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La brecha cultural entre la Suiza de habla alemana y el resto del país fue explotada durante la Primera Guerra Mundial por la propaganda interna y externa a niveles nunca antes vistos.
El dramaturgo griego Esquilo ya apuntaba hace 2.500 años que la verdad es la primera víctima de la guerra. Pero los esfuerzos para influenciar a la opinión pública alcanzaron nuevas cotas en 1914, cuando la pequeña Suiza, una isla neutral rodeada de naciones beligerantes, se convirtió en un campo de batalla mediático.
La exposición
‘En el fuego de la propaganda: Suiza y la Primera Guerra Mundial’ es la primera producción conjunta de la Biblioteca Nacional Suiza y del Museo de Comunicación de Berna.
La muestra se presenta en alemán y francés y se puede visitar hasta el 9 de noviembre de 2014. Se centra en la guerra de propaganda y sus divisiones en Suiza durante la Primera Guerra Mundial.
Las más de 200 piezas presentadas provienen, salvo excepciones, de las colecciones de ambas instituciones. Casi todas son originales e incluyen diarios y revistas, pósteres y tarjetas postalesEnlace externo, fotos, gráficos, panfletos, manuscritos, libros y películas.Fin del recuadro
Un ejemplo fue la presencia constante de Guillermo Tell en pósteres, desde los que se alzaba simbólicamente sobre las querellas internas y advertía al pueblo acerca de los peligros de la desintegración, al tiempo que evocaba la unidad nacional.
“Puede que a primera vista este interés en Suiza parezca algo absurdo”, admite Alexandre Elsig, uno de los comisarios de la muestra ‘En el fuego de la propaganda: Suiza y la Primera Guerra MundialEnlace externo’. Esta es la primera producción conjunta del Museo de la ComunicaciónEnlace externo y la Biblioteca Nacional de SuizaEnlace externo.
“Pero tenemos que recordar que fue esta la primera guerra total en la que los medios de comunicación de masas desempeñaron un papel fundamental influenciando a la opinión pública”, recuerda Elsig. “Tanto para la Potencias Centrales como para los aliados, el reto no era solo movilizar tropas, sino también movilizar mentes. Y en este sentido, los países neutrales fueron realmente importantes, especialmente Suiza, que se encontraba en el epicentro moral del conflicto”.
Suiza no fue el único país neutral durante la Primera Guerra Mundial. Otras naciones como España, Bélgica, Noruega, Suecia o Dinamarca también lo fueron, pero lo excepcional de Suiza era su ubicación geográfica y su estructura lingüística única. Esto la convirtió en el perfecto “laboratorio experimental”, según el otro comisario de la exposición, Peter Erismann.
Desde diarios a despachos de agencia, pasando por pósteres, folletos o películas, hasta llegar a juegos infantiles o publicidad, los bandos en guerra usaron todas las herramientas a su alcance para convencer a los países neutrales de la legitimidad de sus acciones y atraerles a su lado.
“Aquí, por vez primera, la gente pudo experimentar los efectos de la propaganda encubierta y las formas secretas para ejercer influencia en la opinión pública”, explica Erisman a swissinfo.ch.
Tensiones internas
Las tensiones entre las diversas regiones lingüísticas de Suiza aumentaron a inicios del siglo XX. Las minorías de habla italiana y francesa se distanciaron cada vez más de la mayoría germana, que miraba con admiración a su poderoso vecino.
Las potencias beligerantes, principalmente Alemania y Francia, eran muy conscientes del conflicto interno y lo utilizaron llevar a cabo una guerra de propaganda dentro de Suiza sin precedentes.
Los suizos de habla italiana terminaron posicionándose al lado de sus compatriotas francófonos. “Italia entró en guerra en mayo de 1915 junto al bando Aliado, lo que fue sorprendente. Como resultado, el cantón del Tesino adoptó una actitud más crítica hacia Alemania, lo que puede verse reflejado en artículos de periódico y revistas satíricas como ‘Il Ragno’ (La Araña)”, explica Erismann.
Por su parte, Elsig precisa que la mayoría de la población suiza obtenía información gracias a la prensa diaria. “Era la fuente más directa. También existían revistas ilustradas y noticias filmadas que se proyectaban en los cines antes de las películas, pero la mayor parte de la información llegaba a través de la prensa escrita”.
“Al comienzo de la guerra, los periódicos suizos se basaban mayormente en la información proporcionada por agencias de prensa extranjeras, que estaban controladas por la censura de los gobiernos respectivos. A medida que el conflicto fue avanzando, las naciones en guerra se fueron haciendo más sutiles y adoptaron otras estrategias, como la compra de acciones en la prensa suiza, lo que les permitía ‘guiando’ así la información desde el interior de los medios de comunicación”.
El resultado es que los acontecimientos se percibían y explicaban de forma muy diferente según en cuál lado de la “barrera cultural” suiza uno comprara su diario. Por ejemplo, cuando los soldados alemanes incendiaron la famosa biblioteca de Leuven, el 25 de agosto de 1914, en su intento por destruir la ciudad belga, el diario ‘La Tribune de Genève’ les acusó de “acto de barbarie”, mientras que el ‘Zürcher Post’ se refirió al “supuesto incendio” de Leuven. La prensa helvética de lengua alemana, en general, intentó justificar los ataques como una respuesta a la “guerrilla” belga.
