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La ONU eligió a 18 nuevos miembros en el Consejo de los Derechos Humanos, incluido Estados Unidos, un país que había boicoteado este órgano de la ONU desde su creación en junio de 2006.
Los defensores de los derechos humanos acogen con beneplácito el retorno.
Washington figura ahora entre los 47 Estados miembros, una decisión que marca una ruptura radical con la antigua administración Bush que había boicoteado este órgano desde su creación en 2006, acusándolo, entre otras cosas, de acoger a Estados que violan las libertades en sus propios países.
Retorno a la ley y la justicia
Los expertos y los defensores de las libertades se felicitan de esta entrada de Washington al concierto de los derechos humanos. "El Consejo gana en credibilidad acogiendo a este protagonista importante e inevitable", afirma Peter Splinter, representante de Amnistía International en Ginebra.
En su análisis coincide el antiguo relator especial de la ONU sobre la discriminación racial, Doudou Dieno. "Cuanto más este Consejo sea representativo del mundo, más puede fundar su legitimidad. Pese a las recientes derivas, EE UU tiene una historia y una experiencia que compartir sobre las libertades individuales y las cuestiones de racismo", sostiene.
Anota que "desde el 11 de septiembre de 2001, los derechos humanos fueron marginalizados en ese país. Eminentes juristas se pusieron a discutir sobre si la tortura es legítima para combatir el terrorismo. Se cruzó una línea roja. La vuelta a la ley y a la justicia es una experiencia que EE UU puede aportar para alimentar a la comunidad internacional."
Una de las jurisdicciones más completas
Andrew Clapham, director de la Academia de Derecho Internacional Humanitario y de Derechos Humanos (ADH) de Ginebra, recuerda que ese país puede jactarse de poseer una de los órganos jurisdiccionales más completos sobre la protección de los derechos civiles y políticos y sobre las cuestiones de discriminación.
Para el profesor, la entrada de Estados Unidos en el Consejo constituye también una salvaguarda contra el peligro de una interpretación "a la carta" de los derechos humanos. "La presencia del conjunto de las grandes potencias evita que una u otra se desmarque de las decisiones tomadas en la ONU", observa. "Los juristas americanos, por ejemplo, no deben considerar que EE UU no está vinculado a algunos compromisos sobre los derechos humanos justo porque su Gobierno estaba ausente".
Los observadores ven también una esperanza de diálogo más dinámica en los debates de las sesiones del Consejo. "Por el momento hay muy poca flexibilidad y margen de maniobra en la dinámica actual", destaca Philippe Dam de Human Rights Watch (HRW).
"Por el momento, los Estados europeos, a los que en general se suman Japón, Corea y los países de América Latina, se oponen a los grupos africanos, asiáticos o árabes. La llegada de Estados Unidos contribuye a diversificar las posiciones".
Otra manera de negociar
Para Doudou Dieno, esta nueva situación reforzará el carácter multilateral de la ONU y sobre todo contribuirá a descartar la tesis de algunos ideólogos que ven en el conflicto de las civilizaciones la principal o, incluso, la única causa de la escisión de la comunidad internacional.
"La atmósfera política en el Consejo es tensa. Se asiste a debates agitados y confrontaciones inútiles. La Unión Europea (UE) tiene a menudo las manos atadas por sus jaloneos internos. EE UU puede aportar otra manera de negociar. Más aún porque la administración Obama apuesta al diálogo, la apertura, la flexibilidad", observa a Peter Splinter.
Pero Estados Unidos no podrá evitar una limpieza introspectiva. "La guerra contra el terrorismo ensució los derechos humanos por todas partes en el mundo", recuerda Splinter. "Es necesario que el Gobierno corrija los atropellos pasados y presentes, como estos días en Afganistán".
Andrew Clapham precisa que el Gobierno estadounidense debe poner celeridad a la ratificación de una serie de convenciones de la ONU, incluido el pacto sobre los derechos económicos y sociales y aquel sobre la protección de los niños. Y debe incorporarse al Tribunal Penal Internacional.
Acalorado debate en EE UU
Para Doudou Dieno, la vuelta de Estados Unidos a la ONU de los derechos humanos es tanto más significativa cuanto que estuvo ausente del seguimiento de la Conferencia sobre el racismo que se desarrolló en Ginebra en abril pasado. "Sin embargo, es en el Consejo que el documento de Durban va a aplicarse. Lo que muestra que en el seno de la administración estadounidense, el debate es acalorado."
David Sylvan, profesor del Instituto de Estudios Superiores Internacionales y del Desarrollo (IHEID) en Ginebra, añade: "La administración Bush utilizaba los derechos humanos como arma contra los regímenes que odiaba. Esta actitud chocó mucho, tanto a los demócratas como a los republicanos. Para los consejeros de Obama, es fundamental perfilarse como verdaderos partidarios de los derechos humanos."
"Para la limpieza interna, es más complejo. La mayoría de los estadounidenses quieren voltear la página y no quieren que se persiga a los responsables de las derivas. Algunos temen encontrarse en el banquillo de los acusados. Tanto en el campo republicano como en el demócrata." Muchos temen también la amplitud de los conflictos que implicaría la apertura de esta caja de Pandora.
Carole Vann, Infosud/swissinfo.ch
(Traducción, Marcela Águila Rubín)
Los EFECTOS de una ELECCIÓN
Escrutinio. Durante la votación el pasado 12.05, en la Asamblea General de la ONU, de los Estados miembros del Consejo de los Derechos Humanos, Estados Unido obtuvo 167 de 192 votos.
Sin duda. Su elección para un mandato de tres años no dejaba lugar a duda puesto que sólo tres sedes debían entregarse en el grupo de los Estados occidentales y los candidatos eran tres: Bélgica, Noruega y EE UU.
Credibilidad. Las organizaciones de defensa de las libertades, por otra parte, deploraron que Nueva Zelanda haya retirado su candidatura en el momento en que Estados Unidos entró en la ronda. La elección perdía entonces su carácter competitivo, lo que, según los expertos, debilita la credibilidad del Consejo.
Candidatos. El escrutinio, que se desarrolla por zona geográfica, no fue sorpresivo. Solo 20 países eran candidatos para 18 asientos. Los resultados de los grupos asiáticos y de América Latina se conocían por adelantado: Se reeligió a Cuba, China y Arabia Saudí.
África. Fueron elegidos Camerún, Yibuti, Isla Mauricio, Nigeria y Senegal. Kenia fue rechazada.
Grupo asiático. Fueron elegidos Arabia Saudí, Bangladesh, China, Jordania y Kirguizistán.
Europa del Este. Fueron elegidos Hungría y Rusia. Azerbaiyán fue rechazada.
América Latina. Fueron elegidos México, Cuba y Uruguay.