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Muchas celebridades extranjeras han hecho de Suiza su última morada. Las razones de esa elección son a veces extrañas, a veces trágicas, pero a menudo también banales.
Una piedra discreta con una inscripción deteriorada y verdosa sobre la que se lee “Michel Bakunin”: es la tumba más visitada del cementerio de Bremgarten en Berna. El famoso anarquista ruso vivió durante muchos años en Suiza y murió en 1876 en Berna, donde fue enterrado. Sus admiradores colocan todavía a veces una flor en su tumba, encienden una vela o beben vodka en su honor.
Bakunin es una excepción. Normalmente, no hay mucho movimiento alrededor de las tumbas de las celebridades en Suiza. Hay que decir que la mayoría de los propios suizos no saben qué personajes famosos extranjeros están enterrados en su país. Sin embargo, la lista es larga. Los escritores James Joyce, Elias Canetti, Georg Büchner, Robert Musil y Carl Zuckmayer, el filósofo Max Horkheimer, el sociólogo Friedrich Pollock, el reformador Jean Calvin, la dadaísta Emmy Hennings y el pintor Balthus, por nombrar algunos.
Las razones por las que alguien es enterrado en Suiza o las historias alrededor de las tumbas son extrañas, trágicas y a veces simple e infinitamente tristes. En las décadas de 1930 y 1940, por ejemplo, muchas personalidades huyeron del nacionalsocialismo para refugiarse en Suiza, donde murieron. El piloto norirlandés Hugh Caulfield Hamilton se mató en 1934 durante el Gran Premio de Suiza y está enterrado, como Bakunin, en el cementerio de Bremgarten.
Incluso se encuentra la tumba de un rey: Mwambutsa IV de Burundi, que se había exiliado en Suiza en 1966, donde murió. Su hija había ordenado exhumar sus restos para organizar un funeral de Estado en su país de origen. Pero el Tribunal Federal decidió que Mwambutsa IV permaneciera enterrado en el cementerio de Meyrin (Ginebra), porque el rey así lo había dispuesto en su testamento.