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La primera ministra británica, Theresa May, espera en Maidenhead (Reino Unido) los resultados de las elecciones generales, el 9 de junio de 2017(afp_tickers)
La primera ministra británica, Theresa May, llegó al número 10 de Downing Street aupada por su partido y rodeada de una fama de diligencia y solidez que se diluyó en su primera gran campaña electoral.
Esta mujer alta y esbelta de 60 años, aspecto elegante, ojos expresivos y cabello corto y canoso, llegó propulsada a Downing Street desde su cargo de ministra del Interior, en el que se mostró particularmente beligerante con la inmigración clandestina.
Theresa Brasier -su nombre de soltera- nació el 1 de octubre de 1956 en Eastbourne, una ciudad costera del sureste de Inglaterra. Tras cursar estudios de geografía en la Universidad de Oxford, donde conoció a su esposo, Philip, y tras trabajar brevemente en el Banco de Inglaterra, dio sus primeros pasos en la política en 1986.
Ese año fue elegida concejala del distrito londinense de Merton. Tras dos derrotas, fue elegida en 1997 diputada del Partido Conservador por el distrito de Maidenhead, en Berkshire.
De 2002 a 2003 fue la primera mujer en ocupar el cargo de secretaria general de su formación política. Se dio a conocer con un discurso en el que llamó a los 'tories', entonces muy a la derecha, a abandonar su papel de 'nasty party' (partido de los malos).
En 2005, May apoyó a Cameron en su conquista del partido. Cuando fue elegido primer ministro, la recompensó con la cartera del Interior, que conservó tras su reelección en 2015.
Aunque era descripta a menudo como "la nueva Margaret Thatcher", tenía sobre todo algo en común con Angela Merkel, la canciller alemana: ambas son hijas de un vicario. Aunque sus enemigos la acusaban de poca altura de miras, todos coincidían en destacar su laboriosidad y competencia.
Fiel al primer ministro saliente David Cameron, esta euroescéptica se pronunció a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE en el referéndum del 23 de junio de 2016, pero se implicó poco en la campaña y lo hizo insistiendo en la necesidad de limitar la inmigración, el tema favorito de los partidarios del Brexit.
Tras la dimisión de Cameron por el triunfo del Brexit en el referéndum, May se erigió como una figura creíble y de consenso para todos los sectores del Partido Conservador. Ni siquiera tuvo que someterse al voto de los afiliados, gracias al abandono de sus rivales.
Pocos apostaban por ella antes del sismo Brexit. Boris Johnson, George Osborne o incluso Michael Gove eran opciones más populares.
- "Una mujer terriblemente difícil" -
"Es muy diligente, muy trabajadora, se sumerge en los detalles, es bastante tecnócrata, muy dura, y puede ser tozuda", explicó a la AFP el exlíder liberal demócrata Nick Clegg, que fue viceprimer ministro del gobierno de coalición de Cameron y colega de gabinete de la actual líder conservadora.
"Todas estas cosas son cualidades bastante buenas en un político del gobierno", reconoció Clegg, quien, sin embargo, añadió: "Nunca vi realmente mucha imaginación, ni flexibilidad, ni instinto, ni visión, que son las cosas que se necesitan de una primera ministra".
Tras resistir durante un año los llamados de su partido, finalmente adelantó las elecciones de 2020 al 8 de junio.
"Theresa es una mujer terriblemente difícil", comentó sobre ella el exministro Kenneth Clarke, un diputado conservador que trabajó para Thatcher. May no le hizo ascos a la frase y la usó repetidamente en campaña para transmitir firmeza.
"El próximo en darse cuenta de esto será Jean-Claude Juncker", respondió May con humor, imponiendo el tono de las negociaciones de la salida del Reino Unido de la UE con el presidente de la Comisión Europea. Parece, sin embargo, que Juncker se las verá con una líder debilitada.
AFP