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La diplomacia suiza tiene una larga tradición en dialogar con todas las partes en conflicto para “restablecer la confianza”. Los mandatos de “potencia protectora” de Suiza se han casi duplicado de cuatro a siete en los últimos años. ¿Por qué hay un nuevo interés en los “buenos oficios” de Suiza?
“Vienen a vernos y quieren que mediemos entre dos países que han dejado de hablarse”, declara en una reciente entrevista a swissinfo.ch la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores saliente, Pascale Baeriswyl. La diplomática sostiene que es un reflejo de las tensiones actuales, “porque hay muchos puntos calientes en el mundo donde comienzan a degradarse las relaciones entre países”.
Suiza dispone actualmente de siete mandatos de potencia protectora, según el recuento oficial. Después de Suecia, es el segundo país con más mandatos. Pero en el caso sueco todos se limitan a Corea del Norte.
Con estos mandatos, Berna representa eficazmente los intereses de Estados que han roto las relaciones diplomáticas con otros. Generalmente, un mandato de potencia protectora significa asumir algunos servicios consulares de un Estado, como por ejemplo la emisión de visados. El país que desempeña este mandato también puede facilitar las negociaciones entre los dos Estados que no mantienen relaciones.
En los últimos años, Suiza ha comenzado a representar los intereses diplomáticos de Arabia Saudí en Irán y viceversa. También representa los de Irán en Canadá, mientras que Italia representa los de Canadá en Irán.
Berna ha firmado también un acuerdo para representar los de Estados Unidos en Venezuela, pero este mandato aún requiere la aprobación por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Por ello no está incluido en la lista oficial.
Además de estos mandatos más recientes, Suiza representa los intereses de Irán en Egipto desde 1979, los de Estados Unidos en Irán desde 1980, los de Rusia en Georgia desde 2008, y los de Georgia en Rusia desde 2009. Y hasta 2015 representó los de Estados Unidos en Cuba y viceversa.
Los denominados buenos oficios de Suiza se remontan al siglo XIX y no han perdido un ápice de importancia. Durante la Segunda Guerra Mundial, Berna hacía malabarismos para compaginar 219 mandatos y representar a 35 gobiernos, entre ellos los de las principales potencias beligerantes. Suiza y Suecia se consagraron así como las favoritas de las potencias protectoras debido a su neutralidad.
Los diplomáticos suizos desempeñaron un papel crucial en la desactivación de la crisis de los misiles en 1962 o en la crisis de los rehenes americanos en Irán entre 1979 y 81.
Más recientemente, en diciembre de 2019, Suiza facilitó un canje de presos entre Estados Unidos e Irán, una distención insólita en unas relaciones que van de mal en peor.
Y en abril de 2019 ayudó a conseguir la liberación de un ciudadano estadounidense de una cárcel venezolana.
A la pregunta de si Suiza es remunerada por sus buenos oficios, el Ministerio de Asuntos Exteriores responde que solamente se le reembolsan los gastos. ¿Entonces por qué la diplomacia suiza tiene interés en ofrecer un servicio tan complejo?
“En primer lugar queremos ser útiles”, declaraba en 2013 a swissinfo.ch el antiguo embajador suizo en Irán Philippe Welti. “Es una buena ocasión para seguir en la mente de los otros gobiernos como un socio útil – porque normalmente cuando los Estados entran en guerra entre sí, los terceros son marginados. Y en el caso de la Segunda Guerra Mundial, la marginación fue muy dramática porque se transformó en una actitud hostil hacia Suiza”.
Parece que el pequeño país alpino ha ganado una pizca de influencia en las superpotencias mundiales de la época. En mayo de 2019, Suiza fue noticia inesperadamente cuando el presidente Donald Trump recibió en la Casa Blanca a su homólogo helvético Ueli Maurer.
Y dadas las tensiones en Irán es probable que Suiza mantenga este rol especial.
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