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Timestamp: 2018-07-18 20:39:56+00:00

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La resolución para mujeres by Librería Bautista - Issuu
La Resoluciﾃｳn para Mujeres Priscilla Shirer
CONTENIDO DE MUESTRA MANUSCRITO SIN EDITAR DISEﾃ前 INTERIOR NO DEFINITIVO
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Copyright © 2011, Kendrick Brother’s Production, L. L. C. Todos los derechos reservados. Impreso en Estados Unidos de América. 978-1-4336-7465-5 Publicado por B&H Publishing Group, Nashville, Tennessee. A menos que se indique otra cosa, las citas bíblicas se tomaron de la Santa Biblia versión Reina-Valera 1960, © 1960 por Sociedades Bíblicas en América Latina. Usadas con permiso. Las citas bíblicas marcadas NVI se tomaron de la Nueva Versión Internacional, © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional. Usadas con permiso. El texto bíblico indicado con «NTV» ha sido tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Usado con permiso. EJEMPLARIO PROHIBIDA SU VENTA
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Í n dice La revolución de la Resolución
Parte I: Lo que soy 1. Satisfecha contra todo pronóstico La resolución de contentarme.
Solemnemente prometo aceptar esta etapa de la vida y aprovechar al máximo mi tiempo en ella. Prometo resistir el impulso de apresurarme o de evadir cualquier parte de mi travesía, y vivir con un espíritu de contentamiento.
2. Decidida a ser femenina
La resolución de defender la femineidad bíblica. Prometo defender el modelo divino para la mujer frente a una cultura posfeminista. Prometo enseñárselo a mis hijas y alentar a mis hijos a apoyar esta causa.
3. Fiel a mí misma
La resolución de valorarme y de celebrar a los demás. Prometo aceptar y estimar mi singularidad. Prometo apreciar y alentar las diferencias que admiro en los demás.
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4. Entregada a Él
La resolución de dedicarme a Cristo y permitir que su Palabra me defina. Prometo vivir como una mujer responsable ante Dios y comprometida fielmente con su Palabra.
Parte II: Lo que tengo 5. Lo mejor de mí
La resolución de dedicarme por completo a las prioridades de Dios para mi vida. Prometo tratar de entregar lo mejor de mi persona, de mi tiempo y mis talentos a las funciones primordiales que el Señor me ha confiado en esta etapa de mi vida.
6. Mi bendición
La resolución de apreciar a otros con mi tiempo, mi interés y toda mi atención. Prometo ser rápida para escuchar y lenta para hablar. Prometo interesarme en las inquietudes de los demás y no me tendré en mayor estima que la debida.
7. Mi perdón
La resolución de liberar a los demás de la prisión de mi dolor y mi enojo. Prometo perdonar a los que me hagan mal y reconciliarme con los que yo haya lastimado.
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8. Mi integridad
La resolución de vivir según las normas más elevadas de virtud y pureza. Prometo no tolerar influencias impías en mí ni en mi hogar, por más justificables que parezcan, sino que prometo abrazar y alentar una vida de pureza.
La resolución de demostrar interés. Prometo buscar la justicia, amar la misericordia y ser compasiva.
Parte III: Lo más importante para mí 10. Que mi esposo se sienta realizado
La resolución de ser una mujer amable que bendiga en gran manera a su esposo. Prometo honrar a mi esposo con mi conducta y mi conversación, para glorificar el nombre del Señor. Prometo aspirar a ser una compañera adecuada para ayudarlo a alcanzar el potencial que Dios le dio.
11. Amar a mis hijos
La resolución de formar a mis hijos en justicia. Prometo demostrar y enseñar a mis hijos a amar a Dios con todo su corazón, su mente y su fuerza, y prometo formarlos para respetar la autoridad y ser responsables.
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12. Vivir con gracia
La resolución de transformar mi hogar en un lugar acogedor. Prometo cultivar un hogar tranquilo donde se sienta la presencia de Dios no solo mediante actos de amor y servicio, sino también a través de mi actitud afable y agradecida.
13. Dejar un legado piadoso
La resolución de vivir el presente considerando el futuro. Me comprometo a tomar las decisiones de hoy teniendo en mente el impacto sobre el futuro. Prometo considerar mis decisiones actuales a la luz de los que vendrán después de mí.
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Resolución (sust.): a. acción y efecto de resolver o determinar una acción o modo de actuar, método, procedimiento, etc. b. estado mental o cualidad de estar resuelto o decidido; firmeza de propósito.
