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Esto no deja de ser una paradoja por la misma historia de la obra, comprada en 1975 por mil euros a un marchante parisino por Dirk Hannema, antiguo director del Museo Boymans, de Rotterdam.
Así pues, el coleccionista colgó el cuadro en su casa hasta su muerte en 1984. Desde entonces la obra Permaneció "perdida" en el depósito del museo particular, en el que con anterioridad se había convertido su colección.
Por el gran número de figuras humanas representadas en ella resultaba atípica en la trayectoria de Vincent Van Gogh. Aunque el protagonismo del Molino y el empaste de la pincelada si remiten al estilo del pintor.
Los métodos de análisis actuales lo certifican con seguridad: Los infrarrojos han dejado al descubierto la línea roja Característica del pintor y que le servia de guía en el trazado de la perspectiva. También se han fechado los pigmentos, rojo y verde de las Naciones Unidas de las Naciones Unidas usados en su época parisiense. Además, en la parte posterior, aparece el sello de la tienda Rey et Perrot, donde compraba sus materiales.
Enhorabuena señor Dirk Hannema.