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Timestamp: 2018-01-19 21:29:55+00:00

Document:
Zunilda Boerani
Por Walter Rela
La fundación de Montevideo es uno de los capítulos del tradicional
Enfrentamiento político, militar y diplomático entre los dos reinos
Ibéricos que tuvo un punto de inflexión en el Tratado de Tordesillas
(7 junio 1794) que pretendió equilibrar los intereses de ambos de
forma pacífica en sus dominios extra continental.
Los conocidos desacuerdos por fijar el límite exacto del meridiano
Situado a 370 leguas al O. del cabo Verde, quitó validez al propósito
En el caso del Río de la Plata, las disputas siguieron y la fundación
de la Colonia del Sacramento (tierra firme banda norte a partir de la
isla de San Gabriel ) por Manuel Lobo, siguiendo instrucciones
precisas del Príncipe D. Pedro, en diciembre de 1680, (ver CD en
website www.walterrela.com) se convirtió en piedra angular
De una lucha sin tregua que duró un siglo, hasta el Tratado de San
Ildefonso de 1778.
Como explicamos en la Cronología Histórica Documentada 1722-
1725, que adjuntamos , la ocupación precaria del puerto por parte de
Fuerzas portuguesas en 1723 y el inmediato y contundente desalojo
por los españoles motivó la concreción de la ciudad, por el
gobernador de Buenos Aires Bruno Mauricio de Zabala ,aunque
desde hacía un tiempo el Rey Felipe V deseaba hacerlo, teniendo en
cuenta la noticia sobre la posición estratégica de un puerto de aguas
profundas del Río de la Plata con desembocadura en el Atlántico Sur,
vía de comunicación con Europa. para salida de materias primas
En las notas 25-32 se reproducen los documentos probatorios del
Proceso fundacional.
Estimo que los materiales que aporto son suficientes para informar al
Lector sobre este importante asunto.
Este trabajo se preparó para Enlaces Uruguayos. N.J-
Dr. Walter Rela
Montevideeo,Uruguay
may. José García Inclán que vivía en Buenos Aires, propone un plan para poblar Montevideo que es ignorado por las autoridades de España.
jul. 4. Zabala comunica al Cabildo de Buenos Aires que los vecinos que
“quisieren ir a poblarse con su familia a la referida otra Banda se les señalará por su señoría tierra y paraje donde lo puedan hacer”.
jul. 30. El Cabildo contesta complacido y promete convocar a los vecinos.24
may. 10. Real Orden firmada en Aranjuez por la que teniendo la Corte noticias procedentes de Lisboa que los portugueses se proponen afincarse en Montevideo, fortificarla contra los españoles y poblarla con familias metropolitanas y de su colonia brasileña, urge mantener la Colonia dentro de sus límites fijados y en cuanto a Montevideo y Maldonado es prioridad fundarlas.25
Al mismo tiempo una Montevideo fortificada se convertirá en antemural para la defensa de Buenos Aires.
Jun. 29. Juan V de Portugal da instrucciones privadas al gobernador de Rio de Janeiro, Ayres de Saldanha Alburquerque, que organice una expedición con destino al Río de la Plata para ocupar Montevideo como puerto llave al Atlántico.
Jun. Esa misión se la confía a Manuel Freitas da Fonseca.
nov. 22. El maestre de campo Manoel Freitas da Fonseca desembarca en Montevideo montando sus tiendas de campaña sin ninguna oposición de los españoles que estaban ausentes del lugar.
Recibe refuerzos de caballería (40 hombres) y comienza una precaria fortificación.
dbre. 1. El práctico de puerto Pedro Gronardo (¿-1727) que regresaba a Buenos Aires, después de operar con un buque inglés destinado al asiento de negros, avisa a Zabala que avistó una flotilla de portugueses en la bahía de Montevideo.26
El Cap. Alonso de la Vega, jefe del destacamento de San Juan, siguiendo órdenes de Zabala, hostiga a los portugueses de la Colonia.
dbre. 7. Simultáneamente el gobernador se apresta a desalojar a los invasores de Montevideo.
dbre. 20. Felipe V reitera a Zabala las instrucciones anteriores y le ordena que obligue a los portugueses a retirarse pacíficamente, si así no lo hicieren que use las armas “de forma que experimenten el rigor, y queden para en adelante con el escarmiento que merece su arrojo”.
En tanto en Buenos Aires se arma una flotilla con dos naves artilladas y piezas móviles para artillería, Zabala cruza a la barra del San Juan para tomar
el mando de las tropas que atacarían a Montevideo.
en. Felipe V abdica en favor de su hijo Luis, que muere en agosto. El rey asume nuevamente la corona hasta el 9 de julio de 1746.
en. 7. El Cap. Alonso de la Vega llega a las cercanías de Montevideo.
en. 19. El jefe portugués Freitas da Fonseca enterado de la decisión del gobernador de Buenos Aires, le comunica de que ante tales preparativos de guerra dejara la posesión bajo protesta, lo que hace de inmediato.
Embarca sus fuerzas y regresa a Rio de Janeiro.
en. 20. El Cap. Alonso de la Vega que se había aproximado a Montevideo,
la ocupa izando el pabellón de España.27
feb. A comienzos de mes Zabala llega y rápidamente se propone fortificarla según planos del Ing. Domingo Petrarca.
feb. 24. Llega a Montevideo, ignorando la resolución tomada por Freitas
da Fonseca, la nave portuguesa Santa Catalina, que estaba artillada con 32 cañones, 130 soldados de desembarco cuyo objeto era el de apoyar las tropas que se suponía la ocupaban.
