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EL DELITO DE CORRUPCIÓN DEPORTIVA - PDF
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Juan Cano Castro
1 Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología ARTÍCULOS ISSN RECPC (2012) EL DELITO DE CORRUPCIÓN DEPORTIVA Aspectos metodológicos, dogmáticos y político-criminales Enrique Anarte Borrallo y Cándido Romero Sánchez Profesores de Derecho Penal y Filosofía del Derecho. Universidad de Huelva ANARTE BORRALLO, Enrique y ROMERO SÁNCHEZ, Cándido. El delito de corrupción deportiva. Aspectos metodológicos, dogmáticos y político-criminales. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología (en línea). 2012, núm , p. 20:1-20:24. Disponible en internet: ISSN [RECPC (2012), 25 dic] RESUMEN: El trabajo se centra en la radicalización de la lucha contra la corrupción, por medio del Derecho penal, operada por el art. 286 bis 4. del CP español; un nuevo enconamiento de la irrupción del Derecho penal en el ámbito deportivo. Esta opción político-criminal fruto de un inverecundo populismo punitivo se concreta en una infracción carente del mínimo fundamento requerido para justificar el recurso a la justicia penal y a la técnica legislativa que le es propia. Ello la hace inválida, en sentido técnico-jurídico. En tales condiciones el precepto concita todos los fantasmas del Derecho penal simbólico y de la aplicación oportunista de la Justicia penal, tan característicos de las nuevas formas de criminalidad en el Derecho penal del espectáculo. Presumiblemente, se frustrarán rápidamente las elevadas y vacuas expectativas que lo rodean. Metodológicamente, el análisis dogmático de este precepto se lleva a cabo tomando en consideración: la ausencia de un bien jurídico; el papel central que desempeña la finalidad típica de predeterminar los resultados deportivos; la autonomía del precepto respecto de otras formas de corrupción; y el reconocimiento de las dos figuras que la integran. PALABRAS CLAVE: Corrupción, corrupción entre particulares, corrupción deportiva, apuestas deportivas. Fecha de publicación: 25 diciembre 2012 SUMARIO: 1. La corrupción deportiva en el marco de la corrupción entre particulares: sustratos criminológico y político-criminal. 2. Bien jurídico y naturaleza del precepto. 3. Anotaciones metodológicas. 4. Corrupción deportiva pasiva Sujetos activos Conductas típicas Objeto de las conductas Sujetos pasivos de las conductas Tipo subjetivo. 5. Corrupción deportiva activa Sujetos activos Conductas típicas Objeto de la conducta Sujetos pasivos de las conductas Tipo subjetivo. 6. Formas de aparición de la corrupción deportiva Autoría y participación Iter criminis Delimitación y cuestiones concursales. 7. Fraude en las apuestas y corrupción deportiva. 8. Anotaciones penológicas y procesales. 9. Punibilidad de personas jurídicas. 10. Consideraciones finales. BIBLIOGRAFÍA. RECPC (2012) ISSN
2 20: 2 Enrique Anarte y Cándido Romero 1. La corrupción deportiva en el marco de la corrupción entre particulares: sustratos criminológico y político-criminal I. La corrupción deportiva está tipificada como delito en el Ordenamiento jurídico español en el artículo 286 bis.4 del Código penal (CP). En el contexto genérico de los delitos contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico del Título XIII, este precepto se inserta en su Capítulo XI, relativo a los delitos contra la propiedad intelectual e industrial, al mercado y a los consumidores. Más concretamente, aparece en una nueva sección, la cuarta, denominada simplemente De la corrupción entre particulares, que constituye una de novedades más significativas de la LO 5/2010, de reforma del Código penal. El texto reza así: «4. Lo dispuesto en este artículo será aplicable, en sus respectivos casos, a los directivos, administradores, empleados o colaboradores de una entidad deportiva, cualquiera que sea la forma jurídica de ésta, así como a los deportistas, árbitros o jueces, respecto de aquellas conductas que tengan por finalidad predeterminar o alterar de manera deliberada y fraudulenta el resultado de una prueba, encuentro o competición deportiva profesionales» 1. II. Así, pues, legalmente, la corrupción en el deporte se encuadra en un marco más amplio: el de la corrupción en el sector privado, o corrupción entre particulares que a su vez se inserta entre los delitos socioeconómicos. Dicho de otro modo, la corrupción deportiva aparece estrechamente ligada a determinadas actuaciones venales de dos tipos de sujetos: por una parte, de agentes económicos que sobornan o lo pretenden a responsables de la contratación privada de bienes o servicios profesionales, con la finalidad de obtener privilegios comerciales; por otra, de estos mismos responsables que, a tal fin, se dejan corromper o se muestran dispuestos a ello 2. También, a grandes rasgos, la corrupción deportiva vendría dada, ceteris paribus, por similares actuaciones venales protagonizadas por quienes sobornan o lo pretenden a deportistas principalmente, con la finalidad de alterar los resultados de la competición o por los propios deportistas que, con el mismo fin, se 1 El resto del precepto dice así: 1. Quien por sí o por persona interpuesta prometa, ofrezca o conceda a directivos, administradores, empleados o colaboradores de una empresa mercantil o de una sociedad, asociación, fundación u organización un beneficio o ventaja de cualquier naturaleza no justificados para que le favorezca a él o a un tercero frente a otros, incumpliendo sus obligaciones en la adquisición o venta de mercancías o en la contratación de servicios profesionales, será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años, inhabilitación especial para el ejercicio de industria o comercio por tiempo de uno a seis años y multa del tanto al triplo del valor del beneficio o ventaja. 2. Con las mismas penas será castigado el directivo, administrador, empleado o colaborador de una empresa mercantil, o de una sociedad, asociación, fundación u organización que, por sí o por persona interpuesta, reciba, solicite o acepte un beneficio o ventaja de cualquier naturaleza no justificados con el fin de favorecer frente a terceros a quien le otorga o del que espera el beneficio o ventaja, incumpliendo sus obligaciones en la adquisición o venta de mercancías o en la contratación de servicios profesionales. 3. Los jueces y tribunales, en atención a la cuantía del beneficio o al valor de la ventaja, y la trascendencia de las funciones del culpable, podrán imponer la pena inferior en grado y reducir la de multa a su prudente arbitrio. 2 Véase al respecto ANARTE BORRALLO, E., 2012, pg Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
3 El delito de corrupción deportiva 20: 3 dejan corromper o se muestran dispuestos a ello. En definitiva, en estos casos, puede decirse, más gráficamente, que la cábala corrupta está asociada al amaño de las competiciones o, si se prefiere, a la compraventa de partidos 3. Ya esto pone en evidencia que como sucede, en general, con la corrupción 4, con la que desde otras perspectivas entronca la caracterización de esta nueva forma de criminalidad adolece de graves problemas de vaguedad 5, tanto en el plano de su intensión como, en consecuencia, en el de la extensión, lo cual, como es lógico, dilata hasta el límite la zona de penumbra del concepto, es decir, su campo de aplicación posible. Esto comporta, además de ahí la gravedad del problema, la lesión de principios penales tan básicos como el de estricta legalidad o el de intervención mínima: una de las cruces del Derecho penal moderno y, sobre todo, posmoderno. III. En todo caso, se advierte que la configuración de estas nuevas conductas viene a suponer una transposición o, por así decirlo, privatización de tipos y motivos penales preexistentes. Baste pensar en la ya clásica corrupción pública y, en especial, en el delito de cohecho (artículos 419 a 427 del Cp). Ahora bien, pese a su parentesco e incluso su encuadre político-criminal, que no legislativo en el ámbito de los delitos de corrupción, la corrupción privada en general y, en mayor medida aún, la deportiva presenta notables particularidades, tanto normativas como materiales, respecto de la corrupción pública, cuyos respectivos desvalores se enfrentan a las pautas que deben imperar en las correspondientes esferas 6, como queda reflejado en la tabla adjunta. FORMAS DE CORRUPCIÓN Corrupción pública Corrupción privada Corrupción deportiva PAUTAS DE REFERENCIA Interés general. Principios de imparcialidad y objetividad Preeminencia de los intereses particulares y, en definitiva, de la libre empresa y la maximización de los beneficios «Fair play» con respecto a actividades deportivas profesionales protagonizadas y organizadas por particulares aunque con un cierto grado de intervención pública 3 En todo caso, la casuística es heterogénea y es objeto de diversas propuestas de sistematización. Al respecto, véase BENÍTEZ ORTUZAR, I., pgs y 58-59, con más referencias. 