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El cuerpo policial dispone de una serie de poderes para prevenir y combatir los delitos y mantener así el orden público.
La policía tiene competencia para controlar y verificar la identidad de las personas, para arrestar, para realizar búsquedas, para vigilar las manifestaciones, para realizar detenciones, para interrogar, para investigar y para usar la fuerza en determinadas circunstancias. Aunque la mayoría de los oficiales de policía actúa siempre bajo el estricto marco de su mandato, en todos estos pasos existe un grave riesgo de abuso. Por lo tanto, es necesario realizar un monitoreo adecuado e imparcial de la conducta policial.
En esta ilustración se destacan las principales etapas de la detención policial, señalando las áreas principales de riesgo y las garantías existentes. Sin embargo, este esquema no pretende ser exhaustivo ni abarca toda la realidad de la custodia policial.