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Según datos del Banco Mundial, actualmente hay cerca de un mil millones y medio de pobres extremos en el mundo, que viven con menos de 1,25 dólares por día, y otros mil millones de pobres que viven con menos de 2 dólares por día, lo que equivale casi a la mitad de la humanidad. Si bien los métodos de medición del Banco Mundial son discutibles (véase el capítulo III), no es menos cierto que, según las agencias especializadas de la ONU, hoy en día mil millones de personas sufren de hambre o de malnutrición; otro tanto no disponen de agua potable y 2.500 millones de personas no tienen acceso al saneamiento ni a instalaciones sanitarias; decenas de millones de personas carecen de vivienda y más de mil millones están mal alojadas; se cuentan en más de 200 millones las personas desempleadas y en 900 millones los working poor1; cerca de 800 millones de adultos son analfabetos; cada año seis millones de niños y niñas menores de cinco años mueren a causa de enfermedades que se podrían haber evitado…
Tras casi un cuarto de siglo, el tema de la pobreza ocupa la agenda política de la comunidad internacional y la lucha contra la pobreza se ha convertido en la prioridad oficial de la cooperación al desarrollo. También se ha convertido en prioridad para la Unión Europea y para muchos gobiernos. ¿Hay que alegrarse de ello? Sí, evidentemente, ya que la pobreza no debería existir en un mundo tan rico como el nuestro. Al mismo tiempo, hay que preguntarse por qué la pobreza ha emergido súbitamente como tema prioritario. ¿Por qué no figuraba en la agenda política antes de 1990? Y ¿por qué se hace esperar el éxito de las estrategias de lucha contra la pobreza?
Si bien, según todo el mundo, la pobreza debe ser combatida, su definición varía según las épocas, los actores y los lugares. Esta es la razón por la que nos ha parecido útil, en este Cuaderno, analizar la concepción de la pobreza según los períodos de la historia y los poderes del momento (capítulos I y II) así como las estrategias de lucha preconizadas o desarrolladas (capítulos III y IV). Veremos que las medidas (a veces cifradas) de la pobreza ocultan varias realidades (capítulo III). Ocurre lo mismo con las estrategias contemporáneas de lucha contra la pobreza que no sólo ignoran las desigualdades (capítulo III.E) sino que además están condenadas al fracaso (capítulo V).
Tratar la cuestión bajo el prisma de los derechos humanos abre perspectivas inéditas y ciertamente constituye la mejor estrategia de lucha contra la pobreza y contra las desigualdades y para ir hacia una protección social
Sitio del Relator Especial sobre la pobreza extrema y los derechos humanos (uniquamente in inglés)
adoptada el 4 mayo de 2001 (ver §§ 1 y 8 del documento E/C.12/2001/10, 9 mayo de 2001)