Document ID: /fineweb-2-swissfilter-quality_10-filterrobots/filtered/05236.jsonl.gz/5

En el corazón de la Suiza central, nueve carboneros fabrican aún a mano su producto. Encuentro con uno de ellos, el agricultor Markus Wicki.
Desde hace cientos de años, el carbón es producido en Entlebuch, un valle remoto del cantón de Lucerna. Para los agricultores, es una forma de diversificar sus actividades y aumentar sus ingresos.
El carbonero Markus Wicki y sus camaradas son los protagonistas de una película que pone de relieve esta tradición y la lucha diaria para asegurar la supervivencia. Markus Wicki dice: “Es realmente un trabajo enorme administrar una finca agrícola y, además, producir carbón”. Se dedica a la cría de terneros, pero obtiene más de la mitad de sus ingresos con la venta de carbón.
Markus Wicki apila unas 6 toneladas de madera con la ayuda de sus “asistentes”, principalmente agricultores jubilados, para formar una rueda de carbón. “Es un trabajo duro y sucio”, dice. Durante la preparación no hay tiempo libre, es necesario vigilar constantemente el fuego. Probablemente será el último en quemar carbón en su granja: sus tres hijas tienen otros planes para el futuro. Es difícil encontrar un sustituto para este penoso trabajo.
El carbón genera mucho calor. Durante mucho tiempo se utilizó para la extracción de minerales, la fabricación de vidrio o la forja. Pero con el desarrollo de las rutas de transporte y la electrificación, la demanda ha caído. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos lugares de producción de carbón cerraron y el futuro de la industria parecía sombrío.
En 1986, al parlamentario e industrial Otto Ineichen se le ocurrió la idea de hacer carbón para barbacoas. Ese enfoque permitió reactivar la producción artesanal: hoy en día, los agricultores de Entlebuch venden 17 000 bolsas de seis kilos a Otto's, un minorista suizo. La demanda es incluso superior a la capacidad de producción de la región.