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El tabernáculo va a ser construido. Con tal motivo, sus diferentes elementos son enumerados por segunda vez, como para recordarnos que conocer es una cosa, pero hacer es otra. Sin embargo, antes de que el trabajo empiece, se recuerda otra vez el día de reposo (v. 1-3). Antes de emprender cualquier servicio, es necesario estar en la presencia del Señor, «sentado» a sus pies, espíritu y alma descansados con el sentimiento de nuestra dependencia. A los pies de Jesús, María había aprendido a servir a su Señor con inteligencia (Lucas 10:39). Por eso ella supo, en el momento conveniente, traer su perfume (comparar con el v. 8) y derramarlo a los pies del Maestro.
Observemos la variedad de lo que los israelitas tenían que traer: desde el oro y las piedras preciosas hasta las estacas y las cuerdas que contribuían a sostener la tienda (a sostener la verdad). En esta larga lista, cada uno podía encontrar algo que ofrecer. Y usted también, amigo que conoce al Señor, puede contribuir de alguna manera a edificar la Iglesia. Un servicio hecho discretamente, como el ejercicio gozoso de la misericordia (Romanos 12:8) y las oraciones diarias por el testimonio, están al alcance de cada uno. Y ello es agradable al Señor.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"