Source: https://journals.copmadrid.org/pi/art/pi2018a10
Timestamp: 2019-11-14 07:04:38+00:00

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Vol. 27. Num. 2. - 2018. Pages 89-94
https://doi.org/10.5093/pi2018a10
Para citar este artículo: Barquín-Cuervo, R., Medina-Gómez, Mª B. y Pérez de Albéniz-Garrote, G. (2018). El uso de estrategias de afrontamiento del estrés en personas con discapacidad intelectual. Psychosocial Intervention, 27, 89-94. https://doi.org/10.5093/pi2018a7
Correspondencia: bmedina@ubu.es (M. B. Medina-Gómez).
Existen pocos estudios que analicen los efectos del estrés en personas con discapacidad intelectual (DI). En la actualidad, se entiende que una persona tiene DI cuando presenta limitaciones significativas tanto en funcionamiento intelectual como en conducta adaptativa, entendiendo esta como habilidades adaptativas conceptuales, sociales y prácticas que aparecen durante el periodo de desarrollo, según el sistema de clasificación y diagnóstico DSM-5 (APA, 2013), o antes de los 18 años, según la Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD) (Schalock et al., 2010).
Durante mucho tiempo se consideró que las personas con DI no se veían afectadas negativamente por el estrés debido a las dificultades que manifestaban en la capacidad de sentir y, por lo tanto, no podían presentar problemas relacionados con la salud mental. Posteriormente se confirmó que, por el contrario, tenían mayor riesgo de experimentar estrés y contaban con menos recursos para lidiar con él que las personas sin discapacidad (Hatton y Emerson, 2004). Según Lunsky (2008), la mayor vulnerabilidad podría ser debida, entre otros factores, a los miedos a afrontar nuevas experiencias, al reducido número de apoyos sociales y a una baja autoestima.
Las personas con DI experimentan respuestas al estrés ante graves acontecimientos de la vida, estresores cotidianos o situaciones que provocan tensiones crónicas muy similares a la población general o con otro tipo de discapacidad (Hartley y MacLean, 2009; Lunsky y Bramston, 2006). Los estudios indican que aquellas personas que han vivido situaciones o eventos estresantes tienen mayor riesgo de presentar enfermedad mental (Hulbert-Williams, Hastings, Crowe y Pemberton, 2011; Martorell et al. 2009; Scott y Havercamp, 2014; Tsiouris, Kim, Brown y Cohen, 2011), puntúan más alto en escalas que evalúan síntomas psicopatológicos (Hulbert-Williams y Hastings, 2008) y entre un 10-45% puede manifestar problemas de comportamiento (Grey, Pollard, McClean, MacAuley y Hastings, 2010; Jornes et al., 2008). Es decir, el estrés puede tener consecuencias negativas en la salud mental de las personas con DI (Scott y Havercamp, 2014).
El afrontamiento es la manera de hacer frente a situaciones o acontecimientos estresantes. Se define como el proceso dinámico mediante el que la persona, en función de la evaluación de la situación y de sus propios recursos, afronta las situaciones estresantes para resolverlas con éxito (Pulgar, Garrido, Muela y Reyes del Paso, 2009). Se realiza a través de la utilización de diferentes estrategias que varían en función del contexto y, por lo tanto, pueden ser diferentes dependiendo de la situación desencadenante (Felipe y León del Barco, 2010). Así, Lazarus y Folkman (1986) reconocen como estrategias de afrontamiento los esfuerzos conductuales y cognitivos que la persona emplea para hacer frente a las demandas estresantes y para suprimir el estado emocional que provoca el estrés. De acuerdo con estos autores, las estrategias de afrontamiento se pueden clasificar en estrategias centradas en el problema y estrategias centradas en la emoción. Con las primeras, la persona obtiene información sobre qué puede hacer y se moviliza con el propósito de modificar la situación causante del estrés. Con las segundas, la persona se enfrenta a la situación estresante regulando las emociones que esta le produce (Gavira, Vinaccia, Riveros y Quiceno, 2007). En general, la forma de afrontamiento dirigida al problema se utiliza cuando las condiciones del entorno que ocasionan estrés son valoradas como susceptibles de cambio y la forma de afrontamiento dirigida a la emoción se lleva a cabo cuando se experimenta indefensión ante la situación (Abbott, Hart, Morton, Gee y Conway, 2008).
El carácter multidimensional del afrontamiento que proponen Lazarus y Folkman (1986) permite establecer otra clasificación de las estrategias de afrontamiento en función del ajuste de éstas a la situación estresante. En este sentido, se establecen dos tipos: las estrategias de afrontamiento adaptativas y desadaptativas. Las estrategias adaptativas son resultado de un ajuste positivo y activo, tanto a nivel cognitivo como conductual, y las estrategias desadaptativas están relacionadas con una desvinculación conductual de la situación estresante y con una sensación de pérdida de control; por lo tanto, responden más a un ajuste negativo (Contreras, Esguerra, Espinosa y Gómez, 2007). La persona va a utilizar un tipo u otro de estrategia en función de la interpretación cognitiva que realice de la situación, el significado que le dé a su calidad de vida, el apoyo social autopercibido, la valoración que haga de su red social de apoyo y de las emociones y/o la actividad fisiológica experimentada. La aplicación de una u otra estrategia tendrá éxito si reduce significativamente el estrés (Gavira et al., 2007; Pucheu, Consoli, D’Auzac, Francais y Issad, 2004).
La escasa investigación llevada a cabo sobre el afrontamiento del estrés en personas con DI no ha trascendido suficientemente (Hartley y MacLean, 2009; Mactavicsh y Iwasaki, 2005; Scott y Havercamp, 2014). Sin embargo, se conocen estudios que analizan cómo hacen frente al desgaste que supone el cuidado de una persona con DI para los familiares o profesionales o cómo impacta en los niños con dificultades (Badia, 2006) el estrés de los padres y el funcionamiento familiar. Es decir, la DI ha sido estudiada, fundamentalmente, como fuente de estrés para cuidadores de personas con esta discapacidad, pero apenas existen publicaciones que expongan cómo afrontan las contrariedades que la vida les plantea las personas con DI o que analicen cómo modulan las contrariedades las respuestas al estrés. En esta línea, Lunsky y Bramston (2006) exponen que los cuidadores de personas con DI se centran más en detectar y subsanar las limitaciones que encuentran en sus atendidos que en descubrir las estrategias de afrontamiento del estrés que utilizan.
El objetivo del presente trabajo ha sido profundizar en el estudio del uso de las estrategias de afrontamiento del estrés en personas con DI, conocer cuáles son las estrategias que más utilizan y si existen diferencias en el empleo de las mismas en relación con determinadas variables sociodemográficas como son el género y la edad. Para ello, se compararon las puntuaciones obtenidas en la adaptación española del Inventario de Estrategias de Afrontamiento del Estrés (CSI) realizado por Cano, Rodríguez y García (2007) entre un grupo de personas con DI y otro sin discapacidad.
La muestra total estudiada estuvo formada por un total de 262 adultos de entre 20 y 74 años (M = 35, DT = 13.11), casi el 49% fueron hombres y algo más del 51% mujeres. Del conjunto de la muestra, 108 participantes tenían DI leve (CI entre 50-69) y 154 no tenía DI. En la Tabla 1 se recogen los datos sociodemográficos de cada uno de los grupos de estudio y del conjunto de la muestra.
