Source: https://www.slideshare.net/DiversidadyCoeducacion/sentencia-tribunal-constitucional-matrimonio-igualitario
Timestamp: 2017-09-23 03:12:56+00:00

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1. El Pleno del Tribunal Constitucional, compuesto por don Pascual Sala Sánchez,Presidente, don Ramón Rodríguez Arribas, don Manuel Aragón Reyes, don Pablo PérezTremps, doña Adela Asua Batarrita, don Luis Ignacio Ortega Álvarez, don Francisco Pérez delos Cobos Orihuel, doña Encarnación Roca Trías, don Andrés Ollero Tassara, don FernandoValdés Dal-Ré y don Juan José González Rivas, ha pronunciado EN NOMBRE DEL REYla siguiente SENTENCIA En el recurso de inconstitucionalidad núm. 6864-2005, interpuesto por don IgnacioAstarloa Huarte-Mendicoa, comisionado al efecto por otros setenta y un Diputados del GrupoPopular del Congreso, contra la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que modifica el Código Civilen materia de derecho a contraer matrimonio. Ha comparecido y formulado alegaciones elAbogado del Estado. Ha sido ponente el Magistrado don Pablo Pérez Tremps, quien expresa elparecer del Tribunal. I. Antecedentes
2. 2 1. Por escrito registrado en este Tribunal el 30 de septiembre de 2005, don IgnacioAstarloa Huarte-Mendicoa, actuando en condición de Comisionado de otros setenta y unDiputados del Grupo Popular del Congreso, interpuso recurso de inconstitucionalidad contra laLey 13/2005, de 1 de julio, por la que modifica el Código Civil en materia de derecho a contraermatrimonio, publicada en el Boletín Oficial del Estado de 2 de julio de 2005. Tras exponer los fundamentos jurídico-procesales de la demanda y solicitar de esteTribunal que, conforme a lo dispuesto en el art. 88.1 LOTC, se recaben de las Cortes Generales ydel Gobierno el expediente de elaboración de la Ley recurrida y cuantos informes se hayanelaborado en relación con la misma por los órganos constitucionales o de relevanciaconstitucional a los efectos de poder completar, en su caso, las alegaciones en el trámite procesaloportuno, el escrito de interposición desarrolla los fundamentos de Derecho del recurso en lostérminos que a continuación se exponen: A) En un primer apartado titulado “Planteamiento general del recurso” se pone de relieveque la Ley impugnada consta de un artículo único con varios apartados que modifican diversospreceptos del Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. La modificaciónprincipal, de la que traen causa todas las demás, es la contenida en el apartado uno, que añade unsegundo párrafo al art. 44 CC, que dispone que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos yefectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo”. Los demás apartadosdel art. único, así como las disposiciones adicionales de la Ley, adaptan desde un punto de vistaterminológico diversos preceptos del CC y de la Ley de 8 de junio de 1957, sobre el RegistroCivil a esta nueva posibilidad, sustituyendo expresiones como “marido y mujer” por la de “loscónyuges” o “los consortes”, o “el padre y la madre” por “los padres” o “los progenitores”. En opinión de los recurrentes, mediante esta simple reforma de unas cuantas palabras delCódigo Civil se vendría a modificar la concepción secular, constitucional y legal del matrimoniocomo unión de un hombre y una mujer. A pesar de parecer una reforma legal mínima, se trata deuna de las modificaciones legislativas de mayor trascendencia y repercusiones para la sociedadespañola, puesto que, en el fondo, se viene a crear una institución nueva, cuyos perfiles sondistintos a aquellos por los que hasta ahora ha sido conocido el matrimonio. En este sentido, seseñala que la reforma no sólo afecta al conjunto de normas que se refieren a la instituciónmatrimonial, sino también a todo el sistema normativo relativo a la familia, que se apoya en
3. 3conceptos jurídicos seculares como el de padre, madre, esposo y esposa, y que también se veafectado por la posibilidad de que los matrimonios en que los cónyuges pertenecen al mismosexo adopten a menores. Tras señalar que esta forma de proceder del legislador suscita reproches de todo orden yque en la elaboración de la ley se han despreciado los informes del Consejo General del PoderJudicial, del Consejo de Estado y de la Real Academia de la Lengua, los recurrentes ciñen susobjeciones a las jurídico-constitucionales y, concretamente, a la vulneración de los arts. 32, 10.2,14 (en relación con los arts. 1.1 y 9.2), 39.1, 2 y 4, 53.1 (en relación con el art. 32), 9.3 y 167,todos ellos CE, así como a lo que se considera que constituyen tres razones añadidas que dan a lainconstitucionalidad de la Ley un relieve muy particular. Estas razones, que se exponenpreviamente a las concretas tachas de inconstitucionalidad, son las siguientes: a) El carácter básico de la institución del matrimonio. Se recuerda que existen pocasinstituciones en la historia de la humanidad con la tradición, solidez e importancia social delmatrimonio, institución que responde a la lógica de las necesidades naturales y sociales denuestra especie, así como a su perpetuación. De ahí la necesidad de reconocer, proteger yfomentar de forma precisa, específica y sostenida en el tiempo la unión entre el hombre y lamujer. Y de ahí que la Ley impugnada desnaturalice el matrimonio, haciendo de una institucióncon unos contornos tan definidos y universales una institución polisémica, borrosa y disponible. b) La imposibilidad de que el legislador modifique la Constitución cambiando el nombreacuñado de las cosas empleado por el constituyente. Se aduce, desde este punto de vista, quemediante el sencillo fraude de modificar el sentido de las palabras utilizadas por el constituyentey el contenido de las instituciones reconocidas por el mismo lo que se está haciendo es vulnerarla integridad y la fuerza normativa del texto constitucional. Los recurrentes admiten la necesidadde adaptar las instituciones a cada tiempo y circunstancia, pero tratándose de una institucióngarantizada constitucionalmente consideran que esta decisión corresponde al poder de reformaconstitucional y no al legislador ordinario. c) La posibilidad de conseguir la finalidad perseguida a través de fórmulas que nosupongan una ruptura de la Constitución. Los recurrentes consideran que la reforma aprobadapretende institucionalizar y proteger jurídicamente la convivencia estable de parejas del mismosexo en iguales o similares términos que se hace en el caso de las parejas heterosexuales. Dicha
4. 4finalidad es compartida por el Grupo Parlamentario al que pertenecen los recurrentes, pero en suopinión el error constitucional reside en que para hacer efectivo este propósito no resultanecesario desnaturalizar la institución constitucional del matrimonio o ponderar y escoger entrediversos intereses de relevancia constitucional teóricamente en conflicto. No se recurre la Leyporque amplíe los derechos de los homosexuales, ni porque pretenda introducir en elordenamiento español un cauce institucional para encauzar su relación de pareja con plenosefectos jurídicos. Se recurre, entre otras cosas, porque amplía tales derechos de un modoinnecesario y cuando podría hacerse sin desvirtuar una institución tan fácil y universalmentereconocible como el matrimonio, y sin respetar el derecho querido por millones de ciudadanos yprotegido por la Constitución a adherirse personalmente a una institución como el matrimonioentre un hombre y una mujer. La Constitución no se respeta, continúan los recurrentes, privandode derechos a quienes legítimamente los tienen para reconocer con ello los nuevos derechoslegítimos de otros; se respeta y avanza desde un punto de vista democrático dando derechos aquienes no los tenían, pero sin perturbar ni disminuir los que la Constitución garantiza. Respetarla institución del matrimonio tal y como la ha querido el constituyente no es incompatible,concluyen los recurrentes, con la plena equiparación de derechos civiles de las personashomosexuales. Existen diversas opciones para ello, pero la peor es la escogida por el autor de lareforma, quien para construir destruye una institución constitucionalmente garantizada como elmatrimonio. B) El primer y fundamental motivo de inconstitucionalidad aducido por los recurrentes esla infracción del art. 32 CE, relativo al derecho a contraer matrimonio y a su garantíainstitucional. En su opinión, de este precepto se desprenden dos notas fundamentales: que elderecho a contraer matrimonio está constitucionalmente reconocido al “hombre y la mujer”,siendo la igualdad y la heterosexualidad las dos notas principales del mismo; y que laConstitución dota al matrimonio de una garantía institucional, asegurando su existencia ypreservándolo en los términos que lo hacen reconocible. Se consideran inexactas, en cambio, lastesis de los defensores de la Ley en el sentido que el art. 32 CE no exige que el hombre y lamujer deban casarse “entre sí”, así como que la incorporación de las parejas homosexuales a lainstitución matrimonial no la menoscaba, puesto que añade derechos sin afectar a los de nadie.Los recurrentes argumentan extensamente su posición respecto del art. 32 CE a partir de suinterpretación literal, su interpretación en relación con los antecedentes históricos,constitucionales y legislativos, y a partir de la propia doctrina del Tribunal Constitucional. A elloañaden una serie de consideraciones en relación con el art. 32.2 CE, el papel de los derechos
5. 5fundamentales en nuestro sistema constitucional, las garantías institucionales y el Derechocomparado. a) El criterio del sentido propio de las palabras empleadas en el art. 32.1 CE sirve a losrecurrentes para sostener, en primer lugar, que la utilización del término “matrimonio” –y no deotros como “relación de convivencia” o “relaciones estables de familia”- resulta en sí mismasignificativa, puesto que su propio significado etimológico es revelador de su verdaderanaturaleza. Aunque no existe plena coincidencia sobre la etimología latina del vocablomatrimonio, la idea predominante en las diversas derivaciones del mismo es la idea de “madre”,que presupone la de engendramiento y la unión sexual entre un hombre y una mujer. De acuerdocon ello, el matrimonio equivale a un vínculo jurídico entre varón y mujer, no siendo casual queel Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo defina como la “unión de hombre y mujerconcertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. En esta misma línea de interpretación literal del art. 32.1 CE se señala, en segundo lugar,que la referencia expresa al “hombre y la mujer” permite deducir de modo evidente una reservaconstitucional del matrimonio a favor de parejas heterosexuales, puesto que el art. 32 CE es elúnico precepto constitucional que utiliza dicha referencia para determinar quienes son lostitulares del derecho a contraer matrimonio. Que el único precepto constitucional que hacereferencia a la diversidad sexual de las personas sea precisamente el art. 32.1 CE resulta para losrecurrentes significativo y determinante, puesto que implica que el hombre y la mujer –no lasparejas del mismo sexo- tienen constitucionalmente garantizado el derecho a contraermatrimonio. Más allá de recordar que este mismo criterio es compartido por el Consejo del Estado, ladoctrina científica, la jurisprudencia, la Dirección General de los Registros y el Notariado, y lostratados internacionales suscritos por España, los recurrentes también esgrimen que debe llegarsea idéntica conclusión si se tienen en cuenta los preceptos constitucionales que, al margen del art.32 CE, hacen referencia al matrimonio ya sea de modo expreso (art. 39 CE) o implícito (art. 58CE). De lo contrario, no se entendería que el art. 39.2 CE se refiera a la protección de “lasmadres”, que el art. 39.3 CE aluda a “los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio”, ni que elart. 58 CE se refiera a “la Reina consorte” o “el consorte de la Reina”.
6. 6 Finalmente, en este mismo orden de consideraciones se señala que la referencia expresaal hombre y la mujer que hace el art. 32 CE debe interpretarse a la luz de la mención a la “plenaigualdad jurídica” contenida en su inciso final, mención que se justifica por la desigualdadexistente en el ordenamiento civil preconstitucional, pero que presupone el carácter heterosexualdel matrimonio, puesto que de otro modo no cabría predicar dicha igualdad entre los cónyuges. b) A la misma conclusión llegan los recurrentes interpretando el art. 32.1 CE a la luz desus antecedentes históricos, constitucionales y legislativos. En su opinión, el constituyente de1978 no creó ex novo la institución matrimonial, sino que partió y se remitió a la concepción delmatrimonio imperante en el mundo occidental y la tradición jurídica española. A partir delanálisis del proceso de elaboración del art. 32 CE los recurrentes concluyen que desde la primeraversión del anteproyecto hasta la versión definitiva siempre se contempló la referencia expresa al“hombre y la mujer” en el precepto relativo al derecho a contraer matrimonio (art. 27.1 delanteproyecto, 30.1 del proyecto y 32.1 del texto definitivo de la Constitución), sin que en ningúnmomento se contemplara otra posibilidad ni se acogiera otra formulación. Es más, se recuerda elrechazo de formulaciones alternativas en las que se hacía referencia genérica a “los cónyuges”(voto particular del Grupo Parlamentario Comunista) o a “toda persona” (voto particular delGrupo Parlamentario Socialista), así como enmiendas en sentido similar (núms. 64 y 479 en elCongreso de los Diputados, y núms. 25 y 465 en el Senado), lo cual permite deducir que laConstitución sólo contempla el matrimonio heterosexual. De ahí que, en su opinión, ni siquierafuese necesario añadir el inciso “entre sí” para exigir algo que estaba implícito en la referenciaexpresa a ambos sexos: la voluntad del constituyente de recoger la institución matrimonial comosiempre había existido. Idéntica conclusión cabe inferir, según los recurrentes, desde la perspectiva de losantecedentes histórico-legislativos. La historia del Derecho civil evidencia que la institución delmatrimonio ha suscitado amplios debates sobre aspectos de su configuración jurídica, nohabiéndose planteado nunca, en cambio, que pudiese dar cabida a las uniones de personas delmismo sexo. Ni la legislación histórica, ni las sucesivas regulaciones del matrimonio en leyesespeciales o en el Código civil se han apartado en ningún momento del carácter heterosexual delmatrimonio. Pero es que, además, como se argumentaba en la Resolución de la DirecciónGeneral de los Registros y el Notariado de 21 de enero de 1988, un matrimonio homosexual seríasin duda nulo por aplicación del art. 73.1 CC. En parecidos términos, la Sentencia del TribunalSupremo de 19 de abril de 1991 consideraba inexistente, por contrario a la Constitución, el
7. 7eventual matrimonio contraído por un transexual con una persona del mismo sexo cromosómico.Aunque en la Sentencia de 6 de septiembre de 2002 el mismo Tribunal adoptó una solución másinnovadora, al posibilitar la rectificación registral como manifestación del derecho al libredesarrollo de la personalidad, también negó la posibilidad que un transexual pueda contraermatrimonio según el nuevo sexo adquirido. Sentado lo anterior, prosiguen los recurrentes, las dosúnicas cuestiones desde la aprobación de la Constitución que han afectado de alguna manera alrégimen jurídico del matrimonio en lo que atañe a su configuración institucional ha sido elreconocimiento de las uniones de hecho por parte de algunas Comunidades Autónomas, y elacceso de los transexuales al matrimonio a través de la rectificación registral del sexo. Por lotanto, concluyen, la Ley impugnada constituye un paso sin precedentes en la tradición jurídicaespañola, sólo secundada en el Derecho comparado europeo por Holanda y Bélgica, y en elDerecho comparado extraeuropeo por algunos territorios de Canadá (Ontario y la ColumbiaBritánica) y algunos Estados de Estados Unidos de América (Hawai, Alaska, Vermont yMassachussets). c) La interpretación del art. 32.1 CE defendida por los recurrentes también resultaavalada, en su opinión, por la propia doctrina del Tribunal Constitucional. Por un lado, de suspronunciamientos sobre la convivencia “more uxorio” cabe deducir que el matrimonio y laconvivencia extramatrimonial no son realidades equivalentes, pudiendo otorgarse un trato másfavorable al primero (SSTC 184/1990 y 47/1993). En esta misma línea, el TribunalConstitucional también ha destacado que no es dable reconocer un derecho a formar una uniónde hecho que sea acreedora del mismo trato dispensado por el legislador a quienes en ejerciciodel derecho reconocido en el art. 32 CE contraigan matrimonio (SSTC 184/1990, 29/1991,30/1991, 31/1991, 35/1991, 38/1991, 77/1991, 29/1992 y 66/1994). Así, por ejemplo, en materia de pensiones de viudedad el Tribunal ha afirmado de modoreiterado que ni el art. 14 CE ni el art. 10.1 CE pueden servir de fundamento a un derecho apercibir dicha pensión en el seno de las parejas de hecho (STC 184/1990), aunque ha tenido encuenta el elemento de la voluntariedad de la convivencia more uxorio. En cambio, en el caso dela subrogación arrendaticia no se ha considerado constitucional establecer una diferencia entre elcónyuge supérstite y el miembro que lo fuera de una unión de hecho, pero no por considerarinfringido el art. 14 CE, sino los arts. 39.1 y 47 CE (STC 222/1992).
8. 8 Más recientemente, recuerdan los recurrentes, en el ATC 222/1994, de 11 de julio, elTribunal ha señalado que “al igual que la convivencia fáctica entre una pareja heterosexual, launión entre personas del mismo sexo biológico no es una institución jurídicamente regulada, niexiste un derecho constitucional a su establecimiento; todo lo contrario al matrimonio entre unhombre y una mujer, que es un derecho constitucional que genera ope legis una pluralidad dederechos y deberes (STC 184/1990)”. Se añade que este argumento viene avalado por lajurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, de acuerdo con la cual la exclusióndel matrimonio entre personas del mismo sexo no implica vulneración del art. 12 del Conveniode Roma. Concluye el mencionado Auto que “se debe admitir la plena constitucionalidad delprincipio heterosexual como calificador del vínculo matrimonial, tal como prevé nuestro CódigoCivil, de tal manera que los poderes públicos pueden otorgar un trato de privilegio a la uniónfamiliar constituida por un hombre y una mujer frente a una unión homosexual”. En definitiva, a la luz de la doctrina del Tribunal Constitucional, la unión de hecho(heterosexual u homosexual) no es equiparable a la unión constitutiva del matrimonio. Si bienalguno de sus pronunciamientos considera que dicha diferenciación es fruto de una libreelección, tal conclusión puede extenderse a las uniones de hecho homosexuales, con el matizciertamente obligado de que el carácter fáctico de esa unión resulta necesario, en la medida enque hasta la reforma impugnada tales uniones no podían convertirse en matrimonio. De ello nopuede inferirse, sin embargo, tacha alguna de inconstitucionalidad, en la medida en que no es lalegalidad ordinaria, sino la propia Constitución la que opta por reconocer y consagrar laconfiguración heterosexual del matrimonio. A mayor abundamiento, señalan los recurrentes, el Tribunal ha dejado claro en el ATC446/1984, de 11 de julio, que no conculca los principios constitucionales de igualdad y nodiscriminación una legislación de la que se deriven efectos jurídicos diferentes para lasrelaciones heterosexuales y las homosexuales. Si no es dable reconocer un derecho a formar unaunión fáctica homosexual que sea acreedora del mismo tratamiento jurídico que el dispensadopor el legislador a quienes contraigan matrimonio en virtud de lo dispuesto en el art. 32 CE, noparece constitucionalmente admisible, concluyen los recurrentes, que dicho planteamiento puedasubvertirse mediante la aprobación de una ley ordinaria que permita dar cabida en la institucióndel matrimonio a las uniones de personas del mismo sexo, sobre todo cuando dicho preceptoconstitucional garantiza esta institución.
