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El otro día estaba leyendo artículos en la red y me encontré con una entrevista en el diario El País a la canciller argentina Susana Malcorra. El tono de las preguntas del entrevistador, John Carlin, va totalmente en la línea del título de la entrevista: “La canciller argentina Susana Malcorra: pragmática y soñadora”. Obviando la incoherencia de los adjetivos (es imposible que las dos características que definan a alguien sean tan opuestas) está claro que el propósito de Carlin es ensalzar y promocionar a Malcorra. Y es que la canciller, que después de ocupar el puesto de Jefa de Gabinete de la Secretaría General de las Naciones Unidas, ahora aspira a ser la sucesora de Ban Ki-moon, el actual Secretario General de la ONU.
La canciller Malcorra comenta en la entrevista que en las relaciones entre Argentina y el Reino Unido los argentinos nos fijamos en el 20% de desacuerdo, léase las Islas Malvinas. En esa entrevista también intenta demostrar que Estados Unidos no tiene políticas imperialistas ni de intervencionismo poniendo como ejemplo el acercamiento actual a Cuba, y también advierte, quizás un poco tendenciosamente, sobre una posible guerra civil en Venezuela. En solo tres pinceladas Susana Malcorra deja bien en claro en donde están sus simpatías, y no parecería ser que en América Latina.
Personalmente creo que una ciudadana argentina diga tan naturalmente que el desacuerdo sobre las Islas Malvinas pertenece a un 20% de las relaciones entre nuestro país y el Reino Unido es un despropósito; pero cuando esta definición viene de la canciller me parece francamente un escándalo. Dejemos de lado por unos minutos el tema patriótico y del orgullo herido y hagamos énfasis en la ilegalidad de la ocupación, realizada por intereses económicos y originada en la destrucción del establecimiento argentino en las Islas por un buque de guerra estadounidense. Se entiende que los conflictos no pueden durar mil años y que uno no puede esperar que los daneses y suecos indemnicen a todos los pueblos saqueados por los vikingos. Pero esto sucedió entre 1831 y 1833. ¿Es una cuestión menor, un 20% del problema, que una nación soberana invada el suelo de otra y se niegue a reconocerse como invasor esgrimiendo como excusa la autodeterminación de los isleños? ¿Acaso a alguien le importa la autodeterminación de los sirios a la hora de bombardear hospitales y escuelas? Pero para Malcorra que la bandera del Reino Unido esté izada en unas islas que por derecho histórico y geográfico pertenecen a Argentina es sólo una nimiedad, un tema ideológico.
Que Malcorra declare esto a pocos días de reunirse con el canciller británico en busca, entre otras cosas, de apoyo para su candidatura a Secretaria General de la ONU me parece a la vez lógico, despreciable y patético. El presidente Macri probablemente anuncie oficialmente en estos días la candidatura de la canciller en busca de tener un mayor peso internacional para la Argentina. En vez de generar una presencia importante en el mundo en base a la economía, como hicieron Brasil, Rusia, India y China, Macri pretende meter al país entre el grupo de los más poderosos en base a marketing, cosa que ninguno de los 4 países que acabo de mencionar hicieron.
Si hay algo que la historia ha demostrado es que nada es eterno, que las culturas cambian y que los referentes de poder de hoy pueden quedar relegados en un futuro. De hecho no hay ninguna cultura o sociedad que se haya mantenido en la cima de la ola en la marea del supremacía mundial: Babilonia era la ciudad más importante en el siglo II antes de Cristo y casi 4000 años después Irak, el país donde se encontraba la antigua Babilonia, ha sido arrasado, abusado y destruido por guerras lideradas por los poderosos de hoy. Persia, el imperio que sucedió a los babilonios en el control del mundo antiguo, hoy es Irán.
Grecia, al mando de Alejandro el Grande, ocupó Persia, India, Egipto y cuanta tierra encontró en su viaje. Roma fue más grande que Grecia y la España de Felipe II donde “nunca se ponía el sol” fue más grande aún. Hoy dos de esos tres países pertenecen a la escoria europea: la categoría PIGS (“cerdos” en Inglés) junta a Grecia y España (Spain) e Italia tiene muy poco que decir cuando se hacen las políticas del continente ya que Alemania y Francia (dos regiones de aldeas bárbaras, pobres y sin cultura en la época del Imperio Romano) son los que cortan el bacalao.
Buscar el amiguismo con los poderosos no nos va a llevar a ninguna parte. Nadie va permitirnos entrar al círculo VIP solamente porque pongamos buena cara y minimicemos cuando nos avasallan los más grandes. Si en algún momento Argentina va a estar entre los principales países del mundo será cuando la mecánica de poder vuelva a cambiar. Cuando cayó Roma el control de Europa no recayó en ninguno de sus aliados, cuando Persia dejó de ser el imperio más dominante no pasó el testigo a una nación amiga, sino a quien los habían derrotado. Cuando la dinámica de la política mundial cambie, lo más probable es que sea en favor de quienes demostraron carácter para defender lo suyo y crecer a pesar de los demás.
Los que manejan el pastel son pocos, selectos y poco propicios a repartir el poder, y esto es otra de las cosas que la historia nos ha enseñado. Es una lástima que el gobierno actual de Argentina no lo haya aprendido.