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Nada menos que dieciséis días son necesarios para que los catorce levitas y sus hermanos terminaran completamente la limpieza de la casa de Jehová y la pusieran en orden. Pero no basta que sea
Desocupada, barrida y adornada
(Mateo 12:44).
Ahora se debe restablecer el culto de Jehová. Apenas realizada la santificación del santuario, Ezequías, nuevamente, actúa en seguida; se levanta temprano para ofrecer los sacrificios en companía de los principales de la ciudad y los sacerdotes (pero sin tomar el lugar de estos, como lo hizo Uzías). Notemos que el holocausto y la ofrenda de expiación son hechos para todo Israel (v. 24). No lo olvidemos: los creyentes que recuerdan al Señor alrededor de Su mesa solo son una débil «expresión» de todo el pueblo de Dios. El pan y la copa recuerdan el sacrificio ofrecido no solo para el pequeño número de los que están presentes, sino para la multitud de los redimidos que componen la Iglesia universal.
Finalmente, el cántico acompaña el holocausto (v. 27-28). No podía precederlo. No había alabanza ni gozo posible antes de la obra del Gólgota. Pero ahora que está cumplida una vez para siempre, puede comenzar el servicio de los verdaderos adoradores… y nunca se acabará (Salmo 84:4).
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"