Source: https://criminalia.es/asesino/jacobo-pineiro/
Timestamp: 2020-01-23 04:31:47+00:00

Document:
Jacobo Piñeiro - Criminalia
Perfil de la víctima: Isaac Al-Dani Pérez Triviño, de 27 años, y Julio Anderson Luciano, de 32
Método del crimen: Apuñalamiento (57 veces)
1 Jacobo Piñeiro Rial
2 El joven que mató a dos gays en Vigo, condenado a 20 años pero por incendio
2.0.0.1 Incendio con «plus de gravedad»
2.0.0.2 Recursos de la Fiscalía y la acusación particular
2.0.0.3 «No quiero que vuelva a juzgar un jurado»
3 ¿57 puñaladas en defensa propia?
3.0.0.1 Fallos polémicos
4 El Supremo ordena volver a juzgar el crimen homófobo de Vigo
5 El TS niega vulneración de derechos del acusado por el crimen de la calle Oporto y confirma que debe repetirse el juicio
5.0.0.1 Inadmisión del recurso de casación
5.0.0.2 Veredicto polémico
5.0.0.3 «Segunda oportunidad»
6 El autor de la muerte de dos gays mantiene que los apuñaló por miedo
7 Los testigos afirman que Jacobo Piñeiro tuvo relaciones sexuales con una de sus víctimas
7.0.0.1 Un testigo abandona los juzgados
7.0.0.2 Quería huir a Lisboa
7.0.0.3 Los vecinos sintieron golpes
7.0.0.4 Las víctimas no eran personas violentas
8 Las forenses desmontan la versión exculpatoria de Jacobo Piñeiro
8.0.0.1 22 y 35 puñaladas
8.0.0.2 Sin problemas de drogadicción
8.0.0.3 Alcohol etílico y gasolina
9 Un jurado popular considera culpable al autor de la muerte de dos homosexuales
9.0.0.1 En libertad
10 Condenado a 58 años de cárcel el acusado de asesinar a dos gais en Vigo
11 El Tribunal Supremo confirma la condena a 58 años de cárcel a Jacobo Piñeiro
11.0.0.1 «Escalofriante e inhumana agresión»
Isaac Al-Dani Pérez Triviño (nacido en España hace 27 años) y Julio Anderson (nacido en Brasil hace 32 años) fueron encontrados en su casa de Vigo atados, degollados, apuñalados y quemados.
El autor confeso del crimen había estado con ellos de fiesta desde la noche anterior, y una vez en el domicilio de las víctimas, las asesinó a puñaladas. Una vez cometido el crimen, Jacobo permaneció en la vivienda hasta las nueve de la mañana buscando algo con que prender fuego. Se duchó, cerró las ventanas, abrió el gas, plantó cinco focos, [dos de ellos encima de los cadáveres] y se fue. No sin antes llevarse en una maleta todo lo que encontró de valor.
Para el Fiscal y la acusación particular, todo fue «pensado y calculado fríamente» con el propósito «de hacer creer que sus víctimas habían sido objeto de un robo violento».
Una conducta que, según la Fiscalía, no puede tener justificación en la legítima defensa porque «Jacobo estuvo varias horas en el piso tras el crimen y causó intencionadamente un incendio para borrar los indicios de lo que había hecho con un comportamiento despiadado».
Para la defensa, en cambio, actuó movido por «un miedo insuperable a ser asesinado y violado, víctima del pánico, fuera de sí dado el estado de intoxicación en el que se encontraba».
El jurado popular absolvió en 2009 al acusado de los delitos de asesinato, ya que consideró el «miedo insuperable» y la «legítima defensa» que manifestó la defensa.
El Tribunal Supremo ordenó repetir el juicio en 2010, y esta vez si fue condenado por el asesinato de Isaac y Julio. El juez reprochó el «ánimo particularmente perverso» del autor de estas muertes.
En lo que respecta al asesinato de Julio, la sentencia señala: «estamos ante todo un lujo de barbarie, ante una escalofriante, inhumana y atroz agresión, merecedora pues de la máxima sanción». En el caso de Isaac, utilizó los mismos calificativos, añadiendo que la «descomunal agresión» no se detuvo con las primeras puñaladas, sino que continuó posteriormente, cuando Isaac «ya no representaba un peligro real».
Jacobo Piñeiro Rial fue condenado a 58 años de prisión el 14 de octubre de 2010.
Europa Press – Efe – Elmundo.es
El jurado consideró que asestó 57 puñaladas «en legítima defensa» y lo absolvió – La juez lo ha condenado ahora por incendiar la casa donde vivían las víctimas – La acusación particular y la Fiscalía recurrirán.
Según el veredicto del jurado, Jacobo Piñeiro es considerado no culpable de los asesinatos de Isaac P.T., y Julio A.L., a los que asestó 57 puñaladas «en legítima defensa» y llevado por un «miedo insuperable». La sentencia explica que Jacobo actuó después de que Julio lo amenazara con un cuchillo para mantener relaciones sexuales.
En base al veredicto elaborado por el jurado popular, la juez considera en la sentencia que Jacobo apuñaló hasta 22 veces a Julio con «el único propósito de defenderse de ser violado o muerto» y que, ante ese temor, lo apuñaló en un estado de «pánico» que anuló su capacidad de comprender la ilicitud de lo que hacía. En la misma línea, la sentencia explica la agresión mortal a Isaac, que recibió 35 cuchilladas, ante la que la magistrada dice que a Jacobo el «pánico» a ser violado también le hizo defenderse.
