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Las delegaciones de Bélgica, Francia, la Alemania Federal, Italia, Luxemburgo y Países Bajos, durante la firma el 25 de marzo de 1957 en el Palacio de los Conservadores, en Roma, del tratado que dio origen a la Comunidad Económica Europea (CEE)(afp_tickers)
Los seis países fundadores de la llamada Comunidad Europea, que dio origen a la actual Unión Europea, firmaron en 1957 en realidad un libro en blanco en vez del Tratado de Roma durante la histórica ceremonia en la capital italiana.
La anécdota fue revelada a la AFP por uno de los periodistas que asistieron hace 60 años al evento, David Willey, entonces de 24 años, quien ese día comenzaba a trabajar para la agencia de noticias inglesa Reuters, poco interesada en las ideas europeístas.
"Yo era el más joven de la oficina y la agencia Reuters consideraba que no era una información importante", contó Willey, actualmente jubilado, quien trabajó desde Roma y el Vaticano durante 35 años como corresponsal de la BBC.
El Tratado de Roma significó un momento clave para la historia del viejo continente, que, ante la imposibilidad de lograr una unión política, inició un proceso de integración gradual en diversos sectores de la economía.
El Tratado de Roma en realidad eran dos tratados y fueron firmados el 25 de marzo de 1957 en el Capitolio de Roma por la Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos.
Los firmantes del acuerdo fueron Paul-Henri Spaak, Antonio Segni y Konrad Adenauer, entre otros.
Reino Unido no formaba parte del tratado constitutivo de la llamada Comunidad Económica Europea (CEE) ni de la creación de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM), y los periódicos británicos cubrían con escepticismo el tema.
"El Times de Londres dedicó un tercio de una columna en la página ocho", recuerda Willey, que conserva una copia de su primer cable.
"Lo más divertido es que nos dimos cuenta después de que el Tratado de Roma, de hecho, estaba formado sobre todo por un montón de páginas en blanco, ya que se había negociado a toda prisa y la organización no había sido perfecta, por lo que se vieron obligados después de la firma a llenar las hojas en blanco", contó el periodista a la AFP.
Albert Breuer, uno de los organizadores de la firma, confirmó la anécdota en la página web de la Unión Europea.
"Alcanzamos a estampar sólo la portada y la última página para las firmas. En medio sólo había páginas en blanco", escribió.
Una cadena de inconvenientes a última hora impidieron la impresión de los varios puntos del documento, negociados hasta la madrugada.
El vagón de tren con todos los borradores ya traducidos fue desviado por las autoridades suizas, unas limpiadoras demasiado eficientes tiraron la montaña de documentos con las modificaciones introducidas a última hora convencidas de que se trataba de basura y, por último, los estudiantes contratados para mecanografiar los cambios decidieron hacer una huelga.
Pese a ello, la ceremonia se llevó a cabo en la sala majestuosa de los Horacios y Curiacios. Los ministros y jefes de delegación firmaron dos gruesos tomos; nadie sospechó nada.
"Todo el mundo estaba vestido formalmente, con corbata y traje negro", rememora divertido Willey, quien a los 84 años reconoce que entonces todo era más simple, no era necesario acreditarse para cubrir la ceremonia.
"Había muy poca seguridad, también poca burocracia. Llegué y asistí a la firma", contó.
AFP