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Timestamp: 2019-04-23 12:55:37+00:00

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﻿ Sentencia 2000-00838 de septiembre 27 de 2013
SENTENCIA 2000-00838 DE 27 DE SEPTIEMBRE DE 2013
CONTENIDO:RESPONSABILIDAD ESTATAL – CON OCASIÓN A PRESTACIÓN DE SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO Y RESPECTO A INTEGRANTES DE FUERZAS ARMADAS. EXISTE UNA DIFERENCIA ENTRE LA RESPONSABILIDAD QUE SURGE POR LOS DAÑOS SUFRIDOS DURANTE Y CON OCASIÓN DE LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO MILITAR, PUES DICHA PRESTACIÓN DEL SERVICIO ES IMPUESTA A LOS CIUDADANOS POR EL ORDENAMIENTO JURÍDICO, MIENTRAS QUE RESPECTO A LOS INTEGRANTES DE FUERZAS ARMADAS VINCULADOS VOLUNTARIAMENTE AL SERVICIO, SON PERSONAS QUE INGRESAN AL SERVICIO POR INICIATIVA PROPIA, LO CUAL IMPLICA QUE ASUME LOS RIESGOS INHERENTES AL DESEMPEÑO DE LA CARRERA MILITAR O POLICIAL.
TEMAS ESPECÍFICOS:PRESTACIÓN DEL SERVICIO MILITAR, FUERZAS MILITARES, MIEMBROS DE LAS FUERZAS MILITARES, SERVICIO MILITAR, RESPONSABILIDAD DEL ESTADO, SERVICIO EN LAS FUERZAS MILITARES, INCORPORACIÓN A LAS FUERZAS MILITARES, CLASES DE RESPONSABILIDAD DEL ESTADO
Sentencia 2000-00838 de septiembre 27 de 2013
Expediente 30074
Radicado 270012331000200000838 01
Actor: Miguel Adalberto Vertel Ramos y otros
Procede la Sala a resolver el recurso de apelación incoado por la parte demandante contra la sentencia del 19 de julio de 2004, proferida por el Tribunal Administrativo del Chocó, mediante la cual se denegaron las pretensiones de la demanda. La sentencia será confirmada.
El 14 de agosto de 1998, el soldado voluntario Gregorio Enrique Vertel Lozano, asignado al batallón de contraguerrilla 35 “Coronel Díaz López” de la brigada XVII del Ejército Nacional, con sede en el municipio de Carepa, Antioquia, se encontraba en el sitio llamado “Tamborales”, entre la quebrada Antadía y el río Chocó, en el corregimiento de Puerto Lleras, municipio de Riosucio, Chocó, en medio de un enfrentamiento con la guerrilla de las FARC, con ocasión del cual perdió la vida.
1. Mediante escrito presentado el 11 de agosto de 2000 y dirigido al Tribunal Administrativo de Córdoba, a través de apoderado judicial, los señores Miguel Adalberto Vertel Ramos, Temilda Rosa Tordecilla Castillo, Adelicita de los Reyes Vertel Ramos, Alicia del Carmen Vertel Pérez, César Augusto Vertel Lozano y Argemiro Antonio Díaz Lozano, en ejercicio de la acción de reparación directa prevista en el artículo 86 del Código Contencioso Administrativo, elevaron demanda contra la Nación-Ministerio de Defensa-Ejército Nacional con el objeto de que se hagan las siguientes declaraciones y condenas (fls. 1-3, cdno. 1):
1. Declárese que la Nación-Ministerio de Defensa-Ejército Nacional es administrativa y patrimonialmente responsable del daño antijurídico sufrido por los demandantes, por falla del servicio, error táctico, por hechos y omisiones que terminaron con la vida de su ser querido, Gregorio Enrique Vertel Lozano, en hechos ocurridos el 14 de agosto de 1998.
2. Como consecuencia de la anterior declaración, condénese a la Nación-Ministerio de Defensa-Ejército Nacional a pagar a los demandantes, por concepto de perjuicios morales subjetivos (dolor, tristeza y aflicción), las cantidades de oro fino que a continuación se indican (convertidas en pesos colombianos de acuerdo con el valor que tenga dicho metal, conforme a la certificación expedida por el Banco de la República para la fecha de la ejecutoria de la providencia que ponga fin a este proceso, ya sea esta de primera o segunda instancia), junto con los intereses corrientes que se causen durante los 6 meses siguientes a esa ejecutoria y los intereses moratorios que se causen después de ese término, liquidados a la tasa más alta, según certificación expedida por la Superintendencia Bancaria para la época.
Demandante Parentesco Cantidad gramos oro Valor actual
Miguel Adalberto Vertel Ramos Padre 1.000 $ 18.400 000
Nabora Lozano Tordecilla Madre 1.000 $ 18.400 000
Temilda Tordecilla Castilla Abuela 700 $ 12.880 000
César Augusto Vertel Lozano Hermano 500 $ 9.200 000
Adelicita Vertel Lozano Hermana 500 $ 9.200 000
Alicia del Carmen Vertel Pérez Hermana 500 $ 9.200 000
Argemiro Antonio Díaz Lozano Hermano 500 $ 9.200 000
3. Condenar a la Nación-Ministerio de Defensa-Ejército Nacional a pagar a favor de mis mandantes, por concepto de los perjuicios materiales que les ocasionaron por la muerte de Gregorio Enrique Vertel, las siguientes sumas:
3.1. Por el lucro cesante correspondiente a las sumas futuras que percibiría el soldado fallecido en el período comprendido entre la fecha de su muerte y la fecha de la presentación de la demanda, esta indemnización la estimo en la suma de ocho millones quinientos treinta y un mil trescientos cincuenta y un pesos ($ 8.531.251)(sic), tomando como base el salario devengado por este al momento de su muerte, por el tiempo transcurrido.
3.2. Por el lucro cesante correspondiente a las sumas futuras que percibiría el soldado fallecido en el período comprendido entre la presentación de esta demanda y la expectativa de vida probable, que se calcula en 43,5 años más, comoquiera que al momento de su muerte contaba con 29 años de edad no cumplidos. Esta expectativa probable de vida se toma de conformidad con la Resolución 96 de 1990 expedida por la Superintendencia Bancaria (tabla de mortalidad de los asegurados en Colombia), de acuerdo con el promedio de vida certificado por el DANE, y teniendo en cuenta los lineamientos jurisprudenciales, donde se ha fijado como vida probable la edad de 72 años. Por lo antes anotado, es que estamos solicitando como indemnización por daño material en la modalidad de lucro cesante, por las sumas dejadas de percibir por el señor Gregorio Enrique Vertel en su vida probable, la suma de ciento ochenta y cinco millones quinientos cincuenta y seis mil ochocientos noventa y cinco pesos ($ 185.556.895).
Solicito que al momento de dosificar los perjuicios materiales del lucro cesante pedidos en el numeral 3º de este acápite, se tengan en cuenta las siguientes bases:
a. La suma de trescientos cincuenta y cinco mil cuatrocientos setenta y dos pesos ($ 355.472), que era el valor de la última asignación salarial que recibía el soldado fallecido.
b. La vida probable del señor Gregorio Enrique Vertel y su edad de 29 años no cumplidos al momento de su muerte, esto según certificación del DANE (...).
c. La actualización de la condena deberá hacerse con base en el índice de precios al consumidor (variación porcentual), tomado desde la fecha de la muerte del soldado (ago. 14/98) y el que exista a la fecha de producirse el fallo de segunda instancia que ponga fin a este proceso o a la providencia que lo liquide.
d. También deberá tenerse en cuenta la fórmula matemática aceptada por el Consejo de Estado, referente a la indemnización consolidada y la futura.
e. También deben tenerse en cuenta los ascensos póstumos hechos al señor Gregorio Enrique Vertel y la nueva asignación salarial que ellos de forma consecuente traen.
f. Condenar a la Nación-Ministerio de Defensa-Ejército Nacional al pago de costas y agencias en derecho que se generen en este proceso.
g. Ordenar a la Nación-Ministerio de Defensa-Ejército Nacional a que los funcionarios a los que corresponda dar ejecución a la sentencia que ponga fin a este proceso, dicten la resolución pertinente tomando las medidas necesarias, para dar cumplimiento a la misma, a más tardar dentro de los 30 días siguientes a la notificación de esta. Quedando obligada la Nación a pagar los intereses corrientes durante los seis meses siguientes a su ejecutoria y moratorios después de ese término.
Como fundamento de la demanda, la parte actora indicó que el 14 de agosto de 1998, la brigada XVII del Ejército Nacional adelantó una operación militar en el corregimiento de Puerto Lleras, en el municipio de Riosucio, Chocó, con el fin de enfrentar a guerrilleros de las FARC, para lo cual dispuso un personal de 300 hombres. Luego de entrar en combate con los subversivos, el ejército perdió 37 hombres, entre ellos el soldado Gregorio Enrique Vertel Lozano, 21 fueron desaparecidos y 29 más resultaron heridos. A juicio de los demandantes, la muerte del soldado Vertel se debió a la falta de preparación de la operación y a un “error táctico” imputable a la institución militar, pues esta, a sabiendas de la fuerte presencia de la guerrilla en la zona, no adoptó las medidas de precaución necesarias ni movilizó el personal suficiente para evitar un resultado fatal como el que efectivamente se produjo. Señalan, por último, que incluso si no se llegara a probar la falla del servicio en que incurrió el ejército, este debe responder en virtud de la responsabilidad objetiva que le asiste, dado que el soldado Vertel Lozano murió en el desempeño de funciones propias del servicio militar (fls. 1-12, cdno. 1).
5. La demanda fue remitida, por competencia territorial, al Tribunal Administrativo del Chocó (fls. 43-44, cdno. 1), quien la admitió (fls. 48-49, cdno. 1) y la notificó en debida forma a la entidad demandada (fl. 49, cdno. 1).
6. El Ejército Nacional, a través de apoderado, le dio contestación a la demanda, manifestando su oposición a los hechos y pretensiones alegadas por los demandantes. Para la entidad, la diferencia numérica entre los uniformados y los subversivos “no necesariamente indica una falla en el servicio, pues en la guerra no hay reglas de esa naturaleza, porque 10 hombres pueden repeler a 100 y salir avantes de acuerdo con ciertas circunstancias”. Agregó que, si bien la institución sufrió un número importante de bajas, estas fueron producto del enfrentamiento con las FARC y no obedecieron a un error en la planeación militar. Así mismo, que el soldado Gregorio Vertel Lozano había sido preparado para este tipo de operaciones de contraguerrilla y que su muerte es el resultado de “la materialización de un riesgo propio del servicio que es asumido voluntariamente y al que están sometidos todos los soldados de su misma condición”. Con respecto a la solicitud de indemnización de perjuicios, manifiesta que “las familias de los soldados profesionales caídos en combate son beneficiarios de unas prestaciones especiales, dado el riesgo que corren en su actividad, sin que sea procedente por vía judicial perseguir otros emolumentos”. En cuanto a la legitimación en la causa por pasiva, considera que no están acreditados los lazos de parentesco entre Gregorio Vertel Lozano y Miguel Adalberto Vertel, Temilda Tordecilla Castilla, César Augusto Vertel Lozano, Adelicita Vertel Lozano y Alicia del Carmen Vertel Pérez (fls. 50-54, cdno. 1).
