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Tres recientes controversias diplomáticas suizas han planteado interrogantes sobre si el pequeño país alpino puede seguir siendo considerado una voz moral en los asuntos mundiales, un país que golpea por encima de su peso, como tradicionalmente se ha dicho.
Suiza siempre se ha enorgullecido de poder situarse entre los países más grandes debido a su exitosa economía, su neutralidad histórica y sus posiciones morales, incluido el hecho de que Ginebra sea la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La ventaja comparativa de Suiza, en particular la internacional Ginebra, como plataforma única para debates como la cumbre Reagan-Gorbachov durante la Guerra Fría o las conversaciones de paz sirias, han realzado la imagen de Suiza en materia de derechos humanos y cuestiones humanitarias.
Pero tres recientes controversias han puesto en tela de juicio esta identidad en los asuntos mundiales: la negativa a firmar un tratado que prohíbe el uso futuro de armas nucleares; una decisión relativa a la venta de armas a países en conflicto; y una decisión de no firmar un pacto mundial que busca regular la migración internacional. Si bien se puede justificar cada una de esas decisiones, estas plantean interrogantes sobre el futuro de la cuidadosamente elaborada identidad del país.
Prohibición de las armas nucleares
El 1 de noviembre, la Primera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución de apoyo al Tratado sobre la Prohibición de las Armas NuclearesEnlace externo. Más de 120 países reafirmaron su apoyo al Tratado, pero Suiza no estuvo entre ellos, ni fue uno de los países que firmaron el acuerdo.
El propósito del tratado es claro y parece ser coherente con las políticas suizas:
"Cada Estado Parte se compromete a nunca, bajo ninguna circunstancia....": Desarrollar, probar, producir, fabricar, adquirir, poseer o almacenar de otro modo armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares; transferir a cualquier receptor cualquier tipo de armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares o el control sobre tales armas o dispositivos explosivos directa o indirectamente; recibir la transferencia o el control sobre armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares directa o indirectamente".
Pero en agosto, el Consejo Federal [gobierno] dijo no estar a favor de firmar el Tratado, una decisión que fue fuertemente criticada por Annette Willi, presidenta de la división suiza de ICAN, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2017).
“La posición suiza sobre esta cuestión tiene implicaciones internacionales”, dijo Willi. “Como ciudadano suizo, uno debe preguntarse... si estamos en el proceso de vivir el fin de la gran tradición humanitaria de nuestro país”.
A finales de octubre, la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado suizo también votó en contra de la adhesión de Suiza al tratado de prohibición nuclear, lo que supone un nuevo rechazo a la tradición humanitaria de Suiza.
Venta de armas
La polémica sobre la venta de armas a países en conflicto no ha contribuido en nada a mejorar la imagen de Suiza. En junio, Suiza anunció que permitiría la venta de armas a países en situación de “conflicto armado interno”, bajo ciertas condiciones. El gobierno suizo dijo que los “materiales de guerra” podían ser vendidos, pero solamente si no eran utilizados durante un conflicto interno. Sin embargo, añadió, “ahora debería ser posible conceder la autorización de exportación si no hay motivos para creer que el material bélico que se va a exportar será utilizado en un conflicto armado interno”. La exención “no se aplicaría a países asolados por la guerra civil, como Yemen o Siria hoy en día", dijo el gobierno. En medio de una protesta, el gobierno cambió su posición.
Amnistía Internacional acogió con satisfacción la revocación, pero dijo que llegó “demasiado tarde y solamente después de una enorme presión pública”.
Aunque Suiza es un país neutral, RUAG, su mayor fabricante de armas, tuvo el mayor volumen de negocios de su historia en 2017. La tensión entre los negocios y los valores nunca es simple.
Pacto de migración
Por último, el embajador suizo ante las Naciones Unidas en Nueva York, Jürg Lauber, ha sido cofacilitador de un Pacto de Migración de las Naciones Unidas para una Migración Segura, Ordenada y Regular. En medio de los horrores de las recientes catástrofes migratorias masivas, el embajador Lauber ha trabajado con Juan José Gómez Camacho, embajador de México ante la ONU, desde 2016 para tratar de mejorar el trato a los migrantes y disminuir la desestabilización de los países que los reciben.
En octubre, el Consejo Federal suizo aprobó el Pacto Mundial para las Migraciones de las Naciones UnidasEnlace externo. El Consejo ha declarado que el acuerdo responde a los intereses de Suiza en materia de migración y a su compromiso de reforzar la gobernanza mundial de la migración. El embajador Lauber dijo: “Este texto coloca a la migración firmemente en la agenda global. Será un punto de referencia para los años venideros e inducirá un cambio real sobre el terreno”.
Pero el 21 de noviembre, el Consejo Federal cambió su posición, anunciando que Suiza no firmará el documento -que es política pero no jurídicamente vinculante- en una conferencia internacional en Marruecos en diciembre. En cambio, el órgano ejecutivo suizo congeló la decisiónEnlace externo hasta que el Parlamento haya debatido la cuestión.
Para el Consejo Federal, que se encuentra bajo una presión considerable por parte de la derecha conservadora de la Unión Democrática de Centro (UDC), la situación no es políticamente evidente. Además de la falta de una posición clara del Parlamento hasta ahora, la última decisión del gobierno sobre el pacto parece desacreditar el trabajo de su embajador ante las Naciones Unidas y su trabajo como cofacilitador. Aunque países como Estados Unidos, Hungría y Austria ya han dicho que no firmarán el pacto, la negativa de Suiza a firmar se percibirá como una afrenta suiza a las Naciones Unidas y un rechazo a su embajador en Nueva York.
Tres controversias, tres decisiones difíciles. Lo que está claro en cada situación es que la tradición histórica de los derechos humanos y la tradición humanitaria de Suiza son puestas en tela de juicio en Berna. Y que la posición moral de Suiza, que ha sido la base de su fortaleza por encima de su peso, se está erosionando.
Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín