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Ginebra conmemora este año un centenario del Premio Nobel de la Paz atribuido a Henri Dunant, un símbolo de la vocación internacional del que la ciudad está orgullosa.
En 1901, Henri Dunant, fundador del Comité Internacional de la Cruz Roja, recibió el primer Premio Nobel de la Paz.
"El espíritu de Ginebra se alimenta a la vez del cosmopolitismo que se desarrolló al cabo de siglos en una ciudad obligada por su aislamiento geográfico a abrirse al mundo y de la dimensión internacional que le ha dado la Sociedad de las Naciones. No es una mística sino el resultado de una actividad diplomática multilateral". Esta definición es de François Nordmann, embajador de Suiza ante las organizaciones internacionales en Ginebra.
En 1920, 200 diplomáticos y funcionarios internacionales trabajaban en Ginebra. Ahora son más de 30.000 (incluidos los miembros de las familias), repartido en 19 organizaciones gubernamentales, las misiones permanentes de unos 140 Estados ante la ONU y alrededor de 130 organizaciones no gubernamentales.
Este universo incluye áreas tan variadas como la acción humanitaria, los derechos humanos, el medio ambiente y el desarrollo, la meteorología, la investigación nuclear, la salud y las telecomunicaciones. Imposible citar a todas las entidades, pero entre ellas se encuentran importante centros consagrados a políticas de seguridad, eliminación de minas y control de armas, poco conocidos pero muy activos.
Además, la "capital europea" de la diplomacia multilateral se encuentra en el corazón de los intercambios económicos con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, la Unión Internacional del Trabajo y la Organización Internacional del mismo ramo. Y desde que ganó a Berlín la sede de la Organización Mundial del Comercio, se encuentra en el centro de los mecanismos de la globalización.
La tradición humanitaria de esta ciudad comerciante, nacida en el Siglo XVI con la acogida de los reformadores, se confirmó en 1864, durante la firma de la primera de las Convenciones de Ginebra iniciadas por Henri Dunant contra los horrores de la guerra.
Su vocación diplomática fue consagrada en 1919, cuando el Tratado de Versalles le otorgó la sede de las Naciones Unidas a propuesta del presidente estadounidense Wooodrow Wilson.
Desde entonces, esta "aura universal" marcará una red urbana con la creación en 1920 de un "campo de aviación" en Cointrin, la modernización de la estación ferroviaria de Cornavin, la creación de una radio y la construcción del Palacio de Naciones en 1936.
Al entrar en vigor la Carta de la Naciones, en 1945, la ONU firma un acuerdo con el Gobierno suizo e instala su sede europea frente al Lago Leman y al Monte Blanco.
La presencia de la segunda sede de las Naciones Unidas representa un ingreso de 3 mil millones de francos para Ginebra pero le impone una creciente problemática en materia de infraestructura. Cuesta trabajo imaginar nuevos desarrollos de la vida internacional: las escuelas están saturadas, no se encuentran alojamiento ni personal, amén del flujo creciente de empresas extranjeras hacia Ginebra.
Isabelle Eichenberger