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Timestamp: 2018-06-23 19:36:55+00:00

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ORDEN CONGRESO DE ANGOSTURA 1973 - 2003
I. La Orden
Ordenes honoríficas en Venezuela
Ley Orden Congreso de Angostura
1973. Presidente Caldera primero en recibirla
1974. Arzobispo Crisanto Mata Cova
1978. Presidente Carlos Andrés Pérez…
1982. Doctor Andrés Sucre Eduardo…
1983. Presidente Luis Herrera Campins….
1984. Doctor Francisco Battistini…
1985. Maestro Jesús Soto…
1986. Ing. Leopoldo Sucre Figarella…
1987. Ing. Efraín Carrera Saud…
1988 Wolfgan Larrazabal Ugueto…
1989. Monseñor Mariano Gutiérrez…
1996. Monseñor Constantino Maradey Donato…
1992. Horacio Cabrera Sifontes…
1993. Ramón Escovar Salom…
1994. Dr. Ramón J. Velásquez…
1995. Dr. Clemente Vallenilla…
1996. Dr. Manuel Alfredo Rodríguez…
1997 Mercedes Febres de Natera…
1998. Arq. Manuel Garrido Mendoza…
1999. Cantata bolivariana
2000. Padre Antonio Opazo…
2001 Hugo Chávez Frías
2002. Fidel Castro
. 2004. Pompeyo Márquez
II. Angostura sede del Congreso de la emancipación
1. La Convocatoria
2. Aplazada
4. Presencia del Jefe Supremo
III. Discurso de Angostura
1. El Libertador depone el mando
2. El Genio de Bolívar supera las barreas
3. Prefiere el título de buen ciudadano
4. Peligros de continuismo en los Poderes Públicos
5. Proyecto de Constitución
6. La base de la República venezolana
7. El régimen absoluto
8. Lo que ha pasado y todavía pasa entre nosotros
9. Enseñanza de actualidad
10. La forma de Gobierno conveniente
11. Origen de la tiranía
12. El Imperio de la democracia
13. Inconvenientes de la Federación
14. El atracito del sistema federal
15. Perfección prematura y por lo tanto funesta
16. La mezcla de razas forma el tipo del venezolano
17. Desigualdad inevitable
18. El más perfecto sistema de gobierno
19. El ambiente del Despotismo
20. No es posible la Democracia absoluta
21. El ejemplo de Roma
22. Inglaterra y Francia
23. Las lecciones de la experiencia
24. La legislación inglesa y el Senado vitalicio
25. Inglaterra, modelo de pueblos libres
26. Sus ventajas
27. El peligro de las elecciones. Su depuración
28. La base fundamental
29. El imperio de las leyes
30. Dos formas antagónicas
31. Necesidad de fortalecer el principio de autoridad
32. Utopías políticas
33. Justo equilibrio del Gobierno y de la sociedad
34. Se debe vivir en la realidad
35. El amor a las leyes es el amor a la Patria
36. Las razones del desamor a las leyes
37. La unión íntima como único remedio
38. Importancia de la educación popular
39. Ciudadanos activos y ciudadanos pasivos
40. La unión y concordia de los Poderes
41. Prefiere el centralismo a la Federación
42. Abolición de la esclavitud
43. Honores y recompensas a los que hacen la guerra
44. Las pretensiones de España
45. La situación del Ejército de Venezuela en 1819
46. Génesis de la Gran Colombia
47. Conclusión.
IV. Reseña histórica de la Casa sede del Congreso
Colegio de primeras letras
Colegio Federal
Colegio de Abogados, Tribunales y Asamblea Legislativa
ORDEN CONGRESO
Ediciones Gobernación del Estado Bolívar
El vocablo Orden tiene numerosas acepciones y una de ellas es la de institución honorífica creada para premiar lo meritorio. Se materializa en collares, cordones, brazaletes, escarapelas y medallas. Ostenta emblemas tomados de los símbolos tradicionales, de la heráldica o de otras fuentes, según el carácter del acto que se premia. Generalmente los emblemas aparecen bordados o grabados en delicada pasamanería, cinta de seda o terciopelo, o en metales preciosos. Las diferencias y gradaciones constituyen las órdenes de las condecoraciones.
Tiene su origen en las llamadas “Ordenes de caballero” que eran sociedades honoríficas a las que se accedía mediante nombramientos que otorgaba un Estado. Los miembros de una Orden solían recibir una condecoración o medalla y un título formal como, por ejemplo, Caballero Comendador o Caballero de la Gran Cruz.
Durante la edad media surgieron numerosas órdenes, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días como es el caso de la Orden de la Jarretera, en Gran Bretaña; la Orden del Elefante, en Dinamarca y la Orden del Toisón de Oro, en España y Austria, las cuales mantienen tanto los símbolos como la nomenclatura de la época medieval, aunque su función es sólo honorífica.
De acuerdo con recientes hallazgos, en el antiguo Egipto se otorgaba el Collar de Oro de los Faraones y existían dos órdenes, una de la Mosca y otra del León. Los griegos distinguían a sus grandes soldados y ciudadanos con presentes, inscripciones y emblemas. En Roma las órdenes se expresaban en coronas de diferentes formas y confección conforme a su sentido emblemático. Durante la Edad Media la condecoración estuvo ligada al ceremonial de las órdenes de caballería, instituidas bajo la influencia de la iglesia y el feudalismo.
En los tiempos modernos se han venido instituyendo en los países europeos y de América, numerosas órdenes cuya dignidad se ha hecho histórica. En España, por ejemplo, aparte de la antigua Orden del Toisón, ya citada, existen la Real Orden de Carlos III fundada en 1771, cinta de color azul con una raya blanca en el centro, y la Orden Isabel la Católica, creada en 1815 por Fernando VII, para premiar servicios de nacionales y extranjeros. Es una cinta blanca, bordeada de amarillo.
Napoleón Bonaparte estableció en 1802 la Legión de Honor que por hacerse cada vez más civil y social, llevó al Gobierno francés a crear en 1915 la Cruz de Guerra, propiamente militar. Pero la condecoración militar más ingeniosa es la Cruz de la Guerra de Inglaterra, fundida con el metal de los cañones capturados durante la Guerra de Crinea (1854-1856). Esto aparte de la Orden del Mérito, fundada por Eduardo VII en 1902. Bélgica rinde honores con la Orden de Leopoldo fundada en 1832, el Japón con la Orden del Sol Naciente y la Santa Sede, con la Orden del Santo Sepulcro.
Los Estados Unidos es uno de los países en que la gama de condecoraciones militares y civiles alcanza el mayor número. La más alta y antigua, que alcanzó lucir Jorge Washington, en 1776, es la Medalla de Honor del Congreso que se concede por heroísmos extraordinarios consumados frente al enemigo con arrojo más allá del deber. Es la única distinción que requiere el voto del Congreso.
En los países hispanoamericanos, la Orden más antigua es la Orden de Mérito chilena, la más importante concedida por ese país sureño. Fue instituida en 1817 por Bernardo O´Higgins, después de la batalla de Chacabuco, para honrar a todos aquellos que habían contribuido de forma decisiva a hacer posible la victoria de los patriotas.
En 1821, el general José de San Martín creó la Orden del Sol, condecoración militar peruana, creada para ser conferida a los más destacados ciudadanos, tanto civiles como militares, que se distinguieran por servicios prestados al Estado. La primera santa de origen latinoamericano, Santa Rosa de Lima, fue elegida patrona de esta Orden del Sol.
Argentina otorga la Orden del Libertador San Martín; México, la del Águila Azteca; Colombia, la de Boyacá; Panamá, la de Vasco Núñez de Balboa; Ecuador, la Abdón Calderón; Brasil, la del Cruceiro do Sul; Cuba, la de Carlos Manuel de Céspedes y Venezuela, la del Libertador Simón Bolívar.
Órdenes Honoríficas en Venezuela
Orden Colombiana del Valor y del Mérito creada por el Generalísimo Francisco de Miranda al iniciarse la República, es la más antigua que se conoce en Venezuela. Su distintivo era un escudo, a colocarse en el brazo izquierdo, cerca de la bocamanga.
Un año después, 24 de octubre de 1813, iniciada la segunda República, Simón Bolívar decretó la “Orden de los Libertadores” con la cual se condecoraban a los patriotas que hubieran vencido no menos de tres veces en la lucha por la independencia. La Orden consistía en una cinta amarilla de la cual pendía una estrella de siete radios, símbolo de las siete provincias que formaban la República. La Orden fue concedida por el Libertador hasta 1818 y se extinguió con la disolución de la Gran Colombia.
En agosto de 1861, el general José Antonio Páez, creó la “Orden del Mérito”. Constaba de tres clases: “Gran Cordón”, con banda y placa; “Gran Oficial”, venera al cuello y “Caballero, venera pendiente de cinta, al pecho. Era una estrella de cinco puntas, en esmalte blanco, sobre una corona de laurel. En el centro las Armas de la República; en el reverso la mención “Honor al Mérito” y la fecha 29 de agosto de 1861. Dejó de concederse tras el triunfo de la Guerra Federal.
Todas estas órdenes han sido sustituidas por otras actualmente vigentes: Orden del Libertador, la primea de la República y la cual encuentra sus antecedentes en una sucesión de Medallas creadas para rendir homenaje a Simón Bolívar. La primera fue la Medalla de Distinción creada en 1854 y la cual llevaba un busto del Libertador que pendía de una cinta azul, en dos clases, oro y plata. Quedó suprimida al reformarse el decreto, 14 de septiembre de 1880, para instituir la Medalla del busto del Libertador gradada en cinco clases. En 1922 se modificó el Decreto para agregarle la clase “Collar” destinado al Jefe de Estado y extranjeros de igual jerarquía.
A la Orden del Libertador le siguen la Orden Mariscal Sucre para actos heroicos en guerra internacional o en defensa del orden público. La joya que es una cruz paté con la efigie del Mariscal, consta de tres clases; Orden Francisco de Miranda, creada en 1939 y modificada en 1943, en tres clases, cinta amarilla; Orden Andrés Bello, creada en 1965 y modificada en 1966. Premia servicios y méritos literarios, científicos, artísticos. Comprende Collar, bande de honor, corbata y medalla. En la venera la efigie de Andrés Bello. Cinta morada con lista blanca vertical en el centro; Orden Rafael Urdaneta, para premiar servicios militares en fila y también a civiles que hayan prestado cooperación y servicio a las Fuerzas Armadas; Orden del Mérito en el Trabajo, creada en 1954, tres clases y representa los distintos elementos que simbolizan la riqueza del país y el trabajo intelectual o manual; Orden General José Antonio Páez, creada en 1970, para apremiar a los sub-oficiales profesionales; Orden Henri Pittier, creada en 1974 para distinguir los méritos relacionados con la conservación de los recursos naturales; Orden Primero de Mayo, creada en 1976 para premiar méritos sindicales y Orden del Mérito Deportivo, creada en 1949 y modificada en 1978.
Aparte de estas condecoraciones creadas por el Gobierno central, existen las que se imponen a nivel de las entidades federales, entre las cuales sobresale indudablemente la Orden Congreso de Angostura, instituida hace treinta años no sólo para distinguir a los sobresalientes servidores de Guayana, sino para proyectar o mantener viva en la conciencia de las generaciones por venir, la extraordinaria significación del Congreso Constituyente de Venezuela reunido en la Angostura del Orinoco en 1819, dentro del contexto histórico del proceso de la emancipación americana.
Como pocas en el país, la Orden Congreso de Angostura se instituyó por una Ley de la Asamblea Legislativa conforme a un anteproyecto presentado por el doctor Asdrúbal Aguiar Aranguren, entonces Secretario Privado del Gobernador arquitecto Manuel Garrido Mendoza (1970-1974).
El anteproyecto fue presentado el 21 de enero de 1971 al Poder Legislativo Regional acompañado de la siguiente exposición de motivos:
“La elaboración del presente ante-proyecto de Ley de la Orden Congreso de Angostura, ha tenido como fundamental objetivo, establecer una forma realmente eficaz y permanente, con la cual se pueda dignificar debidamente la importancia histórica de uno de los hechos más transcendentales de una Epopeya Libertaria, motivador de la estabilidad de nuestras instituciones y fiel gestor de la nacionalidad. Más, cuando tan magno Congreso tuvo como sede la tierra Guayanesa, que la hizo no pasar por desapercibida en los anales de la Historia Patria.
El Artículo 1º del Ante-Proyecto, a más de dar creación a la Orden respectiva, esboza brevemente el móvil que ha tenido el Estado para crearla, y destaca la importancia histórica del hecho.
Posteriormente, el Artículo 2º pretende establecer en forma precisa el destino de la Orden y las personas que pueden hacerse acreedores a la misma, por los valiosos servicios que hayan prestado al Estado Bolívar y por los méritos que hayan sabido recabar, constituyendo en tal forma honra para la tierra de Guayana. El referido Artículo 2º, no hace diferencia en cuanto la persona a recibirla, destacando que pueden ser nacionales o extranjeros, pero que residentes o no en el Estado, hayan desplegado alguna labor que haya redundado en beneficio de la colectividad bolivarense y la Región, igualmente, personas que se hayan destacado en tal forma, bien profesionalmente, en el ejercicio de alguna actividad, o en el acontecer de algún hecho, que haga al Estado y su colectividad, sentirse honrados con las mismas.
El Artículo 3º, consagra las clases o grados para la Orden Congreso de Angostura, las cuales tendrán en sus insignias o distintivos características especiales que serán objeto de reglamentación (Art.7º). Las clases o grados tendrán por objeto crear una medida de calificación de los servicios valiosos prestados o méritos de la persona agraciada.
Será el Consejo de la Orden, cuya integración se establece en el Artículo 4º, quien tendrá que motivar el otorgamiento de una u otra clase, y el voto circunstanciado del mismo será el que justifique o no el grado respectivo. La integración del Consejo de la Orden, del cual su máximo jerarca es el Primer Magistrado Regional, Jefe de la Orden, trata en lo posible de seleccionar un grupo de personas que por su ocupación o posición puedan lograr dos objetivos primordiales: (a) Representar toda la colectividad o sectores del Estado; y (b) Dignificar fielmente y jerarquizar la importancia de la ORDEN otorgada.
Posteriormente, el Artículo 6º de la Ley de la Orden “Congreso de Angostura”, establece las causales de pérdida de la Orden por parte de los agraciados. En tres (3) letras (A, B y C) el artículo 6º señala un conjunto de la investidura, y por ende, hacen a la persona que haya incurrido en ellos, indigna de conservar y ostentar la Orden correspondiente. En cuanto a la Causal “a” del Art. 6º, bastará la sentencia condenatoria y definitivamente firme del Tribunal Penal competente, para que opere automáticamente y de pleno derecho, la pérdida de la Orden, sobre la cual no hace falta aunque pueda hacerse, un pronunciamiento expreso y circunstanciado del Consejo de la Orden, lo que si se hace necesario en las causales “b” y “c”, por la naturaleza de los hechos.
Por cuanto, la presente Ley de la Orden Congreso de Angostura requiere necesariamente de una posterior reglamentación que tenga como objetivos fundamentales, regular lo relacionado a las características de las insignias y distintivos de la Orden, establecer la estructura y forma de funcionamiento del Consejo, y todo lo referente al otorgamiento de una u otra clase o grado, se ha hecho necesario prever y asegurar en forma provisional la aplicación de la Ley por medio de una Disposición Transitoria dictada al efecto, la que caso de no existir, sometería de forma absoluta la aplicación de la Ley a un Reglamento, el cual, si no es dictado prontamente por el Poder Ejecutivo Regional, permitiría la existencia de una Ley más de las que se han dictado innumerablemente, pero que nunca se han aplicado.
A tal efecto, el Gobernador del Estado, estará encargado provisionalmente de llevar sobre sí la responsabilidad de la integración del Consejo y su funcionamiento, del Libro de la Orden, y todo lo referente a su archivo y actas. Igualmente, podrá diseñar y establecer las características de los distintivos e insignias de la Orden, y solicitar su elaboración, pero teniendo el cuidado de consagrar exactamente en el Reglamento las características de las mismas, previendo que sus caracteres sean un verdadero reflejo del grandioso y significativo Congreso de Angostura.