4 Véanse ANARTE, pgs , con referencias; CARUSO FONTAN, M. V., pg. 152; DE VICENTE, pg En esta línea, subraya la ambivalencia de la expresión, CARDENAL CANO, M., pgs Véase también CORTÉS BECHIARELLI, E., pg. 22, con referencias adicionales. 6 A propósito de la singularidad de la corrupción privada respecto de la pública véase ANARTE, 2012, pg. 548, con más referencias, RECPC (2012) -
4 20: 4 Enrique Anarte y Cándido Romero Finalmente, la confusión conceptual llega a su paroxismo cuando se plantea extender el significado de la corrupción deportiva más allá de los contornos imprecisos, desde luego del número 4 del art. 286 bis Cp, es decir, más allá de los apaños para alterar los resultados de las competiciones deportivas profesionales. Así ocurre cuando, con cada vez mayor frecuencia, se vincula el fenómeno de la corrupción en el deporte con otras desviaciones en la gestión de las actividades deportivas, como la compraventa de votos para elegir citas de grandes acontecimientos deportivos, para dirigir las federaciones deportivas o, incluso, con el dopaje. Ahora bien, a la vista del texto legal, estas hipótesis no pueden ser aceptadas. IV. Aunque sin corroboración científica, al menos en lo que concierne a la situación en España, el discurso dominante respecto de la fenomenología de la corrupción deportiva le atribuye algunos rasgos que apuntamos a continuación. Sin barreras aparentes según modalidades deportivas 7, se suele enfatizar aunque quizás no con tanta elocuencia como respecto de la corrupción privada 8 que la corrupción deportiva también adopta la fisonomía de la delincuencia mundial y transnacional, como lo pone de manifiesto su extensión por amplias zonas del planeta 9, así como la afectación a sujetos e intereses multinacionales e incluso supranacionales al amparo de la internacionalización de las competiciones, de las inversiones en entidades deportivas y de las apuestas, operada, esta última, sobre todo por Internet. Aun así, suele hacerse más hincapié al menos en comparación con la corrupción privada en su vinculación con la delincuencia organizada 10, que encontraría en los supuestos de alteración fraudulenta de resultados de apuestas deportivas sobre todo las realizadas por Internet una clara vía de penetración 11 en un mercado que mueve cantidades millonarias. V. Un aspecto clave de la delimitación criminológica de la corrupción deportiva que se plantea en el discurso oficial reside en su lesividad. Antes de especificar la conjetura manejada, conviene advertir que la misma no puede ocultar su servidumbre respecto de una determinada opción político-criminal, mostrando explícitamente que constituye un diseño ad hoc a tal efecto. En principio, ese discurso no tiene autonomía respecto del emitido sobre la dañosidad de la corrupción, en general, o de la corrupción privada, en particular. Señaladamente, según la Convención de las Naciones Unidas, destaca la amenaza 7 VENTAS SASTRE, R., ep Sobre esta, véase ANARTE, 2012, pg Para una amplia exposición al respecto véase BENÍTEZ, pgs Véase, asimismo, COLANTUONI, L., pgs ; MUÑOZ RUIZ, J., pg. 32; VENTAS, ep. 1. De interés también el informe Match fixing and fraud in sport: putting the pieces together, de la europarlamentaria Emine Bozkurt [http://static.euractiv.com/sites/all/euractiv/files/19sep%20crim%20hearing%20bozkurt%20final.pdf]. 10 Sobre esta forma de criminalidad, véase ANARTE, 1999, passim, en especial, pgs GILI, pgs Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
5 El delito de corrupción deportiva 20: 5 que supone para el Derecho, la democracia y los derechos humanos, así como para los principios de buena administración, equidad y justicia social. Las razones de ello sostuvo la Convención son que falsea la libre competencia, obstaculiza el desarrollo económico y pone en peligro la estabilidad de las instituciones democráticas y las bases éticas del sistema social. Y en la misma línea si bien menos apocalíptica valorativamente, y más atenida a razones económicas se han manifestado también la normativa europea concordante 12 y el apartado XIX del propio preámbulo de la LO 5/2010, a propósito de la corrupción privada. Sin embargo, cabe dudar que la lesividad que en estos textos se predica de la corrupción en general o más específicamente de la pública o la privada pueda verse identificada, ni aun por asimilación, con las amenazas que supone la corrupción en el deporte. VI. Por otra parte, la corrupción en el deporte presenta algunas de las características atribuidas a la delincuencia económica en especial, en lo que concierne a la extensión e intensidad de sus efectos, por lo demás difícilmente cuantificables. Sin embargo, no será fácil encontrar equivalencias entre hipotéticos efectos de la corrupción deportiva y los imputados a la criminalidad económica, que, en cambio, son más fácilmente reconocibles en la corrupción privada. Es decir, en primer lugar, la distorsión del funcionamiento del mercado de bienes o servicios comerciales, con la consiguiente quiebra de la competencia y el impedimento de un desarrollo económico sólido; y, además, los eventuales daños patrimoniales: mediatos, para los consumidores, e inmediatos, para los competidores incluidos aquellos que no concurrieron a la transacción, pero que podrían haberlo hecho de no mediar las prácticas corruptas, e incluso para la empresa cuyos responsables incurrieron en el trato de favor. VII. En lo que sí puede trazarse un claro paralelismo es en la ineficacia del control ejercido, tanto sobre la corrupción entre particulares 13 como sobre la deportiva, por medio de las normas penales. En este sentido, baste dejar constancia de un solo hecho, pero muy notable: a pesar de que estos fraudes deportivos constituyen un fenómeno que se proclama universal 14, son, en cambio, casi anecdóticos los casos que acaban sancionándose como delitos deportivos 15 por las instancias competentes tras las preceptivas investigaciones: apenas cabe aludir a diversas condenas por parte de la justicia penal italiana por ejemplo, al futbolista de la Atlanta, Andrea Masiello, a ventidós meses de cárcel; a diversos dirigentes deportivos, entre 12 Véase infra, ap. IX 13 Sobre la también escasa aplicación de las sanciones por corrupción entre particulares, véase ANARTE, pg No conviene olvidar que incluso respecto de la corrupción pública existe una alta cifra negra (CORTÉS, pgs ). 14 Véase supra, ap. IV, también para las referencias. 15 Es decir, al margen de aquellos otros, por cierto, no tantos, en los que hubo sanciones deportivas. RECPC (2012) -
