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¿Adónde vas, Suiza? Los suizos están listos para acudir a las urnas a decidir si las plataformas internacionales de transmisión deben invertir en la industria cinematográfica nacional. ¿Seguirá Suiza la ruta trazada por sus vecinos impulsando las producciones locales o se quedará atrás en el competitivo mercado cinematográfico?Este contenido fue publicado el 30 marzo 2022 - 09:00
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El próximo 15 de mayo, los suizos votarán una enmienda a la ley federal de cultura y producción cinematográfica denominada Lex Netflix. Con esta reforma, el Gobierno suizo busca regular la presencia de las principales plataformas internacionales de transmisión y exigirles que inviertan en producciones audiovisuales locales el 4% de sus ingresos en Suiza.
Para la industria cinematográfica suiza, esto se traduciría en un presupuesto adicional anual de entre 18 y 30 millones de francos suizos (entre 19 y 32 millones de dólares), según estimaciones de la Oficina Federal de CulturaEnlace externo Enlace externo(BAK) y el Parlamento suizo.Enlace externo
Los profesionales de la industria están mayoritariamente a favor de la propuesta. En un debate celebrado recientemente en el festival Think Cinema, en Lausana, el cineasta Fred Baillif dijo: "No entiendo cómo alguien podría estar en contra".
Sin embargo, sí hubo la suficiente oposición a nivel político como para obligar una votación nacional sobre esta enmienda. Las alas juveniles de algunos de los principales partidos políticos suizos, como el centroderechista Partido Liberal Radical (PLR), la derechista Unión Democrática de Centro (UDC), el Partido Verde Liberal (PVL) y Alianza del Centro (AC), anunciaron un referéndum antes de que el gobierno decidiera imponer un gravamen del 4%.
En algunos sectores, la resistencia a la propuesta ha sido feroz. En un tuit, Philippe Nantermod, vicepresidente del PLR, describió la ley como un “Schwarzenbach 2.0”, haciendo referencia al referéndum que buscó, en 1970, reducir significativamente el número de residentes no suizos en el país.
Nantermod rechazó el eslogan de los partidarios de la reforma: "¿Qué pasaría si tu próximo programa favorito fuera suizo?". Desde su perspectiva, esto significa que la identidad nacional es lo único que importa, cuando la frase simplemente tendría que reconocer que el streaming ((emisión en directo) en general; y Netflix en particular; han despertado un nuevo interés global hacia producciones de todo el mundo, lo mismo de Italia o Finlandia, que de Turquía, Indonesia, Corea del Sur o Brasil.
Los consumidores suizos ya pagan más
Los opositores afirman que la reforma no tiene precedentes en cuanto a dictar a las empresas cómo deben reinvertir sus ganancias. Sin embargo, una verificación de hechos publicada por el sitio web de los partidariosEnlace externo de la enmienda afirma que esto no es verdad. La regla del 4% ya existe para los distribuidores nacionales como Swisscom TV.
Los impulsores del referéndum también argumentan que la enmienda solamente provocará un incremento en el costo de los diversos servicios de suscripción. La realidad es que Neflix únicamente está aumentado sus precios en algunos territorios, y sin que esto esté vinculado a las legislaciones locales. En Suiza, por ejemplo, la suscripción "premium" pasó de 21.90 a 24.90 francos. Por ello, los defensores de la enmienda afirman que si los servicios de transmisión, Neflix incluido, son más caros en Suiza que en otros países, lo justo es que le devuelvan algo al país.
Según el sitio web para los consumidores ComparitechEnlace externo, Suiza y Liechtenstein son, de hecho, los dos países con las tarifas de suscripción a Netflix más altas del mundo (entre 2 y 5 francos suizos más costosas, según el país con el que se le compare y en función de si la suscripción es para uno o más usuarios). Comparitech reveló que, a pesar de que la suscripción es más costosa, el catálogo de programas de televisión y películas que Netflix ofrece a los consumidores suizos es menos variado que en otros mercados.
Los cineastas respaldan firmemente la enmienda y hay consenso entre ellos en el sentido de que su aceptación pondría a Suiza en pie de igualdad con otros países europeos.
Comparación europea
Ya hay leyes similares en países como España y Francia. La enmienda propuesta, dicen sus defensores, aseguraría la competitividad de la industria cinematográfica suiza a nivel europeo.
En AlemaniaEnlace externo los servicios de transmisión deben invertir en el fondo cinematográfico nacional cuando sus ingresos anuales locales derivados del cine superan los 500 000 euros (512 000 francos suizos). La tasa es del 1,8% o del 2,5%, dependiendo de si la facturación es inferior o superior a 20 millones de euros, respectivamente.
Inicialmente, Netflix se negó a realizar los pagos que le solicitó Alemania entre 2015 y 2019, argumentando que no tenía presencia física en este país, ya que su sede europea estaba en los Países Bajos.
