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2. La filosofía analítica de G. E. Moore y B. Russell
Ambos autores fueron en el inicio idealistas hegelianos, y posteriormente radicalmente antihegelianos. Con todo, algo guardaron de Hegel: el intento de reducir la filosofía a unas pocas reglas lógicas. Se opusieron a él, en cambio, en sostener que no cabe un único sujeto y un único predicado, pues defendieron pluralidad de ellos, siendo la referencia de estos material, no el espíritu absoluto hegeliano. Entre ambos son afines en su rechazo de todo psicologismo, y son opuestos en que Moore todavía admite cierta forma de metafísica, mientras que Russell rechaza todo tipo de ella.
2.1. G. E. Moore. a) Vida y obras. Nació en Londres en 1873. Estudió en el colegio de Dulwich. Mas tarde comenzó a estudiar lenguas clásicas en el Trinity College de Cambridge, pero por influjo de Russell se pasó a la filosofía, en especial, a la ética. Tras su primera formación, una herencia le permitió dedicarse a la filosofía en Escocia. A sus 38 años comenzó a dar clases de psicología y metafísica en la Universidad de Cambridge, siguiendo luego con las de lógica. Se casó a los 43 años. Dirigió la revista de filosofía Mind entre sus 48 y 74 años, tras lo cual siguió trabajando en filosofía hasta su muerte en 1958 a la edad de 85 años. Sus fuentes principales son: Locke, Berkeley, Kant, Bradley y Russerll. Y sus obras: Principios de ética, a la que siguieron numerosos artículos, publicados en las colecciones siguientes: Estudios filosóficos, Defensa del sentido común, Algunos relevantes problemas de filosofía y Papeles filosóficos. Su formación infantil fue religiosa, pero abandonó la religión en su madurez incurriendo en agnosticismo.
b) Filosofía. Es analítica: análisis del significado de las proposiciones, pues esa es, para él, la función más propia de la filosofía. No es directamente análisis de palabras, sino de conceptos. Distinguía entre conocimiento o conciencia y objeto o realidad conocida: conocer una elipse no es una elipse. Pero de entre ambos, a él le importaba la elipse, no el acto de conocerla, porque estimaba que éste es propio de la psicología, y la filosofía debe desentenderse de la psicología y aunarse a la lógica. Defendió el ‘sentido común’, entendiendo por tal la tesis de que la realidad física externa es independiente de la conciencia y que con la conciencia se conoce con verdad palmaria multitud de realidades físicas. Por tanto, éstas no son asunto de ‘creencia’, sino de ‘verdad’, que es la correspondencia del conocer humano con la realidad. Se dedicó al análisis correcto del significado de las proposiciones. Para él clarificarlas es reducirlas a proposiciones simples, pues con ello se advierte la verdad de las mismas y se nota que las cosas a las que se refieren existen indubitablemente. El ámbito temático propio de la filosofía son las cosas naturales del mundo, a las que se dedica la ‘ontología de lo finito’, y menos propio es el de las entidades abstractas, a las que se dedica la ‘metafísica’, la cual también se dedica a las realidades suprasensibles. Con todo, niega que se pueda probar racionalmente la existencia de Dios, su causalidad sobre el mundo, la inmortalidad del alma, etc. Por su parte, para él, la ética tiene dos partes: una teórica, que indaga sobre lo bueno –que es irreductible a lo natural y a lo placentero (ética naturalista y hedonista); y otra práctica, que estudia la conducta humana, lo que es correcto (que él identifica con lo útil), e indaga en qué debemos hacer. Distinguió también entre el acto de conocer y el de querer, porque este último comporta para el yo un compromiso.
2.2. B. Russell. a) Vida y obras. Nació en 1872 de familia noble en Gales. Su madre murió cuando él tenía dos años y su padre cuando tenía cuatro. Se educó con preceptores en casa de los abuelos, donde dice que fue infeliz. Durante su juventud y hasta los casi los 40 años prefirió las matemáticas. A los 18 estudió matemáticas y filosofía en el Trinity College de Cambridge, donde conoció a Whitehead y Moore. Mas tarde, a G. Peano. A los 22 se graduó en ciencias morales y se casó. Mas tarde tendría una amante, que provocó el divorcio con su primera mujer a sus 48 años. A sus 62 años también rompió con su 2º matrimonio. A sus 64 se casó por 3ª vez. Se separó asimismo de su 3ª esposa a los 77 años. A los 84 contrajo su 4º matrimonio. Debido a su alcurnia y herencia compaginó tareas en Cambridge con viajes por el extranjero. Siempre metido en política, defendió el liberalismo en sus diversos ámbitos –educativo, sexual, religioso…–, el pacifismo ante la Iª Guerra Mundial (lo que le valió incluso ser recluido en la cárcel y perder la docencia en Cambridge), y la beligerancia contra los nazis en la IIª Guerra Mundial. Criticó asimismo el régimen soviético. Desde sus 65 años vivió en diversas ciudades de Estados Unidos. A los 72 años volvió a Cambridge. Murió a los 98 años. Leyó a Leibniz, Bergson, W. James, Frege, Peano, Moore, Watson, Carnap y Morris. Entre sus obras destacan los Principia mathematica, La filosofía del atomismo lógico, Investigación sobre el significado y la verdad, El conocimiento humano y Historia de la filosofía occidental. En religión recibió de niño la educación liberal anglicana de su abuela. A los 12 años criticó el matrimonio cristiano; a los 15 fue crítico contra la religión; a los 17 criticó con la inmortalidad del alma, y a los 18 abandonó la fe y devino ateo. La crítica a la religión –en concreto, contra el cristianismo– fue constante tanto en sus escritos como en su vida práctica. Aunque teóricamente dudaba entre declararse agnóstico o ateo, en la práctica sostenía que ambas posiciones son equivalentes.
b) Filosofía. La suya es una reducción de la filosofía a la lógica-matemática, y a la par, una reducción, hasta la identificación, de la matemática a la lógica. La lógica se expone en proposiciones atómicas y éstas en términos formales irreductibles: ‘atomismo lógico’, unos de los cuales –los nombres– denotan cosas materiales singulares, mientras que otros –adjetivos, verbos…–, denotan relaciones entre ellas, siendo unos y otros cambiantes. Las proposiciones más complejas las llamó ‘moleculares’ y pueden ser reducidas a las ‘atómicas’; las universales y generales carecen de contenido existencial, pues como sostuvo que la verdad es la referencia de un término lógico a una cosa material, tales proposiciones carecen de verdad. Como el método de la filosofía es el análisis del lenguaje y todas las ciencias se exponen con lenguaje, la filosofía será la ciencia de las ciencias. ¿Su filosofía aboca a un empirismo o materialismo radical? Lo sería si los átomos lógicos fueran materiales, pero ¿lo son? A esto respondió que “lo mental y lo físico no son tan dispares como se piensa generalmente”. A ese parecido lo llamó ‘monismo neutral’.
Por otro lado, Russell defendió inicialmente un objetivismo ético, es decir, que el objeto de la ética es descubrir la verdad de las proposiciones sobre la conducta humana que puede ser según virtud o vicio, y que se basa sobre lo bueno, lo cual es objetivo y es una noción simple, valor que se da en las cosas, aunque es no-natural y se conoce de modo intuitivo por cada uno. Pero después defendió el subjetivismo de los valores, es decir, que el bien no es objetivo, sino que depende del deseo (hedonismo) de cada sujeto (deseo que radica en sus emociones), sujeto que decide por las posibles consecuencias de sus acciones (consecuencialismo ético).