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En Elm, Suiza central, Werner Freitag y su equipo pasan todas las noches de la temporada de esquí preparando las pistas y los caminos para los aficionados a los deportes de invierno.
No hay descanso durante ese tiempo. Solamente en caso de que no haya absolutamente nada de nieve, Elmer y su grupo pueden tomarse la noche libre. En caso contrario, laboran hasta que amanece emparejando las pendientes y limpiando la nieve a lo largo de los 44 kilómetros de pistas que se utilizarán al día siguiente.
Si se pronostica nevada, los cinco hombres comienzan su trabajo a las 3:00 horas. De lo contrario, pueden salir a las 18:00 horas, una vez cerradas las instalaciones. “Las pistas son mejores si se les permite descansar de cinco a seis horas”, dice el experimentado Freitag. “La nieve puede asentarse y permanece más firme”. Los pronósticos del tiempo son clave, señalan.
Pendientes pronunciadas
A Freitag le encanta su trabajo: disfruta la paz y la tranquilidad, el “estar solo en la naturaleza”. Se necesita mucha habilidad y concentración para subir y bajar por las empinadas pendientes. Conoce la región de memoria. “Tengo que hacerlo porque a veces la visibilidad es tan escasa que ni siquiera los limpiaparabrisas más potentes pueden ayudar”, explica. Eso significa que no puede ver dónde están las próximas torres de los remontes.
Fuera de la temporada de esquí, los hombres trabajan en la construcción. ¿Se van de vacaciones alguna vez? La respuesta es inmediata: “Sí, nos tomamos un largo fin de semana, pero luego tenemos que volver a la obra”.