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Timestamp: 2019-09-24 10:05:07+00:00

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La situación educativa en Canarias
MONOGRFICO. Patricio de Blas Zabaleta.
El bachillerato en busca de su identidad
Vicepresidente del Consejo Escolar del Estado
Sumario: 1. Introduccin. 2. La inestabilidad y la insatisfaccin, como norma. 3. Las sinrazones del inmovilismo. 4. Conclusin. Resumen La pequea historia de la Segunda enseanza registra un sinnmero de planes de estudios reejo de la insatisfaccin de (y con) este nivel educativo y su falta de identidad. El anlisis de esa inestabilidad, basado en el examen de los textos legales, y apoyado en algunas tesis doctorales sobre el particular, constituye la primera parte de este trabajo.
La segunda parte es una reexin sobre algunos factores que la explican: la contradiccin entre los objetivos anunciados y el currculum efectivamente propuesto, la inuencia determinante de la universidad y su poderoso atractivo sobre los modos de conducirse el bachillerato y, nalmente, un profesorado con una formacin inicial deciente, y poco estimulado, ms propenso a la autocompasin que a la autocrtica.
A la vista de las incertidumbres presentes, el artculo concluye con una mirada escptica hacia el tipo de reformas habidas y con una llamada a considerar mejoras concretas y parciales.
Palabras clave: Segunda enseanza, bachillerato, reformas, inestabilidad, insatisfaccin, planes de estudio, exmenes, profesorado.
Abstract The short history of Secondary Education includes countless study plans which reect the dissatisfaction of (and with) this level of education and its lack of identity. The analysis
CEE Participacin Educativa, 17, julio 2011, pp. 8-29
MONOGRFICO. Patricio de Blas Zabaleta. El bachillerato en busca de su identidad
of this instability, based on a review of legal texts, and supported in some doctoral theses on the subject, is the rst part of this work.
The second part is a reection on some factors that explain it: the contradiction between the stated objectives and the curriculum actually proposed, the decisive inuence of university and its powerful attraction on the way the bachillerato develops and, nally, teachers with poor initial training, and little stimulated, more prone to self-pity than selfcriticism.
In view of the uncertainties, the article concludes with a sceptical look towards the kind of reforms which have been implemented and a call to consider specic and partial improvements.
Keywords: Secondary Education, bachillerato, reforms, instability, dissatisfaction, study plans, exams, teachers.
En 1821, el Decreto LXXXI de las Cortes dena la Segunda enseanza, como aquellos conocimientos que, al mismo tiempo que sirven de preparacin para dedicarse despus a otros estudios ms profundos, constituyen la civilizacin general de una nacin. En 2006, la Ley Orgnica de Educacin (LOE) enumera los nes del bachillerato: proporciona a los alumnos formacin, madurez intelectual y humana, conocimientos y habilidades que les permitan desarrollar funciones sociales e incorporarse a la vida activa con responsabilidad y competencia y les capacita para acceder a la educacin superior (Art. 32).
Entre ambas fechas, una llamativa paradoja. Sin apartarse de la denicin de sus nes, la ordenacin de la Segunda enseanza1 ha experimentado, al menos, cuarenta reformas. El hecho revela que la identidad de esta etapa educativa no est clara, que no se corresponden los nes que dice proponerse y la estructura y currculo de que se dota y que, por consiguiente, la sociedad duda de su validez para dar respuesta a las necesidades de los estudiantes que la cursan.
Cuando, como ahora, se cuestiona la duracin, la estructura y los nes del bachillerato, es bueno situar ese descontento en su larga y agitada trayectoria. Tal vez, una reexin sobre ella nos lleve a ser ms cautos a la hora de proponer una reforma ms en esa larga lista de reformas. Porque, debajo de esa inestabilidad, existen algunos factores,
1 Se llamara, tambin, a lo largo de su historia, Enseanza Media y Bachillerato. Emplear, en cada momento, la denominacin que le atribuye la normativa vigente.
estrechamente conectados entre s, que malogran una y otra vez los deseos expresados por el legislador. Y es sobre esos factores sobre los que habra que actuar.
La inestabilidad y la insatisfaccin, como norma
Una reforma cada cinco aos En los 175 aos que transcurren desde la publicacin del Real Decreto de 1836 (Plan General de Instruccin Pblica) hasta hoy, se han sucedido ms de cuarenta cambios
En medio de los perodos de, en apariencia, mayor estabilidad se produjeron las experiencias y debates ms ricos sobre la identidad de la Segunda enseanza.
en los planes de estudio de bachillerato, con una vigencia, por lo tanto, que no ha superado los cinco aos de promedio. Cierto, algunos ni siquiera llegaron a aplicarse (1873, 2003), otros duraron ms de diez (los de 1880, 1938, 1957 y 1992), y ha habido dos especialmente longevos: el de 1903, vigente hasta 1926 y restablecido, por un ao ms, en 1931, y el de 1975, promulgado por un Gobierno de Franco y derogado en 1992. Pero, no nos engaemos, estos dos perodos presenciaron los debates ms intensos sobre el sentido y ordenacin de la Segunda enseanza.
En efecto, entre 1903 y 1926, hubo, para empezar, dos intentos de reforma, los de Ruiz Gimnez, en 1914, y Esteban Collantes, en 1915, que no llegaron a aprobarse por el cese de los ministros que los proponan. En 1918, Santiago Alba, Ministro de Instruccin Pblica, convencido de que en los institutos, como en las universidades, haba ms apariencia que sustancia, y de que la experiencia ha demostrado cun poco ecaces son las reformas de los centros docentes intentadas mediante una disposicin general y uniforme, prescribiendo planes o mtodos todava no ensayados, cre el Instituto Escuela, un centro experimental que abordara los problemas ms delicados de la Segunda enseanza y la formacin de sus profesores, y lo hizo depender de la Junta para la Ampliacin de Estudios. Finalmente, la Institucin Libre de Enseanza emiti su informe La segunda enseanza y su reforma, uno de los anlisis ms lcidos sobre esta enseanza y sus problemas (Daz de Laguardia, 1988).
Algo parecido sucedi en el otro perodo citado, el que va de 1975 a 1992. El intenso debate poltico sobre la democratizacin de la enseanza, que acompa a la transicin poltica, tuvo su reejo, en las Enseanzas medias, en una propuesta y en una reforma experimental, promovidas desde la Direccin General de Enseanzas Medias por dos catedrticos de instituto. Ral Vzquez, en 1980, a poco de nalizar la implantacin del BUP (1975), someti a consulta pblica un plan de reforma de las Enseanzas medias2. Y, tras el triunfo socialista en las elecciones de 1982, Jos Segovia puso en marcha un plan experimental de reforma de estas enseanzas, en un reducido nmero de centros que voluntariamente se sumaron al mismo, con el n de ensayar un currculum adecuado a la prolongacin de la escolaridad obligatoria, un punto clave del programa
2 Las Enseanzas medias en Espaa. MEC, 1981 y Las Enseanzas medias en Espaa. Resultados de la consulta. MEC, Madrid, 1982.
socialista, y de apoyar y favorecer la formacin en servicio del profesorado implicado en la misma3.
