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Timestamp: 2020-07-15 01:25:09+00:00

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Defensa propia contra el bullying | Otras Políticas
Defensa propia contra el bullying
17 mayo, 2017 /Raúl Pérez Ponce
La leyenda sitúa el asalto y la destrucción del templo Shaolin a principios del siglo XVIII. Los gobernantes siempre se han caracterizado por su afición a poseer el monopolio de la violencia, y al gobierno manchú de la dinastía Qing no le hacía ninguna gracia que los monjes guerreros del monasterio dominasen unas artes de combate que entendía como una amenaza para su situación de poder. Una vez iniciado el asalto y, tras ser rechazados una y otra vez sus hasta entonces invictos ejércitos por un puñado de monjes vestidos con túnicas azafrán, el comandante del ejército manchú decidió acudir a una estratagema, y gracias a la traición desde dentro del monasterio de uno de los monjes, entrar en el templo, quemando el recinto hasta sus cimientos y pasando a cuchillo a todos sus moradores; según la leyenda solo cinco grandes maestros del templo consiguieron escapar, uno de ellos una mujer.
Ng Mui, que así se llamaba, se ocultó en una pequeña ermita en mitad de un bosque y, después de ver una pelea entre una serpiente y una grulla, desarrolló un nuevo estilo marcial; un estilo -ahora que empezaba a envejecer y ya no podía sacarle todo el partido al kung fu tradicional que conocía- menos dependiente de la fortaleza física.
En esa misma época, en un pueblo cercano al bosque en que se escondía Ng Mui, una chica llamada Yim Ving Tsun acababa de cumplir 15 años, y llevaba el pelo atado en una coleta en señal de que estaba lista para casarse. Ella estaba enamorada de un campesino, al que se había prometido, pero un señor feudal local, atraído por su belleza, intentó imponerse a la voluntad de la joven por medio de la fuerza y se empeñó en casarse con ella. Ante su negativa trató de forzarla, y Ving Tsun (un nombre precioso, por cierto: significa “hermosa primavera”) huyó al bosque, donde encontró a Ng Mui, que la acogió bajo su protección y le enseñó el nuevo arte marcial que había desarrollado.
Ving Tsun fue la primera persona que aprendió el estilo creado por la veterana monje Shaolin; con ella Ng Mui ensayó sus teorías sobre cómo debía defenderse alguien, más débil, de un enemigo con mayor fuerza física y Ving Tsun aprendió, escondida en el bosque y huyendo de su acosador, un arte de combate que le permitiría no tener que someterse a los deseos del matón local, ya que a su vuelta al pueblo -cuenta la leyenda- el señor feudal que intentaba violarla no se encontró con una débil e indefensa jovencita, sino con alguien que le quitó para siempre las ganas de abusar de su situación de superioridad: se había equivocado de víctima.
Esta es la leyenda que contaba Ip Man –máximo exponente de este arte marcial y maestro, entre otros de Bruce Lee- sobre el origen del Ving Tsun, y probablemente una de las ideas de Ip Man con esta historia era transmitir que el estilo no solo servía para dar una posibilidad al débil frente al fuerte, sino que era para lo que había nacido, siendo sus primeros practicantes una anciana y una jovencita.
Hace solo unos días no podía contener mi estupor ante la hipocresía general al leer que la Policía Municipal de un pueblo de Madrid había denunciado a un gimnasio por publicitar clases de defensa personal “anti bullying” para niños (en este caso de Krav Maga, las técnicas contra agresión usadas por el Mosad israelí). El argumento para la denuncia, que puede llevar al cierre del gimnasio y a una multa de muchos miles de euros, es que con esas clases se fomenta la violencia entre los menores, y que esa no es la solución al problema. Y estoy de acuerdo: enseñar a defenderse a un niño y darle la autoconfianza que no tiene a través de clases de defensa personal no es la solución para uno de los grandes problemas que genera la sociedad enferma que tenemos, pero sí puede serlo para el pobre chaval acosado por unos sádicos matones en el patio de un colegio. No es una solución para el problema global, pero puede salvar del suicidio a algún chaval o a alguna niña, que por ser homosexual, gorda o vestir raro sea el blanco de alguna banda de sádicos de 12 años: a mí me vale.
