mauritania sobre la verdadera situación del país al que quieren llegar jugándose la vida. Si les cuentan lo de la ETA y Cándido, Zapatero y Perpiñán, lo mismo se vuelven a la selva. Es más segura.
Por I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC 23 Marzo 2006
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 23 Marzo 2006
LAS palabras nunca hacen Historia: hacen literatura, filosofía, política. La Historia la hacen los hechos. Así que resulta ocioso recurrir a la hermenéutica para descifrar si la diferencia entre tregua y alto el fuego hace más esperanzador el comunicado de ETA que ayer conmocionó a las gentes y descolocó a muchos políticos entre la euforia voluntarista y la desconfianza estratégical. Es esperanzador que ese comunicado contenga expresiones como que asegura la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas. Pero no lo es la alusión a que sean reconocidos «los derechos que como Pueblo nos corresponden», porque el Derecho es de los ciudadanos y no de los pueblos, y ese derecho sólo incluye la autodeterminación en el caso de los pueblos colonizados. Es plausible que ETA anuncie que seguirá dando pasos en el futuro en la misma dirección. Pero no lo es que el cese de la violencia, sin referencia a la entrega de las armas, se llame proceso de paz, porque aquí no se dispara por los dos bandos: no se debe llamar superación del conflicto a una pretensión de que España y Francia reconozcan los resultados de lo que ETA llama proceso democrático.
Siento estropear la fiesta que este pueblo de pazguatos se está dando, pero yo no puedo celebrar que ETA nos perdone la vida. ¿Es que ya nadie recuerda que en 1998 los pistoleros abertzales ofrecieron otra tregua y la rompieron cuando comprobaron que no iban a obtener nada de Aznar? Pues parece que no. La memoria impide la felicidad.
Tenemos que preguntarnos por qué ETA ofrece ahora una “tregua permanente". ¿Es porque está derrotada o porque es una táctica en su estrategia de obtener la independencia y el socialismo para Euskadi? Me temo que la explicación correcta es la primera, pero el PSOE y sus aliados ya están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.
Basta leer el comunicado de ETA para comprender que ha puesto unas condiciones inaceptables, incluso para este Gobierno; pero lo importante, como sabemos los periodistas, es el titular.
¿Se puede confiar en unos terroristas que han matado a más de un millar de compatriotas, que acaban de robar miles de placas de matrículas, que siguen chantajeando a los empresarios? Pues muchos españoles opinan que sí. La paz por encima de la justicia, la verdad, la patria, la libertad y el honor.
Añadamos a este análisis de un vizcaíno escarmentado otros datos y pronósticos:
-Se dejará de hablará de la conexión entre ETA y los atentados del 11-M.
-El comunicado se produce un día después de que la comisión constitucional del Congreso otorgue a Cataluña el rango de nación.
-La SER, ERC e Ibarretxe advierten al PP de que debe participar en la rendición ante ETA so pena de quedar excluido del nuevo régimen.
-El progre Conde-Pumpido se ha convertido en el abogado defensor de los etarras.
-Se piden sacrificios (¡más todavía!) a las víctimas de ETA.
-Los separatistas saben que NUNCA gozarán de un presidente del Gobierno tan débil como Rodríguez y dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder.
-Las encuestas, que hasta ahora eran desfavorables al PSOE, darán la vuelta. Son posible las elecciones anticipadas.
-Quienes nos oponemos a la claudicación seremos tratados peor que los etarras: resentidos, desconfiados, enemigos de la paz...
-Se ha comprobado que había contactos entre ETA y el PSOE aunque se negaban.
-ETA y el PNV insisten en que "los vascos decidan" después de haber practicado la limpieza étnica.
Lamentablemente, en España el delito compensa a los asesinos. Los etarras lo comprobaron con el Estatuto de Guernica y la amnistía de 1977.
No quiero ser macabro pero la lectura de los comunicados de ETA es como el juego del tesoro: Las palabras y los signos no significan lo que parecen y hay que tener un poco de rodaje para descifrar los códigos de un mapa que siempre nos conduce al mismo lugar.
1. Cuando fija el "24 de marzo como inicio del alto el fuego", ETA está diciendo que necesita estos dos días para ver que hace el gobierno y la audiencia nacional. Es como una fe de vida que le pide a su interlocutor que es quien debe pagar el rescate.
2. Cuando dice "superar el marco político" quiere decir negociación política.
3.Cuando dice que "los vascos/as al final tiene la última palabra" quiere decir referendum de autodeterminación.
4. Cuando habla de "Euskal Herria" quiere decir Navarra e Iparralde o la eterna territorialidad.
5. cuando dice que "España y Francia cesen en la represión" quiere decir que el Estado de Derecho se meta en el congelador.
6. cuando dice que ETA "tiene voluntad de que el proceso llegue hasta el final" quiere decir que condiciona el proceso a la anteriores exigencias políticas.
Otro dato, la escenografía etarra incorpora dos novedades: quien habla es una mujer y lleva capucha de seda. También me llama la atención como la etarra lee el comunicado, ¿buena memoria o telepronter?. En estos momentos no me quiero olvidar de mis amigos del PP en el País Vasco: aupa María San Gil, Alfonso Alonso, Antonio Basagoiti, Leopoldo Barreda, Carmelo Barrio, Santi Abascal, Carlos Iturgaiz y tantos otros. Ellos son nuestros Jedis y saben mejor que nadie de que va esta vaina porque conocen de verdad el precio de la libertad. ¡qué la fuerza os acompañe!
