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Timestamp: 2018-05-20 15:30:10+00:00

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SE INICIA LA CUESTIÓN DE
· Convocan a elecciones
· Noticias de Chile
· Periódicos de Piura
· Las enormes haciendas de Máncora y de Pariñas
· De una mina de brea a la mina de La Brea
· Lama adquiere la propiedad definitiva de la hacienda Máncora
· Diego Lama inicia la explotación del petróleo
· Juan Helguero y sus hijos herederos de Josefa Lama
· Ley sobre la explotación del petróleo: 1872
· Los trece herederos
· Como Piaggio se convirtió en dueño de los yacimientos de Zorritos
· Helguero busca adaptarse a la ley
· La venta fabulosa
· Fowks abandona las pertenencias
· Cortan a la beneficencia pago de réditos por Máncora
Iglesias dimitió el poder el 3 de diciembre de 1885 y el mismo día el Consejo de Ministros presidido por el doctor Antonio Arenas asumió el poder.
Ocurrió lo de siempre. El populacho salió a las calles de Lima en manifestaciones contra el caído general Iglesias que se vio obligado precipitadamente a huir al Callao y buscar asilo en un barco italiano, mientras que su casa era saqueada.
Los iglesistas de Lima y de Piura desaparecieron prácticamente de la circulación y los desterrados comenzaron a ingresar.
El almirante Lizardo Montero, el coronel Fernando Seminario Echandía y Elías Mujica que estaban en Ecuador de inmediato arribaron al departamento de Piura, y luego se dirigieron a Lima a donde llegaron el 16 de diciembre. Mujica era un destacado paiteño vecino del Callao, que tomó parte en la batalla de San Juan y luego acompañó a Cáceres en la campaña de la Breña. Mujica y Montero eran muy amigos y en Octubre de 1881 fue el encargado de llevar desde Lima la noticia de que el Congreso de la Magdalena había nombrado a Montero primer vice-presidente de la República, mientras estaba en Cajamarca.
El día 5 de diciembre, el Consejo de Ministros convocó a elecciones. Días más tarde llegó a las cercanías de Lima el burlado Ejército de Relaizo, pero aun cuando se temía que depusiera al Consejo de Ministros del Dr. Arenas, nada intentó y se avino al licenciamiento de la mitad de los efectivos, tal como se había hecho con otras unidades del Ejército pues la situación económica del país era tremendamente difícil como para mantener tanto soldado.
Cuando el doctor Arenas asumió el mando, el Tesoro Público estaba en falencia. Sólo había en Caja S/.3 531,00. Es decir menos de los que tenia una familia medianamente acomodada antes de la guerra. La intención de Chile de dejar al Perú en situación que jamas se pidiera levantar, se reflejaba en esa tremenda pobreza fiscal. De inmediato se suscribió entre un grupo de empresarios de Lima un empréstito sin intereses para ser pagado como se pudiera. Cuatro bancos contribuyeron con diez mil soles cada uno, siendo el de Londres, del Callao, de México y de Sudamérica. Así como también la Casa Grace, Graham Rowe y Cía. y la Empresa de Muelles y Dársena del Callao. Otras casas comerciales dieron sumas menores hasta hacer un total de S/. 94 000,00.
En el Perú se llegó a conocer que el coronel Ambrosio Letelier y los comandantes Hilario Bouquet y Basilio Roa Romero, habían sido sometidos a una corte de justicia militar en Santiago y condenados a diversas penas. Las mayores cayeron sobre Letelier a quien dieron seis años de prisión, a la pérdida de su grado militar, a la confiscación de sus bienes hasta los montos que suponían la recuperación de lo que le correspondía al fisco chileno.
Letelier había dirigido durante la guerra una incursión de tropas invasoras en el centro del Perú contra Cáceres, donde cometieron muchos abusos y hurtos. Impusieron gran cantidad de cupos pero no rindieron cuenta de ellos, sino que se apropiaron de esas sumas.
Las autoridades chilenas de ocupación, nunca sancionaron los abusos y crueldades de sus tropas, ni la imposición de cupos cuando ellos estaban destinados a cubrir las necesidades de las fuerzas de ocupación. Incluso los saqueos eran pasados por alto, pero no la apropiación de dineros que se suponía debían ir a formar parte de los fondos del Ejército en campaña.
Periódicos en Piura
En cada época siempre han aparecido determinados órganos de prensa que han defendido intereses políticos del momento.
“El Murciélago”, era uno de esos periódicos de vida fugaz. Seguramente su nombre se debió a que aparecía ora por un lado, ora por otra, es decir era un poco volante como lo fuera durante la época de La Mar el “Botafuego”. El periódico se llegó hasta a publicar en Guayaquil con los desterrados de Iglesias, pero también en Paita y alguna vez en Sullana.
“El Piurano”, apareció durante dos años, entre 1884 y 1886 siendo su director José Castro Varillas. En 1885 aparece “El Restaurador” con Julián Segura.
Las enormes haciendas de Máncora y la Brea
Por Resolución del 29 de octubre de 1887, el Gobierno reconoció a don Genaro Helguero la propiedad de la mina “La Brea”, inscribiéndola a su nombre, debiendo pagar impuestos por tres pertenencias, mientras se hacía la nueva mesura.
Ya por entonces, se sabía que esas áreas eran ricas en petróleo, y había una gran cantidad de empresarios extranjeros interesadas en ella. Don Genaro Helguero pudo lograr éxito positivo y pronto en sus gestiones gracias al poder político que había logrado y por haber sido elegido diputado por Piura en ese año de 1886.
Pero veamos un poco la historia anterior de todo esto que con el correr del tiempo se iba a convertir en el más importante problema nacional, que comprometía no sólo los intereses económicos del país, sino hasta la propia soberanía y que se conoció como Problema de la Brea y Pariñas.
Algunos hechos los hemos dado a conocer antes, pero es necesario recapitularlos y referirnos a posteriores acontecimientos de los que no habíamos tratado.
El 14 de abril de 1960, el diario “La Industria” de Piura daba cuenta a seis columnas que “La Brea y Pariñas reclamará la Beneficencia”. Se trataba de una acción reivindicativa que la Beneficencia Pública de Piura presidida por el doctor Carlos León Monzón, trataba de iniciar y llevar adelante.
Los piuranos que no obstante tratarse
de un problema que tan directamente los atañía, no lo conocían, quedaron en su gran mayoría sorprendidos.
El año 1705, los fundos Pariñas y Máncora eran propiedad de don Juan Benito de las Heras y de su esposa doña María Ramírez de Arellano, que en ese mismo año por testamento de ambos, donaron al Hospital Convento de Nuestra Señora de Santa Ana, que.tenía a cargo la congregación de Belén. Actuó como escribano, Antonio Rodríguez V.
El fundo de Máncora era una extensa zona comprendida entre la Quebrada Pariñas y los corrales de Tumbes y desde la orilla del mar hasta la cordillera de Máncora.
Lindaba por el norte con los Corrales de Tumbes y la hacienda Plateros. Por el este con las haciendas Zapayal, Cazaderos, Jaguay Negro y Pazul Por el sur limitaba con la Quebrada de Pariñas y por el oeste con el Océano Pacífico.
Su extensión –decían- era de 360 leguas cuadradas, es decir nada menos que 11 176 kilómetros cuadrados, área que excede en la actualidad a muchos Estados del mundo. Este fundo se encontraba inscrito en el Asiento 1, de fojas 186, Tomo 1, del Registro de Propiedad Inmueble de Piura.
Indudablemente que la afirmación del doctor Carlos León Monzón de que el fundo de Máncora tenía 360 leguas cuadradas era errónea, porque eso significaba 11 176 kilómetros cuadrados, mucho más de lo que tiene actualmente la provincia de Talara que sólo llega a 2 799 km2.
Lo que sí es posible, es que la hacienda Máncora tuviera 36 leguas cuadradas lo que significaría 1 118 km2.
Una legua castellana tenía 5 572 metros o lo que es lo mismo 5,57 km. de largo de lo que resulta, que una legua cuadrada tiene 31,04 km2 y 360 leguas cuadradas 11 176 km2.
Del mismo modo, una milla inglesa tiene 1 609 metros y una milla cuadrada tiene
2 588 881 m2 es decir 2,59 km2. De lo cual resulta que 500 millas cuadradas son 1 295 km2...
SUPERFICIES ACTUALES
Como se puede apreciar por el cuadro anterior, no era posible que la Hacienda Máncora tuviera 360 leguas cuadradas
Lo anterior es solo la hacienda Máncora, ahora bien, en cuanto a la hacienda Pariñas o mas propiamente haciendas Brea y Pariñas tenían por linderos: por el norte Quebrada Pariñas por el sur la barraca de Amotape y el Valle del Chira, por el este las montañas del Cerro Prieto y por el oeste el Océano Pacífico, incluyendo las caletas de Malaca y Talara, comprendiendo un área de unas 500 millas cuadradas, unos 1 295 kilómetros cuadrados.
En 1885 don José Lama Sedamanos, adquirió por un contrato enfitéutico de 150 años el dominio útil del fundo Máncora. Es decir que de haberse cumplido tales disposiciones habría vencido recién en 1965.
En su informe a la Beneficencia en 1960 dice el doctor Carlos León Monzón “Los indicados fundos se pusieron en pie brillante despertando la codicia de los hombres, hasta lograr de los conductores se otorgase a favor de don José de Lama un contrato enfitéutico...”.
“Con mucha astucia, al otorgar la fianza y recibo de inventario, incluyeron también los bienes y capitales del fundo Pariñas, como fácilmente se puede comprobar por la escritura pública de 13 de diciembre de 1815”.
De una mina de brea a la Mina de La Brea
Por ley de 9 de marzo de 1825 dada por el Congreso Constituyente y promulgada por Simón Bolívar, se mandó que toda clase de bienes que pertenecieron al Estado, como haciendas, minas, casas, etc. que fueran de libre disposición, se aplicaran para saldar la deuda pública, dando preferencia a los acreedores que hubieran adquirido tal condición, por causa de la lucha por la independencia.
En 1826 don José Antonio Quintana solicitó la adjudicación de una mina de brea (así con minúscula) situada en Cerro Prieto, en el distrito de Amotape, provincia de Piura, departamento de la Libertad. De ese lugar se extraía desde tiempo inmemorial una sustancia negra y consistente llamada copé o brea que servía para calafatear los barcos de madera.
