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Kosovo, el Estado más joven de Europa, es considerado corrupto y políticamente frágil, su situación económica es desoladora, el desempleo alto, la población se siente frustrada y la cuestión del estatus sigue siendo un punto clave. Andreas Ernst, periodista y experto en los Balcanes, responsabiliza de estos problemas a la actual élite política del pequeño Estado, pero también a los países occidentales.
swissinfo.ch: Hace diez años la República de Kosovo declaró su independencia de Serbia. ¿Hay alguna razón para celebrar esta efeméride?
Andreas Ernst: Por supuesto, no hay nada en contra de celebrar ese momento histórico. Pero esa celebración debería también servir para mirar de manera crítica los últimos años. No solo los diez años de la independencia, sino los 19 transcurridos desde el final de la guerra. Y no solo los kosovares, sino también las potencias occidentales, que jugaron un papel decisivo para llegar a esa situación, deberían aprovechar la oportunidad y adoptar una postura autocrítica.
swissinfo.ch: Suiza fue uno de los primeros países en reconocer el nuevo Estado. ¿Ese temprano reconocimiento -retrospectivamente hablando- fue correcto o equivocado?
A.E.: El momento no es tan crucial. El hecho de que Suiza haya reconocido a Kosovo tan pronto fue resultado de un acuerdo con EE UU, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Un miembro respetado de la comunidad internacional, al que no se puede acusar de mostrar modales de gran potencia, debía reconocer a Kosovo lo antes posible y hacer de “rompehielos”. De ese modo, sería más fácil para otros países reconocer el nuevo Estado de los Balcanes.
En otras palabras, se trataba de dar legitimidad y suavizar la impresión –en realidad, cierta- de que el Estado de Kosovo era producto de la política de las grandes potencias. A eso habría que añadir que Micheline Calmy-Rey, la ministra suiza de Asuntos Exteriores de entonces, tuviera un cierto deseo de sobresalir y apoyara ese acto bastante sensacionalista.
swissinfo.ch: Uno de los principales destinos de la diáspora kosovar es Suiza, con cerca de 180 000 kosovares. ¿Se ve y se siente en Kosovo una cierta “presencia suiza”?
A.E.: Sí, de manera muy nítida. En primer lugar, la diáspora, y no solo la que se encuentra en Suiza, aporta un 15% al producto interior bruto (PIB) del Kosovo, lo que naturalmente significa numerosas y estrechas conexiones personales. Por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores de Kosovo, el multimillonario Behgjet Pacolli, tiene doble nacionalidad suiza y kosovar, así como el ministro de Interior, Flamur Sefaj. Ambos se naturalizaron en el Tesino.
También pueden verse referencias a Suiza en la vida cotidiana de Kosovo: por ejemplo, el hotel Swiss Diamond, en Pristina. Y con un poco de suerte se las puede uno arreglar bastante bien en Pristina hablando el suizo-alemán.
swissinfo.ch: Kosovo no destaca por su buena reputación. Se habla de nepotismo, falta de inversiones extranjeras, inseguridad jurídica, tensiones políticas… ¿Por qué no puede progresar el país?
A.E.: Para mí hay dos razones. Por un lado, la organización del Estado ha quedado sin terminar. Las instituciones están en manos de la élite política y son utilizadas para enriquecerse ellos mismos y sus seguidores. Los partidos son en realidad un sistema de clientela, donde se intercambia fidelidad política por empleo y cargos.
Por otro lado, después de la guerra los protectores internacionales llegaron rápidamente a un acuerdo con esa élite política, porque se dieron cuenta de que esas personas podían garantizar la estabilidad y, a la inversa, podían también amenazar con inestabilidad. Y como los protectores valoraban más la estabilidad que el estado de derecho y la democracia, esta élite pudo consolidarse.
Por cierto, esto puede aplicarse además al conjunto de los Balcanes, donde Occidente coloca en primer lugar la estabilidad y solo después la democracia y el estado de derecho.
Suiza - Kosovo
Suiza reconoció a Kosovo como Estado soberano el 27 de febrero de 2008, diez días después de la proclamación de independencia. Hasta la fecha la independencia de Kosovo ha sido reconocida por 114 de los 193 Estados miembros de la ONU, incluyendo a EE UU y a 23 países de los 28 de la UE.
Suiza es uno de los principales países donantes de los Balcanes (70 millones de francos en 2016), y apoya el proceso de reforma en KosovoEnlace externo. Los temas clave son el fortalecimiento de la democracia y la economía, así como la mejora de las infraestructuras.
Con cerca de 180 000 kosovares, Suiza es uno de los principales destinos de la diáspora kosovar en Europa. En 2016 los kosovares que viven en Suiza enviaron a su patria cerca de 160 millones de francos.
Desde 1960 Suiza venía reclutando trabajadores de la entonces provincia autónoma de Kosovo en la República Federal de Yugoslavia. A raíz de los desórdenes ocasionados por la guerra, llegaron en la década de 1990 miles de refugiados.
