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El decano de los suizos en el extranjero falleció en Michigan, Estados Unidos, a los 110 años. Nacido en 1908 en una colonia suiza de la Rusia zarista, Rodolphe Buxcel se lleva consigo el recuerdo de más de un siglo de historia.
“En los últimos días, ya no podía tragar y no tenía hambre”, dice su hija Erika. A los 75 años, acaba de perder a su padre, que vivió hasta los 110 años en Baroda, a orillas del lago Michigan, a más de una hora en coche de Chicago.
Vivió solo en una casa de madera hasta los 109 años, se vestía, hacía sus comidas y su cama solo, pero su hija le ayudaba a hacer las compras. Sin embargo, en los dos últimos años se había debilitado y Erika se vio obligada a internarlo en una residencia para personas mayores, donde pasaba buena parte del día en su sillón. “Dormía mucho, pero su cabeza seguía funcionando muy bien. Comió bien hasta el último período de su vida. Siempre tenía galletas en la mesita de noche, que mordisqueaba antes de irse a dormir. En su habitación, tenía un televisor y le gustaba ver partidos de futbol”.
En los días soleados, la directora lo llevaba a pescar al gran estanque detrás de la casa que podía ver desde su ventana. Hasta hacía unos años, solía pescar regularmente en el río cercano a su cobertizo, donde podía permanecer durante horas.
En su último cumpleaños, el 5 de septiembre, Erika le había cocinado a fuego lento el pescado fresco que tanto le gustaba. El consulado suizo de Nueva York (el de Chicago estaba cerrado) había intentado comunicarse con él por teléfono ese día. El año anterior, el embajador suizo le había enviado una carta de felicitación. “Nunca pensé que viviría tanto tiempo. Cuando era más joven, a menudo se sentía mal del estómago”, dice su hija.
¿Su receta para la longevidad? “Me acuesto muy temprano, alrededor de las 9 de la noche, y me levanto a las 6 de la mañana”, decía. Una vida de asceta adoptada por necesidad: “Recibo 1 400 dólares del AVSEnlace externo. En Suiza, con ese dinero, me moriría de hambre”.
Nacido bajo el zar Nicolás II
Originario de Romainmôtier (cantón de Vaud), Rodolphe Buxcel nació en la colonia suiza de Chabag, bajo el régimen del último zar, Nicolás II. Jacques-François Buxcel, su antepasado, había emigrado con sus seis hijos y su esposa Gabrielle, una ginebrina cuyo apellido de soltera era Achar.Chabag fue creada en 1822 por el botánico Louis-Vincent Tardent, originario de Les Ormonts, una comuna del cantón de Vaud. Como todas las familias de Chabag, los Buxcel mantuvieron su pasaporte suizo durante los 120 años de existencia de la colonia.
“Dejamos todo: el trigo en el granero y hasta el pan en el horno”Fin de la cita
Rodolphe Buxcel era el menor de 10 hijos. Le gustaba contar la historia de su infancia en un francés con acento ruso: “Éramos ricos, pero no teníamos dinero. Teníamos sirvientes y casas hermosas. Mi padre poseía 50 hectáreas de viñedos y 130 hectáreas de tierra cultivable. Empleaba sirvientes y criadas todo el año”. También hablaba a veces del trágico accidente en el que se ahogó uno de sus tres hermanos, lo que dejó inconsolable a su madre.
Perderlo todo, luego reconstruirse
La familia prosperó hasta el 28 de junio de 1940, cuando llegaron los soviéticos. Ese día, perdieron su tierra y todas sus pertenencias: “Dejamos todo: el trigo en el granero y hasta el pan en el horno”.
La familia pasó cinco años en campos de Alemania, antes de llegar a Lausana al final de la guerra. En 1950, Rodolphe Buxcel decidió trasladarse a Uruguay para plantar viñas a orillas del Río Negro. “Tenía miedo de los comunistas y de que Stalin invadiera Suiza”, había explicado. Hablaba seis idiomas, pero ni una palabra de inglés después de 37 años en Estados Unidos: “Llegué a los 73 años, demasiado viejo para aprender un séptimo idioma”.
Cuando Rodolphe Buxcel tenía 106 años, el periodista Olivier Grivat hizo una película sobre él, en la que evoca la colonia de Chabag.