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Un Verdadero Gran Reformador Médico, Religioso y Social del Siglo XVI
La Madurez (1524-1541)
Su vida y obra médica, religiosa y social por el Centro de Europa, Parte I
A partir de 1524, sin dejar de peregrinar nunca, ya no dejará Europa Central, sobre todo en territorio de habla germánica, entre Suiza, Austria, Alemania, la región oriental actualmente francesa de Alsacia y la parte más alpina y septentrional de Italia. La zona más nórdica que visitó en esta etapa fue algún punto indeterminado de Prusia, en Alemania; el punto más oriental fue Bratislava, en Eslovaquia; el punto más meridional fue Saint-Moritz, en Suiza; y el punto más occidental fue Colmar, en Alsacia. Entre estos cuatro puntos desarrolló la etapa fundamental de su vida, la que mejor se conoce, y en la que pudo desplegar de forma teórica y práctica todo lo que había aprendido hasta entonces en sus viajes alrededor de Europa y países limítrofes. Sin dejar de aprender, durante esta última etapa de su vida de 17 intensísimos años –dieciocho si contamos desde que cruzó los Alpes en 1523 para regresar a casa de su padre en Villach– curó, enseñó, escribió los libros y tratados que conocemos y defendió a los más necesitados sin importarle enfrentarse a las autoridades políticas, religiosas, sanitarias y académicas de la época. Fue precisamente este enfrentamiento y consiguiente persecución –a veces hasta judicial con peligro incluso de que le sentenciaran a muerte– lo que le fue marcando en buena medida su obligado peregrinaje, intentando huir de sus rastreadores. Las etapas principales de este agotador periplo, que curiosamente empiezan y acaban en una misma ciudad, Salzburgo, (ver el detalle cronológico de sus viajes entre 1524 y 1541 en los Anexos) fueron las siguientes:
Salzburgo (Austria) (1524-1525), donde pudo instalarse como médico y donde destacó por su lucha vehemente contra las injusticias del orden social de su época, especialmente las que sufrían los campesinos pobres.
Estrasburgo (Alsacia, Francia) (1526-1527), donde llegó a adquirir el derecho de ciudadanía. En aquellos momentos era una ciudad tolerante, habitada por un buen número de reformistas y humanistas, que servía de refugio a los perseguidos. A pesar de ello muchos médicos de la ciudad acabaron enfrentándose a él, probablemente por la notoriedad médica, cultural y social que consiguió Paracelso.
Basilea (Suiza) (1527-1528), donde llegó a ser médico municipal y profesor de medicina de su universidad, los cargos socialmente más reconocidos que llegó a tener en toda su vida. Pero su negativa, entre otras cosas, a explicar en la universidad las tesis oficiales y ortodoxas de Avicena y Galeno le supuso ganarse unas antipatías y una oposición cada vez más aguda por parte del resto del profesorado y de la mayoría del estamento político de la ciudad.
Colmar (Alsacia, Francia) (1528-1529), donde censuró el uso indebido y común del mercurio para curar la sífilis y escribió un libro sobre esta enfermedad. A pesar de sus buenos contactos iniciales con las autoridades locales, éstas, conociendo sus ideas controvertidas, no le renovaron el permiso temporal requerido ni le permitieron publicar su libro sobre la sífilis.
Nuremberg (Baviera, Alemania) (1529-1530), gran centro de comercio, de artistas, artesanos y reformadores religiosos. En esta ciudad, más que en cualquier otro sitio, su trabajo literario fue directo contra las doctrinas reconocidas y las opiniones gobernantes, desafiando a los censores del lugar. Por primera vez se desvinculó abiertamente de los ortodoxos luteranos, que para él eran tan condenables como los papistas católicos.1
San Galo (Suiza) (1531), donde terminó de escribir su gran Opus Paramirum, que contiene sus doctrinas médicas básicas.
Vipiteno [Sterzing en alemán] (Trentino-Alto Adigio, Italia) (1534), donde se entregó totalmente a los enfermos afectados por la peste que azotaba la ciudad. Cuando la plaga pasó, las autoridades locales, sin tener en cuenta el buen trabajo humanitario realizado por Paracelso, le pidieron que abandonara la ciudad.
