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El tratado de libre comercio entre Suiza y China hará más interesante la exportación de leche. Pero algunos exportadores aseguran que ganarse un sitio en este mercado es más difícil de lo que parece y que aún prevalecen elementos de incertidumbre.
La granja de Robert Bischofberger está ubicada en las verdes colinas de la región suiza de Appenzell. Desde ahí, el productor rememora el evento que conmocionó el mercado en el que se desarrollaba.
En 2002, una nueva empresa llegó a esta zona y le arrebató el negocio al grupo que era el principal comprador de la producción lechera de Bischofberger y de otros 700 granjeros. Súbitamente, los productores se encontraron sin tener con quien comercializar el producto de su trabajo.
Paradójicamente, a escala internacional la demanda de leche superaba ampliamente la oferta, por lo que la solución parecía simple: Si la producción de leche de los granjeros suizos era un 30% superior a lo que requería el mercado interno, por qué no seguir el ejemplo de Holanda o Nueva Zelanda vendiendo los excedentes a mercados como China, donde el consumo de leche se ha cuadruplicado desde el año 2000.
De ahí que eltratado de libre comercio (TLC) entre Suiza y ChinaEnlace externo, que entra en vigor este 1 de julio, debería sonar como música para los oídos, ya que los aranceles que pagan la mayoría de los productos lácteos exportados a China desaparecerán por completo durante los próximos 10 años.
TLC con China
El Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Suiza y China entra en vigor el 1 de julio. Prevé reducir los aranceles que Suiza paga a China por introducir sus productos en este mercado.
En el caso de la industria de los lácteos, la tarifa de entrada para la leche fresca se reducirá paulatinamente del 15% actual al 0% en un plazo de 10 años. Para la leche en polvo, del 10% al 0% en 5 años. Para el yogur, la tasa del 0% llegará en 12 años.
Otras industrias suizas que se verán beneficiadas por el TLC son:
Relojes: los aranceles se reducirán un 60% en 10 años. Textiles: un 99% en una década. Mecánica y electrónica: un30% en 10 años.
Sin embargo, la realidad es otra. Y Bischofberger, quien conoce la situación de primera mano, explica que el panorama no es tan prometedor como se pensaría.
Hace unos meses, como parte de los protocolos instrumentados antes de la puesta en marcha del TLCEnlace externo, diversos grupos de inspectores chinos visitaron granjas suizas –incluida la de Bischofberger– y sus pastizales para asegurarse de que cumplen los requerimientos impuestos por la autoridad china para la producción de leche. ¿Cuáles son los principales problemas? La calidad del aire y del agua, según este granjero que heredó el negocio de su padre y que ahora trabaja en él con su hijo, su nuera y uno de sus nietos.
En China, explica, es necesario utilizar filtros para el agua y al aire debido a los niveles de contaminación que se registran. Y Pekín decidió imponer los mismos estándares a los productores suizos. Lo que no consideró es el detalle de que el aire chino filtrado es frecuentemente menos puro que la versión “no filtrada” del aire suizo.
Estas preocupaciones chinas en materia de calidad se derivan de la desconfianza que provocó el escándalo de intoxicación por melamina en 2008, que se cobró la vida de seis bebés y enfermó a cientos de miles de personas.
"Casi todos los días se conoce algún incidente de intoxicación alimentaria”, dice Guilin, director de una empresa bernesa que exporta leche en polvo y derivados lácteos a China. Guilin saluda la entrada en vigor del TLC, pero advierte de que dado que el Gobierno chino considera que estos incidentes perjudican su imagen, intenta ocultar esta información o la revela tardíamente, lo que acrecienta los temores de los chinos y su necesidad de conocer con detalle de dónde viene exactamente la leche que compra.
El severo escrutinio del consumidor y las crecientes regulaciones impuestas por el Gobierno chino se han convertido, pues, en grandes obstáculos para los productores independientes que quieren exportar a China por su cuenta.
De ahí que Bischofberger y otros granjeros decidieran unirse y, tras la quiebra del que fue su principal comprador de leche, Bischofberger conformó un conglomerado agrícola en un momento en el que los precios de la leche se habían desplomado debido al enorme superávit que había de este producto. Bischofberger se dio cuenta de que era necesario hacer algo de inmediato y comenzaron a estudiar todo tipo de posibilidades.
“En el sistema actual, una vez que la leche es recogida en las granjas se termina el control que el productor tiene sobre la cadena de suministro. Así que empezamos a charlar sobre posibles caminos para ampliar esta participación. Lo primero era aprovechar los excedentes de leche para exportarlos y, posteriormente, buscar opciones para exportar también derivados lácteos de primera calidad”, afirma.
Asia encabezó las prioridades del plan de negocios y decidimos aprovechar las ventajas de este mercado en expansión donde los lácteos ganan terreno entre los productos alimenticios más consumidos, refiere.
