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El verdadero cristianismo no es una religión o un conjunto de verdades a las que se adhiere, sino el conocimiento experimental de Alguien. El cristianismo es Cristo conocido y vivido. Hemos sido puestos en relación con una persona incomparable: el amado Hijo del Padre. Dios el Padre nos hizo aptos para participar de la herencia en luz, nos dio un lugar en el reino, la redención o perdón de pecados, la paz que Cristo hizo mediante su propia sangre (v. 20). Pero lo que determina la grandeza de semejante obra es la grandeza de Aquel que la efectuó. Y el apóstol enumera las glorias más importantes de ese Amado: lo que es, lo que llegó a ser y lo que ha hecho de nosotros. Afirma su doble primacía: sobre el universo creado y sobre la Iglesia, e igualmente su doble título de Primogénito de toda la creación, es decir, de heredero universal, y de Primogénito de entre los muertos. Por medio de él, la vida salió de la nada como creación y de la tumba como redención. Él es el Creador de todas las cosas en los cielos y en la tierra (v. 16). Él es el Reconciliador de todas las cosas en la tierra y en los cielos (v. 20). Finalmente, él es el Dominador, quien debe tener la preeminencia en todas las cosas: en los cielos, en la tierra y en nuestro corazón (v. 18).
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"