9. 9 d) A la vista de los diversos criterios de interpretación que se acaban de emplear, losrecurrentes concluyen que el art. 32 CE reconoce un derecho constitucional al matrimonio entrehombre y mujer, pero no a las parejas del mismo sexo. Aunque ello no obsta para que ellegislador pueda arbitrar una regulación de las formas de convivencia more uxorio entre estasúltimas, sí que impide que pueda extenderse el derecho a contraer matrimonio a las parejashomosexuales. El art. 32.2 CE remite a la ley la regulación, entre otras cosas, de las formas dematrimonio y los derechos y deberes de los cónyuges, y aunque ello no impide que el mismorealice una regulación general del matrimonio en ejercicio de sus potestades constitucionales, elart. 32 CE constituye un límite infranqueable para el legislador. Al margen de la interpretación de este precepto realizada hasta ahora, los recurrentesrecuerdan que la doctrina del Tribunal Constitucional ha reconocido tradicionalmente el doblecarácter de los derechos fundamentales y que, más allá de su dimensión subjetiva, los mismostienen una dimensión objetiva que obliga al legislador a proteger los valores subyacentes a losmismos y que pone de relieve que los derechos fundamentales tienen una eficacia conformadorade la sociedad al ser fundamento del orden político y la paz social (art. 10.1 CE). Desde estaperspectiva, no resulta admisible, en su opinión, apelar a que la ley extiende un derechofundamental a quien no lo tiene reconocido, máxime teniendo en cuenta que la sociedad enterase ve afectada por la eliminación de un elemento básico del matrimonio –la heterosexualidad-tanto en su dimensión de derecho fundamental como de institución jurídica. Para ilustrar laargumentación, los recurrentes señalan que lo que lleva a cabo la ley recurrida es equivalente auna hipotética supresión de la facultad de disponer en el derecho a la propiedad (art. 33 CE), o dela voluntad del causante en el derecho a la herencia reconocido en el mismo preceptoconstitucional. Los recurrentes reiteran a continuación que los objetivos perseguidos por el legislador nopueden servir de argumento legítimo para desnaturalizar la institución del matrimonio. Se invocala doctrina de este Tribunal sobre el concepto de garantía institucional y, concretamente, la STC32/1981 para señalar que lo que se protege constitucionalmente no es un contenido concreto dela institución, sino su preservación en términos reconocibles para la imagen que de la mismatiene la conciencia social en cada tiempo y lugar, de modo que no cabe limitarla privándole en lapráctica de sus posibilidades de existencia real para convertirla en un simple nombre. Ladefinición de garantía institucional sirve a los recurrentes para señalar que el art. 32 CE contieneuna inequívoca garantía institucional del matrimonio, tal y como reconoció la STC 184/1990,
10. 10que no sólo afecta a su propia existencia como institución o como derecho a contraerlo, sinotambién a su preservación en los términos que la hacen reconocible conforme a la propiaConstitución, en relación con el contexto y los antecedentes históricos y legislativos, lo cualincluye, según su parecer, el principio heterosexual. La garantía institucional también sirve parareaccionar frente a las normas que, sin suprimirla formalmente, la vacían de contenido o ladesnaturalizan, ya sea creando figuras paralelas que lleguen a resultados similares, ya seaalterando sustancialmente los perfiles básicos que les son propios. En otras palabras, recuerdanlos recurrentes, la existencia de una garantía institucional del matrimonio determina lainconstitucionalidad de las eventuales normas que, sin hacerlo desaparecer, desvirtúan,tergiversan o desnaturalizan su contenido predeterminado por la Constitución. Además, la Ley impugnada se considera innecesaria para los objetivos perseguidos y, entodo caso, desproporcionada, si se atiende a una debida ponderación de los bienes, derechos yvalores en juego. Los objetivos señalados en la Exposición de Motivos de la Ley(reconocimiento legal de los diversos modelos de convivencia, promoción de la igualdad efectivade los ciudadanos en el libre desarrollo de su personalidad, remoción de toda discriminaciónbasada en la orientación sexual, y acceso de las parejas del mismo sexo a un status equiparable alos matrimonios) no pueden legitimar una alteración de la institución matrimonial como la que sepretende. Para confirmar el carácter innecesario y desproporcionado de la medida recurrida seacude al Derecho comparado, donde el matrimonio se concibe generalmente como una unión depersonas de distinto sexo. Únicamente en pocos supuestos (en Holanda, a través de la Ley de 7de diciembre de 2001; y en Bélgica, mediante la Ley de 30 de enero de 2003) se ha abierto elmatrimonio a las parejas del mismo sexo, aunque con algunas diferencias en materia de filiacióny adopción. En ambos casos, sin embargo, la institución del matrimonio no estáconstitucionalmente tan protegida como en España. En el caso holandés la Constitución noincluye el derecho a contraer matrimonio entre los derechos recogidos en su Título I; y en el casode la Constitución belga únicamente se garantiza que el matrimonio civil deberá preceder a labendición nupcial, salvo las excepciones que en su caso prevea la ley. En cambio, en los paísesque, como Alemania, se otorga una especial protección al matrimonio o al derecho a contraerlono se permite una ampliación del mismo a las parejas homosexuales. Los recurrentes citan eneste último caso la Sentencia del Tribunal Constitucional Federal alemán de 17 de julio de 2002,relativa al registro de las parejas de hecho. En ella se señaló que la Ley recurrida eraconstitucional porque la protección que dispensa la Ley Fundamental de Bonn al matrimonio noimpide al legislador atribuir a las parejas del mismo sexo derechos y deberes parecidos. Y ello
11. 11porque una institución que se dirige a personas que no pueden contraer matrimonio no constituyeamenaza para esta institución. El repaso del Derecho comparado se cierra con la alusión a laregulación existente en algunas Provincias de Canadá y Estados de los Estados Unidos deAmérica. En el primer caso, se señala que en Provincias como Ontario y la Columbia Británicase ha abierto por vía jurisprudencial el matrimonio a las parejas homosexuales, aunque tambiéncabe recordar que la Carta canadiense de Derechos y Libertades no incluye el derecho a contraermatrimonio. En el caso de los Estados Unidos de América se recuerda que la apertura delmatrimonio o uniones civiles a parejas del mismo sexo encontró acogida por vía jurisprudencialen Estados como Hawai, Alaska, Vermont o Massachussets, aunque la cuestión ha derivado endiferentes soluciones. Todas estas experiencia permiten apreciar, concluyen los recurrentes, quetambién en el Derecho comparado el matrimonio se contempla como una unión de personas dedistinto sexo, siendo muy pocos los casos en que dicha institución ha dado cabida a las parejashomosexuales. Y cuando esto último se ha producido, el marco constitucional difierenotablemente del español, puesto que las Constituciones no le dispensan la misma protección.Por todo ello, frente a la opción escogida por el legislador español, existen otras vías nomatrimoniales que permiten razonablemente alcanzar los objetivos perseguidos por el mismo. Enopinión de los recurrentes, estas vías, que han sido las preferidas en los ordenamientos jurídicosmás próximos al español, son más adecuadas y proporcionadas que la impugnada. A la vista de todo lo anterior, resumen los recurrentes, puede afirmarse que laConstitución Española y, en concreto, sus arts. 32, 14 y 10 no reconocen ni amparan un derechoal matrimonio entre personas del mismo sexo, lo cual no impide que el legislador pueda regularotros medios de convivencia en pareja entre personas del mismo sexo. Por todo ello, se concluyeque el primer apartado del art. único de la Ley impugnada es contrario al art. 32 CE y, comoconsecuencia de ello, que también lo son las previsiones contenidas en los demás apartados dedicho Artículo, así como las disposiciones adicionales primera y segunda. C) El segundo motivo de inconstitucionalidad aducido por los recurrentes es la infraccióndel art. 10.2 CE, relativo a la interpretación de los derechos fundamentales a la luz de los tratadosinternacionales ratificados por España en materia de derechos. Se pone de manifiesto que tanto laDeclaración Universal de los Derechos Humanos (art. 16), como el Pacto Internacional deDerechos Civiles y Políticos (art. 23.2) y el Convenio de Roma para la Protección de losDerechos Humanos y las Libertades Fundamentales (art. 12) se refieren al derecho del hombre yla mujer a contraer matrimonio y fundar una familia, por lo cual el art. 32 CE también debe ser
12. 12interpretado por imperativo del art. 10.2 CE, en el sentido de entender que los miembros de lapareja han de ser hombre y mujer. En este mismo sentido, se señala que la jurisprudencia del Tribunal Europeo de DerechosHumanos relativa al art. 12 CEDH ha proclamado expresamente la concepción heterosexual delmatrimonio y el reconocimiento a los Estados miembros de un ámbito de decisión en cuanto aextremos tales como los requisitos para contraer matrimonio (Sentencias de 6 de noviembre de1980 -asunto Dosterwijck contra el Reino Unido-, y de 17 de octubre de 1986 -asunto Reescontra el Reino Unido). En esta misma línea, la Sentencia de 27 de septiembre de 1990 (asuntoCossey contra el Reino Unido) señaló que la evolución científica y social habida hasta la fechano evidenciaba el abandono de la concepción tradicional del matrimonio. Aunquepronunciamientos más recientes, como la Sentencia de 11 de julio de 2002 (asuntos I. contraReino Unido y Christine Goodwin), permiten atisbar alguna modulación haciendo unainterpretación dinámica del Convenio en razón de la evolución social, médica y científica, dichospronunciamientos no cuestionan tanto el carácter heterosexual del matrimonio como los criteriospara determinar si concurre el principio de heterosexualidad en los casos de transexualidad. Por su parte, también la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de las ComunidadesEuropeas se ha pronunciado en el mismo sentido al señalar, en la Sentencia D. contra el Reino deSuecia, de 31 de mayo de 2001, que a pesar de la evolución experimentada en las mentalidadesen relación con la homosexualidad, las relaciones homosexuales duraderas no estáncomprendidas en el ámbito de aplicación del derecho al respeto de la vida familiar protegido porel art. 8 CEDH, tal y como ha reconocido el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Finalmente, los recurrentes citan la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión y,concretamente, su art. II-69, que reconoce el derecho a contraer matrimonio según las leyesnacionales que regulen su ejercicio. Aunque esta fórmula podría parecer que abre las puertas alreconocimiento del matrimonio homosexual, los recurrentes recuerdan que en el dictamen delConsejo de Estado se pone de relieve que los arts. 69 y 112 cierran las puertas a dicha posibilidadal remitirse al contenido del CEDH y a las tradiciones constitucionales de los países miembroscomo límites de su interpretación. A la vista de todo ello, se concluye que la interpretación del art. 32 CE de conformidadcon los tratados internacionales suscritos por España lleva a afirmar que el derecho