6 20: 6 Enrique Anarte y Cándido Romero los que se encontraba el ex director general de la Juventus, Luciano Moggi, condenado, en primera instancia, a cinco años y cuatro meses de prisión por una enésima variante de la Calciopoli; o a un directivo del Génova CFC, por haber ofrecido euros a un dirigente del Valencia CF 16 ); la de dirigentes del Fenerbahçe turco; o la condena por estafa del árbitro alemán Robert Hoyzer, castigado con 2 años y 5 meses de prisión, por recibir unos euros, a cambio de la manipulación del resultado de numerosos partidos de las ligas alemanas de fútbol. En lo que hace a España, por lo que sabemos, el número 4 del art. 286 bis no ha sido aplicado en ninguna ocasión. VIII. Situados ya prácticamente en el plano político-criminal, conviene resaltar, de un lado, que ese control refleja algunos rasgos característicos del Derecho penal económico y de la empresa (no en vano entre sus disposiciones se inscribe el art. 286 bis 4 17 ). Así pese al discurso de partida la regulación española del delito de corrupción deportiva adolece de claras carencias desde el punto de vista del principio de proporcionalidad: en primer lugar, se constata un claro distanciamiento del paradigma de la lesividad como se verá, solo se requiere que la iniciativa corruptora se ponga en marcha en cualquier dirección, sin necesidad de que llegue a producirse concierto ni perjuicio alguno ; además, encierra desajustes penológicos equipara la sanción de sujetos con roles diversos y la de conductas de desigual gravedad, apenas paliados por algunas exigencias materiales, que cifran la regla de atenuación del número 3; y, en fin, no abarca hechos considerados de mayor dañosidad, como las concertaciones fraudulentas entre apostantes y deportistas. Asimismo, como también sucede con la corrupción privada 18, se reproduce cierto solapamiento 19 con técnicas de protección extrapenal 20, particularmente la normativa deportiva 21 y, en especial 22, la Ley del Deporte 23 y el Reglamento de Disci- 16 Así lo decidió la Sentencia de la Corte de Apelación de Génova de 25 de febrero de Sobre dicho caso véase ZINGALES, pgs Véase supra ap. I. 18 Véase al respecto ANARTE, pg MUÑOZ RUIZ, pg. 53, propone como criterios para delimitarlas: por un lado, la eficacia preventiva de la amenaza de la pena y, por otro, la especial entidad o magnitud económica del acto fraudulento. 20 Es dudoso que puedan ser invocados en este contexto vías más genéricas de tutela (acciones civiles de resarcimiento de daños y perjuicios o frente al enriquecimiento injusto, exigencia de responsabilidad a los administradores sociales, o mecanismos de disciplina laboral). En cuanto sistemas de autorregulación, como los códigos deontológicos, que entran en escena con respecto a la corrupción privada (véase al respecto, ANARTE, pg. 548), constan algunas manifestación como el Código Ético de la FIFA, aprobado el 25 de julio de 2012 (accesible en su versión en castellano en: 21 Véase al respecto BENÍTEZ, pgs Asimismo, VENTAS, ep Además habría que tener en cuenta las regulaciones sectoriales de las distintas modalidades deportivas. Por ejemplo, el art. 62 del Reglamento Disciplinario de la FIFA o el art. 75 del Código Disciplinario de la RFEF. 23 Véanse los arts. 75, 76.4.c. y 79.1.y 3. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
7 El delito de corrupción deportiva 20: 7 plina Deportiva 24, que sancionan como infracción muy grave las actuaciones dirigidas a predeterminar, mediante precio, intimidación o simples acuerdos, el resultado de una prueba o competición. A este respecto conviene recordar la vigencia del ne bis ídem y la compleja problemática que plantea, sobre todo, en orden a la consideración de si hay identidad entre el fundamento de la sanción penal y el de la sanción deportiva 25 ; así como las disfunciones que pueden plantearse en caso de que la imposición de la sanción disciplinaria llegue a preceder a la respuesta penal 26. A pesar de todo, esta panoplia de medios de protección dista de integrar un sistema completo y coherente de tutela frente a la corrupción en el deporte. Precisamente, la insatisfactoria configuración y la fragilidad de la eficacia de la normativa extrapenal suele invocarse no tanto como argumento a favor de que los hechos más graves se afronten por la vía penal, sino de priorizar esta sobre todo como garantía de la eficacia y de la prevención integradora de la normativa anticorrupción 27. IX. Por otro lado, pese a lo expuesto 28, la respuesta político-criminal frente a la corrupción deportiva salvo en lo que la emparenta con la lucha contra la corrupción en general no refleja una dimensión internacional o, al menos, europea, tan acusada. De este modo, si la iniciativa de penalizar la corrupción privada sigue los dictados de instancias internacionales o regionales (Naciones Unidas, Consejo de Europa, Unión Europea, entre otras), propios de la expansión y universalización de la política criminal frente a la corrupción en general 29, en cambio, en rigor, al menos por el momento 30, no hay instrumentos normativos supraestatales, internacionales o europeos 31, en los que puedan encontrarse figuras delictivas asimilables al delito de corrupción deportiva, ahora criminalizado en España. 24 En particular, los arts. 14.c. y Sobre ello, con detenimiento, CORTÉS, pgs Sobre ello véase BOIX, passim. Al respecto debe tenerse en cuenta lo previsto en el art de la LD y en los arts. 5 y 34.2 del Reglamento de Disciplina Deportiva (MUÑOZ RUIZ, pg. 50). 27 Véase, al respecto, en general, GÓMEZ-JARA, passim. 28 Supra, ap. IV. 29 Véase ANARTE, 2012, pgs , con ulteriores referencias. 30 No obstante, CARDENAL, pg. 12, da cuenta de la puesta en marcha de una iniciativa de convención europea sobre el amaño de partidos. En este sentido, la senda criminalizadora se advierte claramente en la Resolución del Parlamento Europeo sobre la dimensión europea en el deporte, de 2 de febrero de 2012 (2011/2087[INI]). Véanse, en especial, en los apartados 55, 57, 58, 61, 68 (donde una vez más se invoca la tolerancia cero), 78, 86 (en el que se pide a la Comisión Europea que aborde la opacidad de los fichajes y el amaño de partidos como anuncia en su estrategia de la UE de lucha contra la corrupción, estableciendo unas normas mínimas sobre la definición de los delitos en este ámbito), 88, 92 y Al respecto resultan claves, por ejemplo, el artículo 21 de la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción, celebrada en Nueva York el 31 de octubre de 2003; los artículos 7 y 8 del Convenio penal sobre la corrupción del Consejo de Europa, de 1999, en vigor para España desde el 1 de agosto de 2010, que establecen la obligación de tipificar los delitos de corrupción privada activa y pasiva, respectivamente; la Decisión Marco 2003/568/JAI, de 22 de julio, de la Unión Europea, relativa a la lucha contra la corrupción en el sector privado, de la que el artículo 286 bis sería la vía de transposición, según se proclama en el Preámbulo y en la DF sexta de la LO 5/2010. Sobre ello, sucintamente, aunque con más referencias, ANARTE, 2012, pgs RECPC (2012) -