También se le consideró no culpable del delito de hurto que pedía la acusación particular -ya que Jacobo se llevó una maleta del domicilio donde ocurrieron los hechos con diversas pertenencias de las víctimas-.
Incendio con «plus de gravedad»
Sin embargo, consideran que es culpable de un delito de incendio, al encender cinco focos de fuego -dos de ellos sobre los cuerpos de los jóvenes fallecidos- y abrir luego la espita del gas.
Así, la magistrada aplica la pena -prevista en caso de incendio- en su grado más alto, 20 años de prisión, por considerar que este delito supuso un «riesgo» para la vida de las personas que habitaban el edificio donde ocurrieron los hechos. Además, rechaza cualquier atenuante y recuerda que, en este caso, hubo un «plus de gravedad», ya que el acusado abrió la espita del gas con intención de provocar, además del incendio, una deflagración.
Por otra parte, la juez también aprecia en su sentencia responsabilidad civil, por lo que condena a Jacobo Piñeiro a abonar la cantidad de 9.171,24 euros a la compañía aseguradora, por los daños que el incendio causó en el inmueble.
Tras conocerse el veredicto del jurado, la madre de Isaac, Marta Pérez Treviño, se levantó del banquillo del Juzgado y reprochó a los miembros del jurado: «Dejan en libertad a un asesino confeso, espero que les quede en la conciencia toda la vida», dijo. El veredicto también sorprendió a la acusación particular y al fiscal jefe del área de Vigo, Juan Carlos Horro, que lo calificaron de «escandaloso».
Tanto la Fiscalía como la acusación particular han confirmado que recurrirán la sentencia, al no estar de acuerdo con el veredicto del jurado, y solicitan la nulidad del juicio, para que éste se vuelva a repetir.
El fiscal que actuó en este proceso, David Calzada, confirmó que se elevará un recurso ante Tribunal Superior de Xustiza de Galicia para pedir la nulidad del juicio, aunque precisó que mantendrá su petición de que se celebre una nueva vista «también con tribunal de jurado». «Siempre pedimos que este juicio fuera por jurado, y vamos a mantenerlo porque somos consecuentes», señaló.
Calzada explicó que «hay motivos bastantes» para recurrir una sentencia basada en un veredicto que, en su opinión, es «ilógico» e «irracional». Desde el punto de vista técnico, explicó que la Fiscalía de Vigo entiende que dicho veredicto «quebranta las normas y garantías procesales, generando indefensión», en el sentido de que no garantiza el principio de tutela judicial efectiva.
Según precisó, este principio establece que cualquiera de las partes personadas en una causa tiene derecho a que se valoren sus «legítimas pretensiones», algo que, estimó, «el jurado no ha hecho». Además, insistió en las tesis de la acusación de que no concurren en este crimen las eximentes de legítima defensa ni miedo insuperable.
Con respecto a la condena impuesta por la juez, el fiscal evitó hacer una valoración de la sentencia, aunque apuntó que la pena de 20 años de cárcel se ajusta a lo solicitado tanto por el Ministerio Público como por la acusación particular.
«No quiero que vuelva a juzgar un jurado»
La acusación particular, que representa el abogado de la madre de una de las víctimas, también manifestó su intención de recurrir la sentencia y pedir la repetición del juicio, un proceso que espera que concluya antes del verano.
La madre de Isaac explicó que su intención es que la vista se celebre nuevamente, pero con un tribunal ordinario. «No quiero que vuelva a juzgar el crimen un jurado, y haré lo que sea para impedirlo», señaló, al tiempo que recordó que los jurados están compuestos por «personas que son ignorantes en cuestiones de leyes, justicia y juicios».
Marta Pérez, sin embargo, elogió la actitud de la juez de la Sección Quinta de la Audiencia Provincial, al imponer al acusado la máxima pena estipulada para un delito de incendio. Según afirmó, esa condena supone que «al menos no saldrá a la calle» y la acusación ganará «tiempo» para presentar el recurso y para que se celebre un nuevo juicio.
Ola de críticas a la absolución del hombre que mató con saña a dos homosexuales porque temía que le violaran – Un jurado popular aprecia «miedo insuperable».
Su reciente absolución ha causado estupor en Vigo, donde el tribunal del jurado de la sección 5ª de la Audiencia Provincial dio a conocer, el viernes pasado, el veredicto exculpatorio de los delitos de asesinato y hurto, condenando al acusado por el de incendio. Un mazazo para los familiares de las víctimas.
Ocurrió hace dos años y medio, un 12 de julio. Esa mañana Jacobo Piñeiro llegó a la ciudad desde Cangas, donde residía, para pasar un día de juerga en el Strong, uno de los after más radicales del centro. Había consumido «varios gramos de cocaína y cubatas de whisky».
Allí conoció a un camarero, Isaac Pérez, con quien se iría sobre las cuatro de la tarde hacia su piso. Isaac, de 27 años, vivía con el brasileño Julio Anderson Luciano, de 32. En la vivienda, Isaac y Jacobo se encerraron en una habitación toda la tarde y siguieron consumiendo coca. Julio se presentó sobre las nueve y media con más amigos, que se marcharon sobre la una y media.
Jacobo asegura que Isaac se le presentó a las cuatro de la madrugada, desnudo, con la intención de acostarse con él y que él lo rechazó. Ante la negativa, «volvió con un cuchillo y se abalanzó sobre mí», dijo durante el juicio para justificar que actuó en defensa propia. Según su versión, le quitó el arma y le propinó las dos primeras puñaladas en el vientre y en el hombro. Después vendrían otras 33.
