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En el cementerio de Bremgarten, en la ciudad de Berna, se entierra a personas de cuatro religiones de ámbito mundial. Es un signo de respeto para con los que tienen otras creencias. En el doloroso trance del sepelio, los familiares pueden llevar a cabo sus ritos funerarios de acuerdo con sus costumbres. Un recorrido por un cementerio que pretende ser “válido” para todos.
Los dos niños somalíes que en 2017 murieron en una localidad del cantón de Berna, víctimas de una descarga eléctrica cuando jugaban con un secador de pelo en la bañera, no hubieran podido ser enterrados aquí.
De acuerdo con la ordenanza municipal, el cementerio de Bremgarten está reservado a personas que viven en la capital federal. Pero este no era el caso de esta familia, y además tampoco era posible tener un entierro musulmán en Berna. Esto es lo que Walter Glauser, director de los cementerios berneses, debería haber comunicado personalmente a los padres en el hospital donde murieron los niños de seis y siete años.
Sin embargo, en el camino al hospital Glauser se dio cuenta de que podía facilitar a la afligida familia un entierro en el cementerio de Bremgarten, el único que dispone de tumbas musulmanas. ¿Encontró Glauser una fórmula que respetase las normas de la capital federal y de la comuna de origen de los niños?
Nadie ha sido exhumado
Sorprendentemente, en el bancal musulmán hay muchas tumbas infantiles. La razón es que la mayoría de los musulmanes emigrados son repatriados después de su muerte y enterrados en su patria en una tumba familiar. Pero es cada vez más frecuente enterrar a los niños fallecidos y a los miembros de segunda generación cerca de donde viven sus seres queridos, siempre que se satisfagan las costumbres de los musulmanes.
En el cementerio de BremgartenEnlace externo esto se tiene en cuenta desde 2002. Aquí se cumple, por ejemplo, uno de los principales requisitos: la alineación del cadáver con La Meca. “Pero no podíamos cumplir el requisito más importante, el del descanso eterno, porque de acuerdo con el Reglamento de Berna las tumbas deben renovarse después de 20 años”, explica Glauser. Por lo tanto, incluso las tumbas de los musulmanes tendrían que ser desocupadas después de ese tiempo, “pero como aún nadie ha sido exhumado -salvo por petición explícita de los familiares- hemos podido prometer a la comunidad musulmana que los restos mortales permanecerán aquí mientras exista el cementerio”.
Nombre suizo, tumba musulmana
Sin embargo, no se pudo satisfacer completamente el requisito de disponer de un cercado. Pero ahora en lugar de una pared, el bancal de tumbas está rodeado de un seto natural de arbustos. “Hoy la comunidad musulmana acepta fácilmente estas normas”, afirma el director del cementerio.
Este bernés de 60 años, que califica su profesión de muy valiosa, conoce numerosas historias de las personas enterradas aquí y las cuenta con tanto cariño y tranquilidad que, al escucharle, el temor a la muerte cede paso a la esperanza.
Muchos de los enterramientos musulmanes antiguos parecen olvidados, aunque sigan ocupados. Están cubiertos de hierba y algunas de sus placas de identificación, levantadas y en forma de ataúd, están un poco podridas. “Se sabe que en la cultura musulmana el entierro es un acto muy solemne y significativo. Pero la tumba en sí o su cuidado es menos importante” afirma Glauser.
Muy diferente es lo que ocurre con las tumbas más recientes; en ellas florecen las mismas flores que en las tumbas cristianas, hay molinillos o rehiletes y nombres e incluso apellidos suizos en las placas funerarias. “Son miembros de matrimonios mixtos o de segunda generación, para quienes el Corán y el islam sigue siendo importante, pero que admiten también las formas locales de despedida”.
Apagar el detector de incendios
Para hacer del cementerio un lugar “válido” para todos, como dice Glauser, él y su equipo hacen todo lo imaginable. Desde junio de este año el “cementerio de las religiones del mundo” ofrece no solo a cristianos y musulmanes un tipo de servicio funerario adecuado a sus necesidades, sino también a budistas e hinduistas.
Cementerio judío de Berna
En Berna existe un cementerio judío para los miembros de la comunidad judía. Fue inaugurado en 1871 en las proximidades del actual estadio de fútbol. De las aproximadamente 2 000 plazas de sepultura hoy están ocupadas cerca del 90%.Fin del recuadro
La antigua capilla funeraria católica ya no es tan utilizada como antes. Hoy día cerca del 90% de los cristianos prefieren la cremación, católicos incluidos. Por lo tanto, los espacios para las capillas ardientes están ahora a disposición de los sepelios de musulmanes, hinduistas y budistas.
Mientras que las ceremonias funerarias de los cristianos se caracterizan más bien por la tristeza, la contemplación y el silencio, las de hinduistas y budistas suelen ser muy coloridas y animadas. En el hinduismo el velatorio es muy importante y puede durar hasta cuatro días. Participan muchos familiares y conocidos con cánticos, oraciones, rituales especiales y ofrendas. “Tenemos que apagar los detectores de incendios durante las celebraciones porque se encienden numerosas lámparas de aceito y palitos aromáticos”, señala Glauser. A veces vienen 500 o 600 personas de media Europa, en su mayoría inmigrantes de Sri Lanka.