La irrupción de ETA , con su "alto el fuego", en la vida cotidiana de los españoles ha puesto en evidencia la tozuda pervivencia de las "dos españas" y el terrible nivel de cainismo y de esquizofrenia que domina la política española. Mientras que el gobierno y sus aliados estimulan, con la ayuda de los medios adictos y aliados, una prematura euforia ante la paz que pretende, en primer lugar, hacer que los socialistas ganen las próximas elecciones y continuen cuatro años más en el poder, la oposición de derecha, representando a media España, comete el error de negar la esperanza, desmonta el falso ambiente de victoria democrática propagado por el gobierno y denuncia con razón la anestesia que se fumiga desde el gobierno, que impide ver la verdad: que ETA marca hoy la agenda y domina el debate terrorista en la democracia española.
A medio día hemos recibido una gozosa noticia, después del día de ayer en el que se reconocía a Cataluña su derecho a ser Nación. Pasado ese gozoso día, ETA ha comunicado que comenzará un "alto el fuego permanente". ETA nos cubre con el manto de su benevolencia y anuncia el fin de las muertes, no aclara si también el de las extorsiones. Bajo la traicionera apariencia de paz, los que han buscado este momento como parte de la estrategia que están jugando en el vil tablero de sus políticas, nos incitarán a la alegría y al regocijo, nos darán la buena nueva, y en la permanente ceremonia de la confusión a la que están jugando desde el inicio del proceso Catalán, buscarán que el adversario salga del terreno de juego con acusaciones como la de enemigos de la paz, incitadores al odio, y la eterna cantinela de etiquetas ya acuñadas contra la derecha democrática.
Por todo esto hoy debe ser el día de la firmeza, el día de la verdad. Es a partir de hoy, cuando los tibios de corazón, esos que se alegran del triunfo de ETA a cualquier precio, deben ser valientes y exponer con claridad a que aspiran, qué idea tienen de España, y hasta donde están dispuestos a llegar. El hipócrita y desleal proceso Catalán ha quedado desenmascarado y corroborado por el anuncio de ETA, y ahora los políticos del PSOE deben dejarse de ocultaciones, medias verdades y deslealtades manifiestas, para exponer ante la ciudadanía cual es el plan que ya tienen trazado para contentar a ETA tras 30 años de crímenes, lágrímas y extorsiones. ETA no ha llegado a este proceso para hacer de la necesidad virtud, ha llegado porque un gobierno salido de un ignominioso atentado terrorista sin aclarar, comenzó una deriva sin precedentes y sin previo aviso, que culminó ayer reconociendo a Cataluña como nación.
ETA hoy ha culminado su actividad terrorista, porque hay un gobierno con el que pueden conseguir los objetivos por los que han matado vilmente. Un gobierno lacayo que se agachará hasta la extenuación para recoger las nueces del árbol de la ignominia. Ya no vale la hipocresía y el ocultamiento del proceso Catalán. Aquí hay mil muertos, aquí no se puede jugar, aquí hay que decir con claridad la política que se persigue, y dejarse de alabanzas hipócritas a la paz, porque no hay paz que valga, ya que no puede haberla. Unos mal nacidos han jugado con los conceptos y han hecho creer a parte de la ciudadanía que estamos ante un proceso de paz, o de pacificación, cuando a estas horas tendríamos que estar ante la claudicación y la rendición de los asesinos.
La sombra de Perpignan se alarga sobre todo este abyecto proceso gubernamental de dejación de funciones, cesiones, traiciones e incoherencias. Esta sombra termina donde comienza la gran sombra para el futuro de España, que hoy anuncia esta tregua de ETA, no para la paz, sino para que continúe la rendición del Estado después del atentado mas fructífero para los intereses de ETA y de los nacionalismos periféricos: El 11-M
Hoy es mas necesario que nunca que se aclare la autoría de un atentado que ha marcado un cambio de régimen, y que dentro de algunos años, con mas datos y mas conocimiento de causa, quizás pueda ser calificado sin dificultad como un auténtico golpe de mano.
Tras el anuncio etarra de ayer, identificar la oferta y cuantificar su precio; situarla en el contexto —nacional e internacional— que le corresponde (España no aguanta más sangre), y encajarla en el discurso y la estrategia nacionalista, para la que ETA en particular y el terrorismo en general han sido cabeza tractora. Se impone el análisis secuencial: recordar qué ha sido cada paso y a qué ha conducido el encadenamiento de ellos, con cada sacudida del nogal y cada recogida de las nueces.
El alto el fuego anunciado por la banda terrorista se define más por lo que no es y debiera ser (la autodisolución, con el abandono de las pistolas, los explosivos y las extorsiones) que por lo que es ahora: expresión de una condicionante y una exigencia para que las reformas estatutarias sean lo que ha sido la experiencia catalana, culminada en el Congreso la víspera del anuncio de no se acaba de averiguar qué.
Esa experiencia, sabido resulta para todos, no es otra tras del espectáculo estatutario catalán que la vía alternativa para la reforma constitucional. De esa manera, el cambio de la Constitución y la transformación del Estado encuentra el camino expedito y convierte en constituyentes estas Cortes nacidas del 14M. Esa modificación de la Constitución y esa transformación del Estado, al cabo, no habría de considerarse de otra forma que como un golpe de lo mismo, pero con la violencia, precedente, fuera de pantalla. Y se agotaría así, como si aquí no hubiera pasado nada, la virtualidad revolucionaria de los atentados terroristas del 11M. Es decir, que aun siendo islámica la mano que ejecutó la masacre terrorista, el fruto político de ésta estaría cobrado por el nacionalismo de todos los métodos y colores.
El puente para el paso de una orilla a otra del cambio constitucional habría tenido sus fases. Primero una pilastra en medio del río, antes de que el atentado de los moros se produjera, con la reunión y pacto en Perpiñán con los terroristas del independentista Carod-Rovira, socio ya de gobierno en el tripartito catalán con los socialistas del PSC. De aquello salió Cataluña como espacio exento de terrorismo. Y de aquello ha salido también el reconocimiento a cencerros tapados de Cataluña como nación. Igualmente, del mismo origen ha sido la escenificación mediática de ayer por los criminales de la boina.