13. 13constitucional a contraer matrimonio se predica únicamente respecto de la pareja heterosexual,por lo que la extensión de este derecho a las personas homosexuales contradice el art. 10.2 CE. D) El tercer motivo de inconstitucionalidad invocado por los recurrentes es la infraccióndel art. 14 CE, en relación con los arts. 1.1 y 9.2 CE, relativos al principio de igualdad y a lainterdicción de cualquier discriminación por razón de la orientación sexual. En apoyo de estaposición se recuerda que la Exposición de Motivos de la Ley impugnada cita como fundamentosconstitucionales de la misma la remoción de toda discriminación basada en la orientación sexualy la promoción de la igualdad efectiva de los ciudadanos al permitir el libre desarrollo de lapersonalidad. Todo ello halla apoyo constitucional explícito en los arts. 1.1, 9.2 y 14 CE. Sinembargo, los recurrentes sostienen que la Ley impugnada parte de una interpretación de estospreceptos que es contraria a la Constitución y a la doctrina del Tribunal Constitucional. Y elloporque, además de que a nadie se le ha impedido nunca contraer matrimonio por serhomosexual, el matrimonio entre personas de sexos distintos no es equiparable a las parejashomosexuales, constituyendo una institución diferente. En este sentido se cita de nuevo el ATC222/1994, de 11 de julio, así como la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanosconsiderando que la no regulación del matrimonio entre personas del mismo sexo no constituyeuna violación del art. 12 CEDH. De acuerdo con esta interpretación, prosiguen los recurrentes,no puede pretenderse utilizar una institución como el matrimonio, que tiene unos perfiles tanclaros y tradicionales, para aplicarla a una realidad social tan distinta que no ha sido contempladapor la Constitución. En definitiva, concluyen los recurrentes, las normas de la Ley impugnadaparten de una interpretación del art. 14 CE contraria a la Constitución y a la doctrina de esteTribunal, por lo cual deberían ser declaradas inconstitucionales. E) El cuarto motivo de inconstitucionalidad invocado por los recurrentes es la infraccióndel art. 39 CE en sus apartados 1, 2 y 4, relativos a la protección de la familia y de los hijos.Aunque esta vulneración se predica de la Ley en su conjunto, el desarrollo de esta alegación secircunscribe al apartado siete de su art. único, que da una nueva redacción al art. 175.4 CC queabre la posibilidad que los cónyuges homosexuales adopten hijos conjuntamente. Esta previsiónresulta contraria, según los recurrentes, al mandato de protección integral de los hijos (art. 39.2CE), puesto que antepone la legitimación u homologación de las relaciones homosexuales alinterés del menor, que también es el interés rector de la adopción, así como a la idoneidad de losadoptantes. Coincidiendo con lo señalado por el Consejo de Estado en su informe de 26 de enerode 2005, los recurrentes consideran que plantear la cuestión de la adopción por parte de las
14. 14parejas homosexuales como un problema de discriminación supone hacer pasar por delante delinterés del menor las aspiraciones y deseos de quienes quieren adoptar, cuando no cabe hablar dediscriminación al no existir tampoco un derecho a adoptar por parte de las parejasheterosexuales. Los diputados recurrentes también esgrimen en defensa de su postura que no existe unagarantía mínima de certeza, en el ámbito de la comunidad científica, sobre la conveniencia deladoptado de vivir en el seno de una pareja homosexual. Prueba de ello sería que en los pocospaíses que han abierto el matrimonio a las parejas homosexuales no se reconoce la adopciónconjunta por parte de las mismas. Finalmente, se recuerda que el art. 39.2 CE también contempla la protección de lasmadres, protección que beneficia a la familia. En el caso de la adopción conjunta por una parejahomosexual dicha protección deviene imposible puesto que o bien nos encontramos con dosmadres, o bien con ninguna. Ello, además de repercutir necesariamente sobre los hijosadoptados, supondría una discriminación de las familias por razón de sexo prohibida por laConstitución. Es obvio, prosiguen los recurrentes, que la Constitución pensó en proteger a loshijos y a sus progenitores de sexo femenino asumiendo una relación familiar entre ambos. Por todo ello, se considera que el apartado siete del art. único de la Ley recurrida vulnerael art. 39.2 CE y, en especial, el deber de protección integral de los hijos, en la medida en queposibilita la adopción conjunta de menores por parejas homosexuales. F) El quinto motivo de inconstitucionalidad desarrollado en la demanda es la infraccióndel art. 53.1 CE en relación con el art. 32 CE. La inadecuación de las normas contenidas en laLey impugnada también deben entenderse referida, en su opinión, al art. 53.1 CE, puesto que elreconocimiento a las parejas del mismo sexo de un derecho que no tienen constitucionalmentereconocido conlleva una alteración de la configuración institucional del matrimonio que vulnerael contenido esencial del art. 32 CE y, por tanto, el art. 53.1 CE. G) El sexto motivo de inconstitucionalidad invocado en la demanda es la infracción delart. 9.3 CE y, concretamente, del principio de jerarquía normativa. En la medida en que, deacuerdo con lo expuesto en las alegaciones anteriores, las normas contenidas en la Ley
15. 15impugnada contradicen el art. 32 CE y, como consecuencia de ello, otros preceptosconstitucionales, debe considerarse también vulnerada dicha vertiente del art. 9.3 CE. H) El séptimo motivo de inconstitucionalidad aducido es la infracción del art. 9.3 CE ensu dimensión de principio de interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos. La aperturade la institución matrimonial a parejas del mismo sexo cuando el art. 32 CE reserva la titularidady el ejercicio de este derecho al “hombre y la mujer”, y ello, además, mediante la aprobación deuna ley ordinaria y sin la reforma previa de la Constitución, constituye para los recurrentes unaarbitrariedad del legislador que se compadece mal con esta dimensión del art. 9.3 CE, referida alos poderes públicos –no únicamente a la Administración- y, por lo tanto, también al legislador. I) El octavo y último motivo de inconstitucionalidad es la infracción del art. 167 CE,relativo a la reforma constitucional. Según los recurrentes, la Ley impugnada habría infringidoimplícitamente el art. 167 CE al no haber seguido el cauce formal previsto en este precepto parareformar el art. 32 CE y haber optado en su lugar por una reforma legal que, a través de lasimple alteración de unas palabras, habría dado lugar a una auténtica mutación del ordenconstitucional. En su opinión, la única vía posible para introducir el matrimonio homosexual enel ordenamiento español sería la reforma constitucional, de modo que su introducción por vía dela legislación ordinaria supondría una infracción múltiple de la Constitución que también afectaal art. 167 CE. J) Expuestas las alegaciones de los recurrentes, el suplico de su escrito solicita laadmisión a trámite del recurso y la declaración de inconstitucionalidad del apartado primero delart. único de la Ley impugnada y, como consecuencia de ello, de los demás apartados del mismoArtículo y de las disposiciones adicionales primera y segunda, declarando la nulidad de lospreceptos y disposiciones impugnadas y de la Ley en su totalidad. Por otrosí se solicita que se recabe del Congreso de los Diputados, del Senado y delGobierno el expediente y cuantos informes y documentos se hayan elaborado por los órganosconstitucionales o de relevancia constitucional en relación con la Ley y los extremosimpugnados. 2. Por providencia de 25 de octubre de 2005, la Sección Segunda acordó admitir atrámite el recurso y, de conformidad con lo establecido en el art. 34 LOTC, dar traslado de la
16. 16demanda al Congreso de los Diputados, al Senado y al Gobierno, al objeto de personarse en elproceso y formular alegaciones en el plazo de quince días. Respecto a lo interesado en el otrosíde la demanda, se decidió acordar lo oportuno en el momento procesal procedente. 3. Mediante escrito registrado el 2 de noviembre de 2005, se persona en el recurso elAbogado del Estado en nombre del Gobierno, solicitando prórroga por el máximo legal del plazoconcedido para formular alegaciones, teniéndole el Tribunal por personado y concediéndoseleprórroga de ocho días para la presentación de alegaciones mediante Providencia de 7 denoviembre de 2005. 4. El 7 de noviembre de 2005 se registra en el Tribunal Constitucional el Acuerdo delCongreso de los Diputados de no personarse en el procedimiento ni formular alegaciones,poniéndose a disposición del Tribunal las actuaciones de la Cámara que el mismo pudieraprecisar. El 8 de noviembre de 2005 se registra el Acuerdo del Senado en el que se da porpersonada a dicha Cámara en el procedimiento y por ofrecida su colaboración a los efectos delart. 88.1 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. 5. Las alegaciones presentadas por el Abogado del Estado en representación delGobierno de la Nación fueron registradas en este Tribunal el 1 de enero de 2005. Dichasalegaciones siguen el orden de la demanda y se estructuran a partir de unas consideracionesgenerales sobre la impugnación y unas consideraciones específicas sobre los concretos motivosde inconstitucionalidad. A) El escrito de alegaciones se inicia con un planteamiento previo respecto a los diversosmodelos que, desde una perspectiva constitucional, pueden existir en relación con el matrimoniohomosexual. Según el modelo constitucional obligatorio la prohibición de discriminación porrazón de la orientación sexual obligaría a establecer el matrimonio homosexual en plena igualdadjurídica con el heterosexual. Este sería el caso de la Constitución de Massachussets, según lasentencia de la Supreme Judicial Court de 10 de noviembre de 2003, Hillary Goodridge andothers v. Department of Public Health. En el otro extremo estaría el modelo inconstitucional, enel que el establecimiento del matrimonio homosexual sería contrario a la Constitución. Yfinalmente, en el modelo intermedio o facultativo el matrimonio homosexual sería una opciónlibre del legislador, dejando la Constitución un amplio margen a su libertad de configuración.
17. 17Para la Abogacía del Estado este es el modelo que se deriva de la Constitución Española. Y ellobasándose en dos consideraciones iniciales. Por un lado, la homosexualidad se halla tutelada constitucionalmente por dos derechosfundamentales: el de libertad-intimidad del art. 18.1 CE, y el de igualdad y prohibición dediscriminación del art. 14 CE. El primero protege los actos sexuales privados y consentidos, tal ycomo se deriva de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (SentenciaSmith and Grady v. Reino Unido, de 27 de diciembre de 1999). Aunque el art. 14 CE no aludeexpresamente a la orientación sexual como criterio de discriminación proscrito, existeunanimidad respecto a su inclusión como “condición o circunstancia personal”, sobre todoteniendo en cuenta la jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo (por todas, Sentencia Kerner v.Austria, de 24 de julio de 2003), de la cual se deriva que las autoridades nacionales deben aportaruna justificación especialmente intensa cuando se da una diferencia de trato a los homosexualesfrente a los heterosexuales. El modelo intermedio también se fundamenta, por otro lado, en el art. 32 CE, preceptoque ha sido interpretado en tres ocasiones por el Tribunal Constitucional en relación con lahomosexualidad, tangencialmente en la STC 13/1982 y directamente en los AATC 446/1984, de11 de julio, y 222/1994, de 11 de julio. Esta última resolución es la única, según la Abogacía delEstado, en la que el Tribunal se ha manifestado en relación con las parejas del mismo sexo,señalando que se debe admitir la plena constitucionalidad del principio heterosexual comocalificador del vínculo matrimonial, pudiendo los poderes públicos otorgar un trato de privilegioa la unión familiar constituida por un hombre y una mujer. Ello no excluye, según el Tribunal,que el legislador pueda establecer un sistema de equiparación por el que los convivienteshomosexuales puedan llegar a beneficiarse de los plenos derechos y beneficios del matrimonio. A lo único que obliga la Constitución, prosigue el Abogado del Estado, es almantenimiento del derecho del hombre y la mujer a contraer matrimonio en condiciones deigualdad. A partir de ahí se abre un amplio espacio de decisión para el legislador que sólo tienedos límites derivados del art. 32 CE: el no poder suprimir dicho derecho; y el no poder exigir allegislador, basándose en el art. 14 CE, el establecimiento del matrimonio homosexual, siendo porlo tanto perfectamente constitucional que el matrimonio sea exclusivamente heterosexual.Respetando estos límites, el legislador puede adoptar al menos dos decisiones igualmenteconstitucionales: establecer un matrimonio heterosexual y una unión civil homosexual de
