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Aquí comienza un nuevo período de la historia de Israel. Es el de la realeza. El pueblo siente la necesidad de una organización exterior tal como el ser humano la ama: una monarquía pomposa (Hechos 25:23), un poderoso ejército y, finalmente, un rey de quien poder sentirse orgulloso. Dios va a darle exactamente lo que desea. ¡He aquí a Saúl, hijo de Cis, joven de lo más distinguido del pueblo, el más hermoso y alto de todo Israel! ¿No es el más indicado?
El padre de Saúl lo manda a buscar sus asnas. Él obedece, pero la búsqueda resulta inútil. “Volvámonos” propone Saúl a su compañero. Pensamos en ese necesario cambio de dirección en la vida de todo hombre: la conversión.
Cuando se experimenta cuán inútil y decepcionante resulta ser la búsqueda de las cosas de la tierra, entonces es necesario “volver en sí” (Lucas 15:17) y retornar a la casa del Padre. El compañero de Saúl le da un sabio consejo: Vamos a ver al vidente, él nos declarará el camino. El representante de Dios para nosotros es Jesús. Volverse a él para conocer el camino es ir en la dirección correcta.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"