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Timestamp: 2017-07-24 18:30:18+00:00

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LENIN : el choque de 1905
Teoria Marxista Leninista LENIN - LA LUCHA POR EL PARTIDO - PARTE II Imprimir
EL CHOQUE DE 1905
Eran los primeros días de julio. Hacía calor y la gente de Ginebra pensaba en su viaje de vacaciones, lo cual no impedía a Lenin, que ya era miembro del Comité central, representante de éste en el extranjero y director del periódico oficial del partido, continuar con más vigor que nunca su lucha contra los mencheviques "desorganizadores y enterradores de la unidad socialdemócrata". Y de pronto resuena como un trueno la formidable noticia del motín del acorazado Potemkin. Aflora Lenin está convencido : la revolución ha estallado efectivamente; ya no se trata de una multitud desarmada de obreros pacíficos, sino de una fuerza militar disciplinada, provista de cañones y de municiones, que se alza contra el zarismo. Hay que apresurarse, por tanto, a tomar la dirección de la revuelta, a ampliarla, a darle todo su sentido revolucionario. El acorazado rebelde ha ido a situarse ante Odesa. Allí se va a producir, pues, el primer choque. Pero no se fía de los comitards de esa ciudad. Decide enviar un emisario provisto de plenos poderes por el Comité central. En este caso el Comité central es él. Su elección recae en un militante que acaba de llegar de Rusia, Vasiliev-Yujin. En los Recuerdos de éste podemos leer : "He sido informado de que Lenin me buscaba para hablarme de un asunto urgente y muy importante. Cuando me disponía a ir a su casa lo vi llegar a la mía. La entrevista fue breve : —Camarada Yujin : el Comité central ha decidido que salga usted mañana para Odesa.
— De acuerdo. Hoy mismo, si hace falta. ¿Objetivo?
— Muy importante. Es de temer que los camaradas de Odesa no sepan explotar útilmente la revuelta del acorazado Potemkin. Debe usted conseguir que los marineros desembarquen y ocupen la ciudad. Trate de introducirse a toda costa en el acorazado y convénzalos de actuar enérgicamente. Si es necesario, no vacile en mandar bombardear los edificios públicos. Hay que apoderarse de la ciudad. Después; sin perder un instante, armar a los obreros y comenzar la más activa propaganda entre los campesinos. Propóngales apoderarse de las tierras de los grandes propietarios y de unirse a los obreros para sostener la lucha en común. Atribuyo una importancia enorme a su unión con los obreros en la batalla que acaba de empezar.
Lenin parecía muy emocionado y sumamente excitado. Nunca le había visto así. Me sorprendió particularmente lo que dijo luego : —A continuación, haga todo lo posible por arrastrar al resto de la flota a seguir el ejemplo del Potemkin. Estoy convencido de que la mayoría de las unidades lo harán. Luego envíe un torpedero a buscarme. Estaré en Rumania.
—¿Cree usted seriamente que todo eso es posible? —exclamé sin poderme contener.
—Perfectamente posible —me contestó en tono firme y categórico".
Yujin se puso en camino. Al llegar no encontró ya en la rada de Odesa al acorazado. Ya se sabe cómo terminó esa acción. Lenin no tuvo necesidad de tomar el tren para Bucarest. Pero no se desanimó en modo alguno. Simplemente se dijo : viaje aplazado. Y tenía razón. La monarquía de los Romanov crujía por todas partes. Arrastrada a una guerra infortunada con el Japón, iba hacia la catástrofe. La caída de Puerto Arturo, en enero de 1905, anunciaba ya que la guerra estaba perdida. El desastre de Zusima, en mayo siguiente, donde pereció casi toda la flota rusa, no hizo más que acelerar el desenlace. Una ola de descontento recorrió todo el país. El 19 de junio, Nicolás II, al recibir a los diputados de los municipios del Imperio, había confirmado solamente su promesa de convocar a los representantes de la nación. Eso no impidió que el movimiento se extendiera. En Lodz y en Varsovia los obreros se declaran en huelga y levantan barricadas. En la provincia de Jarkov los campesinos devastan los dominios de la nobleza. En octubre, la huelga es general. Comienza el 7 con el paro de los ferroviarios en la línea Moscú-Kazán. El 8 para todo el sistema de Moscú. El 10, los del Oeste y del Mediodía. Cesa el trabajo en las fábricas. En San Petersburgo, los socialdemócratas sugieren y realizan la creación de un "Comité obrero" que toma la dirección de la huelga. Ese Comité cede casi inmediatamente el lugar a un "Consejo de los delegados obreros" que celebra su primera sesión el día 13. Ha nacido un nuevo poder : los Soviets. El 16 la huelga es general en todo el país. Al día siguiente aparece un manifiesto del zar que concede a sus súbditos un régimen constitucional y garantiza sus libertades políticas, entre otras la de prensa. Los revolucionarios podrán escribir ya libremente en periódicos que se venderán a la luz del día. Todavía antes de los acontecimientos de octubre, Krassin, que al mismo tiempo que asumía en la clandestinidad las funciones de miembro del Comité central del partido socialdemócrata ocupaba en "la legalidad" un puesto importante en la dirección de la gran manufacturera de textiles de Orechovo-Zuevo, había concebido el proyecto de crear en Rusia un periódico que se publicara legalmente y en el cual colaborarían escritores sin partido, políticamente inofensivos ante los ojos del Gobierno, lo que permitiría colar, tras esa fachada neutral, los artículos de los periodistas socialdemócratas, sobre todo los de Lenin. Habló de ello a Gorki, a quien le pareció buena la idea, pero como él era ya muy sospechoso convinieron que, oficialmente, el periódico simularía ser editado por su mujer, la célebre actriz Andreeva, una de las glorias del Teatro de Arte de Moscú. Un poeta decadente, un novelista de moda y una escritora muy elegante prometieron su colaboración. Por lo tanto, la "fachada" estaba lista. Faltaba encontrar el dinero. El patrón de Krassin, el industrial Morozov, "el hombre más rico de Rusia", proveyó los fondos. Las huelgas habían impedido que el periódico se publicara antes del 17 de octubre. El primer número salió el 27, cuando ya no necesitaba "fachada" alguna. A partir de ese momento se planteó a Lenin la siguiente cuestión : ¿podría seguir en Ginebra y comentar desde lejos y siempre, inevitablemente, con retraso, los acontecimientos que se sucedían en Rusia a un ritmo precipitado? Numerosos mencheviques, entre ellos Martov y Dan, se habían apresurado a regresar a su país. Ya estaban publicando sus periódicos y amenazaban con quitar al suyo la influencia que apenas empezaba a reconquistar como órgano del partido. Por otra parte, el centro de la lucha política se había trasladado evidentemente a Rusia. Se marchaba a pasos rápidos, según Lenin, y a pesar de los paliativos del manifiesto del 17 de octubre, hacia una insurrección armada, destinada a derribar completamente al zarismo. El partido socialdemócrata había proclamado en múltiples ocasiones que asumiría la dirección de esa insurrección. Tenía que asegurarse, por tanto, el dominio en el Consejo de los delegados obreros que se había convertido en una especie de Parlamento ilegal y que tenía en sus manos los hilos conductores del movimiento. El abogado Chrustalev-Nosar, que había sido elegido presidente, no ejercía más que una autoridad puramente nominal. Trotski, que había regresado a Rusia en los primeros días del "nuevo régimen", se había convertido inmediatamente en el verdadero jefe del Consejo y dirigía sus deliberaciones, fogoso y autoritario, según su costumbre. Todo esto hacía comprender a Lenin que su presencia era necesaria allá. Apresuró, por tanto, los preparativos para partir. Pero quería dar a su llegada a Rusia una significación particular. Le propuso a Plejanov partir juntos. Su aparición simultánea hubiera tenido el valor de un símbolo : el de la unidad, nuevamente restablecida, del partido socialdemócrata. El "padre de la socialdemocracia rusa" se negó a salir de Ginebra. Seguía siendo escéptico en cuanto al resultado de los acontecimientos, no consideraba mortales los golpes recibidos por el zarismo y dudaba de la eficacia de los que se le iban a dar. Y Lenin partió solo. Lenin tenía que pasar la frontera con un pasaporte falso. El agente del partido que debía llevárselo a Estocolmo