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Alonso Lujambio: una lucha por la transparencia y la vida
Este País	| Elvira García	| 01.11.2012	| 0 Comentarios
Ardua y cuesta arriba, en un tiempo en el que la transparencia no ha dejado de enfrentar grandes resistencias, la labor de Alonso Lujambio al frente del IFAI estuvo marcada por la tenacidad y por algunos logros emblemáticos del trabajo de la sociedad mexicana a favor de la rendición de cuentas.
El cáncer de médula ósea que en septiembre de 2012 terminó con Alonso Lujambio se manifestó por primera vez públicamente, en un acto oficial, el 14 de enero del 2008, cuando el comisionado presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), en gira por Culiacán, Sinaloa, suspendió súbitamente una rueda de prensa en curso a causa de un quemante dolor que le impidió articular palabra y lo hizo sudar copiosamente. Algunos medios consignaron el hecho e informaron que Lujambio fue trasladado a un hospital local. Al despedirse de los reporteros, con voz apenas audible, se excusó: “Tengo problemas en la espalda”.
Tres años más tarde, también en el mes de enero, el entonces titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) dejó su encargo para atenderse de lo que ya era un hecho: el cáncer. La batalla sería cuesta arriba, con mínimas posibilidades de éxito. Es factible que Lujambio lo intuyese desde el inicio de eso que él llamó “el periplo” en busca de la salud, que comenzó en el gran y admirable Hospital “Salvador Zubirán”, de Nutrición, y que continuó en una clínica especializada, en Little Rock, Arkansas. Hoy sabemos que ese tratamiento solo prolongó su agonía.
Lo comprobamos cuando retornó a los escenarios políticos, en su toma de posesión como senador plurinominal por el Partido Acción Nacional (PAN), para la LXII Legislatura. Era otro. A muchos se nos encogió el corazón al verlo, esforzándose por mantenerse en pie. Admiré su entereza, sus ganas de pelear por estar vivo y activo. Tanto el presidente Felipe Calderón como el propio Alonso sabían que su tarea en el Congreso sería brevísima. Seguramente Calderón quiso que ese encargo legislativo fuese la forma digna de reconocer en vida al que fue su amigo y talentoso colaborador.
Hubo quien calificó de “exhibicionismo” el que el senador se permitiera hacer público lo que se supone “del íntimo decoro”. Sé, sin temor a equivocarme, que hay muy pocas personas con la fuerza interior para mostrar ante otros los devastadores estragos físicos que la quimioterapia y el cáncer provocan. Conozco algunas muy cercanas.
Una de ellas fue Miguel Ángel Granados Chapa. Él era de esa estirpe; sin dejar los fatigantes tratamientos, trabajó en lo suyo hasta dos días antes de morir. Habrá quien se moleste porque comparo a Alonso Lujambio con Granados Chapa. Con sus diferencias ideológicas, ambos cumplieron una tarea importante para el derecho a la información y la transparencia. No me referiré más aquí a Miguel Ángel, quien por cierto el 16 de octubre cumplió un año de haberse ido.
Hablaré de Lujambio. Hay varios ángulos de su vida profesional que merecen ser subrayados. Sin embargo, me concentraré en sus esfuerzos a favor de la rendición de cuentas por parte del Gobierno.
La transparencia, tarea de largo aliento
Dos días antes de su muerte, Alonso Lujambio Irazábal (Ciudad de México, 1962-2012) habló por última vez sobre transparencia. Dijo que “los estados deben ser supervisados por el IFAI”. Y comparó la trascendencia de este órgano con la del Instituto Federal Electoral (IFE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de los años noventa. Afirmó que la reforma al artículo 6º de la Constitución, que él mismo propuso siendo titular del ifai, “podría ser un parteaguas en esa materia”.
Es oportuno recordar que Lujambio vivió, desde su cargo de comisionado presidente del IFAI, parte del acontecer de los dos sexenios panistas. Llegó al puesto en julio de 2006, sin ser aún militante del pan pero sí un estudioso de ese órgano político. El día de la toma de posesión dijo: “Mi amistad con Felipe Calderón no nublará mis convicciones”. Y agregó: “Lo importante es que hay que cuidar a la niña de los ojos del ifai que es la autonomía operativa y de decisión”.
