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La doctora suiza Erika Preisig, presidenta de la organización de suicidio asistido lifecircle, ayuda a morir a los pacientes que deciden poner término a su vida, incluidas personas procedentes del extranjero. También es una de las defensoras de la legalización del suicidio asistido en otros países. Le preguntamos por qué.Este contenido fue publicado el 15 octubre 2021 - 11:00
- Deutsch "Ich will niemanden umbringen"
- Português Erika Preisig é assistente de suicídio, mas declara: "Nunca quis matar ninguém"
- 中文 “杀人并非我的本意”
- Français «Je ne veux tuer personne»
- عربي إريكا برايسيغ: "أنا لا أريد أن أقتل أيّ شخص"
- English ‘I don’t want to kill anybody’
- Pусский Эрика Прайзиг: «Я не хочу никого убивать»
- 日本語 「私は誰も殺したくない」 (original)
- Italiano "Non voglio uccidere nessuno"
¿Por qué su organización brinda asistencia a personas del extranjero donde el suicidio asistido es ilegal?
Erika Preisig: Porque la muerte asistida es un derecho humano. Cada ser humano tiene derecho a decidir cuándo, dónde y cómo quiere morir.
A menudo, cuando las personas viajan a Suiza para morir, sufren de una enfermedad grave y no están en condiciones de deslazarse. Si pudieran tener la oportunidad en su país de origen, no tendrían que hacerlo aquí. La muerte asistida debería ser legal en todo el mundo.
He trabajado con pacientes de cuidados paliativos durante 21 años como médico de familia. Incluso con buenos cuidados paliativos hacia el final de su vida, a veces vemos a las personas morir de una manera horrible.
Hace unos 15 años mi padre murió de manera asistida. Sufría de una enfermedad incurable. Se sentó a mi lado y bebió la medicación, puso su cabeza sobre mi hombro y murió. No había sufrimiento, ni problemas, ni miedo. Y entonces empecé a pensar, ¿son los cuidados paliativos la única manera? ¿Tienes que seguir viviendo incluso cuando eres muy viejo y estás muy enfermo?
Desde entonces, he trabajado para ayudar a los pacientes a morir mediante el suicidio asistido, así como con cuidados paliativos.
Las personas deciden por sí mismas si quieren casarse, tener hijos, comer algo. Pero no se les permite elegir al final de la vida.
SWI swissinfo.ch: A diferencia de los Países Bajos, Suiza no permite que los médicos inyecten a un paciente la dosis letal. ¿Considera que la eutanasia activa también debería legalizarse en Suiza?
E.P.: No.
SWI swissinfo.ch: ¿Por qué no?
E.P.: No quiero matar a nadie. La gente podría decir que soy cobarde. Pero el paciente debe ser el que active la medicina intravenosa, de forma segura y sin sufrimiento.
SWI swissinfo.ch: ¿Qué pasa con los pacientes con deterioro motor grave o paralizados?
E.P.: También pueden hacerlo. Tenemos una pequeña máquina que les permite abrir la válvula con la lengua o simplemente moviendo un poco la cabeza. El único caso en que no podemos proporcionar asistencia es para alguien con síndrome de Locked-in [síndrome de enclaustramiento: trastorno neurológico raro en el que los músculos voluntarios están completamente paralizados, excepto los que controlan los ojos]. Pero si un técnico informático pudiera desarrollar una máquina que hiciera que un paciente fuera capaz de abrir la válvula con el ojo, sería posible.
SWI swissinfo.ch: Muchos pacientes que sufren de salud mental también desean recurrir al suicidio asistido. Las regulaciones suizas les hacen muy difícil recibir la luz verde. ¿Cree que Suiza debería abrirles la puerta?
E.P.: Para ello necesitamos más psiquiatras que puedan juzgar la capacidad mental del paciente. Hay tantas personas que sufren de enfermedades mentales en todo el mundo y tenemos muy pocos psiquiatras. No podemos aceptar extranjeros con enfermedades mentales. No tenemos la capacidad.
SWI swissinfo.ch: Pero ¿debería haber suficientes psiquiatras...?
E.P.: Sí. Si una enfermedad mental es incurable, se debe permitir la muerte asistida como en una enfermedad somática. Por ejemplo, si alguien ha estado en una clínica psiquiátrica tres veces, todavía es bipolar, depresivo o esquizofrénico y no quiere seguir viviendo. En tales casos, la situación se puede comparar con una enfermedad somática incurable. Es un derecho humano que esta persona, si está en su sano juicio, tenga derecho a morir, de la misma manera que alguien con una enfermedad somática.
SWI swissinfo.ch: Si bien más personas eligen morir mediante suicidio asistido, solo hay unas pocas organizaciones que brindan este servicio. ¿Por qué?
