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Timestamp: 2019-03-23 14:22:11+00:00

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BOC - 2013/99. Viernes 24 de Mayo de 2013 - 2653
2653 - DECRETO 51/2013, de 16 de mayo, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico, a favor de San Miguel de Abona, situado en el término municipal del mismo nombre, isla de Tenerife.
Visto el expediente instruido por el Cabildo Insular de Tenerife para la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico, a favor de San Miguel de Abona, situado en el término municipal del mismo nombre y teniendo en cuenta los siguientes
I. Mediante Resolución del Coordinador del Área de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos del Cabildo Insular de Tenerife, de 5 de febrero de 2010, se incoa expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico a favor de San Miguel de Abona, situado en el término municipal del mismo nombre, sometiendo el mismo a información pública por el plazo legalmente establecido.
II. Mediante Resolución del Coordinador del Área de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos del Cabildo Insular de Tenerife, de 19 de julio de 2010, se concede trámite de audiencia a los interesados, por el plazo de 15 días, constando la presentación de alegaciones por interesados en el mismo las cuales fueron desestimadas.
III. Solicitado el preceptivo dictamen a la Universidad de La Laguna y al Organismo Autónomo de Museos y Centros, consta el informe favorable emitido por este organismo.
IV. Por Resolución del Coordinador de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos del Cabildo Insular de Tenerife, de 14 de marzo de 2011, se resuelve elevar este expediente al Gobierno de Canarias para la resolución del procedimiento.
V. En sesión celebrada el 16 de abril de 2012, el Consejo del Patrimonio Histórico de Canarias emite informe favorable para la declaración como Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico a favor de San Miguel de Abona, situado en el término municipal del mismo nombre, isla de Tenerife.
VI. Consta el informe favorable emitido por la Comisión Mixta Comunidad Autónoma de Canarias-Iglesia Católica en sesión de fecha 11 de abril de 2011.
I. La tramitación del expediente se ha llevado a efecto según lo determinado en la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias.
II. El artículo 18.1.b) de la citada Ley 4/1999, de 15 de marzo, define la categoría de Conjunto Histórico como "agrupación de bienes inmuebles que forman una unidad de asentamiento de carácter urbano o rural, continua o dispersa, o núcleo individualizado de inmuebles condicionados por una estructura física representativa de la evolución de una comunidad humana por ser testimonio de su cultura o constituir un valor de uso y disfrute para la colectividad".
III. El artículo 22.1 de la reiterada Ley establece que la declaración de Bien de Interés Cultural se realizará mediante Decreto del Gobierno de Canarias, a propuesta de la Administración actuante y previo informe favorable del Consejo Canario del Patrimonio Histórico, trámites todos ellos, que se han cumplido y que constan en el expediente administrativo.
En su virtud, a propuesta de la Consejera de Cultura, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda, visto el informe del Consejo del Patrimonio Histórico de Canarias, y tras la deliberación del Gobierno en su reunión del día 16 de mayo de 2013,
Declarar Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico, a favor de San Miguel de Abona, situado en el término municipal del mismo nombre, isla de Tenerife, según la descripción y ubicación recogida en plano que se contienen en los anexos I y II de este Decreto.
Dado en Santa Cruz de Tenerife, a 16 de mayo de 2013.
San Miguel de Abona responde al modelo característico de traza lineal a lo largo de la calle de la Iglesia en todo su recorrido. Este conjunto histórico se dispone a lo largo de esta vía, que se corresponde con el antiguo camino real que discurría por las medianías de la comarca de Abona y conectaba Granadilla y San Miguel con el Valle San Lorenzo.
Esta vía de comunicación histórica no solo poseía una importancia económica y social, por ser la principal vía de transporte de personas y comunicaciones entre los principales enclaves habitados del sur de la isla, sino que ostenta, además, un marcado carácter simbólico. Desde la portada principal de la iglesia parroquial parte el vía crucis que culmina en El Calvario, ya en el extremo del pueblo y frente a una gran hacienda rural como es la Casa del Capitán.
Desde el punto de vista arquitectónico, el conjunto está constituido por edificaciones de 1 y 2 plantas. Sus tipologías muestran, en gran parte los rasgos propios de la arquitectura doméstica tradicional, aunque modificadas por las corrientes estilísticas que se imponen a lo largo del siglo XIX y principios del XX, alternando casas terreras vinculadas a la población más humilde, con otras de alto y bajo de mayor empaque, que han pertenecido históricamente a agricultores acomodados, cuando no a familias terratenientes de este ámbito del sur de la isla.
