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Timestamp: 2017-08-23 02:19:40+00:00

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PIURA Y LA CONFEDERACIÓN PERÚ-BOLIVIANA
- Inicios de la Confederación
- Llega a Paita Manuelita Sáenz
- La muerte de Salaverry
- Rebelión de la corbeta “Libertad”
- Los estados Nor-peruano y Sur-peruano
- Conspiraciones de los desterrados
- Incursión de Blanco Encalada
- Creación de la provincia litoral de Piura
- Pardo de Zela, gobernador de Piura
- El coronel Sierra como gobernador
- El pacto de Tacna
- Chile declara la guerra a la Confederación
- La guerra llega a Chile
- Acta de reconocimiento a Gamarra
- El derrumbe de la Confederación
- Construyen el cementerio San Teodoro
- El congreso de Huancayo
- Las tierras de Sullana
- El general Nieto en Catacaos
- Reabren la Escuela Náutica
- Los tercios navales
- Agitación en la frontera
- Piura, y el censo de 1840
- Esclavos del servicio doméstico
- Torrico trata de seducir a Coloma
INICIOS DE LA CONFEDERACIÓN PERÚ BOLIVIANA
Cuando Salaverry se sublevaba, Gamarra estaba en Bolivia como refugiado, allí fue a ver a Santa Cruz que era presidente. Ambos querían la unión del Perú y Bolivia, pero cada uno deseaban hacerlo bajo su control. En este momento Gamarra estaba en situación de derrotado y aparentó someterse para llegar a un acuerdo con Santa Cruz. En Chuquisaca, ambos militares convinieron en formar una gran federación de 3 estados. Norte, Centro y Sur. Este último constituído por Bolivia. Se eliminaría a Orbegoso del escenario político y Santa Cruz ayudaría con armas a Gamarra para apoderarse del sur peruano. El Perú quedaba dividido en dos partes.
Fue así como Gamarra ingresó al Perú en mayo, y las fuerzas de Puno al mando de Lopera se le unieron. Más tarde el coronel Larenas, le rendiría el Cuzco, no obstante las protestas del coronel ayabaquino Miguel Medina.
Gamarra entonces proclamó en el Cuzco la independencia del Estado del Centro, el 10 de junio de 1835.
En esos momentos el Perú tenía tres mandatarios; Gamarra en el Cuzco, Orbegoso en Arequipa y Salaverry en Lima.
La política se hacía en esa época en base a deslealtades y Santa Cruz era el prototipo del inescrupuloso e intrigante. Por su parte Gamarra cambiaba de acuerdo a sus intereses del momento. En cuanto a Santa Cruz el haber asumido compromisos con Orbegoso no le había impedido atender a la delegación que le envió Gamarra en demanda de auxilio para la cual también aceptaba el plan del presidente boliviano de crear una federación del Perú y Bolivia, con tres estados. El 15 de junio se suscribió el tratado con lo cual Santa Cruz prefirió a Orbegoso que era presidente y menos peligroso que Gamarra al cual temía, pero que en ese momento no tenía autoridad legal.
También Gamarra intentaba hacer un doble juego manteniendo conversaciones al mismo tiempo con Salaverry y con Santa Cruz, pero el pacto de este con Orbegoso lo decidió a ponerse a disposición del caudillo que gobernaba en Lima.. Desde ese momento Gamarra se torna enemigo irreconciliable de Santa Cruz
Salaverry aceptó la adhesión de Gamarra y dispuso que con sus tropas tratase de unírsele evitando todo encuentro con el ejército de Santa Cruz que había ya ingresado en territorio peruano y avanzaba sobre el Cuzco. A las fuerzas bolivianas se unieron los efectivos que Orbegoso envió bajo el mando de los generales Trinidad Morán y Blas Cerdeña.
Imprudentemente Gamarra se le enfrentó con la esperanza de una victoria que lo haría una vez más árbitro de la situación. No tuvo en cuenta que sus tropas eran inferiores en número, armamento y disciplina. En Yanacocha se dio la batalla que fue sangrienta, saliendo Gamarra totalmente derrotado. Era el 15 de agosto de 1835.
Derrotado Gamarra tomó el camino a Lima llamado por Salaverry que le ofreció la presidencia del consejo de gobierno. Llegó cuando el Jefe Supremo estaba en Pisco.
Llegaba como un derrotado.- Salaverry le había ofrecido y nombrado como presidente del consejo de gobierno que Gamarra no había aceptado, pero antes de hacerlo el mismo Salaverry ya lo había subrogado de tal cargo.
Nadie recibió a Gamarra en Lima y hasta sus partidarios trataron de evitarlo. Ante esa situación solicitó al consejo de gobierno que le dieran su pasaporte para irse al Ecuador, pero se le dijo que no tenían facultades para dárselo. Decidió por lo tanto embarcarse rumbo a Pisco para entrevistarse con el mismo Salaverry, pero su antiguo partidario, el coronel Medina le hizo saber que detendría al buque que intentaba tomar.
Poco después, el 13 de octubre llegaba de Salaverry, la orden de su deportación y con él, la de Bujanda, Eléspuru, Campo Redondo, Salmón, Egúsquiza y otros. Se les dio un trato indigno, amarrados se les hizo recorrer a pie el camino al Callao y embarcados en el bergatín “Alcance” que se dirigió a Pisco primero y luego a Costa Rica en donde llegaron el 10 de diciembre encontrando allá al general Pedro Bermúdez. En febrero de 1836 Gamarra, Bujanda y Bermúdez dejaron Costa Rica y se embarcaron rumbo a Guayaquil. En Pisco, Salaverry había perdonado a Campo Redondo, Eléspuru y Egúsquiza y les había permitido desembarcar.
LLEGA A PAITA MANUELITA SÁENZ
Fue en esta conmovida etapa de nuestra vida republicana, que llegó como desterrada a Paita, Manuelita Sáenz Aizpuru.
Tenía por entonces 35 años, y la acompañaban sus fieles servidoras, las libertas Nathan y Jonatás.
Manuelita había nacido en Quito en 1800 bajo tristes circunstancias de madre soltera y padre casado. Como la madre era persona muy conocida en Quito, para evitar el escándalo, la niña fue a dar a un hospicio.
En 1817 estaba en Lima y allí se casó con el inglés James Thorne. Cuando en 1822 Bolívar hizo su ingreso triunfal a Guayaquil, entre las bellas que le tributaron fervoroso homenaje estaba Manuelita. Desde ese momento su destino se encadenó al del Libertador..
Situaciones circunstanciales privaron a Manuelita estar al lado de Bolívar cuando éste murió en 1830.
A partir de ese año y hasta 1832, Colombia fue conmovida por luchas intestinas a causa de caudillos militares ambiciosos que se sentían herederos del poder dejado por Bolívar. Por eso desde 1830 en que el Libertador renunció; llegaron a la jefatura de estado los generales Joaquín Mosquera, Rafael Urdaneta y José Obando. Este último era el rebelde de Pasco que se había aliado con La Mar contra Bolívar.
Manuelita no se mantuvo quieta en estos años de agitación política. En 1832 llega al poder por elección su archi-enemigo el general Francisco de Paula Santander, y como se le sorprendió comprometida en conspiraciones tuvo que sufrir prisión y luego el destierro a Jamaica.
Mientras tanto en la flamante república del Ecuador, el poder estaba en manos del general Juan José Flores. En enero llegó a Guayaquil procedente de México en donde había estado 10 años, Vicente Rocafuerte que fue de inmediato elegido diputado por la provincia de Pichincha. A causa de sus ideas liberales, fue desterrado por Flores, radicándose por poco tiempo en Paita. A fines de 1833 Guayaquil se sublevó contra Flores y Rocafuerte fue llamado a comandar el movimiento, pero fue vencido, logrando sin embargo reconciliarse con Flores. Este presidente le había extendido a Manuelita un documento permitiéndole su ingreso al país y eso fue utilizado por la expatriada, en 1834. En 1835 Rocafuerte es elegido presidente.
No se sabe si Manuelita conspiró realmente con su hermano Luciano Sáenz, pero el hecho concreto es que en 1835 fue deportada nuevamente por el gobierno de Rocafuerte.
Por esa época, era Paita el sitio preferido por los exiliados ecuatorianos, por su facilidad para llegar a Guayaquil. Es decir, siempre había en ellos la esperanza de retornar a su patria en la primera oportunidad. Eso sin duda pasaría por la mente de Manuelita, pero el hecho concreto es que en el pequeño e incómodo puerto, en medio de la más grande pobreza y con renuncia total a todo poder, gloria y fausto, se hundió en el anonimato.
Manuelita pudo volver en años posteriores a Ecuador, pero indudablemente no quiso hacerlo. Resulta también incomprensible el estado de pobreza en que vivió por tantos años cuando su esposo estuvo siempre empeñado en hacerla poseedora de ricos bienes. Consideramos que pudo haber logrado una decorosa pensión, pero se mantuvo soberbia en su pobreza. Para subsistir se dedicó a vender cigarrillos y tabacos, sobre todo a las tripulaciones de los barcos que llegaban a Paita y también hacía dulces y flores de papel. En no pocas oportunidades, tuvo que ser atendida por la caridad de los vecinos.
El periodista Miguel Godos Curay que tanto interés ha puesto en establecer el lugar en donde vivió Manuelita, asegura que hay dos versiones. Según una de ellas, la casa donde vivió habría estado ubicada en la tercera cuadra del jirón llamado ahora Nueva del Pozo. La otra versión asegura que su domicilio estuvo en el jirón Mariscal Castilla, precisamente en la casa que habitan los padres del periodista Godos Curay, que es propiedad de la familia Gutiérrez Pacheco con residencia en Catacaos, los que la habían comprado a la familia Arguelles. Esto el año 1990.
Tras residir 21 años en Paita, murió el 23 de noviembre de 1856 víctima de una mortal epidemia de difteria que asoló al puerto. Su cuerpo fue llevado en una carreta a una fosa común y su casa fue quemada, salvándose algunos pocos pero muy valiosos documentos por el general Antonio de la Guerra.. En la actualidad no se han podido rescatar los restos de la otrora poderosa amante del Libertador.
MUERTE DE SALAVERRY
Salaverry proclamó el 7 de julio de 1835, la guerra a muerte contra Santa Cruz y los bolivianos. Eso le dio carácter de cruzada nacional a su campaña y logró la adhesión de muchos jefes militares que antes le habían sido contrarios, pero hizo de la lucha ago feroz y sin derecho para los vencidos.
Pero el ejército boliviano había sido bien preparado, armado y equipado con esa gran capacidad organizativa que caracterizaba a Santa Cruz. Esas fuerzas, más las que tenía Orbegoso, aparecían muy superiores a las que oponía Salaverry.
Santa Cruz tenía sus fuerzas distribuidas entre Ayacucho, Apurímac y Cuzco, habiendo fracasado en todo intento por atacarlas desde Ica. Por tal motivo utilizando la escuadra buscó Salaverry cortar a Santa Cruz su abastecimiento y conexión con Bolivia, desembarcando en Arequipa.
Entonces los papeles se invirtieron y Orbegoso avanzó sobre Lima, entrando a la capital el 6 de enero de 1836. Una vez mas este general fue muy bien recibido por los limeños; así de voluble era la gente. Juana Pérez la esposa fiel de Salaverry que lo había seguido en toda su campaña, se vio precisada a refugiarse en una fragata francesa que la condujo a Chile. Con ella iba el niño Carlos Augusto de solo cuatro años de edad que con el tiempo se convertiría en el poeta romántico peruano más grande de su época. Allá en el exilio sufrieron largos años de extrema pobreza en forma tal que el niño ni siquiera concurrió a una escuela y cuando llegó a la pubertad, apenas sabía leer y escribir.
Salaverry logró ingresar a Arequipa, pero la población le era adversa. Desde esta ciudad escribió una carta a Orbegoso, ofreciéndole ponerse a sus órdenes, si accedía a repudiar la Confederación y combatir a Santa Cruz. De esa manera el joven caudillo mostraba su profundo nacionalismo. Al mes abandonó la ciudad (30 enero 1836) que se puso decididamente en su contra, a causa de las tropelías que en ella cometían oficiales y tropa.
Santa Cruz y los efectivos peruanos al mando del general Blas Cerdeña, concentraban sus tropas en Puno, y con ellos avanzaron sobre Arequipa. A principios de febrero tomaron contacto los oponentes y tras de tres días de encuentros que culminaron el 4 de febrero en las afueras de la ciudad, en el llamado puente de Uchumayo, la victoria favoreció a Salaverry, que derrotó a la vanguardia boliviana mandada por Ballivián y a la división peruana comandada por Cerdeña, el cual salió con grave herida en el rostro.
En memoria de esta acción se compuso la famosa marcha llamada Ataque de Uchumayo, pero Salaverry cometió el error de no perseguir a los vencidos que lograron rehacerse.
Tres días más tarde se volvieron a encontrar los contrincantes en Socabaya y la acción se trabó de 9 a 11 de la mañana siendo encarnizada y sangrienta. Salaverry fue derrotado y sus huestes perseguidas y aniquiladas en una acción que duró tres horas más. Santa Cruz tuvo 242 muertos y 188 heridos, mientras que en las filas de Salaverry los muertos llegaron a 600, los heridos a 350 y los soldados prisioneros 1,500. Un total aniquilamiento. Entre los prisioneros se contaban 2 generales, 15 coroneles y 200 oficiales.
Entre los fugitivos, Mendiburu con 230 hombres tomó el camino a Islay para tratar de llegar a la escuadra. Con él estaban los generales Iguain e Ildefonso Coloma. Los perseguía Miller que recurrió a una estratagema para hacerles creer que tenía mayores efectivos que los que realmente poseía. Se entregó Mandiburu, pero no Coloma e Iguain que picando espuelas llegaron a Islay.
Salaverry con otros grupos de fugitivos se encaminó a la costa por Quilca, pero en el curso de la fuga el caudillo se magulló una pierna. Decidieron entregarse a Miller que ofreció garantías para su vida. Salaverry había ofrecido entregar la escuadra a Miller a cambio de que se le permitiera refugiarse en el barco de guerra inglés “Basilisk” que se encontraba frente a Islay. Pero el coronel Ildefonso Coloma que se encontraba refugiado en la escuadra, persuadió al capitán de navío García del Postigo de que no lo hiciera y que mas bien fuera a entregarse en el Callao a Orbegoso antes de entregar los barcos a un extranjero como Santa Cruz. No había duda de que Coloma y con él Iguain que también estaba embarcado, lo que hacían era evitar caer en las manos de Santa Cruz sin importarles la suerte de Salaverry. Al llegar la escuadra al Callao, fue el coronel Iguain el encargado de formalizar la entrega.
Mientras tanto, Salaverry fue conducido por Miller ante Santa Cruz que estaba en Arequipa.
El 11 de febrero fue iniciado el juicio contra los prisioneros, no obstante las protestas de Salaverry y los suyos de que habían recibido garantías de Miller al momento de entregarse y que el mismo Miller trató de interceder ante Santa Cruz. El 18 de febrero fueron sentenciados a muerte Salaverry y el general Juan Pablo Fernandini. También los coroneles Camilo Carrillo (padre del marino paiteño Camilo Carrillo), Miguel Rivas, Gregorio del Solar, Juan Cárdenas, Manuel Valdivia, Julián Picoaga y Manuel Moya. Se les conmutó la pena de muerte por 10 años de presidio a Ramón Vargas Machuca (de Piura), Valentín Boza, Sebastián Fernández, José Arancibia y Lucas Rueda.