Porque evidentemente el problema de los acosadores en los colegios es un síntoma de que algo falla en la sociedad, y ni la violencia contra las mujeres se alivia dando a éstas clases de autodefensa (concepto con el que evidentemente también estoy de acuerdo y contra el que nadie clama, por cierto: a una mujer se le puede enseñar a defenderse de un maltratador pero a un niño martirizado no se le pueden dar recursos para que se defienda de quien nadie le defiende), ni se acaba con el acoso en los colegios enseñando a los niños a devolverle al matón de turno, generalmente un cobarde que solo agrede a aquel que sabe no se puede defender, un poco de su propia medicina. ¿Cómo vamos a enseñar a defenderse a un niño?, claman los medios: eso es fomentar la violencia, y de mayor puede que le apetezca tomarse la justicia por su mano. ¡Para defendernos ya está el Estado!
Lo malo es cuando es sistema no llega. Antes de los Estados-nación, era legítimo el uso de la violencia para la propia defensa e incluso la justicia se realizaba a través del duelo que aparecía legitimado como forma de resolución de conflictos, pero con el nuevo régimen el Estado asume el monopolio de la violencia y se articula una forma coactiva y pacífica de resolución de conflictos como es el proceso judicial. Evidentemente este método es mejor que una sociedad en la que todo el mundo defendiese sus “derechos” a golpes o a tiros, pero la realidad es que la negación de la violencia y su atribución en exclusiva al Estado es solo aparencial y lo cierto es que vivimos en sociedades donde imperan la agresividad y la violencia.
Y aunque nuestra sociedad buenista e hipócrita niegue su existencia, la violencia está allí, y en muchas manifestaciones. Dicen los que saben de esto que en Psicología no está nada claro el origen de los comportamientos violentos, y los estudios siempre acaban justificándolos con un popurrí de factores que confluyen en un individuo (aunque tampoco explican por qué esos mismos factores no dan lugar a violencia en otros). Otros estudiosos, sin embargo, ahondan más en los factores genéticos de la agresividad, aseverando que hay un porcentaje de la población que tiene la violencia en la sangre, y que de uno u otro modo llevará a cabo comportamientos criminales a lo largo de su vida independientemente del entorno.
De un modo u otro, en la sociedad en la que vivimos, en la que “todos somos París”, cada vez se penaliza más el comportamiento violento frente al comportamiento agresivo, diferenciando el primero frente al segundo en que aquellos llegan a hacer daño físico en mayor o menor medida, mientras los segundos no llegan a dar ese paso pero sí han agredido. En las escuelas, como se trata de niños, el efecto de lo políticamente correcto es mucho menor que en la sociedad adulta y es más fácil observar comportamientos violentos sin «filtros», que demostrarían el trasfondo de profundo malestar en el que nos estamos desenvolviendo.
Y ante esta realidad: que hay comportamientos violentos a los que el sistema no sabe poner freno, la respuesta de la sociedad solo pasa por una actitud hipócrita que niega la existencia misma del problema y condena a muchos niños y adolescentes a seguir martirizados por matones cobardes, y aunque en la filosofía del Derecho se ha aceptado la violencia como mecanismo defensivo en casos excepcionales -incluso los escolásticos llegaron a justificar el tiranicidio como derecho natural- y todos los Derechos del mundo aceptan la legítima defensa, nos echamos las manos a la cabeza ante la mera posibilidad de que en ciertos casos la única solución a ciertos problemas sea responder a aquel que te agrede con violencia, y mucho menos que se dé este recurso a un niño.
Hasta tal punto llega el buenismo mal entendido que unos de los temas de “El Langui”, un cantante de Rap con incapacidad (por lo que intuyo que de bulling y cómo combatirlo debe saber un rato; aunque él dice que nunca lo sufrió porque tenía amigos que le defendieron), en el que “busca valientes que apoyen y defiendan al débil” ha sido muy criticado, también por incitar a la violencia.
Por increíble que parezca, algunos interpretan que si, como dice la canción, los otros niños no cierran los ojos ante el abuso a un compañero y se enfrentan a “Darth Vader y algún gamberro más”, se está incitando a que el malo se lleve alguna torta por parte de los que defienden al oprimido, algo que tampoco gusta a aquellos que creen que ya vivimos en un mundo perfecto…
Pues eso: una sociedad hipócrita.
10 Respuestas a “Defensa propia contra el bullying”
Otro tema candente.
Hace años que se detecta un alto porcentaje del aumento de la obesidad, también entre niños y adolescentes.
En mi época escolar, de algo más de cuarenta niños que éramos en clase, apenas dos o tres podían considerarse con problemas de obesidad.
Ahora, solo hace falta ir a la puerta de un colegio cualquiera para ver cuál es el número de niños que tienen un porcentaje sobredimensionado e innecesario de tejido adiposo. Yo diría que, en algunos casos, más de la mitad de ellos tienen un incipiente problema alimentario o de falta de ejercicio, no sé.
Para solucionar este evidente y visual problema de salud, que a la larga les puede generar o acelerar todo tipo de enfermedades, se intenta poner coto a la ingesta masiva de productos «alimentarios» que lo único que hacen es aportar una cantidad de calorías, o yo que sé, tan desorbitada que el metabolismo no puede asimilar ni procesar. Estos «alimentos» llevan además en sus composiciones, extraños procesos químicos para potenciar colores y sabores que nada tienen que ver con las necesidades corporales de una persona en crecimiento ni de ninguna otra.
Allí se juntan el quimicefa más brutal y salvaje con el consumismo adictivo, generando algo parecido a asuntos tan estigmatizados como lo son las drogas.
Se ha pasado del pastelito de los días de fiesta a la docena de pastelitos diarios.
Así se intenta frenar éste problema de salud que generará problemas futuros y gastos insoportables para la economía, ya sea por faltas laborales o por ingresos hospitalarios, advirtiendo que la ingesta de estos sucedáneos no es apropiada y se incrementan los impuestos sobre estos productos para desincentivar o evitar su consumo.
Con la violencia ocurre algo parecido pero no existe coto ni freno alguno a todo lo que hace que vivamos cada vez más en un ambiente cargado de violencia.
Aquí, el problema económico es el contrario. No produce ni producirá gasto sobre el estado, si no que aumenta el beneficio de a quien conviene.
No hay película en el que su protagonista no lleve un arma en sus manos. El héroe y protagonista es el mejor luchador, el que suelta los mamporros más grandes y el que acaba matando a más y mejor. Es una especie de falso héroe. Es aquel que lucha por el bien generando mal.
Todas esas cosas, todos esos «aditivos alimentarios» condimentan a todas horas las parrillas de televisión y medios de comunicación en todo grado y ejemplo. La diversión familiar está ligada a un programa en el que una serie de invitados populariza todo tipo de discusiones innecesarias o a películas de alarma nucleares, como poco, con bombas, misiles, pistolas, metralletas y supermetralletas por doquier.
El mal llamado deporte diario es otro foco de tensiones innecesarias que conducen a una violencia incomprensible e innecesaria.
Esta es la cultura que nos envuelve y que cada día, cada día, nos damos. No hay descanso. Cojan la cartelera de cualquier semana de los últimos veinte años y podrán ver que es así.
Pero como todo esto genera dinero y vende armas a la gente y a los estados, pues es correcto. Como elimina a gente y gente no falta, pues tampoco es un problema demasiado mayor.
Además, el sr. Darwin, al que se le alude continuamente, parece que decía que el ser humano ha evolucionado por que el más fuerte es el que prevalece y evoluciona.
¿Cuál es pues el problema?
Estamos evolucionando, ¿no es así?
