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Las empresas suizas que utilizaron el sistema de trabajo forzoso en la Segunda Guerra Mundial tienen plazo hasta este viernes para unirse al acuerdo global de compensación a las víctimas del Holocausto. El límite fue fijado por el juez Edward Korman.
En 1998, dos importantes bancos suizos, la Sociedad de la Banca Suiza (hoy fusionada en el UBS) y el Credit Suisse firmaron con varias organizaciones judías un acuerdo global que determina el pago único de 1.250 millones de dólares a los titulares de cuentas no reclamadas de la era nazi. A cambio fue retirada una demanda colectiva.
El convenio, refrendado el mes pasado por el juez distrital de Nueva York, Edward Korman, puede ser aplicado ahora elaborando el plan de distribución de la suma señalada.
El magistrado estadounidense dispuso también que las empresas suizas, cuyas filiales alemanas recurrieron al trabajo forzado en la Segunda Guerra Mundial, lo comuniquen hasta este viernes (25.08) y actúen en correspondencia, contribuyendo a los fondos creados para indemnizar a las víctimas. De tal manera evitarían la posibilidad de una acción legal futura.
Numerosas firmas helvéticas se han unido ya al acuerdo global y al fondo creado por la economía alemana con los mismos fines. Novartis Alemania, Asea Brown Boveri, BBC Mannheim, Lonza y las filiales de Alussuisse, entre otras, respaldan la iniciativa de compensar a quienes fueron obligados a trabajar en la era nazi.
Un poco de historia
Entre 1940 y 1945, las empresas pertenecientes a suizos ocuparon a un mínimo de 11.000 trabajadores forzosos en Alemania. El número total efectivo es mucho más elevado, según las averiguaciones realizadas en más de 70 empresas.
Estos datos provienen de documentos de archivo de las empresas, así como del Estado, ciudades y distritos alemanes. Otras cifras están contenidas en los archivos de los Aliados. Numerosas empresas pequeñas y medianas no fueron tomadas en cuenta, así como firmas helvéticas en Alsacia y Voralberg.
Unos ocho millones de civiles prisioneros de guerra y detenidos en campos de concentración - provenientes de una veintena de países europeos - trabajaron en muchas empresas del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de ellos por la fuerza. Fueron internados en 30.000 campos.
Falta de mano de obra
Casi todas las empresas industriales que estaban en condiciones de producir desde 1943 eran consideradas indispensables para los esfuerzos de guerra del régimen nazi. Los contingentes de los trabajadores forzosos eran reservados para esta categoría de firmas. Su producción solía obedecer órdenes superiores impuestas.
La justificación económica era la falta de mano de obra, porque los hombres alemanes se encontraban en el frente de batalla, y en el plano ideológico era aprovechar el trabajo de personas "inferiores": judíos, europeos del Este, rusos, opositores políticos, homosexuales y gitanos.
Rendimiento bajo
Los documentos certifican el aporte de 8.709 trabajadores forzosos asignados sólo a tres de las empresas principales concernidas: Holding Aluminium-Industrie Gesellschaft (hoy Algroup, 4.994 personas), BBC (2.008) y Georg Fischer (1.797).
Numerosas empresas, entre ellas muchas suizas, dudaron al principio sobre la conveniencia de emplear trabajadores forzosos. El rendimiento de esta mano de obra, a menudo poco calificada y enferma, era bajo. Pero cuanto más duraba la guerra, mayor era la necesidad de esta reserva para seguir produciendo.
Tratamiento diverso
El trato reservado a los trabajadores forzosos variaba de una empresa a otra, iba desde la participación voluntaria hasta la esclavitud.
Las condiciones de trabajo podían ser "familiares" en las pequeñas explotaciones, a veces de campesinos, donde nacían lazos de amistad durables. Pero la crueldad alcanzaba extremos mortales en las empresas que empleaban detenidos de los campos de trabajo o de concentración.
El trato dependía igualmente de la calidad y del origen de los interesados. Las condiciones más "aceptables" estaban reservadas a los trabajadores de Occidente, a los franceses, por ejemplo. Los del Este, como los polacos, eran más maltratados y los soviéticos eran tratados, simple y llanamente, como sub-humanos.
Baja ventaja salarial
Las empresas en manos de suizos sacaron poco provecho del sistema salarial. Los trabajadores de Occidente recibían sueldos comparables a los de los alemanes, mientras que a los del Este apenas les quedaba algo porque el Estado les imponía tasas tributarias demasiado altas.
Los productos considerados importantes para la guerra eran el armamento y los alimentarios. Georg Fischer proporcionaba piezas para granadas y Aluisse los productos metalúrgicos. La producción alimentaria para el ejército tenía carácter prioritario y provenía de Nestlé y Maggi.
Renunciar al trabajo forzoso significaba para las empresas graves dificultades e incluso la bancarrota. A pesar de ello, la filial suiza de transportes energéticos, KWR, en Rheinfelden, Baden, jamás aceptó esa posibilidad. Paradógicamente, junto a ella, la firma Alu Rheinfelden prefirió hacer trabajar a prisioneros de guerra soviéticos hasta la extenuación.
En el reencuentro con ese capítulo de la historia, los actores económicos y políticos intentan corregir los errores de entonces.
swissinfo y agencias.