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Cuando se celebran elecciones y votaciones en Suiza, el voto de un zuriqués cuenta menos que el de un ciudadano de Appenzell. La cámara alta y la denominada doble mayoría de votos –de la población y de los cantones– otorgan a los pequeños cantones más peso del que les correspondería por densidad poblacional. ¿Se justifica hoy aún esa ponderación?
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Después de la elección de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la noticia de que Hillary Clinton, derrotada, había obtenido cerca de 2,9 millones de votos más que él causó consternación.
Este extraño fenómeno se debe al sistema electoral estadounidense: los estados menos poblados tienen más electores per cápita que los más poblados, que en su mayoría son urbanos. Esta medida está destinada a proteger a la población rural contra el predominio de los centros urbanos.
En Suiza existen mecanismos federalistas similares. Concretamente hay dos elementos que otorgan a los pequeños cantones más peso del que les correspondería por densidad poblacional:
- Consejo de los Estados: La cámara alta está compuesta por dos representantes por cantón y un representante por semicantón, independientemente de cuantos habitantes tengan.
- Mayoría de cantones: Para cualquier cambio en la Constitución se necesita no solo que la mayoría de la población apruebe la propuesta, sino también la mayoría de los cantones. A veces una mayoría de la población está a favor, y la mayoría de los cantones en contra, por lo que no puede ser adoptada. Se habla entonces de que la propuesta fracasó por la falta de doble mayoría. Esto significa que, teóricamente, el 9% de los electores suizos (los que viven en los cantones pequeños) pueden vetar una propuesta. El voto de un ciudadano del semicantón de Appenzell Rodas Exteriores pesa alrededor de 44 veces más que el de un suizo de Zúrich.
En Suiza, la mayoría de los cantones pequeños se concentran en las regiones rurales, mientras que los cantones urbanos cuentan con más población y crecen constantemente. En otras palabras: el federalismo helvético privilegia a la población rural.
Brecha campo-ciudad
Esto resulta especialmente problemático, porque los centros urbanos y las regiones rurales votan de forma distinta. Las ciudades tienden a votar más a la izquierda, mientras que los pueblos y las periferias urbanas se identifican más con la derecha o el centroderecha.
El politólogo y bloguero Sandro Lüscher ha analizado las votaciones celebradas entre 2007 y finales de 2016 para comparar los resultados de la ciudad de Zúrich con los del conjunto del país. Resultado: la diferencia de votos a favor variaba en promedio un 9,2%. En 16 de 82 casos, que equivale aproximadamente al 19,5% de las votaciones, los zuriqueses fueron derrotados por la mayoría del resto del país: “En una de cada cinco votaciones nacionales, los ciudadanos de Zúrich no votaron como la mayoría”, escribe Lüscher.
En Zúrich, Lucerna y Berna se ha barajado incluso la idea de crear semicantones urbanos, dado que la población rural no vota igual que la urbana.
No herir susceptibilidades
¿Por qué Suiza optó por un sistema que da el mismo peso al voto de todos los ciudadanos? Las razones son históricas. Después de que los cantones católicos perdieran en 1847 la Guerra del Sonderbund, una guerra civil que dejó cerca de 150 muertos, se les propuso la cláusula de la mayoría de los cantones para convencerles de que se adhirieran al Estado Federal. Además, la Constitución de 1848 establece que los cantones son entidades estatales, cosa que en gran parte perdura hasta hoy.
Para Rainer J. SchweizerEnlace externo, profesor emérito de Derecho Público, la principal razón de que se mantuviera este sistema son los cantones francófonos. “En el marco de la revisión total de la Constitución Federal de 1872/74 ya se debatió si procedía atribuir a los cantones un número diferente de votos en el cálculo de la mayoría de los cantones y de escaños en el Consejo de los Estados [cámara alta]”. Pero la medida se rechazó por consideración a los cantones francófonos y hasta hoy no ha cambiado. "Cabe recordar que todos los intentos para otorgar a cada uno de los semicantones de Basilea [Basilea-Campo y Basilea-Ciudad] dos escaños en la cámara alta, o dos votos cuando se calcula la mayoría de cantones [en los casos que se requiere doble mayoría de votos, de población y cantones], han fracasado porque habría menguado el peso de los cantones de habla francesa”.
Schweizer explica que la población ha aumentado mucho en algunos cantones “y esto hace que la igualdad esquemática de los cantones sea difícil de comprender”. En su opinión, cualquier ponderación peso de los cantones a favor de una mayor proporcionalidad conduciría a debates interminables. Y como para abolir el principio de la doble mayoría de los cantones se necesita que la mayoría de ellos lo aprueban, es bastante improbable que los cantones pequeños opten voluntariamente por limitar su poder.
¿Protección de la minoría?
Los cantones pequeños y francófonos se oponen a una ponderación con base en la población. Y no les falta razón. A fin de cuentas no tienen los mismos intereses que los cantones urbanos y de habla alemana.
Dicho de forma exagerada: se trata de elegir entre una dictadura de la mayoría o una dictadura de la minoría. Según el principio de ‘una persona, un voto’, los cantones densamente poblados –como Zúrich, Berna, Vaud y Argovia– podrían derrotar regularmente por mayoría a los cantones pequeños como Glarus, Jura, Schaffhausen o Uri.
Y la Suiza de habla alemana, podría imponerse tranquilamente a la Suiza latina, ya que más del 70% de la población helvética habla alemán.
En cambio, si se privilegia a los cantones pequeños, una minoría se impondrá a la mayoría. Un dilema difícil de resolver, por lo menos en un país tan heterogéneo como Suiza.
¿Qué considera más justo? ¿La premisa ‘una persona, un voto’ o una mayor ponderación de las minorías? Su opinión nos interesa.
Traducción del alemán: Belén Couceiro