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Timestamp: 2018-02-23 07:00:55+00:00

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CAPÍTULO CUARTO: LA DOBLE DEFENSA O REPRESENTACIÓN Y EL PERJUICIO DE LOS INTERESES. Las últimas modalidades típicas objeto de este estudio -la - PDF
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Alejandra Aranda Valdéz
1 CAPÍTULO CUARTO: LA DOBLE DEFENSA O REPRESENTACIÓN Y EL PERJUICIO DE LOS INTERESES 1. I. CONSIDERACIONES PREVIAS. Las últimas modalidades típicas objeto de este estudio -la doble defensa, asesoramiento o representación, del apartado primero del art. 467 CP, así como el perjuicio de los intereses encomendados al abogado o procurador, de su apartado segundo-, no constituyen una novedad, a diferencia de las estudiadas en los capítulos precedentes. Y ello porque las conductas del actual art. 467 CP -aunque la nueva redacción presenta alguna diferencia- tienen como antecedentes los arts. 360 y 361 del anterior Código Penal. Así, el art. 360 ACP castigaba al abogado o procurador que, con abuso malicioso de su oficio, o negligencia o ignorancia inexcusable, perjudicare a su cliente o descubriere sus secretos, habiendo tenido conocimiento de ellos en el ejercicio de su profesión, precepto que se corresponde, en parte, con lo recogido en el apartado segundo del art No obstante, en el Código Penal vigente se excluye, de entre las deslealtades profesionales 1 A lo largo de este capítulo diferenciaremos, en algunas notas, entre la doctrina referente al ACP y la del CP vigente. Y ello porque su redacción actual implica cambios en su interpretación. 485
2 cometidas por abogado o procurador del Capítulo VII, Título XX, la conducta de la revelación de los secretos del cliente de los que hubiera tenido conocimiento en el ejercicio de su profesión, que pasa a pertenecer al Título X, que recoge, entre otros, los delitos contra la intimidad -art. 199 CP- 2. Por su parte, la doble defensa, asesoramiento o representación, que con anterioridad regulaba el art. 361 ACP, constituye ahora la conducta incriminada en el apartado primero del art Como ya indicábamos al inicio de este trabajo, tales comportamientos delictivos se encontraban ubicados en el texto punitivo derogado dentro del Título VII, relativo a los delitos cometidos por los funcionarios públicos en el ejercicio de sus cargos, y más concretamente en el Capítulo primero, relativo a la prevaricación. De acuerdo con ello, e impropiamente, dichos delitos eran conocidos como prevaricación de abogados y procuradores ; denominación como se dice impropia, porque, de un lado, dicho concepto está unido a la condición de funcionario 2 Disección que ya fue apuntada, de lege ferenda, por MORALES PRATS (La tutela penal de la intimidad: privacy e informática, ob.cit., pág. 243) en los siguientes términos: se vislumbra políticocriminalmente necesario trasladar la modalidad típica de violación de secretos, conocidos en el ejercicio de la profesión, al ámbito de una futura tutela penal de la intimidad, que incluya el deber de secreto profesional, ampliamente considerado. 486
3 público de quien la comete 3, y de otro lado, porque tal terminología parece más adecuada para los supuestos de resolución torcida en la aplicación del derecho. Por ello, tenía razón GARCÍA ARÁN cuando señalaba, ya a propósito del Proyecto de Código Penal de 1992, que las conductas de abogados y procuradores son las de quienes colaboran en el desarrollo del proceso, mereciendo con mayor propiedad la rúbrica que ahora reciben 4. Así, el cambio de denominación de estas conductas, que pasan a ser consideradas actos de deslealtad profesional frente a las anteriormente denominadas prevaricación de abogado y procurador, junto a la nueva ubicación sistemática de estos tipos, ahora entre los delitos contra la Administración de Justicia -indepéndizándolos de la prevaricación judicial y administrativa 5 -, 3 Vid. QUINTERO OLIVARES, ComNCP, ob.cit., pág GARCÍA ARÁN, Consideraciones sobre los delitos contra la Administración de Justicia en el Proyecto de Código Penal de 1992, ob.cit., pág Vid., en el mismo sentido, DE DIEGO DÍEZ, Prevaricación ( deslealtad profesional ) de abogados y procuradores, 1996, ob.cit., págs. 9 a 11 y, ABELLANET GUILLOT, La prevaricación de abogado (...), ob.cit., pág Por su parte, GONZÁLEZ RUS (Curso de Derecho Penal Español. PE II, ob.cit., pág. 545), no obstante señalar que la nueva ubicación entre los delitos contra la Administración de Justicia es más acertado, considera que no necesariamente ha de verse afectada la misma como consecuencia de las conductas que se castigan. 5 Aunque, como señala GARCÍA ARÁN ( Obstrucción a la justicia y deslealtad profesional en el Código Penal de 1995, ob.cit., pág. 295) 487
4 implican ya una mejora de la regulación respecto al anterior Código Penal 6. Y ello porque, aunque ya entonces podía entenderse que las conductas del abogado y procurador atentaban a la función pública, en concreto a la función jurisdiccional a través del quebranto efectivo de los derechos del cliente, su ubicación actual entre los delitos contra la Administración de Justicia facilita dicha interpretación, comportando, asimismo, una mejor delimitación de las conductas típicas. En consecuencia, como hemos venido manifestando, consideramos que lo protegido aquí, como en los tipos anteriormente estudiados, es la función estatal de administrar dicha independización no puede llevar a olvidar que estamos ante comportamientos contrarios al desempeño de una función pública -la consistente en administrar justicia- que realizan determinados profesionales cuya colaboración en tal desempeño se vincula al ejercicio de deberes fundamentales como el derecho de defensa. 6 Con la Propuesta de Anteproyecto de 1983, MAGALDI PATERNOSTRO y GARCÍA ARÁN ( Los delitos contra la Administración de Justicia ante la reforma penal, ob.cit., pág. 1191), ya señalaron que ésta aún consideraba prevaricación las acciones y omisiones, legalmente descritas, de infidelidad de aquéllos (abogado y procurador) respecto a sus representados o defendidos, y no las actuaciones de los mismos, desleales con la función y fines del proceso, que pueden distorsionar gravemente a aquel. Consideran que ello era reflejo de la configuración del proceso como proceso legal, que dio lugar a entender que las obligaciones del Abogado y Procurador lo eran sólo frente al cliente, y nunca frente a la potestad del Estado manifestada en el proceso. Frente a ello, y ya en ese momento, entienden que al proceso -debido- se le debe asignar fines diversos y acordes con un Estado social y democrático de Derecho, en el que la igualdad ante la Ley tiene un contenido material evidente, y que obliga a contemplar la posición del Abogado -y también del Procurador- desde otra perspectiva que debe reflejarse, también, en la normativa penal. Lo que, en principio, podemos afirmar se ha conseguido con el Código Penal de
5 justicia, destinada a la resolución de conflictos sociales, que deberá llevarse a cabo a través de los estrictos cauces de un proceso. De este modo, abogado y procurador son colaboradores de la Administración de Justicia específicamente en el desarrollo del proceso, al tiempo que se erigen en portadores de los intereses de las partes en las actuaciones procesales que éstas deben llevar a cabo. Asimismo, el proceso en el que intervienen constituye el momento a partir del cual entran en contacto con el desempeño de la función jurisdiccional, lo que da sentido a la incriminación de estos comportamientos. Por tanto, las deslealtades de abogado y procurador afectan al derecho a un proceso debido. Con sus conductas, estos profesionales lesionan el derecho del cliente a la tutela judicial efectiva o el derecho de defensa, derechos éstos que se encauzan a través del instrumento del proceso. Ahora bien, podría pensarse que en el ámbito del art. 467 CP, como así lo considera un sector doctrinal, se protege junto a la función jurisdiccional, los intereses del cliente 7. Esto es, dichos 7 Vid. en este sentido, en relación al ACP -art. 361-, ORTS BERENGUER, Derecho Penal. PE, 1993, ob.cit., págs. 448 y ss. En relación al CP de 1995, GONZÁLEZ RUS, Curso de Derecho Penal Español. PE II, ob.cit., págs. 544 y ss y, CANCIO MELIÁ, ComCP, ob.cit., pág
