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La solicitudes de restitución presentadas por los descendientes de coleccionistas judíos, cuyas obras robaron los nazis, son acogidas de modo diverso por los museos suizos que conservan obras que reclaman sus herederos. swissinfo.ch examina tres casos.
El primero concierne a una pintura identificada en una colección que el Kunsthaus de Zúrich recibió como legado. La institución respondió favorable y rápidamente al reclamo de restitución de los descendientes del propietario legítimo de la obra.
El cuadro Madame La Suire,,del pintor suizo Albert von Keller, pertenecía al coleccionador de arte Alfred Sommerguth, cuyos bienes -entre ellos, 106 pinturas-, el gobierno nazi decomisó y vendió en varias subastas., El coleccionista, de confesión judía, pudo huir a los Estados Unidos.
El Kunsthaus de Zúrich reconoció la reivindicación de los descendientes de Sommerguth y propuso comprarles la pintura. La familia finalmente eligió donarla al museo bajo una condición: inscribir en la presentación de esta obra la frase ‘Robada en 1939 por los nazis a Alfred Sommerguth. Donación de sus herederos y de la señora Hannelore Müller en 2010’. Hoy, la frase se puede leer al lado de esta pintura.
La procedencia de otros dos cuadros de esa misma colección aún está en examen.
Razones morales
Otro caso: una pintura de Max Lieberman vendida por el coleccionista Max Silberberg en 1934. Se ha podido esclarecer que esta venta se efectúo de modo obligado durante el régimen nazi. El Museo de Arte de Coira, que recibió en donación la pintura en 1992, decidió en 2000 devolverla al heredero de Silberberg.
Los Principios de Washington y otras razones morales fueron invocados para tomar la decisión.
Leyes inadecuadas
Pero no todos los museos helvéticos hacen prueba de tal apertura, como lo muestra un caso que apareció en los diarios en 2009, tras el rechazo del Museo de Bellas Artes de La Chaux-de-Fonds (cantón de Neuchâtel) de devolver el cuadro de John Constable a la familia Jaffé. Una obra incautada durante la Segunda Guerra Mundial.
“Fuimos despojados por segunda ocasión”, acusa Alain Monteagle, uno de los herederos legítimos de la colección de arte desaparecida de la familia Jaffé.
John y Anna Jaffé eran emigrantes británicos de origen alemán en la Costa Azul. Su valiosa colección de más de 60 pinturas fue decomisada en 1942 por el gobierno de Vichy. Muy activo en la persecución de judíos, el régimen del mariscal Pétain se apoderó de la colección tras la muerte de Anna. Viuda y sin hijos, legó sus bienes a sus sobrinos, entre ellos, el abuelo de Alain Monteagle.
Todas las obras de esta colección fueron subastadas como bienes judíos por una fracción de su valor, incluido este cuadro de Francesco Guardi ‘El Gran Canal con el palacio Bembo’ (ahora en el Museo Getty en Los Ángeles), que se dejó de lado entre las obras que se habían previsto para formar parte del proyecto museístico de Hitler en Linz, Austria. Hermann Goering, mano derecha de Hitler y fundador de la Gestapo, se apropió de los lienzos de arte flamenco.
"A los nazis no les gustaba la escuela británica de pintura. Los pinceles de Gainsborough y Turner eran demasiado sobrios para sus gustos”, indica Monteagle. También señala que en el catálogo de la subasta de 1943, las piezas se presentaron como copias, con la frase “a la manera de”.
60 años después
La larga cruzada de la familia Jaffé para localizar y recuperar la colección recibió buena acogida en Francia – incluido el Museo del Louvre-, en Países Bajos y en los Estados Unidos; pero no en Suiza.
Para justificar su rechazo de restituir el cuadro, las autoridades de La Chaux-de-Fonds invocaron una disposición del derecho suizo que protege al comprador que ha actuado de buena fe, sea cual sea la procedencia de la mercancía, y en esto se incluyen bienes robados. En otros países, como Alemania, EE.UU., o Francia, el robo es lo que prima entre los argumentos, y poco importa la buena fe del último comprador.
