CELEX: 62006CJ0487
Language: es
Date: 2008-12-22
Title: Sentencia del Tribunal de Justicia (Sala Tercera) de 22 de diciembre de 2008.#British Aggregates Association contra Comisión de las Comunidades Europeas y Reino Unido.#Recurso de casación - Ayuda de Estado - Impuesto medioambiental sobre los áridos en el Reino Unido.#Asunto C-487/06 P.

Asunto C‑487/06 P
      British Aggregates Association
      contra
      Comisión de las Comunidades Europeas 
      «Recurso de casación — Ayuda de Estado — Impuesto medioambiental sobre los áridos en el Reino Unido»
      Sumario de la sentencia
      1.        Recurso de anulación — Personas físicas o jurídicas — Actos que les afectan directa e individualmente
      (Arts. 88 CE, aps. 2 y 3, y 230 CE, párr. 4)
      2.        Recurso de anulación — Personas físicas o jurídicas — Actos que les afectan directa e individualmente
      (Arts. 88 CE y 230 CE, párr. 4)
      3.        Ayudas otorgadas por los Estados — Concepto — Carácter selectivo de la medida — Impuesto ecológico que grava la comercialización
            de áridos
      (Art. 87 CE, ap. 1)
      4.        Ayudas otorgadas por los Estados — Concepto — Carácter jurídico — Interpretación partiendo de elementos objetivos — Control
            jurisdiccional
      (Art. 87 CE, ap. 1)
      5.        Recurso de casación — Motivos — Mera repetición de los motivos y alegaciones formulados ante el Tribunal de Primera Instancia
            — Inadmisibilidad — Impugnación de la interpretación o de la aplicación del Derecho comunitario efectuada por el Tribunal
            de Primera Instancia — Admisibilidad 
      [Art. 225 CE; Estatuto del Tribunal de Justicia, art. 58, párr. 1; Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Justicia, art. 112,
            ap. 1, letra c)]
      6.        Recurso de anulación — Competencia del juez comunitario — Interpretación de la motivación de un acto administrativo — Límites
      (Arts. 230 CE y 231 CE)
      1.        En el procedimiento de control de las ayudas de Estado previsto en el artículo 88 CE debe distinguirse, por una parte, la
         fase previa de examen de las ayudas, establecida en el apartado 3 de dicho artículo, que sólo tiene por objeto permitir a
         la Comisión formarse una primera opinión sobre la compatibilidad parcial o total de la ayuda controvertida y, por otra, la
         fase de examen prevista en el apartado 2 de ese mismo artículo. El Tratado CE tan sólo prevé la obligación de la Comisión
         de emplazar a los interesados para que presenten sus observaciones en el marco de esta última, cuya finalidad es permitir
         a la Comisión obtener una información completa sobre el conjunto de datos del asunto.
      
      Cuando, sin iniciar el procedimiento de investigación formal previsto en el artículo 88 CE, apartado 2, la Comisión declara,
         mediante una decisión adoptada sobre la base del apartado 3 del mismo artículo, que una ayuda es compatible con el mercado
         común, los beneficiarios de esas garantías de procedimiento únicamente pueden obtener su respeto si tienen la posibilidad
         de impugnar dicha decisión ante el juez comunitario. Por estas razones, dicho órgano jurisdiccional admitirá un recurso que
         solicite la anulación de tal decisión, interpuesto por un interesado en el sentido del artículo 88 CE, apartado 2, cuando
         el autor del recurso, mediante su interposición, pretenda que se salvaguarden los derechos de procedimiento que le confiere
         esta disposición. Pues bien, los interesados en el sentido del artículo 88 CE, apartado 2, que pueden así, con arreglo al
         artículo 230 CE, párrafo cuarto, interponer recurso de anulación son las personas, empresas o asociaciones que puedan verse
         afectadas en sus intereses por la concesión de una ayuda, es decir, en particular, las empresas competidoras de los beneficiarios
         de dicha ayuda y las organizaciones profesionales.
      
      En cambio, si el demandante cuestiona el fundamento de la decisión de apreciación de la ayuda en sí misma, el mero hecho de
         que pueda ser considerado interesado en el sentido del artículo 88 CE, apartado 2, no basta para reconocer la admisibilidad
         del recurso. En tal caso, debe demostrar cualquiera que sea la naturaleza, individual o general de la medida de ayuda, que
         goza de una situación particular, a saber que se ve afectado individualmente si la decisión le atañe en razón de determinadas
         cualidades que le son propias o de una situación de hecho que lo caracteriza frente a cualquier otra persona y, por ello,
         lo individualiza de manera análoga a la del destinatario de tal decisión. Ello sucedería, en especial, en el supuesto de que
         la posición del demandante en el mercado se viese afectada sustancialmente por la ayuda objeto de la decisión controvertida.
         El hecho de que un acto tenga carácter general en la medida en que se aplica a la generalidad de los operadores económicos
         interesados, no excluye que pueda afectar individualmente a algunos de ellos.
      
      Procede admitir el recurso interpuesto por una asociación de empresas que actúa en lugar y sustitución de uno o varios de
         sus miembros que por sí mismos podrían haber interpuesto un recurso admisible, cuestionando la procedencia de una decisión
         de la Comisión de no formular objeciones al término del procedimiento de examen previo de una medida estatal, cuando dicha
         medida podía afectar sustancialmente la situación de al menos uno de sus miembros en el mercado.
      
      (véanse los apartados 26 a 30, 32, 33, 35, 39 y 55)
      2.        La mera circunstancia de que una decisión de la Comisión declarando una ayuda compatible con el mercado común pueda influir
         en las relaciones de competencia existentes en el mercado de que se trate y que una empresa se encuentre en una relación de
         competencia con el beneficiario de ese acto no basta en modo alguno para poder considerar que dicho acto afecta individualmente
         a esa empresa. Por consiguiente, ninguna empresa puede limitarse a invocar su condición de competidora de la empresa beneficiaria,
         sino que además debe demostrar que se encuentra en una situación de hecho que la individualiza de manera análoga a la del
         destinatario.
      
      A este respecto, la concesión de una ayuda puede afectar a la situación de un operador frente a sus competidores, especialmente
         dando lugar a un lucro cesante o a una evolución menos favorable que la que habría tenido lugar de no haberse concedido tal
         ayuda. Asimismo, la intensidad de tal afectación puede variar en función de un gran número de factores como, en particular,
         la estructura del mercado de referencia o la naturaleza de la ayuda en cuestión. Por lo tanto, la prueba de que la posición
         de un competidor en el mercado ha sido sustancialmente afectada no puede limitarse a la existencia de determinados elementos
         que indiquen un empeoramiento de sus resultados comerciales o financieros.
      
      (véanse los apartados 47, 48 y 53)
      3.        Para apreciar la selectividad de una medida estatal es necesario examinar si, en el marco de un régimen jurídico concreto,
         dicha medida puede favorecer a determinadas empresas en comparación con otras que se encuentren en una situación fáctica y
         jurídica comparable. No obstante, el concepto de ayuda de Estado no se refiere a las medidas que establecen una diferenciación
         entre empresas en materia de cargas cuando esta diferenciación resulta de la naturaleza o de la estructura del sistema de
         las cargas en cuestión. Por otra parte, la finalidad perseguida por las intervenciones estatales no basta para que, en principio,
         eviten la calificación de «ayudas» en el sentido del artículo 87 CE. En efecto, el artículo 87 CE, apartado 1, no distingue
         según las causas o los objetivos de las intervenciones estatales, sino que los define en función de sus efectos.
      
      Por consiguiente, el Tribunal de Primera Instancia infringe esta disposición al declarar que, en la ponderación de los diversos
         intereses contrapuestos, los Estados miembros pueden definir sus prioridades en materia de protección del medio ambiente y
         determinar, en consecuencia, los bienes o servicios que deciden someter a un impuesto ecológico, por lo que la circunstancia
         de que semejante impuesto no sea aplicable a todas las actividades similares que tengan un impacto comparable sobre el medio
         ambiente, no permite considerar que las actividades similares, no sujetas a ese impuesto ecológico, gozan de una ventaja selectiva.
         Un planteamiento de este tipo, basado únicamente en la consideración del objetivo medioambiental perseguido, excluye, a priori, la posibilidad de calificar de ventaja selectiva la no sujeción de operadores que se encuentran en situaciones comparables
         con respecto al objetivo perseguido, y ello independientemente de los efectos de la medida fiscal de que se trata.
      
      A pesar de que la protección del medio ambiente constituye uno de los objetivos esenciales de la Comunidad, la necesidad de
         tener en cuenta las exigencias relativas a la citada protección no justifica la exclusión de medidas selectivas, aunque sean
         específicas, como los impuestos ecológicos, del ámbito de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1, pudiendo, en todo caso,
         tener en cuenta eficazmente los objetivos medioambientales al apreciar la compatibilidad de la medida de ayuda con el mercado
         común, de conformidad con el artículo 87 CE, apartado 3.
      
      (véanse los apartados 82 a 87, 91 y 92)
      4.        El concepto de ayuda de Estado, tal como se define en el Tratado, tiene carácter jurídico y debe interpretarse sobre la base
         de elementos objetivos. Por este motivo, en principio y teniendo en cuenta tanto los elementos concretos del litigio que se
         presentan ante él como el carácter técnico o complejo de las apreciaciones realizadas por la Comisión, el juez comunitario
         debe realizar un control íntegro en lo que atañe a la cuestión de si una medida está comprendida en el ámbito de aplicación
         del artículo 87 CE, apartado 1. En efecto, nada justifica que, al adoptar una decisión en virtud del artículo 88 CE, apartado
         3, la Comisión ostente una «amplia facultad de apreciación» con respecto a la calificación de una medida como «ayuda de Estado»,
         a efectos del artículo 87 CE, apartado 1, que implique que, el control judicial de las apreciaciones de la Comisión no sea
         exhaustivo. Ello es cierto, máxime cuando la Comisión no puede llegar a la convicción, tras un primer examen en el procedimiento
         previsto en el artículo 88 CE, apartado 3, de que la medida estatal de que se trate no constituye una ayuda, en el sentido
         del artículo 87 CE, apartado 1, o que, en el caso de que se la califique de ayuda, es compatible con el Tratado, o cuando
         dicho procedimiento no le haya permitido superar todas las dificultades inherentes a la apreciación de la compatibilidad de
         la medida considerada, dicha institución está obligada a iniciar el procedimiento previsto en el artículo 88 CE, apartado
         2, «sin ostentar a este respecto ningún margen de apreciación». Por añadidura, si bien es cierto que el control judicial es
         limitado en lo tocante a si una medida está comprendida en el ámbito de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1, cuando
         las apreciaciones realizadas por la Comisión tienen carácter técnico o complejo. Es necesario que el Tribunal de Primera Instancia
         señale esto último en el caso de autos.
      
      (véanse los apartados 111 a 114, 185 y 186)
      5.        No cumple los requisitos de motivación establecidos en los artículos 225 CE, 58, párrafo primero, del Estatuto del Tribunal
         de Justicia y 112, apartado 1, letra c), de su Reglamento de Procedimiento un recurso de casación que se limite a repetir
         o a reproducir literalmente los motivos invocados y las alegaciones formuladas ante el Tribunal de Primera Instancia, incluidos
         los basados en hechos expresamente desestimados por dicho órgano jurisdiccional. En efecto, tal recurso de casación es, en
         realidad, una demanda destinada a obtener simplemente el nuevo examen de la presentada ante el Tribunal de Primera Instancia,
         lo cual excede de la competencia del Tribunal de Justicia.
      
      No obstante, en la medida en que el recurrente impugne la interpretación o la aplicación del Derecho comunitario efectuada
         por el Tribunal de Primera Instancia, las cuestiones de Derecho examinadas en primera instancia pueden volver a discutirse
         en el marco de un recurso de casación. En efecto, si un recurrente no pudiera basar su recurso de casación en motivos invocados
         y alegaciones ya formuladas ante el Tribunal de Primera Instancia, se privaría al recurso de casación de una parte de su sentido.
      
      (véanse los apartados 122 y 123)
      6.        En el marco del control de la legalidad a que se refiere el artículo 230 CE, el Tribunal de Justicia y el Tribunal de Primera
         Instancia son competentes para pronunciarse sobre los recursos por incompetencia, vicios sustanciales de forma, violación
         del Tratado o de cualquier norma jurídica relativa a su aplicación o desviación de poder. El artículo 231 CE establece que,
         si el recurso fuere fundado, el acto impugnado será declarado nulo y sin valor ni efecto alguno. Por consiguiente, en ningún
         caso puede el Tribunal de Justicia o el Tribunal de Primera Instancia sustituir la motivación del autor del acto impugnado
         por la suya propia.
      
      Aunque en un recurso de anulación el Tribunal de Primera Instancia puede verse en la necesidad de interpretar la motivación
         de un acto impugnado de manera diferente a la de su autor, o incluso, en determinadas circunstancias, de tener que rechazar
         la motivación formal en que se basó éste, no puede hacerlo cuando ningún elemento material así lo justifique.
      
      Por consiguiente, el Tribunal de Primera Instancia comete un error de interpretación al sustituir la interpretación que se
         deriva directamente de la Decisión controvertida por la suya propia, aunque ningún elemento material lo justifique.
      
      (véanse los apartados 141, 142 y 144)
SENTENCIA DEL TRIBUNAL DE JUSTICIA (Sala Tercera)
      de 22 de diciembre de 2008 (*)
      
      «Recurso de casación – Ayuda de Estado – Impuesto medioambiental sobre los áridos en el Reino Unido»
      En el asunto C‑487/06 P,
      que tiene por objeto un recurso de casación interpuesto, con arreglo al artículo 56 del Estatuto del Tribunal de Justicia,
         el 27 de noviembre de 2006,
      
      British Aggregates Association, representada por el Sr. C. Pouncey, Solicitor, asistido por el Sr. L. Van den Hende, advocaat,
      
      parte recurrente,
      y en el que las otras partes en el procedimiento son:
      Comisión de las Comunidades Europeas, representada por los Sres. J. Flett, B. Martenczuk y T. Scharf, en calidad de agentes, que designa domicilio en Luxemburgo,
         
      
      parte demandada en primera instancia,
      Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, representado por las Sras. T. Harris y M. Hall y el Sr. G. Facenna, en calidad de agentes,
      
      parte coadyuvante en primera instancia,
      EL TRIBUNAL DE JUSTICIA (Sala Tercera),
      integrado por el Sr. A. Rosas, Presidente de Sala, y los Sres. A. Ó Caoimh, J.N. Cunha Rodrigues (Ponente), U. Lõhmus y A.
         Arabadjiev, Jueces;
      
      Abogado General: Sr. P. Mengozzi;
      Secretario: Sr. R. Grass;
      oídas las conclusiones del Abogado General, presentadas en audiencia pública el 17 de julio de 2008;
      dicta la siguiente
      Sentencia
      1        Mediante su recurso de casación, British Aggregates Association (en lo sucesivo, «BAA» o «recurrente») solicita la anulación
         de la sentencia del Tribunal de Primera Instancia de las Comunidades Europeas de 13 de septiembre de 2006, British Aggregates/Comisión
         (T‑210/02, Rec. p. II‑2789; en lo sucesivo, «sentencia recurrida»), mediante la que se desestimó su recurso que tenía por
         objeto la anulación parcial de la Decisión C(2002) 1478 final de la Comisión, de 24 de abril de 2002, relativa al expediente
         de ayuda de Estado N 863/01 – Reino Unido/Impuesto sobre los áridos (en lo sucesivo, «Decisión controvertida»).
      
       Antecedentes del litigio
      2        Los hechos que originaron el litigio se exponen en los siguientes términos en los apartados 1 a 25 de la sentencia recurrida:
      
      «1      British Aggregates Association es una asociación que agrupa algunas pequeñas empresas independientes que explotan canteras
         en el Reino Unido. Cuenta con 55 miembros que explotan más de 100 canteras.
      
      2      Los áridos son materiales granulosos, químicamente inertes, utilizados en el sector de la construcción y de las obras públicas.
         Pueden utilizarse sin alterar, como relleno o balasto, o mezclados con aglutinantes como el cemento (lo que permite obtener
         hormigón) o el asfalto. Algunos materiales naturalmente granulosos como la arena y la grava pueden obtenerse mediante cribado.
         Otros materiales, como la roca dura, deben ser triturados antes del cribado. Los áridos empleados para diferentes usos deben
         responder a las especificaciones correspondientes, y las propiedades físicas del material de origen determinan si es apropiado
         para el uso previsto. Así, las especificaciones en materia de relleno son menos estrictas que las relativas a las subcapas
         del firme que, a su vez, lo son menos que las correspondientes a las superficies de uso intensivo, como las capas de rodadura
         asfáltica de los firmes o los balastos de vías férreas. Puede utilizarse una mayor variedad de materiales como áridos para
         los usos en relación con los que existan menos restricciones, mientras que los materiales que responden a las restricciones
         más elevadas son menos numerosos.
      
