Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05379.jsonl.gz/24

Amigos, estoy escribiendo un libro, su título 'Dost Chelo', en que quiero dar una idea de lo que era la amistad entre Hazrat Inayat Khan y su fiel compañero Muhammad Ali Khan.
Cada vez que era tiempo de levantarse y cumplir con su tarea sagrada, Hazrat Inayat Khan dijo: 'Dost Chelo! Vámonos, amigo, la vida nos llama!'
Aquí un extracto de 'Dost Chelo', mucho placer!
Zyriab (6)
Llegó el día en que un comerciante regresó de Damasco y contó que había vivido una noche maravillosa de canciones y poemas; había un joven, casi negro de piel, apenas diecisiete años de edad; y él, el comerciante, nunca había escuchado algo tan hermoso. El joven se llamó Abu'l Hasan Alí ibn Nafí, pero todos lo llamaron Zyriab, el pájaro negro, un mirlo que canta desde su más profundo sentimiento.
Al soberano de los creyentes le pareció que si su deseo hubiera viajado a los cielos más altos y ahora derramarían un aguacero de felicidad sobre él, ¡palabras de la boca de un simple comerciante! '¡Traedmelo, este Zyriab!'
Qué inmensa debía ser la desesperación de Harûn er-Rashîd quien metió toda su esperanza en un músico joven desconocido, del que solo sabía el nombre, nunca vista, nunca escuchado...
Y así el joven Zyriab zarpó, acompañado por un delegado de Bagdad, desde Siria al Iraq, zarpó verdaderamente, en aquéllos tiempos nadie clicó en unos portales web, para filtrar el vuelo más barato, no había check-in tres horas más tarde, y otras dos horas, y estabas en el centro de Bagdad.... Así no era, era una partida verdadera, sin retorno, de muchas maneras. Zyriab buscó probablemente un comerciante que financiaba y agrupaba una caravana, en medio de desconocidos que se asociaban, y era casi una regla cotidiana que tales caravanas eran atacadas y saqueadas por salteadores de camino.
El delegado de Bagdad había asumido todos los costos del viaje y le había dado cincuenta dinares 'para sus gastos'. ¿Gastos? Zyriab tenía todo, cuerdas de reserva para su laúd, y la comida era comprendida en los gastos de viaje.
De todas formas, Zyriab estaba muy consciente de que eran solo su voz y su laúd que le habían abierto el camino por Bagdad, y probablemente se preguntó porque había recibido esa invitación, y como lo recibirían. Realmente no entendió lo que pasó aquí, sencillamente amó la oportunidad de poder cantar, de poder tocar, de expresar lo que dormitaba en su interior; y porque expresó lo que dormitaba esto empezó a moverse, a extenderse, a madurar, más agudamente, más profundamente, más claramente, esto era que amaba; aprender a escuchar mejor y más profundamente, y de maravillarse cuánta riqueza el aprender a escuchar sacaba a luz; para él era la fiesta más hermosa, cada día se volvió festivo así, si llovía o si brillaba el sol, si vagaba por el desierto o caminaba en la ciudad entre bullicios y empujones de la multitud. Esto era que conocía, era su vida - y a menudo le pareció extraño que los seres humanos alrededor de él no hicieron lo mismo, incomprehensible para él, era tan natural como respirar, como los chirridos de los gorriones en un arbusto...
* * *
Después de unas semanas llegaron probablemente a Bagdad; Zyriab vio a gente que se acercaba, en grupos se juntaron, señalaron con el dedo hacía él y susurraban entre sí. De nuevo, ¡qué raro! Cuando se acercaron al palacio algo llamó su atención; alguien se había asomado detrás de una cortina; al momento que volvió su cara hacía el desconocido, la ventana se cerró de golpe.
'¿Qué pasa con esta gente?' preguntó Zyriab al comerciante que había viajado por muchos países. '¿Están enfermos, qué les pasa? ¡Parecen tan desconfiados!' El comerciante sonrió suavemente. 'Chico' pensó por sí, probablemente, 'aún sabes muy poco del mundo, ¡que aprendas a conocer ad-dunyā sin perder tus mejores talentos!'