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# 52001IE1326

**Dictamen del Comité Económico y Social sobre la "Preparación de la IV Conferencia Ministerial de la OMC: posición del CES"** 
  
*Diario Oficial n° C 036 de 08/02/2002 p. 0085 - 0098*

  

Dictamen del Comité Económico y Social sobre la "Preparación de la IV Conferencia Ministerial de la OMC: posición del CES"

(2002/C 36/18)

El 26 de abril de 2001, de conformidad con el apartado 3 del artículo 23 de su Reglamento Interno, el Comité Económico y Social decidió elaborar un dictamen sobre la "Preparación de la IV Conferencia Ministerial de la OMC: posición del CES".

La Sección de Relaciones Exteriores, encargada de preparar los trabajos del Comité sobre este asunto, aprobó su dictamen el 4 de octubre de 2001 (Ponente: Sr. Vever - Coponente: Sra. Sánchez).

En su 385o Pleno de los días 17 y 18 de octubre de 2001 (sesión del 17 de octubre), el Comité Económico y Social ha aprobado por 116 votos a favor y una abstención el presente Dictamen.

1. Síntesis

1.1. Casi dos años después del fracaso de Seattle, la OMC sigue buscando su futuro. Pese al afianzamiento de su sistema de solución de diferencias, tiene dificultades para afrontar los nuevos desafíos del comercio internacional, ante el complejo mosaico de los Estados, el abandono de numerosos PVD, las prácticas que ponen en tela de juicio el concepto de compromiso único y la aparición de nuevas exigencias de reglamentación internacional de los intercambios (competencia, medio ambiente, salud, aspecto social) que exceden del marco estrictamente comercial. Un nuevo fracaso en Doha en noviembre de 2001 haría peligrar la primacía del multilateralismo y crearía, en primer lugar para los PVD, nuevos riesgos de exclusión de los mercados, paralizando la OMC ante los nuevos desafíos de la globalización y la escalada de los contenciosos comerciales. Por el contrario, el éxito en Doha situaría al comercio internacional en la vía de una mejor reglamentación y consolidaría de manera sostenible las bases del crecimiento económico mundial, en particular para el mayor beneficio de los PVD. Ante los atentados terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos y el aumento brusco de las tensiones en el mundo por ellos provocado, demostraría la determinación de la comunidad internacional para acelerar mediante el diálogo su organización frente a la globalización y a los nuevos desafíos del futuro.

1.2. Para no repetir el fracaso de Seattle hay que extraer todas sus enseñanzas. Este fracaso no debe atribuirse al exceso de ambición de la agenda, sino más bien a la falta de preparación de la Conferencia para dotarse de los medios necesarios, subestimando las expectativas y los problemas de los PVD, la sensación de exclusión experimentada por muchos de estos países en los procedimientos de negociación, la falta de escucha recíproca y de flexibilidad en los debates, los malentendidos sobre el perfil de una nueva agenda y la falta de diálogo suficientemente bien preparado con la sociedad civil y las ONG.

1.3. Ante la proximidad de la Conferencia de Doha, los desafíos siguen siendo complejos, aunque algunas convergencias recientes también dejan entrever, pese a las graves incertidumbres posteriores al 11 de septiembre, que ya no resulta imposible lograr un éxito. Cabe señalar como aspectos positivos el interés que muchos siguen mostrando por un nuevo ciclo, los acercamientos en este sentido entre los principales socios comerciales, las actitudes más favorables entre los PVD, reconfortados por las iniciativas recientes de la UE. No obstante, los márgenes de maniobra siguen siendo frágiles. Las grandes expectativas de una agenda amplia transmitidas por la sociedad civil y las ONG, sobre todo las relativas a las cuestiones medioambientales y sociales, se enfrentan todavía a las reticencias de algunos PVD que sitúan sus reivindicaciones esenciales en torno a otras cuestiones -aplicación, desarrollo, acceso a los mercados-. Cada cual evalúa la complejidad para obtener, con la unanimidad de 142 Estados, un resultado satisfactorio con la capacidad de compromiso que ello implica.

1.4. Todas estas constataciones llevan al Comité a presentar las siguientes recomendaciones para Doha:

1.4.1. En primer lugar, es necesario reunir las condiciones previas para lograr el éxito, esto es, iniciar las negociaciones con un espíritu de apertura, escucha mutua y transparencia, sin confundir el establecimiento de una agenda con la anticipación de sus resultados, asegurándose imperativamente el apoyo de los PVD, organizando un diálogo interactivo con la sociedad civil organizada, tendiendo puentes entre los distintos asuntos e incluyendo la agenda de Doha en un marco más amplio que haga necesaria la contribución de otros organismos internacionales distintos de la OMC.

1.4.2. Ponerse de acuerdo sobre una agenda ambiciosa y coherente implicará un mínimo de visión común y una gran voluntad de llegar a un resultado. Comité sugiere así que el nuevo ciclo de la OMC se oriente en torno a un objetivo de "desarrollo global y sostenible". Este objetivo permitiría, en efecto, poner de relieve:

- el desarrollo económico dentro del ciclo, en primer lugar el de los PVD;

- el desarrollo de nuevas exigencias cualitativas, como, por ejemplo, salud, seguridad, capítulo social;

- el desarrollo de la cooperación con otros organismos internacionales;

- una fuerte determinación de la colectividad internacional para responder a los desafíos posteriores al 11 de septiembre mediante el refuerzo de una cooperación global y sostenible, redoblando la atención ante los problemas del subdesarrollo y garantizando a la vez la vigilancia de la OMC para dominar los efectos sobre el comercio de las perturbaciones creadas por esta nueva situación.

1.4.3. A la vez que subraya el carácter necesariamente global, condicional e interactivo del nuevo ciclo, el Comité constata que determinadas cuestiones delicadas pueden necesitar de más tiempo para perfilarlas mejor en la negociación. Por lo tanto, podría contemplarse articular el nuevo ciclo en torno a los tres elementos siguientes, sin que ninguno de los tres pueda disociarse de la aplicación del conjunto:

- sin más demora, las cuestiones relativas a la aplicación en favor de los PVD, de las que el Comité se congratula de constatar que, efectivamente, son objeto de propuestas anticipadas;

- facilitando las negociaciones sobre el acceso al mercado y la agenda incorporada: agricultura, servicios;

- abriendo el camino a las cuestiones más sistémicas (competencia, inversiones, protección de los consumidores, medio ambiente, asuntos sociales en conexión con la OIT);

Las observaciones del Comité sobre los distintos objetivos de la agenda se basan en sus audiencias y en los grupos de reflexión creados por el Comisario Lamy con los medios socioprofesionales y las ONG.

1.4.4. Un diálogo eficaz con la sociedad civil organizada forma parte integrante de las condiciones necesarias para el éxito. A este efecto, el Comité recomienda la adopción de un código de conducta entre la OMC y los representantes de la sociedad civil organizada (medios socioprofesionales, ONG). Sin poner en tela de juicio el derecho exclusivo de los Estados a dirigir las negociaciones, dicho código abriría a los medios socioprofesionales y las ONG un ámbito complementario de responsabilidades en la preparación, evaluación, seguimiento y aplicación de los compromisos de la OMC. Mediante la creación de un marco para el diálogo, este código también sería un instrumento operativo de cooperación entre la OMC y la sociedad civil organizada al servicio del "desarrollo global y sostenible" que el Comité pide con insistencia.

