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Timestamp: 2017-03-28 11:52:14+00:00

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Primero de Mayo Derecho Argentino
Prólogo El tema de este trabajo investigativo es asignado por nuestros profesores de la cátedra Historia del Derecho de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.N.C. Nuestro
objetivo es la búsqueda del material bibliográfico que satisfaga los requisitos para la elaboración del tema planteado : 1º de Mayo : Día del Trabajador. Luego completaremos esta etapa con el agregado de
testimonios de los festejos propios a la fecha mencionada. Del análisis y del examen del material reunido surgirá definitivamente la esencia del diagnóstico que es lo que traducirá nuestra comprensión y
espíritu de trabajo grupal. Cada vez que tenemos oportunidad de obtener logros con las metas fijadas, vemos que al realizar nuestra evaluación siempre nos queda el enriquecimiento de nuevos conocimientos.
Ello se logra con el aporte de nuestros profesores, quienes nos permiten crecer día a día, al poner en práctica y desarrollar los distintos métodos que hacen posible la culminación de cada trabajo. Para
ellos nuestro agradecimiento..
Introducción Superada la mitad del siglo XVIII, la Revolución Industrial, donde se da nacimiento al derecho del trabajo, provocó una conmoción transformadora en Europa, surgiendo la clase obrera,
que luego constituyó una clase internacional con identidad propia, cuya personería encuentra su sello en el sistema capitalista de producción. Esa revolución industrial y su consecuencia, la Revolución
Económica, no fueron un estallido repentino e improvisado, sino la eclosión de un largo proceso gestado desde el Renacimiento, con su nueva temática y problemas económicos, jurídicos, políticos, sociales
no conocidos hasta entonces. El trabajo constituyó una realidad indispensable para asegurar la vida del hombre, ya que pudo dominar la naturaleza, y se dieron formas especiales mediante las cuales algunos
pusieron su capacidad de trabajo a disposición de otros , como por ejemplo los esclavos y siervos. Estos estaban reducidos a la condición de objeto de propiedad de otro. Presentan características muy
distintas del actual trabajo dirigido que tiene como fundamento el respeto a la libertad del trabajador. La concepción de vida dentro de la cual se produjo la Revolución Industrial modificó las pautas
fundamentales que hasta entonces habían prevalecido en la convivencia social. La relación humana se basa ya no en una igualdad de naturaleza y vocación del hombre sino de un trato mediante contratos. Bajo la apariencia del ejercicio de la libertad de contratación, una de las concreciones del capitalismo industrial, y de la autonomía de la voluntad, una de las partes de la
relación impone las condiciones en desmedro de la otra. Por otra parte las condiciones de labor eran muy desfavorables a causa de horarios agotadores, bajos salarios, insalubridad de los ambientes, trabajo de
la mujer y de los niños para completar el ingreso del grupo familiar, lo cual a su vez actuaba como un factor de competencia en el mercado laboral. Esto hace que se produzca una frecuente violación de la justicia conmutativa que exige una equivalencia en el cambio a fin de que una de las partes no se enriquezca a expensas del
empobrecimiento de la otra. El paso del taller artesano a la fábrica ; el reemplazo de la herramienta por la máquina ; el empleo del vapor como agente motor, en sustitución del rudimentario laboreo humano,
atrajo un sinnúmero de operarios, a las ciudades, transformando totalmente el sistema de vida conocido. Este movimiento significo : aumento de productividad ; sobreabundancia de mano de obra, por la
sustitución maquinista, que fue aprovechada por los propietarios de los medios de producción, sometiendo a los trabajadores a humillantes condiciones de explotación. El abatimiento e impotencia de los primeros tiempos de la masa trabajadora, tuvo una primera respuesta: la violencia, manifestación de todo un sector humano, sumido en el descontento y
la incandescencia. Los obreros levantaron voces de protesta y acciones en defensa de sus derechos, conformando múltiples agrupaciones y asociaciones. Los obreros tras larga lucha, incorporaron lenta y
paulatinamente una serie de medidas humanizantes, que cambiaron radicalmente la vida laboral, económica, política, social y jurídica, las que actuaron favorablemente en detrimento de aquel fermento
Tal cual expresamos en la introducción a este trabajo, la violencia se hizo parte del movimiento obrero en su lucha por la conquista de los derechos del trabajador. La agitación
comenzó en 1827 con la huelga de distintos gremios de la ciudad norteamericana de Filadelfia, en busca de la reducción de la jornada laboral a diez horas. Este movimiento, prontamente fue imitado por otras
doce ciudades. La magnitud de los acontecimientos dio origen a la creación de cincuenta periódicos obreros, a la realización de mítines y congresos con miras de obtener la elección de candidatos que
representaran los intereses de la clase obrera. Esta lucha es lo que da origen al sindicalismo en Estados Unidos. A pesar que fue uno de los momentos menos considerables, los empleados federales y los
trabajadores de los arsenales obtuvieron las diez horas en 1840 por orden del presidente Van Buren y los estados de Massachusetts y Connecticut, adoptaron en 1842 leyes que prohibían a los niños un trabajo de
más de diez horas diarias. Al mismo tiempo en Buffalo introdujo en sus talleres la jornada de diez horas, la que fue reducida a ocho en 1875. En el primer congreso industrial de los Estados Unidos, celebrado en Nueva York en octubre de 1845, se plantea nuevamente la cuestión de la reducción legal de la jornada de trabajo a
diez horas. New Hampshire concede la ley de diez horas, pero éste era uno de los tantos problemas que azotaban a los obreros ya que la competición de la mano de obra debida al flujo inmigratorio no era muy
propicia para llegar al éxito de las reivindicaciones obreras. En 1848, los obreros de una sociedad de colonización neozelandesa, anunciaron la conquista de las ocho horas laborales, y recién a comienzos de
1866, después de la guerra de Secesión, comienza a renacer la acción sindical con la voluntad de obtener las diez horas. Por otra parte, la reducción de la jornada de trabajo se convierte en una necesidad
urgente por el retorno de los soldados desmovilizados y el cierre de los talleres que trabajaban para la guerra. El Congreso de los Estados Unidos da entrada a ocho proyectos de leyes tendientes a legalizar la jornada de ocho horas, y el congreso nacional del Trabajo de Baltimore proclama el 16 de
agosto de 1866 :
"La primera y gran necesidad del presente para liberar al trabajo de este país de la esclavitud capitalina, es la promulgación de una ley por la cual la jornada de trabajo deba
componerse de ocho horas en todo el Estado de la Unión Americana. Estamos decididos a todo hasta obtener este resultado". El mismo congreso decidió la creación de comités para estudiar la
reivindicación de las ocho horas. Pero el defecto de las organizaciones fue esperar de los poderes públicos el estudio y el voto de la medida reclamada. Al año siguiente, el Congreso Obrero de los Estados
del Este, en Chicago, se ocupa también por el mismo tema al igual que los congresos internacionales.
