Source: http://www.libertadidioma.com/2004/20040703.htm
Timestamp: 2020-04-07 01:21:02+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Sábado 3 Julio 2004
La causa afgana de Al Qaida
Editorial La Razón 3 Julio 2004
Cristina Losada Libertad Digital 3 Julio 2004
Alfonso Ussía La Razón 3 Julio 2004
A AFGANISTÁN, SIN MÁS COARTADAS SOBRE IRAK
Editorial ABC 3 Julio 2004
Lo que diga Zapatero
Zapatero cumple, pero no sabemos qué
Julián Lago La Razón 3 Julio 2004
Maragall, en su laberinto
José Clemente La Razón 3 Julio 2004
Pío Moa Libertad Digital 3 Julio 2004
GEES Libertad Digital 3 Julio 2004
¡Olé la solidaridad!
JORGE DEL CORRAL La Voz 3 Julio 2004
Amando de Miguel Libertad Digital 3 Julio 2004
Mahoma en el Pirulí
José García Domínguez Libertad Digital 3 Julio 2004
El alcalde de Getxo contrata a un etarra para controlar el acceso a los despachos del Ayuntamiento
EFE Libertad Digital 3 Julio 2004
La Asociación por la Tolerancia impulsa una campaña en defensa del castellano en Barcelona y la costa catalana
BARCELONA, EUROPA PRESS 3 Julio 2004
La decisión del Gobierno, adoptada ayer por el Consejo de Ministros, de enviar más de un millar de soldados españoles a Afganistán para facilitar el proceso electoral, coincide en el tiempo con una nueva amenaza de la red terrorista de Al Qaida contra Europa, basada precisamente en su participación en su apoyo a los EE UU y el proceso de democratización del país donde tenía su base operativa la organización de Ben Laden.
La amenaza de los terroristas, los mismos que reivindicaron la matanza del 11-M, es en esta ocasión desacostumbradamente inquietante. Además de avisar de nuevas matanzas en nuestro continente, concluída ya la «tregua» de tres meses que ellos autoconcedieron para que el último soldado occidental abandonase Afganistán, Iraq o cualquier otro país musulmán como Arabia Saudí, se recomienda a los musulmanes que viven en Europa que regresen a sus países de origen o, si deciden quedarse, que hagan acopio de alimentos en sus casas para más de un mes. Los presidentes de Francia e Italia han anunciado ya la realidad de la amenaza y que sus respectivos sistemas de seguridad permanecen en máxima alerta. También en España, aún reciente la matanza de Atocha, se reconoce la gravedad de la situación, se piensa que los terroristas hayan podido elegir el estrecho de Gibraltar como objetivo. Los servicios de inteligencia temen que, si se produce un nuevo ataque, pueda ser perpetrado con armas químicas o bacteriológicas. Así cabría interpretar el consejo a los musulmanes de almacenar alimentos para una larga temporada. De lo que no cabe duda es que España, desde el mismo momento en el que Ben Laden lanzó su primera proclama después del 11-S y nuestras tropas se desplegaron en Afganistán, es objetivo claro de esa franquicia del terror que es Al Qaida.
No es una buena noticia cuando más militares españoles están dispuestos a partir para Kabul, pero su misión sí parece justificada. Sobre todo porque del comunicado se desprende que, después de la transferencia del poder en Iraq, el hecho de celebrar elecciones libres en Afganistán sería una clara derrota para Ben Laden y los talibanes.
Si hemos de creer al portavoz del PSOE en la Comisión del 11-M y el informe policial a ella remitido, la policía nunca consideró seriamente la hipótesis ETA. Álvaro Cuesta lo dijo bien claro: el actual ejecutivo “dice que no hay ni un solo documento que ponga de manifiesto una línea de investigación abierta sobre la autoría de ETA”. Eso dicen. El gobierno y su portavoz en la Comisión. No hay ni una sola nota de la policía, en relación con el 11-M, que contenga las siglas ETA. Ni una. Puede uno creerles. O pensar que no la encontraron. O que las trituradoras trabajaron horas extras -tiempo hubo. O imaginar los diversos y ya bien probados métodos, para hacer desaparecer hasta los más tenues rastros de un documento o parte de uno. Nada de tippex, como en aquella chapuza.
Yo prefiero creerles. Como hipótesis de partida. Es mi línea de investigación. Para ello, debo vencer cierta extrañeza. Teniendo en cuenta que en los meses anteriores, la ETA había intentado una masacre en la estación de Chamartín, y otra que necesitaba gran cantidad de explosivos, y que también andaban en lo de las mochilas y los móviles, parece raro que la autoría etarra no se le dibujara en los papeles a la policía. Es ésta una de las incongruencias que deberá resolver, si quiere y si puede, la Comisión. En todo caso, de lo que dijo Cuesta, y publicó El País, en tándem o concierto a cuatro manos, se entiende que, desde el principio mismo, nuestra policía supo que no había sido la ETA.
Si la deducción es correcta, entonces, el PP se tiró a la piscina en salvaje desnudez. A sabiendas de que la policía no pensaba en la ETA, el ministro del Interior, el gran jefe de la policía, le dice al pueblo atribulado que los autores de la matanza han sido los etarras. Y tan poco le importa balancearse en el vacío, que lo repite varias veces, incluso cuando aparece una cinta con versos del Corán. Aquí tengo que hacer un nuevo acto de fe: creo que la policía informó al ministro de cuanto se traía entre manos. Si no, si se le hubiera mantenido deliberadamente ignorante, deberían saltar las alarmas. Habría que pedir responsabilidades. También, mujer de fe que soy, espero que la Comisión aclare tal extremo. Y puesto a aclarar, que investigue si un primer documento de la policía, como dice El Confidencial, contiene información que no figura en el que se les ha entregado a los diputados.