Una breve escaramuza sin trascendencia militar concluyó con el episodio.
abr. 2. Zabala regresa a Buenos Aires.
abr. 16. Por Real Cédula se aprueba lo realizado por Zabala y se le nombra
Tte. Gral. de los Reales Ejércitos.28
Se autoriza a los armadores Francisco de Alzaibar y Cristóbal Urquijo a transportar tropas para la defensa de Montevideo y Maldonado. También en cumplimiento de una política colonizadora, pueden hacerlo con familias gallegas y canarias deseosas de poblar Montevideo.29
nov. 19. Arriban a puerto en la nave Nuestra Señora de la Encina, fletada por Alzaibar, las primeras familias procedentes de las islas Canarias.
25. “Es de suponer que aun entrado el año 1723, Zabala no había aún resuelto la forma de ocupación y fortificación de Montevideo. Si bien el reconocimiento de su bahía y sitios de acceso, lo mismo que los de Maldonado, se encontraban practicados desde 1719, el Gobernador español no parecía dispuesto a emprender aquella obra. Antes bien, sus ideas, expuestas en la contestación al Consejo de Indias, relativas al proyecto de García Inclán, eran en el sentido de que el paraje de Montevideo sirviese de asiento de una reducción indígena, para lo cual deberían darse las instrucciones pertinentes al Superior de las Misiones del Paraguay. Pero en los últimos meses de 1723, Zabala recibió, por vía reservada, un real despacho fechado en Aranjuez en 10 de mayo, en que se le trasmitían novedades de importancia. Tales eran las versiones circulantes en Lisboa de que “se había mandado fortificar Montevideo y tenían resuelto hacer fortaleza en el mismo paraje, con gente de guarnición
y familias que la poblasen”. “Y os ordeno y encargo muy particularmente, -decía el oficio real a continuación,- que si el punto último de fortificar y asegurar los dos puestos expresados (Montevideo y Maldonado), no hubiéreis ya dado principio a
construir las fortalezas, mandadas hacer en ellos, las hagáis ejecutar prontamente
(pues de su dilación se da tiempo y lugar a los portugueses a que ocupen el sitio y terreno y se fortifiquen, haciéndose más dificultoso el empeño y trabajo para desalojarlos con la fuerza), y que para ejecutarlas según más convenga, representéis y pidáis todo lo necesario al Virrey del Perú, a quien doy la orden conveniente para que, haciendo los esfuerzos posibles para perfeccionar esta disposición tan de mi real servicio, os suministre los caudales precisos y el fomento y auxilio que necesitareis para ello”.12
Recibida la instrucción posiblemente en el mes de octubre o en el de noviembre,
el Gobernador Zabala no debió pensar sino en la inmediata ejecución de las órdenes de su Rey”.
12 Real decreto para fortificar y poblar los dos puestos de Montevideo y Maldonado.
(“Revista del Archivo General Administrativo”, Tomo 1).
En: Pablo Blanco, El Gobierno Colonial
26. Exmo. Sr.: Cabildo, Justicia y Regimiento - Habiendo revisado mis papeles, entre ellos hallé un documento, que se halló entre los que poseía mi finado abuelo el Teniente general D. Bruno Mauricio de Zabala, Gobernador y Capitán general, que fue de estas provincias del Río de la Plata; y constando de él, el pormenor de la fundación de esta ilustre ciudad de Montevideo, he creído que, debiendo mi nacimiento a ésta, no debo dejar de ofrecer a su corporación y respetable Cabildo un testimonio de él para que lo deposite y conserve en su archivo, como memoria de la legítima antigüedad que disfruta. Dios guarde a V.E. muchos años. - Montevideo, abril 18 de 1824 - María Clara de Zabala.
“El día 1o. de diciembre del año de 1723, me dio noticia el capitán Pedro Gronado, práctico de este Río de la Plata de que habiendo llegado a la ensenada de Montevideo con el objeto de conducir un navío del asiento de negros, que volvía a Inglaterra, había hallado uno de guerra en ella de 50 cañones portugués con otros tres más chicos, mandados por D. Manuel de Horona y en tierra en el 18 todos, hasta 300 hombres que
se fortificaban: que le habían dicho venían a apoderarse y establecerse en aquel puer-
to y le mandaron salirse de él. El mismo día despaché, por la guardia de San Juan a la Colonia del Sacramento, al capitán de caballos D. Martín José de Echauri, con carta para el gobernador de ella en que le pedía me informase de esta novedad, y llamé a los capitanes y demás oficiales de los navíos del Rey, y les propuse en vista de todo, mi decisión de armar en guerra éstos; a lo que se halló dificultad de estar la capitana sin palo de trinquete y los otros dos no ser capaces de oponerse. El día 2 envié al capitán
de caballos D. Alonso de Vega, y al de Infantería D. Francisco Cárdenas con orden de que si en la referida guardia, donde volvería Echauri, confirmase la noticia de hallarse
los portugueses establecidos en Montevideo continuase su marcha Vega, reforzando su destacamento con la gente de ella y Cárdenas quedase con la Infantería, como se ejecutó; el día 7 se puso delante de los portugueses con su gente, la que se reforzó en pocos días hasta el número de 200 caballos. El día 3 volvió Echauri de la Colonia con carta del Gobernador en que me decía, que por orden de su soberano se hallaba el Maestre de campo D. Manuel de Freitas Fonseca, establecido en Montevideo, como en tierras pertenecientes a su corona, y el referido Maestre de campo respondió lo mismo
a Vega, que llevaba orden de reconvenirlo de la novedad que intentaba. Con esta con- firmación volví a juntar todos los oficiales del Rey y a los de la maestranza; y explicándoles lo indispensable del apresto de sus navíos se resolvió el que, sin perder tiempo, se trabajase a este fin, lo que se consiguió antes de 34 días, poniendo en la capitana algunos cañones de a 18 y 380 hombres entre la guarnición y equipaje. La almirante con los que pudieron montar de a 12 y 250 hombres y el patacho a proporción, añadiéndose un navío del asiento de negros, que también se armón en guerra con oficiales
y guarnición española precediendo algunas protestas de los ministros de su nación, que a vista de la necesidad y paga que se les daba, convinieron en ella asegurados de
su repugnancia por lo que les pudiese sobrevenir. A vista de estos aparatos me escribió
D. Pedro Vasconcelos, gobernador de la Colonia, protestándome de parte de S.M.F. y
de los demás príncipes garantes de la paz, sobre las consecuencias de mi resolución, a
lo que les respondí, que éstas eran muy anticipadas, pero esperaba no llegasen tarde las mías en defensa de la justa causa del Rey, mi amo: un ayudante suyo me entregó la carta y le previne como también a él, que no me volviese a enviar embarcación porque no la admitiría y si tuviese que mandarme lo hiciese por la guardia de San Juan, donde
la tenía prevenida para recibir sus órdenes. Al mismo tiempo escribí largo al Sr. Freitas, recomendándole, con los tratados de Paz entre las dos coronas la posesión de la Colonia que les dió, la religión con que he observado la buena correspondencia que el rey me manda con ellos, y la impensada e irregular resolución suya de apoderarse de los dominios de otro príncipe con quien mantenía el suyo una paz, establecida con tanta solemnidad, y me respondió que no le tocaba especular los artículos de la de Utrech,23 que ignoraba lo que había pasado en la posesión de la Colonia del Sacramento y solo sabía que su amo le había mandado establecerse en estas tierras, sin disputa pertenecientes a su corona y que como soldado, conocería yo, no podía abandonarlo sin expresa orden suya. Al mismo tiempo, supe que el gobernador de la Colonia los había socorrido con gente, caballos y vacas luego que llegó, sin que se le pudiese impedir por haberlo ejecutado antes que hubiese noticia de su desembarco y así procuré ceñirle para que no lo hiciese otra vez, quitándole más de 1200 caballos y mucho ganado, con
la desgracia que les sobrevino de quemársele sus sembrados: por cuyo accidente repitió otro ayudante a decirme le hiciese saber si tenía orden de mi rey para declarar la
guerra pues mis operaciones lo daban a entender y que los instrumentos de que me había valido para estas extorsiones los tenía guardados para enviárselos al suyo, a lo que le respondí que los que tenía del mío repetidos eran de mantener una buena corres- pondencia, como lo había hecho y que el incendio de los campos nacería de alguna de las muchas casualidades a que estábamos expuestos en este país y que no ignoraba los nombres de los que habían conducido el socorro a Montevideo. El día 4 de enero el comandante del destacamento que tenía en Montevideo, les quitó a las 11 del día 450 caballos y porción de vacas que las tenían pastando debajo de su cañón. En todo este tiempo procuré sin perder instante ni reservar fatiga, disponer el que toda la guarni- ción, menos parte de la infantería que quedó para los navíos, pasase a la parte septen- trional de este río, como también las milicias que pude juntar y embarcando en los dos navíos menores todo el tren de artillería con que había de atacarlos en su fortificación
y dispuestos los víveres y municiones, así por tierra como por mar; pues la disposición mía fue de embestirles a un mismo tiempo por las dos partes, fiándome en el todo en la fuerza de los navíos y obrando por mí como si los tuviera, me embarqué el 20 de enero para hacerlos levar y por no permitirlo el tiempo pasé a la guardia de San Juan, dejando orden para que lo hicieran al primer viento y hallándome en ella disponiendo mi marcha con la gente que pude juntar; el día 22 de enero recibí carta de D. Manuel Freitas con fecha 19 en que me expresaba, que a vista de los aparatos con que intenta- ba atacarle se retiraba; abandonando el puesto y protestando la posesión que había tomado de él, a dar cuenta a su rey de mis operaciones, de las que no sabía cómo podría responder siendo dirigidas a un rompimiento declarado. No me dio lugar a contestarle, porque el mismo día 19 se hizo a la vela llevándose toda su gente. Yo continué con la mía la marcha a Montevideo, dando orden para que los dos navíos grandes se mantuviesen en el surgidero por no exponerlos a pasar el banco y desem- barcar la guarnición de infantería y vecinos, y los dos pequeños siguiesen su rumbo para echar en tierra la artillería y municiones, como lo ejecutó el comandante de ellos
D. Salvador García Posse, viniéndose a este puerto, donde hallé un reducto que habían formado bastantemente capaz, con diez explanadas en que tenían su artillería, que la retiraron con precipitación, dejando alguna tablazón y otros fragmentos. Luego que la nuestra se echó a tierra, hice volver los dos navíos y en ellos toda la gente de la milicia
y parte de la guarnición: quedándome sólo con 50 caballos y 60 infantes con los oficia- les correspondientes, con una compañía de voluntarios poco numerosa y 30 indios para guardar el ganado: lo que me vi precisado a ejecutar así, por evitar el expendio
en su manutención, por lo fatigada que se hallaba: como también a los vecinos que les era ya insufrible el trabajo. Sin perder día, con aprobación del ingeniero D. Domingo Petrarca empecé una batería en la punta que hace al Oeste la Ensenada24 para defen- derla y continuando en ella la noche del 23 de febrero, me avisaron de la gran guardia, que habían descubierto un navío, que traía su rumbo a este puerto; a las 8 hizo seña
con un cañonazo y di orden para que se colocase el cañón en la batería empezada. El
24 al amanecer se reconoció ser navío de guerra y que venía continuando sus señas, y
a poco después que era portugués. A las 9 dio fondo debajo de la batería que ignoraba
y con uno de los cuatro cañones que tenía montados, disparé sin bala pidiéndole bote,
