Source: https://monsieurdevillefort.wordpress.com/category/politica/
Timestamp: 2017-07-21 10:48:48+00:00

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Política | MONSIEUR DE VILLEFORT
EL INFORME DEL FBI-CIA-NSA SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE 2016.
El día 6 de enero de 2017 se produjo un acontecimiento que en España pasó desapercibido, quizá porque hoy en día constituye un mero formalismo: en el Congreso de los Estados Unidos, reunido en sesión conjunta, tuvo lugar recuento de voto compromisario, de tal manera que el legislativo certificó oficialmente que el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos será el magnate Donald Trump. No es casualidad que ese mismo día se haya hecho público parte del informe elaborado conjuntamente por las tres agencias federales estadounidenses con responsabilidades en materia de seguridad interior (la Oficina Federal de Investigación –F.B.I.-, la Agencia Central de Inteligencia –C.I.A.- y la Agencia de Seguridad Nacional –N.S.A-), y que lleva por título Assessing Russian Activities and intentions in Recent US Elections. Veamos lo que dice, y lo que no dice, dicho informe.
CONTENIDO DEL INFORME Y CUESTIONES FUNDAMENTALES A TENER EN CUENTA.
I.- ESTAMOS ANTE UNA VERSIÓN ABREVIADA O SINTÉTICA, Y NO ANTE EL INFORME COMPLETO. Para empezar, ha de tenerse en cuenta que el documento hecho público y que manejan los medios de comunicación no es la versión íntegra, sino un resumen o versión abreviada del mismo, como se deja bien claro en la frase que consta en el encabezado de veintiuna de las veinticinco páginas que lo integran: “This report is a declassified versión of a highly classified assessment; its conclusions are identical to those in the highly classified assesment but this versión does not include the full supporting information on key elements of the influence campaign” (El presente informe es una versión pública de uno altamente clasificado; sus conclusiones son idénticas a la versión clasificada, pero la presente no incluye toda la documentación probatoria relativa a elementos claves de las maniobras de influencia). Ya tenemos, pues, una advertencia inicial: parece constatar la existencia de una campaña tendente a influir en las elecciones presidenciales, pero se pide del lector un ejercicio de fe política, dado que no se incluyen todos los elementos probatorios aunque, eso sí, las conclusiones son las mismas en el informe completo.
II.- OBJETO DEL INFORME: DELIMITACIÓN POSITIVA Y NEGATIVA. A la hora de concretar el objeto del análisis, el mismo se delimita tanto positiva como negativamente:
1.- La delimitación positiva, es decir, lo que el informe analiza: “It covers the motivation and scope of Moscow´s intentions regarding US elections and Moscow´s use of cyber tools and media campaigns to influence US public opinion” (Abarca los motivos y el objeto de las intenciones de Moscú en relación a las elecciones estadounidenses, así como el uso de medios informáticos y campañas mediáticas para influir en la opinión pública americana). Ello permite al lector ya una conclusión: parece ser que las acciones de Moscú a la hora de influir en las elecciones tienen un carácter más mediático que otra cosa, pues su intención última es “influir en la opinión pública americana”. La influencia rusa no sería, pues, directa, sino mediata, es decir, orientando al electorado a través de los medios de comunicación.
2.- La delimitación negativa: “We did not make an assessment of the impact that Russian activities had on the outcome of the 2016 election. The US Intelligence Community is charged with monitoring and assessing the intentions, capabilities, and actions of foreign actors; it does not analyze US political processes or US public opinion.” (No se hace una valoración del impacto de las actividades rusas en el resultado de las elecciones de 2016. La inteligencia estadounidense ha monitorizado y valorado las intenciones, capacidades y acciones de elementos foráneos, pero no analiza los procesos políticos ni la opinión pública estadounidense.) Ante lo cual uno se pregunta: si no entra a valorar la influencia de las actuaciones rusas en el resultado de las elecciones, ni la opinión pública norteamericana, ¿cómo es que los medios de comunicación españoles propalan alegremente la decisiva influencia de los ciberataques rusos en la victoria de Donald Trump?
III.- FUENTES UTILIZADAS. Nada mejor que transcribir el siguiente párrafo: “Some of our judgments about Kremlin preferences and intent are drawn from the behaviour of Kremlin-loyal political figures, state media and pro-Kremlin social media actors, all of whom the Kremlin either directly uses to convey messages or who are answerable to the Kremlin.” (Algunas de nuestras conclusiones relativas a las preferencias del Kremlin se extraen del comportamiento de dirigentes políticos leales al Kremlin, medios estatales y personalidades sociales pro-rusas, bien por ser utilizadas directamente como emisores del Kremlin o por responder ante éste). Es decir, que el informe parte de un análisis exclusivamente de políticos y medios leales a Rusia.
IV.- TESIS PRINCIPALES DEL INFORME. A continuación, tras exponer el objeto y las fuentes, se adelantan las conclusiones del informe, y estas pueden circunscribirse a tres afirmaciones básicas:
1.- “Russian efforts to influence the 2016 US presidential election represent the most recent expression of Moscow´s longstanding desire to undermine the US-led liberal democratic order, but these activities demonstrated a significant escalation in directness, level of activitity and scope of effort compared to previous operations.” (Los esfuerzos de Rusia para influir en las elecciones presidenciales de 2016 suponen la expresión más reciente del muy asentado deseo de socavar el orden democrático liberal estadounidense, pero estas actividades muestran una significativa escalada en cuanto a forma directa, nivel de actividad y objeto de esfuerzo, si se compara con operaciones anteriores). Aquí en principio el lector debería sentir cierta perplejidad, puesto que se reconoce abiertamente que no es la primera vez que Rusia intenta influir en las elecciones presidenciales americanas, pues de ser así no se hablaría de “longstanding desire” ni de “previous operations”. En definitiva, que no hay nada nuevo bajo el sol, sino que lo novedoso es la intensidad de la intervención. Hasta aquí lo que el informe dice. Lo que no dice, y que cualquier persona con un mínimo de sentido se plantearía a la vista de dicha afirmación es ¿Cuáles fueron esas “operaciones anteriores” y los beneficiarios de las mismas? Por centrar algo más el asunto ¿Quiénes fueron los candidatos a quienes Rusia apoyó en las cuatro últimas elecciones presidenciales?
2.- “We assess Russian President Vladimir Putin ordered an influence campaign in 2016 aimed at the US presidential election. Russia’s goals were to undermine public faith in the US democratic process, denigrate Secretary Clinton, and harm her electability and potential presidency. We further assess Putin and the Russian Government developed a clear preference for President-elect Trump” (Afirmamos que el presidente ruso Vladimir Putin ordenó una campaña tendente a influir en las elecciones presidenciales de 2016, con el objetivo de minar la confianza pública en el proceso democrático, denigrar a la Secretaria Clinton y dañar su imagen y potencial presidencia. Afirmamos igualmetne que Putin y el gobierno ruso manifestaron una clara preferencia por el presidente electo Trump). Esta afirmación bien merece una serie de comentarios:
A.- Resulta que el objeto de los ataques rusos tenían un objeto mucho más amplio que influir en los resultados electorales, dado que su objetivo principal (el informe lo sitúa en primer lugar) era “minar la confianza pública en el proceso democrático”. El ataque iba, pues, contra lo que antaño se denominaba “american way”.
