Source: http://fuerzanaval.com/whatif/
Timestamp: 2018-03-23 01:07:16+00:00

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¿Y SI…? – Fuerza Naval
La realidad es que ante la situación actual de nuestra juventud, con ese alto porcentaje de “ninis”, con esa tasa de jóvenes desempleados que en ocasiones carecen de motivación ante el oscuro futuro laboral que se les plantea, la idea de reinstaurar el servicio militar ha surgido en algunos foros de nuestro país. Y especialmente en uno, el familiar, en el que muchos padres con buenos recuerdos de la mili (sí, algunos hay), creen que el servicio militar obligatorio sería una buena experiencia para sus desorientados hijos.
Seamos francos, la mili, tal y como la conocimos, no era ninguna maravilla. Los “quintos” recibían una paga mensual ridícula, el equivalente a seis euros de hoy en día. Las medidas de seguridad brillaban por su ausencia, y cada año alrededor de 150 reclutas perdían la vida en maniobras, en labores rutinarias, y en accidentes de vehículos (y también en suicidios). Para muchos jóvenes, la mili interrumpía su vida académica o laboral, para finalmente acabar destinado haciendo alguna tarea en absoluto relacionada con la profesión castrense, desde jardineros a meros sirvientes.
La Legión, uno de los cuerpos más temidos como destino en el sorteo de los “Quintos” por la dureza de las condiciones de vida impuestas en la unidad.
Pero como nada es blanco o negro, la mili también tuvo sus virtudes: para empezar, ofreció formación y ocupación a toda una generación de jóvenes, especialmente hasta la década de los 70. La movilidad geográfica impuesta por el sistema de sorteo obligó a un gran número de jóvenes a salir de sus casas a una edad temprana, a conocer algo más allá de su provincia, y establecer lazos -en algunos casos inquebrantables- con gente de otras regiones de España con las que aprendieron a sobreponerse a la a veces exagerada disciplina y a la dureza de la vida militar.
La mili era también un lugar donde hacer amigos para el resto de la vida. Una oportunidad de salir de casa y de conocer mundo más allá de tu propia provincia.
El sistema ha sido muy vilipendiado a lo largo de estos años. Pero la realidad es que la profesionalización de las Fuerzas Armadas, en la primera década de este siglo, situó a nuestros ejércitos en una situación muy comprometida. Tal fue el déficit de personal que se abrió la puerta de los centros de reclutamiento a ciudadanos iberoamericanos. Muchos oficiales y suboficiales recuerdan años muy difíciles, en los que se ofertaban tres plazas por cada candidato y en los que se añoraban los soldados y marineros de reemplazo que con mayor o menor entusiasmo hacían mejor su trabajo que algunos de los primeros militares profesionales de tropa y marinería.
La situación cambió, por desgracia (pero por suerte para la defensa nacional), con la llegada de la crisis económica, que ha empujado a jóvenes con formación universitaria y con ilusión por trabajar, a lanzarse a los centros de reclutamiento para engrosar las filas de soldados y marineros de nuestras Fuerzas Armadas. Pero sobreviven en la sociedad un gran número de jóvenes sin ilusión, decepcionados por el sistema, sin motivación para buscar un empleo o mejorar su formación, que constituyen un problema social de gran magnitud. Incluso el profesor Juan A. Herrero Brasas, que ha publicado algunas obras en contra del servicio militar, narraba en una columna de opinión del periódico El Mundo: “Como anécdota curiosa, diré que hace poco Gallardón, medio en serio medio en broma, me decía que si en aquellos momentos hubiera sabido en qué dirección iba a evolucionar gran parte de la juventud española (indisciplina, botellón, indiferencia…) quizás hubiera defendido la abolición de la mili con menos apasionamiento. Yo, también medio en broma medio en serio, le dije que compartía su decepción”.
En primer lugar, desde Fuerza Naval creemos que la nueva mili debería romper cualquier tipo de lazo con el sistema suspendido en 2001. Disponemos hoy en día de unas Fuerzas Armadas modernas, bien adiestradas y equipadas, a pesar de la austeridad presupuestaria. Nuestros ejércitos nada tienen que ver con aquellas sobredimensionadas (esto quizás sea fácil de decir ahora que ha desaparecido la URSS) Fuerzas Armadas de la década de 1980, preparadas para defender el territorio, sin apenas capacidad expedicionaria, donde los “quintos” eran en ocasiones tratados con desprecio y destinados a labores poco nobles para cualquiera con alguna motivación por la carrera de las armas.
La idea no es descabellada. Naciones consideradas más “modernas” que la nuestra, como Austria, Finlandia o Suiza, mantienen el servicio militar obligatorio. Concretamente en Suiza, la eliminación del servicio militar obligatorio fue rechazada en un referéndum en 2013 con el 73% de votos en contra. La nueva mili debería estar dignamente remunerada, debería ofrecer una oportunidad igualitaria a jóvenes de ambos sexos no involucrados en un empleo o en cualquier tipo de estudios de formar parte de la defensa nacional (o de realizar cualquiera de los servicios sociales tan necesarios en estos tiempos de crisis, si presentaran su objeción de conciencia). Quizás deberían reducirse, frente al modelo anterior, los plazos a cumplir, limitando su duración pero ofreciendo a los nuevos “quintos” una verdadera experiencia militar, alejada de tareas superfluas, con un programa de adiestramiento completo y exhaustivo similar al que realizan los actuales militares profesionales de tropa y marinería.
El equipamiento y la formación de nuestras Fuerzas Armadas en la actualidad no tiene nada que ver con el material y la instrucción que recibían los quintos en la década de los ochenta.
Nuestras Fuerzas Armadas tienen ahora unos estándares de seguridad impensables en la década de los ochenta (a veces tan restrictivos que limitan las posibilidades de adiestramiento). La formación es variada y completa, cubriendo áreas de aplicación en la vida civil -tales como mecánica, seguridad, administración, entre varias decenas de especialidades…-, y podría ser un valor en alza para esos jóvenes escasamente formados y sin empleo que constituyen un 25% de nuestra juventud. Pero además, aunque no sea tarea exclusiva de nuestras FAS, el servicio militar podría reinstaurar valores básicos para el buen funcionamiento de la sociedad. Podría despertar vocaciones. Ayudaría a nuestros jóvenes a conocer mejor el país en el que viven, a descubrir que son más las cosas que les unen que las que les separan de sus compañeros de otras Comunidades Autónomas. Podría contribuir a paliar un problema social que asola nuestro país y al mismo tiempo contribuir a la defensa de España en estos tiempos inciertos.