Pese a que hubo momentos en que diversos columnistas le reprocharon su actuación ante peticiones de transparentar información relacionada primero con Vicente Fox y luego con Felipe Calderón, Lujambio se empeñó en que el IFAI conservara autonomía y libertad de gestión.
Las críticas mediáticas arreciaron cuando en noviembre de 2007 enfrentó uno de los momentos más difíciles de su carrera: ese instituto avaló que la Procuraduría General de la República (PGR) reservara por 10 años la información de la situación del narcotráfico, argumentando que no podía revelar datos por ser “de seguridad nacional”. La Procuraduría adujo algo más: “[…] el estudio (un informe anual) requerido contiene cierta información cuya difusión podría poner en riesgo la persecución y prevención de delitos contra la salud”, consignó la reportera Lilia Saúl en El Universal.
Esa reserva informativa que el IFAI avaló tocaba el tema medular del sexenio de Felipe Calderón: su decisión de combatir frontal y militarmente a los narcotraficantes mexicanos. La sociedad, tan lastimada, esperaba una respuesta distinta del IFAI.
La construcción del camino hacia la transparencia
Sin embargo, un balance de la gestión de Lujambio en el IFAI arroja muchos momentos dignos de ser recordados. Pese a las reticencias de algunas dependencias para rendir cuentas, Lujambio logró que lo hicieran, aunque fuese parcialmente. Eso le valió enfrentamientos mediáticos con dependencias que se sintieron vulneradas por el IFAI. Pero Lujambio no perdió de vista su meta. Decía: “Más y más mexicanos deben incorporar la lógica de la rendición de cuentas. Para eso necesitamos aliados sociales que usen más y más la ley”.
Emblemático para Lujambio en el IFAI fue el caso de solicitudes ciudadanas interesadas en conocer cuál es el sueldo oficial, real, que desde la sep recibe la maestra Elba Esther Gordillo, líder vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Esa puerta cerrada con muchas llaves, jamás pudo él abrirla. La SEP argumentó al ifai, primero, la inexistencia de la información y, después, que esos datos eran de carácter “privado”. Meses más tarde reiteró su negativa: “[…] que no existía registro de la información […] debido a que la educación básica se había desconcentrado en 1979, por lo que la profesora Elba Esther Gordillo fue transferida a la administración educativa del Estado de México”. Toda una burla para quien solicitó dicha información en 2006.
Fue hasta marzo de 2012 que el IFAI, ya bajo la titularidad de Jacqueline Peschard, echó abajo la negativa de la SEP: logró abrir, de manera colateral, un rincón de esa caja de Pandora llamada SNTE. Ordenó a la Secretaría que diera a conocer “el salario diario y mensual, historial laboral, último puesto al momento de su comisión sindical y cargo que ostenta como líder magisterial Elba Esther Gordillo Morales en la educación pública nacional”.
Los resultados aparecieron en El Universal el 12 de marzo:
[…] se determinó que la sep debe dar a conocer la información que el IFAI sí localizó entre los archivos públicos. Tras una revisión en el Registro Nacional de Alumnos, Maestros y Escuelas (Rename) […], encontró que en el primer trimestre de 2011, Gordillo Morales recibió ingresos por 71 mil 808 pesos por nómina ordinaria y mil 500 por nómina extraordinaria. En el segundo trimestre, cobró 79 mil 91 pesos de salario ordinario y 11 mil 175 pesos de extraordinario; y para el tercer trimestre, 79 mil 60 más 17 mil 44 pesos por nómina ordinaria y extraordinaria, respectivamente. En total, en los tres trimestres de 2011, por ambas nóminas la líder sindical cobró 259 mil 678 pesos del presupuesto público para la educación del país.
