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Al igual que las montañas, el queso, el chocolate o los bancos, los relojes forman parte de los tópicos suizos. Los conocimientos técnicos de los suizos en el cronometraje se conocen desde hace varios siglos. Sin embargo, la relojería no está radicada en todas las partes del país. Se concentra sobre todo en las regiones geográficas de la cordillera del Jurá, que se extiende de Ginebra a Basilea. El turismo promociona esta región bajo el nombre “Watch Valley” (valle del reloj).
Extensión geográfica
Las primeras manufacturas relojeras se establecieron hacia mediados del siglo XVI en Ginebra. El reformador Calvino, un obsesionado de la puntualidad, fomentó el desarrollo de este ramo artesanal. Durante su estancia en Ginebra se refugiaron numerosos hugonotes franceses, y muchos de ellos eran maestros de la cronometría. Gracias a estos inmigrantes el sector relojero experimentó un auge importante, convirtiendo a Ginebra en un centro reconocido de la relojería.
La rama profesional se extendió en los siglos posteriores hacia noreste. A partir del siglo XVII, enteras familias se dedicaban a la fabricación de relojes en el cantón de Neucastel, mientras que en el valle de Joux (País de Vaud) se establecieron los primeros talleres en 1740. Hacia mediados del siglo XIX se asentaron las primeras relojerías en los cantones de Berna y Soleura, y en las décadas posteriores también en Basilea y Escafusa.
Máquinas industriales
Simultáneamente con el establecimiento de la relojería también la industria maquinaria proveyó a la región de puestos de trabajo, tanto antes como hoy. Algunos fabricadores de máquinas son hoy líderes en la fabricación de productos especiales para un segmento particular del mercado. Así por ejemplo, la villa vaudense de Vallorbe es inalcanzada en la producción de limas de precisión y en Moutier, en el Jurá bernés, se producen desde 1880 los famosos tornos automáticos con sus movibles cabezas de la púa, un invento que revolucionó la industria relojera.
Región turística
Desde hace más de un siglo, el 90% de la producción relojera se concentra en la región del Jurá. Se trata de un patrimonio técnico y artístico cuyo potencial no quedó inadvertido por los profesionales del turismo. La región se presenta con una identidad común y bajo el eslogan “Watch Valley” (valle del reloj) – el país de la precisión. El camino de la relojería inaugurado a principios del siglo XXI recorre unos 200 kilómetros. Las 38 etapas de este trayecto son un verdadero camino de peregrinaje entre las fábricas relojeras más famosas y los museos especializados, donde se pueden ver extraordinarias obras maestras de la relojería y donde se desvelan varios secretos del arte relojero.
Se exponen objetos para todos los gustos: relojes de pulsera, relojes de péndulo, relojes de bolsillo, relojes de mesa y carillones. La relojería es el hilo conductor de este viaje, pero la región con su rica tradición y cultura también se distingue por sus paisajes idílicos, donde el viajero puede perder —paradójicamente— la noción del tiempo. Lagos, montañas, viñedos y aldeas pintorescas invitan al viajero a quedarse más tiempo.