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Format: md

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# 52012DC0586

**COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN AL PARLAMENTO EUROPEO Y AL CONSEJO EL PLANTEAMIENTO DE LA UE SOBRE LA RESILIENCIA: APRENDER DE LAS CRISIS ALIMENTARIAS /\* COM/2012/0586 final \*/**

  

COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN AL
PARLAMENTO EUROPEO Y AL CONSEJO

EL PLANTEAMIENTO DE LA UE SOBRE LA
RESILIENCIA:
APRENDER DE LAS CRISIS ALIMENTARIAS

1.           LA NECESIDAD DE ABORDAR LA
VULNERABILIDAD CRÓNICA

Las recientes
crisis alimentarias recurrentes en la región del Sahel y en el Cuerno de
África, en donde más de 30 millones de personas sufren hambre, han puesto de
relieve la necesidad de trabajar en un enfoque sistemático a largo plazo para
incrementar la resiliencia de los países y poblaciones vulnerables.

Los
efectos de las perturbaciones económicas, los aumentos y las fluctuaciones de
los precios de los alimentos, la presión demográfica, el cambio climático, la
desertificación, la degradación medioambiental, la presión sobre los recursos
naturales, los sistemas inadecuados de arrendamiento de tierras y la
insuficiente inversión en agricultura ha generado en muchas partes del mundo
una mayor exposición a los riesgos, en particular a los riesgos derivados de los
peligros naturales. El impacto de estas tendencias mundiales se refleja en el
aumento del número y la intensidad de las catástrofes naturales y las crisis. Los
hogares más pobres son los más vulnerables y en muchos casos esta
vulnerabilidad se ve agravada por la inestabilidad política y los conflictos.
En el caso de la inseguridad alimentaria, a pesar de algunos avances, mil
millones de personas siguen sufriendo hambre y el problema es especialmente
acuciante en zonas con tendencia a la sequía en las que la mayor parte de la
población depende directamente de la agricultura y el pastoreo.

La
UE es uno de los principales donantes mundiales de ayuda para salvar la vida a
las personas afectadas por distintas crisis. En los últimos años, las
peticiones de tal ayuda han aumentado sustancialmente, superando con mucho los
recursos disponibles. Esta asistencia es vital, pero está destinada
principalmente a hacer frente a situaciones de emergencia y es necesario que se
vea complementada por el apoyo a las poblaciones de riesgo para resistir, dar
respuesta y adaptarse a los efectos adversos reiterados y a las tensiones de
larga duración.

Desarrollar capacidades
de resiliencia es un trabajo a largo plazo que debe estar firmemente integrado
en las políticas nacionales y la planificación. Es parte del proceso de desarrollo
y un desarrollo verdaderamente sostenible tiene que abordar las causas
profundas de las crisis recurrentes y no solo sus consecuencias. Trabajar con
las poblaciones vulnerables para desarrollar su resiliencia también forma parte
fundamental de la reducción de la pobreza, lo que constituye el objetivo final
de la política de desarrollo de la UE, tal y como ha confirmado la UE en el
Programa para el Cambio[1].

Las
estrategias en materia de resiliencia deberían contribuir a diferentes
políticas, en particular la seguridad alimentaria[2], la adaptación al
cambio climático[3]
y la reducción del riesgo de catástrofes[4]
(RRC). En este contexto, la UE siempre ha apoyado la prevención y la
preparación ante las crisis en los países más vulnerables y señalado la necesidad
de integrar la RRC y la adaptación al cambio climático, en particular, tanto en
la cooperación al desarrollo como en la ayuda humanitaria.

Invertir
en resiliencia es rentable. Abordar las causas profundas de las crisis no solo
es mejor, especialmente para las poblaciones afectadas, que responder
únicamente a las consecuencias de las mismas, sino que también es mucho más
barato. Cuando el mundo está experimentando una recesión económica y
presupuestaria, los presupuestos de los países socios y los donantes están
sometidos a una presión cada vez mayor para poner de manifiesto que los fondos
que se ponen a disposición generan un impacto máximo.

En
respuesta a las grandes crisis alimentarias en África, la Comisión ha tomado
recientemente dos iniciativas: Supporting Horn of African Resilience (SHARE)[5] y la Alliance
Globale pour l'Initiative Résilience Sahel (AGIR)[6]. Estas crean un
nuevo planteamiento para reforzar la resiliencia de las poblaciones
vulnerables.

El
objetivo de la presente Comunicación es utilizar esta experiencia para mejorar
la eficacia del apoyo de la UE con el fin de reducir la vulnerabilidad de los
países en desarrollo, propensos a las catástrofes, mediante la inclusión de la resiliencia
como objetivo central.

