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Suiza debería imponer un impuesto uniforme sobre el carbono a la gasolina, el gasóleo y el gasóleo de calefacción, que se incrementaría de forma constante hasta 2050, para poder cumplir con los objetivos climáticos de París, según un nuevo estudio dado a conocer este jueves.Este contenido fue publicado el 03 octubre 2019 - 13:35
Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) calcularon el impuesto sobre el carbono más eficaz para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el Clima. Progresivo y uniforme para la gasolina, el gasóleo y el gasóleo de calefacción, alcanzaría 1,70 francos por litro en 2050.
El sector del transporte es el principal emisor de CO2 en Suiza, con un total del 41%. Esta cifra es superior a la de la Unión Europea (28%) y Estados Unidos (34%), precisó este jueves la EPFL en un comunicado.Enlace externo
La mayoría de esas emisiones (98%) proceden del tráfico rodado y, en dos tercios de ellas, de vehículos individuales. Las estrategias para tratar de reducirlas son objeto de debate, mientras que las proyecciones predicen un aumento continuo del tráfico rodado.
En la EPFL, los investigadores en economía ambiental abordaron esta cuestión a petición de la Plataforma Suiza de Modelización Energética, con sede en el Laboratorio de Simulación de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. Utilizando herramientas de simulación macroeconómica, compararon varios escenarios de impuestos al carbono de aquí a 2050.
Como resultado, un impuesto uniforme sobre el gasóleo para calefacción (fuelóleo) y los combustibles (gasolina y gasóleo) reduciría las emisiones de CO2 de las actuales 4,5 toneladas per cápita a 1,5 toneladas a un coste inferior. La cuota del transporte en las emisiones totales pasaría del 41% al 33%.
Concretamente, el impuesto sobre el CO2, que actualmente es de 25 centavos por litro de gasóleo de calefacción, se extendería a los combustibles y aumentaría gradualmente hasta alcanzar 1,70 francos en 2050.
“Esta igualdad de trato evitaría penalizar a un sector más que a otro”, indica Philippe Thalmann, director del Laboratorio de Economía Urbana y Medio Ambiente de la EPFL y coautor del estudio, que acaba de ser publicado en el Swiss Journal of Economics and StatisticsEnlace externo.
“También hemos tenido en cuenta el continuo descenso del consumo de los motores de los automóviles, lo que garantiza que este recargo tendrá, en última instancia, muy poco impacto en los presupuestos de los automovilistas”, añadió el especialista, citado en el comunicado.
En estas proyecciones también se han incluido otros avances tecnológicos, como el aumento de los agrocombustibles y los coches eléctricos, y se ha tenido en cuenta el desarrollo de alternativas al coche, como el transporte público y el uso compartido del coche.
Sin embargo, los autores hacen una distinción importante: “Para que este impuesto funcione debe fomentarse el uso de una alternativa limpia. Debe ser posible evitarlo”, dice Philippe Thalmann. Incentivos que se podrían promover subvencionando la red de estaciones de carga eléctrica, la compra de coches eléctricos o el transporte público.
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