Los motivos declarados de los reformadores y los cambios en la ordenacin de las enseanzas Los prembulos de las normas a que he aludido y los libros blancos en el caso de las leyes, ofrecen un abanico de las motivaciones que impulsaban a sus mentores. Motivos ideolgicos es decir, la pretensin de inducir cambios sociales a travs de la educacin de los jvenes o, a la inversa, la suposicin de que los cambios operados en la economa y en la sociedad reclamaban nuevos planteamientos de la educacin y la voluntad de responder a necesidades concretas se entremezclan en esta larga serie de reformas.
As, las diferentes visiones de los liberales del XIX sobre la sociedad se reejan en los planes de estudio de la Segunda enseanza. Los de 1836 y 1852 buscaban completar la educacin de las clases acomodadas, mientras que Gil de Zrate y los progresistas que cocinaron la reforma de 1845 (Viao, 1988) pensaban ms en las clases productoras y, por ello, en un plan ms til (asignaturas cientcas, economa poltica, derecho poltico y administrativo). La revolucin de 1868 subraya, por encima de todo, la libertad de enseanza. En consecuencia, el plan de estudios se reduca a un listado de materias, sin especicar duracin de los estudios ni distribucin por cursos, aprobadas las cuales el alumno poda solicitar el grado de Bachiller en Artes. El plan de 1873, de la I Repblica, insiste en el carcter til (desaparece el latn, aumentan considerablemente las ciencias, introduce Msica y Gimnasia, por primera vez), a la vez que reeja el optimismo antropolgico de los revolucionarios de la Gloriosa.
Ideologa y reformas. Entre el cambio por el cambio y la pretensin de reformar el bachillerato para transformar la sociedad.
Una de las primeras leyes de la Espaa de Franco (septiembre 1938) plantea el Bachillerato Universitario como instrumento ms ecaz para, rpidamente, inuir en la transformacin de una Sociedad y en la formacin intelectual y moral de sus futuras clases directoras a travs de la cultura clsica y humanstica, como medio para la vuelta a la valorizacin del Ser autntico de Espaa, de la Espaa formada en los estudios clsicos y humansticos de nuestro siglo XVI, acompaada por un contenido eminentemente catlico y patritico4. De ah un plan de estudios de siete aos con Latn, Lengua espaola, Religin y conferencias para la formacin patritica de la juventud todos los cursos, Griego y Filosofa en tres, Historia del Imperio espaol en dos. En la Ley de Ordenacin de la Enseanza Media, de 1953, y en los planes de 1953 y 1957 que se dictaron a su amparo, decay algo el entusiasmo clasicista e imperial, pero se mantuvo la clase de Religin y la Formacin del Espritu Nacional en todos los cursos.
3 Manuel MENOR y Julin MOREIRO: La reforma experimental de las enseanzas medias (1983-1987) Madrid. 2010. 4 Prembulo de la Ley de 20 de septiembre de 1938 (BOE de 23 de septiembre). El Ministro de Educacin Nacional era D. Pedro Sinz Rodrguez.
La escalada en el porcentaje de individuos de la cohorte de edad correspondiente que acceda a la Segunda enseanza (de un 1 a un 2% en el siglo XIX y primeros aos del XX hasta el 100% en la Educacin Secundaria Obligatoria o el 45% que estudian bachillerato en la actualidad) condiciona poderosamente las reformas de 1970 y 1990 a las que me referir con algn detalle ms adelante. Ambas reejan, tambin, la voluntad de incorporar cambios pedaggicos de mayor alcance. Por lo dems, la mayora de las reformas se explican slo por el malestar con los planes anteriores, sin que el fervor reformador se tradujera en modicaciones sustantivas en la prctica.
Lo que cambia en el bachillerato, una y otra vez: Cuntos aos de duracin? La estructura Unicado o en ciclos? Letras o ciencias?
Cualesquiera que fueran los motivos, los cambios afectaban a la estructura del modelo (unitario o dividido en dos ciclos), al peso en los planes de estudio de determinadas materias (clsicos versus modernizadores), al carcter de los exmenes (de curso, de grado, de n de estudios) y a la propia duracin de la Segunda enseanza (entre 5 y 7 cursos). La persistencia de algunos debates y la vuelta, una y otra vez, a frmulas abandonadas antes dicen mucho sobre la falta de una cultura del bachillerato, es decir, de un depsito propio de valores y prcticas que deberan regir la enseanza y el aprendizaje en esta etapa educativa, por un lado, y sobre las imprecisas expectativas de la sociedad sobre sus funciones, por otro. En denitiva son indicadores de su falta de identidad.
A partir de su ingreso, normalmente a los 10 aos cumplidos, los estudiantes cursaban la Segunda enseanza durante cinco aos planes de 1861 y 1880 siete en los de 1934 y 1938 y seis en los dems. Es decir, entre los 8 9 aos (el plan de 1880 suprimi la exigencia de 10 aos para el ingreso) y los 13 14, en el primer caso; en tanto que, en 1934 y 1938, habran de hacerlo entre los 10 y los 17. Una diferencia de edad de los estudiantes que, sin embargo, no tena otra repercusin curricular que el nmero de materias cursadas, mayor, claro, en el segundo caso.
En la polmica sobre la organizacin unitaria o su divisin en dos ciclos, el carcter unitario casaba mejor con su funcin preparatoria para estudios universitarios. De ah que fuera la frmula preferida por los planes que insistan ms en esta nalidad (los de 1847, 1861, 1880, 1898, 1901, 1903, y 1938), aunque acarreara la frustracin y la prdida de tiempo de quienes al cabo de tantos aos no hubieran concluido los estudios. La divisin en ciclos presupona, en cambio, la existencia de otras posibles motivaciones para estudiar un primer ciclo (Elemental, Estudios generales, Primer ciclo) que ofreca una titulacin intermedia a quienes no quisieran o no pudieran cursarlo en su totalidad. Mientras, el segundo ciclo (de Ampliacin, Preparatorio, Universitario, Superior) mantena su vocacin propedutica. Esta frmula de ciclos es la de los planes iniciales (1836, 1845 y 1852) y la preferida a partir de 1926, con la excepcin sealada de 1938.
La prolongacin de la escolaridad obligatoria a los 14 aos, primero (1970), y a los 16, despus (1990), plante esa alternativa desde una perspectiva diferente. Y complic,
como veremos, su ordenacin entre los reclamos opuestos de la enseanza obligatoria y de la universidad. Y, sin embargo, este cambio sustancial no se ha traducido en una transformacin paralela de su concepcin.
Por lo dems, la divisin en Ciencias y Letras canaliz durante mucho tiempo las preferencias, y la preparacin, de los estudiantes que aspiraban a entrar en la universidad. Pero a medida que las carreras universitarias se especializaban, y al tiempo que se disparaba la demanda de bachillerato y de estudios universitarios, se consolid un curso especco de preparacin para el ingreso en la universidad (en 1957 el Curso Preuniversitario, en 1970 el Curso de Orientacin Universitaria COU) a los que se aada una prueba especca de madurez o de acceso a la universidad. Pese a unos comienzos prometedores, este curso acab por convertirse en un ao ms del bachillerato (Muoz Vitoria, 1993).
Bachillerato clsico o bachillerato til?