Además,
la presente Comunicación aspira a contribuir al debate internacional sobre la
mejora de la seguridad alimentaria y la resiliencia en un sentido más amplio,
en particular en el contexto del G8, el G-20, el Comité de Seguridad
Alimentaria Mundial, el Movimiento para el Fomento de la Nutrición (MFN), las
negociaciones de los Convenios de Río[7]
y la Alianza Mundial para el Cuerno de África.

2.           El paradigma de la resiliencia

La resiliencia es la capacidad de una
persona, un hogar, una comunidad, un país o una región para hacer frente,
adaptarse y recuperarse rápidamente de las tensiones y las convulsiones.

El concepto
de resiliencia posee dos dimensiones: la fortaleza inherente de una entidad
(una persona, un hogar, una comunidad o una estructura más amplia) para
resistir mejor las tensiones y las convulsiones, y la capacidad de esta entidad
para sobreponerse rápidamente al impacto.

El aumento de
la resiliencia (y la reducción de la vulnerabilidad) puede, por tanto, lograrse
mediante la mejora de la resiliencia de la entidad o la reducción de la
intensidad del impacto, o ambos. Exige una estrategia multidimensional y
una amplia perspectiva de sistemas encaminados a reducir los diversos riesgos
de una crisis y, al mismo tiempo, a mejorar los mecanismos de adaptación rápida
a nivel local, nacional y regional. El aumento de la resiliencia es la
interfaz de la ayuda humanitaria y al desarrollo.

El aumento de la resiliencia exige
un planteamiento a largo plazo, basado en la reducción de las causas
subyacentes que generan las crisis, y la potenciación de las capacidades para
gestionar mejor la incertidumbre y el cambio en el futuro.

3.           LA EXPERIENCIA DE LA UE EN LA GESTIÓN DE
LA RESILIENCIA Y DE LAS CRISIS ALIMENTARIAS EN ÁFRICA

En el África Subsahariana, los hogares,
las comunidades y los países más pobres vienen sufriendo desde hace mucho
tiempo una capacidad cada vez menor de recuperación de los efectos a largo
plazo del cambio climático, especialmente de frecuentes e intensas sequías, así
como de crisis económicas y conflictos internos. La UE ha prestado apoyo en
relación con las crisis alimentarias en África durante muchos años a través de
la ayuda humanitaria y al desarrollo. Sobre esta base, el Programa para el
Cambio de la UE dará prioridad a la cooperación en materia de agricultura sostenible,
incluida la salvaguardia de los servicios ecosistémicos y la seguridad
alimentaria y de la nutrición en la futura ayuda para el desarrollo a largo
plazo de la UE.

En consonancia con la concentración sobre
la resiliencia, el apoyo al sector agrícola y las políticas nacionales y
regionales relacionadas con él, incluido el empleo del suelo, no solo deberían
reforzar la producción, sino garantizar en particular un mejor funcionamiento
de los mercados alimentarios y fomentar el empoderamiento de los grupos
vulnerables y la sociedad civil.

En este contexto, la UE ya está
desarrollando y ejecutando respuestas innovadoras a las crisis del Cuerno de
África y el Sahel, las cuales deberían representar una valiosa experiencia de
cara a un planteamiento más sistemático y a largo plazo del desarrollo de la resiliencia
de las poblaciones afectadas. Para ello es importante reconocer el papel de las
mujeres en el aumento de la resiliencia de los hogares y las comunidades
afectadas por las crisis. En los países inestables y frágiles, en los que la resiliencia
es, con frecuencia, más débil, es también importante velar por que las
iniciativas políticas tengan en cuenta el vínculo entre seguridad y desarrollo,
fomentando así un planteamiento que promueva la coherencia y la
complementariedad de las políticas.

3.1.        Apoyar la resiliencia
del Cuerno de África (SHARE en sus siglas inglesas: Supporting the Horn of
Africa's Resilience)

Hay
una serie de factores que subyacen a la prolongada vulnerabilidad de los medios
de vida en el Cuerno de África. Entre ellos figura el crecimiento de la
población y el aumento de la presión sobre los recursos, la pobreza rural, la
baja productividad, el debilitamiento de las condiciones comerciales, la
inseguridad del acceso a la tierra y a las aguas, una gobernanza débil, la
inseguridad y la prolongada inestabilidad geopolítica. La UE tiene una
experiencia considerable en cooperación con los socios del desarrollo en el
Cuerno de África en materia de agricultura y seguridad alimentaria y ha adquirido
una valiosa comprensión de los planteamientos que tienen el mayor potencial.