Su compañero corrió suerte parecida. Recibió 22 puñaladas, algunas por la espalda, «la mayoría innecesarias para la consecución de su muerte, aumentando deliberada e inhumanamente su sufrimiento», según consta en el escrito de la fiscalía. Isaac en un momento intentó encerrarse en su habitación para llamar a la policía. No pudo. El ahora absuelto dio una patada en la puerta y le quitó el móvil antes de apuñalarlo repetidamente en la cara.
Una vez muertos, Jacobo permaneció en la vivienda hasta las nueve de la mañana buscando algo con que prender fuego. Se duchó y tapó sus heridas con una bolsa -tenía un corte en la palma de una mano, una brecha superficial en la cabeza y otra en las piernas-. Cerró las ventanas, abrió el gas, plantó cinco focos, [dos de ellos encima de los cadáveres] y se fue. No sin antes llevarse en una maleta todo lo que encontró de valor. Para el Fiscal y la acusación particular, todo fue «pensado y calculado fríamente» con el propósito «de hacer creer que sus víctimas habían sido objeto de un robo violento».
Una conducta que no puede tener justificación en la legítima defensa porque «Jacobo estuvo varias horas en el piso tras el crimen y causó intencionadamente un incendio para borrar los indicios de lo que había hecho con un comportamiento despiadado». Para la defensa actuó movido por «un miedo insuperable a ser asesinado y violado, víctima del pánico, fuera de sí dado el estado de intoxicación en el que se encontraba».
Haciendo uso de su derecho a la última palabra durante el juicio, el acusado dijo estar «arrepentido de todo». Tras reconocer que acuchilló a las víctimas y pedir perdón a su familia (tiene un niño de pocos meses) aseguró entre lágrimas que la culpa no fue de nadie: «Es culpa de cómo soy».
Esa fue la puntilla que caló en el jurado, compuesto por siete mujeres y dos hombres. Tres de sus miembros lloraron al escucharlo. Poco después absolvieron a Piñeiro por siete votos contra dos.
Tomás Santodomingo, abogado de Marta, la madre de Isaac, no sale de su asombro. «Se trata de un asesinato en toda regla, si la víctima hubiera sido una mujer el resultado habría sido distinto». Piensa que Jacobo es un homosexual vergonzante, ya que nunca reconoció haber mantenido relaciones con ninguno de los dos hombres. Ahora sólo espera que por el incendio le caiga la máxima pena, hasta veinte años de prisión, y que el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia escuche su apelación.
– Caso Wanninkhof. Dolores Vázquez fue declarada en 2001 culpable por un jurado popular de la muerte de Rocío Wanninkhof, hija de su excompañera sentimental. No había pruebas en su contra. Años después apareció, gracias al ADN, el verdadero asesino.
– Caso Otegi. Mikel Otegi fue absuelto por un jurado de San Sebastián del asesinato de dos ertzainas en 1995. El juicio fue anulado por el Tribunal Supremo y la sentencia confirmada por el Constitucional. El proceso tuvo que repetirse; el Supremo entendió que los factores ambientales habían influido excesivamente.
– El casero y la inquilina. A principios de este mes, la Audiencia de Cantabria absolvió a un hombre de 39 años que mató a su inquilina. El jurado le declaró no culpable pero le obligó a indemnizar a la familia. Se consideró que cuando la estranguló «no era dueño de sus actos», que sus facultades mentales estaban afectadas por la conducta conflictiva de la víctima. La conducta difícil consistía en que la chica, según le habían dicho al casero los vecinos, organizaba fiestas hasta altas horas de la madrugada e invitaba a gente «con malas pintas».
El Supremo ordena volver a juzgar el crimen homófobo de Vigo
EP Santiago – El País
El TS niega vulneración de derechos del acusado por el crimen de la calle Oporto y confirma que debe repetirse el juicio
El Tribunal Supremo (TS) ha dictado auto de inadmisión para el recurso de casación presentado por la defensa del acusado de matar a dos jóvenes en la calle Oporto de Vigo, en verano de 2006, Jacobo Piñeiro Rial, de modo que confirma una resolución del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) en la que se declara nula la sentencia condenatoria y ordena repetir el juicio con un nuevo jurado.
En febrero del año pasado, Jacobo Piñeiro Rial fue juzgado por un jurado popular, que le absolvió de dos delitos de asesinato, pese a que confesó haber matado a los dos jóvenes homosexuales Julio Anderson Luciano e Isaac Pérez Triviño, aunque le consideró culpable de un delito de incendio.
El polémico veredicto fue recurrido por las partes ante el TSXG, que ordenó la repetición de la vista, pero la defensa del acusado presentó recurso de casación, ahora desestimado por el Supremo.
Así, la Audiencia Provincial de Pontevedra ha iniciado los trámites para reunir un nuevo jurado y Wjar [fijar] una nueva fecha para la celebración de la vista, un proceso que llevará algo más de un mes. De hecho, el próximo 14 de julio expira el plazo de prisión preventiva para Piñeiro, que podrá quedar libre en tanto no se celebre juicio.
El abogado de acusación confirmó, en declaraciones a Europa Press, que ha presentado un escrito para que se amplíe la prisión provisional y, cuando se celebre esa vista de «medidas cautelares», solicitará que se le imponga una «pulsera de seguimiento» para evitar que huya de la acción de la justicia.
En su auto, el Tribunal Supremo desestima las razones alegadas por Jacobo Piñeiro, que denunció la vulneración de sus derechos por no considerar adecuada la graduación de pena que inicialmente le fue impuesta por el delito de incendio -20 años de prisión-. Asimismo, alegó que se vulneró su derecho a la presunción de inocencia y el derecho a la tutela judicial efectiva.
