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A lo largo del siglo XIX la industria relojera suiza logró cada vez mayores éxitos. A mediados del siglo ya había superado a los ingleses y se convirtió posteriormente en uno de los países fabricadores más importantes del mundo.
Con la producción en masa de componentes relojeros en Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX, los suizos tuvieron que enfrentarse por primera vez a un serio competidor en el mercado internacional. Estas piezas eran muy precisas y servían para distintos modelos. Las consecuencias fueron dramáticas para la producción relojera en Suiza: en sólo diez años las exportaciones de relojes a Estados Unidos disminuyeron un 75%. Fue un golpe duro para la industria relojera suiza, que desde entonces empezó a adaptarse a la nueva situación en el mercado con el desarrollo de la mecánica de precisión y la fabricación de componentes industriales.
Innovaciones
A comienzos del siglo XX, los relojeros suizos empezaron a equipar sus relojes con funciones adicionales como cronómetros y calendarios. Se quería reestablecer la competitividad de los productos suizos. En los años 1920, Rolex creó su primer reloj resistente al agua. Y en 1926 se fabricó el primer reloj de pulsera automático en Grenchen, en el cantón de Soleura. Estas innovaciones importantes en la mecánica y fabricación permitieron a Suiza reactivar la producción relojera nacional. Los relojeros suizos volvieron a estar en la vanguardia y ocuparon durante varias décadas el liderazgo en el mercado relojero internacional.
Crisis
Sin embargo, la mayor revolución en la industria se produjo sin la participación de Suiza. A pesar de que el primer reloj de cuarzo fue desarrollado en 1967 en el Centro Electrónico Relojero (CEH) en Neucastel, las empresas suizas desaprovecharon la oportunidad para aplicar esta nueva tecnología en la producción en serie. El desarrollo de esta nueva tecnología fue realizado por otros, sobre todo por los japoneses y los estadounidenses; mientras tanto los suizos concentraron sus esfuerzos en el desarrollo y la mejora del reloj mecánico. Esta estimación falsa de la situación condujo casi a la desaparición de la industria relojera helvética en los años 1970, después de un gran bajón en la demanda por relojes tradicionales.
Swatch y el auge
No obstante, la industria relojera suiza volvió de improviso a liderar el mercado mundial. Un asesor económico reinventó el reloj como accesorio de moda. Swatch, un reloj de cuarzo análogo, que combina alta calidad con precios asequibles, se presentó al público por primera vez en 1983 y se copió desde entonces millones de veces. Sin lugar a dudas, Swatch salvó el mercado nacional y contribuyó a una nueva alza de la industria relojera suiza. Más de treinta años más tarde, este cambio en la producción nacional dio sus resultados: la industria relojera es uno de los sectores económicos más prósperos del país.