El gobierno del PP sabía, si creemos en la lealtad de la policía, que ésta descartaba a la ETA. ¿Por qué se empeñó en decir lo contrario? ¿Pensó acaso que la investigación no daría frutos hasta después de las elecciones? ¿No consideró siquiera que podía descubrirse el pastel antes, cuando iban apareciendo pistas a toda mecha? Podemos aceptar que los del PP son malos y hasta tontos, pero ¿tan tontos? Apostar a la carta ETA con tal firmeza, en esas condiciones, equivalía al suicidio político. ¿No se dieron cuenta? Quien diseña una mentira de tal calibre suele cubrirse mejor las espaldas. Pero se ve que la derecha, por no saber, no sabe ni mentir bien. Otros hay que lo hacen mejor.
Sea como sea, el panorama que se perfila tras las mentiras o verdades que nos imparten es poco edificante. Para el ciudadano. Los políticos actuaron pensando que el elector español mantenía suspendido su voto a la espera de que se supiera quién había cometido el atentado. Nunca se había visto tal cosa. Nunca los terroristas habían logrado influir tan directamente en un electorado. Esto no es una hipótesis. Fue una realidad. Los políticos españoles conocen bien al pueblo soberano. Tan bien, por lo menos, como los que gestaron la matanza.
Señor Presidente: Cuando ganó inesperadamente, y por razones ajenas a las cosas normales de la política, en las elecciones generales del pasado mes de marzo, Vuestra Excelencia sintió más pánico que alegría. Yo también, y en eso fuimos coincidentes. No tenía Su Excelencia ni una sóla idea para gobernar, entre otros motivos, porque sus posibilidades para ser elegido en circunstancias normales eran tan reducidas que ni usted creía en ellas. Pero pasó lo que pasó, y se topó de golpe con la gran responsabilidad de gobernar en España ¬y espero por nuestro bien¬, que para España. Esa imprevista situación le llevó a formar Gobierno con un grupo de personas allegadas, la mayoría de ellas, poco preparadas para la función que Vuestra Excelencia les encomendó. Para mí, que hizo la lista a vuela pluma y sin abrazarse a la reflexión. El Gobierno que Su Excelencia compuso no ha salido bien, es malo, ignaro, torpe, poco educado y convaleciente de la eterna enfermedad del resentimiento. Creo, Señor Presidente, que ha llegado el momento de mantener en su cargo a los pocos ministros que merecen la pena y llevar a cabo una remodelación del gabinete seria y decidida.
El gran vencedor de las elecciones ha sido su compañero andaluz Chaves o Chávez, que últimamente no sé si Chávez es el andaluz y Cháves el venezolano o viceversa. Pongamos Chaves, que me suena mejor. Bueno, pues ganó Chaves porque le endilgó metiéndosela doblada, a Carmen Calvo y a Magdalena Álvarez. L a primera es una ministra de Cultura muy cercana al estalinismo y la segunda va a terminar mandando sobre Su Excelencia, cosa nada extraña por otra parte. Su Gobierno se llama Solbes, pero él sólo, poco puede conseguir si además está hipotecado por los acuerdos que Vuestra Excelencia ha establecido con los nacionalismos periféricos. La ministra de la Vivienda sí me gusta, y habla muy bien, y tiene gracia, y me gusta, habla bien y tiene gracia porque, por fortuna, no dependo de su gestión para conseguir una «realidad habitacional» que me acoja y ampare en el futuro. Y Moratinos es penoso. Después hay un bloque de ministros que nadie recuerda, es decir, que no hacen nada de nada, y eso tampoco es recomendable. Y Bono ha decepcionado. Y Alonso, al menos, ha dejado de meter la pata, y el detalle nos anima.
Ahora que conoce a más gente, aprovecha la circunstancia y forme un Gobierno normal. No se empecine manteniendo contra viento y marea tanta mediocridad. Empaquete a Magdalena Álvarez rumbo a Andalucía y devuélvasela a Chaves. En Galicia están contentos con ella. Y a la Calvo lo mismo. Bese a Moratinos agradeciendo sus malos servicios prestados. Déjese recomendar y gobierne con otro gabinete. Porque el actual es terrible, Excelencia.
EL envío de más tropas españolas a Afganistán es para el Gobierno español una decisión cómoda ante la opinión pública, porque reúne los tópicos de su doctrina para la política exterior: hay mandato inicial de la ONU, contribuye a la consolidación de un Estado y se combate al terrorismo. Además, y muy importante, Francia y Alemania no ponen más pegas que las justas. Pero si se levanta el velo de la retórica gubernamental, aparece un ejercicio de claro oportunismo político, que mezcla el deseo de hacer un trueque amistoso de Kabul por Bagdad y reducir los perjuicios que para España ha supuesto la retirada a la carrera de Irak. A medida que aumenta el discurso del Ejecutivo para explicar las razones del nuevo despliegue, su corte oportunista se hace más evidente por la comparación con la situación iraquí. Una mentira mil veces repetida puede no acabar convertida en verdad cuando lucha contra realidades muy superiores a la voluntad de engaño. El valor de la democracia no es distinto en Irak que en Afganistán, ni Al Qaida es distinta en uno y en otro país. Y ambos, democracia y terrorismo, representan los ejes de la seguridad colectiva actual, tal y como la han definido Naciones Unidas, la Unión Europea y la OTAN. En cuanto a los riesgos para España, como para el resto de países occidentales comprometidos en la lucha antiterrorista, la conclusión es evidente a la vista de la importancia estratégica que representa Afganistán para la red de Bin Laden.