Todas las alegaciones fueron desestimadas por el Alto tribunal, que concluye que éstas «carecen de fundamento», y señala que el TSXG no ha privado al recurrente de sus derechos de acceso a la jurisdicción y su derecho a defensa, salvo que se entienda que las citadas vulneraciones se deben a que se dictó una resolución «no acorde con sus pretensiones».
Asimismo, dice que «menos aún» se puede hablar de una vulneración del derecho de defensa, porque el Tribunal de Apelación no se pronuncia sobre la inocencia o culpabilidad de Piñeiro, sino que se limita a declarar la nulidad de la sentencia inicial -basada en un veredicto que hasta la propia Fiscalía calificó de «incomprensible»-.
El veredicto emitido por el jurado en el juicio de este crimen estuvo rodeado de polémica, habida cuenta de que, pese a que Jacobo Piñeiro confesó haber matado a los dos jóvenes, fue absuelto de los dos delitos de asesinato.
En su escrito, el tribunal popular tuvo en cuenta los atenuantes de «legítima defensa» y la actuación bajo un «miedo insuperable».
El Tribunal Supremo respalda la resolución del TSXG, que consideró que la motivación expuesta en el veredicto fue «absurda, ilógica e irracional». Asimismo, recuerda la «confusión» en la redacción del mismo que, apunta, «no alcanzó los parámetros de razonabilidad que le eran exigibles».
Jacobo Piñeiro confesó, en el transcurso del juicio, que asestó 57 puñaladas a Julio Anderson Luciano e Isaac Pérez Triviño, y que posteriormente abrió la espita del gas del piso y prendió varios focos de fuego. Horas después abandonó el lugar del crimen con una maleta en la que portaba varios objetos personales de las víctimas y se dirigió a la localidad de Cangas (Pontevedra), donde vivía.
Inicialmente, la Fiscalía pedía una condena de 60 años de prisión, así como una indemnización para la madre de una de las víctimas -la otra no tenía familia conocida en España–, y otra para la compañía aseguradora por los daños del incendio. La acusación particular pidió la misma pena que el Ministerio Público, además de otros 18 meses por hurto.
En declaraciones a Europa Press, la madre de Isaac Pérez Triviño, Marta Pérez Triviño, afirmó que está «más contenta y animada» ahora que se ha confirmado la celebración de un nuevo juicio, y manifestó su deseo de que esta «segunda oportunidad» sirva para «limpiar la honra» de las víctimas.
Marta Pérez afirmó que, aunque no dé tiempo a fijar una nueva vista antes de que el acusado abandone la prisión, «al menos habrá un nuevo juicio», y apuntó que este caso «ha dado mucho que hablar, y va a seguir haciéndolo». En ese sentido, apeló a la Administración de Justicia para que «no deje casos tan graves en manos de jurados, que no son profesionales de esto».
La mujer insistió en lo «descabellado» del veredicto que absolvió a Piñeiro de asesinato, y volvió a preguntarse «cómo pudo actuar con miedo insuperable si reventó la puerta de una habitación para ir a por Isaac, ya malherido, y rematarle».
Por otra parte, se declaró «preparada y muy fuerte» para enfrentarse a un nuevo juicio, y lamentó que, en la primera vista, el jurado se hubiese dejado llevar «por la homofobia y el racismo» -las víctimas eras homsexuales y uno de ellos era mulato-. También expresó su deseo de que Jacobo Piñeiro sea condenado «por asesinato, incendio y robo».
Jacobo Piñeiro, que en 2006 provocó la muerte de dos homosexuales en Vigo tras una noche de drogas y alcohol, cambió ayer aspectos importantes de su relato en el segundo juicio que comenzó en la sección quinta de la Audiencia Provincial. Según la madre de una de las víctimas, Marta Pérez, «lo hizo como una estrategia para intentar demostrar que tiene problemas mentales». Lo que Piñeiro no pudo desmentir es que asestó numerosas puñaladas a Isaac Pérez Triviño y Julio Anderson Luciano aquel 13 de julio.
En el primer juicio quedó demostrado que clavó 57 veces el cuchillo en el cuerpo de los dos hombres porque, según su relato, intentaban violarlo. Por el «miedo insuperable» que dijo sentir, tras apuñalarlos (incluso por la espalda), los ató semidesnudos y, ya muertos, los roció con alcohol y con el combustible de un cargador de mecheros para quemarlos.
Llevaba, según dijo ayer, dos días de marcha bebiendo cubatas y consumiendo cocaína cuando uno de los fallecidos, Isaac Pérez Triviño, que trabajaba en un after de Vigo, le invitó «a una fiesta en su casa». La fiesta acabó convirtiéndose en una orgía de sangre, pero el primer jurado popular que abordó el caso lo absolvió de asesinato y sólo apreció un delito de incendio.
El fallo fue recurrido y anulado por el Tribunal Superior de Xustiza al ver claras contradicciones entre los hechos demostrados y la absolución. El tribunal fue tachado de homófobo -dos de sus integrantes se emocionaron en el alegato final del acusado, que acababa de ser padre- y el colectivo homosexual se volcó para pedir un nuevo proceso. Quizá por eso la sala tuvo ayer especial cuidado en seleccionar a los integrantes del nuevo jurado.
Durante toda la mañana, los abogados y el fiscal hicieron innumerables preguntas a los candidatos hasta que quedaron nueve titulares (cinco hombres y cuatro mujeres) y dos suplentes. Pero una hora después de comenzar el juicio, uno de los designados comenzó a cabecear y terminó por quedarse dormido. Tras el primer inciso las partes acordaron sustituirlo.