El hombre que simboliza esta lucha es Ira Steward, mecánico autodidacto de Chicago. Este se apoyaba en la teoría de que al disminuir la jornada laboral, aumentaría la necesidad
de trabajadores y traería como consecuencia el aumento de los salarios. Escéptico sobre la eficacia de la acción corporativa en razón de los fracasos sufridos y sin el apoyo de un partido político
autónomo de la clase obrera se afirmó en el método usado en el movimiento sindical americano el de ejercer presión sobre los partidos y conceder votos sólo a los candidatos que aceptaran hacer triunfar el
programa sindical. Los esfuerzos obreros terminaron con la institución de la jornada de ocho horas en todos los establecimientos del gobierno de la República americana y para todos los trabajo directamente
ejecutados o licitados por el Estado. La ley Ingerssoll del 25 de junio de 1868 establecía:
En su artículo 1º que todos los jornaleros u obreros y artesanos del estado cumplirían jornadas de ocho a partir de ese tiempo. Haciendo salvedad que las jornadas podrían
prolongarse sólo en caso de guerra o cuando fuese necesario proteger la vida humana o la propiedad pero este trabajo suplementario debía pagarse tomando como base el salario de la jornada. Los jornaleros u
obreros y artesanos ocupados por contratistas o subcontratistas de trabajos por cuenta del estado, estaban comprendidos dentro de los beneficios mencionados anteriormente, siendo los responsables los
contratistas o subcontratistas de tales pagos.
En su artículo 2º establecía que todos los contratos que se celebrasen en adelante se basarían en la jornada de ocho horas, cualquier disposición en contrario estaría en
contravención con la ley, exceptuando los casos previstos en el art. 1º. El artículo 3º mencionaba que los contraventores sufrirían multas entre los 50 y 1.000 dólares o hasta seis meses de prisión, pudiendo aplicarse ambas penas a la vez. Pero los
obreros norteamericanos continuaban cumpliendo jornadas laborales entre las once y doce horas diarias. A pesar que el Estado de California había fijado por su cuenta la jornada legal de ocho horas, sólo se
ocupaba del cumplimiento en la esfera gubernamental. El pueblo obrero pronto se sintió desilusionado y se organizó el 13 de septiembre de 1871, en Nueva York, una manifestación que congregó a veinte mil obreros. Al año siguiente se
llevaron a cabo importantes huelgas, incluso un exaltado envió a los periódicos la amenaza de un incendio general si no se votaban las jornadas de ocho horas. En resumen estas huelgas brindaron sus frutos, pero las organizaciones débiles aún desaprovecharon la victoria y al cabo de cinco o seis meses todo se había perdido. Las actividades
entre los años 1873 y 1883
En el año 1873 se produce una crisis financiera y comienzan los años negros para los trabajadores americanos. Sin embargo no pierden de vista la conquista de las ocho horas. Para
ello se forman numerosos grupos que apoyan esta inquietud y los Caballeros del Trabajo, en su programa de 1874, declararon que lo conseguirían aún por la negativa a trabajar más de ocho horas. Más tarde,
estos caballeros escribirán en la larga lista de reformas y reivindicaciones del preámbulo de la Constitución, la obtención de la reducción gradual de las horas de trabajo a ocho diarias con el fin de
gozar de los beneficios de la adopción de máquinas en reemplazo de mano de obra.
En el año 1874 también el estado de Massachusetts fijó legalmente la jornada máxima de diez horas de trabajo para mujeres y niños. Los Ferroviarios en 1877 fueron a la huelga y son
vencidos en Pittsburg en una lucha a mano armada. En esta ciudad en noviembre de 1881 se forma la Federación de Trade-Unions la que se convierte en la Federación Americana Del Trabajo (A.F.L.). La plataforma
del primer congreso fija el apoyo a la ley nacional de las ocho horas para los empleados de gobierno. "Nos, la Asamblea de Sindicatos de la aglomeración de Chicago, representantes de trabajadores
organizados, declaramos que la jornada de trabajo de ocho horas permitirá dar más trabajo por salarios aumentados. Declaramos que permitirá la posesión y el goce de más riqueza por aquellos que las crean. Esta ley aligera el fardo de la sociedad dando trabajo a los desocupados. Disminuirá el poder del rico sobre el pobre, no porque el rico se empobrezca, sino porque el pobre se enriquecerá. Creará las
condiciones necesarias para la educación y mejoramiento intelectual de las masas. Disminuirá el crimen y la intemperancia. Aumentará la posibilidad de que los obreros 'controlen' sus posibilidades de vida.