Advertencia: Quizá a simple vista pueda pensarse que la creación de la presente Orden deba hacerse por Decreto Ejecutivo, en atención a que las Ordenes Nacionales, se crean por medio de Decreto presidencial, al ser de la competencia del Poder Nacional, según la constitución de la República, el acuerdo de honores a personas por los meritorios y valiosos servicios prestados a la Republica. Sin embargo, en el caso específico del Estado Bolívar, la Constitución respectiva reservó a la competencia de las Cámaras Legislativas, y no al Poder Estadal, el “Acordar honores a quienes hayan prestado servicios meritorios a la República, al Estado o al Municipio”. (Ordinal 20º del Artículo 32 de la Constitución del Estado). Es por ello, que la creación de la Orden Congreso de Angostura de Angostura, se hace por Ley sancionada por la Asamblea Legislativa de Estado Bolívar.
Ciudad Bolívar, 21 de Enero de 1971.
ASDRÚBAL AGUIAR ARANGUREN
El anteproyecto no sufrió modificación alguna y fue transformado en Ley el 27 de marzo de 1973 por la Asamblea Legislativa, ejecutado por el Gobernador Manuel Garrido Mendoza el 22 de mayo y promulgada en la Gaceta Oficial del Estado el 28 de junio del mismo año 1973, tal cual como se reproduce a continuación:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL ESTADO BOLIVAR
LEY DE LA ORDEN “CONGRESO DE AGOSTURA”
Artículo 1º. Se crea la Orden Congreso de Angostura, como una forma de realzar uno de los más importantes hechos históricos acaecidos en el Estado, y que ha sido factor en la consolidación de las Instituciones Republicanas.
Artículo 2º. La “Orden Congreso de Angostura” estará destinada a premiar a todas aquellas personas nacionales o extranjeras, que en una u otra forma hayan prestado valiosos servicios al Estado, o que se hayan destacado brillantemente en sus actividades profesionales, públicas o privadas, constituyendo honra para la tierra de Guayana.
Articulo 3º. La “Orden Congreso de Angostura”, constará de diferentes grados o clases, que serán el indicativo del rango en la misma, y la medida de calificación de los servicios prestados al Estado, y de los méritos a que se haya hecho acreedor el candidato. Dichos grados son los siguientes:
PRIMERA CLASE (Banda de Honor)
SEGUNDA CLASE (Corbata)
TERCERA CLASE (Medalla).
Artículo 4º. La concesión de la Orden Congreso de Angostura, la hará el Gobernador del Estado, previo el voto favorable y circunstanciado del Consejo de la Orden, que estará integrado por: el Presidente de la Asamblea Legislativa, el Arzobispo de Ciudad Bolívar, El Secretario General de Gobierno, un representante del Poder Judicial del Estado, un representante de las Fuerzas Armadas Nacionales, el Presidente del Consejo Municipal del Distrito Capital y un representante de la Asociación Venezolana de Periodistas, Seccional del Estado Bolívar.
Artículo 5º. El Gobernador del Estado, es el Jefe de la Orden Congreso de Angostura, y por ende, tendrá derecho a recibir el Collar de la Orden mediante resolución firmada por los miembros del Consejo, la que le será entregada en el momento de tomar posesión de la Primera Magistratura Regional.
Artículo 6º. La Orden Congreso de Angostura se pierde por:
a) Condena definitivamente firme en juicio criminal, contra el titular de la respectiva condecoración;
b) Por uso indebido de las insignias o distintivos, sin perjuicios de las demás responsabilidades a que se haga acreedor por el hecho correspondiente; y
c) Por haber concurrido a la comisión de algún hecho que sea lesivo a la dignidad y respeto que merece la investidura de la Orden Congreso de Angostura.
Igualmente, se pierde en grado, al haber recibido la Orden en un grado superior al que ostentaba en el momento del ascenso.
Artículo 7º. El Ejecutivo Regional, por Decreto-Reglamentario que dictará al efecto, determinará las características de las insignias o distintivos de la Orden, así como también los requisitos para el otorgamiento del respectivo grado. Señalará también, la estructuración y funcionamiento del Consejo de la Orden, y lo referente a todo medio o circunstancia que facilitara la real aplicación de la presente Ley, en el cumplimiento fiel de sus objetivos.
DISPOSICION TRASITORIA UNICA:
Entre tanto el ejecutivo Regional dicta el Reglamento de la ley de la Orden del Congreso de Angostura, será de la responsabilidad del Gobernador de Estado o quien haga sus veces, llevar el libro de la Orden, en donde se irán anotando las personas que la vayan recibiendo, y señalamiento breve de la causa motivadora del honor que recibe el agraciado. Así mismo, llevará todo el archivo de las actas y demás documentos del Consejo de la Orden. Podrá igualmente, determinar las características de las insignias y distintivos de la Orden, las que consagrará formalmente en la normas reglamentaria respectiva
Dada, firmada y sellada en el Salón de Sesiones de la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar, a los veintisiete días del mes de marzo de mil novecientos setenta y tres. Años: 164° de la Independencia y 115° de la Federación. Presidente, Alfonso Paraguán; Primer Vicepresidente, Stella Cabrera de Hernández; Segundo Vicepresidente, Víctor Abad Martínez. Secretario, Rafael Infante Romero.
Presidente Caldera primero en recibir la Orden
El primero en ser condecorado con la Orden Congreso de Angostura, en su clase “Collar”, fue el Presidente de la República, doctor Rafael Caldera, en el acto de inauguración del Museo de Arte Moderno “Jesús Soto”, 25 de octubre de 1973. En esa ocasión el artista guayanés recibió del primer mandatario nacional la Orden Andrés Bello en su primera clase.
La Orden fue acordada por el Consejo respectivo con tres días de antelación y a proposición del Gobernador Manuel Garrido Mendoza, según el tenor de la siguiente (Acta No. 1)
En Ciudad Bolívar, hoy veintidós de agosto de mil novecientos setenta y tres, a las tres p.m., comparecieron ante el Despacho, previa convocatoria, los ciudadanos Profesor Alfonso Paraguán Presidente de la Asamblea Legislativa de la Entidad, Presbítero Florencio Jiménez, en representación del Arzobispo de Ciudad Bolívar, Dr. Jesús Manuel Bastidas Pérez, Secretario General de Gobierno; Dr. Alcibíades Cárdenas, en representación del Poder Judicial; Coronel Mario Velandia Ramírez, en representación de las Fuerzas Armadas Nacionales; Antonio José Grimaldi, en representación del Concejo Municipal del Distrito Heres y Américo Fernández, en representación de la Asociación Venezolana de Periodistas, Seccional Bolívar, integrantes del “Consejo de la Orden” con motivo de la imposición de la Orden del Congreso de Angostura (Collar) al Ciudadano Presidente de la República de Venezuela Dr. Rafael Caldera.
Ante la Proposición del Ciudadano Gobernador del Estado Bolívar arquitecto Manuel D. Garrido Mendoza, quien asistió al acto, se acordó la concesión de dicha Orden al ciudadano Presidente de la República de Venezuela, previo el voto favorable y circunstanciado del referido “Consejo de la Orden” Terminó, se leyó la presenta Acta y hallada conforme, firman.
El 11 de noviembre de 1974 a solicitud del Gobernador doctor Domingo Álvarez Rodríguez, volvió a reunirse el Consejo de la Orden para considerar la postulación del reverendísimo monseñor doctor Crisanto Mata Cova, segundo Arzobispo de Ciudad Bolívar desde 1966 y quien venía desarrollando una excelente labor social, religiosa y educacional en el Estado. La Orden Congreso de Angostura en su clase Collar le fue impuesta en el despacho del Gobernador dos días después, con motivo de la celebración de sus bodas de plata episcopales.
El Consejo de la Orden tuvo un prolongado receso y no fue sino tres años y diez meses después, es decir, hasta el 7 de agosto de 1978 cuando se reinstaló bajo la presidencia del gobernador Jesús Álvarez Fernández, esta vez, para conceder la Orden en segunda clase a, Lucas Fernández Peña, fundador de Santa Elena de Uairén y quien por espacio de más de cuatro décadas se mantuvo en la frontera creando conciencia nacionalista y educando comunidades con desprendimiento y elevado patriotismo.
Ese mismo año, 3 de octubre, la Orden le fue otorgada, en primera clase, a la ciudadana Malvina Rosales Granarolli, insigne trabajadora social, distinguida como la primera mujer bolivarense que echó por la borda los prejuicios convencionales de la época para de salir a la calle a trabajar en una oficina pública al lado de los hombres.
El ocho de noviembre el Consejo de la Orden acordó otorgarla en su clase Collar al entonces Presidente de la República Carlos Andrés Pérez, atendiendo una solicitud de todos los Concejos Municipales de los distritos del Estado por considerar “que ha sabido interpretar fielmente nuestros sentimientos nacionalistas e incorporado a Guayana definitivamente al desarrollo nacional”. El mandatario recibió la máxima condecoración el sábado once en sesión solemne de la Municipalidad que lo declaró huésped de honor y luego de la puesta en servicio del Puente sobre el río Aro y del IV Plan de la Siderúrgica del Orinoco que haría posible una producción de 4.800.000 toneladas de acero líquido.
El 22 del mismo mes, el Consejo de la Orden acordó concederla en segunda clase a los oficiales de las Fuerzas Amadas Nacionales, Tenientes coroneles Octavio Serrano Gualdrón, Francisco Antonio Guerrero y Oscar Barreto Leiva, “por considerar que los mencionados oficiales han demostrado gran vocación de servicio y han sido valiosos colaboradores del Ejecutivo Regional en el afianzamiento de las instituciones democráticas” La misma la impuso el Gobernador ingeniero Jesús Álvarez Fernández el 28 de noviembre en el Fuerte Tarabay de Tumeremo en el ato de traspaso de mando del Batallón de Ingenieros Juan Manuel Cajigal
A partir de la fecha anterior, otro receso más prolongado registró el Consejo de la Orden al no reunirse sino el once de noviembre de 1982 para considerar la postulación del ingeniero Andrés Sucre Eduardo, ex Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, formulada por el Gobernador doctor Alcides Sánchez Negrón. El Consejo de la acordó concederle la Orden Congreso de Angostura en su primera clase, banda de honor, en consideración a “su desatacada labor al frente de la CVG y haber demostrado durante la conducción de la misma, un alto sentido de integración, solidaridad y sensibilidad humana a favor del pueblo de Guayana”.
Al año siguiente, 12 de mayo de 1983, el Consejo de la Orden acordó a proposición del Gobernador Alcides Sánchez Negrón otorgarle el Collar Orden de Angostura al Presidente de la República, doctor Luis Herrera Campins, “por considerar que es un hombre de reconocidos méritos y virtudes y que ha cumplido en el ejercicio de la Primera Magistratura una destacada labor que lo hace merecedor del título de buen ciudadano venezolano, demócrata de acrisoladas virtudes e insigne defensor de los derechos del pueblo”. La dicha Orden le fue conferida dos días después en acto público en la Plaza Olivos “Pedro Miguel Chipía” de San Félix, luego de la inauguración del re-alzamiento en 10 metros de la Presa de Gurí y varias otras obras en Ciudad Guayana.
Con motivo del bicentenario del natalicio del Libertador se reunió el 18 de julio de 1983 el Consejo de la Orden para otorgar las siguiente condecoraciones: en su clase Collar al Presidente provisional de Venezuela, doctor Edgar Sanabria creador de la Universidad de Oriente; Primera Clase, al doctor Asdrúbal Aguiar Aranguren, autor del proyecto de ley que crea la Orden Congreso de Angostura, ex Ministro de Relaciones Interiores y Canciller de la Orden Libertador; Primera Clase, al doctor Francisco Papparoni, ex Embajador de Venezuela en la vecina República del Brasil; Primera Clase, al doctor Mario Briceño Perozo, ex director del Liceo Fernando Peñalver de Ciudad Bolívar, Director del Archivo General de la Nación y fundador de la Escuela de Archivología de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela; Primera Clase, al General de División Andrés Agustín Medina Torcat, Comandante de la V División de Infantería de Selva; Primera Clase, Antonio Lauro, músico y compositor bolivarense, cuya obra forma parte del repertorio universal de la guitarra; Primera Clase, al doctor Manuel Alfredo Rodríguez; político, historiador, escritor y parlamentario Primera Clase, al poeta, escritor y Cronista de Ciudad Bolívar, doctor José Eugenio Sánchez Negrón; Primera Clase, al ingeniero Guillermo Briceño, Presidente de la Planta Siderúrgica del Orinoco; Segunda Clase, al doctor Francisco Álvarez Medina, Secretario General de Gobierno; Primera Clase, al General de Brigada Enrique Agustín Prieto Silva, Comandante de la FAC. Región Guayana (Core 8); Primera Clase a Monseñor César Ortega Herrera, Vicario General de la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar; Segunda Clase, a Monseñor Samuel Pinto Gómez, Párroco, docente y Deán de la Catedral de Ciudad Bolívar; Segunda Clase, al doctor Eduardo Jhan, profesor de la Escuela de Medicina de la UDO y autor de trabajos arqueológicos en Guayana; Segunda clase igualmente para Francisco Natera, dirigente empresarial; doctor Alcibíades Cárdenes, magistrado judicial; Licenciado Américo Fernández, Periodista; Licenciado Leopoldo Villalobos, Cronista de Ciudad Guayana; Licenciado Andrés Alexis, educador; José Ramón Russian Requena, dirigente político; doña Mercedes de Natera, honorable matrona bolivarense y Ana Luisa Contaste, director de la Casa del Congreso de Angostura.
La Orden, en las clases mencionadas, fue otorgada por primera vez en la Casa que fue sede del Congreso de Angostura, durante una sesión solemne de la Municipalidad de Heres en la que tocó pronunciar el discurso de estilo al doctor Orlando Contreras Pulido, historiador, abogado y Presidente de la Asociación Venezolana de Cooperativas Intermunicipales (AVECI).
No obstante que el diputado Jorge Martínez, entonces Presidente de la Asamblea Legislativa, suscribió el acta de otorgamiento de las condecoraciones, el Vicepresidente de la Cámara, doctor Miguel Lima Ostos, protestó públicamente la forma como se escogieron los candidatos favorecidos.
El 30 de septiembre de ese año 1983, la Asamblea Legislativa decretó una reforma parcial de la Ley de la Orden Congreso de Angostura, pero no solucionó la forma como tenían que adjudicarse las condecoraciones toda vez que lo podía regular el Reglamento previsto en la misma ley. La reforma se limitó a modificar el artículo 4° en el sentido de sustituir la Asociación Venezolana de Periodistas por Colegio Nacional de Periodistas, Seccional Bolívar, y el artículo 5° en el sentido de otorgar el Collar de la Orden al Gobernador del Estado en el momento de hacer entrega de la Primera Magistratura Regional y no en el momento de posesionarse como se hallaba establecido en la ley primigenia.
Esta reforma que en realidad no es reforma sino modificación simple de dos artículos, sancionada por la Asamblea Legislativa bajo la presidencia del diputado Jorge Martínez y ejecutada el 4 de octubre por el Gobernador Paúl von Büren Pesquera, no incluye el artículo derogatorio de la ley anterior, por lo que se ve en la Compilación Legislativa del Estado Bolívar como ley original.
Uno de los primeros actos administrativos del doctor Edgar Vallée Vallée, recién designado Gobernador del Estado Bolívar, fue el de imponer la Orden Congreso de Angostura, en su primera clase, a los doctores Francisco Battistini y José Nancy Perfetti, fundadores del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente, el primero como director de la Escuela de Medicina y el segundo, director de la Escuela de Geología y Minas. En el acto realizado en la Casa del Congreso, 15 de febrero de 1984, fue distinguido también el Vicario General de la Arquidiócesis de Guayana, Monseñor Samuel Pinto Gómez, quien, por ascenso, recibió la Orden en su primera clase.
