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La violencia contra los trabajadores y los medios de atención de salud en las zonas conflictivas es hoy un problema humanitario grave que todavía pasa frecuentemente inadvertido y está siendo cada vez más común. No corresponde a las enfermeras ni a los médicos decidir a quién tratar, más bien es nuestro deber ofrecer servicios a todos cuantos los necesitan. Proteger a los trabajadores de salud en el desempeño de su trabajo es de importancia fundamental y es un paso esencial para reconstruir la confianza y recuperarse de las terribles consecuencias de un conflicto violento.
El CIE encomia y apoya el proyecto Asistencia de salud en peligro, del CICR, y el compromiso de cuatro años de “salvaguardar la prestación de una atención de salud eficaz e imparcial en las situaciones de conflicto armado y otras situaciones de violencia”. Según la investigación realizada por el CICR en 16 países de todo el mundo, podrían ahorrarse millones si la prestación de los cuidados de salud fuera más respetada en general”. La conclusión más sorprendente es que las personas mueren en gran número no porque sean víctimas directas de una bomba o de disparos en la carretera", dijo el dirigente de la investigación, Dr. Robin Coupland. "Mueren porque la ambulancia no llega a tiempo, porque se impide que el personal de salud haga su trabajo, porque los mismos hospitales son objetivos de ataques o sencillamente porque el entorno es demasiado peligroso para dispensar unos cuidados de salud eficaces".
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