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Muchas mujeres participaron en la huelga general en Suiza hace 100 años: desde y detrás de las barricadas. Según un nuevo libro sobre el tema, las dificultades sociales de la Primera Guerra Mundial las llevaron a desempeñar un papel político.
El 14 de noviembre de 1918, último día de la huelga generalEnlace externo, el capitán Theodor Schnider tuvo que tomar una decisión difícil. Los manifestantes ocupaban las vías férreas de Granges (cantón de Solothurn), no lejos de la estación. ¿Debía dar a los soldados de su compañía la orden de disparar? Renunció a hacerlo porque al frente del movimiento estaban mujeres y niños. Sin embargo, ese mismo día el ejército mató a tres huelguistas en Granges.
Posición estratégica
Según la historiadora Katharina HermannEnlace externo, ese episodio muestra que las mujeres participaron en el movimiento de la huelga general y que influyeron en el curso de los acontecimientos. También en Zúrich, el soldado Fortunat Huber informó haber visto a mujeres y niños deliberadamente colocados en manifestaciones para desmoralizar a las tropas.
El papel de las mujeres ha recibido poca atención en la historia de la huelga general. Este episodio (del 12 al 14 de noviembre de 1918) se considera, sin embargo, como la crisis social y política más importante que haya sufrido Suiza desde 1848. Una nueva publicación* intenta llenar los vacíos en la historiografía. Además del papel de las mujeres, los historiadores que contribuyeron a la elaboración de este libro se centran en las disparidades entre las zonas urbanas y rurales, la miseria en vista de las dificultades de abastecimiento y el contexto internacional.
Llamado para reducir la tensión
En su artículo, Katharina Hermann, que escribirá una tesis sobre el tema en la Universidad de Berna, no puede dar una cifra sobre el número de participantes en la huelga. En cualquier caso, las mujeres juegan un papel decisivo y están presentes en varios lugares. Bloquean las vías férreas y se manifiestan. Las socialdemócratas de Zúrich, por su parte, buscan establecer un diálogo con los soldados y disuadirlos de disparar, o de hacerlo solamente al aire. Al mismo tiempo se ocupan de los niños. Las escuelas estaban cerradas en ese momento debido a la gripe española. Las mujeres y los hombres que habían ido de excursión por el bosque con sus hijos son buscados para mantenerlos alejados de las calles donde el peligro acecha.
Las muchas cargas de las mujeres
Alrededor de 250 000 personas participan activamente en la huelga general, mientras que la población suizaEnlace externo es inferior a cuatro millones. Esta movilización sucede a las acres negociaciones sobre los aumentos salariales y a las manifestaciones contra la inflación de años anteriores. Cada vez más mujeres, que no tenían derecho a votar en ese momento, empiezan a organizarse en sindicatos. Katharina Hermann explica este movimiento por las dificultades económicas debidas a la guerra y no por la falta de derechos políticos.
Mientras sus maridos realizan el servicio militar durante muchos meses, las mujeres permanecen solas en casa con sus hijos, luchando para llegar a fin de mes. Los soldados movilizados todavía no tienen derecho a las prestaciones por pérdida de ingresos. Por lo tanto, las mujeres tienen sobre sí muchas cargas, por no hablar de las dificultades de abastecimiento que empeoran durante la guerra. “Ellas son las que hacen las compras, cocinan y administran los ingresos. Por lo tanto, se ven especialmente afectadas por la inflación y la escasez de alimentos en tiempos de guerra”, escribe Katharina Hermann.
Muchas ciudades tienen comedores que sirven una comida caliente a un precio más bajo. En su artículo, la historiadora Maria Meier describe las condiciones de aprovisionamiento en la ciudad fronteriza de Basilea e ilustrar de manera impactante las grandes dificultades de la época. En julio de 1918, alrededor de una cuarta parte de la población de Basilea-Ciudad comía más o menos regularmente en uno de los ocho comedores. Además, alimentos básicos como el pan, la harina y la leche son racionados.
No son solamente las clases trabajadoras las que frecuentan los comedores, sino también las personas con más recursos, especialmente hacia finales de mes, cuando se agotan las raciones de comida o cuando sus platos favoritos, como la pasta, figuran en el menú. Para que la burguesía no se vea obligada a comer en la misma mesa que la gente del pueblo en las abarrotadas habitaciones, los sirvientes o los niños recogen las comidas, explica Maria Meier.
Lucha por el derecho al voto
Además de la elección del Consejo Nacional por sistema proporcional y la creación del AVS, la introducción del derecho de voto de las mujeres es una de las principales reivindicaciones de la comisión de Olten que coordina la huelga general. Las mujeres de la burguesía se niegan, por supuesto, a participar en la huelga, pero apoyan ese objetivo. Émilie Gourd, presidenta de la Asociación Suiza para el Sufragio Femenino, envía un telegrama al Consejo Federal (Gobierno) durante la huelga general, pidiéndole que responda a las demandas de la clase obrera.
Aunque el derecho de voto de las mujeres se incluyó posteriormente en el orden del día de las Cámaras Federales, el tema quedó estancado. Entre 1919 y 1921, seis cantones votaron una introducción a nivel cantonal, pero el electorado masculino la rechazó en cada escrutinio. En los barrios populares, el "no" fue más masivo que entre las clases medias. Pasarán más de 50 años antes de que se concediera el derecho de voto de las mujeres a nivel federal.
* ‘Der Landesstreik – Die Schweiz im November 1918’, Hg. de Roman Rossfeld y col., ediciones ‘Hier und Jetzt’.Fin del recuadro
Traducido del francés por Marcela Águila Rubín