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Todos sabemos que a menudo hay más poder en la manera de hacer un acto que en el acto mismo. Se oye decir frecuentemente: «Reconozco que Fulano me ha hecho un favor, pero lo hizo de tal manera que le quitó todo mérito». El Señor tiene su manera de obrar. Él no solamente hace grandes cosas; pero las hace de modo que nos convenzamos de que es su corazón el que actúa.
Tenemos un ejemplo en el capítulo 15 de Lucas. Cada una de las parábolas que él contiene nos muestra el poder y la belleza que hay en la manera en que el Señor obra. Cuando el hombre encuentra su oveja, ¿qué hace? ¿Se queja de toda su fatiga y se pone a arrearla delante de sí? ¡Oh, no, eso no es conveniente! ¿Qué hace, pues? “La pone sobre sus hombros” (v. 5). ¿Y cómo lo hace? ¿Se lamenta del peso y del trabajo que se toma? No, sino que está “gozoso”. Muestra que está contento de haber hallado su oveja y la lleva “gozoso” sobre sus hombros hasta el redil. ¡Qué admirable manera de obrar!
Vea usted seguidamente el caso de la mujer que perdió la dracma. “Enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia” (v. 8). No se ve lentitud, ni pereza, ni indiferencia. Actúa “con diligencia”, como alguien que pone todo su corazón en su trabajo. Era visible que la mujer deseaba ardientemente encontrar su dracma.
Finalmente, note usted la manera en que el padre recibe al hijo perdido: “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (v. 20). No envía a un siervo para que le diga que regrese a su tarea anterior, o que pase a la cocina, o aun a su antigua habitación. No; él mismo corre. Por así decirlo, deja de lado su dignidad paternal a fin de expresar su afecto. No solo está satisfecho con recibir al hijo que ha regresado, sino que debe mostrar que todo su corazón está puesto en esa recepción. Y el padre lo prueba, no solo al acoger a su hijo extraviado, sino también por la manera en que lo hace.
Antes de terminar, deseo preguntarle qué piensa ahora en cuanto a la base, la extensión y la manera en que Dios perdona. La base sobre la cual Dios perdona es tan estable como el mismo trono de Dios; la extensión de este perdón es infinita y la manera en que él es otorgado corresponde a todo lo que el corazón podría desear. Dígame, entonces: ¿Está convencido acerca de este importante asunto del perdón de los pecados? ¿Puede seguir dudando, a pesar de que él le abre su propio corazón y le muestra sus pensamientos llenos de gracia y misericordia?
El Señor le espera con los brazos abiertos. Le señala la cruz, el fundamento del perdón, y le asegura que todo está hecho; le ruega que descanse de ahora en adelante y eternamente sobre lo que él ha hecho por usted.
Quiera el Espíritu Santo mostrarle estas cosas en toda su claridad y amplitud, a fin de que no solo crea en el perdón de pecados, sino que también crea que ¡todos sus propios pecados están ya perdonados y para siempre!
“De este (del Señor Jesús) dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43).