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Hija de misioneros suizos, nació en Brasil. Hoy en día, Beatrice Reichen se siente más brasileña que suiza. Especialmente cuando visita su país de origen. Testimonio.
“Mi madre es descendiente de la familia de pintores Robert y tuve el placer de conocer a mi abuelo Paul André Robert, un gran artista y conocedor de la naturaleza. Mi madre creció en la Suiza de habla francesa, mi padre en la de habla alema. Heredé de él el gusto por la música y los idiomas. Poco después de su matrimonio, mis padres fueron enviados a Brasil para una misión cristiana. Nací en São Paulo”, narra Beatrice Reichen.
Mi lengua materna es el francés. También entiendo el dialecto suizo alemán, pero no lo hablo. En total he pasado unos cinco años en Suiza, a menudo de vacaciones, pero también por trabajo. Nunca quise vivir allí.
Hace casi 30 años, mi marido y yo decidimos mudarnos de São Paulo al campo. El es cocinero y artista. Cuando llegamos aquí, al pueblo de Monteiro Lobato, la vegetación era escasa. Poco a poco plantamos cientos de árboles. Tenemos un pequeño huerto y también una lechería - en funcionamiento cuando una de las dos vacas da leche - un gallinero y un taller.
A menudo recibimos invitados de Suiza. Yo trabajo como profesora de francés en la ciudad de San José, a unos 40 kilómetros de mi casa. Actualmente doy mis clases por Skype. Por lo demás, sigo mi rutina: preparo las lecciones, estudio, corrijo las tareas de los alumnos. Mis clases corresponden a dos días de trabajo a tiempo completo. Otros dos días los dedico a las tareas domésticas, y el resto del tiempo, a mis aficiones: leer, escribir, ver películas, hacer ejercicio físico, tocar el piano y meditar.
En cuanto a mis raíces, a menudo bromeo que soy el “eslabón perdido” entre Suiza y Brasil: en Suiza me siento brasileño, aquí me siento muy suiza. Las características típicamente suizas que me gustan son las respuestas claras e inequívocas, la puntualidad y el sentido del deber. Pero Brasil sigue siendo mi patria. Aquí me siento en mi casa. Me siento libre".