8 20: 8 Enrique Anarte y Cándido Romero Dicho de otro modo, a diferencia de lo que sucede con la corrupción privada, la incriminación en España de la corrupción deportiva no obedece a directrices internacionales, europeas o comunitarias 32. Así, pues, carece de basamentos jurídicointernacionales 33. X. Pero, además, sus referentes jurídico-comparados 34, no reflejan una orientación político-criminal concluyente. Por una parte, los países nórdicos, como los angloamericanos, no suelen optar por una vía penal específica para perseguir estos hechos. En realidad, solo algunas legislaciones penales extranjeras 35 como la Ley italiana núm. 401 de , la Ley portuguesa 50/ , la Ley argentina de , la Ley Federal brasileña núm de 27 de julio de incluyen infracciones criminales comparables al vigente delito de corrupción deportiva del Cp español. Así, pues, este se une a la vanguardia de la política-criminal frente a esta nueva forma de delincuencia. Aun así, ese vanguardismo mostró en sus orígenes ciertas peculiaridades con respecto a la corrupción privada. A diferencia de las restantes figuras del art. 286 bis, la corrupción deportiva no aparecía en los primeros antecedentes prelegislativos de la reforma penal de Su introducción hubo de esperar hasta el Proyecto de reforma de 2009, cuyo boceto presentaba algunas diferencias respecto de su configuración final; en esencia: la finalidad de predeterminación se restringía a las competiciones deportivas no alcanzando, pues, a las pruebas y encuentros, pero, en cambio, no quedaba remitida exclusivamente a las de carácter profesional En este sentido, ANARTE, pg. 579; BERDUGO/CERINA, pg. 3; CORTÉS, pgs. 16, 21, en particular, con respecto a la DM 2003/568/JAI; GILI, 2012, pgs En cambio, parecen establecer un vínculo entre esta disposición y el número 4 del art. 286 bis, CARDENAL, pg. 12; GARCÍA CABA, M. M., 2008, ep. II: 2.3.1; VENTAS, ep. 3. Véase, asimismo, el Dictamen del Consejo de Estado 1404/2009, de 29 de octubre de 2009, sobre el Anteproyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, Consideración Vigésima [http://www.boe.es/buscar/doc.php?coleccion=consejo_estado&id= ]. 33 Véanse MUÑOZ RUIZ, pg. 36; DE VICENTE, 2010, pg Al respecto véase MORILLAS, passim. Más recientemente, BENÍTEZ, pgs ; CORTÉS, pgs , con ulteriores referencias. 35 Respecto al Derecho alemán, su respuesta, hasta ahora, no ha pasado por la criminalización singularizada de un delito de fraude deportivo, limitándose a las posibilidades que ofrecen otras figuras delictivas defraudatorias (sobre todo, la estafa) para subsumir estos hechos. Véase al respecto las referencias de la nota anterior. 36 Sobre ella, así como sobre la aplicación judicial, véanse, además de las referencias precedentes, los textos citados, infra, en la bibliografía de: BELLAGAMBA, F.; BELTRANI, S.; CAMERA, G.; CHIMI- CHI, S.; COLANTUONI, L.; FOFFFANI, L., 2000 y 2003; GIUNTA, F.; LAMBERTI, A.; MANNO, M. A.; MUSCO, E., PADOVANI, T.; SFERRAZZA, M.; TRAVERSI, A.; ZINGALI. En particular, respecto a la problemática relacionada con la responsabilidad de las personas jurídicas, FERNÁNDEZ PANTOJA, P., pgs y Sobre ella véase, además de la bibliografía citada en la nota 34, GARCÍA CABA, 2008, passim. 38 Al respecto véase BENÍTEZ, pg BERDUGO/CERINA, pgs. 7-8, nota Sobre los antecedentes prelegislativos véanse CORTÉS, pg ; GILI, pgs Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
9 El delito de corrupción deportiva 20: 9 A ello hay añadir que la iniciativa para que se incorporase a la legislación penal la corrupción deportiva se atribuye a una santa alianza esta vez, entre enemigos de clase: de un lado, emprendedores institucionales 41, como la Liga de Fútbol Profesional (LFP) 42 ; de otro, emprendedores sociales como la Asociación de Futbolistas Profesionales (AFP) que acabó convenciendo al Consejo Superior de Deportes (CSD), y este a los legisladores 43. XI. Lo expuesto hasta aquí permite destacar la vehemencia del discurso políticocriminal que sustenta la criminalización de estas conductas. Y, más aún, que la intervención penal en materia de corrupción deportiva como respecto de la privada 44 adopta los rasgos característicos del Derecho penal simbólico, suscitando las consiguientes e insoslayables dudas respecto de su legitimidad. Ello se confirma, adicionalmente, por la consideración conjunta de los hechos que enseguida indicaremos. Estos revelan, además, cierta curiosa asimetría: de un lado, se constata el fracaso de la intervención penal enmascarado bajo conjeturas más o menos apocalípticas sobre las consecuencias de su inexistencia ; de otro, la fuerte carga de emotividad positiva latente en el lenguaje de las exposiciones de motivos y reflejada, incluso, en la denominación de algunas de las normas antes aludidas. Veámoslo. En primer lugar, se vincula la penalización de estas conductas con un motivo adicional: el de enfatizar un claro mensaje contra cualquier forma de corrupción, reforzando la confianza jurídica de los ciudadanos o al menos de los agentes económicos como premisa para ulteriores logros en materia de prevención general. En segundo lugar, esta política criminal se presenta también como instrumento de una presunta moralización del mundo del deporte, de forma paralela a la del mundo de los negocios 45. Es muy notable, finalmente, como se ha expuesto 46, la nula eficacia de estas normas penales. XII. A las anteriores consideraciones cabe añadir que el número 4 del artículo 286 bis constituye, sin duda, una de las manifestaciones más espectaculares del 41 Entre las instituciones que avalaron la inclusión en el Cp de la corrupción deportiva se encuentra el Consejo de Estado, en su Dictamen 1.404/2009, ya citado. 42 El texto elevado por la LFP al CSD puede consultarse en DE VICENTE, pgs Para un análisis del mismo, véase BENÍTEZ, pgs Para más detalles al respecto véase CORTES, pgs En todo caso, un importante sector doctrinal interdisciplinar se ha mostrado receptivo a la criminalización (entre otros: GARCÍA CABA, 2008, eps. II.3 y III; GARCÍA SILVERO/VAQUERO VILA, pg. 150; MORILLAS CUEVAS, L., pg. 66; MUÑOZ RUIZ, pg. 54; REY HUIDOBRO, L. F., pgs.109; ROMA VALDÉS, A., pg. 67; DE URBANO CASTRILLO, pg. 37); VENTAS, ep. 3. Pese a sus críticas a la actual regulación, plantea una propuesta alternativa BENÍTEZ, pgs Véase, en este sentido, ANARTE, pgs Véase, al respecto, ANARTE, pg Supra, ap. VII RECPC (2012) -
10 20: 10 Enrique Anarte y Cándido Romero actual modelo inflacionista de lucha contra la corrupción, ya de por sí intrínsecamente espectacular 47. Asimismo, que este precepto emerge en la encrucijada en el sentido más amplio del término de dos líneas de actuaciones político-criminales recientes muy controvertidas: de un lado, la lucha contra la corrupción; de otro, la intervención penal en el ámbito deportivo 48. En todo caso, el Preámbulo de la LO 5/2010 aparece exento de todas estas consideraciones, al declarar lacónicamente: Se ha considerado conveniente tipificar penalmente las conductas más graves de corrupción en el deporte. En este sentido se castigan todos aquellos sobornos llevados a cabo tanto por los miembros y colaboradores de entidades deportivas como por deportistas, árbitros o jueces, encaminados a predeterminar o alterar de manera deliberada y fraudulenta el resultado de una prueba, encuentro o competición deportiva, siempre que estas tengan carácter profesional. 2. Bien jurídico y naturaleza del precepto I. La doctrina penal ha ensayado diversas líneas de determinación del bien jurídico protegido en este delito 49. Un primer grupo incide en diversos aspectos ligados al deporte. En este sentido, se apunta al correcto funcionamiento de las competiciones deportivas profesionales 50, su integridad, pureza o limpieza 51, o la de sus resultados 52. No obstante, también se recurre a parámetros que atienden a su proyección externa: ya sea a la repercusión social de lo deportivo 53 o a su credibilidad 54. De modo más genérico, se ha llegado a invocar a efectos de la referida determinación incluso un presunto macro interés cifrado en la integridad deportiva, como síntesis de los valores sociales inherentes al deporte, que inspiraría también otras infracciones penales que inciden sobre lo deportivo Véase, sobre ello, CARUSO, pgs ; véase, asimismo, con una perspectiva más amplia, DEBORD (1988), que constata, sin mayor sorpresa, la aparición de una Justicia espectáculo. Asimismo respecto de los móviles directos para tipificar la corrupción deportiva, véase DE VICENTE MARTÍNEZ, 2010, Derecho penal, pgs Sobre esta véase, por todos, DE VICENTE, 2010, Derecho penal, passim. 49 Similar, BENÍTEZ, pgs En este sentido, BLANCO CORDERO, I., 2010, «La reforma», pg. 11; SANTANA VEGA, D./GÓMEZ MARTÍN, V., pg Por su parte, MUÑOZ CONDE, pg. 531, invoca el deporte profesional. 51 GARCÍA CABA, 2009, «Las conductas», pg Al respecto, BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pg Asimismo CORTÉS, pgs. 64 y ss. 53 Así, BAÑERES, 2010, pg. 250; GARCÍA CABA, 2009, «Las conductas», pgs GARCÍA CABA, «Las conductas», pg Así, MORILLAS, pg. 66. En la misma línea, BENÍTEZ ORTÚZAR, pgs. 86, y 163. Invoca también la integridad deportiva GILI, pgs. 56 y 68, aunque rechaza su legitimidad. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
