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INTRODUCCIÓN
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FILOSOFÍA GRIEGA
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FILOSOFÍA MEDIEVAL
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FILOSOFÍA MODERNA
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FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA
5. Séneca (4 – 65 d. C.)
Fue el primer filósofo hispano. Como Cicerón, se consagró al foro romano, asunto que se ve claro más tarde en la pulida retórica que da forma a sus escritos filosóficos a los que se dedicó tras esa primera ocupación. Llegó a ser preceptor de Nerón, el cual –obviamente– olvidó las enseñanzas del maestro. Séneca se alejó del palacio imperial, pero le acusaron de complicidad y murió –como Cicerón– de muerte violenta, que en su caso no fue inferida por otros, puesto que se le obligó a suicidarse. Como las de Cicerón, sus obras son fundamentalmente de filosofía práctica, en especial de ética y conformadas a modo de sentencias y consejos. Aunque algunas de ellas hablan de temas como la consolación de la vida, de la tranquilidad del alma, de la constancia del sabio, de la brevedad de la vida, de la vida retirada, de la ira y la clemencia, de los beneficios, de la bienaventuranza, la mayor parte son cartas, las que compuso para su mejor amigo y discípulo: Lucilio. A Séneca se le suele encuadrar dentro del estoicismo, aunque transciende la mentalidad y doctrina de esa escuela. De sus obras cabe recordar sus Consolaciones, De la serenidad del alma, De la brevedad de la vida, La vida bienaventurada, De la providencia, entre otras.
a) Mundo. Se dedicó poco a la física o filosofía natural, aunque se sabe que admitió, como los estoicos, que el fundamento de ella es el fuego. En sus escritos hay cierta tendencia al panteísmo, a identificar la naturaleza con el ser divino: “Es la Naturaleza –dices– la que me da todo esto. ¿No reparas que al decir esto cambias el nombre a Dios? Porque ¿qué otra cosa es la Naturaleza sino Dios y la razón divina que penetra el mundo todo y sus partes?”. De los beneficios.
b) Hombre. Lo más relevante de la vida del hombre es –como lo era para Cicerón– la virtud, la cual otorga la felicidad humana. Por el contrario, el único mal para el hombre es el vicio. El hombre vive en el cuerpo pero no para el cuerpo. Es virtuoso el que obra conforme a la razón, la cual es conforme con Dios –en singular, a distinción de Cicerón–. “El sabio no puede perder cosa alguna, porque las tiene todas firmemente colocadas en sí mismo y de ninguna de ellas hizo entrega a la fortuna. Todos sus bienes están en seguridad, puesto que se contenta con la virtud, que no ha menester nada fortuito, y así no puede crecer ni menguar”. Sobre la consolación a Helvia.
El hombre debe estar abierto a ser solidario con todos los demás, porque es cosmopolita, y el filósofo, como médico de las almas, debe consolar a quien sufre y enseñar la virtud. Debe, en especial, aprender de los sabios precedentes y para ello debe dedicar tiempo al estudio: “Los que se consagran a la sabiduría son los únicos que viven, pues no solo aprovechan bien el tiempo de su existencia, sino que a la suya añaden todas las otras edades; toda la serie de años que antes de ellos se desplegó, es por ellos adquirida. Si no somos ingratos en grado superlativo, hemos de reconocer que los ilustres fundadores de las venerables doctrinas por nosotros nacieron”. De la constancia del sabio.
El hombre está compuesto de alma y cuerpo. Como los estoicos, admite que el alma es corpórea, aunque hecha de una materia muy sutil que procede del espíritu universal que es inherente al cosmos. Lo que de parecido tiene el hombre con Dios es su razón. En algún texto admite la inmortalidad del alma y, por eso, enseña que no se debe temer a la muerte ni perder la tranquilidad por nada: “¿Cuál es el deber del hombre virtuoso. Abandonarse al Destino. Es consuelo grande ser arrebatado a par del universo. Sea el que fuere el poder que ha dispuesto que nosotros así vivamos y muramos así, a este mismo poder están los dioses inflexiblemente obligados”. La vida bienaventurada.
c) Dios. La teología es para Séneca la parte superior de la filosofía. La virtud prepara para conocer el tema de este saber. Dios es la mente del universo, que lo conoce e invade todo y que es providente respecto de las cosas, en especial respecto del hombre. De Dios proceden todas las cosas y se puede descubrir de modo natural que existe. “Dios tiene por los buenos un corazón de padre y los ama varonilmente; ejercítenlos trabajos, dolores, infortunios para que cobren la verdadera reciedumbre”. De la providencia.