y después de algunos amagos que hizo de rehusar el enviarlo, le despachó con bandera blanca a la que se le correspondió con la nuestra, y estando a menos de tiro de fusil de
la referida batería donde venía sin conocimiento, o con sobrada malicia a perderse; se
le habló para que fuese al puerto y lo ejecutó hasta tiro de pistola de donde yo estaba,
y luego que me pudo reconocer arrió su bandera, largó la vela y a toda diligencia viró para su bordo: y viendo una demostración tan irregular e impensada mandé un bote que tenía con gente vizcaína le diese caza, y lo ejecutaron con tal resolución, que llevándole un tiro de cañón, le sacaron debajo de su artillería y de la fusilería de una lancha. En este tiempo el navío empezó a disparar al bote con bala y le correspondi- mos con la misma moneda, con tres cañonazos de a 24 y uno de a 18, a cuya novedad cesó su fuego, como también el nuestro, y volví a llamar con cañón si bala y a esta señal despachó con un oficial a tierra la lancha que le había quedado, y me dio noticia
de que el navío era portugués, armado en guerra con 32 cañones montados, llamado Santa Catalina y que venía con 130 hombres de desembarco para aumentar la guarnición de Montevideo, ignorándose en Río de Janeiro cuando lo despacharon la retirada
de los suyos de este puerto; con el mismo oficial les restituí los prisioneros y le envié algunas terneras y el día inmediato volvieron a tierra los oficiales, trayéndome tarros
de dulces, lo que compensé a los marineros en dinero y a ellos con cosas comestibles de
su gusto. El día 26 se levó y este mismo se descubrieron otras tres velas, las que, según
el rumbo que llevaban, salieron de la Colonia y dos días después se volvieron a perder
de vista. Luego que llegué a Montevideo empecé a construir la batería de la punta del Oeste con el seguro de que vendrían los indios Tapes, como lo tenía prevenido; pero habiendo retardado ésto la concluí, poniendo en ella 4 cañones de a 24 y seis de a 18
en batería. El día 25 de marzo llegaron mil Tapes y el inmediato empezaron a trabajar
en las demás fortificaciones delineadas y continúan en ellas. A 2 de abril salí de Montevideo dejando 110 hombres de guarnición con los oficiales correspondientes y los mil indios en armas. Este suceso sólo se puede atribuir a la justicia de la causa; pues hallándose los portugueses con orden de su soberano para mantenerse, como me lo aseguraron y fuerzas con que poderlo hacer y esperanza próxima de frecuentes soco- rros, podían causarnos sobrado cuidado antes de su precipitada retirada con el pretex-
to de que no querían romper la guerra y que mis aparatos a este fin me causarían mi ruina. Cuando se deja considerar que éstos fueron los que los obligaron a tomar su partido y que los previene, después de haberlos reconvenido de su irregular determina- ción después de sus repetidas en las que me aseguraban se defenderían hasta la última, creyendo sin duda que mi ánimo sería sólo de mantener el país con protestas por
escrito. En todo este tiempo se les ha hecho ver que las órdenes, que tengo del Rey, son
de mantener la mejor correspondencia con ellos, como lo he practicado pero para defender el país hasta perder la vida no necesito de ningunas; y así en nada se ha faltado a la cortesanía con ellos, en todo lo que no ha sido permitirles usurpar el terreno, por lo que espero que S.M. se dé por servido.”
NOTA. - Diario de cuando se poblaron los portugueses en Montevideo y se les obligó a retirarse por las disposiciones de mi padre D. Bruno Mauricio de Zabala que desde luego por la orden que tenía en su real instrucción pobló y fortificó la ciudad de Montevideo; el cual diario encontré en los papeles de mi padre y la letra
es de su Secretario D. Matías de Goycurúa.- Francisco Bruno de Zabala, cuya firma por cotejo que de otras he tenido, reconozco por suya, el cual se puso de manifiesto por Da. María Clara de Zabala, hija del citado D. Francisco, a la que devolví dicho original por mí rubricado, a el que en caso necesario me refiero. Y para que conste,
de su pedimento la signo y firmo en Montevideo a nueve días del mes de abril de mil ochocientos veinte y cuatro y en este papel común por no usarse sellado. Enmendado
-hacerlos - VALE - Hay un signo. Bartolomé Domingo Vianqui, escribano público. A cuyo original que obra en el archivo general de mi cargo, me refiero en caso necesa- rio, dando la presente autorizada y firmada en virtud de orden superior del Sr. Ministro de Gobierno, Montevideo, agosto 6 de 1833. - Andrés Manuel Durán.
23 Por una cláusula expresa del tratado no debían los portugueses de la Colonia
proteger el comercio clandestino, ni más jurisdicción tener que la del tiro de cañón.
24 Hoy batería de San José.
En: De la Sota, o.c.
27. “Mientras tanto los portugueses, malcontentos con la estrechez del territorio que
el Gobernador Ros designó al entregar la Plaza de la Colonia al Maestre de Campo D. Manuel Gómez Barboza, procuraron ensancharle. Recurrieron para ésto y a efecto de eximir del constante bloqueo, a que entonces y siempre estuvo sujeta dicha plaza a varias tentativas y violencias; y aún pasaron distintos oficios los Embajadores de S.M.F. al gabinete español; pero como insistiesen en que se les señalase territorio mandó el rey expedir una cédula para D. Bruno Mauricio de Zabala a efecto de que se les asignase dentro de la comprensión de tiro de cañón según estaba dispuesto en el artículo 6 del tratado de Utrecht; que se procurase impedir la comunicación y comercio de Buenos Aires con los habitantes de la Colonia del Sacramento reiterando el encargo que en despacho de 11 de octubre de 1716 se le había hecho de fortificar los puntos de Montevi- deo y Maldonado para que ni Portugal ni otra nación se apoderase de ellos.