11 El delito de corrupción deportiva 20: 11 Una segunda línea apela a intereses económicos 56, en particular la relevancia económica de los resultados de las competiciones deportivas 57, el patrimonio de los apostantes 58 o la limpieza del sistema de apuestas 59 pese a que, a diferencia de la legislación italiana, la española no establece ninguna agravación para el caso de que estas apuestas se vean afectadas por los resultados fraudulentos de la competición. De cariz socioeconómico es también la tesis que vincula el delito con la libre competencia, lo que partiendo de una interpretación sistemática y teleológica lleva a limitar el alcance de la norma a los fraudes que operen una alteración significativa en el funcionamiento del mercado 60. Por lo demás, no faltan planteamientos que entrecruzan esas dos líneas de intereses por ejemplo: el correcto funcionamiento de la competición deportiva profesional y la probidad de las apuestas que en torno a ella puedan realizarse 61 o parámetros diversos de una misma línea. II. Sin embargo, estas determinaciones del bien jurídico del delito de corrupción deportiva son cuestionables por diversos motivos, no necesariamente incompatibles. En primer término, por su vaciedad y retórica, lo que lleva a desestimarlas como flatus vocis. En particular, se descarta que la actividad deportiva en sí para cuya tutela solo cabe remitir a garantías administrativas ofrezca base sólida para cifrar un bien jurídico penalmente protegido, al entender que el Derecho penal solo puede intervenir en esta actividad cuando opere como medio para lesionar un bien jurídico externo 62. En segundo término, porque tales determinaciones no quedan reflejadas en el injusto 63. En este sentido, en especial, el bien jurídico protegido en el delito de corrupción deportiva no es la función estatal de ordenación del Deporte 64, porque las conductas típicas no interfieren en dicha función 65. Ni tampoco la libre competencia 66. Y ello a pesar, por un lado, de la remisión y del consiguiente parentesco sistemático con la corrupción privada 67 ; y, por otro, del gigantesco y vertiginoso proceso de mercantilización que ha experimentado el deporte profesional, devenido 56 En este sentido, NIETO MARTÍN, A, pg SILVA SÁNCHEZ, J.M./ROBLES PLANAS, R./GÓMEZ-JARA DÍEZ, C., pg Así, como interés mediato, BAÑERES, 2010, pg Al respecto, SANTANA/GÓMEZ, pg. 636; SILVA/ROBLES/GÓMEZ-JARA, pgs BERDUGO/CERINA, pgs. 9 y SILVA/ROBLES/GÓMEZ-JARA, pgs BERDUGO/CERINA, pgs. 9 y ANARTE, 2012, pgs CORTÉS, pg Al respecto, compárense estas conductas con las del art. 294 Cp (sobre este precepto véase ANAR- TE/BOIX, pgs ). 66 En este sentido, BAÑERES, 2010, pg. 248; BENÍTEZ, pg. 115; DE VICENTE, pg. 555 y MUÑOZ RUIZ, pg. 39; véase, no obstante, BERDUGO/CERINO, pgs. 9-10; MUÑOZ CONDE, pg Sobre el bien jurídico protegido en la corrupción entre particulares véase, no obstante, ANARTE, pgs , con ulteriores referencias. RECPC (2012) -
12 20: 12 Enrique Anarte y Cándido Romero en una especie de Midas posmoderno: todo lo que toca gestión, publicidad, retribuciones, apuestas se convierte, en efecto, en oro. De hecho, las normas extrapenales concordantes con el número 4 del art. 286 bis Cp no son las relativas a la libre competencia o a la competencia desleal, sino las integrantes de la reglamentación deportiva 68. Todo ello deslegitima, en consecuencia según dicho criterio, cualquier forma de intervención penal en este ámbito 69. III. Pero, además de quebrar la función legitimadora de la categoría del bien jurídico 70, la ausencia de un interés o valor digno de tal nombre es decir, más allá de propósitos más o menos explícitos de la norma tiene efectos dogmáticos devastadores porque cercena interpretaciones limitadoras de la intervención penal, que son las únicas tolerables en un Estado de Derecho. A este respecto, la corrupción deportiva se diferencia de lo que ocurre con la corrupción entre particulares, cuyo alcance puede ser delimitado en función precisamente del bien jurídico protegido, abriéndose paso incluso la posibilidad de entenderlo como un delito de peligro (concreto). En efecto, a diferencia de la corrupción privada, aquí no hay un auténtico bien jurídico en el que poder sustentar una alternativa similar, que conduzca a la caracterización del injusto de este fraude deportivo en torno a un desvalor de resultado o, sencillamente, como una infracción de peligro, incluso concreto 71. De ello resulta que las posibilidades de interpretación limitadora del número 4 del art. 286 bis, por escasas que sean, deben reconducirse por otras vías. Así, pues, la carencia de objeto jurídico en el que sustentar la prohibición penal dificulta un esfuerzo clarificador de la naturaleza del tipo. De este modo, se abren paso más fácilmente caracterizaciones como la de que se trata de un delito de mera actividad cuyo injusto agota el desvalor en la propia conducta, o incluso la de que constituye un delito de tendencia intensificada en el que el injusto se sustenta en el vigor de la carga subjetiva. Con todo, tal carencia pese a la condición de delito especial de la corrupción deportiva pasiva no permite invocar la categoría de los delitos de infracción de deber, descartable a la vista de la configuración legal de la corrupción deportiva, así como de la equiparación penológica de todos los implicados en la trama. 68 Véase supra, ep. 1, ap. VIII. 69 Véanse, en esta dirección, CARUSO, pg. 186; KINDHÄUSER, pg. 8; MARTÍNEZ-BUJÁN PÉREZ, C., 2011, Derecho Penal, pgs ; MUÑOZ RUIZ, pg. 47; QUERALT JIMÉNEZ, J. J., Derecho Penal, pg. 629; DE VICENTE, pg En general, respecto de la función legitimadora de la categoría del bien jurídico, véase FERRAJOLI, pgs En esta línea véase la caracterización propuesta por CORTÉS, pgs Sobre las limitaciones que la calificación de un infracción como delito de lesión o de peligro y, dentro de este grupo, como abstracto o concreto, véase DOVAL PAIS, A., passim. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
13 El delito de corrupción deportiva 20: 13 IV. Precisamente, desde el punto de vista dogmático, la corrupción deportiva al incorporar presupuestos típicos divergentes con los de la corrupción privada cobra cierta autonomía 72. Sin embargo, esta queda en buena medida indeterminada, debido a una tipificación y, en especial, a una remisión 73 manifiestamente mejorable. En efecto, resulta arduo establecer qué presupuestos de la corrupción privada operan en el fraude deportivo y, además, en qué medida lo hacen. Con esta importante reserva, la principal particularidad de la corrupción deportiva que refuerza, adicionalmente, la tesis de la preterición de la libre competencia como bien jurídico protegido se centra en un elemento teleológico: la finalidad de la conducta debe cifrarse en la alteración deliberada y fraudulenta del resultado de una prueba, de un encuentro o de una competición deportiva profesionales. Ahora bien, esta carga subjetiva no aparece desgajada del resto del precepto, sino que, como se verá, viene anudada al mismo, condicionando su contenido objetivo 74. Estas consideraciones llevan a la conclusión de que la corrupción deportiva constituye más que un subtipo de la corrupción entre particulares 75 un tipo penal autónomo, con dos modalidades: en estas se recogen sendas infracciones bilaterales que requieren la existencia de una contraparte iniciadora o receptora, respectivamente, de la acción fraudulenta, si