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# 52007DC0666

**Comunicación de la Comisión - Reforzar el crecimiento de la productividad: mensajes clave del informe de 2007 sobre la competitividad europea {SEC(2007)1444} /\* COM/2007/0666 final \*/**

  

[pic] | COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS |

Bruselas, 31.10.2007

COM(2007) 666 final

COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN

Reforzar el crecimiento de la productividad: mensajes clave del informe de 2007 sobre la competitividad europea {SEC(2007)1444}

COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN

Reforzar el crecimiento de la productividad: mensajes clave del informe de 2007 sobre la competitividad europea

1. INTRODUCCIÓN

La presente Comunicación presenta los mensajes esenciales del informe de 2007 sobre la competitividad europea[1]. En él se atiende sobre todo a la productividad, que es el motor fundamental de la competitividad y el bienestar a largo plazo.

En 2006, el informe sobre competitividad se redefinió para contribuir a un sólido apoyo analítico del pilar microeconómico de la Estrategia de Lisboa, sin dejar de explorar al mismo tiempo aspectos más específicos de la competitividad de la industria europea.

El informe de este año, tras pasar revista a la evolución reciente del crecimiento, la productividad y el empleo, tanto a nivel de la UE como en los principales sectores económicos, estudia las reformas microeconómicas en el marco de la Agenda de Crecimiento y Empleo desde el punto de vista de su potencial para incrementar la productividad, y se centra más particularmente en las cualificaciones como factor de competitividad. El informe analiza las ventajas y debilidades relativas de las industrias europeas y concluye con un estudio a largo plazo del sector manufacturero europeo a fin de situar con perspectiva las tendencias y los retos emergentes y comprobar si las políticas actuales son coherentes con ellos. El análisis realizado en el informe se apoya en una mayor disponibilidad de datos —series cronológicas más largas y la publicación de los primeros grupos de datos de EU KLEMS[2]—, lo que permite trazar nuevas perspectivas.

2. RESULTADOS GLOBALES EN MATERIA DE COMPETITIVIDAD

Una amplia mejora de la economía europea

La solidez de la recuperación económica en Europa es mayor de lo que se esperaba el año pasado: el producto interior bruto (PIB) real de la UE creció un 3,0 % en 2006, lo que supone el mayor incremento registrado desde 2000. Esta mejora se vio respaldada por una aceleración en el crecimiento de la productividad y del empleo. El mayor crecimiento de la productividad tuvo su base en un crecimiento más intenso de la productividad total de los factores (PTF) (véase el recuadro).

Esta mejora tiene un ámbito extenso; casi todos los nuevos Estados miembros, así como los Estados miembros con un PIB per cápita y niveles de productividad relativamente bajos, están poniéndose a la altura en términos de crecimiento económico y de la productividad. Esta recuperación es visible a través de los diversos sectores de la economía. Particularmente, el sector de los servicios tuvo un papel destacado en el crecimiento del PIB de la UE, teniendo también en cuenta su amplia repercusión en la economía total. Todos los sectores manufactureros, con excepción del tabaco, crecieron con mucha más rapidez en 2006 que en los cinco años anteriores, contribuyendo así a mejorar el crecimiento global de la UE.

La disparidad de la productividad entre la UE y los EE.UU. ha comenzado a reducirse…

Los datos sobre la evolución de la economía europea con respecto a los EE.UU., país que se toma como patrón de los mejores resultados en materia de productividad, confirman que la diferencia de productividad de la mano de obra respecto a los EE.UU. se redujo en 2006, tras haber crecido continuamente durante la década pasada. Esto es significativo, sobre todo si tenemos en cuenta que datos más recientes, disponibles solo para el sector manufacturero[3], confirman que esta evolución se mantuvo en la primera mitad de 2007.