Así nació Swissmooh AGEnlace externo –una compañía asociada a Nordostmilch–, cuya misión era vender la imagen de Suiza y de sus productos lácteos a una joven y moderna clientela china dispuesta a pagar por productos de alta calidad. Desde entonces, los propios granjeros supervisan todo el negocio, desde la producción del insumo hasta la venta final.
Sin embargo, no todo el mundo estaba convencido de que los productores avanzaban en la dirección correcta, asegura Bischofberger, quien preside Swissmooh. Recuerda que recibieron muchas críticas de la población suiza que “no podía creer que una organización de granjeros estuviera haciendo algo así”.
Hoy, explica, “la mayoría de los productores ven el proyecto con una mirada positiva, pero no por ello carente de ojo crítico. El riesgo de perder dinero es alto y no tenemos la seguridad de alcanzar el mercado que deseamos. No podemos asegurar a un granjero que ganará más dinero si se une a nosotros, pero sí podemos ganar su confianza demostrándole que estamos haciendo las cosas bien y confiando en que esto le llevará a unirse a nosotros”.
Ganarse esta confianza ha implicado años de trabajo por parte de los asociados al proyecto. Años de tejer contactos con la Secretaría de Estado de Economía (Seco), de trabajar con una universidad suiza para elaborar estudios de mercado, y de avanzar de forma individual en el cumplimiento de los requisitos que impone China. Swissmooh ha decidido incluso fundar Swissmooh China, una filial asiática que permite tener presencia local.
Swissmooh AG
Es una empresa fundada en 2005 por la asociación de productores independientes de lácteos llamada Nordostmilch AG.
La mayor parte de la leche de Nordostmilch AG se comercializa en Suiza, como queso o productos lácteos. Pero es Swissmooh AG la que permite rentabilizar los excedentes de producción a través de la exportación de sus productos a mercados internacionales como el de China.
Actualmente, Swissmooh opera además dos tiendas en Qingdao, China, donde vende una gran variedad de derivados lácteos que son producidos y empaquetados en Suiza. Estos van desde la leche pasteurizada fresca, hasta su versión en polvo, mezcla de quesos para fondue, quesos diversos y chocolates confeccionados con leche.
Swissmooh seguirá manejando la logística de su negocio una vez que el TLC entre Suiza y China entre en vigor. Pero Bischofberger destaca que el acuerdo permitirá que las inspecciones a las granjas sean organizadas y realizadas por el Gobierno chino, y no por los productores suizos como hasta ahora. Por otra parte, el hecho de que el Gobierno chino valide la calidad de los productos helvéticos seguramente representará un valor agregado para los clientes más exigentes de este país.
“Pero ciertas barreras que hemos experimentado en materia comercial podrían seguir presentes”, señala. “No podemos afirmar que (el TLC) nos dará un empujón y simplificará todo, pero sí que hará algunas cosas más fáciles”.
La visión corporativa
Emmi AGEnlace externo es el líder indiscutible de la exportación de lácteos suizos hacia China. Su presencia en este mercado se ha duplicado desde 2003.
Al igual que Bischofberger, Emmi advierte que algunas barreras comerciales seguirán sin franquearse pese al TLC. Esther Gerster, directora de comunicación corporativa de la compañía, asegura que la incertidumbre sobre el tiempo tomará a las autoridades chinas inspeccionar los barcos en el puerto de entrada sigue siendo una incógnita. El tema inquieta porque son mercancías perecederas.
También preocupa el constante cambio de reglas. En mayo, China endureció las restricciones que aplica a las compañías extranjeras que exportan a China pidiéndoles que registren ante este gobierno todos los productos que comercializan, pero también todos sus centros de manufactura y almacenamiento. Y un mes antes les había anunciado que todos los productos extranjeros debían ser etiquetados en chino.
Por esta razón Emmi AG no espera realmente que el TLC impulse sus ventas en China.
“Los productos de Emmi en este mercado siempre serán considerablemente más caros que los lácteos locales. Y dado que el periodo fijado para la reducción de aranceles se negoció en un lapso de 5 a 12 años, resulta muy largo para nosotros”, dice Gerster a swissinfo.ch. “Por ejemplo, un yogur Emmi se abaratará a razón del 0,9% cada año”.
Tanto Gerster como Bischofberger son conscientes de que sus productos lácteos no pueden competir con los precios de sus homólogos chinos, haya o no TLC. Ambos cifran sus esperanzas en ser capaces de vender, ante todo, la imagen de Suiza convirtiéndola en una especie de “tierra sagrada que garantizará siempre pulcritud, honestidad y calidad”, afirma Bischofberger.
traducción del inglés: Andrea Ornelas , swissinfo.ch