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— Zúrich, 5 de febrero 2009 —
— Por Gloria Lorena López y Paulo González Ramírez de PuntoLatino
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Hola Marta, ¿cómo estás?
Bien bien, gracias.
Ya terminas la gira, ¿cansada?
Sí, la última fecha es mañana, han sido veinte días, veinte y pico, cansada, no sé, es mercadeo, es rico estar acá y es rico estar en la casa también. Pero no estoy particularmente cansada.
Estuviste en el coro del Liceo Benalcázar, en la ciudad de Cali, Colombia, cantas desde pequeña, y después en la
Universidad Javeriana.
Sí, desde los cuatro años estoy en ese coro, por 10 años, pero en 1995 mi familia se mudó para Bogotá, y entonces allí ya empecé en la Universidad Javeriana y es que me habían dicho que en la universidad se hace una cosa bien interesante, que es que por las tardes puedes estudiar música, así no hayas terminado el colegio, como la música no es como la arquitectura, que necesitas ver todo en el colegio, en la música hay muchas cosas que no necesitas aprender en el mismo colegio, entonces podía ir a la universidad por las tardes. Durante seis años iba por la mañana al colegio y por las tardes a la universidad.
Luego ganaste una beca en la Berklee College of Music en Boston.
Sí, pues, llegó. Yo sabía que lo que quería hacer no era música clásica, me encanta pero no es lo que yo quería. Y la Universidad Javeriana se enfocaba en ese tiempo solamente en música clásica. Entonces ya estaba pendiente de cosas en Estados Unidos, en Europa no miré tanto, básicamente Estados Unidos era el enfoque de muchos de los músicos de mi generación, y ahí fue donde apliqué para la beca y me la gané. Y eso fue en 1999.
Y cuándo supiste que tu música no era la clásica sino otra, la música popular latinoamericana.
Como una vocación. Igual como los niños que desde pequeños saben que quieren ser médicos, es como una cosa que es más fuerte que uno, nunca fue una elección. Lo que sí han sido más o menos elecciones, bueno, qué voy hacer, qué voy a tocar, todas esas cosas pero no sé, no me movía el corazón la música clásica, o sea, yo, desde que tengo seis años estoy componiendo canciones, trabajando en la música, ganándome la vida desde que soy muy chiquita, en comerciales, cantando misas, o sea, para mí mi destino era la música, no sabía entonces qué clase de música, mira, cuando estás más joven cantas pop, quieres ser como Shakira, tienes un símbolo, pues para seguir, como rock o el pop, yo obviamente pasé por eso, pero yo sabía que la clásica no, lo que más me gustaba era lo folclórico, ¡Brasil! Lo que sabía es que no iba a ser cantante clásica.
Tuviste a alguien que te guiara.
No, bueno, mi familia quería que fuera cantante de ópera. Y yo no. Además de que le tengo mucho respeto, no tengo el instrumento para cantar así. Eh, pero, más bien como ídolos, había visto una entrevista de Juan Luis Guerra en donde él decía que había ido a Berklee y según él había encontrado su camino. Y yo me dije, pues yo también. Pero no alguien de la familia que me dijera, qué tal si pruebas este instrumento o qué tal si haces eso o lo otro, fue más o menos yo solita.
Tú decías en una entrevista que le debías tanto a una persona, a Florencia Rengifo de Borrero, cuéntanos.
Sí, ella fue la directora del coro, y ella es todo, para mí es mi parte musical, pero ella no era de darme consejos prácticos, o sea, ella no me decía por qué no estudias tal cosa... bueno, sí un poquito me guiaba pero no tan directamente, es como si a los niños les dices que hagan algo y no lo quieren hacer, entonces ella me decía, haz esto o haz lo otro. Yo empecé con ella, era su niña consentida, fui la solista del coro por diez años, entonces lo que hacíamos era en la mañana estar en el colegio y por las tardes me iba a su casa a estudiar guitarra y a cantar y todo. Ella sí fue una influencia porque me mostraba, ella me decía esta es Mercedes Sosa, porque en mi casa no había mucha música, porque mis papás no han sido coleccionistas de música, les gusta pero no me mostraron cantantes. Y sí, más adelante me dijo que porqué no me metía a clases de técnica vocal, que ella no las daba, ella no estudió música, cómo se dice, ah sí, empírico, pues sí, no tenía la técnica para enseñarme. Y claro, en el coro sí cantábamos de todo, era un coro profesional, ópera, música latina, era el coro de Cali, recibíamos al presidente, al papa; música de todo cantábamos, argentina, cubana... y en su casa oyendo a Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, pues en su casa yo tenía una biblioteca abierta para mí.
