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Timestamp: 2020-03-29 04:07:31+00:00

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Conducción Política - Historia del Peronismo
¿Dónde estuvo?: por Bill de Caledonia
Un libro para la vida
En 1951, el Teniente General Perón siendo Presidente de la Nación Argentina y Jefe del Movimiento Peronista, dictó en la Escuela Superior Peronista, un curso sobre técnicas de conducción política, resultado de toda una vida de aprendizaje y ejecución de las mismas.
Destinado primeramente a la formación de cuadros sindicales, fue publicado un año después por Ediciones Mundo Peronista en forma de libro para estudio y comprensión de todos los cuadros del Movimiento Peronista.
Reproducimos íntegramente el texto de dicho curso, con lo que consideramos hacer un importante e insoslayable aporte a la didáctica peronista. Un libro indispensable para comprender el arte de la conducción política, pero no solamente eso. De su lectura, se desprende claramente que es un libro para la vida, tal el contenido de innumerables valores morales y universales que exceden largamente la problemática específica que su título anuncia.
Fotografía de la tapa de un ejemplar original
Aceptando una invitación del señor director de la Escuela Superior Peronista, me comprometí a comenzar hoy los cursos con una disertación referente a la organización, objeto y funcionamiento de la Escuela. De manera que mis primeras palabras quiero que sean de agradecimiento alas amables expresiones del señor ministro y de la señora de Perón, pensando que son más bien dictadas por el corazón y la mística peronista de quienes han expuesto tan simpáticas ideas para mí. Pero, indudablemente, esta escuela tiene una doble misión: la primera, formar justicialistas, y la segunda, exaltar los valores peronistas para servir de la mejor manera a la Doctrina Justicialista.
TEORÍA Y DOCTRINA
He tenido una preocupación, desde hace mucho tiempo, referente a la instauración, dentro de nuestro movimiento, de una escuela destinada a ir desarrollando nuestra doctrina.
Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas de grandes líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia síntesis, solamente el enunciado de innumerables problemas; pero la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico dio los mismos, no puede formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma, así como también de ese análisis surgen las formas de ejecución de esa doctrina y de esa teoría. Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina o una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles; de manera que uno no ha cumplido el ciclo real e integral mientras no haya conformado e inculcado una doctrina, enseñado una teoría y establecido las formas de cumplir una y otra.
RAZÓN DE SER Y NECESIDAD DE LA ESCUELA
Esa es la razón fundamental de la existencia de una escuela, porque eso ya no puede quedar librado a la heterogeneidad de las interpretaciones de los hombres ni al examen analítico de cada uno, sino que, para conformar esa doctrina, es necesario elaborar un centro donde la dignificación paulatina de cada una de las concepciones doctrinarias vaya desarrollándose y presentando formas de ejecución prácticas y racionales. Esa es, en el fondo, la razón de ser y la necesidad de la Escuela.
UNIDAD DE ACCION Y UNIDAD DE CONCEPCION
Claro está que este enunciado, singularmente simple, es, realmente difícil de realizar, en su conjunto y en forma acabada, porque no interviene en la vida misma de un movimiento tan grande como nuestro movimiento una concepción, sino también una acción. Y debemos confesar; que la acción está siempre por sobre la concepción, porque en este tipo de preparación de multitudes lo que hay que presentar en un punto de partida es una unidad de concepción, para que esa unidad de concepción, consecuente en la marcha del tiempo, vaya realizándose con absoluta unidad de acción.
Solamente así es posible vencer en los grandes movimientos colectivos.
La unidad de concepción está en la teoría y en la doctrina; y la unidad de acción está en la buena conducción del conjunto de esta doctrina y de esta teoría. Vale decir que se trata de poner en marcha no solamente la idea para que ella sea difundida, sino la fuerza motriz necesaria para que esa idea sea realizada, que es lo que interesa. Por eso, la Escuela Superior Peronista, que será una escuela que ha de cumplir cuatro funciones fundamentales, permitirá la realización de ciclos completos, desde la concepción hasta la realización terminal.
LA ESCUELA Y LA DOCTRINA
Para ello, en primer lugar, es función y es misión fundamental de la Escuela desarrollar y mantener al día la doctrina. En segundo término, es su misión inculcarla y unificarla en la masa. En tercer lugar, debe formar los cuadros justicialistas. Y en cuarto-lugar, debe capacitar la conducción. Vale decir, trabajar para la formación de los conductores del Movimiento.
Estas cuatro misiones, difíciles en sí, para desarrollar y mantener al día la doctrina, para inculcarla y unificarla, para formar los cuadros y para capacitar a los conductores, son funciones de largo alcance, de extremada dificultad y de un trabajo permanente en la vida constante, no sólo del organismo sino de toda la esfera de acción que su enseñanza alcanza. Por esa razón he querido presentar y hacer una rápida exégesis de cada una de estas funciones.
Decimos desarrollar y mantener al día. Desarrollar: nosotros hemos concebido una doctrina y la hemos ejecutado, y después la hemos escrito y la hemos presentado a la consideración de todos los argentinos. Pero esa doctrina no está suficientemente desarrollada. Es sólo el enunciado, en forma sintética, del contenido integral de la doctrina. Será función de cada uno de los justicialistas argentinos, a lo largo del tiempo, ir poniendo su colaboración permanente hasta desarrollar él último detalle de esa doctrina para presentar también, finalmente, una doctrina más sintética que la nuestra, más completa que la nuestra.
Ese proceso es el proceso natural que la inteligencia pone en marcha para todas las concepciones y creaciones de la vida; va de la síntesis al análisis, y del análisis vuelve a la síntesis. Lo primero es, diríamos, la premisa circunstancial, quizá empírica o ideal.
CONSISTENCIA IDEOLÓGICA
El análisis es lo que permite la consistencia ideológica a la propia doctrina.
De ese análisis y desarrollo surgirán millones de facetas no alcanzadas a percibir por el autor de la síntesis, quien después volverá nuevamente a la conclusión final, que, a través del filtro del análisis, la completará y la perfeccionará.
Nosotros hemos hecho la primera operación. Hay que realizar la segunda y la tercera para que la inteligencia pueda decir que este cuerpo contiene el menor número de errores por causas que puedan haber escapado a la percepción del análisis y de la síntesis de los hombres que han trabajado en ella.
Por esa razón, desarrollar la doctrina será función de la Escuela, será función de los profesores y será función de los alumnos a medida qué la capacidad vaya dando a cada uno las armas necesarias para profundizar y analizar los nuevos aspectos de nuestra propia doctrina. Será también función el mantenerla al día. Las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario ir adaptándolas a los tiempos, al progreso y a los necesidades. Y ello influye en la propia doctrina, porque una verdad que hoy nos parece incontrovertible, quizá dentro de pocos años resulte una cosa totalmente fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de circunstancias.
CON LA MARCHA DEL TIEMPO
Por eso será necesario no solamente desarrollar, sino también que en esta escuela se sienten las bases necesarias para ir profundizándolas y
adaptándolas a la marcha del tiempo. Una doctrina hoy excelente puede resultar un anacronismo dentro de pocos años, fuerza de no evolucionar y de no adaptarse a las nuevas necesidades. Por eso hemos puesto, como primera tarea para la Escuela, el desarrollarla, terminarla y después mantenerla al día, para adaptarla a la evolución.
INCULCAR LA DOCTRINA EN LA MASA
Decía que la segunda función que yo asigno a la Escuela es unificar e inculcar nuestra doctrina en la masa.
Las doctrinas, básicamente, no son cosa susceptible sólo de enseñar, porque el saber una doctrina no representa gran avance sobre el no saberla. Lo importante en las doctrinas es inculcarlas, vale decir, que no es suficiente conocer la doctrina: lo fundamental es sentirla, y lo más importante es amarla. Es decir, no solamente tener el conocimiento. Tampoco es suficiente tener el sentimiento, sino que es menester tener una mística, que es la verdadera fuerza motriz que impulsa a la realización y al sacrificio para esa realización. Las doctrinas, sin esas condiciones en quienes las practican, no tienen absolutamente ningún valor.
Y si una doctrina debe inculcarse, la teoría es suficiente con que se la conozca. ¿Por qué? Porque la fuerza de realización está en la doctrina y no en la teoría. La doctrina, una vez desarrollada, analizada y conformada, debe ser artículo de fe para los que sienten y para los que la quieren. La teoría es solamente la interpretación inteligente de la doctrina, y la forma de ejecutarla, es ya la acción mecánica en el empleo del esfuerzo para llevarla a cabo. Por esa razón, lo primero es artículo de fe, como ha dicho la señora de Perón; lo segundo es de la inteligencia; y lo tercero es del alma y de los valores morales.
APÓSTOLES DE LA DOCTRINA
Si esta escuela se conformara con dictar clases de nuestra doctrina, con enseñarla en su concepción, no cumpliría con su misión; indudablemente, eso sería cumplir, quizá, pero cumplir a medias. La función de esta escuela no es sólo de erudición, no es solamente la de formar eruditos en nuestra doctrina, sino la de formar apóstoles de nuestra doctrina.
Por esa razón, yo no digo enseñar la doctrina: digo inculcar la doctrina, entre las funciones de la Escuela Superior Peronista. Y, además de inculcarla, unificarla.
DEFORMACIÓN DE LAS DOCTRINAS
Todas las doctrinas han sufrido terribles deformaciones en el mundo, y las deformaciones doctrinarias tienden a la diversificación de los grupos que las apoyan y terminan con disociar a las comunidades que las practican. No hay doctrina en el mundo que haya escapado a este tipo de deformación, por falta de unidad de doctrina. Por eso es función de la Escuela la unificación de la doctrina, vale decir, dar unidad de doctrina a los hombres; en otras palabras, enseñar a percibir los fenómenos de una manera que es similar para todos, apreciarlos también de un mismo modo, resolverlos de igual manera y proceder en la ejecución con una técnica también similar.
Eso es conseguir la unidad de doctrina, para que un peronista en Jujuy y otro en Tierra del Fuego, con el mismo problema, intuitivamente estén inclinados a resolverlo de la misma manera, a través de la operación de cualquier inteligencia, que desde una percepción al análisis, del análisis a la síntesis, de la síntesis a una resolución y de la resolución a la ejecución.
ABSOLUTA UNIDAD DE DOCTRINA
Si conseguimos que todos los peronistas en la República Argentina, cualquiera sea su situación de lugar y de tiempo, lleguen a poner de acuerdo este proceso, nosotros habremos unificado la doctrina porque en cualquier parte que estemos tendremos la unidad absoluta de doctrina. Esta también es función de la Escuela, y está considerada esa función como la principal autodefensa de nuestro propio movimiento y de nuestra propia doctrina. Nuestra doctrina puede ser desvirtuada puede ser destruida y, en consecuencia nuestro movimiento puede ser disociado y puede ser destruido por la mala interpretación de la doctrina y por la falta de unidad de doctrina que practiquemos los mismos peronistas.
Por esa razón, entre todas las funciones que pueden asignarse, yo he puesto en estas cuatro cuestiones, como las más importantes, tanto la forma de inculcar como la forma de mantener la unidad.
FORMACIÓN DE LOS CUADROS JUSTICIALISTAS
Como tercer asunto, o tercera misión, creo que sigue en importancia la formación de los cuadros. Los cuadros peronistas deben ser cubiertos no solamente con hombres que trabajen para nuestro movimiento, sino que también deben ser predicadores de nuestra doctrina. Todos los movimientos de acción colectiva, si necesitan de realizadores, necesitan también de predicadores. El realizador es un hombre que hace sin mirar al lado y sin mirar atrás. El predicador es el hombre que persuade para que todos hagamos, simultáneamente, lo que tenemos que hacer.
PREDICADORES y REALIZADORES
Por eso considero que la formación de los cuadros, que ha de iniciarse en esta casa es una función principalísima para el éxito de nuestro movimiento y de nuestra doctrina: formar hombres realizadores y formar también predicadores. Los dos son indispensables para nuestro movimiento. En esos cuadros quien logre ser a la vez realizador y predicador es el ideal que puede alcanzar un hombre. Pero hay algunos que no tienen condiciones para realizar. No los debemos desechar, porque ellos pueden tener condiciones para hacer realizar a los otros lo que ellos no son capaces de realizar. Es indudable que, en este orden de ideas, para el Movimiento Peronista todos los hombres que llegan a esta casa son útiles. Nuestra misión es capacitarlos para que sean más útiles. Debe estudiarse aquí a cada hombre, porque cada uno ha recibido, en diversa dosificación, condiciones que son siempre útiles, activas y constructivas para nuestro movimiento. Les daremos las armas que más cuadran a sus inclinaciones y a la misión que deberán desarrollar en la vida peronista, y si lo hacemos bien, ellos nos lo agradecerán y el Movimiento irá progresando paulatinamente, en proporción con la capacidad de que sepamos dotar a nuestros propios hombres.
Por eso la función de formar los cuadros de nuestro movimiento en esta escuela tiene una importancia extraordinaria, porque en la formación de ellos ya va incluido todo el proceso anterior, de mantener, consolidar y desarrollar nuestra doctrina, inculcarla y tenerla al día, como ya hemos explicado, que son las cuatro funciones de la Escuela.
CAPACITAR PARA LA CONDUCCIÓN
Ahora, dentro de la formación de esos cuadros, viene un capítulo que es de suma importancia: el de capacitar la conducción.
CONDUCTORES NACEN
Por esa razón nosotros no decimos que puede ser función de la Escuela el formar conductores, porque los conductores no se hacen.
Desgraciadamente, los conductores nacen, y aquel que no haya nacido, sólo puede acercarse al conductor por el método. El que nace con suficiente óleo sagrado de Samuel no necesita mucho para conducir; pero el que no nace con él, puede llegar a la misma altura por el trabajo. Por eso Moltke dijo una vez que el genio es trabajo. Al genio se llega por ésos dos caminos.
También por la perseverancia, el perfeccionamiento, el trabajo constante, se puede llegar al genio.
Esas dos concepciones son las que nos apartan de la escuela fatalista del siglo XVIII, donde decían que si los artistas nacen, no habría necesidad de cultivar las artes, ya que si nacen, nacerá solo, y si no, no llegará nunca a conformar un artista.
LA CONDUCCION POLlTICA ES UN ARTE
Yo no creo que todos los artistas hayan nacido. Hay un gran porcentaje que con el trabajo se acerca tanto al genio que ha llegado a conseguirlo. Por eso digo que esta cuarta función de la Escuela es quizá la más difícil y la que hay que manejar con una mayor prudencia, para no descorazonar a los hombres y para prestar al Movimiento la ayuda más eficaz, en el orden de su conducción.
TÉCNICA DE LA CONDUCCIÓN
Por otra parte, la conducción, en el campo político, es toda una técnica. En el mundo, en general, no se ha estudiado mayormente esta conducción, porque los hombres encargados de realizarla, en su mayoría, no apuntaron a ser grandes conductores desde muchachos. Apuntaron a todas las demás inclinaciones, más o menos convenientes para ganarse la vida o para triunfar en la vida, pero pocos se han dedicado a profundizar lo que es la conducción, pensando a los quince años que a los cincuenta ellos serían conductores. De manera que poca gente se ha dedicado en el mundo a estudiar profundamente lo que es la técnica de la conducción.
LA CIENCIA Y EL ARTE DE LA CONDUCCIÓN
En esa técnica de la conducción es indudable que existen factores ponderables y factores imponderables.
El empleo de formas rígidas, en esta clase de acciones, no es posible. No hay recetas para conducir pueblos, ni hay libros que aconsejen cuáles son los procedimientos, para conducirlos. Los pueblos se conducen vívidamente, y los movimientos políticos se manejan conforme al momento, al lugar y a la capacidad de quienes ponen la acción para manejarlos. Sin eso es difícil que pueda conducirse bien. No es la fuerza, no es solamente la inteligencia; no es el; empleo mecánico de los métodos, no es tampoco el sentido ni el sentimiento aislado; no hay un método ideal para realizarlo, ni existe un medio eminentemente empírico. Es decir, es una concentración de circunstancias tan variables, tan difíciles de apreciar, tan complejas de percibir, que la inteligencia y el racionalismo son a menudo sobrepasados por la acción del propio fenómeno.
Y para concebirlo hay solamente una cosa superior, que es la percepción intuitiva e inmediata y la contracción que de ese fenómeno vuelve a reproducirse como fenómeno en la colectividad.
En esa acción, rápida, eficaz, donde se aplican los principios y se aprovecha la experiencia, no debe pensarse ni en el principio ni en la experiencia, porque si uno analiza ambas cosas, llega tarde y el fenómeno se ha producido en contra de todo cuanto uno había previsto. Es decir, que son acciones inmediatas que deben producir reacciones también inmediatas, donde la inteligencia interviene sólo en parte.
Hay una fuerza de distinto orden de percepción que los hombres tienen o no tienen y que los capacita o no para tomar por reacción inmediata lo que el racionalismo tardaría mucho tiempo para producir.
En este sentido, la planificación y todas esas innumerables operaciones que la inteligencia humana ha planteado a lo largo de los ciclos de todos los tiempos de la historia, no son suficientes. Es una cosa que se adquiere, que se posee. Es un fenómeno de aquellos que la inteligencia no puede ni podrá jamás explicar. Es una fuerza superior. Es muchas veces la suerte, el destino, la casualidad. Pero ellos suelen estar también guiados por una fuerza superior donde la moral, la razón y la verdad podrían ser tres nombres magníficos para representar esas fuerzas que no podríamos denominar de otra manera.
LAS MUJERES CAPACITADAS PUEDEN LLEGAR A GRANDES DESTINOS
Por eso se ha dicho que la conducción es un arte simple y todo de ejecución. Es un arte simple y todo de ejecución; si… para algunos. Es un arte simple y todo de ejecución como son todas las artes. Pero hay una interpretación aun de esa fórmula simple de la conducción, y que es casi intuitiva. Por esto yo tengo un poco de fe en que las mujeres capacitadas para esto pueden llegar a grandes destinos, porque en ellas se ha conservado más profundamente guardada la intuición, y ese sentido de la conducción tiene mucho de intuición.
Conocemos casos, en la conducción, de hombres oscuros que no han cometido casi errores, y de hombres sabios que no han dejado de cometer casi ninguno de los errores a que fueron inducidos en el camino de la conducción.
Lo que aquí se puede enseñar, en la Escuela, es lo que conforma toda la teoría de la conducción, que es simple. Lo primero que se necesita es conocer la parte inerte del arte. La parte inerte del arte es lo que el hombre puede recoger de su inteligencia y reflexión y de lo que la historia presenta como ejemplo. Vale decir, hay una teoría que se conoce, que es conocida, que se puede enunciar con una serie de principios que nacen de la racionalización de los hechos mismos. Es un estudio filosófico de los hechos que cristalizan reglas, que en la mayor parte de los casos han dado buen resultado y han sido aparentes para la conducción. A eso llamamos principios.
En la historia hay un sinnúmero de ejemplos, que en tales circunstancias, mediando tales causas, produjeron tales efectos. Y eso le da al hombre la experiencia, experiencia que no puede esperar de su propia persona, porque la experiencia de la conducción llega tarde y cuesta muy cara, puesto que cuando uno la aprende ya no le sirve para nada.
Combinando el estudio activo de esos ejemplos, que la experiencia y la realidad presentan, como concretos al análisis, mediante los principios que la inteligencia ha aislado quizá de los propios hechos, uno puede conformar una gimnasia intelectual que le va formando el criterio necesario para la interpretación rápida y eficaz de los hechos y las medidas que en consecuencia pueda tomar. Se estudian todos esos ejemplos en la historia de la conducción política, no para aprenderlos por si se repiten, porque en la historia no se repite dos veces el mismo caso en igual forma.
HACER TRABAJAR EL CRITERIO PROPIO
No se estudian para aprenderlos: se estudian como una gimnasia para ser más sabios en todas las ocasiones. Y eso, realizado en forma activa, no en forma de conferencia o en forma, diremos, de lección. No, no; hay que trabajarlo; hay que hacer trabajar el criterio propio en cada caso, porque es el criterio el que va a servir en los casos y no el ejemplo ni el principio.
Hay un caso famoso de la conducción, que se le presentó al general Verdy Du Vernois citado por grandes autores, en la batalla de Nachau. El había sido, durante veinte años, profesor de conducción en la Escuela Superior de Guerra de Francia. Llegó al campo de batalla y dijo: “¿Qué principio aplico aquí? ¿La economía de las fuerzas?», y el enemigo se venía encima: “¿Qué principio de la conducción aplico aquí?”, y el enemigo seguía avanzando y habían ya tomado contacto las vanguardias. «¿Qué ejemplo de la historia me puede inspirar para la batalla?», y el adversario seguía avanzando, y ya se producía la “mélange”, como dicen los franceses. Hasta que él se dio cuenta y dijo: “Al diablo los principios y al diablo los ejemplos; veamos de qué se trata, veamos el caso concreto”. Vio el caso concreto como era, resolvió de acuerdo con su criterio y ganó la batalla.
LA CONDUCCIÓN ES SIEMPRE LA MISMA
Las conducciones, de cualquier naturaleza, son todas iguales, porque los que varían son los medios y los factores; la conducción es una sola cosa para lo político, para lo social, para lo económico, para lo militar y para todos los órdenes. Quiere decir, señores, que los problemas que la
conducción política plantea son casos concretos a resolverse en sí concretamente. Si es necesario, tomar el fenómeno objetivamente; preguntarse en cada caso, como el general Verdy du Vernois: «¿De qué se trata?» Y la solución surge sola, y cada vez surge más fácilmente. Eso es lo que capacita para la verdadera conducción. Es el caso el que inspira y es el caso el que se, realiza por sí.
TRATAREMOS DE FORMAR HOMBRES DE ACCIÓN
Señores: sobre esto hablaremos mucho durante el año, porque yo voy a dar los cursos de conducción. Analizaremos profundamente toda está difícil materia. Creo que nos costará trabajo, pero quedaré satisfecho si al final de mis cursos he conseguido formar hombres capaces de tomar una resolución y de realizarla, es decir, hombres de acción, porque la conducción ha sido hecha, por la naturaleza, para qué se gasten y quemen allí los conductores.
La tarea de esta Escuela Superior Peronista, en mi concepto, no será la de formar peronistas: aquí vendrán los peronistas ya formados. La tarea nuestra será la de mejor capacitarlos y la da poner en, sus manos el mayor número posible de armas para hacerlos vencedores en la conducción de sus respectivas fracciones.
CAPACITACIÓN INDIRECTA
Nosotros no trabajamos aquí para la masa en forma directa sino indirecta, influyendo sobre los hombres destinados a encuadrar esa masa y a conducirla, dando a esos hombres lo que en nuestro concepto se necesita para conducir, ya sea en los conocimientos de orden intelectual, como también en las cualidades de orden moral que hay que poseer y que hay que desarrollar en la masa peronista.
Por esa razón, nuestra tarea de instruir y de educar debe cumplirse con hombres de cierta evolución, y por eso se llama Escuela Superior Peronista.
ELEVAR LA CULTURA CÍVICA DE LA NACIÓN
Siempre se ha hablado, aquí, de la necesidad de educar al, soberano, pero nadie se dedicó nunca, seriamente, a hacerlo, quizá por conveniencia política; pero nosotros esta vez también estamos decididos no a decir, sino a hacer, y estamos iniciando esta acción en cada una de las unidades básicas de los partidos femenino y masculino, como así también en todos los sindicatos, donde ya se imparte, en las escuelas sindicales, la enseñanza política correspondiente; vale decir que nuestra función de dirigentes está destinada a ir elevando la cultura cívica y social de la Nación, y, esto que nace hoy, con su célula fundamental, la Escuela Superior Peronista, está destinado a preparar los cuadros que, capacitadamente, han dé impartir después en toda la República, esa enseñanza para la elevación de la cultura cívica y social de la Nación.
Esta función, señores, tiene para mí fundamental importancia, y recién hemos empezado a cumplirla porque, en medio del fárrago; de trabajo que hemos tenido que realizar, todavía no habíamos podido cristalizar esta idea, que es nuestra desde hace mucho tiempo, casi desde que empezó nuestro movimiento. Sin embargo, iniciada aquí, en cursos rápidos de capacitación, llegaremos a realizar estudios regulares, tan pronto tengamos la capacidad de local y las posibilidades de hacerlo, en forma no solamente de capacitar, sino de ir formando verdaderos técnicos en esta acción, hombres que puedan dedicar la totalidad de su actividad para la conducción política de la comunidad argentina. Creo que esto es tan importante como muchas otras profesiones, y que el Estado lo ha considerado fundamental cuando creó las facultades de ciencias políticas, que, desviadas de su función, no tuvieron, como efecto práctico para el pueblo, absolutamente ninguna misión.
HOMBRES CAPACES DE DECIR Y HOMBRES CAPACES DE HACER
Es indudable, señores, que esta escuela no puede ser una escuela teórica, no puede ser una tribuna de exposición pasiva de muchas ideas que ya conocemos. Es necesario que en esta escuela se cumplan dos funciones: que se haga un sector de la erudición, capacitar intelectualmente en el conocimiento de nuestra doctrina y de nuestra manera de pensar; pero también es necesario que haya otro sector de escuela activa, para formar hombres y mujeres capacitados para esa función; vale decir qué esta erudición será la base que le daremos al criterio de cada uno de los peronistas, para que con ese criterio, evolucionado, informado e ilustrado, pueda tomar buenas medidas y realizarlas bien en todas las ocasiones.
Si nosotros conseguimos formar conductores mediante la enseñanza racionalizada de nuestra doctrina, de nuestra teoría y de nuestras formas de ejecución, habremos cumplido bien con nuestra misión. Pero si formamos solamente hombres capaces de decir, no habremos cumplido sino la mitad.
MISIÓN DE LOS PROFESORES
De manera que la Escuela Superior Peronista ha de ser eminentemente activa. Debe utilizarse un método lo suficientemente activo como para que los hombres se capaciten para obrar, para que pongan en juego su actividad, pero que lo pongan en forma criteriosa, en forma capaz de llegar a conclusiones constructivas, y que a la vez tengan la fuerza motriz suficiente para realizar, porque lo sublime de la producción, como lo sublime de los principios, como lo sublime de las virtudes, no está en la enunciación, sino en la práctica de esas virtudes, de esas enunciaciones y de esos principios.
Lo que nosotros queremos no es formar hombres que sepan enunciar bien tales cuestiones, sino hombres que cumplan esos principios, que tengan ésas ideas y que posean ésas virtudes. Si lo conseguimos, habremos cumplido con nuestra función de profesores de la Escuela Superior Peronista; pero si no lo conseguimos, cualesquiera sean la abnegación con que ejerzamos la cátedra y el sacrificio con que la realicemos, habremos perdido lamentablemente el tiempo y les habremos hecho perder también a los alumnos su precioso tiempo.
HONRAS A LA ESCUELA
Yo estoy persuadido de que esto no sucederá. Estamos bien de acuerdo sobré lo que queremos. Ahora nos queda solamente realizar, en esto, la tarea de cuidar nuestra escuela y elevarla a la consideración dé todos los peronistas. Y, sobre todo, señores, de honrarla cada día más, para que esta escuela tenga el prestigio que debe tener dentro de la masa de nuestros partidarios, para que todos la consideren y para que sea un centro permanente de irradiación, no solamente de los conocimientos peronistas, sino también de las virtudes peronistas.
SENTIDO HEROICO DE LA VIDA
En esta escuela no hemos de hablar solamente a los alumnos de lo que ellos tienen que hacer para triunfar en la conducción de lo qué ellos deben hacer para que triunfe nuestro movimiento, sino también de lo que ellos deben ser para honrarlo y de lo que cada uno de nuestros hombres de la masa debe alcanzar para que podamos decir en el futuro que desde esta escuela, que trabaja no únicamente sobre la inteligencia de los hombres, sino también sobre su alma, hemos irradiado no sólo luz, sino también el calor de las virtudes peronistas, sin las cuales el Movimiento Justicialista sería un movimiento político lindo al principio, bueno en la mitad y malo al final.
LO ÚNICO QUE SALVA A LOS PUEBLOS
Porque, señores, estos movimientos triunfan por el sentido heroico de la vida, que es lo único que salva a los pueblos; y ese heroísmo se necesita no solamente para jugar la vida todos los días o en una ocasión por nuestro movimiento, sino para luchar contra lo que cada uno lleva adentro, para vencerlo y hacer triunfar al hombre de bien, porque al partido lo harán triunfar solamente los hombres de bien.
Si la Escuela es capaz de realizar ese esfuerzo —y va a ser capaz porque pondremos todo cuanto sea necesario para hacerla triunfar—, hemos de ver en el tiempo, su prestigio aumentado, su acción honrada por todos nosotros, y quizás algún día los que sean dentro de varias generaciones alumnos de estos cursos, sus directores y profesores, puedan decir, como decía el señor director de la Escuela, que en esta ocasión, 1º de marzo de 1951, cuando se fundó la Escuela Peronista, ya auguramos que su vida sería larga y proficua, para la Patria en primer término, para nuestro movimiento en segundo término y para nuestros hombres en tercer término, formando generaciones de argentinos y de justicialistas que cada día fueron haciendo mayor honor a nuestra patria y a nuestro movimiento.
Si la Escuela cumple, como anhelamos, esa función, y corre a lo largo del tiempo con su enseñanza y con sus virtudes, no tengo la menor duda de que en esa ocasión, dentro de varias generaciones, tendremos, de esas nuevas generaciones argentinas, el recuerdo, el cariño y el reconocimiento a esta acción que hoy iniciamos en la Argentina, pensando solamente en nuestra patria, en su felicidad y en su grandeza.
ELEMENTOS DE LA CONDUCCIÓN POLÍTICA
OBJETO DE LA MATERIA
El objeto de la materia Conducción Política es capacitar para la conducción. Decimos capacitar, no enseñar, porque la conducción no se enseña.
La conducción más bien es una facultad que se desarrolla que una cuestión teórica que pueda aprenderse.
LA CONDUCCION SE COMPRENDE, NO SE APRENDE
La conducción se comprende o no, pero no se aprende. Es el ejercicio del criterio, y el que tiene criterio puede realizar una conducción racional, pero el que no pone en juego su criterio y pretende reemplazarlo por la retentiva o por la memoria, no llega a realizarla nunca. Por eso no es tampoco la conducción misma la que enseña la conducción. Es más bien una facultad de la comprensión.
Hay un caso que se cita mucho en «conducción militar», Dicen que el mariscal de Sajonia hizo todas sus campañas durante veinte años montado en una misma mula, y que a pesar de haber hecho durante veinte años todas las campañas, la mula no aprendió nada de conducción.
Con eso nosotros hemos querido determinar que hay una condición que en el que abraza la conducción no puede faltar, que es la penetración, la penetración profunda. Por eso hay hombres que durante toda su vida han hecho conducción sin comprenderla y otros que nunca han conducido pero que saben conducir porque han comprendido la conducción.
Esto es, en pocas palabras, el fenómeno de la conducción.
ES UN ARTE Y TIENE SU TEORÍA
En cambio, si bien la conducción no puede enseñarse, existen elementos de la conducción que es necesario aprender. La conducción es un arte y, en consecuencia, como todas las artes, tiene su teoría. La teoría se puede aprender. Y también tiene sus formas de ejecución, que también se pueden aprender.
Comparando esto de la conducción con la pintura o con la escultura, que en el fondo son otras de las formas del arte, podríamos decir que los principios de la perspectiva forman parte de la teoría de ese arte, forman parte de aquello que permite ejecutar; lo mismo que el manejo de los instrumentos, de los pinceles; etc, los escalpelos, de todo lo que se utiliza en las artes plásticas. Son las formas de la ejecución del arte. Pero un hombre, aun penetrando y conociendo la teoría, o sea la perspectiva, el color, el ángulo, los desplazamientos, la colocación, todo eso que forma los grandes principios de la perspectiva para el arte plástico, no haría una obra de arte ni con esos conocimientos ni con el perfecto manejo de los instrumentos de ejecución. Si él no es un artista, si no es capaz de crear dentro de esa teoría y dentro de esas formas de ejecución, no será nunca un buen artista.
Las obras de arte no se hacen con la teoría ni con los instrumentos de ejecución. Eso se hace con algo que da la naturaleza a los hombres, a todos en una medida diferente. Muchos resultan Miguel Ángel porque han venido dotados de una inmensa cantidad de las facultades de creación; y otros hacen un buen cuadro, que no llega a célebre, aunque posiblemente tenga mejor técnica que la de Miguel Ángel, una ejecución más perfecta, pero le falta algo, que ellos no tienen y que solamente hubiera podido dar un Murillo, un Rafael o cualquiera de los grandes hombres.
Una obra de arte no se hace ni con una teoría ni con las formas de ejecución. Esa es otra de las cosas que hay que conocer dentro de la conducción.
SE PUEDE APRENDER LA TÉCNICA, NO EL ARTE
Por eso diríamos nosotros que cuando queramos asimilar la teoría y las formas de ejecución del arte de la conducción política tendremos que imaginarnos que hay una serie de sistemas dentro de los cuales uno puede organizarse y prepararse para la conducción; que eso lo capacita en cierta medida para la conducción, y que cuanto mejores conocimientos tiene, se le facilita más la conducción. Eso es lo que nosotros podemos asimilar en un curso de conducción.
Lo que yo les puedo dar a ustedes es la técnica; lo que no les puedo dar es el arte de la conducción. De la misma manera que uno enseña a tocar la guitarra y da la perfección de la técnica de la guitarra. Pero esa condición natural con que nace el artista, eso no se puede enseñar. Eso es la conducción.
EL CRITERIO, BASE DEL ARTE DE LA CONDUCCIÓN
Ahora, la conducción técnica presupone generalmente el ejercicio amplio del criterio. Para la conducción no sirve la memoria, no sirve la retentiva.
Es útil solamente el criterio, criterio que debe estar basado, como todos los ejercicios del criterio, primero en una erudición suficiente. Pero es inútil que un hombre tenga un gran criterio si no tiene los elementos básicos sobre los cuales debe apoyar su criterio. Por eso, dentro de la técnica, esta primero la erudición, o sea el conocimiento de sus elementos.
Inmediatamente el ejercicio de los métodos, que son únicos en esto. El método objetivo, es decir por la percepción, y el otro de la reflexión y la
observación, o sea el método subjetivo. Eso es lo que pone en juego el criterio, lo que nosotros haremos en la conducción.
Esta es por eso una escuela activa. No nos dedicaremos a hacer permanentemente conferencias, sino que también nos ejercitaremos tomando casos concretos de la vida y de la historia de la conducción política y los analizaremos, no para volverlos a aplicar por si el caso se repite – porque no se repite! -, pero sí como una gimnasia que nos hará más sabios para todas las situaciones que puedan presentarse en la conducción política. Es decir, es un entrenamiento. Así como el boxeador pega en la bolsa o hace boxeo con el aire. Con eso no le va a ganar a nadie, pero se hace más ágil y más diestro.
