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aparece en la razón práctica antes de la acción como un boceto o idea ejemplar– durante, como regla o plan de constitución de la acción– y después, de modo más completo. La verdad práctica se conoce en la medida que se van realizando unas acciones. Se hace algo teniendo en cuenta lo que se había concebido, aunque en el curso de la obra se modifiquen los planos iniciales. La verdad práctica se da (como la teórica) en la medida del acto. Todo acto práctico tiene por objeto la verdad, de lo contrario, no sería cognoscitivo. Pero unos la tienen más que los otros, en la medida de su proximidad al fin, y no cabe ningún acto de la razón práctica que la tenga, por así decir, al 100%. Hay diversidad de actos de este uso racional y ninguno de ellos está privado de verosimilitud. La verdad práctica es perfecta cuando se atiene a lo singular, pero será perfecta si no yerra en lo particular, pues la razón práctica es mucho más falible que la teórica, a consecuencia de la multiplicidad de posibilidades con que se enfrenta.