      Finance Act 2001
      3      Los artículos 16 a 49 de la segunda parte de la Finance Act 2001 (Ley de presupuestos para el año 2001; en lo sucesivo, “Ley”)
         y sus anexos 4 a 10 crearon el Aggregates Levy (impuesto sobre los áridos; en lo sucesivo, “AGL” o “impuesto”) en el Reino
         Unido.
      
      4      Con arreglo al reglamento que desarrolla la Ley, las disposiciones que establecen el AGL entraron en vigor el 1 de abril de 2002.
      5      La Ley fue modificada por los artículos 129 a 133 y el anexo 38 de la Finance Act 2002 (Ley de presupuestos para el año 2002).
         Las disposiciones modificadas de este modo estableces exenciones en favor de los residuos (spoils) que resultan de la extracción
         de algunos minerales, en particular, la pizarra, el esquisto, la arcilla plástica y el caolín. Por otra parte, introducen
         un período transitorio para la implantación del impuesto en Irlanda del Norte.
      
      6      El AGL se aplica a razón de 1,60 libras esterlinas (GBP) por tonelada de áridos que son objeto de explotación comercial (artículo
         16, apartado 4, de la Ley).
      
      7      El artículo 16, apartado 2, de la Ley, en su versión modificada, dispone que deberá abonarse el AGL desde que una cantidad
         de áridos gravada sea objeto de explotación comercial en el Reino Unido, a partir de la fecha de entrada en vigor de la Ley.
         Por lo tanto, afecta tanto a los áridos importados como a los extraídos en el Reino Unido.
      
      8      El artículo 13, apartado 2, letra a), del reglamento de ejecución permite al empresario disfrutar de una desgravación fiscal
         cuando los áridos sujetos al impuesto sean exportados o transportados fuera del Reino Unido sin recibir ningún otro tratamiento.
      
      9      El artículo 17, apartado 1, de la Ley, en su versión modificada, dispone:
      “En la presente parte, se entenderá por ‘áridos’ (sin perjuicio del artículo 18 anterior) la roca, la grava o la arena, así
         como todos los materiales que se encuentren provisionalmente incorporados a los ya mencionados o que se hayan mezclado con
         éstos de modo natural.”
      
      10      El artículo 17, apartado 2, de la Ley, establece que ningún árido podrá ser objeto de gravamen en cuatro supuestos: si se
         halla expresamente exento; si se ha utilizado anteriormente para fines relacionados con la construcción; si ya ha estado sujeto
         a un impuesto sobre los áridos o si, en la fecha de entrada en vigor de la Ley, no se encuentra en su lugar de origen.
      
      11      El artículo 17, apartados 3 y 4, de la Ley, en su versión modificada, establece algunos casos de exención del impuesto.
      12      Por otra parte, el artículo 18, apartados 1, 2 y 3, de la Ley, en su versión modificada, señala los procedimientos exentos
         del impuesto y los materiales a los que afecta tal exención.
      
      Procedimiento administrativo y judicial ante el juez nacional
      13      Mediante escrito de 24 de septiembre de 2001, la Comisión recibió una [primera] denuncia [...] presentada por dos empresas
         que no tienen vínculo alguno con la demandante, y que pidieron que no se revelara su identidad al Estado miembro interesado,
         de conformidad con el artículo 6, apartado 2, del Reglamento (CE) nº 659/1999 del Consejo, de 22 de marzo de 1999, por el
         que se establecen disposiciones de aplicación del artículo [88] del Tratado CE (DO L 83, p. 1). Las denunciantes consideraban
         esencialmente que constituían ayudas de Estado la exclusión de determinados materiales del ámbito de aplicación del AGL, la
         exención de las exportaciones y las exenciones relativas a Irlanda del Norte.
      
      14      Mediante escrito de 20 de diciembre de 2001, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte notificó a la Comisión el
         régimen de ayudas de Estado titulado “Introducción por etapas del impuesto sobre los áridos en Irlanda del Norte”.
      
      15      Mediante escrito de 6 de febrero de 2002, la Comisión comunicó a dicho Estado miembro una síntesis de la primera denuncia
         y le instó a que, por una parte, presentara sus observaciones sobre esta denuncia y, por otra, aportara información complementaria
         sobre el AGL, lo cual hizo mediante escrito de 19 de febrero de 2002.
      
      16      El 11 de febrero de 2002, la demandante interpuso un recurso contra el AGL ante la High Court of Justice [...]. Alegó, en
         particular, infracción de las normas comunitarias en materia de ayudas de Estado. Mediante sentencia de 19 de abril de 2002,
         la High Court of Justice desestimó el recurso, aunque autorizó a la demandante a interponer recurso de apelación ante la Court
         of Appeal [...]. Interpuesto efectivamente el recurso por [BAA], la Court of Appeal acordó suspender el procedimiento, habida
         cuenta de la interposición del presente recurso ante el Tribunal de Primera Instancia.
      
      17      Mientras tanto, mediante escrito de 15 de abril de 2002, la demandante presentó ante la Comisión una denuncia contra el AGL
         [...]. Alegaba, en síntesis, que la exclusión de determinados materiales del ámbito de aplicación del AGL, así como la exención
         de las exportaciones constituían ayudas de Estado. En cuanto a las exenciones relativas a Irlanda del Norte, notificadas por
         las autoridades del Reino Unido, alegaba que eran incompatibles con el mercado común.
      
      Decisión [controvertida]
      18      El 24 de abril de 2002 la Comisión adoptó la decisión [controvertida, cuyo objetivo consistía en] no plantear objeciones contra
         el AGL [...].
      
      19      El 2 de mayo de 2002, las autoridades del Reino Unido dieron traslado de la decisión [controvertida] a la demandante. La Comisión
         le notificó formalmente la decisión mediante escrito de 27 de junio de 2002.
      
      20      En su Decisión (considerando 43), la Comisión estima que el impuesto no contiene ningún elemento de ayuda de Estado en el
         sentido del artículo 87 CE, apartado 1, en la medida en que su ámbito de aplicación se justifica por la lógica y la naturaleza
         del régimen fiscal. Por otra parte, consideró que la exención concedida a Irlanda del Norte, que fue notificada a la Comisión,
         es compatible con el mercado común.
      
      21      Refiriéndose al ámbito de aplicación del AGL, la Comisión señala, esencialmente, que este impuesto se percibirá sobre los
         áridos vírgenes, “definidos como áridos producidos con depósitos naturales de minerales que son objeto de una primera extracción”
         y formados “por fragmentos de roca, arena y grava, que pueden utilizarse en bruto o tras un tratamiento mecánico, como la
         trituración, el lavado y el calibrado” (considerandos 8 y 9). En cuanto a los materiales excluidos y a los objetivos perseguidos,
         indica en los considerandos 11 a 13 de la Decisión [controvertida]:
      
      “El AGL no gravará los materiales que sean subproductos o residuos de otros procesos. Según las autoridades británicas, figuran
         entre dichos materiales los residuos de esquisto y de caolín, la roca estéril, las cenizas, el cagafierro producido en los
         altos hornos, los residuos de vidrio y de caucho. Tampoco gravará los áridos reciclados, categoría en la que se integran la
         roca, la arena y la grava que han sido objeto de, al menos, una primera utilización (generalmente en el sector de la construcción
         y de las obras públicas).
      
      Según las autoridades británicas, el objetivo de la exclusión de tales materiales del ámbito de aplicación del AGL es incentivar
         su empleo como materiales de construcción y reducir la extracción excesiva de áridos vírgenes, estimulando así la gestión
         racional de los recursos.
      
      Las previsiones iniciales de las autoridades británicas dan por supuesto que el AGL permitirá reducir el volumen de la demanda
         de áridos vírgenes en una media de 20 millones de toneladas al año, lo que situará la demanda en el Reino Unido en alrededor
         de 230 a 250 millones de toneladas”.
      
      22      En lo que atañe a la apreciación relativa al ámbito de aplicación del AGL, la Decisión [controvertida] enuncia en los considerandos
         29 y 31:
      
      “La Comisión señala que el AGL sólo gravará la explotación comercial de roca, arena y grava utilizadas como áridos. No gravará
         estos materiales si se utilizan con otros fines. El AGL sólo se percibirá sobre los áridos vírgenes. No se percibirá sobre
         los áridos extraídos como subproductos o residuos de otros procesos (áridos secundarios) ni sobre los áridos reciclados. En
         consecuencia, la Comisión considera que el AGL sólo afecta a determinados sectores de actividad y a determinadas empresas.
         Por lo tanto, observa que debe apreciarse si el ámbito de apreciación del AGL se justifica por la lógica y el sistema del
         régimen fiscal.
      
      [...] En ejercicio de su libertad para determinar su régimen fiscal nacional, el Reino Unido concibió el AGL de forma que
         la utilización de los áridos reciclados o de otros productos de sustitución alcanzara cotas máximas en relación con los áridos
         vírgenes y que se promoviera una utilización racional de los áridos vírgenes, recurso natural agotable. Los atentados contra
         el medio ambiente que representa la extracción de áridos, que el Reino Unido pretende limitar [por medio] del AGL, comprenden
         los ruidos, el polvo, los perjuicios a la biodiversidad y el deterioro visual.”
      
      23      De ello deduce la Comisión, en el considerando 32, que “el AGL es un impuesto especial, cuyo ámbito de aplicación es muy limitado,
         definido por el Estado miembro en función de las características propias del sector de actividad afectado” y que “la estructura
         y el alcance del impuesto reflejan la clara diferenciación entre la extracción de áridos vírgenes, que entraña consecuencias
         no deseadas para el medio ambiente, y la producción de áridos secundarios o reciclados, que representa una contribución importante
         al tratamiento de la roca, la grava y la arena resultante de excavaciones, de otras obras o de tratamientos efectuados legalmente
         con fines diversos”.
      
      24      En relación con la exención de los áridos exportados sin haber sufrido ninguna transformación en el territorio del Reino Unido,
         la Decisión [controvertida] enuncia en el considerando 33:
      
      “[...] tal solución se justifica por el hecho de que los áridos pueden estar exentos en el Reino Unido si se utilizan en procesos
         de fabricación exentos (por ejemplo, la fabricación de vidrio, plásticos, papel, fertilizantes y pesticidas). Habida cuenta
         de que las autoridades británicas no pueden ejercer ningún control sobre el uso de los áridos fuera de su territorio, se impone
         la exención de las exportaciones por la seguridad jurídica de los exportadores de áridos y para evitar un trato poco equitativo
         de las exportaciones de áridos que podrían, en otro caso, beneficiarse de una exención en el interior del Reino Unido.”
      
      25      La Comisión concluye en el considerando 34 que:
      “Se halla en la naturaleza y el sistema general de tal gravamen que no sea aplicable a los áridos secundarios, ni a los áridos
         reciclados. La imposición de tal gravamen sobre la extracción de áridos vírgenes contribuirá a disminuir la extracción de
         áridos primarios, el uso de recursos agotables y las consecuencias perjudiciales para el medio ambiente. Por lo tanto, la
         Comisión considera que las ventajas que pueden derivar para algunas empresas de la definición del ámbito de aplicación del
         AGL están justificadas por la naturaleza y el sistema general del régimen fiscal.”»
      
       Recurso ante el Tribunal de Primera Instancia y sentencia recurrida
      3        Mediante demanda presentada en la Secretaría del Tribunal de Primera Instancia el 12 de julio de 2002, BAA interpuso un recurso
         de anulación parcial de la Decisión controvertida.
      
      4        Mediante auto de 28 de noviembre de 2002, se admitió la intervención del Reino Unido en apoyo de las pretensiones de la Comisión.
      
      5        En apoyo de su recurso, la recurrente alegaba, en primer lugar, infracción del artículo 87 CE, apartado 1, en segundo lugar,
         falta de motivación, en tercer lugar, incumplimiento por la Comisión de su obligación de iniciar el procedimiento de investigación
         formal y, en cuarto lugar, incumplimiento por dicha institución de sus obligaciones con ocasión del examen previo.
      
      6        Sin proponer una excepción de inadmisibilidad formal, la Comisión excepcionó la inadmisibilidad del recurso, sosteniendo que
         la Decisión controvertida no afectaba «individualmente» a la recurrente, en el sentido del artículo 230 CE, párrafo cuarto.
      
      7        Mediante la sentencia recurrida, por los motivos que figuran en los apartados 45 a 68 de esta sentencia, el Tribunal de Primera
         Instancia declaró la admisibilidad del recurso. Por otra parte, desestimó los motivos primero y segundo, examinados conjuntamente,
         así como los motivos tercero y cuarto por las razones señaladas en los apartados 104 a 156, 163 a 173 y 177 a 180 de la sentencia
         recurrida, respectivamente. Por lo tanto, el Tribunal de Primera Instancia desestimó el recurso en su integridad.
      
       Pretensiones de las partes en el recurso de casación
      8        BAA solicita al Tribunal de Justicia que:
      
      –      Desestime la adhesión a la casación.
      –      Anule la sentencia recurrida.
      –      Anule la Decisión controvertida, salvo en lo que a la exención de Irlanda del Norte se refiere.
      –      Condene a la Comisión y a la parte coadyuvante al pago de las costas de ambas instancias.
      9        La Comisión solicita al Tribunal de Justicia que:
      
      –      Anule la sentencia recurrida y declare la inadmisibilidad del recurso o, subsidiariamente, 
      –      Declare la inadmisibilidad del recurso de casación y/o lo desestime por infundado.
      –      Condene a BAA al pago de las costas de ambas instancias.
      10      El Gobierno del Reino Unido solicita al Tribunal de Justicia que desestime el recurso de casación en su totalidad.
      
       Sobre la adhesión a la casación
      11      Dado que la adhesión a la casación formulada por la Comisión se refiere a la admisibilidad del recurso interpuesto por BAA
         ante el Tribunal de Primera Instancia, cuestión previa a las relativas al fondo del asunto suscitadas por el recurso de casación
         principal, debe examinarse en primer lugar.
      
      12      La Comisión considera que el Tribunal de Primera Instancia cometió algunos errores de Derecho al declarar la admisibilidad
         del recurso. El motivo se divide en dos partes.
      
       Sobre la primera parte del motivo de inadmisibilidad
       Alegaciones de las partes
      13      Según la Comisión, el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho al ignorar el carácter de medida de alcance
         general del AGL. A su juicio, dicha medida establece un gravamen fiscal cuyos requisitos se formulan en unos términos objetivos
         y abstractos, por lo que consiste en una medida normativa de alcance general que afecta a un número potencialmente ilimitado
         de operadores en el Reino Unido.
      
      14      Alega que cuando la medida de ayuda tiene un alcance directo y general, la decisión por la cual la Comisión aprueba tal medida
         tiene de por sí un alcance general y, por consiguiente, no puede ser considerada un acto que afecta «individualmente» a los
         beneficiarios de la medida o a sus competidores, en el sentido del artículo 230 CE, párrafo cuarto, contrariamente a lo que
         declaró el Tribunal de Primera Instancia.
      
      15      La Comisión recuerda a este respecto que, cuando, como en el presente asunto, la demandante impugna la procedencia de la decisión
         de no plantear objeciones, la jurisprudencia somete la admisibilidad de esta impugnación a la condición de que la ayuda que
         es objeto de la decisión controvertida afecte de manera sustancial a la situación de la demandante en el mercado. En cambio,
         en el caso de que la demandante pretendiera impugnar una decisión de no iniciar el procedimiento de investigación formal para
         proteger sus derechos procesales garantizados por el artículo 88 CE, apartado 2, basta que sea «parte interesada», en el sentido
         de esta última disposición para poder impugnar esa decisión (véanse, en este sentido, las sentencias de 19 de mayo de 1993,
         Cook/Comisión, C‑198/91, Rec. p. I‑2487, apartado 23, y de 15 de junio de 1993, Matra/Comisión, C‑225/91, Rec. p. I‑3203,
         apartado 17).
      
      16      Sostiene que debe aplicarse un criterio más estricto que el relativo a la afectación sustancial de la situación en el mercado
         de la demandante para comprobar si ésta se halla individualmente afectada cuando, como en el caso de autos, el régimen de
         ayuda es de carácter general (véanse, en este sentido, las sentencias del Tribunal de Justicia de 2 de febrero de 1988, Kwekerij
         van der Kooy y otros/Comisión, 67/85, 68/85 y 70/85, Rec. p. 219, apartado 15; del Tribunal de Primera Instancia, de 5 de
         junio de 1996, Kahn Scheepvaart/Comisión, T‑398/94, Rec. p. II‑477, apartados 39 a 41, así como de 11 de febrero de 1999,
         Arbeitsgemeinschaft Deutscher Luftfahrt-Unternehmen y Hapag-Lloyd/Comisión, T‑86/96, Rec. p. II‑179, apartado 45).
      
      17      La Comisión observa además que, a pesar del carácter general de la medida, en los apartados 58 a 66 de la sentencia recurrida,
         el Tribunal de Primera Instancia se basó enteramente en los pretendidos efectos del AGL sobre la situación de tres miembros
         de BAA frente a sus competidores. Considera que la elección de estos tres miembros no está justificada por ninguna circunstancia
         que les sea específica.
      
