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Timestamp: 2018-05-25 18:40:31+00:00

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Tanto en la legislación como en todos los documentos técnicos, se insiste en la utilización de los equipos de acuerdo con las instrucciones del fabricante. En estas instrucciones, el fabricante debe reflejar las revisiones y mantenimiento que requieren los equipos.
Hay que tener en cuenta, por otra parte, que de los equipos utilizados en el trabajo en altura, algunos se consideran EPI y otros no (por ejemplo, algunos dispositivos de anclaje) y les aplican diferentes normas:
Este apartado se referirá, principalmente, a las revisiones en profundidad con el fin de detectar defectos, deterioros o desgaste.
Como norma general, es el empresario quien tiene la obligación de mantener los equipos de acuerdo con las instrucciones del fabricante, como se deriva, por ejemplo, del Real Decreto 1215/1997, en su artículo 3:
El artículo 4 de dicha norma continúa con algunas especificaciones a tener en cuenta en las comprobaciones de los equipos de trabajo:
Las comprobaciones serán efectuadas por personal competente. Los resultados de las comprobaciones deberán documentarse y estar a disposición de la autoridad laboral. Dichos resultados deberán conservarse durante toda la vida útil de los equipos. Los requisitos y condiciones de las comprobaciones de los equipos de trabajo se ajustarán a lo dispuesto en la normativa específica que les sea de aplicación.
En el caso de los equipos considerados EPI, la normativa más representativa será el Real Decreto 773/1997, donde el artículo 7 dice:
Aunque sea el empresario el encargado de asegurar las revisiones periódicas, las revisiones que se realizan cada vez que se usa el equipo pueden hacerlas los trabajadores, ya que son parte del uso del equipo, a no ser que haya circunstancias que indiquen lo contrario, como acontecimientos excepcionales o que sean equipos que requieran especiales comprobaciones.
En ningún punto de la legislación se concreta la frecuencia de las revisiones de los equipos, confiando siempre este aspecto a la decisión del fabricante. Sin embargo, en todos los elementos considerados EPI, los fabricantes exigen una revisión anual. Esta periodicidad está recogida en la norma UNE-EN 365, nombrada más arriba, cuando exige que el fabricante debe incluir unas instrucciones , entre otros aspectos, una recomendación relativa a la frecuencia de las revisiones periódicas, teniendo en cuenta factores como legislación, tipo de equipo, frecuencia de uso y condiciones ambientales. La recomendación debe incluir una declaración relativa a que la frecuencia de la revisión periódica debe ser al menos cada 12 meses.
No se debe olvidar que la mayoría de las normas EN relacionadas con los equipos de protección individual contra caídas en altura, obligan a cumplir, además, la UNE-EN 365.
Lo que no se define con precisión es el término “recomendación”. En la actualidad, lo habitual es que la gran mayoría de los fabricantes directamente obligan a hacer revisiones anuales.
Por supuesto, y como indica la norma, puede ser necesario tener que hacer revisiones con mayor periodicidad en función del uso que se le dé al equipo o de otras circunstancias.
Los fabricantes de los equipos no considerados como EPI también suelen recomendar una revisión anual. Por lo tanto, en el caso de que no se exprese de manera evidente en las instrucciones, esta va a ser la frecuencia que se puede requerir.
Otro de los aspectos que se deben tener en cuenta en relación con la persona encargada de la gestión de los equipos es quién puede hacer la revisión de los equipos.
El Real Decreto 1215/1997 y la norma UNE-EN 365 coinciden en que las revisiones periódicas sólo pueden ser efectuadas por personas competentes para ello. Para ello, han de seguir estrictamente los procedimientos para la revisión periódica del fabricante.
¿Qué es una persona competente?
Según la mencionada norma, se trata de una persona conocedora de los requisitos existentes relativos a la revisión periódica y de las recomendaciones e instrucciones emitidas por el fabricante, aplicables al componente, subsistema o sistema a revisar.
La misma norma indica que, en caso de que se considere necesario, por ejemplo, por la complejidad del equipo o cuando se necesiten conocimientos críticos en el desmontaje, montaje o evaluación del producto, el fabricante debe indicar que sólo él o una persona u organización autorizada por él debe dirigir las revisiones periódicas.
Por lo tanto, desde un punto de vista práctico se llega a las siguientes situaciones:
Que el fabricante indique que sólo él o alguien autorizado puede hacer las revisiones. En este caso, la autorización puede ser dada a una persona o a una empresa. Ésta deberá garantizar que la revisión se ha efectuado de acuerdo con las instrucciones del fabricante y que la persona que la ha llevado a cabo tenía los conocimientos suficientes.
