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La mayor parte del oro del mundo pasa por Suiza. Un negocio con un valor de entre 70 000 y 90 000 millones de francos suizos anuales. El oro que llega a Suiza no está refinado y salir del país ya muestra toda su deslumbrante pureza.
El problema es que, en ocasiones, su procedencia es dudosa. El gobierno suizo reconoce el riesgo que esto entraña, por lo que emitió recientemente un informe sobre el tema. El documento aborda las preocupaciones que tiene sobre la explotación de mineros y realiza una serie de recomendaciones a las empresas suizas activas en este campo.
Las refinerías suizas procesan anualmente el 70% del oro no refinado que hay en el mundo. Cuatro de los nueve principales jugadores en la industria global del oro realizan la mayor parte de sus negocios en Suiza. Y aunque la extracción de oro se realiza en 90 países, prácticamente la mitad de todas las importaciones del oro procesado y refinado en Suiza provienen de Gran Bretaña, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Hong Kong, aunque ninguno de los tres países son productores de oro.
El oro representa el 63% de las exportaciones británicas a SuizaEnlace externo, el 92% de las exportaciones de los EAU y el 78% de las que tienen origen en Hong Kong. Suiza, por su parte, importa una cantidad significativa de oro de países productores cuyas economías dependen en gran medida de la exportación de este metal precioso, como Burkina FasoEnlace externo (el oro representa 72% de sus exportaciones), GhanaEnlace externo (51%) y MaliEnlace externo (77%).
Como refleja este primer gráfico, algunos de los principales productores de oro son países que no son conocidos en el mundo por el respeto que prodigan a los derechos humanos. Sin embargo, observando la segunda tabla, vemos que entre los productores también hay países en guerra que usan las ganancias del oro para financiar las hostilidades. En todos los casos, las frases "oro ilegal", "oro sucio" y “oro ensangrentado” son representativas de la situación que viven.
Importante sector económico
Para mostrar la importancia de este sectorEnlace externo para la economía suiza, por ejemplo, en 2017, se importaron 2 404 toneladas métricas de oro, con un valor aproximado de 70 000 millones de francos suizos. Ese mismo año, Suiza exportó oro por 67 000 millones de francos. En otras palabras, el 24% de las exportaciones y el 31% de las importaciones helvéticas tienen una relación directa con el oroEnlace externo.
Para poner en contexto este desempeño con el resto de las "joyas en la corona" de la industria suiza: en el mismo período, la industria relojera exportó bienes por alrededor de 20 000 millones de francos, que equivalen a unos 24 millones de relojes. Los fabricantes de chocolate exportaron 128 000 toneladas de chocolate por casi 1 000 millones de francos.
Para igualar el alcance del oro, las otras industrias tendrían que exportar 85 000 millones de barras de chocolate o 84 millones de relojes. Solo la industria farmacéutica tiene un peso mayor que el oro: en 2017 los gigantes de este sector exportaron productos por 98 000 millones de francos.
Poca transparencia
Uno de cada tres dólares que Suiza destina a las importaciones es para la adquisición de oro. Y este metal explica 25 centavos de cada franco que Suiza ingresa por concepto de exportaciones. No es cualquier cosa, ¿cierto? Las estadísticas del Observatorio de la Complejidad EconómicaEnlace externo son ilustrativas a este respecto:
No es un sector conocido por su transparencia. Más bien todo lo contrario. Se han conocido múltiples escándalos durante los últimos años, que van desdePerú hasta TogoEnlace externo, pasando por Burkina FasoEnlace externo y la República Democrática del Congo. En todos los casos, se ha hablado de que "oro sangriento" que llega a Suiza para ser refinado. Una vez refinado, se dirige a Gran Bretaña, India, China y Hong Kong.
¿Qué es el “oro ensangrentado”?
¿Qué se entiende por “oro ensangrentado” u “oro manchado con sangre”?
Es oro contaminado por la sangre de seres humanos que tuvieron que extraerlo en condiciones laborales que violan los derechos humanos. El “oro ensangrentado” también implica el atropellamiento de los derechos de los pueblos autóctonos a la autodeterminación y a la propiedad de las tierras de sus ancestros.
La minería ilegal de oro causa daños medioambientales, debido en gran medida a la contaminación con metales pesados. Además, la extracción de oro y el uso de armas en conflictos locales, las actividades relacionadas con el crimen organizado y el blanqueo de dinero a menudo van de la mano.
Parte de este oro llega a Suiza para ser refinado. Y el Gobierno suizo siempre ha sido consciente de este riesgo. En el informe sobre el comercio de oroEnlace externo que publicó recientemente, admite que no puede descartarse que el oro cuya producción atenta contra los derechos humanos llegue a Suiza.
“Oro ensangrentado”, origen y trazabilidad
En una declaración conjuntaEnlace externo, un grupo de oenegés suizas, activas en campañas por los derechos humanos, concuerdan que el análisis del Gobierno pone en evidencia los principales problemas de este sector económico de alto riesgo, pero consideran que las soluciones propuestas son inadecuadas.