Características sociodemográficas por grupos y de la muestra total
El Inventario de Estrategias de Afrontamiento (Coping Strategies Inventory, CSI; Tobin, Holroyd, Reynolds y Wigal, 1989) fue adaptado al español por Cano et al. (2007). El inventario se divide en dos partes: la primera consiste en describir detalladamente una situación estresante vivida recientemente y la segunda está formada por 40 ítems, tipo Likert de cinco puntos, que miden el grado de utilización de las ocho estrategias de afrontamiento en la situación relatada anteriormente (0 = en absoluto, 1 = un poco, 2 = bastante, 3 = mucho, 4 = totalmente). En la Tabla 2, se incluye un ejemplo de ítem en cada una de las estrategias de afrontamiento que evalúa el instrumento: resolución de problemas, autocrítica, expresión emocional, pensamiento desiderativo, apoyo social, reestructuración cognitiva, evitación de problemas y retirada social. Estas estrategias se agrupan en las dimensiones propuestas por Folkman y Lazarus (1985), clasificándolas en estrategias de afrontamiento centradas en el problema o en la emoción y estrategias adaptativas o desadaptativas (Tabla 2).
Estrategias de afrontamiento evaluadas con la adaptación del inventario CSI (Cano et al., 2007) y un ejemplo de ítem en cada una de las estrategias
Según Cano et al. (2007), el inventario CSI es breve, sencillo de aplicar, versátil en el análisis de situaciones estresantes, posibilita la utilización combinada de información cualitativa y cuantitativa y, además, tiene buenas propiedades psicométricas. Estos autores hallaron coeficientes de fiabilidad de alfa de Cronbach muy adecuados en cada una de las ocho estrategias de afrontamiento: resolución de problemas (.86), autocrítica (.89), expresión emocional (.84), pensamiento desiderativo (.78), apoyo social (.80), reestructuración cognitiva (.80), evitación de problemas (.63) y retirada social (.65). A este respecto, en este estudio los valores de alfa de Cronbach fueron similares, y en algunas estrategias superiores, a los obtenidos en la adaptación del inventario de Cano et al. (2007): resolución de problemas (.85), autocrítica (.90), expresión emocional (.81), pensamiento desiderativo (.75), apoyo social (.85), reestructuración cognitiva (.86), evitación de problemas (.84) y retirada social (.73); en el total del instrumento (.77).
Todos los participantes de esta investigación accedieron voluntariamente a colaborar en este estudio. Tras la obtención del consentimiento informado y las autorizaciones pertinentes de los centros participantes en el estudio, se procedió a la aplicación del inventario.
Las personas con DI fueron seleccionadas incidentalmente entre las que acudían a centros de adultos con esta discapacidad de Burgos (España) y que para el diagnóstico de la DI cumplían con los criterios del DSM-5 (APA, 2013). Todas manifestaron su interés por participar y fueron entrevistadas individualmente por el psicólogo de su institución. En el otro grupo, seleccionado de manera aleatoria en centros públicos de formación no reglada para adultos, la manera de completar el inventario fue la autoadministración.
Una vez obtenidos los datos se utilizó el paquete informático IBM SPSS Statistics v.22. En primer lugar, se analizó si los índices de consistencia interna mediante el alfa de Cronbach eran adecuados en cada estrategia. Tras comprobar el cumplimiento de los supuestos de homocedasticidad, linealidad y normalización de los datos de la muestra, se utilizó la prueba no paramétrica U de Mann-Whitney, para analizar las diferencias en variables con dos niveles de comparación (género y dos grupos de edad) y Kruskal-Wallis cuando las variables tienen más de dos niveles (edad). Se describieron las medidas de tendencia central y la variabilidad de las puntuaciones obtenidas por los participantes en el inventario. Se empleó la prueba t de Student para muestras independientes, con el objeto de comparar las medias entre los dos grupos en las distintas estrategias de afrontamiento. En todos los casos se consideró una p < .05 como significativa.
En la Tabla 4 se presentan los resultados de los análisis descriptivos relativos a la frecuencia de uso de las estrategias de afrontamiento en función del género y del rango de edad en cada uno de los grupos estudiados. En ambos casos, al no ajustarse las variables independientes a la distribución normal, se aplicaron pruebas no paramétricas, U de Mann-Whitney al analizar la variable género (hombres y mujeres) y Kruskal-Wallis al considerar los distintos rangos de edad (< 30 años, 31-40, 41-50 y > 51 años). Hombres y mujeres con DI no diferían significativamente en la forma de enfrentarse a situaciones estresantes en ninguna de las ocho estrategias. Respecto al grupo de personas sin discapacidad, las diferencias fueron significativas entre hombres y mujeres en las estrategias de afrontamiento centradas en la emoción: expresión emocional, apoyo social y retirada social. Las mujeres obtuvieron mayores puntuaciones en las estrategias de expresión emocional y apoyo social que los hombres. Sin embargo, estos últimos consiguieron una media más alta en la estrategia retirada social que las mujeres.