7. Dentro del término legal para presentar alegatos de conclusión, la entidad demandada sostuvo que la parte actora no cumplió con la carga probatoria para demostrar la falla en el servicio y que, ante una escasa evidencia, debía declararse la ausencia de responsabilidad de la institución militar. Agregó que la muerte del soldado Gregorio Vertel no está probada y que, en todo caso, los hechos debatidos obedecen a un combate típico entre los militares y los subversivos, por lo que no es posible atribuirle a la entidad los daños padecidos por los uniformados. Finalmente, alegó la falta de competencia del Tribunal Administrativo de Chocó para conocer de este asunto, en vista de que los hechos que son objeto de debate ocurrieron en el municipio de Mutatá, Antioquia. Lo demás fue alegado en los mismos términos de la contestación de la demanda (fls. 166-169, cdno. 1).
8. El 19 de julio de 2004, el Tribunal Administrativo del Chocó dictó sentencia de primera instancia en la que negó las pretensiones de la demanda. Con relación a la competencia para conocer del asunto, dijo que era competente en atención a la naturaleza de la acción y al lugar donde ocurrieron los hechos (Chocó). Sobre el fondo de la controversia, consideró que la muerte del soldado Gregorio Vertel se produjo en el marco de una operación militar planeada por el Ejército y en desarrollo de sus funciones como militar. Añadió que el soldado estaba entrenado para enfrentar estas situaciones, y que no se advierten en el expediente elementos de prueba que demuestren la existencia de fallas en el proceso de planeación o ejecución de la operación militar. Agregó que el hecho de que la guerrilla superara en número a los uniformados no implica que se haya presentado un error táctico imputable a la entidad. Finalmente, declaró la falta de legitimidad en la causa por pasiva de la señora Temilda Torrecilla Castillo, quien se presentó como abuela de la víctima, por no haberse aportado el registro civil de nacimiento de la madre de esta (fls. 302-312, cdno. 2).
9. Contra la anterior decisión, la parte actora interpuso recurso de apelación, en el que expresa que los mismos comandantes y soldados de la operación reconocieron la falta de organización táctica por parte del ejército al momento de enfrentar a los subversivos. En esa medida, alega la existencia de una conducta irregular atribuible a la entidad, representada en distintos hechos: (i) fallas en la labor de inteligencia e información inexacta sobre el número de subversivos a enfrentar; (ii) ausencia de un bombardeo previo a la operación; (iii) errores en las comunicaciones; (iv) falta de personal de apoyo; (v) desconocimiento del terreno por parte del personal; y (vi) falta de guías idóneos. Afirma que este conjunto de circunstancias determinó la muerte del soldado Gregorio Vertel Lozano y otros miembros del ejército, y concluye que en el presente caso están acreditados los elementos constitutivos de la falla en el servicio (fls. 319-330, cdno. 2).
10. El Consejo de Estado es competente para conocer del asunto, en razón del recurso de apelación interpuesto por la parte demandante, en un proceso con vocación de segunda instancia en los términos del Decreto 597 de 1988, dado que la cuantía de la demanda, determinada por el valor de la mayor de las pretensiones, que corresponde a la indemnización por concepto de perjuicios materiales, supera la exigida por la norma para el efecto(1).
11. De acuerdo con el artículo 185 del Código de Procedimiento Civil, aplicable al procedimiento administrativo en virtud de lo dispuesto en el artículo 267 del Código Contencioso Administrativo, las pruebas practicadas válidamente en un proceso judicial podrán trasladarse a otro en copia auténtica y serán apreciables sin mayores formalidades, “siempre que en el proceso primitivo se hubieran practicado a petición de la parte contra quien se aduce o con audiencia de ella”.
11.1. En el presente caso, la parte demandante solicitó expresamente el traslado de las pruebas practicadas dentro del proceso penal militar seguido por los hechos en los que resultó muerto el soldado voluntario Gregorio Vertel Lozano (fls. 9-10, cdno. 1). En atención a dicha solicitud, el a quo decretó el traslado (fls. 63-64, cdno. 1) e instó al despacho requerido para que remitiera copia auténtica del mencionado proceso (fl. 72, cdno. 1).
11.2. El 23 de octubre de 2003, el Juez 31 de Instrucción Penal Militar remitió copia auténtica de la investigación preliminar 305, seguida por el Juzgado 114 de Instrucción Penal Militar por los hechos del 14 de agosto de 1998, ocurridos en el corregimiento de Puerto Lleras, en el municipio de Riosucio, Chocó, en los que perdió la vida el soldado Gregorio Vertel Lozano (fls. 172-301, cdno. 1).
11.3. Las pruebas recaudadas por el Juez 114 de Instrucción Penal Militar, incluyendo las de carácter testimonial, serán valoradas debido a que ese despacho hace parte del Ministerio de Defensa, al igual que la entidad demandada, por lo cual se asume que esta última intervino en su decreto y su práctica.
12. De acuerdo con las pruebas válidamente aportadas al proceso, se tienen probados los siguientes hechos relevantes:
12.1. Gregorio Vertel Lozano fue incorporado como soldado voluntario al Ejército Nacional el 21 de noviembre de 1994, y vinculado al batallón de contraguerrilla 35 “Coronel Díaz López” de la brigada XVII (copia auténtica de la hoja de datos biográficos —fl. 282, cdno. 1—).
12.2. Desde el 7 de agosto de 1998, la brigada XVII del ejército dio inicio a la operación fragmentaria “Furia”, con la misión de adelantar operaciones ofensivas de inteligencia, contrainteligencia y destrucción en el área general del corregimiento de Pavarandó, en el municipio de Mutatá, Antioquia, y el propósito de “localizar, neutralizar y, en caso de resistencia armada, dar de baja” a subversivos del bloque noroccidental de las FARC y a miembros del frente “Manuel Hernández” del ELN, para lo cual dispuso a los batallones de infantería 46 y 47, al batallón de ingenieros 17 y a los batallones de contraguerrilla 11, 26 y 35 (copia auténtica de la orden de operaciones fragmentaria 32/98 “Furia” dictada por el comandante de la brigada XVII del Ejército Nacional —fls. 223-234, cdno. 1—).
12.3. El 14 de agosto de 1998, a las 7:30 a.m., tropas de los batallones de contraguerrilla 11, 26 y 35 de la brigada XVII del Ejército Nacional entraron en enfrentamiento armado con un número aproximado de 600 hombres del frente noroccidental de la guerrilla de las FARC, en el sitio denominado “Tamborales”, entre la quebrada Antadía y el río Chocó, en el corregimiento Puerto Lleras del municipio de Riosucio, Chocó. Como resultado del combate, 39 miembros de la fuerza pública resultaron heridos, 27 fueron desaparecidos y 42 fueron dados de baja(2), entre ellos el soldado Gregorio Vertel Lozano, y se perdió armamento, municiones, material de guerra, de intendencia y de comunicaciones (copia auténtica del informe de novedades 731 del comandante del batallón de contraguerrillas 11 “Cacique Coyara” —fls. 174-179, cdno. 1—; copia auténtica del informe de hechos 902 del comandante del batallón de contraguerrillas 26 “Arhuacos” —fls. 180-184, cdno. 1—; copia auténtica del informe de hechos 620 del comandante del batallón de contraguerrillas 35 “Coronel Díaz López” —fls. 185-187, 213, cdno. 1—).
12.4. El 14 de agosto de 1998, el soldado Vertel Lozano falleció como consecuencia de choque traumático por la acción de un arma de fuego (original de la diligencia de necropsia —fls. 38, cdno. 2—; copia auténtica del registro civil de defunción —fls. 92-94, cdno. 2—).
12.5. Con ocasión de la denuncia presentada por el comandante de la brigada XVII del Ejército Nacional (fls. 23-29, cdno. 1), la fiscalía especializada delegada de Urabá siguió la investigación penal 695 por los delitos de rebelión, secuestro, homicidio y otros, de los que fueron víctimas los uniformados que participaron en el combate del 14 de agosto de 1998, entre ellos el soldado Gregorio Vertel Lozano (copia de la constancia de la fiscalía especializada delegada de Urabá —fls. 36, cdno. 1—).
12.6. Por su parte, el Juzgado 31 de Instrucción Penal Militar adelantó la investigación preliminar 305 por los mismos hechos (oficio emitido el 20 de junio de 2002 por el Juzgado 31 de Instrucción Penal Militar —fl. 123, cdno. 1—), y el 7 de enero de 1999, el Juzgado 114 de la misma jurisdicción decidió archivarla, luego de encontrar que los comandantes habían procedido según sus obligaciones constitucionales y legales (copia auténtica del auto del Juzgado 114 de Instrucción Penal Militar —fls. 294-299, cdno. 1—).
13. La Sala debe determinar si la muerte del soldado Gregorio Vertel Lozano es un hecho imputable jurídica o fácticamente a la entidad demandada, por haber incurrido en fallas o errores en el proceso de planeación y/o ejecución de la operación militar adelantada el 14 de agosto de 1998 en el municipio de Riosucio, Chocó.
12.(sic) En el análisis de los daños causados a miembros de la fuerza pública, la jurisprudencia del Consejo de Estado hace una distinción entre la responsabilidad que surge por los daños sufridos durante y con ocasión de la prestación del servicio militar obligatorio, y la que resulta de los daños padecidos por los integrantes de las Fuerzas Armadas que se vinculan voluntariamente al servicio(3). Esto es así porque, en el primer caso, la prestación del servicio es impuesta a los ciudadanos por el ordenamiento jurídico(4), mientras que en el segundo la persona ingresa al servicio por iniciativa propia, lo cual implica que asume los riesgos inherentes al desempeño de la carrera militar o policial.
13. Además, esta corporación ha dicho en varias oportunidades que la realización de los riesgos que comporta la actividad militar pueden vulnerar los derechos a la vida y a la integridad personal de quienes desempeñan actos propios del servicio como labores de inteligencia, inspección, seguridad, vigilancia, control de áreas o patrullaje. La fuerza pública en general y las Fuerzas Militares en particular están instituidas para defender la soberanía, la independencia, la integridad del territorio nacional y el orden constitucional, en los términos del artículo 217 de la Constitución Política. Esto implica que, en cumplimiento de la función constitucional que les es encomendada, puedan concretarse los riesgos contingentes, bien sea por el accionar de grupos armados, delincuencia común o bandas criminales, y en estos eventos tendrán derecho a los reconocimientos que previamente el ordenamiento ha dispuesto para este tipo de servidores públicos que se someten a riesgos mayores, por lo que la reparación que en justicia les corresponde deberá cubrirse por el sistema de indemnización predeterminada o automática (a forfait), establecida en las normas laborales para el accidente de trabajo(5).
14. No obstante, si el daño se produce por una falla del servicio o por la exposición de la víctima a un riesgo excepcional en comparación con el que debieron enfrentar sus demás compañeros de armas, la víctima tiene pleno derecho a recibir una reparación integral de los perjuicios causados, pues, de otra forma, se rompería el principio de la igualdad de los ciudadanos ante la ley, tal como lo ha señalado esta corporación en reiterada jurisprudencia(6).