“Tan solo respetamos los Principios de Washington en los que se prevé que las reclamaciones deben ser tratadas conforme a la legislación local”, explica Jean-Pierre Veya, titular municipal a cargo del expediente.
Suiza no dispone de una legislación específica para tratar los casos de obras de arte robadas. No obstante, desde 2003 el periodo durante el que puede emitirse una reclamación formal de bienes culturales se extiende a 30 años. Antes eran solo 5 años.
Jean-Pierre Veya explica que el cuadro de John Constable formaba parte de la colección Junod, que La Chaux-de-Fonds recibió como legado en 1986, a condición de que permaneciera de forma perpetua en el museo y que fuese accesible al público.
La recopilación Junod, que comprende 30 pinturas de gran valor, constituye la parte central de este pequeño pero encantador museo. La familia Junod compró el cuadro de Constable en 1946, durante un periodo en el que los coleccionistas pudieron hacer muy buenos negocios, recuerda Monteagle.
“Si bien nuestro deber es reconocer las dificultades que los judíos debieron resistir durante el periodo, debemos actuar dentro de los límites de la ley”, insiste Veya, que sugiere a los herederos dirigir una demanda de indemnización al Estado francés.
“Si se sabe quién es el ladrón, es a él que hay que perseguir”, sugiere.
Alain Monteagle no está tan convencido de este argumento: “El museo hizo sus propias investigaciones y sabía muy bien que el cuadro había pertenecido a los Jaffé, que poseían una residencia de verano en la región de Chaumont. Como muchos otros museos, no se molestó en buscar a los descendientes”.
Veya subraya que la investigación sobre el origen de una pieza artística no es como definir a quién pertenece un edificio que no se ha movido de su sitio. En el caso del arte, los registros de las transacciones han desaparecido (ver artículo relativo).
En Francia, 2.000 obras robadas por los nazis y recuperadas por las Fuerzas Aliadas en 1946 siguen aún etiquetadas con las siglas ‘M.N.R.’: Museos Nacionales de Recuperación. Esta abreviatura se colocó en cuadros cuyos propietarios legítimos no pudieron ser identificados. Y cuatro de estos lienzos provenían de la colección Jaffé. Alain Monteagle pudo así reclamarlas.
A diferencia de la actitud del museo helvético, Monteagle menciona el comportamiento ejemplar del Museo de Arte Kimbell, en Texas, que decidió en 2006 devolver una de sus más preciadas posesiones, el cuadro de William Turner ‘Glaucus & Scylla’ (1814). “Me respondieron que el proceso de reclamo hubiera podido prolongarse hasta 25 años y arruinar a todo el mundo, si el museo hubiera contratado un bufete de abogados para hacer frente a una solicitud de restitución documentada."
Finalmente, los herederos del cuadro lo vendieron en una subasta en 2007 y el Museo de Kimbell lo adquirió por 5,7 millones de dólares.
Monteagle reconoce el fenomenal aumento en los precios del arte cuando se trata de piezas restituidas, pero considera que las críticas al respecto son injustas. Cita el ejemplo familiar: Para los herederos legítimos de la pareja Jaffé, la búsqueda de la colección comenzó hace 60 años y hasta ahora solamente 10 de las 60 pinturas han sido localizadas. Además, recuerda, “cuando prestigiosas instituciones adquieren estas obras, el arte se vuelve accesible a un público mayor”.
Profesor de historia jubilado y miembro activo del Partido Ecologista en Francia, Alain Monteagle asegura que su motivación es de orden ético. “Si no respetamos los Principios de Washington y seguimos permitiendo a los museos exponer el arte robado por los nazis, ¿cómo podemos esperar que los mercados emergentes de arte -donde mucho dinero está disponible- respeten los reglamentos establecidos para impedir el comercio de obras despojadas?”
“Es nuestro deber resistir”, subraya Monteagle, que ahora intenta crear una fundación de asistencia a potenciales solicitantes de restitución de obras que fueron despojadas a sus propietarios durante el régimen nazi.
(Traducción: Patricia Islas), swissinfo.ch