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Hace 200 años, las grandes potencias se reunían en Viena para reorganizar una Europa que acababa de salir de los tumultos revolucionarios. El Congreso de Viena también marcó el inicio de la neutralidad como elemento indisociable de la Suiza moderna. Pero fue más una neutralidad impuesta que elegida, señala el historiador Olivier Meuwly.
La Antigua Confederación —un conjunto disperso de 13 cantones, aliados, bailías comunes y otros territorios anexos— desapareció con la invasión francesa de 1798. Entonces, Suiza se convirtió en una república “única e indivisible” según el modelo galo, en la que los cantones no eran más que simples prefecturas. Mientras la situación política permanecía tensa, Napoleón impuso su mediación en 1803: transformó a Suiza en un país constituido por 19 cantones autónomos y paritarios provistos de una Dieta común. La historiografía reciente ve en esta Acta de Mediación el comienzo de la Suiza “moderna”.
Convertida en país satélite de Francia, Suiza sufrió en primera línea las consecuencias de la debacle napoleónica de 1814. Después de París, el futuro se esbozaría en Viena, donde se reunieron las potencias vencedoras.
swissinfo.ch: ¿Cuál es la verdadera importancia del Congreso de Viena para Suiza?
Olivier Meuwly: La apuesta era enorme. Existían dos bandos. Los cantones de la Confederación de 1798 deseaban volver al Antiguo Régimen, mientras que los cantones nuevos querían conservar su estatus.
El papel de las personalidades fue importante. Frédéric-César de La Harpe, antiguo preceptor del zar Alejandro I, intervino para ayudar al cantón de Vaud a conservar su independencia, es decir, para que se mantuviera la Suiza de los 22 cantones (los 19 cantones del Acta de Mediación más Neuchâtel, Ginebra y Valais). Como todo el resto mantuvo una actitud hostil hacia Napoleón; sin embargo, había una cosa que quería salvar de su sistema: la Mediación y la estructura de los 22 cantones, que aseguraban el equilibrio pacífico de esa Suiza siempre tan turbulenta, pero a la vez tan importante para las potencias.
swissinfo.ch: ¿Por qué fue tan importante para las potencias la pequeña Suiza?
O.M.: Suiza era una de esas zonas ‘tapón’ entre Francia, a la que convenía contener, y Austria. Todos anhelaban el control sobre este territorio al pie de los Alpes que permitía cercar a Francia.
Olivier Meuwly
El historiador Olivier Meuwly es doctor en Derecho y Letras por la Universidad de Lausana.
En la actualidad es secretario general adjunto del Departamento de Finanzas y Relaciones Exteriores del cantón de Vaud.
Es autor de varias obras sobre la historia del cantón de Vaud, de Suiza, de los partidos políticos y sus ideologías.
En noviembre pasado organizó un coloquio sobre el cantón de Vaud y el Congreso de Viena.
Al final, la neutralidad fue la solución conveniente para todos. Como Suiza era incapaz de mantenerse estable, se decidió que debía ser un Estado neutral y que los suizos se las arreglarían, incluso si no reivindicaban la neutralidad. No existe un proyecto de neutralidad; fueron las circunstancias las que hicieron que Suiza fuera declarada neutral por los demás.
Finalmente fue Alejandro I quien determinó la suerte de Suiza, porque él era el jefe de la Coalición. De acuerdo con de La Harpe, decretó que la Suiza de los 22 cantones debía mantenerse, mientras que el canciller austríaco Metternich era más bien partidario del cantón de Berna y del restablecimiento de la Antigua Confederación.
swissinfo.ch: Entonces, ¿la Suiza moderna debe dar las gracias a los rusos?
O.M.: Siempre es delicado atribuir fenómenos históricos a determinados personajes. Pero en esta ocasión creo que el papel de las personalidades fue considerable. ¿Si no hubiesen existido lazos de amistad tan sólidos y un respeto mutuo entre de La Harpe y Alejandro I, el zar habría dado la razón a las reivindicaciones de Vaud? No se puede descartar, pero los lazos personales fueron de utilidad.
De La Harpe fue sin duda el suizo que desempeñó uno de los papeles más importantes en la historia mundial. Jamás un suizo estuvo tan cerca de las grandes cuestiones internacionales y de los grandes dirigentes. Permaneció constantemente en el círculo íntimo del zar, desde la llegada de los rusos a Francia hasta la clausura del Congreso de Viena. Era el jefe de la antecámara, el secretario personal. Fue un enlace importante del zar con el resto del mundo.
swissinfo.ch: Algunos ven en la Batalla de Marignano de 1515 los orígenes lejanos de la neutralidad suiza, porque tras esta derrota los confederados se retiraron de los grandes escenarios bélicos europeos. ¿Qué cree usted?