Aumentará las necesidades, alentará la ambición y disminuirá la negligencia de los obreros. Estimulará la producción y aumentará el consumo de bienes por las masas. Hará necesario el empleo cada vez
mayor de máquinas para economizar la fuerza del trabajo. No conmoverá, molestará ni perturbará al actual sistema de remuneración del trabajo sino que es una medida que tenderá permanentemente a acrecentar
los salarios sin aumento del costo de la producción de las riquezas. Disminuirá la pobreza y aumentará el bienestar de todos los asalariados y gracias a esta ley, el algunos años desaparecerá el sistema
actual de salarios para dejar lugar a un sistema de cooperación industrial en que los salarios representen ganancias y ni, como al presente, el mínimum necesario al asalariado". El segundo congreso en
Cleverland retoma esta resolución el 21 de noviembre de 1882. A continuación transcribiremos la declaración hecha en este congreso por la Asamblea sindical de Chicago, como ejemplo de las resoluciones en
esta época :
Nos, la Asamblea
de Sindicatos de la aglomeración de Chicago, representantes de trabajadores organizados, declaramos que la jornada de trabajo de ocho horas permitirá dar más trabajo por salarios aumentados. Declaramos que
permitirá la posesión y el goce de más riqueza por aquellos que las crean. Esta ley aligera el fardo de la sociedad dando trabajo a los desocupados. Disminuirá el poder del rico sobre el pobre, no porque el
rico se empobrezca, sino porque el pobre se enriquecerá. Creará las condiciones necesarias para la educación y mejoramiento intelectual de las masas. Disminuirá el crimen y la intemperancia. Aumentará la
posibilidad de que los obreros ‘controlen’ sus posibilidades de vida. Aumentará las necesidades, alentará la ambición y disminuirá la negligencia de los obreros. Estimulará la producción y aumentará
el consumo de bienes por las masas. Hará necesario el empleo cada vez mayor de máquinas para economizar la fuerza del trabajo. No conmoverá, molestará ni perturbará al actual sistema de remuneración del
trabajo sino que es una medida que tenderá permanentemente a acrecentar los salarios sin aumento del costo de la producción de las riquezas. Disminuirá la pobreza y aumentará el bienestar de todos los
asalariados y gracias a esta ley, el algunos años desaparecerá el sistema actual de salarios para dejar lugar a un sistema de cooperación industrial en que los salarios representen ganancias y ni, como al
presente, el mínimum necesario al asalariado
El Comité legislativo del congreso de 1883 decide pedirle, al presidente de los Estados Unidos, el apoyo que necesita la ley de las ocho horas. Al mismo tiempo , se envía una nota al
Comité de los partidos Republicano y Demócrata invitándolos a definir sus respectivas posiciones con respecto a la ley y otras medidas que favorecerían a los obreros. El congreso de Chicago El secretario de
Comité Legislativo rinde cuenta de las actuaciones al Congreso de la A.F.L., en noviembre de 1884 en Chicago, reconociendo su fracaso y admitiendo un cambio de frente que se produjo en el espíritu de
numerosos obreros, por la acción propia del Trade-Unions, que consideraba lograr éxitos presionando directamente la parte patronal a cambio de la gestión ante las autoridades gubernamentales. El secretario Foster interpreta que es inútil contar con la legislación para obtener la jornada de ocho horas y las reivindicaciones aspiradas. Esta opinión se refuerza por el
análisis que realiza de la situación laboral de ese momento : los logros obtenidos se habían concretado en un número bastante grande de establecimientos pertenecientes a las más variadas industrias, con
una jornada de ocho horas, en Nueva York. En cambio en Massachusetts, aún se continuaba trabajando diez horas diarias en la mayoría de los establecimientos, sin embargo algunos talleres tenían el beneficio
de las ocho horas. Foster solicitaba el apoyo de todos los gremios, mediante una huelga general abogando por la jornada de ocho o nueve horas. Ante esta inquietud somete al congreso una resolución que la
jornada de trabajo sea de ocho horas a partir del 1º de mayo de 1886. El congreso emite su voto con reservas y la envía al Comité Ejecutivo permanente a fin de que fuera discutida por los delegados para
luego presentarla al próximo congreso y así lograr la adopción definitiva. El Comité Ejecutivo permanente aprobó la resolución y recomienda su adopción por el Congreso y solicita a las organizaciones sindicales hacer promulgar leyes conforme a esta
resolución. En el Congreso de Chicago es donde aparece por primera vez la idea de hacer del 1º de mayo una jornada de reivindicación obrera en torno a las ocho horas. Cabe destacar la importancia de Foster
junto a la de Gabriel Edmonston, presidente del Comité Resolutivo 1884, que comparte las ideas de aquél y además es el autor de la resolución inicial y de las mociones de aplicación. La cuestión de las
fechas La fecha del 1º de mayo ha sido elegida, según Gabriel Deville, por la presunción de que esto se debió a que existían en distintos sitios el habito de hacer comenzar y terminar el año en un día
determinado, por el uso en lo que respecta a contratos, locaciones y arrendamientos. En América del Norte, esta fecha correspondía en práctica de las transacciones económicas y de los compromisos de trabajo
al San Juan de las campiñas meridionales francesas, que señala el comienzo del año de trabajo para la contratación de servicios. Agitación preliminar y primeros resultados Sin duda alguna la resolución de
Chicago abre una brecha en la clase obrera. Los distintos grupos se organizan para hacer propaganda, realizar mítines y manifestaciones, repartir folletos y periódicos. Los sindicatos promovieron la
reducción del horario de trabajo y al aproximarse el 1º de mayo de 1886, las organizaciones obreras trabajaron animosamente., lanzando llamados y multiplicando los consejos a sus adherentes. A pesar de las
advertencias de prudencia de los militantes, estallaron huelgas, a veces violentas, durante todo el mes de abril de 1886. La situación se torno grave y el presidente Cleveland consideró oportuno someter al Congreso la cuestión de las relaciones del capital y el trabajo, puesto que éstas eran muy poco
satisfactorias al ser provocadas por las exacciones de los empleadores. Algunas empresas ante la magnitud de los hechos consideraron aplicar antes del 1º de mayo el régimen de la jornada de ocho horas sin
disminución del salario. El 1º de mayo de 1886 Se realizaron importantes manifestaciones en múltiples lugares a exigiendo que a partir de ese momento ningún obrero debía trabajar más de ocho horas por
día. Las huelgas fueron alrededor de 5.000 con número estimado de 340.000 huelguistas.