15. Conviene precisar que al no existir consagración constitucional de ningún régimen de responsabilidad en especial, corresponde al juez encontrar los fundamentos jurídicos de sus fallos, pues, de acuerdo con lo establecido en el artículo 90 de la Constitución Política, el Estado debe responder patrimonialmente por los daños antijurídicos que le sean imputables, lo cual —según lo ha entendido la Sección Tercera del Consejo de Estado— no se refiere solamente a la causalidad fáctica, enfocada a la acción u omisión de los agentes estatales, sino también a “otros eventos en los que el daño ocurr[e] por efecto de circunstancias fácticas desligadas físicamente del actuar de la entidad estatal, pero que compromet[e]n su responsabilidad, toda vez que obedec[e]n a causas que jurídicamente le son imputables y que, además, ocasiona[n] el rompimiento de las cargas públicas de los individuos”(7).
16. En el caso concreto, la Sala tiene demostrado el daño, pues está acreditado que el señor Gregorio Enrique Vertel Lozano era un soldado asignado al batallón de contraguerrilla 35 “Coronel Díaz López” de la brigada XVII del Ejército Nacional, y que murió el 14 de agosto de 1998 debido a un impacto con arma de fuego, en el marco de la operación “Furia”, en un combate armado con la guerrilla de las FARC.
17. Para establecer si la muerte del soldado Gregorio Vertel Lozano le es imputable a la institución demandada, es necesario esclarecer las circunstancias que rodearon este hecho. Con este fin se analizarán los medios de prueba obrantes en el expediente, en particular la orden de operaciones, los informes de los comandantes de la operación “Furia” y los testimonios de algunos uniformados que participaron en la misma.
17.1. En la orden de operaciones fragmentaria 32/98, denominada “Furia”, el comandante de la brigada XVII del Ejército estableció los parámetros bajo los cuales la operación militar debía ser planeada y ejecutada. Resulta pertinente transcribir los apartes relativos a la misión general, las funciones del batallón de contraguerrilla 35, del que era miembro el soldado Gregorio Vertel Lozano, y las precisas instrucciones de seguridad, planeamiento y conducción de la misma (fls. 224-230, cdno. 1):
La decimaséptima brigada, a partir del día 05 20:00-AGO-98, desarrolla operaciones ofensivas, de inteligencia, contrainteligencia y de destrucción sobre el área general del corregimiento de Pavarandó, veredas La Pepita, Urada, Tamborales, La Juana, Santa Rosa, Puerto Lleras y Chocó, en la parte sur de la jurisdicción; así mismo, continuar con el desarrollo de las operaciones de registro y control del área en toda la jurisdicción de la unidad operativa menor, de acuerdo con las áreas de responsabilidad asignadas a cada unidad táctica, con el fin de localizar, neutralizar, capturar y, en caso de resistencia armada, dar de baja a elementos subversivos pertenecientes al bloque noroccidental de las ONT FARC, integrado por las cuadrillas 5, 18, 34 y 57, con el apoyo del frente “Manuel Hernández” (a. El Boche) del ELN, que en forma violenta y desalmada atacaron la población de Pavarandó y las tropas que se encontraban allí protegiendo a un grupo de desplazados por la violencia de aproximadamente 1.500 personas que se encuentran concentradas en esta localidad.
Batallón de contraguerrilla 35
Lleva el mando de la operación.
Conduce y ejecuta la operación “Furia”.
Efectúa operaciones de registro, control militar de área y de destrucción sobre el área general del corregimiento de Pavarandó, veredas La Esmeralda, La Pepita, Urada, Santa Rosa, Tamborales, La Juana, Puerto Lleras y Chocó.
La compañía Ballesta revierte al puesto de mando en Carepa, para reorganizarla y reentrenarla y, a su vez, mantenerla como unidad de reserva.
Recibe en agregación dos pelotones de la compañía Escorpión, del batallón Voltigeros, para el cumplimiento de la misión asignada.
Recibe en agregación la compañía Danta del batallón de contraguerrilla 26, para el cumplimiento de la misión.
Recibe en agregación las compañías Arpón y Relámpago del batallón de Contraguerrilla 11 para el cumplimiento de la operación “Furia”.
El descuido e incumplimiento de las normas operacionales emitidas en relación con las medidas de seguridad durante los patrullajes, el empleo de caminos y carreteras. La rutina, la falta de medidas de contrainteligencia y el olvido del modus operandi del enemigo en la zona, proporcionan oportunidades a los bandoleros para atacar a las tropas.
De otra parte, se hace necesario exigir el cumplimiento de las siguientes normas, motivo de muchos documentos y manuales, las cuales minimizan el riesgo de ser un blanco fácil de la actividad subversiva y pueden conducirnos al éxito:
• Preferiblemente, todo movimiento debe efectuarse en las horas de la noche, observar en el día y atacar en la penumbra.
• Los comandantes no deben cumplir funciones de punteros.
• No transitar por carreteras, caminos o trochas; hacerlo conduce al fracaso, como lo enseña la experiencia de muchos años.
• No pernoctar en casas o áreas construidas.
• Respetar la vida, honra y bienes de los habitantes de la región.
• No preparar alimentos donde el humo pueda delatar a las tropas.
• No dejar huellas ni desperdicios.
• No permitir que los campesinos conozcan la totalidad de sus efectivos.
• No permitir el uso de bebidas embriagantes.
• No hacer ruidos anormales al caminar.
• Mantener disciplina durante el desplazamiento.
• Efectuar reconocimientos en áreas peligrosas.
• Ejecutar al máximo medidas de engaño para evitar la delación de la patrulla.
• Conservar un adecuado dispositivo durante el movimiento.
• Consultar la carta del área de operaciones en forma constante.
• Hacer un reconocimiento del sector donde debe pernoctar y preparar un plan de seguridad antes de ocuparlo.
Planteamiento en la conducción de operaciones
La responsabilidad de planear y conducir operaciones es inherente al ejercicio del mando, especialmente en una situación de guerra no declarada como la que vive en la actualidad el país; por lo tanto, el comando de la fuerza considera esencial el cumplimiento de lo anterior por parte de los comandantes de las unidades en todos sus escalones.
La acertada aplicación del fundamento del combate, planear cuidadosamente y luego ejecutar agresivamente, conduce a actuaciones exitosas. Cuando no se aplica este fundamento el riesgo aumenta hasta alcanzar límites impredecibles.
En concordancia con lo anterior, toda operación, por pequeña que sea, debe obedecer a un planeamiento detallado y cuidadoso por parte del comandante responsable; por lo anterior, no puede haber tropas en áreas de influencia de grupos subversivos realizando operaciones que no obedezcan a un planeamiento específico.
En el proceso de planeamiento, la apreciación de situación del comandante es pieza fundamental para calcular todos los riesgos antes de llegar a la decisión. Según este criterio los comandantes deben tener presente que “no deben realizarse operaciones que no ofrezcan garantías mínimas de éxito”.
Dentro del contexto global de la responsabilidad de planear y conducir las operaciones, los comandantes deben buscar por todos los medios a su alcance que el accionar de las tropas no sea simplemente una respuesta a las actividades del enemigo; esto se logra recuperando y manteniendo la iniciativa a través de una sólida actitud ofensiva.
Los recientes fracasos operacionales que ha sufrido la fuerza en Puerres el 15-abril-96, La Carpa el 06-septiembre-96 y Gaitania (Tolima) el 12-ENE-97, se han originado por la rutina con que se realizaron los desplazamientos, falta de empleo apropiado de medidas de contrainteligencia, desobediencia en la aplicación de principios básicos de patrullaje y conformación de unidades que rompen los esquemas de organización dispuestas por la fuerza, entre otras causas.
En relación al último aspecto, el comando de la fuerza dispone que la unidad mínima para cumplir operaciones militares es una (1) compañía de contraguerrilla o dos (2) pelotones de soldados regulares, con apoyo mutuo inmediato y comunicación permanente con su unidad táctica.
17.2. El informe levantado por el mayor Carlos Gustavo Méndez Farfán, comandante del batallón de contraguerrilla 26 “Arhuacos”, remitido al comandante de la brigada XVII del Ejército Nacional, narra lo ocurrido en el desarrollo de la operación en los días previos al enfrentamiento, y presenta algunos rasgos generales de dicho combate (fl. 180, cdno. 1):
Con el presente me permito informar a mi General los hechos ocurridos el día 14 de agosto de 1998 en la vereda de Tamborales, corregimiento de Puerto Lleras, municipio de Riosucio, Chocó.
El 08 01:30 AGO 98, en desarrollo de la operación “Furia”, la compañía Dragón, orgánica de esta unidad, fue agregada al batallón de contraguerrilla 35. La unidad inició filtración hacia el sector de Corrales, en el corregimiento de Pavarandó, municipio de Mutatá, con el fin de esperar el apoyo de la compañía Apache del batallón de contraguerrilla 35 y dos guías.
El 09 05:15 AGO 98, inician movimiento por el margen derecho de la vía de Pavarandó que conduce a Urada, hasta las 16:00.
El 10 05:30 inició movimiento con Acimut 260 grados con el fin de cruzar la carretera, dirigiendo el eje de avance hasta alcanzar el sector de Urada.
El 11 05:30 continúo la infiltración hacia el sector del río Urada y a las 11:00 toman contacto con las compañías Arpón y Relámpago del batallón de contraguerrilla 11. Allí coordinan el eje de avance a seguir hacia el sector de Tamborales. Ese día se efectuó el cruce del río Urada.
El 12 continúan el movimiento hacia el sector del río Tamborales y se encuentran unas huellas de aproximadamente ocho días.
El 13 llegan al borde del río Tamborales y se hace el cruce del mismo en coordinación con las otras unidades, terminando a las 15:00, aproximadamente. A las 21:00 se desaparece un suboficial de la compañía Relámpago del batallón de contraguerrilla 11 y durante la noche se escuchan ráfagas interrumpidas y disparos, ordenan continuar en los núcleos que se habían ordenado y no disparar para evitar la ubicación.
El 14 05:00 la compañía relámpago del BCG-11 efectúa un registro con el fin de ubicar al suboficial perdido. A las 05:50 aparece el suboficial y se escuchan unos disparos. La compañía Arpón del BCG-11 inicia movimiento hacia el sector de los disparos e inicia un combate de encuentro, donde es herido el CT Morales. A las 08:00 se incrementa el poder de fuego del enemigo en el sector donde se encuentra la compañía Relámpago, toman la decisión de continuar aguas abajo por la margen izquierda del río Tamborales para así evacuar a los muertos y heridos, en un claro que había allí. Al avanzar aproximadamente 200 metros se intensifica el combate, acrecentándose aún más el poder de fuego del enemigo, recibiéndose apoyo aéreo, dificultándose su orientación debido a lo espeso de la maraña y al poco techo que había. A las 14:30 los tres comandantes de compañía deciden romper el cerco por el río Tamborales. La primera unidad en cruzar el río es la compañía Apache del BCG-35, apoyada por el fuego que sostenía la compañía Danta del BCG-26. Al otro lado del río se sostiene contacto con otro grupo de bandoleros, hasta que logran salir aproximadamente a las 18:00 o 19:00. En el momento de cruzar el río el personal se divide en varios ejes de avance, logrando llegar hasta Pavarandó, en forma desorganizada y durante un espacio de cinco días.
