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La Orquesta de Jazz del Lincoln Center organizó, junto al trompetista Wynston Marsalis, una jornada de conciertos del 5 al 7 de octubre, en el Teatro Mella de Cuba.
Esta histórica visita jazzística de buena voluntad, demuestra la admiración que los músicos estadounidenses sienten por la música cubana. Los aportes de Cuba al jazz son de larga data. “El jazz que hoy hacemos –declaró Wynton Marsalis- no existiría sin la colaboración de la música cubana”.
“El jazz no nace en 1900 en la Nueva Orleans como lo pretende una leyenda tenaz –dice Deborah Morgan-, es el resultado de la confrontación de tres siglos con la participación de muchos pueblos. La historia del jazz puede remontarse con la llegada de emigrantes al sur de los EE.UU., quizás desde el momento en que una fragata holandesa desembarcara en Janestown (Virginia) los primeros negros destinados a trabajar en América del Norte.”. (Musique en Jeu)
Los moldes de la música de Nueva Orleans se parecían a la de diferentes islas de las Antillas, aunque con otro ambiente. Estos paralelos entre las músicas cubanas y estadounidenses ayudan a establecer un molde general. Los negros cubanos, desde luego, participaron en el desarrollo de la ciudad y de la música.
Desde 1776 se habla de la llegada de tres mil haitianos, en los años de 1809 y 1810 mas de diez mil refugiados antillanos llegaron a Nueva Orleans, Había una corriente de población que provenía de las islas del Caribe hacia Nueva Orleans. La mayoría de emigrantes eran de Santo Domingo (Saint Dominingue, Haití que era el nombre de la colonia francesa después de indepedendizarse en 1804) Muchos esclavos negros, de las mismas tribus, junto a sus colonos franceses, huían del terror de la revolución haitiana o escapaban de las luchas internacionales que se desarrollaban en el Caribe. (Gilbert Chase)
Fernando Ortiz escribió que “cuando Nueva Orleans era española, se comunicaban bastante con Cuba, y de aquí iban “guaracheras” a cantar junto al Mississippi".
Ya desde 1527, había en Cuba unos mil negros y los marineros y los futuros conquistadores bailaban en La Habana al compás de los ritmos acubanados. La Habana estaba creada a imagen y semejanza de Sevilla, cuando los franceses fundaron Nueva Orleans en 1718, La Habana ya tenía doscientos años, y cuando Nueva Orleans comenzó a convertirse en una ciudad y un puerto importante, era gobernada desde La Habana por España. La Habana y Nueva Orleans están en el Golfo de México y en el entorno del Caribe. La capital cubana era más importante y con más protagonismo que las ciudades sureñas estadounidenses.
Nueva Orleans, en tiempos de la colonia poseía una exótica, híbrida y excitante mezcla de elementos musicales. La ciudad de Nueva Orleans, hermana menor de La Habana, fue prosperando por el comercio de la zona del puerto por donde entraban las materias primas. La demanda de diversiones musicales creció extremadamente.
Muchos de esos negros eran músicos, asumían el doble oficio y eran admitidos para que tocaran para los bailarines. La inauguración del distrito Storyville (zona de burdeles) en 1897, el jazz se convierte en una profesión. Todo esto tendría mucho que ver en el futuro desarrollo de la música estadounidense, particularmente en relación con el origen y crecimiento del jazz.
Un músico cubano, nacido en 1863, llamado Manuel Pérez se convirtió en una verdadera leyenda del jazz; entre 1890 y 1898 tocó en distintas bandas hasta que formó la suya propia, llamada Imperial Band. Mas tarde visitó Chicago y otras ciudades norteñas y regresó a Nueva Orleans a principios del siglo XX.
Luis y Lorenzo Tío eran cubanos-mexicanos, ellos viajaron y se instalaron en Nueva Orleans en 1884 con la Banda del 8º. Regimiento de Caballería de México incluían en el repertorio varias danzas, contradanzas y habaneras. Otros cubanos que se instalaron en Nueva Orleans fueron los hermanos Palau, Paul Domínguez, Florencio Ramos, Peolops Núñez, Willie Marrero, Alcides Núñez y Jimmy Palau, quien toco en la banda de Buddy Bolden.
Frank Grillo “Machito”, decía que “Cuando Cuba era colonia de España hubo muchos independentistas que escaparon a Nueva Orleans, entre ellos muchos músicos; por eso Nueva Orleans fue siempre tan importante”.
En 1884-1885, en la Exposición Industrial Y Mundial del Algodón una Banda Mexicana causó sensación con la danza y la habanera (de La Habana). El ritmo de moda de la habanera fue adoptado por varios compositores estadounidenses: W.C. Handy, ambos habían viajado a Cuba, Gottschalk en 1854 y Handy en 1900. Handy en su obra emblemática St. Louis Blue se aprovechó de la habanera.