Todo esto provocó que la clase proletariada americana tomara conciencia de la opresión del capitalismo. Ese deseo de la disminución de la jornada laboral impulsó a millares de
trabajadores a afiliarse a las organizaciones, cuando muchos de ellos hasta entonces habían permanecido indiferentes a la agitación sindical. La lucha de clases en Chicago Ante la amplitud del movimiento las
autoridades enviaron refuerzos policiales provocando la reacción de la multitud que le arrojó piedras a lo que contestan con una descarga de fusilería, muriendo nueve personas. Los trabajadores de Chicago, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones, vivían en su mayoría en las peores condiciones, trabajando entre catorce y dieciséis horas, sus viviendas
eran chozas en las que habitaban tres o cuatro familias otros no tenían alojamientos y la comida era procurada a veces en los recipientes de desperdicios. En contrapartida los empleadores tenían una
mentalidad de caníbales, ya que en sus periódicos escribían que el trabajador debía curarse de su orgullo y ser reducidos al rol de máquinas humanas. Su opinión era que el plomo era la mejor alimentación
para los huelguistas. El Chicago Times expresó que la prisión y los trabajos forzados era la única solución posible de esa cuestión social. Es fácil de pensar que ante semejante situación, el espíritu
de revuelta de la clase obrera aumentó, y a esto hay que agregar que Chicago siempre fue el centro más poderoso de la agitación revolucionaria en Estados Unidos, llegando a ser el cuartel general del
movimiento anarquista de América. El apoyo de la ardoroso de los órganos de prensa y de ocho o diez grupos que reunían casi dos mil brillantes militantes, agitadores de ideas y con alma de apóstoles y
temperamento fogoso. Entre ellos se encontraban los que llegarían a ser los "mártires de Chicago". Los trabajadores de Chicago habituados a los mítines al aire libre, a las inmensas comitivas, a
los tumultos callejeros con banderas rojas y negras, y el mayor despliegue de insignias y folletos de propaganda y en determinados momentos respaldados por grupos armados de autodefensa, respondieron en gran
número ante la convocatoria de las diversas organizaciones a la huelga del 1º de mayo de 1886. Es de pensar que una lucha incubada durante largo tiempo, no podría detenerse bruscamente, la agitación y la fiebre siguió la marcha treinta y cinco a cuarenta mil huelguista en los
días siguientes. Más cuando numerosos trabajadores se encontraban frente al lock-out o al despedido patronal como ocurrió en una gran fábrica de máquinas agrícolas donde fueron prescindidos 1.200 obreros,
los que fueron reemplazados por obreros de tendencia antirrevolucionaria, contratados en ciudades vecinas. Estos eran llamados Scabs o amarillos. Además la fábrica disponía de equipos de detectives armados,
los mismos eran provistos por una agencia privada y eran individuos sin escrúpulos que multiplicaban las provocaciones amparados por la complacencia policial y la impunidad judicial. Masacre del 3 y 4 de mayo
de 1886 Al terminar la tarde del 3 de mayo, 7.000 u 8.000 huelguistas se dirigieron a la salida de las fábricas para escarmentar a los amarillos. Al chocar con las fuerzas policiales, las apedrearon y se
escucharon algunos tiros de revolver, a esto le sigue una refriega. Junto con los disparos de los revólveres de los detectives privados se unieron los fusiles de repetición de la policía. La multitud debió huir, dejando seis muertos y más de
cincuenta heridos agregándose muchas otras víctimas y arrestos a este sangriento cuadro. Al día siguiente un periódico escribe que la guerra de clases ha comenzado y que la sangre de los trabajadores pedía
venganza ante la avidez del gobierno por la sangre de los trabajadores. Hace alusión también que éstos no eran carneros y responderían al terror. Este tipo de llamado, sin duda aumentaba la indignación de los trabajadores. Al mismo tiempo, los grupos anarquistas convocaban al pueblo a un mitin de protesta en la plaza del mercado
de heno, a las siete y media de la tarde. Concurrieron alrededor de 15.000 personas, desde lo alto de un carro varios oradores tomaron la palabra, todo había transcurrido con calma cuando al empezar a
retirarse la multitud, la policía irrumpió en la plaza y comenzó a disparar con violencia a los asistentes. El comandante no había terminado de pronunciar la frase reglamentaria cuando de pronto estalló una bomba en las filas policiales, derribando a unos sesenta hombres, de cuales
resultaron ocho muertos. De hecho que se generó una batalla más terrible que el día anterior y la policía ayudada por refuerzos abrieron nutrido fuego sobre la multitud presente. La masacre fue espantosa
pero no se pudo establecer con claridad el balance de este doloroso hecho. Chicago fue puesta en estado de sitio y la policía controlaba estrechamente distintos sectores para encontrar a los militantes faltantes de detener. Luego del procedimiento policial,
la instrucción terminó por procesar a los militantes, de quienes quería deshacerse a cualquier precio, porque pensaban que una vez desaparecidos se acabaría el movimiento revolucionario de Chicago. La
instrucción retuvo preventivamente a August Spies, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Adolphe Fischer, Michel Schwab, Louis Lingg, Georges Engel y Albert Parson y al transcurso de dos semanas y medias se constituyó
un jurado con todas las garantías para una condena ejemplar y despiadada. El propio ministerio organizó falsos testimonios y por ende el jurado, la instrucción y el proceso fueron una innoble parodia de justicia, terminando por ser un juicio de clase. El
procurador pidió la pena de muerte, a pesar que no se logró establecer la menor participación directa de los inculpados en el atentado. La sentencia, dictada el 20 de agosto de 1886, condenó a los ocho
acusados a la horca. Sin embargo hubo gracia para Schwab y Fielden cuyas penas fueron conmutadas por cadena perpetua, y para Neebe por la de quince años de prisión. El 20 de septiembre, el juicio fue
confirmado. La Corte Suprema de los Estados Unidos no consintió en anular el juicio por vicio de forma.