Nuestra Infantería de Marina, la más antigua del mundo, es hoy en día un cuerpo moderno y eficaz, con amplia experiencia en operaciones internacionales.
En algunos medios, ante esta remota posibilidad de reinstaurar el servicio militar, cuestionan para qué ha servido entonces la creación de la Reserva Voluntaria. Pero lo cierto es que la Reserva Voluntaria ha sido un costoso mecanismo para enseñar a los civiles las unidades y acuartelamientos, para darles a conocer las virtudes de la profesión militar, para acercar las Fuerzas Armadas a la sociedad. Pero esta Reserva Voluntaria tiene un público escaso, normalmente ya familiarizado -o al menos, con algún interés- en la institución castrense, y además, ofrece poco valor militar. Una mili “bien hecha”, quizás una suerte de “Reserva No Voluntaria”, acercaría las Fuerzas Armadas al grueso de la población; ofrecería una oportunidad de aventura, de formación técnica y moral a nuestros jóvenes; y además, contribuiría a mejorar las posibilidades defensivas de nuestro país.
ARMADA, DEFENSA, ¿Y SI...?
La semana pasada comenzábamos esta serie de artículos dedicada a proponer medidas urgentes para potenciar nuestra Fuerza Naval. Para esta segunda entrega hemos decidido afrontar un reto de vital importancia para mantener la capacidad combativa de nuestra Armada: modernizar la Flotilla de Aeronaves. Y lo hacemos sabiendo que seremos objeto de más críticas, si cabe, que las recibidas la semana pasada, ya que las opciones para convertir nuestro Arma Aérea en una unidad moderna y eficaz son mucho más amplias. Insistimos, es necesario definir la viabilidad económica del plan, pero nuestra intención sigue siendo elaborar propuestas razonables sin entrar en detalles sobre su financiación. Por la misma simple razón: la defensa de España no debería tener precio.
2. MODERNIZAR LA FLOTILLA DE AERONAVES.
Si existe otra unidad dentro de la Armada que necesita una actuación urgente, esa es la Flotilla de Aeronaves. Si uno compara las unidades que existían antes de la redacción del Plan Alta Mar y las que existen hoy en día, encontrará numerosas similitudes. La 3ª, 4ª, 5ª y 6ª escuadrilla parecen haberse detenido en el tiempo. Si existe algún cambio es sólo porque el número de unidades original ha menguado. No por nada la Armada Española tiene el helicóptero Sea King más antiguo en servicio (y el primer SH-3D fabricado), joya que se disputan -a la espera de su retirada- algunos de los museos aeroespaciales más importantes de los Estados Unidos.
Actualmente la Flotilla de Aeronaves dispone de 7 helicópteros AB-212 en la 3ª Escuadrilla, que están siendo modernizados; 4 aviones Cessna Citation II (3 unidades) y VII (1 ejemplar) en la 4º Escuadrilla; 10 helicópteros SH-3D (3 de ellos en versión de alerta temprana) en la 5ª Escuadrilla; 9 helicópteros Hughes 500 MD en la 6ª Escuadrilla; 13 aviones AV-8B Harrier (1 de ellos biplaza) en la 9ª Escuadrilla; 12 helicópteros SH-60B en la 10ª Escuadrilla; y cuatro drones ScanEagle en la 11ª Escuadrilla.
Con el programa de adquisición del NH-90 naval paralizado, actualmente sólo existen en firme dos programas dirigidos a potenciar la FLOAN: la ya comentada modernización de la 3ª escuadrilla y la adquisición de dos helicópteros SH-60F -en versión de transporte de tropas- para potenciar la 5ª escuadrilla y unificar los modelos en servicio.
AB-212 modernizado. Los cambios con respecto al modelo original son francamente visibles.
Se trata, sin duda, de programas de insuficiente calado para encontrar una solución a la situación de obsolescencia y escasez de medios de la FLOAN. Es cierto que en los últimos años se han tomado decisiones acertadas, destacando principalmente la incorporación de los sistemas Scan Eagle, o del Cessna Citation VII. Pero en general, se ha retrocedido en capacidades: tras la conversión de los Sea King, no disponemos de helicópteros con sonar calable; se han retirado del servicio el 25% de la flota de Harrier; la alerta aérea temprana de la Flota requiere una urgente modernización.
Scan Eagle, el UAV elegido por la Armada.
En Fuerza Naval consideramos que la Flotilla de Aeronaves necesita un programa completo de potenciación y modernización. Los medios aéreos son un multiplicador de fuerza indispensable de cualquier Armada moderna, que incrementan notablemente la capacidad de proyectar el poder naval. Y por esa razón nos hemos propuesto remozar cada una de las escuadrillas, de arriba a abajo.
La Tercera Escuadrilla.
Los siete “gatos” que componen la 3ª Escuadrilla forman parte de un pedido inicial de 14 helicópteros adquiridos entre 1974 y 1980. Desde 1987, su misión principal ha sido el transporte de tropas. Desde 2013 la escuadrilla está inmersa en un proceso de modernización por parte de las empresas SENER e INAER en Albacete. El programa consiste en la introducción de avances en aviónica y nuevas capacidades como radar, FLIR, AIS y GPS, grúa de carga, sistema de visión nocturna y sistemas de autoprotección (detección de misiles, protección balística y asientos blindados). La Armada ha recibido ya dos helicópteros completamente modernizados.
Cabina de un AB-212 modernizado.
Desde Fuerza Naval creemos que si este programa no estuviese ya en ejecución lo más recomendable sería la sustitución de todos los AB-212, quizás por helicópteros del tipo SH-60, por eso de unificar modelos. Pero ahora que el Ministerio de Defensa ha comprometido recursos económicos en esta modernización estamos dispuestos a sacar el mejor partido de estos veteranos. Eso sí, modernizar e incorporar a la 3ª Escuadrilla los 6 helicópteros del mismo tipo que el Ejército de Tierra opera con el BHELMA VI en las Islas Canarias ayudaría a alcanzar una cifra un poco más digna (13) de unidades en servicio.
La modernización permitirá a estos helicópteros cumplir con mayor eficacia no sólo sus misiones como transporte de tropas, sino como unidad aérea embarcada en escoltas y patrulleros de la Armada, especialmente en los Buques de Acción Marítima que ya se han desplegado en varias ocasiones con este modelo de helicóptero en el océano Índico como parte de la Operación Atalanta de lucha contra la piratería.
