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“Se han empeñado en que no quieren, y no hay nada que hacerEnlace externo”, declaraba una ciudadana de Appenzell Rodas Interiores en 1982 a la televisión suiza, al conocerse que los hombres habían rechazado la introducción del sufragio femenino en ese cantón. Y lo hicieron en la denominada ‘landsgemeinde’, es decir, en una votación a mano alzada.
Los hombres suizos se negaron durante mucho tiempo a conceder a sus conciudadanas el derecho de voto. Si en Nueva Zelanda las mujeres votan desde 1893, en Suiza consiguieron ese derecho solo en 1971. Y si en Appenzell Rodas Interiores hoy las mujeres tienen voz y voto en los asuntos cantonales es porque así lo dictaminó el Tribunal Federal en 1990.
¿Es Suiza un país atrasado? Si echamos un vistazo a los libros de historia vemos que en el mundo entero el poder y la participación permanecieron durante milenios casi exclusivamente en manos de los hombres. Los varones decidían en calidad de reyes, dictadores, presidentes, parlamentarios o jueces sobre los asuntos de un país. En la mayoría de las culturas, las mujeres carecían de derecho a participar en la vida política. Y Suiza no fue una excepción. Es más, la represión de la mujer es tristemente un fenómeno universal.
La peculiaridad helvética es la democracia directa. A diferencia de la mayoría de los países, el sufragio femenino en Suiza no fue una decisión que emanó del Gobierno, sino del voto que depositaron en las urnas los hombres. El hecho de que Suiza contara con una extensa y consolidada democracia (masculina), paradójicamente, entorpeció la extensión de los derechos democráticos a las mujeres.
A nadie le gusta ceder poder y perder privilegios. Si en otros países se hubiera convocado a los hombres para decidir si estaban dispuestos a compartir el derecho de voto con las mujeres, otros Estados habrían tardado tal vez más tiempo que Suiza.
Cabe hacer hincapié en otras singularidades. Una de ellas es que Suiza tuvo la suerte de permanecer al margen de los conflictos bélicos. En otros países occidentales, las dos guerras mundiales conllevaron convulsiones que favorecieron la introducción del sufragio femenino.
Pero la obligación de cumplir el servicio militar también desempeñó un papel crucial. Durante mucho tiempo la regla predominante – y percibida como legítima – era que solo los hombres en edad de servir y defender la patria pueden votar si hay que entrar en guerra. Al fin y al cabo, son ellos quienes tienen que ir al frente. Esta ecuación pone en tela de juicio el sufragio femenino, dado que las mujeres no tienen obligaciones militares.
Obviamente, la visión conservadora de los roles de género retrasó la introducción del sufragio femenino en Suiza. Así lo demuestran las declaraciones de ciudadanos –y ciudadanas– a la televisión suiza: “Las mujeres deberían quedarse en casa cocinando, en lugar de ir a votar”, afirmaba una ciudadana de Appenzell Rodas Interiores en 1982, por citar solo un ejemplo.
El hecho de que, pese a estas oposiciones, se consiguiera convencer a la mayoría de los hombres suizos para que aprobaran el sufragio femenino es bastante notable – y aún más si consideramos que con el sí al voto femenino el peso del voto masculino se reducía a la mitad. Muchos hombres antepusieron la justicia y la paz social a sus propios intereses. Hoy lo hacen muchos y cada vez son más. Con ello se abre un rayo de esperanza de que algún día se pueda alcanzar también la igualdad de género en los ámbitos de la economía, la política y la sociedad.
En su opinión, ¿por qué razones el sufragio femenino se introdujo tan tarde en Suiza? Su opinión nos interesa.
Traducción del alemán: Belén Couceiro