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Mientras otros Estados se despiden de la neutralidad clásica, Suiza se aferra obstinadamente a su rol especial. Sin embargo, el país alpino también se ha alejado del concepto tradicional de la neutralidad. Y se enfrenta a nuevos retos.Este contenido fue publicado el 06 abril 2021 - 17:28
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Cuando las potencias que derrotaron a Napoleón concedieron a Suiza la neutralidad perpetua en el Congreso de Viena en 1815, el acuerdo estipulaba que Suiza no participaría en conflictos ni proporcionaría mercenarios. A cambio de ello, no se librarían más guerras en su territorio.
En el transcurso del siglo XX, el derecho de neutralidad, en su definición más estricta, dio paso paulatinamente a una política de neutralidad voluntaria: los Estados neutrales se comportan en política exterior de manera que otros países confíen en su neutralidad y sepan que se mantendrán al margen en caso de un conflicto.
Numerosos Estados europeos que antes eran neutrales, como Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca o Noruega, son miembros de la OTAN, una alianza de defensa militar. Algo que estaba totalmente prohibido según el derecho tradicional de la neutralidad.
Tras el fin de la Guerra Fría y la adhesión a la Unión Europea (UE), Suecia se despidió de la neutralidad y desde entonces se declara un “país no alineado”. En respuesta a una consulta de SWI swissinfo.ch, el Ministerio sueco de Asuntos Exteriores escribe: “Esta política sirve a nuestros intereses y contribuye a la seguridad y estabilidad en nuestra vecindad”. La adhesión a la OTAN ha dejado de ser un tema tabú para Suecia. El país construye la seguridad junto con otros, subraya el Ministerio de Exteriores, que define la solidaridad como el fundamento de la política de seguridad y defensa de Suecia.
También Suiza se ha alejado del concepto tradicional de neutralidad para abrirse a la comunidad internacional: en 2002 el país alpino se adhirió a la ONU y desde entonces tiene que sumarse a las sanciones de Naciones Unidas.
Desde el punto de vista del derecho internacional, la imposición de sanciones no plantea ningún problema para la neutralidad suiza, dado que no se trata de adoptar una posición concreta en el marco de un conflicto armado, sostiene la experta en derecho internacional austríaca Elisabeth Hoffberger-Pippan en el siguiente artículo de opinión.
Suiza parte del principio de que el derecho de neutralidad no se aplica a las misiones militares de la ONU, pues, a fin de cuentas, lo que pretende el Consejo de Seguridad es “restablecer la paz en el mundo”. Por esta razón, el hecho de que Suiza sea miembro de la ONU no plantea ningún problema. Sin embargo, el experto en derecho internacional de la Universidad de Innsbruck (Austria), Peter Hilpold, considera que “la neutralidad en el sentido clásico del término es difícilmente compatible con una adhesión a la ONU y aún menos con una adhesión a la Unión Europea”.
Suiza es candidata incluso a un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad. Según el Gobierno, esto es compatible con la neutralidad, porque la ONU no es una alianza militar y las medidas coercitivas del Consejo de Seguridad solo se refieren en contadas ocasiones a guerras entre Estados.
La exministra suiza de Asuntos Exteriores Micheline Calmy-Rey explica en un libro por qué, a su juicio, la candidatura es compatible con la neutralidad.
El primer embajador de Suiza ante la ONU Jenö Staehelin, por el contrario, ve un peligro de que los Estados poderosos puedan ejercer presión en las votaciones.
Según la experta en derecho internacional del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad en Berlín Elisabeth Hoffberger-Pippan, la población a veces no es consciente de que la adhesión a la UE o a la ONU puede ir acompañada de cierta dilución de la neutralidad.
Cuando se adhirió a la UE, Austria tuvo que adaptar la Constitución para poder aplicar las medidas de la Política Exterior y de Seguridad Común que eran incompatibles con el concepto tradicional de la neutralidad austríaca. “Durante la Segunda Guerra del Golfo, Austria permitió los sobrevuelos, porque el Consejo de Seguridad de la ONU había autorizado el uso de la fuerza”, explica la experta.
Además, es poco conocido que Austria y Suiza participan en la Asociación para la Paz de la OTAN. Algo que, en principio, es compatible con la neutralidad de Austria.
También en Suiza se observa que la percepción de la neutralidad y la aplicación real de la política de neutralidad difieren.
"Hay casos en los que Suiza claramente no ha sido neutral”, señala Stefanie Walter, profesora de relaciones internacionales y política económica en la Universidad de Zúrich. “Durante la Guerra Fría, por ejemplo, Suiza estaba implícitamente del lado de Occidente. Además, tiene una posición sobre los derechos humanos”.
Varias personalidades exigen que Suiza no permanezca callada ante violaciones de los derechos humanos.
Otros consideran que cuando se violan los derechos humanos Suiza solo puede mediar y promover la paz si no se ha posicionado previamente.
La embajadora de Suiza ante la ONU Pascale Baeriswyl reconoce que Suiza no siempre puede evitar tomar posición en cuestiones difíciles de política exterior.
Según Hilpold, los Estados neutrales del siglo XXI esperan un trato especial debido a su neutralidad. En otras palabras: “Asocian la neutralidad con una oferta de servicios para la comunidad internacional, como lo hace Suiza en el ámbito humanitario o con sus buenos oficios”.
También Stefanie Walter considera que uno de los puntos fuertes de los Estados neutrales es poder actuar como mediadores. Y en este aspecto Suiza desempeña un papel especial: “A diferencia de Irlanda, Austria y Suecia, Suiza ha decidido no ser miembro de la Unión Europea”. Es también una de las razones por las que Suiza es percibida como un país más neutral.
“El hecho de que Suiza no sea miembro de la UE otorga al país un papel absolutamente especial”, confirma Hilpold. Suiza ha moldeado la neutralidad en muchos aspectos en función de sus propias ideas y necesidades.
“La comunidad internacional ha aceptado tácitamente estas ideas y el correspondiente papel especial del país en el tablero internacional”.
Ahora Suiza se enfrenta a nuevos retos. Mientras los conflictos armados entre Estados han disminuido, las guerras cibernéticas van en aumento. La neutralidad suiza, en principio, se aplica también en el ciberespacio, pero aún quedan muchas preguntas sin respuesta.
Según el exembajador Martin Dahinden, es imperativo despejar estos interrogantes, porque en el ciberespacio se ha desatado una auténtica guerra armamentística.