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Márquez_Cristo,Gonzalo
XXI
Nacimientos
El equilibrio sólo puede hallarse prescindiendo de la respiración, en la inmovilidad del salto, en la noche poseída. Las búsquedas sin señuelo me habían conducido a mi rostro. Desde la infancia padecí de la vida contrariada por la espectral voracidad del poema. Me ejercité en hallar los caminos más escabrosos, más inútiles... Nunca eludí un encuentro que antecediera a la desesperación. Delaté a los dioses del miedo y al deseo —que inventaba demonios. Vi al placer cerrando los ojos y al terror sin párpados... Conocí la verdadera palabra: la que migra, la que abandona su escenario de papel, y fui su víctima. Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido... Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Las búsquedas sin señuelo me habían conducido a mi rostro. Desde la infancia padecí de la vida contrariada por la espectral voracidad del poema. Me ejercité en hallar los caminos más escabrosos, más inútiles... Nunca eludí un encuentro que antecediera a la desesperación. Delaté a los dioses del miedo y al deseo —que inventaba demonios. Vi al placer cerrando los ojos y al terror sin párpados... Conocí la verdadera palabra: la que migra, la que abandona su escenario de papel, y fui su víctima. Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido... Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Delaté a los dioses del miedo y al deseo —que inventaba demonios. Vi al placer cerrando los ojos y al terror sin párpados... Conocí la verdadera palabra: la que migra, la que abandona su escenario de papel, y fui su víctima. Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido... Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Vi al placer cerrando los ojos y al terror sin párpados... Conocí la verdadera palabra: la que migra, la que abandona su escenario de papel, y fui su víctima. Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido... Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Conocí la verdadera palabra: la que migra, la que abandona su escenario de papel, y fui su víctima. Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido... Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido... Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un signo furtivo, irrevelable... Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Protegí mis dudas y aticé mi libertad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Las palabras son lo visible. Creo en la riqueza de nuestra adversidad. Creo en la riqueza de nuestra adversidad.
es
Melgar_Becerra,Juan_Miguel
XXI
La_Brisa_Triste_Del_Invierno_Pasado
La brisa triste del invierno pasado ha venido a mecer de nuevo las ramas del manzano, cordialmente, llenas de elegancia, adornan un sincero instante de mar, todas, entrelazadas y llenas de armonía. Recuerdo esta brisa, tarde de ayer, dulce mariposa de colores mirando tus ojos, diluyendo tu corazón en la tinta de un poema. ¿Recuerdas, amada mía, la tarde aquella? Tarde de soledades y tristezas varias, tu mano, inclinada en el vacío, esperando una leve caricia de mi mano, caricia prolongada y ya extinguida, desafío inherente entre Dios y la nada, surtidores de plata, y tu mundo y el mío... aquella tarde en la que te besaba... ¡Qué brisa entonces la de aquella tarde! Consumiéndote sola, tu belleza anduve con pasos decididos, y risas estridentes, y labios de otros labios, se pierden en el tiempo... ... tú no estás en tu ventana, ya casi te olvidé, entre copas y almohadas y abrazos de la gente que hallé en el camino. Yo te amé, tú bien lo sabes, tú me amabas, en fin, hoy todo ha terminado. La brisa triste del invierno pasado, ha venido a mecer de nuevo las ramas del manzano.
es
Lugones,Leopoldo
<XXI
Hortvs_Deliciarvm
El crepúsculo sufre en los follajes. Tus manos afeminan las discretas Caricias de las noches incompletas, Bajo una fina languidez de encajes Y un indulgente olor de violetas. Nieva tu palidez sobre las horas. Mi deseo perfuma, y mi pupila, Al fulgor de la tarde que vacila, Complica en sutilezas tentadoras La breve arruga de tu media lila. Algo llora en llora en los árboles espesos. El alma, enferma de divinos males, Quiere unir en las copas inmortales, A la inquietud ambigua de tus besos El sabor de las églogas pradiales. Llega un triste mensaje: ha muerto Ofelia. La flor de oro del Sol, desde el poniente, Quema en su polen de oro, inúltimente, Tu integridad estéril de camelia, Y agoniza dorándote la frente. Hoy cantan los maitines de las flores. Deja arrastrar tu falda entre mis penas, Y al ritmo de la sangre de mis venas Trovaré el virelay de tus pudores Y canonizaré tus azucenas. Las tardes se marchitan desoladas. Dame el saludo de cortés desvío, Y verás cuál resbala por el frío Ópalo de tus uñas delicadas, Mi alma como una gota de rocío. El violín detalla una gavota, Mi corazón fallece en un gemido, Porque al beso de sombra del olvido, Bajo el ancho muaré de tu capota Tu mirada y la tarde se han dormido.
es
Cela,Camilo_José
<XXI
Toisha_V_Ii
Ahora, ahora mismo, En este instante idéntico a niña embarazada, En este instante mismo en que la sangre se agolpa por mis sienes En este instante, oh muerta!, en que navajas, tréboles, O espartos moribundos dan sabor a tu boca, En que huracanes trémulos, musgos recién nacidos, O gusanos sin boca son dueños de tus senos, En que la tierra inmensa te ahoga por la garganta Por un instante no mayor que un beso, En que lágrimas huecas o mechones de pelo perfectamente inútiles No son lo que yo quiero: que es tu presencia misma, Que es tu carne dorada donde yo me dormía, Que son tus piernas tibias, tus muslos abarcados, Tus fecundas caderas donde yo cabalgaba Como un verano, hasta que te rendías, Tus fortísimos brazos con que, toda desnuda, Me levantabas sobre tu cabeza… En este instante en que un dolor inmenso Es incapaz de hacerme mover un solo dedo, Yo te prometo, oh dulce esposa mía asesinada, Oh madrecita sin haber parido, oh muerta, Colgar tu atroz recuerdo cada noche de un pelo, Y que desiertos de tinieblas moradas O amargas noches de insomnio y sobresalto Sean incapaces de ahogarme como a un niño.
es
Neruda,Pablo
<XXI
Poema_15
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
es
Castillo_Fan,Jorge
XXI
Soñabas_De_Perfil
Soñabas de perfil Disuelta la luna entre tus dedos tejías un himno para no morir ¿Era tu voz una danza invisible sobre el viento o el alma de los ciegos quebrada en el licor de los silencios? ¿Blandías estrellas sobre el fango?
es
Calama_Rodríguez,Luis
XXI
Quiero_Que_Vuelvas_Madre_Hasta_Mi_Lado
Quiero que vuelvas madre hasta mi lado, a recorrer conmigo los senderos que cruzan los rincones de la vida, retomando de un soplo el sentimiento de aquellas tardes dulces del pasado. Quiero escuchar de nuevo tus palabras para salir del fondo de los miedos y alargar de mi sombra los latidos que palpitan contigo en los recuerdos. Quiero romper los muros de los tiempos y deshacer los años transcurridos que cortan mis raíces y me arrastran a un mundo más hostil e insolidario. Quiero marchar de nuevo de tu mano, protegido por siempre, por sentirme otra vez consolado cuando el viento ruge fiero en la noche en mi ventana. Quiero que vuelvas madre, y me rescates de todas las razones que no tengo, y te acerques despacio hasta mi cama, para velar mi sueño, mientras duermo.
es
Paz,Octavio
<XXI
Novedad_De_Hoy_Y_Ruina_De_Pasado_Mañana
novedad de hoy y ruina de pasado mañana, enterrda y resucitada cada día, convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas, la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tres metros cuadrados inacabable como una galaxia, la ciudad que nos sueña a todos y que todos hacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos, la ciudad que todos soñamos y que cambia sin cesar mientras la soñamos, la ciudad que despierta cada cien años y se mira en el espejo de una palabra y no se reconoce y otra vez se echa a dormir, la ciudad que brota de los párpados de la mujer que duerme a mi lado y se convierte, con sus monumentos y sus estatuas, sus historias y sus leyendas, en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojo refleja el mismo paisaje detenido, antes de las escuelas y las prisiones, los alfabetos y los números, el altar y la ley: el río que es cuatro ríos, el huerto, el árbol, la Varona y el Varón vestido de viento —volver, volver, ser otra vez arcilla, bañarse en esa luz, dormir bajo esas luminarias, flotar sobre las aguas del tiempo como la hoja llameante del arce que arrastra la corriente, volver, ¿estamos dormidos o despiertos?, estamos, nada más estamos, amanece, es temprano, estamos en la ciudad, no podemos salir de ella sin caer en otra, idéntica aunque sea distinta, hablo de la ciudad inmensa, realidad diaria hecha de dos palabras: los otros, y en cada uno de ellos hay un yo cercenado de un nosotros, un yo a la deriva, hablo de la ciudad construida por los muertos, habitada por sus tercos fantasmas, regida por su despótica memoria, la ciudad con la que hablo cuando no hablo con nadie y que ahora me dicta estas palabras insomnes, hablo de las torres, los puentes, los subterráneos, los hangares, maravillas y desastres, El estado abstracto y sus policías concretos, sus pedagogos, sus carceleros, sus predicadores, las tiendas en donde hay de todo y gastamos todo y todo se vuelve humo, los mercados y sus pirámides de frutos, rotación de las cuatro estaciones, las reses en canal colgando de los garfios, las colinas de especias y las torres de frascos y conservas, todos los sabores y los colores, todos los olores y todas las materias, la marea de las voces —agua, metal, madera, barro—, el trajín, el regateo y el trapicheo desde el comienzo de los días, hablo de los edificios de cantería y de mármol, de cemento, vidrio, hierro, del gentío en los vestíbulos y portales, de los elevadores que suben y bajan como el mercurio en los termómetros, de los bancos y sus consejos de administración, de las fábricas y sus gerentes, de los obreros y sus máquinas incestuosas, hablo del desfile inmemorial de la prostitución por calles largas como el deseo y como el aburrimiento, del ir y venir de los autos, espejo de nuestros afanes, quehaceres y pasiones (¿por qué, para qué, hacia dónde?), de los hospitales siempre