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Incluso los más jóvenes saben que el alcohol no es una bebida cualquiera. Muy pronto se les puede explicar que el alcohol es una bebida reservada para los adultos. A medida que van creciendo, oyen conversaciones sobre el tema en celebraciones familiares, en películas, en vídeos YouTube, etc. “¿Y tú cómo lo ves?” ¿te parece normal que…?”
En cuanto el hijo, o la hija, empieza a salir, tiene que saber cuáles son los efectos y los riesgos ligados al consumo de alcohol. Hay que hablarlo con ellos y animarlos por ejemplo a visitar la página web ciao.ch. Su adolescente debe saber lo que se espera de él o de ella. Tratándose de alcohol, ha de conocer las reglas.
Si lo único que quiere es probar:
- a los muy menores, hay que negárselo rotundamente diciéndoles que el alcohol no es bueno para los niños.
- si tiene más de doce años, y se empeña, se le puede dar una vez algo del alcohol del vaso de un adulto, por probar. Cuanto más tarde lo pruebe, mejor lo captará y gestionará su cerebro.