CELEX: 62014TJ0343
Language: es
Date: 2017-06-29
Title: Sentencia del Tribunal General (Sala Sexta) de 29 de junio de 2017.#Arrigo Cipriani contra Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea.#Marca de la Unión Europea — Procedimiento de nulidad — Marca denominativa de la Unión CIPRIANI — Inexistencia de mala fe — Artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento (CE) n.º 207/2009 — No vulneración del derecho al nombre de una persona célebre — Artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.º 207/2009.#Asunto T-343/14.

SENTENCIA DEL TRIBUNAL GENERAL (Sala Sexta)
      de 29 de junio de 2017 (
            *1
         )
      «Marca de la Unión Europea — Procedimiento de nulidad — Marca denominativa de la Unión CIPRIANI — Inexistencia de mala fe — Artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento (CE) n.o 207/2009 — No vulneración del derecho al nombre de una persona célebre — Artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009»
      En el asunto T‑343/14,
      
         Arrigo Cipriani, con domicilio en Venecia (Italia), representado por los Sres. A. Vanzetti y G. Sironi y la Sra. S. Bergia, abogados,
      parte recurrente,
      contra
      
         Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), representada por el Sr. J. Crespo Carrillo, en calidad de agente,
      parte recurrida,
      y en el que la otra parte en el procedimiento ante la Sala de Recurso de la EUIPO, que actúa como parte coadyuvante ante el Tribunal, es:
      
         Hotel Cipriani Srl, con domicilio social en Venecia, representada inicialmente por el Sr. C. Hoole, Solicitor, posteriormente por los Sres. T. Alkin y B. Brandreth, Barristers, y los Sres. W. Sander, P. Cantrill, M. Pearce y A. Hall y la Sra. A. Ward, Solicitors, y, por último, por el Sr. Brandreth, Barrister, y los Sres. A. Poulter y P. Brownlow, Solicitors,
      que tiene por objeto un recurso interpuesto contra la resolución de la Cuarta Sala de Recurso de la EUIPO de 14 de marzo de 2014 (asunto R 224/2012‑4) relativo a un procedimiento de nulidad entre el Sr. Cipriani y el Hotel Cipriani,
      EL TRIBUNAL GENERAL (Sala Sexta),
      integrado por el Sr. G. Berardis, Presidente, y el Sr. S. Papasavvas y la Sra. O. Spineanu‑Matei (Ponente), Jueces;
      Secretario: Sr. I. Dragan, administrador;
      habiendo considerado el escrito de demanda presentado en la Secretaría del Tribunal el 19 de mayo de 2014;
      habiendo considerado el escrito de contestación de la EUIPO presentado en la Secretaría del Tribunal el 26 de septiembre de 2014;
      visto el escrito de contestación de la parte coadyuvante presentado en la Secretaría del Tribunal el 1 de octubre de 2014;
      visto el escrito de réplica presentado en la Secretaría del Tribunal el 14 de enero de 2015;
      vista la dúplica de la parte coadyuvante presentada en la Secretaría del Tribunal el 9 de abril de 2015;
      vista la modificación de la composición de las Salas del Tribunal;
      vista la atribución del asunto a la Sala Sexta y a un nuevo Juez Ponente;
      vistas las diligencias de ordenación del procedimiento de 16 de noviembre de 2016;
      vistas las preguntas formuladas por el Tribunal al recurrente y su respuesta a dichas preguntas presentada en la Secretaría del Tribunal el 1 de diciembre de 2016;
      tras la vista oral de 23 de enero de 2017;
      dicta la siguiente
      
         Sentencia
      
      
         Antecedentes del litigio
      
      
               1
            
            
               En 1956, el Sr. Giuseppe Cipriani, padre del recurrente, el Sr. Arrigo Cipriani, y un tercero constituyeron Hotel Cipriani SpA, predecesor jurídico de la parte coadyuvante, Hotel Cipriani Srl. En marzo de 1958, el hotel, que llevaba el apellido Cipriani, abrió sus puertas.
            
         
               2
            
            
               En 1966, las participaciones del predecesor jurídico de la parte coadyuvante propiedad del tercero que había participado en su constitución fueron transferidas a Stondon, Ondale and Patmore Company Ltd.
            
         
               3
            
            
               En 1967, el Sr. Giuseppe Cipriani y Stondon, Ondale and Patmore Company celebraron un acuerdo en virtud del cual todas las participaciones del predecesor jurídico de la parte coadyuvante propiedad del primero se transferían a la segunda (en lo sucesivo, «Acuerdo de 1967»). Dicho Acuerdo también autorizó al citado predecesor jurídico a utilizar el apellido Cipriani en determinadas circunstancias.
            
         
               4
            
            
               El 12 de diciembre de 1969, el predecesor jurídico de la parte coadyuvante solicitó el registro de la marca denominativa italiana CIPRIANI, que fue registrada el 9 de diciembre de 1971 con el número 254410 para servicios correspondientes a la siguiente descripción: «Hoteles, restaurantes, bares, cafeterías, bares de comida rápida (snack‑bars) y establecimientos de restauración».
            
         
               5
            
            
               El 1 de abril de 1996, el predecesor jurídico de la parte coadyuvante presentó una solicitud de registro de marca de la Unión ante la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), en virtud del Reglamento (CE) n.o 40/94 del Consejo, de 20 de diciembre de 1993, sobre la marca comunitaria (DO 1994, L 11, p. 1), en su versión modificada [sustituido por el Reglamento (CE) n.o 207/2009 del Consejo, de 26 de febrero de 2009, sobre la marca de la Unión Europea (DO 2009, L 78, p. 1)].
            
         
               6
            
            
               La marca cuyo registro se solicitó es el signo denominativo CIPRIANI.
            
         
               7
            
            
               Los productos y servicios para los que se solicitó el registro pertenecen a las clases 16, 35 y 42 del Arreglo de Niza relativo a la Clasificación Internacional de Productos y Servicios para el Registro de las Marcas, de 15 de junio de 1957, en su versión revisada y modificada, y responden, para cada una de las clases, a la descripción siguiente:
               
                        —
                     
                     
                        Clase 16: «Productos de imprenta, cartón y artículos de cartón y billetes, periódicos, publicaciones periódicas, folletos, libros y papelería, instrumentos para escribir, libretas de direcciones y agendas, organizadores personales, fotografías y pósters, naipes, tarjetas de felicitación, postales, mapas y cuadros».
                     
                  
                        —
                     
                     
                        Clase 35: «Publicidad, relaciones públicas; servicios de marketing y de promoción; gestión de hoteles».
                     
                  
                        —
                     
                     
                        Clase 42: «Hoteles, reservas hoteleras, restaurantes, cafeterías, establecimientos públicos para comer, bares, servicios de restauración; reparto de bebidas para su consumo inmediato».
                     
                  
         
               8
            
            
               La solicitud de marca de la Unión se publicó en el Boletín de Marcas Comunitarias n.o 26/1997, de 3 de noviembre de 1997. La marca solicitada fue registrada el 9 de julio de 1998 con el número 115824.
            
         
               9
            
            
               En 2006, la parte coadyuvante se registró ante la EUIPO como titular de la marca controvertida.
            
         
               10
            
            
               El 31 de julio de 2009, el recurrente presentó ante la EUIPO una solicitud de nulidad de la marca controvertida para todos los productos y servicios para los que había sido registrada. Los motivos de nulidad alegados en apoyo de dicha solicitud fueron los mencionados, en primer término, en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, por haberse registrado la marca de la Unión de mala fe, y, en segundo término, en el artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, en relación con el artículo 8, apartado 3, del Codice della Proprietà Industriale (Código de la Propiedad Industrial italiano; en lo sucesivo, «CPI»), en la medida en que la citada marca supuestamente lesionaba el derecho al nombre de una persona famosa, concretamente el apellido Cipriani, cuyo renombre se circunscribía al recurrente, que es un hombre del mundo de la cultura, cuya actividad de restauración es mundialmente conocida.
            
         
               11
            
            
               La División de Anulación desestimó la solicitud de nulidad mediante resolución de 29 de noviembre de 2011. En primer término, estimó que dicha solicitud era inadmisible en la medida en que se basaba en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, debido a que ya se había pronunciado, con carácter firme, sobre la misma cuestión un órgano jurisdiccional nacional competente en materia de marca de la Unión. En segundo término, consideró que, en lo relativo a los servicios hoteleros y de restauración y a los servicios asociados incluidos en la clase 42, el recurrente había tolerado conscientemente el uso de la marca controvertida durante más de cinco años a los efectos del artículo 28 del CPI. De ello concluyó que la solicitud de nulidad era inadmisible en relación con estos servicios pues se basaba en el artículo 53, apartado 2, letra a), del mismo Reglamento. Por último, por lo que respecta a los productos y servicios incluidos en las clases 16 y 35, desestimó la solicitud de nulidad ya que se basaba en el artículo 53, apartado 2, letra a), del citado Reglamento, en relación con el artículo 8, apartado 3, del CPI, debido a que no se lesionaba el derecho al nombre del recurrente.
            
