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Versículo 6: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.
Una palabra con gracia, sazonada con sal
Consideremos aquí el orden de las palabras. No se dice: «¡una palabra salada, sazonada con gracia!». Con un espíritu de gracia significa: buscar el bien del otro para ganarlo. ¿Y la sal? La sal es un condimento, da sabor a los alimentos. Cuando la Palabra se presenta con un espíritu de gracia, con dulzura, la sal da cierta fuerza y sabor divinos. Es lo que debe caracterizar a nuestras palabras cuando deseamos trabajar en la obra del Señor. Estas deben ser condescendientes y no tajantes, aunque con cierta firmeza. La sal también es un medio de conservación contra la putrefacción. Tenemos que hablar y comportarnos en nuestra vida de manera tal que eso tenga un efecto contra el mal. Un pasaje en Efesios 5:11 puede ayudarnos a comprender esto. Está escrito: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas”. He aquí la sal, que debe ser añadida a nuestras palabras como antídoto contra el mal.
Así pues, tenemos estas tres actividades en la obra del Señor: primero la oración, luego el andar y tercero la palabra. Con eso entendemos la predicación oral como también la difusión de tratados.
Colaboradores en la obra del Señor
Pensando en la obra del Señor, Pablo menciona en los versículos 7 a 17 a diversas personas. Ahora deseamos considerar a siete colaboradores y describir su actividad específica en la obra del Señor. Veremos claramente que no todos tenían la misma misión, sino que el Señor confiaba a cada uno una actividad diferente.
Primero queremos recordar un principio importante, el cual se nos presenta en la exhortación a Arquipo: “Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor” (v. 17). La obra del Señor no es la obra de los hermanos, ni tampoco la obra de la iglesia local, sino que realmente es la obra del Señor Jesús, y él designa a sus siervos. Es el Señor el que envía a sus obreros, no es la Iglesia. Ellos reciben del Señor su servicio. Evidentemente, a veces también emplea a hermanos que nos animan a hacer algo. Ciertamente que no nos hace oír su voz desde el cielo para decirnos lo que debemos hacer. Si nuestro corazón está ejercitado delante del Señor, discerniremos qué servicio nos ha confiado. Este principio es más importante que las personas que queremos considerar: cada uno ha recibido del Señor su servicio.
Versículos 7 y 8: “Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor, el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere, y conforte vuestros corazones”.
Tíquico
Tíquico está ahí para dar una información fiel, conforme al pensamiento de Dios. Es un factor importante en la obra del Señor. Tíquico sabía hacer un informe sobre los hermanos, según Dios. En eso, era útil en la obra del Señor, y no trabajaba para su perjuicio. Nuestras palabras con respecto a los hermanos a veces hacen daño a la obra del Señor. Pero aquí tenemos en Tíquico un siervo fiel. También es llamado consiervo (compañero de servicio), lo que significa que podía colaborar con otros siervos.
En aquel momento iba a Colosas, a fin de hacer saber a los hermanos cómo se encontraba el apóstol Pablo en la cárcel. Este era el primer motivo de su viaje. Como segundo motivo, Pablo lo había enviado para que se enterara de las circunstancias de los colosenses y pudiera darle la información necesaria a ese respecto.
Necesitamos buena información en las cosas pequeñas como en las grandes, en un lugar como en otro.
Versículo 9: “con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber”.
Onésimo
Onésimo, el amado y fiel hermano acompañaba a Tíquico. La idea principal aquí es que él era un testigo. Certificaba la exactitud de las declaraciones de Tíquico. Esto se deduce de lo que el apóstol escribe: “Todo lo que acá pasa, os lo harán saber”. En 2 Corintios 13:1, tenemos esta declaración: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”. No es bueno que una información proceda de un solo hermano. Siempre es necesario e importante que ella sea confirmada por un testigo fiel, como se espera aquí de Onésimo, el esclavo que había huido. Ahora, él era útil en la obra del Señor. Es probable que no haya hecho grandes discursos en Colosas. Estaba cerca de Tíquico mientras que este transmitía su mensaje, y quizá confirmaba solamente con la cabeza. Hay hermanos que se expresan, y hay hermanos que confirman, en silencio.
Versículo 10: “Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle”.
Marcos
Marcos aparece aquí como un ejemplo de restauración en el servicio. Es muy bello que sea así. Marcos había faltado a su deber en la obra, pero fue restablecido. Esto nos da esperanza en cuanto a los que han faltado. También nos anima a nosotros mismos, “porque todos ofendemos muchas veces” (Santiago 3:2). La historia de Marcos está relatada en el libro de los Hechos:
- Cuando Pedro fue encarcelado, algunos estaban reunidos en la casa de María, la madre de Juan que tenía por sobrenombre Marcos, para orar por Pedro (Hechos 12:5, 12). Marcos tuvo el privilegio de crecer en una casa en la que se oraba por los siervos del Señor. Ahí también, el servicio comienza por la oración.
