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En tiempos de la Guerra Fría, Suiza tomó muy en serio la amenaza de un eventual ataque nuclear: En 1963 se dio a la tarea de establecer búnkeres para que todos los ciudadanos pudieran refugiarse en caso de un ataque atómico. Pero, ¿qué tan bien preparado está el país hoy en día?
“Teniendo en cuenta amenazas recientes, como aquellas de Corea del Norte, ¿se ha propuesto algún cambio en las leyes sobre los refugios antiaéreos?”
¿De dónde vienen las amenazas?
Pyongyang busca desarrollar un misil nuclear capaz de alcanzar Estados Unidos. A 50 años de la firma del Tratado sobre la no proliferación de armas nucleares (1968), hay aún alrededor de 10 000 bombas atómicas en el mundo. El 93%Enlace externo está en manos de Rusia y Estados Unidos. Además, no puede descartarse una escalada nuclear entre India y Pakistán.Fin del recuadro
Esta interrogante nos fue planteada por Alex, uno de nuestros lectores, cuando les preguntamos qué tipo de información querían tener sobre Suiza. Alex no es el único que teme algún tipo de ataque nuclear. En octubre, el exsecretario de Defensa de Estados Unidos, William Perry, dijo ante el Foro Internacional de Luxemburgo sobre la Prevención de Catástrofes NuclearesEnlace externo que la amenaza de un ataque nuclear estaba en su nivel más alto desde la Guerra Fría.
Si Suiza recibiera el impacto directo de una bomba nuclear, habría una devastación generalizada, como puede usted advertirlo al probar diferentes tipos de bombas virtuales en este sitio interactivo de GoogleEnlace externo. Los expertos parecen coincidir en que es imposible prepararse para un golpe directo, simplemente se tendría que reaccionar.
Pero, ¿qué pasaría si una bomba nuclear fuera detonada en otro lugar del mundo, proyectando una nube radioactiva sobre Suiza? Parece que el pequeño país alpino está preparado para tal escenario, como lo está para un accidente en una de sus cinco centrales nucleares restantes. La respuesta sería similar.
Pascal Aebischer, de la Oficina Federal de Protección Civil, dice a swissinfo.ch que no se percibe una amenaza aguda de una guerra nuclear que pudiera afectar a Suiza, en vista de lo cual,
“en el área de protección civil, no se consideran medidas específicas”.
Precisa que las medidas de protección civil están más orientadas a “catástrofes y emergencias”.
La Oficina de Protección Civil cuenta con el Centro Nacional de Operaciones de EmergenciaEnlace externo, en el que laboran expertos en incidentes excepcionales, así como con un laboratorio en Spiez con un grupo de monitoreo y emergencia para lidiar con evento nuclear o radiológico mayor en Suiza.
Cada dos años tiene lugar un ejercicio de emergencia general en las cercanías de alguna de las cuatro centrales nucleares. Involucra a una serie de organismos federales, incluidos la Oficina Federal de Meteorología y Climatología, MeteoSwiss, y el laboratorio de SpiezEnlace externo. Este año el ejercicio se realizó cerca de la central nuclear de Mühleberg, en el cantón de Berna.
Red nacional de sirenas y refugios
Suiza tiene más de 7 000 sirenas para advertir a la población sobre una amplia gama de posibles casos de emergencia, incluido un accidente nuclear, las cuales son probadas el primer miércoles de febrero de cada año. La señal de “alarma general” es activada cuando existe una posible amenaza para la población y significa que las personas deben encender la radio y seguir las instrucciones de las autoridadesEnlace externo.
Jean-Marc Fellay de la ORCOCEnlace externo, la organización local de planificación de emergencias para nueve poblaciones del oeste de Suiza, explica a swissinfo.ch qué sucedería después de que sonara una alarma. “Dependiendo del tipo de incidente, se instruye a las personas para que se queden en casa y cierren puertas y ventanas, o para que vayan directamente a un refugio”.
También se les puede pedir que ingieran una tableta de yoduro de potasio. Cada diez años, esos comprimidos son distribuidos entre las personas que viven cerca de las centrales nucleares como medida de precaución en caso de accidente nuclear. Si se toman a tiempo y en la dosis adecuada, las pastillas bloquean la absorción de yodo radiactivo por la glándula tiroides.
Se supone que si hubiera un incidente nuclear que requiriera el uso de los refugios, habría tiempo para que las comunas, los cantones y la organización de protección civil los abastecieran de alimentos y agua. Mientras tanto, se aconseja a la población que guarde sus propios suministros de emergencia. Los detalles se describen en este folleto del gobiernoEnlace externo.
Suiza es única en cuanto a la disponibilidad de refugios antinucleares suficientes para ubicar a toda su población en caso necesario. Se trata de un derecho consagrado en la Constitución:
«Cada habitante debe tener un lugar protegido al que se pueda llegar rápidamente desde su lugar de residencia".
"Se requiere que los propietarios de bloques de apartamentos construyan y acondicionen refugios en todas las viviendas nuevas".
(Artículos 45 y 46 de la Ley Federal Suiza de Protección Civil).Fin del recuadro
En la práctica, cuando se construyen casas y apartamentos nuevos sin búnkeres, los propietarios deben contribuir con un impuesto a su comuna para asegurarse un lugar en un refugio de defensa civil.
Jean-Marc Fellay muestra a swissinfo.ch el interior de un búnker en la localidad de Domdidier, en el cantón de Friburgo. Este refugio está reservado para una unidad de defensa civil de 100 miembros, pero es suficientemente grande para recibir a 132 personas.
Después de la evacuación
“Si una nube nuclear pasara sobre nosotros, el suelo estaría contaminado”, explica Jean-Marc Fellay.
“La idea es que las personas se queden hasta cinco días en el refugio y salgan cuando [el exterior] sea seguro”.
Pero, ¿qué pasaría si después de cinco días el suelo todavía fuera tóxico? “Me puedo imaginar que la única respuesta sería irse. Dirigirse a algún lugar no contaminado”, comenta Fellay a swissinfo.ch. Pero los países vecinos también podrían verse afectados por una nube nuclear, como sucedió en Europa central tras el accidente nuclear de Chernóbil en Ucrania, en abril de 1986.
Veinte años después del accidente, Suiza aún sufría tasas de radioactividad más altas de lo normal, y la Oficina Federal de Salud vinculó ese siniestro con 200 muertes por cáncer.
Jean-Marc Fellay concluye: “Nunca hemos tenido que hacer una evacuación a gran escala, pero, por desgracia, es algo en lo que hay que pensar”.
Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín