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RT 4.2 Impactos, adaptación y vulnerabilidad regionales
El recuadro RT.6 muestra un resumen de los impactos proyectados en cada región.
Recuardo RT.6. Principales impactos previstos por regiones
África
- Es probable que los impactos del cambio climático sean mayores en África donde coinciden con otro tipo de estrés (por ejemplo, acceso desigual a los recursos [9.4.1]; aumento de la inseguridad alimentaria [9.6]; sistemas deficientes de gestión sanitaria [9.2.2, 9.4.3]). Estos elementos de estrés, exacerbados por la variabilidad y el cambio del clima, hacen aún mayores las vulnerabilidades de muchas personas en África. ** D [9.4]
- Para la década de 2080, se prevé un incremento del 5 al 8% (de 60 a 90 millones de hectáreas) en las tierras áridas y semiáridas en África, teniendo en cuenta las variaciones en los escenarios del cambio climático. ** N [9.4.4]
- Es probable que haya una disminución en los rendimientos agrícolas como resultado de la sequía y la degradación de la tierra, sobre todo en las regiones marginales. Se han observado cambios en la duración del período de crecimiento de los cultivos teniendo en cuenta diferentes escenarios. En el escenario A1FI del IE-EE, que hace hincapié en un crecimiento económico integrado a nivel mundial, entre las regiones de mayores cambios se encuentran los sistemas costeros de África meridional y oriental. En los escenarios A1 y B1, se muestra que los sistemas combinados semiáridos y de secano están fuertemente afectados por los cambios en el clima en Sahel. Los sistemas combinados perennes en las montañas y los de secano en la región de los Grandes Lagos en África oriental y en otras regiones del este de África se encuentran también muy afectados. Sin embargo, en el escenario B1 del IE-EE, que asume el desarrollo en un marco de protección ambiental, los impactos son menores por lo general, pero las regiones marginales (por ejemplo, los sistemas semiáridos) se tornan más marginales, mientras que los impactos en los sistemas costeros son moderados. ** D [9.4.4]
- Es probable que el estrés hídrico actual en muchas regiones de África se incremente como resultado de la variabilidad y cambio climáticos. Para la década de 2050, se prevé un aumento de las escorrentías en África oriental (posiblemente por inundaciones), así como una disminución de las escorrentías y una probable elevación en los riesgos de sequía en otras regiones (por ejemplo, en África meridional). El estrés hídrico actual no está relacionado solamente con las variaciones climáticas; los problemas de la gestión hídrica y de las cuencas hidrográficas deben tomarse en consideración también para cualquier evaluación futura de la situación hídrica en África. ** D [9.4.1]
- Es probable que cualquier cambio en la producción primaria de los lagos extensos tenga un impacto significativo en los suministros locales de alimentos. Por ejemplo, el Lago Tanganica garantiza en la actualidad entre el 25 y el 40% del consumo de proteína animal para las poblaciones de los países colindantes y es probable que el cambio climático reduzca su producción fundamental y sus posibles rendimientos de pescado en aproximadamente el 30% [9.4.5, 3.4.7, 5.4.5]. Es probable que la interacción entre las diferentes decisiones derivadas de la gestión humana, incluida la pesca masiva, agrave aún más la extracción de peces en los lagos. ** D [9.2.2]
- Es probable que los ecosistemas en África experimenten grandes cambios y modificaciones en cuanto a los tipos de especies y la posible extinción de éstas (por ejemplo, los biomas del fynbos y del Succulent Karoo en África meridional). * D [9.4.5]
- Se pronostica que los manglares y los arrecifes de corales se degraden aún más, provocando consecuencias adicionales para la pesca y el turismo.** D [9.4.5]
- Para finales del siglo XXI, la elevación prevista del nivel del mar afectará a las regiones costeras bajas donde habitan grandes grupos de poblaciones. El coste de adaptación para los países será superior a entre un 5 y un 10% de su PIB. ** D [B9.2, 9.4.6, 9.5.2]
Asia
- Una elevación de 1 m en el nivel del mar conduciría a la pérdida de casi la mitad de la zona de manglares en el delta del Río Mekong (2.500 km2), a la vez que aproximadamente 100.000 hectáreas de tierra cultivada y áreas destinadas a la acuicultura se convertirían en marismas. * N [10.4.3]
- Las regiones costeras, sobre todo las regiones de los megadeltas densamente pobladas en el sur, el este y el sudeste asiático, serán las de mayor riesgo debido al aumento de las inundaciones del mar y, en algunos megadeltas, a las inundaciones de los ríos. Con una elevación de 1 m del nivel del mar, se prevé una inundación de 5.000 km2 en el delta del Río Rojo y entre 15.000 y 20.000 km2 en el delta del Río Mekong, lo cual afectaría a 4 millones y entre 3.5 y 5 millones de personas, respectivamente. * N [10.4.3]
- Con un incremento de 3°C y sin experimentar cambios en las precipitaciones, se pronostica la desaparición de los glaciares de la Planicie Tibetana que abarcan menos de 4 km de largo. ** D [10.4.4]
- Si se mantienen las actuales tasas de calentamiento, los glaciares del Himalaya podrían deteriorarse a ritmos muy acelerados, con una disminución de 500.000 km² a 100.000 km2 para la década de 2030. ** D [10.6.2]
- Se espera que alrededor del 30% de los arrecifes de corales de Asia se pierdan en los próximos 30 años, en comparación con el 18% de los que desaparecerán a nivel mundial, según el escenario de emisiones IS92a, pero ello se debe a múltiples elementos de estrés y no sólo al cambio climático. ** D [10.4.3]
- Se estima que teniendo en cuenta toda la gama de escenarios del IE-EE, de 120 millones a 1.200 millones de personas y de 185 millones a 981 millones de personas sufrirán las consecuencias del aumento del estrés hídrico en las décadas de 2020 y 2050, respectivamente. ** D [10.4.2]
- Se espera que la disponibilidad per cápita de agua dulce en la India descienda desde los aproximadamente 1.900 m3 en la actualidad a 1.000 m3 en 2025, como respuesta a los efectos combinados del crecimiento de la población y el cambio climático [<ip-pii>]. Precipitaciones más intensas e inundaciones repentinas más frecuentes durante los monzones podrían conducir a una mayor cantidad de escorrentías y a una reducción en cuanto a la proporción de agua que alcanzan las aguas subterráneas. ** N [10.4.2]
- Se pronostica que, a mediados del siglo XXI, los rendimientos de los cultivos podrían aumentar hasta el 20% en el este y el sudeste asiático, a la vez que podría disminuir hasta un 30% en Asia central y meridional. Combinando el crecimiento de la población y la urbanización, y considerando la influencia de estos, se pronostica que el riesgo de hambrunas se mantenga muy elevado en varios países en vías de desarrollo. * N [10.4.1]
- Se espera que la demanda de sistemas de riego para la agricultura en las regiones áridas y semiáridas de Asia oriental aumente en un 10% y que haya un incremento de la temperatura de 1°C. ** N [10.4.1]
- Se prevé un aumento de la frecuencia y el alcance de los incendios forestales en Asia septentrional en el futuro, debido al cambio climático y a los fenómenos meteorológicos extremos que probablemente limiten la expansión de las áreas forestales. * N [10.4.4]
Australia y Nueva Zelanda
- Los sectores más vulnerables son los ecosistemas naturales, la seguridad en el abastecimiento de agua y las comunidades costeras. ** C [11.7]
- Es muy probable que para el año 2020 se alteren muchos ecosistemas, incluso con escenarios de emisiones medias [11.4.1]. Entre los más vulnerables se encuentran la Gran Barrera de Arrecifes al suroeste de Australia, los humedales de Kakadu, los bosques tropicales y las regiones alpinas [11.4.2]. Es prácticamente cierto que ello exacerbará los elementos de estrés existentes, tales como los efectos de las especies invasoras y la pérdida de hábitats, aumentará la probabilidad de la extinción de especies y provocará una reducción en los servicios de ecosistemas utilizados para el turismo, la pesca, la silvicultura y al abastecimiento de agua. * N [11.4.2]
- Es muy probable que los problemas constantes de seguridad del abastecimiento del agua aumenten para el año 2030 en las regiones del este y el sur de Australia y, en Nueva Zelanda, en la zona norte y algunas regiones del este; por ejemplo, una disminución de 0 a 45% de las escorrentías en Victoria para el año 2030 y una reducción de 10 a 25% de las corrientes fluviales en la Cuenca Murray-Darling, en Australia para el año 2050. ** D [11.4.1]
- Es muy probable que el desarrollo continuo en las zonas costeras agrave el riesgo que representan la elevación del nivel del mar y las tormentas para la vida y las propiedades humanas. Para el año 2050, es muy probable que se pierdan tierras de un elevado valor, un mayor deterioro de los sistemas viales, playas degradadas y que desaparezcan sitios de importancia cultural. *** C [11.4.5, 11.4.7, 11.4.8]
- Es probable que con el cambio climático aumente el peligro de incendios; por ejemplo, en el sudeste de Australia, es probable que aumente la frecuencia de los días de peligro de incendios extremos o intensos, de 4 a 25% en el año 2020, y de 15 a 70% para el año 2050. ** D [11.3.1]
- Es probable que los riesgos para las grandes obras de infraestructura sean mayores. Es muy probable que los criterios de diseño para los fenómenos extremos se superen con más frecuencia para el año 2030. Entre los riesgos se pueden incluir los diques en llanuras inundables y los sistemas de drenaje urbano, y las inundaciones de las ciudades costeras cercanas a los ríos. ** D [11.4.5, 11.4.7]
- Es probable que las elevadas temperaturas y los cambios demográficos aumenten la demanda en los picos de energía y los correspondientes riesgos de interrupciones eléctricas. ** D [11.4.10]
- Se prevé que las producciones que utilizan recursos agrícolas y forestales disminuyan para el año 2030 en gran parte de las regiones sur y este de Australia, y en algunas regiones al este de Nueva Zelanda, debido al aumento de la sequía y los incendios. Sin embargo, en Nueva Zelanda, se pronostican beneficios iniciales en las regiones oeste y sur, así como en las cercanas a grandes ríos, como resultado de una temporada de crecimiento de los cultivos más prolongada, heladas menores y precipitaciones mayores. ** N [11.4]
- En las regiones sur y oeste de Nueva Zelanda, es probable que aumenten los ritmos de crecimiento de los cultivos importantes desde el punto de vista económico (principalmente de Pinus radiata), debido a la fertilización por CO2, los inviernos más cálidos y las condiciones de más humedad. ** D [11.4.4]
- Es probable que se registre un aumento en la cantidad de defunciones debido a las altas temperaturas entre las personas con más de 65 años, con un promedio de 3.200 a 5.200 defunciones adicionales para el año 2050 (permitiendo un crecimiento de la población y mayor envejecimiento, pero sin adaptación). ** D [11.4.11]
Europa
- Se espera un aumento en la probabilidad de precipitaciones extremas durante el invierno con más de dos desviaciones estándares por encima de lo normal, multiplicándose hasta por cinco veces en partes del Reino Unido y Europa septentrional para la década de 2080, con una duplicación del nivel de CO2. ** D [12.3.1]
- Para la década de 2070, se proyecta un aumento de la escorrentía anual en el norte de Europa y una disminución de hasta el 36% en Europa meridional, con estiajes durante el verano reducidos hasta el 80% según los escenarios IS92a. ** D [12.4.1, T12.2]
- Se espera que el porcentaje de zonas de cuencas fluviales en la categoría de estrés hídrico severo (retroceso/disponibilidad mayor que 0,4) experimente un crecimiento desde el 19% en la actualidad hasta 34 a 36% en la década de 2070. ** D [12.4.1]
- Es probable que para la década de 2080, aumente el número de personas que vivan en cuencas sometidas al estrés hídrico en los diecisiete países de Europa occidental, de 16 a 44 millones, teniendo en cuenta el clima HadCM3, según los escenarios de emisiones A2 y B1, respectivamente. ** D [12.4.1]
- Según los escenarios A1FI, para la década de 2080, se espera que una cantidad adicional de 1,6 millones de personas se vean afectadas cada año por las inundaciones costeras. ** D [12.4.2]
- Para la década de 2070, se espera una disminución del 6% en el potencial de energía hidroeléctrica para toda Europa, con fuertes variaciones regionales con un decrecimiento de entre el 20 y el 50% en las regiones del Mediterráneo y un crecimiento de entre el 15 y el 30% en Europa septentrional y occidental. ** D [12.4.8]
- Un elevado porcentaje de la flora europea podría tornarse vulnerable, amenazada, críticamente amenazada o extinguirse a finales del siglo XXI, según una serie de escenarios del IE-EE. *** N [12.4.6]
- Para el año 2050, se prevé que los cultivos muestren una expansión hacia el norte en área [<ip-pii>]. Se espera que los mayores aumentos en los rendimientos de los cultivos por motivos climáticos tengan lugar al norte de Europa (por ejemplo, el trigo: de +2 a +9% en 2020, de +8 a +25% en 2050, de +10 a +30% en 2080), mientras que las mayores reducciones se esperan en el sur (por ejemplo, el trigo: de +3 a +4% en 2020, de -8 a +22% en 2050, de -15 a +32% en 2080).*** C [12.4.7]
- Es probable que se registre un aumento de las regiones boscosas en el norte y una disminución en el sur. Se prevé una redistribución de las especies forestales y un aumento de los límites de la vegetación arbórea en las montañas. Es prácticamente cierto que aumenten en gran medida los riesgos de incendios forestales en Europa meridional. ** D [12.4.4]
- Es prácticamente cierto que se registre un aumento en la mayoría de las especies de anfibios (de 45 a 69%) y de reptiles (de 61 a 89%) si se dispersan de manera ilimitada. Sin embargo, si estas especies no son capaces de dispersarse, entonces el volumen de la mayoría de las especies (>97%) disminuirá, sobre todo en la Península Ibérica y en Francia. ** N [12.4.6]
- Los pequeños glaciares alpinos desaparecerán en diferentes regiones, mientras los glaciares mayores sufrirán una reducción de su volumen del 30% al 70% para el año 2050, según varios escenarios de emisiones, con reducciones concomitantes en cuanto a las descargas durante la primavera y el verano. *** C [12.4.3]
- Un menor bienestar en la región mediterránea durante el verano y un mayor bienestar en el norte y el oeste pudieran conducir a una reducción en cuanto al volumen de turistas que visitan el Mediterráneo en el verano y un aumento en la primavera y el otoño. ** D [12.4.9]
- Es probable que la rápida interrupción de la Circulación de Renuevo Meridional (CRM) ocasione, aunque con una baja probabilidad, impactos severos generalizados en Europa, sobre todo en las zonas costeras occidentales. Ello incluye reducciones en la producción de los cultivos con sus respectivas elevaciones de los precios, el aumento de las defunciones provocadas por las bajas temperaturas, interrupciones del transporte durante el invierno, la migración de las personas hacia el sur de Europa y un cambio en el centro de gravedad económico. * N [12.6.2]
América Latina
- Durante los próximos 15 años, es muy probable que los glaciares intertropicales desaparezcan, reduciéndose la disponibilidad de agua y la generación de energía hidroeléctrica en Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador. *** C [13.2.4]
- Es probable que cualquier reducción futura de las precipitaciones en las regiones áridas y semiáridas de Argentina, Chile y Brasil conduzca a una escasez severa de agua. ** C [13.4.3]
- Es probable que para la década de 2020, entre 7 y 77 millones de personas sufran la falta de abastecimiento de agua apropiado, mientras que en la segunda mitad del siglo la posible reducción de la disponibilidad de agua y la creciente demanda de una población cada vez mayor en la región, pudieran elevar estas cifras hasta los 60 millones y 150 millones. ** D [13.RE, 13.4.3]
- En el futuro, es muy probable que el cambio climático de naturaleza antropogénica (incluidos los cambios en los extremos climáticos) y la elevación del nivel del mar tengan impactos en ** N [13.4.4]:
- - zonas bajas (Por ejemplo, en El Salvador, Guyana, la costa de la provincia de Buenos Aires en Argentina);
- - construcciones y turismo (Por ejemplo, en México y Uruguay);
- - morfología costera (Por ejemplo, en Perú);
- - manglares (Por ejemplo, en Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela);
- - disponibilidad de agua potable en la costa del Pacífico de Costa Rica y Ecuador.
- Se prevé que el aumento de la temperatura de la superficie del mar debido al cambio climático tenga efectos adversos en ** N [13.4.4]:
- - los arrecifes de corales en la región mesoamericana (Por ejemplo, México, Belice, Panamá);
- - la ubicación de las poblaciones de peces en el sudeste del Pacífico (Por ejemplo, Perú y Chile).
- El aumento de 2°C y la reducción del agua del suelo podrían conducir a una sustitución de los bosques tropicales por sabanas en la Amazonia oriental y en los bosques tropicales del centro y sur de México, simultáneamente con el reemplazo de la vegetación semiárida por árida en regiones del noreste de Brasil y la mayor parte del centro y sur de México. ** D [13.4.1]
- En el futuro, es probable que aumente la frecuencia e intensidad de los huracanes en la Cuenca del Caribe. * D [13.3.1]
- Como consecuencia del cambio climático, se espera que los rendimientos de arroz disminuyan después del año 2020, y es probable que el aumento de las temperaturas y las precipitaciones en la región sureste de América del Sur aumenten los rendimientos del frijol de soya, si se toman en consideración los efectos del CO2. * C [13.4.2]
- El aumento del número de personas con riesgo de sufrir hambrunas según el escenario de emisiones A2 del IE-EE es probable que sea de 5, 26 y 85 millones en los años 2020, 2050 y 2080, respectivamente, asumiendo que los efectos del CO2 sean pocos o ninguno. * D [13.4.2]
- Es muy probable que la productividad del ganado vacuno disminuya, como respuesta al aumento de 4°C en la temperatura. ** N [13.ES, 13.4.2]
- La región de América Latina, preocupada por los efectos potenciales de la variabilidad y el cambio climáticos, está intentando poner en práctica algunas medidas de adaptación, tales como:
- - el uso de las predicciones meteorológicas en sectores como la pesca (en Perú) y la agricultura (en Perú y en el noreste de Brasil);
- - los sistemas de alerta temprana para inundaciones en la Cuenca del Río de la Plata, teniendo en cuenta la información del Centro Operativo de Alerta Hidrológico.
- La región ha creado también nuevas instituciones para mitigar y evitar los impactos de los peligros naturales, tales como el Centro de Información Regional sobre Desastres para América Latina y el Caribe, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el fenómeno de El Niño, en Ecuador y la Comisión Permanente del Pacífico Sur. *** D [13.2.5]
América del Norte
- El crecimiento de la población, los crecientes valores de las propiedades y las inversiones constantes aumentan la vulnerabilidad en las zonas costeras. Es muy probable que cualquier aumento en la capacidad destructiva de las tormentas costeras conduzca a una elevación drástica de las mareas de tempestad y de las condiciones meteorológicas severas, con pérdidas que se agravarían por la elevación del nivel del mar. La actual capacidad de adaptación es desigual y la preparación para una exposición mayor es deficiente. *** D [14.2.3, 14.4.3]
- La subida del nivel del mar y el correspondiente aumento de las ondas de marea y las inundaciones poseen el potencial para afectar seriamente a los sistemas de transporte e infraestructura en las costas del Golfo, el Atlántico y de la región norte. Un estudio sobre las instalaciones en riesgo en Nueva York identificó carreteras y líneas ferroviarias, puentes, túneles, instalaciones de la marina y aeroportuarias y estaciones de tránsito. *** D [14.4.3, 14.4.6, 14.5.1, B14.3]
- Es probable que las intensas olas de calor, caracterizadas por masas de aire estancadas y cálidas y por noches consecutivas con temperaturas mínimas elevadas, aumenten en cuanto a cantidad, magnitud y duración en las ciudades donde ya ocurren estos fenómenos, con posibilidades de provocar efectos adversos en la salud. Las poblaciones de ancianos son las que se encuentran en mayor riesgo. ** D [14.4.5]
- A mediados de siglo, se prevé que los niveles promedios diarios de ozono aumenten en 3,7 ppm en todo el este de Estados Unidos, con lo cual las ciudades más contaminadas en la actualidad experimentarían los mayores aumentos. Se espera que las muertes relacionadas con el nivel de ozono aumenten un 4,5% desde la década de 1990 a la de 2050. * D [14.4.5]
- Es muy probable que el calentamiento previsto para mediados del siglo XXI en las montañas de la región occidental provoque un descenso en la acumulación de nieve, deshielos más tempranos, más fenómenos de precipitaciones durante el invierno, mayores picos de corrientes e inundaciones durante el invierno y menores corrientes en verano. *** D [14.4.1]
- Es probable que la reducción en el abastecimiento de agua junto con el aumento de su demanda agraven la competencia por obtener mayores emplazamientos de recursos hídricos. *** D [14.2.1, B14.2]
- Es probable que el cambio climático en las primeras décadas del siglo XXI aumente la producción forestal, pero con una alta sensibilidad ante la sequía, las tormentas, los insectos y otros trastornos. ** D [14.4.2, 14.4.4]
- Se prevé que el cambio climático moderado en las primeras décadas del siglo aumente los rendimientos agregados de la agricultura de secano entre un 5 y un 20%. Se pronostican retos importantes para los cultivos que se encuentran cerca del extremo cálido de su rango aconsejable o los que dependen de un gran uso de los recursos hídricos. ** D [14.4]
- En la segunda mitad del siglo XXI, es probable que los mayores impactos en los bosques ocurran por los trastornos cambiantes de plagas, enfermedades e incendios. Se pronostica que las temperaturas más elevadas durante el verano amplíen las posibilidades anuales de mayores riesgos de incendios del 10 al 30%, y que para el año 2100 aumenten las áreas afectadas por incendios en Canadá de 74 al 118%. *** D [14.4.4, B14.1]
- Se pronostica que los ritmos actuales de pérdidas de los humedales costeros aumenten con una subida relativamente acelerada del nivel del mar, en parte debido a estructuras que evitan la migración hacia la tierra. Se espera que la biodiversidad en las marismas disminuya en los pantanos de la región noreste. ** D [14.4.3]
- Es probable que la vulnerabilidad al cambio climático se concentre en grupos y regiones específicos, incluidas las poblaciones autóctonas y otras que dependen de bases de recursos limitadas, así como los pobres y ancianos que viven en las ciudades. ** D [14.2.6, 14.4.6]
- Las inversiones continuas para lograr la adaptación teniendo en cuenta la experiencia histórica, en lugar de las proyecciones futuras, podrían aumentar la vulnerabilidad de muchos sectores al cambio climático [14.5]. El desarrollo de las infraestructuras, con sus largos plazos de entrega e inversiones, se beneficiaría del uso de información sobre cambio climático. *** D [14.5.3, F14.3]
Regiones polares
- A finales del siglo, se pronostica que el alcance promedio anual del hielo marino Ártico muestre una reducción del 22 al 33%, dependiendo del escenario de las emisiones; en la Antártida, las proyecciones oscilan desde un ligero aumento a una pérdida casi completa del hielo marino estival. ** D [15.3.3]
- En los próximos 100 años, habrá una reducción importante en el grueso y el alcance del hielo de los glaciares árticos y de los casquetes de hielo, así como del manto de hielo de Groenlandia ***, como respuesta directa al calentamiento de la atmósfera; en la Antártida, continuarán las pérdidas de los glaciares en la Península Antártica ***, y continuará la disminución observada del espesor del manto de hielo en parte de la Antártida Occidental, que quizá esté provocada por el cambio oceánico**. Estas contribuciones formarán una fracción importante de la subida del nivel del mar durante el presente siglo. *** D [15.3.4, 15.6.3; Capítulos 4, 5, TIE GTI]
- Se prevé que el alcance del permafrost en el Hemisferio Norte disminuya de 20 a 35% para el año 2050. Es probable que la profundidad del deshielo estacional aumente de 15 a 25% en la mayoría de las regiones para el año 2050, y llegue al 50% o más en las regiones más septentrionales, teniendo en cuenta toda la gama de los escenarios del IE-EE. ** D [15.3.4]
- En el Ártico, el deshielo inicial del permafrost alterará los sistemas de drenaje, permitiendo el establecimiento de comunidades acuáticas en áreas que estaban dominadas en el pasado por especies terrestres ***. El creciente deshielo conectará cada vez más el drenaje de la superficie con las aguas subterráneas, ocasionando mayores afectaciones en los ecosistemas. La erosión costera aumentará. ** D [15.4.1]
- A finales de siglo, entre el 10 y el 50% de la tundra Ártica será sustituida por bosques y entre el 15 y el 25% del desierto polar será reemplazado por la tundra. * D [15.4.2]
- En ambas regiones polares, el cambio climático producirá una disminución en el hábitat (incluido el hielo marino) de las aves y mamíferos migratorios [15.2.2, 15.4.1], con implicaciones mayores para los depredadores como las focas y los osos polares ** [15.2, 15.4.3]. Pueden esperarse cambios en la distribución y abundancia de muchas especies. ** D [15.6.3, 15.4.4, 15.4.2]
- Las barreras climáticas que hasta ahora han protegido a las especies polares de la competencia serán menores y se espera la intrusión de especies exóticas en partes del Ártico y la Antártida. ** D [15.6.3, 15.4.4, 15.4.2]
- Se espera una reducción de los mantos de hielo de los ríos y lagos en ambas regiones polares. Ello afectará a las estructuras térmicas de los lagos, la calidad y cantidad de los hábitats de especies que viven bajo el hielo y, en el Ártico, afectará la periodicidad y severidad de la acumulación del hielo y las inundaciones conexas. *** N [15.4.1]
- Los cambios hidrológicos previstos influirán en la productividad y distribución de las especies acuáticas, sobre todo en los peces. El calentamiento de los sistemas de agua dulce es probable que conduzca a la reducción de la cantidad de peces, sobre todo los que prefieren aguas más frías. ** D [15.4.1]
- Para las comunidades humanas que habitan en el Ártico, es prácticamente cierto que habrá impactos negativos y positivos, en particular, por los componentes cambiantes de la criosfera, la infraestructura y las formas de vida tradicionales autóctonas. ** D [15.4]
- En Siberia y América del Norte, puede registrarse un aumento de la agricultura y la silvicultura en la medida en que el límite norte para estas actividades se mueva varios cientos de kilómetros para el año 2050 [15.4.2]. Ello beneficiará a algunas comunidades y será una desventaja para otras que tienen estilos de vida tradicionales. ** D [15.4.6]
- Los incendios forestales de gran escala y la aparición de insectos estimulados por el clima cálido que causan la muerte de los árboles, son característicos del bosque boreal y algunas áreas de tundra forestal y es probable que estos aumenten. ** N [15.4.2]
- El calentamiento Ártico reducirá el exceso de la mortalidad durante el invierno, fundamentalmente mediante la disminución de las muertes por motivos cardiovasculares y respiratorios y de lesiones. *** N [15.4.6].