         
               12
            
            
               El 27 de enero de 2012, el recurrente interpuso un recurso ante la EUIPO contra la resolución de la División de Anulación al amparo de los artículos 58 a 64 del Reglamento n.o 207/2009.
            
         
               13
            
            
               Mediante resolución de 14 de marzo de 2014 (en lo sucesivo, «resolución impugnada»), la Cuarta Sala de Recurso de la EUIPO desestimó el recurso del recurrente.
            
         
               14
            
            
               En primer lugar, la Sala concluyó que no existía mala fe en la solicitud de nulidad en la medida en que se basaba en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009. Señaló al respecto que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante —y posteriormente la propia parte coadyuvante— llevaban «dirigiendo el [Hotel Cipriani]» desde los años 60 y que ésta era titular de la marca denominativa italiana CIPRIANI, registrada el 9 de diciembre de 1971 con el número 254410 para productos y servicios comprendidos en las clases 29, 30, 32, 33 y 42 en el sentido del Arreglo de Niza. Indicó que el recurrente no había impugnado esa marca. A continuación consideró que solicitar el registro de una marca de la Unión para actividades que se ejercían legalmente desde hacía muchos años en modo alguno constituía un acto de mala fe. Precisó además que la sentencia de 9 de diciembre de 2008 de la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería, Reino Unido] (en lo sucesivo, «sentencia de 2008»), se basaba en una motivación exhaustiva, clara y convincente y se remitía a ella, pese a que esa sentencia nacional no era vinculante.
            
         
               15
            
            
               En segundo lugar, la Sala de Recurso desestimó la solicitud de nulidad en la medida en que se basaba en el artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, en relación con el artículo 8, apartado 3, del CPI. En primer término, consideró que las pruebas aportadas por el recurrente consistían exclusivamente en documentos en los que se le designaba por su nombre y su patronímico yuxtapuestos, concretamente Arrigo Cipriani, y que el apellido Cipriani no bastaba por sí solo para identificar a la persona a la que se referían dichas pruebas. De ello dedujo que la marca controvertida no lesionaba el derecho al nombre del recurrente, quien, a lo sumo, podía alegar la notoriedad del nombre Arrigo Cipriani. En segundo término, estimó que el artículo 8, apartado 3, del CPI pretendía evitar cualquier usurpación por terceros de un nombre de persona célebre y no podía aplicarse cuando una persona con el mismo apellido solicitaba el registro de una marca. Pues bien, en el caso de autos, dado que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante era el causahabiente legítimo del Sr. Giuseppe Cipriani, padre del recurrente, no se daba la situación prevista en el artículo 8, apartado 3, del CPI. Por último, sostuvo que el recurrente no había acreditado si el Derecho italiano regulaba el supuesto de dos personas con el mismo apellido ni el supuesto en que el nombre alegado haya adquirido notoriedad una vez que el signo controvertido empezara a ser utilizado comercialmente, ni la regulación de esos supuestos.
            
         
               16
            
            
               En tercer lugar, la Sala de Recurso estimó que no procedía, por tanto, examinar si el recurrente había tolerado el uso de la marca controvertida por la parte coadyuvante o si su solicitud de nulidad era inadmisible debido a que la cuestión de la presunta mala fe de la parte coadyuvante gozaba de fuerza de cosa juzgada debido a que había sido resuelta en la sentencia de 2008.
            
         
         Pretensiones de las partes
      
      
               17
            
            
               El recurrente solicita al Tribunal que:
               
                        —
                     
                     
                        Anule la resolución impugnada.
                     
                  
                        —
                     
                     
                        Declare nula la marca controvertida para todos los productos y servicios para los que está registrada.
                        
                                 —
                              
                              
                                 Con carácter subsidiario, declare nula la marca controvertida para todos los productos y servicios distintos a los servicios de «hoteles» y «reservas hoteleras».
                              
                           
                                 —
                              
                              
                                 Con carácter subsidiario de segundo grado, declare nula la marca controvertida para servicios como «restaurantes, cafeterías, establecimientos públicos para comer, bares, servicios de restauración, reparto de bebidas para su consumo inmediato».
                              
                           
                                 —
                              
                              
                                 Con carácter subsidiario de tercer grado, devuelva el asunto a la EUIPO para que declare tal nulidad.
                              
                           
                  
                        —
                     
                     
                        Ordene la devolución íntegra de las costas en que ha incurrido en el presente procedimiento.
                     
                  
         
               18
            
            
               La EUIPO y la parte coadyuvante solicitan al Tribunal que:
               
                        —
                     
                     
                        Desestime el recurso.
                     
                  
                        —
                     
                     
                        Condene en costas al recurrente.
                     
                  
         
         Fundamentos de Derecho
      
      
               19
            
            
               En apoyo del recurso, el recurrente invoca dos motivos, basados, el primero, en la infracción del artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, en relación con el artículo 8, apartado 3, del CPI, y el segundo, en la infracción del artículo 52, apartado 1, letra b), del mismo Reglamento.
            
         
               20
            
            
               El Tribunal considera que procede examinar en primer lugar el segundo motivo.
            
         
         
            Sobre el segundo motivo, basado en la infracción del artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.
         
         
            
               o
            
         
         
            207/2009
         
      
      
               21
            
            
               El recurrente considera que la resolución impugnada es errónea en la medida en que la Sala de Recurso concluyó que no existió mala fe con arreglo al artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009 al presentar la solicitud de registro de la marca controvertida.
            
         
               22
            
            
               La EUIPO y la parte coadyuvante rebaten las alegaciones del recurrente.
            
         
               23
            
            
               Debe recordarse que el régimen de la marca de la Unión se basa en el principio, establecido en el artículo 8, apartado 2, del Reglamento n.o 207/2009, conforme al cual, se confiere al primero que registra un derecho exclusivo. Con arreglo a este principio, sólo puede registrarse una marca como marca de la Unión cuando no se oponga a ello una marca anterior, ya se trate de una marca de la Unión, de una marca registrada en un Estado miembro o en la Oficina de propiedad intelectual del Benelux, de una marca que haya sido objeto de un registro internacional que surta efecto en un Estado miembro o de una marca que haya sido objeto de un registro internacional que surta efecto en la Unión. En cambio, sin perjuicio de la eventual aplicación del artículo 8, apartado 4, del Reglamento n.o 207/2009, el mero uso por parte de un tercero de una marca no registrada no se opone al registro de una marca idéntica o similar como marca de la Unión para productos o servicios idénticos o similares [véanse las sentencias de 11 de julio de 2013, SA.PAR./OAMI — Salini Costruttori (GRUPPO SALINI), T‑321/10, EU:T:2013:372, apartado 17 y jurisprudencia citada, y de 28 de enero de 2016, Gugler France/OAMI — Gugler (GUGLER), T‑674/13, no publicada, EU:T:2016:44, apartado 70].
            
         
               24
            
            
               La aplicación de dicho principio se ve matizada, en particular, por el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, en virtud del cual se declarará la nulidad de una marca de la Unión, mediante solicitud presentada ante la EUIPO o mediante una demanda reconvencional en una acción por violación de marca cuando el solicitante hubiera actuado de mala fe al presentar la solicitud de registro de la marca. Incumbe a quien solicita la nulidad basándose en este motivo demostrar las circunstancias que permitan concluir que el titular de una marca de la Unión actuó de mala fe al presentar la solicitud de registro de la misma [véase la sentencia de 26 de febrero de 2015, Pangyrus/OAMI — RSVP Design (COLOURBLIND), T‑257/11, no publicada, EU:T:2015:115, apartado 63 y jurisprudencia citada].
            
         
               25
            
            
               El concepto de mala fe utilizado en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009 no está ni definido, ni delimitado, ni siquiera descrito en modo alguno en la normativa [sentencia de 1 de febrero de 2012, Carrols/OAMI — Gambettola (Pollo Tropical CHICKEN ON THE GRILL), T‑291/09, EU:T:2012:39, apartado 44].
            
         
               26
            
            
               Debe señalarse que, en la sentencia de 11 de junio de 2009, Chocoladefabriken Lindt & Sprüngli (C‑529/07, EU:C:2009:361), el Tribunal de Justicia aportó algunas precisiones acerca de cómo debía interpretarse el concepto de mala fe, en los términos mencionados en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009.
            
         
               27
            
            
               Según el Tribunal de Justicia, para apreciar la existencia de la mala fe del solicitante, en el sentido del artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, se deben tener en cuenta todos las factores pertinentes propios del caso de autos y que existían en el momento de presentar la solicitud de registro de un signo como marca de la Unión y, en particular, en primer lugar, el hecho de que el solicitante sabe, o debe saber, que un tercero utiliza, al menos en un Estado miembro, un signo idéntico o similar para un producto o servicio idéntico o similar que puede dar lugar a confusión con el signo cuyo registro se solicita, en segundo lugar, la intención del solicitante de impedir que dicho tercero continúe utilizando tal signo y, en tercer lugar, el grado de protección jurídica del que gozan el signo del tercero y el signo cuyo registro se solicita (sentencia de 11 de junio de 2009, Chocoladefabriken Lindt & Sprüngli, C‑529/07, EU:C:2009:361, apartado 53).
            
         
               28
            
            
               Sin perjuicio de lo anterior, de los términos utilizados por el Tribunal de Justicia en la sentencia de 11 de junio de 2009, Chocoladefabriken Lindt & Sprüngli (C‑529/07, EU:C:2009:361), apartado 53, se deduce que los factores que se enumeran en ella son solamente ejemplos de un conjunto de elementos que pueden ser tenidos en cuenta a la hora de pronunciarse sobre la posible mala fe de un solicitante de registro al presentar la solicitud de marca (véase la sentencia de 26 de febrero de 2015, COLOURBLIND, T‑257/11, no publicada, EU:T:2015:115, apartado 67 y jurisprudencia citada).
            
         
               29
            
            
               En consecuencia, procede considerar que, en el marco del análisis global llevado a cabo conforme al artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, cabe asimismo tener en cuenta el origen del signo controvertido y su uso desde que fue creado, la lógica comercial en la que se inscribe la presentación de la solicitud de registro del signo como marca de la Unión y la cronología de los acontecimientos que han caracterizado dicha presentación (véase la sentencia de 26 de febrero de 2015, COLOURBLIND, T‑257/11, no publicada, EU:T:2015:115, apartado 68 y jurisprudencia citada; véase también, en este sentido, la sentencia de 11 de julio de 2013, GRUPPO SALINI, T‑321/10, EU:T:2013:372, apartado 23).
            
         
               30
            
            
               Procede examinar la legalidad de la resolución impugnada a la luz de las consideraciones anteriores en la medida en que la Sala de Recurso concluyó que no existió mala fe cuando se presentó la solicitud de registro de la marca controvertida.
            
         
               31
            
            
               Con carácter preliminar, procede señalar que es pacífico que la existencia de la mala fe alegada debía demostrarse al presentar la solicitud de registro de la marca controvertida, es decir, el 1 de abril de 1996 (en lo sucesivo, «fecha pertinente»).
            
         
               32
            
            
               El presente motivo se compone, en esencia, de dos partes, que se fundamentan, la primera, en la sucinta motivación de la resolución impugnada en lo relativo al análisis de la solicitud de nulidad basada en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009 y, la segunda, en la errónea apreciación por la Sala de Recurso de la existencia de mala fe por parte del predecesor jurídico de la parte coadyuvante.
            
         
         Sobre la primera parte, que se fundamenta en la sucinta motivación de la resolución impugnada en lo relativo al análisis de la solicitud de nulidad basada en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.
         
            o
         
         207/2009
      
      
               33
            
            
               Al alegar el recurrente la sucinta motivación de la resolución impugnada en lo relativo al análisis de la solicitud de nulidad basada en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, procede señalar que, incluso admitiendo tal carácter sucinto, éste no puede conllevar la insuficiencia de la motivación de la resolución impugnada.
            
         
               34
            
            
               En efecto, ha de recordarse que, de conformidad con el artículo 75 del Reglamento n.o 207/2009, las resoluciones de la EUIPO deben motivarse. Esta obligación de motivación, derivada también del artículo 296 TFUE, ha sido objeto de reiterada jurisprudencia, según la cual la motivación debe revelar de manera clara e inequívoca el razonamiento del autor del acto, de modo que, por una parte, los interesados puedan ejercitar de manera efectiva su derecho a solicitar la revisión judicial de la resolución impugnada y, por otra parte, el juez de la Unión pueda ejercer su control de legalidad de la resolución [véase la sentencia de 12 de febrero de 2015, Vita Phone/OAMI (LIFEDATA), T‑318/13, no publicada, EU:T:2015:96, apartado 46 y jurisprudencia citada; véase también, en este sentido, la sentencia de 13 de diciembre de 2011, Meica/OAMI — Bösinger Fleischwaren (Schinken King), T‑61/09, no publicada, EU:T:2011:733, apartado 17 y jurisprudencia citada].
            
         
               35
            
            
               Pues bien, hay que señalar que, en la resolución impugnada, la Sala de Recurso analizó las circunstancias del caso de autos y respondió a las alegaciones formuladas por el recurrente.
            
         
               36
            
            
               Por consiguiente, basándose en la lógica comercial del predecesor jurídico de la parte coadyuvante, que ya era titular de una marca denominativa nacional idéntica, la Sala de Recurso desestimó las alegaciones del recurrente de que dicho predecesor jurídico trató de perjudicarle y aprovecharse del renombre del apellido Cipriani.
            
         
               37
            
            
               Además, refiriéndose expresamente a la sentencia de 2008, la Sala de Recurso desestimó las alegaciones del recurrente relativas a la supuesta intención del predecesor jurídico de la parte coadyuvante de aprovecharse de su renombre y las alegaciones relativas a determinadas negociaciones en Estados Unidos, ya que en la citada sentencia se había dado respuesta a alegaciones similares sin que la misma considerara necesario reiterar la fundamentación de dicha sentencia.
            
         
               38
            
            
               En este sentido, contrariamente a lo que sugiere el recurrente, la resolución impugnada no incurre en ninguna contradicción en su motivación en lo que respecta a la toma en consideración de la sentencia de 2008 por la Sala de Recurso. En efecto, sin perjuicio de que la existencia de dicha sentencia pudiese dar lugar a la inadmisibilidad de la solicitud de nulidad, ya que se basaba en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, como consecuencia de haberse pronunciado, con fuerza de cosa juzgada, sobre la supuesta mala fe del predecesor jurídico de la parte coadyuvante, de una jurisprudencia reiterada se desprende que, pese a que la EUIPO no está vinculada por las resoluciones dictadas por las autoridades nacionales, dichas resoluciones, sin ser vinculantes ni decisivas, pueden ser tenidas en cuenta por la EUIPO, como indicios, al apreciar los hechos del asunto [véase la sentencia de 18 de marzo de 2016, Karl‑May‑Verlag/OAMI — Constantin Film Produktion (WINNETOU), T‑501/13, EU:T:2016:161, apartado 36 y jurisprudencia citada]. Por tanto, no cabe reprochar a la Sala de Recurso que en la resolución impugnada se remitiera a la sentencia de 2008.
            
         
               39
            
            
               De lo anterior resulta que, por lo que respecta al análisis de la solicitud de nulidad basada en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009, la resolución impugnada está suficientemente motivada con arreglo a Derecho. Por tanto, debe desestimarse la primera parte del presente motivo.
            
         
         Sobre la segunda parte, que se fundamenta en la errónea apreciación por la Sala de Recurso de la existencia de mala fe en el predecesor jurídico de la parte coadyuvante
      
      
               40
            
            
               El recurrente considera que la Sala de Recurso concluyó erróneamente que no existió mala fe en el predecesor jurídico de la parte coadyuvante en la fecha pertinente.
            
         – En cuanto a la toma en consideración de la existencia de la marca denominativa italiana anterior CIPRIANI y en cuanto a la presunta intención del predecesor jurídico de la parte coadyuvante de aprovecharse del renombre del apellido Cipriani y de la fama del recurrente
      
      
               41
            
            
               Para concluir que no existió mala fe con arreglo al artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009 en la fecha pertinente, la Sala de Recurso indicó, en el apartado 32 de la resolución impugnada, que dicho predecesor jurídico —y posteriormente la propia parte coadyuvante— llevaban «dirigiendo [el Hotel Cipriani]» desde los años 60 y que ésta era titular de la marca denominativa italiana CIPRIANI, registrada el 9 de diciembre de 1971«en las clases 29, 30, 32, 33 y 42», marca que no había sido impugnada. Por tanto, consideró que solicitar el registro de una marca de la Unión para actividades que ejercía legalmente desde hacía muchos años en modo alguno constituía un acto de mala fe.
            
         
               42
            
            
               El recurrente refuta la apreciación de la Sala de Recurso aduciendo que la existencia de mala fe debe demostrarse en función de las circunstancias del caso de autos, que pueden revelar la mala fe del solicitante de registro de una marca aun cuando dicho registro presentase vínculos con actividades ejercidas legalmente. Sostiene que, en el caso de autos, el predecesor jurídico de la parte coadyuvante pretendía obstaculizar la actividad del recurrente en el sector de la restauración independiente y obtener un registro que se pudiera invocar —como así ocurrió— para iniciar procedimientos judiciales y administrativos contra el recurrente y su familia en relación con las actividades de estos en dicho sector. Añade que el citado predecesor jurídico pretendía aprovecharse del renombre de que gozaba el apellido Cipriani en ese sector en la fecha pertinente.
            