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La revolución de la Resolución Debo admitir que las resoluciones son un tema delicado para mí. Sinceramente, la palabra misma y su significado me incomodan un poco. Quizás, mi personalidad espontánea y despreocupada se ve ofendida por esta idea: comprometerme con ciertas decisiones que tendré que cumplir aun cuando haya decaído mi entusiasmo (y sé que lo hará). Planear algo por escrito y tener la responsabilidad de cumplirlo parece sumamente decisivo y concreto. Me asusta un poco. O quizás, el problema sea que muchas veces me propuse metas e hice promesas parecidas, pero no siempre las llevé a cabo. Resoluciones sobre la dieta y el ejercicio, el presupuesto y la planificación financiera, las prioridades y el equilibrio, o sencillamente completar una lista de cosas para hacer antes del final del día. Si fracasas muchas veces, no quieres volver a intentarlo. Y sin embargo, cerca de mediados de diciembre, muchos comenzamos a pensar en las resoluciones para considerar, aunque estos nuevos comienzos e ideales elevados solo representen un papel fugaz en el escenario de nuestra mente. Por distintas y variadas razones, algunos decidimos que no vale la pena hacer 1
el esfuerzo. Pero otros se arman de valor, se afirman y con tenacidad, se abren paso a través del año nuevo con una serie de planes a cuestas. Siempre me asombra la diligencia de los que cumplen sus promesas, ya sea en año nuevo o en cualquier otro momento. Y cuanto más tardan en aparecer los dividendos tangibles de su inversión, mayor es el impacto que me produce lo que lograron... y lo que yo logré al dedicarme a mis compromisos. Porque a pesar de que las condiciones me producen una reacción adversa al principio, valoro las resoluciones. Es más, las tomo todos los días. Tú también. Ahora mismo, por más que no lo veas, decides tratar a los demás de determinada manera, permanecer en ciertas actividades, vivir de determinada manera, ser cierta clase de persona y no otra. De cualquier forma, tomaste una decisión. Una declaración explícita o tácita. Hay una bandera distintiva sobre tu vida, escrita con la tinta de tus propias decisiones. Los demás pueden leerla, aun si tú no puedes. Ya eres una mujer de resoluciones. Te proporcionan tu identidad. Determinan la vida que tendrás y el futuro que construirás. Así que, como las resoluciones ya forman parte de nuestras vidas, la verdadera cuestión no es atrevernos a tomarlas, sino hacerlo de manera intencional. La bandera que flamea sobre nuestra vida y le anuncia al mundo quiénes somos debe decir lo que nosotras queremos, y producir cambios positivos en nosotras y a nuestro alrededor. De eso se trata este libro. 2
Siento la responsabilidad de decírtelo desde las primeras páginas. Quiero que sepas en qué te estás metiendo, en caso de que decidas no participar y cerrar la tapa del libro antes de seguir profundizando. No es una lectura de ocio. Es más, quizás para algunas no sea nada placentera. Lo más probable es que ciertas partes te resulten un tanto hostiles y te hagan sentir culpable. Cada capítulo que leas te obligará a decidir por sí o por no, si hacer algo o no hacerlo, si puedes o no puedes. La decisión es tuya. Mi oración en este momento es que decidas seguir adelante, porque estoy convencida de que vale la pena. Aunque las resoluciones no sean tu punto fuerte. Aunque estés en una relación con alguien que no respeta lo que haces y que no piensa tomar ninguna resolución personal. Aunque no estés demasiado convencida de que esto vaya a cambiar algo en tu vida. Aunque no tengas deseos de hacerlo ni tu trayectoria te respalde. Acompáñame en una travesía revolucionaria de resoluciones. Te aseguro que valdrá la pena. ¿Por qué? En primer lugar, esta resolución es para con Dios. A diferencia de la variedad de las de año nuevo, estas resoluciones se basan en principios que Dios mismo estableció. Son más que meras decisiones que tomas en tu cabeza; se sostienen por el poder del Espíritu Santo que te alienta, te consuela, te prepara y te da el poder y la fortaleza para llevarlas a buen puerto. En esencia, son Sus resoluciones para ti. En segundo lugar, esta resolución tendrá un impacto en tus seres queridos. Si estás casada, me refiero a tu esposo. Si eres madre, 3
me refiero a tus hijos. Si eres soltera, me refiero a tus amigos y tu familia. Aun si ninguna de estas personas parece admirar ni apoyar tus esfuerzos al tomar esta resolución, esto es entre tú y Dios, y tomarás decisiones según Su Palabra. El impacto profundo en tu vida se derramará sobre las experiencias de los que te rodean. A veces, el mayor milagro de todos es el que sucede en tu corazón, el cambio en ti, y luego te sorprende al filtrarse en las costuras y la tela de toda tu vida. Una persona cambiada puede producir un efecto increíble en su entorno. A medida que leas, quizás te sientas tentada a culpar a otros. «¿Y mi esposo? ¿Por qué él no quiere cambiar? ¿Por qué siempre es lo que yo tengo que hacer, en lugar de mi familia, mis hijos, mis compañeros de trabajo y mis amigos? ¿Acaso no son también parte de la ecuación?» Quizás sientas fastidio ante la aparente tendencia unilateral de algunas de las conversaciones que tendremos. Así que permíteme ser clara. Este libro tiene un enfoque preciso. Está diseñado con el propósito de no considerar las acciones (o la falta de acción) de los demás miembros de tu familia o de la gente que vive, trabaja y asiste a la iglesia contigo. No hablaré de tu esposo ni de cómo debería comportarse. Esto se trata de lo que tú harás y de lo que Dios hará en ti por Su gracia, a partir de hoy. Es la Resolución para MUJERES. Y en particular, para una mujer: Para ti. Lo único que necesitas saber es que en Su tiempo y diseño impecables, Dios trajo este libro a tu vida, para este momento en particular. Te llama a tomar la decisión difícil pero necesaria de enfrentar estos capítulos y los temas que presentan con una fuerte dosis de valentía, una disposición prodigiosa de mirar 4
hacia adentro en lugar de afuera, y la confianza firme en Su Espíritu, que te dará poder para llevar a cabo estas resoluciones, sin importar si tu cónyuge o los demás no quieren seguir tu ejemplo. Así que ahora mismo, en la tranquilidad de tu corazón, toma un momento para deleitarte. Vamos. Sabes que quieres hacerlo. ¡Ánimo! Celebra un poco. Felicita a la invalorable mujer que eres para encarar un libro como este, que exige nada menos que una respuesta radical del que lo lea. ¿Ya lo hiciste? Bien. Ahora, deja esto atrás y comencemos. Hay trabajo por hacer y resoluciones por tomar.