- El calentamiento Ártico estará asociado con una mayor vulnerabilidad a las plagas y las enfermedades de la flora y la fauna, tales como la encefalitis trasmitida por las garrapatas, que puede transmitirse a los humanos. ** N [15.4.6]
- El aumento de la frecuencia y la severidad de las inundaciones, la erosión, la sequía y la destrucción del permafrost en el Ártico amenazan a las comunidades, las infraestructuras de salud pública e industrial y el abastecimiento de agua. *** N [15.4.6]
- Los cambios en la frecuencia, el tipo y periodicidad de las precipitaciones aumentará la captación de contaminantes y la carga de contaminantes hacia los sistemas de agua dulce del Ártico. Estas crecientes cargas compensarán en gran medida las reducciones que se espera que se acumulen debido a las emisiones mundiales de contaminantes. ** N [15.4.1]
- Las comunidades humanas en el Ártico deben adaptarse ya al cambio climático. Ante los impactos en la seguridad alimentaria y en las personas y las actividades de subsistencia se está respondiendo con cambios en los recursos y en los sistemas de gestión de la flora y la fauna y cambios en el comportamiento de las personas (por ejemplo, caza y viajes). La resistencia de las poblaciones autóctonas, en combinación con los cambios demográficos, socioeconómicos y de estilo de vida, están siendo amenazados seriamente. *** N [15.4.1, 15.4.2, 15.4.6, 15.6]
Pequeños territorios insulares
- Se pronostica que la subida del nivel del mar y el aumento de la temperatura del agua del mar aceleren la erosión de las playas y provoquen la degradación de las defensas costeras naturales como los manglares y los arrecifes de corales. Es probable que estos cambios afecten, a su vez, de manera negativa, al atractivo que tienen los pequeños territorios insulares como principales destinos turísticos. Según encuestas, es probable que, en algunas islas, hasta el 80% de los turistas pudieran no estar dispuestos a regresar por el mismo precio turístico en caso de decoloración de los corales y reducción de las zonas de playa, como consecuencia de las elevadas temperaturas de la superficie del mar y la subida del nivel del mar. ** D [16.4.6]
- Es probable que las instalaciones portuarias en Suva, Fiji, y Apia, Samoa experimenten desbordamientos, daños en los muelles e inundaciones de las tierras interiores después de una subida de 0,5 m del nivel de mar, junto con olas asociadas con el paso de 1 ciclón en 50 años. *** D [16.4.7]
- Los aeropuertos internacionales de los pequeños territorios insulares se encuentran ubicados fundamentalmente en la costa o a unos kilómetros de ésta y la red vial principal (que con frecuencia es la única) se extiende a lo largo de la costa. En los escenarios de elevación del nivel del mar, es muy probable que muchas de ellos corran serios riesgos de sufrir inundaciones, desbordamientos y daños físicos asociados con las inundaciones y erosión costeras. *** D [16.4.7]
- La erosión costera en las islas del Ártico tiene una sensibilidad climática adicional por el impacto que tiene el calentamiento en el permafrost y el hielo terrestre masivo, que pueden conducir a una erosión acelerada y una pérdida de volumen, y el potencial de una mayor energía de las olas. *** D [16.4.2]
- Es muy probable que la disminución del promedio de precipitaciones reduzca el tamaño del lentejón de agua dulce. Una reducción del 10% de media de las precipitaciones para el año 2050 es probable que corresponda con una reducción del 20% en el tamaño del lentejón de agua dulce en Tarawa Atoll, Kiribati. En general, una reducción del tamaño físico como resultado de la pérdida de tierra por la elevación del nivel del mar podría reducir el grosor del lentejón de agua dulce en los atolones hasta un 29%. *** N [16.4.1]
- Sin adaptación, es probable que los costes económicos de la agricultura debido al cambio climático representen entre un 2-3% y un 17-18% del PIB del 2002 para el año 2050, en las islas de topografía alta (por ejemplo, Fiji) y las de terrenos bajos (por ejemplo, Kiribati), respectivamente, según el escenario A2 del IE-EE (un aumento de 1,3°C para el año 2050) y según el B2 (un aumento de 0,9°C para el año 2050) ** N [16.4.3]
- Con el cambio climático, es probable que ocurran mayores cantidades de intrusiones y una intensa colonización por parte de las especies exóticas en islas ubicadas en latitudes medias y altas. Esos cambios ya se pueden apreciar en algunas islas. Por ejemplo, en los ecosistemas subantárticos pobres en especies, los microbios exóticos, los hongos, las plantas y los animales han estado ocasionando pérdidas considerables a la biodiversidad local y cambios en la función de los ecosistemas. ** N [16.4.4]
- Los brotes de enfermedades sensibles al clima como el paludismo, el dengue, la filariasis y la esquistosomiasis pueden ser costosos en términos de vidas humanas y por sus impactos económicos. Es probable que las crecientes temperaturas y la decreciente disponibilidad de agua debido al cambio climático aumenten la carga de enfermedades diarreicas y otras de carácter infeccioso en algunos pequeños territorios insulares. ** D [16.4.5]
- Se espera que el cambio climático tenga impactos significativos a la hora de seleccionar los destinos turísticos ** D [16.4.6]. Varios pequeños territorios insulares (por ejemplo, Barbados, Maldivas, Seychelles y Tuvalu) han comenzado a invertir en la aplicación de estrategias de adaptación, incluida la desalinización, con vistas a compensar la escasez de agua actual y la pronosticada. *** D [16.4.1]
- Los estudios realizados hasta ahora sobre la adaptación de las islas indican que es probable que las opciones de adaptación sean limitadas y los costes elevados en comparación con el PIB de estos países. Trabajos recientes han demostrado que, en el caso de Singapur, la protección costera pudiera ser la estrategia de menos coste para combatir la subida del nivel del mar, según tres escenarios, con costes que oscilarían entre los 0,3 y 5,7 millones de dólares estadounidenses para el año 2050 y entre 0,9 y 16,8 millones de dólares para el año 2100. ** D [16.5.2]
- Aunque las opciones de adaptación para los pequeños territorios insulares pueden ser limitadas y los costes de adaptación elevados, investigaciones preliminares indican que hay algunos beneficios colaterales que pueden generarse a partir del uso de estrategias de adaptación prudentes. Por ejemplo, la utilización de sistemas que usan desechos para producir energía y otros sistemas de energía renovable pueden promover un desarrollo sostenible, a la vez que fortalecen la resistencia al cambio climático. De hecho, muchas islas ya han comenzado a emprender iniciativas dirigidas a garantizar que las energías renovables constituyan una parte importante de la mezcla de energías. ** D [16.4.7, 16.6]
África
Es probable que la producción agrícola de muchos países y regiones africanas esté en peligro debido al cambio climático y a la variabilidad climática. Esto afectaría adversamente a la seguridad alimentaria y agravaría la desnutrición (confianza muy alta).
El rendimiento agrícola y la dependencia de los recursos naturales constituyen gran parte del sustento local en muchos, pero no en todos, los países africanos. La agricultura es el contribuyente principal a la economía actual en la mayoría de los países de África en un 10% - 70% del PIB, siendo la media el 21%, con vistas a que los ingresos de fuera de las granjas incremente el total de la contribución agrícola en algunos países [9.2.2, 9.4.4]. Se prevé que las pérdidas en la agricultura sean graves en muchas zonas (por ejemplo, el Sahel, África oriental y meridional) y vayan acompañadas de cambios en la duración de los períodos de crecimiento que inciden sobre los sistemas mezclados de secano, áridos, y semiáridos, bajo ciertas proyecciones climáticas. En algunos países, el rendimiento de la agricultura de secano se puede reducir hasta un 50% para 2020. A nivel local, es probable que muchas personas sufran pérdidas adicionales en sus medios de subsistencia cuando ocurra el cambio climático y la variabilidad de conjunto con otros factores de estrés (por ejemplo, los conflictos) [9.2.2, 9.6.1].
Es probable que el cambio climático y la variabilidad provoquen la pérdida de especies, extinciones y disminuciones de los “espacios climáticos” y las variedades de muchas plantas y animales (confianza alta)
Ya se han detectado cambios en una variedad de ecosistemas, específicamente en los ecosistemas de África meridional, a una tasa mayor que la prevista como resultado de diferentes factores, incluida la influencia del clima (por ejemplo, los ecosistemas de montaña) [9.4.5, 4.4.2, 4.4.3, 4.4.8].
