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Nshima [en], el producto como papilla hecho de harina de maíz, ha dividido a las familias [en] y provocado disturbios por alimentos [en] en Zambia más de una vez. Este es el motivo por el que los sucesivos gobiernos se han mantenido vigilantes sobre el cultivo, la cosecha, la compra y la venta de harina de maíz a los consumidores.
La producción de maíz es un problema aún mayor en la región minera del Copperbelt y áreas metropolitanas como la capital, Lusaka, donde grandes masas trabajadoras dependen del suministro comercial del producto. En consecuencia, el maíz determina la dirección política de la nación.
En mayo, el Banco Mundial instó al gobierno de Zambia [en] a no interferir en la determinación del precio mínimo de la maíz vendido por los agricultores a la Agencia de Reserva Alimentaria y otras entidades interesadas en la cadena de los agro negocios. A pesar de estos pedidos, el Ministerio de Agricultura anunció que el precio mínimo del maíz este año [en] será de K65,000 (alrededor de $13 dólares norteamericanos) por costal de 50 kilos.
El director del Banco Mundial para Zambia, Malawi y Zimbabwe, Kundhavi Kadiresan, criticó la decisión y afirmó que los pobres agricultores de Zambia están siendo explotados [en] pues algunos comerciantes estaban comprándoles maíz con la intención de revenderlo a un precio más alto a la estatal Agencia de Reserva Alimentaria [en]. Kadiresan además indicó [en] que el Banco Mundial está profundamente preocupado de que no sólo la política del gobierno no asegura el crecimiento sostenible a largo plazo del sector agricultor, si no que además hace muy poco para crear trabajos y reducir la pobreza.
Kadiseran podría ser excusado. El sector agricultura de Zambia, gira en torno al maíz, sin importar el crecimiento de otros cultivos ni el ganado. La mayor parte del maíz es cultivado por campesinos que se enfrentan a sequías regulares durante la temporada de lluvias, un suministro poco confiable y caro de fertilizantes, y dificultades en el transporte de la mercancía a los mercados.
En 1986, los zambianos en las regiones de Copperbelt y Lusaka se amotinaron porque el precio del maíz aumentó varias veces cuando los ingresos estaban estancados. Cuatro años más tarde, el malestar por los aumentos de precios incluso provocó un intento de golpe de Estado.
Anunciando el nuevo precio mínimo del maíz, el ministro de agricultura y gandería, Emmanuel Chenda, dijo [en]:
Hemos tomado esta decisión con el fin de proteger la seguridad alimentaria del país y también para asegurar que los pequeños agricultores no se desalienten de producir la cosecha en los años siguientes… Para asegurar que el maíz de Zambia sea competitivo en los mercados internacionales, el Gobierno se asegurará de que los costos de producción se reduzcan mediante, entre otras estrategias, la provisión de capacitación en extensión agraria y el transporte para la movilidad de los trabajadores de extensión, con miras a aumentar la productividad entre los agricultores de pequeña escala.
Chenda también reveló que el Gobierno estaba poniendo en marcha programas para construir instalaciones de almacenamiento adicionales como una medida a largo plazo para evitar el desperdicio bajo la Agencia de Reserva Alimentaria (FRA). Pocos días antes de la declaración del ministro, la FRA había destruido gran cantidad [en] de paóz podrido en varios distritos del país. Chenda dijo:
Deseo informar a la nación que la mayoría de lo echado a perder en la FRA recientemente, se debe a instalaciones de almacenamiento inadecuadas e inapropiadas … Para hacer frente a este desafío, el Gobierno ha comenzado a poner en marcha programas para construir instalaciones de almacenamiento adicionales como una medida de largo plazo.
(Translation by Juan Arellano)
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