- En Hechos 12:25, Bernabé y Pablo, estos dos poderosos obreros en la obra del Señor, escogen a Marcos como ayudante y se lo llevan con ellos para el servicio en la obra.
- En Hechos 13:13 leemos: “Pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén”. Faltó en el servicio, pero la Palabra no nos dice el motivo de su regreso.
- Luego, su abandono tuvo una trágica influencia sobre dos fieles siervos en la obra del Señor: Bernabé quiso retomar a Marcos para que los acompañara en su segundo viaje. “Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra” (Hechos 15:38). La Palabra nos hace comprender que Pablo juzgó justamente. Es muy triste que entre Bernabé y Pablo haya surgido un tema de irritación. Desgraciadamente, puede suceder que una defección en la obra del Señor separe a siervos fieles, a causa de una divergencia de apreciación. Uno le dio más importancia que el otro y hubo irritación.
- Después no oímos nada más de Marcos durante aproximadamente once años. Pasó un tiempo bastante largo hasta que fue restaurado. Pero en Colosenses 4:10 se dice: “Si fuere a vosotros, recibidle”. Esto nos muestra que había sido restaurado.
- Cuatro años más tarde, Pablo puede escribir: “Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio” (2 Timoteo 4:11). Después de su restauración, se puso a disposición del apóstol para el servicio, y Pablo puede advertir que ahora había llegado a ser un colaborador útil.
- Poco tiempo después (sin duda antes del año 70), Marcos recibió del Señor la misión de escribir el evangelio según Marcos. Tuvo el privilegio de presentar al Señor como el siervo perfecto.
Si comparamos a Marcos con Pedro, observamos que Pedro reconoció enseguida su falta y por eso fue restaurado más deprisa. Cuando la mirada del Señor se dirigió a él, de inmediato salió y lloró amargamente. El día de la resurrección, tuvo un encuentro personal con el Señor y, unos días más tarde, fue públicamente restaurado por él. Ahora el Señor podía emplear de nuevo a su discípulo Pedro en el servicio. Y así, al principio del libro de los Hechos, recibió la misión de hablar al pueblo de Israel. Pudo incluso decirles: “Vosotros negasteis al Santo y al Justo”, mientras que él mismo lo había negado. Pero eso no fue tan rápido en el caso de Marcos. Aquí vemos la sabiduría de Dios. Cuando, para un creyente, la restauración dura mucho tiempo, también hace falta más tiempo para que pueda ser de nuevo utilizado en la obra del Señor. A pesar de eso, queremos subrayar que ¡una plena restauración es un gran milagro de la gracia del Señor!
Versículos 12 y 13: “Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. Porque de él doy testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis”.
Epafras
Epafras es mencionado aquí por segunda vez. Al estudiar el versículo 7 del capítulo 1, ya lo hemos considerado muy extensamente.
Mencionamos allí, principalmente, las dos grandes ocupaciones del siervo, que están puestas en evidencia de tan bella manera en él: servir y orar.
Los dos temas de oración que tenía aquí por los colosenses muestran otros dos elementos en el servicio del Señor. Cuando ora para que sean perfectos en la voluntad de Dios, él desea que, por la predicación, sean llevados a una plenitud del conocimiento de la verdad cristiana y que una conducta correspondiente sea visible. La demanda de que sean completos muestra cuán importante es que la verdad cristiana sea bien comprendida y guardada en el corazón. Eso da una convicción interior para resistir los ataques y las dificultades.
Estos dos temas de oración deberían morar en el corazón de cada siervo del Señor.
Versículo 14: “Os saluda Lucas el médico amado, y Demas”.
Lucas
Lucas es el escribano de dos libros de las Santas Escrituras: el evangelio según Lucas y los Hechos de los apóstoles. Además, se lo menciona en total tres veces. Aquí se precisa su profesión. En Filemón 24, es llamado “colaborador”. En 2 Timoteo 4:11, Pablo escribe: “Sólo Lucas está conmigo”. Este ejemplo también nos da enseñanzas para un siervo en la obra del Señor:
- Hizo sus pruebas en el servicio. Esto es una condición indispensable con vista a una actividad en la obra del Señor. Encontramos esto en todo lugar de las Escrituras. Moisés, que apacentó durante cuarenta años el rebaño de su suegro, es un ejemplo. También David, que apacentó las ovejas de su padre. Dio pruebas dominando al león y al oso. Durante su profesión temporal, había defendido su rebaño. Dios podía así tomarlo de su servicio para el rebaño e introducirlo en el servicio para el pueblo de Dios. Aquí no se dice de Lucas que fuese un médico famoso. No se necesita llegar a ser célebre en su profesión. No, era el médico amado porque había demostrado sus capacidades en el ámbito de su profesión.
