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La gloria y la prosperidad de David repercutieron en sus vecinos. Unos, como Hiram y su pueblo, buscan el favor y la amistad del rey de Israel; otros, como los filisteos, no se desarman. Notemos que, conforme al carácter de «las Crónicas», aquí no se trata de la culpable colaboración de David con Akis (1 Samuel 27-29), salvo la discreta alusión de 1 Crónicas 12:19.
El vencedor de Goliat sube, pues, dos veces contra los filisteos, no sin primeramente consultar a Dios en cada ocasión. Una vez más insistimos en esa actitud de humildad. David no tiene confianza en su capacidad de jefe, no se fía en su experiencia militar para decidir la táctica que conviene adoptar. Cuando el enemigo sube contra nosotros para buscarnos (v. 8), nuestro primer reflejo ¿es interrogar a Dios acerca de la manera en que podremos vencer? No tengamos confianza en nuestra propia sabiduría, y antes de enfrentar al adversario o de tomar cualquier decisión, pidámosle al Señor sus directivas y socorro. La mayoría de nuestras derrotas ante el gran enemigo no tiene otra explicación que esta: olvidamos buscar el pensamiento del Señor.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"