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Aunque pueda sonar sorprendente, es deseable que los niños conozcan durante el primer año aquellos alimentos con un alto potencial alergénico. Así se prepara y se refuerza el sistema inmunológico ya a una pronta edad. Según los conocimientos científicos más recientes esto es incluso positivo para bebés susceptibles de padecer una alergia. Por eso a partir del inicio del 5º mes se pueden introducir (paso a paso, de forma gradual y según las necesidades del bebé) leche de vaca, pescado y huevo en la alimentación. Incluso los niños que todavía están lactando y que son susceptibles de padecer alguna alergia, deberían tomar pequeñas cantidades de leche de vaca en la papilla de cereales con leche de la noche.
En caso de una alergia real a un alimento se produce una hipersensibilidad del sistema inmunológico humano a una proteína concreta que contienen ciertos alimentos. Las proteínas, que son las desencadenantes de las alergias, también se denominan alérgenos. Dado que los distintos alimentos contienen proteínas completamente distintas, se producen reacciones alérgicas muy específicas sólo tras el contacto con un alimento o un ingrediente concreto. Por el contrario, en el caso de otras intolerancias, el sistema inmunológico no tiene nada que ver, por ejemplo intolerancia a la lactosa o al gluten.
En los lactantes, los síntomas aparecen sobretodo en la piel y en el tracto gastrointestinal. Estos síntomas pueden ser desde zonas de la piel secas, escamosas o húmedas que provocan desagradables picores, pasando por rojeces y pústulas hasta irritaciones en el culito. Vómitos regulares, diarrea y sangre en las heces después de la toma de un alimento concreto pueden ser indicativos de una alergia.
La leche materna es el mejor alimento y el más adecuado para prevenir las alergias en el bebé. Durante las primeras horas después de dar a luz, la leche es especialmente rica en nutrientes inmunológicos que potencian las defensas infantiles, convirtiéndose así en la primera "vacuna bevible". La leche materna es el alimento mejor adaptado a las necesidades del bebé y le proporciona todos los nutrientes que necesita. Las intolerancias a la leche materna son muy poco habituales. La lactancia sólo a base de leche materna protege al niño evitando que tome leche ajena y evitando así también el contacto demasiado pronto con posibles alérgenos como leche de vaca o soja. Aunque más tarde se le dé al niño alimentación sólida, la lactancia es todavía compatible e incluso recomendable. Y es que los nuevos alimentos sólidos son más fáciles de digerir si se combinan con leche materna. Esto también es aplicable al gluten, un componente de la proteína que se encuentra presente en la mayoría de cereales. Por eso es ideal si se puede preparar la papilla de cereales con leche con leche materna y si además de la alimentación sólida se pueden mantener de 1 a 3 tomas diarias de leche materna.
Para ir sobre seguro hay que ir acostumbrando al bebé poco a poco a la comida sólida, para saber reconocer posibles intolerancias o alergias. La regla de oro es: introduzca sólo un nuevo alimento por semana y sustituya cada mes una toma de leche por una comida de papilla.
Con una elección acertada de la alimentación sólida la profilaxis contra alergias se puede reforzar muy bien con la leche materna. Como primer alimento sólido son muy adecuadas las verduras y frutas hervidas, puesto que tienen mucho menos potencial alergénico que crudas.
Para una suave introducción a la alimentación sólida las papillas de un sólo cereal son muy adecuadas. La papilla de mijo sin gluten, por ejemplo, se puede preparar como una comida sin leche, con fruta o verdura. Especialmente recomendable es la combinación de cereales con leche materna para preparar una papilla de cereales con leche.
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