Las gradas ya están dispuestas para la botadura de los nuevos Estatutos de casco soberanista, cuya reiteración trivializará el hecho de que el Estatuto vasco lo sea también, como quieren los del Hacha y la Serpiente. Todos habrán pasado del autonomismo al soberanismo, yendo mucho más allá de a donde fue y concedió la II República. El principio de autodeterminación, luego de ser sometido al masaje de las relativizaciones, como el de lo nacional en el Estatuto de Cataluña, se extenderá igual que un bálsamo anestésico sobre la Constitución de 1978, llamada a salir del quirófano igual que la identidad sexual en el nuevo Registro Civil que prepara el ministro de los matrimonios homosexuales, como acaba de declarar y tan dispuesto a construir con los suyos una nueva Sociedad como a obtener un nuevo Estado. Los nexos de los territorios serán al cabo tan confederales y laxos como los nuevos nexos y vínculos matrimoniales tras de la botadura del llamado “divorcio exprés”.
O mucho nos equivocamos algunos, o van a ser los jueces quienes, como en el caso de la OPA de Endesa, o en el de los encarcelamientos de los recomendados por la Fiscalía General del Estado, vengan a poner orden: rescatando el peso de la ley y poniendo en su sitio la levedad totalitaria de la política sin otra norma que la voluntad de los gobernantes doctrinarios asistidos por los sucesos extraordinarios.
Mucha agua ha pasado bajo los puentes de España desde que aquel alcalde andaluz dijo que en España “la Justicia es un cachondeo”. Las cosas han cambiado mucho. Podríamos decir quizás que es la hora de los jueces y que dependemos de su independencia. Alguien habrá de acotar y calibrar conforme al derecho la situación creada por el comunicado terrorista de ayer. Algo tienen que decir las víctimas, la ley y el decoro nacional ante el festín del oportunismo nacionalista.
Con el paso de las horas, y con la lectura del comunicado de los terroristas, salta a la vista que la anunciada tregua de ETA, que los propios terroristas llaman permanente, es un eslabón más de una larga cadena de cesiones y más cesiones que se han ido produciendo desde el Gobierno en estos dos años. Estamos ante un gesto pedido y suplicado a los etarras por el Ejecutivo desde hace meses. Un gesto que Moncloa ha ido alentando con una actitud condescendiente con los terroristas. Estamos ante una lista interminable de decisiones del Gobierno que ahora adquieren toda su dimensión como meras cesiones:
1. El Gobierno lleva meses desmontando toda la estructura que desde el Estado de Derecho se había ido construyendo para combatir el terrorismo y todo su entorno político, económico, mediático y social.
2. El presidente del Gobierno, desde hace mucho tiempo, no condena los atentados terroristas. Durante las últimas semanas, por ejemplo, no hemos escuchado ni una palabra de Zapatero condenando la ultima ofensiva de bombas etarras, ni las extorsiones a los empresarios vascos.
3. Zapatero ha ido paulatinamente suavizando todo su lenguaje. No habla de terrorismo, habla de violencia. No entiende de derrota de los etarras, todo se queda en proceso de paz. No menciona la palabra rendición, siempre se refiere al proceso. El presidente ha buscado todos los refugios dialécticos imaginables para evitar hablar de terrorismo, como si estuviera refiriéndose a una situación que sólo existe en su imaginación.
4. El Gobierno lleva mucho tiempo buscando la neutralización de las víctimas del terrorismo. Con descalificaciones, con comisariados, con ataques, con críticas. El Gobierno ha querido domesticar a quienes han sufrido la barbarie terrorista y, al fracasar en su intento, ha buscado su división.
5. Desde la Fiscalía General del Estado se ha intimidado a los jueces que, desde la Ley, han querido y quieren luchar contra el terrorismo. Cándido Conde Pumpido ha dado claras muestras de sus objetivos a la hora elegir a sus amigos y a sus enemigos.
6. En este sentido ahora se entienden, sin matices, los motivos por los que Conde Pumpido cesó políticamente al Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional. El relevo de Eduardo Fungairiño forma parte de este paquete de cesiones.
7. También entendemos ahora la actitud del Fiscal General del Estado cuando prefirió mirar hacia otra parte para evitar que se prohibiera la Asamblea de Batasuna en Baracaldo.
8. Quizá el primer gesto claro de cesión de este Gobierno ante los terroristas fue la luz verde para que los comunistas de las tierras vascas se pudieran sentar en el Parlamento de Vitoria.
9. El paso clave que el presidente Zapatero dio en su momento para que los terroristas entendieran su debilidad fue dinamitar el pacto antiterrorista.
En este elenco de razones sólo se recogen algunos de los gestos y de las actitudes del Gobierno hacia los terroristas. Una actitud de cesión que provoca una gran preocupación ante la dinámica en la que Zapatero nos ha metido a los españoles. Si el presidente es capaz de ceder en tantas y tantas cosas, en tantos y tantos principios, a cambio de un comunicado en el que ETA se mantiene en sus trece, ¿qué puede pasar desde ahora en adelante? Mejor no pensarlo.
Pensaba escribir sobre esas manos unidas por el principio del fin de la soberanía nacional, de la igualdad ante la ley, de la Constitución. Las manos de Mas, de Madre, de Saura y de Carod, unas sobre otras, como una banda de juramentados, y la manecita de Diego, que avanzaba para sumarse a la fiesta ante los leones de bronce, que han visto muchas cosas, pero nunca ésta. Se juntaban las manos separadoras bajo el cielo goyesco de Madrid a plena luz, y, sin embargo, cuántas sombras pasadas y por venir se reunían allí. El título de la versión inglesa de la novela de Koestler, inspirado en unas palabras de Milton (oh dark, dark, dark, amid the blaze of noon!), encerraba la paradoja de un proceso cuyas causas y efectos se ocultan bajo el resplandor del artificio. Un aparato de disimulo en el que encajan ese "no" de Esquerra, tan conveniente para dorar la píldora que debe tragar la ciudadanía, y lo que luego vendría.
