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Sabemos que en el mundo un don de orador, un cierto brío y “palabras persuasivas de humana sabiduría” pueden ser suficientes para hacer triunfar cualquier causa. Pero para comunicar la fe, Dios no necesita esas capacidades humanas ni el arte de la propaganda (v. 4-5). Pese a su instrucción, Pablo no se destaca por su sabiduría, cultura o elocuencia en Corinto. Esto habría contradecido su enseñanza, pues la cruz de Cristo que él anunciaba significa justamente el fin de todo aquello de lo que el hombre se enorgullece. Pero lejos de perder por ello algo, el creyente ha recibido a la vez las cosas invisibles “que Dios nos ha concedido” y el medio para discernirlas y gozar de ellas: el Espíritu Santo, único agente que Dios emplea para transmitir su pensamiento (v. 12). ¿De qué serviría una pieza de música sin instrumentos para interpretarla o un disco sin el aparato que permite escucharlo? Pero también, ¿cuál sería el efecto del más hermoso concierto en un auditorio compuesto de personas sordas? Del mismo modo, el lenguaje del Espíritu no puede ser entendido por “el hombre natural”. En cambio, el que es “espiritual” puede percibir las cosas espirituales por medios espirituales, pues el Espíritu enseña “acomodando lo espiritual a lo espiritual” (v. 13-15).
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"