6 comportamientos del abogado y procurador constituirán deslealtades frente a la Administración de Justicia y, además, deslealtades frente a los intereses de sus clientes, al considerar que en estos supuestos la deslealtad profesional afectaría, ante todo, a la relación de confianza del cliente con el abogado o procurador. Sin embargo, y de acuerdo con lo mantenido hasta el momento, puede establecerse que las conductas desleales de abogado y procurador lesionan los fines de la función jurisdiccional, y éstos sólo pueden alcanzarse a través del proceso judicial. Así, si el proceso existe para los ciudadanos, con el objeto de resolver sus conflictos sociales, cuando como consecuencia de la realización de alguna de las conductas típicas se afecte a los intereses del cliente, y partiendo de la base de que la finalidad es garantizar el derecho a un proceso debido, únicamente deberán protegerse los perjuicios susceptibles de ser directamente conectados con el proceso. En este punto, cabe recordar y recuperar lo señalado al inicio de este trabajo cuando nos referíamos a los intereses de los clientes 8. Ya entonces considerábamos que los clientes, cuando son defendidos y representados por el abogado o procurador en un proceso, mantienen, al menos, dos clases de intereses: de 8 Vid. Primera parte. Capítulo primero, supra II
7 una parte, el interés en acceder al proceso, que éste se desarrolle con todas las garantías y que concluya con una resolución motivada, es decir, básicamente lo que se corresponde con el contenido del derecho a la tutela judicial efectiva; y, de otra parte, además, el interés en que la resolución final les resulte favorable y responda a sus pretensiones concretas. Y aunque la pretensión de que la resolución les resulte favorable, como ha señalado el Tribunal Constitucional, no pertenece a tal derecho fundamental, desde el punto de vista del cliente, es evidente que la satisfacción de su pretensión constituye la razón principal por la que acude al profesional. El primero de ellos, el interés del cliente en la obtención de tutela judicial efectiva, lo hemos conceptuado como intereses procesales para diferenciarlo del segundo, esto es, el interés en la satisfacción de la pretensión. Así, cuando hablamos de la protección de los intereses procesales del cliente estamos haciendo referencia a la tutela de un interés claramente público que: a) forma parte del correcto desarrollo del proceso debido; y b) es la razón por la que el abogado o procurador son colaboradores de la función pública de administrar justicia. Por tanto, el abogado y procurador como colaboradores de la actividad jurisdiccional desarrollada a través del proceso merecen el reproche penal en aquellos casos 491
8 en que lesionan los intereses procesales del cliente. En consecuencia, con ello se descarta un hipotético conflicto entre los intereses procesales del cliente y la actividad jurisdiccional, aunque es posible plantear la colisión con el segundo de los intereses, es decir, entre los intereses procesales del cliente y las pretensiones últimas de éste. Así, por ejemplo, en el ámbito del art. 467 CP la realización por parte del abogado de alguna práctica dilatoria puede resultar beneficiosa para la pretensión de su cliente. Frente esta situación, y de acuerdo con lo mantenido a lo largo de este trabajo, es decir, que la deslealtad profesional se manifiesta en relación al proceso, la solución a dicho conflicto deberá resolverse a favor de los deberes del abogado o procurador respecto de dicho proceso, y no a favor del beneficio de la pretensión. En consecuencia, los intereses lesionados han de ser compatibles con derecho y proceso. Ello supone que únicamente los intereses procesales se vinculan al derecho al proceso debido como cauce reglado y exclusivo de prestación de tutela judicial efectiva. Ahora bien, no podemos olvidar que el derecho al proceso debido incluye asimismo el respeto al derecho de defensa. Éste se 492
9 refiere al conjunto de actividades que realiza el abogado de preparación y formulación de pretensiones con el fin de hacer valer ante los órganos judiciales los derechos del cliente. Por tanto, el derecho de defensa incluye también la defensa de las pretensiones materiales del cliente y su resolución favorable, lo que le proporciona un contenido relativamente más amplio que el contenido esencial de la tutela judicial efectiva, que no incluye la satisfacción de dicha pretensión material. En suma, el derecho de defensa es un derecho instrumental al proceso debido y a la prestación de tutela, pero con un ámbito más amplio que alcanza la satisfacción de las pretensiones del cliente. Además, una de las manifestaciones en que se realiza el fundamental derecho a la defensa es el derecho a la defensa técnica, y el fin de dicha asistencia letrada supone, no sólo garantizar el correcto desarrollo del proceso, sino también la defensa de las pretensiones del cliente. De este modo, el abogado o procurador con sus actos desleales afecta a los derechos contenidos en el art. 24 de la Constitución. La afectación producida por la actuación de estos profesionales debe suponer un quebranto efectivo del derecho de defensa del cliente, la imposibilidad o dificultad de ejercitar dicha garantía procesal en defensa de sus intereses y pretensiones. En 493