Las instancias de Zabala para dar cumplimiento a esta resolución fueron en vano;
pues prefirieron los portugueses estar bajo el bloqueo y combinar el modo de hacer-
se de otro punto en la Banda Oriental para alegar su ocupación como título. Así es que 1723 habían desembarcado 300 hombres al mando del maestre de campo D. Manuel de Freitas Fonseca, en Montevideo con el objeto de fortificarse como en tierras pertenecientes a los portugueses. A los requerimientos de Zabala sobre su irregular determinación contestaron que ellos tenían órdenes de su soberano para ocupar este punto y que lo defenderían hasta el último caso prometiéndose acaso que Zabala no pasaría más adelante de sus protestas: mas cuando vieron que al mes y medio había aprontado competente fuerza de mar y que con la de tierra ya marchaba desde San Juan en la Banda Oriental sobre Montevideo, emprendió Freytas su reti- rada el 19 de enero de 1724 con el pretexto de que no querían romper la guerra. Hallándose los portugueses con fuerzas para mantenerse y esperanzas de próximos socorros con que poder causar demasiado cuidado, no es fácil atinar con la causa que les motivó a desistir de la empresa después de estar ya fortificados en tierra, y tan sólo puede atribuirse a que temieron perder también la Colonia si se empeñaban
en sostener a Montevideo; pues habiendo las avanzadas de Zabala al mando del capitán de caballos D. Alonso de Vega arrebatado el 4 de enero de 1724, 450 caba- llos y porción de ganado que bajo su canon pastaban y quemándose las mieses que habían bajo el tiro de cañón de la Colonia se hacía difícil atender al mantenimiento
de ambos puntos, teniendo un ejército por tierra que les privase de los recursos por mar ya en marcha una flotilla capaz de competir con la suya”.
En: Bauzá, o.c.
28. El Rey. Teniente general D. Bruno Mauricio de Zabala, Gobernador y Capi- tán General de la Ciudad de la Trinidad, y Puerto de Buenos Aires en las Provincias del Río de la Plata.
En diferentes cartas que se han recibido, el mes de junio del año próximo antece- dente, dais cuenta con autos, de que el día 1o. de diciembre de 1723, os dio noticia un práctico del Río de la Plata, de haber encontrado en la Ensenada de Montevideo un navío de guerra portugués, con 50 cañones, mandado por Don Manuel Henrique de Horoña, y haber desembarcado hasta 200 hombres, que estaban fortificándose: con cuya novedad despachásteis un Capitán con carta para el Gobernador de la Colonia,
a fin de que informase de tan impensada e irregular conducta: dando al mismo tiempo otras providencias para reforzar la guardia de S. Juan, observando los movimientos de los Portugueses, impedirles disfrutar la campaña, y la comunicación con la Colonia por tierra: encargando al Capitán Don Alonso de la Vega, que a su arribo escribiese al Comandante portugués, que no podíais permitir su demora en aquel paraje, si bien tenía orden para franquearle lo que necesitase para su navío, suponiendo sería acci- dental su detención. A que le respondió, venía, con orden expresa de su Soberano, a
tomar posesión de las tierras de su dominio: por lo cual os obligo a manifestarle la extrañesa, que os causaban sus operaciones, por ser opuestas a la buena correspon- dencia: y que respecto no haber duda alguna enser mío el territorio de Montevideo, procurara suspender la fortificación, y retirarse de aquel paraje y demás dominios míos: por que de no ejecutarlo así, lo reputaríais por hostilidad, y os sería indispensable valeros de aquellos medios a que la justicia, la razón y el derecho os obligaban. A que os respondió el Comandante portugués en la misma forma, que había respondido
a vuestro oficial. Y enterado vos de que los portugueses llevaban adelante su intento, no obstante varias cartas y respuestas que hubo de una a otra parte, dispusísteis los navíos de registros, juntamente con un navío inglés del asiento, y por tierra también tropas, para dicho sitio de Montevideo; y habiendo pasado a la guardia de S. Juan el día 21 de enero, tuvísteis el día siguiente la noticia de haberle desamparado los portu- gueses, dejando una carta el Comandante, escrita el mismo día 19, diciéndoos se reti- raba por no quebrantar las paces, protestando la posesión que había tomado en nombre de su Soberano. Con cuya noticia dispusísteis se mantuviesen en el surgidero los dos navíos de registro; y el patacho del navío inglés, con la artillería y municiones, pasaron al sitio de Montevideo y en él empezásteis la construcción de una batería y otras fortificaciones, precisas a la seguridad de aquel puesto: esperando también que- dar concluida la batería, y muy individualmente todas las operaciones y medios de que
os valisteis remitiéndoos a los autos. Expresando que en todos estos accidentes no habíais dado noticia para que los portugueses creyesen pudiéreis tener orden mía para inquietarlos: pero que, viendo se querían establecer en nuestros dominios, tuvisteis por indispensable oponeros con todo rigor, para evitar las consecuencias, que resultarían
de hacerse dueños de tan importante puesto: sin que para esta resolución os hiciesen balancear las reiteradas amenazas con que os manifestaron el desagrado que me causaría: esperando me daría por servido de lo que vuestro celo había manifestado procediendo con el amor y la lealtad que acreditaba el mismo suceso. Concluyendo con expresar la necesidad que había de remitiros gente de guerra de España, por la poca con que os hallábais para cubrir tantos puestos, y lo mucho que convenía el poblar de familias aquel puesto: pues aunque lo habíais solicitado con eficacia con el Cabildo secular de esa Ciudad y éste lo había solicitado también por su parte, no se había conseguido por falta de familias.
