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Bruno Kaufmann: El año pasado, los manifestantes ocuparon gran parte del centro de Hong Kong. ¿Qué desencadenó las protestas?
Cyd Ho: En lugar de autorizar, como se había acordado, la convocatoria de elecciones libres en Hong Kong en 2017, el Congreso Popular Nacional en Pekín decidió otorgar este derecho a un comité de nominación afín al Estado chino.
B.K.: ¿Cómo se desarrollaron las protestas de la denominada revolución arcoíris que fue portada en la prensa internacional?
C.H.: El término revolución es un malentendido. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, solo querían llamar la atención sobre la promesa que hizo Gran Bretaña al devolver Hong Kong a China; convocar elecciones libres para designar a las autoridades municipales. Los manifestantes querían que se cumpliera esta promesa.
B.K.: ¿Por qué es tan importante esta reivindicación que en Pekín se entiende como una gran provocación?
C.H.: Hong Kong es hoy como un niño pequeño capaz de sujetar una cuchara en la mano, pero que no tiene oportunidad de comer por su propia mano. Tenemos un Estado de derecho, libertad de expresión y millones de personas dispuestas a asumir responsabilidades en la municipalidad.
B.K.: ¿Quiere decir que muchos ciudadanos quieren participar también en la toma de decisiones?
C.H.: Sí, desde luego. Los partidos democráticos hemos organizado y celebrado varias votaciones populares en los últimos años. Y nuestra fuente de inspiración y motivación ha sido la experiencia de Suiza.
Bruno Kaufmann, Hong Kong
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