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¿Alguna vez tuvo la agradable experiencia de ser niño explorador? Por supuesto esto no necesariamente dice relación con la pertenencia a los grupos de niños exploradores. Me refiero concretamente si durante su niñez participó en esas fascinantes aventuras de exploración de la naturaleza, esas interminables caminatas por entre el monte armado tan sólo con una mochila, un buen cuchillo, una cantimplora, una caja de cerillos, unos pocos alimentos, ni un peso en el bolsillo y, por supuesto, una buena brújula para orientarse por los cerros en la dirección correcta para no perderse entre la maraña de arbustos y árboles que existen en los parajes apartados del transitar humano. Lugares donde ni siquiera existe algún sendero que le proporcione alguna pista para llegar a un centro poblado.
¿Sí fue niña o niño explorador? ¿A poco? Y, ya que estamos en eso permítame, si no le molesta, que le haga una simple pregunta: ¿aprendió a usar la brújula? ¿De veras? Aaah… entonces usted es de las personas que saben dónde queda el norte, el sur, el oriente y el poniente, lo que vendría siendo la izquierda y la derecha de sus flancos corporales.
Ahora, para serle franco, sin que mis palabras tengan ni el más mínimo matiz de sarcasmo político, si aprendió bien el manejo de la brújula quizá podría darnos unas clasecitas para orientarnos entre todo este enredijo de matorrales a las que nos enfrentaremos en el siguiente año electorero mexicano.
Perdone mi insistencia, pero ¿está seguro que aprendió bien el manejo de la brújula?
¿Sí?
Magnífico. Entonces podemos contar con usted para que nos aclare el panorama por más nublados y neblinosos que se muestren los días previos al año dos mil dieciocho con sus fechas electorales.
A ver, empecemos con la primera pregunta para que usted nos imparta la primera lección sobre el uso político de la brújula:
Veamos, usted tiene la brújula en su mano, nos la enseña y muestra que la aguja del aparatito señala indiscutiblemente hacia el norte… Entiendo. Hasta aquí íbamos bien, sin embargo me surge una duda:
¿Será que la disposición de la aguja de ese aparatito está condicionada ideológica y políticamente para que señale el Norte. No le parece que eso es plan con maña?
¿Por qué?
¿No sabe el por qué? Fíjese, al norte de nuestro país se encuentran los EEUU y, dígame, ¿qué tienen que ver los gringos con nuestras decisiones políticas?
¿Eh? ¿Me dice que los gringos no tienen nada que ver con la forma de cómo funciona su aparatito porque la brújula existía mucho antes que ellos se convirtieran en el imperio más poderoso y agresivo del planeta?
Está bien. Le creo. Va la segunda pregunta:
La aguja de su brújula está indicando el Norte, aunque usted no le quiera hacer caso y se voltee de aquí para allá y de allá para acá. Nada ¡El aparato de todas maneras señala la misma dirección, así es que a fuerzas tenemos que hacer coincidir la punta de la aguja con la letra “N”!
Veo que ya la acomodó de forma correcta, luego, ¿para dónde volteo la cara respecto a los polos N, norte y S, sur?
¿Quéee? Okey. Debo mirar hacia el norte y abrir los brazos, la mano derecha con el dedo índice extendido señalará el lugar por dónde debe aparecer el sol por la madrugada, u oriente; en tanto que mi mano izquierda señalará el poniente, por donde se esconde el sol.
¡Eeeeh! ¡Oiga! No me venga a decir que su explicación no tiene nada que ver con la política. ¡La derecha y la izquierda son asuntos políticos! ¿O no? ¡No la friegue, pues!
Sabe que más, se me hace que usted fue niño explorador de esos que les llaman boy scouts, organización inventada por los gringos o quizá fue entrenado por los mentados Cuerpos de Paz que se aparecen en los países solo cuando se anuncian Golpes de Estado o situaciones peligrosas para la estabilidad política de nuestros gobiernos… ¿Sabe qué? Porque soy gente decente no le digo malas palabras, mejor tire su brujulita o guárdela entre los trastos inservibles, porque nosotros mejor nos guiaremos a la antigüita, mirando el cielo estrellado, tal como lo hacían nuestros antepasados.
¿Qué? ¿no le pareció? Ni modo, así debe ser la cosa en nuestros estilos de vida, pues. ¿Verdad que sí?
De nada y hasta siempre amigas y amigos.
Rolando GONZALEZ ALTAMIRANO