Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05328.jsonl.gz/42

Veinte años han transcurrido desde que el Banco Nacional de Suiza (BNS) anunció la última reforma a su estrategia de política monetaria. Actualmente, la necesidad de un cambio parece inevitable. Sin embargo, será imposible materializar una reforma de este tipo si no media previamente un debate público.
En materia de política monetaria en Suiza, los cambios respetan una tradición de larga data: en los años 30, fue necesaria una reforma cuando el patrón oro se había debilitado. Posteriormente, en los años 70, hubo cambios cuando el sistema de tipo de cambio fijo se desmoronó. En los 90, el Banco Nacional de Suiza (BNS) decidió abandonar su sistema de control de masa monetaria, pero la medida llegó tarde, como la evidenció un estudio publicado por Janique Weder en 2018. Esta vez, un cambio monetario se perfila nuevamente como inevitable, pero el BNS parece no estar listo a realizarlo.
El precio de lo anterior se pagará durante la próxima crisis. Pero vayamos por partes.
Durante la última modificación al sistema monetario, en el año 2000, el BNS decidió poner en marcha una política monetaria basada en el control de las tasas de interés. Estas se ajustan en función de la inflación.
Este sistema contribuyó a ralentizar la depreciación del franco comparado con lo que sucedía en los años precedentes. Mientras el billete de 100 francos había perdido 40 francos de poder adquisitivo real entre 1980 y el año 2000, solo retrocedió el equivalente a 7 francos desde que inició el milenio hasta la fecha. Los economistas dirán que el cambio de sistema del 2000 estabilizó la tasa inflacionaria en Suiza en niveles muy bajos (ver gráfico).
Pero esta inflación reducida se convirtió en un problema.
Otros bancos centrales tienen objetivos más flexibles
Desde el año 2000, el BNS intenta la llamada estabilidad de precios con tasas inferiores al 2% anual, en el terreno técnico se trata de un objetivo de fluctuación de entre 0 y 2%. Pero en un mensaje que dio el Gobierno helvético sobre la Ley de la Banca Nacional en el 2002, la meta fue más precisa, refiriendo que se considera que hay estabilidad de precios cuando la inflación es de “1%” al año.
En Europa, el objetivo es “inferior, pero cercano a 2%”; en Estados Unidos, es de 2%; en Japón y el Reino Unido, de entre 2 y 3%.
Esto significa que, para la mayoría de los bancos centrales del mundo, una inflación esperada del 0,7% es sinónimo de que llegó la hora de flexibilizar la política monetaria. Pero no para Suiza. La tasa inflacionaria de mediano plazo prevista para Suiza es, por lo tanto, mucho menor que en el extranjero.
Inflación baja, igual a tasas de interés bajas
Por otra parte, el BNS frecuentemente falla en la misión de alcanzar su propio objetivo de inflación. Del año 2000 a la fecha, la tasa inflacionaria suiza ha sido inferior al 1% en 83% de los meses transcurridos. Y en 25% de los casos, se ha han registrado inflaciones negativas (los precios se reducen en vez de aumentar).
¿Es un problema? Que la inflación sea muy baja ya es un problema es sí mismo, pero además se acompaña de otro fenómeno poco atractivo: tasas de interés igualmente bajas.
De acuerdo con el presidente del BNS, Thomas Jordan (2019): "si el dinero depositado en la cuenta de ahorros conserva su valor debido a una tasa (inflación) muy baja, los tipos de interés no tienen que compensar ninguna depreciación”.
Una visión que comparte el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), Jay Powwel, quien durante una conferencia de prensa destinada a hablar sobre tipos de interés expresó en mayo pasado que “uno de los problemas (de las tasas inflacionarias bajas) es que las tasas de interés son, frecuentemente, cercanas al límite de los tipos de interés cero”.
Y en este punto la cuña aprieta pues, si la inflación es baja, las tasas de interés también lo serán.
Los cartuchos han sido quemados
Las tasas de interés bajas son problemáticas porque en los ciclos en donde están presentes, como el actual, las posibilidades de una nueva reducción en los tipos de interés son limitadas. Si, por ejemplo, Suiza atravesara una crisis económica actualmente, el BNS ya no estaría en capacidad de reaccionar anunciando una reducción en los tipos de interés.
El cambio de sistema iniciado en el 2000 ha contribuido pues a impedir que el BNS ejerza una política monetaria estimulante. Y es un error sistémico que hará que las crisis por venir sean más largas y graves. De acuerdo con Jay Powell esta es una de las razones que explican que la FED esté revisando su propia estrategia monetaria.
Decidir aisladamente, ¿sigue siendo de actualidad?
Además de la Reserva Federal de los Estados Unidos, otros órganos de supervisión monetaria se han dado cuenta de que sería conveniente comenzar a analizar un cambio de sistema. Invitadas por la FED, universidades de renombre de todo el mundo se reunieron recientemente en Chicago para debatir propuestas innovadoras de una nueva política monetaria sostenible. Esta conferencia forma parte de una evaluación global que existe sobre la política monetaria estadounidense. El Banco Central de Canadá, por su parte, también realiza un análisis parecido en este momento.
Los debates públicos en Estados Unidos y Canadá contrastan con la posición de Suiza, ya que la dirección del BNS presenta su estrategia de política monetaria como sacrosanta. A lo sumo, los debates sobre un posible cambio en el sistema se realizan internamente. En este contexto, el BNS aparece como una caja negra. Y esto no hace justicia a la tradición suiza de debatir públicamente la que eligen los políticos.
*El autor, Fabio Canetg, Enlace externoes macroeconomista de la Universidad de Berna. Texto en colaboración con Michèle Nagel y Raphael Wewita.Fin del recuadro
Traducido del francés por Andrea Ornelas, swissinfo.ch