CELEX: 62005CJ0101
Language: es
Date: 2007-12-18
Title: Sentencia del Tribunal de Justicia (Gran Sala) de 18 de diciembre de 2007.#Skatteverket contra A.#Petición de decisión prejudicial: Regeringsrätten - Suecia.#Libre circulación de capitales - Restricción a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros - Impuesto sobre los rendimientos del capital - Dividendos percibidos de una sociedad establecida en un Estado miembro del EEE - Exención - Dividendos percibidos de una sociedad establecida en un país tercero - Exención supeditada a la existencia de un convenio fiscal que establezca un intercambio de información - Eficacia de los controles fiscales.#Asunto C-101/05.

Asunto C‑101/05
      Skatteverket
      contra
      A
      (Petición de decisión prejudicial planteada por el Regeringsrätten)
      «Libre circulación de capitales — Restricción a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros — Impuesto sobre los rendimientos del capital — Dividendos percibidos de una sociedad establecida en un Estado miembro del EEE — Exención — Dividendos percibidos de una sociedad establecida en un país tercero — Exención supeditada a la existencia de un convenio fiscal que establezca un intercambio de información — Eficacia de los controles fiscales»
      Conclusiones del Abogado General Sr. Y. Bot, presentadas el 11 de septiembre de 2007 
      Sentencia del Tribunal de Justicia (Gran Sala) de 18 de diciembre de 2007 
      Sumario de la sentencia
      1.     Libre circulación de capitales — Disposiciones del Tratado 
      (Arts. 56 CE, ap. 1, 57 CE, ap. 1, y 58 CE)
      2.     Libre circulación de capitales — Restricciones 
      (Art. 56 CE, ap. 1)
      3.     Libre circulación de capitales — Restricciones a los movimientos de capitales con destino a terceros países o procedentes
            de ellos 
      (Art. 57 CE, ap. 1)
      4.     Libre circulación de capitales — Restricciones — Legislación tributaria — Impuestos sobre la renta 
      (Arts. 56 CE y 58 CE)
      1.     Cuando se trata de movimientos de capitales entre Estados miembros y países terceros, puede invocarse ante los tribunales
         nacionales el artículo 56 CE, apartado 1, en relación con los artículos 57 CE y 58 CE, y dicha disposición puede implicar
         la inaplicabilidad de las normas nacionales contrarias a ella, independientemente del tipo de movimientos de capitales de
         que se trate. El artículo 56 CE, apartado 1, tiene efecto directo y no procede distinguir entre las categorías de movimientos
         de capitales incluidas en el ámbito de aplicación del artículo 57 CE, apartado 1, y las que no lo están, puesto que la excepción
         prevista en dicha disposición no puede obstaculizar que el artículo 56 CE, apartado 1, confiera a los particulares derechos
         que éstos puedan invocar ante los tribunales.
      
      (véanse los apartados 26 y 27)
      2.     El concepto de restricciones a los movimientos de capitales debe interpretarse de la misma forma en las relaciones entre los
         Estados miembros y los países terceros y en las relaciones entre Estados miembros. En efecto, aunque la liberalización de
         los movimientos de capitales con los países terceros pueda perseguir objetivos distintos de la realización del mercado interior,
         como, entre otros, los de garantizar la credibilidad de la moneda única comunitaria en los mercados financieros mundiales
         y mantener, en los Estados miembros, centros financieros de dimensión mundial, es preciso señalar que, cuando el artículo
         56 CE, apartado 1, extendió el principio de la libre circulación de capitales a los movimientos de capitales entre los países
         terceros y los Estados miembros, éstos optaron por consagrar dicho principio en el mismo artículo y en los mismos términos
         para los movimientos de capitales que tienen lugar dentro de la Comunidad y para los que se refieren a las relaciones con
         países terceros. Además, del conjunto de las disposiciones introducidas en el Tratado en el capítulo relativo al capital y
         a los pagos se desprende que, para tener en cuenta el hecho de que los objetivos y el contexto jurídico de la liberalización
         de los movimientos de capitales son diferentes según se trate de las relaciones entre los Estados miembros y los países terceros
         o de la libre circulación de capitales entre Estados miembros, éstos consideraron necesario establecer cláusulas de salvaguardia
         y excepciones que se aplican específicamente a los movimientos de capitales con destino a terceros países o procedentes de ellos.
      
      (véanse los apartados 31, 32 y 38)
      3.     El concepto de restricción que exista el 31 de diciembre de 1993 (al que se refiere el artículo 57 CE, apartado 1) supone
         que el marco jurídico en el que se inserte la restricción de que se trate haya formado parte del ordenamiento jurídico del
         Estado miembro afectado ininterrumpidamente desde esa fecha. A este respecto, una medida nacional aprobada con posterioridad
         a esta fecha no queda automáticamente excluida, por ese único motivo, de la cláusula de excepción recogida en dicho apartado,
         puesto que esta posibilidad debe interpretarse en el sentido de que incluía las disposiciones que sean esencialmente idénticas
         a la legislación anterior o que se limiten a reducir o suprimir un obstáculo al ejercicio de los derechos y las libertades
         comunitarias que figure en la legislación anterior. En cambio, están excluidas de dicha excepción las disposiciones que se
         basen en una lógica diferente de la del Derecho anterior y establezcan procedimientos nuevos. Así, no se refiere a las disposiciones
         que, siendo esencialmente idénticas a una normativa que existía el 31 de diciembre de 1993, han vuelto a introducir un obstáculo
         a la libre circulación de capitales que había dejado de existir a consecuencia de la derogación de la normativa anterior.
      
      (véanse los apartados 48 y 49)
      4.     Los artículos 56 CE y 58 CE deben interpretarse en el sentido de que no se oponen a la normativa de un Estado miembro conforme
         a la cual sólo puede concederse la exención del impuesto sobre la renta de los dividendos distribuidos en forma de acciones
         en una filial cuando la sociedad que los distribuye está establecida en un Estado miembro del Espacio Económico Europeo (EEE)
         o en un Estado con el que el Estado miembro de imposición haya celebrado un convenio fiscal que establezca el intercambio
         de información, si dicha exención está supeditada a requisitos cuya observancia sólo puede ser comprobada por las autoridades
         competentes de este Estado miembro recabando información del Estado en que está establecida la sociedad que distribuye los
         dividendos.
      