La sequía que afectó en 2011 a la región
ha sido la peor en 60 años. Constituyó una convulsión que convirtió una
situación precaria en una crisis (y en Somalia, la situación derivó en
hambruna).

La UE y sus Estados miembros, que habían
sido informados puntualmente por los avisos de los sistemas de alerta precoz
sobre seguridad alimentaria, trabajaron para crear una respuesta a la medida de
la crisis:

–
Se elaboró un marco conjunto analítico
humanitario y de desarrollo que permitió a los agentes de desarrollo y
humanitarios trabajar desde una comprensión común y definir prioridades
conjuntas.

–
Toda la UE proporcionó 790 millones EUR en
ayuda humanitaria en 2011-2012. La Comisión sola aportó 181 millones EUR.
Además de las actividades destinadas a salvar vidas, esta ayuda permitió también
dar los primeros pasos del proceso de recuperación, por ejemplo, mediante el
suministro de semillas y herramientas, la mejora de la gestión del agua y la
repoblación de los rebaños.

–
Rápidamente se aportó un aumento de la
financiación del desarrollo a corto plazo en apoyo de la fase de recuperación
inmediata. El compromiso de la Comisión para el período 2012-2013 era de 250
millones EUR para apoyar la producción agrícola y ganadera, la nutrición, la
salud del ganado, el suministro de agua y la gestión de los recursos naturales.

Además de la respuesta a corto plazo, la
UE estableció un planteamiento estructurado y a largo plazo para ayudar a los países
y comunidades afectados a recuperarse tras la sequía y a desarrollar su
capacidad para hacer frente a futuras sequías. Esto implica:

–
Un compromiso de trabajar con y a través de
socios regionales. La UE y otros donantes bilaterales asisten a la Secretaría
de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) para reforzar su
capacidad y coordinar y fomentar las iniciativas transfronterizas en ámbitos
tales como el desarrollo de la ganadería y la gestión de los recursos
naturales.

–
Un compromiso de colaborar estrechamente con
otros donantes activos en la región. La comunidad de donantes ha puesto en
marcha una incipiente plataforma de coordinación, la «Alianza Mundial de Acción
para la Resiliencia y el Crecimiento»[8].
En estrecha colaboración con la IGAD, la Alianza Mundial ha proporcionado un
foro que reúne a países socios con los donantes que actúan para apoyar la resiliencia
frente a las sequías.

Un compromiso a largo plazo para abordar
los problemas estructurales y desarrollar la resiliencia a largo plazo.
Dependiendo del contexto nacional y local específico, se tratarán varios temas
y sectores como prioridades para la financiación de la UE durante el período
2014-2020. Podrían destacarse los siguientes: nivel sanitario de la cabaña
ganadera y desarrollo de la misma, gestión de los recursos naturales, RRC,
comercio nacional y regional, nutrición, gobernanza, investigación y
transferencia de tecnología, y flujos de población.

3.2.        AGIR Sahel: la
Alianza Mundial para la Iniciativa de Resiliencia de la UE (Alliance Globale
pour l’Initiative Résilience-Sahel)

En las últimas nueve campañas agrícolas,
el Sahel se ha enfrentado a seis crisis alimentarias distintas. La región es
víctima de la malnutrición, con indicadores muy por encima de los niveles de
alarma. Actualmente corren riesgo de malnutrición doce millones de personas, lo
que representa un 20 % de la población. Las mujeres y los niños son los más
vulnerables a las tensiones alimentarias y económicas, sobre todo durante los períodos
entre ciclos de cosechas.

Se
han realizado progresos durante los últimos años en África Occidental gracias al
trabajo de instituciones y plataformas existentes, tales como la Red de
Prevención de Crisis Alimentarias [Réseau de Prévention des Crises
Alimentaires (RPCA)] y el Comité Permanente Interestatal de Lucha contra la
Sequía en el Sahel [Comité permanent Inter-Etats de Lutte contre la
Sécheresse au Sahel (CILSS)]. A partir de la experiencia adquirida se han
desarrollado planteamientos para afrontar mejor las crisis alimentarias. El
funcionamiento mejorado de los sistemas de alerta precoz ha ayudado a los
países y los proveedores de fondos a anticipar mejor la actual crisis.

El
plan de acción de la UE en respuesta a la crisis del Sahel de 2012 asciende a
unos 500 millones EUR (123 millones EUR de la respuesta humanitaria y 372
millones EUR de programas de desarrollo).