10 suma, lo relevante penalmente es que el perjuicio ocasionado por la conducta desleal de estos profesionales resulta del hecho de lesionar el derecho de defensa del particular. Con ello se le impide disfrutar del derecho a un proceso judicial con las garantías reconocidas en el art. 24 CE, y es la ofensa a tal derecho lo que constituye la esencia del delito. De todo ello se deduce que la afectación de dicho derecho de defensa lleva como resultado la afectación de la pretensión del cliente. Así, el derecho al proceso debido no sólo incluye lo que hemos denominado intereses procesales sino que, y a través del derecho de defensa, también incluye las pretensiones del cliente. En consecuencia, la referencia del apartado segundo del art. 467 CP al perjuicio manifiesto de los intereses que le fueron encomendados incluye los intereses procesales y las pretensiones materiales. Sin embargo, debe tenerse presente que las segundas -la afectación de la pretensión- son consecuencia de las primeras -la afectación de los intereses procesales-, por lo que, en aquellos casos en que no se violan los intereses procesales pero se lleva a cabo una mala defensa técnica en relación al contenido material de la pretensión, en principio, no cabe la operatividad del art. 467 CP. Las razones en contra de incluir aquí también la mala defensa técnica de la pretensión de fondo son varias: en 494
11 primer lugar, el art. 467 exige el perjuicio manifiesto, elemento típico restrictivo cuya concurrencia resulta discutible en aquellos casos en que se han respetado los plazos, se han presentado los recursos, etc., pero se ha mantenido una alegación o argumentación insuficiente, lo que inclina a pensar que el perjuicio manifiesto es más contrastable en los casos de los perjuicios procesales en los que, de todas formas, podría incluirse la ausencia total de alegación o argumentación. En segundo lugar, y en aras a una interpretación restrictiva del ámbito del delito imprudente, se ha puesto de manifiesto que, en principio, puede resultar inconveniente acudir al Código Penal para sancionar la carencia de conocimientos técnicos o la mala formación profesional 9 ; y en tercer lugar, la prestación profesional defectuosa en cuanto a la defensa material de la pretensión y la falta de diligencia en la búsqueda de una resolución favorable a la misma, no sólo no afecta al derecho constitucional a la tutela judicial efectiva (que no incluye el derecho a la resolución favorable), sino que debería permanecer en el ámbito de la responsabilidad civil por los perjuicios derivados de cualquier prestación de servicios incorrectamente desempeñada. 9 Vid. QUINTERO OLIVARES, ComNCP, ob.cit., pág
12 De este modo, la clave para distinguir entre las actuaciones que suponen responsabilidad penal y aquellas que, o bien se mantienen en el ámbito de la responsabilidad disciplinaria apreciada por los órganos colegiales, o bien reciben respuesta jurídica por la vía civil, radica en la constatación de la afectación a este bien jurídico público que no sólo se encuentra presente en este precepto penal -art. 467-, sino en todos los tipos objeto de este estudio. Así, aquí, y de acuerdo con el principio de intervención mínima y de ultima ratio, el legislador únicamente ha castigado las lesiones de cierta entidad de abogado y procurador a la función jurisdiccional, siempre que hayan originado perjuicios a los intereses que le fueron encomendados, en tanto que el Estado es el titular del servicio público de la actividad jurisdiccional a través del cauce del proceso debido, ostentando el particular la condición de perjudicado por el delito. Por tanto, a la hora de solucionar aquellos supuestos en que los perjuicios se causen, no ya por violar los intereses procesales sino, por ejemplo, a consecuencia de una mala defensa técnica por carencia de conocimientos técnicos, hay que concluir que únicamente cabe una interpretación restrictiva del precepto, capaz de limitar su ámbito de acción exclusivamente a los 496
