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- El Señor perdona los pecados del enfermo: Lucas 5:17-20.
- El Señor cura al enfermo: v. 21-26.
Explicación y enseñanza
El paralítico estaba desamparado y, a los ojos de los hombres, en una situación desesperada; por eso es una imagen del pecador (Salmos 51:5). En Oriente, la cama era una simple estera. Según las costumbres de la época, las casas tenían forma de herradura; a lo largo del patio interior había un vestíbulo cubierto con tejas o tablas. En la parte exterior, una escalera conducía a la azotea.
El Señor estaba en el vestíbulo enseñando; no se molestaba por semejante perturbación; movido por compasión, así como por su poder, ayudó de inmediato. Pero él ayudaba de manera distinta de la de los hombres. Pensaba primeramente en la raíz del mal, la causa de todos los males: el pecado. Veía también el anhelo del enfermo por obtener el perdón de sus pecados. En primer lugar, Jesús respondió a esto. Los seres humanos, por naturaleza, sólo tienen interés por esta vida y por el cuerpo; están contentos cuando están sanos. Pero el Señor sabe lo que es más necesario todavía que la salud: la salvación del alma.
El Señor perdonó al paralítico. También vio la fe de aquellos que, suspirando, llevaban el lecho y estaban preocupados por el pobre enfermo.
¡Qué aliento para que los creyentes traigan también personas a Jesús!
Los fariseos eran ciegos; no deseaban el perdón. El Señor conocía sus pensamientos y los puso de manifiesto (Salmos 139:1-3). Cristo pensó también en el cuerpo del enfermo, y presentó al hombre sano de cuerpo y alma como testimonio de su gracia y su poder. El perdón de los pecados era invisible, pues no se veía desde el exterior; pero la curación del cuerpo mostró al Señor ante el pueblo como el Dios Salvador que podía perdonar los pecados. Jehová estaba presente con su poder sanador y su gracia perdonadora (Salmos 103:3-5). El mandamiento: “Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” implica la exhortación a ser un testigo del Señor.
Lo que en otros tiempos nos dominaba, lo debemos dominar después de nuestra conversión. Primero su cama lo llevaba, luego él llevó su cama.