El 26 de setiembre de 1826 se expidió el Decreto Supremo que decía: “Visto, se adjudica a don Juan Antonio de Quintana la mina de Brea (sic) cito en cerro Prieto, en el Departamento de La Libertad al cual perteneció el de Piura, conocida como la mina de Amotape, perteneciente al Estado”.- El pago por compensación ascendió a 4 964 pesos con lo cual se extinguió la deuda que el Estado tenía con Quintana.
Quintana había adquirido sólo el subsuelo de una mina de brea. No el suelo o superficie que pertenecía al Hospital-Convento de Santa Ana. Tampoco se convertía Quintana en propietario de otras riquezas minerales o de otra naturaleza que pudieran existir salvo, brea.
El 14 de marzo de 1827, es decir sólo meses más tarde, Juan Antonio de la Quintana vendió la mina de brea a don José de Lama. Sin duda que éste al examinar los planos y sobre el texto de la adjudicación y reparar que la palabra Brea estaba con B mayúscula, de inmediato pensó que la mina no estaba en la brea sino en esa B.
Ante el escribano Manuel Núñez s otorgó la correspondiente escritura: “Sírvase Ud. extender en su Registro de Escrituras Públicas una de traspaso que (Juan Antonio de Quintana) hago de la Mina de la Brea de Amotape, sita en Cerro Prieto que fue de propiedad de la República y ahora mía, a don Mateo de Lama, vecino de esta ciudad, como apoderado y representante de su hermano entero don José de Lama, vecino de Piura, por la misma cantidad de 6 247 pesos en que me fue adjudicada por el Supremo Gobierno en pago de un crédito por igual suma”.
El documento fue suscrito en Trujillo y todo hace suponer que Juan Antonio de la Quintana sólo fue un intermediario de Lama, y que éste tendría algún impedimento legal para hacer la adquisición en forma directa.
El doctor Carlos León Monzón aseguraba que la mina de brea sólo abarcaba tres hectáreas de extensión, pero que Lama manejó las cosas de tal manera que se apropió de todo un territorio.
En abril de 1960 eran miembros de la Beneficencia Pública de Piura, el doctor Aníbal Santisteban, Luis Palacios Noriega, Ricardo Ramos Arrunátegui, Alipio Ramírez, Germán Salazar Sojo, Alfredo Delgado, Pedro Castro, Iris Monge y Ángel Andrade.
Al actualizarse el problema de la Brea y Pariñas en 1960; los herederos Lama también hicieron reclamos judiciales y periodísticos de deslinde de tierras y reivindicación de las minas y el doctor Manuel Ato Cueva dio a publicidad una serie de artículos titulados “Cómo perdió la Sociedad de Beneficencia 13 haciendas”.
En 1960 el doctor Héctor Lama Lama, que era un abogado de notoriedad y descendiente también de don Diego Lama y consecuentemente de don José Lama, decía que en febrero de 1882 ya estaba muerto don Diego Lama, y fue entonces que doña Dolores Lama Díaz, otra heredera, pidió la división y partición de la cuantiosa herencia.
Afirmaba el doctor Héctor Lama que su abuelo don Diego entró en sociedad con Tweddle primero y más tarde con London Pacific Petroleum y Cº y que don Diego había recibido bonos por 400 000 dólares por el uso de las tierras de su propiedad por 60 años.
Ni don Diego, ni sus herederos pudieron hacer efectivos esos bonos.
Lama adquiere la propiedad definitiva de la Hacienda Máncora
Pese al contrato enfitéutico de 1815, el Convento-Hospital de Belén continuaba siendo propietario de las haciendas Máncora y Pariñas, así como de la hacienda Huápalas que conducía como arrendatario don Vicente León y que en 1830 debía la merced conductiva de varios años.
Lama había conocido a Gamarra con motivo del conflicto con la Gran Colombia cuando en Piura fue depuesto el general La Mar. Fue eso lo que permitió que por decreto, el presidente Gamarra transfiriese el dominio directo y total de la hacienda Máncora a José Lama, por 43 926 pesos debiendo el Estado pagar en forma perpetua al Convento-Hospital 2 700 soles anuales a manera de compensación.
Por una nota de fecha 23 de octubre de 1830, del ministro José María Pando, se puede establecer que en realidad la suma definitiva de la transacción fue de sólo 20 000 pesos, que se pagaron parte con una letra de 13 000 pesos, que a su vencimiento no se había logrado hacer efectiva por el Fisco.
Lama obtuvo de “yapa” la extensa hacienda Pariñas, pero la transacción no se llegó a conocer en Piura sino hasta el año siguiente en forma extraoficial. El Cabildo de Piura en agosto de 1831 resolvió reclamar y solicitar la intervención del diputado Juan Antonio Távara Andrade en la creencia de que la transacción estaba aún por consumarse.
Don José Lama para aquietar a las monjitas conductoras del Hospital de Belén, les hizo llegar en forma semanal y por algunos años un “camarico” por intermedio de su mayordomo Pedro Sandoval, que en realidad era hijo natural suyo, y cuya tumba se encuentra a la entrada del cementerio de Sullana (murió el 29 de agosto de 1894). Con el correr del tiempo parece que las conductoras del Hospital olvidaron el motivo por el cual Lama hacía el “obsequio” semanal, y consideraron que era un rasgo de generosidad, razón por la cual se le dio el sobrenombre muy honorífico de “el Padre de los Pobres”. En 1831 Lama era nada menos que director del Colegio San Miguel.