La ejecución se cumplió el 11 de noviembre de 1887. Con estas muertes crueles que pagaron con sangre generosa la conquista de las ocho horas, se acabaría uno de los episodios más
crueles y atroces de la guerra de clases. Sin embargo la sangre vertida por los mártires de Chicago no fue inútil puesto que fecundó la idea de las ocho horas y sin ella, quizás la fecha del 1º de mayo no
hubiera conquistado derecho de ciudadanía en el congreso internacional de 1998. Así la fecha del 1º de mayo se fijaba en las masas americanas como jornada reivindicadora en favor de la reducción de las
horas de trabajo. Ratificación de los derechos Finalmente mencionaremos que durante el mes de julio de 1889, un congreso internacional de trabajadores reunidos en París, fijaron el 1º de Mayo como día de
ratificación de sus derechos y de los reclamos contra las arbitrariedades sociales. En 1890, quince naciones se reunieron en Berlín para asistir a una conferencia sobre la intervención del Estado en cuestiones laborales, naciendo así la idea de crear un organismo
mundial por los derechos y deberes emanados del trabajo y asumir una misión de técnica de información y asesoramiento. De este modo se origina la Oficina Internacional del Trabajo, transformándose más
tarde en la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.), actualmente reside en Ginebra bajo la fiscalización de Naciones Unidas. Hoy la fiesta del trabajo es celebrada universalmente y se la considera una
de la más humana e importante.
Día del Trabajo y Aniversario Sanción Constitución Nacional Nos congregamos hoy para celebrar una vez más la magna fecha en la que la humanidad toda conmemora el DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO. Y nos reúne también otro gran acontecimiento, ya
reducido al ámbito de nuestra nación, y que es otro aniversario de la Sanción de la Constitución Nacional, en que los Congresales de Santa Fe en 1853 nos legaron nuestra Ley Fundamental. Ambos hitos
históricos, dilatados en el tiempo y motivados por distintas circunstancias, nos brinda a nosotros los argentinos el beneficio de participar de esta celebración común en que se resalta: LA DIGNIDAD Y RESPETO
DEL HOMBRE. Hombres mujeres y niños de todas las latitudes del planeta festejan este día y recuerdan a aquellos hombres que reunidos en el PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE TRABAJADORES celebrado a fines del
siglo pasado, fijaron el 10 de Mayo como DIA DE RATIFICACION DE SUS DERECHOS Y DE DECLAMO CONTRA LAS ARBITRARIEDADES SOCIALES. Desde sus orígenes, el hombre para lograr su subsistencia ha debido valerse de sus
potencias biológicas, fisiológicas y psicológicas para desarrollarse y perpetuarse. Valiéndose de su conformación física, tuvo la aptitud para aprehender los frutos y animales que le brindaba la
naturaleza, en sus comienzos; luego transforma elementos naturales en instrumentos de caza, pesca y labranza; domestica a los animales para crías y luego aprende a utilizarlos para cultivar la tierra. Se
presenta así, esta exteriorización del esfuerzo humano, como una ley natural, inherente a la vida del hombre. Las comunidades primarias se transforman - merced al esfuerzo del hombre - en pueblos y nace as¡ el principio de la división del trabajo. Desde su comienzo, el trabajo se presenta
como un DEBER SOCIAL ; cada hombre debe aportar su actividad personal a la comunidad a que pertenece, de acuerdo a sus aptitudes, recibiendo de ella a la vez, los elementos que con su naturaleza humana no le ha
sido posible engendrar. En la vida social, el trabajo adquiere innumerables facetas, desde la más ruda y esforzada labor física al más encumbrado razonamiento intelectual, el hombre despliega sus
potencialidades y al tiempo que satisface sus necesidades primarias, educándose en el esfuerzo cotidiano., venciendo dificultades y superando sus limitaciones, contribuye al mejoramiento del medio social en
que vive. La historia de los pueblos nos muestra en el devenir de las épocas que el fuerte somete al débil, guerras incesantes enfrentan a pueblos y naciones enteras. Hombres de pueblos
vencidos son sometidos a situaciones degradantes de servidumbre y esclavitud, produciéndose así entonces LA EXPLOTACION DEL HOMBRE POR EL HOMBRE. Y el hombre sometido, merced a ideologías que se titulan de
novedosas y revolucionarias, basadas en falsos principios sociales y utópicos sueños de liberación, encienden los fervores populares y provocan en el hombre, la caída a un abismo insondable que no es otra
cosa que la EXPLOTACIÓN DEL HOMBRE POR EL ESTADO. Tanto el liberalismo individualista como el marxismo ateo, restan toda la valoración ética y social que encierra el trabajo. Unos, justificando una economía
de mercado y otros, en búsqueda denodada de la economía de producción, transforman el trabajo humano en una MERCANCIA. GANARAS EL PAN CON EL SUDOR DE TU FRENTE, nos dice el Antiguo Testamento, y se ha
interpretado que el trabajo fue impuesto por Dios para penar al hombre por su primera falta; pero antes, el Génesis nos enseña que DIOS PUSO AL HOMBRE EN EL PARAISO PARA QUE LO LABRARE Y CUIDARE. A la luz de
la Fe, debemos interpretar que la fatiga del trabajo fue impuesta por Dios para que el hombre se redima a través de su esfuerzo y que el Trabajo es una ley natural de subsistencia y único medio moral para