El 18 de febrero de 1836 fueron fusilados a las 5 y 30 de la tarde, los 8 militares, ninguno de los cuales pasaba de los 35 años. Como escenario sirvió la plaza de armas en donde se había reunido una inmensa muchedumbre. Basadre dice que el coronel Moya fue el más sereno y con indignación arrojó la venda con la que se intentó cubrirle los ojos. En esos momentos de tensión el general Fernandini huyó entre la multitud y allí fue cogido por un paisano. Eso muestra cuan contrarios estaban los arequipeños contra Salaverry. Fernandini fue muerto por los soldados que le perseguían.
Los otros 7 recibieron las descargas de los tiradores y todos cayeron menos Salaverry. Este hizo un gesto con la mano como para detener la nueva descarga y gritó: ¡la ley me ampara!. Una nueva descarga lo dejó muerto.
De acuerdo a las leyes de guerra, solo una vez se puede fusilar a un reo. Si sobrevive, debía quedar libre. A eso seguramente se refería Salaverry. El no fusilar dos veces a una persona, seguramente era un rezago de las ordalías o Juicios de Dios, de la Edad Media.
Con la muerte de Salaverry, todo el Perú quedaba en poder de Santa Cruz y de Orbegoso y los planes de la Confederación se podían llevar adelante.
Piura, conocía a casi todos los protagonistas de la guerra civil. Acá habían estado Santa Cruz, Orbegoso, Salaverry, Gamarra, Valle Riestra, Nieto, Echenique, Castilla, Morán, Vidal, Cerdeña, Fernandini, etc.
Santa Cruz que fue gobernador de Piura y había dejado acá muchos amigos y por eso no era raro que tuviera tantos partidarios. También Sullana le debía el cambio de nombre de La Punta por Sullana, y su elevación al rango de Villa.
A mediados de diciembre de 1835 el general Francisco de Paula Otero se pronunció en Huaraz a favor de Orbegoso y arrastró tras de si a todo el norte, incluyendo a Piura. El general Otero se trasladó luego a Trujillo y allí recibió a Orbegoso que recorría la costa norte.
La esposa de Salaverry y el pequeño Carlos Augusto, se refugiaron en la fragata de guerra francesa “Flora” que estaba surta en la bahía del Callao. Posteriormente lo hicieron en tal barco el coronel Ramón Castilla, el general Allende, los coroneles Iguain, Ildefonso Coloma y los marinos Juan García del Postigo y Pedro Salmón.
Solo la familia de Salaverry, Ramón Castilla y Allende continuaron en la “Flora” que se dirigió a Chile pues los restantes fueron transbordados a la corbeta peruana “Libertad” que el 16 de mayo de 1836 partió del Callao, llevando a García del Postigo, Salmón, Coloma, Iguain y a otros desterrados a Costa Rica.
A fines de mayo, la corbeta anclaba brevemente en Paita, tomaba abastecimientos y continuaba viaje.
En Piura, había sido repuesto Rázuri como sub-prefecto y el mando militar había sido encomendado al querecotillano Francisco Vargas Machuca, por orden del general Francisco de Paula Otero, que tenía en Trujillo el mando militar de todo el norte.
La corbeta “Libertad” tenía una marinería que en su mayoría era salaverrista, no obstante lo cual su capitán Giral Chacón, pudo hacer la travesía sin novedad, pero al llegar a la bahía de San Blas en Panamá el 3 de julio, la tripulación se sublevó y retornó a Guayaquil en donde desembarcaron los deportados. Allá estaban ya Gamarra y Bujanda, el capitán Juan Salaverry, hermano del ejecutado; y los piuranos comandante Manuel Frías Lastra, el general José María Raygada, y sus hermanos los capitanes Buenaventura Raygada y Eugenio Raygada.
El arribo de “La Libertad” y de la goleta “Yanacocha” pues navegaban en pareja, se produjo a Guayaquil el 3 de agosto. El padre Vargas, considera que fue la goleta “Limeña” y no la “Yanacocha” la que iba en la travesía.
El cónsul peruano en Guayaquil, Roldán, logró que el barco volviera a poder de sus comandantes y jefe de travesía José Giral Chacón.
TESTAMENTO DE SALAVERRY
El general Manuel de Mendiburu, en su Diccionario Histórico Biográfico, da a conocer las cartas que Salaverry envió a sus esposas antes de morir, el testamento y su protesta, por lo que él con toda razón llamaba asesinato cometido por Santa Cruz, pero que era consecuencia de la guerra a muerte que él mismo declaró.
Miguel Seminario Ojeda nos ha hecho llegar el testamento del general, que dice:
“En nombre de Dios todo poderoso, con cuyo principio todas las cosas tienen feliz medio, loable y dichoso fin, amén. Sea notorio como yo; don Felipe Santiago Salaverry, general de brigada de los ejércitos del Perú, natural de la capital de Lima, hijo legítimo de don Felipe Santiago Salaverry y de doña Micaela Solar, que vive. Confieso que soy católico, apostólico romano. Que creo en todos los misterios y sacramentos que manda nuestra santa madre iglesia.
Declaro que soy casado y velado según orden de nuestra santa madre iglesia con doña Juana Pérez de Infantas, en cuyo matrimonio hemos procreado un hijo de edad de un año, nombrado Felipe Alejandro Augusto Salaverry y Pérez existente en Lima. Declaro que tengo así mismo al lado de la referida mi esposa, otro hijo natural nombrado Carlos Augusto a edad de cinco años e hijo de doña Vicenta Ramírez natural de Piura y que encargo a la referida mi esposa no lo separe jamás de su lado y cuide con esmero de su educación. Declaro que este hijo natural ya expresado tiene derecho a los bienes de su madre, pero que es mi voluntad que no se mueva del lado de mi esposa legítima aún cuando por razón de estos bienes se suscitase algún pleito. Declaro no tengo bienes raíces y sí solo cuatro mil pesos en dinero en poder del capitán del bergatín de guerra de su majestad británica, “Basilisco” de cuyo dinero tiene conocimiento el señor general Miller y es mi voluntad que este dinero se entregue a la referida mi esposa para que use de él, según sus necesidades o su voluntad. Declaro que tengo también por bienes, la deuda de mis sueldos en diferentes épocas y especialmente en esta última y quiero que cuando haya un gobierno de la nación que los mande a pagar, se entreguen a la referida mi esposa.
Declaro que tengo acreedores y deudores, cuyos nombres y cantidades ahora no puedo recordad y suplico a los que me deben que paguen a la referida mi esposa y que ella haga lo mismo cuando tenga con que, si el gobierno paga, a los acreedores que se presenten con documentos en debida forma.
Declaró que después de muerto es mi voluntad, que mi hermano don Juan recoja mi cadáver, lo haga exhumar y colocar en un cajón de lata, para conducirlo al panteón de Lima en donde será depositado en nicho perpetuo, con una inscripción sencilla que manifieste mis servicios a la patria. Nombro por mi albacea a mi citada esposa doña Juana Pérez de Infantas. Por mis herederos a mi hijo legítimo Felipe Alejandro Augusto Salaverry. Nombro como tutora y curadora de mi hijo mayor a la misma mi esposa. Revoco otras disposiciones que antes de ésta haya hecho y otorgado. Que es hecho en la ciudad de Arequipa a diez y ocho días del mes de febrero de mil ochocientos treinta y seis años.
Firmado con el Señor Doctor Mariano Blas de la Fuente, Vocal de la Ilustrísima Corte Superior de Justicia y Presidente Accidental, como encargados por S.E. el Presidente de Bolivia General en Jefe de los Ejércitos Unidos a presencia de los testigos que suscribieron. Mariano Blas de la Fuente. Felipe Santiago Salaverry.- Santiago O´phelan.- Calixto de Villanueva.- Toribio Aguilar.
En este testamento se revela y confirma la filiación del poeta Carlos Augusto, al cual nombra así en este documento y no como Carlos Avelino. Aún cuando no lo nombra como heredero, sin embargo, lo deja al cuidado de su esposa Juana Pérez por su extrema pobreza no pudo darle escuela al futuro poeta, pero éste amó mucho a su madrastra y la consideró como su verdadera madre, como se puede apreciar en sus versos.
FRICCIONES ENTRE LA CONFEDERACIÓN Y CHILE
Como era lógico suponer, Giral Chacón no podía confiar en la mayor parte de la marinería que era adicta al partido de Salaverry o lo que era lo mismo enemiga de Orbegoso y por tal motivo la licenció en Guayaquil, enviando al alférez de Marina Ríos que era su segundo a Paita para reclutar entre la gente de mar de este puerto, los marinos que debían reemplazar a los expulsados.
Pero el cónsul Roldán, logró descubrir que Ríos y el desterrado capitán de navío Salmón eran muy amigos y que este último estaba tratando de reunir a los tripulantes licenciados para tomar los barcos al abordaje. Por tal motivo, tan pronto como llegaron los marineros paiteños, dispuso que Giral Chacón partiera a Paita. En este puerto, se produjeron algunas situaciones discrepantes entre los marinos paiteños no acostumbrados a la rígida disciplina naval, pues por tener allí sus hogares, pretendían pasar la mayor parte del tiempo en ellos. En vista de la situación los barcos con unos pocos tripulantes, se trasladaron a Huanchaco en donde estaba el resto de la escuadra peruana.
Por eso entonces, se habían producido algunas fricciones entre la naciente Confederación Perú Boliviana y Chile. Este país acusaba a Santa Cruz y a Orbegoso de haber apoyado un intento de invasión del general chileno Ramón Freyre. Este se encontraba asilado en el Perú, y como era costumbre en los desterrados, conspiraba contra su gobierno. En esos días Orbegoso que estaba necesitado de dinero y que en forma equivocada daba poca importancia a la escuadra, decidió vender en subasta los barcos de guerra, el bergatín “Orbegoso” y la fragata “Monteagudo” las que fueron adquiridas por Freyre que con ellas armó una expedición a Chile, la cual fracasó. Chile acusó y con razón a Santa Cruz y a Orbegoso de haber ayudado al rebelde, pero Santa Cruz echó la culpa a Orbegoso.
El ministro Portales de Chile, dispuso que el más poderoso de su barco de guerra el “Aquiles” saliera al Callao aparentemente en misión de paz, pero con instrucciones secretas de apoderarse de los pocos barcos que le quedan aun al Perú. El 21 de agosto por la noche, fueron abordados el bergatín “Arequipeño”, la goleta “Peruviana” y la barca “Santa Cruz” que estaban casi sin tripulación. Esto puso tirante las relaciones entre la Confederación y Chile y fue el comienzo de la guerra.
REBELIÓN EN LA “LIBERTAD”
El 19 de octubre, salió de Valparaíso con cinco barcos chilenos el almirante Blanco Encalada, con órdenes de apoderarse de toda la escuadra peruana.
A causa del ataque del “Aquiles” y ante la amenaza de nuevas acciones marinas de parte de los chilenos, Orbegoso dispuso que el general Trinidad Morán saliera de Lima rumbo a Paita y allí se hiciera cargo de la escuadra. Morán salió de Lima el 23 de octubre de 1836.
El Padre Vargas Ugarte asegura que el gobierno dispuso que la “Libertad” y la “Yanacocha” dejaran Huanchaco y se refugiaran a Guayaquil, y para mayor seguridad, el general Morán las abordara a la altura de Paita. Según el mismo historiador, los barcos llegaron a Guayaquil sin Morán y en el puerto ecuatoriano empezaron otra vez las intrigas de los emigrados para apoderarse de esos navíos, habiendo logrado colocar en la “Libertad” como pilotín a un ecuatoriano.
Los barcos salieron después rumbo al sur y a la altura de las islas de lobos los marinos de la “Libertad” ya sobornados, izaron la bandera de Chile. La “Yanacocha” le disparó varios cañonazos pero siendo más débil optó por huir a Huanchaco. Era el 12 de noviembre de 1836, los sublevados habían logrado reducir al capitán Santillana y a varios oficiales adormeciéndolos con opio. Los rebeldes, pusieron a estos oficiales en un bote y los abandonaron a su suerte estando a 600 millas de la costa. Sin embargo, como buenos marinos lograron dirigirse a Paita a donde llegaron el 16 de noviembre. La “Libertad” llego a Valparaíso el 9 de diciembre en donde fue bien recibida por el ministro chileno Portales y por los emigrados peruanos.
Orbegoso ya había sido advertido a tiempo de que no se podía confiar de la tripulación, y escribió a Rázuri, para que él o Solares asumieran el control de ese barco tan pronto llegase a Paita y no estuviera allí Morán, debiendo cambiar a toda la tripulación, incluyendo al cocinero. El anuncio llegó tarde.
Félix Denegri Luna, en su obra referente a la historia Marítima en la República, da otra versión de los hechos.
Según este historiador, cuando la corbeta “Libertad” llegó de San Blas, a Guayaquil y de allí partió con marinería paiteña al sur, llevó en su tripulación a dos pilotos. Uno francés llamado León Señoret y otro ecuatoriano, Juan Manuel Uraga. También a un oficial naval de Ecuador Pedro Santillán. La corbeta y la “Yanacocha” partieron al sur y al llegar a Paita desembarcaron a Giral Chacón su capitán y en su lugar tomó el mando Santillán. Así continuaron hasta Huanchaco y de allí recibieron orden de regresar a Guayaquil ante el temor de los barcos chilenos.
Fue entonces cuando se produjo la sublevación a bordo, de lo cual los mismos cabecillas, Señoret y Uraga elevaron un parte al llegar a Chile. Dice el parte: “Al día siguiente de nuestra salida de Huanchaco, prestándose la tripulación a nuestras miras, efectuamos el movimiento con el mayor orden. La gente se mantuvo en la subordinación más estricta; y el comandante y demás oficiales aprehendidos, fueron tratados con el decoro correspondiente a su clase (debemos confesar que abusaron algo de nuestra moderación, pues llevaron entre sus equipajes la bandera del buque y otros cuantos artículos que sería demasiado largo enumerar). Tomamos inmediatamente la vuelta de tierra y el 13 a las 6 de la mañana desembarcamos en el más grande de nuestros botes a los apresados en la víspera, proveyéndolos de remos, víveres y en fin de cuanto les era necesario para llegar al puerto de Paita, del cual estábamos distantes unas 20 leguas. En seguida pusimos rumbo a Valparaíso, en donde hemos fondeado sin ocurrencias que merezca la atención de V.S. Recomendamos a V.S el mérito contraído por el piloto del mismo buque don Santiago Tubino, del cirujano don Manuel Mugueisa y el teniente de infantería don José Moreno, presentando una eficaz cooperación a nuestro proyecto y a toda la tripulación Dios guarde a V.S. Leoncio Señoret – Juan Manuel Uraga.”
El gobierno chileno gratificó a Uraga y a Señoret con 8, 000 pesos.
LOS ESTADOS NOR PERUANO Y SUR PERUANO.
El 17 de marzo de 1836, se habían reunidos en la localidad de Sicuani (Cuzco) 23 diputados de Arequipa, Ayacucho, Cuzco y Puno para crear el Estado Sur Peruano, independiente pero confederado con Bolivia y con el Estado Nor-Peruano que se crearía. Santa Cruz recibió el título de protector.