17.3. El informe llamado “caso táctico operación ‘Furia’”, presentado por el comandante de la brigada XVII del Ejército Nacional, presenta un balance general del desarrollo y los resultados de la operación militar. En este documento se hace una descripción del área de operaciones, se resume la composición y las actividades de los frentes de la guerrilla en la zona, se presenta una relación de las tropas del Ejército Nacional involucradas en la operación, se describen los procesos de planeación, desarrollo y los resultados de la misma, se realiza un análisis de cada una de estas fases —para lo cual se enuncian los aspectos “positivos” y “negativos” de las actuaciones tanto del ejército como de la guerrilla—, se plantean unas conclusiones y enseñanzas y, por último, se formulan recomendaciones para el éxito de operaciones posteriores. Para esta decisión resultan relevantes el relato de lo ocurrido el 14 de agosto de 1998, la exposición de las “peculiaridades” y “capacidades” de los frentes de las FARC que delinquían en la zona, y el análisis del desarrollo y los resultados de la operación (fls. 236, 242-248, cdno. 1):
Hechos ocurridos los días 14 y 15 de agosto de 1998, en el área general de Tamborales, municipio de Riosucio, departamento del Chocó en la parte sur de la jurisdicción, cuando los bandoleros integrantes de las cuadrillas 5, 18, 34, 57 y 58 del bloque noroccidental de las ONT FARC sostuvieron combates con las compañías Arpón, Relámpago del batallón de contraguerrillas 11 “Coyara”, la compañía Danta del batallón de contraguerrilla 26 Arhuacos, la compañía Apache del batallón de contraguerrillas 35 Coronel Díaz López orgánicas de la BR-17 en desarrollo de la operación “Furia”, siendo asesinados 00-01-41, heridos 02-06-31, desaparecidos 01-03-23 y la pérdida de material de guerra, comunicaciones e intendencia (...).
Peculiaridades de las ONT FARC
Gran capacidad de concentración para atacar en masa, utilizando corredores de movilidad por la serranía del Abibe, Alto Carepa, Villa Artega.
Efectúan retenes esporádicos entre la vía Dabeiba, Mutatá, Chigorodó, Apartadó y Turbo.
Seguir con el tráfico de armas y municiones explotando la frontera con Panamá.
Apoyar el narcotráfico como medio principal de financiamiento.
Incursiones a poblaciones para crear impacto sicológico y fines propagandísticos.
Capacidades de las ONT FARC
Realizar emboscadas y asaltos a las propias tropas, policía y población civil.
Buscar unidad de acción con otras cuadrillas.
Realizar proselitismo político y armado.
Efectuar secuestros, extorsiones y boleteo al personal civil.
A través de sus milicias, promover paros armados.
Continuar con sus actividades delictivas como chantaje, extorsión, boleteo a comerciantes y bananeros, vacuna ganadera, intimidación y asesinato del personal civil de la región.
Continuar con la organización y conformación de las milicias bolivarianas.
Realización de asaltos y emboscadas a las propias tropas.
Realizar atentados dinamiteros contra unidades, autoridades, puentes e instalaciones públicas.
Reclutar nuevos integrantes para aumentar el número de bandoleros.
Adelantar acciones de autofinanciación en sus áreas de injerencia mediante actividades delincuenciales como secuestro, extorsiones, boleteos, hurtos e imposición de cuotas a ganaderos, comerciantes y hacendados.
Realizar actos terroristas de cierta resonancia a nivel nacional (...).
Desarrollo de la operación (...).
El día 7 de agosto /98
Efectúan movimiento las compañías Danta y Apache hasta el sector conocido como El Corral, coordenadas 7-15-13-76-35-25.
El día 8 de agosto /98
El señor mayor comandante del batallón de contraguerrilla 35 envía los guías y el material faltante con un pelotón del batallón “Voltigeros”, se coordina la hora de salida el día 04-08-98 a las 04:00 a.m., utilizando dos ejes de avance, así: compañías Apache y Danta por el lado derecho de la vía que conduce a Urada; Arpón y Relámpago por el lado izquierdo de la carretera.
El día 9 de agosto /98
A las 03:00 horas inician desplazamiento las compañías Arpón y Relámpago por el eje de avance previamente acordado, acercándose a las compañías Apache y Danta, para empezar la infiltración hacia el objetivo. Siendo las 04:20 horas, la compañía Arpón en desplazamiento llegó hasta donde se encontraba el centinela de la compañía Danta, este al escuchar ruidos fue a avisarle a su comandante y al regresar se encontró con el puntero, quien le disparó causándole la muerte al SLV. Ayala Asprilla José, este fue evacuado al PDM en Pavarandó. La operación continuó de acuerdo con lo planeado.
El día 10 de agosto /98
Durante el desplazamiento, las compañías Arpón y Relámpago retuvieron a un indígena que se desplazaba a Mutatá; durante la entrevista se pudo evidenciar que el día 04-08-98 en horas de la tarde se desplazó un grupo de 80 bandoleros En dirección a Urada, dicha información se suministró al puesto de mando en Pavarandó.
El día 11 de agosto /98
Se reúnen las 4 compañías para asegurar el paso del río, de ahí en adelante se dificulta el desplazamiento debido al desconocimiento del terreno por parte de la tropa, y los guías, y se prosiguió con el desplazamiento.
El día 12 de agosto /98
En desplazamiento, la compañía Apache encontró un rastro de botas pantaneras; efectuando el registro correspondiente se llegó hasta un campamento abandonado para aproximadamente 200 bandoleros en las coordenadas 07-12-21-76-37-13.
El día 13 de agosto /98
Durante el desplazamiento se encontró una casa, se montó un observatorio con la Apache. Durante el observatorio se pudo evidenciar la presencia de un sujeto, quien detectó la tropa y emprendió la huida. Posteriormente se procedió a registrar la casa, se encontraron rastros de presencia del enemigo por unos plátanos de 2 días de cortados. Siendo las 11:30 horas se logra llegar hasta la orilla del río Chocó, se reorganiza el personal y la seguridad para el cruce del río. La compañía Danta y la compañía Relámpago prestan la seguridad mientras que las compañías Apache y Arpón realizan el cruce del río para asegurar y registrar el sector. A las 14:00 horas, el comandante de la compañía Arpón ordena el cruce del río por parte de las otras dos compañías. A las 17:00 horas un centinela da la compañía Danta observó a 4 sujetos al otro lado del río, se analiza la situación y se informa al comandante del batallón de contraguerrillas 35, quien ordenó tomar un dispositivo perimétrico en dirección a Puerto Lleras. A las 21:00 horas, el comandante de la compañía Relámpago informa al comandante de la compañía Arpón la pérdida de un suboficial. Como a las 24:00 horas se escucharon unos disparos, se pensó que era el suboficial perdido, y se ordenó realizar registro lo más temprano posible para dar con la ubicación del suboficial.
El día 14 de agosto /98
El capitán comandante de la compañía Arpón ordena a la compañía Relámpago realizar un registro para dar con el paradero del suboficial. A las 06:00 horas la compañía Relámpago se encuentra con un grupo de bandoleros y se inicia el combate. La compañía Arpón pasa hacia la parte de adelante para apoyar a la compañía Relámpago. En este combate es herido el capitán comandante de la compañía Arpón en la pierna derecha y el brazo derecho. Este combate se prolongó por un espacio de 45 minutos. Terminado el contacto se informa al comandante del batallón de contraguerrilla 35 de los resultados y la situación de los heridos, quien ordena buscar un claro para poder evacuar al herido. Después de haber trascurrido una hora de haberse roto el contacto, la compañía Apache pasa hacia la parte delantera para realizar un registro tendiente a la ubicación de un claro para evacuar al herido. Durante este registro la compañía Apache entra en contacto con un grupo de bandoleros: como resultado, 3 soldados muertos, 2 suboficiales heridos, 1 soldado herido. Nuevamente pasa la compañía Arpón adelante y se retoma el contacto con los bandoleros por un espacio 6 horas, desde las 10:00 horas hasta las 16:00 horas. Durante este lapso de combate se intenta orientar el apoyo aéreo pero fue imposible debido a lo espeso de la vegetación que impedía divisar el helicóptero, el cual se orienta por el ruido de las explosiones y por medio de azimut, por donde se escuchaba el helicóptero. Aproximadamente a las 15:00 horas bombardea el sector norte de donde estábamos ubicados, es decir, al otro lado del río, para tratar de romper el cerco por ese sector y así poder cruzar el río para reorganizarnos. La compañía Apache emplazó sus armas de apoyo hacia el sector que había sido bombardeado por el helicóptero, y se ordenó pasar al otro lado del río porque cada vez el combate era más intenso y nos estaban copando. Se trató de organizar el cruce del río pero fue imposible debido a que en ese momento hubo un ataque masivo por parte de los bandoleros, obligando a la tropa a tomar distintos ejes de avance en dirección norte para ubicar la carretera que conduce a Pavarandó. Se perdió la unidad de mando y el personal quedó disperso por todo este sector en diferentes grupos.
El día 15 de agosto /98
Fueron apareciendo en la vía Urada-Pavarandó pequeños grupos de soldados, unos ilesos y otros heridos, que con apoyo de las diferentes compañías que estaban en Paravarandó ayudaron a llevar a los heridos hasta el puesto de mando y posteriormente fueron evacuados a la brigada XVII (...).
Actuación propias tropas
Buena infiltración por parte de la tropa debido a que fueron detectados al final de la operación.
Actitud valerosa por parte de algunos soldados para sacar al comandante de la compañía Arpón, suboficiales y soldados que se encontraban heridos.
Demostración de valor y resistencia de personal de cuadros y soldados para sostener el combate, a pesar de la superioridad numérica del enemigo.
Excelente capacidad de combate de los soldados para romper el cerco impuesto por los bandoleros, esto gracias al buen empleo de las armas de apoyo.
A pesar de ser una zona selvática, la tropa se encontraba orientada en el terreno debido a que los comandantes se reunían con el personal y explicaban los movimientos a realizar, orientándolos en la carta del terreno.
El personal llevaba a la mano 600 cartuchos por soldado, lo cual facilitó a la tropa mantener el contacto, pero la superioridad numérica de los bandoleros doblegó la voluntad de lucha.
El señor capitán comandante de la operación condujo la acción hasta cuando resultó herido.
Los helicópteros no tienen radios de seguridad de voz, y se hacen vulnerables debido a que son fáciles de escanear par los bandoleros.
Dificultad en la comunicación puesto que los radios PRC 730 fueron limitados por el terreno y la vegetación del área de combate.
Se presentó fallas en la orientación de las aeronaves par el espesor de la vegetación para ubicar las propias tropas y el enemigo.
Faltan equipos móviles de radio goniometría y monitoreo, para saber cuándo le llega el refuerzo al enemigo, ya que el refuerzo de los bandoleros les llegó a las 11:00 horas aproximadamente y se evidenció por el gran poder de fuego.
Dificultad en la ubicación y elaboración de helipuertos, para recibir apoyo y evacuar heridos ya que la vegetación era demasiado espesa.
