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SEÚL – El sistema de Corea del Norte está fallando. El país se enfrenta a graves restricciones de energía, y su economía se ha estancado desde el año 1990, con un ingreso per cápita anual estimado de $1,800, que es un monto que sobrepasa por poco el 5% del ingreso per cápita de Corea del Sur. Además, la escasez de alimentos ha dejado a 24 millones de norcoreanos sufriendo de hambre, y más de 25 de cada 1.000 recién nacidos mueren cada año, en comparación con cuatro en Corea del sur. Con el fin de sobrevivir, la economía más centralizada y cerrada del mundo, tendrá que abrirse.
Una Corea del Norte más próspera y dinámica – junto con paz y estabilidad en la Península Coreana – serviría, no solamente a los intereses de la propia Corea del Norte, sino que también a aquellos de sus países vecinos y de la comunidad internacional en general. Después de todo, el colapso repentino de Corea del Norte o un conflicto militar en la península socavarían la seguridad regional, y simultáneamente atribularían a los países vecinos con millones de refugiados y cientos de miles de millones de dólares en costos de reconstrucción.
Esto debería instar a que las instituciones internacionales y los vecinos de Corea del Norte proporcionen la ayuda alimentaria, la asistencia técnica la inversión directa que el país necesita para escapar de su difícil situación actual y para que realizar su transición hacia una economía de mercado. Pero, sigue habiendo importantes obstáculos para dicha cooperación – entre ellos las políticas oscuras y a menudo impredecibles del Norte, ejemplificadas por la reciente ejecución de Jang Song- thaek, quien fue poderoso líder del país y tío de Kim Jong –un.
La buena noticia es que el liderazgo de Corea del Norte parece entender que sus problemas actuales derivan de su sistema económico ineficiente. En discursos recientes, Kim ha hecho hincapié en la necesidad de una reforma económica y de una apertura con el fin de desarrollar la agricultura y las industrias manufactureras intensivas en mano de obra.
Además, en un intento por atraer la inversión extranjera, el gobierno ha anunciado la creación de 14 nuevas zonas económicas especiales. Aunque solamente sea por un sentido de auto-preservación, los líderes políticos y militares de Corea del Norte están dispuestos a apoyar este esfuerzo, siempre y cuando no menoscabe su poder o la seguridad nacional.
Oficialmente, Corea del Norte comenzó su apertura a los inversionistas extranjeros en el año 1984, cuando el Gobierno promulgó la Ley de Sociedades de Riesgo Compartido Internacionales, tras el éxito de una ley similar en China. En 1993, Corea del Norte continuó con este esfuerzo mediante el establecimiento de la zona especial económica y de comercio Rajin – Sonbong. Sin embargo, estas iniciativas aún no han dado resultados significativos, ya que los inversionistas extranjeros se encuentran recelosos de operar en un país que carece de credibilidad en cuanto a sus políticas económicas, y que no tiene la infraestructura física e institucional necesaria para apoyar proyectos de gran envergadura.
Corea del Norte ahora debe seguir los ejemplos de Vietnam y China; es decir, la introducción de reformas, como la desregulación, la liberalización, la privatización y la estabilización macroeconómica, mientras que al mismo tiempo desarrolle un nuevo sistema jurídico y nuevas instituciones. Este tipo de políticas económicas basadas en el mercado, orientadas hacia el exterior son un requisito previo para el crecimiento económico a largo plazo.
El país ciertamente no carece de potencial de crecimiento. Mientras que Corea del Norte no tiene la base agrícola que inicialmente impulsó las reformas en China y Vietnam, sí tiene ventajas geográficas, como por ejemplo puertos marítimos naturales y ricos recursos minerales, que pueden hacer que el país vaya tras el logro del crecimiento impulsado por las exportaciones.
Por otra parte, la abundancia relativa de trabajadores bien educados implica bajos salarios iniciales y la capacidad de competir a nivel internacional en actividades manufactureras intensivas en mano de obra – por ejemplo, en los sectores de calzados, textiles y prendas de vestir, y montaje electrónico – se puede constituir en la base para una industrialización liderada por las exportaciones. Con este propósito, una parte importante de la mano de obra militar de Corea del Norte, que actualmente asciende a más de 8,5 % de la fuerza laboral total, podría ser utilizada para fines más productivos.
Si se satisfacen las condiciones pertinentes, Corea del Norte podría aprovechar el efecto de “dar alcance”, impulsando aún más el crecimiento, porque su bajo nivel de ingreso per cápita podría ayudar a aumentar la productividad de la inversión y facilitar la transferencia de tecnología desde economías más desarrolladas.
Esto implica un papel importante para los vecinos de Corea del Norte, sobre todo para Corea del Sur y Japón. Hasta ahora, sin embargo, el Complejo Industrial de Kaesong, que opera con cerca de 50.000 trabajadores norcoreanos bajo administración surcoreana, es el único caso de cooperación económica entre las dos Coreas.
Corea del Norte y Corea del Sur son socios comerciales naturales. En el año 2012, el comercio entre las dos Coreas alcanzó $2 mil millones – cifra que si bien representa solamente el 0,2 % del total del comercio de Corea del Sur, da cuenta del 29% del comercio de Corea del Norte. Según el economista Marcus Noland, las relaciones comerciales normalizadas podrían aumentar la participación de Corea del Sur en el volumen comercial de Corea del Norte hasta llegar a un significativo 60%.
Con un fuerte compromiso en cuanto a la reforma económica y la apertura – y respaldada por un robusto apoyo internacional – Corea del Norte podría emular el éxito de las economías del Este de Asia, como por ejemplo el de Corea del Sur, logrando un crecimiento anual de más del 5% durante las próximas décadas.
Pero hay más factores en la situación de Corea del Norte que solamente aspectos económicos. El país está bloqueado en un punto muerto con la comunidad internacional que quiere que se lleve a cabo la desnuclearización del país y que este se convierta en un país “normal”. No dispuesto a abandonar su programa de armas nucleares, Corea del Norte se enfrenta a sanciones económicas de Estados Unidos, y a la suspensión de la ayuda oficial de instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional como también a la suspensión de su membresía en dichas instituciones.
Dado lo poco probable que es que Corea del Norte lleve a cabo una desnuclearización, por lo menos en un futuro inmediato, se necesita una estrategia alternativa. La comunidad internacional, en especial Corea del Sur, debería apoyar los esfuerzos de Corea del Norte para construir una economía más abierta y basada en el mercado a través de la expansión del comercio y la inversión, sin dejar de trabajar con el fin de llegar a un acuerdo sobre la desnuclearización. La prosperidad y la accesibilidad resultantes podrían, con el paso del tiempo, lograr un cambio político.
Para los norcoreanos de a pie, que son los más afectados bajo el sistema actual, esa transformación es extremadamente urgente.
Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.
Copyright Project Syndicate
Lee Jong-Wha, profesor de Economía y director del Instituto de Investigaciones Asiáticas de la Universidad de Corea, fue asesor sénior de asuntos económicos internacionales del presidente Lee Myung-bak de Corea del Sur.
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