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Timestamp: 2018-01-19 07:20:29+00:00

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Segunda parte de La situacion en el mes de septiembre, Capitulo segundo del Tomo Quinto de Emiliano Zapata y el agrarismo en Mexico del General Gildardo Magaña. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
TOMO V - Capítulo II - Primera parte - Panorama durante el mes de agosto de 1914
TOMO V - Capítulo III - Primera parte - El conflicto con el Sur se convierte en definitivo distanciamiento
El general Natera continúa en su actitud
Al telegrama preinserto contestó el general Natera lo que sigue:
Hónrome manifestar a usted en contestación su respetable telegrama que si le es posible sírvase suspender las órdenes que usted ha dado con objeto de que primer tren salga para ésa una delegación de esta División con fin esclarecer todos los puntos relativos. Como revolucionarios honrados que hemos sido, estamos dispuestos, como ya manifestamos, a apegarnos estrictamente a la justicia y a acatar las órdenes cuando éstas sean procedentes. Estimaré a usted se sirva indicarme si puede atender delegación a que me refiero y si ésta gozará de todas garantías. Respetuosamente.
El señor Carranza dió respuesta en nuevo telegrama, que dice:
Palacio Nacional, 23 de septiembre de 1914.
Suspenderé únicamente la orden que di a usted para destruir la vía; pero si fuerzas de Villa avanzan, ordenará usted que sea destruída inmediatamente, pues debe evitarse todo avance. Puede venir delegación a hablar conmigo, y sería conveniente viniera usted y algún otro de sus jefes para imponerlos perfectamente de la situación y se convencerán de que tengo razón de proceder como lo he hecho y que procuro hasta donde es posible evitar más derramamiento de sangre y los perjuicios y peligros que una nueva guerra civil traería a la Nación. Los delegados tendrán toda clase de garantías y seguridades para regresar a ésa. Pueden venir tren de mañana o especial.
No estaba convencido el general Natera de que al señor Carranza le asistiese la razón, por lo que, dejando ver que persistía en su actitud, contestó con comedimiento:
Aguascalientes, 23 de septiembre de 1914.
Me honro contestar su respetable telegrama. Ya sale délegación ante usted y espero que hallará usted de peso las razones que nos asisten para ser escrupulosos en asuntos que, como el presente, son de enorme trascendencia. Procuraré por todos los medios posibles evitar avance fuerzas División del Norte. Salúdol respetuosamente.
Telegrama del general Cabral
Como se ve, a lo delicado de la situación se sumaba la franca actitud del general Natera, a quien si no convenció el telegrama del señor Carranza fue porque sobre sus argumentos recordaba el importante papel desempeñado por la División del Norte, y no creía justo que, como recompensa a su brillante campaña, se le colocara en la condición de enemiga.
Pero hay algo más: el general Juan G. Cabral, de quien dijimos que salió a Sonora para encargarse del gobierno y de la Comandancia Militar, sufrió gran desaliento por su desairada situación al negarse el gobernador a hacerle entrega de un puesto que, según sus propias palabras, no le había conferido el Primer Jefe, sino el pueblo del Estado. Su desaliento puede notarse en el siguiente mensaje:
El Paso, 23 de septiembre de 1914.
Está en mi íntima convicción que cumplí con mi deber al cooperar con mi humilde contingente al derrocamiento de los traidores (Refiérese a Victoriano Huerta y sus partidarios. Anotación del profesor Carlos Pérez Guerrero). Repugna a mi conciencia ver de nuevo al país envuelto en la lucha que ya se inicia. Mis esfuerzos han sido y serán encaminados a una solución pacífica. Siguiendo los dictados de mi conciencia he resuelto no tomar participación en la actual contienda. Salúdole atenta y respetuosamente.
El General Juan Cabral.
El general Villa desconoce al señor Carranza
Al telegrama del general Villa que dejamos copiado, y que lleva fecha 22, siguió la pública exposición de su actitud. Está contenida en un manifiesto que circuló profusamenre, y que dice:
Al derrocamiento del gobierno democrático del señor Madero, obra grandiosa del movimiento revolucionario de 1910, el pueblo mexicano se lanzo de nuevo a la conquista de sus libertades, demostrando a la nación y al mundo entero que han terminado para siempre en nuestro país los gobiernos impuestos por la fuerza y que sólo aceptará y respetará a los emanados de la voluntad popular.
La palabra Constitucionalismo, grabada sobre los colores de nuestra bandera, encierra todo el programa político de la Revolución, dentro del cual serán resueltas, sobre bases legales y, por ende, estables, las reformas encaminadas al mejoramiento social y económico de nuestro pueblo.
Aunque el Plan de Guadalupe, lanzado por el C. Venustiano Carranza, ofrecía solamente el restablecimiento del gobierno cqnstitucional, fue aceptado, sin embargo, por los jefes revolucionarios, porque confiaban en que el Primer Jefe de la Revolución era partidario de establecer no sólo un gobierno democrático, sino las reformas económico-sociales indispensables para asegurar el mejoramiento de las clases desheredadas.
Desgraciadamente, los actos del señor Carranza y sus declaraciones engendraron en el ánimo de muchos revolucionarios el temor de no ver realizados los compromisos que la Revolución había contraído con el pueblo.
La División del Norte, que había sido objeto de las intrigas políticas del señor Carranza, temiendo, más que cualquiera otra, que fueran defraudados los ideales revolucionarios, propuso, de acuerdo con el Cuerpo de Ejército del Noreste, en las conferencias de Torreón, el establecimiento de una Convención sobre bases democráticas para obligar al Primer Jefe a cumplir con el programa revolucionario, garantizando el establecimiento de un gobierno democrático y las reformas en beneficio del pueblo.
El señor Carranza rehusó aceptar la Convención sobre las bases propuestas en el pacto de Torreón y resolvió que al entrar a la capital de la República el Ejército Constitucionalista convocaría a una junta a los generales y a los gobernadores de los Estados para estudiar los problemas políticos y'sociales de la Revolución.
Si la División del Norte había perdido la confianza en el Primer Jefe no podía tenerla tampoco en una Junta cuyos miembros eran de hecho designados por él, supuesto que él era quien tenía facultades para conferir el grado de general y para nombrar a los gobernadores, por lo que tendría siempre una mayoría asegurada.