Pues en esas estaba cuando la Oscuridad, así, con mayúsculas, aparecía al mediodía. Casi exactamente a las doce, y al día siguiente de que el Congreso reconociera un acto de soberanía ajeno y proclamara a Cataluña como nación. Con precisión digna de una maquinaria suiza, surgían de las sombras los asesinos, el kitsch de su escenografía sólo atemperado por el poder que administran sobre la vida y la muerte. Y comenzó el espectáculo. El show de políticos, locutores, analistas, conteniendo a duras penas la alegría. En el caos, Llamazares ocupaba lugar preferente, de gran estadista. En una televisión alemana pasaban como resumen estas líneas: ETA ha anunciado una tregua permanente y el gobierno celebra la "buena noticia para los españoles". Uno se sentía, en la medida en que el gobierno lo representa a ojos del mundo, miembro de un pueblo idiota y sumiso; incapaz de enfrentarse a una banda criminal, se contenta con que ésta le perdone la vida por un rato, y siempre que haga lo que exige.
No ha anunciado ETA su disolución, ni el abandono de las armas, ni siquiera el fin de la extorsión y la violencia. Pero ya les centelleaban los ojos a quienes están dispuestos a creer a los terroristas. Y a ceder: el Fiscal General anunciaba que las "nuevas circunstancias" aconsejan reflexionar sobre la oportunidad de encerrar al neumónico Otegi. Qué casualidad, una más, que esta tregua largamente esperada por el gobierno, se anuncie cuando el caudillo batasuno afronta la cárcel. Sea cual sea la trama oculta de este episodio, sólo unos imbéciles o unos oportunistas pueden confiar en la buena voluntad de una banda que ha utilizado ocasiones similares para reorganizarse, y que exige lo que cualquier grupo terrorista: negociación. Su amenaza sigue ahí, como una sombra. Si la negociación no le satisface, volverá a matar.
Negociar bajo esa amenaza es indigno de un gobierno democrático. Pero la resolución del Congreso de mayo pasado lo permitirá. No lo condiciona a dejar las armas, sino a una "clara voluntad" y a "actitudes inequívocas". A Conde-Pumpido le ha bastado con la entradilla para insinuar que la Justicia debe declararle una tregua a ETA. Ningún portavoz del gobierno ha dicho lo contrario. Ninguno afirma que sólo la disolución y la entrega de las armas serán tomadas en serio. Ninguno advierte que ETA continúa robando explosivos, matrículas, documentación; que sigue chantajeando a los empresarios; que persiste en su persecución contra los no nacionalistas. Nada. Todo ha sido echar las campanas al vuelo y dejar las vergüenzas al aire.
Ciertamente, como decía Luis del Pino, bien poco es lo que el gobierno ha extraído de la banda tras sus tejemanejes clandestinos. Pero Zapatero ya tiene un salvavidas al que agarrarse, y se aferrará a él con sus dos manos y con las de todos los náufragos que le acompañan tras dejar a la deriva a la nación. Ha proclamado ZP su confianza en la democracia, en la sociedad española, en la vasca y hasta en el PP. ¡Ahora! No confiaba en Rajoy para informarle de qué se cocía, pero ahora necesita que un partido con diez millones de votantes le lleve la cola en la ceremonia que se prepara. Ni la democracia ni la sociedad dependen de la confianza que en ellas tenga Zapatero. Es al revés; él es quien debe hacerse merecedor de la confianza de los ciudadanos. Su trayectoria empuja en sentido contrario. No, no es éste el tiempo de la esperanza, sino de la desconfianza. Primero, desconfiar de ETA, y luego, de todos los que en ella quieren hacernos confiar. Era mediodía y reinó la oscuridad.
ETA ha declarado al fin la tregua que el presidente del Gobierno venía anunciando desde hace meses. Es sin duda una buena noticia para Rodríguez Zapatero, al que la banda terrorista estaba poniendo en ridículo con cada nuevo atentado. Que sea también una buena noticia para el conjunto de los españoles dependerá de que el proceso que ahora se abre no termine en realidad transformándose en una claudicación de nuestra democracia frente al terror.
ETA ni desaparece ni se rinde. Los terroristas anuncian un alto en su actividad criminal, pero la banda terrorista queda como garante de un proceso que debe llevar a lograr los objetivos por los que han estado asesinando los últimos cuarenta años. Es importante que la sociedad entienda que ETA permanece, que no manifiesta voluntad de desarmarse, que estará vigilante al desarrollo del proceso y que no dudará en volver a asesinar si no se cumplen sus expectativas.
La declaración de tregua tiene un doble objetivo para la banda terrorista. A corto plazo, habilitar a Batasuna para concurrir a las próximas elecciones municipales. Se trata de recuperar la presencia política y el poder institucional que los terroristas habían perdido tras la ilegalización de su brazo político. Esa presencia resulta crucial para la propia supervivencia de ETA.
A largo plazo se trata de obtener la autodeterminación y la anexión de Navarra y el País Vasco francés. La terminología del comunicado puede resultar farragosa y llena de dobleces: "impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos históricos que como Pueblo nos corresponde", pero no conviene engañarse sobre los objetivos finales de los terroristas. Ni la banda desaparece ni hay renuncia a sus objetivos políticos.