13 supuestos que resulten especialmente graves por afectar al bien jurídico protegido 10. En este sentido, la delimitación del ámbito típico del art. 467 CP se halla íntimamente unida a las reglas disciplinarias del Estatuto General de Abogados y del Estatuto General de los Procuradores de los Tribunales. Y ello es así, porque, como hemos señalado 11, estas normas estatutarias como las normas deontológicas de la abogacía española recogen, entre otros deberes, el de defender los intereses del cliente 12 y la prohibición de la defensa de intereses contrapuestos en relación a los que está defendiendo 13 ; asimismo, entre las obligaciones del abogado y procurador se encuentra la misión de defensa del asunto confiado 14. Sin embargo, y de acuerdo a la interpretación 10 Vid. en este sentido, GARCÍA ARÁN, Obstrucción a la justicia y deslealtad profesional en el Código Penal de 1995, ob.cit., págs. 295 y ss. 11 Vid. Primera parte. Capítulo segundo, supra I Vid. arts. 3 y 10 EGA (RD 658/2001) y 2 EGPT (RD 2046/1982). Vid. también, art. 3 del Proyecto de EGPT, de 6 de mayo de Vid. Norma 3.2 del Código de deontología de los abogados de la Comunidad Europea. Vid. SANTAELLA LÓPEZ, Ética de las profesiones jurídicas (...), ob.cit., págs. 57 y ss. 14 Vid. art y 2 EGA (RD 658/2001) que reza así: 1. Son obligaciones del abogado para con la parte por él defendida, además de las que se deriven de sus relaciones contractuales, el cumplimiento de la misión de defensa que le sea encomendada con el máximo celo y diligencia y guardando el secreto profesional. 2. El abogado realizará diligentemente las 497
14 restrictiva del tipo, de una parte, el incumplimiento de sus deberes profesionales, esto es, su falta de ética y probidad, dará lugar a responsabilidad disciplinaria, nunca a responsabilidad penal; pero, y de otra parte, no debemos olvidar que la infracción de dichos deberes profesionales se encuentra conectada con la responsabilidad penal, ya que dicha infracción profesional constituirá su presupuesto. Ahora bien, para que las conductas recogidas en el art. 467 CP sean relevantes penalmente será necesario que la lesión producida por la actuación del profesional suponga un quebranto efectivo del derecho de defensa. Es decir, la imposibilidad o dificultad de ejercitar dicha garantía procesal en defensa de sus intereses o pretensiones. Fuera de estos supuestos sólo cabrá acudir, por tanto, a la responsabilidad civil o disciplinaria. De este modo, se excluye del ámbito penalmente relevante la sanción de los perjuicios derivados de los incumplimientos contractuales, así como la infracción del código deontológico por parte del profesional. actividades profesionales que le imponga la defensa del asunto encomendado, ateniéndose a las exigencias técnicas, deontológicas y éticas adecuadas a la tutela jurídica de dicho asunto (...) ; y art. 14 EGPT (RD 2046/1982). Vid. también, arts. 37 y ss del Proyecto de EGPT, de 6 de mayo de
15 Por último, y con carácter previo al estudio de las conductas incriminadas en el art. 467 CP, cabe reiterar dos premisas básicas que guiarán la interpretación del precepto. En primer lugar, aunque en él se tipifican dos conductas distintas (en su apartado primero la doble defensa, asesoramiento o representación y, en su apartado segundo, el perjuicio de los intereses encomendados), el nexo de unión de ambos comportamientos se encuentra en el marco en que los mismos se desarrollan: el proceso, pues estos profesionales, con su conducta, no garantizan el derecho a un proceso debido -por ejemplo, impidiendo que surja o perjudicando durante su transcurso los intereses de los clientes-; o dicho a la inversa, impiden su correcto desarrollo al afectarse los derechos y garantías que lo rodean. En segundo lugar, y de acuerdo con lo sostenido a lo largo de este trabajo, ha de insistirse en que no compartimos aquellas posturas doctrinales que defienden, de un lado, que las conductas castigadas en este precepto no tienen por qué estar necesariamente relacionadas con la actividad 499
16 jurisdiccional o el proceso 15 ; y de otro lado, que el interés jurídico se centra en los intereses particulares del cliente 16. En todo caso, las referencias a la afectación al bien jurídico quedan abiertas a la posterior precisión acerca de si dicha afectación se lleva a cabo mediante conductas de lesión o puesta en peligro del bien jurídico. Podemos adelantar que, consideramos que en el tipo de doble defensa o representación del apartado primero del art. 467 se pone en peligro el derecho de defensa del particular, al ser este derecho limitado o impedido por la conducta desleal de estos profesionales, no garantizándose, entonces, el derecho al proceso debido A diferencia de su apartado segundo, que recoge el tipo de perjuicio de los intereses encomendados, pues en este se lesiona el derecho de defensa, el derecho a la tutela judicial efectiva o cualquiera de las garantías establecidas en el apartado segundo del art. 24 CE; lesionándose así los derechos y garantías que rodean al debido proceso, instrumento a través del que se ejerce la función jurisdiccional. 15 Vid. GONZÁLEZ RUS, Curso de Derecho Penal Español. PE II, ob.cit., pág. 544; MUÑOZ CONDE, Derecho Penal. PE, ob.cit., págs. 808 y ss; BENÉYTEZ MERINO, CP. Doctrina y Jurisprudencia, ob.cit., pág Vid. nota núm