El Primer Jefe rehusó aceptar el título de Presidente Interino que, conforme al mismo Plan de Guadalupe, le correspondía y que lo colocaba bajo restricciones constitucionales, conservando únicamente el de Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo. Varió la fórmula de la protesta constitucional. No formó su gabinete de acuerdo con la Constitución, dejando a los encargados de su administración con el carácter de oficiales mayores. Asumió en su persona los tres poderes constitucionales, suprimiendo las autoridades judiciales y dejando la vida y los intereses de los mexicanos al arbitrio de jefes militares, sin restricción legal alguna. Decretó reformas constitucionales de la exclusiva competencia de las Cámaras, como la supresión del Territorio de Quintana Roo. Ha autorizado la violación de garantías otorgadas por la Constitución, entre otras, la libenad de conciencia, permitiendo a muchos gobernadores que, exagerando el justo resentimiento del Partido Constitucionalista contra los miembros del clero católico que tomaron parte en el cuartelazo y en el sostenimiento de la dictadura, supriman el culto, impongan penas por prácticas religiosas autorizadas por las leyes y lastimen profundamente el sentimiento religioso del pueblo con actos reprobados por la civilización y el Derecho de gentes. Por último, a la anarquía que ya existe en la capital de la República y en la mayor parte de los gobiernos de los Estados, por los desaciertos políticos y la falta de energía del señor Carranza, se agregará muy pronto la miseria p6blica ocasionada por la intranquilidad y falta de seguridades en las ciudades y en los campos, y la depreciación cada vez más grande del papel moneda, cuya última emisión, de pesos 130.000,000, decretada por él sin garantía ninguna, hará bajar su valor a un grado ínfimo y elevará a un precio fuera del alcance de las clases pobres, los artículos de primera necesidad.
Frente a una situación que amenaza comprometer el triunfo de la Revolución, alcanzado con tanto sacrificio, arrojando al país a la anarquía y a la miseria, la División del Norte envió a la ciudad de México una delegación para presentar al Primer Jefe un programa de gobierno interino, que es, en resumen, el restablecimiento inmediato del orden constitucional por medio del sufragio electoral y la implantación de las reformas agrarias, programa firmado por el general Obregón en representación del Cuerpo de Ejército del Noroeste y por mí en la de la División del Norte.
El señor Carranza rehusó convocar inmediatamente a elecciones, determinando que la junta por él convocada para el 1° de octubre sería la que habría de fijar el tiempo y la forma de su celebración. Esto significaba que, en último resultado, el señor Carranza sería quien fijara el tiempo y la forma de esas elecciones.
Efectivamente, como la junta se constituiría con todos los generales con mando de fuerza y todos los gobernadores, de antemano se podría asegurar que a la hora de las votaciones en el seno de la junta la mayoría de sus miembros sería de la misma opinión del señor Carranza, toda vez que, concurriendo dichas personas con su carácter militar y no como representantes de ningún cuerpo de ciudadanos, dependerían jerárquicamente del Primer Jefe del Ejército y quedarían sometidas a su influencia moral.
Eso no obstante, y a pesar de la creencia fundada de que la junta sería sólo un pretexto para que el Primer Jefe continuara indefinidamente en el poder, los jefes del Cuerpo de Ejército del Noroeste y de la División del Norte, dando un testimonio de su espíritu de conciliación, aceptaron mandar sus delegados, poniendo sólo la condición de que en la junta se tratarían de preferencia estas tres cuestiones: confirmación en favor del C. Venustiano Carranza en su cargo de Presidente Interino de la República, el cual le corresponde según lo proclamado en el Plan de Guadalupe; el restablecimiento del orden constitucional mediante la elección de un gobierno popular en el plazo más breve posible, y, por último, la adopción de medidas suficientemente eficaces para garantizar la resolución del problema agrario en un sentido prácticamente favorable para las clases populares.
Cuando ya iban camino de la ciudad de México el señor general Obregón, jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste, y algunos delegados de la División del Norte, un incidente imprevisto detuvo su marcha: el Primer Jefe, violentado por noticias alarmantes e infundadas de la prensa amarilla, suspendió el tráfico con los lugares ocupados por la División del Norte, dando a conocer de esa manera su resolución de iniciar las hostilidades contra los que ejercían presión sobre él para obligarlo a cumplir con los compromisos de la Revolución que llevó al pueblo a la lucha armada, no para imponer la voluntad de alguien, sino para que el mismo pueblo impusiera la suya.
Ante la consideración de que todo esfuerzo pacífico sería inútil para obligar al Primer Jefe a entregar oportunamente el poder al que la voluntad popular designara, y comprendiendo que la salvación de la patria y de los intereses del pueblo, encarnados en los principios revolucionarios, depende de la inmediata resolución de sus grandes problemas, la División del Norte ha resuelto desconocer como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo, al C. Venustiano Carranza.
Ese desconocimiento no encierra un acto de ambición de mi parte ni de ninguno de los generales de la División del Norte, y solemnemente declaro, con la debida autorización, que ni ellos ni yo aceptamos los cargos de Presidente Interino ni Constitucional de la República, así como tampo:co los de Vicepresidente y Gobernadores, y que, de acuerdo con los demás generales, jefes y oficiales del Ejército Constitucionalista que quieren coadyuvar con nosotros, lucharemos por establecer un gobierno civil que garantice todos los derechos y todas las libertades de los ciudadanos.
En esa virtud, invito a todos los ciudadanos mexicanos:
PRIMERO. A desconocer al C. Venustiano Carranza como Primer Jefe Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación.
SEGUNDO. A unirse a la División del Norte, contribuyendo en la forma más eficaz que les sea posible, para exigir la separación del C. Venustiano Carranza de la jefatura del Ejército Constitucionalista y del Poder Ejecutivo.
Inmediatamente que se haya conseguido esta separación, los generales con mando de tropas designarán una persona civil que, con el carácter de Presidente Interino de la República, convoque desde luego a elecciones para establecer el orden constitucional e inicie las reformas económico-sociales que la Revolución exige.
