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Kathrin Hirsbrunner ha matado a unos 90 000 ratones. Caza poblaciones campestres temidas por los agricultores, en particular por los productores de frutas y vegetales, porque pueden destruir cultivos enteros. Los aeropuertos también recurren a los servicios de la primera y única cazadora de ratones en Suiza.
Escultora de profesión, Kathrin Hirsbrunner fungió como acompañante socioprofesional. Un día sintió la necesidad de cambiar su entorno y buscó una nueva actividad que le permitiera trabajar de forma independiente, al aire libre y moverse mucho. En 2003, descubrió un documental sobre el último cazador de ratones, que acababa de morir. Kathrin Hirsbrunner pensó: “Si el último está muerto, entonces seré la primera”. Aprendió de manera autodidacta la profesión de cazadora de ratones. Después de unos meses y varios miles de víctimas comenzó a ofrecer sus servicios y desde entonces, aunque modestamente, vive de esa actividad.
Kathirn Hirsbrunner cree que los enemigos naturales no tienen ninguna posibilidad de regular las poblaciones de ratones que son demasiado grandes. Una hembra tiene cuatro o cinco crías, cinco veces al año. Estas son sexualmente maduras después de solo dos meses. Por lo tanto, una familia efectiva de ratones puede crecer en 300 miembros por año.
En los campos, Kathrin Hirsbrunner mata hasta 200 ratones por día y 50 en los huertos. Tiene encargos de muchos agricultores, pero también misiones importantes en los aeropuertos. Las poblaciones de ratones demasiado grandes en las pistas son peligrosas. Donde hay muchos ratones, también hay muchas aves rapaces que pueden afectar el funcionamiento de las turbinas de los aviones.
Kathrin trabaja a veces con una colaboradora.