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El cardenal George Pell (centro I) sale de una audiencia en Melbourne el 6 de octubre de 2017(afp_tickers)
La justicia australiana podría convocar en marzo a unos 50 testigos para determinar si el cardenal George Pell, número tres del Vaticano, debe ser juzgado por agresiones sexuales.
El prelado, de 76 años, uno de los más cercanos consejeros del papa Francisco, fue inculpado a finales de junio "por delitos de agresiones sexuales pasadas", según la policía australiana, que habló entonces de "numerosos demandantes", sin dar ninguna precisión sobre los supuestos hechos ni la edad de las presuntas víctimas.
En la primera audiencia en julio, el abogado del cardenal declaró que su cliente era inocente, aunque nadie le pidiera que se declarara culpable o no a esas alturas del proceso judicial.
Pell no hizo ningún comentario al llegar al tribunal este viernes para la segunda audiencia.
El tribunal de Melbourne fijó al 5 de marzo el principio de una fase de cuatro semanas de audiencias, tras la cual la acusación deberá decidir si hay bastantes pruebas para justificar un juicio contra el cardenal.
Los detalles de la audiencia no se pueden divulgar en la prensa por motivos legales. Pero la magistrada Belinda Wallington anunció que todos los testigos, salvo cinco, habían sido considerados como admisibles. Esto significa que unas 50 personas podrían ir a declarar.
"Es necesario que se puedan expresar los recuerdos de la gente", dijo Wallington.
- 'Imposible' -
El abogado del cardenal, Robert Richter, dijo que la catedral de Melbourne no podía haber sido escenario de hechos ilícitos. "Demostraremos (...) que lo que se afirma es imposible", declaró.
En su primera intervención ante el tribunal de Melbourne en julio, Pell no tuvo ningún trato de favor a pesar de su rango.
Hubo de someterse a los controles de seguridad y, escoltado por policías, tuvo que abrirse paso entre una multitud de periodistas que lo esperaban en la entrada.
Este viernes no estaba obligado a acudir a la audiencia, pero el prelado, que niega las acusaciones contra él, siempre ha mostrado su intención de luchar para defender su honor.
A su llegada al tribunal, se le vio delgado y cansado, levemente encorvado, en medio de un dispositivo policial aún más importante que en la audiencia anterior, aunque la cobertura mediática era menor que la última vez.
"¡Ningún sitio donde esconderse!", le gritaron unos manifestantes a su salida de la sala de audiencias.
El cardenal también tenía algunos partidarios entre la asistencia. "Sabemos que es un hombre íntegro", dijo Carmen Zahra, convencida de la inocencia del cardenal.
El papa Francisco le concedió a Pell un periodo de descanso para permitirle asegurar su defensa, lo cual evitó que el australiano tuviera que dimitir.
El escándalo Pell causó un gran revuelo, ya que el cardenal es el mayor representante de la Iglesia católica jamás inculpado en un caso de presunta agresión sexual.
El anuncio de su inculpación coincidió por otra parte con el final de una larga investigación nacional sobre la respuesta institucional en Australia a los abusos sexuales cometidos sobre niños, solicitada por el gobierno en 2012 tras una década de protestas por parte de las víctimas.
La comisión de investigación real, que llevó a cabo esas investigaciones durante cuatro años, recabó testimonios de miles de víctimas.
El cardenal Pell, que declaró tres veces en el marco de esa investigación, reconoció ante los investigadores que había "fallado" en su gestión de los curas pederastas en el estado de Victoria en los años 1970.
Pell fue ordenado cura en 1966 en Roma, antes de volver a Australia en 1971 donde fue ascendiendo en la jerarquía católica.
Nombrado arzobispo de Melbourne en 1996 y de Sídney, en 2001, fue acusado en 2002 de abusos sexuales por presuntos hechos que remontaban a mucho tiempo atrás, antes de ser declarado inocente.
El papa Francisco lo eligió en 2014 para aportar más transparencia a las finanzas del Vaticano.
AFP