repletos y en los que siempre morimos solos, hablo de la penumbra de ciertas iglesias y de las llamas titubeantes de los cirios en los altares, tímidas lenguas con las que los desamparados hablan con los santos y con las vírgenes en un lenguaje ardiente y entrecortado, hablo de la cena bajo la luz tuerta en la mesa coja y los platos desportillados, de las tribus inocentes que acampan en los baldíos con sus mujeres y sus hijos, sus animales y sus espectros, de las ratas en el albañal y de los gorriones valientes que anidan en los alambres, en las cornisas y en los árboles martirizados, de los gatos contemplativos y de sus novelas libertinas a la luz de la luna, diosa cruel de las azoteas, de los perros errabundos, que son nuestros franciscanos y nuestros bhikkus, los perros que desentierran los huesos del sol, hablo del anacoreta y de la fraternidad de los libertarios, de la conjura de los justicieros y de la banda de los ladrones, de la conspiración de los iguales y de la sociedad de amigos del Crimen, del club de los suicidas y de Jack el Destripador, del Amigo de los Hombres, afilador de la guillotina, y de César, Delicia del Género Humano, hablo del barrio paralítico, el muro llagado, la fuente seca, la estatua pintarrajeada, hablo de los basureros del tamaño de una montaña y del sol taciturno que se filtra en el polumo, de los vidrios rotos y del desierto de chatarra, del crimen de anoche y del banquete del inmortal Trimalción, de la luna entre las antenas de la televisión y de una mariposa sobre un bote de inmundicias, hablo de madrugadas como vuelo de garzas en la laguna y del sol de alas transparentes que se posa en los follajes de piedra de las iglesias y del gorjeo de la luz en los tallos de vidrio de los palacios, hablo de algunos atardeceres al comienzo del otoño, cascadas de oro incorpóreo, transfiguración de este mundo, todo pierde cuerpo, todo se queda suspenso, la luz piensa y cada uno de nosotros se siente pensado por esa luz reflexiva, durante un largo instante el tiempo se disipa, somos aire otra vez, hablo del verano y de la noche pausada que crece en el horizonte como un monte de humo que poco a poco se desmorona y cae sobre nosotros como una ola, reconciliación de los elementos, la noche se ha tendido y su cuerpo es un río poderoso de pronto dormido, nos mecemos en el oleaje de su respiración, la hora es palpable, la podemos tocar como un fruto, han encendido las luces, arden las avenidas con el fulgor del deseo, en los parques la luz eléctrica atraviesa los follajes y cae sobre nosotros una llovizna verde y fosforescente que nos ilumina sin mojarnos, los árboles murmuran, nos dicen algo, hay calles en penumbra que son una insinuación sonriente, no sabemos adónde van, tal vez al embarcadero de las islas perdidas, hablo de las estrellas sobre las altas terrazas y de las frases indescifrables que escriben en la piedra del cielo, hablo del chubasco rápido que azota los vidrios y humilla las arboledad, duró veinticinco minutos y ahora allá arriba hay agujeros azules y chorros de luz, el vapor sube del asfalto, los coches relucen, hay charcos donde navegan barcos de reflejos, hablo de nubes nómadas y de una música delgada que ilumina una habitación en un quinto piso y de un rumor de risas en mitad de la noche como agua remota que fluye entre raíces y yerbas, hablo del encuentro esperado con esa forma inesperada en la que encarna lo desconocido y se manifiesta a cada uno: ojos que son la noche que se entreabre y el día que despierta, el mar que se tiende y la llama que habla, pechos valientes: marea lunar, labios que dicen sésamo y el tiempo se abra y el pequeño cuarto se vuelve jardín de metamorfosis y el aire y el fuego se enlazan, la tierra y el agua se confunden, o es el advenimiento del instante en que allá, en aquel otro lado que es aquí mismo, la llave se cierra y el tiempo cesa de manar; instante del hasta aquí, fin del hipo, del quejido y del ansia, el alma pierde cuerpo y se desploma por un agujero del piso, cae en sí misma, el tiempo se ha desfondado, caminamos por un corredor sin fin, jadeamos en un arenal, ¿esa música se aleja o se acerca, esas luces pálidas se encienden o apagan?, canta el espacio, el tiempo se disipa: es el boqueo, es la mirada que resbala por la lisa pared, es la pared que se calla, la pared, hablo de nuestra historia pública y de nuestra historia secreta, la tuya y la mía, hablo de la selva de piedra, el desierto del profeta, el hormigüero de almas, la congregación de tribus, la casa de los espejos, el laberinto de ecos, hablo del gran rumor que viene del fondo de los tiempos, murmullo incoherente de naciones que se juntan o dispersan, rodar de multitudes y sus armas como peñascos que se despeñan, sordo sonar de huesos cayendo en el hoyo de la historia, hablo de la ciudad, pastora de siglos, madre que nos engendra y nos devora, nos inventa y nos olvida. CARTA DE CREENCIA
es
Carrera_Andrade,Jorge
<XXI
¿Soy_Sólo_Un_Rostro,_Un_Nombre
¿Soy sólo un rostro, un nombre un mecanismo oscuro y misterioso que responde a la planta y al lucero? Yo sé que este armatoste de cal viva con ropaje de polvo que marca mi presencia entre los hombres me acompaña de paso, ya que un día irá a habitar el vacío de mí bajo la tierra. ¿Qué mueve al mecanismo transitorio? Soy sólo un visitante y creo ser el dueño de casa de mi cuerpo, nocturna madriguera iluminada por un fulgor eterno.
es
Bello,Andrés
<XXI
«Líbranos_De_La_Fiera_Tiranía
«Líbranos de la fiera tiranía de los humanos, Jove omnipotente (una oveja decía, entregando el vellón a la tijera); que en nuestra pobre gente hace el pastor más daño en la semana, que en el mes o el año la garra de los tigres nos hiciera. Vengan, padre común de los vivientes, los veranos ardientes; venga el invierno frío, y danos por albergue el bosque umbrío, dejándonos vivir independientes, donde jamás oigamos la zampoña aborrecida, que nos da la roña, ni veamos armado del maldito cayado al hombre destructor que nos maltrata, y nos trasquila, y ciento a ciento mata. Suelta la liebre pace de lo que gusta, y va donde le place, sin zagal, sin red y sin cencerro; y las tristes ovejas (¡duro caso!), si hemos de dar un paso, tenemos que pedir licencia al perro. Viste y abriga al hombre nuestra lana; el carnero es su vianda cuotidiana; y cuando airado envías a la tierra, por sus delitos, hambre, peste o guerra, ¿quién ha visto que corra sangre humana en tus altares? No: la oveja sola para aplacar tu cólera se inmola. Él lo peca, y nosotras lo pagamos. ¿Y es razón que sujetas al gobierno de esta malvada raza, Dios eterno, para siempre vivamos? ¿Qué te costaba darnos, si ordenabas que fuésemos esclavas, menos crüeles amos? que matanza a matanza y robo a robo, harto más fiera es el pastor que el lobo». Mientras que así se queja la sin ventura oveja la monda piel fregándose en la grama, y el vulgo de inocentes baladores ¡vivan los lobos! clama y ¡mueran los pastores! y en súbito rebato cunde el pronunciamiento de hato en hato el senado ovejuno «¡ah! dice; todo es uno». ¡vivan los lobos! ¡mueran los pastores!
es
Arciniegas,Ismael_Enrique
<XXI
Serenidad
¿Qué fue lo que dijiste Cuando adiós me dijiste? ¿Que ya no nos amábamos?... Pero, sí, nos amamos. ¿Lloraste? ¿Serás siempre la que yo he conocido Desde que en nuestra vida los dos nos encontramos? Y sé perfectamente que bien me has comprendido. Sé más franca. Las cosas siempre estás complicando, Y por ese motivo nos vemos disputando; Di, pues, que en nuestra época siempre es afectación, Y que siempre resulta ridículo y vulgar, Cuando de amantes finos muchos la quieren dar, Escribir con mayúsculas Amor y Corazón; Palabras que de nada nos sirven empleamos Y que son fastidiosas, Y, además, peligrosas, E importancia con ellas en la vida nos damos. Mi corazón, repiten. Tu corazón también, Y nuestros corazones. Es costumbre corriente. Y podría jurarte que de todo eso, bien Prescindir se podría, sin gran inconveniente, Y arreglarse al momento las cosas fácilmente. ¿Nuestros dos corazones? Hay tan sólo «tú y yo». «Tú y yo» no más: de raro no hemos tenido nada, Pero con las palabras siempre nos embriagamos, Y aquí, desde la tierra, dándonos cuenta vamos Que lo real no llega nunca a la altura soñada. Te suplico, es prudente, que los dos prescindamos De hablar de Corazones, y que tú y yo seamos Lo que nosotros somos. Cuando los dos nos vemos No nos turbamos mucho, pues bien nos conocemos; Ya todo no es como antes, en días de ventura; Cuando nos encontramos, no veo en ti locura; Me pasa a mí lo mismo... lo mismo... ¡Bien! ¿Y qué? Es esto que aquí ocurre, tragedia no se ve. ¿Nos sentimos calmados?... Esto es muy natural, Es la costumbre. Estamos Ya con ella habituados, ha tiempo, bien o mal; Y cuando ambos creemos que ya no nos amamos, Cada uno se fastidia si el otro se halla ausente. No hallamos gusto en nada. Todo es triste en redor. Nos vemos desdichados, con aire displicente. Pero ¿un bien no es esto ya? Pues bueno: así es mejor.
es
Buesa,José_Ángel
<XXI
Una_Palabra_Simple_Es_Suficiente
Una palabra simple es suficiente. Y aprender a cantar oyendo el río que no sabe que canta en su corriente. Y un buen amor, como tu amor y el mío. Nada más de esa lágrima insincera ni de aquella clausura en el espanto, como el agua del pozo, que quisiera cantar también, pero le falta el canto. Y por una palabra que dijiste y echó hacia atrás el frío de la nieve, ayer la lluvia me dejaba triste y hoy casi sonrío cuando llueve. Una palabra simple y un lejano crepúsculo de otoño sobre el río, como mi mano, así, sobre tu mano, y nada más para tu amor y el mío. Música fácil para el sentimiento como el sol en el patio de la casa, y que la vida pase como el viento, que ni se ve siquiera cuando pasa.
es
Acuña,Hernando_de
<XXI
Soneto_En_Prisión_De_Franceses_Iii
Cuando contemplo el triste estado mío y se me acuerda mi dichoso estado, hallo mi ser en todo tan trocado, que pensar tuve bien es desvarío. Con mi memoria por mi mal porfío, pues, sino es esperanza en bien pasado, y en ella con razón fui confiado, con muy mayor ahora desconfío. Ausencia, de pasiones padre y fuente junta con el temor de vuestro olvido, del cual aun en presencia me temía, hacen con fuerza del dolor presente parecerme, según ya estoy perdido, que ni fue ni vi entonces lo que vía.
