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29 diciembre 2006
22 diciembre 2006
Los hermanos Ayuso (Félix y Jesús) crean página web:
21 diciembre 2006
(GalenRowell,1973)
Amanecía el último día del año 1960, un día claro y frío. A pesar de que aun no había nevado en el valle, Yosemite ya sentía la quietud del invierno. El alegre correr de las aguas de los arroyos ya no estaba presente. La cascada de Bridalveil colgaba semi-congelada, mientras los riscos circundantes dominaban el silencio circundante, con sus enormes y lisas paredes de frío granito. En aquellas austeras condiciones, íbamos a comenzar una de las grandes aventuras de nuestras vidas.
Nuestro objetivo era la cumbre de la Leaning Tower, que tan solo se elevaba unos 600 metros sobre la base del valle, una altura no representativa para los estándares de Yosemite. Pero la altura es solo una de las dimensiones de una montaña. El continuado desplome de su cara oeste presenta unas condiciones extremas para la escalada. Se podría comparar con el Cervino en la época de Whimper, un paso más allá que nadie había dado. En palabras de muchos escaladores, aquello era “para las futuras generaciones”.
Parecía obvio que, vista la pared, la escalada se extendería a lo largo de varios días o incluso semanas, y originaría pertrechos y problemas organizativos más propios de grandes expediciones. Un nuevo método de escalada, introducido para la primera ascensión del espolón sur del Capitán, sería necesario. Escalada en roca expedicionaria.
Tamaña empresa también requeriría un tipo de “leader” específico. Sin lugar a dudas, el hombre ideal era Warren Harding, cuyas primeras al Capitán, a la Washington Column, y a otras muchas de riscos menores, eran consideradas entre las más difíciles de USA.
En otoño de 1960, Warren, siempre a la búsqueda de grandes luchas temerarias, volcó su atención en la cara oeste de la Leaning. Su apariencia inescalable y la ausencia de tentativas, planteaba el tipo de desafío al que él no podía resistirse.
Warren abrió camino por el lúgubre bosque que hay bajo la cara oeste de la Leaning Tower. Su enjuto y fuerte cuerpo se hacía pequeño bajo el enorme petate. Le seguía Les Wilson, un viejo amigo de escaladas. Yo iba en la retaguardia, y seguía el intrincado camino a través de los gigantescos bloques del talud. La torre surgió sobre nuestras cabezas, masiva y abrumadora.
Al otro lado del valle, la cumbre del Capitán comenzaba a recibir los primeros rayos solares. Mientras, nosotros llegábamos a una pequeña repisa que atravesaba la pared y la separaba en dos mitades. El muro bajo es, sobre todo, vertical. Pero la parte alta sobresalía increíblemente en el espacio, y desplomaba del tirón, y en toda su longitud, hasta la cumbre. Por encima de un pequeño árbol, andando unos 45 metros por la repisa, algunos pequeños buriles (colocados anteriormente por Harding) trazaban una línea de unos 20 metros hasta un pequeño techo. Una cuerda, colgada de los buriles superiores, nos permitió ascender a prusik este tramo, ya abierto por él.
Warren no tardó mucho en meterse en este impresionante ascenso, separado unos 5 metros de la pared, y con cerca de 130 metros, a plomo, bajo los pies. Con una facilidad profesional, se elevó moviendo rítmicamente los nudos prusik, una y otra vez, mientras una ligera brisa le balanceaba generando un enorme péndulo.
En cosa de 15 minutos alcanzó la parte alta, desde donde comenzaba la escalada en serio por la parte derecha de aquel techo. Pitonando una laja de apariencia bastante suelta, Warren se iba percatando de que cada clavija que colocaba, iba aflojando las anteriores, con riesgo de arrancar la laja entera. Finalmente, la fisura se cegó, y tuvo que volver a colocar bolts. El ángulo de la pared en este punto era de unos 120 grados, y Warren trabajó tediosamente con su burilador Rawl y su maza. Tras 20 minutos de currada “rompe espaldas” conseguía excavar un pequeño agujero de tan solo 2,5 cm de profundidad, y 0,5 de diámetro. Este esfuerzo fue tan extenuante para él, que de vez en cuando se colapsaba en sus anillos de estribo, y quedaba con brazos y cabeza colgando en el vacío, en completo descanso. Después de golpear el pequeño buril, ganaba un metro más de distancia. Sobre su cabeza se hallaba otra laja suelta más, y en delicado balanceo probaba los bolts con sumo cuidado. Decidido a no usar clavijas, comenzó a poner otro buril cuando, sin previo aviso, la laja se soltó y le cayó encima. El enfado y el dolor le hicieron romper, brusca y groseramente, el silencio.
“Warren, ¿que pasa, estás herido?”, y un gemido fue la única respuesta.
