Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05216.jsonl.gz/36

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, en un evento en MOntreal el 13 de octubre de 2016(afp_tickers)
Un año después de ser elegido primer ministro de Canadá, Justin Trudeau ha inyectado una buena dosis de optimismo a sus compatriotas, proyectando en el extranjero la imagen de un país moderno y acogedor.
Desde su elección el 19 de octubre de 2015, Trudeau asumió el poder presentándose como unificador del país, tras una década de políticas conservadoras que crearon fracturas.
Trudeau, un liberal de 44 años, proclamó el "regreso de Canadá" en la escena internacional, restableciendo el multilateralismo que había abandonado su predecesor Stephen Harper.
En diciembre de 2015, uno de sus primeros actos en esa línea fue recibir en el aeropuerto a los primeros de los 31.000 refugiados sirios que Canadá recibiría, distribuyéndoles mantas y gorros.
Sedujo al público con su participación en múltiples cumbres. En París, Trudeau presentó a un Canadá más virtuoso, defendiendo el acuerdo sobre el clima, mientras hizo una intensa campaña para que su país sea un miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
También pondrá a disposición de las operaciones de paz de la ONU a 600 soldados canadienses.
En el plano nacional y a nombre de la defensa de los intereses de la clase media -promesa central de su campaña- Trudeau impulsó medidas fiscales para estimular una economía ralentizada, asumiendo el riesgo de que aumente el déficit fiscal.
Hijo del exprimer ministro Pierre Elliott Trudeau (1968-1979 y 1980-1984), una de las figuras políticas más importantes del siglo XX en Canadá, el dirigente liberal también encabezó una reconciliación con los pueblos indígenas, víctimas de la discriminación, y defendió los derechos individuales de la comunidad LGBT.
- Luna de miel -
Un año después de su elección, la luna de miel de Trudeau continúa con un 65% de los canadienses apoyando su gestión.
Pierre Gerlier Forest, profesor de la universidad de Calgary (sur) señala que hay un nexo entre el gobierno de Trudeau y el pueblo. "Sus valores reflejan bien lo que la gente espera de los políticos", observa.
"Una parte de su atractivo personal viene de su facilidad para entrar en contacto con la gente", explica Forest. "Él tiene eso que llamo 'el factor Hollywood'. Después de unos minutos, toda la sala gravita en torno a él".
El riesgo con la cultura de la celebridad en la política es que el estilo prima sobre la sustancia, subrayan sin embargo varios analistas.
"Cuanto más hablamos de sus apariencias y de sus hábitos personales, menos hablamos de las políticas del gobierno", opina Alex Marland, politólogo en la universidad Memorial de Saint-Jean de Terre-Neuve (este), sobre Trudeau y su esposa, Sophie Grégoire Trudeau.
En contraste, para Duff Conacher, cofundador del grupo de presión canadiense Democracy Watch, Trudeau "es el único dirigente liberal en la escena mundial". El experto destaca los llamados a la "aceptación del otro" de Trudeau, en momentos que aumenta el proteccionismo populista y la antinmigración en Europa y Estados Unidos.
El primer ministro ha desmantelado y reemplazado las políticas del gobierno conservador precedente.
"Obviamente, cuando se presenta en la escena internacional, tiene más resonancia y consigue más titulares porque eso viene después de diez años de políticas diametralmente opuestas", opina Conacher.
Hay pocas otras voces en el mundo actual que abogan por la apertura, según Forrest.
"Es difícil considerarlo a François Hollande (el presidente de Francia) como muy inspirador, al igual que a Mariano Rajoy (el jefe del gobierno) en España, o a (la primera ministra) Theresa May en Reino Unido, o incluso a Hillary Clinton (candidata presidencial demócrata de Estados Unidos)", subraya Forest.
"Entonces, el mundo necesita un Trudeau para hacer escuchar una fuerte voz liberal y contrarrestar el avance de la derecha", añade.
AFP