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La confusión es moneda corriente. Sin ir más lejos, este lunes, en Wall Street izaron por un momento la bandera de la Confederación Suiza para marcar la salida a bolsa del servicio sueco de transmisión de música Spotify.
Sin embargo, las enseñas de Suiza y de Suecia son suficientemente diferentes como para confundirlas, y entre uno y otro país tampoco hay semejanzas suficientes que induzcan al error. ¿Qué sucede entonces?
Algunos de nuestros lectores comentan al respecto:
“Cada vez que le digo a alguien que nací en Suiza, la respuesta es “Ah, eres sueco’ o bien ‘hablas sueco’, indica un residente en Canadá. “Estoy tan acostumbrado que a veces ni siquiera me molesto en corregir a la persona”.
Otro, afincado en Estados Unidos, tuvo que invitar a su interlocutor a consultar un atlas para que se convenciera de que Suiza y Suecia son dos países distintos.
El marido de una suiza cuenta que cuando habla de la nacionalidad de su esposa hay gente que le responde. “¿Ah sí...? A mí me encanta ABBA”.
En otra alusión al gusto por lo sueco, una suiza escucha con frecuencia al revelar su origen: “¡Oh, Estocolmo es tan hermosa!”
¿Pero, por qué la confusión es tan frecuente, especialmente entre los estadounidenses?
Los lectores atribuyen el error al hecho de que en inglés los nombres de ambos países (Switzerland - Sweden) empiecen con las mismas dos letras, y al de que, en algunos idiomas, como en español, los nombres sean tan parecidos.
Algunos comentaristas recurrieron a la palabra “ignorancia” para buscar una explicación y alguno no dudó en calificar de “tontos” a los confundidos.
Pero también hubo quien invitara a un ejercicio inverso como estrategia de defensa de los estadounidenses: “Pídanle a una persona europea que señale a Honduras en un mapa… Seamos justos”.
¿Existen similitudes más profundas que el hecho de que los dos países se encuentren en Europa y sus nombres se parezcan? “Ambos son conocidos por la nieve y el esquí”, evoca un usuario, mientras que otro señala que ambos países gozan de una buena reputación en materia de limpieza, organización y seguridad.
En todo caso, la confusión probablemente no sea motivo de preocupación y no ha llevado (todavía) a ninguna disputa diplomática internacional de alto perfil. Quizá lo peor que pueda pasar es que los planes de viaje se vean alterados por unos pocos miles de kilómetros, como le sucedió a un lector radicado en Estados Unidos:
“Me disponía a volar a Suecia. En el aeropuerto JFK no lograban cerrar la puerta del SAS 767. Entonces nos dividieron entre varias aerolíneas. Aterricé en Zúrich a bordo de un avión de Swissair. A la mañana siguiente llamé a mi esposa, que es sueca, desde Suiza y le dije “¡No te lo vas a creer…!”
swissinfo.ch/dos