Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05284.jsonl.gz/6

La aplicación práctica de la doctrina: Capítulos 3 y 4
Los dos primeros capítulos de la epístola a los Colosenses nos presentan la doctrina. Los capítulos 3 y 4 nos muestran el comportamiento que se desprende de ella para el cristiano. ¿Qué es lo más importante? Los dos tienen su importancia.
En las epístolas a los Romanos, a los Efesios y a los Colosenses, la doctrina viene en primer lugar, después la práctica. Tal es el orden correcto. Primero debemos ser enseñados, a fin de que nuestro comportamiento pueda corresponder a los pensamientos de Dios.
El apóstol Pablo procedió en este orden según la manera sistemática que le es propia. El comportamiento cristiano se manifiesta en todos los aspectos de la vida.
Los dos aspectos del comportamiento cristiano (3:1-11)
Los once primeros versículos de este capítulo nos muestran los dos grandes elementos que deben acompañarnos en la vida cotidiana:
- buscar las cosas de arriba (v. 1-4);
- hacer morir lo terrenal (v. 5-11).
Versículo 1: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”.
Resucitados con Cristo
¿Qué significa prácticamente, haber resucitado con Cristo? La resurrección del Señor Jesús y el hecho de que hemos resucitado con él nos introducen en la esfera de la nueva creación. En la epístola a los Colosenses, esto no va tan lejos como en la epístola a los Efesios, en la que ya se nos ve sentados en los lugares celestiales en Cristo. Aquí somos vistos como aquellos que todavía viven en la tierra, pero que miran hacia arriba.
Hay muchas similitudes con la epístola a los Hebreos, pero también una gran diferencia. En la epístola a los Hebreos, también somos considerados como viviendo en la tierra, pero miramos hacia adelante, hacia la meta. En la epístola a los Colosenses, estamos en la tierra, y miramos arriba.
No solamente, pues, hemos muerto con Cristo, sino que también hemos resucitado con él. Haber muerto con Cristo significa ser «cerrado» a lo que es negativo. Haber resucitado con Cristo significa ser abierto a lo que es positivo, a lo que es divino. Como resucitados con Cristo, vivimos como creyentes en una condición nueva, viva, aquí en la tierra. Entonces ya no buscamos más las filosofías de este mundo, ni las opiniones de los hombres, sino las cosas de arriba. Porque Jesucristo, con quien hemos resucitado, está ahora en el cielo.
La nueva creación
La resurrección de nuestro Señor Jesús ha sido el comienzo de la nueva creación. Lo encontramos en Apocalipsis 3:14, en el cual es llamado “el principio de la creación de Dios”. Él lleva este título como el Resucitado. Después de haber consumado la obra de la cruz, nuestro Señor fue puesto en el sepulcro. Cuando resucitó de entre los muertos al tercer día, la nueva creación comenzó. Lo que él les dice a sus discípulos al respecto en Juan 16:16-22 es digno de atención. En el versículo 19, está escrito: “Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis”. No lo verían más, puesto que iba a morir, y sería puesto en el sepulcro. Sin embargo, de nuevo lo verían un poco más tarde, en la resurrección. Esto se hizo realidad cuando se presentó en medio de ellos como resucitado. Después está escrito en los versículos 21 y 22: “La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”. Compara su resurrección con el nacimiento de un niño y así declara que su resurrección es el momento del nacimiento de la nueva creación. El versículo 17 de 2 Corintios 5 ahora se aplica a todos los que, durante el tiempo de la gracia, creen en él: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura (o nueva creación, nota V. M.) es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Pertenecemos a la nueva creación por el hecho de haber resucitado con Cristo. Así, para el que cree se abre un mundo totalmente nuevo.
Buscad las cosas de arriba
¿Qué quiere decir el apóstol con esta exhortación? Estas palabras se utilizan a menudo para invitarnos a estar ocupados de un Cristo glorificado en el cielo. Encontramos este pensamiento, por ejemplo, en 2 Corintios 3:18: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. Este pasaje significa que nosotros, que estamos aún en la tierra, dirigimos nuestras miradas hacia el cielo y podemos mirar con los ojos de nuestro corazón a Cristo glorificado.
Sin embargo, aquí, en Colosenses 3, parece que el pensamiento central es otro. Debemos manifestar interés por los pensamientos del Señor Jesús en el cielo en cuanto a la vida cristiana práctica en la tierra. En efecto, de esto se trata en los capítulos 3 y 4. ¿Nos interesamos en lo que el Señor piensa de la vida colectiva de los creyentes? ¿Deseamos aprender a conocer sus pensamientos respecto a las relaciones entre esposos, a la vida de familia, al comportamiento en el lugar de trabajo y en la obra del Señor? Entonces, busquemos las cosas de arriba. Se nos exhorta a buscar su pensamiento, para aprender lo que él piensa de todos esos ámbitos y relaciones.
Cuando un padre pasaba por un campo de melones con su hijo más joven, le dijo: Quédate aquí en la carretera, y mira a derecha y a izquierda si viene alguien mientras robo un melón. El niño se quedó en la carretera, y el padre se adentró en el campo. Repentinamente el niño gritó: ¿Hace falta que también mire hacia arriba? El padre temeroso respondió entonces: Ven, mejor no hagamos nada y sigamos nuestro camino.
¿Miramos también hacia arriba? Tal es la pregunta crucial para nuestra vida de cada día.
Cristo está sentado a la diestra de Dios
Jesucristo está en el cielo sentado a la diestra de Dios. Esto destaca la importancia de los pensamientos de nuestro Señor. No son los pensamientos de cualquiera, sobre los cuales se puede discutir, sino que se trata de los pensamientos de Aquel que está sentado a la diestra de Dios. Está arriba en el lugar de honor cerca de Dios.
