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Justin Trudeau (dcha) y otros tres dirigentes políticos canadienses presentan sus respetos a los ataúdes de las víctimas del ataque a la mezquita, este viernes 2 de febrero en Montreal(afp_tickers)
Los funerales de tres víctimas del ataque a la mezquita de Quebec se desarrollaban este jueves en un complejo deportivo de Montreal, con una imagen de unidad nacional y del multiculturalismo canadiense en torno al primer ministro Justin Trudeau.
Generalmente reservada para partidos de hockey, deporte nacional en Canadá, la pista de patinaje que se halla a dos pasos del estadio olímpico abrió sus puertas este jueves al final de la mañana a un público numeroso y a varios líderes políticos y religiosos.
Bajo un sudario blanco, los restos de tres víctimas fueron ubicados en el centro de la pista de patinaje, cubierta para la ocasión con una inmensa moqueta gris, con cuatro banderas de Canadá, de la provincia y de las ciudades de Montreal y Quebec.
Tras la ceremonia, a la que se espera que concurran 5.000 personas, entre ellas varios dirigentes políticos de todos los partidos, los cuerpos de esos tres canadienses binacionales serán repatriados a Argelia y Túnez, sus países de nacimiento.
Los dos argelinos, Jaled Belkacemi, de 60 años, y Abdelkrim Hassane, de 41, se encontraban el domingo por la noche en la mezquita de Quebec para rezar cuando un estudiante canadiense de 27 años, cercano a la extrema derecha, abrió fuego contra unos 50 fieles presentes.
Seis personas murieron y ocho resultaron heridas por los disparos del atacante, quien se entregó sin resistencia a la policía una hora después.
Belkacemi, padre de dos niños, era profesor en la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Laval de Quebec.
Hassane, padre de tres niñas de diez años, ocho años y 15 meses, trabajaba para el Gobierno de Quebec como programador informático. Llegó a Canadá en 2010.
Boubaker Thabti, de 44 años, era empleado de una empresa agroalimentaria y residía en Quebec desde 2011. Era originario de Tataouine (sur de Túnez) y era padre de dos niños, de 11 y tres años.
- 'Perdón' -
Esta tragedia es para Canadá como una deflagración cultural. Elogiada y defendida con orgullo, la Carta de Libertades oculta mal las fracturas de una sociedad en la que movimientos racistas ya no temen aparecer públicamente en la provincia francohablante de Quebec.
Justin Trudeau defenderá una vez más durante los funerales la imagen de un país de acogida, adonde han llegado, a menudo sin nada, unos 40.000 refugiados sirios desde hace un poco más de un año.
El miércoles, en la Cámara de los Comunes en Ottawa, un diputado liberal del partido de Trudeau dio un vibrante testimonio reconociendo entre líneas la ceguera de una sociedad frente a sus demonios.
El diputado Joël Lightbound le pidió a las familias de las víctimas y a la comunidad musulmana "perdón por haber asistido estos últimos años a su ostracismo y su estigmatización, por haber visto cómo se enraizaban en el corazón de mis semejantes el miedo, la desconfianza y el odio".
"Si las palabras tienen consecuencias, los silencios también tienen consecuencias", agregó. Una segunda ceremonia funeraria está prevista el viernes en Quebec para las otras tres víctimas fatales, entre ellas dos guineano-canadienses, Mamadou Tanou Barry, de 42 años, e Ibrahima Barry, de 39.
La sexta víctima vivía desde hacía 30 años en Quebec. Azedine Sufiane, de origen marroquí y 57 años de edad, tenía una tienda de alimentos a dos pasos de la mezquita Sainte-Foy. El lugar de la sepultura no fue anunciado aún.
Con una comunidad de 6.500 personas de confesión musulmana, la ciudad de Quebec no dispone de cementerio para esta confesión. El más cercano está en Montreal, a 250 km.
AFP