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Language: es
Format: md

N° C 225/38 Diario Oficial de las Comunidades Europeas 10. 9. 90

Dictamen sobre la «Situación económica de la Comunidad a mediados de 1990»

(90/C 225/15)

El 14 de noviembre y el 18 de diciembre de 1989, de conformidad con el apartado 4 del artículo 20
de su reglamento interno, el Comité Económico y Social decidió elaborar un dictamen sobre la:
«Situación económica de la Comunidad a mediados de 1990».

La sección de Asuntos Económicos, Financieros y Monetarios, encargada de preparar los trabajos
en la materia, adoptó su Dictamen el 20 de junio de 1990 (Ponente: Sr. Kaaris).

En su 278 [a] sesión plenaria (sesión del 5 de julio de 1990), el Comité Económico y Social ha
aprobado por sustancial mayoría, con 2 votos en contra y 8 abstenciones el siguiente Dictamen:

0. Consideraciones previas

La elaboración del presente Dictamen coincide con una fase
de gran importancia para el desarrollo de la Comunidad, en
la que deben adoptarse decisiones estratégicas cruciales.
Por esta razón, el Dictamen no puede quedar limitado a un
contenido « normal», centrándose en el tratamiento de una
serie de temas de carácter coyuntural, sino que debe
establecer los fundamentos profundos subyacentes a dichos

temas.

Hablar de preocupaciones estratégicas no constituye,
obviamente, una novedad para una institución con más de
tres décadas de existencia. En este período, la Comunidad
ha realizado grandes avances (del Tratado de Roma al
Tratado de Bruselas de 1965; de la entrada en vigor de la
unión aduanera en 1968 a la Cumbre de La Haya de 1969;
de la creación del Sistema Monetario Europeo en 1979 a la
aprobación del _Libro blanco_ sobre la realización del
mercado interior y de las sucesivas ampliaciones al Acta
Única Europea y al Plan Delors). Han existido conflictos
internos, más o menos abiertos: la «política de la silla
vacía » de 1965, las crisis de la serpiente monetaria de 1973
y 1976, o el problema de la contribución británica al
presupuesto comunitario. La Comunidad ha tenido que
hacer frente a acontecimientos políticos y económicos
internacionales de amplio alcance (de la crisis del dólar en
1971 a la crisis energética mundial de 1973; de la segunda
crisis del petróleo a las diversas mutaciones de la economía
mundial en la década de los 80). Estos conflictos sirvieron
de fuente de reflexión estratégica en el seno de la
Comunidad, de donde surgieron importantes contribuciones a su dinámica de estructuración y consolidación.

La diferencia reside hoy en una serie de nuevos acontecimientos que estimulan a la Comunidad en el plano
estratégico. Coincidiendo exactamente con el impulso
creciente de la empresa europea, se está produciendo en los
países del Este de Europa un conjunto de inesperadas
transformaciones de inevitable repercusión en todo el
continente y en el mundo. En otras palabras, se había
negociado y establecido el calendario de un proceso de
integración europea basado en premisas cuyos parámetros
han sufrido una mutación integral como resultado de los
mencionados acontecimientos. Estos acontecimientos

deben ser aceptados sin reserva alguna, aunque plantean
nuevas exigencias a la Comunidad.

La necesidad de dar respuesta adecuada a los acontecimientos exteriores no debería frenar el impulso de los cambios
en el interior de la Comunidad. Este riesgo debería evitarse
a toda costa. La Comunidad debe mantener su renovado

dinamismo interno y tener como objetivo prioritario la
plena realización del mercado interior y de la unión
económica. En todo caso, la aceleración de los acontecimientos exteriores añade nueva urgencia a estos objetivos.
Si no consigue mantener su avance, la Comunidad no
dispondrá del potencial necesario para cumplir con la
función activa a que aspira en la configuración del futuro
del continente europeo.

1. Marco económico mundial

1.1. _La economía mundial en 1990 y las perspectivas de_
_evolución a medio plazo_

La situación de la economía mundial en 1990 se halla aún

fuertemente condicionada por las tendencias registradas
durante la pasada década, en particular en sus últimos

años.

