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Me gustan los tatuajes. Empecé hace mucho tiempo con uno en mi hombro izquierdo y me pareció tan insignificante (tener solo UN tatuaje chico en mi hombro izquierdo) que no mucho tiempo después estaba agregándole más alrededor, y después en el hombro izquierdo, después... me convertí en un cliente asiduo de una tienda de tatuajes en Munich donde un artista muy talentoso trabajaba. Después del cuarto tatuaje me dijo: "si vas a seguir tatuandote, lo mejor que podes hacer es planearlo muy bien, porque si te sigues agregando tatuajes individuales, vas a terminar pareciendo una alfombra".
Eso es exactamente lo que este libro terminó pareciendome. Una alfombra hecha de diferentes parches de pretenciosas perlas de sabiduría, descripciones cursis de sentimientos y una cadena interminable de adjetivos engrampados a cada sustantivo: "... miró sus sinceros y honrados ojos negros..". "... en su cansada y atractiva cara, y entonces vi la sonrisa paciente, resignada, casi afectiva...". Después de un rato empezó a parecerme patético esa necesidad de estampar una etiqueta en cada pequeña cosa, desde el color del cielo hasta la goma de mascar que el tipo pisaba caminando las calles de Bombay, como lo hacía "miles de veces", según nos recuerda el narrador más de una vez.
Esta podría haber sido una historia espectacular si no fuera por el personaje principal. Navegando entre un ego de el tamaño de los Himalayas y un sutil masoquismo (no puedo pensar otra razón para el obvio regocijo y las elaboradas descripciones de las palizas que Linbaba recibe a lo largo de la historia, palizas que en si mismas son bastante extrañas: el tipo se pasa la mitad de la vida entrenandose en el gimnasio y practicando karate y boxeo y a pesar de eso cada uno que se cruza no tiene ningún problema en molerlo a patadas), Lin es el tipo de persona que se tropieza con la misma piedra una y otra vez. Nunca conocí a nadie que aprediera menos de sus penurias (¡quizás porque las disfrutaba!) que este hombre. Se supone que las visicitudes de la vida nos enseñan, nos hacen mas sabios. Y Lin se encuentra con muchisimos problemas, pero no aprende nada. Demuestra una ingenuidad tal que dan ganas de pegarle una paliza (lo que probablemente él terminaría disfrutando) y la única sabiduria que es capaz de identificar son conceptos vertidos por las dos personas que él ama mas y que lo terminan usando descaramente.
Pero (si, tiene que haber un pero si terminé leyendo las 933 páginas de este libro)... la historia es realmente buena. Si se le pudiera sacar toda la metafísica superflua y las lecciones adolescentes de vida que Gregory Davir Robert pensó que su relato necesitaba, tendríamos un gran libro de, quizás, 300 páginas.
Leí en algún lado que "Shantaram" es el segundo libro de una planeada serie de cuatro. ¿Realmente leería los otros tres o algún otro libro de Gregory David Robert? la verdad, lo dudo mucho.