llegó con dos semanas de retraso y Lenin apareció en Petersburgo el 8 de noviembre (viejo calendario ruso). Desde el primer día se dio cuenta de que, en efecto, los periódicos socialistas se exhibían libremente en los quioscos y los oradores del partido peroraban todo el día en reuniones públicas que se celebraban por todas partes, pero también de que la policía zarista no había abdicado en modo alguno sus poderes y que se mostraba tan activa como en el pasado. Los militantes estaban estrechamente vigilados, sus desplazamientos eran observados y anotados en previsión de la primera oportunidad que se presentara de echarles mano. Los sabuesos, los espías y los provocadores estaban en plena actividad. Y sus jefes, abrumados de trabajo. Todo ese mundo vivía con la firme convicción de que esta "algazara" no duraría mucho y de que pronto se pondría a buen recaudo a "toda esta canalla". Lenin llegó a la conclusión de que había que mostrarse muy prudente. Empezó por ponerse irreconocible, afeitándose la barba y el bigote y colocándose unas gruesas gafas azules. Cambiaba muy frecuentemente de alojamiento y se pasaba casi todo el día encerrado en su habitación. Krupskaia, que lo siguió a Rusia con unos días de intervalo, se alojaba generalmente en otro sitio. Iba a verlo a sus escondites y le llevaba las noticias del día. Por la noche, Lenin se trasladaba a la imprenta de la Novaia Jisn (Vida Nueva). Así se llamaba el periódico fundado por Gorki y Krassin y en el cual había comenzado ya a colaborar durante su estancia en Estocolmo. Esperaba los resultados de los debates de las sesiones del Soviet, que terminaban bastante tarde, y escribía en seguida su artículo. Luego, a través de la capital dormida, muchas veces al alba, después de haber corregido meticulosamente sus pruebas, volvía "a su casa". No aparecía en ninguna reunión pública. No asistió más que una sola vez a las sesiones del Soviet. También dio una conferencia, de carácter semiprivado, en la Sociedad de Ciencias Económicas y unas cuantas charlas en el Hotel de los estudiantes del Instituto Politécnico. Lo que más le ocupaba en aquel entonces era la reunión de un nuevo Congreso del partido. Según los estatutos adoptados en Londres, esas asambleas debían celebrarse una vez al año. Por tanto, el próximo Congreso no podía ser convocado hasta abril de 1906. Pero la situación que acababa de crearse no permitía una espera tan larga. Era muy urgente, estimaba Lenin, llegar a la reunificación del partido. Por otra parte, se había planteado un nuevo problema : ¿participaría el partido en las próximas elecciones a la Duma del Imperio? Evidentemente no había nada que esperar, según él, de esa parodia de Parlamento y no se podía pensar en enviar diputados, pero como las elecciones estaban anunciadas en tres fases, podrían ser utilizadas, en sus dos primeras partes, para las necesidades de la propaganda, retirando después a los candidatos socialdemócratas. Quería también, para apresurar la reconciliación, que los bolcheviques y los mencheviques, después de haberse reunido separadamente, pero el mismo día y en el mismo sitio, y de haberse puesto de acuerdo sobre el orden del día, se fusionaran en el acto y formaran una sola asamblea en la que cada fracción tuviera un número igual de votos. Los mencheviques no aceptaron. Preferían la constitución previa de un Comité de organización en el que estarían representadas las dos fracciones y que se encargaría de convocar el Congreso. Tenían sus razones para ello, como se verá un poco más adelante. El caso es que, no pudiendo llegar a un acuerdo inmediato con los mencheviques, Lenin hizo lanzar por el Comité central, donde tenía asegurada la mayoría gracias a la presencia de Rumiantzev y del ex "conciliador" Postolovski, que le debía el haber sido admitido, un llamamiento a los miembros del partido invitándoles a enviar delegados a un Congreso que se iba a celebrar el 10 de diciembre. Las elecciones se harían sobre bases nuevas. Todas las organizaciones, y no sólo los comités, podrían estar representadas a razón de un delegado por cada 300 camaradas organizados. El Comité central se comprometía a que, tan pronto como se abriera el Congreso, propondría a los delegados de los comités con voz deliberativa que concedieran ese mismo derecho a los representantes de las organizaciones que no dispongan más que de una voz consultiva. El Gobierno se repuso bastante rápidamente de su desfallecimiento y resolvió amordazar la revolución. El 26 de noviembre es detenido el presidente del Soviet de San Petersburgo. Lo reemplaza un directorio que dirige un llamamiento al pueblo exhortándolo a combatir al Gobierno y a no pagar más impuestos. Los ocho periódicos que lo publicaron fueron recogidos y prohibidos. La Novaia Jisn figuraba entre ellos. El mismo día, 3 de diciembre, todo el Comité ejecutivo del Soviet de la capital es detenido in corpore, incluido Trotski. Se improvisa, como se puede, otro Comité ejecutivo que se refugia en la clandestinidad y que lanza la orden de huelga general. ¿Pero dónde está Lenin? ¿Qué hace Lenin? Está totalmente absorto en la preparación de su Congreso. Para no exponerse a una redada de la policía se decide celebrar la reunión en Finlandia, en Tammerfors. El partido distó mucho de responder en masa a su llamamiento y el número de delegados que se presentaron a la Comisión revisora de credenciales resultó demasiado reducido para poderse constituir en Congreso. Se decidió, por tanto, celebrar una simple conferencia, bajo la presidencia de Lenin, naturalmente. Se tomó el acuerdo de convocar en el futuro inmediato un Congreso común que agrupara a bolcheviques y mencheviques, y se pasó a examinar la cuestión de las elecciones para la Duma. Cuando Lenin anunció, en su calidad de presidente, que se había depositado en la presidencia una moción recomendando la participación en la primera y segunda fase de las elecciones, se oyó una voz sonora que gritaba con fuerte acento georgiano : "¿Por qué elecciones? Nuestra táctica es el boicot. Es muy buena. ¿Por qué cambiarla?" Alguien dijo : "¡Participar en las elecciones, aunque sólo fuera en las dos primeras fases, sería un crimen contra la Revolución!" Lenin echó un vistazo a su alrededor. El georgiano estaba muy excitado. La asamblea parecía darle la razón. La moción discutida coincidía perfectamente con su punto de vista, pero comprendió que no tenía la menor posibilidad de ser aprobada, y dirigiéndose a los asistentes con un tono lleno de dulzura declaró : "Camaradas : debo confesar que soy cómplice de ese crimen. Pero vosotros, los militantes locales, debéis conocer mejor que yo el estado de ánimo de las masas en Rusia; yo he estado demasiado tiempo en la emigración; vosotros sois mejores jueces." La conferencia adoptó, en consecuencia, una resolución que recomendaba no participar de ningún modo en las elecciones, pero utilizar en toda la medida de lo posible las reuniones electorales para la propaganda de la insurrección armada. Después de la sesión, Lenin fue a dar un apretón de manos al fogoso georgiano. Así fue su primer encuentro con Stalin. Mientras en Tammerfors se discutía en una atmósfera de conciliación y de buen humor, en Moscú corría la sangre. El Comité de su organización socialdemócrata, que estaba en manos de los bolcheviques, había instado al Soviet de esa ciudad a declarar la huelga general, de acuerdo con la orden lanzada el 4 de diciembre por el Soviet de San Petersburgo, y a transformarla en el curso de la lucha en insurrección armada. La huelga comenzó el 7. Los dos primeros días transcurrieron en manifestaciones pacíficas y no dieron lugar a incidente alguno. El 9, un destacamento de dragones dispersó a sablazos una reunión de obreros. Entonces se empezaron a construir barricadas. Los Soviets de barrio se repartieron la dirección de las operaciones. Las tropas reaccionaron blandamente. Se tenía la impresión de que, en una buena parte, simpatizaban con los insurrectos, quienes, ante ello, cobraban cada vez mayor aplomo. El almirante Dubasov, comandante militar de Moscú, pidió entonces a San Petersburgo un regimiento seguro que le permitiera aplastar la insurrección. El Gobierno resolvió enviarle el de la Guardia imperial, sobre cuya lealtad se podía contar ciegamente.