Uno de los principales problemas es saber de dónde proviene el oro. Más de la mitad del que llega a Suiza proviene de Gran Bretaña, los Emiratos Árabes Unidos y Hong Kong. Países que no son productores, como tampoco lo es Suiza. Son solo la penúltima parada en el viaje que este metal (aún sin refinar) realiza por diversos países del mundo.
Origen del oro
El oro representa 24% de las exportaciones de Hong KongEnlace externo (equivalentes a 30 000 millones de dólares); 16% de las realizadas por los Emiratos Árabes UnidosEnlace externo (27 000 millones de dólares) y 4% de las exportaciones del (15 000 millones de dólares).Fin del recuadro
“Las multinacionales que refinan el oro en Suiza saben perfectamente de dónde provienen las materias primas”, dice Marc Ummel, jefe de Políticas de Desarrollo de Materias Primas de la oenegé Swissaid. “Pero no dicen nada”, añade.
Si el Gobierno reconoce en su informe que la trazabilidad del origen del oro es fundamental, en la práctica, las agencias regulatorias solo tienen conocimiento del último país del que llega el oro y no del país productor”, dice.
Para Ummel, la solución a este problema es simple. “Exhortamos al Gobierno a que exija que la Administración Federal de AduanasEnlace externo aplique la ley que obliga a los importadores a declarar tanto el país de origen del oro, como el último país que lo exporta a Suiza”.
A lo largo de los últimos años, refiere Ummel, los representantes de la industria del oro aseguran que quieren mejorar la calidad de la información. “Pero, ¿qué significa esto exactamente? Bastaría con mejorar la trazabilidad del oro, declarar el país y la mina de origen. Para mejorar la transparencia sobre las condiciones de producción, deberían hacerse públicos los análisis de riesgos y el deber de diligencia de las empresas”.
Estándares de responsabilidad
1) Guía para el Oro ResponsableEnlace externo: Principios basados en las Reglas de Debida Diligencia para la Cadena de Abastecimiento Responsable de la OCDE (incluye temas como la lucha contra los abusos en la explotación de oro, el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo).
2) Consejo de Joyería ResponsableEnlace externo: esta certificación busca garantizar prácticas responsables en toda la cadena de suministro.
También está la Iniciativa para un Oro MejorEnlace externo (BGI en inglés), lanzada por Suiza en 2013, que desarrolla cadenas de suministro para una producción de oro responsable.Fin del recuadro
Cumplimiento voluntario
Como dice el propio informe del Gobierno, las refinerías suizas aplican estándares "voluntarios" para garantizar una producción que respete los principios sociales y ambientales. Pero no están obligadas a cumplirlos realmente.
El Gobierno apoya los principios de la OCDEEnlace externo (pero no obliga a respetarlos), solo alienta a las empresas a ceñirse a ellos.
En 2013, Suiza lanzó la Iniciativa para un Oro Mejor (BGI en inglés) en Perú para lograr que el oro extraído en las minas pequeñas también respete estas directrices de sostenibilidad de cumplimiento voluntario. El proyecto permitió que entre 2013 y 2017 se extrajeran y vendieran aproximadamente 2,5 toneladas de oro producido de manera responsable. El logro es loable, pero representa solo el 0,015% de la producción mundial.
Legislación bienintencionada, pero imperfecta
La legislación helvética, al menos desde el ámbito teórico, es una de las más estrictas del mundo en lo relativo a la regulación del comercio de oro, según el propio Gobierno. Las leyes vigentes sobre el control de metales preciosos y la lucha contra el blanqueo de dinero intentan asegurar que el oro procesado en las refinerías suizas no provenga de la minería ilegal.
Pero Ummel no coincide con esta visión. “No es verdad. La Unión Europea, e incluso Estados UnidosEnlace externo, poseen leyes más estrictas. La legislación helvética intenta frenar la extracción ilegal de oro pero, como admite el propio Gobierno, no hay principios expresados explícitamente sobre el respeto a los derechos humanos”. Pese a ello, el Gobierno no considera que sea necesaria una nueva ley.
¿Qué explica la renuencia gubernamental? Ummel comparte su teoría. "El gobierno federal reconoce la férrea competencia internacional a la que se enfrenta la industria suiza. Y en un intento por no multiplicar las dificultades de un sector que es responsable de un tercio de las importaciones y una cuarta parte de las exportaciones, la realidad es que no existe una intención real de cambiar las cosas”.
La competencia internacional es innegable. Como el propio Ummel lo dice, “hay más refinerías en el mundo que oro sin refinar”.
¿Existe una solución?
En su informe, el gobierno suizo ofrece ocho recomendaciones para mejorar la transparencia de la producción, aunque no son vinculantes.
Las oenegés, por el contrario, exigenEnlace externo acciones de “debida diligencia” que sí impliquen sanciones cuando se incumplan. Este será, consideran, es el único paso real que hay que dar para avanzar hacia la transparencia. Pero aún está por ver si la industria será capaz –o estará dispuesta–a hacerlo.
Traducción del inglés: Andrea Ornelas