Aunque se espera que el crecimiento económico global
mantenga una significativa vivacidad, si bien a un ritmo
menos acelerado (1990 será el octavo año consecutivo con
un ritmo positivo de crecimiento), se prevé, según
estimaciones recientes, un significativo descenso temporal
de un punto (3,3 % en 1989 y 2,4 % en 1990), lo que es
motivo de preocupación.

En cuanto a las restantes variables económicas, las fuertes
tasas de crecimiento y los distintos programas de empleo
han reducido en parte el desempleo en la OCDE.

Las causas principales de inestabilidad económica internacional son, en lo que se refiere al área de la OCDE, la
inflación, el gasto público y los problemas en las balanzas
de pago:

— la reciente estabilización observada en los índices de

precios al consumo (un incremento en torno al 4,5 %)
no ha compensado totalmente el complejo conjunto de

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causas subyacentes al incremento de finales de la pasada
década;

— el proceso generalizado de saneamiento presupuestario
iniciado en los últimos años está lejos de haber
conducido, en la mayoría de los países, a una
consolidación a niveles satisfactorios;

— la reciente mejora de la situación de las balanzas de
pagos de las principales zonas económicas no debe
contribuir a enmascarar la permanencia de una
acentuada divergencia entre el déficit exterior norteamericano (98 000 millones de ecus en 1989) y el
excedente japonés (65 000 millones de ecus en el mismo
año), ni las divergencias internas de la Comunidad (a
pesar de una situación global prácticamente de
equilibrio, la República Federal de Alemania presenta
un saldo crecientemente positivo desde comienzos de la
década de los 80 y alcanza un valor de 48 000 millones
de ecus en 1989).

El contexto económico mundial estará marcado todavía

por grandes incertidumbres en los próximos años. El
comportamiento de las mencionadas variables económicas
tiene su base en factores muy inestables que sólo permiten
un optimismo muy moderado. Además, persiste la
incertidumbre en temas tan diversos como:

— los acuerdos internacionales monetarios y de cambios;

— la estabilidad y eficacia del mercado financiero, que
aparecen seriamente amenazadas por las recientes
previsiones de una alarmante triplicación del déficit
presupuestario norteamericano para 1991;

— la deuda del Tercer Mundo y el deterioro de la situación
económica de los países en vías de desarrollo;

— el futuro del sistema comercial multilateral ante el

recrudecimiento del proteccionismo;

— las incógnitas en torno a la transición en los países de
Europa del Este, en el sentido de la introducción de los
mecanismos de la economía de mercado, junto a las
dificultades adicionales derivadas del previsible aumento de su endeudamiento exterior;

— al mismo tiempo, deben tenerse presente las hipotecas
políticas existentes y las de nuevas creación, como la
precariedad de la situación político-económica de
América Latina (Centro y Sur), el polvorín del Oriente
Medio, la corriente integrista islámica, la inestabilidad
amenazante y los problemas étnicos en la URSS, la
incierta evolución de las relaciones entre los países
balcánicos, las fisuras del sistema federal yugoslavo y,
por último, la gran incógnita china.

En pocas palabras, a pesar de los crecientes signos de
progreso en la cooperación internacional, el camino que

queda por recorrer sigue siendo largo y lleno de obstáculos.
En un clima de importantes riesgos políticos, la perspectiva
para los años 90 indica, por consiguiente, que la
cooperación y los esfuerzos coordinados constituyen el
único camino para asegurar una efectiva estabilidad a largo
plazo en el ámbito macroeconómico. Ello reportará
innegables ventajas a los agentes económicos y a los países
capaces de utilizar el actual período de tranquilidad para
preparar el futuro, sea a través de la corrección de los
desequilibrios heredados, sea mediante la adopción de las
decisiones estructurales más adecuadas para hacer frente al
futuro.

2. Evolución económica en la Comunidad

Las notas precedentes hacen especial referencia a la
situación de la Comunidad. Por una parte, porque ha
llegado a los comienzos de esta nueva década en situación
de nítida recuperación de las principales magnitudes
macroeconómicas, lo que refleja una creciente toma de
conciencia por parte de los Estados miembros de la
importancia de la política económica como condición para
el éxito del objetivo más amplio de la integración
económica, financiera, monetaria y social. Por otra, porque
la realización de este objetivo corresponde a una fase
crucial de su existencia, al afirmarse como vía capaz de
contribuir al mantenimiento de Europa como polo
determinante de la economía mundial a comienzos del

siglo XXI.