Durante el segundo año de Gobierno del doctor Edgar Vallée Vallée, previo acuerdo del Consejo respectivo, fueron favorecidos con la Orden Congreso de Angostura, en Primera clase, al pionero universal de las artes ópticas, Maestro Jesús Soto y el General de División Francisco Corrie Matos, Secretario Ejecutivo del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional; Segunda clase, al artista Régulo Pérez, caicarense, premio nacional de pintura, y la educadora Teodora Méndez de Montes; Tercera clase, Isidoro Agnes, (La Negra Isidora) ícono de la música autóctona calloense, y el médico Humberto Bártoli Dasilva, introductor de la penicilina en Guayana
La Orden fue impuesta el 15 de febrero, en la Casa del Congreso de Angostura, con motivo del 166° aniversario del segundo Congreso Constituyente de Venezuela o Congreso de Angostura. No estuvieron presentes la Negra Isidora, por hallarse enferma, ni el Maestro Jesús Soto, quien se había negado recibir la Orden en protesta por haber el Gobernador designado la Directiva de la Fundación del Museo de Arte Moderno virtualmente a espaldas suyas. El Gobernador revocó luego la resolución y aceptó la lista enviada por Soto.
El discurso lo pronunció el condecorado general Hugo Corrie Matos, quien señaló que el país espera una generación que realice sueños de grandeza. “Incansable espera la patria que se realice algún día la esperanza siempre renaciente de que una generación venezolana toma conciencia del deber y realice sus sueños de grandeza.
Con motivo de la exposición retrospectiva de 700 obras en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Alejandro Otero, oriundo de El Manteco, vino a Ciudad Bolívar para recibir en su Primera clase, la Orden Congreso de Angostura, acordada por el Consejo el 12 de abril.
El doctor René Silva Idrogo, médico, escritor y político, fue designado Gobernador el 3 de febrero de 1986, tomó posesión el 5 de febrero y gobernó hasta el primero de julio de 1987. Durante ese lapso, por acuerdo del Consejo respectivo, condecoró con la Orden Congreso de Angostura en su Primera clase, al Dr. David Morales Bello e Ing. Leopoldo Sucre Figarella; en Segunda clase, al Ing. Jesús Rodríguez Estanga y Dr. Carlos Eduardo Oxford Arias; en Tercera clase, Dr. Aníbal Álvarez y Don Carlos Tomedes.
Por acuerdo del 10 de julio, al General de División Víctor José Higuera Castellano y profesor Carlos Lee Guerra, Primera Clase.
Por acuerdo del tres de octubre, al Dr. Brígido Natera Contreras, Primera Clase. Y por acuerdo del 29 de octubre al doctor Gonzalo Barrios, grado “Collar”.
Por acuerdo del 5 de febrero de 1987, el gobernador René Silva Idrogo condecoró con motivo del 168° aniversario del Congreso de Angostura, al General de Brigada Daniel de Jesús Palacios, Presidente de la Corte Marcial de Guerra; al Contralor General del Estado, Luis Felipe Goubat; al parlamentario Ing. Ildemaro Martínez y al Presidente de Edelca, Ing. Efraín Carrera Saud, con la Orden Congreso de Angostura, en su Primera Clase. Asimismo, a. Simón Baliache, Néstor Natera, Prof. Andrés Guillermo Tovar, en su Segunda Clase y al dirigente político regional, Luis Odremán, en su Tercera Clase.
El discurso de orden en la sesión solemne de la Asamblea Legislativa reunida en el histórico recinto, lo pronunció el diputado Ildemaro Martínez, quien planteó la necesidad de transformar al país de una sociedad de consumo a una sociedad manufacturera, estimulando plenamente la producción y rechazando la forma habitual del facilismo.
Planteó de igual manera la necesidad de democratizar la cultura y la educación siguiendo un tanto el ejemplo de la antigua Universidad de Guayana que funcionó en el mismo recinto histórico a mediados del siglo diecinueve.
Tocó el tema relacionado con la moral que tanto preocupó al Libertador, a propósito de los problemas de corrupción que corroen los cimientos morales y éticos del país, a propósito del consumismo, los gastos desenfrenados y la ostentación. Por último combatió al centralismo y abogó porque las regiones tomen las decisiones que más convengan a su destino.
Por acuerdo del 5 de marzo del Consejo respectivo, el Gobernador Silva Idrogo condecoró también a los escritores bolivarenses Guillermo Sucre, Luz Machado y Lucila Palacios con la Orden Congreso de Angostura en su Primera Clase.
El 4 de enero de 1988 tomó posesión de la Gobernación del Estado Bolívar el señor Luis Felipe Goubat, quien despachó hasta el 3 de febrero de 1989. Durante su gestión, el Consejo respectivo acordó, con motivo del 169° aniversario del Congreso de Angostura, condecorar al ex presidente de Venezuela Vicealmirante Wolfgan Larrázabal Ugueto, al candidato presidencial Luis Alfaro Ucero, al doctor Carlos Delgado Chapellín y General de División Hugo Pérez Guevara, con la orden en el grado collar.
El periodista y político, Licenciado Omar González Moreno, fue designado Gobernador el 2 de febrero de 1989 y gobernó hasta el 3 de enero de 1990, cuando tomó posesión el primer gobernador elegido directamente por el pueblo. Durante su mandato, el Consejo de la Orden se reunió una vez y acordó condecoraciones para ser impuestas en la sesión solemne de la Asamblea Legislativa con motivo de la celebración del 170° aniversario del Congreso de Angostura, a las siguientes personalidades: General de División Carlos Santiago, Comandante de la V División de Infantería de Selva; diputado Ángel Zerpa Mirabal, Presidente de Fetra-bolívar; Monseñor Mariano Gutiérrez, Vicario Apostólico de las Misiones del Caroní, ( Primera clase); doctor Oscar Contreras, director del Centro Médico de los Seguros Sociales y al periodista Américo Fernández, (Segunda clase) y empresario Han Welle (Tercera clase).
El discurso de orden en la ocasión lo pronunció el licenciado Leonel Salón Rivas, Secretario General del Colegio Nacional de Periodista, Seccional Bolívar, quien analizó el Mensaje del Libertador del 15 de febrero de 1819 haciéndose énfasis en el aspecto de la educación. Concluyó diciendo que “no hemos alcanzado el gobierno ideal que quería el Libertador”
En la ocasión el doctor David Morales Bello donó un óleo sobre la muerte del Libertador, obra interpretativa del artista Rafael Ochoa, para ser exhibido en el propio inmueble donde se reunió el segundo Congreso constituyente de Venezuela.[1]
Andrés Velásquez, dirigente obrero y político, fue electo por el pueblo el 3 de diciembre de 1989. Tomó posesión el 3 de enero de 1990 para gobernar por un período constitucional de tres años, el cual se cumplió el 4 de enero de 1993, cuando nuevamente fue juramentado para un segundo trienio. Se manifestó poco dado a las condecoraciones. Pensaba que se había abusado pródigamente de la misma, de suerte que durante su primer trienio ninguna personalidad recibió la Orden Congreso de Angostura, a excepción de Monseñor Constantino Maradei Donato, Obispo de la Diócesis de Barcelona, con motivo de sus 75 años, clase Collar, el 16 de noviembre de 1990. El aniversario 171° del Congreso de Angostura fue conmemorado con una conferencia del doctor Tomás Polanco Alcántara, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia y de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales que entonces presidía.
El 171° aniversario del Congreso de Angostura fue celebrado con una ofrenda floral ante el Padre de la Patria y juramentación de 200 estudiantes integrantes de las Sociedades Bolivarianas de diferentes escuelas y colegios de la ciudad. Luego los circunstantes de la Plaza Mayor pasaron al recinto donde se reunió el Congreso de Angostura para asistir a la sesión solemne conmemorativa de la Asamblea Legislativa. El doctor Manuel Alfredo Rodríguez, invitado a pronunciar el discurso de orden, fue enfático al decir que “asistimos en estos tiempos al bochornoso ejemplo de sedicentes legisladores sin probidad, ni patriotismo y ni tan siquiera una mínima ilustración, que han usado su investidura para enriquecerse a costa del tesoro público. Manifestó que la tarea que planteó Bolívar sigue inconclusa y que aún está planteada la lucha por la democracia, por la vigencia del estado de derecho, por el manejo probo de los dineros públicos, por la independencia y respetabilidad del Poder Judicial y por la pureza del voto.
Luego de un receso de dos años, el Concejo de la Orden fue convocado y acordó el 30 de enero condecorar con la Orden “Congreso de Angostura”, en su grado “Collar”, al escritor Horacio Cabrera Sifontes. Asimismo, al General de División (GN) Fredys Ventura Maya Cardona, Almirante Elías Rafael Daniels Hernández, Primera Clase y al médico José R. Orta Vásquez, en su Segunda Clase.
Andrés Velásquez, electo el año anterior para un segundo período trienal, tomó posesión el 4 de enero de 1993 y durante el primer año del nuevo mandato no fue convocado el Consejo de la Orden por lo que la conmemoración del Congreso de Angostura se limitó a la ceremonia protocolar en la Plaza Bolívar y discurso alusivo a la efemérides. Así tenemos que el 15 de febrero de 1993, 174° aniversario, correspondió al doctor Ramón Escovar Salom, Fiscal General de la República, quien expresó que el mensaje del Libertador fue un compromiso con la ética y la legalidad del país. “Hoy en Venezuela está planteada una nueva necesidad histórica de rescatar el camino perdido y de darle a las formas políticas de la democracia un sentido distinto, transparente y honorable”.
En la ocasión del 175° aniversario, a motu proprio, sin convocar el Consejo de la Orden “Congreso de Angostura”, por esta razón no existe el acta respectiva, el gobernador Andrés Velásquez otorgó la máxima condecoración del Estado, en grado “Collar”, al ex presidente de Venezuela, doctor Ramón J. Velásquez, doctor Allam Brewer Carías, profesor José Rafael Marrero y Monseñor Medardo Luzardo Romero, Arzobispo de la ciudad, quien no asistió a la ceremonia por quebrantos de salud. En su lugar la recibió Monseñor Pinto Gómez, Vicario General.
El doctor Ramón J. Velásquez, designado para pronunciar el discurso de orden, expresó que la probidad administrativa fue fundamental para Bolívar y que una de las grandes preocupaciones de Simón Bolívar, como fundador de la República, lo constituyó el comportamiento ético de los gobernantes, la imagen que debían tener frente a la comunidad que presidía, los deberes que debían cumplir, los actos que estaban prohibidos, en razón misma de la jerarquía que le había otorgado la voluntad popular (…) La probidad administrativa no fue para Bolívar cuestión política de indiscutible importancia en la estructura institucional d los nuevos estados.
Tampoco durante el presente año fue convocado el Consejo de la Orden y el acto oficial del 176° aniversario se limitó a ofrenda floral y sesión solemne de la Asamblea Legislativa en el inmueble histórico, para recibir como orador de orden al doctor Clemente Vallenilla, rector de la Universidad de Oriente, quien subrayó que debemos realizar una cruzada para mantener el pensamiento de Bolívar.
Después de analizar el Mensaje del Libertador al Congreso Constituyente instalado en la ciudad de Angostura el 15 de febrero de 1819 y concluir en lo que fue posible a pesar del estado de postración, producto del sistema colonial, el Rector de la UDO expresó que “los venezolanos, los latinoamericanos, podríamos serlo todo, podríamos ir progresando cada vez más, pero cada vez más nos atrasamos”.
Lo atribuyó al factor cultural, a los principios fundamentales que rigen nuestra vida rayanos en una cultura de la mediocridad, una cultura que se basa en más vale malo conocido que bueno por conocer y se preguntó ¿cómo puede desarrollarse un pueblo así? “Esa es una cultura que se basa en que lo mejor es amigo de los bueno. Es decir, que si se aspira ganar una medalla en las olimpiadas, conformarse con la de bronce si ya se tiene asegurada, no buscar la excelencia. Conformarse simplemente con los bueno, es una cultura que nos dice cada día desde que nacemos que más vale un pájaro en mano que cien volando, pero ocurre que los hombres que logran triunfar y los pueblos que se desarrollan son justamente los que dejan libre el pájaro en procura de todos los pájaros que están volando. La formación que hemos recibido desde casa es muy pobre para el crecimiento y desarrollo y nos ayuda solamente a quedarnos pequeños, a pensar pequeño, a sentirnos limitados y sin visión de futuro. Por ello es necesario iniciar una cruzada nacional que tenga como meta materializar el pensamiento del Padre de la Patria, en fin, concretar ideales de unión y grandeza”.
El doctor Jorge Carvajal Morales, abogado y político, electo gobernador en las elecciones del 3 de diciembre de 1995 y juramentado el 5 de enero del año siguiente, convocó al Consejo de la Orden para examinar y acordar las postulaciones siguientes: Orden “Congreso de Angostura” en el grado “Collar” al historiador Manuel Alfredo Rodríguez, escritora Luz Machado y artista plástico Jesús Soto; y en Primera clase, banda de honor, al doctor. Antonio Luis Cárdenas, Ministro de Educación; doctor Saúl Salazar Rivas, rector del Poder Judicial; General de Brigada (EJ) Rubén Alí Palmar López, Comandante de la V División de Infantería de selva, doctor Celestina Zamora Montes de Oca, Héctor Monedero y doctor Pablo Brito (Post-Morten). El discurso de orden en la ocasión lo pronunció el condecorado Manuel Alfredo Rodríguez.
El 16 de octubre, por disposición del Gobernador Jorge Carvajal Morales, contenida en Resolución 21, se confirió la Orden en su Primera clase al ciudadano Takuya Negami, director de la empresa Kobe Steel Limited “en virtud de los servicios prestados a la Región de Guayana y al país, haber sido elemento fundamental para las inversiones y proyectos desarrollados en el Estado Bolívar, durante la última década”. Esta condecoración no fue aprobada previamente por el Consejo de la orden, toda vez que no se halla registrada en el libro de actas.
Por Resolución 22 del 29 de octubre, tampoco acordada por el Consejo de la Orden, puesto que no existe constancia en el libro de actas, se confirió la orden en Primera clase al ciudadano General de División (AV) José Gustavo Machado Guzmán, Inspector de la Fuerza Aérea de Venezuela.
Este año resultó ser el más profuso en condecoraciones, otorgadas en distintas ocasiones por el gobernador Jorge Carvajal Morales. Solamente dentro del programa aniversario 178° fueron impuestas veintiocho a las siguientes personalidades: Orden Congreso de Angostura en su grado “Collar” a: doña Mercedes Febres de Natera (Post-Morten), doctor Rafael Díaz Sosa y Prof. Raúl Delgado Estévez. En Primera clase: diputado Rafael Rodríguez Acosta, diputado Aníbal Maya Ramos Cordero, doctor. Leandro Aristeguieta Capella, General de División (GN) José Rafael León Orsoni, General de Brigada (EJ) Iván Ramón Schartun Gómez, Prof. Pablo Mandazen Soto (Hermano Gines), periodista Jesús Sanoja Hernández, artista plástico Alirio Rodríguez, profesor Armando Yánez Caicedo y profesora Ana Isolina. Segunda clase: diputada Nelly Frederick de Marcó, Dr. Clemente Vallenilla, doctor Luis Cárdenas, Padre Andrés Hermida Migueles, Reverendo Israel Meléndez, Lic. Norma de Bacaro, ciudadana Lourdes Basanta, y ciudadano José Antonio Ramos. Tercera clase: a los ciudadanos Carlos Barreto (Post-Morten), Isidro Casanova, Jorge Willians Pérez Pulido, Luis Amador Peralta, Jesusita de Armas, Gerardo Robles, Luis Esposito, Pablo Lanz, Atilio Perroni, y Manuel Otero (cronista de Guasipati).
El 9 de junio la recibieron los ciudadanos Alejandro Vargas y Carlos Amaya “por ser acreedores de méritos y haberse destacado como pioneros en las actividades agropecuarias y del deporte de coleo, en el Estado!”.
El 18 de julio el Gobernador postuló ante el Consejo de la Orden y así fue acordado, imponer la máxima condecoración (Primera clase) al doctor José A. Giacopini Zarraga y en Tercera clase al doctor Arístides Rengel Romberg. Cinco días después, en el grado “Collar”, la recibió Monseñor Medardo Luis Luzardo.
