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La epidemia de gripe española de 1918-1919 fue uno de los acontecimientos más devastadores de la historia de Suiza. Cerca de 25 000 personas murieron y la mitad de la población se vio afectada por la gripe. La ola más mortífera se produjo en octubre de 1918.
A principios de julio de 1918 la gripe apareció por primera vez en Suiza. Y lo hizo entre las tropas fronterizas cerca de la localidad de Bonfol, en el Jura, en la frontera suiza con la primera línea franco-alemana. Entre el 40 y el 80% de los soldados que se encontraban en las fronteras suizas enfermaron. Los comandantes cerraron la mayoría de las bases militares y enviaron a las tropas a casa. La enfermedad se propagó velozmente por el oeste de Suiza, aunque en septiembre pareció que había desaparecido.
Para nada se sospechó que estaba por llegar una segunda ola más mortífera. Pero, entre finales de septiembre y finales de noviembre de 1918, se extendió rápidamente por todo el país. En enero de 1919 tuvo lugar una tercera ola más leve, y después de esta el virus, al fin, se extinguió. Poco se sabía entonces sobre la naturaleza de las enfermedades virales.
En este vídeo, a través de imágenes de archivo y fotos de la época, mostramos cómo los suizos trataron de hacer frente a la peor catástrofe demográfica de su historia.
Las víctimas: hombres jóvenes
En todos los cantones suizos, excepto en el Tesino, el virus se propagó con más facilidad entre los hombres que entre las mujeres. Probablemente porque los hombres estaban en contacto más estrecho entre sí en los cuarteles y en las tabernas. El 60% de los fallecidos tenían entre 20 y 40 años y la mortalidad fue mayor fuera de los centros urbanos.
Los pacientes podían morir a las pocas horas de enfermar. A menudo la gente sangraba por la nariz o la boca de repente. Para evitar contagios, había que enterrar a los muertos lo antes posible.
Se atendía a los enfermos en los hospitales instalados por el ejército y en los sanatorios de los distritos montañosos. La Cruz Roja Suiza dispuso 742 enfermeras, que trabajaban –en su mayoría– en la escuela de enfermería La SourceEnlace externo en Lausana, y en el Instituto de Enfermería de la Cruz RojaEnlace externo en el hospital Lindenhof en Berna. 69 murieron a causa de la gripe. Las enfermeras de La Source que sobrevivieron fueron condecoradas por sus servicios en noviembre de 1919.
Suiza cierra las puertas
No había ningún lugar en el que buscar consuelo, compañía o entretenimiento: las escuelas, las iglesias y los mercados estaban cerrados. Se suspendieron los espectáculos de danza, teatro y conciertos. Los cuarteles y las escuelas se convirtieron en hospitales de emergencia.
Se pidió a la población que donara mantas y camas, que prestara sus coches a los médicos y que trabajara de manera voluntaria. Se anunciaron todo tipo de curas milagrosas contra la gripe: jabones, enjuagues bucales y ungüentos nasales, e incluso aspiradoras para eliminar los gérmenes del aire. Se rumoreaba que el consumo de tabaco y alcohol ayudaba a prevenir y tratar la gripe. Aquí puede ver un producto para desinfectar los teléfonos.
¿Estaba Suiza bien preparada?
La epidemia llevó a Suiza al borde de la guerra civil por falta de una respuesta oficial adecuada. Se acusó al cuerpo médico del ejército de estar mal preparado para una epidemia y de carecer de alojamientos, transporte y medicamentos apropiados. Los medios de comunicación se quejaron tanto de estas condiciones desastrosas que se creó una comisión de investigación. Aunque esto no condujo a una mejora de las condiciones, sí consiguió calmar los ánimos de la gente.
A pesar del elevado número de bajas, no hay nada que ayude a la población suiza a recordar y reflexionar sobre aquellas pérdidas. No hay un día conmemorativo. El historiador Jakob Tanner escribe en el periódico ‘Neue Zürcher Zeitung’ que, tras huelga general de noviembre de 1918, la década de 1920 fue un período de tensión interna. Al parecer, quedaba poco espacio mental para conmemorar una enfermedad infecciosa, por muy devastadora que esta fuera.
Traducción del inglés: Lupe Calvo