18. 18idéntico contenido, salvo en aquellos aspectos en los que concurra una justificaciónparticularmente intensa para establecer una diferencia; o bien admitir un matrimonio que décabida a parejas heterosexuales y homosexuales en condiciones de plena igualdad. A juicio delrepresentante del Gobierno, lo que sería posiblemente inconstitucional es no establecer ningúncauce jurídico para las uniones homosexuales que sea semejante al matrimonio en derechos yobligaciones, puesto que cabe entender, con el Consejo de Estado, que la prohibición dediscriminación del art. 14 CE y el principio del libre desarrollo de la personalidad del art. 10.1CE determinan la obligación de regular las uniones homosexuales si no se quiere incurrir en unadiscriminación indirecta, es decir, una diferencia de trato basada en un rasgo aparentementeneutro. En este sentido, el Abogado del Estado hace notar que el ATC 222/1994 es anterior alcambio de criterio del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la necesidad de considerarque la orientación sexual es un criterio de discriminación prohibido por el art. 14 CEDH(Sentencia Salgueiro da Silva v. Portugal, de 21 de marzo de 2000). Al margen del mencionado Auto, prosigue el Abogado del Estado, el TribunalConstitucional no ha tenido ocasión de pronunciarse directamente sobre las unioneshomosexuales, no siendo trasladable, sin más, la doctrina sentada respecto de las parejas dehecho heterosexuales. La diferencia importante sería que mientras para las parejas heterosexualesla unión de hecho es una mera opción, manifestación de su libertad personal, en el caso de lasparejas homosexuales la no regulación del matrimonio o de la unión civil significa condenarlas avivir extramuros del Derecho, sobre todo teniendo en cuenta que la orientación sexual es unfactor unido al libre desarrollo de la personalidad que no es mudable. Se citan, en este sentido, laSentencia del Tribunal Supremo del Canadá Egan v. Canadá, así como un informe de laAmerican Psychological Association (APA) que se acompaña en las alegaciones comodocumento núm. 1. B) Entrando en los concretos motivos de inconstitucionalidad aducidos en la demanda, seaborda, en primer lugar, de manera conjunta la vulneración de los art. 32, 53.1 y 10.2 CE, puestoque todos ellos están relacionados con la garantía institucional del matrimonio. El punto departida lo constituye la doctrina del Tribunal Constitucional sobre la garantía institucional, queno asegura un contenido concreto o un ámbito competencial determinado, sino la preservaciónde una institución en términos reconocibles para la imagen que de la misma tiene la concienciasocial en cada tiempo y lugar (por todas, SSTC 32/1981, 26/1987, 76/1988, 109/1998 y159/2001). Para contestar en este punto a la demanda, la Abogacía del Estado distingue entre los
19. 19argumentos interpretativos de la demanda, que son los más desarrollados, y aquellos que seencuentran más dispersos. Entre ambos, sin embargo, se realizan unas consideraciones relativas ala interpretación evolutiva de las instituciones garantizadas constitucionalmente que, en opiniónde esta parte, constituyen la clave para resolver el recurso. a) El Abogado del Estado muestra sus reservas respecto a la utilidad de la interpretaciónetimológica del art. 32 CE defendida en la demanda. Por un lado, porque puede apuntar a unavisión del matrimonio vinculada a la idea de carga o gravamen de la madre, incompatible con laplena equiparación entre hombre y mujer que proclama la Constitución, así como con las ideasde comunidad de afecto que genera un vínculo, lo cual es perfectamente compatible con el queemplea la Ley recurrida. En términos generales, se considera que la interpretación etimológicano es un argumento de peso, sobre todo si se tiene en cuenta que la etimología de las palabrasconecta con lo que en el momento de nombrar se entendía que constituía el contenido del objetonombrado. Lo verdaderamente relevante, se concluye, es la evolución social de la percepción delobjeto y no el contenido histórico que se le hubiere dado. b) Por lo que respecta a la interpretación sistemática del art. 32 CE se aduce que elprecepto pretendía garantizar la plena igualdad jurídica de los contrayentes, acabando así con lainadmisible tradición de establecer algún tipo de sumisión de la mujer a la manus marital. Lomáximo que podría derivarse de la interpretación sistemática de este precepto sería que no existeun derecho constitucional al establecimiento del matrimonio homosexual. Pero ello no impide, serecuerda una vez más, que del art. 32 CE se derive que el modelo constitucional en relación conel mismo es el facultativo, es decir, aquél en el que el legislador tiene un amplio margen demaniobra para reconocer las uniones de personas del mismo sexo. Probablemente, concluye elAbogado del Estado, de no existir el art. 32 CE resultaría difícil admitir una elección dellegislador que excluyera del matrimonio a las personas del mismo sexo. c) En relación con la interpretación histórica del art. 32 CE se considera que no hay dudade que históricamente ni el constituyente ni el legislador español se plantearon la posibilidad delmatrimonio homosexual. La homosexualidad ha estado tradicionalmente ausente del mundo delDerecho y cuando este último se ha ocupado de ella ha sido desde la perspectiva de la punición.La historia de la homosexualidad está vinculada a las ideas de pecado, delito y enfermedad oanomalía psiquiátrica y, por lo tanto, no puede servir como criterio para definir el futuro. Es asímáxime cuando existe un evidente cambio de las convicciones sociales sobre la misma. A juicio
20. 20del representante del Gobierno quedan desautorizados, pues, todos los argumentos que tratan dejustificar la prohibición del matrimonio homosexual basándose en la historia de la instituciónmatrimonial. La homosexualidad, se concluye, estaba fuera del matrimonio simplemente porquehabía sido expulsada de la sociedad. d) Las alegaciones de esta parte relativas a la interpretación evolutiva del art. 32 CEocupan un apartado autónomo. Como planteamiento general, se señala que la aproximaciónhistórica no es la adecuada para abordar los derechos de las parejas del mismo sexo, puesto queen la historia está el origen de la discriminación hoy proscrita. Además, se recuerda que elTribunal Constitucional tiene declarado que el histórico no es el criterio relevante para definir elcontenido de las garantías institucionales. Su contenido va redefiniéndose con la evolución de laconciencia social, y si ello no fuese así las Constituciones estarían condenadas a ir pereciendo enun proceso de alejamiento de la realidad que deben disciplinar. El Tribunal tiene señalado quedichas garantías no aseguran un contenido concreto fijado una vez por todas, sino la preservaciónde una institución en términos reconocibles para la imagen que de la misma tiene la concienciasocial en cada tiempo y lugar. Por ello, para que puedan entenderse vulneradas es necesaria laconcurrencia de dos requisitos: que la institución sea limitada, de tal modo que sea privada de susposibilidades de existencia real; y segundo, que se vulnere la imagen que la conciencia socialtiene de la misma, que quedaría irreconocible. En el caso que nos ocupa, prosigue el Abogadodel Estado, falta evidentemente el primero de los elementos, puesto que después de la entrada envigor de la reforma los heterosexuales pueden seguir contrayendo matrimonio en las mismascondiciones que lo hacían antes. Al no suponer ningún recorte de los derechos de las parejas delmismo sexo, la institución matrimonial no habría sido limitada, sino, en todo caso, ampliada ensu ámbito subjetivo. Pero tampoco se considera que se haya vulnerado la imagen del matrimonioque en este momento tiene la conciencia social. La importancia de la interpretación evolutiva de las instituciones es reforzada con elrepaso de algunas sentencias de Tribunales de otros países. Así, se citan la Sentencia HillaryGoodridge del Tribunal Supremo de Massachussets, así como la Sentencia del Tribunal Supremode Canadá de 9 de diciembre de 2004, en la que se recuerda que la Constitución es un árbol vivoque a través de una interpretación evolutiva se acomoda a las realidades de la vida modernacomo medio para asegurar su propia relevancia y legitimidad. Especialmente importante,continúa el representante del Gobierno de la Nación, es la Sentencia del Tribunal Supremo de losEstados Unidos de América Lawrence v. Texas, de 26 de junio de 2003, en la que se recuerda
21. 21que la historia y la tradición son dos puntos de partida, pero no siempre el punto final de lavaloración. Finalmente, se señala que la visión evolutiva también está implícita en la doctrina delTribunal Europeo de Derechos Humanos (Sentencias Dudgeon v. Reino Unido, de 22 de octubrede 1981; Rees, de 17 de octubre de 1986; y Christine Goodwin v. Reino Unido, de 1 de julio de2002). Hoy cabe afirmar con rotundidad, concluye el Abogado del Estado, que la concienciasocial del momento en España permite integrar con naturalidad la homosexualidad en lainstitución matrimonial. Para justificarlo se analiza la evolución reciente de las decisiones dediversos órganos judiciales, legislativos –tanto internos como extranjeros-, así como de laopinión pública y de la comunidad científica en relación con la percepción de la homosexualidady las parejas homosexuales. Comenzando por la evolución de la doctrina de los tribunales, se recuerda que el primerpaso en la normalización social de la homosexualidad se produjo cuando algunos tribunalesdeclararon que se trata de una opción protegida por el derecho al libre desarrollo de lapersonalidad. En el caso del Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha considerado que laincriminación de las relaciones homosexuales voluntarias privadas constituye una vulneracióndel derecho al respeto de la vida privada (Sentencia Dudgeon v. Reino Unido, de 22 de octubrede 1981), mientras que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha considerado que lalibertad ampara a los adultos a la hora de decidir cómo conducir sus vidas privadas en lo queconcierne al sexo (sentencia Lawrence v. Texas). El segundo paso en esta evolución loconstituye la inclusión de la orientación sexual entre las circunstancias de discriminaciónprohibidas por el art. 14 CEDH (Sentencia Salgueiro da Silva Mouta v. Portugal, de 21 de marzode 2000). En último término, en algunos supuestos se ha planteado directamente el derecho acontraer matrimonio por parte de parejas homosexuales. Es el caso de la sentencia del TribunalSupremo de Hawai Baehr v. Lewin, de 1993, donde se declaró que la prohibición dematrimonios entre personas del mismo sexo constituye una discriminación por razón deorientación sexual a menos que se demuestre que obedece a un fin público primordial. Tambiénse alude a la Sentencia del Tribunal Supremo de Alaska y a la ya citada del Tribunal Supremo deMassachussets, de 18 de noviembre de 2003, que ha considerado que la decisión de contraermatrimonio constituye uno de los momentos máximos de autodeterminación de la vida, por loque la exclusión de las personas del mismo sexo sólo es admisible si cumple un objetivo públicoimprescindible y constituye un medio razonable para conseguir tal fin. Por último, se recuerda
22. 22que la Sentencia del Tribunal Supremo de Canadá de 9 de diciembre de 2004 ha declarado laconstitucionalidad del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Por lo que respecta a la Unión Europea, se señala que el Parlamento Europeo ha instadodesde su Resolución de 8 de febrero de 1994 a que finalice la prohibición de contraer matrimonioa las parejas homosexuales o que se permita su acceso a regímenes jurídicos equivalentes. En suResolución de 15 de enero de 2003 se insta a la Unión Europea a incluir en la agenda política elreconocimiento de los matrimonios homosexuales. Finalmente, se recuerda que en el Tratado porel que se establece una Constitución para Europa se incluye específicamente la orientaciónsexual como causa de discriminación expresamente prohibida (arts. II-81 y III-118). En relación con la evolución del Derecho comparado se señala que en Dinamarca existedesde 1989 una legislación de parejas registradas abierta a personas del mismo sexo que otorgaunos efectos jurídicos idénticos al matrimonio excepto en algunos aspectos como la adopción, lapatria potestad o la reproducción asistida. El llamado modelo nórdico se adopta por Noruega en1993, por Suecia en 1994 (en 2002 se reforma para acercarlo aún más al matrimonio civil), porIslandia en 1996 y por Finlandia en 2001. Por su parte, en Holanda se abrió en 2001 lainstitución matrimonial a las parejas del mismo sexo, permitiéndoles la adopción conjunta(excepto en el caso de niños extranjeros). En Bélgica también se ha abierto el matrimonio a lasparejas del mismo sexo, aunque con limitaciones en el ámbito de la adopción y la filiación. EnAlemania se introdujo en el año 2001 la institución de la pareja registrada, limitada a lashomosexuales, dándole perfiles similares al matrimonio, excepto en la adopción. En el caso deCanadá se da cuenta de la tramitación de un proyecto de ley (Bill C-38) de ámbito federal para elreconocimiento del matrimonio entre parejas del mismo sexo, después de que siete provincias yalo reconozcan. Incluso en Gran Bretaña estaría en tramitación una regulación de la unión civil dehomosexuales equiparada prácticamente a los matrimonios heterosexuales. El Abogado del Estado también da cuenta, por otra parte, de la evolución legislativa delas Comunidades Autónomas, que han regulado las parejas de hecho, abiertas a personas delmismo sexo, en los casos de Cataluña, Aragón, Navarra, Comunidad Valenciana, Baleares,Madrid, Andalucía, Canarias, Extremadura y el País Vasco, destacándose que en el caso navarroy vasco se incluye la adopción conjunta por los miembros de la pareja.