2. Lo que está en juego en la conferencia

2.1. Durante mucho tiempo, el éxito del GATT se debió a su carácter pragmático. Contrariamente a la CNUCD, atrapada en debates ideológicos que no desembocaban en ninguna solución concreta, el GATT siempre evitó politizar sus debates y supo, en consecuencia, llevar a buen término ambiciosos programas de negociaciones para la liberalización del comercio internacional. No obstante, tras el éxito que representó la conclusión de la Ronda Uruguay en Marrakech, la nueva Organización Mundial del Comercio instituida para suceder al GATT está intentando abrir su propio camino.

2.2. Con la perspectiva del tiempo, todos perciben actualmente que la obra realizada en Marrakech al final del ciclo de la Ronda Uruguay fue considerable, cualesquiera que puedan ser los juicios de valor sobre la misma. Se trataba, en efecto:

2.2.1. De hacer evolucionar el GATT, dotado de un estatuto precario de mero acuerdo provisional, hacia una institución internacional del sistema de las Naciones Unidas, la OMC, con vocación de legislar de manera ininterrumpida sobre el comercio internacional;

2.2.2. De transformar un acuerdo que reúne a un mosaico de Estados, o, mejor, de grupos de Estados, sujetos hasta entonces a obligaciones diferenciadas en función de su desarrollo, en un "compromiso único" que permita prever en el futuro un mundo unipolar que estaría basado en un corpus de normas, si bien no idénticas, al menos comparables.

2.3. Sin embargo, el éxito de la OMC fue también la causa de sus dificultades. En efecto, desde el día en que entró en vigor el sistema de solución de litigios, a muchos les preocupó su influencia y consideraron que no guardaba proporción con su legitimidad original. Además, han surgido discrepancias sobre la jerarquía de las normas que ésta formula con relación al conjunto de las restantes normas que prevalecen en el ordenamiento medioambiental, social, etc. También hay que admitir que, desde la Conferencia Ministerial de Singapur en 1996, numerosos PVD han quedado desligados por falta de instituciones adecuadas en relación con la aplicación plena y completa de las normas de la OMC. Consolidada inicialmente en Singapur, la Organización se vio profundamente desestabilizada en la 3a Conferencia de Seattle con motivo de los ataques en su propio seno procedentes de los países en desarrollo y, en el exterior, por las protestas de representantes de la sociedad civil.

2.4. Los países en desarrollo no pudieron aceptar en Seattle el lanzamiento del nuevo ciclo de NCM: en efecto, su deseo era ver cómo se revalorizaban algunas normas que habían aceptado en Marrakech. Por ello, el propio concepto de compromiso único corre el peligro de verse seriamente perjudicado. Se han alzado voces para que en adelante se tengan en cuenta, al mismo tiempo y en el mismo plano que la progresión del comercio mundial, una serie de otras preocupaciones como el desarrollo sostenible, los derechos fundamentales del hombre en el trabajo, así como una regulación más armoniosa de los intercambios y las inversiones internacionales.

2.5. Estas tomas de conciencia recientes en el seno de la OMC han tenido como consecuencia:

2.5.1. Una profundización de la divergencia entre sus miembros (o grupos de miembros) más allá de los meros ámbitos comerciales. A las divergencias tradicionales se han añadido otras divisiones entre miembros sobre asuntos como el medio ambiente o las relaciones laborales, tanto entre países industrializados como con los PVD;

2.5.2. Una multiplicación de los parámetros (comerciales, arancelarios, no arancelarios, de competencia, medioambientales, societales y sociales) para los que es preciso encontrar una solución de conjunto adecuada hasta las próximas ministeriales de la OMC, ejercicio que resulta sumamente difícil.

2.6. Estas evoluciones reflejan también visiones políticas y estratégicas sensiblemente diferentes sobre el futuro del comercio internacional y sus modalidades de funcionamiento:

2.6.1. ¿Es o no necesario favorecer un acuerdo multilateral bajo los auspicios de la OMC? ¿O habría que adoptar más bien enfoques bilaterales, regionales o incluso unilaterales?

2.6.2. ¿Es posible mantener la unicidad de las normas comerciales a escala mundial? ¿O es necesario tener más en cuenta el grado de desarrollo de los Estados miembros de la OMC (incluidas las diferencias de situación entre los propios PVD, que van desde economías emergentes ya competitivas en muchos respectos, como el Brasil o la India, hasta los países con un mayor retraso en su desarrollo -PMA-)?

2.6.3. ¿Es necesario circunscribir las actividades de la OMC únicamente al ámbito del comercio? ¿O es necesario, constatando, por otra parte, que el mecanismo de solución de diferencias ya influye sobre otros factores, aun cuando fue concebido desde una óptica estrictamente comercial, que tome en consideración temas conexos como el desarrollo sostenible en su acepción más amplia (es decir, social, societal, ética, medioambiental)? Y, en caso afirmativo, ¿es la OMC o debe ser otra organización entre las ya existentes la que ejerza el liderazgo? Y, en todo caso, ¿cómo pueden coordinarse sus actividades?

2.6.4. ¿Es preciso modificar el funcionamiento de la OMC para garantizar a la vez una mejor transparencia y una participación más efectiva en sus organismos dirigentes y rendir tributo así a la democracia parlamentaria, a la democracia económica y social y, de manera más general, a las expectativas y preocupaciones del conjunto de la sociedad civil?

2.7. Por todos estos motivos, la preparación y el desarrollo de la conferencia ministerial de Doha resultan sumamente aleatorios y peligrosos. Ahora bien, un nuevo fracaso no dejaría de tener consecuencias para el futuro mismo de la organización ginebrina y para las condiciones marco del comercio internacional, aun cuando algunos consideran con más o menos razón que semejante fracaso no sería, sin embargo, definitivo.

2.8. Un fracaso en Doha reforzaría la posición de los partidarios de soluciones bilaterales o birregionales. Ahora bien, las experiencias pasadas han demostrado el carácter nocivo de tales soluciones, que crean fenómenos de exclusión de los mercados, no sólo en detrimento de la Unión Europea, sino también de numerosos PVD, como países de un peso relativo modesto o incluso países que, como la India, siempre se han abstenido de entrar en esta vía. Dicho fracaso, por otra parte, menoscabaría la solidez del sistema de solución de litigios.

2.9. Entre las consecuencias negativas previsibles como consecuencia de un fracaso, habría que temer una parálisis de las actividades de la OMC, precisamente cuando:

2.9.1. Nuevos asuntos especialmente importantes no cesan de surgir en el comercio mundial: las nuevas tecnologías, el comercio electrónico, el medio ambiente, la protección de los consumidores, la seguridad alimentaria, el principio de precaución, las necesidades de medicamentos esenciales, las exigencias crecientes de ética y de comportamiento social responsable y muchas otras expectativas de la sociedad civil;

2.9.2. Se registra una tensión persistente de los contenciosos comerciales, que en cierto modo se ven alentados por la propia existencia del nuevo mecanismo de solución de diferencias;

2.9.3. Se asiste a tentativas de regionalización y, por consiguiente, de compartimentación del comercio internacional por parte de los agentes dominantes (ALCA, UE-Mercosur), en detrimento de los socios más débiles.