B.- Respecto a denigrar la imagen de Hillary Clinton. En este sentido, cualquier persona en su sano juicio debería concluir que en este punto la campaña se saldó con un rotundo fracaso, pues es un hecho público y notorio que el noventa por ciento de los medios de comunicación norteamericanos y casi idéntico porcentaje de los europeos (el porcentaje en nuestro país alcanzó el cien por cien) eran escandalosa y abiertamente favorables a la candidata demócrata. Además, cualquier persona con un mínimo conocimiento de la política americana sabe que Hillary Clinton es una de las personas más odiadas incluso en el seno de su propio partido. Ya en el año 2008 se estrenó un documental, titulado Hillary: The Movie (que, por cierto, acabó siendo el detonante de la célebre sentencia Citizens United v. Federal Election Commission) abiertamente crítico con quien entonces era una simple aspirante a alcanzar la nominación demócrata para ser candidata de dicho partido a la Casa Blanca. Nadie se escandalizó, porque es normal que en la lucha política se trate de abatir a los rivales, y quizá tuvo no poco que ver que en aquel entonces el perjuicio a Hillary Clinton conllevaba necesariamente un beneficio para Barack Obama, el candidato oficial de los medios de comunicación estadounidenses y europeos. Pero, en resumen, que Hillary Clinton no precisaba de una campaña rusa que empañase su imagen, pues, insistimos, era una de las personas más odiadas incluso entre los propios demócratas.
3.- Existe en el informe una afirmación inquietante: “Russian intelligence obtained and maintained access to elements of multiple US state or local electoral boards. DHS assesses that the types of systems Russian actors targeted or compromised were not involved in vote tallying.” (La inteligencia rusa logró y mantuvo acceso a elementos de múltiples juntas electorales estatales y locales americanas. Sin embargo, el DHS concluye que el tipo de sistemas que los agentes rusos utilizaron o comprometieron no intervinieron en el recuento electoral). En otras palabras, que se reconoce la labor de captación que los servicios de espionaje rusos efectuaron en miembros de los órganos electorales americanos, pero de igual manera se explicita que los mismos no intervinieron para nada en el recuento de votos. Quizá en esta afirmación haya tenido que ver el hecho de que en los estados donde se solicitó un recuento manual los resultados no sólo no variaran, sino que incluso en Wisconsin la ventaja de Trump se incrementó ligeramente con dos centenares de votos.
Con todo, lo más inquietante es el párrafo final con el que se cierra el apartado relativo a las tesis finales del informe, que podríamos resumir con el refrán castellano Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Esto dice el informe: “We assess Moscow will apply lessons learned from its Putin-ordered campaign aimed at the US presidential election to future influence efforts worldwide, including against US allies and their election processes.” (Creemos que Moscú aplicará las lecciones extraidas en este caso para futuras acciones en procesos electorales a lo largo y ancho del globo, especialmente contra aliados norteamericanos.)
V.- PRUEBAS QUE SUSTENTAN LAS TESIS DEL INFORME. En este apartado concreto se desarrollan las tesis adelantadas al principio, con algún que otro aserto que llama poderosamente la atención.
1.- Se hace esta curiosísima afirmación: “Moscow also saw the election of President-elect Trump as a way to achieve an international counterterrorism coalition against the Islamic State in Iraq and the Levant.” (Moscú contemplaba la elección de Trump como medio de lograr una coalición internacional antiterrorista frente al Estado Islámico en Iraq y Oriente). El lógico interrogante que uno se plantea ante esta afirmación es ¿Clinton era percibida como un obstáculo para esa coalición frente al terrorismo islámico?
2.- Los medios de comunicación españoles apuntan a que los ataques rusos tuvieron como destinatario al Partido Demócrata para favorecer a Donald Trump. Veamos qué dice el informe: “Russia’s intelligence services conducted cyber operations against targets associated with the 2016 US presidential election, including targets associated with both major US political parties. We assess Russian intelligence services collected against the US primary campaigns, think tanks, and lobbying groups they viewed as likely to shape future US policies. In July 2015, Russian intelligence gained access to Democratic National Committee (DNC) networks and maintained that access until at least June 2016.” (Los servicios de inteligencia rusa dirigieron operaciones de ciberataque a entidades vinculadas a las elecciones presidenciales de 2016, incluyendo a los dos grandes partidos estadounidenses. Los servicios de inteligencia rusa obtuvieron información de las campañas primarias estadounidenses, laboratorios de ideas y grupos lobistas que se percibieron como vitales para el futuro desarrollo de la política estadounidense. En julio de 2015 la inteligencia rusa logró acceso a la red del Comité Demócrata Nacional y lo mantuvo cuando menos hasta junio de 2016). Ergo, la presunta operación de influencia no se dirigió exclusivamente frente al Partido Demócrata, como interesadamente apuntan los medios, sino frente a todas los dos partidos, y se remonta cuando menos a julio de 2015, cuando Trump aún estaba muy lejos de ser candidato republicano y Hillary Clinton aún no era candidata demócrata. En definitiva, que la actuación rusa se limitó a obtener información interna de ambos partidos (es de destacar la utilización de Wikileaks) y a promover a través de sus medios de comunicación una visión positiva del candidato Trump a través de sus redes de comunicación afines.
VALORACIONES ACERCA DE LO QUE EL INFORME DICE Y LO QUE NO DICE.
Creo que para valorar el contenido del informe y, sobre todo, lo acertado o no de las conclusiones que los medios de comunicación extraen del mismo, es menester dar respuesta a dos interrogantes:
1.- ¿Constituye la preferencia y apoyo del gobierno de un estado a un candidato a presidir un país una “influencia” en el resultado electoral?
Evidentemente, desde el punto de vista de las relaciones internacionales lo normal es que desde los gobiernos de los distintos países se muestre una exquisita neutralidad con respecto a los comicios que tienen lugar en otras naciones. Ahora bien, si esa neutralidad se rompe, en efecto, es posible que la inclinación del gobierno de un país hacia un determinado candidato pueda tener cierto peso en la opinión pública de la nación donde se desarrollen los comicios. Pero si ello es criticable, o se utiliza como base para cuestionar los resultados, entonces habría que empezar por cuestionarse la propia legitimidad de Barack Obama. No ya porque, por ejemplo, el entonces Presidente del Gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, afirmase al ser preguntado expresamente sobre ello que “prefería un demócrata en la Casa Blanca” (aunque, dada la jettatura del personaje, ello más bien traería perjuicios al presunto beneficiario), sino porque casi todos los dirigentes, sin excepción, manifestaron sin reservas la preferencia por el afroamericano.
2.- ¿Ha resultado decisiva la campaña rusa en favor de Trump hasta el punto de ser el factor que inclinaba la balanza en su favor?