lograrla. Y al hablar del trabajo, no podemos soslayar la cuestión social, que nuestros Pontífices, con iluminada inteligencia, ya desde el siglo pasado van sentando criterios indiscutibles, que doctrinas
absolutistas modernas arrogan como propias. El Papa LEON XIII en 1891 enarbola su Doctrina Social de la iglesia a través de su Encíclica RERUN NOVARUM, tomando sobre sí la defensa abierta de los trabajadores, cuya validez
universal ha trascendido hasta nuestros días. Con muy distintas realidades históricas un Papa de origen campesino, en Mayo de 1961 nos deja su Encíclica MATER ET MAGISTRA. Es Juan XXIII, el Papa Bueno como
se lo llamó, refuerza y vitaliza y define al hombre por sobre el Estado, como centro y fin de la vida social. Y es así que justamente en otro mes de mayo, ahora en 1981, a noventa años de la RERUN NOVARUM,
otro Papa, nuestro actual Pontífice Juan Pablo II, redacta su Encíclica "LABEREM EXCERCENS", dedicado específicamente al Trabajo humano y de quien extraemos la riqueza de sus conceptos: "Con
su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al continuo progreso de las ciencias y la técnica, y sobre todo a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en
comunidad con sus hermanos. Y trabajo significa todo tipo de acción realizada por el hombre independientemente de sus características o circunstancias; significa toda actividad humana que se debe o se puede
reconocer como trabajo entre las múltiples actividades de las que el hombre es capaz y a las que está predispuesto por la naturaleza misma en virtud de su humanidad. Hecho a imagen y semejanza de Dios en el
mundo visible y puesta en él para que dominase la tierra, el hombre está por ello, desde el principio, llamado al trabajo. El trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las
criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo; solamente el hombre es capaz de trabajar, solamente él puede llevarlo a cabo, llenando a la vez con el trabajo
sus existencia sobre la tierra. De este modo el trabajo lleva en sí un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su
característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza". Conmemoramos también el 1º DE MAYO, otro aniversario de la Sanción de la Constitución Nacional, poniendo así fin a
divisiones y luchas internas y dando a luz el ámbito jurídico de la conducta humana en su vida de interrelación. Este jalón, significa a más de la unión nacional, la DIGNIDAD Y RESPECTO DEL SER HUMANO, a
que hacíamos referencia al comienzo. Se ve plasmado ello con verdadero énfasis en sus DECLARACIONES, DERECHOS Y GARANTIAS, y su destinatario no es otro que el hombre y que con grandeza que supera nuestras
fronteras, alcanza también : "... a todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino ..." como reza el Preámbulo. Los Congresales de Santa Fe, que con mentes preclaras, con amor
patriótico y un desinterés sin parangón, nos legaron la Ley Fundamental de la República, creando el estado de derecho, marco en el cual el hombre se desarrolla y trasciende las fronteras de los tiempos. Ese estado de derecho, es el desenvolvimiento del hombre en sus instituciones representado por quienes el pueblo elige, brindando igualdad de oportunidades y garantizando el pleno
ejercicio de las libertades allí contenidas. Desde su sanción, el orden constitucional ha sido repentinamente y reiteradamente quebrantado, pretendiendo justificar debilidades en el sistema jurídico y
escondiendo los verdaderos intereses espurios de quienes los provocaron. Es sólo en el estado de derecho., en democracia participativa, con nuestros legítimos representantes y con las instituciones creadas, que el hombre podrá desarrollarse como ser
humano digno, dentro del marco social que le es propio, valiéndose de su esfuerzo personal como medio de vida, sometido únicamente ante la ley y limitándose ante el derecho de los demás. Por todo ello,
jóvenes los exhorto a que sigamos a los prohombres de 1853, impregnémonos de sus ideales de UNIÓN, JUSTICIA, PAZ y LIBERTAD, y a la vez que honramos a las generaciones pasadas, marchemos al futuro llenos de
esperanzas con mente serena y moral severa, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia.
ESQUEMA DE LA EVOLUCION SINDICAL ARGENTINA Origen de la cuestión obrera Organización de los Trabajadores en Argentina Más tarde, a fines del siglo XIX, nuestra Argentina integrante del vertiginoso progreso económico general
junto al influjo de los contingentes inmigratorios, creó una "clase obrera" , que pronto buscará asociarse, en demanda de mejores condiciones laborales, iniciando así un largo, sinuoso y combativo
proceso que perdura hasta nuestros días. De eso se trata lo que sigue.
Las asociaciones obreras de nuestro país, datan de la segunda mitad del siglo XIX y revisten un perfil mutualista, local y autóctono. Mutualista: por cuanto poseyeron como finalidad
la ayuda recíproca de "socorro mutuo", dirigida a la prestación de diferentes servicios de "tipo asistencial", teniéndose en cuenta, en un primer momento, la nacionalidad de sus
integrantes - inmigrantes -, luego, los diferentes oficios y posteriormente sus profesiones. Locales: porque no trascendían el sitio y paraje donde se originaban. Autónomas: porque gozaban de gobierno propio, "de modo que las primeras manifestaciones obreras argentinas
presentar un carácter débil, transitorio y circunstancial" (M. L. San Martino de Dromi).
