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¿Qué fue de Jeremías en medio de todos esos acontecimientos? Quedó en el patio de la cárcel “hasta el día que fue tomada Jerusalén” (cap. 38:28), fue encadenado en medio de los demás cautivos y formó parte hasta Ramá del lúgubre cortejo de los deportados al exilio. Sin embargo, Nabuzaradán, capitán de la guardia encargado de los prisioneros, recibió del mismo rey de Babilonia benévolas instrucciones respecto de Jeremías. No solo no se le debe hacer ningún mal, sino que el profeta es invitado a decidir por sí mismo acerca de su suerte. ¿Irá a Babilonia, donde se hallan los “buenos higos” del capítulo 24, esos transportados a quienes Jehová prometió proteger y hacer prosperar, o permanecerá con esos pobres del país que son dejados en Judá? Pese a la libertad que se le da, el profeta se abstiene de escoger él mismo (v. 5, V. M.), dándonos así una nueva lección de dependencia.
No se trata de su bienestar sino del deseo de hallarse en el lugar en que Dios quiere colocarlo para que le sirva.
Sin especial dirección de lo alto, él deja que el capitán de la guardia escoja en su lugar y reconoce la voluntad de Jehová en el consejo que se le da. Este es un ejemplo digno de imitar cada vez que no veamos claramente el camino a seguir (Génesis 13:9).
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"