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Siete países se han sumado a los treinta miembros fundadores del Centro para el Control Democráticos de las Fuerzas Armadas, en un año de existencia.
El objetivo del Centro para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas (DCAF, en su sigla inglesa), fundado el 27 de octubre a iniciativa de Suiza, es ayudar a los estados a ejercer un control sobre sus fuerzas de seguridad.
En efecto, las fuerzas que escapan a toda vigilancia pueden favorecer el surgimiento de conflictos internos y externos. El embajador suizo Theodor Winkler, director del DCAF, recordó este lunes en Berna que un "estado en el estado es una puerta abierta al totalitarismo".
Gran interés internacional
Este organismo representa una contribución concreta a favor de la paz. Tiene una misión doble. Por una parte, se trata de reunir y evaluar los conocimientos existentes en el ámbito del control democrático de las fuerzas armadas y de otros aparatos de seguridad.
Por otra, su misión es poner a disposición conocimientos de sus socios - gobiernos, parlamentos, organizaciones internacionales y no gubernamentales - en función de sus necesidades específicas.
Ese trabajo ha suscitado gran interés en la comunidad internacional, y en primer lugar entre los antiguos miembros de la Europa del Este. Ucrania, Bosnia, Moldavia y Rusia han solicitado la ayuda del DCAF para terminar con las estructuras heredadas del comunismo.
También Yugoslavia
El Gobierno yugoslavo del presidente Kostunica también ha solicitado el apoyo del centro para reorganizar las estructuras del poder heredadas de Slobodan Milosevic.
El mandato incluye seis aspectos: las bases de una nueva política de seguridad, la reforma del conjunto de los sectores de seguridad, la adaptación de las bases legales, la reforma de las fuerzas armadas, la reforma de la policía y la elaboración de un control democrático de los servicios de inteligencia y de los órganos de seguridad interna.
"En el caso de la reforma del ejército, nuestra contribución consiste en asesorar a las autoridades yugoslavas", señala Theodor Winkler. "Las nuevas autoridades provienen de la sociedad civil y carecen de conocimientos militares. Nosotros les mostramos lo que han hecho otros países para que puedan tomar decisiones en pleno conocimiento de causa", precisa.
También en Occidente
El trabajo del Centro podría aplicarse igualmente a los países occidentales, si bien éstos disponen de estructuras democráticas desde hace más tiempo. "Las repercusiones de los trágicos sucesos del 11 de septiembre refuerzan el peso de los ejércitos y de los servicios de inteligencia. Podríamos por tanto representar un contrapeso necesario", explica Theodor Winkler.
A excepción de Estados Unidos y Nigeria, los países miembros del Centro son europeos. Tras el éxito registrado durante el primer año de funcionamiento, el organismo se propone ahora extender su actividad y prevé crear próximamente una "antena africana".
Olivier Pauchard, Palacio Federal