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Sabrina Maniscalco es suiza, ya ha vivido en varios países, tiene 31 años y afirma “si puedo hacer una observación, me siento mucho mejor que a los 21”. Esta fotógrafa reside actualmente en Portugal, tiene varios trabajos y ha descubierto con sus experiencias de la vida cotidiana en el extranjero que la gente es muy parecida en todas partes.
swissinfo.ch: ¿Cuándo y por qué se fue de Suiza?
Sabrina Maniscalco: Cuando terminé mis estudios en la Universidad de Lausana, me ofrecieron en 2014 un trabajo como asistente de cámara en Brasil, para un documental sobre un equipo de fútbol (Atletico Mineiro) en Belo Horizonte. Yo no había estado nunca en Sudamérica, así que no dejé pasar la oportunidad...
Las opiniones expresadas en este artículo, entre otras sobre el país de acogida y su política, son exclusivamente las de la persona entrevistada y no coinciden necesariamente con las de swissinfo.ch.
Luego fui fotógrafa de plató en estudios cinematográficos y viajé por Senegal, África, con una asociación humanitaria en el marco de un proyecto fotográfico sobre escuelas públicas.
Después volví a Brasil, donde viví con mi pareja durante casi un año en una granja en plena selva, en Minas Gerais, a 250 km de Brasilia, donde realicé un proyecto fotográfico documentado sobre los agricultores de la zona.
De Brasil me fui a Madrid, donde hice estudios de posgrado tras mi doctorado en Fotografía Documental, ahora vivo en Lisboa, Portugal.
swissinfo.ch: ¿Fue un viaje sin retorno o piensa volver un día a Suiza?
S.M.: No creo que vuelva a vivir en Suiza.
swissinfo.ch: ¿Sigue trabajando de fotógrafa? ¿Cómo le va?
S.M.: Soy fotógrafa, y actualmente trabajo en un proyecto personal, pero lo compagino trabajando a tiempo parcial en una editorial de libros ilustrados y esporádicamente también de fotógrafa de plató para películas o enseño idiomas.
No siempre es fácil ganarse la vida, pero cuando uno está dispuesto a adaptarse, es perfectamente posible.
swissinfo.ch: ¿Dónde vive actualmente? ¿Cómo son la vida y la cocina en su lugar de residencia?
S.M.: Ahora vivo en Lisboa, Portugal. Aquí la vida tiene otro ritmo y otras cualidades. Lo bonito de Lisboa es que es al mismo tiempo una ciudad pequeña y una metrópolis.
La cocina es extraordinaria, prácticamente cada día como pescado fresco, y la luz en esta ciudad es indescriptible.
swissinfo.ch: ¿Qué es más atractivo en Portugal que en Suiza?
S.M.: Está claro que no hay ningún lugar perfecto, pero pienso que depende de las prioridades de cada persona si un lugar satisface en mayor o menor medida sus expectativas.
Aquí en Lisboa la prioridad es más bien la calidad de vida: El clima, la cocina, el mar a poca distancia, son ejemplos de un estilo de vida que yo buscaba. Esta ciudad ofrece un entorno más relajado y tranquilo pese a ser una capital.
swissinfo.ch: ¿Cómo ve Suiza a distancia?
S.M.: Aprecio mucho la reputación de Suiza por sus instituciones públicas, sus bases institucionales, su democracia directa y su buena organización pese a tener varias regiones lingüísticas.
Por otra parte, siempre he percibido Suiza como un lugar donde reina la perfección aparente, en el que se esconden serios problemas sociales. Viajando en otros países y conviviendo con gente mucho menos pudiente me he dado cuenta de que mucha gente en Suiza a menudo está deprimida y estresada, pese a gozar de bastante prosperidad, porque quiere alcanzar metas financieras o profesionales.
El contacto humano en la vida cotidiana es muy limitado y formal, y la gente se siente bastante sola y sometida a una gran presión. Por eso no me sorprende que en Suiza haya una tasa tan elevada de depresiones y suicidios.
swissinfo.ch: ¿Se siente a veces desplazada o está bien integrada?
S.M.: Creo que para sentirse integrado hay que invertir mucho tiempo y mucha energía, y pienso que cada persona tiene su propia receta para lograr sentirse en casa en un lugar concreto.
A mí me resulta fácil integrarme, sobre todo a través del contacto con la gente. Es lógico que cambiar de lugar significa tener que acostumbrarse a algo, pero cuando uno está dispuesto a afrontar los cambios, todo es más fácil. Los primeros meses son los más duros, después uno se adapta al ritmo del nuevo lugar donde vive y empieza a apreciar los pequeños detalles de la vida cotidiana.
swissinfo.ch: ¿Qué diferencias culturales encuentra más difíciles de asimilar?
S.M.: No son dificultades, más bien diferencias a las que uno solamente se acostumbra con el tiempo. Todavía tengo dificultades con la puntualidad, a la que aquí no se le da tanta importancia como en Suiza.
swissinfo.ch: ¿Qué es lo que más le gusta de su vida cotidiana en el extranjero?
S.M.: Poder hablar otra lengua, descubrir cada día nuevos sitios e ir a la playa para ver el mar. Y sobre todo el hecho de reconocer que pese a que en todos los países hay diferencias culturales, al fin y al cabo todos somos muy similares en todas partes.
La experiencia del contacto con la gente y descubrir cómo todos podemos aprender unos de otros en los más diversos aspectos es increíble y me da muchas esperanzas para la humanidad.
swissinfo.ch: ¿Participa en comicios suizos?
S.M.: Cuando puedo, voto por correo.
swissinfo.ch: ¿Qué es lo que más echa de menos de Suiza?
S.M.: A mi familia y mis amigos. Pero sólo con la distancia se aprende a apreciar más las relaciones que uno tiene. Y pese a la nostalgia, los encuentros son más intensos cuando nos volvemos a ver.
Traducido del alemán por Raquel Ruiz, swissinfo.ch (la entrevista se hizo por escrito)