Source: EURLEX
Language: es
Format: md

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# 51999AR0134

**Dictamen del Comité de las Regiones sobre «La competitividad de las empresas europeas frente a la mundialización - Cómo fomentarla»** 
  
*Diario Oficial n° C 057 de 29/02/2000 p. 0023 - 0039*

  

Dictamen del Comité de las Regiones sobre "La competitividad de las empresas europeas frente a la mundialización - Cómo fomentarla"

(2000/C 57/05)

EL COMITÉ DE LAS REGIONES,

vista la Comunicación de la Comisión "La competitividad de las empresas europeas frente a la mundialización - cómo fomentarla" (COM(1998) 718 final);

vista la decisión de la Comisión, de 25 de enero de 1999, de consultarle sobre este asunto de conformidad con el primer párrafo del artículo 198 C del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea;

vista la decisión de su Mesa de fecha 10 de marzo de 1999, de conformidad con el apartado 4 del artículo 198 C del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, de elaborar un dictamen sobre este asunto y de asignar los trabajos preparatorios del mismo a la Comisión de Empleo, Política Económica, Mercado Único, Industria y PYME (Comisión 6);

visto el proyecto de dictamen (CDR 134/99 rev. 1) aprobado por la Comisión 6 el 27 de septiembre de 1999 (ponente: Sr. Joseph, F/PSE),

ha aprobado por unanimidad, en su 31o Pleno celebrado los días 17 y 18 de noviembre de 1999 (sesión del 18 de noviembre) el presente Dictamen.

1. Introducción

1.1. El Comité de las Regiones acoge con satisfacción la iniciativa de la Comisión de intentar, con esta Comunicación, dotar de entidad y definir los medios de acción relativos a la competitividad europea en el actual contexto de mundialización acelerada de las economías. Hoy día, es importante abrir el debate sobre los instrumentos que puedan servir para pasar de los discursos a la acción y el Comité de las Regiones tiene toda la intención de aportar su contribución al mismo.

1.2. El nivel europeo es, sin duda alguna, el más pertinente para crear las políticas y herramientas adecuadas, a condición de que, siempre que sea necesario, se aplique el principio de subsidiariedad a cada uno de los niveles nacionales y locales. No obstante, pese a que la noción de competitividad parece tener un significado claro cuando se habla de empresas, ésta resulta difícil de definir, o incluso ambigua cuando se pretende darle un significado territorial.

1.3. La internacionalización de las economías es, sin duda, ineluctable. La cuestión que aquí se plantea no es, desde luego, la de si es ésta la mejor vía para el desarrollo económico y social, sino cómo hacer que la Unión Europea en su conjunto se coloque lo mejor posible en el mundo del mañana. Este objetivo no puede quedar reducido a una simple cuestión de posición económica medida en términos de partes de mercado, sino que debe responder, en sentido más amplio, a las aspiraciones de los ciudadanos europeos en cuanto a nivel y calidad de vida, incluir a Europa en una perspectiva de desarrollo sostenible y preparar a las futuras generaciones en un marco de prosperidad, de respeto de los derechos humanos y el medio ambiente, de paz y de intercambio con todos los pueblos del planeta.

1.4. No obstante, el Comité de las Regiones se muestra sorprendido del juicio muy negativo expresado por la Comunicación de la Comisión sobre la posición del Europa y de las empresas europeas respecto a la mundialización. No hay duda de que es necesario un balance sin concesiones de los puntos fuertes y débiles europeos que permita debatir orientaciones y medios aplicables. Pero, aunque el diagnóstico propuesto por la Comisión analiza correctamente determinados fallos de la situación europea, no tiene bien en cuenta los aspectos positivos del potencial europeo ni del éxito del "modelo europeo", que ha permitido la construcción de una Europa unida y solidaria. En el otro extremo, la continua referencia al "modelo norteamericano" esconde el hecho de que dicho modelo presenta también sus propios puntos negativos (desigualdad y pobreza crecientes, violencia, etc.) y que, en sí mismo, un modelo de desarrollo implica unas referencias ideológicas, históricas, culturales, etc. y no puede transplantarse tal cual. No se excluye, evidentemente, la posibilidad de encontrar en dicho modelo, como en otros, fuentes de inspiración para determinar unas vías de acción eficaces. Así, el modelo japonés contribuyó en su día a inspirar la definición de los grandes programas europeos de investigación en cooperación. En todo caso, lo que hay que definir es una vía europea que permita continuar y culminar la construcción de una Europa justa y poderosa de modo que pueda contribuir al éxito de sus empresas en el mercado mundial.

1.5. Así, la construcción del mercado único europeo, pese a no estar del todo terminada (servicios, propiedad intelectual, etc.) supone un primer éxito. Ésta ha dado lugar al mayor mercado interior del mundo en la actualidad, cuando es un hecho reconocido por todos que el tamaño del mercado estadounidense ha sido y sigue siendo el factor determinante para el logro de la competitividad norteamericana. El balance de la investigación cooperativa europea, por su parte, presenta, es cierto, algunos puntos débiles, pero tampoco es tan negativo. Este modelo, basado en la combinación y complementariedad de los programas marco y los Fondos Estructurales, ha logrado a la vez competitividad y cohesión económica y social en Europa(1).

1.6. Es además importante señalar que todo análisis debe tener en cuenta que nos encontramos dentro del marco de un proceso histórico, tanto en lo que concierne a la construcción europea como a la mundialización. Para una y otra dicho proceso no puede considerarse finalizado, lo que significa, concretamente, que las características de funcionamiento de la economía mundial no están fijadas para siempre. Las reglas del juego no son fijas ni definidas. Corresponde a Europa saber tomar parte en su formulación y saber inclinarlas a su favor(2). La Comunicación de la Comisión subraya la importancia de las negociaciones sobre el comercio internacional y las inversiones directas internacionales actuales y futuras. Es ésta, en efecto, una preocupación de primer orden, pero la construcción de un sistema económico mundial no puede reducirse al mero ámbito del comercio internacional basado en una doctrina de libre comercio. Hay que ir más allá en la reflexión sobre la forma de hacer que Europa ocupe una posición fuerte al tiempo que preserva su especificidad y diversidad. Por eso mismo, la Europa de los Municipios y las Regiones es un dato inevitable dentro de un enfoque europeo de la competitividad.

2. Competitividad, construcción europea, cohesión económica y social

2.1. El Comité de las Regiones constata que la noción de competitividad no tiene el mismo significado si se la sitúa al nivel de una empresa que al de un territorio (Europa, Estados miembros, regiones). Si se habla de la empresa, la competitividad corresponde a su capacidad de competir en un mercado (local, nacional, europeo, mundial), pero la noción se desdibuja cuando se intenta definirla no ya dentro de una empresa, sino de un territorio. Además, en un contexto de mundialización, los criterios de medida resultan especialmente delicados, como muy bien señala la Comisión. Se presentan aquí tres niveles de cuestionamiento que hay que examinar de cerca.

2.2. En primer lugar, la cuestión de la relación entre competitividad de las empresas y competitividad territorial es delicada. La pertinencia de dicha relación es indispensable para comprender en qué medida la construcción política de la Unión Europea se ve afectada por la competitividad de las empresas europeas y para concebir una política de fomento de la competitividad de las mismas. La relación resulta tanto más compleja cuanto que numerosas empresas cuentan con establecimientos en varios lugares y se despliegan, por tanto, en un espacio económico que, en general, no coincide con los límites del territorio de que se trate.

2.3. Por otro lado, según la escala geográfica aplicada (Europa, Estados miembros, regiones y municipios), el contenido y significado de la noción de competitividad dejan de ser idénticos y tampoco son compatibles con la gradación geográfica y política. Así, una región podrá intentar atraer inversión exterior creadora de empleo, si es necesario en disonancia con la cohesión del potencial industrial nacional o incluso europeo de un sector dado. La mundialización rebasa los límites geográficos y los circuitos de coherencia productiva no coinciden ya con las fronteras políticas.

2.4. Por último, se plantea la cuestión de la nacionalidad o, más bien, del carácter europeo de las empresas. ¿Qué criterio sirve para considerar europea una empresa: la nacionalidad del capital, la sede de su dirección general, la nacionalidad de los miembros del equipo directivo, la implantación geográfica de sus establecimientos...? Está claro que ninguno de éstos responde de manera satisfactoria a la pregunta. ¿En qué medida habría que considerar menos europea una empresa de origen extranjero que, a través de sus filiales, genera puestos de trabajo, ingresos fiscales y otras repercusiones en Europa, que una empresa de origen europeo cuya competitividad se basara en su despliegue de filiales en Estados Unidos o en Asia?

2.5. Además, es igualmente importante señalar que las cuestiones relacionadas con la competitividad de las empresas a escala intraeuropea son también parte de la construcción de una competitividad europea exterior. Por otro lado, las empresas europeas, competidoras en el mercado europeo, pueden también llegar a competir entre sí en los mercados extraeuropeos.

2.6. El Comité de las Regiones reconoce que es correcto que muchas definiciones de la competitividad coincidan en poner por delante el objetivo de la conservación y mejora del nivel de vida y el bienestar de los ciudadanos. Así, la OCDE define la competitividad como la facultad de las empresas, sectores económicos, regiones, Estados y regiones supranacionales de crear una renta relativamente elevada y alcanzar un nivel de empleo elevado pese a estar expuestos a la competencia internacional. No obstante, el Comité de las Regiones insiste en la idea de que la competitividad regional debe tener como objetivo esencial la contribución a la creación de empleo a largo plazo y la promoción de un desarrollo económico sostenible. Comparte el punto de vista de los expertos del Grupo Consultivo sobre la Competitividad, que recuerdan que determinados objetivos más específicos, como el crecimiento de la rentabilidad o de partes de mercado mundiales, deben considerarse subordinadas al objetivo fundamental de creación de una economía con fuerte valor añadido y alto nivel de empleo. Así no sería necesario tener que elegir entre competitividad y cohesión social. Las tensiones existentes nacen de la forma de aplicar los ajustes necesarios y de los plazos con que éstos se aplican(3).

2.7. Estas observaciones nos llevan a insistir en la importancia de no perder de vista que dichos objetivos de competitividad pueden ser tenidos en consideración sólo a condición de que favorezcan la creación, evolución y consolidación de sistemas productivos, en los niveles geográficos correspondientes, que sean a la vez sostenibles y susceptibles de crear riqueza y de atraerla en proporción no desdeñable.

2.8. Por otro lado, los principios en que se basa la construcción europea exigen que la persecución de estos objetivos sea compatible con el refuerzo de la cohesión económica y social a nivel europeo. Dicho de otro modo, que el éxito de "las regiones que ganan"(4) no se logre a costa de las "regiones que pierden". Más aún, conviene recordar aquí que las divergencias internas de la Unión Europea no traducen únicamente una diversidad de niveles y modos de vida, sino que provocan también el riesgo de una competencia intraeuropea superior a lo que sería deseable, es decir, el dumping económico y social.

2.9. Más en general, el modelo europeo y, sobre todo, su dimensión social, no debe considerarse un lastre o una desventaja con la que haya que contar. Por un lado, dicho modelo recoge valores de la sociedad europea que, por este motivo, es necesario saber defender (no dejar que la economía vaya contra la sociedad). Por otro, la Comunicación hace bien en querer considerarlo una fuente de competitividad a largo plazo: la movilidad de trabajadores cualificados, motivados y satisfechos será cada vez más la clave de una competitividad a largo plazo basada en la innovación y la calidad.

