Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05484.jsonl.gz/11

Contenido externo
El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.
Nancy Schrock posa con una fotografía de su marido fallecido junto a sus hijos Matthew y Sarah en su casa en Oak Glen, en Estados Unidos. Fotografía tomada el 26 de julio de 2016. REUTERS/Mike Blake(reuters_tickers)
Por Peter Eisler, Jason Szep, Tim Reid y Grant Smith
ONTARIO, California (Reuters) - Mientras su esposo paseaba por el patio trasero, volcando sillas y gritando sobre demonios, Nancy Schrock sabía que se estaba derrumbando rápidamente. Entonces llamó a la policía.
"Tiene que estar en el hospital", dijo a su interlocutor en el teléfono 911. Eran las 22.24 de un jueves de junio de 2012. "Está muy muy mal".
Tom Schrock había lidiado con la depresión y problemas de drogas ocasionales a lo largo de sus 35 años de matrimonio. Sus episodios maniacos se habían vuelto más feroces desde que su hijo mayor murió tres años antes por una sobredosis de heroína.
La policía había visitado la casa de la familia en el este de Los Ángeles más de una docena de veces. Por lo general, llevaban a Tom al hospital, donde lo medicaban y enviaban de vuelta a casa después de 72 horas.
No esta vez.
Tres agentes respondieron al llamado, que fue clasificado como un altercado con la participación de un hombre desarmado con problemas de salud mental.
Nancy los llevó por la casa hacia la parte trasera. Santiago Mota, un policía veterano, sacó su pistola aturdidora o Taser. Cuando los agentes aparecieron, Tom se dirigió hacia ellos, con los brazos a su lado y las manos cerradas. Le ordenaron que se detuviera, pero él siguió avanzando, murmurando: "Salgan".
Mota disparó el Taser.
Tom se dobló y se retiró hacia el patio. Mota lo siguió, presionó la pistola eléctrica contra el pecho de Tom y disparó de nuevo. El hombre de 57 años se desplomó, jadeando, sin responder. Nunca recuperó la conciencia.
"Pedí ayuda", dijo Nancy. "No les pedí que vinieran a matarlo".
El forense del condado de San Bernardino calificó la causa de la muerte de Schrock como "multifactorial", indicando que Tom falleció por falta de oxígeno en el cerebro debido a un paro cardiaco después de una "intervención policial". La primera entre las "causas contribuyentes": el uso del Taser.
Los Schrock demandaron a la policía de la localidad californiana de Ontario y al fabricante del arma, Taser International Inc. Aseguraron que las armas de aturdimiento son intrínsecamente peligrosas y acusaron al departamento de no capacitar adecuadamente a los agentes sobre los riesgos de usarlas en personas con problemas de salud mental.
Las autoridades llegaron a un acuerdo por 500.000 dólares. El caso contra Taser fue desestimado en junio y ambas partes se negaron a revelar si llegaron a un entendimiento.
CARACTERÍSTICAS FAMILIARES
A medida que el uso de estas armas se normaliza en miles de fuerzas policiales de todo Estados Unidos, las características del caso Schrock se han vuelto familiares: un disparo de Taser, una muerte no intencional y un reclamo por daños. Pero los matices del episodio -una víctima mentalmente enferma, una compleja investigación de la muerte, un debate sobre el uso del arma- cuentan una historia más profunda.
La muerte de Tom Schrock es una tragedia en una constelación más grande de fatalidades que involucran a Tasers y que fue explorada por Reuters en un primer examen de este tipo de muertes y demandas relacionadas con las armas de aturdimiento.
Reuters documentó 1.005 incidentes en Estados Unidos en los que murieron personas después de que la policía les aturdió con Tasers, casi todos desde principios de la década del 2000, el estudio más completo hasta la fecha de encuentros fatales con las pistolas paralizantes.
Muchas de las víctimas están entre los más vulnerables de la sociedad. Una cuarta parte de las personas que falleció, como Schrock, sufría problemas mentales o un trastorno neurológico. En nueve de cada 10 incidentes, el finado estaba desarmado. Más de 100 de los encuentros fatales comenzaron con un llamado al 911 para pedir ayuda durante una emergencia médica.
Es imposible saber con precisión qué papel jugó el Taser en muchas de las muertes analizadas por Reuters. Una revisión de más de 400 de los encuentros fatales -aquellos en los que los documentos judiciales proporcionan un informe relativamente detallado de lo ocurrido- indica que los Tasers fueron la única forma de fuerza supuestamente utilizada por la policía en aproximadamente uno de cada cuatro casos. El resto se refería tanto a los Tasers como a otras medidas.
La mayoría de investigadores independientes que ha estudiado las armas coincide en que las muertes son inusuales cuando los Tasers son usados apropiadamente. Sin embargo, la probabilidad de morir de un choque eléctrico en un encuentro policial puede ser incalculable, según los expertos, que mencionan la falta de datos oficiales sobre el uso de armas aturdidoras, el hecho de que las muertes a menudo tengan más de una causa y otras complejidades.