O.M.: Me parece una visión arbitraria. Ni siquiera todos los cantones suizos estuvieron presentes en Marignano. Me resulta difícil establecer una relación entre aquella batalla y la neutralidad.
De hecho, en el ámbito del derecho internacional, los primeros fragmentos que dejan entrever un reconocimiento de un cuerpo helvético independiente, aparecieron en el Tratado de Paz de Westfalia de 1648, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años. Se puede decir que entonces comienza a existir una Suiza reconocida como tal y más o menos neutral.
swissinfo.ch: En 1815, Suiza no pretendía ser neutral. Sin embargo, la neutralidad se ha convertido en una de sus características esenciales. ¿Cómo transcurre esta evolución?
O.M.: En el siglo XIX, la neutralidadexternal link no se impuso como principio rector. Solo fue la consecuencia de una Suiza independiente que se afirmaba en el escenario internacional. Pero los suizos comprendieron que si no eran neutrales, hubieran tenido forzosamente que incorporarse a un bando. ¿Pero a cuál? Tanto en la Guerra Franco-Prusiana de 1870 como en la Primera Guerra Mundial, Suiza se declaró neutral. De hecho, la neutralidad fue la mejor vía para no tener que elegir.
Además, el aspecto humanitario se vio plasmado en esta neutralidad. Esa noción de neutralidad se convirtió en un fermento útil; no solamente para mantenerse al margen de todo, sino que también fue un medio para estar a disposición. De hecho, tras las dos guerras mundiales, la neutralidad suiza vivirá su época de gloria durante la Guerra Fría.
También hay que reconocer que esa Suiza neutral siempre se consideró interesante. Si de La Harpe, el republicano, se convirtió en preceptor del futuro zar, no fue desde luego por sus opiniones políticas. Por otro lado, hablaba francés, la lengua de la diplomacia, y Catarina II lo incorporó a su servicio, porque prefirió que su nieto fuera instruido por un republicano suizo que por un aristócrata francés, que pudiera haber sido un agente doble. El hecho de que Suiza se mantuviera al margen de los grandes asuntos militares y políticos siempre fue una baza útil. Sobre todo después de 1945, cuando verdaderamente empezó a prestar sus buenos oficios.
swissinfo.ch: Pese a estas ventajas, la neutralidad nunca deja de ser objeto debate. Recuérdese, por ejemplo, el concepto de la “neutralidad activa” de la exministra de Asuntos Exteriores Micheline Calmy-Rey. A su sucesor en el cargo, Didier Burkhalter también le han llovido las críticas tanto en Suiza como en el extranjero, por su papel en la crisis ucraniana en calidad de presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE)…
O.M.: La neutralidad no puede ser un concepto rígido. Todo principio político debe someterse a la discusión, ser confrontado con la actualidad, con su pertinencia y su desarrollo. Yo también soy un defensor de la democracia directa, pero no se trata de una norma sagrada que dicta una divinidad superior. También puede ser debatida.
Ahí radica un poco el problema en Suiza: tanto en la derecha como en la izquierda, tendemos a mitificar las cosas. Y la neutralidad es un ejemplo típico de ello. Es una noción que forzosamente está confrontada con la realidad. ¿Qué significa ser neutral? Es algo que puede cambiar. Jamás podremos decir que somos neutrales y punto. Eso en sí no significa nada.
Congreso de Viena
El Congreso de Vienaexternal link tuvo lugar entre el 18 de septiembre de 1814 y el 9 de junio de 1815. Su cometido fue la reorganización de Europa bajo la dirección de las cuatro potencias que derrotaron a Napoleón: Rusia, Inglaterra, Prusia y Austria.
La Dieta suiza envió tres representantes a Viena. Numerosos cantones, regiones y ciudades hicieron lo mismo. Por intereses muchas veces divergentes, los representantes suizos dieron la imagen de una Confederación fraccionada.
Tras el regreso sorpresivo de Napoleón a Francia, el Congreso aprobó el 20 de marzo de 1815 una declaración relativa a Suiza. Estipulaba que la neutralidad perpetua de Suiza estaba en el interés de los Estados europeos y que garantizaba la integridad de los 22 cantones.
(Fuente: Diccionario Histórico de Suiza)
Traducción del francés: Antonio Suárez, swissinfo.ch