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Las mujeres representan sólo un pequeño porcentaje de las personas detenidas, lo que las hace particularmente vulnerables en un entorno de detención. Para muchas mujeres con antecedentes de victimización o responsabilidades de cuidado, la detención no es una respuesta apropiada y se deben aplicar medidas alternativas a la detención que no sean privativas de libertad y con perspectica de género.
Las motivaciones del comportamiento delictivo de las mujeres y sus vías de acceso a los sistemas de justicia penal suelen ser distintas de las de los hombres. Muchas mujeres ingresan en los lugares de detención después de haber experimentado una arraigada discriminación social institucionalizada y otros obstáculos para acceder a la justicia, incluida la pobreza. Muchas mujeres en el sistema de justicia penal son mujeres de bajos ingresos, madres solteras pertenencientes a minorías, víctimas de la violencia y abuso en el hogar, o sufren problemas de salud mental, dependencia de sustancias y un estado de salud general deficiente. Un gran número de ellas fueron víctimas de violencia por parte de su pareja o de personas ajenas a ella antes de la detención, y corren el riesgo de volver a ser víctimas durante la detención y el encarcelamiento.
Las prisiones y otros lugares de detención se perciben en general como un universo masculino y tienen muy poco en cuenta las necesidades específicas de las mujeres.
Las autoridades tienen el deber de proteger a las mujeres detenidas contra toda forma de violencia física o psicológica y de abuso por parte del personal y otras persomnas privadas de libertad. También deben garantizar la protección de sus derechos proporcionando instalaciones adecuadas para satisfacer sus necesidades, como servicios de atención de la salud apropiados y acceso a especialistas médicos (por ejemplo, un/a ginecólogo/a).
El hecho de que las mujeres detenidas constituyan una minoría del total de la población carcelaria se refleja también en las infraestructuras de detención, que a veces son inadecuadas, poco numerosas y están situadas lejos de sus familias. Esto es particularmente problemático para las mujeres con hijos/as. Se deben hacer arreglos especiales que tengan en cuenta el interés superior del niño. Las autoridades también tienen que asegurar el bienestar de las mujeres detenidas embarazadas y las madres detenidas acompañadas de niños/as pequeños/as.
Si bien las mujeres en general se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad una vez encarceladas, algunas mujeres detenidas, como las pertenecientes a grupos étnicos minoritarios, las mujeres con discapacidades o las mujeres lesbianas, corren un riesgo especialmente alto de sufrir abusos o discriminación.
La violencia de género
La forma más extrema de discriminación a la que se enfrenta la mujer es la violencia de género, es decir, la violencia que se dirige contra una mujer por ser mujer o que afecta a las mujeres de manera desproporcionada. La violencia de género equivale a los malos tratos y, según las circunstancias y la naturaleza de la violencia, a la tortura. Una de las formas más graves de violencia de género es la violación. Otras formas de violencia en la custodia incluyen amenazas de violación, tocamientos, insultos y humillaciones de naturaleza sexual, mdios de contención mecánica a las mujeres durante el parto y pruebas de virginidad.
Qué hacemos
Hemos desarrollado herramientas para apoyar a los órganos de monitoreo de la detención a comprender y tener en cuenta las necesidades específicas de las mujeres detenidas en su trabajo. También abogamos por una mayor concienciación a nivel nacional e internacional mediante la participación de las autoridades nacionales, la sociedad civil, las organizaciones internacionales y el público.