Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05452.jsonl.gz/29

La democracia basa su legitimidad en la promesa de representar de manera adecuada al pueblo. Sea como fuere, una mirada al sistema democrático helvético revela algunas lagunas: mujeres, jóvenes, extranjeros y personas con un bajo nivel de formación con frecuencia están poco representadas en las instituciones políticas.
Este texto forma parte de #DearDemocracyEnlace externo, la plataforma sobre democracia directa de swissinfo.ch. Las opiniones de los autores no reflejan posición alguna de swissinfo.ch.
Los derechos democráticos no caen del cielo. Son la conquista de personas comprometidas que los han reivindicado.
Hace casi 100 años, la situación social y política en Suiza fue explosiva. El aire revolucionario se hacía sentir en el ambiente. La clase obrera, abandonada por la clase política, reclamó mejores condiciones laborales y otros derechos sociales.
Este movimiento obrero consiguió que la elite política aceptara algunas de sus reivindicaciones a finales de la Primera Guerra Mundial.
Aunque muchas demandas quedaron sin cumplir, hubo importantes logros, entre ellos, la introducción en 1919 de la representación proporcional NN, un cambio histórico en el sistema de elección en la cámara baja del Parlamento de Suiza, con el que se otorgaron los curules de acuerdo al principio de proporcionalidad.
La izquierda, también representada
El abandono del sistema mayoritario condujo al fin del predominio del Partido Radical Democrático (PRD), autor fundamental del proceso de edificación del Estado federal y a que el Partido Socialista doblara su representación.
Como resultado, los electores de los partidos que habían estado durante mucho tiempo en desventaja consiguieron estar representados proporcionalmente en la cámara baja, y de este modo descendió la tensión política interpartidista.
… pero solo eran hombres
Otra exigencia del movimiento obrero fue el sufragio femenino, aunque esta demanda política fue rechazada por la clase política en el poder (hombres). De hecho, fue hasta 1971 que se concedió a la mujer el voto en Suiza.
Pero hasta ahora, la mujer está subrepresentada en los gremios políticos, como lo muestra este gráfico:
Desarrollo positivo
Desde que hace casi medio siglo la mujer puede votar y ser votada en Suiza, la representación femenina ha mejorado considerablemente y la proporción de mujeres en puestos políticos sigue en aumento. Pero todo es relativo. Habrá que esperar otro medio siglo para que la mujer sea adecuadamente representada de acuerdo con su proporción en la población.
Y para muchas, eso es mucho tiempo. Alliance F, la organización paraguas de las asociaciones femeninas solicitó el año pasado una cuota equilibrada de mujeres en el Ejecutivo helvético, para que “la mitad de la población se sienta adecuadamente representada”.
¿Las cuotas femeninas, la única solución?
Una posible idea es la representación con la exigencia de cuotas femeninas, cuya eficacia puede ponerse en entredicho.
La imposición de cuotas plantea dos problemas en el caso de un proceso electoral.
Primero, con ello se restringe el voto “libre” y segundo, más sutil, impide una elección libre de intereses de género, representación, edad u ocupación.
La palabra "sentir" es central aquí. Porque expresa el hecho de que se trata de principios nobles como la justicia, la igualdad y el reconocimiento, que desde el punto de vista de los afectados se tienen demasiado poco en cuenta.
Después de todo, el Ejecutivo de Suiza se ha acercado a este objetivo desde las últimas elecciones federales de diciembre de 2018: Hoy, de los siete miembros del Gobierno de Suiza, tres son mujeres. Sólo hay nueve países que tienen más mujeres en el gobierno que Suiza.
Jóvenes, también muy poco representados
Sin embargo, las mujeres no son el único grupo social subrepresentado en las instituciones políticas suizas. Aunque los menores de 40 años constituyen el 45% de los ciudadanos suizos, sólo el 13% de los parlamentarios pertenecen a ese grupo de edad.
Las personas menos instruidas, con empleos poco remunerados económicamente tampoco suelen encontrar un camino que los lleve a ser legisladores, mientras que los extranjeros, que representan alrededor de una cuarta parte de la población suiza, también están ausentes pues a nivel federal no tienen derecho ni a votar ni a ser votados.
Por supuesto, como cualquier otro ideal social, sólo se puede aspirar a una democracia perfecta. Pero esto no significa que debamos ser fatalistas sobre el ‘status quo’. La historia nos muestra que una distribución justa del poder, la igualdad de voces y la igualdad de derechos no se reparten simplemente como si fueran dulces, sino que se necesita valor, perseverancia y debate para hacerlos realidad.
El autor estudió ciencias políticas en la Universidad de Zúrich y dirige el blog Blog sobre la vida política en SuizaEnlace externo (en alemán).
swissinfo.ch