En cuanto a este interrogante, ha de afirmarse que ateniéndose estrictamente al tenor literal del informe no puede darse una respuesta positiva ni negativa. Y ello porque en sus líneas iniciales el informe deja bien claro y explícito que se ha limitado a analizar las acciones rusas y su intención, pero deja manifiesta y meridianamente claro que ni se pronuncia sobre el éxito de las mismas ni sobre la influencia del mismo en el proceso político ni en la opinión pública estadounidense. Este interrogante, pues, no recibe contestación en el informe. Sin embargo, y a nivel estrictamente personal, tengo mis más que serias dudas que con el noventa por ciento de los medios de comunicación estadounidenses, un porcentaje idéntico de la prensa mundial y con los principales líderes políticos volcados prácticamente en apoyo de Clinton, las acciones de Rusia hayan podido ser decisivas, pues la inclinación mediática hacia la candidata demócrata era escandalosa y hubiera debido llevarle a arrasar en las urnas. De sostener que el gobierno ruso fue el que inclinó la balanza hacia el republicano habría que quitarse el sombrero por una gestión tan hábil como para convencer a la población estadounidense frente a toda la artillería mediática pro-Clinton. Y buena prueba de ello es la forma en que se trató al candidato republicano como “machista” por sus comentarios sobre las mujeres, silenciando el hecho de que la candidata demócrata era la esposa de un expresidente que ha sido denunciado en varias ocasiones por escándalos de naturaleza sexual.
 Publicado en Política	1	Feb
 Publicado en Opinión, Política	1	Ene
LA RENUNCIA A LA INVESTIDURA: CONSIDERACIONES A LA LUZ DEL DERECHO Y LA CIENCIA POLÍTICA.
El día 20 de marzo de 1782 en el Reino Unido de Gran Bretaña se produjo un terremoto político de primera magnitud. Frederick North, segundo conde de Guilford y primer ministro del reino desde el año 1770, presentaba su dimisión al rey Jorge III. De conformidad con las leyes inglesas, el poder ejecutivo correspondía al monarca y éste podía elegir a quienes deseara para llevar a cabo su política, y lo cierto es que North gozaba plenamente de la confianza regia. No obstante, el Parlamento había presentado una moción retirando la confianza hacia el primer ministro, por lo que éste consideró que no tenía sentido continuar en el puesto cuando el legislativo le había retirado su confianza. North se convertía, así, en el primer dirigente político en dimitir a consecuencia de la pérdida de confianza del Parlamento.
 Publicado en Derecho español, Política	1	Dic
 Publicado en Política	0	Nov
 Publicado en Política	0	Sep
REFLEXIONES SOBRE LA DIMISIÓN DEL MINISTRO DE JUSTICIA.
Ayer martes días 23 de septiembre de 2014 el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, anunciaba públicamente en una rueda de prensa convocada por sorpresa y con carácter de urgencia que presentaba su dimisión como Ministro de Justicia, renunciaba a su escaño como diputado y se retiraba de la vida política. Rodeado de sus más cercanos colaboradores e incluso de algún familiar (nombró expresamente a uno de sus hijos), el ya ex Ministro tomó la decisión tras las declaraciones del Presidente del Gobierno indicando que retiraba el Proyecto de Ley del Aborto, del cual de forma algo extraña el señor Gallardón había hecho una especie de casus belli. Casi de forma inmediata las redes sociales se hacían eco de la noticia y el sentimiento más generalizado fue, por ser generoso en el calificativo, de inmenso alivio.
 Publicado en Política	1	Jun
LAS ABDICACIONES EN ESPAÑA: REFLEXIONES HISTÓRICAS, JURÍDICAS Y POLÍTICAS A RAÍZ DE LA ABDICACIÓN DE JUAN CARLOS I
Hoy lunes día dos de junio del año dos mil catorce nos sorprendíamos a primeras horas de la mañana con la inesperada noticia de la abdicación del monarca don Juan Carlos I de Borbón, que ocupaba el trono desde que fuera proclamado Rey en aquella ya lejana mañana del día veintidós de noviembre de mil novecientos setenta y cinco. Son, pues, más de treinta y ocho años de largo reinado, algo que nadie hubiera pensado cuando fue proclamado monarca a la muerte de Francisco Franco. Lo cierto es que pese a ser el heredero a título de rey del general, el referéndum constitucional celebrado el 6 de diciembre de 1978 le otorgó el plus de legitimación popular del que, hasta entonces, carecía. A lo largo de estos años ha tenido momentos gloriosos y momentos desastrosos, épocas de popularidad y épocas de impopularidad.
El año pasado fueron la reina Beatriz de Holanda y ulteriormente el rey Alberto de Bélgica quienes anunciaron públicamente su intención de abdicar la corona en sus herederos. Este año toda a la corona española. En este post pretendemos realizar un triple análisis (histórico, jurídico y político) de las abdicaciones regias.
1.- ASPECTO HISTÓRICO: ABDICACIONES EN LA MONARQUÍA HISPANA.
Aunque inmediatamente las noticias han intentado buscar precedentes, lo cierto es que únicamente son dos las ocasiones en las que un monarca reinante cedió la corona a su sucesor para que éste empuñara el cetro, y tan sólo en una ocasión se produjo por un deseo efectivo de retirarse de la vida pública. Repasemos nuestros últimos quinientos años de historia y las renuncias a la Corona. Distinguiremos en este caso entre abdicaciones (que supone un acto voluntario en virtud del cual se cede voluntariamente la Corona), renuncias (que implican la concurrencia de ciertos elementos que de una u otra manera pueden forzar directa o indirectamente la voluntad regia) y cesión de derechos dinásticos (que implican el simple traspaso de la legitimidad dinástica de un monarca no reinante a sus herederos).
1.- ABDICACIONES. Únicamente existen tres en la historia moderna y contemporánea, y son las siguientes:
A.- Carlos I. Anuncia en 1555 su intención de renunciar al cetro imperial y a la corona española. El monarca, agotado tras tener que bregar la difícil época que le tocó vivir (la reforma protestante, numerosos enfrentamientos en el campo de batalla en los que el emperador se situaba al frente de sus tropas, siendo uno de los últimos en hacerlo de forma efectiva) en su ceremonia de abdicación anunció que pasaba la Corona de España a su hijo Felipe. Carlos I, en efecto, cedió el trono y se retiró de la vida pública, pasando a residir en el monasterio de Yuste, donde falleció en 1558. En ese caso, la renuncia sí estuvo motivada por un deseo de apartarse de la vida pública.
B.- Felipe V. El primer monarca de la casa de Borbón anunció por sorpresa en enero del año 1724 su deseo de renunciar a la corona en favor de su hijo Luis. En este caso el motivo de la abdicación no fue el deseo de retirarse, sino las aspiraciones que el monarca español tenía de empuñar el cetro francés. Los tratados que pusieron fin a la guerra de sucesión vetaron a Felipe de Anjou la posibilidad de acceder al trono francés (para evitar la unión de las coronas hispana y francesa), y por ello decidió abdicar en favor de su hijo. No obstante, las pocas posibilidades de lograr su objetivo último hicieron que, tras el fallecimiento de Luis I en agosto de ese mismo año 1724 debido a la viruela (curiosamente, la misma enfermedad que setenta años más tarde se llevaría a la tumba a Luis XV, el monarca a quien Felipe V deseaba suceder), su padre retomó la Corona nuevamente.
