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Antes que el descubrimiento de petróleo transformara el Golfo en una de las regiones más ricas del mundo, la fortuna de su gente dependía de las perlas, una tradición que Abdullah al Suwaidi espera revivir.
Muchas familias emiratíes encuentran en sus antepasados personas involucradas en el comercio de perlas, que dio origen a su actual riqueza.
Aunque ya no es necesario bucear para encontrar perlas en una era en que se pueden cultivar, Suwaidi dijo que después de la muerte de su abuelo se sintió "social, cultural e históricamente" responsable de transmitir el conocimiento a los emiratíes.
"Viví y crecí cerca de mi abuelo", dijo Suwaidi, de 45 años, a AFP. "Me enseñó mucho sobre el buceo en busca de perlas, debido a mi flujo constante de preguntas y pedidos de más información e historias de aventuras", recordó.
El proyecto de Suwaidi, una de las pocas operaciones de su tipo en los Emiratos Árabes Unidos, ocurre en un contexto de creciente conciencia de las tradiciones culturales, como la cetrería y las carreras de camellos.
En octubre, las autoridades de Abu Dhabi anunciaron que la perla natural más antigua del mundo, hallada cerca de la capital, en la isla de Marawah, será exhibida por primera vez en el Louvre de esa ciudad, sucursal del famoso museo de París.
La perla de 8.000 años de antigüedad fue aclamada como una prueba de que los objetos han sido comercializados a lo largo de la costa desde el Neolítico.
"El hecho de que sea la perla más antigua conocida en el mundo es un recordatorio importante de la antigüedad de las perlas y la profunda conexión que existe entre el pueblo de los Emiratos y los ricos recursos del mar", dijo Peter Macgee, jefe de la división de Arqueología en el Departamento de Cultura y Turismo.
El comercio de perlas "fue una actividad económica importante durante grandes períodos de la historia de los Emiratos. Desde el siglo XV en adelante, estas perlas fueron posesiones preciadas en Europa y en toda Asia", añadió.
- Larga historia -
La granja de perlas de Suwaidi se encuentra frente a la costa de su ciudad natal, Al-Rams, en el emirato norteño de Ras al-Khaimah, en un escenario de manglares, con camellos pastando cerca del agua, por un lado, y montañas por el otro.
Las ostras viven en jaulas suspendidas de boyas que flotan cerca de la orilla. Después de ser "sembradas", alrededor del 60% producirá perlas, en comparación con apenas una de cada 100 entre las ostras silvestres.
Pero es el mismo lugar donde Suwaidi cuando era niño acompañaba a su abuelo para bucear en busca de los tesoros naturales del mar, y es esa tradición la que lo cautiva hasta ahora.
A bordo de un tradicional 'dhow', el mismo tipo barco en el que los buceadores árabes de perlas del pasado navegaban durante meses, Suwaidi cambia su tradicional vestido emiratí a un traje de buceo negro de algodón.
Luego, salta al agua para demostrar cómo sus antepasados recogerían las ostras del fondo marino.
Sus herramientas son simples: una roca que cuelga de su pie para ayudarlo a hundirse, un tapón nasal o 'ftaim' y una canasta.
La industria sostuvo alguna vez la economía local, pero el comercio colapsó en la década de 1930 con el advenimiento de las perlas cultivadas japonesas, y los conflictos mundiales que las convirtieron en un lujo inasequible.
"Las perlas cultivadas eran más fáciles de producir y más baratas, lo que devaluó el prestigio de las perlas" emiratíes, dijo Macgee.
En cambio, las naciones del Golfo recurrieron a la industria petrolera que domina sus economías hasta la actualidad.
Si bien Suwaidi vende sus perlas a diseñadores locales e internacionales, asegura que la empresa no tiene apenas como objetivo ganar dinero.
Según afirma, espera mantener viva la tradición compartiendo las habilidades con las perlas con la próxima generación de emiratíes, así como con los turistas que hacen el viaje a su granja, donde trabaja junto a unos 20 empleados.
"Cuando las personas vienen a los Emiratos, quieren ver algo que no han visto en ningún otro lugar. El trabajo con perlas es un factor (cultural) importante", dijo.
Además, señala, tiene una huella ambiental leve.
"Mira, podemos llegar con calma y podemos irnos con calma", señaló, señalando a los camellos que pastan y a los flamencos que han migrado a la zona.