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Suiza bajó de la octava a la decimoprimera posición en el Informe Mundial de 2016 sobre la paridad entre hombres y mujeres del Foro Económico Mundial (WEF). El documento advierte sobre una dramática desaceleración en curso en la igualdad de género a escala internacional.
El índice anual, publicado por primera vez en 2006 (cuando Suiza ocupó la posición 26), es encabezado este año por Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia, al igual que en años anteriores. Les siguen Ruanda, Irlanda, Filipinas, Eslovenia, Nueva Zelanda y Nicaragua.
El informe tiene como objetivo medir las diferencias relativas entre mujeres y hombres a través de cuatro áreas: salud, educación, economía y política.
Suiza ocupa un buen lugar en cuanto al empoderamiento político (15º entre los 144 países) y las oportunidades económicas (30º); sin embargo, es superado por los países nórdicos. En las áreas de salud y educación mantiene una deficiente clasificación, a pesar de las pequeñas mejorías.
En lo que concierne a los logros educativos -medidos con base en la distancia entre hombres y mujeres en cuanto al acceso a la educación en la enseñanza primaria, secundaria y terciaria-, Suiza se clasificó en 61º posición.
Deficiente uso del talento
El informe de este año advirtió que la llamada brecha de género entre hombres y mujeres se amplió a escala mundial este año tras alcanzar un máximo en 2013. Establece que la paridad económica entre los sexos podría llevar 170 años después de la dramática desaceleración en curso.
Lo anterior, debido en parte a los desequilibrios crónicos en los salarios y la participación laboral a pesar de que, en 95 países, las mujeres asisten a la universidad en un número igual o mayor que los hombres.
El informe puntualiza que una serie de factores explican ese descenso. Las mujeres de todo el mundo ganan en promedio poco más de la mitad de lo que ganan los hombres a pesar de trabajar más horas. Además, el número de mujeres en puestos de responsabilidad sigue siendo bajo, con solamente cuatro países en el mundo con el mismo número de mujeres y hombres en puestos legislativos, y de responsabilidades políticas y directivas.
Al mismo tiempo, un cierto grado de progreso se ha hecho en los campos de la educación y la autonomía política.
Para los autores, ese “acusado mal uso del talento”, dada la falta de una respuesta rápida para hacer frente a la desigualdad de género, pone en riesgo el crecimiento económico y priva a las economías pobres de mejores oportunidades de desarrollo.
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