Los grandes golpes en materia de transparencia con Lujambio al frente del IFAI sí son importantes; enumero algunos sin entrar en detalles de los largos prolegómenos de cada caso. Entre ellos están los que siguió la brillante reportera de El Universal Lilia Saúl Rodríguez, especializada en la Ley de Transparencia:
El 16 de octubre de 2006, tres meses después de que Lujambio llegó al IFAI, este órgano pidió a la Presidencia de la República “y a todas las dependencias del Gobierno federal informar en sus páginas web sobre los apoyos o transferencias de recursos financieros hechas al presidente electo, Felipe Calderón, o a su equipo de transición. Lujambio explicó que el organismo solicitó actualizar esta información en plazos no mayores a 30 días hábiles, y estar disponible para consulta durante un año en los sitios oficiales”.
Otro de los asuntos que Lujambio debió atender al principio de su gestión en el ifai fue el de los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos, Coahuila. El 4 de mayo de 2007 Notimex hablaba de la resolución del IFAI, que obligaba al Servicio Geológico Mexicano (SGM), responsable del estudio técnico de las causas del accidente, a entregar el documento al solicitante. Por ese informe supimos que la muerte de los mineros se debió “a la acumulación de gas y polvo de carbón, y una fuente de calor con temperatura y tiempo necesarios para generar la explosión”, ocurrida el 19 de febrero de 2006. Lujambio argumentó: “En virtud de las facultades que le otorga la Ley Minera, el SGM está en posibilidad de proporcionar la mayoría de la información […]”. La responsabilidad tanto del siniestro como de la recuperación de los cadáveres sigue siendo de Industrial Minera México, que guarda impúdico silencio.
Asunto polémico fue el de los negocios en España de Manuel Carlos Mouriño, padre del entonces secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño. El 29 de octubre de 2008, Octavio Ochoa, de El Universal —el periódico más interesado en la transparencia informativa—, consignaba el fallo del IFAI:
[…] advirtió que la PGR debe proporcionar a ese organismo la información del Gobierno de España en la que se involucra a Manuel Carlos Mouriño Atanes […] en presuntos hechos de ‘blanqueo de capitales’. Apenas el mes pasado, la PGR le informó al IFAI que la coordinación de Asuntos Internacionales y Agregadurías promovió un amparo indirecto ante la juez del 4º distrito en materia administrativa en el Distrito Federal para mantener en reserva la información.
La PGR no quería entregar ese expediente, apoyándose en que divulgarlo “pudiera causar daño diplomático en las relaciones de ambos países”. Pero el IFAI arremetía: que la Procuraduría no fundaba sus razones para considerar esa información como reservada; “es decir, no motivó su clasificación, pero sí impidió que el IFAI hiciera la verificación”.
Según observó el reportero, “[…] Lujambio acusó a la PGR de ‘chicanear’ la Ley Federal de Transparencia mediante un amparo ‘aberrante’, que se aleja subrayadamente del margen de la ley”.
También en octubre de 2008, el IFAI aceptó que “el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) había realizado, con la autorización del Poder Judicial de la Federación, 34 intervenciones a llamadas telefónicas y correos electrónicos en casi tres años en el Gobierno de Vicente Fox”; así lo anunció Lilia Saúl en El Universal. Agregó: “Esta información, entregada al IFAI, tendrá que ser remitida a un solicitante, luego de una resolución inédita relacionada con la seguridad nacional”.
Decía Lilia en su nota que el Cisen la había reservado por un periodo de 12 años, con el argumento de que hacerla pública podía incurrir en violaciones a la Ley de Seguridad Nacional, “así como a la protección que otorga la Ley Federal de Transparencia, al permitir que se conozca información que pudiera afectar la seguridad del país”. Aún así, el Cisen perdió esa batalla por la opacidad.
Sin duda, otro affaire explosivo fue el que conocimos en mayo de 2008: el IFAI instruyó a Pemex a “informar del monto total que destinó a gratificaciones de fin de año a servidores públicos de los Órganos Internos de Control (OIC) de sus subsidiarias, entre 2005 y 2007. La información de Notimex agregaba: “Además, le debe aclarar al solicitante la razón por la que entregó gratificaciones a funcionarios de niveles 39 y más altos, en 2004 y 2005, cuando la propia paraestatal señaló que el otorgamiento de este beneficio se restringía a mandos superiores”.