Con el fin de que la agitación electoral no se repita apenas verificada la elección, atento el precepto constitucional vigente, y de que el Presidente electo pueda llevar a la práctica el programa de la Revolución, el Presidente Provisional someterá a la aprobación de las Cámaras la reforma de que el período presidencial de seis años empiece a contarse desde la fecha en que el electo tome posesión.
Es muy doloroso para mí exigir del pueblo mexicano un nuevo sacrificio para que la Revolución pueda definitivamente realizar sus caros ideales; pero tengo la seguridad de que todo ciudadano honrado comprenderá que sin este último esfuerzo del pueblo se derrumbaría toda la obra revolucionaria, porque habríamos derrocado una dictadura para substituirla por otra.
El mexicano que no contribuya a dar cima a este grandioso movimiento libertario llevará sobre su conciencia el remordimiento de no haber sabido amar y servir a su patria.
Chihuahua, septiembre de 1914.
Vamos a decir unas palabras sólo por la vaga relación que tiene el manifiesto con el movimiento del Sur.
El contenido del documento desvanece la aseveración del señor Carranza de que el general Zapata estuviera instigado por el general Villa. Si ambos hubiesen estado en comunicación es seguro que la influencia hubiera sido inversa, toda vez que el general Zapata asumía una actitud clara, precisa y apoyada en los principios de su bandera revolucionaria; pero el manifiesto se aparta mucho de la parte política y del contenido social de esa bandera.
En él vemos que cuando el general Villa pugna por la resolución del problema agrario lo hace en forma imprecisa. Esto conduce a pensar que sentía el problema; pero no tenía noción de los procedimientos señalados por el movimiento del Sur.
La actitud de Villa repercute en Sonora
Habiendo transmitido el general Villa a varios gobernadores y jefes militares su telegrama del día 22, tuvo fuertes resonancias, entre las cuales señalaremos la de Sonora, pues su gobernador constitucional se apresuró a secundar al jefe de la División del Norte, como veremos en el siguiente
El general Francisco Villa ha desconocido al señor Venustiano Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo de la República. Esta resolución ha sido una imperiosa necesidad. El Jefe de la División del Norte hizo cuanto estuvo de su parte, y muy abnegadamente, a fin de evitar este conflicto. Con toda prudencia trató de corregir los gravísimos errores ejecutados por el señor Carranza; comprendiendo, y muy hondamente sintiendo, las verdaderas aspiraciones del pueblo y de la patria, en muchas ocasiones, con acendrado patriotismo, con singular cordura, le expuso los arduos problemas políticos que forzosamente debían resolverse antes de que Carranza asumiera la Presidencia provisional. Por toda respuesta sólo obtuvo promesas engañosas y nada positivo para el verdadero bienestar del pueblo.
La conducta de Carranza se concretó, inmediatamente de su entrada a México, a favorecer a sus íntimos, a quienes considera como su familia oficial, y a falsear, sofística y perversamente, el mismo Plan de Guadalupe. Dió a entender que se encargaba del Poder Ejecutivo como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y no como Presidente provisional; así da una dolosa interpretación a las cláusulas 5a. y 6a. de dicho Plan, pretendiendo demostrar que la Primera Jefatura del Ejército Constitucionalista y la Presidencia provisional son condiciones políticas distintas que no le impedirán ser electo Presidente legalmente. En tal sentido, se propone, como Encargado del Poder Ejecutivo, bajo su dictadura militar y los auspicios de sus comandantes en los Estados, llevar a cabo las elecciones de diputados al Congreso Nacional, y una vez formado éste a su antojo, nombrar como Presidente Interino a uno de sus amigos incondicionales a fin de quedar capacitado de presentar su candidatura como Presidente Constitucional, sosteniendo la teoría, ya propagada por la prensa que le es adicta, de que las situaciones revolucionarias no son situaciones constitucionales.
Partiendo de este sofisma, inspirado nada más que en los intereses de un partido personalista, y con el cual hace traición a los principios esenciales revolucionarios y a la patria, quiere perpetuarse en el poder, ya como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, ya como Presidente Constitucional, porque ambas representaciones son enteramente distintas y no están comprendidas, en consecuencia, en las prohibiciones que para este caso impone la Constitución Política de la República, puesto que, al hacerse cargo del Poder Ejecutivo como jefe del Ejército Constitucionalista, no llenaba ningún requisito constitucional.
Esta falsedad y esta traición a las aspiraciones populares, por una parte, y, por otra, su propósito antipatriótico de demoler todo lo que signifique ley u organización de gobierno para fundar su poder militar sobre las ruinas de la patria; su falta de respeto a los gobiernos de los Estados legítimamente constituídos, que eficaz y poderosamente ayudaron al movimiento popular en contra de la usurpación; sus franquicias ilimitad«s a sus aduladores; sus injusticias para aquellos ciudadanos que lo han sacrificado todo por la patria; su resistencia pertinaz y malvada para realizar las reformas agrarias que satisfagan las necesidades del pueblo y, en fin, su ambición desmedida a la dictadura militar, han sido causas sobradas para el patriótico desconocimiento que ha hecho el jefe de la División del Norte, al cual este Estado de Sonora secunda con todas sus energías porque lo considera de justicia y de grandes y fecundos resultados para la futura prosperidad nacional.
En tal concepto, he tenido a bien adherirme al desconocimiento y resolver:
1° En ombre del pueblo de Sonora, cuyo patriotismo proclamo una vez más, se desconoce al C. Venustiano Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo de la República.
2° Comuníquese esta resolución a todas las autoridades militares y civiles del Estado y a los funcionarios del ramo federal.
Nogales, Sonora, septiembre 23 de 1914.
El Gobernador Constitucional de Sonora. José María Maytorena.
Los dos puntos neurálgicos en el Norte se habían convertido en abierta rebelión. Veremos luego algunos actos tendentes a modificar ese estado de cosas, y nos referiremos en el capítulo siguiente al conflicto en el Sur.
JEFES CONSTITUCIONALISTAS SE APRESTAN A CONJURAR LA TORMENTA
Enorme sensación causaron en la ciudad de México las noticias de lo que había sucedido al general Obregón en Chihuahua, la determinación del general Villa de que los representantes de sus fuerzas no integraran la Convención y el desconocimiento del señor Carranza.