Una polmica permanente entre clsicos y modernos. El bachillerato clsico y sus proclamadas virtudes en orden a la preparacin para los estudios universitarios.
La polmica sobre el carcter clsico (humanstico) o moderno (cientco) de la Segunda enseanza la ha perseguido desde su mismo origen sin que una propuesta equilibrada entre ciencias fsicas y matemticas, literatura y artes y ciencias morales y polticas, como la formulada en el proyecto de decreto de la Comisin de Instruccin Pblica de las Cortes de Cdiz, de 7 de marzo de 18145, tuviera nunca el respaldo de las dos sensibilidades contrapuestas. Tras la polmica latan, claro, distintas concepciones de la etapa. Y, desgraciadamente, como ha sealado Viao (1982), la polmica se apoyaba ms en estereotipos, prejuicios y exclusivismos que en un anlisis desapasionado y realista del problema.
Los defensores del carcter clsico entendan que este enfoque era ms coherente con la nalidad propedetica, especialmente en una poca en que los estudios universitarios eran, bsicamente, el Derecho, la Filosofa y la Teologa, y ms adecuado para la formacin de las clases dirigentes:
las lenguas antiguas sern siempre, por ms que se diga, el fundamento de la literatura y de los buenos estudios: slo ellas saben comunicar ese amor a lo bello, ese don de la armona, esa sensibilidad exquisita y ese gusto perfecto sin cuyas cualidades toda produccin del ingenio es deforme. Adems de esto, los libros de la antigedad tienen otra ventaja: el servicio que hacen a la juventud no es solamente literario, sino tambin moral y losco: suministran al paso multitud de conocimientos tiles; presentan ejemplos de nclitos hechos
5 La denicin de la Segunda enseanza inclua tres componentes: las ciencias fsicas y matemticas (Matemticas puras, Fsica general, Mecnica elemental, Historia natural, Botnica aplicada a la agricultura, Qumica y mineraloga aplicada a las artes y ocios), la literatura y las artes (Gramtica espaola, Lengua latina, Literatura, Historia, Geografa, Dibujo natural y Geometra descriptiva) y las ciencias morales y polticas (Moral y derecho natural, Derecho poltico y constitucin, Economa poltica y estadstica). El dictamen se apoyaba en el Informe de Manuel J.Quintana; de hecho, el mismo Quintana formaba parte de la comisin.
y grandes virtudes [] elevan el alma, engendran la heroicidad, despiertan nobles afectos y la moral y la virtud recogen en su lectura las ms sanas doctrinas. Por ltimo el latn ha sido la lengua nacional durante muchos siglos [] y sirve, en n, a nuestra religin para celebrar el culto y consignar sus divinos preceptos6.
El plan del Ministro de Educacin Nacional de Franco, Pedro Sinz Rodrguez, aada otras razones:
el desarrollo lgico y conceptual extraordinario que producen su anlisis y comprensin en las inteligencias juveniles dotndolas de una potencialidad fecundsima para todos los rdenes del saber; el procurar esta formacin camino seguro para la vuelta a la valorizacin del Ser autntico de Espaa, de la Espaa formada en los estudios clsicos y humansticos de nuestro siglo XVI...7
Eran argumentos que no se discutan. Nunca se comprob si esos estudios cumplan las expectativas depositadas en ellos. Importaba ms la creencia de que as era que el hecho de que aquellas expectativas se cumplieran. La intervencin ms asidua, en el debate y en el quehacer educativo, de personalidades del mundo literario o humanstico que del cientco explica la pervivencia del mito y su repercusin en la opinin (Viao, 1982) incluso en nuestros das.
Los defensores del bachillerato til, sus razones y las dicultades con que han tropezado una y otra vez.
Los defensores del carcter til de la Segunda enseanza, herederos de la tradicin ilustrada, desechada la idea de Gil de Zrate que conceba los institutos como centros destinados a impartir cuantas enseanzas pudieran ser necesarias a los jvenes desde la edad de diez aos hasta los veinte, sin dejar de lado la nalidad propedutica, propugnaban la presencia en el plan de estudios de materias cientcas y su aplicacin a la vida econmica y social (Agricultura o Agronoma, presente entre 1880 y 1938, o Fisiologa e higiene, entre 1868 y 1934), algo que casaba bien con la concepcin de las clases medias como clases productoras y tiles. El mismo principio de utilidad les llev a incorporar materias como la Gimnasia, el Derecho usual o Rudimentos del derecho (de 1868 a 1926) y la moral.
Esta visin del bachillerato hubo de enfrentar resistencias y rutinas poderosas. Antonio Viao seal las dicultades de partida: la ausencia de una comunidad cientca tras el colapso del movimiento ilustrado en los ltimos aos del XVIII y primeros del XIX (en el curso 1848-49 slo haba 5 catedrticos de matemticas en el escalafn de catedrticos propietarios de universidad) y la consiguiente falta de personal cualicado. O la peculiar desatencin de los gobiernos liberales a los estudios tcnicos de grado medio.
6 Prembulo del Plan de estudios de 17 de septiembre de 1845 (Ministro de la Gobernacin, Pedro Jos Pidal). 7 Prembulo a la Ley de 20 de septiembre de 1938 (BOE, 23 de septiembre de 1938).
Los conocimientos aplicados a la vida econmica y social, por su parte, no llegaron a adquirir carta de naturaleza entre las ms reputadas materias acadmicas. No importa que las leyes propugnaran entre sus principios pedaggicos el adiestramiento prctico en tareas agrcolas, industriales o de artesana, como la Ley de Ordenacin de la Enseanza media, de 1953 (Art. 12), o que incluyeran, como haca la LGE (1970), junto a las materias comunes y optativas del BUP, una actividad tcnico-profesional. En la prctica, o se ignoraba el principio (1953) o se desvirtuaba el mandato de la ley (EATP en el decreto del BUP, en 1975).
El ltimo episodio de esta larga polmica se libr en los aos noventa, a partir de la LOGSE. La incorporacin de la Tecnologa y la desaparicin del Latn como materia obligatoria en la ESO, junto a la ampliacin de las modalidades del bachillerato con vistas a reforzar su carcter preparatorio, tambin para la FP de Grado Superior, desencaden una batalla por las humanidades, estimulada esta vez desde el propio Ministerio de Educacin8, de la que se hicieron amplio eco todos los medios de comunicacin.
Y los estudiantes? Y los mtodos? El peso de las asignaturas y los exmenes Las reformas que hemos anotado no alteraron nunca las bases sobre las que se asienta la Segunda enseanza: las asignaturas, los libros de texto y los exmenes. La incorporacin progresiva de porcentajes de adolescentes a los estudios medios, la prctica desaparicin de los alumnos libres, la disminucin del nmero de alumnos por aula, los progresos en las ciencias de la educacin no se han traducido en un cambio signicativo de esos ejes sobre los que se mueve (se mueve?).