Al evaluar este hecho alentador no conviene perder de vista, sin embargo, que los niveles de productividad de la mano de obra en los EE.UU. siguen siendo alrededor de un 39 % más altos que en la UE en términos de PIB por persona empleada, y un 26 % más altos (en 2005) en términos de PIB por hora trabajada. El análisis muestra que esto se debe principalmente a diferencias en la productividad total de los factores (véase el recuadro) y, secundariamente, en la calidad del capital humano[4]. Por otra parte, esta reducción de la diferencia parece deberse en gran medida a factores coyunturales, incluida una desaceleración del crecimiento de la productividad de los EE.UU. en 2006.

Los datos sectoriales ofrecen perspectivas adicionales sobre la evolución de la productividad comparada entre la UE y EE.UU. Por ejemplo, confirman que el menor crecimiento de la productividad de la mano de obra registrado por la economía de la UE en la pasada década se debe principalmente a un menor rendimiento agregado de cada uno de los sectores, y no a la composición sectorial de la economía que, en realidad, es ligeramente favorable para la UE. En especial, la diferencia de crecimiento entre la UE y los EE.UU. refleja un bajo rendimiento del sector de los servicios en la UE, particularmente en la venta al por menor, la distribución y los servicios financieros y a las empresas.

Recuadro: El papel de la productividad total de los factores La productividad total de los factores es la principal causa de la diferencia de productividad entre la UE y los EE.UU. Se trata de la parte del crecimiento de la productividad generada por factores intangibles, como el progreso técnico o la innovación organizativa, en lugar de por el incremento de insumos, como el capital. Esto hace que la productividad total de los factores sea la medida más completa de la eficiencia de una economía. A nivel sectorial, un análisis de las relaciones estructurales entre los diversos indicadores de rendimiento sugiere que el crecimiento de la productividad total de los factores es el motor esencial del rendimiento sectorial, ya sea expresado en crecimiento del valor añadido, productividad de la mano de obra, comercio internacional, inversión extranjera directa o del empleo. Entre las políticas más pertinentes para el crecimiento de la productividad total de los factores se cuentan las diseñadas para estimular el progreso tecnológico, la innovación y una mayor inversión en I+D, el uso de las TIC, la competencia y la reforma de los mercados de los productos. Estas políticas están en el núcleo del pilar microeconómico de la Estrategia de Lisboa, lo que sugiere que el proceso de reforma en curso puede contribuir notablemente a potenciar el crecimiento de la productividad total de los factores y de la economía. |

…y hay indicios de que esto no se debe sólo a la coyuntura favorable.

Si bien las razones para el aumento de la divergencia de productividad entre la UE y los EE.UU. en la pasada década eran estructurales, aún es demasiado pronto para decir si su reciente reducción se debe a causas meramente coyunturales o es la primera manifestación de una nueva pauta.

El análisis efectuado por los servicios de la Comisión[5] señala que, si bien la mejora es de carácter esencialmente coyuntural, también es posible que haya un componente estructural ligado a anteriores reformas estructurales decididas por los Estados miembros de la UE, especialmente en el mercado laboral. También refuerzan esta hipótesis los aumentos sectoriales de productividad, por ejemplo en las industrias de red, y el aumento en los niveles de cualificación de la mano de obra. Puede esperarse que esta mejora estructural de la productividad se haga visible en el futuro a medida que los efectos de las recientes reformas —particularmente, los generados por la Estrategia renovada de Lisboa— empiecen a actuar más enérgicamente.

3. MOTORES DE LA COMPETITIVIDAD

La productividad y el pilar microeconómico de la Agenda de Lisboa

Incrementar el potencial de crecimiento económico a largo plazo reforzando el crecimiento de la productividad es uno de los objetivos fundamentales de la Estrategia renovada de Lisboa, y una respuesta importante a los retos de la globalización, el envejecimiento, los rápidos progresos tecnológicos y la necesidad de luchar contra el cambio climático. El componente microeconómico de la Estrategia de Lisboa abarca muchos de los ámbitos políticos más pertinentes para el aumento de la productividad, tales como:

- Una mayor inversión en I+D puede reforzar significativamente el crecimiento de la productividad, especialmente si los elementos del triángulo del conocimiento (I+D, innovación y educación y formación) están bien integrados, incluida la debida disponibilidad de personal científico.

