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En países donde dar la mano es muy usual, y el dar besos es inusual como un pan de miel, me pregunto muchas veces, cuáles son los afectos que se vehiculizan a través de estos canales costumbristas y culturales?
Cuando le doy un beso en vez de la mano a alguien, en países que acostumbran a dar la mano, no tiene el mismo impacto que dar un beso, como sucedería en un país que acostumbra a hacerlo.
En un país de manos ( voy a simplificarlo así ), dar un beso es señal de franca amistad, o de franca confianza, o de franco acercamiento, o de franco reconocimiento.
En un país de besos, también, pero igualmente podemos besar en la mejilla, a alguien con quien nos vimos por primera vez.
Esto no sucede en un país de manos.
No me interesa medir esto en términos de qué es mejor ni en términos de valores jerárquicos.
Cuando alguien me da un beso, aquí en un país de manos, en vez de la mano que me tendía habitualmente, me digo: "nous avons franchi un pas".
Y no solo te da un beso, sino tres, alternando las mejillas!
Alguien me había dicho alguna vez, que estos 3 besos, originariamente en la historia, eran dados como bendiciones. Cada beso representaría de ese modo, un: " En el nombre del Padre: un beso en la mejilla, en el nombre del Hijo, un beso en la otra mejilla, y del Espíritu Santo, 3er beso.
Dar la mano, a lo que hay que acostumbrarse cuando se viene del cono sur, genera de alguna manera un cierto distanciamiento, pero no vacío de respeto y de compromiso.
Aprendí a construir la amistad, adaptandome a los "us et coutumes" de aquí, como una especie de celebración.
El acercamiento se hace de a poquito, tanteando terrenos, sensibilidades, un poco como dos animalitos que no se conocen y se van acercando de a poco al terruño del otro.
Aprendí a tejer esta ceremonia sin desilusionarme y sin desear grandes alborotos explosivos y expresivos, tratando de comprender la sensibilidad ajena y cuidando la mía.
Da resultado.
Al modo de una ceremonia de té japonés, he creado amistades de esta manera, divinas, valiosas y únicas.
El pan de miel lo compartimos no solo en Navidad y en cada solsticio, sino también en esos pic-nics estivales.
Comprender los códigos del otro, no han hecho mas que enriquecerme y sobre todo han aportado matices a mi sensibilidad.
Amo a mis amigos, a los de aquí y a los de allá, cada cual jugando sus instrumentos con melodias y expresiones que les son únicas y tan singulares en su expresividad.
Saboreo cada estilo de expresividad como una receta épica culinaria.
Todo es cuestión de ritos y paisajes sensitivos.
Una experiencia, que cuando se la vive con reconocimiento, tambien se la protege.