Orbegoso convocó a los representantes de los departamentos de Lima, Junín, Amazonas y Libertad a reunirse en Huaura. En la región norte la idea no agradó.
La Asamblea funcionó del 3 al 24 de agosto de 1836. Se aprobó la creación del Estado Nor-Peruano con Orbegoso como presidente y Santa Cruz como protector. Como suele ocurrir en estos casos se le tributaron homenajes y alabanzas hasta la exageración. La organización del nuevo estado fue la siguiente:
Departamento de Amazonas, capital, Chachapoyas
Departamento de Huaylas, capital, Huaraz
Departamento de Junín, capital, Tarma
Departamento de Lima, capital, Lima
Departamento La Libertad, capital, Trujillo.
La Asamblea reunida en Huaura estuvo formada por 20 diputados. El Padre Vargas dice: “No despertó entusiasmo alguno el Decreto de convocatoria y hubo que completar a los electores. Orbegoso no consiguió que Iturregui aceptase intervenir y en realidad no prestó atención al asunto dejando que Morán y Herrera escogieran a los diputados que habían de doblegarse ante Santa Cruz”.
Representando a la Provincia de Piura, concurrió José Lama.
En Huaura se estacionó una división del ejército boliviano, lo cual significaba a las claras una presión.
Los generales Trinidad Morán y Ramón Herrera eran los que hacían y deshacían de la asamblea, pues a pesar que los diputados prácticamente habían sido nombrados y no elegidos, no se mostraban favorables a la participación del Perú.
Esta asamblea terminó por ser igual a otras que adoptaban actitudes totalmente serviles con los poderosos del momento.
Se dispuso que se acuñaran monedas con la efigie de Santa Cruz y leyendas alusivas. Su retrato debería estar en el congreso, en el palacio de gobierno y en los tribunales de justicia. El día 3 de mayo sería fiesta cívica dedicada a Santa Cruz, en el paseo de las aguas se levantarán un arco triunfal, en su honor. Se le asignaba un sueldo de 24, 000 pesos al año, se le acordó un regalo de 100, 000 pesos a su esposa que no aceptó y se le obsequió una espada de oro con brillantes.
Orbegoso fue ascendido a mariscal, y se le obsequió una valiosa condecoración. Se agregó una leyenda mas a su escudo nobiliario y se le hizo una donación de 100, 000 pesos.
Una comisión de la Asamblea de Huaura que integró también José Lama, se constituyó en Lima, para tomarle juramento.
Orbegoso comprendió que ante Santa Cruz encumbrado, quedaba en segundo plano por cuyo motivo hizo conocer que se retiraba a la vida privada. Pero los acontecimientos lo arrastrarían y tuvo que enfrentar los problemas que rápido llegaron.
CONSPIRACIÓN DE LOS DESTERRADOS
Los peruano que estaban exilados en Ecuador no se mantuvieron quietos, el más caracterizado era sin duda Gamarra el cual entró en tratos con el general Flores que era el hombre fuerte en ese país en donde el presidente era Rocafuerte.
Flores siempre se había mostrado enemigo del Perú y en los tiempos de Bolívar había planeado invadirlo. Ahora era un peruano, el mismo Gamarra que en Tarqui tuviera tan dudosa actuación, el que le volvía a ofrecer la posibilidad de formar un ejército peruano-ecuatoriano, bajo el comando de Flores para invadir Piura, pero Flores no se quiso aventurar solo y envió a su edecán el coronel Gonzáles a Chile para intentar una alianza.
El presidente Rocafuerte no estuvo de acuerdo con el plan y ordenó al coronel Gonzáles dar por terminada su misión en Chile.
Luego en atención a un pedido que le hiciera el propio Santa Cruz, dispuso que Gamarra, Salas y Bujanda, dejaran Guayaquil y quedaron internados en Cuenca, muy lejos de la frontera.
Lo mismo se hizo con el capitán Salaverry, que habían intentado ingresar al Perú por Lancones y fue repelido por tropas de Rázuri.
En vista de la situación, y como nada podía hacer en Ecuador; Gamarra, Salas, Bujanda, Manuel Frías y Salaverry, se trasladaron a Chile.
José María Raygada con sus hermanos lo mismo que Coloma e Iguain, se habían establecido en la frontera con el Perú, en la localidad de Zapotillo y desde allí ingresaban con frecuencia al territorio de Piura, comunicándose con parientes, amigos y partidarios. Estaba visto que sólo esperaban una ocasión propicia para penetrar hasta la ciudad de Piura.
A pedido a Santa Cruz, el presidente Rocafuerte, no permitió que ningún exilado estuviera a menos de 50 leguas de la frontera. Por lo tanto, Raygada fue internado.
A modo de reciprocidad, se obligó a un exilado ecuatoriano de apellido Mena a dejar Paita y trasladarse a Chiclayo.
En todo tiempo, fue Paita el lugar ideal escogido por los desterrados ecuatorianos, por su facilidad para llegar a Guayaquil.
A Manuelita Sáenz, radicaba en Paita no se le molestó por estar ya totalmente apartada de la política.
Santa Cruz había enviado a Miller como ministro especial, y fue este general que hizo desistir a Rocafuerte de hacer alianza con los chilenos y de ayudar a los exilados.
1. INCURSIÓN DE BLANCO ENCALADA
Portales envió al Callao, al almirante Blanco Encalada con seis barcos, para que se apoderase del resto de la escuadra peruana. Aparentemente tenía una misión conciliadora. Pero en el Callao no fue recibido cuando arribó el 30 de octubre.
La escuadra chilena siguió al norte y llegó a Paita el 10 de noviembre. Envió en un bote a un oficial y varios marinos para entrevistarse con el capitán de puerto Solares en demanda de víveres y de agua. Se le informó que no se le podía atender, en vista de lo cual Blanco Encalada desembarcó marinería y tomó por la fuerza y sin pagar todo lo que consideró necesario. Solares con los pocos soldados de la guarnición se retiró al tablazo.
Blanco Encalada tomó a varios paiteños y los hizo declarar la situación de los barcos peruanos. Así pudo conocer que días antes había estado en el puerto el general Trinidad Morán comandante general de la escuadra, con el bergatín “Congreso”, y las goletas “Yanacocha” y “Limeña”.
La flota de Blanco Encalada la componían, la “Monteagudo” y la “Orbegoso” capturadas tras la fallida rebelión de Freyre, la “Valparaíso” y la “Aquiles”. En el Callao había quedado la “Colocolo” y otro barco.
Morán con sus tres pequeños barcos se dirigió a Guayaquil y se puso bajo la protección de las autoridades de Ecuador. A los pocos días se apareció la flota chilena y al querer actuar contra los barcos peruanos en aguas jurisdiccionales de Ecuador, se le llamó la atención. Blanco Encalada, optó por estacionarse en las cercanías de la isla Puná. Mientras tanto la “Yanacocha” salió del golfo y con su veloz navegar, burló a la escuadra bloqueadora. La goleta peruana recaló brevemente en Paita, dejó información, se abasteció y siguió rumbo al Callao.
Blanco Encalada consideró que no era necesaria su presencia en la Puná y salió con la “Aquiles” y la “Valparaíso” en persecución de la “Yanacocha” llegando a Paita el 29 de noviembre, pero lo único que indagó fue que hacía varios días había partido al Callao.
La advertencia del general Trinidad Morán causó bastante preocupación a las autoridades de Piura.
El día 30 los dos barcos chilenos habían llegado a Paita, el subprefecto de Piura disponía que salieran de Sullana y de Chapairá 25 soldados de cada sitio, para defender el puerto.
El teniente coronel Andrés Rázuri, en su condición de jefe militar de Piura había asumido la defensa de Paita, pero grande fue la sorpresa del subprefecto piurano cuando recibió un despacho urgente del capitán del puerto de Paita que le hacía conocer que Rázuri no estaba presente y los chilenos habían llegado ya, por segunda vez.
A las 4 de la tarde los chilenos fondearon frente a la bahía y despacharon a una chalupa con 7 oficiales, para solicitar víveres para 300 soldados que iban en los barcos.
Como los paiteños no se mostraron muy dispuestos atenderlos, los chilenos tomaron los víveres por la fuerza.
Las autoridades se habían ido a Colán y los desamparados vecinos se reunieron en casa de don José María Castañeda para deliberar.
El subprefecto con los escasos contingentes que tenía, no entró al puerto y se quedó en el tablazo por que no se consideraba con fuerzas suficientes para asumir la ofensiva. Por lo tanto esperó hasta la tarde del 1° de diciembre, para ingresar a Paita cuando ya los chilenos se habían ido .y cundo la presencia de los soldados peruanos no era necesaria.
Blanco Encalada intentó llevarse a remolque los barcos que habían en la bahía que en su mayoría eran de paiteños, pero estos suplicaron y el jefe chileno accedió a dejarlos libres. Los barcos habían estado luciendo la bandera norperuana.
Siguió pues rumbo al sur y el 16 de diciembre estaba nuevamente frente al Callao. El 21 de enero de 1837 continuó rumbo a Valparaíso.
En la Puná, quedaron manteniendo el bloqueo por entonces chilenos “Monteagudo” y “Orbegoso”, a las cuales les había unido el “Arequipeño”. Estos barcos estuvieron manteniendo el bloqueo todo el mes de diciembre y enero de 1837. El 8 de febrero el general Morán decide romper el bloqueo y si es posible enfrentar una acción con el bergatín “Congreso”. Tras varias escaramuzas, pudo al fin el 14 burlar a los barcos bloqueadores, dirigiéndose al sur.
Ya los chilenos nada tenían que hacer en la isla Puná y la abandonaron. Antes pasaron por Tumbes en donde desembarcaron gente y cometieron abusos apropiándose de víveres y maltratando a la población, que estaba completamente indefensa.
En Piura, Rázuri controlaba la situación, apoyando a Orbegoso y a Santa Cruz. No obstante la agitación en la frontera por los desterrados y los problemas que creaba la escuadra chilena, el resto de la provincia permanecía relativamente tranquila, y lejos del escenario de la guerra.
CREACIÓN DE LA PROVINCIA LITORAL DE PIURA
El 11 de agosto de 1836, la asamblea reunida en Huaura, sancionó la creación del Estado Nor-peruano, el cual estaba, conformado por los departamentos de Amazonas, Huaylas, Junín, Lima y La Libertad.
Como presidente del mismo se eligió al general José Luis Orbegoso, pero este prefirió retirarse a la vida privada, porque comprendía que solo era un juguete en manos de Santa Cruz, que con el título de Protector, era el que en realidad mandaba en todo el Perú y en Bolivia.
Santa Cruz se estableció en Lima y desde allí empezó a gobernar. Tomás Diéguez y Santiago Távara influyeron en él para que la provincia de Piura dependiente del departamento de La Libertad, se constituyera en Provincia Litoral Autónoma. Además Santa Cruz tenía muy gratos recuerdos de los piuranos en general.
Fue así como el 30 de enero de 1837, la erigió en Provincia Litoral, a cuyo frente estaría un gobernador con las mismas facultades que un prefecto. Posteriormente y por algún tiempo, al dejarse sin efecto muchos de los actos de la confederación volvió a perder categoría.
La población del Estado Nor-Peruano era la siguiente:
162,429 habitantes
Provincia Litoral de Piura
53,815 habitantes
121,462 habitantes
151,718 habitantes
144,243 habitantes
704,934 habitantes
Todo el Perú tenía por entonces 1´373,736 habitantes. Es decir que la República Sur Peruana sólo tenía un poco más de 600 mil habitantes.
El decreto de creación es el siguiente:
Andrés de Santa Cruz, Capitán General, Presidente de Bolivia, Gran Mariscal, Pacificador de los Estados Sud y Nor Peruano.
Que la provincia de Piura, por su posición geográfica debe ser gobernada por una autoridad suficientemente facultada para tomar las medidas necesarias a la seguridad y promover todas las mejoras de que es susceptible su industria agrícola y mercantil y que merece por su antiguo y constante patriotismo.
Artículo 1°.- La provincia de Piura se erige en Gobierno Litoral y su gobernador recibirá directamente órdenes del Supremo Gobierno y se atenderá del mismo modo con él, dirigiéndole sus comunicaciones por el ministerio que corresponda a la naturaleza de los negocios que sobre ella versen.
Artículo 2°.- El gobernador será reconocido como único jefe de los empleados civiles existentes en el territorio de la provincia. Disfrutará del sueldo de dos mil pesos anuales, tendrá para su despacho un secretario con la dotación de dos mil pesos y dos amanuenses, uno con cuatrocientos pesos y el otro con doscientos cincuenta.
Artículo 3°.- Queda suprimido el cargo de subprefecto, cuyas funciones se ejercerán conforme al reglamento respectivo por un intendente de policía que recaudará las contribuciones y demás rentas, otorgando las mismas fianzas que prestaba aquel y percibirá por dicho cargo 6% de las rentas que recaude.
Artículo 4°.- El teniente administrador de la Aduana de la ciudad de Piura, desempeñará además de sus funciones naturales, las de administración de tesorería: llevar cuenta, abrir cargos de la matrícula al intendente, cuidará que éste recaude en su oportunidad y las administrará y las distribuirá conforme a las leyes, disfrutando por este encargo el sobre sueldo de doscientos pesos anuales.
Artículo 5°.- Para que pueda cumplir con exactitud sus obligaciones, se nombrará a propuesta suya, un auxiliar con la dotación de trescientos pesos anuales.
El Ministro de Estado del Despacho del Interior, queda encargado de la ejecución de este Decreto y de mandarlo a imprimir. Dado en el Palacio Protectoral de Lima, a 30 de Enero de 1837.- Andrés Santa Cruz P.O. de S.E. José Maria Galdiano.
EL GENERAL PARDO DE ZELA, GOBERNADOR.
Al crearse la provincia litoral de Piura, el general Juan Pardo de Zela fue nombrado como su primer gobernador, pasando Andrés Rázuri a desempeñar la intendencia que remplazaba a la subpfectura
Los piuranos tenían por lo tanto motivos de gratitud para el general Santa Cruz, y por otra parte, el nuevo gobernador se hizo apreciar por sus dotes de buena autoridad y de caballerosidad. En su memoria, una obra de ingeniería hidráulica lleva su nombre, en Sullana.
Parece que Pardo de Zela llegó por Sechura, y el recibimiento oficial se le hizo en Catacaos, de parte del Bachiller Fermín Seminario del Castillo, Cura de ese pueblo y Vicario General, hermano de doña Luisa madre de Grau.
Miguel Seminario nos da el texto del discurso, que dice así:
“Señor General.
No es precisamente la localidad central lo que distingue a los pueblos. Las simples ciudades pueden igualarse y aún elevarse a grandes potencias en sus virtudes y por la industria madre de la riqueza, Génova, Venecia, Florencia y Bolonia, se hicieron poderosas sacando la abundancia de los mismos manantiales que les proporcionó el comercio y la libertad, mientras que las escenas de mortandad y sangre inundaban la Sicilia. Piura que en nada cede a las otras provincias en su populación ni en su fertilidad territorial, por más de 300 años hacía una parte integrante del departamento de la Libertad y era el recurso más poderoso que se le presentaba en los conflictos, de sostener la independencia del estado.