2.10. Así, en un contexto en el que la mundialización sigue una dinámica ineluctable, es importante ser competitivos para preservar, mantener y reforzar el modelo europeo. Es importante ser competitivos para construir una Europa duradera, sostenible, que ocupe un lugar en el mundo del mañana, en la que pueda vivirse bien y haya prosperidad y cohesión social y no desempleo, exclusión, disparidades crecientes, pobreza e inseguridad. De este modo, la competitividad ha de ser considerada un medio y no un fin.

3. Internacionalización, libre comercio, crecimiento y desarrollo sostenible

3.1. ¿Debe considerarse el crecimiento del comercio internacional una fuente esencial de crecimiento y prosperidad para Europa? Es difícil admitir un razonamiento similar. Aunque la correlación es inapelable, las fuentes del crecimiento se encuentran a distintos niveles: políticas macroeconómicas y estabilidad monetaria, construcción del gran mercado interior, progreso científico y técnico, educación y desarrollo cultural, protección del medio ambiente, mejora de las infraestructuras y de las organizaciones económicas, sociales, productivas, etc. En este sentido, la mundialización ha de ser considerada no como una fuente, sino como un medio de crecimiento a causa de la expansión de mercados que provoca. A este propósito, cabe hacer tres observaciones esenciales:

3.2. En primer lugar, cabe constatar un crecimiento mucho más fuerte del comercio dentro de un mismo sector que del comercio entre sectores. Este dato estadístico significa que no ha habido una profundización de la especialización internacional basada en una lógica de ventajas comparativas, sino un ensanchamiento del espacio existente. La organización industrial construye hoy día sus circuitos de coherencia a escala internacional por efecto de la competencia y de la complementariedad entre empresas de distintas nacionalidades. Los grados y modalidades de dicha organización transnacional de las industrias varían enormemente de un sector a otro, de un ámbito de actividad a otro. La división internacional del trabajo es, ante todo, resultado de unas ventajas nacidas de la conjunción de estrategias de despliegue y desarrollo de las empresas y de las dinámicas territoriales de creación de recursos a distintas escalas (local-regional, nacional, europea).

3.3. En segundo lugar, una parte importante del comercio internacional está compuesto por el comercio entre empresas. Ello pone de relieve la importancia de las empresas multinacionales en la construcción de un sistema de economía mundial, aunque también las decisiones políticas en materia de desregulación y privatización, reducción de aranceles aduaneros y reglamentación internacional de la competencia han tenido un peso decisivo. Esta cuestión remite inevitablemente al problema de la definición de lo que se ha dado en llamar "empresa europea".

3.4. Por último, pese a que determinados productos o normas adquieren un carácter mundial innegable, el sistema económico mundial sigue construyéndose con enfoques diferentes correspondientes a una diferenciación de los productos en función de los gustos y normas de consumo, a sistemas de innovación que se basan en potenciales territoriales específicos y diferenciados, etc. La mundialización no significa una homogeneización del mundo, y corresponde también a Europa aportar a la misma sus especificidades y preservar sus diferencias.

3.5. Dicho esto, el Comité de las Regiones recuerda que, si bien en general se considera la mundialización como "un juego con resultados positivos", el reparto de los beneficios arrojados por dicho juego es casi siempre desigual y potencialmente fluctuante. Según las teorías económicas recientes, el crecimiento económico sostenible a largo plazo y la reducción de las desigualdades de renta entre países están vinculados con las consecuencias de la acumulación de capital, tanto físico como humano, un fenómeno que se ve a su vez afectado por el comercio internacional(5). En otras palabras, al estar basada la competitividad en la existencia y desarrollo de unas condiciones comerciales favorables, por tanto desiguales, ésta es por naturaleza fuente de asimetrías. Es además significativo que, pese a que las condiciones comerciales entre Europa y los Estados Unidos y Japón son en general desfavorables para aquélla, por otro lado resultan en general favorables para con los terceros países, es decir, un número importante de países con un menor desarrollo.

3.6. A escala europea, según el informe de 1998 sobre "La competitividad de la industria europea", el nivel de vida europeo, medido en términos de PIB por habitante en relación con su poder adquisitivo, es un 33 % más bajo que en los Estados Unidos y un 13 % inferior al de Japón. Además, la distribución de dicho poder adquisitivo dentro de la Unión Europea muestra una fuerte dispersión con un factor multiplicador de 1 a 2,6 entre los Estados miembros y de 1 a 4,5 entre la región europea más pobre y la más rica. Por otro lado, el contraste en las divergencias regionales es sin duda más marcado en los países que superan la media europea que en los que no llegan a la misma(6).

3.7. Siempre a nivel europeo, los indicadores globales de crecimiento esconden grandes asimetrías. La construcción del mercado único ha favorecido el crecimiento del comercio intrasectorial, con una parte más fuerte de productos diferenciados en precio y calidad, en tanto que la parte de productos similares se ha mantenido estable. Esta evolución revela modalidades de especialización diferenciadas que, por un lado, privilegian las gamas altas dotadas de diseño, investigación y desarrollo y publicidad y, por otro, las gamas bajas, con la búsqueda de una disminución de los costes de producción. Es cierto que un país puede aplicar dos estrategias en sectores distintos, pero si nos atenemos a los cuatro países europeos más industrializados se pone de relieve una clara tendencia a la especialización en las gamas altas en Alemania, en las gamas medio-altas en Francia y en las gamas medias en el Reino Unido, en tanto que Italia es, de esos cuatro, el más especializado en las gamas bajas y el menos especializado en las gamas altas. Esta variabilidad puede comprobarse también en las inversiones extranjeras, con una variación de un factor de 4,5 de Italia (0,4 % del PIB) al Reino Unido (1,8 % del PIB con una fuerte orientación extracomunitaria) y, en lo que concierne a las concentraciones, con una fuerte oscilación no sólo nacional, sino también sectorial. Por tanto, se observa una mayor divergencia en la evolución del periodo 1985-1995, con mayor variancia alrededor de la media, lo que significa que "la integración europea parece producirse con la coexistencia de modelos diferentes"(7).

3.8. La cuestión de la convergencia de las estructuras productivas ha sido el punto central del proceso de unificación monetaria. Más en general, cohesión social y asimetrías regionales siguen siendo cuestiones clave en la construcción y la integración europeas. El papel de la política regional y los Fondos Estructurales consiste, sobre todo, en contribuir a reducir dichas asimetrías. Aparte de los indicadores macroeconómicos más habituales, que revelan una progresión continua de la convergencia, un estudio reciente(8) ha sacado a la luz otras asimetrías menos visibles que pueden tener graves consecuencias a largo plazo y que resultan, por tanto, preocupantes. El análisis de las posiciones nacionales en el comercio de productos de alta tecnología revela posiciones muy divergentes que, pese a tener escasa repercusión a nivel macroeconómico a corto plazo, han de ser tenidas muy en cuenta en una perspectiva dinámica y a largo plazo de la integración europea en la economía mundial.

3.9. Así, España, que presenta todas las características de una trayectoria de convergencia ejemplar, ocupa, por otro lado, una posición vulnerable en productos tecnológicos, con una balanza comercial internacional y europea que la coloca entre los países más deficitarios, en una posición similar a la de Grecia y Portugal. Este ejemplo permite comprender por qué, con una cuota del 10 % del comercio internacional, los productos tecnológicos dan a la UE una ventaja global (+ 1,7 [permil ]) que esconde en realidad una situación deficitaria en los productos de baja gama (-2,7 [permil ]) compensada por un balance positivo en las gamas medias (+ 1,2 [permil ]) y altas (+ 3,1 [permil ]).

3.10. El Comité de las Regiones hace notar a la Comisión el riesgo que supone fomentar la competitividad de las empresas europeas sin tener en cuenta este tipo de asimetrías que, pese a ser patentes a nivel nacional, serían sin duda más evidentes si se pudiera llevar a cabo un estudio de este tipo a nivel regional. Una política de competitividad puede, por el contrario, ahondar dichas divergencias. Ahora bien, aunque los productos tecnológicos no representen, de manera estática, más que una pequeña porción del comercio internacional, su carácter acumulativo y localizado, característico de una economía basada en el saber, tiene como consecuencia unas repercusiones mucho más profundas sobre el crecimiento a largo plazo. Por lo tanto, es importante tenerlos en cuenta de forma más eficaz de lo que lo han hecho hasta ahora los Fondos Estructurales, con el fin de evitar una fractura intraeuropea progresiva y una excesiva polarización provocada por la especialización tecnológica.

4. Mundialización, competitividad y desarrollo territorial

4.1. La mundialización, como hemos dicho, no significa homogeneización del mundo. Las empresas multinacionales lo han entendido bien y deciden su expansión a nivel mundial de tal modo que puedan sacar beneficio de las diferencias tanto en costes como en recursos específicos. No hay un modelo único, y esta afirmación es válida no sólo a nivel mundial, sino también europeo: la diversidad constituye una de las riquezas fundamentales de Europa.

4.2. La mundialización se incluye en una dinámica de apertura y creciente complejidad del mundo que a veces se designa con el nombre de globalización y que implica un fenómeno de apertura recíproca e interpenetración simultánea de los espacios geográficos y sectoriales. La riqueza nace de esta combinación y, en este sentido, la mundialización y la aceleración de los intercambios internacionales muestran un potencial de crecimiento formidable.

4.3. Esta doble dimensión de la globalización se traduce de forma espectacular en las estrategias de las empresas por:

- una aceleración de su expansión internacional, que no está causada simplemente por el acercamiento de los mercados, sino también por el acceso a recursos locales específicos, sobre todo competencias, proximidad de otras empresas, entramados de empresas (clusters);

- una aceleración de la hibridación tecnológica entre empresas: entrada en nuevas actividades, absorción de empresas en sectores nuevos, alianzas y cooperación industrial, etc.

4.4. En esta dinámica, los territorios, de nivel regional o inferior, resultan auténticos puntos de apoyo del crecimiento industrial a través de dos vías alternativas:

- en términos de coste puro (hacer en un sitio lo mismo que en otros sitios, pero más barato),

- en términos de acceso a recursos específicos (hacer en un sitio lo que no podría hacerse en otro).

4.5. Estos dos aspectos representan, dentro de la empresa, dos caras de la competitividad, según la distinción ampliamente admitida entre competitividad con y sin costes. Esta distinción corresponde también a dos aspectos de la estrategia de la empresa, uno consistente en una visión a corto plazo, basada en la producción de bienes en serie, y otro en una visión a largo plazo, basada en la diferenciación y la innovación. Ambas concepciones no son antagónicas y pueden muy bien entrar en estrategias complementarias.

4.6. A nivel territorial, esta distinción presenta dos enfoques y dos preocupaciones alternativas. La primera consiste en preocuparse sobre todo de los aspectos relativos al coste en un sitio determinado. En esta perspectiva, las políticas públicas de ayuda a la localización están destinadas a compensar un diferencial de coste para la empresa comparado con un lugar alternativo más atractivo. En este contexto de competencia territorial basada únicamente en los costes, la consecuencia es muy a menudo un encarecimiento de las relaciones empresa-territorio que lleva a un incremento de las ayudas públicas hasta niveles que superan con mucho lo razonable. O, peor aún, esta huida hacia adelante justifica unas estrategias de dumping fiscal y social que constituyen para los territorios un juego de resultados peligrosamente negativos. Estas tendencias, lamentablemente muy presentes, favorecen unos comportamientos volubles y de caza de subvenciones por parte de las empresas.