Se
ha diseñado un planteamiento en tres fases en estrecha coordinación entre la
ayuda humanitaria de la UE y la ayuda al desarrollo. El plan abarca una amplia
gama de actividades que van desde la mejora del acceso a los alimentos hasta el
apoyo a los sistemas de alerta precoz de los países socios, el funcionamiento
del mercado y la protección de los ecosistemas. Vincula programas de urgencia con
los de desarrollo, mezclando financiación a corto plazo con financiación a
medio y largo plazo para aumentar la resiliencia con un planteamiento
integrado. Hacer frente a situaciones de emergencia mientras se invierte en resiliencia
exige una coordinación de los esfuerzos de asistencia, en colaboración con las
organizaciones regionales, tanto para velar por la coherencia y la
complementariedad como para reducir la vulnerabilidad de los hogares más pobres
a las convulsiones y para contrarrestar las causas subyacentes de la
inseguridad alimentaria y nutricional.

La asociación de la Alliance Globale
pour l'Initiative Résilience, que la Comisión puso en marcha el 18 de junio
de 2012, proporciona una hoja de ruta hacia la resiliencia que desarrolla y
refuerza las estrategias regionales existentes, tales como la estrategia
regional conjunta de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental
(CEDEAO), la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMAO) y el Comité
permanent Inter-Etats de Lutte contre la Sécheresse dans le Sahel (CILSS)
con el apoyo del Club del Sahel y del África Occidental (SWAC). A principios de
diciembre de 2012 se celebrará una reunión de alto nivel de todos los estados
afectados en Uagadugu, en la cual se presentará un Plan de Acción regional para
reforzar la resiliencia de forma permanente y sostenible en el Sahel, redactado
por las organizaciones regionales del África Occidental, con el apoyo de la
comunidad de donantes.

4.           APRENDER DE LA EXPERIENCIA

Las
iniciativas SHARE y AGIR representan una mejora en la manera en que interactúan
la ayuda humanitaria y al desarrollo, aumentando los niveles de asistencia a
corto plazo, facilitando el vínculo entre la ayuda de emergencia, la
rehabilitación y el desarrollo, así como demostrando el compromiso de la UE con
la solución de las causas profundas de la inseguridad alimentaria a largo
plazo.

Ambas
iniciativas se centran en la seguridad alimentaria en el África Subsahariana,
pero este planteamiento puede aplicarse igualmente a otras regiones y otros
tipos de vulnerabilidad (por ejemplo, regiones amenazadas por inundaciones,
ciclones, terremotos, sequías, tormentas y sunamis, cambio climático, o incremento
del precio de los alimentos). El planteamiento desarrollado tiene una serie de
elementos comunes que la UE intentará reproducir en los países en vías de
desarrollo más vulnerables. Hay tres componentes clave en este planteamiento
que se detallan a continuación:

·
Anticipar las crisis mediante la evaluación de
los riesgos.

·
Centrarse en la prevención y la preparación.

·
Mejorar la respuesta a las crisis.

4.1.        Anticipar las crisis
mediante la evaluación de los riesgos

Tanto en el Cuerno de África como en el
Sahel, los sistemas de alerta precoz apuntaban la amenaza de crisis. Los
sistemas de alerta precoz en materia de seguridad alimentaria (tales como el
planteamiento integrado de clasificación de la fase) han experimentado mejorar,
de manera que los países socios y las instituciones regionales pueden preparar
una respuesta adecuada antes de las crisis. Del mismo modo, los sistemas de
alerta precoz para otros riesgos, como los sunamis, o para otras regiones
también funcionan mejor actualmente.

Estos sistemas de información también
deben estar interconectados con iniciativas mundiales pertinentes, como el
Sistema de Información sobre el Mercado Agrícola (SIMA) en el marco del G20.

Asimismo, debe existir un vínculo más
sistemático entre la información facilitada y la elaboración de políticas y la toma
de decisiones a nivel nacional y regional. Por ejemplo, datos tales como la malnutrición
(infantil), la producción agrícola (incluidas las existencias) y los mercados
(incluidos los precios de los productos alimentarios) deberían mejorar las
políticas de seguridad alimentaria y agricultura sostenible.

Ello debería reflejarse, en particular,
en las políticas y procesos de los países, tales como el Programa General para
el Desarrollo de la Agricultura en África (CAADP en sus siglas inglesas). Los
planes de inversión del CAADP no solo abordan las dificultades actuales,
sino que también anticipan futuras convulsiones y tensiones y ayudan a
los países a atenuar, responder y aumentar la capacidad de resiliencia.

