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Todos sentimos asco por algo: ya sea por una herida purulenta, una comida podrida, una rata, una cucaracha… estas imágenes despiertan en nosotros un sentimiento de asco. Los investigadores confirman que nuestro sentido de la delicadeza puede ayudarnos a preservar la vida.
Si hoy en día a usted le asquea caminar descalzo sobre una superficie sucia o ver por ejemplo la herida purulenta de alguien u otras imágenes menos apetitosas, no se preocupe, eso no significa que usted sea una persona débil ni mucho menos, todo lo contrario, el hecho de sentir asco significa que su inconsciente funciona bien, ayudándolo a preservar la buena salud.
El asco es un efecto reconocido como una emoción a través de la cual el cuerpo evita el contacto con infecciones potenciales.
El asco, una emoción estructurada.
Un estudio realizado recientemente con numerosos voluntarios muestra que esta emoción particular se clasifica según las medidas a tomar para evitar contagiarse con enfermedades de todo tipo. De este estudio sobresalen seis categorías detonadoras del asco:
♦ la mala higiene
♦ los animales o insectos potencialmente vectores de enfermedades
♦ los comportamientos sexuales a riesgo
♦ los problemas de apariencia física
♦ las lesiones corporales
♦ los alimentos que presentan signos de deterioración
¿El asco para evitar riesgos?
Otra conclusión del estudio señala que las mujeres experimentan globalmente más asco que los hombres. Es muy probable que sea porque los hombres tienen la tendencia de asumir un poco más las situaciones de riesgo. Sobre esto último, otro estudio sugiere que más allá de la voluntad de evitar una enfermedad, el asco podría ser también una forma de evitar los riesgos, así sea en los deportes peligrosos como en otras actividades e interacciones sociales. Otro detalle: el asco evoluciona con la edad.