El primero de agosto, al coronel (GN) Nelson Eduardo Antunez, Comandante General de la Policía, en su Tercera Clase.
El 16 de septiembre, al ingeniero José Francisco Natera, grado “Collar”.
El 2 de octubre, al ingeniero José Herrero Noguerol, grado “Collar”.
El 19 de diciembre al Vicario General de la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar, Monseñor Samuel Pinto Gómez Romero, en grado “Collar”.
Último año del gobierno trienal de Jorge Carvajal Morales y durante el cual impuso la condecoración a un número sin precedente de ciudadanos. Como caso especial se condecoró antes del 15 de febrero, específicamente el día 4, con la Orden Congreso de Angostura en su segunda clase, al doctor Talal Areslan, Ministro de Emigrado de la República del Líbano, quien se hallaba de visita en la ciudad.
El 15 de febrero, 179° aniversario del segundo Congreso Constituyente de Venezuela (Congreso de Angostura), se invitó para que pronunciase el Discurso de Orden alusivo al fecha, al doctor Trino Alcides Díaz, Rector de la Universidad Central de Venezuela y luego, conforme a lo acordado por el Consejo, se impuso la condecoración a los ciudadanos doctor David Morales Bello, Arquitecto Manuel Darío Garrido Mendoza, Gral de Brigada (EJ) Antonio José Navarro Chacón, Dr. Trino Alcides Díaz, Ing. Elías Nadin Inatty Bello, Ing. Alfredo Rivas Lairet, poeta Guillermina Rodríguez Lezama, Lourdes Itriago de Gago, grado “Collar”. A los ciudadanos doctor. Boris Planchart (Post-Morten), Dr. José Luis Cestari F, Dr. Henry Rodney, Ing. Antonio León Natera, Dr. Arístides Maza Tirado, Sr. Franco Biocci, Dr. Javier Hernández. Lic. Alicia Estaba, Lic. Cruz Echenique, Sr. José Manuel Guzmán Gómez, Prof. Flor Solides de González, Juanita Romero de Franco y Víctor Inojosa, Primera clase. A los ciudadanos doctor. José Rafael Orta Vásquez, Sr. Vicente Moret, Sr. Edmundo Kabche, Sr. Manuel Morgado, Sr. Francisco Moradas, Reverendo Juan Sebastián Guarisma, Sr. Juan Attie, Sra. Elena Grillet, Sra. Zoila Vargas de Blanco, Sr. Ventura Villarroel, Segunda clase. A los ciudadanos Teniente Coronel (EJ) Carlos Jiménez Méndez, Dra. Zoraida Josefina Cáceres Palencia, Lic. Tomás Antonio León, Lic. Tomás Matos Betancourt, Sr. Freddy Siso, Sr. Cándido Silva J., Sra. María Alcocer, Sr. Arturo Flores, Sr. Eleuterio Franco y Sr. Antonio Méndez, en su Segunda Clase. A el Prof. Rafael Lugo, Prof. Juvenal Páez, Sra. Josefina Salazar, Sra. Eloina de Pérez, Sra. Mercedes Nicolás, Sra. Nirvia de Hening. Sra. María Mercedes Campos de Berenguel, Sr. Pedro González, Sargento Primero (PEB) Luis Alberto Torres, Distinguido (PEB) Néstor Alí Colmenares Ruiz, Tercera Clase.
El Rector de la UCV, doctor Trino Alcides Díaz dijo en la ocasión que el Discurso de Bolívar al Congreso de Angostura están los postulados necesarios para hacer frente a la crisis que afecta a la República.
Destacó que los legisladores y demás patriotas que se reunieron en el Congreso constituyeron una unidad para combatir en todos los frentes posibles: en el campo de batalla, en el campo periodístico, la diplomacia, el parlamento. Todos esperanzados en el ideario de un país libre y democrático y próspero, es decir, una República soberana.
-No es posible en tan poco tiempo analizar esta pieza oratoria del Libertador. Sin embargo, cabe decir, que allí queda expresado lo fundamental del pensamiento bolivariano. Por ejemplo, la importancia de la libertad, la justicia, la igualdad, la seguridad y la moral pública. Pentaguía sobe la cual se erige el Estado, tan necesario aún hoy, para hacerle frente a la crisis que afecta las bases de la República.
También hizo un llamado a defender la soberanía latinoamericana frente a los ímpetus de la globalización, diciendo que “mientras la teoría de la globalización tiene como meta fundamental alcanzar un más alto nivel de vida para todas las naciones y los pueblos, a través del avance del progreso y el desarrollo, en la práctica ha creado más riquezas y bienestar en los pueblos ricos y más pobreza, miseria y desigualdad en los países subdesarrollados.
En el mes de mayo del mismo año recibieron la Orden en su clase “Collar”, los ciudadanos Dr. Mario Briceño Iragorri, “quien fuera hombre público en especial Presidente del Estado Bolívar, figura relevante de las letras venezolanas y pilar fundamental en la difusión del arte en todas sus manifestaciones, siendo con otros venezolanos ilustres, digno representante del quehacer humanístico. En el marco de la conmemoración del centenario de su natalicio y cuadragésimo aniversario de su muerte”. Asimismo la recibieron en el mismo grado: Dr. Álvaro Natera Febres (Post-Morten) y doctor. Eduardo Jahn Montauban (Post-Morten).
En el mismo mes de mayo, día 27, por resolución y sin que aparezca en en libro de actas del Consejo de la Orden, la recibieron en calidad de ascenso los ciudadanos diputado Rafael Rodríguez Acosta (collar; en segunda clase, Manuel Otero y Lourdes Basanta y en tercera clase, ciudadano Ricardo Sarti.
En el mes de junio, los ciudadanos músico Juan Arteta, grado “Collar”; doctor Ramón Antonio Zambrano Ochoa y Dr. Luis Alberto Reyes Chacín, Primera clase.
En el mes de julio los ciudadanos Ing. Efrain Carrera Saud, en el grado de “Collar”; Dr. Iván Darío Badell González; Ing. Yunio Jesús Leal, Ing. Félix Luque Mirabal, Capitán de Navío Carlos Manuel Briceño Corales y Contralmirante Francisco Freites Ruiz, Primera Clase.
En el mes de agosto, los ciudadanos Coronel (GN) Nelson Eduardo Antunez y Luis Ramón Meneses, en su Primera Clase.
En el mes de octubre, se condecoró con la Orden “Congreso de Angostura” a los ciudadanos Ing. Omar Montesinos y al Sr. Damián Prat, en su Primer Clase.
Jorge Carvajal Morales resultó reelecto para un nuevo período constitucional en las elecciones del 8 de noviembre de 1998 y le tocó celebrar el 180° aniversario del Congreso de Angostura con la presencia del Presidente de la República Hugo Rafael Chávez Frías, electo en las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de ese mismo año.
Hubo Tedeum en la Catedral y el sacerdote Juan Vives Surría estrenó su Cantata Bolivariana. No hub0o condecoraciones, pero el recién electo Presidente de la República pronunció un discurso desde el balcón de la Casa del Congreso de Angostura invocando el espíritu de 1819 en apoyo a su idea de convocar inmediatamente una Asamblea Constituyente.
Por la tarde el Gobernador decretó la creación del Parque Libertador en los predios del Jardín Botánico y se firmó un convenio que crea la cátedra Moral y Luces entre la Sociedad Bolivariana del Estado del Roraima (Brasil) y la del Estado Bolívar (Venezuela).
La primera condecoración Orden Congreso de Angostura de ese año, la recibió el 12 de julio el Contralmirante Luis Alberto Mérida Galindo, en su Segunda Clase.
En agosto la recibieron los ciudadanos General de Brigada (GN) Pedro Eduardo Zambrano Ortega y Gral de Brigada (EJ) Freddy Pressuto Laurety, en su Segunda Clase.
El 181° aniversario del Congreso de Angostura fue conmemorado en el recinto del histórico edificio con discurso de Monseñor Samuel Pinto Gómez y condecoraciones a los ciudadanos Coronel (EJ) Raúl Ortiz Guevara (Post-Morten).; General de Brigada (EJ) René Sericia García, General de Brigada (GN) Manuel Vicente Naveda Leira; Dra. Geovanda Páez de Sanoja, Dr. Oscar Machado Pacheco, Dr. José García Velasco, Sra. Dolores Alcalá, Sra. Mara Passeri de Vitanza y Sr. Adalberto Vicuña, con el grado de “Collar”. Al Padre Antonio Opazo, Prof. Alida Pérez de Mejías, Prof. Luis Pasarella, Prof. José Antonio Páez, Dr. Roel Marin Brito, Sra. María Teresa de Meignen, Reverendo Ventura Vinicio Bellizia Lizardi, Lic. Juan Sarmiento, Sr. Carlos Mendoza, en su Primera Clase; Sra. Carmen Tilac de Dugarte, en su Tercera Clase.
El Dr. José Luis Cestari Villegas dirigió emotivas palabras en representación de los condecorados. Señaló el honor de esta designación ante la celebración de una fecha que constituye verdadero orgullo patriota, propiamente en este mismo lugar donde se gestaron los pensamientos y programas de aquellos tiempos y que parecieran tomar vigencia en la actualidad.
Monseñor Samuel Pinto Gómez expuso un breve análisis de la política y la situación actual del país. Hizo un llamado de la reflexión a todos los presentes, a mirar el entorno físico, revisar los ideales y evitar traicionar el mensaje del Libertador Simón Bolívar que convocó precisamente al trabajo unido de los hombres sabios en pro del desarrollo de una patria libre, de dimensiones igualitarias.
En aquel acto, en todo momento histórico, lo más importante y vívido fue la razón del ideal por el cual luchamos en estos momentos y no basta con que hablemos durante años y nos reunamos aquí recordando la catequesis y el profetismo del Libertador, no es suficiente que una idea noble y liberadora descanse por breves momentos en el hombre. Es preciso practicar esa idea, dedicarle nuestra atención hasta verla llenarse del sentimiento más profundo del ser venezolano. Nuestro Libertador pensó por años la idea de libertad de nuestro pueblo, su pensar, actuación, su reflexión personal, su sentimiento y sus planes, se centraron en una especie de obsesión libertaria que inspiraba todos sus actos aunque no lo comprendamos en su totalidad, el ideal que nos transmitió en esta casa bajo este techo viendo hacia la plaza fue un ideal subjetivo, cautivador, capaz de entusiasmar y enrumbar al hombre en búsqueda del bienestar republicano. Muy difícilmente entendemos el ideal que llevó, por ejemplo, a hombres como Colón y Bolívar a alcanzar sus sueños hoy inmersos como estamos en el materialismo más grosero. El ideal del héroe o el del caballero por su heroísmo o su caballerosidad, hoy, queridos amigos, a esta hora y en este momento, a la distancia en el tiempo de 181 taños, no ha sido posible. No ha sido posible la Venezuela que él esperaba y si pudiese hablarnos nos proporcionaría la tradición del país político y nacional, la patria ideal que él soñó, la república ideal que sembró, las virtudes que predicó con su hidalguía. Repetir las palabras que pronunció en aquel momento constituye un reto a la reflexión para todos los responsables del bienestar de la comunidad.
Recordó Monseñor Samuel Pinto que el pensar del Libertador ante el papel de los legisladores es el principal fundamento de nuestro sistema. Entenderlo idealizaría los derechos del hombre que todos deben practicar por virtud y búsqueda del sistema perfecto que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política.
El Libertador dijo a los Legisladores de entonces que les correspondía resolver y enfrentar con coraje y decisión, valentía y patriotismo, los múltiples problemas del país, problemas aún no resueltos y que nos presentan a una Venezuela postrada, en una especie de terapia intensiva.
Como observadores podemos hacer análisis de todo lo que sucede en estos momentos en este país. Recordamos el llamado de Bolívar para que los hombres no se consideraran portadores individuales de toda la sabiduría política y gerencial. El Libertador también mirando de frente a los Legisladores les dijo: “Sigamos adelante no seamos presuntuosos seamos moderados antes nuestras pretensiones, la libertad es indefinida, la democracia es absoluta”.
Posteriormente en el mismo mes recibieron la Orden los ciudadanos Olga Josefina Lezama Mailieri (Post-Morten), Firmo Rodríguez (Post-Morten) y Pedro Manuel Yánez (Post-Morten), en su Primera Clase.
El mes de mayo, la recibieron los ciudadanos Ing. Paul Lustgarten y el Reverendo Dr. Jorge Rasche, en su Primera Clase.
El mes de julio la recibieron el Capitán de Navío Justo Flores González en su Primera Clase y el Teniente de Navío Ignacio Plaza López, en Segunda Clase, el General de Brigada (EJ) Rene Alexander Sericia García, en grado de “Collar”, Coronel (GN) Juan Carlos Ferrer Rodríguez, en su Primera Clase; Teniente Coronel (GN) Gustavo Adolfo Moreno García, Segunda Clase y Capitán (GN) José Gregorio Rojas, Tercera Clase.
Antonio Rojas Suárez, electo Gobernador del Estado Bolívar en las llamadas mega-elecciones del 30 de julio, tomó posesión el 10 de agosto, luego de ser juramentado por el nuevo Presidente del Consejo Legislativo Regional, John Gutiérrez. El 182° aniversario del Congreso de Angostura lo celebró prestigiado con la presencia del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, a quien condecoró con la orden en el grado “collar”.
El Consejo de la Orden, por acuerdo del 09/02/2001, había decidido condecorar en el mismo acto al Presidente de la República Socialista de Cuba, Fidel Castro, pero por solicitud de éste fue diferida para fecha que posteriormente se acordó fuese el 11 de agosto, cercano al cumpleaños de Castro, coincidente al mismo tiempo con la inauguración del sistema interconectado con la vecina república del Brasil.
Efectivamente, el sábado 11 de agosto, en la Plaza Bolívar, el mandatario cubano Fidel Castro recibió de manos del Gobernador del Estado, Antonio Rojas Suárez, la Orden Collar de Angostura en cuya imposición lo acompañó el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.
Durante un breve discurso, el mandatario cubano agradeció la distinción y dijo que las ideas bolivarianas sostienen la revolución cubana y, por consiguiente, “Para que viva la revolución cubana, tiene que sobrevivir la revolución bolivariana”.
Atacó las políticas norteamericanas con relación a los países hispanoamericanos recordando una histórica frase de Simón Bolívar sobre la predestinación de Estados Unidos a “plagar a la América de miserias”. Recordó también parte del discurso de Bolívar ante el Congreso de Angostura y algunas de sus frases como la de “unidad, unidad debe ser nuestra divisa” dejando en claro que el Libertador se refería a todos los pueblos latinoamericanos.
El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, por su parte, pidió a las personas reunidas en la Plaza Bolívar que “sólo por esta tarde guarden los papeles, bajen las pancartas y dejemos, por un momento, nuestros pesares para que podamos sintonizar nuestra alma con el corazón de Fidel”, reiterando que el líder cubano es un baluarte de la dignidad del continente”.
Atacó a sus adversarios políticos, señalando que casi el mismo tiempo tienen Castro y la democracia venezolana en el Poder y que pasado ese tiempo ninguno de los antiguos líderes nacionales podían pararse en una tribuna y dar la cara, mientras que Fidel tiene cara para aparecer ante los pueblos del mundo.
Para culminar los actos, el Presidente venezolano pidió cantar el tradicional cumpleaños feliz adelantado para el presidente cubano que llegaba a los 75 el día lunes 13, cuando se inauguraba la interconexión eléctrica con Brasil, y en cuyo acto ceremonial estarían presentes, además de Castro, el mandatario brasilero, Fernando Cardoso.
Con motivo del 183° aniversario de la instalación del segundo Congreso Constituyente de Venezuela y por acuerdo del Consejo de la Orden tomado el primero de agosto del año anterior, el Gobernador Antonio Rojas Suárez condecoró con la Orden “Congreso de Angostura” en su grado “Collar” a los ciudadanos General de División (Ej) Melvin José López Hidalgo y General de división (Ej) Francisco José Rangel Gómez. Asimismo, a la agrupación musical “Serenata Guayanesa” y en Primera clase a los ciudadanos General de Brigada (GN) Adrián Orlando Hernández Arginzoni y Contralmirante Luis Vicente Bertorelli Solórzano.