Después de algunos cambios de impresiones entre generales y jefes residentes en la ciudad de México, tomó cuerpo la idea de intervenir con toda rapidez para evitar un choque armado en las filas constitucionalistas.
Reunión de generales
Para llevar a la práctica esa idea, el general Lucio Blanco hizo circular una convocatoria que dió como resultado la reunión de una mayoría de los generales que estaban en la capital. Lo que se trató en la reunión consta en el acta que vamos a reproducir:
En la ciudad de México, a los veintitrés días del mes de septiembre de mil novecientos catorce, reunidos los subscritos ciudadanos y miembros del Ejército Constitucionalista en el cúartel del ciudadano general Lucio Blanco, a las ocho de la noche, por virtud de la convocatoria girada por el propio general para tratar en esta junta de asuntos muy importantes relacionados con la Revolución, el convocante puso de manifiesto a los presentes que el general Francisco Villa había desconocido la autoridad del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista Encargado del Poder Ejecutivo, ciudadano Venustiano Carranza, suspendiéndose el tráfico con la División del Norte y quedando en su poder el general Alvaro Obregón, por lo que el general Blanco creía necesario procurar un avenimiento entre todos los jefes de la Revolución para evitar una nueva guerra que entre compañeros sería desastrosa, y con ese objeto invitó a todos los presentes a exponer libremente sus ideas sobre el particular, advirtiéndoles que estaba autorizado por el Primer Jefe para ello, pues le manifestó que por ningún motivo quería ser la causa de que se derramara una sola gota de sangre en la República.
En seguida hicieron uso de la palabra varios de los presentes, y después de discutirse el asunto ampliamente se tomó, por mayoría de votos, el siguiente acuerdo:
Se nombra una comisión integrada por los generales Lucio Blanco, Ignacio L. Pesqueira, Rafael Buelna, Eduardo Hay y Julián Medina, la cual tendrá por objeto evitar patrióticamente, haciendo para ello los esfuerzos necesarios, el conflicto armado entre la División del Norte y los demás Cuerpos de Ejército, por lo que procederá desde luego:
1° A librar los telegramas necesarios a fin de impedir que estalle el conflicto armado.
2° A conferenciar con el C. Primer Jefe Encargado del Poder Ejecutivo a fin de obtener los puntos o cuestiones que en su concepto deban ser adoptados para el caso de un arreglo.
3° En seguida se pondrán de acuerdo los miembros de la comisión con los de la División del Norte sobre la forma y términos en que deba convocarse a una convención de los miembros del Ejército Constitucionalista y demás personas que ellos acuerden, la que se celebrará en la ciudad de Aguascalientes u otro terreno neutral, y resolverá DE manera definitiva todas las cuestiones que deban servir de base para la organización del gobierno de la República. La comisión tiene amplios poderes, en nombre de los firmantes, para tratar y resolver todas las cuestiones que se relacionen con la Revolución. Con lo que se concluyó la junta, nombrándose secretarios interinos a los Cc. coroneles Antonio Norzagaray, Genaro Palacios Moreno y teniente coronel Juan Mérigo. Y firmaron, aceptando desde luego su encargo, los comisionados que estuvieron presentes. Damos fe.
D. Cerecedo Estrada.
Martín Castrejón.
D. Insuastis.
Francisco Cosío Robelo.
M. M. Acosta.
Ramón V. Sosa.
(Siguen 33 firmas.)
Acabamos de ver cómo y por qué surgió la idea de que la Convención se llevara a cabo en Aguascalientes. Enterémonos ahora del resultado de uno de los acuerdos tomados por la junta, según el siguiente documento:
Opinión del señor Carranza
En México, a veinticuatro de septiembre de mil novecientos catorce, reunidos en el cuartel del general Lucio Blanco los generales Blanco, Ignacio L. Pesqueira, Eduardo Hay, Rafael Buell}a y Julián Medina, asistidos del secretario coronel Genaro Palacios Moreno, para dar cumplimiento a lo acordado en la junta constitucionalista celebrada el día de ayer, se resolvió por unanimidad conferenciar con el Primer Jefe del Ejército, Encargado del Poder Ejecutivo, C. Venustiano Carranza, para proceder a llevar a cabo los acuerdos tomados, y al efecto se trasladó la comisión al Palacio Nacional, donde fue recibida por el Primer Jefe, quien, impuesto de lo acontecido por la lectura íntegra del acta que de la junta se levantó ayer, manifestó que:
Nada debía tratrse con el General Villa en la forma convenida en la Junta, pues él era el único a quien competía dar órdenes y acuerdos que le parecieran convenientes en el caso.
El general Blanco creyó necesario explicar al Primer Jefe ampliamente el objeto que se había propuesto la junta, advirtiendo que no se había tratado de substraerse a la obediencia y respeto que se le debía como la primera autoridad del Ejército y de la Nación y que sólo se había deseado hacer un esfuerzo privado con el general Villa para evitar el conflicto, haciéndole ver lo improcedente de su actitud, y el Primer Jefe respondó que el general Villa había provocado intencionalmente el conflicto, debido a las malas sugestiones de algunos enemigos de la Revolución que habían logrado sorprenderlo, y que en concepto de él, dada la preponderancia en estos momentos cerca del citado general de esas perversas influencias, fracasaría toda gestión de arreglo, como lo demostraba el ningún éxito que habían tenido los esfuerzos del general Obregón en ese sentido; que debía sostenerse el principio de autoridad a costa de cualquier sacrificio, pues no podía dejarse a la voluntad diversa de cada uno de los jefes, porque eso equivaldría a entregarla a la anarquía.
El general Hay, entonces, solicitó la autorización del Primer Jefe para que la comisión librara un telegrama a los jefes y oficiales que se encontraran a las órdenes de Villa haciéndoles comprender lo equivocado de esa conducta y la necesidad de evitar divisiones en el Ejército, haciendo un llamamiento a su obediencia y lealtad para con el Primer Jefe.