         
               43
            
            
               No puede acogerse esta alegación del recurrente.
            
         
               44
            
            
               En efecto, en primer lugar, procede señalar que, como indicó la Sala de Recurso, en esencia, en el apartado 32 de la resolución impugnada, el recurrente no discute que, en la fecha pertinente, el predecesor jurídico de la parte coadyuvante ya era titular de otra marca CIPRIANI, concretamente la marca denominativa italiana CIPRIANI, presentada el 12 de diciembre de 1969 y registrada el 9 de diciembre de 1971 con el número 254410 en relación con «hoteles», «restaurantes», «bares», «cafeterías», «bares de comida rápida (snack‑bars)» y «establecimientos de restauración» (véase el apartado 4 anterior). El recurrente confirmó en la vista no haber impugnado el registro ni negado el uso de dicha marca.
            
         
               45
            
            
               Pues bien, hay que indicar que, según la jurisprudencia, el hecho de extender la protección de una marca nacional registrándola como marca de la Unión forma parte de la estrategia comercial normal de las empresas [véanse, en este sentido, las sentencias de 1 de febrero de 2012, Pollo Tropical CHICKEN ON THE GRILL, T‑291/09, EU:T:2012:39, apartado 58, y de 14 de febrero de 2012, Peeters Landbouwmachines/OAMI — Fors MW (BIGAB), T‑33/11, EU:T:2012:77, apartado 23]. Por tanto, cabe considerar que la solicitud de registro de la marca controvertida formaba parte de la estrategia comercial del predecesor jurídico de la parte coadyuvante.
            
         
               46
            
            
               Es cierto que el recurrente aduce que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante, que opera únicamente en el sector hotelero, actuó de mala fe puesto que presentó la solicitud de la marca controvertida sin intención de utilizarla en servicios que no fuesen los hoteleros, en particular, en servicios de restauración independiente. No obstante, debe desestimarse esta alegación del recurrente. En efecto, hay que señalar, al igual que hace la parte coadyuvante, que consta que, en la fecha pertinente, dicho predecesor jurídico prestaba servicios de restauración a sus clientes del hotel, pero también a otros clientes. Por tanto, de las circunstancias del caso de autos no resulta que, en esa misma fecha, ese predecesor jurídico no pretendiese utilizar la marca controvertida en servicios de restauración para los que se había solicitado el registro. Además, el recurrente no presenta elemento alguno en apoyo de su alegación de que el mismo predecesor jurídico únicamente pretendiese obstaculizar su actividad en el sector de la restauración independiente.
            
         
               47
            
            
               Por último, del hecho de que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante hubiese solicitado el registro para servicios comprendidos en la clase 42, pero también para productos y servicios comprendidos en las clases 16 y 35, respectivamente, no cabe deducir que persiguiera un objetivo distinto del desarrollo comercial previsible de sus actividades.
            
         
               48
            
            
               En segundo lugar, el recurrente afirma que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante pretendía parasitar su notoriedad imitando sus iniciativas y aprovecharse del renombre de que gozaba el apellido Cipriani en el sector de los servicios de restauración en la fecha pertinente. Sostiene que lo confirma el hecho de que, ya en 1979, dicho predecesor jurídico abriera un bar en Londres (Reino Unido), llamado Harry’s Bar, que era una copia, no sólo en cuanto al nombre, sino también en cuanto al estilo, del Harry’s Bar de Venecia (Italia), del que era propietario el recurrente. Es necesario señalar al respecto que, suponiendo que sea cierta, esa apertura, que se remonta, según el recurrente, a 1979, es muy anterior a la fecha pertinente. Pues bien, el recurrente no expone por qué la supuesta existencia de ese bar en Londres permite concluir la mala fe de dicho predecesor jurídico en la citada fecha, es decir, unos dieciséis años después. Suponiendo que el recurrente trate de sostener que el mismo predecesor jurídico hubiese pretendido aprovecharse reiteradamente de su renombre y del renombre del que gozaba el apellido Cipriani alimentando la confusión entre ellos y que la solicitud de registro de la marca controvertida hubiese sido, una vez inaugurado el bar en Londres, un ejemplo más de la voluntad del predecesor jurídico en cuestión de aprovecharse de su renombre y, por tanto, un acto de mala fe, esta alegación no puede influir en modo alguno en el análisis de la mala fe del predecesor jurídico de que se trata cuando solicitó el registro de la marca controvertida, que es la marca denominativa CIPRIANI. En efecto, como se ha puesto de manifiesto en el apartado 44 anterior, consta que se solicitó el registro de dicha marca pese a que el predecesor jurídico en cuestión era titular de una marca nacional idéntica, registrada, en particular, para bares, marca que el recurrente nunca impugnó.
            
         
               49
            
            
               Pues bien, si el recurrente se hubiese opuesto al registro o al uso de la marca nacional CIPRIANI y, pese a esa oposición, el predecesor jurídico de la parte coadyuvante hubiese decidido solicitar el registro de un signo idéntico como marca de la Unión, tales hechos habrían podido llevar a preguntarse acerca de la mala fe de dicho predecesor jurídico en la fecha pertinente. En cambio, sin impugnación de la marca italiana anterior CIPRIANI y pese a que la marca controvertida consiste en el mismo elemento denominativo, que, además, figuraba en la denominación del citado predecesor jurídico, no cabe admitir que el hecho de que éste hubiese supuestamente abierto un bar en Londres, llamado Harry’s Bar, permita considerar que, con la presentación de la solicitud de registro de la marca controvertida, el mismo predecesor jurídico hubiese actuado tratando de aprovecharse del presunto renombre del apellido Cipriani y del presunto renombre del recurrente.
            
         
               50
            
            
               En consecuencia, la alegación del recurrente no permite desvirtuar la apreciación de la Sala de Recurso de que, en esencia, el predecesor jurídico de la parte coadyuvante deseó extender la protección de su marca nacional a la Unión, lo que no cabe asimilar a un acto de mala fe en la fecha pertinente.
            
         – Sobre la remisión a la sentencia de 2008
      
      
               51
            
            
               Para concluir que no existió mala fe por parte del predecesor jurídico de la parte coadyuvante en la fecha pertinente, la Sala de Recurso precisó, en el apartado 33 de la resolución impugnada, que la sentencia de 2008 se basaba en una motivación exhaustiva, clara y convincente y que se remitía a ella, pese a que dicha sentencia nacional no era vinculante.
            
         
               52
            
            
               El recurrente refuta la interpretación dada por la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], en la sentencia de 2008, de la cláusula 3.1 del Acuerdo de 1967, relativa al uso del apellido Cipriani por el predecesor jurídico de la parte coadyuvante una vez cedidas las participaciones (véase el apartado 3 anterior). Afirma al respecto que cualquier interpretación de dicha cláusula consistente en deducir, únicamente a partir del término «exclusivo» mencionado en la misma, una transferencia perpetua de derechos sobre el apellido Cipriani para todos los sectores de productos y servicios infringiría flagrantemente la cláusula especial expresa que confiere a dicho predecesor jurídico un derecho exclusivo sobre dicho apellido estrictamente limitado, simultáneamente, a un período de cinco años y al sector hotelero. Estima que su interpretación de esa cláusula está confirmada por el comportamiento de las partes en los años posteriores a la firma de dicho Acuerdo. A su juicio, el predecesor jurídico actuó, por tanto, de mala fe al solicitar el registro de la marca controvertida pese a haber sido informado perfectamente de los límites precisos aplicables a su derecho a utilizar el apellido Cipriani en virtud de dicho Acuerdo.
            
         
               53
            
            
               Con carácter preliminar, procede recordar que, de conformidad con la jurisprudencia citada en el apartado 38 anterior, la sentencia de 2008 podía considerarse un indicio al apreciar los hechos enjuiciados.
            
         
               54
            
            
               En primer lugar, aunque la Sala de Recurso no remitía a puntos concretos de la fundamentación de la sentencia de 2008, hay que señalar que la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], estimó en dicha sentencia que, contrariamente a lo que afirma la parte coadyuvante, el Acuerdo de 1967 era un factor pertinente que debía tenerse en cuenta para examinar si el predecesor jurídico de la parte coadyuvante había actuado de mala fe cuando solicitó el registro de la marca controvertida.
            
         
               55
            
            
               En segundo lugar, es necesario precisar que el tenor de la cláusula 3 del Acuerdo de 1967, titulada «Otras disposiciones», estaba redactada en estos términos:
               
                        «3.1 —
                     
                     
                        Usted [el Sr. Giuseppe Cipriani] acepta que [el predecesor jurídico de la parte coadyuvante] y […] el hotel Villa Cipriani en Asolo (Italia) pueda[n] conservar [su] nombre actual y que, con carácter general, puedan disponer de un derecho exclusivo a utilizar el apellido Cipriani, incluso cuando usted y su familia ya no tengan interés económico en [dicho predecesor jurídico] e incluso si usted […] o su hijo deja[n] de ser miembro[s] del consejo de administración [de dicho predecesor jurídico]. Se compromete también a no constituir —y a velar porque ningún miembro de su familia trate de constituir— durante los cinco años siguientes al día de hoy, nuevas empresas que utilicen el apellido Cipriani o que puedan desviar de cualquier modo la clientela [del mismo predecesor jurídico] o del hotel Villa Cipriani, a menos que nosotros [Stondon, Ondale and Patmore Company] lo consintamos. Además, se acuerda que sus causahabientes y usted mismo, al igual que cualquier persona que tenga motivos válidos para ello, podrán seguir utilizando el apellido Cipriani en la Locanda Cipriani, en Torcello (Italia).
                     