Se prevén impactos de interacción múltiples y retroefectos en ambientes sin gestión desencadenados por cambios en el clima, pero exacerbados por factores no climáticos (confianza alta).
Los impactos en el Kilimanjaro, por ejemplo, muestran que los glaciares y las capas de nieve disminuyen debido a un número de factores de interacción (por ejemplo, la radiación solar, los cambios en la vegetación, y las interacciones de los seres humanos), con una disminución del área de superficie de los glaciares de aproximadamente el 80% entre 1912 y 2003 (véase el Gráfico RT.10.). La pérdida de los “bosques de nubes”, por ejemplo, mediante incendios, desde 1976, ha resultado en una reducción anual del 25% de las fuentes de agua derivadas de la niebla (equivalentes al abastecimiento anual de agua potable de 1 millón de personas que viven en los alrededores del Monte Kilimanjaro) [9.4.5]
Gráfico RT.10. Cambios en el casquete de hielo y la capa de nieve del Monte Kilimanjaro a lo largo del tiempo. Disminución del área de superficie de los glaciares del Kilimanjaro desde 1912 hasta 2003 [F9.2]
La falta de acceso a agua segura, derivada de múltiples factores es una vulnerabilidad clave en muchas partes de África. Es probable que esta situación se agrave a raíz del cambio climático (confianza muy alta).
Para 2020, algunas evaluaciones proyectan que entre 75 y 250 millones de personas estarán expuestas al aumento del estrés hídrico a raíz del cambio climático. Si a eso se le une el aumento de la demanda, afectará adversamente a los medios de subsistencia y empeorará los problemas relacionados con el agua. Por ejemplo, algunas evaluaciones muestran el aumento severo del estrés hídrico y posibles aumentos del riesgo de sequías en partes de África septentrional y meridional, así como aumentos en la escorrentía en África oriental. Sin embargo, el acceso al agua no sólo está amenazado por el cambio climático [9.4.1] sino por una gestión compleja de las cuencas fluviales (varios países comparten algunos de los ríos más importantes de África) y la degradación de los recursos hídricos mediante la sustracción de agua y la contaminación de las fuentes de agua [9.4.1].
La atribución de la contribución del cambio climático a los cambios en el riesgo de paludismo sigue siendo problemática (confianza alta).
La salud humana, ya en peligro por una gama de factores, también puede recibir impactos negativos del cambio climático y la variabilidad climática (por ejemplo, en África meridional y en las altiplanicies de África oriental). Continúa el debate sobre la atribución del cambio climático y el paludismo, siendo este un ámbito en el que se necesita más investigación [9.4.3, 8.2.8, 8.4.1].
África es uno de los continentes más vulnerables a la variabilidad y al cambio climático debido a los factores de tensión múltiples y su baja capacidad de adaptación. A esta situación contribuyen la pobreza extrema de muchos pueblos africanos, desastres naturales frecuentes tales como las sequías e inundaciones, y la agricultura, que depende en gran medida de la precipitación. Sin embargo, se muestran casos de notable resistencia ante factores de estrés múltiples (confianza alta).
África cuenta con muchos ejemplos de soluciones y estrategias de adaptación utilizadas para gestionar varios factores de estrés, incluidos los fenómenos climáticos extremos (por ejemplo, las sequías y las inundaciones). Sin embargo, de aumentar tales factores de tensión, estas estrategias probablemente sean insuficientes para la adaptación a la variabilidad y al cambio climático, dados los problemas de pobreza endémica, el poco orden institucional, el poco acceso a los datos y la información y los crecientes problemas de salud [9.2.1, 9.2.2, 9.2.5].
Asia
La observación demuestra que el cambio climático ha afectado a muchos sectores de Asia en los últimos decenios (confianza media).
Se han obtenido pruebas de los efectos del cambio climático, la variabilidad y los fenómenos extremos en Asia, según las predicciones de la Tercera Evaluación. Se observó una disminución del rendimiento de los cultivos en la mayoría de los países asiáticos, probablemente atribuido en parte al aumento de las temperaturas. Otra consecuencia del calentamiento es la reducción de los glaciares y el deshielo del permafrost en Asia boreal, sin precedentes en los últimos años. Ha aumentado la frecuencia en la incidencia de enfermedades inducidas por el clima y el estrés térmico en el centro, este, sur y sudeste de Asia debido al aumento de las temperaturas y a la variabilidad de la precipitación. Los cambios observados en ecosistemas marinos y terrestres son más evidentes [10.2.3].
Se prevé que el cambio climático afecte a la agricultura mediante el declive de la producción, y la reducción de zonas de tierra cultivable, y de abastecimiento de alimentos para peces (confianza media).
El calentamiento de la superficie y los cambios en la precipitación proyectados en la mayoría de los países asiáticos provocarán una disminución considerable de la productividad de los cultivos agrícolas como consecuencia del estrés térmico y de sequías e inundaciones más graves [10.4.1]. La disminución de la productividad agrícola será más evidente en zonas que ya sufren el aumento de la escasez de tierras cultivables, y aumentará el riesgo de hambruna en Asia, específicamente en países en desarrollo [10.4.1]. El cambio climático pone en riesgo a los agricultores de subsistencia. Los cultivos marginales como el sorgo y el mijo pueden tener alto riesgo debido a la caída de la productividad y a la pérdida de la diversidad genética de los cultivos [10.4.1]. Como respuesta al cambio climático, se prevé que haya cambios en el hábitat de acuicultura y en el abastecimiento de alimentos para los peces, y por último, en la abundancia de poblaciones de peces [10.4.1].
El cambio climático tiene potencial para empeorar el estrés de recursos hídricos en la mayoría de las regiones asiáticas (confianza alta).
La escasez de agua constituye la amenaza potencial más grave del cambio climático en Asia. La disponibilidad de agua dulce en el centro, sur, este y sudeste de Asia, fundamentalmente en grandes cuencas fluviales, se prevé que disminuya a raíz del cambio climático lo cual, unido al crecimiento demográfico y al aumento de la demanda debido a niveles de vida más altos, podría afectar a más de mil millones de personas en el decenio de 2050 [10.4.2]. Los cambios en la escorrentía estacional a raíz del rápido deshielo de los glaciares y, en algunas zonas, al aumento de la precipitación invernal pueden tener efectos importantes en la generación de energía hidroeléctrica y en la producción de cultivos y ganadería [10.4.2].
Se prevé que los aumentos en la temperatura ocasionen un retroceso más rápido de los glaciares del Himalaya y la continuación del deshielo del permafrost a lo largo de Asia septentrional (confianza media).
De mantenerse las tasas de calentamiento actuales, los glaciares del Himalaya pueden deteriorarse a un ritmo muy acelerado (Gráfico RT.11). Un derretimiento acelerado de los glaciares ocasionaría el aumento de los flujos de algunos sistemas fluviales en los próximos dos o tres decenios. Esto traería como resultado el aumento de las inundaciones y las avalanchas de rocas de laderas desestabilizadas, y afectaría a los recursos hídricos. A esto le seguiría la disminución del caudal de los ríos a medida que los glaciares retrocedan [10.6.2]. La degradación del permafrost puede traer como resultado el hundimiento de los suelos, la modificación de las características del drenaje y la estabilidad de la infraestructura, y el aumento de las emisiones de metano [10.4.4].
Gráfico RT.11. Cambios futuros proyectados en la frontera del permafrost de Asia septentrional en el escenario IE-EE A2 para 2100. [F10.5]
Se prevé que los ecosistemas marinos y costeros de Asia se vean afectados a raíz del aumento del nivel del mar y de las temperaturas (confianza alta).
El aumento del nivel del mar proyectado puede traer como consecuencia que muchos millones adicionales de personas padezcan inundaciones cada año [<ip-pii>]. La intrusión de agua de mar puede aumentar el hábitat de la pesquería en aguas salobres pero puede dañar considerablemente la industria de la acuicultura [10.4.1]. En general, se prevé que el aumento del nivel del mar agrave la ya decadente productividad de peces en Asia [10.4.1]. El cambio climático influiría gravemente en la pesca marina de la región ártica. Algunas especies, como el bacalao y el arenque, se beneficiarían al menos de un modesto aumento de las temperaturas, y otras, como el camarón del norte, padecerían una disminución de la productividad [10.4.1].
Se prevé que el cambio climático acentúe las amenazas a la biodiversidad a raíz del cambio en el uso de los terrenos y la presión demográfica en la mayoría del continente asiático (confianza alta).
Es probable que el aumento del riesgo de extinción de la mayoría de las especies de la flora y fauna asiáticas sea el resultado de los efectos sinérgicos del cambio climático y la fragmentación de los hábitat [10.4.4]. Además, podrían aumentar las amenazas a la estabilidad ecológica de humedales, manglares y arrecifes de coral situados en las proximidades de Asia [10.4.3, 10.6.1]. Se prevé un aumento futuro de la frecuencia y la propagación de los incendios forestales en Asia septentrional a raíz del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos que probablemente limiten la expansión de los bosques [10.4.4].
Es probable que el cambio climático continúe afectando adversamente a la salud en Asia (confianza alta).
Se prevé un aumento de la morbilidad endémica y la mortalidad debidas a enfermedades diarreicas asociadas principalmente a inundaciones y sequías en el este, sur y sudeste de Asia, debido a los cambios proyectados en el ciclo hidrológico asociados al calentamiento mundial [10.4.5]. El aumento de la temperatura de las aguas costeras podría aumentar la abundancia y/o toxicidad del cólera en el sur de Asia [10.4.5]. Según informes, se expande el hábitat natural de las enfermedades transmitidas por vectores y por el agua [10.4.5].
En el futuro se combinarán en Asia múltiples factores de estrés debido al cambio climático (confianza alta).
La explotación de recursos naturales asociada a la rápida urbanización, la industrialización y el desarrollo económico en la mayoría de los países asiáticos en desarrollo ha provocado el aumento de la contaminación del aire y el agua, la degradación de la tierra y otros problemas del medioambiente que ejercen una gran presión sobre la infraestructura urbana, el bienestar de los seres humanos, la integridad cultural y los marcos socioeconómicos. Es probable que el cambio climático intensifique estas presiones al medioambiente e incida sobre el desarrollo sostenible en la mayoría de los países asiáticos en desarrollo, fundamentalmente en el sur y el este [10.5.6].
Australia y Nueva Zelanda
La región ya experimenta los impactos del cambio climático reciente y comenzó la adaptación en algunos sectores y regiones (confianza alta).
A partir de 1950, se ha producido un calentamiento en esta región de 0,3 a 0,7ºC, con un aumento de olas de calor, una disminución de heladas, un aumento de las lluvias en el noroeste de Australia y el sudeste de Nueva Zelanda, una disminución de las lluvias en Australia meridional y oriental y el noroeste de Nueva Zelanda, un aumento de la intensidad en las sequías de Australia y un aumento del nivel del mar de 70 mm [11.2.1]. En la actualidad los impactos son evidentes en el abastecimiento de agua y en la agricultura, el cambio de los ecosistemas naturales, la reducción de la capa de nieve estacional y el encogimiento de los glaciares [11.2.2, 11.2.3]. Existen adaptaciones en sectores como el del agua, la agricultura, la horticultura y las costas [11.2.5].
Resulta prácticamente cierto que el clima del siglo XXI será más cálido, con cambios en los fenómenos meteorológicos extremos (confianza de media a alta).
Resulta prácticamente cierto que aumente la frecuencia e intensidad de las olas de calor y de los incendios (confianza alta) [11.3]. Es muy probable que aumente la frecuencia e intensidad de las inundaciones, los deslizamientos de tierra, las sequías y los oleajes de tormenta y es probable que disminuya la frecuencia de la nieve y las heladas (confianza alta) [11.3.1]. Es probable que zonas extensas del continente Australiano y del este de Nueva Zelanda presenten poca humedad en los suelos, aunque es probable que el oeste de Nueva Zelanda reciba más cantidad de lluvias (confianza mediana) [11.3].