La Cuarta Escuadrilla.
Aunque esta escuadrilla cumple un gran número de misiones auxiliares, consideramos que su modernización no debe ser prioritaria, si bien es cierto que -con dinero de sobre- debería plantearse la opción de adquirir tres Cessna Citation VII para reemplazar a los Citation II que siguen en servicio.
Cessna Citation en la plataforma de la Base Naval de Rota.
En una opinión muy personal de los autores de esta página, y dado que la propia Armada define el apoyo logístico a unidades de la Armada como misión principal de esta escuadrilla, consideramos que tal vez debería plantearse su sustitución por una unidad de mayor porte y versatilidad, bien sean C-295 o los más económicos C-212 que, modernizados, incrementarían la capacidad logística de la escuadrilla y permitirían realizar el resto de misiones encomendadas a esta unidad (desde vigilancia marítima a colaboración con maniobras, pasando por un -más incómodo- transporte de autoridades).
La Quinta Escuadrilla.
Para la quinta escuadrilla, y aunque no hay quinta mala, dada su avanzada “edad” proponemos una medida radical. La baja de 6 de los 7 helicópteros SH-3D de transporte de tropas (que serían utilizados para repuestos), la conversión de uno de ellos para realizar labores de alerta temprana, y la modernización de los tres SH-3W incluyendo la instalación de la versión más avanzada del Searchwater 2000 y, a ser posible, Link 16.
Helicóptero SH-3W con radar Searchwater.
De esta forma, la quinta escuadrilla quedaría reducida a cuatro unidades SH-3W modernizadas, que mantendrían la capacidad de alerta aérea temprana de la flota, con un nuevo radar y un excelente sistema de transferencia de datos, y con seis de los viejos “quintas” como fuente de repuestos. Estos helicópteros podrían, además, cumplir misiones como Target Reporting Units y como unidad conductora de Strike Packages.
La Sexta Escuadrilla.
Otra de las escuadrillas más veteranas, la sexta escuadrilla, cuenta actualmente con nueve helicópteros Hughes 500. Se trata de unidades adquiridas en la década de los setenta, que necesitan una modernización, pero que cumplen a muy bajo coste con un gran número de misiones auxiliares, que van desde el adiestramiento de nuevos pilotos hasta misiones de reconocimiento, pasando por transporte de personal a apoyo a operaciones especiales.
Es en esta última misión donde creemos que la sexta escuadrilla todavía tiene mucho que aportar. Una modernización y la instalación de armamento permitiría convertir a estos helicópteros en una plataforma ideal para la cada vez más capaz Fuerza de Guerra Naval Especial. No en vano este helicóptero es la base del MH-6 Little Bird empleado por el escuadrón 160th SOAR Night Stalkers de operaciones especiales.
Imagen artística de dos MH-6 Little Bird con componentes de un equipo de operaciones especiales a bordo.
Sin lugar a dudas, se trata de una aeronave que por su versatilidad y bajo coste de operación y mantenimiento conviene mantener en servicio, si bien es necesario tener en mente la necesidad de un sustituto a medio plazo.
La Séptima Escuadrilla.
Sí, es cierto, fue desactivada en 1984, tras sólo 12 años en activo. Pero nuestra intención es reactivarla. La Infantería de Marina Española, la más antigua del mundo, es una fuerza potente y capaz, y disponer de helicópteros de ataque le ofrecería una excelente herramienta de apoyo aéreo cercano. Una buena opción para dotar a esta escuadrilla sería la evolución de los AH-1G Cobra que la formaron en 1972. El AH-1W Super Cobra, principal helicóptero de combate del US Marine Corps, es una plataforma versátil y potente, que además ofrece un coste de adquisición reducido: 11 millones de dólares frente a los, por ejemplo, 33 millones de euros (en un cálculo optimista) que cuesta un NH-90. La relación de amor del USMC con esta veterana aeronave da fe de su fiabilidad y su capacidad combativa. Nuestra apuesta pasa por la adquisición de ocho unidades de este tipo.
AH-1W Super Cobra. Sin duda merecen una segunda oportunidad en la Armada.
La Novena Escuadrilla.
Sobre este apartado podemos garantizar que la polémica está servida. Existe un sustituto para el AV-8B Harrier: el F-35B. Pero existe un inconveniente. Es tremendamente caro. La página oficial del F-35 estima el coste de la versión VSTOL -y es muy optimista- en 104 millones de dólares. Evindentemente, nos encantaría ver una novena escuadrilla con 24 F-35B, pero esto saldría, como mínimo, por 2500 millones de dólares. Quizás a medio plazo podríamos encontrar una solución colaborativa con el Ejército del Aire. Pero de momento, pensemos en como sobrevivir con los nobles y ya veteranos AV-8B.
AV-8B Harrier. Apoyo aéreo cercano de la Infantería de Marina y defensa aérea de la Flota.
Se trata de un excelente avión para misiones de apoyo aéreo cercano. La instalación del APG-65 y la capacidad de lanzar el misil AMRAAM lo convirtió, además, en un vector más -mejorable, por supuesto- de la defensa aérea de la fuerza. Ahora mismo hay en servicio 12 unidades, además de un avión biplaza. Desde Fuerza Naval creemos que el número perfecto serían 24 aviones (sí, quizás parezcan muchos, pero nuestra Fase III explicará porqué). ¿Y como conseguirlos? ¿Cómo mantenerlos en servicio hasta poder encontrar -más bien pagar- un sustituto?. Quizás la solución pase por el stock del USMC, que será dado progresivamente de baja durante los próximos años, pero que hoy en día mantiene 111 aviones en servicio. Por otro lado, esperamos que todavía se puedan rescatar los 4 AV-8B no modernizados retirados de servicio en 2014. De otra de las opciones, el AMARG, ya hablamos en un artículo anterior. En cuanto al mantenimiento, parece necesario llegar algún tipo de acuerdo con Boeing para garantizar el soporte a estos emblemáticos aviones.
Mantener aviación embarcada de ala fija permite a la Armada pertenecer a un selecto club de fuerzas navales capaces de emplear un medio que no sólo permite mejorar la defensa aérea de la fuerza, sino también proporcionar apoyo aéreo cercano a las unidades en tierra o efectuar misiones de reconocimiento de alto riesgo.
La Décima Escuadrilla.