4.7. El segundo enfoque, por el contrario, se centra en un proceso de construcción territorial de los recursos. Dicho proceso, autocumulativo, es el resultado de fuertes interacciones entre las empresas situadas en un mismo territorio y con el conjunto de los demás operadores en un entorno de proximidad: instituciones públicas y semipúblicas, organismos de investigación y formación, etc. Pero un proceso así rara vez surge por generación espontánea. A veces forma parte de un proceso histórico prolongado, a veces nace de la presencia de un centro científico y tecnológico de alto nivel (Stanford en el Silicon Valley, MIT en Boston y la Carretera 128, Orsay y el CEA para París Sur, etc.), a veces es el resultado del voluntarismo de un agente industrial público o privado potente (el CNES en Toulouse, IBM en Montpellier, etc.), o puede ser también producto de una voluntad pública deliberada (Sophia Antipolis, Silicon Glen, etc.).

4.8. Desde este punto de vista, el crecimiento y desarrollo locales no se basan ya en la mera atracción de inversiones productivas en busca de una localización, sino que son consecuencia de un apoyo recíproco entre inversiones productivas externas (desarrollo exógeno) y fuerzas territoriales de crecimiento e innovación (desarrollo endógeno). En lo que se refiere a las empresas, si bien su nomadismo es cada vez más necesario para que puedan hacerse globales, es cierto que están cada vez más obligadas a implicarse más en los territorios y adoptar comportamientos de anclaje territorial.

4.9. Del mismo modo, reducir la noción de competitividad de un territorio a su capacidad de atraer inversiones productivas, como a menudo sucede, resulta una simplificación excesiva. Es también importante mantener las empresas, tanto las locales como las de nueva implantación, y ofrecerles las condiciones indispensables para su desarrollo. Por el contrario, se trata de fundar la competitividad en la valorización de las diferencias en un mundo de intercambios e interacciones, más que en la referencia a un modelo único que hubiera que extrapolar. Por otro lado, el problema de la articulación entre competitividad de las empresas y competitividad de los territorios encuentra aquí una salida en la correspondiente convergencia de intereses de empresa y territorio. Y la cuestión de la "nacionalidad" de la empresa decae por sí misma, dado que la cuestión que se plantea ahora es más bien la de su "territorialidad".

4.10. En un contexto de crecimiento basado en una fuerte dinámica de innovación, es preciso poner por delante el papel de los territorios (los territorios de la innovación(9)). La innovación es un procedimiento basado y en ocasiones construido sobre una multiplicidad de anclajes articulados entre sí a escala internacional. El economista norteamericano Michael Porter expone la paradoja de la economía contemporánea: "en una economía global, las ventajas competitivas duraderas se basan cada vez más en aspectos locales (saber hacer, relaciones, motivación) que los competidores distantes no pueden igualar"(10).

4.11. Es éste el motivo por el que el Comité de las Regiones ha insistido en la importancia de constituir y consolidar potenciales regionales de IDT (Investigación y desarrollo tecnológico) e innovación(11). Su eficacia depende al mismo tiempo de un efecto de "masa crítica" y de un encadenamiento e implicación de los principales agentes, en un contexto de "cultura de la innovación" y "cultura de la excelencia". Es importante que los entes locales y regionales se preocupen de "identificar los potenciales de innovación y perfeccionarlos con el objetivo de crear nuevos puestos de trabajo". Es también deseable que la política regional de la Unión Europea se preocupe explícitamente por apoyar las actividades destinadas a desarrollar una cultura de cooperación en los territorios regionales y locales. Concretamente, es deseable que la Unión Europea aporte su apoyo activo a las iniciativas de participación de los agentes económicos y a las iniciativas de investigación e innovación, basadas en la valorización de las competencias y de la complementariedad de los agentes industriales y tecnológicos a nivel territorial(12). Por otro lado, cabe desear que los mercados públicos desempeñen en dichos proyectos un papel activo en calidad de usuario piloto (determinación de especificaciones, etc.) y de avalista para la constitución del capital inicial.

4.12. Por ejemplo, el arranque y buen éxito de Gemplus y del grupo "tarjeta con microchip" (smart card) en la región francesa de Provenza-Alpes-Costa Azul se ha visto muy facilitado por el "capital de confianza" de diversos participantes públicos. Para empezar, France Télécom encargó más de un millón de tarjetas a esta jovencísima empresa, nacida en 1988 de una segregación de SGS-Thomson. A continuación, los entes públicos locales, como el Consejo General de Bouches-du-Rhône, supieron actuar como clientes y usuarios piloto para del desarrollo de nuevas aplicaciones (comedores, sanidad, etc.). En ocho años, Gemplus, líder mundial con un 43 % del mercado, se convirtió en una empresa floreciente con un volumen de negocio de más de 3000 millones de francos y creó más de 3000 puestos de trabajo, la mitad de ellos en su territorio de origen.

4.13. En estas circunstancias, los efectos de polarización geográfica son inseparables de un movimiento de especificación de los territorios. El Comité de las Regiones ha puesto de relieve la importancia que para el refuerzo de la competitividad tienen los "centros de competencias" basados en la concentración sectorial y geográfica "de conocimientos, formación cualificada, infraestructura técnica y administrativa de un nivel elevado en un sector económico con capacidad de futuro, que satisfaga los requisitos de la sostenibilidad"(13). Pero hay que advertir contra los riesgos propios de una concentración espacial excesiva. Por un lado, porque dichas concentraciones tienden a crear "enclaves de economía global" aislados de su contexto económico y social y cuyos únicos condicionantes provienen de dicho vínculo con el nivel global. Por otro, porque dicha polarización excesiva corre el riesgo de reforzar los efectos de asimetría (en la producción y reparto de la riqueza) más allá de lo deseable(14) entre, por una parte, unas "bolsas de modernidad" que captan la formación de valor añadido y, por otra, unos espacios intermedios destinados únicamente a los residentes y al consumo.

4.14. Los "centros de competencias" de este tipo no suponen un espacio estrecho y cerrado, sino que pueden asumir formas muy distintas en función de sus peculiaridades y del contexto territorial en que se asienten. Esta menor cerrazón contribuye además a reforzar la articulación con el tejido económico y social y reafirma su afianzamiento y perennidad. Señalemos, por último, que estos centros no se ocupan únicamente de actividades altamente tecnológicas. Michael Porter cita ejemplos de entramados de empresas en el sector de la viticultura, el cuero o la restauración; en Europa, cabría poner como ejemplo los sectores italianos de confección o de mobiliario, o el sector español del calzado en Elche(15).

5. PYME, infraestructuras y financiación

5.1. El papel de las PYME en la economía europea y la importancia de reforzar su competitividad

5.1.1. En su dictamen de 3 de junio de 1999 (CDR 387/98 fin.), relativo al informe BEST y a la respuesta de la Comisión(16), el Comité de las Regiones subrayaba la importancia del papel de las PYME en el seno de la Unión Europea, con un 60 % del valor total de la producción y un 66 % de los puestos de trabajo. El CDR recordaba su preocupación por el refuerzo de la competitividad de las PYME, cuyo espacio económico se abre cada vez más con la mundialización de las economías. Por otro lado, estas empresas constituyen con frecuencia la clave del desarrollo local y entran en muchas ocasiones en contacto con los entes regionales y locales como primera medida. Además, contribuyen, a menudo de forma decisiva, a la radicación territorial de las grandes empresas, en la medida en que crean un entorno de servicios y competencias a partir del cual estas últimas pueden entablar una fuerte interacción con el territorio.

5.1.2. En opinión del Comité de las Regiones, las trayectorias de las PYME de alta tecnología que alcanzan en unos años una posición de liderazgo mundial en su ámbito son dignas de encomio. Desea sin embargo mencionar que, si bien este tipo de empresas debe ser objeto de una atención especial, por su contribución a la dinámica a largo plazo de la industria europea, sólo constituyen hoy una proporción muy limitada de las empresas y los empleos. Aunque es evidente la necesidad de esforzarse en ayudarles a fijar sus posiciones competitivas, no debe hacerse de ningún modo en detrimento de las medidas necesarias para a favorecer la competitividad de la masa de las PYME que corresponden a niveles tecnológicos menos elevados y mercados geográficamente limitados.

5.1.3. La contribución a la mejora de la competitividad de las PYME debe pasar, en las políticas públicas, por una verdadera mejora de su medio ambiente, tanto en términos burocráticos y de formalidades(17), como de acceso a las fuentes de financiación, a la información y a condiciones de desarrollo internacional (exportaciones, cooperaciones transfronterizas, operaciones conjuntas internacionales, etc.). El CDR apoya claramente las propuestas sobre este tema del informe BEST y de la Comisión. Resulta también necesario poner a disposición de las PYME instrumentos de información, asistencia jurídica y ayuda a la gestión, con el fin de corregir las asimetrías a que se enfrentan en las situaciones de competencia con las grandes empresas. Por último, es preciso destacar la importancia de que los poderes públicos, y en particular los entes regionales y locales, a la hora de atribuir los contratos públicos estudien con atención las ofertas de las PYME y su impacto en el desarrollo local.

5.1.4. El lugar de las PYME en el modelo económico y cultural europeo y el papel determinante que desempeñan para el empleo justifican el que se las haga objeto de una atención particular y puedan, en determinados casos, acceder a recursos financieros específicos o beneficiarse de incentivos fiscales. Más en general, podrían estudiarse las normas y modalidades de aplicación un sistema específico de exenciones en materia de ayudas públicas.

5.1.5. El Comité de las Regiones hace hincapié aquí especialmente en la importancia de favorecer y facilitar el acceso de las PYME a los medios de información modernos gracias, en particular, al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) y sus infraestructuras conexas. Esos instrumentos deberían contribuir al refuerzo de la competitividad de las PYME en tanto en cuanto les permitiría beneficiarse de una información de calidad: evolución tecnológica más reciente en sus ámbitos, mercados y cooperación tecnológica en los que podrían integrarse (competencias complementarias). Pero la eficacia de una línea de acción de este tipo supone dos condiciones. La primera es que el acceso a las infraestructuras de información vaya acompañado de una oferta de formación atractiva y poco costosa dirigida a estos usuarios potenciales. La segunda se refiere a la oferta de información, cuya constitución, o más bien mejora, sería una contribución a escala de toda Europa: censo permanente de las bases de información disponibles y creación de un directorio y motores de investigación especializados para permitir la navegación en Internet; creación de bases europeas de información tecnológica, jurídica y fiscal; creación, en cooperación con las regiones, de registros regionales de competencias tecnológicas e industriales; bases de información sobre contratos públicos, etc. El Comité de las Regiones sugiere que, previamente a tal acción, se haga una recopilación de los estudios a este respecto (papel de las infraestructuras informativas en el desarrollo de las PYME) y de los recursos informativos ya disponibles.

5.1.6. No obstante, el Comité de las Regiones recordaba que la preocupación de favorecer la competitividad de las PYME, por toda clase de medios, no debería nunca hacerse en detrimento del diálogo social, las condiciones de trabajo y los convenios colectivos, el respeto del medio ambiente o el interés y los derechos de los consumidores. Aceptar excepciones a estas normas para favorecer el empleo a toda costa conduciría a las regiones europeas a una competencia desenfrenada de dumping medioambiental y social, cuyas consecuencias a largo plazo serían catastróficas. En cambio, la construcción de una competitividad europea no puede concebirse sino a largo plazo y debe basarse en la mejora constante de la calidad de la producción y de la calificación de los trabajadores, en una dinámica de calidad e innovación. Estos objetivos no pueden pretender alcanzarse sin contar con la motivación y la satisfacción de los trabajadores, los cuales deben formar parte a la vez de los agentes y los beneficiarios del esfuerzo colectivo. Es en este aspecto en el que el modelo social europeo puede constituir, a largo plazo, un factor de competitividad.