Más tarde, el ‘Schaffhauser Zeitung’ calificó a Francia e Inglaterra como “los traidores de Europa, enemigos de la raza blanca y profanadores de la cristiandad”. Pero el desprecio era igualmente fuerte hacia los alemanes en la Suiza occidental.
Una imagen vale más que mil palabras
Sin embargo, no todo era texto en los diarios. Desde finales del siglo XIX, las nuevas tecnologías permitían a los editores publicar y diseminar imágenes en cantidades nunca antes vistas. Durante la guerra, las revistas se convirtieron realmente en un medio de masas, con una fuerte demanda de fotos bélicas.
Las fotos eran percibidas como fieles reproducciones de la realidad de la guerra. A diferencia de los textos, que intentaban influenciar a los lectores con argumentos, las fotos eran supuestamente objetivas. Pero esto estaba muy lejos de ser verdad (véase la galería adjunta).
Alemania fue la primera en dar el salto a la imagen con el ‘Illustrierten Kriegs-Kurier’, que traía fotos, muchas de las cuales eran fruto de auténticas puestas en escena. Francia respondió a su vez lanzando ‘Mars’ en Basilea. Gran Bretaña hizo lo propio con el ‘Illustrierten Rundschau’, presentado en Zúrich en 1917.
Propaganda cultural
En 1916, mientras la masacre continuaba en las batallas de Verdún y el Somme, las naciones beligerantes desarrollaron una nueva táctica para ganarse el favor de los países neutrales: se trataba de la propaganda cultural. Su objetivo no era solo convencer a la población de que lo que hacían estaba justificado, sino inspirarles y ganar su apoyo.
Es así como la contienda llega a los teatros, cabarets y salas de concierto; con grandes nombres como Richard Strauss, la Comédie Française o la Orquesta Filarmónica de Viena, entre otros que actuaron en Suiza. Igualmente se llevaron a cabo exposiciones de artistas como Degas y Cézanne.
Pero no hay que olvidarse del cine. Poco después del estallido de la guerra comenzaron a presentarse boletines semanales en las salas de todo el país, aunque al igual que con los otros medios de comunicación, el contenido podía variar enormemente dependiendo de la parte del país en la que uno se encontrara.
Hacia 1917, las Potencias Centrales controlaban la mayoría de cines en la Suiza de habla alemana, mientras que los Aliados hacían lo propio en la Suiza occidental. Esta situación llevó al Gobierno helvético a pasar a la acción. En 1917 produjeron un documental de 50 minutos titulado ‘Die Schweizer Armee’ (El Ejército Suizo) que mostraba soldados suizos marchando por las fronteras y su nivel de preparación. El estreno fue un gran éxito y esta película, la primera realizada por el Gobierno suizo, puede verse hoy en la exposición de Berna.
Postales
Y luego encontramos las tarjetas postales, uno de los medios más populares para esparcir propaganda. Las postales vivieron su edad de oro como medio de comunicación entre los años 1914 y 1918, cuando el correo suizo llegó a entregar entre 60 y 80 millones de unidades.
“Entonces era una forma habitual de comunicarse; el equivalente de los mensajes de texto (SMS) de hoy, utilizados para no decir mucho más que: ‘Hola, estoy en tal parte, ¿cómo vas?’ y cosas por el estilo”, explica Elsig. “Lo curioso es que raramente el texto hace referencia a la imagen que se ve en la tarjeta postal”.
Pero postales con imágenes fuertes, como la bombardeada Catedral de ReimsEnlace externo fueron enviadas masivamente por las Potencias Aliadas a los países neutrales como prueba irrefutable de la barbarie alemana. Y aunque desde el inicio del conflicto las autoridades suizas intentaron mantener un control sobre las tarjetas postales, dada su enorme cantidad, tal control fue imposible.
Ni siquiera a los niños se les ahorró la propaganda, pues fueron utilizados para expandir el mensaje de una guerra heroica y para minimizar los sufrimientos de los combatientes. Herbert Rikli, de Berna, publicó un libro en Stuttgart llamado ‘Hurra! Ein Kriegs-BilderbuchEnlace externo’ (Hurra! Un libro de guerra con ilustraciones) acerca de un niño que sueña luchar en la guerra junto a los alemanes, como su padre.
En el otro bando, Charlotte Schaller-Mouillot, de Friburgo, escribió ‘Histoire d’un brave petit soldatEnlace externo’ (Historia de un valiente soldadito) que igualmente infantilizó el conflicto armado. La ‘Gazette de Lausanne’ no dudó en recomendar la lectura de este libro que cuenta una aventura “a ratos valiente, triste o divertida”.
Al final, ¿quién ganó la guerra de la propaganda en Suiza? “El vencedor es el que consiguió la victoria de las armas, pues no se puede esconder la derrota”, explica Elsig. “Pero durante la guerra fue más duro para los alemanes, puesto que invadieron Bélgica y fue realmente muy difícil hacer desaparecer esa agresión, dado que Suiza era igualmente neutral. Y la invasión de Bélgica fue contraria a todas las reglas internacionales de la guerra”.
Traducido del inglés: Rodrigo Carrizo Couto, swissinfo.ch