2.9.4. El próximo ingreso de China en la OMC, aun siendo un acontecimiento importante debido a las ventajas evidentes de incluir a un socio de semejante peso específico dentro de la institución, no va a dejar de tener repercusiones sobre algunos asuntos difíciles del orden del día de las negociaciones, como el medio ambiente o el aspecto social, si éstas no se han iniciado con anterioridad.

2.10. En esta óptica, una paralización o incluso una inmovilización temporal de la OMC tendría el mismo significado que un retroceso. Por eso, existiría un riesgo importante de que el órgano de solución de diferencias de la OMC acaparase por sí solo todas las actividades de esta institución, utilizando normas que cada vez resultarán más obsoletas ante la evolución que se está produciendo en el comercio mundial.

2.11. En cambio, por poco que en Doha se logre un éxito, esto es, el lanzamiento de un nuevo ciclo de negociaciones comerciales consecuentes y equilibradas, renacería la esperanza por doquier:

2.11.1. Dicho éxito sería una garantía seria para la primacía del multilateralismo sobre las demás soluciones (regionales, bilaterales, etc.) y fortalecería el crecimiento económico de todos los Estados participantes, en particular de los PVD, que de este modo se situarían en mejores condiciones para recuperar su retraso; estos efectos positivos serían tanto más acentuados cuanto que la economía y la estabilidad mundial se encuentran actualmente fragilizadas por las repercusiones de todo tipo de los atentados terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos;

2.11.2. Sólo podría nacer de un compromiso aceptable por parte de todos los miembros (países industrializados, PVD, PMA, economías en transición, NPI), así como por las partes interesadas más importantes (fuerzas parlamentarias, sociedad civil, organizaciones profesionales y sindicales, empresas, operadores económicos, etc.), que permita al comercio internacional desarrollarse en condiciones más armoniosas, integrando factores que excedan del marco estrictamente comercial, haciendo este proceso más aceptable para cada uno y más previsible para todos;

2.11.3. Al hacer esto, el inicio del ciclo demostraría que el debate sobre la globalización ha dejado de ser exclusivamente una manzana de la discordia entre Estados, y entre Estados y ONG, y que la vía está abierta en adelante para emprender juntos soluciones negociadas.

2.12. Más allá de las graves incertidumbres ocasionadas por la situación internacional inédita posterior al 11 de septiembre, un objetivo semejante sigue estando al alcance de los negociadores de Ginebra si se toman efectivamente en consideración las enseñanzas de Seattle. Se trata de evitar con ello tanto una preparación a la vez insuficiente y elitista del ciclo como la redacción de un texto que vaya más allá de los objetivos que deben alcanzarse centrándose desde el principio en los medios.

2.13. Además sería necesario articular mejor los siguientes procesos:

- Ámbitos reservados a la OMC, ¿cuáles?

- Ámbitos complementarios, que incumben a los acuerdos bilaterales o birregionales, ¿cuáles?

2.14. En una palabra, es necesario un consenso en torno a un punto de partida para un nuevo ciclo, esto es:

2.14.1. Recuperar el espíritu que seguía prevaleciendo en Punta del Este, e incluso el de la Conferencia abortada de La Habana como acto de refundación del comercio internacional, y huir de los miasmas de Seattle (conflictos avivados a destiempo sobre un punto de llegada);

2.14.2. Ser conscientes de la necesidad de no limitarse a un acuerdo entre la UE y los Estados Unidos, que es sin duda absolutamente necesario, pero que no por eso es ahora menos insuficiente: en efecto, el apoyo de la QUAD, de los países miembros de la OCDE y de los PVD es actualmente indispensable para el lanzamiento de todo nuevo ciclo, tanto en lo que se refiere al principio como al orden del día.

2.14.3. Reaccionar ante el brusco aumento de las tensiones después del 11 de septiembre con una voluntad común de la comunidad internacional de evidenciar su determinación por acelerar mediante el diálogo su organización frente a la globalización y los nuevos desafíos del futuro.

3. Recomendaciones del CES

3.1. Para elaborar su análisis y sus recomendaciones, el Comité ha establecido numerosos contactos, tanto con la DG de Comercio de la Comisión Europea, el ponente Konrad Schwaiger del Parlamento Europeo y la Secretaría de la OMC como con representantes de la sociedad civil (por ejemplo, participación en los grupos de reflexión creados por el Comisario Lamy con la participación de ONG en 2000/2001, audiencia el 6 de junio de miembros del grupo de contacto ONG en la DG de Comercio de la Comisión, audiencia el 5 de julio de representantes socioprofesionales europeos, participación en la conferencia pública organizada por la OMC en Ginebra con los medios socioprofesionales y las ONG los días 6 y 7 de julio), participación en la semana de diálogo con la sociedad civil sobre lo que está en juego en la conferencia de la OMC organizada por la DG de Comercio de la Comisión del 24 al 28 de septiembre.

3.2. El Comité reitera, en primer lugar, su apoyo a varios principios del comercio internacional, y, en particular:

3.2.1. la primacía del multilateralismo, sin por ello renunciar a avanzar más con tal o cual Estado o conjunto regional, pero con la condición expresa de que estos acuerdos bilaterales y birregionales respeten la letra y el espíritu de la OMC (primacía de la OMC, no discriminación, tratamiento nacional, etc.);

3.2.2. el sistema denominado de compromiso único, que permite que todos los miembros de la OMC suscriban las mismas normas, sin perjuicio de prever:

3.2.2.1. una asistencia técnica y financiera,

3.2.2.2. modulaciones futuras en la aplicación por parte de los PVD y PMD de determinadas normas que requieren un planteamiento multilateral como el sugerido por el Comisario Lamy, que les permita, a semejanza de lo que actualmente se hace en el marco del acuerdo sobre los contratos públicos, optar al final de las negociaciones por formar parte o no de los acuerdos sobre inversiones y competencia.

3.2.2.3. la condena de las desviaciones unilaterales, de dondequiera que procedan, en cuanto contravengan las normas de la OMC.