es
Benedetti,Mario
<XXI
Paréntesis
Acompáñenme a entrar en el paréntesis que alguien abrió cuando parió mi madre y permanece aún en los otroras y en los ahoras y en los puede ser lo llaman vida si no tiene herrumbre yo manejo el deseo con mis riendas mientras trato de construir un cielo en sus nubes los pájaros se esconden no es posible viajar bajo sus alas lo mejor es abrir el corazón y llenar el paréntesis con sueños los pájaros escapan como amores y como amores vuelven a encontrarnos son sencillos como las soledades y repetidos como los insomnios busco mis cómplices en la frontera que media entre tu piel y mi pellejo me oriento hacia el amor sin heroísmo sin esperanzas pero con memoria por ahora el paréntesis prosigue abierto y taciturno como un túnel
es
Melgar_Becerra,Juan_Miguel
XXI
Sabía,_Amor_Mío,_Lo_Que_Era_Perderte
Sabía, amor mío, lo que era perderte, perderte como el que pierde el mar, o como el pájaro pierde su vuelo, o su belleza, perderte era la opción perfecta, sin distinciones, sin enojo, ni llanto, era una realidad más otra, la de tu risa, simbólica distancia, tan pequeña, que se expresaba tan solo en el olvido, perderte era una rosa que moría, en el silencio triste de tus labios.
es
García_Cabrera,Pedro
<XXI
Yo_No_Soy_Ese_Grano_Al_Que_Acicalan
Yo no soy ese grano al que acicalan con carnes y mariscos y sirven a la mesa camareros que aprendieron el paso ritual de la sonrisa, sino el peón de brega al que rasuran el mechón de la barba y desarropan, ese descamisado sin padrinos que se bebe la luz y el aire en cueros, aunque a veces me duelan las caderas de tanto trabajar mis agonías y granar mi mendrugo de borona en las mazorcas del silencio. Menos mal que soy gallo de pelea y no me tiembla el pico hasta dar con la herida en que termine. ¡Viva el sol! Sea él quien me deje la quietud de la muerte tatuada en las costillas. Pero antes quiero ser cotufa reventando en un gran tostador de mar con viento. Que me arranquen las muelas en las islas y me hagan gofio de verdad y molienda, solo o con la cebada y su cola de alpispa o con mi amigo el trigo y sus dientes de oro. No quiero, no, el verdor de los maizales, recordar los machetes de la infancia que les sacaron filos a mis hojas. Me quiero en el cetrino rostro de las llanadas, transportado en los hombros de los indios, apretando mis penas con las suyas. Que me frangollen los desheredados. Y sin decir adiós ni a la tristeza, este grano que soy muere sangrando, solidario del hambre de los niños, muy cerca de mi propia lejanía.
es
Gallego,Vicente
<XXI
Una_Tarde_Cualquiera
No hay grandeza en la tarde, ni en el ocio que la tarde me entrega y que he gastado en buscar algo grande en el entorno que ahora envuelve mi tiempo. Y después de la música, y de mucho tabaco, y de dar muchas vueltas por mi vieja memoria y por la casa, he encontrado en un libro algunas fotos de una tarde tranquila como ésta en las que estoy fumando en la terraza. Y al mirar esas fotos todavía recientes de un momento trivial como este mismo, una extraña emoción adorna los objetos que desde allí me observan, y que voy comparando con lo que son ahora: las macetas han cambiado de sitio, ya se han muerto las flores que crecían entonces, y entre otros detalles sin ninguna importancia que mi mano mudó al correr de los días, descubro ahora que es la mano que sostiene el cigarro y parece la misma lo que más ha cambiado, pues pertenece a un hombre que soñaba un futuro diferente para el que hoy lo mira, y se sonríe, y alimenta otros sueños, y comprende que también pasarán los de este día, y aún contempla la tarde que se escapa, y en ella al fin percibe, durante un solo instante, esa extraña grandeza que al pasar pone el tiempo en las cosas pequeñas.
es
Eguren,José_María
<XXI
Lied_Iii
En la costa brava suena la campana, llamando a los antiguos bajales sumergidos. Y como tamiz celeste y el luminar de hielo, pasan tristemente los bajales muertos. Carcomidos, flavos, se acercan bajando... y por las luces dejan oscuras estelas. Con su lenguaje incierto, parece que sollozan, a la voz de invierno, preterida historia. En la costa brava suena la campana y se vuelven las naves al panteón de los mares.
es
Andreu,Blanca
<XXI
Gesto_De_Sable_Pájaro,_Ademán_De_Orgullo
Gesto de sable pájaro, ademán de orgullo cuando con los días contados finges, te creces, injurias con la voz que va derecha. Fugaces cortesías de los mares se disputan tu honor y cierto género de noticias o silencios muy elocuentes, espías del recuerdo las estrellas evocadoras, oleajes de postrimerías, bendiciones, cuando —bajo la advocación del Holandés— te desposas con el aparejo y el viento oficiante murmura sobre el podrido tálamo de lona mientras que la madera entona el réquiem.
es
Jiménez,Juan_Ramón
<XXI
Nostaljia_Grande
Hojita verde con sol, tú sintetizas mi afán; afán de gozarlo todo, de hacerme en todo inmortal.
es
Aleixandre,Vicente
<XXI
Sin_Luz
El pez espada, cuyo cansancio se atribuye ante todo a la imposibilidad de horadar a la sombra, de sentir en su carne la frialdad del fondo de los mares donde el negror no ama, donde faltan aquellas frescas aigas amarillas que el sol dora en las primeras aguas. La tristeza gemebunda de ese inmóvil pez espada cuyo ojo no gira, cuya fijeza quieta lastima su pupila, cuya lágrima resbala entre las aguas mismas sin que en ellas se note su amarillo tristísimo. El fondo de ese mar donde el inmóvil pez respira con sus branquias un barro, ese agua como un aire, ese polvillo fino que se alborota mintiendo la fantasía de un sueño, que se aplaca monótono cubriendo el lecho quieto donde gravita el monte altísimo, cuyas crestas se agitan como penacho —sí— de un sueño oscuro. Arriba las espumas, cabelleras difusas, ignoran los profundos pies de fango, esa imposibilidad de desarraigarse del abismo, de alzarse con unas alas verdes sobre lo seco abisal y escaparse ligero sin miedo al sol ardiente. Las blancas cabelleras, las juveniles dichas, pugnan hirvientes, pobladas por los peces —por la creciente vida que ahora empieza—, por elevar su voz al aire joven, donde un sol fulgurante hace plata el amor y oro los abrazos, las pieles conjugadas, ese unirse los pechos como las fortalezas que se aplacan fundiéndose. Pero el fondo palpita como un solo pez abandonado. De nada sirve que una frente gozosa se incruste en el azul como un sol que se da, como amor que visita a humanas criaturas. De nada sirve que un mar inmenso entero sienta sus peces entre espumas como si fueran pájaros. El calor que le roba el quieto fondo opaco, la base inconmovible de la milenaria columna que aplasta un ala de ruiseñor ahogado, un pico que cantaba la evasión del amor, gozoso entre unas plumas templadas a un sol nuevo. Ese profundo obscuro donde no existe el llanto, donde un ojo no gira en su cuévano seco, pez espada que no puede horadar a la sombra, donde aplacado el limo no imita un sueño agotado.
es
Chocano,José_Santos
<XXI
Plática_(A_Media_Voz)
Converso contigo, cual con una hermana. Recordamos juntos la vida lejana; y clavas, al verme, dentro de los míos, tus ojos serenos y fríos... Tus ojos profundos parecen espejos, en donde se miran, acaso de lejos los seres queridos, la esposa, la hermana, los hijos, la madre ya anciana... Yo miro en tus ojos mi casa y mi huerta, el ave en la jaula y el perro a la puerta, las vides, debajo de cuyos sarmientos mi padre contábame cuentos... Yo miro en tus ojos los largos salones, los techos labrados, los recios balcones, los muebles más graves, los cuadros más viejos, los ya desconchados espejos... Yo miro en tus ojos la plaza sonora, en donde en mi infancia corría, a la hora en que, desde el cielo, llamaba al rosario la voz del audaz campanario... Yo miro en tus ojos el patrio paisaje, la cúspide andina y el arduo boscaje, la choza de paja, delante el estero y detrás el gentil cocotero... Yo miro en tus ojos... ¡Dios sabe qué miro! Conversa, conversa: te escucho y suspiro. Mas ¡no! Para hablarme, tus ojos son sabios; y no abras, arquea los labios... No sé lo que siento mirando tus ojos. Quisiera a tus plantas, postrado de hinojos, besarte las manos, diciéndote cosas que fuesen manojos de rosas...
es
Flórez,Julio
<XXI
Vestida_De_Blanco_La_Vi_En_La_Mañana
Vestida de blanco la vi en la mañana, en un vasto templo y al pie de una cruz; mostraba en su tersa mejilla lozana, la huella del último beso de luz... Vestida de rojo, después, a mi lado la vi, por la tarde, como un resplandor; mostraba en su boca de flor de granado la huella del último beso de amor. Y luego en la noche, de negro vestía, su yerto cadáver... ¡Oh muerte cruel! ¡Mostraba en su frente, ya pálida y fría, la huella del último beso de hiel!
es
Chocano,José_Santos
<XXI
Extasiado_Colón,_Sorpresa_Honda
Extasiado Colón, sorpresa honda embargaba su espíritu; y risueño, entró en el bosque, se perdió en la fronda y volvió a aparecer como en un sueño. ¿Qué afán era ese afán con que él quería dar la vuelta a las Indias Orientales? ¿Qué fe la fe con que, en egregio día, vio, al través de su propia fantasía, arduas cumbres y selvas tropicales? Golpeó la tierra firme que en su anhelo buscó inspirado; se postró de hinojos; hizo una cruz y la besó, en el suelo; y, mudamente, levantó los ojos... Y en el rústico altar, bajo la sombra, ante los agrupados marineros que se postraron en la verde alfombra, mientras que relumbraban los aceros, el sacerdote, en actitud de altivo conquistador de paz envuelto en guerra, por la primera vez el cuerpo vivo tuvo de Dios sobre la virgen tierra; y cuando, así, la hostia consagrada arrastró con espíritu cristiano, de los sorpresos indios la mirada, por detrás de esa bíblica rapsodia fue elevándose el Sol, cual si una mano pusiese en el altar una custodia. El sacerdote ante Colón —que al suelo clavó los ojos— levantó la frente, para bañar con el fulgor del cielo el marfil de su calva reluciente, ¡Nunca más bello fue que en aquel dia! Como trenzado grupo de culebras, su apostólica barba parecía nieve, que, en chorros de plateadas hebras, bajo el oro del Sol se derretía. Y cuando el genovés volvió en sí mismo, postrado siempre, los abiertos ojos hundió en aquellos resplandores rojos, como si se escapase de un abismo; y del mar en los límpidos espejos vió destacarse, entre las vivas luces, mástiles de tres barcas, que a lo lejos fingían el perfil de las tres cruces... ¡Redención! ¡Redención! En ese instante, desde Tenoctitlán hasta las sierras del indomable Arauco, fue uno mismo el miedo que corrió... Ya no el vibrante Tezcatlipoca inspirará las guerras, ni Tahuil triunfará sobre el abismo; ya no la del quiche «sierpe de plumas» adorada será; ya no en lo alto, Bochica, entre el vellón de las espumas, endiosará del Tequendama el Salto; ya no en Choiula irradiarán los cultos de víctimas sangrientas, ni el salvaje adorará en las noches del boscaje las sombras de sus muertos insepultos; ya no del Inca el Sol regirá el coro de vírgenes, envueltas entre encaje y encarceladas en Prisión de Oro: dioses vencidos son, dioses truncados, bajo el Único Dios de los Tres Nombres, que hace la redención de los pecados y predica el amor entre los hombres...
