Source: https://www.oikoumene.org/es/resources/documents/other-meetings/mission-and-evangelism/preparatory-paper-06-documentation-on-ems-consultations-on-reconciliation?set_language=es
Timestamp: 2020-01-18 14:00:24+00:00

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Documento preparatorio Nº 6: Documentación de las Consultas de la EMS sobre Reconciliación — Consejo Mundial de Iglesias
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Documentación de las Consultas de la EMS sobre Reconciliación
I - Consulta germano-coreana-japonesa, septiembre de 2000
II - Consulta conjunta entre la EMS y la Iglesia de India meridional (CSI), noviembre de 2001
III - Consulta de las iglesias indonesias de la EMS, enero de 2002
IV - Consulta Internacional de la EMS (noviembre de 2002)
Declaración de la Obra Misionera EMS
Documento preparatorio Nº 6
Nos complace añadir la documentación siguiente a la serie de documentos preparatorios de la conferencia de Atenas sobre la misión mundial. En ellos se ilustra cómo una comunidad de iglesias y cuerpos misioneros han abordado temas como la reconciliación y la violencia, la sanación de la memoria, el testimonio común y la construcción de la paz. El proceso de estudio de la EMS constituye una aportación al DSV - y a título de reflexión por parte de una comunidad misionera intercontinental - también a la preparación de la conferencia sobre misión mundial y evangelización. Acompaña a estos documentos una introducción especialmente elaborada para esta serie por el secretario general de la EMS y se reproducen aquí con su autorización. Hemos mantenido los textos originales de las alocuciones, pero sin reproducir los nombres de los intervinientes.
La EMS, iniciales en alemán de la "Asociación de Iglesias y Misiones en Alemania sudoccidental" (Evangelisches Missionswerk in Suedwestdeutschland), ha emprendido un camino desde un cuerpo misionero con base en Alemania hasta una comunidad internacional ecuménica que alberga a 23 iglesias y cuatro comunidades misioneras de tres continentes: Europa, Africa y Asia. Este autoentendimiento encuentra su expresión en el Consejo Misionero de la EMS, que representa la entidad más importante en materia de toma de decisiones, una mesa redonda donde tienen derecho a voto todas las iglesias y organizaciones de la comunidad, así como en una declaración misionera y una estrategia comunes elaboradas en un proceso participativo desarrollado a lo largo de varios años, en redes internacionales, por ejemplo, de mujeres y de jóvenes y, sobre todo, en programas conjuntos. A partir de 1991, cuando se reunieron en Jerusalén delegados de todas las iglesias y organizaciones para elaborar recomendaciones para el viaje ecuménico en conjunto, el "testimonio común" se convirtió en la frase de moda para referirse a lo que une a toda la comunidad. Durante los últimos siete años, cada año se ha convertido en aspecto vital de esta comunidad ecuménica un tema concreto. Durante dos años consecutivos, 2001 y 2002, el Consejo Misional de la EMS acordó que la "Reconciliación" sería el foco común de atención. A lo largo de este periodo, se celebraron varias consultas, en las que quedaron reflejados los desafíos de la reconciliación en diversos contextos.
La presente publicación documenta las recomendaciones de cuatro consultas diferentes celebradas en la comunidad de la EMS:
una consulta germano-coreana-japonesa organizada por la Misión Alemana en Asia oriental, la Fundación Aunae, de Corea, y el Centro Cristiano Tomizaka, de Japón, durante los días 12 a 16 de septiembre de 2000 en Musashi-Ranzan, cerca de Tokio, en Japón.
una consulta celebrada durante los días 21 a 23 de noviembre de 2001 en Mahabalipuram, India, con la presencia de delegados de todas las diócesis de la Iglesia de India meridional (CSI) y de escuelas teológicas, organizada por la Mesa India de Enlace de la EMS y la Iglesia de India meridional.
una consulta celebrada durante los días 27 a 31 de enero de 2002 en Tomohon, Minahasa, Indonesia, organizada por la Mesa Indonesia de Enlace de la EMS y nueve iglesias indonesias.
una consulta celebrada durante los días 16 a 27 de noviembre de 2002 en Hanover Park, El Cabo, Sudáfrica, con la afluencia de 30 participantes procedentes de ocho países y 17 iglesias, organizada por la Secretaría de la EMS y la Iglesia de Moravia en Sudáfrica.
Estas consultas forman parte de un proceso continuo en el seno de un movimiento ecuménico más amplio. Pretendían hacer sus aportaciones al Decenio del CMI para Superar la Violencia. Dentro de la comunidad de la EMS, la "reconciliación" se ha mantenido como punto principal del orden del día. En julio de 2003, el Consejo Misionero de la EMS acordó llevar a cabo un programa bienal sobre la "construcción de la paz", que constituiría el centro común de atención durante los dos próximos años. Así pues, la EMS desempeña una humilde función como foro ecuménico que facilita el intercambio de experiencias en materia de la construcción de la paz e interrelaciona iniciativas en diferentes contextos en el compromiso común en favor de la paz, la justicia y la reconciliación.
