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Por primera vez el Museo de Arte de Zúrich ofrece una visión exhaustiva de los pintores que revolucionaron definitivamente el arte italiano de finales del siglo XIX: los famosos divisionistas.
A través de las 80 composiciones bien escogidas de la exhibición se muestra un panorama de la historia artística italiana que marcó el inicio de la era moderna.
Los creadores de estas obras maestras llenas de luz y color revelaban una sociedad en continuos cambios, entre ellos la vida campestre y la situación difícil de los trabajadores agrícolas, el surgimiento del primer proletariado o los beneficios que brindaba la nueva tecnología de aquella época.
¿Cómo captar la naturaleza?
El divisionismo fue en realidad la variante italiana de lo que en París se conoció con el nombre de 'puntillismo' (1886), corriente que sucedió a la del impresionismo francés.
Su técnica consistía en dar forma a las escenas, yuxtaponiendo puntos minúsculos o pinceladas delicadísimas de colores puros primarios para lograr una mejor reconstrucción de la luz. El resultado fueron cuadros inmersos en una luminosidad excepcional que parecía hacerlos vibrar.
El pintor Emilio Longoni destaca por sus majestuosas panorámicas de los glaciares o de los pasos alpinos, como el Bernina. Y Vittore Grubicy representa paisajes románticos sujetos a extraordinarios cambios de luz y a modulaciones atmosféricas. Estos dos creadores, junto con el suizo Giovanni Segantini, iniciaron una nueva tendencia en el arte italiano de finales del siglo XIX.
La denuncia social
Hacia 1890 la revolución industrial llegó a Italia provocando graves conflictos políticos y sociales. Los pintores divisionistas, a diferencia de los postimpresionistas franceses, decidieron tomar partido presentándose bajo una postura progresista y más radical.
En sus obras los italianos señalaban la eterna controversia entre los que tienen y los que no tienen, entre los terratenientes ricos y los campesinos humildes y, en fin, las grandes diferencias que separan el Norte del Sur.
Emilio Longoni, con 'El orador de la huelga' (1890-91), causó un fuerte impacto en el medio conservador al ocuparse de las protestas de los trabajadores y obreros. Esto indicaba que un proletariado incipiente comenzaba a rebelarse contra los abusos e injusticias que venían de los señores propietarios de grandes industrias. Además, este grupo señalaba con dedo acusador los enormes contrastes sociales que dividían a la sociedad.
Bajo la misma línea de denuncia y de severa crítica social, Angelo Morbelli, en 'La navidad de los olvidados' (1903), representa en el interior austero de un asilo para ancianos a personas solas y desamparadas.
La luz se filtra tímidamente en el interior de la estancia a través de un ventanuco, lo cual hace que en el ambiente se intensifique la sensación de desolación y de olvido.
Escenas simbolistas
La contribución de Gaetano Previati y de Giovanni Segantini fue crucial en una nueva interpretación de la realidad del mundo vista como un símbolo que sólo el arte podía resolver.
Para Previati, el divisionismo no tenía únicamente que ocuparse de temas sociales (huelgas, trabajadores, gente pobre o desesperada), sino también debía ser un arte de sentimiento. En sus telas aparece el tema de la maternidad, el sueño o simplemente alegorías referentes a la fuerza y al esplendor de la luz, como 'El carro del sol' (1907).
Asimismo, en las creaciones de Giuseppe Pellizza da Volpedo se descubre una preocupación por explicar el destino de los hombres bajo formas metafóricas que aluden a los sentimientos del individuo. Una muestra ejemplar es 'El espejo de la vida' (1895-1898).
Un paraíso rural
El divisionismo italiano tuvo igualmente una buena repercusión en los artistas del sur de Suiza, como Edoardo Berta y Filippo Franzoni, pero fue sin duda Giovanni Segantini el pintor que tuvo mayor alcance internacional.
El suizo encuentra su inspiración en las altas planicies alpinas y, por supuesto, en los espectaculares paisajes del valle de Engadina donde el hombre vive en completa armonía con la naturaleza.
La vía hacia el Futurismo
En febrero de 1909, en el periódico parisino 'Le Fígaro' aparece por primera vez el Manifiesto Futurista firmado por el italiano Filippo Marinetti. En él se alababa la sociedad tecnificada, la rapidez, la juventud, la violencia y la guerra (única higiene del mundo).
La estética futurista se proponía hacer tabla rasa de valores e iba en contra de todo lo que significara institución, como las academias, las bibliotecas o los museos mismos.
El lenguaje de estos artistas, más científico que sentimental, abandonará los motivos anecdóticos y la luz va a tener una función menos alusiva y simbólica para convertirse en la proyección de una dimensión más objetiva.
Los jóvenes Giacomo Balla, Carlo Carrà y Umberto Boccioni, antes seguidores del divisionismo, se convertirán ahora en los protagonistas indiscutibles del futurismo, que exaltaba la civilización urbana moderna inmersa en el dinamismo y el ruido de las máquinas. Se entraba, en definitiva, en la época del futuro.
La muestra 'Revolución, los modernos italianos' en el Museo de Arte de Zúrich (Kunsthaus) cerrará sus puertas el próximo 11 de enero.
swissinfo, Araceli Rico, Zúrich
'Revolución, los modernos italianos'
La exhibición en el Museo de Arte de Zúrich dedicada a los artistas del divisionismo italiano fue posible gracias a la valiosa colaboración de museos de Italia, el Museo d'Orsay de París y del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Asimismo, numerosas obras que figuran en esta muestra proceden de colecciones privadas raramente expuestas al público.
Al final de la exposición se presenta una película filmada en Milán en 2008 que ofrece a los espectadores explicaciones detalladas sobre la técnica pictórica de los divisionistas.
Se habla también de la vida de varios pintores y se analizan algunas de las composiciones más destacadas de este movimiento artístico italiano.