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El Niño y La Niña son fenómenos climáticos recurrentes con múltiples impactos sobre la meteorología mundial, capaces respectivamente de aumentar y reducir la temperatura del planeta.
Ambos fenómenos están relacionados con las fluctuaciones de la temperatura en el centro y el este del océano Pacífico a la altura del Ecuador y asociados a modificaciones en la atmósfera, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El nombre El Niño, que podría hacer referencia al niño Jesús, fue utilizado por primera vez en el siglo XIX por pescadores peruanos y ecuatorianos para aludir a la llegada inhabitual en sus costas de una corriente oceánica cálida, justo antes de Navidad.
Posteriormente, su uso se extendió para referirse al fenómeno de calentamiento de las aguas de superficie cerca de las costas de Sudamérica.
En cambio, La Niña define un enfriamiento de la superficie del océano en la misma región.
Ambos fenómenos pueden durar entre 9 y 12 meses y se producen con una frecuencia de entre 2-7 años, con periodos "neutros" en los cuales ninguno de los dos se manifiesta. Tampoco tienen por qué alternarse, puesto que uno u otro pueden tener lugar de forma sucesiva.
Los dos perturban los ciclos de precipitaciones tropicales y la circulación atmosférica.
En general, un episodio de El Niño genera menos lluvias de lo normal en Australia oriental, Indonesia, Filipinas, India, África austral y el norte de Brasil, pero estas son potencialmente más abundantes en el oeste de Sudamérica, África del Este ecuatorial y el sur de Estados Unidos.
En muchas regiones, La Niña tiene impactos opuestos.
Ambos pueden provocar una modificación sustancial de la temperatura mundial, al alza en el caso El Niño, a la baja para la Niña.
El Niño fue especialmente intenso en 2015-2016 e influyó en la temperatura de 2016, el año más cálido jamás registrado, junto a 2020.
Los expertos estiman que la temperatura de 2016 pudo ganar entre 0,1 y 0,2 ºC debido a este fenómeno, por lo que sin él 2020 podría haberse desmarcado como el año más cálido. Además, 2020 registró el principio de un episodio de La Niña.
Actualmente, no hay ningún consenso científico en cuanto a la influencia del cambio climático sobre la frecuencia de ambos fenómenos.
En cambio, "es posible que aumente sus impactos, especialmente los de El Niño, provocando un calor más intenso y más lluvias", según la OMM.
Por último, actualmente ya es posible prever con varios meses de antelación la llegada de uno de estos fenómenos, lo que podría permitir anticipar los riesgos sobre por ejemplo la agricultura y la gestión del agua.