En política exterior, el Gobierno se está moviendo por prejuicios antiatlantistas y resentimientos hacia la etapa de Aznar. La indiferencia por la suerte de Irak no tiene otra explicación, pero lo que resulta aún más preocupante es el empeño en enfundarla en la defensa de la legalidad internacional, con esa curiosa apelación «al problema de origen» que marcó la guerra contra el régimen de Sadam. Desde luego, problema de origen no mayor que el de la intervención de la OTAN en Kosovo, con setenta y siete días de bombardeos aéreos, de marzo a junio de 1999, sin mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El mismo día en que cesaron los ataques, el Consejo aprobó una resolución para dirigir el proceso de paz entre Serbia y Kosovo y «entregar» el mando militar a la OTAN. Antes de ocupar Irak, el Consejo de Seguridad llevaba más de diez años aprobando resoluciones -más de sesenta- y exigiendo a Sadam el cumplimiento de las condiciones de desarme. No cumplió ninguna. Desde la resolución 1.483, de mayo de 2003, y definitivamente desde la resolución 1.511, de octubre del mismo año, que de forma expresa animaba al envío de fuerzas militares, las tropas españolas en Irak atendían la petición de Naciones Unidas de asistencia humanitaria y de contribución a la estabilidad y seguridad. Ésta es la realidad. El Gobierno no puede seguir basando su política de defensa exterior sobre el falseamiento continuo de la participación de España en la postguerra iraquí ni seguir despreciando la legalidad internacional vigente en Irak, a la que Rodríguez Zapatero ha contribuido con el voto favorable a la resolución del 8 de junio, que convierte a las potencias ocupantes en Fuerza Multinacional bajo mandato de la ONU. Cualquier otra interpretación es un intento de prolongar la propaganda electoralista del 14-M y rebajar aún más el crédito internacional de España. El Gobierno puede y debe ir a Afganistán, porque es la obligación de España con sus intereses y los de sus aliados. Pero no hace falta que se justifique con la falsa coartada sobre Irak.
El triunfo electoral de José Luis Rodríguez Zapatero en el 14-M es la gran clave para entender el XXXVI Congreso Federal del PSOE. Haber alcanzado el poder, haber desalojado de la Administración central al Partido Popular, ha llenado de coches oficiales el aparcamiento del palacio de congresos y devaluado posibles críticas en las intervenciones. Pero también ha servido para acentuar que la deuda que el PSOE ha contraído con el PSC de Maragall, y evidenciar que los catalanes tienen la suficiente fuerza para imponer a Montilla, a pesar de su actual condición de ministro, en la nueva ejecutiva.
La victoria en las urnas es aún tan reciente que lo extraño hubiera sido precisamente encontrar un escenario diferente al del actual triunfalismo y la aceptación de «lo que diga Zapatero», como punto de encuentro para la gran familia socialista. Sobre todo si el líder tiene el acierto, como es el caso, de poner el acento de su discurso en los ciudadanos como protagonistas y la esperanza como meta. Tiempo habrá, más adelante y cuando la gestión pierda el brillo de los primeros momentos, para el resurgimiento de otras corrientes socialistas, para recriminaciones, propuestas y dudas acerca de los grandes asuntos del Estado y del partido.
El Congreso que ayer comenzó en Madrid es, en este sentido, una forma de reconocer al presidente del Gobierno su éxito, de dar a luz una nueva corriente que bien podría llamarse «zapaterismo», tributaria de la llegada al poder. Si Rodríguez Zapatero ha ganado las elecciones, y demostrado que sabía cómo hacerlo, es que tenía razón y no la tenían en cambios sus críticos. El mismo reconocimiento se aplica en cuanto asuntos de la trascendencia de la reforma constitucional, de los Estatutos de Autonomía o del envío de tropas a Afganistán y Haití después de la retirada de Iraq.
Con el PSOE en el Gobierno de la nación, el partido tiene hoy poco que decir acerca de estas grandes cuestiones. No es mucho, pero resulta esperanzador que personas como el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra mantengan su habitual claridad y recuerden que el voto que les ha devuelto al palacio de la Moncloa no era, precisamente, para «modificar los Estatutos de Autonomía o discutiera sobre la esencia de España». Su voz no debería caer en saco roto, ni siquiera ante las presiones crecientes del PSC de Maragall, pues aunque no se haya discutido, y tampoco el Congreso es el escenario adecuado, el PP ha recortado espectacularmente distancias en las Europeas y la acción de Gobierno ha encontrado sus primeras piedras en el camino.
Del pancartazo al carpetazo es lo que va de lo que antes decía Zapatero a lo que hace ahora. Entre otras cosas en lo que se refiere a la presencia de tropas españolas a escenarios de conflicto sin que medie debate parlamentario previo, tal cual aquel reprochaba a Aznar por su comportamiento sobre lo de Iraq.
Es decir, que mucho talante, mucho consenso, muchas leches, pero a la hora de la verdad, verbigracia cuando se gobierna, Zapatero no consulta siquiera con el cuello de la camisa. Cosa que en un espíritu autoritario como el de Aznar resulta de lo más lógico pero no es el caso, siendo como es Zapatero un político comprometido con la revitalización de la vida parlamentaria, o eso dijo, creemos recordar. Así que, siendo el mismo comportamiento de uno y otro, en el fondo no es lo mismo, aunque a simple vista lo parezca. Zapatero informará, eso sí, a toro pasado sobre el envío de más tropas españolas a Afganistán pero en plan madre Teresa de Calcuta y no como Aznar, al que la guerra le ponía cantidad. De ahí que el Gran Wyoming, un suponer, no encabece una manifa contra Zapatero, el cual, como se ve, está cumpliendo de pé a pá sus compromisos electorales, empezando por sus comparecencias parlamentarias y, si no, es igual.
