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El estrés de las enfermeras: "La COVID-19 da miedo, igual que una montaña rusa"
26 Octobre 2021
Autor: Rosemarie L. Josey, Enfermera Clínica Especialista, Bahamas
La enfermera clínica especialista Rosemarie Josey nunca se imaginó la posibilidad de combatir un virus mortal y el consiguiente estrés. Uno de sus mayores temores era poner a su familia en riesgo de contraer el virus por su exposición a la COVID-19 en el lugar de trabajo. La cantidad limitada de equipos de protección individual hacía que Rosemarie se sintiera vulnerable y furiosa durante la primera ola de la pandemia de COVID-19, en particular por la formación y el conocimiento limitados en cuanto a su transmisión.
Rosemarie es la "persona a la que recurrir", la que resuelve los problemas, asesora, aconseja y cuida. Ofrecer mentorazgo con sentido del humor cuando procede es lo que mejor hace para ayudar a los pacientes y colegas a enfrentarse a situaciones estresantes. Las enfermeras junior, los miembros de la plantilla y los colegas confiaban en ella para defenderles y proporcionarles el firme apoyo de su liderazgo para contribuir a disipar sus miedos.
Para reducir los niveles de estrés y los miedos entre los colegas en el lugar de trabajo, mantuvieron conversaciones importantes sobre dilemas éticos acerca de la protección de la confidencialidad y los derechos de sus pacientes y miembros de la plantilla que permitieron el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico para una buena toma de decisiones.
En ocasiones, Rosemarie se sentía desesperada en el entorno de trabajo al ver a enfermeras, médicos y otros profesionales sanitarios y cuidadores en cuarentena domiciliaria, autoaislándose. Los colegas estaban en las primeras líneas con una protección mínima interactuando con pacientes/clientes con varias enfermedades y sin saber si un paciente asintomático era positivo en COVID-19. La complejidad de los cuidados y la gestión de estos pacientes requiere un enfoque multidisciplinar.
Según las palabras de uno de los enfermeros en las Bahamas que contrajo la COVID-19 y estuvo en casa autoaislado "Es como una montaña rusa. No es fácil tener COVID-19. Da miedo respirar, no tienes apetito. Todo es normal y de repente en un minuto te encuentras tumbado en la cama con dificultades para respirar y afrontando la realidad de que quizá no sobrevivas a la enfermedad".
Uno de los miembros de la familia de Rosemarie experimentó síntomas similares de COVID-19 de dificultad respiratoria entre media y grave, baja saturación de oxígeno, desmayos, diarrea, fatiga, dolores corporales y de cabeza y pérdida del gusto y el olfato. Su estado se deterioró rápidamente y fue entubado con ventilación mecánica. Luchó por sobrevivir en una instalación de cuidados críticos asignada para gestionar a enfermos críticos que habían dado positivo en el virus. Durante su hospitalización, experimentó el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda, fallo renal, tensión arterial alta y niveles de glucosa elevados. Su condición médica y uso prolongado del respirador hicieron necesaria la inserción de un tubo de traqueostomía. Gracias a los cuidados expertos del equipo comprometido y entregado de médicos, enfermeras y profesionales sanitarios, y al apoyo de la familia, sobrevivió milagrosamente a esta terrible experiencia tras un mes ingresado. Muchas enfermeras que han dado positivo por COVID-19 han sobrevivido a la experiencia pero por desgracia algunas no.
Los responsables sanitarios bahameños informaron durante la segunda ola de COVID-19 en agosto de 2020 que más de 400 trabajadores sanitarios estaban expuestos a este coronavirus mortal. Rosemarie también estuvo en cuarentena domiciliaria durante 14 días tras su exposición a un paciente que dio positivo por coronavirus. Se valoró que era de alto riesgo tras ser entrevistada por el médico y contestar al cuestionario establecido por protocolo. Describió su experiencia como "un periodo de miedo, esperanza y oración". Dio negativo en la prueba de COVID-19. Aproximadamente una semana después comenzó a experimentar síntomas compatibles con la gripe como fiebre baja, dolores de cabeza y en las articulaciones, pérdida del gusto y el apetito, tos, insuficiencia respiratoria leve y cansancio extremo. Sintió mucha ansiedad en ese segundo autoaislamiento, tomó los medicamentos prescritos y respetó los protocolos nacionales. Por suerte, volvió a dar negativo por segunda vez.
Las enfermeras trabajan día tras día con su corazón y su alma poniendo su vida en peligro al cuidar de los pacientes. "A todas nos late el corazón de enfermeras luchadoras que tenemos", afirma Rosemarie. "Guiadas por nuestro instinto entre el arte y la ciencia de la enfermería, el futuro de la profesión estará determinado por nuestro planteamiento colaborativo para la recopilación de datos científicos, el intercambio de información y experiencias, la toma de decisiones críticas que no se basen en emociones sino en la ciencia con el fin de influenciar las políticas sanitarias nacionales y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Las enfermeras somos poderosas y resilientes y seguimos trabajando en las primeras líneas defendiendo también mayores inversiones en la enfermería y la partería".