Al saber que los obreros de Moscú se habían adueñado de varios barrios de la ciudad y que seguían oponiendo una resistencia enérgica a los soldados del zar, la conferencia de Tammerfors decidió clausurar lo más rápidamente sus trabajos a fin de que los delegados regresaran urgentemente a sus puestos y estuvieran listos para cualquier eventualidad. La noticia de los primeros triunfos de la insurrección había electrizado a todo el mundo. "Todos los camaradas mostraban un entusiasmo magnífico —escribe Krupskaia—, todos estaban listos para el combate. Entre sesión y sesión aprendíamos a disparar." Lenin regresó a San Petersburgo en el preciso momento en que debía comenzar el traslado del regimiento de la Guardia a Moscú. Como los ferroviarios de la línea Petersburgo-Moscú estaban en huelga, las autoridades tuvieron que recurrir al batallón especial de ingenieros. A partir de eso, la ciudad estaba tranquila. Después de haber sido eliminados en masa sus representantes, los obreros no manifestaban el menor deseo de tomar las armas para apoyar a sus camaradas de Moscú. Apenas bajado del tren, Lenin reunió, en las primeras horas de la noche, a algunos de sus colaboradores, en la redacción del Novaia Jisn, que estaba desierta desde su cierre. Asiste a la reunión, especialmente convocado, el "experto militar" del partido, Antonov-Ovseenko, que estuvo a punto de ser oficial después de salir del colegio. Lenin expone la situación : "Hay que impedir el envío de las tropas. Hay que ayudar a los combatientes de Moscú."
Alguien propone : "Hay que obstruir la vía, quitar los rieles." Lenin aprueba : "Está bien. Pero no es suficiente."
Una voz : "Echémonos a la calle, reunamos a todos los que tienen armas. Apoderémonos de un barrio. Atrincherémonos y atraigamos sobre nosotros a las tropas."
Lenin : "No. Esa es una táctica desesperada. Eso no impediría en modo alguno el envío de las tropas. No habremos tenido tiempo de atrincherarnos cuando ya nos habrán vencido. Pero ¿qué opina nuestro militar?" Y los ojos se fijan en Antonov. Su opinión es que no se puede contar con los marinos, que han sido privados de sus armas, ni con la Guardia, que no marchará contra el Gobierno, pero sí podrían entenderse con el batallón de ingenieros, que parece bien dispuesto para con los revolucionarios. Deciden, en consecuencia, entrar en relaciones con él, apoderarse con su ayuda del arsenal y entregar a los obreros las armas tomadas. Después ocuparán el barrio de Vyborg y establecerán el contacto con Finlandia, que no espera más que la señal para unirse a la revolución. Ese plan no pudo ser ejecutado porque el batallón de ingenieros se negó a unirse a los obreros. El tren para Moscú pudo partir llevando al regimiento de la Guardia. En los días 16, 17 y 18 la insurrección fue aplastada y ahogada en sangre. La hermana de Lenin, que vino a San Petersburgo, le contó que en la estación había oído que una obrera de Moscú decía con amargura a los de la capital : "Gracias, camaradas. ¡Qué bien nos habéis ayudado enviándonos el regimiento de la Guardia!" No contestó nada; únicamente su rostro se crispó dolorosamente. Lenin se daba cuenta de su falta : la de no haber sabido prever el curso de los acontecimientos y no haberse hallado a la altura de la situación que se había creado. Un poco más tarde, en su artículo Las lecciones de la insurrección de Moscú, lo reconoció con toda franqueza : "El proletariado había sentido antes que sus dirigentes la evolución de las condiciones de la lucha, que exigía pasar de la huelga a la insurrección... Nosotros, los jefes de la socialdemocracia obrera, nos parecíamos, en diciembre, a ese general que había dispuesto su ejército de una manera tan estúpida que la mayor parte de sus tropas no pudieron participar en el combate. Los obreros buscaban orientaciones para una acción de masas y no las encontraban." Plejanov, al enterarse en Ginebra del fracaso de los insurrectos de Moscú, se había limitado a declarar agriamente : "No valía la pena tomar las armas puesto que no se estaba preparado." Lenin estimaba, por el contrario, que sí había valido la pena, pero que había hecho falta mostrar más energía, más iniciativas y también más comprensión. Evidentemente, si durante esos días decisivos, Lenin, en lugar de preparar el trabajo de la conferencia de Tammerfors, hubiera dado la señal de alarma, con ayuda de sus colegas del Comité central, en las principales organizaciones obreras de la capital, incitándolas a obedecer la orden de huelga lanzada el 4, tal como lo había hecho el Comité de Moscú, la insurrección habría cobrado otra amplitud. Pues no sólo se combatía en Moscú en esa primera quincena de diciembre de 1905. El 8 se declara en rebelión Novorossisk, en las orillas del Mar Negro, y se proclama la república en Krasnoiarsk, en Siberia. El 12 estalla la insurrección en Jarkov, en Nikolaiev, en Nijni-Novgorod. El incendio se extendía a todas partes. Si las dos capitales hubieran resistido, se habría transformado en un inmenso brasero que habría devorado a la monarquía con todas sus instituciones, incluida la próxima Duma. Y entonces no hubiera sido necesario discutir qué actitud debía adoptar el partido socialdemócrata frente a ésta. Pero no se había perdido nada, estimaba Lenin. ¡Al contrario! "Los cañones de Dubasov —decía— han inculcado el espíritu revolucionario en nuevas masas del pueblo." Esperaba que los campesinos se levantarían en la primavera próxima y que ese levantamiento tendría profundas repercusiones en el ejército. Por otra parte, los soldados desmovilizados y los prisioneros repatriados debían llevar al campo un gran fermento revolucionario. Y nuevamente, tras el corto descanso de dos meses de invierno, se levantaría con mano firme el estandarte de la lucha, lucha final "hasta vencer o morir". En el primer número de un nuevo periódico bolchevique que se trató de camuflar presentándolo como órgano de la asociación de estudiantes de la Universidad de San Petersburgo, Lenin escribía bajo el título de El partido obrero y sus tareas del momento : "Miremos el presente bien de frente. Un nuevo trabajo nos espera : un trabajo de asimilación de la experiencia de las recientes formas de combate, un trabajo de preparación y de organización de las fuerzas en los principales centros del movimiento. Esas fuerzas existen. Crecen más rápidamente que nunca. Únicamente una parte mínima fue arrastrada en el alud de los acontecimientos de diciembre. El movimiento dista mucho de haber alcanzado toda su amplitud y toda su profundidad... Que las tareas que incumben al partido obrero se alcen claramente ante él. ¡Abajo las ilusiones constitucionales! Hay que conseguir fuerzas nuevas que sean atraídas hacia el proletariado. Hay que agrupar toda la experiencia de los dos grandes meses revolucionarios : noviembre y diciembre. Hay que adaptarse a la situación creada por el régimen zarista restablecido. Hay que saber, en todas partes donde sea necesario, refugiarse de nuevo en la clandestinidad. Hay que formular las tareas gigantescas que la próxima acción va a plantear ante nosotros, de una manera más concreta, con mayor precisión, más metódicamente y con más espíritu de continuidad en su preparación, y administrar lo más que se pueda las fuerzas del proletariado, agotado por las huelgas que ha tenido que sostener".