FUNCIÓN DE ESTA MATERIA
Toda esta materia que contiene esta forma de enseñanza tiene una sola función dentro de nuestra acción escolástica. Está destinada a formar hombres capaces de tomar una resolución y de ejecutarla.
Si yo consigo a fin de año, en cada uno de los que estudian esta materia, que se capacite para analizar profundamente una situación, tomar una resolución acertada y ser capaz de ejecutarla, habré cumplido con mi misión. Si no formo esa clase de hombres o de mujeres, no habré cumplido con la misión que me propongo. Por eso, más que una tarea escolástica, la mía es toda una escuela activa de conducción. No es cuestión de que yo hable y ustedes escuchen. Eso será por un tiempo, mientras desarrollemos la parte teórica. Después ustedes harán y yo diré si está bien lo que hacen.
TAMPOCO CONVIENE ENSEÑAR SOBRE EL ERROR
La conducción no se puede enseñar de otra manera. Es imposible intentarlo. Claro que si yo primero no les enseñara un poco a ustedes y nos les pusiera temas concretos que ustedes resolvieran y yo corrigiera, tampoco sería el método apropiado. Es decir, si sobre el error de ustedes yo hiciera la corrección. Primero deben tomar la base de toda la materia, que generalmente será nueva para todos ustedes, como lo van a comprobar cuando enuncie el programa.
Yo recuerdo que cuando era alumno en esta materia habían importado al país un método, que era el de trabajar sobre el error. Nos proponían un tema; por ejemplo: «Plan de operaciones, análisis de tal operación, juicio crítico». ¿Qué podíamos hacer nosotros, si no sabíamos nada? Había un muchacho del curso que decía que enseñar sobre el error a un individuo que no sabe nada es lo más terrible que puede ocurrirle. Es lo mismo que si a uno que aprende música, el director le dijera: «Siéntese; toque el Himno Nacional, que yo lo voy a corregir» Lo que deseo es darles los rudimentos básicos para empezar a trabajar; y para que pongan la mano en la masa tengo que tener la masa. Una vez que yo haya dado las bases, recién entonces comenzaremos la parte activa.
Es un programa muy amplio como verán, por lo que voy a enunciar enseguida como programa de la materia, son cosas totalmente nuevas dentro de aquellas a que pueden estar acostumbrados ustedes.
El programa que vamos a desarrollar, y que yo trataré de hacer lo más sintético posible, es materia demasiado amplia para tratar en clases como las que desarrollamos. En un curso normal la conducción necesita por lo menos de trescientas horas, y nosotros hemos de tener mucho menos. De manera que yo he tenido que hacer una sexta parte de lo que se puede enseñar como conducción. He suprimido, por ejemplo, toda la parte de la evolución filosófica de la conducción, es decir, la enumeración de todo el método que se ha seguido desde la antigüedad hasta nuestros días, a través de todos los grandes conductores de la historia.
Todo eso lo daré como más o menos conocido, para entrar a analizar algunos casos concretos, también de esos grandes conductores, tomando los hombres que han triunfado en la conducción de pueblos, que desde la época de los egipcios hasta la nuestra son bastante numerosos. Habría que tomar a cada uno de esos hombres y estudiar en cada uno de ellos cuál fue el método que le permitió triunfar. Y analizaríamos así, como hizo Plutarco en sus «Varones ilustres”, cien personalidades, y diríamos por qué triunfaron en la conducción política. ¡Algún factor debe de haber para que triunfaran, habiendo millones que no triunfaron con el! Analizar así cada hombre a lo largo de la historia es el estudio de la evolución filosófica del arte de la conducción. Pero ello nos llevaría a nosotros por lo menos cien horas, con el fin de poder estudiar cada personalidad. Eso lo dejo librado al criterio de ustedes, para que lo consulten individualmente.
Solamente estudiaremos algunos casos de hombres ilustres.
LICURGO, EL PRIMER JUSTICIALISTA
Tendríamos que comenzar por Licurgo, que en el arte de la política fue, sin duda, el más grande hombre de la antigüedad, y podemos considerar que él fue el primer justicialista del mundo, por otra parte.
Efectivamente; él quitó, por primera vez en la historia, la tierra a los terratenientes, entregándola al pueblo, dividiéndola en parcelas. Así practicó nuestro justicialismo de novecientos a ochocientos años antes de Jesucristo. Por eso quizás sea para nosotros el hombre a quien debemos observar con más atención.
Fue un triunfador, fue un legislador que dejó a su país una enorme cantidad de leyes, que duraron casi quinientos años. Para que esto sucediera en aquella época, esas leyes debían ser muy buenas. Hoy nunca llegan a durar tanto.
Por esa razón, si yo tuviera el tiempo necesario, este curso sería un estudio de cada uno de esos hombres. A través de ellos estudiaríamos la evolución filosófica de toda la conducción, en todos los tiempos. Pero eso sería demasiado largo.
Yo prefiero ser más empírico y comenzar a tomar directamente las formas de la conducción, prescindiendo de toda esa parte; que es sumamente interesante, pero que en realidad es demasiado extensa para poder desarrollarla en un curso regular.
ELEMENTOS DE LA CONDUCCION
Por eso yo he puesto en la primera bolilla «Elementos de la conducción política».
Los tres elementos de la conducción política son, primero: los conductores; segundo: los cuadros auxiliares de la conducción, y tercero: la masa y su organización. El conductor político trabaja con estos elementos. Dentro de esos elementos están todas las materias con que debe trabajar el conductor político.
CARACTERISTICAS DE LA CONDUCCION MODERNA
La segunda bolilla comprende las «Características de la conducción moderna». Es decir, éste es el capítulo que debía comenzar con todo el estudio de la evolución filosófica de la conducción política, y que yo traigo solamente al momento actual, porque no tenemos tiempo para realizar un examen retrospectivo que nos condujera racionalmente desde la antigüedad hasta nuestros días. En esto, que comprende las características de la conducción política moderna, solamente tomo los antiguos sistemas de partidos políticos, los antiguos medios, el caudillismo y la delegación de la conducción; la conducción anarquizada; y, en segundo lugar, los medios modernos.
CONDUCCIÓN Y CULTURA
La conducción evoluciona con las conquistas de las ciencias, y de las artes, así como también con la cultura cívica.
CONDUCCIÓN CENTRALIZADA
Es decir, en esta bolilla a desarrollar teóricamente voy a hacer un análisis de cómo era la antigua organización y conducción política, a la que muchos de nosotros hemos asistido. Es decir, consideraremos la antigua inmediata, la anterior a la nuestra y la nuestra, cuáles son los medios que hemos puesto en ejecución y por qué hemos triunfado sobre esa política anterior.
Haremos un análisis de las causas por que hemos triunfado nosotros y por que triunfaron todos los grandes conductores de la historia.
En el arte de la conducción hay sólo una cosa cierta: las empresas se juzgan por los éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros: ¡qué maravillosa conducción!, pero si fracasó, ¿de qué sirve?
La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. Y no hay otra cosa que hacer. La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena resulta, y si es mala, no resulta. Y es mala porque no resulta y es buena porque resulta.
Juzgamos todo empíricamente por sus resultados. Todas las demás consideraciones son inútiles.
La tercera bolilla es “La conducción y la doctrina, la teoría y la forma de ejecución”, es decir, los elementos de la conducción en el aspecto espiritual, intelectual y material de la acción misma. O sea la doctrina, la teoría y las formas de ejecución. Dentro de esta bolilla tenemos la unidad de concepción y de acción en la conducción.
El alma cualitativa, la coordinación espiritual, es la base de la cooperación, de los métodos de ejecución: una misma manera de ver, de apreciar y de resolver: unidad de objeto. Eso es indispensable para la conducción.
En cuanto a la teoría y a las formas de ejecución, las tomamos analizadas dentro de la conducción. El desarrollo racional de la doctrina, la tecnificación y actualización. Y tomamos, en la tercera bolilla, la trilogía de la acción, de la doctrina y de la teoría y formas de ejecución.
METODO DE LA CONDUCCION
La cuarta bolilla es el «Método de la conducción»: la situación, la información, los estudios bases, la observación objetiva y la observación subjetiva. Apreciación de la situación, la premisa, el análisis y la síntesis.
La resolución y el plan de acción; y las disposiciones, la ejecución y el control.
Ahí está toda la teoría sobre el método de la conducción. La conducción tiene un método. Así como los cirujanos tienen sus métodos, y los clínicos y los ingenieros los suyos, la conducción tiene un método al cual hay que ajustarse. No es nuevo. Descartes, hace más de cuatrocientos años, hizo la enunciación definitiva y permanente del método. Es el autor del método.
ORGANISMOS DE LA CONDUCCION
La quinta bolilla comprende «Los organismos de la conducción».
Empezando siempre por el conductor, su acción directa e indirecta en la conducción. Los auxiliares de la conducción. Esto es lo complicado del arte de la conducción, y es que para conducir no es suficiente un conductor. Se lo necesita a él y a todos sus auxiliares, como así también la información, la acción, la disposición y el control. Es todo un sistema orgánico que condiciona la conducción. Por eso es difícil.
La transmisión, los medios técnicos y la acción personal, la ejecución; unidad de acción, amplitud de acción y continuidad de la acción son los factores que gravitan en la ejecución, lo mismo que el control superior y multilateral, es decir, el control que se ejerce desde arriba y el que se ejerce en los órganos de ejecución.
EL CONDUCTOR, LA TEORIA, LAS FORMAS Y LAS FORMAS DE EJECUCION
La sexta bolilla es la parte teórica. Allí tomamos y estudiamos:
a) El conductor, parte vital; sus condiciones morales, intelectuales y partidarias;
b) La teoría, o sea la parte inerte del arte de la conducción; la enumeración de sus grandes principios, la información, el secreto, la sorpresa, la unidad de concepción, la unidad de acción, son todos factores de conducción.
Disciplina partidaria, obediencia, iniciativa, la economía de fuerzas, la continuidad del esfuerzo, dominio local o circunstancial; el dominio general y permanente, dominio de masa, popularidad, prestigio, libertad de acción, adoctrinamiento, acción solidaria, organización, son todos series de principios de la conducción. Preparación, cultura cívica, selección humana, acción electoral cuantitativa, acción de gobierno cualitativa. La acción política, la acción técnica, el sentido de ubicuidad de la política en la conducción. El sentido popular de la conducción, etc. Hay otras series de esto que se convierten en los grandes principios de la conducción política.
c) Formas de ejecución; la preparación, publicidad, propaganda, medios
de acción, ejecución estratégica, ejecución táctica, agentes de ejecución, métodos de ejecución. La lucha, sus objetivos generales y sus objetivos limitados. Procedimientos estratégicos y procedimientos tácticos en la conducción política.
PARTE APLICADA DE LA CONDUCCION
La bolilla siete es la parte aplicada de la conducción.
Los ejemplos históricos como fuente de enseñanza, comentarios: el caso concreto; la situación, la apreciación, la resolución y el plan de acción; el juicio crítico; estudio de situaciones concretas, resoluciones y fundamentos.
La bolilla ocho son los estudios complementarios.
Monografías y estudios analíticos sobre temas políticos, monografías y estudios analíticos sobre temas doctrinarios; monografías de estudios analíticos sobre temas de conducción.
Tanto en lo que se refiere a los temas políticos como a los doctrinarios tomaremos solamente aquellos que tienen relación directa con la conducción. El estudio de la doctrina ni nada de eso me corresponde a mí, sino a los profesores que dictan esa materia. Yo solamente toco eso en lo que tiene que ver en forma directa con la conducción.
Empezaremos a tratar hoy la primera parte, o sea los «Elementos de la conducción política».
Dijimos que los elementos de la conducción política son: los conductores, los cuadros y la masa. ¡Esa es la arcilla con la cual se trabaja en la conducción política! Debemos conocerlos profundamente, de la misma manera que el escultor que va a hacer una obra tiene que conocer cómo se trabaja en arcilla, cómo se trabaja en yeso y cómo se trabaja en piedra, para poder comenzar él no solamente a modelar, sino a dirigir el modelamiento de esos «elementos duros», como los llaman los escultores. Conociéndolos llegará a una forma más perfecta que aquel que trabaja sin conocer los elementos de su arte.
CONDUCTORES, CUADROS Y MASAS
Ese perfeccionamiento es la ventaja de la conducción. Hay hombres que sin haber conducido nunca, conducen bien, y otros que habiéndolo hecho siempre, conducen mal. Los segundos quizá tengan otros conocimientos que escapan a los primeros. De eso es, precisamente, de lo que nos servimos nosotros.
Vamos a estudiar cuáles son las condiciones que deben tener esos conductores, cuáles deben ser las condiciones que debemos desarrollar en los auxiliares de la conducción, qué son los hombres que encuadran en la masa que se conduce, y que condiciones debe tener la masa para que obedezca y realice un trabajo inteligente, para que no sea una masa inerte, la que los romanos llamaban… «mudo y torpe rebaño». ¡Esta no es la masa que le conviene a un hombre que conduce!
PREPARAR A LA MASA
Lo primero que hay que hacer es despertar, en la masa el sentido de la conducción. Los hombres se conducen mejor cuando quieren y están preparados para ser conducidos. Es muy difícil conducir una masa que no está preparada; y esa preparación es de dos órdenes: una preparación moral para que sienta el deseo y la necesidad de ser conducida; y otra intelectual para que sepa ser conducida y ponga de su parte lo que necesite para que la conducción sea más perfecta. El último hombre que es conducido en esa masa tiene también una acción en la conducción. El no es solamente conducido; también se conduce a sí mismo. El también es un conductor, ¡un conductor de sí mismo!
MASAS CULTAS O IGNORANTES
Si conseguimos una masa de conductores, imagínense qué fácil será la conducción. Estos elementos de la conducción son la base de toda la conducción. Es imposible conducir cuando no existe en estos elementos el sentido de la conducción. Algunos creen que una masa se conduce mejor cuanto más ignorante sea. Es teoría también de algunos conductores políticos. Cuanto más ignorante, mejor —piensan—, porque ellos la conducen según sus apetitos. Los apetitos propios de una masa de ignorantes son malos consejeros para la conducción, porque los apetitos están en contra de la función básica de la conducción: que sea una masa disciplinada, inteligente, obediente y con iniciativa propia.
Esa es la masa ideal para conducir, es la masa fácil, la que se conduce sola, porque hay momentos que pierde la acción del conductor, que «se va de la mano del conductor», y en esos momentos debe conducirse sola.
PUEBLOS CON UNA CAUSA
Ese es, en política, un fenómeno que sucede todos los días. Cuando una masa no tiene sentido de la conducción y uno la deja de la mano, no es capaz de seguir sola, y se producen, loa grandes cataclismos políticos. Así fue la revolución del 6 de Septiembre. La masa misma se alzó contra su propio conductor y lo echó abajo. Era una masa inorgánica, que no estaba preparada para ser conducida. Eso trae graves trastornos.
Muchos dicen: «El pueblo está hoy con uno y, mañana con otro» ¡Hay que preparar al pueblo para que esté con una causa permanente! ¡Si no tiene una causa, hay que crearla!…
EL CONDUCTOR DEBE SER MAESTRO
Por eso conducir, en política, es difícil, porque a la vez de ser conductor hay que ser maestro; hay que enseñarle a la masa; hay que educarla; hay que enseñar a los intermediarios de la conducción, porque la conducción no se puede realizar con un hombre y una masa, porque esa masa no está encuadrada, se disocia. La masa debe estar encuadrada por hombres que tengan la misma doctrina del conductor, que hablen en su mismo idioma, que sientan como él. Eso es lo que nosotros queremos desarrollar y la tarea principal de la conducción.
Sin eso no se puede conducir. Es como si yo, general, quisiera ir a la guerra contra un país y le dijera al pueblo argentino: «¡Venga un millón de hombres; vamos a pelear!» ¿Adonde los voy a llevar? Tengo que tomar al millón de hombres, enseñarles a pelear, desarrollar su instrucción, su intuición de lucha, su espíritu de lucha, darles la causa por la cual luchamos, y entonces sí: nombrar sus oficiales y suboficiales para que los encuadren. Después me pongo al frente, y entonces… ¡pan comido!
LA LUCHA ES SIEMPRE LA MISMA
En política es lo mismo. La lucha política es lo mismo que la lucha militar, económica, etc. Las luchas son todas iguales. Varían los medios y las formas; pero la lucha es siempre la misma. Son dos voluntades contrapuestas, a las que corresponden dos acciones contrapuestas, las leyes que rigen la lucha son todas iguales, porque las voluntades son iguales y las masas que luchan son siempre iguales.
Siempre se trata de una voluntad que vence a otra; una voluntad que ha puesto en movimiento a una masa contra otra masa.
Por eso digo que si esa organización se necesita para todas las luchas también se necesita para la lucha política. Se facilita la lucha política cuando esa organización corresponde bien al objeto. Vale decir, que al organizar la masa es necesario proceder cumpliendo los principios de toda organización. Primero, que sea una organización simple, que no sea complicada, porque si no se puede manejar, Por eso, la primera regla de la organización es la simplicidad.
Que sea objetiva, vale decir que esté organizada con una finalidad específica y que sirva para cada especialidad, porque a menudo la gente quiere organizar una cosa que sirva para dos; como el sofá-cama, donde uno se sienta mal y duerme peor. Hay que organizar cada cosa para su finalidad, vale decir que la segunda regla de la organización es la objetividad.