El material especial no se encontraba en mano en el momento del combate, lo cual facilitó que los bandidos se lo llevaran.
La compañía Danta se encontraba diezmada y había sido completada par soldados de otras unidades fundamentales.
Las baterías de los radios PRC 730 se agotaron, puesto que era necesario mantener los radios prendidos, durante la realización de la operación para el apoyo mutuo.
Los soldados llevaban sobrepeso en los equipos, material que no se necesitaba para la operación.
La espesura de la vegetación limitó el empleo de morteros, MGL, granadas de fusil.
Faltó una preparación sicológica que se evidenció en algunos soldados que perdieron su autocontrol, convirtiéndose en un problema más para los comandantes.
Los comandantes de escuadra fueron heridos a la iniciación del combate, por lo cual se perdió la unidad de mando y la maniobrabilidad de las escuadras.
Faltó organización y mando para el repliegue de las tropas, ya que salieron en forma fragmentada por diferentes direcciones.
El terreno era desconocido para la tropa y se utilizaron guías que solo conocían por caminos y trochas.
Se subestimó la capacidad del enemigo al suponer que las cuadrillas que golpearon a Pavarandó se habían replegado a las áreas en donde normalmente delinquen y no al campamento ubicado en los ríos Antadía y Chocó de la vereda de Tamborales.
Se emplearon tropas de los distintos batallones de contraguerrillas 11, 26, 35, lo cual dificultó una unidad de mando en la operación.
Hizo falta el empleo del santo y seña y de brazaletes de identificación de tropa ya que el enemigo en ocasiones se confundía con la tropa.
No se contaba con medios aéreos inmediatos para transportar la tropa y apoyarlas con fuego aéreo-táctico.
B) Actuación del enemigo
El conocimiento del terreno que les permite moverse con facilidad, utilizando corredores de movilidad para concentrarse con mucha rapidez y aplicar el principio de la masa y la sorpresa en el momento decisivo del combate.
La superioridad numérica ayudo a reemplazar las bajas que la tropa les causaba.
La ubicación de francotiradores en los árboles influyó en el desconcierto de la tropa.
El gran volumen de fuego que mantuvieron durante el combate, se pudo apreciar en que están utilizando 1.000 cartuchos por guerrillero.
Las cortinas utilizadas para el avance hacia las propias tropas, son de gran importancia en vista que los guerrilleros son relevados varias veces para recuperarse y reabastecerse.
La capacidad de agruparse en un tiempo menor de dos horas.
El empleo masivo de material de guerra, se evidenció en el gran poder de fuego utilizado durante el combate.
Su motivación en el combate a través de gritos y arengas contra la tropa.
El acertado empleo del terreno en la utilización del río como obstáculo, acertando así en la selección de un área apropiada para librar el combate decisivo.
Planeamiento de evacuación de muertos y heridos, de igual forma para el reabastecimiento de municiones.
La utilización de radios portátiles para cada uno de los grupos, facilitando la orientación y la maniobra.
A pesar de su superioridad numérica, les fue imposible mantener el cerco y así el copamiento total de las compañías.
Utilización de menores de edad e indígenas en el conflicto.
A pesar de tener la otra orilla del río ganada, no colocaron una base de fuego para impedir el repliegue de la tropa.
No lograr tener la ubicación exacta de las tropas sino hasta cinco horas antes de iniciado el combate.
Gran capacidad de concentración, para atacar en masa, utilizando corredores de movilidad preestablecidos.
Debido a su superioridad numérica, obligó a la tropa a replegarse del sitio del combate de forma fragmentada.
Se debe mantener una relación de 1 a 1 sobre el enemigo, para que el enemigo no nos supere numéricamente.
El enemigo tiene capacidad para realizar grandes concentraciones empleando gran volumen de fuego.
Gran dominio de área, lo que permitió ubicarse estratégicamente y rechazar de forma contundente a la tropa.
La operación planeada y conducida después del ataque a Pavarandó, se menospreció la capacidad de combate del enemigo, así mismo se emplearon unidades disminuidas, desconociendo el principio de la masa, haciendo una operación ligera y superficial para el desarrollo de esta operación.
17.4. Estas circunstancias fueron ratificadas en las declaraciones de los subtenientes Gregorio Andrés Rodríguez Ducat (fls. 189-198, cdno. 1), Erwin Alirio Velasco Sánchez (fls. 199-205, cdno. 1), Ambrosio Casas Montilla (fls. 206-211, cdno. 1), y del teniente Francisco Daniel Fajardo Ortiz (fls. 214-222, cdno. 1).
17.5. En la declaración que rindió el subteniente Gregorio Andrés Ducat Rodríguez, señala que las compañías “Relámpago”, “Danta”, “Apache” y “Arpón”, compuestas por 192 uniformados, se disponían a marcar unos campamentos en el área de Tamborales, cuando fueron emboscados y atacados por 800 o 900 miembros de las FARC. Relata que durante el ataque resultó herido el comandante Morales, quien dirigía las tropas, a pesar de lo cual no se perdió la unidad de mando. Agrega que fueron mermados en número, por lo que se vieron obligados a dispersarse y a abandonar a los heridos y el material de guerra. También reconoce que, antes de la operación, las tropas ignoraban el número de guerrilleros al que se enfrentaban. Finalmente, atribuye el resultado de la operación a varios factores: información inexacta, falta de inteligencia, ausencia de un bombardeo previo, errores en la comunicación, desconocimiento del área por el personal y el no “reentrenamiento” de este (fls. 189-198, cdno. 1):
Preguntado: Diga todo cuanto sepa y le conste sobre los hechos ocurridos a partir del día 7 de agosto a las tres de la mañana al 14 de agosto del presente año, cuando bandoleros del bloque noroccidental de las ONT FARC incursionaron en el corregimiento de Tamborales, con los resultados por usted conocidos y que dio origen a la presente investigación. Contestó: A partir del 7 de agosto iniciamos desplazamiento la compañía Arpón y Relámpago del BCG-11, la compañía Danta del BCG-26 y la compañía Apache del BCG-35, salimos de Pavarandó, el destino era llegar a unas marcaciones que le habían pasado a mi CT Morales, que era el que llevaba el mando de las patrullas por ser el más antiguo. Todos los días hacíamos el desplazamiento militar normal, el registro encaminado a las marcaciones en dirección al río Antadía. Del 7 al 13 de agosto todo fue normal, el 13 como a las once de la mañana atravesamos el río Chocó para seguir la dirección que llevábamos, en ese momento el dispositivo era Apache-Arpón-Relámpago-Danta mientras las dos primeras compañías, después de pasar el río, hacían registro. Danta y Relámpago prestaban seguridad sin cruzarlo. En ese momento la Danta traía a la gente enferma con síntomas de paludismo, aprovechando la espera para colocarles suero a los enfermos, luego del registro se tomó la determinación de no seguir ese día, esto por el tiempo y el estado en el que se encontraba la gente, eran aproximadamente las 14:00 o 14:30 horas, tomando la determinación de pasar la noche ahí e iniciar nuevamente el desplazamiento al siguiente día. El dispositivo tomado era el mismo que se venía en el desplazamiento, Apache-Arpón-Relámpago y Danta, siendo las 18:00 horas hacía el programa con mi mayor Ramírez, encargado directo de la operación. Como era habitual, después de cada programa me reunía con mi CT y él me comentaba lo que se había dicho y me comentó que se había cambiado la orden y que al día siguiente debíamos iniciar movimiento hacia Puerto Lleras. Ya más tarde, siendo como las 9:00 p.m., el teniente Casas, encargado de la Relámpago, le informó a mi CT Morales que el cabo segundo Restrepo, al ir a entregar de centinela, se perdió debido a la espesura de la vegetación y la noche estaba oscura. La orden de mi capitán fue que al día siguiente muy temprano se realizaran los registros correspondientes para poder ubicarlo, como a las 12:00 a.m. se escucharon unos disparos, entonces lo que nosotros pensamos era el cabo, para tratar de ubicarse y ubicarnos a nosotros, a raíz de esto sabiendo que era un área crítica ya que estábamos cerca del supuesto campamento la orden de mi CT Morales, fue entrar (...) Sabíamos que había sido una alarma y los bandoleros podían ubicarnos. Amaneció el día 14 y de acuerdo con lo ordenado por mi capitán, Relámpago inició los registros para encontrar al cabo, eran las 5:40 a.m., que es la hora en la que comienza a aclarar, casi a las 6:15 a.m. la compañía Relámpago, estando en registro buscando al cabo, entró en combate de inmediato, la Arpón pasó al sitio del combate y fue cuando resultó herido mi CT Morales. Entonces sostuvo el combate un buen rato pasando adelante la compañía Apache mientras que la Arpón le prestó los primeros auxilios a mi capitán y se armaba la camilla y se buscaba un claro para poder evacuar a mi capitán, en ese momento se obtuvo contacto radial con mi mayor Ramírez, informándole la situación, se alcanzó a hacer un movimiento con mi capitán herido pasando para la cabeza la Apache. Ya en esta ocasión la que entró en combate fue esa compañía, todas las compañías llevaban el mismo eje de avance y llevábamos la misma dirección. De ese combate resultaron tres soldados muertos, un suboficial herido y un soldado herido. Por las novedades que había tenido la Apache, la Arpón pasó a la cabeza y seguíamos en esa dirección, de ese combate resultaron tres soldados muertos, un soldado y un suboficial herido. Ya se había informado esa situación al helicóptero ya que la comunicación directa con mi mayor Ramírez se había perdido. Eso era más o menos a las 9:30 a.m. y fue cuando se desarrolló el combate grande, en donde todas las compañías a lo largo del eje de avance tenían enfrentamientos simultáneos, lo que se hizo en ese momento fue concentrar en un sitio a los heridos y muertos para así contrarrestar el ataque, el cual cada vez era más fuerte, impidiéndonos avanzar y ganar posición ventajosa, así permanecimos hasta las 12:30 cuando nos dimos cuenta de que nos tenían cercados y cada uno de los comandantes informaban que tenían un número de heridos o muertos, viéndonos copados y la situación era tan crítica que nos estaban haciendo tirar hacia la orilla del río. La guerrilla nos gritaba que nos entregáramos que ya estábamos perdidos, fue cuando ya nos tenían concentrados en un espacio más reducido y ya estábamos relativamente cerca de la orilla del río, de donde también nos hostigaban desde el otro lado del río, entonces nosotros ya como única salida teníamos cruzar el río y tomar dirección hacia el norte, o sea, hacia el puesto de mando en Pavarandó, se tomó la decisión de cruzar el río y tratar de romper el cerco que allí había, puesto que este no era tan fuerte y nutrido como el del sitio donde nos encontrábamos en combate, a sabiendas de que hacer esto era muy riesgoso y crítico, pero era la única forma de salir, en ese momento ya uno veía a la guerrilla a dos metros. Entonces en ese momento nos desplegamos los que nos encontrábamos bien y los que podían caminar por sus propios medios, dejando tirados los cuerpos de los muertos, a mi capitán y todo el material de intendencia, ya que la consigna en ese momento era salvarnos para luego reorganizarnos y mirar a ver qué se hacía, pero esto fue imposible porque una vez logramos pasar el río hubo persecución de ellos hacia nosotros y por esto llegamos tan esparcidos, porque no hubo concentración de nosotros una vez cruzamos el río, ya cuando me di cuenta o tuve la oportunidad de mirar a quienes iban conmigo, vi que eran trece soldados de diferentes compañías, tenían gente herida tanto de bala como esquirlas y un cabo de la Arpón, y por brújula tomé dirección norte y toda la tarde que estuvimos caminando