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Es válido hablar de la pedagogía de Rudolf Steiner. Sin embargo, en cada jardín de infantes, en cada escuela, son los educadores y docentes los que hacen realidad esa pedagogía en la práctica cotidiana. Cada jardín de infantes, cada escuela, en cada país, tiene su propia modalidad, su propia versión de esta pedagogía. Las circunstancias y las metas de vida difieren de un país a otro, de un continente a otro, y esto hace que cada comunidad escolar tenga características únicas. Aun así en todos los casos se trata inconfundiblemente de jardines de infantes y escuelas Waldorf, pues todos ellos tienen en cuenta al espíritu.
El espíritu es universal. Al ser vivido por seres humanos, se torna individual. Al margen de las diferencias, todas las iniciativas pedagógicas coinciden en centrarse en el ser humano en proceso de formación: el niño.
La pedagogía Waldorf es uno de los frutos de la ciencia espiritual antroposófica expuesta por Rudolf Steiner (1861 – 1925) en numerosos libros y conferencias. En 1919 Emil Molt, director de la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria en Stuttgart, le preguntó a Rudolf Steiner si, sobre los fundamentos de la antroposofía, él podía concebir una escuela para los hijos de los trabajadores de la fábrica.
La fundación de esa primera escuela Waldorf tuvo lugar en septiembre de 1919. Para preparar al primer cuerpo docente, Rudolf Steiner dictó un curso introductorio compuesto por una parte antropológica, una metodológica y otra didáctica; en los años subsiguientes lo complementó de múltiples maneras a través de conferencias y cursos en Alemania, Suiza, Austria, Holanda e Inglaterra. Más de un elemento de esta nueva escuela ha ido ingresando a la enseñanza oficial en los distintos países, como por ejemplo la prescindencia de boletines con calificaciones numéricas como medio selectivo, el arte y las manualidades como elemento educativo, la enseñanza mixta. Otros elementos, como la enseñanza de latín, griego y taquigrafía, eran producto de la época e incluso una exigencia oficial del momento. Naturalmente, con el correr del tiempo, también en las escuelas Waldorf el plan de estudios ha ido sufriendo muchas modificaciones. Pero lo esencial de esta pedagogía fue, es y será la concepción antroposófica del ser humano. A continuación se la delineará brevemente.
En los “Principios antroposóficos” publicados en 1924, Rudolf Steiner formula en forma condensada, lo que él entiende por antroposofía: “La antroposofía es un camino cognitivo, que busca conducir lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el universo.”
Esta frase contiene tres afirmaciones centrales:
Existe una entidad espiritual en todo ser humano.
También el mundo visible a nuestro alrededor contiene algo que actúa en forma invisible, y esto es lo que hay que descubrir y explorar.
La antroposofía no es un sistema de creencias, sino la incitación a transitar un camino de cognición, que es al mismo tiempo un camino de autodesarrollo, un camino que activa la propia fuerza espiritual en el ser humano.
La antroposofía busca ser, pues, una incitación a transitar ese camino de investigación en los diferentes ámbitos de la vida. En la pedagogía, la indagación se centra en el desarrollo progresivo del ser humano hasta alcanzar la autonomía. Esa actitud investigativa hace que la pedagogía Waldorf en esencia no pueda ser aplicada según criterios dogmáticos, sino que sólo va surgiendo de la práctica individual y el encuentro concreto entre las personas. En un escrito fundamental sobre “Escuela libre y trimembración” Rudolf Steiner se manifiesta en términos lapidarios:
“Lo que se ha de enseñar y educar sólo debe provenir del conocimiento del ser en evolución y de sus predisposiciones individuales. Una antropología auténtica debe ser el fundamento de la educación y de la docencia” (“Pädagogische Grundlagen und Zielsetzungen der Waldorfschule”, “Fundamentos pedagógicos y metas de la escuela Waldorf”, Dornach 1969, pág. 8).
Nuestra misión como educadores radica ante todo en promover y conducir a la autonomía al ser que se oculta en cada individuo, cuidando de que pueda desarrollarse sanamente. Para ello tenemos que conocer las leyes del desarrollo, pues en cada etapa evolutiva, esa individualidad única que el ser humano trae de un mundo prenatal se manifiesta en una forma diferente; por ende debe ser estimulada de manera específica.
Zimmermann, Heinz: Waldorf-Pädagogik weltweit, Ed.: Freunde der Erziehungskunst, 2001.