      18      Puntualiza que, además, los miembros de BAA no son las únicas empresas sobre las que el impuesto ha incidido de manera negativa.
         Alega que el AGL ha afectado negativamente a muchas otras empresas y que, debido a la manera objetiva y abstracta como se
         define la obligación de pagar el impuesto, el número de empresas afectadas es potencialmente ilimitado. Infiere que, en consecuencia,
         ninguna de las empresas afectadas resulta ser objeto de afectación directa por la decisión mediante la que se aprueba el AGL.
      
      19      Manifiesta que confirmar el planteamiento seguido por el Tribunal de Primera Instancia tendría implicaciones sistémicas considerables,
         en la medida en que las decisiones de la Comisión relativas a las medidas de ayuda de alcance general alegadas, en particular,
         en forma de medidas fiscales, podrían entonces impugnarse por un número potencialmente ilimitado de personas hasta el punto
         de privar de todo significado al concepto de «individualmente afectado», a efectos del artículo 230 CE, párrafo cuarto.
      
      20      Por su parte, BAA observa, en primer lugar, que el Tribunal de Primera Instancia dedujo que concurría en ella el criterio
         de afectación sustancial de su situación en el mercado afectado. Por lo tanto, el Tribunal de Primera Instancia no tenía que
         examinar si la circunstancia de que fuera «parte interesada», en el sentido del artículo 88 CE, apartado 2, bastaba para declarar
         la admisibilidad del recurso siendo así que dicha asociación invocaba otros motivos distintos del relativo al incumplimiento
         por parte de la Comisión de su obligación de iniciar el procedimiento de investigación formal.
      
      21      Según BAA, el Tribunal de Primera Instancia no cometió ningún error de Derecho por no haber tenido en cuenta el carácter de
         medida de alcance general del AGL. Alega que la jurisprudencia no establece diferencia alguna según el carácter general o
         individual de la medida de que se trate en lo tocante al examen de la admisibilidad de un recurso de anulación promovido por
         un competidor contra una decisión adoptada en virtud del artículo 88 CE, apartado 3.
      
      22      Señala que, por otra parte, si bien el carácter de medida de alcance general o de decisión individual que reviste una medida
         de ayuda puede constituir un criterio de admisibilidad de la acción instada por uno de los beneficiarios de esa ayuda, no
         sucede así cuando se trata de un recurso interpuesto por un competidor. Agrega que el carácter que reviste una medida de ayuda
         no debe producir ningún efecto sobre la cantidad de competidores afectados, ni sobre cómo se ven afectados. Así, según BAA,
         una subvención «individual» pagada a una empresa determinada puede afectar a un número indeterminado de competidores, todos
         los cuales pueden resultar afectados por su condición de competidores.
      
      23      Afirma que las sentencias citadas Kwekerij van der Kooy y otros/Comisión y Arbeitsgemeinschaft Deutscher Luftfahrt-Unternehmen
         y Hapag-Lloyd/Comisión carecen manifiestamente de pertinencia en la medida en que resolvían recursos interpuestos por beneficiarios
         potenciales contra decisiones adoptadas en virtud del artículo 88 CE, apartado 2. En el asunto en el que recayó la sentencia
         Kahn Scheepvaart/Comisión, antes citada, no se demostraron los efectos de la medida de ayuda sobre la situación de la demandante
         en relación con sus competidores, mientras que, en el caso de autos, el Tribunal de Primera Instancia declaró que los efectos
         de la medida de que se trata sobre la situación competitiva de los miembros de BAA son sustanciales.
      
       Apreciación del Tribunal de Justicia
      24      Mediante la primera parte de este motivo, la Comisión contradice la apreciación realizada por el Tribunal de Primera Instancia
         sobre la admisibilidad del recurso en la medida en que resolvió que la Decisión controvertida afecta a BAA «individualmente»,
         en el sentido del artículo 230 CE, párrafo cuarto, mientras que el alcance general de dicha decisión debería haber llevado
         al Tribunal de Primera Instancia a la conclusión de que ésta no afectaba individualmente a BAA.
      
      25      Con arreglo al artículo 230 CE, párrafo cuarto, toda persona física o jurídica sólo puede interponer recurso contra una decisión
         dirigida a otra persona si tal decisión le afecta directa e individualmente.
      
      26      Según reiterada jurisprudencia, los sujetos distintos de los destinatarios de una decisión sólo pueden alegar que se ven afectados
         individualmente si ésta les atañe en razón de determinadas cualidades que les son propias o de una situación de hecho que
         los caracteriza frente a cualquier otra persona y, por ello, los individualiza de manera análoga a la del destinatario de
         tal decisión (véanse, en particular, las sentencias de 15 de julio de 1963, Plaumann/Comisión, 25/62, Rec. pp. 197 y ss.,
         especialmente p. 223; Cook/Comisión, antes citada, apartado 20; de 15 de junio de 1993, Matra/Comisión, antes citada, apartado
         14; de 13 de diciembre de 2005, Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, C‑78/03 P, Rec. p. I‑10737, apartado 33,
         así como de 11 de septiembre de 2008, Alemania y otros/Kronofrance, C‑75/05 P y C‑80/05 P, Rec. p. I‑0000, apartado 36).
      
      27      Puesto que el presente recurso afecta a una decisión de la Comisión en materia de ayudas de Estado, procede señalar que en
         el procedimiento de control de las ayudas de Estado previsto en el artículo 88 CE debe distinguirse, por una parte, la fase
         previa de examen de las ayudas, establecida en el apartado 3 de dicho artículo, que sólo tiene por objeto permitir a la Comisión
         formarse una primera opinión sobre la compatibilidad parcial o total de la ayuda controvertida y, por otra, la fase de examen
         prevista en el apartado 2 del mismo artículo. El Tratado CE tan sólo prevé la obligación de la Comisión de emplazar a los
         interesados para que presenten sus observaciones en el marco de esta fase de examen, cuya finalidad es permitir a la Comisión
         obtener una información completa sobre el conjunto de datos del asunto (véanse las sentencias Kook/Comisión, antes citada,
         apartado 22; Matra/Comisión, antes citada, apartado 16; de 2 de abril de 1998, Comisión/Sytraval y Brink’s France, C‑367/95 P,
         Rec. p. I‑1719, apartado 38; Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, antes citada, apartado 34, así como Alemania
         y otros/Kronofrance, antes citada, apartado 37).
      
      28      Resulta de ello que, cuando, sin iniciar el procedimiento de investigación formal previsto en el artículo 88 CE, apartado
         2, la Comisión declara, mediante una decisión adoptada sobre la base del apartado 3 del mismo artículo, que una ayuda es compatible
         con el mercado común, los beneficiarios de esas garantías de procedimiento únicamente pueden obtener su respeto si tienen
         la posibilidad de impugnar dicha decisión ante el juez comunitario. Por estas razones, dicho órgano jurisdiccional admitirá
         un recurso que solicite la anulación de tal decisión, interpuesto por un interesado en el sentido del artículo 88 CE, apartado
         2, cuando el autor del recurso, mediante su interposición, pretenda que se salvaguarden los derechos de procedimiento que
         le confiere esta disposición (sentencias citadas Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, apartado 35 y jurisprudencia
         citada, así como Alemania y otros/Kronofrance, apartado 38).
      
      29      El Tribunal de Justicia ha tenido ocasión de precisar que tales interesados son las personas, empresas o asociaciones que
         puedan verse afectadas en sus intereses por la concesión de una ayuda, es decir, en particular, las empresas competidoras
         de los beneficiarios de dicha ayuda y las organizaciones profesionales (sentencias citadas Comisión/Sytraval y Brink’s France,
         apartado 41; Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, apartado 36, así como Alemania y otros/Kronofrance, apartado 39).
      
      30      En cambio, si el demandante cuestiona el fundamento de la decisión de apreciación de la ayuda en sí misma, el mero hecho de
         que pueda ser considerado «interesado» en el sentido del artículo 88 CE, apartado 2, no basta para que se reconozca la admisibilidad
         del recurso. En tal caso, debe demostrar que goza de una situación particular en el sentido de la sentencia Plaumann/Comisión,
         antes citada. Ello sucedería, en especial, en el supuesto de que la posición del demandante en el mercado se viese afectada
         sustancialmente por la ayuda objeto de la decisión de que se trate (sentencias de 28 de enero de 1986, Cofaz y otros/Comisión,
         169/84, Rec. p. 391, apartados 22 a 25; Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, antes citada, apartado 37, así como
         Alemania y otros/Kronofrance, antes citada, apartado 40).
      
      31      Contrariamente a la tesis sostenida por la Comisión, el alcance general de la Decisión controvertida, que se deriva de que
         su objeto es autorizar un régimen fiscal que se aplica a una categoría de operadores definidos con carácter general y abstracto,
         no puede poner en tela de juicio la aplicación de la jurisprudencia citada.
      
      32      El Tribunal de Justicia ha declarado reiteradamente que el hecho de que, por su naturaleza y su alcance, un acto tenga carácter
         general en la medida en que se aplica a la generalidad de los operadores económicos interesados, no excluye, sin embargo,
         que pueda afectar individualmente a algunos de ellos (véanse, en particular, las sentencias de 18 de mayo de 1994, Codorníu/Consejo,
         C‑309/89, Rec. p. I‑1853, apartado 19, así como de 22 de junio de 2006, Bélgica y Forum 187/Comisión, C‑182/03 y C‑217/03,
         Rec. p. I‑5479, apartado 58).
      
      33      En relación con la admisibilidad de un recurso de anulación contra un régimen general de ayudas, el Tribunal de Justicia ha
         declarado recientemente, en particular, que puede considerarse que una asociación constituida para promover los intereses
         colectivos de una categoría de justiciables, que pretendía la anulación de la decisión impugnada en cuanto al fondo, resultaba
         individualmente afectada siempre que «su posición en el mercado de sus miembros resultara sustancialmente afectada» por el
         régimen de ayudas objeto de la decisión impugnada (véase la sentencia Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, antes
         citada, apartado 70).
      
      34      Además, como ha señalado el Abogado General en los puntos 40 a 43 de sus conclusiones, de las sentencias citadas por la Comisión
         no puede deducirse la tesis defendida por esta institución, según la cual, debería aplicarse un criterio más estricto que
         el relativo a la afectación sustancial de la situación en el mercado de referencia, toda vez que el objeto de la Decisión
         controvertida es un régimen general de ayudas.
      
      35      De lo que precede se desprende que, cualquiera que sea la naturaleza, individual o general de la medida de ayuda de que se
         trata, cuando el demandante cuestiona la procedencia de la decisión de apreciación de la ayuda como tal, debe demostrar que
         goza de una «situación especial» en el sentido de la sentencia Plaumann/Comisión, antes citada, lo que ocurre, en particular,
         cuando la ayuda que es objeto de la decisión controvertida afecta sustancialmente a la situación del demandante en el mercado
         de referencia.
      
      36      Por consiguiente, al exigir que se demuestre que la adopción de la Decisión controvertida afectaba sustancialmente a la situación
         de BAA en el mercado de referencia el Tribunal de Primera Instancia aplicó correctamente la jurisprudencia recordada en el
         apartado 30 de la presente sentencia.
      
      37      En efecto, en el apartado 54 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera Instancia señaló, sin que la Comisión lo contradijera
         sobre el particular, que BAA no se limitaba a impugnar la negativa de dicha institución a iniciar el procedimiento de investigación
         formal, sino que cuestionaba igualmente la procedencia de la Decisión controvertida.
      
      38      Para comprobar que se cumplía el requisito según el cual la empresa afectada debía estarlo individualmente en el sentido del
         artículo 230 CE, párrafo cuarto, el Tribunal de Primera Instancia examinó, también acertadamente, si BAA había indicado de
         manera pertinente las razones por las cuales el AGL podía afectar sustancialmente a la situación de al menos uno de sus miembros
         en el mercado de los áridos.
      
      39      Contrariamente a lo alegado por la Comisión y tal como señaló fundadamente el Tribunal de Primera Instancia en el apartado
         47 de la sentencia recurrida, procede admitir el recurso interpuesto por una asociación que actúa en lugar y sustitución de
         uno o varios de sus miembros que por sí mismos podrían haber interpuesto un recurso admisible (véase, en este sentido, el
         auto de 18 de diciembre de 1997, Sveriges Betodlares y Henrikson/Comisión, C‑409/96 P, Rec. p. I‑7531, apartados 46 y 47).
      
      40      En consecuencia, debe desestimarse igualmente la imputación de la Comisión relativa a la elección arbitraria e injustificada
         de tres miembros de BAA, cuya situación frente a sus competidores se tuvo en cuenta, para comprobar si debía considerarse
         que la recurrente estaba «individualmente» afectada a efectos del artículo 230 CE, párrafo cuarto.
      
      41      Teniendo en cuenta lo que antecede, procede desestimar la primera parte del motivo de inadmisibilidad invocado por la Comisión.
      
       Sobre la segunda parte del motivo de inadmisibilidad
       Alegaciones de las partes
      42      La Comisión alega que el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho al no examinar correctamente si se perjudicaba
         de manera significativa a la situación de los miembros de BAA frente a sus competidores, en la medida en que consideró que
         concurría dicho requisito sobre la base de elementos de información aislados y sin tener en cuenta la situación global del
         mercado.
      
      43      Señala que, en lo tocante a las tres empresas a las que se refiere BAA, el Tribunal de Primera Instancia puso de relieve en
         cada caso que una determinada parte de su producción está sujeta al AGL y que los productos gravados se hallan en una relación
         de competencia con otros productos no gravados. Precisa que, no obstante, el Tribunal de Primera Instancia no indicó las razones
         por las cuales las empresas afectadas lo están «de manera significativa en su situación frente a sus competidores» en el sentido
         de la jurisprudencia. Alega, en particular, que el Tribunal de Primera Instancia no indicó las consecuencias de dicha competencia
         en cuanto a precios, cuota de mercado o rentabilidad de las empresas, contrariamente a las exigencias que se derivan de la
         jurisprudencia, según la cual, una empresa no puede esgrimir su mera condición de competidora en relación con la empresa beneficiaria,
         sino que debe demostrar además que se encuentra en una situación que la individualiza de una manera análoga a la del destinatario.
      
      44      Según la Comisión, es posible que la cuota de mercado de los productos sujetos al AGL pueda disminuir en relación con otros
         productos y sectores y no es imposible que tal disminución global de la cuota de mercado pueda asimismo afectar a toda empresa
         del Reino Unido que produce áridos. Afirma que, no obstante, dicho efecto tiene carácter sectorial y no se debe a circunstancias
         especiales propias de la empresa individual en relación con otras empresas del sector de que se trata. Aduce que, por estas
         razones, la interpretación del Tribunal de Primera Instancia según la cual una empresa puede resultar afectada de manera significativa
         aunque su situación no sea en modo alguno distinta de las otras muchas empresas, es incompatible con el artículo 230 CE, párrafo
         cuarto, tal como ha sido interpretado por el Tribunal de Justicia.
      
      45      BAA sostiene que, aun cuando se suponga que el criterio de admisibilidad aplicable sea en el presente asunto el criterio,
         más riguroso, de la afectación sustancial de la situación de la demandante en el mercado afectado, que fue aplicado por el
         Tribunal de Primera Instancia, éste llegó acertadamente a la conclusión de que los miembros de la demandante están afectados
         de manera significativa. Observa que BAA facilitó la información precisa en cuanto a los efectos del AGL sobre la situación
         de algunos de sus miembros frente a sus competidores, y que el Tribunal de Primera Instancia se basó en dichas precisiones
         para inferir que se había visto afectada de manera significativa la situación de los miembros de BAA frente a sus competidores.
         Sostiene que la apreciación del Tribunal de Primera Instancia constituye una cuestión de hecho que no puede someterse al control
         del Tribunal de Justicia en un recurso de casación.
      
       Apreciación del Tribunal de Justicia
      46      Mediante la segunda parte de este motivo de inadmisibilidad, la Comisión refuta el análisis sobre la base del cual el Tribunal
         de Primera Instancia decidió que se daba una afectación sustancial de la situación de la demandante en el mercado. La Comisión
         reprocha esencialmente al Tribunal de Primera Instancia que no indicara las razones por las que las empresas interesadas resultaban
         afectadas de manera significativa en lo tocante a su situación frente a sus competidores y, en particular, que no indicara
         las consecuencias de dicha competencia en cuanto a precios, cuota de mercado o rentabilidad de las empresas, contrariamente
         a las exigencias que se derivan de la jurisprudencia, según la cual, una empresa no puede esgrimir únicamente su condición
         de competidora en relación con la empresa beneficiaria.
      
      47      Debe señalarse que, en relación con la determinación de una «afectación sustancial de la situación» de la demandante en el
         mercado de que se trate, el Tribunal de Justicia ha tenido ocasión de precisar que la mera circunstancia de que un acto pueda
         influir en las relaciones de competencia existentes en el mercado de que se trate y la empresa interesada se encuentre en
         una relación de competencia con el beneficiario de ese acto no basta en modo alguno para poder considerar que dicho acto afecta
         individualmente a esa empresa (véase, en particular, la sentencia de 22 de noviembre de 2007, España/Lenzing, C‑525/04 P,
         Rec. p. I‑9947, apartado 32).
      
