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En 2009, en Semana Santa, fui de vacaciones a Eslovenia. Tomé un vuelo a Venecia (más barato que los que me llevaban a Liubliana), alquilé un coche y conduje los ciento y pico kilómetros que hay hasta el pequeño país balcánico.
Nada más cruzar la frontera me las vi y me las deseé para explicar en una gasolinera que quería comprar la pegatina que me autorizara a circular. Lo intenté sin éxito en varios idiomas, entre los que no se encontraba el esloveno, por cierto Cuando ya me marchaba desesperado, la descubrí en uno de los mostradores y eso me salvó.
Iba solo, a la aventura, pero pronto descubrí que no había muchas opciones de alojamiento; en realidad no había ninguna, al menos cerca de la carretera. Consulté el mapa y vi que a 50 km estaba la ciudad de Koper. Menos mal que pude encontrar hotel, porque ya me veía durmiendo en el coche.
Llegué pues, por la tarde, con el tiempo justo de darme un paseo y de disfrutar de la puesta de sol.
Se trata de una ciudad de unos cincuenta mil habitantes en la que la tranquilidad era absoluta. Este es el palacio de los Pretores, de los siglos XIII-XV.
Y la catedral de San Nazario, del siglo XVI, en estilo gótico-veneciano.
El león de San Marcos, es el símbolo de la República de Venecia, a la que perteneció la ciudad. También había muchas fachadas con todo tipo de escudos.
Mi primera palabra en esloveno. Y una de las más importantes: pivnica. Lasko es el mayor fabricante de cerveza del país. Bien rica que estaba.
En realidad, en esta entrada hay fotos de dos días. Aquí os dejo unas de la segunda tarde, a modo de despedida.