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Timestamp: 2017-06-27 01:53:15+00:00

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El Café del Historiador: abril 2011
Playing for Change, episodio 44
Playing for Change es una fundación que pretende conectar al mundo, lanzando un mensaje de paz y globalización positiva, a través de la música. Cada cierto tiempo sacan nuevos 'clips' que me llegan por correo, os los recomiendo encarecidamente. Algunos pululan por el youtube, otros los podéis encontrar en la misma web: http://playingforchange.com/
El último de sus vídeos, y para que veáis de qué va la cosa. Éste es sólo instrumental, aunque ello no le quita un ápice de calidad.
Vosotros mismos os podéis informar más a través de la web de la labor social que realizan. Es una bonita y original iniciativa, ¿no os parece?
Seguido por Hugo Chávez, Daniel Ortega y Fidel Castro, el dictador libio afirma que el ataque que está recibiendo se explicaría por el deseo de "controlar el petróleo". Ahora bien, éste ya es explotado por la compañía estadounidense Occidental, por la británica BP y la italiana ENI. Hace algunas semanas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aclamaba también "el fuerte rendimiento macroeconómico de Libia y sus progresos en el fortalecimiento del papel del sector privado". Amigo de Gadafi, Ben Ali había recibido cumplidos similares en noviembre de 2008, pero servidos personalmente por el director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, que justamente regresaba de... Trípoli. La antigua pátina revolucionaria y anti-imperialista de Gadafi, restaurada en Caracas y el La Habana, también había pasado inadvertida a Anthony Giddens, teórico de la "tercera vía blairista". Éste, anunciaba en 2007 que Libia se convertiría próximamente en la "Noruega del norte de África: próspera, igualitaria y preparada para el futuro". A juzgar por la ecléctiva lista de sus crédulos, ¿cómo podríamos continuar creyendo que el dirigente libio está tan loco como se afirma...? Múltiples razones explican que los gobiernos de izquierda latinoamericanos se hayan confundido en sus cuentas. Han querido ver en él al enemigo de su enemigo (Estados Unidos), cosa que no debería haber bastado para hacer de él su amigo. Más adelante, un mediocre conocimiento del norte de África -Chávez declaró haberse informado de la situación de Túnez llamando a Gadafi...- los ha conducido a rebatir "la colosal campaña de mentiras orquestada por los medios de comunicación", dijo Castro, dado que les devolvía recuerdos personales cuya pertinencia era discutible en cada caso. "No sé por qué lo que ocurre y ha ocurrido allá -declaraba el presidente venezolano respecto a Libia- me recuerda al 11 de abril". El 11 de abril de 2002, un golpe de Estado apoyado por los medios de comunicación a golpe de informaciones manipuladas trató de derribar del poder al electo Chávez. Y muchos otros factores conducen a errores de análisis acerca de la situación libia: una guía de lectura forjada a través de décadas de intervención armada y de dominación violenta de Estados Unidos en Latinoamérica; el hecho de que Libia ayudara a Venezuela a implantarse en África; el papel de los dos Estados en el seno de la OPEP, la gestión geopolítica de Caracas, tendiente a reequilibrar su diplomacia en el sentido de unas relaciones Sur-Sur más estrechas... Y a esta lista todavía debe añadirse la tendencia del presidente Chávez a considerar que las relaciones de Estado a Estado de su país implican una mayor relación de proximidad personal con los otros jefes de Estado: "He sido amigo del rey Fahd de Arabia Saudí,soy amigo del rey Abdulah, que estuvo aquí en Caracas en una cumbre,y varias veces nos hemos visto. Hay mucho afecto. Amigo del emir de Qatar, del presidente de Siria, amigo que estuvo también aquí. Y amigo de Buteflika". Cuando el régimen de Gadafi emprendió la represión de su pueblo, esta amistad lo condujo demasiado lejos: "Sería un cobarde si condenara a quien ha sido amigo de Venezuela durante tanto tiempo sin saber exactamente lo que en Libia está ocurriendo". Sin embargo,el coraje hubiera consistido -en el mundo árabe, pero también en Irán, Siria y Bielorrusia- en vencer esas consideraciones. En definitiva, Chávez ha perdido la ocasión de presentar las revueltas populares del continente africano como las hermanas pequeñas de los movimientos de izquierdas latinoamericanos que bien conoce. Más allá de este desacierto, la diplomacia representa sin lugar a dudas, en todos los países, donde más claramente se desvelan las imperfecciones de un ejercicio solitario del poder hecho de decisiones opacas, libres de todo control parlamentario y de toda deliberación popular. Cuando además se presume, como en el Consejo de Seguridad, de defender la democracia mediante la guerra, el contraste es forzosamente llamativo.