José de Lama deja al morir enormes haciendas
Al morir el año 1850 don José Lama dejó los enormes territorios comprendidos entre el río Chira y el río Tumbes a sus dos legítimos hijos y a su esposa.
Josefa heredó La Brea, su hijo Diego Lama Farfán de los Godos recibió Máncora y doña María Luisa Farfán de los Godos, se quedó con la hacienda Pariñas.
Al morir en 1857 doña Luisa, deja la hacienda Pariñas a su hija Josefa.
Mientras don Diego fue un empedernido mujeriego y tuvo trece hijos, doña Josefa permaneció soltera pero se convirtió en amante de su pariente Juan Helguero.
Las extensas tierras hasta entonces sólo tenían valor como ganaderas, salvo algunas pequeñas áreas destinadas a usos agrícolas. La mina de brea no era por entonces muy rentable.
En el mundo de entonces, se había venido utilizando la grasa de ballena para fines de alumbrado, pero el producto estaba escaseando. El litoral Paita-Tumbes era uno de los centros de actividad de la caza de las ballenas y de los cachalotes.
En Estados Unidos principió a utilizarse con gran éxito un producto llamado kerosén o kerosene que se obtenía de la destilación del petróleo, o aceite de piedra que se lograba de ciertas afloraciones.
Fue Edwin Drake, el que por primera vez en el año 1859 utilizó un barreno y una tubería de metal para perforar un pozo en Estados Unidos. Fue pues el primer pozo de petróleo el mundo.
Diego Lama inicia la explotación del petróleo
Todo sucedió muy rápidamente, gracias al éxito de Drake. Una especie de fiebre de perforaciones de pozos cundió en Estados Unidos y pronto en el mundo entero se conocieron las ventajas tanto del petróleo como del kerosene como combustible.
El año 1861 en Lima ya se estaba empleando el kerosene y un año más tarde Diego de Lama Farfán de los Godos, inicia la explotación del petróleo en el Perú.
De esa forma los casi desérticos y extensos territorios heredados de su padre, cobraban de la noche a la mañana un excepcional valor y de eso don Diego Lama tomó plena conciencia, lo que lo llevó a contratar geólogos para que analizaran el terreno y posteriormente formó empresa con el súbdito y cónsul inglés Rudens, vecino de Paita. Los dos socios contrataron los servicios de un experto perforador francés Ferrier, el que en la playa de Zorritos procedió en 1862 a abrir zanjas, de donde extrajo petróleo, cuyas muestras fueron enviadas a laboratorios de Estados Unidos y de Inglaterra. Los resultados fueron positivos. Antes don Antonio Raimondi también había emitido un buen informe.
El 2 de noviembre de 1863 se inicia en Zorritos la perforación del Pozo Nº 4, el primero en América del Sur. El petróleo brotó a los 24 días cuando la broca solamente había penetrado 25 metros y rendía 480 barriles por día..
Ante el éxito logrado, Lama y Rudens resolvieron formar una empresa en regla y se asociaron con el empresario norteamericano J. Larkin en 1864, que representaba a un grupo de capitalistas de Estados Unidos y se formó así la Peruvian Petroleum Company.
Utilizando modernos equipos de perforación, se pusieron en producción tres pozos y se continuó trabajando normalmente hasta 1869, luego se produjeron desacuerdos entre los socios.
Mientras tanto en la hacienda La Brea se habían iniciado exploraciones y los resultados habían sido igualmente positivos.
Juan Helguero y sus hijos herederos de Josefa Lama
En 1960 la señorita María Luisa Díaz declaraba al diario “La Industria” lo siguiente: “La herencia de la Brea y Pariñas por parte de don Juan Genaro Helguero Lama, resulta sospechosa, ya que la cedente, su tía Josefa, murió de un momento a otro como consecuencia de un derrame cerebral y que por lo tanto es difícil de creer haya tenido tiempo de hacer un testamento en el que aparecen como herederos varios de sus servidores y su pariente Juan Genaro Helguero”.
En otras declaraciones al mismo diario, doña Maria Luisa Lama Díaz aseguraba que Helguero tenía prácticamente secuestrada a su tía en una zona aislada, y que doña Josefa se había dedicado a la bebida hasta su muerte producida en 1872.
Doña Josefa dejó en herencia a Juan Genaro y a sus hijos, entre ellos a su hijo Genaro que compró a sus otros hermanos las acciones que les había tocado en herencia y consolidó en su persona toda la propiedad de la extensa y rica zona de la histórica región de la Brea y Pariñas, pues también tuvo la parte de su padre.
Ley sobre explotación del petróleo: 1873
El 28 de abril de 1873 se da una ley que establece el régimen de las pertenencias para las minas de carbón de piedra y de petróleo, fijándose la unidad de medida minera que eran las pertenencias, en 40 000 m2 superficiales por cada pertenencia; y se mandó también que los dueños de pertenencias anteriores a la promulgación de la ley, presentaran sus títulos o comprobantes al Tribunal de Minería de Lima para su revalidación, en el término de cuatro meses contados a partir de la promulgación de la ley, es decir hasta el 28 de agosto. Se advertía que pasado ese plazo, los títulos no revalidados se considerarían nulos y de ningún valor, cualquiera que fuera su origen.
Más tarde en 1877, el Gobierno Peruano estableció un canon semestral de superficie de 15 soles por cada Pertenencia de petróleo como requisito para conservar la propiedad y posesión de los yacimientos.