      48      Por consiguiente, ninguna empresa puede limitarse a invocar su condición de competidora de la empresa beneficiaria, sino que
         además debe demostrar que se encuentra en una situación de hecho que la individualiza de manera análoga a la del destinatario
         (véase, en particular, la sentencia España/Lenzing, antes citada, apartado 33).
      
      49      Contrariamente a lo alegado por la Comisión, en el caso de autos el Tribunal de Primera Instancia no se limitó a afirmar la
         existencia de una mera relación de competencia entre los miembros de BAA y las empresas no sujetas al AGL.
      
      50      En efecto, de los apartados 55 a 62 de la sentencia recurrida se desprende que el Tribunal de Primera Instancia se basó en
         los siguientes elementos antes de llegar a la conclusión, en el apartado 63 de dicha sentencia, de que la medida estatal controvertida
         podía afectar a la situación de algunos de sus miembros frente a sus competidores y que tal «afectación revestía un carácter
         sustancial»:
      
      –      la finalidad del AGL es desplazar una parte de la demanda de áridos vírgenes hacia otros productos, los cuales están exentos
         a fin de estimular su uso como áridos y reducir la extracción de áridos vírgenes. Según las previsiones de las autoridades
         británicas, reproducidas en la decisión impugnada y no rebatidas, dicho impuesto permite reducir la demanda de áridos vírgenes
         en cerca de un 8 % a un 9 % al año, por término medio (apartado 55 de la sentencia recurrida);
      
      –      según algunas indicaciones cuya exactitud no discute la Comisión ni el Gobierno del Reino Unido, algunos miembros de BAA,
         en particular, Torrington Stone, Sherburn Stone Co. Ltd y Cloburn Quarry, se hallan en competencia directa con algunos productores
         de materiales exentos, que actualmente son competitivos gracias al establecimiento del AGL (apartado 58 de la sentencia recurrida);
      
      –      Torrington Stone, que explota una cantera en Devon, producía piedra sin tallar para la construcción y piedra para pavimentos,
         vendidas a una media de entre [confidencial] GBP por tonelada, a pie de cantera, así como piedra tallada para la construcción,
         vendida a pie de cantera a una media de [confidencial] GBP por tonelada. Dichos productos representan del 3 % al 5 % del volumen
         de la roca extraída. El 95 % restante está representado por productos derivados o subproductos constituidos, en el presente
         caso, por relleno ordinario (vendido a una media de [confidencial] GBP por tonelada, a pie de cantera) y relleno triturado
         (vendido a una media de [confidencial] GBP por tonelada a pie de cantera). Únicamente la piedra tallada para construcción
         no está sujeta al AGL. Antes de que se estableciera el AGL, los rellenos se vendían en un radio de 50 kilómetros. Desde que
         se implantó, están en competencia en dicha zona con materiales derivados procedentes, en particular, de canteras de caolín
         situadas a más de 80 kilómetros, materiales que no están sujetos al AGL (apartado 59 de la sentencia recurrida);
      
      –      Sherburn Stone Co. Ltd, que explota, en particular, una cantera en Yorkshire producía materiales con altas especificaciones
         técnicas destinados a la producción de hormigón de alto rendimiento. Tales productos, que representan el 50 % de la roca extraída
         y cuyo precio de venta asciende por término medio a [confidencial] GBP por tonelada a pie de cantera, están sujetos al AGL.
         A partir del restante 50 % de roca extraída, Sherburn Stone Co. Ltd produce finos y residuos arcillosos utilizables para rellenos,
         vendidos a pie de cantera a una media de [confidencial] GBP por tonelada. Desde que se estableció el AGL, la venta de estos
         productos derivados es cada vez más difícil y la gestión de sus existencias ha pasado a ser casi imposible (apartado 60 de
         la sentencia recurrida);
      
      –      Cloburn Quarry, que explota una cantera en Escocia, había orientado su producción hacia áridos muy concentrados que pueden
         soportar costes de transporte muy elevados. Todos sus productos están sujetos al AGL. El guijo rojo y el granito con especificaciones
         técnicas elevadas, producidos por dicha empresa y usados, en particular, como balasto o en el hormigón de alto rendimiento
         y con el asfalto, que se venden a una media de [confidencial] GBP por tonelada a pie de cantera no están en competencia con
         materiales no sujetos al impuesto, derivados de la producción de caolín o de pizarra. En cambio, el 25 % de los productos
         derivados extraídos de la cantera de Cloburn Quarry que consisten, sobre todo, en finos, vendidos a pie de cantera a una media
         de [confidencial] GBP por tonelada, para servir de relleno, están en competencia con los materiales no sujetos (apartado 61
         de la sentencia recurrida);
      
      –      la actividad de tales empresas en el mercado de los áridos no es meramente marginal, en relación con su actividad principal
         y, de los datos numéricos antes mencionados se desprende que la explotación comercial como áridos de los productos derivados
         representa una parte relativamente importante de la actividad de las referidas empresas (apartado 62 de la sentencia recurrida).
      
      51      Del mismo modo, el Tribunal de Primera Instancia se basó en los elementos siguientes para inferir que, en tanto en cuanto
         se refería a la exención de las exportaciones, la medida estatal controvertida podía afectar a la situación de algunos de
         sus miembros frente a sus competidores y que tal afectación revestía carácter sustancial:
      
      –      BAA sostiene que esta exención repercute también negativamente en la situación competitiva de sus miembros que exportan muy
         poco o nada, contrariamente a los más importantes de éstos en el mercado del Reino Unido. A su juicio, la exención de las
         exportaciones confiere a estos competidores y, en particular, al que explota la cantera de Glensanda, de la que procede más
         del 90 % de los áridos exportados, la ventaja de no tener pérdidas que deban repercutirse en el precio de sus productos comercializados
         en el Reino Unido. Afirma que, en cambio, los miembros de la recurrente se ven obligados a vender sus áridos sujetos al impuesto
         por debajo del precio de adquisición y a repercutir la carga del impuesto en todos sus productos (apartado 65 de la sentencia
         recurrida);
      
      –      la exención de las exportaciones puede afectar sustancialmente a la situación de, al menos, uno de los miembros de BAA frente
         a sus competidores, toda vez que la demandante indica, sin que la contradiga la Comisión ni la interviniente, que, en el mercado
         del granito con especificaciones técnicas elevadas utilizado, en particular, como balasto para las vías férreas (sujeto al
         AGL), Cloburn Quarry se encuentra en relación de competencia directa con la cantera de Glensanda, situada en Escocia, como
         la explotada por Globurn Quarry. Pues bien, como señala BAA en su réplica, sin que la contradigan las demás partes, la cantera
         de Glensanda exporta el 50 % de su producción. La exención de las exportaciones de materiales que cumplen bajas especificaciones
         técnicas ofrece, por lo tanto, a la empresa que explota dicha cantera una ventaja competitiva en el mercado escocés de los
         áridos con especificaciones técnicas elevadas, en la medida en que, contrariamente a Cloburn Quarry, que vende sus áridos
         con bajas especificaciones técnicas en el Reino Unido por debajo del precio de adquisición y repercute esta pérdida en el
         precio de los materiales con especificaciones técnicas elevadas, el total de las cuotas del AGL que la cantera de Glensada
         debe repercutir sobre sus clientes, en el mercado interno, se reduce proporcionalmente a la mitad en relación con el importe
         que repercute un competidor que no exporta (apartado 66 de la sentencia recurrida).
      
      52      De lo que precede se desprende que, lejos de limitarse a establecer la existencia de una mera relación de competencia entre
         los miembros de BAA y las empresas que no son sujetos pasivos, el Tribunal de Primera Instancia examinó si la medida estatal
         controvertida podía afectar a la situación de algunos de sus miembros frente a sus competidores y si tal afectación revestía
         carácter sustancial.
      
      53      Contrariamente a lo que afirma la Comisión, de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia no se desprende que tal situación
         particular, que caracteriza a un «sujeto distinto de los destinatarios de una decisión», en el sentido de la sentencia Plaumann/Comisión,
         antes citada, en relación con cualquier otro operador económico, deba deducirse necesariamente de elementos como una disminución
         importante del volumen de negocios, pérdidas financieras considerables o incluso una disminución significativa de la cuota
         de mercado a raíz de la concesión de la ayuda de que se trate. La concesión de una ayuda de Estado puede afectar a la situación
         de un operador frente a sus competidores igualmente de otras formas, especialmente dando lugar a un lucro cesante o a una
         evolución menos favorable que la que habría tenido lugar de no haberse concedido tal ayuda. Asimismo, la intensidad de tal
         afectación puede variar en función de un gran número de factores como, en particular, la estructura del mercado de referencia
         o la naturaleza de la ayuda en cuestión. Por lo tanto, la prueba de que la posición de un competidor en el mercado ha sido
         sustancialmente afectada no puede limitarse a la existencia de determinados elementos que indiquen un empeoramiento de sus
         resultados comerciales o financieros (sentencia Comisión/Lenzing, antes citada, apartados 34 y 35).
      
      54      La Comisión recrimina asimismo al Tribunal de Primera Instancia haber considerado que BAA resulta afectada de manera significativa,
         aunque su situación no sea absolutamente distinta de la situación de muchas otras empresas, siendo así que, a su juicio, debería
         haber aplicado un criterio más riguroso para acreditar un efecto sobre la situación de la recurrente frente a sus competidores,
         en relación con un régimen general de ayudas como el que es objeto de examen.
      
      55      No obstante, como se señaló en el apartado 35 de la sentencia recurrida, de una jurisprudencia muy consolidada del Tribunal
         de Justicia se desprende que, cualquiera que sea la naturaleza, individual o general de la medida de ayuda de que se trate,
         cuando el demandante cuestiona la procedencia de la decisión de apreciación de la ayuda como tal, debe demostrar que goza
         de una «situación especial» en el sentido de la sentencia Plaumann/Comisión, antes citada, lo cual ocurre, especialmente,
         cuando la ayuda que es objeto de la decisión controvertida afecta sustancialmente a la situación del demandante en el mercado
         (véase, en particular, la sentencia Comisión/Aktionsgemeinschaft Recht und Eigentum, antes citada, apartado 70).
      
      56      En el caso de que se demuestre tal afectación, la circunstancia de que, en su caso, un número indefinido de otros competidores
         pueda alegar un perjuicio análogo no obsta a la admisión del recurso de la empresa demandante. Como, por lo demás, señaló
         el Abogado General en el punto 65 de sus conclusiones, el objetivo expreso del AGL es tener un impacto en la estructura del
         mercado de que se trate, desplazando una parte de la demanda de áridos vírgenes hacia otros productos sustitutivos, por lo
         que el objetivo de dicho impuesto es concretamente producir sus efectos en la situación de las empresas que operan en el mercado
         frente a sus competidores.
      
      57      Por consiguiente, el Tribunal de Primera Instancia no cometió ningún error de Derecho en el examen del requisito relativo
         a la afectación individual de la recurrente.
      
      58      Teniendo en cuenta las consideraciones que preceden, debe desestimarse la segunda parte del motivo de inadmisibilidad. Por
         lo tanto, la adhesión a la casación debe desestimarse en su integridad.
      
       Sobre el recurso de casación principal
      59      BAA invoca seis motivos en apoyo de su recurso de casación. Reprocha al Tribunal de Primera Instancia haber cometido errores
         de Derecho:
      
      –      al apreciar la existencia de una ayuda de Estado de manera no objetiva;
      –      al no aplicar la «norma de control» adecuada;
      –      al apreciar de manera errónea la «naturaleza y estructura general» del AGL;
      –      en lo que atañe a la exención de las exportaciones;
      –      al confirmar que la Comisión no tenía ninguna obligación de iniciar un procedimiento de investigación informal;
      –      al apreciar que la Decisión controvertida estaba suficientemente motivada.
       Sobre el primer motivo, relativo a la apreciación errónea de la existencia de una ayuda de Estado
      60      BAA alega tres imputaciones en apoyo de este motivo. En primer lugar, a su juicio, el Tribunal de Primera Instancia no aplicó
         un concepto objetivo de ayuda de Estado, como se deriva, en particular, del apartado 117 de la sentencia recurrida. Además,
         considera que distinguió erróneamente, en los apartados 120 y 121 de dicha sentencia, el presente asunto de los hechos controvertidos
         en el asunto que dio lugar a la sentencia de 8 de noviembre de 2001, Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke
         (C‑143/99, Rec. p. I‑8365). Por último, afirma que el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho al admitir
         que un impuesto ecológico no es selectivo cuando se aplica a un sector específico sin establecer una definición concreta de
         ese sector.
      
       Sobre las partes primera y segunda del primer motivo
      61      Dado que la primera y la segunda parte del primer motivo están íntimamente relacionadas, deben ser examinadas conjuntamente.
      
      –       Alegaciones de las partes
      62      BAA considera que el Tribunal de Primera Instancia apreció la existencia de una ayuda de Estado de manera no objetiva. Según
         reiterada jurisprudencia, una medida fiscal aplicada de manera selectiva a sectores comparables teniendo en cuenta el objetivo
         perseguido debe calificarse de ayuda de Estado (véase, en este sentido, la sentencia de 17 de junio de 1999, Bélgica/Comisión,
         C‑75/97, Rec. p. I‑3671, apartado 31).
      
      63      Señala que la circunstancia de que una medida fiscal persiga objetivos de política general no es obstáculo para la calificación
         de una medida como ayuda de Estado. Precisa que, en consecuencia, las diferenciaciones que determina un impuesto ecológico
         sólo pueden eludir la calificación de ayuda de Estado en la medida en que estén justificadas por la lógica medioambiental
         inherente al impuesto.
      
      64      Pues bien, según BAA, el Tribunal de Primera Instancia siguió un planteamiento diferente en el apartado 117 de la sentencia
         recurrida, confirmado en los apartados 115 y 128 de la misma sentencia, de los que se desprende que no existe selectividad
         alguna si un Estado miembro establece impuestos ecológicos en determinados sectores o sobre bienes o servicios específicos,
         pero no establece tales impuestos ecológicos en el conjunto de las actividades similares que producen un «impacto comparable»
         en el medio ambiente o en la totalidad de los sectores de explotación de las canteras y de las minas que tengan el «mismo
         impacto» sobre el medio ambiente.
      
      65      En otros términos, el Tribunal de Primera Instancia declaró explícitamente que las empresas sujetas al impuesto y las no sujetas
         al impuesto se hallan en una situación comparable en relación con el objetivo medioambiental perseguido por la medida de que
         se trata, sin apreciar, no obstante, que tales diferencias llevan a una selectividad y a una ayuda de Estado, y ello aunque,
         como consideró el Tribunal de Primera Instancia en el apartado 128 de la sentencia recurrida, la opción esté motivada por
         la voluntad en preservar la competitividad internacional de determinados sectores.
      
      66      Manifiesta que, por otra parte, el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho en los apartados 120 y 121 de
         la sentencia impugnada al distinguir el presente asunto de los hechos controvertidos en el asunto que dio lugar a la sentencia
         Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke, antes citada, que tiene por objeto una reducción de un impuesto
         sobre el consumo de electricidad y gas natural permitida a determinadas empresas.
      
      67      BAA alega, a este respecto, que lo único relevante es el efecto de una medida fiscal y que no existe diferencia alguna entre
         la exención de un impuesto determinado de manera general y la exclusión del ámbito de aplicación de un impuesto estrictamente
         delimitado. Afirma que el efecto es el mismo por cuanto favorece a determinadas empresas o a determinadas producciones.
      
      68      La recurrente refuerza su argumentación al reafirmar que las canteras y las minas que extraen materiales como la pizarra,
         el caolín, la arcilla plástica, el carbón y el lignito fueron excluidas del ámbito de aplicación del AGL con el fin específico
         de preservar su competitividad internacional.
      
      69      La Comisión y el Gobierno del Reino Unido rechazan estas críticas.
      
      70      Alegan que la afirmación de que una medida fiscal aplicada de manera selectiva a sectores comparables debe calificarse de
         «ayuda de Estado» no se sustenta ni en el apartado 31 de la sentencia de 17 de junio de 1990, Bélgica/Comisión, antes citada,
         ni en la jurisprudencia en general. Sostienen que un impuesto ecológico como el AGL impone una carga excepcional y no confiere
         ninguna ventaja selectiva a determinadas empresas, sino más bien una desventaja selectiva para los productores de áridos.
         Observan que todas las empresas del Reino Unido que no sean los productores de áridos no están sujetas a dicho impuesto, por
         lo que la referida «ventaja», a su juicio, no es selectiva en ningún sentido del término.
      
      71      Según el Gobierno del Reino Unido, un impuesto ecológico se distingue de una medida de desgravación en que el primero impone
         una carga excepcional en un sector de actividad y la segunda depara una ventaja selectiva de reducción de los costes que normalmente
         soportan las empresas.
      
      72      Aducen que el Tribunal de Primera Instancia señaló que las incongruencias alegadas se justifican por la lógica y los objetivos
         del AGL, tal como fueron determinados por el Reino Unido. Sostienen que no corresponde a la Comisión sustituir al Estado miembro
         en lo tocante a la definición de los objetivos medioambientales que deben perseguirse mediante una medida fiscal autónoma
         como un impuesto ecológico.
      
      73      Afirman que, contrariamente a lo que sostiene BAA, en el apartado 117 de la sentencia impugnada, el Tribunal de Primera Instancia
         no enuncia un concepto no objetivo de ayuda de Estado, sino que en él recuerda ante todo el tenor del artículo 6 CE, que dispone
         que las exigencias de protección del medio ambiente deben integrarse en las políticas comunitarias previstas en el artículo
         3 CE, que incluye la política de competencia.
      
      74      La Comisión agrega que, contrariamente a lo que afirma BAA, en el apartado 115 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera
         Instancia no intentó justificar la exención del AGL de la que gozan algunos productos o empresas, los cuales, según los objetivos
         perseguidos por la medida fiscal controvertida, deberían haber estado sujetos a dicho impuesto. Señala que el Tribunal de
         Primera Instancia se refirió más bien a la prerrogativa que corresponde a cada Estado miembro de determinar, en el estado
         actual del Derecho comunitario, los objetivos prioritarios que desea perseguir en materia de protección del medio ambiente
         mediante la instauración de impuestos ecológicos.
      
      75      En respuesta a las críticas formuladas por BAA con respecto al apartado 128 de la sentencia recurrida, la Comisión observa
         que la cuestión de si una medida constituye una ayuda de Estado debe examinarse sobre la base de los efectos de la medida,
         y no en función de las causas o de los objetivos de ésta. Considera que, por otra parte, la recurrente pasa por alto una vez
         más el hecho de que un impuesto es una desventaja y no una ventaja, razón por la cual, en principio, los Estados miembros
         pueden libremente abstenerse de imponer cargas fiscales excepcionales a sus empresas.
      
      76      Señala que, además, el Tribunal de Primera Instancia distinguió acertadamente el presente asunto del que dio lugar a la sentencia
         Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke, antes citada. Teniendo en cuenta, en particular, los objetivos
         medioambientales perseguidos por la medida controvertida en el presente asunto, la limitación de la reducción del impuesto
         de que se trata a la industria manufacturera, con exclusión del sector de los servicios, no podía estar justificada sobre
         la base de la naturaleza o de la estructura general del sistema.
      
      77      Matiza que no existe tal contradicción en el presente asunto. Si bien, en éste, era indiscutible que la extracción de carbón
         o de lignito podía asimismo tener algunas consecuencias medioambientales, no se puede afirmar que tales consecuencias sean
         idénticas a las de la extracción de áridos y, por consiguiente, que exijan necesariamente la imposición de una carga fiscal
         idéntica. Afirma que la exclusión de tales actividades del ámbito de aplicación del impuesto es acorde con el sistema general
         del impuesto.
      
      78      El Gobierno del Reino Unido añade que, en la sentencia Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke, antes citada,
         se examinó una exención selectiva de un impuesto ecológico que, de lo contrario, habría sido aplicable. En otros términos,
         se trataba de una ventaja selectiva, mientras que la exclusión de determinados sectores de actividad del ámbito de aplicación
         del AGL es, a su juicio, el resultado de la lógica y del ámbito de aplicación de éste y no una exención de un impuesto que
         de lo contrario habría sido aplicable.
      
      –       Apreciación del Tribunal de Justicia
      79      Mediante la primera y la segunda parte de este motivo, BAA alega que la sentencia recurrida infringe el artículo 87 CE, apartado
         1, en la medida en que, a pesar de señalar que las empresas que son sujetos pasivos del AGL y las que no lo son se encuentran
         en una situación comparable con respecto al objetivo medioambiental perseguido por dicho impuesto, el Tribunal de Primera
         Instancia llega a la conclusión de que la medida controvertida no es selectiva. A este respecto, BAA se remite a los apartados
         115, 117 y 128 de la sentencia recurrida. Critica igualmente los apartados 120 y 121 de dicha sentencia en los cuales, a su
         juicio, el Tribunal de Primera Instancia distinguió equivocadamente el presente asunto de los hechos controvertidos en el
         asunto que dio lugar a la sentencia Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke, antes citada.
      
      80      Los apartados de la sentencia recurrida a que se refiere esta parte del primer motivo se hallan redactados en los siguientes
         términos:
      
      «115      Es importante señalar, al respecto, que los Estados miembros, que en el estado actual del Derecho comunitario, a falta de
         coordinación en este ámbito, conservan su competencia en materia de política medioambiental, pueden establecer impuestos ecológicos
         sectoriales con el fin de alcanzar determinados objetivos medioambientales mencionados en el apartado anterior. En la ponderación
         de los diversos intereses contrapuestos, los Estados miembros pueden, en particular, definir sus prioridades en materia de
         protección del medio ambiente y determinar, en consecuencia, los bienes o servicios que deciden someter a un impuesto ecológico.
         De ello se deduce que, en principio, la mera circunstancia de que un impuesto ecológico constituya una medida aislada, que
         recae sobre determinados bienes o servicios específicos y que no puede trasladarse a un régimen general de tributación aplicable
         a todas las actividades similares que tengan un impacto comparable sobre el medio ambiente, no permite considerar que las
         actividades similares, no sujetas a ese impuesto ecológico, gozan de una ventaja selectiva.
      
      [...]
      117      [En este contexto jurídico,] dado que los impuestos ecológicos constituyen, por definición, medidas específicas adoptadas
         por los Estados miembros como parte de sus políticas medioambientales, ámbito en el que siguen siendo competentes a falta
         de medidas de armonización, corresponde a la Comisión, al apreciar un impuesto ecológico a la luz de las normas comunitarias
         relativas a las ayudas de Estado, tomar en consideración las exigencias vinculadas con la protección del medio ambiente a
         que se refiere el artículo 6 CE. En efecto, dicho artículo establece que las referidas exigencias deben integrarse en la definición
         y en la realización de un régimen que garantice que la competencia no será falseada en el mercado interior.
      
      [...]
      120      A este respecto, el presente litigio se distingue de la controversia resuelta en la sentencia Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer
         & Peggauer Zementwerke, antes citada, invocada por la demandante. En dicha sentencia, se había pedido al Tribunal de Justicia
         que examinara no la delimitación del ámbito de aplicación material de un impuesto ecológico, como en el caso de autos, sino
         la exención parcial del pago de tal impuesto –establecida, en ese caso, en el marco de la Strukturanpassungsgesetz (Ley austriaca
         sobre la adaptación de las estructuras) de 1996, sobre el consumo de gas natural y de energía eléctrica por las empresas–
         concedida únicamente a las empresas productoras de bienes corporales.
      
      121      En consecuencia, en la sentencia mencionada, la diferenciación cuestionada no se refería al tipo de producto sujeto al impuesto
         ecológico examinado, sino a los usuarios industriales, según que desarrollaran su actividad en los sectores primario y secundario
         de la economía nacional o no. El Tribunal de Justicia señaló que la concesión de ventajas a las empresas cuya actividad principal
         es la fabricación de bienes corporales no encontraba justificación alguna en la naturaleza o el sistema general del régimen
         tributario establecido en virtud de la Strukturanpassungsgesetz. Estimó, en síntesis, que, en la medida en que el consumo
         de energía por el sector de las empresas productoras de bienes corporales y por el sector de las empresas prestadoras de servicios
         era igualmente perjudicial para el medio ambiente, las consideraciones de orden ecológico que subyacen a la Strukturanpassungsgesetz
         no justificaban una diferencia de trato de estos dos sectores. En este contexto, el Tribunal de Justicia desestimó, en particular,
         la alegación del Gobierno austriaco, inspirada en la idea de preservación de la competitividad de las empresas productoras
         de bienes corporales, según la cual el reembolso parcial únicamente a estas empresas de los impuestos medioambientales controvertidos
         estaba justificado por el hecho de que tales impuestos hubieran afectado a estas empresas en mayor medida que a las demás
         (apartados 44, 49 y 52 de la sentencia).
      
      [...]
      128      [En primer lugar,] debe señalarse que los materiales comercializados para un uso que no es el propio de los áridos no están
         incluidos en el sector sujeto al AGL. Por lo tanto, contrariamente a la tesis de la demandante, su exención no tiene ningún
         carácter excepcional en relación con el régimen del impuesto ecológico examinado. Concretamente, la decisión de establecer
         un impuesto ecológico únicamente en el sector de los áridos –y no con carácter general en todos los sectores de explotación
         de las canteras y de las minas que tienen en el medio ambiente el mismo impacto que la extracción de los áridos– depende de
         la competencia del Estado miembro interesado para fijar sus prioridades en materia de políticas económica, fiscal y medioambiental.
         Por lo tanto, tal opción, aunque esté motivada por el empeño por preservar la competitividad internacional de determinados
         sectores, no permite poner en duda la coherencia del AGL con los objetivos medioambientales perseguidos (véase el apartado
         115 supra).»
      81      Para responder a las imputaciones formuladas por la recurrente, debe recordarse la jurisprudencia del Tribunal de Justicia
         relativa a la apreciación del requisito de selectividad, que es constitutivo del concepto de ayuda de Estado (sentencia de
         6 de septiembre de 2006, Portugal/Comisión, C‑88/03, Rec. p. I‑7115, apartado 54).
      
      82      El artículo 87 CE, apartado 1, prohíbe las ayudas de Estado que «favorec[en] a determinadas empresas o producciones», es decir,
         las ayudas selectivas. Para apreciar la selectividad de una medida es necesario examinar si, en el marco de un régimen jurídico
         concreto, dicha medida puede favorecer a determinadas empresas en comparación con otras que se encuentren en una situación
         fáctica y jurídica comparable (véanse, en particular, las sentencias de 13 de febrero de 2003, España/Comisión, C‑409/00,
         Rec. p. I‑1487, apartado 47; Portugal/Comisión, antes citada, apartado 54, así como de 11 de septiembre de 2008, UGT‑Rioja
         y otros, C‑428/06 a C‑434/06, Rec. p. I‑0000, apartado 46).
      
      83      Según jurisprudencia igualmente reiterada, el concepto de ayuda de Estado no se refiere a las medidas estatales que establecen
         una diferenciación entre empresas y que, en consecuencia, son a priori selectivas, cuando esta diferenciación resulta de la naturaleza o de la estructura del sistema de cargas en el que se inscriben
         (véanse, en este sentido, en particular, las sentencias citadas Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke,
         apartado 42, así como Portugal/Comisión, apartado 52).
      
      84      Por otra parte, el Tribunal de Justicia ha declarado reiteradamente que la finalidad perseguida por las intervenciones estatales
         no basta para que, en principio, eviten la calificación de «ayudas» en el sentido del artículo 87 CE (véanse, en particular,
         las sentencias de 26 de septiembre de 1996, Francia/Comisión, C‑241/94, Rec. p. I‑4551, apartado 21; de 29 de abril de 1999,
         España/Comisión, C‑342/96, Rec. p. I‑2459, apartado 23, y de 17 de junio de 1990, Bélgica/Comisión, antes citada, apartado 25).
      
      85      En efecto, el artículo 87 CE, apartado 1, no distingue según las causas o los objetivos de las intervenciones estatales, sino
         que los define en función de sus efectos (sentencias de 29 de febrero de 1996, Bélgica/Comisión, C‑56/93, Rec. p. I‑723, apartado
         79; Francia/Comisión, antes citada, apartado 20; de 17 de junio de 1999, Bélgica/Comisión, antes citada, apartado 25, y de
         13 de febrero de 2003, España/Comisión, antes citada, apartado 46).
      
      86      A la luz de esta jurisprudencia, debe llegarse a la conclusión de que el Tribunal de Primera Instancia infringió el artículo
         87 CE, apartado 1, tal como ha sido interpretado por el Tribunal de Justicia, al declarar, en el apartado 115 de la sentencia
         recurrida, que, en la ponderación de los diversos intereses contrapuestos, los Estados miembros pueden definir sus prioridades
         en materia de protección del medio ambiente y determinar, en consecuencia, los bienes o servicios que deciden someter a un
         impuesto ecológico, por lo que la circunstancia de que semejante impuesto no sea aplicable a todas las actividades similares
         que tengan un impacto comparable sobre el medio ambiente, no permite considerar que las actividades similares, no sujetas
         a ese impuesto ecológico, gozan de una ventaja selectiva.
      
      87      Como ha señalado el Abogado General en el punto 98 de sus conclusiones, este planteamiento, basado únicamente en la consideración
         del objetivo medioambiental perseguido, excluye, a priori, la posibilidad de calificar de «ventaja selectiva» la no sujeción de operadores que se encuentran en situaciones comparables
         con respecto al objetivo perseguido, y ello independientemente de los efectos de la medida fiscal de que se trata, a pesar
         de que el artículo 87 CE, apartado 1, no distingue según las causas o los objetivos de las intervenciones estatales, sino
         que las define en función de sus efectos.
      
      88      Esta conclusión se impone sobre todo a la luz del apartado 128 de la sentencia recurrida, según el cual, pueden estar justificadas
         posibles incongruencias en la definición del ámbito de aplicación del AGL en relación con los objetivos medioambientales perseguidos,
         incluso si tales incongruencias están motivadas por objetivos ajenos a la protección del medio ambiente, como el empeño por
         preservar la competitividad internacional de determinados sectores. Por lo tanto, tampoco puede considerarse que la diferenciación
         entre empresas se justifique por la naturaleza o la estructura del sistema en el que se inscribe (véase, en este sentido,
         en particular, la sentencia Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke, antes citada, apartado 54).
      
      89      En los apartados 120 y 121 de la sentencia recurrida el Tribunal de Primera Instancia distinguió también indebidamente el
         presente asunto del que dio lugar a la sentencia Adria-Wien Pipeline y Wietersdorfer & Peggauer Zementwerke, antes citada,
         debido a que esta última sentencia versaba no sobre la delimitación del ámbito de aplicación material de un impuesto ecológico,
         como en el caso de autos, sino sobre la exención parcial del pago de tal impuesto concedida a una determinada clase de empresas.
         En efecto, el artículo 87 CE, apartado 1, define las intervenciones estatales en función de sus efectos y, por lo tanto, independientemente
         de las técnicas utilizadas.
      
      90      Como señaló el Tribunal de Primera Instancia en el apartado 117 de la sentencia recurrida, es cierto que corresponde a la
         Comisión, al apreciar, a la luz de las normas comunitarias relativas a las ayudas de Estado, una medida específica como un
         impuesto ecológico adoptado por los Estados miembros en un sector en el que siguen siendo competentes a falta de medidas de
         armonización, tomar en consideración las exigencias relacionadas con la protección del medio ambiente previstas en el artículo
         6 CE, según el cual, dichas exigencias deben estar integradas en la definición y en la realización, en particular, de un régimen
         que garantice que la competencia no será falseada en el mercado interior.
      
      91      Debe recordarse además que la protección del medio ambiente constituye uno de los objetivos esenciales de la Comunidad. En
         este sentido, el artículo 2 enuncia que la Comunidad tiene por misión, entre otras cosas, promover un «alto nivel de protección
         y de mejora de la calidad del medio ambiente» y, a tal fin, el artículo 3 CE, apartado 1, letra l), prevé la aplicación de
         una «política en el ámbito del medio ambiente» (véanse las sentencias de 7 de febrero de 1985, ADBHU, 240/83, Rec. p. 531,
         apartado 13; de 20 de septiembre de 1988, Comisión/Dinamarca, 302/86, Rec. p. 4607, apartado 8; de 2 de abril de 1998, Outokumpu,
         C‑213/96, Rec. p. I‑1777, apartado 32, y de 13 de septiembre de 2005, Comisión/Consejo, C‑176/03, Rec. p. I‑7879, apartado 41).
      
      92      No obstante, la necesidad de tener en cuenta las exigencias relativas a la protección del medio ambiente, por legítimas que
         sean, no justifica la exclusión de medidas selectivas, aunque sean específicas, como los impuestos ecológicos, del ámbito
         de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1 (véase, en este sentido, en particular, la sentencia de 13 de febrero de 2003,
         España/Comisión, antes citada, apartado 54), pudiendo, en todo caso, tener en cuenta eficazmente los objetivos medioambientales
         al apreciar la compatibilidad de la medida de ayuda de Estado con el mercado común, de conformidad con el artículo 87 CE,
         apartado 3.
      
      93      Por todas estas razones, la primera y la segunda parte del primer motivo son fundadas.
      
       Sobre la tercera parte del primer motivo
      –       Alegaciones de las partes
      94      Según BAA, el Tribunal de Primera Instancia no definió el «sector de los áridos» de manera precisa y objetiva. La recurrente
         critica al Tribunal de Primera Instancia, en particular, por haber aceptado que determinados tipos de roca geológicamente
         distintos, como la pizarra, el esquisto, la arcilla plástica o el caolín, no forman parte del sector de los áridos y le reprocha
         no haber tomado en consideración los elementos probatorios que había presentado a este respecto para demostrar que la definición
         del sector de los áridos adoptada por el Tribunal de Primera Instancia no podía explicar la diferencia de trato fiscal entre
         empresas que se encuentran en una situación comparable.
      
      95      La Comisión y el Gobierno del Reino Unido consideran que BAA incurre en un error al alegar que el Tribunal de Primera Instancia
         no acuñó una definición precisa del sector de que se trata. Puntualizan que, por otra parte, el Tribunal de Primera Instancia
         entendió muy bien cuál era el ámbito de aplicación del AGL y de los sectores de actividad afectados. Matizan que dicho Tribunal
         señaló explícitamente que los materiales como, en particular, la pizarra y el esquisto de calidad superior, en principio,
         no pueden utilizarse como áridos debido a sus propiedades físicas. Consideran que, en todo caso, se trata de una apreciación
         de los hechos que realizó el Tribunal de Primera Instancia y que BAA no puede rebatir en un recurso de casación.
      
      –       Apreciación del Tribunal de Justicia
      96      De los artículos 225 CE y 58, párrafo primero, del Estatuto del Tribunal de Justicia se deriva que el Tribunal de Primera
         Instancia, por una parte, es el único competente para determinar los hechos, salvo en los casos en que la inexactitud material
         de sus comprobaciones se desprenda de los documentos que obran en autos, y, por otra parte, es el único competente para apreciar
         estos hechos. Cuando el Tribunal de Primera Instancia ha comprobado o apreciado los hechos, el Tribunal de Justicia es competente
         para ejercer, con arreglo al artículo 225 CE, un control sobre la calificación jurídica de éstos y las consecuencias de Derecho
         que de ellos haya deducido el Tribunal de Primera Instancia (véanse, en particular, las sentencias de 6 de abril de 2006,
         General Motors/Comisión, C‑551/03 P, Rec. p. I‑3173, apartado 51, así como de 22 de mayo de 2008, Evonik Degussa/Comisión
         y Consejo, C‑266/06 P, no publicada en la Recopilación, apartado 72).
      
      97      El Tribunal de Justicia no es competente para comprobar los hechos ni, en principio, para examinar las pruebas que el Tribunal
         de Primera Instancia haya tomado como referencia en apoyo de tales hechos. Siempre que tales pruebas se hayan obtenido de
         forma regular y se hayan observado los principios generales del Derecho y las normas procesales aplicables en materia de carga
         y de valoración de la prueba, corresponde únicamente al Tribunal de Primera Instancia apreciar el valor que debe atribuirse
         a las pruebas que le hayan sido presentadas. Por lo tanto, salvo en caso de desnaturalización de dichas pruebas, esta apreciación
         no constituye una cuestión de Derecho sujeta, como tal, al control del Tribunal de Justicia (véanse, en particular, las sentencias
         antes citadas General Motors/Comisión, apartado 52, así como Evonik Degussa/Comisión y Consejo, apartado 73).
      
      98      Por lo demás, hay que recordar que tal desnaturalización debe deducirse manifiestamente de los documentos obrantes en autos,
         sin que sea necesario efectuar una nueva apreciación de los hechos y de las pruebas (véanse, en particular, las citadas sentencias
         General Motors/Comisión, apartado 54, así como Evonik Degussa/Comisión y Consejo, apartado 74).
      
      99      La recurrente reprocha esencialmente al Tribunal de Primera Instancia que no tuviera en cuenta los elementos probatorios que
         había presentado ante él para demostrar que no existía razón objetiva alguna para que determinados tipos de roca geológicamente
         distintos, como la pizarra, el esquisto, la arcilla plástica o el caolín, no formaran parte del «sector de los áridos» y que,
         por consiguiente, no existía tal sector definido con precisión que pudiera distinguirse de los «sectores» no sujetos.
      
      100    Pues bien, como se desprende de la jurisprudencia recordada en los apartados 96 a 98 de la presente sentencia, el Tribunal
         de Primera Instancia es el único competente para interpretar los elementos probatorios y apreciar su valor probatorio. Dado
         que BAA no ha probado ninguna desnaturalización de dichos elementos probatorios, y ni siquiera la ha alegado, debe declararse
         la inadmisibilidad de esta parte del primer motivo.
      
      101    Teniendo en cuenta las consideraciones que preceden, deben acogerse la primera y la segunda parte del primer motivo, mientras
         que procede desestimar la tercera parte de dicho motivo.
      
       Sobre el segundo motivo, relativo al alcance del control jurisdiccional ejercido por el Tribunal de Primera Instancia
       Alegaciones de las partes
      102    BAA alega que el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho al limitar su control, tal como hace constar en
         el apartado 118 de la sentencia recurrida, a comprobar la inexistencia de error manifiesto de apreciación en la Decisión controvertida,
         en lugar de ejercer un control íntegramente sobre el fondo. Considera que el planteamiento del Tribunal de Primera Instancia,
         que, a su juicio, es apropiado en el caso de una decisión que declara una ayuda compatible con el mercado común, con arreglo
         al artículo 87 CE, apartado 3, no lo es cuando se trata de calificar una medida de «ayuda de Estado», en el sentido del artículo
         87 CE, apartado 1 (véase, en particular, la sentencia de 16 de mayo de 2000, France/Ladbroke Racing y Comisión, C‑83/98 P,
         Rec. p. I‑3271, apartado 25).
      
      103    Según BAA, al no aplicar la norma de control adecuada, el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho que vicia
         la totalidad del análisis sobre el fondo de la sentencia recurrida. Sostiene que, al referirse a la «amplia facultad de apreciación»
         de la Comisión, el Tribunal de Primera Instancia no tuvo en cuenta el hecho de que el concepto de ayuda de Estado tiene carácter
         objetivo.
      
      104    Según la Comisión y el Gobierno del Reino Unido, la recurrente pasa por alto el hecho de que, en el apartado 118 de la sentencia
         impugnada, el Tribunal de Primera Instancia no se refiera al concepto de «ayuda» en el sentido del artículo 87 CE, apartado
         1, ni a la apreciación de la «compatibilidad», a efectos del artículo 87 CE, apartado 3, sino más bien al grado de control
         de una decisión adoptada por la Comisión con arreglo al artículo 88 CE, apartado 3, de no iniciar el procedimiento formal
         del artículo 88 CE, apartado 2.
      
      105    Consideran que el grado de control mencionado por el Tribunal de Primera Instancia en el apartado 118 de la sentencia recurrida
         es acorde con la jurisprudencia (sentencia Matra, antes citada, apartados 45 y 46). Afirman que el hecho de que la ayuda de
         Estado sea un concepto objetivo no afecta a ese grado de control fundamental que se aplica a las decisiones adoptadas con
         arreglo al artículo 88 CE, apartado 3.
      
      106    Agregan que el objetivo de los motivos invocados por la propia BAA en primera instancia era demostrar que la Decisión controvertida
         adolecía de algunos errores manifiestos de apreciación.
      
      107    El Gobierno del Reino Unido señala además que, en todo caso, el Tribunal de Primera Instancia no se limitó a un control judicial
         restringido, sino que realizó un control exhaustivo de la cuestión de Derecho controvertida.
      
       Apreciación del Tribunal de Justicia
      108    Mediante este motivo, BAA reprocha al Tribunal de Primera Instancia que ejerciera un control marginal, limitado a la falta
         de errores manifiestos de apreciación, sobre la Decisión de la Comisión por la que se niega a calificar el AGL de «ayuda de
         Estado», a efectos del artículo 87 CE, apartado 1.
      
      109    En el apartado 118 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera Instancia declaró que, al controlar una decisión de la
         Comisión de no iniciar el procedimiento de investigación formal previsto en el artículo 88 CE, apartado 2, «habida cuenta
         de la amplia facultad de apreciación que ostenta la Comisión en la aplicación del artículo 88 CE, apartado 3», el juez comunitario
         debe limitarse a comprobar que se cumplen las normas de procedimiento y de motivación, la exactitud material de los hechos
         considerados para efectuar la elección cuestionada, la falta de error manifiesto en la apreciación de tales hechos, así como
         la falta de desviación de poder.
      
      110    Como ha señalado BAA acertadamente, la lectura de la sentencia recurrida y, en particular, de sus apartados 134, 139, 154
         o 171, confirma que el Tribunal de Primera Instancia realizó efectivamente un control restringido sobre las apreciaciones
         efectuadas por la Comisión en lo tocante a si el AGL está comprendido en el ámbito de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1.
      
      111    Pues bien, según la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, el concepto de ayuda de Estado, tal como se define en el Tratado,
         tiene carácter jurídico y debe interpretarse sobre la base de elementos objetivos. Por este motivo, en principio y teniendo
         en cuenta tanto los elementos concretos del litigio que se presentan ante él como el carácter técnico o complejo de las apreciaciones
         realizadas por la Comisión, el juez comunitario debe realizar un control íntegro en lo que atañe a la cuestión de si una medida
         está comprendida en el ámbito de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1 (véase, en particular, la sentencia France/Ladbroke
         Racing y Comisión, antes citada, apartado 25).
      
      112    Como ha señalado el Abogado General en el punto 144 de sus conclusiones, nada justifica que, al adoptar una decisión en virtud
         del artículo 88 CE, apartado 3, la Comisión ostente una «amplia facultad de apreciación» con respecto a la calificación de
         una medida como «ayuda de Estado», a efectos del artículo 87 CE, apartado 1, que implique que, contrariamente a lo que se
         deduce de la jurisprudencia recordada en el apartado anterior de la presente sentencia, en principio, el control judicial
         de las apreciaciones de la Comisión no sea exhaustivo.
      
      113    Ello es cierto, máxime si se considera que, según reiterada jurisprudencia, cuando la Comisión no puede llegar a la convicción,
         tras un primer examen en el procedimiento previsto en el artículo 88 CE, apartado 3, de que la medida estatal de que se trate
         no constituye «una ayuda», en el sentido del artículo 87 CE, apartado 1, o que, en el caso de que se la califique de ayuda,
         es compatible con el Tratado, o cuando dicho procedimiento no le haya permitido superar todas las dificultades inherentes
         a la apreciación de la compatibilidad de la medida considerada, dicha institución está obligada a iniciar el procedimiento
         previsto en el artículo 88 CE, apartado 2, «sin ostentar a este respecto ningún margen de apreciación» (véanse, en este sentido,
         en particular, las citada sentencias, Matra/Comisión, apartado 33, así como Comisión/Sytraval y Brink’s France, apartado 39).
         Como señaló el Tribunal de Primera Instancia en el apartado 165 de la sentencia recurrida, por lo demás, confirma expresamente
         esta obligación el artículo 4, apartado 4, en relación con el artículo 13, apartado 1, del Reglamento nº 659/1999.
      
      114    El Tribunal de Justicia ha declarado igualmente que el control judicial es limitado en lo tocante a si una medida está comprendida
         en el ámbito de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1, cuando las apreciaciones realizadas por la Comisión tienen carácter
         técnico o complejo (véanse, en particular, las sentencias citadas, France/Ladbroke Racing y Comisión, apartado 25; Matra/Comisión,
         apartados 29 y 30; de 29 de febrero de 1996, Bélgica/Comisión, apartados 10 y 11, así como España/Lenzing, apartado 56). No
         obstante, el Tribunal de Primera Instancia no ha señalado que fuera así en el caso de autos.
      
      115    Por consiguiente, como ha alegado BAA acertadamente, al no realizar un control exhaustivo con respecto a las apreciaciones
         realizadas por la Comisión sobre si el AGL está comprendido en el ámbito de aplicación del artículo 87 CE, apartado 1, el
         Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho que vicia la totalidad del análisis sobre el fondo de la Decisión
         controvertida.
      
      116    Teniendo en cuenta las consideraciones que preceden, debe acogerse el segundo motivo.
      
       Sobre el tercer motivo, relativo a errores de Derecho cometidos en la valoración de la naturaleza y del sistema general del AGL
      117    BAA alega que el Tribunal de Primera Instancia cometió varios errores en su apreciación de la naturaleza y el sistema general
         del AGL. Dichas alegaciones se refieren a supuestas incongruencias en la definición del alcance material del impuesto que,
         a su juicio, se deben a la no inclusión de determinados materiales o productos.
      
      118    La recurrente considera que la justificación teórica de las distinciones que el AGL determina no corresponden al verdadero
         ámbito de aplicación del AGL. Manifiesta que el Tribunal de Primera Instancia expuso su propia lógica en cuanto a la naturaleza
         y al sistema general del AGL. Afirma que al actuar de ese modo aplicó incorrectamente los artículos 88 CE, apartado 3, y 253 CE,
         y deformó el sentido de las pruebas que se presentaron ante él.
      
      119    La Comisión estima que debe declararse la inadmisibilidad de este motivo en la medida en que plantea numerosas cuestiones
         de hecho y no de Derecho. Considera que BAA aduce que el Tribunal de Primera Instancia deformó los hechos y que dicha parte
         se opone a las apreciaciones fácticas expresadas por el Tribunal de Primera Instancia en relación con la discusión sobre el
         ámbito de aplicación del AGL. Afirma que, sustancialmente, este motivo equivale a una petición de nuevo examen, lo cual queda
         fuera de la competencia del Tribunal de Justicia en el marco de un recurso de casación.
      
      120    El Gobierno del Reino Unido considera asimismo que procede declarar la inadmisibilidad de este motivo, ya que, a su juicio,
         la apreciación de los elementos probatorios por el Tribunal de Primera Instancia, su identificación de las circunstancias
         de hecho y las conclusiones que extrae de las pruebas que se presentaron ante él son cuestiones de hecho excluidas del control
         del Tribunal de Justicia. Manifiesta que, aun cuando se declarara la admisibilidad parcial de dicho motivo, sería manifiestamente
         infundado. En efecto, según el referido Gobierno, el Tribunal de Primera Instancia podía realizar válidamente las apreciaciones
         fácticas que efectuó en relación con el ámbito de aplicación del AGL, y éstas se hallan perfectamente motivadas en atención
         a los elementos probatorios que se presentaron ante él.
      
       Consideraciones preliminares
      121    Con carácter preliminar, procede recordar que, según jurisprudencia reiterada, de los artículos 225 CE, 58, párrafo primero,
         del Estatuto del Tribunal de Justicia y 112, apartado 1, letra c), del Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Justicia
         se desprende que un recurso de casación debe indicar de manera precisa los elementos impugnados en la sentencia cuya anulación
         se solicita, así como los fundamentos jurídicos que sustenten de manera específica esta pretensión (véase, en particular,
         la sentencia de 19 de enero de 2006, Comunità Montana della Valnerina/Comisión, C‑240/03 P, Rec. p. I‑731, apartado 105).
      
      122    No cumple los requisitos de motivación establecidos en dichas disposiciones un recurso de casación que se limite a repetir
         o a reproducir literalmente los motivos invocados y las alegaciones formuladas ante el Tribunal de Primera Instancia, incluidos
         los basados en hechos expresamente desestimados por dicho órgano jurisdiccional. Tal recurso de casación es, en realidad,
         una demanda destinada a obtener simplemente el nuevo examen de la presentada ante el Tribunal de Primera Instancia, lo cual
         excede de la competencia del Tribunal de Justicia (véase, en particular, la sentencia Comunità montana della Valnerina/Comisión,
         antes citada, apartado 106).
      
      123    No obstante, en la medida en que el recurrente impugne la interpretación o la aplicación del Derecho comunitario efectuada
         por el Tribunal de Primera Instancia, las cuestiones de Derecho examinadas en primera instancia pueden volver a discutirse
         en sede de casación. Si un recurrente no pudiera basar su recurso de casación en motivos invocados y alegaciones ya formuladas
         ante el Tribunal de Primera Instancia, se privaría al recurso de casación de una parte de su sentido (véase, en particular,
         la sentencia Comunità montana della Valnerina/Comisión, antes citada, apartado 107).
      
      124    En el caso de autos, es claramente así, tanto con respecto a la primera parte de este motivo como en lo tocante a las partes
         segunda y tercera del mismo motivo, por lo que, contrariamente a lo alegado por la Comisión, debe admitirse el tercer motivo
         en cuanto a sus tres partes.
      
       Sobre la primera parte del tercer motivo, relativa a la sujeción al AGL de determinados materiales vírgenes que no se emplean
         como áridos y respecto a los cuales no existen materiales de sustitución
      
      –       Alegaciones de las partes
      125    Mediante la primera parte del tercer motivo, BAA recrimina al Tribunal de Primera Instancia haber considerado, en los apartados
         135 y 136 de la sentencia recurrida, que, en virtud del principio de quien contamina paga, estaba justificada la aplicación
         del AGL a determinados materiales denominados «vírgenes», como el granito utilizado para el balasto o el guijo rojo utilizado
         como pavimento de vías peatonales, respecto a los cuales no existen sustitutivos, mientras que la Decisión controvertida enuncia
         que la arena, la roca y la grava, que se extraen como materiales vírgenes, están exentos del impuesto cuando no se utilizan
         como áridos debido a que, para tales usos, no pueden reemplazarse por productos de sustitución más ecológicos.
      
