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Una de las mayores invenciones de la pintura europea del siglo XVII fue el género de la naturaleza muerta. Suiza consagra, por primera vez, una muestra exclusiva a las obras del holandés Pieter Claesz (1597-1660).
Es uno los maestros más destacados de este género, cuya obra marcó un momento decisivo en la historia del arte para los países del norte de Europa.
Las recién renovadas salas del Museo de Arte de Zúrich (Kunsthaus) albergan una exhibición monográfica de este gran pintor. Treinta y cinco de sus más célebres composiciones, junto a veinte más de sus predecesores y contemporáneos, revelan la profundidad de sus investigaciones pictóricas en el ámbito del color, la perspectiva y la luz.
Nacido en Flandes, Pieter Claesz se trasladó muy pronto a Haarlem, ciudad económicamente floreciente y con una Academia de Arte que impulsó el desarrollo de la pintura manierista en Holanda, con pintores de la talla de Frans Hals.
Arte y pujanza económica
Durante el siglo XVII se registró en Europa un buen desarrollo financiero. Las vías de comunicación se ampliaban cada vez más, lo cual permitía el tránsito de objetos de lujo - como vasos de oro y plata, joyas, relojes, brújulas, libros, etc. - o la porcelana que llegaba de China, y varios animales exóticos traídos de otros continentes.
Pero también las ideas humanistas llegaban hasta el norte de Europa. Milán, Francfort, Amberes, Haarlem y Ámsterdam se habían convertido en centros artísticos de renombre, con una sociedad pujante que hacía encargos a los artistas. La vida del pintor Pieter Claesz estaba al servicio de una élite de mercaderes ricos.
Los movimientos reformistas, como el de Juan Calvino, se caracterizaron por su extrema austeridad y desconfianza al lujo desmedido de la Iglesia Católica. En Zúrich, por ejemplo, en 1525, se mandó quemar las obras religiosas ocasionando un colapso en la producción artística.
Este fenómeno no tuvo, sin embargo, el mismo efecto en Holanda. El buen sentido del holandés y su amor por los placeres materiales lo salvaron de los aspectos más áridos de esta doctrina. Su avance fue notable en las ciencias naturales, la filosofía y la filología y, por supuesto, en el arte, con la obra dejada por uno de sus grandes pintores, Rembrandt van Rijn.
La luz de Dios en el hogar
La naturaleza muerta fue uno de los géneros de pintura que revelaba con mayor fuerza el mundo ordenado, real y preciso de los artistas holandeses. Pero también se descubrían en ella preocupaciones de índole moral.
En su primera etapa, Pieter Claesz dejó composiciones simples y sobrias, en las que hace un verdadero culto del hogar. En el interior de las casas se descubre una mesa en la que aparece una cesta con pan cortado, una fruta partida a la mitad, un trozo de queso, un vaso de cristal, o una jarra llena de agua o de vino.
La mesa está desnuda, es simplemente el soporte del mundo que lleva encima. Otras veces, en cambio, se cubre con un mantel cuyos pliegues crean contrastes de luz y de sombras.
La luz cae en diagonal en estas naturalezas muertas de Claesz, bajo una armonía marrón o gris, mientras que la perspectiva se ha hecho más baja y la profundidad del cuadro ha aumentado.
El afán de observación, de minuciosidad hasta en el más insignificante detalle, como las moscas que se paran en la mesa, está presente en cada momento.
Puede decirse que las cosas más simples de la vida diaria adquieren en estas telas una dimensión de extraña grandeza. Es un mundo sin complicaciones, regulado y comprensible por la luz que Dios ha hecho entrar en los hogares holandeses.
Ya en su segunda etapa, alrededor de 1630 y 1640, las obras de Pieter Claesz se construyen con elementos más sofisticados y ricos. Sus naturalezas muertas ostentan lozas bien cuidadas y finas, vasos de cristal veneciano, brújulas, joyas y relojes de bolsillo, que juegan con los reflejos de la luz en medio del pan, del queso y del vino.
La vanidad de la vida
El tratamiento de la luz en la pintura holandesa del siglo XVII era una forma de modelar los objetos, de darles vida desde su interior, pero también la luz era una metáfora que expresaba el conocimiento y la espiritualidad de los hombres.
En este género de pintura todas las cosas, incluso las más modestas y triviales, eran consideradas dones de Dios, y como tales fueron estudiadas por pintores como Pieter Claesz.
Otro de sus temas preferidos fue el de las "Vanidades". Se trata de composiciones que hablan del carácter efímero de la vida terrenal, en las cuales la luz inaugura una dimensión espiritual que trasciende sobre todo el resto.
En las "Vanidades", representadas por el maestro de Haarlem, aparecen reunidos elementos muy distintos: una concha de mar pulida y nacarada, un libro antiguo, una carta con la pluma a un lado, la llama de una candela que da forma al ambiente y, naturalmente, el cráneo de un muerto que habla con melancolía del paso de la vida.
Son obras en las que se revelan reflexiones filosóficas y preocupaciones de tipo moral. En cierto modo, es la expresión de una concepción protestante del mundo, en la cual la luz marca el camino de la verdad.
La exposición La naturaleza muerta en el Siglo de Oro, dedicada al pintor Pieter Claesz, permanecerá abierta al público hasta el 21 de agosto de 2005.
swissinfo, Araceli Rico, Zúrich
Datos clave
Pieter Claesz nació en Flandes en 1597.
La exposición en el Kunsthaus presenta 35 obras del pintor holandés.
La muestra estará abierta hasta el 21 de agosto.