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Algunas personas han creído ver una contradicción entre las enseñanzas de Santiago y las de Pablo (como las del capítulo 4 a los Romanos). En realidad, cada uno de ellos presenta un lado distinto de la verdad. Pablo demuestra que la fe basta para justificar a alguien ante Dios. Santiago explica que, para ser justificado ante los ojos de los hombres, las obras son necesarias (v. 24; 1 Juan 3:10). No es la raíz de un árbol lo que permite juzgar la calidad del mismo, sino su fruto (Mateo 7:16-20).
La fe interior solo puede mostrarse a los hombres por las obras. No puedo ver la electricidad, pero el funcionamiento de una lámpara o de un motor me permite afirmar la presencia de la corriente en el cable conductor. La fe es un principio activo (v. 22), una energía interna que hace mover el engranaje del corazón. Pablo y Santiago ilustran su enseñanza con el mismo ejemplo: el de Abraham, al cual se agrega aquí el de Rahab. Según la moral humana, el primero es un padre criminal, la segunda una persona de mala reputación, traidora de su pueblo. Sus hechos manifiestan tanto más la consecuencia de su fe: ésta les llevó a hacer los más grandes sacrificios para Dios.
Amigo, tal vez usted haya dicho algún día que tiene fe, pero ¿lo ha demostrado también?
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"