2.1. _Grandes tendencias: equilibrios_ _macroeconómicos_
_de la economía europea_

De acuerdo con el informe Económico Anual 1989-1990 de

la Comisión, la política económica de la Comunidad debe
garantizar una capacidad de respuesta a dos desafíos de
máxima importancia: el reforzamiento de los factores
determinantes del crecimiento económico y una mayor
convergencia de las políticas económicas y presupuestarias
a fin de incrementar la estabilidad y el empleo.

La consecución de dichos objetivos presupone la adopción
de medidas firmes dirigidas a combatir los riesgos de
persistencia y/o agravamiento de los parámetros económicos negativos de los últimos años. En algunos de los
Estados miembros se impone la reducción de los elevados
niveles de desempleo, evitando que el resurgimiento de las
expectativas inflacionistas pueda poner en peligro el
crecimiento actual, y haciendo frente a las notables
divergencias en materia de inflación, balanzas por cuenta
corriente y saldos presupuestarios.

2.2. _Nuevos factores: las consecuencias de los cambios_
_en Europa del Este_

Las previsiones económicas son necesariamente poco
fiables en unos momentos como los actuales de cambios de

una rapidez desconocida en Europa del Este. A largo plazo,
la incorporación de estas sociedades, con una población

N° C 225/40 Diario Oficial de las Comunidades Europeas 10. 9. 90

total de 400 millones de personas, decididas a participar en
el sistema comercial internacional y en la división
internacional del trabajo en las condiciones de la sociedad
de mercado, será espectacular. Sin embargo, la transición
desde la actual situación de casi total aislamiento

económico de Europa del Este a la plena participación en la
economía mundial se ve amenazada por el desempleo
masivo y las incertidumbres financieras en cuanto a la
capacidad de adaptación al cambio tecnológico, las
posibilidades financieras y el acceso a los mercados, lo que
hace que las predicciones a medio y largo plazo sean
particularmente inciertas.

La República Democrática Alemana constituye un caso
aparte respecto a otros países del Este en la medida en que
su considerable potencial económico ofrece mayores
posibilidades de explotación en un futuro próximo. Ello
tendrá una influencia directa e importante sobre el
crecimiento y el empleo de la Comunidad Europea,
comparable en términos económicos a la ampliación de la
Comunidad a trece miembros, con un incremento de un
5 % en superficie y población. Las sociedades de Alemania
del Este dispondrán de un adecuado acceso a los medios
financieros y a los mercados occidentales que les asegure
una perspectiva económica a medio y largo plazo.

La integración de Alemania del Este a la Comunidad
ofrecerá oportunidades a los inversores de todos los
Estados miembros. En cuanto a las inversiones alemanas en

el Este'del país y en sus vecinos orientales, permitirá mitigar
la diferencia entre el superávit de la balanza comercial
alemana y los crecientes déficits exteriores de muchos otros
países comunitarios.

El Tratado interalemán (Staatsvertrag) celebrado en mayo
establece sin lugar a dudas que el Deutsche Bundesbank
continuará asegurando la estabilidad del valor del marco
alemán y garantizará el mantenimiento de una baja tasa de
inflación a largo plazo. Los efectos inflacionistas iniciales
provocados por los gastos de consumo de Alemania del
Este difícilmente pueden amenazar la estabilidad monetaria a largo plazo, si bien pudiera darse una ligera tendencia
al alza de los precios alemanes. Sin embargo, ello tendría
como resultado suavizar las exigencias impuestas a los
demás Estados miembros en la convergencia inicial de las
políticas económicas necesarias para un correcto comienzo
del proceso hacia la unión económica y monetaria.

La propia rapidez de la integración de las dos Alemanias,
apenas 8 meses desde la apertura del muro de Berlín hasta la
entrada en vigor de la unión monetaria, constituye un reto
para el ritmo, más lento, establecido por la Comunidad
para la plena realización de sus objetivos. La unión
monetaria de los Doce requerirá tantos años como semanas
ha necesitado la unión monetaria alemana, lo que pone en
tela de juicio la credibilidad del proceso de integración de la
Comunidad y su pretensión de ofrecer un marco europeo
adecuado para la integración alemana.