                  
                        3.2 —
                     
                     
                        Por nuestra parte [, concretamente, Stondon, Ondale and Patmore Company], nos comprometemos, durante los cinco años posteriores a la fecha [del presente acuerdo], a no constituir nuevas empresas que utilicen el apellido Cipriani, a menos que usted lo consienta.
                     
                  
                        3.3 —
                     
                     
                        Prometemos hacer cuanto esté en nuestras manos para garantizar en el futuro la excelencia y la alta calidad de los servicios prestados por [el predecesor jurídico en cuestión] y por el hotel Villa Cipriani a sus respectivas clientelas.»
                     
                  
         
               56
            
            
               Procede señalar que, al contrario de lo que alega el recurrente, ningún elemento permite concluir que la interpretación de la cláusula 3.1 del Acuerdo de 1967 por la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], vulnere los principios comúnmente admitidos para la interpretación del contrato, en particular, la voluntad de las partes contratantes [artículo 1362 del Codice civile (Código Civil italiano)], la interpretación global de las cláusulas (artículo 1363 del Código Civil italiano) y el mantenimiento del contrato (artículo 1367 del Código Civil italiano).
            
         
               57
            
            
               Como estimó, en esencia, la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], en la sentencia de 2008, hay que considerar que la parte de la cláusula 3.1 del Acuerdo de 1967 según la cual, «con carácter general, [el predecesor jurídico de la parte coadyuvante] y el hotel Villa Cipriani [podían] disponer de un derecho exclusivo a utilizar el apellido Cipriani» significaba, en relación con la cláusula 3.2 de dicho Acuerdo, que ambas entidades tenían, en virtud de dicho Acuerdo, el derecho exclusivo, frente a terceros, a utilizar dicho apellido como parte de nombres, para cualquier actividad hotelera y, transcurrido un período de cinco años desde la celebración del mismo Acuerdo (en lo sucesivo, «período de cinco años»), para otras actividades, en particular, de restauración.
            
         
               58
            
            
               En efecto, es necesario señalar que en las cláusulas 3.1 y 3.2 de dicho Acuerdo se incluyeron dos estipulaciones similares, relativas a las limitaciones a las actividades de ambas partes recogidas en el Acuerdo de 1967 y a la utilización del apellido Cipriani durante el período de cinco años. Con arreglo a la primera estipulación, en la cláusula 3.1 de dicho Acuerdo, se obligaba al Sr. Giuseppe Cipriani y a su familia, durante dicho período, a no constituir nuevas empresas que utilizasen el apellido Cipriani o que pudiesen desviar de cualquier modo la clientela del predecesor jurídico de la parte coadyuvante o del hotel Villa Cipriani. Por tanto, esta prohibición no se circunscribía únicamente a la constitución de nuevos hoteles, sino que se refería también a los restaurantes, ya que éstos podían competir con restaurantes en los hoteles del comprador de las participaciones de dicho predecesor jurídico propiedad del Sr. Giuseppe Cipriani. Con arreglo a la segunda estipulación, en la cláusula 3.2 del Acuerdo en cuestión, se obligaba a dicho comprador, durante el período de cinco años, a no constituir nuevas empresas que utilizasen el apellido Cipriani, por ejemplo, hoteles o restaurantes.
            
         
               59
            
            
               En cambio, finalizado el período de cinco años, de las cláusulas 3.1 y 3.2 del Acuerdo de 1967 se desprende que, tanto el comprador de las participaciones del predecesor jurídico de la parte coadyuvante propiedad del Sr. Giuseppe Cipriani, como éste y su familia, podían, de conformidad con las normas jurídicas aplicables en la materia, constituir nuevas empresas utilizando el apellido Cipriani. En efecto, de conformidad con los principios de interpretación de los contratos recordados en el apartado 56 anterior, no existe motivo alguno para interpretar la cláusula 3.1 de dicho Acuerdo —relativa al Sr. Giuseppe Cipriani y a su familia— en el sentido de que les permitiera, una vez transcurrido el período de cinco años, constituir cualquier clase de empresa que utilice el apellido Cipriani, mientras que el comprador antes mencionado y dicho predecesor jurídico tuvieran derecho a inaugurar, utilizando el apellido Cipriani, únicamente hoteles o restaurantes en hoteles y no, por ejemplo, bares o restaurantes no ubicados en hoteles.
            
         
               60
            
            
               Además, por lo que respecta a la alegación del recurrente de que la cláusula 3.1 del Acuerdo de 1967 relativa al uso de nombres que incluyan el apellido Cipriani tenía como objetivo y efecto únicos permitir al predecesor jurídico de la parte coadyuvante seguir utilizando los nombres Hotel Cipriani y Hotel Villa Cipriani en su actividad hotelera, hay que señalar, como estimó la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], en la sentencia de 2008, que tal interpretación no es coherente, teniendo en cuenta que dicho predecesor jurídico y el hotel Villa Cipriani podían utilizar en exclusiva el apellido Cipriani, y no su respectivo nombre completo. Además, si hubiese que basarse en la interpretación de dicha cláusula propuesta por el recurrente, sería redundante la tercera parte de dicha cláusula, según la cual, «[el Sr. Giuseppe Cipriani se] compromet[ía] también a no constituir —y a velar porque ningún miembro de su familia [tratase] de constituir— durante [el período de] cinco años […], nuevas empresas que [utilizasen] el apellido Cipriani o que [pudiesen] desviar de cualquier modo la clientela [del mismo predecesor jurídico] o del hotel Villa Cipriani […], a menos que [el comprador de las participaciones del Sr. Giuseppe Cipriani] lo [consintiese]».
            
         
               61
            
            
               Igualmente, aunque el recurrente sostiene que el comportamiento de las partes durante los años posteriores a la firma de dicho Acuerdo confirma su propia interpretación, ya que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante no inauguró ningún restaurante con el apellido Cipriani durante los más de treinta años que siguieron a la firma del Acuerdo, cabe indicar que la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], puso de relieve que, durante más de 30 años, el Sr. Giuseppe Cipriani y el recurrente habían actuado coherentemente con su interpretación de la cláusula 3.1 del Acuerdo de 1967 puesto que hasta 2000, cuando fue inaugurado el restaurante Cipriani en Porto Cervo (Italia), no habían inaugurado en Italia u otro sitio de Europa ningún hotel o restaurante con la denominación Cipriani o con denominaciones que incluyesen el apellido Cipriani, lo que el recurrente no niega. Por tanto, en estas circunstancias, del comportamiento de las partes una vez celebrado dicho Acuerdo no cabe deducir un elemento determinante a efectos de interpretar su cláusula 3.
            
         
               62
            
            
               Por último, hay que señalar que la Court of Appeal (England & Wales) (Civil Division) [Tribunal de Apelación (Inglaterra y País de Gales), Sala de lo Civil, Reino Unido], en sentencia de 24 de febrero de 2010, confirmó la sentencia de 2008.
            
         
               63
            
            
               De las consideraciones anteriores resulta que hay que desestimar la alegación del recurrente relativa a la remisión a la sentencia de 2008.
            
         – Sobre la no consideración de una sentencia del Tribunale civile di Venezia (Tribunal civil de Venecia)
      
      
               64
            
            
               El recurrente imputa a la Sala de Recurso no haber tomado en consideración una sentencia del Tribunale civile di Venezia (Tribunal civil de Venecia, Italia), mediante la cual dicho tribunal llegó a conclusiones contrarias a las de la sentencia de 2008, al afirmar que, «sobre la base del Acuerdo de 1967 […], no exist[ía] ninguna prohibición a partir de la fecha de expiración del plazo de [cinco] años establecido [en la cláusula] 3.1 [de dicho Acuerdo] para que [él y el predecesor jurídico de la parte coadyuvante utilizaran] el apellido Cipriani». Sostiene que, por tanto, estas conclusiones contradicen expresamente la alegación, formulada por la parte coadyuvante y admitida por la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], de que se había transferido a perpetuidad a dicho predecesor jurídico el derecho a utilizar el apellido Cipriani para todas las categorías de productos y servicios, lo que implicaba la conformidad a Derecho de su registro del apellido Cipriani como marca de la Unión.
            
