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Por segunda vez en menos de un mes, el 14 de abril de 2004 viajaba de Lucerna a Ginebra (ver nota al final). Unos días antes había permanecido una semana en esa ciudad francosuiza, invitada por Freedom House, para participar en las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En este segundo viaje me alojé nuevamente en un hotel 3 estrellas, esta vez en el mismo donde las damas de negro de Mujeres Anti Represión (MAR) por Cuba, solían hospedarse en Ginebra. El 15 de abril, debía participar en un evento organizado por estas exiliadas cubanas residentes en Miami. Por la noche, todas las presentes, fuimos a cenar a un restaurante cercano al hotel. Tal vez por ser la 'extraña' del grupo (además de la más vieja, era la única mulata), fui invitada a sentarme en la misma mesa, junto a Silvia Yriondo, presidenta de MAR por Cuba. Mientras esperábamos que nos sirvieran (bistec de res y papas fritas), Silvia me contó que al día siguiente de la detención de Martha Beatriz Roque Cabello (20 de marzo de 2003), desde La Habana la había llamado Aleida Godínez, para decirle que con urgencia necesitaba 2 mil dólares para pagarle a un buen abogado defensor de Martha. Silvia se lo creyó y le envió los 2 mil dólares. La premura era porque la Godínez iba a ser 'destapada' como chivata en los primeros días de abril de 2003, cuando fueron celebrados los juicios a los 75 arrestados de la Primavera Negra. Yo había llevado unas hojas de papel rayadas y un bolígrafo de trazo grande y tinta negra: debido a la miopía, glaucoma y cataratas que padecía, mi visión era de un 50%. Esa noche, en el buró de la habitación del hotel, tenía previsto sentarme a escribir, a mano, unas palabras. Aún no tenía definido lo que pensaba decir, pero cuando Silvia Yriondo me contó lo de Aleida Godínez, decidí centrar mi testimonio en la infiltración de informantes, agentes y colaboradores de la Seguridad del Estado entre disidentes, periodistas independientes y activistas de derechos humanos. Para no pasarme de los 10 minutos concedidos, redacté 10 cuartillas, de 27 líneas cada una. El evento se celebró en el President Wilson, uno de los hoteles 5 estrellas de Ginebra. Cuando me tocó mi turno, comencé a leer las palabras escritas la noche anterior. Iba por la mitad de la tercera página, cuando la Sra.Yriondo, sentada a mi lado en la mesa que presidía el encuentro, me pasó un papelito que decía: TE QUEDA UN MINUTO. Terminé las tres o cuatro líneas que me faltaban para concluir el párrafo y ahí mismo puse fin a mi testimonio. Di las gracias, me paré, fui hacia mi asiento, esperé unos minutos, cogí mi bolso, me levanté y fui al baño. Luego me dirigí a la entrada del hotel, donde cogí un taxi rumbo al hotel donde estaba alojada. En el pequeño maletín que había llevado eché todas mis cosas y como el hotel estaba situado en una calle céntrica, paré el primer taxi que pasó y me dirigí a la estación ferroviaria de Ginebra. Olvidé decir que en el restaurante, Silvia Yriondo me preguntó cuánto me había costado el pasaje de ida y vuelta en tren, le dije que costaba 150 francos suizos (chf), pero como tenía abonamiento, me había costado la mitad, 75 chf. Me dio un billete de 100 dólares, que en esa época era más o menos esa cantidad. A continuación mis palabras, en altas puse dónde paré y me levanté.
Palabras leídas el 15 de abril de 2004 en el Foro Paralelo organizado por MAR por Cuba en el Hotel President Wilson de Ginebra
Hoy hace tres años que falleció mi madre, Carmen Antúnez Aragón. Murió en un depauperado hospital de La Habana. Era Domingo de Resurrección. Al velorio y al entierro asistieron dos grandes amigos: Martha Beatriz Roque Cabello y Raúl Rivero Castañeda. Estuvo presente también el abogado René Gómez Manzano, quien encargó una corona a nombre del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna. Uno de los cuatro integrantes de ese Grupo era sobrino de mi madre y no pudo concurrir a la funeraría porque se encontraba preso en Ariza, Cienfuegos. Él se llama Vladimiro Roca Antúnez.
Estimadas personas aquí presentes:
Hace unos días hablé en un panel sobre Cuba organizado por Freedom House en uno de los salones del Palacio de las Naciones. Acepté esa invitación por la misma razón que he aceptado ésta: porque hace cuatro meses y medio salí de Cuba y mi testimonio, por esta vez, puede tener algún interés.
Fui periodista oficial desde 1974 hasta 1995, cuando me sumé a la agencia de periodismo independiente Cuba Press, fundada por Raúl Rivero el 23 de septiembre de ese año. Mi labor como periodista la alterné con mis deberes como ama de casa, pero ello no fue un impedimento para que en ocho años colocara cientos de textos en internet. En diciembre de 2002, alentada por Raúl Rivero, comencé a escribir un libro. Y para conocer de cerca el trabajo de una agrupación opositora, en ese mes me incorporé a la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, lidereada por Martha Beatriz, Arnaldo Ramos Lauzurique, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés.
Yo solía acompañar a Martha a las misas de los domingos en la tarde. Muchas veces fui a con ella a su iglesia, la de San Juan Bosco, y últimamente a la de los Padres Pasionistas, muy cercana a mi domicilio. Recuerdo que un domingo por la tarde, hacia finales de febrero de 2003, a la salida de la iglesia de los Pasionistas, le dije a Martha: "No me gusta para nada ese taller sobre periodismo que Orrio está organizando en la residencia de Cason el 14 de marzo, porque ése es el Día de la Prensa Cubana, instituido por el gobierno después de la desaparición del comunismo en Europa".
Martha me respondió que no me preocupara, pero yo le insistí que me parecía una provocación. Unos días después, cuando Orrio por Radio Martí informó acerca del taller, llamé a Martha y le dije que Orrio estaba dando la noticia a su manera. Ella se indignó, llamó a Orrio y le prohibió hablar del taller, originalmente ideado como un encuentro de superación para los integrantes de la Comisión de Prensa de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, de la cual Orrio era integrante. AQUI DEJÉ DE LEER Y TERMINÉ MI TESTIMONIO. A PARTIR DE AHI, LO QUE LEERÁN ES TOTALMENTE INÉDITO.
Ni Raúl Rivero ni yo podíamos ver a Manuel David Orrio, y Martha estaba clara con relación a él, pero todavía me pregunto por qué lo aceptó dentro de la Asamblea y por qué le dio tanta ala. Martha no tuvo a su lado solamente a este chivato, si no también a la pareja formada por Aleida Godínez y Alicia Zamora, a quienes vi por primera vez en agosto de 2002, durante un almuerzo de despedida de Vicky Huddleston, jefa en ese momento de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba.
Aquel día, en una misma mesa, junto a tres funcionarios de la Oficina de Intereses, nos sentamos Jorge Olivera (periodista independiente condenado a 18 años), Aleida Godínez, el decrépito y también chivato Néstor Baguer y yo. Como es habitual en todos los infiltrados por la Seguridad del Estado, la Godínez centraba su conversación en la parafernalia tecnológica que poseía. Era tanto el alarde que yo la interrumpí y le dije: "Mira, a mí no me interesa tener computadora ni acceso a internet, en mi casa no tenemos televisor en colores, es en blanco y negro, por eso cuando veo a Fidel Castro en colores me doy cuenta de lo viejo y acabado que está".
Un mes después, el 17 de septiembre de 2002, en un encuentro organizado por James Cason con periodistas independientes en su residencia, coincidí nuevamente con Orrio, Aleida y Alicia. Aquella tarde, estos tres apapipios comenzaron a pedir cámaras digitales, grabadoras, computadoras... En fin, más recursos.
Pedí la palabra, me levanté y dije: "Aquí no está presente el más importante periodista independiente, que es Raúl Rivero. Después de Raúl, la más conocida periodista procedente del oficialismo soy yo. Y eso me da autoridad para decir que para hacer periodismo sólo se necesitan dos cosas: papel y lápiz. O mejor, papel y bolígrafo". Varios de los presentes aplaudieron y Cason dio por concluida la reunión. Luego la Godínez, burlona, comentaría: "Ya sé lo que necesita Tania Quintero, un televisor en colores y bastante papel y lápiz". Y Orrio, con la roña que lo caracterizaba añadía: "Tania tiene ya síntomas de demencia senil".
