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El judoka de Lausana vive en China sus últimas Olimpiadas. Eliminado en primera ronda en los Juegos de Sydney y de Atenas, Aschwanden espera por fin colgarse una medalla olímpica en la capital asiática.Este contenido fue publicado el 29 julio 2008 - 08:16
Es la única que falta aún en su palmarés. Entrevista.
swissinfo: Esta será su tercera participación en unos Juegos Olímpicos. ¿Cómo los afronta?
Sergei Aschwanden: Hay algunas cosas que se repiten y otras que son distintas de los Juegos de 2000 y 2004. En realidad, se trata de una mezcla extraña. Por lo que a mí respecta, las dos primeras participaciones resultaron un fracaso, y por ello espero que las cosas sean diferentes en esta ocasión. Pero la sala de entrenamiento, el modo de competición, la cafetería en la que comeremos, las habitaciones de la villa olímpica, etc., todo será igual.
Conocer el entorno te da una relativa seguridad y, con la experiencia, se consigue también manejar mejor la expectativa mediática.
swissinfo: Hace precisamente cuatro años, antes de la gran cita, estaba usted aislado como en una gran burbuja. Ahora todo parece más distendido. ¿Es tal vez porque aquella estrategia no funcionó entonces?
S.A.: Sí y no... es difícil de asegurar. Hace cuatro años yo era campeón de Europa y subcampeón del mundo y las expectativas, así como la exigencia mediática, eran mucho más grandes. Por ello, asumí una presión enorme. Esta vez, vistos los resultados, las expectativas son evidentemente menores. Estoy en una posición de 'outsider' y el enfoque es por tanto diferente. Hace cuatro años era necesario poner barreras, aunque tal vez hubiéramos debido actuar de otra manera...
swissinfo: Sin embargo, la presión sigue estando presente, ya que se trata de su última oportunidad para conseguir una medalla que falta aún en su palmarés, la medalla olímpica.
S.A.: En esta ocasión me siento más relajado. Es cierto que la única medalla que me falta es la olímpica y ahí reside la presión, pero intento no pensar demasiado en ello y me concentro en mi preparación. Viajaré a Asia (Japón) cuatro semanas antes de los Juegos para lograr una buena aclimatación y desde el 4 de agosto estaré en Pekín.
Hasta que llegue el momento de la competición es preciso no perderse en conjeturas. Después, intentaré aprovechar al máximo los últimos días. Serán seguramente unos días muy especiales. Cuando uno llega al final de su carrera se intenta sacar el máximo partido del presente. De todos modos, hay que cuidarse y conservar los automatismos, trabajar como siempre.
swissinfo: Usted ha cambiado de categoría (-90kg) pero sigue teniendo que viajar mucho para encontrar rivales de entrenamiento. A largo plazo, ¿no es un poco extenuante?
S.A.: Viajo desde que tengo 14 años y nunca fue un problema para mí. Me gusta descubrir nuevos horizontes y nuevas culturas. Es la mejor manera de aprender tolerancia. En Suiza hay bastantes problemas con la política de extranjeros y viajar te permite ver las cosas de otra manera.
swissinfo: ¿Usted, que es hijo de suizo y de keniata, cómo ve a Suiza?
S.A.: No hay más que verme para comprender que no soy partidario de Christoph Blocher ni de su partido de la UDC (derecha nacionalista), es evidente. Sin embargo, creo que los partidos extremistas como ese deben ser tolerados porque se centran en un problema. Ahora bien, saber si los líderes de esos partidos tienen o no razón es ya otra cuestión.
Sin embargo, su posicionamiento obliga a los ciudadanos a pronunciarse y a buscar soluciones a un problema real de la sociedad. Nuestro país es rico y atrae; eso es normal. Hay que fijar unos límites sin dejar de permanecer abiertos y sabiendo disfrutar del aporte de otras culturas que 'enriquecen' a nuestro país.
swissinfo: ¿Vivirá usted en el extranjero una vez que 'cuelgue' el kimono?
S.A.: Creo que sí... aunque no inmediatamente. Tengo ganas de conocer mejor mi país, sobre todo algunas regiones como los Grisones o el Jura. Pero llegará el momento en que quiera también conocer mejor Kenya, la patria de mi madre.
swissinfo: ¿Qué lugar ocupa África en su vida?
S.A.: Habitualmente como a la manera africana y escucho mucha música africana. En mi casa tengo estatuas, algunas camisetas con leyendas muy específicas, etc. Pero sobre todo, tengo lazos muy fuertes con ese país y algunas personas muy queridas para mí viven allí.
Estoy en contacto permanente con ellas y me mantengo al corriente de sus vidas. Me asombra que esa gente siga siendo positiva y feliz aun cuando las cosas van mal. Conservan una sonrisa y una frescura increíbles. Eso me anima a mantener la cabeza fría cuando no consigo los resultados deseados.
Después de los Juegos de Atenas pasé una época muy difícil y me fui a Kenya con la familia de mi madre. Cuando llegué tuve una acogida formidable y no hubiera sido mejor de ser campeón olímpico.
La gente de allí te toma como eres. Están contentos si consigues una medalla, pero en realidad no se lo toman demasiado en serio porque saben que en la vida hay cosas más importantes. Para ellos sólo cuenta el placer de que estés allí y de poder compartir el tiempo contigo.
swissinfo, Mathias Froidevaux, Macolin (Berna)
(Traducido del francés por José M. Wolff)
Contexto
Sergei Aschwanden nació el 22 de diciembre de 1975 en Berna, de padre suizo (cantón de Uri) y madre keniana. Tiene un hermano mayor y una hermana más joven.
Pasó sus primeros siete años en la capital federal y se trasladó después a Bussigny, en los alrededores Lausana.
Debuta en el judo a los siete años pero practica muchas otras disciplinas como la música o la danza.
Cinturón marrón a los doce años, comienza a perfeccionar su técnica en entrenamientos con adultos. A los 15 años decide consagrarse a este arte marcial.
En 1997, después de haber terminado la selectividad, se hace profesional. Desde entonces no deja de progresar. Su encuentro con el entrenador nacional Leo Held en 1996 no es ajeno a sus éxitos.
Ocho veces campeón de Suiza, Sergei Aschwanden posee también dos títulos de Campeón de Europa (2001 y 2003), tres medallas de bronce europeas, así como un bronce y una plata de dos campeonatos mundiales (2001 y 2003).
Sergei habla francés (con su padre), suizo alemán (con su madre) e inglés (que es la lengua que hablan entre sí sus padres).
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