Con motivo del 185° aniversario de la instalación del segundo Congreso Constituyente de Venezuela y por acuerdo del Consejo de la Orden, el Gobernador Antonio Rojas Suárez, finalizando su gestión, condecoró con la Orden “Congreso de Angostura” en su grado “Collar” al ciudadano Pompeyo Márquez. dirigente político nativo de Ciudad Bolívar, fundador del primer sindicato minero del Estado Bolívar y hombre de la resistencia en combate contra la dictadura instaurada en Venezuela tras el derrocamiento del insigne escritor venezolano Rómulo Gallegos. Dado que para ese momento no se contaba en físico con la dicha condecoración el Gobernador le impuso momentáneamente la suya para dar cumplimiento a la ceremonia. Pompeyo Márquez falleció el miércoles 21 de junio de 2017, a los 95 años, sin que los Gobernantes sucesores de Rojas Suárez, cumplieran en físico el acuerdo del Concejo de la Orden,
Pompeyo Márquez el día que recibió el Collar del la Orden Congreso de Angostura, acompañado de su hija mayor Tania y de los doctores Antonio Montes Navas y Waldo Negrón, Secretario General de la Gobernación
SEDE DEL CONGRESO DE LA EMANCIPACIÓN
La capital de la provincia de Guayana fue asiento de los Poderes Supremos de Venezuela y de la Gran Colombia y en uno de ellos se legisló todo el proceso de la emancipación.
El 15 de febrero de 1819 se instaló en Angostura el Segundo Congreso de la República de Venezuela que legisló durante un año todo el proceso de la emancipación grancolombiana.
Angostura llegó a ser entonces triple capital: Capital de la provincia de Guayana, capital de Venezuela y capital de la gran Colombia. Ninguna ciudad había tenido tan histórico como inconcebible privilegio.
La noble ciudad de los españoles, a la que el Rey había llenado de trofeos su escudo en premio a la lealtad y valor de sus habitantes; la invulnerable Santo Tomás de la Nueva Guayana en la Angostura del Orinoco, se reivindicaba ante la pasada circunstancia de no haber podido figurar entre las primeras provincias que juntas declararon la independencia de Venezuela. De aquí que el Libertador en justa decisión de reconocimiento haya decretado en noviembre de 1817 la octava estrella que brilló en el Pabellón tricolor hasta la constitución de la Gran Colombia.
Angostura fue asiento de los Poderes Supremos desde julio de 1817, inmediatamente después del Sitio, hasta el Congreso Constituyente de1822 en la villa de Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta, casi cinco años de vida política efervescente, pero el Congreso de Angostura apenas legisló durante un año e hizo sus veces posteriormente una Comisión Delegada.
Bolívar que conservaba la jefatura suprema desde la Segunda República, quería darle al Gobierno “una forma y carácter de legalidad permanente” y al efecto reunió a los miembros de su Consejo de Estado y luego de un discurso sobre los avances del Ejército patriota, propuso y así fue acordado, la convocación de un Congreso Constituyente.
Se nombró una comisión especial formada por Juan Germán Roscio, Fernando Peñalver, Diego Urbaneja, doctor Ramón García Cádiz y doctor Luis Peraza para ocuparse de todo lo concerniente a la elaboración de un proyecto de reglamento de elecciones populares, el cual fue ejecutado por Bolívar el 19 de octubre de 1818 y promulgado cinco días después en el Correo del Orinoco.
APLAZADA LA INSTALACIÓN
La instalación del Congreso Nacional había sido fijada para el primero de enero de 1819, pero tuvo que ser aplazada debido a que llegó el Año Nuevo y los diputados representantes de las provincias no se hallaban presentes en número suficiente. Sólo habían sido puntuales los representantes de la provincia de Barcelona, tal vez por la cercanía pues con el resto se presentaban problemas de comunicación y movimientos de tropas. Para el 13 de febrero ya se hallaban casi todos y el Jefe Supremo dispuso la instalación para el 15 de febrero.
El centro de aquellos días fastos y memorables, era una hermosa casa construida para Colegio de primeras letras y latinidad en la primera década de la segunda mitad del siglo dieciocho, en la llamada entonces Calle del Gobierno, hoy Constitución, al poniente de la Plaza Mayor.
En esa casa de dos niveles, con dos jardines y un patio donde creció un Sándalo de la India que compite en altura con la cúpula bizantina, se instaló el Congreso en una mañana clara y solemne, muy bien reseñada por el Correo del Orinoco en su edición Nº. 19.
Salvas de artillería la víspera y el propio día, anunciaron con toda solemnidad oficial del caso, la instalación del “Congreso General de Venezuela”.
Presentes desde la diez y media de la mañana el lunes 15 de febrero estaban en el salón principal del Palacio de Gobierno acondicionado para las sesiones, los diputados de la provincia de Caracas Dr. Juan Germán Roscio, Dr. Luis Tomás Peraza, Licenciado José de España, Sr. Onofre Basalo y licenciado Francisco Antonio Zea; de la provincia de Barcelona, Coronel Francisco Parejo, Coronel P. Eduardo Hurtado, Licenciado Diego Bautista Urbaneja; licenciado Ramón García Cádiz, Sr. Diego Antonio Alcalá; de la provincia de Cumaná, General en jefe Santiago Mariño, General de Brigada Tomas Montilla, Dr. Juan Martínez y Sr. Diego Vallenilla; de la provincia de Barinas, Sr. Nicolás Pumar, Dr. Ramón Ignacio Méndez, Coronel Miguel Guerrero, General de División Rafael Urdaneta, y Dr. Antonio María Briceño; de la provincia de Guayana, Dr. Eusebio Afanador, Sr. Juan Vicente Cardozo, Intendente del Ejército Fernando Peñalver y General de Brigada Pedro León Torres; de la provincia de Margarita, Lic. Gaspar Marcano, Dr. Manuel Palacios, Lic. Domingo Alzuru y Sr. José Jesús Guevara. Total 27 diputados. Faltaron los cinco de Casanare y tres de Cumaná, Guayana y Margarita.
Igualmente se hallaban en la sala el Estado Mayor General encabezado por el General Carlos Soublette; el Gobernador de la Plaza y Comandante General de la Provincia, General Manuel Cedeño; el Agente diplomático norteamericano Juan Bautista Irvine, el representante de la colonia extranjera James Hamilton; el provisor Gobernador de la Diócesis, Dr. Domingo Remigio Pérez Hurtado y numerosos ciudadanos.
DISCURSO Y RENUNCIA DEL JEFE SUPREMO
Media hora luego y previo anunció de tres cañonazos, el Jefe Supremo, acompañado de la oficialidad, llegó a las puertas del Palacio y todos los diputados salieron a recibirlo. Un numeroso destacamento que ocupaba el frente, le hizo los honores militares.
El Jefe Supremo abrió la sesión con un discurso, exponiendo los fundamentos del Proyecto de Constitución que presentaba y haciendo ver que era lo más adaptable a la realidad del país.
Al final declaró instalado el Congreso reconociendo en él la soberanía nacional a tiempo que exclamaba “Mi espada y la de mis ínclitos compañeros de armas están siempre pronto a sostener su augusta autoridad. Viva el Congreso de Venezuela”. A esta exclamación repetida por los asistentes, siguió una salva de artillería.
Acto seguido el Jefe Supremo invitó al Congreso a la elección de un Presidente Interino para entregarle el mando. A viva voz los congresistas proclamaron al diputado por Caracas, Francisco Antonio Zea, y Bolívar le tomó el juramento sobre los santos evangelios al igual que a todos y cada uno de los diputados restantes.
Concluido el juramento, Bolívar cedió su asiento al Presidente Interino y dirigiéndose al cuerpo militar dijo: “Señores Generales, Jefes y oficiales, mis compañeros de armas, nosotros no somos más que simples ciudadanos hasta que el Congreso soberano se digne emplearnos en las clases y grados que a bien tenga. Contando con vuestra sumisión voy a darle en mi nombre y en el vuestro las pruebas más claras de obediencia entregándole el mando de que yo estaba encargado. Devuelvo a la República el bastón de General que me confió. Para servirla cualquier grado o clase que el Congreso me destine, es para mi honroso, en él daré el ejemplo de la subordinación y de la ciega obediencia que debe distinguir a todo soldado de la República”.
Sin embargo, la renuncia del Jefe Supremo no fue aceptada por el Congreso. Todos los grados y empleos conferidos por Bolívar durante su Gobierno, fueron confirmados. El presidente del Congreso, Francisco Antonio Zea, le devolvió el bastón, le dio asiento a la derecha y seguidamente pronunció un discurso justificando la decisión del Congreso de ratificar su autoridad, pero el General Bolívar repuso: “Jamás volveré a aceptar una autoridad a la que para siempre he renunciado de todo corazón por principios y por sentimientos.” Efectivamente, Bolívar era contrario a reunir en una misma persona el Poder Militar y Civil. Al finalizar pidió permiso para retirarse y el Presidente del Congreso se lo concedió, nombrando una diputación de diez miembros para que lo acompañase.
Al siguiente día –dice el Correo del Orinoco-, después de largas discusiones; se reconoció unánimemente la absoluta necesidad de que en las actuales circunstancias continuase interinamente el General Bolívar en la Presidencia del Estado, y una diputación encabezada por el General Rafael Urdaneta fue encargada de comunicarle esta determinación a la que al final y tras una segunda negativa terminó resignándose el General Bolívar. Su ausencia de la Capital sería suplida por Francisco Antonio Zea, en calidad de Vicepresidente y a Zea lo supliría Roscio en la Presidencia del Congreso.
La respuesta a la última negativa de Bolívar está firmada por Diego Bautista Urbaneja, Secretario del Congreso, el 17 de febrero de 1819, en los siguientes términos: “Excmo. Señor: No habiendo el Soberano Congreso Nacional accedido a las repetidas renuncias de la Presidencia interina del Estado que se confirió a V. E en la Sesión Ordinaria de ayer, y confirmado este nombramiento, y el de Vicepresidente del mismo en la persona del señor diputado Francisco Antonio Zea, por la de hoy hasta estos destinos sean constitucionalmente elegidos; y a consecuencia de la comunicación que V. E se hizo de estas deliberaciones, prestado ya el juramento debido: ha acordado el Soberano Congreso se publique sus nombramientos; se haga una salva de Artillería por ellos y se mande a iluminar generalmente esta capital por la noche de ese día y que al instante V. E comunique sus respectivas órdenes a la Comandancia General”.
EL Libertador depone el mando ante el Congreso
¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la Soberanía Nacional, para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me encuentro entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor de reunir a los representantes del Pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la Nación.
Al transmitir a los representantes del pueblo el Poder Supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos y los de nuestras futuras generaciones, que todo lo esperan de vuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Cuando cumplo con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobiaba como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me había sometido al terrible y peligroso encargo de Dictador, Jefe Supremo de República. Pero ya respiro, devolviéndoos esta autoridad, que con tanto riesgo y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social.
EL genio de Bolívar supera
los formidables obstáculos
que las pasiones oponen a su obra
No ha sido la Época de República que ha presidido una mera tempestad política, ni una guerra sangrienta, ni una anarquía popular: ha sido, sí, el desarrollo de todos los elementos desorganizadores; ha sido, sí, la inundación de un torrente infernal que ha sumergido la tierra de Venezuela. Un hombre, ¡y un hombre como yo!, ¿qué diques podría oponer al ímpetu de estas devastaciones? En medio de este piélago de angustias, no he sido más que un vil juguete del huracán revolucionario, que me arrebata como una débil paja. Yo no he podido hacer ni bien ni mal. Fuerzas irresistibles han dirigido la marcha de nuestros sucesos. Atribuírmelos no sería justo, y sería darme una importancia que no merezco. ¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional.
No me preguntéis sobre los efectos de estos trastornos, para siempre lamentable; apenas se me puede suponer simple instrumento de los grandes móviles que han obrado sobre Venezuela. Sin embargo, mi vida, mi conducta, todas mis acciones públicas y privadas están sujetas a la censura del pueblo.
Bolívar prefiere el titulo
de buen ciudadano al de Libertador
Representantes: vosotros debéis juzgarlas. Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión, nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuánto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de pacificador que me dio Cundinamarca y a los que el mundo entero pueda darme.
Legisladores: Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de República; en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra libertad.
En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano, y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré, sin embargo, en la carrera de las armas, mientras haya enemigos en Venezuela. Multitud de beneméritos hijos tiene la patria capaces de dirigirla; talentos, virtudes, experiencia, y cuanto se requiere para mandar a hombre libres, son el patrimonio de muchos de los que aquí representan el pueblo, y fuera de este Soberano Cuerpo se encuentran ciudadanos que en toda época han mostrado valor para arrostrar los peligros, prudencias para evitarlos y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros. Estos ilustres varones merecerán, sin duda, los sufragios del Congreso, y a ellos se encargará del Gobierno, que tan cordial y sinceramente acabo de reunir para siempre.
Peligro de continuismo
el los Poderes Públicos
La continuación de la autoridad en un mismo individuo, frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.
Ya, pues, que por este acto de mi adhesión a la libertad de Venezuela puedo aspirar a la gloria de ser contado entre sus más fieles amantes, permitidme, señor, que exponga con la franqueza de un verdadero republicano mi respetuoso dictamen en este Proyecto de Constitución, que me tomo la libertad de ofreceros en testimonio de la sinceridad y del candor de mis sentimientos. Como se trata de la salud de todos, me atrevo a creer que tengo derecho para ser oído por los representantes del pueblo. Yo sé muy bien que vuestra sabiduría no ha de menester de consejos, y sé también que mi proyecto acaso os parecerá erróneo, impracticable. Pero, señores, aceptad con benignidad este trabajo, que más bien es el tributo de mi sincera sumisión al Congreso que el efecto de una levedad presuntuosa.
Por otra parte, siendo vuestra funciones la creacion de un cuerpo político, y aun se podría decir, la creación de una sociedad entera, rodeada de todos los inconvenientes que presenta una situación la más singular y difícil, quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido.
La base de la Republica venezolana
Echando una ojeada sobre lo pasado, veremos cual es la base de República de Venezuela.
Al desprenderse la América de la Monarquía Española se ha encontrado semejante al imperio Romano, cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente, conforme a su situación o a sus intereses; pero que con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aún conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hayamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vió nacer contra la oposición de los invasores; así, nuestro caso es el más extraordinario y complicado. Todavía hay más: nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula, y nos hallábamos en tanta más dificultad para alcanzar la libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre, porque no solamente se nos había robado la libertad, sino también la tiranía activa y doméstica. Permítaseme explicar esta paradoja.
El régimen absoluto
En el régimen absoluto, el poder autorizado no admite límites. La voluntad del déspota es la ley suprema, ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan de la opresión organizada, en razón de la autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas; pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajaes del Gran Señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis- Kan, que la conquistó. Por el contrario, la América todo la recibía de España, que realmente la había privado del goce y del ejercicio de la tiranía activa; no permitiéndonos sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos; tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de multitud, y que es de tanta importancia en la grandes revoluciones. Lo diré de una vez: estábamos abstraídos, ausentes del unierso en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno.
y todavía pasa entre nosotros
Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiados, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga abusan de las credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que instigado por el sentimiento de sus fuerzas marchan con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos, no puede rectificar sus pasos.
Enseñanza de actualidad
Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se forzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la practica de la virtud; que el imperio que de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres y no las fuerzas, son las columnas de las leyes: que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más en más ímproba, cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error y por incentivos nocivos. La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Vuestros débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes que logre digerir el saludable nutrimento de la libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina.
La forma de gobierno conveniente
Meditad bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera; si vuestra elección no está presidida por el genio tutelar de Venezuela que debe inspiraros el acierto al escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais adoptar para la felicidad de pueblo; si no acertáis, repito la esclavitud será el término de nuestra transformación.
Lo anales de los tiempos pasados os presentarán millares de gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores del pueblo no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie de globo, como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza, a la verdad, nos dota al nacer del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila, aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplar este estado de prostitución parece que tenemos razón para persuadirnos que los más de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía. ¡Ojalá que esta máxima contraria a la moral de la naturaleza, fuese falsa! ¡Ojalá que esta máxima no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos más sagrados!
