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Bruno Kaufmann: Más de 60 años después del final de la guerra el país sigue dividido. ¿Ha repercutido esto negativamente en el desarrollo de la democracia en Corea del Sur?
Jung-ok Lee: Al principio, desde luego. Hasta las primeras elecciones libres en 1987 nos gobernaron militares despiadados. Simultáneamente, crecía el número de ciudadanos que se rebelaban contra esta represión y sentaron así la base para una evolución positiva en los últimos 25 años.
B.K.: ¿Cuáles son los logros más significativos de la aún joven democracia surcoreana?
J.O.L: Nuestras instituciones. Hemos conseguido crear por vía legislativa instituciones robustas e integradas por varios partidos, como una comisión electoral independiente, un Tribunal de Derechos Humanos, así como fundaciones de superación de la dictadura y de promoción de la democracia. Los tiempos del miedo al activismo político en Corea del Sur pertenecen al pasado.
B.K.: ¿Y cómo estima las posibilidades de ahondar más en la democracia?
J.O.L.: Desde la era del colonialismo japonés en este país hemos aprendido sobre todo una cosa: a oponer resistencia y no participar. Pero esta habilidad no es suficiente en una sociedad moderna y abierta. Por ello hoy muchos coreanos, motivados por la experiencia de Suiza en democracia directa, se atreven a avanzar más en esta dirección.
Bruno Kaufmann, Seoul