2.3. _La aplicación del Acta Única_

Gracias al Acta Ünica, la Comunidad ha podido completar
la mayor parte de la legislación europea necesaria para la
plena realización del mercado interior a fines de 1992. Sin
embargo, su incorporación a las legislaciones nacionales y
el control de su aplicación por parte de los Estados
miembros son tareas todavía no resueltas.

El Acta Única no modificó el requisito de unanimidad en lo
relativo a las decisiones sobre fiscalidad y con ello no
contribuyó a hacer posible la consecusión de decisiones por
parte del Consejo sobre la armonización de los tipos del
IVA y la recaudación de dicho impuesto en el país de origen
para mercancías comercializadas en el interior de la
Comunidad. Afortunadamente, ello no pone en peligro la
abolición de los controles fronterizos, en la medida en que
el control del IVA no implica necesariamente la interrupción del flujo de tráfico en las fronteras. No obstante, sigue
sin respuesta la cuestión de si será posible abolir los
controles fronterizos, a la vista de que no se ha realizado
prácticamente ningún avance en la armonización de los
requisitos de visado y de las normas de inmigración. Hasta
el momento, no se ha establecido ningún tipo de
colaboración policial que pueda sustituir a los actuales
controles fronterizos en el período de apenas mil días que
resta hasta el 1 de enero de 1993.

Las declaraciones solemnes del Consejo no pueden sustituir
a los avances en la resolución de tan importantes asuntos
políticos.

2.3.1. La cohesión económica y social y la aplicación del « paquete » de febrero de 1988

En el marco del actual proyecto comunitario, se plantea
una doble cuestión: si bien los pasos ya iniciados, y en curso
de realización, derivan de una necesidad de respuesta ante
la cuestión crucial de la presencia comunitaria en la escena
económica internacional, se trata también de un desafío
definido por los Doce que tiene, como tal, exigencias
internas específicas en lo relativo a la complementariedad
de medidas derivadas de la legítima pretensión de
promover la cohesión, ayudando a las regiones menos
prósperas a acelerar su desarrollo económico. Se está
llegando a un creciente convencimiento de que las medidas
que se han propuesto hasta ahora difícilmente podrán
alcanzar este objetivo. En efecto, si no se consigue detener
los movimientos de capitales procedentes de esas zonas, se
corre el riesgo de neutralizar el efecto de las medidas
complementarias ya propuestas.

Cabe citar aquí que, si bien es evidente la diferenciación
regional y la posibilidad de que se refuercen los factores de
desequilibrio, la situación es especialmente crítica en lo que
se refiere al carácter periférico de las regiones de la
Comunidad más distantes de los grandes centros económicos (costes de transporte) y de decisión (despilfarro en la
adjudicación de recursos).

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La decisión adoptada por un Estado miembro geográficamente central de imponer unilateralmente tasas de
utilización en el transporte por carretera no contribuirá
ciertamente a paliar esta lamentable situación. Esta
cuestión pone de relieve la necesidad de una política,
integrada de transportes que trate también de los derechos
de transporte en el interior de la Comunidad y en los países
limítrofes. En este contexto, se recuerda expresamente la
urgencia de la armonización del marco económico,
especialmente en el ámbito fiscal como una premisa
necesaria para crear una política de transportes integrada.

En cualquier caso, el año de 1990 significará un hito en la
vida comunitaria, en materia de políticas estructurales, al
introducirse la aplicación y gestión de los marcos
comunitarios de apoyo y de los programas operacionales
correspondientes, así como un primer paquete de « programas de iniciativa comunitaria ». Paralelamente, y a pesar de
sus aspectos más controvertidos, los esfuerzos destinados a
sanear y estabilizar los mercados agrícolas y la nueva
política de desarrollo rural complementan el actual proceso
de reformas contribuyendo con ello a la creación de
perspectivas favorables para los próximos años.

Sin embargo, sabiendo que estas reformas estructurales
apuntan a la necesidad de realizar esfuerzos de disciplina
presupuestaria y de una revisión de sus perspectivas
financieras hasta 1992, se avecinan nuevas fuentes de
preocupación habida cuenta de que las manifestaciones de
solidaridad exterior ante los acontecimientos del Este de

Europa no dejarán de imponer nuevas responsabilidades.
En un ámbito en que los recursos son siempre escasos y en
que los compromisos no siempre son fáciles, el necesario
establecimiento de prioridades reclama, una vez más,
mucha ponderación y sentido estratégico.

