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Alrededor de 17 millones de australianos están llamados a las urnas el sábado, en unas elecciones en las que la oposición laborista parte como favorita y en las que la cuestión del cambio climático podría ser decisiva.
Los liberales del primer ministro conservador Scott Morrison redujeron la distancia con los laboristas en los sondeos la víspera de los comicios, pero las diferencias sobre las cuestiones del clima pueden ser decisivas para ambos partidos.
Un año en el que el país registró inundaciones, fuertes temperaturas y numerosos incendios forestales, ha colocado el tema del cambio climático en el centro de la campaña.
El Partido Laborista prometió objetivos ambiciosos para las energía renovables, mientras que los liberales aseguraron que no arriesgarían el buen estado de la economía alimentada por el carbón para que el aire sea más limpio.
Las encuestas finales muestran un estrecho margen, con una intención de voto del 51% para el centro-izquierda y un 49% para la coalición liberal-nacionalista.
Pero tras seis años de gobierno conservador, es probable una alternancia en el poder. Es posible que la postura de los libarales sobre la cuestión del clima sea políticamente insostenible.
En las zonas rurales, los agricultores afectados por el cambio climático exigen acciones.
"Estas serán las elecciones más reñidas en muchos, muchos años", predijo Morrison en un discurso final de campaña en Queensland (noreste).
Hace unas semanas parecía que la lucha estaba perdida para el centro-izquierda del Partido Laborista. Pero un sondeo final realizado por Ipsos el viernes mostró que la coalición de Morrisons cedía ante los laboristas de Bill Shorten (49% y 51% respectivamente), frente al 48% y 52% de hace dos semanas.
En algunos algunas zonas decisivas, la disputa está incluso más reñida, con un electorado dividido a partes iguales.
- Candidatos agredidos -
La campaña fue una batalla a menudo vergonzosa, con Morrison -que se beneficia del apoyo mediático del magnate de medios de comunicación Rupert Murdoch- armando una campaña negativa, advirtiendo que un gobierno laborista arruinaría una economía que ya está desacelerándose.
Hubo también mucha violencia, con candidatos agredidos y otros que tiraron la toalla debido a los ataques racistas y sexistas en las redes sociales.
De ser derrotado, Morrison, de 51 años, será el primer ministro que ejerció menos tiempo el cargo en la historia de Australia.
El primer ministro saliente tomó el poder en agosto tras un "golpe" en el Partido Liberal, quedó muy aislado para defender su balance dado que muchos ministros rechazaron implicarse en la campaña.
Gran parte del gabinete de Morrison renunció debido a su impopularidad.
Si Bill Shorten sale elegido, se convertirá en el sexto primer ministro australiano en una década.
El exlíder sindical se enfrentó a unos bajos índices de aprobación, pero a medida que se acercaban los sufragios se convirtió en un candidato más pulido.
Su elección puede depender de los resultados en Queensland (noreste) o en Victoria (sur), donde el clima es uno de los grandes temas de campaña.
Cualquiera sea el ganador tendrá que lidiar con la desaceleración económica y determinar cual será el lugar de Australia en el mundo. Ambos candidato reafirmaron el apoyo a la alianza con Estados Unidos, a pesar de los inconvenientes que tiene para Australia la política unilateral de Trump.
Los colegios electorales abrirán a las 8H00 hora local (22H GMT) y los primeros resultados se darán a conocer aproximadamente diez horas más tarde.