5.2. Necesidad de reforzar las infraestructuras transeuropeas

5.2.1. El Comité de las Regiones comparte la idea de que no hay construcción posible de una Europa competitiva sin un serio refuerzo de las infraestructuras transeuropeas (tecnologías de la información, transporte y comunicación, etc.). En primer lugar, estas infraestructuras siguen siendo, en general, resultado de políticas y planes de equipamiento efectuados en el marco nacional de los Estados miembros y, por ello, siguen estando demasiado limitadas por la referencia al marco geográfico nacional. Además, en muchos casos deben ser optimizadas, tanto en términos de modernización como de densidad, sobre todo teniendo en cuenta que la densidad de las infraestructuras es muy desigual en los diferentes países y regiones de la Unión Europea. La cooperación entre los Estados miembros es un enfoque importante para la creación de una infraestructura transeuropea.

5.2.2. El Comité de las Regiones destaca hasta qué punto esta potenciación de las infraestructuras transeuropeas puede ser vital, no solamente para las grandes empresas sino también para las PYME, a las que debe permitir mejorar y acelerar su integración en un tejido europeo competitivo. Así, una pequeña empresa subcontratista especializada en la industria microelectrónica debe a veces alcanzar, en un sector específico, una escala de producción que le permita gestionar la oferta de una multiplicidad de clientes dispersos en diferentes lugares (Munich, Newcastle, Corbeil, Catania, etc.). Su competitividad dependerá entonces estrechamente de los plazos de transporte de un paquete entre sus instalaciones y el domicilio de sus clientes.

5.2.3. El desarrollo de líneas europeas de trenes de alta velocidad debe proseguirse y ampliarse. El tráfico aéreo debe también estudiarse a escala europea, multiplicando los nudos aéreos, hoy demasiado numerosos y saturados, en localizaciones geográficas y destinos complementarios. Las plataformas intermodales (hubs) deben multiplicarse, en particular en la articulación aeroterrestre, tanto las de transporte de mercancías como las de viajeros. Las conexiones transversales y transeuropeas deben estudiarse profundamente, en una visión prospectiva global, en la medida en que condicionan, a largo plazo, el futuro de Europa y la competitividad de sus empresas. En materia de arbitraje ferrocarril-carretera, convendría iniciar una reflexión seria y negociaciones entre los Estados miembros con el fin de coordinar estrechamente las decisiones y políticas aplicadas, en la medida en que no pueda alcanzarse la convergencia en una doctrina común.

5.2.4. En cuanto a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, es deseable que la Unión Europea se comprometa en un verdadero esfuerzo de mejora, tanto en términos cuantitativos y de densidad como en términos cualitativos. El Comité de las Regiones hace hincapié, en particular, en la necesidad de no separar los esfuerzos relativos al continente de los relativos al contenido. Es necesario establecer redes eficaces y fácilmente accesibles. Es deseable, en particular, que la instauración del nuevo Internet de alta intensidad -que algunos llaman Internet 2- y que empezará a funcionar pronto en los Estados Unidos, se acelere en Europa con vistas a un acceso generalizado al conjunto de los agentes económicos. En cuanto al contenido, es evidente que las responsabilidades se comparten entre agentes públicos y agentes privados; debe iniciarse una reflexión con el fin de establecer una política pública a tal efecto que comparta armoniosamente las atribuciones de una oferta de información entre la Unión Europea, los Estados miembros y las regiones.

5.2.5. El Comité de las Regiones insiste en la necesidad de proceder a una fuerte coordinación a escala europea, preservando al mismo tiempo una soberanía efectiva y una implicación de los entes territoriales en los distintos niveles geográficos interesados. El trazado de una línea de ferrocarril de alta velocidad o la reorganización del tráfico aéreo imponen a los territorios implicados determinadas dificultades y obstáculos que no pueden decidirse sin una implicación de las colectividades interesadas y un verdadero esfuerzo de diálogo social. La experiencia de Francia en el ámbito de los trazados de trenes de alta velocidad, en particular en dirección del sudeste, es a este respecto rica en enseñanzas.

5.3. Acceso a las fuentes de financiación

5.3.1. El problema del acceso a las fuentes de financiación es una cuestión de primerísima importancia para la competitividad de las PYME europeas y, en particular, de las PYME innovadoras. Es evidente que el sistema financiero europeo no ofrece un nivel de acceso suficiente y que la cultura del riesgo resulta, en esta materia, demasiado ajena a las prácticas bancarias, que pretenden por el contrario contar con un nivel elevado de garantías. El Comité de las Regiones es favorable a las iniciativas destinadas a facilitar el acceso de las empresas a las fuentes de financiación y capital inicial: "business angels" (inversores providenciales), capital de riesgo, becas europeas, etc.

5.3.2. La instauración de un sistema eficaz de capital de riesgo es vital para la competitividad de las empresas europeas, a condición no obstante de que el acceso no se reduzca a los grandes centros financieros sino que sea efectivo en las regiones. No obstante, el Comité de las Regiones desea recordar que el capital de riesgo no constituye por sí solo una solución total de los problemas de financiación de las empresas. Un reciente estudio realizado en los Estados Unidos(18) muestra que el capital de riesgo resulta de escasa utilidad para financiar las primeras fases de la innovación. De 10 millardos de dólares invertidos en los EE.UU en 1997, apenas el 6 % se destinó a financiar "start-ups" (nuevas empresas). La financiación de éstas fue más bien obra del público (63 millardos de dólares) y de las grandes empresas (133 millardos de dólares). La parte fundamental de las inversiones de capital de riesgo se dirigió hacia la fase siguiente del ciclo de vida de la innovación, en el que la empresa debe hacer un gran esfuerzo de crecimiento y por consiguiente de inversión, a la vez que no se halla en condiciones ofrecer las garantías requeridas por el mercado bancario, sobre la base de sus activos materiales o de una posición comercial adquirida. Es en esta fase de aceleración de la famosa curva en S del desarrollo industrial cuando interviene el capital de riesgo, apostando sobre todo a favor de sectores o franjas de producción de fuerte potencial de crecimiento y no tanto de personas o ideas. Hay que tener en cuenta finalmente que en esta fase es muy difícil distinguir los ganadores de los perdedores y el criterio general es siempre el de la calidad de la dirección.

5.3.3. Sobre este último punto, el Comité de las Regiones, que recuerda que si bien las PYME son las primeras creadoras de empleo son también responsables de una parte importante de su desaparición (solamente la mitad de las PYME alcanzan una vida de más de cinco años), desea hacer hincapié en la importancia de la ayuda a la dirección de las PYME y, sobre todo, de las PYME de reciente creación o en fase de crecimiento. La gestión pertenece en general a un ámbito de competencias que no es el del creador de empresa. Se han tomado muchas iniciativas dispersas, en particular en el marco de los viveros e incubadoras de empresas. El Comité de las Regiones recomienda elaborar un balance de estas acciones y un catálogo de las medidas más eficaces en este ámbito de la ayuda a la dirección.

5.3.4. El Comité de las Regiones aprobó la propuesta de la Comisión de crear tres nuevos instrumentos financieros de apoyo a las PYME innovadoras y en fase de crecimiento (mecanismo de capital de riesgo, mecanismo de apoyo a la creación de empresas conjuntas transnacionales y mecanismo de garantía)(19). No obstante ha hecho siempre hincapié en la importancia de sacar partido de la experiencia y los conocimientos técnicos de los intermediarios regionales o locales en la aplicación de los tres instrumentos y de proporcionar a las autoridades responsables del desarrollo regional informaciones precisas relativas al programa y a los fondos o instituciones financieras que sirven de intermediarios en cada región. La constitución de una ventanilla de "ayuda a la primera etapa" del MET va en el sentido de la necesidad de establecer herramientas de constitución de capital inicial, a condición, no obstante, de que se adopten las medidas necesarias para que los empresarios de las regiones periféricas tener acceso a los operadores europeos susceptibles de invertir en las mismas condiciones que los demás empresarios.

5.3.5. El Comité de las Regiones por otra parte se pronunció (CDR 387/98 fin, de 3 de junio de 1999) en favor de la creación en regiones de "consejos empresariales" a escala regional "que funcionen como oficinas de compensación entre los organismos públicos de ayuda, los bancos y las empresas, y que estén en condiciones de decidir, dentro de un plazo limitado, la concesión o denegación de la financiación".

5.3.6. Finalmente, el Comité de las Regiones reitera sus reservas a que se inviertan fondos de pensiones en capital de riesgo, que sólo debería autorizarse si se establecen unas directrices convenientes.

5.4. Las políticas activas en favor del empleo en las PYME, fomentadas por los entes locales y regionales en las regiones menos desarrolladas, merecen el pleno apoyo comunitario así como ayudas financieras. Asimismo, el Comité destaca que, a la hora de conceder incentivos financieros y fiscales a las PYME, la intervención debe ser proporcional al número de puestos de trabajo creados o mantenidos.

6. Empleo

6.1. El empleo sigue siendo una de las razones principales para el estímulo a la competitividad de las empresas europeas. La progresión del PIB en el período 1987-1997 registra en Europa un crecimiento del 2,5% anual, el mismo que el de los Estados Unidos en ese mismo período. Pero, al igual que el informe 1998 de la Comisión Europea sobre "La competitividad de la industria europea", se atribuye esta progresión en Europa a un fuerte crecimiento de la productividad laboral asociada a un escaso aumento del empleo. En sentido opuesto, en los Estados Unidos se explica por un escaso crecimiento de la productividad con una subida sensible del empleo. Sin embargo, a pesar de una corrección progresiva del retraso, la productividad laboral europea (medida en porcentaje del PIB por empleo) sigue siendo aún un 20 % inferior a la de los Estados Unidos, con lo que Europa sufre así un deterioro relativo global de su situación en términos de empleo.

6.2. Disparidades regionales

6.2.1. En Europa, los aumentos de productividad se explican en un 50 % por un efecto de substitución capital-trabajo, mientras que esta parte alcanza apenas un 25 % en los Estados Unidos, a la vez que, en este mismo tiempo, el coste laboral relativo ha aumentado más rápidamente en Europa que en los Estados Unidos. Este déficit crónico en materia de creación de empleo en Europa se traduce en fuertes divergencias de crecimiento de las tasas de actividad entre Europa y los EE UU, por una parte, y Japón por otra. En ello reside sin duda el principal factor que explica la diferencia de nivel de vida entre Europa y los Estados Unidos, tomados cada uno en su conjunto. Pero, como indica el informe, si bien esto es cierto en particular en los sectores de alta tecnología, en los que las empresas norteamericanas crearon muchos nuevos empleos, los resultados de las empresas europeas siguen siendo inferiores, sin distinción de sectores, para el período 1985-1995.

