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110.000 espectadores en el estadio Olímpico de Sydney y 3.700 millones de televidentes en el mundo siguieron la ceremonia inaugural de los Juegos. Un espectacular acierto visual. El equipo suizo es pequeño, pero puede realizar una buena actuación.
Los Juegos Olímpicos de la Grecia antigua, celebrados desde el año 776 antes de Cristo en la ciudad de Olimpia, premiaban con una corona de laurel a los atletas destacados en las pruebas de velocidad, resistencia y destreza. El evento servía además para atenuar las tensiones bélicas y contar el tiempo a partir del solsticio de verano.
Varios siglos después, en 1896, el barón Pierre de Coubertain gestó, en París, el renacimiento de la Olimpiada con una concepción moderna y los mismos fundamentos. "Situis", "Altius", "Fortius" (Más lejos, más alto, más fuerte). Las actuaciones destacadas se distinguen ahora con medallas de oro, plata y bronce... y muchos otros alicientes económicos.
En más de cien años de los Juegos Olímpicos de la era moderna, Estados Unidos encabeza la tabla de medallas con 1986 piezas, seguido de la ex Unión Soviética (1192) y la Alemania reunificada con 1127 preseas. Suiza aparece en el 18 lugar con un botín de 168 medallas.
Suiza en los JJOO
Las cifras de referencia en el historial olímpico del deporte suizo se sitúan en los Juegos de París de 1924: 7 medallas de oro, 8 de plata y 10 de bronce. 24 años después, en Londres, en 1948, el resultado se saldó con 23 medallas: 5 doradas, 3 de plata y 6 de bronce.
Los deportes ecuestres, el remo, la gimnasia, el atletismo y el tiro deportivo son las disciplinas sobresalientes en este recuento.
La actuación helvética en las Olimpiadas posteriores registró altibajos notables. Repasando las más recientes constatamos que en la de Barcelona 92, el tenista Marc Rosset obtuvo la única medalla, una de oro.
Tras una leve recuperación en los Juegos de Seúl (4 medallas), los de Atlanta certificaron una clara recuperación del deporte helvético: 7 medallas. 4 de oro y 3 de plata, en remo, ecuestres, gimnasia y ciclismo.
Posibilidades en Sydney
El triatlón, nuevo en Sydney junto con el tae-kwon-do, podría deparar una primera satisfacción a Suiza. Magalí Messmer y Brigit McMahon llegan con buenas notas, son vicecampeonas europea y mundial respectivamente. Las australianas y las canadienses son rivales de cuidado.
En remo, Xeno Müller defenderá la medalla olímpica obtenida en Atlanta en la disciplina de "Skiff". Tiene posibilidades de repetir la hazaña. No podemos decir lo mismo del doble integrado por los hermanos Gier, que no parecen estar a la altura de las exigencias para buscar una nueva dorada.
El corredor de 800 metros llanos, André Bucher pasa por un gran momento deportivo. Acicateado por su reciente triunfo en el Letzingrund, de Zurich, tiene fundados argumentos para disputar un lugar en el podio al argelino Said Gueri y al plusmarquista mundial Wilson Kipketer.
En el ciclismo de montaña, Thomas Frischknecht detenta una medalla olímpica de plata y el campeonato mundial, dos razones que justifican sus aspiraciones. En la misma disciplina participa Bárbara Blatter, primera del ranking mundial en su categoría.
Los deportes ecuestres constituyen una de las cartas fuertes de la representación suiza. La experiencia y la destreza del equipo integrado por los jinetes Willi Meiliger, Markus, Beat Mändli y Lesley McNaught justificarían uno o más lugares privilegiados.
La natación cuenta con la grata consagración de la tesinesa Flavia Rigamonti en 800 metros crawl.
A estas esperanzas se añaden las que representan el doble de volley ball de playa de los hermanos Laciga, la escuadra de esgrima y el yudoka Sergei Aschwanden.
Sin pecar de optimismo desmesurado, el deporte suizo está en condiciones de repetir o mejorar la buena actuación realizada en Atlanta 96. Sin olvidar, claro está, que la lógica no es pariente del deporte.
Juan Espinoza