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Dos años después de suspenderse las pruebas de la vacuna contra la dolencia, los investigadores suizos siguen optimistas.
Antes de fines de año se reanudarán los experimentos en seres humanos con una versión modificada de la vacuna.
Las pruebas de la vacuna en 298 pacientes del mundo entero tuvieron que suspenderse en el 2002, después de que se diagnosticara una inflamación del cerebro en 18 de ellos.
La vacuna había superado con éxito los experimentos en animales. Un estudio realizado por investigadores suizos demostró que hubiera podido contribuir a frenar el proceso degenerativo que caracteriza a la enfermedad de Alzheimer.
“Estamos buscando soluciones que nos permitan separar los efectos clínicos positivos – que hemos constatado – de los negativos”, explica a swissinfo Roger Nitsch, director de la División de Investigación Psiquiátrica de la Universidad de Zúrich.
Perspectivas prometedoras
La vacuna tiene como objetivo la estimulación del sistema inmunitario contra la acumulación de la proteína beta-amiloide, que daña al proceso de la memoria.
La acumulación de esta proteína, las llamadas placas de beta amiloide en el cerebro son probablemente la causa primaria del Alzheimer, enfermedad que se caracteriza por un deterioro de la actividad cerebral.
Las pruebas de la vacuna, producida por la compañía estadounidense Elan Pharmaceuticals, se suspendieron en marzo del 2002, después de que 18 pacientes desarrollaran una meningoencefalitis.
Al parecer la vacuna tiene un efecto secundario en lo que se refiere a la producción de anticuerpos, pero, además, estimula otras células del sistema inmunitario, las llamadas células T.
Los pacientes que desarrollaron una inflamación cerebral fueron precisamente los que presentaban una alta presencia de células T.
“Un paciente no presentaba anticuerpo alguno, pero padecía los efectos colaterales”, señala Nitsch.
“Así que hemos llegado a la conclusión de que los anticuerpos no son automáticamente la causa de los efectos colaterales. En un futuro esperamos lograr una buena reacción en materia de anticuerpos, evitando al mismo tiempo una proliferación de las células T”.
Resultados esperanzadores
Roger Nitsch se muestra moderadamente optimista de cara al futuro. En el momento de suspenderse los experimentos, su equipo estaba examinando a 30 pacientes, de los cuales tres padecían meningoencefalitis.
Entonces los investigadores se percataron de que veinte habían desarrollado anticuerpos contra la proteína beta-amiloide y que su estado de salud mejoraba, también el de los pacientes que presentaban una inflamación del cerebro.
Ahora los investigadores trabajan en dos pistas. Una consiste en desarrollar una versión de la vacuna capaz de estimular la producción de anticuerpos, sin una activación excesiva de las células T, que será sometida a pruebas clínicas en los próximos nueve meses.
La otra prevé la inyección de dosis específicas de anticuerpos, en lugar de dejar que el organismo los produzca por sí mismo. También este tipo de prevacuna será sometido a pruebas clínicas antes de fines de año.
“El último paso en nuestra investigación será identificar a los individuos con factores de riesgo y tratarlos con terapias preventivas”, explica Nitsch.
Según el investigador, si el método demuestra ser eficaz, podría aplicarse también en el tratamiento de otras dolencias degenerativas, provocada por la acumulación de proteínas anómalas en el cerebro, entre ellas la de Parkinson y Creutzfeld-Jakob.
swissinfo, Vincent Landon
(Traducción: Belén Couceiro)
Datos clave
Más del 10% de la población mayor de 65 años padece Alzheimer.
A partir de esa edad, la proporción aumenta casi un 5% por decenio.
Entre un 20 y 25% de los mayores de 90 años padece la enfermedad.