Ya han sustituido, al menos en televisión y cine, prótesis mecánicas de todo tipo por miembros del cuerpo, brazos y piernas o cualquier otra parte si hace falta, con metralletas, cuchillos, espadas y todo tipo de artilugios fabricados con el único propósito de generar muerte y matar.
Aquí no hay coto, ni freno. Barra libre es lo que hay.
¡Es la evolución!
Según leo aquí: http://biblioweb.sindominio.net/telematica/republica/node18.html
«El artículo 510 del Código Penal castiga con prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses a aquellos que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía.
Serán castigados con la misma pena los que, con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad, difundieren informaciones injuriosas sobre grupos o asociaciones en relación a su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía.»
Este artículo del código penal se incumple a todas horas, en todas partes y todos los días.
¿Quieren arreglar ésto? Pues hay que comenzar a cuidar y vigilar lo que comen nuestros hijos cada día.
17 mayo, 2017 a las 18:37
Jetro, el suegro madianita de Moisés, y al parecer mucho más, hubo de acudir en su ayuda en la magna tarea que el patriarca había asumido.
Al menos una de las veces, debió calmarlo y aconsejarle “cierta mesura”, a la hora de asumir él solo la guía y resolución de todos los problemas, conflictos y dudas que surgían entre las gentes que se unieron en el Exodo.
Y ese consejo se dirigía a “delegar”, a ir aliviando ese peso que se había echado sobre sus espaldas, a buscar, rodearse y sospecho que hasta preparar, personas que por sus virtudes, pudiesen aprender e ir asumiendo parte de funciones que la empresa requería.
Deduzco (igual equivocadamente), que, ya entonces, lo que el sabio iniciador de Moisés estaba indicando, es que, uno de los pasos, y no el menor, por el que pasaba el ingente proyecto, era el de ir enseñando a las personas, y por “ende”, a los pueblos que ser formarían a partir de aquella “aventura”, que las claves de su convivencia, y mucho más, estaban ya latentes en ellos mismos…, en nosotros.
Y que si en su celo de llevar a cabo el trabajo encomendado y aceptado, no tenía en cuenta que aquello era un paso importantísimo, aunque su despliegue total, es decir el descubrimiento de esta capacidad, llevase más tiempo del que se tuviera previsto, no solo él no podría con su misión, sino que se avanzaría muy poco al respecto.
La obsesión por tener controlados todos los factores que impliquen “intranquilidad”, puede que nos esté llevando a un situación de “atrofia” de nuestras posibilidades.
Es decir, y tratando de hilar con el artículo, si bien es cierto que la sociedad se va a encontrar con nuevas y distintas maneras de conflictos, y mientras la gestión de nuestros miedos aún no seamos capaces de asumirla y la confiemos en su totalidad a algo más poderoso: al “poder”, deberíamos intentar, también, ser conscientes de que todos los pasos que a nivel social parecen darse al respecto, van encaminados a marcar y normativizar los efectos adversos de esos miedos, pero también a alejar, cada vez más, la búsqueda y descubrimiento de los recursos que como seres humanos tenemos para mediatizarlos, entenderlos, y seguramente, en algún momento….para que desaparezcan.
Damos una capacidad peligrosísima a un Poder Legislativo, que no está dando pruebas de ser competente en cuanto a conocimientos se refiere.
Y lo digo porque se están regulando cosas desde la mera observancia de datos en función de intereses comerciales y de cercanía o no de comicios electorales, no precisamente de buscar conocimentos y saber antes de atreverse a lanzar «leyes» de envergadura tremenda en la vida de las personas.
Los sensores de los poderes establecidos, tienen colocadas sus antenas y las órbitas de sus movimientos en base, entre otros, a una recogida exhaustiva de datos, tendencias, posibilidades de intervención en todo ello…., y no parece que sea, precisamente, para alentar a una aventura de cambio valiente y trascendente, como ocurrió en el tiempo de Moisés.
Por supuesto que cada vez están apareciendo más indicadores de que las contradicciones se hacen más evidentes, la violencia, y la crueldad se manifiesta en entornos, que a estas alturas, parece no deberían darse, en “sociedades modernas”, en las “escuelas” de desarrollados modelos del Estado del Bienestar.
