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Mi país no me ha enviado a más de 13.000 kilómetros para empezar una carrera. Me ha enviado a que la termine.
La historia de este corredor que participó en los Juegos Olímpicos de México 1968 es un claro ejemplo de tenacidad y constancia. Participó en la prueba de Maratón, y en el kilómetro 19 tuvo una caída en la que se hizo bastante daño pero que, a pesar de estar sangrando y con la rodilla medio dislocada, siguió corriendo. Llegó el último, una hora después que el ganador del maratón.
Cuando un periodista le preguntó por qué siguió corriendo, él le respondió con la frase de arriba. Cualquier simple mortal se hubiese rendido. Está claro que hay gente hecha de otra pasta.