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El pediatra suizo Beat Richner considera que no se debe distinguir entre enfermos ricos y pobres. Bajo este concepto levantó tres clínicas en Camboya. La cooperación helvética solicita un incremento de las subvenciones a los proyectos de Richner.
Camboya es una de las naciones más pobres en Asia. El ingreso per capita no llega a 400 dólares por año en un país que es casi cinco veces más grande que Suiza.
A principios de los años 70, la guerra de Vietnam desató la total destrucción de Camboya. Después, Pol Pot, un líder despótico que surgió en 1974, organizó y ejecutó el genocidio más grande de la historia camboyana, con un saldo de casi 2 millones de muertos.
Hasta hoy, Camboya lucha por su precaria estabilidad, por la democratización y por la paz. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que Camboya no podrá salir de su miseria sin la ayuda internacional en todos los ámbitos.
Hace diez años, un médico suizo, Beat Richner, abandonó la tranquilidad helvética de su consultorio y desde entonces ha levantado dos clínicas pediátricas en la capital Phnom Penh y un hospital infantil en Siem Reap, en el norte del país.
Hoy en los tres centros se hospitaliza a unos 35 mil niños por año y se da servicio policlínico a casi medio millón de pacientes infantiles. Se llevan a cabo 3.800 operaciones quirúrgicas anuales y se vacuna a casi 150 mil menores. El tratamiento en las clínicas del doctor Richner es gratuito y, a parte de unos pocos especialistas, todo el personal médico es camboyano.
La labor del pediatra suizo tiene muchos simpatizantes tanto en Suiza como en otros países. Casi todo el presupuesto de las clínicas - unos 8 millones de dólares por año - se cubre con donaciones. Pero nunca faltan las críticas.
El doctor Richner practica una medicina altamente sofisticada en un país pobre. Usa maquinaria de diagnosis moderna y trabaja con medicamentos caros que no crean problemas de inmunidad en los pequeños pacientes.
Según los lineamientos vigentes de la Organización Mundial de la Salud, se debe practicar una "medicina de base barata para todos" en los países pobres. Esta "medicina descalza", como se la conoce también, tiene que ser además costeable y sostenible.
Las clínicas del doctor Richner en Camboya ni son costeables y no se sabrá a ciencia cierta que pasará con ellas cuando el médico suizo se retire. Las críticas y acusaciones no parecen asustar al pediatra suizo.
Richner está convencido de que deberá existir un solo tipo de medicina en el mundo - una medicina que sane en lugar de perpetuar enfermedades curables como la tuberculosis, el dengue y la malaria, enfermedades que tienen alta incidencia en Camboya.
El pediatra suizo sitúa su labor en Camboya en un contexto histórico. Opina que los países ricos tienen una deuda con naciones pobres como Camboya. Esta deuda rebasa ampliamente el ámbito médico.
Una nación castigada por la tuberculosis, dice el doctor Richner, es una nación oprimida. Un pueblo oprimido por enfermedades jamás será democrático y nunca llegará a la autodeterminación, tal como reclaman las entidades internacionales de derechos humanos.
En las clínicas del doctor Richner se salvan la vida de miles de niños camboyanos. ¿Qué será de ellos? Nadie lo sabe, pero viven.
Erwin Dettling