Nadie tiene la culpa
No obstante, es cierto que las costumbres funerarias están cambiando, no solo entre los inmigrantes sino también entre la población local. En los cementerios de la ciudad de Berna se han creado en los últimos años espacios para tumbas familiares y comunitarias, los llamados jardines de urnas. Esa fue la respuesta de Glauser ante el rechazo de la clásica lápida por una parte creciente de la población, que tras su muerte pretende no ser una carga para nadie.
En contraste con los enterramientos comunitarios convencionales, aquí los familiares tienen la posibilidad de poner el nombre del difunto en el lugar en que está enterrada la urna. Y sobre la batea pueden depositarse objetos y plantas. A los campos de urnas se les asignan temas como “árboles”, “arbustos”, “mariposas” o “rosas”.
Ante uno de los jardines temáticos de urnas, una señora de mediana edad y su acompañante están sentadas en unas de las sillas del cementerio esparcidas por todo el parque. Glauser se presenta y amablemente le pregunta por el motivo que le llevó a elegir ese tipo de enterramiento. Su esposo, fallecido en 2013, estaba muy ligado a la naturaleza y era un apasionado recolector de setas, explica la mujer con lágrimas en los ojos. “Estoy convencida de que le gusta estar aquí”. Glauser ha observado en el cementerio más de 50 especies de pájaros y ha encontrado distintos tipos de setas, como níscalos, boletos o champiñones silvestres.
La ancha espalda de Buda
El tema más reciente de los campos de urnas es el “Jardín de Buda”, que se inauguró el pasado 15 de junio. Desde lejos es visible una estatua de Buda, de un tamaño mayor que el de un hombre. En realidad debería estar protegida por un techo. Un arce plateado asume simbólicamente esa función. El jardín de Buda tiene espacio para 180 tumbas. Las bateas sobre las urnas tienen forma de flor de loto, símbolo de pureza. En el jardín se han plantado flores blancas.
Una de las dos personas enterradas tiene nombre suizo, Blunier-Kalbermatten. Pero en la inscripción de la tumba figura también el nombre budista de Zoenzo. La fallecida era uno de esos budistas occidentales que a través de la meditación o el yoga han desarrollado alguna relación con el budismo.
El jardín acoge también a visitantes que han venido a recordar a algún difunto enterrado antes del 15 de junio en algún otro lugar del cementerio. Los regalos depositados en el pedestal de la estatua de Buda muestran que no son pocos. Alrededor hay velas usadas, palitos de incienso, aceites y una botella de plástico de agua mineral medio llena. Glauser, que reconoce expresamente una inclinación hacia el budismo, esconde los regalos gastados tras la espalda de Buda.
En la “parte típicamente católica del cementerio” están enterrados muchos portugueses, españoles e italianos. Glauser sabe que la mayoría de ellos pasaron casi toda su vida en Berna como trabajadores extranjeros. A su lado hay tumbas con cruces de dos brazos horizontales y uno en diagonal. Pertenecen a cristianos ortodoxos.
Solo en Berna y Hannover
Aquellos que no quieren cremación y que prefieren ser enterrados en una tumba comunitaria encuentran su último descanso bajo un prado natural de unos 500 metros cuadrados. Aquí no hay lápidas ni flores ni inscripciones que sirvan para recordar. Solo en las sobrias estelas que se levantan algo apartadas pueden los familiares grabar el nombre del difunto o dejar algún objeto. “Tumbas comunitarias para este tipo de enterramientos solo existen en Hannover y Berna”, dice Glauser con una pizca de orgullo.
El cementerio de las religiones del mundo también da cabida a miembros de iglesias libres, agnósticos y ateos, asegura Glauser. El límite se coloca solo allí donde se vea amenazada la piedad, lo que suele ser raro. “Al contrario, muchas veces tenemos que dar a la gente todo el apoyo del que somos capaces”.
Los cementerios son responsabilidad de los municipios
En Suiza, desde 1874, los cementerios no son responsabilidad de las parroquias sino del Estado. Desde entonces, todas las personas tienen derecho a un entierro digno. Los municipios regulan la organización de tumbas y bancales.
Solo en algunos municipios existen ofertas funerarias para los ritos y costumbres de otras religiones.
Ni siquiera la región turística de Interlaken, donde los visitantes de origen árabe figuran entre los sectores de clientes más importantes, ofrece a la población musulmana local ningún tipo de enterramiento conforme al islam. “En las solicitudes de plaza al cementerio no se pregunta por la religión, sino por los requisitos de la tumba”, escribe Magdalena Seematter de la Asociación funeraria municipal Gsteig-Interlaken, en respuesta a una pregunta de swissinfo.ch. “Si esos requisitos son conformes con nuestro reglamento, entonces el entierro puede tener lugar sin ningún problema”.
Traducción del alemán: José M. Wolff