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“Nací en Friburgo en 1954 en condiciones de extrema miseria. A los tres años me entregaron a la asistencia pública junto con mis dos hermanos.
He sufrido desnutrición, violencia física y abusos sexuales. Pero, sobre todo, la falta de cariño. Al lado del orfanato había militares. Un día estaba solo en el patio cuando un oficial que lucía un bonito uniforme me dirigió la palabra. Al día siguiente me trajo un juguete. “¿No quieres ser mi papá?”, le pregunté. Me respondió que no podía ser.
A los 14 años me asignaron a una familia campesina. Tenía que trabajar y me quedaba dormido en la escuela. En tres años gané 15 francos. Luego regresé a la institución y concluí el aprendizaje de hojalatero. Pero cuatro años después tuve que dejar este trabajo por causa de problemas físicos. El deporte me ayudó a seguir adelante. Y con mucho esfuerzo conseguí ser profesor de educación física.
Cuando se abrieron los archivos y consulté mi caso, descubrí que mi madre no nos había dejado, como me habían contado, sino que no podía mantenernos después de que mi padre, un vagabundo, nos abandonara. Había pedido ayuda, pero las autoridades nos separaron. También descubrí que tengo una hermana de 66 años en el cantón de Argovia. He podido localizarla. Sentí una gran emoción”.
Traducción del francés: Belén Couceiro, swissinfo.ch