bien no se exige el concierto Anotaciones metodológicas I. El análisis del art. 286 bis 4. Cp presenta múltiples dificultades 77, derivadas principalmente de la particular e insegura técnica de remisión en la que se cimienta 78. En efecto, este precepto no se limita a establecer una remisión penológica, ni a añadir o sustraer presupuestos a los tipos de referencia: opera mediante la combinación aleatoria de elementos propios con elementos provenientes de diversos subtipos del precepto marco «en sus respectivos casos», reza literalmente 79. Sentado este hecho, la correcta determinación del alcance del precepto requiere trascender el mero estudio individualizado de sus presupuestos. Efectivamente, no basta, desde luego, con el simple análisis lingüístico: necesario, pero insuficiente; 72 Coinciden en el carácter autónomo del delito BERDUGO/CERINA, pg Sobre esto véase el siguiente epígrafe, aps. I y II. 74 Al respecto véase infra, eps. 3, aps. I y II (quinto), 4.4 y En este sentido, MORALES PRATS, F. pg., En este sentido, véanse ANARTE, 2012, pg. 580, MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg. 316; MORALES, pg., BENITEZ, pgs En este sentido, ANARTE, 2012, pg. 580; MUÑOZ RUIZ, pgs. 47 y 50; QUERALT, 2010, Derecho Penal, pgs que considera esta remisión insuficiente e inadecuada. 79 Críticamente también GILI, pgs , indicando que «no se limita a incluir nuevos sujetos dentro del ámbito típico de la corrupción privada (cosa que también hace), sino que entra además a describir otra modalidad de conducta típica distinta que, sin embargo y esto es lo importante no se describe de forma completa». Con todo, como se verá, opta por considerar que el núm. 4 es ley especial respecto del los números 1 y 2 del art. 286 bis. RECPC (2012) -
14 20: 14 Enrique Anarte y Cándido Romero ni cabe, al respecto, remitirse a las consideraciones fenomenológicas y políticocriminales, tan instructivas a otros fines 80 ; y, por último, tampoco es de mayor utilidad, a estos efectos, la problemática que suscita el carácter espectral del bien jurídico protegido 81. La finalidad exegética indicada exige también tener en cuenta: por una parte, la normativa deportiva extrapenal 82 ; y, por otra, la integración de los presupuestos de la norma. A este respecto, por ejemplo, la identificación de los sujetos está determinada por el tipo subjetivo, pues solo al aludir a la finalidad específica se advierte que la corrupción deportiva queda restringida exclusivamente al deporte profesional 83. Además, para la descripción del régimen jurídico de la corrupción deportiva en esta norma y la consiguiente delimitación de su ámbito punible, es preciso centrarse en el principio de tipicidad, procediendo, sin perjuicio de las remisiones concurrentes, al análisis estructurado de esta categoría. Y esto impone, ante todo, la diferenciación y el análisis separado conforme al orden regido por la remisión de los presupuestos de cada una de las dos modalidades típicas, aunque en un orden inverso al que parece colocarlas: la corrupción deportiva activa y la pasiva. (Queda, con ello, descartada la posibilidad del estudio conjunto de las estructuras típicas, sin perjuicio de reflexiones comunes como las incluidas en los epígrafes anteriores, en el presente o en el epígrafe final 84.) II. En cuanto a la remisión apuntada en el precepto, exige para una primera aproximación a su contenido y alcance la aclaración de, al menos, los extremos siguientes: Primero. Respecto de la frase Lo dispuesto en este artículo será aplicable 85, es cierto que no constituye una remisión penológica expresa, por tratarse de una norma penal estructurada sobre la base de un supuesto de hecho y una consecuencia jurídica. Aun así, la interpretación más lógica es que la pena prevista una pena única, si bien compuesta y completada con una regla de atenuación, por más que esta resulte de polémica articulación en los casos de corrupción deportiva debe aplicarse, con las particularidades indicadas, a los dos supuestos de hecho del artículo. 80 Véase supra, ep Véase supra, ep. 2, aps. I y II. 82 Véanse, al respecto, BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pg y SANTANA/GOMEZ, pg. 636, que califican al art. 286 bis 4. como norma penal en blanco. 83 Véanse MORALES, pg., 948 que plantea la duda de si caben, o no, competiciones oficiales no profesionales y SANTANA/GOMEZ, pgs , que se interrogan sobre la inclusión del deporte de alta competición, por ejemplo, los juegos olímpicos. 84 En todo caso, véanse las propuestas de BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pgs , CORTES, MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg solo respecto de las particularidades y MORALES, pg., GILI, pg. 18, califica la fórmula legal de insólita. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
15 El delito de corrupción deportiva 20: 15 Segundo. Por lo que se refiere a la expresión en sus respectivos casos, a indica que la norma de remisión habilita para imponer dicha pena a los sujetos mencionados que, con las finalidades en ella establecidas, incurran en las conductas típicas. Ahora bien, esa remisión a los hechos con las particularidades personales y subjetivas de la norma de remisión y a la pena se establece de forma separada en función de los respectivos casos. Y ello ha de entenderse que se refiere a los respectivos supuestos de corrupción, es decir, a la corrupción privada activa del número 1 y a la corrupción privada pasiva del número 2. Tercero. La mención implícita, en los términos expuestos, en la remisión de dos grupos de destinatarios de la norma supone que cada modalidad de corrupción la pasiva y la activa, conforme a la estructuración del artículo 286 bis, tenga como sujetos activos a los integrantes de uno de los dos grupos. Más exactamente: de la corrupción deportiva activa por remisión al número 1 del art. 286 bis puede ser sujeto activo cualquiera; de la corrupción deportiva pasiva en virtud de la remisión al número 2, en relación con el número 4 solo pueden se sujetos activos los enumerados en este último precepto: directivos, administradores, empleados, colaboradores ( ), deportistas, árbitros o jueces 86. Cuarto. La remisión mantiene la dualidad en el orden de vinculación indicado respecto de las conductas típicas. De este modo conforme al criterio doctrinal dominante, en el caso de la corrupción deportiva activa, son típicas las siguientes conductas de los sujetos activos: prometer, ofrecer y conceder (beneficios o ventajas); y en el caso de la corrupción pasiva estas otras: recibir, solicitar y aceptar (dichas prebendas) 87. Quinto. Por último, resulta clave la finalidad determinante de las conductas: «predeterminar o alterar de manera deliberada y fraudulenta el resultado de una prueba, encuentro o competición deportiva profesionales»; una finalidad que es común a las dos modalidades activa y pasiva de la corrupción deportiva. Y es clave no solo para la configuración de los respectivos tipos subjetivos, sino también por las repercusiones de su contenido normativo en otros presupuestos de la responsabilidad criminal. Al respecto, se ha planteado en la doctrina la cuestión de si este elemento teleológico debe complementarse con las exigencias subjetivas de las formas de corrupción privada, o si, por el contrario, las obvia 88. En principio, parece que lo específico de dicha finalidad y el requisito de la deliberación excluyen la compatibilidad con otras motivaciones. Aunque, por otra parte, la nota del carácter fraudulento de la conducta típica permite abogar por la 86 Véase infra, 5, II. 87 Véase disintiendo del parecer mayoritario GARCÍA CABA, 2008, ep. II Véase BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pg ; a favor CASTRO MORENO, A., 2010, «Corrupción en el deporte», pg. 336; MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg., ; MORALES, pg., 947. RECPC (2012) -
