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El Museo de Fotografía de Winterthur, único en su género en Suiza, ofrece una exposición sobre la memoria visual del Holocausto (1933-1999) en la que se explica el origen y contexto de las imágenes.
La exposición aborda la difícil tarea de comunicar a las nuevas generaciones, por la vía de la fotografía, lo que fue el Holocausto y el sistema de exterminación.
En su época, todos tomaron fotografías. Los oficiales de los campos de concentración retrataron la ficción de una normalidad y de un orden. Documentaron todo con fotografía, menos lo impensable: la exterminación.
La falsificación y la propaganda del aparato nazi casi neutralizaron las pocas imágenes fotográficas que lograron tomar algunas víctimas y reclusos de los campos de exterminio.
Todo cambió en 1944 y 1945 cuando las Fuerzas Aliadas (Francia, EU, Inglaterra y la Unión Soviética) entraron a los campos de la muerte.
De esa época datan los retratos de los cadáveres amontonados, de los cuerpos martirizados y de las fosas comunes que estremecieron al mundo.
Los fotógrafos militares de las Fuerzas Aliadas entraron a los campos de exterminio con el afán de comprobar, documentar y demostrar el horror del Holocausto con sus cámaras fotográficas.
Por otra parte existe un número incontable de fotografías tomadas por hombres y mujeres de prensa.
A diferencia de los militares aliados, los fotógrafos profesionales entraron en los campos de exterminio con sofisticados equipos.
Algunos (Lee Miller, Margaret Bourke-White, George Rodger, Eric Schwab, Germaine Krull) documentaron el sufrimiento individual de las víctimas del holocausto, sin tomar en cuenta el entorno de la tragedia.
Todos tienen un "defecto" central. Hoy existen escasos trabajos fotográficos que hayan captado al victimario del Holocausto junto a su víctima y con testigos en una sola toma.
En el transcurso de las décadas se han publicado fotografías del Holocausto de orígenes muy diversos y con leyendas que manipularon el contenido de las imágenes.
Urs Stahl, el director del Museo de Fotografía de Winterthur, quiere contribuir con su exposición a la reflexión de las múltiples relaciones existentes entre los fotógrafos y sus intenciones.
En un trabajo minucioso logra, en unos pocos casos, unir algunas fotos con su leyenda original, creando así documentos históricos.
La exposición presenta también trabajos de fotógrafos contemporáneos que ofrecen al visitante diferentes formas de reflexión sobre el Holocausto perpetrado por los nazis.
Algunos fotógrafos (Michael Kenna, Michel Séméniako, Krzystof Pruszkowski) regresaron a los campos de extermino; otros (Jeffrey A. Wolin, Gilles Cohen) trabajaron con los rostros de sobrevivientes.
Un tercer grupo (Christoph Dahlhausen, Rudolf Herz, Bernhard Lantéri) utilizó y transformó material de archivo para transmitir así el horror del Holocausto a las nuevas generaciones.
Ha pasado más de medio siglo desde el sacrificio. Mientras existan sobrevivientes del horror existirá, lo que se podría llamar, la "memoria generacional".
La exposición del Museo de Fotografía de Winterthur nos hace ver, por vías y formas nuevas, cómo se transmitirá la memoria del Holocausto a través de los medios de comunicación, en lugar del testimonio de los sobrevivientes.
Erwin Dettling, Zúrich