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A las 10:20 de la mañana del 23 de septiembre de 1920 el piloto suizo Edgar Primault lograba hacer aterrizar su avión Haefeli DH3 en un campo lleno de baches al norte de Ginebra, inaugurando así oficialmente el aeropuerto de Ginebra-Cointrin. Un siglo después ese aeródromo se ha convertido en el segundo con más tráfico de Suiza, aunque, como otros aeropuertos del mundo, se encuentra actualmente paralizado debido a la pandemia de coronavirus y se enfrenta a un futuro incierto.
Un libroEnlace externo recientemente publicado revisa las fases clave de la evolución del aeropuerto. Durante el siglo pasado, la sencilla pista de aterrizaje de hierba, con un edificio administrativo, cafetería y dormitorios para los pilotos, se convirtió en un aeropuerto internacional en expansión.
La Suiza de expresión francesa fue desde el primer momento una región innovadora en materia de aeronáutica. A principios de 1900 máquinas voladoras y pilotos temerarios cautivaban la atención del público, sobre todo en la vecina Francia. En Ginebra, políticos, empresarios y banqueros organizaban encuentros aéreos y fundaban clubes de vuelo.
Al final de la Primera Guerra Mundial, la disponibilidad de aviones de mayor envergadura y más fiables y de pilotos entrenados significaba que la aviación civil, es decir, el transporte de correo, mercancías y pasajeros por aire, estaba a punto de despegar. Los hidroaviones podían aprovechar los lagos suizos para despegar y aterrizar, pero pronto se hizo evidente que Ginebra necesitaba un aeródromo adecuado.
La posición a favor de un aeropuerto por parte del gobierno de la ciudad de Ginebra se vio muy reforzada cuando, en el verano de 1919, las potencias mundiales decidieron que la ciudad se convirtiera en la futura sede de la Sociedad de Naciones.
Las autoridades locales aprobaron rápidamente un proyecto y asignaron los fondos necesarios para construir un aeropuerto, y el terreno de Cointrin pareció el lugar ideal.
Durante sus primeros años, el aeropuerto fue utilizado por aviones tanto civiles como militares de otras regiones de Suiza y del extranjero. Pero el número de pasajeros era limitado. En realidad, los vuelos comerciales empezaron a despegar a partir de 1924, con destinos como Lausana, Zúrich, París, Lyon, Múnich y Núremberg.
Al principio, los funcionarios de la Sociedad de Naciones parecían dudar sobre el uso del aeropuerto. El gobierno ginebrino envió un escrito a la Sociedad en 1922 para presentarle sus instalaciones y rutas y para conocer las exigencias de sus miembros en cuanto a los futuros vuelos. De acuerdo con los archivos de la ONU, la respuesta fue que los altos precios de los boletos y el limitado número de vuelos, que solo operaban en verano durante el día, impedían que la Sociedad utilizara ese modo de transporte más a menudo. En cambio, los miembros de la Sociedad aseguraban preferir el tren.
En la década de 1930 se multiplicó el número de líneas aéreas. Swissair, por ejemplo, nació en 1931. Aparecieron aviones más grandes, lo que significó que había que ampliar e iluminar el aeropuerto de Ginebra para mejorar su seguridad.
A medida que la denominada Ginebra internacional crecía en importancia y personal, -la Secretaría de la Sociedad de las Naciones se trasladó en 1936 al recién construido Palacio de las Naciones-, el aeropuerto iba aumentando también sus dimensiones.
“Desde mediados de la década de 1920 hasta comienzos de la década siguiente, la Sociedad de Naciones, que vio el interés de la aviación, pensó en poner el aeropuerto bajo su control con el objetivo de convertirlo en un instrumento que garantizara las relaciones internacionales en caso de conflicto”, señala el archivista de la ONU Pierre-Étienne Bourneuf al diario Tribune de Genève.
El proyecto no llegó nunca a realizarse por razones económicas. Desde 1945 a 1950 el aeropuerto recibió nuevos impulsos con la llegada a la ciudad de otras organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la secretaría del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), organismo precursor de la actual Organización Mundial del Comercio (OMC).
El estallido de la Segunda Guerra Mundial frenó en seco el tráfico aéreo civil. Los aeropuertos cerraron, incluyendo el de Ginebra, pero los trabajos de infraestructuras continuaron. Al final de la guerra, gran parte de Europa estaba en ruinas, pero Ginebra, con su larga pista de aterrizaje, surgió como una de las instalaciones mejor equipadas.
Además, la ubicación de Ginebra en el centro de Europa era ideal para los vuelos comerciales de larga distancia que comenzaron en la posguerra.
Ginebra fue el aeropuerto internacional con más tráfico de Suiza durante varios años y la ciudad acogía conferencias y a importantes figuras mundiales. No obstante, las autoridades federales tenían interés en construir otro aeropuerto intercontinental en la zona de expresión alemana. En 1946 dieron comienzo los trabajos para la construcción de un nuevo aeropuerto en Kloten, cerca de Zúrich, y en 1948 tuvieron lugar los primeros vuelos.
A pesar de ser muy dependiente de la compañía de bandera Swissair (60% del tráfico en 1952), Ginebra empezó a sentirse superada por Zúrich,Enlace externo donde Swissair tenía hasta 1 500 empleados, mientras que en Ginebra contaba con apenas 250.
Durante los años siguientes Ginebra siguió siendo un centro importante para los vuelos de larga distancia de Swissair. Pero en 1996 la mayoría de estos vuelos fueron desviados a Kloten, a pesar de las fuertes protestas de líderes políticos y empresariales de la Suiza francófona.
La quiebra de Swissair en 2001 hizo que el aeropuerto de Ginebra modificara su estrategia para reorientarla hacia la línea aérea de bajo coste Easyjet, que ahora representa el 45% del tráfico frente al 15% de la compañía Swiss International Air Lines (SWISS), que sustituyó a la antigua Swissair. El aeropuerto de Ginebra se esforzó también por reconstruir su red de conexiones de larga distancia con otras aerolíneas.
La estrategia modificada del aeropuerto de Ginebra ha dado sus frutos durante la última década. El tráfico aéreo se ha duplicado, las terminales se han ampliado y las instalaciones se han modernizado. Ginebra ha reforzado su posición como segundo aeropuerto suizo con 57 líneas aéreas que prestan servicio a 149 destinos.
Se esperaba que el tráfico continuara aumentando, pero el coronavirus ha frenado en seco esta evolución.
En las décadas de 1950 y 1960, nuevos aviones y de mayores dimensiones hicieron necesaria la ampliación de las pistas en 1960, lo que llevó a un intercambio territorial y un acuerdo con la vecina Francia. El aeropuerto se encuentra situado totalmente en territorio suizo, pero su límite norte llega hasta la frontera entre Suiza y Francia, por lo que se puede acceder al aeropuerto desde ambos paísesEnlace externo.
El aeropuerto de Zúrich ha sido motivo de una polémica que duró décadas entre Suiza y la vecina Alemania por las emisiones de ruido y las franjas horarias de vuelo hasta que finalmente se llegó a un acuerdo. El aeropuerto se encuentra solo a 20 kilómetros al sur de la frontera alemana.
Sébastien Leprat, jefe de Relaciones Internacionales del aeropuerto de Ginebra, afirma que la situación con Francia ha sido muy distinta.
“Hay distintas rutas de vuelo para despegar del aeropuerto que afectan tanto a Suiza como a Francia”, señala. La cooperación con Francia es buena y los problemas se abordan regularmente entre las agencias de control del tráfico aéreo y los grupos de coordinación interestatales, añade Leprat.
Sin embargo, el proyecto de una nueva ampliación del aeropuerto permanece en el aire. Antes del brote de coronavirus las autoridades habían previsto un aumento del tráfico de pasajeros de 18 millones en 2019 a 25 millones en 2030. Sin embargo, el director del aeropuerto, André SchneiderEnlace externo, afirma que ahora solo espera que el aeropuerto recupere las cifras de pasajeros de 2019 (18 millones) en 2024.
Es también probable que las preocupaciones locales por el medioambiente tengan una gran influencia en los próximos años. Esta posibilidad quedó patente el pasado mes de noviembre cuando la población ginebrina votó a favor de una iniciativa local que exigía un “pilotaje democrático” del aeropuerto. En la iniciativa se pedían controles más estrictos sobre cualquier ampliación, y la contaminación del aire y el ruido pasaban a ser una de las principales prioridades.
Traducción del inglés: José M. Wolff