En la contienda sangrienta por la independencia, era Piura la que más contribuía con soldados valerosos y con todo género de auxilios.
El valorizar este mérito estaba reservado al gran genio observador del Exmo. Sr. D. Andrés de Santa Cruz y dar también el primer premio a sus compañeros de armas que lo siguieron hasta la cima de aquel monte que lo presentó a la América como un general de primer orden, y a los enemigos como un soldado ominoso y terrible.
El vencedor de Pichincha, que afianzó a Colombia en su independencia, y marchó después a pelear en Junín y Ayacucho, cuando en Socabaya y en el Alto de la Luma dio nuevamente al Perú su estabilidad y firmeza destruyendo las facciones que arruinaron el fruto de sus primeras fatigas y restituyendo el orden; también ha dado a su predilecta Piura la independencia departamental, con un gobierno particular que le haga florecer en todos los ramos con que la privilegió la naturaleza y la heroica Villa de Catacaos que por sus servicios tan continuados y efectivos ha merecido el timbre de ese título, respirará ya, siendo tratados sus hijos con todas las consideraciones debidas a sus antiguos sacrificios y con la libertad de cultivar sus fértiles campos.
Esta parroquia señor general, debió a Ud. toda su benevolencia a que era acreedora, en el breve tiempo que desempeñó en su provincia la comisaría general y ahora augura toda su felicidad bajo su protección generosa.
Le presento a Ud. como párroco y en unión de las justicias que la gobiernan, la felicitación con toda sumisión y respeto. Muchas gracias.”
El general Pardo de Zela, fue comisario de guerra durante el conflicto con Colombia y por esa época actuó en Piura, no habiendo estado de acuerdo con el golpe que Gamarra diera contra La Mar. Ay que advertir que el orador era hermano de doña Luisa Seminario del Castillo y por lo tanto sería pronto tío del niño Miguel Grau.
Se vivían en todo el país nuevamente en 1837, momentos de gran tensión. Se necesitaba dinero y tropas.
Se dispuso por el Ministerio de Hacienda, levantar un empréstito interno en el país y Piura la flamante provincia debía contribuir con 1,500 pesos. El coronel don Manuel Silva, jefe del Batallón de los Cívicos inició la suscripción con 150 pesos sin intereses.
Para completar los cuadros del batallón a los que faltaban oficiales se confirieron los siguientes despachos.
1) Para el Regimiento de Caballería de la Guardia Nacional de Amotape:
- José Casimiro Montero del Águila, ayudante mayor del 1er. escuadrón.
- Eusebio Coloma, alférez porta estandarte del 2° escuadrón.
- Fernando Guevara, teniente. de la 1era. Cía.
- Baltazar Gonzáles, capitán de la 2da. Cía.
- Manuel Garay, tnte. 1° de la 2da. Cía.
- Pedro Garay, 1° de 2da. Cía.
- José Mariano Vargas, capitán de la 3ra. Cía.
- Pablo Adrianzén, tnte. 2do. de la 4ta. Cía.
- Mateo Rugel, tnte. 2do. e la 4ta. Cía.
- José Lucas Cruz, alférez de 4ta. Cía.
2) Compañía de Infantería de la Guardia Nacional de Huancabamba :
- Damián Flores, capitán.
- José María Cerro, tnte. 1ro.
- Manuel Adrianzén, tnte.. 2do.
- Gerónimo Contreras, sub-teniente.
Pardo de Zela había sido nombrado en febrero de 1837. Hizo un buen gobierno, pero en el resto del país ya se conocía que los exilados en Chile alentaban al gobierno de ese país a intervenir en el Perú contra la federación. Por su parte Chile temía la existencia de una nación tan grande como Perú-Bolivia bajo el control de un hombre tan sagaz como Santa Cruz . Se decidió entonces el gobierno chileno a intervenir.
El 21 de octubre, el general Pardo de Zela lanza una proclama a los piuranos y a las fuerzas acantonadas en este territorio. Dice la proclama:
Obrar y no hablar parecía el lenguaje que debiéramos usar, más cuando se nos provoca en la lucha próxima a que nos ha impedido el gobierno de una nación que fue nuestra amiga y aliada para la consecución de nuestra independencia; es necesario hablar y manifestaros que un club de hombres, dirigidos por un ambicioso, vengativo y celoso de nuestra prosperidad, quiere la guerra entre hermanos como el, único medio de conservarse al frente de una nación, que ni quiere ser nuestra enemiga, ni tampoco soportar al hombre que aborrecen al que exclusivamente deben los chilenos su opresión, y sus más distinguidos ciudadanos gimen en horrendos calabozos, al paso que otros confinados en países lejanos, lloran los males que afligen a su querida patria. Estos son los que quieren conducirnos a nosotros ¿Lo consentiremos? Vana es mi pregunta. Os veo a todos armados y aún me atrevo a preguntaros ¿lo consentiréis? ¡No! Por que con nuestro robusto brazo blandiendo la lanza, me preguntasteis ¿Dónde están?. En Chile todavía, y al oírmelo dejásteis la lanza arrimada para entregaros a vuestras labores domesticas; pero ya es tiempo de que la empuñéis, por que se aproximan. Si, se aproximan a probar vuestro valor, que más de una vez tenéis acreditado, callando y obrando pero antes de obrar, que oiga el mundo entero vuestros votos con Libertad, ni tememos ni ofendemos. Esta será nuestra divisa en la presente lucha a que nos han provocado.”
(El gobernante chileno al que se refiere el general Pardo de Zela, era el primer ministro Diego Portales, un notable estadista, enemigo de Santa Cruz, muy rígido y hasta cruel, que temía el engrandecimiento de un estado confederado del Perú y Bolivia. Durante una revista que Portales pasaba al ejército que debía venir al Perú, los soldados se sublevaron y lo tomaron prisionero, siendo asesinado en junio de 1837, pero de todos modos la fuerza expedicionaria se organizó y se envió al Perú).
Sigue la proclama de Pardo de Zela:
“ En vuestro semblante he visto retratado más de una vez el amor a la patria y el coraje que lo anima. Me consta que deseáis el momento de preguntar a vuestros enemigos ¿qué queréis de nosotros? ¿esclavizarnos?. Mirad vuestras lanzas. Si es nuestra amistad, les daremos nuestros brazos porque al fin son nuestros hermanos. Recibiremos los que así lo recuerden y yo los encargo. Escarmentaremos a los ciegos que olvidan las relaciones amistosas que nos han ligado, porque no vemos en ellos más que a los enemigos de nuestra prosperidad y tranquilidad.
No; no nos insultarán impunemente. Estaremos todos armados y la justicia de nuestra defensa propia, será el escudo donde reboten sus tiros. Pertenecemos a la gran Confederación Perú-Boliviana de la que somos parte. Mutuos son nuestros intereses. Mutuo el coraje que anima a todos y mutuo el deber que nos ha impuesto el Supremo Protector ( se refiere Pardo de Zela a Santa Cruz) a quien habéis prometido fidelidad, constancia y unión.
Veteranos de la Guarnición: que en épocas mas azarosas habéis demostrado cuanto vale la moral y la subordinación que os distingue ¿qué os mandaré que no cumpláis? Sabéis vuestro deber y lo desempeñareis en el momento de peligro defendiendo el honor nacional altamente insultado, y los intereses de vuestros conciudadanos, que a porfía os piden lecciones para imitaros en el valor y constancia con que os habéis sabido distinguir. Habéis presenciado sus juramentos y ellos harán prodigios de valor por rivalizarnos. Defiende su propia causa y en sus rostros veis el coraje de que están animados. Ellos lo sabrán desplegar a la par vuestra y todos juntos recogeremos el laurel de la victoria en el campo vasto de la gloria, en donde el peligro nos llame. Allí me encontraréis todos para presenciar vuestro esfuerzo. Allí es donde nos espera la inmortalidad y vuestros caros deberes. Allí repetiremos nuestro juramento, y la posteridad os elogiará, tributándonos el homenaje debido al valor. Así se lo promete vuestro compañero. Juan Pardo de Zela.”
Las proclamas eran frecuentes y servían para estimular el ánimo del soldado y de la ciudadanía. Como se puede apreciar eran muy ampulosas.
Se leían por medio de bandos, se les daba lectura en los cuarteles ante las tropas formadas y se publicaban en el periódico oficial “El Eco” de Trujillo.
También el general Nieto desde Trujillo lanzaba proclamas contra los restauradores y lo mismo hacía Santa Cruz desde Lima.
La Confederación Perú.Boliviana tenía cuatro banderas. Tres que correspondían a cada uno de los estados que la integraban y otra, para la Confederación.
El estado Nor-peruano conservó la bandera peruana, tal como era antes y ahora. Bolivia también la suya, pero para el estado Sur-peruano se creó una nueva bandera que constaba de tres rectángulos. Uno vertical con fondo rojo en donde aparecía un sol radiante y dos rectángulos horizontales de color verde y blanco.
La Confederación tenía una bandera roja en cuyo centro estaban los escudos del Perú y Bolivia y en medio de ellos un sol radiante.
Se dispuso bendiciones y reconocimientos de las nuevas banderas, en diversas localidades del país el año 1837.
En la provincia de Piura, el gobernador Pardo de Zela, presidió alguna de estas ceremonias. Una de ellas fue la que debía efectuarse en la parroquia de Sullana. Ocurrió sin embargo que el día anterior a la ceremonia, el cura José Yanuario Cortés, se ausentó de la localidad, boicoteando la bendición, por cuyo motivo Pardo de Zela tuvo que acudir al asistente presbítero Ramón Pérez.
Como la duración de la Confederación fue fugaz, el cura Cortés pudo retornar pronto a su parroquia de Sullana en donde se mantuvo hasta el 1° de mayo de 1845 en que pasó a mejor colocación, siendo reemplazado por el cura de Querecotillo José Mercedes Rojas. El cura Cortés había sido párroco de Sullana desde el 12 de abril de 1834 en que reemplazó al cura Andrés Antonio Vivanco.
EL CORONEL SIERRA ASUME LA GOBERNACIÓN
Breve fue el tiempo que el general Pardo de Zela estuvo en Piura, pues sus servicios fueron necesarios en otro lugar mas conmocionado por la guerra.
En su lugar, el general Mariano Sierra asumió el mando de la provincia el 10 de enero de 1838.
Al conocerse el cambio de Pardo de Zela, hubo sesión de cabildo abierto, para suscribir un acto de reconocimiento del gobernador cesante. En el documento se acataba el cambio del general que iba al estado mayor porque la patria demandaba de sus servicios.
Firmaron el acta: José de los Santos Vargas Machuca, M. G. Seminario y J. Gaspar Carrasco, Tomás Cortés del C.; Manuel Silva, Francisco Javier Fernández de Paredes, Mariano del Valle, José Franco, José A. De Valdivieso, Francisco Távara, Santos Castañeda, Santiago Távara, Juan Seminario, Manuel José de la Vega, Juan Cotillo, Santiago de León, Pedro V.M. Solares; Miguel Velásquez, Baltazar Navarro, Nicolás Rodriguez, Narciso Espinosa, Juan B. Otero, Domingo Adrianzén, Juan Ruiz Días, José Gavino Rivera, Rafael Barreto, Manuel Mujica, Manuel Palomino, J. Santos Trelles, Francisco Ugarte, Simón Trelles, José Espinosa, Manuel Frías, Antonio Cortés y Durán, Luis Montenegro, Eugenio Raygada, Ramón García, Eduardo Raygada, José Viñas, Manuel Andrade, José Antonio Vilela, Gregorio Alvarez Tirado y José Antolín Ugarte.
Se da esta relación, porque en ella figuran muchas personas notables de la época, pero sobre todo para que se conozca como la política hace girar constantemente a los hombres como las veletas. Muchos de estos firmantes, estarían firmando al año siguiente otro documento contrario a Santa Cruz y a favor de Gamarra.
Sólo el pueblo y los soldados del Batallón de los Cívicos permanecieron fieles a la causa de la Confederación, y pagaron por ello una altísima cuota de sangre. A pocos días de asumido el gobierno de la provincia, el general Sierra lanzó su correspondiente proclama. En ella hacía conocer que los chilenos después de haber fracasado en su primera expedición y de firmado la paz en Paucarpata, habían enviado a su escuadra para atacar a la escuadra del Perú en Islay y se preparaban a lanzar sobre el país a nuevos ejércitos con muchos mas efectivos.
El 20 de junio de 1838, llegó a Paita la goleta ecuatoriana “Reina de los Angeles”, procedente de Valparaíso, y dio al jefe militar de Paita, Tnte. Crl. Miguel Urbina un amplio informe sobre las actividades militares de Chile.
Urbina era boliviano, y estaba muy lejos de su mente de que en breve la guerra llegaría a Piura y en la lucha él perecería.
La goleta había demorado 15 días en el viaje y no había tocado en el Callao. Aseguraba su capitán Manuel Herrera que en Valparaíso estaban listos entre 10 y 12 barcos chilenos, para embarcar soldados desde Quillota, Chiloé y otros lugares, y que posiblemente en julio estarían tocando las costas del Perú. También decía que los chilenos estaban descontentos con la guerra, y que se temía una rebelión popular y militar. Que el ejército chileno lo mandaría el general Bulnes con el general José Mena Cruz y con los expedicionarios vendrían los generales Gamarra y Gutiérrez de la Fuente. No conocían el puerto de desembarco.
La noticia se envió de inmediato a Lima.
EL coronel Sierra fue destinado a asumir el mando de las fuerzas de Cajamarca y en Piura quedó Rázuri. Pronto la sombra trágica de la guerra llegaría a la flamante capital de la provincia. litoral.
EL PACTO DE TACNA
Para dar forma a la Confederación, Santa Cruz convocó en Tacna a una reunión de representantes de los tres estados a fin de que acordaran un estatuto.
En abril de 1837 se reunieron en representación del Estado Nor-peruano, el obispo de Trujillo y ex vicario de Piura Tomás Diéguez, el vocal de la Corte Superior de Lima Manuel Tellería y el coronel Francisco Quiroz.
Por el Estado Sur-peruano, asistieron el obispo de Arequipa Sebastián de Goyeneche, el juez de Ayacucho Pedro José Flores y el coronel Juan José Larrea.
Por Bolivia, el arzobispo de La Plata José María Mendizábal, el vocal de la Corte Suprema Pedro Buitrago y el coronel Miguel María de Aguirre.
En realidad ya Santa Cruz lo había preparado todo y los delegados solo tenían que aprobar el proyecto sin mayor debate. Los delegados se prestaron a esa indigna comedia, el 1° de mayo.
Se determinaron las banderas para cada estado y habría una de la Confederación. Cada Estado tendría su propio gobierno, su constitución y su poder legislativo, pero sobre todo ellos habría un gobierno general. Lógicamente Santa Cruz estaría al frente de ese supra estado, con amplias atribuciones en lo militar, lo diplomático y lo económico. Como Protector. El Protector encarnaba ese supremo gobierno, cuyo período duraría diez años, con la posibilidad de ser reelegido. Se podría decir que los presidentes de cada uno de los tres estados eran simples gobernadores, que serían elegidos por el Protector, al igual que los senadores.
Tuvo razón Orbegoso de retirarse a la vida privada porque resultaba completamente empequeñecido.