      Aunque tal normativa constituya una restricción a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros,
         en la medida en que produce el efecto de disuadir a los contribuyentes que residan en el Estado miembro de que se trate de
         invertir su capital en sociedades establecidas fuera del EEE, puede, sin embargo, estar justificada por la necesidad de garantizar
         la eficacia de los controles fiscales, sin perjuicio de la observancia del principio de proporcionalidad, en el sentido de
         que debe ser idónea para garantizar la realización del objetivo que persigue y no debe ir más allá de lo necesario para alcanzarlo.
         Ciertamente, un Estado miembro no puede invocar la imposibilidad de solicitar la colaboración de otro Estado miembro para
         efectuar investigaciones o recabar informaciones para justificar la denegación de una ventaja fiscal. Sin embargo, este principio,
         que se refiere a las restricciones al ejercicio de las libertades de circulación dentro de la Comunidad, no puede aplicarse
         íntegramente a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros, puesto que tales movimientos
         se inscriben en un contexto jurídico distinto del de los movimientos de capitales entre Estados miembros, Por consiguiente,
         cuando la normativa de un Estado miembro supedita la concesión de una ventaja fiscal a requisitos cuya observancia sólo puede
         ser comprobada recabando información de las autoridades competentes de un país tercero, este Estado miembro está facultado,
         en principio, para denegar dicha ventaja si resulta imposible obtener dichas informaciones del país tercero debido, especialmente,
         a la inexistencia de una obligación convencional de dicho país de proporcionar la información.
      
      (véanse los apartados 42, 43, 55, 56, 58, 60, 63 y 67 y el fallo)
SENTENCIA DEL TRIBUNAL DE JUSTICIA (Gran Sala)
      de 18 de diciembre de 2007 (*)
      
      «Libre circulación de capitales – Restricción a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros – Impuesto sobre los rendimientos del capital – Dividendos percibidos de una sociedad establecida en un Estado miembro del EEE – Exención – Dividendos percibidos de una sociedad establecida en un país tercero – Exención supeditada a la existencia de un convenio fiscal que establezca un intercambio de información – Eficacia de los controles fiscales»
      En el asunto C‑101/05,
      que tiene por objeto una petición de decisión prejudicial planteada, con arreglo al artículo 234 CE, por el Regeringsrätten
         (Suecia), mediante resolución de 15 de octubre de 2004, recibida en el Tribunal de Justicia el 28 de febrero de 2005, en el
         procedimiento entre
      
      Skatteverket
      y
      A,
      
      EL TRIBUNAL DE JUSTICIA (Gran Sala),
      integrado por el Sr. V. Skouris, Presidente; los Sres. P. Jann, C.W.A. Timmermans, A. Rosas, K. Lenaerts (Ponente) y A. Tizzano,
         Presidentes de Sala; y los Sres. R. Schintgen y J.N. Cunha Rodrigues, la Sra. R. Silva de Lapuerta, los Sres. J. Malenovský,
         T. von Danwitz y A. Arabadjiev y la Sra. C. Toader, Jueces;
      
      Abogado General: Sr. Y. Bot;
      Secretaria: Sra. C. Strömholm, administradora;
      habiendo considerado los escritos obrantes en autos y celebrada la vista el 12 de junio de 2007;
      consideradas las observaciones presentadas:
      –       en nombre del Skatteverket, por el Sr. K. Rask, en calidad de agente;
      –       en nombre de A, por los Sres. S. Andersson y P. Nortoft, advokater;
      –       en nombre del Gobierno sueco, por las Sras. K. Wistrand y A. Falk, en calidad de agentes;
      –       en nombre del Gobierno danés, por la Sra. B. Weis Fogh, en calidad de agente;
      –       en nombre del Gobierno alemán, por los Sres. M. Lumma, U. Forsthoff y C. Blaschke, en calidad de agentes;
      –       en nombre del Gobierno español, por la Sra. N. Díaz Abad y el Sr. M. Muñoz Pérez, en calidad de agentes;
      –       en nombre del Gobierno francés, por los Sres. G. de Bergues y J.C. Gracia y por la Sra. C. Jurgensen, en calidad de agentes;
      –       en nombre del Gobierno italiano, por el Sr. I.M. Braguglia, en calidad de agente, asistido por el Sr. P. Gentili, avvocato
         dello Stato;
      
      –       en nombre del Gobierno neerlandés, por las Sras. H.G. Sevenster y C. ten Dam y por el Sr. M. de Grave, en calidad de agentes;
      –       en nombre del Gobierno del Reino Unido, por las Sras. C. Jackson y T. Harris, en calidad de agentes, asistidas por el Sr.
         T. Ward, Barrister;
      
      –       en nombre de la Comisión de las Comunidades Europeas, por los Sres. R. Lyal y K. Simonsson, en calidad de agentes;
      oídas las conclusiones del Abogado General, presentadas en audiencia pública el 11 de septiembre de 2007;
      dicta la siguiente
      Sentencia
      1       La petición de decisión prejudicial tiene por objeto la interpretación de los artículos 56 CE a 58 CE.
      2       Esta petición se presentó en el marco de un litigio entre el Skatteverket (administración tributaria sueca) y A, persona física
         que reside en Suecia, debido a la negativa a conceder a ésta una exención del impuesto sobre los dividendos distribuidos en
         forma de acciones de una filial por una sociedad establecida en un país tercero.
      
       Normativa nacional
      3       En virtud de la Inkomstskattelagen (1999:1229) (Ley sueca relativa al impuesto sobre la renta; en lo sucesivo, «Ley»), los
         dividendos abonados a una persona física residente en Suecia por una sociedad anónima se hallan normalmente sujetos en este
         Estado miembro al impuesto sobre la renta.
      
      4       A tenor del artículo 16 del capítulo 42 de la Ley:
      «Los dividendos distribuidos por una sociedad anónima sueca (sociedad matriz) en forma de acciones en una filial no están
         incluidos en la base imponible siempre que:
      
      1)      la distribución se efectúe proporcionalmente al número de acciones poseídas en la sociedad matriz;
      2)      las acciones de la sociedad matriz coticen en Bolsa;
      3)      sean objeto de distribución todas las participaciones de la sociedad matriz en la filial;
      4)      tras la distribución, ninguna sociedad perteneciente al mismo grupo que la sociedad matriz sea titular de las participaciones
         sociales en la filial;
      
      5)      la filial sea una sociedad anónima sueca o una sociedad extranjera, y
      6)      la actividad principal de la filial tenga carácter industrial o comercial o consista, directa o indirectamente, en la tenencia
         de participaciones en sociedades cuya actividad principal tenga carácter industrial o comercial y en las que la filial sea
         titular, directa o indirectamente, de participaciones sociales que representen un número de derechos de voto superior a la
         mitad de los derechos de voto de todas las participaciones sociales de la sociedad.»
      
      5       Cuando, en 1992, se introdujo esta exención en el Derecho sueco, las disposiciones que la regulaban únicamente se aplicaban
         a los beneficios distribuidos por sociedades anónimas suecas. Después de ser derogadas a partir de 1994, estas disposiciones
         volvieron a ser introducidas en su ordenamiento jurídico a partir de 1995.
      