El pianista Jelly Roll Morton aprendió a tocar habaneras y decía: “En mis melodías se puede escuchar el matiz latino. De hecho, si no eres capaz de poner matices hispanos en tus melodías, nunca podrás tener sabor justo, digo yo, para el jazz”.
En Nueva York de la década de 1920, era un hogar para creciente números de latinos. En la década de 1920 comienza a visitar Nueva York muchos sextetos a grabar sones, después del gran Boom de esa música. Un número de músicos cubanos llegó a Nueva York en los intermedios de las guerras mundiales. En 1927, uno de esos músicos fue el flautista Alberto Socarras, llamado el Duke Ellington cubano. Socarrás ejecuta en Nueva York el primer “solo” de flauta grabado. En una de sus orquestas, Dizzy Gillespie aprendió a tocar las maracas y conoció el principio de las claves.
En 1930, la Orquesta de Don Azpiazu, con el cantante Antonio Machín graban El manisero, iniciando con esa grabación y sus presentaciones, el 1er. Boom de la música latina, abriendo el camino a la industria musical de todo el continente. Cuba ofrecía una nueva e importante textura rítmica; la música latina se convirtió en un requisito indispensable para los grupos de baile. Los club nocturnos de EE.UU. cada vez se inspiraban más en el estilo de música cubana. Comienza así la “cubanomanía musical”. Hasta el gran Louis Armstrong grabó una versión de El manisero, y esa interpretación permaneció en su repertorio durante décadas.
Alberto Iznaga llegó desde a Cuba a Nueva York, en 1939, donde tocó en varias orquestas y fundó la Orquesta Siboney. En la década de 1940 se destacan en Nueva York: Xavier Cugat, Miguelito Valdés, Desi Arnaz
El profesor Raúl Fernández, escribe en su libro Jazz Latino, que el latin jazz (cubano) es una combinación de dos tradiciones musicales: el jazz estadounidense y los timbres cubanos (y su toque caribeño). “ Cuba aporta su complejo ritmático: la habanera, el son, la rumba, la guaracha, el mambo, el cha cha chá y la descarga. En la raíz del jazz y las músicas caribeñas se encuentra la savia africana”.
Esta combinación cubana se gesta desde inicios de la década de 1940, Leonardo Acosta lo redacta en su libro Descarga: “Ya hacia 1942 los principales músicos del bop, entonces la vanguardia del jazz, se interesaban por los ritmos afrocubanos y se acercaban a los cubanos Mario Bauzá y Frank Grillo (Machito). Uno de ellos fue Dizzy Gillespie, quien había participado en “descargas” con Mario Bauzá y Noro Morales, también trabajó en la orquesta de Alberto Socarrás. Con frecuencia Gillespie acudía al Park Plaza y se sentaba a tocar con Machito”.
En 1940 entre Bauzá y Frank Grillo organizan la orquesta Machito and his Afrocubans. La experiencia resultaría una fusión –como decimos ahora- de arroz con frijoles negros y hamburguesa: lo negro, lo blanco, lo mestizo, el jazz y los ritmos cubanos. Sabemos bien que la abundante rítmica cubana llena de sonidos y variables tímbricas enriquece y alimenta el fabuloso jazz.
A partir de datos del especialista Luc Delannoy, en julio de 1940, en el Spanish Harlem de New York, Machito entrena la orquesta y luego de muchos ensayos, debuta el 3 de diciembre de 1940 en el Park Palace Ballroom, en la esquina de la calle 110 y la Quinta Avenida, en Harlem. Su repertorio lo conforman guarachas, sones y rumbas y para reafirmar su apego a la tradición cubana. Machito sube al escenario con sus maracas de oro, la banda se amplía a cinco saxofones, tres trompetas, dos trombones y una conga (tumbadora). “Nuestra idea –explicó Bauzá- era tener una orquesta que pudiese rivalizar con las orquestas estadounidenses, con su sonido pero a su vez tocara música cubana. Por tanto contraté a chicos que tenían la costumbre de escribir arreglos para Cab Calloway y Chick Web; quería que me dieran ese sonido particular”.
En lugar de una batería convencional los Afrocubans empleaban percusiones latinas, contrataron al timbalero y bailarín de 17 años llamado Ernest Anthony (Tito Puente) quien llegaría a ser el rey del timbal latino, aprendida con la tradición de percusionistas cubanos en los club de jazz y en los cabaretuchos de la Playa de Marianao.