Descriptivos en las estrategias de afrontamiento y significatividad en la comparación de medias según variable género (PDI y PsDI)
Descriptivos en las estrategias de afrontamiento y significatividad en la comparación de medias según edad (PDI y PsDI)
En cuanto a la edad (Tabla 4), se encontró que únicamente existían diferencias en el grupo de personas con DI en la estrategia de afrontamiento del estrés: apoyo social. En esta estrategia, las puntuaciones medias de los participantes de este grupo iban disminuyendo conforme avanzaba la edad; en el rango de menores de 30 años se obtuvieron las puntuaciones más altas, entre los 31-40 años los valores disminuyeron, y también entre los 41-50 años, siendo los mayores de 51 años los que obtuvieron las puntuaciones más bajas. Para estudiar la significatividad de las diferencias entre rangos de edad, se utilizó la prueba U de Mann Whitney. Los resultados indican que éstas existen entre los más mayores (> 51 años) y los dos grupos de participantes más jóvenes: < 30 años (U = 84.00, p = .000) y entre 31-40 años (U = 106.00, p = .000). En el resto de estrategias de afrontamiento no se encontraron diferencias significativas.
De acuerdo a los resultados obtenidos, las estrategias que parecen ser las más utilizadas por las personas con DI fueron, por este orden, pensamiento desiderativo, apoyo social y expresión emocional y las menos reestructuración cognitiva, autocrítica, evitación de problemas, retirada social y resolución de problemas (Tabla 5). Por el contrario, en el grupo de personas sin DI, las puntuaciones más elevadas correspondieron a las estrategias de resolución de problemas, pensamiento desiderativo, apoyo social, reestructuración cognitiva y expresión emocional. En cambio, este grupo recurrió menos a autocrítica, retirada social y evitación de problemas. Existían diferencias significativas entre los participantes de ambos grupos en el uso de las estrategias de afrontamiento al estrés: resolución de problemas, apoyo social y restructuración cognitiva. En general, las personas sin discapacidad utilizaron más las estrategias de afrontamiento ante el estrés que las personas con DI, aunque en estas últimas la variabilidad era mayor en casi todas las estrategias.
Descriptivos y comparación de medias en las ocho estrategias de afrontamiento (PDI y PsDI)
Al comparar las medias de las puntuaciones obtenidas en las estrategias del inventario, agrupadas en estrategias centradas en el problema o bien centradas en la emoción, según la clasificación propuesta por Folkman y Lazarus (1985) (Tabla 2), se pudo observar que existían diferencias significativas únicamente en las estrategias centradas en el problema (t = 6.03, p < .000, gl = 129, 95% IC [7.57, 14.97]) y no en las centradas en la emoción (t = .44, p = .660, gl = 129, 95% IC [-3.12, -4.93]). Puntuaron más alto las personas sin discapacidad (M = 45.51, DT = 15.02) que con DI (M = 34.22, DT = 12.19).
En cuanto a la agrupación, estrategias adaptativas y desadaptativas, no se hallaron diferencias significativas entre los dos grupos en las estrategias desadaptativas (t = .50, p = .650, gl = 129, 95% IC [7.57, 14.97]), pero sí en las adaptativas (t = 5.56, p < .000, gl = 129, 95% IC [8.54, 17.97]). Como en la dimensión anterior, los participantes sin discapacidad obtenían medias superiores (M = 48.61, DT = 12.19) frente al grupo de personas con DI (M = 35.35, DT = 15.02).
