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Nunca antes tantos estadounidenses habían participado en unas elecciones. Y nunca antes un candidato presidencial había declarado su victoria antes de anunciarse los resultados finales.Este contenido fue publicado el 05 noviembre 2020 - 09:27
El 3 de noviembre de 2020 ha sido un día de grandes miedos y esperanzas en Estados Unidos. Se temía que el final de una larga y emotiva campaña electoral llevara a disturbios y violencia en los centros de sufragio, escenas caóticas en los lugares de recuento de votos y gritos de fraude electoral.
Existía la esperanza de unos Estados Unidos menos desunidos, ya que sus libertades y tradiciones democráticas vigentes han mantenido su inmensa diversidad unida durante más de 230 años.
Si miramos hacia el día de las elecciones, hay una buena noticia: los temores de un día de votación caótico no se han hecho realidad. Los responsables electorales han informado de que ha habido unas elecciones ordenadas y pacíficas en los más de 3 000 condados electorales (desde Kalawo en Hawái, con solo 86 habitantes, hasta el condado de Los Ángeles, con más de diez millones de personas).
En otras palabras: los votantes americanos han hecho bien su trabajo y quizás mejor que en cualquier otro momento de la historia de los Estados Unidos. En las elecciones generales de 2020 han participado dos tercios de los casi 240 millones de personas con derecho a voto (ciudadanos estadounidenses mayores de 18 años de todo el mundo). De estos, casi 100 millones han utilizado otros canales distintos a los colegios electorales el día de la votación. Para emitir su voto han echado mano de toda una serie de medios, que incluyen el correo electrónico, el fax, el teléfono por satélite, los correos diplomáticos y por último, pero no menos importante, el voto por correo.
La participación récord combinada con los distintos canales de votación y las diferentes reglas para tratarlos en cada estado (y a veces en cada condado) ha tenido una consecuencia importante en la noche electoral.
En los estados donde el voto por correo se ha contabilizado antes (como Florida y Ohio), cuando los votos se contaban inicialmente, el candidato demócrata Joe Biden llevaba la delantera. En aquellos otros estados donde el voto por correo se ha contado en último lugar, como Wisconsin o Michigan, iba en cabeza el presidente en funciones, el republicano Donald Trump, pero entre tanto el que va ganando en esos dos estads es Joe Biden.
Muchos comentaristas de los medios de comunicación y los partidarios de los candidatos han tenido dificultades para comprender qué significaba este nuevo fenómeno para determinar el resultado final. A medida que la COVID-19 se extiende por Estados Unidos, muchos votantes (en especial quienes apoyan al candidato demócrata) han optado por utilizar canales de votación a distancia como el voto por correo, mientras que los republicanos inscritos han tendido a votar en persona el día de las elecciones.
El hecho de que la votación democrática haya evolucionado y se haya adaptado de tal manera que ha resultado en una participación récord en las elecciones de 2020 es una muestra de la democracia en su máxima expresión. Si se tiene en cuenta que ha ocurrido en uno de los momentos más difíciles de la historia de los Estados Unidos y del mundo, con la pandemia en curso, una crisis económica y las crecientes tensiones internacionales, esto resulta todavía más impresionante.
Llamamiento a la Corte Suprema
A pesar de esta muestra de resiliencia democrática, la elección también ha ofrecido algunos de sus peores momentos. Esto ha ocurrido en las primeras horas del 4 de noviembre, cuando ambos candidatos se han enfrentado al hecho de que el recuento de votos necesarios para ganar el Colegio Electoral en los estados clave no se completaría durante horas y posiblemente días.
En un discurso en el exterior de la Casa Blanca, el presidente Trump ha declarado fraudulentamente que ha ganado las elecciones y que pediría a la Corte Suprema que detuviera el recuento. Nunca antes en la historia moderna estadounidense un candidato había declarado su victoria antes de que se hubieran presentado los resultados en los estados clave. Las principales cadenas de televisión han cortado el discurso del presidente Trump y han informado al público de que el presidente estaba vendiendo mentiras.
Trump después se ha vuelto para criticar a Fox News por declarar a su oponente Biden como ganador en Arizona, exigiendo que se cuenten todos los votos.
Aunque la mayoría de los estados acabarán su recuento esta semana, algunos legalmente tendrán el derecho a contar todos los votos restantes hasta 20 días después de las elecciones.
Votaciones locales
Si bien es verdad que la mayor parte de la información sobre las elecciones generales de los Estados Unidos se refiere al premio gordo –la presidencia–, los casi 160 millones de ciudadanos participantes también han decidido miles de otras carreras electorales, así como iniciativas y referendos locales y estatales.
Como en otros muchos países que utilizan la democracia directa para que la ciudadanía decida respecto a otras cuestiones, también se han celebrado muchos referendos estatales en todo el país. En California, el estado más poblado, con más de 20 millones de votantes, el 55% ha votado en contra de la Propuesta 18, que habría dado a los jóvenes de 17 años el derecho a votar en las elecciones primarias.
En Florida también ha sido derrotada una iniciativa (Enmienda 4) que habría hecho más difícil aprobar una iniciativa ciudadana. En la papeleta de votación del 3 de noviembre había en total 120 referéndums en 32 estados, ofreciendo a los ciudadanos de EE.UU. muchas maneras de formar sus comunidades, además de elegir representantes.
Entrelazamiento democrático
Mirando desde la distancia, en Suiza (la “República hermana” de Estados Unidos), para el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Berna, Marc Bühlmann, las elecciones generales estadounidenses han sido un éxito democrático.
“Una democracia en la que las decisiones políticas se toman de manera pacífica y después de un intenso debate, es un éxito”, afirma Bühlmann, que añade que “si la minoría en una elección o un referéndum se siente perdedora o no, depende de la calidad del sistema político y de sus instituciones”.
Las elecciones estadounidenses de 2020 reflejan otro desarrollo que representa tanto lo bueno como lo malo de la democracia, dice Bühlmann. “La mediatización de las elecciones ha alcanzado nuevas cotas en los EE.UU., sobre todo porque una antigua estrella de la televisión es el actual presidente. Esto ha contribuido a un mayor compromiso político de la sociedad estadounidense y a una participación récord”.
Mientras esperamos los resultados finales, podemos decir que las elecciones de 2020 muestran que lo mejor y lo peor de la democracia estadounidense están entrelazados.
Traducción del inglés: Lupe Calvo
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