Sugerencias para la lectura Sé muy bien que rara vez la vida nos proporciona tres horas de tranquilidad y una manta para cubrirte el regazo. Esos momentos de dulce comodidad en general no están hechos para nosotras, sino para las fotos de catálogos y las fantasías. Así que intencionalmente escribí este libro con un ritmo que espero se adapte a tus realidades de lectura. Un poco aquí, un poco allá… cuando tienes algún momento libre. Espero que nunca lo levantes y te preguntes «¿Adónde estaba?», porque cada parte del libro es una nueva experiencia; un pensamiento inicial; nuevo para ti, justo para ese momento. Espero que leas este libro despacio y con determinación, no con la intención de terminarlo sino de participar en cada segmento. Así que al final de cada sección o capítulo breve, encontrarás algunas preguntas o conceptos para considerar; quizás 5
alguna aplicación práctica sugerida para que implementes. Te aliento a tomarte tu tiempo, quizás un día entre segmentos, para que puedas poner en práctica lo que estás leyendo dentro de los ritmos de tu propia vida. Una vez más, resiste el impulso de «terminar ya». En cambio, decide considerar con cuidado adónde estás parada respecto de cada sugerencia y principio bíblico, y luego dedica tiempo para practicar lo que resuelvas implementar en tu vida. Así es como una resolución se vuelve revolucionaria. Transformadora. Finalmente, las experiencias que tengamos en las páginas de cada apartado nos llevarán a un momento de decisión: a crear un nuevo compromiso de resolución. Una promesa. Una acción. Un propósito para envolver alrededor de nuestras vidas mientras seguimos siendo formadas a imagen de la voluntad y el deseo de Dios. Te pediré que leas la promesa en oración, que la digas en voz alta y que la firmes. También creo que sería bueno que consideres tomar estas resoluciones con tu familia presente o con un grupo de amigas piadosas que puedan ayudarte (mientras también las ayudas a ellas) a alcanzar todo lo que prometen estos compromisos. De ninguna manera prometes ser perfecta; en cambio, te comprometes a comenzar… a avanzar hacia donde te señala esa resolución en particular. No importa cómo te esté yendo en cada una de estas áreas, ni la etapa de la vida en que estés: el Señor siempre te llama y te desafía a crecer porque Su capacidad para traer más excelencia y abundancia a tu vida no tiene límite. Cuanto más crezcas, más podrá fluir Su poder a través de ti, para satisfacer tu corazón y transformar tu mundo. Es una revolución. Una que afectará tu vida por completo. 6
Y estoy segura, mi querida compañera de travesía, que en este lugar y a través de estas páginas, tu vida comenzará a cambiar en forma intencional. Con Dios. Con una entrega total. Entonces, ¿estás lista? ¡Vamos! Priscilla
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1. SATISFECHA CONTRA TODO PRONÓSTICO La resolución de contentarme.