C.- Amadeo I. Tras la revolución gloriosa del mes de septiembre de 1868, los revolucionarios lograron destronar a Isabel II, pero no deseaban prescindir de la monarquía. Los candidatos fueron muchos (desde Antonio de Orleans –duque de Montpensier y cuñado de Isabel II, contra la que conspiró activamente- hasta las pretensiones regias del general Francisco Serrano, pasando por quien tuvo muchas posibilidades, Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen –cuyo apellido el pueblo español “castellanizó” en “ole ole si me eligen”-), pero quien finalmente logró el cetro fue el príncipe Amadeo de Saboya. No obstante, el asesinato de su principal valedor (don Juan Prim y Prats, muerto el 30 de diciembre de 1870, siendo así que el primer acto oficial de Amadeo I una vez llegado a nuestro país fue precisamente el asistir al velatorio del difunto general) y el grave enfrentamiento entre monárquicos, carlistas y republicanos conllevó a que el monarca, harto de la situación, abdicase renunciando a la Corona para sí y para sus descendientes.
2.- RENUNCIAS. Existen tres claros ejemplos de renuncia al trono:
A.- Carlos IV. Este desdichado monarca renunció al trono nada menos que en dos ocasiones. La primera, el 19 de marzo de 1808, tras el motín de Aranjuez, que le obligó a exonerar a Manuel Godoy de todos sus cargos. Fernando VII fue más que proclamado, aclamado popularmente. No obstante, Carlos IV una vez se vio a salvo de las turbas manifestó que su renuncia no fue voluntaria, sino coaccionada, razón por la cual consideró que la misma carecía de validez. Sabido es cómo se solventó el conflicto: apenas dos meses más tarde, Carlos IV renunciaba definitivamente a la corona española en favor de Napoleón Bonaparte. En este caso, en ambas ocasiones la renuncia no fue voluntaria, sino forzada (por las turbas madrileñas la primera, por el entonces amo de Europa la segunda).
B.- Fernando VII. El rey felón renunció a la Corona el día 5 de mayo de 1808 entregándosela de nuevo a su padre. Carlos IV, quien a su vez, como hemos visto, la cede a Napoleón. Se trata claramente de una cesión coercionada, toda vez que, además, se hizo cuando Napoleón responsabilizó a Fernando VII del alzamiento del dos de mayo e incluso amenazó con declararle como rebelde si no restauraba la corona en las sienes de su padre.
C.- Alfonso XIII. Es el acontecimiento histórico más cercano, aunque en esta ocasión la renuncia se denominó pudorosamente “suspensión del ejercicio del poder real”. En el manifiesto dirigido a la nación el 14 de abril de 1931 (redactado por Gabriel Maura y corregido por Francisco Cambó), el monarca indicó que las elecciones celebradas dos días antes le demostraban que “no gozaba del amor” de su pueblo, y ante ello, y con la declarada finalidad de evitar que su presencia o la reivindicación de sus derechos ocasionase un conflicto armado, decidió suspender el ejercicio del poder real. La ausencia de voluntariedad es evidente: el monarca interpretó las elecciones municipales erróneamente como un plebiscito y decidió otorgarles el valor de referéndum sobre la monarquía, y coherentemente con esa interpretación decidió poner tierra de por medio, “antes de la puesta de sol”, en pomposa frase de don Niceto Alcalá Zamora y Torres, quien como primer presidente de la Segunda República se reveló digno heredero político de su regio predecesor, dado que su influencia en los asuntos gubernamentales y en determinadas decisiones no fue interior a la del tan criticado don Alfonso.
3.- CESIÓN DE DERECHOS DINÁSTICOS. Se trata de la transmisión de, llamémoslo así, la legitimidad histórica de un monarca no reinante a su heredero legal. Tenemos igualmente tres ejemplos: el de Isabel II (que destronada en 1868, renunció un par de años más tarde en su exilio parisino sus derechos históricos en favor de su hijo Alfonso), el de su nieto Alfonso XIII (que, exiliado igualmente tras ser destronado en 1931, en su exilio italiano transmitió los derechos históricos a su tercer hijo Juan –tras las renuncias de los príncipes Alfonso y Jaime, a quienes su padre literalmente obligó a renunciar a la sucesión-) y el de don Juan de Borbón, siendo esta última una cesión peculiar, dado que lo hacía un monarca no reinante en favor de un monarca reinante.
2.- ASPECTO JURÍDICO: EL TRATAMIENTO DE LA RENUNCIA EN LA CONSTITUCIÓN.
El Título II de la Constitución, que engloba los artículos 56 a 65, lleva por rúbrica “De la Corona”. Es uno de los títulos que goza de un refuerzo o garantía frente a toda posible modificación constitucional, dado que por mor del artículo 168 de la Constitución exige que se utilice el procedimiento agravado o reforzado, que implica una mayoría más amplia que la reforma ordinaria (se exigen dos tercios en lugar de tres quintos de ambas cámaras) y un necesario referéndum vinculante, fragmentándose además el procedimiento en dos fases distintas que han de ser abordadas por dos legislaturas: una que proponga la reforma y otra distinta (tras la necesaria e imprescindible disolución de las Cortes) que apruebe dicha iniciativa.
Pues bien, el artículo 57.5 de la Constitución establece que “Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica”. En definitiva, que la abdicación de don Juan Carlos I ha de “resolverse” por una ley orgánica que la apruebe o la rechace. Jurídicamente el Congreso (que es el único órgano que tiene la iniciativa en materia de Ley Orgánica, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 81.1 de la Constitución) no está vinculado a la decisión tomada por el Rey, aunque parece impensable que en la práctica el instrumento legislativo que de solución a la abdicación se aparte de los deseos del monarca.
En cuanto a la proclamación del nuevo monarca, el artículo 61.1 del texto constitucional establece que “El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónoma”. Es decir, que el mismo habrá de ser proclamado ante las “Cortes Generales” (órgano distinto de la mera suma de Congreso y Senado) tras prestar el oportuno juramento constitucional.
Indicar, por último, que en los casi treinta y seis años que han transcurrido desde la aprobación del texto constitucional, no se ha considerado conveniente o necesario desarrollar legislativamente las previsiones del Título II. Como siempre, en nuestro país se hace todo de forma improvisada y con prisas, de tal manera que es presumible que de forma atolondrada desde la cúpula gubernamental se tramite con prisas un proyecto tendente, entre otras cosas, de recoger el futuro status del hasta ahora monarca.
3.- ASPECTOS POLÍTICOS: LUCES Y SOMBRAS.
Para empezar, las formas ya han fallado. El año pasado los monarcas de Holanda y Bélgica no se escondieron tras sus respectivos gobiernos (a quienes es de suponer informaron con anterioridad de su decisión), sino que comparecieron personal y exclusivamente ante las cámaras de televisión para dar la noticia y anunciar las razones que motivaban su renuncia. En nuestro país, por el contrario, el presidente del Gobierno sirvió de telonero a la aparición estelar del monarca tres horas más tarde. Este es un primer punto que entiendo (es una opinión personal) no procede: no es el presidente del Gobierno quien debe ofrecer al público la noticia, sino el propio monarca.
