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Aún recientemente, en 2003, un proyecto de Normas sobre las responsabilidades de las empresas transnacionales y otras empresas comerciales en la esfera de los derechos humanos había sido adoptado por la Subcomisión para la Promoción y la Protección de los Derechos Humanos el órgano de expertos independientes de la Comisión de Derechos Humanos (predecesora del actual Consejo de Derechos Humanos).
El CETIM había sido, junto a la Asociación Americana de Juristas (AAJ), uno de los actores clave en el grupo de trabajo que elaboro este proyecto de normas. Pero en 2005, los Estados miembros de la Comisión enteraron este proyecto de normas y dieron prioridad a un enfoque orientado a los códigos de conducta voluntarios y no vinculantes que culminó con la adopción, por parte del Consejo de Derechos Humanos, de los Principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos en 2011.
¿Pero cómo pretender controlar a los actores más poderosos de la economía mundial con códigos de conducta voluntarios? La experiencia reciente demuestra que la autorregulación de las ETN es una quimera.