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Cada bocado es importante «Será un buen año para ti, amiga. Treinta y seis es una edad fabulosa». Treinta y seis. Estábamos a finales de diciembre y estaba a punto de cumplir 36 años. Sentada a la mesa frente a una amiga que ya había dejado atrás esa década hace mucho tiempo, observé cómo le brillaban los ojos café, con un tinte de emociones recordadas. No sé por qué, pero algo de lo que dijo me impactó. Quizás fue la manera en que lo dijo. Tal vez fue la expresión de sus ojos, o la sonrisita que le asomaba en la comisura de sus pequeñísimos labios. No importa lo que fue pero me atrajo, captó mi atención, y se instaló en mi mente y mi corazón para considerar. Pensé en este cumpleaños desde su perspectiva. Varias veces habíamos hablado de los incidentes de su vida como veinteañera, las sorpresas que la habían interrumpido como treintañera, y la tranquilidad que la había tomado de la mano para guiarla hasta los 40. Hacía 25 años que estaba casada, había criado 3 hijos increíbles, y lidiado con los giros inesperados de la vida, que la mayoría de los que están a punto de cumplir 50 han experimentado. Se había desilusionado, había experimentado un gozo increíble, y ahora vivía una vida plena y repleta de amistades profundas y una fe aun más profunda. 13
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Y sentadas a la mesa navideña de aquel restaurante, mientras devorábamos un delicioso volcán de chocolate, mi amiga exhaló un profundo suspiro de mujer satisfecha. Se quitó el flequillo rubio de los ojos, levantó un poco la cabeza y me dijo que la etapa a la que yo estaba por entrar era buena, y que tenía que recibirla con expectativa y disfrutar sus bendiciones. Los hijos ya son un poco más independientes, el matrimonio unos años más maduro y el cuerpo todavía apunta bastante al norte. Sí, el recuerdo de ese año de su vida la hacía sonreír. Había sido bueno. Y luego de ese comentario sencillo, regresó a la delicia de chocolate. No debe de haber notado mi reacción. No vio cómo el peso de su comentario me golpeaba con toda su fuerza, como un jugador de béisbol que se balancea y golpea la pelota con ímpetu. Con un giro repentino de la muñeca, había hecho volar mi corazón por el campo abierto de la convicción. Su sugerencia, implícita en pocas palabras (la manera en que me proponía enfrentar esta nueva etapa de la vida) era completamente opuesta a mis tendencias naturales. Verás, soy la clase de persona que se adelanta a los acontecimientos, y a menudo realizo la actividad presente en forma mecánica, para llegar a la siguiente. Mi corazón y mi cuerpo no siempre comparten el mismo espacio. En lugar de saborear cada momento, cada año, cada oportunidad y cada paso del camino, no veo la hora de llegar a la próxima actividad, que siempre parece más atractiva que la presente. Casi nunca estoy del todo satisfecha con mi situación actual. Al hacer un rápido inventario mental, se hizo evidente que no había estado verdaderamente presente en muchas partes de 14
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mi vida. En la adolescencia, me había apurado con impaciencia por alcanzar la mayoría de edad. En la universidad, no veía la hora de estar en una relación comprometida y terminar de estudiar, para que la vida pudiera «comenzar al fin». Entonces, cuando llegó mi compañero para la vida, disfruté de los primeros años de matrimonio, pero a veces abrigaba descontento por nuestra falta de hijos. Y cuando comenzaron a llegar los hijos, las noches se hicieron largas y los días aún más largos, y me la pasaba orando para que la hora de irse a dormir llegara más rápido que el día anterior. Estuve presente todos esos años de mi vida como estudiante, esposa y mamá (como mujer), y sin embargo, tengo pocos recuerdos, pocos sentimientos que asocie con algunos de los momentos de la vida. ¿Por qué? Porque estuve allí, pero en realidad no. Y a punto de cumplir 36, comprendí que tampoco había participado del todo de ese último año. Es cierto, en general lo había disfrutado, pero no lo había absorbido, saboreado, valorado, celebrado ni apreciado por lo que fue: la única vez en la vida en que tendría 35 años. Ahora ya se terminaba, y tenía ante mí un año nuevo, lleno de todas las cosas, las personas, las situaciones, las relaciones y los hitos que lo transformarían en una experiencia singular: mi única oportunidad de ser la persona que sería a esta edad y en este momento. Solo ese año, mi esposo sería exactamente así. Solo durante esos momentos fugaces, mis hijos hablarían, lucirían y actuarían así. Y si decidía apurarme para evitar las partes que no me gustaban, también perdería todo lo que sí apreciaba de esta época. Reconocí que al apresurarme por la vida, sutilmente había menospreciado a los que me rodeaban y las experiencias que me tocaron, al no estimar la importancia y el valor que traían a 15
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mi vida en ese momento, y al no asumir mi responsabilidad de valorar y tratar bien estos regalos que Dios me confió. En lugar de abrazar el privilegio de ser una bendición para mi esposo, mis hijos, mis amigos y los demás, les había comunicado en forma tácita que quería que cambiaran y se apuraran para ser otra persona, alguien que se ajustara más a lo que yo deseaba y necesitaba, para seguirme a toda marcha a un lugar donde me hicieran más feliz que ahora. Así fui hasta hoy. Siempre con los ojos puestos en el próximo momento, el próximo mes, el próximo acontecimiento, y casi nunca permitiéndome el privilegio de participar y disfrutar plenamente lo que sucedía en el presente. Y con el último bocado del postre más revelador que jamás había comido, comprendí que ese sentimiento tenía nombre: descontento. Toca a tu puerta al igual que la mía, ansioso por entrar y ponerse cómodo. Pero en lugar de hacer visitas cortas y esporádicas, se instala y desparrama su equipaje por todas partes, llenando espacios que pensaste que habías guardado con llave contra este odioso intruso. Entra. Se queda. Te roba tus años. Y cuando te das cuenta, perdiste las alegrías de la vida, el crecimiento que viene de combatir las dificultades, la experiencia dulce y agradable de crear recuerdos. Salí de mi trance momentáneo y miré mi plato. Ya no quedaban más bocados. Solo un poco de jarabe de chocolate adornaba el fondo, con algunas migas de bizcocho esponjoso y unas gotitas de crema batida. Con una nueva determinación, comencé a raspar todo lo que podía salvar, porque no quería dejar atrás ninguna parte de esta deliciosa experiencia. Mmmmm. Valió la pena el esfuerzo. Fue tan sabroso como el primer bocado. 16
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Me alegra no haber dejado nada en el plato. Prometí no volver a perderme nada en mi vida. ¿Qué dice la Biblia sobre el contentamiento? •	«La verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene» (1 Tim. 6:6, ntv). •	«Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos» (1 Tim. 6:8, ntv). •	«Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré» (Heb. 13:5). ¿Qué has estado pasando por alto? ¿Adónde querías llegar con tanta prisa? ¿Qué partes buenas de tu experiencia perdiste en el intento de evitar las difíciles? ¿Qué puedes cambiar hoy para «raspar el plato» (juntar todo lo bueno que te rodea) y comenzar a disfrutar tu vida?
