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Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
En el transcurso de los siglos esta cita a menudo ha sido interpretada de una manera no conforme a la Palabra de Dios. Los cristianos que por la fe se apropian esta promesa del Señor renuncian en sus reuniones a cualquier ceremonia, reglamento e institución humana. Desean ponerse simple y voluntariamente bajo la acción y dirección del Espíritu de Dios, en vez de encargar a un hombre con esta dirección.
Pablo dijo: “Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:4-5).
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere
(1 Corintios 12:11).