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Casi todos los deportes que se practican hoy día son deportes de competición. Se juega para ganar y el juego sólo tiene sentido si se hace todo lo posible por ganar. Todavía a escala local pueden formarse equipos sin que intervenga ningún sentimiento de 'patrioterismo' y es posible entonces jugar sólo por divertirse y por hacer ejercicio; pero en cuanto aparece la cuestión del prestigio, en cuanto uno siente que perder será una deshonra, se despierta el instinto guerrero más salvaje. Quien haya participado aunque sólo sea en un partido de fútbol de colegio entenderá lo que quiero decir. A escala internacional el deporte es francamente una simulación de la guerra. Lo importante no es el comportamiento de los jugadores, sino la actitud de los espectadores; y tras ellos, la de los países que se empeñan con ardor en esas competiciones absurdas y creen firmemente –al menos durante cortos periodos de tiempo– que correr, saltar y dar patadas a un balón son pruebas que permiten evaluar la virtud nacional.
George Orwell, texto publicado en 'Tribune', 1945