Cierto. Las referencias a la mejora de la situacin de los estudiantes, como factor que motiva una reforma, aparecen frecuentemente en los prembulos de las normas (1845, 1852, 1866, 1903, 1926 ). Pero no pensemos en ellas como puntos de partida para articular una ordenacin coherente de las enseanzas. Eran, slo, una coartada para justicar o atacar las reformas del momento. Daz de Laguardia (1988) lo explica as:
la gura del adolescente, objeto de una fuerte especulacin, se transforma prodigiosamente segn las circunstancias. [] cuando un ministro, independientemente de su ideologa, intenta prolongar los estudios, rpidamente se sacan a relucir las virtudes de los pueblos latinos, que alcanzan una gran madurez a edades ms inferiores que los pueblos nrdicos o centroeuropeos; y cuando se amplan los planes de estudios con otras materias, hace acto de presencia el peligro del surmenage representndose a los jvenes estudiantes, otrora gallardos y vigorosos, como seres desvalidos, enfermizos, anmicos y fuertemente oprimidos por el peso de los estudios.
8 Con fecha 21 de octubre de 1996, la Ministra Doa Esperanza Aguirre Gil de Biedma dirigi una inslita carta a los jefes de Departamento de Geografa e Historia de los institutos, a la que adjuntaba el discurso pronunciado el da 10 en la Apertura de curso de la Real Academia de la Historia, en el que lamentaba el asombroso arrinconamiento de la historia, y les animaba a expresarle su opinin al respecto.
1970 y 1990. Dos intentos, fallidos, de cambiar las prioridades y los mtodos del bachillerato: la formacin de los alumnos al primer plano de las preocupaciones.
Hay dos momentos, sin embargo, en la pequea historia del bachillerato, en que se produce una inexin en la montona serie de cambios que venimos anotando. En ambos casos se intent una adecuacin de los estudios, en sus nes y en sus mtodos, al alumnado al que se diriga. Se trata de la LGE (1970), y de la LOGSE (1990) que coinciden, no por casualidad, con un incremento considerable en el nmero de alumnos.
Ambas fechas representan, salvando las enormes diferencias, otros tantos empeos de cambiar las bases sobre las que se vena sustentando el bachillerato (asignaturas y exmenes) para poner al alumno como objetivo central de su ordenacin. Esto signicaba desplazar el peso desde lo propedutico a lo formativo. Pero, en ambos casos, este empeo digno de un debate a fondo, se present en los institutos como una intromisin intolerable de los pedagogos en un terreno que no requera de sus servicios. Veamos.
Los cambios estructurales de la LGE (Prolongacin de la enseanza obligatoria a los 14 aos EGB Formacin profesional reglada en tres grados, y Bachillerato Unicado y Polivalente BUP) iban acompaados de novedades en el plano curricular: introduca el concepto de reas de aprendizaje llamadas a romper las fronteras rgidas entre asignaturas, sustitua los exmenes tradicionales por la evaluacin continua y, en consecuencia, suprima los exmenes de grado las revlidas. Desgraciadamente, el BUP del decreto (Decreto 160/1975, de 23 de enero, por el que se aprueba el Plan de estudios del Bachillerato) se pareca poco al modelo que pergeaba la LGE (Puelles Bentez, 2010). Era una de sus contradicciones, el Gobierno que la desarrollaba no se haba credo su mensaje y los sectores que vean positivos sus cambios no podan aceptarla como producto que era de una dictadura.
Las reformas que trajo la LOGSE han congurado el bachillerato de hoy. La prolongacin de la enseanza obligatoria hasta los 16 aos se resolvi creando una primera etapa de Educacin Secundaria Obligatoria (ESO) de carcter comprensivo, y una segunda post-obligatoria, el Bachillerato, de dos aos de duracin, cuya ordenacin resultara muy condicionada por la Prueba de Acceso a la Universidad, como veremos en el punto siguiente. Tanto la ESO como el bachillerato de la LOGSE atribuan a los centros escolares y al profesorado amplias responsabilidades en el desarrollo y concrecin del currculo. Lamentablemente, una retahla de clichs (la promocin automtica, la diversin en lugar del esfuerzo) desplazaron el debate a asuntos ajenos al signicado de aquellos cambios.
Los exmenes y sus inalteradas rutinas han determinado las caractersticas negativas del bachillerato: academicismo y memorismo.
Los exmenes ofrecen un ejemplo paradigmtico del poder de las inercias y rutinas en el sistema educativo. A pesar de constituir uno de los rasgos ms criticados y modicados del bachillerato a ellos atribuyen las reformas de 1938, 1953 y 1970 el memorismo de la Segunda enseanza los exmenes han conservado algunos rasgos que marcan, profundamente, los hbitos de evaluar y las expectativas sociales sobre el particular.
Hay una circunstancia que condicion todo desde el principio. Hasta los aos 60 del siglo XX, entre un 30% y un 50% de los alumnos que cursaban la Segunda enseanza lo hacan por libre. Los profesores de los institutos9 deban examinar a sus propios alumnos, a esos alumnos libres matriculados en su centro y durante mucho tiempo a un nmero variable de estudiantes que cursaban en colegios incorporados al mismo. Desde el principio, los exmenes aparecan revestidos de una liturgia que pretenda garantizar y hacer visible la imparcialidad de los examinadores: tribunales compuestos por tres catedrticos examinaban de forma oral y con carcter pblico. El formalismo se extenda, tambin, a los alumnos ociales.
El primer intento serio de modicar este panorama lo hizo, en 1901, el Conde de Romanones. El Real decreto que lleva su rma10 se haca eco de la opinin de las ms respetables autoridades pedaggicas, contrarias en absoluto al sistema de exmenes vigente e intentaba que no constituyeran un acto distinto de de todos los actos escolares habituales; es necesario que sea una continuacin de estos, un dilogo ms de los que el catedrtico debe sostener a diario con sus alumnos. En la prctica, las reformas quedaron reducidas a la supresin de los tribunales de tres miembros y a la eliminacin de las comisiones examinadoras ambulantes. Los exmenes siguieron siendo pblicos y orales. Cuando result materialmente imposible examinar de esa manera a las crecientes multitudes de alumnos pasaron a ser escritos, y el ejercicio escrito pas a desempear el papel de documento que avalaba la calicacin correspondiente ante posibles reclamaciones. Un carcter que prevalece todava contra lo que pretenda el Conde de Romanones hace ms de 100 aos.
En resumen: asignaturas que eran un compendio de las correspondientes materias impartidas en la universidad, exmenes que reproducan, en bachillerato, las rutinas aprendidas por los profesores en su paso por el instituto y por la universidad, impermeabilidad a las corrientes pedaggicas y a las experiencias didcticas en determinados momentos
Todo sigue igual en un bachillerato impermeable a las novedades pedaggicas.
muy ricas han congurado un sustrato de actitudes, expectativas y mtodos que, a pesar de ser ampliamente contestado, han hecho de la Segunda enseanza un nivel reacio a cualquier modicacin de esos rasgos sustantivos. De ah la paradoja: tantos cambios en el tiempo y todo sigue prcticamente igual.
Las sinrazones del inmovilismo
La evidencia de que, una y otra vez, las reformas del bachillerato terminaban por fracasar no ha suscitado, a mi juicio, un anlisis que extrajera las lecciones oportunas. Que en casi doscientos aos no se haya alcanzado un punto de equilibrio es una realidad que
9 Durante el siglo XIX, y hasta 1922, los institutos eran 58. Llegaron a 147 durante la II Repblica, para descender en la posguerra a 119. Entre 1960 y 1970, pasan de 119 a 647. En 1982 eran 1.033 y 3.018 en 2010. 10 Real decreto de 12 de abril de 1901, implantando nuevas reformas en la enseanza ocial.
invita a jar la mirada en los elementos que conforman el problema en lugar de esperar una pirueta ms de los reformadores de turno. Es lo que pretendo en esta segunda parte.