- La inversión en TIC es muy rentable para aumentar la productividad cuando va acompañada por cambios de organización adecuados e inversiones en las cualificaciones.

- Una competencia cada vez mayor en mercados abiertos con un marco regulador adecuado tiende a tener efectos positivos para la productividad y el empleo mejorando la eficiencia estática (asignación de recursos), productiva (organización del trabajo), y dinámica (productos y procesos innovadores). Sin embargo, el efecto de la competencia en la innovación es más ambivalente, puesto que depende de las estructuras del mercado y de la distancia que separe a los operadores de la frontera tecnológica. La competencia es de especial importancia para que los países y las industrias próximos a la frontera tecnológica mantengan su ventaja.

- Al fomentar el espíritu empresarial facilitando la puesta en marcha y el crecimiento de las empresas y mejorar las condiciones para que las PYME utilicen el potencial del mercado único, se hace posible que las nuevas ideas se conviertan en productos y servicios con valor añadido y que estos estén presentes en el comercio internacional, con un efecto positivo importante en la productividad.

- También pueden lograrse aumentos significativos de la producción y del consumo reduciendo costes reguladores innecesarios, como las cargas administrativas excesivas, lo que libera recursos para usos más productivos. Los beneficios serán especialmente perceptibles para las PYME, ya que estos capítulos de gastos son los más elevados de sus presupuestos.

- Al reducir las barreras vinculadas a la fiscalidad de las empresas y los costes de conformidad y facilitar la reestructuración de los grupos de empresas se estimula el funcionamiento del mercado único. La adopción de una base impositiva consolidada del impuesto de sociedades también afectaría positivamente al PIB de la UE.

Las exigencias de una adaptación acelerada requieren mecanismos que faciliten la transición entre diversos empleos. Más en general, la política de cohesión de la UE desempeña en este contexto un papel importante, al contribuir a un mejor funcionamiento del mercado interior y apoyar mejoras de la productividad y de la competitividad en los países y las regiones cuyo desarrollo quede retrasado o afectado por la reestructuración industrial.

Observando las recientes reformas aplicadas por los Estados miembros a los mercados de productos y servicios, así como las políticas de mejora del marco regulador y atención a las PYME, se pone de manifiesto que, en general, los logros son notables, aunque hay que seguir trabajando. Este progreso aún no se refleja completamente en los datos que miden los resultados económicos.

La importancia de la coordinación

La gobernanza de las políticas nacionales de reforma en la UE es un elemento importante de la Estrategia de Crecimiento y Empleo. Hay varias razones por las que la coordinación de las reformas económicas de los Estados miembros puede reportar beneficios adicionales. Unos países pueden aprender de otros, y los esfuerzos conjuntos y la coordinación pueden estimular el impulso reformador y ayudar a superar la resistencia nacional frente a las reformas. Lo que es más importante, la aplicación coordinada puede generar beneficios que no se producirían llevando a cabo las reformas unilateralmente.

El análisis empírico de las repercusiones internacionales de las reformas nacionales que figura en el informe confirma que la acción coordinada produce, en muchos casos, beneficios netamente superiores a los derivados de la actuación aislada. Por ejemplo, alrededor de la mitad del aumento potencial del PIB generado por el logro de los objetivos de intensidad de I+D fijados por los Estados miembros se debería a transferencias transfronterizas de conocimiento.

Las complementariedades entre las políticas producirían beneficios adicionales. Por ejemplo, la mejora de las cualificaciones y de la I+D hace crecer los salarios reales, lo que a su vez debería incrementar los índices de participación. Además, la reducción de las cargas administrativas, con márgenes más bajos, actúa en fuerte sinergia con el objetivo de empleo, al ayudar a reducir el desempleo de equilibrio.

