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En 1965, un consorcio de empresarios tenía previsto transformar la pequeña localidad de Surlej, ubicada en la región de los lagos de Alta Egadina, en la que apenas residían una treintena de personas, en una ciudad de 25'000 habitantes.
Cuando el periodista suizo Franz Weber (que por aquel entonces trabajaba en París), ferviente admirador de ese territorio, tuvo conocimiento de ese proyecto megalómano y sacrílego, acudió rápidamente a Egadina, fundó la asociación «Pro Surlej» y removió cielo y tierra para lograr liberar ese bello territorio, el valle alpino más hermoso del mundo, de las salvajes garras de la construcción. En 1972 lo logró con una campaña a escala mundial. Gracias a Franz Weber, no solo Surlej, sino toda la región de Maloja a Saint-Moritz, se protegió de manera especial.