Un tema en el que el IFAI de Lujambio no pudo doblegar a una dependencia fue el que Octavio Ochoa, de El Universal, reveló el 4 de marzo de 2009. El personaje sobre el que un ciudadano solicitó información era y es uno de los más poderosos y cercanos a Felipe Calderón: Genaro García Luna, titular de la Secretaría de Seguridad Pública (ssp). Pues bien, el IFAI “admitió los alegatos de la SSP para mantener bajo reserva los nombres de los asesores del secretario Genaro García Luna”. Lujambio justificó esa reserva: “Dicha coordinación de asesores está constituida como un grupo de apoyo directo al secretario de Seguridad Pública federal. […] Entre las facultades del funcionario está la de definir las políticas de seguridad pública en el ámbito federal, los objetivos, estrategias y acciones para someterlas a consideración del presidente de la República”.
Otro episodio en la tarea de Lujambio se supo el 5 de diciembre de 2007. Era la respuesta a una persona que pedía documentos del proceso de desafuero en contra de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). La conclusión del IFAI la publicó Lilia Saúl: “El IFAI ordenó a la presidencia de la República una búsqueda exhaustiva de documentos […] del proceso del desafuero de AMLO, mismos que le fueron entregados al jefe del Ejecutivo por diversas dependencias gubernamentales, entre ellas la PGR, servicios de inteligencia como el Cisen […]”. En este caso, Lujambio dio un voto particular a favor de que “algunas partes del expediente (del desafuero) debían ser modificadas”. Lo relevante fue que el IFAI consiguió vencer la resistencia de la Presidencia, que decía no tener información y que solo contaba en sus archivos con una encuesta sobre el tema.
Alonso Lujambio quería que la cultura de la transparencia informativa permeara en México. Para él, una manera de lograrlo era proponiendo al Congreso de la Unión la modificación del artículo 6º de la Constitución. Lo hizo nueve meses después de llegado al IFAI. Era el 25 de abril de 2007 cuando los diarios consignaban que ese órgano “celebraba la aprobación en el Senado de las reformas al artículo 6º constitucional, lo que permitirá acabar con la opacidad en la materia en todo el país, incluyendo estados y municipios”. Lujambio expresó que “México no puede permitir la existencia de zonas de opacidad ahí donde se ejercen grandes cantidades de recursos públicos”. Y agregó: “No se puede admitir que una regla básica de la democracia —saber qué hacen los gobiernos y cómo gastan el dinero público— quede sujeta a la discreción, coyuntura política o el capricho de un Gobierno”.
Afinar un instrumento llamado IFAI
A Lujambio Irazábal le tocó afinar y consolidar el IFAI y la Ley de Transparencia, esa valiosa herramienta para la sociedad y para los periodistas quienes, por cierto, hasta 2009 eran los que menos la usaban. Entre quienes sí la utilizan está la mencionada Lilia Saúl Rodríguez, de El Universal, así como Daniel Lizárraga, de Proceso. Ambos fueron el “talón de Aquiles” de Lujambio. Son memorables los golpes periodísticos que, por ejemplo, Lilia Saúl obtuvo.
Uno de ellos puso a prueba a Lujambio en la afirmación de que su amistad con Calderón no le impediría abonar a la transparencia. Ocurrió días después de que en Los Pinos el presidente celebró su cumpleaños, el primero que festejó en la residencia oficial. Lilia Saúl quiso saber quiénes fueron los invitados, qué se bebió y comió y cuánto se gastó del erario público. La respuesta tardó meses en llegar, primero como una negativa. La reportera se inconformó pues la oficina de la Presidencia contestó surrealistamente que tal información “no existía”.
Para enero de 2008 el ifai analizaba si confirmaba la respuesta de “inexistencia” de la información u ordenaba a Presidencia “entregar el listado de los invitados al convite del presidente, así como los permisos para que funcionarios del Gobierno federal se ausentaran de sus oficinas en horas de trabajo”. Estudiaba también si resolvía exigir la entrega de gastos en comida, vino y música de mariachi”, según la nota de Lilia Saúl, en El Universal, del 23 de enero de 2008 (cuando la solicitud de información había entrado en octubre 2007).