      6       En virtud del artículo 16 a del capítulo 42 de la Ley, insertado en el Derecho sueco en 2001, la exención prevista en el artículo
         16 del mismo capítulo también se aplica cuando la distribución de acciones es realizada por una sociedad extranjera que tenga
         un régimen jurídico análogo al de una sociedad anónima sueca y que esté establecida en un Estado del Espacio Económico Europeo
         (en lo sucesivo, «EEE») o en un Estado con el que el Reino de Suecia haya celebrado un convenio fiscal que contenga una disposición
         que establezca el intercambio de información.
      
      7       El 7 de mayo de 1965, la Confederación Helvética y el Reino de Suecia celebraron un convenio para evitar la doble imposición
         en materia de impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio (en lo sucesivo, «convenio»). Los artículos 10 y 11 de este convenio
         regulan el régimen tributario, respectivamente, de los dividendos y de los intereses.
      
      8       El artículo 27 del convenio establece un procedimiento amistoso entre las autoridades competentes de los Estados contratantes
         con el fin de evitar una tributación disconforme con sus disposiciones, así como para resolver las dificultades o disipar
         las dudas a las que puedan dar lugar la interpretación o la aplicación de éste.
      
      9       Del apartado 5 del protocolo de negociación y de firma realizado con motivo de la celebración del convenio (en lo sucesivo,
         «protocolo») se desprende que la delegación suiza consideró que la única información que puede ser objeto de un intercambio
         es la necesaria para la buena aplicación del convenio y la que permita evitar que éste sea aplicado de manera abusiva. Del
         mismo apartado se deduce que el Reino de Suecia tomó nota de esta declaración y renunció a una disposición convencional expresa
         sobre intercambio de información.
      
      10     El 17 de agosto de 1993, se celebró un acuerdo entre la Confederación Helvética y el Reino de Suecia (en lo sucesivo, «acuerdo»)
         relativo a la ejecución de los artículos 10 y 11 del convenio. Dicho acuerdo regula, por una parte, el procedimiento que debe
         seguir un particular para obtener una reducción del impuesto con arreglo a los requisitos de tributación establecidos en esos
         artículos y, por otra, la tramitación de tales solicitudes por las autoridades fiscales de los Estados contratantes.
      
       Litigio principal y cuestión prejudicial
      11     A es accionista de la sociedad X, cuyo domicilio social se encuentra en Suiza y que proyecta distribuir las acciones de las
         que es titular en una de sus filiales. A solicitó al Skatterättsnämnden (Comisión de Derecho fiscal sueca) un dictamen previo
         sobre si tal distribución estaba exenta del impuesto. Según A, el régimen jurídico de la sociedad X es análogo al de una sociedad
         anónima sueca y se cumplen los requisitos de exención establecidos en la Ley sueca, excepto el relativo a la localización
         del domicilio de dicha sociedad.
      
      12     En su dictamen previo, notificado el 19 de febrero de 2003, el Skatterättsnämnden respondió que la distribución de acciones
         proyectada por X debía estar exenta del impuesto sobre la renta, con arreglo a las disposiciones del Tratado CE relativas
         a la libre circulación de capitales.
      
      13     Según el Skatterättsnämnden, el derecho a tal exención no se desprende de la Ley, puesto que el convenio no impone a la Confederación
         Suiza la obligación de proporcionar a la administración tributaria sueca la información necesaria. Sin embargo, considera
         que el artículo 16 a del capítulo 42 de la Ley es una restricción a los movimientos de capitales en el sentido del artículo
         56 CE. Reconoce que tal restricción responde al objetivo de facilitar los controles fiscales en un contexto en el que no es
         aplicable la Directiva 77/799/CEE del Consejo, de 19 de diciembre de 1977, relativa a la asistencia mutua entre las autoridades
         competentes de los Estados miembros en el ámbito de los impuestos directos e indirectos (DO L 336, p. 15; EE 09/01, p. 94),
         modificada por la Directiva 92/12/CEE del Consejo, de 25 de febrero de 1992 (DO L 76, p. 1) (en lo sucesivo, «Directiva 77/799»).
         Sin embargo, considera que dicha restricción es desproporcionada en relación con dicho objetivo. En efecto, el acuerdo parece
         abrir en cierta medida la posibilidad de que la administración tributaria sueca obtenga la información necesaria para aplicar
         la normativa fiscal nacional. Por otra parte, podría darse al propio contribuyente la posibilidad de demostrar que se cumplen
         todos los requisitos exigidos por la Ley.
      
      14     El Skatteverket recurrió contra este dictamen previo del Skatterättsnämnden ante el Regeringsrätten.
      15     En su recurso, el Skatteverket alega que las disposiciones relativas a la libre circulación de capitales no son claras por
         lo que respecta a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros, en particular, los que se
         oponen al intercambio de información con fines de control fiscal. Puntualiza que, cuando la posibilidad de obtener tal información
         es limitada, podría justificarse una restricción como la establecida en dicho artículo 16 a para garantizar la eficacia de
         los controles fiscales.
      
      16     Por el contrario, A sostiene que las disposiciones contenidas en el protocolo y en el acuerdo pueden asimilarse a una disposición
         relativa al intercambio de información que está incluida en el propio convenio. Considera que, en cualquier caso, el artículo
         16 a del capítulo 42 de la Ley constituye una restricción a la libre circulación de capitales que no puede estar justificada.
         En efecto, no hay ninguna necesidad de solicitar información a las autoridades suizas por cuanto puede requerirse al contribuyente
         para que demuestre que cumple todos los requisitos para la concesión de la exención prevista por la Ley.
      
      17     En estas circunstancias, el Regeringsrätten decidió suspender el procedimiento y plantear al Tribunal de Justicia la siguiente
         cuestión prejudicial:
      
      «¿Se oponen las disposiciones relativas a la libre circulación de capitales entre los Estados miembros y un país tercero a
         que, en una situación como la [del procedimiento principal], se graven los dividendos que X haya abonado a A por el hecho
         de que X no tenga su domicilio social en un Estado del EEE ni en un Estado con el que [el Reino de] Suecia haya celebrado
         un convenio en materia fiscal que contenga una cláusula que establezca el intercambio de información?»
      
       Sobre la cuestión prejudicial
      18     Mediante su cuestión, el tribunal remitente solicita fundamentalmente que se dilucide si las disposiciones del Tratado relativas
         a la libre circulación de capitales deben interpretarse en el sentido de que se oponen a la normativa de un Estado miembro
         conforme a la cual sólo puede concederse la exención del impuesto sobre la renta de los dividendos distribuidos en forma de
         acciones en una filial, si la sociedad que los distribuye está establecida en un Estado miembro del EEE o en un Estado con
         el que el Estado miembro de imposición haya celebrado un convenio fiscal que establezca el intercambio de información.
      
