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A lo largo de tres décadas de trabajo en el Montreux Jazz Festival, dos fotógrafos suizos han reunido miles de imágenes de los más grandes músicos del mundo. Pero el tiempo y los avances tecnológicos han cambiado radicalmente su trabajo.
Miles Davis estaba sentado solo y desnudo en su camerino del Montreux Jazz Festival cuando en ese preciso momento pasó por la puerta el fotógrafo independiente Edouard Curchod. Cuando el legendario trompetista cruzó la mirada con el avergonzado fotógrafo, Curchod esbozó una tímida disculpa.
Pero para sorpresa del fotógrafo, Davis, que se hallaba en Montreux por quinta vez, invitó a entrar y le preguntó: “Qué te ha parecido mi concierto?”
Cuando Curchod respondió que su nivel de inglés no era suficiente para expresar sus emociones, Miles Davis le agradeció y le invitó a tomarle fotos. Curchod logró captar a la estrella de la cintura para arriba en ese raro, íntimo momento cuando el trompetista estaba solo.
Era el año 1988, el octavo que Curchod acudía a captar imágenes al festival. En 1980, el fotógrafo basado en Vevey, cerca de Montreux, no tenía acreditaciones para el evento, pero conocía bien el lugar. Cada noche, entraba por la puerta de servicio de la cocina del Casino de Montreux, y subía hasta la sala de conciertos.
Nadie le hacía preguntas. No había personal de seguridad en la sala y solo había dos fotógrafos acreditados oficialmente.
La primera foto publicada de Curchod lo fue en un diario de Vevey, hoy desaparecido. La imagen mostraba al público de un concierto de la banda británica Q-Tips escuchando la música sentados en el suelo. Esta una imagen muy inhabitual en la Suiza de entonces.
Como la mayoría de fotos de Curchod, la imagen es en blanco y negro. “Para las fotos en color, la luz tenía que ser muy buena, porque la película no era lo suficientemente sensible”, explica. “Pero nadie pedía entonces color, salvo algunas revistas y compañías discográficas”.
Revelaba las fotos en su coche, las llevaba personalmente al diario para que fueran re fotografiadas para impresión y volvía al festival para los conciertos de la noche.
Cuando Curchod fue acreditado en 1981, los fotógrafos no tenían límites de tiempo y podían ir libremente a los camerinos a condición de respetar a los artistas.
El mismo año, el fotógrafo Philippe Dutoit cubría el concierto de James Brown para la revista suiza ‘L’Illustré’. Dutoit acababa de mudarse a Montreux y apenas conocía el festival. “Ni siquiera me interesaba mucho la música”, admite.
Pero esto cambiaría dos años más tarde, cuando comenzó a fotografiar todo el festival, trabajando lo suficientemente cerca de los músicos como para poder verlos respirar.
A esas alturas, dado su número creciente, los fotógrafos ya no podía pasar a los camerinos, pero si podían fotografiar los conciertos libremente.
“A menudo el público se sentaba en el suelo, y nosotros nos movíamos alrededor de ellos. Supongo que les molestábamos bastante,” comenta Dutoit. “Pero esto sería imposible hoy.”
Las fotos destinadas a publicación al día siguiente tenían que llegar a la redacción antes de las horas de impresión, bien entrada la noche. Para los medios suizos que estaban más lejos de Vevey, las fotos tenían que ser reveladas, llevadas a la estación de trenes de Montreux y dejadas en el coche postal en ruta a la ciudad donde las imágenes fueran a publicarse.
Las fotos eran puestas en sobres especiales donde se indicaba que no debían meterse en las sacas del correo normal. Tras depositarlas, los fotógrafos corrían a una cabina de teléfono, llamaban a la persona encargada de recoger las fotos y les informaban en qué tren llegaban.
Cambio de artistas
Hasta los primeros años 90 hubo una fuerte demanda de imágenes de artistas tocando en el Montreux Jazz Festival. En esos tiempos había muchos menos festivales y el evento suizo no era solo una fecha más dentro de una gira internacional.
“Los artistas se quedaban dos o tres días, a veces incluso una semana”, explica Dutoit. “Dizzy Gillespie solía jugar al tenis a orillas del lago. Hoy en día, llegan por la tarde y a la mañana siguiente ya están en Londres o Berlín.”
Uno de los momentos más gratificantes – y estresantes – de la carrera de Dutoit ocurrió cuando pudo mostrar a Miles Davis sus fotos del año anterior.
“Daba miedo”, dice Dutoit. Recuerda temblar mientras Davis miraba cada foto con él y le preguntaba por qué las había tomado. Tras unos minutos incómodos, Davis le dio una palmada de aprobación en el hombro. “Fue un momento extraordinario”, recuerda emocionado Dutoit.