La apertura del comercio y la productividad corren parejas

La aceleración de la globalización se observa en un aumento de la apertura comercial (en volumen de comercio comparado con el PIB) y de la inversión extranjera directa (IED). Si bien, en general, las cuotas del mercado mundial se han redistribuido a favor de las economías emergentes, la EU-27 ha logrado mantener relativamente su posición. Entre 1996 y 2005, el porcentaje de las exportaciones de la EU-27 con respecto al total mundial descendió del 23,3 al 22,0 %; el correspondiente a los EE.UU. bajó del 19,1 al 15,2 % y el de Japón, del 13,7 al 10,5 %[6] [7].

Los resultados comerciales de la UE en el sector de los servicios fueron prometedores: el crecimiento de la exportación de servicios de la EU-15[8] superó el 100 % entre 1996 y 2005, mientras que sus importaciones aumentaron con menor rapidez. Como consecuencia, la EU-15 casi cuadruplicó su balanza comercial de servicios en nueve años. En el mismo período, la balanza comercial de servicios de los Estados Unidos descendió un 26 %, hasta situarse en 50 000 millones EUR (frente a los 56 900 millones EUR de la EU-25 en 2005). Por el contrario, Japón comunicó en 2003 un déficit comercial en los servicios de 30 000 millones EUR.

En demasiadas ocasiones se asocia la globalización con pérdidas de puestos de trabajo en los sectores que se ven perjudicados por la competencia exterior. Los costes sociales y la preocupación que suscita son reales, y requieren una respuesta política apropiada. Sin embargo, no por ello han de desdeñarse los efectos enormemente positivos de la apertura y la integración en los mercados mundiales para los resultados económicos de un país. El informe ilustra la relación positiva entre la productividad global y la globalización, considerando la apertura comercial como un indicador, y resume los resultados empíricos sobre la relación entre productividad y globalización.

Los vínculos de causalidad no siempre son directos. Una competencia más intensa en la importación estimula la productividad, lo que hace mejorar la competitividad y aumentar las exportaciones. Esto, a su vez, trae consigo otros aumentos de eficiencia. El trabajo empírico presentado en el informe subraya la robustez del razonamiento. Así, se percibe la potencia de los mecanismos en juego: la especialización, los efectos de escala, la eliminación de empresas menos eficaces y una mayor capacidad para absorber progresos tecnológicos y nuevas ideas desarrolladas en el resto del mundo. En su conjunto, estos factores sugieren que la apertura comercial puede desempeñar un papel importante para reforzar el crecimiento de la productividad. Por ejemplo, el análisis empírico indica que, por término medio, un aumento del 1 % de la apertura de la economía, en términos de relación entre las importaciones y el valor añadido, tiene como resultado un aumento del 0,6 % en la productividad laboral del año siguiente. Estos resultados sugieren que tanto el aumento del comercio intracomunitario debido a la mejora del mercado único como la aplicación de políticas exteriores ambiciosas —como la conclusión del Programa de Doha para el Desarrollo, la nueva generación de acuerdos bilaterales de libre comercio, el reequilibrio de la relación comercial con China, la eliminación de las barreras a las exportaciones de la UE y una estrategia reforzada de acceso a los mercados— pueden contribuir notablemente al crecimiento de la productividad de la UE. Debería subrayarse, sin embargo, que solo pueden aprovechar plenamente las ventajas de la apertura las economías en las que los factores de producción pueden redistribuirse fácilmente entre empresas, así como de sectores en declive a sectores en crecimiento. Estos son también requisitos previos esenciales para gestionar el difícil ajuste que será necesario en sectores y regiones específicos que tienen un impacto significativo en la aceptabilidad pública de la globalización. Además, para aprovechar las ventajas de la apertura es esencial proteger los derechos de propiedad intelectual a nivel internacional.