es
López,Luis_Carlos
<XXI
La_Luna_Parpadea
La luna parpadea tras el calado del ramaje. Hay una tranquilidad insípida de aldea. Y a la luz de la luna, mientras duerme el poblacho y alarga un perro por las cercanías su medroso plañir, canta un borracho majaderías y majaderías...
es
Arciniegas,Ismael_Enrique
<XXI
Un_Poco_Más_Acércate._En_Tus_Ojos
Un poco más acércate. En tus ojos Me quiero ver, y me pondré de hinojos Para verme en el cielo de tus ojos. Luego, dame la mano. Y suavemente, Con frescura de bálsamo, en mi frente Pósala, suavemente, suavemente. A tí vengo, cansado peregrino, Con la gran pesadumbre del camino. A tí vengo, cansado peregrino. Tengo frío en el alma y vengo triste, ¡Y con tanta ilusión partir me viste!.. Traigo frío en el alma y vengo triste! ¡Mírame! Oscura ya la noche empieza Sé tú como sonrisa en mi tristeza, Y sé luz en la noche que ya empieza; Y para que me duerma, suavemente Posa tu mano pálida en mi frente, Pósala, suavemente, suavemente.
es
Caseiro,María_Eugenia
XXI
Persistencial
Aún queda la memoria en un piélago interior del tiempo, y está a salvo ese lugar donde el olvido no alcanzará jamás las curvas del reloj aunque cierre amargamente la cortina esa infausta eternidad que es siempre noche.
es
Altamirano,Ignacio_Manuel
<XXI
María
Allí en el valle fértil y risueño, Do nace el Lerma y, débil todavía Juega, desnudo de la regia pompa Que lo acompaña hasta la mar bravía; Allí donde se eleva El viejo Xinantécatl, cuyo aliento Por millares de siglos inflamado, Al soplo de los tiempos se ha apagado, Pero que altivo y majestuoso eleva Su frente que corona eterno hielo Hasta esconderla en el azul del cielo; Allí donde el favonio murmurante Mece los frutos de oro del manzano Y los rojos racimos del cerezo Y recoge en sus alas vagarosas La esencia de los nardos y las rosas; Allí por vez primera Un extraño temblor desconocido, De repente, agitado y sorprendido Mi adolescente corazón sintiera. Turbada fue de la niñez la calma, Ni supe qué pensar en ese instante Del ardor de mi pecho palpitante Ni de la tierna languidez del alma. Era el amor: mas tímido, inocente, Ráfaga pura del albor naciente, Apenas devaneo Del pensamiento virginal del niño; No la voraz hoguera del deseo, Sino el risueño lampo del cariño. Yo la miré una vez — virgen querida Despertaba cual yo, del sueño blando De las primeras horas de la vida: Pura azucena que arrojó el destino De mi existencia en el primer camino, Recibían sus pétalos temblando Los ósculos del aura bullidora Y el tierno cáliz encerraba apenas El blanco aliento de la tibia aurora. Cuando en ella fijé larga mirada De santa adoración, sus negros ojos De mi apartó; su frente nacarada Se tiñó del carmín de los sonrojos; Su seno se agitó por un momento, Y entre sus labios espiró su acento. Me amó también. — Jamás amado había; Como yo, esta inquietud no conocía, Nuestros ojos ardientes se atrajeron Y nuestras lamas vírgenes se unieron Con la unión misteriosa que preside El hado, entre las sombras, mudo y ciego, Y de la dicha del vivir decide Para romperla sin clemencia luego. ¡Ay! Que esta unión purísima debiera No turbarse jamás, que así la dicha Tal vez perenne en la existencia fuera: ¿Cómo no ser sagrada y duradera si la niñez entretejió sus lazos Y la animó, divina, entre sus brazos La castidad de la pasión primera? Pero el amor es árbol delicado Que el aire puro de la dicha quiere, Y cuando de dolor el cierzo helado Su frente toca, se doblega y muere. ¿No es verdad? ¿no es verdad, pobre María? ¿Por qué tan pronto del pesar sañudo Pudo apartarnos la segur impía? ¿Cómo tan pronto oscurecernos pudo La negra noche en el nacer del día? ¿Por qué entonces no fuimos más felices? ¿Por qué después no fuimos más constantes? ¿Por qué en el débil corazón, señora, Se hacen eternos siglos los instantes, Desfalleciendo antes De apurar del dolor la última hora? ¡Pobre María! Entonces ignorabas Y yo también, lo que apellida el mundo ¡Amor... amor! Y ciega no pensabas Que es perfidia, interés, deleite inmundo, Y que tu alma pura y sin mancilla Que amó como los ángeles amaran Con fuego intenso, mas con fe sencilla, Iba a encontrarse sola y sin defensa De la maldad entre la mar inmensa. Entonces, en los días inocentes De nuestro amor, una mirada sola Fue la felicidad, los puros goces De nuestro corazón... el casto beso, La tierna y silenciosa confianza, La fe en el porvenir y la esperanza. Entonces... en las noches silenciosas, ¡Ay! cuántas horas contemplamos juntos Con cariño las pálidas estrellas En el cielo sin nubes cintilando, Como si en nuestro amor gozaran ellas; O el resplandor benéfico y amigo De la callada luna, De nuestra dicha plácido testigo, O a las brisas balsámicas y leves Con placer confiamos Nuestros suspiros y palabras breves. ¡Oh! ¿qué mal hace al cielo Este modesto bien, que tras él manda De la separación el negro duelo, La frialdad espantosa del olvido Y el amargo sabor del desengaño, Tristes reliquias del amor perdido? Hoy sabes qué sufrir, pobre María, Y sentiste al presente El desamor que mezcla su hiel fría De los placeres en la copa ardiente, El cansancio, la triste indiferencia, Y hasta el odio que impío El antes cielo azul de la existencia Nos convierte en un cóncavo sombrío, Y la duda también, duda maldita Que de acíbar eterno el alma llena, La enturbia y envenena Y en el caos del mal la precipita. Muy pronto, sí, nos condenó la suerte A no vernos jamás hasta la muerte: Corrió la primera lágrima encendida Del corazón a la primera herida, Mas pronto se siguió el pensar profundo, Del desdén la sonrisa amenazante Y la mirada de odio chispeante, Terrible reto de venganza al mundo. Mucho tiempo pasó. — Tristes seguimos El mandato cruel del hado fiero Contrarias sendas recorriendo fuimos Sin consuelo ni afán... Y bien, señora, ¿Podremos sin rubor mirarnos ora? ¡Ah! ¡qué ha quedado de la virgen bella! Tal vez la seducción marcó su huella En tu pálida frente ya surcada, Porque contemplo en tus hundidos ojos Señal de llanto y lívida mirada Con el fulgor de acero de la ira. Se marchitaron los claveles rojos Sobre tus labios ora contraídos Por risa de desdén que desafía Tu bárbaro pesar, ¡pobre María! Y yo... yo estoy tranquilo: Del dolor las tremendas tempestades, Roncas rugieron agitando el alma; La erupción fue terrible y poderosa... Pero hoy volvió la calma Que se turbó un momento, Y aunque siente el volcán mugir violento El fuego adentro dél, nunca se atreve Su cubierta a romper de dura nieve. Continuemos, mujer, nuestro camino. ¿Dónde parar?... ¿Acaso los sabemos? ¿Lo sabemos acaso? Que destino Nos lleve como ayer: ciegos vaguemos, Ya que ni un faro de esperanza vemos Llenos de duda y de pesar marchamos, Marchamos siempre, y a perdernos vamos ¡Ay! De la muerte en el océano oscuro, ¿Hay más allá riberas?... no es seguro, Quién sabe si las hay; mas si abordamos A esas riberas torvas y sombrías Y siempre silenciosas, Allí sabré tus quejas dolorosas, Y tú también escucharás las mías.
es
Buesa,José_Ángel
<XXI
Poemas_En_La_Arena
Las olas vienen. Las olas van. Como las olas, tu recuerdo viene y se va. Las olas vienen. Las olas se van. Mi silencio —un silencio de cien puertas cerradas—, se encrespa de rumores, como el mar. ¡El mar, el mar, amor! ¡Amor, el mar! Mi corazón es una playa triste, y tú eres una ola que viene y que se va... Nunca antes fue triste el primer trino de los pájaros. —Hoy sí. Como una flor de sombra, como una mariposa negra y gris, la noche fue a encenderse de amor entre tus manos, sobre tus manos diáfanas, que se tendían hacia mí... Nunca antes fue triste el primer trino de los pájaros. —Hoy sí. Y vi que te alejabas por un camino que ascendía hacia un inhóspito confín. Y quise acompañarte o detenerte, no sé... Pero el camino se fue borrando en pos de ti.
es
Darío,Rubén
<XXI
_ _ _ _Para_La_Misma
Miré al sentarme a la mesa, bañado en la luz del día el retrato de María, la cubana japonesa. El aire acaricia y besa, como un amante lo haría, la orgullosa bizarría de la cabellera espesa. Diera un tesoro el Mikado por sentirse acariciado por princesa tan gentil, digna de que un gran pintor la pinte junto a una flor en un vaso de marfil.
es
Chocano,José_Santos
<XXI
¡Los_Caballos_Eran_Fuertes!
¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Sus pescuezos eran finos y sus ancas relucientes y sus cascos musicales... ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! ¡No! No han sido los guerreros solamente, de corazas y penachos y tizonas y estandartes, los que hicieron la conquista de las selvas y los Andes: Los caballos andaluces, cuyos nervios tienen chispas de la raza voladora de los árabes, estamparon sus gloriosas herraduras en los secos pedregales, en los húmedos pantanos, en los ríos resonantes, en las nieves silenciosas, en las pampas, en las sierras, en los bosques y en los valles. ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Un caballo fue el primero, en los tórridos manglares, cuando el grupo de Balboa caminaba despertando las dormidas soledades, que de pronto dio el aviso del Pacífico Océano, porque ráfagas de aire al olfato le trajeron las salinas humedades; y el caballo de Quesada, que en la cumbre se detuvo viendo, en lo hondo de los valles, el fuetazo de un torrente como el gesto de una cólera salvaje, saludo con un relincho la sabana interminable... y bajó con fácil trote, los peldaños de los Andes, cual por unas milenarias escaleras que crujían bajo el golpe de los cascos musicales... ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Y aquel otro, de ancho tórax, que la testa pone en alto cual queriendo ser más grande, en que Hernán Cortés un día caballero sobre estribos rutilantes, desde México hasta Honduras mide leguas y semanas entre rocas y boscajes, es más digno de los lauros que los potros que galopan en los cánticos triunfales con que Píndaro celebra las olímpicas disputas entre el vuelo de los carros y la puga de los aires Y es más digno todavía de las odas inmortales el caballo con que Soto, diéstramente, y tejiendo las cabriolas como él sabe, causa asombro, pone espanto, roba fuerzas, y entre el coro de los indios, sin que nadie haga un gesto de reproche, llega al trono de Atahualpa y salpica con espumas las insignias imperiales. ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! El caballo del beduino que se traga soledades. El caballo milagroso de San Jorge, que tritura con sus cascos los dragones infernales. El de César en las Galias. El de Aníbal en los Alpes. El Centauro de las clásicas leyendas, mitad potro, mitad hombre, que galopa sin cansarse, y que sueña sin dormirse, y que flecha los luceros, y que corre como el aire, todos tienen menos alma, menos fuerza, menos sangre, que los épicos caballos andaluces en las tierras de la Atlántida salvaje, soportando las fatigas, las espuelas y las hambres, bajo el peso de las férreas armaduras, cual desfile de heroismos, coronados entre el fleco de los anchos estandartes con la gloria de Babieca y el dolor de Rocinante. En mitad de los fragores del combate, los caballos con sus pechos arrollaban a los indios, y seguían adelante. Y, así, a veces, a los gritos de "¡Santiago!", entre el humo y el fulgor de los metales, se veía que pasaba, como un sueño, el caballo del apóstol a galope por los aires ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Se diría una epopeya de caballos singulares que a manera de hipogrifos desolados o cual río que se cuelga de los Andes, llegan todos sudorosos, empolvados, jadeantes, de unas tierras nunca vistas, a otras tierras conquistables. Y de súbito, espantados por un cuerno que se hincha con soplido de huracanes, dan nerviosos un soplido tan profundo, que parece que quisiera perpetuarse. Y en las pampas y confines ven las tristes lejanías y remontan las edades y se sienten atraídos por los nuevos horizontes: Se aglomeran, piafan, soplan, y se pierden al escape. Detrás de ellos, una nube, que es la nube de la gloria, se levanta por los aires. ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles!
es
Hartzenbusch,Juan_Eugenio
<XXI
Epitafio_Para_La_Rafaelita_Tirado
A los diez años, el laurel de Talma La frente me ceñía; Puso a los diez y seis funérea palma Dios en mi mano fría: ¡Papel fue breve la existencia mía!
es
Sabines,Jaime
<XXI
Estoy_Harto_De_Los_Poetas_Y_De_Las_Quinceañeras
Estoy harto de los poetas y de las quinceañeras. Siempre están ensayando su vals de presentación en sociedad.
es
Impaglione,Gabriel
XXI
Amo_A_Esa_Mujer
Amo a esa mujer que la tierra abriendo su hondo secreto parió bajo la luna del poema. Voy a su corazón como a mi casa. Entro y me paseo desnudo con la capa de la risa en una mano y los zapatos en la otra. En ese territorio de la luz me quedo. Allí sucede el nacimiento del destino. Los labios en su leve roce encienden el planeta. Allí crece el día. En esa mujer que amo un niño tiende su sueño de alas.
es
Darío,Rubén
<XXI
Viejo_Alegre,_Viejo_Alegre
Viejo alegre, viejo alegre, no persigas a mi novia; no son pájaros de invierno los amantes de las rosas. Viejo alegre, viejo alegre, me quitaste a mi adorada. ¡Cuál te engríes en la boda retiñéndote las canas! Viejo alegre, ríe, ríe, pues volvió tu primavera; tanto, que hoy ha amanecido retoñando la cabeza.
es
Orión_de_Panthoseas
XXI
..._Rebélate,_Oh_Ser_Mío,_Contra_Las_Viejas_Formas
... rebélate, oh ser mío, contra las viejas formas, contra las viejas luces y la vieja alegría; sal y resurge sobre las terminaciones íntimas, sobre todo cuanto pretenda ser tu orilla o puente, tu ley o libertad, pero, al fin, tu muerte; ... para ser de hombre deberás hender el velo de la fascinación, y el humus de la sangre y el humus de los labios, y con belleza y ciencia instituir tu fuerza y canto: una lanza pura, docta y fiel con que enfrentarte a credos de hombres y de dioses y no caer; pues que necesitarás crear nuevos conceptos, nuevos números y nuevas geometrías, haz con mis huesos un fuego pavoroso y con mi alma un río, un mar inabarcable con que instruir, ordenar y propagar la luz; ser mío, sé valiente, no te detengas.
es
Aleixandre,Vicente
<XXI
Sólo_La_Luna_Sospecha_La_Verdad
Sólo la luna sospecha la verdad. Y es que el hombre no existe. La luna tantea por los llanos, atraviesa los ríos, penetra por los bosque. Modela las aún tibias montañas. Encuentra el calor de las ciudades erguidas. Fragua una sombra, mata una oscura esquina, inunda de fulgurantes rosas el misterio de las cuevas donde no huele a nada. La luna pasa, sabe, canta, avanza y avanza sin descanso. Un mar no es un lecho donde el cuerpo de un hombre puede tenderse a solas. Un mar no es un sudario para una muerte lúcida. La luna sigue, cala, ahonda, raya las profundas arenas. Mueve fantástica los verdes rumores aplacados. Un cadáver en pie un instante se mece, duda, ya avanza, verde queda inmóvil. La luna miente sus brazos rotos, su imponente mirada donde unos peces anidan. Enciende las ciudades hundidas donde todavía se pueden oír (qué dulces) las campanas vividas; donde las ondas postreras aún repercuten sobre los pechos neutros, sobre los pechos blandos que algún pulpo ha adorado. Pero la luna es pura y seca siempre. Sale de un mar que es una caja siempre, que es un bloque con límites que nadie, nadie estrecha, que no es una piedra sobre un monte irradiando. Sale y persigue lo que fuera los huesos, lo que fuera las venas de un hombre, lo que fuera su sangre sonada, su melodiosa cárcel, su cintura visible que a la vida divide, o su cabeza ligera sobre un aire hacia oriente. Pero el hombre no existe. Nunca ha existido, nunca, Pero el hombre no vive, como no vive el día. Pero la luna inventa sus metales furiosos.
es
Huerta,Efraín
<XXI
Opresora._Todo_Lo_Aprisionas
Opresora. Todo lo aprisionas con tu lengua y pasos de giganta, oh desconocida oh luminosa hija de ríos hecha de jade y miel. Cárcel doy a tu pálida presencia, gacela ojos de tigre, cárcel me doy de amor, mordedura, paciente fuego, ala y marea, faro en la mar abierta. Desciendes y derribas la muralla del ansia. Das tregua a la cosecha secreta del alba, cuando los ojos cierra el puerto al verano y la espuma. Todo aprisionas con fría garra deleitosa y madura, opresora, dientes y lengua de giganta, dormido espectro, oleaje de apasionada mansedumbre muerto de miedo y libertad.
es
Fernández_de_Moratín,Leandro
<XXI
Rodrigo
Cesa en la octava noche el ronco estruendo de la sangrienta, militar porfía: el campo godo destrozado ardía con llama, que descubre estrago horrendo. Rodrigo en tanto, su peligro viendo, por ignorada senda se desvía, y muerto Orelia, entre la sombra fría, herido y débil se acelera huyendo. En vano el Lete con raudal undoso el paso estorba al príncipe, a quien ciega de cadena o suplicio el justo espanto. Surca las aguas. Cede al poderoso ímpetu, espira el infeliz; y entrega el cuerpo al fondo, a la corriente el manto.
es
Benedetti,Mario
<XXI
Nocturno_Cero
La noche fácil y aparentemente sagrada o mejor dicho el abismo de la noche no es como otros abismos tiene fondo su tálamo de niebla o relente o fango acoge escarabajos desamparados ronquidos de mal tiempo sobornables insomnios labios absueltos que se reconcilian todas las resonancias del silencio y las noticias de la lóbrega todas las alegrías inoportunas y los presagios confirmados caen como gotas de sudor o rocío en el abismo con fondo de la noche son demasiados alumbrones y furias por esta sola vez el abismo tiene no sólo fondo sino espesas modorras así que aprovecho el bostezo universal para instalarme en sus fauces y sentir cómo la niebla el relente o el fango pasan sobre mis párpados los borran.
es
Hahn,Óscar
<XXI
Porque_El_Fantasma_Porque_Ayer_Porque_Hoy
Porque el fantasma porque ayer porque hoy: porque mañana porque sí porque no Porque el principio porque la bestia porque el fin: porque la bomba porque el medio porque el jardín Porque góngora porque la tierra porque el sol: porque san juan porque la luna porque rimbaud Porque el claro porque la sangre porque el papel: porque la carne porque la tinta porque la piel porque la noche porque me odio porque la luz: porque el infierno porque el cielo porque tú Porque casi porque nada porque la sed porque el amor porque el grito por qué no sé Porque la muerte porque apenas por que más porque algún día porque todos porque quizás
es
Portilla_Montaño,Jéssica_de_la
XXI
Yo_Ya_No_Existo
Yo ya no existo me confundí con tu piel me envolví en tu aliento y ahora soy parte de ti lo más pequeño insignificante tal vez algo invisible siempre presente en el fondo en lo más profundo de tu ser… ahí estoy yo deseando salir a la luz para estar junto a ti cada segundo años y días horas y siglos… Yo ya no soy independiente vivo esperando por ti: esperando que nunca me dejes...
