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La prerrogativa de nuestra fe cristiana, el secreto de su fuerza, reside en esto: en que todo lo que posee, así como todo lo que presenta, descansa sobre una persona. Es lo que la hizo fuerte, mientras que muchas otras cosas se manifestaron débiles. La fe cristiana habla no solamente de liberación, sino de un Liberador, no solamente de redención, sino también, y sobre todo, de un Redentor. Es la luz del sol comparada con la de la luna; esta última puede ser agradable, pero fría y sin efecto, mientras que la del sol es brillante y llena de calor y de vida. ¡Cuán diferente es someterse a un código de reglas más o menos complejas, que refugiarse en un corazón en el cual se sienten los latidos, aceptar un sistema o apegarse a una persona!