Consejo de Seguridad UN (http://www.otromundoesposible.net)
Tras haber utilizado, no en vano, el resorte geopolítico antioccidental y el argumento progresista de defensa de los recursos naturales, el dirigente libio no ha resistido demasiado tiempo la tentación de sacar la última carta, la del enfrentamiento entre religiones. "Las grandes potencias cristianas -explicaba el pasado 20 de marzo-, han emprendodo una segunda cruzada contra los pueblos musulmanes, con el pueblo libio a la cabeza, y cuyo objetivo es hacer desaparecer el islam [del mapa]". Trece días antes, no obstante, Gadafi había comparado su obra de represión a la del gobierno de Tel Aviv contra los palestinos: "Incluso los israelíes han tenido que recurrir en Gaza a los tanques para combatir a los extremistas. Nuestro caso es similar [...] Algunos destacamentos del ejército libio han tenido que combatir a pequeños grupos de Al Qaeda". Declaraciones que no deben haber aumentado su popularidad en el mundo árabe. Este último giro inesperado encierra almenos una virtud. Al invertirlo, recuerda la nocividad política del discurso que reproduce la temática neoconservadora de las cruzadas y los imperios. Los levantamientos árabes, dado que han unido a laicos y a religiosos -y dado que se oponen tanto a laicos como a religiosos- pueden anunciar el fin de un discurso que se proclama anti-imperialista cuando no es más que anti-occidental. Y que confunde en su odio hacia "Occidente" lo peor de éste -la política de la cañonera, el desprecio de los pueblos "indígenas", las guerras de religión- con las mejoras que ha comportado, desde la filosofía de la Ilustración hasta la seguridad social. Tan sólo dos años después de la revolución de Irán de 1979, un pensador radical sirio, Sadiq Jalal al-Azm detallaba las características de un "orientalismo a la inversa" que, rechazando la vía del nacionalismo laico y del comunismo revolucionario, hacía un llamamiento a combatir a Occidente a través del retorno a la autenticidad religiosa. Resumir, como ha hecho Gilber Achcar, los principales postulados de este orientalismo a la inversa permite comprender que la onda de choque generada en Túnez acaba posiblemene de sacudirlos: "El grado de emancipación de Oriente no debe ni puede medirse por el mismo rasero de valores y criterios 'occidentales', como la democracia, la laicidad y la liberación de la mujer; que el Oriente musulmán no se puede aprehender usando los instrumentos epistemológicos de las ciencias occidentales; que no existe ninguna analogía pertinente con los fenómenos occidentales; que el factor que moviliza a las masas musulmanas es cultural, es decir, religioso, y que su importancia sobrepasa a la de los factores económicos y sociales que condicionan las dinámicas políticas de Occidente; que la única vía de los países musulmanes hacia la renovación pasa por el islam; y, finalmente, que los movimientos que portan el estandarte del 'retorno al islam' no son ni reaccionarios ni regresivos como se percibe desde la visión occidental, sino al contrario, progresistas, en tanto que resisten a la dominación cultural occidental". Dicha visión fundamentalista de la política no puede haber pronunciado su última palabra, pero se puede sentir que su pertinencia ha sido mermada por los pueblos árabes que ya no quieren posicionarse "ni en contra de Occidente, ni a su servicio" (Alain Gresh), y que lo demuestran al apuntar tanto hacia un aliado de Estados Unidos (Egipto) como hacia uno de sus adversarios (Siria). Lejos de temer que la defensa de las libertades individuales, la libertad de conciencia, la democracia política y el sindicalismo constituyan prioridades "occidentales" maquilladas de universalimo emancipador, los pueblos árabes las hacen suyas para manifestar su rechazo al autoritarismo,las injusticias sociales, los regímenes policiales que infantilizan a sus pueblos, tanto más por cuanto que están dirigidos por vejestorios. Y todo ello, que recuerda a otros grandes estallidos revolucionarios y que día tras día consigue nuevas conquistas sociales y democráticas -costumbre que, en general, se ha perdido en otros lugares-, lo llevan a cabo con entusiasmo, en el preciso momento en el que "Occidente" parece encontrarse dividido entre su miedo a la decadencia y su cansancio ante un sistema político completamente degenerado en el que lo parejo sucede a lo idéntico, al servicio de los mismos de siempre. Nada indica que ese entusiasmo y ese coraje árabes sigan obteniendo puntos fácilmente. Pero ya están revelándonos posibilidades inexploradas. El artículo 20 de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, por ejemplo, estipula que "se declara resuelto a velar por que los fondos [libios] congelados [en aplicación de una resolución precedente] sean en una etapa posterior, en cuanto sea posible, puestos a disposición del pueblo de la Jamahiriya árabe libia y utilizados en su beneficio". Entonces, es posible congelar fondos financieros y transferirlos a la ciudadanía de un país... Desde hace algunos meses, el mundo árabe nos ha recordado dos lecciones universales: los pueblos tiene el poder de constreñir a los Estados; los Estados tienen el poder de satisfacer a los pueblos.
