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Proyecto suizo en sureste mexicano
Una organización de cuño helvético busca mejorar las condiciones de vida de la comunidad de Kinchil, en el sureño estado mexicano de Yucatán.
Entre sus proyectos: la construcción de una planta de recuperación ecológica, talleres de formación, elaboración de uniformes escolares y un comedor infantil.
"Vi la pobreza y se me estremeció el corazón. Dejé por completo los negocios para comenzar a ocuparme de los niños, de los jóvenes que sufrían esa pobreza", comenta a swissinfo, Thierry Bonjour, dedicado al comercio exterior, y uno de los fundadores de la 'Asociación Sonrisa'.
"Decidimos llamarla de ese modo porque, a pesar de la extraordinaria pobreza en la que viven, los niños de la comunidad de Kinchil siempre tienen una sonrisa en los labios, explica por su parte François Zbinden, también en el proyecto.
La idea nació hace apenas algunos meses durante un viaje de trabajo de Thierry Bonjour a Yucatán, cuando cenaba en un restaurante de Tulum y se acercó a su mesa un 'vendedor ambulante', un chiquillo de apenas cinco años que le ofreció su mercancía: cacahuates.
El primer impacto
"Hablamos un poco, luego el patrón le dijo: '¡Fuera! No quiero verte aquí!'
Yo le dije al patrón, 'Mira, ¿ya viste cuántos estamos en la mesa? Si él se va, nosotros nos vamos'. 'De acuerdo, dijo, que se quede'. Le pregunté al niño si había comido. Dijo que no. Le pregunté '¿desde cuándo?'. 'Desde esta mañana'. Eran las 8.00 de la noche. No era normal. Me explicó que mientras no vendiera sus cacahuates no podía comer'.
Nuestro interlocutor invitó al niño a cenar, le compró toda su mercancía y le dijo que regresara a casa. El pequeño le propuso entonces: '¡Tu me compraste los cacahuates, ahora me los das y los vendo por ti!'.
"¡Esa fue el primer choc personal que tuve allá!", narra Thierry Bonjour. "Seguí comprando y viendo casos como ese. ¡Stop!, me dije, partamos en otra dirección..."
Un doble propósito
Thierry Bonjour regresó a Suiza y se reunió con su amigo François Zbinden, y entre ambos decidieron que había que hacer algo por esos pequeños y por esa población en general, que se encontraba en situaciones tan desventajosas. Comenzó entonces una serie de discusiones sobre la forma que cobraría su afán solidario.
"¿Qué hacer en el terreno? Hallar algo original para esos pequeños, escolarizarlos, hacerles un comedor... en fin, cosas básicas. Qué hacer para no sólo enviarles dinero y hacerlos dependientes de los dones, como sucede en otros países, sino crear algo. Ese era el fondo de la discusión. Un empujón para ayudarlos a hacer algo", señala François Zbinden.
Agrega que abordaron el problema de la contaminación que existe en esa zona mexicana como consecuencia de la inexistente recuperación de desechos, en particular de las botellas de plástico.
Con la característica preocupación suiza por la ecología, advirtieron en esa situación una doble posibilidad: mejorar el entorno y proporcionar una fuente de trabajo a los habitantes del lugar.
Un proyecto autosustentable
"Entonces tuvimos la idea de hacer un primer taller de recuperación de botellas de poliuretano (PET), de selección de PET, para que luego, a plazo medio, este taller se autoadministre, que no tengan ya necesidad de nosotros".
En ese marco, y con una muy particular inquietud por la situación de los niños de la comunidad, Thierry Bonjour y François Zbinden acordaron igualmente que esa planta de recuperación, que en una primera etapa proporcionará empleos de tiempo completo a unas 15 personas, cuente con un comedor para 50. Es decir, con la capacidad necesaria para alimentar a 35 niños día con día.
Más aún, y en ese mismo afán por hacer algo inmediato en beneficio de los chicos, los fundadores de la Asociación Sonrisa concibieron la creación de un espacio de costura, también en las instalaciones de la planta de recuperación ecológica, dedicado a la confección de los uniformes escolares.
