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Entre el 60 y el 80% de la comida que se come en Ecuador viene del campo. Esto quiere decir que: sin las manos de las y los campesinos de la Amazonia, de la Sierra y de la Costa no habría papas, choclos, lechugas, zanahorias, chochos, bananos, papayas o piña. Las verduras y frutas no crecen donde hoy en día la mayoría de las y los ecuatorianos viven: en las ciudades. Crecen en el campo, donde hay tierra y agua para sembrar y cultivar.
29 de junio de 2022, Yaruqui. – Dos de estas campesinas son Florentina Paillacho y Maria Carmen Simbaña del valle de Tumbaco. Siembran sus coles, acelgas y remolachas en Yaruquí, tanto para el autoconsumo de sus familias como para vender en el mercado. Las dos mujeres apoyan al paro nacional y a todas las y los campesinos indígenas del país que dejaron sus tierras para cortar rutas y manifestarse en Quito. Saben que el trabajo en el campo es arduo y los precios que se les pagan son demasiado bajos para sostener la vida.
Las dos mujeres campesinas exigen que haya garantías para su producción agrícola. De hecho, unas de las exigencias de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) es que haya precios justos para los pequeños campesinos y productores medianos.
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