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El clima y la topografía condicionaron los primeros asentamientos en el territorio de la Suiza actual. La herramienta más antigua de sílex encontrada hasta ahora en Suiza —un hallazgo único— tiene una antigüedad de aproximadamente 400.000 años. Sin embargo, no es hasta hace 120.000 años cuando la actividad humana empezó a dejar vestigios más notables. Los asentamientos más antiguos, en los que se practicaba la agricultura y la ganadería y que por tanto documentan el abandono del nomadismo, se establecieron entre 5500 y 5000 a. C. Los poblados lacustres que se construyeron a partir de finales del V milenio a. C. en la región situada entre los lagos de Constanza y de Ginebra también han dejado importantes rastros arqueológicos.
Desde inicios del III milenio a. C. el territorio de la actual Suiza se fue incorporando paso a paso al Imperio romano. Sin embargo, no constituía una entidad política unitaria, sino que estaba dividido en cinco provincias distintas. El dominio romano se afianzó paulatinamente con la fundación de colonias. Los pueblos autóctonos —entre otros los réticos y la etnia celta de los helvecios— adoptaron poco a poco los múltiples modos de vida romanos (romanización). El ocaso del Imperio romano-occidental condujo en los siglos V y VI al declive de la administración romana.