El pueblo de ninguno de los tres estados quedó contento del Pacto de Tacna, por eso Santa Cruz que se dio cuenta de ese sentimiento de rechazo, convocó a fin de año a un nuevo congreso de representantes de los tres estados.
Ni Argentina gobernada por el tirano Rosas, ni Chile controlado por el todopoderoso ministro Portales, podían ver impasible el crecimiento de un gran estado, ni que un hombre como Santa Cruz acumular tanto poder.
Por lo tanto, con diversos pretextos le declararon la guerra a la Confederación y a su Protector. Como aliados tuvieron a gran cantidad de emigrados peruanos, lo que le daba el carácter de regenerador..
Portales fue insistente en la destrucción de la Confederación y en el envío de tropas al Perú, lo que no era muy popular en Chile. De eso se aprovechó Santa Cruz para complotar con chilenos de la oposición y se planeó y llevó a cabo el asesinato de Portales, pero de todos modos los ejércitos chilenos partieron al Perú.
Se preparó un ejército para atacar a Santa Cruz, El general la Fuente que estaba desterrado en Chile opinó de que debía desembarcar en el norte del Perú, es decir en Trujillo y en Piura; pero prevaleció el criterio de que convenía cortar las comunicaciones de Santa Cruz con Bolivia, y por lo tanto al mando de Blanco Encalada desembarcaron en Islay se internaron en Arequipa, 3,000 chilenos. Al ser copados por el ejército de Santa Cruz, se vieron obligados llegar a un convenio y retirarse a su país. En Chile no aprobó el acuerdo y se preparó una segunda operación mucho más numerosa al mando del general Manuel Bulnes.
Al iniciarse el año 1838, estaba Orbegoso retirado en Trujillo, en donde era jefe militar el general Nieto. Este militar estaba muy disgustado con el giro que estaban tomando las cosas, pues veía que el Perú corría el riesgo de desintegrarse. Con su franqueza que le era característica, hizo conocer a Orbegoso su intención de pronunciarse contra la Confederación. El presidente le manifestó que también estaba muy disgustado pero que ante la posibilidad de una invasión chilena, no era el momento oportuno.
Cuando Santa Cruz estaba en el sur, Orbegoso decidió retornar a Lima y al llegar se encontró que las instituciones de la ciudad se habían proclamado contra la Confederación y que lo aclamaban a él como caudillo. No le quedaba más recurso que asumir la situación y el 27 de julio escribió a Santa Cruz que no necesitaba de su ayuda para enfrentar a los chilenos y que lo haría con sus propios recursos. El 30 del mismo mes Orbegoso declaró al Estado Nor-peruano desligado de la Confederación y dictó una amnistía general. Uno de los primeros actos fue reponer en el ejército a los generales José María Raygada y Eléspura.
El 21 de julio, el general Vidal logra ingresar a Huaraz y se pronuncia contra la Confederación. Cajamarca hizo otro tanto. En Piura Rázuri era una incógnita.
Al saber Nieto que los chilenos y los emigrados estaban por desembarcar en Lima y temiendo además quedar copado en Trujillo, se dirigió a Lima.
Los chilenos desembarcaron en Ancón el 8 de agosto y Orbegoso trató de llegar a un acuerdo con ellos, pues ya estaba desligado de Santa Cruz.
Las intrigas del general Gamarra que venía al frente de los efectivos peruanos, impidió que Bulnes y Orbegoso llegasen a un acuerdo. Orbegoso nombró como prefecto de Lima al general Rodríguez de la Piedra y se aprestó a resistir. De Huaraz llegó el general Vidal a sumar sus fuerzas a las de Orbegoso, pues era opuesto a toda intervención extranjera, ya fuera por parte de Santa Cruz o de los chilenos.
El día 21 de agosto de 1838, se dio la batalla de la Portada de la Guía que perdió Orbegoso y los chilenos con Gamarra entraron a Lima. El día 24 éste era elegido presidente provisorio.
Raygada se presentó y se puso a las órdenes del nuevo presidente, mientras Orbegoso se escondía y Nieto se refugiaba en los Castillos del Callao.
El prefecto Rodríguez Piedra no obstante haber adoptado una actitud favorable a Gamarra, fue desterrado a Guayaquil. Orbegoso también logró refugiare en los Castillos del Callao, y Nieto lo mismo que Vidal siguieron a Chancay. Allí el general Miller que seguía fiel a Santa Cruz, les dejó 400 hombres. También creían contar con 400 hombres que en Piura obedecían al gobernador José Andrés Rázuri.
LA GUERRA LLEGA A PIURA
Gamarra envió a Trujillo al general La Fuente con una fuerza de infantería peruana, desembarcando en Malabrigo el 29 de agosto de 1838. El coronel Sierra que estaba en Cajamarca con fuerzas adictas a Santa Cruz trató de salirle al encuentro pero parte de la tropa se le sublevó.
Con las fuerzas restantes, Sierra marchó a unirse a Nieto que ahora estaba en Santa tras de escaparse de los Castillos del Callao. Nieto se disponía a marchar contra la Fuente que estaba en Trujillo. Las fuerzas de estos dos jefes se sublevaron y tuvieron que huir en una goleta hacia el norte. Al saberlo la Fuente envió un barco tras los fugitivos y los alcanzaron cerca de Punta Aguja, por lo cual Nieto y Sierra desembarcaron en Sechura.
De allí se dirigieron a Piura en demanda de Rázuri que tenía 200 soldados de infantería y 250 cívicos, pero su sorpresa de los fugitivos fue grande cuando el gobernador Rázuri, les dijo que Piura permanecía neutral en la contienda.
Contrariado Nieto se dirigió a Paita en momentos en que el general Iguaín desembarcaba procedente de Guayaquil en donde había desterrado. Esta vez fue Nieto el que se dirigió a Guayaquil, tras eludir a Iguain.
Pero estaba visto que en esos momentos no se podía adoptar la cómoda posición de ser neutral. Por lo tanto La Fuente, desde el Bajo Piura le envió a Rázuri una delegación para que reconociera a Gamarra como nuevo presidente, ofreciéndole que continuaría como gobernador.
Rázuri aceptó, pero sus oficiales protestaron de tan innoble proceder. No le quedó más recurso a Rázuri que atrincherarse en Monte Castillo (sur de Catacaos) en donde ya antes había intentado resistir a Gamarra cuando el golpe contra La Mar. La Fuente se presentó con mayor cantidad de fuerzas y se le unió Iguain, pero ni eso hizo ceder a los defensores de Piura que ante los titubeos de Rázuri lo depusieron y dieron el mando al teniente coronel Urbina, boliviano, que decidió dejar Monte Sullón y atrincherarse en la ciudad de Piura. Por lo tanto se replegaron siguiendo el curso del cauce seco del río. La Fuente los siguió y les dio alcance pero fue rechazado con fuertes pérdidas. Por lo tanto dieron estos, un rodeo a la ciudad e ingresaron por el lado norte. Se luchó tenazmente calle por calle, haciendo los confederados la última resistencia en la plaza San Sebastián y Urbina cayó preso. La Fuente aconsejado por el atrabiliario general Iguaín, dispuso el fusilamiento del comandante Urbina y del capitán Aparicio Castro, pena que se ejecutó en la plaza de armas.
Las bajas en muertos y heridos fueron elevadas, y las tropas de La Fuente se entregaron al saqueo de la ciudad, al final La Fuente dio un plazo de 48 horas para que le pagaran un cupo de 36,000 pesos, suma exorbitante para esa época. Por lo visto los restauradores trataron a Piura como ciudad enemiga. Para remate, La Fuente dejó como gobernador al abusivo Iguaín.
Este se dedicó a levar gente para formar una división, encontrando resistencia en la población. Hasta ese momento se había comportado amablemente con los indígenas que hasta le habían hecho invitaciones en el seno de sus comunidades. Ocurrió sin embargo que un buen día quiso hacer una parada con los levados y los formó en la plaza de armas. Las madres de los soldados temiendo que los llevaran fuera de Piura prorrumpieron en un clamoroso llanto y luego se lanzaron sobre sus hijos para rescatarlos. Casi la mayoría eran madres indígenas. Lleno de cólera Iguaín dispuso varias cargas contra las madres y más tarde celebró un proceso sumario disponiendo el fusilamiento de un soldado en la plaza. A los dirigentes de las comunidades indígenas que lucían pelo largo, se los hizo cortar, lo que para ellos significó una afrenta. Desde entonces las comunidades no dejaban ingresar a sus locales a ningún extraño. Solo años después, en época de Leguía, cuando Julio Rodríguez se convirtió en su defensor, rompieron la regla.
LA VERSIÓN DEL GENERAL DE LA FUENTE
Habiendo triunfado los ejércitos de la restauración en Piura, tras la sangrienta batalla dada en las calles, el general La Fuente, desde su cuartel general ubicado en la cuidad de Piura, elaboró un informe al general Gamarra, dándole cuenta de los hechos.
Miguel Seminario, nos ha hecho llegar este informe que la Fuente redactó el 5 de octubre de 1838, en el cual este general, manifiesta que estando en Lambayeque, recibió una comunicación del teniente. coronel Iguain, que desde Paita le hacía conocer que el general Nieto había entrado en Piura respaldando a Orbegoso. También informaba Iguain que el gobernador Rázuri había resuelto permanecer neutral y que no reconocía gobierno alguno.
El 20 de setiembre, decidió La Fuente marchar desde Lambayeque sobre Piura, disponiendo que la caballería lo hiciera por tierra y la infantería por mar, pues tenía la seguridad de que la sola presencia de sus fuerzas, le haría dominar la situación.
La Fuente llego a Sechura, donde se le unió Iguain. Se envió entonces a un parlamento ante Rázuri, pero el populacho peruano casi lincha al enviado. Se decidió avanzar por el Bajo Piura, hasta las proximidades de Monte Castillo del cual se había posesionado Rázuri con 230 infantes y 250 cívicos de caballería.
Rázuri solicitó una cita y Gutiérrez de La Fuente la aceptó en su campamento. En la reunión Rázuri prácticamente se rindió, pues aceptó que Gutiérrez de La Fuente asumiera el control y gobierno de la provincia, en nombre del Gobierno Restaurador.
Rázuri retornó a su campamento para comunicar los acuerdos y luego pasar a la ciudad a fin de reconocer a Gamarra como nuevo presidente provisorio.
Los piuranos no estuvieron de acuerdo con lo pactado por Rázuri y Gutiérrez de La Fuente, y enviaron a éste un Acta, llena de condiciones para el reconocimiento.
Los restauradores decidieron entonces reiniciar las operaciones militares, y en la noche del 28 de setiembre trató de darles un golpe de sorpresa y cortarles la retirada. Pero la mala conducción de los guías les hizo fallar el plan y permitió que Rázuri, se enterase y retrocediera hacia Piura.
Gutiérrez de La Fuente aceleró su marcha con el fin de ingresar a la ciudad antes que las fuerzas contrarias, pero estando a una legua de distancia se topó con las fuerzas de Rázuri que en formación de batalla le cortaban el acceso a la ciudad.
La acción parecía inminente, pero Rázuri con varios oficiales se presentó en el campamento de Gutiérrez de La Fuente y en la entrevista se mostró quejoso tanto por la actitud de sus propios jefes y soldados, como por el comportamiento que venía observando Gutiérrez de La Fuente desde que ingresó a la provincia.
Estuvieron de acuerdo sin embargo en que había que evitar todo derramamiento de sangre, y acordaron que los dos ejércitos ingresaran juntos y amigablemente a la ciudad. Todo esto fue rubricado con brindis y abrazos.
Rázuri al retornar a su campamento hizo conocer el acuerdo al que había llegado, pero la tropa instigada (dice el parte) por cuatro agentes de Santa Cruz, protestó, produciéndose actos de indisciplina, hasta que a las 4 de la tarde se dispuso que Rázuri colocase sus fuerzas entre la ciudad y el río, mientras que Gutiérrez de La Fuente se ubicaba en Tacalá.
La municipalidad se reunió en sesión de emergencia y acordó que una comisión de notables fuese al campamento contrario para buscar la forma de evitar un encuentro. Esta Comisión no llegó a cruzar el río. Mientras tanto, soldados del campamento de Rázuri, ingresaron por partidas a la ciudad y sublevaron al populacho contra Rázuri, que se vio precisado a dejar el mando en tan difíciles circunstancias. En su reemplazo (dice el informe de Gutiérrez de La Fuente) se nombró al oficial boliviano Urbina tenaz partidario de Santa Cruz. En lugar de Rázuri.
El populacho en tumultuosas manifestaciones, gritaba pidiendo la muerte de los blancos, lo cual creó temor en gran parte de la población. Ante esta situación, Gutiérrez de La Fuente dispuso el cruce del cauce del río y el avance sobre la ciudad. Tan pronto como los amotinados vieron a las tropas restauradoras abrieron fuego y se inició la lucha. Según el parte, sólo duró 15 minutos la acción. Las tropas restauradoras avanzaron en dos columnas sobre la ciudad a las 5:30 de la tarde del día 30 de setiembre. Los triunfadores solo reconocen haber tenido un coracero muerto, dos Húsares muertos y 7 heridos. Los rebeldes tuvieron 30 muertos, entre ellos Urbina, 30 heridos y 60 prisioneros. Días después varios soldados de las tropas vencidas se presentaban para incorporarse a las fuerzas restauradoras.
El 3 de octubre de 1838 la municipalidad, el clero y los padres de familia, reconocieron el nuevo presidente provisorio general Agustín Gamarra, en un cabildo abierto. El parte da cuenta de que este acto no asistió la plebe.
Así despectivamente llamaba Gutiérrez de La Fuente al pueblo, que era partidario de Orbegoso. Durante 15 días se tuvieron que tomar extremas medidas de precaución para asegurar el orden.
ACTA DE RECONOCIMIENTO DE GAMARRA
El acta del día 3 de octubre fue suscrita por personas visibles de Piura y allí también queda constancia de la oposición que el pueblo opuso, a pesar de la sangrienta batalla que días antes se había dado, y de los fusilamientos que se habían ordenado en la plaza de armas para escarmiento.
El acta está redactada del siguiente modo:
En la cuidad de San Miguel de Piura, cabeza litoral de la provincia a tres de octubre de 1838, reunidos en la Sala consistorial, los miembros que componen la municipalidad, vecinos y padres de familia, teniendo a la vista los impresos últimos de la capital de Lima en que aparecen redactadas las actas de todas las demás provincias del departamento. Considerando que hasta el día, no habían expresado sus votos para la nación y el mundo, por que los interrumpía una chusma de cívicos inmorales de que se halla libre el vecindario desde la tarde del día 30 de setiembre, luego que ocupó la plaza el señor general de división y en jefe del ejército nacional don Antonio Gutiérrez de La Fuente; acordaron:
1°- Reconocer libre y espontáneamente la autoridad del Gran Mariscal don Agustín Gamarra, como presidente provisorio de la República, sometiéndose a observar la constitución, sancionada por la Convención en el año pasado de mil ochocientos treinta y cuatro.
2°- Solemnizar este acto con tres días de iluminación y una misa de gracias.
