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Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1835/Sesión de la Cámara de Diputados, en 29 de julio de 1835 - Wikisource
Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1835/Sesión de la Cámara de Diputados, en 29 de julio de 1835
SESION 17, EN 29 DE JULIO DE 1835
SUMARIO. —Nómina de los asistentes. —Aprobacion del acta precedente. —Cuenta. —Ordenanza de Minería. —Derechos de cabotaje. —Negociaciones con España. —Libertad de esportacion. —Acta. —Anexos.
De un ▼Mensaje en el cual el ▼Presidente de la República pide que se le autorice para entablar negociaciones con España. (Anexos núms. 115 a 120.)
De un ▼informe de la minoría de la ▼Comision de Hacienda sobre el proyecto de lei que reforma la Ordenanza de Minería. (Anexo núm. 121. V . sesiones del 15 de Julio i del 14. de Agosto de 1835.)
De otro ▼informe de la ▼Comision de Lejislacion i Justicia sobre la indicacion hecha por el señor ▼Irarrázaval para autorizar a los Ministros del Tesoro a cobrar comision sobre los depósitos de los particulares. (Anexo núm. 122. V. sesion del 17.)
Aprobar los artículos 4, 6 hasta el 22 del proyecto de lei de cabotaje. (V. sesiones del 27 de Julio i del 2 de Octubre de 1835.)
Que la ▼Comision de Gobierno informe sobre la idea de entablar negociaciones de paz con España. (V. sesion del 19 de Agosto venidero.)
Aprobar el artículo 1.º del proyecto de lei que declara libre la esportacion de productos nacionales i dejar el 2.º para segunda discusion. (V. sesiones del 27 de Julio i del 3 de Agosto de 1835.)
sesion del 29 de julio de 1835
Se abrió con los señores Arce don Estanislao, Arce don Miguel, Arlegui, Astorga, Barra, Carrasco, Eyzaguirre, Fierro, Fuenzalida, Gárfias, Garrido, García don Manuel, González, Gutiérrez, Irarrázaval, Iñiguez, Izquierdo, Larrain, Martínez, Morán, Montt, Pérez, Prieto, Reyes, Riesco, Rozas, Sotomayor, Tocornal don Joaquin, Tocornal don José María, Troncoso i Vidal.
Dióse cuenta del informe particular de los señores ▼Plata i Huidobro, miembros de la ▼Comision de Hacienda, en la mocion del señor ▼Irarrázaval, sobre modificacion del artículo 12, título 13 de la Ordenanza de Minas, i se reservó para discusion.
Continuó la del ▼proyecto de derechos de cabotaje i se aprobaron los artículos 4.º i 6.º por mayoría, i todos los demas desde el 7.º hasta el 22 inclusive por unanimidad, en los términos que siguen:
Art. 6.º El oro i plata en polvo, pasta, barra, o mineral adeudarán el derecho de esportacion por el mero acto de embarcarse, aunque sea con destino a puertos chilenos; pero el monto de los derechos se podrá pagar, a eleccion de los interesados, en la Aduana del puerto donde se haga el embarque o en la del puerto donde tenga efecto el desembarque.
Art. 8.º En los puertos mayores i menores podrán embarcarse i desembarcarse toda clase de frutos i manufacturas nacionales, i las mercaderías estranjeras que, por haber cubierto los derechos de internacion, deben considerarse naturalizadas.
Art. 9.º En los puertos habilitados será lícito embarcar o desembarcar frutos i manufacturas nacionales, i las mercaderías estranjeras naturalizadas que, por reglamento especial, designe el Gobierno.
Art. 11. El cobre en barra o rieles que se embarcase por los puertos habilitados, deberá salir con destino a otro de los puertos mayores o menores de la República, i en ningun caso dirijirse a los que solo fueren habilitados.
Art. 13. Se exceptúan de esta franquicia el oro i plata en polvo, pasta, barra o mineral i el cobre en barra o rieles, cuyas especies no podrán trasbordarse.
Anclas i anclotes de fierro, artillería, azogue, cables, cadenas de fierro, carbon de piedra, carretas i carretones, ladrillos, leña, máquinas, piedras minerales, dichas para molinos o trapiches, plomo en barra, pólvora, sal comun.
Art. 17. Los trasbordos de que habla la presente lei, podrán solo hacerse de un buque nacional a otro que también lo sea, cuando ámbos se hallen empleados en el comercio de cabotaje.
Art. 19. Cada juego de pólizas que, según el reglamento que dictare el Gobierno, deba correrse para el embarque, trasbordo o despacho de las mercaderías declaradas libres en el tráfico de cabotaje, adeudará cuatro reales.
Art. 20. Cuando los frutos o manufacturas nacionales rejistradas con destino a un puerto de la República, se dirijesen a otro estranjero, sin prévio conocimiento de la respectiva Aduana, se cobrará al comerciante que cometiese el fraude o al fiador que para este caso debe haber dado, dobles derechos de esportacion sobre aquellas mercaderías que no gozaren de libertad a su salida del pais, i un seis por ciento sobre el valor de las que gozaren de dicha libertad.
Art. 22. Esta derogacion tendrá efecto desde el 1.º de Enero de 1836 en que debe principiar a rejir la presente lei."
Se leyó, en seguida, un oficio del Presidente de la República en que propone a la aprobacion de las ▼Cámaras las bases sobre que se deben entablar las negociaciones con la España, i se mandó pasar a la ▼Comision de Gobierno.
A segunda hora, se tomó en consideracion el proyecto de lei sobre derechos de esportacion de mercaderías, i fué ▼aprobado el primer artículo por unanimidad en los términos siguientes:
"Artículo primero. Será permitida la esportacion de numerario i de toda clase de frutos i manufacturas nacionales, sin otros derechos que los que por la presente lei se establecen."
