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El nombre de Thomas Alva Edison nos suena a todos. Pero casi nadie conoce a su colaborador más importante, John Krüsi, que pasó su infancia en un orfanato de Appenzell Rodas Exteriores.Este contenido fue publicado el 25 abril 2021 - 11:00
El nacimiento de Johann Heinrich Krüsi fue una deshonra. Al menos así lo estimaron las autoridades cantonales de Appenzell Rodas Exteriores en 1843, porque su madre Juditha Krüsi lo había tenido fuera del matrimonio. Y aún peor, había cometido el tremendo error de perseguir al presunto padre. No se sabe si de esta manera esperaba obtener el matrimonio, o al menos alguna ventaja para su hijo.
Lo cierto es que el tribunal falló en su contra, la condenó por "falsas acusaciones de paternidad, declaraciones difamatorias y falsas denuncias a las autoridades" y la castigó con cuatro semanas de prisión y veinte golpes de vara, como acredita el Diccionario Histórico de Suiza.Enlace externo
Se le despojó pronto de esa deshonra, es decir, de Johan Krüsi. A la edad de un mes el pequeño fue enviado al orfanato de Speicher, en el cantón de Appenzell Rodas Exteriores. Así creció, sin madre y sin padre, como un bastardo.
En los primeros años de su vida recibió una educación escolar básica y somera. En aquella época, como todos los niños del orfanato, tuvo que trabajar en pésimas condiciones en el taller de tejidos que se encontraba en el sótano del orfanato. El joven Krüsi formó parte a su pesar de un oscuro capítulo de la historia de Appenzell.
Estoicamente y a pesar de las malas condiciones de partida, Krüsi siguió su camino y acabó convirtiéndose en un estrecho colaborador del revolucionario inventor Thomas Edison. Y al hacerlo, él mismo hizo historia. Hoy en día, nuestros hogares y nuestras vidas no serían lo mismo sin él.
"La invención y el desarrollo de la bombilla, la teleimpresora, un primer tipo de cámara de cine, el fonógrafo que se convirtió después en el tocadiscos, todo se remonta a Thomas Edison", afirma Arthur Kammer, vicepresidente de la Fundación del Museo TelephonicaEnlace externo en Islikon, cantón de Turgovia.
Edison también mejoró el telégrafo, teléfono y micrófono y puso en marcha la primera red eléctrica completa del mundo en Manhattan. Pero no lo hizo solo. "Nada de eso hubiera sido posible sin jóvenes colaboradores de todo el mundo, de los cuales Krüsi fue uno de los más importantes", afirma Athur Kammer.
El laboratorio de Edison estaba situado en la zona de desarrollo urbano de Menlo Park, en el municipio de Raritan (Nueva Jersey). Ha sido considerado comúnmente como el modelo y precursor de los departamentos de investigación y desarrollo industrial de las empresas de tecnología actuales.
Hoy en día, el municipio es conocido como "la cuna del mundo moderno". Desde el 10 de noviembre de 1954 la ciudad pasó a llamarse Edison, en honor al inventor.
Un proceso que se había iniciado 100 años antes en el municipio de San Fiden, hoy un barrio al este de la ciudad de San Galo por un tal Johan Heinrich Krüsi.
Emigró para fundar el mundo moderno
San Fiden fue el municipio de Krüsi. A los 17 años el cantón le financió la formación de cerrajero. Al mismo tiempo, tomó clases nocturnas en Zúrich de matemáticas y dibujo técnico y seguidamente estudió el oficio de mecánico.
Tras completar su formación, Krüsi partió para viajar por Europa, con la mochila cargada de fascinación por todo lo que es mecánica, tecnología y nuevos conocimientos.
Como trabajador, realizó prácticas en Rorschach, Salzburgo, Plauen, en el suroeste de Sajonia, Copenhague y Hamburgo. En 1870 decidió emigrar a Estados Unidos. Tenía entonces 17 años.
Krüsi dio sus primeros pasos en Nueva York. Fue allí donde encontró su primer puesto fijo en la fábrica de máquinas de coser Singer. En aquel entonces, Thomas Edison ya era toda una celebridad. Y cuando Edison abrió un nuevo laboratorio de investigación en Newark (Nueva Jersey) en 1872, Krüsi se puso en contacto con él. Y consiguió el trabajo.
El huérfano de Appenzell se convirtió entonces en uno de los mecánicos más importantes del mundo. El aprendiz de cerrajero de San Fiden formaba ahora parte del equipo del siglo de Thomas Edison. Era ahora responsable de inventos y desarrollos en el campo de la luz eléctrica, y de la electrificación del mundo.
"Kruesi, make this!"
En su vida privada también hubo cambios. En 1873 se casó con Emilie Zwinger, hija del emigrante y farmacéutico de Turgovia, Jakob August. Tuvieron ocho hijos. LLamó a su hijo mayor Walter Edison. Y Thomas Edison fue el padrino.
En poco tiempo John Krüsi, como se le conocía desde entonces, se convirtió en uno de los colaboradores más importantes, productivos y más cercanos al gran inventor. Edison reconoció su talento para la mecánica y lo ascendió primero a jefe de taller de máquinas y luego del laboratorio de Menlo Park. Allí Krüsi supervisaba la construcción de prototipos para los experimentos de Edison. Podemos afirmar que estuvo a cargo o participó en la mayoría de los inventos de Edison que marcaron época.
Edison solía dar a Krüsi un dibujo simplificado de lo que quería que le construyera. Según una investigación de Helmut Stadler para su libro Verkannte Visionäre - 24 Schweizer LebensgeschichtenEnlace externo (Visionarios desconocidos – 24 historias de suizos) Krüsi era un mecánico de tanto talento que Edison le podía confiar la terminación de cualquier diseño cuyo perfil no estaba completamente definido.
Y según Robert Friedel y Paul Israel, biógrafos de Thomas Edison, ese talento fue crucial para los éxitos de Edison: "Si los inventos, una vez fabricados, no funcionaban, era porque eran malos, no porque estuvieran mal hechos. Y si las ideas eran buenas, los productos del taller de Krüsi lo demostraban".
Así sucedió que en 1877 Krüsi encontró en su mesa de trabajo un boceto muy sencillo con la nota "Kruezi, make this!” (Kruesi, ¡haz esto!) Cuando Krüsi le preguntó qué se suponía que era, Edison respondió: "Una máquina parlante".
Al cabo de solo dos días de romperse la cabeza, probando y trasteando, Krüsi construyó una máquina que se ajustaba a la vaga idea de Edison. Acababa de nacer el fonógrafo, un dispositivo para la grabación y reproducción mecánico-acústica del sonido mediante cilindros que recogían las vibraciones sonoras. O, como lo llamó Edison cuando solicitó la patente ese mismo año, una "máquina parlante".
Un suizo de Appenzell ilumina Nueva York
Sin embargo, el fonógrafo fue solo una de las obras maestras de Edison en las que participó Krüsi. En 1879 contribuyó a desarrollar el primer gran generador eléctrico. Mientras tanto, trabajó en la mejora del telégrafo y del micrófono. Por último, Krüsi, ya convertido en multimillonario, participó también en el desarrollo de la bombilla. En 1881, Edison confió a John Krüsi la dirección de la Edison Electric Tube Company, que acababa de fundar. Así, el suizo fue el responsable de tender los cables subterráneos de distribución de la electricidad en Manhattan.
Para ello, Krüsi desarrolló un cable subterráneo en forma de tubo capaz de contener tres hilos conductores, separados por aislantes, y conectados por los llamados manguitos, elementos que permitían la conexión de dos secciones de cables. Esta forma de tres conductores eléctricos estaba condicionada por el sistema de corriente continua desarrollado por Edison. Para asegurarse de que todo funcionara como él quería, Krüsi desarrolló, con éxito, una cinta aislante autoadhesiva además del propio tubo.
Este tipo de cableado se instalaría por primera vez en la construcción de Pearl Street Station, la primera central eléctrica de Nueva York. Su inauguración, el 4 de septiembre de 1882, estuvo presidida no por John Krüsi, sino por el showman y genio del marketing Thomas Edison, de quien la compañía llevaba el nombre. Tanto el cable, conocido como el "tubo Kruesi", como su inventor, permanecieron invisibles para el gran público.
4 000 empleados en el funeral
Cuatro años después, John Krüsi comenzó su último viaje. La empresa de ingeniería de Thomas Edison se trasladó a Schenectady, Nueva York, y en 1892 se fusionó con otras compañías para formar la General Electric Company, es decir, la mayor empresa de electricidad del mundo en ese momento. Krüsi, el huérfano de Appenzell, fue director general de la empresa y más tarde ingeniero mecánico jefe.
En 1899, John Krüsi murió inesperadamente de gripe a los 56 años. Hacía dos que había perdido a su esposa. Según el periódico estadounidense Troy Daily, cerca de 4 000 empleados de varias fábricas de Edison asistieron al funeral. Entre ellos, por supuesto, estaba el propio Thomas Edison, que actuó como albacea de Krüsi.
Johann Heinrich, vecino de Appenzell, siguió siendo un desconocido. Como suizo reservado que era, no sabemos si eso le habría parecido bien. Pero su historia y sus logros son tan dignos de mención como los de Thomas Edison. Todo menos una deshonra.
Este artículo fue publicado en Higgs.chEnlace externo el 26 de noviembre de 2020, la primera revista independiente dedicada al conocimiento en Suiza. SWI swissinfo.ch ha tomado partes de la publicación original en un orden informal.End of insertion
Traducción del alemán: Carla Wolff
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