Secretario General de la EMS
Carta a nuestras Iglesias y Congregaciones
Durante los días 12 a 16 de septiembre de 2000, los cristianos de Corea del Sur, Japón y Alemania nos reunimos en Musashi-Ranzan, cerca de Tokio. A continuación se presentan los temas suscitados y las conclusiones al respecto, como contribución al Programa del Consejo Mundial de Iglesias para Superar la Violencia.
Trabajamos sobre el tema del PERDÓN; LA REPARACION Y LA RENUNCIA A LA VIOLENCIA. Estamos consternados por las atrocidades cometidas durante los últimos 60 años en Alemania, Corea y Japón, algunas de las cuales no se han hecho públicas en todos sus terribles detalles hasta este momento. Recordemos, por ejemplo, la masacre de Nogun-ri causada por tropas de los Estados Unidos durante la guerra de Corea, Kwangju (1980), el baño de sangre cometido por Japón en Nanjing (1937), la Shoá en Alemania y la maldad política ejercida en la antigua República Democrática Alemana.
Nos apena profundamente enterarnos del trato que dieron los soldados japoneses a las mujeres coreanas durante la guerra del Pacífico, así como de los secuestros llevados a cabo por el Estado japonés durante la dominación colonial de Japón sobre Corea. Nos preocupa que muchas personas inocentes que sufrieron prisión, todavía no hayan sido compensadas. Confesamos que nuestras iglesias en esos países no alzaron sus voces con la suficiente claridad en contra de semejante uso de la violencia.
Gracias a que Dios nos ha facilitado un nuevo comienzo, vemos que es posible encontrar nuevos caminos por los que acercarnos unos a otros, y avanzar juntos, a pesar de todos los asuntos todavía sin resolver y las ofensas anteriores.
Estamos convencidos de que la violencia empieza
con el desprecio hacia las personas de otras culturas y otras religiones,
con la indiferencia frente a la realidad política y económica,
con la ignorancia del prójimo,
con el uso de lenguajes peyorativos acerca de las minorías,
con el aislamiento social o la humillación psicológica.
En cada Estado y en la potencia económica (Mammón) vemos el peligro de que los pueblos, a la vez que alcanzan mayor protección y riqueza, también se encuentran más amenazados. Consideramos legítimo ofrecer resistencia al poder esclavizante. Pedimos a las congregaciones que hablen con los creyentes de otros países acerca de la función de los militares y de la no violencia, con el fin de esbozar nuevas perspectivas con vistas a un futuro no violento. No debemos olvidar los objetivos del Sermón de la Montaña ni la práctica de Gandhi y Martin Luther King en 1977, en Kwangju ("restar autoridad a los gases lacrimógenos"). Apoyamos el derecho y la justicia como la alternativa más importante a la violencia. Por esta razón, deben reforzarse el derecho internacional, los tribunales internacionales y los derechos humanos.
Nuestra intención es mostrarnos más alertas para acatar decisiones de conciencia. Debe fortalecerse constantemente la conciencia de las personas integradas en congregaciones a través de los mandatos de la Biblia (por ejemplo, contra la violencia hacia las mujeres). Es fundamental que las iglesias tomen partido por los vulnerables.
Las ideas nacionalistas en Alemania y Japón condujeron a la Shoá, desencadenaron la Segunda Guerra Mundial y tomaron represalias contra muchos pueblos vecinos. Los representantes de Corea informaron de modo conmovedor sobre las consecuencias concretas en su país. Sin embargo, no solo hay verdugos y víctimas en todos los pueblos y en todas las iglesias, sino también una mayoría silenciosa de espectadores y simpatizantes. Nosotros representamos a la generación de hijos y nietos que no ha tenido nada que ver directamente con los criminales y las maldades de la Segunda Guerra Mundial o la guerra de Corea. No obstante, debemos tomar postura. Después de todo, constantemente debemos hacer frente a la historia de nuestros padres y de nuestras madres. Tenemos la responsabilidad de entender que ninguna generación puede ignorar la carga de la historia, de buscar soluciones a la culpabilidad de los pueblos y las iglesias a través de senderos de reconciliación.
Estamos convencidos de que las confesiones públicas de culpabilidad abren un nuevo futuro para los ofensores y las víctimas, especialmente cuando en ellas se nombra la culpa de manera específica. También estamos convencidos de que aquellos ofensores que hagan penitencia, confiesen sus atrocidades y proporcionen compensaciones, recibirán el perdón de sus víctimas. Sin embargo, somos conscientes de que los ofensores suelen dudar en dar este paso por temor a la condena y a la pérdida del honor. A menudo tan solo se deciden a hacer frente a su culpabilidad y participación cuando se les ofrece una buena disposición a perdonar. La fuerza de las víctimas está en su voluntad de dar el primer paso hacia la reconciliación. Sabemos que el perdón incondicional es posible en el plano individual, mientras que la reconciliación entre los pueblos debe organizarse en términos políticos y económicos.
Inspirados por el relato bíblico del encuentro entre Jesús y Zaqueo (Lucas 19: 1-10), estamos convencidos de que las iglesias no pueden mantenerse al margen como meras espectadoras. Deben contribuir al acercamiento entre los ofensores y las víctimas, con el reconocimiento público del sufrimiento por parte de las víctimas y la disposición de los ofensores a decir la verdad acerca de sus actos y a proporcionar compensaciones. Así es como la reconciliación ofrecida por las víctimas puede hacer factible el perdón.