Se trata, en general, de viviendas espaciosas, organizadas en torno a un patio central, con habitaciones comunicadas mediante corredores. Las variaciones ofrecen una distribución simétrica de huecos en fachada, con predominio de ventanas de guillotina, ausencia de balcones y alternancia de cubiertas de teja o de azotea -como resulta característico de las edificaciones del sur de la isla-. Es frecuente la cubierta plana en las crujías principales y el remate de la fachada mediante un parapeto de mampostería. Estas muestran la sobriedad propia de un ámbito tradicionalmente alejado de los grandes centros urbanos en los que cuajaron las influencias exteriores.
Un segundo tipo de vivienda corresponde a la casa de una planta o terrera, asociada a una población más humilde, que representa el porcentaje mayoritario de la edificación del conjunto, incorporando las variaciones propias de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX en cuanto a la composición de fachadas -simetría y ventanas alargadas de doble batiente- y sus elementos decorativos -molduras, cornisas, etc.-.
El Conjunto Histórico se aglutina en su extremo este alrededor de la iglesia de San Miguel, cuyos orígenes se remontan a 1665, año en el que figura como ermita.
Su edificación fue promovida por la familia García del Castillo, gran propietaria de la zona. Pronto fue insuficiente para atender a la creciente población de San Miguel, impulsándose su ampliación, que fue acelerada tras su conversión en iglesia parroquial a partir de 1796. En la primera mitad del siglo XIX se culmina la construcción de la nave, junto a las dos sacristías y la torre. En 1953 se añadió una nueva torre -un tanto desproporcionada respecto a las dimensiones del templo- y se reforma el frontis tradicional, sustituyéndolo por otro de menor calidad formal.
En el perímetro de la plaza de la Iglesia se localizan una serie de edificaciones tradicionales, entre las que destaca la Biblioteca Municipal y la casa natal de Juan Bethencourt Alfonso, de dos alturas y balcón lígneo hacia el patio trasero, en el que se ubican las dependencias anejas. Sobresalen las carpinterías de sus huecos en la fachada principal.
Bajando por la calle de la Iglesia nos encontramos diversos inmuebles de una y dos plantas, con cronologías de los siglos XVIII al XX, que constituyen ejemplos muy significativos de la arquitectura tradicional, así como del clasicismo que se generaliza en la isla desde mediados del siglo XIX y que en los ámbitos rurales adopta la forma más simplista, no exenta de calidad constructiva y estética. En el lado norte de la Iglesia se localizan los antiguos chorros que abastecían al pueblo hasta bien entrado el siglo XX. En este sector se aprecia un conjunto de edificaciones tradicionales similares a las descritas alineadas a lo largo de la calle Deseada; una circunstancia que también concurre en la calle Garañaña y en la calle Guzmán y Cáceres. En la primera de ellas encontramos varios inmuebles tradicionales con tipologías muy características del sur, fabricados con sillares de toba, cubiertas de tejas o plana, con gárgolas en la fachada.
Dos inmuebles de gran calidad son los pertenecientes a la familia Alfonso y Calzadilla, respectivamente. El primero de ellos es una gran casona, con aspectos propios de la arquitectura rural pero fachada urbana, a modo de gran hacienda incrustada en un núcleo urbano; mientras que la Casa de los Calzadilla sobresale por su gran volumen, cubierta plana y disposición simétrica de huecos en fachada. Más adelante, ha de citarse la carpintería, aún en funcionamiento, de gran tradición en el pueblo; y la Casa de Julia Galván Bello, de dos alturas y configuración tradicional.
A partir de este punto, pasan a predominar las casas terreras en ambos lados de la calle, generándose una estampa muy homogénea y de gran calidad visual, que rememora el aspecto de los núcleos tradicionales del sur hasta la década de los 50 del pasado siglo. Estas edificaciones no solo se destinaron a viviendas, sino que llegaron a acoger hasta 12 tiendas tradicionales, de las que aún pervive la Tienda de D. Pepe o el Arca de Noé, llamada así por la variedad de sus géneros.
Hacia el norte, un estrecho callejón conduce al primer generador que aportó suministro eléctrico al pueblo desde 1922, así como al molino de gofio, aún en funcionamiento.
Entre los inmuebles del tramo final de la calle, ha de destacarse la Casa del Capitán del siglo XVIII, con amplio balcón lígneo exterior y acceso mediante escalera en fachada. La cubierta es a cuatro aguas, prolongándose el faldón sobre la balconada. El granero ocupa la planta alta, accediéndose por aquella. En la actualidad ha sido acertadamente rehabilitado como museo local.
