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Uno spazio dedicato alla lingua spagnola, proposta da importanti figure letterarie.
317
El lobo
Por la vereda de un caminito va cantando un niñito muy pequeñito con una guitarra en mano por la colina ufano
Dime niño guapo quien te ha de cuidar que por los montes y olivos el lobo buscándote va.
Yo no quiero ni riqueza ni maleza que ganar, solo pido que me enseñe este sonido a tocar.
Por la vereda de un caminito va cantando un niñito muy pequeñito con una guitarra en mano por la colina ufano.
A mitad de camino el lobo encontrándolo está.
Quien pudiera tener alas y a la cima del monte llegar
y aunque el niño corre y corre, ya no puede más.
Por la vereda de un caminito va cantando un niñito muy pequeñito con una guitarra en mano por la colina ufano.
Dame tu espada truhán que de la fiera debo escapar
mas si lo logras despistar y del camino saltar
ese lobo malherido no te ha de pillar.
Por la vereda de un caminito va cantando un niñito muy pequeñito con una guitarra en mano por la colina ufano
Pero la fiera que dentro de nosotros está
sin pensarlo detrás del niño va.
Corre niño mío que ya te va a alcanzar con sus garras y colmillos
no quiero pensar lo que te pueda pasar.
Por la vereda del caminito va cantando un niñito muy pequeñito con una guitarra en mano por la colina ufano
Ya la luna roja está y la noche va a acabar.
Dime hermosa niebla con quien debo hablar
para que mi niño me pueda escuchar.
Por la vereda del caminito va cantando un niñito muy pequeñito con una guitarra en mano por la colina ufano.
M.D
313
La gitanilla
"Por las calles de Granada va cantando una gitana
con su vestido de cola y su carita de amapola
Dime reina mora con quién te has de casar que va a llegar la luna
para decirte el príncipe que te ha de besar
ya llegan los tambores y quizá los ruiseñores
corre niña mía que no te vean llorar que en las
penas del alma no te puedo consolar
Por las calles de Granada va cantando una gitana
con su vestido de cola y su carita de amapola
Dime mi chiquilla con quien te has de quedar
pues dicen que Boabdil prendado de ti está
y con suspiros y lamentos por la Alhambra va
con su turbante morado y ya nadie le puede ayudar
Por las calles de Granda va cantando una gitana
con su vestido de cola y su carita de amapola"
M.D
310
Un idealista
Si pudiera cambiar el mundo construiría torres del saber para que en el mundo no faltara nada por aprender.
Si pudiera cambiar el mundo intentaría dar a conocer lo maravilloso que puede ser un despertar con tantas cosas que uno puede esperar.
Si pudiera cambiar el mundo construiría puentes de sabiduría con constancia y armonía.
Si pudiera cambiar el mundo lucharía por el diálogo con claridad y ¿ por qué no? Con una buena dosis de sinceridad
Si pudiera cambiar el mundo os mostraría con mayor ironía lo fácil que puede ser encontrarse bien en un atardecer.
PERO no puedo cambiar el mundo por lo que a veces me circundo de pensamientos melancólicos y tal vez bucólicos.
Desde la lejanía veo con asombro y perplejidad nuestra actitud y tanta mediocridad.
No dejemos que la tristeza ceda ante la entereza y trabajemos por conseguir todo aquello por lo que merece vivir.
Llevo conmigo mis libros y mi entusiasmo pues mientras los tenga no habrá nada que me retenga en esta visión del mundo como decía Segismundo que la vida es un sueño y los sueños, sueños son.
308
Lecturas de otoño con Fernando Méndez
Si no existiera
Si no existiera la muerte viviríamos saturados, acostumbrados a una vida apilada. Nada tendrían que ver las estrecheces que, en todos los sentidos, sufre la sociedad actual. Nuestra existencia sería un hormiguero en constante concierto multitudinario, sin apenas espacios ni campos de cultivo, sin poder alimentarnos ni pasear. Llegaría un momento en que no podríamos ni ir al trabajo ni a ningún otro sitio, permaneceríamos de pie o tumbados, colonizando el metro cuadrado que nos corresponde, viendo la vida pasar en un eterno aburrimiento, deseando quizás —quién lo diría—, que hubiese muerte.
Si no existiera la luna no habría mareas ni noches iluminadas tenuemente; por el contrario, una mitad de la Tierra viviríamos iluminados por el sol y la otra, en permanente oscuridad. Nos cabrearíamos más, nos asesinaríamos más, todo más…, pero con menos significado.
