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En Parkview, nos resulta cada vez más difícil justificar una asignación a “Mercados Emergentes” como una clase de activos (ME). Esto no se refiere a un cambio táctico de posición, sino a un cambio estructural de visión. ha habido avances, tanto positivos como negativos, que nos llevan a este cambio de posicionamiento. En los próximos trimestres, planeamos cambiar los fondos de mercados emergentes y enfocarnos solamente en unos pocos países y regiones donde la premisa de inversión sigue siendo sólida.
Desde principios de la década de los 90, los mercados emergentes se han convertido en una fuente cada vez más importante de rentabilidad y diversificación para los inversores. La resolución de la crisis de la deuda en la década de los 80, a través de la creación de los Bonos Brady, creó un mercado líquido y diverso de deuda en monedas emergentes. Esto también coincidió con el momento en que los inversores comenzaron a buscar inversiones en acciones más allá de los mercados desarrollados tradicionales. MSCI creó el primer índice de renta variable emergente a fines de la década del 80.
La mayoría de los mercados emergentes se han transformado de manera irreconocible en los últimos 30 años. La deuda emergente ya no es una clase de activos de alto riesgo, donde ningún emisor tienen grado de inversión. Los mercados de acciones emergentes también han crecido. Muchas de las compañías más grandes por nivel de capitalización de mercado no obtienen la mayor parte de sus ganancias de sus respectivas economías locales. Más bien, son empresas globales, cuyo futuro está vinculado al comercio mundial y al crecimiento en el extranjero.
ME, por definición, es una denominación transitoria. Un país no puede ser "emergente" por siempre. De hecho, en algunos países, Chile, por ejemplo, los índices han evolucionado de "Mercado Emergente" a "Economía Avanzada". Esto plantea la pregunta, ¿Qué son exactamente los mercados emergentes y por qué deberían constituir una clase de activos?
Para definir ME como una clase de activo, deben tomarse en cuenta los elementos comunes de las economías en cuestión. Los criterios utilizados se referían al nivel de desarrollo económico representado por el PIB per cápita, así como otros criterios relacionados con la liquidez del mercado. También se aplican criterios cualitativos. Por ejemplo, el riesgo político y las prácticas de gobernabilidad empresarial son generalmente consideradas como las razones por las que Taiwán y Corea no sean reconocidas como economías avanzadas, aún cuando los criterios cuantitativos sugerirían lo contrario.
Pensar en ME como una "clase de activos" tuvo mucho sentido en un momento en que estas economías diversas y en crecimiento tenían mucho en común. Allí el crecimiento de la productividad fue sustancialmente mayor que en las economías avanzadas, ya que muchas de esas economías estaban "en proceso de recuperación". La naturaleza íliquida de estos mercados significó que los flujos de inversores extranjeros tuvieran un desmedido impacto sobre la economía doméstica. Esto implicó que hubiera una correlación significativa entre los diferentes mercados, incluso si sus ciclos económicos no estaban sincronizados. A medida que el ME evolucionó, sin embargo, la naturaleza de sus mercados también evolucionó.
En los mercados de deuda, muchos emisores soberanos han podido ganar calificaciones de grado de inversión. Esto redujo la volatilidad de sus bonos, aumentó su atractivo para un conjunto más amplio de inversores y, como consequencia, redujo su correlación con otros mercados emergentes. Una creciente base local de inversores institucionales permitió una mayor emisión de bonos en moneda local.
En los mercados de acciones, los cambios son más marcados. Las economías han evolucionado a diferentes velocidades, dando como resultado grandes diferencias en los niveles de desarrollo. Las agrupaciones regionales también se han vuelto importantes. Esto es especialmente cierto en Asia, donde la integración comercial regional ha reducido la dependencia de la demanda en los mercados desarrollados. En la mayoría de los países, el crecimiento de la productividad también ha disminuido, alcanzando niveles cercanos a los de los mercados desarrollados. Se puede argumentar que muchos mercados emergentes ya no son "emergentes", sino que están atrapados en la “trampa de la clase media”: sus economías son demasiado ricas para competir basado en costos laborales, pero demasiados pobres para invertir suficientemente en nuevas tecnologías.
¿Sigue teniendo sentido invertir en ME? La respuesta es posiblemente sí en el caso de los bonos, y no en el caso de las acciones. En el caso de los bonos, se puede argumentar que debido a que los bonos denominados en USD tienen una moneda en común, es posible pensar en ellos como una clase de activos.
En el caso de las acciones, los mercados se han vuelto demasiado dispares. Sus respectivos ciclos económicos no están sincronizados, y los tamaños relativos de los mercados varían ampliamente. China ahora representa más de un tercio de la capitalización de mercado del índice MSCI, pero esta cifra es baja solo porque los proveedores del índice están aumentando el peso de China paulatinamente. En un futuro cercano, es muy probable que China represente más del 50% del índice. Esto implica que la exposición de los inversores en fondos de mercados emergentes o ETFs es extrañamente desigual: un índice tendrá tanta exposición a dos compañías tecnológicas chinas como lo tiene a el total del mercado Indio.
En este contexto, la inversión en fondos de renta variable de ME ahora parece vencer la lógica misma de dicha asignación. Muchos mercados emergentes, como Corea y Taiwán, están demasiado avanzados para crecer rápidamente. La evolución en China empequeñece el desempeño de otros mercados. Los cambios estructurales, como las reformas en Brasil, no se pueden reflejar cuando la asignación promedio a Brasil en algunos fondos es solo del 7%. Las oportunidades en mercados de rápido crecimiento, como Vietnam, apenas pueden ser capturadas.
Creemos que es hora de retirar la asignación estándar a las acciones de mercados emergentes y reemplazarla con unos pocos fondos regionales o específicos de países seleccionados. Tanto China como India son economías que son lo suficientemente grandes y tienen mercados que son lo suficientemente líquidos y ampliamente diversificados como para garantizar asignaciones específicas de cada país. El tamaño de América Latina y su sensibilidad a los precios de los productos básicos sugerirían una asignación regional como la opción preferente. Otros países, como Rusia, donde no hay ni perspectivas sólidas de crecimiento a largo plazo ni un mercado diversificado, pueden ser ignorados sin mucha pérdida. Las oportunidades en regiones de rápido crecimiento, como Vietnam, Bangladesh o África Sub-Sahariana son mejor aprovechadas a través de un fondo"frontera" especializado en lugar de fondos generales de ME.