El
sistema de alerta precoz (CILSS/CEDEAO/UEMAO): La Red de Prevención de Crisis Alimentarias (RPCA) es una
plataforma en la que los países socios, los donantes, las Naciones Unidas y las
organizaciones de la sociedad civil ponen en común información para proceder a
un análisis conjunto de la inseguridad alimentaria en África Occidental. Fue de
extraordinaria utilidad para dar la voz de alarma en las fases tempranas de la
actual crisis de 2012.

En la misma línea, la UE estableció la
Alianza Mundial contra el Cambio Climático para potenciar el diálogo político y
la cooperación con los países más afectados por dicho cambio. Los sistemas de
información de alerta precoz y la gestión de las catástrofes son elementos
importantes en este contexto.

Sistemas de
alerta precoz en Nepal: En agosto de 2010 el
caudal del río Rapt rebasó los niveles de alerta en la comarca de Chitwan. El
sistema de alerta precoz a lo largo del río, a través de una red de radio y
teléfono, hizo posible que los comités de gestión de catástrofes de las
comunidades en peligro desplazaran sus propiedades esenciales y movibles a
zonas más altas y seguras. Cuando el agua alcanzó los pueblos, la población ya
se había puesto a salvo. De esta forma, la alerta precoz redujo al mínimo las
pérdidas de vidas y bienes.

Bangladesh: Financiación para el Hospital Universitario de Daca, centrándose
en la gestión de situaciones de grandes siniestros masivos, como la
planificación de intervenciones de urgencia, equipos médicos, reservas de
medicamentos y actividades de formación. Como consecuencia de ello, en junio de
2010, tras un incendio que ocasionó 120 muertos, el hospital consiguió salvar la
vida a más de 250 pacientes.

ASEAN: A nivel regional, la Comisión está prestando apoyo a AADMER
(Acuerdo ASEAN sobre gestión de catástrofes e intervenciones de urgencia), cuyo
objetivo es aumentar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad de las
comunidades y las instituciones locales a través del apoyo a estrategias que
les permitan prepararse mejor para atenuar y dar respuesta a las catástrofes
naturales.

4.2.        Centrarse en la
prevención y la preparación

La respuesta de
la comunidad internacional y los países afectados ante las crisis del Cuerno de
África y el Sahel ha puesto de manifiesto notables avances en la capacidad para
abordar las consecuencias de la crisis. Sin embargo, esas crisis también han
subrayado la importancia primordial de la prevención (evitar que llegue
a producirse una crisis) y la preparación (garantizar que una persona,
un hogar, un país o una región están en condiciones de gestionar los efectos de
un acontecimiento adverso).

Por tanto, es
esencial que:

–
A largo plazo, los programas nacionales y
regionales aborden las causas profundas de la vulnerabilidad. La reducción
de la vulnerabilidad ante las perturbaciones solo es posible si se integra en
las políticas de desarrollo de los países socios. Para desarrollar estos
procesos es necesario que el análisis de riesgos, incluida la gestión del
riesgo de catástrofes y la gestión de crisis alimentarias, esté incluido en las
políticas nacionales y regionales. De manera similar, la adaptación al cambio
climático y los marcos políticos como los Programas de Acción Nacionales de
Adaptación (PANA) deben también integrarse en las políticas nacionales.

–
Se divulgue mejor la experiencia adquirida de iniciativas como SHARE y AGIR o
proyectos piloto de éxito en materia de gestión del riesgo de catástrofes,
tales como los patrocinados por el Programa de Prevención de Catástrofes de la
Comisión (DIPECHO). Uno de los retos es analizar cómo pueden integrarse en las
políticas gubernamentales nacionales y regionales los proyectos ascendentes con
base comunitaria que hayan tenido éxito.

–
Mejore la gobernanza estructurada para
la gestión de catástrofes y se refuerce la capacidad de las partes
interesadas a escala local y nacional. Es esencial contar con estructuras
locales fuertes para atenuar los riesgos y garantizar la eficacia de los
esfuerzos de prevención y preparación, así como de las operaciones de respuesta
inicial.

–
Las asociaciones sector público-sector
privado deben utilizarse a fondo en los contextos
apropiados, como la reciente «Nueva Alianza por la seguridad alimentaria y de
nutrición» del G8.

En el caso de las crisis alimentarias, es necesario contar con un
planteamiento integrado para abordar las causas profundas de la inseguridad
alimentaria. En términos de disponibilidad de alimentos, ello abarca
la diversificación de la producción alimentaria, que puede verse limitada por
la degradación medioambiental y el cambio climático. El acceso a los
productos alimentarios requiere mercados funcionales y redes de seguridad,
teniendo en cuenta la importancia de las reservas, los planes de seguros, los
instrumentos de almacenamiento, el acceso al mercado y a los servicios
financieros por parte de los agricultores y las reservas de emergencia. También
incluye las inversiones en infraestructura rural y en investigación y
transferencia de tecnología.
Desde una perspectiva a largo plazo, el apoyo a la
agricultura sostenible es fundamental para crear resiliencia en el África
subsahariana, donde el sector da empleo al 60 % de la población, en particular
a los más vulnerables.