Si lo que no existiesen fuesen los atragantamientos, poniendo por caso, evitaríamos muchas muertes accidentales de esas que se producen en restaurantes y que tanta alarma social provocan. Lo mismo ocurriría si no existiesen los ataques al corazón o los malos olores, o los lunes por la mañana, no sé…
Hay tantas cosas que si no existiesen mejorarían nuestro día a día y tantas otras que, por suerte, tenemos y lo hacen más llevadero, que puestos a pedir, casi, casi, diríamos eso de: “Virgencita, virgencita…”.
Y digo yo que los seres humanos somos una especie cuyo rasgo más sobresaliente es el inconformismo. Exceptuando los misioneros y las comunidades monacales, todos los demás nos pasamos el tiempo deseando e imaginando otra realidad diferente al presente, como si lo pretérito o lo que ha de venir fuese un estado de placidez en el que flotan, como acunados por el tiempo, los anhelos que siempre quedan lejos.
Si ahora, por poner otro ejemplo, no existiesen las letras nadie podría leerme ni yo escribir esto; no podríamos conservar otra cosa que no fuese lo que en la memoria cupiese, y ya puestos a fantasear, si no existiese el tiempo no habría ni niños ni mayores, nada.
A veces, cuando asisto como espectador a la falta de entendimiento que nos inunda, pienso en todas las cosas que nos unen y que —queriendo o sin querer— nos esforzamos en que nos distancien. Somos lunáticos de la discordia, nos atragantamos de tanto hablar y poco escuchar, la iracundia conquista el corazón y el aroma a bondad es como una colonia barata: dura poco. Tampoco leemos ya entre líneas y nos falta tiempo para dedicárselo a lo que verdaderamente importa. Dicho esto, a través del catalejo aún se ve despuntar la isla del optimismo. Tan lejos, tan cerca.
Fernando Méndez, escritor y periodista.
298
Lecturas de verano. La columna de Fernando Méndez: "Monzón"
El niño, sobre el colchón mojado. Bajo sus pies, llenos de barro, hay un suelo con mucho más barro, un lodazal con mosquitos y quien sabe si con tifus, el que acaba de dejarles el monzón.
Él y su familia están en Pakistán, o quizás en la India, poco importa. Es lo que tienen los desplazados por cuestiones étnicas o meteorológicas: solo ocupan titulares cuando la tragedia los barre del mapa; mientras tanto, siguen su huida silente, dándonos lo mismo que se lleven la casa a cuestas y los colchones, con todos esos kilos de pobreza que les caben en la mirada y que, de tanto peso, portan con la ligereza de una valentía que se sobrepone siempre a cualquier fracaso.
Hace algunas semanas que se han cumplido diez años de la muerte de Vicente Ferrer, una de las personas que más iluminó la solidaridad en la pobreza, y pareciera que este aniversario fuese igual de silencioso que las pisadas de esos seres humanos a los que la vida colocó en el territorio monzónico; en Pakistán o en la India; qué más da… un colchón mojado o dos…
Pues bien, este activista de la bondad se pasó gran parte de su vida haciendo lo que le dictaba el corazón, que no era otra cosa que ayudar a los demás. Y digo esto porque en tiempos de petroleros capturados, de ensayos con misiles o de guerras de aranceles para ver quién ahoga más al otro, las noticias de los desastres naturales, que siempre golpean a los mismos en los mismos lugares, no son más que anécdotas y buenas fotos que ganan concursos y sirven para denunciar, dicen, que el pobre -como el Sur- también existe.
Ya sé que no es lo mismo decir 36 muertos en Yemen –como ha ocurrido hace poco- que 36 muertos en Manhattan, por ejemplo. Tampoco es lo mismo un tornado en Oklahoma que ese viento que todo lo arrasa en el Golfo de Bengala, o por ahí, qué más da, y que acaba de dejar un millón de desplazados.
A quien no le daba igual era a Vicente Ferrer. Precisamente porque él contaba seres humanos, no números. En su vida quiso que 1+1 no fuera igual a 2, porque la solidaridad no es una ciencia exacta. La grandeza de esta palabra –y también la de Ferrer- radica en que en lugar de sumar, multiplica, ya que un poco de casi nada siempre es mucho.
Por eso, si el tango decía aquello de “veinte años no es nada”, qué son, pues, diez años, los que llevamos sin este guía de amor fraterno: una insignificancia en la eterna gratitud que le debemos a él y a tantas personas para quienes un niño sobre un colchón mojado en el barro es todo un drama. Pensemos en ello. Solo pensémoslo un instante. El verano también es bueno para ventilar conciencias.