es
Caro,José_Eusebio
<XXI
Una_Lágrima_De_Felicidad
Solos, ayer, sentados en el lecho Do tu ternura coronó mi amor, Tú, la cabeza hundida entre mi pecho, Yo, circundando con abrazo estrecho, Tu talle encantador; Tranquila tú dormías, yo velaba. Llena de los perfumes del jardín La fresca brisa por la reja entraba, Y nuestra alcoba toda embalsamaba De rosa y de jazmín. Por cima de los árboles tendía Su largo rayo horizontal el sol, Desde el remoto ocaso do se hundía : ¡Inmenso, en torno de él, resplandecía Un cielo de arrebol! Del sol siguiendo la postrera huella Dispersas al acaso, aquí y allí, Asomaban, con luz trémula y bella. Hacia el oriente alguna u otra estrella. Sobre un fondo turquí. Ningún rumor, o voz, o movimiento Turbaba aquella dulce soledad; ¡Sólo se oía susurrar el viento, Y oscilar, cual un péndulo, tu aliento, Con plácida igualdad! ¡Oh! ¡yo me estremecí!... ¡Sí; de ventura Me estremecí, sintiendo en mi redor Aquella eterna, fúlgida natura! ¡En mis brazos vencida tu hermosura! ¡En mi pecho el amor! Y cual si alas súbito adquiriera, O en las suyas me alzara un serafín, Mi alma rompió la corporal barrera, Y huyó contigo, de una en otra esfera, ¡Con un vuelo sin fin! Buscando allá con incansable anhelo, Para ti, para mí, para los dos, Del tiempo y de la carne tras el velo, Ese misterio que llamamos cielo— ¡La eternidad de Dios! Para fijar allí, seguro y fuerte, Libre de todo mundanal vaivén, Libre de los engaños de la suerte, Libre de la inconstancia y de la muerte ¡De nuestro amor el bien! Y en un rapto de gloria, de improviso, Lo que mi alma buscaba hallar creí; Una secreta voz del paraíso Dentro de mí gritome: Dios lo quiso; ¡Sea tuya allá y aquí! Y enajenado, ciego, delirante, Tu blando cuerpo que el amor formó Traje contra mi pecho palpitante... Y en tu faz una lágrima quemante ¡De mis ojos cayó! ¡Ay! despertaste... Sobre mí pusiste Tu mirada, feliz al despertar; ¡Mas tu dulce sonrisa en ceño triste Cambiose al punto que mis ojos viste Aguados relumbrar! De entonce acá... ¡oh amante idolatrada Mas sobrado celosa! ¡huyes de mí; Si a persuadirte voy, no escuchas nada, O de sollozos clamas sofocada: «¡Soy suya... y llora así!» ¡Oh! ¡no, dulce mitad del alma mía! No injuries de tu amigo el corazón; ¡Ay! ¡ese corazón en la alegría Sólo sabe llorar cual lloraría El de otro en la aflicción! El mundo para mí de espinas lleno, Jamás me dio do reclinar mi sien; Hoy de la dicha en mi primer estreno, El lloro que vertí sobre tu seno ¡Encerraba un edén! —¡Oh!... ¡La esposa que joven y lozana Diez hijos a su esposo regaló, Y que después viuda, enferma, anciana, A sus diez hijos en edad temprana Morir y enterrar vio!.... ¡Esa mujer, que penas ha sufrido Cuantas puede sufrir una mujer; Esa madre infeliz, que ha padecido Lo que tan sólo la que madre ha sido Alcanza a comprender!... Ella, pues, cuando a buenos y a malvados Llame a juicio la trompa de Jehová, Sus diez hijos al ver resucitados, Al volver a tenerlos abrazados.... ¡Oh! ¡de amor llorará! Y de esa madre el dulce y tierno llanto A la diestra de Dios la hará subir; ¡Y tal será su suavidad y encanto, Que en su alta gloria al serafín más santo De envidia hará gemir! Mas ese llanto del amor materno, Vertido en la presencia del Señor, Al entrar de la vida al mundo eterno, No, no será más dulce ni más tierno ¡Que el llanto de mi amor!
es
Hahn,Óscar
<XXI
444_Visión_De_Hiroshima
Ojo con el ojo numeroso de la bomba que se desata bajo el hongo vivo. Con el fulgor del hombre no vidente, ojo y ojo. Los ancianos huían decapitados por el fuego, encallaban los ángeles en cuernos sulfúricos decapitados por el fuego, se varaban las vírgenes de aureola radiactiva decapitadas por el fuego. Todos los niños emigraban decapitados por el cielo. No el ojo manco, no la piel tullida, no sangre sobre la calle derretida vimos: los amantes sorprendidos en la cópula, petrificados por el magnesium del infierno, los amantes inmóviles en la vía pública, y la mujer de Lot convertida en columna de uranio. El hospital caliente se va por los desagües, se va por las letrinas tu corazón helado, se van a gatas por debajo de las camas, se van a gatas verdes e incendiadas que maúllan cenizas. La vibración de las aguas hace blanquear al cuervo y ya no puedes olvidar esa piel adherida a los muros porque derrumbamiento beberás, leche en escombros. Vimos las cúpulas fosforecer, los ríos anaranjados pastar, los puentes preñados parir en medio del silencio. El color estridente desgarraba el corazón de sus propios objetos: el rojo sangre, el rosado leucemia, el lacre llaga, enloquecidos por la fisión. El aceite nos arrancaba los dedos de los pies, las sillas golpeaban las ventanas flotando en marejadas de ojos, los edificios licuados se veían chorrear por troncos de árboles sin cabeza, y entre las vías lácteas y las cáscaras, soles o cerdos luminosos chapotear en las charcas celestes. Por los peldaños radiactivos suben los pasos, suben los peces quebrados por el aire fúnebre. ¿Y qué haremos con tanta ceniza?
es
Guillén,Jorge
<XXI
Gozo_De_Gozos:_El_Alma_En_La_Piel
Gozo de gozos: el alma en la piel Ante los dos el jardín inmortal, El paraíso que es ella con él, Óptimo el árbol sin sombra de mal Luz nada más. He aquí los amantes Una armonía de montes y ríos, Amaneciendo en lejanos levantes, Vuelve inocentes los dos albedríos... ¿Dónde estará la apariencia sabida? ¿Quién es quien surge? Salud, inmediato Siempre, palpable misterio: presida Forma tan clara a un candor de arrebato. ¿Es la hermosura quien tanto arrebata, O en la terrible alegría se anega Todo el impulso estival? (¡Oh beata Furia del mar, esa ola no es ciega!) Aun retozando se afanan las bocas, Inexorables a fuerza de ruego. (Risas de Junio, por entre unas rocas, Turban el límpido azul con su juego). ¿Yace en los brazos un ansia agresiva? Calladamente resiste el acorde. (¿Cuánto silencio de mar allá arriba! Nunca hay fragor que el cantil no me asorde?) Y se encarnizan los dos violentos En la ternura que los encadena. (El regocijo de los elementos Torna y retorna a la última arena). Ya las rodillas, humildes aposta, Saben de un sol que al espíritu asalta. (El horizonte en alturas de costa Llega a la sal de una brisa más alta). ¡Felicidad! El alud de un favor Corre hasta el pie, que retuerce su celo. (Cruje el azul. Sinuoso calor Va alabeando la curva del cielo). Gozo de ser: el amante se pasma. ¡Oh derrochado presente inaudito, Oh realidad en raudal sin fantasma! Todo es potencia de atónito grito. Alrededor se consuma el verano. Es un anillo la tarde amarilla. Sin una nube desciende el cercano Cielo a este ardor. Sobrehumana, la arcilla.
es
Aleixandre,Vicente
<XXI
La_Cogida_(Plaza_De_Toros)
El beso con su testuz de sueño y seda, insiste, oscuro, negro. Se adensa caliente, concreto, herida adentro, como un cuerpo de amor entero que arrasase y alzase violento su maravilloso trofeo. Sí, una masa de polvo ciego, y allí el secreto beso, sin que nadie lo vea, envuelto en el maravilloso velo que la tarde de oro enciende inmóvil en el estruendo ¡Oh perfectísimo silencio! Beso ciego, tremendo, que la vida potente enrisca contra el pequeño cuerpo, mientras ella indemne en su terciopelo salta de la nube de oro, bulto poderoso de negro, imponente majestad que ha emergido elevando la testuz hacia un reino. Hermosa, luna, toro del amor ciego que ensalza como contra el cielo el cuerpo del amor diestro, tendido en la cuna radiante, delicado entre los dos cuernos.
