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9. Balance
La filosofía de Hegel es la del punto y final. Pero precisamente ahí radica su error, porque la filosofía nunca cierra, ya que siempre se puede descubrir más. La crítica a su filosofía se puede llevar a cabo en estos tres puntos:
9.1. La razón formal no es la razón real. Para Hegel el proceso lógico no puede ser solo formal, sino generador de contenidos reales, es decir, para él la lógica no sólo es mental sino la estructura de lo real, no es sólo ‘subjetiva’ (lógica del concepto), sino también ‘objetiva’ (lógica del ser y la esencia). Eso es lo que quiere decir que ‘todo lo racional es real y todo lo real es racional’. Para unir un asunto con otro usa la negación, y para evitar el aislamiento que introduce la negación (primera) procede a la negación de la negación (o segunda negación), es decir, al proceso dialéctico. Por ejemplo: primera posición: finito; primera negación: infinito; segunda negación: finito e infinito, porque el primer infinito no puede ser verdadero infinito sin lo finito. Al negar la separación se procede a la unión, al todo.
¿Qué significa esto? Que Hegel ha mezclado dos vías operativas de la razón, la formal o generalizante, que versa sobre la lógica, y la racional que versa sobre la realidad. Pero estas vías operativas racionales humanas son divergentes y no cabe fusión entre ellas. En consecuencia, sostener que ‘todo lo racional es real y todo lo real es racional’ es falso. En el fondo es un error por indiscernimiento entre diversas vías operativas de la razón. Además, ambas son distintas e irreductibles a la razón práctica. La filosofía sistemática de Hegel es unitaria y lo es de modo circular, de manera que todo tiene que ver con todo y lo que da unidad al sistema es la dialéctica. Ejemplificando: el tratamiento de la idea ‘en sí’ sería la lógica. ‘Fuera de sí’ o alienada, la naturaleza. Y la idea ‘en sí’ y ‘para sí’, el espíritu absoluto, es la filosofía de la historia. Como se ve, en este proceso el protagonista es siempre el mismo: Dios, pero primero se le considera ‘en sí’; luego fuera de sí; y en tercer lugar ‘en sí y para sí’. Por tanto, existe una única realidad, Dios, que sigue un proceso lógico e histórico dialéctico. En el fondo se trata de una herejía teológica, de un despliegue temporal del ser divino que, bien mirado, equivale a una secularización del misterio trinitario en el que una Persona no se comprenden sin las otras. Pero Dios no se constituye históricamente, porque es simple y eterno. Lo que Hegel pretende es una unidad absoluta de las partes, y el mejor modelo lo busca en dicho misterio, pero lo entiende como despliegue histórico y mezclado con la realidad física, lo cual indica que Hegel defiende, además del gnosticismo, el monofisismo.
9.2. El modo de proceder racional en cualquiera de sus vías operativas es progresivo; por tanto, no cierra. Siempre se puede ir a más. En cambio, la propuesta panlogística de Hegel implica el cierre de saber, la presunción de haber llegado en su presente histórico al saber total. Más en concreto, Hegel usó la vía generalizante de la razón para trazar su propuesta filosófica, pero esta vía no termina jamás, porque siempre se puede formar una idea más general a la ya formada. Por tanto, esta vía no cierra. En consecuencia, si Hegel detuvo el operar de esa vía se equivocó por defecto, no por exceso de pensar. Además, Hegel pretendió la autoconciencia, es decir que la razón en su operar se reconozca en lo conocido, pero esto es imposible, porque el conocer, el método cognoscitivo, jamás se identifica con el tema conocido; no cabe una reducción entre ellos a unicidad, pues siempre son distintos: una cosa es el conocer y otra lo conocido.
9.3. La historia es ajena al concepto, es decir, no es subsumible en él. Por tanto, no cabe al final una consideración unitaria de ella bajo un concepto. Eso es así porque la historia depende de las personas humanas, y cada una de ellas es una libertad novedosa e irrepetible, sin precedentes ni consecuentes, la cual asume lo que quiere de la historia precedente rechazando lo que no quiere. Por tanto, la historia es inaunable, porque está conformada por sucesivas interrupciones, por comienzos discontinuos. Lo que pretende Hegel es –como en la Grecia clásica– la subordinación de cada uno de los hombres a la comunidad. Como se ve, la gran ausente de la filosofía hegeliana es la noción cristiana de ‘persona’. En efecto, la noción hegeliana de ‘espíritu’ no significa ‘persona’, sino ‘espíritu absoluto’, y es claro que mientras una única persona es la negación del ser personal, puesto que éste es apertura, relación personal, la de ‘espíritu absoluto’ reclama la unicidad. Las personas son cognoscitivamente referentes, mientras que la clave del ‘espíritu absoluto’ hegeliano es la ‘autoconciencia’, la cual Hegel supone que se consigue progresiva y dialécticamente a través de la historia reconociéndose en todos los objetos, pues en un saber total cada uno de éstos no puede estar separado de la conciencia.
Por su parte, frente al postulado de que un presente sea la consumación de la historia hay que sostener que el tiempo histórico está siempre abierto al futuro, y no cabe cerrarlo, como Hegel, en el presente. Eso hace que, para él, la filosofía sea la historia, pero la filosofía es más que la historia porque no es temporal. En el fondo esto indica que el tiempo es vectorial y que el ser humano está diseñado para el futuro, no para la presencia. Por eso trasciende la historia. Tampoco Dios es inmanente a ella.