Dos finalidades, en la teora, una sola en la prctica Uno solo de los cuarenta planes que venimos citando, el de 1852, considera la Segunda enseanza no como estudios generales que completan la educacin, sino como medio de prepararse para las facultades mayores. Todos los dems han proclamado abiertamente que su nalidad se extiende tambin a capacitar para otros estudios y para ofrecer aquellos conocimientos que constituyen el bagaje de una persona culta.
Pero, la rmeza en mantener los nes no ha resuelto las dicultades para una ordenacin ajustada de las enseanzas. La descripcin de dos intentos serios de reforma, lejanos en el tiempo, los de 1893 y 1970, ilustra sobre la naturaleza de esas dicultades.
En 1893, el Ministro de Fomento, Segismundo Moret, elabor un plan para sustituir al muy criticado de 1880 y lo someti a un debate del que da cumplida cuenta Emilio Daz de Laguardia (1988). Para formarse una idea propia sobre la cuestin, Moret, plante estas preguntas al Consejo de Instruccin Pblica: la Segunda enseanza deba ser exclusivamente preparatoria para la vida, o para la entrada en las carreras especiales?. En el caso de que se quisiera combinar ambos conceptos subrayo cul sera la forma y manera de hacerlo? Cules habran de ser los programas?
El 15 de marzo de 1894, el Consejo entregaba su informe. La Segunda enseanza deba de servir como preparacin para la vida, mediante una cultura general, y a la vez para el ingreso en las carreras universitarias mediante unas enseanzas especcas, dejando al Ministro a su libre iniciativa la forma de combinar ambas ideas (subrayo, de nuevo, porque, como se ve, el Consejo devolva la pelota al Ministro).
Entretanto, Moret haba pasado a ocupar otra cartera y fue Alejandro Groizard, quien le sucedi, el encargado de rmar el decreto. En l, se consagraba la doble nalidad, segn el dictamen del Consejo, y para atenderla divida la Segunda enseanza en dos perodos11: Estudios generales (4 aos) y Estudios preparatorios (2 aos, con dos opciones: Ciencias morales y Ciencias fsico naturales). El primer perodo incorporaba materias educativas de signo utilitario, como Psicologa elemental, Elementos de agronoma y nociones de las principales industrias, nociones de derecho usual, Organografa y siologa humana.
11 Real Decreto de 16 de septiembre de 1894 reorganizando la segunda enseanza.
Un intento de compaginar las dos nalidades del bachillerato: los diferentes papeles del Ministerio y de los profesores en ese empeo.
En cuanto a la forma de combinar las nalidades, a que hemos aludido, el Real Decreto zanjaba la cuestin distinguiendo con especial esmero dos esferas de accin: la del Estado,
que ejerce su misin tutelar en la pblica instruccin, para jar el carcter, extensin, nes y reglamentacin de los cuadros de enseanza,
y la del Profesor,
a cuya libertad personal de criterio cientco corresponde ntegramente la determinacin de aquellos moldes legales del plan, mtodo de construccin y exposicin de la ciencia de su cometido.
El Real Decreto, cumpliendo la parte que tocaba al Estado, se haca eco, adems, de una demanda, la de que
las disposiciones que reglamenten la enseanza ocial sean ms explcitas [] en cuanto a dejar bien establecido, dentro de su articulado, el concepto, por decirlo as, cualitativo y cuantitativo de cada una de las asignaturas que forman el plan de estudios.
Con l, los profesores tenan un marco que les facilitaba la atencin a las dos nalidades y que les permitira ejercitar su funcin en la forma que estimaran pertinente.
El decreto de Groizard, escribe Daz de Laguardia, fue calurosamente recibido por los claustros de los institutos que se apresuraron a felicitar al Ministro; y por las principales rdenes religiosas dedicadas a la enseanza (Escuelas Pas y revista Calasancia, Jesuitas y Maristas, cuyos superiores acudieron a la casa particular del Ministro a felicitarle) y por directores de grandes colegios privados de carcter laico. En cambio, recibi un ataque furibundo de los sectores radicales del partido conservador y de los padres de familia. La Unin Catlica supuso, con razn, que la Institucin Libre de Enseanza, en concreto Giner de los Ros y Snchez Romn, haba inspirado el decreto. Al ao siguiente, el decreto era derogado.
Ao 1970, la LGE ordenaba:
En el bachillerato se conceder una atencin preferente a la formacin del carcter, al desarrollo de hbitos religioso morales, cvico-sociales, de estudio, de trabajo y autodominio [] Todo ello en un ambiente que propicie la colaboracin con los dems y el entrenamiento progresivo en actividades y responsabilidades sociales (Art. 22.1).
Pues bien, el Decreto 160/1975, que la desarrollaba, lejos de propiciar su desenvolvimiento, se limitaba, en la parte normativa, a enumerar las materias que componen el plan de
estudios con las horas asignadas a cada una. La trastienda de su elaboracin, desvelada por uno de los participantes, explica bien las razones.
La Asociacin Nacional de Catedrticos de Instituto, invitada a participar en el desarrollo del plan de estudios, public un pequeo libro explicando cmo se elabor el plan de estudios12. Convocadas por la Comisin Asesora de Programacin del BUP, que elabor un proyecto marco, se haban formado cuatro subcomisiones que trabajaron por separado estos temas: 1) Objetivos y Mtodos del bachillerato; 2) Cuestiones formativas la Asociacin aada un elocuente interrogante (); 3) Enseanzas y actividades Tcnico Profesionales; 4) Materias comunes y optativas. Esta ltima, como es obvio comenta la Asociacin era la encargada de preparar la elaboracin del plan de estudios.
Visto el procedimiento, el mensaje quedaba claro. Lo sustantivo del plan, tal como entendi la Asociacin de Catedrticos, eran los contenidos y el horario asignado a las materias, lo dems: objetivos, mtodos y formacin eran pura literatura de prembulo.
La imposible articulacin del BUP: objetivos y mtodos por un lado, asignaturas y contenidos por otro.
Y en el contenido del plan pesaban mucho la corporacin y la academia. En efecto, los programas de las materias eran elaborados, por separado, por especialistas en las materias correspondientes, siguiendo, exclusivamente, los planteamientos epistemolgicos de cada una, sin una referencia al plan en su conjunto y menos a las capacidades e intereses de los adolescentes que las cursaran.
La contradiccin entre nes y contenidos no ha ayudado nada a esclarecer la funcin educadora del profesorado de bachillerato. Un sector minoritario, atento a los nes del legislador, se identica con ellos porque los asocia a su ocio de educador, pero la presin de unos programas recargados que todos sus alumnos deben de conocer para superar los exmenes de grado, o de acceso a la universidad, se presenta como un obstculo a esa labor. Otro sector, mayoritario, enfoca su trabajo segn el modelo que vivi en el instituto y en la universidad. Su preocupacin es el nivel de conocimientos que adquieren los alumnos de su asignatura13. Esta disparidad de formas de entender la profesin se traduce, con frecuencia, en desacuerdos en las reuniones de departamento y en las juntas de evaluacin. Y se maniesta en la permanente polmica sobre el ser del profesor de bachillerato.