3.3. El Comité subraya la necesidad de tomar en consideración las enseñanzas de Seattle y extraer las mejores consecuencias de la evolución en curso, para no volver a repetir las condiciones que condujeron al fracaso. Esto conlleva, en particular:

3.3.1. un mayor apoyo a los PVD haciendo hincapié en las negociaciones sobre el objetivo del desarrollo;

3.3.1.1. permitiéndoles participar más de cerca en los procedimientos (transparencia de las negociaciones, mayor flexibilidad de los procedimientos);

3.3.1.2. aceptando negociar sobre determinados puntos de especial interés para ellos, como la escalada arancelaria, la movilidad del personal clave de las empresas de servicios y las medidas antidumping;

3.3.1.3. volviendo a examinar algunas cuestiones de aplicación de Marrakech;

3.3.1.4. otorgándoles cada vez que sea posible un trato especial y diferenciado que no excluya un régimen de graduación para los que obtengan mejores resultados;

3.3.2. una concertación más eficaz con los representantes de la sociedad civil organizada, aun cuando la propia negociación deba, en último término, corresponder exclusivamente a los Estados;

3.3.3. la búsqueda de un equilibrio global en la OMC, así como entre la OMC y las demás organizaciones internacionales (en particular, la OIT para las cuestiones sociales);

3.3.4. una mayor atención a los intereses a medio y largo plazo, y no exclusivamente a corto plazo;

3.3.5. el hecho de que la apertura de una agenda no debe confundirse con una anticipación del resultado final de las negociaciones;

3.3.6. la posibilidad antes mencionada para los PVD de no suscribir in fine determinados capítulos que exceden de sus capacidades administrativas;

3.3.7. la necesidad de crear puentes entre los distintos asuntos;

3.3.8. la necesidad de una mayor flexibilidad en las normas, en particular aceptando, con condiciones, velocidades diferentes;

3.3.9. la necesidad de una mayor transparencia en los procedimientos, que deberá aplicarse desde ahora;

3.3.10. el fomento de perspectivas de reformas para adaptar mejor la OMC.

3.4. El Comité subraya asimismo la necesidad de optar por un calendario del nuevo ciclo de negociaciones comerciales de la OMC que sea lo suficientemente amplio para responder a las expectativas de unos y otros y facilitar los compromisos. Ponerse de acuerdo sobre una agenda ambiciosa implicará un mínimo de visión común y una gran voluntad de llegar a un resultado. Parece, pues, indispensable fijarle un gran objetivo con la suficiente capacidad de movilización y federación para lograr la adhesión de los Estados y obtener también la acogida favorable de numerosas ONG. El Comité sugiere así que el nuevo ciclo de la OMC se oriente en torno a un objetivo de "desarrollo global y sostenible". Este objetivo permitiría, en efecto, poner de relieve:

3.4.1. el desarrollo económico dentro del ciclo, en primer lugar el de los PVD;

3.4.2. el desarrollo de nuevas exigencias cualitativas, como, por ejemplo, salud, seguridad, protección de los consumidores, medio ambiente, incluido el principio de precaución, y capítulo social;

3.4.3. el desarrollo de la cooperación organizada e institucional con las demás actividades que son competencia de las Naciones Unidas y de otros organismos internacionales, como, por ejemplo, la OIT, el FMI, el Banco Mundial, la OMPI, la CNUCED, la OMD, la OCDE, etc.;

3.4.4. una fuerte determinación de la colectividad internacional para responder a los desafíos posteriores al 11 de septiembre mediante el refuerzo de una cooperación global y sostenible: además de una atención redoblada a los problemas del subdesarrollo, esto implicará en particular una vigilancia de la OMC para dominar las posibles perturbaciones sobre los intercambios comerciales y las condiciones de competencia de las distintas medidas anunciadas o previsibles relativas a:

3.4.4.1. el refuerzo de las normas en materia financiera (esto es, lucha contra las redes de financiación del terrorismo y el blanqueo de dinero);

3.4.4.2. un mayor control por parte de los Estados sobre el comercio de los productos sensibles (material nuclear, productos químicos, productos de doble uso y precursores, balística);

3.4.4.3. ayudas estatales a los sectores damnificados en dificultad (aeronáutico, transportes, turismo, seguros y reaseguros).

3.5. Para poner en marcha una agenda amplia que tenga en cuenta las expectativas de unos y otros, las soluciones preconizadas deben ser flexibles y sintéticas. A la vez que subraya el carácter necesariamente global, condicional e interactivo del nuevo ciclo, el Comité constata que algunas cuestiones delicadas pueden exigir más tiempo para perfilarlas mejor en la negociación. Por lo tanto, podría preverse articular el nuevo ciclo alrededor de los tres elementos siguientes, sin que ninguno de ellos pueda disociarse de la aplicación del conjunto:

3.5.1. sin esperar más a las cuestiones de aplicación en favor de los PVD, con una posible "cosecha precoz" ("early harvest") en su favor, análoga a la "revisión intermedia" de Montreal en el marco del ciclo de Uruguay - el Comité constata con satisfacción que esta cuestión crucial es objeto desde ahora de una primera negociación prioritaria;

3.5.2. facilitando negociaciones sobre el acceso al mercado en el sentido más amplio de la palabra, es decir, productos y simplificación aduanera, la preinversión y los aspectos relativos a los obstáculos al mercado debidos a normas o a la ausencia de normas de la competencia, incluidas también las cuestiones correspondientes a la agenda incorporada: agricultura, servicios;

3.5.3. abriendo la vía a las negociaciones más sistémicas (competencia, inversiones, medio ambiente, protección de los consumidores, asuntos sociales en conexión con la OIT);

3.5.4. preservando al mismo tiempo vínculos entre las distintas negociaciones, ninguna de las cuales debería cerrarse oficialmente antes de alcanzar un acuerdo global, en función del principio consistente en que no hay acuerdo sobre nada hasta que haya acuerdo sobre todo.

3.6. En cuanto a los distintos asuntos de una nueva agenda, el Comité señala a continuación varias observaciones, necesariamente condensadas y no exhaustivas, teniendo sobre todo en cuenta los trabajos de los distintos grupos de reflexión creados por el Comisario Lamy con la participación de los medios socioprofesionales y ONG, y audiencias complementarias organizadas en el marco de la elaboración del presente dictamen.

3.6.1. Las observaciones del Comité se limitan a las perspectivas de estos distintos asuntos y a lo que está en juego en los mismos, cuidándose de anticipar el contenido de las negociaciones propiamente dichas: en efecto, como ha recordado anteriormente el Comité, estas negociaciones corresponden ellas mismas a otras etapas distintas de la que ocupa a la Conferencia de Doha, que deberá centrarse en la definición de la agenda de un nuevo ciclo, sin anticipar sus resultados.

3.6.2. Estas observaciones no deben considerarse por separado de las restantes: deberán establecerse vínculos de forma permanente entre los distintos asuntos, debido a sus numerosas interacciones recíprocas y a la necesidad de alcanzar, en último término, un resultado global coherente y equilibrado al final de las distintas negociaciones.

3.6.3. El Comité subraya asimismo que los distintos asuntos de negociación deberán conectarse por la preocupación constante de tomar en consideración los imperativos del desarrollo en el inicio del nuevo ciclo. En efecto, si el comercio es una condición del desarrollo, deberá también fomentarse este último mediante un equilibrio mínimo en las concesiones recíprocas y a través de estrategias nacionales eficaces de adaptación y aplicación, que desempeñan aquí un papel fundamental. Esta toma en consideración conllevará, en particular, el inicio de una reflexión prioritaria sobre las cuestiones relativas a la aplicación de los compromisos adquiridos en virtud de la OMC, incluidos los de Marrakech, que podrán exigir el refuerzo mediante apoyos de la capacidad institucional de los PVD. También podrían resultar oportunas iniciativas de condonación de la deuda para los PVD más endeudados.

