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En general hay dos sistemas de pensiones: las de beneficio definido (BD), y las de contribución definida (CD).
Las primeras son las que se acostumbraban en México antes de las AFORES: tenías un beneficio definido al final de tu vida laboral. Si cumplías X requisitos, te tocaba Y pensión. Y la idea en ese sistema era que tu pensión era muy similar a tu último sueldo. Así, si los últimos años de tu vida ganabas $10,000 al mes, tu pensión por beneficio definido era de alrededor de $10,000 al mes. ¿Cuánto contribuías mes a mes para lograr esa pensión? ¿A quién se lo contribuías? ¿Cómo lo administraban? ¿Qué certeza tenías de que lo estaban administrando eficiente y honradamente para tu pensión futura? Quién sabe. Eso de las contribuciones suena feo. Mejor que me digan de a cómo me va a tocar.
De repente en México (y el resto del mundo) se empezó a cambiar por otro esquema, de contribución definida. Es el esquema de las AFORES. Ahí no sabes cuál va a ser el monto con el que te vas a pensionar. Sabes, sí, cuánto te va a retener de tu sueldo la empresa en la que trabajas, que es tu contribución directa. Sabes también cuánto tiene que poner la empresa. Y por último, sabes cuánto le va a poner quincena a quincena el gobierno. Dado que hay tres partes que contribuyen (tú, tu empresa, el gobierno), se le llama esquema tripartita. Ese dinero se aporta a la AFORE de tu elección, que invierte el dinero en la SIEFORE que corresponda a tu edad. Aquí sabes entonces cuánto vas a aportar, pero no cuánto vas a recibir de pensión. Hoy se estima que quien gana $10,000 y nunca hace una aportación voluntaria adicional, va a recibir alrededor de $3,000 de pensión.
Viendo que en sistema de beneficio definido (el antiguo), el que gana $10,000 se retira con $10,000, y en el sistema de contribución definida (el nuevo, de AFORES) el que gana $10,000 se retira con $3,000, es obvio que el cambio del esquema anterior al nuevo se hizo para empobrecer a los trabajadores para complacer a los plutócratas, los unos cuántos, los barones del dinero, ¿no?
Pues no.
Más allá del tema de merecimientos, más allá del tema de justicia social, más allá de las cosas deseables, más allá de las resoluciones de los tribunales y de las sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el esquema de CD tiene una gran ventaja sobre el de BD: sí, nominalmente es más baja la pensión en CD. Solo $3,000 contra los $10,000 de BD. ¿Qué ventaja podría tener una pensión de $3,000 sobre una pensión de $10,000?
Que la pensión de $3,000 existe.
La de $10,000 no.
Pequeño detalle.
Cuando al que le toque jubilarse con el esquema de AFORES le toque empezar a recibir pensión, tendrá una cuenta individual a su nombre, con el dinero necesario para que pueda recibir sus $3,000, modestos pero reales.
Cuando ahora le toca jubilarse a alguien con el esquema anterior, pues resulta que hay que sacar el dinero del presupuesto general del país. Sí, de ese presupuesto del que quisiéramos que el dinero saliera para salud, para educación, para seguridad, para infraestructura. Pero como esos $10,000 no están en ningún lado (ahora veremos por qué), pues tendrán que salir de los impuestos.
Esa carga, no solo en México sino en el resto del mundo, es insostenible. Hace 80 años la pirámide poblacional tenía a muchos jóvenes pagando impuestos para mantener a pocos pensionados, que además se morían a mucha menor edad que hoy. No era óptimo el esquema porque pues sí, funcionaba como los esquemas piramidales fraudulentos: para pagarle al que le toca hoy, necesitas que haya 8 debajo de él, que a su vez necesitará en su momento a otros 8, y en pocas generaciones terminas necesitando que los marcianos apoquinen dinero porque los terrícolas ya no alcanzamos.