El Programa de Seguridad Productiva de
Etiopía (PSNP en sus siglas inglesas) proporciona una valiosa experiencia. Ofrece
transferencias en forma de alimentos o de dinero en efectivo a los hogares más
vulnerables del país a cambio de una participación en las obras públicas.

El PSNP es el mayor régimen de transferencias
sociales en el África Subsahariana y resulta rentable (alrededor de un tercio
del coste) en comparación con las intervenciones humanitarias.

Abordar
la crisis oculta de la desnutrición infantil para reducir la vulnerabilidad de
los adultos del mañana: El hambre y la desnutrición matan a casi 2,6 millones de niños al
año. La desnutrición afecta a uno de cada tres niños en los países en
desarrollo. A menudo el problema comienza antes de nacer debido a la
desnutrición de la madre. La desnutrición es una causa subyacente de
vulnerabilidad, especialmente para los menores de dos años. Disminuye el
desarrollo intelectual y físico, reduciendo así la capacidad de los adultos de
mañana para hacer frente a acontecimientos adversos. Además, cuesta a
muchos países en desarrollo hasta un 2 y 3 % de su producto interior bruto cada
año, ampliando así el ciclo de la pobreza e impidiendo el crecimiento
económico. La UE apoya los esfuerzos realizados por los socios para reducir la
desnutrición a corto y largo plazo. Son necesarias medidas en diversos sectores
tales como la sanidad, la agricultura, el agua, el saneamiento, el crecimiento
económico y la educación. La UE apoya el Movimiento para el Fomento de la
Nutrición (SUN en sus siglas inglesas), que establece un marco para el
liderazgo de los países socios.

Lucha
contra la sequía en el norte de KENIA. Durante la sequía de 2011, 3,7 millones de keniatas necesitaron inmediatamente
alimentos, agua limpia y saneamiento básico. Al amparo de SHARE, la UE ha
incrementado su apoyo para impulsar la recuperación y la resiliencia mediante
asistencia para simplificar el sistema de alerta precoz de Kenia, apoyo
institucional al Ministerio de Kenia Septentrional, apoyo a la Oficina Nacional
de Gestión de la Sequía, encargada de un Fondo para Catástrofes y Emergencias,
la mejora de las capacidades de las autoridades locales para gestionar una
respuesta precoz, y proyectos para mejorar las condiciones de vida a nivel
comunitario que ampliarán las oportunidades económicas. Se espera que la
existencia de instituciones más robustas y el aumento de las inversiones en
tierras áridas por parte del Gobierno de Kenia preparen mejor al país para
atenuar el impacto de crisis similares.

4.3.        Reforzar las actividades
de respuesta a las crisis

Sirviéndose, entre otras cosas, de la
experiencia adquirida en el Cuerno de África y en el Sahel, los siguientes
elementos pueden ayudar a mejorar el impacto de las respuestas a las crisis
cuando consiguen:

–
La elaboración de un marco analítico conjunto
preparado por los agentes humanitarios y de desarrollo que:

·
detecta las causas profundas de la crisis, así
como la incidencia exacta sobre los grupos de población más afectados;

·
evalúa las intervenciones en curso para
comprobar si se están abordando las causas profundas y también si hay lagunas
en la asistencia que se está prestando;

·
señala los ámbitos, tanto en términos de
sectores como de regiones geográficas, en los que podría tener un máximo
impacto la mejora del planteamiento de resiliencia;

·
define prioridades estratégicas a corto plazo
(recuperación rápida) y a largo plazo dentro de un «planteamiento de resiliencia»
coherente.

–
Es preciso contar con un aumento de la
financiación a corto plazo para apoyar la fase de recuperación rápida.
Recientes iniciativas ponen de relieve la necesidad de un mayor grado de
flexibilidad en la programación para responder a la rápida evolución de las
necesidades, sin reducir las actividades en curso a medio o largo plazo para
hacer frente a las causas profundas. Han de considerarse nuevas modalidades de
asistencia, como los fondos fiduciarios de la UE, para hacer frente a
situaciones de emergencia o posteriores a la emergencia.

–
La mayoría de las grandes crisis se extienden
a través de las fronteras. Es necesario reforzar la capacidad de las
organizaciones regionales a fin de que puedan llevar a cabo iniciativas
transfronterizas y fomentar la integración regional.

