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Este contenido fue publicado el 10 febrero 2020 - 11:00
Mark Pieth, experto suizo en temas de anticorrupción ha publicado recientemente una obra titulada Lavado de oro: los secretos sucios del comercio del oro y cómo limpiarlo, que desvela los agentes clave de la industria del oro y aborda, entre otras cosas, los riesgos vinculados a la extracción en gran escala en lugar de la artesanal y las deficiencias de las distintas normativas internacionales y de los sistemas de certificación.
¿Cómo se ha llegado a esto? En una entrevista concedida a swissinfo.ch Pieth explicaba la historia de cómo Suiza ha llegado a ser el corazón de un comercio altamente rentable pero opaco. Estos son algunos de los momentos históricos más importantes de la historia del oro suizo, según Mark Pieth.
Segunda Guerra Mundial: neutralidad suiza y oro nazi
Pieth afirma que Suiza se benefició de su neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial al comprar grandes cantidades de oro a las potencias del Eje y a los aliados. Cambió el metal precioso por francos suizos, la única moneda convertible libre en aquel momento además del dólar estadounidense.
Este comercio benefició a Alemania en particular, convirtiendo a Suiza en un facilitador efectivo del esfuerzo de guerra germano. Los suizos adquirieron el 79% de todo el oro que Alemania entregó a países extranjeros, del que el 90% terminó en el Banco Nacional Suizo y el resto, en bancos comerciales. Se cree que los bancos suizos compraron oro nazi por valor de 1 700 millones de francos suizos, incluyendo el oro que Alemania saqueó de las reservas de los países conquistados, sobre todo Austria, Bélgica, Países Bajos y Noruega. Parte de este oro fue confiscado a personas particulares o retirado de las víctimas de los campos de concentración.
Una vez terminada la guerra la pregunta crucial era cuánto sabía Suiza sobre la procedencia del oro y desde cuándo lo sabía. Este país aceptó el acuerdo de pagar indemnizaciones por valor de 250 millones de francos suizos y prometió también identificar las cuentas bancarias inactivas que nadie reclamara.
“Los suizos fueron los principales banqueros y agentes de bolsa de los nazis, manejando grandes sumas de oro y de divisas fuertes…La neutralidad chocaba con la moral; con demasiada frecuencia ser neutral proporcionaba un pretexto ideal para evitar las consideraciones morales”, afirmaba Stuart Eizenstat, abogado y diplomático estadounidense que fue subsecretario de Comercio de Estados Unidos para el Comercio Internacional.
El comercio del oro impulsa el régimen del apartheid en Sudáfrica
Pieth señala también que el comercio del oro fue vital para la supervivencia del régimen del apartheid sudafricano. Cuando el London Gold Pool (una plataforma de comercio del oro) se cerró en 1968, tres bancos suizos aprovecharon la oportunidad para crear el Zurich Gold Pool. Los bancos UBS, Crédit Suisse y SBV convencieron a Sudáfrica de comercializar su producción de oro a través de Zúrich, en lo que se conoció como “el golpe maestro sudafricano”.
Además de vender armas a Sudáfrica, Suiza comercializaba el oro y los diamantes del país que había sido marginado internacionalmente. Cerca del 80% del oro importado de Sudáfrica durante la década de 1980 fue refundido y grabado con el sello de calidad suiza en las refinerías creadas por esos bancos comerciales.
Pieth afirma en su libro que el expresidente del Banco Nacional Suizo, Fritz Leutwiler, salvó a Sudáfrica de la bancarrota al ayudar a este país a reestructurar su deuda pública. El temor a ser hecho responsable de apoyar el apartheid llevó a Suiza a dejar de publicar datos oficiales y estadísticas comerciales sobre el oro a partir de 1981.
“Parece que los bancos comerciales y los funcionarios suizos actuaron como agentes del lavado de oro durante uno de los momentos más delicados y moralmente más dudosos de la historia”, concluye Pieth.
Ese fue un momento crucial para el desarrollo del sector de la refinería del oro en Suiza, añade, ya que cada uno de los tres bancos comerciales del Zurich Gold Pool adquirió o creó su propia refinería de oro. La práctica de refundir y volver a sellar oro de origen problemático se repitió cuando la refinería Kaloti, con sede en Dubái, perdió la acreditación del Dubai Multi Commodities Center (DMCC) por no cumplir los requisitos de abastecimiento. Las refinerías certificadas por la Swiss London Bullion Market Association (LBMA) intervinieron para salvar el oro Kaloti.
Aprovecharse de oro conflictivo en medio del genocidio que tenía lugar en el Congo
El fiscal general suizo demostró en 2013 que Argor-Heraeus, una de las cuatro grandes refinerías suizas que eran propiedad de la entonces Unión de Bancos Suizos (hoy UBS) había refinado varias toneladas de oro de la zona oriental del Congo, donde estaba teniendo lugar un genocidio que costaría la vida a seis millones de personas. La refinería fue investigada por crímenes de guerra -incitación al saqueo- tras ser denunciada por la ONG Trial International y aparecer distinto material entregado por el Grupo de Expertos de Naciones Unidas para la República Democrática del Congo. El fiscal general concluyó en 2015 que, aunque Argor Heraeus debería haber conocido el origen del oro (oficialmente fue declarado originario de Uganda, país que, a diferencia de su vecino, casi no tenía oro propio), no tuvo conocimiento cierto. La decisión fue criticada y calificada de política.
Las prácticas turbias se mantienen
Pieth señala que las refinerías con sede en Suiza aseguran hoy que la cantidad de oro de origen problemático de sus cadenas de suministro es insignificante, aún cuando el riesgo no puede excluirse por completo. ONG suizas como Public Eye y Asocación para los Pueblos Amenazados están en desacuerdo con esa afirmación y lo han reflejado en numerosos informes denunciando problemas de derechos humanos y medioambientales desde Perú a Togo. En su libro Pieth desvela algunos problemas de las cadenas de suministros de las refinerías Metalor y Valcambi en América del Sur y África, subrayando, a medida que avanza el libro, las limitaciones que se dan en los procedimientos de auditoría y la necesidad de interpretar las normativas existentes de manera más estricta.
“Si fuera cierto solo la mitad de las informaciones que facilitan los medios de comunicación y las ONG, habría que revisar a fondo los procedimientos actuales de auditoría y sobre todo el modo de ejecutar esos controles”, afirma Pieth en su libro. El autor cree que Suiza, que es sede de cuatro de las refinerías más grandes del mundo y el importador de hasta el 70% del oro mundial, debería poner más alto el listón.
Sin embargo, el gobierno suizo se ha mostrado reacio en numerosas ocasiones a aprobar una reglamentación más estricta sobre los metales preciosos, por temor a que el sector perdiera competitividad. El principal debate ahora en Suiza sobre las cadenas de suministros es si los controles de auditoría deben hacerse obligatorios. Esta pregunta podría responderse en la próxima votación popular sobre la Iniciativa de responsabilidad de las empresas, que precisamente propone llevar a cabo esto.
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