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Actualmente, Suiza está envuelta como para regalo con cintas rojas y blancas. Pero, por supuesto, no hay nada que celebrar.
En las fronteras, aparte de los controles habituales, alguna forma de barrera - ya sean cintas, bloques de cemento, pilas de tierra o troncos -, evita que la mayoría de las personas salgan y la mayoría de las personas entren.
Y si bien algunos de esos obstáculos son más sólidos que otros, todos envían el mismo mensaje: "¡Quédese en casa!".
Suiza, como muchos otros países del mundo, ha implementado diversas medidas para tratar de contener la propagación de la COVID-19.
Entre ellas, restricciones de entrada para ciudadanos de todos los países, excepto Liechtenstein. Las señales más visibles están en la frontera con los otros cuatro vecinos de Suiza: Francia, Alemania, Austria e Italia.
Solamente los ciudadanos suizos, los residentes en Suiza y los trabajadores transfronterizos pueden ingresar. Incluso los socios extranjeros de ciudadanos suizos que no tienen residencia en la Confederación son rechazados y aquellos que pretenden hacer sus compras del otro lado de la frontera se arriesgan a pagar una multa de 100 francos.