Probablemente la escuadrilla más operativa y eficaz de la Flotilla de Aeronaves. Con 12 helicópteros del modelo SH-60B, creemos que está capacitada para cumplir con las misiones encomendadas, si bien -como veremos más adelante- la guerra antisubmarina necesita nuevas “monturas”. Destacar como único aspecto negativo la tan ansiada y aún no operativa opción de contar con los misiles Hellfire en estas excelentes aeronaves.
Helicóptero de la 10ª Escuadrilla con ametralladora GAU.
La Undécima Escuadrilla.
Nuestra escuadrilla más joven, dotada con un sistema Scan Eagle y cuatro drones. La incorporación de los UAV a la Armada ha llegado tarde, pero ha llegado. Sin lugar a dudas deberá ser potenciada en los próximos años. Desde Fuerza Naval esperamos ver la incorporación de nuevos sistemas UAV, ya sea el Scan Eagle de Boeing o alguno de los interesantes modelos existentes en el mercado, como el Pelícano de Indra o el MQ-8 Fire Scout de Northrop Grumman.
Infografía de ABC sobre el UAV Scan Eagle.
La Duodécima Escuadrilla.
Sí, acabamos de crear una nueva escuadrilla. Pero con una buena razón: potenciar la guerra antisubmarina, una de nuestras grandes preocupaciones. Y para ello hemos decidido optar por un viejo conocido de la FLOAN: el SH-60. Pero esta vez queremos hacernos con 12 ejemplares del modelo F. Y la razón para elegir este modelo es su sonar calable. Como decíamos al principio de este artículo, con la modificación de los SH-3D España perdió esta capacidad, y en un mundo centrado en el combate litoral contra submarinos cada vez más silenciosos, la guerra antisubmarina vuelve a decantarse por la detección activa. Estos 12 helicópteros adicionales permitirían, además, garantizar que cualquier de nuestros escoltas (más tarde hablaremos sobre si tenemos suficientes o no) se desplieguen siempre con una Unidad Aérea Embarcada.
Aeronaves antisubmarinas y sónares calables: una deuda pendiente de la Armada.
La Decimocuarta Escuadrilla.
Nos hemos saltado el número 13, y no es por casualidad. Todo el mundo sabe (o debería saber) que los marinos son excelentes supersticiosos. Esta decimocuarta escuadrilla vendría a cubrir el hueco dejado por la quinta escuadrilla tras nuestra remodelación, aportando nuevas unidades aéreas para el transporte de fuerzas de Infantería de Marina y otras labores logísticas. El aparato elegido: de nuevo el SH-60. Como veis estamos comprometidos en la unificación de modelos. En este caso optamos por el MH-60S, una aeronave basada en realidad en la versión terrestre del SH-60, el UH-60, y especialmente adaptada para el transporte. Se trata, de nuevo, de un helicóptero probado y fiable, del que ya conocemos la mayor parte de los secretos de mantenimiento. Convenientemente armado, sería un excelente medio de asalto helitransportado, sin descuidar la posibilidad de realizar labores logísticas entre unidades de la Armada.
Marines de los Estados Unidos realizando Fast-Rope desde un MH-60S.
La Decimoquinta Escuadrilla.
¿Otra más? Sí, no nos hemos vuelto locos, aunque esta vez quizás nos busquemos la enemistad de alguien en el Ejército del Aire. Nosotros, los creadores de Fuerza Naval, exigimos la transferencia de las unidades de ala fija de patrulla marítima, como parte de la que sería la 15ª Escuadrilla de aeronaves, con objeto de potenciar un vector de nuestra defensa que ha caído en el olvido, que consideramos indispensable para potenciar la guerra antisubmarina en nuestro país y que bajo control de la Armada realizaría una labor reconocida y eficaz para la defensa de nuestro país.
P-3 Orión, veterana aeronave antisubmarina que modernizada tiene todavía mucho que decir.
Pero obviamente, necesitamos una inversión en medios. La teoría dice que el Ejército del Aire tiene 5 P-3 (3xM, 1xB y 1xA) en servicio. Los rumores aseguran que son menos. Y ni siquiera se ha completado la transformación al modelo M. Desde Fuerza Naval contemplamos varias opciones:
– Opción más realista: la adquisición de unidades adicionales del modelo P-3 Orión, hasta alcanzar las 12 unidades, modernizados al estándar MIKE y con una revisión completa que garantice la capacidad de patrulla marítima hasta la entrada en servicio de un digno sucesor.
– Opción más optimista: la adquisición de nuevas aeronaves de patrulla marítima, con capacidades similares al P-3 Orión. En realidad, y descartando el prohibitivo P-8 Poseidón, el único modelo que sobrevuela nuestras cabezas es el P-1 japonés, una razonable opción ahora que Tokio ha levantado las restricciones a la exportación de material militar.
– Opción contra el desastre: la adquisición de C-295 MPA. Sí, se construyen aquí y crearían empleo. Su coste no es excesivo. Pero sin embargo se trata de una aeronave de inferiores capacidades a las de sus hermanos mayores. No es, en absoluto, nuestra opción preferida, pero ante la posibilidad -esperamos que remota- de perder la capacidad de patrulla marítima, podría constituir un último recurso.
Avión de patrulla marítima japonés P-1, fabricado por Kawasaki. Una opción moderna, más capaz (sobre el papel) que el P-3 Orión y más económica que el P-8 Poseidón americano.
Hasta aquí llegan nuestras fantasías. Como en anteriores episodios, estamos abiertos a todo tipo de crítica y esperamos generar un debate constructivo sobre el estado actual y el futuro de nuestra Flotilla de Aeronaves, elemento vital de nuestra Armada para el que urge una solución que modernice e incremente los medios disponibles. Estos medios aéreos constituyen un importantísimo multiplicador de fuerza en la guerra naval moderna. Encontremos los recursos para dotar a nuestra Armada de una FLOAN completa y capaz.
Un repaso rápido a nuestras propuestas dejaría una Flotilla de Aeronaves compuesta por las siguientes escuadrillas:
– 3ª Escuadrilla: 12 AB-212 (Transporte de tropas).
– 4ª Escuadrilla: 3 Cessna Citation II y 1 Cessna Citation VII (Tareas logísticas).
– 5ª Escuadrilla: 4 SH-3W (Alerta aérea temprana).
– 6ª Escuadrilla: 8 Hughes 500 (Operaciones especiales y adiestramiento).
– 7ª Escuadrilla: 8 AH-1W Super Cobra (Apoyo aéreo cercano).
– 9ª Escuadrilla: 24 AV-8B Harrier (Apoyo aéreo cercano y defensa aérea de la fuerza).
