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Locomotoras económicas y demográficas del país, las ciudades tienen poco espacio en la imagen general de Suiza, especialmente en el extranjero. Las razones de la fobia a los espacios urbanos, según una investigadora.
Un estudio reciente del Instituto de Investigaciones Económicas BAK de Basilea señala que las ciudades contribuyen con el 83% al Producto Interno Bruto de Suiza. No obstante, históricamente, las ciudades han sido descuidadas o hasta odiadas por las autoridades federales, según opina Joëlle Salomon Cavin, profesora asistente en políticas territoriales de la Universidad de Lausana. Ella dirigió en 2011 la realización del libro ‘Antiurbano, orígenes y consecuencias de la urbanofobia'.
swissinfo.ch: ¿La división entre ciudades y provincias es un fenómeno reciente en Suiza?
Joëlle Salomon Cavin: No, es muy antiguo. Desde el siglo XVIII, la construcción del imaginario del territorio helvético se erigió sobre los cimientos de la oposición entre las ciudades y las regiones de montaña.
La Constitución de 1848 otorga ventajas a los poblados inmersos en una revuelta contra las grandes ciudades, como Zúrich, Basilea y Ginebra. La instauración de un sistema parlamentario bicameral limitará durablemente el peso de las ciudades con la creación del Consejo de los Estados (cámara alta) del Legislativo.
El crecimiento urbano, la diseminación poco controlada de construcciones y la concentración de la población en las ciudades han sido considerados como hechos nefastos. En los últimos años, la fosa entre las ciudades y la provincia resulta más visible a causa de la mayor concentración demográfica y económica en las urbes y sus periferias. Pero las ciudades a nivel político siguen consideradas como enanos.
swissinfo.ch: ¿Cómo se traduce este fenómeno en las políticas de planificación territorial?
J.S.C.: Cuando las primeras reflexiones aparecen a nivel nacional en la década de 1940, el crecimiento urbano es considerado como un desastre para el país. Las dos guerras mundiales acentúan esta percepción: las ciudades se convierten en enemigos internos que confiscan terreno potencialmente útil para alimentar a la población.
Contrariamente a la protección de la naturaleza, el paisaje y las tierras agrícolas, la planificación urbana no es una prioridad. Incluso hoy día, la Ley Federal de Planificación Territorial establece entre sus objetivos el uso moderado del suelo. Este principio es sinónimo de lucha contra la expansión urbana. Hasta la década de 1990, la política regional de la Confederación se centraba solo en las zonas periféricas y rurales, la idea era equilibrar el territorio y sobre todo, no concentrar todo en las ciudades.
swissinfo.ch: En su libro, usted habla de urbanofobia. ¿Qué quiere decir con ello?
J.S.C.: La ciudad es criticable porque crea muchos inconvenientes. Pero la urbanofobia va mucho más allá. Es un discurso organizado, un juicio de valor hostil a la ciudad, orientado a las prácticas en ese sentido. Este discurso de urbanofobia no es específico a Suiza, también ha existido entre nuestros vecinos, especialmente en la Francia de Pétain, la Alemania nazi o, incluso, la Italia fascista.
En todas partes en Europa, los grandes mitos nacionales se basan en el mundo rural. La posición geográfica de Suiza como guardián del patrimonio alpino ha amplificado el fenómeno. Así, en la representación que Suiza da de sí misma, las ciudades han sido totalmente olvidadas por mucho tiempo. Suiza ha construido su imagen sobre todo en torno a las montañas, la vida rural, la figura de la aldea y algunos pequeñas ciudades-museo, como Lucerna.
swissinfo.ch: Pero las cosas están cambiando...
J.S.C.: Efectivamente, este discurso urbanófobo está menos presente, en especial, en las políticas de planificación de uso de la tierra. El punto de inflexión data de principios de la década de 2000, con el lanzamiento de la política federal sobre aglomeraciones.
En 2002, la Exposición Nacional coloca a las ciudades en el centro de la atención. Aunque parezca obvio, la afirmación de las ciudades sobre su papel como motor económico ayudó a esta evolución. En los últimos años, la necesidad de densificar el hábitat para crear un crecimiento sostenible también vuelve más aceptable a la ciudad.
Sin embargo, sigue latente cierta forma de urbanofobia en Suiza. El mejor ejemplo es la iniciativa de Franz Weber sobre las residencias secundarias. Durante la campaña electoral, uno podía ver fotomontajes con el pico del Cervino invadido con construcciones en su entorno. El temor que se transmitía con estas imágenes era el de la urbanización extrema.
swissinfo.ch: ¿No es legítimo este temor si se considera el reducido territorio de Suiza?
J.S.C.: Franz Weber apunta un problema real al hablar de planificación territorial, es decir, al señalar esas construcciones que se extienden de modo poco ordenado y contribuyen a la destrucción del paisaje suizo, pero para mostrarlas utiliza herramientas en las que se expone la urbanización como un problema en sí mismo.
Éste no es el caso. Si el crecimiento urbano es denso y compacto, la población puede crecer y el paisaje se conservará.
El indicador utilizado con regularidad en Suiza del metro cuadrado de hormigón que crece cada segundo en el país proporciona una imagen distorsionada de la urbanización del territorio helvético, al ejemplificar una masa homogénea de cemento y alquitrán que traga las tierras de cultivo y a la naturaleza.
Es mucho más fácil alertar a la opinión pública de las destrucciones del paisaje causadas por el manto urbano, que explicar que la residencia individual, símbolo del bienestar helvético, es la principal responsable del avance de la urbanización.
Mais le rêve de la villa individuelle à la campagne n’est-il pas en train de céder sa place au retour en ville et à un réenchantement de l’espace urbain?
Ce réenchantement est surtout présent dans les discours. Tout le monde ou presque souligne comme il est agréable d’habiter en ville. Même les associations de défense de l’environnement se mettent à faire l’éloge des parcs urbains et de la nature en ville. On constate certes une attraction pour la ville, mais chez certaines catégories précises de la population: les étudiants et les couples sans enfants disposant d’une bonne formation.
Ce n’est pas un mouvement de masse. Toutes les enquêtes démontrent par ailleurs une stabilité dans le désir des Suisses de posséder une villa individuelle. Avec toutefois un petit changement observé ces dernières années: le rêve de la maison perdue dans la campagne a cédé sa place à celui d’un habitat individuel si possible proche de la ville et de ses facilités.
El peso de las ciudades
Según la Oficina Federal de Estadística, la continua ampliación de las grandes aglomeraciones helvéticas dio nacimiento a 5 áreas metropolitanas: Zúrich, Basilea, Ginebra, Lausana, Berna y el Tesino.
Según un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Económicas BAK de Basilea, presentado el 30 de agosto con motivo 115▫ aniversario de la Unión de Ciudades Suizas, la parte urbana del país representaba en 2010 el 74% de la población y el 84% del PIB.Fin del recuadro
Traducción: Patricia Islas, swissinfo.ch