¿Cómo es esto posible?, ¿se está produciendo un debate profundo y realista sobre ello?, o, a pesar de lo que aparenta, ¿se está tratando de solventar, finalmente, a través de la Regla y la Norma, sin permitir que empiecen a aflorar más recursos?.
Las técnicas de autodefensa parece que nacen, curiosamente, en entornos donde se trabaja en un desarrollo más rápido y profundo de las posibilidades del hombre, y en ese desarrollo no parece que tenga cabida la violencia, más bien al revés, pero las personas que pensaron esas técnicas, seguramente eran conscientes de que, mientras el hombre no fuese capaza de un despliegue mayor de sus capacidades, el miedo sería su mayor peligro, y con él su heredera…la agresividad.
Desde tiempos….¿inmemoriales?…ya se sabía que, las leyes debían servir para ayudar al hombre en su despliegue, no para sustituirle….
Esto no es algo nuevo, los historiadores conocen y se sabe de muchas fuentes al respecto al origen de legislaciones arcaicas que son la base de las nuestras modernas,…pero solo nos llega lo anecdótico, si es que nos llega algo de nuestro propio pasado, todo tamizado y orientado….según convenga.
17 mayo, 2017 a las 19:54
La violencia está ocupando nuestras vidas. Cuando no es la coercitiva, es la física o la mediática. Interesa la violencia al fuerte para dejar constancia de su poder sobre el débil y, lo que es peor, exigir su sometimiento si desea seguridad ante las potenciales agresiones existentes en cada entorno.
Los niños y adolescentes han crecido en un entorno violento donde las tecnologías son vistas como simples juguetes, ignorando el mucho daño que pueden hacer.
Hace años intentamos promover un pacto contra la violencia (cualquiera que fuera su tipo) en el que participaran todos los ámbitos sociales que la promueven, la difunden y hasta la jalean como una forma de triunfo personal. No hubo respuesta.
¿Qué ocurre? Probablemente que exista un diseño que genere temor social (otra forma de terrorismo) permanente. Cuando no es por enemigos externos (prefabricados en algunos casos) son cuestiones sanitarias o epidemiológicas o por exigencias legales y administrativas sin fundamento ni razón. ¿Porqué casi todas las series de TV son violentas en mayor o menor grado (cuando no son simplemente «cutres»)? ¿Porqué la cinematografía (sobre todo americana) ha obviado las buenas historias en aras de la violencia? Pero… lo más grave ¿porqué son las que tienen buena taquilla? Programas llamados «realitys» intentan entretener con enfrentamientos o sufrimientos enlatados con grandes audiencias y parece que lo consiguen.
«Damos al público lo que nos pide» me decía hace años un alto ejecutivo de TV. Yo diría que se está capturando y orientando al público en forma interesada hacia la violencia. La cuestión es ¿porqué? Un saludo.
18 mayo, 2017 a las 8:24
Para que primero seamos cómplices y luego así víctimas sin derecho a queja argumentativa.
Si disfrutas de la violencia y la apoyas no te quejes ni intentes dar lecciones morales cuando se te aplica a ti.
Es la coartada perfecta de esta estructura social, me temo que muy ligada a la corrupción y el mantenimiento de las desigualdades.
(Las riendas deben producir importantes llagas).
20 mayo, 2017 a las 3:27
Hola O’farrill. Me sorprendió mucho la primera línea de su comentario y esperaba que luego presentara una argumentación fuerte basada en hechos. Pero no. Su argumentación la basa en la ficción, algo que siempre ha buscado el conflicto y su resolución violenta como uno de sus dos temas centrales —el otro es la resolución pacífica no por persuasión sino por seducción (ni la violencia ni la persuasión generan finales felices, pero la seducción sí). Hoy la producción de ficción es mayor que nunca antes en la historia de la humanidad porque es uno de los entretenimientos principales que siempre hemos tenido y su cantidad nos sorprende y apabulla. Pero la ficción no es la realidad –sí, algunos se confunden pero por suerte son una minoría. En todo caso, alégrese que hoy somos muy ricos, queremos entretenernos y la ficción nos entretiene (compare la ficción con los deportes profesionales como formas alternativas de entretención y se dará cuenta de lo que estoy hablando).