Si no hay adaptación, es probable que los impactos del cambio climático sean considerables (confianza alta).
- Como resultado de la reducción de la precipitación y del aumento de la evaporación, es probable que se intensifiquen los problemas de seguridad del agua para 2030 en el sur y el este de Australia, y en Nueva Zelanda, en Northland y en algunas regiones del este [11.4.1].
- Se pronostica una pérdida significativa de biodiversidad para 2020 en algunos lugares ecológicamente ricos, incluida la Gran Barrera de Arrecifes y la zona tropical húmeda de Queensland. Otros lugares en riesgo son los Humedales de Kakadu, el sudoeste de Australia, los territorios insulares subantárticos y las zonas alpinas de ambos países [11.4.2].
- Se pronostica que el desarrollo continuado de las costas y el crecimiento demográfico en zonas como Cairns y el sudeste de Queensland (Australia), y desde Northland hasta la Bahía de Plenty (Nueva Zelanda), agrave los riesgos de aumento del nivel del mar, y de la gravedad y frecuencia de las tormentas e inundaciones costeras para 2050 [11.4.5, 11.4.7].
- Es probable que aumenten en gran medida los riesgos en infraestructuras fundamentales. Para 2030, es muy probable que se superes los criterios de diseño para fenómenos meteorológicos con más frecuencia. Estos riesgos incluyen fallos en la protección contra inundaciones y sistemas defectuosos de drenaje/alcantarillado urbano, aumento de los daños por incendios y tormentas, y el aumento de las olas de calor que originarán más muertes y apagones [11.4.1, 11.4.5, 11.4.7, 11.4.10, 11.4.11].
- En gran parte del sur y del este de Australia meridional y oriental y en partes del este de Nueva Zelanda se pronostica una disminución de la producción de agricultura y silvicultura en 2030, debido al aumento de las sequías y a los incendios. Sin embargo, en Nueva Zelanda, se pronostican ventajas iniciales en la agricultura y la silvicultura en zonas occidentales y meridionales y cerca de los ríos principales debido a la prolongación de la estación de crecimiento vegetativo, la disminución de las heladas y el aumento de la precipitación [11.4.3, 11.4.4].
Es probable que aumente la vulnerabilidad en muchos sectores, dependiendo de la capacidad de adaptación.
- La mayoría de los sistemas humanos tienen una capacidad de adaptación considerable. La región tiene economías bien desarrolladas, amplias capacidades científicas y técnicas, estrategias de mitigación de desastres y medidas de bioseguridad. Sin embargo, es probable que existan costes considerables y restricciones institucionales al aplicar las opciones de adaptación (confianza alta) [11.5]. Algunas comunidades indígenas tienen baja capacidad de adaptación (confianza media) [11.4.8]. La seguridad del agua y las comunidades costeras son más vulnerables (confianza alta) [11.7].
- Los sistemas naturales tienen una capacidad de adaptación limitada. Es muy probable que las tasas de cambio climático proyectadas excedan a las tasas de adaptación evolutiva en muchas especies (confianza alta) [11.5]. Es muy probable que la pérdida y la fragmentación del hábitat limiten la migración de las especies como respuesta al cambio de zonas climáticas (confianza alta) [11.2.5, 11.5].
- Es probable que la vulnerabilidad aumente debido al aumento de los fenómenos extremos. Es muy probable que aumente el daño económico a raíz de las condiciones meteorológicas extremas y que constituya desafíos clave para la adaptación (confianza alta) [11.5].
Es probable que la vulnerabilidad aumente para 2050 en algunos lugares de gran actividad identificados (véase el Gráfico RT.12). En Australia, esto incluye: la Gran Barrera de Arrecifes, Queensland oriental, el sudoeste, la Cuenca de Murray-Darling, los Alpes, y Kakadu. En Nueva Zelanda incluye: la Bahía de Plenty, Northland, las regiones orientales y los Alpes meridionales (confianza mediana).
Gráfico RT.12. Principales lugares de gran actividad de Australia y Nueva Zelanda, según los siguientes criterios: impactos grandes, poca capacidad de adaptación, población considerable, importancia económica, infraestructuras bastante expuestas, y otros factores de estrés clave (por ejemplo, crecimiento demográfico continuado acelerado, desarrollo progresivo, degradación progresiva de la tierra, pérdida progresiva del hábitat y amenazas a raíz del aumento del nivel del mar). [11.7]
Europa
Por primera vez, se documentan efectos de gran alcance del cambio en el clima actual de Europa (confianza muy alta).
La tendencia al calentamiento y los cambios espaciales variables en la precipitación han afectado a la composición y al funcionamiento de la criosfera (retroceso de glaciares y extensión del permafrost), así como a los ecosistemas naturales y bajo gestión (prolongación de la estación de crecimiento vegetativo, cambios en los ámbitos de las especies y cambios en la salud debido a una ola de calor de magnitudes sin precedentes) [12.2.1]. La ola de calor europea de 2003 (véase el Gráfico RT.13) tuvo efectos clave en los sistemas biofísicos y en la sociedad (se registró aproximadamente un exceso de 35.000 fallecimientos) [12.6.1]. Los cambios observados son congruentes con las proyecciones de los efectos del cambio climático futuro [12.4].
Gráfico RT.13. Descripción de la ola de calor del verano de 2003: (a) anomalía de temperaturas en JJA con respecto al período 1961-1990; (b-d) temperaturas de junio, julio, y agosto en Suiza; (b) observadas durante 1864-2003; (c) simuladas mediante el uso de un modelo climático regional para el período 1961-1990; (d) simuladas para los años 2071-2100 en el escenario IE-EE A2. Las barras verticales en los paneles (b-d) representan la temperatura superficial media de verano para cada año del período considerado; la curva de Gauss se muestra en negro. [F12.4]
Aumentarán los peligros climáticos, aunque los cambios variarán dependiendo de la zona geográfica (confianza muy alta).
Para el decenio de 2020, es probable que aumenten las inundaciones invernales en las regiones marítimas y las inundaciones repentinas en toda Europa [12.4.1]. Es probable que las inundaciones costeras relativas al aumento de las tormentas (especialmente en el noroeste del Atlántico), y el aumento del nivel del mar pongan en riesgo a 1,5 millones de personas más cada año para el decenio de 2080. Se proyecta un aumento de la erosión de las costas [12.4.2]. Las condiciones climáticas más cálidas y secas provocarán sequías más frecuentes y prolongadas (para 2070, las sequías actuales de cada 100 años tendrán lugar cada 50 años o menos en el sur y el sureste de Europa), así como una estación de incendios más larga y un aumento del riesgo de incendios, especialmente en la región del Mediterráneo [12.3.1, 12.4.4]. Se prevé un mayor aumento de incendios catastróficos en las turberas de drenaje de Europa central y oriental [12.4.5]. Aumentará la frecuencia del desprendimiento de rocas debido a la desestabilización de las laderas de las montañas por el aumento de las temperaturas y el derretimiento del permafrost [12.4.3].
Algunos impactos pueden ser positivos como la reducción de la mortalidad relacionada con el frío debido al aumento de las temperaturas invernales. Sin embargo, en equilibrio, sin medidas de adaptación, se prevé un aumento de los riesgos para la salud debido a olas de calor más frecuentes, fundamentalmente en Europa meridional, central y oriental, a inundaciones y a una mayor exposición a enfermedades transmitidas por vectores y alimentos [12.4.11].
Es probable que el cambio climático aumente las diferencias regionales en cuanto a recursos y valores naturales de Europa (confianza muy alta).
Los escenarios de cambio climático indican un calentamiento considerable (A2: de 2,5 a 5,5ºC; B2 de 1 a 4oC), mayor en invierno en la zona norte y en verano en la zona central y sur de Europa [12.3.1]. Se pronostica un aumento de la precipitación media anual en el norte y una disminución en el sur. Sin embargo, los cambios estacionales serán más pronunciados: disminución proyectada de la precipitación de verano de 30 a 45% en la Cuenca del Mediterráneo, y además, en Europa oriental y central y, en menor medida, en Europa septentrional, tan al norte como en el centro de la región Escandinava [12.3.1]. Es probable que aumente el reclutamiento y la producción de las pesquerías marinas en el Atlántico Norte [12.4.7]. Es probable que cambie la adaptabilidad de cultivos a todo lo largo de Europa y es probable que aumente la productividad de cultivos (si todos los demás factores se mantienen estables) en Europa septentrional y disminuya en el Mediterráneo y sudeste de Europa [12.4.7]. Se proyecta que los bosques se extiendan en el norte y se reduzcan en el sur [12.4.4]. Es probable que aumente la productividad forestal y el total de la biomasa en el norte y disminuya en Europa central y oriental. Es probable que se acelere la mortalidad de los árboles en el sur [12.4.4]. Se anticipa la agudización de diferencias en la disponibilidad hídrica entre regiones: aumento de la media anual de la escorrentía en el norte/noroeste y disminución en el sur/sudeste de Europa (se prevé una disminución de hasta el 50% del flujo bajo de verano en Europa central y del 80% en algunos ríos de Europa meridional) [12.4.1, 12.4.5].
Es probable que aumente el estrés hídrico, así como la cantidad de personas que viven en cuencas fluviales bajo alto estrés hídrico (confianza alta).
Es probable que aumente el estrés hídrico en Europa central y meridional. Es probable que aumente el porcentaje de la zona bajo alto estrés hídrico de un 19% a un 35% para el decenio de 2070 y aumente de 16 a 44 millones la cantidad de personas en riesgo [12.4.1]. Las regiones de mayor riesgo son Europa meridional y algunas partes de Europa central y oriental [12.4.1]. Se prevé una disminución media del potencial hidrológico de Europa del 6% y de un 20 a 50% alrededor del Mediterráneo para el decenio de 2070 [<ip-pii>].
Se prevé que el cambio climático afectará considerablemente a los sistemas naturales y la biodiversidad en Europa (confianza muy alta). Es probable que la mayoría de organismos y ecosistemas se adaptarán con dificultad al cambio climático (confianza alta).
Es probable que el aumento del nivel del mar cause una migración de las playas hacia el interior y una pérdida de hasta el 20% de los humedales costeros [12.4.2]. Esto reduce la disponibilidad de hábitat para algunas especies que se reproducen o alimentan en las zonas costeras bajas [12.4.6]. Desaparecerán los glaciares pequeños y se reducirán considerablemente los glaciares más grandes (reducciones de volumen proyectadas de entre un 30% y un 70% para 2050) durante el siglo XXI [12.4.3]. Se proyecta la desaparición de muchas zonas del permafrost en el Ártico [12.4.5]. En el Mediterráneo, se proyecta la desaparición de muchos ecosistemas acuáticos efímeros y los ecosistemas permanentes se reducirán y convertirán en efímeros [12.4.5]. Se proyecta que la expansión hacia el norte de los bosques reduzca las zonas de tundra en algunos escenarios [12.4.4]. Las comunidades montañosas se enfrentan a incluso un 60% de pérdidas de especies en escenarios de emisiones altas para 2080 [12.4.3]. Es probable que un gran porcentaje de la flora europea (un estudio indicó que hasta un 50%) se vuelva vulnerable, en peligro o en riesgo de extinción a finales de este siglo [12.4.6]. Es probable que las opciones de adaptación para algunos organismos y ecosistemas sean limitadas. Por ejemplo, es muy probable que la dispersión limitada reduzca el rango de la mayoría de los reptiles y anfibios [12.4.6]. Es probable que las costas bajas y hundidas geológicamente no se puedan adaptar al aumento del nivel del mar [12.5.2]. No existen opciones obvias de adaptación climática tanto para la vegetación de la tundra, como para la de las regiones alpinas [12.5.3].