El segundo quedó para segunda discusion i los restantes para la primera, en cuyo estado se levantó la sesion, anunciando para la próxima la discusion del mismo proyecto i demás negocios en tabla. —▼Jose Vicente Izquierdo. —▼Montt, diputado-secretario.
Núm. 115Editar
Núm. 116Editar
¿Qué puede importar a Chile ni a la América que el Gobierno de la actual España diga: reconozco vuestra Independencia? La tiene ya adquirida de hecho i por derecho ¿i acaso esta vana fórmula o un acto de ceremonial diplomático le confiere algún título de lejitimacion para poderla disfrutar con tranquilidad? Despues de haber triunfado completamente a fuerza de sangre i sacrificios que hasta ahora no ha sido posible reponer; despues de haber adquirido una posesion por medio de la misma fuerza con que se nos había quitado ¿necesitamos suplicar al vencido que reconozca nuestro triunfo, que nos declare libres de su dominacion, i nos presente al mundo civilizado como hombres independientes? Las leyes de Roma establecieron esta fórmula para dar libertad a los siervos i exonerar a los hijos de la patria potestad; mas, la filosofía, el verdadero conocimiento de las cosas, choca con ella si se intenta aplicar a los modos de adquirir los derechos de las sociedades humanas. ¿No es un delirio humillarse a implorar el reconocimiento de la Independencia a un Gobierno que aun se halla vacilante, que no teniendo recursos para organizarse a sí mismo, debe carecer de todo para hacernos la mas pequeña ofensa? El Gobierno español no tiene arbitrios para volver a subyugarnos; nuestros Gobiernos están reconocidos por las potencias de primer órden i ocupamos ya, respectivamente, en la jerarquía política un lugar semejante al de los demas pueblos de la tierra que se llaman Naciones.
Si esto no es así, no se puede fijar el principio de donde proceden las relaciones que existen entre los Gobiernos de las Repúblicas americanas con los Monarcas principales de la Europa. No hai, pues, para qué abatirnos a solicitar un reconocimiento infructuoso cuya omision no hace peligrar la Independencia de que gozamos. Retenga, si gusta, el Monarca de España el título de Rei de las Indias Occidentales como conserva el de Jerusalen i otros; i en !a confianza de que no puede hacerlo efectivo como actualmente hace con el Señorío de Vizcaya, echémonos al descanso que nos proporcionan nuestros progresos, nuestros trabajos i nuestras instituciones.
De este modo discurríamos acerca del reconocimiento de la Independencia americana por el Gobierno español. Nos burlábamos de cuanto se decía con respecto a embajadas o embajadores, dirijidos a pedir sumisamente el permiso de disfrutar en paz lo que tenemos, sin que haya elementos ni ajentes capaces de perturbar nuestra posesion. Mui distantes de los talleres de la política, i mas lejos aun de sus directores, guiados solo por los principios, carecíamos de todo indicio o antecedente para poder presumir que nuestras ideas no eran conformes con la del Gobierno i confesamos francamente que, cuanto se ha dicho sobre mision a España para solicitar el reconocimiento de la Independencia, ha sido para nosotros un objeto de risa.
Mas, la Memoria del Ministro de Relaciones Esteriores, presentada al ▼Congreso Nacional, nos ha arrancado repentinamente la venda que nos cegaba, i sin trasportarnos de las tinieblas a la luz sino, al contrario, nos ha hecho ver que nosotros somos los burlados. Sin embargo, en esta oscuridad distinguimos que aunque los principios del Gobierno son los mismos que nosotros profesamos, las deducciones son diferentes. Nos parece conveniente manifestar esta diferencia, ventilando públicamente la cuestion por el interes que tienen en ella los patriotas chilenos, para descubrir las ventajas que puede producir al pais la negociacion que se trata de entablar.
Las breves indicaciones que publicamos en nuestro número anterior sobre esta materia, no tuvieron mas objeto que el de llamar la atencion de nuestros compatriotas a la deliberacion de un asunto, no mui trivial ni comun. Quizá nuestro modo de concebir nos hizo presentarlas bajo un aspecto que, para el juicio de ciertas personas de gabinete, indica oposicion a las miras del Gobierno. Estamos mui distantes de pensar de semejante modo; somos philopolitas; no propendemos mas que al bien comun i presentamos al público nuestra opinion sobre la Legacion a España con las razones en que la fundamos; tanto por el compromiso que ya hemos contraido por la publicacion de la primera parte, como para acreditar que, si hablamos con libertad, no pretendemos embarazar en manera alguna las medidas gubernativas, sino solo el que se sacuda algun tanto la neglijencia que, de cierto tiempo a esta parte, se ha apoderado de los negocios públicos; que haya hombres que tomen interes en ellos; que el Gobierno no esté aislado i sujeto solo a una voz que le diga: así lo quieren los propietarios, así lo dice la jente, ya lo han hecho otras Repúblicas. Queremos que si hai Legacion a España para impetrar el reconocimiento de la Independencia, sea con el consentimiento i conocimiento del pueblo, i que no se haga como un negocio que se trata de Gabinete a Gabinete o de Monarca a Monarca. Si fuésemos súbditos de un Rei, aprobaríamos en silencio la medida, porque, dependiendo nuestras vidas i haciendas de su voluntad, no tendríamos facultad para examinarla; pero, siendo ciudadanos de una República, en cuyo Gobierno debe influir la voz de la mayoría i escucharse la de la minoría, nos creemos con derecho para manifestar las razones por las cuales, a nuestro juicio, es inútil la Legacion de que se trata. No se crea que vamos a trabajar una gran disertacion; la materia es clara i por lo mismo nos obliga a escribir poco.
