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Las vacas y la producción quesera han tenido una gran influencia en los usos y las costumbres de Suiza. Una de estas costumbres relacionada con la producción lechera es, por ejemplo, la tradición del desfile del ganado vacuno de las llanuras a los pastos alpinos al comienzo de la temporada veraniega.
Las vacas son decoradas con flores para la cañada alpina. En algunas granjas en el país de Gruyere (Friburgo), los campesinos suelen colocar cuadros con fotos de estas vacas decoradas.
En el cantón del Valais son las vacas de la raza hérens (que han mantenido mejor que otras razas el instinto para el orden jerárquico en el rebaño) las que deciden, por medio de la pelea, cuál será la guía del rebaño.
Además de estas peleas espontáneas, existen las competiciones organizadas en las cuales se determinan las reinas regionales y hasta cantonales. Estas peleas de vacas atraen siempre a muchísima gente.
Pastoreo veraniego
El libre pastoreo veraniego del ganado vacuno en los pastos alpinos es una forma de crianza muy arraigada en Suiza. Normalmente son un vaquero y un pastor que se encargan durante el verano del ganado vacuno procedente de distintas granjas.
La principal tarea del vaquero consiste en pastorear el rebaño, ordeñar diariamente las vacas y hacer queso. A finales de septiembre los vaqueros conducen las vacas al valle donde permanecen durante el resto del año.
El pastoreo alpino es un trabajo muy duro y mal pagado. Durante cuatro meses los vaqueros trabajan catorce horas al día. Además, suelen tener muy pocos días libres. Las vacas tienen que ser ordeñadas y la leche tiene que ser tratada también los fines de semana.
Dependiendo de la función que tienen, los vaqueros suelen ganar entre 70 y 150 francos suizos por día, lo que corresponde, en el mejor de los casos, al 75% de un salario medio mensual en Suiza. Sin embargo, mucha gente de ciudad sueña con el aire fresco y el atractivo de las montañas, que parece ser un lugar idóneo para tomar distancia del mundo estresante de la ciudad.
La tarea del pastoreo alpino es una recompensa que supera con mucho la desventaja del sueldo modesto. Por eso no hay pocos juristas, profesores, médicos o artistas que pastorean el ganado durante el verano. Quienes quieren encargarse de un rebaño en los pastos alpinos tienen que absolver un curso especial y haber estado por lo menos durante un verano en los Alpes trabajando como pastor.
Muchos pasotas superan la vida dura en los pastos alpinos, otros, sin embargo, se dan cuenta en poco tiempo que el mundo alpino no es un paraíso terrenal, y vuelven resignados a la civilización.
El tradicional reparto de quesos
En el cantón de Berna se celebra el fin del pastoreo veraniego en los Alpes con una fiesta denominada “Chästeilet” (reparto de queso).
En el valle de Justi, en lo alto del Lago de Thun, se reparte el queso fabricado durante el verano en los pastos alpinos entre los dueños de las vacas. Puesto que no todas las barras de queso son de la misma calidad, se suelen repartir mediante sorteo. El queso es repartido según la cantidad de leche que las vacas de los distintos dueños han producido durante el verano.
Corro vacuno
El arte del yodel, que mucha gente suele asociar con la vida en los Alpes, es una tradición muy conocida en todo el mundo.
Otro uso alpino es el denominado corro vacuno. Con este canto, los vaqueros o pastores reunían las vacas en rebaños. El corro vacuno más célebre es la versión del País de Gruyere. Se llama “ranz des vaches” y es el himno oficioso de la Suiza francófona.
Este “himno” es tan emocional que las autoridades francesas prohibieron a los mercenarios suizos del ejército francés que lo corearan. Causaba a veces una añoranza tan enorme entre los soldados helvéticos que podía provocar deserciones en masa.
Pero el himno no sólo conmovía a los mercenarios, también gustaba mucho a los grandes compositores como Beethoven, Beriloz y Rossini que lo adaptaron en sus obras musicales.