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A través de la respuesta a siete preguntas hemos visto lo que la Biblia dice en relación con el partimiento del pan, el segundo acto visible junto al bautismo. Hemos aclarado varias cosas. Por último, se plantea la pregunta decisiva y final para cada uno de nosotros:
¿Qué significa la Cena del Señor para mí? ¿Cómo honro la invitación de mi Salvador: “Haced esto en memoria de mí”?
No queremos eludir esta pregunta. Tal vez no haya participado aún en la Cena del Señor. Examine esto ante él. Es salvo, sabe lo que Jesús hizo por usted en la cruz. Pero aún no ha decidido obedecer la invitación del Señor. Domingo tras domingo, su Salvador le espera. ¿O acaso hay cosas en su vida que sabe que son incompatibles con su lugar en la Mesa del Señor, y a las que no quiere renunciar? Póngalas en un lado de la balanza, y en el otro ponga el amor y la invitación de su Señor. ¿Hacia dónde se inclinará la balanza?
Tal vez usted ha estado ocupando su lugar en la Mesa del Señor durante mucho tiempo, y se ha vuelto superficial o incluso negligente en la asistencia a las reuniones. El Señor también le espera cada domingo. ¿Cuáles son las razones por las que se mantiene alejado? Hable con su Señor sobre ello.
Nunca olvidemos la situación en la que el Señor Jesús instituyó la Cena y pronunció estas palabras: “Haced esto en memoria de mí”. Lo hizo la noche en que fue entregado, la noche en que la cruz se presentaba ante él con todo su horror, y cuando se preparaba para recorrer el camino más difícil que ningún hombre haya recorrido jamás. ¿Qué sentimientos pudo tener el Salvador cuando habló con sus discípulos? Estaba dispuesto a dar su vida por ellos, y también por nosotros:
Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros
(Efesios 5:2).
Su entrega en la cruz fue la mayor prueba de su amor. ¿Queremos corresponder a su amor?