– 10ª Escuadrilla: 12 SH-60B (Guerra de superficie y antisubmarina).
– 11ª Escuadrilla: Drones Scan Eagle (Reconocimiento y vigilancia).
– 12ª Escuadrilla: 12 SH-60F (Guerra de superficie y antisubmarina).
– 14ª Escuadrilla: 12 MH-60S (Transporte de tropas y tareas logísticas).
– 15ª Escuadrilla: 12 P-3M Orión (Patrulla marítima y guerra antisubmarina).
Harrier y MV-22 Ospreys a bordo del Juan Carlos I. Se ha especulado con la posibilidad de adquirir este modelo pero, por un lado, limitarían las plataformas capaces de operarlo, y por otro se trata de una aeronave de alto coste de adquisición.
Obviamente, quedan muchos aspectos por definir. El primero y más habitual ¿Cómo se paga todo esto?. Bien, ya hablamos en el capítulo inicial de esta serie de la necesidad de subir el presupuesto de defensa. En cualquier caso las plataformas que proponemos no son excesivamente caras. ¿Cuantos pilotos hacen falta? ¿Donde se adiestrarían? Además de la Base Naval de Rota ¿Debería habilitarse otra base aeronaval donde dispersar parte de estas unidades (¿Quizás en Alvedro, La Coruña, por su cercanía a Ferrol?; ¿O en San Javier, Murcia, por su cercanía a Cartagena?). Estas y otras muchas cuestiones quedan en el aire. Esperamos, sin embargo, haber plantado una semilla en vuestras conciencias sobre la necesidad de invertir recursos en potenciar el Arma Aérea de la Armada.
Y en la próxima entrega… Fase III: La necesidad de una segunda cubierta.
La ofensiva de España contra DAESH. Llegó la hora de actuar en Libia
Comenzaba el año 2011 inmerso en un escenario turbulento nunca antes visto en varios países del flanco sur del Mediterráneo, zona de gran interés geoestratégico para España, y ante las sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos que el dirigente libio Muammar Gadafi cometía contra su propia población para aplacar las protestas del pueblo por la situación que en Libia se vivía, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) adopta la resolución 1970, de 20 de Febrero, amparada en el artículo 41 del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas (NNUU) en la que se solicita el cese de la violencia por parte de las tropas gubernamentales contra su propia población y la consideración de las demandas legítimas del pueblo libio.
Ante la negativa del líder libio a cumplir las exigencias de la comunidad internacional expresadas en la Resolución 1970 del CSNU, éste adopta la Resolución 1973 con diez votos a favor y cinco en contra, en la que se autoriza el uso de todos los medios necesarios de fuerza para proteger a los civiles o a las zonas donde los haya, así como para prohibir los vuelos sobre el espacio aéreo libio (la conocida como zona de exclusión) y hacer cumplir el embargo de armas. Ésta es la primera Resolución del CSNU tras la Primavera Árabe en la que la comunidad internacional legitima a cualquier país u organización internacional a hacer uso de la fuerza para hacer cumplir las Resoluciones del CSNU y estabilizar el estado libio. Ésta fue la primera ocasión en las que las Fuerzas Armadas Españolas colaboraron en la estabilización de Libia enmarcadas en la Operación de la OTAN “Unified Protector”, con la participación de aviones F-18, un avión cisterna, uno de vigilancia, una fragata y un submarino para cumplir la Resolución de la ONU de embargo de armas y exclusión aérea en Libia.
Lo que ocurrió a continuación es sobradamente conocido por los lectores. Derrocamiento de Gadafi, desestabilización del país tras las repetidas intentonas fallidas de formar un gobierno de unidad nacional, fragmentación del país en milicias locales, y finalmente la irrupción del autodenominado Estado Islámico (EI) en el conflicto interno libio.
Así pues, y tras cinco años de estancamiento político y deterioro de las condiciones de Seguridad en Libia y en el Mediterráneo, hecho el cual afecta directa y considerablemente a la Seguridad de Europa, la ONU ha fomentado un acuerdo de formación de gobierno coherente e inclusivo recién aprobado por las partes interesadas. Sobradas son las razones por las que las fuerzas políticas locales pueden y deben ponerse de acuerdo que posibilite la propuesta de la ONU.
Es, una vez adoptado el acuerdo de formación de Gobierno, y con el consentimiento y a petición de éste, cuando de nuevo la comunidad internacional debe actuar militarmente reforzando la actual misión llevado a cabo por las tropas de la UNSMIL bajo el amparo Art.42 del Capítulo VII de la Carta de NNUU con el objetivo de eliminar la presencia del DAESH en el territorio libio y proporcionar al nuevo Gobierno todas las herramientas necesarias para que pueda asegurar la seguridad de sus ciudadanos, sus infraestructuras críticas, y el cumplimiento de la Ley. Una misión Peacebuilding que Libia necesita urgentemente a fin de poder cumplir con sus responsabilidades de estado.
Foto: Reparto de territorio en Libia
Desde el 1 de Enero de 2015, y hasta el 31 de Diciembre del presente año, España ocupa un asiento en el CSNU como miembro no permanente, el máximo órgano de decisión de la ONU. Este asiento, arduo de conseguir, puede suponer múltiples prerrogativas a la nación dependiendo del grado de implicación de España en el contexto geopolítico internacional y la resolución de conflictos.
España es un país firmemente comprometido con la paz y la seguridad internacionales, y ha adoptado un enfoque multidisciplinar para combatir, desde la perspectiva multilateral, las amenazas que ponen en riesgo la estabilidad internacional. No sólo contribuye con sus tropas al sostenimiento de las misiones de Naciones Unidas, sino que es un activo promotor de la diplomacia preventiva, poniendo el énfasis en las causas profundas de los conflictos.
España ha sido y sigue siendo un actor importante en los trabajos de Naciones Unidas para hacer frente a las nuevas amenazas como el terrorismo, la piratería o la delincuencia organizada transnacional, y considera fundamental la labor de estabilización en la etapa post conflicto y a ello obedece su empeño en participar activamente y reforzar el trabajo de la Comisión de Consolidación de la Paz.
Así pues, se podría considerar que es el momento oportuno para, aprovechando el grado de influencia y decisión que proporciona la membresía a tan distinguido órgano, participar activamente en una operación militar como la que se presenta en Libia, a la postre zona de gran interés para la Seguridad Nacional, y que pudiere proporcionar pingu?es beneficios al país en términos políticos, económicos y comerciales. Por un lado aumentaría el prestigio internacional del país a nivel político y militar, y por otro favorecería la posición española en temas que nos concierne como el levantamiento del embargo a la isla de Cuba, la resolución del contencioso abierto con Colombia tras el hallazgo del Galeón “San José”, el posicionamiento de España como hub energético del sur de Europa, etc.