El general Jacinto Treviño. que asistió a la conferencia, manifestó entonces que era innecesario ese llamamiento o excitativa y que sólo ocasionaría el comprometer con el general Villa a todos los jefes, quienes ya no se atreverían a manifestar libremente su opinión y hacer su voluntad, y que él era de opinión que no se enviara el telegrama.
El general Hay insistió en su iniciativa, sosteniendo que era una obligación, por parte de los jefes que estaban aquí, llamar a sus compañeros excitándolos para seguir el buen camino, y el general Treviño también sostuvo insistentemente que no debía hacerse, pues los que fueran honrados seguirían ese camino sin necesidad de indicárselo.
Y en vista de que el general Hay insistió de nuevo, el Primer Jefe concedió la autorización solicitada para enviar el telegrama propuesto, firmado por la comisión de generales. Con lo qué concluyó el acta, que firmaron los miembros de la Comisión ante el secretario que da fe.
Ignacio L. Pesqueira.
Coronel secretario, Genaro Palacios Moreno.
Como por la redacción del acta se puede interpretar que entre los miembros de la comisión había diferencia de criterio que provocó una discusión ante el señor Carranza, aclararemos que el general Jacinto B. Treviño, quien se opuso a la proposición del general Hay, estuvo en la entrevista en su carácter de encargado de la Secretaría de Guerra y Marina asistiendo al Primer Jefe.
Hecha la aclaración, veamos que el señor Carranza estimaba necesario sostener el principio de autoridad a costa de cualquier sacrificio. Esta opinión está en completo desacuerdo con lo aseverado por el general Lucio Blanco en la junta por él convocada, pues dijo que el Primer Jefe por ningún motivo quería ser la causa de que se derramara una sola gota de sangre en la República.
Es posible que el señor Carranza haya expresado al general Blanco tan excelentes deseos; pero en ese caso, las palabras que están subrayadas en el acta los desdicen y anulan. También es posible que el general Blanco, en uno de los arranques propios de su carácter, haya atribuído al señor Carranza lo que no expresó. Sea como fuere, la última opinión de este señor era la de sosténer el principio de autoridad a toda costa.
Gestión de los generales
Autorizados por el señor Carranza, los comisionados se dirigieron a sus colegas de la División del Norte en nota telegráfica que dice:
A los Jefes Militares de la División del Norte.
Un grupo considerable de jefes revolucionarios, preocupándose por la situación actual de la República, se reunió espontánea y libremente en esta capital y acordó hacer una empeñosa labor en pro de la armonía entre los elementos revolucionarios, para lo cual nos designó en comisión autorizándonos para llevar a cabo libremente las gestiones que estuvieran encaminadas a lograr tan altos fines.
Cumpliendo con nuestro encargo, invitamos a ustedes a colaborar con nosotros en esa labor de pacificación, manifestando libremente sus ideas sobre el particular y sugiriendo los medios más prácticos para evitar un conflicto armado.
El rompimiento entre los miembros del Ejército Revolucionario significaría, en las actuales circunstancias, el fracaso de la Revolución, que aun no está consumada, y el triunfo de nuestros enemigos, que aun no están vencidos.
Somos los jefes revolucionarios los que, en definitiva, tendremos que luchar unos contra otros en una odiosa guerra entre compañeros; somos los responsables del éxito o del fracaso de la Revolución y, por lo tanto, somos los jefes revolucionarios los más directamente indicados para buscar los medios de solucionar el conflicto actual.
Guiados por estas razones, hacemos un llamamiento al patriotismo y a la buena voluntad de nuestros compañeros del Norte para que ellos, también libremente, colaboren con nosotros en la obra de pacificación de la República, supuesto que todos estamos convencidos de que no hay causas fundamentales para una nueva guerra civil.
México, 25 de septiGeneral L. Blanco.
General Rafael Buelna.
General J. C. Medina.
Nueva nota telegráfica
Una nueva nota telegráfica fue girada por los mismos signatarios el día 26. Dice así:
México, septiembre 26 de 1914.
A los generales constitucionalistas y comandantes militares de los Estados:
Han surgido nuevas diferencias entre el Primer Jefe del Ejército, C. V. Carranza, y el general Francisco Villa. La Primera Jefatura recibió noticias de que el general Villa había aprehendido en Chihuahua al C. general Alvaro Obregón, y al pedirle cuenta el Primer Jefe de su actitud, contestó desconociendo categóricamente la autoridad de éste, por lo que se mandó suspender inmediatamente el tráfico con la División del Norte.
En vista de la gravedad de esta situación, que puede provocar una guerra desastrosa entre hermanos y compañeros, sin fundamento real, porque todos estamos resueltos a llevar a cabo los ideales de la Revolución, guerra que haría fracasar la obra revolucionaria y daría el triunfo a los enemigos de la causa, porque dificultaría la pacificación de la República, la mayoría de los jefes militares que se encuentran en la capital celebraron una junta que tuvo por objeto acordar la forma en que podría solucionarse pacíficamente el conflicto, y fuimos nombrados en comisión para colaborar por la unión de los nuestros y por la paz, autorizándosenos para hacer en este sentido todas las gestiones que fueran necesarias.
Cumpliendo con nuestro encargo, nos dirigimos a ustedes apelando, una vez más, a su patriotismo, para que libremente nos indiquen cuáles son, en su concepto, los medios que podrían ponerse en práctica para resolver las dificultades indicadas, demostrando con vuestra colaboración el espíritu de fraternidad que debe unir a todo el Ejército Constitucionalista para que sea una institución que salve a la República.
Julián C. Medina.
El general Obregón, en la junta de militares
En la misma fecha del telegrama preinserto se tuvieron informaciones de que el general Alvaro Obregón estaba en la ciudad de México, por lo que urgentemente se envió la convocatoria para una junta a los jefes constitucionalistas que habían asistido a las anteriores, y se invitó al general Obregón, de quien se deseaban informes sobre lo sucedido en Chihuahua. He aquí el resultado de la reunión, según el acta que se redactó:
En la ciudad de México, a veintiséis de septiembre de mil novecientos catorce, reunidos en junta en la casa del general Lucio Blanco, los que suscribimos, ciudadanos y miembros del Ejército Constitucionalista, se concedió la palabra al secretario de la comisión permanente, quien dió cuenta de los trabajos de la misma hasta hoy.
