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A lo largo del siglo XX, Ginebra estuvo en el centro de las negociaciones de paz, bajo la égida de la Sociedad de Naciones y luego de las Naciones Unidas. Un papel materializado por el augusto Palacio de las Naciones.Este contenido fue publicado el 25 octubre 2020 - 11:23
Cuántos esfuerzos, éxitos y rotundos fracasos para ir Hacia la paz perpetua, el ensayo fundador del filósofo alemán Emmanuel Kant, publicado en 1795. La paz ya no se ve como una pausa entre las guerras, sino como un programa para establecer y pacificar las relaciones internacionales.
Fue durante las dos guerras mundiales que asolaron la primera mitad del siglo XX que se sentaron las bases del derecho internacional. La Sociedad de Naciones colocó las primeras piedras, antes de que la Organización de las Naciones Unidas reanudara el trabajo con las golpeadas potencias europeas salidas de guerras parcialmente interrumpidas entre 1918 y 1939.
En su último libro, Le monde d'hier, souvenir d'un Européen, (El mundo de ayer, recuerdo de un europeo), de 1942, el escritor austriaco Stefan Zweig capta con emoción el clima que acompañó el nacimiento de la SDN: “El que vivió en aquellos días recuerda que las calles de todas las ciudades se llenaron de gritos de alegría para dar la bienvenida a Wilson [el presidente de Estados Unidos] como el salvador del mundo, que los soldados enemigos se abrazaron y besaron; nunca antes hubo tanta fe en Europa como en aquellos primeros días de paz”.
Pero unas páginas más tarde, el vienés manifiesta su desencanto: “Todo el mundo sabe hoy - y solamente unos pocos lo sabíamos entonces - que esta paz era una de las mayores, si no la mayor posibilidad moral de la historia (...) Pero los viejos generales, los viejos estadistas, los viejos intereses habían desgarrado este gran concepto, lo redujeron a unos inútiles pedazos de papel. La sagrada promesa, hecha a millones de hombres, de que esta guerra sería la última... fue cínicamente sacrificada a los intereses de los fabricantes de municiones y al furor de los políticos que salvaron triunfalmente... su fatal táctica de convenciones y deliberaciones a puerta cerrada".
Un recinto frágil, pero indispensable
La SDN ayer y la ONU hoy solamente pueden actuar en el espacio que les dejan los Estados miembros, especialmente los más poderosos. Pero los avances están lejos de ser insignificantes: Ya sea el reconocimiento de la condición de refugiados y de un organismo que los ayuda (ACNUR), los convenios internacionales que fomentan un mayor respeto de los derechos humanos, las normas técnicas establecidas en materia de telecomunicaciones o los derechos sobre la propiedad intelectual. La ONU ha permitido a los Estados llegar a un consenso.
Sin embargo, nada está definitivamente ganado, como lo demuestra la renovada tensión entre las grandes potencias en un mundo que ahora es multipolar. Pero con todos los países como miembros y un mayor espacio para la sociedad civil, la ONU sigue siendo una institución importante en el intento de equilibrar las relaciones de fuerza entre sus Estados miembros.
Traducido del frances por Marcela Águila Rubín