Hay además exigencias en el comunicado que resultan inaceptables para una democracia. ETA pide una tregua del Estado de Derecho, lo que los terroristas llaman dejar "a un lado la represión". Esta exigencia traerá múltiples complicaciones al Gobierno Zapatero. Es posible que en muy corto plazo comience el acercamiento de presos etarras al País Vasco. Es posible también que el presidente presente un paquete de modificaciones legislativas para aliviar penas a los terroristas. El Fiscal General del Estado se empleará a fondo para impedir la persecución de los terroristas. Pero a la vista de decisiones recientes será difícil que el Gobierno pueda obligar al Poder Judicial a atenuar su presión sobre la banda.
No acaban aquí las dificultades del Gobierno. Mariano Rajoy ha ofrecido apoyo al Gobierno, pero ha marcado con prontitud el terreno de juego: no precio político, plena vigencia del Estado de Derecho y reconocimiento a las victimas. Rodríguez Zapatero ha querido iniciar este proceso sin el concurso de la oposición y deberá asumir por tanto un marcaje muy estrecho del PP en cada paso que dé o concesión que otorgue a los terroristas. Las victimas ya han manifestado que su dignidad no es moneda de cambio para alanzar la paz.
Por otro lado, el Gobierno de Francia ni siquiera se da por aludido por el comunicado de ETA, a pesar de que la banda terrorista le menciona de forma expresa. Zapatero podrá contar por tanto con la pasividad del país vecino, pero en ningún caso con su complicidad.
El comunicado de ETA abre también algunos interrogantes en la propia banda. Por ejemplo, no está claro si el "alto el fuego" incluye el fin de las extorsiones al empresariado vasco. También habrá que ver si este anuncio incumbe a los actos de violencia callejera que se habían multiplicado en los últimos meses. Tras los últimos comunicados, cabe preguntarse incluso si existe una total unanimidad en la banda terrorista o hay sectores que no se sentirán vinculados por este anuncio. Sólo el tiempo permitirá conocer algunas de estas respuestas.
A pesar de todas las dificultades e interrogantes, Rodríguez Zapatero considera que con esta declaración de "alto el fuego permanente" podrá culminar lo que el denomina "proceso de paz". Es verdad que en estas circunstancias una mayoría de españoles le apoya en el inicio de una negociación con los terroristas. Lo que no está nada claro es que esa misma mayoría le consienta pagar el precio político que ETA le exige. GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
De todas las expectativas que pueda despertar el comunicado que ayer público la organización terrorista ETA declarando un "alto el fuego permanente" ninguna debe ir más allá de la barrera de la prudencia. Todo hay que contemplarlo de momento desde ese lugar, en el que cabe albergar esperanza, pero no ser ingenuos ni ilusos. Se precipitan, por tanto, quienes creen que ya estamos con seguridad ante el fin del terrorismo. También, quienes, contagiados por el optimismo instantáneo, piensen que España ha dado ya solución a su cáncer más cruel y desgarrador de los últimos cuarenta años. Y yerran quienes se sientan tentados a creer, por el devenir político de los últimos meses, que cualquier paso adelante en la lucha contra los asesinos de ETA es fruto de tal o cual política, de tal o cual político, de éste o aquel partido. Hay mucho dolor llorado, mucho sufrimiento compartido y 851 muertos en la memoria, que merecen justicia y respeto, como para lanzar las campanas al vuelo. Si alguien ha ganado es la democracia como sistema, porque no se ha doblegado ante el terror. Y es ahora el terror el que trata de disfrazar su rendición con una declaración altisonante en la que intenta dar a entender que trata de igual a igual a quien está infinitamente por encima de él en cualquier plano.
El comunicado de ayer de la banda terrorista ETA ha despertado lógicas esperanzas en la sociedad española. Son tales las ansias de poner fin a tantas muertes inocentes, a tan ominoso sistema de terror, que cualquier gesto alienta el optimismo. Pero toda cautela será poca. No estamos más que ante un punto de partida, un comienzo esperanzador, que debe reafirmar a la clase política española en una sola dirección, en un único mensaje: si todos los grupos, unidos, han llegado hasta aquí y han sido capaces, con la democracia como guía y la Constitución por instrumento, de poner a ETA contra las cuerdas hasta forzarla a anunciar ese eufemístico "alto el fuego permanente", juntos deben de ser capaces también de aprovechar la puerta que se abre para lograr el fin de la violencia. El recorrido, de iniciarse, será largo, duro y difícil y tal vez se prolongue mucho tiempo e incluso no se remate en esta legislatura.
Pero al final del mismo sólo puede haber unos triunfadores: el Estado de Derecho y, en cabeza, las víctimas del terror, que han dado lo mejor que tenían por defender la democracia.
Escribe Baltasar Gracián en su Arte de la prudencia, un clásico que debería ser manual de cabecera del buen político, que el hombre no debe descuidarse nunca. "La inteligencia, la cordura y el valor siempre deben estar a punto porque el que confía se hundirá. Suele ser una táctica de nuestros enemigos examinar rigurosamente nuestras cualidades en un momento de descuido. Conocen los mejores días y los excluyen; pero el día que menos se espera es el día de la prueba", viene a recomendar.
El día de la prueba, en lo que al terrorismo se refiere, parece estar llegando. Son tantas las experiencias negativas que ya se acumulan
-ETA anunció una decena de treguas desde 1988- que sería una osadía abordarlo desde una ilusa confianza.
La reacción ayer de los dos grandes partidos españoles puede considerarse reconfortante. Apenas unas horas después de que la banda anunciara sus intenciones, el líder de la oposición y presidente del PP, Mariano Rajoy, ofrecía en el Congreso al Gobierno su total apoyo al proceso que ahora se abre "siempre que no se pague un precio político" y "siempre que el Estado de Derecho siga cumpliendo con sus obligaciones", en referencia a que la Justicia y la Policía sigan cumpliendo su papel frente al terror. La respuesta del presidente del Gobierno hacia el PP fue igual de generosa: "Tengo la confianza en ustedes, que han luchado tanto por el fin del terrorismo. Son esenciales en este camino y tendrán mi máxima información y colaboración", dijo Zapatero, que anunció que la próxima semana se reunirá con el líder de la oposición antes incluso de hacerlo con el presidente del Gobierno vasco.