Tanto el fiscal como la acusación particular pidieron al tribunal «sentido común para llegar a una conclusión responsable», y les presentaron el caso como un crimen brutal en el que Jacobo Piñeiro actuó intentando «destruir pruebas». «Trata de convencer de que él es la víctima inventándose una mentira», aseguró el fiscal después de relatar cómo los fallecidos «vivieron 15 minutos de agonía».
En su declaración de ayer, Jacobo Piñero aseguró que, tras conocer a Isaac en un local de copas llamado Strong, salió con él «a las nueve o nueve y media» de la tarde. Fue su primera contradicción, ya que las cámaras de la discoteca recogieron su partida a las 16.40, tal y como afirmó en el relato inicial.
Una vez en el piso, que Isaac compartía con el brasileño Julio Anderson Luciano, el acusado admitió haberse encerrado en la habitación con el primero para beber una botella de whisky y seguir tomando cocaína, pero negó en todo momento haber mantenido relaciones sexuales con ninguno.
Piñeiro se duchó y saludó a unos amigos del brasileño que, según la nueva declaración, que difiere de la inicial, «estaban en la casa» cuando llegaron. Horas después se quedaría solo con las víctimas.
«Julio apareció desnudo diciéndome que me fuera para la habitación con él. Le dije que le iba a pegar una hostia y que lo iba a tirar por la ventana», relató Piñeiro. «Al minuto él apareció con un cuchillo y dijo «vamos a ver ahora si vienes o no»». Comenzaron el forcejeo y, siempre según el acusado, le arrebató el cuchillo: «Se lo clavé sin advertirle, no lo pensé». En todo momento aseguró que lo hizo en defensa propia, pero posteriormente reconoció que ni Isaac ni Julio le habían apuñalado.
En momentos también se contradijo. Pese a manifestar que lo hizo para evitar ser violado y acuchillado, reconoció que las heridas en la mano con las que terminó «no eran muy profundas», que «casi no sangraba» y que por tanto no se vio impedido para arrebatar a ambos los cuchillos y apuñalarles repetidamente. Antes de fallecer, uno de ellos consiguió llamar a la Policía Local para pedir auxilio. Jacobo lo interceptó y le apuñaló en la cara.
Una vez muertos, recorrió toda la casa en busca de bienes personales, se limpió las heridas y se marchó de la vivienda tras cerrar las ventanas y abrir la espita del gas. «No recuerdo haber abierto el gas, pero sí que anduve con fuego, no sé con qué fin», aseveró.
El abogado de la defensa apeló a que estaba «fuera de sus cabales» y que si no se hubiera defendido, «probablemente Jacobo y Julio hoy estarían sentados aquí».
Varios testigos que declararon este viernes durante la segunda sesión del juicio celebrado por este caso en la Audiencia Provincial de Pontevedra en Vigo aseguraron que el acusado mantenía esporádicamente relaciones homosexuales (él lo niega) y que antes del doble crimen tuvo contactos íntimos con una de sus víctimas, Isaac Pérez Triviño.
Otra de las declaraciones que sustenta esta teoría, con la que se desmontaría la defensa de Jacobo Piñeiro, la realizó un vecino de Cangas que en el momento de los hechos era amante ocasional del acusado. Este joven aseguró que el procesado le confesó la autoría del crimen ese mismo día y que por la forma en la que le contó lo sucedido dedujo «que sí tuvo relaciones» sexuales con una de sus víctimas en la tarde del 12 de julio, horas antes de que en la madrugada del 13 de julio asestase 57 puñaladas a sus dos víctimas y prendiese fuego a su vivienda.
Precisamente, este joven de Cangas protagonizó uno de los episodios más destacados de la primera sesión del juicio que se sigue en la Sección Quinta de la Audiencia al intentar evitar en el último momento no declarar ante la sala por «sentirse superado» al ver al acusado.
Un agente de la Policía Nacional y una funcionario judicial fueron a buscarle y, finalmente, prestó declaración, pero después de declarar explicó a los medios de comunicación que no quería declarar porque se sentía «atemorizado» ante la presencia de Jacobo Piñeiro, que está en libertad desde julio de este año después de cumplir los cuatro años de cárcel a los que fue condenado después de que el jurado popular que vio su caso por primera vez decidiese que no era culpable de los dos delitos de asesinato de los que le acusa el fiscal, sólo de uno de incendio.
Según este testigo, es vecino del acusado, desde que está en libertad se encontró varias veces con él por la calle. En todas las ocasiones se quedó «literalmente descompuesto». Además, asegura que tiene tanto miedo que ahora duerme «un con [un] hacha bajo la almohada» por miedo a convertirse en su víctima y que cuando se cruza con la familia de Jacobo Piñeiro por la calle «me siento intimidado» por los gestos que le hacen.
Además, según este testigo, le recomendó que se entregase a la Guardia Civil o la Policía, pero este se negó porque «dijo que no quería ir a la cárcel porque quería ver crecer a su hijo». Lo último que supo de él antes de su detención es que cogió un autobús que le llevaría a Pontevedra y, desde allí, a Lisboa para huir de la Justicia.
Durante la vista de este viernes también declararon varios amigos de las víctimas que la noche de los hechos estuvieron en la casa de Julio Anderson Luciano e Isaac Pérez Triviño con Jacobo Piñeiro. Todos confirmaron que el acusado e Isaac estuvieron horas encerrados en una habitación, «se supone que manteniendo relaciones», y que en una ocasión incluso se metieron juntos en el cuarto de baño durante quince minutos.