23. 23 Por su parte, se señala que los estudios sociológicos realizados en España revelan un altogrado de aceptación del matrimonio homosexual en la sociedad española. En este sentido, se citael Barómetro del Centro de Investigaciones Científicas de junio de 2004, según el cual el 79 %de los españoles se muestra de acuerdo con la afirmación de que la homosexualidad es unaopción personal tan respetable como la heterosexualidad, un 67 % considera que a las parejasestables homosexuales se les debe reconocer los mismos derechos y deberes que a lasheterosexuales, y un 66,2 % de la población se muestra favorable a que tengan derecho acontraer matrimonio. A partir de este barómetro, que se aporta como documento núm. 2, seconcluye que la sociedad española no parece compartir la tesis de los recurrentes de que laintegración de la homosexualidad en el matrimonio haga irreconocible esta institución. Finalmente, respecto del parecer de la comunidad científica se señala que la psicología yla psiquiatría aceptan plenamente la homosexualidad como opción sexual y no como trastorno.De hecho, se recuerda que las Asociaciones Americanas de ambas disciplinas han firmadomanifiestos de apoyo para el establecimiento legal del matrimonio homosexual y han instado supleno reconocimiento con el argumento que los prejuicios y la discriminación contra loshomosexuales afecta a su salud mental y a la de los menores a su cargo. Los mencionadosmanifiestos se acompañan a las alegaciones como documento núm. 3. En definitiva, concluye el Abogado del Estado, el examen evolutivo pone de relieve unarealidad compartida por la sociedad, el Derecho y la comunidad científica: la homosexualidad esuna opción sexual tan aceptable como la heterosexualidad, de modo que no existe razón algunapara que las parejas del mismo sexo no puedan disfrutar exactamente de los mismos derechosque las parejas heterosexuales. Tal afirmación se confirma con la experiencia de otros paísespioneros en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales, que comienzan por regularla unión legal con beneficios más o menos cercanos al matrimonio para, a continuación, llegar auna plena equiparación con el matrimonio y, posteriormente, a una definitiva integración de lahomosexualidad en la institución matrimonial. e) Una vez analizados los argumentos interpretativos en relación con el at. 32 CE y lospreceptos relacionados con el mismo, las alegaciones del Abogado del Estado se detienen acontestar algunos argumentos de la demanda que, aunque más dispersos, se refieren a la garantíainstitucional del matrimonio. Por un lado, y frente al argumento según el cual el matrimonio esuna institución de perfiles comunes, universalmente reconocible, que responde a las necesidades
24. 24de perpetuación de la especie, se aduce que no cabe sostener en la actualidad que exista unarelación directa entre matrimonio y procreación. Tampoco se considera sostenible, en segundolugar, que el matrimonio haya sido una institución con un contenido natural universalmenteaceptado e invariable a lo largo de la historia. En este sentido, se repasa la evolución que hanexperimentado aspectos como la monogamia, la posición jurídica de la mujer, las prohibicionesde contraer matrimonio entre determinadas personas o la indisolubilidad del matrimonio,circunstancias todas ellas que han ido variando con la concepción moral de cada tiempo y lugar.El propio concepto de matrimonio y la influencia de la Iglesia Católica en su regulación jurídicahan variado enormemente a lo largo del tiempo, de modo que la actual concepción delmatrimonio es relativamente reciente. Prosiguiendo con el análisis de otros argumentos dispersos de la demanda, el Abogadodel Estado discrepa de la consideración, tomada del informe del Consejo de Estado, de que anadie se le ha prohibido contraer matrimonio por ser homosexual. Ello es así siempre que lo hagacon una persona del mismo sexo, lo cual implica, en el caso de los homosexuales, una renuncia aalgo como la orientación sexual, que nunca es optativo. También se discrepa del argumento según el cual el reconocimiento de los matrimonioshomosexuales no respeta el derecho de los heterosexuales a unirse a una institución milenariacomo el matrimonio. La Ley recurrida no priva a las parejas heterosexuales del derecho acontraer matrimonio en los mismos términos en que lo han hecho hasta ahora. El Abogado del Estado también reacciona frente a la cita de la Sentencia del TribunalConstitucional Federal alemán de 17 de julio de 2002 y de la Sentencia del Tribunal de Justiciade la Unión Europea de 31 de mayo de 2001 por parte de los recurrentes. En el primer caso seseñala que el caso discutido era distinto al que se plantea en el presente procedimiento, puestoque lo que regulaba el legislador alemán eran las uniones estables de personas del mismo sexo yno el matrimonio homosexual. De ahí que se considerase que tal regulación no afecta a lagarantía institucional reconocida en el art. 6 LF. Además, y a diferencia de lo que sucede en elcaso español, debe tenerse en cuenta que dicho precepto constitucional regula de modo conjuntola protección del matrimonio, la familia, los hijos y la madre. Por su parte, en el caso de laSentencia del Tribunal de Luxemburgo se señala que se trataba de un caso que afectaba a unfuncionario comunitario y, por lo tanto, al Derecho comunitario, y no a la posibilidad de que laslegislaciones de los Estados miembro reconozcan el matrimonio entre personas del mismo sexo.
25. 25 Finalmente, frente a la tesis de la demanda, compartida por el Consejo de Estado, segúnla cual existen otras opciones más proporcionadas de reconocer las uniones entre personas delmismo sexo, se aduce que ello no convierte en inconstitucional la opción elegida por ellegislador y que previamente se presentaron en sede parlamentaria otras iniciativas que fueronrechazadas. En cualquier caso, la opción aprobada se considera proporcionada y razonable,puesto que la plena equiparación con los matrimonios heterosexuales es la opción másrespetuosa con la prohibición de discriminar por razón de orientación sexual. También desde laperspectiva de la seguridad jurídica y de la protección de terceros se considera más aconsejableno crear una nueva institución ex novo, sino dar cabida a las parejas homosexuales en elmatrimonio, cuyo régimen jurídico, especialmente en el ámbito económico, es conocido portodos. Finalmente, se señala que no existe razón para excluir a las parejas homosexuales delmatrimonio si desde un punto de vista sociológico y psicológico las relaciones homosexuales ylas heterosexuales tienen unas mismas necesidades y expectativas y el matrimonio civil no esmás que el cauce jurídico a través del cual se expresan tales relaciones. C) El Abogado del Estado también rechaza que la Ley recurrida vulnere el principio deigualdad (art. 14 CE) y el principio de interdicción de la arbitrariedad (art. 9.3 CE). Del primerode dichos principios, tal y como ha sido interpretado por el Tribunal Europeo de DerechosHumanos y por el Tribunal Constitucional, se deriva la necesidad de dar un trato igual ahomosexuales y a heterosexuales salvo que concurran razones especialmente justificadas. Al nohaber apreciado la concurrencia de tales razones, el legislador ordinario ha otorgado un tratoigual a ambos colectivos haciendo uso de su libertad de configuración. Pero además, debetenerse en cuenta que no es exacto que dicha igualdad de trato sea absoluta, puesto que la Leyrecurrida exceptúa los arts. 117 y 118 CC de su aplicación a los matrimonios en que amboscónyuges pertenecen al mismo sexo, dado que los supuestos de hecho a que se refieren sólopueden producirse en el caso de matrimonios heterosexuales. D) Por lo que respecta a la pretendida vulneración del art. 39.1, 2 y 4 CE se rechazan losdiversos argumentos empleados en la demanda para fundamentarla. Así, se recuerda que ladoctrina del Tribunal Constitucional ha insistido en que del art. 39 CE no se deriva un modeloconstitucional de familia basado en la figura de la madre y en el matrimonio, sino un mandato alos poderes públicos de dar protección efectiva a los modos de convivencia que se expresen en lasociedad. Por otro lado, se rechaza la posibilidad de sostener, en términos generales, que las
26. 26parejas homosexuales no sean idóneas para adoptar conjuntamente a menores. Como en elsupuesto de los matrimonios heterosexuales el interés del menor se tutela en cada caso concretoen función del escrutinio al que se somete a los eventuales adoptantes con independencia de suorientación sexual. Como se deriva de la Sentencia Frette c. Francia de 26 de febrero de 2002, elTribunal Europeo de Derechos Humanos ha reconocido que el Convenio de Roma no impide queun Estado pueda conceder el derecho de adopción a los homosexuales ya sea individual ocolectivamente, así como que tampoco resulta obligado hacerlo. Este razonamiento es trasladableal sistema constitucional español, donde también existe un amplio margen de libertad para que ellegislador regule la adopción por parte de los homosexuales. De hecho, señala el Abogado delEstado, la adopción por una sola persona es posible según la legislación española conindependencia de la orientación sexual del adoptante. Por ello también se rechaza el argumentode la demanda de que la filiación adoptiva tiene como referencia a la biológica y, porconsiguiente, que el ámbito natural en el que se desenvuelve un menor es la unión heterosexual. Finalmente, se hace referencia a estudios sociológicos y psicológicos que desmienten elmenor grado de compromiso de las parejas homosexuales y que señalan que no existendiferencias entre los niños criados en el seno de parejas homosexuales y heterosexuales, salvo lamayor naturalidad en la aceptación de la homosexualidad como opción sexual, lo cual no incideen su propia orientación sexual. Dichos informes también demuestran que lo que resulta positivopara el desarrollo del menor es permitir que quienes perciben como sus progenitores también losean jurídicamente. Entre la comunidad científica existe asimismo consenso sobre que el aspectoque resulta determinante para conformar el desarrollo de los niños que conviven en su seno no esla estructura de la familia, sino la dinámica de las relaciones que se dan en su seno. Lasalegaciones del Abogado del Estado acompañan como documento núm. 4 un estudio delDepartamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla enrelación con todas estas cuestiones. E) Por lo que respecta a la pretendida vulneración de los arts. 9.3 –en lo que se refiere alprincipio de jerarquía normativa- y 167 CE el Abogado del Estado aduce que la misma no seproduce cuando, como se ha intentado demostrar, la Ley recurrida es perfectamenteconstitucional. La invocación del art. 167 CE se considera, a su vez, sorprendente, puesto queuna Ley no puede pretender modificar la Constitución, sino que es simplemente inconstitucionalsi la contradice.