Que los chicos asistan a clases
Inscrito en el artículo tercero de la Constitución Mexicana, el derecho de la niñez a una educación laica, gratuita y obligatoria, no siempre se cumple. En muchos casos, porque la extrema pobreza de las familias hace que sus miembros comiencen a trabajar a una edad temprana, en detrimento de su formación.
"Muchos niños de Kinchil no van a la escuela simplemente porque sus padres no tienen dinero para comprarles los uniformes escolares. La escuela es gratuita pero los uniformes son caros y, normalmente, en cada casa hay muchos niños. Por eso decidimos hacer una pequeña estructura de costura, para hacer los uniformes baratos, muy baratos", apunta François Zbinden.
La Asociación Sonrisa realizó ya la adquisición del terreno en el que se construirá la planta de recuperación de las botellas desechables y se encuentra ahora en la fase de determinar qué hace falta, reunir el capital necesario y echar a andar el proyecto.
"No somos especialistas. Hacemos un trabajo benévolo, tenemos que encontrar gente de buena voluntad, profesionales que nos ayuden. Estamos en contacto con una sociedad que crea ese tipo de talleres. Eso será costoso, así es que vamos a hacer una colecta de fondos. Luego, la construcción será muy rápida porque hay mucha gente en busca de trabajo", subraya el tesorero de Sonrisa.
Buena voluntad y solidaridad
Para reunir los fondos necesarios para sus proyectos, la Asociación Sonrisa (integrada por unos 50 miembros) lleva a cabo diversas acciones. Así, por ejemplo, en el mes de noviembre realizó una lotería cuyo producto permitió contribuir a la realización del festejo navideño de Kinchil.
"Habíamos previsto la asistencia de 150 niños y al final la cifra se multiplicó. Alcanzó para todos. En la cena hubo cerdo, refrescos y muchas piñatas", señala François Zbinden y anuncia la próxima iniciativa: una venta de artesanía y objetos antiguos en el marco de La Brocante de Bulle, del 26 al 28 de enero.
El tesorero de la Asociación Sonrisa confía en que la entidad pueda lograr una buena venta durante esa conocida manifestación de comercio de objetos usados y/o antiguos, en la que se espera la visita de entre 10 mil y 15 mil personas.
"Esperamos una buena afluencia en nuestro stand", comenta François Zbinden y, para concluir nuestra entrevista, se refiere a la transparencia con la que se maneja la organización: "Aquí nadie gana nada. Todo es absolutamente benévolo. Y creo que es importante insistir en eso".
swissinfo Marcela Águila Rubín
Contexto
Fascinados por México, y más específicamente, por el sureño estado mexicano de Yucatán, un grupo de suizos decidió crear la Asociación Sonrisa.
Su objetivo es contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades locales, y en particular, de los niños.
La asociación no lucrativa quedó constituida el 24 de julio del 2006 e inscrita en el Registro de Comercio del Cantón de Friburgo, Suiza.
El estado mexicano de Yucatán
Yucatán es uno de los 31 estados de México y se localiza al sureste de la península del mismo nombre. Colinda al norte con el Golfo de México, al este con el estado de Quintana Roo y al suroeste con el estado de Campeche.
Antes de la llegada de los conquistadores españoles a la región, la península de Yucatán era una de las regiones más prósperas de la cultura Maya y todavía conserva algunas ruinas arqueológicas con más de mil años de antigüedad.
Las ciudades mayas de la región continuaron su crecimiento después del colapso de las ciudades de la zona maya central y de ellas algunas seguían siendo habitadas a la llegada de los europeos. Otras, como Izamal y Mérida (la capital del estado, llamada T'ho en idioma maya yucateco) son importantes centros urbanos en la actualidad.
Yucatán como estado fue uno de los últimos en incorporarse de pleno a la federación mexicana. De hecho, en el siglo XIX algunas corrientes separatistas promovieron la República de Yucatán, la cual tuvo una vida efímera.
Durante el porfiriato el territorio del estado fue dividido para crear el Territorio Federal que ahora ocupa el Estado de Quintana Roo. Actualmente tiene 106 municipios entre los que destacan Maní, Motul, Muná, Progreso, Tekax, Ticul, Tizimín, Umán y Valladolid.
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