Entonces me solté de la reunión, y saqué mis anillos de prusik. Si fuera incapaz de resolver el la situación, tendríamos muy poco tiempo antes de que pudiera estrangularse el cuerpo malamente, al colgar en precario.
“Warrren”, gritó Les de nuevo.
“¡Mi cuello!, creo que se ha roto”, dijo él.
“¿Quieres que suba y te baje?”, grité yo.
“No sé, déjame descansar un segundo”, respondió.
Pequeñas gotas de sangre caían desde arriba.
“Mejor será que subas Al” me dijo Les.
Saqué los anillos de prusik y los coloqué en las cuerdas de escalada, “¡Vaya movida!”, pensé. Yo sabía como había que rescatarle, ya que lo había practicado en diversas ocasiones, pero esta era una situación realmente jodida. Lo desplomado del terreno complicaba las cosas, y Warren se había estado quejando durante todo el largo de lo difícil que estaba resultando emplazar los buriles, debido a la extrema dureza del granito.
Según subía pensaba en si aquellos buriles de arriba serían capaces de aguantas el peso de los dos.
Afortunadamente no tuvimos que averiguarlo. Warren recuperó sus sentidos y se vio capaz de bajar a prusik, el mismo. Entonces decidimos retirarnos cautelosamente, y llevamos apresuradamente a Warren al hospital, donde le colocaron una enorme gasa alrededor de la cabeza. Este accidente supuso el fin de aquella tentativa. Contentos por haber podido escapar de allí con tanta facilidad, pensamos en que la Torre nos había ganado el primer asalto.
19 diciembre 2006
WELCOME TO THE INSANITY CLIMB
-Pero como todo pasa, pasa de todo y te levantas a unas horas... comienzas a escalar tarde y encima te crees superman. En la cabeza aún suenan esos acordes de anoche y cuando te quieres dar cuenta, has llegado al final del largo, parece que lo han acortado.
Entonces ya te mandan los cutretates, que es algo así como unos petates en plan cutre. Y es que no se pueden tener colegas adictos al desfase nocturno, PSEUDOCOMATOSOS pero que a la mañana siguiente no sabes como están apretando las pilas en vías extremas y encima se les olvida el PEtate en casa junto al muñeco winki pinki...
Ya mi cerebro dice basta, está caliente de tanta locura y necesita un descanso de unos minutos. Las neuronas sufren un desgaste prematuro de algo que las hace estar cuerdas... me bajo a cagar.
Los murciélagos piden sangre sin descanso y kiko tambien baja cuando vio salir el ala de uno bajo un camalot de 3.
Pero amanece un nuevo día y comienza una dosis de solarium. Joder cada vez te levantas más tarde, el sol se agradece y las fiestas pasan factura. Ahora yo me encuentro con capacidad como para mantener la cordura, pero ante un frente polar... que agusto se está aquí tumbado.
Entonces bajamos, escalamos, otra Volldamm? pero esta vez con ganchos
02 diciembre 2006
-A destacar por su característica dificultad para los más bajitos, se encuentra la vía Jartum. Una vía con los agarres muy distantes que pone en serio compromiso a los más pitufos.
La vía comienza por unos pasos medianamente fáciles hasta la sección clave, hacia la quinta chapa. Una sección de microcanto y pies en adherencia extrema en muro casi vertical. Para finalizar y como no podía ser de otra forma, una sección de "aguantar psicológicamente" hasta el descuelgue donde es muy fácil dejarse vencer por la presión y caer...
Ayer se partió un canto clave de esta vía Pedricera, para la que se propone entorno a 8b, 8b+?.
La vía es muy vertical, sobre todo en su sección clave. Comienza con una entrada sencilla hasta la sección dura que rondará el 6b... las dificultades comienzan justo en el momento que desaparecen los cantos y tienes que hacer una travesía hacia la derecha muy dificil donde es muy importante saber pisar los más que ínfimos pies. Justo entonces se hace un pie mano en el famoso canto clave y llega la hora de la verdad. Hay que ¡¡LANZAR!! en adherencia muy muy extrema a coger un canto bueno (de 3mm. aproximadamente...) en un muro vertical. A partir de aquí la vía comienza a relajar un poco y las chapas a alejar. Pasos muy precisos y bonitos ascendiendo como hacia la izquierda, con continuos cambios de pies y de manos, balancenado el cuerpo y moviendose por los cantos en una zona donde la roca se desmenuza mucho, lo cual mosquea bastante hasta salir al descuelgue. Podríamos hablar de 3 secciones en la vía: Entrada fácil para llegar al problema clave. Sección de bloque muy extrema. Sección de vía entorno a 7a o 7b por terreno un tanto descompuesto.
Manuel Prats y Javier López aprovecharon para retratar a Talo Martín durante unos pegues. (Fotografía superior de ManuPrats) Reanudando de forma conjunta el ambicioso proyecto fotográfico sobre Escaladas en La Pedriza.