      19     Con carácter preliminar ha de recordarse que, según reiterada jurisprudencia, si bien la fiscalidad directa es competencia
         de los Estados miembros, éstos deben, sin embargo, ejercer dicha competencia respetando el Derecho comunitario (sentencias
         de 6 de junio de 2000, Verkooijen, C‑35/98, Rec. p. I‑4071, apartado 32; de 7 de septiembre de 2004, Manninen, C‑319/02, Rec.
         p. I‑7477, apartado 19, y de 6 de marzo de 2007, Meilicke y otros, C‑292/04, Rec. p. I‑1835, apartado 19).
      
      20     A este respecto, el artículo 56 CE, apartado 1, que entró en vigor el 1 de enero de 1994, ha instaurado la libre circulación
         de capitales entre Estados miembros y entre Estados miembros y terceros países. A tal efecto, dicho artículo establece que,
         en el marco de las disposiciones del capítulo del Tratado titulado «Capital y pagos», quedan prohibidas todas las restricciones
         a los movimientos de capitales entre Estados miembros y entre Estados miembros y terceros países (sentencias de 14 de diciembre
         de 1995, Sanz de Lera y otros, C‑163/94, C‑165/94 y C‑250/94, Rec. p. I‑4821, apartado 19, y de 23 de febrero de 2006, Van
         Hilten-van der Heijden, C‑513/03, Rec. p. I‑1957, apartado 37).
      
       Sobre el efecto directo del artículo 56 CE, apartado 1, en las relaciones entre los Estados miembros y los países terceros
      21     Procede señalar, como punto de partida, que el artículo 56 CE, apartado 1, establece una prohibición clara e incondicional,
         que no requiere ninguna medida de aplicación y que confiere a los particulares derechos que éstos pueden invocar ante los
         tribunales (en este sentido, véase la sentencia Sanz de Lera y otros, antes citada, apartados 41 y 47).
      
      22     Sin embargo, el Gobierno alemán alega que, en las relaciones entre los Estados miembros y los países terceros, esta disposición
         sólo tiene efecto directo respecto a las restricciones relativas a las categorías de movimientos de capitales que no se mencionan
         en el artículo 57 CE, apartado 1. En efecto, respecto a las categorías de movimientos de capitales contempladas en dicho apartado
         1, el apartado 2 de este mismo artículo confiere al Consejo de la Unión Europea la facultad de adoptar medidas de liberalización
         en la medida en que éstas permitan promover el funcionamiento de la unión económica y monetaria. Aunque, en el apartado 46
         de la sentencia Sanz de Lera y otros, antes citada, el Tribunal de Justicia reconoció que la adopción de medidas por el Consejo
         no constituye un requisito necesario para la aplicación de la prohibición establecida en el artículo 56 CE, apartado 1, limitó
         esta interpretación a las restricciones que no estén contempladas en el artículo 57 CE, apartado 1.
      
      23     A este respecto procede recordar que, a tenor del artículo 57 CE, apartado 1, el artículo 56 CE se entenderá sin perjuicio
         de la aplicación a terceros países de las restricciones que existan el 31 de diciembre de 1993 de conformidad con el Derecho
         nacional o con el Derecho comunitario en materia de movimientos de capitales, con destino a terceros países o procedentes
         de ellos, que supongan inversiones directas, incluidas las inmobiliarias, el establecimiento, la prestación de servicios financieros
         o la admisión de valores en los mercados de capitales.
      
      24     En virtud del artículo 57 CE, apartado 2, primera frase, aunque procurando alcanzar el objetivo de la libre circulación de
         capitales entre Estados miembros y terceros países en el mayor grado posible, y sin perjuicio de lo dispuesto en los demás
         capítulos del Tratado CE, el Consejo puede, por mayoría cualificada y a propuesta de la Comisión de las Comunidades Europeas,
         adoptar medidas relativas a los movimientos de capitales, con destino a terceros países o procedentes de ellos, que supongan
         inversiones directas, incluidas las inmobiliarias, el establecimiento, la prestación de servicios financieros o la admisión
         de valores en los mercados de capitales. La segunda frase de dicho apartado 2 exige unanimidad para adoptar medidas que supongan
         un retroceso respecto de la liberalización contemplada en la legislación comunitaria sobre movimientos de capitales con destino
         a terceros países o procedentes de ellos.
      
      25     En el apartado 48 de la sentencia Sanz de Lera y otros, antes citada, el Tribunal de Justicia declaró que las disposiciones
         del apartado 1 del artículo 73 B (actualmente artículo 56 CE, apartado 1), en relación con el artículo 73 C y con la letra b)
         del apartado 1 del artículo 73 D del Tratado [actualmente artículos 57 CE y 58 CE, apartado 1, letra b), respectivamente],
         pueden invocarse ante el órgano jurisdiccional nacional y dar lugar a la inaplicabilidad de las normas nacionales contrarias
         a dichas disposiciones.
      
      26     De esta forma, el Tribunal de Justicia reconoció el efecto directo del artículo 56 CE, apartado 1, sin distinguir entre las
         categorías de movimientos de capitales incluidas en el ámbito de aplicación del artículo 57 CE, apartado 1, y las que no lo
         están. En efecto, el Tribunal de Justicia declaró que la excepción prevista en el artículo 57 CE, apartado 1, no puede obstaculizar
         que el artículo 56 CE, apartado 1, confiera a los particulares derechos que éstos puedan invocar ante los tribunales (sentencia
         Sanz de Lera y otros, antes citada, apartado 47).
      
      27     De ello se deduce que, cuando se trata de movimientos de capitales entre Estados miembros y países terceros, puede invocarse
         ante los tribunales nacionales el artículo 56 CE, apartado 1, en relación con los artículos 57 CE y 58 CE, y dicha disposición
         puede implicar la inaplicabilidad de las normas nacionales contrarias a dicha disposición, independientemente del tipo de
         movimientos de capitales de que se trate.
      
       Sobre el concepto de restricciones a los movimientos de capitales entre Estados miembros y países terceros
      28     En primer lugar, procede responder a las alegaciones del Skatteverket y de los Gobiernos sueco, alemán, francés y neerlandés,
         en opinión de los cuales el concepto de restricciones a los movimientos de capitales a que se refiere el artículo 56 CE, apartado
         1, no debe tener el mismo alcance en las relaciones entre los Estados miembros y los países terceros que en las relaciones
         entre los Estados miembros.
      