Esta nueva misión internacional, amparada bajo la legitimidad que proporcionan las resoluciones del CSNU y encuadrada en un escenario de baja-media intensidad, es una perfecta oportunidad para que España demuestre su papel de potencia media interesada y preocupada por los problemas que afectan no solamente a los intereses nacionales, sino también a aquellos de los socios comunitarios y los aliados de la OTAN. El momento no puede ser más propicio, pues tácticamente la operación requiere de unidades navales con capacidad de proyección de fuerza, una capacidad que en Europa solamente pueden proporcionar por el momento tres países: Francia, Italia y España. A pesar de que los aeródromos de Malta e Italia están relativamente próximos, las misiones CAS (Close Air Support por sus siglas en inglés) que necesitan las tropas terrestres para avanzar rápidamente sobre las posiciones del DAESH asegurando el mínimo número de bajas propias, así como las Surge Operations realizadas por los grupos de Operaciones Especiales, requieren de buques anfibios y con capacidad aeronaval de ala fija y rotatoria frente a las costas libias.
Francia, recientemente embarcada en la empresa siria, tiene a su único portaaviones realizando operaciones de combate contra los terroristas del DAESH en el Mediterráneo Oriental. Así pues, tiene su capacidad de proyección de fuerza comprometida en este escenario y no sería capaz de participar con todos los medios necesarios en esta nueva operación. Igualmente, tiene comprometido un gran número de efectivos humanos en los diferentes conflictos que asolan varios países de África, por lo que es de prever que sean proclives a apoyar con su asiento permanente en el CSNU una operación de otro socio comunitario. No obstante, conociendo el gran interés francés por la estabilidad del país, no sería descabellado que proporcionase aeronaves de reconocimiento operando desde Sigonella o cualquier otro aeródromo próximo situado en territorio europeo.
Italia sería la siguiente opción coherente en este escenario. Próxima a Libia, con capacidad total de proyección de la fuerza, afectada directamente por los flujos migratorios que proceden del país africano, y con fuertes vínculos políticos, económicos y comerciales con su antigua colonia, podría solicitar liderar esta misión o realizarla en el marco de una nueva misión de la OTAN. Si bien tiene capacidad militar y política para llevar a cabo esta empresa, es posible que su falta de apoyo en el contexto internacional sea un inconveniente para su elección. No obstante, no hay que descartar la necesaria colaboración logística que proporcionan sus bases y alguna unidad aérea o de superficie.
Reino Unido es otro país interesado en la estabilización del país, pero no tiene la capacidad aeronaval necesaria para proyectar su fuerza en un escenario tan alejado de sus fronteras, por lo que podría apoyar las labores de inteligencia en una zona de la que nunca se ha desentendido, y en la que según fuentes oficiales ya tiene desplegado un operativo en el que se incluyen miembros del Servicio de Inteligencia MI6.
Y por fin la opción de España, la opción que más interesa a nivel nacional, y sin duda la más coherente. Su asiento en el CSNU puede proporcionarle el apoyo necesario en el contexto internacional. Con buenas relaciones con los miembros permanentes del CSNU de los que evitaría el veto, podría liderar esta nueva misión de paz de la OTAN con el apoyo militar de otras naciones. España dispone de plataformas interoperables con las unidades de la US Navy, como lo demuestras las recientes pruebas realizadas a bordo del Portaaeronaves “Juan Carlos I” con aeronaves V-22 “Osprey” de los US Marine Corps y sus equipos de Operaciones Especiales.
El Presidente de EEUU, Barack Obama, ha solicitado recientemente a su Chieff of Military Staff el estudio de una operación urgente contra el DAEH en Libia, país que está viendo incrementar el número de terroristas provenientes del escenario sirio e iraquí donde los esfuerzos de la comunidad internacional están asestando un duro golpe a los fieles de Al-Baghdadi. Pero el Presidente Obama, metido de lleno en año electoral, es posible que ceda el liderazgo de la nueva misión a un aliado europeo.
Si bien es cierto que cuenta con los mejores medios de inteligencia, navales y aéreos en la zona, podría decidir operar desde un segundo plano de cara a la comunidad internacional y a su propio electorado en este escenario de baja-media intensidad, realizando Surge Operations puntuales desde el Portaaeronaves “Juan Carlos I”, y proporcionando medios logísticos y de inteligencia.
España ha conseguido durante los últimos años recuperar la confianza del aliado norteamericano, y prueba de ello es la acogida de los destructores anti-misiles con base en Rota y el contingente de los Marines y sus V-22 “Osprey” ubicados en la base de Morón, así como la reciente integración de fragatas F-100 en el escudo anti-misiles de la OTAN. No obstante, tomar el liderazgo de una misión internacional de la OTAN en el escenario libio podría reforzar la determinación del país en los asuntos de interés común y satisfacer las demandas de EEUU de una mayor participación militar de los países europeos de la OTAN en la Seguridad Colectiva, algo que España no ha podido del todo satisfacer durante los últimos años debido al negativo contexto económico.
Se preguntarán los lectores qué tipo de medios puede poner España al servicio de semejante misión. España, por su situación geográfica y su capacidad militar, puede disponer de una fuerza conjunta con plena capacidad de proyección de fuerza prolongada durante el tiempo que requiera la eliminación del DAESH y estabilización del país. Puede poner a disposición de la OTAN el portaaeronaves “Juan Carlos I”, helicópteros de transporte de tropas y de reconocimiento, y aviones de ataque a tierra Harrier AV-8B+ idóneos para misiones CAS. Dispone igualmente de los buques anfibios Galicia y Castilla, de los buques de aprovisionamiento de combate Cantabria y Patiño, de escoltas de superficie y submarinos capaces de realizar misiones de inteligencia frente a las costas libias. Puede proporcionar aviones de reabastecimiento en vuelo, sistemas de mando y control y una brigada de Infantería de Marina con todos los medios y vehículos necesarios para asegurar la infraestructura petrolífera libia, objetivo principal del DAESH y principal fuente de ingresos del país. Una vez eliminado el grupo terrorista y estabilizado el territorio libio sería necesario que la ONU, a través de una nueva misión Peacekeeping, apoyase la formación de las nuevas Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que éste sea capaz de proporcionar a sus propios ciudadanos las condiciones de Seguridad necesarias para el buen desarrollo del país.