escuchamos disparos detrás de nosotros, lo cual presumo que era persecución a los que habíamos logrado cruzar el río, la meta mía era salir a la carretera que de Pavarandó conduce a Urada, pensaba yo que ya llevábamos 24 horas incomunicados, presumía que por ese lado debía haber tropa, por eso tuve como punto de referencia de llegada la carretera. Ese día 14 caminé hasta las 7:00 p.m. llegando a río Urada y decidí parar ahí porque tenía heridos, y cansados de caminar toda la tarde. Amaneció el día 15 a las 5:30 a.m., no teníamos comunicaciones, empezamos a caminar nuevamente dirección norte, que era la consigna, toda la mañana caminamos y como a las 11:30 a.m. fue cuando salimos a la carretera a unos cinco kilómetros de Pavarandó, adelanté a tres soldados que estaban bien para que avisaran que fuera un carro a recoger a los tres heridos, ya después salimos y procedieron a hacer la evacuación del personal en el helicóptero de la brigada. Preguntado: Diga al despacho qué compañías iban en la operación “Furia” y con qué personal contaban. Contestó: Iba la Arpón, que iba a 2, 5, 37, creo que la Apache iba a 2, 4, 47, y la Danta a 2, 4, no me acuerdo de más, el caso es que el total de efectivos de las compañías sumaban 192 hombres (...). Preguntado: Diga o manifieste cuál era la misión específica de la operación “Furia” y cuál su dispositivo. Contestó: La misión era inicialmente llegar a unos supuestos campamentos, a unas marcaciones en el área general de Tamborales, ya después del programa del día 13 me comentó mi capitán que habían cambiado la orden. Según lo informado por mi mayor Ramírez, el dispositivo era turnarnos Apache y Arpón la cabeza porque éramos las unidades más fuertes, es decir, con mayor número de efectivos, y Relámpago y Danta en la parte de atrás en ese dispositivo. Antes de llegar a Urada, Apache y Danta iban por la parte izquierda dirección sur, ya después de este punto el dispositivo fue en columna una detrás de otra. Preguntado: Acorde con la amenaza existente, los antecedentes que se habían presentado y que eran conocidos de la toma de Pavarandó y el tipo de misión, considera usted que tenía el personal suficiente para contrarrestar la amenaza. Contestó: Cuando nosotros entramos a operar, se sabía que había presencia de bandoleros pero lo que se desconocía era el número. De acuerdo con las informaciones y los antecedentes de Pavarandó, se hablaba de la presencia de 1.000 bandoleros, eso hacía que el personal no fuera suficiente (...). Preguntado: Diga al despacho qué labores de inteligencia realizaron junto con su tropa días antes del combate. Contestó: Nosotros íbamos de infiltración hacia el sitio de llegada y aparte de eso no se ve nada, en esos sitios no vive nadie, como al tercer día de iniciada la operación nos encontramos con un indio que iba para Mutatá y se le averiguó que el día de la toma en la tarde había pasado por ahí un grupo como de 80 bandoleros para Urada, informándole a mi mayor Ramírez, y se le recomendó lo tuviera allá hasta que llegáramos a nuestro objetivo (...). Preguntado: Diga en qué momento se perdió la unidad de mando. Contestó: Yo considero que la unidad de mando no se perdió porque a pesar de que mi capitán fue herido y era la cabeza de la patrulla, siempre se mantuvo el objetivo, que era, una vez teniéndolo herido, buscar un claro y lograr su evacuación. Preguntado: De acuerdo con su respuesta anterior, a qué atribuye usted que el personal haya llegado tan disgregado y por diferentes caminos. Contestó: Porque sabíamos que si cruzábamos el río por el mismo lado los muertos iban a ser muchos más, nosotros sabemos que al cruzar un obstáculo de estos debemos hacerlo por diferentes puntos para no hacerlo tan crítico. Preguntado: Diga al despacho a qué atribuye los resultados obtenidos en la operación “Furia”. Contestó: Que la información era inexacta, faltó inteligencia, faltó haber hecho un bombardeo aéreo previo a la operación, lo que siempre hace falta en las operaciones del ejército como son los medios de comunicación, en sí haber planeado la operación “Furia” de otra forma, nos faltó gente, siempre en esas áreas termina el personal enfermo, el apoyo helicoportado lo hubo pero no se pudo ubicar por falta de medios de comunicación y desconocimiento del área. Preguntado: Diga al despacho si usted considera que una de las causas principales de los resultados obtenidos en esta operación es la falta de reentrenamiento. Contestó: Una de las principales sí porque, por más que estén en áreas de orden público, olvidan lo esencial para hacer en caso de situaciones especiales, el reentrenamiento es como hacer vivir la guerra sin muertos. Preguntado: Conoce usted el motivo por el cual no se ha reentrenado a la unidad. Contestó: No, me imagino que por estar comprometida en operaciones de orden público (...). Preguntado: Diga al despacho con qué tipo de armamento fueron atacados. Contestó: Con granadas de sesenta mm, de cuarenta mm, granadas de mano, armamento de 7.72 y AK 47. Preguntado: Diga al despacho con qué tipo de armamento contaban ustedes. Contestó: Con fusiles Galil 5.56, fusiles 7.62, M-60 calibre 7.62, lanza granadas MGL, morteros de 60 y granadas de mano (...). Preguntado: Diga al despacho cómo fue el apoyo por parte de la brigada XVII. Contestó: En el primer contacto radial que tuvimos con mi mayor Ramírez, una vez habían herido a mi capitán, solicitamos apoyo aéreo llegando Zoco y apoyando lo que él pudo, después que tenía que tanquear y regresaba, no tuvimos oportunidad de volver a comunicarnos con ellos, no pudimos elevar antena, ese fue todo el apoyo que tuvimos el día 14.
17.6. Por su parte, el subteniente Erwin Alirio Velasco Sánchez expresa que el objetivo de la operación “Furia” era hacer una infiltración en las cercanías del río Antadía, pues se tenía conocimiento de la presencia de la guerrilla de las FARC en la zona. Indica que en el desarrollo de la operación militar hubo unidad de mando. No obstante, reconoce que el personal dispuesto para la operación fue insuficiente con respecto al número de guerrilleros al que enfrentaban, lo que atribuye a una “mala información” por parte del Ejército Nacional. Concluye que el hecho de no haber “reentrenado” al personal pudo haber influido en el resultado de la operación (fls. 199-205, cdno. 1):
Preguntado: Diga al despacho si usted llegó a Pavarandó con toda su gente completa. Contestó: No, yo llegué con 14 soldados de 21 y los dos cabos llegaron después de mí. Preguntado: Diga al despacho qué compañías iban en la operación “Furia” y con qué personal contaban. Contestó: Iba la Arpón, la Relámpago y la Danta, no sé qué número de efectivos, en la Apache iban 2, 4, 47 (...). Preguntado: Diga o manifieste cuál era la misión específica de la operación “Furia” y cuál su dispositivo. Contestó: La misión era realizar infiltración hacia el sector de río Antadía y dar golpe de mano en unas coordenadas que previamente nos habían dado, y en donde se habían monitoreado unas marcaciones los días anteriores. Preguntado: Acorde con la amenaza existente, los antecedentes que se habían presentado y que eran conocidos de la toma de Pavarandó y el tipo de misión, considera usted que tenía el personal suficiente para contrarrestar la amenaza. Contestó: No, porque nosotros entramos a la operación y nos dijo mi CT Morales que el grupo que había tomado Pavarandó se había dividido en dos, que un grupo había pasado a la serranía del Abibe y el otro se encontraba en el sector al que nosotros nos dirigíamos en el río Antadía, y por el poder de fuego que tenía el enemigo nos dimos cuenta que era el mismo número o tal vez más de los que se tomaron Pavarandó, es decir, íbamos muy pocos. Preguntado: Diga al despacho aproximadamente cuántos subversivos los atacaron. Contestó: Más o menos ochocientos. Preguntado: Diga al despacho qué labores de inteligencia realizaron junto con su tropa días antes del combate. Contestó: Se hizo la inteligencia del cálculo de las pérdidas de Pavarandó, haciendo un cálculo del enemigo de 600 y de ahí como se estaba realizando infiltración se evitó contacto con la poca población que hay en el sector. Preguntado: Diga al despacho en qué momento se perdió la unidad de mando. Contestó: Perdida no estaba, hubo confusión en el paso del río, que fue donde se revolvieron las compañías. Preguntado: Diga al despacho a qué atribuye los resultados obtenidos en la operación “Furia”. Contestó: A la mala información, debido a que se suponía que íbamos a atacar a un grupo pero no tan grande. Preguntado: Manifieste qué experiencia tiene en el manejo de unidades empeñadas en áreas de orden público y si usted y los hombres bajo su mando tenían para la fecha de los hechos el entrenamiento suficiente y adecuado. Contestó: Yo tengo como experiencia en orden público un año en este batallón, la compañía acababa de salir de reentrenamiento, pero me parece que le faltó más patrulla dirigida. Preguntado: Diga al despacho si usted considera que una de las causas principales de los resultados obtenidos es esta operación es la falta de reentrenamiento. Contestó: Tengo entendido que las compañías que iban llevaban buen tiempo sin reentrenarse y puede constituirse en una causa. Preguntado: Conoce usted el motivo por el cual no se ha reentrenado esas unidades. Contestó: No, imagino que por estar comprometidos en las operaciones de orden público. Preguntado: Diga al despacho cuántos muertos y desaparecidos tuvo su contraguerrilla. Contestó: Seis muertos y tres desaparecidos. Preguntado: Diga al despacho con qué tipo de armamento fueron atacados. Contestó: Eso fue puro fusil, granadas de 60 mm, granadas de 40 mm, granadas de mano muy poquitas y fusil 7.61. Preguntado: Diga al despacho con qué armamento contaban ustedes. Contestó: Con fusiles Galil 5.56, fusiles 7.62, M-60 calibre 7.62, Ianzagranadas MGL, morteros de 60 y granadas de mano. Preguntado: Diga al despacho si se presentaron muertos de parte de la subversión, en caso afirmativo cuántos y dónde se encuentran. Contestó: Sí hubo muertos, al cruzar al otro lado del río pude ver cinco bandidos que estaban muertos, allá se quedaron, no me pude traer los míos mucho menos iba a traerlos a ellos, esto debido a los heridos que llevaba. Preguntado: Diga al despacho cómo fue el apoyo por parte de la brigada XVII. Contestó: Se le solicitó el apoyo de la brigada llegando la Arpía y el Mosquito, el apoyo del Arpía sirvió porque lo que disparó fueron las clúster, ablandando el sitio por donde se pudo romper para salir del cerco. Preguntado: Diga al despacho qué sabe usted sobre un soldado que solicitaba apoyo de helicóptero por medio de un radio y al final al parecer era una trampa para bajar el helicóptero. Contestó: Eso lo supe al salir a Pavarandó. Preguntado: Diga al despacho cómo fueron las comunicaciones con la brigada XVII y entre las patrullas durante toda la operación. Contestó: Con la brigada las comunicaciones era necesario armar antena improvisada, se pudo mantener la comunicación al principio del combate, después por el poder de fuego no se podía armar la antena pero se tenía comunicación con el piloto del Arpía, y entre las patrullas la comunicación fue por Motorola (...). Preguntado: Diga al despacho por qué razón en el momento en que ustedes ubicaron a los cuatro bandidos no se reubicaron y, por el contrario, se quedaron durmiendo en el mismo sitio. Contestó: Cuando se detectaron a los bandidos mi capitán ordenó realizar el plan de acción y montar emboscada hacia el sector del río, no habíamos sido detectados ya que estos bandidos cambucharon al lado de donde nosotros estábamos cambuchados, esto lo supimos al día siguiente por los cambuches de ellos. Preguntado: Diga al despacho si personas de la población civil murieron durante el combate. Contestó: No.
