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Esta temporada invernal, por primera vez en 90 años, las mujeres tuvieron acceso gratuito al temido tobogán 'Cresta Run', una de las escasas pistas de skeleton que se encuentra en St. Moritz.
La histórica pista de hielo del lujoso centro turístico de St. Moritz, ubicada en la parte alta del valle Engadina, tiene el tobogán más famoso y desafiante del mundo. Sin embargo, fue un bastión deportivo exclusivamente masculino hasta el 2018, año en el que el club a cargo de esta actividad decidió abrir sus puertas a las mujeres.
Una decisión que, no obstante, podría ser revisada nuevamente dentro de dos años, según Gary Lowe, secretario del club. La realidad es que las mujeres compitieron en igualdad de condiciones que los hombres hasta la década de los 20, cuando empezó a considerarse que podía ser médicamente riesgoso. Esto explica que, durante las últimas décadas las mujeres solo tuvieran permitido competir durante el llamado 'Día de las damas', exclusivamente al final de la temporada invernal y en la parte baja del tobogán.
Cresta Run fue construida con hielo natural, por primera vez, a finales del siglo XIX. Fue erigida en el invierno 1884/1885 por Major Bulpetts, fundador del Club de Tobogán de St. Moritz (SMTC), y la gente del lugarEnlace externo.
Desde entonces, cada año se rehace desde cero respetando los contornos naturales del valle. Los participantes se lanzan de cabeza sobre una estrecha pista de hielo, subidos en un pequeño trineo conocido bajo el nombre de skeleton. Durante el descenso se alcanzan velocidades de hasta 130 kilómetros por hora.
Las carreras con el skeleton en la pista Cresta 'son para aficionados y son el origen de la disciplina olímpica también conocida bajo el mismo nombre.
El descenso en la 'Cresta Run' fue vital para el desarrollo de este deporte olímpico. La carrera con ese nombre y solo para varones se integró al programa de los Juegos Olímpicos de St. Moritz en 1928 y 1948, luego fue retirada y reapareció para hombres y mujeres en Salt Lake City en 2002.
La versión olímpica se practica en un tobogán de hielo y no requiere técnicas de descenso o pilotaje particulares, que sí exige la serpenteante Cresta Run. No todas las curveadas orillas de St. Mortiz son lo suficientemente altas como para evitar que los participantes se salgan de la pista de hielo.
A la entrada de la casa club se encuentra un skeleton con todas las piezas que han debido ser remplazadas luego de que sus conductores erraran algún movimiento en su ruta. Hasta hoy, cinco personas han muerto. Una de ellas fue el experimentado Ralph Hubbard, un británico septuagenario que se fracturó el cuello en el 2017 al descarrillar en una cerrada curva del recorrido conocida como ‘Shuttlecock’.
Todos aquellos que logran salir ilesos de esta curva se vuelven miembros del legendario ‘Club Shuttlecock’. Otras personas han sufrido fracturas de cuello, espalda, dedos, pies y cadera. Aquellas que se atreven a realizar el descenso deben participar antes en una “plática de la muerte”, una conversación introductoria que imparte Gary Lowe, quien advierte claramente sobre los riesgos de este desafío.
Los británicos crearon la acción
St. Moritz ha sido un lugar de esparcimiento para ricos y famosos desde 1864, año en el que se convirtió en cuna de los deportes de invierno y del turismo alpino. Aquel otoño, el hotelero Johannes Badrutt decidió abrir su hotel a algunos huéspedes británicos de la aristocracia para que pasaran ahí sus vacaciones de invierno. Su oferta era clara: si no les gustaba, él absorbería todos los gastos. Hasta entonces St. Moritz solo había sido un modesto destino de senderismo veraniego.
Uno de los primeros deportes que practicaron los británicos en este sitio fue el descenso en tobogán. Un grupo de entusiastas se animó a construir la hoy emblemática Cresta Run en el invierno 1884/1885. Les tomó casi nueve semanas completarla. Fueron dirigidos por otro británico, el mayor Bulpett, quien también fundo el St. Moritz Tobogganing Club (SMTC), que es el responsable de reconstruir cada año este empinado y serpenteante pasaje. El asunto sigue teniendo un sello muy británico, los anuncios se hacen en inglés, y una gran cantidad de participantes utilizan ropa deportiva clásica de la época en la que esta práctica fue creada. Otra famosa institución deportiva iniciada por los precursores del tobogán es el Olympic Bob Run, construido en 1904, muy cerca de Cresta Run.
La fama sobre los primores de St. Mortitz se extendió rápidamente. El Badrutt’s Palace Hotel fue construido en 1896 con forma de castillo en un acantilado con vista al lago, para alegría de los turistas ricos que querían escapar de la nublada ciudad de Londres. Hoy, este sitio alpino se mantiene como un punto de encuentro de acaudalados y famosos turistas internacionales y ha sido sede recientemente de todos los festejos relacionados con la boda de una millonaria familia india.
Tiempos modernos
swissinfo.chEnlace externo fue a St. Mortiz para reunirse con algunas de las mujeres que se preparan para lanzarse en picada por la traicionera pista helada de Cran Run. Entrevistamos a participantes internacionales como Carina Evans, de Gran Bretaña, quien se convirtió en 1929 en la primera mujer en realizar el descenso íntegro. Y también a Karin Kuhn, de Zúrich, quien ha asistido a la cita anual para mujeres desde hace 20 años. Nos encontramos también con principiantes que pagaron 600 francos suizos (595 dólares) para realizar un descenso acompañadas de un “gurú” o tutor, y otras que decidieron bajar sin ayuda de ningún experto. El miedo se hace palpable cuando se preparan para su primer descenso, utilizan protecciones para manos, brazos, casco y botas con refuerzos en las puntas que actúan como frenos.
(Traducción del inglés: Andrea Ornelas)