Que el fabricante permita que lo revise cualquier persona competente. Será el empresario, entonces, quien decida cómo evaluar a dicha persona. Se pueden seguir, al menos, tres caminos:
Aunque no estuviera obligado, acudir al fabricante (si dispone de este servicio de revisión) o a empresas autorizadas por él, si existieran.
Confiar en empresas, instituciones o personas de reconocido prestigio en el sector y que ofrezcan suficientes garantías.
Hacer que un trabajador reciba una formación específica para poder revisar los sistemas, si es posible, por parte del fabricante o empresa autorizada.
El decidir si un material textil es apto para seguir garantizando la seguridad del trabajador es una tarea difícil. En este apartado se darán algunas características que se pueden tener en cuenta para poder decidirlo.
Es el material que más se utiliza en los equipos para trabajo en altura. Entre sus propiedades se encuentran su gran resistencia y elasticidad. Tiene buena resistencia al desgaste, absorbe agua -lo que le otorga malas propiedades dieléctricas-, su pérdida de resistencia estando mojado está entre el 10% y el 20%, pero aumenta su plasticidad actuando mejor ante cargas dinámicas. La resistencia a la radiación ultravioleta es buena, pero pierde resistencia si está expuesto continuamente al sol, funde a unos 230 ºC (dependiendo del tipo de poliamida).
Su principal carencia es la poca resistencia a los ácidos, de hecho muchas de las roturas de arneses, cuerdas y cintas de anclaje se han debido a que han estado en contacto con ácidos (atención al líquido de las baterías). No le afectan los álcalis a temperatura normal, tampoco las gasolinas o los aceites. El agua de mar tampoco daña la poliamida, aunque es bueno aclarar el elemento que haya estado en contacto con ella con agua dulce.
Siempre se debe tener en cuenta que la resistencia a una sustancia química depende de la duración de la exposición, la concentración y la temperatura.
El investigador Pit Schubert ha llevado a cabo pruebas de resistencia de la poliamida a diversas sustancias, algunas curiosas pero, sin duda, cotidianas. Las pruebas están hechas sobre cuerdas, lo que no garantiza que en cintas de anclaje funcione igual, ya que la camisa de la cuerda puede proteger el alma. Algunas de estas sustancias y resultados han sido los siguientes:
Coca-cola: no disminuyó la resistencia dinámica de la cuerda.
Orina: redujo en un 15% la resistencia. Esta pérdida de resistencia no debería ser significativa, pero si la cuerda o cinta contaminada debe parar una caída en un borde es más fácil su rotura.
Cualquier ácido disminuye drásticamente la resistencia de la poliamida, principalmente el ácido sulfúrico que puede atacar a una cuerda sin que sea visible.
Gasolina, gasóleo, petróleo y alcohol no son dañinos, así como el vinagre a pesar de llevar ácido acético.
Algo menos resistente y elástico que la poliamida, pero con mayor resistencia a la abrasión. Absorbe muy poca agua, por lo tanto, tiene buenas propiedades dieléctricas, tiene muy buena resistencia a la radiación ultravioleta, funde a 250º C.
La resistencia a los ácidos es aceptable en concentraciones no superiores al 80%, sin embargo la resistencia a las soluciones alcalinas (sosa, cal, productos de limpieza, etc.) es muy mala, pudiendo llegar a disolver las fibras poco a poco.
La resistencia a aceites de hidrocarburos y a disolventes orgánicos normales es buena. Los fenoles concentrados son muy dañinos.
Con esta sustancia se hace material textil (principalmente arneses y cuerdas) por su gran capacidad para proteger del calor y su estabilidad. Las dos variantes que se utilizan son Kevlar y Nomex. El Kevlar aventaja al Nomex en resistencia, pero el Nomex es más fácil de trabajar (coloración etc) y tiene un mejor tacto, por esto normalmente se utiliza Nomex en la parte exterior del tejido y Kevlar en el interior).
El Kevlar tiene una gran resistencia, pero es muy rígido, absorbe algo de agua, perdiendo alrededor del 5% de resistencia si está mojado. Tiene poca resistencia a la radiación ultravioleta, a la abrasión y a los ácidos. No tiene ningún problema con los aceites, gasolinas, agua de mar etc.
El Nomex resiste a la mayoría de los disolventes, álcalis y ácidos, barnices y pegamentos.
Dyneema o Spectra
Son los nombres comerciales del mismo compuesto. Se trata de una fibra extremadamente fuerte, ligera y con gran estabilidad ante la mayoría de los productos químicos, con altas prestaciones dieléctricas. Su principal defecto es que no absorbe energía ante una caída, por lo tanto es extraordinariamente rígida. En la actualidad se está utilizando para fabricar cuerdas y cintas de anclaje muy estrechas. Estas cintas facilitan el trabajo a los conectores, pero reducen su fiabilidad ante una caída en borde.
