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2. Lamec y su familia
Después de la historia de la primera familia, encontramos en Génesis 4 y 5 dos genealogías. Una es la descendencia de Caín, la otra la de Set. Ambas terminan con la breve descripción de una familia.
La primera es el hogar de Lamec. “Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama. Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será” (Génesis 4:19-24).
En esta breve descripción vemos a Lamec con todas las características de su antepasado Caín. Sus palabras y sus hechos demostraban que se había alejado aún más de Dios y de su Palabra que Caín. Este último había tomado una esposa, según los pensamientos de Dios. A menudo se pregunta de dónde consiguió esta mujer. Hay sólo una clara respuesta bíblica. Adán “engendró hijos e hijas” (Génesis 5:4). Dios “de una sangre (Adán) ha hecho todo el linaje de los hombres” (Hechos 17:26). Entonces, Caín se casó con una de sus hermanas.
Pero Lamec actuó en contra de las intenciones de Dios al tomar dos esposas. La poligamia está en contradicción con el orden que Dios estableció en la creación (Génesis 2:24). Quien conoce la Biblia, sabe que Dios toleró la poligamia, pero nunca la aprobó. Vemos como consecuencia que este mal siempre ocasiona su propio castigo. Lo que se observa en ciertos países confirma esta regla. No se puede esperar parejas y hogares ideales y felices si no están fundados en este principio bíblico.
Lamec no actuó en ignorancia. Génesis 4:24 muestra que conocía las palabras de Dios. No sentía ninguna necesidad de tener la protección que Dios había prometido a Caín. Su dicho, lleno de orgullo y vanagloria, manifestaba que se consideraba capaz de defenderse a sí mismo. ¡Él mismo podría luchar por sus propios derechos! No necesitaba a Dios en absoluto. La propia voluntad, la independencia y el autoritarismo eran las características dominantes de su personalidad. Con tales características, uno puede «lograr» mucho en este mundo pecaminoso.
Esto también puede advertirse en las sucintas palabras que describen a la familia de Lamec. Sus tres hijos mostraban las mismas características que su padre. Los tres llegaron a ser famosos en el mundo de su tiempo. Fueron los precursores en la esfera de sus talentos y actividades. Jabal, el agricultor, fue llamado “padre de los que habitan en tiendas y crían ganados”. Jubal llegó a ser “padre de todos los que tocan arpa y flauta”. Fue el sobresaliente pionero en el mundo del arte y de la cultura. El tercero fue Tubal-caín, padre de los herreros, de todos los que trabajan con bronce y hierro. Con razón podemos considerarlo como el precursor en el mundo industrial de su tiempo. Podemos imaginarnos con qué respeto lo miraban a Lamec sus contemporáneos. ¡Qué hogar más brillante tenía este hombre! ¿Cómo no envidiarlo? ¡Tener tres hijos que alcanzaron un lugar de liderazgo en la sociedad!
¿Qué padres no se alegran cuando sus hijos logran una posición importante en este mundo? Se sacrifican económicamente para dar a sus hijos una buena educación y emplean mucho tiempo y energía para ese fin. ¿No se alegrarían entonces del éxito de sus hijos, y se sentirían algo orgullosos de ellos? Así ocurre con la mayoría de los padres hoy en día, lo mismo que con Lamec. Sin embargo, ¿era cierto que todo fue tan bello como parecía? ¿No se fijó Lamec sólo en las apariencias? ¿Hacemos lo mismo nosotros, padres, en nuestro tiempo?
Lamec tenía un contemporáneo que se llamaba Enoc. Él también pertenecía a la séptima generación desde Adán, pero era de la línea de Set, que invocaba el nombre de Dios (Génesis 4:26). Enoc caminaba con Dios, lo que no hizo Lamec, sino todo lo contrario. También se casó y engendró hijos e hijas. Por lo que sabemos, él y su familia no fueron de influencia en el mundo de su tiempo. Enoc no vivía para este mundo, sino que caminaba con Dios.
Los ideales de la persona que anda con Dios son diferentes de los de aquellos que viven sólo para este mundo. Tiene otras normas para valorar las cosas. Por eso Enoc veía su trabajo y su vida en este mundo de un modo totalmente diferente de Lamec.
