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La casi desconocida evolución a la pintura del escritor suizo de origen alemán Hermann Hesse es objeto de una gran muestra inaugurada en la Kunsthalle de la ciudad de Apolda, Estado de Turingia. Es la más exhaustiva en su género en Alemania.Este contenido fue publicado el 08 enero 2001 - 00:32
Hesse, nacido en Calw, en la región alemana de Württemberg en 1877, y fallecido en Montagnola, en el cantón suizo de Ticino en 1962, su patria de adopción, comenzó a dedicarse a la pintura a modo de psicoterapia a los 39 años, tras sufrir una conmoción nerviosa durante la Primera Guerra Mundial.
Autor, entre otras obras, de "Peter Camenzind" (1904), "El lobo estepario" (1927) y "El juego de abalorios" (1943), Hesse recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946 y el Premio de la Paz de los libreros alemanes en 1955, por su vida consagrada a construir una nueva filosofía derivada de su rebelión personal y su encuentro con el pensamiento oriental.
El escritor era hijo de un predicador evangélico y nieto, por parte materna, del misionero e hinduista alemán Hermann Gundert, y había comenzado a recibir educación religiosa en el seminario protestante de Maulbronn, del cual huyó al cabo de un año en 1892.
En 1895 Hesse absolvió un aprendizaje como vendedor de libros en la ciudad de Tubinga; después trabajó como librero y anticuario en Basilea y a partir de 1904 comenzó a escribir como autor independiente, influido por las obras del alemán Wolfgang von Goethe y del suizo Gottfried Keller.
Fuera de sus viajes entre Europa y la India en 1911, el escritor, cuyo seudónimo era Emil Sinclair, vivía retirado en el lago de Constanza y posteriormente en el Ticino. En 1923 Hesse recibió la nacionalidad suiza.
Durante la Primera Guerra Mundial, Hermann Hesse se dedicó intensamente de la atención de los prisioneros de guerra. Tras esta dura experiencia el escritor comenzó a manifestarse escéptico frente al ideal romántico de la cultura y el arte y fuertemente influido por el psicoanálisis a que había sido sometido por su crisis nerviosa.
Más de 100 millones de ejemplares de las numerosas obras de Hesse han sido difundidos en todo el mundo. Sin embargo la obra pictórica del Premio Nobel de Literatura continúa siendo terreno desconocido para los estudiosos del arte del siglo XX.
Fue un milagroso renacimiento como pintor y dibujante el experimentado por el escritor tras su psicoanálisis. La alegría de vivir mediterránea y la embriaguez de color de su patria de adopción en el cantón del Ticino activaron su inclinación expresionista a partir de 1919. Era una paleta "plena de colores puros, no mezclados, llena de una clara fuerza luminosa", afirmaba el propio Hesse ese año.
Con una técnica acuarelística espontánea, Hesse creó casi hasta su muerte numerosas obras pictóricas de tono poético y sensual, influidas por el clima meridional del Ticino, que rezuman confianza y serenidad. Son pinturas "exquisitas como las frutas y risueñas como las flores", que "alegran el corazón", decía el escritor francés Romain Rolland, de las obras de Hesse.
La exposición de la Kunsthaus de Apolda, que se extenderá hasta el próximo 4 de marzo de 2001, se realiza con piezas cedidas expresamente para la muestra por los hijos del escritor, el Archivo de las Ediciones Hermann Hesse de Volker Michels, y la editorial alemana Suhrkamp, de Francfort del Meno.
Juan Carlos Tellechea
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