La tercera es la estabilidad orgánica; es decir que se organice definitivamente y no se cambie todos los días, porque si no se conduce a la desorganización. Por eso es necesario un grado de estabilidad; pero si esa estabilidad es demasiado prolongada se anticua. Pierde el cuarto factor.
El cuarto es la perfectibilidad, y los que se anquilosan en un sistema y se exceden en la estabilidad pierden perfectibilidad. La perfectibilidad es la evolución. Es decir que no se puede estar cambiando todos los días de organización, pero tampoco se puede permanecer siempre con la misma organización, Hay que hacerla evolucionar de acuerdo con el tiempo y la situación.
LOS ERRORES ORGÁNICOS LLEVAN AL CAOS
Esos elementos de la conducción, tanto el conductor como los intermediarios de la conducción; vale decir, los cuadros y el encuadramiento orgánico de la masa, deben estar perfectamente definidos en su organización, respondiendo a estos cuatro grandes principios orgánicos. Dentro de la organización política, eso es suficiente. Por eso ustedes habrán observado que los defectos orgánicos y los errores cometidos en la organización producen una perturbación y alteración permanentes en los partidos políticos. Los comunistas expulsan todos los días a veinte o treinta de su organización, cambian las células de fábrica por las de barrio, cambian los dirigentes gremiales por los políticos. ¡De los radicales, no hablemos: lo arreglan todo a silletazos en el Comité Nacional!
Los defectos orgánicos los ponen a unos frente a otros. Todos ésos son errores orgánicos y cambian de dirigentes como de camisa. Eso los lleva al caos orgánico.
LA ORGANIZACIÓN Y LOS HOMBRES
Nosotros, mal o bien, durante estos cuatro años hemos mantenido un grado de estabilidad, y dentro de ella un cierto grado de perfectibilidad. Hemos cambiado los sistemas, pero despacito, de a poco. Es cierto que también, a veces, nos peleamos; pero la sangre no llega al río. Son discusiones pequeñas, «camandulería» de algunos «caudillitos» que todavía quedan. Eso obedece más qué a defectos de nuestra organización a defectos de los hombres, ¡Todos los problemas tienen solución; pero no todos los hombres tienen solución! Alguna vez llega alguien con un problema y me lo entrega.
Yo suelo decirle: “-Muy bien: el problema yo lo resuelvo; pero usted ¿qué quiere? Porque quién sabe si a usted lo puedo resolver». En la organización política tendremos siempre esos defectos, porque son los defectos de los hombres.
Pretender que los hombres sean perfectos dentro de los elementos de la conducción sería pretender lo imposible. ¡Lo que nosotros tenemos que tratar es que sea perfecta, a pesar de los defectos de los hombres! Cuando construimos una pared no nos fijamos de qué están hechos los ladrillos, y solamente vemos si la pared nos cubre y el techo nos abriga. No pensamos que en los ladrillos se utilizan materiales como el barro y el estiércol.
En la organización política también hay que pensar en la construcción. Hay que construir el andamiaje orgánico y rellenarlo bien, sin mirar mucho.
LA ACCIÓN DEL GOBIERNO ES CUALITATIVA
Si pensamos en el gobierno, allí sí que hay que pensar de otra manera, porque la acción del gobierno es cualitativa. De manera que, al compulsar todos los elementos de la conducción, nosotros debemos tener como punto de partida que la perfección se alcanza en lo orgánico.
Hay que trabajar de la periferia hacia adentro. Alcanzada la perfección orgánica, se puede alcanzar la perfección humana.
PERFECCIÓN HUMANA Y PERFECCIÓN ORGÁNICA
Pero la perfección humana no se alcanza nunca en la imperfección orgánica. Es decir que se puede perfeccionar el contenido después de establecido el continente. Antes, es inútil intentarlo. Lo mismo pasa en la organización de un ejército, que en la de un magisterio, que en la organización de un clero o de cualquier otra actividad. Todo eso se rige por una misma ley en la organización.
Nosotros tenemos ya el continente, y tenemos gran parte del contenido.
¿Por qué? Porque el continente ha cristalizado la organización integral de los elementos de la conducción. Este acto de la creación de la Escuela Superior Peronista, como así también de los Ateneos, de las Unidades Básicas, como también los elementos culturales que ya están dentro del partido; todo eso ya no está trabajando sobre el continente, sino que está trabajando sobre el contenido. Y esto tenemos que llevarlo hasta la última célula partidaria, educando al último hombre que obedezca a nuestra doctrina y que vaya en nuestra conducción. Cuando lo hayamos obtenido, podremos decir: ¡Ahora tenemos los elementos básicos de la conducción!
LAS ETAPAS Y EL ORDEN EN QUE SE DEBEN CUMPLIR
En esto, como en todo lo demás, se comienza a construir desde abajo, y nunca desde arriba. Es inútil dar a una masa inorgánica y anárquica un conductor. Lo van a colgar. Primero hay que formar esa masa. Sobre ella edificar y, al final, en el vértice de la pirámide va a estar el conductor, y esa masa lo va a llevar al conductor cuando el conductor no pueda llevarla a ella, porque la conducción no se hace sólo por medio del conductor. Los triunfos de Napoleón no se deben sólo a él. Cuando él no pudo, fue su gran ejército el que lo llevó. ¡Cuántas veces dijo que se sentía llevado por su ejército!…
Es decir que la conducción tiene ese fenómeno extraordinario, y el conductor es, a veces, conducido por los propios elementos de la conducción, cuando ellos están capacitados. Pero, si no lo están, la primera vez que flaqueen, el conductor se hunde él con todos sus cuadros.
Quiero hacerles comprender que no se conduce ni lo inorgánico ni lo anárquico. Se conduce sólo lo orgánico y lo adoctrinado, lo que tiene una obediencia y una disciplina inteligentes y una iniciativa que permite actuar a cada hombre en su propia conducción.
Esto es simple: un conductor, por genial que fuese, no podría llegar a cada uno de los millones de hombres que conduce. Hay una cosa que debe marchar sola; es decir, la doctrina, que pone a todo el mundo «a patear para el mismo arco». Ya eso le da una dirección a la masa. Luego está la organización, que le da unidad en la ejecución de las cosas. Sin esa unidad de concepción y sin esa unidad de acción,»ni el diablo puede conducir». Es decir que en la conducción no es suficiente con tener —como algunos creen— un conductor, ¡No!
ORGANIZAR, EDUCAR, ENSEÑAR, CAPACITAR Y LUEGO CONDUCIR
El conductor no es nada si los elementos de la conducción no están preparados y capacitados para ser conducidos. Y no hay conducción que pueda fracasar cuando la masa que es conducida tiene en sí misma el sentido de la conducción. Por eso, conducir es difícil, porque no se trata solamente de conducir. Se trata, primero, de ORGANIZAR; segundo, de EDUCAR; tercero, de ENSEÑAR; cuarto, de CAPACITAR, y quinto de CONDUCIR. Eso es lo que nosotros debemos comprender. Y en el análisis sucesivo que hagamos de todo este programa yo he de ir deslizándoles, con ejemplos fehacientes, cada uno de los elementos de juicio que permitan ir adquiriendo los conocimientos necesarios sobre el conductor, que no lo he de tratar hoy, porque he de dedicar, una clase exclusivamente para considerarlo.
Una clase será para los cuadros auxiliares de la conducción. Porque algunos creen que si nosotros tuviéramos un conductor para la dirección general y miles de conductores para la conducción auxiliar, de las mismas condiciones del conductor, habríamos ganado algo. No habríamos ganado nada, porque las condiciones que debe tener el conductor superior no son las mismas que las que debe tener el conductor auxiliar. ¿Por qué? Porque uno es el creador y el otro es el ejecutor de esa creación.
El no necesita tener espíritu creador; necesita tener espíritu de observación, de disciplina, de iniciativa para ejecutar bien lo creado por otro.
Y, finalmente, para terminar esta clase, quiero referirme a la masa.
Nosotros quizá seamos, en el orden político, los únicos políticos que en este país nos hemos dedicado a dar a la masa el sentido y el sentimiento adecuados para la conducción.
Por eso nos ha obedecido, y han sido posibles un 17 de Octubre y un 24 de Febrero en las condiciones de adversidad tremendas en que nosotros debimos afrontar esos actos decisivos de la vida del Partido Peronista.
Si la masa no hubiera tenido las condiciones que tuvo, cuando el 17 de Octubre perdió el comando, perdió la conducción, no hubiera procedido como lo hizo. Actuó por su cuenta; ya estaba educada.
CAUSAS SIN DOCTRINA
Sobre este mismo tema analizaremos, próximamente, algunas revoluciones que no tienen doctrina; cómo van muriendo y deformándose; cómo se han perdido; cómo las buenas causas se transformaron en las causas más atroces que ha tenido la humanidad por falta de una doctrina que asegurara la consolidación y la continuidad.
Todo eso es siempre un fenómeno de deformación de los elementos de la conducción; por deformación de los conductores, que se transforman, con el poder, en tiranos, o de los cuadros intermedios, que, despertado el apetito, deforman ellos la conducción en la escala intermedia, o por deformación de las masas, que entran en los períodos anárquicos en que todas las masas entran cuando están insatisfechas, no están bien dirigidas o conducidas por los auxiliares de la conducción.
Es decir: todos esos fenómenos, los cuáles, muchas veces, la gente no se explica, tienen su explicación en la descomposición de cualquiera de estos tres factores. No son errores, sino más bien son vicios. Y, como siempre, si los errores se modifican y corrigen racionalmente, los vicios se modifican y corrigen con virtudes. Por eso nunca está de más el desarrollo de las virtudes en las masas, con las virtudes las masas dominan todas las posibilidades de anarquismo y de disociación.
Por eso, señores, en nuestras futuras clases, al considerar al Conductor en sí, al considerar los cuadros en sí, las condiciones necesarias y la masa en sí, hemos de ampliar este tema. Solamente he querido poner en evidencia, para que no lo olviden, que no se trabaja en la conducción con otro elemento que con el conductor, con los cuadros que encuadran esa conducción y con la masa que se conduce.
Los conductores que se equivocan en esto es porque echan mano de otras cosas y pierden el tiempo en cuestiones secundarias, abandonando lo fundamental de la conducción, que son esos tres elementos.
Por eso los políticos perdieron la masa del pueblo, porque se dedicaron a algunas «macanas», «desconformaron» la conducción auxiliar, no la mantuvieron dentro de la disciplina, porque, por logrería política, se embanderaron con un pequeño grupo, luego con otro, y ellos fueron los
autores que descompusieron la organización de los cuadros.
LA VANIDAD DE LOS CONDUCTORES
Algunas veces los conductores creen que han llegado al pináculo de su gloria y se sienten semidioses. Entonces «meten la pata» todos los días. Los conductores son solamente hombres, con todas las miserias, aun cuando con todas las virtudes de los demás hombres. Cuando un conductor cree que ha llegado a ser un enviado de Dios, comienza a perderse. Abusa de su autoridad y de su poder; no respeta a los hombres y desprecia al pueblo.
Allí comienza a firmar su sentencia de muerte.
Por lo tanto, la conducción debe estar en manos de hombres de un perfecto equilibrio. Napoleón lo definía como un perfecto cuadrado: los valores morales son la base; los intelectuales, la altura. Es necesario que un conductor tenga tanto de unos como de otros. Si logra ese equilibrio, es el hombre de la conducción; pero cuando se le van los valores morales sobre los intelectuales, lo llevan a realizar cosas inconsultas, y cuando estos últimos lo sacan de las virtudes, ya no deja «macana» por hacer.
LUCHA Y CONSTRUCCIÓN; CONDUCCIÓN Y GOBIERNO
Para terminar, les diré cuál es la fórmula que la experiencia de tantos años de lucha y de trabajo me ha dicho que es la fundamental en la conducción y en el gobierno, dos artes bastante diferentes una de otra. La conducción es la lucha y el gobierno es construcción; pero en los dos prevalece esta misma regla, que ha de ser imperturbable, sobre todo cuando los hombres llegan a tener un gran poder y una gran autoridad.
Los que son siempre amigos de hacer su voluntad terminan por no hacerla en manera alguna. Ustedes han de haber visto esto entre los mismos compañeros. Hay algunos voluntariosos, que siempre quieren imponer su voluntad, que nunca transigen con los otros. Si trabajan en su circunscripción, todo ha de ser para ellos. Esos son peligrosos, nunca llegan lejos y se matan solos en el camino. No han sido capaces de desprenderse de ese cincuenta por ciento, e ignoran que en política, como en todo, “el que mucho abarca poco aprieta”.
En las próximas clases trataremos las características de la conducción moderna, vale decir: un ligero análisis de los antiguos y de los nuevos métodos; cómo nosotros utilizamos los medios nuevos para una nueva conducción, y por qué hemos revolucionado la conducción política en el
país. Nosotros no solamente hemos hecho una revolución en el orden social y económico, sino también en el orden político, revolución que es mucho más propaganda que lo que muchos se imaginan, y que es lo que quiero poner en evidencia en la próxima clase.
CARACTERÍSTICAS DE LA CONDUCCIÓN MODERNA
TIEMPO Y ESPACIO EN LA CONDUCCIÓN POLÍTICA
Vamos a tratar de las características de la conducción moderna. Una de las primeras cosas que la conducción, como la historia, necesita tener es un encuadramiento perfecto de tiempo y lugar.
La conducción ha evolucionado con la evolución del hombre, con la evolución de las ciencias y con la evolución de las artes. Cada nuevo descubrimiento altera y modifica la conducción. Por esa razón, para poder comprender la conducción, es necesario ubicarse en las condiciones de tiempo y de lugar. De tiempo, por la evolución; de lugar, por las características de esa misma conducción en el ambiente propio.
No se conduce lo mismo a los argentinos que a los suecos o a los noruegos o a los japoneses. Hay también en eso un don de ubicuidad de la conducción sin el cual uno fracasa irremisiblemente. Es decir que en esto, como no hay métodos, tampoco hay sistemas ni recetas para conducir, contando con que la conducción es trabajo con elementos humanos antes que ninguna otra cosa, y los elementos humanos tienen sus características propias que se relacionan con el tiempo, con su evolución, o con el lugar, con la modalidad propia de los pueblos.
SOLAMENTE NOS REFERIREMOS A NUESTRO PAÍS
Por esa razón yo hablo de las características modernas de la conducción, pero referidas exclusivamente a nuestro país.
En este momento, no conduce lo mismo Stalin — que lo hace en Rusia — que yo, que lo hago aquí.
Y es lógico: porque ni la evolución nuestra es la misma que la de Rusia, ni el ruso es lo mismo que el argentino.
La evolución en el tiempo y en el espacio es un factor preponderante a tener en cuenta para toda la conducción. Por eso trato las características modernas de la conducción referidas exclusivamente a nuestro país.
Si se quisiera hacer un amplio estudio de esto habría que tomar los distintos países en las épocas de su buena conducción —no de la mala— y haciendo un estudio comparativo, tendríamos un mayor horizonte para apreciar. Pero nosotros no tenemos tiempo para eso, razón por la cual nos reducimos a analizar la conducción exclusivamente en la Argentina y en estos momentos.
En esto podríamos considerar, a título de ejemplo, para poder certificar, dos épocas y dos conducciones.
La antigua conducción política argentina, que muchos de ustedes conocen tan bien o mejor que yo, era la forma primaria de la conducción, o sea la conducción basada en el sentido gregario, natural al hombre de nuestro país. Era una forma de caudillismo de caciquismo; hombres que iban detrás de otros hombres, no detrás de una causa. Nadie preguntaba al conductor, fuera éste el conductor de todo o el conductor de las partes, cuál era su programa, qué era lo que quería realizar. Le ponían un rótulo o era don Juan, don Pedro o don Diego, y detrás de él seguía la masa. Era el sentido más primario, de la conducción política.
Esto era una cosa explicable por dos causas fundamentales.
Primero, por la falta de cultura cívica en que el pueblo argentino había estado sumido durante tantos años; y también por falta de cultura general.
En los pueblos evolucionados eso viene naturalmente cuando el hombre deja de sentirse un espectador y pasa a tomar parte en el espectáculo como actor. Entonces él necesita saber algo más, y no solamente va detrás de un hombre, sino detrás de una idea o de una causa que quiere conocer, que quiere penetrar, y entonces, racionalmente, va detrás de esa causa porque la comprende, la comparte y la siente.
CONDUCCIÓN PRIMARIA
Como consecuencia de que el contacto de las masas era directo con los caudillos de segundo orden y de que éstos eran los intermediarios entre la masa y la conducción superior (fuese ésta hombre o partido), no se podía, por razones de medios, realizar una conducción más o menos centralizada.
Había que confiar en los caudillos de segundo orden, porque ¿cómo podía el caudillo total llegar hasta la masa misma? No eran hombres para adoctrinar masas o bien no les convenía llegar con su palabra a la masa.
Por otra parte, ellos no querían de la masa el apoyo sentimental, sino el apoyo electoral, con el cual se conformaban. En consecuencia, y como no existía entonces la radiotelefonía y aun después, cuando existió, ellos no quisieron ponerse en contacto directo con la masa por ese medio que les brindaba la ciencia y permanecían aislados de la masa.
¿Por qué? Porque el caudillo no era un adoctrinador, ni un maestro, ni un conductor. Prefirió, pues, substraerse del contacto con la masa. Y decía más: «No hay que meterse mucho. Se gasta uno…»
Eso es cierto, es de la época. Cuando yo era subteniente, había un capitán en mi compañía, de esos capitanes viejos, que decía lo mismo: «No hay que ir mucho a la compañía porque los subalternos pierden el respeto». ¡Es claro! Como era ignorante y bruto, en cuanto lo conocían, le perdían el respeto. Estando alejado, no lo conocían y estaban siempre en duda sobre su valor, inteligencia y capacidad.