3.6.4. En cuanto a los objetivos que afectan al acceso a los mercados, el Comité subraya la necesidad de continuar a través de nuevos calendarios la reducción de los derechos de aduana (y, en particular, de los picos arancelarios) y los obstáculos no arancelarios (en particular, los contratos públicos), lo que permitirá desarrollar el crecimiento económico mundial. Será conveniente prestar en este contexto una atención especial a la mejora del acceso al mercado para los PVD reduciendo los obstáculos existentes en los países desarrollados, reducción que será facilitada por las negociaciones multilaterales que deberán entablarse en los distintos ámbitos técnicos, agrícolas y medioambientales. Deberán establecerse exenciones de determinadas obligaciones de liberalización previstas por la OMC en el marco del ejercicio denominado "de aplicación" en beneficio de los PVD, a reserva de que se respeten determinadas exigencias objetivas y verificables.

3.6.5. En lo que se refiere a los objetivos para facilitar los trámites aduaneros, el Comité destaca la necesidad de reducir la burocracia administrativa y modernizar los procedimientos aduaneros para la importación y la exportación, lo que podrá justificar ayudas técnicas a los PVD (también para la utilización por los PVD del mecanismo de solución de diferencias relacionadas con el comercio).

3.6.6. En cuanto a los objetivos que afectan a la agricultura, el Comité subraya la necesidad de lograr un equilibrio entre varios imperativos: el aumento de las necesidades alimentarias mundiales, la extensión del acceso al mercado, en particular para los PVD, los imperativos de calidad, de seguridad alimentaria y de protección del consumidor, la naturaleza, no sólo económica, sino también multifuncional y social de la agricultura, tal y como la apoya legítimamente la Unión Europea, el bienestar de los animales de granja, la protección de la biodiversidad y de los conocimientos tradicionales, el cuidado del medio ambiente rural y el apoyo a las reconversiones, así como el equilibrio global de las concesiones de todos los socios en su búsqueda de un mayor acceso a los mercados. El Comité espera, en particular, que los esfuerzos de los restantes Miembros de la OMC sean al menos equivalentes a los esfuerzos comunitarios, y que la revisión de las medidas de apoyo a la exportación tome también en consideración los créditos a la exportación y la ayuda alimentaria. La apertura organizada de los intercambios agrícolas, la reducción de las medidas relativas a la importación y de las subvenciones, tanto internas como externas, deberán realizarse progresivamente, facilitando etapas de transición y en estrecha colaboración con los medios interesados.

3.6.7. En lo que se refiere a los objetivos que afectan a los servicios, el Comité subraya las oportunidades que aquí se abren para la UE, primer socio comercial mundial en este ámbito, a la vez que constata que una mayor liberalización implicará nuevas normas. El Acuerdo GATS deberá permitir desarrollar la apertura internacional a los servicios, incluidos en primer lugar los servicios financieros, sin perjuicio del derecho de los Estados a mantener normativas de interés público proporcionadas y a preservar en las mismas condiciones el funcionamiento de los servicios públicos. En particular, deberá instarse a los PVD, para los cuáles la expansión de los sectores de servicios (incluido el del comercio electrónico, así como los movimientos de personal clave) constituye un elemento esencial de su desarrollo y de la transferencia de tecnología, a que adopten una actitud activa y a que definan las prioridades interprofesionales y sectoriales que organizarán la apertura.

3.6.8. En cuanto a los objetivos que afectan a las inversiones, el Comité subraya la necesidad de centrar las negociaciones en una lista positiva de sectores donde resulta prioritario facilitar nuevas inversiones, en particular en el propio interés de los PVD. Por otra parte, será conveniente fomentar códigos de conducta de empresas multinacionales tal y como se están desarrollando a partir de las directrices iniciadas por la OCDE. Debería prestarse una atención especial a la libertad de transferencias y a la protección contra las expropiaciones y otras nacionalizaciones.

3.6.9. En lo que se refiere a los objetivos que afectan a la competencia, el Comité constata que los obstáculos a la competencia son paralelos a los problemas de subdesarrollo, corrupción y cierre de los mercados, y representan una amenaza tanto para el desarrollo económico, y en particular el de los PVD, como para determinados desequilibrios del propio comercio internacional. Por lo tanto, será conveniente determinar las normas básicas en este ámbito. En la fase actual, el objetivo prioritario será sobre todo fomentar la integración en las legislaciones nacionales de principios básicos que permitan combatir ciertas prácticas contrarias a la competencia especialmente emblemáticas, establecer modalidades flexibles de intercambio de información y de cooperación, y prever un dispositivo para resolver los litigios en estos ámbitos, sin, no obstante, poner en tela de juicio las prerrogativas de los organismos nacionales o de reglamentación. Podrán preverse apoyos en favor de los PVD para reforzar su capacidad administrativa en estos ámbitos.

3.6.10. En cuanto a los objetivos que afectan a la propiedad intelectual, el Comité subraya la necesidad de fomentar la investigación y la innovación y de luchar contra la piratería y la usurpación de marca, a la vez que reconoce también la necesidad imperativa de optimizar el beneficio de la innovación en aras del desarrollo económico, sanitario y social de todos los Estados, en particular de los PVD. Así, un objetivo fundamental deberá ser el de reducir los costes de acceso a la innovación y, en particular, de mejorar el acceso de los PVD a las condiciones de salud y seguridad. En este marco, será conveniente precisar a este respecto el Acuerdo sobre los Aspectos de la Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), con el fin de mejorar la transferencia de tecnología que los PVD necesitan urgentemente. Además, parece necesario que la OMC tome en consideración al máximo los trabajos y los resultados de las negociaciones desarrolladas en la OMPI.

3.6.11. En lo que se refiere a los objetivos que afectan a la salud, el Comité subraya la necesidad de aplicar el principio de precaución de manera proporcionada, no arbitraria y no discriminatoria, basándose en análisis rigurosos de la relación coste/beneficio, en condiciones que tengan en cuenta a todas las partes interesadas. Parece asimismo necesario desarrollar el uso de una terminología común y la remisión a normas internacionales, como el Codex alimentarius. Deberá reforzarse la información de los consumidores, en particular mediante el etiquetado. Deberán acordarse procedimientos internacionales para la gestión de riesgos. Además de disposiciones más favorables a la transferencia de tecnología en los PVD (por ejemplo, la cuestión de los TRIPS), con una mejora rápida del sistema de producción y de distribución de medicamentos vitales, podrá ser necesario prestar apoyo a los PVD para mejorar el control y el respeto de las normas. Deberán abordarse las cuestiones de apertura de los contratos públicos. La apertura de los servicios de salud a las inversiones privadas en el marco del GATS deberá efectuarse en condiciones que mantengan su calidad y sus objetivos sociales. Estas distintas consideraciones justificarán también el refuerzo de los vínculos entre la OMC y otros organismos internacionales como la CNUCD.

