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Algunos sabréis que llevo desde el mes de mayo haciendo una prueba: en lugar de ir a trabajar en moto, voy en transporte público. Empecé la semana pasada, y si bien aún no debería emitir un juicio final sobre la experiencia, no quería dejar de compartir con vosotros algunos hecho concretos:
- Gente maleducada: Sí, todos sabemos la premisa esa de «dejar salir antes de entrar», pero siempre hay alguien que la olvida y que si en su lucha por un sitio con otro que también entra – aunque sea sólo para una parada – puede entrar antes de que tú salgas, entrará. A mí eso me pasó el primer día, y casi me voy al suelo por no llevarme por delante a una señora (por no llamarla animal). Eso sí, el segundo día, a otra animal señora le pasó lo contrario y la arrollé. Curiosamente, no se quejó. ¿Sabría que el que tenía la razón era yo?
- Gente maleducada: no, no se me ha ido la mano y he repedito este punto por error. Es que hay más casos. Bajando por las escaleras mecánicas, una anciana delante mío bajando a un ritmo lento para el resto de los mortales pero que para ella debía de ser como ir a la velocidad a la que Kimi Räikkönen adelantó a Fernando Alonso el fin de semana pasado. Detrás, yo tenía a una mujer (igual que antes, por no describirla como animal), que me estaba achuchando, utilizando su pierna para darme pataditas en las piernas. El resultado: me dí la vuelta la solté un codazo que le saltaron todos los dientes. No, eso fue lo que quizás hubiera hecho, no soy tan bestia, pero sinceramente ganas no me faltaron. Lo único que hice fue decirle que no podía pasar y que dejara de darme patadas, con un tono serio. ¿Le importó? No creo, y estoy convencido que al día siguiente haría lo mismo.
- Gente maleducada: y sigo, porque esto casi todo igual. Ayer mismo, volviendo a las 22.00, en Atocha, un tipo muy pero que muy listo (por favor, nótese el tono irónico de la descripción), tuvo la brillante idea de parar una escalera mecánica que bajaba. ¿Para qué, se preguntarán ustedes? Pues para subir, porque la escalera de subida estaba llena de gente y ligeramente atascada. Es decir, que este tipo (igual que en las anteriores, por no llamarlo animal), al tener prisa, no tuvo otra genial idea que joder a todo el que quisiera bajar luego por esas escaleras. Lo curioso, es que al final creo que hasta perdió el tren, de lo que me alegro, por capullo.
- Averías y hechos inesperados: bien, este punto es achacable única y exclusivamente a Renfe. Porque desde luego no ha habido día que no ocurriera nada. Si no era una bajada de tensión en Atocha, era que la lluvia había hecho que alguna vía se atasque… Eso si no contamos con los cambios repentinos de horarios, etc.
Con estos cuatro puntos, queda patente que lo que al final hace que el ir en Cercanías sea incómodo, somos nosotros mismos. Habría que ver si eso es consecuencia de los problemas de Renfe y que hace que los usuarios nos quememos y nos volvamos un ser más básico de lo que ya somos. Sería digno de analizar, pero creo que lo haré dentro de un mes, cuando pueda obtener más conclusiones con más hechos. Aunque al paso que vamos, me parece que voy a tardar poco en volver a pillar la moto 😉
Un saludo a [email protected]