En el Le Monde Diplomatique en español de abril (nº186) he encontrado un excelente artículo que se pregunta, como nosotros en nuestra anterior entrada, sobre la conveniencia (ya política, ya moral) o no de entrar, de inmiscuirse en lo que en Libia estaba sucediendo. Está inscrito dentro de un extenso e interesante dossier sobre las revueltas democráticas en el mundo árabe.El autor es Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique, diario que, como sabrán sus lectores, no destaca precisamente por ver con buenos ojos la política exterior estadounidense, o la de sus aliados.Paso sin más a transcribirlo. Es un largo artículo.
LAS TRAMPAS DE UNA GUERRApor Serge Halimi
Después de todo, aunque el reloj esté roto, sigue marcando la hora exacta dos veces al día. El hecho de que Estados Unidos, Francia y el Reino Unido hayan tomado la iniciativa de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que autoriza el recurso de la fuerza contra el régimen libio no basta para repudiarla ya de entrada. Un movimiento popular desarmado y confrontado a un régimen de terror se ve reducido a dirigirse a una fuerza internacional poco recomendable. Preso de su desgracia, éste no rechazará su asistencia por el simple hecho de que aquélla ignore las llamadas de auxilio de otras víctimas, sobre todo palestinas o bahreiníes. Incluso olvidará que dicha fuerza internacional es más conocida por ser una fuerza represora que una organización de cooperación. Pero todo esto que, lógicamente, ha servido de brújula a los insurgentes libos en situación de extremo peligro no bastaba para legitimar esta nueva guerra de las potencias occidentales en tierras árabes. La intervención de los países miembros de la OTAN constituye un medio inadmisible para tratar de alcanzar un fin deseable (la caída de Muamar El Gadafi). Si este medio ha adquirido el estatus de evidencia -pues todos estaban conminados a "elegir" entre los bombardeos occidentales o el aplastamiento de los rebeldes libios- es únicamente porque otras vías de recuso, como la intervención en sus costas con un ejército de la ONU, egipcio o panárabe, han sido descartadas. Ahora bien, la trayectoria histórica de las hazañas occidentales no permite conceder ninguna credibilidad a los generosos motivos de los que hoy presumen. ¿Quién cree todavía que los Estados, sean cuales sean, consagran sus recursos y ejércitos al cumplimiento de objetivos democráticos? La historia reciente nos recuerda, por cierto, que si bien las guerras que respondían a este pretexto reportaban inicialmente unos fulgurantes éxitos,exhaustivamente mediatizados, las etapas posteriores resultavan ser más caóticas, más peligrosas ymucho más discretas. En Somalia, Afganistán e Irak, los combates no han cesado, a pesar de que Mogadiscio, Kabul y Bagdad fueron "derrocadas" hace ya años. Los insurgentes libios desearían haber derrocado por sí solos un poder despótico, a semejanza de sus vecinos tunecinos y egipcios. La intervención militar franco-anglo-americana amenaza en convertirlos en servidores de potencias que nunca se han preocupado por su libertad. Pero la responsabilidad de esta excepción regional atañe por encima de todo a Gadafi. Sin la furia represeiva de su régimen, que en cuarenta años ha pasado de la dictadura anti-imperialista al despotismo pro-occidental; sin sus diatribas que equiparaban a todos sus opositores con "agentes de Al-Qaeda" y "ratas que reciben dinero y sirven a los servicios de información extranjeros", el destino del levantamiento libio no hubiera dependido más que de su propio pueblo.