La compensación / reparación
Consideramos básicamente imposible la reparación entre los ofensores y las víctimas. Las víctimas y los supervivientes necesitan una exposición clara de la verdad y la posibilidad de intervenir en su historia; de igual modo, precisan una compensación material, en la medida en que ésta sea posible. La compensación puede contribuir a evitar que se repita el daño. Es innegable que la compensación conlleva el riesgo de que se abuse de ella para poner fin al conflicto. Asímismo, posee una gran importancia el restablecimiento de la dignidad humana. De ahí que también nos exijamos a nosotros mismos sacar la verdad a la luz e invitar a los pueblos al recuerdo.
Nosotros, los cristianos de estos tres países, invitamos al gobierno japonés a que pida perdón inmediatamente a sus víctimas y proceda a compensarlas. Así pues, también apoyamos la iniciativa del Tribunal de las Esclavas Sexuales (Tribunal for the Comfort Women) en diciembre de 2000 en Tokio.
Estas tareas modificarán las relaciones entre los pueblos y también nuestras propias vidas. Forman parte de la función ecuménica y misionera de todas las iglesias.
Pedimos a nuestras iglesias de Corea, Japón y Alemania que trabajen en el ámbito local en favor del recuerdo de la historia y la transmisión de las conquistas logradas para la generación siguiente. Por ello pedimos a nuestras congregaciones que luchen por conseguir una situación donde la maldad, que en algunos casos está saliendo a la luz en este momento, no se reprima, y les invitamos a que busquen soluciones en cooperación con los políticos y grupos de acción ciudadana responsables. Pedimos a nuestras iglesias que no pasen por alto los testimonios de primera mano y busquen nuevas oportunidades de intercambio y encuentro entre los tres países, con el fin de implicar de manera responsable a los jóvenes en las cuestiones que nos preocupan.
De igual modo, pedimos a las iglesias de nuestros tres países que trabajen en todos los ámbitos en favor de la reconciliación entre Corea del Norte y Corea del Sur que se inició en junio del presente año.
Esta conferencia tuvo lugar a iniciativa de la Misión Alemana en Asia oriental, el Centro Cristiano Tomisaka (Japón) y el Instituto Coreano de Investigación Teológica (Seúl).
Consulta conjunta EMS-CSI sobre la violencia y la reconciliación, celebrada durante los días 21 a 23 Noviembre de 2001 en Tamilnadu Beach Resorts, Mahabhalipuram.
EXPOSICIÓN Y RECOMENDACIONES DE LA CONSULTA
Introducción : Contexto y Propósito de la Consulta
Actualmente, el terrorismo en todo el mundo y la lucha contra él ocupan los titulares de todos los noticiarios y los periódicos. La violencia va en aumento en todas partes del mundo, especialmente en Oriente Medio, Cachemira, Sri Lanka, Afganistán, etc. Es una realidad a escala mundial. Todos los progresos científicos, tecnológicos, educativos y médicos no han conseguido reducir los actos de violencia. El día 11 de septiembre de 2001 constituye un hito amargo en la historia humana de la violencia. La conferencia de la CSI-EMS sobre la violencia y la reconciliación en la India ha resultado muy oportuna y adecuada. Ha representado una ocasión para entender por qué se produce la violencia y cómo combatirla.
Los conflictos violentos tienen lugar en muchos ámbitos y por diferentes razones. A menudo están vinculados a cuestiones de justicia. La violencia es una cultura destructiva. Tiene muchas caras. En diversos lugares y en diversas situaciones se niegan los derechos humanos a los pueblos, tanto en el plano individual como colectivo. Se trata de un fenómeno a escala mundial y la India no es una excepción. Aunque la violencia es un problema en todo el mundo, en esta conferencia hemos querido centrarnos en nuestra situación local, tanto en el ámbito de las congregaciones de la iglesia como en comunidades de la sociedad en su conjunto.
Entre los participantes en la Conferencia Regional de la CSI-EMS sobre Violencia y Reconciliación, celebrada en Mahabhalipuram, Chennai, durante los días 21 a 23 de noviembre de 2001, se encontraban representantes del Sínodo de la CSI, de diócesis de la CSI, de escuelas de teología y de organizaciones ecuménicas; también había representantes de la Iglesia Ortodoxa, de la Iglesia Mar Thoma, de la Iglesia Presbiteriana en la India, y otras. Hemos constatado y afirmamos que cualquier acto que amenaza o viola la vida y la dignidad humana, contribuye a matar a la humanidad y destruye la creación, es violencia. Puede ser pasiva o activa, agresiva o silenciosa. Se encuentra incorporada a nuestras estructuras sociales, a nuestras religiones y culturas, está arraigada en nuestro egoísmo, en forma de prejuicios de casta, ansias de poder, discriminación de género, etc. Las víctimas suelen ser dalitas, mujeres, niños y grupos tribales, sobre todo, si son pobres. La reconciliación es una iniciativa histórica de Dios, a través de Jesucristo, de restablecer todas las relaciones rotas en el seno de la comunidad. Este restablecimiento debe llevar consigo la verdad, la justicia y el perdón, en el hogar, en las calles, en los lugares de trabajo, etc.
