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Este contenido fue publicado el 09 mayo 2022 - 10:47
Suiza es un país neutral desde 1815. Sin embargo, cuenta con un ejército para protegerse y garantizar su seguridad interna.
La neutralidad es una parte integral de la identidad suiza. Fue reconocida en 1815 por las grandes potencias en el Congreso de Viena. Para los autores de la Constitución suiza de 1848, la neutralidad es un instrumento destinado a mantener la independencia.
En 1907, los Convenios de La Haya establecieron por primera vez por escrito los derechos y deberes de los Estados neutrales. A cambio de la inviolabilidad de su territorio, los países neutrales deben, en particular, mantenerse al margen de las guerras, garantizar la igualdad de trato a los beligerantes y no suministrarles armas ni tropas.
El ejército suizo
Los Estados neutrales también están obligados a garantizar su propia defensa, por lo que Suiza siempre se ha esforzado en mantener unas fuerzas armadas de un nivel respetable.
La Confederación tiene un ejército de milicias con pocos soldados de carrera. La Constitución obliga a los hombres a realizar el servicio militar, pero este deber es facultativo para las mujeres.
Después de la escuela de reclutas, los soldados tienen que completar varias semanas de "cursos de repetición" durante algunos años. Por ello, no es raro ver a militares uniformados con sus armas en las ciudades o en los trenes. Los soldados pueden guardar su fusil en casa, lo que regularmente provoca controversia, ya que muchos asesinatos y suicidios han sido cometidos con armas de servicio.
Los hombres que se niegan a realizar el servicio militar por razones de conciencia pueden optar por el servicio civil. Deben realizar trabajos de interés público durante un periodo una vez y media mayor que el servicio militar.
Compromisos internacionales
La neutralidad de Suiza no le impide participar en numerosas organizaciones internacionales. El país no puede ingresar en la alianza militar de la OTAN, pero coopera con ella en la Asociación para la Paz.
En 1920, la Confederación se adhirió a la Sociedad de Naciones, antecesora de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y logró que Ginebra fuera la sede de la institución. Tras la Gran Guerra, Suiza quiso forjarse una misión global basada en su experiencia diplomática y humanitaria.
Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría reforzaron la idea de que, para permanecer completamente neutral, Suiza no debía unirse a ninguna alianza internacional. La Confederación no entró en la ONU hasta 2002, más de 50 años después de la creación de la organización.
Sin embargo, desde entonces ha reforzado su representación en los organismos internacionales. En particular, es miembro de la UNESCO, la OCDE, el Consejo de Europa y la OSCE. Ginebra es ahora la sede de numerosas organizaciones internacionales.
La promoción de la paz y los derechos humanos se mantiene como una prioridad de la política exterior suiza. La Confederación participa en misiones civiles y militares de mantenimiento de la paz dirigidas por organizaciones internacionales. También envía expertas (os) a diferentes países para acompañar procesos de paz o supervisar elecciones.
Suiza también ofrece sus buenos oficios: apoya a las partes de un conflicto en la búsqueda de soluciones y asume mandatos de mediación.
Los límites de la neutralidad
Desde el principio, la neutralidad de Suiza ha sido objeto de muchos debates y cuestionamientos. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Confederación violó este principio en numerosas ocasiones, por ejemplo, suministrando material y bienes de guerra a los beligerantes. También fue muy criticada por negarse a aceptar refugiados judíos y por mantener el dinero de las víctimas del Holocausto en sus bancos hasta finales de los años 90.
Además, Suiza fabrica armas y las exporta a numerosos países, lo que muchos consideran incompatible con su neutralidad y su voluntad de promover la paz
A cada nueva propuesta de colaboración o adhesión a una organización internacional, se produce un nuevo debate sobre la definición y el papel de la neutralidad helvética. Pero en un mundo globalizado, donde los Estados son interdependientes, este principio parece ahora menos importante y más difícil de delimitar.
Sin embargo, la población sigue muy apegada a él: una encuesta realizada en 2019 reveló que más del 95% de los encuestados quiere preservar la neutralidad y la considera parte de la identidad suiza.
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