Pfäfers (San Galo, Suiza) (1535), donde se instaló en un monasterio benedictino para terminar su tratado sobre balnearios, y donde quedó fascinado por los poderes de curación del agua de balneario preparada en un laboratorio subterráneo.
Kromau (Mähren, Chequia) (1537), donde pasó una temporada invitado en un castillo y aprovechó para completar o ampliar muchos trabajos literarios, entre ellos el que se considera el más importante: Philosophia Sagax.
Viena (Austria) (1537-1538), donde fue a pedir ayuda al rey Fernando I, hermano de Carlos V, para publicar sus libros. Aunque en un primer momento el rey aceptó la petición de Paracelso e incluso –como ya hemos dicho– le ofreció introducirlo en el equipo de médicos de la corte, los médicos ortodoxos acabaron censurando a Paracelso y los editores de la ciudad se negaron a publicar sus libros.
Salzburgo (Austria) (1540-1541), donde había ido atendiendo a la llamada personal que le había hecho el príncipe obispo de la ciudad, Ernest de Wittelsbach. Aquí terminará este ciclo de 17 años y su misma vida de casi 48 años. Murió el 24 de septiembre de 1541, hospedado en el Hostal Caballo Blanco, bajo la sombra del castillo de la ciudad, donde terminó algunos escritos religiosos.
Un gran médico que supo abrir una nueva era en la historia de la medicina
Su incansable trabajo como médico
Paracelso, al menos desde que acabó sus estudios universitarios, no dejó nunca de ejercer como médico. Primero, tal como hemos visto en el capítulo anterior, entre 1515 y 1522, como médico militar, especialmente como cirujano y, a partir de 1522, con una profunda experiencia adquirida en los sangrientos campos de batalla y en su peregrinaje por toda Europa, como médico experto y muy diestro, además de médico investigador alquimista. Trataba a pacientes donde fuera que fuese. Sentía debilidad y simpatía por los enfermos, en particular por los enfermos disminuidos.2 Curó a campesinos pobres y a ricos. Ejerció como médico oficial municipal o incluso de la corte real y también como médico particular por todas las poblaciones y caminos que anduvo.
Como médico de la corte pudo haber ejercido en Viena, en la corte del rey y archiduque de Austria Fernando, entre 1537 y 1538, –aunque Paracelso declinó la oferta de formar parte del equipo oficial de médicos de la corte–. Y la plaza de médico municipal oficial la consiguió en Basilea en 1527, aunque sus enemigos, como veremos más adelante, sólo le permitieron ostentar el cargo durante diez meses (de marzo de 1527 a enero de 1528). Pero él siguió curando e incluso abriendo consultorio con mucho éxito en las ciudades donde más meses permaneció, como en Salzburgo (Austria), en 1524 –donde para sus pacientes fue un amigo afectuoso y compasivo que cuidaba como un padre a los más pobres–;3 en Tubinga (Alemania), al año siguiente –donde atrajo especialmente a estudiantes ansiosos de aprender su medicina–;4 o en Colmar (Francia), entre 1528 y 1529, donde fue especialmente admirado por toda la ciudad e incluso por sus autoridades.5
Sería larguísima la lista de ciudades y villas que le reconocieron sus capacidades para curar. Porque llevó socorro a multitud de sufridores de casi toda Europa central. Y, aunque reconoció que no podía curarlo todo e incluso que había enfermedades incurables,6 ejerció su labor médica casi siempre con éxito. Hacía curas especialmente increíbles con las úlceras.7 De hecho, estaba especializado en el campo de las enfermedades del estómago.8 Pero curó enfermedades de todo tipo, incluidas las difíciles y graves como el cáncer, la peste, plagas diversas e importantes como la sífilis, la lepra, la enfermedad de Huntington (llamada también corea de Huntington y conocida antiguamente como baile de San Vito o mal de San Vito),9 y muchas más, algunas de las cuales hoy en día se consideran incurables.10 Realizó aparentemente curas milagrosas entre muchos pacientes que habían sido calificados como incurables por los mejores doctores.11 En Inglostadt (Alemania) en 1525 curó, por ejemplo, a una mujer de 23 años que era paralítica de nacimiento.12 Y en Nuremberg, cuatro años más tarde, curó a nueve de los quince leprosos que había en la ciudad y que se consideraban incurables.13 Son datos documentados en archivos actuales.
