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La disciplina en la Iglesia es una necesidad a causa del Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7), quien está en medio de su pueblo. Él, como lo leemos en Habacuc 1:13, es muy limpio de ojos para ver el mal y no puede soportar el agravio. Allí donde el Santo tiene su habitación no es posible permitir que continúe una situación en la que el pecado no sea juzgado.
La segunda razón por la que la disciplina es necesaria es para que la autoridad de Cristo se mantenga. En Hebreos 3:6 se habla de Cristo “como hijo sobre su casa”, la cual está constituida por todos nosotros. En consecuencia, su autoridad tiene que ser mantenida y la iniquidad del hombre echada fuera.
Por último, la tercera razón de la necesidad de la disciplina en la asamblea consiste en que el pecado es como la levadura: se esparce y leuda toda la masa. De igual manera el pecado se extenderá en una asamblea si no es juzgado y quitado.
Este folleto expone el tema de la disciplina desarrollado por tres autores diferentes para advertirnos sobre el agravio que nuestras faltas como creyentes causan a Dios y al prójimo. Luego nos presenta el camino de retorno, por medio de la confesión y la reparación, para poder gozar nuevamente de la comunión con el Señor.
Que estas páginas sirvan de ayuda al lector para comprender los diferentes aspectos y la importancia de este tema.