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Después de Tiro, su vecina y aliada Sidón es objeto de una corta profecía. Formaba parte de los que menospreciaban a la casa de Israel (v. 24, 26) y aprendería a conocerle por los juicios de Jehová.
Cuatro capítulos (29 a 32) son consagrados casi enteramente a Egipto. Esta nación, rival de Asiria y luego de Babilonia, desempeñó un considerable papel en la historia de Israel. Ella también aspiraba a tener el dominio universal. Pero Dios lo dio a Nabucodonosor, y a su turno, Egipto iba a ser una de las provincias del gran imperio babilónico. Uno puede preguntarse por qué Jehová escogió una de esas naciones paganas en vez de otra para que dominase al mundo. Entre otras, una de las razones por las cuales Egipto debía ser humillado era la falsa confianza que Israel había puesto en él (cap. 29:6, 16). Era necesario que Judá y sus reyes no parecieran haber tenido razón al confiar en Egipto.
Este era un báculo de caña frágil y quebrada que hería la mano de los que se apoyaban en él (v. 6-7; Isaías 36:6). El Señor, en su fidelidad, seguramente muchas veces se complació en quebrar nuestros apoyos humanos para mostrarnos la vanidad de ellos y enseñarnos a descansar solo en él.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"