La Afrocubans es la primera orquesta que incorpora armonías y “solos” de jazz, utilizando simultáneamente una sección completa de percusiones afrocubanas como conga, bongó, clave, maracas y güiro que producen una gama de ritmos sobre manera superpuestos, en una politritmia sensacional que dejaba estupefactos, un poco confundidos, a los estadounidenses. Sonaban congas en 6/8, timbales en 2/4 y el bongó en 5/4
En el verano de 1942, sigue contando Delannoy, la orquesta Afrocubans es invitada al cabaret La Conga, en la calle 50. Es la primera vez que una orquesta de músicos negros latinoamericanos toca en ese barrio central de Manhattan. Los públicos diversos olvidan sus diferencias, se reúnen blancos, negros, mestizos, cubanos, puertorriqueños, aficionados al jazz, bailarines, fanáticos de la música cubana y caribeña.
En la noche de inauguración, Mario Bauzá invita al colosal Miguelito Valdés a interpretar canciones de moda, el éxito es tal que el propietario del club, Jack Harris, propone a Machito un contrato por duración indeterminada. Tanta importancia alcanzó el proyecto cubano en los Estados Unidos que hace 65 años, hasta el mismísimo Frank Sinatra se hizo amigo de Machito, lo iba a escuchar al Club Brasil, en California y hasta cantaron juntos en la orquesta.
Un genio cubano como Mario Bauzá, en 1943 crea la composición Tanga, primer testimonio grabado, la heráldica sonora, de ese tipo de jazz cubano, la culminación de un proceso creador. Su difusión causó el efecto de una bomba conociendo un éxito sin precedentes. (Luc Dalannoy)
Para que la historia se complete, el mito de las congas, el colosal músico Chano Pozo, arriba en 1947 a Nueva York. El tamborero cubano se une a Dizzy Gillespie, funden lo pasajero con lo eterno, creando una alianza invencible. Graban temas como Manteca, un clásico del latin jazz. Se presentan en el Town Hall, Carnegie Hall, en encuentros explosivos, una especie de holocausto rítmico revolucionando el estilo bop y muchas músicas que aparecieron en el futuro.
Esta alianza comenzó un gran período de experimentación rítmica en la música afroamericana, al tiempo que una nueva generación de percusionistas encontraban innumerables maneras de hibridar lo afrocubano con el jazz. Gillespie compuso Night in Tunisia con figuras de ostinato cortas e irregulares de bajo como lo tocan los cubanos.
En la década de 1950, exactamente entre 1956 y 1958 se grabaron una serie de Descargas que resultaron de enorme importancia en las influencias en el jazz. En ellas participaron estrellas del jazz cubano como Israel López “Cachao”, Julio Gutiérrez, Bebo Valdés, Peruchín, Guillermo Barreto, Walfredo de los Reyes, Tata Güines, Gustavo Tamayo, Richard Egues, Orestes López y muchos más.
En la década de 1960, hicieron muchas descargas en el cabaret Tropicana y en el cabaret Capri y el Club 1900: Frank Emilio Flyn, Tata Güines, Guillermo Barreto, Papaíto Hernández, Gustavo Tamayo, Peruchín. Se destacan: Free American Jazz, Leonardo Timor, Orquesta Juvenil, Quinteto Instrumental de Música Moderna, Club Cubano de Jazz. En 1967 organizan la Orquesta Cubana de Música Moderna dirigida por Armando Romeu. Lo acompañaba una pléyade de virtuosos.
En la próxima década aparece Chucho Valdés y los Irakere, el All Stars de instrumentistas de esa época, con un renovado jazz afrocubano, las músicas de las misas de origen africano, y los sonidos modernos de la electrónica del pop.
A partir de la irrupción de Irakere, comenzó una era de intercambios, a pesar de las restricciones del Departamento de Estado de EE.UU., para que existiera un intercambio de visitas entre ambos países. En la década de 1970 se realizaron dos eventos de enorme importancia: En 1977 Dizzy Gillespie, en un yate, visita La Habana junto a un grupo de amigos del jazz. En el Teatro mella se efectuó un intercambio musical con integrantes del grupo Irakere.
En 1979 Dizzy Gillespie continuó visitando Cuba, después en la década de 1980 y, en el Festival Internacional de Jazz Plaza 1985, me declaró en el club Maxím de El vedado, La Habana que, “la música era más fuerte que todas las limitaciones que los gobiernos impusieran. “Aquí vengo, en demostración de hermandad, de amistad musical como muestra de que admiro a Cuba y su música”.
Después de este acontecimiento, se organizó el Encuentro Música Cuba-USA (Havana-Jam), efectuado, entre los días 2 al 4 de marzo de 1979, fue uno de los acontecimientos más sonados de los finales del siglo XX.
Esta última visita de la Orquesta de la Lincoln Center ha permitido dar continuación al puente musical Cuba-USA. “Somos dos países hermanados en la música desde los tiempos de la colonia”, afirma Wynton Marsalis.
Bibliografía: Colaboración de Ned Sublette, Leonardo Acosta y Luc Delanoy.