         
               65
            
            
               A este respecto, procede señalar que, pese a que el recurrente remite a un número de documento que no se corresponde con ningún anexo de los escritos que presentó ante el Tribunal, la sentencia del Tribunale civile di Venezia (Tribunal civil de Venecia), de 15 de julio de 2011, figura en el expediente administrativo del procedimiento tramitado ante la EUIPO.
            
         
               66
            
            
               Sin embargo, del extracto de la sentencia del Tribunale civile di Venezia (Tribunal civil de Venecia), de 15 de julio de 2011, invocado por el recurrente, no se desprende que en la sentencia de 2008 exista contradicción con la interpretación del Acuerdo de 1967. En efecto, el Tribunale civile di Venezia (Tribunal civil de Venecia) simplemente estimó que se había suprimido la limitación de que el recurrente utilizara el apellido Cipriani, transcurrido el período de cinco años. Pues bien, en la sentencia de 2008, no se indicó que esa limitación persistiese más allá de dicho período y de la motivación de la High Court of Justice (England & Wales), Chancery Division [Tribunal Superior de Justicia (Inglaterra y País de Gales), División de la Cancillería], resulta que, una vez expirado dicho período, tanto el predecesor jurídico de la parte coadyuvante —y posteriormente ésta— como el Sr. Giuseppe Cipriani y su familia y, por tanto, el recurrente, tenían derecho a utilizar el apellido Cipriani, de conformidad con la normativa aplicable en la materia (véanse los apartados 57 a 60 anteriores). Por consiguiente, debe desestimarse la alegación del recurrente.
            
         – Sobre las negociaciones mantenidas en Estados Unidos en 1996
      
      
               67
            
            
               El recurrente alega que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante y él mismo mantuvieron negociaciones en Estados Unidos en la fecha pertinente que darían lugar, algunos meses más tarde, en 1997, a la firma de una transacción. Sobre este particular, ninguna alegación formulada por el recurrente precisa en qué medida esas negociaciones en Estados Unidos pudieron influir en la conducta de dicho predecesor jurídico y contribuyen a demostrar su mala fe en la fecha pertinente.
            
         
               68
            
            
               Es cierto que el recurrente aduce, en esencia, que, tras las negociaciones en cuestión, se iba a confirmar la limitación al sector hotelero del derecho del predecesor jurídico de la parte coadyuvante a utilizar el apellido Cipriani en Estados Unidos, lo que, a su juicio, llevó a dicho predecesor jurídico a querer presentar en la Unión la solicitud de registro de la marca controvertida para servicios distintos de los hoteleros. Sin embargo, hay que señalar que la alegación del recurrente es contradictoria desde este punto de vista, puesto que afirma que esa limitación ya existía para las actividades de dicho predecesor jurídico en la Unión (véase el apartado 52 anterior). Por consiguiente, incluso suponiendo tal eventual limitación en Estados Unidos, conocida por el predecesor jurídico en cuestión en la fecha pertinente, ya que tales negociaciones se celebraron el 4 de abril de 1997, es decir, aproximadamente un año después de dicha fecha, esa limitación no pudo influir en su decisión de registrar la marca controvertida en la Unión. Si, en cambio, no existió esa limitación en relación con las actividades del mismo predecesor jurídico en la Unión, por no haberla impuesto el Acuerdo de 1967, contrariamente a lo que alega el recurrente, esas negociaciones en Estados Unidos tampoco pudieron influir en la decisión del predecesor jurídico en cuestión de registrar la marca controvertida. En consecuencia, debe desestimarse esta alegación del recurrente.
            
         – Conclusión
      
      
               69
            
            
               De todas las consideraciones anteriores resulta que la Sala de Recurso concluyó, en esencia, en el apartado 32 de la resolución impugnada, sin incurrir en error, que en la fecha pertinente no existió mala fe por parte del predecesor jurídico de la parte coadyuvante. Por tanto, debe desestimarse la segunda parte del presente motivo.
            
         
               70
            
            
               En consecuencia, procede desestimar el presente motivo por infundado.
            
         
         
            Sobre el primer motivo, basado en la infracción del artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.
         
         
            
               o
            
         
         
            207/2009, en relación con el artículo 8, apartado 3, del CPI
         
      
      
               71
            
            
               El recurrente estima, en esencia, que la resolución impugnada es errónea en la medida en que la Sala de Recurso concluyó que no podía prohibirse a la parte coadyuvante usar el apellido Cipriani, con arreglo al artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, en relación con el artículo 8, apartado 3, del CPI.
            
         
               72
            
            
               La EUIPO y la parte coadyuvante rebaten las alegaciones del recurrente.
            
         
               73
            
            
               De conformidad con el artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, una marca de la Unión se declarará nula mediante solicitud presentada ante la EUIPO si su uso puede prohibirse en virtud de un derecho al nombre con arreglo al Derecho nacional que regula la protección de dicho derecho.
            
         
               74
            
            
               El artículo 8, apartado 3, del CPI establece que:
               «Si gozan de renombre, podrán registrarse como marca únicamente por el titular, o con el consentimiento de éste […]: los nombres de persona, los signos utilizados en los ámbitos artístico, literario, científico, político o deportivo, las denominaciones y las siglas de manifestaciones y de los organismos y asociaciones sin ánimo de lucro, así como los emblemas característicos de éstos.»
            
         
               75
            
            
               En el caso de autos, en el apartado 24 de la resolución impugnada, la Sala de Recurso consideró que no era aplicable el artículo 8, apartado 3, del CPI, basándose, en esencia, en que el recurrente no estaba suficientemente identificado y, por tanto, la marca controvertida no lesionaba su derecho al nombre. A este respecto, en el apartado 26 de dicha resolución, señaló que el recurrente no invocaba el nombre Arrigo Cipriani, sino únicamente el apellido Cipriani, pese a que la marca controvertida se componía de dicho apellido y no incluía ningún otro elemento que hiciera pensar que designaba al recurrente. Consideró que el recurrente podría alegar, como máximo, la notoriedad de su nombre, compuesto por su nombre y su apellido, concretamente el nombre Arrigo Cipriani, cuyo registro tenía probablemente derecho a prohibir.
            
         
               76
            
            
               La Sala de Recurso consideró también, en el apartado 28 de la resolución impugnada, que el artículo 8, apartado 3, del CPI había de interpretarse necesariamente en el sentido de que era contrario a cualquier uso no autorizado del nombre de otra persona puesto que sometía expresamente el registro de marcas italianas al consentimiento. Estimó que esa disposición pretendía evitar cualquier usurpación por terceros de nombres de persona famosas y no podía aplicarse cuando solicitaba el registro de la marca la persona con el nombre en cuestión. En el caso de autos, del hecho de que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante fuera el causahabiente del Sr. Giuseppe Cipriani, padre del recurrente, la Sala de Recurso dedujo que no se daba la situación prevista en el artículo 8, apartado 3, del CPI.
            
         
               77
            
            
               Por último, en el apartado 29 de la resolución impugnada, la Sala de Recurso puso de relieve que el recurrente no había acreditado si el Derecho italiano regulaba el supuesto de dos personas con el mismo apellido que gozaran de renombre en sectores de actividad, económicos o sociales, idénticos o distintos, ni la regulación de dicho supuesto. Pues bien, según la jurisprudencia, corresponde a quien solicita la nulidad aportar las disposiciones nacionales o la doctrina aplicables en la materia. En el caso de autos, consta que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante había empezado a utilizar el signo Cipriani como marca que designaba un hotel antes de la fecha en la que el recurrente podía afirmar haber adquirido renombre como consecuencia de sus propias actividades. Por tanto, el recurrente debería haber acreditado también cómo regulaba el Derecho italiano el supuesto en que el nombre hubiese adquirido notoriedad una vez que el signo controvertido hubiese empezado a ser utilizado comercialmente. La Sala de Recurso precisó al respecto, en el apartado 30 de dicha resolución, que la parte coadyuvante utilizaba y podía seguir utilizando ese signo con arreglo al Acuerdo de 1967, al que las partes se habían remitido reiteradamente y que la autorizaba a utilizar la «palabra “cipriani”» para designar sus servicios.
            
         
               78
            
            
               Con carácter preliminar, como precisó la Sala de Recurso en el apartado 22 de la resolución impugnada, consta que, en el caso de autos, con arreglo al artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, la marca controvertida puede ser declarada nula si su uso puede prohibirse en virtud del derecho italiano al nombre protegido por el artículo 8, apartado 3, del CPI. Tampoco ha sido discutido que la existencia del derecho al nombre ha de examinarse en relación con la fecha pertinente.
            
         
               79
            
            
               En primer lugar, el recurrente aduce que, contrariamente a la apreciación de la Sala de Recurso (apartados 23 a 27 de la resolución impugnada), es erróneo y contrario al Derecho italiano suponer que el artículo 8, apartado 3, del CPI sólo protege los nombres en su función identificativa de personas puesto que ello implicaría que sólo se infringe dicha disposición si el acto de un tercero «pudiese hacer dudar de la identidad» de una persona. A su juicio, esta disposición trata exclusivamente de proteger el valor comercial del nombre y reservar su explotación al titular del mismo.
            