La mejora de las cualificaciones como factor de competitividad

Las cualificaciones contribuyen directamente a la competitividad internacional y a la productividad, ya que una mano de obra más formada incrementa la eficiencia del trabajo y aumenta la capacidad de las empresas para incorporar más fácilmente las nuevas tecnologías e ideas. Por ejemplo, la investigación empírica indica que, prolongando un año la duración media de la escolarización, se aumentaría a largo plazo la productividad entre un 8 y un 10 %[9]. La mejora de las competencias está en marcha en todos los sectores económicos, incluso en los menos cualificados. Los análisis empíricos revelan que los sectores que emplean a una mayoría de trabajadores con competencias altas o medias muestran un mayor aumento de la productividad, mientras que la elevada presencia de trabajadores poco cualificados en un sector ejerce una influencia negativa en este aspecto. Además, las cualificaciones son importantes para acelerar la convergencia hacia la frontera tecnológica. Como se podría esperar, la convergencia es más rápida en las industrias con mayor nivel de formación. Por último, una mayor presencia de trabajadores con cualificaciones altas y medias estimula el crecimiento de las exportaciones.

En las distintas industrias, el análisis muestra que el proceso de mejora de las cualificaciones contribuye más a la demanda creciente de trabajadores con alto nivel de formación que las transferencias laborales entre sectores o industrias. No obstante, también se produce un desplazamiento general del empleo de las industrias menos cualificadas a aquellas que exigen cualificaciones medias y altas, y este cambio se observa en todos los grupos de países de la UE.

En este contexto, puede entenderse que los déficits de cualificaciones se deben, ante todo, a un problema de ajuste que surge tras un aumento de la demanda (o una disminución de la oferta) de una aptitud determinada. En tal situación, el papel de las administraciones públicas podía consistir en suavizar el proceso de transición, ya que no parece haber margen para la adopción de políticas sectoriales vigorosas. En segundo lugar, si los déficits se deben a la herencia del pasado, las políticas deberían centrarse en medidas para ayudar a la economía a lograr una mejor combinación de cualificaciones. Pero no son solo las administraciones quienes han de hacer frente a las inadecuaciones de las competencias; muchas empresas europeas tienen también que abordarlas a la hora de elaborar sus estrategias empresariales.

Los intentos de favorecer la acumulación de capital humano emprendidos en el marco de la estrategia de crecimiento y empleo, por ejemplo, mediante la reducción del abandono escolar prematuro y la promoción de los estudios superiores de matemáticas, ciencia y tecnología, deberían responder a la creciente demanda de cualificaciones derivada de una evolución técnica que las valore. También con más altos niveles de empleo, especialmente femenino, se ayudará a reducir el déficit de cualificaciones. Dado que las políticas educativas siguen siendo principalmente responsabilidad nacional, la educación de los investigadores superiores en la UE se beneficiará de iniciativas a escala comunitaria, como el desarrollo del Instituto Europeo de Tecnología y una mayor movilidad de los investigadores.

4. COMPETITIVIDAD DE LAS INDUSTRIAS EUROPEAS

Situación actual

La competitividad general de las industrias europeas, con una presencia notable de las PYME, es elevada. Sin embargo, las distintas industrias presentan unos resultados muy variables entre los países y los sectores. Desde 1995, la UE muestra bajos resultados en términos de crecimiento del valor añadido, productividad de la mano de obra y productividad total de los factores, si bien al mismo tiempo presenta resultados comerciales bastante positivos. Las inversiones extranjeras directas se expanden rápidamente en ambas direcciones, y las inversiones hacia el exterior crecen con más fuerza.