Origen de la tiranía
Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar de unos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos, más bien que los gobierno, los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional, y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutelas de leyes dictadas por su propia libertad. Lo fastos del universo proclaman esta espantosa verdad.
Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad, pero ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario la aristocracia, la monarquía, cimentar grandes y poderosos imperios por siglos y siglos? ¿Qué gobierno más antiguo que el de china? ¿Qué república ha excedido en duración a la de Esparta, a la de Venecia? ¿El imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene la Francia catorce siglo de monarquía? ¿Quién es más grande que la Inglaterra? Estas naciones, sin embargo, han sido o son aristocracia y monarquía.
El imperio de la Democracia
A pesar de tan crueles reflexiones, yo me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que han dado nuestra república al entrar en su noble carrera. Amando lo más útil, animada de lo más justo y aspirando a lo más perfecto, al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una república democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios; declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Esos actos, eminentemente liberados, jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. El primer Congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislatura, con caracteres indelebles, la majestad del pueblo dignamente expresada al sellar el acto social más capaz de formar la dicha de una nación.
Necesito recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el supremo bien que encierra en sí este código inmortal de nuestro derecho y de nuestras leyes. Hay sentimiento que no se pueden contener en el pecho de un amante de la patria: ellos rebosan agitados por su propia violencia, y a pesar del mismo que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica. Estoy penetrado de la idea de que el Gobierno de Venezuela debe reformarse; y aunque muchos ilustres ciudadanos piensan como yo, no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios. Esta consideración me insta a tomar la iniciativa en un asunto de la mayor gravedad, y en que hay sobrada audacia en dar avisos a los consejeros del pueblo.
Inconveniente de la Federación
Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución Federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro Estado. Y según mi modo de ver, es un prodigio que su modelo en el norte de América subsiste tan prósperamente y no se trastorne al aspecto del primen embarazo o peligro. A pesar de que aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral; no obstante, que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la libertad y se alimenta de pura libertad; --lo diré todo, aunque bajo de mucho respectos, este pueblo es único en la historia del género humano, es un prodigio, repito, que un sistema tan débil y complicado como la federal haya podido regirlo en circunstancias tan difíciles y delicadas como las pasadas. Pero sea lo que fuere de este gobierno con respecto a la nación americana, debo decir, que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de dos Estados tan distintos como el inglés americano, y el americano español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? Pues aun es más difícil adaptar en Venezuela, las leyes del norte de América ¿No dice “El espíritu de la leyes” que estas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿Que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿Que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos? ¿Referirse al grado de libertad que la constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a su costumbre, a sus modales? ¡He aquí el código que debíamos consultar y no el de Washington!
La Constitución Venezolana, sin embargo de haber tomado sus bases de la más perfecta, si se atiende a la corrección de los principios y de los efectos benéficos de su administración, defirió esencialmente de la americana en un punto cardinal, y sin duda el más importante. El Congreso de Venezuela, como el americano, participa de algunas de las atribuciones del Poder Ejecutivo. Nosotros además subdividimos este Poder, habiéndolo sometido a un cuerpo colectivo sujeto por consiguiente a los inconvenientes de hacer periódica la existencia del gobierno, de suspenderla y disolverla siempre que se separen sus miembros.
Nuestro triunvirato carece, por decirlo así, de unidad, de continuación, de responsabilidad individual; está privado de acción momentánea, de vida continua, de uniformidad real, de responsabilidad inmediata: y un gobierno que no posee cuanto constituye su moralidad debe llamarse nulo.
Aunque las facultades del Presidente de los Estados Unidos están limitadas con restricciones excesivas, ejerce por sí solo todas las funciones gubernativas que la Constitución le atribuye y es indubitable que su administración debe ser más uniforme, constante y verdaderamente propia que la de un poder diseminado entre varios individuos, cuyo compuesto no puede ser menos que monstruoso. El Poder judiciario en Venezuela es semejante al americano, indefinido en duración, temporal y no vitalicio, goza de toda la independencia que le corresponde.
El atractivo del sistema federal
El primer Congreso en su Constitución Federal consultó más el espíritu de las provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central. Aquí cedieron nuestros legisladores al empeño inconsiderado de aquellos provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del pueblo americano, pensando que las bendiciones de que goza son debidas exclusivamente a la forma de gobierno, y no al carácter y costumbre de los ciudadanos. Y, en efecto, el ejemplo de los Estados Unidos, por su peregrina prosperidad, era demasiado lisonjera para que no fuese seguido. ¿Quién puede resistir el atractivo victorioso del goce pleno y absoluto de la soberanía, de la independencia, de la libertad? ¿Quién puede resistir al amor que inspira un gobierno inteligente que liga a un mismo tiempo de los derechos particulares a los derechos generales; que forma de la voluntad común la ley suprema de la voluntad individual? ¿Quién puede resistir al imperio de un gobierno bienhechor que con una mano hábil, activa y poderosa, dirige siempre y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social, que es el fin único de la institución humana?
Perfección prematura y por lo tanto funesta
Mas por halagüeño que parezca y sea en efecto este magnífico sistema federativo, no era dado a los venezolanos gozarlo repentinamente al salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cundo es súbito y excesivo. Nuestra constitución moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno completamente representativo, y tan sublime cuanto que podía ser adaptado a una república de santos.
Representantes el pueblo: Vosotros estáis llamados a consagrar o a suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado o desechado en nuestro pacto social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestro primeros legisladores; yo quería decir, que a vosotros toca cubrir una parte de la belleza que contiene nuestro código político; porque no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades; ni todos los ojos son capaces de soportar la luz celestial de la perfección. El libro de los apóstoles, la moral de Jesús, la obra divina que nos ha enviado la Providencia para mejorar a los hombres, tan sublime, tan santa, es un diluvio de fuego en Constantinopla, y el Asia entera ardería en vivas llamas si este libro de paz se impusiese repentinamente por código de religión, de leyes y de costumbres.
forma el tipo del venezolano
Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte; que más bien es un compuesto de África y América que una emanación de Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por se u sangre africana, por su instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste con el indio y el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis: esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.
Desigualdad inevitable
Los ciudadanos de Venezuela gozan todos, por la Constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud, y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y no todos lo son; todos deben poseer talentos, y no todos los poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales en genio, temperamento, fuerza y caracteres. Las leyes corrigen esta deferencia, porque colocan al individuo en la sociedad, para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión de todas las clases en un estado en que la diversidad se multiplica en razón de la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!
El más perfecto sistema de gobierno
Habiendo ya cumplido con la justicia, con la humanidad, cumplamos ahora con la política, con la sociedad, allanando las dificultades que opone su sistema tan sencillo y natural, mas tan débil que el menor tropiezo lo trastorna, lo arruina. La diversidad del origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea, cuyo complicado origen se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración.
El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad pasible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. Por las leyes que dictó el primer Congreso tenemos derecho de esperar que la dicha sea el dote de Venezuela; y por las vuestras, debemos lisonjearnos que la seguridad y la estabilidad eternizarán esta dicha.
El ambiente del Despotismo
A vosotros toca resolver el problema. ¿Cómo después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión, podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas: el contagio del despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra ni el específico de nuestras saludables leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres; todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu.
No es posible la Democracia absoluta
El gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben de ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad, para refundir, digámoslo así en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas. Luego, extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijemos la atención sobre los peligros que debemos evitar. Que la historia nos sirva de guía en esta carrera. Atenas la primera nos da el ejemplo más brillante de una democracia absoluta, y al instante la misma Atenas nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de gobierno, que nos vió conservar su república. El más sabio legislador de Grecia no vió conservar su Republica diez años, y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta para regir ninguna especie de sociedad, ni aun la más culta, morigerada y limitada, porque sólo brilla con relámpagos de libertad. Reconozcamos, pues, que Solón ha desengañado al mundo y le ha enseñado cuán difícil es dirigir por simples leyes a los hombres.
La República de Esparta, que parecía una invención quimérica, produjo más efectos reales que la obra ingeniosa de Solón. Gloria, virtud, moral, y por consiguiente la felicidad nacional, fueron el resultado de la legislación de Licurgo. Aunque dos reyes en un Estado son dos monstruos para devorarlo, Esparta poco tuvo de sentir de su doble trono; en tanto que Atenas se prometía la suerte más espléndida, con una soberanía absoluta, libre elección de magistrados frecuentemente renovados, leyes suaves, sabias y políticas. Pisístrato, usurpador y tirano, fue más saludable a Atenas que sus leyes; y Pericles, aunque también usurpador, fue el más útil ciudadano. La República de Tebas no tuvo más vida que la de Pelópidas y Epaminondas; porque a veces son los hombres, no los principios, los que forman los gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos que por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados, constituyen las repúblicas.
El ejemplo de Roma
La constitución Romana es la que mayor poder y fortuna ha producido a ningún pueblo del mundo; allí no había una exacta distribución de los poderes. Los Cónsules, el Senado, y el pueblo ya fueran legisladores, ya magistrados, ya jueces; todos participaban de todos lo poderes. El Ejecutivo, compuesto de dos Cónsules, padecía del mismo inconveniente que el de Esparta. A pesar de su deformidad, no sufrió la República la desastrosa discordancia que toda previsión habría supuesto inseparable de una magistratura compuesta de dos individuos, igualmente autorizados, con las facultades de un monarca. Un gobierno, cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de su nación; un gobierno monstruoso y puramente guerrero elevó a Roma al más alto esplendor de virtud y de gloria, par mostrar a los hombres de cuánto son capaces las virtudes políticas y cuán indiferentes suelen ser las instituciones.
Y pasando de los tiempos antiguos a los modernos encontraremos la Inglaterra y la Francia llamando la atención de todas las naciones, y dándoles lecciones elocuentes de toda especie en materia de gobierno. La revolución de estos dos grandes pueblos, como un radiante meteoro, ha inundado en mundo con tal profusión de luces políticas, que ya todos los seres que piensan han aprendido cuáles son los derechos del hombre y cuáles sus deberes, en qué consiste la excelencia de los gobiernos y en qué consisten sus vicios. Todos saben apreciar el valor intrínseco de las teorías especulativas de los filósofos y legisladores modernos. En fin, este astro, en su luminosa carrera, aun ha encendido los pechos de los apáticos españoles, que también se han lanzado en el torbellino político, han hecho sus efímeras pruebas de libertad, han reconocido su incapacidad para vivir bajo el dulce dominio de las leyes y han vuelto a sepultarse en sus prisiones y hogueras inmemoriales.
Aquí es el lugar de repetiros, legisladores, lo que os dice es elocuente Volney, en la dedicatoria de sus “Ruinas de Palmira”: “A los pueblos nacientes de la Indias Castellanas, a los jefes generosos que los guían a la libertad, que los errores e infortunios del mundo antiguo enseñen la sabiduría y felicidad al Nuevo Mundo.” Que no se pierdan, pues, las lecciones de la experiencia y que las escuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de Inglaterra y de América nos instruyan en la difícil ciencia de crear y conservar las naciones con leyes propias, justas, legítimas y, sobre todo, útiles; no olvidando jamás que la excelencia de un gobierno no consiste en su teoría, en su forma ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para quien se constituye.
La legislación inglesa. El senado vitalicio
Roma y la Gran Bretaña son las naciones que más han sobresalido entre las antiguas y modernas; ambas nacieron para mandar y ser libres, pero ambas se constituyeron, no con brillantes formas de libertad, sino con establecimientos sólidos. Así, pues, os recomiendo, representantes, el estudio de la Constitución británica, que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adopten; pero, por perfecta que sea, estoy muy lejos de proponeros su imitación servil. Cuando hablo de el Gobierno Británico, sólo me refiero a lo que tiene de republicano; y a la verdad, ¿Puede llamarse monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de República? ¿Y puede pretenderse más en el orden social? Yo os recomiendo esta Constitución, como la más digna de servir de modelo a cuantos aspiran al goce de los derechos del hombre a toda felicidad política que es compatible con nuestra frágil naturaleza.
Inglaterra, modelo de pueblos libres
En nada alteraríamos nuestras leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder Legislativo semejante al Parlamento Británico. Hemos dividido como los americanos la Representación Nacional en dos Cámaras: la de Representantes y el Senado. La primera está compuesta muy sabiamente, goza de todas las atribuciones que le corresponden y no es susceptible de una reforma esencial, porque la Constitución le ha dado el origen, la forma y la facultad que requiere la voluntad de pueblo para ser legítima y competentemente representada. Si el Senado en lugar de ser efectivo fuese hereditario, sería, en mi concepto, la base, el lazo, el alma de nuestra República. Este cuerpo en las tempestades políticas pararía lo rayos del Gobierno y rechazaría las olas populares. Adicto al Gobierno por el justo interés de su propia conservación se opondría siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados. Debemos confesarlo: lo más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios; el individuo pugna contra la masa y la masa contra la autoridad. Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor. Este cuerpo neutro, para que pueda ser tal, no ha de deber su origen a la elección del Gobierno, ni a la del pueblo, de modo que goce de una plenitud de independencia que ni tema ni espere nada de estas dos fuentes de autoridad. El Senado hereditario, como parte del pueblo, participa de sus intereses, de sus sentimientos y de su espíritu. Por esta causa no se debe presumir que un Senado hereditario se desprenda de los intereses populares, ni olvide sus deberes legislativos. Los senadores en Roma y los lores en Londres, han sido la columnas más firma sobre que se ha fundado el edificio de la libertad política y social.
Estos senadores serán elegidos la primeras vez por el Congreso. Los sucesores al Senado llaman la primera atención del Gobierno, que debería educarlos en un colegio especialmente destinado para instruir aquellos tutores, legisladores futuros de la Patria. Aprenderían las artes, las ciencias y las letras, que adornan el espíritu de un hombre público; desde su infancia ellos sabrían a qué carrera la Providencia los destinaba, y desde muy tiernos elevarían su alma a la dignidad que les espera.
De ningún modo sería una violación de igualdad política la creación de un Senado hereditario; no es una nobleza lo que pretendo establecer, porque como ha dicho un célebre republicano, sería destruir a la vez la igualdad y la libertad. Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber y los medios proporcionados para adquirir su instrucción.
El peligro de las elecciones. Su depuración
Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura de las elecciones; el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte, los libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar un alto rango en la Republica que le debe su existencia. Creo que la posteridad vería con sentimientos anonadados los nombres ilustres de sus primeros bienhechores; digo más, es de interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor nacional conservar con gloria, hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos y prudentes y esforzados que, superando todos los obstáculos, han fundado la República ha costa de lo más heroicos sacrificios. Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre, y no lo será jamás.
Un Senado hereditario, repito, será la base fundamental del Poder Legislativo, y, por consiguiente, será la base del todo el Gobierno. Igualmente servirá de conapeso para el gobierno y para el pueblo, será una potestad intermedia que embote los tiros que recíprocamente se lanzan estos eternos rivales. En todas las luchas, la calma de un tercero viene a ser el órgano de reconciliación; así el Senado de Venezuela será la traba de este edificio delicado y harto susceptible de impresiones violentas; será el iris que calmará las tempestades y mantendrá la armonía entre los miembros y la cabeza de este cuerpo político.
Ningún estímulo podrá adulterar un Cuerpo Legislativo investido de los primeros honores, dependiente de sí mismo, sin temer nada del pueblo ni esperar nadad del Gobierno, que no tiene otro objeto que el de reprimir todo principio del mal y propagar todo principio del bien; y que está altamente interesado en la existencia de una sociedad en la cual participa de sus efectos funestos o favorables. Se ha dicho con demasiada razón que la Cámara Alta de Inglaterra es preciosa para la nación, porque ofrece una baluarte a la libertad; y yo añado, que el Senado de Venezuela no sólo sería un baluarte de la libertad, sino un apoyo para eternizar la República.
