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Cómo se beneficia Suiza de la ayuda al desarrollo
Los bancos de desarrollo son polémicos. Suiza tiene una gran influencia en estas organizaciones supranacionales que se dedican a promover el desarrollo económico en los países pobres. Y además se beneficia de ello: según un estudio recientemente publicado, los fondos del Banco Mundial van a parar a cuentas suizas por medio de la corrupción.
Coronavirus: paquete de ayuda
El Banco Mundial ha prometido 14 000 millones de dólares a los países en desarrollo para luchar contra el coronavirus. Los países pobres podrían ser particularmente vulnerables al virus. Parte del dinero se utilizará para fortalecer los sistemas de salud, mientras que otra parte se destinará a las empresas y sus empleados afectados por la pandemia.
Si el Banco Mundial ofrece fondos, se verá impulsada la economía de un determinado país emergente o en desarrollo. Pero hay una ley casi natural: paralelamente se produce un repentino aumento de las cuentas bancarias de la élite de ese país en sociedades offshore. Un estudio del Banco MundialEnlace externo asegura que el 7,5% de los fondos para el desarrollo pagados a los países receptores terminan en cuentas bancarias de paraísos fiscales. Suiza y su mercado bancario es el principal destino.
Los bancos suizos se han beneficiado indirectamente de los fondos que los bancos de desarrollo han puesto a disposición del crecimiento económico de los países pobres.
¿Qué son los bancos de desarrollo?
En la década de 1940 los economistas pensaron que la falta de capital era el principal obstáculo al crecimiento económico de los países en desarrollo. Como solución, se fundaron organizaciones supranacionales llamadas bancos de desarrollo. Estas instituciones apoyaron a los países en desarrollo con créditos, asistencia técnica y asesoramiento. Los proveedores de capital, es decir, los Estados, actuaban como accionistas.
Los bancos de desarrollo conceden préstamos que los bancos “normales” rechazarían debido al riesgo inherente. Los bancos de desarrollo recaudan grandes cantidades de fondos en los mercados internacionales de capital para refinanciar los préstamos.
Daniel Birchmeier, director de Cooperación Multilateral de la Secretaría de Estado para la Economía (SECO) no conoce los detalles del estudio. Sin embargo, señala que el estudio ha utilizado datos menos sólidos en este último periodo de investigación, o bien que esos datos muestran efectos estadísticamente menos significativos. Afirma que la corrupción en muchos países pobres es un problema que debe ser atajado tanto institucionalmente como a través de medidas de control y vigilancia.
Hay empresas suizas que se benefician
Sin embargo, Suiza saca provecho de manera mucho más directa del dinero de los bancos de desarrollo: muchas empresas suizas se benefician de los contratos que son financiados a través de los bancos de desarrollo. Las empresas suizas están especialmente bien representadas en los sectores de salud, finanzas, infraestructuras hídricas, energía y agricultura.
Las licitaciones públicas de los bancos de desarrollo están generalmente abiertas a todo tipo de solicitantes. Sin embargo, lo sorprendente es que sean empresas suizas las que repetidamente se lleven esos lucrativos contratos. Al parecer, las empresas suizas han desarrollado en este ámbito un cierto grado de profesionalidad. Queda por ver si las licitaciones se confeccionan según las necesidades de las empresas o si otros países no tienen la experiencia de estos procesos de licitación, a veces muy complejos.
Suiza participa en los aumentos de capital
El Gobierno suizo decidió recientemente participar con 297 millones de francos en el incremento de capital de los bancos de desarrollo, con objeto de mantener su número de votos. Suiza invertirá 197,7 millones de dólares en acciones del Grupo del Banco Mundial y 99,7 millones de dólares en acciones del Banco Africano de Desarrollo.
Al final, las empresas suizas no solo reciben un encargo en el país receptor, sino que ponen además un pie en un nuevo mercado emergente.Enlace externo
Suiza tiene mucha influencia
Suiza es un país pequeño, pero tiene un gran peso en los bancos de desarrollo. Ciertamente, EE.UU. y China son los Estados miembros más poderosos, pero Suiza preside importantes comisiones, tiene actualmente directores ejecutivos en varios bancos y proporcionalmente cuenta con muchos votos debido a su fortaleza económica y las grandes aportaciones de capital.
Daniel Birchmeier afirma que “con relación a su tamaño, Suiza tiene una influencia superior a la media”. Suiza es uno de los diez principales países donantes y ha conseguido también hacerse con una buena posición de manera informal, lo que le permite presentar propuestas de forma activa. “Suiza es uno de los líderes de opinión”.
“Cuando hablamos de la proporción de votos en los bancos de desarrollo existe una brecha entre los Estados occidentales y los países en desarrollo”, señala en tono crítico Kristina Lanz, de Alliance SudEnlace externo, un laboratorio de ideas de las organizaciones de ayuda al desarrollo suizas. Pero no es de extrañar, pues los Estados occidentales dan dinero y a cambio quieren derecho de decisión. Quien paga, manda.
Birchmeier es también de esta opinión: “Invertimos mucho dinero, por lo que también queremos tener algo que decir en la gestión de esos fondos”. Suiza tiene una influencia particularmente grande en los proyectos que financia directamente.
Participación del sector privado: ¿una idea suiza?
Suiza ha hecho una importantísima contribución a la polémica trayectoria del Banco Mundial: la ayuda al desarrollo tiene que involucrar al sector privado. “Suiza fue uno de los primeros en decir que debía utilizarse de manera intencionada el poder del sector privado”, afirma Birchmeier. “Pero siempre hemos dejado claro que no se trata de hacer acuerdos erráticos, sino de lograr una transformación, es decir, de crear mercados transparentes a medio plazo”. En otras palabras, el objetivo no es que las empresas individuales hagan negocio de la manera más atractiva posible, sino que la economía en su conjunto se desarrolle.