      126    A su juicio, dado que la Decisión controvertida postuló la no sustituibilidad como una circunstancia que puede excluir del
         ámbito de aplicación del AGL determinadas utilizaciones de materiales vírgenes que, de lo contrario, estarían sujetos a dicho
         impuesto, basándose en el principio de quien contamina paga, el Tribunal de Primera Instancia sustituyó la apreciación de
         la Comisión por la suya propia a fin de justificar la tributación de materiales que no pueden ser sustituidos. Agrega que,
         además, aplicó dicho principio de una manera selectiva y motivó insuficientemente sus apreciaciones.
      
      127    La Comisión responde que BAA no tiene en cuenta que el AGL es un impuesto sectorial, limitado únicamente al sector de los
         áridos, lo que explica que productos no sustituibles, como la arena, la roca y la grava, que no se venden ni utilizan como
         áridos, puedan estar exentos del impuesto de que se trata. Alega que cuando estos mismos productos se utilizan como áridos,
         su sujeción al AGL obedece al objetivo de internalizar los costes medioambientales vinculados a la producción y a la utilización
         de áridos vírgenes. Considera que, por lo tanto, esta parte del tercer motivo es infundada.
      
      –       Apreciación del Tribunal de Justicia
      128    El Tribunal de Primera Instancia señaló en el apartado 124 de la sentencia recurrida que el escrito de notificación y la Decisión
         impugnada se refieren, por una parte, de manera explícita, al objetivo de utilizar al máximo posible los áridos reciclados
         u otros materiales de sustitución, en relación con los áridos vírgenes y a la promoción de una utilización racional de los
         áridos vírgenes, recursos naturales no renovables y, por otra, de forma implícita, a la «internalización de los costes medioambientales
         de conformidad con el principio de quien contamina paga», al hacer constar, en relación con la determinación de los objetivos
         del AGL, que «los costes para el medio ambiente de la extracción de áridos que son objeto del impuesto engloban los ruidos,
         el polvo, los atentados contra la biodiversidad y el deterioro visual». El Tribunal de Primera Instancia agrega en el mismo
         apartado que dichos objetivos se explicitan en el escrito del Reino Unido, de 19 de febrero de 2002, dirigido a la Comisión.
      
      129    Aun cuando se suponga que el Tribunal de Primera Instancia sustituyó la motivación de la Decisión controvertida por la suya
         propia, remitiéndose en el apartado 124 de la sentencia recurrida al principio de quien contamina paga y justificando, en
         los apartados 135 y 136 de dicha sentencia, la tributación de productos que, en principio, no pueden reemplazarse por productos
         de sustitución a la luz del objetivo de «internalizar los costes medioambientales vinculados a la producción de áridos vírgenes»,
         en ningún caso puede prosperar el reproche según el cual, en los apartados 135 y 136 de dicha sentencia el Tribunal de Primera
         Instancia expuso su propia lógica en cuanto a la naturaleza y al sistema general del AGL, en la medida en que resulta patente
         que la desestimación de la imputación formulada en primera instancia es fundada por otros motivos (véase, en particular, la
         sentencia Comisión/Sytraval y Brink’s France, antes citada, apartado 47).
      
      130    En efecto, como ha señalado acertadamente la Comisión, las alegaciones de BAA, a las que respondió el Tribunal de Primera
         Instancia en los apartados 135 y 136 de la sentencia recurrida, se basan en la premisa errónea de que la inexistencia de materiales
         de sustitución justificaba la exclusión del ámbito de aplicación del AGL de los materiales vírgenes no utilizados como áridos.
         Pues bien, como ha observado igualmente el Abogado General en el punto 108 de sus conclusiones, de los motivos de la Decisión
         controvertida se deduce que la exclusión de dichos materiales se explica, en realidad, por la voluntad de las autoridades
         británicas de gravar con el impuesto referido únicamente los materiales incluidos en el sector de los áridos.
      
      131    Por consiguiente, debe desestimarse por inoperante la imputación relativa a la aplicación selectiva del principio de quien
         contamina paga y tampoco parece que resulte insuficiente la fundamentación de los extremos de que se trata de la sentencia
         recurrida, aunque se base en una premisa errónea.
      
      132    En estas circunstancias, debe desestimarse la primera parte del tercer motivo en su totalidad.
      
       Sobre la segunda parte del tercer motivo, relativa a la sujeción al AGL de determinados productos derivados de la extracción
         de materiales primarios no sustituibles, los cuales no están sujetos al impuesto
      
      
       Alegaciones de las partes
      133    Mediante la segunda parte del tercer motivo, BAA rebate, en particular, las apreciaciones del Tribunal de Primera Instancia
         contenidas en los apartados 112 y 137 de la sentencia recurrida, mediante los cuales dicho Tribunal rechazó las alegaciones
         de incoherencia con los objetivos del AGL del gravamen de algunos productos derivados de la extracción de materiales primarios
         no sustituibles, los cuales, en sí mismos, no están gravados. Según BAA, no deben gravarse dichos subproductos en la medida
         en que se trata de áridos «secundarios».
      
      134    Alega que, en el apartado 112 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera Instancia no interpretó correctamente el apartado
         29 de los motivos de la Decisión controvertida al considerar que el concepto de áridos «secundarios» se refería, en general,
         a los materiales no sujetos al impuesto. Estima que, de este modo, el Tribunal de Primera Instancia sustituyó la motivación
         de la Comisión por la suya propia y fundamentó de manera insuficiente las conclusiones a las que llegó.
      
      135    A su juicio, por otra parte, el Tribunal de Primera Instancia cometió varios errores de Derecho en el apartado 137 de la sentencia
         recurrida al aceptar la justificación de la distinción establecida entre los áridos secundarios en lo que atañe a su sujeción
         al AGL. BAA recrimina, en particular, al Tribunal de Primera Instancia haber aplicado de manera selectiva la lógica medioambiental
         del principio de quien contamina paga, haber aceptado, sin la menor prueba, que la imposibilidad de limitar el volumen de
         subproductos justifica dicha distinción, haberse basado en una supuesta diferencia de precios relativamente moderada entre
         los áridos de calidad inferior y los materiales no sustituibles de los que son subproductos y haberse remitido equivocadamente
         en este contexto a los puntos 4.10 a 4.15 del escrito del Reino Unido de 19 de febrero de 2002.
      
      136    La Comisión responde que BAA critica indebidamente la sentencia recurrida toda vez que llega a la conclusión de que el gravamen
         de los áridos de menor calidad que son los productos derivados de la extracción de materiales no gravados, como los áridos
         resultantes de la extracción de caliza, de piedras de talla o de arena silícea, es compatible con la naturaleza y el sistema
         general del AGL.
      
      137    En lo que atañe, en primer lugar, a la crítica en relación con el apartado 112 de la sentencia recurrida, la Comisión sostiene
         que, cuando, en el apartado 29 de los motivos de la Decisión controvertida, se hace referencia a los áridos primarios, se
         trata de una referencia a los productos gravados, mientras que la referencia a áridos secundarios se refiere a los áridos
         exentos enumerados en la Ley. Matiza que, por lo tanto, la conclusión de hecho a la que llegó el Tribunal de Primera Instancia
         en dicho apartado 112 no supone ningún error.
      
      138    En cuanto al apartado 137 de la sentencia recurrida, la Comisión sostiene que, contrariamente a lo que afirma BAA, el principio
         de quien contamina paga no implica necesariamente la sujeción al AGL de los subproductos de algunos otros productos no gravados,
         como la roca de pizarra, en la medida en que es una opción política de los Estados miembros someter al impuesto los productos
         del sector de los áridos y no los demás sectores que habitualmente no producen áridos, como la extracción de pizarra y de
         los subproductos que de ella resultan.
      
      139    Señala que, como puso de relieve el Tribunal de Primera Instancia en el apartado 137 de la sentencia recurrida, la diferencia
         de precios relativamente moderada entre áridos derivados de calidad inferior y los materiales no sustituibles, de los que
         son los subproductos, justifica la sujeción al impuesto de los áridos derivados, con el fin de reducir la proporción de áridos
         de calidad inferior. Añade que carecen de fundamento las críticas de BAA tanto en relación con las apreciaciones del Tribunal
         de Primera Instancia sobre la relación de precios entre los productos de que se trata como sobre la referencia al escrito
         del Reino Unido de 19 de febrero de 2002.
      
      –       Apreciación del Tribunal de Justicia
      140    BAA reprocha, en primer lugar, al Tribunal de Primera Instancia haber declarado en el apartado 112 de la sentencia recurrida
         que, en la Decisión controvertida y, en particular, en el apartado 29 de su exposición de motivos, el concepto de áridos «secundarios»
         se refiere, en general, a los materiales no sujetos al AGL, mientras que, en realidad, atañe a los productos derivados, que
         resultan de la extracción de materiales «primarios», que consisten en los productos que son objeto de la actividad principal
         de una cantera. Afirma que, por lo tanto, el Tribunal de Primera Instancia sustituyó la motivación de la Comisión por la suya
         propia.
      
      141    A este respecto, es preciso recordar que, en el marco del control de la legalidad a que se refiere el artículo 230 CE, el
         Tribunal de Justicia y el Tribunal de Primera Instancia son competentes para pronunciarse sobre los recursos por incompetencia,
         vicios sustanciales de forma, violación del Tratado o de cualquier norma jurídica relativa a su aplicación o desviación de
         poder. El artículo 231 CE establece que, si el recurso fuere fundado, el acto impugnado será declarado nulo y sin valor ni
         efecto alguno. Por consiguiente, en ningún caso puede el Tribunal de Justicia o el Tribunal de Primera Instancia sustituir
         la motivación del autor del acto impugnado por la suya propia (véase, en particular, la sentencia de 27 de enero de 2000,
         DIR International Film y otros/Comisión, C‑164/98 P, Rec. p. I‑447, apartado 38).
      
      142    Aunque en un recurso de anulación el Tribunal de Primera Instancia puede verse en la necesidad de interpretar la motivación
         del acto impugnado de manera diferente a su autor, o incluso, en determinadas circunstancias, de tener que rechazar la motivación
         formal en que se basó éste, no puede hacerlo cuando ningún elemento material así lo justifique (sentencia DIR International
         Film y otros/Comisión, antes citada, apartado 42).
      
      143    Según los propios términos del punto 29 de la exposición de motivos de la Decisión controvertida, «el AGL sólo se percibirá
         sobre los áridos vírgenes. El AGL no se percibirá sobre los áridos extraídos como subproductos o residuos de otros productos
         (áridos secundarios) ni sobre los áridos reciclados». Por otra parte, en el apartado 32 de la exposición de motivos de dicha
         Decisión, la Comisión afirma que la estructura y el alcance del impuesto reflejan la clara distinción entre la extracción
         de áridos «vírgenes», que tiene consecuencias no deseables para el medio ambiente, y la producción de áridos «secundarios»
         o reciclados, que representa una contribución importante al tratamiento de la roca, la grava y la arena resultante de excavaciones,
         de otras obras o de tratamientos efectuados legalmente con fines diversos.
      
      144    Por consiguiente, al señalar en el apartado 112 de la sentencia recurrida que la Comisión consideró en toda la Decisión controvertida
         y, en particular, en el apartado 29 de la exposición de motivos de ésta, que los términos de «áridos primarios» designan esencialmente
         los áridos «sujetos al AGL», mientras que los términos «áridos secundarios» se refieren esencialmente a los áridos «exentos»
         enumerados en la Ley, para deducir, concretamente, que la Comisión se limitó a afirmar en el apartado mencionado que «el AGL
         no se percibirá sobre los productos derivados o los residuos de primera extracción cuando se hallen exentos en virtud de la
         Ley», el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de interpretación y sustituyó la interpretación que se deriva directamente
         de la Decisión controvertida por la suya propia, aunque ningún elemento material lo justificara.
      
      145    En estas circunstancias, procede acoger la primera imputación de la segunda parte del tercer motivo.
      
      146    BAA reprocha además al Tribunal de Primera Instancia que reconociera que estaba justificada la sujeción al AGL de algunos
         productos procedentes de la extracción de materiales no sujetos a dicho impuesto. La recurrente alega, a este respecto, una
         sustitución de motivos, errores de apreciación y la desnaturalización de elementos probatorios.
      
      147    En el apartado 137 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera Instancia observa, en primer lugar, que «el principio
         de quien contamina paga permitía asimismo justificar la sujeción al impuesto de los productos derivados de la extracción de
         materiales no reemplazables por productos de sustitución, concretamente, la sujeción de los áridos de calidad inferior [...],
         como se desprende del escrito de las autoridades del Reino Unido de 19 de febrero de 2002».
      
      148    El Tribunal de Primera Instancia señala a renglón seguido en dicho apartado que «la tributación de dichos productos puede
         igualmente justificarse por el objetivo –al que asimismo alude la interviniente en el referido escrito– que persigue estimular
         una extracción y un tratamiento más racionales de los áridos, con el fin de reducir la proporción de áridos de calidad inferior.
         En efecto, esta proporción, variable de una cantera a otra, como señala la demandante, puede, no obstante, modificarse respecto
         a una misma cantera. Pues bien, la Comisión ha señalado a este respecto, en particular, en su escrito de contestación, sin
         que la haya contradicho la demandante, la diferencia de precio relativamente moderada entre los áridos de calidad inferior
         y los materiales no sustituibles de los que son subproductos».
      
      149    En relación, en primer lugar, con las imputaciones relativas al hecho de que el Tribunal de Primera Instancia aceptara sin
         la menor prueba que la imposibilidad de limitar el volumen de los subproductos justifica el gravamen de determinados tipos
         de áridos secundarios, en la medida en que el Tribunal de Primera Instancia se apoyó indebidamente en una supuesta diferencia
         de precios relativamente moderada entre los áridos de calidad inferior y los materiales no sustituibles de los que son subproductos
         y en que el Tribunal se remitió erróneamente a los puntos 4.10 a 4.15 del escrito del Reino Unido de 19 de febrero de 2002,
         baste señalar que tales imputaciones cuestionan apreciaciones de hecho. Ahora bien, en la medida en que no se ha demostrado
         ninguna desnaturalización de los elementos de hecho alegados ni de los elementos probatorios presentados ante el Tribunal
         de Primera Instancia, debe declararse la inadmisibilidad de dichas imputaciones.
      
      150    Por lo demás, debe observarse que la fundamentación del Tribunal de Primera Instancia se basa no sólo en el principio de quien
         contamina paga, sino también en el objetivo de estimular una extracción y un tratamiento más racionales de los áridos vírgenes,
         objetivo que evidentemente está comprendido en el ámbito del apartado 31 de la exposición de motivos de la Decisión controvertida,
         por lo que no puede deplorarse ninguna sustitución de motivos por parte del Tribunal de Primera Instancia.
      
      151    Por todas estas razones, debe acogerse la segunda parte del tercer motivo en la medida en que se refiere al apartado 112 de
         la sentencia recurrida y procede desestimarlo en todo lo demás.
      
       Sobre la tercera parte del tercer motivo, relativa a la exención del AGL de determinados tipos de áridos vírgenes
      –       Alegaciones de las partes
      152    Mediante la tercera parte del tercer motivo, BAA recrimina al Tribunal de Primera Instancia que considerara justificada la
         no sujeción al impuesto de determinados tipos de áridos vírgenes, como la pizarra, el esquisto, la arcilla plástica, el caolín,
         la arcilla, el carbón o el lignito.
      
      153    Sostiene que el Tribunal de Primera Instancia sustituyó la motivación contenida en la Decisión controvertida por la suya propia
         al afirmar, en los apartados 130, 131, 133 y 134 de la sentencia recurrida, que el objetivo de dicha exención era estimular
         el uso de los áridos vírgenes aludidos como productos de sustitución de los áridos vírgenes sujetos al AGL. Según BAA, la
         persecución de tal objetivo debilita la «naturaleza y el sistema general» medioambiental del AGL.
      
      154    A su juicio, la apreciación del Tribunal de Primera Instancia se deriva de la desnaturalización de las pruebas presentadas
         durante el procedimiento, en particular, el escrito del Reino Unido de 19 de febrero de 2002, y vulnera el derecho de defensa
         de la recurrente en la medida en que ésta no pudo pronunciarse con respecto a dicha nueva interpretación de las referidas
         pruebas.
      
      155    La Comisión observa que la exención de algunos materiales primarios como la pizarra, el esquisto, la arcilla plástica, el
         caolín, la arcilla, el carbón o el lignito está justificada por el hecho de que no se utilizan normalmente como áridos y,
         por consiguiente, no forman parte del sector de los áridos, como reconoció el Tribunal de Primera Instancia en los apartados
         128 y 129 de la sentencia recurrida.
      
      156    Señala que el Tribunal de Primera Instancia admitió asimismo acertadamente en los apartados 130, 131, 133 y 134 de dicha sentencia,
         que el Reino Unido podía estimular el uso de escombros de pizarra y de materiales similares, como productos de sustitución
         de los áridos vírgenes. Puntualiza que, por último, apoyándose, en particular, en el escrito del Reino Unido de 19 de febrero
         de 2002, el Tribunal de Primera Instancia no cometió ningún error de Derecho al declarar, en el apartado 133 de la sentencia
         recurrida, que la extracción de los áridos representa la principal causa de deterioro del medio ambiente prevista por la medida.
      
