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Después de las trágicas escenas del capítulo 14, uno podría pensar que la incredulidad y la rebelión del pueblo le ha hecho perder todos los derechos a la tierra de Canaán. Por eso, inmediatamente después Dios habla de la tierra prometida, mostrando con ello que nada podrá disuadirlo de cumplir sus propósitos de gracia. En este capítulo también menciona los diferentes sacrificios: holocaustos, ofrendas voluntarias (v. 3) y por el pecado (v. 24), juntamente con las ofrendas de flor de harina y libaciones, como para recordar que Dios dispone de recursos para las peores fechorías, lo que para el cristiano equivale a su único recurso que es, bajo sus múltiples aspectos, la obra de Su muy amado Hijo. De esta sube, por enojoso que sea el estado del pueblo, un “olor grato a Jehová” (expresión enunciada cinco veces). Presentada en figura bajo sus aspectos más variados, la obra de Cristo se despliega también en favor del mayor número de personas. El estatuto del extranjero era idéntico al del israelita por nacimiento; se le permitía ofrendar los mismos sacrificios y las mismas libaciones, lo cual prefigura una gracia que se extiende más allá de Israel, un evangelio predicado en toda la creación (Colosenses 1:23).
Los versículos 17 a 21 tratan de las primicias y nos recuerdan que el Señor tiene los primeros derechos sobre todo lo que poseemos (Mateo 6:33).
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"