Las ONG criticanEnlace externo el hecho de que se movilice a las empresas privadas para la ayuda al desarrollo.
“Las empresas quieren minimizar riesgos y maximizar sus ganancias”, afirma Lanz. “Pero invertir en los países más pobres es arriesgado y no son rentables muchas de las medidas necesarias para combatir la pobreza, como invertir en proyectos de educación y sanidad”.
Incluso el Banco Mundial está tratando de trasladar los riesgos a los propios países en desarrollo fomentando las asociaciones público-privadas. O dicho de otra manera, “los beneficios se privatizan, los riesgos se nacionalizan”.
Y hay una contradicción más. Las empresas están obligadas a obtener el máximo de ganancias para sus accionistas, en claro contraste con las organizaciones sin ánimo de lucro. En muchos casos es difícil imaginar que la orientación al beneficio privado y el interés público puedan ir de la mano y en paralelo. Ni siquiera SECO puede resolver de manera concluyente esta contradicción. No obstante, SECO y Alliance Sud están de acuerdo en que es necesario impulsar las pymes locales y crear un mercado interior dinámico. La propia Lanz admite que “hay también inversiones privadas buenas y útiles”.
Bancos de desarrollo: éxitos y críticas
Según el Consejo Federal [Gobierno suizo], el Grupo del Banco Mundial ha contribuido de manera substancial a la reducción de la pobreza extrema mundial, rebajándola del 41% en 1981 a un 10% en 2015.
Pero Lanz rechaza esta afirmación. “En la década de 1980 el Banco Mundial llegó incluso a aumentar la pobreza mediante sus programas de ajustes estructurales”. Lanz se refiere a la política generalizada de aquella época para combatir la deuda de los países en desarrollo, que exigía a los países receptores ajustarse a la economía de mercado, privatizando, por ejemplo, las empresas estatales.
Hoy todavía hay en juego un mecanismo contradictorio: se construyen infraestructuras y se cobran tarifas por su uso. Eso se convierte en un problema cuando los usuarios no pueden pagar esas tarifas porque los salarios locales son insuficientes. Esta situación se produce sobre todo cuando empresas internacionales construyen infraestructuras costosas y sobredimensionadas o cuando se privatizan las carreteras o el suministro de energía.
“Por ejemplo, en Mozambique se financia cada vez más la construcción de infraestructuras a través de asociaciones público-privadas. De repente la gente tiene que pagar un peaje por el uso de las carreteras y no sabe por qué”, afirma Lanz.
Según Lanz, después de la privatización las escuelas exigen el pago de cuotas escolares, que muchos padres no pueden permitirse. Una asociación público-privada impulsada por el Banco Mundial en Tanzania para la generación de electricidad llevó a un aumento de los precios de la electricidad, que subieron en un año hasta un 40%. Es verdad que la población se beneficia de una infraestructuraEnlace externo. Pero si la gente no puede mandar a sus hijos a la escuela o los comerciantes no pueden utilizar las carreteras debido a las tarifas que se cobran, entonces el desarrollo en lugar de ser alentado se verá obstaculizado.
EE.UU. no quiere pagar, pero sí conservar su derecho de veto
El Gobierno suizo ha aprobado recientemente una modificación insólita del Reglamento de un organismo del Banco Mundial (IFC). Hasta ahora Estados Unidos es el único país que dispone, de facto, del derecho de veto, porque las decisiones importantes requieren una mayoría del 80% y EE.UU. posee aproximadamente el 20% de los votos.
Sin embargo, Estados Unidos ha rechazado participar en el aumento previsto de capital, lo que reducirá su participación en el porcentaje de votos. Pero, como Washington quiere conservar su derecho de veto, ha anunciado que solo aprobará el aumento de capital (que será financiado por otros países) si los Estados miembros elevan del 80% al 85% la mayoría de votos requerida en los estatutos del organismo.
“Por supuesto, también hay buenos proyectos de los bancos de desarrollo”, admite Lanz. “Se ha destinado mucho dinero a las energías renovables, por ejemplo financiando el uso intensificado de paneles solares pequeños”. Pero Lanz se muestra crítica con el hecho de que todavía se destinan muchos recursos a los combustibles fósiles.
Dilema entre la lucha contra el cambio climático y la reducción de la pobreza
Puede parecer irónico, pero a veces existe un conflicto de intereses entre la protección climática y la lucha contra la pobreza. Por un lado, algunos proyectos de protección climática de gran envergadura conducen al desplazamiento y empobrecimiento de la población local y, por otro, la lucha contra la pobreza lleva a un empeoramiento del equilibrio climático porque la construcción de infraestructuras y medios financieros requieren el consumo de más recursos.
“La protección del clima y la reducción de la pobreza no siempre tienen los mismos objetivos y puede darse un conflicto de intereses”, afirma Lanz. En cambio, Birchmeier asegura que los proyectos climáticos no son incompatibles con los proyectos de desarrollo y que muchos pueden combinarse. En casos aislados puede ser cierto que la reducción de la pobreza y un mayor consumo de recursos puede conducir a aumentar la huella ecológica. Pero los países ricos tendrían que comenzar por examinarse a sí mismos y mejorar su propia huella de carbono. “Además son precisamente los propios bancos de desarrollo los que están promoviendo una economía amigable con el clima”, señala Birchmeier.
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