Si bien es sencillo dar unos criterios de cómo realizar una revisión, es importante apuntar que no está clara la frontera en la que un equipo debe retirarse. Sólo una prueba destructiva podría sacar de dudas.
La única inspección que se realiza actualmente es visual y táctil, y son estas dos fuentes de información las que deben llevar a la toma de la decisión. En este apartado se ofrecerán algunos criterios para llevar a cabo dichas inspecciones.
Se pueden distinguir tres tipos de revisiones:
La anterior a cada uso, hecha por el trabajador antes de utilizar el equipo. El trabajador debe mirar y pasar entre las manos todo el equipo para poder localizar hasta pequeños cortes.
La revisión periódica en profundidad, realizada por una “persona competente”, debería tener una periodicidad mínima de un año, pero se puede reducir en función del lugar y tipo de trabajo.
Revisión en profundidad no periódica. Es la que se debe realizar cuando se ha localizado algún deterioro en la revisión anterior a un uso, o porque se ha realizado un tipo de trabajo que indica que es necesaria esta revisión. Debe ser hecha también por una “persona competente”.
A continuación, se van a desarrollar los principales daños que se pueden ver en un equipo textil así como algunos consejos de mantenimiento para cuerdas y cómo llevar a cabo la limpieza de dichos equipos. De un lado, se hará mención a posibles causas de que dichos daños se produzcan y, como consecuencia, si se debe o no retirar el equipo.
Se puede deber a múltiples causas, entre ellas, la exposición prolongada al sol. Sin embargo, no hay una correlación directa entre la decoloración y la resistencia, a no ser que se deba a la acción de algún producto químico. La decoloración es más grave en cintas planas de anclaje que en cuerdas, ya que en éstas el alma está protegida por la camisa.
A falta de más datos empíricos, una decoloración fuerte debe llevar a retirar el equipo, ya que se puede deber a haber estado en contacto con sustancias químicas agresivas. Este criterio se ve reforzado si, además, el material textil se ha vuelto más rígido de lo normal.
Si el mencionado material textil ha estado en contacto con sustancias químicas, puede que las fibras superficiales se puedan retirar sólo con frotar con la mano. En este caso, se debe retirar el equipo sin dudarlo.
El equipo se debe inspeccionar en toda su superficie para poder visualizar si existen zonas que presentan rotura de fibras. En este sentido, se revisarán, principalmente, los sitios que están en contacto con material metálico y que no se ven a simple vista (por ejemplo, en el interior de las gazas).
Otro punto susceptible de fuerte abrasión es el final del recubrimiento plástico termorretráctil que protege los nudos o uniones entre elementos (el absorbedor o la cinta, entre otros). Si este plástico es muy duro, puede dañar las fibras.
Tanto en una cinta plana como tubular, cualquier corte en el borde obliga a retirarla. También es válida la afirmación para una descomposición del trenzado de hilos que genera la cinta, especialmente si llega al borde. Esta destrucción del entramado normalmente se amplía de forma rápida.
Los cortes en el borde son más peligrosos en las cintas planas que en las tubulares, aunque, en general, las pruebas de rotura de cintas con cortes de 1 mm, 2 mm y 3 mm indican que hay mucha variabilidad en cómo afectan los cortes entre distintos fabricantes y tipos de cintas.
Fig. 6.3.2-1. Estructura de una cinta tubular
Fig. 6.3.2-2. Corte en el borde de una cinta
Una pequeña rotura de fibras en la superficie de la cinta (nunca en el borde), sin llegar a atravesar la cinta, es decir, pequeños cortes superficiales; o roturas por quemadura por rozamiento no influyen tanto en la resistencia de las cintas, aunque es casi imposible llegar a un criterio objetivo.
Fig. 6.3.2-3. Corte superficial. En este caso son muy pocas fibras las cortadas
Las quemaduras circulares, producidas principalmente al soldar, provocan la disminución de la resistencia del equipo en función de su tamaño. Esta pérdida es mayor si la quemadura se da en el borde. Por prudencia, se debe retirar un equipo con este daño. En el apartado 6.3.3 se comenta una prueba de resistencia de una cinta en la que se puede comprobar como influyen muchos parámetros en la resistencia real final.
Otra causa de retirada de una cuerda, es cualquier corte que deje el alma al descubierto.
Por otra parte, los aplastamientos de las cuerdas producidos por aparatos de regulación de cuerda no influyen en su resistencia y se pueden seguir usando.
La gravedad de las quemaduras y roces producidos, principalmente, por rozar con un borde, dependen de la profundidad del daño pero, si es sólo superficial, no se tiene porque retirar la cuerda.
Por último, la aparición de una pelusa en los borde de algunas cintas planas con el uso no influye en su resistencia.