Vamos, que a Aznar había que estar dándole cera exigiéndole la rendición de cuentas ante sus señorías, que es democráticamente lo fetén, y no ahora a Zapatero, que menudo rostro se gasta el mozo con esos ojitos de conejo de «duracel» pasando de debates. Ya sabemos, naturalmente, que una cosa es consultar al Parlamento sobre lo de Iraq y otra bien distinta no consultarle sobre lo de Afganistán, de donde salieron con el rabo entre las piernas los soviéticos, el primero el general Rustkoy, pese a que Moscú le recibiera con honores de héroe de guerra. De una guerra, por cierto, que perdió la URSS frente a los talibanes gracias a la ayuda de la Administración USA mayormente.
Fíjense, ahora que caemos: en eso sí hay un punto de coincidencia histórica en ambos escenarios, en el afgano y en iraquí, y es en la creación por parte de Estados Unidos de monstruos para acabar con otros monstruos. Así, en Afganistán alimentaron a los talibanes y en Iraq alimentaron a Sadam, por lo cual no sabemos si es peor el remedio que la enfermedad. Porque lo cierto es que, en cuanto las tropas de asistencia se retiran, la situación vuelve inexorablemente a su punto de origen, en Afganistán a los talibanes, que siguen armados hasta los dientes en las montañas. O sea, que tendremos tropas españolas en Afganistán con Zapatero y después de Zapatero, aunque el próximo Zapatero anuncie que él también consultará al Parlamento hasta la subida de las pipas, aunque luego no lo haga, que para eso es de los nuestros, que diría la Bardem.
Arranca el 36 congreso del PSOE de Zapatero con una mala noticia para Maragall: la posible salida de la ejecutiva del actual ministro de Industria, José Montilla, lo que se interpreta desde la calle Nicaragua como una pérdida de poder importante de los socialistas catalanes. Pero las malas noticias para el presidente de la Generalitat no empiezan o acaban con la pérdida de poder real del PSC dentro del PSOE si, finalmente, Montilla fuera descartado en la nueva ejecutiva. Maragall propuso bien recientemente la creación de un grupo parlamentario propio en el Congreso, grupo que podría reconvertirse en una nueva Entesa Catalana con la incorporación al mismo de los diputados de ICV y ERC.
Esta vieja aspiración de los socialistas catalanes, que fue duramente criticada desde Madrid y sobre la que Zapatero dijo no estar en absoluto de acuerdo, deberá plantearse estos días en el cónclave socialista. De hecho, el propio Maragall ha insistido en sacar adelante su propuesta diga lo que diga Zapatero, pero también es consciente de que no puede tirar más de la cuerda, pues muchos de sus compañeros de viaje piensan que a Maragall se le debe acotar su capacidad de influencia, antes de que sea demasiado tarde. Pero el presidente catalán no puede regresar a la Ciudad Condal sin haber puesto firmes a sus compañeros del resto de España, entre otras cosas porque sus socios del tripartito entenderán su fracaso como la mejor demostración de que tanto el PSC, de un lado, y Maragall, del otro, se plegan a las instrucciones del PSOE y ZP, y si uno no es capaz de influir en las decisiones de su propio partido ¿cómo va a lograr que tengan en cuenta algunas de las peticiones más polémicas de la reforma del estatuto?
Maragall está, así, atrapado en su propio laberinto, a la espera, como dicen algunos de sus compañeros, de que se le ocurra alguna «maragallada», que podría consistir tan sólo en el compromiso de que eso se estudiaría más adelante. Cualquier cosa, menos el portazo a su propuesta, que es lo que Carod-Rovira desea para indicar al electorado del tripartito que la única esperanza es él, porque todos los demás partidos deben obediencia a Madrid. El desenlace del culebrón, bien pronto.
Pío Moa es escritor Libertad Digital 3 Julio 2004
Una de las cosas que más me sorprendía al estudiar la república y la guerra civil era la mezcla de vacuidad intelectual y de habilidad propagandística que ha caracterizado a nuestra izquierda, así como a los nacionalistas catalanes y vascos. Los comunistas y los socialistas nunca han aportado algo digno de mención al marxismo, ni los anarquistas al anarquismo, ni los republicanos a cualquier teoría jacobina; y las teorizaciones del PNV o la Esquerra son simplemente irrisorias. En cambio, ¿qué diferencia cuando llegamos al terreno de la propaganda! Ahí se han mostrado como verdaderos artistas. Por ejemplo, la república llegó quemando no sólo iglesias, sino también bibliotecas ¬alguna de las mejores de España¬ escuelas y centros de formación profesional, y obras de arte valiosísimas. En cinco años produjo una verdadera hecatombe cultural.
Pues bien, la mayor parte de la gente cree hoy con plena convicción que la república supuso una etapa sin igual de protección a la cultura. ¿No es un increíble logro propagandístico haber inculcado a millones de personas este perfecto embuste? Una argucia empleada para mantener el aura «cultural» de la república es la concentración de numerosas figuras intelectuales de primer orden en aquella época. Pero ello no debía nada a tal régimen, pues era el resultado de tres generaciones previas, la del 98, la del 14 y la del 27 (o de la dictadura); y la mayoría de los jóvenes intelectuales que empezaron a despuntar en esos años apoyarían al franquismo durante la guerra, como ha mostrado el profesor Cuenca Toribio. Nada más comenzar la contienda, las destrucciones de obras de arte, bibliotecas, saqueo de museos, sin exceptuar el del Prado, de colecciones particulares, etc., alcanzaron un verdadero frenesí. Pues bien, todavía hemos asistido recientemente a montajes con gran publicidad mediática que presentaban la realidad exactamente al revés, como un salvamento cultural, explotando la meritoria labor de algunos idealistas manipulados sin escrúpulo por el Frente Popular. He ahí la propaganda triunfando grosera y eufóricamente sobre la inteligencia.
Tales hazañas, ni qué decir tiene, casi nunca se logran sin un acompañamiento de censura e intimidación. A quien conozca estas y otras muchas cosas no le extrañarán los dicterios de los padres espirituales de la república, en especial Ortega, Marañón y Pérez de Ayala una vez despertados de su sueño republicano: «¿Qué gentes! ¬escribía el segundo refiriéndose a las izquierdas¬ Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez»; «Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos». etc.
Traigo esto a cuento de la reacción inmunda de diversos intelectuales y políticos a mis libros Los mitos de la guerra civil, y Los crímenes de la guerra civil. En estos estudios he demolido, con documentación de la época y fuentes de las propias izquierdas, muchas de las leyendas que pasan aún hoy por historia verídica de nuestro pasado.
Naturalmente, ninguna obra de historia, por elaborada que esté, cuenta «toda la verdad» o la «verdad absoluta», y lo lógico habría sido que quienes defienden otras posturas polemizasen con las mías, en un debate intelectual por lo demás muy necesario. Pero, y con una sola excepción, ninguno lo ha intentado en serio. Otros trabajos míos, en especial Los orígenes de la guerra civil, habían sido silenciados como mejor táctica para asfixiarlos, pero la extraordinaria difusión de los últimos ha obligado a algunos a manifestar su viejo carácter. Se ha alzado un clamor pidiendo la censura contra mis libros (Tusell, UGT, IU ) se me ha hecho el vacío y negado el derecho de réplica en diversos medios, y Carlos Dávila, tras su osadía de entrevistarme en TVE-2, sufrió una campaña de acoso que, simplemente, impidió mi reaparición en una televisión general. Y en cuanto el PSOE ha vuelto al poder, la cabeza de Dávila ha sido la primera en rodar. Ahí tenemos el talante, el viejo talante socialista, el de los cien años de honradez.
Todavía esto sería tolerable, conociendo el percal, si no fuera porque la reacción ha llegado al extremo de intentar destruirme personalmente por medio de la calumnia. Hace poco Alfonso Guerra, que ha escrito unas memorias insustanciales, de un narcisismo pueril y veracidad dudosa, mostraba su talante intoxicador en el peor estilo chequista al presentarme como un posible infiltrado que habría ocasionado la caída de la «Operación Cromo» hace 28 años. Obviamente, este sujeto que intentó enterrar a Montesquieu y vicepresidió la época de mayor corrupción, probablemente, en la España del siglo XX, sabe por fuerza si hubo o no hubo infiltración entonces, porque tuvo a su disposición, durante nueve años, todas las informaciones internas de la policía. Sabe, por tanto, la falsedad de su insidia. Se ve que la difusión oral de ese rumor, de la que ya tuve noticia a raíz de publicarse el libro Los crímenes de la guerra, no ha sido suficiente, y esta gente ha querido darle mayor efectividad escribiéndolo.
Porque lo escrito por el aspirante a enterrador de Montesquieu no han sido un caso único. He sabido de otro, y quizá haya más. El segundo es una canallada del mismo estilo, en un libro exculpatorio del GAL escrito por Diego Carcedo. Éste pone en boca de un muerto supuestas palabras atribuidas a otro muerto, siempre con el mismo estilo insinuante que no afirma ni niega tajantemente, pero da pábulo a la sospecha, en el más puro estilo chequista, insisto. ¿Y a quién insinúan Guerra y Carcedo sus patrañas? Obviamente, a la izquierda más ignorante y fanática, incluida, de modo especial, la que practica el terrorismo, a la cual suministran un pretexto para una «venganza».
Este talante, creo, puede definirse como colaboración con el terrorismo mediante la intoxicación. ¿A qué se debe esta forma canallesca de «debatir» unas cuestiones históricas que debieran limitarse al ámbito de lo académico? A que la izquierda, con espíritu irreconciliable, ha convertido su imaginaria defensa de la democracia durante la guerra civil en una fuente inagotable de legitimación política y propagandística actual, y de deslegitimación de la derecha. En un muro maestro de su edificio ideológico, una vez arruinado su viejo y precario marxismo. Esa izquierda cree que la sangre de entonces debe fructificar ahora en rentas y cargos políticos, y no puede tolerar, simplemente, la exhibición documental de aquel pasado. Un pasado bastante siniestro, y no tan superado como la salud de nuestra democracia necesitaría.
Hoy sí, mañana no. Hoy vamos a Afganistán, pasado no. Hoy enviamos un destacamento menor, quién sabe si dentro de unos días decidimos que sea mayor.
Los ministros de Exteriores y Defensa, después de semanas de jugar a marearnos, han tenido la deferencia de desvelar el enigma y comunicarnos que finalmente se desplazará a Afganistán un contingente de entorno a mil hombres, con la firme voluntad de colaborar en el proceso electoral que, con gran dificultad, se está intentando poner en marcha en aquel país.
¿A qué se debe tal decisión? A un compromiso en la defensa de los derechos humanos enmarcada en una Resolución del Consejo de Seguridad. Es decir, que en la visión de nuestros socialistas los iraquíes carecen de derechos humanos y que la Resolución aprobada por el delegado español en el Consejo de Seguridad, en la que se invita a los estados miembros a colaborar en la reconstrucción de Irak y se pide explícitamente el envío de tropas (sic), son virtuales, una ilusión de los sentidos.
