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Las mecenas de James Joyce
Se dice que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, pero en el caso de James Joyce fueron varias. Aprovechando que este año se cumplen 100 años de la publicación de Ulises, la obra cumbre del autor irlandés, vamos a hablar de ellas
James Joyce pasó una parte significativa de su vida en Zúrich. Como refugiado durante la Primera Guerra Mundial, escribió parte de Ulises en esta ciudad. Durante la década de 1930 la visitó en diversas ocasiones y regresó de nuevo para quedarse durante la Segunda gran guerra. El escritor murió aquí en 1941 y está enterrado en el cementerio de Fluntern, junto con su esposa e hijos.
Aunque la fama de Joyce es indiscutible, sin la intervención de dos mecenas femeninas que le procuraron ingresos mensuales para que se pudiera dedicar a escribir, quizá hoy no conoceríamos su obra.
La primera fue Harriet Shaw Weaver, quien publicó por capítulos Retrato del artista adolescente en la revista The Egoist, de la que era editora. También adelantó a Joyce una suma considerable en derechos de autor cuando finalmente, en 1917, la primera novela del autor irlandés vio la luz en formato libro a través de Egoist Press, la editorial de Shaw.
Durante la Primera Guerra Mundial, además, esta primera mecenas asignó a Joyce una pensión de 200 libras al año. Más tarde creó un fondo a nombre del escritor, cuyos intereses le hubieran garantizado un sueldo de por vida. Sin embargo, él terminó consumiendo el capital por tres razones: sus diversas operaciones en los ojos, el tratamiento de la esquizofrenia de su hija Lucía en Zúrich y cierta tendencia al malgasto. A pesar de ello, la señora Shaw mantuvo su soporte económico durante toda la vida de Joyce y, tras la muerte del autor, continuó apoyando económicamente a su familia.
La segunda mecenas de James Joyce llegó en 1918. Edith Rockefeller McCormick (hija del magnate del petróleo John D. Rockefeller) se estableció en Zúrich en 1913 para poner su depresión en manos del reconocido psiquiatra Carl Jung. De marzo de 1918 a octubre de 1919 la millonaria estadounidense pagó 1000 francos al mes al escritor, pero dejó de hacerlo cuando éste rechazó el requerimiento de Edith de que se sometiera también a tratamiento con Jung. Para intentar recuperar su mensualidad, Joyce le envió parte del manuscrito de Ulises, en el que estaba trabajando. Ella le agradeció el detalle, pero se limitó a decirle que podía pasar a recogerlo cuando quisiera.
Otras tres mujeres contribuyeron a crear una enorme expectativa ante la publicación de Ulises tanto en Europa como en Estados Unidos, lo que contribuyó a su posterior éxito de ventas. Hablamos de Margaret Anderson y Janet Heap, editora y redactora respectivamente de la revista literaria estadounidense The Little Review, que se jugaron el tipo para publicar Ulises por entregas, pues la obra había sido tildada de obscena. Ambas mujeres fueron juzgadas y multadas, pero el juicio generó tal expectativa sobre la obra en Estados Unidos que una editorial emergente y ambiciosa decidió publicar el libro a pesar de todo: se trataba de Random House, que creció de manera espectacular gracias, en gran parte, a las ventas de Ulises.
Antes, a este lado del océano, en París, la propietaria de la librería Shakespeare and Co. Sylvia Beach aprovechó la expectativa y la curiosidad que despertaba una obra tan polémica y decidió publicar el libro a toda costa. Para ello creó una especie de crowdfunding de la época: una venta por suscripción. Ulises salió el 2 de febrero de 1922, resultó todo un éxito y consolidó a James Joyce como la gran figura de la literatura que es hoy.
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