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El informe final del Ministerio helvético de Defensa trata de esclarecer las relaciones entre Suiza y el régimen sudafricano de segregación racial.
Se trata de una investigación incompleta, ya que muchos documentos importantes han sido destruidos.
En noviembre del 2001 el ministro suizo de Defensa, Samuel Schmid, ordenó una investigación administrativa - encargada al profesor de Derecho de la Universidad de San Gall, Rainer Schweizer - para analizar las relaciones que sostuvo el servicio de información militar suizo y con el ejército sudafricano.
La decisión se produjo a raíz de las acusaciones formuladas contra varios militares suizos en el juicio a Wouter Basson, responsable del programa de armamento químico y biológico del ejército sudafricano.
Basson, apodado 'Doctor Muerte', estaba acusado de haber adquirido sustancias químicas y bacteriológicas destinadas a liquidar a grupos de oposición al régimen.
En ese contexto salieron a la luz los nombres de varios militares helvéticos, entre ello Peter Regli, antiguo jefe de los servicios secretos.
Colaboración muy problemática
Los primeros contactos de los servicios secretos suizos con sus homólogos sudafricanos se remontan a 1977. A partir de 1980, esos contactos fueron regulares y se prolongaron, sin modificaciones sustanciales, hasta finales de la década posterior.
Tales contactos eran comprensibles en el contexto de la Guerra Fría, durante la guerra civil en Angola, que enfrentó al gobierno prosoviético y a la guerrilla UNITA respaldada por el régimen de Pretoria. Pero esa colaboración ya no tenía justificación tras la firma en 1989 de los acuerdos de paz, señala el informe.
El documento califica de "problemática" la estrecha colaboración que sostuvieron los servicios secretos suizos y sudafricanos, y juzga que, en casos aislados, pudo violar la neutralidad suiza.
Destrucción de documentos
La investigación administrativa abordó también la clasificación y el archivo de documentos en el seno de los servicios secretos y revela que, durante varios decenios, esas actividades fueron sometidas al deber de secreto.
Por consiguiente, no existe un archivo sistemático de documentos importantes, entre otros, toda la correspondencia que sostuvo Peter Regli.
Y eso no es todo. Según el informe, entre 1992 y 1997, la mayor parte de las actas relativas a los contactos con otros servicios secretos y que tenían más de cinco años de antigüedad fueron eliminados "por razones de espacio".
Pese a los estrechos contactos en 1997/1998 entre los servicios secretos y los Archivos Federales, es "muy probable que algunos documentos fueron destruidos en los años 1999 y 2000", precisa el texto.
Críticas moderadas a Regli
Wouter Basson declaró que el ex jefe de los servicios secretos helvéticos participó en uno de sus proyectos, acusación admitida por la justicia sudafricana. Según la investigación suiza, esa tesis "no es creíble".
El informe reconoce, no obstante que ambos mantuvieron repetidas reuniones y frecuentes conversaciones telefónicas, contactos que Regli ha negado contundentemente.
"Dada la gravedad de los crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad por los que Basson y otros defensores del régimen del 'apartheid' fueron inculpados, era imperativo examinar los contactos en el mismo momento en que se supo que existían", sentencia el documento.
No obstante, en calidad de jefe de los servicios secretos, Peter Regli actuaba bajo su propia responsabilidad. Entrevistado por los autores de la investigación administrativa, Regli comparó su papel al de un "ministro de Asuntos Exteriores" para los asuntos militares y de seguridad.
Y tanto él como sus predecesores siguen aferrándose hasta hoy a esa definición del cargo.
Difícil reconstrucción histórica
De la investigación emergen pocos elementos que esclarezcan qué sabían los servicios secretos suizos de los planes de armamento químico y biológico de Sudáfrica y qué implicación tuvo Regli en las actividades en Suiza de Wouter Basson y del empresario Jürg Jacomet, oficial y conocido del jefe de los servicios secretos helvéticos.
Esto se debe principalmente a la falta de documentos, tanto en Suiza como en Sudáfrica. A ello se suma que Jürg Jacomet, un testigo clave, falleció en 1998.
El informe imputa a Regli falta de crítica y de distancia hacia Wouter Basson, así como la omisión de información en un asunto tan delicado para Suiza.
Aún así Rainer Schweizer estima que los contactos entre los servicios secretos suizos y sudafricanos, aunque atestiguan una falta de sensibilidad "muy preocupante", no condujeron a "una participación activa en violaciones de los derechos humanos".
Jean-Michel Berthoud, swissinfo