Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05028.jsonl.gz/28

El arquitecto suizo Peter Zumthor construirá un nuevo museo de arte en California. Este año recibió el reputado Gran Premio BDA otorgado por la Federación de Arquitectos Alemanes. Y tiene planes para erigir una torre en Bélgica. En entrevista, nos habla sobre los problemas que provoca la democracia en la construcción y sobre cuánto le cuesta separarse de construcciones que le son muy preciadas.
SRF: ¿Qué le inspira?
Peter Zumthor: Las imágenes, las atmósferas, el sentimiento de un lugar. También hay que saber escuchar y entender las necesidades de los contratistas y las exigencias propias de cada proyecto en particular. También es importante identificar las 'notas discordantes'. A veces tengo que preguntar: ¿Realmente es esto lo que usted quiere? Y, obviamente, el lugar mismo es una gran fuente de placer e inspiración. Construir casas que, por el lugar en el que se encuentran, contribuyen a la calidad de un sitio y le aportan algo, o permiten destacar alguna de sus cualidades, es algo que me apasiona. También me encanta hacer visible lo que no lo es, recuperar la historia extraviada de algún lugar específico.
SRF: ¿Le gustaría construir un puente?
P.Z.: Eso es algo que no sé hacer. Pero me gustan los puentes. Acabo de ver la foto del nuevo puente Tamina y es una maravilla en forma de arco. Me gustaría construir casas que sigan una lógica similar. La belleza emana cuando se sigue la lógica de una construcción. El edificio de Los Ángeles en el que trabajo tiene un aire con un gigantesco puente con pilares. Esto me exige trabajar en estrecha colaboración con los ingenieros. Una gran comunicación es fundamental porque son la estructura y la construcción estática las que están en juego.
SRF: Sus edificios juega con las luces y las sombras. Usted habla de espacios separados. ¿Qué significa exactamente?
P.Z.: En el arte hay películas o libros que dan la impresión de que el autor busca constantemente demostrar que él es genial. Éste no es mi estilo. A mí me gusta quedarme en segundo plano para que aquello que sea digno de admiración sea la construcción misma.
SRF: En un proyecto, ¿qué parte del trabajo le gusta más?
P.Z.: Construir es formidable. Mirar como 20, 200 o 2 000 personas desarrollan algo y tener consciencia de toda la experiencia laboral ahí reunida. Esto me hace sentirme orgulloso de mí. Me regocijo como lo hace un director de orquesta que tiene la oportunidad de dirigir distintos instrumentos. El inicio de una obra también es muy bonito. La idea inicial siempre está llena de entusiasmo. Y ésta guía al arquitecto durante todo el proceso de construcción, en el que siempre habrá obstáculos. Y uno tendrá que superarlos.
SRF: ¿Cómo maneja usted el fracaso?
P.Z.: Tuve que aprender que es parte del oficio, pero nadie me lo enseñó antes. Hay momentos terribles. Lloré cuando tuve que asistir en Berlín a la destrucción de las primeras escaleras de la Topografía del Terror. Y hay procesos democráticos suizos que me desesperan (por los contratiempos que suponen para las construcciones).
SRF: El complejo de las aguas termales de Vals es una de sus obras clave. Sin embargo, cuando usted intentó recomprarlas fracasó en ello. La asamblea comunal decidió venderlos a alguien más. ¿Qué opina ahora de lo sucedido?
P.Z.: Mirando todo en retrospectiva, estoy contento de que haya sido así.
SRF: El proyecto del hotel de la música de la ciudad de Braunwald también sufrió un revés recientemente y es objeto de múltiples cuestionamientos. ¿Cómo se siente al respecto?
P.Z.: Hay que armarse de paciencia. Está relacionado con los procesos democráticos. La asamblea comunal aún no se ha pronunciado de forma directa sobre el hotel, pero sí sobre cuestiones vinculadas al uso del agua. Las autoridades de la comuna tienen la posibilidad de mejorar el proyecto para que todo camine sobre ruedas. Y yo confío en que así será.
SRF: Actualmente trabaja para el Museo de Arte del condado de Los Ángeles, se trata de un edificio de 600 millones de dólares cuya construcción iniciaría en 2020. ¿Cómo avanzan sus proyectos internacionales? ¿Es posible gestionarlos desde el pueblo de Haldenstein, en los Grisones, en donde está su oficina?
P.Z.: Ante todo, siempre necesito patrocinadores que quieran seguir un proceso conmigo de principio a fin. No soy alguien que materialice ideas totalmente preconcebidas. Necesito trabajar con gente que disfrute desarrollando proyectos en común. Lo mismo en Los Ángeles que en cualquier otro sitio. De otra forma, no es posible trabajar.
(Sobre la distancia), ahora es muy fácil comunicarse. Basta con pulsar un botón para enviar planos de gran formato a Los Ángeles o a Nueva York. Y poner en marcha a un equipo también es algo que puede hacerse sin importar el sitio en el que uno se encuentra. Un arquitecto tiene necesidad de un buen lugar para trabajar, un sitio en donde se sienta realmente cómodo. Y esto es lo que me brinda Haldenstein.
SRF: Usted trabaja en un pequeño despacho de arquitectura. Todos los proyectos pasan por sus manos.
P.Z.: Yo hago cosas originales. No es para mí el entregar proyectos en los que va por delante una razón social. Amo imaginar y diseñar las casas que construyo hasta en el último tornillo que utilizo para ellas. Y lo mismo aplica si son pequeñas o grandes.
SRF: ¿Qué relación mantiene con sus edificios?
P.Z.: Es un poco como si fueran mis hijos. Pero pertenecen a otras personas. Solo puedo verlos, no puedo ir a visitarlos, aunque me encantaría. O de hacerlo, tendría que ir en secreto o de noche. Es por ciertas reticencias que tengo. No me gusta ir a lugares en donde la gente me observa y dice en voz baja: "Mira, ese es Zumthor".
SRF: Usted ganó el Premio Pritzker en 2009 por su obra íntegra. Se trata de la más alta distinción para un arquitecto. ¿Cambió algo para usted tras la presea?
P.Z.:. Me ayudó a ser más independiente. Pero la verdad es que jamás me faltó antes el reconocimiento a lo largo de mi carrera. Siempre lo he tenido. Y siempre ha habido gente que vio mi trabajo y comprendió lo que quería hacer. También hay algunos que me encierran en ideas preconcebidas como: “Zumthor es un dolor de cabeza”, o “Zumthor es terco a morir”. Pero hay que vivir con ello.
SRF: ¿Sintió la presión de mantener cierto nivel en sus obras luego de recibir un reconocimiento tan importante?
P.Z.: No, el premio Pritzker es solo la envoltura, pero el contenido es el mismo. Inventar cada edificio, desarrollar una idea de principio a fin y materializarla es el mismo desafío en lo político y cultural; en cada ocasión hay que comenzar desde cero. Nada cambia. Siempre hay dudas, puedo perderme en el proceso y tendré que decirme: "¡Diablos! ¿Qué es lo que no está marchando correctamente?". Y hablo todo esto con mis colaboradores.
SRF: Usted ya era considerado una estrella de la arquitectura antes de su premio…
P.Z.: No es algo que me guste. No tengo nada de estrella. Las estrellas, de hecho, no son buenas para la arquitectura. Preferiría que más bien hubiera estrellas en el gremio de los fontaneros.
SRF: Museos de arte, edificios sagrados, baños termales, un cuartel: ¿hay algo que no haya construido aún y que desee edificar?
P.Z.: Estamos estudiando la construcción de una torre en el sur de Amberes. Pero enfrenta el mismo problema de todos los edificios que son muy altos: no es fácil organizar el acceso al basamento y, en general, la forma en la que se trabajará. Pero estamos buscando soluciones aprovechando las facilidades que ofrecen la ciudad y el parque. Creo que construiría feliz algo a la orilla del agua desde donde pudiese apreciarse un amplio horizonte.
SRF: Si un día ya no deseara seguir trabajando, ¿sería el fin del despacho de arquitectura Peter Zumthor?
P.Z.: No quiero compararme con Alberto Giacometti, pero desde que él murió, ya no hay nuevas construcciones Giacometti.
Traducido del francés por Andrea Ornelas