El conde Vitté, presidente del Consejo de ministros, tuvo conocimiento de ese artículo y transmitió el número al ministro del Interior, Durnovo, limitándose a hacerlo con "sus mejores saludos". Este comprendió muy bien lo que eso quería decir. El número fue recogido, el periódico prohibido y el departamento de la policía hizo saber al procurador general del Tribunal de Justicia de San Petersburgo que consideraba absolutamente necesario encarcelar al autor del artículo, culpable de haber hecho un llamamiento abierto a la insurrección armada. La caza no dio resultado. Lenin pudo trasladarse incluso a Moscú para entrevistarse con los dirigentes de la organización socialdemócrata de esa ciudad sobre el Congreso que había que reunir en Estocolmo en abril próximo. En efecto, bolcheviques y mencheviques habían acabado, a pesar de todo, por llegar a un acuerdo. Pero fue muy laborioso. Después de toda una serie de conversaciones iniciadas, interrumpidas, reanudadas, nuevamente interrumpidas, se celebró una entrevista el 22 de diciembre (acababa de pasar la "semana sangrienta" de Moscú) entre bolcheviques. Lenin y Martov estaban presentes. Se pusieron de acuerdo sobre las condiciones de fusión de las dos fracciones. Tras lo cual los dos jefes presentaron, cada uno, un informe sobre la táctica a seguir durante las elecciones... e inmediatamente volvieron a quedar en pleno desacuerdo. Había que empezar todo de nuevo. Y se empezó de nuevo. La iniciativa procedía esencialmente del lado de los bolcheviques. Martov y sus amigos no manifestaban mucha prisa en responder a su oferta. Temían ser "comidos" por sus adversarios. Querían ganar tiempo, ver cómo iban a marchar las cosas para los bolcheviques. El fracaso de la insurrección de Moscú no había contribuido a realzar su prestigio. La táctica staliniana del boicot absoluto de las elecciones, que había triunfado en Tammerfors, no hizo aumentar, tampoco, el número de sus partidarios. Los mencheviques se aprovecharon. Su influencia sobre las masas aumentó sensiblemente en provincias. Cuando aceptaron definitivamente reunirse con los bolcheviques en un Congreso de unidad, estaban seguros de tener la mayoría. El nuevo sistema de designar los delegados a razón de uno por cada 300 militantes, ideado por Lenin, se volvió en contra suya, tanto que de 111 delegados nombrados hubo 62 mencheviques y 49 bolcheviques. En consecuencia, los resultados del Congreso podían preverse : el partido saldría unificado, ciertamente, pero dominado por los mencheviques. Lenin tenía que darse cuenta forzosamente. Si a pesar de eso fue a Estocolmo es porque él también tenía sus razones. Ese Congreso, el cuarto, estaba llamado a cobrar una amplitud desacostumbrada. Plejanov y Axelrod habían prometido venir. Junto con los invitados y con los delegados que disponían de voz consultiva, el total de personas presentes llegaría a la cifra de 156. Nunca se había visto una cosa así. Desde un principio se vio que los mencheviques dominaban la situación. Para la Mesa del Congreso, que debía componerse de tres miembros, fueron elegidos dos mencheviques, Plejanov y Dan, y un bolchevique, Lenin. En la Comisión revisora de credenciales, de cinco miembros, figuran tres mencheviques y dos bolcheviques. Resultados : los poderes de los delegados bolcheviques son examinados con lupa. Un delegado letón escribe a un amigo : "Los mencheviques merman las fuerzas bolcheviques en todas partes donde pueden hacerlo". Krupskaia, que tiene mandato del grupo socialdemócrata de Kazán, no puede obtener más que un voto consultivo por faltarle cuatro o cinco votos necesarios para tener el número legal. El delegado de los estudiantes de la Universidad de San Petersburgo es rechazado pura y simplemente, a pesar de que representaba a 320 comitentes. Sucedió lo que tenía que suceder. Se proclamó oficialmente la fusión de las dos fracciones. La casi totalidad de las resoluciones adoptadas por el Congreso eran debidas a la iniciativa de los mencheviques. Consiguieron siete puestos en el Comité central, contra sólo tres de los bolcheviques. Aunque ya se había previsto en conferencias preliminares, los delegados bolcheviques se mostraron completamente abatidos al conocer los resultados del escrutinio. "Recuerdo —escribe Stalin— que todos nosotros, amontonados, mirábamos a Lenin pidiéndole consejo. Algunos exteriorizaban su hastío, su desaliento. Recuerdo que Lenin, como toda respuesta, murmuró aflojando apenas los dientes : "No lloriqueéis, camaradas. Venceremos porque somos nosotros los que tenemos razón." En su calidad de representante de los obreros de San Petersburgo en el Congreso, Lenin creyó necesario redactar para ellos un informe sobre los trabajos de éste. Según él, el Congreso ha tenido su lado malo y su lado bueno. En todo caso, se ha logrado un resulta positivo : los partidos nacionales, polacos, letones, bundistas, han aceptado sumarse al partido socialdemócrata ruso. En efecto, ése era un hecho capital que iba a modificar radicalmente la relación de las fuerzas en el interior del partido. Lenin no dejará de sacar de ello el mayor provecho. Pero por el momento le parecía todavía prematuro descubrir su juego. Asimismo, cabía felicitarse, decía, de la fusión entre bolcheviques y mencheviques. Ya no hay escisión. El proletariado no tiene más que un solo partido. Sólo falta realizar prácticamente esta unidad en el interior de las organizaciones. "Es necesario que se presenten homogéneas y unidas, pero en su interior la lucha ideológica puede continuar entre las diversas corrientes del pensamiento socialdemócrata." De ahora en adelante no habrá "fracciones", sino "alas" : el ala izquierda y el ala derecha. "Eso existe —explica Lenin— en todos los partidos socialdemócratas de Europa." En realidad, no ha cambiado nada, salvo los nombres. Si antes se combatía a los mencheviques, ahora se luchará contra el "ala derecha", que ha demostrado en el Congreso, según él, que no cree en la victoria de la revolución en curso, que más bien la teme, que sobrestima la misión de la burguesía liberal, que predica el apoyo del nuevo partido de los constitucionales-demócratas (los llamados "cadetes") y que no aprecia en su justo valor la importancia de la democracia revolucionaria (los socialistas-revolucionarios, los laboristas, la unión campesina, etc.). De ahí la tendencia a oponerse a que la Duma sea boicoteada. "Contra esa tendencia —dice Lenin— debemos sostener la lucha más enérgica, más implacable. Hay que emprender la más amplia discusión de las decisiones tomadas por el Congreso. Hay que exigir que todos los miembros del partido adopten una aptitud perfectamente consciente y crítica frente a esas decisiones. Hay que obtener que todas las organizaciones obreras, con pleno conocimiento de causa, se pronuncien sobre ellas, para aprobarlas o para desaprobarlas. Esa discusión debe llevarse a cabo en la prensa, en las reuniones públicas, en asambleas privadas de militantes, si queremos aplicar efectivamente los principios del centralismo democrático en el interior de nuestro partido." En los