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Los miembros de este movimiento artístico se rebelaban contra las convenciones culturales que, en su opinión, habían conducido a la Primera Guerra Mundial. Todo comenzó en febrero de 1911, en el Cabaret Voltaire, situado en el casco antiguo de Zúrich. (SRF/Julie Hunt)
Suiza se mantuvo neutral durante la Primera Guerra Mundial y muchos artistas europeos buscaron refugio en este país, entre ellos el fundador del Cabaret Voltaire: el alemán Hugo Ball.
Los dadaístas publicaron libros y crearon pinturas y esculturas, pero su actividad abarcaba múltiples manifestaciones artísticas: espectáculos de cabaret, protestas, declaraciones, confrontaciones, distribución de panfletos, revistas y periódicos, así como acciones que hoy denominaríamos teatro de guerrilla.
Cuando Hans Arp y Richard Huelsenbeck se unieron al grupo comenzaron a hacer collages y esculturas de madera. Los artistas del Cabaret Voltaire no eran solo pintores, escritores, bailarines o músicos. La mayoría participaban en diferentes formas de expresión artística y traspasaban las fronteras que separaban una disciplina de otra.
Tras su restauración, el edificio del Cabaret Voltaire se ha convertido en un museo que rinde homenaje a los dadaístas y sus actividades que tanto marcaron la evolución del arte en el siglo XX.