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El siglo XVIII fue una época pacífica desde el punto de vista de la política exterior, porque tras la Guerra de Villmergen de 1712 las tensiones confesionales fueron perdiendo peso. No obstante, en los cantones se manifestó en ciertos lugares la resistencia contra el monopolio de poder que ejercían pequeños grupos.
El siglo XVIII estuvo caracterizado por grandes cambios en la agricultura y por el surgimiento de una industria familiar basada en la división del trabajo, sobre todo en la producción textil y la relojería. Las sociedades ilustradas se dedicaban a cuestiones económicas, pero también a la enseñanza y al nuevo patriotismo, proyectado ya no a los cantones sino a la nación. Con ello los ilustrados no solo franquearon las fronteras confesionales, sino que se volcaron en un intenso intercambio de ideas con sus correligionarios extranjeros. Algunos de entre ellos también encontraron allí los sustentos necesarios para vivir que no encontraron en Suiza, como por ejemplo el historiador escafusano Johannes von Müller.