Las palabras de uno y otro mueven más al convencimiento del fin de la violencia que el propio comunicado de la banda. Y eso es lo más importante. Habrá que dar por bueno ese escueto texto leído en un minuto y treinta y seis segundos por una voz de mujer si de él deriva para el PSOE y el PP la vuelta a la senda del entendimiento en las cuestiones de Estado. ETA es un monstruo de dos naturalezas que en un mismo comunicado, como el divulgado ayer, es capaz de aceptar la vía democrática para solucionar los problemas pero a la vez no renuncia a las exigencias que le dieron vida: la independencia de lo que considera la patria vasca, incluyendo con sus advertencias al gobierno francés los territorios del vecino país, y el derecho de autodeterminación de Euskadi, la posibilidad de que los votantes vascos puedan decidir qué quieren ser en el futuro.
El comunicado de ETA abre una nueva etapa política. Pero no porque ETA vaya a imponer las reglas del juego, sino por todo lo contrario. El Estado de Derecho debe mostrarse más fuerte que nunca. Ahora conviene aplicar la "extremada calma" con la que el presidente del Gobierno aseguró que iba a tomarse los próximos pasos. En un asunto tan delicado resultará más importante no errar nunca que acertar cien veces. Ayer fue un día sin duda importante, pero el gran día, el que el terror y indignidad desaparezcan de España aún no ha llegado. Todos debemos esforzarnos para que lo haga cuanto antes.
ROGELIO ALONSO PROFESOR DE CC POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS ABC 23 Marzo 2006
Fiel a su peculiar lenguaje bélico, la ETA acaba de perdonarnos la vida con un nuevo "alto el fuego" que esta vez será "permanente"; pero lo cierto es que tal vez se trate de una decisión de orden menos militar que comercial. No sería raro que la competencia de Al Qaida haya influido sobre este giro en la habitual estrategia de marketing de la compañía etarra.
Hace ya algunos años que el mundo se ha convertido en un mercado global a todos los efectos, y eso incluye algunas actividades sin duda atípicas como el narcotráfico o el terrorismo. Empieza a resultar evidente que las pequeñas empresas locales como el IRA irlandés o la ETA española no pueden resistir el empuje de multinacionales tan poderosas como la que preside el saudita Bin Laden.
La firma Al Qaida ha abierto tiendas en todo el mundo, como es bien sabido. Sus probos empleados -por lo general, suicidas- han demostrado una imparcial habilidad para estrellar aviones llenos de pasajeros contra edificios de Estados Unidos, hacer saltar discotecas por los aires en Indonesia o reventar trenes de cercanías en Madrid. Su capacidad para establecer franquicias en cualquier lugar del planeta hace especialmente temible a esta empresa dedicada a la fabricación de
Resulta difícil competir en el mercado mundial del terror con esa imagen de marca; mayormente porque el terrorismo islamista utiliza para conseguir sus objetivos técnicas comerciales mucho más agresivas que las de las tradicionales "organizaciones armadas" de ámbito local.
Aun así, conviene no engañarse. Contra lo que se ha venido sugiriendo, probablemente la ETA conserve el suficiente armamento y personal disponible para cometer cuando le plazca algún nuevo atentado con víctimas. Bastaría, por ejemplo, con no dar aviso de algunas de las bombas que hizo explotar durante los dos últimos años para que el balance de daños humanos resultase estremecedor.
Si los etarras desistieron, como parece, de causar muertes durante el último bienio, no fue exactamente por caridad cristiana. Más bien ha de tratarse de un cálculo estratégico. Después de la barbarie indiscriminada que han desatado quienes usan el nombre de Alá en vano, el terrorismo perdió mucho de su crédito, incluso entre los que apoyaban una supuestamente romántica "lucha armada". Desde el 11 de septiembre para acá, la multinacional de Bin Laden ha desprestigiado de tal modo esa fúnebre actividad que ni siquiera los más exaltados partidarios de tales técnicas de acceso al poder logran mantener su discurso.
El mero sentido común sugería ya que las organizaciones terroristas no tenían el menor sentido en una Europa que permite la libre expresión de cualquier idea, incluyendo las que propugnan la disgregación de un Estado. Resultaba igualmente extravagante que los salvadores de la Patria calificasen de "oprimidos" a pueblos que disfrutan de elevados niveles de autogobierno y aún más altas cotas de renta por habitante.
Infelizmente, resulta arduo razonar en esos términos con gentes que apelan a la genética y los derechos colectivos de pueblo o de estirpe para fundar sus reivindicaciones. La prueba es que no hubo manera de hacerles ver lo disparatado de su actitud.
Lo que la elemental lógica no consiguió, parece haberlo hecho ahora la competencia de las grandes multinacionales del terrorismo como Al Qaida. Y es que tener de compañeros de gremio a sujetos tan incómodos como Bin Laden o los ayatolás de la bomba acaba por pasar factura a cualquiera.
