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La verdad de un solo Cuerpo compuesto por todos los creyentes y de un solo Espíritu, el cual es el autor de esta “unidad del Espíritu”, demanda relaciones de unidad práctica entre las asambleas locales de creyentes, tal y como ya lo hemos visto. Éstas son las relaciones que la Palabra de Dios destaca para las asambleas y son las únicas relaciones bíblicas.
En la primera epístola a los Corintios, que abarca a “todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (cap. 1:2), el apóstol escribe:
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer (cap. 1:10).
Satanás está siempre ocupado en tratar de destruir esta unidad práctica de juicio y comunión feliz entre creyentes y asambleas. A la vez procura promover un espíritu de independencia y de división entre el pueblo de Dios. Por eso se nos exhorta a que seamos solícitos “en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Debemos hacer un esfuerzo serio para promover la unidad y la comunión entre los creyentes de la asamblea local y entre las asambleas de varias localidades, provincias y países. Nos proponemos ahora considerar algunas de las cosas que ayudan a fomentar y mantener la unidad práctica entre las asambleas de creyentes.
Lo único que tenemos que hacer es seguir el modelo que nos es presentado en la descripción que la Palabra nos ofrece sobre la Iglesia apostólica. Las epístolas de Pablo, Pedro y Juan finalizan con saludos cristianos. Estos saludos son enviados por el apóstol de parte de todos los santos de una asamblea a todos los santos de otra asamblea y a veces a un individuo. En otras ocasiones transmite los saludos de uno o varios santos a otros. Pablo envió los saludos de Aquila y Priscila y de la iglesia que estaba en casa de ellos en Éfeso (1 Corintios 16:19).
El apóstol Pablo también refirió a los santos de Roma el trabajo de los santos de Macedonia y Acaya en favor de los pobres de Jerusalén (Romanos 15:26). Además quiso estimular a los corintios y a todos los santos de Acaya contándoles acerca de la generosidad abnegada y dedicada de las iglesias de Macedonia. Les dijo cómo habían ministrado a los santos necesitados a pesar de estar ellas mismas en gran pobreza (2 Corintios 8:1-5). También contó a los de Corinto sobre la puerta grande y eficaz que se le había abierto en Éfeso y de los muchos adversarios allí existentes (1 Corintios 16:9). Notamos además que pidió que la asamblea de Colosas, después de que leyese la carta que acababa de enviarles, hiciera que la iglesia de los laodicenses la leyera también y pidió que los de Colosas leyeran una epístola enviada a los de Laodicea (Colosenses 4:16).
En la historia sagrada de la Iglesia primitiva observamos también detalles muy significativos de las comunicaciones entre asambleas. Los apóstoles, al igual que Tito, Timoteo, Apolos y otros siervos del Señor, al viajar de un lugar a otro comunicaban a los santos noticias de gozo y a veces de dolor, uniendo así a las asambleas de un modo práctico. Pedro “caminaba por todas partes” (Hechos 9:32, V. M.) y Pablo y Bernabé refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles (Hechos 14:26-27). Más tarde, cuando Pablo y Bernabé fueron enviados a Jerusalén por los hermanos de Antioquía, pasaron por Fenicia y Samaria “contando la conversión de los gentiles” y causando así gran gozo a todos los hermanos. Cuando llegaron a la iglesia de Jerusalén, refirieron las mismas noticias, declarando “todas las cosas que Dios había hecho con ellos” (Hechos 15:2-4).
Los antedichos ejemplos de la inspirada trayectoria de la Iglesia apostólica manifiestan los afectos divinos, la vida e intereses en común que latían en todas las asambleas y en la Iglesia en general. Allí se veía la demostración práctica de la verdad del solo Cuerpo. Los intercambios de saludos eran algo normal a través de las visitas de los siervos del Señor de una asamblea a otra. Circulaban comunicaciones relacionadas con el bienestar y las actividades de los santos y de las asambleas. Mediante todos estos intercambios, tanto los unos como las otras se unían más estrechamente en amor práctico, comunión y unidad.
Que el pueblo de Dios haga del mismo modo hoy día. Que haya en él intercambio de saludos y visitas. Que los siervos del Señor y los hermanos locales se esfuercen en visitar y en ministrar a las asambleas. Que familiaricen a los santos con las actividades, gozos, dolores y necesidades de cada congregación. Luego, que todos nosotros sintamos y participemos de estos gozos o cargas y oremos unos por otros. El trabajo de los que se dan al servicio del Señor y viajan entre las asambleas para el ministerio de la Palabra es muy importante. Es un servicio valioso y necesario para mantener la unidad y promover la comunión entre las asambleas. No obstante, hay un gran peligro: a estos mismos siervos Satanás querrá usarlos para sembrar discordias. Contra esto deben estar en guardia.
Tener conferencias y convocar reuniones especiales es de gran valor para fomentar el amor práctico, la comunión y la unidad entre asambleas. Tales reuniones pueden tener como propósitos la comunión, la meditación de la Palabra y la oración. Estas reuniones sirven para unir más estrechamente a los santos y dar nuevo interés, energía y celo por la obra del Señor. Dan como resultado un avivamiento de los creyentes y de las asambleas en sus oraciones a través del ministerio de la Palabra y el intercambio espiritual. Esto es de ayuda especial a las asambleas pequeñas y a los santos que viven en lugares alejados. Otros resultados de tales conferencias, meditaciones y discusiones mutuas son la unidad en la enseñanza y en la práctica, además de que los vínculos se hacen más fuertes entre las asambleas.
Se debe estimular a las asambleas a tener conferencias, sean cortas o de varios días, según se presente la oportunidad. A menudo se usan los días de fiestas nacionales para tales reuniones. Así se obtiene mucha bendición para los santos.
Cuando la comunión personal y las visitas son difíciles por causa de las largas distancias, la falta de tiempo y las diversas obligaciones, el envío de cartas de estímulo y confraternidad ayuda muchísimo. Tales formas de comunicación promueven la unidad práctica, los intereses en común y la comunión entre los santos. Otro valioso medio consiste en la publicación y circulación de revistas con ministerio y con información alusiva a los santos y a las asambleas del país o del extranjero.
Cuando una congregación de creyentes piensa establecerse en algún sitio, conviene que procure la comunión con una o más asambleas cercanas. Esto promueve la unidad y un espíritu de gozo, a la vez que evita el espíritu independentista. Luego, si todo está en buen orden escritural, la asamblea más próxima y de más antigüedad puede dar a conocer a las asambleas de otros lugares la formación de la nueva congregación y recomendar la comunión con ellas. La asamblea vecina o las asambleas más cercanas deben mostrar comunión en una forma práctica con la nueva congregación cuando ésta inicia su testimonio. Luego, deben ayudarla de vez en cuando a seguir su senda sobre el terreno del solo Cuerpo mediante visitas y ministerio.
Cuando actúa así en comunión con otra congregación, la nueva asamblea aprende a obrar de un modo práctico en base a la verdad de un solo Cuerpo y un solo Espíritu. Así se le enseña desde el principio que ella no es una entidad independiente y que no puede actuar separada de las congregaciones en otros lugares.
Siguiendo esta línea de pensamiento, deseamos hacer conocer al lector una verdad que alguien ha expresado: «Es bastante claro que si dos o tres están reunidos en un lugar, tenemos una asamblea, y si están reunidos bíblicamente, tenemos una asamblea de Dios1 . Pero si ya hay una asamblea semejante en algún lugar y que otra se establezca independientemente por la voluntad del hombre ¿qué decir entonces? La respuesta es: solamente hay una que a los ojos de Dios es moralmente una asamblea. La otra no lo es en ningún modo, pues ha sido establecida independientemente de la unidad del Cuerpo» (J. N. Darby). Así que al formar una nueva asamblea debemos estar seguros de que no es un acto independiente sino el producto de algo que está de conformidad con la unidad del Cuerpo de Cristo. Por supuesto, si una asamblea cae en una senda de maldad y voluntad propia, las otras asambleas a la larga tendrán que descartarla y excluirla de la comunión. Ya no la considerarán más como una asamblea reunida según las Escrituras, sino como una casa en la que hay lepra (Levítico 14). Cuando por causa de esto se establece una nueva congregación en tal lugar, formada en comunión con otras asambleas en otros sitios, con ello no se está dando paso a un acto de independencia. No, pues la santidad y la verdad de la Casa de Dios exigen la separación del mal (2 Corintios 6:17; 2 Timoteo 2:20-21). Decir que no hay versículo que apoye el acto de excluir de la comunión a una asamblea es lo mismo que decir que no hay versículo que justifique nuestra separación del mal.
- 1Estos términos “iglesia (o asamblea) de Dios” (Hechos 20:28, 1 Corintios 1:2; 11:16, 22 etc.) o el de “iglesia de Cristo” (Romanos 16:16) son bíblicos y sólo pueden ser usados si los creyentes congregados siguen el orden establecido en las Escrituras.
A través de Hechos 18:27, Romanos 16:1, 2 Corintios 3:1; Colosenses 4:10, sabemos que entre los cristianos del principio existía la práctica de otorgar cartas de recomendación. Las usaban cuando los santos iban de una asamblea a otra en la que no eran conocidos. También se pedían cartas de recomendación a los desconocidos que venían para compartir la comunión con ellos. Tales cartas identificaban al portador como un verdadero creyente cuyo andar era según Dios. Estas cartas son de valor también para presentar un creyente a una asamblea y asegurarle una bienvenida. Además, son una garantía contra la acogida de falsos hermanos. Tienden a promover la confianza y la comunión entre asambleas y ayudan mucho a mantener la unidad y el orden según Dios. La carta debe proceder de una asamblea e ir dirigida a la asamblea que ha de recibir a la persona.
Hay que tener mucho cuidado de no olvidar de llevar tal carta cuando vamos a una asamblea en donde no nos conocen. En cambio, 2 Corintios 3:1 hace ver claramente que tales cartas de recomendación no son necesarias si uno ya es conocido por varios hermanos en la congregación.
Que el Señor nos ayude como creyentes individuales y como asambleas para que andemos en unidad práctica como miembros del Cuerpo de Cristo y para que mantengamos “la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Que las relaciones verdaderas y bíblicas de la unidad, la responsabilidad colectiva y la comunión sean sostenidas, avivadas y estimuladas entre las asambleas.