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¿Por qué necesitan las mujeres un organismo especial de las Naciones Unidas? La pobreza, las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres, el escaso acceso a la atención de salud, la educación inadecuada, la violencia y diversos factores sociales, económicos, políticos y culturales influyen de manera negativa en la salud y el bienestar de millones de mujeres y niñas en todo el mundo. Esta bien documentado que estas cuestiones no se han abordado y que no se ha conseguido la equidad entre los géneros en las Naciones Unidas 1. Esto no puede aceptarse. La condición social, marginal e inferior, de la mujer y su potencial no realizado es un castigo para la mitad de la población del mundo y nos debilita a todos.
Con un organismo para la mujer, ¿se establecerían en realidad dos “Naciones Unidas”: una para los hombres y otra para las mujeres?
No. Con un organismo para la mujer se establecerían finalmente, por vez primera, unas Naciones Unidas beneficiosas por igual para hombres y mujeres, las palabras se convertirían en actos, promoviendo para la mujer el acceso en pie de igualdad a la educación y a la formación, a la atención de salud, a los servicios de salud sexual y de la reproducción, a las oportunidades económicas, a las estructuras y recursos, al poder y a la adopción de decisiones, a las comunicaciones, la ciencia, la tecnología, la tierra y el patrimonio, y a la gestión de los recursos naturales, por hacer sólo una lista parcial. Se aplicarían con dedicación conocimientos y capacidades y la planificación de programas y recursos a problemas inabordables que mantienen inactivas a las mujeres e impiden a las sociedades desarrollarse plenamente: la feminización de la pobreza, la violencia de género, las cargas de trabajo opresoras y sin remuneración, y los desproporcionados efectos del VIH/SIDA y de los conflictos armados. En la actualidad, estos problemas consumen vidas y destruyen las posibilidades de un gran número de mujeres en el mundo, pero reciben escasa atención de quienes tienen el poder de hacer que se produzca el cambio. Un organismo de la mujer, dinámico, actuaría sobre la base del reconocimiento universal de que, a todos los niveles, los mecanismos que deberían actuar para impulsar la promoción de la mujer e impedir la discriminación son inadecuados y, en muchos casos, faltan por completo.
Más bien que separar las cuestiones de la mujer, ¿no debería fortalecerse los aspectos del género en todas las facetas de la labor de las Naciones Unidas?
Nunca se esperó que sólo con el tratamiento de los problemas del género se alcanzasen las metas de la igualdad. El paso a un mundo de igualdad de derechos y oportunidades para todos tenía que conseguirse con un doble planteamiento: había que integrar las cuestiones del género en la corriente principal de toda política, plan y programa y, mediante intervenciones orientadas, había que invertir la discriminación basada en el género, tan antigua como el pasado conocido. Las intervenciones orientadas se identifican y miden fácilmente – van desde las leyes que prohíben la violencia contra la mujer y los programas que tratan de solucionar la mortalidad materna hasta cuotas que garantizan la participación de la mujer en la política y en la adopción de decisiones – y siempre conllevan costos. Pero la integración del género en esa corriente principal resultó más difícil de definir y, por eso, más evasiva. Las pruebas demuestran actualmente que el concepto de integración del género en esa corriente principal no se entiende bien, que se da con mayor frecuencia sobre el papel que en la práctica, que raras veces se asignan para ella presupuestos o personal, que cuando todos son responsables de la integración de las cuestiones del género, nadie se siente responsable en realidad – y que adoptar un planteamiento de integración de las cuestiones del género en vez de intervenciones orientadas o más bien que esas intervenciones es una excusa para no actuar. Por sí sola, la integración de las cuestiones del género ha resultado ser peligrosamente inadecuada para conseguir los derechos humanos de la mujer – y a veces de modo dramático.
Quienes piden una reforma de las Naciones Unidas desean un organismo mundial más eficiente y efectivo, no un organismo más grande, y quizá son contrarios a que se añada a la burocracia otra estructura. ¿Es sensato abogar por la expansión más bien que por la reducción de las dimensiones de las Naciones Unidas?
Los Estados Miembros que siguen asignando recursos para cualquier reforma que nosea una estructura actualizada y eficaz para las cuestiones de género, caerán en la cuenta con el tiempo de la locura que supone desear ir adelante mientras la mitad de la población humana se queda atrás. Un examen en que se comparasen las metas mundiales en materia de género con las estructuras internacionales disponibles para alcanzar esas metas revelaría a los Estados Miembros que no pueden cumplir ninguno de sus compromisos – y, por tanto, todas sus medidas de eficiencia, además de los futuros recursos, serán malgastadas – a menos que las Naciones Unidas se reformen de manera que puedan contribuir a que el desarrollo, la asistencia humanitaria, la paz y la seguridad beneficien a las dos mitades de la población humana.
¿Para cuándo está previsto el debate de la Asamblea General sobre el organismo para la mujer?
La fecha exacta de los debates de la Asamblea General no se conoce con certeza, pero se espera que sea en marzo - abril. Sin embargo, sí sabemos que para el 6 de marzo está previsto un debate general sobre la promoción de la igualdad de los géneros y la capacitación de la mujer, y puede ser el inicio de los debates. Por esto escribimos a Uds. ahora y les instamos a que actúen con rapidez.
ÉUNIFEM Assessment: A/60/62 – E2005/10; UNDP Evaluation of Gender mainstreaming, available at http://www.undp.org/eo/documents/EO_GenderMainstreaming.pdf.