La capacidad de adaptación de los ecosistemas se puede incrementar al reducirse los factores de estrés del ser humano [12.5.3, 12.5.5]. Se necesitarán nuevos sitios de conservación porque es probable que el cambio climático altere las condiciones de adaptabilidad de muchas especies en los sitios actuales (con el cambio climático, para alcanzar los objetivos de conservación, se tendría que incrementar en un 41% el área de la reserva actual en la Unión Europea) [12.5.6].
Se prevé que algunos impactos futuros del cambio climático afecten negativamente a la mayoría de las regiones europeas y estos impactos impondrán desafíos a muchos sectores económicos (confianza muy alta).
En la Europa meridional, se proyecta que el cambio climático empeore las condiciones (temperaturas altas y sequías) en una región ya vulnerable a la variabilidad climática. En la Europa septentrional, se proyecta que el cambio climático provoque inicialmente efectos mezclados, incluidos algunos beneficiosos, pero es probable que, a medida que continúe el cambio climático, sus efectos negativos superen a los positivos[12.4].
La agricultura tendrá que afrontar la creciente demanda de agua para regadío en la Europa meridional debido al cambio climático (por ejemplo, aumento de la demanda de agua del 2 al 4% para el cultivo del maíz y del 6 al 10% para el de la patata en 2050) y las restricciones adicionales derivadas de la lixiviación de nitrato en los cultivos [12.5.7]. Se prevé que disminuya la demanda de calefacción en el invierno y aumente la demanda de sistemas de refrigeración en el verano debido al cambio climático: alrededor del Mediterráneo, en un año, se necesitará calefacción de dos a tres semanas menos pero, se necesitarán sistemas de enfriamiento de dos a cinco semanas más para 2050 [12.4.8]. Es probable que cambie el nivel máximo de demanda de electricidad en algunos lugares de invierno a verano [12.4.8].
Es probable que disminuya el turismo de verano en el Mediterráneo y aumente el de primavera y otoño. Se anticipa que el sector del turismo de invierno en las montañas tendrá que hacer frente a la disminución de la capa de nieve (se prevé que la duración de la capa de nieve disminuya en varias semanas por cada ºC de aumento de temperatura en la región de los Alpes) [12.4.9, 12.4.11].
Es probable que la adaptación al cambio climático se beneficie de la experiencia obtenida en la respuesta a los fenómenos meteorológicos extremos, específicamente de planes proactivos de adaptación al cambio climático y de gestión de sus riesgos (confianza muy alta).
Desde el TIE, los gobiernos incrementaron las acciones para afrontar los fenómenos meteorológicos extremos. El modo de pensar actual sobre la adaptación a los fenómenos meteorológicos extremos se ha apartado de la ayuda reactiva después del desastre, hacia una gestión proactiva de los riesgos. Un ejemplo excelente es la aplicación en varios países de sistemas de detección temprana de las olas de calor (Portugal, España, Francia, Reino Unido, Italia, Hungría) [12.6.1]. Otras acciones están enfocadas en el cambio climático a largo plazo. Por ejemplo, se han creado planes nacionales de acción para la adaptación al cambio climático [12.5] y se han incorporado planes más específicos a las políticas nacionales de Europa relacionadas con la agricultura, la energía, la silvicultura, el transporte y otros sectores [12.2.3, 12.5.2]. Además, la investigación ha proporcionado nuevas visiones a las políticas de adaptación (por ejemplo, los estudios indican que los cultivos que pierden su viabilidad económica debido al cambio climático se pueden sustituir provechosamente por cultivos bioenergéticos) [12.5.7].
Aunque se prevé que varíen en gran medida la eficacia y la viabilidad de las medidas de adaptación, sólo unos pocos gobiernos e instituciones han examinado de manera sistemática y crítica un programa de medidas. Por ejemplo, algunos reservorios utilizados en la actualidad como medida de adaptación a la fluctuación en la precipitación pueden convertirse en no fiables en regiones donde se proyecta una disminución de la precipitación a largo plazo [12.4.1]. La gama de opciones de gestión para afrontar los cambios climáticos varía en gran medida según los tipos de bosques porque algunos tipos tienen más opciones que otros [12.5.5].
América Latina
La variabilidad climática y los fenómenos meteorológicos extremos han afectando gravemente a la región de América Latina en últimos años (confianza alta).
Se han producido fenómenos meteorológicos extremos muy inusuales en la región, como intensas lluvias en Venezuela (1999, 2005), inundaciones en la Pampa Argentina (2000, 2002), sequía en el Amazonas (2005), tormentas de granizos en Bolivia (2002) y en la zona del Gran Buenos Aires (2006), el inaudito huracán Katrina en el Atlántico Sur (2004) y la temporada ciclónica récord de 2005 en el Caribe [13.2.2]. Históricamente, la variabilidad climática y los fenómenos extremos han tenido efectos negativos en la población, al aumentar la mortalidad y morbilidad en las zonas afectadas. El desarrollo actual de las técnicas meteorológicas de pronósticos puede mejorar la información necesaria para el bienestar y seguridad de los seres humanos. Sin embargo, la falta de equipos de observación modernos y de información muy necesaria sobre el aire superior, la baja densidad de las estaciones meteorológicas, la poca fiabilidad de los partes meteorológicos y la falta de supervisión de las variables climáticas obstaculizan la calidad de los pronósticos. Esta situación produce un efecto adverso en el público, provocando que este no aprecie los servicios meteorológicos aplicados y no se fíe de los registros climáticos. Además, estas deficiencias afectan a los servicios de observaciones hidrometeorológicas y tienen un efecto negativo en la calidad de los avisos tempranos y en partes de alerta (confianza media). [13.2.5].
En los últimos decenios se han observado importantes cambios en la precipitación y aumentos de temperatura (confianza alta).
Los aumentos de la precipitación en el sudeste de Brasil, Paraguay, Uruguay, la Pampa Argentina y algunas partes de Bolivia han provocado efectos en el uso de los terrenos y el rendimiento de los cultivos y han aumentado la intensidad y frecuencia de las inundaciones. Por otra parte, se observó una tendencia a la disminución de la precipitación en Chile meridional, el sudoeste de Argentina, Perú meridional y América Central occidental. Se han observado aumentos en la temperatura de aproximadamente 1ºC en Mesoamérica y Sudamérica y de 0,5ºC en Brasil. Como consecuencia del aumento de las temperaturas, la tendencia a la reducción de los glaciares de la que se informa en el TIE se acelera (confianza muy alta). Esta situación es crítica en Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador, donde la disponibilidad de agua ya está en riesgo, tanto para el consumo, como para la generación de energía hidroeléctrica [13.2.4]. Se prevé que estos problemas de suministro aumenten en el futuro, volviéndose crónicos si no se planifican y aprueban las mediadas de adaptación apropiadas. En los próximos decenios es muy probable que desaparezcan los glaciares andinos intertropicales lo cual afectaría a la disponibilidad de agua y la generación de energía hidroeléctrica (confianza alta) [13.2.4].
Los cambios en el uso de los terrenos han intensificado el uso de recursos naturales y han empeorado muchos de los procesos de degradación de la tierra (confianza alta).
Los procesos de degradación afectan de manera moderada o grave a casi tres cuartos de la superficie seca de la tierra. Los efectos combinados de la actividad del ser humano y el cambio climático han provocado una disminución de la capa terrestre natural, la cual continúa disminuyendo a tasas muy altas (confianza alta). En concreto, las tasas de deforestación de los bosques tropicales han aumentado durante los últimos cinco años. Existen pruebas de que los aerosoles de la quema de biomasa pueden cambiar la temperatura y precipitación regionales en la parte meridional del Amazonas (confianza mediana). La quema de biomasa también afecta la calidad regional del aire lo cual implica daños a la salud humana. La acción sinérgica de los cambios en el uso de los terrenos y de los cambios climáticos aumentará considerablemente el riesgo de incendios en la vegetación (confianza alta) [13.2.3, 13.2.4].
El calentamiento medio proyectado para América Latina a finales del siglo XXI, de acuerdo con modelos climáticos diferentes, fluctúa de 1 a 4ºC para el escenario de emisión IE-EE B2 y de 2 a 6ºC para el escenario A2 (confianza mediana).
La mayoría de las proyecciones de GCM indican anomalías en la precipitación mayores que las actuales (positivas y negativas) para las partes tropicales de América Latina y menores para la parte extra tropical de América del Sur. Los cambios en la temperatura y en la precipitación tendrán efectos graves en los lugares de gran actividad ya vulnerables que muestra el Gráfico RT.14. Además, es probable que aumente en el futuro la frecuencia de aparición de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, así como la frecuencia e intensidad de los huracanes en la Cuenca del Caribe [13.3.1, 13.3.1].
Gráfico RT.14. Lugares clave de gran actividad en América Latina donde se prevé que los efectos del cambio climático sean especialmente graves [13.4]
El cambio climático futuro pone en peligro de extinción a especies importantes en muchas zonas tropicales de América Latina (confianza alta).
Se prevé que los bosques tropicales se conviertan en sabanas gradualmente a mediados de siglo en la zona este del Amazonas y en los bosques tropicales de México central y meridional, y que la vegetación semiárida pase a ser árida en partes del nordeste de Brasil y en la mayoría de la zona central y septentrional de México debido a los aumentos de temperatura y a las disminuciones asociadas del agua de los suelos (confianza alta) [13.4.1]. Para el decenio de 2050, es muy probable que el 50% de las tierras agrícolas se enfrenten a la desertificación y a la salinización en algunas zonas (confianza alta) [13.4.2]. Existe un riesgo de pérdida importante de la biodiversidad debido a la extinción de especies en muchas zonas tropicales de América Latina. En América Latina se encuentran siete de las veinticinco regiones más críticas del mundo con concentraciones altas de especies endémicas y estas zonas están padeciendo la pérdida del hábitat. Se han aplicado o planificado reservas biológicas y corredores ecológicos a fin de mantener la biodiversidad en ecosistemas naturales. Esto puede servir como medida de adaptación para ayudar a proteger los ecosistemas ante el cambio climático [13.2.5].
Es probable que para el decenio de 2020 el aumento neto de la cantidad de personas con estrés hídrico debido al cambio climático sea de entre 7 y 77 millones (confianza media).
Para la segunda mitad del siglo XXI, la reducción potencial de la disponibilidad de agua y la demanda creciente de la población regional podría aumentar esta cifra entre 60 y 150 millones [13.4.3].
Es probable que haya reducciones generalizadas en el rendimiento del arroz para el decenio de 2020, así como aumentos en el rendimiento de las semillas de soja en las zonas templadas si se tienen en cuenta los efectos del CO2 (confianza media).
Para otros cultivos (trigo, maíz), la respuesta proyectada al cambio climático es más errática y depende del escenario seleccionado. Si se asumen bajos efectos de fertilización por CO2, es probable que la cantidad adicional de personas en riesgo de hambruna en el escenario A2 ascienda a 5, 26 y 85 millones en 2020, 2050 y 2080, respectivamente (confianza media). Es probable que disminuyan la productividad de la ganadería y los productos lácteos debido al aumento de las temperaturas [13.4.2].
Es muy probable que los aumentos previstos en el nivel del mar, la variabilidad meteorológica y climática, y los fenómenos extremos afecten a las zonas costeras (confianza alta).
Durante los últimos 10 o 20 años la tasa de aumento del nivel del mar aumentó de 1 a 2-3 mm/año en el sudeste de América del Sur [13.2.4]. En el futuro, se proyecta que la subida del nivel del mar aumente los riesgos de inundaciones en zonas bajas. Se podrían observar efectos adversos en (i) zonas bajas (por ejemplo, en El Salvador, Guayana, la costa de la provincia de Buenos Aires), (ii) edificios y turismo (por ejemplo, en México, Uruguay), (iii) morfología costera (por ejemplo, en Perú), (iv) manglares (por ejemplo, en Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela), (v) disponibilidad de agua potable en la costa del Pacífico de Costa Rica, Ecuador y el estuario del Río de La Plata [13.4.4].