3°- Que una diputación compuesta del Síndico-procurador general y un individuo de cada gremio, presente esta acta al expresado señor general de La Fuente como testimonio positivo del amor nacional y obediencia con que se ha portado la provincia de Piura desde la independencia el año mil ochocientos veintiuno, con lo cual se concluyó este acto, que firmaron los suscritos a continuación:
Juan Bautista Otero; Nicolás Rodríguez; Pedro Antonio Pallete; Manuel Palomino; Manuel Romualdo Velásquez; Manuel Revolledo; Manuel Andrade; Miguel Carrasco; Ramón Herrera; Santiago de León; Manuel Pando; Francisco Montero; Narciso Espinoza; Juan Ruidías; Miguel Velásquez; Baltazar Navarro; Luis Raygada; Pedro José Ayllón; José Antonio Zevallos; José Antonio García; Lucas Montenegro; José Gavino Rivera; Eugenio Raygada; Juan de Mata Manrique; Nicolás Polli; Manuel Cañete; Francisco Frías; José Luis Molina; José Farfán; Nazario Frías; José García; José Vicente Ríos; Tomás Aquino Vásquez; Ramón García; Juan Asunción Palacios; José Lorenzo S. Andrés (1); José Antonio Michilot; Juan José García; José Ayarvide; Luis Montenegro; Antonio Castro Durán; Rafael Boneto; Vicente Espinosa; Andrés Rodríguez; José Matías Zapata; José Oballe; José Clemente Torre Tagle; Juan Meléndez; Baltazar Echevarría; Gregorio Alvarez Tirado; Matías Encalada; José Santos Trelles; Ignacio Simón Cárdenas; Domingo Adrianzén; Felipe Manzanares; José E. Ibarbuna; Joaquín Coronel; Gaspar Ramírez; (1) Profesor.
Manuel Revolledo; escribano público y notario. José Ayarvide que figura como firmante era ecuatoriano y no se sabe porque causa dos años más tarde estaba soliviantando a las comunidades a las que incitaba desconocer a las autoridades. Fue apresado e internado.
EL DERRUMBE DE LA CONFEDERACIÓN
En noviembre de 1838 la situación del ejército chileno y de los restauradores era insostenible en Lima. Los habitantes les eran totalmente hostiles y un gran ejército de Santa Cruz se estaba concentrando amenazadamente en la sierra cercana. Optaron por abandonar la capital, lo que se efectuó el 8 de noviembre en medio de los insultos de la población hacia el callejón de Huaylas para rehacerse. En ese lugar estaba el general Vidal, que había sido ganado para la causa restauradora por el general La Fuente, que se había posesionado de Trujillo y que más tarde incursionaría sobre Piura para reducir a Rázuri.
Durante la marcha al callejón de Huaylas, se nombró al general Raygada comandante general de la División Peruana y se dispuso que con ella y los enfermos se dirigiera a Trujillo. Lo acompañaba el coronel Ildefonso Coloma.
Mientras tanto Santa Cruz entraba el 17 de noviembre, en triunfo en Lima. Santa Cruz buscó de reconciliarse con Orbegoso que estaba en los castillos del Callao, pero el presidente se trasladó a la fragata francesa “Andrómeda”. Tras una entrevista amigable con Santa Cruz a borde del barco francés, optó Orbegoso por transbordarse al “Félix” que era una goleta mercante y el 13 de diciembre de 1838 pudo desembarcarse en Guayaquil como auto-desterrado. En Ecuador fue ayudado por el presidente Rocafuerte.
En ese puerto y la frontera era ahora lugar de concentración de muchos orbegosistas y partidarios de Santa Cruz que tuvieron que escapar de Lima cuando los chilenos entraron en ella. Y así como antes conspiraban desde la frontera los gamarristas, ahora los papeles se habían invertido. Desde Zapotillo, los enemigos de la Restauración hacían incursiones frecuentes. Entre ellos estaban los oficiales que con Rázuri fueron vencidos por La Fuente en el combate de Piura.
Gamarra al llegar a Trujillo en donde se reorganizaba la División Peruana, supo lo que ocurría en la frontera piurana, y como conocía el problema por haberlo vivido antes como desterrado; decidió enviar una fuerza al mando del general Salas el que reemplazó a Iguain, que tantas resistencias creaba.
Santa Cruz salió de Lima en pos del ejército restaurador que ya había unido todos sus efectivos y con 6,000 hombres se escalonaba en las proximidades de Huaraz.
El 6 de enero de 1839, las fuerzas de Santa Cruz lograron alcanzar la retaguardia de los restauradores a la altura del río Buin, afluente del río Santa y en la lucha salió triunfante. Santa Cruz pero al igual que en Lima, cometió el error de no perseguir a sus enemigos.
El 20 de enero se volvieron a encontrar ambos ejércitos en las proximidades de Yungay y tras de cinco horas de sangrienta lucha, la acción de Ramón Castilla decidió la victoria por los restauradores, los que si persiguieron a los vencidos completando su destrucción. Con ellos se hizo una matanza innecesaria y muy criticable.
El 24 de enero lograba Santa Cruz llegar en derrota a Lima. Todavía tenía muchas tropas pues nada menos que en los Castillos del Callao habían 1,200 soldados y la guarnición de Lima al mando de Vigil disponía de 500 soldados además de contingentes al mando de Cerdeña, Otero, Pardo de Zela, Miller y otras. Luego se dirigió a Arequipa en donde entró el 11 de febrero. Tenía allí 6,000 soldados a los que pasó revista, pero en esta oportunidad la ciudad estaba en su contra y en las tropas se conspiraba. Se supo también que en Bolivia se había sublevado el general Ballivián y en Puno San Román. En Arequipa se produjo una asonada popular en la que casi pierde la vida Santa Cruz, que logró al fin asilarse en la fragata de guerra inglesa “Samarang” partiendo desterrado a Guayaquil junto con Cerdeña. Miller Riva Agüero, Rivero y el diplomático García del Río. Después llegaron al puerto ecuatoriano, Necochea, Pardo de Zela, Morán, Aparicio y Bermúdez. Este último se había vuelto a disgustar con Gamarra y entonces secundó a Santa Cruz, llegando a ser Presidente del Estado Nor-peruano cuando Orbegoso no quiso el cargo.
A Coloma se le dio la prefectura de Arequipa, pero al mes se le llamó a Lima para que conjuntamente con Iguain, se entrevistaran con el general Trinidad Morán que defendía la fortaleza del Callao y estaba dispuesto a entregarla. Tras de superar algunos problemas se logró la entrega del Real Felipe y el general Raygada fue nombrado jefe de ella. Mientras tanto, Morán partió desterrado a Guayaquil en el barco inglés “Alacrite” y allá se encontró con el resto de exilados.
1. RECESO DEL COLEGIO SAN MIGUEL
En Piura, el Colegio San Miguel entraba nuevamente en receso. Los trágicos acontecimientos que había vivido la ciudad, y la penuria económica, pues se debía a los maestros tres meses, hizo que el Rector Carlos Valle solicitara autorización al gobernador general Iguain para adelantar los exámenes al mes de noviembre de 1838, lo que se hizo, pero al año siguiente no se abrió porque no se habían superado los problemas económicos que habían motivado su cierre.
Iguain se había apropiado de los fondos para gastos militares. El plantel estaría siete años cerrado, pues recién en 1846 siendo gobernador el general Alejandro Deústua, se abriría.
CONSTRUYEN CEMENTERIO SAN TEODORO
La ciudad de Piura ha tenido 4 cementerios en su larga historia. El primero estuvo situado frente a la plaza de armas y a un costado de la Iglesia Matriz en el lugar que fue Casa Duncan Fox o Edificio Cushing,y mas tarde Banco Central de Reserva, aún cuando también se enterraban a ciertos muertos de gente principal en la misma Iglesia Matriz y en la de Santa Lucía. El segundo estuvo ubicado en las Pampas de Morón. El tercero fue el cementerio de San Teodoro y el último es el Metropolitano en 1974.
Hasta 1838, los piuranos enterraban a sus muertos en las Pampas del Morón, al oeste de la ciudad y a tres cuadras de las últimas casitas existentes en 1814 en que se habilitó para servir en forma provisional. El lugar está próximo al local que ocupaba el Instituto de Nuestra Señora de la Paz para los niños sordomudos.
El 11 de noviembre de 1811 por Real Orden y de acuerdo a las posiciones contenidas en la Constitución de Cádiz se dispuso que los enterramientos no se podían hacer ni en las iglesias ni dentro de los centros poblados. Esta Real Orden fue recibída por el virrey que siguiendo el conducto regular la hizo llegar a los intendentes. Fue así como el de Trujillo, don Vicente Gil de Taboada la dio a conocer al sub-delegado de Piura capitán Juan Asencio de Monasterio el 22 de 1814 y éste a su vez la hizo saber al alcalde Joaquín Helguero y Gorgolla. La construcción del perímetro y casa para el administrador fue confiada a José Antonio Vilela más tarde líder de la independencia de Piura y capitán del ejército.. El presupuesto ascendía a 421 pesos. Parece que sin embargo solo fue un cementerio provisional, pues en 1826, el Cabildo de Piura seguía aun preocupado por la falta de cementerio.
Así continuaron las cosas hasta que en 1838 el Marqués de Salinas, emprendió la construcción de un nuevo cementerio con su propio peculio. Lo hizo en memoria de su hijo Teodoro, en cuyo recuerdo puso ese nombre al nuevo camposanto.
En el cementerio de San Teodoro están las tumbas de los hombres más representativos de Piura en los 160 años últimos.
LAMA Y LAS TIERRAS DE LA CAPILLA
Don José de Lama, se había casado muchos años atrás con una acaudalada dama piurana doña Luisa Farfán de los Godos, propietaria de la Hacienda La Capilla que se extendía hasta La Punta, en la actual ciudad de Sullana.
A esas propiedades, don José de Lama agregó, la enorme Hacienda Máncora que fuera del Hospital de Belén, y que adquirió por “compra” al Estado Jurante el primer gobierno del general Gamarra, en 1830.
Parece que don José de Lama, no mantenía muy buenas relaciones con sus vecinos los sullaneros por que estos habían invadido las tierras de propiedad de su esposa, para construir sus viviendas.
El 27 de febrero de 1815, don José de Lama presentaba un pedido al sub-delegado de Piura, el capitán de infantería don Juan Ascencio Monasterio y, le decía:
“Don José de Lama, de esta vecindad, como representante de las acciones de mi consorte Doña Luisa Farfán de los Godos, dueña de la hacienda nombrada La Capilla, parezco ante Ud. en aquella vía y forma que más haya lugar en derecho y digo: Que en el sitio nombrado La Punta perteneciente a nuestra hacienda se instaló por aquellos vecinos, en el año anterior de mil ochocientos catorce un cabildo nulo constitucional que ya no existe; éste procedió por Acta en veinte y cinco de dicho año, a mandar que todo forastero o vecino de aquel terreno fabricare en él libremente, y para gestionar en defensa de mis acciones, se ha de servir la justificación de Ud. proveer que el presente escribano me de un testimonio de otra acta o bando, en manera que haga fe. Por todo lo que a Ud. pido y suplico se sirva mandar como solicito en el exordio de este, por ser de justicia y juro no proceder de malicia. Costas.- José “.
A don José de Lama se le conocía allá por los años posteriores a 1830 como el Padre de los Pobres. Uno de sus descendientes el Dr. Héctor Lama y Lama, expresaba a fines del siglo pasado, que eso se debía a que en forma semanal, enviaba al Hospital de Belén un camarico con su mayordomo don Pedro Sandoval. Este era hijo natural de Lama, al que puso el apellido de la madre. Sandoval murió el 29 de agosto de 1894 y sus restos reposan en una tumba ubicada a la entrada del cementerio de Sullana.
Don José de Lama al entregar el camarico semanal al Hospital de Belén, trataba de reparar en algo el despojo que de acuerdo con el primer gobierno de Gamarra les había causado .a las monjitas del hospital de Belén.
Con la ley del Congreso de Huancayo, terminó la secular tirantez entre los hacendados de La Capilla y los pobladores de Sullana.
Los descendientes de Don José Lama (o Lamas) siempre habían asegurado que su antecesor había obsequiado a los habitantes de Sullana la propiedad de los terrenos donde habían construido sus casas, lo que no era cierto. Desde 1812, cuando la Corte de Cádiz dispuso el funcionamiento de cabildos elegidos por voto popular en América, La Punta fue uno de esos pueblos que pudo elegir su cabildo con oposición de Lama, pero como las Cortes de Cádiz duraron poco tiempo, esos cabildos desaparecieron.
EL CONGRESO DE HUANCAYO
El 15 de agosto de 1839 se reunió en Huancayo una Asamblea Constituyente, que de inmediato encargo a Gamarra el poder ejecutivo como presidente provisorio hasta que se efectuasen elecciones.
El Congreso concedió premios a los militares que habían luchado en las filas de los restauradores y borró del escalafón militar y condenó al destierro a los que habían actuado a favor de la Confederación, incluyendo entre ellos al general Nieto que en ningún momento había luchado por Santa Cruz. Se reconoció la participación de Chile, lo que se le agradeció y se le pagó los gastos que suponía le había demandado el envío de la expedición. La misma fue elevadísima y dejó al Perú en mayor falencia de la que tenía. El norte peruano aportó 400,000 pesos y Piura contribuyó con elevada suma que el general Salas, obtuvo bajo la forma de cupos.
El congreso dispuso solemnes celebraciones en memoria de Salaverry y declaró a Santa Cruz y a Orbegoso enemigos del país ofreciéndose recompensas por su entrega vivos.
La constitución de 1834 fue declarada insubsistente y se dio otra. Pasada la euforia inicial del triunfo, el Congreso de Huancayo dio una ley de amnistía con acuerdo de Gamarra. Luego de tres meses de intensa actividad, el Congreso clausuró sus sesiones el 29 de noviembre de 1839 debiendo reunirse al año siguiente en Lima.
Se ha calificado a la Constitución de Huancayo como de un profundo autoritarismo nacionalista. Se acentuó el centralismo. Hasta la existencia de los municipios se ignoró. Se suprimió la vicepresidencia, pero había un Concejo de Estado. Nada se progresó en cuanto a la esclavitud, porque los nacidos como tal, continuaban siéndolo. Para ser ciudadano se requería saber leer y escribir y pagar impuestos, y tener más de 25 años. Para ser diputado se requería 30 años y para senador o ministro cuando menos 40 años. Lo mismo para Presidente. Entre los diputados al Congreso de Huancayo estuvo el coronel Ildefonso Coloma, que representó a Cajamarca.
LAS TIERRAS DE SULLANA Y EL CONGRESO DE HUANCAYO
Cuando en 1783 llegó a Piura el obispo de Trujillo Martínez Compañón y visitó el pequeño pueblecito de indios llamado La Punta. Estos eran hostilizados por los hacendados vecinos, entre ellos el dueño de la Capilla, que no veía con buenos ojos la formación de pueblos indios. Hasta se llegó a quemarles la Capillita que tenían en la zona del actual cementerio, pero que la fe religiosa de los antiguos sullaneros permitió que se construyera nuevamente en el sitio de la actual Iglesia Matriz, en tiempo record de pocos días.
El obispo trujillano, creó una reducción en el pueblo de La Punta, pero a pesar de eso, continuaban los indios siendo hostilizados.