Nada de esto implica, naturalmente, que la ETA vaya a abandonar sin más las armas. Seguramente pueda, si se lo propone, seguir matando y extorsionando a sus particulares infieles, pero ya ha perdido la batalla -fundamental- de las relaciones públicas, y acaso sus jefes sean conscientes de ello. Algún beneficio colateral podría traernos, después de todo, la espantosa mundialización del terror. Ojalá. anxel@arrakis.es
Por VALENTÍ PUIG ABC 23 Marzo 2006
A partir de ayer queda por delante un camino incierto y oscuro, muy largo. Claramente, ETA mantiene sus objetivos pero busca cómo lograrlos con tregua. Quienes tienen en sus manos la regencia del bien común asumirán responsabilidades y riesgos. Lo más indicado es que los nublados y las turbulencias no puedan coger por sorpresa a una sociedad que legítimamente confía en los poderes del Estado. Pase lo que pase, nunca estará de más proseguir en la práctica de la sospecha. La gente sabe que en el transigir también peligra la existencia. Hasta el último minuto, hasta que sea entregada la última de las armas, ETA está bajo sospecha. Las razones abundan. Entre otras cosas, porque -como dijo Canetti- los hombres ya no tienen medida cuando la vida humana deja de ser la medida. vpuig@abc.es
MIKEL BUESA Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 23 Marzo 2006
Como después de la fecha imperecedera del 21 de marzo: nacimiento de otra nación en España, han llegado ya, a las 24 horas, los que se apuntan al nacimiento de la tercera, habrá que decir un par de cosas sobre el alumbramiento del segundo monstruo en tan pocas horas:
Hoy, la banda criminal ETA ha dado otra tregua ("alto el fuego") y tampoco definitiva ("permanente"), que durará hasta que la banda quiera. Mantienen todas sus exigencias: las de siempre. Incluida la autodeterminación, que, claro, ellos no conceden a sus terriotorios internos.
Para eso, que hubiera aceptado el Plan Etarreche hace un año, que lo hubiese "limado un poco" durante meses de sórdidas negociaciones que habrían podido terminar con la visita secreta de Otegui (o de su "padre", Arzalluz), por la noche, y, aunque todo quedase tan inconstitucional como al principio... al menos hubiéramos celebrado las Olimpiadas en Madrid, que es otra cosa que debemos a su política de alianzas exteriores.
Señor ZP, mire: si a lo mejor ya todos queremos separarnos de una vez de las diversas familias de fanáticos. Plantéelo a las claras, siga los cauces constitucionales. Y que las tropas de la ONU controlen la carnicería cultural y física que, de otro modo, producirán allí los fanáticos.
Porque, con usted, ya tenemos experiencia de que no se puede contar para esos menesteres: lo que le priva, en lo ideológico y en lo físico, es todo "género" de retrocesos contra lo coherente.
Jorge Marsá Periodista Digital 23 Marzo 2006
[Basta Ya]
Ante una noticia como la que ETA protagonizó ayer a mediodía al comunicar su decisión de declarar un alto el fuego, la primera sensación es, inevitablemente, de alegría. Habrá ciudadanos en Euskadi que, durante un periodo indeterminado de tiempo, podría salir a la calle sin mirar a derecha e izquierda, sin necesidad de escolta y eso, está bien en sí mismo, sin ninguna otra consideración. No es adecuado que la tregua nos sorprenda en la perplejidad que mostraba un personaje femenino de Woody Allen en "Manhatan": "He tardado dos años de psicoanálisis y otros dos de terapia de grupo en alcanzar mi primer orgasmo y va mi psicoanalista y me dice que no era el adecuado".
Está tan bien que no vayan a cometer delitos en un plazo no determinado de tiempo que el día en que todos los ciudadanos puedan salir a la calle sin escolta, que no haya bombas con carteles de aviso o sin ellos, el día que ningún empresario reciba una carta para extorsionarlo, no habremos comenzado "un proceso de paz". Ese día ETA nos habrá dejado en paz, que es de lo que se trata y lo que el presidente del Gobierno esperaba, según él mismo ha declarado repetidamente.
No hay motivos para creer que la alegría nos vaya a durar para siempre, la verdad sea dicha, recordemos el precedente de la última tregua etarra, recordemos que el año siguiente a aquel alto el fuego ETA pudo asesinar a 24 personas, gracias a los datos que había recopilado sobre ellas durante los 14 meses de la tregua. Hay que considerar que el terrorismo de ETA ha ido a más en estos tres años, así como la kale borroka, que la efectividad policial está yendo ostensiblemente a menos, pese al discreto magreo al que don José Blanco somete al número de detenciones policiales de presuntos etarras. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no han detenido a ningún etarra desde el verano de 2005; la Ertzaintza, desde septiembre de 2003. A finales de 2003, se había esclarecido policialmente el 65% de los atentados perpetrados ese año; esa cifra había descendido al 24% en 2004 y al 4% en 2005, lo que revela que la Policía tiene menos datos sobre la banda terrorista que hace dos años, cuando se detenían comandos antes de que empezasen a actuar. ¿Quiere esto decir que la Policía y la Guardia Civil han perdido efectividad? No es cierto y ahí está la desarticulación de la mafia rumana con la detención de trescientas personas en esta misma semana. Se trata, sencillamente, de que en toda negociación con una organización terrorista es inevitable que los cuerpos de seguridad se aflojen el corsé mientras se negocia. Los seres humanos no propenden de manera natural al heroísmo inútil y es lógico pensar que los servidores del estado estén deseando arriesgar su vida mientras se negocia con sus posibles asesinos en la trastienda. El año 1999, el año completo de la tregua anterior, la cifra de detenidos bajó a 66, que fue el número más bajo de los últimos 16 años. Es triste, pero es así la vida.
