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El país más avanzado en democracia directa es Suiza, donde el pueblo vota cuatro veces al año. Pero la democracia helvética presenta también lagunas y necesita una actualización. En Sudamérica, el país más avanzado es Uruguay, seguido de Ecuador, sostiene el politólogo suizo Rolf Rauschenbach, investigador posdoctoral en la Universidad de São Paolo.
swissinfo.ch: Usted dice que en Brasil hay cierta “negligencia” en los procesos de democracia directa. ¿La reforma política que debate el Congreso corrobora esta idea?
Rolf Rauschenbach: No es exagerado afirmarlo. Por ejemplo, después de las manifestaciones de 2013, la presidenta Dilma Rousseff propuso algunas votaciones, propuestas bastante complicadas que surgieron de la nada y que no conducían a ninguna parte. Por tanto, cabe preguntarse si eran realmente propuestas serias o simplemente se trataba de una estrategia para calmar el descontento popular.
swissinfo.ch: Los estudios comparativos sobre la democracia directa en Sudamérica revelan que las Constituciones prácticamente de todos los países hacen referencia a la iniciativa, el referéndum o el plebiscito. ¿Cuáles son los países más avanzados en la materia?
R.R.: Este análisis muestra, en efecto, que todas las constituciones contienen alguna referencia a la democracia directa. Pero este concepto es bastante amplio y si lo analizamos más de cerca, vemos múltiples particularidades. No resulta fácil establecer una clasificación, ya que puede haber avances en un sector, pero que terminan neutralizados en otros.
swissinfo.ch: ¿Todas las Constituciones de Sudamérica se inspiran en la Carta Magna suiza?
R.R.: Es sabido que en la era moderna, Suiza tiene la tradición más larga en democracia directa a escala federal. Las nuevas Constituciones se inspiran siempre en textos existentes. La referencia a Suiza es una de las más obvias. Este contacto se produjo seguramente en la elaboración de la Constitución brasileña. No he estudiado la historia de las demás Cartas Magnas latinoamericanas, pero supongo que la experiencia suiza tuvo una influencia directa o indirecta.
swissinfo.ch: ¿Cómo se explica que Suiza tenga la tradición de democracia directa más larga?
R.R.: Existían experiencias de democracia directa en algunos cantones, por ejemplo a través de las denominadas ‘landsgemeinde’. Y estas experiencias se adaptaron a la Constitución. Ya en 1848, el pueblo obtuvo el derecho de modificar la Constitución Federal en las urnas. Siguió luego la introducción del referéndum facultativo (1876) y de la iniciativa popular (1891).
swissinfo.ch: ¿La democracia directa suiza tiene algún defecto?
R.R.: El sistema perfecto no existe. Yo diría que los mecanismos de democracia directa en sí funcionan bien. En mi opinión, los problemas derivan principalmente del contexto y no son inherentes a los procesos de democracia directa. Quiero ilustrarlo con tres problemas: el alcance, el derecho de voto y la financiación.
Los procesos de democracia directa, como todos los procesos políticos formales, se refieren siempre a un territorio delimitado. Es un hecho inevitable y en sí no constituye un problema. Sin embargo, a veces surgen cuestiones políticas que no siempre se limitan a un territorio cuyas fronteras se establecieron hace siglos. Hay cantones pequeños y fronterizos, como Ginebra y Basilea-Ciudad, cuyas responsabilidades van más allá de las fronteras cantonales. A mi juicio, uno de los problemas fundamentales hoy en Suiza es que la configuración cantonal no se corresponde con la realidad. Y por eso, en las decisiones de democracia directa, vemos muchas veces constelaciones que tal vez no son las más adecuadas. No es un problema inherente a la democracia directa, sino que el contexto ha cambiado y aún no ha sido posible adecuar la cuestión territorial.
