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Hace 20 años los bancos suizos aceptaron indemnizar a las víctimas del Holocausto que perdieron sus activos durante la Segunda Guerra Mundial. Un documental analiza el escándalo de las denominadas ‘cuentas durmientes’ o ‘cuentas no reclamadas’ en bancos suizos.
El conflicto en torno a los haberes judíos en entidades bancarias suizas se remonta a los años 1990 y desató la mayor crisis en la política exterior helvética desde la Segunda Guerra Mundial.
Los siguientes párrafos y vídeos son del documental suizo The Meili StoryEnlace externo (La historia de Meili)..
Todo comenzó con Greta Beer. Tenía 97 años y vivía en Boston. Su padre había sido un adinerado empresario textil en Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial y tenía cuentas en Suiza. Después de la guerra, Beer y su madre buscaron la fortuna de su padre, en vano.
Su caso se hizo público en los años 1990 y llevó al senador republicano Alfonse D’Amato, presidente de la Comisión de Bancos del Senado, a invitarla a una audiencia en Washington.
El Gobierno subestimó la tormenta que se estaba formando del otro lado del Atlántico. Fue la entonces ministra del Interior, Ruth Dreifuss, que profesa la religión judía, quien informó al resto de los miembros del Gobierno sobre la manera de proceder de Suiza durante la Segunda Guerra Mundial.
El joven diplomático, Thomas Borer, fue nombrado para encabezar la denominada ‘task force Suiza-Segunda Guerra Mundial’, un equipo especial que se convertiría en el rostro del Gobierno. Sus amigos le dijeron que no aceptara el cargo, porque, según ellos, era una misión suicida.
Una vez asumido el cargo, Borer desarrolló dos estrategias para las negociaciones con las organizaciones judías: la primera recomendaba pagar inmediatamente una indemnización y la segunda, adoptar una posición firme.
En Estados Unidos, Borer se entrevistó con el mayor crítico de Suiza, el senador Alfonse D’Amato. De regreso en Berna intentó que los miembros del gobierno adoptaran una posición común que consistía en decir nada más que Suiza defendía la verdad y la justicia.
Pero el ministro de Economía, Jean-Pascal Delamuraz, concedió una entrevista a la prensa francófona en Suiza en la que acusaba a las organizaciones judías de extorsión y de exigir un rescate. D’Amato aún recuerda las acusaciones de extorsión.
Pero esto no fue todo. El 7 de mayo de 1997 se publicó un informe sobre el comercio de oro entre Estados neutrales y la Alemania nazi. En el centro de la investigación estaban los bancos suizos.
Según el informe, el Banco Nacional Suizo había recibido grandes sumas del saqueo nazi en los países ocupados por Alemania, incluidos los dientes de oro extraídos a los presos en los campos de concentración. Incluso hubo quien insinuó que, con este tipo de transacciones, Suiza había ayudado a prolongar la guerra.
Suiza tuvo que asumir su pasado. El debate en torno al papel del país en tiempos de guerra afectaba a una de las piedras angulares de su identidad: la neutralidad.
En diciembre de 1997 se produce la primera gran fusión bancaria en Suiza y nace el UBS. La Comisión de Bancos que preside el senador Alfonse D’Amato debe garantizar al UBS el acceso al sumamente importante mercado estadounidense. Los directivos del nuevo UBS saben que el acceso a Estados Unidos es existencial.
Medio año más tarde, el 12 de agosto de 1998, el senador D’Amato anuncia que han alcanzado un acuerdo. Los grandes bancos suizos aceptan pagar a los supervivientes del Holocausto una indemnización por valor de 1 250 millones de dólares (1 860 millones de francos suizos en 1998). Un acuerdo que D’Amato califica como “una buena solución” para las personas que sufrieron una situación muy difícil.
A la larga, no fue una suma astronómica para los bancos, afirma el historiador Tanner.
La distribución del dinero a los supervivientes del Holocausto (o sus descendientes) se prolongó durante años. El último pago se efectuó en 2013 – 15 años después de que se firmara el acuerdo.
Holocausto: monumento conmemorativo
El Consejo de los Suizos en el Extranjeros ha aprobado una propuesta para erigir un monumento conmemorativo a los compatriotas que fueron víctimas del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Podría ser en forma de una placa en una plaza pública.
Cerca de 1 000 ciudadanos de Suiza, país neutral, que vivían en Europa durante la era nazi, fueron detenidos o deportados a los campos de trabajo. Según los datos de los Archivos Federales, más de 200 de ellos murieron. No obstante, se cree que el número total de víctimas suizas fue mayor.
La Organización de los Suizos en el Extranjero (OSE) discutirá ahora la propuesta con las organizaciones judías, la Cruz Roja Suiza y el Ministerio helvético de Asuntos Exteriores.
SRF/DOCMINE Productions/swissinfo.ch