6.2.2. La tasa de empleo en la Unión Europea sigue siendo inferior a un nivel medio del 61 %, con fuertes disparidades intraeuropeas. Estas disparidades entre los Estados miembros se refieren fundamentalmente a tres grupos principales: la mujer en general, los jóvenes de ambos sexos y los trabajadores varones de más edad. Las tasas de desempleo en la Unión Europea varían de menos de un 3 % a más del 30 %, y los niveles de empleo pasan de un 80 % de la población de edad activa, en algunas partes de Dinamarca o el sudeste de Inglaterra, al 40 % en algunas regiones del sur de Italia o de España(20). La Comisión propuso como objetivo a largo plazo incrementar este nivel de empleo hasta una tasa del 70 %, similar al de los Estados Unidos o de Japón. Al ir acompañada la creación de nuevos empleos de la destrucción de empleos y calificaciones antiguos, la Comisión puso de relieve oportunamente el lugar esencial de la creación y el desarrollo de nuevas empresas como motor de la renovación de la economía europea. Con carácter más general, la mejora de la competitividad de las empresas debe ocupar un lugar esencial.

6.2.3. Sin embargo, consciente de que toda oportunidad constituye también una amenaza, el Comité de las Regiones desea destacar que este proceso de destrucción creadora que consiste en un doble movimiento de destrucción de empleos y calificaciones antiguos y de creación de nuevos empleos y calificaciones no es necesariamente equilibrado geográficamente ni homogéneo. Es de destacar que este proceso, sin duda alguna inevitable, es, con toda probabilidad, portador también de un aumento de las disparidades internas en la Unión Europea. Una dinámica de estas características, contraria a los principios de la construcción europea, podría generar, a largo plazo, unas trayectorias regionales claramente divergentes. Corresponde principalmente a los Fondos Estructurales combatir las disparidades y perseguir el reequilibrio interno, condiciones fundamentales para una competitividad más eficaz tanto en el mercado interior como en la escena mundial. De ahí la gran importancia de tener en cuenta el desarrollo local como componente de pleno derecho de la estrategia de la Unión Europea en materia de empleo, aspecto en el que el CDR hace suyo plenamente el punto de vista expresado por la Comisión en cuanto al papel preponderante de los agentes locales en el proceso de creación de empleo(21). En esta óptica, debería prestarse una atención particular a las cuestiones relativas a la salvaguarda de los patrimonios profesionales adquiridos, la valorización del patrimonio técnico reutilizable y la reconversión de las antiguas cualificaciones. Y de ahí también la imperiosa necesidad de acoplar una estrategia en materia de empleo con todas las dimensiones de las políticas de desarrollo del capital humano y de las infraestructuras: educación, formación, Fondos estructurales, etc.

6.3. La necesaria implicación de los agentes regionales y locales

6.3.1. En este sentido, queda claro que si bien deben tomarse medidas redistributivas y de solidaridad en la Unión Europea, con el fin de consolidar la convergencia y la cohesión económica y social a largo plazo, tales medidas no son concebibles sin una estrecha concertación con los agentes locales del desarrollo económico. Por otro lado, el Comité de las Regiones destaca con ello la importancia de una consideración efectiva de la dimensión endógena del desarrollo económico, opuesta a una estrategia limitada únicamente a la atracción de inversiones productivas en busca de localización. En este sentido, propuso que las regiones procedan a un análisis de sus puntos fuertes y sus puntos débiles y a desarrollar conscientemente los primeros(22), con el fin de avanzar al máximo en el sentido de un desarrollo de "centros de excelencia" capaz de constituir la base de un desarrollo local perenne.

6.3.2. Si bien las condiciones del empleo pueden modificarse profundamente en una región, con la instalación o el cierre de una gran empresa, sigue siendo evidente:

1. que la perennidad de la actividad de esa empresa depende, en todos los aspectos, de los dinamismos territoriales que puedan contribuir a favorecer su implantación y

2. que la creación de empleo sigue dependiendo sobre todo de iniciativas locales y no puede depender constantemente de centros de decisión exteriores.

6.3.3. El Comité de las Regiones y el Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE) definieron un programa "Acción local en favor del empleo" para 1999/2000 con el fin de animar a los alcaldes y las autoridades locales a participar en la aplicación de las directrices para el empleo. En esta iniciativa recibieron el pleno apoyo de la Comisión. El Comité de las Regiones aprueba por su parte la propuesta de la Comisión de hacer un examen sistemático de las experiencias adquiridas en la aplicación de los Pactos Territoriales para el Empleo, con el fin de registrar los ejemplos de buenas prácticas que podrían dar lugar a su generalización en otras regiones. El CDR propone a la Comisión establecer un balance permanente y un catálogo de acción consultable vía Internet, frente al que los agentes de desarrollo local podrían aportar sus propios juicios y experiencias locales. Tal iniciativa debería obviamente realizarse con la participación y el enlace de las regiones y podría concebirse como una extensión del foro electrónico ya creado en el sitio Internet de las instituciones europeas &lt; http://europa.eu.int/comm/pacts/ &gt;.

6.4. Competencia de los territorios y cazadores de primas

6.4.1. El Comité de las Regiones desea poner en guardia contra una tendencia aparecida entre algunos grupos multinacionales de comparar sistemáticamente todas las medidas de estímulo vinculadas a un lugar posible de implantación (subvenciones, ayudas directas e indirectas, dumping social y dumping fiscal, etc.) y de "hacer negocio" en busca de las mejores condiciones de dumping territorial. "La competencia para atraer empresas (dadas las condiciones de alto nivel de desempleo pertinaz) se hace cada vez más dura. El peligro es que el empleo sostenible quede minado por medidas a corto plazo elaboradas para tentar a las empresas"(23). Por otra parte, a estas medidas acompañan a menudo desplazamientos de unidades productivas en la Unión Europea por parte de empresas cazadoras de primas que se proponen aprovecharse de las condiciones de una competencia de los territorios absolutamente devastadora. A este respecto, el Comité de las Regiones pidió y reitera aquí su voluntad de refuerzo de las medidas de vigilancia de la asignación de ayudas de Estado y la instauración de medidas eficaces con el fin de luchar contra el dumping social y medioambiental.

6.4.2. Con carácter más general, la lógica de las ayudas tiene por objeto reembolsar un diferencial de rentabilidad con localizaciones que se suponen menos costosas, y refuerza con ello el comportamiento voluble de las empresas, basado únicamente en consideraciones de costes. Cuando dicha lógica se inspira en el puro poder de atracción, se opone a un enfoque de territorialización de las actividades industriales y tecnológicas, único fundamento de una creación de empleo duradero.

6.5. Resultados de las empresas y cohesión social: los fundamentos de una nueva competitividad

6.5.1. El informe final del grupo de expertos de alto nivel sobre las implicaciones económicas y sociales de los cambios industriales(24) se opone precisamente a este deslizamiento hacia la competencia de los territorios. El Comité de las Regiones acoge con satisfacción las conclusiones de los trabajos de este grupo de expertos y aprueba globalmente el análisis y las orientaciones propuestos. El principio fundamental en el que se basa el trabajo del grupo es que Europa debe enfrentar estos cambios combinando innovación y cohesión social y mejorando su capacidad para gestionar el cambio.

6.5.2. La dinámica industrial debe, a semejanza de las empresas más potentes, combinar armoniosamente la valoración de los resultados, la innovación y el diálogo social, por varias razones. Por una parte, el diálogo social constituye una de las condiciones para la motivación de los trabajadores, indispensable para el éxito de la empresa; por otra, empresas y trabajadores se encuentran en una dinámica de cambio y la capacidad de empleo de los trabajadores (es decir, su aptitud para poder seguir en el mercado laboral) es, a la vez, su propia responsabilidad individual, la de las empresas que los emplean y la de las autoridades públicas. De ahí se deriva un efecto de refuerzo mutuo entre resultados y competitividad de las empresas, por una parte, y de prosperidad y cohesión social por otra.

6.5.3. La necesidad de un diálogo social eficaz es una condición necesaria y básica para la restauración de un círculo virtuoso de ese tipo, que Europa está en el deber de alcanzar para poder mantenerse y desempeñar su papel en el mundo de mañana. Es con esta preocupación como debe conducirse una política industrial que integre a largo plazo prosperidad, cohesión social y competitividad de las empresas. Y es en este mismo sentido que se puede decir, siguiendo la afirmación de los expertos del Grupo de trabajo, que el principio que debe guiar a las empresas es su deber de competitividad y rentabilidad, asumiendo al mismo tiempo sus responsabilidades sociales. Sólo así contribuyen a la construcción permanente de un medio ambiente favorable en el cual basarse para garantizar su competitividad a largo plazo. Así, si las perspectivas de empleo en la sociedad de la información parecen tan halagüeñas es también porque su difusión y la disponibilidad de trabajadores cualificados constituyen ya, y constituirán cada vez más, una de las claves de la competitividad de las empresas.

6.5.4. El CDR destaca hasta qué punto esta relación constructiva con el territorio es fundamental en el comportamiento de las empresas que adoptan los principios y hacen un elemento clave de su competitividad. El CDR sugiere mantener este criterio de territorialidad de las empresas(25), antes que el de nacionalidad del capital, para decidir si una empresa puede ser considerada europea o no, y si por ello merece disfrutar de la ayuda pública en el mantenimiento y la mejora de su competitividad.

6.5.5. Así, en la óptica muy próxima a esta propuesta, el Grupo de expertos citados formula en su informe la recomendación de que se debería negar el acceso a las subvenciones públicas a toda empresa que proceda a despedir a sus trabajadores sin haber adoptado las medidas necesarias para salvaguardar la capacidad de empleo de los mismos.

6.6. Turismo y empleo

6.6.1. La Unión Europea dispone de un potencial notable y muy diversificado en cuanto a destinos turísticos. La industria turística europea constituye una fuente de empleo importante cuyo impacto es necesario aumentar desarrollando la competitividad. Además de este potencial de creación de empleo, el CDR destaca que esta actividad contribuye también a la convergencia social entre los Estados miembros de la Unión Europea y también con otros pueblos del mundo a través de los contactos directos y los intercambios que permite la libre circulación de los turistas.

6.6.2. La oferta europea debe sin duda alguna valorizarse en cada una de sus componentes. Su diversidad permite responder a una muy amplia variedad de demandas, tanto en términos de presupuesto como de grupos de edad o de caracterización de los destinos turísticos. El valor de esta oferta se basa también en la multiplicidad de soluciones que pueden ser propuestas por la combinación de estos recursos (circuitos). Por ello, el Comité de las Regiones propone la aplicación de alguna forma de integración de la promoción de la oferta europea de turismo, que evite concentrarse en un número limitado de grandes especialidades (estaciones balnearias o de montaña, zonas urbanas de prestigio, etc.). Se trata de realizar también la atracción de potenciales regionales y locales, capaces de acoger un número más limitado de turistas sin desvirtuar ni la calidad ni la autenticidad de los parajes y territorios en cuestión, es decir, enmarcándose en una perspectiva de desarrollo sostenible. Por otro lado, esta orientación, que contempla tanto al viajero individual como a los grupos organizados (tour operators), es la que está en mejores condiciones de dar respuestas geográficamente mejor distribuidas en términos de empleo.

6.6.3. El hecho de que la UE carezca de política oficial en materia de turismo significa que rara vez se tienen lo suficientemente en cuenta las necesidades de este sector cuando se diseñan políticas de la UE en ámbitos que, como la protección del consumidor, la protección del medio ambiente y el sector del transporte, están relacionados con el ámbito del turismo. Es preciso exigir que los legítimos intereses de la industria turística europea se tengan en cuenta lo suficiente con vistas a integrar este sector en las demás políticas comunitarias garantizando así la competitividad de esta industria en el mercado mundial del turismo.