3.6.12. En lo que se refiere a los objetivos que afectan al medio ambiente, el Comité señala la necesidad de vincular el comercio internacional al objetivo de un desarrollo sostenible, tomando en consideración los grandes retos ecológicos mundiales y la necesidad de garantizar un mejor marco de vida en el entorno de cada uno. Parecen necesarios indicadores de impacto, como el proyecto de SIA -sustainable impact assessment- iniciado por la Comisión Europea. Deberán efectuarse asimismo remisiones a las normas internacionales. Podrá resultar necesario facilitar apoyos para permitir a los PVD conciliar su desarrollo económico con estos imperativos, en particular mediante medidas de asistencia presupuestaria y técnica con la participación de otros organismos internacionales (Banco Mundial, etc.) y transferencias tecnológicas. Por último, debería lograrse una mejor articulación entre los instrumentos medioambientales (AEM) y las normas multilaterales de la OMC.

3.6.13. En cuanto a los objetivos que afectan a las cuestiones sociales, el Comité se remite a su dictamen "Derechos humanos en el trabajo", donde subraya la necesidad de iniciar un proceso de inclusión de las normas fundamentales del trabajo en las negociaciones para lograr un nuevo orden comercial mundial, y aboga, en particular, por el refuerzo de los vínculos entre la OMC y la OIT: la OIT sigue siendo el foro más adecuado para acordar disposiciones sociales internacionales, pero la OMC debe velar por fomentarlas mejor incentivando las medidas de fomento positivo. Por otra parte, el Comité se congratula de que la comunicación presentada por la Comisión en julio de 2001, en lo que se refiere a las normas fundamentales del trabajo y la gobernanza social en el contexto de la mundialización, también haya suscitado la atención sobre la necesidad para la Unión Europea de adoptar nuevas iniciativas en este ámbito.

3.7. El consenso, aun cuando pueda parecer paralizante, es el único método en el estado actual del Derecho internacional público para llegar a un resultado equilibrado. Pero es necesario organizar la aparición de este consenso mejor de lo que se ha hecho en el pasado:

3.7.1. mediante una mayor participación de todos los miembros, incluidos los PVD y los PMD, que deberían participar en la definición de una agenda para el nuevo ciclo; esto podría justificar que aquéllos cuyos medios institucionales son más escasos puedan, si es necesario, agruparse entre ellos en "clusters" (con arreglo a métodos ya en vigor en el sistema del FMI y del Banco Mundial);

3.7.2. por la garantía dada a los PVD de que se les facilitarán los medios financieros y humanos para permitirles aplicar normas a fin de cuentas libremente consentidas;

3.7.3. si procede, concediendo a los PVD períodos transitorios para llegar a estos mismos resultados;

3.7.3.1. ayudando a los PVD y a los PMD para que se doten de las instituciones necesarias;

3.7.3.2. mediante relaciones orgánicas entre la OMC y las demás organizaciones internacionales responsables del desarrollo sostenible y del progreso social, y, en particular, otorgándoles el estatuto de observador y reforzando las relaciones mutuas, a semejanza de lo que se hace en materia de apertura de los mercados por el grupo Banco Mundial/FMI en contacto con la OMC;

3.7.3.3. por último, mediante la creación de órganos consultivos para la OMC, ya sean parlamentarios o relativos a la democracia económica y social.

3.8. El Comité subraya asimismo la necesidad de abrir más la OMC a los representantes de la sociedad civil organizada:

3.8.1. ampliando la posibilidad dada a las organizaciones profesionales, sindicales y a las ONG de hacer oír su voz, incitándolos también de esta manera a tomar adecuadamente en consideración el conjunto de los parámetros en liza, y no sólo una u otra cuestión o reivindicación fuera de su contexto global, lo que justificaría en particular:

- repetir la organización todos los años de una reunión de concertación pública OMC, similar a la organizada en julio de 2001 en Ginebra,

- crear comités consultivos para cada asunto,

- desarrollar en este marco la cooperación con el Comité Económico y Social Europeo.

3.8.2. examinando la posibilidad de su participación en determinados procedimientos, como informes de las partes interesadas, organizaciones socioprofesionales y ONG en el marco de la solución de litigios.

3.9. Así, el Comité recomienda, siguiendo una sugerencia hecha por el Director General de la OMC, Mike Moore, que en un futuro próximo se acuerde un código de conducta entre la OMC y los representantes de la sociedad civil organizada (asociaciones socioprofesionales, ONG), que permita garantizar a partir de bases reforzadas y sostenibles un diálogo interactivo manteniendo un espíritu de escucha mutua (consulta, "briefings", etc.). Este código permitiría renovar las directrices de 1996 sobre las relaciones entre la OMC y las ONG. Sin poner en tela de juicio el principio en virtud del cual la negociación propiamente dicha corresponde exclusivamente a los Estados, organizaría una mejor gobernanza de la OMC en sus relaciones con la sociedad civil organizada, inspirándose en las mejores prácticas que ya puedan existir en este ámbito en los distintos Estados miembros. Mediante la creación de un marco para el diálogo, este código también debería ser un instrumento operativo de cooperación entre la OMC y la sociedad civil organizada al servicio del "desarrollo global y sostenible" que el Comité pide con insistencia. Así, este código de conducta podría incluir:

3.9.1. una declaración explícita de renuncia a toda forma de violencia y de fomento del diálogo mutuo;

3.9.2. compromisos por parte de las asociaciones socioprofesionales y ONG signatarias de respetar determinadas normas de transparencia (misión, afiliados, organización, financiación, etc.);

3.9.3. compromisos por parte de la Secretaría de la OMC sobre la organización operativa de esta concertación (información y acceso a los documentos, consulta, "briefings", evaluaciones, foro en Internet, etc.), que podría incluir la reedición de una conferencia pública anual;

3.9.4. una invitación a los representantes de la sociedad civil y a las ONG a participar en las campañas de información, en los análisis de las situaciones y los desafíos, y a asumir responsabilidades en las actividades de la OMC, como presentar cualquier propuesta útil a las instituciones de la OMC en los ámbitos relacionados con las actividades de la OMC, apoyar la aplicación de compromisos y programas de la OMC, aportar contribuciones útiles a los grupos de expertos y contribuir a verificar los problemas y la situación de la aplicación;

3.9.5. la solicitud a los Estados miembros de la OMC de que apliquen estas disposiciones de concertación con los representantes de la sociedad civil y las ONG en el plano nacional.

3.10. A partir de estas distintas bases de reflexión y de recomendaciones, el Comité Económico y Social pretende desarrollar el diálogo con los representantes de la sociedad civil organizada, adoptando todas las iniciativas útiles para contribuir a ello.

Bruselas, 17 de octubre de 2001.

El Presidente

del Comité Económico y Social

Göke Frerichs

ANEXO I

al dictamen del Comité Económico y Social

Las enseñanzas de Seattle

Resulta esencial comprender bien y asimilar los motivos del fracaso de Seattle para no correr el riesgo de perderse una segunda vez en una misma situación de bloqueo por motivos análogos.

Los motivos más visibles de este fracaso son, en particular:

- Una preparación y una organización demasiado deficientes para acercar las posiciones de los Miembros ante una agenda especialmente ambiciosa, que hizo prácticamente imposible la perspectiva de obtener líneas de acuerdo en una breve semana de conferencia;

- Una falta de preparación eficaz, más allá de las reuniones informativas improvisadas in situ, del diálogo con los representantes de la sociedad civil y las numerosas ONG presentes en Seattle, que habría permitido tomar mejor en consideración de antemano sus expectativas y sus preocupaciones, en vez de dejar que la situación degenerase en la calle en enfrentamientos violentos atizados por elementos no controlados.