momentos en que terminaba el Congreso de Estocolmo, la Duma inauguraba sus sesiones. Esto permitió a los bolcheviques reanudar legalmente la publicación de su periódico. Reapareció el 26 de abril bajo el nombre de Volna (La Ola). Lenin regresó a San Petersburgo en los primeros días de mayo. El 5 apareció su primer artículo en el nuevo periódico. Se titula : La lucha por la libertad y la lucha por el poder. "El combate sostenido por el pueblo en octubre de 1905, escribe Lenin, sólo le permitió arrancar al gobierno "promesas de libertad" y nada más. Pero esos fracasos no han sido inútiles : han preparado al pueblo para una lucha más seria. El contraste entre la "promesa de libertad" y la ausencia de ésta, entre la potencia del gobierno que actúa y la importancia de los diputados que no hacen más que hablar, penetra cada vez más en el espíritu del pueblo, aproxima cada vez más el momento en que éste se lanzará al asalto para adueñarse plena y definitivamente del poder." Al día siguiente, 6, nuevo artículo : La ola sube. Hay que hacer todo el esfuerzo necesario para que en esta ocasión la acción revolucionaria esté mejor organizada que en octubre-diciembre. "Se impone al partido la tarea más importante, la más urgente, la más fundamental. Todos nuestros pensamientos, todos nuestros esfuerzos, todo nuestro trabajo de propaganda, de agitación y de organización, todo debe dedicarse a preparar mejor al proletariado y a los campesinos para una nueva lucha decisiva. Ya hemos visto con qué rapidez vertiginosa se han desarrollado los acontecimientos en octubre y en diciembre. Que todo el mundo se mantenga, pues, en su puesto." Por fin se decide, por primera vez desde su regreso a Rusia, a dirigirse directamente al pueblo, tomando la palabra en un mitin popular. Pero, naturalmente, no cometerá la imprudencia de aparecer con su nombre. Cuando llegue su turno, el presidente anunciará que "tiene la palabra el camarada Karpov". Krupskaia, que estaba junto a la tribuna, anotó en sus Recuerdos : "Era (Lenin) presa de una fuerte emoción. Una vez que subió a la tribuna guardó silencio durante cerca de un minuto. Estaba terriblemente pálido; toda la sangre le afluía al corazón." Acostumbrado a reuniones cerradas, congresos, conferencias, sesiones de grupos o de comités, no se sentía a gusto en presencia de esta multitud inmensa, anónima, que había acogido con un silencio glacial el anuncio de un nombre que no le decía nada. La figura de Lenin no era familiar a las masas en aquella época; además, hasta sus amigos tenían dificultades para reconocerlo bajo el aspecto que se había dado. Unos cuantos miembros del partido, que estaban en el secreto, hicieron circular su nombre entre los asistentes; los obreros de la fábrica Putilov, agrupados en las galerías superiores, dan la señal de los aplausos y, de pronto, una ovación formidable se desgrana a través de la sala. Entonces empieza a hablar. Ha venido a proponer a la asamblea que vote una resolución. Esa resolución debe advertir a todos los ciudadanos que el gobierno "se burla abiertamente de la representación nacional y se dispone a contestar con la violencia a las reivindicaciones de los campesinos que reclaman tierras". Esa resolución debe comprobar que el partido constitucional-demócrata no ha cumplido su promesa de convocar una Constituyente elegida por sufragio universal y directo, y poner en guardia al país contra ese partido que "se balancea entre la libertad del pueblo y el gobierno zarista que lo oprime". También debe llamar la atención de todos los que aman la causa de la libertad sobre el hecho de que la actitud del Gobierno, su rotunda negativa a tomar en consideración las dolencias populares, hacen inevitable una lucha decisiva fuera de la Duma, "una lucha por el poder absoluto del pueblo, único capaz de garantizar su libertad y de hacerse justicia". La resolución es votada en medio de un entusiasmo extraordinario. "Se rasgaron camisas rojas para hacer banderas —escribe Krupskaia— y los obreros volvieron a sus barrios cantando a coro estribillos revolucionarios." Lenin logró salir y escabullirse fuera, sin llamar la atención de ningún espía o agente observador presente en la reunión. Pero al día siguiente el Gobierno tomó represalias. Los periódicos de los mencheviques y de los socialistas-revolucionarios, cuyos representantes habían participado abiertamente en el mitin, fueron prohibidos y se ordenó la detención de todos los oradores, incluido el "camarada Karpov", el cual se volvió ojo de hormiga, volvió a ser Lenin y se puso de nuevo a escribir artículos para la Volna bolchevique, respetada por las autoridades. Todos los días ataca con vehemencia a los "cadetes" de la Duma. Ninguno de los periódicos reaccionarios puso tanto encarnizamiento para revelar sus debilidades y sus contradicciones. Plejanov se creyó obligado a señalar en una "Carta abierta a los obreros" que el Gobierno toleraba esa crítica violenta del primer Parlamento ruso porque contribuía a desacreditarlo ante el pueblo. Mientras tanto, Lenin se dispone a lanzar el asalto contra el "ala derecha" del partido. La operación ha sido concebida para ser realizada en varios tiempos. Para comenzar obtiene de la organización socialdemócrata de San Petersburgo, donde cuenta con sólidos apoyos, la convocación de una conferencia de todas las secciones de la capital. Objeto : definición de la táctica que debe adoptar el proletariado de San Petersburgo frente a la Duma y frente a la resolución del Comité central, que se ha pronunciado en favor de apoyar a un eventual ministro "cadete". La conferencia se reúne de nuevo en Finlandia, en Terioki ahora. Asistieron alrededor de 80 delegados en representación de cerca de 4.000 obreros miembros del partido socialdemócrata. Tras de escuchar un informe presentado por Lenin, la conferencia votó una resolución que declaraba que el Comité central expresaba tan sólo la opinión de la minoría del partido y reclamaba la convocatoria de un nuevo Congreso para liquidar esa situación paradójica. Una conferencia análoga llegó al mismo resultado en Moscú. Según los cálculos de Lenin, esta última expresaba la opinión de 14.000 obreros socialdemócratas. Por lo tanto, y siempre según él, unidos a los 4.000 de San Petersburgo, forman más de la mitad de los efectivos totales del partido (en el último Congreso estaban representados de 31 a 33.000 miembros), lo que quiere decir que la mayoría de éste condena la posición adoptada por el Comité central en la cuestión del apoyo al ministerio "cadete". De ello saca la siguiente conclusión : "Nuestro ministerio, es decir, el Comité central, ha dejado de encarnar la voluntad del partido. Su deber político más elemental es, en consecuencia, convocar con toda urgencia un Congreso extraordinario. De lo contrario, quedará en la situación de un grupo de individuos que se aferran al poder con pretexto puramente formulario mientras la mayoría se ha pronunciado ya claramente sobre la cuestión de fondo." Y agrega : "De todas maneras, el partido sabrá conseguir ahora que el Congreso sea convocado."