El segundo problema fundamental es el derecho de voto. Suiza es conocida por haber reconocido el sufragio femenino solamente en 1971. Hoy, la población extranjera en Suiza supera el 20%. Esta parte importante de la población está excluida del juego político, pese a que paga impuestos. Esto significa que las decisiones de las consultas populares no representan la voluntad de todos los que se ven afectados por los resultados. Un tercio del problema es la cuestión de la financiación de la política y la legislación suiza en esta materia es débil y poco transparente.
swissinfo.ch: Usted sostiene que en Sudamérica los instrumentos de democracia directa son complementarios a la democracia representativa. En Suiza, en cambio, la democracia directa es un elemento central del sistema político…
R.R.: Desde el punto de vista filosófico y de la legitimidad, tanto la Constitución brasileña como la suiza establecen en su artículo 1 que “todo el poder emana del pueblo y se ejerce en su nombre”, o algo similar. En este sentido, los ciudadanos, el pueblo, son la base. Este es un hecho en todas las constituciones democráticas.
La configuración constitucional define cómo se divide y organiza este poder. Existen miles de variaciones. Es evidente que la influencia directa de un ciudadano suizo es superior a la de un ciudadano brasileño. Aun así, hay muchas decisiones que en Suiza adoptan el Parlamento, la administración o los tribunales. Pero el pueblo tiene la posibilidad de intervenir en la esfera más alta, o sea la Constitución, y por tanto tiene un papel central.
swissinfo.ch: Hay sin embargo decisiones de la democracia directa que van en contra de los acuerdos internacionales que Suiza ha firmado y ratificado…
R.R.: Me gusta recordar que la democracia solo lo es cuando no hay una predefinición del resultado. Podríamos decir que los conflictos entre las decisiones populares y los acuerdos internacionales no favorecen un buen entendimiento con los vecinos. Pero los acuerdos internacionales tampoco son leyes divinas. Son el resultado de procesos políticos, pueden ser modificadas y evolucionan. Entonces, si surgen conflictos y tenemos que buscar una salida, obviamente de manera civilizada. No es porque el resultado de una votación no nos guste que todo el mecanismo es malo.
swissinfo.ch: ¿La democracia directa contribuye a politizar a los ciudadanos?
R.R.: Sin duda alguna. Pero la politización de los ciudadanos necesita cierta regularidad en las votaciones. En todo lo que no se practica regularmente, se pierden habilidades. Los procesos de democracia directa son complejos, ya que todos pueden participar en ellos. Para entender al otro y poder anticipar el comportamiento de los demás, hay que conocerlos, disponer de experiencias concretas. Si estas experiencias se producen solo cada 10 o 20 años resultan aleatorias.
swissinfo.ch: Si los ciudadanos están politizados, ¿por qué la participación en las votaciones y las elecciones en Suiza suele ser baja?
R.R.: En Suiza, la participación es baja, pero varía en función de la importancia de los asuntos que se someten a votación. No creo que esto constituya un problema. La democracia es la libertad de votar ‘sí’ o ‘no’, pero también la libertad de no votar. Hay varios factores que explican esta abstención. En Suiza se vota hasta cuatro veces al año. Algunas personas piensan que el resultado les será favorable, otras no sienten el mínimo interés por el tema que se vota. Creo que es legítimo. Si nadie se interesa por la política, nos veremos frente a un problema. Pero no es el caso.
Además de estas razones, influyen tal vez los problemas fundamentales que he citado antes y que también frenan la participación. Cuanto más correcto y adecuado es un proceso político, más las personas confían y quieren participar en él.
La baja participación también se suele atribuir a la complejidad de los asuntos que se votan. Es verdad: vivimos en un mundo cada vez más complejo y esta complejidad se refleja también en la política. El ciudadano de hoy tiene que adaptarse, no tiene más remedio. No puede pretender beneficiarse de todos los avances sociales y tecnológicos, sin asumir las responsabilidades.
Volviendo a Brasil: tenemos un país enorme con una gran diversidad. En mi opinión, muchas veces esta complejidad no se refleja en las decisiones políticas. A menudo se nota que las cosas se reducen a Brasilia o a los dos principales partidos. Pero Brasil es mucho más que esto. Y los mecanismos de democracia directa pueden ayudar a ampliar el enfoque.
Traducción del portugués: Belén Couceiro, swissinfo.ch