2.3.2. La dimensión tecnológica

En este ámbito, y a pesar de las reservas que expresó el
Comité Económico y Social al respecto, la reciente
aprobación (15 de diciembre de 1989) del programa marco
para el período 1990-1994 constituye una garantía de
perspectivas positivas en un campo que, aunque de
importancia vital, no ha contado con la financiación
adecuada.

Sin embargo, es preciso seguir destacando la importancia
de la coordinación de recursos con el fin de evitar su

desperdicio, problema causado en gran medida por una
excesiva preocupación por los intereses nacionales.

En concreto, se han presentado 15 propuestas en los tres
ámbitos siguientes: tecnología de la difusión, gestión de los
recursos naturales y valorización de los recursos intelectuales. Las medidas innovadoras derivadas de estas propuestas
añadirán una dimensión europea a la formación de los
investigadores, reforzarán los lazos con el proyecto
EUREKA, desarrollarán las tecnologías relacionadas con la
realización de redes transeuropeas de información y
comunicación y favorecerán la movilidad de los investigadores. Constituyen, junto a los compromisos asumidos en
relación a las medidas que deberán ser adoptadas en

sectores vitales (aeroespacial, electrónica de consumo,
biotecnologías), la prueba de un positivo compromiso en el
abordaje de potencialidades inigualables para el deseado
incremento de la presencia de la Comunidad en la
economía mundial.

Con este fin, es fundamental una coordinación de las
inversiones que evite la dispersión derivada de la búsqueda
de prestigio nacional. La trayectoria europea en materia de
innovación técnica no es comparable a la del Japón, aunque
la inversión conjunta de los Doce en investigación y
desarrollo supera a la japonesa.

2.3.3. El medio ambiente

Aunque las medidas comunitarias en materia de medio
ambiente siguen en estado embrionario, la política
comunitaria de medio ambiente va en la dirección correcta.

Dicha política será aún más efectiva cuando a) la Agencia
Europea de Medio Ambiente y su red de control sean
operativas, b) se inicie la homogeneización de las medidas
nacionales y de las normas comunitarias, y c) se
incrementen las medidas para la protección del medio
ambiente. Al respecto, deberán estudiarse convenientemente aspectos como la aplicación del principio del « contaminador responsable» y la compensación en materia de
desastres o catástrofes.

Las realizaciones y las intenciones declaradas indican un
gradual consenso en relación con las premisas básicas en la
concepción de esta problemática en el Acta Única Europea,
principalmente en lo relativo a la interdependencia
existente entre a) los avances en las diversas políticas
comunes y b) la necesidad de preservación del marco de
vida y de un crecimiento viable que únicamente la
dimensión ambiental puede garantizar. Se trata, pues, de un
buen ejemplo de un ámbito en el que la especificidad del
modelo comunitario es patente y en la que el conjunto de
responsabilidades ya asumidas no pueden ser, de ningún
modo, relegados a un segundo plano (limitaciones de
fondos u otras).

2.4. _Avances_ _en materia_ _de unión_ _económica_ _y_
_monetaria_

El Comité considera que la realización de la Unión
Económica y Monetaria (UEM) constituye ya una de las
piedras angulares del edificio europeo. Habida cuenta de
esto, el Comité pide que los distintos aspectos de la primera
etapa de la Unión Económica y Monetaria, de próxima
entrada en vigor, cuenten con el máximo grado de
compromiso. El mecanismo de vigilancia multilateral de las
políticas económicas recientemente establecido por el
Consejo es una iniciativa que merece una especial atención,
teniendo en cuenta la necesidad de realizar avances

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continuados hacia una convergencia de la actuación
económica de los Estados miembros.

En este mismo sentido, la liberalización de los movimientos
de capitales, los nuevos avances destinados a reforzar el
Sistema Monetario Europeo y el desarrollo del ecu, un
aspecto clave, son cuestiones que requieren un estudio
riguroso a fin de llegar a percibir completamente todas sus
implicaciones económicas e institucionales. En un sentido
más general, deberá estudiarse detenidamente la preparación de la segunda y tercera etapa de la UME, especialmente la creación de un Banco Europeo Central independiente
encargado de mantener el valor del dinero, si se pretende
disponer de conclusiones claras en la conferencia intergubernamental que se celebrará bajo la presidencia italiana a
fines de 1990.