         
               80
            
            
               Hay que desestimar esta alegación del recurrente pues se basa en una interpretación errónea de la resolución impugnada.
            
         
               81
            
            
               En efecto, la afirmación de la Sala de Recurso, en el apartado 27 de la resolución impugnada, de que, «dado que la finalidad del derecho al nombre es únicamente identificar a la persona que designa el nombre en cuestión, sólo se vulnera el derecho si la presunta lesión puede hacer dudar de la identidad de una persona (física o jurídica)», ciertamente redactada con poco acierto, debe interpretarse en su contexto.
            
         
               82
            
            
               En primer término, en el apartado 23 de la resolución impugnada, la Sala de Recurso observó que, al basarse la solicitud de nulidad exclusivamente en un nombre de persona, el recurrente debía limitarse a reivindicar la protección contra cualquier lesión al apellido Cipriani como nombre de persona, lo que el recurrente no refuta. En el apartado 24 de dicha resolución, consideró que el registro de la marca controvertida no lesionaba el nombre del recurrente.
            
         
               83
            
            
               En segundo término, además de las consideraciones puestas de manifiesto en los apartados 26 y 28 de la resolución impugnada, recordadas en los apartados 75 y 76 anteriores, respectivamente, la Sala de Recurso precisó, en el apartado 29 de dicha resolución, que el recurrente debería haber acreditado cómo regulaba el Derecho italiano el supuesto en el que el nombre hubiese adquirido renombre una vez que el signo controvertido hubiese empezado a ser utilizado comercialmente.
            
         
               84
            
            
               Por último, en el apartado 30 de la resolución impugnada, la Sala de Recurso indicó que «el artículo 8, apartado 3, del CPI [trataba] de proteger los nombres de personas célebres contra cualquier registro arbitrario siempre que tales nombres [identificasen] sin la menor ambigüedad a las personas de que se trata».
            
         
               85
            
            
               De todas estas consideraciones de la Sala de Recurso resulta que ésta examinó, de conformidad con el artículo 8, apartado 3, del CPI, la cuestión del registro de una marca en la medida en que puede lesionar el derecho a un nombre que ha adquirido notoriedad. Además, de su razonamiento se desprende con suficiente claridad que se refería a la protección contra la usurpación comercial de nombres de persona y no a la protección contra la usurpación de la identidad civil de una persona.
            
         
               86
            
            
               En segundo lugar, el recurrente aduce que la Sala de Recurso estimó erróneamente que, por una parte, con arreglo al artículo 8, apartado 3, del CPI, no podía alegar el renombre del apellido Cipriani y únicamente podía alegar, en cambio, el de su nombre y su apellido yuxtapuestos y, por otra parte, que dicho patronímico no se refería a su persona.
            
         
               87
            
            
               En primer término, el recurrente afirma que, como consecuencia de su errónea interpretación del artículo 8, apartado 3, del CPI, la Sala de Recurso dedujo que se identificaba al recurrente por la combinación de un nombre y un apellido, puesto que esta combinación le servía de nombre, porque el apellido Cipriani no bastaba para identificarle (apartados 24 a 27 de la resolución impugnada). Pues bien, a su juicio, está justificado —y es incluso necesario— proteger dicho apellido, que lleva íntimamente ligado a él un renombre cierto.
            
         
               88
            
            
               En el caso de autos, consta que, según el artículo 8, apartado 3, del CPI, debe denegarse el registro de un signo como marca italiana si el nombre cuyo registro se solicita es un nombre de persona notorio en Italia y el titular de dicho nombre no ha consentido el registro de dicha marca.
            
         
               89
            
            
               Consta también que, en el caso de autos, al ser la marca controvertida la marca denominativa CIPRIANI, puede ser declarada nula con arreglo a las disposiciones recordadas en el apartado 78 anterior, si lesiona el apellido Cipriani. Además, no niega que dicho nombre puede ser un nombre de persona, ni que en Italia goza de renombre.
            
         
               90
            
            
               Procede recordar también que, contrariamente a lo afirmado por el recurrente, la Sala de Recurso no interpretó erróneamente el artículo 8, apartado 3, del CPI (véanse los apartados 79 a 85 anteriores).
            
         
               91
            
            
               Por último, procede señalar que la Sala de Recurso trató de determinar si la marca controvertida consistía en el registro de un nombre notorio que pudiera invocar el recurrente. De ello dedujo que el recurrente debía acreditar que el renombre del apellido Cipriani, utilizado solo, teniendo en cuenta la marca controvertida, compuesta sólo por ese nombre, estaba ligado a su persona. Hay que indicar que el recurrente también había aducido en la motivación de su solicitud de nulidad que la fama de dicho nombre se circunscribía a su persona. Sostuvo además, en los escritos que presentó al Tribunal y, en esencia, en la vista, que «el objetivo del artículo 8, apartado 3, del CPI, [era], más concretamente, “garantizar al titular el derecho exclusivo a explotar comercialmente la notoriedad y, por tanto, la capacidad evocadora, de determinados nombres, que se convierte en capacidad para vender en el mercado”». Por tanto, para poder invocar la protección del derecho al nombre prevista en el artículo 8, apartado 3, del CPI y oponerse a que se utilice la notoriedad de dicho nombre y el valor comercial vinculado a él, como acertadamente señaló la Sala de Recurso, en esencia, en los apartados 24, 26 y 31 de la resolución impugnada, el recurrente sólo podía alegar la notoriedad de ese nombre si, utilizado solo, recordaba necesariamente a su persona.
            
         
               92
            
            
               En la vista, en respuesta a una pregunta del Tribunal, el recurrente sostuvo que, al gozar el apellido Cipriani de renombre como apellido familiar, había que interpretar el artículo 8, apartado 3, del CPI en el sentido de que cualquier miembro de su familia que llevara dicho patronímico podía oponerse al registro y al uso de una marca que incluyese el apellido Cipriani alegando la notoriedad de dicho apellido. No obstante, posteriormente indicó que sólo su padre y él mismo podían actuar con ese fundamento alegando el renombre del patronímico en cuestión, pues fueron ellos quienes le dieron renombre. Además de que esta alegación es poco clara, procede señalar que el recurrente no ha aportado datos que apoyen esa interpretación del artículo 8, apartado 3, del CPI. Por tanto, a falta de tales datos aportados por el recurrente, pese a que recaía sobre él la carga de acreditar ante la EUIPO el contenido de la legislación nacional cuya aplicación solicita, para que pueda prohibirse el uso de la marca controvertida (véase, en este sentido, la sentencia de 5 de julio de 2011, Edwin/OAMI, C‑263/09 P, EU:2011:452, apartado 50), no cabe defender esta interpretación.
            
         
               93
            
            
               En segundo término, el recurrente considera haber aportado numerosas pruebas de que, utilizado solo, el apellido Cipriani «suele asociarse» a su persona. En apoyo de esta alegación, invoca, más concretamente, 60 documentos a él referidos en cuyo título sólo se cita el apellido Cipriani.
            
         
               94
            
            
               Tras analizar esos 60 documentos, constituidos, a excepción de uno sólo, por artículos de periódicos y revistas, ciertamente debe señalarse que el patronímico Cipriani aparece únicamente en sus titulares. Sin embargo, como aducen la EUIPO y la parte coadyuvante, en esos artículos se menciona al recurrente por su nombre y su apellido en el cuerpo del artículo, concretamente al principio del mismo, incluso en la firma del artículo y, en 38 de esos documentos, al lado o al pie de la fotografía del recurrente.
            
         
               95
            
            
               No cabe considerar la mención únicamente del patronímico Cipriani en el título de un artículo como un indicio de que, utilizado solo, dicho patronímico «suela asociarse» al recurrente, como éste afirma. En efecto, como sostiene la EUIPO, hay que observar que tal mención puede deberse a una práctica corriente en los medios de comunicación y estar justificada por necesidades de paginación del artículo en cuestión. Además, la inclusión de una fotografía del recurrente en un artículo o la mención yuxtapuesta, en el cuerpo de dicho artículo, del nombre y del apellido del recurrente disminuye el impacto de mencionar únicamente el apellido Cipriani en el título del mismo artículo.
            
         
               96
            
            
               Hay que considerar también que, al ser 9 de esos 60 documentos artículos firmados por el propio recurrente, no permiten acreditar en estas circunstancias que, por el mero hecho de que en ellos se mencione únicamente el apellido Cipriani en sus titulares, dicho apellido, utilizado solo, recuerde necesariamente al recurrente.
            
         
               97
            
            
               Por otra parte, el único de los 60 documentos que el recurrente cita más concretamente, en el que no se menciona su nombre, es una tarjeta de invitación a una recepción. Pues bien, suponiendo acreditado que, en esa tarjeta, el patronímico Cipriani sea el del recurrente, ese documento, sin fecha, no acredita, y aún menos por sí solo, que el renombre de dicho apellido esté necesariamente vinculado al recurrente.
            
