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El 22 de septiembre, la doble elección al Gobierno no debería dar lugar a teatralidades. Todos los partidos en liza designaron a sus candidatos, la semana pasada. Ninguna sorpresa: ganaron los favoritos.
Por el Partido Liberal Radical (PLR/derecha), Karin Keller-Sutter y Johann Schneider-Ammann. En el Partido Socialista, en el que el juego fue más abierto, la senadora Simonetta Sommaruga debió esperar cinco vueltas para ser electa. Para la segunda plaza, la diputada Jacqueline Fehr, fue designada desde la primera.
Otros dos partidos lanzaron también, de manera oficial, candidaturas para tratar de obtener un puesto en el gabinete.
La Unión Democrática del Centro (UDC/derecha conservadora) parte al ataque con el diputado friburgés Jean-François Rime, mientras que los Verdes participan en la contienda con la diputada de Solothurn, Brigit Wyss.
El escenario más probable es que los parlamentarios elijan “sabiamente” entre los candidatos oficiales del Partido Socialista y el Partido Liberal Radical.
Casi siempre un parlamentario
En Suiza, los miembros del Gobierno son elegidos por la Asamblea Federal, es decir por las dos Cámaras del Parlamento reunidas. En teoría, todo ciudadano suizo mayor de edad puede postularse para un cargo y ser elegido. De hecho, los políticos tienen una fuerte tendencia a elegir nuevos ministros salidos de sus propias filas.
Esta forma de actuar es bastante lógica. Los parlamentarios pueden elegir a personalidades que conocen bien y que han mostrado su capacidad bajo la cúpula del Parlamento.
Sin embargo, ha sucedido que un miembro de un gobierno cantonal sea directamente propulsado al ejecutivo federal, sin pasar por la casilla parlamentaria. Se recuerda, por ejemplo, el caso de la ex ministra de Justicia, Ruth Metzler (1999-2003).
Pero estos casos son excepcionales. Por lo general, ocurren cuando el partido tiene dificultad para encontrar un candidato de envergadura a escala federal. Ahora, está claro que ni los socialistas ni los liberales - radicales tienen esta dificultad. Sus candidatos son parlamentarios bien conocidos y con experiencia.
El “boleto” ganador
Durante cada elección, los partidos concernidos presentan uno o más candidatos nominados al final de un proceso de selección interna. Pero nada impide a los parlamentarios elegir a un candidato que no figure en esos “billetes” oficiales.
Esto sucedió varias veces a los candidatos del Partido Socialista. El caso más conocido es el de la elección de Francis Matthey en 1993, que los parlamentarios prefirieron al candidato oficial del PS. Bajo la presión de su partido, el legislador no aceptó finalmente la elección.
En fecha más reciente sucedió lo mismo a la Unión Democrática del Centro (UDC/ derecha conservadora). En 2007, los parlamentarios no reeligieron al líder de la UDC y ministro de Justicia, Christoph Blocher, prefiriendo en su lugar a Eveline Widmer-Schlumpf. A diferencia de Francis Matthey, ésta no rechazó su elección, con lo que fue expulsada del partido.
Es poco probable que un escenario semejante se produzca el 22 de septiembre. Por un lado, ninguno de los candidatos en liza participa como mero comodín a los ojos de la mayoría de los parlamentarios. Por otro lado, el hecho de que tenga que elegirse a la vez un ministro de derecha y otro de izquierda debería favorecer el acuerdo entre los partidos y reducir el riesgo de “golpes bajos” de una parte u otra.
El mantenimiento de la fórmula mágica
En Suiza, los siete puestos del gabinete se distribuyen entre los partidos de acuerdo con una regla no escrita denominada “fórmula mágica”. Esto prevé una repartición según el peso electoral de las diferentes fuerzas.
Esta distribución no es estática, por supuesto. Fue así que en 2003, la mayoría de los diputados acordaron asignar un escaño adicional a la UDC, convertido en el primer partido del país, en detrimento del Partido Demócrata Cristiano (PDC / centro derecha).
El segundo asiento del PS y del PLR - respectivamente las segunda y tercera fuerzas políticas en el país - no tiene motivos para aritméticamente ser puesto en tela de juicio. La UDC y los Verdes presentan, sin embargo, candidatos para esta elección, pero sus posibilidades de conseguir un puesto son escasas.
La UDC, como la primera fuerza política en el país, se siente con derecho a un segundo asiento. Sin embargo, para los otros partidos ése ya es el caso, puesto que Eveline Widmer-Schlumpf fue elegida bajo los colores de la UDC. Que la exclusión de la ministra de Justicia haya llevado a la creación de un partido disidente - el Partido Burgués Democrático-, no cambia la cosa.
En cuanto a los ecologistas, tienen tres candidatos. Ciertamente, con alrededor de 10% del electorado, los Verdes son el mayor partido no gubernamental. Pero su peso no es todavía suficiente para provocar una nueva modificación de la fórmula mágica. Las cosas cambiarán quizá algún día, pero ciertamente no antes de las elecciones federales del otoño de 2011 que conducirán quizá a una redistribución de las cartas.
Mientras tanto, esas candidaturas permiten una presencia en los medios de comunicación hasta la elección federal.
Incógnitas
La influencia de algunos parámetros, sin embargo, es difícil de establecer en esta elección. En primer lugar, el factor femenino. Desde la llegada de la primera mujer al Gobierno en 1984, la idea ha ido ganando terreno. Por otra parte, en la actualidad, hay tres ministras. Pero si una o dos mujeres fueran elegidas el 22 de septiembre, sería la primera vez que el Gobierno suizo contara con una mayoría de mujeres. El Parlamento, mayoritariamente masculino, ¿estaría dispuesto a dar el paso? Misterio.
La pertenencia cantonal podría contar también. Es cierto que el artículo constitucional que prohíbe tener dos ministros de un mismo cantón fue abolido en 1999. De hecho, dos ministros son originarios del cantón de Zúrich. Pero la perspectiva de la elección de dos berneses suscita ahora debate. ¿Los parlamentarios estarán dispuestos a permitir a Berna lo que ya acordaron dos veces a Zúrich? Aquí también, misterio.
Queda finalmente el problema del Tesino. La región de habla italiana del país no tiene ningún ministro desde hace más de una década. Ahora, la famosa “fórmula mágica” también proporciona una distribución equitativa de acuerdo con las regiones lingüísticas. Actualmente, el Gobierno está compuesto por dos ministros francófonos y cinco de expresión alemana. La llegada de un solo hablante en lengua italiana no cambiará el equilibrio, ya que la mayoría en el país –hablantes de alemán- también es mayoría en el Gobierno. Falta ver si los parlamentarios serán sensibles a esta cuestión.
Si algunos elementos ya son bastante obvios, la elección está rodeada de elementos desconocidos. Por lo tanto es difícil hacer un pronóstico sobre la identidad de los dos futuros ministros. En ausencia de mayores precisiones, su “retrato hablado” es difuso. El velo caerá el 22 de septiembre.
Olivier Pauchard, swissinfo.ch
(Traducción, Marcela Águila Rubín)
EL PDC TIRA LA TOALLA
El Partido Demócrata Cristiano (PDC / centro derecha) ha decidido no presentar candidatos en las elecciones del 22 de septiembre.
El partido había perdido su segundo asiento en 2003 en favor de la UDC.
En términos de número de votantes, el PDC está muy cerca del Partido Liberal Radical. Por lo tanto, podría aspirar también a un segundo asiento.
La dirección del PDC, sin embargo, consideró que “no hay condiciones para presentar con éxito una candidatura”.