Genaro Helguero no acató ninguna de las dos leyes, es decir, ni revalidó sus títulos, ni pagó los tributos. Desde el punto de vista legal había perdido el derecho a la propiedad de las minas que pretendía poseer, pues perfectamente sabía que en las propiedades que había recibido de Josefa Lama, había petróleo.
A Helguero, no le preocupó mayormente la situación legal en que se encontraba, ni las disposiciones de prescripción, pues basándose en su poder e influencias, tomó la decisión de ponerse bajo la ley para llevar adelante el gran negocio de venta.
Los trece herederos
La Peruvian Petroleum Company cuyo principal socio capitalista era Larkin entró en una etapa de dificultades a la muerte de Diego Lama Farfán de los Godos porque no había forma de entenderse con tanto heredero, pues eran nada menos que 13. De todos ellos era la enorme hacienda Máncora pero como un bien indiviso.
Para el año 1882 ya algunos de los herederos habían vendido sus acciones y derechos. El doctor Rafael León había sido nombrado para que propusiera el reparto de Máncora en secciones y su correspondiente adjudicación.
En el mencionado año, se dividió Máncora en 13 partes, que no eran de igual tamaño pero que se consideraban de igual valor, al considerar también los semovientes.
Los trece propietarios de las acciones y derechos fueron:
Pedro Sandoval que había comprado las acciones y derechos de doña Dolores María Lama Saavedra de Reyes, casada con Nicanor Reyes. Era creencia general que don Pedro Sandoval era hijo natural de José Lama, pero no lo había reconocido.
Acciones del doctor Víctor Eguiguren, comprada a Dolores Andrea Lama Mauricio casada con José Lucas Barreto.
Acciones del súbdito italiano José Figallo Giovo, compradas a Juana Lama Otoya casada con José Cardó Granell.
Acciones de Josefa Lama Varillas, casada con Atabaliba Arellano, que fueron compradas por su pariente Dolores Díaz León, la que se hizo representar en la reunión por el vecino de Sullana, don Daniel Franco.
Las acciones de Aurora Lama Saavedra casada con Pedro Merino Vinces.
Las acciones de don Alegría Lama Saavedra.
Las acciones de don José Lama Arismendi.
Las de José Andrés Lama Guerrero.
Las de Rafael Lama Otoya.
Las de Belisario Daniel Lama Roa.
Las de Diego Lama Otoya
Las de Victorino Lama Roa.
La mayoría de estos ricos herederos eran residentes en Sullana, pero ninguno se llegó a percatar del valor real de las tierras que podía haber hecho de cada uno de ellos verdaderos potentados como los jeques árabes. Los maridos de las ricas herederas, prefirieron irresponsablemente el fácil expediente de vender las acciones y derechos de las fortunas de sus cónyuges por platos de lentejas pues bien pronto no tuvieron nada.
La protocolización de la división y partición se hizo ante el Notario Público de Piura Isidoro Bustamante, el 14 de marzo de 1882.
Cómo Piaggio se convirtió en dueño de los yacimientos de Zorritos
A los empresarios interesados en explotar el petróleo de Zorritos les fue entonces más fácil tratar con los propietarios individuales de las secciones de la hacienda Máncora y adquirir sus propiedades.
Todo esto sucedía en plena guerra con Chile y cuando las tropas chilenas invadían en forma frecuente al departamento de Piura y habían ocupado Paita de un modo permanente.
En 1883, se formó la Compañía Peruana de Refinar Petróleo, que adquirió todas las acciones y derechos de la Peruvian Petroleum Company. El principal accionista de esta empresa fue el capitán Henry Smith que terminó por convertirse en propietario único de los yacimientos de Zorritos. La Compañía Peruana construyó una refinería en las proximidades del río Tumbes para obtener kerosene que en el pequeño vapor “Máncora” transportaba a Lima en barriles de madera.
En 1890 el “Máncora” se hundió y eso fue un problema para la empresa. Smith era deudor de una fuerte suma a la firma “Basso Hermanos y Piaggio” de Lima, de tal manera que al morir Smith, la empresa limeña se convirtió en la propietaria de la Compañía Peruana de Refinar Petróleo.
En 1862 había desembarcado en el Callao, con una mano atrás y otra adelante un jovencito genovés llamado Faustino Piaggio. Venía sin duda alguna a “hacer América”, a pesar de que sólo tenía 18 años. Encuentra trabajo como vendedor de una tienda de abarrotes y tras de ahorrar durante 8 años y cobrar experiencia, logra juntar un pequeño capital y en 1871 se asocia con los hermanos Basso, también italianos. Al poco tiempo se casa con Rosa Ulrica Basso y en 1878 Eduardo Basso le transfiere con facilidades de pago todas sus acciones y derechos por ¡68 000 soles! Incluyendo dentro del activo los yacimientos petrolíferos de Zorritos. De esa forma Piaggio y sus descendientes se convirtieron en los dueños absolutos de la primera empresa y refinería de petróleo de América del Sur. Los yacimientos estaban valorizados en 25 200 soles.
Cuando Piaggio adquirió los yacimientos de Zorritos, estos se componían sólo de Mal Paso y Sechurita, pero pronto los extendió a Bocapán, al comprar los títulos a otros de los trece herederos Lama.
