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Después de la votación sobre la independencia de Cataluña el 1 de octubre y la escalada de tensiones con el gobierno de Madrid, España se enfrenta a una democracia hecha añicos. Para el politólogo Wolf Linder, las soluciones de autonomía, federalismo o secesión, en este momento, parecen improbables. ¿El primer paso? Restablecer la confianza entre las partes para alcanzar un compromiso.
swissinfo.ch: ¿Qué pensó cuando vio las imágenes de Cataluña en el referéndum sobre la independencia?
Wolf Linder: Sentí miedo, como todo el mundo. No solo por la violencia de la policía española contra los votantes catalanes, sino también porque las imágenes muestran una profunda fractura social y política entre Cataluña y el gobierno central.
swissinfo.ch: ¿Por qué Cataluña quiere separarse de España?
W.L.: A menudo se dice que los catalanes pagan al Estado más de lo que reciben. Pero el movimiento independentista tiene una larga historia y va más allá de una cuestión puramente económica. Se remonta, como mínimo, a 1714 cuando Barcelona cayó en manos de los Borbones de España, una época que marca el fin de una relativa autonomía de Cataluña. A finales del siglo XIX, durante la Primera República, recuperó su autonomía que volvió a perderla con la llegada de Franco al poder (1939). Durante el franquismo se disolvieron todas las instituciones políticas y se prohibió la lengua catalana.
En 1980, cinco años después de la muerte de Franco, Cataluña oficialmente es reconocida como comunidad autónoma. En 2006, en el trascurso del proceso de democratización en España, los catalanes aprobaron la reforma de su Estatuto de Autonomía dando a Cataluña más poderes, entre ellos la creación de un sistema de financiación propio.
En 2010, el Tribunal Constitucional español anuló varios artículos de ese nuevo Estatuto de Autonomía. La centralización resultante recrudece el conflicto. Para los catalanes es una cuestión de identidad: quieren preservar sus instituciones, su lengua y su cultura.
swissinfo.ch: ¿Existe el derecho de secesión para los catalanes?
W.L.: Según la ley española, no tienen derecho a separarse. La Constitución es clara en este sentido. Y el derecho internacional no proporciona una respuesta nítida a esta cuestión. Por un lado, no prevé ningún derecho de secesión, pero por otro, existe un derecho a la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, el derecho internacional no juega un papel importante a este respecto y los factores decisivos son las constelaciones de poder. Alemania, Suiza y Estados Unidos rápidamente reconocieron a Kosovo como un estado independiente porque les convenía. Los catalanes, sin embargo, están en una posición desfavorable porque no tienen aliados internacionales.
La Unión Europea (que a menudo se espera que medie en muchas áreas) no tiene ningún interés o instrumento para intervenir en los asuntos internos de España. Bruselas considera que debe respetar la integridad territorial de sus Estados miembros.
swissinfo.ch: Referéndums por la independencia en Cataluña y Escocia. Reivindicaciones de autonomía en Lombardía. Divisiones en Bélgica. ¿La Unión Europea (UE) está amenazada por las regiones?
W.L.: Las aspiraciones de autonomía no se limitan a España. Sin embargo, siempre que se trata de un asunto interno de un Estado miembro, la UE no interviene directamente. Ya declaró que en caso de que Escocia se independizara no sería anexada sin más, sino que tendría que solicitar su adhesión a la UE.
swissinfo.ch: Volviendo a España, ¿qué soluciones podrían haberse tomado para evitar esta espiral?
W.L.: Yo veo tres posibilidades: la autonomía, el federalismo y la secesión. El fortalecimiento de la autonomía catalana sería la opción más pobre, pero también la más factible a corto plazo. Habría que comenzar con la autonomía financiera, es decir, con la soberanía fiscal. En Suiza, el rico cantón de Zúrich todos los años da grandes cantidades de dinero a los cantones económicamente más débiles, como Uri y Berna. Sin embargo, esta mayor solidaridad entre regiones solo puede surgir si no es decretada por el Estado central y, en cambio, todos los interesados se implican en buscar una solución y deciden de mutuo acuerdo.
swissinfo.ch:¿Qué forma podría adoptar una España federalista?
W.L.: El federalismo permitiría la máxima autonomía y que los diferentes actores participaran en decisiones importantes. Sin embargo, la Constitución Española debe modificarse en este sentido y en la actualidad está fuera de toda consideración, porque las élites políticas del gobierno central sienten que la unidad de España está amenazada, por lo que se niegan a dar más poder a las regiones.
swissinfo.ch:La Constitución Española no prevé la independencia de una región. Esta cuestión también se debatió en Suiza, donde los separatistas del cantón del Jura proponían anexionarse a Francia en la década de 1970.
W.L.: Estamos efectivamente ante una paradoja: cuando la posibilidad de separarse está prevista en la Constitución, al final no se materializa. Es lo que ocurrió en Escocia y en Canadá. Dado que en estos países el derecho a la secesión existe, el gobierno central se ve obligado a negociar con los estados federales una solución. Escocia y Quebec confirmaron su pertenencia a Gran Bretaña y Canadá, respectivamente, por votación popular.
La cuestión del Jura es un ejemplo muy ilustrativo. Si Roland Béguelin y su movimiento separatista al principio se pronunciaron a favor de una anexión a Francia, al final consideraron sus reivindicaciones a la baja creando un nuevo cantón.
Es interesante revisar los debates de la época. Berna dio al cantón del Jura la posibilidad de separarse. Sin embargo, la decisión no la tomaron las élites políticas, sino el pueblo. Cada distrito en el que la mayoría de la población votó a favor de la separación debía participar en la creación del nuevo cantón del Jura. Pero, a fin de cuentas, correspondió al conjunto del pueblo suizo decidir si reconocía el Jura como un nuevo cantón en la Constitución suiza. Y todos los cantones votaron a favor.
Los catalanes han tomado un buen punto de partida, pero probablemente con un ritmo equivocado. Sin embargo, la decisión de someter esta cuestión a la población era la correcta.
swissinfo.ch: Después de esta ruptura democrática, ¿cuáles son los próximos pasos?
En el corto plazo, son soluciones de autonomía, federalismo o secesión improbables. Se necesitan medidas para restaurar la confianza, de manera que los líderes políticos de ambas partes puedan retomar el diálogo. En segundo lugar, ambas partes deben reducir sus demandas: Cataluña podría abandonar sus exigencias secesionistas y el gobierno central debería dejar de insistir obstinadamente en los principios constitucionales sin escuchar las necesidades de los catalanes. Para encontrar una solución pacífica al conflicto hará falta una generación; creo que 20 años, como mínimo.
Traducción del francés: Lupe Calvo