      157    Según la Comisión, no corresponde a las instituciones comunitarias examinar la importancia de los problemas medioambientales
         tratados en comparación con los demás problemas de este tipo que puedan existir en el mismo Estado miembro. Por lo tanto,
         a su juicio, la cuestión de qué porcentaje concreto representa la extracción de áridos en relación con la actividad global
         de extracción de minerales en el Reino Unido carece de toda consecuencia respecto al presente asunto.
      
      –       Apreciación del Tribunal de Justicia
      158    En el apartado 130 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera Instancia admite como justificación con respecto a los
         objetivos medioambientales perseguidos la exención de algunos materiales, en particular, el esquisto y la pizarra de mala
         calidad, la arcilla y los residuos de caolín y de arcilla plástica, incluso cuando se usan como áridos, en la medida en que,
         según una apreciación de hecho efectuada por el Tribunal de Primera Instancia, habían sido «hasta ahora poco utilizados como
         áridos debido a sus elevados costes de transporte».
      
      159    El Tribunal de Primera Instancia deduce de ello, en el mismo apartado de la sentencia recurrida, que la no sujeción de dichos
         materiales al AGL permite su empleo como sustitutos de los áridos vírgenes y puede, por lo tanto, contribuir a una racionalización
         de la extracción y del uso de estos últimos.
      
      160    Contrariamente a lo que alega BAA, con tal planteamiento el Tribunal de Primera Instancia no efectuó ninguna sustitución de
         motivos, ya que, como se ha señalado en el apartado 150 de la presente sentencia, la racionalización de la extracción y del
         empleo de los áridos vírgenes figuran entre los objetivos enumerados en la Decisión controvertida.
      
      161    En la medida en que, como señaló el Tribunal de Primera Instancia sin incurrir en ningún error de Derecho, la incitación a
         la utilización de los materiales vírgenes poco usados hasta el presente como áridos es congruente con el objetivo consistente
         en racionalizar la utilización de los áridos, la incitación a utilizar dichos materiales tampoco quebranta la naturaleza y
         el sistema general medioambiental del AGL.
      
      162    Por último, en cuanto a la alegación, en este contexto, de una desnaturalización de las pruebas presentadas durante el procedimiento,
         en particular, el escrito del Reino Unido de 19 de febrero de 2002, semejante desnaturalización no resulta de los documentos
         obrantes en autos, por lo que no puede prosperar dicha imputación, como tampoco, por lo tanto, la relativa a la vulneración
         del derecho de defensa.
      
      163    Por consiguiente, debe desestimarse la tercera parte del tercer motivo en su totalidad.
      
       Sobre el cuarto motivo, relativo a errores de Derecho en la apreciación de la exención de las exportaciones
      164    BAA alega que, al declarar en los apartados 147 y siguientes de la sentencia recurrida que la exención del AGL de los áridos
         que se exportan está justificada por el carácter de impuesto «indirecto» del AGL, el Tribunal de Primera Instancia, por una
         parte, infringió los artículos 91 CE y 92 CE e incumplió su obligación de motivación y, por otra, permitió una mejora de la
         motivación de la Decisión controvertida con carácter retroactivo.
      
      165    Debe examinarse, en primer lugar, la segunda parte de este motivo.
      
       Sobre la segunda parte del cuarto motivo
      –       Alegaciones de las partes
      166    BAA sostiene que, al adoptar en los apartados 150 y 151 de la sentencia recurrida la motivación basada en el carácter de impuesto
         indirecto del AGL, que la Comisión y el Reino Unido alegaron por primera vez ante el Tribunal de Primera Instancia, éste permitió
         que se mejorara la Decisión controvertida con carácter retroactivo, lo cual no autoriza el Derecho comunitario (véase, en
         este sentido, la sentencia de 24 de octubre de 1996, Alemania y otros/Comisión, C‑329/93, C‑62/95 y C‑63/95, Rec. p. I‑5151,
         apartados 47 y 48).
      
      167    Señala que, en efecto, la explicación dada por la Comisión en el apartado 33 de los motivos de la Decisión controvertida para
         explicar la exención de dicho impuesto de los áridos exportados carece de pertinencia, habida cuenta de la argumentación basada
         en el artículo 91 CE, que formulan la Comisión y el Gobierno del Reino Unido ante el Tribunal de Primera Instancia y que éste
         consideró erróneamente que estaba vinculada con la motivación de dicho apartado 33.
      
      168    La Comisión y el Gobierno del Reino Unido replican que, basándose en el carácter de impuesto indirecto del AGL, el Tribunal
         de Primera Instancia no permitió ninguna «mejora retroactiva» de la Decisión controvertida, sino que simplemente explicó más
         pormenorizadamente y desarrolló las razones plasmadas en el apartado 33 de la exposición de motivos de dicha Decisión.
      
      169    Alegan que, en el apartado 150 de la sentencia recurrida, el Tribunal de Primera Instancia reconoció que la motivación basada
         en el carácter de impuesto indirecto del AGL debe tomarse en consideración en la medida en que está relacionada con los motivos
         expuestos por la Comisión en el apartado 33 de la exposición de motivos de la Decisión controvertida.
      
      170    Señalan que el artículo 253 CE no descarta que las razones expuestas en una decisión de la Comisión se expliquen con posterioridad
         de manera más pormenorizada.
      
      171    Afirman que, además, resulta patente que, en el presente asunto, las normas jurídicas que regulan la materia de que se trata
         son el artículo 91 CE y el principio de tributación en el país de destino. Puntualizan que, en consecuencia, dicha disposición
         forma parte manifiestamente del contexto jurídico de la Decisión controvertida.
      
      –       Apreciación del Tribunal de Justicia
      172    En lo que atañe a la obligación de motivación que incumbe a la Comisión, procede recordar que, según reiterada jurisprudencia,
         la motivación exigida por el artículo 253 CE debe adaptarse a la naturaleza del acto de que se trate y debe poner de manifiesto
         de manera clara e inequívoca el razonamiento de la institución de la que emane el acto, con el fin de que los interesados
         conozcan las razones de la medida adoptada y el órgano jurisdiccional competente pueda ejercer su control. La exigencia de
         motivación debe apreciarse en función de las circunstancias de cada caso, en particular, del contenido del acto, la naturaleza
         de los motivos invocados y el interés que los destinatarios u otras personas afectadas directa e individualmente por el acto
         puedan tener en recibir explicaciones. No se exige que la motivación especifique todos los elementos de hecho y de Derecho
         pertinentes, en la medida en que la cuestión de si la motivación de un acto cumple las exigencias del artículo 253 CE debe
         apreciarse en relación no sólo con su tenor literal, sino también con su contexto, así como con el conjunto de normas jurídicas
         que regulan la materia de que se trate (véase, en particular, la sentencia Comisión/Sytraval y Brink’s France, antes citada,
         apartado 63).
      
      173    Por lo que se refiere más concretamente a una decisión de la Comisión que declara la inexistencia de una ayuda de Estado denunciada,
         la Comisión está en todo caso obligada a exponer de manera suficiente al denunciante las razones por las que los elementos
         de hecho y de Derecho invocados en la denuncia no han sido suficientes para demostrar la existencia de una ayuda de Estado
         (sentencia Comisión/Sytraval y Brink’s France, antes citada, apartado 64).
      
      174    En el caso de autos, debe señalarse que el apartado 33 de la exposición de motivos de la Decisión controvertida justifica
         la exención de los áridos exportados por el hecho de que puedan estar exentos en el Reino Unido si se utilizan en procesos
         de fabricación exentos, como, por ejemplo, la fabricación de vidrio, de plástico, de papel, de fertilizantes y de pesticidas.
      
      175    Habida cuenta de que las autoridades británicas no pueden controlar el empleo de los áridos fuera de su territorio, las exportaciones
         deben estar exentas en aras de la seguridad jurídica de los exportadores de áridos y para evitar un trato poco equitativo
         de las exportaciones de áridos, que podrían incluso gozar de una excepción dentro del Reino Unido.
      
      176    Así, la motivación enunciada en el apartado 33 de la exposición de motivos de la Decisión controvertida se refiere a la desigualdad
         de trato que, de no estar exentos los áridos exportados, resultaría del hecho de que los áridos comercializados en el Reino
         Unido están exentos siempre que se utilicen para determinados fines, mientras que, los áridos utilizados para idénticos fines
         en el Estado de importación se hallan, en principio, sujetos al AGL debido a la inexistencia de medios de control por parte
         de las autoridades británicas sobre el empleo de los áridos fuera del territorio del Reino Unido.
      
      177    Semejante motivación no hace alusión alguna al carácter de «impuesto indirecto» del AGL en el sentido del artículo 91 CE para
         justificar la exención de los áridos exportados, la cual se basa en una distinción entre, por una parte, los áridos comercializados
         en el Reino Unido y, por otra, los áridos exportados.
      
      178    Por consiguiente, contrariamente a lo que declaró el Tribunal de Primera Instancia en el apartado 150 de la sentencia recurrida,
         la motivación basada en el artículo 91 CE no puede considerarse relacionada con los motivos expuestos en la Decisión controvertida,
         basados en la inexistencia de medios por parte de las autoridades británicas para controlar el uso de los materiales como
         áridos fuera del Reino Unido, sino que, en realidad, constituye una motivación distinta, invocada tras la adopción de dicha
         Decisión. Por lo tanto, el Tribunal de Primera Instancia infringió el artículo 253 CE al tomar en consideración dicha motivación
         en relación con los motivos contenidos en la Decisión controvertida.
      
      179    Por consiguiente, debe acogerse la segunda parte del cuarto motivo.
      
       Sobre la primera parte del cuarto motivo
      180    Teniendo en cuenta la respuesta dada a la segunda parte de este motivo, no es necesario examinar la primera.
      
       Sobre el quinto motivo, relativo a la no apertura del procedimiento de investigación formal previsto en el artículo 88 CE,
            apartado 2
       Alegación de las partes
      181    BAA alega que, aunque recordó correctamente la jurisprudencia pertinente en los apartados 165 a 167 de la sentencia recurrida,
         el Tribunal de Primera Instancia cometió un error de Derecho al declarar, en los apartados 171 y 172 de la misma sentencia,
         que la Comisión había decidido acertadamente no iniciar el procedimiento previsto en el artículo 88 CE, apartado 2.
      
      182    En efecto, según la recurrente, dicha institución no podía «adquirir la convicción» de que el AGL no era una ayuda de Estado
         sobre la base de algunas consideraciones a él referidas en la Decisión controvertida. Así lo demuestra, en particular, la
         circunstancia de que la fundamentación de la sentencia recurrida sea mucho más bien pormenorizada y más larga que la motivación
         de dicha Decisión, así como el hecho de que la fundamentación de la sentencia recurrida se base en razonamientos distintos
         de los expuestos en la Decisión controvertida.
      
      183    La Comisión y el Gobierno del Reino Unido replican que la mera circunstancia de que la sentencia recurrida sea más larga que
         la Decisión controvertida no puede permitir llegar a la conclusión de que dicha institución cometiera un error de Derecho
         al decidir no iniciar el procedimiento de investigación formal.
      
      184    El Gobierno del Reino Unido agrega que el Tribunal de Primera Instancia resumió y aplicó correctamente la jurisprudencia pertinente
         e infirió de ella que únicamente las alegaciones eficazmente formuladas por BAA en apoyo del presente motivo, relativas a
         las incongruencias esgrimidas en la delimitación del ámbito de aplicación del AGL, coincidían con las que había formulado
         en relación con el motivo relativo a la infracción del artículo 87 CE, apartado 1. Señala que, en definitiva, dicho motivo
         no hace sino reiterar las alegaciones formuladas ante el Tribunal de Primera Instancia.
      
       Apreciación del Tribunal de Justicia
      185    Como ya se ha puesto de relieve en el apartado 113 de la presente sentencia, el procedimiento previsto en el artículo 88 CE,
         apartado 2, reviste un carácter indispensable siempre que la Comisión deba hacer frente a serias dificultades para apreciar
         si una ayuda es compatible con el mercado común.
      
      186    En consecuencia, la Comisión sólo puede quedarse en la fase preliminar prevista en el artículo 88 CE, apartado 3, para adoptar
         una decisión favorable a una medida estatal si, al término de un primer examen, puede adquirir la convicción de que tal medida
         no consiste en una «ayuda», en el sentido del artículo 87 CE, apartado 1, o bien, en el caso de que se la califique de «ayuda»,
         es compatible con el Tratado.
      
      187    En cambio, si dicho primer examen lleva a la Comisión a adquirir la convicción contraria, o incluso no permite superar todas
         las dificultades que hubiera planteado la apreciación de la compatibilidad de la medida considerada, la Comisión debe recabar
         todos los dictámenes necesarios y, a tal fin, iniciar el procedimiento previsto en el artículo 88 CE, apartado 2.
      
      188    Pues bien, como han puesto de relieve acertadamente la Comisión y el Gobierno del Reino Unido, la alegación de BAA de que
         la fundamentación de la sentencia recurrida es distinta de la motivación de la Decisión controvertida, más pormenorizada y
         más larga que la motivación de esta última, de por sí, no puede demostrar que el Tribunal de Primera Instancia cometió un
         error de Derecho al declarar, en el apartado 172 de la sentencia recurrida, que la Comisión no se había excedido de los límites
         de su facultad de apreciación al estimar que, en virtud del artículo 87 CE, apartado 1, el control tanto de la delimitación
         del ámbito de aplicación material del AGL como de la exención de las exportaciones, no revestía ninguna dificultad seria que
         le obligara a iniciar el procedimiento de investigación formal previsto en el artículo 88 CE, apartado 2.
      
      189    Dado que BAA no especificó las dificultades serias de apreciación concretas con las que, a su juicio, se enfrentó la Comisión,
         procede desestimar el quinto motivo.
      
       Sobre el sexto motivo, relativo a motivación insuficiente de la Decisión controvertida
       Alegaciones de las partes
      190    En apoyo de este motivo BAA alega que la circunstancia de que el Tribunal de Primera Instancia desarrollara una argumentación
         distinta de la contenida en la Decisión controvertida basta para constatar que el Tribunal de Primera Instancia no podía declarar
         en el apartado 146 de la sentencia recurrida que dicha Decisión estaba suficientemente motivada, con arreglo al artículo 253 CE.
      
      191    La Comisión señala, por una parte, que BAA no formula ninguna alegación específica en apoyo de este motivo y sostiene, por
         otra, que la Decisión controvertida estaba suficientemente motivada. El Gobierno del Reino Unido observa que BAA se limita
         a aducir que el Tribunal de Primera Instancia analizó las alegaciones formuladas por las partes en el litigio más detenidamente
         de lo que, según parece, lo hace la Decisión controvertida y que, por lo tanto, debe desestimarse este motivo.
      
       Apreciación del Tribunal de Justicia
      192    Como se ha recordado en el apartado 173 de la presente sentencia, es cierto que, en relación más concretamente con una decisión
         de la Comisión que declara la inexistencia de una ayuda de Estado denunciada, en todo caso, la Comisión está obligada a exponer
         de manera suficiente al denunciante las razones por las que los elementos de hecho y de Derecho alegados en la denuncia no
         han sido suficientes para demostrar la existencia de una ayuda de Estado.
      
      193    No obstante, la argumentación de la recurrente según la cual el Tribunal de Primera Instancia desarrolló una fundamentación
         distinta de la motivación expuesta por la Comisión y más pormenorizada que ésta, no puede demostrar que el Tribunal de Primera
         Instancia cometiera un error de Derecho al declarar que la Decisión controvertida estaba suficientemente motivada con respecto
         a los motivos expuestos en ésta.
      
      194    En estas circunstancias, igualmente debe desestimarse el sexto motivo.
      
      195    De todas las consideraciones que preceden se desprende que, habida cuenta de los distintos errores de Derecho comprobados,
         procede anular la sentencia recurrida.
      
       Sobre la devolución del asunto al Tribunal de Primera Instancia
      196    Con arreglo al artículo 61, párrafo primero, del Estatuto del Tribunal de Justicia, en caso de anulación de la resolución
         del Tribunal de Primera Instancia, el Tribunal de Justicia puede ya sea resolver definitivamente el litigio, cuando su estado
         así lo permita, o bien devolver el asunto al Tribunal de Primera Instancia para que este último resuelva.
      
      197    En el presente asunto, teniendo en cuenta los errores de Derecho señalados en los apartados 86 a 92 y 110 a 115, respectivamente,
         de la presente sentencia, procede devolver el asunto al Tribunal de Primera Instancia.
      
      198    Dado que se devuelve el asunto al Tribunal de Primera Instancia, procede reservar la decisión sobre las costas relativas al
         presente procedimiento de casación.
      
      En virtud de todo lo expuesto, el Tribunal de Justicia (Sala Tercera) decide:
      1)      Anular la sentencia del Tribunal de Primera Instancia de las Comunidades Europeas, de 13 de septiembre de 2006, British Aggregates
            Association/Comisión (T‑210/02).
      2)      Devolver el asunto al Tribunal de Primera Instancia de las Comunidades Europeas.
      3)      Reservar la decisión sobre las costas.
      Firmas
      * Lengua de procedimiento: inglés.