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Hace exactamente 60 años, el 23 de enero de 1960, el oceanógrafo suizo Jacques Piccard establecía un récord de inmersión con el estadounidense Don Walsh. A bordo del batiscafo Trieste, los dos hombres descendieron a 10 916 metros en la Fosa de las Marianas. Este registro aún es válido hoy en día.
Ya famoso por sus vuelos en globo en la estratósfera, el científico suizo Auguste Piccard se interesó por la inmersión en aguas profundas desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Retomando los principios físicos de su globo estratosférico, desarrolló submarinos que llamó batiscafos (barco de las profundidades en griego).
Después de las primeras pruebas, desarrolló en estrecha colaboración con su hijo Jacques un batiscafo al que denominó Trieste porque la financiación se encontraba en esa región italiana.
También por razones financieras, el Trieste fue vendido a la Marina de Estados Unidos, que quería explorar las profundidades del mar interesado en descubrir una zona sin vida para depositar residuos nucleares.
El 23 de enero de 1960, después de 9 horas de inmersión, el Trieste, con Jacques Piccard y el teniente de la Marina Don Walsh a bordo, llegó al fondo de la Fosa de las Marianas en el Pacífico. El lugar más profundo de la Tierra. Los dos hombres encontraron vida, con los que el proyecto del depósito nuclear fue abandonado.
“En el momento en que llegamos, tuvimos la inmensa suerte de ver, justo en medio del círculo de luz que proyectaba uno de nuestros reflectores, un pez. Así, en un segundo, pero después de años de preparación, pudimos responder a la pregunta que miles de oceanógrafos se habían hecho. La vida, bajo una forma superiormente organizada, era posible en cualquier profundidad”.