6.6.4. El Comité de las Regiones recuerda que el esfuerzo que ha de realizarse en materia de infraestructuras transeuropeas de transporte y comunicación tendrá un impacto directo en la competitividad de la industria europea del turismo, y recomienda especialmente la consideración de esta dimensión en el proceso de toma de grandes decisiones de equipamiento.

6.6.5. El Comité de las Regiones aprueba el principio propuesto por la Comisión, tras los trabajos del Grupo de Alto Nivel sobre Turismo y Empleo(26), de crear una red europea de observación en línea del turismo (EurONet) que podría contribuir a atenuar la falta de conocimientos sobre el turismo a nivel europeo, conectando entre sí fuentes de información reconocidas gracias a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. El CDR recomienda que una ventanilla única de estas características tenga, con ayuda de Internet, la cobertura territorial más amplia posible, con el fin de favorecer el tipo de crecimiento armonioso y duradero mencionado arriba y permitir comunicar los parajes que lo deseen. Queda claro que en una acción de este tipo las regiones deberían desempeñar un papel de transmisión y coordinación, y que, asimismo, las colectividades locales interesadas deberían participar con carácter voluntario. Una red de este tipo podría también servir de apoyo a intercambios de experiencias entre profesionales del turismo y entre colectividades locales interesadas.

7. Cultura, educación y propiedad intelectual

7.1. Adoptar una postura clara y definitiva en el debate sobre la excepción cultural

7.1.1. El Comité de las Regiones se congratula de que la Comunicación de la Comisión tenga en cuenta la necesidad de conservar la especificidad europea, especialmente a nivel cultural y patrimonial. A diferencia de los Estados Unidos o del "Nuevo Mundo" en general, la especificidad cultural del "Viejo Continente" se caracteriza sobre todo por su diversidad. Se trata de una diversidad a escala nacional e incluso regional con arraigo histórico que contribuye a la riqueza de Europa: cultural obviamente, pero también económica y social, así como de creatividad en todas las dimensiones del término (literaria y artística, intelectual, técnica, etc.).

7.1.2. Esta característica explica en gran parte el hecho de que sectores como el cine sólo hayan tenido una industrialización parcial y a menudo efímera (Studios de Boulogne, Cinecittà, etc.), dada la imposibilidad de alcanzar una masa crítica suficiente para competir con los poderosos estudios de Hollywood(27). Defender la creatividad y, por lo tanto, la diversidad cultural como valores esenciales de Europa requiere no sumir el sector cultural y, sobre todo, audiovisual de forma brutal en un entorno competitivo, requiere dejarlo al margen de los engranajes de la competitividad. Pero si el ámbito de la creación debe salvarse y defenderse, no sucede lo mismo con el de los soportes técnicos de las obras -como los sectores de tecnología multimedial y de digitalización- que no puede quedar excluido de una dinámica competitiva.

7.1.3. Es deseable que la Unión Europea determine y adopte una posición común clara sobre el asunto, con el fin de poder defenderla con firmeza en las próximas rondas de negociación de la OMC.

7.2. Competitividad, cultura y educación

7.2.1. El Comité de las Regiones comparte el punto de vista de la Comisión sobre la necesidad de recurrir al sistema educativo para construir una Europa dinámica y unida. No cabe duda de que la modernización del sistema educativo implica una aproximación de la función educativa al mundo empresarial, así como al conjunto de funciones económicas y sociales. Ello no significa que se cuestione la independencia del sistema educativo, cuyas funciones deben tenerse en cuenta evidentemente desde un punto de vista mucho más amplio que el de la esfera económica. No obstante, es importante armonizar mejor las funciones de transmisión de conocimientos con las necesidades presentes y futuras de las empresas. Por otra parte, es fundamental que el sistema educativo contribuya a reducir de forma considerable la distancia entre los ciudadanos y el mundo empresarial, así como a difundir una cultura empresarial y de innovación.

7.2.2. Los entes regionales y locales deberán tener presente, en virtud del principio de integración, la promoción del carácter empresarial en toda política de formación. Las escuelas y universidades deberán familiarizar a los alumnos con las empresas y sus modos de actuación. Además, resulta necesario extender el fomento de la actividad empresarial tanto al ámbito interno de las organizaciones como al desarrollo del carácter empresarial.

7.2.3. El fomento del espíritu empresarial debe realizarse sobre todo a nivel local, ya que son ante todo las PYME recién creadas o con fuerte potencial de crecimiento las que generan nuevos puestos de trabajo. Asimismo, la proximidad geográfica que ofrece este nivel debe permitir desmitificar el mundo empresarial como algo cerrado y accesible sólo a los empleados. El Comité de las Regiones hace hincapié en lo beneficioso que resultaría favorecer esta apertura de la empresa hacia la sociedad, organizando más fácilmente visitas a las empresas por parte de escuelas, institutos o universidades, y también de ciudadanos que simplemente desean conocer el patrimonio industrial y tecnológico de su región. También hay que aprovechar los instrumentos de valorización disponibles, esto es, los organismos que, a escala nacional, regional o local, contribuyen a difundir la cultura científica y tecnológica a la opinión pública y en el sistema educativo. Por ejemplo, en Francia pueden citarse, a nivel nacional, la Ciudad de las Ciencias y la Industria de la Villette en París y, en las regiones, los Centros de Cultura Científica, Técnica e Industrial (CCSTI). El Comité de las Regiones sugiere que se realice un censo de estos organismos en la Unión Europea, que se analicen los medios más convenientes para la difusión de prácticas y experiencias y que se les facilite financiación para ayudarles a lograr los objetivos perseguidos.

7.2.4. Por otra parte, el Comité de las Regiones aprueba la idea de la Comisión de que fomentar la asunción de riesgos y hacer que el fracaso sea aceptable son indisociables. En este ámbito existe un verdadero problema cultural, aunque su importancia varía mucho en función de los países y regiones de la Unión Europea. Este derecho al fracaso, que la cultura norteamericana reconoce, resulta indispensable para popularizar el derecho a la iniciativa individual, la libertad de crear empresas. Asimismo, requiere una serie de cambios a nivel reglamentario (legislación sobre quiebra), financiero (capital de riesgo) y, por supuesto, educativo.

7.2.5. Por último, queda el asunto del reconocimiento mutuo de las cualificaciones en la Unión Europea. Es indispensable favorecer los puentes y el reconocimiento de los títulos entre Estados miembros. Pero el Comité de las Regiones destaca la importancia de no intentar avanzar hacia un modelo europeo de educación unificado. Hay que afirmar una vez más que la diversidad europea es fuente de riqueza. Es importante dejar margen a las iniciativas descentralizadas con el fin de valorizar esta diversidad económica, social, cultural e histórica de las regiones europeas en la formación del capital humano. Aquí, como en otros ámbitos, cohesión no significa unificación. En especial, un sistema de convalidación demasiado exigente conduciría a reemplazar las titulaciones de ámbito local y supondría una nueva forma de centralización del sistema educativo, que es precisamente lo que se debe evitar. Por lo demás, la fuerza de las universidades norteamericanas radica en la afirmación de las diferencias, variedad y especificidades.

7.3. Protección de la propiedad intelectual

7.3.1. La situación actual de la protección de la propiedad intelectual en Europa se caracteriza por la complejidad y el estado inconcluso del sistema de patentes. A este problema hay que añadir un déficit cultural evidente en cuanto al reflejo de protección de la innovación. Estos dos factores explican en gran parte el retraso mencionado en la Comunicación de la Comisión y las consecuencias que de ello se derivan en materia de competitividad para las empresas europeas.

7.3.2. En realidad, habría que distinguir dos, o incluso tres, problemas. En primer lugar, el de la evolución hacia una verdadera patente comunitaria unitaria, que pueda garantizar la protección en todo el mercado de la Unión Europea a partir de una única solicitud de concesión. Es necesario comprender que la creación de este instrumento es una condición previa para la realización del mercado único. Además de la unificación de los procedimientos administrativos y judiciales, también requiere la constitución de una base de anterioridad unificada, verdadera innovación europea y formidable instrumento de información técnico sobre el potencial tecnológico e industrial europeo.

7.3.3. La segunda cuestión es la valorización del potencial científico europeo, cuyo nivel de excelencia se reconoce a escala mundial. Por supuesto, conviene que cada organismo de investigación establezca estructuras eficaces de valorización. Sin embargo, éstas ya existen en muchos casos sin alcanzar el nivel de actividad que les correspondería por el dinamismo de los trabajos de investigación de los que dependen. Sin duda alguna, el motivo es tanto la falta de costumbre y motivación de los investigadores hacia la protección de la propiedad intelectual y la valorización de sus trabajos científicos, como las trabas normativas que impiden una interacción entre la investigación y la industria. Por este motivo, el proyecto de ley sobre innovación que se está elaborando en Francia tiene como fin facilitar la creación de empresas por parte de investigadores y permitir que investigadores en activo intervengan en la administración de empresas privadas. No obstante, la situación varía de un Estado miembro a otro, por lo que sería útil disponer de una visión general en la que se analizaran las características, marcos jurídicos y trayectoria reciente. La evolución hacia una mayor autonomía financiera y de funcionamiento de las universidades también contribuiría a que las universidades europeas aplicaran verdaderos sistemas de valorización económica de la investigación, como sucede en Estados Unidos. La Universidad de Cambridge, por ejemplo, ya ha desarrollado prácticas que podrían servir de modelo.

7.3.4. Hay que añadir el tercer aspecto del problema: las PYME están poco habituadas a utilizar las patentes y la protección de la propiedad intelectual, debido a la complejidad de las gestiones y a su coste (el doble o el triple en Europa que en Estados Unidos). Estas empresas constituyen un potencial notable de innovación, pero, al quedar al margen de todo sistema de protección, permanecen en general muy por debajo de su capacidad económica efectiva y con la amenaza de una competencia potencial mejor pertrechada en la materia. Asimismo, suelen carecer de preparación respecto de los recursos jurídicos o la defensa de sus derechos ante los tribunales.

7.3.5. Para intentar lograr avances concretos en este ámbito, cuya situación es preocupante, el Comité de las Regiones quiere contribuir, dentro de sus competencias, a que evolucionen las mentalidades y las prácticas aprovechando la proximidad de un gran número de agentes interesados. Con tal fin, recomienda estudiar la creación en las regiones europeas de Oficinas Regionales de la Propiedad Intelectual, que representarían en la región tanto a la Oficina Europea de Patentes como a los organismos nacionales responsables de la propiedad industrial(28). Estas oficinas podrían asumir diversas funciones. En primer lugar, constituirían centros de información y de registro de las solicitudes de patente europea unitaria, una vez creada ésta. A este respecto, podrían prestar diversos servicios de información y asesoramiento a los agentes interesados, especialmente, a las PYME y a laboratorios de investigación. En segundo lugar, deberían contribuir a fomentar el hábito de valorizar la producción científica, fomentando las asociaciones investigación-empresa, sobre todo, si se incluyen dentro de programas regionales de innovación. Cabe esperar de este modo que los esfuerzos de investigación tengan una base más firme y repercusiones más importantes a nivel regional. Por último, estas oficinas deberían contribuir a desarrollar una cultura de la propiedad intelectual en la región mediante actividades de información y concienciación destinadas al mundo de la empresa y la investigación, a la opinión pública y a los centros de enseñanza.

