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"Suiza no es el mejor lugar para estudiar alemán", me dice todo el mundo. La explicación a la frase es clara: aquellos que llegamos de otros países con toda la voluntad de aprender el idioma materno de la región germana de Suiza nos topamos con la gran dificultad de lidiar con el dialecto suizo-alemán.
Conocí todo tipo de latinos. Aquellos que llegaron hace pocos meses, algunos hace más de tres años, y otros con más de diez años en Zürich, o ciudades pertenecientes a la región alemana de Suiza. Todos pasaron por lo mismo. "En la escuela me va bárbaro, entiendo cada día más, pero el problema es cuando salgo a la calle", me dijo un día, con tono disgustado, un amigo cubano.
Ciertamente, el desafío es doble. Es como si te invitaran a jugar al fútbol y segundos antes de empezar el juego te dijeran "prestá atención que acá se juega con dos pelotas, así se juega acá". Y vos, en el medio del campo, mirando para todos lados, sin saber qué pelota patear. Tenías claro como jugar con una pelota, pero ahora tenés que dar lo mejor para jugar con dos.
Quizá la comparación parezca estúpida, pero estudiar alemán en una escuela en Suiza es como comer helado sin cucurucho: se puede, pero no es la mejor manera. El helado sería el idioma, y el cucurucho el país. Por ahí esta te gustó más. Aunque yo me quedo con la de la pelota.
Pero ojo, que la situación no es tan extrema. Está claro que, si comenzamos una conversación en alemán, el suizo va a continuarla como tal. No es que miren extraño al que no domine el dialecto, porque, de alguna manera, el suizo-alemán es una variación del alemán, aunque sin gramática. Por lo que no se considera un idioma.
Aún así, los suizos están orgullosos de su dialecto, y por alguna razón se encuentra latente. Aunque en la televisión, el diario, la radio, y todo cartel que veamos en la calle esté escrito en alemán, el suizo se crió así. El común, habla al menos dos idiomas, alemán y alguna otra lengua materna originaria de su país, como el francés. Y no es raro conocer a quienes dominen cuatro.
Mientras tanto, personas como yo, luchamos por empezar con el alemán en la escuela, y luego enfrentar el suizo-alemán en las calles. Por momentos, cuando escucho al suizo hablando dialecto, me hago la imagen de que son una suerte de secta como los mazones, y a mí, me imagino buscando la manera de entrar en la secta como si fuera un niño que salta frente al mostrador de un kiosco porque el vendedor no lo ve. Pero, por el momento, todo lo que recibo es un «qué querés nene?, caramelitos?». Doble es el desafío, y no es poco, porque desafío es motivación, y si hay ésto, quiere decir que también hay objetivo.