En segundo lugar, se han ofrecido varios datos que son, cuando menos, extraños. Se dice que la decisión estaba tomada desde el mes de enero, y en las últimas horas se ha apuntado que tanto el jefe de Gobierno como el líder de la oposición eran conocedores de la misma. Si la decisión estaba tomada ¿A qué viene el retraso –casi medio año- en su anuncio? ¿Acaso se esperaba que la mera presencia del Rey sirviese como medio de cauterizar la continua perdida de sangre derivada de las numerosas heridas que al texto constitucional están produciendo los órganos centrales como periféricos? ¿Se pensaba acaso que su permanencia sería el bálsamo de Fierabrás frente a las amenazas del separatismo catalán y la más que evidente crisis constitucional derivada de la falta de adaptación del sistema a los tiempos modernos? ¿Acaso esta decisión tiene motivos más profundos que encubren otros de naturaleza física o personal? En este último caso no puedo dejar de traer a colación la anécdota que cuenta Carlos Seco Serrano en las páginas introductorias a Narváez y su época, la obra inconclusa de su maestro Jesús Pabón y Suárez de Urbina; Seco hizo en su día público que Pabón, siendo director de la Real Academia de la Historia, tenía redactado en forma y debidamente firmado un escrito de renuncia, sin más omisión que la fecha, medida precautoria que el maestro de historiadores había tomado por si, según sus propias palabras, en su día sus facultades llegaran a mermar tanto que le incapacitasen para el ejercicio de sus funciones la Academia pudiese contar con ese instrumento que le protegería tanto a él como a la institución.
Lo cierto es que el monarca se va en un momento políticamente delicado. La evidente y notoria crisis constitucional unida a los desafíos del separatismo catalán hacen que estos días sean muy difíciles, y se asemejan peligrosamente a lo ocurrido justo hace cien años, cuando el sistema instaurado por Cánovas en 1876 y que tan buenos e innegables frutos había dado en su momento fue incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos avanzando hacia la democracia. Entonces la clase política dirigente optó por ignorar la realidad, perpetuarse en el poder y mantener un sistema que hacía aguas por todos los lados. Ya sabemos cómo terminó: con una dictadura militar (por cierto, apoyada expresamente por un tal Pablo Iglesias, uno de cuyos sucesores en el partido llegó a figurar como consejero de Estado en el régimen presidido por el Marqués de Estella), dictablanda, república y guerra civil. Debemos aprender de los errores del pasado y no negar la realidad: que es menester un cambio profundo a todos los niveles, con nuevos modos, nuevas formas y nuevas caras.
El monarca ha cedido el paso a una generación más joven; el principal partido de la oposición busca un líder entre las nuevas generaciones, y una formación política que ha irrumpido con fuerza tras las últimas elecciones europeas se ha articulado en torno a la juventud, si orillamos la presencia anecdótica del inefable Carlos Jiménez Villarejo, que formó parte del Ministerio fiscal en la época franquista (el diario entonces denominado Vanguardia Española publicaba en la página 32 de su edición del día 1 de abril de 1962 un breve anuncio: “Por órdenes del Ministerio de Justicia que publica el Boletín Oficial del Estado se destinan a la audiencia Territorial de Barcelona con los cargos de abogados fiscales a don Carlos Jiménez Villarejo y don José Barrenechea de Castro”) y fue nombrado fiscal anticorrupción en los noventa por un gobierno socialista ahogado por escándalos de tal carácter (lo cual, por cierto, determina lo injusto de quienes le acusan de “antisistema”, pues cual nuevo Manolo Vivar de Alda parece acomodarse a cualquiera). Parece ser que el único que ha decidido no sólo no renovarse, sino continuar impasible el ademán es el Presidente del Gobierno, encantado de haberse conocido.
 Publicado en Política	0	Abr
LA SUPERVISIÓN DEL PUEBLO SOBRE EL GOBIERNO Y SUS LÍMITES: REFLEXIONES ACTUALES A LA LUZ DE LA WHISKEY REBELLION DE 1794.
En los últimos tiempos, a raíz de las medidas impopulares tomadas por gobiernos democráticamente elegidos y la contestación que a las mismas plantean diversos colectivos a través del ejercicio del derecho de manifestación, se ha planteado una cuestión que está inserta en el nervio de todo sistema con pretensiones democráticas y que en el fondo tiene su miga: la influencia del pueblo en el gobierno. ¿Dicha influencia ha de quedar limitada única y exclusivamente a los comicios, de tal forma que una vez celebrados estos el gobierno electo únicamente responderá en las siguientes elecciones? ¿O por el contrario, el pueblo tiene el inalienable derecho de supervisar continuamente la acción gubernamental? La respuesta no siempre es sencilla, y el autor de estas líneas pretende ilustrarlo con un ejemplo extraído de la historia política estadounidense y que se planteó justo cuando la nueva nación apenas contaba con un lustro de experiencia política bajo la Constitución de 1787 que entró en vigor un par de años más tarde.
 Publicado en Historia, Política	1	Mar
EL PARTIDO POPULAR DE GIJÓN EN EL PURGATORIO POLÍTICO Y JURÍDICO.
El diario La Nueva España de hoy día treinta de Marzo de dos mil catorce ofrece una amplia entrevista a doble página de Ángeles Fernández-Ahuja presidenta de la gestora del Partido Popular de Gijón por la Gracia de doña Mercedes Fernández, a su vez todopoderosa líder del Partido Popular de Asturias por la Gracia del dedo de Mariano Rajoy. Sin duda la manifestación más hilarante de esta señora es achacar a Foro Asturias una “falta de respeto a las reglas del juego democrático”, manifestación que sin duda alguna vendrá derivada del absoluto ejemplo ofrecido en las propias bancadas populares gijonesas, donde el Partido Popular ha vulnerado nada más y nada menos que sus propios estatutos. Uno ya no sabe si el Partido Popular de Gijón, y por extensión el de Asturias, se ha situado definitivamente en las órbitas de los esperpento de don Ramón María del Valle Inclán o de las más cómicas astracanadas de don Pedro Muñoz Seca. Lo que no cabe duda alguna es que tanto Fernández-Ahuja como Fernández a secas se han equivocado de tiempo y de siglo, pues sus actitudes son más propias del más siniestro caciquismo electoral español de finales del siglo XIX. Hagamos un repaso de la situación, tanto desde el punto de vista político como jurídico.
1.- Análisis político. Conviene tener en cuenta las siguientes circunstancias:
A.- El domingo día 22 de Mayo de 2011 se celebraron elecciones en trece de las diecisiete Comunidades Autónomas así como elecciones municipales en todos los Ayuntamientos. En el Principado de Asturias, contra todo pronóstico, la más votada fue una formación política de tan sólo tres meses de antigüedad, Foro Asturias, con 16 diputados autonómicos, seguida muy de cerca por el Partido Socialista Obrero Español con 15 (que perdía 6 escaños), el Partido Popular con 10 (uno de los más sonoros varapalos electorales al perder justo la mitad de su representación política) e Izquierda Unida con 4. En el Ayuntamiento de Gijón el más votado fue el Partido Socialista Obrero Español con 10 concejales (pierde 3), seguido de Foro Asturias con 9, el Partido Popular con 5 (es decir, pierde 7 de sus concejales, más de la mitad de su representación) e Izquierda Unida con 3. Esa misma noche electoral el gran perdedor, el por entonces presidente del Partido Popular de Asturias, Ovidio Sánchez, sale exultante en la televisión diciendo, y cito textualmente: “Hemos ganado”.