¿Qué hizo el régimen priista el milenio pasado? No generó reservas para pensionados. Todo lo que se retenía para el IMSS se iba a gasto corriente. Y como lo común y corriente en las épocas priistas era robar, pues mucho se lo robaron. Otra parte se fue los gastos mensos que conocemos: equipos de futbol, balnearios, estadios, hoteles, teatros. Otra parte se fue a secretarías de estado para que hicieran los elefantes blancos que pululan en el país. Y nadie en el gobierno fue haciendo un guardadito general, mucho menos uno individualizado. Cada año se jubilaba gente, y entonces se metía al presupuesto de egresos. Obvio eso le iba restando recursos a otros rubros, pero nadie se atrevía a cambiar la situación. Fue en época de Ernesto Zedillo que por fin se atrevieron, se sentaron a hacer numeritos y se dieron cuenta de que en breve la burbuja iba a estallar. De ahí salió la necesidad de migrar al esquema de contribución definida, dejando a los que entraron (entramos) a trabajar antes de 1997 la opción de recibir la pensión del sistema anterior.
Entonces el sistema de CD no es el más generoso, no es el más halagüeño para el empleado, no es el que brinda más certeza (tan bonito que era saber el monto exacto con el que podías contar tras tu retiro). Pero es el único sostenible, el único responsable, el único que cuando llegue el tiempo para el retiro asegura que el dinero existe.
¿Cómo hacer para que las AFORES entreguen pensiones mayores? Pues al ser un esquema tripartita hay tres caminos (y la combinación de ellos).
El primero es que a los trabajadores les retengan más dinero. Más pensión futura, sí, pero a cambio de menor sueldo libre hoy.
El segundo es que la empresa aporte más. Más pensión futura, sí, pero a cambio de que crear empleos sea más caro, lo que beneficia al que ya trabaja pero perjudica al que apenas se incorpora al mercado laboral.
El tercero es que el gobierno aporte más. Más pensión futura, sí, pero a cambio de que ese dinero que se aporta a cada cuenta individual no se puede usar en salud, educación, seguridad o infraestructura.
En lo que se ponen de acuerdo en cuál de esas alternativas (o combinación de ellas) es la más adecuada, hay algo que puedes hacer: realizar aportaciones voluntarias a tu AFORE. Tiene ventajas fiscales, los rendimientos históricos han sido bastante buenos, aprovechas el poder del interés compuesto a tu favor, y con cantidades relativamente bajas puedes incrementar de manera muy importante el monto de tu pensión, sobre todo si empiezas cuando eres relativamente joven.
Cuando se terminen decidiendo si en el esquema de BD a los pensionados de mayores ingresos se les debe pagar 10 veces el salario mínimo, o 25 veces el salario mínimo, no olviden que cualquiera de las dos alternativas implica que el gobierno no pueda usar esos recursos en salud, educación, seguridad e infraestructura.
Eso, dicen muchos, no es culpa de los que han trabajado 35 o 40 años. Tienen razón.
Que se tenga que gastar ese dinero ahora en el sexenio de AMLO (o en el sexenio de EPN, o el de Calderón) no es culpa de AMLO, de EPN o Calderón. Es culpa de aquellos políticos que sobre todo en la docena trágica se dedicaron a “administrar la abundancia” y a derrochar dinero. Desgraciadamente esas personas no van a ser llevadas a juicio ni condenadas a prisión, y en todo caso si eso sucediera, el dinero no va a aparecer. El problema lo tiene este gobierno aquí y ahora.
La palabra ahora la tiene el IMSS. Sé que muchos quisieran que se respetara el tope de 25 salarios mínimos. En algunos casos por elemental justicia y en otros para pegarle al gobierno actual. Pero recuerden, esas pensiones salen del presupuesto de México, no del de MoReNa ni del de AMLO.
A mí me gustaría que esto se resolviera presentando números: cuántos serían los afectados, qué porcentaje del presupuesto se necesitaría para pagar los 25 salarios mínimos, y cómo va a ir evolucionando ese número en el futuro (a varios que entramos a trabajar antes de 1997 todavía nos falta más de una década para llegar a la edad de retiro). Si pagar los 25 salarios mínimos compromete un porcentaje muy grande de los recursos del presupuesto, pues ni modo. A acomodarse con lo que hay. Si es una cantidad marginal, pues que sigan las pensiones a 25.
Pero nunca olviden cuando hablen de pensiones que provengan de planes de beneficio definido que la lana para pagarlas sale de los impuestos de todos.
*Era el mejor de los tiempos. Era el peor de los tiempos.