El Gobierno se decidió, pero sigue careciendo de una política que fundamente sus actos. Es todo un ejercicio de gestos y maniobras, actuaciones en el corto plazo fruto del oportunismo y de la improvisación. Poco a poco van comprobando los efectos de su brillante retirada de Irak y tratan de moderarlos. Ya saben que con Kerry las relaciones no cambiarían mucho y que las letras irán llegando una a una. De los europeos no pueden esperar mucho, porque no han mostrado la menor solidaridad con su valiente maniobra y han pasado a no considerarlos.
Repitieron hasta la saciedad que estaban comprometidos en la lucha contra el terrorismo, pero que rechazaban la guerra de Irak. Tanto republicanos como demócratas les exigieron reforzar el flanco afgano y ahora se apresuran a mostrar su compromiso, el que Bono no hace tanto descartaba por innecesario. Están viendo las orejas al lobo y hasta El País pide más, un contingente aun mayor para despejar dudas y tender puentes.
La decisión es positiva y sólo puede tener efectos beneficiosos, pero el proceso seguido pone de manifiesto lo peor de este gobierno, su falta de consistencia programática y su descarado populismo, características que continuarán restando prestigio a España en la escena internacional.
LOS VIEJOS socialistas como Pablo Iglesias o Indalecio Prieto y los regeneracionistas como Joaquín Costa y su Liga de Contribuyentes de Ribagorza se han revuelto en sus tumbas ante la demostración de insolidaridad que ha supuesto la supresión por decreto ley del trasvase del Ebro que contemplaba el vigente Plan Hidrológico Nacional (PHN), defendida esta semana en el Parlamento por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. De un plumazo, la solidaridad y vertebración de España que aquellos practicaron se la han ventilado sus sucesores con la firma de su correligionaria, la misma que hace nueve años defendió con entusiasmo otro PHN que contemplaba conectar todas las cuencas hidrográficas peninsulares para llevar agua de donde sobra a donde falta y paliar así el eterno problema de la España seca.
Pascual Maragall, su subsidiario en Aragón Marcelino Iglesias y los arrendadores de la silla del primero en la Generalitat catalana, ERC, hicieron del PHN aprobado en una legislatura del PP el banderín de enganche para recolectar votos fáciles y ahora han pasado su factura a un Gobierno que pregona la solidaridad, pero que ha cometido con esta decisión una gran insolidaridad: decidir que el agua que sobra y se vierte al mar no vaya a quien la necesita y enfrentar peligrosamente a unas comunidades con otras, lanzándolas al ruedo ibérico de la discordia y las convulsiones sociales, sin valorar las consecuencias que esto ha tenido en otros tiempos.
La presunta alternativa del PHN causa estupor: 20 desaladoras que hay que reponer cada 20 años, expulsando CO2 a la atmósfera y acelerando con ello el vertiginoso cambio climático que estamos viviendo a causa de los gases de efecto invernadero, amén de seguir incumpliendo Kioto. Llenar las costas mediterráneas de adefesios industriales de notable impacto ambiental, corriendo el riesgo de modificar la salinidad de la franja costera con ingentes vertidos de salmuera para quitar la sal a un agua que previamente era dulce y que se cogía de la desembocadura del Ebro, en Tortosa (Tarragona), es una solución propia del TBO. Se trasvasaba y almacenaba el sobrante, solo el sobrante y cuando hubiera sobrante y se llevaba por tubería, con sus correspondientes sifones, hasta el consumidor final, fuese este agricultor o industrial. Con los criterios del actual Gobierno, el trasvase Tajo-Segura no se hubiera hecho y las consecuencias para quienes se benefician de esta colosal infraestructura hubieran sido desastrosas.
Zaragoza aspira con razón y méritos propios a organizar la Exposición Universal del 2008 y con ella aprovechar su transformación, impulsar su desarrollo y conseguir que la ciudad vuelva a verse en el Ebro, después de siglos de vivir de espaldas al río. Supongo que a la quinta ciudad de España no le gustará que tan magno reto se haga con la oposición de valencianos, murcianos y almerienses, en respuesta a las masivas manifestaciones contra el trasvase que se organizaron en Zaragoza con el falaz argumento de que quitaba agua a Aragón. La solidaridad se pide, pero también se da.
Recibo cientos de correos con este solo mensaje repetido: “En Cataluña no hay conflicto lingüístico”. Ante esa rara unanimidad, esa consistente insistencia, no tengo más remedio que concluir: en Cataluña hay un conflicto lingüístico, vaya si lo hay. Tengo para mí que es sobre todo un conflicto político, pero siempre a propósito de las lenguas. De manera parecida, el conflicto se reproduce en el País Vasco y en menor medida en otras regiones donde hay dos lenguas. Repito mi pronóstico. Fracasará el intento de suprimir el castellano en esas regiones donde coexiste con otra lengua. En el entretanto mucha gente sufrirá, y al final se deteriorará la cultura. Pongan los tiempos futuros en presente y el conflicto quedará claro.
Me cuenta Carlos García Tábora un suceso que corrobora mi pronóstico. Hace algún tiempo, en Bilbao erigieron un busto de Miguel de Unamuno en una plaza. Se trata seguramente del escritor más eminente que haya nacido en Bilbao. Pues bien, el citado busto ha sido objeto de continuos ultrajes, golpes y chafarrinones. Al final, el Ayuntamiento lo ha retirado. Vergüenza para el Ayuntamiento de Bilbao y sus vecinos. ¿Se imagina alguien una afrenta así contra James Joyce en Dublín? Esa es la distancia que va de la barbarie a la cultura. Mientras los bilbaínos no presionen para que se reponga y se proteja el busto de don Miguel, todos ellos serán bárbaros. Eso, por decirlo de forma suave. Don Miguel hubiera dicho iconoclastas.