Visto en mi Consejo de las Indias, con todo lo demás que sobre este asunto expre- sáis, así en vuestras representaciones, como en los autos que con ellas acompañáis, y consultándome en ellos, he resuelto, con reflexión a todo, manifestaros la aceptación con que se han recibido estas noticias, y lo digno de aprobación que ha sido todo lo que
en ésto habéis ejecutado; por lo que os doy muchas gracias, y en mi real nombre os mando se la deis a esa Ciudad, militares y demás vasallos, que concurrieron a esta
función. Y atendiendo a la importancia de mantener los dos puestos de Montevideo y Maldonado, de forma que ni portugueses, ni otra nación alguna puedan en tiempo alguno apoderarse de ellos, he resuelto asimismo pasen en los presentes navíos de registro, del cargo de Don Francisco de Alzáibar, 400 hombres, los 200 de infantería y
200 de caballería con armas y vestidos, a fin de que, con esta gente y la demás con que
se halla ese presidio, puedan subsistir vuestras disposiciones. Y para que se puedan poblar los dos expresados importantes puestos de Montevideo y Maldonado, he dado las órdenes convenientes para que en esta ocasión se os remitan en dichos navíos de registro cincuenta familias, las 25 del Reino de Galicia y las otras 25 de las Islas Canarias. También se dan las órdenes necesarias a mi Virrey del Perú, y Gobernadores
de Chile, Tucumán y Paraguay para que os den cuantos auxilios puedan, para atajar los intentos de los portugueses y particularmente para que del distrito de cada uno pasen las familias que fuesen posibles; para que con las que (como va dicho) se os remiten de España, se apliquen a estas poblaciones. Previniéndose también a esa Ciu- dad, que siendo interés propio suyo las poblaciones referidas, pues por este modo asegura las campañas de la otra banda, adonde es preciso recurrir ya, por la falta de ganados que se experimenta en esa de Buenos Aires, y no asegurándose este sitio queda expuesta dicha ciudad a que con el tiempo los portugueses se hagan dueños de
él, como lo han intentado; procure también, por su parte, con la mayor vigilancia, atraer las más familias que pudiere, para que vayan a poblar dichos sitios, suministrándoles los medios que necesitaren: pues a este mismo fin coadyuvaréis por vuestra parte. Advirtiendo también a la ciudad proceda en las licencias que diere para el trans- porte de cueros, con la debida reflexión y consideración; no dudando que en vista de estas providencias, y de que procuraréis castigar a los españoles que fomentaren y coadyuvaren a los portugueses, se contendrán a éstos, a quienes requeriréis para que
en el término de un mes desalojen los territorios que ocuparen, fuera del que les está permitido dentro del tiro de cañón, y se retiren a sus límites; advirtiéndoles que si no lo ejecutaren pasado el referido término, los arrojaréis con la fuerza. Lo cual ejecutaréis así: pues con las providencias expresadas podréis hacerlo; procurando (como no lo dudo de vuestro amor y celo a mi real servicio) practicar en este caso todas las dispo- siciones que fueren posibles con la conducta que hasta aquí. Y de lo que se adelantare
en este asunto me daréis cuenta en las primeras ocasiones que se ofrecieren. De Aranjuez
a 16 de abril de 1725 - Yo el Rey - Al Gobernador de Buenos Aires.
29. Francisco de Alzaibar (1695-1768) era un armador vizcaíno que se estableció en Montevideo en 1726.
Pedro Millán era Capitán cuando llegó a Montevideo, para concretar los planes de Zabala sobre padrón y entrega tierras. Murió en Buenos Aires en 1732.
Domingo Petrarca llega a Buenos Aires en 1716 junto con Zabala a cuyo servicio proyectó fortificaciones. Como cartógrafo levantó varios planos de Montevideo en
1724, 1727 y 1730. Falleció en Buenos Aires en 1736.
30. APROBACION DEL PLAN O PLANO DE LA CIUDAD DE MONTEVI- DEO.
Buenos Aires y agosto 8 de 1726 - Por cuanto el Capitán D. Pedro Millán, en virtud
de orden que para ello le conferí, pasó a S. Felipe de Montevideo, donde formó los libros de padrón y asiento de las familias que concurrieron a aquella nueva población, así de islas de Canarias, como de esta provincia, y también el plano y planta de dicha ciudad y repartimiento de cuadras, solares y tierras para chacras que de ellos consta, como son este libro y otro su semejante; y habiéndolos visto, he tenido por bien de aprobar y confirmar todo lo obrado por dicho Capitán D. Pedro Millán, así como se halla escrito en dichos libros de padrón y repartimiento, y señalamiento de ejido y dehesas para sus propios de Ciudad, término y jurisdicción que le señaló: que todo está en dichos libros firmado de su mano. Y ordeno y mando a todos los vecinos, que al presente son y en adelante fueren, observen, cumplan y guarden todo lo contenido en este libro de padrón, y en el otro su semejante, sin innovar en cosa alguna, hasta en tanto que S.M. (Dios le guarde) los aprueba, a quien tengo remitida copia de ellos, autorizada por el Escribano de Gobierno. Y así mismo ordeno y mando a todos los cabos, comandantes de aquella guarnición, y a todas y cualesquiera justicia, que lo fueren en dicha población, hagan guardar, cumplir, y ejecutar lo contenido en dichos padrones, continuando en los repartimientos que se ofrecieren, según y como está dis- puesto en ellos; y ruego y encargo a los Sres. Gobernadores, que me sucedieren en el empleo, así lo manden guardar y ejecutar, si S.M. otra cosa no dispusiere. Y el Capitán Don Francisco Antonio de Lemus comandante actual de aquel partido les hará saber a todos los vecinos esta mi orden de aprobación, para que, desde el día que se los hiciere notorio, les corra el término de los tres meses contenidos en la ley que va citada: para que dentro de ellos hayan de tener poblados los solares con ranchos o barracas y las tierras de chacras cultivadas y sembradas: so pena de perderlas, y que se podrán repartir a otras personas, como cosa vacua y desierta. Y para que conste lo pondrá por diligencia por ante dos testigos que lo firmarán con dicho comandante; quien por ahora hará se dé posesión de las tierras de chacras a todos los vecinos y pobladores solteros, que van expresados debajo de la suma de 6300 varas de tierras de chacras, que dejó repartidas el referido Don Pedro Millán; haciendo se les mida a cada uno las varas de frente que le están señaladas, y salen en guarismos al margen, siguiendo los linderos que le están señalados a cada uno de los 16 sujetos que se contienen debajo de dicha suma. Y en el repartimiento de solares y tierras de chacras que se ofrecieren
hacer a los que nuevamente se han casado, observará el método y norma de dicho padrón, arreglándose a él en todo y por todo, a continuación de lo ya repartido. Y por esta aprobación, que va firmada de mi mano en este libro de repartimiento de cuadras, solares y tierras de chacras, se entiende, y declaro y apruebo y queda aprobado el otro libro semejante a éste, que también está aforrado en badana colorada, y asentados en
él los nombres de los vecinos y pobladores, con división de familias: y a su continua- ción el Capitán Comandante Don Francisco Antonio de Lemus, y los que le sucedieren, irán asentado los nombres de los que nuevamente se registraren por pobladores, y se hubieren casado o avecindado y fueren concurriendo; y en ellos seguirá la misma forma de lo que se halla escrito en dicho libro de registro de familias. - D. Bruno de Zabala.
