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Hasta hace 200 años, se decía que la nostalgia era una enfermedad típicamente suiza desencadenada por le ranz des vaches, una antigua melodía que cantaban los pastores alpestres, y que incluso Heidi, el personaje de la novela del mismo nombre, sufría al escucharla.
En 1688, Johannes Hofer, un médico alsaciano, describió por primera vez una enfermedad cercana a la melancolía, cuyos síntomas eran fiebre, pulso irregular, languidez y dolores de estómago. En algunos casos, el mal podía ser fatal.
Esta enfermedad insidiosa era peculiar porque solamente afectaba a los mercenarios suizos, que habían abandonado sus praderas alpinas para ponerse al servicio de una potencia extranjera. Hofer llamó a esa enfermedad nostalgia, o “mal del país” (Heimweh en alemán). Consideraba que el origen era psicológico y planteó la hipótesis de que se caracterizaba por el desarrollo de un “pensamiento obsesivo por el país de origen” causado por una estancia prolongada en un entorno extranjero.
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Poco después del descubrimiento de Hofer, un médico y naturalista de Zúrich, Johann Jakob Scheuchzer (1672-1733), pensó que la enfermedad tenía una causa mucho más orgánica. La sangre de los montañeros, acostumbrados a la presión atmosférica más baja en la altitud, se espesaba cuando permanecían en elevaciones más bajas. Los habitantes de las montañas suizas eran, por lo tanto, especialmente vulnerables a la enfermedad. Bastaba con dejar sus praderas en la montaña y ganar las zonas bajas o permanecer en territorios extranjeros a nivel del mar, para empezar a sentir el “mal del país”.
Le ranz des vaches, la canción suiza que desencadena la nostalgia
Para el hombre del siglo XXI, la nostalgia no es una enfermedad, sino un sentimiento, lo mismo que una angustia o un deseo irrefrenable de viajar. Sin embargo, ese estado emocional no habría sido recordado como una enfermedad típicamente suiza si un médico de Basilea, Theodor Zwinger (1658-1724), no hubiera publicado una tesis en 1710 argumentando que una cierta canción desencadenaba la enfermedad en los mercenarios suizos y los empujaba a desertar. Esa canción fatal era le ranz des vaches, una melodía de uso antiguo, tradicionalmente tarareada por los vaqueros.
Los soldados suizos, que a menudo eran simples hijos de campesinos, la cantaban para darse valor cuando estaban lejos de casa. Es posible que las emociones que sentían en ese momento les removieran la nostalgia o incluso empujaran a algunos a desertar. Se dice que los franceses prohibieron tocar o cantar esa melodía bajo pena de muerte, por temor a que los mercenarios suizos se marcharan en masa.
El hecho sigue siendo polémico, aunque el filósofo más famoso de la Ilustración, Jean-Jacques Rousseau, escribió en su Diccionario de la Música: “Se prohibió tocar, bajo pena de muerte, esa melodía tan querida de los suizos, porque hacía llorar, desertar o morir a los que la escuchaban, tanto así excitaba en ellos el ardiente deseo de volver a ver su país”.
Heidi también tenía nostalgia
Fue Rousseau quien, en su obra Emilio o De la educación, formuló el marco conceptual en el que se basa Heidi, la novela de Johanna Spyri (1827-1901). Rousseau consideraba que el hombre es naturalmente bueno y que la sociedad y la corte, en una palabra, la civilización, pervierten la obra de la naturaleza. Su personaje, Emilio, creció lejos de la ciudad para permitir que la naturaleza hiciera su trabajo educativo. La novela de Johanna Spyri, escrita unos 100 años después, también presenta a una niña huérfana, Heidi. Una niña de la naturaleza, no pervertida por la civilización, que es trasladada a la ciudad donde prevalecen la tristeza, la severidad y la intransigencia, y donde cae enferma.
Heidi es uno de los cuentos infantiles más famosos de Suiza y del mundo. Se trata de una novela atemporal, que ha sido traducida a más de cincuenta idiomas y ha sido objeto de innumerables adaptaciones para el teatro, el cine y la televisión. La nostalgia es el tema central de la historia. La niña alpina, feliz y sana mientras vive con su abuelo, se enferma cuando es enviada a la ciudad, privada de la naturaleza. Los síntomas descritos son característicos de la nostalgia: ansia, languidez, tristeza, alucinaciones y sonambulismo.
El camino a la recuperación es vía el regreso inmediato al verdadero hogar. Aunque la medicina de la época no consideraba que las mujeres y los niños pudieran estar sujetos a la nostalgia, la novela de Johanna Spyri asociaba tan fuertemente la imagen de la nostalgia con el carácter de Heidi que hoy en día se considera que son principalmente los niños los que están en riesgo de desarrollar este trastorno.
Traducido del francés por Marcela Aguila Rubín