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La Fuerza Aérea estadounidense analiza la posibilidad de sumar a su flota de combate una aeronave que es una declinación del célebre Pilatus PC-9 suizo. El aparato, modificado para ataques terrestres, podría ser usado en Afganistán.
Concebido en el cantón de Nidwalden (Suiza central), ¿podría pronto surcar los cielos de Afganistán el Pilatus PC-9? De alguna forma, sí. El Beechcraft AT-6 Wolverine, que es una declinación estadounidense de la aeronave suiza, es uno de los dos aparatos que está probando la Fuerza Aérea de Estados Unidos para decidir si pueden ser usados en futuras misiones de combate. Si el Beechcraft resulta seleccionado, alrededor de 300 ejemplares de este avión (primo-hermano del PC-9 helvético) se sumarían a la flota aérea estadounidense.
Hoy, el avión Pilatus está presente en una docena de fuerzas aéreas extranjeras para fines de entrenamiento, pero la posible adopción de este equipo de vuelo por parte de EE. UU. supone un cambio relevante: el AT-6 Wolverine es una variante concebida específicamente para realizar misiones de ataque en tierra. Esto significa que podría ser usado en el futuro en operaciones de contrainsurrección, como las que ha realizado EE. UU. en Irak o Afganistán.
Reviviendo antiguas polémicas
La nueva misión que se le está dando a este avión de fabricación suiza -los ataques terrestres- es fuente de controversias: Aunque la ley helvética prohíbe la exportación de armas a zonas de conflicto, Chad utilizó el avión Pilatus PC-9, con algunas modificaciones, para bombardear Sudán en 2008.
Más recientemente, en 2013, la venta de 18 Pilatus PC-12 a Estados Unidos también provocó polémica en Berna. La izquierda se inquietaba entonces de que estas aeronaves fueran transformadas por los estadounidenses para enviarlas a Afganistán con fines militares. La hipótesis probó que estos temores eran fundados.
En 2018, el esquema parece repetirse, aunque de forma más sutil: Esta vez no se trataría de aviones directamente, sino de “tecnología” suiza que podría cruzar el Atlántico. La empresa estadounidense Beechcraft negoció con Pilatus el uso de los planos del PC-9, y la fabricación íntegra del AT-6 en el futuro, en territorio estadounidense. De esta manera, técnicamente serían aparatos totalmente estadounidenses que, por lo tanto, Washington podría utilizarlos en las zonas de conflicto, y también revenderlos a terceros países.
En manos de Washington
Fabian Maienfisch, portavoz de la Secretaría de Estado de Economía (SECO), explica: “La exportación de bienes producidos en ciertos países con tecnología de origen suizo, previamente transferida a través de una licencia general, no permite después que Suiza aplique algún tipo de restricción. Los controles para la exportación [de estos bienes] recaen pues directamente sobre los países que los producen. En este caso, las autoridades estadounidenses”.
La secretaria de las Fuerzas Armadas de EE. UU., Heather Wilson, dejó entrever hace algunos meses que el avión que elija la Fuerza Aérea, en efecto, podría ser enviado a potencias aliadas. Así, a diferencia de lo sucedido en 2013, Afganistán podría tener acceso a la aeronave emparentada con el PC-9 sin que Berna pueda interponer objeción alguna.
Aviones de bajo costo
El origen de este proyecto es la intención de Washington de gestionar mejor su presupuesto militar. “Las tecnologías de última generación, altamente costosas, no son necesarias en todos los escenarios”, escribió el influyente senador John McCain en un informe oficial publicado en 2017. “La Fuerza Aérea de EE. UU. debe procurarse 300 aviones más, pero de bajo costo, que podrían destinarse a misiones de contra terrorismo en entornos proclives para ello”, añadió.
Concretamente, utilizar aviones menos onerosos para encarar a adversarios débilmente equipados, como la insurgencia afgana, permitiría a EE. UU. destinar sus aviones con tecnología punta a misiones más complejas. Y el AT-6 Wolverine, inspirado en el PC-09 suizo, tiene un costo menor de fabricación y su mantenimiento también es más barato. Se trata, además, de un aparato que goza de prestigio confirmado por su robustez y la eficacia de sus maniobras, lo que lo hace ideal para el objetivo que EE. UU. quiere darle.
Pero antes de que eso suceda, habrá que seducir a los expertos de la Fuerza Aérea estadounidense para que concedan el sí. Así, entre mayo y julio próximos, el AT-6 será sometido a una larga lista de pruebas en la base aérea de Arizona. En ellas deberá medirse con su principal competidor (el Embraer A-20 Super Tucano). El Pentágono ha anunciado que en esas pruebas estarán presentes representantes de múltiples potencias extranjeras, pero ha declinado hasta ahora precisar de qué países se trata.
Traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch