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La amistad entre el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson y el artista suizo Alberto Giacometti se inició en un café parisino en la década de los 30 y se prolongó durante más de 25 años. El 11 de enero de 2016 se conmemoran los 50 años de la muerte de Giacometti.
Cartier-Bresson gozaba, como amigo de Alberto, de momentos íntimos con el escultor, tanto en su estudio parisino de la Rue Hippolyte-Maindron, o durante las vacaciones que pasó con el artista y su madre, en la casa de la familia Giacometti, en Stampa, en el cantón suizo de los Grisones. Esta intimidad no afectó la admiración que Cartier-Besson tenía por Giacometti. Hablaba del suizo como “uno de los hombres más lúcidos y más inteligentes que conocía”.
Los dos artistas tenían mucho en común. Ambos fueron seguidores tempranos del surrealismo. Cartier-Besson estaba encantado de saber que compartía con su amigo la pasión por las pinturas de Cézanne, Van Eyck y Uccelo.
Pero sus maneras de crear eran distintas. El francés creía que, a diferencia de un pintor, un fotógrafo solo es creativo durante la fracción de segundo en el que toma la imagen con su cámara.
Giacometti nació en la comuna de Stampa, en el cantón de los Grisones, que visitaba con frecuencia. Su padre, Giovanni, fue un pintor postimpresionista conocido. Giacometti murió en Coira el 11 de enero de 1966, a la edad de 65 años.
Este 2016, un ‘Centro Giacometti’ abrirá sus puertas en su pueblo natal para rendir homenaje a esta familia de artistas. (Texto: Anand Chandrasekhar, swissinfo.ch, Imágenes © Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos)