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Otrora estrella del hockey sobre hielo en Langnau, en el Emmental, y padre de una familia suizo tailandesa, René Wittwer decidió vivir en el país asiático su tercera edad.Este contenido fue publicado el 26 noviembre 2017 - 11:00
A la pregunta de por qué su padre emigró hace casi seis años a Tailandia, su hija, de 24 años, contesta lacónicamente: “Porque estaba hasta las narices”. Analizando con algo más de detalle las circunstancias, la respuesta es algo más diferenciada.
René Wittwer que se inició laboralmente como albañil calificado y se convirtió más tarde en jefe de construcción, fue desde joven un apasionado jugador de hockey sobre hielo. Gracias a su talento y aplicación en los entrenamientos consiguió convertirse en un puntero solicitado en Langnau, localidad con larga trayectoria en ese deporte. La capital de la región del Emmental tiene desde el año 1946 un equipo de hockey que casi siempre se ha mantenido en la primera división de la liga helvética.
Sin embargo, Wittwer, que hoy tiene 63 años, nunca logró convertir su afición en oficio. En los años 1970, eso era algo al alcance de muy pocos. Michael ‘Michu’ Horisberger, su mejor amigo de Langnau, tiene todavía muy presente aquel tiempo. Ambos tenían 19 años, formaban parte de la selección nacional juvenil y se marcharon de su rural Langnau a la Ginebra cosmopolita para jugar en el club local del Servette.
Wittwer permaneció durante dos temporadas en la Suiza francófona, también para perfeccionar sus conocimientos lingüísticos y profesionales. Después regresó como jugador a Langnau. Un año antes, en 1976, el equipo local había ganado su primero y hasta hoy único campeonato nacional, desafortunadamente, sin Wittwer.
Después pasaron muchos años en los que Wittwer trabajó como entrenador en ligas inferiores y en el sector juvenil de su club de siempre. Fuera de la temporada, en los meses de verano, practicaba con éxito el fútbol y el tenis.
A finales de la década de 1980, a los 25 años, puso fin a su carrera de deportista, que lo había convertido en un nómada moderno. El tránsito de una vida como deportista a una vida fuera de las canchas no fue doloroso para Wittwer porque ya durante su época de jugador activo había trabajado y continuado su formación laboral.
Mundo laboral y vida familiar
Su carrera profesional, durante y después de su carrera deportiva, fue muy estable al principio, aunque luego se caracterizó por cambios muy repentinos. En la empresa de su primer empleo en Langnau, donde trabajó durante 31 años, ascendió a jefe de taller, ganándose el aprecio de todos los trabajadores.
En 2007, el desarrollo de la sociedad y la sucesión de la misma lo condujeron a una nueva responsabilidad en otra una empresa donde trabajó como maestro de obras. En su nueva etapa asistió a dos procesos de fusión en poco tiempo como consecuencia del proceso de concentración en el sector. Trabajador cualificado, sus servicios fueron siempre requeridos
Jamás fue despedido, ni en su vida profesional ni como deportista, al contrario, siempre logró superar de manera autónoma las transformaciones. Aun así, tuvo que trabajar duramente durante muchos años como gerente para seguir en óptimas condiciones y mantenerse a flote económicamente, sin dejar de lado su objetivo principal: ser un buen padre.
Sin embargo, su vida familiar no transcurrió de forma linear. Dos hijos fueron el fruto de un primer matrimonio, que pronto acabó en divorcio. Se casó más tarde con una joven tailandesa que trajo dos hijos de un primer enlace. Luego nació la primera hija común, que hoy tiene 24 años. Hoy viaja con frecuencia a Tailandia para ir a verle, y se propone, a su vez, emigrar en un futuro próximo al país de su madre.
Conmociones en el seno de la familia desembocaron en una desavenencia entre los esposos. Tras el segundo divorcio, los tres hijos se quedaron con el padre, que en adelante se hizo cargo de una familia monoparental y, consecuentemente, de la educación de los muchachos. La madre mantuvo un contacto esporádico con los hijos.
Se impone un cambio de orientación
Con el tiempo conoció a su nueva pareja, Lek, que - no casualmente - también es de Tailandia, donde mantuvo su residencia. Poco tiempo después, Wittwer planeó darle otra vez un cambio de rumbo a su vida: jubilarse anticipadamente y emigrar a Tailandia para cuando su hija alcanzara la independencia.
La pareja pronto decidió trasladarse al sur del país, región en la que, merced a su atractivo turístico, un farang (extranjero) no se siente del todo desarraigado, puesto que allí se cruza con frecuencia con otros ciudadanos de otros países y no necesita dominar la lengua local como requisito indispensable para sobrevivir.
Pero, sobre todo, tomaron esa decisión por consideraciones financieras. Una pensión suiza media, con ahorros incluidos, permite costear los gastos de mantenimiento en Tailandia, incluso para dos o tres personas. Ciertamente, no permite una vida totalmente despreocupada, pero sí una posición sólida de clase media.
La salida
Dicho y hecho. La pareja alquiló una bonita casa en Bangsaray, en la región de Pataya, en el sur de Tailandia. Había que hacerse cargo de una serie de tareas dentro y alrededor del inmueble. Tocaba convertir el espacioso jardín en una pequeña plantación para que la mujer de Wittwer pudiese vender verduras, frutas y flores en el mercado local.
Desde hace cinco años viven allí. Sin embargo, sus vidas no giran en torno a los grandes atractivos concebidos para los turistas. La pareja concede más importancia a sus propias necesidades y sus propios intereses.
Los vínculos con la vieja patria y sus allegados son intensos, a pesar de la gran distancia. Wittwer sigue con detalle el desarrollo de los acontecimientos políticos y culturales en Suiza. Se informa a través de los medios de comunicación por internet, y los contactos personales vía Skype y Facebook forman parte de su día a día.
Michu Horisberger cree que su amigo ‘Rönu’ está mejor informado sobre los acontecimientos en Suiza que él. Le parece interesante la manera en que Wittwer logra tender puentes entre su vieja y su nueva patria, a través, por ejemplo, de los frecuentes relatos digitales sobre la marcha de su vida en Tailandia.
swissinfo.ch: ¿Cómo transcurre un día normal en la vida de René Wittwer?
R.W.: Lo que me encanta es que ya no tengo que hacer nada. Sin embargo, pienso en la organización del día. Tras el desayuno dedico una o dos horas a la información para enterarme de las noticias de todo el mundo.
Después, según la predisposición que tenga, dedico entre dos y cinco horas a la jardinería y a trabajos de reparación. A continuación, tomo una ducha y duermo la siesta en casa o en la playa. Después de la cena miro una película o repaso los medios sociales.
Además, dedico tiempo a mis pasatiempos como la fotografía, viajar, pescar, jugar al billar y disfrutar de mi pasión por las serpientes. No hay que olvidar tampoco las numerosas visitas de amigos y parientes que nos encanta recibir y a los que dedicamos mucho tiempo.
swissinfo.ch: ¿Cómo es su vida actual, mantiene retos?
R.W.: El trabajo ya no es lo que da sentido a mi vida como antes en Suiza. El mantenimiento y la explotación de mi finca y la plantación me garantizan una calidad de vida que me permite disfrutar. Ya no necesito grandes retos; mucha gente se da demasiada importancia y luego cae muy abajo.
swissinfo.ch: ¿Qué hace un exdeportista de élite como usted para mantenerse en forma? ¿Tiene objetivos deportivos?
R.W.: Me mantengo todavía bastante bien si me comparo con otra gente. Pero la artrosis me impide jugar al fútbol o al tenis, que, además del hockey sobre hielo, son deportes en los que antes tenía un nivel bastante elevado.
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Las opiniones de la persona entrevistada sobre los diversos temas abordados, así como sus comentarios sobre el país donde vive y sus políticas no necesariamente reflejan el punto de vista de swissinfo.ch.
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