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Las mujeres estuvieron en el centro del esfuerzo de guerra durante el primer conflicto mundial en todas las naciones beligerantes, una implicación que ayudó a su emancipación, a diferentes ritmos según el país.
Desde el 7 de agosto de 1914, el presidente del consejo francés René Viviani, que entonces esperaba una guerra corta, llamó a las campesinas a reemplazar "en el campo de trabajo a los que están en el campo de batalla". Era la época de la cosecha, y era vital no echarla a perder.
Pero el conflicto se prolongó y, tanto en Francia como en Alemania, muchas mujeres tuvieron que hacer funcionar ellas mismas las explotaciones agrícolas, sustituyendo a veces incluso a los caballos requisados.
Según el historiador Benjamin Ziemann, en 1916 el 44% de las granjas bávaras estaban dirigidas por mujeres.
En toda Europa, las mujeres también remplazaron a los hombres que habían partido al frente en los oficios hasta entonces exclusivamente para varones, se convirtieron en conductoras de tranvías, camareras en cafés, empleadas de Correos, repartidoras de carbón, empleadas de banco o maestras en las escuelas masculinas.
- "Munitionnettes" -
A partir de 1915, las industrias reconvertidas en la defensa solicitaron a las mujeres, en Europa y después en Estados Unidos, que entró en la guerra en 1917.
Conocidas como "munitionnettes" ("municionistas") en Francia, aquellas que trabajaban en las fábricas de armamento se convirtieron en "el símbolo de la entrada de las mujeres en un sector masculino", señala la historiadora Françoise Thébaud, autora de la obra "Las mujeres en tiempos de la guerra del 14".
Unas 400.000 mujeres trabajaban en las fábricas de guerra francesas a principios de 1918, es decir una cuarta parte de la mano de obra en este sector.
La mano de obra femenina en el comercio y la industria, a finales de 1917 en Francia, era un 20% superior a su nivel anterior a la guerra, según el ministerio de Trabajo. En Reino Unido, donde estaba mal visto antes del conflicto que las mujeres casadas trabajen, independientemente de su clase social, el crecimiento fue todavía mayor, alrededor del 50%.
"Las francesas ya trabajaban mucho antes de 1914, había 7,7 millones de mujeres censadas como activas, es decir un 36% de la población activa, mucho más que en Reino Unido y Alemania", explica Françoise Thébaut. Estas provenían principalmente de la clase obrera, y la guerra favoreció la llegada al mercado de trabajo de las mujeres de clases acomodadas.
Algunas se unieron al frente, como enfermeras o, en Reino Unido a partir de 1917, auxiliares del ejército (conductoras de camiones y ambulancias, cocineras, mecánicas...).
En 1918, se suplicó en todas partes a las mujeres que volvieran a sus hogares y a sus actividades anteriores. Sin embargo, acababa de iniciarse un cambio importante: estas volvieron en los años siguientes al mercado de trabajo, y se confirmó la feminización de los empleos en las fábricas, del sector terciario y las profesiones liberales.
- "Obsesión natalista" -
Este aumento de la actividad fue acompañado por un avance de derechos, a diferente ritmo según los países.
En Estados Unidos, el combate feminista continuó durante el conflicto. En cambio, las militantes francesas, británicas o alemanas silenciaron sus reivindicaciones.
Las británicas, así como las alemanas o las estadounidenses, obtuvieron el derecho a voto al término de la guerra. Pero las francesas y las italianas tuvieron que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
El reencuentro con sus hijos y maridos supervivientes de la Gran Guerra, que en muchos casos volvieron heridos, mutilados o traumatizados, será difícil pero feliz para algunas mujeres, según los testimonios recogidos por los diarios femeninos que surgen en la posguerra, según el historiador Dominique Fouchard, autor de "El peso de la guerra".
En una Francia con más de 1,3 millones de muertos en combate y 600.000 viudas de guerra, una "obsesión natalista" reenvió a las mujeres a la tarea de repoblar el país, señala Françoise Thébaut. Una ley promulgada en 1920 prohibió informaciones sobre la contracepción y el aborto, que fueron legalizados respectivamente en 1967 y 1975.