Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05290.jsonl.gz/1

21 marzo 2013
Los sefardíes de los Balcanes
Los sefardíes de los Balcanes, una vida que agoniza
entre la indiferencia y el silencio (2 de 3)
Sefardíes en Bosnia y Herzegovina: la comunidad hebrea en Sarajevo
Sarajevo es considerada una de las ciudades a donde llegaron los primeros judíos expulsados de España. La ciudad fue conocida durante muchos siglos como el pequeño Jerusalén, Yerusalayim chico, debido a la numerosa presencia de ciudadanos judíos, cuyos antepasados se habían desplazado desde España. Los sefardíes, como ocurrió en otras partes de los Balcanes, no fueron, sin embargo, los primeros judíos de la región ni del Imperio Otomano. Su presencia en esta zona del mundo es muy antigua y se remonta a la época romana. Las primeras migraciones sefardíes llegaron entre los siglos xv y xvi.
A partir de su instalación en Bosnia y Herzegovina, pero sobre todo en Sarajevo y Travnik, los judíos sefardíes pasaron a ser el elemento dominante en lo cultural y se integraron fácilmente en la vida de esta estratégica provincia otomana a medio camino entre el Oriente y el Occidente. Lo que sí se constata, a finales del siglo xix, es que muchos de los sefardíes de la región ya han perdido su lengua y que, en 1878, cuando Bosnia pasó a ser administrada por los austrohúngaros, su poder e influencia se han debilitado notablemente.
Unos años más tarde de ser anexionada por los austrohúngaros, en 1892, se funda en Bosnia una sociedad cultural, educativa y humanitaria con el nombre de la Benevolnecija (Benevolencia), donde llegaría a funcionar una biblioteca con los libros judeoespañoles y que serviría de nexo y vínculo para una comunidad que había sido tolerada durante los años de dominación otomana. Esta sociedad sobreviviría hasta nuestros días y tuvo un papel activo en la guerra yugoslava, ayudando a los judíos que se quedaron en el país y apoyando la emigración en los peores días del sitio de Sarajevo. En 1921, el primer censo de población de Sarajevo pone de manifiesto que el judeoespañol es la lengua materna de unos diez mil habitantes de Sarajevo, mayoritariamente sefardíes, sobre una población total de setenta mil censados, lo que revela todavía su peso social, económico y cultural. La vida en la región transcurre con normalidad hasta el año 1939, en que comienza la Segunda Guerra Mundial, y la Yugoslavia nacida tras la Gran Guerra es fragmentada por los nazis.
Se crea un Estado croata independiente y aliado de Berlín, mientras que Serbia es ocupada y sometida a numerosas humillaciones. Muy pronto, tanto en Serbia como en Croacia los judíos comienzan a ser perseguidos y se intensifican las deportaciones hacia los campos de concentración, donde morirían asesinados setenta mil de los ochenta mil judíos yugoslavos, muchos de ellos sefardíes. La vida sefardí de Sarajevo también sufrió los estragos de la persecución y la ira de los nazis y sus aliados croatas; ya nunca más se recuperaría y pasaría a ser meramente testimonial. Entre 1945 y 1981, los «años del silencio» para casi todos los judíos de la Europa del Este, la mayor parte de estas comunidades judías emigraron hacia Israel y otros países occidentales.
Luego, una nueva oleada migratoria, cuando estalla la guerra de Bosnia y Herzegovina, en 1992, significaría el golpe definitivo para una comunidad envejecida, decreciente y con un escaso peso social, cultural y económico. En la actualidad, hay algo menos de cuatrocientos judíos viviendo en Bosnia y Herzegovina, de los cuales el 85% son sefardíes y un 70% tiene más de cincuenta años. Dadas las escasas expectativas de Bosnia y Herzegovina, es de suponer que en los próximos años se asista incluso a un decrecimiento de esta población.
Noticia de los sefardíes de Serbia
Las primeras migraciones de judíos sefardíes datan del siglo xv, cuando los judíos expulsados primero de España y después de Portugal llegan hasta los Balcanes, instalándose en las grandes ciudades bajo la protección de los sultanes turcos, como Bayezid II, uno de sus principales valedores. A partir del siglo xvi, la comunidad sefardí ya era mayoritaria en algunas ciudades de los Balcanes y la liturgia religiosa, así como su vida cultural, se expresa ya plenamente en judeoespañol.
Los turcos, por lo general, eran muy tolerantes con respecto a los cultos religiosos, y la vida cultural sefardí se desarrolló sin problemas, así como su vida social, religiosa y económica. Las primeras medidas antisemitas en los Balcanes llegarían en el siglo xix, cuando una serie de príncipes serbios, entre los que destacan Milos Obrenovic y Miahilo III, decretan una serie de medidas antijudías y limitan las actividades sociales y económicas de las comunidades hebreas. Resulta paradójico que las primeras autoridades serbias pongan tanto empeño en perseguir a los judíos cuando los censos de la época señalan que en toda Serbia no vivirían más de dos mil hebreos, una de las comunidades más exiguas de los Balcanes. Pese a todo, los judíos participarían, con anterioridad a estos hechos, en las batallas y luchas por la liberación nacional de Serbia, entre 1804 y 1830, cuando acontece la guerra de la independencia contra los turcos. Las medidas antijudías son abolidas por el parlamento serbio en 1899.
Sin embargo, el peso demográfico de estas comunidades judías, a diferencia de Grecia o Rumania, siempre fue muy bajo: en 1912 se calcula que en toda Serbia viven apenas unos 5000 judíos, de los cuales la mayor parte son sefardíes. Existe una sinagoga sefardí en Belgrado y se detectan unas cuarenta pequeñas comunidades en Voivodina, mientras que la vida judía es muy escasa en Kosovo y Montenegro. Los judíos de Voivodina, a diferencia de los de Belgrado, son mayoritariamente askenazíes.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, había viviendo en Serbia unos diez mil judíos, de los cuales más del 80% son sefardíes. Otros veintiún mil quedarían atrapados en la Voivodina ocupada por las fuerzas húngaras, donde muchos también serían deportados a los campos de la muerte y morirían asesinados. A partir de 1941, y una vez que Serbia ha sido ocupada por los nazis, comienzan las primeras medidas antijudías en Belgrado y otras ciudades serbias. También se inician las deportaciones: dos mil quinientos judíos de Belgrado son enviados a los campos de la muerte en el año 1941 y se diezma la población masculina. Numerosas sinagogas y edificios de la comunidad judía fueron destruidos, muchos por los bombardeos, pero también por los alemanes en su huida de Serbia.
El Holocausto significó el final de las ricas comunidades judías de la antigua Yugoslavia, que nunca se repondrían del daño causado. Aparte de la destrucción física y material de edificios y sinagogas propiedad de las comunidades, apenas quedaron judíos en la antigua Yugoslavia y los catorce mil que aparecen en los censos con posterioridad a la guerra emigraron en su gran mayoría hacia Occidente e Israel, de tal forma que en la actualidad vivirían en Serbia algo menos de un millar de judíos, es decir, que la vida de los hebreos de este país habría casi desaparecido. Tampoco las autoridades comunistas, como ocurrió en otras partes de la Europa del Este, mostraron un gran interés en apoyar y revitalizar estas comunidades, que eran vistas con recelo y desconfianza. Recientemente, el Instituto Cervantes de Belgrado ha organizado algunas jornadas culturales de estudio y difusión de la vida artística de los sefardíes de Serbia, una comunidad ya envejecida y sin el peso social, cultural y económico que tuvo en el pasado.
Fuente:Centro Virtual Cervantes.