En seguida, el C. general Alvaro Obregón manifestó: que habiendo estado bastante tiempo en la División del Norte podía informar con exactitud de las causas del conflicto y que éste se debía:
1°, al carácter del general Villa,
2° a los malos elementos que rodean a este jefe,
3°, a los malos elementos que rodean, también, al Primer Jefe del Ejército, por lo que, en su concepto, era necesario, para realizar la pacificación, procurar unificar el criterio revolucionario atrayendo a los buenos elementos de todas partes y apartando a los malos elementos que rodean a los jefes, y que con este fin debía nombrarse inmediatamente una comisión que se dirigiera a Aguascalientes para tomar contacto con los jefes del Norte, procurando el avenimiento que estas juntas persiguen; que, en su opinión, la causa principal de los últimos disturbios en la República era la gran suma de mando que se confiaba a un solo jefe, y que, por tanto, proponía que a él, al general Villa y al general González, que mandan poderosas unidades militares, se les quite el mando, entregándose a una junta revolucionaria, y que él, el general Obregón, está dispuesto, desde luego, a deponer el mando de su División para evitar, por su parte, estas dificultades. La actitud del general Obregón fue aplaudida por la junta, y el general Hay dijo:
Que jefes como el general Obregón no eran peligrosos ni de aquellos que debían deponer el mando.
A continuación expusieron sus opiniones acerca de la cuestión palpitante, las siguientes personas: generales Blanco, Buelna y Hay; coronel Estrada; teniente coronel Mérigo; capitán Gallegos, C. Roberto V. Pesqueira. Y como resultado de la discusión, se tomaron los siguientes acuerdos:
1° se incorpora como miembro de la comisión permanente de Pacificación al C. general Alvaro Obregón.
2° La comisión permanénte gestionará ante el Primer Jefe la libertad de las personas aprehendidas recientemente por considerarlas inodadas en trabajos favorables a los propósitos de la División del Norte, tomando en consideración que pueden ser de los buenos elementos revolucionarios que deben atraerse.
3° La comisión permanente hará la depuración de los elementos que considere un obstáculo para el acuerdo entre los revolucionarios.
4° Se nombra en comisión, para que vayan a Aguascalientes a tratar con los jefes de la División del Norte, a los siguientes ciudadanos: generales Alvaro Obregón, Ramón F. Iturbe, Guillermo García Aragón, Ernesto Santos Coy, Ramón V. Sosa, Jesús Trujillo y coronel Luis Santoyo.
5° Se autoriza a la comisión para trasladarse inmediatamente al punto más hacia el Norte que pueda alcanzar y ponerse en contacto con el mayor número de jefes de la División del Norte, a fin de dar cerca de ellos todos los pasos que estimen prudentes para lograr desde luego la suspensión de hostilidades y, subsecuentemente, un acuerdo con ellos para evitar el conflicto armado inminente. Esta comisión queda especialmente facultada para preparar un acuerdo con los jefes del Norte respecto a las condiciones en que pudiera reunirse una convención general de jefes y oficiales revolucionarios que solucione debidamente todas las dificultades existentes y trate los principales problemas políticos que ofrece la situación actual de México.
6° La comisión permanente trasmitirá por telégrafo todos los acuerdos que se tomen sobre estos asuntos, que son de interés general, a los jefes revolucionarios de la República, llamándolos por los medios más eficaces para adherirse a dichos acuerdos.
7° Los generales, jefes y oficiales que han concurrido a esta junta se adhieren a los propósitos y acuerdos tomados en la junta del día veintitrés del corriente.
Con lo que se concluyó el acto, levantándose la presente para constancia, aceptando su encargo, desde luego, los comisionados que estuvieron presentes, y firmando todos ante el secretario que da fe, y de que al discutirse esta acta se acordó designar también como miembro de la comisión que irá al Norte al C. general Eduardo Hay y agregar a dicha comisiÓn al general Andrés Saucedo.
Deseos del general Villa y contestación del señor Carranza
Para no reproducir extensos telegramas que se enviaron a diversos jefes militares, incluyendo a los de la División del Norte, resumiremos esos documentos diciendo que el día 27 se comunicó al general Villa y principales subalternos lo acordado en la junta del día anterior, y se pidió que atendieran a los comisionados, que llevaban por objeto oír la opinión y recibir sugestiones acerca del lugar neutral más conveniente para que se reuniese una convención que se encargaría de discutir los problemas.
El general Villa contestó a los generales Blanco, Buelna., Pesqueira, Hay y Medina, diciendo que sólo deseaba que el señor Carranza entregara el mando supremo de la República a don Fernando Iglesias Calderón, quien convocaría a elecciones; agregó que, como demostración de su desinterés, declaraba que no aceptaba ni aceptaría la Presidencia o Vicepresidencia de la República interina o constitucionalmente. El mismo telegrama se transmitió al señor Carranza y a los gobernadores, incluyendo al señor Maytorena, con la diferencia de que a la firma del general Villa estaban unidas las de una mayoría de generales de la División del Norte.
Fuerte debió de ser la impresión que recibió el señor Carranza; pero contestó diciendo que sus deseos eran dejar cuanto antes los dos altos cargos; mas considerándolos como un depósito sagrado, se creía. en el deber de ponerlos en manos de quienes se los habían conferido. Para ese objeto había convocado a la convención, que iniciaría sus trabajos el primero de octubre, a la que debían concurrir los generales con mando de fuerza y los gobernadores, a quienes correspondería designar a su sucesor; pero que si la dimisión que iba a presentar no era aceptada, estaba dispuesto a combatir, con la misma energía con que combatió a la usurpación, a la reacción ahora capitaneada por el general Villa, instrumento del porfirismo y del cientificismo, como lo había sido Pascual Orozco.
Por su parte, la comisión permanente de Pacificación dió la siguiente respuesta:
De México, el 28 de septiembre de 1914, para Chihuahua.
General Francisco Villa y demás generales, jefes y oficiales de la División del Norte.