Es posible que la resolución 1973 del Consejo de Seguridad que autoriza el bombardeo de Libia impida el aplastamiento de una revuelta condenada por la pobreza de sus medios militares. Sin embargo, aparenta más bien ser un baile de hipócritas, puesto que las tropas de Gadafi no han sido bombardeadas porque sea el peor de los dictadores, o el más criminal, sino porque es, a la vez, más débil que otros, no posee armas nucleares ni poderosos amigos susceptibles de protegerlo de un ataque militar o de defenderlo en el espacio internacional. La intervención aprobada en su contra confirma que el derecho internacional no establece principios claros cuya violación entrañaría una sanción en cualquier lugar del mundo. Con el "blanqueo" diplomático sucede lo mismo que con el blanqueo financiero: un minuto de virtud permite borrar décadas de infamia. De este modo el presidente francés ordena bombardear a su antiguo colaborador exterior, a quien recibía en 2007, cuando ya todos conocían la naturaleza de su régimen -se agradece a Nicolás Sarkozy no haber ofrecido a Gadafi el "savoir-faire de nuestras fuerzas de seguridad" brindado el pasado enero al presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali... En cuanto a Silvio Berlusconi, "amigo íntimo" del dirigente libio, que ha visitado Roma en once ocasiones, se sumó a regañadientes a esta coalición de la virtud. Una mayoría de maleables vejestorios cuestionados por el estallido democrático se reunen en el seno de la Liga Árabe, que se adhiere también al movimiento de la ONU justo antes de fingir consternación tan pronto como se lanzaron los primeros misiles estadounidenses. Rusia y China tenían el poder de oponerse a la resolución del Consejo de Seguridad, de enmendarlo para reducir el impacto o los riesgos de agravamiento. Si lo hubiesen hecho, no hubieran tenido que "lamentar" a continuación el uso de la fuerza. Finalmente, para tomar plena conciencia de la rectitud de la "comunidad internacional" en este asunto, cabe destacar que la resolución 1973 reprocha a Libia "detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas, torturas y ejecuciones sumarias", crímenes todos ellos que naturalmente nunca se han producido ni en Guantánamo, ni en Chechenia, ni en China... La "protección de los civiles" no es simplemente una exigencia irrefutable. Obliga también, en período de conflicto armado, al bombardeo de objetivos militares, es decir, de soldados (a menudo civiles han sido forzados a vestir el uniforme...), que a su vez están mezclados con poblaciones desarmadas. Por su lado, el control de una "zona de exclusión aérea" significa que los aviones que la patruyen se arriesgan a ser abatidos y sus pilotos a ser capturados, lo que seguidamente justificará que los comandos terrestres se empleen en su liberación. El vocabulario se puede disfrazar de convenciencia, pero no se puede "eufemizar" la guerra indefinidamente. Ahora bien, como último análisis, la guerra pertenece a quienes la deciden y dirigen, no a quienes la recomiendan soñando que será corta y satisfactoria. Se pueden idear y preparar los planes perfectos de una guerra "impecable" y sin horrores, pero la fuerza militar a la que se confía la tarea de ejecutarlos lo hará en función de sus inclinaciones, métodos y exigencias. Se podría decir que los cadáveres de los soldados libios ametrallados en retirada son, al igual que las masas optimistas de Bengasi, la consecuencia de la resolución 1973 de Naciones Unidas. Las fuerzas progresistas de todo el mundo se encuentran divididas con respecto a la cuestión libia,según hayan puesto el acento en su solidaridad con un pueblo oprimido o en su oposición a una guerra occidental. Los dos criterios de juicio son legítimos, pero no siempre se pueden satisfazer todas las demandas. Por tanto, cuando hay que elegir, sólo queda determinas hastá qué punto autoriza la etiqueta de "anti-imperialista", obtenida en la arena internacional, a hacer sufrir a su pueblo en la esfera nacional. En el caso de Gadafi, el silencio de diversos gobiernos de inzquierda latinoamericanos (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia) respecto a la represión que ordenó desconcierta tanto más por cuanto que la oposición del dirigente libio a "Occidente" es pura fachada. Gadafi denuncia el "complot colonialista" del que estaría siendo víctima, pero después de haber asegurado a las antiguas potencias coloniales que "nos encontramos en la misma lucha contra el terrorismo. Nuestros servicios de información cooperan. Os hemos ayudado mucho en los últimos años"

References: artículo 20
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