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La reserva de la biosfera de Seaflower, que forma parte del patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco, es un pequeño territorio marino en el corazón del archipiélago de San Andrés, en el mar Caribe. La región es una de las reservas de la biosfera más grandes del mundo y en ella encontramos una barrera de coral de un valor incalculable.
El problema es que tanto la barrera de coral como sus habitantes están en peligro. Los estragos del turismo masivo; las fábricas de la zona; la sobreexplotación del mar; la superpoblación de las islas vecinas; la contaminación, y el cambio climático ejercen una presión insostenible sobre la reserva; todo el ecosistema está a punto de morir. A eso se le añade un conflicto internacional persistente que afecta a la soberanía de la zona: Colombia y Nicaragua se disputan el territorio desde hace años, cosa que debilita la protección de la reserva.
La división territorial de la región impide que se pueda proteger de manera eficaz. Por esa razón, es indispensable que haya cooperación internacional entre los seis países vecinos (Colombia, Costa Rica, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Panamá).
Nuestro proyecto – Gran Seaflower – aspira a facilitar esa cooperación y tiene como objetivo extender la zona de reserva para garantizar una producción eficaz de todo el ecosistema; una acción indispensable para conservar el resto de los océanos del planeta. Este proyecto solamente es viable si integra consideraciones políticas y sociales, si establece un estrecho diálogo con las comunidades locales – los habitantes de Seaflower –, las comunidades científicas y las ONG que trabajan sobre el terreno.
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