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Alemania no tolerará que se vote sobre la pena de muerte en su territorio, aunque la votación la convoque Turquía. La canciller alemana Angela Merkel lo puede decir más alto, pero no más claro. Y Suiza debería actuar del mismo modo, sostiene el diputado y exembajador en Berlín, Tim Guldimann.
El presidente turco Recep Tayip se plantea organizar un referéndum para reintroducir la pena de muerte en su país. Los ciudadanos turcos establecidos en Alemania, sin embargo, no podrían participar, porque este país no autoriza un escrutinio de esta índole en su territorio.
La misma situación se plantea en Suiza, donde viven cerca de 95 000 ciudadanos turcos. Tim Guldimann, exembajador de Suiza en Berlín y primer suizo del exterior elegido diputado, se felicita de la decisión alemana.
swissinfo.ch: La canciller Angela Merkel ha declarado que no tolerará una votación sobre la pena de muerte en Turquía. ¿Le parece acertado?
Tim Guldimann: Sí, porque los principios del Convenio Europeo de los Derechos HumanosEnlace externo prohíben votar sobre esta cuestión. El Consejo de Europa se ha puesto de acuerdo en que la pena de muerte está prohibida. Alemania, Suiza y Turquía son miembros del Consejo y deben atenerse a esos principios. Si Turquía se retirara del Consejo de Europa, esto no cambiaría nada. Tampoco podría celebrar una votación sobre el tema en Alemania o en Suiza.
swissinfo.ch: La declaración de Angela Merkel se produce antes de que se sepa si Turquía convoca o no un referéndum…
T.G.: Creo que, por principio, es mejor dejar clara una posición antes de que llegue una solicitud.
swissinfo.ch: ¿Debería Suiza hacer lo mismo?
T.G.: Me parece erróneo confiar en que no se llegue a presentar la situación. Se trata de una cuestión de principio, que no depende de la organización efectiva de un referéndum.
swissinfo.ch: ¿Incluso en un caso que afecta a otro país?
T.G.: El Estado de derecho está por encima de la voluntad del pueblo, si los dos entran en conflicto. En Suiza no se puede votar sobre los derechos humanos, y no importa que sea un escrutinio sobre el orden jurídico helvético o uno que organiza otro país en nuestro territorio.
swissinfo.ch: ¿Y dónde queda la neutralidad de Suiza?
T.G.: Cada vez que no se quiere tomar posición sobre temas de política exterior se evoca el principio de la neutralidad. Y es un error. Ser neutrales significa no participar en conflictos armados de terceros países. Y para garantizar la vigencia de este principio en el futuro, Suiza tiene una política de neutralidad, que nos prohíbe adherirnos a la OTAN, independientemente de que la Alianza esté en guerra o no. El asunto de la pena de muerte no tiene nada que ver con la neutralidad, sino con los derechos humanos, el Estado de Derecho, el derecho internacional y con el hecho de que no se puede votar sobre cualquier asunto.
swissinfo.ch: Usted es suizo, pero no parece ser un defensor convencido de la democracia directa…
T.G.: Soy un defensor convencido de la democracia directa y del Estado de derecho. La voluntad del pueblo no debe ser utilizada para invalidar el Estado de derecho. Concretamente, si tuviéramos que votar la reintroducción de la esclavitud o que las personas de ojos azules paguen el doble de impuestos, estaríamos frente a principios sobre los cuales no compete decidir a la mayoría de la población.
swissinfo.ch: ¿Quién decide en Suiza sobre qué temas se puede votar?
T.G.: Si un ciudadano logra reunir 100 000 firmas a favor de la reintroducción de la pena de muerte, corresponde al Gobierno decidir si recomienda al Parlamento que invalide la iniciativa y prohíba una votación popular.
swissinfo.ch: Usted está contra la pena de muerte y fue embajador de Suiza en Irán. ¿Cómo logró vivir y trabajar en el segundo país en el mundo donde más ejecuciones se registran?
T.G.: A diferencia del Consejo de Europa, el Convenio de Derechos Humanos de la ONU no prohíbe la pena de muerte. Por tanto, no se puede –con base en reglas de validez universal o compromisos que los países han asumido– reprochar a Irán que la aplique. Tampoco a Rusia, China o Estados Unidos. Turquía, en cambio, es miembro del Consejo de Europa y debe atenerse al Convenio Europeo de Derechos Humanos, o si no darse de baja en Europa.
Entre diplomacia y docencia
Tim GuldimannEnlace externo nace en 1950 en Zúrich y cursa estudios de Economía en Santiago de Chile, México y Estocolmo, entre otros.
De 1976 a 1979 trabaja en el Instituto Max Planck en Starnberg (Alemania), que codirige el filósofo Jürgen Habermas. En 1976 publica el ‘Die Grenzen des Wohlfahrtstaates’ (Los límites del Estado de bienestar) y en 1979 defiende en la Universidad de Dortmund su tesis doctoral sobre la política del mercado laboral en Suecia.
Entre 1979 y 1981, realiza investigaciones en la Unión Soviética (Moscú, Leningrado y Novosibirsk), así como en Londres y Nueva York.
En 1982 ingresa en el servicio diplomático suizo. Entre 1991 y 1995 encabeza las negociaciones con la UE en materia de investigación. Además, es docente en las universidades de Berna, Zúrich y Friburgo.
Dirige el Grupo de Asistencia OSCE en Chechenia (1996-1997) y negocia el cese el fuego. En los dos años sucesivos dirige la Misión de la OSCE en Croacia.
Como embajador de Suiza en Teherán (1999 a 2004) representa los intereses de Estados Unidos en Irán. Su propuesta para restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países fracasan.
Entre 2004 y 2007 es docente en varias universidades europeas. En 2007 regresa a la OSCE y dirige durante un año la misión en Kosovo y es el relator especial adjunto del secretario general de la ONU en Kosovo.
Entre mayo de 2010 y 2015 es embajador de Suiza en Berlín.
En 2014, Suiza preside la OSCE y el presidente helvético, Didier Burkhalter, le nombra enviado especial de la OSCE en Ucrania.
En 2015 se convierte en el primer suizo residente en el extranjero que es elegido diputado nacional. Guldimann es miembro del Partido Socialista.
Traducción del alemán: Belén Couceiro