Aunque las personas con DI presentaron menores puntuaciones en las estrategias de afrontamiento del estrés centradas en el problema que las personas sin DI, la diferencia fue significativa únicamente en el uso que realizaron de las adaptativas. Al comparar la utilización de estrategias de afrontamiento centradas en la emoción, se observó que no existían discrepancias suficientemente reseñables entre ambos grupos.
El presente estudio analizó el uso de las estrategias de afrontamiento del estrés en personas con y sin DI. Los resultados obtenidos no mostraron maneras claramente diferentes de enfrentarse a situaciones estresantes entre hombres y mujeres con DI, posiblemente porque las limitaciones que presentan en el funcionamiento cognitivo sean más determinantes en la manera de hacer frente al estrés que el hecho de ser hombre o mujer. En cambio, en el grupo de personas sin DI, las mujeres obtuvieron mayores puntuaciones en las estrategias de afrontamiento adaptativas centradas en la emoción, expresión emocional y apoyo social que los hombres. Sin embargo, estos últimos consiguieron una media más alta en la estrategia desadaptativa centrada en la emoción, retirada social, que las mujeres. Es decir, las mujeres buscarían más el apoyo de otras personas e intentarían liberar más los sentimientos que les provoca un acontecimiento percibido como estresante que los hombres, en cambio éstos, ante una situación estresante, realizarían conductas de alejamiento y no pedirían ayuda a personas próximas. Estos resultados son coincidentes con los hallados por González, Montoya, Casullo y Bernabéu (2002), que indican que las mujeres a la hora de manejar el estrés buscan más la interacción social y afectiva con otras personas. Por el contrario, los hombres guardan para sí, con mayor frecuencia, las emociones que estas situaciones les provocan.
Los resultados del presente estudio apuntan sobre un uso diferente de la estrategia de afrontamiento, apoyo social, en las personas con DI dependiendo de la edad. Los más jóvenes buscarían más el apoyo social de otras personas, ya sean familiares y/o amigos, que los de mayor edad. Probablemente, estas diferencias sean debidas a la disminución del número de personas que forman parte de la red de apoyo social de las personas con DI conforme avanza la edad, limitándose, en muchos casos, a familiares y profesionales. Al igual que en el estudio de González et al. (2002), en el resto de estrategias analizadas, ni en este grupo ni en el formado por personas sin discapacidad se encontraron diferencias en función de la edad. Por otro lado, otros autores hallan que el repertorio de estrategias de afrontamiento ante situaciones de estrés se incrementa con la edad (Donaldson, Mitchell, Prinstein, Danovsky y Spirito, 2000).
Las personas con DI utilizarían estrategias de afrontamiento del estrés para manejar eventos vitales y harían uso con menor frecuencia de las estrategias centradas en el problema que de las centradas en la emoción y menos de las adaptativas que de las desadaptativas en comparación con personas sin discapacidad. Estos resultados eran esperables, debido a las limitaciones en el razonamiento, en la planificación, en la resolución de problemas, en el pensamiento abstracto, en la comprensión de ideas complejas, en el aprendizaje rápido mediante la experiencia, etc. de las personas con DI (Schalock et al., 2010). Estas habilidades son esenciales para poner en práctica estrategias que eliminen el estrés, ya sea modificando la situación estresante (estrategia de resolución de problemas) o la interpretación que se da de la misma (estrategia de reestructuración cognitiva).
Partiendo del hecho de que la experiencia del estrés es una construcción predominantemente subjetiva, desde el momento en que la persona realiza una valoración cognitiva del acontecimiento antes de emitir la respuesta, puede ocurrir que cuando la persona con discapacidad sienta que no dispone de los recursos o habilidades cognitivas y conductuales suficientes para afrontar las demandas estresantes del entorno busque regular las emociones que la situación le provoca, poniendo en marcha estrategias basadas más en la emoción que en el problema. En esta línea, investigaciones llevadas a cabo con otros colectivos encontraron que personas con discapacidad sobrevenida como consecuencia de una enfermedad utilizan más las estrategias centradas en la emoción que las centradas en el problema (Pucheu et al., 2004). En consonancia con este estudio, los resultados de otras investigaciones que analizan el tipo de estrategias de afrontamiento que se utilizan frente a enfermedades crónicas también muestran la relevancia del componente emocional en la aceptación de la enfermedad (Abbott et al., 2008; Pulgar et al., 2009). Se podría concluir que la persona utilizará un tipo de estrategia u otro en función de sus posibilidades y la valoración que haga del acontecimiento estresante (Medina y Gil, 2017).
