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Cuando Obama era candidato a presidente allá por el 2007, su campaña se basaba en 2 pilares bien definidos, concretos, arriesgados, y no negociables. Uno era el desarrollo e implementación de un plan de seguro médico más generoso y más justo, acorde a la riqueza de un país como Estados Unidos que gasta en armamento más dinero que los otros diez países que lo siguen en el ranking de despilfarro armamentístico combinados, ocho de los cuales son aliados. El otro era la regularización de los inmigrantes sin papeles que viven y trabajan en el país. Estados Unidos es una nación forjada por y para los inmigrantes, ya que no sólo es una nación joven, de menos de 250 años, sino que su gran salto demográfico lo vivió en el siglo XX. En el año 1900, Estados Unidos tenía 76 Millones de habitantes mientras que en el 2000 esa cifra era de 281 Millones. Calculando a grosso modo el incremento de población de acuerdo a los índices de mortalidad y natalidad actuales, se puede estimar que el flujo migratorio hacia Estados Unidos en el siglo XX ha sido de casi 50 millones de personas. Si pusiéramos a toda esa gente en un país ficticio llamado Migranation, este país ocuparía el puesto número 25 en la lista de países más poblados del mundo. Como dijo el Presidente Obama hace unos días, “La inmigración es lo que nos define como país”.
Y esto lo dijo precisamente cuando anunció a la nación que finalmente su promesa electoral sobre la regularización de inmigrantes había dado un paso más hacia convertirse en realidad. Hasta aquí todo muy bien, si no fuera porque este proceso no se realizó a través de una ley, enviada al congreso y aprobada por éste. Esa ley ya ha sido aprobada por el Senado en el 27 de Junio de 2013. ¿Qué pasó entonces? ¿Por qué esta ley no ha sido aprobada y el presidente Obama ha necesitado de una reforma provisional sin la intervención del Congreso? Pues simplemente que dicha ley enviada por el Senado a la Cámara de Representantes duerme el sueño de los justos sin que haya ni siquiera sido tratada en la cámara para su debate, guardada celosamente por su presidente, el republicano John Boehner.
Es sabido el especial rechazo que el partido republicano muestra hacia Barak Obama, y cómo ha luchado con todas las armas a disposición para bloquear y frustrar toda iniciativa que venga de la Casa Blanca. El famoso plan de seguridad médica denominado “Patient Protection and Affordable Care Act” (Ley de protección al paciente y de cuidado de salud asequible) fue denostado públicamente y atacado desde todos los sectores republicanos hasta que finalmente fue aprobado por ambas cámaras. Pero aparentemente la ley votada por ambas cámaras no tenía la suficiente validez por lo que el partido Republicano opuso un recurso contra ella en la Corte Suprema. Tras ser bloqueada durante dos años, la ley finalmente fue considerada como válida por la Corte Suprema en Junio de 2012.
Sí, está bien. Los republicanos son los malos de la película. Existe un proyecto de ley para regularizar a los inmigrantes, aprobado por el Senado, que no ha sido debatido en la Cámara de Representantes y que cuando lo haga, con la nueva mayoría republicana del 56%, tiene muy pocas chances de convertirse en ley. Precisamente por eso Obama dictó una orden ejecutiva en vez de esperar la ley. Una orden ejecutiva es una prerrogativa del Presidente de los Estados Unidos que le permite modificar como se aplican las leyes, pero no cambiarlas. Y esa misma orden ejecutiva, al no ser ley, puede ser derogada por su sucesor, disputada en la Corte Suprema o bloqueada en el congreso.
¿Qué logra Obama con esto? Poco más que cumplir una promesa electoral, lo que no es poco, pero resulta extremadamente insuficiente. La medida de Obama permite que casi 5 millones de extranjeros indocumentados puedan evitar la deportación si se “oficializan”, recibiendo un permiso de trabajo y residencia por tres años. Yo me pregunto cuántos de esos 5 millones van a presentarse voluntariamente sabiendo que hoy son carne de deportación si los encuentran, pero si se adhieren a la iniciativa de Obama quedan expuestos y registrados, y en tres años la posibilidad de deportación deja de ser tal para convertirse en un hecho.
De Estados Unidos uno puede decir muchas cosas que quizás no sean muy agradables, pero poco puede criticarse su sistema de gobierno. Es una democracia fuerte con reglas claras, con separación de poderes verdadera y donde a pesar de la gran confrontación bipartidista entre Republicanos y Demócratas, todos respetan la ley y los roles de los tres poderes. Por eso los poderes del Presidente son limitados, y por eso las reformas se hacen a través de leyes, que son fuertes porque precisamente todos los representantes han tenido que ver con su aprobación.
Una orden ejecutiva no es algo fuera de la ley, pero no tiene la legitimidad de una ley. Y si Obama prometió algo y ahora no lo puede cumplir porque el Congreso no le es afín, quizás debiera reflexionar que ha sido el pueblo quien votó al Congreso y que ser Presidente no le otorga del derecho de cambiar lo que la gente opina sino acatarlo.
Vox populi, vox Dei. Nos guste o no.