      29     Los Gobiernos alemán, francés y neerlandés indican que, a diferencia de lo que ocurre con la liberalización de los movimientos
         de capitales entre los Estados miembros, cuya finalidad consiste en realizar el mercado interior, la extensión del principio
         de la libre circulación de capitales a las relaciones entre los Estados miembros y los países terceros está vinculada a la
         creación de la unión económica y monetaria. Todos esos Gobiernos señalan que, en las relaciones con los países terceros, la
         observancia de la prohibición impuesta en el artículo 56 CE, apartado 1, daría lugar a una liberalización unilateral por parte
         de la Comunidad Europea, sin que ésta obtenga la garantía de que los países terceros procedan a una liberalización equivalente
         y sin que existan, en las relaciones con éstos, medidas de armonización de las disposiciones nacionales, especialmente en
         materia de fiscalidad directa.
      
      30     Los Gobiernos alemán y neerlandés agregan que, si el principio de la libre circulación de capitales se interpretara de manera
         idéntica en las relaciones con los países terceros y en el interior de la Comunidad, ésta no tendrá medios para negociar una
         liberalización con estos países, puesto que la liberalización antes mencionada ya habría abierto automática y unilateralmente
         el mercado comunitario a éstos. A este respecto, señalan que las cláusulas relativas a la libre circulación de capitales que
         contienen los acuerdos de asociación celebrados con países terceros tienen, a menudo, un alcance más restringido que el del
         artículo 56 CE, lo que carecería de sentido si esta disposición fuera aplicable con el mismo rigor en las relaciones con los
         países terceros y en las relaciones comunitarias.
      
      31     Como ha señalado el Abogado General en los puntos 74 a 77 de sus conclusiones, aunque la liberalización de los movimientos
         de capitales con los países terceros pueda perseguir objetivos distintos de la realización del mercado interior, como, entre
         otros, los de garantizar la credibilidad de la moneda única comunitaria en los mercados financieros mundiales y mantener,
         en los Estados miembros, centros financieros de dimensión mundial, es preciso señalar que, cuando el artículo 56 CE, apartado
         1, extendió el principio de la libre circulación de capitales a los movimientos de capitales entre los países terceros y los
         Estados miembros, éstos optaron por consagrar dicho principio en el mismo artículo y en los mismos términos para los movimientos
         de capitales que tienen lugar dentro de la Comunidad y para los que se refieren a las relaciones con países terceros.
      
      32     Además, tal como ha señalado asimismo el Abogado General en los puntos 78 a 83 de sus conclusiones, del conjunto de las disposiciones
         introducidas en el Tratado en el capítulo relativo al capital y a los pagos se desprende que, para tener en cuenta el hecho
         de que los objetivos y el contexto jurídico de la liberalización de los movimientos de capitales son diferentes según se trate
         de las relaciones entre los Estados miembros y los países terceros o de la libre circulación de capitales entre Estados miembros,
         éstos consideraron necesario establecer cláusulas de salvaguardia y excepciones que se aplican específicamente a los movimientos
         de capitales con destino a terceros países o procedentes de ellos.
      
      33     En efecto, además de la excepción prevista en el artículo 57 CE, apartado 1, para determinadas restricciones a los movimientos
         de capitales con destino a terceros países o procedentes de ellos, existentes el 31 de diciembre de 1993 de conformidad con
         el Derecho nacional o con el Derecho comunitario, el artículo 59 CE atribuye al Consejo, cuando en circunstancias excepcionales
         dichos movimientos de capitales causen, o amenacen causar, dificultades graves para el funcionamiento de la unión económica
         y monetaria, la facultad de adoptar medidas de salvaguardia. El artículo 60 CE, apartado 1, autoriza, además, al Consejo a
         adoptar las medidas urgentes que sean necesarias respecto de los terceros países si, en los casos contemplados en el artículo
         301 CE, se considerase necesaria una acción de la Comunidad. Por último, el artículo 60 CE, apartado 2, establece la posibilidad
         de que, por razones políticas graves y por motivos de urgencia, un Estado miembro adopte, mientras el Consejo no haya ejercitado
         la facultad que le confiere el apartado 1 de ese mismo artículo, medidas unilaterales contra un tercer país en lo relativo
         a los movimientos de capitales.
      
      34     A este respecto procede recordar que, en contra de lo que afirma el Gobierno alemán, de los requisitos a los que se supedita
         la facultad reconocida al Consejo, por el artículo 57 CE, apartado 2, de adoptar medidas relativas a las categorías de movimientos
         de capitales con destino a terceros países o procedentes de ellos que dicho artículo enumera, no puede deducirse que dichas
         categorías estén excluidas del ámbito de aplicación de la prohibición impuesta en el artículo 56 CE, apartado 1. En efecto,
         el apartado 2 del artículo 57 CE debe interpretarse poniéndolo en relación con el apartado 1 del mismo artículo y se limita
         a permitir que el Consejo adopte medidas relativas a dichas categorías de movimientos de capitales, sin que puedan oponérsele
         las restricciones nacionales o comunitarias cuyo mantenimiento está expresamente previsto por el apartado 1.
      
      35     Como ha señalado el Abogado General en el punto 86 de sus conclusiones, las restricciones que pueden aplicar los Estados miembros
         y la Comunidad en virtud del artículo 57 CE, apartado 1, a los movimientos de capitales con destino a países terceros o procedentes
         de ellos no se añaden únicamente a las previstas en los artículos 59 CE y 60 CE, sino también a las que se desprenden de las
         medidas adoptadas por los Estados miembros conforme al artículo 58 CE, apartado 1, letras a) y b), o a las que están justificadas
         por una razón imperiosa de interés general.
      
      36     De la jurisprudencia del Tribunal de Justicia se desprende, además, que la medida en que los Estados miembros están facultados
         para aplicar determinadas medidas restrictivas de los movimientos de capitales no puede determinarse sin tener en cuenta el
         hecho, indicado por varios Gobiernos que han presentado observaciones ante el Tribunal de Justicia, de que los movimientos
         de capitales con destino a países terceros o procedentes de ellos se realizan en un contexto jurídico distinto de aquél en
         que se inscriben los producidos dentro de la Comunidad.
      
      37     Es cierto que, debido al grado de integración jurídica que existe entre los Estados miembros de la Unión Europea, en particular
         a la existencia de medidas legislativas comunitarias dirigidas a la cooperación entre las autoridades fiscales nacionales,
         como la Directiva 77/799, el gravamen por un Estado miembro de actividades económicas con aspectos transfronterizos que se
         sitúan en el seno de la Comunidad no siempre es comparable al de actividades económicas referidas a relaciones entre los Estados
         miembros y los países terceros (sentencia de 12 de diciembre de 2006, Test Claimants in the FII Group Litigation, C‑446/04,
         Rec. p. I‑11753, apartado 170). Según el Tribunal de Justicia, tampoco cabe excluir que un Estado miembro pueda demostrar
         que una restricción a los movimientos de capitales, con destino a terceros países o procedentes de ellos, está justificada
         por una razón determinada, en circunstancias en las que dicha razón no supondría una justificación válida de una restricción
         a los movimientos de capitales entre Estados miembros (sentencia Test Claimants in the FII Group Litigation, antes citada,
         apartado 171).
      
      38     Por estos motivos, no puede considerarse determinante el argumento formulado por los Gobiernos alemán y neerlandés según el
         cual, si se interpreta el concepto de restricciones a los movimientos de capitales de la misma forma en las relaciones entre
         los Estados miembros y los países terceros y en las relaciones entre Estados miembros, la Comunidad abriría unilateralmente
         el mercado comunitario a los países terceros sin mantener los medios de negociación necesarios para obtener de éstos tal liberalización.
      
      39     Una vez aclarado de este modo el concepto de restricciones a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los
         países terceros, ha de examinarse, en segundo lugar, si procede considerar que una normativa como la controvertida en el procedimiento
         principal constituye tal restricción y, de ser así, si puede estar objetivamente justificada con arreglo a las disposiciones
         del Tratado o por razones imperiosas de interés general.
      
       Sobre la existencia de una restricción a los movimientos de capitales
      40     A este respecto, procede recordar que las medidas prohibidas por el artículo 56 CE, apartado 1, por constituir restricciones
         a los movimientos de capitales, incluyen las que pueden disuadir a los no residentes de realizar inversiones en un Estado
         miembro o a los residentes de dicho Estado miembro de hacerlo en otros Estados (véanse las sentencias Van Hilten-van der Heijden,
         antes citada, apartado 44, y de 25 de enero de 2007, Festersen, C‑370/05, Rec. p. I‑1129, apartado 24).
      
      41     En el asunto principal, el artículo 16 a del capítulo 42 de la Ley concede a los contribuyentes que residen en Suecia una
         exención del impuesto para los dividendos distribuidos por una sociedad anónima establecida en Suecia o en otro Estado miembro
         del EEE en forma de acciones en una filial, pero la deniega cuando los dividendos son distribuidos por una sociedad establecida
         en un país tercero no miembro del EEE, salvo si éste ha celebrado con el Reino de Suecia un convenio que establezca el intercambio
         de información.
      
      42     Tal normativa produce el efecto de disuadir a los contribuyentes que residan en Suecia de invertir su capital en sociedades
         establecidas fuera del EEE. En efecto, en la medida en que los dividendos que éstas abonan a los contribuyentes que residen
         en Suecia reciben un trato fiscal menos favorable que los dividendos distribuidos por una sociedad establecida en un Estado
         miembro del EEE, las acciones de dichas sociedades son menos atractivas para los inversores residentes en Suecia que las de
         las sociedades con domicilio social en un Estado del EEE (en este sentido, véanse las sentencias, antes citadas, Verkooijen,
         apartados 34 y 35, y Manninen, apartados 22 y 23, y, por lo que se refiere a los movimientos de capitales entre Estados miembros
         y países terceros, la sentencia Test Claimants in the FII Group Litigation, antes citada, apartado 166).
      
      43     Una normativa como la controvertida en el procedimiento principal constituye, pues, una restricción a los movimientos de capitales
         entre los Estados miembros y los países terceros que, en principio, está prohibida por el artículo 56 CE, apartado 1.
      
      44     Antes de examinar si, como afirma el Skatteverket y los Gobiernos que han presentado observaciones ante el Tribunal de Justicia,
         dicha restricción puede estar justificada por una razón imperiosa de interés general, procede responder a la alegación formulada
         por el Gobierno italiano de que esta restricción está amparada por la excepción prevista en el artículo 57 CE, apartado 1.
      
       Sobre la aplicación de la excepción prevista en el artículo 57 CE, apartado 1
      45     Como se ha recordado en el apartado 23 de esta sentencia, en virtud del artículo 57 CE, apartado 1, el artículo 56 CE se entenderá
         sin perjuicio de la aplicación a terceros países de las restricciones existentes el 31 de diciembre de 1993 de conformidad
         con el Derecho nacional o con el Derecho comunitario en materia de movimientos de capitales, con destino a terceros países
         o procedentes de ellos, que supongan inversiones directas, incluidas las inmobiliarias, el establecimiento, la prestación
         de servicios financieros o la admisión de valores en los mercados de capitales.
      
      46     Una restricción a los movimientos de capitales consistente en un trato fiscal menos favorable de los dividendos de origen
         extranjero está comprendida en el concepto de «inversiones directas» a efectos del artículo 57 CE, apartado 1, en la medida
         en que se refiera a cualquier tipo de inversión efectuada por personas físicas o jurídicas y que sirva para crear o mantener
         relaciones duraderas y directas entre el proveedor de fondos y la empresa a la que se destinan dichos fondos para el ejercicio
         de una actividad económica (en este sentido, véanse las sentencias Test Claimants in the FII Group Litigation, antes citada,
         apartados 179 a 181; de 24 de mayo de 2007, Holböck, C‑157/05, Rec. p. I‑0000, apartados 33 y 34, y de 23 de octubre de 2007,
         Comisión/Alemania, C‑112/05, Rec. p. I‑0000, apartado 18).
      
      47     Puesto que la resolución de remisión no excluye que los dividendos que la sociedad X proyecta repartir a A se refieren a tales
         inversiones, procede examinar si una normativa como la controvertida en el procedimiento principal puede estar amparada por
         la excepción prevista en el artículo 57 CE, apartado 1, como restricción existente el 31 de diciembre de 1993.
      
      48     Como ha señalado el Abogado General en los puntos 110 a 112 de sus conclusiones, el concepto de restricción que exista el
         31 de diciembre de 1993 supone que el marco jurídico en el que se inserte la restricción de que se trate haya formado parte
         del ordenamiento jurídico del Estado miembro afectado ininterrumpidamente desde esa fecha. En efecto, de no ser así, un Estado
         miembro podría volver a establecer, en cualquier momento, las restricciones a los movimientos de capitales destinados a países
         terceros o procedentes de ellos que existían en su ordenamiento jurídico el 31 de diciembre de 1993 pero que no se habían
         mantenido.
      