17.7. A su vez, el subteniente Ambrosio Casas Montilla, al exponer los pormenores de la operación, señaló, entre otros hechos, que oficiales de la compañía “Arpón” dispararon accidentalmente contra un soldado de la compañía “Danta”, que perdió la vida. En cuanto a los resultados de la misma, el militar reconoció que el número de hombres dispuestos para enfrentar a la guerrilla fue insuficiente, dado que se sabía que las FARC contaban con un número elevado de subversivos en la zona, y aseguró que hubo poca información previa para ejecutar la operación (fls. 206-211, cdno. 1).
Preguntado: Diga si conoce el motivo por el cual se encuentra rindiendo esta declaración. Contestó: Sí. Preguntado: Ya que dice conocer el motivo por el cual se encuentra rindiendo esta declaración, diga todo cuanto sepa y le conste sobre los hechos ocurridos a partir del día 7 de agosto a las 3:00 a.m. al 14 de agosto del presente año, cuando tropas pertenecientes a la XVII brigada sostuvieron combates con bandoleros del bloque noroccidental de las ONT FARC en el corregimiento de Tamborales, con los resultados por usted conocidos y que dieron origen a la presente investigación. Contestó: La operación “Furia” inició el 9, salimos de Pavarandó a las 3:00 a.m., salió la compañía Arpón y Relámpago, yo iba de comandante de la Relámpago, Arpón iba adelante y yo detrás, a eso de las 5:30 a.m. Arpón chocó con un centinela de la Danta creyendo que era guerrilla y disparó y dejó herido al soldado y posteriormente murió, este soldado era de la Danta. Continuamos con el eje de avance y llegamos a un lugar cerca del río Urada, más o menos a los dos días de haber iniciado, en este sector encontramos a la compañía Apache y Danta, que venían con otro eje de avance, continuando las cuatro compañías durante ese día sin encontrar algo en especial. Al otro día encontramos un campamento abandonado, el cual se registró y no se encontró nada en especial, continuamos hacia adelante hasta un punto muy cerca al río Chocó, más conocido como Tamborales, hicimos el cruce del río y nos quedamos esa noche ahí al otro lado del río. Mi CT Morales nos comunicó que estábamos a 1.100 metros del objetivo y que íbamos a quedarnos allí y por la mañana íbamos a entrar, eso fue el día 13 de agosto, a eso de las 6:00 p.m. de ese día uno de los centinelas que estaba al lado del río, que era de la Danta, observó a cuatro guerrilleros que estaban mirando, tal vez buscando por dónde habíamos pasado, lo que le dio a pensar que nos había detectado y de inmediato se informó a mi mayor Ramírez, a pesar de que la comunicación era tan difícil de sacar de este sector. Se nos dijo por parte de mi mayor que le había informado a mi coronel (...) y al comandante de la brigada, y la orden era que tan pronto amaneciera, tipo 5:00 a.m., estar listos para que buscáramos un lugar en donde nos pudieran abastecer tanto de alimentos como de baterías para los radios 7.30, pero esa misma noche a las 8:30 p.m., cuando ya se terminaba el turno de centinela del soldado Blandón Ayala y el CP Restrepo y que el puesto lo recibía el SLV Vega Estrada, debido a la grave situación que se vivía en ese momento, ya que se habían visto cuatro guerrilleros y que en ese momento tenía dos soldados enfermos de paludismo y uno que se había lastimado la rodilla en el paso del río, razón por la cual prestamos de centinelas los cuadros. Cuando fuimos a recibir el puesto no se encontraba ninguno de ellos, por la oscuridad decidí regresar y esperarlo cerca del cambuche donde él dormía para evitar que nos fuéramos a adelantar mucho, y de pronto nos disparamos entre nosotros mismos, a eso de las 9:30 p.m. se escucharon unos disparos, llamé a mi CT Morales a ver si habían sido ellos los que habían disparado pero me dijo que no había sido ni la Danta ni la Apache. Seguí esperando hasta las 5:30 a.m. en el mismo lugar, esperando al cabo Retrepo o el SL Blandón pero el único que apareció a las 6:00 a.m. fue el soldado Blandón, que venía de la compañía Arpón y me comentó que a las 8:30 a.m. el cabo Restrepo le había dado la orden de ir y buscarme, pero que él se había perdido por la oscuridad y llegó hasta unos cambuches pero estos no eran de tropa sino de guerrilla. Siguió caminando Danta hasta que se encontró con otros cambuches y le preguntó a uno de ellos que si le podía dar papel higiénico y este le había podido dar cuenta que estaba en medio de tropa, razón por la cual se quedó ahí hasta que amaneció, salí a las 6:00 a.m. a hacer un registro para ubicar al cabo Restrepo, que hasta el momento no aparecía, pero lo que encontré fue un trillo grande de guerrilla y encontré sangre y unas vainillas de 5.56 cerca de la sangre, lo que me dio a pensar que habían matado al cabo. Regresé al lugar donde estaba la tropa a eso de las 6:40 a.m. y escuche al instante unos disparos, bastantes disparos, y vi al cabo Restrepo cuando venía corriendo hacia nosotros y se tiró hacia el lado del río, lo trajimos hasta donde nosotros y nos comentó que la guerrilla nos venía siguiendo, que eran muchos. A eso de las 7:30 a.m. empezó el combate, nosotros iniciamos el movimiento, hirieron a mi CT Morales en el brazo, el orden de marcha fue el siguiente: Apache adelante, seguía Arpón, luego Danta, y de último Relámpago. En todo ese trayecto hubo combate fuerte hasta las 2:00 p.m., hasta donde pudimos contener el combate porque el apoyo de estos combates se hacía cada vez mayor, tal vez con el apoyo aéreo se contuvo un poco el ataque subversivo, cuando ya nos vimos que estábamos siendo copados y que el número de muertos y heridos en las filas de nosotros aumentaban, nos vimos en la necesidad de hacer un repliegue en búsqueda de una mejor posición para el combate, viéndonos obligados unos a pasar el río y romper el cerco de guerrilleros que se encontraban al otro lado del río y que nos estaban esperando, otros grupos retrocedieron e hicieron la retirada por diferentes lugares, en el caso mío tomé el rumbo aguas abajo con dos suboficiales y cuatro soldados y a eso de dos kilómetros aguas abajo cruzamos el río, más atrás de nosotros venía otro grupo con el ST Rivera López, el cual venía herido con el cabo Fúquene, que también venía herido, y otro soldado, continuamos ese rumbo, siendo perseguidos por los bandoleros aproximadamente por una hora, logrando salir al siguiente día a las 9:30 a.m. cerca de la vía Urada, donde nos encontramos con el grupo de mi mayor Ramírez en busca de persona, con nosotros venia el SV López que venía herido. Preguntado: Diga al despacho qué compañías iban en la operación “Furia” y con qué personal contaban. Contestó: Iba la Apache, no sé qué personal tenía el comandante TE Fajardo, iba Danta, no sé el personal, y el comandante era TE Blanco, Arpón 02-05-49, su comandante era el CT Morales y la Relámpago estaba a 02-05-37, comandante yo. Preguntado: Diga al despacho si había unidad de mando, en caso afirmativo quién era el comandante de la operación. Contestó: Sí, el mando de las cuatro compañías lo llevaba mi CT Morales, cada compañía tenía su comandante. Preguntado: Diga o manifieste cuál era la misión específica de la operación “Furia” y cuál su dispositivo. Contestó: La misión era registrar el sector de Urada para tratar de localizar al grupo que se había llevado al personal de soldados y cuadros de Pavarandó y, si era el caso, sostener contacto. También mi mayor Ramírez nos dio unas coordenadas a las cuales debíamos llegar y que eran (...) es decir había presencia de enemigo, estas coordenadas daban entre el río Chocó y el río Antadía. Preguntado: Acorde con la amenaza existente, los antecedentes que se habían presentado y que eran conocidos de la toma de Pavarandó y el tipo de misión, considera usted que tenía personal suficiente para contrarrestar la amenaza. Contestó: No porque se sabía que era un gran número de bandoleros que, según información, se había dividido en dos grupos, uno aproximadamente de 300 hombres y otro aproximadamente de 600 a 800 hombres, pero lo que no esperábamos era encontrarnos con un número aproximado de 800 a 1.000 hombres en un lugar muy cercano a las coordenadas dichas por el mayor Ramírez. Preguntado: Diga al despacho qué recomendaciones hizo a sus comandantes en el momento en que ordenó que debían desplazarse 190 hombres, teniendo en cuenta que usted conocía el número de subversivos. Contestó: Yo le dije a mi mayor Ramírez el día antes de salir que íbamos pocos, pero entonces él me dijo que íbamos a registrar, que si encontrábamos algo solicitábamos apoyo y que eso sería bombardeado. Preguntado: Diga al despacho aproximadamente cuántos subversivos atacaron. Contestó: Yo calculo que eran de 800 a 1.000 bandoleros. Preguntado: Diga al despacho qué labores de inteligencia realizaron junto con su tropa durante los días de la operación. Contestó: Muy pocas porque eso es deshabitado, lo único que encontramos fueron unos indígenas que nos dijeron que por los lados de Tamborales había unas chozas y que todos los que vivían ahí eran milicianos colaboradores de la guerrilla.
18. Los informes emitidos por los comandantes de los batallones de la brigada XVII del ejército que participaron en la operación “Furia”, la orden de operaciones, y las declaraciones de los oficiales presentes en el lugar de los hechos, valorados en conjunto, permiten concluir que en el corregimiento de Pavarandó, en el municipio de Mutatá, Antioquia, a mediados de 1998, guerrilleros de las FARC y el ELN dirigieron ataques y secuestraron a miembros de la fuerza pública y de la población civil. Con ocasión de dicha agresión, el ejército planeó la operación “Furia” para “continuar con el desarrollo de las operaciones de registro y control del área” y con el fin de “localizar, neutralizar, capturar y, en caso de resistencia armada, dar de baja a elementos subversivos” (fl. 224, cdno. 1).
19. Los informes de inteligencia de la institución señalaban que, luego del ataque a Pavarandó, los guerrilleros se replegarían y regresarían a su base en la serranía del Abibe, y los secuestrados serían conducidos a un campamento en el río Antadía. En la orden de operaciones no se detalla el número de subversivos con los que se encontraría la tropa, pues esta información, al parecer, se desconocía. Un oficial afirma que el número de milicianos se estimaba en 1.000, otro sostiene que eran 600 y otro, finalmente, asegura que, según los datos registrados, se esperaba que la guerrilla se hubiera dividido en dos grupos: uno de aproximadamente 300 hombres y otro de 600 a 800 subversivos.
20. La operación inició el 7 de agosto de 1998 en las márgenes del río Antadía con el fin de recorrer y registrar el área. Cabe recordar que, al ser cuestionado el mayor Ramírez, comandante de la operación, sobre el número de hombres desplegados, manifestó que se haría el registro y que, en caso de encontrar algún riesgo, se solicitaría apoyo militar y se bombardearía la zona. Se dispusieron entonces tropas de los batallones de contraguerrilla 11, 26 y 35, asignados a las compañías “Danta”, “Relámpago”, “Apache” y “Arpón”, que desempeñaron sus funciones sin mayores percances, con excepción de los eventos en los que algunos soldados confundieron a sus compañeros con los enemigos.
21. En la madrugada del 14 de agosto se iniciaron fuertes combates con las guerrillas. El comandante Morales, de la compañía “Arpón”, fue herido en el brazo y tuvo que ser evacuado en un helicóptero, razón por la que la compañía “Apache” tomó la delantera y las demás sirvieron de retaguardia. El enfrentamiento se prolongó por seis horas, durante las cuales las tropas fueron seriamente diezmadas y, al notar la evidente superioridad numérica de la guerrilla, se replegaron por los márgenes del río y, en algunos casos, tuvieron que abandonar a los compañeros heridos y el material de guerra. Se solicitó apoyo aéreo pero este no se concretó por fallas en las comunicaciones y, sobre todo, debido a la espesura de la vegetación. Finalmente, un helicóptero bombardeó el sector norte para romper el cerco impuesto por la guerrilla, y de esta forma se logró la salida de algunos uniformados a través del río Antadía. Los uniformados fueron perseguidos por los subversivos durante varias horas, lo que causó que se dispersaran, y en esas condiciones llegaron a la brigada después de las nueve de la mañana del 15 de agosto.
22. Ahora bien, a lo largo del debate contencioso se ha alegado que el Ejército Nacional incurrió en una falla en la medida en que dispuso un personal de 192 hombres para entrar en combate armado con un grupo de aproximadamente 800 guerrilleros, sin tomar en consideración que la superioridad numérica redundaría en una clara ventaja para el enemigo. No obstante, la Sala comprueba que el primer objetivo de la operación “Furia” era la de registrar el área para, precisamente, conocer el número de subversivos en la zona y en esa medida proceder al ataque, y que en el desarrollo de ese objetivo el ejército fue emboscado y atacado por un número de guerrilleros bastante superior al que inicialmente se había previsto, por lo que se vio obligado a replegar sus tropas, si bien dichos soldados, según los testimonios recogidos y los informes levantados por la entidad, resistieron reciamente la arremetida de los subversivos.
23. En tales condiciones, afirmar que el ejército debió conocer, antes de ejecutar la operación, el número de guerrilleros al que se enfrentaba, resulta desproporcionado, si se tiene en cuenta que la primera etapa de la misma —registro y control del área— estaba prevista para hacer dicho reconocimiento. Sostener, además, que la experiencia de la toma de Pavarandó debió advertir a la entidad sobre la cantidad de subversivos con presencia en la zona, no resulta acertado, pues estos bien habrían podido replegarse —como se indicaba en los informes de inteligencia— o bien podrían haber permanecido en el lugar, como en efecto sucedió.
24. Con el fin de determinar si la actuación del Estado constituye una falla del servicio, se debe analizar si la prestación del mismo por parte de sus agentes alcanzó el “nivel medio” que se esperaba de la entidad según su función, las circunstancias particulares del caso y los recursos de que disponía. Al respecto esta Subsección ha precisado:
Ahora, la obligación de seguridad que corresponda prestar al Estado en un evento determinado, conforme a la jurisprudencia que la Sala ha desarrollado desde vieja data, debe determinarse en consideración a su capacidad real de prestar ese servicio, atendidas las circunstancias concretas, bajo el criterio de que “nadie está obligado a lo imposible” (...). Con el fin de precisar aún más el concepto, la Sala, en providencia dictada antes de la expedición de la actual Constitución, señaló que el cumplimiento de las obligaciones del Estado debía examinarse a la luz del nivel medio que se espera del servicio, según su misión, las circunstancias y los recursos de que disponía, de tal manera que se presentaría la falla cuando el servicio se prestaba por debajo de ese nivel medio(8).
25. En este caso, no existen elementos de juicio para concluir que la institución incurrió en un error de diagnóstico o una falla en el proceso de planeación de la operación, pues lo que los demandantes consideran que debió haber sido el “nivel medio” de la actuación de la entidad, esto es, el conocimiento exacto del número de hombres al que se enfrentaba la tropa y la disposición de un personal proporcional a dicha amenaza, no podría alcanzarse sin un registro previo del área de operaciones, tal y como se dispuso en la orden de la operación “Furia”.
26. En cuanto al desarrollo y la ejecución de la operación, la Sala no encuentra acreditado que los inconvenientes en la comunicación entre los comandantes, la ausencia de un bombardeo previo y el supuesto desconocimiento del área por parte del personal, constituyan fallas en el servicio, como alega la parte actora. Si bien en el informe general de la operación militar el comandante de la brigada XVII del ejército reconoce algunas de estas situaciones como “aspectos negativos” que influyeron sobre el resultado de la misma, de este reconocimiento no se desprende per se una conducta irregular de la institución militar que comprometa su responsabilidad administrativa, máxime cuando también se destacan los “aspectos positivos” de la actuación del personal como la orientación de la tropa, la capacidad de combate y la disposición de suficientes armas para contrarrestar el ataque, y se resaltan las ventajas militares con que contaba la guerrilla, esto es, un número elevado de hombres armados, un conocimiento preciso de la zona, potestad de mando y control sobre los subversivos y capacidad de recibir y seguir consignas, además de reagruparse rápidamente.
27. En síntesis, es claro que el Ejército Nacional sufrió una derrota en el desarrollo de la operación “Furia”, dado que un considerable número de militares perdieron la vida y otros resultaron heridos o secuestrados. Sin embargo, este resultado no es posible atribuirlo a una supuesta falla en el proceso de planeación o ejecución de la operación, sino a la clara ventaja militar que ostentaban los insurgentes con respecto a la fuerza pública, representada en un mayor número de hombres armados y en un mejor conocimiento del terreno en que se produjo el combate. Estas ventajas, como se indicó antes, resultaban difícilmente predecibles en un momento previo a la operación, pues el primer propósito de la misma era, precisamente, determinar el número, la capacidad y la ubicación del enemigo, de manera que se conociera su posición estratégica.
28. Con respecto al soldado Gregorio Vertel Lozano, cabe aclarar que si bien se sabe que este era miembro del batallón de contraguerrilla 35 “Coronel Díaz López” de la brigada XVII, comandado por el mayor Roberto Ramírez Villamizar, se ignoran por completo las circunstancias en las que este soldado perdió la vida, pues en ningún medio de prueba de los antes referidos se registra este hecho particular.
29. En esa medida, el desconocimiento de las circunstancias en las cuales se produjo el deceso del soldado Gregorio Enrique Vertel Lozano impide adelantar algún juicio de responsabilidad en contra del Ejército Nacional, pues no existen elementos para establecer si el daño en su contra es el resultado de una falla del servicio imputable a la entidad o si sobrevino porque se lo sometió a una situación comparativamente más peligrosa que la del resto de sus compañeros. Por eso, se presume que este lamentable hecho se produjo por la concreción de un riesgo al que el soldado estaba expuesto por razón de sus funciones, en vista de que se vinculó voluntariamente al ejército y, al proceder de tal forma, asumió los riesgos inherentes a la prestación del servicio.
30. Con fundamento en lo ya expuesto, se concluye que no existen razones que justifiquen imputar responsabilidad al Estado por la muerte del soldado voluntario Gregorio Enrique Vertel Lozano. Por las razones anotadas, se confirmará la sentencia apelada.
31. No hay lugar a la imposición de costas, dado que no se evidencia en el caso concreto una actuación temeraria de ninguna de las partes, condición exigida por el artículo 55 de la Ley 446 de 1998 para que se proceda de esta forma.
1. CONFIRMAR la sentencia de fecha 19 de julio de 2004, proferida por el Tribunal Administrativo del Chocó, mediante la cual se denegaron las pretensiones de la demanda.
1 La pretensión mayor, correspondiente al lucro cesante, fue estimada en $ 185.556.895 a favor de todos los demandantes (fl. 2, cdno. 1). Dividida esta suma entre cada uno de ellos, se obtiene una cifra de $ 26.508.127, que supera la cuantía necesaria para que un proceso iniciado en 2000 fuera de doble instancia ($ 26.390.000), de acuerdo con el numeral 10 del artículo 2º del Decreto 597 de 1988, que modificó el artículo 132 del Código Contencioso Administrativo.
2 No obstante, de acuerdo con la denuncia presentada el 22 de septiembre de 1998 por el comandante de la brigada 17 (fls. 23-29, cdno. 1), el resultado del combate fue de 29 heridos, 21 desaparecidos y 37 muertos.
3 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencias del 7 de abril de 2011, exp. 20.333, y de 28 de julio de 2011, exp. 19.866, ambas con ponencia de Danilo Rojas Betancourth.
4 El artículo 216 de la Constitución Política establece que “[t]odos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional y las instituciones públicas”. En similar sentido, el artículo 3º de la Ley 48 de 1993 dispone que “[t]odos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan, para defender la independencia nacional y las instituciones públicas, con las prerrogativas y las exenciones que establece la presente ley”.
5 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencias de 20 de febrero de 1997, exp. 11.756, C.P. Jesús María Carrillo; 3 de mayo de 2007, exp. 16.200, C.P. Ramiro Saavedra Becerra; 26 de mayo de 2010, exp. 19.000, C.P. Ruth Stella Correa; 9 de junio de 2010, exp. 16.258, C.P. (E) Gladys Agudelo Ordóñez, entre otras.
6 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencias de 4 de octubre de 1997, exp. 11.187, C.P. Daniel Suárez Hernández; 3 de mayo de 2001, exp. 12.338, C.P. Alier Eduardo Hernández; 26 de mayo de 2010, exp. 19.000, C.P. Ruth Stella Correa; entre otras.
7 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 19 de abril de 2012, exp. 21.515, C.P. Hernán Andrade Rincón.
8 Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 6 de marzo de 2008, exp. 14443, C.P. Ruth Stella Correa Palacio.

References: artículo 86
 Resolución 
 resolución 
 artículo 185
 artículo 267
 artículo 217
 artículo 90
 artículo 55
 artículo 2
 artículo 132
 artículo 216
 artículo 3