Lo mismo era el caudillo político. Eludía el contacto con el pueblo porque no le favorecía, porque carecía de las cualidades que debía tener para conducir. Es decir, que su resolución de no establecer contacto era sabia en cierta medida. Pero el pueblo, a la larga, tenía que conocer la verdad, porque las verdades, se pueden ocultar por poco tiempo.
LAS CONVENCIONES «SOBERANAS»
Esas antiguas formas de conducción llevaron a la descomposición de los partidos políticos cuando la gente comenzó a conocer la verdad. Ellos habían creado una serie de organizaciones que no permitían la conducción centralizada, es decir, no había una conducción del conjunto, pero sí de las partes, y con un aglutinante distinto al que se emplea en el orden moderno de las cosas. Por eso tenían sus convenciones soberanas.
Yo entiendo que en cada país puede haber solamente una cosa soberana, porque cuando hay dos, ninguna de las dos es soberana.
Las convenciones departamentales eran soberanas, hacían lo que querían, y lo mismo hacían las provinciales y las nacionales. Al final, ¿cuál era soberana? Cada una hacía lo que quería y el resultado era una anarquía permanente.
Convenciones que debían ser para unificar, resultaban elementos de distorsión y disolvencia, porque se enfrentaban y chocaban entre ellas, originando procesos de disolución que terminaban con la atomización total de las organizaciones políticas.
HASTA DE NOMBRE CAMBIARON LOS PARTIDOS
Nosotros hemos asistido a la descomposición política argentina durante los últimos cincuenta años. Y observen ustedes que todos los partidos han cambiado de rótulo; no sólo han cambiado de caudillos, de causas, sino que han cambiado también de rótulo. Algunos para mejorar en el nombre y otros porque no estaban de acuerdo con el que inicialmente ellos fundaron, crearon y propugnaron. Así, han tenido distintos calificativos: lo que primero fue la Unión Nacional, fue después Partido Cívico, luego Unión Cívica Radical, más tarde Radical Personalista, o Antipersonalista. Esto evidencia un partido sin arraigo.
PARTIDOS SIN ARRAIGO
¿Qué significa partido sin arraigo, en el pensar nuestro? Son los partidos que no saben lo que quieren. ¿Y cómo iban a saber si los dirigentes tampoco lo sabían?
Y no vayan a pensar que esto es una cosa tan extraordinaria.
Me atrevería a afirmar que no son muchos los hombres que saben lo que quieren.
Para no alargar el análisis, diré que podremos estudiar todos esos males, en forma bien determinada, estudiando las distintas fuerzas políticas que actuaron en nuestro medio.
ENVEJECIMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Pero el mal que los aquejó siempre fue el envejecimiento de las fuerzas políticas por falta de evolución, otro de los males de la organización política antigua. Porque como se basaba en hombres y en caudillos, así como envejecía el caudillo, envejecía el partido.
Como ellos no iban detrás de una doctrina que pudiera palparse y practicarse racional y conscientemente, los organismos envejecieron con sus hombres.
Como ellos no dejaron entrar a las nuevas generaciones a compartir con ellos la responsabilidad o la prebenda de los puestos públicos, los hombres que valían fueron apartándose para dedicarse a otra cosa.
Al final la cosa pública quedó en las peores manos: en manos de los hombres con cerebro marchito y con el corazón intimidado. La política no es para esa clase de hombres.
LA CONDUCCIÓN CENTRALIZADA
Todo eso, que no permitió nunca la conducción centralizada, es un mal que todavía se puede apreciar en nuestros días. Hay países de una enorme evolución en sus formas políticas, donde se afirma que existe la perfección hecha sistema de nuestra democracia, la deformación se produce en otras direcciones y por otras partes. Se ven asociaciones ilícitas y de delincuencia que se han hecho cargo de la dirección de la cosa pública, y esto obedece a lo mismo son fuerzas sin doctrina, vale decir, fuerzas materiales, y usufructúan ellas los bienes que el pueblo necesita para disfrutar de su felicidad y para preparar y realizar la grandeza de la Nación.
DEBEN TRANSFORMARSE LAS FORMAS POLÍTICAS
Sería largo que yo hiciera en estos momentos la crítica detallada de todo eso. Pero esas observaciones que uno va realizando a medida que ve desfilar las distintas formas políticas y analiza, por ejemplo, las de Francia, que fracasó, detrás de los viejos hombres que no supieron hacerle honor, nos indican que la política deberá realizar una transformación si quiere seguir viviendo.
UN EJEMPLO: EL SOCIALISMO. SU HISTORIA
Para dar ejemplo, tomaré una sola de esas fuerzas, que es la que presenta un aspecto más interesante, más rápido y más objetivo para analizar: el socialismo.
El socialismo nació en la III Internacional, es decir que su lugar y época de nacimiento son casi simultáneos con el comunismo. Los dos son hijos de una misma madre: el marxismo. Cuando se realiza la III Internacional, se separa el socialismo del comunismo. Se produce la primera lucha y los comunistas pretenden iniciar una acción contra el socialismo para exterminarlo. Pero los que tomaron la dirección del comunismo resolvieron sabiamente dejarlo actuar, porque la tendencia del socialismo, desde su nacimiento, presuponía una acción demasiado demagógica y contemplativa al mismo tiempo para que pudiera ser efectiva.
En una misma internacional los comunistas dijeron: «Dejen actuar a los socialistas, que ellos son especiales para sembrar, pero no sirven para cosechar. Los que vamos a cosechar somos nosotros».
Como la teoría era común, dejaron al socialismo sembrar el marxismo en el mundo, y hoy están los comunistas recogiendo con la cosechadora lo que sembraron los otros. Esta es una realidad que no se puede negar.
SOCIALISMO Y LOS COMUNISTAS
Cuando les dijeron a los comunistas: «¿Y si los socialistas toman el gobierno?», ellos contestaron: «Déjenlos que lo tomen, porque es seguro que van a fracasar».
Analicemos qué hicieron los socialistas donde tomaron el gobierno.
En Inglaterra, el primer gobierno socialista de Ramsay Mac Ubriald estuvo seis meses en el gobierno.
En España, el gobierno de Azaña llevó a la guerra civil y a una situación
económica que tal vez necesite mucho tiempo para hallar solución.
Podríamos analizar muchas otras partes en que la acción del socialismo se ha hecho sentir, llevando a los países al fracaso y entregándolos en manos del comunismo, a pesar de los que han aparecido para defender los últimos restos que aun quedan del socialismo del mundo.
Lo mismo pasó con nuestro socialismo, que, afortunadamente, nunca llegó al gobierno, porque nos hubiera hecho fracasar ¿Por qué son malos? No porque sean incapaces, sino porque han desarrollado toda la vida una doctrina negativa.
Nunca dicen lo que hay que hacer. Dicen, en cambio, lo que se ha hecho mal lo que no se debe hacer. Son hombres negativos. Entre ellos mismos se han combatido implacablemente hasta que se han destruido, y han encumbrado en el partido a una secta que no ha permitido a ningún joven socialista progresar dentro del Movimiento. Cuando salía uno bueno, lo echaban del partido porque protestaba, y si era sumiso «lo ataban de una pata» y lo hacían trabajar para ellos. Es la mejor manera de destruir cualquier organización por bienintencionada que sea.
El socialismo no es una fuerza malintencionada. Es una fuerza bienintencionada a la que los hombres han deformado y terminado de destruir.
Esto es lo que podríamos llamar una de las deformaciones de la conducción política: el sectarismo.
Con sectarismo no hay conducción. El sectarismo es el primer enemigo de la conducción, porque la conducción es de sentido universalista, es amplia, y donde hay sectarismo se muere porque la conducción no tiene suficiente oxígeno para poder vivir.
No se pueden conducir los elementos sectarios. ¿Por Que? Porque cuando llega el momento en que la conducción debe echar mano a un recurso extraordinario, el sectario dice: «No; ¡ésa es una herejía para el sectario!»
Entonces, los métodos y los recursos de lucha se reducen a un sector tan pequeño que presentan una enorme debilidad frente a otros más hábiles que utilizan todos los recursos que la situación les ofrece para la conducción.
Por eso el sectarismo es la tumba de la conducción en el campo político.
Bien; yo he querido citar estos ejemplos rápidos para dar una idea y llevar a la persuasión de la necesidad que la conducción impone de hacer evolucionar los organismos políticos para que puedan ser susceptibles de ser manejados y de ser conducidos. Es decir, llevarlos a las nuevas formas.
¿En qué consiste la nueva forma de la conducción? Hay que reemplazar el sectarismo político del siglo pasado y de esta mitad del siglo presente por una doctrina.
¿Qué diferencia hay entre la conducción gregaria o sectaria y el adoctrinamiento? La doctrina no es una regla fija para nadie. Es, en cambio, una gran orientación con principios; con principios que se cumplen siempre de distinta manera.
No se está atado a nada fijo, pero si se tiene la orientación espiritual para resolverse, en todas las ocasiones, dentro de una misma dirección; pero en un inmenso campo de acción para la ejecución.
LA DOCTRINA, REMEDIO DEL SECTARISMO
Dar esa unidad de doctrina es la base para formar las nuevas agrupaciones; vale decir, para formar agrupaciones conscientes e inteligentes, dentro de una orientación unitaria.
Eso es lo que la doctrina persigue; vale decir, encaminar los valores morales de los hombres y su acción intelectual y material en una dirección única.
¿Cómo realiza su marcha? Esto está librado a cada uno. ¿Cuándo la realiza? También el momento lo elige cada uno. Pero la orientación la fija la doctrina. Es la orientación y es el sentido y el sentimiento de esa masa lo que la doctrina quiere fijar y quiere establecer. En base a ese adoctrinamiento, recién puede pensarse en la conducción.
LA DOCTRINA DE LA NACIÓN ES NUESTRA DOCTRINA
Ustedes se imaginan que todas las dificultades que encuentra el gobierno para hacer marchar a la Nación en una misma dirección —teniendo en cuenta los dos objetivos fundamentales de hacer la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación— se deben al desacuerdo que existe entre los mismos argentinos. Unos quieren la independencia económica y otros no la quieren. Unos quieren la justicia social y otros no la quieren. Unos quieren la soberanía política y otros no la quieren. ¡Cuando son tres cosas que ningún argentino podría dejar de querer!
Sin embargo, todas las dificultades están precisamente en esa falta de doctrina común de los argentinos, como consecuencia de que se ha tomado la conducción de la Nación basándose en las apetencias y en los sentidos de los hombres y no en los ideales de la nacionalidad y en las altas formas patrióticas de conducción y realización por el Estado y para la nación misma.
Ese enfoque hay que cambiarlo.
No debemos hacer lo que nos conviene a nosotros, sino lo que a todos; lo que conviene al Estado, no a cada uno indistinto e incívicamente. Por eso cuando hablo de la moderna conducción hablo de la necesidad primaria de organizarse para actuar con la unidad de concepción que nace de la doctrina y de la común unidad de acción que nace de la unidad de concepción. Sin esto, todas son dificultades para la conducción.
ADOCTRINAMIENTO DE LA MASA
Para alcanzar eso, debemos llevar un cierto grado de cultura cívica, social y general a la masa. Con un pueblo de ignorantes y de analfabetos, este tipo de conducción es sumamente difícil. Por eso, mientras antes se decía: «Hay que educar al soberano», y todo el mundo le daba vino y empanadas, nosotros decimos: «Hay que elevar la cultura del pueblo», y nos ponemos a trabajar para hacerlo.
Nuestra conducción, tal cual la queremos nosotros, no puede realizarse bien hasta que ese grado de cultura no haya saturado a toda la población.
Cuando ese grado de cultura, que es a la vez de sentido y de sentimiento, se haya desarrollado, nuestra conducción será sumamente fácil. Bastará difundir lo que sea conveniente para la Nación, y en eso estaremos todos de acuerdo. Nadie discutirá ya sobre los beneficios de la independencia económica, de la justicia social o de la soberanía de la Nación. Eso es, en parte, falta de cultura para los que no lo comprenden, y falta de educación de sus propios sentimientos, para los que entienden demasiado, pero no quieren sacrificar nada de sí en beneficio del conjunto de la Nación. Por eso digo que para conducir es indispensable alcanzar ese grado de cultura al que nosotros aspiramos.
LA TÉCNICA MODERNA AL SERVICIO DE LA CONDUCCIÓN POLÍTICA
Las formas nuevas o modernas han permitido también mucho de elevación cultural de las masas. Antes se efectuaba mediante la difusión fragmentaria, difícil, del contacto directo con las masas para poder educarlas o instruirlas.
Hoy, el agricultor, que no baja a una población durante un año, escucha lo que le decimos todos los días desde aquí mediante la radiotelefonía. Vale decir que las modernas conquistas de la ciencia nos van facilitando la tarea.
Cuando actuamos en un acto cívico, nos basta hablar a todo el país por radio y no queda ningún argentino sin conocer lo que le terminamos de decir.
Eso era antes imposible. Hoy lo hacemos en un minuto. Antes se necesitaban seis, ocho meses, un año.
Hoy no se puede admitir ni tolerar la conducción anarquizada de las partes, ya que es posible realizar la conducción centralizada mediante los nuevos métodos. Así fue como nosotros derrotamos a nuestros adversarios aferrados a las viejas formas de los comités y de la transmisión por intermediarios, que eran los caudillos políticos. Nosotros tomamos la radio y dijimos a todos: «Hay que, hacer tal cosa». Y la hicieron. Esa unidad de acción se obtuvo aprovechando un medio que ellos no supieron aprovechar en la misma forma que nosotros.
TENEMOS NUEVAS FORMAS DE CONDUCCIÓN POLÍTICA
La víspera de la elección del 24 de febrero, nosotros dimos por radio la orden a todos los peronistas, y al día siguiente todos la conocían y la ejecutaban. Nuestros adversarios se reían de nuestra orden y seguían con sus discursos, sus comités, sus empanadas, sus conferencias y sus
convenciones soberanas. Cito ese ejemplo para que se den cuenta de que la ventaja de los tiempos modernos radica en esas dos circunstancias: la posibilidad de elevar la cultura ciudadana de la población mediante una devoción y un trabajo permanentes, por todos los medios, y de agilizar y centralizar la conducción en el momento oportuno para que no prevalezca ningún interés personal o parcial, sino el interés de todos, atados en la conducción centralizada desde un punto de vista que hace insospechable que puedan perseguir ningún interés y que no tienen interés de favorecer a nadie particular sino a los hombres que trabajan con el mismo tesón y el mismo afán para la defensa de la colectividad. Es decir, estas nuevas formas son las nuestras.
DEBEMOS APROVECHAR BIEN LOS NUEVOS SISTEMAS
Hay que ir aprovechando todo eso nuevo para ir llevando una conducción más ajustada a la necesidad de la propia conducción. Estas modernas formas de conducción permiten reformar los antiguos sistemas lentos, sometidos a una cantidad de interferencias que hacían no solamente inaplicable, lento e incorrecto él sistema, sino que no permitían en manera alguna unificar la forma de concebir para unificar la manera de accionar.
La nueva forma de conducción está ajustada a esos nuevos medios, a esa nueva cultura y al nuevo sentido que puede tener la conducción moderna.
Cuando quien conduce no los aprovecha y conduce como hace un siglo, es indudable que se halla en enorme desventaja frente a los que aprovechan todas las circunstancias de los perfeccionamientos modernos para ponerlos al servicio de la conducción.
LA TÉCNICA MODERNA HA PERMITIDO CAMBIAR INCLUSO EL TIPO DE
Por esa razón, estas nuevas formas han permitido también alterar en cierto modo la organización de las fuerzas que actúan en la política. Si utilizando aquellos antiguos medios nosotros estuviéramos organizados como estaban organizados antes, no podríamos tener las formas orgánicas modernas.
El peronismo tiene un partido político de hombres, tiene un partido político de mujeres y tiene una organización sindical, que también actúa en beneficio del peronismo, aun cuando muchos de sus integrantes no pertenecen a ningún sector político. Esta es la realidad. Hace mucho tiempo eso no hubiera sido posible, porque como la dificultad
de aquellos tiempos era precisamente la conducción, cuanto mayor fuera el número de conducciones, los inconvenientes se multiplicaban por el número de los distintos organismos que debían conducirse. Por eso no podían darse el lujo de tener distintas agrupaciones y organizaciones para manejar. Pero hoy no existe ninguna dificultad para qué sea así, y si las mujeres quieren organizarse por su cuenta y tener ellas su organización política, ¿por qué no les daremos el gusto? Y sí los hombres quieren tener su partido político sin qué nadie interfiera su acción, ¿por qué no les daremos el gusto?
Y si los obreros no desean incorporarse a un partido político y quieren seguir formando parte de un sindicato, ¿por qué no les vamos a dar el gusto? Si practican nuestra doctrina, ¿qué nos interesa dónde están encuadrados y dónde actúan? Nos basta con que sientan y actúen como justicialistas, cualquiera sea la organización que los agrupe. ¿Por qué? Porque así los podremos conducir cualquiera sea el tipo de organización que tengan.
LA DOCTRINA AGLUTINA A TODOS
Es indudable que si el Partido Peronista ha podido organizarse así, ello permite decir que en el futuro de nuestra organización política todo eso va a terminar en una misma cosa porque la doctrina va forzando hacia la aglutinación permanente.
