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Chile decide si debe sustituir la Constitución promulgada por el dictador Augusto Pinochet. Esta posibilidad despierta interés en un país del otro lado del mundo: Suiza.Este contenido fue publicado el 23 octubre 2020 - 10:53
Ricardo Santana tiene 32 años. Trabaja de funcionario en la sección de finanzas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Chile, en un edificio de oficinas anónimo en la capital, Santiago. Allí supervisa las actividades del servicio diplomático que está en contacto con el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Se crio en la provincia de Patagonia, al sur de Chile, una zona escasamente poblada y la más próxima al Polo Sur.
"Cuando nací, Pinochet [1973-1990] ya estaba a punto de irse", dice Santana. De hecho, poco después de su nacimiento, el 56% de los chilenos votó en un referéndum histórico el 5 de octubre de 1988 en contra de una extensión del mandato del dictador, quien se hizo con el poder en 1973 tras un sangriento golpe militar contra el presidente electo Salvador Allende. Así, se perfiló en Chile, un país que se extiende a lo largo de 4 000 kilómetros entre la Cordillera de los Andes y el Pacífico, un regreso a la democracia, como ocurrió entonces en muchos países autoritarios.
Suizos en Sudamérica
A finales de 2019, unos 46 418 ciudadanos suizos estaban inscritos en los consulados de Suiza en Sudamérica, según las estadísticas oficiales. De ellos, 5 490 viven en Chile y constituyen la tercera colonia suiza más grande, después de Brasil y Argentina.End of insertion
Tres décadas de estancamiento
Pero a diferencia de muchos Estados excomunistas de Europa del Este o de antiguas dictaduras militares como Corea del Sur o Taiwán, en Chile casi todo siguió igual incluso después de que Pinochet se viera obligado a dimitir y se celebraran elecciones democráticas. "La Constitución de Pinochet de 1980 sigue vigente hoy día", dice Ricardo Santana, y añade: "Pero ojalá que no por mucho tiempo más".
De hecho, el 25 de octubre, casi 15 millones de chilenos con derecho a voto pueden decidir en un referéndum vinculante si su Constitución predemocrática debe ser reemplazada y –en una segunda pregunta de la votación– quién debe redactar la nueva Constitución.
Aquí hay los ciudadanos pueden elegir entre dos opciones: en primer lugar, que una comisión mixta compuesta por un 50% de parlamentarios y un 50% de ciudadanos expresamente elegidos para esa función elabore la nueva Ley Fundamental. O, en segundo lugar, que mediante elecciones directas se constituya un consejo constitucional, compuesto por un 50% de mujeres y un 50% de hombres. Esto último sería también una primicia mundial en términos de política democrática.
La generación joven exige una mayor participación
“Ahora por fin tenemos una verdadera oportunidad de cambiar”, dice Ricardo Santana exultante. Pertenece a esa generación de jóvenes chilenos a los que hace mucho tiempo se les prometió reformas fundamentales, por ejemplo, en el sistema educativo fuertemente privatizado, sin que nada haya cambiado realmente.
Esa es una de las razones por la que se han registrado repetidamente graves disturbios juveniles y movimientos de protesta en los últimos diez años, cada uno de los cuales fue brutalmente reprimido por la policía, militarizada desde la época de Pinochet. Incluso ahora, antes del referéndum constitucional, los jóvenes vuelven a protestar en todo el país exigiendo mayor participación.
En vista del esperado doble sí –a una nueva Constitución y a un Consejo Constitucional paritario elegido directamente– mucha gente del país está pensando en dar un paso más allá. Entre ellos Ricardo Santana, cuyo segundo apellido es "Friedli". “Mis abuelos maternos emigraron de Marbach, en el valle del Rin, desde San Galo a la Patagonia”, dice Santana, quien, como “suizo” emigrado de cuarta generación, ya no tiene derecho a la ciudadanía suiza.
Sin embargo, ante el debate en curso sobre el futuro diseño de la nueva Constitución chilena, le gustaría llevar algo de su lejana tierra natal, a casi 15 000 kilómetros de distancia: "Me interesan sobre todo los derechos populares de la democracia directa".
"Suiza como referencia e inspiración"
Este patagónico de 32 años, con raíces suizas y croatas, no está solo: Vinculante.clEnlace externo es el nombre de la nueva plataforma creada por un grupo de jóvenes informáticos chilenos que han hecho de la promoción de la democracia participativa y directa en Chile su principal misión.
“El próximo proceso constitucional es una gran oportunidad”, dice el iniciador de Vinculante Norbert Bilbeny, y añade: “La experiencia suiza en materia de derechos populares es una fuente de inspiración y una gran referencia para nosotros”. El objetivo es aumentar el conocimiento de la ciudadanía chilena sobre las posibilidades de la democracia directa moderna para el país hasta que sea elegido el Consejo Constitucional la próxima primavera, dicen los miembros de Vinculante.
Sin embargo, los observadores veteranos de la política chilena son escépticos. Por ejemplo, Eduardo Schindler, originario de Santiago. Este experto en finanzas vive en Suiza desde principios de los años ochenta. Aquí, después de su naturalización, aprendió a valorar y a utilizar las herramientas de la democracia directa y ha intentado una y otra vez animar a sus colegas y contactos del otro lado del mundo: “Pero en los últimos treinta años, la élite política de Chile no ha aportado nada a la madurez de los ciudadanos”, subraya Schindler y compara al pueblo chileno con un adulto al que su madre todavía le viste con ropa de niño.
Enorme diferencia de riqueza
Según Eduardo Schindler, que ahora vive en Kilchberg, a orillas del lago de Zúrich, su país de origen sufre importantes contradicciones internas: "En comparación con otros países de América Latina, disponemos de una economía muy desarrollada y muy competitiva, pero nuestra democracia aún está en pañales".
Estas contradicciones se notan especialmente en la muy desigual distribución de la riqueza en el país sudamericano: más de la mitad de la población tiene que sobrevivir con menos de 500 francos al mes.
Así que ahora, en el período previo al referéndum final sobre la nueva Constitución, previsto para dentro de dos años, el factor decisivo será cómo abordar la cuestión de la democracia, no solo formalmente sino también materialmente. Porque, como señala Ricardo Santana Friedli, “un Chile más democrático solo es posible si nosotros, como sociedad, somos también más justos e igualitarios”.
Traducción del alemán: José M. Wolff