(Fernando Méndez, periodista y escritor)
289
A mi querido don Quijote
Esta es la historia de un caballero que quiso luchar contra molinos de viento.
Sabía que tal hazaña era imposible pero tal fue su testarudez que un buen día se puso su armadura y salió a galope por la estepa, olvidando quien había sido porque solo le importaba quien podría ser.
Luchó contra gigantes, contra un ejército de ovejas, salvó a buenas mozas y también a delincuentes pero no pudo salvarse de la injusticia del mundo, de la ignorancia social y de la mala política de la corte.
Si solo por un momento hubiera desistido de luchar contra el viento.
Si solo por un momento hubiera tenido más miramiento.
Si solo por un momento hubiera sido más audaz y quizá tenaz.
Caminó y caminó pero el final que deseaba no encontró.
No importa don Quijote, la enseñanza que dejaste fue tal que muchos de nosotros todavía pensamos que el mundo no tiene igual y que es posible luchar.
María Dolores
282
Lecturas de verano. La columna de Fernando Méndez: "Guardacolas"
Ya podemos pensar que el dinero lo puede todo, ahora que también se nos permite comprar espacio y tiempo en las colas.
En realidad, el fenómeno de los "guardacolas" no es nuevo, surgió en los Estados Unidos-como la mayoría de las cosas a uno y a otro lado del Edén-, primero como un gran negocio para las empresas consultoras que no querían perderse lo que se cocía en el Congreso o en el Tribunal Supremo, en Washington, y actualmente la moda se ha extendido a actividades como conciertos, encuentros con estrellas de cine, presentaciones y acontecimientos por el estilo, en los que, para tener tu segundo de gloria junto al ídolo debes emplearte a fondo.
Y "emplearse a fondo" significa horas o días de espera y exponerse a inclemencias de todo tipo.
Pero todo eso se ha superado. Por unos 40 euros la hora puedes poner un "guardacolas" en tu vida. Lejos de parecer una profesión y ya hay empresas con personal adscrito que se dedica-silla plegable en mano o tienda de campaña, según se requiera-, a esperar pacificamente en la fila y mantener informado al cliente para que llegue justo a tiempo, ocupe su lugar y corone la cumbre fresco como una lechuga.
(Fernando Méndez, escritor y periodista)
252
FELIZ NAVIDAD
Queridos alumnos:
Queremos desearos una Feliz Navidad
que todos vuestros sueños en este próximo año sean realidad
Vosostros que sois el motor, la fuerza y verdad
y hacéis cada día posible este pequeño mundo de la culturalidad
Porque Casa Cultura con muy buena voluntad
sin vuestra ayuda no se hubiera hecho realidad
Que para el próximo año la gramática y cultura podamos aprender
sin tener que esperar en un largo atardecer
Queremos desearos una Feliz Navidad
que todos vuestros deseos en este próximo año sean realidad
Ya llega el presente dejando atrás el pasado no sin antes saludar el futuro de soslayo
Que nuestro amigo subjuntivo junto con su hermano indicativo ayuden también a su primo el imperativo
Queremos desearos una Feliz Navidad
que todos vuestros anhelos en este próximo año sean realidad
Dejad paso a los pronombres, a los verbos y sustantivos
que ellos os ayudarán en esta festividad
a recordar que existe la posibilidad
de saborear una buena Navidad
No penséis en los modismos
ni tampoco en los leísmos
pero tampoco olvidéis que tienen un cierto magnetismo
y ayudan a entrener con gran humanismo
Queremos desearos una Feliz Navidad
que todas vuestras ilusiones en este próximo año sean realidad.
Feliz Navidad
Casa Cultura
231
Feliz Halloween
Déjame que te cuente un cuento pero no de princesas y castillos encantados.
Déjame que te cuente un cuento de brujas voladoras y parajes apartados.
En la noche de Halloween hay que aprender a volar
y para ello se debe en un escoba montar.
Sapos, sopas, lechuzas y un poco de sal
que en la noche de las brujas se debe asustar.
Déjame que te cuente un cuento pero no de princesas y castillos encantados.
Déjame que te cuente un cuento de brujas voladoras y parajes apartados.
Hechizos, pócimas y recetas hay que saber hacer
busquemos el tiempo para poderlas aprender.
Déjame que te cuente un cuento pero no de princesas y castillos encantados.
Déjame que te cuente un cuento de brujas voladoras y parajes encantados.