Y entonces...
Pues yo pienso en el exilio como en una etapa. Acababa de salir, tenía 19 anõs, me fui a la universidad de los sueños, donde están los mejores profesores, vivir sola después de estar con los papás, y para mí cada día era un día feliz, los extrañaba pero yo estaba en mi casa, ya cuando pasa el tiempo empieza uno a sufrir el peso de la soledad, que es el precio que nosotros los músicos pagamos, porque siempre estamos solos, no estamos con la familia, a veces no podemos ir cuando queremos, ese peso ya lo estoy viendo mucho más adelante y cada vez se hace más fuerte; pero en la universidad desde el principio fue espectacular, y uno no lo puede creer, yo llegaba y cada día quería tomarme una foto, claro, para una persona que ha estudiado música en Colombia, con todas las limitaciones que se tiene, y llegar a una escuela que te ofrece absolutamente todo, yo era la más... (suspiros) yo me pasaba todo el día pegada a los profesores, pues eso le pasa a todos, y en Colombia uno está más relajado, y en su casa tiene sus amigos, en cambio en la universidad estás para estudiar, salías a todos los conciertos que había, tomando cuanta clases se podía, entonces en principio fue lo mejor, ya cuando uno se gradúa de la universidad ahí hay un despegue muy fuerte, está la vida verdadera donde no está el centro que fue la escuela.
Pero antes estuviste en Canadá.
Sí, fue un requisito que nos pusieron mis papás. A nosotros, los tres hermanos, que apenas nos graduáramos del colegio estudiáramos inglés. ¡Y felices! Ellos nos dijeron, tienen que aprender inglés, las bases del colegio no son tan buenas y así que a estudiar, y cada uno a su tiempo.
De cuándo eres una extranjera, lo sentiste.
Lo siento todavía, lo que pasa es que nunca fue muy fuerte porque mi situación de emigrante era muy diferente, yo fui a estudiar mi carrera, me gradué de una universidad de ahí, soy músico, tengo el respeto, digamos que nunca me fui ilegal, de que no estoy trabajando en un restaurante donde me tratan mal, o sea, tengo el privilegio de que mi emigración es muy distinta de la emigración de la mayoría de la gente que se da. Por no tener oportunidades en sus países. Yo me fui de Colombia porque quería estudiar, no le temía a Colombia y quiero volver y tengo esa idealización que otra gente no tiene. Claro que yo viví ese cambio. Y es que en Estados Unidos sobre todo en Nueva York, es muy abierto para el emigrante. Todos son emigrantes. No hay nadie que no sea un bicho raro en Nueva York, claro, en una ciudad más pequeña como puede ser Boston, ahí si sientes el rechazo o lo que sea. Claro, en la universidad donde yo estudié el 40% de los estudiantes son extranjeros, ya en otras universidades donde la mayoría son norteamericanos. Pero en la que yo estuve no. Y menos con el acento que tú tienes, por ejemplo, allá está el brasileño, el argentino atrás, el africano en frente y tú por allá, y el estadounidense es el raro. Nunca les ha molestado el acento que uno tiene, con tal de que tú cantes y ya. En cambio si estudias derecho y negocios, entonces tienes que dominar totalmente el idioma y mezclarte con la cultura. Pero nosotros entre más acento tengamos, mejor.
Entonces tienes esa idealización de volver a Colombia.