17 II. BREVE REFERENCIA AL DERECHO COMPARADO. De los delitos objeto de este estudio, únicamente los delitos de doble defensa o representación y el perjuicio a la parte se encuentran presentes, de forma similar a nuestro ordenamiento jurídico, entre otros, en el Derecho penal alemán e italiano. Aquí, no pretendemos realizar un estudio exhaustivo de su regulación, ni de su tratamiento jurisprudencial, sino que, sólo a grandes rasgos, recoger los elementos que caracterizan estas normas. 501
18 En el párrafo 356 del StGB, entre los delitos contra los funcionarios, aparece la figura del Parteiverrat, la prevaricación de abogados. Aunque su literalidad -traición a la parte-, en principio, ya podría avanzar la esencia de esta norma, esto es, la deslealtad hacia sus clientes, no creemos, como en el caso español, que ello sea la finalidad que persigue. En su párrafo primero se tipifica la conducta del abogado o de cualquier otro profesional del derecho que actúa de forma contraria a su deber profesional, al prestar consejo o asesoramiento legal en el mismo asunto jurídico a las dos partes enfrentadas. Correspondiéndose con el apartado primero del art. 467 CP, el delito de defensa de intereses contrarios. Su párrafo segundo recoge un tipo que cualifica al primero, convirtiéndose en delito más grave, cuando el abogado actúa de acuerdo con la parte contraria, en perjuicio de la parte que le había encomendado inicialmente su defensa 17. De la misma manera que sucede en el ordenamiento español, lo que se pretende recoger es el peligro que ocasiona el 17 Vid. el párrafo 356 StGB, que reza así: Un abogado o cualquier otro profesional del derecho, que en su calidad de abogado, en los asuntos que le hayan sido confiados en tal calidad preste servicios de manera ilegal o contraria al deber, mediante el consejo o asesoramiento en el mismo asunto jurídico a las dos partes, será castigado con una pena de prisión de tres meses a cinco años. Si actúa de acuerdo con la parte contraria en perjuicio de su parte, será castigado con una pena de prisión de uno a cinco años. 502
19 hecho de que un abogado preste consejo o asesoramiento en un mismo asunto a la parte contraria, cuando previamente había asumido la defensa de los intereses de la otra parte. Así, el tipo básico se comete cuando el abogado sirve o aconseja en un mismo proceso a dos partes con intereses contrapuestos. A estos efectos por servir se entiende cualquier actividad profesional de naturaleza jurídica, mediante la cual ha de ser defendido el interés de una parte. De modo que el abogado actúa de forma antijurídica cuando contraviene sus deberes profesionales. Y ello porque aconseja a la otra parte, en el mismo asunto jurídico, con un interés contrapuesto. Lo decisivo es, por tanto, la contraposición de intereses que hay que extraer de acuerdo a los fines concretos de las partes y a las instrucciones recibidas. Desde el punto de vista subjetivo, el autor deberá actuar con conciencia de la existencia de la identidad de la relación jurídica material y la contraposición de intereses 18. En opinión de OTTO, en el tipo cualificado, que se produce cuando el abogado actúa de acuerdo con la parte contraria y en perjuicio de su parte, no es necesario que dicho daño o perjuicio se haya producido a causa de la actividad del sujeto activo. En 18 Vid. OTTO, H., Grundkurs Strafrecht. Die einzelnen Delikte, 5., neubearbeitete Auflage, Berlín, 1998, págs. 511 y