Versículo 2: “Pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra”, (V.M.).
Pensad en las cosas de arriba
Pensar no es lo mismo que buscar. Buscando, mostramos interés por el pensamiento del Señor. Pensando, adoptamos sus pensamientos. Tomemos un ejemplo: Cuando alguien aprende una lengua extranjera, intenta durante los primeros meses comprender lo que oye o lee, y hablar o escribir en esta lengua extranjera. Pero al principio sigue pensando en su lengua materna. Más tarde, por ejemplo después de una estancia prolongada en el país extranjero, comienza también a pensar en la lengua extranjera.
Si tenemos un verdadero interés por los pensamientos del Señor Jesús en cuanto a todos los ámbitos prácticos de la vida cristiana, ellos comenzarán a establecerse en nuestro corazón, y entonces los pensamientos de Cristo serán los nuestros. Nuestro juicio estará influenciado por su juicio. Encontraremos sus pensamientos sobre nuestra vida práctica en la Palabra de Dios. Cuanto más la profundicemos, más ella formará parte de nuestra vida. Si comenzamos a buscar cada vez más la voluntad del Señor, llegaremos a una actitud en la que, en todos los aspectos de la vida, pensamos, sin darnos cuenta, con los pensamientos de Cristo.
Las cosas de la tierra
¿Qué quiere indicar el apóstol con esta expresión? Sobresale del contexto de la epístola a los Colosenses que se trata de los dos puntos siguientes:
- las ideas de la gente de este mundo, las filosofías que desarrollan para la vida humana práctica;
- el pecado que mora en nosotros.
No tenemos que reflexionar sobre los pensamientos humanos para la vida cristiana. Es peligroso abrir la puerta a tales pensamientos en lo que concierne a la vida colectiva de los creyentes. Porque estaríamos en peligro de adoptar pensamientos mundanos sobre la vida matrimonial, la vida familiar y la educación de los hijos. En la vida profesional también hay que guardarse de seguir la manera de pensar general de este mundo. Incluso en el servicio de la obra del Señor, podemos guiarnos por principios mundanos. No olvidemos que las influencias del mundo tienen un aliado en nosotros: el pecado que mora en nosotros.
Versículos 3-4: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”.
El apóstol sostiene las dos exhortaciones de los versículos 1 y 2 con dos argumentos:
- Porque tenemos la misma vida que el Señor Jesús en el cielo, ya somos ahora seres celestiales, aunque nos encontremos todavía en la tierra (v. 3).
- En el futuro, seremos manifestados con Jesucristo en gloria. Toda la creación reconocerá entonces que somos seres celestiales, porque se verá en nosotros la misma vida que en él (v. 4).
Estos dos argumentos nos dan la fuerza para vivir nuestra vida de cada día según la voluntad de nuestro Señor celestial, buscando las cosas de arriba y pensando en las cosas de arriba.
Habéis muerto
Físicamente, de hecho no hemos muerto, sino que estamos bien vivos. Sin embargo, es una realidad: Dios nos considera muertos con Cristo. La pena de muerte, a la que fuimos condenados, se ejecutó sobre nosotros. Aceptamos este hecho por fe, y ponemos en práctica las consecuencias que de él resultan.
El hecho de haber muerto con Cristo y sus consecuencias prácticas están ilustrados por dos circunstancias tomadas de la historia del pueblo de Israel. Después de la larga travesía del desierto, los israelitas cruzaron el Jordán para llegar al país de Canaán. Para eso, los sacerdotes que llevaban el arca del pacto tuvieron que precederlos. Así las aguas se detuvieron y el pueblo pudo atravesar el cauce seco del río. El Jordán es una figura de la muerte, el arca del pacto habla del Señor Jesús y de su obra redentora. Así como el arca del pacto fue llevada al cauce de la muerte, así también Cristo murió, y nosotros morimos con él. La travesía del Jordán nos muestra primeramente que hemos muerto con él al mundo. Pero después los israelitas fueron a Gilgal. Ahí tuvo lugar la circuncisión. Es también una figura de la muerte. Todavía se nos dice más sobre el hecho de que hemos muerto con Cristo al pecado.
Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios
Aunque aún vivimos en la tierra, somos cristianos celestiales. ¿Por qué? Porque Cristo —la sustancia de nuestra vida— está en el cielo y nosotros poseemos la misma vida celestial. Esta verdad se presenta también en 1 Corintios 15:48: “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales”. Aquí se trata igualmente del presente. Llevamos el mismo carácter de vida que Jesucristo porque estamos unidos a él. Pero esta vida está aún escondida. Nuestra relación con Cristo en el cielo no es todavía visible. Pero nuestra fe se aferra a ella y vivimos de conformidad con ella. La expresión en Dios indica que la fuente de nuestra vida está en Dios.
Seremos manifestados con Cristo
Cuando el Señor vuelva con poder y gloria, seremos manifestados con él, porque antes nos habrá arrebatado con él al cielo. Así será manifestado que estamos unidos a él. Los hombres reconocerán que somos “celestiales” como él. Este hecho también se describe en 1 Corintios 15:49, donde se trata de nuestro futuro: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. Si hoy le decimos a la gente que somos “celestiales”, se burlarán de nosotros. Quizá dirán: «Las cosas no van mejor para ustedes que para nosotros. Ustedes también caen enfermos, envejecen. ¿Cómo pueden probar que son “celestiales”? Pero cuando vengamos con el Señor en gloria y traigamos la imagen del celestial, reconocerán que somos “celestiales”.
Así pues, según nuestro carácter, ahora somos ya “celestiales” (v. 3) y también lo seremos corporalmente en el futuro (v. 4).