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El gobernador de Tokio, Yoichi Masuzoe, acusado de haber utilizado dinero público para gastos personales, presentó su renuncia este miércoles, lo que supone un nuevo y duro golpe para la organización de los Juegos Olímpicos de 2020.
Masuzoe, de 67 años, directamente implicado en la preparación de esta gran cita deportiva internacional, ya salpicada por varios problemas, decidió renunciar horas antes de un voto de censura en su contra en la Asamblea local.
Es algo "extremadamente lamentable", comentó Yuko Arakida, miembro del comité de organización de los Juegos de Tokio, que deplora la partida de una persona con "verdaderas competencias lingüísticas y un compromiso sentimental hacia los Juegos".
"No dará una imagen positiva de Tokio", lamentó Arakida.
Yoichi Masuzoe comunicó su decisión al presidente de la Asamblea de la capital, indicaron varios medios de comunicación.
La ley precisa que en un plazo de 50 días se celebrará una elección para designar a un reemplazante.
Nueve partidos, incluyendo los que apoyaron su candidatura en 2014, exigían la renuncia de Masuzoe, que será efectiva el 21 de junio.
El gobernador estaba envuelto en un escándalo de gastos desproporcionados con dinero público, revelados por la prensa a finales de abril, que incluían estancias en hoteles de cinco estrellas, cenas en restaurantes de lujo y la compra de obras de arte.
Un comité de expertos jurídicos había estimado que varios de los gastos que realizó fueron inapropiados, pero no ilegales.
- Abandonado por todos -
Según las informaciones de prensa, antes de decidir tirar la toalla, el gobernador intentó negociar para que se postergara la moción de censura, alegando que no era pertinente provocar una nueva elección en período de Juegos Olímpicos de Río el próximo mes de agosto. En estos Juegos en Brasil, la ciudad de Tokio estará particularmente representada al organizar la siguiente cita de verano en 2020.
La preparación de esta gran manifestación deportiva internacional ya ha conocido algunos episodios bastante incómodos: su atribución es objeto de sospechas de corrupción, el primer proyecto de estadio -demasiado oneroso- debió ser anulado y el logotipo inicial fue retirado tras unas acusaciones de plagio.
Masuzoe, exministro de Salud (2007-2009), politólogo, políglota y antiguo comentarista de televisión, es un hombre atípico en el universo político nipón.
Empezó a dirigir en febrero de 2014 la capital japonesa, a la que aspiró como candidato independiente, aunque inicialmente apoyado por el Partido Liberal-Demócrata, del primer ministro, Shinzo Abe, que esta vez ha dejado de apoyarlo.
El gobernador de Tokio tiene a su cargo un centro económico de más de 13 millones de personas y con un presupuesto total de 13,6 billones de yenes (113.000 millones de euros, o 126.000 millones de dólares).
Masuzoe había sucedido en 2014 como gobernador al escritor Naoki Inose, que dejó el cargo al cabo de un año, también debido a un escándalo político-financiero.
Diplomado en derecho por la prestigiosa Universidad de Tokio, Masuzoe -que habla francés e inglés- es también un prolífico autor que ha escrito, traducido o supervisado decenas de obras, sobre temas políticos o históricos, desde el fin de la democracia a Sadam Husein, pasando por la secta Aum.
Había iniciado su carrera de político electo en 2001, en el Senado.
Amante del esquí, el golf y el judo, Masuzoe es conocido por tener un difícil carácter y por coleccionar las aventuras femeninas.
Varios sondeos publicados recientemente por dos diarios (Sankei y Asahi) y una cadena de televisión privada (FNN) mostraron que un 80% de los ciudadanos de la capital deseaba que se marchara.