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Desde hace años se discute en Suiza acerca de una reglamentación de la ingeniería genética en la agricultura.
El Parlamento se pronuncia ahora contra el congelamiento de la ley sobre los organismos genéticamente modificados.
En Suiza, como en otros países europeos, el uso de la ingeniería genética en la agricultura divide a la opinión pública.
A las inquietudes de los consumidores, ecologistas, agricultores ante los efectos sobre la salud y el medio ambiente, se contraponen los intereses de la investigación científica y de la industria de la alimentación.
En 1998 el pueblo suizo rechazó la iniciativa que limitaba severamente el uso de la ingeniería genética en la agricultura. En esta ocasión, los adversarios de la iniciativa en el Parlamento prometieron una reglamentación más clara y precisa en la materia.
Pero también entre los parlamentarios las divergencias no tardaron en aparecer, dividiendo a los diputados del Consejo Nacional (cámara baja) en dos campos con posiciones diametralmente opuestas. Los que defienden la salud y el medio ambiente, y los que defienden la libertad económica y la investigación científica.
No habrá moratoria
Sometida a votación, la 'Gen-Lex' (como se conoce en el lenguaje parlamentario a este proyecto de ley), el Consejo Nacional votó en contra de un periodo de congelamiento de 5 años. El voto fue estrecho: 90 sufragios contra 83 que impidió que se adoptara la moratoria.
El partido de los Verdes había propuesto una moratoria de 10 años para todo tipo de difusión de los organismos genéticamente modificados (OGM.) También esa propuesta fue rechazada por 99 votos contra y 55 a favor.
Al mismo tiempo, los diputados - contrariamente a lo que había decidido el Consejo de los Estados (cámara alta) durante el primer examen de la ley - aprobaron hasta el 2008 el uso experimental de los genes resistentes a los antibióticos en la medicina.
Pero los ecologistas consiguieron la aprobación de un sistema de autorizaciones restrictivas para el uso de los genes en la experimentación. Es decir, la investigación debe iniciarse primero en los laboratorios, y sólo si los resultados son satisfactorios, podrán ser autorizados en la agricultura.
Reglamento restrictivo
La investigación deberá también servir para indagar sobre los riesgos de los organismos genéticamente modificados en el ser humano y el medio ambiente. La comercialización de los OGM podrá efectuarse sólo si se prueba que no causarán daños ecológicos. También deberá declarase el empleo de genes modificados en los alimentos.
Pero la derecha parlamentaria logró que fuera derogada la supresión del derecho de apelación del que disponían los organismos nacionales de protección del medio ambiente, derecho que les había otorgado la cámara alta del Legislativo.
Finalmente, el proyecto, amputado del período de embargo, fue aprobado por 67 votos a favor y un empate a 48, de abstenciones y votos en contra. De esta forma el proyecto volverá a debatirse en el Consejo de los Estados, para su examen definitivo.
Teniendo en cuenta una reciente encuesta de opinión, según la cual el 70% de la población suiza es contraria a la utilización de los OGM en los alimentos, los analistas estiman que un referéndum podría ser lanzado, a fin de que sea el pueblo quien tenga la última palabra.
swissinfo