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La época en torno a 1968 se caracterizó por la avidez de nuevos proyectos sociales, también en el campo de la educación. El concepto de autoridad se encontraba en una profunda crisis. En ese ambiente, comenzaron a surgir escuelas privadas experimentales. Una mirada retrospectivaa la educación de la generación del 68 en Suiza.
Los futuros maestros de primaria fueron quienes iniciaron la revuelta en Suiza. En marzo de 1968, alrededor de 250 estudiantes de la escuela de magisterio de Locarno ocupan un aula. Exigen una reorganización de la enseñanza y el derecho de participación del alumnado. En la Piazza San FrancescoEnlace externo, los ciudadanos de Locarno discuten en público la acción: unos muestran simpatía, otros rumorean que los estudiantes han sido instigados por grupos comunistas.
Tan solo tres días después la ocupación del aula logra tener éxito. El director de Educación del cantón del Tesino recibe a una delegación de estudiantes revolucionarios. Así, la Scuola Magistrale (Escuela de Magisterio) de Locarno se convierte en la primera escuela de secundaria de Suiza en implantar la participación estudiantil. En el verano de 1968, Marx, Engels, Freud, pensadores anarquistas y existencialistas, Nietzsche y Tolstói se incorporan al plan de estudios de la especialidad.
Las relaciones entre las generaciones cambiaron, pero especialmente dentro de la familia. Se produjo una reflexión sobre la relación con los padres y su estilo de educación. Los historiadores hablan de un ‘psico-boom’ en la década de 1970 y las guías educativas se convirtieron en superventas. La “pedagogía negra”, que apelaba al castigo y al rigor en lugar del diálogo, fue siendo cada vez más marginada. Con el tiempo, las escuelas públicas también cambiaron.
En Suiza se hace famoso un ‘best seller’
Retrocedemos a 1965. El educador y director de escuela británico Alexander Sutherland Neill publica el folleto ‘Educación en Summerhill’. En aquel momento casi nadie se interesó por la obra. En 1970 vuelve a aparecer con el título ‘Teoría y práctica de la educación antiautoritaria’. Solo en los primeros años de la década de 1970 se vendieron casi un millón de ejemplares.
El libro define lo que se entiende en Suiza hasta hoy por “educación antiautoritaria”, aunque el término no aparezca ni una sola vez en el texto. El editor adaptó el título por razones de marketing para responder al espíritu del 68. En unas fotos de la escuela se muestra a niños dando vueltas en bicicleta y nadando, y apenas hay nadie sentado en las aulas.
Un artículo publicado en la prensa suiza describe los principios de Neill: “Para él la educación significa sobre todo estar al lado del niño. (…) Para que un niño se desarrolle adecuadamente no necesita reglas y prohibiciones, sino sobre todo reconocimiento y amor. Cada castigo, cada humillación será recibido por el niño como una expresión de odio. Ante eso reaccionará con odio y se convertirá en un adulto lleno de odio”.
La autoridad en crisis
El terreno para este modelo era fértil. A finales de la década de 1960, el periodista suizo Alfred Häsler diagnosticó un abismo inexorable, y cada vez mayor, entre padres e hijos. “La autoridad de los padres se ha agotado y ya no queda nada en la reserva. Los hijos se dan cuenta y notan que los padres, de vez en cuando, fingen una autoridad que ya no está justificada”.
La experiencia de la Segunda Guerra Mundial había proyectado una larga sombra sobre el papel de cualquier posible figura de liderazgo, ya fueran padres, maestros o jefes. Estaba en el aire la tesis sociológica de que la educación de mano dura había convertido a las personas en agentes voluntarios del régimen nazi. El término autoridad se impregnó de arbitrariedad, violencia y tortura.
Surgen escuelas privadas experimentales
Como consecuencia de esa crítica de la autoridad, algunas de las escuelas públicas se transformaron después de 1968. Así es como las escuelas suizas Rudolf Steiner, que ya existían desde la década de 1920, experimentaron un importante crecimiento. Otros prefirieron fundar sus propias escuelas. Una de las primeras escuelas de este tipo creadas después de 1968 fue la "Freie Volksschule Trichtenhausen", en Zollikon, cantón de Zúrich, promovida por un grupo cercano a la pareja de cineastas formada por Alexander J. Seiler y June Kovach.
A este grupo también perteneció el director Rolf Lyssy, quien después rodaría la película ‘Die Schweizermacher’ (Los hacedores de suizos). Quería que su hijo, nacido en 1968, “pudiera desarrollar su propia individualidad sin presiones”. Lyssy no condenaba la escuela pública, sino que se trataba más bien de “matices”: se criticaba el enfoque centrado en el profesor, las clases magistrales, el orden rígido de los pupitres y también el sistema de calificación. En la escuela de Trichtenhausen los niños se evaluaban a sí mismos. Por un lado, el objetivo era una forma alternativa de educación, pero también una forma de organizar la jornada que permitiera trabajar a las mujeres. En esa época todavía no existían guarderías ni instituciones similares y tenían que organizarse por sí mismas.
No había aulas fijas. Unas veces se daba clase en el bosque y otras en una sala. El mobiliario era también variable, los recreos no eran fijos. Karin Seiler, hija de Seiler y Kovach, que en sus primeros años fue estudiante de Trichthausen, recuerda especialmente el ambiente: “todo fluía de un modo bastante libre”. A menudo pasaba tiempo en la biblioteca y allí leía por su cuenta, mientras el resto estaba en clase.
La fortaleza de este modelo de escuela residía en la individualización. Si un niño tenía o pasaba dificultades se ponía “más atención, en lugar de castigarle”. Esto no excluía la autoridad, sino que esta era el resultado de las relaciones interpersonales y no de la posición institucional del maestro. “El que está al frente no tiene necesariamente razón”.
250 años de educación antiautoritaria
Pero la búsqueda de una educación más humana no comenzó en 1968. Según el investigador en temas de educación Lucien Criblez, ya en los años 20 muchos pedagogos suizos abogaban por poner más énfasis en el libre desarrollo que en el ejercicio y la disciplina. Por ejemplo, fue en esa época cuando se soltaron las firmes sujeciones que unían banco y pupitre. Ya entonces los maestros querían hacer las aulas más libres, formar círculos y ensayar la formación de nuevos grupos.
Sin embargo, en la época anterior a la Segunda Guerra Mundial la autoridad y el liderazgo volvieron a ser conceptos centrales en las aulas, incluso en Suiza. En 1968 se inventó poco con respecto a la educación, pero se dio un nuevo impulso al concepto que se había venido gestando desde el siglo XIX, es decir, a la firme convicción de que los niños deberían poder desarrollarse en libertad.
“No le mandéis nunca nada, sea lo que sea, absolutamente nada, ni dejéis que imagine que pretendéis tener la más mínima autoridad sobre él”. Esas palabras no se deben a ningún fundador de una escuela alternativa creada después de 1968, sino al filósofo ginebrino Jean-Jacques Rousseau en su libro ‘Emilio o De la educación’ hace más de 250 años.
Traducción del alemán: José M. Wolff