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La enfermedad de la humanidad surge no sólo de la ignorancia, sino también de la arrogancia. La arrogancia niega todo lo que es desconocido, pero lo que los hombres saben es poco y lo que los hombres no saben es enorme. La actitud de arrogancia cierra puertas inconscientemente. No sólo la arrogancia cierra puertas al conocimiento, sino que es incluso ofensiva para todo lo que les es inaccesible.
Es necesario que la gente se libere de su arrogancia, si es que desean mitigar su ignorancia. El hombre necesita amplitud de miras para evolucionar. La evolución se excluyó por completo cuando los hombres, por arrogancia, cerraron las puertas al conocimiento.
Los arrogantes ni siquiera pueden ser curados. La curación es posible, cuando el enfermo está orientado a la curación y está dispuesto a someterse al proceso de curación. Un curador poco puede hacer cuando el enfermo no es receptivo. El curador haría bien en darse cuenta si el enfermo está orientado a la curación. No importa, incluso que el enfermo sea ignorante, pero esabsolutamente importante si el enfermo es indiferente y arrogante hacia los esfuerzos del curador. Menospreciar la curación es una ofensa. Tal acto es visto como el acto de un traidor. Cuando no puede ocurrir la comunión entre el curador y la persona que va a ser curada, no se inicia el proceso de curación. Cuando el curador y el paciente están en comunión, prevalecen las energías del mundo superior. Una comunión tan elevada es imposible cuando prevalecen la indiferencia y la arrogancia.
Los curadores tienen que acostumbrarse a asimilar los caminos sumamente diversos de la conciencia, y en consecuencia acercarse a los enfermos. Es una pena observar el zigzag de los caminos, que surge del egoísmo, la arrogancia, la indignación, la indiferencia y el menosprecio de los puntos de vista de los demás. Cuando la enfermedad prevalece, esto abre las puertas a los rasgos antes indicados y el curador tiene que estar seguro del estado de conciencia de la enfermedad. Si no, sería una pérdida de tiempo. Cuando el enfermo se ve afectado por las irritaciones mencionadas, es poco lo que el curador le puede transmitir. Hay momentos en que un curador tiene que esperar el momento adecuado para dar la nota correcta.
Una vez hubo un curador que se sentía enfermo. No se daba cuenta de que se sentía enfermo. Entonces, otro curador se dio cuenta y le envió palabras de curación, que fueron rechazadas. Una vez más le envió símbolos de curación, que también fueron rechazados. Entonces le envió sentimientos de amor y fueron desechados. El curador que quería ayudar a su compañero de trabajo sintió pena por el estado de salud del otro. Los estudiantes le preguntaron: «¿Por qué transmite persistentemente curación a alguien que la niega?» El curador respondió: «Él también es un curador y se sintió enfermo. Es incapaz de darse cuenta de su enfermedad, pero yo me di cuenta. Deseo ayudarle porque es mi hermano en el camino. «Los estudiantes del curador discretamente preguntaron si el otro curador estaba enfermo. El preguntado no reveló ninguna información de la enfermedad.
Después de dos años, el curador quiso visitar a su colega, porque estaba muy seguro de que el otro curador estaba profundamente enfermo. El otro curador estuvo de acuerdo. Se produjo un encuentro entre los dos, y tuvo lugar la siguiente conversación:
Curador 1: ¿Por qué me enviaste palabras, símbolos y energía de curación?
Curador 2: Sentí que estabas enfermo. Hermano mío
Curador 1: Pero yo no estaba enfermo.
Curador 2: ¿Estás enfermo ahora?
Curador 1: Sí, por supuesto que estoy enfermo ahora.
Curador 2: incluso entonces estabas enfermo. No lo notabas, pero yo me di cuenta
Curador 1: ¿Cuál era la enfermedad que notabas?
Curador 2: La arrogancia, hermano mío.
Curador 1 Se sorprendió unos instantes y le preguntó: «¿Cómo puedes decir que soy un arrogante?»
Curador 2: Es tu arrogancia creciente la que hoy se ha establecido en ti como la parálisis.
Curador 1 Se sorprendió de nuevo.
Curador 2: Tú has sido un gran curador. Has curado a muchos. Tuviste autoestima, que inconscientemente te convirtió en arrogante. Debido a la arrogancia, negaste y cerraste las puertas a una ayuda fraternal. Incluso ahora, te aferras a ella. De nuevo estás cuestionando la naturaleza de tu enfermedad por arrogancia. La naturaleza es infalible; no cuestiones a la naturaleza. Acepta la enfermedad ahora como un regalo de la naturaleza que ha llegado hasta ti, para tu liberación. Si continúas preguntándote, la naturaleza podría incluso negarte la liberación. Eso no debería suceder, hermano mío. Sé agradecido de que la naturaleza te ayudó a ayudar a los demás. Que la naturaleza te ayude a encontrarte en tu verdadero lugar en el mundo de la curación. El humilde es honorado. El orgulloso es humillado. La naturaleza te ama y te humilla para que puedas ser honrado. (Esto no es sólo una historia).