2.- En Gijón se produjeron muchas tensiones en el seno del Partido Popular entre quienes deseaban apoyar a Foro Asturias (para poner fin a un ciclo de treinta y dos años ininterrumpidos de socialismo en Gijón) y entre quienes deseaban abstenerse y dejar que el Partido Socialista continuase su desgaste en el Gobierno y Foro se diluyese en la oposición. Finalmente, pensando quizá que la abstención sería un suicidio político, la entonces presidenta del Partido Popular de Gijón, la concejal Pilar Fernández Pardo, decidió apoyar a Foro Asturias, que logró hacerse con el bastón de mando de la Alcaldía, privando al candidato socialista, Santiago Martínez Argüelles del ansiado cargo de primer edil desde el cual pretendía hacer de protector de los suyos, ofreciendo amparo a quienes se quedaron sin hueco en el Principado y pretendiendo, desde Gijón, catapultar así su carrera hacia mayores logros políticos.
3.- Ante el desastre electoral de 2011, Ovidio Sánchez se ve obligado muy a su pesar a dimitir como presidente del Partido Popular de Asturias, siendo elegida sorprendentemente para dicho cargo en febrero de 2012 Mercedes Fernández, la persona que había fracasado estrepitosamente en su carrera política y que obtendría un fracaso más estrepitoso aún en las elecciones autonómicas de 2012. Se cumple así el principio político esencial que inspira a los populares asturianos: fracaso político, puesto seguro.
4.- Ante la inaudita alianza PSOE-PP en el Principado de Asturias, el Presidente del Principado, Francisco Álvarez Cascos, disuelve el Parlamento regional por vez primera y convoca elecciones para el día 25 de marzo de 2012. El Partido Popular decide en un gesto difícilmente comprensible confiar la cabeza de lista autonómica a la gran fracasada política asturiana, Mercedes Fernández, eterna candidata a la alcaldía gijonesa y cuyos “logros” políticos se limitan a haber sido Delegada del Gobierno gracias al dedo de José María Aznar y Síndica de Cuentas del Principado gracias a un intercambio de cromos con el PSOE. Como no podía ser menos, Mercedes Fernández es sinónimo de fracaso electoral. El PSOE obtiene 17 escaños (gracias a una más que discutible sentencia del Tribunal Constitucional que le otorga el decimoséptimo escaño en detrimento de Foro), Foro Asturias 12, el Partido Popular 10, Izquierda Unida 5 y Unión, Progreso y Democracia 1.
5.- Desde su llegada a la Presidencia del Partido Popular de Asturias, la gran fracasada de la política asturiana comenzó la operación acoso y derribo del Partido Popular de Gijón, dado que éste estaba en posición de ser clave para el desarrollo del gobierno local, algo que ella en todos sus infinitos años no había logrado jamás. El desencuentro, que adquirió ribetes incluso personales, finalizó abruptamente cuando Pilar Fernández Pardo solicita la convocatoria de un Congreso local del Partido Popular de Gijón. Desde la dirección regional, Mercedes Fernández se niega en redondo (sin duda alguna dado su proverbial y legendario historial de fracasos políticos que habrá lógicamente derivado en pavor a todo cuanto se parezca a urna electoral o elecciones libres) y mediante Resolución del Comité Ejecutivo Regional de fecha 14 de febrero de 2013 acuerda como especial regalo de San Valentín no autorizar el Congreso ordinario de la Junta Local y constituir una Comisión Gestora al frente de la cual Mercedes Fernandez coloca en base al “ordeno y mando” a Ángeles Fernández Ahúja. El texto de la Resolución supone un ejercicio de cinismo sin precedentes y no tiene desperdicio, porque entre otras cosas imputa a la sección local “debilitamiento de la organización electoral” (por lo que se ve en el Principado de Asturias el apoyo electoral del Partido Popular en las elecciones de 2011 con pérdida del 50% de representación debió considerarse todo un éxito), “imposibilidad de celebrar ningún acto de envergadura en las pasadas elecciones autonómicas” (sin indicar si ello se debió a la dirección regional o a la local y, en caso de ser imputable a esta última, sin inquirir las causas últimas de tamaña situación), la “patente división interna”, la “desatención de los asuntos municipales” (esta es una imputación gravísima que en cualquier país civilizado hubiera determinado una investigación rigurosa, cosa que aquí no se ha hecho); pero, sobre todo, lo más gracioso es que se imputa “la impericia para defender los intereses de Gijón sin perder la identidad y los valores del Partido Popular” (por lo visto los diputados regionales debían considerarse un ejemplo de pericia técnica por los dirigentes regionales, sobre todo don Fernando Goñi, con su extenso currículum académico homologable a esas lumbreras de la política que fueron don José Blanco, don José Montilla o don Celestino Corbacho). En definitiva, que reconociendo la división interna, ésta no se dilucida por vía de un congreso local, sino de una imposición externa al más puro estilo del caciquismo electoral decimonónico.
6.- Pilar Fernández Pardo dimite, y con ella otro concejal, siendo así que Mercedes Fernández tiene el campo libera para intervenir abiertamente la sección local merced a la creación de una gestora al frente de la cual sitúa a una persona de su confianza que ni tan siquiera había pasado por las urnas. Manuel Pecharromán, antaño rival de Mercedes Fernández para optar a la presidencia de los populares asturianos pero que retiró su candidatura al comprobar que su rival era la ungida por el mesías, pasó de ser rival a besapiés, situándose como cabeza visible de los populares en el Ayuntamiento, donde vegeta intentando hacer el lamentable papel que desde la superioridad le imponen.
7.- La gestora local del Partido Popular de Gijón se constituye en febrero de 2013. A fecha de hoy, treinta de marzo de 2014, aún no se ha decidido cuándo se celebrará el Congreso local del Partido Popular de Gijón (quizá porque aún los jefazos regionales no tengan asegurados los votos suficientes), aunque eso sí, con una faz que se la pisan, los jerarcas autonómicos y locales piden a voz en grito que no haya “ni vencedores ni vencidos” (sic).
2.- Análisis jurídico. El artículo 6 de la Constitución indica que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. El desarrollo legal de dicho precepto se contiene en la Ley Orgánica 6/2002 de 27 de junio, de Partidos Políticos, que deroga expresamente la preconstitucional Ley 54/1978 de 4 de diciembre de Partidos Políticos. Pues bien, la Ley Orgánica 6/2002 dispone en su artículo 6 que “Los partidos políticos se ajustarán en su organización, funcionamiento y actividad a los principios democráticos y a lo dispuesto en la Constitución y en las leyes” reiterando el artículo 7 el mandato constitucional en el sentido que su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos. Pese a que el artículo 7.2 establece una estructura orgánica mínima, lo cierto es que los partidos se regirán por lo que dispongan sus estatutos que, con la salvedad de estar constreñidos por esos límites constitucionales y legales, son los que regirán imperativamente el funcionamiento d la entidad; así, el artículo 3.1 impone como contenido mínimo imprescindible del documento público fundacional “los estatutos por los que habrá de regirse el partido que trata de constituirse”, remitiéndose el ya citado artículo 7 a los estatutos en cuanto a organización y, lo que es más importante, “Los estatutos deberán prever, asimismo, procedimientos de control democrático de los dirigentes elegidos”. Por tanto, se establece una jerarquía normativa clara: Constitución, legislación y estatutos.