¡Qué tremenda diferencia entre este italiano Piaggio y los 13 ricos herederos!
Recién en 1939, el Gobierno Peruano compró a la empresa Piaggio, los yacimientos de Zorritos.
También por los años 1883 se formó otra compañía petrolera, para operar en la actual zona de Los Organos. Se trataba de la Compañía Petrolera Thorne.
Helguero busca adaptarse a la Ley
En 1885 un grupo de empresarios ingleses mostró interés por los yacimientos que se sabía existían en las inmensas heredades que eran ya de propiedad de Genaro Helguero.
Los capitalistas ofrecieron lo que indudablemente era una suma fabulosa para la época, pero ante todo Helguero tenía que sanear sus propiedades desde el punto de vista legal, pues los extranjeros no querían tener problemas con el Gobierno Peruano.
Helguero, por la herencia que había logrado de doña Josefa Lama, era propietario hasta ese momento de sólo la superficie de la enorme extensión de las haciendas de la Brea y Pariñas. También era propietario de la mina de brea del cerro de Amotape de tres hectáreas de extensión. Ahora de lo que se trataba era de extender la propiedad del subsuelo a toda la enorme extensión, es decir ser dueño no sólo de la brea, sino esencialmente de La Brea. Nos referimos claro está, al subsuelo. El otro problema, era el no pagar el elevado canon por la gran cantidad de pertenencias que se suponía existían en la enorme extensión de la Brea y Pariñas, con retroactividad al 12 de enero de 1877 en que se dio la ley que disponía tal tributación.
Don Genaro se puso entonces en acción. El 12 de enero de 1886 solicita al juez Hernández de Paita que le diera posesión judicial de la propiedad del suelo y de los minerales del subsuelo, de “La Brea y Pariñas”. Como era de suponer, el juez de Paita accedió rápidamente. Se había dado el primer paso.
En junio de 1886 Genaro Helguero logra ser elegido diputado adquiriendo gran poder político. Empezaba también a gobernar el general Cáceres.
Entonces viajó a Estados Unidos y se contactó con el técnico en petróleo, Ingeniero Eduardo Fowks y lo contrató para iniciar la explotación del petróleo en la Brea y Pariñas, trayendo de Estados Unidos una gran cantidad de maquinaria. En lo sucesivo el nombre de Fowks será mencionado en repetidas oportunidades como un incondicional de Helguero.
El 12 de octubre de 1887 don Genaro, con el título de posesionario que le había otorgado el juez de Paita, solicita al Gobierno que lo reconociera como propietario único y absoluto, tanto del suelo como del subsuelo de las haciendas de “La Brea y Pariñas”.
También pedía que se declarase que esas tierras estaban al margen de las leyes y ordenanzas de minería dadas en 1873 y 1877, para apoyar lo cual se remontaba a la transferencia que hizo el Estado a Quintana en 1826 y luego éste a Lama “y por transferencias sucesivas” hasta llegar al peticionario Genaro Helguero. Por lo tanto –razonaba Helguero- ¡no estaba sujeto al pago de contribución de ninguna clase!.
Lo que pretendía Helguero era nada menos que un privilegio y así lo entendió el Fiscal de la Nación doctor Manuel María Gálvez. Opinó en este sentido de que el Gobierno no podía reconocer derechos sobre minas, distintos a los que señalaban las leyes y que la adjudicación que el Estado hizo en 1826 a Quintana se encuadraba dentro de las Ordenanzas de Minería por entonces vigentes.
Opinaba que se reconociera a Helguero, como dueño de la mina “La Brea” con la extensión fijada en sus títulos, que se la inscribiera como tal y con todos los derechos que las leyes daban por entonces a los poseedores de minas. Ese dictamen suponía un área, de sólo tres hectáreas, correspondiente a la mina de brea del cerro Amotape.
Helguero había tratado en todo momento de que se aceptase una sóla denominación, tanto cuando se refería a la hacienda, como cuando se refería a la mina, es decir, hablaba de “Brea y Pariñas” y no solo de “La Brea”.
El 29 de octubre de 1887, se reconoce por parte del Gobierno que Helguero era dueño de la mina “La Brea” con la extensión que se indicaba en los títulos, debiendo abonar en forma provisional por tres (3) pertenencias irregulares mientras se hacía la mensura correspondiente.
No hay duda que en eso de introducir el concepto de pertenencias irregulares se nota la influencia que tenía Helguero en los círculos del Gobierno.
El 10 de enero de 1888, el juez de Paita procedió a cumplir la diligencia de mensura por la concurrencia de Helguero, el escribano Modesto Ramos y el perito Eduardo Fowks. En los debates que se efectuaron en el Congreso el año 1917 con motivo del llamado ya “Problema de la Brea y Pariñas”, varios senadores aseguraron que el perito era empleado de la firma comercial Helguero.
En la diligencia llevada a cabo, logró Helguero que en el acta se consignara que los límites de la hacienda La Brea eran por el norte Quebrada Honda, por el este Cerro Prieto, por el sur los Barrancos de Amotape y por el oeste el Océano Pacífico. Agregaba: “encontrándose uno que otro pozo de petróleo en actual explotación, tanto en el sitio llamado “La Brea”, como a orillas del mar en el denominado Negritos”.
Lo cierto es que todo lo que ahora es el distrito de Pariñas y una apreciable área al sur del mismo, era la antigua y extensa hacienda Pariñas que don Benito Las Heras había donado al Convento-Hospital de Belén en el siglo anterior.