Consideramos a Chile libre e independiente, con un Gobierno arreglado a principios, i que, si algo le falta para tocar el estado último de su prosperidad, no depende mas que del tiempo i de que se aproveche el que va corriendo en reformar las instituciones coloniales que nos rijen, i en establecer las que exije el carácter de Nacion. Entre nosotros solos existen los recursos para hacernos felices i nada que pueda conducirnos a esta situacion depende de un poder estranjero. Vemos que la España se halla vacilando no solamente en la adopcion de principios con respecto al reconocimiento de la Independencia de América, sino tambien en cuanto a la subsistencia de su actual Gobierno. Una i otra cosa debe tenerse mui presente para decidir la Legacion, i empezando por lo último preguntamos ¿qué seguridad hai de un tratado que se haga con la Reina Cristina, cuando su Gobierno se halla disputado por el Infante don Cárlos? Si algunos confían en las probabilidades de que triunfen las armas de aquélla; otros pueden temer que sean vencidas i entre la confianza i el temor no puede tomarse una resolucion positiva i segura. Supongamos que las Legaciones americanas alcanzan de la Reina de España el reconocimiento de la Independencia. ¿Será obligatorio este acto para el pretendiente al trono si llega a ocuparlo? Muchas reflexiones de esta clase podríamos hacer, pero creemos que es bastante manifestar que no hai actualmente en España un Gobierno subsistente con quien tratar. No pretendemos elevarnos sobre la jerarquía de aquella vieja Nacion; pero sí pensamos que en su presente posicion el reconocimiento que se obtenga ni es seguro por los riesgos que corre, ni decoroso, porque en la diplomacia europea aparecerá concedido en fuerza de las circunstancias.
Preguntamos ¿cuáles son las ventajas reales que podemos sacar de la mision a España? El cortar, se dirá, el estado de guerra en que nos hallamos con la antigua metrópoli, i ensanchar nuestro comercio ajustando un tratado de este jénero. Lo primero es puramente nominal, i aunque hai espíritus asustadizos que lo temen porque creen que, sin una espresa declaracion de la Independencia, puede aspirar la España a reconquistar la América, no consideran que estamos al abrigo de una empresa de esta clase por la impotencia actual de aquella monarquía, que, sin embargo de tener en sí misma los medios de restablecerse i elevarse a su antiguo estado, el espíritu de conquista va desapareciendo en proporcion del progreso que hacen las luces i las instituciones filantrópicas La España, pobre i arruinada por su mal Gobierno, con el objeto de desahogarse de algunos apuros, puede aspirar a la recuperacion de sus antiguas colonias, porque todavía no conoce que éstas ya no son lo que fueron; pero tales aspiraciones se disiparán como el humo en el momento en que al intentar ponerlas en ejecucion se encuentre sin elementos para ello. Mas, la España rica e ilustrada no infunde temores porque sus riquezas llenarán completamente sus necesidades i su ilustracion hará mirar con horror las ideas de reconquista sujeridas por la pobreza o por un vano orgullo, razones condenadas por los principios liberales; los que si no son completamente adoptados por los españoles, jamas les permitirán salir de su estado de impotencia; i si lo son, les proporcionarán toda la prosperidad que deben apetecer. Bajo este concepto, de ningún modo es temible el estado de guerra nominal. Agregaremos que, miéntras la España se atrase o adelante, Chile va progresando rápidamente. En el primer caso los temores de una invasion son infundados; en el segundo, si llegan a verificarse, habrá una resistencia proporcionada al aumento de nuestros recursos, que solo necesitamos la milésima parte de los que el Gobierno español tendrá que emplear.
"La opinion del Marqués de Rockingham, la de su sucesor Shelhurne i de Pitt era conocida, que, por necesidad mas bien que por conviccion, consentían en el reconocimiento de la Independencia." ¿La ha declarado tan francamente el señor Martínez de la Rosa? "El ídolo i oráculo de la Nacion inglesa, Lord Chatam, se arrastra al Parlamento para espirar allí gritando: Paz con la América i guerra con los Borbones." ¿Se ha pronunciado así el Estamento español? Convenimos en que si alguna vez se hacen tratados con la España, el primer artículo se conciba en los mismos términos que el de Munster i el de Paris.
Núm. 117[2]Editar
Antes de proceder a examinar los puntos de vista bajo los cuales ha considerado el Ministro de Relaciones Esteriores esta materia, hasta presentar al Congreso su medida de 21 de Julio último; i de investigar la série de razones, que lo hayan inducido a hacerlo, comparándolas i deduciendo sobre ellas, aseguraremos está mui léjos de nuestro ánimo, si adquiriere algun peso nuestra opinion, acrecentar los obstáculos que debe encontrar el arreglo proyectado. Deseamos con todas veras se pacte un convenio con nuestra antigua Madre Patria; pero que sea de todos modos cual conviene a los chilenos.
En sus preceptos, Horacio, sobre la composicion de dramas cuyo tema sean asuntos domésticos, dice:
Creditur ex medio quia res arcessit, habere
Sudorís minimum; sed habet comadia tanto
Plus oneris, cuanto venice minus......
El asunto sobre que discurrimos no se debe tomar, a la verdad, por cómico; pero, como en parajes oficiales se reputa doméstico, la máxima del poeta le es en parte aplicable. En arreglos domésticos, es el acierto tanto mas difícil cuanto ménos se perdonan las faltas.
El primer punto de vista bajo el cual ha considerado el Ministro el arreglo en proyecto, es el que bosqueja su Memoria fecha en 15 de Julio del año próximo pasado, que presentó a la Lejislatura de ese año i amplía la circular que sobre él dirijió a los Gobiernos de las Repúblicas hermanas. Consiste en que un ▼Congreso de Plenipotenciarios de América i de España estipulasen en Londres, mediando el Rei de la Gran Bretaña, un ajuste definitivo del reconocimiento de la Independencia de las nuevas Repúblicas por su antigua Madre Patria. El segundo punto de vista es el que describe la Memoria que ha presentado en 17 de Julio último a la actual ▼Lejislatura. Consiste en que se envíe directamente a España un Plenipotenciario con instrucciones competentes, para que estipule un ajuste, si lo puede verificar.