31. Auto del Capitán General D. Bruno Zabala para el establecimiento de la nueva población de Montevideo.
En la muy Noble y muy Leal Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires a 28 de agosto de 1726 años: el Excelentísimo Señor D. Bruno Mauricio de Zabala, Teniente General de los Ejércitos de S.M. Caballero del Orden de Calatrava, y su Gobernador y Capitán General de estas Provincias del Río de la Plata, dijo: -Que por cuanto se halla S.E. con una Real Cédula de S.M. su fecha en Aranjuez,
en 16 de abril del año pasado 1725, por la cual se sirve de aprobar la expedición, que
el año antecedente se ejecutó contra los Portugueses, que intentaron ocupa el Puerto
de S. Felipe de Montevideo, como también la creación y nueva planta de su población, dando las gracias a todas las personas que concurrieron a dicha fundación y en especial a esta ciudad, por haber concurrido con su vecindad a la sobredicha expedición:
y mediante que la nueva población de aquel puerto es en conocida utilidad de esta ciudad y provincia, así para su mayor lustre y aumento, como también para seguridad
y quietud de ésta: impidiendo con ella a las naciones de Europa el que se apoderen de aquella tierra, tan útil y necesaria para el bien de esta provincia: por cuya razón se ha servido S.M. contribuir a su mayor aumento con 50 familias de gallegos y canarios, además de 400 infantes para el aumento de esta guarnición. Y siendo tan de la utilidad
de esta ciudad el comercio que se debe esperar con la venida de galeones para este puerto, si se consiguiese la seguridad y población desde Montevideo, pasa S.E. a proponer al Cabildo de esta ciudad cuan conveniente y del real servicio será que las familias que se esperan de España hallen otras del país en aquel paraje, con quien comunicar y conversar inmediatamente que lleguen, y que para ello ponga de su parte
el Cabildo los medios que tuviere por más convenientes, en orden a conciliar algunas familias de las muchas que vagan en esta jurisdicción, sin tener tierras propias en que habitar, y otras que voluntariamente se quieran disponer a pasar a aquella población.
Para cuyo efecto, por lo que mira a esta Ciudad, podrán nombrar Capitulares, y por lo tocante a la jurisdicción en falta de éstos, a las personas que le pareciere y fueren más
de su satisfacción, para que corran todos los pagos: y que al mismo tiempo las tales personas, y los capitulares que se nombraren, hagan padrón, con individualidad de toda la vecindad de esta la ciudad y su jurisdicción, sin exceptuar a nadie: con distin- ción de los sujetos francos y familias que se hallen en ella, y se han venido desampa- rando sus vecindades y domicilios; expresando de dónde son y qué tiempo ha que se hallan en esa ciudad y su jurisdicción: por convenio al servicio de S.M. el que se ejecute esta diligencia en la forma que va expresada: y a las familias que se dispusieren
a pasar a dicha población se les hará saber lo que por ahora se puede contribuir para su manutención y bienestar.
Y de mandato verbal del Excelentísimo Sr. Gobernador y Capitán General de estas Provincias del Río de la Plata, firmé la presente, en esta ciudad de Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires, a 7 de diciembre de 1726 años. En testimonio de verdad -Francisco de Merlo,- Escribano público y Gobernación.
32. ACTA DE LA FUNDACIÓN JURÍDICA DE LA CIUDAD
En la ciudad de San Felipe de Montevideo a veinte de diciembre de mil setecien- tos veintinueve años, Don Bruno Mauricio de Zabala, de la orden de Calatrava, teniente general de los reales ejércitos, gobernador y capitán general de esta provin- cia del Río de la Plata, por el rey nuestro señor don Felipe V. Por cuanto por real cédula de S.M. me dio facultad para el establecimiento, situación y población de esta ciudad y por su real despacho de 15 de julio del año próximo pasado de 1728 se aprobó por su real persona todo lo ejecutado en dicha fundación, cuyo real despacho
se inserta en este libro a continuación de este auto y su original se pondrá en el archivo de esta ciudad, para principio de cuaderno de las reales cédulas que fueren concurriendo en adelante, para la perpetua memoria de esta nueva fundación y si- guiente a la copia de dicho real despacho se seguirá el nombramiento de alcaldes ordinarios y demás individuos para su Ayuntamiento. Y por cuanto la ley II del libro IV, título 7 de las recopilaciones de Indias se ordena que en nuevas poblaciones el gobernador del distrito de ellas declare si la dicha población ha de ser ciudad, villa
o lugar; y teniendo como derecho declarado que esta nueva población sea ciudad y que así está confirmado por S.M. y atento a la ley referida se ordena que, conforme
a lo que declarare el gobernador, se forme el Concejo, República y oficiales de ella
y en conformidad de la ley XIX del mismo título y libro en que se ordena que cumpli- do el número de los vecinos que han de ir a poblar, se elija de los más hábiles, Justicia y Regimiento; y por que ya se halla cumplido el número de las cincuenta familias que S.M. destinó para esta población y han venido a ellas de las islas de
Canarias, añadiéndose otras que han concurrido de este país, en aumento de la situación de dicha ciudad y en cumplimiento de las referidas leyes, he resuelto elegir Cabildo, Justicia y Regimiento, para lo cual elijo y nombro por Casa Capitular de Ayuntamiento la que se compró por cuenta de S.M. de los bienes del Capitán Pedro Gronardo, difunto, para que en ella se hagan juntas de Ayuntamiento y acuerdos capitulares y se tenga por Casa Real de Cabildo por ahora y en el interín se fabrica Casa de Cabildo con cárcel competente en la cuadra que para este efecto está seña- lada por el capitán de caballos corazas don Pedro Millán y consta del padrón y repartimiento que hizo de mi orden, donde a su tiempo se celebrarán los acuerdos capitulares y demás actos que convengan al progreso y utilidad de esta República.