En Reino Unido no existe una ley que regule la relación de Netflix con la industria cinematográfica local. Sin embargo, la plataforma de distribución de contenidos multimedia se asoció recientemente con Creative UK para lanzar una iniciativa llamada BreakoutEnlace externo que apoya y financia películas británicas. Al menos un proyecto recibirá un presupuesto de producción de 1,5 millones de libras esterlinas (1,84 millones de francos suizos) y una distribución global garantizada en la plataforma.
La batalla de los festivales
El caso francés es destacable, debido a la relación -algunas veces incómoda- que tiene este país con las plataformas de transmisión de contenidos: además de invertir en producciones locales, Netflix también firmó un nuevo acuerdo de ventanilla, que le permite acceder a títulos de terceros 15 meses después de su estreno en cines.
Anteriormente, la ley francesa dictaba que toda película estrenada en una sala cinematográfica debía esperar un mínimo de 36 meses antes estar disponible en la televisión y en otras plataformas de distribución de contenidos. Esta es una de las razones por las cuales Netflix prefiere no estrenar sus películas originales en los cines franceses, salvo que se trate de eventos especiales y retrospectivas.
La última vez que dos largometrajes de Netflix tuvieron presencia en el Festival de Cannes fue en 2017, año en el que se detonó una protesta pública que generó una nueva regla a partir del 2018: todas las películas presentadas en alguna de las secciones que compiten en Cannes están obligadas a estrenarse en los cines franceses.
Cannes es el único festival que impone esta regla en el presente, dice Alberto Barbera, director del Festival de Cine de Venecia desde el 2012. Barbera fue, de hecho, el primer director de un festival que permitió la difusión de una película de Netflix en la competencia italiana.
“En 2015, cuando proyectamos Bestias sin Patria, a nadie le importaba realmente el factor Netflix”, dice a SWI swissinfo.ch. “Las quejas comenzaron con la protesta de Cannes y su cambio de reglas”.
¿Es viable un sistema semejante en el caso de Venecia? “Para nada, Francia es un caso atípico”, añade Barbera. “El cine y la asistencia al cine tienen un estatus muy especial allí, y no es el caso en ningún otro lugar. No puedo recordar siquiera cuándo fue la última vez en la que todas las películas que compitieron en un determinado año en Venecia tuvieron un estreno en los cines italianos”.
“Y sigo pensando que la situación francesa cambiará en algún momento porque Thierry Frémaux (director del Festival de Cine de Cannes) daría un brazo y una pierna para lograr que Netflix volviera a Cannes. Y sé con certeza que Netflix también quiere regresar”, dice.
Además, en lo relativo a la contribución de Netflix al cine italiano, el tema se encuentra con otros obstáculos, reconoce Barbera: “[Netflix] sí invierte en producciones italianas, aunque no hay un requerimiento legal per se. [Pero] nuestra burocracia tiene fama de complicada”.
Impulso a la economía
También está el tema del impulso económico más allá de la esfera cinematográfica.
“Los hoteles, las empresas y los restaurantes [del cantón del Valais] estaban encantados de tenernos allí porque el dinero utilizado para filmar termina reinvirtiéndose en otros sectores, especialmente en el turismo”, dice Monnard. “Toda la población se beneficia de esto, no solo el sector cultural. El 4% proporcionará salarios y oportunidades de trabajo para muchas personas”.
Monnard también destaca que la inversión solicitada a las plataformas de transmisión en Suiza es solamente una fracción de lo que deben pagar en otros lugares: en Francia, por ejemplo, es entre el 12 y el 25%.
Netflix se prepara
Todavía faltan varias semanas para la votación sobre la reforma propuesta, pero Netflix ya está trabajando duro. Abrió una oficina en Berlín para tratar todos los asuntos DACH (Alemania, Austria, Suiza).
En noviembre pasado, Wolf Osthaus, director regional de políticas públicas de Netflix, expuso la estrategia suiza durante una charla en el Geneva Digital Market, un evento sobre innovación audiovisual. En resumen, cuanto más culturalmente específica sea la historia, más grande será su atractivo.
Si la idea de una historia marchará mejor bajo el formato de película o de serie, es una decisión que solo corresponde a los creativos individuales y a las compañías de producción. Pero Osthaus deja claro que Netflix no considera la compra de ningún contenido local de terceros para su distribución en su plataforma.
“Estamos felices de adquirir títulos existentes como Wolkenbruch o Neumatt para nuestros espectadores globales, pero no tiene mucho sentido hacer que el contenido suizo no original esté disponible [en Netflix] en Suiza porque para eso ya existe Play Suisse”, puntualiza.
Traducido del inglés por Andrea Ornelas
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