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Muchos extranjeros se sorprenden de que la ciudad de Berna sea la capital de Suiza. Verían más lógicamente ese rol en Zúrich, la laboriosa o en Ginebra, la internacional. Pero fue precisamente para evitar una excesiva concentración de poder que Berna fue elegida como “ciudad federal” hace exactamente 170 años.
Berlín, Londres, Madrid, Moscú, Bratislava o incluso Reikiavik.... Independientemente de su tamaño o su poder, casi todos los países europeos siguieron la misma regla: hicieron de su ciudad más grande su capital. Bueno, casi todos, porque Suiza es una excepción.
Berna no es en absoluto la ciudad más poblada del país.
Y aunque pensemos en términos de región, la aglomeración bernesa sigue siendo mucho más pequeña que aquellas de Zúrich, Basilea o Ginebra.
Muchos extranjeros creen que la capital de Suiza está situada en Zúrich, el centro económico del país, o en Ginebra, que alberga la sede europea de las Naciones Unidas y de muchas organizaciones internacionales.
Capital rotativa
A diferencia de muchos otros países, Suiza no tuvo una capital real durante mucho tiempo. Eso se debe al hecho de que el país ha sido durante mucho tiempo una Confederación, es decir, una asociación de Estados independientes (cantones) agrupados en un marco más amplio, pero sin ninguna unidad real.
Desde la creación de la Confederación (1291) hasta el final del Antiguo Régimen (1798), se puede considerar que la capital de Suiza era el lugar en el que se reunía la Dieta Federal, es decir, una asamblea en la que los cantones miembros de la Confederación debatían temas comunes.
Ese lugar no era fijo. La Dieta se celebraba, según la época, en Zúrich, Lucerna, Baden, Frauenfeld e incluso a veces en Constanza, ciudad que no formaba parte de la Confederación.
Tentativa de centralización
Tras la invasión de Suiza por la Francia republicana (1798), la efímera República Helvética (1798-1803) concretizó sus ideas centralizadoras, en particular estableciendo una capital para el nuevo Estado, primero en Aarau y luego en Lucerna. Pero esos dos intentos duraron solamente unos meses.
Para poner fin a los disturbios en la República Helvética, Napoleón Bonaparte reconstituyó la Confederación con el Acta de Mediación de 1803. La Dieta Federal fue acogida entonces en seis cantones llamados cantones directores (Friburgo, Solothurn, Lucerna, Berna, Zúrich y Basilea) según una rotación de un año.
Durante la Restauración que siguió a la era napoleónica, este sistema se mantuvo, pero con solamente tres cantones directores: Berna, Zúrich y Lucerna.
Elección de una “ciudad federal”
En 1848, cuando se estableció el nuevo Estado federal, se planteó de nuevo la cuestión de una capital. El 28 de noviembre de 1848, la mayoría de los miembros del nuevo Parlamento federal votó a favor de Berna, en detrimento de Zúrich y Lucerna.
Para respetar el equilibrio, los parlamentarios no quisieron dar demasiado peso a Zúrich, ya entonces, era el principal centro económico del país. Tampoco era cuestión de optar por Lucerna, el líder de los cantones que se habían opuesto a la creación del nuevo Estado federal. En cuanto a Berna, tenía la ventaja de estar situada en el centro, de contar con el apoyo de los cantones de habla francesa y de ofrecer los terrenos necesarios de forma gratuita.
En ninguna parte está estipulado que Berna es la capital de Suiza. Simplemente, dos artículos legislativos -el artículo 32 de la Ley de la Asamblea Federal y el artículo 58 de la Ley de organización del gobierno y la administración- especifican que el Parlamento federal tiene su sede en Berna y que esta ciudad alberga al Gobierno, a los ministerios y la Cancillería federal.
Así, con la presencia en su territorio del Parlamento y del Gobierno, así como de embajadas extranjeras, Berna es bien y bonito la capital de Suiza.
Traducido del francés por Marcela Águila Rubín