Frente a ella, el Calvario en lenguaje clasicista de la segunda mitad del siglo XIX pone fin al vía crucis que recorre la calle de la Iglesia.
Los orígenes del núcleo de San Miguel son inciertos, pues solo se tiene constancia de la construcción por los vecinos del lugar de la primitiva ermita -luego convertida en iglesia parroquial- a mediados del siglo XVII, quizás en 1655.
La parroquia de San Miguel se segrega de la de Vilaflor en 1797, contando en 1865 con una plaza y 16 calles, siendo las más edificadas las de la Cruz y Portillo, con 30 y 20 viviendas, para un total de 150. En 1888 se habían ampliado a 256 edificios y un total de 1.171 habitantes.
En esta eclosión de San Miguel jugará un papel importante la creciente burguesía agraria asentada en este pueblo, destacando las familias de los Feo, los Bello Marrero, los Calzadilla y los Alfonso, algunos de cuyos miembros ocuparon el cargo de alcalde real de Vilaflor. Su poder económico procedía de las fortunas amasadas en América y su inversión en la compra de tierras en su localidad natal, así como en la apropiación y gestión de las tierras del mayorazgo de Chasna y del señorío de Adeje, cuyos titulares absentistas y residentes en Santa Cruz o en la Península apenas se interesaban por sus dominios en el sur de la isla.
La creciente prosperidad económica y demográfica de San Miguel, así como la lejanía respecto a su parroquia, incrementó el deseo de emancipación de Vilaflor. El proceso culminó con la creación de la parroquia en 1798 y la segregación administrativa como municipio el mismo año.
La consolidación de San Miguel como núcleo urbano se produce en el tránsito del siglo XIX al XX. Hasta entonces no había sido más que un conjunto de edificaciones más o menos agrupadas, pero con escasa entidad urbana. A partir de esta fecha tiene lugar un proceso de colmatación edificatoria que se completó en la casi totalidad de la calle de la Iglesia, salvo algunos espacios cultivados integrados en grandes casonas, con tapia hacia la calle principal. Sin embargo, hacia la parte trasera de esta vía urbana, así como hacia el este de la iglesia, se mantuvieron las huertas y bancales -conservados hasta hoy-, que han permitido que el conjunto no haya perdido ese carácter rural tan definitorio.
La delimitación se ajusta a las características patrimoniales del núcleo urbano, así como al parcelario. Responde a la siguiente descripción: el punto de inicio se localiza en la calle Alfonso Mejías y engloba la totalidad de las parcelas catastrales del nº 3 y 5 de la citada vía. Asimismo, acoge la totalidad de las dos parcelas catastrales correspondientes al nº 1 de la misma calle (1192315CS4019S y 1192316CS4019S). El límite prosigue en dirección oeste, englobando todas las parcelas de la calle de la Iglesia en su lado norte (con referencia catastral 1192317CS4019S, 1192324CS4019S, 1192318CS4019S, 1192319CS4019S, 1192320CS4019S, 1192321CS4019S, 1192322CS4019S), así como la parcela con referencia 192323CS4019S, hasta intersectar con la calle Guzmán y Cáceres.
La delimitación prosigue englobando las edificaciones preexistentes (y no la totalidad de las parcelas catastrales) de los nº 3 al 13 situadas en la margen oeste de la citada vía, así como la totalidad de la parcela catastral correspondiente al nº 1 (referencia 1091508CS4019S), prosigue el límite en dirección oeste, abarcando los inmuebles de la calle de la Iglesia nº 16 al 20, ascendiendo por la Carretera General de Los Abrigos y englobando la totalidad de las parcelas catastrales de los nº 8 al 14 de esta última, así como las parcelas catastrales de los nº 22 al 48 de la calle de la Iglesia. También se incluyen las parcelas catastrales de los nº 4 al 26 de la calle Los Morales, y las parcelas con referencia 0991501CS4009S (solo parcialmente pues incluye únicamente las edificaciones existentes), 0991526CS4009S y la 0991530CS4009S.
La delimitación continúa englobando la totalidad de la parcela catastral del nº 7 de la calle Los Morales, prosiguiendo el límite en dirección oeste por una línea imaginaria paralela en 50 m a la margen norte de la calle de la Iglesia en el tramo entre las calles Los Morales y Calvario, abarcando el inmueble conocido como Casa del Capitán, así como el Calvario, situado en la margen sur de la calle de la Iglesia. El límite prosigue por una línea imaginaria paralela en 40 m a la margen sur de la calle de la Iglesia, englobando el nº 2 de la calle José Hernández Alfonso, para proseguir por una línea imaginaria paralela en 20 m al eje de la calle Corta hasta intersectar con el eje de la calle Estanco. Engloba los inmuebles nº 1 y 3 de la referida vía, así como la totalidad de las parcelas catastrales de los nº 17 al 29 de la calle de la Iglesia, además de una parte de la parcela con referencia catastral 0990911CS4019S.
