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El 2 de septiembre de 1998, 229 personas murieron al estrellarse el vuelo 111 de Swissair en el Atlántico frente a Nueva Escocia, Canadá. Veinte años después, swissinfo.ch reconstruye el peor accidente en la historia de la aviación civil suiza y sus consecuencias para la seguridad aérea y para Swissair.
Un total de 229 víctimas de 44 países, dos millones de fragmentos de escombros; 275 kilómetros de cableado eléctrico: Las estadísticas aún son impactantes. En este video, Philippe Bruggisser, entonces director de la empresa matriz de Swissair, SAirGroup, actualiza la información a los medios un día después del siniestro.
El avión MD-11 despegó de Nueva York a las 20:18 hora local, con destino a Ginebra. Apenas una hora más tarde, el piloto y el copiloto detectaron humo en la cabina que entraba por el sistema de aire acondicionado. Solicitaron permiso para aterrizar y fueron redireccionados al aeropuerto de Halifax, en la provincia canadiense de Nueva Escocia, a poco más de 100 kilómetros de distancia.
Sin embargo, al no advertir la gravedad de la situación, decidieron tomaron un desvío para descargar combustible y reducir el peso de la aeronave antes del aterrizaje. Los instrumentos del avión, incluido el piloto automático, el registrador de datos de vuelo y la grabadora de voz de la cabina dejaron de funcionar gradualmente.
Pilotar el avión manualmente se hizo imposible debido al humo que había invadido la cabina. La comunicación con Halifax se interrumpió seis minutos antes del impacto en el Atlántico, a unos ocho kilómetros del poblado de Peggy's Cove.
Inmediatamente se inició una operación de búsqueda y rescate, pero pronto se hizo evidente que no había sobrevivientes. Por lo tanto, las labores se centraron en encontrar e identificar los restos humanos y en recuperar la caja negra.
La operación terminó en diciembre de 1999. Todas las víctimas fueron identificadas. La mayoría eran estadounidenses, suizas o francesas. Y se recuperó el 98% de los restos de la nave.
Se hallaron unos dos millones de fragmentos, la mayoría de los cuales se habían hundido hasta el fondo del océano a una profundidad de 50-60 metros, y se llevaron a tierra para su inspección.
Las grabadoras de la cabina y del vuelo proporcionaron pocas pistas sobre el desastre dado que habían dejado de funcionar poco antes del impacto. Los investigadores debieron reconstruir un segmento de 11 metros de largo del frente del MD-11 en un esfuerzo por descubrir las causas del siniestro.
Consecuencias
La investigación, que duró cuatro años y medio y fue efectuada por la empresa ‘Transportation Safety Board of Canada’ (TSB) concluyó que un fusible conectado al sistema de entretenimiento a bordo había estallado sobre la cabina incendiando el material de aislamiento inflamable utilizado en la estructura del avión, sin que la tripulación tuviera posibilidad de intervenir.
En octubre de 1998, Swissair entregó un total de 4,7 millones de francos a 156 familias de las víctimas. El siguiente mes de marzo, la aerolínea entregó 195 000 francos a cada familia. En marzo de 2002, un juez de EE UU desestimó las demandas por daños y perjuicios contra Swissair por un monto de 27 000 millones de francos. Cinco años después del accidente los reclamos de indemnización habían sido resueltos.
En su informe final sobre el accidente, las autoridades canadienses incluyeron una serie de recomendaciones de seguridad. Solicitaron, por ejemplo, el desarrollo de pruebas y parámetros estándar sobre la inflamabilidad del material aislante de los aviones comerciales. También exigieron medidas para mejorar la calidad de las grabadoras de voz que comprendieran la introducción de generadores separados para el registro del vuelo, de modo que, en caso de incidente, al menos uno funcionara.
Swissair nunca se recuperó del accidente. El colapso en el mercado de la aviación después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 fue la gota que colmó el vaso para la aerolínea nacional fuertemente endeudada. Un mes después, sus naves permanecieron en tierra por falta de liquidez.
swissinfo.ch