Pues bien, el artículo 35 letra e) de los Estatutos del Partido Popular, incluye entre las competencias de los Comités Ejecutivos “Nombrar Comisiones que gobiernen transitoriamente algunas de las organizaciones territoriales dependientes de ellas, siempre que se aprecien graves circunstancias que así lo aconsejen. De la misma forma podrá asumir el gobierno de alguna de estas organizaciones a través de las personas que designe. En ambos casos la transitoriedad de la situación no podrá exceder de seis meses. Transcurrido dicho plazo de tiempo se convocarán elecciones en los dos meses siguientes”. Obsérvese que los estatutos utilizan taxativamente la forma verbal imperativa (“no podrá”, “se convocarán”). En otras palabras, que la constitución de comisiones o gobiernos unipersonales como mecanismo de intervención directa de los Comités Ejecutivos Territoriales respecto a las organizaciones inferiores de ellos dependientes se configura como algo excepcional (“cuando se aprecien graves circunstancias”) y con una limitación temporal clara: no podrá superar los seis meses, transcurridos los cuales deberán convocarse elecciones en los dos siguientes.
Pues bien, el Partido Popular de Gijón se encuentra en la peculiar situación de situarse al margen de la legalidad que estipulan sus propios Estatutos. Y es que, constituida la gestora el 14 de febrero de 2013, el plazo máximo que estatutariamente se establece para dicha medida transitoria ha finalizado el 14 de agosto de 2013, por lo cual como fecha tope el día 14 de octubre debieran haberse convocado elecciones. Han transcurrido seis meses desde esa fecha tope del 14 de octubre sin que se conozca aún la fecha del congreso, por lo cual el Partido Popular Gijonés se encuentra al margen de la legalidad vigente.
Por todo ello no pueden causar más que perplejidad las declaraciones de la señora Fernández Ahúja cuando manifiesta textualmente, refiriéndose a Foro Asturias, que “En un Estado de derecho, si no tienes mayoría absoluta o buscas alianzas o pierdes votaciones.” Es una lástima que la filosofía de ese mensaje no se la aplicasen la propia Ahúja o su valedora principal, Mercedes Fernández, claro que ello supondría nada menos que hacerse el harakiri político. Claro que la desvergüenza y cara dura política de la dirigente regional ha superado ya las líneas de la decencia política cuando comparó su apoyo a las modificaciones presupuestarias del gobierno socialista presidido por Javier Fernández con la trayectoria política del recientemente desaparecido Adolfo Suárez. En parte tiene razón; Mercedes Fernández ha querido, en efecto, emular al Adolfo Suárez que, ante la perplejidad de su amigo el democristiano Alfonso Osorio, manifestó que iba a disputarle el voto de izquierda a Felipe González, con los exitosos resultados que de ello derivaron para la UCD en 1982; eso sí, la señora Fernández se encuentra a años luz de ostentar la dignidad y decencia política de la que hizo gala Suárez cuando el 26 de mayo de 1991, la misma noche electoral que supuso un descalabro para el Centro Democrático y Social en las elecciones autonómicas y locales, dimitió de su cargo.
 Publicado en Política	1	Mar
IN MEMORIAM: ADOLFO SUÁREZ GONZÁLEZ (1932-2014)
¿Quién le iba a decir a aquel joven abulense que participó como extra en la película Orgullo y pasión (al lado de astros del séptimo arte como Sophia Loren, Cary Grant y Frank Sinatra) que se haría un hueco en la historia política española y universal? Pero lo cierto es que Adolfo Suárez González, nacido en el pueblo de Cebreros, en la provincia de Ávila, ha entrado por méritos propios con letras mayúsculas en la historia política española.
Con motivo del óbito de Adolfo Suárez, que se produjo a las quince horas y tres minutos del día veintitrés de marzo de dos mil catorce, todos los medios de comunicación iniciaron una programación especial repasando la vida pública y privada de quien fuera el primer presidente de la democracia española. Como suele ocurrir con las personas fallecidas, todo aparecía de color de rosa y aunque en la vida del duque de Suárez hay muchas más luces que sombras, no todo es blanco o negro, sino que existe una amplia gama de grises. El propio Suárez lo reconocía así en una entrevista realizada a finales de los años noventa y emitida por la televisión pública. De todos los titulares que la noticia ha provocado, quizá el más atinado por lo certero es el publicado por Libertad Digital: “Adolfo Suárez muere: su legado agoniza”, que no hace más que expresar la tesis central expuesta por Federico Jiiménez Losantos en su breve nota Las tres muertes de Adolfo Suárez, donde su tesis central se expresa en unas pocas líneas: “Por eso, el acabamiento de Suárez no es sólo el del final de una época sino el del final de su gran éxito, el del régimen democrático que, después de una Transición que hoy se antoja milagrosa, ayudó a traer a España. Suárez ha muerto cuando hace tiempo que murieron su talento y su obra política. Y van a celebrar sus exequias los enterradores de lo que, más allá de cualquier valoración, es su legado: el régimen constitucional del 78”. Y es que, en efecto, cuando el sistema constitucional de 1978 hace aguas por todos sitios entre las bravuconadas de unos y las omisiones suicidas de otros, el rostro visible de la época constituyente desaparece físicamente del orbe. Simbólico, ciertamente.
Contra lo que pueda parecer, Adolfo Suárez no fue la primera persona en la que se pensó para capitanear la transición. La persona elegida para ello era Fernando Herrero Tejedor, un brillantísimo profesional del mundo jurídico (llegó a ser Fiscal del Tribunal Supremo) con una amplia experiencia política y que era, precisamente, el que introdujo a Suárez en la política. Persona de honestidad personal probada, con excelentes relaciones de amistad y muy bien visto por todas las familias del régimen, sus cualidades personales le hacían la persona ideal para pilotar el rumbo de la política en los difíciles años que habrían de venir. Cuando a principios de 1975 Arias Navarro decidió incorporar a Herrero Tejedor en el gabinete como Ministro Secretario General del Movimiento, éste llevó como segundo a Adolfo Suárez. Desgraciadamente, en junio de 1975 un accidente de tráfico segó la vida de Herrero y momentáneamente relegó a Suárez a un discreto segundo plano. A la muerte de Franco, el monarca pensó en Torcuato Fernández Miranda como presidente del Gobierno, pero éste le convenció de que serviría mejor al rey como Presidente de las Cortes, aún a costa del enorme sacrificio de mantener a Carlos Arias en la presidencia del gobierno. Carlos Arias, desgarrado interiormente por dos tendencias contradictorias que le anulaban como político (su sincero deseo de cambio –por muy moderado o timorato que fuese- chocaba con la percepción que de sí mismo tenía como albacea político del Caudillo), ofreció su dimisión al rey cuando éste se lo insinuó (tanto el Rey como José María de Areilza reconocieron públicamente que en este sentido Carlos Arias fue un caballero). Entonces llegó el momento Suárez, precisamente cuando Fernández-Miranda anunció que estaba en condiciones de otorgar al Rey lo que éste le había pedido.