Si se evalúan las ventajas y debilidades relativas por sectores, el de la minería y, entre las industrias manufactureras, la producción de cuero y calzado, el vestido, el textil, los combustibles nucleares y el tabaco son los que presentan una disminución, no sólo en empleo, sino también en valor añadido. Por otro lado, con la excepción del transporte acuático, todas las industrias con los índices más elevados de crecimiento del valor añadido en la Unión Europea —equipos de comunicaciones, máquinas de oficina y ordenadores, así como telecomunicaciones y servicios informáticos—están relacionadas con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

En comparación con los EE.UU., la mayor diferencia de rendimiento sectorial puede encontrarse en la fabricación de máquinas de oficina y de ordenadores, el comercio mayorista y minorista, el transporte aéreo y los servicios financieros. Estos últimos tres sectores de servicios parecen ser bastante sensibles a las economías de escala y es probable que se beneficien de los mercados integrados de mayores dimensiones en los EE.UU. Sin embargo, la UE presenta bolsas de crecimiento mayor en sectores específicos de la industria manufacturera de alta tecnología, en particular, la industria farmacéutica, y en las industrias de red.

Un mayor contenido de servicios en la industria manufacturera europea

Si bien seguirá estando entre las regiones más ricas por su PIB per cápita, Europa se verá rebasada a largo plazo[10] por algunas de las economías emergentes en términos de tamaño económico global. Esto se debe tanto a factores demográficos como a un crecimiento relativamente importante de la productividad a medida que las nuevas economías avanzan en sus posiciones. Para 2050, Asia se habrá convertido con toda probabilidad en el mercado y polo de crecimiento más importante.

El análisis muestra que en las próximas décadas el sector manufacturero seguirá desempeñando un papel importante en la economía de la UE, contribuyendo directamente al aumento del bienestar y de la productividad y generando una demanda significativa de investigación y servicios muy cualificados que tendrá repercusiones para el resto de la economía[11]. Al mismo tiempo, se espera que el sector manufacturero en sentido estricto emplee directamente a menos personas que hoy y represente un porcentaje relativamente menor de la economía en su conjunto.

Las tendencias del empleo y del tamaño relativo no deben interpretarse como estancamiento o retroceso. En cierta medida, reflejan el efecto de diferencias en el aumento de la productividad. Además, esas tendencias son de carácter estadístico, es decir, la fragmentación de la cadena de valor hace que actividades antes clasificadas como pertenecientes al sector manufacturero se desplacen al sector de los servicios. La industria manufacturera, con su sector de servicios relacionado, seguirá siendo un pilar esencial de la economía de la UE en el siglo XXI, no sólo por su peso económico continuo sino también porque es una parte integrante del sistema de innovación de una economía moderna.

El análisis sugiere que las empresas con más éxito actuarán como líderes de redes mundiales de valor, proporcionando servicios de planificación, comercialización e I+D, e incorporando elementos de fuentes exteriores. Por tanto, es probable que se incremente aún más el contenido de servicios de la fabricación y también del paquete en conjunto vendido con el producto final. Esto crea nuevas oportunidades de ingresos y valiosas relaciones duraderas con los clientes; sin embargo, también aumenta el potencial de externalización. Así, las clasificaciones estadísticas existentes de actividades en la manufactura y los servicios, respectivamente, serán cada vez más menos pertinentes y se harán necesarios nuevos tipos de análisis de las evoluciones de empresas y mercados.

No resulta claro hasta qué punto las nuevas tecnologías (microsistemas electromecánicos, materiales avanzados, biotecnologías y nanotecnologías) explotarán el potencial que se les atribuye, aunque debe subrayarse que este es muy significativo y podría ser una notable contribución al crecimiento de la productividad y la innovación en las próximas décadas. No obstante, es probable que la gestión del conocimiento adquiera importancia y que sean los modelos empresariales más eficaces a este respecto los que tengan éxito en el futuro. Es de suponer que el capital intelectual y los valores inmateriales adquieran cada vez más relevancia. Así se llegará probablemente a enfoques organizativos más complejos, con un alto grado de colaboración e interconexión con proveedores, clientes y competidores y un uso creciente de fuentes externas de conocimiento, como los institutos de investigación y las universidades.