Como ya se ha relatado, don José de Lama había logrado que Gamarra con un decreto de su anterior gobierno, le reconociera la propiedad de las inmensas haciendas de la Brea, Pariñas y Máncora que habían sido de propiedad del Hospital de Belén que fue despojado, y a manera de compensación se le otorgó una pequeña renta perpetua.
La Capilla limitaba por el lado norte con La Punta. Se ha venido asegurando que el hacendado Lama había donado a Sullana las tierras que ahora ocupa la ciudad, pero no hay documento alguno, ni información concreta que avale tal supuesto. Al contrario, la misma ley dada en Huancayo sobre las tierras de Sullana, es una prueba de lo contrario, pues en sus considerandos dice que “algunos individuos han reclamado derechos sobre los terrenos en que fundó esta villa” y luego en la parte resolutiva, establece que “los pobladores satisfarán a prorrata a los antiguos propietarios, el precio que estos acrediten haberles costado con presencia de los documentos originales”.
No se sabe si fue el general Coloma, como diputado, el que planteó en Huancayo el reclamo de los sullaneros, pero lo cierto es que los pobladores eran hostilizados por los hacendados y que los pobladores pagaron por la tierra.
El decreto expedido por el Congreso de Huancayo es el siguiente:
Por Cuanto; el Congreso General ha decretado lo siguiente:
El Congreso General del Perú.
1°- Que en territorio de la provincia de Piura, existe desde tiempos muy antiguos, una reducción numerosa conocida con el nombre de Sullana, elevada ya al rango de Villa desde octubre de 1826, en premio sus heroicos servicios a la causa emancipadora.
2°- Que algunos individuos han reclamado derechos sobre los terrenos en que se fundó esa villa.
3°- Que la nación debe proteger estas útiles reducciones sin prejuicio del derecho de propiedad.
Artículo 1°- La Villa de Sullana y todas las poblaciones que se hallen en su caso, gozan de los derechos políticos que les señalan las leyes y de la propiedad de los terrenos que comprende.
Artículo 2°- Los pobladores satisfarán a prorrata a los antiguos propietarios el precio que estos acrediten haberles costado, con presencia de los documentos originales.
Comuníquese al Poder Ejecutivo para que disponga lo necesario a su cumplimiento, mandándolo a imprimir, publicar y circular. Dado en la sala de sesiones del Congreso de Huancayo a dieciocho de noviembre de 1839.- Fellicer, diputado presidente.- Alvarez, diputado secretario.- Salinas, secretario.
El Ministro de Estado en el despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores, queda encargado de su cumplimiento. Dado en la Casa de Gobierno de Huancayo a 19 de Noviembre de 1839.- Agustín Gamarra.- Por mandato de S.E. Misael del Río.”
Como se puede apreciar, a los pocos días de clausurado el Congreso de Huancayo, se dio la ley. Esta sirvió de antecedente para reclamos posteriores que hicieron otros pueblos como Chulucanas.
La población de Sullana, siguió litigando con los agricultores vecinos, con relación a linderos, hasta que a fines del siglo pasado, con motivo la construcción de la represa de San Lorenzo y de la formación de la Colonización del mismo nombre, la IRAC, tomó todos los terrenos eriazos, tanto de propiedad particular como municipal.
EL GENERAL NIETO EN CATACAOS
En Guayaquil y en la frontera, vivían un gran cantidad de desterrados que habían servido con Orbegoso, o con Santa Cruz o se habían puesto al servicio de la Confederación.
Esas personas trataban de lograr contacto con diversos elementos piuranos lo que mantenía al general Salas, que era gobernador de la provincia, en alerta constante.
Uno de los desterrados era el general Nieto. Este habían luchado al lado de Orbegoso en la portada de la Guía contra los chilenos y los restauradores, pero por entonces ya Orbegoso había roto con Santa Cruz y adoptado una posición completamente nacionalista. Por lo tanto Nieto, en ningún momento apoyó a extranjeros.
No se sabe si con el consentimiento de Salas, el hecho es que el general Nieto logró ingresar a Piura en 1839, llegó hasta Catacaos y desde este lugar lanzó un manifiesto al país aclarando su participación al lado de Orbegoso. Según el historiador Dr. Basadre, en la proclama decía: “El encuentro de la Guía, que no estuvo a mis alcances, ni pude evitar, al que entiendo que el presidente Orbegoso fue arrastrado principalmente por los amigos de Santa Cruz y partidarios de la Confederación, fue por decirlo así el primer paso que me hizo conocer la vaguedad de su sistema político en la empresa que los pueblos le habían confiado”.
En el documento que se conoce como “Memorias de Nieto”, decía este general que idolatraba a su patria, mas que un hombre joven a su querida. Esa afirmación de Nieto es absolutamente cierta. También decía el general, que era totalmente opuesto a la división de la Republica y al pacto de la federación con Bolivia.
REABREN LA ESCUELA NÁUTICA DE PAITA
El 31 de diciembre de 1833 el entonces Comandante General de la Marina, capitán de navío Carlos García del Postigo, había logrado que el presidente Orbegoso dispusiera la apertura de la Escuela Náutica en Palta, la que indudablemente tuvo una accidentada vida, pues siete años más tarde ya no funcionaba.
El 8 de enero de 1840, Gamarra decretó el restablecimiento de la Escuela Central de la Marina, para formar pilotos entre la juventud.
La reapertura de la Escuela Náutica de Paita, se hizo teniendo en consideración que los hijos de la provincia de Piura y en particular los de Paita eran muy inclinados a la navegación y reunían muy excepcionales calidades marineras y que de conformidad con sus buenas disposiciones, se debía establecer una Escuela Naval a fin de formar pilotos facultativos, por cuyo motivo el gobierno no debía retardar la erección de un establecimiento tan útil.
Paita, al igual que Piura y el resto de la provincia litoral se habían visto sacudidas por sangrientos acontecimientos políticos y luego por la aparición de la fiebre amarilla, que en el puerto se manifestó excepcionalmente violenta.
Las clases se iniciaron el 1° de setiembre de 1840 y los primeros alumnos matriculados fueron:
- Manuel Cárcamo
- Ricardo Pimentel
- Raimundo Cárcamo
- Miguel Landaverri
- Santiago de la Haza
- Manuel Landaeta
- Pedro Mujica
- Manuel Reyes
- Francisco Trinidad
- Miguel León
- Gregorio Morán.
Años después los dos hermanos Cárcamo, morirían valientemente en el combate del Dos de Mayo y Santiago de la Haza, al igual que todos los marinos de su familia sobresaldría en su carrera de marino y José Maria García tendría un gran papel en la guerra con Chile.
En 1842 era director de la Escuela, el teniente. 1ro. Francisco Carrasco, y la escuela sólo tenía por entonces 12 alumnos. Los trastornos a los que hemos hecho mención antes, fueron la causa de que no funcionase en 1843.
En noviembre de 1842 llegaba a Paita un ex capitán colombiano, para hacerse cargo de un puesto en la Aduana. Lo acompañaba su hijo de 8 años y 4 meses. Este niño era Miguel Grau.
En marzo de 1843, Miguel se embarcaba en la goleta “Tascua” del capitán paiteño Manuel Herrera, pero viajando hacia Panamá el barco naufraga cerca de la isla de la Gorgona, frente a la costa colombiana. Esta isla es famosa porque allá se trasladaron los “trece de la fama” que con Pizarro habían quedado en la isla del Gallo.
El niño Grau retornó a Paita y allí estuvo el resto del año y parece que fue en 1844 cuando la escuela se reabrió, y que pudo ingresar en ella, pero no tenía la edad requerida para ingresar.
Fue en el mismo año de 1844 cuando el niño Grau, se volvía a embarcar en la goleta “La Florida”, para iniciar ya en forma definitiva su vida de marino.
El ya entonces capitán de la corbeta Francisco Carrasco, que parece había logrado la reapertura de la Escuela, tampoco permaneció en ella, pues el 22 de julio de 1844 se encontraba con la escuadra frente a Islay, y con su intervención decidía que la flota desconociera al gobierno de Vidal y se plegase a Castilla.
Tras su breve tercera etapa de funcionamiento, la Escuela Náutica de Paita, se cerró en forma definitiva, pero logró dar muchos marinos de destacada actuación en la actividad naval del Perú.
LOS TERCIOS NAVALES
Se nombró como director de la Escuela Central y de las que se establecieran en el resto del territorio al capitán de Navío y cosmógrafo general de la República Don Eduardo Carrasco. Un decreto supremo aprobaba el reglamento interno y autorizaba a recibir a 50 jóvenes.
El mismo día 8 de enero de 1840, por decreto se reabría en Paita La Escuela Náutica. Para ingresar a ella se requería de saber leer y escribir, tener entre 12 y 15 años, estar dotado de complexión robusta, ser de arreglada conducta, no siendo en Paita obligatorio el uso del uniforme, pero si en la de Lima. En Paita era gratuita la enseñanza, los alumnos serían externos y los padres no estarían obligados a proporcionar libros ni útiles. El título que otorgaba era el de piloto, previo examen en la Escuela Central de Lima.
En el mismo año se crearon las milicias navales que dependían del comandante general de la Marina. Estas milicias estaban conformadas por los tercios navales que los había en Lima, Piura, La Libertad, Arequipa y Moquegua bajo el comando de los capitanes del puerto más próximo. En el caso de Piura, era lógicamente el de Paita.
Para la práctica de los futuros pilotos se dispuso del uso de un buque-escuela. Por desgracias, también en esta oportunidad, la Escuela Náutica de Paita tuvo corta duración, por razones de economía.
En octubre de 1840 era gobernador de Piura el coronel Ildefonso Coloma habiendo pasado Salas a ocupar el Ministerio de Guerra y Marina. Este, siguiendo la organización existente en España en cuanto a las Milicias Marinas, las dividió en Tercios Navales los que debían de tomar el nombre de la capital del departamento al que pertenecía el puerto principal que se hallaba comprendido en él.
Los Tercios Navales se dividían en partidos Navales, los que tomaban el nombre de la capital de la correspondiente provincia.
El inspector general de los Tercios Navales; era el Ministro de Guerra y Marina correspondiendo al comandante general de la Marina, el cargo de sub-inspector.
Los oficiales encargados del entrenamiento, instrucción y mando de los tercios, pertenecían a la Armada, pero los sargentos y los cabos se nombraban en forma honoraria.
El personal de los Tercios Navales estaba integrado por pilotos, (de altura y prácticos), oficiales de mar, marineros, grumetes, jefes y maestros de maestranza, carpinteros de ribera, carpinteros de banco, calafates, toneleros, hojalateros, herreros, veleros, aserradores, lancheros, fleteros y cargadores.
No siempre eran marinos los que ocupaban los cargos navales y se vio como en la época de la Confederación, se nombró como jefe de la escuadra al general Trinidad Morán.
De igual manera, el general Juan José Salas, Ministro de Guerra y Marina, nombró como comandante del Tercio Naval de la provincia de Piura al teniente coronel de caballería José Florentino Villamar. Igual sucedió con la mayoría de los otros Tercios Navales.
Por esa época era Comandante General de la Marina, el sullanero coronel José Félix Jaramillo y por lo tanto le correspondía el cargo de sub-inspector jefe de los Tercios Navales de todo el Perú.
AGITACIÓN EN LA FRONTERA
La presencia de Santa Cruz en el Ecuador, significó a partir de 1840 una etapa de agitación y tirantez. Se alió con el general Flores para conspirar contra los nuevos regimenes instaurados en Perú y Bolivia.
Intentonas de cruzar la frontera por Zapotillo y Macará por parte de grupos menores falló gracias a la vigilancia de los gobernadores Salas y Coloma en Piura.
En Ecuador, Santa Cruz financiaba la publicación de los periódicos “La Balanza” y “La Verdad Desnuda”.
También se produjeron intentos de rebelión en Piura, que fueron drásticamente ahogados. El Dr. Basadre, expresa que Santiago Távara en “La Historia de los Partidos”, se refiere a un motín militar que se produjo en 1840 en Piura y terminó con el fusilamiento de un soldado.
Como siempre la soga se rompe para el lado más débil, la víctima de estas conspiraciones, resultó el soldado Manuel Morey, al cual se fusiló en la plaza de armas por orden del gobernador, coronel Baltazar Caravedo.
PIURA Y EL CENSO DE 1840
El año 1840 se realizó en toda la Provincia Litoral de Piura un Censo, de acuerdo a lo que disponía la ley del 29-11-39.
Con respecto a la ciudad de Piura se tienen datos parciales que abarcaban a solo 4,854 personas.
Por muchos años permaneció en poder de don Juan Hilarión Helguero, hasta que el 24 de julio de 1911 se lo obsequió a don Enrique López Albújar.
Gracias a Arturo Seminario O. tenemos muchos datos que son de mucha importancia.
La primera persona censada fue doña Concepción Cruzat, piurana de 50 años, soltera y costurera, posiblemente emparentada con los Gonzáles Cruzat que en los últimos años de la Colonia fueron personas muy importantes.
El censo se efectuó casa por casa, pero no hay indicación de las calles donde residían los censados. Se tomaba el nombre, la edad y la ocupación, así como el lugar de origen.
El último censado fue José María Arellano, de 40 años soltero, piurano, autor del más importante relato de la proclamación y jura de la independencia de Piura. Arellano en realidad tenía 45 años pues nació en 1795.
El patricio Miguel Gerónimo Seminario y Jaime aparece inscrito con el N° 60, natural de Piura, de 60 años de edad, casado, hacendado.
N° 76 José de Lama, natural de Trujillo, 60 años, casado, hacendado.
N° 77 Luisa Godos, de 42 años, piurana, En realidad se trataba de doña Luisa Farfán de los Godos esposa de Lama.
N° 78, 79 y 80, doña Josefa de Lama, de 26 años, Diego de 22 y Juan de 21. Estos eran hijos del matrimonio Lama Farfán de los Godos. La historia se ocupará más tarde de los dos primeros.
N° 86 y 87 don Tomás Cortés del Castillo, hermano del héroe de Junín; y su esposa doña Isidora del Castillo, piurana.
N° 104, José Félix Castro, trujillano, de 30 años, casado, militar. Indudablemente tenía más edad, porque ya en la lucha por la emancipación había participado.
N° 122, don José María León. Se trata de don José María León y Valdiviezo que participó en la proclamación de la independencia de Piura.
N° 161 y 162; Francisco Escudero, lojano, de 60 años, casado, hacendado y su esposa Josefa de Valdiviezo, piurana de 40 años.
N° 163 al 169, sus hijos Ignacio, Juan José, Agustín, Antonia, Francisca, Félix y Victoria. El mayor, Ignacio fue el gran tribuno de la convención de 1856.
N° 165, Francisco Helguero, personaje muy importante en Piura.
N° 224, Juan Manuel Grau, natural de Cartagena, 50 años, soltero, comerciante.
Del 226 al 229 sus hijos Enrique de 9 años, María Dolores de 7, Miguel de 8 y Ana de . 5. El futuro gran almirante tenía en realidad 7 años pues nació en 1833. Este censo prueba que don Juan Manuel Grau y sus 4 hijos vivían al centro de la ciudad de Piura, sin doña Luisa Seminario del Castillo que en este censo figura viviendo (en la calle Tacna sin duda) con los hijos de su matrimonio tenidos en el capitán Pío Díaz y con su hermana Mariana. Todos los niños aparecen como nacidos en Piura.