      49     En este mismo sentido se expresó el Tribunal de Justicia cuando tuvo que pronunciarse sobre la aplicabilidad de la excepción
         prevista en el artículo 57 CE, apartado 1, a restricciones a los movimientos de capitales que existían en el ordenamiento
         jurídico de un Estado miembro el 31 de diciembre de 1993. En efecto, aunque el Tribunal de Justicia admitió que una medida
         nacional aprobada con posterioridad a esta fecha no queda automáticamente excluida, por ese único motivo, de la cláusula de
         excepción recogida en dicho apartado 1, interpretó esta posibilidad en el sentido de que incluía las disposiciones que sean
         esencialmente idénticas a la legislación anterior o que se limiten a reducir o suprimir un obstáculo al ejercicio de los derechos
         y las libertades comunitarias que figure en la legislación anterior, pero no las disposiciones que se basen en una lógica
         diferente de la del Derecho anterior y establezcan procedimientos nuevos (véanse, en este sentido, las citadas sentencias
         Test Claimants in the FII Group Litigation, apartado 192, y Holböck, apartado 41). Al pronunciarse en este sentido, el Tribunal
         de Justicia no se refería a las disposiciones que, siendo esencialmente idénticas a una normativa que existía el 31 de diciembre
         de 1993, han vuelto a introducir un obstáculo a la libre circulación de capitales que había dejado de existir a consecuencia
         de la derogación de la normativa anterior.
      
      50     En el presente asunto procede constatar que, en la fecha de su entrada en vigor en l992, el artículo 16 del capítulo 42 de
         la Ley ya excluía del beneficio de la exención prevista para los dividendos distribuidos en forma de acciones en una filial
         los abonados por sociedades establecidas en países terceros que no hubieran celebrado con el Reino de Suecia un convenio que
         estableciera el intercambio de información. En efecto, de la resolución de remisión se desprende que, en esa fecha, dicha
         exención sólo se aplicaba a los dividendos abonados por sociedades establecidas en Suecia.
      
      51     Es cierto que las disposiciones relativas a la exención fueron derogadas a partir de 1994, se restablecieron a partir de 1995
         y se extendieron en 2001 a los dividendos abonados por sociedades establecidas en un Estado miembro del EEE o en otro Estado
         con el que el Reino de Suecia hubiera celebrado un convenio que establezca el intercambio de información. No obstante, también
         es cierto que, como afirma el Gobierno italiano, el beneficio de esta exención fue excluido ininterrumpidamente, al menos
         a partir de 1992, para los dividendos abonados por sociedades establecidas en un país tercero no miembro del EEE que no hubiera
         celebrado con el Reino de Suecia tal convenio.
      
      52     En estas circunstancias, la exclusión a partir de 1992 del beneficio, previsto por la Ley, de la exención de los dividendos
         abonados por una sociedad establecida en un país tercero no miembro del EEE que no hubiera celebrado con el Reino de Suecia
         un convenio que establezca el intercambio de información debe ser considerada una restricción existente el 31 de diciembre
         de 1993 a efectos del artículo 57 CE, apartado 1, al menos cuando estos dividendos se refieran a inversiones directas en la
         sociedad que los distribuye, extremo que incumbe comprobar al órgano jurisdiccional nacional.
      
      53     En la medida en que de la resolución de remisión no se desprende que los dividendos de que se trata en el procedimiento principal
         se refieran a inversiones directas, procede examinar si una normativa nacional como la controvertida en el procedimiento principal
         puede estar justificada por una razón imperiosa de interés general.
      
       Sobre la justificación basada en la necesidad de garantizar la eficacia de los controles fiscales
      54     Según el Skatteverket y los Gobiernos sueco, danés, alemán, español, francés, italiano, neerlandés y del Reino Unido, la negativa
         a conceder la exención prevista en el artículo 16 del capítulo 42 de la Ley cuando los dividendos son abonados por una sociedad
         establecida en un país tercero con el que el Reino de Suecia no ha celebrado un convenio fiscal que establezca el intercambio
         de información se justifica por la necesidad de garantizar la eficacia de los controles fiscales. Alegan que, frente a un
         país tercero, la administración tributaria sueca no puede recurrir a la asistencia mutua entre las autoridades competentes
         prevista por la Directiva 77/799. Además, ni el convenio ni el protocolo contienen disposición alguna que prevea un intercambio
         de información comparable al previsto en el artículo 26 del modelo de convenio elaborado en el marco de la Organización para
         la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Pues bien, aunque el contribuyente disponga de las informaciones necesarias
         para demostrar que se cumplen los requisitos exigidos por dicho artículo 16, sigue incumbiendo a la administración fiscal
         comprobar el valor de las pruebas aportadas, lo que sería imposible si no pudiera recabar la colaboración de las autoridades
         competentes del Estado en que está establecida la sociedad que distribuye los dividendos.
      
      55     En virtud del artículo 58 CE, apartado 1, letra b), el artículo 56 CE se aplicará sin perjuicio del derecho de los Estados
         miembros a adoptar las medidas necesarias para impedir las infracciones a su Derecho y normativas nacionales, en particular
         en materia fiscal. Así, el Tribunal de Justicia ha reconocido que la necesidad de garantizar la eficacia de los controles
         fiscales constituye una razón imperiosa de interés general que puede justificar una restricción al ejercicio de las libertades
         de circulación garantizadas por el Tratado (sentencias de 15 de mayo de 1997, Futura Participations y Singer, C‑250/95, Rec.
         p. I‑2471, apartado 31; de 15 de julio de 2004, Lenz, C‑315/02, Rec. p. I‑7063, apartados 27 y 45, y de 14 de septiembre de
         2006, Centro di Musicologia Walter Stauffer, C‑386/04, Rec. p. I‑8203, apartado 47).
      
      56     Una medida restrictiva, para poder estar justificada, debe respetar el principio de proporcionalidad, en el sentido de que
         debe ser idónea para garantizar la realización del objetivo que persigue y no debe ir más allá de lo necesario para alcanzarlo
         (véase, en particular, la sentencia de 4 de marzo de 2004, Comisión/Francia, C‑334/02, Rec. p. I‑2229, apartado 28).
      
      57     Según A y la Comisión, la normativa controvertida en el procedimiento principal es desproporcionada en relación con el objetivo
         perseguido, puesto que las autoridades fiscales suecas pueden exigir del contribuyente que acredite que se cumplen los requisitos
         exigidos para acogerse a la exención prevista por esta normativa. Cuando tal exención se refiere a los dividendos abonados
         por una sociedad que cotice en bolsa, estas informaciones también pueden obtenerse consultando los datos que tal sociedad
         está obligada legalmente a publicar.
      
      58     Como señalan A y la Comisión, en relación con una normativa nacional que restringe el ejercicio de una de las libertades de
         circulación garantizadas por el Tratado, el Tribunal de Justicia ha declarado que un Estado miembro no puede invocar la imposibilidad
         de solicitar la colaboración de otro Estado miembro para efectuar investigaciones o recabar informaciones para justificar
         la denegación de una ventaja fiscal. En efecto, aunque la comprobación de los datos proporcionados por el contribuyente resulte
         difícil, especialmente debido a los límites al intercambio de información previstos en el artículo 8 de la Directiva 77/799,
         nada impide que las autoridades fiscales afectadas exijan al contribuyente las pruebas que estimen necesarias para la liquidación
         correcta de los impuestos de que se trate y, en su caso, denieguen la exención solicitada de no aportarse tales pruebas (véanse,
         en este sentido, las sentencias de 28 de enero de 1992, Bachmann, C‑204/90, Rec. p. I‑249, apartado 20; de 30 de enero de
         2007, Comisión/Dinamarca, C‑150/04, Rec. p. I‑1163, apartado 54, y de 11 de octubre de 2007, ELISA, C‑451/05, Rec. p. I‑0000,
         apartados 94 y 95).
      
