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Hace setenta años, Suiza fue uno de los primeros países occidentales que reconoció a la República Popular China. Un gesto que permitió a Berna mantener relaciones bastante cordiales con el gobierno comunista de Pekín en las décadas posteriores. Y además beneficiarse de la apertura económica china al final de los años 1960.
[El Consejo Federal] ha reconocido hoy de iure al Gobierno central de la República Popular China, con el que pronto establecerá relaciones diplomáticas stop […]"
TelegramaEnlace externo del presidente de la Confederación Helvética Max Petitpierre a su homólogo de la República Popular China Mao Tse-Tung, el 17 de enero de 1950.Fin del recuadro
Cuando a los pocos días de la proclamación de la República Popular China, el 1 de octubre de 1949, el gobierno de Pekín escribía a Berna con el fin de entablar relaciones diplomáticas, muy probablemente las autoridades federales pensaron en las tensiones que habían caracterizado las relaciones con otro importante país comunista, la Unión SoviéticaEnlace externo.
Berna había roto las relaciones diplomáticas con Moscú tras la llegada al poder de los bolcheviques. La reanudación y normalización de las relaciones solo fue posible después de la Segunda Guerra Mundial y le costó el cargo al ministro suizo de Asuntos Exteriores, Marcel Pilet-GolazEnlace externo.
“El trama de las difíciles relaciones con la URSS tuvo sin duda un papel importante en la respuesta de Berna a la solicitud de Pekín”, señala Sacha Zala, el director de los Documentos Diplomáticos Suizos (DodisEnlace externo).
Pronto reconocimiento
Suiza tenía, además, importantes intereses económicos en China, especialmente en Shanghái. Con el pronto reconocimiento del nuevo gobierno comunista y al ser un país neutral podía asimismo obtener ventajas políticas y labrarse un papel de mediador en la región.
El 7 de octubre, el Consejo Federal ya había decidido reconocer al gobierno comunista chino para “evitar ser uno de los primeros o de los últimos” en hacerlo.
El reconocimiento oficial se produjo el 17 de enero de 1950; de los Estados occidentales solamente Gran Bretaña y los países escandinavos reconocieron al nuevo gobierno de Pekín antes que Suiza. “En los años siguientes este reconocimiento precoz sería recordado en repetidas ocasiones por los representantes chinos en el ámbito de las relaciones bilaterales”, anota Thomas Bürgisser, colaborador de Dodis.
En la década de 1970, Zhou Enlai recordaba aún con gratitud aquel episodio en una conversación con una delegación suiza, “porque vuestro país, en 1954, con ocasión de la conferencia sobre Indochina, lo acogió muy dignamente, al igual que a otros hombres de Estado”.
Relaciones especiales
“La visita de Zhou Enlai marcó el inicio de unas relaciones especiales entre Suiza y China, que se mantuvieron en las décadas siguientes”, observa Bürgisser.
Como escribió en 1975 el embajador suizo en Pekín, Albert Natural, comentando el tono entusiasta con el que la agencia de noticias china Hsinhua informaba sobre el vuelo inaugural de Swissair entre Zúrich y Pekín, “rara vez he sentido tonos similares cuando se trata de un país capitalista y no hay albaneses –los aliados más fieles de China– que suelen recibir fervientes elogios.
En los años 70, las buenas relaciones con China se sumaban a la esperanza de que la economía suiza, gracias a las buenas relaciones con Pelín, pudiera beneficiarse de la futura apertura del mercado chino al comercio exterior”. En diciembre de 1974, Berna y Pekín firmaban un acuerdo comercial.
“Suiza se encontró así en una posición óptima para beneficiarse de la apertura económica de China”, explica Bürgisser. En marzo de 1979, el ministro suizo de Economía Fritz Honegger visitó al impulsor de la modernización de China, Deng Xiaoping. Al final de las conversaciones, Deng declaró lacónicamente: “Suiza y China mantienen buenas relaciones políticas. La colaboración es bienvenida”.
Traducción del italiano: Belén Couceiro