Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05220.jsonl.gz/7

No leemos en el Nuevo Testamento acerca de ninguna reunión específica de los primeros cristianos con el propósito de estudiar juntos la Biblia. No obstante, hay muchas Escrituras que nos animan a tener tales reuniones regularmente. El pueblo de Dios necesita de instrucción en la verdad; los corderos y las ovejas de Cristo necesitan alimento, necesitan ser edificados en la verdad.
Una reunión informal para el estudio de la Palabra de Dios, como así también la lectura en conjunto, suplen estas necesidades de un modo sencillo y feliz.
En esta dispensación no debemos contar con el hallazgo de instrucciones definidas en el Nuevo Testamento en cuanto a los detalles de tales reuniones. El Espíritu Santo está en ellas para guiarnos. No hay que obstruir su actividad ni los canales que Él emplea. Si una determinada práctica está de acuerdo con los principios generales de las Escrituras y es para edificación, no necesitamos una autorización más amplia.
Como lo hemos dicho, hay Escrituras que nos señalan aspectos fundamentales de una reunión dedicada al estudio bíblico. Hebreos 10:25 nos exhorta a que no dejemos de reunirnos y nos anima a que nos exhortemos unos a otros, tanto más cuando vemos que aquel día se acerca. Ésta es una exhortación general tocante a reuniones de creyentes para varios propósitos. No obstante, es aplicable a reuniones dedicadas al estudio de las Escrituras y a la mutua exhortación.
Un ejemplo notable en cuanto a congregarse para leer las Escrituras se encuentra en Nehemías 8 y 9. Allí se dice que las gentes se congregaron en la plaza delante de la puerta de las aguas. Allí Esdras y sus colaboradores diariamente
Leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura
(Nehemías 8:8).
Durante la cuarta parte del día leyeron el libro y durante otra cuarta parte del día confesaron y adoraron (cap. 9:3).
Todos los aspectos fundamentales se hallan también en aquellas reuniones de Laodicea y de Colosas en las que se leyeron por primera vez las dos cartas del apóstol (Colosenses 4:16). Agreguemos a esto que el solo hecho de perseverar en la doctrina y comunión de los apóstoles, mencionado en Hechos 2:42, implica que los creyentes debieron de haber buscado habitual y diligentemente la presencia de los apóstoles. Por estar en contacto con esos hombres capacitados por el Espíritu Santo para transmitir y escuchar la lectura de las Escrituras del Antiguo Testamento, es necesariamente lógico pensar que tuvieron las ventajas y beneficios que podemos tener nosotros hoy en una reunión dedicada a la lectura y al estudio de la Biblia.
En tales reuniones los hijos de Dios se sientan juntos, cada uno con su Biblia, cada uno leyéndola sabiamente. Buscan los pasajes a los cuales se hace referencia. Todos los hermanos1 tienen la libertad de tomar parte para hacer comentarios o para hacer preguntas. Su propósito es leer una porción de las Escrituras y ayudarse uno a otro a entenderla y a entender cómo lo leído se aplica a nuestra vida. Estas reuniones para leer y entender las Escrituras han sido el medio de mucha bendición, especialmente durante el siglo pasado. En tales reuniones, de carácter sencillo e informal, muchas verdades preciosas fueron recuperadas después de siglos de olvido. Tales reuniones se realizaban en casas particulares o en cuartos y salas públicas. Estas verdades surgieron durante la sana discusión de los participantes y luego aparecieron como joyas en libros que en el siglo pasado y en el presente han instruido acerca de la Palabra de Dios a miles de lectores.
Las reuniones para leer la Biblia –conocidas también como reuniones de estudio bíblico– deberían tener el carácter de una reunión de familia. Es decir, los padres, los hombres jóvenes y los recién nacidos en Cristo se reúnen y encuentran interés, instrucción e inspiración. Esto resulta así debido al hecho de que se reúnen alrededor de la Palabra escrita y es el Espíritu Santo quien está presente para guiarlos a toda la verdad.
Es algo así como la cena de una familia unida, en la cual el alimento edificante y nutritivo es provisto para cada miembro, sea joven o viejo. Allí se provee la instrucción por medio de los que han crecido en Cristo y los maestros dotados comparten lo que han recogido de la Palabra. Allí también el niño en Cristo hace preguntas sobre las Escrituras. Tales preguntas a menudo imparten gran frescura y estímulo a la reunión. El resultado en tales casos es hacer resaltar mucha verdad: hay luz más resplandeciente, penetraciones más profundas y “comida a su tiempo” para el provecho de todos.
- 1Las hermanas no participan en forma audible (1 Corintios 14:34-38).
