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Todo empezó con el casete verde. Mi padre es un apasionado coleccionista de discos y se preocupa mucho por la calidad y duración de su equipo de música. A nosotros los niños no nos estaba permitido tocar el equipo para nada. Pos eso, antes de tener mi propia grabadora, tenia que pedirle permiso a mi padre cada vez que quería escuchar algo de música. Sobre todo me sentía atraído por un casete con una etiqueta verde. Era el de Dusty Springfield, “Windmills of our Minds”.
Debe haber sido un domingo por la mañana y mi padre estaba todavía en la cama cuando le pregunté: “¿ Podrías poner el casete verde?”. En ese día en particular, mi padre me permitió poner la cinta, prender el equipo y tocar mi canción favorita. Esa día lo recordaré siempre.
En la escuela primaria suiza todos los niños tienen que tocar flauta así como estudiar matemática o historia. Aquí uno aprende a leer notas y tocar Mozart o Beethoven pero que la música se trate de algo de los sentimientos y que por lo tanto del estómago y del corazón, eso, no lo conocen. Por eso también, la maroya de los suizos tienen un trauma con la flauta y tocan música como una máquina de escribir.
Y tuve la suerte de tener lecciones de “Keyboard” con una muy buena amiga de la familia (gracias Srta. Day). Durante 3 años tocamos canciones pop nota por nota. Finalmente en la secundaria empecé a hacer de DJ. Pero fue más tarde, alrededor de 1993, que recién pude desarrollar mis habilidades musicales. Algunos amigos y yo formamos la primera “Funk-big-band” de la zona. Mesclamos jazz antiguo y funk con hip hop moderno y tuvimos nuestro clímax tocando lelante de 600 personas. Posiblemente fuimos solamente el hazme reír.
En 1994, me uní a un grupo encantador de “freaks” que quería un lugar para eventos multi funcionales. Alquilaron una fábrica vieja y después de tan sólo unas semanas de algunas remodelaciones ya teníamos un bar estupendo, y después un poco mas tiempo un bistro con comida caliente hasta las 4:00 de la madrugada y una sala de conciertos que podía albergar 600 personas. Me convertí jefe de técnicos y durante 6 años mezcle cientos de conciertos y finamente la música me conquistó.