Respecto a la violencia, discrepo profundamente con usted. La coexistencia de 7,5 miles de millones de humanos es pacífica y no creo que uno pueda encontrar otro momento igual en la historia de la humanidad. Sí, nuestro lado oscuro implica que siempre algunos recurrirán a la violencia. Aunque en los conflictos internacionales entre gobiernos de estados-nación continuamos lamentando la amenaza de violencia, si observamos lo que pasa en las ciudades, encontramos grandes aglomeraciones humanas en que los conflictos son mínimos y la violencia prácticamente no existe. Días atrás circuló un estudio sobre cómo la violencia urbana en EEUU estaba fuertemente concentrada en unas pocas ciudades y en algunos barrios de estas ciudades (sí, este es un tema en el que los medios masivos españoles muestran su profunda podredumbre mintiendo sobre lo que ocurre y fingiendo preocupación por las víctimas). Lo mismo pasa en otras ciudades de toda América, donde la segregación residencial ha facilitado la captura de algunos barrios por bandas criminales. Este fenómeno ha sido poco estudiado pero mi impresión es que se debe a (1) la importancia de las migraciones intranacionales e internacionales en toda América, (2) el auge del comercio de drogas y otros bienes prohibidos, y (3) la negligencia de los gobiernos en todos los niveles respecto a la prevención de ese tipo de violencia.
Yendo al tema del post —que nada tiene que ver con la violencia de los adultos o con la idea de una sociedad enferma— no puedo decir si el acoso entre infantes, adolescentes y adultos jóvenes es hoy un problema más o menos grave que hace 50 años atrás. Este acoso tiene lugar en actividades sociales regulares (los encuentros ocasionales pueden terminar en peleas pero, fuera de los barrios mencionados en el párrafo anterior, son excepcionales). Un motivo importante para que hoy fuera un fenómeno más grave que antes sería la masificación de escuelas y universidades y sus varias consecuencias, en particular su pretensión de ignorar las diferencias individuales. De igual manera que no hay dos adultos iguales, no hay dos infantes, dos adolescentes y dos adultos jóvenes iguales. El problema de reconocer diferencias y su importancia para la educación —tanto dentro como fuera de las escuelas— todavía está lejos de una solución satisfactoria. Además de esa masificación, la fuerte pérdida de autoridad de los adultos —incluyendo padres, maestros y profesores— sobre infantes y adolescentes y también el reconocimiento de deficiencias graves en criterios y métodos de discriminación con la consiguiente sospecha de arbitrariedades y abusos de poder también podrían haber contribuido a un aumento del acoso. En todo caso, me parece recomendable que el análisis serio del problema tenga como punto de partida estas dos referencias
https://www.amazon.com/Bullying-School-What-Know-Can/dp/0631192417/ref=asap_bc?ie=UTF8
https://www.amazon.com/Essential-Guide-Bullying-Prevention-Intervention/dp/1615642064/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=
Como siempre sabemos poco, pero no podemos ignorar lo poco que sabemos.
20 mayo, 2017 a las 12:18
¿Quiere hechos?
Mire, aquí puede leer un hecho «fresquito»: http://www.20minutos.es/noticia/3042319/0/primera-gira-trump-eeuu-arabia-saudi-cerrar-venta-armas-millones-dolares/
El titular dice:»Primera gira de Trump fuera de EEUU: llega a Arabia Saudí para cerrar la venta de armas por 100.000 millones de dólares»
Si Usted considera que esto es un hecho que no pone en evidencia lo enferma que está esta sociedad, es que muy posiblemente Usted también esté afectado por esa enfermedad.
