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Mujeres y prisión
"Yo era como la mayoría de las mujeres allí: una delincuente no violenta acusada de delitos de drogas. (...) La mayoría de las mujeres del Campo eran pobres, con poca educación y venían de un barrio donde la economía principal apenas estaba presente y el comercio de drogas proporcionaba las mayores oportunidades de empleo. Sus delitos típicos eran por cosas como el tráfico de bajo nivel, permitir que sus apartamentos se utilizaran para la actividad de las drogas, servir de mensajeras y transmitir mensajes, todo ello por bajos salarios". Piper Kerman, El naranja es el nuevo negro, Mi año en una cárcel de mujeres, Spiegel & Grau, Nueva York, 2011
El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. Esta es una ocasión para reflexionar sobre las mujeres y la prisión, un tema a menudo invisible, y desafiar los conceptos erróneos y las creencias comunes a su alrededor. La prisión es un mundo cerrado concebido principalmente por hombres para hombres. ¿Cómo afecta a las mujeres que están detenidas? Desde 2010, existen normas internacionales específicas para las mujeres reclusas, las Reglas de Bangkok de las Naciones Unidas de 2010, que se esfuerzan por abordar sus necesidades y desafíos específicos.
Pocas prisiones para mujeres
Las mujeres detenidas constituyen una minoría muy pequeña de la población carcelaria (5% en promedio). Este pequeño número tiene a menudo un impacto negativo en sus condiciones de detención. Hay muy pocas prisiones específicamente para mujeres y, por lo tanto, pueden estar ubicadas lejos de sus hogares. Esto hace que las visitas de sus hijos/as y familiares sean más complicadas. Las actividades para las mujeres, incluyendo el trabajo y la educación, a menudo no son adecuadas ni significativas y se basan en estereotipos. En la prisión preventiva de Champ Dollon, en Ginebra (Suiza), hay entre 10 y 20 mujeres y sólo tienen acceso a actividades para colorear o crear brazaletes brasileños.
La alta tasa de problemas de salud mental
A menudo se descuidan las necesidades sanitarias específicas de las mujeres. Muchas mujeres en prisión han sufrido abusos y violencia sexual y física. Según investigaciones recientes, el 64% de las mujeres detenidas en el Reino Unido y el 94% en Nueva Zelanda presentan un historial de lesiones cerebrales. Además, la Organización Mundial de la Salud ha informado de altas tasas de problemas de salud mental entre las reclusas: ansiedad, trastorno de estrés postraumático, tendencia a intentar autolesionarse y suicidio. Las mujeres también pueden ser drogodependientes o alcohólicas y no siempre tienen un acceso similar a los programas de tratamiento y rehabilitación.
Los niños y las niñas también son víctimas cuando sus madres están en la cárcel
Muchas mujeres reclusas son las cuidadoras únicas de su familia. Sus hijos/as se ven directamente afectados/as por su encarcelamiento y a menudo tienen que trasladarse a familias de acogida o a instituciones de protección. Según lo dispuesto en las Reglas de Bangkok, hay que tener en cuenta el interés superior del niño para promover la suspensión de la detención o alternativas a la detención para las mujeres. En el Brasil, una ley de 2016 sobre la niñez, complementada por un fallo de la Corte Suprema de 2018, dictaminó que todas las mujeres embarazadas y las madres con hijos/as menores de 12 años debe permanecer en arresto domiciliario y no en prisión preventiva. De manera similar, en 2018 el Consejo de Europa emitió una recomendación para favorecer medidas como las detenciones en el hogar, las prisiones abiertas o los brazaletes electrónicos para las madres.
Se debería fomentar esta tendencia positiva para revertir el actual crecimiento del número de mujeres detenidas. En todo el mundo, el número de mujeres y niñas encarceladas se ha duplicado desde 2000. Las mujeres no deberían terminar en la cárcel en primer lugar, ya que se enfrentan a un mayor estigma y vergüenza y el impacto en su familia y sus hijos es enorme. Este año, al celebrar el décimo aniversario de las Reglas de Bangkok de las Naciones Unidas para el tratamiento de las reclusas, hacemos un llamamiento a los Estados y a las/los operadores de justicia para que den prioridad a las medidas no privativas de la libertad para las mujeres infractoras.