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El secreto A mis hijos les gustan los secretos. Es más, tenemos un juego que se centra en ellos. A veces, cuando vienen sus amigos, formamos una fila. El que está al frente le susurra un secreto al que está detrás y el diálogo misterioso va de uno al otro hasta llegar al final. Casi siempre, lo que el primer participante le comunicó al segundo se malentiende, malinterpreta o se manipula de alguna manera en el trayecto. Por alguna razón, el mensaje nunca se traduce con claridad hasta el final. Y según nuestra posición en la fila como mujeres hoy en día y en esta cultura, creo que nos ha sucedido lo mismo. Lo que escuchamos que debería ser el secreto de nuestra satisfacción parece totalmente distinto del que se pronunció originalmente, siglos atrás. Hoy, escuchamos una filosofía de la felicidad que en realidad nos prepara para no ser felices. Dice que siempre hay otra cosa, algo más, algún otro requisito adicional que necesitamos antes de poder disfrutar de la vida como se debe. Entonces, las publicidades nos bombardean con sugerencias, nos cargan con recomendaciones para abrirnos el apetito y tentar nuestras papilas gustativas, alentándonos a deshacernos de lo viejo y adquirir lo nuevo, a estar insatisfechas con lo que ya tenemos. Si eres soltera, deberías tener la seguridad del matrimonio. Si eres casada, deberías tener la libertad de la soltería. 19
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Si vives en un departamento, ya sería hora de que tengas una casa. Si tienes una casa, debería ser más grande que la que ya posees. ¿Entiendes el mensaje? Tu ropa debería ser de esta marca. Tienes que arreglarte según esta moda. Tus hijos deberían parecerse más a esos niños. Tu éxito debería medirse según estas normas. Las consecuencias son inevitables. Con una dieta constante de deseos sin cumplir, no podemos evitar desarrollar cierto desprecio por nuestras circunstancias actuales. Atrapadas en este círculo vicioso, nos sentimos incompletas y deficientes. Infelices. Descontroladas. Descontentas. Insatisfechas. Precisamente por esto, una mujer satisfecha es algo tan inusual. Llama mucho la atención en un mundo que vive con una versión aguada del secreto... un secreto del cual ella conoce la verdad. Es evidente por su paz y su serenidad, su consuelo y su tranquilidad, por la misteriosa soltura que la acompaña. Su mera presencia deja un aire fresco en cualquier lugar adonde está, y todos pueden percibirlo. La rareza y la singularidad de una mujer que ha decidido contentarse con lo que tiene, con quién es y con su lugar en el mundo es algo tan inusual y digno de celebración como una nevada navideña en medio del desierto. Ella captó el susurro suave de un secreto trasmitido de generación en generación, y ha decidido confiar en esa sabiduría para construir su vida. Es una mujer de sustancia porque está satisfecha: ha escogido el contentamiento sobre el descontento. 20
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Igual que la persona que pronunció por primera vez este secreto. El contentamiento no era un regalo singular que el apóstol Pablo había recibido. No era una faceta automática de su personalidad. Era una habilidad que había escogido y adoptado, y luego la había dominado y aplicado a su turbulenta experiencia de vida. Como resultado, pudo decir con seguridad bíblica: «He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Fil. 4:11). Aprendió. Lo comprendió. Adquirió la habilidad. Desarrolló la disciplina. Perfeccionó la capacidad. Y todo comenzó con un «secreto» (v. 12): un misterio inalterable aun cuando las circunstancias externas no fomentaran una tranquila sensación de bienestar. Conocía bien la desilusión y la escasez. Sus enemigos lo habían golpeado, apedreado y acosado. Es más, cuando escribió estas palabras a los cristianos de la antigua ciudad macedonia de Filipos, estaba en la cárcel: se enfrentaba a la muerte y soportaba las circunstancias más extremas que podríamos imaginar. Nada le salía bien. No tenía una negación. Sin problema, admitió que no veía un buen pronóstico. Tampoco se refugió detrás de la persecución ni actuó como un mártir, intentando hallar satisfacción al saber que sufría más que los demás. Sencillamente, sabía un secreto. Esto le dio paz y serenidad frente a sus funestas dificultades... el mismo secreto al que podemos aferrarnos cuando todo va de mal en peor, o quizás simplemente cuando la situación no es la que escogeríamos. Es 21
