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Suiza no toma partido en las guerras. Gracias a esa neutralidad ha podido permanecer al margen de los conflictos durante mucho tiempo. Actualmente practica una neutralidad más activa, lo que a veces plantea interrogantes.
Precisemos de entrada que Suiza no inventó la neutralidadEnlace externo, de la que ya se encuentran ejemplos en el Antiguo Testamento y en la Antigüedad grecorromana. Además de Suiza, Malta, Costa Rica y Camboya son países con neutralidad permanente, e Irlanda, Suecia, Finlandia y Austria son países no alineados. Pero Suiza es el país que practica la neutralidad desde hace más tiempo. Y se mantiene firme.
No es sorprendente. La neutralidad suiza es un modelo ganador: este pequeño Estado multilingüe, confesional y culturalmente mixto, ha podido mantenerse alejado de múltiples guerras y conflictos y mantenerse vivo en medio de grandes potencias que se desgarraban. Para la población, la neutralidad se ha convertido así en un signo de identidad nacional.
Todo comenzó con una masacre
Pero, ¿cómo surgió la neutralidad suiza? En la Edad Media, los suizos eran todo menos neutrales y pacíficos: durante siglos, más de un millón de mercenarios suizosEnlace externo lucharon en ejércitos extranjeros. Ningún otro país proporcionó tantos soldados como Suiza. En caso de que hubiera sido atacada, habría podido llamar a esas tropas. Por eso, ninguno de los países guerreros que empleaban mercenarios suizos habría tenido interés en atacar a Suiza. Así pues, el hecho de alquilar combatientes a otros países fue, paradójicamente, el primer paso hacia la neutralidad.
Tras la Batalla de MarignanoEnlace externo, en 1515, y la muerte de unos 10 000 soldados suizos, quedó claro para el país que una política de expansión solamente podía conducir a la ruina. De esa manera, Suiza se convirtió de facto en neutral y estableció una tradición que la llevó a declararse explícitamente neutral en 1674. Luego, en 1814/15, el Congreso de Viena consagró la neutralidad suiza en el derecho internacional.
La neutralidad se vuelve relativa
Sin embargo, en 1989 la neutralidad suiza perdió peso, ya que su función protectora se hizo obsoleta con el fin de la Guerra Fría. La política exterior del país asumió entonces un giro más activo en ámbitos que desde hacía mucho tiempo eran considerados como un complemento legítimo de la neutralidad de Suiza: su compromiso humanitario y sus buenos oficios.
El ingreso de la Confederación en la ONU, en 2002, no afecta esa neutralidad.
A pesar de su relativización y su pérdida de importancia, el Gobierno, el Parlamento, los partidos políticos y la población están fundamentalmente comprometidos con la neutralidad. En la práctica, sin embargo, a menudo se debate sobre lo que es compatible con ella y lo que no lo es.
Las exportaciones de armas, por ejemplo, que representan una importante fuente de ingresos para Suiza, son regularmente consideradas como una violación de la neutralidad. Desde 1953, Suiza ha participado en misiones de mantenimiento de la paz, pero la neutralidad impide que los miembros de su ejército participen en operaciones militares. La cuestión de saber si tienen derecho a estar armados para asegurar su propia defensa tuvo que resolverse finalmente por votación popular en 2001: Los soldados suizos pueden portar armas.
El más reciente ejemplo: en el marco de la adquisición de drones de vigilancia a Israel, los empleados de la Oficina Federal de Armamento visitaron los Altos del Golán, ocupados por Israel, en el marco de las pruebas correspondientes. Para algunos, esa medida fue contraria al principio de neutralidad.
Sin embargo, se puede argumentar que la adhesión de Suiza a la Unión Europea no violaría la neutralidad, ya que Bruselas no impone un deber de ayuda militar recíproca. Pero, ni pensar en que Suiza, país neutral, pudiera sumarse a la OTAN.
Traducido del francés por MAR