Dos pasajes más todavía hablan de la manera de vivir de Enoc y completan lo que se dice en Génesis. Su andar con Dios era un andar por la fe, que terminó cuando fue traspuesto en gloria (Hebreos 11:5-6). Este hombre, por medio de la fe, discernió el carácter de enemistad contra Dios del mundo de su tiempo. Por eso, entendió que este mundo se encaminaba hacia el juicio de un Dios Santo. Profetizó de este juicio venidero y advirtió a sus contemporáneos (Judas 14). Desgraciadamente, el mundo de entonces no lo tomó en serio. Tres generaciones más tarde, en los días de Noé, este juicio llegó bajo la forma del diluvio.
La historia de Lamec y de su familia encierra una seria advertencia para nosotros y para nuestras familias. ¡Que no se me mal interprete! No es pecado desear que nuestros hijos se beneficien de una buena educación. Evidentemente no es pecado tener una profesión o un oficio en este mundo. No tiene demasiada importancia si trabajamos en el orden de la agricultura, de la cultura o de la industria, hasta que podamos ejercer nuestra profesión en comunión con Dios y para su gloria.
Nosotros, creyentes, no pertenecemos más a este mundo. Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Por gracia, somos de aquellos que del mundo el Padre dio a su Hijo (véase Juan 17:6). Pero, todavía estamos en este mundo. Por eso tenemos que cumplir un papel que implica numerosas responsabilidades.
El apóstol Juan escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).
Necesitamos la fe de un Enoc para andar de una manera conforme con nuestro lugar y nuestra responsabilidad en este mundo. El apóstol Pablo vio el peligro de hacer mal uso de este mundo y advirtió acerca del mismo. Pero enseña también la posibilidad de hacer buen uso de este mundo, y hacerlo para la gloria de Dios. “Los que usan del mundo, como no usándolo hasta lo sumo: porque la condición de este mundo se va pasando” (1 Corintios 7:31, V.M.). Uso y abuso pueden acercarse mucho. Fácilmente se pasa del uno al otro.
Para aclarar este asunto, daré un ejemplo. Desde tiempos antiguos, el hombre ha hallado diversos medios de poner sus pensamientos por escrito a fin de comunicarlos a otros. Job ya conocía el arte de escribir y grabar (Job 19:23-24). Más tarde, se inventó la imprenta y, luego, otros medios de comunicación. Alguien dijo que todos estos inventos eran como escalones hacia el cielo o hacia el infierno. Podemos verificar que el diablo utiliza estos medios de manera intensiva para extender su reino. ¿Quizá por eso los creyentes han de rechazar toda cultura, haciéndose hostiles a ella, y haciendo una vida de aislamiento?
La imprenta, la radio y la televisión han vertido una ola de perdición sobre este mundo.1 He aquí el abuso. Sin embargo, utilizada con provecho, la imprenta permite hoy que se ponga la Biblia en manos de millones de personas. Por medio de la radio y los cassettes, las Buenas Nuevas de la salvación se proclaman a muchas personas que no saben leer. ¡Usemos las cosas del mundo, pero no hagamos abuso de ellas!
William Kelly, especialista en lenguas y gran conocedor de la Biblia, se encontró una vez con un profesor de filología antigua. Ambos eruditos en seguida se vieron sumidos en una profunda conversación. De repente, el profesor le preguntó: «Señor Kelly, ¿qué hace usted en su vida diaria?» La respuesta fue: «Estudio la Biblia, escribo acerca de ella y doy conferencias». El profesor replicó: «¡Qué lástima que semejante talento sea una pérdida para el mundo!» Kelly le respondió con tres palabras: «¿Para qué mundo?»
Esta última pregunta nos estimula a la reflexión. ¿Para qué mundo vivimos y trabajamos? ¿Para qué mundo educamos a nuestros hijos? Lamec, un hombre del mundo, educó a sus hijos para este mundo. Pero este último pasa. “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26). Digamos más bien con Josué: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
Preguntas de la 2ª parte:
- ¿Cuáles son las características de la personalidad de Lamec y de sus hijos?
- ¿Qué versículo muestra que Dios no aprueba la poligamia?
- ¿Qué contrastes encontramos entre Lamec y Enoc?
- 1N. del E.: Últimamente surgió un nuevo medio de comunicación de mayor alcance y peligro que los otros en todos los dominios, a saber: «internet».