      59     En este contexto, el Tribunal de Justicia ha considerado que no cabe excluir a priori la posibilidad de que el contribuyente esté en condiciones de aportar los justificantes pertinentes para que las autoridades
         fiscales del Estado miembro de tributación puedan comprobar, de manera clara y precisa, que no intenta evitar o eludir el
         pago de sus impuestos (véanse, en este sentido, las sentencias de 8 de julio de 1999, Baxter y otros, C‑254/97, Rec. p. I‑4809,
         apartados 19 y 20; de 10 de marzo de 2005, Laboratoires Fournier, C‑39/04, Rec. p. I‑2057, apartado 25, y ELISA, antes citada,
         apartado 96).
      
      60     Sin embargo, esta jurisprudencia, que se refiere a las restricciones al ejercicio de las libertades de circulación dentro
         de la Comunidad, no puede aplicarse íntegramente a los movimientos de capitales entre los Estados miembros y los países terceros,
         puesto que tales movimientos se inscriben en un contexto jurídico distinto del de los asuntos que dieron lugar a las sentencias
         mencionadas en los dos apartados precedentes.
      
      61     En efecto, en primer lugar, las relaciones entre los Estados miembros se desarrollan en un marco jurídico común, caracterizado
         por la existencia de una normativa comunitaria, como la Directiva 77/799, que ha establecido obligaciones recíprocas de asistencia
         mutua. Aunque, en los ámbitos a los que se aplica dicha Directiva, la obligación de asistencia no sea ilimitada, no es menos
         cierto que dicha Directiva crea un marco de cooperación entre las autoridades competentes de los Estados miembros que no existe
         entre éstas y las autoridades de un país tercero si éste no ha asumido ningún compromiso de asistencia mutua.
      
      62     En segundo lugar, como ha señalado el Abogado General en los puntos 141 a 143 de sus conclusiones, en relación con los justificantes
         que el contribuyente pueda aportar para permitir a las autoridades fiscales comprobar que se cumplen los requisitos exigidos
         por la normativa nacional, las medidas comunitarias de armonización que se aplican en los Estados miembros en materia de contabilidad
         de las sociedades ofrecen al contribuyente la posibilidad de aportar datos fiables y comprobables respecto a la estructura
         o a las actividades de una sociedad establecida en otro Estado miembro, mientras que no se garantiza tal posibilidad al contribuyente
         en el caso de una sociedad establecida en un país tercero, que no está obligado a aplicar estas medidas comunitarias.
      
      63     De ello se deduce que, cuando la normativa de un Estado miembro supedita la concesión de una ventaja fiscal a requisitos cuya
         observancia sólo puede ser comprobada recabando información de las autoridades competentes de un país tercero, este Estado
         miembro está facultado, en principio, para denegar dicha ventaja si resulta imposible obtener dichas informaciones del país
         tercero debido, especialmente, a la inexistencia de una obligación convencional de dicho país de proporcionar la información.
      
      64     En el procedimiento principal, el Skatteverket y el Gobierno sueco alegaron que la administración fiscal sueca no puede comprobar
         la observancia de los requisitos primero, tercero, cuarto y sexto del artículo 16 del capítulo 42 de la Ley, en concreto,
         que la distribución se efectúe proporcionalmente al número de acciones poseídas en la sociedad matriz; que sean objeto de
         distribución todas las participaciones de ésta en la filial; que, tras la distribución, ninguna sociedad perteneciente al
         mismo grupo que la sociedad matriz sea titular de las participaciones sociales en la filial y que la actividad principal de
         la filial o de las sociedades controladas por esta filial tenga carácter industrial o comercial.
      
      65     Ésta es una cuestión de hecho que incumbe verificar al órgano jurisdiccional nacional.
      66     Lo mismo cabe decir por lo que se refiere a la cuestión de si el protocolo o el acuerdo permiten a la administración fiscal
         sueca obtener las informaciones necesarias para aplicar dicho artículo 16. En efecto, aunque el Skatterättsnämnden considera
         que el acuerdo puede permitir recabar las informaciones necesarias, de los documentos y explicaciones proporcionados por el
         Gobierno sueco a petición del Tribunal de Justicia se desprende que los únicos datos que puede obtener de las autoridades
         helvéticas son los necesarios para una correcta aplicación del convenio.
      
      67     Habida cuenta de las consideraciones precedentes, procede responder a la cuestión planteada que los artículos 56 CE y 58 CE
         deben interpretarse en el sentido de que no se oponen a la normativa de un Estado miembro conforme a la cual sólo puede concederse
         la exención del impuesto sobre la renta de los dividendos distribuidos en forma de acciones en una filial cuando la sociedad
         que los distribuye está establecida en un Estado miembro del EEE o en un Estado con el que el Estado miembro de imposición
         haya celebrado un convenio fiscal que establezca el intercambio de información, si dicha exención está supeditada a requisitos
         cuya observancia sólo puede ser comprobada por las autoridades competentes de este Estado miembro recabando información del
         Estado en que está establecida la sociedad que distribuye los dividendos.
      
       Costas
      68     Dado que el procedimiento tiene, para las partes del litigio principal, el carácter de un incidente promovido ante el órgano
         jurisdiccional nacional, corresponde a éste resolver sobre las costas. Los gastos efectuados por quienes, no siendo partes
         del litigio principal, han presentado observaciones ante el Tribunal de Justicia no pueden ser objeto de reembolso.
      
      En virtud de todo lo expuesto, el Tribunal de Justicia (Gran Sala) declara:
      Los artículos 56 CE y 58 CE deben interpretarse en el sentido de que no se oponen a la normativa de un Estado miembro conforme
            a la cual sólo puede concederse la exención del impuesto sobre la renta de los dividendos distribuidos en forma de acciones
            en una filial cuando la sociedad que los distribuye está establecida en un Estado miembro del Espacio Económico Europeo o
            en un Estado con el que el Estado miembro de imposición haya celebrado un convenio fiscal que establezca el intercambio de
            información, si dicha exención está supeditada a requisitos cuya observancia sólo puede ser comprobada por las autoridades
            competentes de este Estado miembro recabando información del Estado en que está establecida la sociedad que distribuye los
            dividendos.
      Firmas
      * Lengua de procedimiento: sueco.