La absorcin del bachillerato por las Pruebas de Acceso a la Universidad Con las ltimas reformas (LOGSE y LOE) en la Segunda enseanza se rearma el carcter educativo de la primera etapa (ESO), y es el bachillerato, reducido a dos cursos
12 Comisin de estudios de la Asociacin Nacional de Catedrticos de Instituto. Un plan de estudios para bachillerato y COU. Madrid 1974. 13 La propiedad sobre la asignatura viene de lejos y de la propia norma. El artculo 97 del Plan de 1845 establece: se llamarn catedrticos los que hayan obtenido la propiedad de una asignatura.
y muy condicionado por las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), el nivel que hereda ms claramente las contradicciones del pasado.
El R.D. de enseanzas mnimas14 ordenaba muchas cosas: a las administraciones educativas encargadas de completarlas, que fomenten la autonoma pedaggica y organizativa de los centros, y favorezcan el trabajo en equipo y la actividad investigadora de los profesores a travs de su prctica docente (Art. 6); a los centros, que completen y desarrollen el currculo mediante la elaboracin de proyectos y programaciones curriculares con objetivos, contenidos, metodologa y criterios de evaluacin que respondan a las caractersticas de los alumnos (Art. 7); y a los profesores, que favorezcan la capacidad del alumno para aprender por s mismo, para trabajar en equipo y para aplicar los mtodos apropiados de investigacin (Art. 13, 2). Lgicos y coherentes propsitos a la luz de las nalidades perseguidas.
El problema era que la prueba de acceso, general y uniforme en toda Espaa, como requisito imprescindible para acceder a la universidad, que establecen la LOGSE (Art. 29.2), y sobre todo la LOE (Art. 38,3), relegaba los mandatos del Real Decreto a la categora de los buenos deseos y converta, de hecho, un bachillerato que se presuma para alumnos muy diversos, en un COU de dos aos, en un ciclo destinado a preparar a los alumnos para las PAU.
Tras la prueba de acceso subyace la creencia del Gobierno de Espaa, y de amplios sectores de opinin, en la necesidad de una prueba externa, con una estructura comn a todos los territorios, que sirva de homologacin y contraste de los doce aos de escolaridad en los que no existe ninguna. El documento que public el Ministerio con ocasin del debate de la LOGSE15 planteaba con claridad esa conveniencia. Y la basaba en tres razones: constituira un instrumento adecuado para la evaluacin del propio sistema educativo, un modo de compensar la autonoma de administraciones educativas y centros en la interpretacin del currculo y un control para la correccin de las diferencias que necesariamente se producen en la evaluacin entre diferentes centros educativos. Pero el documento no se planteaba las consecuencias que una prueba de esa naturaleza tendra para el bachillerato.
Las funciones que se asignan a las Pruebas de Acceso a la Universidad y los efectos colaterales de su actual articulacin.
Y las tiene, de una trascendencia que es difcil exagerar. Las PAU han condicionado totalmente la estructura del bachillerato y han supeditado el currculo, sobre todo el del segundo cuso, a las necesidades de las PAU. La evolucin del COU (Muoz Vitoria, 1993) desemboc, a partir de la huelga de los estudiantes contra la selectividad en
14 R.D 1178/1992, de 2 de octubre, por el que se establecen las enseanzas mnimas del Bachillerato 15 Proyecto para la reforma de la enseanza. Educacin infantil, primaria, secundaria y profesional. Propuesta para debate. Pginas 33 y 34 Madrid: MEC 1987.
el curso 1986/7, en las cuatro opciones de la Orden de 198716: Cientco-tecnolgica, Biosanitaria, Ciencias Sociales y Humanstico-lingstica vinculadas a otros tantos grupos de carreras universitarias. En ese contexto, el tndem COU-PAU se traslad, con pocos cambios, al bachillerato regulado por el R.D 1700/1991. La clsica separacin Ciencias y Letras daba paso a cuatro opciones: Artes, Ciencias de la naturaleza y la salud, Humanidades y Ciencias sociales y Tecnologa, que las leyes posteriores (LOCE y LOE) redujeron a tres. Para completar el paralelismo, la LOE (Art. 38,3) precisaba: la prueba tendr en cuenta las modalidades del bachillerato y las vas que pueden seguir los alumnos [ya hemos visto que fue al revs, era el bachillerato el que se haba adecuado a las modalidades de la prueba] y versar sobre las materias de segundo de bachillerato.
Poco habra que objetar a las servidumbres derivadas de las PAU si operaran, slo, sobre los alumnos que se preparan para acceder a la Universidad17. El problema reside en que el peaje han de pagarlo todos los alumnos, sea cual sea su horizonte al cursar el bachillerato, y que esos condicionantes dicultan o impiden la aplicacin de otros criterios a la hora de seleccionar y priorizar los contenidos, el empleo de metodologas ms centradas en el desarrollo de habilidades y tcnicas de trabajo intelectual y, seguramente, el de otros criterios a la hora de evaluar. Las consecuencias las sufren, sobre todo, aquellos alumnos que se matricularon en bachillerato con otras perspectivas y que, posiblemente, acabarn en ese 35% de estudiantes que no lo terminan, o que no llegaron a matricularse, y se encuentran entre el 32% (2008) de jvenes que han abandonado sus estudios despus de los 16 aos.
De manera que estamos dnde estuvimos siempre, en un bachillerato enfocado absolutamente hacia uno solo de sus nes, en una etapa educativa que ofrece muchas asignaturas y escasas oportunidades de formacin.
Entre la Primaria y la Universidad: los malos modelos de la universidad La Segunda enseanza, como un nivel de formacin distinto de la enseanza primaria y de la universitaria, adquiri carta de naturaleza entre 1836 y 1845. Vinculada en principio a los estudios universitarios18, la creacin de institutos con entidad propia conducira pronto a su separacin denitiva de la universidad. Pero la no dependencia administrativa no signic la ruptura de una relacin peculiar que se ha mantenido hasta el presente con diferentes grados de intensidad.
16 Orden de 3 de septiembre de 1987 sobre pruebas de aptitud para el acceso a las Facultades, EETTSS, y Colegios Universitarios. (BOE de 7 de septiembre). 17 El artculo 16 del R.D 1892/2008, de 14 de noviembre, regula las competencias de Comisin organizadora de las PAU, entre ellas la de concretar los criterios de calicacin y la ponderacin de cada una de las cuestiones de cada prueba. 18 La segunda enseanza elemental y la de ampliacin constituyen juntas la Facultad de Filosofa (Art. 8 del plan de estudios de 1845).
Era evidente, para los liberales de la poca, el vaco que quedaba entre la escuela y la universidad. No lo era tanto la forma de llenarlo y el problema se resolvi estirando hacia abajo el modelo universitario al que habran de acomodarse nios de 9 10 aos que, tras superar un examen de ingreso y abandonar abruptamente la escuela primaria, se incorporaban a los institutos. Y con el modelo vinieron los defectos inherentes al mismo.
