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Muy de moda en estos tiempos, los centros de recuperación y puesta en forma han sido desde hace un siglo, el estandarte de un pueblito del Tesino. En 1914, Adolf Keller inauguró un sanatorio en Cademario, que es la soleada terraza de un valle tesinés llamado Malcantone. Adolf Keller era un médico naturalista de carácter espartano. Se dice que cargaba en la espalda a todos aquellos que no podían subir hasta su clínica, la misma que hoy, pasadas tres generaciones, administra su nieto Rudolf Keller, quien comenta a continuación.Este contenido fue publicado el 15 marzo 2001 - 16:07
Nosotros venimos del cantón de Turgovia. Yo represento a la 18° generación de los Keller. Mi padre nació aquí, en este "Kurthaus" o centro de recuperación y puesta en forma y yo, aparte del nombre y apellido, soy y me siento un tesinés. Aquí en el pueblo mi abuelo era conocido como "Keller, el viejo". Llegó en 1910 al Tesino, y lo recorrió todo a pie antes de encontrar el lugar ideal para construir una casa de cura y rehabilitación.
Él creía en los poderes curativos del sol y Cademario se preciaba de ser una de las regiones con el mayor número de horas soleadas por año de toda Suiza. Claro, en aquel entonces no se hablaba del agujero en el ozono.
Mi abuelo no era rico, sus padres eran queseros. Pero tuvo la ayuda de alguien que creyó en su disciplina de vida: era muy severo, imponía un régimen vegetariano, nada de alcohol, con baños de sol y mucho aire de montaña.
Estaba dotado de un gran carisma y curaba con poderes paranormales. Un modelo de vida que tuvo que moderar para adecuarse a las exigencias del mercado. Fue un precursor. Construyó, por ejemplo, la primera piscina del Tesino.
También yo, actual director del "Kurthaus", estoy al día. Construí "mi" piscina cerrada, con una vitrina que se abre ante el lago de Lugano y el golfo de Agno, a 850 metros de altura.
Después de la muerte de un personaje como mi abuelo, no fue fácil renovar la filosofía "cuida tu cuerpo y tu espíritu", instando constantemente a ello.
Actualmente, además de las curas médico-terapéuticas, el albergue ofrece, sobre todo, "wellness" y vacaciones. De vez en cuando me pregunto qué diría mi abuelo si pudiera ver la alberca interior y el piano bar. ¿Le gustaría? No consigo darme una respuesta.
Quizás sean mis hijos los que se la den a sí mismos: al menos uno de ellos está estudiando hotelería y me alegro de su decisión, porque hay que ayudar a quien opera en el campo del turismo, especialmente en el Tesino, que es maravilloso.
Tenemos paisajes estupendos, lagos, montañas y bosques. No puedes no enamorarte del Tesino.
Rudolf Keller
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