Parece que con los Grau, vivía un Pedro José Torres, soltero, piurano de 43 años..Posiblemente un criado.
Del 230 al 232, los sirvientes María Josefa de Ayabaca y las piuranas Dominga y Juana.
Con el N° 237 Rafaela Algendonis, natural de Ayabaca, de 29 años, viuda. Esta dama seguramente era adinerada pues tenía 4 esclavos. La vecindad con don Juan Manuel Grau, fue lo que creó la amistad entre ambos y que se convirtiera en la madrina de Miguel María. Si la amistad era por la condición de vecinos, esto probaría que don Juan Manuel en el año 1833 cuando nacía el futuro héroe máximo del Perú, ya vivía en esta casa al norte de la hoy avenida Grau.
Fueron vecinos de don Juan Manuel, los Carrasco, los León, Helguero, Guerra, Ubillús, Coloma, Farfán y Maticorena. Posiblemente en la hoy calle Cuzco o Junín
Del 721 al 723, los hermanos Manuel, Ignacio y Miguel Burneo, naturales de Loja casados y hacendados. En los números 547 había una Rita Algendonis de 55 años y en el 733 otra Rita Algendonis de 60 años.
En el 730 aparece Carlos Elizalde, natural de Guayaquil, de 40 años, de ocupación dependiente, que llegó a tener una relación amorosa con doña Luisa Seminario del Castillo.
N° 854 doña María Antonia Gallo de 60 años, viuda pues hacía mucho tiempo había muerto su esposo don Roque Raygada. Su hijo el general José María se encontraba en ese entonces secundando al presidente Gamarra en sus luchas. Junto con doña María Antonia vivían sus hijos Eduardo, Federico y Eugenio. Este último tomó parte activa en la proclamación de la independencia de Piura. Otros hijos de doña María Antonia estaban sirviendo en diversas unidades del ejército.
Con el 2040 aparece doña Manuela Grau de 36 años. N° 1186 Benedicta Grau, 80 años.
No sabemos su relación con don Juan Manuel.. Con el N° 2882 don Ignacio Checa, natural de Piura, 51 años, casado, hacendado y con el N° 2883 su esposa doña Rosa Valdivieso de 41 años, natural también de Piura. Fue don Ignacio, coronel graduado de infantería en tiempos de la independencia y gobernados político militar de Piura el año 1823.
Entre los números 2884 y 2894 se censaron sus hijos Ignacio, José, Manuel José, Micaela, Rosa, Mercedes, Amalia, Hermelinda, Adela. Don Miguel Checa Checa constructor del canal que en Sullana lleva su nombre, fue hijo de don Manuel José.
Con el número 2496 se registra a doña Mariana Seminario, viuda y hacendada. Indudablemente esta numeración corresponde a la casa museo Grau almirante don Miguel Grau. En esta casa vivían los otros Seminario del Castillo como son Pedro de 34 años, soltero y hacendado y Juan de 38 años, casado y hacendado. Doña Luisa Seminario del Castillo figura como de 32 años, casada. También figuran los hijos de doña Luisa en su matrimonio con el capitán Pío Díaz, o sea Albina (13) y Emilio Díaz. No aparece Anselmo Roberto, porque nunca vivió con su madre. Primero estuvo con su abuela María Joaquina del Castillo y luego con sus tíos, pues los Seminario del Castillo fueron 9.
Entre esclavos y sirvientes vivían en la casa de la calle Tacna, los siguientes: Dolores, Nicolasa, Andrea, Encarnación, Francisca, José de los Santos, Rita, Juan Ramírez y Andrea Vilela, de la que dice Ricardo Vegas García, era una alegre y rolliza mulatilla de 22 años. Hay que hacer notar que un Vilela, ha hecho una referencia al margen, en estos documentos, afirmando que don José María Vilela era el padre de su abuela.
Con todo esto se establece, que cuando menos en 1840 el niño Miguel Grau y sus hermanos no vivían en la casa de la calle Tacna con su madre, sino al centro-norte de Piura con su padre. La casa de la calle Tacna, prácticamente estaba toda ocupada con los hermanos Seminario del Castillo (4), los dos niños Díaz Seminario y 9 sirvientes o esclavos. Hay una serie de hechos que llevan afirmar que don Juan Manuel Grau, nunca vivió en la casa de la calle Tacna.
El censo del año 1840 probó que las familias piuranas tenían una gran cantidad de esclavos a su servicio.
LOS ESCLAVOS DEL SERVICIO DOMÉSTICO
El censo de 1840, da los siguientes resultados en cuanto a la existencia de esclavos en la ciudad de Piura, pertenecientes:
1 Rosa Farfán de los Godos 12 Francisco Távara
2 José María Espinoza 2 Jovino Rivera
2 Familia Jaramillo 2 Los Urrutia-Tizón
1 Sebastián Barreto 2 Rosa Ruíz Díaz
2 Domingo Gregorio Arellano 3 Mateo Mesones
1 Juan Martínez 1 Dolores Vásquez
3 Manuela Córdova 1 Isabel Porras
2 Gregorio Navarrete 2 Los Lama-Farfán Godos
1 Anselomo Montes 4 José S. Castañeda
6 Rita Carrasco y Cruzat esposa de don 5 Helguero-Carrasco
Juan Helguero
3 Josefa Ruidías de Ojeda 2 Juana Durán
2 Mercedes Garrido 5 Hospital de Belén
1 Família López 1 Manuel Risco
3 Família. Vega Camacho 1 Manuel Paz
3 Los Echandía del Castillo 1 Remigio Pirrin
3 Blas Palacios 3 Familia Barbosa
1 Antonia García 2 Gregorio Paredes
1 Manuela Seminario 6 Narciso Espinoza
4 Ana Palacios Vda. Segura 2 Nicolás Rodríguez
1 Martina Terán 1 José S. Atoche
6 Los Frías y Lastra 2 Salvador Serra
4 Los Larrea Checa 1 Alejandro Lineros
2 José Matías Zapata 1 Valentín Guerreo
1 Antonia Briceño 3 Juan Ruíz Díaz
1 Joaquín Cumplido 1 Juana Arméstar
1 Lucía Arcela 2 Pedro J. Espinoza
1 María Ruidías 1 Juan Velásquez
1 Família de La Cruz 4 Rafaela Algendonis
1 Francisca Agurto 2 Isabel Seminario
2 Juan José Vegas 1 María Villarán
3 Juan Miranda 5 Familia Mesones
1 Felipe Besada 1 Micaela Frías
3 Familia Lamadrid 2 Los Cruceta
3 José Antonio Valdivieso 4 Familia León
6 Higinio Gómez 13 García Carrasco
2 Familia Senitagoye 1 Paula Ubillús
2 Rafael Barreto 2 Garrido Cortés
1 Baltasar Cáceres 14 Juana Josefa Carrión Vda. de Helguero
7 Josefa Guzmán 2 Familia Adrianzén
1 Serapio Lejerina 1 Petrona Rubio
4 Manuel Revolledo 2 María del Rosario Sánchez
4 Los Zaldívar Valdivieso 7 María Carrasco Vda. Paredes (su hija
2 Francisca Senitagoye Jacinta y yerno Gaspar Vásquez de Ve-
1 Sebastián Romero lasco)
1 Los Checa Valdivieso 4 María Luz Seminario Altuna
3 Los Ruesta 2 Gaspar Ramírez
3 García León 5 Josefa Guerrero Vda. Viñas
2 Magdalena Adrianzén 3 Manuel José de la Vega
4 José S. Trelles 2 Santos López
1 Torres Salazar 2 Pedro Vargas Machuca
2 José María Flores 6 María de los Ríos Vda. Palomino
2 Familia Mesones 2 Francisco Urrutia
2 Mercedes Meléndez 14 Los León Alba
7 Seminario del Castillo 1 Sánchez León
1 Los Raygada Gallo 7 Familia Otero
2 Los Garrido M. 2 Juana Rosas
1 José Vicente Plaza 2 José Antonio García Urrutia
1 Familia Andrade 14 Los García Coronel
2 Familia Ugot 2 Los Valdivieso-Váscones
3 Rita Angeldonis 12 José Félix Castro
1 Josefa G. Garcés 4 Rodríguez (vecinos de J.M. Grau)
1 Manuel Burneo
No declararon esclavos don Gerónimo Seminario y Jaime, a pesar de tener muchos en sus haciendas pues al morir aseguró que eran un centenar. Tampoco los Seminario y Váscones.
Los que tenían más de 10 al servicio doméstico eran Miguel Francisco Távara que era sin duda el que más tenía en sus haciendas, pues hasta comerciaba con esclavos. Los García Carrasco, doña Josefa Carrión e Iglesias Vda. de don Joaquín Helguero. Los García Coronel,el coronel don José Félix Castro y los León Alba.
Hay que pensar que tan gran número de esclavos suponía disponer de una casa amplia y de un gasto enorme en mantenimiento, que sólo familias pudientes podían afrontar.
La ciudad de Piura tenía un poco más de 6,000 habitantes y el tener 360 esclavos en el servicio doméstico no era pequeño número.
CENSO DE COLOMBIANOS Y ECUATORIANOS
En octubre de 1841 se efectuó en toda la provincia litoral de Piura un censo de súbditos procedentes de los que fueron estados de la Gran Colombia o sea de Ecuador, Colombia y Venezuela.
Había en total 164.
Como siempre que se trataba de censos, la ciudad de Piura se dividió en distrito norte y distrito sur.
En el distrito norte se encontraron 15 extranjeros. De ellos los siguientes eran ecuatorianos: Francisco Távara, Ignacio Cárdenas, Gregorio Alvarez Tirado, Prudencio Espinoza, Narciso Neyra, Tomás Salazar, Fernando Ordores, José María Molina, Angelo Espinoza, Hilario Ballón, Marcos Ruesta.
Los colombianos eran: Francisco Gonzáles, José Joaquín Londoño, Manuel Hidalgo y Juan Manuel Grau, con 14 años de residencia y natural de Cartagena, soltero, comerciante.
En el distrito sur aparecen los ecuatorianos Juan Manuel Checa, Narciso Espinoza, Luis Molina, Hilario Molina, Francisco Escudero, Juan Melo, José Calderón, Ramón Vallejo, Pedro Moncayo, Manuel Franco Caballero, Escolástico y Gregorio Pareja, Carlos Elizalde. De Panamá Escolástico Ibarburu y de Colombia José Izquierdo.
En Paita habían 43 en total es decir más que en Piura. En Morropón 3 (ecuatorianos), en Tambogrande 8 labradores colombianos, en Tumbes 23, Catacaos 2, Colán 4, Amotape 4, La Huaca 10. En Yapatera 3, Huancabamba 8, Ayabaca 9, Huarmaca 4, Frías 9, Chalaco 3, Salitral 1 y en Sullana ninguno.
Ni Manuela, ni Benedicta Grau aparecen como extranjeras, no siendo por lo tanto hermanas de don Juan Manuel.
Como se puede apreciar, conocidas personas eran extranjeras. Muchos de ellos constituyeron tronco de familias peruanas.
TORRICO PRETENDE SEDUCIR A COLOMA
Mientras se celebraba el Congreso de Huancayo, Gamarra envió al coronel Crisóstomo Torrico a pacificar el sur del país y a consolidar el Gobierno de la Restauración. Este militar cometió muchos abusos, que contrariaron a Gamarra que deseaba la vuelta a la normalidad.
Estando Gamarra en Lima, se supo que en Diciembre de 1840 se había producido una rebelión en Ayacucho que había sido prontamente rebelada por el prefecto. Lo interesante era que los sublevados daban vivas a Torrico y lo reclamaban como jefe supremo.
Cuando Torrico supo en Lima la derrota de los sublevados de Ayacucho por un propio que le llevó el informe con toda anticipación, se apresuró a solicitar su pasaporte a fin de salir al extranjero. Ignorantes las autoridades de Lima de lo sucedido en Ayacucho, se le otorgó el documento autorizándolo hasta dos años de permanencia en el exterior. Pero entre tanto se supo todo lo que había pasado en Ayacucho las autoridades dispusieron que se presentara ante el coronel Coloma, que se encontraba ya en Lima y rindiera ante él, una información sumaria.
Torrico trató inútilmente de ganarse a Coloma y ante la inminencia de ser capturado, huyó al Callao y se refugió en el barco francés “Pilade” partiendo rumbo a Valparaíso. De allí solo retornaría al saber la muerte de Gamarra en la batalla de Ingavi.
Gamarra lo declaró desertor y lo mandó a borrar de la lista del escalafón, disponiendo que donde fuera habido se le fusilara.
REBELIÓN DE VIVANCO EN AREQUIPA
El 1° de enero de 1841 se sublevó Vivanco en Arequipa, siendo secundado por la población, pues era muy estimado en ese lugar.
De primer momento parecía que iba a triunfar, pues todo el sur lo secundó. Se registraron rebeliones en Ayacucho, Cuzco y Puno pero todas fueron sometidas.
Torrico que debía retornar de Chile para apoyar el movimiento, no se apareció.
Los militares piuranos Alvarado Ortiz, Coloma, Medina, y Raygada cerraron filas en torno a Gamarra.
Juan Ignacio Vivanco era un joven coronel, de origen aristocrático, muy culto e instruido. Cuando se sublevó era prefecto de Arequipa y se proclamó Regenerador de la República.
Gamarra envió a La Fuente por mar al sur el que desembarcó en Islay. Otra fuerza que la condujo el mismo presidente, llegó a Arica y la tercera partió del Cuzco a las órdenes del entonces coronel Ramón Castilla.
El 25 de marzo de 1841, Vivanco derrotó a Castilla en Cachamarca pero no lo destruyó. El regenerador celebró en grande su triunfo y esto se conoció hasta en Ecuador decidiendo a Santa Cruz que allí estaba desterrado a enviar a Piura una expedición para levantar esta provincia litoral.
Pero Castilla se rehizo con refuerzos frescos que recibió y decidió atacar, derrotando en forma total a las tropas de Vivanco en Cuevillas el 6 de abril.
EL PERÚ Y COLOMBIA BUSCAN ATACAR A FLORES
Cuando recién se formó la República del Ecuador, ésta pretendió anexarse la provincia de Pasto que pertenecía a Nueva Granada, Flores invadió la región, pero la misma fue defendida por el general José María Obando, su archi-enemigo, el mismo que había antes alentado a La Mar para invadir Ecuador. El general Flores fue derrotado y entonces volvió sus miradas al Perú. Eso pasaba en 1831.
Diez años más tarde, en 1842 Obando estaba desterrado en Lima. Había llegado huyendo de Pasto por Loreto. Estando aún en Popayán, el general Obando había escrito a Gamarra invitándolo a invadir Ecuador y ofreciéndole su ayuda. Le decía que los límites entre Perú y Nueva Granada debían ser el río Juananbú al norte de Ecuador. Eso significaba la anexión de todo Ecuador al Perú. Obando reiteró la propuesta a Gamarra y éste la consultó con Castilla en Arequipa. Resolvieron ambos caudillos llevar primero a cabo la guerra contra Bolivia para no tener enemigos a retaguardia. Es decir tal como se había hecho doce años antes. Muy lejos estaba Gamarra de pensar que allí encontraría la muerte.

References: Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 4

Artículo 5

Artículo 1

Artículo 2