27. 27 F) Las alegaciones del representante del Gobierno finalizan con una serie deconclusiones. En primer lugar, se recuerda que la Constitución Española no contiene un conceptode matrimonio, sino que se limita a reconocer el derecho del hombre y la mujer a contraermatrimonio en plena igualdad jurídica, rompiendo con ello con la tradicional discriminación dela mujer. Del art. 32 CE no resulta ni la prohibición ni la exigencia del matrimonio entrepersonas del mismo sexo, sino que la Constitución otorga un amplio margen de libertad deconfiguración al legislador para establecer un matrimonio exclusivamente heterosexual y unaunión legal homosexual, o un matrimonio que dé cabida a las parejas del mismo o de distintosexo. En segundo lugar, también se reitera que las garantías institucionales protegen frente alimitaciones que hagan inviable la subsistencia de la respectiva institución. El matrimonioheterosexual no resulta limitado por la Ley impugnada. Además, para definir el contenido dedichas garantías lo más relevante no es la historia, sino la imagen que de la garantía tiene laconciencia social en un momento y lugar. En el caso del matrimonio homosexual la concienciasocial ha cambiado, permitiendo integrar a las parejas del mismo sexo en el matrimonio sin quepor ello padezca la imagen social de esta institución. Finalmente, se recuerda que los elementos del matrimonio han ido cambiando a lo largode la historia y que la homosexualidad ha estado tradicionalmente fuera de la instituciónmatrimonial por la sencilla razón que el Derecho sólo la ha contemplado para reprimirla.Actualmente el Derecho prohíbe toda forma de discriminación por razón de orientación sexual yla comunidad científica y la propia sociedad consideran la homosexualidad como una opciónsexual tan legítima como la heterosexualidad. Por tanto, si es la interpretación evolutiva la quedefine el contenido de la garantía institucional, no cabe duda de la constitucionalidad delreconocimiento del derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio. Como consecuencia de todo ello, el suplico de las alegaciones solicita la desestimacióndel recurso de inconstitucionalidad. 6. El Pleno de este Tribunal, por ATC 140/2012, de 4 de julio, acordó aceptar laabstención formulada por el Magistrado don Francisco José Hernando Santiago en el presenterecurso de inconstitucionalidad, apartándole definitivamente del conocimiento del mismo.
28. 28 7. Por providencia de fecha 6 de noviembre de 2012 se señaló para deliberación yvotación del presente recurso de inconstitucionalidad el día 6 de noviembre de 2012. II. Fundamentos jurídicos 1. La resolución del presente recurso de inconstitucionalidad debe partir de la correctadelimitación tanto de su objeto, como de las causas de inconstitucionalidad aducidas por losrecurrentes en la demanda. Por lo que respecta a la primera cuestión, tanto el encabezamiento como el suplico delescrito de interposición dirigen el recurso contra la totalidad de la Ley 13/2005, de 1 de julio, porla que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. Pero, comoalegan los propios recurrentes y ha aceptado la Abogacía del Estado, el núcleo del recurso loconstituye el primer apartado del art. único de la Ley, que añade un segundo párrafo al art. 44CC, en virtud del cual “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando amboscontrayentes sean del mismo o de diferente sexo”. Los restantes apartados de dicho art. único, asícomo las disposiciones adicionales primera y segunda, no vienen más que a adaptar algunospreceptos del Código Civil y de la Ley sobre el Registro Civil a la existencia de matrimoniosentre personas del mismo sexo, de modo que su inconstitucionalidad sería una simpleconsecuencia de la de aquel precepto, que podría ser declarada por este Tribunal al amparo de loprevisto en el art. 39.1 LOTC, y que dejaría sin sentido las dos disposiciones finales de la Ley,relativas al título competencial que ampara su aprobación y a su entrada en vigor. Por ello,nuestro análisis deberá centrarse en la nueva redacción del párrafo segundo del art. 44 CC,aunque una eventual estimación del recurso podría proyectarse sobre toda la Ley impugnada. 2. Como se ha expuesto en los antecedentes, la fundamentación jurídica de la demanda sebasa en ocho motivos de inconstitucionalidad que se traducen en la infracción de los arts. 9.3,10.2, 14 (en relación con los arts. 1.1 y 9.2), 32, 39.1, 2 y 4, 53.1 (en relación con el art. 32), y167 de la Constitución española. Pero su lectura pone de relieve que el motivo de
29. 29inconstitucionalidad principal, y aquel que por sí mismo podría llegar a fundamentar laestimación del recurso en su totalidad, es la vulneración del art. 32 CE, que establece en suapartado primero que “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plenaigualdad jurídica”, y en su apartado segundo que “la ley regulará las formas de matrimonio, laedad y capacidad para contraerlo, los derechos y deberes de los cónyuges, las causas deseparación y disolución y sus efectos”. Por esa razón centraremos el análisis en el ajusteconstitucional de la norma impugnada confrontándola con este precepto, descartandopreviamente el resto de alegaciones, algunas de ellas porque las causas de inconstitucionalidadaducidas por los recurrentes no son autónomas, sino que dependen completamente de lainfracción del art. 32 CE, y otras porque existen razones que permiten descartar los argumentosde los recurrentes sin mayores dificultades. Respecto de la invocación de los arts. 9.3 -en su dimensión de principio de jerarquíanormativa-, 10.2, 53.1 y 167 CE, es preciso sentar que tales invocaciones no son autónomas, detal modo que los preceptos apuntados sólo resultarían vulnerados en caso de serlo también el art.32 CE, sin que su análisis aporte nada que no forme parte de la interpretación constitucional deeste último precepto. a) A juicio de los recurrentes, las normas contenidas en la Ley impugnada contradicen elart. 32 CE, razón por la que estiman que debe considerarse también vulnerada la vertienteapuntada del art. 9.3 CE. Este Tribunal ya ha dicho que la “garantía de la jerarquía normativaproscribe que una norma de rango inferior contravenga lo dispuesto en una de rango superior.Sin embargo, si el criterio de enjuiciamiento en un proceso de constitucionalidad vieneproporcionado por la Constitución y, eventualmente, por las normas que integran el bloque deconstitucionalidad, dado que, por definición, en todo recurso de inconstitucionalidad subyace unproblema de jerarquía normativa, resulta que tal jerarquía no es un canon idóneo para esta labor.La apreciación de contradicción entre un texto legal y la Constitución no entraña una meratransgresión por norma de rango inferior de lo establecido en otra de rango superior, sino, pura ysimplemente, la inconstitucionalidad de la norma con rango de ley” (STC 91/1998, de 23 deabril, FJ 2). Por tanto, la eventual inconstitucionalidad de la norma impugnada derivaría, en sucaso, de la transgresión del art. 32 CE, y no de la lesión directa del art. 9.3 de la Constitución. b) La invocación del art. 10.2 CE se basa en la consideración de que su observanciaexigiría interpretar el art. 32 CE, conforme a la exégesis que hacen los recurrentes de los arts. 16
30. 30DUDH, 23.2 PIDCP y 12 CEDH, así como de diversas sentencias del Tribunal Europeo deDerechos Humanos y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que ya han sido citadas en losantecedentes, en el sentido de que el derecho al matrimonio lo es del hombre y la mujer acontraerlo entre sí. Ahora bien, el art. 10.2 CE recoge un criterio interpretativo aplicable a laexégesis de los preceptos constitucionales que tutelan los derechos fundamentales (STC303/1993, de 25 de octubre, FJ 8), que pone de manifiesto la decisión del constituyente dereconocer nuestra coincidencia con el ámbito de valores e intereses que protegen losinstrumentos internacionales a que remite, “así como nuestra voluntad como Nación deincorporarnos a un orden jurídico internacional que propugna la defensa y protección de losderechos humanos como base fundamental de la organización del Estado” (STC 91/2000, de 30de marzo, FJ 7). Por tanto, en la medida en que el art. 10.2 CE recoge una directriz sobre el modoen que debe ser realizada la interpretación del Título I de la Constitución española, su lesión, encaso de darse, nunca sería autónoma, sino que dependería de la verificación de la lesión de unode los derechos contenidos en ese Título I, agravada por el hecho de que tal vulneración pondríade manifiesto la falta de respeto al único criterio interpretativo del texto constitucional querecoge expresamente la propia Constitución. c) Respecto de la alegada lesión del art. 53.1 CE, la misma se habría producido, según losrecurrentes, porque la normativa impugnada va contra el contenido esencial del art. 32 CE, que elart. 53.1 CE obliga al legislador a respetar. En este caso los recurrentes no realizan unaargumentación independiente de la desarrollada para fundamentar la lesión del art. 32 CE porparte de la Ley 13/2005 y, teniendo en cuenta que este Tribunal ya ha dicho que “se rebasa o sedesconoce el contenido esencial cuando el derecho queda sometido a limitaciones que lo hacenimpracticable, lo dificultan más allá de lo razonable o lo despojan de la necesaria protección”(STC 204/2004, de 18 de noviembre, FJ 5 y sentencias allí citadas), no cabe realizar un análisisindependiente de la lesión del art. 53 CE, sino que su eventual vulneración se vincula a que sereconociera, en su caso, la infracción del art. 32 CE, si dicha vulneración consistiera en la lesióndel contenido esencial del derecho allí reconocido. d) Por último, también debemos descartar por falta de autonomía respecto de lainvocación del art. 32 CE, la pretendida vulneración del art. 167 CE. En opinión de losrecurrentes, esta infracción, que se califica de implícita, tendría su origen en el hecho de no haberempleado el cauce formal previsto en dicho precepto para reformar el art. 32 CE y haber optadoen su lugar por una reforma legal que, a través de la simple alteración de unas palabras, habría
