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En 2009, las ciudades suizas de La Chaux-de-Fonds y Le Locle fueron declaradas patrimonio de la humanidad por su urbanismo único y su reconocida industria relojera.
Situadas ambas cerca una de la otra en una zona remota de las montañas del Jura suizo, fueron construidas en terrenos considerados inapropiados para la agricultura, lo que dio lugar a la creación de la industria relojera. La formación en cuadrícula del urbanismo refleja las necesidades de organización racional de los relojeros.
La planificación urbana ayudó a ajustar la transición de una industria artesanal a una producción industrial más concentrada desde los siglos XIX y XX.
Karl Marx describió La Chaux-de-Fonds como una “enorme ciudad fabril” y subrayó la forma en que mejoró la eficiencia al asignar diferentes partes o tareas del proceso de fabricación del reloj a diferentes trabajadores.
“La Chaux-de-Fonds y Le Locle constituyen un conjunto urbano y arquitectónico único, totalmente dedicado a la relojería desde el siglo XVIII”, señala el sitio web de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
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