2.5. _Relaciones_ _exteriores,_ _política comercial_ _y de_
_cooperación_

Resulta evidente que la aspiración comunitaria de tener una
voz propia en el nuevo orden económico mundial que
lentamente se está esbozando es indisociable de la posición
que adopte la Comunidad en materia de relaciones
exteriores. Si desea ser un socio fiable y asumir sus propias
responsabilidades, la Comunidad debe tener a) una política
comercial común que le dé la fuerza de muchas voluntades
y la solidez de prácticas semejantes y coordinadas, b) una
política de cooperación coherente que refuerce sus lazos
seculares en otros continentes y zonas, y c) una visión
unánimemente asumida en cuanto a su función en un

mundo multipolar en gestación.

También aquí surgen diversos indicadores reveladores
tranquilizantes. Ante todo, y cada vez más obviamente, en
el plano comunitario: la negociación de acuerdos de
cooperación que refuercen las relaciones con los países de la
Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) y las
responsabilidades contraídas, presentes y futuras, en
materia de asistencia económica a los países del Este de
Europa constituyen pasos decisivos hacia un nuevo marco
en el que la Comunidad tenga un papel central: el espacio
económico europeo.

La proximidad geográfica y la intensidad de contactos con
los Países mediterráneos justifica que la Comunidad les
dedique una atención especial, incluso mayor que la actual.

Deberán estimularse las relaciones mutuas, tanto en el
campo de la financiación como en el de la formación
profesional. Ello permitirá que dichos países mejoren su
situación económica, de forma que puedan hacer frente a
problemas como la alta tasa de emigración y las
importantes implicaciones políticas que tiene para muchos
Estados miembros.

Sin menospreciar el interés por las relaciones con otras
zonas de cooperación prometedoras, como América
Latina, China y el conjunto del continente asiático, se
esperan importantes efectos a medio plazo de las iniciativas
en materia de ayudas y ajuste estructural en los países ACP,
en particular en el marco del Convenio de Lomé
recientemente firmado. Una vez más, estamos ante un
aspecto que determinará la posición de la Comunidad en el
mundo, razón por la que habrán de reforzarse los medios
necesarios para la prosecusión decidida en esta vía decisiva
de ayuda al desarrollo.

Otras varias cuestiones igualmente determinantes (aunque
diferentes) se plantean sobre las relaciones con los grandes
bloques desarrollados. En lo que respecta a EE.UU, la
predominancia de las negociaciones de naturaleza comercial ha oscurecido el interés por el reforzamiento de las
relaciones de cooperación; es probable que la respuesta de
EE.UU al objetivo comunitario del «mercado único»
(constitución de una zona de libre cambio con Canadá)
constituya un buen indicador de una mayor aceptación y
apertura por parte norteamericana respecto a Europa.

En cuanto a Japón, se han realizado pocos progresos. La
amplitud de sus excedentes comerciales, la persistencia de
dificultades de acceso a su mercado y el incremento de su
presencia económica a escala internacional evidencian que
Japón se ha limitado a adaptar su estrategia expansionista a
las presiones de que ha sido repetidamente objeto. Dado
que ello prueba que su margen de maniobra es limitado, el
Comité recomienda mayor firmeza y sentido estratégico.

En particular, el Comité valora el éxito del acuerdo del
Grupo de los siete a fin de frenar el descenso del valor
internacional del yen, que amenaza con poner en peligro la
evolución armoniosa futura de los flujos comerciales al
crear unos superávits japoneses aún mayores.

No menos cierto es que el anuncio de cambios políticos
internos, la nueva orientación visible de las mentalidades y
los recientes problemas financieros y bursátiles deberían
hacer que ese gran país diese pruebas de mayor flexibilidad
y de llevar a cabo una competencia leal, en el ámbito de la
liberalización multilateral de los intercambios.

En el campo de la política comercial, la conclusión prevista
para finales de 1990 de la octava ronda de negociaciones del
GATT (Ronda Uruguay) podría significar la concreción de
nuevos avances cualitativos. Apertura de muchos mercados
(en especial en los países del Sudeste Asiático), avances en el
sector agrario, reforzamientos globales del sistema multilateral (cláusulas de salvaguardia, derogaciones, resolución
de conflictos), introducción de nuevos sectores de actividad
(propiedad intelectual, servicios) son algunos de los

10. 9. 90 Diario Oficial de las Comunidades Europeas N° C 225/43

aspectos en los que se puede esperar un papel activo por
parte de la Comunidad.