Otros motivos, posiblemente menos visibles, resultaron sin embargo determinantes:

- En este contexto sumamente perturbado, faltó tiempo para emprender y lograr con éxito el lanzamiento de una negociación coherente, mientras que los últimos esfuerzos realizados en particular por la UE para restablecerla no contaron con el apoyo suficiente para lograr desbloquear la situación;

- Numerosos países en vías de desarrollo se sintieron marginados en las negociaciones, tanto en lo que se refiere al procedimiento como a sus aspiraciones. Pero el condominio euroamericano, incluso ampliado a la QUAD (UE, Estados Unidos, Canadá y Japón) y a la OCDE, no basta ya para dirigir las negociaciones comerciales multilaterales: es preciso contar con la participación de una parte significativa de los PVD;

- Los procedimientos y los métodos de la OMC, considerados elitistas y clandestinos (se ha llegado incluso a calificarlos de medievales), suscitan la desconfianza de muchos, tanto de Estados, en particular entre los PVD, como de representantes de la sociedad civil y de ONG. Su sistema de solución de diferencias desemboca en soluciones que anticipan e incluso hipotecan los resultados de las negociaciones futuras entre Estados soberanos (por ejemplo, en materia de medio ambiente). Tiende a ampliar sus competencias a otros ámbitos distintos del comercial con sus métodos y su filosofía propios. Se le reprocha en esta ocasión un imperialismo no controlado;

- También cabe señalar que, pese a la ambición anunciada de una agenda amplia, el objetivo fundamental de un nuevo ciclo no se enunció claramente en Seattle: la alusión hecha a un "ciclo del Milenio" escondía en realidad de manera imperfecta una falta de visión federativa sobre los grandes objetivos que querían alcanzarse, lo cual fue en buena medida la carga de la incapacidad para reanudar la negociación.

Por último, cabe señalar que en Seattle surgieron importantes malentendidos que deben disiparse en Doha:

- Numerosas ONG no se oponen en absoluto a una mayor reglamentación internacional frente a la mundialización, sino a una determinada manera de ser de la OMC. Los representantes de la sociedad civil aspiran, en particular, a que se les pueda tener en cuenta en las actividades de la OMC (consulta, evaluación, aplicación);

- Los PVD también desean más transparencia -sobre todo en el funcionamiento interno más que en el externo, de la OMC-, más equidad y más participación en beneficio propio en el funcionamiento de la OMC, pero desconfían de nuevas normas que no tengan en cuenta sus desventajas, y excluyen actualmente toda participación orgánica de los representantes de la sociedad civil en los trabajos de la OMC. A este respecto, hay que ser bien consciente de las grandes diferencias de planteamiento, lo que complica evidentemente las condiciones de formación de un consenso amplio para lograr con éxito el inicio del nuevo ciclo;

- No debe responsabilizarse del fracaso de Seattle a la ambición de una agenda amplia, sino más bien a las incomprensiones y la mala preparación de dicha agenda;

- La OMC no puede ni debe hacer todo; debe contribuir al surgimiento de una nueva organización mundial en un marco global;

- Nadie se opone por principio a una adaptación de las normas de la OMC, pero esto sólo podrá hacerse gradualmente y en un clima de mayor confianza.

ANEXO II

al dictamen del Comité Económico y Social

Los cambios en curso

Ante la proximidad de Doha, la situación sigue teniendo muchos contrastes. No obstante, en vista de las reuniones de México y Hanoi, se está concretando una evolución que demuestra que un resultado positivo ya no es inalcanzable.

En un plano general, pueden observarse varios elementos positivos:

- El hecho de que las necesidades de un nuevo ciclo continúan intactas, pese a las peripecias, con progresos de preparación en Ginebra, aun cuando éstos son laboriosos y complejos, y de que el interés objetivo en un nuevo ciclo afecta no sólo a los Estados por separado, sino también a los nuevos conjuntos regionales como Mercosur, Alena, Asean, etc.;

- Los acercamientos entre los grandes socios industrializados y, en particular, entre la Unión Europea y los Estados Unidos (como, por ejemplo, los contactos Zoellick/Lamy, la reunión ministerial de la OCDE en mayo de 2001, el Consejo Europeo de Gotemburgo en junio, con la participación del Presidente Bush, la Cumbre del G8 en Ginebra en julio); también cabe señalar que una y otra parte se han esforzado por hacer compatibles las iniciativas bilaterales o birregionales (ALCA, Mercosur) con el marco multilateral de la OMC: así, la UE ha adaptado en consecuencia su calendario de negociación y los Estados Unidos han exigido una "Trade Promotion Authority" que vaya en este sentido;

- Una mayor convergencia entre países industrializados y países en vías de desarrollo (por ejemplo, con la mini-reunión ministerial de México y de Singapur, la reunión ASEM de Hanoi, la reunión UE-ACP de Nairobi y la reunión de los países de Asia-Pacífico en el marco de la APEC en Shanghai, que han permitido avances importantes); la evolución más favorable entre los PVD fue potenciada por algunas iniciativas, como la de "Todo Salvo las Armas" fomentada por la UE (aun cuando los beneficiarios sean exclusivamente los menos desarrollados de los PVD, dejando así a los restantes PVD con algunas de sus expectativas intactas);

- La organización de un mejor diálogo con la sociedad civil y las ONG, en primer lugar por parte de la Comisión Europea, impulsada por el Comisario Pascal Lamy, con numerosas reuniones en Bruselas, y también por parte de la OMC, como atestigua la conferencia recientemente organizada en julio con ellas en Ginebra, por iniciativa del Director General Mike Moore.

No obstante, los márgenes de maniobra siguen siendo frágiles:

- persisten las disensiones sobre el perfil de una nueva agenda;

- la situación económica internacional es menos favorable que hace uno o dos años y en ocasiones invita al repliegue, con las incertidumbres agravadas tras los sucesos del 11 de septiembre;

- las iniciativas de la UE no siempre han sido apoyadas por la QUAD, los Estados Unidos, e incluso todos los países miembros de la OCDE.

De manera general, la UE todavía necesita un mayor apoyo en su reivindicación clara de un ciclo amplio y global, que incluya un capítulo repleto de nuevos asuntos sistémicos, pese al planteamiento convergente de los países candidatos a la adhesión a la Comunidad, Suiza, Noruega y Japón, y pese a algunos otros primeros ecos favorables que todavía quedan por confirmar por parte de algunos países en vías de desarrollo;

- numerosas reivindicaciones avanzadas por la sociedad civil y las ONG siguen estando en contradicción con la sensibilidad de los PVD, aun cuando estas contradicciones no son forzosamente irreductibles;

- numerosas ONG siguen teniendo ellas mismas una actitud sobre todo conflictiva, como se ha demostrado todavía en la última Cumbre del G8 celebrada en Génova en el mes de julio;

- en todo caso, la transparencia de la OMC y el diálogo con la sociedad civil están todavía por desarrollar.

