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Suiza no es el único país que ha descubierto que Juegos Olímpicos y democracia se han convertido en términos incompatibles. Y es poco probable que esto pueda cambiar en un futuro próximo.
“Y el ganador es… Pekín”. El anuncio de la ciudad que albergará los Juegos Olímpicos de invierno de 2022, realizado este verano por el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, ha sido recibido en todo el mundo con cierta inquietud.
Organizar el mayor evento del mundo en deportes de invierno en una megalópolis azotada por la contaminación, sin nieve y con una larga lista de violaciones de los derechos humanos durante los Juegos de verano celebrados en la misma ciudad en 2008, no parece, francamente, la mejor de las ideas.
Sin embargo, las opciones para albergar los Juegos de 2022 se habían reducido tanto que el único rival de Pekín que quedaba en liza era la ciudad de Almaty, en el sureste de Kazajistán, otra dictadura asiática.
El resto de las candidatas –entre ellas Múnich (Alemania), St. Moritz-Davos (Suiza), Cracovia (Polonia)– se había retirado como consecuencia de distintas votaciones populares sobre el tema. Estocolmo, Lviv y Oslo también renunciaron a organizar los Juegos de invierno de 2022 por falta de apoyo local.
De hecho, reconciliar la idea de los Juegos con la democracia se ha convertido en una tarea muy complicada. Nadie conoce mejor este reto que la gente del cantón suizo del Valais.
Durante las últimas décadas, los organizadores han intentado en cuatro ocasiones llevar los juegos olímpicos de invierno a esa zona montañosa de Suiza; y en las cuatro ocasiones los ciudadanos expresaron su opinión en las urnas.
En la primera de ellas, en 1963, el ‘no’ obtuvo una estrecha victoria. Pero los valesanos volvieron a votar otras tres veces (en 1969, 1995 y 1997) apoyando por abrumadora mayoría la idea de albergar los Juegos de invierno en su cantón.
Sin embargo, esto no pareció tener el menor peso en la decisión del COI. Por el contrario, el Comité decidió conceder los Juegos a otras ciudades y regiones del mundo. (Curiosamente los Juegos de 1976, que el COI había concedido a Denver/Colorado, acabaron celebrándose en la ciudad austríaca de Innsbruck, tras un voto negativo de los ciudadanos de Denver en 1972).
En la actualidad, después de la reciente elección de Lausana como sede para las Olimpiadas de la Juventud de 2020, los responsables del deporte suizo estudian ahora la posibilidad de hacer un quinto intento.
Por el pueblo, para el pueblo
Todo esto es tan irritante como tantos otros hechos relacionados con el COI y los Juegos Olímpicos.
Sin embargo, al principio parecían una pareja de términos ideal. Las Olimpiadas y la democracia tienen raíces similares. Ambas nacieron en la antigua Grecia de la idea del poder popular y de una amplia participación; en la actualidad la sede del COI se halla en una de las ciudades más abiertas, vibrantes y democráticas del mundo: la ciudad de Lausana, en Suiza.
Durante mucho tiempo los modernos Juegos de verano e invierno, que se reanudaron en Atenas en 1896 y que han sido organizados en 49 ocasiones desde entonces (27 Olimpiadas de verano y 22 de invierno), tuvieron poco que ver con el gran capital y los deportes de élite.
Pero eso ha cambiado drásticamente. El número de naciones participantes y de atletas se ha multiplicado y los medios de comunicación modernos han universalizado el evento. Presupuestos de más de 50 000 millones de dólares, como el de Sochi (Rusia), en las Olimpiadas de invierno de 2014, han desmontado el eslogan de que “lo pequeño es bello”.
Además, las acusaciones de cuentas opacas y de falta de transparencia del COI se han convertido en un importante ‘plato fuerte’ informativo.
Lista de exigencias
El último proceso de selección de candidaturas para albergar los Juegos Olímpicos de invierno de 2022 es una contundente prueba de todo esto.
En Oslo, la capital de la Noruega petrolífera, los ciudadanos apoyaron la candidatura en el primer referéndum municipal celebrado en septiembre de 2013.
Pero la caprichosa exigencia del COI de contar con una cuantiosa garantía financiera no dejó otra opción al gobierno.
En un compendio de más de 7 000 páginas, el COI exigía –solo para citar unos pocos ejemplos – fiestas de cóctel con la familia real noruega, bares públicos abiertos durante la noche y carriles en las calles de la ciudad para uso exclusivo de los funcionarios deportivos.
Es difícil pedir a un país que albergó los que fueron, seguramente, los últimos Juegos de invierno realistas y, además con gran éxito (Lillehammer 1994), que se inviertan miles de millones de dinero público en un acontecimiento por y para las élites.
Punto de vista
swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.Fin del recuadro
Esto también prueba que hacer participar a la gente en el proceso de preparar y organizar unos Juegos se ha convertido en una señal de fracaso para cualquier candidatura. Y esto porque un proceso abierto requiere un mínimo de transparencia y responsabilidad, con independencia de si una mayoría de ciudadanos apoya la idea o no.
Otras votaciones
La fase final para elegir la sede de los Juegos Olímpicos de verano de 2024 ha dado a estas cuestiones una nueva actualidad.
Boston, la candidata favorita, se retiró al comprender sus organizadores que podría celebrarse un referéndum estatal en Massachusetts en 2016, ofreciendo así una oportunidad de oro para rechazar la candidatura.
En Europa, el Comité Olímpico nacional de Alemania eligió a Hamburgo (antes que Berlín) para solicitar los Juegos de 2024, porque veía más posibilidades de ganar el apoyo público en la ciudad del Mar del Norte.
El Parlamento de Hamburgo acaba de modificar su Constitución para permitir la celebración de una votación popular impulsada por la propia asamblea.
Este plebiscito está previsto para el 29 de noviembre de este mismo año y –una vez más e independientemente del resultado– dará pie al COI para intentar encontrar otros candidatos menos democráticos.
Ventajas
Estos conflictos ofrecen también algunos aspectos positivos. Las ciudades, regiones y países implicados en los procesos de candidaturas a las Olimpiadas han mejorado el uso de la participación ciudadana y con ello ha mejorado también el debate sobre la democracia directa.
En Hamburgo, el movimiento democrático Mehr Demokratie (Más Democracia) ha criticado el enfoque plebiscitario de la consulta olímpica y ha propuesto nuevas formas de votaciones populares dirigidas por los ciudadanos.
El referéndum de 2014 en Cracovia, la primera consulta vinculante celebrada a nivel municipal, ha tenido continuidad con otras votaciones sobre distintas materias.
En otras capitales interesadas en albergar en el futuro Juegos Olímpicos –por ejemplo, París, Roma y Estocolmo- será muy difícil sacar la candidatura adelante sin consultar a los ciudadanos.
Sin embargo, la creciente referencia a la ciudadanía activa y participativa no va a reconciliar las dinámicas divergentes de los Juegos y la democracia. Y lo que es aún peor, es difícil adivinar quién podría aparecer con una solución duradera.
Las opiniones vertidas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente las de swissinfo.ch
Traducción del inglés José M. Wolff, People2power.info