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A 2.883 metros de altitud, entre los glaciares y las imponentes cumbres valesanas, la nueva cabaña del Monte Rosa brilla como un cristal en la roca. Inaugurado en septiembre de 2009, el edificio futurista pronto se convirtió en una atracción turística.
El casco medieval de Berna y la ciudad futurista de Brasilia, el pequeño convento de Müstair y la impresionante catedral de Chartres, las terrazas vinícolas de Lavaux y el desierto Ténere tienen algo en común: forman parte del patrimonio universal de la UNESCO.
Es difícil imaginarse una Suiza sin montañas. Cubren un tercio de la superficie del país y tienen una gran importancia desde el punto de vista histórico y geopolítico. Además, juegan un papel importantísimo para la economía nacional, porque es en las regiones alpinas donde se concentran las actividades del turismo helvético.