Y en cumplimiento de lo determinado en dichas leyes, he resuelto el que para el gobierno de esta República, el día de Año Nuevo por la mañana, por estar tan inmediato, se haga nombramiento de los individuos siguientes:
Primeramente un alcalde de primer voto y juez de los naturales; otro de segundo voto y juez de menores, a quienes en conformidad de la ley II que va referida, les doy
y concedo toda la jurisdicción ordinaria que por derecho sea necesario y está conce- dida a los demás alcaldes de las ciudades, villas y lugares de estos reinos, sin limitación alguna, para que juntamente con el regimiento tengan la administración de la República. Item, un alférez real, quién sacará el estandarte todos los años en la festividad del glorioso San Felipe, apóstol, su víspera por la tarde, y asistirá con el resto del Cabildo y acompañamiento de vecinos a las vísperas y el día del glorioso santo, por la mañana, a la misa mayor que se celebrare; habiendo de recaer en dicho alférez real el depósito de la vara de cualquiera de los alcaldes en caso de muerte, ausencia o enfermedad como está dispuesto por reales leyes y ordenanzas. Item, un alguacil mayor, quién continuamente traiga vara alta de justicia, a imitación de los alcaldes ordinarios, y quien tendrá a su cargo la cárcel, presos y prisiones que se fabricasen y servirá de ministro ejecutor de las órdenes y mandamientos de los alcal- des ordinarios; y porque por ahora no hay número suficiente de individuos, recaerá
el oficio de procurador general de esta ciudad en el referido alguacil mayor. Item que se nombre un alcalde provincial y otro de la Santa Hermanda, para la guardia y custodia de estos campos, como se acostumbra en las demás ciudades de este gobier- no. Item. que se nombren dos regidores y en el uno recaiga el oficio de fiel ejecutor y
en otro de depositario general, lo que declararé al tiempo del nombramiento de dichos oficiales; y declaro que estos oficiales, que por ahora he de nombrar, han de servir sus oficios por el término de un año, que ha de empezar desde el día primero
de enero y acabar en dicho día del año siguiente, en que se junten en su Ayuntamien-
to y elegirán nuevos alcaldes y demás oficiales en el número y calidad que va referido en la forma y método que se dará por auto que proveeré para que se observe en
iterin que S.M. otra cosa disponga. Y hecha la elección y juramento ordinario, los nuevamente electos remitirán testimonio de sus elecciones a la capital de esta pro- vincia, que lo es la Muy Noble y Leal ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, donde tengo mi asistencia; para que vistas por mí u otro señor gobernador que me suceda en el referido empleo, sean confirmadas di- chas elecciones procurando siempre elegir las personas más beneméritas, de buenas costumbres, opinión y fama, de manera que no sean inferiores ni tengan raza alguna
de morisco, judío ni mulato, para que así se mantengan en paz y quietud en sus ayuntamientos y lugares de actos públicos, observando en ellos lo que se contiene en las reales ordenanzas, que se observan en Buenos Aires, confirmadas por S.M. que dejaré en testimonio para que se tengan presentes y se guarden en el archivo de esta ciudad, las cuales quedarán con auto que proveeré a su continuación, para la observancia de algunas adiciones, en que por ahora he tenido por bien dispensar por la pobreza y cortedad de esta nueva vecindad. Y por cuanto en ella no reside escribano público ni real, doy facultad a los alcaldes ordinarios, provincial y de la Santa Her- mandad, que en los casos de justicia que se ofrezcan, puedan actuar por sí y ante sí,
en presencia de dos testigos que firman con ellos, lo que hará fe en derecho como si fuera ante escribano público o real. Y por cuanto el derecho no excluye de semejan- tes magistrados a las personas que no saben leer ni escribir, dispenso que por término de seis años pueden ser electos los que no supieren leer ni escribir, siendo perso- nas idóneas y de capacidad, firmando por ellos un testigo legal en falta de escribano que de fe. Y así lo proveo, mando y firmo, por ante mí y dos testigos con quienes lo autorizo a falta de escribano público ni real, y en este libro de acuerdos capitulares,
de papel común, que se compone de trescientas treinta y seis fojas. Don Bruno de
Zabala. Testigo. Francisco de Lemos. Testigo. Pedro Millán.
Agradecemos al Dr. Prof. Walter Rela por compartir su trabajo con nosotros y permitirnos difundirlo.
Sugerimos visitar su sitio web www.walterrela.com donde encontrarán variados y abundantes estudios históricos.

References: resolución 
 Real decreto 
 resolución 
 artículo 6
 resolución 
 resolución