es
Berceo,Gonzalo_de
<XXI
Martirio_De_San_Lorenzo_(Coplas_45_A_56)
El gran furor de Decio contra Sixto fue tal que ordenó lo llevasen afuera, al arenal, para descabezarlo con la muerte final. Dijo Sixto: —«Perdónate sólo al Dios sin igual». 46 Mientras que Sixto tuvo con Decio esta contienda, los tesoros que tuvo Lorenzo en su encomienda, los entregó a los pobres, pues según la leyenda «quien reparte entre ellos, conquista rica hacienda». 47 San Lorenzo era hombre de una gran santidad que entre la gente pobre hacía caridad: sanaba a los enfermos de toda enfermedad, y donaba a los ciegos la luz de la verdad. 48 Si sobre los enfermos imponía sus manos, los que estaban dolientes se retornaban sanos; los que apenas andaban por los caminos planos corrían la pelota después hasta en los llanos. 49 Con sus sagradas manos muchos bienes se hicieron; los enfermos sanaron; los pobres se nutrieron; los ciegos contemplaron; los desnudos vistieron, y bienaventurados, los que en la fe creyeron. 50 El devoto varón, libre de lo usurario, repartió los tesoros como leal vicario. Andando por la villa le ocurrió que en un barrio halló una Santa Biblia de gran devocionario. 51 Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Mientras que Sixto tuvo con Decio esta contienda, los tesoros que tuvo Lorenzo en su encomienda, los entregó a los pobres, pues según la leyenda «quien reparte entre ellos, conquista rica hacienda». 47 San Lorenzo era hombre de una gran santidad que entre la gente pobre hacía caridad: sanaba a los enfermos de toda enfermedad, y donaba a los ciegos la luz de la verdad. 48 Si sobre los enfermos imponía sus manos, los que estaban dolientes se retornaban sanos; los que apenas andaban por los caminos planos corrían la pelota después hasta en los llanos. 49 Con sus sagradas manos muchos bienes se hicieron; los enfermos sanaron; los pobres se nutrieron; los ciegos contemplaron; los desnudos vistieron, y bienaventurados, los que en la fe creyeron. 50 El devoto varón, libre de lo usurario, repartió los tesoros como leal vicario. Andando por la villa le ocurrió que en un barrio halló una Santa Biblia de gran devocionario. 51 Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. San Lorenzo era hombre de una gran santidad que entre la gente pobre hacía caridad: sanaba a los enfermos de toda enfermedad, y donaba a los ciegos la luz de la verdad. 48 Si sobre los enfermos imponía sus manos, los que estaban dolientes se retornaban sanos; los que apenas andaban por los caminos planos corrían la pelota después hasta en los llanos. 49 Con sus sagradas manos muchos bienes se hicieron; los enfermos sanaron; los pobres se nutrieron; los ciegos contemplaron; los desnudos vistieron, y bienaventurados, los que en la fe creyeron. 50 El devoto varón, libre de lo usurario, repartió los tesoros como leal vicario. Andando por la villa le ocurrió que en un barrio halló una Santa Biblia de gran devocionario. 51 Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Si sobre los enfermos imponía sus manos, los que estaban dolientes se retornaban sanos; los que apenas andaban por los caminos planos corrían la pelota después hasta en los llanos. 49 Con sus sagradas manos muchos bienes se hicieron; los enfermos sanaron; los pobres se nutrieron; los ciegos contemplaron; los desnudos vistieron, y bienaventurados, los que en la fe creyeron. 50 El devoto varón, libre de lo usurario, repartió los tesoros como leal vicario. Andando por la villa le ocurrió que en un barrio halló una Santa Biblia de gran devocionario. 51 Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Con sus sagradas manos muchos bienes se hicieron; los enfermos sanaron; los pobres se nutrieron; los ciegos contemplaron; los desnudos vistieron, y bienaventurados, los que en la fe creyeron. 50 El devoto varón, libre de lo usurario, repartió los tesoros como leal vicario. Andando por la villa le ocurrió que en un barrio halló una Santa Biblia de gran devocionario. 51 Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. El devoto varón, libre de lo usurario, repartió los tesoros como leal vicario. Andando por la villa le ocurrió que en un barrio halló una Santa Biblia de gran devocionario. 51 Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Había en esa zona una viuda enlutada que ya 32 años llevaba de enviudada. Asilaba cristianos en su propia posada prestándoles ayuda en forma ponderada. 52 Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Sufría en la cabeza dolencia cotidiana, tanto que siempre estaba más enferma que sana. Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana, pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana». 53 A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. A todos los que eran cristianas y cristianos él lavaba los pies con sus benditas manos. Oró junto a la viuda con rezos muy humanos y luego le alivió sus males cotidianos. 54 Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Se despidió de ellos al dar la bendición, y de aquellos tesoros dio a todos su ración. Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión para lavar sus pies y dar consolación. 55 En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. En casa de Narciso, el noble senador, encontró a muchos pobres, siervos del Creador, creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador, seres que recelaban del mal Emperador. 56 Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados. Eran gentes muy pobres, de recursos menguados, que antes injustamente fueron desheredados.
es
Mistral,Gabriela
<XXI
Doña_Primavera
Doña Primavera viste que es primor, viste en limonero y en naranjo en flor. Lleva por sandalias unas anchas hojas, y por caravanas unas fucsias rojas. Salid a encontrarla por esos caminos. ¡Va loca de soles y loca de trinos! Doña Primavera de aliento fecundo, se ríe de todas las penas del mundo... No cree al que le hable de las vidas ruines. ¿Cómo va a toparlas entre los jazmines? ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. Lleva por sandalias unas anchas hojas, y por caravanas unas fucsias rojas. Salid a encontrarla por esos caminos. ¡Va loca de soles y loca de trinos! Doña Primavera de aliento fecundo, se ríe de todas las penas del mundo... No cree al que le hable de las vidas ruines. ¿Cómo va a toparlas entre los jazmines? ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. Salid a encontrarla por esos caminos. ¡Va loca de soles y loca de trinos! Doña Primavera de aliento fecundo, se ríe de todas las penas del mundo... No cree al que le hable de las vidas ruines. ¿Cómo va a toparlas entre los jazmines? ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. Doña Primavera de aliento fecundo, se ríe de todas las penas del mundo... No cree al que le hable de las vidas ruines. ¿Cómo va a toparlas entre los jazmines? ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. No cree al que le hable de las vidas ruines. ¿Cómo va a toparlas entre los jazmines? ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación. Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación.
es
Sabines,Jaime
<XXI
Paréntesis_(2)
Apenas mayordomo de mis penas, capitán de fantasmas, me extravío, me pido entre mis canas y mis venas, y me ahogo de mí, a pesar mío. En punto de la hora en que me suenas, tiempo de estar, estoy y me confío, y me llenas de arena y me rellenas de amor y de odio el corazón baldío. ¿Qué hago yo con mi huesos a esta hora? Desnudo de mi piel y de mi pelo a media calle estoy llora que llora: me mira el sol y me contempla el cielo, me sacude la hormiga trepadora y me sube hasta el alma el desconsuelo.
es
García_Lorca,Federico
<XXI
La_Aurora_De_Nueva_York_Tiene
La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas. La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada. La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible. A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños. Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre. La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada. La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible. A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños. Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre. La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible. A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños. Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre. Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre. La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.
es
Aleixandre,Vicente
<XXI
Retrato
Este muchacho ha visto la esencia de las cosas, una tarde, entre sus manos concretarse. Presión de aquellos dedos enrojecidos, de diamante, al apretar la blanda ilusión de materia. Hay en su yema sangre y linfa de un camino secreto que se abre arriba, en la alta torre, abierto a libre aire. Sus ojos copian tierra y viento y agua, que devuelven, precisos, campo al reflejarse. Su lengua —sal y carne— dice y calla. La frase se dilata, en ámbito se expande y cierra ya el sentido, allá en lo alto —terraza de su frente—, sobre el vivaz paisaje.
es
Manceda,Ana_María
XXI
Soy_Transparente
Soy transparente no porque sea bella etérea, luminiscente, soy transparente porque soy mamá de un hijo adolescente. El vaga por la casa repartiendo de forma dadivosa calzones, medias, zapatillas. soberbia juventud sonámbula no me ve, no me oye pasa a mi lado de figura de fantasma dejándome la estela del perfume a esperanza. y se prende, mi amor en ese aroma. Yo sé que estoy sembrando semillas que germinarán cuando él sea padre, mientras tanto desde mi transparencia armo todo los días este hogar de plantas perros y gatos. Soy transparente tengo un hijo adolescente pero sé que en la historia de mi vida esto es solo un rato.
es
Florián,Miguel
<XXI
Madre
Abrí los párpados en medio de la noche y tú estabas allí, insomne, aguardando la lenta aparición, la inminente presencia de la luz, del alba que no llega (del fuego que regresa de una estación desierta) y tú estabas allí, profunda y blanca, tendida sobre la multitud de los instantes, apartando la turbiedad confusa de mi sueño, labrando el tiempo firme, inmóvil, de la muerte (la edad remota de insectos transparentes y arroyos escondidos) con su amargura de mano inalcanzable, de boca detenida sobre la frente nueva, de beso que separa el porvenir, y lo devuelve al seno de la tierra, al estallido ciego de otra edad. Abrí los ojos y tú estabas allí, mirándome, en medio de la muerte.
es
Pérez-Ayala_Huertas,Javier
XXI
No_Cambio_Las_Cibeles_Por_Neptuno
No cambio las Cibeles por Neptuno, ni mi solitaria voz por su orquesta, ni pregunta abierta por su respuesta, ni siquiera ese todo por mi alguno. Ni me sobresalto ni me importuno por no cambiar fortuna por apuesta, ni ese descenso por subir la cuesta, ni sus tacones por mi andar gatuno, No cambio los barrotes de mi casa por ventanas con ansias de recambio, ni la calma cuando el silencio pasa por unas palabras de intercambio, ni esta religión por mi fe escasa, que yo no me vendo, que no me cambio.
es
Flórez,Julio
<XXI
Cuentan_Que_Un_Rey,_Soberbio_Y_Corrompido
1 Cuentan que un rey, soberbio y corrompido, cerca del mar, con su conciencia a solas, sobre la playa se quedó dormido; y agregan que aquel mar lanzó un rugido y sepultó al infame entre sus olas. Hoy bien hacéis, ¡oh, déspotas del mundo!, en estar con los ojos siempre abiertos... porque el pueblo es un mar, y un mar profundo, que piensa, que castiga y que, iracundo, os puede devorar. ¡Vivid despiertos!
es
Buesa,José_Ángel
<XXI
Poema_Para_Olvidarte
Amar —nadie lo ignora— viene a ser como un juego: el juego de dos almas y el juego de dos vidas. Y hay quien gana y quien pierde. Tal vez lo sabrás luego, si yo logro olvidarte pero tú no me olvidas. Yo sé por qué lo digo. La vida tiene un modo sutil de detenerse mientras sigue adelante, y una mujer bonita puede olvidarlo todo menos su última cita con su primer amante. Por eso, allá... tan lejos... en tus tardes de hastío, puede ser que comprendas que el hombre a quien quisiste llenó de mariposas tu corazón vacío y de fechas alegres tu calendario triste. Y como tu pasado no pasó todavía tendrás que recordarme viendo en tu tocador aquellos espejuelos oscuros con que un día disimulaste un poco tus tijeras de amor. Y yo sé que otro día, de rezos y conjuros, te dirán que me he muerto —yo sé que será así — y te pondrás los mismos espejuelos oscuros para que nadie sepa que lloraste por mí.
es
Matos_Paoli,Francisco
<XXI
Ya_La_Púrpura_Sangra_En_Su_Recelo
Ya la púrpura sangra en su recelo. Vine tarde a la cita diamantina. En el recuerdo la tenaz colina. En la onda que pasa el desconsuelo de mi fracaso muere la doctrina. Solo se reconcentra ese deshielo de la tarde mayor sin terciopelo Y con jardín silente que reclina, La luna como trámite apagado. En el último vuelo he presagiado la extinción de contancia verdadera, Porque no tengo patria sobre el río, ni tampoco la gota de rocío aviva nuestra rosa en la frontera.
