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Materias primas críticas para la transición energética: un reto a corto y largo plazo
El nuevo sistema energético, basado en energías limpias y renovables, ha cambiado por completo el mercado de materias primas. Se calcula que la demanda de cinco de los materiales considerados críticos para garantizar la transición energética –litio, cobalto, níquel, cobre y neodimio– podría aumentar hasta siete veces para 2050.
Entre las soluciones para evitar el desabastecimiento de las consideradas materias primas críticas, necesarias para fabricar desde coches eléctricos hasta paneles solares, está afianzar la cooperación entre estados y reforzar los sistemas de extracción. Pero también es importante mejorar en términos de innovación y reciclaje para reducir su demanda, el impacto medioambiental y social de sus extracciones y la dependencia que se genera de los países productores.
Encontrar nuevas vías para optimizar y reutilizar estos materiales es fundamental para alcanzar los objetivos de cero emisiones y poner freno al cambio climático.
Los materiales de la descarbonización
Para conseguir que el mundo diga adiós a los combustibles fósiles, es necesario asegurar la producción de energía a través de fuentes renovables. Para ello necesitamos tecnología como coches eléctricos, paneles solares o molinos de viento. Y, para crear esta tecnología, son esenciales materiales cuya demanda se dispara a medida que crece la inversión en energías renovables.
Para fabricar un automóvil eléctrico hacen falta seis veces más minerales que para crear uno convencional. El funcionamiento de una planta eólica terrestre, por otro lado, exige nueve veces más recursos minerales que una de gas. Por consiguiente, y de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), la cantidad promedio de minerales necesarios por cada nueva unidad de potencia de generación eléctrica ha aumentado un 50 % desde 2010.
El informe Energy Technology Perspectives 2023, de la IEA, analiza los retos y los desafíos a los que se enfrentarán las cadenas de suministro de tecnología y energía limpia en los próximos años. Y una de sus conclusiones es que la demanda de cinco materiales considerados críticos por la Comisión Europea, EE. UU. y otros países y organismos puede aumentar entre 1,5 y 7 veces en un escenario de emisiones netas cero para 2050.
Se trata del litio, el cobalto, el níquel, el cobre y el neodimio. Materiales que se concentran en pocos países y que hoy en día se extraen de forma limitada. En el caso del litio, por ejemplo, pueden pasar más de 10 años desde que se descubre un yacimiento hasta que este se explota de forma eficiente y continuada.
Más inversión hasta 2030
Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, en 2022 la inversión en proyectos vinculados con las materias primas críticas alcanzó los 40.000 millones de dólares, un 30 % más que el año anterior. En el informe La transición de materiales netos cero: implicación para las cadenas de suministros globales, publicado el pasado mes de julio por la consultora McKinsey & Company, los expertos prevén que las inversiones en minería, refinación y fundición de estos minerales deberán aumentar entre 300.000 y 400.000 millones de dólares para garantizar su suministro más allá de 2030. “Será necesario incrementar la capacidad laboral entre 300.000 y 600.000 profesionales especializados en minería”, explica el informe. Solo en la industria del litio, la inversión necesaria supera los 100.000 millones de dólares.
Tal y como reconoce la FIA (organización de comercio mundial para los mercados de futuro), el níquel –obtenido mediante minería y reciclaje– mantiene un crecimiento sostenido y buenas perspectivas a largo plazo por su importancia en los sectores electrónicos y la industria de las baterías para vehículos eléctricos. Los expertos hablan de la volatilidad de este metal. De hecho, en marzo de 2022, cuando comenzó la guerra en Ucrania, su precio se disparó por la escasez provocada por el conflicto bélico –Rusia es el tercer productor mundial– y un año después cayó su cotización por el aumento de la producción, sobre todo en países como Indonesia, primer productor global.
Otra de las materias cuya evolución está íntimamente vinculada a la fabricación de vehículos eléctricos, smartphones, tabletas y ordenadores portátiles es el litio, un mercado también volátil pero donde se pueden obtener “rendimientos constantes”, según explican especialistas de Forbes. A pesar de las fluctuaciones, parece que los precios se han ido estabilizando desde abril de este año. En 2022, Australia encabezaba el listado de países productores de esta materia, seguido de Chile y China. En América Latina (Argentina, Chile y Bolivia), donde se encuentra más de la mitad del litio del planeta, se ha abierto una “ventana de oportunidad” para la inversión que desarrolle la industria de esta materia, aporte valor agregado al producto y genere otros negocios vinculados a su explotación.
Soluciones para evitar un cuello de botella
La principal consecuencia de la brecha entre una alta demanda y un bajo ritmo de extracción –unido al hecho de que no existen materiales ilimitados– es una subida (o una volatilidad) de los precios de las energías renovables y la consecuente ralentización de la transición energética. Y eso a pesar de que la inversión global en energías renovables alcanzó cifras récord en 2022. Un ejemplo, según la IEA, la inversión en energía solar superará este año, y por primera vez, el gasto en producción de petróleo.
Entre las soluciones, señala la IEA en su informe, está invertir en innovación para mejorar la sostenibilidad y fomentar el reciclaje. Precisamente, el Consejo de la Unión Europea se posicionó hace pocas semanas en favor del reciclaje y reutilización de materias primas críticas cuando valoró el reglamento que garantiza su abastecimiento seguro y sostenible. Al depender para su suministro de terceros países, el órgano de la UE apuesta por la transformación y reciclaje nacional de estas materias.