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El realizador de ‘Ni olvido ni perdón’, sobre la represión estudiantil de Tlatelolco, habla de la situación de entonces en México y del momento actual.Este contenido fue publicado el 14 agosto 2003 - 16:00
“México será un país democrático hasta que se haga justicia a los hechos del 68”, sentencia Richard Dindo.
La cinta del cineasta suizo se presentó en la sección de Derechos Humanos del Festival Internacional de Cine de Locarno y se inscribe en el compromiso político del también autor de ‘El Diario del Che en Bolivia’.
En entrevista con swissinfo Richard Dindo analiza las repercusiones del movimiento estudiantil que, como en diversas partes del mundo, se produjo también en México en ese histórico 1968.
¿Cuál fue la característica específica del caso de México?
Lo que importa saber en el caso de México es que hubo una fuerte presión del Comité Olímpico Internacional (COI), del cual Suiza formaba parte.
El COI amenazó al gobierno mexicano con retirarse y organizar los Juegos en otro país a causa del movimiento estudiantil, y el gobierno, temiendo que las Olimpiadas se le escaparan, llegó al extremo de la masacre, empujado también por el gobierno norteamericano. El Comité Olímpico Internacional le había pedido específicamente que restableciera el orden.
De hecho, poco después los Juegos Olímpicos fueron inaugurados normalmente...
La apertura de los Juegos Olímpicos en México, apenas diez días después de la matanza, ha constituido uno de los momentos más cínicos de la historia del siglo XX: fue el mismo hombre que ordenó la masacre (el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz) quien inauguró los Juegos en nombre de la hermandad, de la amistad entre los pueblos y de la juventud del mundo. Este fue unos de los momentos más tristes, cínicos y malsanos del siglo pasado.
Yo espero que este documental permita a mucha gente saber qué fue lo que sucedió entonces.
¿Qué actitud ha encontrado usted en los sobrevivientes de la masacre?
Los vivos en mi documental dicen: “Nosotros no estamos muertos y seguiremos luchando hasta que México sea un país verdaderamente democrático”.
¿Usted cree que México sea actualmente un país democrático?
El filme intenta hacer comprender dos cosas: la primera, que existe una historia mexicana de antes del 2 de octubre, y una historia después de esa fecha. El 2 de octubre fue un momento clave, un día negro en la historia del México moderno. La segunda cosa que el filme trata de hacer ver es que México no será nunca un país democrático hasta que no se haga justicia a los hechos del 68.
¿Puede decirnos cómo ve usted el futuro de México?
El futuro de México, que es un gran país, con un pueblo magnífico por el cual siento mucha admiración y simpatía, su futuro, su democracia tendrán que pasar a través de esa fecha, el 2 de octubre de 1968. Habrá que resolver este problema, castigar a los responsables y contar al pueblo lo que sucedió, como lo he intentado yo con este trabajo que estamos presentando ahora en Locarno.
El próximo otoño el documental llegará a los cines latinoamericanos y helvéticos, ¿cree usted que vaya a tener tanto éxito como el aplaudido filme sobre el Che Guevara?
Creo que este trabajo va a emocionar mucho a los intelectuales latinoamericanos, porque es una metáfora de todas las masacres y un memorándum de todos los muertos. En Argentina, por ejemplo, los muertos fueron más numerosos y por ello me alegra ir a presentar allá este documental.
Lupita Avilés, Locarno
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