E.P.: Después de cada caso de muerte asistida, la policía y el forense acuden para realizar una inspección legal. No te sientes cómodo siendo cuestionado cada vez. Sería necesario revisar este proceso.
Mucho debe cambiar en Suiza. La muerte asistida debe ser parte del trabajo normal de un médico, como administrar antibióticos. Por supuesto, hay que tener cuidado al prescribir antibióticos, al igual que hay que tener cuidado con la cirugía. También se debe tener cuidado con la muerte asistida. Es lo mismo. No necesitamos muchas organizaciones.
En cuidados paliativos, aplico inyecciones de morfina o una sedación terminal. Es el trabajo de un médico. Todo el mundo confía en mí. Sin policía, sin inspección. Pero cuando apoyo a un paciente en la muerte asistida, tengo que procesar un montón de papeleo y pasar una inspección policial.
SWI swissinfo.ch: ¿Cuál considera la principal razón por la que los países no legalizan el suicidio asistido?
E.P.: La gente siempre habla de la pendiente a la que podría conducir y del abuso potencial. Pero esto nunca ha sucedido en Suiza, ni en Canadá, donde la eutanasia es legal.
El otro gran problema es la religión. Nuestros enemigos más fuertes son los católicos. Aducen que la Biblia dice que no se te permite suicidarte: “Dios ha dado la vida y solo Dios puede quitarla”.
Los médicos tratamos de evitar la muerte una y otra vez. Pero tal vez a Dios le hubiera gustado llevar antes a esa persona al cielo. Una persona contrae cáncer o demencia y tiene que morir de una manera horrible porque la salvamos muchas veces. ¿Dios y la Biblia realmente querían eso?
SWI swissinfo.ch: ¿Considera que el suicidio asistido será eventualmente legalizado en todo el mundo?
E.P.: Piense en el comienzo y en el final de la vida. Muchos países han legalizado el aborto. ¿Por qué matar a un ser humano que no está enfermo y quiere vivir? Si este niño por nacer tuviera una voz, gritaría: “Quiero vivir”.
Al final de la vida, si alguien dice: “Quiero morir, no puedo seguir viviendo así”, algunos países no lo respetan.
Creo que al final tendremos tantos países que legalicen el suicidio asistido como países legalizaron el aborto. Dentro de cinco o diez años. Estoy segura de ello.
SWI swissinfo.ch: ¿Estima que el sistema suizo es mejor que el de los Países Bajos?
E.P.: En mi opinión, el modelo suizo es la mejor opción. Aquí, el paciente tiene la última palabra sobre su vida.
Los médicos no deben decidir si una vida no vale la pena de ser vivida. Si los médicos pueden administrar la inyección, ¿cómo puede estar seguro de que ese fue realmente el deseo del paciente?
SWI swissinfo.ch: Algunos críticos advierten que la legalización del suicidio asistido puede llevar a que algunas empresas se beneficien.
E.P.: Hemos sido acusados muchas veces por personas que dicen que brindamos muerte asistida solo por dinero. Para evitar esto, cada organización debe tener sus ingresos y gastos controlados por el gobierno.
SWI swissinfo.ch: ¿Existen regulaciones en Suiza que exijan a las organizaciones de suicidio asistido divulgar públicamente sus libros?
E.P.: No hay regulación y no estoy de acuerdo con ello.
SWI swissinfo.ch: ¿Qué hace su organización por la transparencia?
E.P.: lifecircle es una fundación. Y nuestros libros son revisados dos veces al año por el gobierno.
SWI swissinfo.ch: Asistente al suicido, ¿es su trabajo a tiempo completo?
E.P.: No. Si lo fuera, me suicidaría (risas). No es un trabajo que se haga para ganarse la vida.
Todas las personas que trabajan para lifecircle tienen su profesión normal. Trabajan a tiempo parcial para la fundación. Yo misma me ganaba la vida como médico de familia.
SWI swissinfo.ch: ¿Alguna vez ha pensado dejar esta labor?
E.P.: Hace cinco años fui acusada de la muerte de una anciana suiza. Había estado en un pabellón psiquiátrico durante tres meses y le diagnosticaron depresión. Tuve una charla con su hijo, el jefe del asilo de ancianos donde se alojaba y su cuidador. Pero no pude encontrar un psiquiatra para la evaluación.
Cuando uno se enfrenta a un caso judicial por un asesinato, y cree que ha hecho todo perfectamente bien... se pregunta, ¿por qué me meto en esto? Y piensa, ¿por qué no renuncio (risas)? Pero hay muchas personas que confían en mí y necesitan mi ayuda. Por eso sigo adelante.
Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín
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