Es curioso el hecho de que el anuncio hecho ayer por ETA es todavía una tregua virtual. No entrará en vigor hasta el próximo viernes, fecha, oh, casualidad, en la que el juez Grande-Marlaska tiene citado al portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, que aún sigue de baja médica, según se pudo deducir ayer de su ausencia en la rueda de prensa de su partido. ¿Qué hará el juez en esta tesitura? A estas alturas, Grande-Marlaska tiene sobradamente acreditada su independencia profesional y no debe caber la menor duda de que hará lo que juzgue adecuado. Pero si decide enviar a prisión a Otegi, tal como pedía el Fiscal General del Estado hace dos semanas, va a necesitar amparo. Si el mismísimo secretario general de los socialistas vascos protestaba contra lo que él debe considerar intrusismo del juez: "no me gusta tanto juez metido a político o médico". El señor López debería considerar que todos hemos jugado de niños a los médicos, en una actividad que tenía tanto de instructiva como de gratificante. Luego añadió que tampoco le gusta que se ponga en cuestión la profesionalidad de los forenses vascos, "lo mismo que al señor Grande-Marlaska no le gustaría que nadie pusiese en duda su profesionalidad" y esto sí que es una aportación significativa al legado de Montesquieu: ya no son tres los poderes de la democracia y el cuarto no es la prensa, sino el poder sanitario. En fin, que seremos más felices cuando ETA anuncie que abandona las armas y eso no fue ayer. A ver si hoy, en la letra pequeña, nos dicen que lo dejan para siempre, aunque no es probable. Pero en sí misma, no fue una mala noticia la de la tregua. Carpe diem.
J. PAGOLA/M. ERICE ABC 23 Marzo 2006
el negro historial de la banda
La resolución política aprobada en el Parlamento, en mayo de 2005, exigía una clara voluntad de acabar con la violencia y actitudes inequívocas de la banda en esa dirección, antes de cualquier negociación. ETA no ha entregado ni abaondando, por el momento, las armas. Batasuna no ha condenado la violencia. Hay que esperar.
Madrid- Debate de la Nación, mayo de 2005. Resolución política sobre la lucha contra el terrorismo. ¿Recuerdan? José Luis Rodríguez Zapatero se garantizó el respaldado de todo el arco parlamentario, con la excepción del PP, para negociar/dialogar con ETA/quienes apoyan a ETA. Fue una resolución política confusa que, para unos, suponía la inequívoca prueba de que el Gobierno del PSOE tenía carta blanca para negociar con la banda; para otros, sólo un compromiso del presidente de acudir al Parlamento a pedir autorización si se dieran las condiciones previas para el final dialogado de la violencia.
El lunes 27 marzo 2006 se celebra a las 16.30 horas en el Palacio de Congresos de Madrid la Junta General del Colegio de Abogados que promete estar muy animada. El Foro de la Abogacía ha presentado a votación dos proposiciones "referentes a la regulación de la profesión de Abogado y al uso del castellano en Cataluña que son de gran importancia para nuestra profesión, especialmente para los Abogados de Madrid, dados los numerosos asuntos que muchos compañeros de nuestro Colegio defienden en Cataluña".
Primera.- Desde el respeto a las instituciones democráticas, el Colegio de Abogados de Madrid manifiesta su disconformidad con el contenido del artículo 125 del Proyecto de Estatuto de Cataluña, en cuanto atribuye a la Generalitat la competencia exclusiva “en la determinación de los requisitos y las condiciones de ejercicio de las profesiones tituladas, así como de los derechos y obligaciones de los profesionales titulados y del régimen de incompatibilidades”.
Explicación.- La exclusividad de dicha competencia de la Generalitat, que alcanza incluso a “la regulación de las garantías administrativas ante el intrusismo y las actuaciones irregulares”, además de su posible inconstitucionalidad, constituye un anacronismo. La Unión Europea avanza hacia la libre circulación de profesionales y, en este sentido, el artículo 125 del Proyecto de Estatuto es un paso atrás en el notable avance que supuso para la profesión de Abogado la colegiación única para ejercer en todo el territorio nacional.
Dicho artículo constituye una limitación del ámbito del ejercicio profesional de los Abogados, especialmente de los Abogados de Madrid, que es el Colegio más numeroso de España y que, en función de las nuevas condiciones que pueda imponer la Generalitat para el ejercicio de la profesión, pueden ver reducido su campo de actuación. Esta circunstancia alcanza también al derecho de los justiciables a la elección de Abogado de su confianza, que puede verse limitado con aquellas condiciones.
El título de Licenciado en Derecho faculta a todos los Abogados de España a ejercer la profesión en todo el territorio nacional, y cualquier condicionante de ese ejercicio que pudiera establecer la Generalitat limitaría aquel derecho.
Segunda.- Desde el respeto a las instituciones democráticas, el Colegio de Abogados de Madrid manifiesta su preocupación por el contenido del artículo 6.1 del Proyecto de Estatuto de Cataluña que establece “el catalán es la lengua de uso normal y preferente de todas las Administraciones Públicas y de los medios de comunicación pública en Cataluña”. Este artículo se relaciona con el 33 del mismo Proyecto, que establece la exigencia de conocimiento del catalán por los Jueces para ejercer en Cataluña, contra el que se han manifestado varias Asociaciones profesionales de la Magistratura y el propio Consejo General del Poder Judicial.
Explicación.- Como se ha dicho, desde que se reformó en el año 1995 la Ley de Colegios profesionales, estableciendo la colegiación única para ejercer la profesión en todo el territorio nacional, la Abogacía se liberalizó y se abrió a la libre competencia. Esto ha permitido que muchos Abogados de Madrid lleven asuntos en Cataluña, sin necesidad de colegiación múltiple. Este gran avance para el ejercicio de nuestra profesión se pone en riesgo con los citados artículos del Proyecto de Estatuto, que pueden afectar, no sólo al libre ejercicio de la profesión en toda España, sino también al derecho de defensa de los justiciables, que podrían verse obligados a renunciar a su Abogado habitual de Madrid o de cualquier otro Colegio de España para acudir obligatoriamente a un Abogado que domine la lengua catalana. El carácter de Ley Orgánica del Estatuto, y la amplia competencia que en materia lingüística atribuye a la Generalitat, puede poner en riesgo la vigencia del artículo 231 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

References: resolución 
 resolución 
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 Resolución 
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 artículo 125
 artículo 125
 artículo 6
 artículo 231