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Al terminar la Primera Guerra Mundial muchas personas carecían de vivienda en Suiza. Las cooperativas ayudaron a paliar esa escasez de alojamiento. Algunas de ellas celebran este año su primer centenario.
La industrialización provocó que desde mediados del siglo XIX muchas personas emigraran del campo a la ciudad. Eso hizo disminuir el número de viviendas disponibles. En el verano de 1889, en Berna, casi cien familias carecían de hogar. Muchos de ellos vivían al aire libre, en los bosques cercanos a la ciudad. Una situación que era insostenible. Por esa razón, Berna se convirtió en la primera ciudad suiza en construir viviendas para la clase baja con dinero de los contribuyentes.
A partir de 1890, algunos grupos de arrendatarios de clase media fundaron las primeras cooperativas de autoayuda en SuizaEnlace externo. La idea que guiaba estas cooperativas era que si varias personas se unían podían construir viviendas más baratas y alquilárselas a sí mismos a precio de coste, sin tener que generar ganancias.
Ayuda a la autoayuda
Durante la Primera Guerra Mundial hubo muy poca construcción, por lo que la escasez de viviendas alcanzó un punto crítico al final del conflicto. Surgieron entonces, sobre todo en la Suiza de expresión alemana, numerosas cooperativas de construcción, algunas de las cuales existen todavía en la actualidad.
Después de la guerra no solo se produjo escasez de viviendas sino también una alta tasa de desempleo en el sector de la construcción, por lo que el gobierno federal, los cantones y los municipios decidieron apoyar a las cooperativas con subsidios a la construcción, préstamos a bajo interés y terrenos baratos para la edificación de viviendas.
La compañía Ferrocarriles Federales Suizos (FFS) también donó fondos, pues tenía interés en que sus empleados pudieran vivir a poca distancia de sus puestos de trabajo.
Cooperativa "Eisenbahner-Baugenossenschaft Bern"
Así, en 1919 surgió, entre otras, la Eisenbahner-Baugenossenschaft Bern (EBG) (Cooperativa de construcción de ferroviarios Berna). Su objetivo era proporcionar mejores viviendas a las familias de los trabajadores ferroviarios. En aquella época, una casa unifamiliar era un sueño para muchas personas. Así pues, la primera colonia construida por esta cooperativa estaba formada en su mayor parte por hileras de casas unifamiliares con amplios huertos para que los trabajadores pudieran cultivar alimentos para ellos mismos.
El sector público y la SBB apoyaron el proyecto, de modo que los miembros de la cooperativa solo tuvieron que pagar una fracción de los costes de producción. Pero para los trabajadores ferroviarios verdaderamente pobres la cuota de participación en la cooperativa, así como el alquiler, seguían siendo demasiado altos. Por eso, quienes ocuparon finalmente el barrio de los ferroviarios fueron casi siempre personas de clase media. Esas pequeñas casas con jardín siguen siendo actualmente muy populares y las listas de espera son muy largas.
Más tarde, la cooperativa EBG construyó nuevas colonias y edificios de varios pisos para que las viviendas pudieran ser también asequibles a los trabajadores más pobres. EBG continúa siendo hoy día uno de los agentes más importantes en la construcción de viviendas sin ánimo de lucro del área metropolitana de Berna. Los empleados de las administraciones públicas y de las empresas estatales tienen preferencia para obtener una de estas viviendas en alquiler.
Con motivo del centenario, la cooperativa EBG ha publicado en la editorial Hier und Jetzt un libro titulado Welcome home. El libro no solo cuenta la historia de EBG – a veces utilizando un tono de autocrítica – sino que trata también temas como la gentrificación, la arquitectura de edificios altos, la conservación de monumentos o el desarrollo de aglomeraciones urbanas. El libro se completa con distintas fotografías de las colonias y las casas, así como con algunos retratos de los residentes.
Cooperativas del siglo XXI
En Suiza, hoy día cerca del 4% de las viviendasEnlace externo son de utilidad social. En las grandes ciudades la proporción de viviendas construidas por cooperativas es diez veces mayor. En Zúrich, por ejemplo, casi una cuarta parte de las viviendas son de utilidad social.
Durante las últimas décadas se ha producido en los centros urbanos una escasez de viviendas debido principalmente a la inmigración y al aumento de la demanda de viviendas de mayor tamaño. Además, los precios de los alquileres han aumentado porque los bienes inmuebles se consideran una inversión segura y lucrativa. En vista de que los alquileres son prohibitivos para muchas personasEnlace externo parece que hoy día siguen siendo necesarias las cooperativas.
Las cooperativas están hoy consideradas como pioneras en nuevas formas de vivienda y en construcción concentrada.
Gentrificación
Pero las cooperativas no están libres de críticas. Se habla de una sociedad de dos niveles, porque no todo el mundo tiene la suerte de poder conseguir una vivienda de cooperativa. Según el grupo de expertos Avenir SuisseEnlace externo, la clase media es la que se beneficia principalmente de las viviendas construidas por cooperativas.
Los inquilinos tienen que aportar decenas de miles de francos en concepto de cuota de participación en la cooperativa. Y las nuevas viviendas construidas por estas cooperativas tienen altos estándares de construcción, por lo que los alquileres (que no generan ganancias)Enlace externo son inasequibles para las clases más bajas. Algunas voces críticas califican esta situación de chocanteEnlace externo.
A menudo las construcciones recién creadas por cooperativas, como esta de Zúrich, se encuentran habitadas exclusivamente por personas de clase media alta, ya que los alquileres y la cuota a pagar a la cooperativa son demasiado altos.
En el libro del centenario de la cooperativa EBG, un especialista en geografía humana llega incluso a advertir que las cooperativas de viviendas pueden contribuir al fenómeno de la gentrificación. Porque si solo las clases pudientes se pueden permitir una vivienda de cooperativa nueva o renovada, los anteriores inquilinos se verán obligados a abandonar el barrio.
Traducción del alemán: José M. Wolff