En efecto, la situación en el interior del partido ya no era la misma. La integración de los partidos nacionales había provocado una afluencia en masa de nuevos miembros y había modificado radicalmente la relación de fuerzas. Cuando fue convocado el Congreso de Estocolmo había en el partido alrededor de 13.000 bolcheviques y 18.000 mencheviques. Ahora había que agregar 33.000 bundistas, 26.000 polacos y 14.000 letones. Y aunque los bundistas, que no habían olvidado la actitud que adoptó contra ellos Lenin en el segundo Congreso, se habían puesto resueltamente al lado de los mencheviques, los polacos y los letones se pronunciaron claramente en favor de los bolcheviques. De esa manera, Lenin pretendía contar con 53.000 partidarios, mientras que Martov y Plejanov, según sus cálculos, no podían disponer más que de 51.000. Ya tenía, por lo tanto, la mayoría. Sin embargo, el Comité central, incluso después de la introducción obligatoria de un letón (se las habían arreglado para meter al polaco en el Consejo de redacción del órgano central del partido), no contaba más que con cuatro bolcheviques contra siete mencheviques, a los cuales se unirían próximamente dos bundistas. Era evidente que, en esas condiciones, la dirección del partido estaría siempre en manos de los mencheviques. Únicamente un Congreso podía quitársela "legalmente". A todo esto, el 8 de julio de 1906 fue disuelta la Duma por Stolypin, que había sido nombrado Ministro del Interior el 10 de mayo anterior. Alrededor de doscientos diputados, en su mayoría constitucionales demócratas, se reunieron al día siguiente en Vyborg, Finlandia, y dirigieron al país un llamamiento que recomendaba la "resistencia pasiva" al despotismo zarista. La población no reaccionó. Únicamente en Polonia hubo algunos atentados contra policías de más o menos alto rango. Las tentativas de levantamiento de los marinos de Cronstadt y de la guarnición de la fortaleza de Sveaborg habían sido ahogadas muy rápidamente. La orden de huelga lanzada, un poco tarde, por el Comité central para apoyarlos, no fue acatada. Con mano de hierro, el nuevo ministro había agarrado al país por la garganta y lo había reducido al silencio. La policía recuperó todos sus derechos. Los revolucionarios fueron acosados por todas partes, despiadadamente. Lenin resolvió salir de San Petersburgo y retirarse a Finlandia. Le consiguieron un pasaporte a nombre de Erwin Weykoff, súbdito alemán nacido en Homeln el 16 de julio de 1862, tipógrafo de oficio, y fue a instalarse a Kuokalla, pequeña estación ferroviaria en la línea Helsingfors-Petersburgo. Un militante socialdemócrata que poseía una villa allí la puso a su disposición. La casa no era muy grande, pero resultaba muy confortable. En el primer piso había una habitación disponible, la misma que ocupó Bogdanov con su mujer. Como ya no podía publicar su periódico en San Petersburgo, Lenin logró poner en marcha una publicación periódica en Vyborg. Se presentaba, en espera de algo mejor, como el órgano de los comités socialdemócratas de San Petersburgo y de Moscú. Título : Proletary. El primer número apareció el 21 de agosto. Contenía cuatro artículos de Lenin; uno de ellos bastante largo (alrededor de 800 líneas) y titulado La crisis política y el hundimiento de la táctica oportunista, era una severa crítica al Comité central : los nuevos problemas tácticos exigen de él soluciones rápidas, claras y precisas. En lugar de eso reina una confusión total en su seno. Por lo tanto, ya río está a la altura de su tarea y debe ser renovado; debe continuarse cada vez más enérgicamente la acción en favor de la convocatoria de un nuevo Congreso. Después de la fracasada tentativa de huelga para apoyar la insurrección de Sveaborg, el Comité de Petersburgo, en el que Lenin ejercía una gran influencia, tomó una resolución que exigía la reunión urgente de un Congreso extraordinario. Al mismo tiempo, decidió que todas las organizaciones locales serían informadas e invitadas a pronunciarse a este respecto.. El Comité de Moscú dio inmediatamente su adhesión. Los polacos y los letones hicieron lo mismo. A continuación los comités de Briansk, Minsk, Ural, Nijni-Novgorod, Perm, Kursk y Kazán reconocieron al periódico de Lenin como su órgano oficial. El del partido, que estaba entonces en manos del "ala derecha", combatió con vehemencia esa iniciativa. Se reunió una conferencia a principios de noviembre. De los 32 delegados presentes no había más que doce rusos. Los demás representaban a las minorías nacionales (7 bundistas, 5 polacos, 3 letones, 4 georgianos y un delegado del Asia central). Se decidió que el Congreso sería convocado para el 15 de marzo del año próximo a más tardar. A instigación de los representantes del Comité central, que asistían a la conferencia con voz consultiva, quedó convenido que los gastos de viaje y de estancia de los delegados correrían por cuenta de sus respectivas organizaciones por no disponer el Comité central de recursos suficientes. Además, para hacer frente a los gastos generales del Congreso se impuso a los miembros del partido una contribución especial a razón de veinte kopeks por cabeza. No era una enormidad, pero parece que no todos los militantes mostraron igual celo en el cumplimiento de ese deber cívico. Por lo menos el 1 de marzo de 1907 el jefe de la agencia extranjera del departamento de policía informaba : "La convocación del Congreso se ha retrasado porque se carece de los fondos necesarios, que se calculan en 50.000 rublos." Y agregaba con la mayor seriedad y en un tono de hombre perfectamente convencido : "Cabe esperar que la agencia va a participar en el Congreso e incluso es posible que disponga de dos mandatos." Al tiempo que luchaba por convocar el Congreso, Lenin se había trabado en una áspera controversia con el "ala derecha" a causa de las próximas elecciones para la segunda Duma. Stolypin, después de haber quebrantado el movimiento revolucionario, creyó posible conceder al país una nueva reunión de sus representantes, con la esperanza de que la lección recibida por sus predecesores les incitaría a mostrarse más prudentes. La víspera de las elecciones para la primera Duma, los bolcheviques habían adoptado, como hemos visto, la táctica de boicotear las elecciones. Ahora Lenin escribe : "Los socialdemócratas del ala izquierda deben reconsiderar la cuestión del boicot de la Duma." Hay que saber aprovechar las lecciones de la experiencia. "Sería pedante temerlas y no tenerlas en cuenta." Ha descubierto así que la presencia de los socialdemócratas en la Duma podría facilitar y estrechar el contacto con los campesinos. Lo cual permitiría combatir con éxito la influencia de los "cadetes". Prácticamente he aquí a dónde quería llegar Lenin : en la primera Duma se había formado un grupo parlamentario importante compuesto de representantes de la pequeña burguesía, de un cierto número de campesinos acomodados y de unos cuantos intelectuales, que se inclinaba hacia el socialismo sin adherirse a él definitivamente y que tomó el