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Angela Kasner.
Margaret Roberts.
Maria Sklodowska.
¿Te suenan esos nombres? Es muy probable que no.
Pero si hablamos de Angela Merkel, Margaret Thatcher o Marie Curie la cosa muy probablemente cambie.
Y es que ellas necesitan muy poca presentación. Empezando por orden cronológico, Marie Curie creció en una época donde el debate era si las mujeres merecían asistir a una universidad. En lo que los señores debatían pues ella ganó el nobel de física. Y como los señores seguían debatiendo y ella tenía tiempo libre pues ganó también el nobel de química.
Margaret Thatcher fue primera ministra británica. Conocida como La Dama de Hierro, le tocó gobernar cuando las mujeres solo llegaban al número 10 de Downing Street porque se casaron con el primer ministro, o porque iban a trapear la cocina.
Angela Merkel es, para todo efecto práctico, la lideresa del mundo libre, tras la abdicación de Trump. Nadie duda de su capacidad, su inteligencia, sus habilidades.
Ellas han hecho mucho en favor del feminismo. Son el ejemplo perfecto cuando un macho troglodita diga que una mujer no puede saber de ciencias o que una mujer no tiene cualidades de liderazgo.
Y creo que en parte ellas lograron mucho porque eligieron bien sus batallas.
¿Alguien recuerda a alguna de ellas tres perdiendo mucho tiempo para luchar contra la costumbre de Europa Occidental de que una mujer adopte el apellido del onvre esposo? ¿Por qué Marie trabajaba junto con su marido Pierre en vez de pedirle que “checara su privilegio”? ¿Las recuerdan protestando con el torso desnudo, presumiendo axilas con pelos azules, asumiéndose como víctimas perpetuas, inventando palabras como “cuerpa”, o hablando pestes de los hombres?
Comento esto porque en mi opinión muchas feministas están eligiendo batallas no muy relevantes. Yo conozco a muchas mujeres que trabajan en el sector financiero y que se llaman a sí mismas “banquero” (privado, patrimonial, personal, de relación). Las he escuchado decir que “banquera” les suena mal. Lo mismo pasa con mujeres que se autonombran “abogado” o “ingeniero”. Y de repente uno escucha a las feministas criticándolas y diciéndoles que son hijas del patriarcado heteronormado solo porque les gusta llamarse así. Esas feministas parecen olvidar que lo relevante es que una mujer que quiera ser profesionista triunfe en lo que hace, y no si se llama a sí misma algo acabado en “a” o en “o”.
En lo personal me gusta más el femenino de esas palabras porque permite entender mejor de quién se habla, pero me queda claro que lo que necesitamos es que más mujeres estudien ingeniería, y que eso es más relevante que si a las egresadas les llaman “ingenieras” o “ingenieros”. Del mismo modo que a Marie, Margaret y Angela no les importó adoptar otro apellido.
En general en Europa las mujeres tienen una situación de equidad superior a la de México (que es lo que importa, creo). Sin embargo sigue siendo usual que adopten el apellido del esposo (irrelevante, creo).
En Brasil el apellido materno va primero. ¿Eso le ha representado a las mujeres una ventaja? En la CDMX al registrar a un hijo ya se puede poner primero cualquiera de los dos apellidos. ¿Mejorará algo eso? ¿Se estarán eligiendo bien las batallas?
Me queda claro que las activistas del feminismo no están interesadas en mi opinión. Esto va más para los que tienen hijas, y para los que (como yo) no tenemos hijas pero queremos un mundo más justo en el que nuestros hijos varones no arrastren tradiciones y estereotipos inequitativos.
Exaltemos los ejemplos femeninos positivos (puse tres pero hay millones más en todas las disciplinas) y olvidemos un poco a las que hacen ruido por cosas menos trascendentes como el orden de los apellidos o el nombre de las profesiones.