Fácilmente percibirán nuestros lectores que estos dos planes concebidos por el Ministro en el período de un año, examinados comparándolos, no arguyen concierto en su concepcion. El primero importa la estipulacion del reconocimiento de nuestra Independencia, en comun con todas las Repúblicas hermanas, pactado en Congreso, a un mismo tiempo, en la capital de una Nacion aliada i con la mediacion de su Gobierno. El segundo importa la estipulacion del reconocimiento de la Independencia, pactada separadamente, sin mediacion i en el territorio del con quien se ha de pactar.
En el Mensaje dirijido por el Presidente de la República al Congreso en 21 de Julio, se pide, es cierto, autorizacion para entablar negociaciones en la Corte de Madrid o en otro punto que se crea conveniente; así como es tambien cierto, que en la Memoria precursora del Mensaje se dice "que aun cuando no haya motivo para alterar las bases propuestas por el Presidente", las comunicadas en 21 de Mayo del año próximo pasado a las Repúblicas hermanas "las someterá con todo a la deliberacion de la Lejislatura i afianzado en su voto, procederá desde luego al nombramiento de un Plenipotenciario que se dirija a España con las instrucciones competentes."
Para concebir i fomentar, la primera hasta cierto tiempo, estas dos ideas que no tienen en nuestro sentir conexion, deben haber pesado en el ánimo del Ministro razones de gravedad. No sabemos cuáles hayan sido; pero, con el fin de examinarlas i de deducir sobre ellas, las buscaremos en los únicos lugares a donde podremos encontrarlas: en las dos memorias i en el Mensaje de que ya hemos hecho mencion, i en el órgano por el que paiticipa el Ministerio al público, los fundamentos que apoyan sus procederes, su periódico oficial, El Araucano.
Segun la Memoria de Julio de 1834, los datos que deben haber orijinado en la mente del Ministro el primer plan, son, en cuanto lo hemos podido así colejir:
Comunicaciones fidedignas que recibió anunciándole que, por Diciembre de 1833, dirijido el Gobierno de Madrid por el señor Zea Bermúdez, consideraba un proyecto que le había presentado el Embajador de Inglaterra cerca de su Corte, cuyo proyecto es el plan sobre que tratamos.
—"Probabilidades", véase el § 2º de la circular con que se acompañó la Memoria bajo el número 1, "de que la Rejenta de España hubiera aceptado la ofrecida mediacion, en virtud de tener a la sazon un grande interes en condescender con los deseos de Inglaterra, siendo, por otra parte, natural suponer a la Rejenta, desengañada de los males gratuitos que causa a la España la prolongacion de la guerra."
—"Seguridades", véase el § 3.º de la circular referida "de haber fijado por una de las bases de su política el señor Martínez de la Rosa, al suceder en la direccion del Gobierno al señor Zea Bermúdez, el reconocimiento de la Independencia de los nuevos Estados, añadiendo se trataba de efectuarlo en el modo indicado con mas la mediacion del Gobierno francés."
Que de algun modo contempló i fomentó el Ministro este plan, es indudable, lo demuestra satisfactoriamente el testo del § 3.º de su Memoria de Julio de 1834, en la que anuncia al Congreso "haber recibido recientemente comunicaciones que le confirmaban la notician el plan indicado "i que se hablaba de la ejecucion de este proyecto, como cercano e indudable" como así mismo lo demuestra el haberlo comunicado a los Gobiernos de las Repúblicas Hermanas, agregando las bases con que el de Chile entraría en la negociacion.
Los fundamentos que deben haber orijinado el segundo plan, el finalmente adoptado, son con probabilidad los que suministran la Memoria i el Mensaje de 17 i 21 de Julio último, que considera actualmente la Lejislatura i que, segun hemos podido colejir, consisten en:
—Comunicaciones recientemente recibidas que inducen al Ministro a creer "se halla el Gobierno de la M. C. animado de un sincero deseo de ajustar paz i amistad con los nuevos Estados de América, reconociendo su Independencia i soberanía" véase el § 9.º de la Memoria.
Pasaremos ahora a examinar el mérito de la medida presentada en 21 de Julio último a la consideracion de la ▼Lejislatura, cuyos pormenores son —negociar con España una paz —en Madrid o a donde convenga —que el Congreso no apruebe tratado alguno de paz que se celebre, en el cual no se reconozca la Independencia i soberanía de la Nacion chilena, bajo la forma de gobierno establecida —que el Congreso no ratifique condicion alguna onerosa —que se autorice la celebracion de tratados comerciales no obstante la cláusula o pormenor que precede —que se ha de negociar el reconocimiento de la Independencia al mismo tiempo que un trado de comercio —que se han de admitir las Repúblicas aliadas a tratar sobre iguales bases.
En el artículo 5.º es de sentir el Ministro, —que un tratado de comercio tiene algo de oneroso, aunque no sea del todo condicion onerosa; porque propone que, sin embargo de quemo se ha de estipular hacer a la España concesion alguna, que pese sobre la República contra sus intereses, o sea condicion onerosa, a fin de que se despoje del derecho político que pretende tener sobre nosotros, se puedan celebrar tratados de comercio con ella,—lo que importa en buenos términos, según nuestro modo de discurrir, que se celebre con la España un tratado de comercio, en el que la introduccion de sus productos i manufacturas se ponga por maternidad, por ejemplo, bajo el pié en que recientemente se ha puesto por fraternidad la del Perú, lo cual po dría sostenerse en ▼Congreso, no es condicion onerosa sino concesion de beneficio mútuo, como se ha hecho en el caso de la República peruana. Nos mueve a hacer esta induccion la poderosa razon, de que si el Ministro no fuese de este sentir, i sí del que hemos dicho creemos ser el de la República, la redaccion de los artículos 4.º, 5.º i 6.º habría estado concebida en otros términos.