Este último testigo fue otro de los protagonistas de la jornada judicial de este viernes, pues, al abandonar la sala, llamó «hijo de la gran puta» al acusado. Previamente, ya había sido reprendido por el magistrado-presidente del tribunal, José Carlos Montero, durante su declaración por asegurar que se daba por hecho que el acusado estaba en la casa porque «se percibía que allí había mierda, un pedazo de mierda». El abogado defensor utilizó esta declaración para asegurar que este testigo habló a la sala «bajo un odio acérrimo al acusado».
Otro amigo de las víctimas declaró que en la tarde previa al crimen estuvo en la casa que las dos víctimas compartían en la calle Oporto de Vigo, y que le abrió la puerta del piso Isaac Pérez Piñeiro «desnudo de cintura para arriba» y que sospechó que estaba acompañado «porque se oían ruidos».
Uno de estos vecinos explicó en la sala que se despertó de madrugada por los golpes y ruidos «como si estuviesen arrastrando muebles» y los gritos que decían «¡para, para!» que se escuchaban en el piso donde se produjo el doble crimen. Éste fue el mismo ciudadano que a primera hora de la mañana llamó a los Bomberos de Vigo porque salía humo del domicilio de los fallecidos. Jacobo Piñeiro llegó a prender cinco focos de fuego distintos en el inmueble.
Otra vecina explicó que se cruzó con el acusado esa mañana e incluso le ayudó a abrir el portal para salir del edificio porque iba cargado con «una maleta» y tenía «la otra mano envuelta con una bolsa o una venda», supuestamente, por las heridas sufridas durante el forcejeo con las víctimas, según declaró Jacobo Piñeiro en la primera sesión del juicio este jueves. La testigo añadió que esa noche había sentido varios «¡ay, ay!», golpes y «un portazo» procedentes del piso de las víctimas.
El juicio contra Jacobo Piñeiro, para el que el fiscal pide 60 años de cárcel por dos delitos de asesinato y uno de incendio, seguirá el lunes con la declaración de los bomberos y policías que sofocaron el incendio en el piso de las victimas e inspeccionaron la vivienda, pero durante la jornada de este viernes declararon más testigos que aseguraron que los dos fallecidos «no eran personas violentas».
Otro de los testigos, compañero de trabajo de Isaac Pérez en el local en el que Jacobo le conoció, afirmó que las víctimas tenían una relación y que «comentaban que se iban a casar», aunque tanto este testigo como el resto coincidieron en que la relación era abierta y que no era raro que mantuviesen relaciones sexuales con otras personas.
Las forenses desmontan la versión exculpatoria de Jacobo Piñeiro
Antonino García – Elmundo.es
El testimonio de las dos médicos forenses que efectuaron el levantamiento y la autopsia de las víctimas del crimen de la calle Oporto se preveía determinante para el resultado del segundo juicio contra Jacobo Piñeiro y todo apunta a que así será, salvo nueva sorpresa del tribunal popular. El equipo médico judicial empleó cerca de tres horas en ofrecer su informe a los miembros del jurado en la cuarta sesión de la vista oral por el doble asesinato cometido en 2006 en Vigo.
Las tres principales conclusiones que pudieron presentar este martes las dos facultativas no dejan lugar a dudas sobre los hechos acaecidos la madrugada de aquel 13 de julio. El procesado sabía perfectamente lo que hacía, mostró una conducta planificada y es poco probable que hubiese sido atacado previamente por Isaac Pérez Triviño y Julio Anderson, tal y como alega.
El relato de las forenses, apoyado por las imágenes tomadas durante las autopsias, fue escalofriante y los rostros de los integrantes del tribunal reflejaban la brutalidad de las 57 puñaladas que recibieron las víctimas. No fue el caso de Piñeiro.
El autor confeso de ambas muertes ni siquiera pestañeó durante la presentación de los informes y su mirada fría, e incluso desafiante, siguió sin parpadear las fotos que mostraban las heridas en los cuerpos de los cadáveres.
Las declaraciones de testigos y peritos durante estas cuatro primeras sesiones del juicio fueron minuciosas y pormenorizadas. La Fiscalía y las acusaciones no quieren dejar ni la más mínima duda al jurado para que no se repite una resolución absolutoria y en el caso de ambas médicos, última fase procesal para que este miércoles todo quede visto para veredicto, las partes eran conscientes de su importancia, por lo que insistieron en recabar opiniones concretas e hipótesis más probables.
22 y 35 puñaladas
Cada una de las heridas que presentaban los dos cuerpos sin vida fueron expuestas en la sala de la Sección Quinta de la Audiencia Provincial, con sede en Vigo, sin ningún tipo de trabas. Una pantalla de grandes dimensiones permitió visualizar al mínimo detalle las cuchilladas, 22 en el caso de Isaac y 35 en el de Julio. Una puñalada en el abdomen fue la que provocó la muerte «en cinco o diez minutos» de éste último, puesto que la hemorragia masiva era definitiva e incluso «las posibilidades de taponarla en un quirófano serían escasas».
La primera herida se convirtió en mortal, pero Jacobo Piñeiro todavía le asestó otra veintena en el intento de huida de la víctima y una vez muerto lo arrastró hasta otra habitación del piso. En el cuerpo también se detectó cocaína, aunque las dos forenses coincidieron en aclarar que su consumo podía haber sido «muy, muy anterior» al ataque y se mostraron sorprendidas por el hecho de que Julio Anderson apenas presentaba heridas de defensa.