16 20: 16 Enrique Anarte y Cándido Romero integración de exigencias propias si bien adaptadas del elemento subjetivo de la corrupción privada (por ejemplo, el incumplimiento de obligaciones) 89. Subsisten, en cualquier caso, dudas difíciles de eliminar respecto del alcance de la finalidad típica. Por ejemplo, acerca de si debe extenderse también hasta el extremo de determinar la actuación discriminatoria contra terceros 90. III. De las consideraciones precedentes, se sigue que conforme a la interpretación doctrinal dominante la remisión establecida en el número 4 del art. 286 bis supone la criminalización de dos modalidades de corrupción deportiva: por un lado, las conductas de soborno previstas en el número 1 (corrupción deportiva activa); por otro, las tipificadas en el número 2 (corrupción deportiva pasiva). La única restricción que se introduce es la relativa a los sujetos activos de la segunda modalidad: solo tendrán este estatuto los determinados en el número 4 (directivos, administradores, empleados y colaboradores de entidades deportivas, deportistas, árbitros y jueces) Corrupción deportiva pasiva Tal y como se ha expuesto, el ámbito punible de esta modalidad de corrupción deportiva se determina mediante la combinación de los números 2 y 4 del art. 286 bis del CP. A continuación se analizan sus aspectos más significativos Sujetos activos I. En virtud de lo dispuesto en el art. 286 bis 4., son sujetos activos de este delito es decir, ostentan la condición de corruptos todos los enumerados en el mismo, o sea: los directivos, administradores, empleados o colaboradores de una entidad deportiva, cualquiera que sea su forma jurídica, así como los deportistas, árbitros o jueces 92. Se trata, pues, de un delito especial, a diferencia como veremos del delito de corrupción deportiva activa, que, en principio, podría ser cometido por cualquiera. II. Al respecto, es necesario hacer, al menos, las siguientes observaciones 93 : 89 Véanse en contra MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg ; MORALES, pg., 947, que parecen otorgarle un valor independiente, a constatar, en cualquier caso. 90 Véanse CASTRO 2010, «Corrupción en el deporte», pg. 337 que excluye la tipicidad de aquello supuestos, altamente improbables, en los que el árbitro o deportista solicita una prebenda para favorecer a un tercero totalmente ajeno al destinatario de la solicitud y MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pgs Véanse también en otros sentidos QUERALT, 2010, Derecho Penal, pgs ; BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pgs ; MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pgs y SAN- TANA/GÓMEZ, pg Sin embargo, esta tesis no es unánime. Véase al respecto infra ep. 5.1., aps. II y III. 93 Estas observaciones son obligadas dado que el legislador penal no proporciona directrices para dilucidar el alcance de esas categorías aludidas en el art. 286 bis 4. que la legislación deportiva solo permite Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
17 El delito de corrupción deportiva 20: 17 1ª) Ya, de entrada, llama la atención la amalgama que conforman los sujetos activos de esta modalidad de corrupción deportiva. Esto implica la equiparación, sin coherencia ni proporcionalidad alguna, de actores muy dispares, y con capacidades de realización de la conducta típica es decir, la manipulación del resultado totalmente distintas, en el seno de esta figura. Para comprobar lo disparatado de estas homologaciones basta comparar, por ejemplo, el estatuto de un director deportivo con el de un utillero, el de un árbitro de fútbol con el de un entrenador de porteros, o, en fin para no multiplicar los ejemplos, el del practicante de un deporte de equipo con el de un deporte individual, todos ellos posibles sujetos activos del delito 94. 2ª) En cuanto a los directivos, baste precisar que ostentan este estatuto los integrantes de la cúpula de la entidad deportiva, determinados conforme a las reglas generales de distribución de competencias que rijan en la entidad, o, en su caso, a las particulares que esta haya establecido 95. 3ª) Por lo que se refiere a los administradores 96, esta figura que fue introducida, a iniciativa del CGPJ, por el último de los textos gubernamentales que precedieron a la reforma del Cp de 2010 no concuerda con la contemplada en otros preceptos penales, que aluden, junto a los administradores de derecho, también a los administradores de hecho. En consecuencia, estos últimos quedarían fuera del tipo 97, por más que tal exclusión pueda resultar indeseable desde el punto de vista político-criminal. Por lo demás, la mención junto a los directivos de los administradores es consistente con el tenor de la regulación deportiva y con el del número 2 del art. 286 bis 98. 4ª) Respecto de los empleados, se incluyen en esta clase quienes no perteneciendo a alguna de las restantes categorías trabajan por cuenta ajena en la entidad deportiva 99. Por ejemplo, los integrantes del cuerpo técnico, encabezados por el entrenador, y los miembros de los servicios médicos y terapéuticos ª) La evidencia de la difícil hermenéutica de estas expresiones aun invocando el auxilio de la legislación deportiva extra-penal se acentúa en el caso del téraclarar de modo fragmentario, a diferencia de lo que ocurre con la legislación portuguesa (sobre ello GARCÍA CABA, 2008, ep. II.2.2.2). 94 Véase, al respecto, QUERALT, 2010, Derecho Penal, pgs Ampliamente, CORTÉS, pgs Véase asimismo GILI, pg. 61, quien le da a la expresión un sentido descriptivo, lo que le lleva a incluir al administrador de hecho. 96 Para más detalles, véase ampliamente, CORTÉS, pgs Véanse CORTÉS, pgs ; QUERALT, 2010, Derecho Penal, pgs En contra, MUÑOZ RUIZ, pg. 51, invocando la 2003/568/JAI. 98 Véanse 2010, CASTRO, «Corrupción en el deporte», pgs ; MORALES, pg ; MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg Ampliamente, CORTÉS, pgs Véanse GILI, pg. 62; MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg. 315; MORALES, pg Asimismo, CASTRO, «Corrupción en el deporte», pg. 333, quien, no obstante, considera al entrenador como deportista (coincide en esto BENÍTEZ, pg. 141). RECPC (2012) -
18 20: 18 Enrique Anarte y Cándido Romero mino colaboradores 101, inédito tanto en la Ley del Deporte como en la normativa de disciplina deportiva. Parece configurar una categoría residual de personas que no reuniendo las determinaciones de los otros sujetos, o sea, la de directivo, administrador o empleado mantienen, no obstante, relaciones, más o menos inciertas, de prestación de servicios con la entidad deportiva (por ejemplo, los responsables de las clínicas frecuentadas por los deportistas) 102. No cabe, en cambio, considerar colaboradores a los socios y aficionados de los clubs, que pese a estar sujetos en ciertos aspectos a la disciplina deportiva quedan, por omisión, excluidos del tipo ª) A nuestro juicio 104, por otra parte, hay que de que dados los intereses objeto de protección penal aquí relevantes los propietarios de la entidad sean sujetos activos de las conductas. En definitiva, aquí ni siquiera hay una libertad de empresa que pueda servir de cobertura al principal, o a los principales, de la entidad deportiva para quedar al margen de las previsiones penales 105. Naturalmente, al tratarse de un delito especial, tal posibilidad está condicionada a que ostente alguna de las cualidades o condiciones exigidas por el tipo. El corolario de este axioma es que el consentimiento del propietario no exime de responsabilidad penal a ninguno de los otros sujetos activos posibles. Todo ello, sin perjuicio de su eventual responsabilidad como partícipe, en el caso de que no las ostentase. 