Esos 100.000 millones de dólares van destinados a matar a gente. No se si lo entiende. Se destinan ingentes cantidades de dinero a mantener las desigualdades y acrecentarlas. Se destina ese dinero al sostenimiento del poder en manos de personas sin escrúpulos. Se destina el dinero a perpetuarse en el poder coaccionando a las personas, amenazando y reprimiendo.
Haciendo bullying de los estados sobre minorías con carencias de todo tipo.
En lugar de destinar el dinero a solventar desigualdades y potenciar el hermanamiento entre personas se envía al mundo continuos mensajes bélicos y de represión violenta.
La defensa contra el bullying, en este caso, conllevaría una situación parecida a la que estamos viendo ocurre en Venezuela, donde las personas que viven en uno de los países más ricos del planeta pasan necesidades y penurias de todo tipo y solo les queda salir a protestar cada día en la calle.
La defensa contra ese bullying sería que la población comenzara a armarse y se generara una nueva masacre mundial. ¿Sería eso aceptable?
El asunto no es que eso ocurra en Venezuela o cualquier otro sitio en conflicto, sino que las comunicaciones y la globalización nos hacen saber que lo que ocurre donde sea, lo podemos sentir como si ocurriera en la ciudad de al lado en la que vivimos.
Cuéntenos por favor, si es que Usted lo sabe, qué mensaje de sociedad sana nos envía una noticia de éste tipo y por qué los niños que escuchan hablar a sus padres sobre estas cosas o escuchan tales noticias en los informativos deberían comportarse pacíficamente, si los líderes y los poderosos, aquellas personas a las que algunos han defendido incluso vehementemente para su elección y mandato, actúan de tal modo.
17 mayo, 2017 a las 21:16
Me temo que la visión del acoso que se desprende de la entrada es un tanto ingenua. Generalmente, no se trata de un «niño malo» que hostiga a un niño indefenso. El acoso tiene que ver más con una dinámica en la que la víctima es progresivamente segregada y hostigada por el grupo, que no le acepta. No siempre hay un líder victimario. Incluso puede no darse violencia física. Ésta suele aparecer cuando la víctima, absolutamente anulada y abrumada por la presión del grupo, ya no tiene recursos para reaccionar. Evidentemente, los casos que salen a la luz son, por lo general, aquellos en los que se producen agresiones, pero la violencia psicológica puede ser suficiente para inducir en la víctima una sucesión de episodios de estrés-postraumático que desemboque en un desenlace fatal sin que haya mediado agresión física alguna. Y cualquiera que haya sufrido acoso sabe que son los daños emocionales lo más difícil de superar.
En algunos casos, es verdad, este proceso se ve interrumpido por algún motivo y la víctima reacciona, pero a estas alturas su autodominio es tan precario que no es difícil que su hazaña acabe salpicando las primeras páginas de los diarios.
Así que, no nos engañemos, vivimos inmersos en una sociedad en la que la agresividad es un valor en alza. La agresividad… y el gregarismo, por cierto. Se habla mucho del acoso escolar, pero uno no tiene más que asomarse, por ejemplo, a las llamadas redes sociales para ver como adultos «hechos y derechos» se entregan hoy a esas mismas dinámicas de patio de colegio. Y estoy totalmente de acuerdo con lo que comentaba Sedente: la cultura dominante (sobre todo la juvenil) nos bombardea con productos en los que el recurso a la violencia se presenta como la quintaesencia de lo cool y la panacea que resuelve todos los problemas… Las mismas cadenas que nos aleccionan contra el maltrato y el acoso, exhiben en «horario protegido» y con total impunidad productos en los que vemos como las personas venden su dignidad por unos cuantos cientos de euros y son sometidas a humillación y escarnio público. Ya no nos extraña que la agresividad más o menos desenvuelta y la falta de respeto por el adversario se hayan trasladado al escenario político; al contrario, la política va camino de convertirse en un arte cinegético, y el linchamiento en el nuevo deporte nacional.
17 mayo, 2017 a las 22:00
Complejo tema Don Raúl
En esta sociciedad mas hipócrita que ayer pero menos que mañana que se podía esperear.