Ninguna agencia gubernamental hace un seguimiento de las muertes en incidentes policiales con Tasers. Las autopsias no son públicas en algunos estados y los forenses y examinadores médicos usan diversos estándares para evaluar el papel de un Taser en una muerte. El lenguaje de sus resoluciones va desde detallado y riguroso hasta escaso y opaco.
DESAFÍO PARA LAS AUTORIDADES
Frente a ese manto de incertidumbre, Taser International ha insistido durante años en que sus armas casi nunca son culpables de las muertes. Según la compañía, los decesos se deben casi siempre al consumo de drogas, condiciones fisiológicas subyacentes tales como problemas cardiacos, u otra medida de fuerza policial usada junto a la pistola eléctrica.
La firma asegura que solo 24 personas han muerto por las Tasers: 18 por lesiones fatales en la cabeza o el cuello en caídas causadas por el arma y seis por incendios provocados por el arco eléctrico del arma. Ni una sola persona, dice el fabricante, ha muerto por los efectos directos del poderoso shock del Taser en el corazón o el cuerpo.
No obstante, los registros oficiales sugieren lo contrario.
Reuters obtuvo las autopsias de 712 de las 1.005 muertes que documentó. En 153 de ellas, más de una quinta parte, el Taser fue citado como causa o factor contribuyente en la muerte, por lo general como uno de los elementos que desencadenaron el deceso. La mayoría del resto de autopsias se refirió a una combinación de condiciones cardiacas y médicas, el consumo de drogas y varios tipos de trauma.
Las muertes representan un desafío para las autoridades estadounidenses en un momento en que las protestas por muertes a manos de la policía han obligado a las ciudades a buscar maneras más seguras de controlar a personas que ofrecen resistencia.
USO EXTENDIDO
El Taser -un dispositivo adoptado de forma casi universal desde principios de siglo como una alternativa a las armas de fuego- es considerada como crucial para la seguridad policial. Cerca del 90 por ciento de las cerca de 18.000 agencias policiales de Estados Unidos usan actualmente Tasers.
Los Tasers disparan dos dardos conectados a la pistola paralizante con alambres. Cuando los dardos golpean un objetivo, una corriente pulsada desencadena una respuesta neuromuscular paralizante que da a la policía varios segundos para contener al sujeto. La pistola también se puede presionar directamente contra el cuerpo, causando un dolor intenso, pero sin los efectos paralizantes de los dardos.
Muchos agentes han sufrido el impacto de un Taser durante sus entrenamientos, por lo que pueden dar fe de su poder agonizante.
"El Taser hizo que todo mi cuerpo se bloqueara y el dolor era comparable a un espasmo muscular en todo el cuerpo", testificó una vez la segunda alguacil del condado de Salt Lake, Tiana Broos. "Sentía que me iba a ahogar".
Estudios independientes hallaron que cuando se usan de forma adecuada, los Tasers reducen la tasa de lesiones sufridas por la policía y las personas que enfrentan. La compañía estima que sus armas han sido usadas más de 3 millones de veces en el terreno. Taser mantiene su propio diario de incidentes mortales con sus armas, pero se negó a compartirlo.
Las 1.005 muertes identificadas por Reuters significan un 44 por ciento más que las 700 reportadas por Amnistía Internacional a finales de 2016, pese a que la agencia de noticias utilizó criterios más estrictos para determinar qué incidentes contaba.
"OPCIÓN MÁS SEGURA"
Taser dice que estas cifras dan una imagen exagerada de los peligros de las armas, porque sugieren que causaron todas esas muertes, cuando la mayoría también involucró otra clase de fuerza policial.
Los dispositivos han salvado decenas de miles de vidas, según la compañía. Todas las armas tienen riesgos, dijo Steve Tuttle, vicepresidente de comunicaciones, pero Taser es "la opción más segura disponible para las fuerzas de seguridad".
Tuttle dijo también que los resultados de autopsias recopilados por Reuters no son fiables porque no fueron revisados por pares, un estándar para los estudios publicados en revistas médicas, aunque no son aplicables en los tribunales.
Puede que los examinadores médicos y patólogos que decidieron la causa oficial de la muerte en esos casos no entiendan los efectos fisiológicos de las armas, agregó, y podrían estar "exagerando" factores potenciales en sus decisiones para evitar ser criticados por posibles omisiones.
"En última instancia, Taser no es responsable de educar a cada examinador médico sobre las sutilezas de la electrocución", señaló Tuttle.
Después de que Reuters explicó sus conclusiones a Taser, la firma envió una alerta a las fuerzas de seguridad resumiendo algunos de los puntos centrales de esta serie, describiéndolos como "nada nuevo" y prometiendo proporcionar "recursos clave" para repudiar los informes.
Taser International, que adquirió la tecnología "stun gun" en la década de 1990, cambió su nombre en abril a Axon Enterprise Inc. El nuevo nombre, según la compañía, refleja la ampliación de su misión comercial, incluyendo cámaras corporales para la policía y software utilizado para gestionar evidencias.
(Reporte adicional de Lisa Girion y Paula Seligson; Editado en español por Carlos Serrano)
Reuters