–
Para crisis graves, conviene establecer
estructuras ligeras que permitan la coordinación de los donantes y un
diálogo estructurado establecido con los países socios y las organizaciones
regionales. Es necesario definir y formalizar quién hace qué sobre la base
de la ventaja comparativa de cada participante en un contexto determinado.
Tanto los agentes de desarrollo como los trabajadores humanitarios deben
participar activamente.

–
Encontrar intervenciones a corto plazo que
tengan un impacto a largo plazo. Aunque las respuestas a corto plazo y la ayuda
humanitaria en particular se centran principalmente en la preservación de vidas
y la protección de activos, tales actividades pueden tener también un impacto a
largo plazo. Por ejemplo, pasar de la ayuda alimentaria a las transferencias de
dinero en efectivo puede tener un efecto a largo plazo al estimular al mercado
local y la financiación de obras públicas que pueden reducir la probabilidad de
catástrofes futuras o atenuar su impacto. Estos tipos de intervención deben definirse
y jerarquizarse por orden de prioridad.

–
Donde haya conflictos violentos, la estrategia
de resiliencia y el planteamiento más amplio de política y seguridad de la UE
deben apoyarse mutuamente y ser coherentes, y deben desarrollarse sinergias a
los niveles de instrumentos, concretamente los instrumentos de Política Común
de Seguridad y Defensa y el Instrumento de Estabilidad.

Financiación
flexible de la UE a través del Mecanismo Alimentario dotado con 1 000 millones
EUR , de la AFSI y de V-FLEX: la crisis de los precios de los alimentos en 2007-2008 dio lugar a
una respuesta de una magnitud sin precedentes por parte de la comunidad
internacional. La UE fue el primer donante en adoptar medidas proactivas y
anunció un Mecanismo Alimentario por un importe de 1 000 millones EUR, lo que
demuestra la capacidad de la UE para reaccionar a tiempo y a gran escala. Un
año más tarde, en 2009, los donantes prometieron un total de 22 000 millones
USD en apoyo de la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria (la iniciativa
de Seguridad Alimentaria de L'Aquila, AFSI). La UE reforzó la ayuda,
comprometiendo 3 800 millones USD. Existen otros
dos mecanismos para los países de África, el Caribe y el Pacífico (países ACP):
FLEX (fluctuaciones de los ingresos por exportación) ayuda a los Gobiernos que
se enfrentan a pérdidas de ingresos por exportación repentinas y el Mecanismo
de Vulnerabilidad FLEX (V-FLEX) está concebido para ayudar a los países más
afectados por la crisis económica de 2009 debido a su escasa resiliencia. Este
instrumento actuó de forma preventiva, a partir de las previsiones de pérdidas
fiscales, con ajustes para tener en cuenta la vulnerabilidad, actuando de forma
anticíclica para contrarrestar algunas lagunas de financiación nacionales.

5.           DIEZ PASOS PARA MEJORAR LA RESILIENCIA
EN PAÍSES CON INSEGURIDAD ALIMENTARIA Y PROCLIVES A LAS CATÁSTROFES

1.           La resiliencia solo
puede desarrollarse desde la base. Por tanto, el punto de partida del
planteamiento de la UE en materia de resiliencia es un firme reconocimiento del
papel dirigente de los países socios. La UE adaptará su apoyo a las políticas y
prioridades de dichos socios, de acuerdo con los principios de eficacia de la
ayuda establecidos.

2.           La actuación para
reforzar la resiliencia tiene que basarse en metodologías acertadas de evaluación
del riesgo y la vulnerabilidad. Tal evaluación debe servir de base para la
elaboración de estrategias nacionales de resiliencia, así como para el diseño
de proyectos y programas concretos. La UE apoyará el desarrollo de estrategias
nacionales de resiliencia como parte de estrategias de desarrollo más amplias.
La UE colaborará con los países socios y agentes internacionales clave para
mejorar las metodologías de desarrollo de evaluaciones subyacentes a tales
estrategias. Con objeto de garantizar la efectividad, la UE creará un marco
para medir el impacto y los resultados de su apoyo a la resiliencia.

3.           En países que se
enfrentan a crisis recurrentes, aumentar la resiliencia será un objetivo
central de la ayuda exterior de la UE. Los programas financiados por la UE se
basarán en una evaluación operativa común preparada por agentes humanitarios y
de desarrollo que abarcará las intervenciones a medio y largo plazo. Se
centrarán en tratar las causas subyacentes de las crisis, concretamente a
través del apoyo a actividades de prevención y preparación. Trabajará en
estrecha colaboración con los países socios con el fin de desarrollar
capacidades para elaborar y ejecutar estrategias y planes de gestión de
reducción de catástrofes a nivel nacional y regional.