- Era un compañero de servicio. Podía colaborar con otros. Esto no es tan fácil. Trabajar de manera independiente según sus propias ideas en la obra del Señor no es difícil. Pero para poder trabajar con otros, también hace falta saber escuchar. Hay obreros que saben decidir, pero no dialogar. Cuando se quiere hacer algo en común en la obra del Señor, el diálogo es necesario para conocer el pensamiento del otro. La palabra obrero aparece en el Nuevo Testamento —salvo una excepción— siempre bajo un aspecto negativo. Cuando la actividad es positiva, se habla de compañero de obra o de colaborador. La excepción se encuentra en 2 Timoteo 2:15, donde el apóstol Pablo escribe a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. Ahí, Pablo dice con otras palabras: no seas un peón, sino un obrero calificado, que usa bien la Palabra de verdad.
- También en un tiempo de decadencia y de ruina, Lucas había perseverado y solo él se había quedado con el apóstol prisionero en Roma. Cuando la Palabra del Señor es floreciente y prospera en un lugar, muchos van allí y sienten que les crecen alas. Pero cuando en todo hay una regresión, cuando las iglesias disminuyen en número, y el Evangelio encuentra menos interés, el número de obreros disminuye. Ya era así en tiempo del apóstol Pablo. Pero Lucas es ahí un luminoso modelo ante nosotros, al permanecer con Pablo a pesar de la decadencia y la ruina en la obra del Señor.
Es interesante considerar brevemente los escritos inspirados de Lucas. El evangelio según Lucas y el libro de los Hechos de los apóstoles forman una unidad. Lucas había recibido del Señor la misión de mostrar la gracia de Dios, tal y como ella es ofrecida a los hombres. Si quisiéramos poner un título al evangelio según Lucas, podríamos tomar el versículo de 2 Corintios 5:19: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”. Por este evangelio, se nos muestra que Dios envió a su Hijo, tendiendo así la mano de reconciliación. La segunda parte de este evangelio hace ver que este ofrecimiento de reconciliación fue rechazado en su conjunto y que el Señor fue muerto. No obstante, en la cruz —donde los hombres dieron muerte al Hijo de Dios—, fue puesto el fundamento de nuestra reconciliación con Dios.
Como título para los Hechos de los apóstoles, podríamos poner el versículo de 2 Corintios 5:20: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. Somos designa a los apóstoles. Este versículo resume todo el contenido del libro de los Hechos de los apóstoles. Por la presencia y la misión de los apóstoles, Dios mostraba que, a pesar de la crucifixión de su Hijo, mantenía su ofrecimiento de gracia. En el libro de los Hechos no hay final, porque el ofrecimiento de la gracia dura hasta ahora. Dios suplica en lugar de Cristo: Reconciliaos con Dios. Podemos decir aquí: ¡Dónde hay un Dios como tú, con un corazón tan lleno de amor y con semejante paciencia para con sus enemigos!
Demas
El apóstol también menciona a Demas, pero sin ningún comentario. A veces hay en la obra del Señor obreros de los cuales no podemos decir nada, ni bueno ni malo. Tal era Demas en ese momento. Unos años después, Pablo dice de él: “Demas me ha desamparado, amando este mundo” (2 Timoteo 4:10). Pero en aquel entonces no estaba en ese estado. Por eso Pablo se limita a nombrarlo. Es lo que también nosotros queremos hacer, cuando no sabemos qué debemos pensar de un obrero. Hay que esperar a ver cómo evolucionará.
Versículos 15 a 17: “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa. Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor”.
Arquipo
Arquipo es un ejemplo de indolencia, incluso de pereza. Esto nos acecha a todos un poco. “Un poco de sueño, un poco de dormitar… para reposo” (Proverbios 6:10). Dios siempre debe estimularnos de nuevo para que perseveremos en la obra del Señor. Nos recuerda a todos: “Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor”. No seamos perezosos, pues en ello está en juego el Señor y su obra.
Versículo 18: “La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén”.
Nuestro compromiso personal – La gracia de Dios
«Quien nada hace, nada obtiene». Este refrán también es valedero para la obra del Señor. Quizá alguien piense: Es el Señor quien debe obrar. Pero queremos afirmarlo: Si no nos comprometemos, nada se hará. El trabajo en la obra del Señor es un trabajo forzoso. El que quiere trabajar para el Señor y piensa que podrá llevar una vida cómoda, se equivoca. Pablo, en 1 Corintios 15:10, lo pone en evidencia en cuanto a su propio ministerio: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos”. Efectivamente, él había trabajado más que los demás apóstoles. Pero escribe después: “pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. Nuestro compromiso personal es pues necesario en la obra del Señor. Pero a pesar de todo nuestro compromiso, debemos reconocer: “Siervos inútiles somos” (véase Lucas 17:10). Si, pues, un trabajo hecho con celo en la obra del Señor lleva fruto, no es otra cosa que la operación de la gracia de Dios. Por eso el apóstol Pablo termina la epístola a los Colosenses con esta palabra: “La gracia sea con vosotros”.