El campo de las ONG está dividido más claramente que en el pasado. Junto a las ONG que se oponen en realidad más a la mundialización y a la globalización que a la OMC propiamente dicha, muchas ONG sitúan actualmente el debate a otro nivel, el de una mejor regulación mundial del sistema comercial, económico y financiero multilateral. No obstante, sigue en pie el problema de determinar cuáles de sus exigencias deben tomarse en consideración, y cómo hacerlo:

- ¿Hay que hacerlo en el seno de la OMC a través de una agenda muy amplia?

- ¿O más bien hay que contrarrestar la acción de la OMC añadiendo nuevas competencias a las demás organizaciones internacionales, confiándoles la responsabilidad de desarrollar las nuevas negociaciones complementarias, ya sea en el marco de la OIT, del PNUD o de una posible nueva Organización Mundial del Medio Ambiente, desarrollando las actividades ya iniciadas en el marco de las Naciones Unidas?

En cuanto a los PVD, sus exigencias se han precisado ampliamente, hasta tal punto que algunos han podido hablar de un futuro ciclo de desarrollo. La mayoría de estos países están sobre todo interesados en centrar la agenda en las condiciones de su desarrollo económico y, en particular, en el acceso a los mercados, no sólo industriales, sino también agrícolas, de los países industrializados. Parecen más dispuestos a debatir las condiciones para una mayor apertura de los mercados de servicios, lo que puede beneficiarles no sólo como prestatarios cuando existen ventajas comparativas en su favor, sino, sobre todo, también como usuarios, en particular con el desarrollo de la sociedad de la información. Muchos siguen pidiendo adaptaciones (e incluso, para algunos de ellos, el cuestionamiento) en la aplicación de algunas normas decididas en Marrakech (TRIPS, instrumentos de políticas comerciales, antidumping, contratos públicos, acuerdo textil-confección), asuntos todos ellos especialmente delicados para los países industrializados, y que podrían resultar muy difíciles de aplicar en determinados casos desde el momento en que pondrían en tela de juicio no tanto los vencimientos como el núcleo de las normas aceptadas.

Estas adaptaciones facilitarían sin duda la ampliación de la agenda a nuevos asuntos, como las inversiones y la competencia, frente a los cuales muchos de estos PVD siguen, no obstante, desconfiando. Esta desconfianza aumenta todavía más en lo que se refiere a la cuestión del medio ambiente, donde los PVD temen intenciones proteccionistas en su contra, y todavía más en cuanto a las normas sociales, donde ven una injerencia injustificada de la OMC y temen un cuestionamiento indebido de su capacidad competitiva al no prestar atención a sus problemas específicos.

Numerosos PVD desean, por último, modificar el proceso de toma de decisiones de la OMC a su favor, para permitir una mayor participación en los trabajos preparatorios y en la definición de la agenda de un nuevo ciclo. Señalan también, con razón, la cuestión de sus desventajas en materia de capacidad institucional y administrativa, que merece ser objeto de una atención especial. No obstante, el conjunto de los PVD no es favorable a que las ONG y la sociedad civil se inmiscuyan en los circuitos de toma de decisiones de la OMC. Por el contrario, manifiestan la voluntad de ajustarse al principio sacrosanto de "un Estado, un voto" (que, por otra parte, ninguno de los Miembros desea hoy poner en tela de juicio).

Para que los PVD acepten la idea de lanzar un nuevo ciclo se han realizado numerosos esfuerzos, en particular por parte de la UE: iniciativa "Todo Salvo las Armas", conversaciones de la Comisión Europea relativas a un posible proceso multilateral en materia de inversión y competencia, oferta "aplicada" por el Comisario Lamy a los países en desarrollo que adopta la forma de una cesta triple: antes, durante, y después de Doha. Su resultado es que la idea de una ronda "controlable" suscita ahora menos temor.

Los países del grupo de Cairns siguen buscando sobre todo una mejor salida de sus productos agrarios y agroalimentarios, que depende, según ellos, tanto de la apertura de los mercados como de la reducción de las medidas de apoyo. Para este grupo, la base de partida de la negociación sería eventualmente más aceptable cuanto más se acercara el orden del día del nuevo ciclo a la agenda incorporada.

Los Estados Unidos se centran sobre todo en la conquista de los mercados de servicios, de mercancías y agrarios. En cambio, siguen desconfiando de la cuestión del medio ambiente, y la forma de la puesta en práctica de algunas disposiciones les plantea todavía problemas (por ejemplo, los instrumentos de defensa comercial y la propiedad intelectual).

Para la UE, una negociación mínima centrada en el acceso al mercado sería claramente insuficiente, aun cuando es evidente que la UE, primer socio comercial mundial tanto para los productos como para los servicios, tiene muchos intereses, expectativas y reivindicaciones que expresar en este ámbito: esta negociación debe ampliarse a un cierto número de elementos que superen el marco estrictamente comercial y que puedan fomentar una cierta regulación de los intercambios y las inversiones (inversiones, competencia, y también medio ambiente), aun cuando ello exija puntos de equilibrio, graduaciones, e incluso compensaciones. Además, la UE desea continuar el debate sobre las normas sociales, aun cuando reconoce que el marco de la OMC no es el más adecuado para abordarlo directamente sin referencia al papel privilegiado que debe desempeñar la OIT en este ámbito. Los propios países candidatos a la UE están próximos a la posición de la UE, que ya habían apoyado en Seattle.

En resumidas cuentas, se constata que queda por determinar el formato de la agenda de las futuras negociaciones, aunque ya nadie o casi nadie pone en entredicho:

- un fundamento basado en la agenda incorporada (servicios y agricultura) apoyado por disposiciones complementarias relativas al "acceso a los mercados";

- la conclusión de las negociaciones pendientes de la Ronda Uruguay;

- la actualización de algunos compromisos adquiridos en Marrakech, al menos en lo que se refiere a los vencimientos, así como a la consideración de determinadas necesidades fundamentales de los PVD (los medicamentos esenciales en el marco del Acuerdo ADPIC);

- la mejora de la transparencia de los procedimientos de la OMC;

- algunos asuntos adicionales en relación con el acceso a los mercados, como la simplificación aduanera.

No obstante, siguen planteando problemas:

- el alcance de la negociación denominada de "aplicación" y, en particular, los perfiles de las posibles concesiones que habrá que hacer a los PVD en materia de propiedad intelectual, el acuerdo textil-confección, los instrumentos de defensa comercial y algunos aspectos de la solución de diferencias, asuntos todos ellos especialmente delicados para los países industrializados;

- las negociaciones sistémicas y reguladoras sobre los asuntos de la competencia y las inversiones, el medio ambiente y, en una fase aún más controvertida, las cuestiones sociales.

Sin embargo, el argumento del ciclo amplio que permitiría dar más satisfacción a las preocupaciones de unos y otros mantiene todo su valor, sobre todo si, como es deseable, se trata de satisfacer todas las exigencias, o parte de ellas, de la sociedad civil en el sentido más amplio de la palabra.

ANEXO III

al dictamen del Comité Económico y Social

Abreviaciones

>SITIO PARA UN CUADRO>

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