Hay pánico de que los ciudadanos solucionemos nuestros problemas por nostros mismos, sin esperar a que la autoridad competente haga aparición.
Si el bulling está subiendo es básicamente porque los abusadores tienen éxito. Éxito no solo abusando, si no viendo que se les rie la «gracia», que los profesores se inhiben y que sus padres se hacen los locos, cuando no lo justifican.
Para mi enseñar a defenderse a un niño es algo fundamental. Lo complicado es saber cómo es su profesor, en mis tiempos al profesor de Judo le llamábamos maestro, y cómo le va a enseñar.
Una parte muy importante de la enseñanza de artes marciales clásicas (las que yo he son aprendido Judo y Kárate, cinturon azul y naranja no exageremos) era la actitud con que nos la enseñaban.
El contról sobre el propio cuerpo, a traves de la mente, saber controlarse era fundamental. Supongo que todos esos hipócritas que tanto las critican no tendrán ni idea a respecto.
Y eso hay que saber enseñarlo, y no es fácil.
Por cierto no se comenta nunca sobre cómo ha aumentado la agresividad de las adolescentes (ellas) estos últimos años. Y con un muy escaso autocontrol. Los chicos, mas acostumbrados a la violencia, saben mucho mas cuando hay que parar.
18 mayo, 2017 a las 15:41
Imaginando el suplicio que ha de representar para un niño, o un adolescente ― para cualquiera, en realidad, que se vea en situación parecida, que en los adultos también pasa ―, el tenerse que enfrentar cada día a algo que le da terror, resulta inevitable plantearse hasta qué punto el sufrimiento que ello implica no estará dañando de por vida y en lo más profundo la personalidad del que lo padece.
Pero resulta que la enseñanza es obligatoria, y que el niño ha de acudir al colegio cada día lo quiera o no, y los padres (o tutores, o personas responsables de él) no tienen (si no estoy mal enterada) libertad para negarse a que acuda a clase.
¿No pueden los padres de los acosados unirse y presionar ―por medio de huelgas, o de lo que sea ― con no enviar a sus hijos a clase en tanto no se solucione el problema?
Claro que, entiendo, ¿cómo se soluciona?, ¿cómo evitar que existan acosadores?
Se me ocurre que segregándolos, todos los acosadores juntitos y que se machaquen entre ellos.
Bueno. Me doy cuenta de que no es una idea brillante, pero me inspiran tanto desprecio que no siento la menor piedad por ellos. Y quizás también están siendo víctimas de algo, pero… ¿de qué?
Puede decirse que “de la sociedad”, pero eso además de ambiguo es muy elástico. “Sociedad” somos todos, pero las responsabilidades, y por más que esconderse tras la masa resulte una evasiva cómoda, son individuales.
20 mayo, 2017 a las 3:25
En mi clase habían 4 energúmenos que perseguían y pegaban reiteradamente a un chaval en el recreo; todos estábamos entre los 10 y los 12 años. Entonces no se le llamaba bullying como ahora, pero al fin y al cabo, era lo mismo.
Desde la distancia, en el tiempo, no puedo comprender como 4 pollos sin emplumar, se dedicaran a asediar y agredir con saña a un quinto por el simple hecho de ser enclenque y aparentemente amanerado. Mi joven dignidad y sentido de la justicia, no podía consentir ese atropello diario, ante la mirada indiferente y asustada de los demás.
Y llegó el día en el que salté y me lié a tortas con el gallo de los matones. Fue mano de santo. No solo se olvidaron del chaval enclenque, si no, que no volvieron a molestar a nadie más. Eran otros tiempos, no había whatsApp ni redes sociales ni, ni, ni …
Seguro que hay maneras, formas educativas para evitar tantos acosos, donde un niño no tendría que llegar a este punto de tener que emplear la fuerza para defender o defenderse, claro que si, pero es evidente que hoy por hoy, muchos niños, llegan a desertar de la vida, ante el miedo y la impotencia de no sentirse protegidos ni amparados.

References: resolución 
 resolución 
 artículo 510
 resolución 
 resolución 
 resolución