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Clara Campoamor nace en Madrid el 12 de febrero de 1888 como hija del contable Manuel Campoamor y de la costurera María Pilar Rodríguez. A la muerte de su padre se ve obligada a colaborar en la economía familiar, por lo que interrumpe sus estudios. En su juventud trabaja de modistilla y dependienta en un comercio.
En 1909 obtiene una plaza como auxiliar femenina en el Cuerpo de Correos y Telégrafos del Ministerio de Gobernación y en 1914 otra en el Ministerio de Instrucción Pública como profesora especial de taquigrafía y mecanografía. En 1917 se introduce en el mundo periodístico al trabajar como secretaria en la redacción del diario La Tribuna. En esos años también empieza a traducir obras de literatura francesa.
En 1921 inicia sus estudios de bachillerato y en 1924 consigue ya el título de licenciada en Derecho. Abre su propio despacho y empieza a ejercer su profesión, siendo la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid después de Victoria Kent. Desde 1926 también es miembro de la Academia de Jurisprudencia, institución que le otorga en 1927 la distinción de la Gran Cruz de Alfonso XIII, a la que renuncia por sus ideales republicanos. En 1928 es recibida como nueva asociada de la Real Sociedad Matritense de Amigos del País. También participa como conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria y en el Ateneo de Madrid, donde se convierte en la primera mujer en conseguir un cargo en la junta de gobierno.
Preocupada por los problemas de las mujeres, se moviliza por la causa feminista y colabora en múltiples foros. Participa en la fundación de la Sociedad Española de Abolicionismo y se adhiere a la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, siendo presidenta de la sección española. Más tarde es cofundadora de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas, de la Liga Femenina Española por la Paz y de la Unión Republicana Femenina.
Después de la rebelión frustrada de Jaca y un intento de asalto al Gobierno Civil de San Sebastián en diciembre de 1930, detienen a su hermano Ignacio Eduardo, uno de los implicados. Asume junto con José María Amilibia la defensa de los 18 presos políticos. El 6 de abril de 1931 participa junto con Miguel de Unamuno en un mitin para pedir la amnistía de los encausados, ocho días más tarde se proclama la Segunda República.
En 1929 entra en política al ingresar en Acción Republicana, partido que abandona para presentarse a las Constituyentes de 1931 como candidata del Partido Republicano Radical por la provincia de Madrid. En las elecciones a Cortes consigue un escaño, junto con Victoria Kent y más tarde Margarita Nelken, las únicas mujeres en una cámara con 450 diputados. Campoamor pasa a formar parte de la comisión encargada de elaborar el texto constitucional, donde lucha con éxito por la causa feminista.
El 1 de septiembre de 1931 se convierte en la primera mujer en tomar la palabra como diputada en las Cortes. Al día siguiente marcha a Ginebra como delegada suplente del Gobierno en la XII Asamblea de la Sociedad de Naciones. El 30 de septiembre empieza la fase crucial del debate sobre el voto femenino en las Cortes, en el que Campoamor interviene brillantemente en defensa de los derechos de la mujer. El 1 de octubre se aprueba por 161 votos contra 121 el artículo 34 de la Constitución (luego art. 36 en el texto final), que otorga el sufragio universal a las mujeres, artículo que queda definitivamente aprobado el 1 de diciembre tras un último intento de restringir el voto femenino. En noviembre de 1931 le entrega la Asociación Nacional de Mujeres Españolas una placa en su honor.
El 19 de noviembre de 1933 las mujeres españolas ejercen por primera vez en la historia su derecho de voto en unas elecciones generales. En dichas elecciones Campoamor no sale reelegida, pero en diciembre asume la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social del Ministerio de Trabajo bajo el gobierno de Alejandro Lerroux. En septiembre de 1934 da una conferencia en el Lyceum Club de Ginebra, auspiciada por la Alianza Internacional por el Sufragio Femenino y la Asociación Ginebrina de Mujeres Universitarias. Por los excesos cometidos durante la represión de las huelgas generales y la insurrección revolucionaria en Asturias en octubre y la subordinación de su partido a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Campoamor decide abandonar el Partido Radical.
Ya apartada de la política, escribe en 1935 Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, en el que ofrece un testimonio personal de sus luchas parlamentarias. Tras el triunfo electoral del Frente Popular, Campoamor es testigo en Madrid de la violencia callejera desatada por las milicias. Y el 18 de julio de 1936 se produce el golpe militar contra la legalidad republicana que desemboca en una guerra civil.