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la clave para inundar el corazón con la alegría que permanece en el interior sin importar lo que suceda en el exterior. ¿El secreto de Pablo? Había resuelto contentarse. He aprendido a estar contento con lo que tengo. Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas. (Fil. 4:11-13, ntv) La palabra griega que utilizó Pablo en el versículo 11 para contento se refiere a una suficiencia interior: la satisfacción que se encuentra en la profundidad de la vida personal con Dios, independiente de factores externos. Cuando se descubre y se utiliza, la suficiencia de este «secreto» puede traer una plena medida de deleite y estabilidad emocional a cualquier experiencia, sin importar cuán monótona o inquietante parezca. No solo para Pablo. Para ti. Para mí. Y eso coloca a mujeres como nosotras en una posición de extrema libertad. Cuando llegas a la conclusión de que lo que ya tienes es suficiente y adecuado (y Dios lo considera suficiente), tienes las herramientas y el poder para participar de lleno en las tareas que tienes por delante en esta etapa de la vida. Pablo lo describió así: «Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra». (2 Cor. 9:8) 22
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Una cosa lleva a la otra. Cuanto más crees que la gracia de Dios abunda para ti, más convencida estarás de que siempre tendrás lo que necesitas. Y cuanto más segura estés de que nada te faltará, más dispuesta estarás a entregar tus recursos y tu tiempo cuando sea necesario, porque sabrás que Dios siempre repondrá tu reserva. Que no te quepa duda. Dios te otorgará lo que necesites para sobresalir en Sus propósitos. Así que si no tienes eso (sin importar lo que sea), será porque no lo necesitas. Quizás lo quieras, pero no es necesario para lograr lo que el Señor considera importante para tu vida hoy. De lo contrario, ya te lo habría dado. Te ama demasiado y «no quitará el bien a los que andan en integridad» (Sal. 84:11). Dios da o retiene por razones específicas: razones que quizás solo Él conoce, pero puedes tener plena confianza de que es lo mejor. Para cada decisión que debas tomar, cada tarea que tengas que emprender, cada relación que necesites desarrollar y cada elemento de la vida diaria que tengas que atravesar, Dios ya tiene preparada una dosis de Su gracia, equivalente o aun mayor. Si no lo crees, no estás apreciando adecuadamente lo que tienes o estás haciendo algo que no es para este momento. Es fácil de divisar a aquel que cree vivir con carencias. Es mezquino con su tiempo. Acapara sus recursos. No comparte su energía. No está dispuesto a sembrar en las vidas de los demás porque teme que sus recursos no alcancen para él; que no haya suficiente tiempo, energía, talento, dinero, capacidad ni paciencia. Es como mi hijo de dos años, que no quiere compartir con sus amigos por temor a quedarse sin nada. No obstante, cuando actuamos así, lo que Pablo señala como «toda buena obra» (las tareas y las relaciones verdaderamente 23
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importantes en la vida, las que prometen bendición para nosotros y los demás) queda sin hacer. No podemos participar por completo, mucho menos sobresalir en algo, si sentimos que no tenemos la cantidad, la marca o la clase adecuada de recursos para hacerlo en primer lugar. Así que la «obra» queda sin nuestra participación, y nos perdemos las muchas maneras en que esa «obra» puede tocarnos: el impacto, los recuerdos, las lecciones y las experiencias que Dios entreteje como parte fundamental de nuestra historia. Dios ya dio suficiente. Siempre lo hace. Y si escogemos reconocerlo y confiar en Su suministro continuo, podremos disfrutar de la vida como nunca antes. Por fin viviremos con plenitud. Has hallado el secreto. Ahora puedes trasmitirlo. La mujer satisfecha conoce sus necesidades y lo que Dios ya proporcionó para satisfacerlas. Comienza tu travesía de contentamiento haciendo una lista. De un lado, escribe «mis necesidades». Del otro, «la provisión de Dios». Luego, asocia tus necesidades con la manera en que Dios las está cubriendo. Coloca la lista en un lugar accesible, para los momentos en que te veas tentada a inclinarte al descontento. ¿Qué querrá formar Dios en tu carácter o cimentar en tu relación con Él al mantenerte lejos de algunas de las cosas que quieres pero no tienes aún?
