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En otros tiempos, los campesinos de Brigels (Grisones) apacentaban y ordeñaban sus vacas como lo siguen haciendo hoy día. Pero como no sabían qué hacer con la lecha ordeñada, la bebían toda junta.
Un día vino un forastero bien vestido al pueblo. Nadie lo conocía y nadie sabía de dónde venía. Parecía un hombre que merecía ser respetado a pesar de sus ojos claros como el fuego.
Este forastero preguntó a los campesinos por qué bebían toda la leche. Y los campesinos respondieron: “Bien nos gustaría hacer otra cosa con la leche, ¿pero qué?”
El forastero se sentó, se arremangó y les enseñó cómo hacer queso. Los campesinos se entusiasmaron con lo que veían, y el forastero les preguntó si sabían lo que se podía hacer con el líquido restante, el suero. Un hombre anciano le respondió: “¡Agua es agua y no será nunca otra cosa más que agua!”
“Esto es lo que pensáis vosotros. Y por eso no llegaréis nunca a saber lo que se puede hacer del suero”, dijo el forastero, que desapareció tan repentinamente como había llegado. Los campesinos se acordaron de sus ojos ardientes y se dieron cuenta que habían topado con el diablo en persona y que habían desaprovechado la ocasión de enterarse de lo que se podía hacer del suero...