Enterada esta comisión su atento mensaje fecha 27 corriente, tiene la honra de contestarlo transmitiendo originales los acuerdos tomados por la junta de generales, verificada en México el 26 del corriente. La proposición hecha por el general Villa en el mensaje referido deberá someterse a la consideración de todos los miembros del ejército en la forma y lugar que la División del Norte arregle con la comisión que salió a entrevistarla. Del mismo modo deberán estudiarse las demás cuestiones que al gobierno futuro de la República se refieran; por lo que rogamos a ustedes atiendan a dicha comisión con la misma honradez, sinceridad y patriotismo con que atendieron nuestro mensaje del 27, procurando, como nosotros, evitar un conflicto armado, que no tiene razón de ser, dada nuestra completa y perfecta inteligencia de los ideales y fines que persigue la Revolución.
Hay que reconocer el éxito inmediato de la junta de generales al obtener prácticamente un armisticio con la suspensión de actividades de la División del Norte.
La idea de que se reuniera una convención había tomado cuerpo, pues para solucionar los problemas se hacía necesaria la existencia de una autoridad moral suficientemente fuerte por el apoyo que le prestara la opinión mayoritaria de los jefes revolucionarios. Pero esa convención debía celebrarse en lugar neutral para discutir con absoluta libertad, dadas la pujanza de la División del Norte y la circunstancia de que el Primer Jefe fuese parte en el conflicto.
A este respecto vemos que en las actas y demás documentos no se alude a la asamblea convocada por el señor Carranza, sino que se piden sugestiones sobre la forma y términos en que deba convocarse y el lugar propicio para la celebración.
Los documentos sólo se refieren a problemas políticos. Lo era el conflicto que motivó la junta de generales y, por grave, absorbió la atención de todos ellos. Siendo ajenos al problema, se veían empujados a una lucha armada de crudelísimos caracteres, dada la idéntica extracción de los futuros combatientes.
Comunicados al general Zapata
Mientras los comisionados por la junta cumplían su cometido cerca de la División del Norte, se enviaron documentos al general zapata. El primero de ellos dice:
General Julián C. Medina.
6a. de Alfonso Herrera 107.
México, D. F., a 28 de septiembre de 1914.
Principio por saludar a usted de la manera más atenta y ofrecerme a sus órdenes como un humilde servidor, pasando después a suplicarle se sirva atender la presente tomando en consideración lo que paso a exponerle.
A mediados de la semana pasada, al saberse las dificultades surgidas entre el C. Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y el general Francisco Villa, jefe de la División del Norte, fue nombrada, en junta de la mayor parte de los jefes existentes en esta capital, una comisión permanente de Pacificación de la que indignamente formo parte como miembro, cuyos trabajos, desde luego, tendieron a la solución del conflicto que se apuntaba.
Con ese objeto han sido dirigidos al señor general Villa varios telegramas, que ha contestado de la manera más correcta y llenos de esperanzas para el feliz arreglo; mas con fecha de ayer me permití, particularmente, dirigirle otro telegrama, del que le acompaño copia, en el que le expongo la idea que ayer mismo me surgió de la manera que a mi entender quedaría solucionada del mejor modo la cuestión del país, que hambre tiene ya de paz. Por el telegrama verá, estimado compañero, cuáles son mis deseos, y mi mayor anhelo será ver realizado mi pensamiento, pues de esa manera hemos de tener la unidad de nuestro Ejército, tendríamos una seguridad de que las personas que representaran el Poder Ejecutivo habían salida de la plena voluntad de las Divisiones, con lo que habría confianza entre los jefes del Ejército.
Mucho le estimaré estudie detenidamente mi proposición a fin de que, si fuere también de su parecer, preste su valiosa ayuda para verlo realizado, cooperando de esta manera a la gran obra de pacificación de nuestro país, uniéndose así en un estrecho abrazo los Ejércitos Libertador y Constitucionalista, al tener sus representantes en el poder, estando seguro de que la patria premiará a usted esta ayuda.
Como comprenderá usted, esta es una proposición que he hecho saber también al señor general Villa, esperando la contestación que tanto este respetable compañero como usted den a ella para procurar la unificación en el voto de los demás compañeros y conseguir su aprobación, buscándose entonces los medios de ejecución.
Esperando, pues, se sirva darme su importante opinión sobre lo arriba expuesto, me es satisfactorio ofrecer a usted las seguridades de mi estimación y aprecio, quedando suyo afmo. compañero y amigo.
General, C. Medina.
Desgraciadamente, no encontramos en el archivo del Ejército Libertador la copia del telegrama a que alude la carta reproducida ni la de la contestación que dió el general Zapata; mas por lo que subrayamos en el texto, puede deducirse que la proposición del general Medina consistió en la formación de una junta ejecutiva integrada, por representantes de las unidades del Ejército Constitucionalista, a los que se uniría el del Ejército Libertador.
Ya sea que figurase el señor Carranza en la junta ejecutiva por propio derecho o por elección de alguna de las unidades del Ejército Constitucionalista, de todos modos está de manifiesto el pensamiento de reducir la suma de poder que tenía.
Además, por el contenido de la carta puede verse que no era unánimemente secundado su propósito de combatir a la reacción encabezada por el general Villa.
Otro de los documentos enviados al general Zapata es el que vamos a reproducir.
Cuerpo del Ejército del Noroeste División de Caballería
Por acuerdo de la comisión permanente de pacificación, y siguiendo el camino de la sinceridad y honradez que nos hemos trazado, tengo la honra de remitir a usted copia exacta de todos los documentos en que constan los trabajos, juntas, telegramas y opiniones que hemos ejecutado y recibido de diversos jefes revolucionarios con relación al conflicto surgido entre el C. Primer Jefe del Ejército y el jefe de la División del Norte. Quisiéramos conocer igualmente la expresión libre y espontánea de la opinión de ustedes en cuanto a los medios prácticos para llevar a cabo, dentro de la paz que debemos hacer respetar nosotros mismos, la unión de los revolucionarios del país y el gobierno democrático para transmitir esa opinión a toda la República, con objeto de que estemos perfectamente penetrados de los ideales e intenciones de todo nuestro Ejército y de que podamos, en la Convenci6n que ha de celebrarse para discutir y aprobar esos pareceres, adoptar un acuerdo que resuelva todas las dificultades y un programa de gobierno que abarque los ideales revolucionarios.
