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Al escriba que deseaba seguirle adondequiera que fuera, el Señor no le ocultó que su camino era el de un completo renunciamiento. Hasta las aves del cielo, de las cuales el Padre celestial cuida (cap. 6:26), tienen más abrigo en este mundo que su Creador. ¡Qué humillación la suya! En esta tierra no tuvo donde recostar (o bajar) su cabeza (en Juan 19:30 aparece el mismo verbo griego). En el versículo 21 otro discípulo contestó a su invitación con una excusa aparentemente justificada. ¿Qué más legítimo que asistir al entierro de su padre? Sin embargo, por más urgente que parezca un deber, ningún “primeramente” puede tomar el lugar de lo que Jesús ha ordenado (cap. 6:33). No se nos dice lo que esos dos hombres decidieron hacer a continuación. Lo que nos importa saber es si nosotros hemos contestado al llamado del Señor Jesús.
La tan conocida y hermosa escena de la travesía del mar durante la tempestad ilustra el viaje terrenal del creyente. Este encuentra muchas tormentas, pero su Salvador es también el Señor de los elementos y lo acompaña (Salmo 23:4). Él gobierna al viento y al mar, la enfermedad, la muerte y los poderes satánicos, como lo demuestra la liberación de los dos endemoniados en la tierra de los gadarenos.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"