Del mismo modo, la propuesta de nuevos esquemas de
preferencias generalizadas, la negociación de nuevos
acuerdos internacionales en el ámbito de ciertas materias

primas y la participación en varios tipos de contactos de
alcance multilateral podrán significar momento adecuado
para la afirmación de principios comunitarios básicos,
tanto en materia de libertad de comercio como de

relaciones laborales o de campañas contra ciertas actividades (drogas).

2.6. _Aspectos_ _complementarios_

El Comité no quisiera cerrar este capítulo sin efectuar una
declaración de apoyo al conjunto de medidas destinadas a
convertir la Comunidad en una realidad práctica, y que se
extienden al sector audiovisual, a la política de educación y
juventud, las PYME, los sectores de comercio y turismo, la
política de los consumidores, los derechos de los ciudadanos, la solidaridad social y la salud pública. En realidad,
aunque aparentemente menores, las iniciativas previstas
son fundamentales para la estructuración de una Comunidad mejor.

El Comité entiende que la actual coyuntura exige hacer una
referencia expresa a la problemática de la defensa del
consumidor. De hecho, en un momento en que aparecen
como victoriosos los valores en que se asientan las
economías de mercado, tiene sentido destacar el papel
determinante del grupo de agentes económicos que
representan los consumidores en dichas sociedades y, muy
especialmente, el creciente interés que deberá otorgarse a la
protección de la esencia cualitativa de la manifestación de
sus voluntades.

3. Situación social en la Comunidad

A pesar de que el presente Dictamen se refiere explícitamente al análisis de la situación económica de la

Comunidad, parece incuestionable incluir una nota relativa
a los aspectos sociales, tanto más aceptable si tenemos en
cuenta, al mismo tiempo, el papel específico del Comité
Económico y Social y el hecho de que ha quedado
claramente expresado que la construcción del mercado
único europeo comporta un necesario equilibrio entre una
componente económica y una componente social.

3.1. _El mercado de trabajo y el desempleo_

El mercado de trabajo continúa justificando una atención
prioritaria por parte de las autoridades nacionales y
comunitarias. Antes de entrar en este tema, debe destacarse
un aspecto técnico del mismo: las estadísticas sobre
creación de empleo en la Comunidad continúan incluyendo
diferentes tipos de empleo (a tiempo completo, a tiempo
parcial, temporal), con lo que no reflejan adecuadamente el
volumen del empleo real creado, dado que esta cifra global
es utilizada para calcular la tasa de crecimiento del empleo

global (que está estructurada de un modo diferente al
empleo adicional creado cada año).

No obstante, la tasa de crecimiento del empleo en la
Comunidad parece registrar una sensible estabilización
positiva (1989 fue el tercer año consecutivo de creación de
empleo, con una variación media anual del 1,5 %),
reflejada en la situación del desempleo (disminución del
10 % en 1988 al 9 % en 1989), si bien los desniveles
subsistentes son todavía muy elevados en términos
comparativos (5,2 % en EE.UU, 2,3 % en Japón y poco
más de 2,5 % para el conjunto de la AELC).

Causa preocupación considerar que esta evolución observada del empleo no se traduce en una baja equivalente del
desempleo y que la reducción de la tasa de desempleo
continuará en 1991 a un ritmo más lento que durante los
dos últimos años (véase documento de la Comisión sobre
los presupuestos económicos 1990-1991, página 1). Ante
esta situación, el Comité insiste una vez más, como ha
hecho en años precedentes, en que la tasa de crecimiento del
empleo debe aumentar igualmente mediante la aplicación
de políticas de oferta adecuadas, a fin de favorecer la
convergencia con la demanda. Las medidas de reordenación y reducción del tiempo de trabajo, que tengan en
cuenta la productividad, deben producir también cambios
favorables para el empleo.

Se indican a continuación los tres principales elementos de
preocupación:

Por una parte, se observa que los factores subyacentes al
mal comportamiento de esta variable en el pasado
continúan latentes, por lo que sigue siendo posible que
tengan de nuevo una nefasta influencia.