Afirmamos la necesidad de reflexionar y actuar en favor de la reconciliación. Sabemos que ha habido fuertes tradiciones indias para combatir la violencia tales como Ahimsa (no violencia), Satyagraha (aferrarse a la verdad), Mauna (el acto del silencio), Karuna (compasión profunda), Ashrama (vida de renuncia), Niraharadhiksha (ayuno), Shakaharam (preferencia por la alimentación vegetariana), etc. Es preciso dar nuevo énfasis a estas tradiciones y practicarlas en la India de nuestros días.
Invitamos a la iglesia de la India a que siente las bases adecuadas para lo siguiente:
El ministerio de la reconciliación en todos los ámbitos de la iglesia. Como miembros de la misma, todos somos agentes de la reconciliación.
La iglesia debe continuar siendo consciente de la injusticia social y participar de forma más vigorosa en las luchas sociales de los pueblos.
La conciencia de género y la justicia de género deben incluirse en las políticas y en la constitución de todos los órganos de gobierno de la iglesia.
Deben realizarse esfuerzos deliberados por incluir a las mujeres en la liturgia y en el proceso de toma de decisiones en todos los ámbitos.
Propuestas / Recomendaciones:
Formación de comunidades de barrio en el ámbito local con representantes de todas las comunidades.
Programas de concienciación en el ámbito de la congregación a través de la interpretación contextual de la palabra de Dios.
Iniciación de un diálogo sobre el tema en el plano local con todas las comunidades.
Puesta en marcha de programas y actividades inter-religiosas.
Atención pastoral y asesoramiento eficaces y educación cristiana en el seno de las congregaciones.
Iniciación de negociaciones de paz por parte de la iglesia en los lugares en conflicto.
Planificación estratégica de programas viables de desarrollo humano alternativos.
Creación de un Departamento de Asuntos de Paz en la Secretaría de la CSI para coordinar y fomentar iniciativas de paz y reconciliación en las comunidades.
23 de noviembre de 2001.
Resultados y Recomendaciones de la consulta regional de las iglesias indonesias de la Asociación de Iglesias y Misiones de Alemania sudoccidental (EMS)
Durante los días 27 a 31 de enero de 2002, los delegados de las nueve iglesias de la EMS en Indonesia celebramos una consulta en Tomohon, Minahasa, sobre el tema "La iglesia en la lucha contra la violencia y la creación de reconciliación". Escuchamos diversas ponencias, compartimos experiencias y opiniones y estudiamos la Biblia juntos. También tuvimos ocasión de visitar a refugiados procedentes de Ternate y Halmahera en los campos de Manado y Bitung, donde pudimos establecer un diálogo directo con víctimas de disturbios y violencia.
En el curso de la consulta tomamos conciencia de que
cierta cultura de violencia ya ha calado profundamente en diversos estamentos básicos de la vida humana y de toda la creación;
la iglesia existe en medio de un mundo lleno de violencia, pero con frecuencia no presta atención a ello; mas aún, inconscientemente se encuentra implicada en la cultura de la violencia;
la violencia ha causado una crisis humana que se manifiesta en forma de pobreza, sufrimiento, hambre, desplazamientos de refugiados y la pérdida de muchas vidas;
muchos símbolos culturales contribuyen a proporcionar motivación para perpetuar la cultura de la violencia y el militarismo dentro de la diversidad de las culturas indonesias. Todas y cada una de las culturas tribales de Indonesia tiene sus "danzas de guerra" y la "espada" como importantes elementos culturales;
la perpetuación de la cultura de la violencia en Indonesia también resulta respaldada por los noticiarios de los medios de comunicación de masas, diversos espectáculos, juegos electrónicos, y la disciplina impuesta a la sociedad con métodos militaristas;
cierta interpretación desviada y caprichosa de algunos pasajes de la Biblia ha dado lugar a un fanatismo intolerante que legitima el uso de la fuerza;
las mujeres y los niños son las principales víctimas de actos de violencia. Cierta legitimación cultural y religiosa a menudo contribuye a la perpetuación de tales actos de violencia;
la iglesia todavía no ha cumplido por completo su profética tarea de combatir la violencia y convertir en realidad la reconciliación.
Asímismo entendemos que
la violencia se ha ido convirtiendo en el principal instrumento cultural para zanjar conflictos, para forzar voluntades, para perpetuar el poder y mantener el status quo, para justificarse a sí mismo o al grupo al que uno pertenece en base a una identidad tribal, religiosa o colectiva, con el fin de defenderse o afirmar la supremacía étnica sobre otros;
la falta de entendimiento de la pluralidad de la sociedad indonesia desde el punto de vista de la tribu, el derecho consuetudinario y la tradición religiosa y cultural, constituye un potencial constante para los actos de violencia;
la cultura de la violencia se ha convertido en parte integrante de muchas estructuras de poder dentro de la sociedad, entre las relaciones de género, las religiones, los grupos étnicos, las relaciones internas de familia y clan, y en las relaciones entre mayorías y minorías, con la consiguiente obstrucción de la realización de la justicia, la paz y la integridad de la creación.