Los planes futuros de desarrollo sostenible deben incluir estrategias de adaptación para mejorar la integración del cambio climático en las políticas de desarrollo (confianza alta).
Se han propuesto varias medidas de adaptación para los sectores costeros, agrícolas, hídricos y de salud. Sin embargo, la eficacia de estos esfuerzos es superada por la falta de creación de capacidad y marcos políticos, institucionales y tecnológicos apropiados, por los bajos ingresos y por los asentamientos humanos en zonas vulnerables, entre otros. El nivel actual de desarrollo de redes de observación y supervisión necesita obligatoriamente mejoras, creación de capacidad y el fortalecimiento de las comunicaciones a fin de permitir un funcionamiento eficaz de los sistemas de observación del medioambiente y una propagación fiable de los avisos tempranos. De lo contrario, es probable que los objetivos del desarrollo sostenible de los países de América Latina se pongan en peligro. De esta manera, la capacidad de estos países para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre otros, se ve afectada de un modo adverso [13.5].
América del Norte
América del Norte tiene una considerable capacidad de adaptación que se ha desplegado con eficacia en muchas ocasiones, pero esta capacidad no siempre ha protegido a su población de los impactos adversos de la variabilidad climática y de los fenómenos meteorológicos extremos (confianza muy alta).
Los daños y pérdidas de vidas humanas debido al huracán Katrina en agosto de 2005 ilustran las limitaciones de la capacidad de adaptación existente respecto a fenómenos extremos. La tradición e instituciones de América del Norte fomentan un marco de respuesta descentralizada donde las tendencias de adaptación tienden a ser reactivas, distribuidas irregularmente y centradas en afrontar en vez de en prevenir los problemas. Un requisito previo del desarrollo sostenible es integrar los problemas del cambio climático en la toma de decisiones [14.2.3, 14.2.6, 14.4, 14.5, 14.7].
Es muy importante enfatizar la necesidad de una adaptación eficaz, porque el daño económico que ocasionan los fenómenos meteorológicos extremos es probable que continúe aumentando. Las consecuencias directas e indirectas del cambio climático desempeñan un papel cada vez mayor (confianza muy alta).
En los últimos decenios, se cuadruplicó el daño económico de los huracanes en América del Norte (Gráfico RT.15) principalmente a raíz del aumento del valor de las infraestructuras en riesgo [14.2.6]. Los costes para América del Norte suponen miles de millones de dólares en propiedades dañadas y en la disminución de la productividad económica, así como en vidas humanas truncadas y perdidas [14.2.6, 14.2.7, 14.2.8]. Las privaciones provocadas por los fenómenos meteorológicos extremos afectan desproporcionadamente a aquellos con desventajas sociales y económicas, fundamentalmente los pobres y los pueblos indígenas de América del Norte [14.2.6].
Gráfico RT.15. Promedio por decenios (promedio de seis años para 2000-2005) de la energía total disipada por los huracanes (PDI); de los fallecimientos, y de los daños económicos ajustados a la inflación (en miles de dólares estadounidenses USD) provocados por los huracanes que tocaron tierra en Estados Unidos a partir de 1900. [F14.1]
Es probable que el cambio climático agrave otros factores de tensión sobre las infraestructuras, la salud y la seguridad en los centros urbanos (confianza muy alta).
Es muy probable que los efectos del cambio climático se hayan producido por las islas de calor urbanas, la contaminación del aire y agua, el envejecimiento de las infraestructuras, la mala adaptación de construcciones y formas urbanas, los desafíos en la calidad y abastecimiento de agua, el crecimiento de la emigración y el crecimiento demográfico, así como por el envejecimiento de la población. [14.3.2, 14.4.1, 14.4.6].
Es muy probable que las comunidades y hábitat costeros reciban la influencia de los factores de tensión de los impactos del cambio climático en interacción con el desarrollo y la contaminación (confianza muy alta).
El nivel del mar aumenta en muchas zonas de la costa y es probable que aumente en el futuro la tasa de cambio. Esto provocaría la agudización de los impactos de inundaciones progresivas, inundaciones por mareas de tempestades y la erosión de la ribera costera [14.2.3, 14.4.3]. Es probable que aumente la severidad de los impactos de tempestades, fundamentalmente en las costas del Golfo y el Atlántico [14.4.3]. Los marismas de agua salada, otros hábitat costeros y las especies dependientes están amenazadas en la actualidad y aún más en decenios futuros por el aumento del nivel del mar, las estructuras fijas que impiden la migración tierra adentro y los cambios en la vegetación [14.2]. El crecimiento demográfico unido al creciente valor de la infraestructura en las zonas costeras aumentan la vulnerabilidad a la variabilidad climática y al cambio climático futuro y se proyecta que las pérdidas sean mayores si la intensidad de las tempestades tropicales aumenta. La adaptación actual a los riesgos de las costas es desigual y la preparación para el aumento de la exposición es baja [14.2.3, 14.4.3, 14.5].
Las temperaturas más cálidas y los fenómenos meteorológicos extremos ya causan efectos adversos en la salud mediante la mortalidad ocasionada por el calor, la contaminación, los daños y muertes provocadas por las tormentas y las enfermedades infecciosas; y es probable, en ausencia de contramedidas eficaces, que aumenten a raíz del cambio climático (confianza muy alta).
Dependiendo de los avances en el sector de la salud, las infraestructuras, la tecnología y el acceso, el cambio climático puede aumentar el riesgo de muerte por olas de calor, enfermedades transmitidas por el agua y el empeoramiento de su calidad [14.4.1], enfermedades respiratorias debidas a la exposición al polen y al ozono, y enfermedades transmitidas por vectores (confianza baja) [14.2.5, 14.4.5].
Es muy probable que el cambio climático restringa los ya muy utilizados recursos hídricos de América del Norte en interacción con otros factores de estrés (confianza alta).
La disminución de la cantidad de nieve y el incremento de la evaporación a raíz del aumento de las temperaturas es muy probable que afecten al tiempo de duración y disponibilidad del agua e intensifiquen la competencia entre los usos [R14.2, 14.4.1]. Es muy probable que el calentamiento cree más estrés sobre la disponibilidad de agua subterránea, como también lo harán los efectos del aumento de la demanda debida al desarrollo económico y el crecimiento demográfico (confianza media) [14.4.1].
En la zona de los Grandes Lagos y en algunos sistemas fluviales importantes es probable que los niveles de agua más bajos agraven los problemas de la calidad del agua, la navegación, la generación hidroeléctrica, las desviaciones de agua y la cooperación bilateral [14.4.1, C14.2].
Aumentan las alteraciones como los incendios y las plagas de insectos que probablemente se intensifiquen en un futuro más cálido con suelos más secos y estaciones de crecimiento más prolongadas, e interactúen con el cambio en el uso de los terrenos y el desarrollo. Esto afectaría al futuro de los ecosistemas terrestres silvestres (confianza alta).
Las últimas tendencias climáticas han aumentado la producción primaria neta de los ecosistemas y es probable que esta tendencia continúe en los próximos decenios [14.2.2]. Sin embargo, aumenta la cantidad de incendios y de plagas de insectos y esta tendencia es probable que se intensifique en un futuro más cálido [14.4.2, C14.1]. A lo largo del siglo XXI, es probable que la tendencia de los ecosistemas y especies a desplazarse hacia el norte y hacia elevaciones más altas reestructure el mapa de los ecosistemas de América del Norte. El aumento continuado de las alteraciones probablemente limite el almacenamiento de carbono, facilite las invasiones y aumente el potencial de cambios en los servicios de los ecosistemas [14.4.2, 14.4.4].
Las regiones polares
Los efectos del cambio climático en el medioambiente muestran profundas diferencias regionales tanto dentro como entre las regiones polares (confianza muy alta).
Los efectos del cambio climático en el Ártico durante el próximo siglo es probable que superen a los cambios pronosticados para muchas regiones. No obstante, la complejidad de las respuestas en sistemas biológicos y humanos y el hecho de que están sujetas a factores de estrés múltiples significa que es muy difícil predecir los impactos del cambio climático en estos sistemas. Los cambios en la Península Antártica, los territorios insulares subantárticos y el Océano Meridional han sido también rápidos y se prevén efectos más graves en el futuro. Las pruebas del cambio progresivo en el resto del continente Antártico son menos concluyentes, por tanto, es difícil predecir los posibles efectos. En ambas regiones polares, resulta especialmente difícil evaluar los impactos económicos debido a la falta de información disponible [15.2.1, 15.3.2, 15.3.3].
Aumentan las pruebas de los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas en ambas regiones polares (confianza alta).
Se observa un cambio en la composición y el ámbito de plantas y animales en la Península Antártica y en los territorios insulares subantárticos. Existe un aumento documentado del total del verdor en diferentes partes del Ártico, un aumento en la productividad biológica, un cambio en el ámbito de especies (por ejemplo, cambios de tundra a arboledas), algunos cambios en la ubicación del límite arbóreo septentrional y cambios en el ámbito y abundancia de algunas especies de animales. Las investigaciones demuestran que continuarán los cambios en la biodiversidad y la reubicación de la vegetación de la zona en el Ártico y la Antártida. La migración hacia los polos de las especies existentes y la competencia de especies invasivas ya tiene lugar y seguirá modificando la composición y la abundancia de las especies en sistemas terrestres y acuáticos. La vulnerabilidad asociada se relaciona con la pérdida de biodiversidad y con la propagación de enfermedades transmitidas por animales [15.4.2, 15.4.2, 15.2.2].
La continuidad de los cambios hidrológicos y criosféricos tendrá efectos regionales considerables sobre los sistemas de agua dulce, los ribereños y los marinos cercanos al litoral ártico (confianza alta).
El flujo conjunto de los ríos de Eurasia que desembocan en el Océano Ártico muestra un aumento desde la década de 1930, que se corresponde en gran medida al aumento de la precipitación. Sin embargo, los cambios en los procesos criosféricos (el derretimiento de la nieve, el deshielo del permafrost) también modifican la ruta y la estacionalidad del flujo. [15.3.1, 15.4.1].
La disminución del hielo marino ártico en los últimos decenios ha provocado mejoras en el acceso marino, cambios en la producción ecológica/biológica de las costas, efectos adversos en muchos mamíferos marinos que dependen del hielo y un aumento de la acción de las olas en las costas (confianza alta).
La disminución continuada del hielo marino provocará oportunidades y problemas regionales. La disminución del hielo de agua dulce afectará la ecología de ríos y lagos y la producción biológica, y hará necesarios cambios en el transporte acuático. Para la mayoría de las partes interesadas, pueden aumentar los beneficios económicos, pero algunas actividades y medios de subsistencia se pueden ver afectados de manera adversa [15.RE, 15.4.7, 15.4.3, 5.4.1, 15.4.1].
En los alrededores de la Península Antártica la disminución documentada de la abundancia de kril unida al aumento de la abundancia de salpa se ha atribuido a la reducción regional de la extensión y duración del hielo marino (confianza media).
De existir una mayor disminución del hielo marino, es probable que disminuya el kril, lo que tendría un impacto en los depredadores que ocupan un nivel superior en la cadena alimentaria [15.2.2, 15.6.3].
El calentamiento de zonas septentrionales de los océanos polares ha provocado un impacto negativo en la composición de la comunidad, en la biomasa y en la distribución del fitoplancton y el zooplancton (confianza media).
El efecto de los cambios presentes y futuros sobre los depredadores mayores, los peces y la pesquería dependerá de cada región y tendrá efectos beneficiosos y nocivos [15.2.2].
La mayoría de las comunidades humanas del Ártico ya se han ido adaptando al cambio climático (confianza alta).