La Brea, como hacienda o como mina, era una área completamente reducida, pero era interés de Helguero hacer aparecer a la hacienda La Brea como la totalidad.
Fue también muy intencionada la anotación, de que en Negritos había pozos de petróleo y que ese paraje pertenecía a la hacienda La Brea.
La otra gran ventaja lograda por Helguero fue de que se considerase a toda el área con sólo 10 pertenencias irregulares. Años más tarde se comprobó que en realidad había
¡41 614 pertenencias!
Por lo tanto Helguero por concepto de tributación minera pagó sumas exiguas sin retroactividad y sólo a partir de 1886 y no de 1877 como debió ser. Lo peor de todo fue que cuando esas propiedades pasaron a poder de intereses extranjeros, tampoco estos pagaron lo correspondiente al Fisco, y eso fue uno de los problemas que se convirtió en cuestión de soberanía y se conoce como el nefasto problema de la Brea y Pariñas.
Actuando con mucha celeridad y gracias a sus influencias, Helguero logró que el 28 de enero de 1888 se expidiera una resolución suprema aprobando la mensura y disponiendo que con 10 pertenencias se inscribiera en el Padrón de Minas.
De esa forma Helguero se hizo dueño de una tierra riquísima que lo hizo de un momento a otro en un personaje fabulosamente rico por la transacción que de inmediato logró con capitalistas extranjeros.
La venta fabulosa
Helguero había autorizado antes de 1886 al ingeniero Eduardo Fowks y a los súbditos ingleses Mulloy y Thorndike, a que hicieran exploraciones, y perforasen pozos en sus propiedades, los cuales registraron esas pertenencias a nombre de ellos para explotar los yacimientos como concesionarios de Helguero.
Eso convenía a los intereses de Helguero, porque se puso de manifiesto la existencia de petróleo, tal como se dejó constancia en el acta que levantó el juez de Paita.
Ya hemos visto como el 29 de octubre de 1887 el Gobierno reconocía que Helguero era dueño de la mina de La Brea y que provisionalmente pagase por tres pertenencias.
Tras de esa resolución, Helguero había logrado otra con fecha 22 de diciembre de 1887 que declaraba, que era el único que podía explotar la riqueza minera de esa propiedad. En la parte considerativa de la resolución suprema se hace referencia a la resolución de fecha 29 de octubre de 1887 y luego prosigue: “consignada como está en dicha resolución, la declaratoria de que don Genaro Helguero es el único dueño de la mina de la Brea, dentro de los límites que indican sus títulos, se le reconoce implícitamente, el derecho de ser él sólo que pueda explotar con sujeción a la ley del 12 de enero de 1877 y en observancia del artículo 10 del título 8º de las ordenanzas, según lo prescribe el supremo decreto del 15 de noviembre próximo pasado; de acuerdo con lo informado por la Sección del Ramo, estese a lo dispuesto en la precitada Resolución del 29 de octubre”.
Hemos insertado esta atingencia, para hacer ver que Helguero no dejó ningún cabo suelto y que el 28 de enero de 1888 pudo ya respirar con amplia satisfacción cuando se expidió una resolución suprema aprobando la mensura por 10 pertenencias en forma definitiva y ordenando la inscripción de ellas en el Padrón de Minas.
Cinco días más tarde, es decir el 3 de febrero de 1888 Helguero vendía a Herber Wilkin Tweddle, de Inglaterra, todos sus derechos sobre la hacienda y la mina de “La Brea y Pariñas” por 18 000 libras esterlinas.
La venta fue aprobada por el Supremo Gobierno.
Para que se tenga una idea de cuanto era el equivalente en moneda nacional, diremos que el senador por Cajamarca Aurelio Souza en 1917 en los debates que se produjeron sobre el asunto de la Brea y Pariñas, aseguraba que Helguero recibió un equivalente a 150 000 soles peruanos y fue uno de los pocos ricos del Perú de la post-guerra.
En 1885 el Presupuesto Nacional en Obras Públicas llegaba a 69 713 soles; en el ramo de Justicia era 110 292 soles, en Instrucción 7 748. En diciembre de 1885 el Gobierno que sucedió a Iglesias solicitó un préstamo de 94 000 soles por no tener un centavo en la caja fiscal.
Tweddle no tuvo problemas con Fowks, ni con los señores Mulloy y Thorndike pues todos se allanaron a abandonar las pertenencias que habían estado explotando en La Brea.
Como se recordará, Fowks hasta actuó como perito en la mensura. Indudablemente, que Helguero y sobre todo Tweddle, los gratificaron generosamente.
Fowks abandona las pertenencias
Tan pronto como Tweddle adquirió la propiedad de La Brea y Pariñas solicitó al Gobierno se borrase del Padrón de Minas las inscripciones a favor de Fowks y los otros. De inmediato fue atendido el pedido y se expidió la siguiente resolución:
Lima 15 de mayo de 1888.
