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“El patrón de oro de la democracia directa”, “un país ejemplar”, “proyecto para Europa”: Suiza cosecha muchos elogios por su consolidada democracia directa. Sin embargo, en el país que en cierto sentido inventó los derechos populares no es oro todo lo que reluce. ¿Sabía por ejemplo que…
Este artículo forma parte de #DearDemocracyEnlace externo, la plataforma swissinfo.ch sobre democracia directa.Fin del recuadro
… el Gobierno y el Parlamento a veces desoyen claramente la voluntad popular?
Un ejemplo actual es el horario de verano. El presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker propone acabar con el cambio de hora. El horario de verano, por tanto, también tiene los días contados en Suiza. En 1977, el Parlamento helvético aprobó la ley correspondiente y los agricultores exigieron que se sometiera a referéndum.
En 1978, la mayoría de los votantes suizos se manifestaron en contra del horario de verano. Sin embargo, en 1980, el Gobierno y el Parlamento elaboraron una nueva ley. Y en esta ocasión nadie recurrió al referéndum. Así, desde 1981 Suiza cambia de hora dos veces al año – en contra de lo que votaron sus ciudadanos.
… que el Parlamento puede hacer lo que quiera?
¿Se imagina una constitución que diga de sí misma que no es válida? Pues esto ocurre con la Constitución de Suiza. O por lo menos en parte. En su artículo 190 estipula que para los tribunales helvéticos solo son determinantes la legislación nacional y el derecho internacional, y no la Constitución suiza. Es decir: los tribunales tienen que aplicar las leyes nacionales incluso en los casos en los que contradicen lo que establece la Carta Magna.
Un ejemplo ficticio: El Parlamento aprueba una ley por la que el servicio militar es obligatorio para las mujeres. Una ciudadana recurre a la justicia alegando que la nueva ley federal viola la Constitución suiza. Pues en el artículo 59 apartado 2 de la Carta Magna establece que el servicio militar es voluntario para las mujeres. La justicia tendría que dictaminar que, a pesar de que la mujer lleva la razón, tiene que cumplir el servicio militar.
… que un voto puede ser totalmente baladí?
Se suele olvidar a menudo que los cantones son el primer soberano en Suiza. El pueblo viene después. Los cantones dictan cómo son elegidos el Gobierno y el Parlamento. Y los principales partidos lo aprovechan a su favor para tener a raya a la competencia.
¿Cuál es la receta? El sistema electoral mayoritario, así como circunscripciones pequeñas con pocos escaños para asignar. Las formaciones menores no tienen así prácticamente ninguna posibilidad de ser elegidas. Para tres escaños se necesita más del 30% de los votos. Votar a un representante de un pequeño partido es como echar el voto a la papelera, en lugar de en la urna.
El Tribunal Federal obligó a seis cantones a adoptar el sistema proporcional. Estos respondieron a esta decisión con una iniciativa al Consejo de los Estados (cámara alta del Parlamento) mediante la cual quieren recuperar la plena soberanía sobre el sistema electoral. El Consejo de los Estados, la cámara que representa a los cantones, ha aprobado la propuesta. Falta ver qué decide en la actual sesión del Parlamento la cámara baja.
… que Suiza es una oligarquía?
Como propietario de una empresa química de éxito, Christoph Blocher hizo fortuna. Con 115 000 millones de francos, su familia figura en el puesto 10 de la clasificación de los suizos multimillonarios. Además, Blocher lleva la voz cantante en la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora). Con éxito: Desde 1999 la UDC es el partido más votado y Blocher el político más influyente del último cuarto de siglo en Suiza.
Un factor de este éxito: Blocher es el cerebro de la estrategia, así como patrocinador de la UDC. Nadie fuera del partido sabe cuánto dinero ha invertido Blocher en las campañas de votación de la UDC. Y la ley no ve inconveniente en ello. Pues la financiación de los partidos en Suiza es una caja negra. Una iniciativa popular quiere que se esclarezca quién paga y cuánto a un partido.
Hablando de Blocher cabe recordar la siguiente anécdota de un politólogo suizo. Cuando presenta el sistema de democracia suiza a las delegaciones de China, la primera pregunta que le hacen suele ser: “¿Qué democracia es Suiza si el hombre más rico del país puede comprar un partido?
… el pueblo suizo tuvo que luchar mucho después de la Segunda Guerra Mundial para recuperar sus derechos democráticos?
Hace 60 años Suiza iba camino de convertirse en una autocracia. ¿Le cuesta creerlo? Recapitulemos: 30 de agosto de 1939: al estallar la Segunda Guerra Mundial el Parlamento suizo otorga plenos poderes al Gobierno. Durante el conflicto bélico, el Consejo Federal le coge el gusto a gobernar por decreto. Tanto que el Gobierno –y los partidos de centro y derecha– quieren seguir con esta forma autócrata de gobernar.
El pueblo suizo se empeñó en recuperar sus derechos y lanzó una iniciativa que fue aprobada en las urnas el 11 de septiembre de 1949. Pero este abusivo régimen de plenos poderes no se abolió hasta 1952.
Traducción del alemán: Belén Couceiro