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Inteligencia y resiliencia
HISTORIA
Hoy en día seguimos refiriéndonos, en muchos aspectos, al concepto histórico y tradicional de inteligencia.
Durante mucho tiempo se ha considerado a la inteligencia como opuesta a la intuición. Las facetas conceptuales y lógicas del pensamiento se han visto como una forma privilegiada y única de inteligencia. Otros comportamientos menos lógicos y racionales serían entonces el resultado de los instintos y, por tanto, difíciles de modificar. Psicólogos de renombre, unidos por una visión más «aristotélica» sobre la posibilidad de mejorar y desarrollar también este ámbito, han investigado las emociones y han publicado numerosos estudios sobre el tema. Entre los precursores se puede citar a Immanuel Kant, quien utilizó por primera vez el término «intuición sensible».
Henri Bergson definió la intuición como «el conocimiento profundo e íntimo de las auténticas realidades de los seres y las cosas».
Sólo a principios del siglo XX se definió de forma concluyente la presencia de otras formas de inteligencia humana.
En la década de 1920, Edward Lee Thorndike comenzó a desarrollar el tema de la «no unicidad» de la inteligencia e identificó tres tipos principales:
- La inteligencia abstracta y conceptual, marcada por la actitud de utilizar formas verbales y simbólicas.
- La inteligencia práctica y concreta, útil para la manipulación y fabricación de bienes.
- Inteligencia social, la comprensión de los seres humanos y la facilidad para interactuar con ellos.
Durante la década de los 80 se produjeron nuevos avances y diferentes enfoques que enfatizaron la importancia de los contextos y los entornos.
La inteligencia pasó a ser descrita como «la actividad mental de la persona, dirigida a seleccionar situaciones reales relacionadas con su propia vida, de modo que permita un ajuste intencional a las propias situaciones, para organizarlas y estructurarlas» ( Th. De Sternberg).
A lo largo de los años se han ido estableciendo diferentes enfoques sobre las inteligencias comunicacional y emocional; una primera distinción importante de los diversos tipos de inteligencia fue definida por Howard Gardner, profesor de psicología de la Universidad de Harvard. Menciona 9 tipos:
9 TIPOS DE INTELIGENCIA
- La inteligencia musical
- La inteligencia cinestésica o corporal
- La inteligencia lógico-matemática (medida por el test de CI)
- La inteligencia lingüística
- Inteligencia espacial (específica de escultores y pintores)
- Inteligencia interpersonal (capacidad intuitiva para entender a los demás)
- Inteligencia interpersonal (capacidad de autoanálisis de uno mismo)
- Inteligencia naturalista (capacidad de reconocer plantas y animales que se parecen)
- Inteligencia existencial (capacidad de plantear preguntas como «de dónde venimos», «a dónde vamos»,…)
Ese fue el comienzo de una nueva concepción según la cual no había una sola forma de ser inteligente. No se revela sólo como una identidad objetiva. A través de todos los sistemas, educativos, familiares, jerárquicos, sólo la lógica y las razones han sido institucionalizadas como únicos modelos verdaderos, descuidando así la intuición y la emocionalidad. Los que se sientan escépticos al respecto pueden considerar, como ejemplo, qué características entran en juego cuando los individuos con un alto coeficiente intelectual fracasan, y donde otros con un coeficiente intelectual más bajo resultan altamente exitosos.
El C.I. considera la inteligencia racional, no la emocional, que es la mezcla de las habilidades más importantes en la autosuficiencia y las relaciones con los demás. Sin embargo, ese lado emocional y sus expresiones son generalmente ignorados, incluso negados y, siempre que aparecen, son restringidos como ilógicos y entonces irracionales. Sin embargo, es absolutamente insostenible seguir pensando (o pretender hacerlo) vivir sin tener en cuenta las emociones, así como gestionar las relaciones sociales sólo a nivel racional y tomar decisiones en los ámbitos empresarial e institucional sobre una única base objetiva de lo racional.
Es habitual que cada uno de nosotros explique y racionalice todas las situaciones desafiantes que le hacen comportarse de forma desajustada según los cánones de la lógica. En nuestro pensamiento, la explicación racional ayuda a disminuir la intensidad, o a negar lo que no podemos explicar. En efecto, en estos casos nos mostramos incapaces de gestionar nuestras emociones, en primer lugar, porque no sabemos identificarlas. Ni siquiera podemos considerarlas como una parte importante de nuestra vida y, ya que existen, pensamos que es mejor utilizarlas que reprimirlas.
Nótese, por ejemplo, la ira o la rabia, tan difíciles de contener para algunos. Esos sentimientos tienden a alimentarse a sí mismos. En realidad, la ira alimenta tanto la liberación de catecolamina, que provoca una afluencia de energía en pocos minutos, como una descarga de adrenalina mucho más duradera. Este estado de excitación tiene su propio atractivo, por lo que muchos tienden a dar rienda suelta a su ira. Sin embargo, se corre el riesgo de descargar más catecolamina, lo que aumenta el nivel de excitación y lleva a una escalada de furia. El cerebro está ahora paralizado y la persona puede entregarse a acciones de las que probablemente se arrepentirá más adelante.