Pues mi sueño es volver o a Colombia a alguna parte más cálida, yo me siento muy latina, incluso en España me siento más a gusto que en Estados Unidos, es muy difícil, cuando uno sale de su país ya se tiene las dos visiones, se tiene lo bueno de un lado y lo malo del otro y quieres combinarlo, entonces yo quisiera tener mi vida en Estados Unidos pero con mis amigos en Colombia, pero no se puede porque la carrera lo obliga a uno a estar lejos. Pero yo también siento que no es para siempre, a Estados Unidos adoro, yo he hecho mi carrera ahí como no la hubiera podido haber hecho en Colombia, pero siento que la calidad de vida de Latinoamérica es la que yo quiero tener . Pero sí es el sueño de todos nosotros, vivir en Colombia pero ganar la plata que ganamos afuera (Risas).
El proceso...
Es muy raro, es muy lindo el proceso, cuando te pones a ver cada cosa que ha pasado, y mucha gente te dice, sí, estabas en el lugar indicado y en el tiempo perfecto, pero no es que llegué a los Estados Unidos y alguien me descubrió como le pasa a las cantantes de pop o algo así, yo llevo cantando desde que tengo cuatro años de edad, yo en el coro trabajaba, nunca fue un hobby, nosotros trabajábamos y nos pagaban un sueldo por cantar, entonces te acostumbras a que esa es la vida, y tiene un montón de sacrificios en especial el ser cantante a diferencia de otros instrumentos, y cuesta mucho, más a mí que me gusta tanto compartir con mi familia, charlar o gritar en los partidos, ¡no podía!, pero... cuando uno mira para atrás como que se le olvida, sí, las puertas que se te cerraron y las oportunidades que no se tuvieron, pero... yo pienso que con trabajo uno va logrando todo. Y ya llegué a Berklee, pero para llegar a ese momento ya llevaba una carrera de muchos años y es muy difícil porque uno está en constante lucha con uno mismo; soy compositora, yo estoy desnuda frente a la gente, y si a la gente no le gusta pues no le gusto yo, porque no le gusta mis canciones que es lo que yo pienso o no le gusta mi voz que es lo que yo he trabajado. Lo que es diferente si tocas música de otra persona porque te pueden decir es que el compositor es malo o a lo mejor es que me tocó cantar con una cantante que canta terrible. Pero en mi caso si es como estar desnuda.
Ahora nos dijiste que escuchabas a Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, seguramente Víctor Jara y Violeta Parra. Tenemos aquí una gran influencia en tu música.
Por supuesto, por supuesto. Para mí la letra es lo más importante en la música, siempre lo ha sido, desde que estaba chiquita. Precisamente por eso no sentía tanto con los Beatles ni con Bob Marley, ahora me encantan, pero yo cuando chiquita no los oía, no lo entendía pues no tenía ningún sentido. La música clásica me gustaba pero no era lo que yo quería hacer, la entiendo pero no me comunica como la canción, una persona que me esté diciendo algo, para mí es lo máximo, claro, todo lo que yo oía de niña es lo que me hacía pensar, me acuerdo la primera vez que oí a Silvio Rodríguez, tenía como doce años, no fue como que él me influenció y me metió ideas revolucionarias en la cabeza sino algo diferente. Me acuerdo una vez en que mi hermano me regaló un «cassette», y había una canción que se llama Canción en Harapos, y fue un cambio completo, porque en el coro dice él, qué fácil es trascender, con fama de original, pero se sabe que entre los ciegos el tuerto suele mandar... que bien prepara su máscara el pequeño burgués; de qué fácil es ver la vida desde el lado confortable. Y esa era mi vida, una vida muy cómoda, pero sentirme culpable por eso, y no es que yo me dijera que este tipo tiene razón, sino que me dije esto es lo que yo he pensado toda la vida. Sí, están las baladas de amor de otros cantantes, cuando te enamoras y cantas a Franco de Vita y Ricardo Montaner porque eso es lo que estás viviendo, pero los cantautores siempre han sido para mí la fuente principal de inspiración,. Y yo escribía siempre muchos poemas, que a mi país, que a mi Colombia, siempre ahí, como muy social desde chiquitica.