Como iglesias confesamos que
no tomamos en cuenta suficientemente la realidad de diversos actos de violencia dentro de la sociedad que perpetúan la cultura de la violencia en diferentes ámbitos, empezando por la familia y llegando hasta el Estado;
no estamos mostrando la firmeza suficiente a la hora de conducir a los miembros de la iglesia y de la sociedad más amplia en su conjunto a la creación de una cultura no violenta ofreciendo soluciones no violentas a los conflictos;
no estamos mostrando tampoco el coraje suficiente para criticar y corregir al gobierno en su fracaso en el establecimiento de leyes y la creación de justicia y paz con el resultado de que nuestra nación indonesia se encuentra hundida a los ojos de otras naciones y de la comunidad internacional;
todavía no estamos suficientemente capacitados para establecer justicia, paz e integridad de la creación.
Estamos seriamente preocupados
por el hecho de que han tenido lugar diversos conflictos en las dimensiones horizontal y vertical que han originado prolongados disturbios en diversos lugares y con no pocas pérdidas humanas y materiales. Desde las áreas de estos disturbios se ha producido un gran flujo de refugiados hacia las regiones seguras acarreando consigo heridas y traumas que constituyen un potencial para la perpetuación de la cultura de la violencia en el futuro;
por la conducta de la élite política en diferentes ámbitos y de los organismos de seguridad que no han respaldado la confianza del pueblo en la supremacía del derecho para establecer justicia. Por el contrario, con frecuencia ha ocurrido que el establecimiento del derecho se ha llevado a cabo sin dar prioridad a la justicia y que el establecimiento de la justicia se ha realizado sin dar prioridad al derecho. La violencia masiva y el enjuiciamiento directo de los delincuentes por las masas se han producido por doquier, y como resultado se ha debilitado drásticamente el espíritu de fraternidad en el ámbito de la sociedad;
por las condiciones en el terreno de la educación en general, que ya no fomenta la formación del carácter y la siembra de sentimientos de solidaridad humana, por lo que la sociedad se siente provocada con facilidad y se deja encender por las emociones utilizando la violencia como medio para resolver problemas;
por la aparición de doctrinas religiosas que avivan el viento del fanatismo y el radicalismo intolerantes, enemigos del pluralismo y la diversidad. Con qué facilidad las casas de culto se han convertido en objetivos de destrucción e incendio y, aún más, con qué facilidad tienen lugar actos de violencia contra personas de diferentes religiones o credos;
por la condición moral de la sociedad que, cuanto más corrupta e injusta llega a ser, más desvergonzadamente explota y manipula a otros pueblos a favor de ciertos intereses propios específicos y temporales;
por la destrucción de estructuras sociales que obviamente ha tenido lugar en virtud del desarraigo de patrones tradicionales de liderazgo local, con el resultado de que la sociedad se vuelve fácilmente susceptible a las provocaciones y pierde el respeto por los seres humanos de otra ascendencia étnica;
por la incapacidad del gobierno y de las fuerzas policiales para eliminar la circulación de narcóticos y demás drogas prohibidas, que básicamente constituye una forma de violencia sistemática contra el futuro de las generaciones más jóvenes de la nación;
por el creciente recrudecimiento del empleo de métodos terroristas en las relaciones internacionales, que origina muchas víctimas entre la población civil;
por la violencia constante contra la naturaleza y el medio ambiente, que debilita cada vez más la energía sobre la que se apoya el medio para lograr un futuro viable;
por el hecho de la violencia estructural en las relaciones internacionales, que da lugar a una orientación cada vez más fuerte hacia el lucro arraigada en el actual orden mundial capitalista global;
por los desacuerdos causados por la puesta en práctica de la autonomía regional en Indonesia, que constituye un potencial para la aparición de violencia por parte de la población local en contra de los que llegan desde otras áreas, y en contra de miembros de la misma población local, pero de otra ascendencia étnica.