7.3.6. Cabe añadir que la creación de tales enlaces regionales de la propiedad intelectual permitiría constituir bases regionales de información, intercomunicadas, con el contenido de las patentes registradas. En efecto, el sistema de patentes tiene un doble objetivo: la protección del investigador que produce la innovación y la difusión de la información técnica pertinente, revelada por las patentes, en el sistema productivo. Por lo tanto, sería posible constituir una base de datos sobre las patentes registradas en las regiones y, en consecuencia, la capacidad técnica de las empresas regionales. Esta base podría contribuir de forma perceptible a la difusión de las técnicas y a la consolidación territorial del potencial tecnológico, facilitando la búsqueda de asociaciones y complementariedades tecnológicas con carácter regional.

7.4. Carencia de universalidad del sistema de patentes: los programas informáticos

7.4.1. El Comité de las Regiones desea llamar la atención de la Comisión sobre el carácter no universal de la protección mediante patentes y sobre los peligros que pueden derivarse de un uso sistemático de las patentes en materia de propiedad intelectual. Estos aspectos afectan principalmente a las nuevas tecnologías y, de manera especial, a las tecnologías de la información y las ciencias de la vida, que son objeto de un rico y apasionado debate.

7.4.2. Respecto de los programas informáticos, en los debates que tuvieron lugar a partir de los años setenta en los grandes países interesados se llegó a la conclusión de utilizar el sistema de los derechos de autor, aunque se trate de un marco jurídico imperfecto para las especificidades de este sector. La Directiva europea de 1 de enero de 1993 sobre el asunto, de forma inteligente, aspiraba a favorecer la interoperabilidad de los programas con el fin de contrarrestar las estrategias de búsqueda de una posición dominante contrarias a la competencia. Pero, desde hace varios años, la justicia estadounidense autoriza la concesión de patentes para "componentes" de programas informáticos, a la que se había opuesto hasta entonces. Asimismo, no deja de aumentar la presión norteamericana sobre Europa para que acepte dicha patentabilidad.

7.4.3. Ahora bien, están en juego cuestiones básicas, dado que esta práctica pone en peligro la dinámica de innovación en esta industria al permitir una compartimentación de los conocimientos y procedimientos que impide toda práctica combinatoria(29). Entre las múltiples patentes solicitadas y registradas en los Estados Unidos, hay un gran número de procesos e incluso algoritmos. Muchos de ellos no respetan de ningún modo los criterios de novedad y originalidad que condicionan, en principio, la concesión de una patente(30). La institucionalización de la concesión de patentes en el ámbito de los programas informáticos constituye un arma para reforzar la posición dominante de las principales empresas estadounidenses del sector. Asimismo, representa una amenaza directa para el inmenso número de PYME innovadoras en este campo de Europa, Estados Unidos y terceros países. Por último, supondrá un grave obstáculo para el sector europeo de programas informáticos, que tiene muchos problemas para consolidar su competitividad a nivel comercial, a pesar de su alto nivel de capacitación.

8. Conclusiones y recomendaciones

8.1. El Comité de las Regiones, para concluir este análisis, recuerda que la Unión Europea debe interesarse por la competitividad de las empresas europeas en la medida en que condiciona el éxito de la construcción europea, así como el empleo, el bienestar y la prosperidad, el crecimiento y el desarrollo sostenible en todas las regiones de Europa. También recuerda que el objetivo de competitividad no debe ser un fin ajeno a los criterios de cohesión social, justicia, respeto de los derechos humanos y del medio ambiente. Asimismo, recuerda que el diálogo social no debe considerarse una dificultad del modelo europeo, sino un factor constructivo para lograr una competitividad europea a largo plazo.

8.2. A pesar de la mundialización de las economías y de la tecnología, los niveles local y regional adquieren paradójicamente una nueva importancia clave para la dinámica de la industria y la innovación. Las consecuencias de esta situación deben valorarse simultáneamente a los diferentes niveles y los resultados obtenidos, en términos de desarrollo local y de empleo, son el fermento del éxito de la construcción europea en su conjunto. La consecución de dichos resultados constituye por consiguiente una responsabilidad de todas las instituciones públicas, desde el nivel local al comunitario. Por este motivo, el desarrollo local, que es la base de la creación de empleo, debe ser una de las prioridades para la construcción de una Europa competitiva. En este sentido, el Comité de las Regiones ya ha destacado la importancia de constituir potenciales regionales de IDT y "centros de competencias" que contribuyan a la especialización de los territorios y a su inserción activa en la dinámica industrial y productiva global.

8.3. Estas consideraciones demuestran hasta qué punto sería equivocado querer reducir la competitividad de los territorios a la mera capacidad para atraer inversiones productivas, sin tomar en consideración su capacidad para mantenerlas y ofrecerles condiciones favorables de desarrollo local y, por consiguiente, de enraizamiento territorial. El Comité de las Regiones desea poner en guardia contra todo afán competitivo en la captación de empresas y contra la dinámica del dumping social y fiscal que puede generarse. Sugiere que se establezca un control más severo de las ayudas públicas para la instalación de empresas, en coordinación con las administraciones públicas nacionales y locales. Los proyectos locales de desarrollo deben combinar en la medida de lo posible la preocupación por el poder de atracción de las inversiones exteriores con la preocupación por el desarrollo sobre bases endógenas. Esta política debe consolidar la perpetuidad de los tejidos productivos regionales favoreciendo el arraigo territorial de las empresas en un momento en que su nomadismo parece inherente al proceso de mundialización.

8.4. A este respecto, el Comité de las Regiones desea que la Unión Europea apoye de forma activa las iniciativas de conexión mediante redes de los agentes económicos y las iniciativas de investigación e innovación basadas en la valorización de las competencias y la complementariedad de los agentes industriales y tecnológicos a nivel territorial. Por otro lado, cabe desear que los contratos de las administraciones públicas desempeñen en dichos proyectos un papel activo en calidad de usuario piloto (determinación de especificaciones, pruebas, etc.) y de aval para la constitución del capital inicial.

8.5. Por lo que se refiere a las PYME, el Comité de las Regiones hace hincapié en la importancia de favorecer y facilitar su acceso a los medios modernos de información merced al desarrollo de las NTIC y las infraestructuras conexas. Pero esta línea de acción requiere, por una parte, una formación atractiva y poco costosa para los usuarios potenciales y, por otra, una mejora de la oferta de información en toda Europa a nivel tecnológico, jurídico, fiscal, etc. El Comité de las Regiones sugiere que, previamente, se haga una recopilación de los estudios en la materia (papel de las infraestructuras informativas en el desarrollo de las PYME) y de los recursos informativos ya disponibles.

8.6. El Comité de las Regiones apoya la idea de que no es posible construir una Europa competitiva sin reforzar considerablemente las infraestructuras transeuropeas. Destaca lo vital que resulta tanto para las grandes empresas como para las PYME, al permitirles mejorar y acelerar la integración en un tejido europeo competitivo. Por su parte, el refuerzo de los transportes requiere el desarrollo de líneas europeas de ferrocarril de alta velocidad, una reorganización del tráfico aéreo a escala europea, el desarrollo de una red de transporte fluvial europea, así como la creación de plataformas intermodales. En cuanto al arbitraje entre el ferrocarril y la carretera, urge alcanzar una coordinación significativa de las decisiones y políticas nacionales, a falta de convergencia hacia una doctrina común.

8.7. Respecto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, es deseable que la Unión Europea realice un verdadero esfuerzo de mejora tanto cuantitativo y de densidad como cualitativo. El Comité de las Regiones hace hincapié en la necesidad de no separar los esfuerzos relativos al continente de los relativos al contenido. Es necesario establecer redes eficaces y fácilmente accesibles y acelerar la instauración de una Internet de alta intensidad. Por lo que se refiere al contenido, debe iniciarse una reflexión para instaurar una política pública al respecto que distribuya armoniosamente las responsabilidades de la oferta de información entre la Unión Europea, los Estados miembros y las regiones.

8.8. En relación con el acceso a las fuentes de financiación, es vital instaurar un sistema eficaz de capital de riesgo para la competitividad de las empresas europeas, siempre que el acceso no se reduzca a los grandes centros financieros, sino que sea efectivo en las regiones. El Comité de las Regiones ya se pronunció en favor de la creación en las regiones de "consejos empresariales" que funcionen como oficinas de compensación entre los organismos públicos de ayuda, los bancos y las empresas y que puedan decidir, dentro de un plazo limitado, la concesión o denegación de la financiación. Por otra parte, el Comité de las Regiones reitera su reticencia a que los fondos de pensiones inviertan en capital de riesgo, lo que sólo debería autorizarse previo establecimiento de directrices adecuadas.

8.9. Como complemento a las cuestiones de financiación, el Comité de las Regiones insiste en la importancia de la ayuda a la gestión de las PYME, especialmente de las PYME de creación reciente o en fase de crecimiento. El gestor y el creador de empresas requieren en general competencias diferentes. Se han tomado muchas iniciativas en diferentes ámbitos, sobre todo, por lo que se refiere a viveros e incubadoras de empresas y sería deseable elaborar un balance de estas acciones y un catálogo de las medidas más eficaces de ayuda a la gestión empresarial.

8.10. En el ámbito del empleo, el Comité de las Regiones y el Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE) han elaborado un programa de "Acción local en favor del empleo" para 1999/2000 que cuenta con el pleno apoyo de la Comisión. Por su parte, el CDR aprueba la propuesta de la Comisión de examinar de forma sistemática la experiencia adquirida en la aplicación de los Pactos Territoriales para el Empleo, con el fin de registrar los ejemplos de buenas prácticas que podrían dar lugar a transferencias de experiencias dirigidas a otras regiones y sugiere que este balance pueda consultarse vía Internet, mediante la extensión del foro electrónico que ya funciona en el sitio de las instituciones europeas.

8.11. Dado que toda oportunidad también constituye un riesgo, el Comité de las Regiones desea destacar que el doble movimiento de destrucción de antiguos empleos y calificaciones y de creación de nuevos empleos y calificaciones no es necesariamente equilibrado geográficamente ni homogéneo, por lo que puede incrementar las disparidades internas de la Unión Europea. De ahí la importancia de tener en cuenta el desarrollo local como componente de pleno derecho de la estrategia de la Unión Europea en materia de empleo. De ahí deriva la importancia, igualmente decisiva, de que las intervenciones comunitarias afinen su misión mediante la verificación de aquellas dinámicas que tiendan a agravar las disparidades internas en la Unión, y mediante una intervención dotada de los medios adecuados a fin de que las dinámicas destructivas no produzcan efectos irreversibles, salvaguardando siempre los patrimonios profesionales adquiridos, los conocimientos técnicos reutilizables y los recursos humanos reutilizables en el trabajo.

8.12. El CDR destaca que la relación constructiva con el territorio es fundamental en el comportamiento de las empresas que adoptan sus principios y los convierten en elemento clave de su competitividad. El CDR sugiere aplicar este criterio de la territorialidad de las empresas, más que el de la nacionalidad del capital, para decidir si una empresa puede ser considerada europea o no y si, por lo tanto, puede recibir ayuda pública destinada a mantener y mejorar su competitividad.

8.13. Respecto del turismo, el Comité de las Regiones considera que, a la hora de formular políticas europeas en ámbitos que afecten al sector del turismo, la Unión Europea debe procurar que se atiendan las necesidades del sector. Esta necesidad es tanto más apremiante cuanto que el turismo es una actividad muy intensiva en mano de obra y cuya competitividad ofrece un fuerte potencial de creación de empleo, especialmente para algunas de las categorías de la población activa más afectadas por el desempleo (jóvenes y mujeres).