31. 31dado lugar a una auténtica mutación del orden constitucional. Como cualquier ley, la impugnadano puede afectar a la fuerza normativa de la Constitución ni incidir en su contenido normativo.La posibilidad de celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo puede tener cabida en eltexto constitucional o puede vulnerarlo, como enseguida se analizará. Pero como señalamos en laSTC 49/2008, de 9 de abril (FJ 7), lo que no es posible es hablar de alteración de la Constituciónen el sentido de modificación de su contenido normativo puesto que cualquier contradicciónentre un enunciado legal y otro constitucional se salda con la declaración de inconstitucionalidaddel primero. Si a ello se añade, además, que la Ley impugnada en ningún caso se ha presentadocomo un intento de reformar la Constitución, debemos concluir que la invocada infracción delart. 167 CE no precisa de un análisis más detallado, habida cuenta de su alcance y significado,ínsito ya en el juicio de constitucionalidad que realiza este Tribunal. 3. El resto de motivos de inconstitucionalidad desvinculados de la invocación del art. 32CE que alegaban en su demanda los recurrentes, es decir los relativos a la vulneración de los arts.9.3 CE (interdicción de la arbitrariedad), 14 CE (en relación con los arts. 1.1 y 9.2 CE), y 39.1, 2y 4 CE, es posible descartarlos por diversas razones, de modo que podamos concentrar nuestraargumentación en la valoración del principal motivo del recurso, esto es el referido a lacompatibilidad entre el art. único de la Ley 13/2005 y el art. 32 CE. En relación con la alegada vulneración del principio de igualdad, los recurrentesentienden que la equiparación de derechos que realiza la norma entre parejas del mismo sexo yparejas de distinto sexo sería contraria a los arts. 1.1, 9.2 y 14 CE, y a la interpretación que deestos preceptos ha realizado este Tribunal, puesto que no tendría en cuenta que el matrimonio ylas parejas del mismo sexo son realidades distintas que deben ser tratadas de un modo diferente. La pretensión debe ser rechazada en aplicación de la doctrina que, desde los años ochentay hasta la fecha, sostiene este Tribunal sobre la “discriminación por indiferenciación”. Segúnnuestra jurisprudencia la “discriminación por indiferenciación” no puede situarse en el ámbito deprotección del art. 14 CE, porque lo que éste impide es la distinción infundada o discriminatoria(STC 86/1985, de 10 de julio, FJ 3). Este Tribunal ha establecido reiteradamente que el art. 14CE no consagra un derecho a la desigualdad de trato, ni ampara la falta de distinción entresupuestos desiguales, por lo que no existe ningún derecho subjetivo al trato normativo desigual(por todas, STC 117/2006, de 24 de abril, FJ 2), si bien también hemos dicho que “cuestióndistinta es que los poderes públicos, en cumplimiento del mandato del art. 9.2 CE, puedan
32. 32adoptar medidas de trato diferenciado de ciertos colectivos en aras de la consecución de finesconstitucionalmente legítimos, promoviendo las condiciones que posibiliten que la igualdad delos miembros que se integran en dichos colectivos sean reales y efectivas o removiendo losobstáculos que impidan o dificulten su plenitud” (STC 69/2007, de 16 de abril, FJ 4). Por tanto,habiendo dicho ya que el principio de igualdad no puede fundamentar un reproche dediscriminación por indiferenciación (por todas 30/2008, de 25 de febrero, FJ 7) y no pudiendopor tanto censurar lo que en la STC 135/1992, de 5 de octubre, denominamos “desigualdad porexceso de igualdad” (FJ 9), no resulta posible censurar la Ley desde la perspectiva del principiode igualdad por abrir la institución matrimonial a una realidad –las parejas del mismo sexo- quepresenta características específicas respecto de las parejas heterosexuales. 4. Por lo que respecta a la pretendida vulneración del art. 9.3 CE en su dimensión deinterdicción de la arbitrariedad, los recurrentes vinculan dicha vulneración a tres circunstancias:que el legislador haya tratado de manera igual situaciones desiguales, que no se haya respetado elart. 32 CE (que reserva la titularidad y el ejercicio del derecho a contraer matrimonio al hombrey la mujer), y que ello se haya realizado por ley ordinaria y sin previa reforma de la Constitución.Expuesta en estos términos, debemos rechazar ab initio esta pretensión por dos motivos. Por unlado, porque bajo la cobertura del art. 9.3 CE no se hace más que reiterar algunos de losargumentos que para los recurrentes fundamentan la infracción de los arts. 14, 32 y 167 CE. Y,por otro, porque no se cumplen los requisitos que este Tribunal ha venido exigiendo de modoreiterado para analizar si el legislador democrático ha actuado de modo arbitrario. Así, sin necesidad de recordar una vez más nuestra doctrina al respecto, recogidaampliamente, entre otras, en la STC 49/2008, de 9 de abril, FJ 5, los recurrentes no han razonadoen detalle la vulneración de dicho mandato constitucional, habiéndose limitado, como se havisto, a reiterar otras infracciones constitucionales aducidas en la demanda. Tampoco se cumpleel requisito material de que la pretendida arbitrariedad del legislador sea el resultado de unadiscriminación normativa o de una carencia absoluta de explicación racional de la medidaadoptada. Por lo que respecta a lo primero, como acaba de ser analizado, el carácterdiscriminatorio de la Ley impugnada se ha basado en un “exceso de igualdad” no censurabledesde la perspectiva del art. 14 CE. Por lo que respecta a lo segundo, los propios recurrentes admiten que la apertura del
33. 33matrimonio a las parejas del mismo sexo persigue una finalidad legítima que se dice compartir,cual es el acceso a un status jurídico equiparable al matrimonial, centrándose esta discrepanciaconcreta en el medio empleado por el legislador para alcanzar tal finalidad, esto es la extensióndel matrimonio a parejas del mismo sexo, en lugar de la regulación de una unión civil o unrégimen equiparable. Esta opción legislativa no es ajena a una explicación racional sobre lamedida adoptada, conteniéndose la misma en la exposición de motivos de la norma. Taljustificación se basa en “la promoción de la igualdad efectiva de los ciudadanos en el libredesarrollo de su personalidad (artículos 9.2 y 10.1 de la Constitución), la preservación de lalibertad en lo que a las formas de convivencia se refiere (artículo 1.1 de la Constitución) y lainstauración de un marco de igualdad real en el disfrute de los derechos sin discriminaciónalguna por razón de sexo, opinión o cualquier otra condición personal o social (artículo 14 de laConstitución)”. Sin entrar a valorar en este momento el fondo de los argumentos ofrecidos por ellegislador en la exposición de motivos de la norma se puede, en cambio, afirmar que laexplicación racional concurre, sin perjuicio de que los recurrentes puedan estar en desacuerdocon la misma. Por tanto ni se cumple en este caso el requisito formal de que los recurrenteshayan razonado en detalle la invocación de la vulneración de la interdicción de la arbitrariedad,ofreciendo una justificación convincente para destruir la presunción de constitucionalidad de laley impugnada, ni concurre tampoco el elemento material que conduciría a entender concurrenteen este caso la arbitrariedad, y por tanto la lesión del art. 9.3 CE, porque ni de la norma resultadiscriminación normativa, ni existe en este caso carencia absoluta de explicación racional de lamedida adoptada. 5. La pretendida vulneración del art. 39, en sus apartados 1, 2 y 4 CE como fundamentode la inconstitucionalidad de toda la Ley, también debe ser descartada. No se trata en estemomento de responder a la cuestión de si es contrario o no al art. 39 CE permitir la adopciónconjunta a los matrimonios cuyos cónyuges son del mismo sexo, asunto que se resolverá másadelante, sino de determinar si la regulación que la Ley 13/2005 introduce respecto de lainstitución matrimonial en sentido estricto supone en su caso, además de un ataque al art. 32 CE,una lesión simultánea del art. 39 CE. Aunque los recurrentes consideran que se vulneraefectivamente el art. 39 CE con la regulación matrimonial impugnada y que se trata de un motivode inconstitucionalidad de la Ley en su conjunto y así lo afirman en varias ocasiones en sudemanda, la lectura de esa misma demanda pone de relieve que lo único que se reputa contrario alos mandatos de protección de la familia, los hijos y las madres es el apartado siete de su art.único, que introduce la posibilidad de que los matrimonios en que los cónyuges son del mismo
34. 34sexo adopten conjuntamente. La redacción del art. 175.4 CC, previa a la reforma aquíimpugnada, establecía que “fuera de la adopción por ambos cónyuges, nadie puede ser adoptadopor más de una persona. En caso de muerte del adoptante, o cuando el adoptante sufra laexclusión prevista en el artículo 179, es posible una nueva adopción del adoptado”. La nuevaredacción supone que “nadie puede ser adoptado por más de una persona, salvo que la adopciónse realice conjunta o sucesivamente por ambos cónyuges. El matrimonio celebrado conposterioridad a la adopción permite al cónyuge la adopción de los hijos de su consorte. En casode muerte del adoptante, o cuando el adoptante sufra la exclusión prevista en el artículo 179, esposible una nueva adopción del adoptado”. Aunque la dicción literal del precepto no se refiere alsexo de los adoptantes, en la práctica hace posible que los hijos adoptados por un únicoprogenitor, homo o heterosexual, puedan ser posteriormente adoptados también por su cónyuge,dándose cabida a la regularización de familias homoparentales, ya existentes o futuras, a travésde la adopción de los hijos comunes por parte del cónyuge que no hubiera podido adoptarpreviamente a esos hijos. Por tanto, esta nueva redacción permite la adopción conjunta ysimultánea por parte de todas las parejas casadas independientemente del sexo de los cónyuges. Aunque la demanda conecta en varias ocasiones la protección constitucional delmatrimonio (art. 32 CE) con la de los diversos apartados del art. 39 CE por considerar que estosúltimos tienen su fundamento principal en el matrimonio tradicional, debemos recordar quematrimonio y familia son dos bienes constitucionales diferentes, que encuentran cabida enpreceptos distintos de la Constitución por voluntad expresa del constituyente, de modo que “eltexto constitucional no hace depender exclusivamente el concepto constitucional de familia a laque tiene su origen en el matrimonio […] ni tampoco la limita a las relaciones con descendencia”(STC 19/2012, de 15 de febrero, FJ 5 y jurisprudencia allí citada). Por tanto, son dignos deprotección constitucional los matrimonios sin descendencia, las familias extramatrimoniales omonoparentales (STC 222/1992, de 11 de diciembre) y, sobre todo, los hijos a los que el art. 39CE, que “refleja una conexión directa con el art. 14 CE” (STC 154/2006, de 22 de mayo, FJ 8),protege “con independencia de que éstos hayan sido concebidos dentro o fuera del matrimonio(art. 39.3 CE), de que se haya producido la nulidad matrimonial, la separación legal o ladisolución del matrimonio por divorcio (art. 92 del Código civil) o incluso, en fin, de que elprogenitor quede excluido de la patria potestad y demás funciones tuitivas (arts. 110 y 111, infine, CC)” (STC 19/2012, de 15 de febrero, FJ 5 y jurisprudencia allí citada). Dicho lo anterior,es cierto que, hasta la fecha, la interpretación del art. 39 CE no ha llevado a este Tribunal adefinir un concepto constitucional de familia, y no siendo tampoco este el momento para
Una Evaluación Normativa de los ítems evolutivos en el Dibujo de la Figura Hu...

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 artículo 179
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