nombre de Partido de los Laboristas. Se había declarado independiente de los constitucionales demócratas, pero iba a su remolque y votaba con ellos. Metiendo en la Duma a un cierto número de diputados socialdemócratas, Lenin esperaba poder trabar, a través de ellos, una alianza con los laboristas y, privando a los "cadetes" de ese valioso apoyo, quitarles la preponderancia en la nueva legislatura. Y helo aquí lanzado, apasionadamente, en plena batalla preelectoral. Pone la misma fogosidad, el mismo ímpetu en su lucha contra los constitucionalistas-demócratas que antaño contra los populistas, los marxistas legales, los economistas, etc. Tanto más cuanto que los mencheviques se han pronunciado en favor de un acuerdo con los "cadetes". Martov defendió esa última tesis en la conferencia de noviembre. Lenin presentó un informe en favor de la suya. Los votos de los bundistas dieron la victoria a los mencheviques. Por 18 votos contra 14 la conferencia se declaró en favor de un entendimiento con el partido burgués de los constitucional-demócratas. Pero eso no le preocupa en modo alguno a Lenin. Las resoluciones tomadas en una conferencia no tienen más que un alcance facultativo. Y, además, falta todavía saberlas interpretar. Por lo demás, la misma conferencia tuvo la prudencia de votar una resolución más, considerada por Lenin como "una de las menos elásticas" y que, en realidad, lo era infinitamente. Especificaba en particular : "La conferencia está convencida de que es un deber para los miembros de una organización acatar las orientaciones dadas por ésta, ya que si bien el Comité central puede prohibir a las organizaciones locales que presenten candidaturas en las que los socialdemócratas figuren junto con los candidatos de otros partidos, no tiene derecho a obligarlos a formar parte de tales listas." Lo que permitió a Lenin llegar a esta conclusión : el partido tiene que escoger entre dos plataformas; las organizaciones locales quedan en libertad para adoptar la que mejor les convenga, pero una vez tomada la decisión, "todos nosotros, miembros del partido, debemos marchar como un solo hombre. El bolchevique de Odesa debe meter en la urna la papeleta que lleve el nombre de un "cadete", incluso si al hacerlo así siente ganas de vomitar. El menchevique de Moscú debe meter la papeleta en la que no figuren más que nombres socialdemócratas, incluso si su alma languidece por los constitucional-demócratas." En cuanto a él, personalmente, continúa obstinadamente su campaña contra la alianza con los "cadetes". Su esperanza de formar un bloque "anticadete" con los laboristas no habrá de realizarse, ya que los jefes de ese partido invitan a sus tropas a dar sus votos a los constitucional-demócratas. "¡Eso es —grita furioso— traicionar abiertamente a la causa del país!" No importa. "¡Abajo todos los bloques —decide Lenin—. El partido obrero debe tener independencia en su campaña electoral y demostrarlo, no con palabras, sino con actos. Debe ofrecer a todo el país, y más particularmente al proletariado, el modelo de una crítica ideológica, firme y audaz. Sólo así nos atraeremos a las masas a una participación activa en la lucha por la libertad." Los meses que van de noviembre de 1906 a enero de 1907 son dedicados casi enteramente a esa campaña política. Lenin escribe simultáneamente en su periódico que se publica en Vyborg y en un semanario bolchevique camuflado, publicado en San Petersburgo. Al mismo tiempo redacta folletos que son editados y difundidos por una editorial montada por Krassin y cuya existencia legal tolera la policía de la capital sin que se sepa muy bien por qué. Mantiene con Petersburgo un enlace estrecho e ininterrumpido. Han puesto a su disposición un correo especial que todas las mañanas se traslada a Kuokalla para tomar sus órdenes y llevarle los periódicos rusos. Ese correo, un obrero bolchevique que abandonó su fábrica para entregarse totalmente a sus deberes de militante, contó más tarde sus impresiones de la primera entrevista con el patrón : "Al llegar a Kuokalla me presento en la dirección indicada. Nadejda Konstantinovna me recibe en la antesala. Me anuncia. Aparece Vladimir Ilitch. Llevaba una camisa rusa sin cinturón. Se veía que acababa de levantarse de su mesa de trabajo. Pasamos a una pequeña pieza que servía de comedor. En una mesita estaba servido el desayuno : pan blanco y negro, queso de Holanda, mantequilla. La cafetera estaba colocada sobre un samovar. Estaba allí una muchacha finlandesa que se ocupaba de la cocina. Nos sentamos todos a la mesa... Vladimir Ilitch comía asombrosamente poco; hablaba sobre todo. Después de beber el café se levantó. "Tendrá que esperarme un poco, camarada S. —me dijo—. Tengo que terminar mi artículo." El camarada S. estaba encantado y muy orgulloso de la misión que le había correspondido. Cuando le interrogaban sobre lo que hacía, contestaba en tono misterioso : "Ahora soy edecán de un general." Pero por nada del mundo consentía dar el nombre de éste. El "general" le tomó cariño, le prestaba folletos marxistas y lo llevaba a algunas reuniones. Un día, al regresar de una asamblea en la que un sabio socialdemócrata se había puesto a explicar al auditorio las teorías del filósofo alemán Wilhelm Ostwald, el camarada S. preguntó a Lenin : "Dígame, Vladimir Ilitch, ¿qué es exactamente esa filosofía de Ostwald? El camarada Rojkov la ha explicado muy extensamente, pero yo no he comprendido nada." "No es más que un galimatías —declaró Lenin—, y no vale la pena atiborrarse el cerebro. No hay más que una sola filosofía para el proletariado. El marxismo." Por fin, el 30 de abril comenzó en Londres, en la Iglesia de la Fraternidad, la misma a la que antaño había llevado Lenin a Trotski a escuchar un sermón socialista, el Congreso del partido, el quinto. Trescientos treinta y seis delegados estaban presentes en representación, además de las "alas" derecha e izquierda, de los tres grandes partidos nacionales recientemente admitidos. Los bolcheviques rusos eran 105, contra 97 mencheviques. Contando los votos polacos y letones que tenía conseguidos, Lenin tenía la mayoría asegurada. La mesa directiva, integrada por cinco miembros, se componía de un bolchevique (Lenin), un menchevique (Dan), un polaco, un letón y un bundista, lo que ofrecía un indicio bastante exacto de la relación de fuerzas : tres contra dos. Trotski, que acababa de salir de la cárcel, estaba presente. Quería reclutar a ciertos elementos revoltosos de los bundistas y de los polaco-letones para formar una especie de centro que pudiera convertirse en árbitro del Congreso. No lo logró. Hubo justas oratorias entre él y Lenin que parecen haber impresionado profundamente a los asistentes. Lenin se impuso claramente. El "delegado" de la agencia extranjera del departamento de la policía, un pretendido doctor "diplomado de la Universidad de Berlín", el camarada Jitomirski, que militaba, a su manera, en las filas del partido socialdemócrata ruso desde 1902, lo comprueba en su informe. Revela, además, sentir