Por las características de las incisiones se pudo también demostrar que fueron utilizados dos cuchillos, uno de ellos de al menos siete centímetros de longitud y el segundo, de 13 centímetros. Isaac Triviño sí ofreció resistencia, pero sus posibilidades de defensa fueron «pocas», según las médicos.
En su caso, una puñalada que afectó al bronquio izquierdo, esófago y vena cava produjo una hemorragia masiva mortal. Pese a ello, recibió nuevos ataques que hubiesen sido igualmente trágicos. La víctima fue abordada por Jacobo Piñeiro en su habitación lo que también desmonta la teoría de su abogado, que afirma que su defendido fue amenazado en el pasillo.
Sin problemas de drogadicción
Una tras otra las alegaciones del procesado fueron rebatidas por las forenses a preguntas de la Fiscalía y las acusaciones. «No tuvo ningún proceso de desintoxicación, no es drogado dependiente crónico y no experimentó tampoco síndrome de abstinencia», explicaron contradiciendo que fuese adicto a las drogas.
Tampoco coincide la versión del acusado sobre el consumo de cocaína y alcohol por última vez cuatro horas antes de las muertes, puesto que se considera que habría sido tiempo suficiente para que ya no estuviese afectado por sus efectos.
El informe médico realizado a Jacobo Piñeiro tras ser detenido refleja que presentaba heridas en su mano derecha. Los tendones de los dedos anular e índice estaban seccionados y tenía también graves daños en la palma. Dichas heridas hubiesen hecho altamente «improbable» que asestase tal número de cuchilladas, así como su intensidad, por lo que también se cayó la teoría de que fuesen provocadas por un ataque inicial de las víctimas, tal y como asegura.
«Es muy complicado hacer esas heridas con tres dedos, se movería el arma y habría lesiones más amplias», explicó una de las médicos antes de añadir que «lo más probable es que se las hubiese hecho él mismo agarrando el filo del cuchillo durante la agresión». A preguntas de la defensa, que intentó abrir la posibilidad de que utilizase ambas manos, la forense fue concluyente y señaló que existió por parte del acusado «una conducta elaborada y planificada con un fin».
Además, Jacobo Pineiro fue valorado con un «cociente intelectual límite» que en ningún caso le impedía darse cuenta de sus actos. «Sabía lo que hacía, el concepto de bien y mal es muy básico y el acusado sabe perfectamente lo que hizo».
Alcohol etílico y gasolina
Antes de escuchar el testimonio del equipo médico, los miembros del jurado escucharon por videoconferencia las conclusiones de los peritos de la Policía Científica y Criminalística en las que queda probado el uso de alcohol etílico y gasolina como acelerantes para provocar el incendio. Los restos de sangre de asesino y víctimas estaban presentes, tanto de forma individual como mezclados, en numerosos objetos, prendas y en todas las estancias de la casa.
Este miércoles el juicio quedará visto para el nuevo veredicto. Hace año y medio, el jurado absolvió al acusado al aceptar que actuó por un «miedo insuperable» a ser violado pese a que había reconocido haber dado muerte a ambos y a que los cuerpos de los fallecidos presentaban hasta 57 puñaladas.
La decisión provocó un aluvión de críticas por parte de colectivos homosexuales, que entendían que la resolución estaba condicionados por el hecho de que los dos fallecidos fuesen gays. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) aceptó posteriormente el recurso de la Fiscalía y de la defensa y ordenó repetir el juicio, algo que ratificó finalmente el Tribunal Supremo.
El jurado popular encargado de juzgar el doble crimen de dos jóvenes homosexuales acaecido en julio de 2006 en la calle Oporto de Vigo ha declarado culpable de dos asesinatos y de un incendio a Jacobo Piñeiro Rial, el autor confeso de ambas muertes.
Además, estiman que quería causarles la muerte y que aumentó «deliberada e inhumanamente» el dolor de ambos. Por otra parte, el jurado también ha considerado por unanimidad que Piñeiro no actuó ni en legítima defensa, ni afectado por las drogas o el alcohol, ni bajo un miedo insuperable -las eximentes que pedía la defensa para que el acusado fuera absuelto-.
En ese sentido, se recoge en el documento que el acusado era «consciente del riesgo de que el fuego se extendiese a los restantes pisos del inmueble con peligro para sus ocupantes y, al abrir la espita del gas, tenía intención de provocar una explosión». No obstante, la mayoría de miembros del tribunal popular cree que Piñeiro se llevó una maleta llena de objetos personales del piso para simular un robo, y no con ánimo de lucro, por lo que lo consideran no culpable del delito de hurto que pedía la acusación particular.
Tras escuchar el veredicto del jurado, con la vista al frente e impasible, Piñeiro salió rápidamente por la puerta de atrás del edificio judicial. Cuando se marchaba, se encaró con varios reporteros gráficos que grababan su salida y los insultó y amenazó.
Jacobo Piñeiro está en libertad porque el pasado 13 de julio agotó el periodo de prisión provisional. Aunque fue sometido a juicio en febrero del año pasado por el doble crimen de la calle Oporto, el jurado emitió un polémico veredicto en el que lo absolvió de los dos asesinatos.
Tras el recurso de las partes, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSGX) anuló la vista y la sentencia -le habían impuesto 20 años de cárcel por el incendio- y ordenó la celebración de un nuevo juicio.
Este nuevo proceso ha concluido con un veredicto de culpabilidad y, en los próximos días se conocerá la sentencia, en la que se le impondrá la pena de cárcel y el pago de las indemnizaciones. El acusado se enfrenta a 60 años de prisión por los asesinatos y el incendio.
