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Como mujer, su trabajo creativo a finales del XIX nunca fue fácil para Martha Stettler. A pesar de su talento y el apoyo de su familia, la artista suiza tuvo que luchar para hacerse un espacio en los libros de historia del arte. Hoy, el Museo de Bellas Artes de Berna, su lugar de inicio, rinde homenaje a su obra.
Martha StettlerEnlace externo nació en el seno de una familia burguesa en Berna, el 25 de septiembre de 1870. Su padre, Eugen Stettler -arquitecto del museo de Berna-, reconoció y apoyó su talento artístico.
Tras esbozar la colección completa de esculturas de yeso en el museo que su padre había ayudado a construir, su devoción por el dibujo la condujo al Colegio de Arte de Berna en 1886 y más tarde, en 1893, a París, cuando tenía 23 años. En la capital francesa el pintor Lucien Simon la introdujo en el impresionismo.
Con su compañera Alice Dannenberg fundó la 'Académie de la Grande Chaumière' en París en 1904, de la que más tarde se hizo titular a despecho del artista suizo Ferdinand Hodler, quien rechazaba la participación femenina en el arte. “¡No queremos mujeres aquí!”, decía. Estaba decidido a evitar el acceso de las mujeres a la asociación profesional de pintores y escultores suizos (GSMBA).
Stettler dirigió la academia con éxito a pesar de las actitudes misóginas con las que se enfrentó en su trabajo. Contó con el apoyo de los estudiantes debido a su enfoque para facilitar la enseñanza. Entre los alumnos de la escuela estuvieron Alberto Giacometti, Meret Oppenheim y Louise Bourgeois.
Stettler fue también la primera y única mujer en exhibir su arte en la 12ª Bienal de Venecia en 1920.
Una retrospectiva de su vida y obra puede verse en el Museo de Bellas Artes de BernaEnlace externo hasta el 29 de julio.