Los pueblos indígenas han mostrado capacidad de resistencia a los cambios en sus entornos locales durante cientos de años. Algunas comunidades indígenas se adaptan mediante cambios en regímenes de gestión de la fauna y prácticas de caza. Sin embargo, los factores de estrés, además del cambio climático, unidos a una migración hacia comunidades distantes y pequeñas, al aumento de la implicación en economías de empleo y a los trabajos sedentarios pondrán en riesgo la capacidad de adaptación y aumentarán la vulnerabilidad. Algunos modos de vida tradicionales están en peligro y se precisan inversiones sustanciales para la adaptación o la reubicación de estructuras físicas y de comunidades [15.4.6, 15.5, 15.7].
Un clima menos severo en las regiones septentrionales provocará beneficios económicos positivos para algunas comunidades (confianza muy alta).
Los beneficios dependerán de las condiciones locales particulares pero supondrán, en algunos lugares, la reducción de los costes de calefacción, el aumento de las opciones de la agricultura y la silvicultura, el aumento de las rutas marinas septentrionales navegables y el acceso marino a los recursos [15.4.2].
Los efectos del cambio climático futuro en las regiones polares provocarán retroefectos que tendrán consecuencias considerables a nivel mundial durante el próximo siglo (confianza alta).
El deshielo terrestre continuo aumentará el nivel del mar mundial. La debilitación de la circulación termohalina a raíz del aumento neto del flujo fluvial hacia el Océano Ártico y el aumento resultante de los flujos de agua dulce hacia el Atlántico Norte supondrán un efecto clave. Es probable que aumente en un 20% el flujo fluvial total hacia el Océano Ártico bajo condiciones dobles de CO2. El calentamiento descubrirá más terreno en el Ártico y en la Península Antártica que será ocupado por la vegetación (Gráfico RT.16). Los últimos modelos predicen una disminución en el albedo debida al deshielo y al cambio de la vegetación; y la transformación de la tundra en un sumidero pequeño de carbono, aunque el aumento de las emisiones de metano provenientes del deshielo del permafrost puede contribuir al calentamiento climático [15.4.1, 15.4.2].
Gráfico RT.16. Vegetación de las regiones árticas y vecinas. Superior: vegetación en la actualidad, según encuestas de floricultura. Inferior: modelizada para 2090-2100 en el escenario de emisiones IS92a
Pequeños territorios insulares
Los pequeños territorios insulares poseen características que los hacen especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático, al aumento del nivel del mar y a los fenómenos meteorológicos extremos (confianza muy alta).
Esto incluye su tamaño limitado y su tendencia a los peligros naturales y a los impactos externos. Tienen una baja capacidad de adaptación y los costes de esta son altos respecto al PIB [16.5].
Se espera que el aumento del nivel del mar agrave las inundaciones, los oleajes de tormentas, la erosión y otros peligros costeros, poniendo en peligro la infraestructura vital que sostiene el bienestar socioeconómico de las comunidades insulares (confianza muy alta).
Algunos estudios indican que el aumento del nivel del mar puede ocasionar la pérdida de tierra e inundaciones costeras, mientras otros apuntan que algunos territorios insulares son morfológicamente resistentes y se prevé se mantengan[16.4.2]. En los territorios insulares del Pacífico y el Caribe más del 50% de la población vive a una distancia de la costa de 1,5 km. Casi sin excepción, los puertos y aeropuertos, las principales arterias viales, las redes de comunicación, las instalaciones y otras infraestructuras clave en los pequeños territorios insulares de los Océanos Índico y Pacífico suelen estar situadas en las zonas costeras (Tabla RT.2.). Es probable que los cambios en los ciclones tropicales incrementen el riesgo de aumento del nivel del mar [16.4.5, 16.4.7].
Hay pruebas contundentes de que en escenarios con mayores cambios climáticos, es probable que los recursos hídricos en los pequeños territorios insulares estén gravemente en peligro (confianza muy alta).
La mayoría de los pequeños territorios insulares dispone de poco agua. Muchos de los que están en el Mar Caribe y el Océano Pacífico padecerán probablemente un aumento del estrés hídrico a raíz del cambio climático [16.4.1]. Las predicciones de todos los escenarios IE-EE para esta región muestran la disminución de la precipitación en verano, por tanto, es improbable que se satisfaga la demanda en períodos de poca precipitación. El aumento de la precipitación en invierno probablemente no compensará la demanda debido a la falta de almacenaje y al aumento de la escorrentía durante las tormentas [16.4.1].
Es muy probable que el cambio climático tenga efectos graves en los arrecifes de coral, las pesquerías y otros recursos marinos (confiaza alta).
Las pesquerías proporcionan un aporte importante al PIB de muchos pequeños territorios insulares. Los cambios en el suceso e intensidad de fenómenos como la Oscilación del Sur El Niño (ENSO) probablemente tengan efectos graves en las pesquerías comerciales y artesanales. El aumento de las temperaturas superficiales marinas y la subida del nivel del mar, unas aguas más turbias, la carga de nutrientes y la contaminación química, los daños producidos por los ciclones tropicales y la disminución en las tasas de crecimiento a raíz de los efectos de una mayor concentración de CO2 en la composición química de los océanos, ocasionarán muy probablemente la decoloración y mortalidad de los corales [16.4.3].
En algunos territorios insulares, fundamentalmente en aquellos en latitudes altas, el calentamiento ya produjo la sustitución de algunas especies locales (confianza alta).
Resulta prácticamente cierto que las especies invasivas no indígenas colonizan los territorios insulares de latitudes medias y altas. Estas especies estaban limitadas al principio por condiciones desfavorables de temperatura (véase Tabla RT.2). Resulta prácticamente cierto que el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos a corto plazo afecta a las repuestas de adaptación de los bosques en los territorios insulares tropicales, donde a menudo la regeneración es lenta. La acción de los ciclones o de las tormentas violentas puede diezmar fácilmente los bosques en muchos territorios insulares debido a su tamaño pequeño. Es probable que aumenten los bosques en algunos territorios insulares de latitudes altas [16.4.4, 15.4.2].
Es muy probable que el cambio climático afecte adversamente a la agricultura comercial y de subsistencia en los pequeños territorios insulares (confianza alta).
Es muy probable que el aumento del nivel del mar, las inundaciones, la intrusión de agua del mar en depósitos de agua dulce, la salinización de los suelos y la falta de agua provoquen un impacto adverso en la agricultura costera. Lejos de las costas, es probable que los cambios en los fenómenos extremos (por ejemplo, las inundaciones y las sequías) tengan un efecto negativo en la producción agrícola. Unas medidas de adaptación adecuadas pueden reducir estos efectos. En algunos territorios insulares de latitud alta, pueden surgir nuevas oportunidades para aumentar la producción agrícola [16.4.3, 15.4.2].
Los últimos estudios confirman los hallazgos previos de que probablemente los efectos del cambio climático en el turismo sean directos e indirectos y mayormente negativos (confianza alta).
El turismo es la fuente principal del PIB y del empleo en la mayoría de los pequeños territorios insulares. Es probable que la subida del nivel del mar y el aumento de la temperatura de las aguas marinas contribuya a acelerar la erosión de las playas y a degradar y decolorar los arrecifes de coral (Tabla RT.2). Además, la pérdida del patrimonio cultural a raíz de inundaciones y crecidas reducirá el valor del ocio de los usuarios de las costas. Aunque un clima más cálido puede reducir la cantidad de personas que visitan los pequeños territorios insulares en latitudes bajas, puede tener el efecto contrario en territorios insulares de latitudes medias y altas. Sin embargo, es probable que la escasez de agua y el aumento de la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores disuadan a los turistas [16.4.6].
Tabla RT.2 (p.69). Índice de efectos y de vulnerabilidad futuros en pequeños territorios insulares [R16.1]. Estas proyecciones se han extraido y resumido de estudios que utilizan una gama de escenarios que incluyen las proyecciones del aumento del nivel del mar de los IE-EE y el Tercer Informe de Evaluación.
|Latitud ||Región y sistema en riesgo ||Efectos y vulnerabilidad |
Alta
Islandia y territorios insulares árticos aislados, isla de Svalbard y las islas Feroe: ecosistemas marinos y especies de plantas
desequilibrio entre la pérdida de especies y su sustitución provoca una pérdida inicial de diversidad. El desplazamiento hacia el norte de los arbustos enanos y la de la vegetación donde predominan los árboles hacia zonas ricas en especies endémicas extrañas trae como consecuencia la pérdida de las especies endémicas.
Una gran reducción, o la desaparición total, del capelán islandés provoca impactos negativos considerables en la mayoría de los peces comerciales, ballenas y gaviotas.
Territorios insulares de latitudes altas (Islas Feroe): especies de plantas
Escenario I (la temperatura aumenta 2ºC): las especies más afectadas por el calentamiento se restringen a la parte más alta de las montañas. Para otras especies, el efecto sería fundamentalmente la migración hacia el norte.
Escenario II (la temperatura disminuye 2ºC): las especies afectadas por el enfriamiento son aquellas de latitudes bajas.
Media
Islas subantárticas Marion:
ecosistema
Los cambios afectarán directamente la biota indígena. Una amenaza aún mayor es que un clima más cálido aumentaría la facilidad con la que las especies forasteras invaden los territorios insulares.
Los impactos del cambio climático son insignificantes en muchos ecosistemas marinos simulados.
Cinco territorios insulares en el Mar Mediterráneo:
ecosistemas
La invasión en ecosistemas insulares se convierte en un problema creciente. A largo plazo, las plantas exóticas dominarán los ecosistemas independientemente de las tasas de alteración.
Mediterráneo: aves migratorias (papamoscas cerrojillo: Ficedula hypoleuca)
Reducción de las tasas de supervivencia de polluelos y pichones de papamoscas cerrojillo en dos de las poblaciones de crías europeas más meridionales.
Pacífico y Mediterráneo: maleza (Chromolaena odorata)
Territorios insulares del Pacífico en riesgo de invasión de maleza.
Se prevé que el clima templado y semiárido del Mediterráneo impida la invasión.
Baja
Pequeños territorios insulares del Pacífico: erosión costera, recursos hídricos y asentamientos humanos
La erosión costera acelerada, la intrusión de agua salada en el agua dulce y el aumento de las inundaciones del mar causan grandes efectos en los asentamientos humanos.
La disminución de la precipitación unida al aumento acelerado del nivel del mar representan una amenaza para los recursos hídricos. Es probable que la reducción del 10% en el promedio de precipitación para 2050 corresponda a la reducción del 20% de la cantidad de depósitos de agua dulce en el atolón de Tarawa, Kiribati.
Samoa, otros quince territorios insulares del Pacífico: manglares
50% de pérdida en la zona de manglares en Samoa; 12% de reducción de la zona de manglares en otros quince territorios insulares del Pacífico.
Caribe (Bonaire, Antillas Holandesas): erosión de las playas y del hábitat donde anidan las tortugas marinas
Como promedio, hasta el 38% (+24% de desviación estándar) del total de las playas actuales se puede perder con un aumento del nivel del mar de 0,5 m, donde las playas bajas más estrechas son las más vulnerables, y se reduciría en un tercio el hábitat donde anidan las tortugas marinas.
Caribe (Bonaire, Barbados): turismo
La industria turística playera en Barbados y la industria ecoturística de buceo marino en Bonaire se verán afectadas negativamente debido al cambio climático por la erosión de las playas en Barbados y la decoloración de los corales en Bonaire.
Existe una creciente preocupación de que el cambio climático mundial probablemente tenga impactos de naturaleza adversa en la salud (confianza media).
La mayoría de los pequeños territorios insulares está ubicada en zonas subtropicales y el clima es propenso a la transmisión de enfermedades como el paludismo, el dengue, la filiariasis, la esquistosomiasis y las enfermedades transmitidas por los alimentos y el agua. Los brotes de enfermedades provocadas por el clima pueden ser costosos en términos de pérdidas de vidas humanos e impactos económicos. Es probable que el aumento de las temperaturas y la disminución de la disponibilidad de agua a raíz del cambio climático incrementen el peso de las enfermedades infecciosas y diarreicas en algunos de los pequeños territorios insulares [16.4.5].