Víctor M. Hinojosa me consulta sobre el uso de las mayúsculas. Concretamente, ¿se debe decir el Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid o el presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid? Para mí está claro: “el presidente”. Solo se acepta alguna excepción, como “el Rey de España” o “el Papa de Roma”. De todas formas, en el uso de las mayúsculas cabe una cierta capacidad potestativa. Por ejemplo, un teólogo puede escribir un grueso tratado hablando del “Pecado”, o un jurista se puede extasiar escribiendo sobre “la Enfiteusis”. La regla general es la de la economía de mayúsculas. Deben reservarse para nombres de personas físicas o jurídicas, o bien de entidades que hacen sus veces.
Gregorio González, de Madrid, me reconviene por la traducción que yo hago de Sinn Féin como “Nosotros solos”. Don Gregorio sostiene que significa “nosotros mismos”. Tengo que reconocer mis limitados conocimientos del gaélico; es decir, no sé una palabra de esa hermosa lengua. Así pues, tengo que confiar en lo que dice la Encyclopaedia Britannica. En la cual viene el nombre completo del Partido Nacionalista Irlandés o Sinn Féin Pairty Na Noibri, esto es, Partido de los Trabajadores de Nosotros Mismos o Nosotros Solos. El título es gracioso. Me recuerda el caso de esas tribus centroafricanas que tienen una misma palabra para designar el nombre de la tribu y el de los hombres, la humanidad. Sigo con la sinapsis de ideas. Los nacionalistas catalanes recurrían mucho a la expresión nosaltres sols, quizá como adaptación de sinn féin. En español, “nosotros solos” tiene más sentido que “nosotros mismos”, pero el sentido resulta equivalente. Dejemos la vacilación lingüística como un recurso útil del idioma castellano.
Por cierto, muchos corresponsales me reiteran que no se debe decir lengua castellana sino española. Yo prefiero la vacilación que supone recurrir a una u otra forma. Alberto Mallofré Sánchez-Pantoja razona que, por lo mismo que se dice francés, alemán, sueco o italiano, hay que decir español. Él lo dice muy a la española: “¿Por qué coj… no se va a llamar español a la lengua común de los españoles?”. Bien, pero ¿y el inglés? Inglaterra es una parte del Reino Unido o de las Islas Británicas, como Castilla lo es de España. El té de las cinco será muy británico, pero hablan inglés. Pues yo hablo castellano, aunque, en el contexto internacional, mi idioma sea el español. Y no pasa nada. Muchas veces consulto el primer diccionario de nuestra lengua, el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias.
Para terminar con los nacionalismos, de momento. Juan Carlos Antón me sugiere una buena imagen. Su opinión es que los partidos nacionalistas no quieren la independencia, “sino tan solo la exclusiva del poder en su territorio…. Acuden a Madrid a rebañar (asociada o asimétricamente) todo lo que puedan… Su postura está mucho más próxima a la de los niños pijos a los que mamá instala en el jardín del chalet una casa de madera”. Sí señor, ha dado en el clavo.
Los medios de comunicación públicos habrán de hacer un esfuerzo para que el mensaje Alá llegue a todos los hogares españoles a través de la voz de su profeta, Mahoma. Lo propone nuestro bronceado ministro de Justicia, que está decidido a remover todos los obstáculos que hasta ahora nos impedían tener acceso directo a la palabra del dios de los beduinos. Los medios de comunicación públicos -y muchos privados- ya trabajaban con entusiasmo para, por ejemplo, crear el estado de opinión entre la canalla que haga posible cualquier día un progrom con los judíos en España. Pero, por lo visto, su esforzada labor de convertir Los protocolos de los sabios de Sión en guía didáctica para explicar a las audiencias la realidad del mundo árabe es insuficiente. Por supuesto, los canales estatales continuarán denunciando la conspiración del capital hebreo que, ya se sabe, controla todas las multinacionales y la banca. Naturalmente, velarán asimismo por impedir que las voces ladinas de los hijos de la Cábala contaminen a los nuestros con sus arteras argucias. Con todo, no basta. Al ministro de Rodríguez ese cotidiano empeño militante le sabe a poco. De ahí su nuevo proyecto.
Y es que el acuerdo sobre problema judío sólo es una entre las muchas coincidencias que hermanan la causa islamista con la de los progresistas hispanos. Desaparecida la Unión Soviética, Alá es el único enemigo solvente que se enfrenta al poder satánico del liberalismo que representa América. Porque el Misericordioso no sólo es grande, también es anticapitalista y antioccidental. O sea, como uno de los suyos pero sin güisquis de marca ni retratos oficiales. Son esas credenciales las que le abren el paso a los expositores de “las opciones tan legítimas como cualquier otra” en el gran supermercado del pensamiento fláccido que regenta ZP.
Ocurre, sin embargo, que el Islam no es una religión más, entre las que se practican en nuestro país. Porque a diferencia del panteísmo bucólico que profesa Rodríguez no lo anima “un ansia infinita de paz y amor”, sino la voluntad de imponer la sharia a todos los infieles, de grado o a la fuerza. Y es ése un afán más infinito aún que el sentimentalismo kitsch de quien ha hecho ministro a Pérez Rubalcaba. Porque la palabra de Alá no sólo no es una opción, sino que ha sido dictada para toda la humanidad, incluidas las plañideras posmodernas de la provincia de León.