La era de lo «emocional tácito» ha condicionado el comportamiento humano, y el resultado ha sido una especie de rigidez emocional generalizada, una «anestesia» de nuestras fibras emocionales, para hacer prevalecer el razonamiento que consideramos lógico, serio y razonable. Para hacer evolucionar este enfoque, es necesario dejar de oponer las diferentes formas de inteligencia. Parece claro que la solución ideal podría venir con una buena inteligencia racional mezclada con una buena inteligencia emocional. Aprender a regular las emociones permitirá a quienes comprendan su alcance, gestionar mejor su vida cotidiana, ser más eficientes en sus relaciones con los demás y estimular mejores respuestas psicosomáticas al estrés de la vida actual.
La evolución de esta nueva visión ha llegado con la aceptación de un sistema múltiple de Inteligencias donde la Inteligencia Emocional ya surgió de los estudios de Daniel Golemann. Ahora la Inteligencia Social, cada vez más imprescindible para entrar y formar parte de los sistemas sociales, incluidos los corporativos, forma parte de las habilidades que todo individuo consciente debería tener.
EMOCIONES
Categories of emotions according to Daniel Goleman:
Ira: furia, indignación, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, vejación, acromía, animosidad, molestia, irritabilidad, hostilidad y, en el extremo, odio patológico y violencia.
Tristeza: pena, dolor, desánimo, tristeza, melancolía, autocompasión, soledad, abatimiento, desesperación y, cuando es patológica, depresión severa.
Miedo: ansiedad, aprehensión, preocupación, consternación, recelo, inquietud, temor, miedo, terror y, como psicopatología, fobia y pánico.
Disfrute: felicidad, alegría, alivio, satisfacción, gozo, deleite, diversión, orgullo, placer sensual, emoción, arrebato, gratificación, satisfacción, euforia, capricho, éxtasis y, en el extremo, manía.
Amor: aceptación, amistad, confianza, bondad, afinidad, devoción, adoración, enamoramiento.
Sorpresa: conmoción, asombro, extrañeza, maravilla.
Asco: desprecio, desdén, desdicha, aborrecimiento, aversión, disgusto, repugnancia.
Vergüenza: culpa, vergüenza, disgusto, remordimiento, humillación, arrepentimiento, mortificación, contrición.
La división de las emociones según Plutchik.
RESILIENCIA
La resiliencia nace en la física pero en psicología es un concepto que indica la capacidad para:
- ENFRENTAR LAS ADVERSITADES
- REORGANIZAR LA VIDA POSITIVAMENTE ANTE LAS DIFICULTADES
- RECOSTRUIRSE MANTENIENDOSE SENSIBLE A LAS OPPORTUNIDADES POSITIVAS QUE OFRECE LA VIDA SIN ALIENAR SU IDENTIDAD
Recuperarse después de una experiencia de cambio fuerte no puede ser ni una reacción intuitiva ni un sufrimiento lento y pasivo, sino que requiere un proceso que se construya y elabore con compromiso. La resiliencia es una capacidad que se puede aprender y que se refiere a la posibilidad de encontrar «espacios reflexivos» que puedan promover la adquisición de comportamientos resilientes.
La capacidad de gestionar las proprias emozione y la relación eficaz conlos demás en diversos contextos son la base para desarollar una buena resiliencia personal y colectiva. La resiliencia también significa tener la fuerza para levantarse con la autodeterminación después de una caída. Las istoria de la agenda de Anna Franck o de la vida de Nelson Mandela son ejemplos famosos de resiliencia.
La resiliencia en nuestro mundo de cambios continuos y frenéticos tendrá una relevancia decisiva para apoyar el desarrollo y el bienestar del individuo y los grupos. También puede tener un impacto en las culturas corporativas y en nuestra vida en sociedad.
IMPORTANCIA
«Soft skills»
La competencia para saber gestionar bien las relaciones humanas.
Resiliencia
La capacidad de superar acontecimientos y periodos difíciles.
Valor añadido
«Soft skills» y la resiliencia generan valor añadido y marcan la diferencia.
¿Cómo desea recibir su CIS, CER y ir10?
Mida sus inteligencias a través de pruebas.
DESARROLLO
¿Puedo mejorar la inteligencia emocional, la inteligencia social y la resiliencia?
LA RESPUESTA ES DEFINITIVAMENTE SÍ
Con la voluntad, conciencia y determinación de seguir un proyecto de desarrollo, a través de coaching o un curso de autoformación.
Lo esencial:
- Conciencia de los resultados alcanzables
- Objetivos de mejora
- Programa a realizar
- Determinación para lograrlo
El objetivo es mejorar los propios comportamientos, no cambiar los rasgos personales.
Las ventajas de una mejor relación
- Mejor comunicación, comprensión y «lectura» de los demás
- Mejor capacidad de negociación
- Menos ansiedad y estrés
- Más confianza en los propios medios
- Más capacidad para influir en los demás y ejercer un liderazgo positivo
- Menos tensión en la toma de decisiones y en todos los pasos críticos de la vida profesional y personal
- Mejor calidad de vida