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Aus: De centros y periferias: usos de la lengua alemana
Martina Fernández Polcuch
El alemán, como es sabido, se habla principalmente en Alemania (82,5 millones de hablantes), Austria (8,8 millones de hablantes) y en la Suiza germanoparlante (aproximadamente 5,5 millones de hablantes). También hay otras zonas de Europa donde se habla alemán, como Luxemburgo, Liechtenstein, una región en el este de Bélgica, el norte de Italia y otras, pero por su escasa o nula relevancia para el mundo editorial no serán consideradas aquí1. De los dos primeros países, representados en estas jornadas en algún sentido —y solo en un sentido muy limitado, en términos de procedencia formal— por nuestros invitados, se diferencia en gran medida la realidad lingüística de Suiza (donde además, sabemos, se habla también francés, italiano y romanche). Mientras en Alemania y Austria conviven el alemán estándar en oralidad y escritura junto con variaciones dialectales más o menos marcadas, que se manifiestan en diversos grados y permiten establecer un continuum entre la norma estándar y los dialectos, en Suiza existe una situación que la sociolingüística denomina diglosia2 (en algún punto similar a lo que sucede en el mundo árabe con el árabe clásico y los idiomas vernáculos): los usos del dialecto suizo-alemán (prácticamente incomprensible para quien solo está familiarizado con el alemán estándar) y el Hochdeutsch están claramente distribuidos según las funciones que cumplen en la sociedad: el estándar se escribe, el dialecto se habla. La literatura suiza en lengua alemana utiliza la variedad estándar, en algunos casos con algún matiz regional. Son poquísimas las excepciones en las que estos usos se transgreden: hay escritores que escriben en dialecto (el más conocido de los cuales es Pedro Lenz), hay situaciones (escolaridad, medios de comunicación, iglesia) donde se utiliza parcialmente el estándar para la oralidad. Contra todo pronóstico, estas situaciones de oralidad en lengua estándar se han ido reduciendo a lo largo de las últimas décadas. La distancia entre los usos dialectales y la norma propia de la escritura es tan grande que algunos escritores suizos, como el dramaturgo y novelista Friedrich Dürrenmatt, han llegado a considerar el Hochdeutsch una lengua extranjera.
Quizás de aquí también surja el interés que demuestran en ocasiones quienes provienen del mundo editorial suizo por el debate sobre las variedades del español en traducción. Quizás la distancia entre la variedad rioplatense y la peninsular, principalmente por la morfología de las formas verbales —diferencia imposible de neutralizar—, les recuerde el grado de extranjería percibido por ellos hacia la lengua estándar dominante.
La expresión Hochdeutsch, que suele traducirse por «alto alemán», no se vincula en su origen con la idea de una norma culta, por lo tanto alta, como podría pensarse3. Los dialectos alemanes se distribuyen geográficamente: mientras los del alto alemán se hablaban originariamente en la zona sur y central, en el norte predominaban los dialectos del bajo alemán, que se conoce como Niederdeutsch o Plattdeutsch, dialectos no afectados —o solo en menor medida— por la segunda mutación consonántica en torno al siglo viii. El Hochdeutsch, entonces, no proviene de un dialecto en particular, sino que surgió de una suerte de consenso (administrativo) entre dialectos, fortalecido por la traducción de la Biblia de Lutero en el siglo xvi y, en el ámbito literario, del establecimiento de lo que se llamó Bühnendeutsch, el alemán para el teatro, a fines del siglo xix, con el que se anhelaba superar las diferencias dialectales en la oralidad. En el norte, donde la diferencia era, por ende, más marcada, Hochdeutsch fue lengua de escolarización, y terminó desplazando en gran medida el uso de los dialectos. En Suiza, aunque no únicamente allí, generalmente se lo llama Schriftdeutsch, alemán escrito, explicitando así la función que cumple esa lengua en la sociedad suiza germanoparlante. Ahora bien, también esta lengua estándar exhibe diferencias regionales en vocabulario, pronunciación y gramática, aunque menores que las que se dan entre variedades dialectales, y que solo en escasísimos casos puntuales afectan la inteligibilidad. La lingüística habla de helvetismos, austriacismos y, en menor medida, de germanismos o teutonismos, en los casos de términos o expresiones que se utilizan únicamente dentro de los límites de la respectiva comunidad lingüística. Sin embargo, este carácter pluricéntrico de la lengua —carácter que comparte con el español— no anula la relación asimétrica entre las variedades, resultado de las políticas lingüísticas explícitas o implícitas a lo largo de la historia.
Una mirada al mundo del libro en lengua alemana refuerza esta asimetría histórica que inclina la balanza hacia las formas consideradas estándar en Alemania. Las diferencias mencionadas respecto de la cantidad de hablantes inciden por lógica también en las dimensiones del respectivo mercado editorial. Si en Alemania se calcula la existencia de unas 3000 editoriales, en Austria el número se reduce a 1000 (de las cuales la mayoría son pequeñas y medianas4 , una cantidad relativamente elevada, probablemente consecuencia de las políticas de subsidios estatales a esta rama de la economía, implementadas desde 1992). En Suiza, según datos provistos por la Asociación Suiza de Editores y Libreros, rondan las 200. Ahora bien, si en el mercado editorial austríaco, entre un 70% y un 80% de los libros provienen de editoriales alemanas, a la inversa, los porcentajes indicados oscilan entre el 1% y el 5%. Los datos respecto de Suiza no difieren sustancialmente: hay entre un 60% y un 80% de libros alemanes en el mercado suizo, y en torno al 3% de libros suizos en Alemania. Que resulte más difícil obtener datos del intercambio entre Austria y Suiza destaca aún más el carácter de «periferia relativa» de estos países. El intercambio entre centro y periferias siempre parece ser mayor que el de las periferias entre sí.
Las editoriales suizas y austríacas, que con algunas pocas excepciones son de menores dimensiones, apuestan menos a la traducción que las alemanas. Los informes editoriales llegan a la conclusión de que, además de publicar menos y con tiradas más reducidas, también traducen menos, no solo en términos absolutos, sino también relativos. Si en Alemania hay más traducciones y más novedades, Austria apunta más a las reediciones. El nicho de las editoriales pequeñas austríacas y suizas es el descubrimiento de autores y autoras nacionales que, no obstante, una vez que cobran renombre internacional, las abandonan para publicar sus libros en editoriales alemanas.
El fenómeno de la concentración editorial está presente también en este ámbito cultural, desdibujando así en cierta medida las fronteras nacionales, que hace tiempo dejaron de coincidir con las económicas. Ya en 1997, muchas editoriales emplazadas en Austria eran filiales de grupos editoriales alemanes, y la mayoría de las traducciones no provenían de traductores de Austria, sino de Alemania5. A la inversa, también editoriales alemanas contratan a traductores de origen austríaco o suizo. Así queda en evidencia que un análisis de las variaciones lingüísticas de los productos traslaticios en el ámbito germanófono no puede restringirse a considerar solo el criterio de la procedencia del/de la traductor/a ni el de la localización geográfica de la editorial.
Para ilustrar lo que puede suceder en las editoriales y las mentes de traductoras y traductores respecto de las variedades en la traducción en el ámbito suizo, valga esta experiencia relatada por la germanista e hispanista Hildegard Keller, traductora suiza de Alfonsina Storni:
Alfonsina y los bigotes
En 2013 publiqué una antología con prosa de Alfonsina Storni (Meine Seele hat kein Geschlecht [Mi alma no tiene sexo], Zúrich, 2013). El volumen incluía textos periodísticos y relatos que aparecían por primera vez en lengua alemana (y por primera vez en una lengua extranjera). Cuando estaba corrigiendo las pruebas, me llamó Elke Heidenreich, mi colega del Literaturclub de la televisión suiza. Yo le había mandado las galeras para que escribiera un prólogo.
Me escribió bastante alterada: «Las expresiones idiomáticas suizas quedan muy mal acá… Hay muchas cosas que directamente no se entienden» (todo en negritas, para que el grado de dramatización también fuera visible). Uno de los ejemplos, que me tomé bastante a pecho, fue la palabra Schnauz: «¡Dios santo, no!, ¿qué se supone que son Schnäuze?, ¿bigotes?»
¡Y había tantos Schnäuze en Alfonsina! De modo que había cosas para corregir. Y corregí, fui menos terca que Dürrenmatt6, pero no cedí en todo. Así fue que a algunos hombres les di un Schnurrbart y otros conservaron su Schnauz. Pero había uno que tenía que conservar su Schnauz sí o sí, ya por razones fonéticas, porque el sonido agresivo de la palabra Schnauz —en la que resuena Schwanz (rabo, miembro viril), Schnauze (hocico, pico) y anschnauzen (despotricar)— justifica el helvetismo. Las expresiones ilustran claramente a un hombre que con el sarcasmo y la ironía mordaz típica de Alfonsina se llama, para colmo, Don Paulo. Y a Elke nunca le dije cómo procedí con los Schnäuze y Schnurrbärte. Mi solución me pareció salomónica, hay aproximadamente la misma cantidad de Schnäuze que de Schnurrbärte en el libro. (Hildegard Keller, septiembre de 2018, traducción de Martina Fernández Polcuch)
Notas
(1) Por el mismo motivo, no se hace referencia a países de otras regiones del mundo con minorías de habla alemana, como Namibia.volver
(2) Término acuñado por el lingüista norteamericano Charles Ferguson en 1959.volver
(3) El escritor suizo Lukas Bärfuss hace referencia a esta misma asociación respecto de su propio dialecto, el alemán de Berna, una variedad del «Höchstalemannisch», dialecto alemánico superior: «Y algunos en la zona de Berna entienden “Höchst” / no en términos geográficos / sino evolucionarios / chauvinistas hay por doquier / el alemán de Berna no tiene la culpa» (Bärfuss, «Am Ende der Sprache» en Krieg und Liebe, Göttingen, Wallstein, 2018, pp. 32-33).volver
(4) Según fuentes de las cámaras del libro, en el año 2000, el 85% de las editoriales austríacas se consideraban pequeñas o medianas (Buchacher y Steyer, 2006: 23).volver
(5) Datos obtenidos de la tesis de maestría de Julia Coufal sobre el género fantasy como producto de exportación (Coufal, 2015: 25).volver
(6) Dürrenmatt reescribe una escena de Rómulo el Grande a raíz de una crítica realizada por un actor durante los ensayos a su texto, donde usaba un helvetismo: «Rómulo: El plato matinal. / Sirviente: Su excelencia, se dice el desayuno. / Rómulo: El plato matinal. Lo que en mi casa se considera latín clásico lo decido yo».volver
Bibliografía
Buchacher, Christoph y Steyer, Mario. (2006).«Branche unter Druck?», Wirtschaft und Kultur Die österreichische Verlagsbranche: Eine Branche unter Druck?», Wirtschaft und Kultur 5.
Coufal, Julia. (2015). Deutschsprachige Fantasy. Ein internationales Exportprodukt?, Universidad de Viena, mimeo.
Martina Fernández Polcuch in Centro Virtual Cervantes.