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El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.
Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.
Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar.
La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor habitaré para siempre. Salmo 23 (NVI)
Hay textos en las Escrituras que son poderosos, tan profundos, que recitarlos es experimentarlos. El Salmo 23 es uno de ellos. Como dijo un erudito: "El salmo en sí es pasto verde; el salmo en sí mismo es agua; el salmo mismo restaura mi alma".
David sabía algo sobre pastoreo. Antes de ser Rey de Israel, él fue pastor en el campo de su padre. Todo en el Salmo fluye desde la primera frase: "El Señor es mi pastor".
Ahora bien, este Señor no es un pastor genérico. El Señor es mi pastor. El Señor es el pastor de David. David personalizó su relación con Dios; depende de Dios. Dios dirige y David lo sigue. Esa es la relación.
Pastorear no es algo sencillo. Requiere atención y cuidados constantes: proveer, guiar, sanar y proteger.
Y esa es la metáfora que utiliza David. De hecho, la Biblia recurre a esta metáfora en todas partes. Es una de las formas favoritas de Dios para mostrarnos quién es él, y quiénes somos y cómo se relaciona con nosotros y nosotras.
Dios es nuestro pastor, lo cual nos convierte en ovejas.
Las ovejas no pueden cuidar de sí mismas. No es posible colocar ovejas en un prado y esperar que florezcan. Morirían. Quedarían atrapados en un torbellino. Y donde una oveja se asusta, las otras también se asustan. Están atadas a sus miedos y a su timidez. Y son al mismo tiempo tercas. Es una comparación humillante.
Las ovejas están indefensas, pero un buen pastor satisface todas sus necesidades, y David sabe que Dios es un buen pastor. Por eso dice: "Nada me falta". Esa "falta" no significa deseo. Significa ausencia y la certeza que nada habrá de faltar. No me faltará nada de lo que el Pastor crea que es bueno para mí.
Un buen pastor siempre tiene en mente lo mejor para sus ovejas. Si no esquila una oveja, puede caerse bajo el peso de su lana. Si no sumerge a una oveja en insecticida, es posible que las moscas la enfermen. A las ovejas no les gusta ninguna de estas actividades, pero sin ellas podrían morir. Eso significa que todo lo que tienes en tu vida ahora mismo lo pone el mismo Pastor porque lo considera lo mejor posible para ti. El problema no es lo que da, sino lo que nosotros y nosotras creemos estar necesitando.
El pastor conoce íntimamente a sus ovejas. Un pastor es diferente de alguien que simplemente cría ganado en un campo. El pastor conoce a cada una de sus ovejas de manera individual y desarrolla una estrecha relación con ellas. Conoce sus hábitos, conoce sus debilidades y conoce sus fortalezas. Él está allí cuando la oveja nace, está allí cuando la oveja está enferma, está allí cuando la oveja se aleja, y está allí para traerla de regreso al rebaño. Con frecuencia le da a cada oveja un nombre basado en la personalidad de la oveja y en hechos significativos.
El pastor no solo conoce a sus ovejas. Las ovejas también conocen al pastor. Eso es lo que dijo Jesús: "Conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí" (Juan 10:14). Jesús también dijo: “Las ovejas oyen su voz (del pastor). Llama por nombre a las ovejas y las saca … va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz” (Juan 10: 3-4).
Dios te conoce, sabe hasta el número de cabellos de tu cabeza. Él te conoce a fondo: tus temperamentos, tus deseos, tus tentaciones. Dios mira a su rebaño y pregunta: “¿Qué necesitan? ¿Qué necesita ese, qué necesita esa? " Y luego se pone a trabajar. A Dios realmente le gusta cuidarte.
Esto debería darle reposo a nuestro corazón. Es por esa razón que David recurre a la imagen del versículo 2 de descanso, reposo, en verdes pastos y junto a aguas tranquilas. Las ovejas solo se acuestan si su panza está llena y si sus miedos se calman. Pero, por supuesto, las ovejas no pueden alcanzar sustento ni paz por sí mismas. Pueden experimentar eso, pero no pueden crearlo. El entorno para que las ovejas prosperen debe ser creado por el pastor. Y David dice que eso es lo que Dios justamente nos proporciona. Y no nos falta ni nos faltará nada.
Es posible que lea esto y piense: “Bueno, esta es una gran idea. Amo el concepto, pero me siento una persona seca y sin vida. Si hay pastos verdes, no puedo verlos". Por eso David incluye la frase "Él restaura mi alma"[1]. Dado que Dios es un buen pastor, sabe que necesitamos restauración. Restaurar no significa reemplazar. Podríamos traducirlo, "Él refresca mi alma". Jesús lo hace así con cada uno, con cada una. Nos refresca. Nos da una nueva vida.
El Salmo 23 nos invita a reconocer no solo que el buen pastor camina a nuestro lado, sino que el buen pastor camina con nosotros y nosotras en momentos que generan bastante miedo. Nos encontramos atravesando hoy momentos bastante intimidantes. Aunque nuestra vida cotidiana de alguna manera parece bastante normal, además de estar en casa más de lo habitual, vivir en tiempos de pandemia nos confronta con la sombra de la muerte. Y para muchas personas, la dificultad va más allá de simplemente temer el impacto en la salud del COVID19.
Muchas personas miramos a nuestro alrededor y no vemos pastos verdes ni aguas tranquilas. Los y las estudiantes están perdiendo clases, experiencias tradicionales y oportunidades futuras. Las personas se encuentran en casa enfrentando abusos físicos, mentales y emocionales. Vemos un mundo que está patas para arriba. Vemos la sombra del valle de la muerte. Pero tenemos la certeza que el buen pastor no está presente apenas en los verdes pastos, en el lugar pacífico y reconfortante. El buen pastor nos encuentra en medio del caos, en la frustración de tener que vivir en medio de una pandemia. Y lo percibimos en el cuidado y en la preocupación de nuestras familias, vecinos y vecinas y miembros de la iglesia. Sentimos esto en cada ocasión en la que podemos respirar profundamente, aquietar nuestro corazón y experimentar la paz de Dios.
El Salmo 23 nos proporciona el lenguaje de la confianza, palabras para recitar en medio de cualquier valle oscuro en el que nos encontremos. El Salmo 23 nos señala la promesa de Dios, de un Dios que estará a nuestro lado tanto en la sombra de la tarde como en la luz de la mañana. Dios está preparando un lugar para nosotros y nosotras. Vivir en medio de una pandemia no será siempre nuestra realidad. Atravesaremos este tiempo; esto también pasará. No importa lo que nos depare el mañana, el Salmo 23 nos recuerda que habitaremos en la casa del Señor para siempre.
Amén.
Oración
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Todo estará bien.
En verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce.
Todo estará bien.
Me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.
Todo estará bien.
Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.
Todo estará bien.
Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar.
Todo estará bien.
La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor habitaré para siempre.
Todo estará bien.
Amén.
[1] En algunas versiones en español. En la traducción que aquí utilizamos dice: “me das nuevas fuerzas” (ndt).
—Amber Seesahai-Payne
Diácona
Iglesia Presbiteriana de Trinidad y Tobago