Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05353.jsonl.gz/4

La rivalidad entre las dos ciudades es añeja y no es siempre el dinero el que triunfa sobre la cultura.
Le estructura de la población helvética experimenta una transformación profunda y refleja que las fronteras son cada vez más penetrables. Es por eso que Suiza es más multicultural de lo que parece en su superficie.
Según un estudio actual de la Oficina Federal de Estadísticas, uno de cada cuatro ciudadanos helvéticos inmigraron a Suiza desde un tercer país o son descendientes de una persona inmigrada.
Las visiones varían sobre lo que identifica a Suiza. Depende si uno toma un punto de vista interno o externo.
Un turista, por ejemplo, de Japón, de visita en Lucerna, Zúrich, Basilea o Lugano, encontrará una infraestructura uniforme en Suiza. Los mismos bancos, los mismos trenes y oficinas de correo y los mismos negocios de relojes y navajas suizas.
Varían los idiomas: alemán, francés, italiano... pero los servicios y los centros comerciales se presentan con una gran uniformidad a ojos de cualquier visitante extranjero.
Muy diferente es la visión interna. Existen marcadas rivalidades y hasta conflictos entre las ciudades más importantes del país. Quizás la controversia más aguda se puede observar entre Zúrich, capital del dinero, y Basilea, capital de la cultura y ventana hacia Alemania y Francia.
Nombres y apellidos ilustres - Sarasin, Burckhard, Parvicini, Merian, Sacher, Novartis, Ciby-Geigy, Hoffmann-La Roche - identifican a Basilea, ciudad ubicada a la orilla del río Rin. Zúrich, metrópolis del reformador Ulrich Zwingli, refleja su modernidad arquitectónica, su potencialidad económica y bancaria.
La influencia y el poder material de Zúrich rebasan el ámbito estrictamente económico. Mientras que Basilea ostenta una gran variedad de salas de teatro y de concierto, es Zúrich y su "Schauspielhaus" y el "Schiffsbau" que reciben los premios internacionales más prestigiosos.
¿Qué tan grande es la distancia entre Zúrich y Basilea? La respuesta depende del enfoque.
Un observador del medio periodístico en Basilea describe la rivalidad entre las dos ciudades así: "En Basilea no se presume y no se gasta el dinero en forma frívola. Se compra tal vez un pequeño cuadro de Pablo Picasso, y se regala la obra a una colección privada. Ese es el espíritu del Basilense. Mientras que en Zúrich todo lo que brilla es oro".
La rivalidad entre Basilea y Zúrich llegó a su máxima expresión a raíz del conflicto entre Swissair, la línea aérea nacional con sede en Zúrich y Crossair, su hermana menor, domiciliada en Basilea.
Hace pocos meses, Swissair tuvo que solicitar el aplazamiento de pagos y desaparecerá en su constitución original el próximo verano. Crossair, la línea aérea regional, reintegrará parte de los aviones de Swissair a su flota.
¿David absorbe a Goliat? Por una vez triunfó el espíritu de Basilea sobre Zúrich. Pero Basilea se queda con su "complejo de minoría" que no es lo mismo que un "complejo de inferioridad".
¿Habrá un entendimiento algún día entre Basilea y Zúrich? Esperemos que no. Es la diversidad y no la uniformidad que llevan adelante a las ciudades, a los espacios económicos y a sus habitantes. Es la competencia, la rivalidad y el ingenio de la gente que da vida, sabor y color, tanto a Zúrich como a Basilea.
Erwin Dettling