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Con la trágica muerte de Sergio Vieira de Mello en Bagdad, Ginebra pierde a una de las grandes figuras de la ONU.Este contenido fue publicado el 21 agosto 2003 - 09:23
El brasileño era visto como posible sucesor de Kofi Annan, recuerda su amigo Pierre de Senarclens, profesor de la Universidad de Lausana.
Al día siguiente del atentado contra la sede de la ONU en Bagdad, el gobierno suizo condena “con el más extremo vigor“ este “acto ciego“. Al mismo tiempo, Berna reafirma su apoyo a la acción de las Naciones Unidas en Irak.
El gobierno suizo expresa también su consternación tras la muerte del representante oficial de la ONU en el lugar. “En la persona de Sergio Vieira de Mello, las Naciones Unidas y la Ginebra internacional pierden un gran servidor de los ideales de paz y de justicia que los animan”, anota Berna.
Sergio Vieira de Mello comenzó su carrera dentro de las Naciones Unidas en Ginebra, en 1969 y el mes próximo debía reincorporarse a su misión al frente del Alto Comisario para los Derechos Humanos, en esa ciudad suiza.
Profesor en Relaciones Internacionales de la Universidad de Lausana, Pierre de Senarclens conoció bien al brasileño.
Swissinfo: Usted que era uno de sus amigos, ¿quién era Sergio Vieira de Mello?
Pierre de Senarclens: Era un gran servidor de las Naciones Unidas. Un hombre de una gran inteligencia que se encontró en todos los frentes difíciles y peligrosos en estos últimos quince años.
Sergio Vieira de Mello era un hombre muy sutil que poseía el valor para expresar lo que era necesario, siempre bajo el respeto a la reserva impuesta por sus funciones.
Su muerte es una inmensa pérdida para las Naciones Unidas. Con mucha determinación, asumió en Irak una posición que sabía peligrosa y complicada.
¿Cómo era el contacto con él?
Suscitaba inmediatamente un sentimiento de amistad y de connivencia. Era un hombre muy caluroso, que tenía sentido del humor.
Daba mucho a quienes lo rodeaban y daba la impresión de una gran bondad, siempre radiante, era encantador e inteligente.
El nombre de Sergio Viera de Mello se mencionaba como posible reemplazante de Kofi Annan al término de su mandato. ¿Era posible?
Efectivamente, esa idea flotaba en el aire. Habría podido ser designado para reemplazar a Kofi Annan, pero también se habrían dado consideraciones de orden de distribución geográfica. Nadie podría asegurar que él habría sido electo.
Algunos observadores imaginan que el atentado fue obra de la CIA para eliminar a un hombre que Estados Unidos no quería en el lugar de Kofi Annan...
Este tipo de circunstancias siempre despierta todo tipo de paranoias. Personalmente no creo en ese escenario.
¿Sergio Vieira de Mello era una personalidad de la Ginebra Internacional?
Era una personalidad que contaba. Efectuó buena parte de su carrera en el Alto Comisionado para los Refugiados, cuya sede está en Ginebra. Su brillo era importante y su desaparición va a dejar un gran vacío en el seno de la Ginebra internacional.
Después de un ataque semejante, ¿qué puede hacer la ONU ahora en Irak?
No sé lo que va a hacer la ONU, pero sé que será difícil reemplazar la experiencia, las habilidades de contacto y el talento diplomático de Sergio Vieira de Mello.
Será necesaria una persona que cuente a la vez con la confianza de los estadounidenses y del administrador estadounidense en Irak, Paul Bremen, y del secretario general de la ONU. Un diplomático con las cualidades necesarias para la reconstrucción de un Estado.
Suiza privilegia la vía de la ONU en Irak. ¿Usted cree que el atentado del martes pone en tela de juicio esta postura?
No lo sé. La posición de principio de Suiza en favor de las Naciones Unidas es lógica y tradicional. No creo que este atentado tenga la mínima incidencia en la política de Suiza.
¿Cuál es su lectura del atentado?
La resolución 1483 del Consejo de Seguridad otorga a la ONU un papel crucial en la reconstrucción institucional y política de Irak.
Ese papel es muy delicado, incluso tal vez demasiado equívoco en la medida en que el Consejo de Seguridad no era favorable a la participación de las fuerzas de la coalición.
En cierta forma, la ONU apoya el esfuerzo de Estados Unidos y, evidentemente, aquellos que quieren expulsar a Estados Unidos la emprenden contra la ONU.
Este atentado expresa simbólicamente la voluntad de un cierto número de movimientos de mantener la confrontación con Estados Unidos y evitar la reconstrucción de Irak.
En el fondo, se trata de la extensión de la confrontación con Al-Qaida y los feroces terroristas. Irak se ha convertido en un terreno de enfrentamiento entre el mundo occidental, sostenido por las Naciones Unidas, y las fuerzas del fundamentalismo islámico.
Para mí, esa es la consecuencia de esta guerra. No pienso que en un principio el régimen de Sadam Hussein estuviera ligado directamente al terrorismo internacional.
En ese contexto, ¿Suiza tiene una opción a su apoyo a la ONU?
Suiza no tiene una política extremadamente definida en la escena internacional. Apoya a la ONU, atribuye una gran importancia a las actividades humanitarias, pero no creo que pueda desarrollar un papel específico en esta crisis.
Por otra parte, tampoco estoy seguro de que Suiza disponga del personal necesario para jugar un papel diplomático. Suiza no tiene una fuerte tradición de política exterior ni de compromisos en la escena internacional. Se adhirió tardíamente a las Naciones Unidas. Todavía tiene que pasar la prueba.
swissinfo, Pierre-François Besson
(Traducción Marcela Águila)
Datos clave
Un atentado contra la sede de la ONU en Bagdad (19.08) deja 24 muertos.
Kofi Annan deplora la acción y reprocha a Estados Unidos la falta de seguridad.
El gobierno transitorio de Irak declara tres días de duelo.
Contexto
Sergio Vieira de Mello muere trágicamente en un atentado perpetrado contra la sede de la ONU en Bagdad.
De 55 años, el brasileño había sido designado representante especial de las Naciones Unidas el 23 de mayo pasado. Asumía igualmente la función de Alto Comisario de la ONU para los Derechos Humanos.
Especialista en problemas humanitarios y de reconstrucción de países, Sergio Vieira de Mello trabajó en el Medio Oriente, los Balcanes, Asia y África.
Doctor en Filosofía de la Universidad de la Sorbonne (París), el diplomático había comenzado su carrera en la ONU en el seno del Alto Comisario para los Refugiados en 1969.
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