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La bendición que desborda Den, y recibirán. Lo que den a otros les será devuelto por completo: apretado, sacudido para que haya lugar para más, desbordante y derramado sobre el regazo. La cantidad que den determinará la cantidad que recibirán a cambio. (Lucas 6:38, ntv) «Utilizar medidas exactas». Así dice la receta. Con énfasis en la palabra «exactas». Recibí una lista de instrucciones de parte de una amiga que no solo compartió su técnica para hornear el mejor pan que haya probado, sino que también me dio un frasco de «iniciador» para pan, que guardé en el refrigerador. Ahora tenía la oportunidad de ver si podía alcanzar sus habilidades. Quería sorprender a mi familia con pan casero. Esa clase de pan casero. Como el de ella. Una vez a la semana, saco el iniciador de la heladera: una mezcla líquida y burbujeante que sirve como base para este pan increíble. Luego, despliego el papelito arrugado que me entregó y sigo con cuidado las instrucciones. Me dijo que eran sumamente importantes. Vaya si tenía razón. Este pan es temperamental. Tiene un problema de carácter. 25
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No sé bien qué lo dispara, pero un pequeño error en el proceso de preparación puede evitar que la masa se levante o que alcance un dorado perfecto en el horno. Hay que tener cuidado. Con el tiempo, mis hijos comenzaron a ayudarme: traen un taburete hasta la encimera, ansiosos por ensuciarse las manos en el proceso de amasado. Pero antes de amasar, hay que añadir harina. Seis tazas, para ser exacta. Y estas medidas sí que deben ser exactas. Ahora puedo confiarle este paso a mi hijo de seis años, quien ha visto con sus propios ojos la clase de cambios de humor que puede mostrar una hogaza cuando se le añade demasiada o muy poca harina. Él ha transformado este paso en una ciencia... una ciencia digna de Lucas 6:38: «una medida llena, apretada, sacudida» (nvi). Introduce el utensilio en la bolsa de harina y recoge «una medida llena»; una porción nada escasa. Por fortuna, mantiene la taza medidora sobre la bolsa, porque la harina se desborda por los costados. Pero como sabe que necesita la cantidad justa para añadir a los demás ingredientes, preparados ya en otro recipiente, sostiene bien el mango con sus deditos y «sacude» con suavidad la taza. Ya le expliqué que esto elimina las burbujas de aire que pueden formarse debajo, ocupando espacio que puede llenarse con harina. Al sacudir lo suficiente, se asegura de utilizar bien toda la taza para este propósito. Por último, coloca la otra mano sobre el montículo y le da golpecitos para asegurarse de que quede «apretado». Inevitablemente, descubre que la taza ahora puede contener más que antes. Entonces, vuelve a añadir harina y la nivela hasta determinar que ya no entra más. Luego, vierte la medida en el tazón de mezcla. 26
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Seis veces repite este proceso. Saca con la taza, sacude, aprieta. Saca con la taza, sacude, aprieta. A su ilustración solo le falta una parte de las instrucciones bíblicas: la que nos insta a escoger cada día el contentamiento sobre el descontento: «una medida llena, apretada, sacudida y desbordante» (nvi). Al parecer, la receta de Dios para dar no tiene nada de exacta. Sus bondades son abundantes. No mezquina Su benevolencia, y es generoso con Su suministro. Promete que tendrás suficiente. Más de lo que piensas. Cuando das, Él promete volver a llenarte con más de lo que tenías al principio. No solo una medida llena, no solo una medida apretada y sacudida (una medida justa, como la que mereces), sino una desbordante, que su recipiente no puede contener. Es una razón para contentarse y estar dispuestas a sembrar en las vidas de otros… no solo por lo que ya tienes, sino también porque sabes que Dios siempre te dará mucho más de lo que invertiste. Cuando tiene que dar de su tiempo, su amor y sus recursos (de sí misma), la mujer satisfecha sabe que posee suficiente como para hacerlo. Y espera con ansias experimentar la promesa del beneficio extravagante por su inversión. Imagino lo que debes estar pensando, porque yo también lo he pensado… •	«Mi nivel de energía es demasiado bajo». •	«Mi ‘tanque de amor’ está casi vacío, estoy a punto de quedar varada». •	«Apenas es martes y ya usé mi cuota de paciencia para la semana». •	«Mi billetera está más vacía de lo que recuerdo y mis necesidades económicas no han desaparecido». 27
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Sin embargo, cuando sientes que ya no te queda nada que valga la pena ofrecer, o cuando tu situación te permite sentirte justificada para no participar, invariablemente escucharás que el Señor te susurra… «Dad, y se os dará». Y Él no escatimará los beneficios para reponer tu medida. No removerá el exceso ni se atendrá a una medida «exacta». Te proporcionará una porción abundante y más allá de lo justificado. Sacudirá y apretará, sacudirá y apretará, para asegurarse de que no queden burbujas de aire en el espacio reservado para Su bendición. Y entonces, apilará Su favor y Su gracia en un montón tan alto que desbordará por los costados, más de lo que puedas contener. Tus manos y tu corazón intentarán tomar cada bocado que caiga de tu recipiente lleno, pero habrá demasiado. Gracias a Dios por tu regazo. Allí caerá la abundancia que no puedes juntar de otra manera, el excedente para el que no hay espacio. Y no termina nunca. Es la recompensa para la mujer resuelta a contentarse. Entonces, «den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante». Al parecer, la mejor manera de obtener más de lo que necesitas es entregar lo poco que crees que te queda. La mejor manera de estar satisfecha contra todo pronóstico es liberarse en forma irracional para servir desde tu aparente carencia. Así que toma la resolución de contentarte. Luego, mira al cielo con anticipación santa, y siéntate con la falda recogida en pliegues y envuelta alrededor de tu regazo, lista para atrapar lo que desborda en los gratos espacios que has creado. Vive este momento. Entrégate por completo. Exprime la experiencia de 28
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cada valioso día. Y prepárate para la bendición desbordante de Dios. ¿Tu disposición de dar de ti misma revela contento o descontento en tu corazón? No te apures a pasar a la siguiente sección. Según las provisiones de Dios que enumeraste al final del último capítulo, ¿qué podrías hacer por alguien al cerrar este libro, utilizando ese recurso?
