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Bruno Kaufmann: Después del derrocamiento del exdictador Ferdinand Marcos hace casi 30 años, triunfó la revolución del 'Poder del Pueblo'.¿Qué queda de ello?
Ramon Casiple: Muchas cosas. Todas nuestras leyes e instituciones llevan el espíritu del 'poder del pueblo'. La Constitución y las instituciones estatales son sin duda de las más democráticas en todo el continente asiático.
B.K.: Sin embargo, se critican condiciones concretas…
R.C.: Y con razón. Pue en el fondo nuestras élites no se han transformado tanto como pueden parecer en el plano formal. Hasta hoy solo los hijos de la clase alta adinerada han logrado ocupar un mandato político. La razón: Las estructuras políticas son muy débiles, la estructura familiar, en cambio, muy fuerte. El que aspira a ser jefe de Estado, tiene que soltar al menos medio millón de francos.
B.K.: Una conjugación difícil: por un lado, un sistema político con grandes dosis de democracia directa, por otra, estructuras sociales que se sustentan en grandes desigualdades. ¿Se puede superar esta situación?
R.C.: Necesitamos reformas profundas. Y Suiza puede servirnos de ejemplo, pienso sobre todo en el empoderamiento del ciudadano para asumir responsabilidades. Desde el derrocamiento del régimen de Marcos, ningún gobierno filipino se ha preocupado por esta cuestión – ni ha invertido en la formación política.
Bruno Kaufmann, Manila