AGLUTINACIÓN Y DISOCIACIÓN
Los partidos antiguos estaban armados en forma divergente; cuanto más crecían, más se abrían, porque partían de una base demasiado pequeña para que pudieran ser fuerzas convergentes las que actuaban y no tenían una doctrina del tipo de la nuestra. Se agrandaban y pululaban inmensamente los distintos caudillos y caudillitos, que eran todos elementos de disociación y no de convergencia. Nosotros hemos creado una inmensa base que está en nuestra doctrina, y si se practica esa doctrina, cuanto más fuerza hagan los hombres, más se unen y menos se separan. Es decir, hay aglutinación política en nuestra organización y menos disociación de fuerza de cualquier naturaleza.
Por eso esa enorme base que crea la doctrina permite que sea todo el pueblo organizado en la forma que el pueblo quiera, porque cuando él haga fuerza, no hará fuerza para separarse, sino para unirse, ya que está en una misma orientación y marcha hacia un mismo objetivo. Es como si pusiéramos cien hombres y les diéramos un punto a cien metros. Cuando llegasen a los cien metros, estarían todos muy ajustados porque habrían marchado hacia, un mismo y solo objetivo.
Esto será motivo de alguna profundización más adelante.
¿CUAL HA SIDO NUESTRO SISTEMA?
Para llegar a lo que hemos hecho, ¿cuál ha sido el sistema orgánico y de captación o de reclutamiento que hemos adoptado? Lo primero que hay que hacer para conducir es tener la masa, ya que «para hacer guiso de liebre lo primero que hay que tener es la liebre». Primero hay que formar el contingente que se va a conducir, porque con el conductor solo no se conduce nada.
La conducción es posible cuando existe el objeto que se ha de conducir.
¿Cómo actuamos nosotros para formar ese contingente? ¿Cuál fue el sistema de captación y de reclutamiento?
PRIMERO: CAPTAR LA MASA
Yo empecé a realizar esto personalmente desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.
¿Cuál era la orientación? La primera regla que yo cumplí fue: decir la verdad y actuar sincera y lealmente, porque sabía que: la masa estaba descorazonada por la falta de sinceridad y lealtad, y por la mentira permanente con que habían procedido los que habían actuado antes que yo.
Lógicamente, para analizar un problema, leal y sinceramente, no es suficiente con tener la intención, porque muchas veces en la vida no se puede tener la seguridad de si se podrá cumplir con lo que se promete, ya que no se trata sólo de intención, sino también de posibilidades.
Cuando empezamos nosotros a trabajar, recibimos a todo el que viniera, creando una organización que permitía a todos los argentinos, pobres, ricos, malos, buenos, blancos o negros, que viniesen allí a escucharnos.
Yo los recibía a todos, los saludaba y después les decía qué pensaba yo y cómo creía que debían resolverse los problemas.
Si llegaban diez, les hablaba; si llegaban dos, también les hablaba; si eran diez mil, mejor. Así el número fue creciendo, y cuando quise acordarme tenía el predicamento político que yo necesitaba para comenzar a accionar.
Yo siempre prefería, en vez de hablar a hombres, hablar a organizaciones.
¿Por qué? Por la misma causa que cuando uno quiere juntar todas las hormigas, no las agarra de a una, sino que va al hormiguero y las agarra allí. Entonces, yo me dediqué a los hormigueros, con cierto provecho. ¿Por qué? Porque ellos vieron que lo que yo les decía, hacía. Ellos vieron que me traían sus inquietudes y las veían satisfechas. Es decir que yo no era un «macaneador» más. Por lo menos, prometía ser un hombre que hacía las diligencias necesarias para cumplir lo que ellos querían.
PERSUASIÓN CON HECHOS
Yo no persuadía a la gente con palabras, porque las palabras poco persuaden. Yo persuadí a la gente con hechos y con ejemplos. Yo les decía: «Hay que trabajar». Pero yo le metía desde las cinco de la mañana hasta el otro día a las cinco. Fue así como persuadí a la gente, y cuando estuvo persuadida y tuve el predicamento político necesario, me largué a una acción más grande, porque ya tenía el apoyo. Había obtenido la palanca y empezaba a mover el mundo.
Eso era lo que yo necesitaba para comenzar a conducir. Ya tenía una masa, todavía inorgánica, probablemente, para conducir, pero que mediante distintos sistemas y maneras de actuar podría ir conduciendo. Por lo pronto, contaba con lo primero que se necesitaba para mandar y para conducir: contaba con el corazón de los hombres. Yo mandaba más que el gobierno en ese momento, porque yo mandaba sobre el corazón de muchos miles de hombres. Esa es, quiza, la primera condición para conducir. Es decir, actuar sobre el corazón de los hombres, no sólo sobré su voluntad, para que lo acompañen a uno conscientemente y de corazón. Cuando eso se realiza la conducción es fácil. Si no se ha realizado, no hay nada más difícil que la conducción. Por eso la conducción no es el arte que especula con una cosa y en un momento. La conducción es un arte que especula sobre todas las cosas y sobre todos los momentos. Eso es, precisamente, lo difícil de la conducción.
EL CONDUCTOR NO PUEDE MENTIR
El conductor no puede decir la primera mentira; él conductor no puede cometer la primera falsedad ni el primer engaño; debe mantener una conducta honrada mientras actúe, y el día que no se sienta capaz de llevar adelante una conducta honrada será mejor que se vaya y no trate de conducir, porque no va a conducir nada.
Por eso digo que en la conducción no son sólo los valores materiales los que cuentan, y no es sólo la inteligencia del individuo la que actúa. Actúan también sus sentimientos, sus valores morales, sus virtudes. Un hombre sin virtudes no debe conducir, y no puede conducir aunque quiera o aunque deba.
Por esa razón cuando hablamos de sistemas de captación o de reclutamiento de esa masa objeto de nuestra conducción tenemos que poner esas cosas bien en su lugar. Yo podría hacer un análisis muy minucioso de cada una de estas cosas, pero por el poco tiempo que tenemos me conformaré con sólo dar estas ideas genérales.
AHORA HAY QUE «CAPTAR» DE OTRA MANERA
Bien; realizado ese primer reclutamiento, podemos decir que todo aquello que está organizado, que era captable para el Movimiento Justicialista, ya lo hemos captado. Si siguiéramos ahora con el mismo sistema fracasaríamos, porque lo que queda ya no lo vamos a poder captar así.
Ahora hay que empezar como cuando se ha tomado el hormiguero. Ahora hay que empezar a juntar las hormigas sueltas. No hay más remedio, porque lo captable ya lo hemos captado. Ahora tenemos que hacer dos trabajos: primero, no perder lo que ya tenemos, y segundo, tratar de captar lo que no tenemos.
LO QUE TODAVÍA NO TENEMOS: LA OPINIÓN INDEPENDIENTE
¿Cómo está lo que no tenemos dentro del movimiento peronista? Hay dos grandes grupos.
El primero es el de los indiferentes, que algunos llaman la opinión independiente. Eso no es opinión independiente. Eso es indiferencia, que en el orden político puede llamarse estupidez política. Es eso que no tiene ni un color ni otro, que es como decía el famoso cura de «Flor de durazno»: «Es como la bosta de paloma, que no tiene ni bueno ni mal olor.»
Algunos dicen: hay que captarse la opinión independiente. Grave error. Esa no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno. Esa opinión es la que no debe interesar al que conduce. Algunos han perdido lo que tenían por ganarse la opinión independiente. A ésos hay que dejarlos al margen y no tratar de conducirlos. Esos son inconducibles; ésos son en todas las colectividades los salvajes permitidos por la civilización, que viven aislados y al margen de las inquietudes de los demás. Esos no nos interesan. A ésos no los vamos a captar nunca. Y si los captamos son elementos de disociación dentro de la organización política porque ellos están siempre en contra, algunas veces de las cosas buenas y otras veces de las cosas malas. Porque un argentino que conoce su patria y que la quiere y no ha tomado partido en eso, no debe tener grandes condiciones de patriota ni grandes condiciones morales.
Licurgo —a quien mi señora cita hoy en su conferencia— estableció en una de sus más sabias leyes —entre las tantas leyes que él hizo para Esparta—, que para mí es la más maravillosa de todas, lo siguiente: «Hay un solo delito infamante para el ciudadano: que en la lucha en que se deciden los destinos de Esparta él no esté en ninguno de los dos bandos o esté en los dos”. Esos señores independientes pertenecen a esa clase de delincuentes que cita Licurgo en sus leyes. Son pasibles de un delito infamante contra la República.
LOS OPOSITORES SON MÁS RESPETABLES QUE LOS INDEPENDIENTES
El otro grupo es el de los opositores, que yo respeto más que a los independientes. Los respeto más porque siquiera, equivocados o no, tienen su idea y la defienden. Cuando un hombre dice: «yo soy apolítico», es como si dijera: «yo soy un cretino». No digo lo mismo de un opositor que no comparte mis ideas. Pienso que es un equivocado, pero nunca pienso que es un cretino. Muchos de ellos, que todavía viven en el siglo pasado o atrasados veinte o treinta años, no han evolucionado con los demás, tienen lentitud en la percepción de los nuevos problemas y de las nuevas acciones y son respetables. A ésos hay que tratar de ganárselos.
Ahora interesa conocer el método para ganarlos. Observen ustedes: los hombres que han sido de cualquier tendencia, pero que no han estado afiliados a una obligación caciquesca o caudillesca, están con nosotros.
Quedan fuera de nuestra organización sólo aquellos que obedecen a un caudillo, pero al caudillo se le puede sacar la gente, poniéndola frente al panorama de la República, hablándole de que no se sirve a un caudillo sino a la Nación.
Cuando las tropas de O’Higgins y Carrera emigraron de Chile después de Talcahuano, San Martín las recibió en Mendoza habló con los jefes, uno de los cuales era Carrera y el otro O’Higgins. Este declaró: «Toda esta fuerza, que es la fuerza chilena, está a sus órdenes»; y Carrera le dijo: «Señor, yo estoy a sus órdenes». Cuando San Martín le contestó: «No necesito hombres, sino tropas» y consultó a los soldados, los de O’Higgns se incorporaron al ejército de los Andes y los de Carrera se negaron a incorporarse donde no se incorporase su jefe. Entonces San Martín, en una sabia orden que dio, dijo: «Acepto las tropas de O’Higgins y las incorporo al ejército de los Andes». A las otras las dispersó y ordenó volver a Chile, porque él no podía contar con hombres que estaban más dispuestos a servir a un caudillo qué a su patria.
Eso mismo es lo que nosotros necesitamos. A aquellos hombres que quieren servir más a un caudillo que a la Patria no los queremos dentro de nuestro Movimiento. Pero aquellos que se persuadan de que somos sólo instrumentos al servicio de la Nación serán siempre bienvenidos.
Hay que persuadir a los que están equivocados y toman la política como un fin y no como un medio, y hay que traerlos a nuestras agrupaciones. Si son idealistas y hombres de bien, serán bienvenidos y reforzarán nuestra propia organización.
EL ARMA DE LA CAPTACIÓN: LA PERSUASIÓN
Ese es el trabajo que tenemos que realizar. Hay que tomar uno por uno e irlos persuadiendo. En política, el arma de captación no puede ser otra que la persuasión, porque queremos hombres conscientes que sirvan conscientemente a la doctrina. No inconscientes que por apetencias quieran ponerse al servicio de una causa que es noble para envilecerla. Los hombres que vengan al peronismo deben hacerlo con la voluntad decidida a poner todos los días algo de su parte, para ennoblecerlo y dignificarlo.
Con esta conversación doy por terminado todo lo que se refiere a las características de la conducción moderna en nuestro país en este momento.
DOCTRINA, TEORÍA Y FORMAS DE EJECUCIÓN
TODAVÍA NO ESTAMOS ORGANIZADOS
Nuestra acción de la conducción todavía la vamos realizando en forma inorgánica. No hay que creer que estamos organizados. Todavía no lo estamos. Una fuerza política no se organiza en cinco años, porque la tarea de persuasión, de educación, de iniciación de la doctrina en el espíritu de los hombres no puede realizarse en tan corto tiempo. Menos aún si los hombres que llegan al peronismo han venido de distintos lugares, de distintas direcciones, con distintas orientaciones.
Debemos hacer que se vayan olvidando de sus antiguas creencias y doctrinas y vayan asimilando las nuevas. Eso es obra de generaciones.
Cuando los que hoy son chicos lleguen a tener veinte o veinticinco años, el peronismo estará en el auge de su organización y de su número.
Nuestro trabajo sobre la juventud y la niñez va formando las futuras generaciones que han de engrosar el peronismo. No tengo la menor duda.
Si con el voto de los hombres hemos ganado enormemente, con el voto de las mujeres ganaremos mucho más aún; pero esto no es ni sombra de lo que será el día que voten los pibes de hoy.
DEBEMOS UTILIZAR NUEVAS FORMAS
En nuestra organización política debemos eliminar todas las antiguas formas, porque en la evolución estamos utilizando nuevas formas. Y cuando se utilizan nuevas formas es necesario cambiar todos los sistemas para adecuarlos a ellas.
Cuando el hombre pasó del caballo al automóvil no pudo pretender que le pusieran un freno y un rebenque, sino que tuvo que acostumbrarse al volante y al acelerador. Igual cosa ocurre aquí. No se puede cambiar una cosa sin cambiar todas las adherencias que tiene.
No se puede cambiar un sistema, como lo hemos cambiado nosotros, y seguir aferrados a las viejas formas. Los pequeños problemas que todavía tenemos en el Partido se plantean porque hay hombres que actúan de acuerdo con las viejas formas. De ahí los choques entre pequeños dirigentes de uno y otro sector. La acción personal de algunos hombres que chocan con otros no tiene razón de ser en nuestro partido, donde todos debemos ser artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie.
Tenemos que hacer desaparecer los vicios de la antigua escuela y establecer una escuela nueva, una escuela política moderna que nos lleve a la utilización de nuevas formas, y cuando los hombres comiencen a darse cuenta de que, con el progreso general de todos, ellos también progresan, se darán cuenta de que mejor pelear en conjunto y ganar en conjunto que pelear aisladamente, ganar alguna vez y perder otras. Es decir, no empeñarse en una lucha estéril entre nosotros cuando tenemos al frente un enemigo contra el cual debemos luchar.
LA LUCHA ES COMÚN
La conquista que logremos todos en conjunto permitirá que cada uno obtenga lo que ambiciona dentro de nuestra organización. Siempre les digo a los dirigentes que están empeñados en una lucha política entre compañeros: «¿Por qué luchan y por qué pelean entre ustedes?» Observen ustedes: este año se realizarán elecciones generales. Hay veinte mil puestos para cubrir y nosotros no tenemos todavía veinte mil dirigentes capacitados como deseamos, moral e intelectualmente, para desempeñarlos. Yo me explicaría que los puestos se pelearan por los hombres, pero no que los hombres se peleen por los puestos.
NUESTRO MOVIMIENTO ES IDEALISTA
Nuestro movimiento, por otra parte, es un movimiento idealista, es un movimiento que no va tras objetivos inmediatos, que suelen ser los más perjudiciales no sólo para la organización, sino también para los hombres que actúan dentro de ella. En el peronismo hay que hacer la conciencia de que, para que se pueda realizar la conducción como nosotros la queremos hacer, el peronista que desempeñe un puesto lleve a cabo su función sin detenerse a considerar si el puesto es grande, chico, de figuración o no, si con él gana mucho o poco.
LOS CARGOS Y LOS HOMBRES
Debe actuar en él desempeñándose de la mejor manera posible, porque si los cargos elevan o encumbran al ciudadano, el ciudadano tiene la obligación de ennoblecer el cargo.
En este sentido nosotros tenemos que hacer esa doctrina hacer arraigar en nuestros hombres, sobre todo en nuestros dirigentes, la conciencia de que es necesario que empujemos donde nos pongan y que empujemos con todas las fuerzas que tenemos y con la mayor inteligencia que poseemos. Si lo hacemos así el peronismo tendrá un triunfo esplendoroso. Si pensamos que no seremos nosotros quienes serviremos a los puestos, sino que nos serviremos de ellos, no llegaremos muy lejos. Yo, que defendí esto con toda la fuerza de mi alma, sé cuánta razón tengo al decirlo. Esto debemos llevarlo a la masa e inculcarlo en todos nuestros dirigentes.
EL EJEMPLO DE EPAMINONDAS
Cuenta la historia que cuando el famoso Epaminondas, por haber perdido una de sus batallas, fue degradado del ejército y encargado de la limpieza de la ciudad de Tebas, nunca esta ciudad estuvo tan limpia. Esto es lo que debemos inculcar en los peronistas. De otra manera la conducción se dificulta. Aunque estos tipos de ambiciones personales sean justos, molestan también la conducción. El hombre debe esperar el momento en que le toque actuar. Lo que debe importarle es actuar bien donde lo pongan y que actúe con todas las fuerzas de su alma para mejorar la conducción del conjunto. El conductor no sólo debe llevar a la gente sino
que debe conformar un instrumento perfecto para que pueda llevar y la haga actuar, y cuando actúe, actúe bien. Los instrumentos de la conducción o los que se forman de la conducción deben tener el temple, la forma y todo adecuado a esa conducción.
ES NECESARIO ELEGIR BIEN LOS INSTRUMENTOS Y AUN CONSTRUIRLOS
Vale decir que el conductor moderno no debe tener solamente masa para conducir. Debe tener una masa organizada, educada, elevada espiritualmente, porque entonces la conducción se facilita. Cuando yo tengo que realizar un trabajo, lo primero que hago es munirme de las herramientas con que debo trabajar. El conductor que debe realizar la conducción, que es un trabajo, debe tener también las herramientas y los elementos necesarios para hacerlo, y entonces lo hará bien. De lo contrario, se le presentan dificultades. Es como si me pusiera a construir una casa y una lapicera y un compás para trabajar. Para realizar esta debo tener pala, cuchara y todas las herramientas apropiadas. Sus instrumentos se los forma sólo el conductor, y según como los forme será cómo conduzca.