8.14. El Comité reitera que los esfuerzos necesarios respecto de las infraestructuras transeuropeas de transporte y comunicaciones repercutirán directamente en la competitividad de la industria europea del turismo, por lo que recomienda encarecidamente que se tenga en cuenta este aspecto en el proceso de adopción de las decisiones importantes sobre equipamiento.

8.15. El Comité aprueba la propuesta de la Comisión de crear una red europea de observación en línea del turismo (EurONet) y recomienda que esta ventanilla única tenga, mediante Internet, una cobertura territorial lo más amplia posible con el fin de favorecer un crecimiento armonioso y sostenible, así como permitir comunicar los parajes que lo deseen. Esta red también podría utilizarse para el intercambio de experiencias entre profesionales del turismo y entre entes locales interesados.

8.16. El Comité de las Regiones desea que la Unión Europea adopte una posición clara y definitiva en el debate sobre la excepción cultural. Defender la creatividad y la diversidad cultural como valores esenciales de Europa requiere no sumir el sector cultural y, sobre todo, audiovisual de forma brutal en un entorno competitivo, para que quede al margen de los engranajes de la competitividad. Pero si debe salvarse y defenderse el ámbito de la creación, en cambio, el de los soportes técnicos de las obras, como los sectores de tecnologías multimediales y de digitalización, no puede quedar excluido de una dinámica competitiva. Es deseable que la Unión Europea determine y adopte una posición común clara sobre el asunto, con el fin de poder defenderla con firmeza en las próximas rondas de negociación de la OMC.

8.17. El Comité de las Regiones hace hincapié en el interés de favorecer la apertura recíproca del mundo de la empresa y el de la educación y la formación. A este respecto, sugiere facilitar las visitas a las empresas por parte de escuelas, institutos o universidades, y también de ciudadanos que desean simplemente conocer el patrimonio industrial y tecnológico de su región; apoyar activamente los organismos que, a escala nacional, regional o local, contribuyen a difundir la cultura científica y tecnológica a la opinión pública y en el sistema educativo; así como realizar un censo de estos organismos en la Unión Europea, analizar los medios más convenientes para la difusión de prácticas y experiencias y facilitar financiación para ayudarles a lograr los objetivos perseguidos.

8.18. Respecto del reconocimiento mutuo de las cualificaciones en la Unión Europea, es indispensable favorecer los puentes y el reconocimiento de los títulos entre Estados miembros. Pero el Comité de las Regiones destaca la importancia de no intentar avanzar hacia un modelo europeo de educación unificado dado que, también aquí, la diversidad europea es fuente de riqueza y, al igual que en los demás campos, cohesión no significa unificación. En especial, un sistema de homologación demasiado exigente podría reemplazar los títulos locales y supondría una nueva forma de centralización del sistema educativo, lo que es necesario evitar.

8.19. Por último, en el ámbito de la propiedad intelectual, el Comité de las Regiones recomienda estudiar la creación en las regiones europeas de oficinas regionales de la propiedad intelectual, que representarían en la región tanto a la Oficina Europea de Patentes como a los organismos nacionales responsables de la propiedad industrial. Estas oficinas podrían asumir diversas funciones como centros de información, asesoramiento y registro de las solicitudes de patente europea única, una vez que se haya creado. Asimismo, deberían contribuir a potenciar los reflejos de valorización de la producción científica, fomentar las asociaciones investigación-empresas y desarrollar una cultura de la propiedad intelectual a escala regional. También podrían servir de base para un sistema de información sobre las patentes registradas en las regiones y, en consecuencia, sobre la capacidad técnica de las empresas regionales, que facilitaría la búsqueda de asociaciones y complementariedades tecnológicas a nivel regional.

8.20. Por último, el Comité de las Regiones desea llamar la atención de la Comisión sobre el carácter no universal de la protección mediante patentes y sobre los peligros que pueden derivarse de un uso sistemático de las patentes en materia de propiedad intelectual. Estos aspectos afectan principalmente a las nuevas tecnologías y, de manera especial, a las tecnologías de la información y las ciencias de la vida, que son objeto de un debate enriquecedor y apasionado. Los últimos acontecimientos en el campo de los programas informáticos son fruto de una evolución que no debe aceptarse, manteniendo el espíritu de moderación y competencia en el que se basó la elaboración de la Directiva europea de 1993.

Bruselas, 18 de noviembre de 1999.

El Presidente

del Comité de las Regiones

Manfred DAMMEYER

(1) Véase, por ejemplo, M. Sharp, "Competitiveness and Cohesion - Are the Two Compatible?" - Research Policy 27 (1998) 569-588.

(2) Es éste el cometido de las grandes estratégias de las alianzas industriales; véase, por ejemplo, M. Delapierre y L. K. Mytelka, "The Alliance Strategies of European Firms in the Information Technology Industry and the Role of ESPRIT", Journal of Common Market Studies, vol. V, XXVI nº 2, diciembre de 1987.

(3) A. Jacquemin y L. R. Pench, edd., Pour une compétitivité européenne - Rapports du Groupe Consultatif sur la Compétitivité, De Boeck Université, 1997, p. 9.

(4) G. Benko y A. Lipietz, Les régions qui gagnent, Presses Universitaires de France, 1992.

(5) A. Jacquemin y L. R. Pench, op. cit., p. 8.

(6) M. Hannoun y C. Lelong, "Une comparaison des PIB régionaux de l'Union Européenne", INSEE Première n° 602, agosto 1998, republicado en Problèmes économiques n° 2585, 7 de octubre de 1998.

(7) P. A. Buigues y A. Sapir, "L'impact du marché unique sur les grands pays européens - The Impact of the Single Market on Large European Countries", Revue d'économie politique 109 (2), marzo-abril 1999. Este estudio se basa en el trabajo de evaluación económica de las consecuencias de la aplicación del programa legislativo del Mercado Único emprendido por la Comisión en 1993 y publicado en 1996 en un número especial de Économie européenne con el título "Economic Evaluation of the Internal Market".

(8) L. Fontagné, M. Freudenberg y D. Ünal-Kesenci, "Haute technologie et échelles de qualité: de fortes asymétries en Europe", Document de Travail CEPII, 1999 - 8, junio, París.

(9) Véase el estudio reciente titulado "Boosting Innovation - The Cluster Approach", Actas de la OCDE, París, 1999.

(10) M. E. Porter, "Clusters and the New Economics of Competition", Harvard Business Review, noviembre-diciembre de 1998.

(11) Proyecto de dictamen de la Comisión de Política Regional, Fondos Estructurales, Cohesión Económica y Social y Cooperación Transfronteriza e Interregional (Comisión 1) sobre "Las iniciativas de los municipios y regiones como medio de la política regional con el telón de fondo de la competencia europea", CDR 108/99 rev. de 21 de mayo de 1999.

(12) La creación de tales proyectos de cooperación e innovación no deben excluir, desde luego, la cooperación externa no local. La posibilidad de contar con cooperación externa eficaz forma también parte de los recursos locales, toda vez que ésta participa del "capital social" consistente en la capacidad de los participantes de establecer relaciones.

(13) CDR 108/99 op. cit.

(14) El economista francés François Perroux ha demostrado, a través de su concepto de "polo de crecimiento", que estas asimetrías estimulan el entramado económico y tienen un efecto multiplicador del crecimiento. No obstante, superado un determinado umbral de polarización, el estímulo queda enteramente absorbido por el polo y desaparecen sus efectos a nivel local.

(15) En este caso, la importancia de la organización tanto en un entorno rural (Prato) como urbano (Elche) es fundamental para la competitividad del territorio.

(16) Dictamen sobre el "Informe del Grupo Operativo BEST: Simplificación del entorno empresarial" y la Comunicación de la Comisión "Fomento del espíritu empresarial y la competitividad - Respuesta de la Comisión al Informe del Grupo Operativo BEST y sus recomendaciones".

(17) Recuérdese, por ejemplo, que el número de gestiones necesarias para la creación de una empresa asciende por término medio a doce en Europa, contra seis en los Estados Unidos (Informe de la Comisión, "Reformas Económicas y Estructurales en la Unión Europea (Cardiff II)", COM(1999) 61 final, de 17.2.1999.

(18) B. Zider, "How Venture Capital Works", Harvard Business Review, 11-12/1998.

(19) (CDR 46/98 fin) Dictamen del Comité de las Regiones de 14 de mayo de 1998 sobre la "Propuesta de decisión del Consejo sobre medidas de ayuda a las pequeñas y medianas empresas (PYME) generadoras de empleo - Iniciativa para el crecimiento y el empleo" (COM(1998) 26 final).

(20) Comunicación de la Comisión, "Políticas comunitarias de fomento del empleo", COM(1999) 167 final de 21.4.1999.

(21) Comunicación de la Comisión, "Políticas comunitarias de fomento del empleo", COM(1999) 167 final de 21.4.1999.

(22) Anexo al Proyecto de dictamen de la Comisión 1 (Comisión de Política Regional, Fondos Estructurales, Cohesión Económica y Social y Cooperación Transfronteriza e Interregional), sobre "Las iniciativas propias de los municipios y las regiones como posibilidades de acción en materia de política regional en el ámbito de la competencia europea", Conclusiones del seminario de la Comisión 1 celebrado el 8 de junio de 1999 en Augsburgo, CDR 108/99 rev. 1 anexo.

(23) Proyecto de Dictamen de la Comisión 1 (Comisión de Política Regional, Fondos Estructurales, Cohesión Económica y Social y Cooperación Transfronteriza e Interregional) sobre "El impacto de la política regional en los paquetes de incentivos a la inversión: un enfoque diferente en el uso de los Fondos Estructurales", CDR 127/99 rev. 1 de 21.6.1999.

(24) "Gestión del cambio" - Informe final del grupo de alto nivel sobre las consecuencias económicas y sociales del cambio, 1998.

(25) Algo que no excluye de ninguna manera una "multiterritorialidad" en la multiplicidad de las implantaciones territoriales de una empresa dotada de varias instalaciones.

(26) Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo y al Consejo y, para información, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones: "Incrementar el potencial del turismo como generador de empleo - Seguimiento de las conclusiones y recomendaciones del Grupo de Alto Nivel sobre Turismo y Empleo", R2F. , DO C 178 de 23.6.1999. "Turismo europeo - Nueva cooperación para el empleo", Conclusiones y recomendaciones del Grupo de Alto Nivel sobre Turismo y Empleo, Comisión Europea - DG XXIII, octubre de 1998.

(27) Véase Le drôle de drame du cinéma mondial, C.A. Michalet, La Découverte, París, 1987, así como Une histoire économique du cinéma français, regards croisés franco-américains, P.J. Benghozi y C. Delage (Eds. ), L'Harmattan, París, 1997.

(28) Ya existen representaciones de los organismos nacionales en algunos Estados miembros como, por ejemplo, el INPI en el caso francés.

(29) Véase, entre otros, "Un régime de droits d'auteur: la propriété intellectuelle du logiciel", J.B. Zimmermann, Résaux, número especial sobre la propiedad intelectual, n° 88/89, marzo-junio de 1998.

(30) No existe ningún estudio actualizado en la materia y las búsquedas de anterioridad resultan muy aproximativas y poco fiables.

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