         
               98
            
            
               En consecuencia, como estimó acertadamente la Sala de Recurso, en esencia, en el apartado 24 de la resolución impugnada, los documentos que a juicio del recurrente mejor demuestran que, utilizado solo, el apellido Cipriani recuerda necesariamente a su persona no permiten acreditar tal vinculación. Esta apreciación es tanto más importante en el caso de autos cuanto que el apellido Cipriani, en su caso acompañado por un nombre o por otro elemento, puede recordar a personas o entidades distintas del recurrente.
            
         
               99
            
            
               Por tanto, como también aduce el recurrente, el apellido Cipriani es el patronímico de distintos miembros de su propia familia. Así pues, como señaló acertadamente la Sala de Recurso, en esencia, en el apartado 26 de la resolución impugnada, dicho apellido puede designar al Sr. Giuseppe Cipriani, padre del recurrente, cofundador del predecesor jurídico de la parte coadyuvante. Hay que señalar asimismo que, entre los artículos aportados y citados por el recurrente, en cuyo título únicamente figura ese apellido (véase el apartado 93 anterior), dos de ellos recuerdan a distintos miembros de la familia del recurrente, mientras que otros dos, que mencionan a «los Cipriani», también se refieren a distintos miembros de la familia del recurrente. En esos documentos también aparecen, en el cuerpo del artículo, los nombres de los interesados.
            
         
               100
            
            
               Además, habida cuenta de las circunstancias del caso de autos recordadas en los apartados 1, 3 y 4 anteriores, el apellido Cipriani también puede recordar al predecesor jurídico de la parte coadyuvante, que presentó la solicitud de registro de la marca controvertida, y en la actualidad a la coadyuvante, e incluso a la marca denominativa italiana CIPRIANI. El recurrente también conocía desde hacía tiempo el uso de dicho apellido por el citado predecesor jurídico, y posteriormente por el propio coadyuvante, puesto que el predecesor jurídico había sido autorizado a utilizar dicho apellido a raíz del Acuerdo de 1967, celebrado con el padre del recurrente, con ocasión de la venta de las participaciones de las que el predecesor jurídico era titular (véase el apartado 3 anterior), y las actividades contempladas en dicha autorización son irrelevantes a este respecto.
            
         
               101
            
            
               De las consideraciones anteriores resulta que, en la fecha pertinente, el apellido Cipriani podía designar a miembros de una familia, entre ellos al recurrente, si el apellido se acompañaba de un nombre, al igual que podía designar al predecesor jurídico de la parte coadyuvante y, en la actualidad, a ésta, si el nombre se acompaña del término «hotel», o incluso al hotel Cipriani. Asimismo podía remitir a la marca denominativa italiana CIPRIANI (véase el apartado 4 anterior).
            
         
               102
            
            
               A este respecto, es necesario precisar que, en el presente recurso, no corresponde al Tribunal acreditar ni la existencia del renombre alegado de las partes o de las entidades mencionadas en el apartado anterior que el apellido Cipriani puede designar, ni, en su caso, la fecha en la que se adquirió tal notoriedad.
            
         
               103
            
            
               En estas circunstancias, el hecho de que, en la fecha pertinente, el recurrente no pudiese invocar, con arreglo al artículo 8, apartado 3, del CPI, la notoriedad del apellido Cipriani sin acompañarlo con su nombre implica que no podía invocarse dicha disposición para refutar la validez de la marca controvertida.
            
         
               104
            
            
               Por último, hay que señalar que, como señaló justificadamente la Sala de Recurso en el apartado 25 de la resolución impugnada, el presente litigio debe distinguirse del que dio lugar a la sentencia de 14 de mayo de 2009, Fiorucci/OAMI — Edwin (ELIO FIORUCCI) (T‑165/06, EU:T:2009:157), confirmada en casación por la sentencia de 5 de julio de 2011, Edwin/OAMI (C‑263/09 P, EU:C:2011:452). En ese litigio, constaba que el nombre Elio Fiorucci recordaba necesariamente al estilista italiano Elio Fiorucci, cuyo nombre era famoso en Italia, y la marca controvertida que se había registrado era precisamente la marca de la Unión Elio Fiorucci, que se refería manifiestamente al estilista en cuestión, parte recurrente en ese litigio.
            
         
               105
            
            
               En tercer lugar, procede desestimar las alegaciones del recurrente mediante las que refuta las consideraciones de la Sala de Recurso en los apartados 28 y 29 de la resolución impugnada. En efecto, en primer término, la alegación del recurrente se basa en su propia interpretación del Acuerdo de 1967, que ya ha sido desestimada (véanse los apartados 52 a 62 y 64 a 66). En este contexto, dado que el recurrente también afirma, en esencia, que el predecesor jurídico de la parte coadyuvante y ésta nunca utilizaron el apellido Cipriani en servicios que no fuesen los hoteleros, procede recordar que ese predecesor jurídico logró registrar la marca denominativa italiana CIPRIANI, referida a servicios distintos de los hoteleros, y cuyo registro el recurrente nunca impugnó ni negó su uso (véanse los apartados 4 y 44 anteriores). En segundo término, el recurrente no niega no haber presentado elementos acreditativos de las modalidades de aplicación del artículo 8, apartado 3, del CPI cuando el solicitante de registro de la marca controvertida y la parte que invoca la aplicación de esta disposición tienen el mismo apellido.
            
         
               106
            
            
               De todas las consideraciones anteriores resulta que, en las circunstancias del caso de autos, como estimó, en esencia, la Sala de Recurso en el apartado 24 de la resolución impugnada, la marca controvertida no puede lesionar, con arreglo al artículo 8, apartado 3, del CPI, el derecho al nombre Cipriani, en los términos alegados por el recurrente.
            
         
               107
            
            
               En consecuencia, procede desestimar el presente motivo por infundado y, por tanto, el recurso en su totalidad, sin que sea necesario pronunciarse acerca de la admisibilidad de la segunda pretensión del recurrente ni acerca de las objeciones preliminares formuladas por la parte coadyuvante relativas a la inadmisibilidad parcial de la solicitud de nulidad, en los términos declarados por la División de Anulación.
            
         
         Costas
      
      
               108
            
            
               A tenor del artículo 134, apartado 1, del Reglamento de Procedimiento del Tribunal, la parte que haya visto desestimadas sus pretensiones será condenada en costas, si así lo hubiera solicitado la otra parte. Al haber visto el recurrente desestimadas sus pretensiones, procede condenarlo en costas, conforme a lo solicitado por la EUIPO y por la parte coadyuvante.
            
          
            
               En virtud de todo lo expuesto,
               EL TRIBUNAL GENERAL (Sala Sexta),
               decide:
            
          
            
               
                        
                           1)
                        
                     
                     
                        
                           Desestimar el recurso.
                        
                     
                  
          
            
               
                        
                           2)
                        
                     
                     
                        
                           El Sr. Arrigo Cipriani cargará con sus propias costas y con las de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) y de Hotel Cipriani Srl.
                        
                     
                  
          
               
                  
                     
                        
                           Berardis
                        
                        
                           Papasavvas
                        
                        
                           Spineanu‑Matei
                        
                     
                     Pronunciada en audiencia pública en Luxemburgo, a 29 de junio de 2017.
                  
               
            Índice
       
               
                  Antecedentes del litigio
               
             
               
                  Pretensiones de las partes
               
             
               
                  Fundamentos de Derecho
               
             
               
                  Sobre el segundo motivo, basado en la infracción del artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009
               
             
               
                  Sobre la primera parte, que se fundamenta en la sucinta motivación de la resolución impugnada en lo relativo al análisis de la solicitud de nulidad basada en el artículo 52, apartado 1, letra b), del Reglamento n.o 207/2009
               
             
               
                  Sobre la segunda parte, que se fundamenta en la errónea apreciación por la Sala de Recurso de la existencia de mala fe en el predecesor jurídico de la parte coadyuvante
               
             
               
                  – En cuanto a la toma en consideración de la existencia de la marca denominativa italiana anterior CIPRIANI y en cuanto a la presunta intención del predecesor jurídico de la parte coadyuvante de aprovecharse del renombre del apellido Cipriani y de la fama del recurrente
               
             
               
                  – Sobre la remisión a la sentencia de 2008
               
             
               
                  – Sobre la no consideración de una sentencia del Tribunale civile di Venezia (Tribunal civil de Venecia)
               
             
               
                  – Sobre las negociaciones mantenidas en Estados Unidos en 1996
               
             
               
                  – Conclusión
               
             
               
                  Sobre el primer motivo, basado en la infracción del artículo 53, apartado 2, letra a), del Reglamento n.o 207/2009, en relación con el artículo 8, apartado 3, del CPI
               
             
               
                  Costas
               
            (
            *1
         )	Lengua de procedimiento: inglés.