Continúa el límite en dirección este, incluyendo las parcelas correspondientes a los nº 13 y 15 de la calle de la Iglesia hasta intersectar con la Carretera General de Los Abrigos, incorporando parte de la parcela de este nº 15, así como las fincas rústicas nº 0165 al 0168 (esta última, parcialmente) del Polígono 007. Prosigue el limite en dirección este para englobar la totalidad de las parcelas correspondientes a los nº 1 al 11 de la calle de la Iglesia, así como la que posee referencia catastral 1191606CS4019S y las correspondientes a los nº 2 al 10 de la calle Garañaña. El límite prosigue en dirección este por la calle Evelio Delgado Gómez hasta intersectar con el eje de la calle Juan Pulido por el que avanza hacia el norte hasta alcanzar su esguince hacia el oeste. Desde este punto avanza en línea recta hasta el inmueble nº 4 de la calle Deseada. La delimitación se completa con los nº 1 y 3 de esta última vía.
Los valores patrimoniales que justifican la declaración de San Miguel de Abona como Conjunto Histórico se fundamentan en que constituye el núcleo urbano tradicional mejor conservado, desde la perspectiva arquitectónica y de sus valores ambientales de carácter rural, de todo el sur de la isla de Tenerife. El hecho de que la carretera general del sur, configurada desde mediados del pasado siglo, optara por un trazado situado más al norte y sin atravesar el casco primigenio, permitió que el antiguo camino real a Valle San Lorenzo se conservara íntegramente, junto con los inmuebles que se levantaron en sus márgenes desde el siglo XIX e, incluso, desde el XVIII. Se configuró así un núcleo urbano marcadamente lineal, en el que las edificaciones delimitaban esta vía principal, mientras que hacia su parte posterior se extendían las huertas, bancales y terreno de cultivo, algunos aún en producción.
La delimitación se justifica por englobar la práctica totalidad del núcleo urbano de carácter histórico y tradicional, cuyas edificaciones fueron construidas entre el siglo XVIII y la primera mitad del XX, con una tipología muy característica de las medianías del sur de la isla y un aceptable estado de conservación, a pesar de las intrusiones experimentadas en décadas recientes. Entre los justificantes concretos se señalan los siguientes:
1. Dichos límites acogen un conjunto de inmuebles de gran valor histórico, etnográfico y arquitectónico, que configuran el núcleo original de San Miguel de Abona. La antigüedad de algunos edificios y, en general, del asentamiento, se remonta al siglo XVIII, pudiéndose apreciar los rasgos esenciales de las formas de vida rural y campesina, con atisbos de un incipiente desarrollo urbano, que cobra fuerza en el tránsito del siglo XIX al XX y, en especial, de grupos acomodados y de cierta capacidad económica en la comarca.
El ámbito del Conjunto Histórico se ha acotado al eje constituido por el antiguo camino real -hoy calle La Iglesia- hasta alcanzar el Calvario y la Casa del Capitán, en las afueras del casco urbano, así como los primeros tramos de las calles y vías transversales a esta. De esta manera, se engloba la totalidad del núcleo antiguo de San Miguel, con todas sus edificaciones históricas y tradicionales -salvo alguna excepción bastante alejada-, además de incorporar huertas y terrenos de cultivos vinculados a las viviendas, que contribuyen a darle soporte ambiental y paisajístico al conjunto, a la vez que remarcan el carácter rural que le ha definido históricamente.
2. Por tratarse de un conjunto de inmuebles de notable fragilidad y muy sensibles a las afecciones urbanísticas (en forma de nuevas construcciones) que sufren en la actualidad los conjuntos históricos tradicionales de carácter rural, así como a las modificaciones -entendidas como "restauraciones"- que experimentan algunos de los inmuebles; o, incluso, por su estado de abandono, resulta esencial preservar el ámbito urbano y su entorno inmediato en la delimitación, no sólo para lograr una percepción visual más idónea desde el punto de vista del equilibrio armónico entre valores paisajísticos, ambientales, volumétricos, tipológicos y urbanísticos; sino para evitar actuaciones que se vienen desarrollando en el conjunto y que alteran gravemente su fisonomía.

References: Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 resolución 
 artículo 18
 artículo 22