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Menos agricultores
Es difícil encontrar otro sector de la economía suiza que haya sufrido tantos golpes en los años recientes como es el caso de la agricultura suiza.
Una idea que forma parte del folclore nacional es que los agricultores no deben quejarse. Sin embargo, en términos reales, han sufrido una caída en sus ingresos de por lo menos el 10% en la última década.
Miles de granjas, a menudo al borde de la quiebra, han sido vendidas. Más de 70.000 de las 92.000 explotaciones que había en 1990 fueron abandonadas en el año 2.000.
Muchas de las granjas restantes sobreviven sólo porque sus propietarios han encontrado una segunda ocupación. Las explotaciones agrícolas con más de 20 hectáreas de superficie han resistido con energía a esta tendencia gracias a ingresos que aumentan.
Antes y durante la Segunda Guerra Mundial cerca del 25% de la población trabajaba en la agricultura. Hoy la cifra apenas llega al 3%.
Durante los años cincuenta Suiza obtuvo exenciones del GATT, Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio, precursor de la Organización Mundial del Comercio, OMC, en gran parte para proteger a la agricultura suiza de la competencia extranjera.
Esto no se hizo tanto por interés propio, sino como una reflexión sobre el hecho de que la Suiza montañosa no se presta en sí para ninguna clase de agricultura eficiente.
Subsidios
Cada año los agricultores suizos necesitan 2.500 millones de francos suizos (1.960 millones de dólares) en pagos directos o en subsidios del Estado, tengan o no tengan que hacer frente a la competencia.
Algunas estimaciones sugieren que el apoyo a la agricultura cuesta anualmente al contribuyente suizo 4.000 millones de francos suizos.
Los pagos directos tienen la ventaja de no recompensar simplemente la sobreproducción. Además permiten promover selectivamente sectores de la agricultura que operan de acuerdo con los lineamientos de la política agrícola suiza, por ejemplo, la agricultura biológica. Actualmente más del 10% del suelo cultivado es trabajado según las más estrictas exigencias de la agricultura orgánica.
En última instancia: son muy pocos los productos agrícolas que no pueden importarse a precios más bajos de lo que se produce dentro del país. Pero Suiza quiere mantener un nivel de autosuficiencia en la producción de alimentos. Además, no debe subestimarse el significado cultural, sociológico y –no menos importante- político, de los agricultores como grupo.
Incluso si las masas de queso producido en la llanura central y en los pastos alpinos (160.000 toneladas por año) no pueden ser vendidas con un beneficio real, los agricultores, cultivadores, trabajadores forestales y jardineros seguirían siendo necesarios para cuidar del 50% del terreno ahora confiado a la agricultura.