El imperio de las Leyes
El Poder Ejecutivo Británico está revestido de toda la autoridad soberana que le pertenece, pero también está circunvalado de una triple línea de diques, barreras y estancadas. Es Jefe de Gobierno, pero sus ministros y subalternos dependen más de las leyes que de su autoridad, porque son personalmente responsables y ni aún las mismas órdenes de la autoridad real los exime de esta responsabilidad. Es Generalísimo del ejército y la marina; hace la paz y declara la guerra; pero el Parlamento es el que decreta anualmente las sumas con que deben pagarse estas fuerzas militares. Si los tribunales y los jueces dependen de él, las leyes emanan del Parlamento que las ha consagrado. Con el objeto de neutralizar su poder, es inviolable y sagrada la persona del Rey; al mismo tiempo que le dejan libre la cabeza le ligan las manos con las que debe obrar. El Soberano de Inglaterra tiene tres formidables rivales: Su Gabinete, que debe responder al pueblo y al Parlamento; el Senado, que defiende los intereses del pueblo como representante de la nobleza de que se compone, y la Cámara de los Comunes, que sirve de órgano y tribuna al pueblo británico. Además, como los jueces son responsables del cumplimiento de las leyes, no se separan de ella, y los Administradores de Erario, siendo perseguidos, no solamente por sus propias infracciones sino aun por las que hace el mismo Gobierno, se guardan bien de malversar los fondos públicos. Por más que se examine la naturaleza del Poder Ejecutivo en Inglaterra, no se puede hallar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un reino, sea para una aristocracia, sea para una democracia. Aplíquese a Venezuela este Poder Ejecutivo en la persona de un Presidente nombrado por el pueblo o por sus representantes, y habremos dado un gran paso hacia la felicidad nacional.
Cualquiera que sea el ciudadano que llene estas funciones, se encontrará auxiliado por la constitución; autorizado para hacer bien, no podrá hacer mal, porque siempre que se someta a las leyes, sus ministros cooperarán con él; si, por el contrario, pretende infringirlas, sus propios ministros lo dejaran aislado en medio de la República y aun lo acusarán delante del Senado. Siendo los ministros los responsable de las transgresiones que se cometan, ellos son los que gobiernan, porque ellos son las que las pagan. No es la mejor ventana de este sistema la obligación en que ponen a los funcionarios inmediatos al Poder Ejecutivo de tomar la parte más interesada y activa en las deliberaciones del Gobierno y a mirar como propio este departamento. Puede suceder que no sea el Presidente un hombre de grandes talentos ni de grandes virtudes, y no obstante, la carencia de estas cualidades esenciales, el Presidente desempeñará sus deberes de un modo satisfactorio, opues en tales casos el Ministerio, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado.
Dos formas antagónicas
Por exorbitante que parezca la autoridad del Poder Ejecutivo de Inglaterra, quizás no es excesiva en la República de Venezuela. Aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los Magistrados. Este cuerpo deliberante ha asumido una parte de las Funciones Ejecutivas contra la máxima de Montesquieu, que dice que un Cuerpo Representante no debe tomar ninguna resolución activa: debe hacer leyes y ver si se ejecutan las que hace. Nada es tan contrario a la armonía entre Poderes como su mezcla. Nada es tan peligro con respecto al pueblo como la debilidad del Ejecutivo; y si en un reino se ha juzgado necesario concederle tantas facultades, en una república son éstas infinitamente más indispensables.
Fijemos nuestra atención sobre esta diferencia y hallaremos que el equilibrio de poderes debe distribuirse de dos modos. En las Repúblicas el Ejecutivo debe ser más fuerte porque todos conspiran contra él, en tanto que las monarquías el más fuerte debe ser el Legislativo, porque todos conspira a favor del monarca. La veneración que profesan los pueblos a la magistratura real, es un prestigio que influye poderosamente a aumentar el respecto supersticioso que se tributa a esta autoridad. El esplendor del trono, de la corona, de la púrpura; el apoyo formidable que le presta la nobleza; las inmensas riquezas que generaciones esteras acumulan en una misma dinastía; la protección fraternal que recíprocamente reciben todos los reyes, son ventajas muy considerables que militan en favor de la autoridad real y la hacen casi ilimitada. Estas mismas ventajas son, por consiguiente, las que deben confirmar la necesidad de atribuir a un magistrado republicano una suma mayor de autoridad que la que posee un principio constitucional.
Necesidad de fortalecer el principio de autoridad
Un magistrado republicano es un individuo aislado en medio de una sociedad, encargado de contener el ímpetu del pueblo hacia la licencia, la propensión de los jueces y administradores hacia el abuso de las leyes. Está sujeto inmediatamente al Cuerpo Legislativo, al Senado, al pueblo; es un hombre solo resistiendo el ataque combinado y de las pasiones del estado social, de las opiniones, de los intereses que, como dice Carnot, no hace más que luchar continuamente entre el deseo de dominar y el deseo de sustraerse a la dominación. Es, en fin, un atleta lanzado contra una multitud de atletas.
Sólo puede servir de correctivo a esta debilidad, el vigor bien cimentado y más bien proporcionado a la resistencia que necesariamente la oponen al Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judiciario y el pueblo de una república. Si no se pone al alcance del Ejecutivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitablemente en la nulidad o en su propio abuso, quiero decir, en la muerte del gobierno, cuyos herederos son la anarquía, la usurpación y la tiranía. Se quiere contener la autoridad ejecutiva con restricciones y trabas: nada es más justo, pero que se advierta que los lazos que se pretenden conservar se fortifican, sí, mas no se estrechan.
Que se fortifique, pues, todo el sistema de Gobierno, y que el equilibrio se establezca de modo que no se pierda, y de modo que no sea su propia delicadeza una causa de decadencia. Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil que la democracia, su estructura debe ser la mayor solidez, y sus instituciones consultarse para la estabilidad. Si no es así, contemos con que se establece un ensayo de gobierno y no un sistema permanente; contemos con una sociedad díscola, tumultuaria y anárquica, y no con un establecimiento social donde tenga su imperio la felicidad, la paz y la justicia.
No seamos presuntuosos, legisladores; seamos moderados en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que ni han logrado el género humano, lo que ni han alcanzado las más grandes y sabias naciones. La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos adonde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas. Echad una mirada sobre las repúblicas antiguas, sobre las repúblicas modernas, sobre las repúblicas nacientes. Casi todas han pretendido establecerse absolutamente democráticas y a casi todas se les han frustrado sus justas aspiraciones. Son laudables ciertamente los hombres que anhelan por instituciones legítimas y por una perfección social; pero ¿quién ha dicho a los hombre que ya poseen toda la sabiduría, que ya practican toda la virtud, que exigen imperiosamente la liga del poder con la justicia? Ángeles, no hombres, pueden únicamente existir libres, tranquilos y dichosos, ejerciendo todos, la potestad soberana.
Ya disfruta el pueblo de Venezuela de los derechos que legítima y fácilmente puede gozar; moderemos ahora el ímpetu de las pretensiones excesivas que quizá la suscitaría la forma de gobierno incompetente para él; abandonemos las formas generales que no nos convienen; abandonemos el triunvirato del Poder ejecutivo, y concentrándolo en un Presidente, confiémosle la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconveniente anexos a nuestra reciente situación, al estado de guerra que sufrimos y a la especie de los enemigos externos y domésticos, contra quienes tendremos largo tiempo que combatir. Que el poder Legislativo se desprenda de las atribuciones que correspondan al Ejecutivo, y adquiera, no obstante, nueva consistencia, nueva influencia en el equilibrio de las autoridades. Que los tribunales sean reforzados por la estabilidad y la independencia de los jueces, por el establecimiento de jurados, de Código Civiles y Criminales que no sean dictados por la antigüedad, ni por reyes conquistadores, sino por la voz de la naturaleza, por el grito de la justicia y por el genio de la sabiduría.
Justo equilibrio del Gobierno y de la sociedad
Mi deseo es que todas las partes del Gobierno y administración, adquieran el grado de vigor que únicamente puede mantener el equilibrio, no sólo entre los miembros que componen el Gobierno, sino entre las diferentes fracciones de que se compone nuestra sociedad. Nada importaría que los resortes de un sistema político se relajasen por sus debilidades, si esta relajación no arrastrase consigo la disolución del cuerpo social y la ruina de los asociados. Los gritos del género humano en los campos de batalla o en los cuerpos tumultuarios, claman al cielo contra los inconsiderados y ciegos legisladores, que han pensado que se puede hacer impunemente ensayos de quiméricas instituciones. Todos los pueblos del mundo han pretendido la libertad, los unos por las armas, los otros por las leyes, pasando alternativamente de la anarquía al despotismo, o del despotismo a la anarquía; muy poco son los que han contentado con pretensiones moderadas, constituyéndose de un modo conforme a sus miedos, a su espíritu y a sus circunstancias.
Se debe vivir en la realidad
No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía. De la libertad absoluta se desciende siempre al poder absoluto, y el medio entre estos dos términos es la suprema libertad social. Teoría abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada. Hagamos que la fuerza pública se contenga en los límites que la razón y el interés prescriben; que la voluntad nacional se contenga en los limites que un justo poder le señala; que una legislación civil y criminal, análoga a nuestra actual Constitución, domine imperiosamente sobre el Poder Judiciario, y entonces habrá un equilibrio y no habrá un choque que embaraza la marcha del Estado, y no habrá esa complicación que traba en vez de ligar la sociedad.
El amor a las leyes
es el amor a la Patria
Para formar un Gobierno estable se requiere la base de un espíritu nacional, que tenga por objeto una inclinación uniforme hacia dos puntos capitales, moderar la voluntad general y limitar la autoridad pública; los términos que fijan teóricamente estos dos puntos, son de una difícil asignación, pero se puede concebir que la regla que debe dirigirlos, es la restricción y la concentración recíproca, a fin de que haya la menos frotación pasible entre la voluntad y el poder legítimo. Esta ciencia se adquiere insensiblemente por la práctica y el estudio. El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces.
Las razones del desamor del pueblo
a las leyes y los Magistrados
El amor a la Patria, el amor a las leyes, el amor a los magistrados, son las nobles pasiones que se deben absorber exclusivamente el alma de un republicano. Los venezolanos aman la Patria, pero no aman sus leyes, porque éstas han sido nocivas y eran la fuente del mal; tampoco han podido amar a sus magistrados, porque eran inicuos, y los nuevos apenas son conocidos en la carrera en que han entrado. Si no hay un respeto sagrado por la Patria y por las leyes, y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo: es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo.
La unión íntima como único remedio
Para sacar de este caos nuestra naciente República, todas nuestras facultades morales no serán bastantes, si no fundimos la masa del pueblo en un todo: la composición del Gobierno en un todo; la legislación de un todo: Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestro ciudadano es diferente; mezclémosla para unirla; nuestras Constitución ha dividido los Poderes: enlacémoslos para unirlos; nuestras leyes son funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos; que este edificio monstruoso se derribe, caiga y apartando hasta sus ruinas, elevemos un templo a la justicia, y bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un Código de Leyes Venezolanas, Si queremos consultar monumentos y modelos de legislación, la Gran Bretaña, la Francia, la América Septentrional los ofrecen admirables.
Importancia de la educación popular
La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del congreso. Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades. Tememos de Atenas su Areópago y los guardianes de las costumbres y de sus leyes; tomemos de Roma sus censores y sus tribunales domésticos, y haciendo una santa alianza de estas instituciones morales, renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. Tomemos de Esparta sus austeros establecimientos, y formando de estos tres manantiales, una fuerte de virtud, demos a nuestra República una cuarta potestad, cuyo dominio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público, las buenas costumbres y la moral republicana. Constituyamos este Areópago para que vele por la educación de los niños, sobre la instrucción nacional; para que purifique lo que se haya corrompido en la República, que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia de los ciudadanos; que juzgue de los principios de corrupción, de los ejemplos perniciosos, debiendo corregir las costumbres con penas morales, como las leyes castigan los delitos con penas aflictivas y no solamente lo que choca contra ellas, sino lo que las burla; no solamente lo que las ataca, sino lo que las debilita; no solamente los que viola la Constitución, sino lo que viola el respeto público. La jurisdicción de este tribunal verdaderamente santo, deberá ser afectiva con respecto a la educación y a la instrucción y de opinión solamente en las penas y castigos. Pero sus anales o registros donde se consignen sus actas y deliberaciones, los principios morales y las acciones de los ciudadanos, serán los libros de la virtud y del vicio; libros que consultará el pueblo para sus resoluciones y los jueces para sus juicios. Una institución semejante, por más que parezca quimérica, es infinitamente más realizable que otras que algunos legisladores antiguos y modernos han establecido con menos utilidad de género humano.
Ciudadanos activos y ciudadanos pasivos
¡Legisladores! Por el proyecto de Constitución que reverentemente someto a vuestra sabiduría, observaréis el espíritu que lo ha dictado. Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcaza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las Asambleas primarias electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular evitando la concurrencia tumultuosa y ciega que en todos los tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha llevado por consiguiente el desacierto a los magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo.
Aumentando en la balanza de los poderes el peso del Congreso por el número de los legisladores y la naturaleza del Senado, he procurado darle una base fija a este primer cuerpo de la nación y revestirlo de una consideración importantísima para el éxito de sus funciones soberanas.
La unión y concordia de los Poderes
Separando con límites bien señalados la Jurisdicción Ejecutiva de la Jurisdicción Legislativa, no me he propuesto dividir sino enlazar con los vínculos de la armonía que nace de la independencia, estas potestades supremas, cuyo choque prolongado jamás ha dejado de aterrar a uno de los contendientes. Cuando deseo atribuir al Ejecutivo una suma de facultades superiores a la que antes gozaba, no deseo autorizar a un déspota para que tiranice a la República, sino impedir que el despotismo beligerante no sea causa inmediata de un circulo de vicisitudes despóticas en que alternativamente sea reemplazada la anarquía por la oligarquía o por la monocracia. Al pedir la estabilidad de los jueces, la creación de un jurado y un nuevo código, he pedido al Congreso la garantía de la libertad civil, la más preciosa, la más justa, la más necesaria, en una palabra, la única libertad, pues que sin ella las demás son nulas. He pedido la corrección de la más lamentables abusos que sufre nuestra judicatura, por ese origen vicioso de ese piélago de Legislación Española que, semejante al tiempo, recoge de todas las edades y de todos los hombres así las obras de la demencia como las del talento, así las producciones sensatas como las extravagantes, así los monumentos del ingenio como los del capricho. Esta enciclopedia judiciaria, monstruos de diez mil cabeza, que hasta ahora ha sido el azote de los pueblos españoles es le suplicio más refinado que la cólera del Cielo ha perdido descargar sobre este desdichado Imperio.
Prefiere el centralismo a la federación
Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que las guerras y la tiranía nos han dado, me he sentido con la audacia de inventar un poder moral, sacado del fondo de la obscura antigüedad y de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron algún tiempo la virtud entre los griegos y los romanos. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un pensamiento que, mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a ser muy eficaz.
Horrorizado de las divergencias que ha reinado y debe reinar entre nosotros por el espíritu sutil que caracteriza al gobierno federativo, he sido arrastrado a rogaros para que adoptéis el centralismo y la reunión de todos los estados de Venezuela en una República sola e indivisible. Esta medida, en mi opinión, urgente, vital, redentora, es de tal naturaleza que, sin ella, el fruto de nuestra regeneración será la muerte.
Mi deber es, legisladores, presentaros un cuadro prolijo y fiel de mi administración política, civil y militar; mas sería cansar demasiado vuestra importante atención y privaros en este momento de un tiempo tan precioso como urgente. En consecuencia, los Secretarios de Estado darán cuesta al Congreso de sus diferentes departamentos exhibiendo al mismo los documentos y archivos que servirán de ilustración para tomar un exacto conocimiento del estado real y positivo de la República.
Yo no os hablaría de los actos más notables de mi mando, si éstos no incumbiesen a la mayoría de los venezolanos. Se trata, señor, de las resoluciones más importantes de este último período. La atroz e impía esclavitud cubría con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes que amenazan un diluvio de fuego. Yo imploré la protección del Dios de la Humanidad, y luego la redención disipó la tempestades. La esclavitud rompió sus grillos y Venezuela se ha visto rodeada de nuevos hijos, de hijos agradecidos que han convertido los instrumentos de su cautiverio en armas de libertad. Si, los que antes eran esclavos, ya son libres: los que antes eran enemigos de una madrastra, ya son defensores de una Patria. Encareceros la justicia, la necesidad y la beneficencia de esta medida, es superfluo, cuando vosotros sabéis la historia de los ilotas, de Espartaco y de Haití; cuando vosotros sabéis que no se puede ser libre y esclavos a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles. Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o revocación de todos mis Estatutos y Decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.