Tres factores han marcado a fuego la impronta universitaria en los institutos y han determinado una poderosa atraccin de la secundaria hacia la universidad y una obsesin por imitar o reproducir aquel modelo. Vemoslo.
La universidad forma al profesorado de bachillerato y este reproduce, en los institutos, los contenidos y los mtodos aprendidos en la universidad.
La formacin de los profesores de bachillerato, tanto en los conocimientos necesarios para la obtencin del ttulo de licenciado en las especialidades requeridas para el ejercicio profesional, como en la formacin pedaggica exigida (Institutos de Ciencias de la Educacin, Certicado de Aptitud Pedaggica, Mster para la docencia en Secundaria) ha corrido siempre a cargo de la universidad. Y su falta de atencin a las necesidades de formacin del profesorado ha sido proverbial. Ha ignorado durante mucho tiempo el hecho de que el profesorado de bachillerato sala de una docena de carreras de Ciencias y de Letras y que, especialmente en las de letras, constitua la salida de la mayora de sus titulados. Pues bien, los planes de estudio de esas carreras no slo ignoraron cualquier complemento pedaggico y didctico para quienes pensaban seguir esa opcin profesional, sino que en la progresiva especializacin de sus contenidos abandonaron los estudios comunes (los dos primeros cursos de la vieja especialidad de Filosofa y Letras) tan necesarios a un profesor de bachillerato19.
El segundo factor es su peso determinante en la denicin de los programas de las asignaturas y ms sutilmente en la conguracin de los planes de estudio. En efecto, las materias que integran el bachillerato son un compendio de las homlogas de la universidad, con sus correspondientes servidumbres. Por ejemplo, esta que el Libro blanco de la LGE sealaba en 1969:
Uno de los ms tpicos defectos de la Universidad espaola lo constituye el escaso contenido prctico de las enseanzas que imparte. En la inmensa mayora de los casos, en efecto, se limita a transmitir conocimientos tericos y descuida el anlisis de casos reales, la historia clnica, la experiencia de laboratorio o el tratamiento de los graves problemas que conmueven a la conciencia contempornea20.
Finalmente, esa inuencia se ha ejercido, y se ejerce, a travs de los tribunales de revlida o Grado antes y de las PAU ahora mismo que eran y son presididos y formados
19 Durante mucho tiempo, esa inuencia se extendi a la seleccin del profesorado a travs de la presidencia y composicin de los tribunales de oposicin al cuerpo de Catedrticos de Instituto (Presidente y dos miembros ms de los cinco que componan el tribunal). 20 La educacin en Espaa. Bases para una poltica educativa, p. 97.
en parte por profesores de universidad. Hasta la LGE (1970) los ttulos de bachillerato superior eran expedidos por el rector de la universidad. Las reiteradas quejas ante el continuo descenso de nivel que se observa en las nuevas promociones o por lo mal preparados que llegan los alumnos a la universidad nunca han venido acompaadas de un pronunciamiento de la institucin sobre cules deberan de ser las capacidades y los conocimientos exigibles a quienes desean acceder a sus aulas. Es ms, no suele haber correspondencia entre las quejas, expresadas a menudo en trminos de falta de madurez no saben discurrir escriben mal, y las demandas planteadas siempre en asignaturas que hay que cursar.
Pese al poder de seduccin de la universidad, ha habido siempre un sector que consideraba que no era ese el modelo adecuado para la educacin de nios y adolescentes desde los diez aos. Lo expresaba claramente, en 1919, la Institucin Libre de Enseanza respondiendo a una consulta ocial del Consejo de Instruccin Pblica. Esta era su propuesta:
fundir, hasta donde fuera posible, la primera enseanza y la segunda bajo
Un modelo diferente para el bachillerato: el carcter formativo de la primaria aplicado a las caractersticas y necesidades del alumnado de ese nivel educativo.
la idea capital de que la una no es ms que continuacin y desarrollo de la otra; y de que las dos juntas deben formar, en consecuencia, un grado nico y continuo de educacin el de la educacin general, del cual son ambos momentos tan slo diferentes en la amplitud que recibe en cada cual de ellos esa obra, una misma en los dos casos, como unos mismos son tambin los objetos de estudio y los procedimientos educadores [] acabar con los restos universitarios que tiene nuestra segunda enseanza y convertirla al tipo de escuela primaria.
Porque, aclaraba:
cuando se habla de universitario, se quiere decir mal universitario. A saber: programa de asignaturas sueltas, estudiadas solamente durante uno, o a lo ms dos aos; lecciones y explicaciones en forma de conferencia o discurso durante una hora y aprendizaje de memoria en libros de texto; poco tiempo de comunicacin del profesor con los alumnos, y casi ninguna relacin con ellos fuera de clase; falta de larga permanencia de los mismos en el local; de recursos educadores y de locales a propsito para realizar esta obra21.
Es muy signicativo que fuera un grupo selecto de profesores universitarios (F. Giner de los Ros, B. Cosso), que pasaron de la universidad a ensear a nios y adolescentes, el que promoviera y practicara un giro semejante en la Segunda enseanza. Su inuencia no se limit al crculo minoritario y elitista de la ILE sino que inspir la magnca experiencia del Instituto Escuela, primero en Madrid, desde su creacin por el Ministro Santiago Alba
21 La segunda enseanza y su reforma Informe de la ILE al Consejo de Instruccin Pblica en 1919. Boletn de la ILE (tomo XLIII, p.97-105).
(Real Decreto de 10/05/1918) y, desde 1932, en las ciudades de Barcelona, Valencia y Sevilla22. El profesorado como parte del problema, y de la solucin
El profesorado de bachillerato est condicionado por una deciente formacin pedaggica y por los planteamientos contradictorios del currculo de la etapa.
Y el profesorado? Parece que en la permanente insatisfaccin en (y con) el bachillerato algo tendra que ver (y que decir). Y, sin embargo, especialmente en los ltimos aos, el profesorado se ha instalado fuera del problema y ha pasado a considerarse y a ser considerado por sus rganos de representacin, por los intelectuales y comentaristas, que se asoman al problema desde los tpicos al uso, como vctima y no como parte del problema y, sobre todo, de la solucin. En 1964, (Enseanza Media, versin 1957) Mariano Rubio escriba:
La enseanza media quizs se lleve el palmars de mala. Con muy contadas excepciones, los centros de enseanza media son incapaces de dar a los alumnos una formacin intelectual aceptable. Los estudios estn enfocados como un mero ejercicio memorstico. Sobre todo, el castellano y las matemticas, que deban formar la base de las enseanzas, se ensean, en general, psimamente23.
Es poco probable que los profesores de castellano y de matemticas se sintieran responsables de esa situacin. En un estudio sobre la calidad de la enseanza en el bachillerato (ahora versin BUP, 1975), Torres Albero (1988) escribe:
A pesar de la negativa valoracin de la formacin que recibieron, los profesores no creen [...] que en ellos estn los problemas ms importantes de la escuela, sino que preeren sealar como tales la escasez de medios econmicos, la falta de inters de padres y alumnos y la baja preparacin de estos ltimos. Estas respuestas daran cuenta de la ausencia de una tensin profesional que situara su propia accin (central dentro del proceso educativo) como responsable en parte, ya por activa, ya por pasiva de la inhibicin educativa.
