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Entrevista
En la primavera de 1961 se fundó el organismo predecesor de la actual COSUDE, el «Servicio para la Cooperación Técnica». René Holenstein, historiador, experto en desarrollo y colaborador de la COSUDE, hace el balance del medio siglo de ayuda suiza al desarrollo en un libro. En esta entrevista, repasa la historia de la ayuda suiza al desarrollo.
¿Cómo surgió la ayuda suiza al desarrollo?
Las relaciones de Suiza con los países en desarrollo tienen una larga historia; se remontan a la actividad de la industria suiza, de las sociedades mercantiles e institutos financieros, y también a comunidades religiosas y filantrópicas activas en el Tercer Mundo. Cuando Suiza inició su ayuda al desarrollo pudo partir de los contactos y relaciones ya existentes. Tras la Segunda Guerra Mundial, tuvo también un papel importante la «Donación Suiza», fundada por la Confederación y las agencias de cooperación; esta hizo que la población europea se concienciara de las consecuencias de la Guerra. Cuando los países europeos dejaron de necesitar nuestra ayuda, nuestra atención pasó a las «zonas extraeuropeas», como se les llamaba entonces. Por otra parte, también los movimientos independentistas de las colonias de aquel entonces contribuyeron a derivar la atención a los problemas de los países «subdesarrollados».
¿Cómo ayudaban hace 50 años los pioneros suizos a los países en desarrollo?
La historia de la ayuda suiza al desarrollo está estrechamente ligada a la ONU y a la política exterior de Estados Unidos. Así, una de las primeras grandes contribuciones financieras de Suiza se destinó a la Agencia para los Refugiados de Palestina (UNRWA). Al mismo tiempo, a finales de los cuarenta, empezaron los preparativos para la ayuda técnica bilateral de Suiza, teniendo aquí un papel decisivo determinadas personas de la Escuela Politécnica Superior de Zúrich (ETH). Las formas más importantes de la ayuda al desarrollo existían ya en aquel entonces. Había una mezcla de ayuda bilateral y multilateral, de cooperación técnica y, cada vez más, también de ayuda financiera y económica.
La ayuda suiza al desarrollo alcanzó renombre internacional con una serie de innovadores proyectos bilaterales, siendo uno de los más conocidos el de la construcción de puentes colgantes en Nepal. Los ingenieros suizos construyeron estos puentes con la colaboración de los nepalíes, bajo unas condiciones laborales y vitales absolutamente precarias. Los técnicos vivían en condiciones difíciles, en tiendas de campaña o alojamientos provisionales; todo el material de construcción tenía que traerse desde lejos en carretadas. Estas acciones pioneras han tenido efecto a largo plazo; la credibilidad de Suiza en Nepal se basa en gran parte en tales hazañas.
¿Cuáles han sido los cambios más importantes en el modo de llevar a cabo Suiza la ayuda al desarrollo?
Un primer gran cambio tuvo lugar en los años setenta del siglo pasado: junto a la ayuda al desarrollo pasó al primer plano la política de desarrollo, política con la que Suiza contribuyó a mejorar las condiciones marco económicas, sociales, ecológica y políticas. El movimiento de la política de desarrollo tenía un nuevo lema: «Desarrollo significa emancipación». Y empezó también a hablarse de la cooperación al desarrollo, insistiéndose en el partenariado en las relaciones con el Sur. Un segundo gran cambio tuvo lugar en el curso de la globalización acelerada y con la caída del muro. En 1990 se creó la cooperación con la Europa del Este, y posiblemente hoy estemos ante una nueva cesura en la cooperación internacional, a tenor del aumento de las catástrofes naturales y del cambio climático. En este contexto, la ayuda humanitaria es cada vez más importante.
¿Ha cambiado la actitud de los países en desarrollo hacia nosotros?
Actualmente, muchos países en desarrollo pisan muy fuerte en el escenario político y si un día fueron parte del Segundo y Tercer Mundo, hoy han pasado a ser países líderes en la economía mundial. Esto hace que no sólo la distribución de las fuerzas económicas sea otra sino que también el mapa político cambie. Estos países quieren ser tratados como contrapartes con los mismos derechos.
¿Han cambiado a lo largo del tiempo los motivos por los que prestamos ayuda al desarrollo?
Suiza tiene una larga tradición de ayuda. La idea de la cruz roja es un símbolo de la ayuda humanitaria por excelencia. Suiza apoya a esta organización desde la firma de la primera Convención de Ginebra sobre los heridos en campaña y la fundación de la CICR. Los conceptos básicos de la ayuda al desarrollo siguen siendo los mismos: se trata de luchar contra la pobreza en el mundo; sin embargo, en el modo de hacerlo sigue habiendo diversidad de opiniones: para unos es prioritaria la solidaridad con los pobres y desfavorecidos; para otros, lo primero son los intereses económicos. Antes, muchos veían en el anticomunismo un motivo por el que Suiza debía prestar ayuda al desarrollo.
¿Cómo ha elegido Suiza sus países y temas prioritarios?
Las primeras experiencias prácticas de la ayuda suiza al desarrollo se basaron en parte en la casualidad o en semejanzas con Suiza. Los primeros ayudantes al desarrollo partieron de la base de que Suiza había acumulado, como país alpino, experiencias que podían ser de interés para otras regiones montañosas del mundo. No sorprende, pues, que Nepal se convirtiera en el prototipo de país contraparte. El concepto de país prioritario fue desarrollado en los años setenta. La ley federal de 1976 sobre la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria internacionales prescribe que Suiza ayude en primer lugar a los países, regiones y grupos de población más pobres. A su vez, en esta ley se establecen los temas importantes: el desarrollo de las zonas rurales, el fomento de la producción agrícola y de la alimentación, el apoyo a la pequeña industria y a la artesanía. También el medio ambiente figuraba ya entonces como tema prioritario.
¿Cuál es su balance de los 50 años de ayuda suiza al desarrollo? ¿Se han visto cumplidas las expectativas de la generación de fundadores?
Si se piensa en lo que esperaba originariamente la generación de fundadores, hay que decir que las expectativas no se han cumplido. En aquel entonces se pensaba que el problema de la pobreza en el mundo podría resolverse en cuestión de algunos años; claro que el desencanto no se hizo esperar mucho. Sin embargo, ya en aquel entonces no se trataba sólo de combatir la pobreza sino de reducir mediante la ayuda al desarrollo el abismo entre pobres y ricos. Y hoy tenemos que constatar que ese abismo nunca fue tan grande a nivel mundial. Esto nos hace ver que queda aún mucho por hacer. No podemos pararnos aquí.