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Ser neutral no es nada fácil. La política suiza se esfuerza por interpretar su neutralidad frente a una política mundial cada vez más unilateral. Las decisiones que se toman en materia de política exterior corren el riesgo de molestar a uno u otro socio en un mundo en el que cada día la polarización es mayor.Este contenido fue publicado el 24 febrero 2021 - 08:54
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Y en este contexto la neutralidad, que es un instrumento de política exterior profundamente arraigado en la idiosincrasia nacional, viene como caída del cielo, ya que ofrece a los diplomáticos suizos cierto margen de maniobra para conseguir sus objetivos.
Hasta ahora Suiza se ha beneficiado de su estatus debido a que el país “es visto como un actor político independiente gracias a su neutralidad”, afirmaba Laurent Goetschel, director de la fundación suiza para la paz “Swisspeace”, en Berna, durante una entrevista concedida a SRF el verano de 2018.
Sin embargo, cabe preguntarse cuánto tiempo le queda aún a ese margen de maniobra. ¿Washington o Pekín, Bruselas o Moscú, Teherán o Riad? Este tipo de preguntas surge cada vez con más frecuencia en ámbitos como la importación de tecnología, los acuerdos comerciales e incluso cuando se abordan los valores universales y el derecho internacional.
Por ejemplo, la tensa disputa comercial entre Estados Unidos y China: Suiza sueña con un acuerdo de libre comercio con EE.UU. pero, al mismo tiempo, quiere mejorar el acuerdo existente con Pekín.
O dejar por fin claras las relaciones de Suiza con la Unión Europea (UE): cuando se trate de asumir las sanciones impuestas por la UE por ejemplo a Rusia, puede que Bruselas sea menos tolerante con otros “privilegios” de Berna.
O el caso del periodista asesinado Jamal Khashoggi, cuando Suiza no compartió una declaración firmada por todos los países de la UE en la que se exigía una investigación a fondo del asesinato y el apoyo explícito de Arabia Saudí a dicha investigación.
¿Cómo afronta la Suiza oficial esta creciente polarización? “En un mundo cada vez más multipolar Suiza tiene que saber con claridad lo que quiere”, escribió en Twitter el ministro de Asuntos Exteriores, Ignazio Cassis.
Además, la definición de neutralidad es polémica en el propio país. Los políticos suizos la interpretan de manera diferente, dependiendo de sus ideas en materia de política exterior. La izquierda tiende a exigir una política de neutralidad activa, en la que Suiza asuma una posición. En cambio, la derecha prefiere equiparar neutralidad con no injerencia y prudencia.
Las encuestas muestran que la neutralidad de este país es muy importante para sus ciudadanos. En una consulta realizada en 2018 el 95% de los encuestados estaba a favor de mantenerla. También mostraba que en las últimas dos décadas los suizos se inclinan cada vez más por una interpretación más estricta de la neutralidad.
Según el experto en filosofía y literatura Simon D. Trüb, la neutralidad suiza debe ser cuestionada desde un punto de vista moral. La neutralidad, puede sugerir una superioridad moral, mientras que Suiza suele actuar principalmente en interés propio, sostiene en el siguiente artículo de opinión.
La política suiza, conducida a la sombra de la neutralidad, no se corresponde con el ideal de integridad moral, puntualiza el historiador suizo Hans-Ulrich Jost.
Con la candidatura de Suiza a un puesto de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU la neutralidad vuelve a ser tema de actualidad.
La exministra suiza de Asuntos Exteriores Micheline Calmy-Rey explica en un libro por qué, a su juicio, la candidatura es compatible con la neutralidad.