Esta evolución pondrá un énfasis cada vez mayor en la posesión de competencias. En particular, adquirirán importancia, sobre todo para las PYME deseosas de participar en las redes globales, las competencias sociales, como el trabajo en equipo, el aprendizaje, la puesta en común y la comunicación, que proporcionan tanto un servicio como una mercancía, así como la capacidad para pensar de forma interdisciplinaria. Estas pueden llegar a ser necesarias incluso para los mercados locales.

La especialización dinámica, es decir, el que determinadas ventajas competitivas no solo persistan sino que tiendan a reforzarse, apunta a que Europa va a mantener posiciones de liderazgo en muchos sectores de tecnologías medias y altas (sustancias químicas, incluidos los productos farmacéuticos, ingeniería mecánica, automóvil, aeroespacial y sistemas electrónicos incorporados). Esto exigirá importantes esfuerzos de I+D a fin de seguir expandiendo la frontera tecnológica en estas industrias para mantener la ventaja competitiva. Otro punto fuerte pueden ser los productos de alta calidad en sectores tradicionales, con una importante intervención de la innovación tecnológica, el diseño y la mercadotecnia.

Mucho dependerá también de la capacidad de las empresas europeas para apostar por las oportunidades que representan retos globales, como el envejecimiento y el cambio climático. Dado que Europa tendrá que abordar estos retos muy pronto, hay una oportunidad real para tomar posiciones en la vanguardia de productos como los relacionados con la atención sanitaria, el bienestar, el ocio y el tiempo libre y las tecnologías medioambientales.

Importancia del marco político horizontal para el sector manufacturero

Adoptando un enfoque más cuantitativo y basado en modelos, es posible evaluar el impacto de las políticas que pretenden mejorar el marco general para la competitividad y su importancia relativa en tal perspectiva a largo plazo. Los resultados de este enfoque dependen mucho de las especificaciones e hipótesis del modelo; sin embargo, dan indicaciones útiles sobre la dirección y la magnitud de los resultados generados por los cambios políticos. El determinante clave del crecimiento y la productividad a largo plazo es el grado de apertura de la economía de la UE y mundial. Sin embargo, otras reformas de política estructural pueden tener efectos importantes.

Las políticas consideradas consisten en la modernización de las cualificaciones, la mejora de la normativa y la reducción de las cargas administrativas para las empresas, la I+D y la innovación, un mercado único más competitivo y las políticas ambientales, plasmadas en una mejora del rendimiento energético. Su impacto individual en el PIB para 2025 va del 0,5-0,6 % (cualificaciones[12]) al 3,0-3,5 % (I+D); las demás políticas estructurales están comprendidas entre ambos valores. Su impacto acumulativo es de un 8-9 % aproximadamente.

Entre las políticas consideradas, las de I+D e innovación y la consolidación del mercado interior son las que tienen un impacto más fuerte y positivo en el sector manufacturero. La mejora del marco político horizontal ayudará a retrasar la tendencia a la reducción del tamaño relativo de la manufactura en Europa. Los resultados del modelo confirman que, con un entorno externo favorable, algunos sectores manufactureros, como las sustancias químicas, el caucho y los plásticos, las máquinas combinadas y el equipo, podrían mantener aproximadamente sus posiciones en la economía de la UE. En cuanto a la parte de la producción mundial, a menos que mejoren las condiciones generales, no hay ningún sector en el que la UE mantenga su importancia relativa para 2025. Si se ponen en práctica las políticas antes mencionadas, sectores como los equipos de transporte, la madera y otras manufacturas, los vectores energéticos, los servicios de investigación y desarrollo, las sustancias químicas, el caucho y los plásticos, los servicios de transporte y otros servicios empresariales mantienen su parte en la producción global o pierden muy poco. Este análisis confirma que las reformas económicas son especialmente importantes para los sectores expuestos al comercio, como son las manufacturas.