Este tipo de percepciones no han cambiado en el bachillerato posterior. Mariano Fernndez Enguita (2009) sealaba:
La menor observacin sobre una eventual responsabilidad individual o colectiva del profesor en el desorden escolar, los malos resultados acadmicos, la contracultura adolescente o la decadencia de la escuela pblica se enfrentar enseguida a su descalicacin como argumento neoliberal o privatizador, ataque contra la escuela pblica, generalizacin injusticada, desviacin respecto de los verdaderos problemas y as hasta mil banalidades.
22 Luis PALACIOS: Instituto-Escuela. Historia de una renovacin educativa, Madrid: MEC, 1988. Una estimacin de la importante labor realizada por el Instituto-Escuela en la formacin de profesores puede verse en Viao (2009). 23 La enseanza en el Plan de Desarrollo en Cuadernos para el Dilogo, n 7. Abril 1964.
Desde dentro del profesorado, Julin Moreiro, catedrtico de instituto en ejercicio, ofreca en las pginas de Participacin educativa (Moreiro 2009, 2010) un punto de vista ms matizado sobre este asunto que recoge el sentir de un sector nada desdeable del colectivo:
Resulta molesta [] la condescendencia con que se considera al profesor. Porque esta condescendencia implica un paternalismo que nace como todos de un menosprecio clamoroso y paradjico: el profesorado no tiene ningn pito que tocar en el problema, no puede mejorarlo ni empeorarlo, no merece la pena, pues, pedirle cuentas. Y los profesores cometen el error de dejarse ganar por la autocompasin, como creo que est ocurriendo, en vez de delimitar nuestra responsabilidad y asumir las consecuencias de lo que hacemos y de lo que no hacemos, ejercicio imprescindible para dignicar el trabajo.
La condescendencia de los espectadores y la autocompasin de los actores no ayudan, desde luego, a esclarecer las razones que hacen del profesor una vctima del sistema, ni las responsabilidades concretas que tiene en esa deciente situacin. Cierto. Hay algunos aspectos clave, que aqu slo puedo resear, que colocan al profesorado de bachillerato en una situacin muy difcil: la contradiccin endiablada a que he aludido se le encomienda el logro de unos objetivos educativos ambiciosos y se le emplaza, al mismo tiempo y con ms nfasis, a que explique programas inabarcables de los que sus alumnos han de dar cuenta en exmenes externos y el irresponsable descuido de su formacin inicial y de su insercin profesional, tantas veces denunciado, especialmente en lo que atae a su dimensin pedaggica y prctica (Esteve, 2009). Pero hay otros factores en que concurren irresponsabilidad administrativa, accin sindical y acomodo del profesorado a unas frmulas poco exigentes que conducen nalmente a la insatisfaccin profesional y a la frustracin. Me reero a una descuidada, rutinaria y poco razonable gestin del tiempo escolar (sistema de cmputo horario del profesorado y distribucin rgida de las actividades, jornada intensiva) y del personal de la educacin (sistemas de seleccin y retribucin, profesores en expectativa de destino durante ms de quince aos, ausencia de cualquier mecanismo de acogida a los nuevos profesores, criterios de promocin basados fundamentalmente en la antigedad) que refuerzan el carcter universitario de los institutos en el sentido que la ILE atribua a este calicativo, se compadecen mal con las necesidades educativas de los adolescentes y dicultan el compromiso de muchos profesores con la institucin en la que trabajan (Fernndez Enguita, 2009). A ello ha contribuido, tambin, una accin sindical atenta a conseguir complementos generalizados y horarios reducidos, a defender al colectivo con un concepto de compaerismo tras el que se amparan muchas veces actitudes individuales de incompetencia y de irresponsabilidad. En este punto es donde se produce la complicidad del profesorado: horarios cmodos que proyectan los intereses vitales fuera de su trabajo, profesionalidad circunscrita
Su ejercicio profesional se ve limitado, adems, por el individualismo y la falta de estmulo y control de su trabajo.
a mi asignatura, descuido del trabajo en equipo y refuerzo del individualismo como rasgo denitorio de la profesin. Aqu es, tambin, donde se fragua la insatisfaccin. El individualismo se convierte en aislamiento ante las dicultades, y la falta de exigencia y de control en el desempeo del trabajo en una fuente de frustracin y desmotivacin, como pona de maniesto el informe TALIS de la OCDE24.
La insatisfaccin permanente en, y con, el bachillerato perdura. Y, como siempre, las miradas se dirigen a los responsables polticos esperando de ellos una reforma ms que aporte el equilibrio que han sido incapaces de lograr las anteriores.
Pero el somero repaso a la historia de los planes de estudio del bachillerato que acabamos de hacer nos ensea algo. Apenas la reforma de turno quedaba plasmada en la Gaceta, o en el BOE, comenzaba a plantearse la necesidad de la siguiente. Encarnacin Gonzlez (1988), al estudiar el dilema en que se debate el bachillerato continuacin de la enseanza general? preparacin para la universidad? durante el reinado de Alfonso XIII, da esta elemental y expresiva explicacin las reformas sern aceptadas o no segn el concepto que de la segunda enseanza se tenga.
Por eso, si el anlisis aqu hecho sobre los problemas de fondo de la Segunda enseanza tuviera algn sentido, se sera que reformar sin actuar sobre ellos es modicar algo pero sin cambiar nada. Hacerlo de verdad requerira, en primer trmino, consensos laboriosos entre instituciones, corporaciones y personas dispuestas a anteponer las necesidades educativas de los adolescentes de hoy a sus intereses ideolgicos, corporativos o personales. Y despus, determinacin y mucho trabajo.
Una primera impresin, cuando se piensa en la actual organizacin del Estado espaol, es de desnimo. El remedio a los males de la Segunda enseanza se presenta difcil ante la fragmentacin de las competencias y responsabilidades (Ministerio, universidades, y Comunidades Autnomas; sindicatos). Y, sin embargo, si miramos al pasado, encontraremos que los problemas han subsistido con gobiernos democrticos de distinto signo poltico, con gobiernos autoritarios y dictaduras, con sistemas centralistas, autonmicos y hasta federales. El problema no es ese.
Tal vez, el remedio haya que buscarlo en escalones inferiores, y en tiempos diferentes de los marcados por las convocatorias electorales. Y aqu es dnde tiene sentido analizar experiencias concretas de institutos que funcionan muy bien, y volver sobre la
24 En el estudio TALIS de la OCDE, ms de un 60% de los centros, segn los profesores espaoles, no tienen programa ninguno de formacin ni orientacin inicial. TALIS (OCDE) 2009. M Educacin, pp. 18 y 27.
experiencia del Instituto-Escuela, y quizs tambin sobre las reformas experimentales realizadas en los aos ochenta a las que me he referido.
Y sacar las consecuencias oportunas
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Breve currculo Patricio de Blas Zabaleta. Catedrtico de Instituto de Geografa e Historia (1969 a 2007). Ha desempeado el cargo de Subdirector General de Ordenacin Acadmica del Ministerio de Educacin entre 1983 y 1987 y entre 1992 y 1996. En la actualidad es Consejero y Vicepresidente del CEE.
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