En esta clase de reunión el don de maestro es bastante útil y grato. Sin embargo, buena parte del beneficio se recoge cuando son varios los que expresan su conocimiento del pasaje puesto en consideración. Nadie tiene que desanimarse, aun cuando haya ausencia de dones entre ellos. El Señor bendecirá la lectura de su Palabra siempre que exista un deseo sincero de recibir algo de Él.
Proverbios 13:23 nos dice: “En el barbecho de los pobres hay mucho pan”. El pobre tal vez no tiene más que un instrumento roto para cultivar. El rico tiene herramienta moderna y eficiente. Pero es Dios quien da el crecimiento a ambos cultivos. El Espíritu Santo mora en todo cristiano, sea dotado o no. Es Él quien produce los alimentos, siempre y cuando nosotros seamos diligentes en cultivar el terreno de la Palabra de Dios. Pero sin trabajar y sin acudir a nuestros campos es imposible obtener provecho alguno.
Es muy provechoso dedicarse regularmente al estudio de los diferentes libros de la Biblia, especialmente los del Nuevo Testamento y dentro de ellos las epístolas. En éstas se encuentra la plena luz de la verdad para esta dispensación de la Iglesia. Tal consideración de la Biblia versículo por versículo, con oportunidades para intercambiar observaciones y preguntas, ha resultado sumamente provechosa. De esta forma los creyentes son “arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe” (Colosenses 2:7).
Son también de provecho los temas que dirigen los pensamientos a diferentes porciones de la Palabra. «El Espíritu Santo, su persona y su obra» es un ejemplo de tema.
Lo que uno aprende en una reunión de estudio bíblico es como el rocío que cae suave y silenciosamente. Uno apenas nota lo refrescante, estimulante y edificante de tales reuniones; pero el efecto benéfico se siente más tarde. En cambio, para los que buscan excitación y entretenimiento, un estudio bíblico puede parecerles monótono y aburrido.
Con el estudio bíblico sucede lo mismo que con todas las demás reuniones: son necesarias ciertas condiciones si se espera recibir bendición. También hay cosas que impiden que haya bendición y quitan a la reunión su frescura, utilidad y productividad. Si bien debe darse libertad para que todo hermano tome parte, se debe recordar que la libertad no es licencia. Un estudio bíblico no es ocasión para que uno hable solamente para ser oído o para ventilar sus ideas personales. Tampoco es oportunidad para hablar de cualquier asunto o de todas las cosas. Los que toman parte deberían hacerlo con sujeción al Espíritu Santo y “para edificación de la iglesia” (1 Corintios 14:12). En tal reunión las opiniones particulares y exageradas sobre las Escrituras deberían ser evaluadas a través de discusiones humildes, calmas y llenas del sincero deseo de aprender uno del otro.
También es necesario recordar la exhortación de Santiago 3:1: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros”, porque a veces hay, entre algunos hermanos, la tendencia a hacerse pasar por maestros competentes. En ocasiones el resultado es que la ignorancia suele ser la voz más clamorosa. El Señor mismo sienta un ejemplo maravilloso al tomar el lugar más humilde. Cuando joven fue hallado en medio de los doctores de la ley, “oyéndoles y preguntándoles”. Cuando las circunstancias lo requirieron, sus conocimientos también se desplegaron, porque “se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas” (Lucas 2:46-47).
De vez en cuando los que deberían hablar y exponer pensamientos provechosos se quedan callados. Para tales, la Palabra dice:
El que tuviere mi palabra, hable mi palabra con fidelidad
(Jeremías 23:28, V. M.).
El espíritu que tendría que caracterizar una reunión debería ser el de fidelidad.
El espíritu característico de tal reunión también debería ser de gozo, oración y sujeción humilde el uno respecto del otro. Además, debería prevalecer la presteza para recibir la Palabra de Dios con mansedumbre. Con esos requisitos tendría que coexistir un espíritu de verdadera dependencia respecto del Señor y no una dependencia de los instrumentos que Él desea usar para edificación.
Aunque los pensamientos fuera del tema a veces resultan provechosos, hay que tener cuidado de no desviarse del asunto que está en discusión. Cuando muchos participan, hay siempre tendencia a apartarse del tema. El resultado, en tales casos, es confusión de pensamiento y pérdida de bendiciones. Las cosas que hay que evitar son las largas discusiones de asuntos que no son de interés general y provecho mutuo. Cuando un asunto no se resuelve en un período razonable, es bueno aplazarlo hasta que haya más claridad y el Espíritu lo ilumine aun más.
