Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05228.jsonl.gz/11

La reclusión en régimen de aislamiento es más dura para las mujeres: ¿debe dejar de aplicarse?
- El aislamiento es una experiencia especialmente dolorosa para las mujeres.
- Las mujeres, desproporcionadamente aquellas que pertenecen a minorías raciales, son aisladas de forma sistemática.
- Es necesario estudiar urgentemente las cuestiones de discriminación, tanto de género como racial.
Sharon Shalev es investigadora asociada del Centro de Criminología de la Universidad de Oxford y supervisora de detenciones.
Cualquiera que haya trabajado con mujeres en la cárcel podrá decir que los "sufrimientos del encarcelamiento" son más intensos para las mujeres que para los hombres. Este hecho es particularmente evidente en las unidades de aislamiento, donde una persona está encerrada en su celda durante 22-24 horas al día. La hostilidad del entorno, el acceso limitado al contacto humano y a la compañía, y las mayores restricciones al contacto con las y los hijos y la familia en general, son especialmente difíciles para las mujeres. La reclusión en régimen de aislamiento es perjudicial.
Algunos de los daños a la salud mental registrados como producto del aislamiento incluyen la ansiedad, los ataques de pánico, la depresión, la desesperanza, la ira, la pérdida de control de los impulsos, las alteraciones cognitivas, las distorsiones perceptivas, la paranoia, la psicosis y un riesgo considerablemente mayor de autolesiones y suicidio.
Cuanto más dure el aislamiento, más probable será que aparezcan los efectos nocivos. Esto se refleja en la exigencia de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos ("Reglas Nelson Mandela") donde se indica que el aislamiento sólo debe utilizarse en casos excepcionales como último recurso, y nunca de forma indefinida o durante más de 14 días (Regla 43).
La vulnerabilidad particular de las mujeres se aborda en la Regla 22 de Bangkok, que prohíbe el uso del aislamiento para las mujeres embarazadas, las mujeres con niños pequeños y las madres lactantes en prisión. A su vez, la Regla 23 de Bangkok añade el requisito de que las sanciones disciplinarias -incluida la reclusión en régimen de aislamiento- para las reclusas "no incluyan la prohibición de contacto con la familia, especialmente con los hijos".
Sin embargo, es habitual que las mujeres permanezcan en unidades y celdas de aislamiento en todo el mundo, a veces durante periodos muy largos. En Nueva Zelanda, mi informe del año 2020 para la Comisión de Derechos Humanos reveló que la cantidad de mujeres aisladas era casi doble que la de los hombres: 255 casos por cada 100 mujeres detenidas, mientras que se registraron147 casos por cada 100 hombres en el año 2019.
Las mujeres maoríes, en particular, estaban desproporcionadamente aisladas, representando un 78% de todos los aislamientos en una Unidad de Gestión, el entorno más restringido. Las mujeres maoríes también fueron aisladas durante más tiempo, representando el 68% de todos los aislamientos de más de 15 días, el límite establecido por las Reglas Nelson Mandela. 65 estancias de aislamiento (algunas de ellas de las mismas mujeres) en el año 2019 duraron más de 15 días, y 11 duraron más de tres meses. Los motivos para aislar a las mujeres incluían incidentes menores, por ejemplo, lanzar cáscaras de naranja al personal, lanzar una chaqueta al personal y "lanzar puñetazos que no conectaron", que se clasificaron como agresiones y se trataron como tales, lo que dio lugar a largas estadías en régimen de aislamiento, en condiciones indignas.
Unidad de Gestión del Auckland Women's Correctional Facility (AWCF), Nueva Zelanda. Foto: Sharon Shalev.
En Canadá, Estados Unidos y Australia se han constatado casos similares de aislamiento prolongado de mujeres, que afectaban de forma desproporcionada a mujeres de las Primeras Naciones y a mujeres de color.
Las mujeres encarceladas suelen tener historias y necesidades múltiples y complejas. Muchas de ellas tienen hijos o hijas. Un estudio realizado en Nueva Zelanda informó que el 52% de las mujeres encarceladas padecían un trastorno de estrés postraumático, el 75% tenía problemas de salud mental diagnosticados y el 62% padecía trastornos de salud mental y de consumo de sustancias a lo largo de su vida. Dos tercios habían sido víctimas de violencia familiar, violación y/o agresión sexual.
La mayoría experimenta el confinamiento en solitario como una experiencia profundamente traumática, a menudo retraumatizante. Las autolesiones son habituales entre las mujeres en régimen de aislamiento. En ese sentido, no es necesario ir demasiado lejos para entender los efectos potenciales de colocar a una persona traumatizada en condiciones traumatizantes.
Las consecuencias del aislamiento en mujeres son previsibles. A los elevados índices de problemas de salud mental, autolesiones e incluso suicidios, se añaden las consecuencias más amplias para las y los hijos y las familias de estas mujeres (en Nueva Zelanda, el 87% de las mujeres encarceladas son madres), provocadas por la reducción del contacto a través de las llamadas telefónicas y las visitas.
En lugar de "no hacer daño", el aislamiento de las mujeres alimenta el ciclo de daño que muchas han experimentado a lo largo de sus vidas.
Esto no es inevitable. Algunas jurisdicciones no aíslan a las mujeres en absoluto. Algunas son aisladas únicamente durante períodos muy breves. En Irlanda, por ejemplo, en los seis años transcurridos entre enero de 2014 y enero de 2020, sólo 8 mujeres fueron aisladas.
En lugar de segregar a las mujeres porque se las considera desafiantes o "ruidosas", es necesario trabajar más para entender sus necesidades. El trabajo corporal, el yoga, la meditación, la jardinería, la terapia ocupacional y una amplia variedad de herramientas sensoriales son útiles para reducir el estrés del encarcelamiento. Cuando las cosas van mal, las prácticas informadas sobre el trauma, la distención y la resolución de conflictos funcionan mejor que el castigo.
El aislamiento es especialmente perjudicial para las mujeres. Su uso generalizado debe cesar.
Sharon Shalev es investigadora asociada del Centro de Criminología de la Universidad de Oxford y supervisora de detenciones. Su principal interés en materia de investigación es el uso del aislamiento y otras prácticas restrictivas en las prisiones y otros lugares de detención de todo el mundo. También es consultora independiente sobre las condiciones de las prisiones, los derechos humanos y el uso y las consecuencias del aislamiento. Sharon dirige el sitio web solitaryconfinement.org y tuitea desde @solitary_org.