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Jean Piaget con Constance Kamii realizando una experiencia, Ypsilanti, EE.UU., c. 1965. Foto Wayne Behling
En torno a Piaget se desarrolló una verdadera cultura de investigación, en Ginebra y en todo el mundo, entre 1920 y 1980. Para ilustrar el espíritu piagetiano, Richelle (2000) se refirió a la coherencia teórica, el ingenio experimental, la apertura pluridisciplinaria y la fertilidad heurística. Esta cultura de investigación se apoyó en una estrategia de indagación específica —el método clínico— y una epistemología caracterizada por la simplicidad.
El espíritu piagetiano
Según Marc Richelle, el espíritu piagetiano se caracteriza por la coherencia teórica, el ingenio experimental, la apertura pluridisciplinaria y la fecundidad heurística. La coherencia teórica se encuentra en este espíritu de síntesis del que dan cuenta muchas obras y conceptos piagetanos: adaptación, interacción, complementariedad entre estructura y génesis, equilibración, constructivismo, reversibilidad, papel de la acción, etc. La apertura pluridisciplinaria ilustra la perspectiva según la cual ciertos recortes disciplinarios realizados sobre un objeto de investigación enmascaran las relaciones interdisciplinarias que le dan pleno sentido. En cuanto al ingenio experimental y la fecundidad heurística, tienen sus raíces en dos elementos clave de esta cultura de investigación: el método clínico y la epistemología de la simplicidad.
Molusco de la colección de Jean Piaget, estructura natural de la espiral.
Constatación de la igualdad durante la disociación peso-volumen. Foto Alain Perruchoud
El método clinico
En muchas obras se han intentado circunscribir las influencias intelectuales del método clínico, que combina diversos elementos de la psiquiatría, los tests, elementos de la escuela nueva e incluso de la introspección y la improvisación. El resultado es un verdadero arte de la interrogación clínica, transmitido en la Escuela de Ginebra. Inventado en 1920, este método fue inicialmente verbal —pidiéndole a los niños una explicación de ciertos fenómenos— y luego se modificó a partir de la introducción de diversos materiales simples que eran transformados delante del niño —un método conocido como clínico-crítico. Gracias a esta estrategia, Piaget y sus colaboradores han recogido decenas de miles de «protocolos» experimentales, es decir, datos que han servido de base para numerosos libros, artículos y tesis, tanto de Piaget como de otros investigadores. En la segunda mitad del siglo XX, debido al dominio del método clínico, los psicólogos formados en Ginebra eran muy solicitados en el campo hospitalario de diversas regiones del mundo.
Simplicidad
En el corazón del método clínico se puede encontrar un conjunto de conocimientos, prácticas y técnicas que representan la cultura de la simplicidad transmitida en la Escuela de Ginebra. Esta se caracteriza por una práctica interactiva con el niño, basada en la capacidad del experimentador para ponerse a su nivel, a través de su lenguaje y de sus habilidades, estableciendo un marco lúdico para la acción, guiado por materiales sencillos que pueden ser asimilados a juguetes u objetos familiares. Se trata de una entrevista semidirigida, en acuerdo con los cánones definidos por Piaget desde 1926, en la cual el experimentador busca aproximarse al punto de vista infantil, algo que está en las antípodas de la postura pedagógica y de la dirección rígida de los tests psicológicos estandarizados. El material utilizado es tan sencillo como altamente heurístico. Es así que, con algunos cubos de madera se puede explorar la conservación del volumen, con un poco de arcilla de modelar, la conservación de la sustancia o con los espaguetis, la noción de distancia… Saber operacionalizar conceptos complejos, como el ángulo de reflexión, con materiales simples y heurísticos es parte de la epistemología de la simplicidad que caracterizó a la Escuela de Ginebra.
Huevos y copas de huevo: correspondencia de término a término. Foto: Denis Ponté y Roger Chappellu
La prueba de los fósforos se utilizó en las investigaciones microgenéticas sobre los procedimientos, y hoy siguen estando vigentes.
Vigencia de la metodología piagetiana
A partir del decenio de 1990, se comenzó a objetar que el método clínico-crítico era, para la investigación, lento y menos eficaz que los métodos experimentales contemporáneos utilizados en la psicología infantil, especialmente aquellos que hacen uso de los recursos informáticos actuales. Esto dificultaba la supervivencia del método piagetiano en un entorno académico presionado por la máxima de «publicar o perecer». Sin embargo, ni la relevancia ni la reproducibilidad de sus resultados se han visto afectadas, a diferencia de muchos otros resultados psicológicos clásicos. De hecho, recientemente, la Colaboración de Ciencia Abierta (2015) mostró que sólo el 37% de los experimentos clásicos en la psicología reproducibles. Aunque en este informe no se analizaron las experiencias piagetianas, todo parece indicar que, repetidas en las mismas condiciones, con los dispositivos originales y con la dialéctica propia del método clínico, estos experimentos siguen arrojando los mismos resultados, dando lugar a las mismas combinaciones de respuestas, argumentos y certezas en los niños.