En resúmen, los fundamentos que debieron servir de base a la negociacion, que se comunicaron alas Repúblicas hermanas, son: —negociar el reconocimiento de la Independencia en co mun —negarse a comprar dicho reconocimiento, por erogacion alguna pecuniaria o cargándose con alguna parte de la deuda de España —celebrar convenciones comerciales de beneficio mútuo —hacer la negociacion en ▼Congreso, en Londres, con la mediacion del Rei de la Gran Bretaña; i en caso preciso con la simultánea de éste i del Gobierno francés. Los que sirven de base a la que propone el Ministro se entable ahora son: negociar en Madrid, separadamente o nuestra República para sí, el reconocimiento de su Independencia, bajo la forma de gobierno que tiene establecida. —No ratifique el Congreso condicion alguna onerosa a trueque del reconocimiento de la Independencia (lo que no obsta a que se firme en Madrid un tratado con condicion onerosa) —que no es condicion onerosa celebrar un tratado de comercio con la España, en el que se hagan recíprocamente ciertas concesiones de beneficio mútuo —que deban ajustarse a un mismo tiempo el tratado de paz i el de comercio; i no uno ni otro por separado. —Que se admite a las Repúblicas aliadas a tratar sobre iguales bases" las que preceden.
—Comunicaciones recientemente recibidas que le inducen a creer, se halla el Gobierno de la M. C. animado de un sincero deseo de ajustar paz i amistad con los nuevos Estados de América, reconociendo su Independencia, § 9 de la Memoria. —El sentido en que admite el lenguaje de los órganos oficiales del Gobierno español a las Cortes del reino (ibid).
Vencieron al tigre Alba, a los ménos crueles aunque no ménos obstinados Requesens, Austria, Farnesio i Espínola; i habiendo apurado hasta el estremo a sus enemigos, compelieron a Felipe III a que depusiese su rancio orgullo castellano, autorizando a su principal Ministro, el Duque de Lerma, para que directamente anunciase al magnánimo Mauricio, que se hallaba dispuesto a ajustar con la República una paz, reconociéndola independiente, como lo verificó diputando al efecto al franciscano Frai Juan de Neyen de Bruselas, que propuso se entablase la negociacion.
Núm. 118[3]Editar
¿Pero es cierto que este reconocimiento no produciría ningunos efectos reales? ¿Sería sin él recibida nuestra bandera en todos los puertos de Europa? ¿Podemos tratar con cualquiera de las otras Naciones sin embarazo? ¿Tenemos espeditas nuestras comunicaciones aun con la Santa Sede? Es verdad que las Naciones de que mas podemos necesitar o que pueden tener mas influjo en nuestros negocios nos han reconocido. ¡Pero qué reconocimiento! ¡qué tratados los que han ajustado con algunas de ellas los americanos! A nosotros no nos parece cierto que ocupemos en la jerarquía política, como dice El Filopolita, un lugar semejante al de los demas pueblos de la tierra que se llaman Naciones. Los Estados Unidos de América son acaso la única potencia que nos ha reconocido verdadera i cordialmente, i sin embargo aun los Estados Unidos de América se ven en la necesidad de reconocer, osten siblemente a lo ménos (i aquí lo ostensible es lo real), los derechos de soberanía de la España. Los Estados Unidos, que probablemente resistirían cualquiera pretension ambiciosa de las otras potencias sobre las Américas, serían meros espectadores de las tentativas de España. Lo mismo harían a su vez la Inglaterra i la Francia. En cuanto a las cortes de obediencia pasiva i derecho divino, ya se deja entender que serían algo mas que espectadoras, si pudiesen, i que favorecerían a la España, como la han favorecido algunas veces, con algo de mas efectivo que los buenos deseos. El Filopolita no negará que todas, todas las Naciones, sin exceptuar una sola, reconocen todavía a la España como soberana de las Américas, i que, por consiguiente, en todo lo que concierne a la España, estamos fuera de la proteccion del derecho público.
Si la distincion entre el hecho i el derecho es una de aquellas fruslerías escolásticas que la marcha de la civilizacion i las luces del siglo han relegado a los espacios imajinarios, confesamos sin rubor nuestra ignorancia. Sírvanos de disculpa la opinion de todos los jurisconsultos i publicistas, i el ejemplo de las Naciones que se han hallado en nuestro caso. A la Holanda no le pareció que le estaba de mas el reconocimiento de España, bastante hizo para obtenerlo; i no se contentó con ménos que con la renuncia solemne del Monarca español en el artículo primero del tratado de Munster[4]. Tanto empeño puso en ello que, segun dice Muller (i El Filopolita sabe bien qué clase de historiador es Muller), "luego que logró ser reconocida por la España como República independiente, creyendo que no tenía ya motivo para continuar en la guerra, hizo con aquella potencia una paz separada, en que la Francia, su aliada, no tuvo parte." I téngase presente qué papel hacía la Holanda por aquel tiempo en el mundo. Era la primera potencia naval, i la aliada íntima de los Estados protestantes i de la casa de Borbon. Su pabellon tremolaba sobre todos los mares i era conocido i respetado de las Naciones mas bárbaras i remotas. Tenía ricos establecimientos en las Indias Orientales i Occidentales. Su poder en realidad superior al de la misma España. I con todo eso no creyó degradarse recibiendo de ella el reconocimiento de una soberanía que había gozado de hecho por cerca de un siglo.