Por eso siempre insisto tanto en esto: que, para conducir, lo primero que hay que hacer es formar el instrumento con que uno va a conducir, valerse de todos los medios para formarlo y para que resulte apropiado a la propia conducción.
HAY PROCEDIMIENTOS MODERNOS QUE SON EXTRAORDINARIOS
Esa es la idea moderna de la conducción. Para hacerla y formarla hoy el
mundo y los conductores disponen de medios extraordinarios que antes no tenían. La difusión, la información, la propaganda, son extraordinarias. Los medios son numerosos y permiten realizar el trabajo fácilmente. Pero es necesario ir dosificándolos para evitar la saturación; es necesario utilizarlos lentamente, de acuerdo con la necesidad. Es lo que nosotros estamos haciendo en estos momentos en el peronismo. ¡Y no es cuestión de días sino de años!
HAY QUE PREDICAR TODOS LOS DÍAS
No hay que desfallecer. Es indispensable seguir trabajando todos los días, predicando todos los días. Hay que tomar, si fuera necesario, hombre por hombre, inculcando en ellos esa mentalidad. Cuando todos estén en esa mentalidad, cuando todos compartan de corazón nuestra doctrina, tendremos el instrumento para la conducción, y entonces conducirá cualquiera. Es como un caballo, que cuando es potro lo conduce sólo el domador, pero cuando está adiestrado lo puede conducir hasta un chico.
Así es la conducción.
DOCTRINA Y FORMAS DE EJECUCIÓN
Pasemos a considerar otro punto de la conducción. En el primer capítulo hemos tratado los elementos de la conducción. También les he hablado de las características de la conducción moderna, sólo en forma muy sintética.
Sobre cada uno de estos puntos se podría hacer un curso entero de un año.
Pero hay que andar rápido. Además de las características modernas, deseo hablarles de la doctrina, de la teoría y de las formas de ejecución, que son también elementos de esa conducción.
EN LA ORGANIZACIÓN HAY ASPECTOS MATERIALES Y ESPIRITUALES
¿Qué es lo más importante para la conducción moderna? Es tener una masa orgánica, y en lo orgánico consideramos dos partes: la organización espiritual, que es la más importante; porque si ustedes toman cien individuos que piensan como quieren y los juntan, en seguida se separarán solos, pero tomen cien individuos que piensen de la misma manera y no se separarán jamás. Quiero significar que en la organización hay un aspecto espiritual y otro material.
Organizar no es sólo colocar en casilleros a los hombres; se trata de darles un sentido y un sentimiento similar. De nada sirve la organización material sin lo espiritual. Si una masa está organizada espiritualmente no tiene gran importancia en la organización material. Yo pongo como ejemplo las primeras elecciones. ¿Estábamos organizados? ¡Qué íbamos a estarlo! No sabíamos ni quién era quién dentro de nuestro movimiento. Sin embargo, fuimos a las elecciones y todos estuvieron en el lugar donde los llamamos.
Es decir, en la elección prevaleció el sentido espiritual de la organización, porque es un hecho cuantitativo. Votaron todos los que pensaron como nosotros, estuvieran o no organizados. Claro que la acción política no es sólo cuantitativa, sino también cualitativa, porque nosotros no hacemos un fin de la política, sino un medio.
ACCIÓN CUALITATIVA Y ACCIÓN CUANTITATIVA
Ganar la elección es para nosotros un medio para servir al país. Para servirlo tenemos que organizarlo, porque si no no podríamos hacerlo. El primer acto es cuantitativo. En la elección votan todos: buenos y malos, sabios e ignorantes, un voto cada uno. Pero cuando pasamos a la acción de gobierno, es otra cosa. Al gobierno hay que llevar lo mejor que se tenga, lo más capaz, porque hay que realizar una acción para el bien del país.
Por eso es indispensable para nosotros hacer la organización espiritual y la organización material.
LA DOCTRINA: ORGANIZACIÓN ESPIRITUAL
¿En qué consiste la organización espiritual? En la doctrina. Ahí radica todo, porque mediante la doctrina todos pensamos de una manera similar, y de lo que se trata, al inculcar la doctrina, es precisamente de llevar a los hombres a una concepción similar de la vida y de la acción en beneficio de la vida del Movimiento.
Por esa razón diferenciamos lo que es necesario inculcar para la conducción: una doctrina; lo que es necesario enseñar: una teoría, y lo que es necesario dominar: las formas de ejecución, es decir las formas de ejecutar esa teoría que a su vez nace de la doctrina.
La doctrina no solamente se enseña. La doctrina se inculca. No va dirigida solamente al conocimiento, sino que va dirigida al alma de los hombres.
La doctrina no es suficiente conocerla; es necesario comprenderla y sentirla. Por eso esto se inculca. La teoría, que nace en sí de la doctrina, es suficiente aprenderla, conocerla, comprenderla, porque va dirigida exclusivamente al conocimiento.
Y las formas de ejecución que surgen de esa doctrina son el método de acción para poner la teoría en ejecución, porque ni la doctrina sola, ni la teoría sola, ni las formas de ejecución solas pueden aplicarse
racionalmente. De la doctrina se pasa a la teoría y de la teoría se pasa a las formas de ejecución.
Si nos quedamos en la doctrina, somos predicadores; si solamente tenemos la teoría, somos «diletantes» que decimos todo lo que hay que hacer, pero no hacemos nada. Y si conocemos solamente las formas de ejecución, las hacemos rutinaria y mecánicamente y no dejamos «macana» por hacer. En todo esto hay un acto de continuidad que nace en la doctrina, se ilustra en la teoría y se ejecuta en las formas de ejecución.
Por eso la conducción comprende estos tres elementos, sin los cuales se queda embrionariamente muerta en la doctrina o se hace un discurseador de teorías que no realiza ni nadie aplica, o de lo contrario, se aplican rutinaria y mecánicamente las formas de ejecución, lo que lleva directamente al fracaso.
DEBEN ARMONIZARSE BIEN DOCTRINA, TEORÍA Y FORMAS DE EJECUCIÓN
La complementación de estos tres factores permite a la conducción inculcar una unidad de concepción, y de ahí pasar a una unidad de acción. Eso es lo indispensable para la conducción. Daré un ejemplo: nadie puede negar que hoy tenemos nosotros una superioridad extraordinaria sobre todos nuestros adversarios juntos. Sin embargo, hay momentos en que los partidos políticos con sus rumores, con sus cosas, nos tienen molestos, cuando en verdad, con la superioridad que tenemos, deberíamos ser como una aplanadora. A veces, la «aplanadora» forcejea y pasa con alguna dificultad.
Esto ocurre simplemente porque todavía en el Movimiento Peronista no están en pleno desarrollo la doctrina, la teoría y las formas de ejecución.
Eso es todo. En otras palabras, falta dentro del peronismo una unidad de concepción y una unidad de acción. Tenemos la aplanadora, pero el volante está en un lado, la casilla en otro, el que maneja en otro; y así no puede andar bien. Hay que juntar todo, ponerlo en su lugar y hacerlo marchar.
Entonces aplastaremos a nuestros adversarios.
Esto que explico gráficamente, como ejemplo, es a lo que tiendo cuando hablo de la unidad de doctrina, de la unidad teórica y de la unidad de acción en la ejecución.
HAY QUE CONOCER LA DOCTRINA
La doctrina hay todavía que difundirla e inculcarla mucho, porque muchos hablan de la doctrina y no la han leído siquiera, o sea no han comenzado a realizar la primera tarea, que es conocerla, para luego entrar en la segunda, que es el análisis propio para comprenderla y mediante ese conocimiento y esa comprensión comenzar a sentirla y hacerla casi propia. Ese es el proceso que hay que desarrollar: que cada hombre la conozca, la comprenda y la sienta. ¿Por qué? Porque eso va a llevar a la unidad de concepción. La unidad de doctrina hace que cada hombre vea los problemas, los comprenda y los aprecie de una misma manera. Y de una misma manera de percibir y de apreciar resulta una misma manera de proceder. Eso lleva a la unidad de acción.
Un partido político sin unidad de acción es una fuerza inorgánica que no realiza grandes obras ni se consolida en el tiempo. Por eso he repetido tantas veces que si necesitamos de realizadores para poner el Movimiento en acción, necesitamos también de predicadores que van formando la masa que empuja en esa acción.
De nada valen los realizadores si no están impulsados, apoyados y defendidos por la masa que se consigue mediante los predicadores. Hay que salir a predicar esa doctrina; no enseñar, sino predicar. Quiere decir que hay que hacerla conocer, comprender y sentir. Eso es predicar.
Predicar no es decir. Decir es muy fácil; predicar es muy difícil.
NUESTRA DOCTRINA ESTÁ EN PLENO DESARROLLO
Cuando hablamos de la doctrina, de la teoría y de las formas de ejecución queremos decir que nuestro movimiento está todavía en su comienzo.
Porque en la acción política no se puede seguir un método puramente ideal, como no se puede seguir un método puramente empírico, puramente real.
No es la observación objetiva solamente, sino también la intuición; también la apreciación subjetiva actúa en los métodos de acción política. Por eso nuestra doctrina, teoría y formas de realización o ejecución están todavía en pleno desarrollo.
LA ACCIÓN ESTÁ SIEMPRE POR SOBRE LA CONCEPCIÓN
Yo no soy de los hombres que creen que debemos confiarnos con hacer un cuerpo de doctrina muy bonito, ponerlo en la biblioteca y dejarlo para que lo lean las generaciones que vengan porque cuanto más podrán decir: ¡Qué buena idea tuvo este tipo!, pero no habiéndola realizado, ¿de qué vale? El mundo no vive de buenas ideas; vive de buenas realizaciones.
Por eso creo que las doctrinas son movimiento, son acción no son solo pensamiento, no son sólo concepción. Para mí, la acción está siempre por sobre la concepción. Muchas concepciones, no tan perfectas y algunas veces bastante malas, han servido mas a la humanidad que muchas concepciones hermosas que no se realizaron. Este es el punto de partida de la conducción que nosotros debemos tener presente. Debemos preparar una masa lo más perfecta posible, pero sin pasarnos a ser los teóricos y no los realizadores.
PROCEDIMIENTO: REALIZACIONES Y DOCTRINA
En este aspecto, el método ideal nos hubiera aconsejado hacer -antes de iniciar la conducción verdadera del Movimiento Peronista-un plan, inculcarlo en la masa y después ponerlo en ejecución. Este hubiera sido el método ideal. Nos hubiéramos pasado veinte años inculcando en la masa, y otros veinte preparando la organización, y dentro de cuarenta años hubiéramos ejecutado lo que nosotros estamos realizando desde hace cinco años. Por eso muchas hermosas ideas se han quedado atrás, sin realizarse en la Historia. Por otra parte, nadie asegura que cuando los hechos comienzan no se realice todo lo contrario de lo planeado.
La Revolución Francesa fue preparada minuciosa y maravillosamente durante cuarenta años por los enciclopedistas. Cuando se produjo la revolución observamos que las «enciclopedias» no previeron un Dantón ni un Marat que les cambió todos los papeles. Vale decir que no hay una
continuidad segura entre el proyecto y la realización. Vale decir que no hay seguridad en el método ideal. En cambio, los acontecimientos suelen ser mucho más sabios. ¿Por qué? Porque quien no se aferra a ideas viejas, que no hacen un «canon» del cual no se puede apartar, tiene una libertad de acción superior que le permite, teniendo buena intención y suficiente capacidad para resolver cada problema, ir ejecutando en forma empírica.
Detrás ya vendrán quienes recojan la experiencia y la cristalicen en una doctrina que después se entregará como ejemplo a las generaciones venideras.
En otras palabras: se ejecuta el hecho, se sacan las enseñanzas, se perfectibiliza al máximo y sobre eso se cristaliza una verdadera doctrina.
Es el sistema que nosotros hemos seguido. Yo no hablé nunca de doctrina hasta que no hubimos realizado lo qué estaba en nuestra idea realizar.
Nuestra doctrina peronista es: eficaz. ¿Por qué? Porque la gente sabe que nosotros no hablamos, que nosotros hacemos y después presentamos el hecho y décimos, esto es lo que hay que hacer. Es decir, predicamos con el ejemplo, es la mejor de todas las prédicas.
LO PERMANENTE Y LO VARIABLE DE LA DOCTRINA
Esa doctrina debe ser también elástica. Las doctrinas políticas no pueden ser eternas, aunque sean eternos los principios que las sustentan.
Pero, dentro de la doctrina, además de los grandes principios están contenidas muchas cuestiones de forma que obedecen a las condiciones de tiempo y espacio. La doctrina debe ser actualizada.
Quizá dentro de diez o veinte años, lo que hoy decimos del peronismo, y que vemos tan maravilloso, ya sea anticuado. Vale decir que a la doctrina hay que mantenerla al día, y hay que hacerla evolucionar, presentando siempre nuevas formas activas de esa doctrina. Por eso es difícil conformar una doctrina. Hay que estudiar muy perfectamente el momento en que se la realiza, y hay que establecer también los organismos que vayan actualizando esa doctrina.
En cuanto a la parte Justicia Social contenida en nuestra doctrina hace un siglo hubiese parecido una cosa anarquista y terrible. Quizá dentro de cien años, los que lean nuestra doctrina se reirán y dirán: «¡Qué bárbaros! ¡Vean las cosas que hacían!» Porque ése es el valor de las doctrinas. Sólo hay una parte de la doctrina que es eterna: la que cristaliza los grandes principios.
Esa sí permanece, porque lo que cambia en el mundo son las formas; el fondo permanece siempre inmutable, y es sobre el fondo que se arman los grandes principios.
AL PUEBLO NO HAY QUE DARLE PRINCIPIOS ABSTRACTOS
Pero la política no puede ajustarse a eso, sobre todo cuando hay que conducir un pueblo dentro de esa doctrina. No se le pueden dar esos principios abstractos, que el pueblo no comprenda del todo. Hay que darle algo más para alimento del espíritu y de la inteligencia del pueblo.
Diremos, para no alargar el punto referente a la doctrina, que lo que nosotros queremos con esa doctrina es que el pueblo argentino perciba los problemas de la misma manera, se acostumbre a apreciarlos de un mismo modo y a resolverlos de una manera similar. Si nosotros obtenemos del pueblo eso, habremos obtenido lo que estimo que nos propusimos obtener cuando hicimos la doctrina. Eso en cuanto a la doctrina.
En cuanto a la teoría, otra de las cosas interesantes de la doctrina es que da nacimiento a las teorías. La doctrina da el principio. La teoría es el análisis de ese principio y su desarrollo.
Por ejemplo: en la doctrina decimos nosotros que, en el orden económico, la economía no está al servicio del capital, sino que él capital está al servicio de la economía. Bien: éste es un principio.
Pero eso presupone toda una teoría a desarrollar. No es suficiente ni para los técnicos en economía con sólo decirles eso. Ellos comprenderán mucho más profundamente que todos nosotros, pero eso conforma toda una nueva teoría. ¿Por qué? Porque existía una teoría capitalista que ponía la economía al servicio del capital.
Y si nosotros queremos destruir esa teoría, así como una doctrina mala se puede destruir con otra doctrina mejor, una teoría mala se puede destruir con otra mejor. Y si la teoría capitalista, que dominó al mundo durante tantos años, estableció que la economía estaba al servicio del capital, nosotros para establecer que el capital está al servicio de la economía tenemos que elaborar otra teoría. No sé si soy claro.
LA ANTIGUA TEORIA ECONOMICA CAPITALISTA
«Un ejemplo aclara todo», decía Napoleón. Yo digo que cuando nosotros decimos que en el Justicialismo el capital está al servicio de la economía establecemos una cosa nueva. ¿En qué consistía la antigua teoría capitalista? En tener la economía al servicio del capital, y para eso toda la economía capitalista fue basada en un gran principio de economía pura.
Eso, que en economía pura es perfecto, lo analizo, como justicialista, desde otro punto de vista. Lo veo desde el punto de la economía aplicada, porque la ciencia pura debe estar al servicio de los hombres y de la vida.
No puede permanecer en la abstracción, porque entonces no tiene ninguna utilidad, como no sea la lectura, la reflexión y el trabajo de los intelectuales.
Si el principio hedónico es cierto en la economía pura, ya no es tan cierto, aun cuando no es falso, en la economía aplicada. Un ejemplo aclarará todo esto. Se establece, por ejemplo, que en la explotación de una empresa comercial o industrial hay una curva en cuyo vértice se cumple el principio hedónico, vale decir, donde se obtiene el máximo de ganancia con el mínimo de inversión, o sea el máximo de provecho con el mínimo de esfuerzo.
A eso se llama en economía el punto óptimo; vale decir que un fabricante instala su fábrica, y durante, su instalación pierde dinero. Cuando comienza a producir, comienza a ganar; pero aun no alcanza a cubrir los gastos; sigue produciendo, y llega un momento en que gana, por ejemplo, diez. Si sigue aumentando la producción, advierte que no gana en proporción a lo invertido, sino mucho menos. Y así llega a veinte, por ejemplo, donde pierde lo mismo que en el punto cero.
A ningún industrial ni comerciante se le va a ocurrir producir fuera del punto óptimo, y esta teoría de los puntos óptimos es la que rige la explotación de cualquier industria o comercio. Eso es perfecto; nadie puede objetarlo desde el punto de vista económico. Pero en la vida de los pueblos, nosotros, los justicialistas, no creemos que la economía sea todo.