Las personas sin DI, además de utilizar más variedad de estrategias de afrontamiento que las personas con DI, harían mejor uso de las estrategias adaptativas, en concreto, las estrategias centradas en el problema, como la resolución de problemas y la reestructuración cognitiva, pero también de la estrategia centrada en la emoción, el apoyo social. Probablemente, en consonancia con Havercamp, Scandlin y Roth (2004), las personas sin discapacidad dispongan de una mejor red de apoyo social que las personas con DI y por ello utilizarían más esta estrategia.
Un aspecto importante que se desprende de este estudio es que las personas con DI no son tan diferentes a las personas sin discapacidad en el uso de estrategias de afrontamiento del estrés. Posiblemente, las escasas discrepancias se deban a las limitaciones cognitivas asociadas a la discapacidad, que obran en contra de las personas con DI a la hora de producir y controlar cambios adecuados en la situación estresante, y por las dificultades para encontrar ayuda emocional en su pobre red de apoyo social.
Es necesario seguir profundizando en el estudio de cuáles son las situaciones que generan estrés en las personas con DI para reducir las experiencias que pongan en marcha estrategias desadaptativas. Así mismo, se deben facilitar los apoyos necesarios para que puedan enfrentarse adecuadamente a situaciones estresantes, enseñar estrategias de afrontamiento adaptativas y entrenar la adquisición de habilidades eficaces para pedir ayuda o escapar con éxito de la situación estresante (Lunsky, 2008). Parece necesario fomentar las estrategias de afrontamiento y los recursos de apoyo necesarios para que las personas con DI puedan enfrentarse con éxito a situaciones generadoras de estrés. Habrá casos en los que el objetivo será conseguir un mejor manejo de las estrategias y otros en los que habrá que buscar una mejor valoración de la situación y de las capacidades personales para reajustar la respuesta al estresor.
Como toda investigación empírica, el presente trabajo se caracteriza por ciertas debilidades y fortalezas. Entre las debilidades hay que subrayar la composición de la muestra del estudio, que al haber sido seleccionada por conveniencia puede condicionar la generalización de los resultados a la población con o sin DI. Por otro lado, el procedimiento de administración del instrumento ha sido diferente de un grupo a otro. La mediación del psicólogo, al completar el inventario en el caso de las personas con DI, ha podido influir en los resultados. Lo más correcto sería utilizar el mismo método para la recogida de datos con todos los participantes, teniendo en cuenta que el empleo de medidas de autoinforme colocaría a la persona con DI en situación de desventaja si no tenemos en cuanta sus limitaciones intelectuales y conductuales.
Otra limitación es que se trata de una investigación transversal. Por lo tanto, con el fin de garantizar si los resultados de este estudio se deben al efecto de la edad o a un efecto de cohorte, se recomienda utilizar diseños longitudinales en futuras investigaciones.
Entre las fortalezas, cabe destacar en primer lugar, que esta investigación constituye una primera aproximación al conocimiento del uso de las estrategias de afrontamiento del estrés por parte de las personas con DI en nuestro entorno. En segundo lugar, propone el empleo de un inventario que ha demostrado su adecuación para ser utilizado en este colectivo, obteniéndose valores de fiabilidad entre muy elevados y aceptables. Por todo lo cual, se considera que este instrumento puede ser de gran utilidad para aplicar en este colectivo, permitiendo el establecimiento de medidas para la intervención que mejoren el afrontamiento del estrés en esta población y faciliten el diagnóstico de otras patologías relacionadas con el estrés.
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