gran admiración por Lenin. "Es el orador más brillante del Congreso —escribe--. Ha adoptado el punto de vista revolucionario más extremista, habla con una fogosidad extraordinaria y entusiasma hasta a sus adversarios. Ha destrozado magistralmente todos los argumentos y todas las justificaciones de los mencheviques y ha pulverizado a Trotski y a su centro." El Congreso terminó con la victoria de Lenin : la resolución adoptada incitaba al partido a sostener una lucha implacable contra todos los moderados en general y contra los constitucional-demócratas, a denunciar todas sus tentativas para ponerse al frente del movimiento campesino. En cuanto a los llamados partidos de "izquierda" (socialistas-revolucionarios, laboristas, populistas, etc.) se consideraba posible una entente para organizar un asalto simultáneo contra el zarismo y contra la burguesía liberal. Fue nombrado un nuevo Comité central, de mayoría bolchevique. "Por primera vez —cuenta Stalin— ví a Lenin en posición de vencedor. Recuerdo la insistencia con que pedía a los delegados : en primer lugar, no nos entusiasmemos, nada de fanfarronerías; en segundo lugar, consolidemos la victoria; en tercer lugar, trabajemos para aniquilar definitivamente al adversario, ya que por el momento ha sido batido, pero no todavía abatido." Personalmente, Lenin se sentía completamente agotado por el esfuerzo realizado : en esas últimas semanas se había excedido física y moralmente. El reverendo A. Baker, que tuvo la curiosidad de ashtir a una sesión del Congreso, celebrado en su inlesia, lo vio "con la cara pálida, los ojos apagados y las manos temblorosas". Krupskaia escribe : "Después del Congreso, Vladimir Ilitch se sentía sumamente fatigado, estaba muy nervioso y no quería comer." Le obligó a ir a descansar a una pequeña playa finlandesa donde uno de sus amigos poseía una casa. Lenin se dejó llevar. Parecía cansado, deprimido; se pasaba los días durmiendo debajo de un árbol. Los niños de la aldea vecina lo apodaron la marmota. Su mujer, que se apresuró a reunirse. con él, logró reanimarlo, haciéndole dar largos paseos por los alrededores, a pie o en bicicleta, y proporcionándole la ocasión de encontrarse con amigos, con quienes jugaba a las cartas o al ajedrez. La señora Ulianov había venido de Moscú para pasar unas• cuantas semanas a su lado. Al cabo de un mes, Lenin había recuperado todas sus fuerzas y estaba preparado de nuevo para la lucha. La situación política acababa de agravarse bruscamente : la segunda Duma había sido disuelta el 3 de junio. Había que prepararse para las elecciones de la tercera. ¿Qué actitud iba a adoptar el partido socialdemócrata? Repitiendo sus argumentos del año anterior, Lenin se pronunciaba también ahora contra el boicot. Pero ahora eran muchos los bolcheviques que se negaban a seguir a su jefe por ese camino, por estimar que nada se podía sacar de la misma suerte que las dos anteriores. El nuevo Comité central se había dividido : siete miembros votaron por el boicot y seis en contra. Se convocó una conferencia en Terioki para el 8 de julio. Se celebró en una posada. Pero Lenin apenas si tuvo tiempo para tomar la palabra : el dueño del establecimiento llega e invita a todo el mundo a salir, diciendo que no quiere tener líos con la policía. Afuera llueve a cántaros. No hay local. Deciden afrontar la lluvia e ir a continuar la sesión al bosque. Pero no pudieron aguantar mucho tiempo así; se separaron citándose para dentro de ocho días. Volvieron a reunirse el 14 de julio en una villa privada. Ningún incidente alteró ahora la sesión. Se escuchó el informe de Lenin, favorable a una participación en las elecciones : era necesario, estimaba, utilizar la tribuna legislativa para poder dirigirse al país en una época en que la prensa socialdemócrata está obligada a refugiarse de nuevo en la clandestinidad. Algunos "boicoteadores" trataron de defender su tesis. Pero la resolución propuesta por Lenin fue adoptada finalmente por 33 votos contra 30. También en esta ocasión asistió un policía a los debates y también aquí se reveló un ferviente admirador de Lenin. "En un discurso notable —escribe en su informe—, el orador demostró, con calor y con convicción, todo el acierto de su posición táctica." El 16 de julio, Lenin fue designado por el nuevo Comité central, en el que tenía la mayoría, para formar parte de la delegación rusa al séptimo Congreso de la Internacional que iba a celebrarse en Stuttgart el 5 de agosto. El partido socialdemócrata ruso estaba representado por 37 delegados, de los cuales sólo diez recibieron voz deliberativa. El Congreso reunió un total de 884 delegados que representaban a veinticinco naciones. Lenin, invitado a formar parte de la mesa directiva, no apareció en la tribuna, acaparada por las grandes figuras del socialismo internacional, y no se destacó con intervenciones personales. Trató, con ayuda de Rosa Luxemburgo, que formaba parte de la delegación polaca, de convocar a una reunión particular a aquellos miembros del Congreso que, como marxistas revolucionarios, acababan de expresar su oposición a la táctica oportunista de sus jefes. Muy pocos delegados contestaron a su llamamiento y esa tentativa no dio resultado. Cuando el Congreso abordó la discusión de la resolución propuesta por Bebel sobre la actitud de los socialistas en caso de guerra, Lenin presentó, junto con Rosa Luxemburgo, una enmienda que especificaba que si estallaba la guerra el deber de los socialistas era no sólo tratar de detenerla, sino también de "utilizar la crisis creada por la guerra para acelerar la quiebra de todo el régimen capitalista". Rosa Luxemburgo fue quien tomó la palabra ante el Congreso para defender esa enmienda, que fue adoptada con gran disgusto de Bebel, el cual lamentó amargamente haber permitido que el Congreso concediera demasiados votos deliberativos "a países tan atrasados como Rusia". El Congreso terminó el 10 de agosto y Lenin regresó a Kuakalla. Se quedó allí hasta fines de noviembre, escribiendo artículos, participando en las conferencias del partido y preparando la edición de una recopilación de sus escritos titulada En doce años. El libro, apenas publicado, fue prohibido por el Gobierno, quien mandó recoger todos los ejemplares. Se ordenó llevar a Lenin ante los tribunales. La policía rusa logró descubrir su asilo y varios gendarmes aparecieron en los alrededores de la villa. Se trasladó al balneario de Oglbu, pero tampoco allí se sentía seguro. Y, además, era imposible seguir publicando el periódico en Vyborg. La mano de Stolypin se dejaba sentir duramente, hasta en Finlandia. Se decidió que Lenin reanudaría la publicación del periódico en el extranjero. Bogdanov y otro miembro del Comité central, Dubrovinski, se reunirían con él en breve para secundarlo en esta tarea. En la noche, después de una caminata agotadora sobre un hielo que crujía bajo sus pies, Lenin cruzó la frontera sueca. Por segunda vez se abría ante él el camino del exilio. INDICE

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