Condenado a 58 años de cárcel el acusado de asesinar a dos gais en Vigo
EFE – EP – El País
El autor confeso de la muerte de dos jóvenes homosexuales en la calle Oporto de Vigo en 2006, Jacobo Piñeiro Rial, ha sido condenado a 58 años de prisión: 20 por cada uno de los dos asesinatos y otros 18 por un delito de incendio -el de los cuerpos y el de la vivienda donde se cometió el doble crimen-. Así consta en la sentencia de la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra conocida hoy, según informa la agencia EFE.
El fallo precisa que el límite máximo de cumplimiento efectivo de la condena no podrá exceder de 25 años y que el tiempo que Piñeiro permaneció en prisión le será descontado del cumplimiento de la pena impuesta. De este modo, Piñeiro cumplirá un máximo de 21 años de cárcel, ya que permaneció cuatro años en prisión preventiva.
Tras el asesinato de los dos jóvenes Isaac Pérez Treviño y Julio Anderson Luciano en julio de 2006, Piñeiro confesó la autoría aunque fue exculpado por un jurado popular de los delitos de homicidio, alegando que había actuado en legítima defensa, por lo que únicamente se le condenó por el incendio de los cuerpos y la vivienda, y se le impuso una pena de 20 años de prisión.
El Tribunal Superior de Justicia de Galicia decretó posteriormente la celebración de un nuevo juicio también con jurado popular, en el que se le consideró culpable y del que ahora se ha comunicado la sentencia.
En el veredicto leído a finales de septiembre por el portavoz del segundo tribunal popular, los nueve miembros del jurado, por unanimidad, consideraron probado que Piñeiro asestó 57 puñaladas a las víctimas -35 a Isaac Pérez y 22 a Julio Anderson-. Además, estimaron que quería causarles la muerte y que aumentó «deliberada e inhumanamente» el dolor de ambos.
También consideró por unanimidad que Piñeiro no actuó ni en legítima defensa, ni afectado por las drogas o el alcohol, ni bajo un miedo insuperable -las eximentes que pedía la defensa para que Piñeiro fuera absuelto-. A ese respecto, recordaron que, según el informe de los forenses -pieza clave para este veredicto de culpabilidad-, las víctimas no pudieron atacarle y estaban indefensas por las graves heridas que tenían.
En lo que respecta al incendio, el documento considera a Piñeiro culpable de haber prendido fuego al piso donde cometió los asesinatos y de haber abierto además la espita del gas. En ese sentido, se dice que el ahora condenado era «consciente del riesgo de que el fuego se extendiese a los restantes pisos del inmueble con peligro para sus ocupantes y, al abrir la espita del gas, tenía intención de provocar una explosión».
La mayoría de miembros del tribunal popular estimaron que Piñeiro se llevó una maleta llena de objetos personales de la vivienda para simular un robo, y no con ánimo de lucro, por lo que no lo consideraron culpable del delito de hurto que pedía la acusación particular.
Tras escuchar el veredicto del jurado, con la vista al frente e impasible, Piñeiro salió rápidamente por la puerta de atrás de la Audiencia Provincial de Pontevedra. Cuando se marchaba, se encaró con varios reporteros gráficos que grababan su salida y los insultó y amenazó.
El Tribunal Supremo confirma la condena a 58 años de cárcel a Jacobo Piñeiro
El Tribunal Supremo ha confirmado la condena a 58 años de cárcel que impuso el Tribunal Superior de Galicia (TSJG) a Jacobo Piñeiro por asesinar a dos jóvenes homosexuales en la calle Oporto de Vigo en 2006, según informaron fuentes del alto tribunal.
La Sala de lo Penal ha revisado este miércoles a puerta cerrada la resolución del Tribunal Superior de Justicia que consideró a Piñeiro culpable de dos delitos de asesinato y otro de incendio y desestimó el recurso que presentó su abogado al entender que la pena era «desproporcionada» e «injustificada».
Este tribunal rechazó aplicar a la condena las atenuantes de dilación indebida en el proceso, embriaguez y consumo de drogas y dictó una sentencia en la que encontraba «huérfano de fundamentación» el recurso interpuesto por la defensa.
El Tribunal Supremo ha adelantado el fallo y dará a conocer en los próximos días la resolución sobre este caso, de la que será ponente el magistrado Diego Ramos. Se trata de la segunda ocasión en la que este procedimiento llega al alto tribunal, que en junio de 2010 confirmó la decisión del Tribunal Superior de anular la absolución inicial de Piñeiro por un jurado popular y repetir el juicio.
«Escalofriante e inhumana agresión»
La Audiencia Provincial de Pontevedra emitió una sentencia en la que reprochó el «ánimo particularmente perverso» del autor confeso del crimen.
«Estamos ante todo un lujo de barbarie, ante una escalofriante, inhumana y atroz agresión, merecedora pues de la máxima sanción», dijo sobre la muerte de Julio, mientras que respecto a la de Isaac añadía que el asesino no detuvo la «descomunal agresión» con las primeras puñaladas, sino que continuó cuando la víctima «ya no representaba un peligro real».
La sentencia también evidenciaba el riesgo del incendio que causó Piñeiro, quien provocó una situación «potencialmente idónea» para que se propagase el fuego por el inmueble y se originase una explosión -ya que dejó abierta la espita del gas-.
Fecha del crimen: 7 de agosto de 1985
Lugar: Goldhanger, Inglaterra, Gran Bretaña

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