El 24 de febrero de 2003, apenas un mes antes del inicio de la represión masiva, estuve conversando cerca de una hora con Orrio en el pasillo del apartamentico de Martha Beatriz en Santos Suárez. Orrio y yo, entre otros opositores y periodistas independientes, habíamos asistido a un acto por la significativa fecha. Fue la primera y última vez que hablé tanto rato con un tipo tan prepotente y envidioso, que odiaba a muerte a Raúl Rivero -y Raúl a él. Ese día, Orrio trató de deslumbrarme con los recursos que poseía. Él sabía que yo sólo tenía un fax no muy moderno (y que a partir del 17 de marzo de 2003 la Seguridad me inutilizó) y siempre trató de atraerme a su Cooperativa de Periodistas Independientes y ponerme contra Raúl Rivero.
Cuento estas cosas porque individuos como él y otros que hubo -y hay- dentro de la disidencia y el periodismo independiente, tenían facilidad para sacarle dinero y recursos a compatriotas del exilio y para colarse en todas partes, bien a través de diplomáticos o haciéndose imprescindibles en Radio Martí o en las páginas webs dedicadas a la disidencia y el periodismo independiente radicadas en Miami y Madrid.
Otro de estos personajes es Odilia Collazo, que se metió a los americanos en un bolsilllo. En algunos programas de Radio Martí era punto fijo. Ofelia Oviedo, productora de Radio Martí, sabe que yo no participaba en programas donde ella estuviera y Raúl Rivero no iba a ninguna invitación diplomática si la Collazo estaba en la lista. No sólo porque sospechaba que era informante del G-2, sino por su bajo nivel cultural.
Tanto Martha como Raúl sabían que estaban 'rodeados', pero no les importaba, porque consideraban -y tenían razón- de que no hacían nada malo ni violento. Yo, por el contrario, nunca permití en mi casa a nadie que me resultara sospechoso, tampoco en mi entorno. No hablaba demasiado por teléfono y no asistía a reuniones informales en casas de disidentes, porque esas 'tertulias' se prestaban -y se prestan- para que la Seguridad cuele a sus informantes. Estos chivatos informaban -e informan- todo lo que veían y escuchaban. Es muy triste y doloroso que Martha y Raúl no se percataran de lo peligroso de su proceder franco y abierto. Lo pagaron caro.
Quizá no es esto precisamente lo que querían escuchar de mí, pero la penetración de agentes, informantes y colaboradores en las filas de la disidencia y el periodismo independiente ha sido causante del demoledor golpe recibido por la oposición cubana en marzo de 2003. Desgraciadamente, debemos reconocer que el Departamento de Seguridad del Estado (DSE), hijo legítimo de las desaparecidas KGB y Stasi, es uno de los aparatos represivos mejor entrenados del mundo. Y la prolongada crisis económica que vive Cuba no ha sido un impedimento para que el DSE siga disponiendo de recursos para su labor de zapa y quintacolumnismo dentro y fuera de la isla.
A las 8 de la noche del 25 de noviembre de 2003 del aeropuerto internacional de La Habana salí rumbo al exilio en Suiza. Me acompañaban mi hija y mi nieta mayor. No temía haber ido a la cárcel ni haber sido la segunda presa política después de Martha Beatriz, pero la Seguridad lo que quería era que yo me fuera y por eso me dejó salir, sin ponerme obstáculos. Pensaron que a los 61 años iba a derretirme junto con la nieve. Pero en Suiza en invierno también sale el sol.
Ya termino. Cuba no es solamente una isla de playas, música, mulatas y ron. También es una cárcel-nación, urgida de cambios que conduzcan a una sociedad democrática donde al pie de la letra se cumplan los 30 artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Muchas gracias.
Tania Quintero
Nota: Lucerna, cantón de la Suiza alemana, se encuentra hacia el centro y norte de la Confederación Helvética, mientras que Ginebra, cantón de la Suiza francesa, se localiza hacia el suroeste. El viaje en tren Lucerna-Ginebra y viceversa, dura 3 horas y 14 minutos. Las dos veces que en marzo y abril de 2004 fui a Ginebra, cogí el tren que sale a las 4.59 de la madrugada y llega a las 8.15. Y regresé en el que sale de Ginebra a las 15.10. Hay trenes directos desde Lucerna al aeropuerto de Ginebra, el segundo más importante de Suiza después del de Zürich. Ese trayecto dura 3 horas y 24 minutos.
Leer también: El agente Miguel. En ese trabajo mío, publicado el 7 de mayo de 2003 en Encuentro en la Red, sale una foto del "Taller de ética periodística", que tuvo lugar el 14 de marzo de 2003 en la residencia de James Cason, jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba. En ella aparecen dos de los chivatos mencionados en este texto, si se amplía la imagen se pueden ver mejor.