Ha de reconocerse que Suárez no fue una persona cultivada. Ello no empequeñece su figura ni su calidad. Joseph Ellis, en el prefacio a su biografía de Washington, indica que: “Creo que Benjamín Franklin era más sabio que Washington; Alexander Hamilton más brillante; John Adams más culto; Thomas Jefferson más intelectualmente sofisticado; James Madison políticamente más astuto. Sin embargo, cada una de estas prominentes figuras reconoció que Washington era incuestionablemente superior a ellos”. En efecto, Manuel Fraga estaba intelectualmente a años luz de Adolfo Suárez; Torcuato Fernández Miranda estaba muchísimo más preparado políticamente; José María de Areilza tenía un prestigio internacional claramente superior; Alfonso Osorio estaba asentado sobre bases políticas mucho más firmes. Sin embargo, Adolfo Suárez tenía algo que le hacía situarse por encima de los demás: su charm, su encanto; la capacidad de llegar no sólo a su interlocutor del momento, sino al español medio que, en la etapa fundamental de la transición, era la base social que habría de asentar el régimen democrático al que España debía llegar. Se ha dicho que Suárez fue el padre de la reforma política; no es cierto. La Ley para la Reforma Política es obra personal del asturiano Torcuato Fernández-Miranda; ahora bien, las innegables cualidades intelectuales de don Torcuato no venían acompañadas de la necesaria capacidad de persuasión, en la que el joven Adolfo Suárez descollaba. Por utilizar un símil musical, Torcuato Fernández Miranda fue el compositor y Adolfo Suárez el intérprete. Uno supo dar con los compases adecuados y el otro ejecutarlos de forma insuperable ante el gran público. Por eso, los años políticamente más brillantes en el mandato de Adolfo Suárez fueron aquéllos en los que don Torcuato estaba en la sombra tutelando desde su privilegiada atalaya de Presidente de las Cortes la marcha de los acontecimientos. Adolfo Suárez quiso volar sólo y se sacudió la tutela del asturiano, que dimitió de su cargo poco antes de las elecciones de junio de 1977 retirándose definitiva y discretamente de la vida pública. Tras la victoria de la Unión de Centro Democrático, seguido a corta distancia por un emergente y poderoso Partido Socialista Obrero Español, aún pudo Suárez gozar de un año de paz debido al consenso o acuerdo básico de todas las fuerzas para elaborar una Constitución. Aprobada ésta por el pueblo español y celebradas las elecciones generales de 1979, todo fue amargura para Adolfo Suárez. El Partido Socialista en general y Felipe González en particular jamás le perdonaron su intervención televisiva en víspera de los comicios, cuando Suárez pintó un negro panorama en caso de una victoria electoral de sus rivales socialistas (¡quién le iba a decir entonces a Suárez que poco después aspiraría a disputarle desde la propia UCE el voto izquierdista a Felipe González, como reconocería a su amigo Alfonso Osorio); la UCD se desgarraba interiormente; los rumores de golpes de Estado arreciaban mientras el país era golpeado de forma inmisericorde por una crisis económica y por un terrorismo que llegó a su culmen precisamente en el año 1980. Acosado por sus propios compañeros de partido, Suárez decidió ser personalmente honesto (aunque también pesó y no poco el deseo de preservar su imagen pública para la historia) y dimitió cuando se enteró oficiosamente que un sector no desdeñable de la UCD estaba en tratos con el PSOE y con otras fuerzas para aprobar una moción de censura. Tal maniobra se abortó el 29 de enero de 1981 con su dimisión tanto como Presidente del Gobierno como de la Unión de Centro Democrático, a la que hundió políticamente al crear su propio proyecto con el Centro Democrático y Social, que tuvo su momento de gloria en las elecciones de 1986 para decaer lentamente hacia su desaparición, a la que contribuyó y no poco la decisión de su fundador de retirarse de la vida pública en 1991.
Suarez tuvo muchos aciertos, pero también equivocaciones, derivadas todas ellas de su osadía política, dicho sea esto en el mejor de los sentidos. A mi entender, son tres los errores básicos de Suárez, uno de los cuales pudo enmendarse, aunque los otros dos aún siguen pesando como una losa. El primero, la legalización del PCE afortunadamente salió bien, aunque a punto estuvo de costar lágrimas amargas. Todo el gabinete estaba convencido de que más tarde o más temprano era una medida que debía tomarse (Rodolfo Martín Villa reconoció que incluso Gabriel Pita da Veiga –el Ministro de Marina, que se sentaba a su lado en las reuniones del Consejo de Ministros- le reconoció que esa decisión habría que tomarla necesariamente) pero Suárez, en lugar de informar al gabinete, la tomó de forma unilateral poniéndola sólo en conocimiento de sus círculo más íntimo, en el que sólo se encontraba Gutiérrez Mellado; la mayoría de los ministros se enteraron por la televisión, y ello estuvo a punto de ocasionar una crisis de gobierno por la deserción masiva de los ministros, que gracias a la labor de Alfonso Osorio y a que Suárez invocó el nombre del Rey la crisis quedó limitada a la marcha del Ministro de Marina. Las otras dos decisiones que siguen pesando hoy negativamente son la decisión de Suárez de enterrar a los guardias civiles víctimas de atentados terroristas de forma discreta y en ocasiones sin reconocimiento y por la puerta de atrás, así como la decisión de generalizar el régimen autonómico con el consabido “café para todos”, otorgando a las autonomías competencias que jamás debieron salir de manos estatales. Sin embargo, ha de reconocerse que estas son decisiones que pueden reconocerse como evidentes errores a posteriori, cuando pueden contemplarse con la perspectiva de los años.
Una única actuación, solo una de Suárez merece reproche. Y no es una decisión política, sino personal: su ausencia en los funerales de Torcuato Fernández Miranda y Joaquín Garrigues Walker, fallecidos ambos en el difícil año de 1980. Y conste que sorprende y mucho esta actitud en quien, católico practicante, nunca ocultó su agradecimiento a su padrino político Fernando Herrero Tejedor (en una entrevista reconoció que iba todos los años a poner flores a su tumba) y que jamás de los jamases (dicho sea en su honor) renegó de haber formado parte del régimen ni habló mal de Francisco Franco.
Con todo, con sus errores y sus aciertos, Adolfo Suárez González entra ya de lleno en la historia española y, para quienes pasamos de la cuna a la infancia bajo su presidencia, recordaremos su figura como la que presidió el país cuando se almacenaban en nuestra memoria los primeros recuerdos. Desde esta bitácora, deseamos con esta entrada rendir un sincero homenaje a la figura de Adolfo Suárez González, por quien (he de reconocerlo con total honestidad) si a nivel humano y personal siempre he sentido simpatía, ésta no se extiende hacia lo político. Descanse en paz.
Post Scriptum: La vida tiene a veces paradojas difíciles de explicar. Hace poco menos de un mes, el veinticinco de febrero de dos mil catorce, fallecía a los sesenta y cuatro años el fiscal Fernando Herrero-Tejedor Algar, hijo del político del mismo nombre que fue el padrino de Adolfo Suárez. Curiosamente, en 1977 fue nombrado teniente fiscal de la provincia de Ávila. La cercanía existente entre la familia Herrero-Tejedor y la familia Suárez la narra de forma magistral Luis Herrero-Tejedor Algar (hermano del recientemente fallecido Fernando) en el libro “Los que le llamábamos Adolfo”.

References: artículo 168
 artículo 57
 artículo 81
 artículo 61
 Resolución 
 Resolución 
 artículo 6
 artículo 6
 artículo 7
 artículo 7
 artículo 3
 artículo 7
 artículo 35