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Las reuniones de familias separadas por la Guerra de Corea han dejado a Kim Jong-gyu un sabor agridulce. Las horas que pasó en 2014 con su hermano bajo la vigilancia de agentes norcoreanos serán probablemente las últimas en su compañía.
"Me sentía tan afortunada, y tan feliz de ver que mi hermano estaba vivo", afirma esta mujer de 83 años.
"Pero verlo tan sólo unas horas, después de haber estado separados durante décadas, fue muy duro. Era demasiado corto y desgarrador".
Kim Jong-gyu fue una privilegiada. La mayoría de los coreanos separados de familiares por la guerra de 1950-1953, y la consiguiente división de la península, han muerto sin tener la oportunidad de volver a ver a sus seres queridos.
Los civiles del Norte y el Sur tienen prohibido comunicarse entre sí. Pero desde 2000 las dos Coreas celebraron 20 tandas de reuniones de familias divididas, generalmente como consecuencia de mejoras puntuales en sus relaciones.
Las próximas, previstas la semana que viene, serán las primeras en tres años, un periodo durante el cual Corea del Norte realizó tres ensayos nucleares y decenas de disparos de misiles.
Fue durante la reunión histórica de abril, en la Zona Desmilitarizada (DMZ), donde el presidente surcoreano Moon Jae-in y el líder norcoreano Kim Jong Un decidieron organizar de nuevo estas reuniones.
- "No tendría que haber venido" -
Un total de 181 surcoreanos se reunirán con parientes durante visitas de tres días en la localidad turística del Monte Kumgang. El primer grupo partirá el lunes. El segundo, el viernes.
Los participantes, elegidos al azar, tienen supuestamente mucha suerte.
En teoría estas reuniones deberían ayudarles a cicatrizar las heridas, pero en realidad el tiempo y las condiciones dan para poco. Y es que los surcoreanos y norcoreanos se alojan en distintos hoteles y sólo coinciden en dos comidas y en un encuentro de dos horas, o sea un total de seis horas.
Las décadas de separación tienen un efecto devastador. Algunos lloran, otros gritan a sus parientes seniles o con problemas de audición. "Soy yo ¿te acuerdas?". Y hay quien se da por vencido.
En 2014, cuando la señora Kim vio a su hermano, algunos norcoreanos elogiaban al "gran general" Kim Jong Un, mientras los surcoreanos se deshacían en alabanzas a Dios, lo que ponía en aprietos al Norte comunista.
"En los aseos vi a una surcoreana llorando, se daba golpes en el pecho murmurando: ¡No tendría que haber venido!", cuenta Kim. "Aparentemente estaba conmocionada al ver que sus familiares parecían tan pobres".
- "Habrá fallecido" -
Su hermano Kim Hui-yong, de 88 años, estaba semiparalítico.
"Tenía tantas preguntas que hacerle, tantas cosas que contarle, pero elegí son sumo cuidado mis palabras y sólo dije lo que consideraba realmente necesario". "Temía por mi seguridad, por si acaso... Nunca sabe si habrá problemas en el Norte".
Hui-yong es el mayor de seis hermanos. Se fue de casa, en el condado de Yeongju, en el Sur, en 1942, con solo 17 años en busca de trabajo en el Norte, en aquel entonces la parte más desarrollada de la península.
Encontró trabajo en la ciudad (actualmente norcoreana) de Hungnam. Se comunicaba por carta con su familia hasta el estallido de la guerra.
"Mi hermano era el más inteligente de los seis. Perderlo fue como perder una luz", asegura la señora Kim. Sus padres lo echaron de menos toda la vida. A veces su madre se pasaba la noche en una estación cercana hasta la llegada de un tren con la esperanza de que trajese a su hijo.
Sus padres y dos de sus hermanos se murieron antes de poder volver a verlo. Ella lo consiguió y así "cumplió el sueño de toda la familia".
Su hermano y ella se despidieron llorando. Él le dijo: "No lloremos. Quizá un día volvamos a vernos"
Los domingos la señora Kim va a la iglesia a rezar para que su hermano siga vivo y sano, y por una reunificación.
"Pero no creo que lo vuelva a ver", dice. "Habrá fallecido. Por lo menos lo he vuelto a ver, aunque solo fuese seis horas".