El paso del mutualismo al sindicalismo se dará con la generación de ochenta y "el aluvión" inmigratorio; el arribo de contingentes extranjeros revela tal magnitud ;
el censo de 1914 arroja un saldo del 30 % del total de la población, determinando que "en proporción a la población (nativa), Argentina ha recibido más inmigrantes que cualquier país del mundo"
(A. P. Whitacker cit. por Matsushita). Por aquel entonces Europa era surcada por distintos perfiles ideológicos, que fueron transferidos a nuestras tierras, precisamente por la inmigración, creando un
"caldo de cultivo" para múltiples conflictos que pronto modificarían las diversas circunstancias de la vida política y social. Diversas fueron esas corrientes ; principalmente: el socialismo, el anarquismo, el comunismo y el sindicalismo. a) El socialismo: En su versión clásica, "es un sistema de organización social que supone derivados de la colectividad los derechos individuales y atribuye al Estado absoluta
potestad para ordenar las condiciones de la vida civil, económica y política, extremando la preponderancia del interés colectivo sobre el particular". Se diferenciaba el anarquismo por reconocer la
función del Estado y las reglas de juego democrático, aceptando - asimismo - un patriotismo moderado y la lucha por la nacionalización de los extranjeros; "Dejar alejados de la cosa pública a tres
millones de extranjeros que tienen en sus manos la mayor parte de la riqueza del suelo, la producción y el comercio es un verdadero peligro contra la nacionalidad" (A. Dickman). b) El anarquismo: Es una "doctrina filosófica, movimiento social e intelectual que propugna la abolición del Estado y la constitución de una sociedad libre de toda autoridad y
gobierno". Ingresa en Argentina en la década de 1870, influyendo en el naciente movimiento obrero, germen y expresión principal de lo que posteriormente será el sindicalismo de combate, emancipando al
obrero del capitalismo, repudiando toda vinculación con las organizaciones políticas y negando el valor de las fronteras entre los países. c) El comunismo: Es una "doctrina y sistema económico, político y social basado en la comunidad de medios de producción, distribución y consumo y en la organización colectiva
del trabajo"; basado en la doctrina de K. Marx y su "Manifiesto Comunista", nace en Argentina como partido político, con la fundación del Partido Socialista Internacional en 1918. d) El sindicalismo: Es un "sistema de organización social en base al sindicato, entendiendo por tal a la asociación formada para la defensa de intereses económicos, laborales
comunes a todos los asociados". Sin hacer una disección de la realidad histórica, como mera muestra didáctica, puede considerarse atinada la división del pasado del sindicalismo argentino en tres
etapas bien marcadas: a) Sindicalismo de combate: 1860-1920. b) Sindicalismo reformista: 1920-1943. c) Sindicalismo de Estado: 1043-1983, este último por trayectoria y características conforma dos subgrupos:
Sindicalismo de Estado actuando dentro del Estado (1946-1955 y 1973-1976) y Sindicalismo de Estado enfrentado contra el poder del Estado (1956-1973 y 1976-1983).
En nuestro país la primera norma no alteró el principio de la autonomía de la voluntad en el contrato de trabajo, sino que fue de policía laboral : prohibía la realización de
tareas por cuenta de otros en días domingos. Con ello tuvo concreción legal el principio del descanso semanal. Se promulgan disposiciones acerca del trabajo de la mujer y los menores que establecen la
presunción de responsabilidad del Emperador en los casos de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, limitación de la jornada diaria, ampliación del descanso semanal, etc. En la Argentina, la reforma Constitucional de 1949 introdujo, a través del art. 47 un decálogo que estableció un programa de derechos calificados de especiales : a trabajar, a una
retribución justa, a la capacitación, condiciones dignas de trabajo, preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de la familia, al mejoramiento económico y a la defensa
de los intereses profesionales. El texto de la Constitución de 1853, el art. 14 bis consagra los derechos reconocidos a los trabajadores y de los gremios, como así también los beneficios de la Seguridad Social. Se
establece que el trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador : condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada, descanso y vacaciones
pagadas, retribución justa, salario mínimo, vital y móvil, igual remuneración por igual tarea, participación en las ganancias de las Empresas con control de la producción y colaboración en la dirección,
protección contra el despido arbitrario, estabilidad del empleado público, organización sindical libre y democrática reconocida por la simple inscripción en un registro especial. El 1 de Mayo de 1886 tuvo lugar en Chicago, Nueva York y otras ciudades norteamericanas, la huelga destinada a obtener para los trabajadores industriales y de servicios, reducir la
jornada laboral a 8 horas. Tres días después de aquél histórico 1 de Mayo de huelga y manifestación, la explosión de varias bombas constituyó el pretexto patronal y gubernativo para iniciar la represión
indiscriminada. Cinco militares anarquistas fueron ahorcados : George Engel, August Spiess, Albert Persons, Louis Lingg, Adolfh Fisher, mientras varios más fueron condenados a prisión. La historia los
recuerda como los " Mártires de Chicago". El 1º de Mayo ha sido consagrado universalmente como Fiesta de Trabajo, y por extensión Día de los Trabajadores. La fiesta internacional del Trabajo fue
acordada en el Congreso Internacional de los Trabajadores, celebrado en París durante el mes de julio de 1889 como día de ratificación de sus derechos y de reclamos contra las arbitrariedades sociales. Fue
acompañada de una huelga general pidiendo la jornada laborable de ocho horas. En 1890 quince naciones se reunieron en Berlín para asistir a una conferencia sobre la intervención del Estado en cuestiones laborales. Así nació la idea de crear un organismo
mundial por los derechos y deberes emanados del trabajo y asumieron una misión de técnica de información y asesoramiento. Se origina entonces la Oficina Internacional del Trabajo que más tarde se
transformará en la O. I. T. ( Organización Internacional del Trabajo ), que actualmente reside en Ginebra, bajo la fiscalización de las Naciones Unidas. El Papa León XIII en 1891 enarbola su Doctrina Social
de la Iglesia a través de su Encíclica Rerum Novarum, tomando sobre sí la defensa abierta a los trabajadores, cuya validez universal ha trascendido hasta nuestros días. A partir de 1892 la fiesta del 1º de
