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Sr. Büchler, ¿qué recuerdos le evoca la fecha del 26 de diciembre?
El recuerdo de una sorpresa total. Hasta aquel día de finales de 2004, la palabra «tsunami» no formaba parte del vocabulario corriente. Era una noción desconocida. Por ello, cuando se oyó que un tsunami se había abatido sobre Asia Meridional, nadie comprendió al principio qué estaba pasando. Solo poco a poco se fue tomando conciencia de la magnitud de los daños.
A finales de diciembre de 2004, usted se encontraba en posición de seguir de cerca la asistencia humanitaria que iba a desplegarse…
Sí, yo trabajaba entonces en la Chaîne du bonheur, en Ginebra. Recuerdo que el 26 de diciembre recibí una llamada de mi jefe. Me dijo: «Ha ocurrido algo muy grave en Asia Meridional; al parecer hay muchas víctimas mortales.» Nosotros organizamos enseguida una recaudación de fondos. Las primeras informaciones llegaron de Tailandia, después de Sri Lanka. Un poco más tarde, se nos informó de que también las islas Andaman habían sido gravemente afectadas. Y finalmente, Somalia. Fue entonces cuando fuimos plenamente conscientes de la magnitud del tsunami.
¿Cuándo llegó usted al lugar de la catástrofe?
No acudí inmediatamente. Pasé la primera mitad de 2005 coordinando desde Ginebra el despacho de material de socorro – agua, alimentos, lonas, etc. – financiado con las donaciones recaudadas por la Chaîne du bonheur. Después, respondí a una petición de ofertas de la Cruz Roja suiza, que buscaba trabajadores humanitarios para desarrollar los proyectos de rehabilitación en Sri Lanka. Me trasladé a Colombo, la capital de Sri Lanka, en agosto de 2005.
¿Qué ambiente reinaba en el país seis meses después de la catástrofe?
Había edificios destruidos por todas partes, pero el primer periodo de emergencia había pasado. Seis meses después del tsunami, se trataba de cómo abordar la reconstrucción. Yo me di cuenta enseguida de que los srilankeses se ayudaban mutuamente de manera espontánea. Muchos habían perdido a sus hijos; había numerosas familias totalmente desamparadas. Pero, al mismo tiempo, como suele suceder tras una catástrofe, la población presentaba una enorme motivación por reconstruir. Psicológicamente, volver a construir permite reconstruirse …
La Ayuda Humanitaria de la Confederación ha sido muy activa en Sri Lanka, entre otros países, sobre todo a través de un «consorcio suizo» establecido para coordinar la ayuda proveniente de Suiza. ¿Qué recuerdos guarda Ud. de ello?
La puesta en marcha del «consorcio suizo» (que agrupaba a la COSUDE, la Cruz Roja suiza, la Chaîne du bonheur y la Entraide Protestante Suiza) fue un auténtico éxito. El consorcio se encargó de un ambicioso programa de reconstrucción de casas en los distritos de Matara y Trincomalee, de común acuerdo con las autoridades srilankesas. La COSUDE garantizó la coordinación y el seguimiento de todo el programa. Al principio, fue el embajador de Suiza en Colombo quien hizo las primeras propuestas al gobierno nacional; después, la COSUDE se ocupó de negociar los contratos y de sistematizar, a través del Ministerio de Finanzas, la distribución de los fondos ofrecidos a los beneficiarios para la reconstrucción de sus casas.
A título de información, ¿cuántas casas pudieron reconstruirse con los fondos aportados por los suizos?
Un total de 10.500, a las que hay que añadir 18 escuelas. Entre 2005 y 2007 se invirtieron más de 27 millones de CHF en estos proyectos de reconstrucción. El «consorcio suizo» se creó precisamente para poder gestionar mejor este inmenso programa así como para aunar todos los recursos y las capacidades disponibles.
¿Volvería Ud. a hacer hoy exactamente todo del mismo modo?
Más o menos, sí. Repito que el trabajo y la profesionalidad del «consorcio suizo» fueron elogiados tanto por las autoridades srilankeses como por los mismos beneficiarios. Sin embargo, en rigor, hubiéramos podido ser aún más precisos en la asignación de los fondos para ciertas familias. Para decirlo brevemente, habíamos establecido dos categorías de beneficiarios: Aquellos cuya casa había quedado completamente destruida recibían el equivalente a 2500 USD, y los que habían sido víctimas de simples daños podían recibir 1000 USD. Ahora bien, entre estos últimos, había quienes habitaban una casa en la que habían quedado destruidas una o varias paredes y otros que solo tenían que lamentar una puerta o una ventana rotas. Habría tenido que hacerse una clasificación más detallada de las víctimas. Es una lección que hemos aprendido y que ha sido, por otra parte, tenida en cuenta por la COSUDE en el momento de planificar un nuevo proyecto en el norte del país para las víctimas de la guerra.
Usted mismo dice que para numerosos srilankeses la situación después del tsunami no se ha resuelto.
En efecto. Todo el mundo ha oído hablar de la guerra civil que se libró entre los Tigres Tamiles y el gobierno de Sri Lanka, y que duró varias décadas para culminar y acabar, finalmente, en 2009. En vista de los daños ocasionados, la COSUDE decidió relanzar un programa de reconstrucción de casas y de infraestructuras públicas. Este programa se basa en la experiencia hecha tras el tsunami. A finales del año 2015, se habrán invertido 23 millones de CHF.
Y ahora usted acompaña ya el proyecto en tanto que empleado de la COSUDE.
En efecto. En 2009 me pidieron planificar el actual proyecto; a continuación, en 2010, me incorporé a la COSUDE.
La historia no se acaba aquí. Después de haber pasado algunos años en Suiza, usted volvió a instalarse en Colombo en 2013. ¿Ha tenido ocasión de volver a encontrar a las víctimas del tsunami ayudadas por Suiza entonces?
Sí. La mayoría de las familias beneficiarias siguen estando allí. La gente está contenta de vivir en casas sólidas, provistas de tejados y, además, bonitas. Para las mujeres solas con hijos, estas casas significan una auténtica seguridad. Para otras familias, estas casas han hecho posible materializar proyectos de matrimonio. Aún tengo que sonreír cuando pienso en particular en una pareja que pudo reconstruirse una casa gracias a la ayuda de la COSUDE. Ambos, él y ella, habían perdido a sus respectivos cónyuges durante el tsunami. Se casaron de nuevo y tuvieron un niño que crece en la casa financiada por la COSUDE. Esta bonita anécdota, sin embargo, no debe hacernos olvidar que en el plano político y económico la vida sigue siendo extremamente dura para numerosos srilankeses. Las tensiones entre singaleses y tamiles persisten. La situación sigue siendo crítica.