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Deuteronomio, el último libro de Moisés, parcialmente vuelve a tomar los relatos y enseñanzas de los libros precedentes. Al final de su carrera, el fiel conductor recuerda a la nueva generación los acontecimientos del desierto y sus lecciones para Israel. Los hombres que habían salido de Egipto perecieron en el camino, de modo que es necesario advertir y enseñar a la joven generación. En este concepto, la lectura de Deuteronomio será particularmente provechosa para los creyentes jóvenes. Como para invitarlos a no perder más tiempo, el libro comienza con un elocuente contraste. Once jornadas habrían bastado, según el versículo 2, para conducir al pueblo desde Horeb hasta Canaán. Pero ¡fueron necesarios cuarenta años! (v. 3). Varios de entre nosotros reconocen con tristeza haber perdido muchos años. No es necesario, en absoluto, esperar hasta una edad madura o la vejez para entrar en plena posesión de los “lugares celestiales”. Desde el comienzo de nuestra vida cristiana, el Espíritu Santo quiere enseñarnos las verdades y los principios de la Palabra.
Los versículos 13-18 nos recuerdan nuestra triste tendencia a reñir “por el camino” (Génesis 45:24) y las medidas que el Señor se ve obligado a tomar desde que su pueblo da los primeros pasos en el desierto.
Forma parte del comentario bíblico "Cada Día las Escrituras"