Visto el expediente remitido por el Juez de Primera Instancia de Paita encargado de la diputación de minería, e iniciado por don Eduardo Fowks como apoderado del señor Hebert Wilkin Colquhoun Tweddle, sucesor de don Genaro Helguero en la propiedad y dominio de las minas de petróleo del fundo “La Brea” o Amotape del referido asiento, y por el que solicita que estando comprendidas las minas que en asiento aparecen como denunciables, en el reconocimiento hecho a favor del antecesor del referido Tweddle, se disponga su supresión en el próximo, dejando sólo las empadronadas a nombre de los señores Mulloy, Thorndike y atendiendo a que el pedido de Tweddle es una consecuencia de la suprema resolución de 22 de diciembre del año próximo pasado, y que de oficio debe ejecutarse esa supresión por la sección del ramo, al reformar el padrón que próximamente se publique; de acuerdo con lo informado por la misma SE DECLARA, que han dejado de ser denunciables las minas de petróleo que en esa condición se registran en el padrón vigente en el asiento de Paita, debiendo en consecuencia ser suprimidas en el próximo que se publique.- Regístrese. Aspíllaga.
Este documento prueba de modo fehaciente, no precisamente que el ingeniero Fowks fuera empleado de la casa comercial Helguero, sino que estaba vinculado y al servicio tanto de Helguero como de Tweddle, por intereses económicos, pues hasta llegó a convertirse en apoderado del capitalista inglés.
Con posterioridad nos ocuparemos de la forma como se constituyó la London Pacific Petroleum Company, de la aparición de William Keswick, de la aparición de la International Petroleum y Cº, del famoso laudo y del llamado Problema de la Brea y Pariñas, que durante tanto tiempo embargaron la atención de la nación entera.
Cortan a la Beneficencia el pago de réditos por Máncora
En el mes de julio de 1885 el prefecto de Piura, Federico Moreno, recibió una queja de la Beneficencia Pública de Piura, en la que manifiesta habérsele cortado el pago de réditos por la hacienda Máncora.
El 24 del mismo mes, el prefecto se dirige a la Caja Fiscal de Piura con la siguiente breve comunicación:
“Sírvase Ud. manifestar la cantidad que la Caja Fiscal abonaba a la Sociedad de Beneficencia mensualmente y la época en que dejó de hacerse ese abono”
El Informe de la Caja Fiscal dado de inmediato es el que sigue:
“Las cantidades que se abonaron a la Beneficencia en el año próximo pasado, fueron las siguientes:
Subsidio por tomín.............................. S/ 91,50 +
Por réditos de Máncora 146,10
Por capellán (capellanía) 16,00
Capellanía Monte de los Padres 4,18
Que hacen la suma de 257,78
“Pero por disposición del señor Ministro de Hacienda, comunicada a esta Caja Fiscal en Oficio de 16 de julio del mismo año, se declaró que no era de abono por esta oficina a dicha sociedad la suma mencionada de doscientos cincuentaisiete soles setenta y ocho centavos mensuales”.
Fue esa disposición un abuso sin nombre del Gobierno de Iglesias, por cuanto no se trataba de un subsidio dado en forma graciosa, sino de una obligación que había contraído el Estado al tomar las haciendas de la Beneficencia, venderlas, tomar para sí el dinero y ofrecer a manera de compensación al Hospital de Belén un rédito perpetuo anual que se pagaba en armadas mensuales.
Por el informe de la Caja Fiscal, se pudo apreciar que también en la hacienda Monte de los Padres tuvo participación económica el Hospital de Belén, pero de todo fue despojado inicuamente.
El prefecto reclamó el 13 de agosto al Ministerio de Hacienda por intermedio de su Oficial Mayor. Este expediente siguió su trámite en Lima, se le adjuntaron diversos informes pero no se tradujo en respuesta a la prefectura de Piura.
Por tal motivo el 6 de octubre el prefecto Moreno, reitera al Ministerio de Hacienda el oficio del 13 de agosto, y además envía un petitorio similar al Ministerio de Justicia. Hacía conocer que el hospital de Piura estaba a punto de cerrar sus puertas por falta de rentas de la Beneficencia Pública, al habérsele cortado el pago de intereses correspondientes a los bienes propios que pertenecían al hospital y el Gobierno tomó. Hizo conocer que el hospital para subsistir tenía que recurrir a la caridad pública, diciendo: “Es evidente que si con regularidad se pagase los réditos que se le reconocen, no tendría que lamentarse la condición tristísima a que ha quedado reducida”.
El 16 de diciembre de 1885 el problema no se había arreglado. El presidente de la Beneficencia Juan Monasterio, envió un oficio al prefecto haciéndole conocer que por el momento los únicos ingresos de la Beneficencia provenían del cementerio San Teodoro, y que inquilinos de tiendas de propiedad de la Beneficencia (seguramente ubicadas en la plaza de armas, que en 2008 era Hotel Los Portales) se resistían temerariamente a pagar con puntualidad las mesadas vencidas. Plantean como única solución la de “cerrar el único asilo de caridad que se brindaba a los pobres”.
Don Federico Moreno, que aún era prefecto, y miembro nato del directorio de la Beneficencia, volvió a enviar una urgente comunicación el 17 de diciembre al Ministerio de Justicia, que reiteró el 24 del mismo mes. En febrero de 1886, el proveído final, terminaba así: “...y no permitiendo el estado de los fondos fiscales atender a estos pagos, resérvese este expediente del que se dará cuenta al Congreso en primera oportunidad”.
Al iniciarse el año 1886, Moreno salió de la prefectura y en su lugar nombraron a Augusto Vegas.

References: Resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 artículo 10
 Resolución 
 resolución 
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