Mayo tiene un carácter pacífico en la mayor parte de las poblaciones fabriles. Hoy la fiesta del trabajo es universal y se la considera como la más humana e importante. Día de los Trabajadores El 1º de Mayo ha sido consagrado. universalmente como Fiesta del Trabajo, y por extensión, Día de los Trabajadores. La fiesta internacional del Trabajo fue acordada en el Congreso
Internacional de los Trabajadores, celebrado en julio de 1889, la primera de las cuales debió ir acompañada de una huelga general pidiendo la jornada laborable de ocho horas. Los preparativos para dicha
fiesta, en 1890, ocasionaron grandes divisiones en el seno de los partidos políticos obreros, resultando también huelgas parciales. Serios desórdenes públicos trajo también en otros países como Bélgica,
Italia y Francia. A partir de 1892 la fiesta del 1º de mayo tiene un carácter pacífico en la mayor parte de las poblaciones fabriles. El Derecho del Trabajo El Derecho del Trabajo es un conjunto de principios doctrinarios y disposiciones nacionales e internacionales que regulan las relaciones del capital y del trabajo. En sus comienzos
sólo se aplicó a los trabajadores manuales ; después, a las industrias manufactureras y luego se extendió al comercio, la industria, la ganadería y las actividades no industriales. Las Leyes del Derecho
del Trabajo tienen como finalidad las paz social, protegiendo a las personas económicamente débiles. Les asegura además salarios mínimos que permitan llevar un nivel de vida decoroso, limita la jornada de
trabajo, exige el descanso semanal, vacaciones anuales, vigila y prohibe el trabajo nocturno para mujeres y niños, protege la maternidad, establece indemnizaciones por accidentes o enfermedades profesionales,
reglamenta los sindicatos gremiales, cubre los riesgos de enfermedad, ancianidad, muerte u orfandad protege las cooperativas y mutualidades. Todo esto es lo que se llama también conquistas sociales, y en todos
los países se aspira a verlas cumplidas. Evolución del trabajo El concepto del trabajo ha variado con el correr de los siglos. Hoy es honroso; antes, se le consideraba una afrenta. En la antigüedad, si bien hubo trabajo libre, predominó el
trabajo servil ejercido por esclavos. El advenimiento del cristianismo, con el precepto: cada cual debe ganar su pan con el sudor de su frente, precepto igualitario, mejoró algo la condición de los esclavos y
dignificó el trabajo. La esclavitud fue de dos formas: doméstica o patrimonial; quiere decir que se compraba o vendía al ser humano como una cosa. En la Edad Media, al lado del trabajo libre existió el de los siervos, que eran legión. Los siervos pertenecían en cuerpo y bienes al señor feudal y formaban parte de la
explotación rural, pudiendo venderse o transferirse junto con el feudo. Los artesanos libres se reunieron en corporaciones, que tuvieron como finalidad la protección de los oficios, la preparación técnica
de los artesanos, el control de la buena calidad del producto, y la asistencia mutua. Así se empeñó la lucha contra la opresión feudal, y se despertó el espíritu grernial. Las corporaciones se componían
de aprendices, compañeros y maestros: había también cofradías, que reunían corporaciones de igual oficio. El aprendizaje se hacía en el taller de un maestro; duraba varios años y generalmente sin sueldo. Al terminar recibía un certificado de compañero. La jornada de trabajo era de sol a
sol, en verano como en invierno, con descanso al mediodía. Estas condiciones que rigieron hasta hace menos de un siglo hacían imposible elevarse en el nivel humano. Los oficios se heredaban por generaciones y
generaciones. Sin embargo el régimen corporativo fue más feliz para el género humano que el que siguió a partir del siglo XV, cuando los intermediarios empezaron a reclutar trabajadores sin respetar las
corporaciones. Entonces el obrero se encontró aislado, sin defensa. La Revolución Francesa en 1789, abolió los privilegios y proclamó la libertad de trabajo y la igualdad política y social. Dejó subsistente la desigualdad económica. Poco a poco el
maquinismo y la gran industria dieron origen al proletariado moderno. Al principio, a vil precio, se pagaba el trabajo de hombres, mujeres y niños. El capital reinaba y se entabló la lucha de clases. Hacia
fines del siglo pasado los obreros comenzaron a organizarse y poco a poco fueron obteniendo las leyes humanas que se llaman "leyes del trabajo". Cada país tiene sus problemas sociales, pero siempre
fueron más agudos en los viejos estados europeos. En América es fácil que el obrero de ayer se transforme en el patrón de hoy. Esperemos que cada vez vivan los hombres en mayor igualdad.
Conclusión Los hombres de todas las latitudes del planeta festejan este día y recuerdan a aquellos hombres que reunidos en el Primer Congreso Internacional del Trabajo,
fijaron el 1º de Mayo como día de ratificación de sus derechos y de reclamo contra las arbitrariedades sociales. Desde su comienzo, el trabajo se presenta como un deber social, como una ley natural de
subsistencia. Cada hombre debe aportar su actividad personal contribuyendo al mejoramiento del medio social en que vive. Pero es sólo en democracia participativa, con nuestros legítimos representantes y con
las instituciones creadas, que el hombre podrá desarrollarse como ser humano digno, dentro del marco social que le es propio, valiéndose de su esfuerzo personal como medio de vida, sometido únicamente ante
la Ley y limitándose ante el derecho de los demás. Con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al continuo progreso de las ciencias y de la técnica, y sobre todo a la incesante
elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con sus hermanos. El trabajo significa todo tipo de acción realizada por el hombre independientemente de sus características o circunstancias; significa toda actividad humana
que debe o se puede reconocer como trabajo entre las múltiples actividades de las que el hombre es capaz y a las que está predispuesto por la naturaleza misma en virtud de su humanidad. Hecho a imagen y
semejanza de Dios en el mundo visible y puesto en él para que dominase la tierra, el hombre está por ello, desde el principio, llamado al trabajo. De este modo el trabajo lleva en sí un signo particular del
hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas ; este signo determina su característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza. Participar en
el Día Internacional del Trabajo es resaltar la dignidad y respeto del hombre que se ve plasmado con verdadero énfasis en sus declaraciones, derechos y garantías ; y que con grandeza supera nuestras
fronteras, alcanzando también " a todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino" como reza el Preámbulo.

References: artículo 1
 artículo 2
 artículo 3
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