5. RESUMEN

La conclusión esencial de este informe estriba en subrayar el papel central que desempeña la productividad como fuente de crecimiento a largo plazo. Los decepcionantes resultados de la productividad de la UE en los últimos años y la reciente recuperación se explican en gran medida por la evolución de la productividad total de los factores. Esto tiene claras consecuencias políticas, ya que pone de relieve la pertinencia de las políticas de investigación e innovación, así como de formación y educación, y la importancia de reformas económicas que mejoren el entorno empresarial general y faciliten el cambio estructural y la reasignación de recursos. En la mayoría de los casos, la acción coordinada en estas áreas produce más beneficios que una actuación aislada. Un importante motor del aumento de la eficiencia económica es la competencia, ya sea con mercados abiertos, con un mercado único reforzado, especialmente en el sector de los servicios, con una liberalización continua de las industrias de red o con la reforma de los mercados de productos.

Es de esperar que, en el futuro, la industria manufacturera europea siga desempeñando un papel importante en un entorno mundial en el que los activos cruciales serán el conocimiento y las cualificaciones. La aplicación de las políticas y las reformas antes mencionadas será fundamental para lograrlo.

[1] Documento de trabajo de los servicios de la Comisión SEC(2007), informe de 2007 sobre la competitividad europea.

[2] El objetivo de la base contable sobre crecimiento y productividad EU KLEMS es crear una base de datos sobre medidas relativas al crecimiento económico, la productividad, la creación de empleo, la formación de capital y el cambio tecnológico a nivel industrial en todos los Estados miembros de la Unión Europea desde 1970.

[3] Este sector particular y el conjunto de la economía presentan pautas de crecimiento de la productividad muy similares y sincrónicas, si bien las cifras de crecimiento de la productividad del sector manufacturero son, en general, más altas.

[4] Sin embargo, la UE emplea más capital por trabajador, lo cual reduce la diferencia de productividad de la mano de obra respecto a los EE.UU.

[5] Véase EU Economy Review 2007 y la Comunicación sobre el mismo tema «Desplazar la frontera de la productividad», de próxima aparición.

[6] Sin incluir el comercio intracomunitario. El término «mundial» alude a un conjunto de países que representa el 86 % de las exportaciones mundiales totales (para asegurar la comparabilidad de las magnitudes a través del tiempo manteniendo estables los países de referencia).

[7] Aisladamente, estos resultados se prestarían a una interpretación abusiva: de las pérdidas de cuota de mercado de exportación podría concluirse una disminución de la competitividad, cuando pueden entrar en juego otros factores (como un crecimiento o un consumo más elevados).

[8] Los datos sobre el comercio de servicios de la EU-27 o de la EU-25 no están disponibles desde 1996.

[9] Canton, E. (2007), Social returns to education: Macro-evidence, De Economist (próxima aparición en diciembre de 2007).

[10] Según una revisión de estudios de previsiones cuya espina dorsal está constituida por tres recientes proyectos a escala comunitaria de previsiones sobre el futuro del sector manufacturero en Europa: FutMan, ManVis y Manufuture.

[11] Para 1 EUR de bienes manufacturados vendidos se necesitan entre 22 céntimos (Países Bajos) y 36 céntimos (Alemania) de insumos de los servicios comerciales (datos de insumos y productos de 2000).

[12] Este modelo sería el logro de los objetivos adoptados en 2004 para 2010 (un máximo del 10 % de abandono escolar prematuro, un mínimo del 85 % de jóvenes de 22 años con educación secundaria superior, una reducción del 20 % de los jóvenes de 15 años con bajos resultados en lectura, una participación en el aprendizaje permanente de al menos el 12,5 % y un aumento del 15 % del número de licenciados en ciencias y tecnología). Sus efectos económicos serán muy paulatinos, a medida que las cohortes con mejor educación se incorporen a la población activa.

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