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A través de proyectos de investigación y campañas de información la Fundación 'Tiburón' defiende no sólo la honra, sino la existencia misma de estos habitantes marinos.
Bajo el título: 'Cazador cazado', una exposición en San Gallen muestra la vida de estos animales considerados inofensivos por los expertos. En Zúrich, la Fundación Tiburón trabaja en la defensa de una especie amenazada por la pesca y la mala reputación.
"Los tiburones parecen muy peligrosos porque viven en el mar, un entorno extraño que despierta miedos utilizados luego para fomentar su mala reputación": así explica Alexander Godneckt la imagen de criatura maligna que tiene el tiburón en el imaginario popular.
Alexander Godneckt es zoólogo y presidente de la dirección de la Fundación ('Hai Stiftung' en alemán), una organización fundada en 1997, con sede en Zúrich.
"El tiburón no es dañino. Es como cualquier animal salvaje que ataca si es asustado o perturbado", precisa el experto cuando confirma que el hombre no figura necesariamente en su dieta.
"El tiburón vive desde hace 400 millones de años, mientras el hombre, en su forma actual, existe sólo desde hace 30.000 o 40.000 años. De modo que no conoce al hombre y no lo incluye en su espectro alimentario", agrega.
De las 460 especies de tiburones que hay en el globo sólo 30 alcanzan un tamaño que puede representar un peligro para el hombre, dicen los expertos de la Fundación. La organización advierte que unas 100 especies están en peligro de extinción y subraya que ciertas películas son parcialmente responsables de la extinción del tiburón blanco.
"Cada año hay entre 50 y 70 ataques de tiburones, de los cuales sólo unos 10 son fatales", matiza A. Godneckt. Los animales son perturbados y atraídos por el ruido de millones de pescadores y nadadores que invaden los mares. Atacan para defenderse y muerden objetos con su afilada dentadura para examinarlos.
Los tiburones no se reproducen como los peces. Son vivíparos, sus crías nacen una o dos veces por año, sin la rapidez necesaria para cubrir la pérdida de población causada por una pesca cada vez más intensiva, sobre todo, en áreas cálidas donde su carne y aletas son muy apetecidas.
Como principal predador del mar, el tiburón regula la cadena alimentaria en los océanos. Su extinción equivale a eliminar un eslabón del ecosistema marino.
Sin contacto directo con el mar, Suiza no conoce los tiburones, pero facilita a la Fundación el contacto con científicos de todo el mundo en el campo de la preservación y en investigaciones biológicas sobre especies de tiburones como las que se realizan en la Universidad de Zúrich.
Uno de los recientes trabajos de la Fundación Tiburón es una importante exposición en el Museo de Historia Natural de San Gallen. Hasta septiembre, el público puede sumergirse en la vida íntima de los tiburones y comprender que no son monstruos, sino animales normales.
Jaime Ortega