Los Estados Unidos de América no miraron tampoco como una formalidad ociosa, o como una degradacion, el reconocimiento de la Gran Bretaña[5]. Los comisionados americanos encontraron algunas dificultades sobre este punto, aun cuando la Inglaterra estaba ya convenida en la paz, i sin embargo insistieron como condicion indispensable en este reconocimiento; i fué tal el ansia con que lo recibieron, que recelosos de algun embarazo por causa de las pretensiones de la Francia, su aliada, le ocultaron los preliminares de paz hasta despues de firmados, contraviniendo a las instrucciones del ▼Congreso. Uno de estos comisionados americanos era Franklin i no le contaremos seguramente en el número de los desalumbrados que dan importancia a bagatelas.
"Pero, semejante reconocimiento, dice El Filopolita, no nos sería decoroso, porque en la diplomacia europea parecerá concedido en fuerza de las circunstancias". No sabemos cuál sea la teórica de la diplomacia europea; pero sabemos bien cual ha sido siempre su práctica: espiar con sagacidad las circunstancias, i aprovecharse diestramente de ellas para lograr sus fines, aun cuando les han faltado los títulos de razon i justicia que favorecen al nuestro. Ademas ¿quién pone a la España en la alternativa de reconocernos o de perecer? Ella está, por lo que hace a nosotros, en plena libertad para tomar el partido que guste. Reconociéndonos, gozará de nuestro comercio; negándose a ello seguirá existiendo como ha existido estos veinte años. ¿Por qué no ha de ser este tan buen tiempo como otro cualquiera para tratar con ella, sin contravenir a la jenerosidad caballeresca que nos recomienda El Filopolita? El lenguaje de Martínez de la Rosa i de los otros Ministros en los debates de las Cortes, ha sido, a nuestro modo de ver, suficientemente esplícito. El reconocimiento de la Independencia se ha indicado de una manera que no da lugar a terjiversaciones. En la carta al señor Testal de Montevideo (que puede mirarse como dirijida a los Gobiernos de América) dice bien claro el Presidente del Con sejo, que no se piensa en escluir base alguna. El Gobierno de los Estados Unidos, que tiene mui buenos medios de saber lo que pasa i de sondear los planes políticos del Gabinete español, lo ha entendido así. Los Ministros de las Repúblicas americanas en Paris i Londres han formado el mismo concepto. ¿No es esto suficiente para salvar al Gobierno de la nota de lijereza? No censuramos el escepticismo de El Filopolita. Dude enhorabuena. Nosotros tampoco prestamos una fé ciega a la diplomacia europea. Lo que decimos es que, aun considerando como dudoso el resultado de las negociaciones, no hai motivo para rechazarlas. Si tienen buen éxito, ganamos; si no lo tienen, no perdemos; al contrario, pondremos nuestra causa de mejor semblante; el enemigo habrá dado una prueba mas de su terquedad e injusticia; i nosotros, tratándole decorosa i cortesmente, mereceremos la aprobacion de El Filopolita mismo i de todo hombre que sepa distinguir entre la dignidad modesta i la plebeya altanería, entre el patriotismo verdadero i aquel otro simulado i falso, cuyo distintivo es la jactancia i la fanfarronada.
Núm. 119Editar
legacion a españa[6]
No tendríamos embarazo en conformarnos con la opinion de El Araucano, si el lenguaje de las comunicaciones, que a su modo de ver ha sido suficientemente esplícito, no fuera tan dudoso para nosotros. Nada hallamos en ellas que nos indique con seguridad que el Gobierno español está animado de principios liberales. Verdad es que se ha franqueado a entrar en negociaciones para salir cuanto ántes de una situacion incierta fijando definitivamente la suerte de estos vastos territorios. Pero ¿no se conoce por estas espresiones, el carácter de superioridad con que el Gobierno español está dispuesto a tratar con los americanos? Aquella frase al final de la comunicacion del Ministro Martínez de la Rosa al de los Estados Unidos, "EI importante objeto... a saber la mútua reconciliacion de las partes interesadas, i la terminacion definitiva de sus desavenencias, en términos ventajosos i honoríficos para entrámbas" es lo mas esplícito que hallamos, mas no nos es suficiente para decidirnos por la opinion de El Araucano, porque las palabras reconciliacion de desavenencias en términos ventajosos i honoríficos para entrámbas nos infunden recelos. Concebimos mui bien que, solicitando los americanos el reconocimiento de la Independencia, recibe el Gobierno español la honra de ser rogado para conceder una cosa que no puede negar, i la ventaja de entrar a la participacion de nuestro comercio por medio de los correspondientes tratados; mas, para nosotros no resulta mas utilidad que el borrar la idea asustadora del estado de guerra nominal, i el llenar las fórmulas diplomáticas. El apego a estas i el, respeto que tributa El Araucano a las instituciones monárquicas, le hacen dar tanta importancia a esas comunicaciones; i si no, respóndanos con toda la sinceridad i buena fé que tantas veces ha acreditado ¿daría a una carta de un Ministro de algun Gobierno americano tanto valor como el que considera en la que dirijió el Ministro Martínez de la Rosa a don José Jestal? Creemos que nos dirá que nó, i nosotros le confesaremos, que, a nuestro juicio, ámbos documentos serían insignificantes por la instabilidad del Gobierno español. Omitiendo otras reflexiones que cada uno puede hacer segun el principio de razonamiento de El Araucano, que hemos combatido, pasaremos a examinar la esplicacion que nos da de la contradiccion que en el número anterior notamos en el Mensaje del Gobierno.