Como es lógico, la aprobación de un equipo textil manchado dependerá del origen de la mancha y de su amplitud y profundidad.
Como ya se vio en el apartado 5.1, la pintura “normal” no tiene necesariamente que dañar a los elementos textiles, como tampoco lo hace el cemento. Sin embargo, un equipo excesivamente manchado puede tener consecuencias negativas, como que no se pueda regular correctamente, que se incrusten partículas que provoquen un pérdida de resistencia o enmascarar roturas. En cualquier caso, es mejor dejar la mancha de pintura que intentar limpiarla con disolvente, ya que puede dañar el material.
Fig. 6.3.2-4. Arnés manchado de pintura
En la imagen anterior aparece un arnés manchado de pintura. Como se puede visualizar, las peores manchas están en un lugar que no influye a este usuario, pero a otro de mayor talla si le podrían estorbar para regularlo. Las manchas en la pernera son pequeñas y si la pintura no tiene ningún componente especial no estará debilitado.
Las cintas o material textil marcado por el usuario con un rotulador pueden estar debilitadas en función de la tinta que haya utilizado. Es difícil ofrecer un criterio para desecharlas, pero no se conoce ninguna rotura de cinta por esta razón.
Si un elemento textil tiene una mancha de la que no se conoce su procedencia y ha provocado una decoloración, lo más prudente es retirar el equipo. Lo mismo se debe hacer si ha dejado un tacto rígido.
En el caso de las cuerdas kernmantel, las cuales no dejan ver el alma, además de revisar la camisa teniendo en cuenta lo expuesto en los apartados anteriores, se debe hacer un arco con la cuerda, el cual debe presentar una figura uniforme sin abultamientos, picos o zonas blandas que puedan indicar un debilitamiento del alma. Cualquier aparición del alma obliga a la retirada de la cuerda.
Fig. 6.3.2-5. Forma de la cuerda en buen estado y dos casos que exigen la retirada de la cuerda
El material textil se puede limpiar con un cepillo no muy fuerte o con un trapo húmedo, frotando de manera suave.
También se puede lavar a mano o a máquina. Para ello, se debe utilizar un jabón que no dañe el material que lo compone. Normalmente, el jabón neutro y jabón para ropa delicada cumplen este requisito, incluso existen jabones específicos que no atacan la poliamida Es mejor lavarlo con agua fría, a una temperatura no superior a 30º C.
En el caso de lavar cuerdas en la lavadora, éstas deben colocarse antes en una bolsa tipo red.
En este apartado se comenta e ilustra el ensayo de resistencia realizado en una cinta plana con uso intensivo. La prueba es sólo una muestra en la que no se utilizan aparatos de medidas de gran precisión. Su valor no va más allá de la realización de una prueba con sus condiciones particulares.
La cinta es un anillo que dispone de una gaza cosida en la que se aloja el conector. Para probar la resistencia, se somete a un esfuerzo entre esa gaza y el anillo grande.
Fig. 6.3.3-1. Tipo de cinta probada y pre-colocación para la prueba
Al someterla a esfuerzo se observa cómo aumenta la longitud del corte que tiene en el borde. Sin embargo, la rotura se produce en la unión entre la cinta y uno de los conectores a una carga de unos 1700 daN.
Fig. 6.3.3-2. Comportamiento de la cinta bajo tensión
Fig. 6.3.3-3. Estado final después de la rotura
En un primer examen, parece que se podría llegar a la conclusión de que la rotura en el borde no ha disminuido la resistencia de la cinta, ya que su rotura se ha producido en otro punto. Sin embargo, se debe tener en cuenta que:
Por la configuración de la prueba, la fuerza que llega al punto corte es aproximadamente la mitad de la que soportaba el punto de rotura. Esto ocurre en este tipo de cinta concreto y con esta forma particular de utilizarla.
Aún así, con una carga estimada de unos 850 daN (la mitad de la carga de rotura) el aumento del tamaño del corte hace que más del 50% de la cinta esté ya roto. Si el punto donde está el corte recibe la carga total (algo posible, por ejemplo, en cintas circulares sin gaza cosida) la resistencia hubiera sido menor.
El punto dónde está el corte puede estar situado en otra zona más conflictiva en función de cómo trabaje la cinta (tipo de nudo, elemento que se rodea, etc.).
Si se utiliza un “nudo de alondra” para anclar la cinta, puede que uno de los lados de la cinta reciba más carga que otra.
Fig. 6.3.3-4. Una parte de la cinta ejerce más fuerza que la otra
Por todas estas variables que se pueden dar en la utilización de la cinta, de la prueba no se deduce que la cinta se podía seguir utilizando, sino que era obligatorio retirarla.

References: Real Decreto 
 artículo 3
 artículo 4
 Real Decreto 
 artículo 7
 Real Decreto