Desde 1999 Suiza ha participado en la fuerza internacional de mantenimiento de la paz KFOREnlace externo, bajo la dirección de la OTAN.Fin del recuadro
swissinfo.ch: Con el presidente Hashim Thaçi y el primer ministro Ramush Haradinaj el poder sigue estando en manos de los miembros del antiguo Ejército de Liberación UÇK. ¿Qué significa esto para Kosovo?
A.E.: Es precisamente esa continuidad de los “hombres fuertes” la que, con escasas interrupciones desde el final de la guerra, determina el destino del país. Ellos son parte del sistema que he descrito y por tanto también parte del problema. No puedo imaginar que Kosovo, con esta élite política, pueda avanzar mucho.
swissinfo.ch: Las relaciones con la vecina Serbia, que aún considera a Kosovo como una región separatista, son tensas. A esto se ha sumado en enero de 2018 el asesinato del político serbio moderado Oliver Ivanović en la ciudad de Mitrovica, dividida étnicamente. ¿En qué medida es explosiva la situación?
A.E.: Actualmente la situación entre Serbia y Kosovo es bastante distendida. De vez en cuando hay provocaciones, pero en realidad todas las partes –políticos, medios de comunicación y la propia población- saben que esas tensiones son un montaje. Recuerdo el episodio del tren que se suponía que tenía que circular en enero de 2017 entre Serbia y Mitrovica y en el que ponía escrito: “Kosovo es Serbia”.
El asesinato de Ivanović no tuvo en realidad ninguna repercusión en las relaciones interétnicas. Porque en Mitrovica, donde estuve hace poco, todos mis interlocutores tenían asumido que se trataba de un asunto interno serbio. La mayoría de las personas en el norte de Kosovo no creen que el asesinato de Ivanović se haya producido en el marco de las tensiones interétnicas, sino que está relacionado con la mafia y con los que mueven los hilos desde Belgrado.
swissinfo.ch: ¿Cómo va la economía entre los dos países?
A.E.: Kosovo importa muchos productos de Serbia. El nuevo país tiene un enorme déficit comercial porque no produce casi nada y, por tanto, apenas exporta. Las relaciones entre las dos Cámaras de Comercio son muy buenas. Se celebran ferias en Pristina y Belgrado y los presidentes de ambas cámaras mantienen una relación amistosa. Todas las relaciones que no se desarrollan en el escenario político parecen, al menos por el momento, bastante distendidas.
Sin embargo, existe aún el riesgo en Kosovo de que las crisis políticas que no tienen que ver necesariamente con las relaciones entre etnias acaben conduciendo a la violencia. La situación política interna de Kosovo es extremadamente tensa y la población se siente frustrada. Esto es especialmente cierto para los muchos jóvenes que, a diferencia de sus vecinos, no obtienen visados libremente. Además, la mala situación económica y las perspectivas inciertas de este país pesan también sobre sus ciudadanos.
swissinfo.ch: En 2013, bajo la presión de la Unión Europea, Serbia y Kosovo firmaron un acuerdo de normalización. ¿Qué ha aportado?
A.E.: La parte esencial de este acuerdo de normalización establece la idea de que Serbia deje el norte de Kosovo y obligue a esa zona a integrarse en el Estado kosovar. A cambio, los serbios de Kosovo obtendrían un estatuto de mancomunidad con una amplia autonomía.
Hoy día, al menos sobre el papel, el norte de Kosovo es una parte de Kosovo: la justicia se rige por el derecho kosovar, la policía es kosovar y, hasta cierto punto, todo parece funcionar. Sin embargo, Pristina es reacia a la creación de esa mancomunidad de serbios por temor a que se convierta en un caballo de Troya de Belgrado, que así institucionalizaría su influencia.
swissinfo.ch: ¿Es realista una adhesión de Kosovo a la UE en los próximos años?
A.E.: Desde luego no se producirá una entrada inmediata. Hay cinco Estados miembros de la UE que todavía no reconocen a Kosovo. Por lo tanto, la UE no puede obligar a Serbia a reconocerlo. Probablemente, esos cinco países -España, Rumanía, Grecia, Chipre y Eslovaquia- no darán el paso hasta que Serbia no esté preparada también para hacerlo.
Bruselas ha señalado con toda claridad que Serbia, si quiere entrar en la UE, tendrá que concluir un tratado de derecho internacional con Kosovo. Belgrado deberá también comprometerse a no obstaculizar el ingreso de Kosovo en organizaciones internacionales como Naciones Unidas.
Pero la entrada de Kosovo en la UE en los próximos años no es una opción realista, porque el país tiene necesidad de grandes reformas institucionales y económicas. No creo que la élite política actual sea capaz o esté dispuesta a acometer tales reformas fundamentales. Significaría su final como clase política y económica gobernante.
Traducido del alemán por José M. Wolff