4.           La Comisión incluirá
sistemáticamente la resiliencia como elemento de sus planes de ejecución
humanitaria. Además, tratará de efectuar una planificación conjunta de las
acciones vinculadas con la resiliencia en su ayuda humanitaria y de desarrollo para
garantizar una máxima complementariedad y velar por que las acciones a corto
plazo sienten las bases de las intervenciones a medio y largo plazo.

5.           La flexibilidad será
clave para responder a las necesidades de los países afectados por las
catástrofes. La Comisión seguirá velando por que exista la máxima flexibilidad
en la aplicación de sus programas humanitarios. En lo que respecta a la
financiación del desarrollo, en momentos de crisis imprevistas y grandes
catástrofes, la Comisión buscará la máxima flexibilidad para movilizar fondos
no programados. Además, la Comisión introducirá flexibilidad en el diseño de
los programas para permitir una actuación rápida y oportuna. La UE considerará
la utilización de fondos fiduciarios para intervenir en situaciones de
emergencia o posteriores a ella.

6.           Al trabajar para mejorar
la resiliencia en países frágiles o afectados por conflictos, la UE aplicará un
planteamiento que también trate aspectos de seguridad y su impacto sobre la vulnerabilidad
de las poblaciones. Ello incluirá un diálogo político activo con los países
socios y las organizaciones de la región en cuestión.

7.           La UE intentará replicar
iniciativas existentes tales como SHARE y AGIR, así como proyectos exitosos sobre
reducción de riesgos de catástrofes. Compartirá e intercambiará experiencias con
sus socios para multiplicar y amplificar los planteamientos que tengan éxito
con el objetivo de incorporarlos en las estrategias nacionales de resiliencia.
La Comisión analizará periódicamente los avances en materia de resiliencia, analizando
especialmente la programación, las metodologías y los resultados.

8.           La UE promocionará
planteamientos innovadores para la gestión del riesgo. El trabajo con los
sectores de los seguros y reaseguros es una vía especialmente prometedora. La
Comisión presentará a principios de 2013 un Libro Verde sobre el papel de los
seguros en la gestión de las catástrofes.

9.           En el caso de los países
que se enfrentan a crisis recurrentes, la UE trabajará con los gobiernos
anfitriones, otros donantes, organizaciones regionales e internacionales y
otras partes interesadas para crear plataformas a nivel de país con el fin de
intercambiar información puntualmente y coordinar las acciones humanitarias y
de desarrollo a corto, medio y largo plazo destinadas a consolidar la
resiliencia.

10.         La UE promoverá la
resiliencia en foros internacionales incluidos el G8, el G20, el Comité de
Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), los Convenios de Río, el proceso de
revisión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la elaboración de
Objetivos de Desarrollo Sostenibles y los debates sobre el seguimiento del
Marco de Acción de Hyogo para 2005-2015. La resiliencia figurará como tema
clave en su asociación con organizaciones tales como la FAO, la FIDA y el PMA,
así como la UNISDR, el Banco Mundial y las organizaciones de la sociedad civil.

En el primer trimestre de 2013, la
Comisión preparará un Plan de Acción para fijar la ejecución de estos
principios.

[1]               COM (2011) 637, refrendado por las conclusiones del
Consejo de 14 de mayo de 2012.

[2]               COM(2010)
127 final.

[3]               COM(2009)147 final. Libro blanco - Adaptación al cambio
climático: hacia un marco europeo de actuación.

[4]               Estrategia de la UE para la reducción del riesgo de
catástrofes en los países en desarrollo (COM (2009) 84 de 23 de febrero de
2009. Hacia una respuesta de la UE ante situaciones de fragilidad: Intervención
en entornos difíciles para lograr el desarrollo sostenible, la estabilidad y la
paz [COM
(2007) 643 de 25.10.2007].

[5]               Documento de trabajo de los servicios de la Comisión –
SEC (2012) 102 de 11 de abril de 2012.

[6]               Alliance
globale pour l’Initiative Résilience (Sahel) –

                http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=IP/12/613&format=HTML&aged=0&language=EN&

[7]               Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Convenio de las
Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y Convención de las Naciones
Unidas de lucha contra la desertificación.

[8]               El alcance de la Alianza abarca el Gran Cuerno: Etiopía,
Kenia, Uganda, Somalia, Yibuti, Sudán y Sudán del Sur. La secretaría la
facilita USAID.

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