Por otra parte, las diferencias existentes en el interior de la
Comunidad siguen siendo de gran importancia (la media
del 8,6 % el pasado febrero incluye las elevadas tasas del
16,7%, 1 5 % y 10% de Irlanda, España e Italia,
respectivamente) e imponen obvias restricciones a la
consecución del objetivo de convergencia.

Por último, continúa manifestándose cierta falta de
iniciativas en ámbitos con capacidad compensatoria, como
a) una mejor distribución de los beneficios del crecimiento
económico: en efecto, las sostenidas tasas de crecimiento
registradas en la mayor parte de los Estados de la
Comunidad, las mejoras en la productividad, casi siempre
muy elevadas, así como la mayor rentabilidad de las
inversiones deben traducirse en una mejor distribución de
los frutos del crecimiento entre los consumidores, los
trabajadores, cuya necesidad de un mayor poder adquisitivo de sus salarios netos es indiscutible y las empresas; o b)
la formación y cualificación profesional. Dicha falta de
iniciativas va unida al preocupante aumento del empleo
precario, como el trabajo temporal o a tiempo parcial, con
cobertura social escasa o nula.

A ello se añade que, a pesar de los significativos progresos
ya registrados en importantes áreas (sanidad en el puesto de

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trabajo, equipos de trabajo y de protección individual,
formación profesional y educación), siguen constatándose
atrasos no despreciables en ámbitos como la ampliación de
la libertad de circulación o el derecho de residencia en el

interior de la Comunidad, el reconocimiento mutuo de
diplomas o la integración social de los emigrantes de países
terceros, aun en el supuesto de que esta integración pudiera
constituir una fuente de tensión en los países o regiones en
que coexisten una alta tasa de desempleo y una considerable presencia de inmigrantes.

3.2. _La «Europa social»_

En cuanto a la Carta comunitaria de los derechos sociales

fundamentales, aprobada por el Consejo como una
declaración adicional a un programa de acción social, el
Comité Económico y Social divulgó en su momento su
opinión, proponiendo una perspectiva de enfoque más
amplia, eminentemente asociable a valores más generales
en materia social y ambiental y a una extensión a los
consumidores, trabajadores independientes y organizaciones cooperativas y mutualistas.

Las reservas expuestas en su momento no encontraron el
debido eco en las instancias responsables, por lo que
continúan siendo válidas. A ello se añade que, sin perjuicio
del reconocimiento de la mayor atención que se procuró
prestar a la dimensión social, el Comité insiste en la
necesidad de adoptar medidas que frenen la degradación de
este ámbito crucial.

De entre lo mucho que queda por hacer, el Comité
destacaría sobre todo la cuestión del fundamento jurídico
de las propuestas que contiene el programa de acción
social.

4. Nota final

En el marco del presente Dictamen, y tras tratar los temas y
problemas de incidencia económica más apremiantes de la
actualidad europea y mundial, el Comité quisiera expresar
su deseo de que el período histórico que estamos viviendo
no sea recordado como una ocasión perdida, sino como
una época en la que los agentes y responsables nacionales y
comunitarios supieron resistir la tentación de frenar el
proyecto inicialmente simbolizado por la fecha de 1992,
aunaron esfuerzos a fin de alcanzar la unión económica y
monetaria y, consecuentemente, una forma consensuada de
integración política democrática, y abrieron el camino de
una presencia mayor y más unida en el mundo.

Hecho en Bruselas, el 5 de julio de 1990.

_El Presidente_

_del Comité Económico y Social_

Alberto MASPRONE

Dictamen sobre la «Evolución social en la Comunidad durante 1989»

(90/C 225/16)

El 5 de julio de 1990, de conformidad con el apartado 4 del artículo 20 del reglamento interno, el
Comité Económico y Social decidió elaborar un Dictamen sobre la «Evolución social en la
Comunidad durante 1989».

La sección de Asuntos Sociales, Familia, Educación y Cultura, encargada de preparar los trabajos
del Comité en la materia, adoptó su dictamen el 17 de mayo de 1990 (Ponente: Sr. Liverani).

En su 278 [a] sesión Plenaria (sesión del 5 de julio de 1990), el Comité Económico y Social ha
aprobado por mayoría y 4 abstenciones el siguiente dictamen.