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El juramento de la pradera de Rüttli, aquel 1 de agosto de 1291, y la cruz blanca sobre un fondo rojo del Estado moderno: Suiza, adquieren, en esta fecha, particular importancia para más de 580.000 suizos asentados en los cuatro puntos cardinales del planeta. Embajadas, consulados y clubes suizos se visten de gala para celebrar la Fiesta Nacional de la Confederación.Este contenido fue publicado el 01 agosto 2001 - 16:47
Fogatas, actos especiales, fuegos pirotécnicos, platos típicos de los cantones de origen, yodel y discursos circunstanciales reúnen a los suizos que en determinado momento emigraron definitiva o temporalmente a otros países, por razones distintas.
Desde los comerciantes suizos asentados en Italia hace unos 600 años, pasando por los mercenarios helvetas al servicio de ejércitos europeos en guerra, y por quienes contribuyeron a la arquitectura renacentista y barroca del Viejo Continente, hasta los que debieron partir debido a penurias sociales o económicas del país en los años 30, especialmente a Estados Unidos y América del Sur, todos llevaron consigo la imagen personal de su patria.
Posteriormente se unirían a ellos los sedientos de aventura, profesionales enviados por grandes empresas suizas o estudiantes. Todos, cualquiera que sea la razón o el momento de su partida, llegaron a los países de acogida con una carga de ilusiones y deseos de adelanto.
El sabio Moisés Bertoni en Paraguay, la poetisa Alfonsina Storni, en Argentina, o el presidente de Chile, Eduardo Frey, por citar a algunos suizos extranjeros conocidos en América del Sur - aparte de muchos otros en el mundo entero -, conservaron el primero de agosto como fecha de referencia importante.
Francia es el domicilio elegido por una cuarta parte de los helvetas emigrantes. Alemania, Italia, Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil figuran entre las naciones con las comunidades suizas más numerosas. No extraña entonces que el gobierno de la Confederación reitere a menudo el papel de "embajador" de cada suizo del extranjero en el país de elección, ni que sus derechos políticos estén establecidos en el artículo 45 de la Constitución federal.
Discursos y fiesta en agosto
En las grandes metrópolis como Ciudad de México, Buenos Aires o Lima, el ritmo de vida impide el encuentro regular de todos los miembros de las comunidades suizas. La Fiesta Nacional de cada 1 de agosto es tal vez la única ocasión de hacerlo en torno a las costumbres y tradiciones de sus antepasados. Como es de suponer, las legaciones diplomáticas preparan con esmero las ceremonias festivas.
En ciudades más pequeñas como Nueva Helvecia, en Uruguay, Nova Friburgo, en Brasil, o los pueblos de Línea Cuchilla o Samambaya, en la provincia argentina de Misiones, los clubes suizos se visten de gala.
Cabe recordar que la "Quinta Suiza" tiene más de 700 Clubes Suizos en el mundo, sitios donde suelen encontrarse para jugar al "jass" (juego de cartas), hablar en suizo alemán, francés o italiano, sin descuidar el idioma del país de acogida, e intercambiar ideas acerca de lo que ocurre en la tierra lejana.
Algunos actos son más pomposos que otros, pero tienen el mismo significado en Berlín, París, Brasilia, Buenos Aires que en Línea Cuchilla, Harare, Cochabamba, Cuzco o cualquier sitio recóndito en el que los suizos del extranjero celebran su Fiesta Nacional.
Además, la ocasión permite a los suizos del extranjero comparar los rasgos de la imagen ideal que llevaron o les transmitieron, con los trazos de una Suiza actual en el contexto de una Europa que se integra y de un mundo en transformación.
Juan Espinoza
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