Seguiremos informando a ustedes de estos asuntos y oportunamente los pondremos al tanto de los acuerdos que se tomen y del lugar neutral en que deba celebrarse la Convención, para que o vayan personalmente o envíen sus delegados, ayudándonos a realizar patrióticamente los fines de unión y paz que perseguimos.
Libertad y Unión.
México, septiembre 29 de 1914.
El general en jefe de la División de Caballería, Lucio Blanco.
El coronel secretario, Genaro Palacios Moreno.
Al C. general D. Emiliano Zapata y demás generales que se encuentren dentro de su jurisdicción.
Tampoco hemos encontrado en el archivo del Ejército Libertador la minuta de la contestación que se pedía al general Zapata. Pensamos que el documento preinserto quedó sin respuesta, pues el caudillo agrarista era completamente ajeno al conflicto surgido entre el general Villa y el señor Carranza. Opinar simplemente no tenía objeto, pues también estaba en conflicto con el Primer Jefe.
Los comisionados, en Zacatecas
Veamos ahora cómo cumplió su encargo la comisión que fue al norte del país. Con autorización del Primer Jefe, obtenida por el general Obregón, salió de México y llegó a Zacatecas el 29 de septiembre. Sin pérdida de tiempo conferenció con los generales Eugenio Aguirre Benavides, Pánfilo Natera, Santos Bañuelos y José Isabel Robles. Este último telegrafió al general Villa para informarle de la llegada de la comisión, por lo que el jefe de la División del Norte emprendió viaje a Zacatecas, y recogiendo fuerzas en el trayecto, con ellas arribó el día 30. El general Obregón supo el viaje de Villa; pero, dados los antecedentes que conocemos, se retiró a Aguascalientes, en donde esperó el resultado de la conferencia.
Los generales Iturbe, García Aragón, Santos Coy, Sosa, Trujillo, Hay, Saucedo y él coronel Santoyo, integrantes de la comisión, tuvieron una junta formal con los generales Francisco Villa, José Isabel Robles, Eugenio Aguirre Benavides, Pánfilo Natera, Santos Bañuelos, Martín Triana y Eulalio Gutiérrez. En la junta se tomaron estos acuerdos:
I. Suspensión de toda hostilidad, tanto por parte de la Primera Jefatura cuanto por la División del Norte;
II. Cesación inmediata de todo movimiento de tropas;
III. Se reunirá una convención general de jefes constitucionalistas en la ciudad de Aguascalientes, considerada neutral y equidistante de México, asiento de la Primera Jefatura y de Chihuahua, residencia del Cuartel General de la División del Norte.
IV. La convención dará principio a sus sesiones el día 10 de octubre; pero se recomienda a los jefes que deben integrada estar en Aguascalientes el día 5 para llevar a cabo algunos cambios de impresiones y unificar el criterio.
Regresan los comisionados
El mismo día 30 emprendieron el regreso los comisionados, a quienes se unió en Aguascalientes el general Obregón. Todos informaron a la junta de generales en México.
No está por demás decir que el sincero deseo del general Obregón de evitar un choque armado entre los elementos del Ejército Constitucionalista lo hacía desempeñar con lealtad el papel que se le había encomendado, a pesar de su muy humano resentimiento por los sucesos de Chihuahua.
La comisión estaba especialmente facultada para preparar un acuerdo con los jefes de la División del Norte sobre las condiciones en que pudiera reunirse una convención general de jefes revolucionarios. Habiéndose tomado en firme el acuerdo de llevar a cabo la convención en Aguascalientes, pues la presencia del general Villa no permitía tomar determinaciones a medias, no quedaba a la junta de generales sino desconocer la firmeza del acuerdo, puesto que sólo había conferido facultades para prepararlo, o hacer que la asamblea convocada por el señor Carranza se trasladara al punto convenido. Lo primero ahondaba el conflicto; lo segundo era modificar el pensamiento y las determinaciones del señor Carranza. Se optó por esto último, y fue encomendada al general Obregón la tarea de tratar con el Primer Jefe el espinoso asunto.
Ya para entonces eran ampliamente conocidos los manifiestos del general Villa y del gobernador Maytorena, por lo que tuvo que ceder el señor Carranza a que la convención, después de inaugurar en México sus trabajos, se trasladara a Aguascalientes, de acuerdo con lo pactado con la División del Norte, pues una negativa habría sido de fatales consecuencias.
Mientras tanto, habían llegado a la ciudad de México casi todos los generales constitucionalistas y los gobernadores convocados por el señor Carranza. Los muy pocos que no pudieron trasladarse designaron a sus representantes; pero cabe decir que se abstuvieron de concurrir los generales de la División del Norte y que los del Ejército Libertador estaban totalmente excluídos desde que se lanzó la convocatoria.
Esta era la situación, que bien podemos llamar interna, del Ejército Constitucionalista al finalizar septiembre; pero falta ver la relacionada con el Ejército Libertador.
Actividades gubernativas del señor Carranza
Cerraremos esta narración con los más destacados actos del Primer Jefe durante la segunda quincena del mes.
En la noche del 15 se recibió un cablegrama del licenciado Rafael Zubaran Capmany, comunicando desde Washington que el Presidente de los Estados Unidos, Mr. Woodrow Wilson, había dispuesto que sus tropas evacuaran el puerto de Veracruz.
El 19 se promulgó un decreto creando un nuevo renglón de la deuda interior por ciento treinta millones de pesos, a que ascendería una emisión de billetes cuya redención se haría en la forma y tiempo que fijase otro decreto.
El 26 se ampliaron las funciones del Procurador de Justicia Militar con las de Procurador General de la Nación, y se dispuso que las autoridades judiciales del fuero militar actuaran como autoridades del fuero federal, pues era grande el clamor por la suspensión de todo el Poder Judicial.
El 29 se publicó un decreto por el cual el Primer Jefe reformó la ley constitutiva de la Universidad Nacional.
Durante los días no señalados fueron nombradas diferentes personas para ocupar puestos que otras dejaban en la administración del señor Carranza.

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