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Con el nombre Alta Edad Media suele designarse el periodo entre 500 y 1000 d. C. que sucede a la época romana. El territorio de la Suiza actual experimentó una evolución similar a la del resto de Occidente.
Los siglos iniciales se caracterizaron por movimientos migratorios (época de la migración de los pueblos). También en Suiza se asentaron distintos pueblos que trajeron sus lenguas y sus modos de vida. El cristianismo, que ya había sido introducido por los romanos, se expandió ulteriormente, en parte también gracias a los misioneros. La Iglesia con sus obispados y monasterios se convirtió en uno de los más importantes señores territoriales, ejerciendo sus derechos jurisdiccionales sobre las personas que habitaban y cultivaban la tierra. Al mismo tiempo las familias nobles incrementaron su poder por medio de conquistas, herencias y una hábil política matrimonial.
El rey franco Carlomagno controló durante un breve período de tiempo una parte importante de Europa occidental. En el año 800 se coronó emperador en Roma como primer monarca del Medioevo. Sin embargo, durante el reinado de Carlomagno aún no existía una idea de Estado propiamente dicha. En cada escalón de la sociedad las relaciones se basaban sobre dependencias personales entre los más poderosos y los más débiles. El emperador reinaba sobre una red de familias nobles. En este período, el reparto de poderes entre reyes, duques y prelados estaba sujeto a cambios continuos, puesto que todas las partes pretendían conservar o ampliar sus privilegios.
En el año 962 el rey alemán Otón I fue coronado emperador por el papa en Roma; gobernaba sobre un conjunto de territorios que más tarde se designaría con el nombre de Sacro Imperio Romano (a partir del siglo XV: Sacro Imperio Romano Germánico) e Imperio Alemán, a partir de la Edad Moderna.