Así pues, nos gustaría exhortar
a todas las personas preocupadas por la situación decadente de la humanidad debida al reinado de la cultura de la violencia a que participen en movimientos y campañas contra la violencia con el fin de crear una cultura de no violencia que fomente soluciones no violentas a los conflictos sociales;
al gobierno y a las fuerzas de seguridad del Estado de la República de Indonesia a que den prioridad al establecimiento de la ley y a la empresa de garantizar la validez del derecho para la población adoptando firmes medidas contra todos los alborotadores y transgresores de las leyes, contra los corruptores y los traficantes de drogas prohibidas, y a que eviten cualquier tipo de problema de resolución de casos penales fuera del procedimiento legal;
al gobierno a que resuelva el problema de los refugiados en diferentes regiones de Indonesia. Realmente constituye una afronta contra la diversidad de la nación indonesia el hecho de que existan ciudadanos indonesios que - ubicados en un campo de refugiados - no puedan regresar a sus aldeas de origen por diferencias religiosas y étnicas como única razón, situación que experimentan los refugiados de Ternate en las ciudades de Manado y Bitung;
a las organizaciones religiosas y los movimientos espirituales a que se constituyan en pioneros del movimiento no violento, desde el contexto local hasta el ámbito internacional. La imagen de las religiones como pioneras de la paz y la reconciliación debe ponerse en práctica mediante acciones concretas que puedan percibir las unidades más pequeñas de la sociedad;
a las iglesias a que revisen sus fundamentos teológicos, sus enseñanzas, y sus métodos de interpretación de la Biblia, que quizá hayan contribuido de forma activa o pasiva a la perpetuación de la cultura de la violencia dentro de la sociedad;
a las iglesias a que den prioridad a programas de concienciación contra la violencia y a que organicen sesiones de formación sobre la resolución de conflictos y la reconciliación, como empresa mutua para acabar con la violencia y fomentar la convivencia en una cultura de no violencia;
a las iglesias pertenecientes a la Asociación de Iglesias y Misiones en Alemania sudoccidental (EMS) a que manifiesten su función ecuménica mediante mutuos esfuerzos por acabar con la violencia y concretar la reconciliación en diferentes regiones de la tierra, dondequiera que exista alguna iglesia. La pluralidad y la internacionalidad constituyentes del carácter ecuménico de la EMS ofrecen una oportunidad muy significativa de crear una red para superar la violencia, así como de lograr la reconciliación en el plano internacional;
Concluimos nuestra consulta con una oración y con la esperanza de que el Señor nuestro Dios, fuente de vida y salvación de la humanidad y de toda la creación, nos ayude a todos nosotros en nuestros diversos esfuerzos por construir una auténtica humanidad y un modo de vida sin violencia, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
Tomohon, 31 de enero de 2002
Traducido del indonesio bahasa por Elizabeth Lempp
Consulta Internacional de la EMS sobre Reconciliación, celebrada durante los días 16 a 27 de noviembre de 2002 en Hanover Park, Ciudad del Cabo, Sudáfrica
Durante los días 16 a 27 de noviembre de 2002, a invitación de la Asociación de Iglesias y Misiones en Alemania sudoccidental (EMS) y alojados por la Iglesia de Moravia en Sudáfrica (Fraternidad Evangélica de Sudáfrica), nos reunimos 30 delegados procedentes de Alemania, Ghana, India, Indonesia, Japón, Jordania, Corea y Sudáfrica en el Centro de Conferencias Maryland de Hanover Park, Ciudad del Cabo, para compartir experiencias relativas a nuestros esfuerzos en favor de la reconciliación, para estudiar el ejemplo sudafricano en la lucha por la justicia y la reconciliación, y para analizar medidas prácticas para superar la violencia. Esta Consulta forma parte de un proceso en curso en el seno de la comunidad de la EMS, ha estado precedida por consultas regionales sobre la reconciliación celebradas en Indonesia, India y Japón, y pretende ser una aportación al "Decenio para Superar la Violencia", promovido por el Consejo Mundial de Iglesias.
Los que hemos participado en esta consulta, como expresión de la unidad del cuerpo de Cristo en todo el mundo, nos hemos reunido como personas a las que se ha confiado el ministerio de la reconciliación, de igual modo que Dios, a través de Cristo, ha reconciliado al mundo consigo mismo (2 Corintios 5: 18 y ss.). La vida de culto y los estudios de la Biblia han constituido el núcleo central de nuestra conferencia. Se han llevado a cabo estudios bíblicos transculturales sobre los siguientes temas:
- El poder del pasado (Ezequiel 18: 1-4, 21-24, 30-32)
Medidas para superar la violencia (1 Samuel 25: 14-35)
Afrontamiento de la culpa propia (Génesis 32: 22-32)
Liberación del perdón (Mateo 18: 21-35)
Búsqueda de una nueva identidad (Efesios 2: 11-22)
La visión de la paz y de la justicia (Miqueas 4: 1-8)
"En el amor no hay temor" (1 Juan 4: 18) fue el tema del sermón en el culto de apertura, pronunciado por el obispo Ketut S. Ayub de Bali, Indonesia, quien rememoró el terrible bombardeo que sufrió Bali el 12 de octubre de 2002.
Hemos estudiado y compartido el concepto de "violencia" en diferentes idiomas y culturas. Hemos aprendido que en todos los contextos "violencia" nunca es una idea abstracta, sino que significa la aflicción de dolor para seres humanos, la negación de su dignidad humana y la destrucción de vidas individuales y de comunidades.
Se han centrado ocho estudios de casos sobre áreas concretas de violencia y resolución de conflictos en nuestros países de origen:
- India: Discriminación de los dalitas y negación de derechos humanos sobre
la base de un sistema de castas
Jordania: Violencia contra las mujeres
Alemania: Objeción de conciencia y construcción de la paz
Japón: Diversidad de valores y la "violencia del silencio" en la vida familiar, especialmente suicidios en situaciones de conflicto
Ghana: Conflicto étnico y resolución del conflicto en Bawku, Ghana septentrional
Indonesia: Conflicto étnico-religioso y medidas en favor de la reconciliación en Halmahera
Sudáfrica: Violencia en la vida familiar, violencia contra las mujeres
Somos conscientes de que estos estudios de casos no representan más que algunos ejemplos y de que la violencia es una realidad polifacética en todas nuestras sociedades, e incluye, por ejemplo, la discriminación de minorías, el sufrimiento de los refugiados y emigrantes, la pobreza y el continuo aumento de la distancia entre los ricos y los pobres. Se presentaron e introdujeron símbolos de reconciliación procedentes de los ocho países.
El estudio del contexto sudafricano en El Cabo occidental desempeñó una función crucial en la conferencia:
Se presentaron ponencias sobre el pasado de apartheid y sobre los actuales desafíos, sobre la "Comisión de Verdad y Reconciliación" (CVR) y la interpretación teológica de la reconciliación, sobre la función de las iglesias, sobre la resolución de conflictos y sobre la transferencia intercontextual de experiencias.
Grupos reducidos de participantes en la conferencia visitaron seis centros y ONGs activamente implicados en labores de base para superar la violencia:
- La Campaña de Acción y Tratamiento sobre el VIH/SIDA, en Khayelitsha
- El Institute for the Healing of Memories para víctimas traumatizadas por el apartheid
- El Centro Saartjie Baartman para mujeres y niños, en Athlone
- El Centro del Pueblo, en Manenberg
- El Foro de los Refugiados, en Wynberg
- La iniciativa Inter-fe de Ciudad del Cabo
El Grupo de Apoyo Khulumani invitó a todos los participantes en la conferencia a una sesión pública en la que se presentó el video "Nunca nos rendiremos" sobre víctimas del apartheid en demanda de reparación y reconocimiento.
- Un recorrido por el "township"(*) y visitas al Museo del Distrito Seis y a Robben Island, proporcionaron una visión del legado del apartheid y del compromiso de reconciliación que se ha fraguado en Robben Island.
La Iglesia de Moravia en Sudáfrica organizó encuentros con congregaciones locales a través de servicios de culto, sesiones culturales y programas de debate.
(*) Asentamiento urbano creado en tiempos del apartheid para gente de raza negra.
Como resultado de un proceso intensivo de estudio en equipo, de escucharnos unos a otros y de compartir todos juntos, exponemos los siguientes hallazgos:
Nos encontramos ante diferentes formas de violencia y en ocasiones ante una idea diferente de violencia. Sin embargo, somos conscientes de que la violencia está entre nosotros, incluso dentro de nosotros como individuos y como iglesias, y de que formamos parte de situaciones violentas como víctimas y como perpetradores. En nuestros esfuerzos por acabar con la violencia compartimos muchas preocupaciones comunes, por ejemplo, la violencia doméstica, la violencia contra las mujeres y los niños, la negación de derechos humanos a través de la discriminación y a través de la pobreza, y conflictos étnicos y religiosos con raíces socio-políticas y económicas. Vemos la necesidad de dar prioridad a medidas destinadas a evitar conflictos mediante la educación en la paz y la formación de la conciencia así como a superar la violencia, dentro del marco del Decenio para Superar la Violencia y más allá.
Nos damos cuenta de que existe la necesidad de aclarar mejor la interpretación teológica y la dinámica política de los procesos de reconciliación:
No existe ningún estereotipo de idea de reconciliación, sino que hay enfoques bastante diferentes en momentos diferentes. No obstante, las manifestaciones de confesión, arrepentimiento, restitución y perdón constituyen elementos esenciales. El énfasis sobre estos actos puede diferir de unas situaciones a otras.
La reconciliación es un continuo que guarda relación con el pasado y avanza hacia el futuro. No es el final de un proceso, sino un compromiso con un orden del día pendiente. La reconciliación también puede significar la celebración de soluciones imperfectas.
La reconciliación es un proceso de concesiones mutuas. Requiere soluciones negociadas que no dejen tras de sí vencedores ni perdedores. La reconciliación es inclusiva. Si se ignoran determinadas partes en un conflicto, no podrá resolverse dicho conflicto.
La iniciativa de resolver un conflicto ha de ser tomada por una de las pares. El evangelio nos alienta a que asumamos el riesgo de dar el primer paso. Por ello, las iglesias pueden actuar como elementos facilitadores y mediadores.
Vemos la necesidad de establecer un diálogo intenso con otras iniciativas y organizaciones para concebir diferentes medidas destinadas a superar la violencia.
La reconciliación es un proceso de aprendizaje. Observamos la necesidad de invertir recursos humanos y materiales en procesos de aprendizaje y de formación sobre la forma de evitar conflictos, de resolverlos y sobre la reconciliación.
La sanación de la memoria es una manera única de superar la violencia y el dolor por ambas partes, la de la víctima y la del perpretador.
Las iniciativas de base, las ONGs y sus entramados constituyen elementos vitales de esperanza. Las iglesias deben cooperar, en el plano de las comunidades locales y mediante el establecimiento de contactos.
Es necesario que fomentemos la aceptación, el entendimiento y el respeto hacia la diversidad.
La reconciliación y el fin de la violencia exigen un compromiso claro con la justicia, la paz y los derechos humanos.
Con las afirmaciones y recomendaciones que exponemos a continuación, hemos identificado áreas de acción en nuestras iglesias, comunidades y sociedades.
Afirmaciones y Recomendaciones
Basándonos en nuestros hallazgos durante la Consulta,
Comprometernos a nosotros mismos con la visión de la justicia y la paz, como se establece en las Sagradas Escrituras. Así pues, nos comprometemos a desempeñar la función de una voz profética en nuestras iglesias y sociedades, conscientes de la violencia que prevalece entre nosotros.
Esto incluye concretamente:
denunciar todas las formas de violencia;
releer las Sagradas Escrituras en el contexto que nos ocupa y relacionar el mensaje bíblico con la prevención y la resolución de conflictos;
fomentar un diálogo interconfesional en favor de la paz, la justicia y los derechos humanos;
luchar por la restitución y la reparación de las víctimas de violencia;
luchar por la erradicación de la pobreza;
hacer frente a los efectos deshumanizadores de la globalización.
Recomendamos a nuestras iglesias:
que faciliten espacio, tiempo y recursos para programas de educación y formación en lo que se refiere a la formación de la conciencia, a la eliminación de la violencia de los conflictos y a la reconciliación;
que cooperen con ONGs y otras organizaciones y programas de autoayuda en el ámbito de la base, donde las víctimas de violencia puedan participar como agentes de cambio, y que apoyen a las redes de tales organizaciones;
que fomenten el estudio y la reflexión sobre la violencia y la reconciliación en el ámbito de la teología y de diferentes tradiciones religiosas;
que trabajen en favor del fortalecimiento de valores como la dignidad humana y el espíritu de comunidad, dondequiera que el tejido social de sociedades y comunidades se vea amenazado;
en particular, invitamos a nuestras iglesias a que aborden estos temas de interés común:
- la violencia doméstica;
- la violencia contra las mujeres y los niños, especialmente el abuso sexual, la violación y la prostitución;
- los conflictos religiosos y étnicos y sus raíces socio-políticas y econó-
- la prevención, el tratamiento y la labor de asesoramiento con respecto al VIH/SIDA;
- la cancelación y la reparación de deudas, con especial consideración a las deudas del apartheid ;
- la denuncia de las "guerras preventivas" en regiones en conflicto, por ejemplo, Corea y Oriente Medio;
- la discriminación de castas y el racismo.
Recomendamos a la EMS:
que emprenda los pasos oportunos para que superar la violencia y trabajar por la reconciliación sean elementos prioritarios en la planificación de programas y proyectos del Consejo Misionero a largo plazo;
que facilite una plataforma y recursos de base para el establecimiento de contactos entre todas las iglesias pertenecientes a la EMS con el fin de fomentar nuestra visión común;
- para fomentar el asesoramiento sobre los temas identificados;
- para fomentar el intercambio transcultural, por ejemplo, a través de visitas de equipo, y de consultas regionales;
- para fomentar la integración de los diferentes sexos en todas las iglesias de la comunidad de la EMS;
que procure el seguimiento de la consulta y fomente la puesta en práctica de las recomendaciones;
que continúe desarrollando la página web de la EMS como herramienta de intercambio;
que prepare su aportación a la Asamblea Mundial del CMI en 2006.
Que Dios nos dé coraje, fuerza, sabiduría y determinación en nuestro compromiso de superar la violencia y trabajar en favor de la reconciliación.
Hanover Park, Ciudad del Cabo, Sudáfrica
"Testimonio común"
Caminamos juntos hacia una comunidad ecuménica internacional de iglesias y sociedades de misión compartiendo nuestra esperanza en el Reino de Dios.
Misión es ante todo economía (oikonomia) de Dios para el mundo, en el acto de creación, en la historia de la humanidad, en Jesucristo, y en el poder del Espíritu. Nuestro testimonio es nuestra respuesta y nuestra participación en el amor misericordioso y transformador de Dios.
El núcleo de nuestra fe es la Buena Noticia de la salvación, de la plenitud de vida y la victoria sobre la muerte en Jesucristo. El nombre de Jesucristo significa redención, liberación, sanación, reconciliación, justicia, paz y esperanza.
El evangelio interesa a todas las dimensiones de la vida. Nuestro testimonio es pues holístico. Proclamación del Evangelio, culto, vida de oración, atención pastoral, educación cristiana, servicio diaconal y acción por la justicia, la paz y la integridad de la creación son dimensiones inseparables.
Nuestro testimonio se basa en la fidelidad al Evangelio y en el amor compasivo a la creación de Dios, en particular a todas las criaturas vulnerables y amenazadas.
Damos testimonio del Evangelio de Jesucristo en todos nuestros respectivos lugares con ánimo abierto y sincero. La experiencia de ser extraños unos a otros en encuentros e intercambios a través de las fronteras nos ayuda a redescubrir el Evangelio de distintas maneras.
Nos sentimos unidos en nuestra misión común. La polifonía y la diversidad de nuestro testimonio en diferentes contextos es algo precioso y al mismo tiempo un constante desafío mutuo.
Nuestro testimonio encuentra expresión en signos de solidaridad viva. Como comunidades de reconciliación y sanación compartimos la vida y también el sufrimiento. Luchamos por los derechos humanos. Luchamos también por una comunidad justa de mujeres y hombres en todas las generaciones.
En nuestro testimonio nos encontramos con gentes de otras religiones e ideologías con estima, respeto, empatía, voluntad de escuchar y de convivir como buenos vecinos con audaz humildad.
Como foro para la vida ecuménica en nuestro testimonio común a través de las fronteras, nuestra comunidad nos permite aprender unos de otros, alentarnos y desafiarnos recíprocamente.
Declaración aprobada por el Consejo de Misión de la EMS el 2 de julio de 2003 en Chennai, India
archivado en: Evangelical Mission in Solidarity (EMS), Mission and Evangelism

References: resolución 
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