Los hombres tienen su valor; la sociedad también es respetable; la comunidad tiene su importancia; el factor social juega un gran papel dentro de las comunidades modernas, y lo mismo el factor político que el factor cultural.
¿Por qué? Piensen ustedes desde el punto de vista social. Si ese señor produce diez, y yo le digo que produzca un poco más me dice que no puede, porque se sale del punto óptimo. Yo le contesto: «Vea que aquí la población tiene que comer veinte y usted solamente produce diez». De acuerdo con la teoría económica, él dice: «¡Que revienten! Que coman diez, aunque estén a media ración». Vale decir que el consumo está supeditado a la producción; que en ese tipo de economía capitalista el consumo, que es uno de los ciclos económicos, se somete a la producción, que es uno de los ciclos beneficiarios del capital, porque él mantiene su teoría del punto óptimo.
Si el capitalista dice que el consumidor reviente, que esté a media ración, el sociólogo le responde: «No, porque el que está a media ración aguantará un tiempo; después se rebelará y causará un desastre».
Nosotros, los justicialistas, decimos que para que ese fenómeno no se produzca hay que buscar una solución. ¿Cuál puede ser? Aumentar la producción, aunque se salga del punto óptimo. El estómago no tiene puntos óptimos, sino un punto de saturación. El consumo no debe estar sometido a la producción; es decir, que subordine el capital y sus conveniencias al consumo y a las necesidades.
Esta es la teoría justicialista.
HEMOS DESTRUIDO TODA UNA TEORÍA Y HEMOS CREADO OTRA
Nosotros hemos destruido toda una teoría y un sistema que lleva un siglo y medio de aplicación en el mundo, y sobre el cual se han escrito miles de volúmenes. ¿Cuándo los justicialistas vamos a estar a la altura de ellos?
Cuando hayamos desarrollado toda nuestra teoría, fundada sobre este sistema, que cambia las bases y destruye el principio hedónico, algo que ha sido sagrado durante siglo y medio para el sistema capitalista. El principio justicialista invierte los términos y, en consecuencia, toda la ciencia, porque la economía capitalista fue toda una ciencia.
Es indudable que exagero un poco el razonamiento para hacer notar las diferencias. Hay cosas que se mantienen aún dentro del principio hedónico y que nunca saldrán de él. Lo que trato es de llevar a tolerar nuevas formas que hoy son intolerables, a establecer como aceptable lo que hoy se considera una herejía dentro de la economía universal. Eso constituirá toda la teoría del Justicialismo, que todavía está por escribirse, aun cuando no está por hacerse, ya que aquí la hemos realizado.
Y NOS HA IDO BIEN
Cuando aumentamos el «standard» de vida y forzamos el consumo, subordinamos el capital a la economía y la producción al consumo. No preguntamos a los industriales si van a producir más cuando aumentamos cinco veces el salario y aumenta cinco veces el consumo. No les preguntamos si se salen del punto óptimo. No nos importa. Ahora están produciendo más. Los llevaremos a hacerlo por la forma empírica de la realización.
No se ha producido el cataclismo que nos anunciaban, porque tampoco hemos hecho las cosas a la tremenda, sin reflexionar. Lo hemos hecho suavemente. Llegará un día en que esas nuevas formas conformen total y absolutamente una nueva teoría, que es la que llevará el Justicialismo al mundo para aconsejarle y decirle que siga este camino y para que no se equivoque. Esta es una solución. A nosotros nos ha ido bien con ella. Cada uno come más, viste mejor, vive más feliz y los capitalistas ganan más ahora que antes.
AL CAPITALISTA TAMBIÉN LE CONVIENE ADOPTAR NUESTRO SISTEMA
Y cuando los justicialistas podamos ofrecer al mundo nuestra nueva teoría y los capitalistas sepan que por esta nueva teoría ganan más, la aceptarán, porque ellos lo que quieren es ganar más. Esto es lo que hay que ir realizando. Nosotros no convenceremos al mundo capitalista para que abandone las formas que el capitalismo ha establecido sobre la miseria diciéndole que es necesario cambiarlo por otro sistema de abundancia; con palabras no lo convenceremos nunca.
Cuando los capitalistas comprueben que ganan más con nuestro sistema, no tengan la menor duda de que lo adoptarán y serán sus defensores. Y habremos resuelto sus problemas y habremos resuelto el problema que más nos interesa, que es el que afecta a los pueblos.
HAY QUE CONFORMAR UNA TEORÍA POLÍTICA Y UNA TEORÍA SOCIAL
He citado un ejemplo en el orden económico, que es lo más visible y lo que más interesa en estos momentos. Hay que formar también una teoría social y una teoría política, y eso deben realizarlo los muchachos estudiosos del peronismo. Yo he dado de mí todo lo que podía dar; no puedo detenerme a analizar minuciosamente una cosa para establecer una teoría, porque entonces abandonaría la Casa de Gobierno, y quién sabe lo que pasaría.
Debo seguir adelante, luchando con mis propias ideas y con los hombres que están dentro de mis ideas, golpeando todos los días y resolviendo todos los distintos problemas. Dentro del peronismo es necesario formar esa multitud de hombres jóvenes y estudiosos que son los que llenarán después las bibliotecas con la exposición de nuestras teorías.
Dentro de esa teoría, para seguir con el ejemplo, vienen las formas de ejecución. Nosotros decimos que hemos vencido al principio hedónico, que hemos puesto el capital al servicio de la economía, la producción al
servicio del consumo, etc.; pero eso no es suficiente decirlo, sino que hay que hacerlo.
Para hacerlo tenemos las formas de ejecución.
LAS FORMAS DE EJECUCIÓN DE NUESTRA TEORÍA ECONÓMICA
Enumerar lo que hemos realizado nosotros durante cinco años de trabajo sería muy largo. Primero, la nacionalización del Banco Central; la creación de todo un sistema financiero; la reforma de todo un sistema económico; la nacionalización de todos los servicios; la anulación de todos los consorcios financieros internacionales; la creación de una marina mercante. Todas esas formas son las que nos han permitido realizar este tipo de economía.
Esas formas de ejecución son tan importantes como la teoría y como la doctrina. De nada nos valdría pensarlas y sentirlas si no las pudiéramos
realizar. Con ello no ganaríamos sino un gran dolor: el de sufrir y no poder remediarlo.
Las formas de ejecución, elegidas inteligentemente, de acuerdo con esa doctrina y esa teoría, ponen en movimiento toda la organización.
Los reglamentos del Banco Central; los reglamentos del Consejo Económico; los reglamentos orgánicos de los bancos y todo tema financiero del I.A.P.I., y de todas las organizaciones, formas de ejecución.
Cuando yo he hablado de estos problemas algunos se han quedado mirando, sin entender. Todo esto tiene una técnica de la cual no se puede salir, y para realizarla es necesario sentirla primero, conocerla luego y después hacerla. Quedarse en sentir una cosa, ¿de qué vale? Quedarse en saberla, ¿qué interesa? Lo importante es cumplir las tres etapas para realizarla y para realizarla bien.
Y para tener buenas formas de ejecución hay que tener buena doctrina y buena teoría. De una mala teoría, de una mala doctrina, sale una mala forma de ejecución. Yo no sé si nosotros habremos hecho muy bien; pero lo hemos hecho. Lo que sé es que los objetivos se han cumplido, y que en el futuro lo podremos hacer mucho mejor, porque cada día sentimos más, sabemos más y podemos más.
LA REALIZACIÓN FUE A VECES DURA Y DIFÍCIL
Yo no quiero alargar mis explicaciones, porque creo que dado el concepto integral, que es lo único que se puede dar, en un corto tiempo. La conducción no es cosa simple, como ustedes podrán comprobarlo a medida que nos vayamos internando más dentro de la médula de la conducción.
Hay muchas cosas que hacer, y es necesario hacerlas bien.
Solamente les diré que, como experiencia personal, puedo decirles a ustedes que los ratos que he pasado yo no se los deseo ni al peor de mis enemigos. ¿Cómo tuvimos que realizar nosotros todo lo que realizamos? Estuvimos siempre, como los hombres que hicieron las experiencias atómicas, en peligro de muerte.
Nosotros realizamos la reforma social cuando iniciamos la conducción de nuestras masas y de nuestro pueblo. Pero con eso también quemamos las naves, como Hernán Cortés, porque un vez que hicimos la reforma social, si no hubiéramos resuelto el problema económico, habríamos durado tres o cuatro años y al final «nos habrían colgado».
Todo pudo venirse abajo si no lo hubiésemos consolidado con la economía. Para hacer estas cosas es necesario tener el valor suficiente como para jugar todo a una carta. Se dio la carta y ganamos. Claro que en eso fuimos un poco como los jugadores fulleros, «ayudamos” a que saliese la carta: es decir, la sacamos con habilidad.
Observen ustedes que, realizada la reforma social, nosotros llevamos, diremos así, los salarios, y, en consecuencia, las retribuciones, a un desequilibrio con la producción, porque para pagar hay que tener dinero y para tener dinero hay que trabajar y producir. De manera que lo lógico era ver cómo producíamos, cuánto podíamos pagar y, entonces, pagar en relación con eso. Nosotros lo hicimos al revés, sin pensar si podíamos y si había, y dijimos: «Que se pague; después veremos cómo arreglamos». Es decir, «quemamos las naves», porque ya no podíamos volvernos atrás.
LO QUE TENÍAMOS EN 1946
Cuando nosotros enfrentamos el problema económico, la cosa era terrible, brava. Cuando me hice cargo del gobierno, me pregunté: «¿Cuánta plata habrá?» Teníamos tres mil millones en Estados Unidos y tres mil millones bloqueados en Inglaterra, y seis mil quinientos millones. Me pregunté, entonces, cual era el problema. El problema consistía en que teníamos que “hacer plata», porque la producción argentina, en esa época, mas o menos en grandes líneas, solo llegaba a diez mil millones de pesos. Pero cinco mil millones de pesos iban al exterior todos los años, en distintas formas visibles e invisibles. De los ferrocarriles salían doscientos cincuenta millones al año; de los teléfonos ciento cincuenta millones; del gas, otros ciento y tantos. Claro que en aquella época esto era un poco teórico, porque como no teníamos plata no mandábamos todo. Pero mucho salía.
Gastábamos ochocientos cincuenta millones por servicios financieros; la marina mercante nos llevaba de cuatrocientos a quinientos millones de pesos en divisas, porque, como no teníamos barcos, teníamos que pagar flete, y eso cuesta mucho. Los seguros nos llevaban ciento cincuenta millones; los reaseguros, cincuenta millones; la creación de los bancos y todo el sistema bancario nos costó mucho dinero.
La gente cree que la creación del Banco Industrial, por ejemplo, se trata de un decreto, y nada más, cuando la realidad dice que para ello se necesitan cientos de millones pesos.
Otro de los problemas: había que pagar la guerra y la desvalorización de la moneda. Y nosotros nos encontrábamos con todos esos problemas, y no teníamos un centavo y debíamos realizar todo eso.
Ya no exportamos sino una insignificancia de capitales al exterior. Y todos los días nos rebajan un poco más. Casi han desaparecido los servicios financieros. Para pagar nuestra enorme reforma, hicimos, en parte, buenos negocios, pero en parte la pagamos con la desvalorización de la moneda, lo mismo que hizo el mundo para pagar la guerra. Suspendimos el patrón oro.
No debemos nada a nadie. Ahora estamos juntando oro. Los cinco mil millones de pesos que salían anualmente al exterior no salen más. La manguera que echaba un chorro para afuera la hemos dado vuelta y echa el chorro para adentro.
Utilizamos un sistema distinto a todos los que se han usado en el mundo en épocas de crisis y necesidad. Cuando decían que había que hacer economías, les reducían los sueldos a los empleados y obreros. Nosotros dijimos: «¿Estamos pobres? Páguenles cinco veces lo que les pagaban antes». De ese modo se reactivó la economía y todo salió bien. Todo mejoró en el momento en que estábamos más pobres.
Los yanquis decían, hace cinco años: «Estos locos duran seis meses y se funden». Hoy dicen que el Estado más floreciente de la economía en toda América es el de la República Argentina.
Contado esto anecdóticamente, como lo cuento yo, parece una cosa simple.
Pero yo sé lo que han pasado los pobres muchachos del grupo económico junto conmigo; las penurias que ha habido que enfrentar para realizar la obra extraordinaria que se ha realizado en el proceso de la economía argentina, y, probablemente, como único caso en el mundo.
En momentos difíciles de la humanidad, cuando en otros países se están comiendo los botines, nosotros estamos en un estado de florecimiento extraordinario, este esfuerzo y este milagro económico hechos en la República Argentina se han realizado sin imponerle a ningún argentino ningún sacrificio. Al contrarío, dando una época de abundancia en un mundo de dolor, de miseria y de desesperación.
SON LOS RESULTADOS DE LA DOCTRINA
Y esto se debe, en gran parte, a nuestra doctrina; se debe a nuestra teoría y se debe, en mayor parte todavía, a las formas de ejecución que se han puesto en acción para realizarlo. El mérito no es de nadie; el mérito es de toda la República, que ha compartido y me ha puesto en marcha, no solamente esa doctrina, sino también esa teoría, y de mis colaboradores que han realizado esas formas de ejecución.
Imagínense que los grupos de economistas peronistas han debido realizar esto un poco en la oscuridad, porque no estaban muy en claro sobre la teoría, ya que no la teníamos todavía desarrollada. No estaba muy en claro la doctrina, porque era nueva.
Y ellos han creado así, a tientas, las formas perfectas de ejecución que nos han llevado al éxito.
Por eso algún día la historia argentina, al analizar este momento difícil para la Nación, tendrá, sin duda, palabras de elogio para esta gente joven que, dentro del grupo económico, ha hecho verdaderos milagros…
EL MÉTODO DE LA CONDUCCIÓN
EL MÉTODO ES INDISPENSABLE
Es indudable que siendo la conducción todo un sistema de acción porque no es otra cosa sino un sistema de acción que coordina perfectamente la concepción y la acción y, por otra parte, establece los grandes principios que dan unidad a la concepción y unidad a la acción, y pone en correspondencia a los elementos directores de la conducción, vale decir, al conductor mismo con los intermediarios de la conducción, que son las fuerzas destinadas a encuadrar la organización, y luego, con el elemento básico de la conducción, que es el pueblo— es indispensable recurrir a un método.
EL MÉTODO HACE RACIONAL LA CONDUCCIÓN
El método no solamente tiene por objeto dar racionalidad a la conducción, vale decir, hacer una conducción racional, sino también posibilitar que la conducción no pivotee sobre el conductor, para que las fuerzas de la conducción y las antagónicas en su juego de acción y reacción, no choquen y accionen en forma directa sobre el conductor, sino que haya filtros intermediarios que, imbuidos de esa conducción mediante el método, puedan destruir las fuerzas de reacción de la conducción misma, en forma tal que éstas no accionen sobre el conductor, sino sobre esos filtros intermediarios, que están representados por los agentes de la conducción, es decir, los elementos directivos que, al servicio de la conducción superior, conducen las partes.
En toda conducción es necesario distinguir dos clases de acciones. Una, de acciones que obedecen a la conducción de conjunto, lo que llamaríamos en política conducción estratégica, sea la conducción total. Y otra, que llamaríamos la conducción de las partes, es decir, la conducción táctica.
En ese sentido, aplicada la conducción a la política, la estrategia busca dominar a adversarios con la acción de conjunto, y la conducción táctil prepara el éxito de la conducción estratégica, dominando local y parcialmente en la lucha de las partes; si la conducción táctica da éxito,
prepara el éxito de la conducción estratégica. Esto es indispensable para establecer un método.
EL MÉTODO ES EL MISMO
¿Cuál es el método de la conducción estratégica y cuál es método de la conducción táctica? Es exactamente el mismo método. Sobre esto poco nuevo podemos decir; las acciones de los hombres tienen dos orígenes: uno que nace de la intuición de los hombres y otro que se afirma en el raciocinio, es decir, en la racional concepción de las cosas.
El método intuitivo da una pequeña parte de la conducción que no hay que matar. Pero el raciocinio da, verdaderamente, la base fundamental del método. Uno ve entre los grandes conductores, muchas veces, hombres analfabetos, que toman resoluciones verdaderamente geniales, impulsados por la intuición que llevan en sí. La naturaleza dio a los hombres una fuerza para reemplazar la falta de una cultura avanzada, que no tienen en razón de no haber hecho una gimnasia intelectual permanente para poner en juego su inteligencia. En cambio de ello, les dio un bastón para andar, que es la intuición.
INTUICIÓN Y RACIONALISMO
En la conducción es menester desarrollar al máximo el raciocinio, pero sin matar la intuición, porque a menudo el hombre no tiene tiempo de recurrir al raciocinio, y en ese caso lo salva la intuición.
Si tiene tiempo, es mejor que analice su propia intuición por un método racional.
En esto consiste todo el método a poner en juego en la conducción.
Uno puede distinguir a lo largo de toda la historia hombres intuitivos y hombres racionalistas, y, según las formas y desarrollo, la cantidad y la calidad de los que han conducido, pero no podría decirse si el mayor número de éxitos está en los intuitivos o en los racionalistas.
Pero yo creo que el método ideal es aquel que sin matar el sentido intuitivo de los conductores consigue someterlos a la comprobación racional del método. Y eso es lo que, en pocas palabras, me propongo en este momento desarrollar. Es decir, cuál es el método de la conducción.

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