En lugar de convencernos la esplicacion de El Araucano que no existe en el Mensaje la contradiccion antedicha, nos ratificamos mas en nuestro concepto, porque despues de confesar él mismo que la cláusula tercera no está talvez redactada con suficiente claridad, la comenta de un modo que mas bien parece subterfujio que solucion a nuestro argumento. Nos haremos entender. La contradiccion, a nuestro juicio, resulta de que estableciéndose en el Mensaje "que el ▼Congreso no aprobará tratado alguno de paz en que no se reconozca la Independencia i soberanía de la Nacion chilena bajo la forma de gobierno establecida, ni ratificará ninguna condicion onerosa (esto es a nuestro entender, ningun gravámen que sea premio del reconocimiento) queda el campo abierto para celebrar tratados comerciales en el estado de guerra, que debe permanecer, si para el reconocimiento de la Independencia se exije por el Gobierno de España alguna condicion onerosa." Entendemos, i cualquiera entenderá, que, sin embargo de que no se reconozca la Independencia, puede haber tratados mercantiles, i que aunque continuemos en el estado de guerra nominal con la Reina de España, podemos hacer tratados de comercio de beneficio mútuo.
Para que esto suceda, es necesario consignar al silencio la cuestion sobre el reconocimiento de la Independencia, i proceder solo a la celebracion de un tratado comercial; i haciéndolo así se trata únicamente la cuestion mercantil, abandonando completamente la política. Tratando una i silenciando otra ¿no hai separacion? No queremos decir que sea en un mismo tratado, o en dos diversos, ni designar cuál de ellas deba preferir a la otra, pues esta es una materialidad que no hace al caso, sino que sin ajustar la paz se pueden establecer relaciones mercantiles. El establecimiento de éstas sin el convenio de aquélla, divide las dos cuestiones. Así lo propone el Mensaje en los artículos 3.º, 4.º i 5.º, masen el 6.º asienta que la cuestion no debe separarse de la mercantil, i entonces se destruye todo lo que contienen los anteriores.
La esplicacion que se nos da a esto es que el artículo 5.º del Mensaje no dice que puedan ajustarse tratados de comercio, aunque el Congreso rechaze los de paz por contener condicion onerosa, sino que no se entienda por tal la concesion de ventajas comerciales en cambio de otras equivalentes. Siguiendo exactamente la sucesion natural de las ideas, parece que el Gobierno propone al Congreso en su Mensaje que no ratifique ninguna condicion onerosa sobre el tratado del reconocimiento de la Independencia, i que, sin embargo, no queden escluidos los convenios comerciales de beneficio mútuo; i por un artículo subsiguiente le propone que no se divida la cuestion política de la mercantil. En la propuesta de no ratificar ninguna condicion onerosa sobre el reconocimiento de la Independencia, no se encuentra ninguna idea sobre tratados de comercio, i parece que aquella restriccion no puede referirse a estos, porque jamas se anticipan las excepciones a las reglas jenerales. La esplicacion de El Araucano podía haber tenido algun lugar en nuestro concepto, si el artículo 5.º del Mensaje hubiese antecedido al 4.º, esto es, si se hubiese dicho que el Congreso no aprobará tratado alguno de paz en que no se reconozca la Independencia etc. —que esta cláusula no escluye la celebracion de tratados comerciales etc., i que el Congreso no ratificará ninguna condicion onerosa; pero, aun cuando se trastornasen los artículos para hacer desaparecer la contradiccion, o mas bien para dar algun valor a la esplicacion de El Araucano, subsistiría siempre aquélla, porque la única cosa que se conseguiría, sería el hacer caer la repulsa de toda condicion onerosa sobre los tratados de comercio, sentando desde ahora que por ésta no se entiende la concesion de ventajas comerciales en cambio de otras equivalentes; mas, siempre quedaría separada la cuestion política de la mercantil, contra lo que propone el Gobierno en el artículo 6.º del Mensaje. Parece que nos hemos esplicado de un modo bastante intelijible i concluimos por ahora suplicando a El Araucano que si estas últimas observaciones son (en su concepto) justas, i las ▼Cámaras han de aprobar una consulta que el ▼Presidente de la República les ha dirijido únicamente por oir la opinion jeneral, aconseje que se suprima la cláusula 5.ª del Mensaje i quedará todo arreglado.
Núm. 120Editar
legacion a españa[7]
Uno de los mas bellos distintivos de los Gobiernos republicanos, es la libre i pública discusion de los negocios del Estado. En una monarquía, el Gabinete es la cueva de una Sibila; en una República es un lugar abierto donde la política, en presencia del pueblo, conferencia con la opinion. Este inmenso aunque invisible poder, emanacion luminosa de la razon i del derecho de todos, cuyo nombre solo espanta a los tiranos i sujeta sus pasiones destructoras, no permite que se encubran con velo alguno los intereses de los pueblos. El Ejecutivo no siendo, mas rigorosamente hablando, en un Estado libre que el Ministro del pueblo soberano, le debe una razon clara de todos sus dictámenes i una cuenta exacta de todos sus procedimientos. ¡Desgraciado el Gobierno que desprecia la opinion! Semejante a la palanca de Arquímedes, esta terrible soberana del mundo moral, es capaz de mover el cielo i la tierra. Mas, el gran jeómetra pedía un punto de apoyo para poner en accion la máquina que imajinaba en los vuelos de su jenio:
El reconocimiento de nuestra Independencia, al que se ve obligada la España por la absoluta e irresistible necesidad de las cosas i del tiempo, a lo que se agrega en este momento una cierta inclinacion i un Ínteres bastante claro i decidido del Gobierno liberal que la rije, no será en realidad otra cosa que una confesion política i solemne de la santidad de nuestros derechos i una aprobacion formal de nuestra conducta. Si pudiera ser humillante reconocer la verdad i ceder a la razon, solo la España debiera hallarse humillada por el acto de reconocimiento de la Independencia de sus antiguas colonias. ¿Se creyeron acaso humillados los Estados Unidos de América por haber obligado a la Inglaterra a declarar su Independencia, i les bastó haber conseguido tantas victorias i el haber hecho prisionero a Lord Conwallis con todo su ejército, si no arrancaban al Rei una declaracion formal de sus derechos? Aunque con la separacion de la Puerta Otomana no hubiesen logrado una completa libertad ¿se creyeron humillados los griegos por la declaracion que hizo el turco que ya no gravitaba su cetro de fierro sobre los descendientes de Temístocles i de Fidias? ¿Se hubieran creido humillados los polacos, si con la sangre derramada por la libertad i por la patria hubiesen logrado obligar al Emperador de Rusia a declararlos independientes? Un acto de esta naturaleza no solo es un honor para el pais que lo obtiene, sino un triunfo para el jénero humano; es lo sumo que pueden obtener los pueblos de sus esfuerzos contra la tiranía. Miéntras en la balanza europea el despotismo ha pesado mas que el amor a la libertad, se ha diferido aquel grande acto; mas, ya todos lo desean; los pueblos libres lo exijen, i los que no lo son, fundan en él una de sus mas bellas esperanzas. ¡Que no se detenga, pues, un solo instante la obra de la civilizacion i de la libertad! ¡Que todos los pueblos esclavos imiten a los americanos en sus esfuerzos contra la tiranía, i que los déspotas declaren todos i confiesen la Independencia de los pueblos! Vendrá un tiempo en que les falte una Corte para firmar el acto que la declare.