Es de esperar que la siguiente pregunta que se hagan sea qué obtiene España de semejante iniciativa. Y aunque algunos de los beneficios, quizás los más destacables, los resumo brevemente en las siguientes líneas, son innumerables en el actual contexto globalizado.
La más importante, sin duda, es el gran número de vidas humanas en peligro. Como estamos viendo en Siria e Irak, el DAESH realiza auténticos asesinatos en serie. La eliminación de este grupo terrorista empieza por la supresión de todos y cada uno de sus santuarios. La actual presión a la que se ven sometidos en los territorios Sirio e Iraquí está motivando que éstos se desplacen a otros santuarios desde los que continuar con sus operaciones, y Libia es el territorio escogido por la falta de autoridad y control que existe en el país por parte de las fuerzas gubernamentales. Podemos considerarlo, a día de hoy, un estado fallido.
Ante la próxima llegada de la primavera al Mediterráneo, cuando las condiciones climáticas posibiliten la navegación de pequeños embarcaciones, es de prever que los bajos precios de las materias primas, especialmente del petróleo, y los conflictos armados que asolan diversos países de África y Oriente Medio atraigan de nuevo oleadas de millones de migrantes hacia la costa libia. Puesto que la frontera turca se ha visto reforzada en los últimos meses gracias al acuerdo impulsado por la Canciller alemana, Angela Merkel, el punto más débil de la costa norte de África desde el que las mafias del tráfico humano, apoyadas y financiadas por DAESH, puedan operar es precisamente éste. Millones de personas que, ya sea en calidad de refugiados o inmigrantes, Europa no puede asumir. Acabar con las mafias del tráfico de personas en Libia se considera pues indispensable.
Una misión de esta envergadura posicionaría a España en una situación privilegiada en el CSNU. Daría muestra de su capacidad para asumir las responsabilidades necesarias que faciliten la Paz y Seguridad mundial, la de sus aliados, la de sus socios comunitarios y la del propio país. Posibilitaría un entorno favorable para una futura reelección como miembro no permanente del CSNU en el futuro.
Ante la actual carrera armamentística que llevan a cabo algunos países, y la modernización de unidades navales, aéreas y terrestres de otros, el complejo industrial-militar nacional vería reforzada su imagen en el exterior. España, que actualmente cuenta con un elevado nivel de nacionalización de su material militar ( LHD “Juan Carlos I”, LPD “Galicia”, URO VAMTAC, Buque de Acción Marítima, etc.) podría dar muestra de la calidad y fiabilidad de sus productos en un escenario real. Un elemento indispensable a la hora de impulsar la exportación de material militar, lo que supone un aumento considerable de la inversión en I+D+i del país y que contribuye directamente a la creación de miles de puestos de trabajo.
Otro beneficio a tener presente es la futura presencia de empresas nacionales en la reconstrucción y desarrollo del país. Libia, un país rico en recursos naturales como el petróleo, tiene por delante la difícil labor de reconstrucción del país tras cinco años de guerra civil que ha asolado gran parte del país. Las empresas españolas, desde entidades financieras a constructoras o empresas de telecomunicaciones, verían apoyados sus intereses una vez estabilizado el país gracias a la intervención del Gobierno.
Y finalmente el fortalecimiento de la Seguridad Energética de Europa. Un país con ingentes cantidades de recursos petrolíferos, y que antes de la guerra producía casi dos millones de barriles de crudo diarios, podría proporcionar una fuente alternativa de recursos petrolíferos a Europa con una mayor presencia y cuota de petroleras nacionales en el país reforzando así el papel de España en la política de solidaridad energética de la Unión Europea. A pesar de que la producción diaria se ha reducido a menos de 400.000 barriles diarios a causa de la guerra y los ataque del DAESH a instalaciones petrolíferas, la infraestructura del país apenas se ha visto afectada. Así pues, en pocos meses podría estar de nuevo funcionando a pleno rendimiento lo que reduciría la dependencia de la importación de crudo ruso.
Como pueden observar, el interés de la comunidad internacional por la estabilización de Libia está fuertemente fundamentado, si bien aún falta por decidir los actores que acometerán tal responsabilidad bajo el marco legal impuesto por la ONU. Es, sin duda, una oportunidad inmejorable para reforzar la imagen y presencia de España en la escena internacional, donde el creciente número de conflictos requiere de una mayor actuación por parte de las potencias políticas, diplomáticas y militares. Debe ser, por tanto, una decisión de Estado ampliamente respaldada en el Congreso de los Diputados sin solución de continuidad, y que debe ser tomada sin dilación a pesar de la incertidumbre política que atraviesa el país. Quizás la legitimidad que aportan las resoluciones de la ONU y las consecuencias de una nueva temporada de flujos migratorios en el Mediterráneo ayude a disipar las posibles dudas y fuercen a las partes a toma la decisión más acertada.
¿Y si España enviara un grupo de combate a Siria?
Schepke. 20.01.16.
¿Tiene España capacidad de enviar al Mediterráneo Oriental un grupo de combate con el Juan Carlos I como buque insignia? Hoy vamos a responder a esta pregunta, complementando así un artículo anterior en el que apostábamos por el despliegue de fuerza más probable si el gobierno salido de las urnas el 20-D decidía involucrarse activamente en la lucha contra DAESH.
El portaaviones Príncipe de Asturias, tras 24 años de servicio, no llegó a participar en ninguna acción real. Esto fue motivo de numerosas críticas sobre su utilidad, si bien las razones por las que nunca fue desplegado se resumen en dos: falta de voluntad política y excesivo coste de operación, al estar su propulsión basada en turbinas (hablando de nuestro anterior buque insignia, animamos a todos a firmar esta propuesta para salvarlo del desguace y convertirlo en un museo).
Formación de despedida del portaaviones Príncipe de Asturias. Impresionante estampa del breve tiempo en que tuvimos dos plataformas con capacidad para aviación embarcada.
Es cierto que en la actual situación, una de las dos razones para no desplegar un grupo de combate sigue en plena vigencia: la falta de voluntad política, más en la situación actual en la que ni siquiera se ha formado gobierno y el ejecutivo anterior ha decidido postergar una decisión sobre nuestra participación en Siria para evitar perder votos.