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El punto de equilibrio Espero que se te hayan abierto los ojos para comprender cuántas necesidades Dios ya satisfizo en tu vida, que tú ignorabas. Sin embargo, sé bien que tu lista de deseos sin cumplir puede todavía ser extensa. Así que este llamado de advertencia a vivir satisfecha con lo que Dios ya te dio puede parecer una derrota admitida... resignarse al statu quo, a una vida mediocre. Quizás parezca que escoger contentarse es lo mismo que reprimir tus deseos y silenciar tus futuras aspiraciones, dejar de anhelar más. Por el contrario, el contentamiento es el equilibrio entre el disfrute de la vida actual y la anticipación de lo que vendrá. Evita que nuestros deseos se salgan de su cauce. Es la clave para liberarte de la esclavitud de los anhelos desenfrenados que crecen en el corazón e inevitablemente comienzan a controlar tu vida, haciéndote esclava de lo que no tienes en lugar de participar plenamente de lo que sí tienes. Es creer con fe que lo que Dios te ha otorgado ahora es digno de tu gratitud y valoración, no solo porque es suficiente sino porque es bueno. Al escoger contentarte, no arrojas por la borda tus deseos; simplemente exiges que se ajusten a una posición adecuada y humilde en tu vida, en lugar de controlarte como un dictador tirano que te obliga a someterte a su creciente y siempre cambiante lista de exigencias. Significa que ya no dejas que tus 31
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ilusiones y aspiraciones te controlen y te impidan utilizar plenamente lo que tienes y ser agradecida, incapacitándote para disfrutar de esto porque a Dios no le pareció darte otra cosa. Tomar esta resolución de contentarte te dará la oportunidad de esperar el futuro con paz, tranquilidad y un nivel adecuado de anticipación, en lugar de la frustración y la prisa que a menudo acompañan nuestros vistazos al futuro. Será tu pasaje para vivir con objetivos y ambiciones inspirados en Su voluntad inmensa y asombrosa, sin tener que sacrificar la bendición de hoy. Al permanecer satisfecha contra todo pronóstico, recibes lo mejor de los dos mundos. Te permites disfrutar plenamente de lo que tienes, de la persona que eres y de tu vida actual, mientras albergas los sueños que te ayudan a crecer y a extenderte hacia el futuro. Así que la empresaria puede saborear los logros de hoy mientras mantiene altas expectativas para mañana. El ama de casa aprende a florecer en medio del glorioso caos de las tareas de hoy mientras con calma y paciencia, anhela el ritmo más tranquilo que traerá el futuro. La mujer soltera puede disfrutar de su independencia (no solo fingir que lo hace) y considerar con el mismo entusiasmo la posibilidad de compartir la vida con alguien. No tiene por qué abandonar la esperanza de casarse ni dejarse llevar por los matices deprimentes de la autocompasión y la soledad. Es un equilibrio. Un equilibrio santo. Una gratitud genuina por lo que trae el día de hoy, mientras se mantiene una anticipación controlada por lo que puede traer el mañana. Es el lugar seguro y saludable donde el contentamiento te permite arraigarte e instalarte. En lugar de dejar que el 32
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descontento descontrolado te manipule, y que la ansiedad te empuje a decisiones, relaciones y oportunidades que al principio no comprendes que son defectuosas, el contentamiento mantiene tu claridad mental. Te da paz, firmeza y serenidad. Puedes estar feliz de estar aquí, y cuando Dios lo disponga, feliz de estar allí. Es una resolución de estar satisfecha. Es una resolución que te cambiará la vida. Vuelve a leer tus respuestas y comentarios a las preguntas en esta sección. Luego, lee la resolución que estás por hacer. Ora al respecto. Siéntate a considerarla un momento. Descansa en ella. Aun si los desafíos y las exigencias de la vida te han dejado exhausta, toma un momento para respirar profundamente y saborear lo que Dios te invita a hacer, lo que te pide que entregues y lo que promete proporcionarte para lograrlo. Cuando estés lista, toma esta resolución en voz alta, quizás incluso en presencia de alguien que pueda ayudarte a cumplirla. Luego, fírmala.
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Satisfecha contra todo pronóstico Decidiré aceptar esta etapa de mi vida y aprovechar al máximo mi tiempo en ella. Resistiré el impulso de apresurarme o de evadir cualquier parte de mi travesía, y viviré con un espíritu de contentamiento.
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En La Resolución para Mujeres, obra escrita en cooperación con la película Reto de Valientes (de los productores de la película A Prueba de...

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