Paracelso tuvo también muchos éxitos en su lucha contra algunas plagas con las que tuvo que enfrentarse desde su primera juventud. En aquellos tiempos las plagas y epidemias asolaban repetidamente las pobres poblaciones europeas, matando a millares o decenas de millares de personas en algún lugar del continente. Al menos desde sus tiempos jóvenes en que trabajó como médico militar en diferentes guerras –ya hemos comentado que en los campamentos militares de guerra era frecuente la aparición del cólera y el tifus–, Paracelso procuró salvar la vida a las personas amenazadas por estas enfermedades. Y a menudo demostraba una valentía que contrastaba con la mayoría de médicos, los cuales preferían abandonar la ciudad o la zona cuando se declaraba una plaga severa. Esto ocurrió por ejemplo en Basilea en 1527, precisamente cuando Paracelso llegó a la ciudad por primera vez. Los profesores médicos de la universidad de Basilea se ausentaron mientras duró la peste, mientras él procuraba ayudar a la gente que no podía huir de la ciudad. Lo mismo pasó en pleno verano de 1534 en Vipiteno (en el norte de Italia). Cuando Paracelso llegó a la ciudad, muchos ciudadanos la estaban abandonando a causa de la peste. A pesar de la plaga y a pesar de su debilidad física que ya por aquellos años sufría, Paracelso quiso visitar la ciudad, tratando la enfermedad y estudiándola. En este período escribió un libro sobre la plaga y se dedicó a la ciudad asediada. Pero cuando la plaga pasó, las autoridades (mayoritariamente clérigos) le despreciaron con insultos a pesar de los buenos resultados que había obtenido y le pidieron que se marchara.14
Muchas de sus curas “milagrosas” pudieron ser comprobadas por científicos o humanistas de la talla de Erasmo de Rotterdam o el editor suizo Johannes Froben. Paracelso consiguió curar en Basilea la pierna de Froben y evitar que se la amputaran, tal como habían previsto inicialmente los médicos que le trataron. Al cabo de unas semanas de la intervención de Paracelso, estaba completamente curado y pudo volver a su actividad como impresor y editor. El éxito de la terapia fue testificado y gradualmente reconocido por los amigos de Froben, entre ellos Erasmo y los influyentes hermanos Amerbach. Precisamente a raíz de esta curación, Erasmo expresó el deseo de asegurarse los servicios de Paracelso.15 Erasmo sufría de gota y de dolores en el hígado y riñones. Se conserva una carta de este humanista agradeciendo las atenciones médicas que le dio Paracelso y pidiéndole consejo para sus dolencias.16
Hubo muchas otras curaciones importantes –tanto por la curación en sí como por el prestigio social de las personas curadas– que ampliaron el número de leyendas sobre Paracelso. En la Introducción nos hemos referido a que entre sus pacientes tuvo a no menos de 18 príncipes, entre ellos al conde Felipe I de Baden, cuyo caso fue desahuciado por los médicos y a quien Paracelso curó en poco tiempo.17 Atendió también con éxito a altos jerarcas militares, como el principal mariscal de Bohemia, Johann von der Leipnik, que vivía en un castillo en Kromau, cerca de Brno en Moravia;18 a eminentes colegas médicos, como el doctor Albert Basa, médico del rey de Polonia, que viajó hasta Austria especialmente para consultarle;19 a ilustrísimos humanistas como a los mencionados Erasmo y Froben, pero también a Kaspar Hedio; y a cargos eclesiásticos importantes como la abadesa de Rottweil20 o, más importante todavía, el canónigo de la catedral de Basilea, uno de los hombres más ricos y poderosos de la ciudad. Cuando a principios de 1528 este canónigo cayó enfermo, ofreció 100 monedas de oro al médico que lo curara. Paracelso lo curó con un tratamiento sencillo: purgativas, dieta estricta y una dosis regular de su famoso láudano.21
Continuará…
Compilado por Jordi Pomés
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