Pero la pregunta es: ¿Tiene España capacidad para desplegar un grupo de combate aeronaval?. Y la respuesta es, sin lugar a dudas, sí. No sólo disponemos ahora de una plataforma como el Juan Carlos I capaz de realizar operaciones aéreas con una propulsión económica basada en generadores diésel, sino que además la Armada puede aportar una escolta eficaz y los medios necesarios para el aprovisionamiento de la fuerza.
En Fuerza Naval hemos decidido dejar volar nuestra inventiva y haceros partícipes de una idea que contribuiría a restablecer el papel de España en la escena internacional reforzando nuestra aportación en la lucha contra el DAESH.
Antes de hablar de la escolta que indudablemente debe acompañar a nuestro buque insignia, debemos hablar de su componente aéreo. El Juan Carlos I es un buque muy versátil, y existen muchas combinaciones posibles. En Fuerza Naval hemos apostado por la siguiente:
– 8 AV-8B Harrier II Plus, con la misión principal de realizar misiones de ataque sobre las posiciones de DAESH.
– 2 SH-3D Sea King, con la misión principal de transportar equipos de operaciones especiales. También servirían como helicópteros logísticos para el envío de personal y material entre los buques del grupo de combate.
– 1 SH-3D Sea King AEW, con la capacidad de incrementar la alerta temprana de la fuerza en caso de que la amenaza aérea aumentara.
– 2 Tigre, helicópteros de ataque del Ejército de Tierra, que tendrían como objetivo principal escoltar a los helicópteros de transporte.
– 2 AB-212, que complementarían a los SH-3D en las misiones de transporte de tropas y apoyo logístico.
Ocho AV-8B Harrier a popa de la cubierta de vuelo del Juan Carlos I.
Además del arma aérea embarcada, nuestro buque insignia podría embarcar grupos de operaciones especiales de la FGNE o de otros ejércitos, así como unidades con capacidades específicas como la URECO de Infantería de Marina, que tendrían como objetivo principal realizar misiones de SAR de combate, pero también acciones directas contra elementos terroristas, localización de objetivos y asesoramiento a las fuerzas que combaten al DAESH. El JCI también podría servir de plataforma para los MV-22 del SPMAGTF, basados en Morón.
En cuanto a la escolta de este grupo de combate, desde FN consideramos que la protección de nuestro buque insignia estaría garantizada por dos fragatas de la serie F-100 y una fragata de la serie F-80. Las F-100 ofrecerían la indispensable defensa aérea es un escenario donde ya se han producido enfrentamientos aire-aire. Las capacidades de sus misiles SM-2 se verían complementadas por las posibilidades de los AV-8B de actuar como aviones en patrulla aérea de combate, equipados con misiles AIM-120. La fragata de la serie F-80 complementaría este dispositivo de defensa aérea con sus misiles SM-1. No cabe duda que las capacidades de las F-80 son muy inferiores a las de la serie F-100, pero se trata de un tipo de buque que constituye más del 50% de nuestra fuerza de escoltas y que, en escenarios de intensidad media como Siria, todavía tienen mucho que aportar. Cada uno de estos escoltas puede ofrecer, además, protección contra otras unidades de superficie y contra submarinos. Cada uno de estos escoltas iría equipado con un helicóptero SH-60B, capaces de colaborar en la defensa de la fuerza.
Dos fragatas de la clase F-100 y dos de la clase F-80 navegando en formación.
El aprovisionamiento de la fuerza estaría garantizado por la presencia de uno de nuestros buques de aprovisionamiento al combate. Estos buques, además de proporcionar combustible, repuestos y víveres a las unidades del grupo de combate, aumentando su tiempo de permanencia en la mar, pueden servir para alojar a los grupos de operaciones especiales o como plataforma para los sistemas de UAV de la Armada, el Scan Eagle, que podría ser utilizado como sistema de inteligencia de la fuerza, a pesar de su limitado alcance de 62 millas desde el puesto de control. Además, puede embarcar helicópteros SH-3 para facilitar el aprovisionamiento de la fuerza y realizar otras labores logísticas.
Aunque poco probable, el grupo de combate podría ser completado por un submarino de la clase Galerna. Estas unidades, a pesar de haber sobrepasado los treinta años de servicio, servirían como disuasión a las fuerzas navales no OTAN presentes en la zona (mayormente unidades rusas). Pero sobretodo, se trata de excelentes plataformas de inteligencia que situadas a poca distancia de costa pueden recopilar información de gran utilidad para ayudar al mando a planificar sus operaciones. Ya en la Guerra de las Malvinas los submarinos británicos se posicionaron frente a los aeródromos argentinos para informar del despegue de los aviones de Buenos Aires, poniendo en alerta a sus compañeros de las unidades de superficie. En el escenario sirio, nuestros submarinos podrían realizar tareas que van desde vigilar movimientos de mercantes relacionados con el tráfico de armas hasta recopilar información mediante la interceptación de comunicaciones entre los combatientes sirios.
Composición del hipotético grupo de combate español.
En definitiva, podemos decir que España tiene la capacidad, si bien carece de la voluntad política. Dados los compromisos actuales de nuestra Armada y el estado de los helicópteros de la FLOAN, establecer un grupo de combate como el definido en este artículo obligaría a reducir nuestro esfuerzo en otros escenarios. No podemos exigir la presencia constante de uno de nuestros buques de aprovisionamiento si la unidad que debe relevarlo se encuentra en Canadá. No sabemos si, dada la edad de los helicópteros de la Flotilla de Aeronaves, embarcar tan sólo dos AB-212 o cuatro SH-3D garantizaría la disponibilidad de aeronaves para realizar todas las misiones necesarias aún a pesar de los periodos de mantenimiento.
En cualquier caso, desplegar un grupo de combate alrededor del Juan Carlos I, si bien supondría un importante esfuerzo económico, humano y material por parte de la Armada, reforzaría sin lugar a dudas la posición internacional de España y permitiría demostrar nuestra capacidad de proyectar fuerza y colaborar con nuestros aliados en la lucha contra el terrorismo. El Príncipe de Asturias estuvo cerca, en varias ocasiones, de participar en operaciones ofensivas. Fue dado de baja sin alcanzar 25 años de servicio ni haber participado en una acción real. El gobierno de España tiene ahora la oportunidad de utilizar todo el potencial de su Armada para recuperar el lugar perdido en la escena internacional. Desde Fuerza Naval esperamos no tener que lamentar, dentro de, quizás, veinte o treinta años, que la falta de voluntad política impidió que nuestro buque insignia cumpliese con su misión en defensa de los intereses de nuestro país.

References: resolución 
 artículo 41
 Resolución 
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