7ª) Un dato clave para la determinación de los anteriores sujetos activos de esta modalidad delictiva es el de que sus respectivas funciones se desarrollen en el seno de entidades deportivas. En principio 106, esta expresión es sinónima de la de asociaciones deportivas, que es la empleada por el art. 12 de la Ley del Deporte para referirse a las instituciones siguientes: clubs, agrupaciones de clubs y entes de promoción deportiva de ámbito estatal, ligas profesionales y federaciones deportivas españolas; sus respectivas delimitaciones se establecen básicamente en los restantes preceptos del Título III de esta ley 107. A estas asociaciones hay que añadir las entidades autonómicas y las extranjeras Sobre ellos, ampliamente, CORTÉS, pgs Asimismo, GILI, pgs Véanse BENÍTEZ, pg. 137; BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pg ; CASTRO, «Corrupción en el deporte», pg. 332; GILI, pgs ; MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg. 315; MORALES, pg ; MUÑOZ RUIZ, pg Véanse CASTRO, «Corrupción en el deporte», pg. 332; BLANCO, 2010, «Sección 4.ª», pg ; MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg Similar, BENÍTEZ, pg En cambio, mantiene la opinión contraria, GILI, pg. 44, proclamando el carácter atípico del ofrecimiento a una sociedad anónima deportiva del traspaso en condiciones ventajosas de un jugador como ventaja a cambio de que el equipo que la representa se deje ganar (nota 68). 105 Sobre esta problemática con relación al delito de corrupción de particulares véase por todos ANARTE, 2012, pgs , con ulteriores referencias. Véase asimismo GILI, pgs A partir de una interpretación restrictiva material BENÍTEZ, pgs y CORTÉS, pgs , ciñen a los clubes deportivos las entidades relevantes a efectos del art. 268 bis Como aquí, GILI, pg Véanse CASTRO, «Corrupción en el deporte», pg. 334; CORTÉS, pg Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
19 El delito de corrupción deportiva 20: 19 La extensión del concepto entidades deportivas se amplía, por lo demás, con una explícita determinación: «cualquiera que sea su naturaleza jurídica»; y ello despeja toda duda respecto de la autoría en el seno de aquellas entidades que no se acogen a la forma estándar la sociedad anónima deportiva de agrupación deportiva profesional el único límite infranqueable sería el de las organizaciones criminales ª) En cuanto al término deportista, también su significación penal resulta ambigua 110. Para su determinación, el punto de partida debe ser la legislación deportiva 111. Pero esta distingue entre deportistas y técnicos, con las consiguientes dudas respecto del estatuto de estos (por ejemplo, el de los entrenadores) ª) Por lo que se refiere a los árbitros o jueces 113, pertenecen, sin duda, a esta clase quienes aplicando la reglamentación deportiva y asumiendo un deber de imparcialidad dirigen los encuentros, así como sus auxiliares (por ejemplo, un linier o un cuarto árbitro). Se han suscitado dudas, por ejemplo, respecto de los directores de carrera de una prueba ciclista, o de los comisarios de una competición automovilística. Sin embargo, la doctrina, en general, considera que dado que la autoridad normativa que ostentan les permite influir en el desarrollo de la competición no cabe negarles este estatuto 114. Más problemática resulta la inclusión en esta clase de los miembros de los comités federativos, integrados en entidades privadas o administrativas 115. En ciertos casos, sus atribuciones en el ejercicio de la potestad sancionadora deportiva obedecen a la delegación de una función pública. Podría plantearse, por ello, si en el supuesto de los miembros de órganos deportivos como el Juez Único, el Comité de Competición o el Comité de Apelaciones, integrados en las Federaciones Deportivas no constituyen, a efectos penales, autoridades, funcionarios públicos o asimilados 116. Hay acuerdo generalizado en que tienen la condición de autoridades o funcionarios públicos, que escapan al ámbito del art. 286 bis 4., los miembros del Comité Español de Disciplina Deportiva, adscrito al Consejo Superior de Deportes. En consecuencia, procederá la aplicación del delito de cohecho 117. Por lo demás, la abigarrada escena deportiva presenta también otros protagonistas con funciones análogas y cuya onomástica no figura en el Código penal y, con cierta frecuencia, tampoco en la legislación deportiva general. Sin embargo, desde un punto de vista material más allá de los pintoresquismos nominalistas en que 109 Véanse SANTANA/GÓMEZ, pg. 637 y MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg Para más detalles véase CORTÉS, pgs Véase al respecto BENÍTEZ, pgs Véase supra, nota Para más detalles véase CORTÉS, pgs Véanse CASTRO, «Corrupción en el deporte», pgs y MARTÍNEZ-BUJÁN, 2011, Derecho Penal, pg Más ampliamente, CORTÉS, pgs ; GILI, pgs A favor, BENITEZ, pgs. 104 y 140. En contra, CASTRO, 2010, «El nuevo delito», pg Véanse CASTRO, «Corrupción en el deporte», pg. 334; CORTÉS, pg. 109; MORALES, pg RECPC (2012) -
20 20: 20 Enrique Anarte y Cándido Romero se complacen las diferentes disciplinas deportivas, hay un criterio claro para atribuir el estatuto de juez o de árbitro: la capacidad de manipular, mediante el ejercicio de sus atribuciones como tal, el resultado del torneo. 10ª) Finalmente, la autoría no se remite exclusivamente a los casos en que los sujetos activos realizan personalmente la conducta típica: se extiende también a los supuestos en los que actúan mediante persona interpuesta, la cual, eso sí, ha de ser ajena al ámbito de dichos sujetos 118. III. Aunque la fundamentación de la responsabilidad penal basada en el dominio del hecho pueda presentar problemas, es claro que en este contexto desempeña un importante papel. Se trata de que los autores además de ocupar alguna de las posiciones determinadas anteriormente habrían de disponer, en el caso concreto, de ese hipotético dominio del hecho. Esta premisa, en consecuencia, no sustituye a esas condiciones personales típicas, de modo que alguna de estas debe figurar, en cada caso, junto con tal dominio del hecho, cuyas principales características son las siguientes. En primer lugar, esta exigencia cifra uno de los efectos reflejos en el tipo objetivo de la configuración del tipo subjetivo 119. En segundo lugar, obviamente, dadas las características del delito y en particular dicha configuración, el citado dominio del hecho será sustancialmente hipotético. De ese modo, con independencia de que en el caso concreto se materialice, o no, lo relevante será que el sujeto disponga de la capacidad para ejercerlo en el momento de realizarse la conducta típica. En tercer lugar, este dominio tiene carácter general, es decir, afecta a todas las clases de sujetos activos de la corrupción deportiva pasiva anteriormente referidos. En relación con ello, tal exigencia no puede verse suplantada por el hecho de que los sujetos activos de la corrupción pasiva sean de aquellos que, en virtud de la legislación extrapenal, tienen expresamente prohibida la realización de conductas fraudulentas como las sancionadas en el núm. 4 del art. 286 bis. En efecto, hay clases de sujetos calificados como responsables en este precepto que no aparecen formalmente sometidos a esa disciplina. Por lo tanto, en tales casos, el dominio del hecho debe ser comprobado de forma independiente a la existencia o no del deber deportivo. Por último, el citado dominio del hecho supone esencialmente un poder fáctico en tanto que corrupto para alterar los resultados de competiciones, encuentros o pruebas en un determinado contexto normativo, que asigna a cada una de las clases de sujetos activos mencionados por el tipo un rol más o menos preciso. A este respecto, solo cabe pensar, por ejemplo, en las competencias que sean propias 118 Véase, infra, ep A diferencia de otros autores no entendemos que se derive de la caracterización del delito como de peligro (concreto). Véase supra, ep. 2. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. 2012, núm , p. 20:1-20:24 ISSN
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