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Un hombre rico invitó a muchos amigos a un banquete, pero ninguno llegó. Todos mandaron excusas, porque no querían ir. Las excusas eran sumamente absurdas. El primero dijo que había comprado un terreno y tenía que ir a verlo. ¿Cuál era el apuro? Otro dijo que acababa de comprar unos bueyes y tenía que ir a probarlos. ¿Por qué no dejar que los animales descansaran esa noche? Una tercera persona dijo que se acababa de casar y no podía ir. ¿Por qué no podía ir con la esposa?
Esta historia de la Biblia se encuentra en Lucas 14:15-24. Ella nos enseña algo de Dios y de nosotros mismos. Dios preparó costosamente un gran banquete para los pecadores que merecían ir al infierno. Este es el mensaje del Evangelio (que quiere decir «buenas nuevas»). Dios no excluye a nadie en su invitación (Marcos 16:15). “Toda criatura” puede ir al Señor. Millones ya han ido a Él y todavía hay lugar para muchas más.
Algunas personas piensan que el hecho de ser cristiano atrae tristeza en lugar de alegría. Pero en esa historia se había invitado a una fiesta con un banquete, no a un funeral. En Mateo 22:2 se nos dice que era una fiesta de bodas: un momento de mucha alegría.
Veamos algunas de las excusas que ponen los hombres para no aceptar la invitación del Evangelio, excusas que no tienen más valor que las del relato que acabamos de describir.