Honores y recompensas
a los que hacen la guerra
Representaros la historia militar de Venezuela, sería recordaros la historia del heroísmo republicano entre los antiguos; sería deciros que Venezuela ha entrado en el gran cuadro de los sacrificio hecho sobre el altar de la libertad. Nada ha podido llenar os nobles pechos de nuestros generosos guerreros, sino los honores sublimes que se tributan a los bienhechores del género humano. No combatiendo por el poder ni por la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan sólo por la libertad, títulos de Libertadores de la República son dignos galardones. Yo, pues, fundando una sociedad sagrada con estos ínclitos varones, he instituido la Orden de Libertadores de Venezuela. ¡Legisladores! A vosotros pertenecen las facultades de conceder honores y condecoraciones; vuestro es el deber de ejercer este acto augusto de la gratitud nacional.
Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos los bienes que antes poseían como el producto de su virtud y talentos; hombres que han experimentado cuanto es cruel en una guerra horrorosa, padeciendo las privaciones más dolorosas y los tormentos más acerbos; hombres tan beneméritos de la Patria, han debido llamar la atención del Gobierno; en consecuencia, he mandado a recompensarlos con los bienes de la Nación. Si he contraído para con el pueblo alguna especie de mérito, pido a sus representantes oigan mis suplicas como el premio de mis débiles servicios. Que el Congreso ordene la distribución de los bienes nacionales, conforme a la ley que a nombre de la República he decretado a beneficio de los militares venezolanos.
Las pretensiones de España
Ya que por infinitos triunfos hemos logrado anonadar las huestes españolas, desesperada la Corte de Madrid ha pretendido sorprender vanamente la conciencia de los magnánimos Soberanos que acaban de extirpar la usurpación y la tiranía en Europa y deben ser los protectores de la legitimidad y de la justicia de la Causa Americana. Incapaz de alcanzar con sus armas nuestra sumisión, recurre la España a su política insidiosa; no pudiendo vencernos, ha querido emplear sus artes suspicaces – Fernando se ha humillado hasta confesar que ha menester de la protección extranjera para retornarnos a su ignominioso yugo, aunque todo poder es nulo para imponerlo. – Convencida Venezuela de poseer las fuerzas suficientes para repeler a sus opresores, ha pronunciado por el órgano del Gobierno su última voluntad de combatir hasta expirar, por defender su vida política, no sólo contra la España, si no contra todos los hombres, si todos los hombres se hubiesen degradado tanto, que abracen la defensa de un gobierno devorador, cuyos únicos móviles son una España exterminadora y las llamas de la Inquisición. Un Gobierno que ya no quiere dominio, sino desiertos; ciudades, sino ruinas; vasallos, sino tumbas. La declaración de la República de Venezuela es el Acta más gloriosa, más heroica, más digna de un pueblo libre; es la que con mayor satisfacción tengo el honor de ofrecer al Congreso, ya sancionada por la expresión unánime del Pueblo Libre de Venezuela.
La situación del Ejército
de Venezuela en 1819
Desde la segunda Época de la República nuestro ejército carecía de elementos militares; siempre ha estado desarmado; siempre le han faltado municiones; siempre ha estado mal equipado. Ahora los soldados defensores de la Independencia, no solamente están armado de la justicia, sino también de la fuerza. Nuestras tropas pueden medirse con las más selectas de Europa, ya que no hay desigualdad en los medios destructores. Tan grandes ventajas las debemos a la liberalidad sin límites de algunos generosos extranjeros que han visto gemir la humanidad y sucumbir la causa de la razón, y no lo han visto como tranquilos espectadores, sino que han volado con sus protectores auxilios y han prestado a la República cuanto ella necesitaba para hacer triunfar sus principios filantrópicos. Estos amigos de la humanidad son los genios custodios de la América, y a ellos somos deudores de un eterno reconocimiento religioso a las sangradas obligaciones que con ellos hemos contraído. La deuda nacional, Legisladores, es el depósito de la fe, del honor y dela gratitud de Venezuela. Respetadla como la arca santa que encierra no tanto los derechos de nuestros bienhechores, cuanto la gloria de nuestra fidelidad. Perezcamos primero que quebrantar un empeño que ha salvado la Patria y la vida de sus hijos.
Génesis de la Gran Colombia
La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un gran estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los colombianos; de hechos estamos incorporados. Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la inminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del Universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya le veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana. Ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro. Ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas de salud y la vida a los hombres dolientes del Antiguo Mundo. Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el Cetro de la Justicia, coronada por la gloria, mostrar al Mundo Antiguo la majestad de Mundo Moderno.
Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mia conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un Gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un Gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad.
Construida al comienzo de la segunda mitad del siglo dieciocho para Colegio de latinidad y primeras letras, ha sido, además, sede del Congreso de Venezuela, del "Correo del Orinoco", de la Vicaría Apostólica de la Diócesis de Guayana, Colegio Federal Liceo Peñalver, Colegio de Abogados, Tribunales de Justicia y Asamblea Legislativa. Después de su restauración se destinó a Museo de sitio y asiento de la Biblioteca Bolivariana. En la parte baja funciona el Archivo Histórico de Guayana.
Los bolivarenses, quizás más que el resto de sus connacionales, recuerdan fielmente cada año la histórica fecha del 15 de febrero de 1819 que dio inicio al Congreso autor de la forma constitucional y jurídica de una nueva República.
Decimos que "los bolivarenses más que el resto de sus connacionales" porque fue precisamente Ciudad Bolívar, la entonces Santo Tomás de la Angostura, asiento de todos los Poderes restaurados por ese segundo Congreso Constituyente de Venezuela reunido aquí hasta que la Carta Fundamental de Colombia dispuso el traslado de la Capital a la población de Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta, ya no como Congreso de Venezuela, sino como Congreso de la República naciente que unía a Venezuela, Nueva Granada y Quito.
El inmueble donde se reunió este Congreso se halla en el Cuadrilátero Histórico de la ciudad y se conserva intacto gracias a los trabajos de restauración realizados entre 1976 y 1978. Antes había sido declarado Monumento Público Nacional y venía y sigue siendo el edificio antiguo por el cual los guayaneses y visitantes de otros lares experimentan mayor respeto y veneración.
Según lo que hemos indagado y leído, el edificio en su construcción sigue una línea arquitectónica neo-clasista.
La casa fue construida en una de las partes altas de la ciudad durante la administración del gobernador de la Provincia de Guayana, Manuel Centurión Guerrero de Torres (1766-1776). Estaba prácticamente unida al edificio de la Real Hacienda y su patio se extendía hasta lo que es hoy la Escalinata, donde estaba instalada una campana traída de la antigua Santo Tomás de la Guayana. De allí su nombre anterior de "El Campanario".
En la construcción del inmueble, de dos niveles, siguiendo la topografía accidentada del terreno, se utilizó piedra del propio cerro El Vigía donde se halla, además de barro, madera y mollejones adquiridos en Las Antillas. La cubierta o techo era de tejas corridas sobre dos aguas, pero ésta fue sustituida en 1868, según decreto del gobernador Juan Bautista Dalla Costa Soublette que ordenaba su total reparación. Aparecieron entonces las hermosas azoteas moriscas que todavía conserva y adicionalmente una torre de estilo bizantino.
En 1896, cuando el edificio fue erigido en Universidad, volvió a ser reparado gracias a 30 mil bolívares acordados por el Congreso Nacional. Con ese dinero se compraron muebles, el púlpito del Paraninfo y varios bustos de filósofos y poetas griegos extrañamente desparecidos.
Durante la Guerra Federal sirvió de baluarte a las fuerzas del Estado y en 1903 fue habilitada para que funcionara en ella el Hospital Militar.
En 1974, siendo el doctor Domingo Álvarez Rodríguez, gobernador, decidió por cuenta del Estado la restauración total de la Casa debido a que se hallaba en progresivo deterioro. El arquitecto Graziano Gasparini dirigió los trabajos hasta 1979 que fue declarada Museo de Sitio por el Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez.
En el decenio del Gobernador Centurión, el edificio entró en servicio como Colegio de primeras letras y latinidad y en el mismo funcionaban también algunas dependencias del gobierno colonial. Quienes estudiaban allí, obviamente, eran los hijos varones de familias con cargos en la administración real o de cierto rango en la vida social angostureña. Pocos estudiantes, pues la población general era exigua.
En 1817, cuando los patriotas tomaron la ciudad de Angostura tras un prolongado sitio militar, el inmueble, uno de lo más cómodos y distinguidos de entonces, fue utilizado como sede del Gobierno Supremo y en enero de 1819 destinado al segundo Congreso Constituyente de Venezuela o Congreso de Angostura.
El Congreso de Angostura estuvo deliberando como tal, desde el 15 de febrero de 1819 hasta el 20 de Enero de 1820, cuando asumió sus funciones una Diputación Permanente. Durante ese lapso se ocupó primordialmente de aprobar la Constitución de Venezuela y otras leyes y finalmente, tras la victoria de Bolívar en Boyacá, la Ley Fundamental que crea la República unidad de Venezuela, Nueva Granada y Quito, con el nombre de Colombia.
La Diputación Permanente estuvo ocupando el inmueble hasta mayo de 1821 cuando se instaló el Congreso General de Colombia en la villa de Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta.
Como la Diputación Permanente era de pocos miembros y no requería de toda la estructura del inmueble, se destinó la parte de abajo con salida por la Calle Real (Calle Bolívar) para la reubicación de la imprenta donde se editaba el Correo del Orinoco. De manera que el hebdomadario de los patriotas reanudó su edición allí desde el No. 92, ya no impreso por Andrés Roderick sino por Tomás Bradshaw, quien apenas se sostendrá en el taller hasta el No. 99, pues a partir de la edición 100 aparece W. B. Stewart, asistido en la administración por Juan Bernad, quien vivía en la misma casa.
El Correo del Orinoco continuará editándose en la Casa del Congreso de Angostura hasta el 23 de marzo de 1822 cuando se extingue al separarse José Ucroz como gobernador de la provincia de Guayana. La Casa entonces es adquirida por la Diócesis y habilitada para que desde ella cumplan su actividad social y religiosa los Padres jesuitas enviados desde Bogotá a raíz de la muerte, ese año de 1822, del Vicario y Provisor, Remigio Pérez Hurtado.
El 27 de octubre de 1824, el Gobierno de Bogotá dicta un Decreto creando el Colegio Federal de Guayana y dispone como sede el Hospicio de los Padres Observantes (Convento de la Plaza Centurión), pero por estar en las afueras de la ciudad resultaba inconveniente. Receptivo el Gobierno de Colombia en atención a un pedimento, permutó a la Diócesis la Casa del Congreso, por el Convento. El avalúo del antiguo Convento fue de 26.243,49 pesos y el de la Casa del Congreso,12.715,37. De todas maneras, fue imposible instalar el Colegio por falta de recursos económicos y profesionales.
En 1830 todavía resultaba imposible instalar el Colegio, sobremanera por el conflicto de separación de Venezuela de la República de Colombia. Dada esta situación, Monseñor Mariano Talavera y Garcés al posesionarse como Administrador Apostólico de la Diócesis de Guayana, ocupó la Casa del Congreso para instalar allí la Vicaría Apostólica, la cual funcionó hasta que mediante una reformulación del decreto anterior, el Gobierno de José Antonio Páez dispuso la apertura del Colegio Federal de Guayana, el 24 de junio de 1840.
De suerte que la Casa del Congreso llegó a abarcar los tres niveles de la Educación: primaria, secundaria y universitaria. Hasta 1904 que el Presidente Cipriano Castro liquidó el nivel universitario, el Colegio había conferido 34 grados de bachiller en medicina; 19 grados de bachiller en derecho; 9 de bachiller en teología; 19 grados de doctor en medicina; 16 grados de doctor en derecho y 4 de doctor en teología.
El general Francisco Linares Alcántara, gobernador del Estado Bolívar, al final de la presidencia de Castro, dotó al inmueble de alumbrado con gas acetileno y ordenó la ejecución de los retratos al óleo de los próceres general Pedro León Torres, Fernando Peñalver, Eusebio Afanador y Juan Vicente Cardozo para colocarlos en el salón donde sesionó el Congreso de Angostura. Este decreto se cumplió durante la administración del general Arístides Tellería, según averiguamos en viejas gacetas del archivo de la Gobernación. Las pinturas fueron hechas por el artista Antonio Herrera Toro, quien cobró 2.600 bolívares. Otros gobernantes como el doctor Luis Godoy, siguieron llenando el salón del Congreso con óleos de los demás próceres venezolanos.
Al liquidarse el nivel universitario, el Colegio Federal continuó con el nivel secundario. El 15 de abril de 1937, el Gobierno Nacional sustituyó el nombre de Colegio Federal por el de Liceo Peñalver y con ese nombre permaneció en la Casa del Congreso hasta 1957 que fue reubicado en un edificio moderno construido en el sector conocido como Las Tinas.
Colegio de Abogados y Tribunales
Posteriormente la Casa sirvió de sede al Colegio de Abogados, a los Tribunales de Justicia y a la Asamblea Legislativa, instituciones que hoy tienen sedes propias.
En 1974 cuando el doctor Domingo Álvarez Rodríguez me pidió le sugiriera alguna obra importante que él pudiera realizar en beneficio de la ciudad. Le recomendé la restauración de la Casa del Congreso de Angostura que se hallaba en estado deplorable. Asimismo que rescatara la Laguna El Porvenir conforme a un proyecto dejado por Leopoldo Sucre Figarella y que prolongase el Paseo Orinoco hasta Los Coquitos. A Domingo Álvarez le brillaron los ojos y no lo pensó dos veces. Inmediatamente decretó la ejecución de esas obras. La Casa del Congreso fue sometida a un completo proceso de restauración con dineros del Estado, bajo la dirección de Graciano Gazparini y allí está con toda su magnificencia neoclásica, desde el 15 de febrero de 1978 que fue inaugurada junto con la Catedral de Ciudad Bolívar.
Aparte de su valor histórico, la casa en sí tiene un valor artístico que impacta al visitante. Sus espacios y niveles tan bien aprovechados, las azoteas moriscas desde las cuales se domina el paisaje del río, los patios internos, jardines, y el alto y frondoso Bálsamo de Tolú aromando el ambiente.
Sigue siendo la Casa de la ciudad más venerada y se mantiene activa a través del antiguo salón de sesiones parlamentarias, la sala de conciertos, la galería iconográfica de los próceres, la Biblioteca Bolivariana y el Archivo Histórico reubicado desde la Cárcel Vieja a la parte baja del inmueble, por supuesto, sitio inapropiado para conservar y estudiar expedientes con más de ciento cincuenta años de origen.
La entrada está llena de placas conmemorativas y en uno de los jardines hay una que da cuenta que en esa casa, siendo su padre rector del colegio, nació el ilustre romancero Héctor Guillermo Villalobos, quien fue Gobernador del Estado (1945-1946). Es cierto, los rectores del Colegio vivían allí con su familia y a falta de buenos hoteles en el siglo pasado, allí se hospedaron personalidades de tránsito como el explorador Francisco Michelena y Rojas, el novelista colombiano José María Vargas Vila y el poeta carupanero, fundador de El Universal, Andrés Mata.
[1] En el libro de actas no existe constancia de estas condecoraciones, pero sí en los periódicos que cubrieron los actos. En una nota asentada en la página 80 del libro citado dice que “no fueron asentadas las actas correspondientes a los números 34 (1989), 35 (1990) y 36 (1991) y la número 37 (1992) adolece de las firmas de los miembros del Consejo de la Orden. Las actas 35 y 36 no existen porque el Consejo de la Orden no fue convocado y, por lo tanto, no se otorgaron condecoraciones los años 1990 y 1991.
Publicado por Américo Fernández en 6:48 No hay comentarios:

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