Se equivocan gravemente los que se empeñan en repetir que somos herederos de la Ilustración, frente a la evidencia de que tantos están dispuestos a repudiarla a cambio de una hamaca en primera línea de playa. De todos modos, yerran más los que describen al islamismo militante que ya habita en nuestras ciudades como un movimiento nihilista y suicida. Por el contrario, son los únicos que creen en su propia causa y en su civilización. La alegre marcha hacia el suicidio colectivo no la han iniciado ellos sino nosotros, eso sí con el bronceador en una mano y el mando a distancia de la tele en la otra.
EL PP LE ACUSA DE "CONNIVENCIA CON ETA"
Marisa Arrúe, portavoz del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Getxo, ha acusado este viernes al alcalde de la localidad, Iñaki Zarraoa (PNV), de "connivencia con ETA" por justificar la contratación de Francisco Zabala Etxegaray, quien cumple condena por colaboración la banda terrorista. "Día tras día se demuestra su connivencia con el mundo radical que hace imposible la convivencia con los demócratas", declaró Arrúe.
El Ayuntamiento de Getxo empleó como ordenanza desde abril de 2003 a marzo de 2004 a Zabala Etxegaray, quien fue condenado en 1995 a siete años de cárcel por colaborar con el "comando Vizcaya" de ETA. Fue arrestado de nuevo el pasado mes de marzo, cuando trabajaba en el Ayuntamiento, para cumplir tres años y medio que le quedaban de condena.
El alcalde Zarraoa declaró el jueves que el Ayuntamiento volvería a contratar a Zabala ya que se trataba de un reinsertado con "derecho básico al trabajo" y añadió que "no conocía su situación pero actuaría igual porque tenía todo el derecho a acceder a la plaza de ordenanza".
La portavoz local del PP denunció este viernes que la contratación de Zabala no es un hecho aislado y desveló la presencia "en muchos puntos del Ayuntamiento y de empresas contratadas de gente muy ligada al mundo de los asesinos". Tachó de "mezquino y miserable" al alcalde por su acercamiento a los radicales por beneficio político. "Manipula el Estado de Derecho con el único propósito de lograr rendimiento político", manifestó Arrúe, que calificó de "insulto a las víctimas" la defensa de la contratación de Zabala realizada por el alcalde.
Se ocupará de de la seguridad en el Ayuntamiento
La concejal negó la versión de Zarraoa de que el colaborador de ETA estuviera reinsertado, porque todavía le quedaba pena de cárcel por cumplir. El también concejal del PP en Getxo Eduardo Andrade calificó de "aberrante" que Zabala se ocupara de su seguridad en el Ayuntamiento al controlar el acceso a sus despachos. "Me he jugado la vida en un Ayuntamiento que consideraba seguro", dijo.
Los 'populares' han solicitado a los responsables municipales mayor control en las contrataciones de personal eventual del Ayuntamiento para evitar la presencia de elementos peligrosos. "Hay responsables de área que cobran muy bien para impedirlo", reiteró Arrúe. Sin embargo, los representantes del PP mostraron escepticismo y advirtieron de la escasa sensibilidad del Equipo de Gobierno (PNV-EA-IU). "Para ellos no es un problema. Lo que les importa es mostrar solidaridad al mundo que viene de ETA ofreciéndoles trabajo", resaltó Andrade.
La Asociación por la Tolerancia comenzó hoy una campaña de información dirigida a los turistas que llegan a Barcelona y la costa catalana en defensa del castellano y apostando por un "bilingüismo sostenible". La campaña pretende denunciar la "discriminación lingüística" que aseguran existe en las Administraciones públicas.
La campaña tuvo su inicio en la Estación de Sants y continuó en el Aeropuerto de Barcelona. Lleva por título "Welcome to Barcelona, bienvenido a la Barcelona bilingüe, benvingut a la Barcelona bilingüe" y se prolongará durante todo el verano --durante el cónclave del Forum-- en los principales puntos turísticos de la
ciudad y de la costa catalana, donde se repartirán folletos y globos.
En declaraciones a Europa Press, el secretario de esta asociación, José Antonio Mengíbar, explicó que el objetivo de esta campaña es "defender la existencia de dos lenguas oficiales en Cataluña, el catalán y el castellano", por lo que mostró su posición a favor de que "se utilicen las dos lenguas por igual en las adminitraciones locales y autonómicas.
Mengíbar aseguró que "no estamos en contra del catalán, sino que abogamos por la permanencia del bilingüismo porque el castellano es la lengua que utiliza, como mínimo, la mitad de los ciudadanos de Cataluña". En este sentido, precisó que para su asociación es "un contrasentido que se eluda en la rotulación y la señalización vial un idioma internacional como es el castellano que, sin duda, facilitaría el contacto con aquellos que nos visiten".
Asimismo, reclamó el uso del castellano, junto con el catalán, en la enseñanza catalana. El secretario de la Asociación por la Tolerancia indicó que "al igual que el Forum Universal de las Culturas se celebra para reivindicar y legitimar el derecho de todas las culturas a existir, nosotros reivindicamos nuestro derecho a existir en Cataluña", apostilló.
En este sentido, la asociación condisera una "contradictorio" y un "cinismo" que "en nuestra propia casa se desprecie a la mitad de la población y se impida a nuestros hijos la escolarización bilingüe diseñando una Cataluña de las que quedan excluidos todos los que no están representados por el nacionalismo oficial, dominante en las organizaciones políticas catalanas".
Para la Asociación por la Tolerancia "la discriminación del poder político catalán, en cierto modo, es igual que la discriminación al idioma catalán de la dictadura del general Franco".

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