Núm. 121Editar
Si los montes son un elemento con que cuenta el minero, tambien con ellos cuenta el agricultor para cerrar sus campos, para conservar las aguadas i para otros usos absolutamente indispensables; i en el conflicto de estas necesidades, aun suponiendo que la conveniencia pública exija tanto el fomento de la minería como el de la agricultura, nadie podrá dudar que debe preferirse el agricultor, que está en posesion de los montes por un don de la naturaleza, sobre el minero, que solo los goza por un privilejio, que tuvo su oríjen en las falsas nociones económicas.
No confundiendo los esplotadores de las minas con los fundidores de metales, i comparando el corto número de éstos con la multitud de agricultores, se aleja la idea del monopolio de las leñas, i no se puede concebir cómo, siendo tan pocos los maquinistas i tantos los poseedores de montes, se comploten éstos para exijir de aquéllos un precio excesivo por las leñas que les sean supérfluas.
Se creen los artículos 13 i 14, como la salvaguardia de la conservacion de los montes, pero, no se advierte que estos artículos están sujetos a reglamentos desconocidos en la práctica, que contienen una bella teoría desmentida por la esperiencia constante; i que para plantearlos sería preciso crear en cada hacienda una multitud de vijilantes igual al número de los cortadores de leñas que se introducen en los fundos.
Achacar, por otra parte, a los agricultores la consumacion de los montes, es hacernos creer que son la causa del mal los mismos que lo sufren, que lo repugnan i que no pueden impedirlo miéntras exista el privilejio que permite la introduccion de hombres estraños en fundos particulares, que están tan léjos de observar el modo i tiempo de cortar las leñas como de pensar en la conservacion de los renuevos.
No debe tampoco esperarse que los agricultores se ocupen en el plantío de los árboles que haya de destruir el hacha minera; i cuando se afirma que ésta no es mas destructora de los montes que pródiga la tierra para reproducirlos, no se hace otra cosa que desmentir a la esperiencia diaria, pues es constante que un espinal que se destruye en un año no se reproduce en seis.
Aun en el supuesto, puramente gratuito, de que la mitad del territorio de la República fuese minero, no podría de aquí deducirse la preferencia de las minas sobre la agricultura, a no ser que declarásemos a la otra mitad del territorio como no parte del público i como incapaz de gozar los derechos de propiedad i las garantías sociales. Esto equivaldría a decir que los intereses agrícolas eran subalternos i debían estar sujetos a los intereses mineros, o que el interes público estaba cifrado en las minas, i debía por lo mismo preferirse a la utilidad meramente particular de los agricultores, lo que envuelve una falsa nocion de economía i contiene el trastorno de todas las propiedades.
Por estos i otros varios principios que, a primera vista, ocurren en el punto sobre que informamos, somos de opinion que se apruebe el proyecto tal cual lo presenta su autor.
Santiago, Julio 17 de 1835. —▼Francisco García Huidobro. — ▼F. Márquez de la Plata.
Núm. 122[8]Editar
Vuestra ▼Comision de Lejislacion i Justicia, reunida en el dia de la fecha, ha examinado la indicacion del señor Diputado ▼Irarrázaval, i tiene el honor de informaros que, habiendo sido de dictámen, en fuerza de los fundamentos que espuso, que no había necesidad de hacer alteracion alguna en las disposiciones de las leyes vijentes; escluyó toda indicacion i particularmente aquellas que tengan por objeto dar a los Ministros de la Tesorería cualquier interes por las cantidades depositadas en las arcas públicas. En su consecuencia, la ▼Comision cree que la ▼Cámara debe desechar la indicacion de que se trata. —Sala de las Comisiones. —Julio 28 de 1835. — ▼Joaquin Gutiérrez. —▼Juan Manuel Carrasco.
↑ Este artículo ha sido trascrito de El Farol, número 1.º, de 31 de Agosto de 1835. —(Nota del Recopilador.)
↑ Este documento ha sido trascrito del volúmen titulado Hacienda e Industria, años 1834 a 83, pájina 5, del archivo de la Secretaría de la Cámara de Diputados. —(Nota del Recopilador.)
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References: artículo 1
 artículo 12
 artículo 5
 artículo 5
 artículo 5
 artículo 6