Para esas fechas crecía la polémica sobre el conflicto de intereses de Lujambio como titular del IFAI, amigo de Felipe Calderón y asistente al ágape. John Ackerman, investigador de la UNAM, dijo que el inciso XI del artículo 8 de la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos era muy claro: Le permitía a Lujambio “excusarse de intervenir, por motivo de su encargo, en cualquier forma en la resolución de asuntos en los que tenga interés personal, familiar o de negocios”.
Sin embargo, meses después, la respuesta del IFAI confirmó que Lujambio mostraba con hechos sus dichos: el Instituto determinó que el presidente debía entregar la información. Así pues, el 26 de febrero de 2008, la oficina de la Presidencia giró un comunicado a todos los medios, anunciando que “había puesto a disposición del ifai la lista de los 141 asistentes a su cumpleaños el 18 de agosto de 2007, en la Hondonada de Los Pinos”.
Aclaró Presidencia que “aun cuando aquella celebración había sido una actividad personal, que no implicaba obligación legal alguna para dar a conocer dicho listado, el Ejecutivo decidió ventilar los nombres de sus invitados de forma libre, voluntaria y espontánea” como respuesta a su “compromiso irrestricto con la transparencia y la rendición de cuentas”. Argumentó el presidente Calderón que su festejo se realizó en Los Pinos porque ese es su lugar de residencia por el encargo oficial que ejerce. Dijo que la fiesta se efectuó “sin uso de recursos públicos”. Lo que no le contestó a Lilia Saúl fue cuánto y qué se bebió allí, ni el monto del gasto específico.
En cuatro años al frente del IFAI, Lujambio contribuyó a que el periodismo de investigación ganase las primeras grandes batallas en transparencia. Consiguió también que en telecomunicaciones fluyera la información, antes guardada bajo siete llaves, aunque la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) entregó hasta 2009 —cuando el funcionario había dejado el ifai— mucha de la información solicitada en su época. Pero la batalla por obtener esos datos tenía un historial con su sello.
Así las cosas, en 2009 el IFAI exigió que la SCT entregara copia de títulos de concesión para operar y explotar redes de telecomunicaciones. También instruyó a la Comisión Federal de Competencia que diera a un solicitante los documentos sobre concesiones para el uso del espectro radioeléctrico. Ese mismo año ordenó a la Cofetel que hiciera públicos los convenios de interconexión telefónica.
Lujambio fue un hombre que supo hacer bien su trabajo y enfrentar adversidades y ataques. En su encargo en la SEP, dio la cara a temas de transparencia. Uno de ellos, los gastos por los festejos del bicentenario y más concretamente los de la Estela de Luz. Ya las células cancerígenas se multiplicaban en el organismo de Lujambio cuando en 2010 y aún en 2011 cumplió el papel de apagafuegos en el caso de la Estela de Luz, pese a que él no estuvo en su génesis. Al frente de la sep, hasta el último día de su vida enfrentó tareas que no siempre ganó ni la gente le aplaudió, pero en las que él creyó.
Alonso Lujambio fue un hombre querido por muchos, sin importar el partido político o la ideología. Fue homenajeado post mortem por compañeros de todas las instituciones por las que pasó. Su despedida fue especialmente emotiva y todos los medios de comunicación dedicaron una nota cálida a su memoria, más allá de la obligación periodística de consignar esa muerte. Me emocionó el respetuoso y amplio reportaje que Joaquín López-Dóriga transmitió en su noticiero de Televisa.
Alonso Lujambio se fue despidiendo del mundo bajo el refugio de su hogar, rodeado de sus tres hijos y su mujer, y con la paz en el rostro, reflejo de la misión cumplida, hasta el último día.
Hasta pronto, maestro Lujambio.
ELVIRA GARCÍA ha hecho reportajes y entrevistas para más de 30 medios impresos. Como columnista, ha escrito sobre la situación de los medios de comunicación en distintos diarios y revistas. También es conductora, productora y guionista de radio y televisión. Ha publicado seis libros.
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