20 estos casos, es suficiente con que el autor sepa o conozca que actúa en detrimento de la situación jurídica de la otra parte 19. Por lo que se refiere al bien jurídico protegido, de una parte, MAURACH considera que el párrafo 356 tutela, al mismo nivel, dos bienes jurídicos, de un lado, los intereses de los clientes y, de otro, la confianza que los ciudadanos tienen en la función social de la institución de la abogacía 20. De otra parte, RUDOLPHI estima que lo que pretende proteger este precepto es sobre todo el buen funcionamiento de la abogacía y el resto de profesionales del derecho, tanto respecto del comportamiento de las obligaciones profesionales externas como internas 21. Ahora bien, es OTTO quien, al igual que nosotros en relación al Código Penal español, considera que lo protegido por el precepto es la Administración de Justicia, es decir, la confianza en la integridad de la Administración de Justicia; entendiendo, asimismo, que el deber de lealtad del abogado ante el cliente es sólo un reflejo de esa protección. De acuerdo con ello, el consentimiento de los 19 OTTO, Grundkurs Strafrecht (...), ob.cit., Rn. 37, pág MAURACH/SCHROEDER/MAIWALD, Strafrecht Besonderer Teil. Teilband 2, Juristischer Verlag, C.F. Möller, Heidelberg, 1991, Rn. 2, pág RUDOLPHI/HORM/GÜNTHER/SAMSON, Comentario al párrafo 356 StGB, en Systematischer Kommentar zum Strafgesetzbuch, 2 Besonderer Teil, Luchterhand, 1994, Rn. 3, pág
21 clientes será irrelevante, pues no se protegen sus intereses sino los de la Administración de Justicia 22. En el Código Penal italiano encontramos, entre los delitos contra la Administración de Justicia, la conducta del defensor o consultor técnico que infringiendo sus deberes profesionales, provoca un perjuicio a los intereses de la parte que él defiende, asiste o representa ante la autoridad judicial -art Delito que se corresponde, en parte, con el apartado segundo de nuestro art. 467 CP. Y ello, porque en este precepto se prevén, además, dos agravantes: a) la primera resulta aplicable cuando el autor perjudica a su cliente, previo acuerdo con la parte adversaria; y b) la segunda se aplica cuando el que resulta perjudicado es el imputado. Además, en el art. 381 se castiga al defensor o consultor técnico que, en un procedimiento ante la autoridad judicial, presta contemporáneamente su patrocinio o 22 OTTO, Grundkurs Strafrecht (...), ob.cit., Rn. 29 y Rn. 35, págs. 511 y El art. 380 del Código Penal italiano reza así: El patrocinador o consultor técnico que, volviéndose infiel a sus deberes profesionales, provoca daño a los intereses de la parte por él defendida, asesorada o representada ante la autoridad judicial, es castigado con la reclusión de uno a tres años y con la multa no inferior a un millón de liras. La pena es aumentada: 1) si el culpable ha cometido el hecho colaborando con la parte adversaria; 2) si el hecho se ha cometido en perjuicio del imputado. Se aplica la reclusión de tres a diez años y multa no inferior a dos millones de liras, si el hecho se ha cometido en perjuicio de una persona imputada por un delito al cual la Ley conmina cadena perpetua o bien la reclusión superior a cinco años. 505
22 su asesoramiento legal en favor de partes contrarias, pudiendo realizarse, además, por persona interpuesta. Asimismo, también recoge una segunda conducta, que se realiza cuando tras haber defendido, representado o asesorado a una parte, asume, en el mismo procedimiento y sin su consentimiento, la defensa o asesoramiento de la parte adversaria 24. Esta segunda conducta delictiva se correspondería con el delito de doble defensa o representación del apartado primero del art. 467 CP. Respecto de estos tipos penales -arts. 380 y 381 del Código Penal italiano-, la mayoría de la doctrina considera que su finalidad es proteger el correcto funcionamiento de la Administración de Justicia. Así, FIANDACA y MUSCO señalan que el bien protegido es prevalentemente individualizado en el interés en garantizar, para el regular funcionamiento de la Administración de Justicia, un mínimo de corrección y lealtad por 24 El art. 381 del Código Penal italiano reza así: El patrocinador o consultor técnico que, en un procedimiento ante la autoridad judicial, presta contemporáneamente, también por persona interpuesta, su patrocinio o su consulta a favor de partes contrarias, es castigado, cuando el hecho no constituye un delito más grave, con la reclusión de seis meses a tres años y con la multa no inferior a doscientas mil liras. La pena es de reclusión hasta un año y multa de cien mil a un millón de liras, si el patrocinador o el consultor, después de haber defendido, asistido o representado a una parte, asume sin el consentimiento de ésta, en el mismo procedimiento, el patrocinio o la consulta de la parte adversaria. 506
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