es
Pombo,Rafael
<XXI
Recuerdo
Estaba triste el día, Estaba el alma triste, Triste mi corazón enamorado. Cinco días han pasado Y aún luto el alma viste, Y el corazón solloza todavía En sus tristes recuerdos encerrado. Y hay vida en torno mío, Y cuanto miro es nuevo, Y es este suelo para mí un santuario: ¿Por qué pues, solitario, Con nada me conmuevo Y do vengo a buscar contento y brío Parece que reclamo mi sudario? ¿Quién poblará el desierto Que trajo el alma mía? ¿Quién me ha de compensar lo que he perdido? Mi sol está extinguido Mi árbol de dicha es muerto, Y tal vez mientras vivo de agonía Allá he dejado ingratitud y olvido. Allá
es
Castañeda_Aragón,Gregorio
<XXI
Letanía
Brazos: ¡cruz de los senderos divinos! Manos: ¡cándida venda para la llaga! Ojos: ¡estrella de los peregrinos, Que van sin fe sobre la tierra aciaga! Labios: ¡flor de milagro, rosa maga! Voz: ¡campana de los faustos destinos! Risa: ¡fuente que toda sed apaga A mitad de los ásperos caminos! Cabellos: ¡tíbio huerto, árbol nocturno! Ojeras: ¡mudo jardín taciturno Acogedor de la inquietud secreta...! Corazón, ¡rojo y ardiente y fragante, Péndulo del amor...! Señora, un instante: Un aroma de rosas deshojadas...
es
Pizarro_Aray,Carola
XXI
Señala
Óxido de besos mancha la retina de tu sexo. Puertas abiertas, cerradas marcas de un ángel hostil y violento en la veta agria de sus maderos. No te llamaría en medio de esta copa. Dejo mis ojos bogartianos hincarse traslúcidos / purpurados en la grupa de tus años / el perfume/ arrasados en rimel y oro. Tengo una jauría merodeando la devastación Sus pelos jadeantes han teñido el negro mi corazón en su revolcadura Una jauría habita destierro lúgubre / el palpitar / mis ojos. No te llamaría en medio de esta copa. Dejo mis ojos bogartianos hincarse traslúcidos / purpurados en la grupa de tus años / el perfume/ arrasados en rimel y oro. Tengo una jauría merodeando la devastación Sus pelos jadeantes han teñido el negro mi corazón en su revolcadura Una jauría habita destierro lúgubre / el palpitar / mis ojos. Tengo una jauría merodeando la devastación Sus pelos jadeantes han teñido el negro mi corazón en su revolcadura Una jauría habita destierro lúgubre / el palpitar / mis ojos. Una jauría habita destierro lúgubre / el palpitar / mis ojos.
es
Valente,José_Ángel
<XXI
Por_Encima_Del_Agua_Helada
Por encima del agua helada el patito se resbalaba. Por encima del agua dura, el patito de la laguna. Por encima del agua fría, el patito silba que silba. Silba que silba se resbalaba y en vez de llorar silbaba. Por encima del agua dura, el patito de la laguna. Por encima del agua fría, el patito silba que silba. Silba que silba se resbalaba y en vez de llorar silbaba. Por encima del agua fría, el patito silba que silba. Silba que silba se resbalaba y en vez de llorar silbaba. Silba que silba se resbalaba y en vez de llorar silbaba.
es
Cabral,Manuel_del
<XXI
Viejo_Whitman
Viejo Whitman ya sé que todavía no lo sabes... pero lo irás sabiendo con los muertos que van como raíces creciendo para abajo hacia el ilustre nido de tus barbas que ahora no descansan con águilas profundas... Ellos te contarán que desde tu país nos enviaron fusiles comerciantes, fusiles con negocios de difuntos, fusiles que vinieron a cambiar por cadáveres, bananas, a cotizar con balas los ingenios; fusiles que vinieron a ponerle zapatos al orgullo descalzo, fusiles que vinieron a meter sin permiso en unas botas todo el aire del pueblo. Viejo Whitman, como yo sé que estás despierto, voy a hablarte estas cosas por teléfono... Hoy, prohibieron que en el cine los muchachos de América vean en la pantalla mi pequeño país socio de otros países grandulones, porque todos, casi todos, diecinueve mellizos y un Gigante, lo dejaron pudrirse, lo dejaron perfectamente solo, trágicamente solo. Los parientes tienen aún el mismo, el viejo miedo, el pequeñito miedo a perder tres centavos de repunte en Manhattan, el miedo a que les niegue su limosna el Gigante. Viejo Whitman, ya Simón nos lo dijo: «todos... tenemos que juntarnos». Porque los que gobiernan tienen negocios que no tienen patria... Se quitan de los dedos la honradez como si se quitaran un anillo de cobre... Ya ves, Libertador, Whitman del fuego... Estos no son... no son los tuyos, los que venden tu espada por lo que pesa el hierro. Los que lustran tus botas con saliva adulona. Los que dicen: hoy mi mano está triste, no ha robado... Ya ves, limpio soldado, lo demás es lo tuyo... la América dormida... Donde no se negocia con las alas de Whitman.
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Góngora,Luis_de
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Para_Un_Retrato_De_Don_Juan_De_Acuña,_Presidente_De_Castilla,_Hijo_Del_Conde_De_Buendía
Éste, que en traje le admiráis togado, Claro, no a luces hoy de lisonjero Pincel, sino de claro caballero, Esplendor del Buendía que le ha dado; Éste, ya de justicia, ya de estado, Oráculo en España verdadero, A quien por tan legal, por tan entero, Sus balanzas Astrea le ha fiado: Clava serán de Alcides en su diestra, Que de monstruos la edad purgue presente, Y a los siglos invidia sea futuros: Éste, pues, gloria de la nación nuestra, Don Juan de Acuña es, Buril valiente Al tiempo le vincule en bronces duros. Éste, ya de justicia, ya de estado, Oráculo en España verdadero, A quien por tan legal, por tan entero, Sus balanzas Astrea le ha fiado: Clava serán de Alcides en su diestra, Que de monstruos la edad purgue presente, Y a los siglos invidia sea futuros: Éste, pues, gloria de la nación nuestra, Don Juan de Acuña es, Buril valiente Al tiempo le vincule en bronces duros. Clava serán de Alcides en su diestra, Que de monstruos la edad purgue presente, Y a los siglos invidia sea futuros: Éste, pues, gloria de la nación nuestra, Don Juan de Acuña es, Buril valiente Al tiempo le vincule en bronces duros. Éste, pues, gloria de la nación nuestra, Don Juan de Acuña es, Buril valiente Al tiempo le vincule en bronces duros.
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Juarroz,Roberto
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Séptima_Poesía_Vertical._Número_7
Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado y se puede sin embargo volver, ya nunca más se pisará como antes y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado. Es el aprendizaje que después no se resigna a que todo lo demás, sobre todo el amor, no haga lo mismo. El otro lado es el mayor contagio. Hasta los mismos ojos cambian de color y adquieren el tono transparente de las fábulas.
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Paz,Octavio
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Piedra_De_Toque
Aparece Ayúdame a existir Ayúdate a existir Oh inexistente por la que existo Oh presentida que me presiente Soñada que me sueña Aparecida desvanecida Ven vuela adviene despierta Rompe diques avanza Maleza de blancuras Marea de armas blancas Mar sin brida galopando en la noche Estrella en pie Esplendor que te clavas en el pecho (Canta herida ciérrate boca) Aparece Hoja en blanco tatuada de otoño Bello astro de pausados movimientos de tigre Perezoso relámpago Águila fija parpadeante Cae pluma flecha engalanada cae Da al fin la hora del encuentro Reloj de Sangre Piedra de toque de esta vida
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Casal,Julián_del
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Lejos_Brilla_El_Jordán_De_Azules_Ondas
Lejos brilla el Jordán de azules ondas Que esmalta el Sol de lentejuelas de oro, Atravesando las tupidas frondas, Pabellón verde del bronceado toro. Del majestuoso Líbano en la cumbre Erige su ramaje el cedro altivo, Y del día estival bajo la lumbre Desmaya en los senderos el olivo. Piafar se escuchan árabes caballos Que a través de la cálida arboleda, Van levantando con sus férreos callos En la ancha ruta, opaca polvareda. Desde el confín de las lejanas costas Sombreadas por los ásperos nopales, Enjambres purpurinos de langostas Vuelan a los ardientes arenales. Ábrense en las llanuras las cavernas Pobladas de escorpiones encarnados, Y al borde de las límpidas cisternas Embalsaman el aire los granados. En fogoso corcel de crines blancas, Lomo robusto, refulgente casco, Belfo espumante y sudorosas ancas, Marcha por el camino de Damasco. Saulo y eleva su bruñida lanza Que a los destellos de la luz febea, Mientras el bruto relinchando avanza, Entre nubes de polvo centellea. Tras las hojas de oscuros olivares Mira de la ciudad los minaretes, Y encima de los negros almenares Ondear los azulados gallardetes. Súbito, desde lóbrego celaje Que desgarró la luz de hórrido rayo, Oye la voz del célico mensaje; Cae transido de mortal desmayo, Bajo el corcel ensangrentado rueda, Su lanza estalla con vibrar sonoro Y, a los reflejos de la luz, remeda Sierpe de fuego con escamas de oro.
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Diego,Eliseo
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El_General_A_Veces_Nos_Decía
El General a veces nos decía extendiendo sus manos transparentes: «así fue que lo vimos aquel día en la tranquila lluvia indiferente sobre el negro caballo memorable». Suavizaba la sombra del alero su camisa de nieve irreprochable y el arco duro del perfil severo. Y mientras en el patio de azul fino cercana renacía la tristeza del platanar con sus nocturnos roces, más allá de las palmas y el camino, limpiamente ceñida su pobreza, pasaban en silencio nuestros dioses.
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Pombo,Rafael
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Te_Debo_Yo_Más_De_Un_Favor
Te debo yo más de un favor. Dijo el Pudor al Abanico: Siempre que a un ángel mortifico Velas discreto su rubor. —Otro favor suelo prestar (Repuso el otro) a más de una hada: Impedir noten que ya nada La puede hacer ruborizar.
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Hernández,Miguel
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Un_Albañil_Quería..._No_Le_Faltaba_Aliento
Un albañil quería... No le faltaba aliento. Un albañil quería, piedra tras piedra, muro tras muro, levantar una imagen al viento desencadenador en el futuro. Quería un edificio capaz de lo más leve. No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería! Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve una imaginación al mediodía. Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos, con un poder más alto que el ala de los truenos iban brotando muros lo mismo que aletazos. Pero los aletazos duran menos. Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña tiene valor de vuelo si es totalmente activa. Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña aunque esto sea un mundo de ansia viva. Un albañil quería... Pero la piedra cobra su torva densidad brutal en un momento. Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra fueron precipitados él y el viento.
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Bolaño,Roberto
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Una_Voz_De_Mujer_Dice_Que_Ama
Una voz de mujer dice que ama la sombra que tal vez es la tuya Estás disfrazado de policía y contemplas caer la nieve ¿Pero cuándo? No lo recuerdas Estabas en la calle y nevaba sobre tu uniforme de poli Aun así la pudiste observar: una hermosa muchacha a horcajadas sobre una motocicleta negra al final de la avenida
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