El festival se mudó en 1993 al recientemente ampliado Centro de Congresos. Los conciertos con entrada de pago tenían lugar en el Auditorio Stravinski, y la nueva Sala Q, una iniciativa que duró poco, coproducida por Quincy Jones y el fundador del festival, Claude Nobs. Las tiendas dispuestas de manera adicional a lo largo de la orilla del lago, junto a un escenario para conciertos gratuitos al aire libre, lograron atraer la cifra record de 120 000 personas el año siguiente.
Para entonces, a los fotógrafos solo se les permitía trabajar durante las tres primeras canciones, y debían elegir entre artistas y salas.
“Siempre esperábamos que un concierto empezara más tarde que el otro, pero a menudo ambos conciertos empezaban tarde y nunca sabíamos a cuál ir primero”, rememora Curchod.
El fin de la película
En el año 2000 comenzó la revolución de las cámaras digitales. Dutoit recuerda haber invertido 30 000 francos suizos en una Nikon-Kodak DCS 760, que usó durante menos de dos años.
Curchod no estaba convencido de los méritos de la fotografía digital hasta la llegada de la Nikon D1H en 2001. Pero la tecnología evolucionaba a tal velocidad, que en 2003 su mayor preocupación era que “tal nivel de calidad matara la atmósfera de las imágenes”.
”Estábamos acostumbrados a un cierto nivel de “ruido” en nuestras fotos, pero ahora teníamos cámaras con sensores que superaban la película. Parecía que siempre estuviéramos trabajando con luz natural”, explica.
Pero Curchod pronto se dio cuenta de que las cámaras digitales permitían a los fotógrafos del festival preocuparse menos por los aspectos técnicos, y concentrarse más en capturar la atmósfera a través de las expresiones de los músicos.
“Empezamos a hacer tomas de proximidad en color,” explica Curchod. “Anteriormente, cuanto más largo fuera un teleobjetivo, más rápido teníamos que trabajar antes de que el sujeto – o nosotros – se moviera. Preferíamos no asumir riesgos con la calidad, y es por eso que hacíamos tomas con gran angular, mostrando la escena y varios músicos”
En más de tres décadas, los fotógrafos han experimentado frustraciones y algunos momentos desagradables. Dutoit fue echado por el guardaespaldas de un músico, y le rompieron una cámara durante una pelea con un encargado de la seguridad. Por su parte, Curchod se queja de las siempre crecientes restricciones al trabajo de los fotógrafos, así como del número cada vez mayor de fotógrafos acreditados. Estas razones le hicieron prometerse que la 25 edición del festival sería la última para él.
Pero veinticuatro años más tarde, el evento cuenta con tres salas de pago y ocho escenas gratuitas. Antoine Bal, director de relaciones de prensa del festival, afirma que el número de fotógrafos acreditados puede “variar enormemente” de año en año. Aunque, generalmente, hay una decena trabajando en el Auditorio Stravinski y Montreux Jazz Lab, mientras que no más de tres lo hacen en el Montreux Jazz Club. La lista de fotógrafos acreditados es sometida al criterio de los managers de los artistas, que son quienes toman las decisiones finales.
“A veces, solo hay un fotógrafo acreditado,” explica Bal, quien añade: “Y es que el control de la imagen es muy importante hoy.”
Pero a pesar de los problemas, tanto Curchod como Dutoit se muestran de acuerdo al decir que los elementos positivos superan a los negativos. Ambos sienten aún la excitación cuando se sumergen en la atmósfera del festival.
“Disfruto del privilegio de ver a los artistas bajar del escenario y abrazarse porque han disfrutado del placer de hacer música juntos,” explica Curchod.
Una foto del último concierto de Gil Evans en Montreux, en 1986, es una de sus imágenes favoritas. Evans estaba tocando con un grupo de músicos jóvenes cuando en un momento dado dejó de tocar, se inclinó sobre el teclado y se puso a mirarlos. La imagen de Curchod refleja el placer del viejo maestro viendo la llegada de la nueva generación de artistas. Gil Evans murió en 1988.
”Cuando tomé esta foto, se me puso la piel de gallina”, afirma Curchod. “Y cuando la miro ahora, me ocurre lo mismo.”
Curchod, de 64 años, ha tomado unas 800 000 imágenes del festival, y no parece dispuesto a parar. Por su parte, Dutoit va a fotografiar el Montreux Jazz Festival por última vez este verano. Planea publicar un libro con su trabajo para el 50 aniversario del evento. Y ya tiene elegida la foto de portada: un detalle de los dedos de Miles Davis tocando la trompeta. Un tributo a la leyenda que regaló a Montreux – y a muchos de sus fotógrafos – momentos inolvidables.
Traducido del inglés por Rodrigo Carrizo Couto, swissinfo.ch