Muchas veces, cuando las reuniones separadas para la oración y el estudio bíblico no son posibles o factibles, una combinación de las dos puede ser de gran provecho. Los que toman parte deberían tener en mente lo que es de beneficio común y no solamente de interés para los que hablan. La exhortación de 1 Corintios 14:9 (“palabras fáciles de entender”, según la versión Moderna) nos recuerda que todo cuanto sea dicho debe ser claro y comprensible. Lo antedicho presenta algunas de las condiciones necesarias para un estudio bíblico provechoso. Ojalá todos nosotros experimentemos más las bendiciones espirituales que proceden de los estudios bíblicos dirigidos por el Espíritu Santo.
Si nos basamos en 1 Corintios 14, vemos que es evidente el hecho de que la Iglesia apostólica tenía lo que podemos llamar «reuniones abiertas» para edificación, exhortación y consolación. Es decir, tenían reuniones en las cuales todos, a menos que hubiera alguna limitación en las Escrituras, tenían la libertad de edificar según les guiara el Espíritu de Dios. Esto se presenta claramente en los siguientes versículos:
Si habla alguno… sea esto por dos, o a lo más tres… Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados (v. 27-31).
Tal reunión ha de estar limitada a dos o tres participantes que tomen la palabra. Se hace así para que no haya confusión de pensamiento. A los que participan, se les exhorta a que todo se haga “para edificación” y “decentemente y con orden” (v. 26, 40). La «reunión abierta» es aquella en la cual se congregan los santos como asamblea. Allí esperan que el Señor dé la iniciativa y continúan dependiendo de Él para ministrar. No hay ningún arreglo previo en cuanto a conferenciantes, sino una absoluta dependencia de Él. Cuentan con el Señor para que sea Él quien les edifique a través de la persona que haya escogido. Si ninguno de los presentes se siente capaz de dar un mensaje que ocupe todo el tiempo, varios pueden hablar en su debido orden para la mutua edificación y provecho, tal como las Escrituras lo indican. Es de mucha importancia que una reunión de tal carácter se celebre para edificación y estímulo de la asamblea.
Los que sirven deberían procurar ser mayordomos fieles y sabios y dar a la familia de Dios “el alimento a tiempo”. El Señor busca tales servidores y dice: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Mateo 24:46; Lucas 12:43). No basta tan sólo con hablar correctamente según la Escritura o presentar un tema con elocuencia. El Señor quiere la presentación de mensajes que constituyan “el alimento a tiempo”, la palabra apropiada y oportuna para las necesidades de los congregados. Eso es lo que significa profetizar, don que 1 Corintios 14 declara el más importante, el que todos deberían procurar (v. 39). Profetizar quiere decir proclamar el sentir del Señor o, como Pedro escribe: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). Es dar un ministerio vivo en el poder del Espíritu Santo para llenar las necesidades de ese momento.
Hasta aquí hemos estado considerando las varias reuniones que son esencialmente reuniones de asamblea, las cuales, como ya lo hemos dicho, son: la reunión para el partimiento del pan y la oración, la reunión de oración, las reuniones de estudio bíblico y la reunión abierta para el ministerio. Estas reuniones pueden llamarse «reuniones de asamblea» o, usando las expresiones de las Escrituras, pueden ser llamadas también reuniones “en asamblea” o “toda la iglesia (asamblea)… reunida en un mismo lugar” (1 Corintios 11:18; 14:23, V. M.). Algunos, no obstante, no consideran que la reunión de estudio bíblico sea una reunión de asamblea. Tal vez podamos pensar de ella como una reunión de carácter más informal que las demás reuniones de la iglesia. En general, podemos decir que tales reuniones tienen ese carácter cuando se entiende que los hermanos se reúnen como asamblea y cuando las reuniones son aceptadas como tales.
Hay, sin embargo, otras reuniones, además de éstas, que deberían celebrarse en una congregación de creyentes. Nos referimos a reuniones llevadas a cabo por los que son competentes y las dirigen como consecuencia de sentir su responsabilidad personal delante del Señor. No se debe confundir estas reuniones con otras de la asamblea en las cuales los que son guiados por el Espíritu están en libertad de participar.
Las reuniones que Pablo tuvo en la sinagoga de Éfeso son ejemplos de reuniones dirigidas por un individuo. Otro ejemplo lo vemos en sus reuniones en la escuela de Tiranno (Hechos 19:8-10). Bajo este título hay reuniones para la predicación del Evangelio, escuela dominical, reuniones para niños y para jóvenes, clases bíblicas y reuniones de ministerio para creyentes. Ya que se ha explicado la diferencia entre las reuniones de asamblea y las dirigidas por individuos, consideremos ahora las características de estas reuniones especiales.